summaryrefslogtreecommitdiff
diff options
context:
space:
mode:
-rw-r--r--.gitattributes4
-rw-r--r--LICENSE.txt11
-rw-r--r--README.md2
-rw-r--r--old/67961-0.txt2745
-rw-r--r--old/67961-0.zipbin68422 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/67961-h.zipbin293239 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/67961-h/67961-h.htm3360
-rw-r--r--old/67961-h/images/cover.jpgbin46837 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/67961-h/images/i_053.jpgbin202895 -> 0 bytes
9 files changed, 17 insertions, 6105 deletions
diff --git a/.gitattributes b/.gitattributes
new file mode 100644
index 0000000..d7b82bc
--- /dev/null
+++ b/.gitattributes
@@ -0,0 +1,4 @@
+*.txt text eol=lf
+*.htm text eol=lf
+*.html text eol=lf
+*.md text eol=lf
diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt
new file mode 100644
index 0000000..6312041
--- /dev/null
+++ b/LICENSE.txt
@@ -0,0 +1,11 @@
+This eBook, including all associated images, markup, improvements,
+metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be
+in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES.
+
+Procedures for determining public domain status are described in
+the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org.
+
+No investigation has been made concerning possible copyrights in
+jurisdictions other than the United States. Anyone seeking to utilize
+this eBook outside of the United States should confirm copyright
+status under the laws that apply to them.
diff --git a/README.md b/README.md
new file mode 100644
index 0000000..6fd6b61
--- /dev/null
+++ b/README.md
@@ -0,0 +1,2 @@
+Project Gutenberg (https://www.gutenberg.org) public repository for
+eBook #67961 (https://www.gutenberg.org/ebooks/67961)
diff --git a/old/67961-0.txt b/old/67961-0.txt
deleted file mode 100644
index 4a41462..0000000
--- a/old/67961-0.txt
+++ /dev/null
@@ -1,2745 +0,0 @@
-The Project Gutenberg eBook of El arte de amar, by Publio Ovidio
-Nasón
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you
-will have to check the laws of the country where you are located before
-using this eBook.
-
-Title: El arte de amar
-
-Author: Publio Ovidio Nasón
-
-Release Date: May 1, 2022 [eBook #67961]
-
-Language: Spanish
-
-Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading
- Team at https://www.pgdp.net. (This ebook was produced from
- images generously made available by Biblioteca Digital
- Hispánica/Biblioteca Nacional de España.)
-
-*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK EL ARTE DE AMAR ***
-
-
-NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
-
- * Las cursivas se muestran entre _subrayados_.
-
- * Los errores de imprenta han sido corregidos.
-
- * La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con
- las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.
-
- * También ha sido modernizada la transcripción de los nombres propios,
- tanto de lugares como de personajes.
-
- * Las notas a pie de página han sido renemeradas y colocadas tras el
- párrafo que contiene su llamada.
-
- * Las páginas en blanco han sido eliminadas.
-
-
-
-
- EL ARTE
- DE AMAR.
-
-
-
-
-EL TRADUCTOR
-
-
-De Ovidio y de sus obras han escrito otras plumas más bien cortadas
-que la mía; y así fuera temeridad querer añadir, o superfluidad
-copiar a los eruditos que emprendieron aquel trabajo. Demás de que
-los comentarios y rapsodias no son ya del gusto de nuestro siglo;
-en el cual, como en todos, el que aspira a instruirse con solidez
-es necesario que recurra a las fuentes, sin contentarse con vagas
-repeticiones, y noticias tal vez corrompidas.
-
-Pero yo traduzco un poema de Ovidio, que ha de andar en manos de todos,
-y entre mis lectores habrá muchos que no han oído siquiera su nombre;
-y otros que apenas tienen idea superficial de él y de sus poesías. Y he
-aquí por qué no puedo pasar del todo en silencio algunas circunstancias
-de este meritísimo autor.
-
-P. Ovidio Nasón, caballero romano, nació en Sulmona, ciudad del
-Abruzo, cuarenta y tres años antes de la era vulgar, el mismo día en
-que fue muerto el elocuente Cicerón. En Roma, a donde fue llevado de
-corta edad, se dio a las letras bajo la dirección de Plocio Gripo; y
-mostrando agudo ingenio, a los dieciséis años le enviaron a Atenas,
-donde estudió las ciencias, y se perfeccionó en la lengua griega. Las
-escuelas atenienses eran por entonces frecuentadas de la juventud
-romana, y apenas habrá autor latino de nota que no se formase en
-ellas. Quiso su padre obligarle a seguir la carrera del foro, y en
-efecto por obedecerle la siguió algún tiempo, hasta que muerto su
-padre, la abandonó por las deliciosas musas, arte a que le llamaba la
-innata inclinación. Tuvo también por maestros en la filosofía a Porcio
-Latrón, en la retórica a Marcelo Fusco, y en la gramática a Julio
-Grecino, profesores que entonces se llevaban el aplauso en Roma.
-
-Fue bueno e ingenioso orador, afluente y patético poeta, que
-engrandecía y animaba cuantos asuntos encomendaba a su pluma; bien
-que las demasiadas flores con que exornó sus versos, prodigadas con
-facilidad por su ardiente y fecunda imaginación, le apartaron algún
-tanto de la noble y sencilla majestad del arte. Dicen que tenía tanto
-amor propio, que no solo desconocía, sino que amaba sus defectos,
-negándose a corregirlos, aun cuando sus amigos se los advirtiesen.
-¡Debilidad humana, de que no se eximen los mayores hombres!
-
-Gozó en Roma de los honores y beneficios con que Augusto acostumbraba
-remunerar a los grandes talentos, y hubiera acaso llegado a mayor
-fortuna que otros poetas sus contemporáneos; pero la desgracia, que
-al hombre le es dado pocas veces evitar, le proporcionó los amores de
-Julia, hija de Tiberio, a quien escribió algunas epístolas amatorias,
-las cuales miró Augusto como delito de lesa majestad, y las mandó
-quemar, desterrando a Ovidio a la villa de Tomos en el Ponto Euxino.
-Allí murió a la edad de cerca de sesenta años, sin haber podido
-alcanzar el regreso al seno de su familia, y a su amada patria.
-
-Entre sus copiosas producciones merecen lugar las poesías galantes,
-en las cuales imitó a los griegos, aficionadísimos a composiciones
-licenciosas, como se puede ver en Safo, Anacreonte y otros varios.
-Cuando apareció su _Arte de amar_, debió causar mucho ruido en aquella
-capital del orbe conocido, porque aunque la corrupción de costumbres,
-necesario efecto de las riquezas y del lujo, había ya llegado a su
-colmo, duraban todavía ciertos usos y leyes, sombra de la antigua
-austeridad republicana, que en la apariencia condenaban toda relajación
-y desorden; y sería ciertamente cosa extraña ver un poema preceptivo,
-que enseñaba la práctica de la misma corrupción, y que si tal vez no
-era capaz de introducirla, por lo menos suponía y hacía pública la
-que interiormente contagiaba a Roma, y era indicio de su decadencia.
-Lo cierto es que Augusto le halló tan eficaz, que le llamaba _arte de
-cometer adulterios_: juicio que, según unos, fue la verdadera causa del
-destierro del autor, y según otros, solo el pretexto para castigarle
-por agravios privados. Pero sea de esto lo que fuere, se ve que Ovidio
-fue castigado por culpas amorosas, a que seguramente le arrastraba su
-natural propensión.
-
-Este _Arte de Amar_, que en nuestro español sin impropiedad podríamos
-llamar también _arte de enamorar_, y _arte de cortejar_, está dividido
-en tres libros. En el primero se enseñan dos cosas: los lugares donde
-se habían de buscar las mujeres que se quisiesen amar, y el modo de
-propiciar y poseer su corazón. En el segundo se dan preceptos para que
-el amor sea duradero. Y en el tercero, hablando con las mujeres, les
-dicta también reglas para amar y competir con los hombres. De modo que,
-según su plan, forma de la pasión amorosa una guerra entre hombres y
-mujeres: idea a la verdad muy propia y sublime, tomada ingeniosamente
-de la naturaleza y de las preocupaciones de los dos sexos.
-
-Tiene este poema todas las cualidades de didascálico: brillan en él los
-principios, la invención y el orden en cuanto al arte; y en cuanto a la
-locución, la belleza, la elegancia, la armonía, el laconismo y pureza
-de la lengua latina. Sus episodios, aunque parte accesoria, tienen tal
-mérito, no solo por su enlace, sino por su delicadeza y hermosura,
-que en mi concepto exceden al cuerpo de la obra. ¡Ah, si me hubiese
-sido dado conservar en la traducción toda la belleza del original para
-confusión de los presuntuosos modernos, que creen igualar a los padres
-del buen gusto desdeñando su estudio y aun su lengua! ¿Y quién podrá
-alabar dignamente la filosofía con que Ovidio trata la pasión de amor,
-aquella filosofía conveniente a la poesía, de que los modernos nos dan
-tan escasos ejemplos, y que los antiguos poseían y sabían emplear con
-tanto magisterio?
-
-Ovidio usa en esta composición de versos elegíacos, que por carácter
-son sencillos, tiernos y sentenciosos. Yo he procurado ceñirme al
-carácter del original: he procurado vestir el latín de castellano, y no
-este de latín: he procurado conservar en la prosa el sabor poético, el
-tono elevado y metafórico del original: empresa harto inaccesible a mis
-débiles fuerzas.
-
-Tal vez no se verá en la traducción toda la gracia poética del
-original, porque esta consiste por la mayor parte en la sonoridad
-métrica, en transposiciones, conjunciones, repeticiones, voces tal vez
-sin equivalente, en transiciones, en alusiones peculiares de tiempos
-y costumbres, o en fin, en alguna de aquellas circunstancias que ni
-se pueden conservar, ni tendrían mérito en las lenguas vivas; o que
-conservadas, no serían en opinión de los juiciosos más que ripio y
-pedantería. La diferencia de lenguas es regla fundamental, y por eso
-son sin duda tan viciosas las traducciones servilmente literales,
-como las excesivamente libres. Por otra parte el original latino no
-es de aquellas composiciones en que se debe ostentar y sostener todo
-el estilo poético; al contrario, perteneciendo al género didascálico,
-está forzado a imitar la naturalidad prosaica para hacer claros los
-preceptos, reservando para los episodios mayor pompa, sublimidad y
-riqueza. Pues véase también como esta parte episódica resalta más en la
-traducción; allí hallarán con que contentarse los que solo tienen por
-poesía el estilo altisonante, y no la invención, variedad, propiedad y
-fluidez.
-
-Estoy persuadido de que la presente traducción excede a algunas
-extranjeras que he visto, y aun a la única castellana en verso que se
-imprimió, y se ha hecho ya tan rara, que son más raros los que saben
-que la hay; porque ninguna conviene con el original, como debe. La
-redundancia, la inexactitud, el mal lenguaje y la arbitrariedad son sus
-principales defectos: en una palabra, las reglas de traducir se hallan
-quebrantadas en ellas abiertamente. Basta: mi ánimo no es criticar,
-sino presentar al juicio del público lo que he podido adelantar sobre
-los que me precedieron.
-
-La he llamado _Arte amatorio_, que es su verdadero título, según los
-más antiguos manuscritos que existen de este poema, y la autoridad de
-varios escritores que hablaron de él, y le citan.
-
-Aún no tenemos un ejemplar correcto de las obras de Ovidio: todos los
-códices estan llenos de errores y variantes, que ponen en perplejidad
-a los más peritos en la lengua latina, y a los que trabajaron en
-purificar su texto y conciliarlo, estudiando el estilo del autor, y
-confrontando unos pasajes con otros análogos, y aun con los de algunos
-escritores que coinciden en los mismos pensamientos. Por esta razón
-me vi casi precisado muchas veces a adivinar el sentido genuino, o
-interpretarlo, y aun por esto mismo dejarlo acaso imperfecto, cediendo
-a la necesidad de leer como se halla escrito, y de conformarme con la
-puntuación prosódica y ortográfica. Sigo la edición de Leyden, que pasa
-por la más ilustrada y correcta, confesando que a sus notas he debido
-mucha luz para entender lugares en que sin tal guía iría a ciegas, y en
-que, aun con ella, no me prometo entero acierto.
-
-
-
-
- EL ARTE
- DE AMAR.
-
-LIBRO PRIMERO.
-
-
-Si algún romano ignora el arte de amar, lea mis versos, y enseñado con
-su lectura, ame. Por el arte se guía la ligera nao con vela y remos:
-por el arte se rigen los voladores carros, y por el arte ha de ser
-regido el amor. Automedonte era diestro en carros y caballos, y Tifis
-era piloto de la nave argonáutica; empero a mí me designó Venus maestro
-del tierno amor; Tifis y Automedonte del amor me llamará la gente.
-
-Es sin duda fiero el amor, y me contrasta muchas veces; mas es niño,
-de blanda edad, y dispuesto a tornarse dócil. Quirón perfeccionó
-al muchacho Aquiles con los sonidos de la cítara, amansando con la
-armoniosa arte la fiereza de su ánimo. Quien tantas veces puso grima
-a compañeros y enemigos, temía delante del añoso viejo, y presentaba
-obediente al castigo de este ayo las manos que habían de aterrar
-a Héctor. Quirón es preceptor de Aquiles, yo del amor. Uno y otro
-muchacho son duros, uno y otro prole de diosa; mas el toro sujeta la
-cerviz al peso del arado, y los briosos alazanes tascan el freno. Así
-el amor cederá a mi voluntad; aunque vibre contra mí sus flechas, y
-abrase mi pecho con sus teas. Cuanto más cruelmente me hirió, y con más
-violencia me atormentó, tanto mejor vengaré mis heridas.
-
-No mentiré, ¡oh Apolo!, diciendo que tú me inspiraste esta arte, o que
-la sé por el canto de las volantes aves; ni que se me aparecieron Clío
-y sus hermanas, como al que guardaba rebaños en los valles de Ascra.
-La práctica es la que dicta esta obra: creed pues al experto poeta.
-Cantaré preceptos verdaderos: favorece mis designios, madre de amor.
-No enseñarán mis versos delito alguno, solo sí de amor los hurtos
-permitidos. Huid sin embargo, vírgenes delicadas, dechado de pudor, y
-las que ocultáis los pies con talares vestiduras[1].
-
- [1] Las matronas.
-
-Los que ahora os alistáis por primera vez en las nuevas banderas,
-trabajad en hallar ante todas cosas el objeto que queráis amar: luego
-en conquistar el corazón de la que os agrade; y últimamente, en que su
-amor sea de larga duración. Este es el método: este campo recorrerá mi
-carro, este límite rozarán sus ruedas.
-
-Mientras podéis, y sin ligaduras andáis por todas partes, escoged
-una muchacha a quien diréis: Tú eres la única que me agrada. Esta no
-descenderá para vosotros de las diáfanas regiones, buscareisla adrede
-con vuestros ojos. El cazador sabe donde ha de tender lazos a los
-ciervos: sabe en que valle tiene su madriguera el rugiente jabalí: al
-pajarero sonle conocidos los árboles donde posan los pájaros, y el que
-echa las redes conoce cuáles aguas abundan de peces.
-
-Así los que buscan objeto de permanente amor aprendan desde luego qué
-parajes frecuentan las mujeres. No será para esto necesario emprender
-dilatados viajes, ni atravesar mares procelosos; bien que Perseo haya
-traído a Andrómeda de los indios atezados, y el troyano Paris haya
-venido a robar la griega Elena. Roma os ofrecerá tales y tantas lindas
-mozas como pueblan, según decimos, lo demás del mundo. Y no es tan
-fértil en granos la campiña de Gárgaro, ni en uvas Metimna, ni surcan
-el mar más peces, ni oculta más aves la frondosidad de los árboles, ni
-esmaltan el cielo tantas estrellas como muchachas tiene Roma. Venus
-reside en la ciudad de su hijo Eneas.
-
-Los que se inclinan a las que aún están en sus primeros e imperfectos
-años, las hallarán verdaderamente niñas. A los que gustan de jóvenes,
-no les faltarán tantas placenteras jóvenes, que pondrán perplejidad en
-su deseo. Pero los que por casualidad sean llevados por las de edad
-adulta y más cuerda, créanme que esta turba será copiosísima.
-
-Paseaos vagarosos en los ardientes días del estío a sombra del
-pórtico de Pompeyo o en el que a la munificencia del hijo añadió su
-munificencia la madre, suntuoso edificio de peregrinos mármoles. Id al
-pórtico adornado con cuadros de la antigüedad, que por el nombre de su
-fundadora es llamado de Livia: y al en que están pintadas las Danaides,
-que osaron fraguar muerte a los míseros primos, desposados con ellas,
-y su cruel padre está en pie con la espada desnuda. Tampoco evitéis
-el templo de Adonis llorado de Venus: ni los sacrificios celebrados
-al séptimo día por el judaico Siro: ni olvidéis el de la menfítica
-Isis con vestimenta de lino, que a muchas hizo lo que ella fue con
-Júpiter[2].
-
- [2] Isis o Ío tuvo torpes amores con Júpiter: Juno la perseguía por
- celos, y para librarla de su indignación, la convirtió Júpiter en
- vaca, y en esta figura huyó al Egipto.
-
-El foro, ¿quién lo creería?, es a propósito para casos amorosos: en el
-sutil foro se halla muchas veces la llama del amor. La fuente Apia,
-dominada por el adyacente templo de Venus construido con mármol,
-hiende el aire con saltantes aguas. Allí con frecuencia el causídico
-se deja coger del amor, y él que defiende a otros no se defiende a sí
-mismo. Allí con frecuencia faltan palabras al más elocuente, nuevos
-negocios le ocupan, y así solo trata de la propia causa. El que poco ha
-era patrono, ahora desea ser cliente. De este ríe Venus desde el templo
-cercano.
-
-Pero cazad principalmente en los públicos teatros, sitios más
-favorables a vuestros designios. Aquí hallaréis amor y entretenimiento:
-las que queráis disfrutar una vez, las que escojáis para poseerlas.
-A la manera que las hormigas en numeroso escuadrón van y vuelven sin
-cesar, cargadas de granos para su sustento, o como las abejas revuelan
-por los amenos y olorosos sotos, buscando el tomillo y las flores, así
-concurren las mujeres ataviadísimas a los juegos solemnes. Su afluencia
-algunas veces fue embarazo a mi elección. Vienen a ver, y vienen a ser
-vistas. Es peligroso este lugar para el casto pudor.
-
-Tú, ¡oh Rómulo!, instituiste el primero espectáculos perturbados por
-el amor, cuando la robada sabina deleitó a tus vacantes ciudadanos.
-Entonces los teatros no estaban decorados de mármoles y colgaduras, ni
-competían en la escena los vistosos colores. No había artificio, y la
-escena se adornaba simplemente con enramadas de verde hojarasca que
-producía el nemoroso Palatino. El pueblo se sentaba en gradas hechas de
-césped, llevando coronadas con hojas verdes sus desgreñadas cabelleras.
-Miraban los romanos a las sabinas, reparando cada uno en la que era
-de su gusto, y revolviendo en el silencio de su pecho muchos deseos.
-Cuando el flautista etrusco tocaba un rudo tono, bailando el histrión
-a su compás, en medio de los aplausos (que entonces el aplauso era
-desordenado) dio el rey al pueblo la esperada señal para el robo.
-Desertando repentinamente sus puestos, y publicando con algazara su
-resolución, pusieron en las doncellas las concupiscentes manos. Como la
-timidísima banda de palomas huye del águila, como la corderita huye de
-los voraces lobos, así temieron a los varones que tumultuariamente se
-precipitaban sobre ellas. Ninguna hubo que no mudase de color: porque
-el temor era uno; pero no uno el efecto del temor. Unas se arrancan los
-cabellos: otras quedan atónitas: estas callan tristes: aquellas llaman
-en vano a su madre. Unas se lamentan: otras yacen estúpidas: aquellas
-permanecen: estas escapan. Si alguna se oponía tercamente y rehusaba al
-raptor comedido, este con libidinoso ardor la llevaba en sus brazos.
-¿Por qué con lágrimas, la decía, estragas tus lindos ojos? Yo seré
-para ti lo que tu padre es para tu madre. ¡Oh Rómulo! Tú solo supiste
-hacer felices a los soldados. Si a mí me cupiese igual suerte, sería
-soldado. De aquí viene que los grandiosos teatros están aún hoy llenos
-de asechanzas contra las hermosas.
-
-Ni dejéis de asistir al certamen de los nobles caballos, pues el circo
-proporciona oportunidades entre sus inmensos concurrentes. Allí no
-se necesita explicar por señas los pensamientos, ni se han de notar
-vuestras acciones. Sentaos cerca de la dama, no estorbándolo alguno;
-juntad cuanto podáis vuestro lado al suyo: y tocadla mal de su grado,
-como que os constriñe la disposición del lugar.
-
-Escogitad entonces motivo de familiar conversación, y desplieguen
-vuestros labios las cosas generales. Preguntadla con estudio cuyos son
-los caballos que veis en la liza, y haced sin detención votos por
-aquel, cualquiera que sea, a quien favoreciere con los suyos. Llegará
-el carro en que los ebúrneos simulacros de los dioses son llevados con
-pompa; aplaudid con respetuosa mano a Venus, como a señora.
-
-Si en el regazo de la muchacha cayere tal vez polvo, sacudidlo con los
-dedos, y sacudidlo también, aun cuando no lo hubiere. Tomad cualquier
-pretexto para ser oficioso. Si el manto muy caído le arrastrare por el
-suelo, levantadlo, y limpiadle con prontitud la inmundicia. Por premio
-de esta urbanidad, se presentarán a vuestra vista y tolerándolo ella,
-le veréis sus piernas. Cuidad además de que los que estuvieren detrás
-sentados no opriman con opuesta rodilla sus delicadas espaldas.
-
-Las frivolidades atraen a los ánimos livianos: a muchos les fue útil
-mullir con maña una almohada para hacer más blando asiento a la
-muchacha: les fue útil mover con ligero soplo el abanico[3], y formar
-cómodo apoyo para sus pies. Estos medios facilita el circo al amor
-naciente, y la triste arena esparcida por el inquieto anfiteatro. El
-vendado rapaz combate muchas veces en aquella liza, y los que miran
-las heridas de los atletas tienen no menos heridas. Mientras hablan y
-se divierten, y apuestan sobre quién será vencedor, suspiran llagados,
-sintiendo las volátiles flechas: contribuyen en parte a variar el
-espectáculo.
-
- [3] Eran hechos de maderas muy delgadas, y mayores que los de
- ahora, como que no servían para adorno, sino para comodidad.
-
-¿Y qué no sucedería si César ordenase representar ahora la batalla
-naval en que fue echada a pique la pérfida escuadra de los griegos? A
-este espectáculo[4] vinieran de los dos mares jóvenes y muchachas,
-y la ciudad parecería un gran mundo. ¿Quién en tal muchedumbre no
-hallaría a quien amar? ¡Ah, cuántos fueran aquejados de amor extranjero!
-
- [4] Alude a la batalla naval de Accio bien conocida en la historia.
-
-Ya César va a añadir al orbe sojuzgado el resto de no domadas naciones,
-y los extremos de oriente extenderán ahora el imperio. ¡Partos, seréis
-castigados! ¡Alegraos, soldados de Craso, que ya seréis sepultados! Y
-vosotras, enseñas romanas, ultrajadas por manos bárbaras, tendréis un
-vengador que en sus primeros ejercicios probó ser consumado capitán.
-Siendo joven manda la guerra como hábil veterano. Perdonad, natalicios,
-pues no se cuenta la edad de los dioses. La virtud es prematura en
-los Césares. Su genio celestial se levanta más veloz que sus armas, y
-lleva con despecho los daños de la cobarde tardanza. Niño era, y con
-sus manos despedazó Hércules dos serpientes, mostrándose desde la cuna
-digno de Júpiter. ¡Y cuán grande fuiste tú, Baco, siendo aún mancebo,
-cuando la vencida India dobló el cuello a tus tirsos! Joven excelso,
-pelearás con el valor y auspicios de tu padre, y vencerás con el valor
-y auspicios de tu padre. Haz el aprendizaje a la sombra de tan grande
-nombre; y así como ahora eres príncipe de la juventud, lo serás algún
-día de los ancianos. Tienes hermanos; venga la injuria de tus hermanos.
-Tienes padre; defiende los derechos de tu padre. Te ceñirá las armas
-tu padre, el padre de la patria, pues el enemigo se apoderó sin su
-licencia de las tierras del Imperio. Tú disparas justos dardos, y él
-malvadas saetas, y estarán así a favor de sus estandartes el derecho
-y la piedad. Son vencidos los partos en la causa, sean vencidos en
-las armas. Traiga mi capitán al Lacio las riquezas del reino de la
-aurora. Padre Marte, padre César, auxiliadle en su jornada, ya que
-uno de vosotros es dios, y el otro llegará a serlo. Vaticino ya:
-vencerás, dedicaré votivos himnos, y cantaré tus hazañas con heroica
-trompa. Haciendo alto, exhortarás con mis palabras a las huestes. ¡Oh!
-¡Correspondan mis razones a tu valor! Diré la fuga de los partos, y el
-esfuerzo de los romanos, y los dardos que lanza el enemigo desde sus
-vueltos caballos. Parto, que huyes para vencer, ¿que dejas al vencido?
-Parto, tus armas tienen ya un funesto presagio. ¿Llegará pues aquel
-día en que tú, el más bizarro de los príncipes, entres triunfante en
-un dorado carro, tirado por cuatro blancos caballos? Irán delante los
-caudillos, atados los cuellos con cadenas, y no podrán, como antes,
-salvarse en la fuga.
-
-Presenciarán el triunfo los jóvenes alegremente mezclados con las
-muchachas, y aquel día dilatará los ánimos de todos. Entonces, si
-alguna os pregunta el nombre de los reyes y plazas, montes y ríos,
-cuyos diseños se lleven tremolados, responded a todo, y aun a lo que
-no pregunte, refiriendo como bien sabido o que ignoréis. He aquí el
-Éufrates con la cabeza coronada de cañas, y aquel río de cerúlea
-cabellera es el Tigris. Estos son armenios, aquella Persia. Esta ciudad
-está en un valle de los aquemenios. Aquel y aquel son los generales; y
-se llamarán por los nombres que les deis. Decid los verdaderos si los
-supiereis, y si no, otros a propósito.
-
-También los festines proporcionan entrada a las abastecidas mesas,
-donde, además del vino, hallaréis otros placeres. Allí el amor humilla
-la altivez de Baco, presentado a los brindis por torneados brazos.
-Cuando Cupido empapó en el vino sus alas rezumosas, se hace pesado
-y permanece inmóvil. Sacude velozmente sus mojadas plumas, pero no
-impide que el amor inunde los corazones. El vino dispone los ánimos a
-enardecerse, y a fuerza de beber se disminuyen y desechan los cuidados.
-Entonces vienen las risas: entonces hasta el pobre toma orgullo:
-entonces huyen las zozobras y pesares, y se rejuvenece la arrugada
-frente: entonces la sinceridad, tan rara en nuestro siglo, abre los
-senos del alma, porque Baco ahuyenta los artificios. Allí las muchachas
-roban el corazón a los jóvenes, porque Venus en los vinos es fuego en
-el fuego. La noche y el vino impiden discernir la hermosura; y así no
-fieis demasiado de la engañosa luz de las lámparas. Paris miró de día y
-a cielo abierto a las diosas, para pronunciar su juicio a favor de la
-más bella. Por la noche se ocultan las tachas y se perdonan todos los
-defectos; y la oscuridad hace hermosa a cualquiera. Consultad al día
-las piedras preciosas y las telas teñidas de púrpura; consultad al día
-los talles y semblantes.
-
-¿Para qué os he de nombrar las reuniones mujeriles, acomodadas para
-los que conquistan? Exceden a las arenas. ¿Qué diré de Bayas, y de sus
-riberas pobladas de albergues? Y ¿qué de los calientes baños de azufre
-que estan humeando? Uno, saliendo de aquí con el corazón llagado, dijo:
-no son saludables estas aguas, como cuentan. He allí fuera de las
-murallas el templo de la selvática Diana, cuyo sacerdocio se disputa
-con puntas de ofensivos cuchillos.[5] La diosa, aunque virgen y enemiga
-de los dardos de Cupido, ha causado y causará a sus devotos muchas
-heridas.
-
- [5] El que vencía sucedía en el sacerdocio, de modo que esta
- dignidad se podía llamar conquistada.
-
-Hasta aquí mi musa, en desiguales versos, os ha enseñado donde habéis
-de buscar a quien amar, y donde armarle lazos. Ahora me afano a
-mostraros lo más importante de mi arte, que es el modo de ganar a la
-que os agradó. Escuchadme, hombres, con mente dócil, seguros de que no
-hago promesas vanas. Persuadíos firmemente a que todas se pueden coger;
-y las cogeréis, dándoos maña. Antes enmudecerán los pájaros en la
-primavera, en el estío las cigarras, y los perros huirán la liebre, que
-a un joven se resista la mujer suavemente acariciada. Tal que pensaréis
-no condescienda, también condescenderá. Bien así como a los hombres,
-engolosina a las mujeres la furtiva Venus. Los hombres disimulan mal;
-ellas desean más encubiertamente. Por eso es ley conveniente que el
-varón se declare antes, y que la hembra ruegue ya vencida. La novilla
-brama al toro en los herbosos prados; la yegua relincha al cornípedo
-caballo.
-
-No es más punzante en nosotros, ni tan furiosa la lujuria: el ardor
-viril tiene término natural. Aficionose de su hermano con amor
-prohibido la ninfa Biblis, y con un dogal castigó en sí lo ilícito
-valerosamente. Mirra concibió por su padre indebida ternura, y se
-escondió debajo de la corteza de un árbol oloroso, donde está ahora
-llorando. Nos ungimos con sus lágrimas, y conservan el nombre de su
-dueño.
-
-Había en los valles umbríos del frondoso Ida un albo toro, ornamento
-de su rebaño, señalado con un poco de negro en medio de los cuernos;
-tenía esta única mancha, lo demás era como la leche. Las novillas
-de Cnoso y de Cidón apetecieron sostenerle en su lomo. Pasífae
-lisonjeada de que llegaría a ser su amante adúltera, odiaba celosa a
-las garridas terneras. Lo que digo es notorio, y no lo puede negar
-Creta la mentirosa con sus ciento ciudades. Esta misma segaba, con
-desacostumbrada mano, tiernas hojas y fresca yerba para el toro. Iba
-compañera entre el rebaño, sin que detuviese su ida el cuidado del
-esposo; y el toro era preferido a Minos. ¿De qué te sirve, Pasífae,
-vestir ropas preciosas, si tu galán es insensible a esas riquezas?
-¿Qué necesitas espejo tú que corres tras del rebaño por ásperas
-montañas? ¿Para qué, necia, rizas tanto el cabello? Cree al espejo
-que te desmiente de que eres becerra: ¡oh, cuanto quisieras que te
-naciesen cuernos en la frente! Si amas a Minos, no busques barragán;
-o si quieres ofenderle, oféndele con hombre. Por bosques y jarales,
-dejando el ostentoso palacio, vaga la reina como bacante inspirada por
-el dios de Aonia. ¡Ah! Cuántas veces miró con mal gesto a una novilla,
-diciendo: ¿Por qué esta agrada a mi querido? Ved como trisca delante de
-él en las praderas, y no dudo que neciamente se imagine que le agrada
-con saltar así. Decía, y mandaba, al punto quitarla de la vacada, y
-ponerla sin razón a tirar del duro arado; o la hacía caer ante las
-aras, víctima del maquinado sacrificio, teniendo alegre ella misma
-las entrañas de su competidora. Y siempre que aplacaba a los númenes
-con rivales degolladas, teniendo sus entrañas: andad ahora, decía, a
-agradar a mi dueño. Ya pretendía la suerte de la ninfa Europa, ya la
-suerte de Ío: esta porque fue vaca; la otra porque cabalgó en un toro.
-Pasífae sació por fin su pasión con la guía del rebaño, metiéndose
-dentro de una vaca de madera; y el parto descubrió a su autor[6].
-
- [6] De este trato bestial nació el Minotauro, que encerró Dédalo en
- el laberinto de Creta.
-
-Si Aérope no hubiera sucumbido al adulterio de Tiestes, no hubiera
-Febo retrocedido en medio de su carrera, ni con vueltos caballos
-conducido hacia la aurora su carro. La hija de Niso, robado a su padre
-el cabello de que pendía su vida, para entregarlo al enemigo que ella
-amaba, fue cambiada en monstruo marino, que entre sus muslos apretaba
-a unos perros rabiosos. Fue inhumanamente asesinado por su consorte el
-atrida Agamenón, el que en la tierra había escapado a Marte, y en el
-mar a Neptuno. ¿Quién no virtió lágrimas sobre la hoguera de Creúsa, y
-sobre la madre ensangrentada con la muerte de sus hijos? Lamentó Fénix
-con secos gemidos el vilipendio de su padre. Los espantados caballos
-despedazaron a Hipólito. Fineo, ¿por qué arrancas los ojos a tus
-inculpables hijos? Sobre tu cabeza recaerá este castigo.
-
-Tantas desventuras se causaron por lascivia femenil. Es más acre que
-la nuestra, y tiene más vehemencia. Ea pues, no dudéis de lograr todas
-las muchachas: apenas habrá entre mil una que resista a vuestras
-solicitudes. Las que otorgan y las que niegan se gozan de ser rogadas.
-Para que os engañéis, al principio os darán repulsa; pero ¿por qué
-engañaros, siéndoles sabrosa la novedad en los deleites, y arrastrando
-más su corazón los vedados? Más colmada parece siempre la mies en el
-campo ajeno: más abundante en leche el rebaño vecino.
-
-Pero ante todo procurad conocer a la sierva del objeto anhelado, para
-que os facilite su trato. Ved que interviene en los consejos de su ama,
-y que es sabedora no poco confidencial de sus secretas diversiones.
-Sobornadla con ruegos y con promesas, porque si ella quiere obtendréis
-fácilmente lo que deseáis. Elija ella el tiempo (también los médicos
-guardan tiempos) en que la voluntad de su señora se manifieste fácil, y
-dispuesta a ser ganada. Estará dispuesta la voluntad cuando alegrísima
-sobre manera lozaneare, como el sembrado en tierra fértil. Así como la
-tristeza comprime los corazones, la alegría los ensancha: entonces se
-abren por sí mismos, y Venus entra no difícilmente. Cuando Troya estaba
-triste, se defendió peleando; entregada al regocijo recibió el caballo
-preñado de soldados.
-
-Hase también de propiciar cuando se doliere injuriada por combleza
-del marido: entonces redoblad vuestras artes, para que no quede sin
-venganza. Despierte su atención la sierva al peinar por la mañana sus
-cabellos, añadiendo a la vela la fuerza del remo. Y suspirando diga
-entre sí con leve murmullo: a mi parecer nunca podrás pagarle en la
-misma moneda.[7] Hable entonces de vosotros en términos persuasivos,
-jurando que morís locamente por sus amores. Pero aprovechad la
-coyuntura, no sea que se abatan las velas, y amaine el viento.
-Desaparece brevemente la ira, como la frágil escarcha.
-
- [7] Se entiende del marido amancebado.
-
-¿Me preguntaréis acaso si convendría corromper a la misma tercera? Se
-necesita en esto grande fortuna. Muchas con el concúbito se hacen más
-activas, y otras más negligentes. Las unas os prepararían el don de
-su señora; las otras labrarían sus placeres. El acierto es eventual: y
-aunque esto salga bien a los atrevidos, mi consejo es abstenerse.
-
-No os conduciré yo por eminencias y precipicios, ni ningún joven será
-chasqueado, siendo yo su director. Si la confidente, al recibir y dar
-los billetes, os place tanto por su figura, como por su puntualidad,
-haced por gozar primero a la señora, y sígala ella en la suerte. No
-habéis de empezar la Venus por la sirviente. Lo único que aconsejo (si
-se da crédito al arte, y no tenéis mis dichos por palabras vagas) es: o
-no intentar, o perfeccionar la obra. Se quita el descubridor, entrando
-ella una vez a la parte en el delito. En vano se esfuerza a volar el
-pájaro cogido en la liga: no escapa fácilmente el jabalí asido en las
-redes; ni el pez huye herido y preso en el anzuelo. Asaltad la plaza,
-y no os apartéis sino vencedores. Entonces no os estorbará, ligada
-con la culpa de entrambos, y sabréis cuanto haga y diga su señora.
-Pero sed muy callados, porque si no la descubrís, sabréis siempre las
-interioridades de vuestra amiga.
-
-Yerra el que opina que solo deben observar el tiempo los navegantes y
-los operosos cultivadores. No siempre se ha de confiar la siembra de
-la falaz apariencia de los campos, ni embarcarse siempre que el mar
-parece en calma; ni es siempre seguro conseguir las buenas muchachas.
-Hay tiempos más acomodados a tales conquistas. Si se acercare su
-cumpleaños; o las calendas de marzo consagradas a Venus; o si el circo
-estuviere no adornado con mezquinas estatuas, como antes estuvo,
-sino enriquecido con despojos de reyes[8]; diferid el negocio, pues
-entonces se apresura el triste invierno, y las Pléyades: entonces las
-cabrillas se sumergen en las marinas aguas. Entonces es bien desistir:
-entonces, el que se confía a las olas esta cierto del naufragio.
-
- [8] No es oportuno, dice, darse a galanterías cuando se representan
- tragedias, porque sus efectos terror y compasión desvían el corazón
- mujeril de corresponder a ellas. ¡Qué cultura!
-
-Comenzaréis acertadamente por el tiempo de la batalla que enrojeció con
-latina sangre al lloroso Alia: o en los días saturnales, destinados
-a la holganza, y en las fiestas séptimas celebradas por el palestino
-Siro. Temed sobre todo el natalicio de la amiga; porque el día en
-que se ha de regalar es un día aciago. Por mucho que la evitéis,
-ella os lo sacará, pues la mujer sabe el arte de chupar el dinero al
-amante deseoso. Vendrá un desaliñado mercader a casa de la antojadiza
-compradora, y en vuestra presencia mostrará sus mercaderías. Las cuales
-ella, como que le parecéis conocedores, os rogará que veáis. Después
-os besará, y en seguida os pedirá se las compréis. Os dirá que las
-necesita ahora, y que ahora se le han de comprar; jurando quedar con
-esto contenta para muchos años. Si os excusáis con que no tenéis dinero
-en casa, os pedirá una obligación; y no os evadiréis, con toda vuestra
-ciencia.
-
-¿Pues, qué, no pedirá dádivas para las libaciones en el día de sus
-años, renovando su nacimiento cuantas veces lo necesite? ¿Y qué,
-no llorará otro día desconsolada por fingidas pérdidas, como la de
-habérsele caído una piedra del pendiente? También piden prestadas
-muchas cosas, y no las vuelven. Las perdéis, y este daño queda sin
-agradecimiento. En suma, no me bastarían diez bocas y otras tantas
-lenguas para proseguir las sacrílegas socaliñas de una mujer venal.
-
-Tantead el vado con un billete, que vaya como primer mensajero de
-vuestro pensamiento. Llenadle de requiebros, imitando las palabras de
-los amantes, y acompañándolas con eficaces súplicas. Movido Aquiles
-con la plegaria de Príamo, le donó el cuerpo de Héctor; y los dioses
-airados se inclinan a la voz rogadora. Prometed, porque ¿qué daña
-el prometer? Cualquiera puede ser liberal en promesas. La esperanza
-alimenta por largo tiempo una vez consentida. La esperanza es engañosa:
-pero es una divinidad a propósito.[9]
-
- [9] Una divinidad que juega mucho en los negocios del mundo.
-
-Una mujer os dejará con razón cuando la hayáis dado algo, y pagada de
-lo pasado nada se exponga a perder. Pero no dando, aparentad siempre
-que daréis. Así engaña un campo estéril muchas veces a su dueño: así un
-jugador que pierde, sigue perdiendo cebado en la avaricia de afortunada
-suerte. Esta es la obra, esta la habilidad, adquirir sin interés los
-primeros favores; porque la que gratuitamente complació, continuará
-complaciendo. Enviadla pues billetes llenos de ternura para reconocer
-antes el camino, y explorar la voluntad. Cidipe fue seducida por una
-carta, atada a una manzana, cuyas expresiones encendieron a la incauta
-en su pasión.
-
-Amonesto a la juventud romana que aprenda a ser elocuente no solamente
-para defender a los medrosos reos. Aplaudirá a la elocuencia tanto la
-amorosa muchacha, como el pueblo, los jueces graves y el circunspecto
-senado. Disimulad sin embargo el arte, y no os jactéis de elocuentes.
-Desterrad de las cartas las palabras afectadas. ¿Quién sino un falto
-de talento hablará a su tierna amiga como declamador? A veces son las
-cartas estudiadas causa de aborrecimiento. Escribid en estilo creíble,
-y en términos acostumbrados; suaves empero para que parezca que habláis
-estando presentes. Si no recibe el billete, y lo devuelve sin leerlo,
-no desesperéis de que lo leerá, y perseverad en el propósito. Con el
-tiempo vienen al yugo los indómitos toros: con el tiempo se enseñan al
-duro freno los caballos. Con el continuo uso se gasta una argolla de
-yerro; y la reja del corvo arado se consume con la continua labranza.
-¿Qué hay más duro que el peñasco? ¿Qué más blando que el agua? Y sin
-embargo el agua blanda cava en el duro peñasco. Insistid; con el tiempo
-a la misma Penélope venceréis. Tarde se vio tomada Troya; pero se vio
-tomada.
-
-Si lee, y no quiere responder, no la apremiéis. Proseguid en escribirla
-vuestras ansias: que si una vez gusta de leerlas, gustará de responder
-a su lectura. Estas cosas vendrán por su orden gradual. Acaso la
-primera respuesta será desengañada, y os rogará que no la requiráis de
-amores; pero temerá cumpláis lo que ruega, y deseará que apresuréis lo
-que no ruega. Seguid, y arribaréis luego a vuestro intento.
-
-Entretanto si la encontráis llevada muellemente en la litera, acercaos
-con disimulo, y para que alguno no aplique curioso el oído a vuestra
-plática, ocultadla con la astucia de explicaros por palabras ambiguas.
-Si se espaciare a pie en el pórtico, paseaos también, y permaneced allí
-tanto como ella; ya yendo detrás, ya delante, ya de prisa, ya despacio
-sin avergonzarse de pasar por medio de las columnas[10], o de ir a su
-lado.
-
- [10] Era costumbre no pasearse por entre las columnas de los
- pórticos o atrios.
-
-Ni la dejéis sola en las diversiones teatrales: allí con su compostura
-os embebecerá la atención. Miradla y remiradla, y haced como que la
-admiráis; habladla muchas cosas con los ojos, y muchas por señas
-Aplaudid a la mima que baile con destreza, y a cualquiera que
-represente papel de enamorado. Levantaos cuando ella se levante, estad
-sentado mientras lo estuviere: gastad el rato al arbitrio de la señora.
-
-Empero no acostumbréis a ensortijar con hierro los cabellos, ni a
-pulir las piernas con la áspera pómez. Dejad esta afeminación a los
-sacerdotes que con frigios tonos cantan aullando a la madre Cibeles. A
-los hombres les conviene compostura descuidada. Teseo prendó a Ariadna
-sin arrebolarse ni rociarse con esencias. Fedra amó a Hipólito, que
-no usaba de muchos atavíos; y era cuidado de Venus, Adonis en traje
-inculto. Cuidad del aseo, aunque la cara esté fusca con los ejercicios
-del Campo Marcio. Llevad bien hecha y sin manchas la toga. No tengáis
-asquerosa la lengua, los dientes llenos de sarro, ni naden los pies en
-amplio calzado. No llevéis la cabeza deformemente trasquilada; traed
-el cabello y la barba cortada por mano hábil. No tengáis largas ni con
-suciedad las uñas, ni sobresalga pelo alguno en las ventanas de la
-nariz. Evitad que os huela mal el aliento, y el cuerpo a sobaquina.
-Todo lo demás es de mujeres lascivas, o de aquel varón que se complace
-en torpes amores.
-
-He aquí a Baco que llama a su poeta, y como protector de amadores
-favorece la llama con que él mismo se abrasa. Ariadna erraba demente
-por la desierta playa de Cnoso en aquella parte por donde bañan a la
-pequeña Día las marinas ondas. Como estaba en el sueño,[11] velada
-con desceñida túnica, los pies desnudos, y destrenzados los rubios
-cabellos, demandaba con gritos a las sordas olas el cruel Teseo,
-vertiendo un río de desmerecidas lágrimas, que regaban sus rosadas
-mejillas. Clamaba y lloraba juntamente, y en sus voces y llanto
-parecía más hermosa. Golpeándose otra vez el primoroso pecho, ¡el
-pérfido se ha ido!, dijo, ¡qué será de mí, qué será de mí! Y toda la
-ribera resonó con el ruido de los címbalos y atabales pavorosamente
-tañidos. La conmoción la derribó en tierra, interrumpiendo sus últimas
-palabras: quedó sin movimiento como amortecida. Al punto vinieron las
-bacantes, tendida la melena por las espaldas: al punto los ligeros
-sátiros, cortejo precursor del dios: al punto el viejo beodo Sileno,
-que teniéndose apenas a caballo del asno, se asía mañoso de las crines.
-Entretanto que seguía a las bacantes, y que las bacantes ya le huían,
-ya le buscaban, picó al cuadrúpedo con los talones, y como mal jinete
-dio de cabeza, caído del orejudo asno. Los sátiros le gritaron: Sus,
-arriba, arriba, padre. Ya el dios desde el carro tejido de uvosos
-pámpanos detiene con las riendas de oro los uncidos tigres. Quedó
-Ariadna sin color, sin habla y sin llamar a Teseo. Tres veces intentó
-huir, y tres veces embargada por el miedo tembló como las vacías
-espigas sacudidas por el viento; como la caña leve se bambolea en
-la cenagosa laguna. Depón el miedo, le dijo el dios, en mí tienes
-un compañero más fiel que Teseo. Oh Ariadna, de Baco serás la dulce
-esposa. Por dote te doy el cielo: del cielo astro radioso,[12] servirás
-de guía a la incierta nave. Dijo; y a fin de que ella no se espantase
-de los tigres, saltó del carro, la arena cedió bajo sus pies. La llevó
-abrazada contra su pecho, porque a la verdad no tenía fuerza para
-resistirse; bien que es fácil a los dioses poderlo todo. Parte de la
-comitiva cantó Himeneo, y parte clamó: ¡Evoé, evoé! Así fueron juntos al
-tálamo nupcial la novia y el dios.
-
- [11] Esto es, como había despertado, porque Teseo la dejó durmiendo.
-
- [12] Conocido con el nombre de corona de Ariadna.
-
-Así que, cuando en los convites brindaréis los báquicos dones, sentados
-mano a mano con alguna mujer, deprecad al padre Nictelio[13], y
-las nocturnas deidades no permitan que los vinos perturben vuestro
-cerebro. Allí tendréis libertad de decir con palabras encubiertas mil
-cosas amorosas, que ella se tomará por sí. Escribid en la mesa breves
-galanterías con las gotas de vino derramadas, para darle a conocer
-que es vuestro dueño. Mirad sus ojos con ojos intérpretes de vuestra
-pasión. Un semblante taciturno habla a veces más que la lengua. Haced
-por tomar el primero el vaso en que haya bebido, y bebed por donde sus
-labios le hayan tocado. Y cualquiera cosa de comer que haya partido con
-los dedos, pedídsela y al dárosla tocadle la mano.
-
- [13] Sobrenombre de Baco.
-
-Trabajad también en adular al marido, pues hecho amigo os será muy
-útil. Si bebéis por suerte, dejadle la suerte primera, y dadle la
-corona quitada de vuestra cabeza. Si es de clase inferior o igual,
-dejadle tomar de todo antes; deferid a él, y no le contradigáis. Aunque
-la tengan por algo culpada, es vía frecuente y segura engañar al marido
-so color de amistad.
-
-Excédase enhorabuena el encargado de probar el vino y
-administrarlo[14]; pero yo os prescribiré la medida cierta con que
-habéis de beber, y es mientras tengáis firmes el juicio y los pies.
-Evitad sobre todo las rencillas dimanadas del vino, y harto capaces de
-parar en golpes. Mató a Euritión la brutalidad en embriagarse: la mesa
-y el vino son más propios para agradable pasatiempo.
-
- [14] Habla de los criados y mayordomos de los Lúculos de aquel
- tiempo.
-
-Si tenéis buena voz, cantad; y si cuerpo ágil, bailad. Agradad por
-cualquiera habilidad con que podáis agradar. Como la embriaguez
-verdadera ofende, así fingida divierte. Fingid pues que vuestra lengua
-tartamudea, para que se atribuya al demasiado vino cuanto hagáis o
-digáis con menos decencia. Decid saludes a la querida, y saludes al
-que duerme con ella; pero a este imprecadle con interior siniestro.
-Cuando acabado el convite se levante de la mesa (la misma concurrencia
-os facilitará el acceso) arrimándoos despacio interpolados entre los
-demás; pellizcadla, y dadla una pisadita.
-
-Se aproxima el coloquio. Desechad la nimia cobardía, lejos el
-encogimiento, pues Venus y Fortuna ayudan al atrevido. No os dictaré
-yo lecciones para ser elocuentes. Con solo empezar os vendrá
-espontáneamente la facundia. Haced el enamorado, imitando con las
-palabras la enfermedad amorosa, y procurando con arte que os den fe. Y
-no habrá trabajo en que os crean, porque ninguna hay que no presuma de
-ser amable: por muy feas que sean, todas se juzgan con atractivos para
-agradar. Empero muchas veces se empieza a amar por chanza, y muchas
-veces llega a ser de veras lo que al principio se finge. Sí, mujeres,
-cuanto más complacientes seáis para estos remedadores, tanto más
-sincero se hará el amor que poco ha era falso.
-
-Tratemos de sorprender el corazón con imperceptibles cariños, como las
-aguas puras socavan la pendiente orilla. No tengáis empacho de alabar
-su cara y sus cabellos, sus torneadas manos, y sus enanos pies. Los
-elogios de la hermosura lisonjean también a las castas; y el parecer
-hermosas es cuidado agradable de las doncellas. ¿Por qué no se corren
-ahora Juno y Palas de haber puesto en juicio su belleza en medio de
-las selvas frigias? El pavón de Juno ostenta, cuando le alaban, el
-tornasolado brillo de sus plumas; y si le miran con indiferencia,
-esconde la riqueza de su adorno. Los caballos entre las contiendas
-de la rápida carrera se envanecen con el aplauso de su cuello y bien
-peinadas crines.
-
-No andéis escasos en prometer: las promesas cautivan a las mujeres.
-Poned a cualesquiera dioses por testigos de lo prometido. Júpiter
-desde las alturas ríe de los perjurios de los amantes, y manda a los
-vientos de Eolo que lleven los que son nulos. Júpiter solía jurar
-en vano a Juno por el lago Estigio, y él mismo nos alienta con su
-ejemplo. Importa que haya dioses; y pues importa, creamos que los hay.
-Ofrezcámosles incienso y vino en las antiguas aras, porque no yazcan en
-el ocio, ni sumidos en el letargo. Vivid con probidad, pues la deidad
-os observa. Restituid los depósitos: sed religiosos en cumplir los
-pactos: huya el fraude: no seáis homicidas. Burlad impunemente, si
-sabéis, solo a las mujeres. Esta es la única fe a que es vergonzoso no
-corresponder con dolo. Engañad a las engañadoras: son raza pérfida por
-la mayor parte; caigan pues en los lazos que tendieron.
-
-Cuéntase que el Egipto careció de las lluvias que fertilizan los
-campos, padeciendo en sequedad nueve años. Trasio se acercó al rey
-Busiris, y le mostró que Júpiter se aplacaría, derramando en sacrificio
-la sangre de un extranjero. Tú serás, respondió Busiris, primera
-víctima inmolada a Júpiter; y como extranjero atraerás la lluvia al
-Egipto. Y Falaris tostó en el toro los miembros del inhumano Perilo,
-estrenando el autor para su daño la obra. Justos fueron los dos
-tiranos, porque no hay más equitativa ley, que la de que perezca con
-su misma arte el inventor del suplicio. Así que, engañando con razón
-los perjurios a las perjuras, sufrirá la mujer las falsías de que da
-ejemplo.
-
-Las lágrimas son provechosas: con lágrimas ablandaréis a los diamantes.
-Haced, si podéis, que vea las mejillas humedecidas con el llanto. Si no
-podéis llorar (porque no siempre vienen a deseo las lágrimas) estregad
-los ojos con la mano mojada. A vuestras cariñosas expresiones, añadid
-dulces besos. Aunque ella no los dé tomadlos sin licencia. Acaso lo
-repugnará al principio, y os llamará insolente; pero no obstante querrá
-que la venzáis en esta repugnancia. Precaved solamente que al robar los
-besos no lastiméis sus encarnados labios, no sea que se queje de que
-son brutales vuestros besos.
-
-El que tomó besos, y no toma lo demás, será digno de perder también los
-que se le han dado. Después de los besos ¿Cuánto falta para completar
-el deseo? El dejarlo no es ya pudor, sino necedad. Lo llamarán
-violencia, pero es grata esta violencia a las mujeres, las cuales por
-lo regular quieren dar por fuerza lo que las deleita. Cualquiera de
-ellas a quien se roba por sorpresa un gusto de amor, se regocija, y
-tiene esta malicia por agasajo. Pero la que pudiendo ser obligada,
-se va sin que la toquen, aunque afecte satisfacción en el semblante,
-quedará descontenta. Febe fue violada; y a su hermana se le hizo
-fuerza; y con todo eso una y otra se agradaron de sus forzadores.
-
-Aunque bien conocida, no se ha de omitir la historia de la hija del rey
-de Esciros, de quien triunfó Aquiles. La diosa ciprida había dado ya a
-Paris su recompensa por haber preferido su belleza a la de dos diosas,
-en el monte Ida. Ya la nuera de Príamo, venida de otras tierras era en
-los troyanos muros esposa de Paris. Los griegos aliados juraban vengar
-al ofendido marido, y la afrenta de uno solo era la afrenta de todos.
-Aquiles estaba disfrazado con ropas largas de mujer: traje vergonzoso,
-si no lo vistiera por acceder a los ruegos de su madre. ¿Qué haces,
-nieto de Eaco? No es tu oficio el de hilar lana. Busca timbres en la
-ocupación de Palas. ¿Qué, a ti los canastillos? Más bien estará en tu
-mano el escudo. ¿Por qué tienes el huso en la diestra que derribará a
-Héctor? Arroja las mazorcas del torcido estambre; blandirás tu lanza
-con esa fuerte mano. Casualmente había en la misma mansión una doncella
-de estirpe regia, que con deshonor suyo, conoció que aquel era varón.
-Fue vencida por violencia, y así debemos creerlo; pero también que ella
-se dejó vencer. Cuando Aquiles se apresuraba a marchar y había tomado
-ya las bélicas armas: Detente, le decía reiteradamente. ¿Dónde está
-ahora la fuerza? ¿Por qué detienes, Deidamía, con cariñosas palabras al
-autor de tu deshonra?
-
-Hay cosas de las que una mujer no puede sin rubor hablar la primera,
-pero que admite gustosa cuando se las proponen. ¡Ah! ¡demasiado presume
-un joven de su hermosura, si aguarda que la mujer pida favores! A
-los hombres toca empezar: a los hombres toca recuestar con palabras
-suplicantes; y a ellas aceptar benignamente los dulces ruegos. Si
-queréis gozar, rogad, pues ellas desean solamente ser rogadas.
-Manifestadles pues lo que apetecéis. No desdeñaba el mismo Júpiter de
-dirigir súplicas a las antiguas heroínas, y ninguna repelió al gran
-Júpiter. No obstante si veis que a las súplicas opone orgullosa dureza,
-dejad lo comenzado, y volved atrás. Muchas se apasionan de quien
-las huye, y desaman a quien las busca. Solicitando con más tibieza,
-apartaréis el fastidio. No siempre se alcanzan goces de Venus por el
-declaradamente enamorado; a veces entra el amor cubierto con velo de
-amistad. Por este medio he visto enamorarse a mujeres insociables, y al
-que había ido amigo trasformado en amante.
-
-Sienta mal al marinero la tez blanca, pues los vientos marítimos y
-los rayos del sol deben ennegrecerle. También sienta mal al labrador,
-porque siempre a la inclemencia, revuelve la tierra con la azada y
-corva reja. Y los que aspiran a arrebatar la palma en los juegos
-olímpicos serían vituperables en tener blancos los cuerpos. Todo amante
-esté descolorido, pues la palidez es color propio de acongojados
-amantes: este les viene bien, aunque imaginen que no importa el
-semblante. Pálido erraba Orión por los bosques en pos de la esquiva
-Side: pálido estaba Dafnis por la insensible náyade. La palidez sea
-índice del corazón, y no parezca despropósito tapar con gorro la
-atusada cabellera[15]. Enflaquecerán a los juveniles cuerpos las largas
-vigilias, la cavilación, y las ansias que siguen a un amor intenso.
-Para condoler a la querida andad miserables, de modo que cuantos os
-vean puedan llamaros amantes.
-
- [15] Entre los romanos llevar gorro era señal de enfermedad. Habla
- pues aquí Ovidio de las dolencias amorosas.
-
-Sin lamentarme de ver confundidos el vicio y la virtud, de ver que
-amistad y fe no son sino palabras vacías de sentido; no puedo menos
-de decíroslo: no hay seguridad en alabar al compañero la persona que
-amáis. Creyendo las alabanzas, pensará en desbancaros. Es cierto que
-Patroclo no corrompió la amante de su caro Aquiles, y Fedra fue casta
-con Pirítoo. Pílades amaba a Hermione como Apolo a Palas, y como a
-Elena su hermano gemelo Cástor. Pero si alguno espera otro tanto,
-espere coger manzanas del tamariz, y pida miel a los ríos.
-
-Es natural la inclinación al mal: cada uno procura sus gustos, y estos
-son más aceptables, si vienen a costa de los demás. ¡Oh corrupción!
-No es temible para un amante el enemigo, y para estar seguro debe
-desconfiar de sus fieles amigos. Guardaos del pariente, y del hermano,
-y del caro compañero: todos estos os darán verdaderos motivos de
-recelar.
-
-Para concluir digo que, habiendo mil genios entre las mujeres, con
-mil medios se ha de propiciar su corazón. No produce todos los frutos
-una misma tierra: esta es buena para viñas, aquella para olivas y la
-otra para trigo. Hay tantas inclinaciones diversas como personas en
-el mundo. El prudente se acomodará a todos los caracteres. Imitará a
-Proteo, que ora se mudaba en la corriente de un río, ora en león, ora
-en árbol, ora en cerdoso jabalí. Entre los peces unos se cogen con
-fisga, otros en redes, otros en hueca nasa.
-
-Ni son buenos unos mismos medios para todas las edades. Una cierva
-vieja ve los lazos a mayor distancia. Si parecéis astuto a la
-inexperta, y descarado a la modesta, al punto apocadas desconfiarán de
-vosotros. De aquí es que las que no se atreven a entregarse a un hombre
-distinguido, se abandonan a los viles abrazos de un tuno.
-
-He desempeñado la primera parte de la empezada obra. Echemos aquí las
-anclas para detener la nave.
-
-
-
-
-LIBRO SEGUNDO.
-
-
-Loor a Apolo: dos veces loor a Apolo. La presa apetecida cayó en
-mis lazos. El regocijado amante orne mis versos con verde palma, y
-ensálceme sobre Hesíodo y el anciano Homero. Tal era el hijo de Príamo,
-cuando con la robada consorte regresaba viento en popa de la guerrera
-Amiclas. Tal era Pélope, cuando iba en carro victorioso transportando a
-Hipodamía en ruedas extranjeras. ¿Para que te aceleras, joven? Tu bajel
-navega aún en alta mar, y está lejos el anhelado puerto. No es bastante
-haber adquirido, siendo yo el consejero, el objeto de tu amor. Con mis
-lecciones fue captado: con mis lecciones se ha de conservar. Porque
-no se necesita menos sabiduría para defender lo ganado, que para
-adquirirlo. En esto puede influir la ventura, pero aquello es obra del
-arte.
-
-[Ilustración]
-
-Inspiradme propicios ahora, Cupido y Citerea, si alguna vez me
-favorecisteis: inspírame ahora, Erato, tú que tienes nombre de amor.
-Grandes cosas emprendo: enseñar por que artes se ha de hacer estable al
-amor, muchacho vagabundo por el vasto universo. Él es liviano, tiene
-géminas alas para volar, y es difícil imponerles reglas.
-
-Minos había cerrado a Dédalo todos los pasos por donde podía escapar;
-mas él halló la vía arriesgada de salvarse volando. Luego que
-Dédalo hubo encerrado en el laberinto al varón semibuey, o al buey
-semivarón[16], concebido por la abominación de su madre: rectísimo
-Minos, dijo, pon término a mi destierro, y vayan mis cenizas a reposar
-en la paterna tierra. Y ya que, agitado de los hados rigurosos, no
-pude vivir en la patria, a lo menos séame dado el morir. Concede que se
-restituya a ella mi hijo, si en mis años no me consideras a mí digno de
-esta gracia: y si no quieres concedérselo al muchacho, concédeselo al
-viejo. Estas y otras razones había dicho; mas vanamente, el inflexible
-Minos le negaba el regreso. Al punto que lo entendió, ahora, dijo,
-ahora tienes campo, oh Dédalo, para ejercitar tu ingenio. Minos es
-señor de la tierra y del mar, y ni la tierra ni el agua están francas
-para mi fuga. Resta el camino del aire; por el aire tentaré ir. Ayuda
-mi designio, alto Júpiter. No presumo sublimarme hasta los estrellados
-asientos; pero no tengo sino este camino para librarme del rey. Si
-hubiera salida por el estigio, vadearía las estigias aguas: permítaseme
-crear leyes para mi naturaleza. Los males aguzan a veces el ingenio:
-¿quién jamás hubiera creído que un hombre había de caminar por las
-aéreas regiones? Puso en orden unas alas con plumas volátiles, atando
-esta ligera obra con hilo, y sujetando su parte inferior con cera
-derretida al fuego: acabose el trabajo del nuevo artefacto. Manejaba
-el muchacho sonriéndose la cera y las plumas, ignorante de que esta
-invención se preparaba para sus hombros. En este bajel, le dijo su
-padre, hemos de aportar a nuestra patria; con este auxilio hemos de
-salvarnos del cautiverio de Minos. Este no pudo cerrarnos el aire; todo
-lo demás lo ha cerrado. Ya que podemos, rompe con mi invento los aires.
-Pero no has de mirar a la Osa, al Boyero que la acompaña, y al Orión
-armado con espada. Regla tu vuelo al mío; yo iré siempre delante. Sea
-tu cuidado seguirme; guiando yo irás seguro. Porque si nos elevamos a
-las etéreas esferas, acercándonos al sol, la cera se liquidará con el
-calor de sus rayos; y si con humildes alas atravesamos muy inmediatos
-el mar, las movibles plumas se humedecerán con sus azuladas aguas.
-Toma pues un vuelo medio, y teme, hijo mío, los vientos: hacia donde
-sople el aire agita las favorables velas. Entretanto que le daba estos
-avisos, acomodaba las alas al muchacho, y le enseñaba a servirse de
-ellas: bien como la ave dirige a los endebles hijuelos. Atole después
-las alas, proporcionadas a sus hombros, y le entregó no sin temor al
-nuevo viaje. Al echar a volar besó tiernamente al pequeñuelo, y las
-paternales mejillas no contuvieron sus lágrimas. Había una colina menor
-que el monte, y más alta que la llanura: de allí se dieron los dos a
-la desgraciada huida. Movía Dédalo sus alas, y miraba las del hijo,
-sosteniendo siempre su rumbo. Pero ufano Ícaro de transitar por no
-descubierto camino, deponiendo el temor, voló con más osadía de la
-que prestaba el arte. Violos uno que con trémula caña pescaba peces,
-y su mano paró en la ocupación. Ya habían dejado a la izquierda las
-islas de Samos, y Naxos, las de Paros y Delos, amada de Apolo; y a
-la derecha quedaban las de Lebintos, Kálimnos de sombríos bosques, y
-Astipalea ceñida de pezcosos vados; cuando el imprudente muchacho con
-harta temeridad se remontó más arriba, abandonando a su guía. Rómpense
-las ligaduras, derrítese la cera con la inmediación del sol, y ya el
-sutil viento no sostenía el movimiento de sus brazos. Atónito echó la
-vista al mar desde tanta elevación, y el horrible miedo ofreció a sus
-ojos los crepúsculos de la noche. Acabó de liquidarse la cera, y él
-batía los desnudos brazos. Estremécese, y no tiene con que sostenerse.
-Cayó, y cayendo: Padre, oh padre, me llevan, dijo, y las cerúleas aguas
-sofocaron sus voces. El infeliz padre, no padre ya: Ícaro, clamó,
-¿donde estás, Ícaro, o a que parte del cielo vuelas? Ícaro, clamaba;
-pero vio sus alas en el mar. La tierra hospedó sus huesos, y las aguas
-retuvieron su nombre.
-
- [16] El Minotauro, engendro de un toro y de Pasífae, mujer de Minos.
-
-No pudo Minos refrenar las alas de Dédalo; y yo me aparejo a detener
-al dios que inconstantemente vuela. Aquel se engaña que recurre a la
-magia de Tesalia, y al hipomanes confeccionado con la carúncula que
-se arranca de la frente del potro recién nacido. No son poderosas de
-fijar al amor las yerbas de Medea, ni los encantos de los marsos[17]
-mezclados con mágicos conjuros. Si con hechizos se pudiese conservar el
-amor, Medea hubiera poseído a Jasón; y Circe a Ulises.
-
- [17] _Marsos_, antiguos pueblos del Abruzo. Tomaron el nombre
- de Marso, hijo de Circe, y aprendieron de él a ser famosos
- encantadores y hechiceros.
-
-En vano se dan a las mujeres brebajes amatorios, que causan palidez.
-Estas confecciones trastornan el espíritu, y tienen la virtud de
-enloquecerle. Lejos todo artificio: para que os amen, sed amables.
-No bastarán para serlo el semblante ni la hermosura; aunque seáis
-un Nireo, tan alabado por el antiguo Homero, o un Hilas robado por
-superchería de las náyades; para retener a vuestra amada, y no veros
-abandonados, a las gracias del cuerpo añadid las dotes del ingenio. La
-hermosura es deleznable bien: se aja con los años, y fenece limitada en
-su período. No siempre florecen las violetas y los anchos lirios[18];
-y los rosales que ya no llevan rosas, se erizan de agudas espinas.
-Vosotros, preciados de hermosos, pronto veréis canos vuestros cabellos;
-pronto vendrán las arrugas a surcar vuestro cuerpo. Perfeccionad pues
-el espíritu, que no se marchita, y sostendrá vuestra belleza. Él solo
-permanece hasta el lóbrego sepulcro. Sea no leve estudio vuestro
-cultivarle con las buenas letras, y aprender a ser elocuentes. No era
-hermoso, pero era facundo Ulises: y con su elocuencia se atraía el amor
-de las mismas diosas.
-
- [18] En el original elegantemente _hiantia lilia_. He traducido
- anchos, porque siendo los _lirios_ las flores que más se abren,
- el adjetivo _abiertos_, común a todas, no expresaría la demasiada
- abertura de ellos.
-
-¡Oh, cuántas veces se dolió Calipso de la celeridad de su partida! ¡Y
-cuántas le detuvo diciéndole que no estaba propicio el mar para hacerse
-a la vela! De tiempo en tiempo le rogaba contase el asedio de Troya;
-y él solía referir muchas veces el mismo suceso de modo diferente.
-Un día, estando los dos en la playa, exigió la hermosa Calipso le
-contase las cruentas hazañas del capitán de los Tracios. Él, con una
-varita que por acaso tenía en la mano, dibujó la pedida historia en
-la arenosa orilla. He aquí, dijo, a Troya; y figuró sus muros en la
-espesa arena: este es el Simois, y aquí, a sus márgenes mi campamento.
-Aquí estaban las trincheras (y las pintaba) que deshicimos con muerte
-de Dolón, cuando vigilante intentó robar los caballos de Aquiles. Allá
-estaban las tiendas de Reso, rey de Tracia, a quien a oscuras cogí los
-caballos. Trazaba otras muchas figuras, cuando las improvisas olas
-borraron a Troya, y los reales de Reso con su general. Entonces la
-diosa le dijo: mira esas olas a las que te confías para irte, mira de
-cuales nombres hacen mofa en este momento.
-
-Así pues, confiad poco en la figura mudable. Seáis quién fuereis,
-ennobleceos con más sólido mérito. Gana principalmente las voluntades
-la fácil condescendencia: la aspereza y los duros modales producen
-odio. Aborrecemos al gavilán, porque vive siempre de la rapacidad;
-y a los lobos, porque acostumbran ir contra el tímido rebaño. La
-golondrina, por mansa, está libre de las asechanzas del hombre; y las
-aves caonias tienen palomares donde anidar.
-
-Vayan pues fuera las rencillas y la maledicencia entre amantes,
-aliméntese el tierno amor con palabras de dulzura. Por las disensiones
-huyen las casadas a sus maridos, y los maridos a sus mujeres,
-persuadiéndose a que se deben siempre recíprocos tratamientos. Esto es
-bueno para los casados: las contiendas son dote del casamiento. Pero la
-amiga oiga siempre requiebros. No habéis unido lecho por disposición de
-las leyes, amor solo ejerce entre vosotros el oficio de la ley. Gastad
-pues tiernas caricias, y expresiones que halaguen sus oídos; y así
-recibiros ha siempre con alegría.
-
-No me constituyo yo preceptor de amores para los ricos. El que diere
-no necesita de arte. Consigo lleva la ciencia quien, cuando le
-peta, dice: toma. Cedo: con su dinero será más estimado que con mis
-advertencias. Compongo estos versos para pobres, porque yo amé como
-pobre. Cuando no podía regalar dádivas, regalaba palabras. Ame el pobre
-con circunspección: el pobre tema hablar mal; sufra muchas cosas que no
-sufrirían los ricos. Acuérdome que irritado un día descompuse al dueño
-mío los cabellos. ¡Ay de mí, cuán malos días me costó aquel enojo!
-Ni sentí, ni creo haber desgarrado su túnica; mas ella lo dijo, y la
-rescaté a mi costa. Vosotros los que sois prudentes, evitad defectos de
-vuestro maestro; temed los males de mi culpa.
-
-Guerra con los partos, y paz siempre con la dulce amiga: los juegos y
-alegría son los compañeros del amor.
-
-Si no fuere con vosotros bastante cariñosa y afable, sufrid y tolerad:
-con el tiempo se tornará blanda. Doblegándolas con suavidad, se
-enderezan las encorvadas ramas del árbol; y se quiebran violentándolas
-con fuerza. Con suavidad se cortan las rápidas aguas de los ríos;
-y no pudieran vadearse, nadando contra la corriente. Con suavidad
-se doman los tigres y leones de Numidia: y los toros se acostumbran
-poco a poco a tirar de la rústica esteva. ¿Quién fue más intratable
-que la árcade Atalanta? Pues esta soberbia se rindió por fin a los
-obsequios del amante. Dicen que Milanión lloraba mil veces, debajo de
-los árboles, rigores y altiveces de esta muchacha. Mil veces cargaba
-en sus obedientes hombros sus redes para cazar: y mil veces clavó para
-ella con fiera lanza los montaraces jabalíes. Hiriole Hileo con arco
-despreciado por él, pero lo estaba ya por otro arco más nocivo. No os
-mando yo trepar armados por las selvas de Ménalo, ni llevar a cuestas
-las redes; ni os mando exponer vuestros pechos a saetas disparadas: los
-mandatos de mi arte serán llevaderos para los prudentes.
-
-Ceded a la porfiada; cediendo saldréis vencedores. Obrad del mismo
-modo que si ella os lo mandara. Reprended lo que reprenda; aprobad
-lo que apruebe; decid lo que diga, y negad lo que niegue. Reíd, si
-ríe; acordaos de llorar, si llora. Imponga leyes con su semblante. Si
-jugare a los dados, echad mal, y dadle los mejores puntos. Si jugáis
-al carnícoles, para que no la aflija la pena de perder, haced que
-esté siempre a vuestro lado la perjudicial canícula. Si jugareis al
-ajedrez, imagen del latrocinio, haced que vuestro soldado perezca
-por el peón enemigo. Llevad tendido para ella el quitasol, y haced
-calle entre la gente por donde pase. No dudéis servir de estribo para
-el mullido lecho, ni de calzar a sus galanos pies y descalzar las
-sandalias. Calentad en vuestro pecho sus frías manos, aunque vosotros
-mismos tiritéis transidos. Ni graduéis de impropio (aunque impropio
-para vosotros, la complacerá) tenerla el espejo con voluntaria mano.
-Hércules, merecedor del cielo que antes había sostenido, exterminados
-los monstruos de la melancólica madrastra, tenía los canastillos entre
-las hijas de Lidia, e hilaba groseras lanas. El héroe de los Tirintios
-obedecía al arbitrio de su señora. Ved ahora si dudaréis de sufrir lo
-que él sufrió.
-
-Encargados de ir al foro, anticipad siempre la hora señalada, y volved
-tarde. Si os mandare demandar a alguno, posponedlo todo; corred para
-que no os detenga en el camino tropel de gente. Si retornare por la
-noche a casa después de haber asistido a los convites presentaos en
-lugar del siervo, cuando llamare. Si estando en el campo os mandare
-venir, faltando carruaje, tomad el camino a pie, porque el amor
-aborrece a los perezosos. No os arredre el tiempo crudo, ni la sedienta
-canícula, ni el camino alfombrado con blancas nieves.
-
-Especie de milicia es el amor; apartaos, indolentes, pues estos
-estandartes no se han de defender por hombres cobardes. La noche y el
-invierno, las largas carreras, los duros pesares, y todo dolor está
-presente a los que combaten en estos voluptuosos reales. Muchas veces
-os cogerá la lluvia desatada de las nubes, y muchas veces dormiréis
-fríos en la desnuda tierra. Se cuenta que Apolo apacentaba las vacas
-de Admeto, y se guarecía en pajiza cabaña. ¿A quién no honrará lo que
-honró a Apolo? Desnudaos de vanidad los que aspiráis al amor duradero.
-
-Si no podéis ver a vuestra amada por camino llano y seguro, o si
-estuviere con opuesto cerrojo cerrada la puerta, escurríos por el
-fragoso techo, o subid a hurtadillas por las altas ventanas. Se
-complacerá sabiendo que fue para vosotros causa de peligro: y esto será
-para ella prenda de amor sincero. Muchas veces podías tú, Leandro,
-carecer de la vista de tu señora, sin embargo pasabas a nado el mar,
-para que conociese tu pasión.
-
-No tengáis a menos haceros lugar con las siervas y siervos,
-particularmente con los primeros en el orden. Saludad a cada uno por su
-nombre, pues nada se pierde. Humillaos, vanidosos, a darles la mano.
-Pero sobre todo regalad alguna propinilla al siervo que os pida, pues
-no es grande esta impensa. Y regalad a las siervas, para consolarlas
-del castigo que las espera un día, si escondido el marido bajo un
-traje distinto, llega a sorprenderlas. Creedme, haced de vuestro bando
-a esta gentecilla, incluyendo siempre en tal clase al portero y al que
-duerme en la antecámara.
-
-No os ordeno que gratifiquéis con dádivas costosas a vuestra amiga:
-dad poco, pero lo poco con oportunidad y finura. Cuando los jardines
-estuvieren tan ricos en frutas, que agobie a las ramas su peso, por
-el mozo enviadle en un canastillo regalos campestres. Podréis decir
-que es fruta de vuestra granja, aunque la hayáis comprado en la calle
-Sacra. Enviadla o uvas o castañas, que eran delicia de Amarilis, o
-también nueces, si las apetece. Conviene testificarla que está en
-vuestra memoria, regalándola un tordo atado a una guirnalda de flores.
-Infamemente se adquiere así la esperanza del testamento, y la herencia
-de la senectud sin familia. ¡Ah! ¡Perezcan los que regalan para comprar
-tal delito!
-
-¿Os aconsejaré por ventura que la escribáis afectuosos versos? ¡Ay
-de mí! los versos no son muy estimados. Alábanse los versos, pero
-más se aprecian las dádivas. Como sea rico, un bárbaro mismo será
-bien admitido. Ahora estamos en los verdaderos siglos de oro: con el
-oro se adquieren altísimos honores; con el oro se concilia el amor.
-Aunque Homero mismo volviese acompañado de las musas, las mujeres
-le echarían fuera, si nada daba. Hay a la verdad unas pocas mujeres
-sabias, y algunas ignorantes que quieren pasar por sabias. Alabad en
-versos a unas y a otras, pero en versos que con su armoniosa fluidez
-las recomienden al lector. Estas y aquellas acaso graduarán como don
-cortísimo los versos limados para ellas a costa de vigilias.
-
-Haced que vuestra amante os pida siempre lo que habíais de hacer, y
-creíais seros útil. Si habéis prometido libertad a algún siervo,
-obligadle a obtenerla por la mediación de ella. Si remitís al esclavo
-el azote y el penoso calabozo, débaos ella a vosotros la gracia que
-habíais de hacer. Vuestro sea el provecho, y dese a la amiga el honor.
-Nada perdáis; pero tenga ella la opinión de que vale con vosotros.
-
-Los que aspiran a mantener la privanza de su amante, háganla creer
-que están embelesados con su hermosura. Si está vestida de púrpura,
-alabaréis los colores de Tiro. Si la veis vestida de finísima seda,
-diréis que le cae bien la tela de Cos[19]. Si se adornare con vestido
-chapado de oro, diréis que está más preciosa que el oro mismo. Si se
-pone la gausapa, aprobad esta ropa[20]. Si se presenta en túnica, todo
-lo abrasas, clamad; pero rogadla tímidamente que se abrigue del frío.
-Si trajere los cabellos partidos sobre la frente, alabad la dividida
-crencha; y si los encrespare con hierro caliente, agradaos de la
-ensortijada cabellera. Admirad sus brazos cuando baile, y su voz cuando
-cante; y fingid que os disgustáis de que lo deje presto. Conveniente
-será alabarla en el mismo lecho, notando con sensual voz sus placeres y
-los vuestros.
-
- [19] De esta isla eran las telas de seda que se gastaban en Roma;
- eran tan delgadas que se transparentaba el cuerpo.
-
- [20] Gausapa era una especie de paño grueso y felpudo, de que se
- hacían los vestidos de invierno.
-
-Así, aunque sea más violenta que la atroz Medusa, se hará igual y mansa
-para su amador. Solo debéis no manifestar simulación en tales lances,
-ni desmentir con el semblante las palabras. El arte de disimular
-encubierto es ventajoso, conocido sirve de confusión; y con razón os
-quitará crédito para en adelante.
-
-A veces en el otoño (cuando los colmados racimos empiezan a colorear
-con el rubicundo mosto, y prometen un año abundantísimo, y cuando
-alterna el frío con los últimos calores) reinan enfermedades por la
-desigualdad del tiempo. Conserve vuestra amiga perfecta salud por
-cierto; pero, si indispuesta se acostare, dañada por la destemplanza
-del aire, mostradla con expresivas señales vuestro amor y sentimiento.
-Sembrad entonces para coger a manos llenas después. No os fastidie
-la impertinente enfermedad, y haced por vuestra mano cuanto ella os
-permita. Véaos llorar; no tengáis hastío de sufrir sus besos: y agote
-vuestras lágrimas con su árida boca.
-
-Haced muchos votos por su salud, pero todos en público: contadle
-oportunamente sueños de buen agüero. Llevad a su casa alguna vieja que
-espíe el aposento y lecho, llevando a la vista azufre y huevos en su
-tembladora mano. Todo esto serale indicio lisonjero de interés en su
-salud. Por tales medios consiguieron muchos la postrimera voluntad de
-sus amigas. No os atraigáis la aversión de la enferma por su cuidado;
-guardad cierta medida en la complaciente oficiosidad. No la impidáis
-comer, ni la presentéis el vaso con amargos medicamentos: dejad este
-cargo a vuestro rival.
-
-Pero pues os halláis en medio del golfo, no boguéis con el viento
-que henchía la vela cuando salisteis del puerto. En tanto que el
-amor titubea reciente, adquiere fuerzas con el uso; y se radica
-poderosamente, si le alimentan con tiempo. Aquel toro que te amedrenta,
-era novillo que solías manosear; y aquel árbol que ahora te recrea
-con sombra, fue delgada varita. Nace pobre aquel río; pero engruesa
-su caudal en el camino, recibiendo por donde pasa las aguas de muchos
-arroyuelos. Habituadla a vosotros, porque nada mejor que la habitud.
-Para llegar a ella, no rehuséis probar disgustos. Véaos continuamente:
-óigaos continuamente: séale presente día y noche la figura de vuestro
-semblante.
-
-Cuando estéis seguros de que anhela por veros, id lejos entonces, y
-seréis cuidado de la ausente. Dad descanso: el campo holgado vuelve
-con usura la semilla, y la tierra árida bebe con ansia las celestes
-aguas. Filis ardía con más tibieza por Demofonte presente, y creció
-sobremanera su llama al verle darse a la vela. Ausente el sagaz Ulises
-atormentaba a Penélope: y Laodamía dirigía quejas amorosas a su ausente
-Protesilao.
-
-Mas la breve demora es eficaz; porque con el tiempo enlentecen los
-cuidados, y se desvanece el amor ausente, y entra otro nuevo. En la
-ausencia de Menelao, Elena se consoló de su solitud en los brazos del
-troyano su huésped. ¡Qué estupidez ha sido esta, Menelao! Tú partiste
-solo, y quedaban debajo de un mismo techo el huésped y tu esposa.
-¡Insensato! ¿Entregas al gavilán la guarda de las tímidas palomas?
-¿Confías todo el redil al lobo montesino? Elena no, ni su adúltero
-delinque, pues hace lo que tú y lo que cualquiera haría. Les obligaste
-al adulterio, dándoles ocasión y tiempo. ¿Qué ha hecho Elena sino usar
-de tu consejo? ¿Qué había de hacer? Está ausente el marido y habita
-en su casa un huésped amable: temía ella dormir sola en el desocupado
-lecho. Júzguelo el mismo Menelao; yo absuelvo de crimen a Elena, pues
-abrazó la ocasión proporcionada por el imprudente marido.
-
-No es tan sañudo el rojo jabalí cuando, en medio de su rabia, tira
-rodando con diente fulminador a los perros que le acosan: ni la leona,
-cuando ateta a los mamantes cachorros: ni la pequeña víbora pisada por
-el incauto pie, como se enfurece una mujer sorprendiendo a la rival del
-consorte lecho: su corazón se retrata en el semblante. Se arroja al
-hierro y al fuego, y no guardando mesura, se enajena como arrebatada
-del furor aonio. Bárbaramente vengó Medea, degollando a los hijos, la
-infidelidad de su esposo, y la violación de los maritales derechos.
-Madre no menos cruel fue Progne: miradla por esto transformada en
-golondrina, y su pecho con señal de sangre. Esto deshace lo firmes y
-muy estrechos amores: los hombres cautos han de temer estos extravíos.
-
-No por eso os condena mi severidad a una sola mujer. ¡No lo permitan
-los dioses! Apenas las casadas pueden contenerse en tanta privación.
-Divertíos: pero celad los deslices con la precaución de un hurto.
-Ninguna gloria resulta de los defectos. No regaléis a una preseas que
-pueda saber la otra, ni tengáis a horas fijas vuestras disoluciones.
-Y para que no os sorprendan en escondrijos conocidos, no os juntéis
-siempre en unos mismos lugares. Repasad bien cuantas cartas
-escribiereis, pues muchas leen más de lo que hallan escrito.
-
-Venus ofendida se arma legítimamente; e hiriendo con los mismos dardos,
-hace sufrir los propios males de que ella se quejó. Mientras Agamenón
-quedó constante, casta vivió su esposa; el ejemplo solo de sus vicios
-la hizo criminal. Ya sabía ella la repulsa hecha a Crises, quien vino a
-implorar por su hija cautiva, llevando en la mano el laurel de Apolo,
-y ceñidos los cabellos con las sagradas cintas[21]: sabía la triste
-suerte de esta joven sacada de Lirneso. El nombre de Briseida, y las
-vergonzosas contiendas que prolongaban la guerra habían llegado a sus
-oídos. Delante de sus mismos ojos había visto a la hija de Príamo, y
-su esposo vencedor hacerse esclavo de su misma esclava. Entonces fue
-cuando admitió a Egisto en su corazón y lecho; vengando con un crimen
-un amoroso delito.
-
- [21] Insignia del sacerdocio de Apolo. Crises, aunque sacerdote, no
- pudo obtener de Agamenón la libertad de su hija.
-
-Si a pesar de la cautela se descubren vuestros hechos, negadlos
-tenazmente, puesto que sean manifiestos. Pero no os mostréis sumiso
-ni más cariñoso que antes, porque esta señal indicaría mucho el ánimo
-culpado. Combatidla, sí, con amoroso vigor; en ello consiste vuestra
-reconciliación; este es el primer modo como se ha de negar a Venus una
-infidelidad.
-
-Mandan algunos tomar ajedreas, yerbas estimulantes y nocivas: yo las
-tengo por ponzoña. Otros mezclan la pimienta con la grana de la picante
-ortiga; y el rubio pelitre triturado y disuelto en vino añejo. Mas
-la diosa que se adora en la falda sombría del elevado Érix reprueba
-el violentarse de este modo a sus deleites. Pueden tomarse el blanco
-bulbo[22], que se cría en Tesalia o en los Pelasgos, y otras yerbas
-hortenses provocativas a lujuria. Tómense también huevos frescos, miel
-del Himeto, y la fruta que entre sus agudas hojas produce el pino. Mas
-¿para que te distraes, docta Erato, a remedios medicinales? Déjame
-empujar el carro hasta la raya final de la carrera.
-
- [22] Especie de cebolla silvestre, que también tiene otros nombres.
-
-Los que por mi consejo encubríais poco ha las infidelidades, torced
-ahora el camino, y por mi consejo descubrid vuestros hurtos. No se
-culpe mi vario opinar, pues no siempre el curvo bajel transporta los
-pasajeros con un mismo viento. Unas veces navega con el norte, otras
-con el levante; a veces hinche la vela el poniente, a veces el viento
-sur. Mirad como el cochero ya afloja desde el carro las riendas, ya
-las tira para sujetar sus caballos. Hay algunas a quienes hace mal el
-consecuente querer, y no teniendo ningún obstáculo entibia su amor.
-Con la prosperidad se inflan regularmente los ánimos; y no es fácil
-moderarlos en la libre fruición de los gustos. Como el ligero fuego,
-que habiendo perdido poco a poco su fuerza, se esconde debajo de
-blancas cenizas, y recobra empero sus extinguidas llamas, si se le
-aplica el azufre, echando el mismo resplandor que antes: así cuando
-el corazón entorpece perezoso en ocio y tranquilidad, se ha de avivar
-el amor con penetrantes estímulos. Haced que recele de vosotros,
-recalentad el frío espíritu de la querida: demude su semblante el
-indicio de vuestro delito. ¡Oh mil y mil veces dichoso aquel de quien
-lamenta agravios la amiga! Aquella a cuyos ignorantes oídos habiendo
-llegado una vez la deslealtad, se desmaya, y pierde cuitada color y
-habla. Sea yo aquel, por quien despedace furiosa los cabellos; por
-quien rasgue sus tiernas mejillas aquel a quien vea lagrimosa: aquel a
-quien mire con torvos ojos: aquel sin quien no pueda vivir, deseando
-poder.
-
-Si preguntáis cuanto tiempo se ha de quejar la injuriada, sea breve,
-porque no crezca el enojo con la lenta tardanza. Ceñid luego con los
-brazos su cándido cuello; estrechad en vuestro pecho a la llorosa:
-besad a la llorosa: conceded los deleites de Venus a la llorosa.
-Hará la paz: de este único modo se desarma la ira. Cuando más se
-encrudeciere, cuando parezca irreconciliable enemiga, en su lecho se
-concluirá el tratado, allí se amansará. Allí, depuestos los dardos,
-habita la concordia: en aquel lugar, creedme, nació la benevolencia.
-Juntan sus picos las palomas que antes se pelearon, y sus arrullos
-figuran palabras y requiebros.
-
-En el principio de las cosas era el mundo mole informe y desordenada:
-astros, mar y tierra tenían una faz. El cielo se sobrepuso luego a
-la tierra, fue rodeado del mar el globo terrestre, y se separaron
-las partes del informe caos. Los bosques sirvieron de albergue a
-las fieras, el aire a las aves, y los peces habitaron debajo de las
-líquidas aguas. Entonces el género humano erraba por los solitarios
-campos, grosero y robusto, sin vislumbre de genio. Su casa era la
-selva, su comida las yerbas, y su cama el follaje de los árboles: y en
-mucho tiempo no se conocieron los hombres entre sí. El dulce deleite
-domesticó sus ánimos feroces: formaron sociedad el hombre y la mujer.
-No aprendieron de maestro lo que habían de hacer, pero Venus consumó
-sin arte la agradable obra. La ave tiene a quien amar. El pez halla
-en el centro de las aguas la hembra con quien parte sus placeres.
-El ciervo busca a su igual; la serpiente se une con la serpiente.
-Adultera el perro trabado con la perra. La oveja engendra contenta; la
-becerra corre en pos del toro: y le gusta a la cabrilla el olor del
-hediondo macho. Agitadas furiosamente las yeguas siguen a los caballos,
-apartados por ríos y lugares distantes.
-
-Dad pues a la airada el remedio señalado, el solo que pueda aliviar su
-acerbo dolor; este remedio más eficaz que los jugos de Macaón[23], cura
-el dolor, con aquello mismo que lo ha causado.
-
- [23] Célebre médico en la guerra de Troya.
-
-Mientras yo cantaba, se me apareció repentinamente Apolo, pulsando
-con sus dedos las cuerdas de la lira de oro. Traía laurel en las
-manos, y laurel ornaba su sagrada cabellera. Dejose ver, y me habló
-con voz fatídica. Preceptor de lascivos amores, dijo, conduce tus
-discípulos a mi templo. En él se lee una inscripción celebrada por
-la fama en el extenso orbe, la cual ordena que cada uno se conozca a
-sí mismo. Quien se conociere a sí será el único que ame con acierto,
-pues medirá sus fuerzas con la dificultad de la obra. Aquel a quien
-naturaleza dio hermosura, sea considerado por ella: el que es blanco,
-recuéstese siempre con los hombros desnudos. El de gracioso hablar
-rompa el taciturno silencio. El que canta sonoramente, cante; y el buen
-bebedor, beba. Pero ni los elocuentes declamen en la conversación, ni
-los extravagantes poetas reciten sus versos. Esto me amonestó Apolo:
-obedeced a las amonestaciones de Apolo, cuya sacra boca dicta oráculos.
-
-Lo vuelvo a repetir otra vez: quien ame con cordura, vencerá, y
-sacará de mi arte lo que se propone. Mas no siempre los surcos pagan
-la siembra con usura, ni siempre impele a la dudosa nao el viento
-favorable. Son pocos los bienes y muchos los pesares de los amantes.
-Propónganse el sufrirlos con constancia. Hay en amor tantos dolores
-como liebres en el monte Atos, como abejas liban las flores en el
-Hibla, como bayas tiene el verdoso árbol de Palas, y como conchas la
-ribera del mar. Los tiros de Cupido están empapados en mucha hiel.
-
-Os dirán que la querida está fuera, y acaso la habréis visto en casa;
-pensad sin embargo que está fuera, y que los ojos os engañaron. Os
-cerrarán la puerta para la noche concertada: toleradlo, y tended
-el cuerpo en el duro suelo. Acaso la embustera sierva dirá con faz
-insolente: ¿a qué ronda este nuestra puerta? Adulad humildes a los
-cerrojos y a la descarada moza, y poned en la puerta las rosas que
-engalanen vuestra cabeza. Entrad cuando será su gusto: retiraos cuando
-no quiera recibiros. Desdice de un hombre decente incomodar a nadie. No
-es esto de despreciar, para que no os lo advierta la amiga: no tenemos
-a toda hora la razón en la mano. Mas no juzguéis indecoroso sufrir
-dicterios y golpes de la querida, ni bajarse a besar sus tiernos pies.
-
-¿Por qué me detengo en pequeñeces, cuando me urgen cosas mayores?
-Grandes cosas he de decir: parad todos las mientes. Ardua empresa
-arrostramos, trabajo difícil pide aquí mi arte; pero nada es la virtud
-sin las dificultades. Sufrid con paciente ánimo la presencia de un
-rival, y estará con vosotros la victoria; vencedores, iréis con Júpiter
-al Capitolio. Sí, las encinas proféticas de Dodona son las que os
-hablan ahora, y no un mortal: nada más insuperable que esto contiene mi
-arte. Si le hace señas, sufrid: si le escribe, no abráis las cartas:
-venga ella de donde quiera, y vaya adonde le acomode. Sufren muy bien
-esto los maridos de sus legítimas mujeres, cerrando los ojos en fingido
-sueño. No estoy yo, lo confieso, hábil en este arte: yo mismo soy
-inferior a mis preceptos. ¿Por ventura hará otro delante de mí señas
-a mi muchacha? ¿Y lo sufriré? ¿Y no me he de enfurecer? Acuérdome que
-el marido la besó en mi presencia, y me quejé de tales besos; de esta
-barbaridad abunda nuestro amor. Esta imprudencia me perjudicó más de
-una vez. Más hábil es sin duda el marido que se compone fácilmente con
-los galanes de su mujer. Lo mejor es ignorarlo todo. Dejad que queden
-escondidos los hurtos amorosos, a lo menos para que un fingido pudor
-asome al rendido rostro. Guardaos, oh jóvenes, de sorprender a vuestras
-amigas; y haced como si os contentaseis con sus razones. Crece el
-afecto en los amantes sorprendidos: siendo igual la suerte de los dos,
-uno y otro persisten con más firmeza en la causa de su error.
-
-Refiérese una fabula notoria a todo el cielo[24]: la de Marte y
-Venus, atrapados en la red por astucia de Vulcano. El padre Marte,
-perdidamente enamorado de Venus, de guerrero terrible se convirtió
-en amador. Ni Venus (porque no hay diosa alguna más tierna) se mostró
-áspera y cruel con el suplicante Marte. ¡Ah! ¡Cuántas veces esta
-lasciva se burló de los pies de su marido, y de sus manos, hechas
-callosas con el fuego y el martillo! Para divertir a Marte remedaba
-a Vulcano, acompañando a la belleza con mucha gracia. Al principio
-solían celar mucho su amoroso comercio, y el delito los tenía llenos
-de verecundo pudor. En fin por delación del sol (porque ¿quién será
-capaz de engañar al sol?) vinieron a noticia de Vulcano los hechos de
-su esposa. ¿Por qué, oh sol, manifiestas ejemplo tan peligroso? Pide
-dádivas a la diosa, pues tiene con que contentarte, si contienes la
-lengua. Tendió Vulcano por encima y al rededor del lecho redes sutiles,
-que no percibía la vista. Fingió irse a Lemnos; vienen a su lecho los
-amantes, y uno y otro se acuestan desnudos y envueltos en los lazos.
-Convoca aquel a los dioses; y los cogidos les sirvieron de espectáculo.
-Dicen que Venus contuvo apenas las lágrimas. No pudieron cubrir su
-cara, ni aun oponer las manos a las partes obscenas. Alguno de los
-dioses riendo de ellos, dijo: si te son ponderosas, fortísimo Marte,
-traslada a mí tus cadenas. Apenas las súplicas de Neptuno soltaron a
-los prisioneros cuerpos. Marte se retiró a Tracia, y ella a Pafos. Esto
-has aprovechado, Vulcano, que hagan sin recato lo que antes encubrían:
-pues todo pudor se ha perdido. Confiesas muchas veces, loco, que lo
-hiciste neciamente, y que has tenido que arrepentirte de tu cólera.
-
- [24] A todos los dioses, que la mitología coloca en el cielo.
-
-Esto os vedo: veda la sorprendida Dione usar de las asechanzas en que
-ella misma cayó. No arméis lazos a vuestro rival, ni interceptéis sus
-cartas para saber sus secretos. Intercéptenlas, si juzgaren que deben
-interceptarse, los varones que legitima maridos[25] el agua y el fuego.
-Otra vez lo afirmo: nada hay en mis versos de contrario a la leyes,
-y la decencia ha de ser respetada en nuestros juegos. ¿Qué atrevido
-divulgó a profanos los misterios de Ceres, y los venerables sacrificios
-hallados en Samotracia? Pequeña virtud es la de guardar silencio en
-las cosas, y al contrario es grave la culpa de revelar lo digno de
-callarse. ¡Oh cuán justamente es castigado el locuaz Tántalo entre
-aguas y frutas, esforzándose en vano a gustarlas!
-
- [25] El agua y el fuego eran materia del rito matrimonial por sus
- significaciones emblemáticas.
-
-Citerea manda principalmente callar sus obras: yo aconsejo que ningún
-hablador asista a ellas. Si no se ocultan en cestas[26] los misterios
-de Venus, ni sonando el desconcierto ruidoso de broncíneas trompas;
-si, para celebrarlos, se abren a todos sus templos, sean a lo menos
-entre nosotros escondidos. La misma Venus, cuantas veces se despoja
-de sus vestiduras, resguarda retirada hacia atrás su desnudez con la
-izquierda mano. A cada paso se parean los animales delante de todos, y
-las mujeres apartan regularmente los ojos. A los amorosos latrocinios
-convienen aposentos y puerta; quedando la pudorosa parte velada con las
-ropas caídas. Y si no buscamos tinieblas, busquemos alguna opacidad
-como de nube, o menos claridad que la luz patente. En el tiempo en que
-los techos no guarecían a los hombres del sol y de la lluvia, sino que
-las encinas les suministraban albergue y alimento, tomaban el deleite
-no a cielo descubierto, sino en los bosques y grutas. ¡Tanto curaba del
-pudor aquella tosca gente!
-
- [26] En cestas se ocultaban los misterios de Ceres y Baco, y con
- estrépito de trompetas y otros instrumentos musicales.
-
-Mas hoy se divulgan todos los nocturnos amoríos, y nada se aprecia
-tanto como el pasatiempo de hablarlos. De cualquiera mujer que
-encontréis, aquella fue mía también, diréis: no faltarán otras
-que podáis señalar con el dedo, diciendo sobre cada una cuentos
-vergonzosos. Pero de poco me quejo: algunos mienten lo que siendo
-verdad negarían, y ninguno hay que no se jacte de haber logrado los
-últimos favores. Ya que no pueden manosear los cuerpos, manosean los
-nombres, y sin haberlas tocado, denigran a las mujeres. Anda ahora,
-enfadoso portero, y ciérralas con cien fuertes llaves. ¿Qué hay
-seguro contra el maldiciente, que con su lengua fabrica adulterios,
-pretendiendo crédito en lo que no sucedió? Nosotros empero seamos
-discretos en nuestros amores verdaderos, y ocultemos con inviolable
-secreto los misteriosos robos. Sobre todo no echéis en cara a las
-mujeres defectos que a muchas es útil disimular. Perseo no habló a
-Andrómeda de su moreno cutis, Perseo que en ambos pies calzaba nobles
-alas. Andrómaca parecía a todos desmesuradamente larga, y solo Héctor
-decía que era mediana. Acostumbraos a lo que sufrís mal, y se os hará
-sufrible. El amor naciente repara en todo, pero el tiempo dulcifica
-las cosas. Una rama tierna que brota del verde tronco cae al menor
-viento que la sacuda; más robustecida con el tiempo resiste el soplo
-de aquilón, y enriquece al árbol con flores y frutas. El tiempo mismo
-atenúa las faltas corporales, y lo que fue tacha no parece tal con la
-continuada vista. Las narices al principio repugnan el olor de los
-bueyes; habituadas con el tiempo lo aguantan sin molestia.
-
-Paliad sus faltas con el modo de expresarlas. Llamad fusca a la que es
-más negra que pez de Iliria. Si es bizca, comparadla a Venus: si es
-roja, a Minerva. Sean de talle delgado las que por su magrez carecen
-de frescura. Llamad ágil a la pequeña, y a la obesa alabadla de buenas
-carnes. En fin desfigúrense las imperfecciones con nombre de cualidades
-buenas que se les acercan. Ni preguntéis cuántos años cumplen, ni bajo
-qué consulado nacieron; oficio propio del rígido censor.
-
-Tened especialmente estas consideraciones con las que no están en
-la flor de su edad, con las que pasaron sus mejores años, en cuya
-cabellera empiezan a blanquear las canas. Útil es, oh jóvenes, esta
-más provecta edad. Este campo se ha de sembrar; este fructificará
-mieses. Endurad fatigas mientras os asisten juventud y vigor; porque
-ya vendrá con silenciosos pasos la encorvada vejez. Surcad el mar con
-los remos, o la tierra con la esteva; o aumentad belígeras manos a las
-matadoras armas; o dad vuestras fuerzas al obsequio y acompañamiento
-de las mujeres; porque esto es también una milicia; esto os enriquecerá
-también.
-
-Añádese que las provectas son más peritas en las labores de amor:
-tienen experiencia, la sola que hace maestros. Reparan con sus atavíos
-el detrimento de la juventud, y ponen su esmero en borrar las huellas
-de los años. Se presentan a Venus en mil actitudes, y en más que el
-pincel no inventaría. Con ellas se gusta deleites más suaves, y el
-varón y la hembra llevan por igual el premio. Aborrezco el trato en que
-el interés no es recíproco; aquel en que uno solo disfruta el placer.
-Aborrezco a la que se presta solo porque es necesario prestarse, e
-insensible piensa entonces a su rueca. No me es de satisfacción lo que
-se da por oficio, y sin inclinación de la contribuyente. Me place oír
-en sus voces indicios de su contento, cuando ruega me pare en el juego
-sin dejarlo; y enajenada y con caídos ojos desfallece, y queda en la
-desgana de la saciedad.
-
-No concede naturaleza estos placeres al primer fervor de la juventud,
-ni vienen cuando más pronto hasta después de los siete lustros. Los
-que se dan prisa, beban vino mosto; a mí me sabe bien el vino de
-mis abuelos en vasija reservada desde los prístinos cónsules. Ni el
-plátano, si no es viejo, puede impedir los rayos del sol, y los pies se
-hieren en las praderías cuando empiezan a retoñar. ¿Preferiríais acaso
-Hermione a Elena? ¿Y será mejor Gorge que su madre Altea? En resolución
-los que queráis gozar de la Venus tardía, sacaréis dignas recompensas,
-siendo perseverantes.
-
-He aquí el lecho que recibe confidente a dos amantes. Defiende, musa,
-las cerradas puertas del tálamo: sin ti hablaran espontáneamente
-afectuosísimas cosas. Ni la siniestra mano estará inerte, pues los
-dedos hallarán industria en aquellas partes en que calladamente clavó
-sus flechas el amor. Holgose así con Andrómaca el corajoso Héctor,
-tan útil en las troyanas guerras. Holgose así con la cautiva Briseida
-el grande Aquiles, cuando cansado de la pelea tornaba al reposo del
-mullido lecho. Permitías, Briseida, ser tocada de aquellas manos
-siempre repletas de muertes frigias. ¿O era lo que te deleitaba,
-lasciva, el que llegasen a tus carnes las vencedoras manos?
-
-Creedme, no se ha de apresurar el placer de Venus, sino saborearlo
-pausadamente con moroso vagar. Cuando halléis partes en cuyo contacto
-goza la mujer, no obste el pudor para que las toquéis. Brillarán sus
-ojos con trémulo resplandor, como regularmente reluce el sol en las
-cristalinas aguas. Vendrán las quejas, vendrá el dulce murmullo, y los
-gratos suspiros, y las expresiones convenientes a la amorosa lucha.
-Pero no apuréis en esto su ardorosa fuerza, ni la dejéis antecederos
-en la carrera. Corred juntos al término: entonces es lleno el deleite
-cuando yacen rendidos a la par los dos agentes. Observad este precepto
-cuando estéis en libre ocio, y el temor no apremie la furtiva
-diversión. Mas cuando urge el tiempo, es fuerza bogar con todos los
-remos, y apretar las espuelas al caballo desbocado.
-
-Finalizó mi obra. Dame la palma, alegre juventud, y enlaza en mis
-perfumados cabellos guirnaldas de mirto. Tan buen amador soy yo,
-como Podalirio fue perito en el arte médica, como valiente Aquiles,
-prudente Néstor, como Calcas fue hábil presagiador de las víctimas,
-como guerrero Áyax, como Automedonte director de la cuadriga. Celebrad,
-hombres, a vuestro poeta; cantad mis alabanzas, y suene mi nombre por
-todo el orbe. Os he dado armas, como Vulcano dio a Aquiles: venced
-como él venció con los preceptos dados. Pero cualquiera que con mi
-espada domeñare a las soberbias amazonas, escriba en sus trofeos,
-Ovidio fue mi maestro.
-
-He aquí a las graciosas muchachas que me piden también reglas de amar.
-Vosotros seréis el objeto de mis cuidados en siguiente libro.
-
-
-
-
-LIBRO TERCERO.
-
-
-Armas di a los griegos contra las amazonas; armas me sobran para darte
-a ti, Pentesilea[27], y a tus tropas. Id al combate iguales: venzan los
-que protegiere alma Dione y el muchacho alado. No era justo guerrear
-sin armas con armados; y hubiera sido para vosotros, varones, sin
-gloria el triunfo.
-
- [27] Pentesilea, reina de las amazonas.
-
-Dirame alguno, ¿para qué añades ponzoña a la serpiente, y entregas el
-aprisco a la hambrienta loba? No confundáis a todas en la malicia de
-algunas, y mirad a cada una por sus buenas cualidades. Si el menor
-atrida tuvo por que culpar a Elena, y el mayor atrida a su hermana
-Clitemnestra: si, por traición de Erifile, descendió en caballos vivos
-Anfiarao vivo al Averno; Penélope ha sido fiel al marido dos lustros
-que hizo la guerra, y otros tantos que peregrinó países. Ved a Laodamía
-acompañar a su marido, y fallecer tempranamente. Alceste redimió el
-hado de Admeto, sufriendo por su esposo la funeral ventura. Recíbeme,
-Capaneo, mezclaremos nuestras cenizas, dijo Evadne, y se arrojó en la
-hoguera. La virtud misma toma el vestido y nombre de mujer, y no es
-de extrañar que favorezca a su sexo. Mas no necesitan de mi arte las
-virtuosas: solo las menos buenas se embarcan en mi esquife. Allí nada
-se aprende sino lascivos amores: enseñaré pues a las mujeres el arte de
-amar.
-
-La mujer ni enciende la llama, ni dispara los crueles arcos. Raramente
-veo dañar sus tiros a los hombres. Los hombres regularmente engañan;
-no las tiernas mujeres regularmente: y si se averigua, las amancillan
-pocos crímenes de perfidia. El falaz Jasón repudió a Medea, hecha ya
-madre; y en otras nupcias estrechó en su seno a Creúsa. ¡Cuánto no
-amedrentaron las aves marinas a Ariadna, abandonada por ti, Teseo, en
-la inhóspita ribera! Inquirid por qué Filis hizo nueve veces un viaje;
-y oíd que lloraron a Filis las selvas despojadas de sus galas. Renombre
-tiene de piadoso, tu huésped Eneas, pero te dio la causa y la espada,
-Dido, para tu muerte. ¿Diré, mujeres, lo que os pierde? El no saber
-amar. Os falta el arte, y con el arte se encadena el amor.
-
-Aun ahora lo ignoraríais, pero Citerea me ordenó enseñároslo.
-Apareciéndoseme puesta en pie: ¿En qué pecaron, me dijo, las infelices
-mujeres? Has entregado la grey inerme a los varones armados. Dos libros
-tuyos adiestraron a estos; instruye pues la otra parte con tu doctrina.
-Estesícoro, que antes con versos contumeliosos difamara a Elena, cantó
-después sus alabanzas con más próspera lira. Si mal no te conozco, no
-desairarás a todas las mujeres. Este beneficio imploran de tu agudeza.
-Dijo: y del mirto que ceñía sus cabellos me dio una hoja y algunas
-bayas.
-
-Sentí en mi cuerpo un fuego divino, el aire resplandeció más puro, y en
-mi mente cesaron las dificultades.
-
-Mientras alumbra mi ingenio, escuchad mis preceptos, jóvenes, vosotras
-a quienes no coartan las leyes, el pudor ni las prerrogativas. Acordaos
-desde ahora de la venidera senectud, y así ningún momento pasaréis
-en balde. Mientras es dado, ya que ahora devoráis los juveniles
-años, holgaos; pues los años corren como el agua deleznable. Ni las
-corrientes que pasan retroceden; ni las horas que pasan pueden volver.
-Gozad de la edad, pues se desliza la edad con veloces pies: ni es tan
-buena la que sigue como fue buena la primera. Yo vi en su verdor a
-estos arbolillos, que ya se secan: tejí coronas con rosas de estos
-rosales, ya solo erizados de espinas. Tiempo será en que vosotras, que
-ahora despreciáis los amantes, dormiréis viejas frías en solitaria
-noche. No golpearán a vuestra puerta con nocturna bulla, ni por la
-mañana hallaréis colgados en los umbrales ramilletes de rosas. ¡Cuán
-presto, ay de mí, se afea la cara con arrugas, y perece la tez en
-las tersas mejillas! Esas canas que juráis tener desde la infancia,
-blanquearán bien presto toda vuestra cabeza. Con la tenue piel desnudan
-su vejez las serpientes, y descargando sus cuernos no se hacen viejos
-los ciervos. Nuestros días huyen sin remedio: coged las flores, que a
-no ser cogidas, tristemente se caerán. Añadid que los partos abrevian
-el espacio de la juventud: envejece el campo con las continuas cosechas.
-
-No fue ruboroso para ti, Luna, adormecer a Endimión; ni la rosada
-aurora se corrió de amar a Céfalo. Aunque Venus se apasionase de
-Adonis, al que llora todavía, ¿de quién proceden su Eneas y Hermione?
-Bellezas mortales, pisad las huellas de las diosas; no neguéis placeres
-a los apasionados hombres. Puesto que os engañen, ¿qué perdéis? Todo os
-queda. Aunque tomen mil favores, de allí nada se menoscaba. Consúmese
-el hierro, y los pedernales se desgastan con el uso: pero subsiste, y
-no hay miedo de que se aniquile aquella parte. ¿Quién se opondría a
-dejar tomar luz de otra luz, o quién economizaría las vastas aguas del
-abismoso mar? Decís no convenir que la mujer tenga tratos con hombres;
-mas respondedme ¿qué es sino echar agua de abundante fuente? No os
-prostituye mi voz, pero os prohíbe temer vanos daños, en que no os
-inducen vuestros favores.
-
-Navegaré con recio viento, pues mientras estoy en el puerto, blando
-céfiro sopla. Empiezo por la compostura: abunda el vino en las viñas
-bien cultivadas, y solo el cultivo produce fecundas mieses. La
-hermosura es don del cielo; pero ¿quiénes y cuántas descuellan en
-hermosura? La mayor parte de vosotras carece de esta joya. La tez se
-hermosea con el cuidado: la tez descuidada se deteriora, aunque sea
-semejante a la de Idalia. Si las mujeres antiguas no se aderezaron así,
-ni los antiguos tuvieron hombres así adornados. Si Andrómaca vestía
-ropas burdas, ¿de qué nos maravillamos? Era mujer de un soldado feroz.
-¿Acaso la mujer de Áyax se engalanaría para parecer bien a aquel, cuyo
-escudo era reforzado con siete cueros de buey?
-
-Antiguamente reinaba entre nosotros una grosera simplicidad; mas ya
-la dorada Roma posee las exorbitantes riquezas del orbe conquistado.
-Mirad lo que fue, y lo que es ahora el Capitolio; diríais que parece
-consagrado a otro Júpiter. La curia, que ahora es digna del augusto
-congreso, se atechaba con paja, reinando Tacio. El refulgente Palatino,
-asiento ahora de Apolo y de los Césares, ¿qué era sino pastos para
-los bueyes de labranza? Alaben otros la antigüedad: yo finalmente
-me congratulo de haber nacido ahora, pues esta edad es conforme a
-mi genio: no porque ahora se saca de las entrañas de la tierra el
-codiciado oro, ni porque vienen las perlas cogidas en diversas costas:
-no porque se allanan los montes extrayendo mármol, ni porque se
-enfrena con diques el salobre mar; sino porque reina la cultura, ni
-permaneciendo en nuestro siglo, la rudeza de nuestros antepasados.
-
-No carguéis las orejas con las costosas pedrerías que el macilento
-indio envía de sus remotas costas: no os presentéis orgullosas con
-vestiduras recamadas de oro, con cuyo brillo pensáis atraernos, y
-más bien nos ahuyentáis. El aseo nos cautiva: no traigáis en desorden
-el cabello, porque la buena figura la dan y la quitan las manos que
-lo componen. No es uno solo el género de tocado: escoged el que os
-convenga, consultando antes el espejo. A las de cara larga les prueba
-la crencha partida sin ornato: así se peinaba Laodamía. Las de cara
-redonda quieren el pelo atado en un rizo pequeño encima de la frente,
-enseñando las orejas. Algunas dejan flotar sus cabellos por los
-hombros, al modo del dios de las artes, cuando tañe la lira. Otras los
-añudan detrás de la cerviz, dejándolos tendidos, imitando a la ágil
-Diana, cuando a su costumbre persigue las espantadas fieras. Cuadra
-a muchas llevar el pelo inflado flojamente: y a otras les agracia
-apretadamente atado. A algunas les sienta bien el peinado en figura de
-tortuga; y a otras llevar un rizado undulante a semejanza de las olas.
-Pero así como son innumerables las bellotas de las copudas encinas, las
-abejas del Hibla y las fieras de los Alpes, así no podré yo reducir a
-número los diferentes peinados, porque cada día aumentan las modas.
-
-Agracia a muchas el cabello descompuesto: al verlas pensaremos que se
-peinaron ayer, y acaban de tocarse. Parezca el arte efecto del acaso:
-así, en Ecalia conquistada, se mostró Íole a Hércules, quien dijo al
-verla: ¡Oh amada mujer! Así pareciste, Ariadna, a los ojos de Baco,
-cuando te llevó en su carro en medio de los gritantes sátiros.
-
-¡O cuán indulgente es para vosotras la naturaleza! ¡Cuántos medios
-os deja para disimular los daños que padece vuestra hermosura! El
-hombre no puede encubrirlos: sus cabellos arrebatados por los años
-caen como las hojas sacudidas por el aquilón. La mujer tiñe los suyos
-con hierbas de Germania, que les dan un más bello color; o no repara
-en adornar su cabeza con otros, comprados públicamente: la vemos
-ajustarlos en presencia de Hércules y del coro de las musas[28].
-
- [28] Eran plazas con estos nombres.
-
-¿Y qué diré del vestido? No hablo de las ropas franjeadas, ni de las
-dos veces teñidas con tiria púrpura. Pues que hay tantos colores de
-menor coste, ¿qué furor es el de echarse a cuestas toda la hacienda?
-He allí el color del cielo cuando está exento de nubes, y el templado
-austro no concita las aguas llovedizas. He allí el leonado color del
-carnero que libró a Frixo e Íole del cuchillo de Ino. El que imita al
-mar, y tiene nombre de verdemar, es el color que yo diría amado de
-las nereidas. Otro hay parecido al de la húmeda aurora, cuando unce
-los lucientes caballos. Otros figuran el mirto de Pafos, la violada
-amatista, las albas rosas, la grulla traciana. Ni falta para ti,
-Amarilis, el color de castaña, ni el de almendra; y hasta la cera da su
-color a los vellones. No matizan a los campos tantas flores, cuando en
-la apacible primavera la vid se cubre de vástagos y muere el perezoso
-invierno, cuantos colores recibe la tejida lana. Escoged el que os
-cuadre, porque no todos son propios para todas las mujeres. El negro
-conviene a las de nevado cutis; a Hipodamía le estaba bien el negro, y
-negro vestía cuando fue robada; el blanco cae bien a las morenas: el
-blanco era tu adorno, hija de Cefeo, y de blanco andabas vestida cuando
-morabas en Serifos.
-
-No exhalen los sobacos olor chotuno, ni las piernas estén ásperas
-con el duro vello. Pero no dirijo preceptos a mujeres del peñascoso
-Cáucaso, ni a las que beben las aguas del Caico[29]. ¿Os advertiré
-que no ennegrezcan por desidia los dientes, y que de mañana lavéis la
-cara con agua? Sabéis buscar la blancura en el barniz de la cera, y
-arrebolar con afeites lo que naturaleza no arrebola. Alcoholáis los
-desnudos confines de las cejas, y emplastáis con delicadas membranas
-las descarnadas mejillas. No tenéis rubor de marcar los ojos con ceniza
-sutil, o con azafrán traído de Cilicia. Tengo escrito un libro, pequeño
-volumen, pero grande en sustancia, el cual contiene medicamentos para
-vuestra hermosura. En él hallarán refugio las de figura desfavorecida;
-porque no es indolente en vuestras cosas mi ingenio.
-
- [29] Esto es, a mujeres sin civilización ni limpieza, como las de
- países salvajes.
-
-Con todo eso, no hallen los amantes encima de la mesa expuestos los
-botes de ungüento: ayude a la hermosura el arte simulado. ¿A quién no
-repugnará un rostro embadurnado de adobos, que fluyen disueltos hasta
-el caliente seno? Aunque venido de Atenas, ¿a quién no ofenderá el olor
-del jugo oleoso de la grasienta lana? Delante de gente no os sirváis
-de las médulas de cierva ni delante de gente frotéis los dientes. Todo
-esto os hermoseará, pero sería desagradable el verlo. Muchas cosas hay
-feas cuando se hacen, y gratas después de hechas. Las estatuas ahora
-célebres del laborioso Mirón fueron en algún tiempo informe y pesada
-masa. Para hacer una sortija, primero se bate el oro: y los vestidos
-que lleváis, fueron sucia lana. Cuando se esculpía era bruta piedra, y
-ahora es excelente figura Venus en desnudez exprimiendo el agua de los
-mojados cabellos.
-
-Hacednos creer que estáis durmiendo el tiempo que tardéis en adobaros;
-con más ventaja os mirarán enteramente tocadas. ¿Para qué he de saber
-yo de donde proviene la blancura de vuestra tez? Cerrad la puerta
-del tocador, ¿a qué manifestar todo el mal vistoso material? Importa
-que los hombres ignoren muchas cosas; y la mayor parte de ellas les
-chocará, si no las guardáis con cuidado. Las figuras sobredoradas que
-adornan el teatro, veréis que son madera cubierta de una tenue lata
-de oro; pero no se exponen a la vista del pueblo, sino cuando están
-compuestas: tampoco la hermosura se ha de afeitar sino a escondidas de
-los hombres.
-
-No prohíbo que delante de gente dejéis peinar vuestros cabellos, ni que
-ondeen esparcidos por las espaldas. No seáis entonces descontentadizas,
-ni manoseéis muchas veces la desatada madeja. No maltratéis a la
-camarera: me enoja ver arañar con las uñas su cara, y picar con la
-aguja su brazo. Ella peina maldiciendo la cabeza de su señora, y
-juntamente llora sangrienta sobre su detestable cabellera.
-
-La que sea mal crinada, ponga centinela a la puerta, o aderécese
-siempre en el templo de la buena diosa. Dijeron a cierta señora que
-entraba yo repentinamente, y perturbada se puso al revés la cabellera.
-Acontezca a nuestros enemigos la causa de tan fea vergüenza, y recaiga
-tal corrimiento en las nueras de los partos. Una res descornada parece
-deforme: deforme el campo sin verdura, y el árbol sin frondosidad, y la
-cabeza sin cabello. No vinisteis vosotras, Sémele y Leda, a ser por mí
-enseñadas; ni tú, Europa, que vadeaste el mar en el lomo del fingido
-toro: ni tú, Elena, a quien con razón reclamaba Menelao, y a quien
-con razón retenía el robador troyano. Venga a ser enseñada la turba
-de mujeres hermosas y feas, aunque las feas son en más número que las
-hermosas. Tampoco el auxilio de mi arte y preceptos cumple tanto a las
-hermosas, pues la hermosura sin arte es poderosa para suplir la dote.
-Cuando el mar es bonancible, el piloto descansa en seguridad, cuando
-está embravecido, recurre a su ciencia.
-
-Es raro el semblante en que no se advierten tachas. Encubrid las tachas
-y los defectos del cuerpo, según podáis. Si sois de breve estatura,
-sentaos, para que no parezcáis sentadas estando en pie: y para que
-echadas no parezcáis poquita cosa, ocultad los pies con la ropa: y así
-no podrán tomaros medida. Las demasiadamente flacas usen vestimentas de
-telas gruesas, y caiga ancho el vestido desde los hombros. Las pálidas
-retoquen su cara con colorete; las más morenas acudan por remedio al
-estiércol de cocodrilo. Los mal formados pies disimúlense siempre con
-calzado blanco, y las piernas enjutas no se ciñan con ligaduras: la
-giba se disimula con almohadillas, y el pecho hundido con la corbata.
-
-Gesticulad poco cuando habléis las que tenéis gordos los dedos y las
-uñas desiguales. Las que exhalan mal olor en el aliento, nunca hablen
-en ayunas, y siempre distantes de la cara de los hombres. Si tenéis
-los dientes negros o grandes, o mal colocados, riendo a carcajadas
-grandísimos perjuicios cogeréis.
-
-¿Quién lo creería? También aprenden a reírse las mujeres. Hasta en
-esta gracia buscan su embellecimiento. Abrid pues módicamente la boca,
-haced pequeños hoyos en las dos mejillas, y el labio inferior cubra
-los dientes de arriba. No oprimáis los ijares con destempladas risas,
-y suene en ellas un suave y femenil no sé qué. Las hay que tuercen la
-boca con un descompasado reír: otras riendo alegres parece que lloran.
-Algunas hacen un bronco sonido y un estridor desapacible, como rebuzna
-la lerda pollina atada a la escabrosa tahona.
-
-¿Hasta dónde no alcanza el arte? Aprenden también a llorar
-graciosamente. Lloran cuando quieren y como quieren. ¿Y qué diré de las
-que no pronuncian ciertas letras necesarias, y constriñen la lengua a
-tartamudear algunas palabras? Cifran la gracia en el vicio de articular
-mal, y hablan menos bien para hablar con mayor garbo. Aplicaos pues a
-estas arterías, que os son provechosas.
-
-Aprended a llevar el cuerpo con paso femenil: en el andar hay una
-parte de agrado no despreciable, y que atrae o ahuyenta a los hombres
-desconocidos. Unas mueven blandamente los costados, dejando flotar sus
-ropas a discreción del viento, y tendiendo los pies con aire brioso.
-Otras andan como las bermejas mujeres de Umbría, dando desmedidos pasos
-con las piernas abiertas. Pero en esto guardad medio, como en otras
-cosas: porque la una manera de andar es tosca, y la otra demasiado
-muelle.
-
-Llevad desnuda la parte inferior de los hombros, y superior del
-morcillo del brazo, que se ha de ver por el lado izquierdo. Esto
-conviene especialmente a las de nevada blancura. Cuando yo veo esto, me
-siento incitado a besar el hermoso hombro que se descubre.
-
-Monstruos del mar eran las sirenas, las cuales con canora voz detenían
-irresistiblemente las naves veleras. Oídas por Ulises, pudo apenas
-permanecer ligado al mástil, y a sus compañeros les tapó con cera las
-orejas. Dulcísima cosa es la melodía: aprended pues a cantar, porque
-la sonora voz excusa para muchas el incentivo de la hermosura. Repetid
-ya las composiciones oídas en los marmóreos teatros, ya las cantilenas
-acompañadas con tonos egipcios[30]. Ni por mi Consejo ignore la mujer
-culta tañer la lira con la diestra, y la cítara con la siniestra mano.
-Orfeo con el son de su lira movió en el Ródope las fieras y peñascos,
-el tartáreo lago, y el trifauce cerbero. Y tú Anfión, justísimo
-vengador de tu madre, edificaste los tebanos muros con las consonancias
-de tu canto. Suspendieron a los mudos peces los acordados acentos de la
-lira de Arión. Aprended también a revolver con ambas manos la festiva
-nabla[31], pues conviene a los placenteros juegos.
-
- [30] Eran canciones desenvueltas y provocativas.
-
- [31] Instrumento músico de cuerdas a manera de salterio.
-
-Leed las poesías de Calímaco y de Filetas, y del vinoso viejo de
-Teos[32]. Leed a Safo; ¿qué mujer más lasciva que ella? No olvidéis al
-lépido Terencio; ni los versos del tierno Propercio, ni los de Galo y
-Tibulo. Ande en vuestras manos el poema sobre la conquista del famoso
-vellón, en el que deplora Varrón la suerte de Frixo y su hermana. Leed
-al prófugo Eneas, origen de la soberbia Roma: la más excelsa obra de
-las musas latinas. Acaso algún día se mezclará entre estos mi nombre, y
-mis escritos no serán abismados en las aguas del Leteo. Y dirá alguno,
-leed los numerosos versos de nuestro maestro, con los cuales instruyó
-en artes eróticas a hombres y a mujeres. De sus tres libros elegid el
-que mejor explique los amores, y los más fluidos y dulces versos. O
-cantad con modulado acento sus Heroidas, género que él inventó y los
-demás desconocieron. ¡Quiéraslo así, Apolo: queraislo así, númenes
-tutelares de los poetas, Baco de insignes cuernos, y las nueve musas!
-
- [32] Porque Anacreonte era natural de Teos, ciudad de la Jonia.
-
-¿Dudárase de que han de saber bailar las mujeres, para lucir su
-agilidad en los vinolentos convites? Se aman las escénicas pantomimas
-del histrión; y solo aquella movilidad se tiene por decoro.
-
-No omitamos cosas menos importantes. Sepa la mujer echar los dados, y
-conocer la fuerza de las jugadas. Y ya lleve tres suertes, ya piense
-cautelosa el peligro que la amenaza, y cuántos puntos le faltan para
-ganar. Juegue con destreza las guerras del ajedrez, particularmente
-cuando una pieza es acometida por dos enemigas. El rey pelea separado
-de la reina; y el contrario repite muchas veces el camino. Aprenda el
-juego de damas, que es un tablero cubierto de ligeros peones, y del
-cual ninguno se quita sino el que se come al adversario. Hay otro juego
-reducido a otras tantas bolas, como meses tiene el fugitivo año. Cada
-uno pone en el tablero tres piedrecitas, y para ganar se han de colocar
-todas en fila. En fin hay mil juegos: que el ignorarlos sería demérito
-en la mujer, porque muchas veces jugando nace el amor.
-
-Pero es menor cualidad el saber jugar expeditamente que la de
-conducirse en el juego con juicio correspondiente a las buenas
-costumbres. Cuando el espíritu no está sobre sí, sino preocupado con
-un mismo estudio, como sucede jugando, los interiores se descubren
-manifiestamente. Aparece la ira, pasión terrible, y la codicia de la
-ganancia; las disputas, las querellas, y el solícito sentimiento. Se
-dicen improperios: el aire retumba con los gritos; y cada uno invoca
-para sí a los dioses airados. Nada se espera en el juego si no se
-implora con votos: he visto yo muchas veces correr de rabia lágrimas
-por las mejillas de los jugadores. Preserve Júpiter de tan abominable
-vicio a las que viven con el cuidado de propiciar los hombres.
-
-Débil naturaleza asigna estos juegos a las mujeres, mientras los
-hombres se recrean con más nobles ejercicios. Tienen el de la ligera
-pelota, el del dardo, y el del disco, el de la esgrima, y el de obligar
-a los caballos a correr en giros: las faenas del Campo Marcio, las de
-la frigidísima fuente virgen, y las del nadar en el Tíber de sosegadas
-corrientes.
-
-Conviene y aprovecha a las mujeres solazarse a la sombra del pórtico
-de Pompeyo, cuando el signo de la virgen lanza sobre nosotros el fuego
-del estío. Visitad el Palatino, consagrado al laureado Apolo: el
-que sumergió en el hondo mar las naves egipcias[33]. Paseaos en los
-pórticos construidos por Octavia y Livia, hermana y mujer de César; y
-en el de Agripa, su yerno, cuya cabeza ciñó la honorífica corona naval
-en testimonio de valor. Visitad las aras donde se queman inciensos en
-loor de Isis, vaca de Menfis. Visitad los tres teatros de aquel lugar
-insigne en monumentos. Presenciad las luchas de los gladiadores, cuya
-sangre mancha la arena, y los juegos circenses, donde la hervorosa
-rueda volteará en derredor de la meta.
-
- [33] Otra alusión a la batalla de Accio.
-
-Lo oculto no se conoce, ni se desea lo desconocido. Es sin fruto la
-hermosura que carece de testigos. Vosotras, aunque aventajéis en el
-canto a Tamiris y Amebeo, no granjearéis aplauso teniendo en retiro
-la lira. Si Apeles no hubiera pintado a Venus, aún la esconderían
-sumergida las aguas del mar. ¿Qué ambicionan los divinos poetas sino
-la celebridad? Este deseo lleva a la cima sus trabajos. En otro
-tiempo eran los poetas delicia de los dioses y de los reyes; y los
-antiguos cantos premiados con grandes galardones. Santo respeto y
-nombre venerable tenían entonces los vates, y muchas veces se les
-prodigaban riquezas. Ennio, nacido en los montes de Calabria, mereció
-ser sepultado en tu sepulcro, grande Escipión. Mas hoy la yedra que
-corona a los poetas vegeta sin honor: y las arduas y afanosas vigilias
-de las doctas musas tienen nombre de ociosidad. Pero a la fama se sube
-por vigilias: ¿quién conociera a Homero, si estuviese oculta la Ilíada,
-inmortal poema? ¿Quién conocería a Dánae, si hubiera estado siempre en
-prisión, y se hubiese escondido vieja en la torre?
-
-Os convienen, mujeres hermosas, las concurrencias. Vagad a menudo con
-suelto pie fuera de vuestros umbrales. El lobo acecha muchas ovejas
-para depredar una; y el águila se precipita en la banda de aves. Así
-salga al mundo a ser vista la mujer hermosa, pues entre muchos por
-ventura habrá alguno a quien atraiga.
-
-Hállese en parajes de concurso con el conato de agradar, y ostente
-con todo esmero su belleza. La casualidad rueda en todas partes,
-llevad siempre echado el anzuelo; caerá el pez en el agua en que menos
-se piense. Muchas veces los perros buscan inútilmente caza en los
-montañosos bosques, y el ciervo da en las redes sin ser perseguido.
-¿Cómo podría esperar Andrómeda enamorada ser sus lágrimas eficaces para
-insinuarse en Perseo? Tal vez en los funerales del marido se encuentra
-otro marido: todo consiste en la gracia de ir desmelenadas y anegadas
-en llanto.
-
-Evitad a los hombres ocupados solo en su hermosura y atavío, y a los
-que ordenan artificiosamente sus cabellos. Son voltarios; su amor no se
-fija en ninguna, y os dicen a vosotras lo que dijeron a mil mujeres.
-Qué hará la mujer, siendo hombres más livianos que ella. Apenas me
-creeréis, pero creedme: que aún no se hubiera arruinado Troya, si
-hubiera atendido a los consejos de su Príamo. Hay hombres que estafan
-con la apariencia de falso amor, y por los medios tales consiguen
-vuestra deshonra. No os deslumbre la cabellera empapada en olorosas
-esencias, ni la angosta faja formada en pliegues. No os seduzca la
-toga de finísima tela, ni el ver en los dedos anillos y más anillos.
-Por ventura el más compuesto de estos es un ladrón, y arde en deseo
-de vuestras ropas. Vuélveme lo mío, vocean con frecuencia las mujeres
-robadas, vuélveme lo mío, resonando con sus gritos todo el foro. Venus
-desde el reluciente dorado templo, ve indolente estas pendencias, y los
-lupanares de las calles Apias[34].
-
- [34] En estas calles vivía la chusma plebeya y meretricia de Roma.
-
-Otros hay cuyos nombres, marcados en la opinión, señalan las maldades
-de esos amantes embusteros. Escarmentadas con los duelos ajenos,
-aprended a evitar la misma suerte, cerrando la puerta a semejantes
-bribones. Oh hijas de Cécrope, no creáis a los juramentos de Teseo,
-porque hará después de haber jurado lo que hizo antes. Ni a ti,
-Demofonte, heredero de la perfidia de Teseo, te ha quedado fe alguna
-desde que engañaste a Filis. Si prometen mucho, prometedles con otras
-tantas palabras: si dieren, dadles vosotras también los placeres
-contratados. La que, recibida la dádiva, niega las prometidas
-noches, es capaz de extinguir el fuego eterno de Vesta, profanar los
-sacrificios de Isis, y emponzoñar al hombre con cicuta triturada
-mezclada con acónito. Pero mi fantasía vuela muy lejos: tira, musa mía,
-las riendas, no abandones el carro a la impetuosidad de su carrera.
-
-Tentará el vado el amante con cartas, que ha de recibir la confidencial
-sirvienta. Examinadlas; y por su contenido colegiréis si fingen, o si
-ruegan con solícitas veras. Responded con breve demora; la demora
-estimula siempre a los amantes, como sea de corto espacio. Pero no os
-prometáis fácil al joven que ruega; ni tampoco deneguéis con obstinada
-boca su petición. Haced que tema y espere juntamente; y que a cada
-repulsa que le haréis vea más cierta la esperanza, y menor el temor.
-
-Escribid, mujeres, en términos puros y usados, aunque ambiguos: el
-estilo llano es el que conviene. ¡Cuántas veces inflamó al amante
-irresoluto un billete bien escrito, y perjudicó a las beldades el
-lenguaje bárbaro! Y puesto que, sin afectar maneras de gazmoña, ponéis
-vuestro cuidado en engañar a los maridos, no confiéis vuestras cartas
-sino a manos de una sierva fiel o de un muchachito: guardaos de dar
-vuestro recado a un joven bisoño. Vi yo mujeres consternadas sufrir por
-este miedo una esclavitud miserable toda la vida. Pérfido ciertamente
-es aquel que guarda tales prendas, para servirse de ellas como de
-un rayo del Etna. En mi entender es lícito repeler el fraude con el
-fraude, y el derecho permite tomar las armas contra los armados.
-Acostumbrad pues vuestra mano a formar letras de muchos caracteres.
-¡Ah, perezcan aquellos por cuya causa doy este consejo! Ni se ha de
-escribir sobre el mismo papel, afín de que no se vean en él letras de
-dos puños. Escribid al amante como a una mujer, y firmad siempre las
-cartas con su nombre.
-
-Conviene empero trasladar el pensamiento de pequeñas a mayores cosas,
-y desplegar toda la vela en anchurosa ensenada; digo pues que las
-hermosas han de reprimir las violentas pasiones. A los hombres conviene
-la candorosa paz, a las bestias la rabiosa furia. El semblante se
-hincha con la ira; las venas negrean con la sangre; los ojos arden en
-más impetuoso fuego que los de Gorgona. Anda lejos de aquí, flauta,
-que no te aprecio en tanto, dijo Palas, cuando vio en los cristales del
-río sus infladas mejillas. Si las mujeres se mirasen también al espejo
-en medio de la ira, apenas conocería ninguna su semblante.
-
-No menor perjuicio hace a vuestra cara el orgullo. Solo el halagüeño
-aspecto convida al amor. Son aborrecibles (creed a la experiencia) los
-fastuosos modales. Por lo regular un semblante callado siembra odio.
-Mirad al que os mire: reíd dulcemente al que os ría. Si os hacen señas,
-volved también las aceptas señas. Luego que se ensaya así, empieza el
-vendado rapaz a sacar de su aljaba los dardos agudos, dejando los
-embotados.
-
-Las adustas son también aborrecibles. Ame Áyax a Tecmesa, pero con
-nosotros, gente de buen humor, solo se insinúan las hembras alegres.
-Nunca te rogaría yo, Andrómaca, ni a ti, Tecmesa, que fueseis amiga mía
-ni una ni otra. Si la prole no me obligara, me persuadiría apenas que
-os hubieseis ayuntado con vuestros maridos. ¿La tristísima mujer diría
-a Áyax: _corazón mío_, u otras ternezas que suelen lisonjear a los
-hombres?
-
-¿Quién me impedirá citar, en menores asuntos, ejemplos de cosas grandes?
-Un buen general da el mando de un batallón al uno, al otro el de un
-escuadrón, y confía de otro la guarda de las banderas. Del mismo modo
-habéis de mirar vosotros también cuál de nosotros es útil, y emplear a
-cada uno según su disposición. El rico alargue dones; el jurisconsulto
-desembrolle los negocios; el elocuente defienda la causa de la que
-litigue. Nosotros los que componemos versos ofreceremos solamente
-versos. Los de este gremio somos los que antes de todos merecemos
-vuestro amor. Hacemos célebres en todas partes las beldades que
-obsequiamos. Némesis tiene nombradía; Cintia es famosa; el oriente y
-occidente conocen a Licoris; y muchos con curiosidad preguntan quién
-es mi Corina. Demás de que en los sublimes vates no caben insidias;
-y nuestra arte acomoda a sí nuestras costumbres. Ni la ambición nos
-incita, ni nos contagia la sed de atesorar: despreciando el foro,
-cultivamos el lecho y la sombra[35]. Pero nos prendamos fácilmente,
-y ardemos con llama durable, y sabemos amar con fe demasiado segura.
-Ciertamente sazonamos el ingenio con la plácida arte; y al estudio van
-conformes las costumbres. Sed propicias, mujeres, a los aonios poetas,
-pues dentro de ellos se halla la divinidad, y las musas los protegen.
-Está dios en nosotros, y comerciamos con el cielo; nuestro ingenio nos
-viene de las etéreas regiones. Es pues maldad exigir nada de los sabios
-poetas; mas, ¡ay de mí!, ninguna mujer teme esta maldad.
-
- [35] Expresión poética que denota las comodidades de la vida
- privada.
-
-Disimulad empero; no os mostréis a deshora interesadas; porque el nuevo
-amante se retira viendo la trampa. El escudero no maneja con bridas
-iguales al potro que poco ha siente el freno, que al ya adiestrado
-caballo. Ni se ha de seguir una misma senda para captar a los de edad
-ya sentada, que a la lozana juventud. El inexperto aprendiz, venido
-por primera vez a los estandartes del amor, presa nueva que arribó a
-vuestro tálamo, conozcaos a sola vos, y esté siempre a vuestro único
-lado. Esta mies se ha de cercar con altos setos. Huid de tener rival:
-reinaréis mientras poseáis solas. El cetro y el amor quedan poco tiempo
-en poder de dos compañeros.
-
-El veterano en esta milicia amará poco a poco y con prudencia, y
-sufrirá muchas cosas intolerables para el bisoño. No romperá la puerta,
-ni la incendiará colérico, ni lastimará con las uñas las tiernas
-mejillas de su señora, ni rasgará la ropa de ella, ni la ropa suya;
-ni arrancando sus cabellos la dará motivo de llorar. Estas cosas son
-propias de mancebos en la efervescencia de la edad y del amor. Los
-otros soportarán los graves sentimientos sin desmandarse: los otros
-se abrasarán con fuego lento, como la húmeda tea, como el árbol poco
-ha cortado que permanece en la montaña. Este amador es más firme: más
-inconstante y fecundo el otro. Coged con presta mano una fruta que se
-conserva poco. Franqueadle todo: abrid las puertas al enemigo, y poned
-fe en su misma fidelidad.
-
-Alimenta mal un largo amor lo que se da fácilmente. Mezclad alguna rara
-repulsa con los deleitosos juegos. Tenedle a la puerta: quéjese allí
-de vuestro rigor, diciendo humilde muchas cosas, y muchas amenazando.
-Fastidiados de los dulces manjares despertemos el apetito con agrios
-jugos. Naufraga a veces el bajel oprimido con excesiva calma. He aquí
-lo que impide a las casadas ser amadas, es que los maridos se juntan
-a su albedrío con ellas. Si les cerraran la puerta, y el portero les
-dijese broncamente: no se puede entrar; la exclusión renovaría también
-en ellos el amor.
-
-Poned ya los cuchillos botos, y pelead con otros más agudos aunque yo
-deba ser herido con mis propias saetas. Que el nuevo amante, caído en
-vuestros lazos, se crea solo señor de vuestro cariño; mas luego después
-haced que teme un rival, y sospeche partida la posesión del lecho.
-Si no usáis de estas estratagemas, envejecerá su amor. Corre mejor
-el vigoroso caballo, cuando, abierta la barrera, tiene caballos que
-preceder y que seguir. Por apagado que esté el fuego, le reanima la
-injuria. Aquí estoy yo (lo confieso) que no amo sino con este aguijón.
-Sin embargo no sea muy manifiesta la causa de sus penas, y quede a su
-inquietud algo que imaginar y temer de más de lo que sabe.
-
-Excitadle con la fingida vigilancia del mentido siervo, y con el
-cuidado en extremo molesto del riguroso marido. Es de menos quilates el
-deleite que se goza sin obstáculo. Aunque estéis en más libertad que
-la cortesana Tais, aparentad sobresaltos. Aun cuando sea más fácil por
-la puerta, admitidle por la ventana fingiendo en el semblante muestras
-de temor. La astuta sierva échese fuera diciendo, somos perdidas:
-vosotras meted en algún escondrijo al asustado galán. Disfrute empero
-sin sobresalto a Venus, temiendo no le parezcan demasiado penosas unas
-noches sin cesar inquietadas.
-
-Pasaba por alto el modo de engañar al marido celoso, y la vigilancia
-de su custodia. La mujer tema al marido: sea escrupulosa la guarda de
-la casada. Así conviene: así lo prescriben las leyes, y la justicia y
-el pudor. Pero ¿quién sufrirá que también seáis guardadas vosotras, a
-quienes la pretórica varilla acaba de redimir[36]? Para engañar, venid
-a mi escuela. Aunque os observen tantos ojos como tenía Argos, los
-burlaréis, queriendo de veras. ¿Os impedirá el celador escribir, en el
-tiempo que toméis para bañaros? ¿Os impedirá dar a la confidente las
-cartas amatorias, y que esta las lleve ocultas con la ancha corbata en
-el templado seno, o atadas en las ligas, o finalmente en la suela de
-los zapatos? Si esto precave el guardador, la espalda de la tercera
-suplirá la carta, escribiendo allí concisamente cuanto ocurra. También
-se forma letras con leche fresca, las cuales no se pueden leer sino
-echando en ellas polvos de carbón. Tampoco podrán leerse las que se
-hagan con la caña de lino verde, y el papel en blanco contendrá ocultos
-los caracteres.
-
- [36] Las esclavas declaradas libres por el pretor, cuya declaración
- se hacía dándoles el lictor con la vara en la cabeza.
-
-Nada omitió Acrisio para guardar a Dánae, y ella sin embargo con
-su delito le hizo abuelo. ¿Qué hará un celador, cuando hay tantos
-teatros en la ciudad? ¿Cuando vaya de buena gana al espectáculo de los
-uncidos caballos? ¿Cuando asista afanosa al concierto de los sistros
-en el templo de Isis? ¿Cuando vaya adonde está prohibido ir al que la
-acompaña? ¿Cuando se libre de la vista de su centinela en el templo
-de la buena diosa, cuya entrada está prohibida a los hombres, excepto
-a los que ella manda entrar? ¿Cuando el custodio esté fuera guardando
-los vestidos de su señora, y los seguros baños encubran los furtivos
-varones? ¿Cuando cuantas veces sea necesario se finja enferma, y quede
-en cama todo el tiempo que quiera? ¿Cuando una llave adúltera enseñe
-con su nombre lo que se haya de hacer, y con sola una puerta franquee
-las entradas que se desean? ¿Cuando burle los cuidados de su guardián,
-emborrachándole con mucho vino, o con el selecto que se cría en la
-montuosa España? ¿No hay también drogas que causan soporoso sueño,
-cargando sobre los ojos la oscuridad del Leteo? ¿No podrá la confidente
-divertir al enojoso con lentos deleites, para que la otra se divierta
-entretanto a todo vagar?
-
-¿Pero por qué me canso en rodeos y pequeños consejos, cuando el celador
-puede comprarse con un cortísimo regalo? Creedme, las dádivas atraen a
-los hombres, y a los dioses. El mismo Júpiter se aplaca con ofrendas.
-¿Qué hará el sabio, si el insensato se alegra también con los dones?
-El marido mismo enmudecerá, recibiendo dádivas. Pero al celador se le
-ha de ganar una vez para siempre, porque prestará siempre las manos que
-una vez haya prestado.
-
-Acuérdome: me he quejado de que se han de temer los compañeros; y
-esta queja no habla solo con los hombres. Si fuereis confiadas, otras
-arrebatarán vuestros deleites, y levantaréis la liebre para otras. La
-que os presta generosa su lecho y habitación, ha estado conmigo no una
-vez sola. Ni os sirváis de sierva hermosa en demasía, pues regularmente
-estas alternaron conmigo en la suerte de su señora.
-
-¿Adonde me lleva mi furor? ¿Por qué con pecho descubierto me arrojo
-sobre el enemigo, y con mi delación me vendo a mí mismo? No muestran
-las aves al cazador los medios de ser cogidas: ni enseña la sierva a
-correr a los dañinos perros. Pero no importa, dictaré fielmente mis
-preceptos. Daré contra mí mismo los cuchillos de Belona.
-
-Haced que nos creamos amados: es fácil, porque la fe del deseoso
-le inclina en consentir en sus deseos. Mirad con más amabilidad al
-joven, suspirad íntimamente, y preguntadle por qué ha tardado tanto.
-Sobrevengan las lágrimas, y la simulada aflicción de que ama a otra;
-y lastimad con las uñas su semblante. Al punto quedará persuadido, se
-sentirá enternecerse, y dirá, esta muere de amor por mí. Especialmente
-si es lindo, y satisfecho de sí por el espejo, creerá que puede
-interesar a las diosas.
-
-Cualesquiera que seáis, tolerad con moderación las ofensas del amante.
-No perdáis el seso, cuando oyereis que tenéis competidoras. No creáis
-de ligero: cuanto daña creer de ligero os lo dirá el no leve ejemplo de
-Procris.
-
-En la deliciosa falda del florido Himeto hay una risueña fuente, y su
-margen es blanda alfombra de verde césped. La selva no encumbrada forma
-un bosque, y los arbustos cubren con sombra la yerba: huelen el romero,
-y el laurel y el negro mirto. Ni faltan allí los bosques de espesas
-hojas, el quebradizo tamariz, el delgado cítiso, y el copado pino. La
-varia frondosidad de tan diferentes árboles y la cima de las yerbas
-se mueven mecidas por el blando soplo del céfiro, y por la frescura
-saludable. Sitio de reposo grato a Céfalo: aquí era donde dejados su
-gente y los perros, este joven se recostaba muchas veces a descansar.
-Solía también cantar: ven, fácil Aura, a templar mis ardores, te
-recibiré en mi seno. Alguno perniciosamente oficioso, trasladó con
-memoriosa lengua los oídos acentos a las tímidas orejas de su esposa.
-Luego que Procris percibió el nombre de Aura como el de una combleza,
-cayó desmayada, y enmudeció con el súbito dolor. Se puso pálida, como
-las tardías hojas de la vid, después de cogidos los racimos, al primer
-frío del otoño: como se descoloran los maduros membrillos, encorvando
-sus ramas, y como las cerezas silvestres aún no sazonadas para comerse.
-Cuando volvió en sí, rasgó las finas vestiduras de su cuerpo, y
-maltrató con las uñas sus inocentes mejillas. Sin tardanza voló por
-medio de los campos desmelenada y frenética cual bacante concitada con
-el tirso. Al acercarse dejó en el valle la comitiva, y animosa penetró
-a escondidas en el bosque, con callados pasos. ¿Dónde estaba tu razón,
-Procris, para esconderte así con poca cordura? ¿Cuál era la inquietud
-de tu enamorado pecho? Sin duda pensarás que muy pronto ha de venir
-Aura, cualquiera que sea, y que has de ser testigo de tu misma infamia.
-Ya te arrepientes de haber venido, porque no quisieras sorprenderlos:
-ya te alegras: el amor trastorna incierto tu pecho. Lugar, nombre y
-acusador abonan tus celos, y el que ama cree siempre lo que teme.
-Cuando vio en la oprimida yerba, vestigios de una persona, su pecho
-palpitaba trémulo con los latidos del corazón. Ya el día en su mitad
-menguaba las leves sombras, y la mañana y la noche se hallaban a igual
-distancia, cuando se retira de las selvas el hijo del Cilenio, viniendo
-a refrescar su caluroso rostro en las fontanas aguas. Estaba escondida
-la congojosa Procris: él se reclinó en la acostumbrada yerba, y dijo:
-Céfiro, y tú, Aura, aplacad mi fuego. Así que fue patente a la cuitada
-el grato error de este nombre, recobró el sentido, y el semblante su
-verdadero color. Levantose; pero moviendo con el agitado cuerpo las
-circunstantes ramas, para ir como mujer a los brazos del esposo, juzgó
-él que era el ruido de una fiera, tomó juvenilmente el arco, y en la
-diestra mano puso la flecha. ¿Qué haces, desventurado? No es fiera:
-deten el tiro. ¡Triste desgracia! con tus flechas heriste a tu esposa.
-¡Ay de mí!, clamó, traspasaste el pecho amigo; mi pecho roto siempre
-con las heridas de Céfalo. Muero antes del tiempo, pero no injuriada
-por una rival. Esto hará que la tierra me sea ligera en la tumba.
-Sale ya mi espíritu por esas Auras de sospechoso nombre; ¡me muero!
-Cierra con cara mano mis ojos. Él sostenía en las mustias rodillas el
-moribundo cuerpo de sus amores, y con llanto lavaba la cruel herida.
-Desatado poco a poco del incauto pecho, se escapa el último suspiro que
-recibe con su boca el mísero marido.
-
-Volvamos al camino, y prosigamos derechamente, para que la asendereada
-nave toque en el puerto. ¿Esperáis por ventura que os conduzca a los
-festines, y que también en esto os dé consejos? Id tarde, y entrad
-con decoro, ya encendidas las antorchas. Agrada la tardanza a Venus;
-es la tardanza la mayor añagaza. Aunque seáis feas, podéis parecer
-hermosas, porque la misma noche servirá de manto a vuestros defectos.
-Tomad los manjares con los dedos; hay un cierto modo que se debe
-observar en el comer: no untéis la cara con las manos sucias. No comáis
-anticipadamente en casa[37]: ni acumuléis en el plato lo que no podréis
-engullir. Si Paris hubiera visto a Elena comer con gula, la hubiera
-desamado, y diría, necio robo hice.
-
- [37] Las mujeres de entonces, para hacer las melindrosas en los
- convites, comían antes en su casa. Lo mismo hacen las de ahora.
-
-Más a propósito y más decente es que las mujeres beban, porque Baco
-no se aviene mal con Cupido. Pero esto también hasta donde resista el
-cerebro; mientras el juicio y los pies estén firmes, y no parezcan
-dobles los objetos. La mujer tirada feamente en el suelo por beodez es
-digna de padecer cualesquiera impurezas. Tampoco es honesto sucumbir
-al sueño en la mesa, porque en el sueño suelen cometerse acciones de
-inverecundia.
-
-Esme ruboroso enseñar las cosas ulteriores, pero alma Dione dice que
-lo ruboroso es mi principal asunto. Tened conocimiento de cada cosa:
-tomad posturas acomodadas al cuerpo, pues no a todas conviene una
-misma. La de muy señalada hermosura muestre supina sus tesoros, y
-el dorso solamente aquella que puede agradar de este modo. Milanión
-llevaba en los hombros las piernas de Atalanta: en este grupo han de
-ser recibidas las buenas. La pequeña corra como en jinete: Andrómaca,
-por ser altísima, nunca subió en el caballo de Héctor. Oprimiendo con
-las rodillas el lecho, y torciendo un tanto la cerviz, hará figura
-académica la que ha de ser vista por el costado. La de juvenil muslo
-y pecho turgente estaría dislocada a no reclinarse en oblicuo lecho,
-quedando en pie la pareja. Ni disconviene tener suelta la melena, como
-bacante, inclinando el cuello con los cabellos esparcidos. La que
-Lucina[38] señaló con arrugas en el vientre, pelee vuelto el caballo,
-como el veloz parto. Pero entre mil actitudes la más sencilla y menos
-trabajosa es la semisupina sobre el derecho lado.
-
- [38] Diosa de los partos.
-
-Ni la trípode apolínea, ni el cornígero Amón os cantarán cosas
-más verdaderas que mi musa. Si se da crédito al arte con dilatada
-experiencia adquirido, creed al testimonio de mis versos. La mujer
-opere con íntimo ardor en sus tareas, y aquella actividad sea de
-participación igual entre los dos, amenizando el juego con cariñosos
-afectos y gustosas palabras. Mas la infeliz a quien naturaleza negó
-sensación venérea, simule dulces placeres con aparente ruido,
-guardándose de descubrir ficción con el recurso de señales que arguyen
-deleite, y envuelven pudor y misterio. No admitáis en el aposento la
-llena luz de las ventanas, pues muchas cosas de vuestro cuerpo más al
-caso estan ocultas. La que pide paga al amante después de los goces de
-Venus, no querría que tuviese eficacia su demanda.
-
-Pongo cabo a mi obra. Ya es tiempo de descender del carro que en su
-cuello llevaron los cisnes. Así como antes los jóvenes, así ahora las
-mujeres discípulas mías escriban en sus trofeos, Ovidio fue nuestro
-maestro.
-
-
-_FIN._
-
-*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK EL ARTE DE AMAR ***
-
-Updated editions will replace the previous one--the old editions will
-be renamed.
-
-Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright
-law means that no one owns a United States copyright in these works,
-so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the
-United States without permission and without paying copyright
-royalties. Special rules, set forth in the General Terms of Use part
-of this license, apply to copying and distributing Project
-Gutenberg-tm electronic works to protect the PROJECT GUTENBERG-tm
-concept and trademark. Project Gutenberg is a registered trademark,
-and may not be used if you charge for an eBook, except by following
-the terms of the trademark license, including paying royalties for use
-of the Project Gutenberg trademark. If you do not charge anything for
-copies of this eBook, complying with the trademark license is very
-easy. You may use this eBook for nearly any purpose such as creation
-of derivative works, reports, performances and research. Project
-Gutenberg eBooks may be modified and printed and given away--you may
-do practically ANYTHING in the United States with eBooks not protected
-by U.S. copyright law. Redistribution is subject to the trademark
-license, especially commercial redistribution.
-
-START: FULL LICENSE
-
-THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
-PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK
-
-To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free
-distribution of electronic works, by using or distributing this work
-(or any other work associated in any way with the phrase "Project
-Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full
-Project Gutenberg-tm License available with this file or online at
-www.gutenberg.org/license.
-
-Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project
-Gutenberg-tm electronic works
-
-1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm
-electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
-and accept all the terms of this license and intellectual property
-(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all
-the terms of this agreement, you must cease using and return or
-destroy all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your
-possession. If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a
-Project Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound
-by the terms of this agreement, you may obtain a refund from the
-person or entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph
-1.E.8.
-
-1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be
-used on or associated in any way with an electronic work by people who
-agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
-things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
-even without complying with the full terms of this agreement. See
-paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
-Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this
-agreement and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm
-electronic works. See paragraph 1.E below.
-
-1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the
-Foundation" or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection
-of Project Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual
-works in the collection are in the public domain in the United
-States. If an individual work is unprotected by copyright law in the
-United States and you are located in the United States, we do not
-claim a right to prevent you from copying, distributing, performing,
-displaying or creating derivative works based on the work as long as
-all references to Project Gutenberg are removed. Of course, we hope
-that you will support the Project Gutenberg-tm mission of promoting
-free access to electronic works by freely sharing Project Gutenberg-tm
-works in compliance with the terms of this agreement for keeping the
-Project Gutenberg-tm name associated with the work. You can easily
-comply with the terms of this agreement by keeping this work in the
-same format with its attached full Project Gutenberg-tm License when
-you share it without charge with others.
-
-1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern
-what you can do with this work. Copyright laws in most countries are
-in a constant state of change. If you are outside the United States,
-check the laws of your country in addition to the terms of this
-agreement before downloading, copying, displaying, performing,
-distributing or creating derivative works based on this work or any
-other Project Gutenberg-tm work. The Foundation makes no
-representations concerning the copyright status of any work in any
-country other than the United States.
-
-1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg:
-
-1.E.1. The following sentence, with active links to, or other
-immediate access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear
-prominently whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work
-on which the phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the
-phrase "Project Gutenberg" is associated) is accessed, displayed,
-performed, viewed, copied or distributed:
-
- This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
- most other parts of the world at no cost and with almost no
- restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it
- under the terms of the Project Gutenberg License included with this
- eBook or online at www.gutenberg.org. If you are not located in the
- United States, you will have to check the laws of the country where
- you are located before using this eBook.
-
-1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is
-derived from texts not protected by U.S. copyright law (does not
-contain a notice indicating that it is posted with permission of the
-copyright holder), the work can be copied and distributed to anyone in
-the United States without paying any fees or charges. If you are
-redistributing or providing access to a work with the phrase "Project
-Gutenberg" associated with or appearing on the work, you must comply
-either with the requirements of paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 or
-obtain permission for the use of the work and the Project Gutenberg-tm
-trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or 1.E.9.
-
-1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted
-with the permission of the copyright holder, your use and distribution
-must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any
-additional terms imposed by the copyright holder. Additional terms
-will be linked to the Project Gutenberg-tm License for all works
-posted with the permission of the copyright holder found at the
-beginning of this work.
-
-1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm
-License terms from this work, or any files containing a part of this
-work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.
-
-1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
-electronic work, or any part of this electronic work, without
-prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with
-active links or immediate access to the full terms of the Project
-Gutenberg-tm License.
-
-1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary,
-compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including
-any word processing or hypertext form. However, if you provide access
-to or distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format
-other than "Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official
-version posted on the official Project Gutenberg-tm website
-(www.gutenberg.org), you must, at no additional cost, fee or expense
-to the user, provide a copy, a means of exporting a copy, or a means
-of obtaining a copy upon request, of the work in its original "Plain
-Vanilla ASCII" or other form. Any alternate format must include the
-full Project Gutenberg-tm License as specified in paragraph 1.E.1.
-
-1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
-performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works
-unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.
-
-1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing
-access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works
-provided that:
-
-* You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
- the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
- you already use to calculate your applicable taxes. The fee is owed
- to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he has
- agreed to donate royalties under this paragraph to the Project
- Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments must be paid
- within 60 days following each date on which you prepare (or are
- legally required to prepare) your periodic tax returns. Royalty
- payments should be clearly marked as such and sent to the Project
- Gutenberg Literary Archive Foundation at the address specified in
- Section 4, "Information about donations to the Project Gutenberg
- Literary Archive Foundation."
-
-* You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
- you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
- does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
- License. You must require such a user to return or destroy all
- copies of the works possessed in a physical medium and discontinue
- all use of and all access to other copies of Project Gutenberg-tm
- works.
-
-* You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of
- any money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
- electronic work is discovered and reported to you within 90 days of
- receipt of the work.
-
-* You comply with all other terms of this agreement for free
- distribution of Project Gutenberg-tm works.
-
-1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project
-Gutenberg-tm electronic work or group of works on different terms than
-are set forth in this agreement, you must obtain permission in writing
-from the Project Gutenberg Literary Archive Foundation, the manager of
-the Project Gutenberg-tm trademark. Contact the Foundation as set
-forth in Section 3 below.
-
-1.F.
-
-1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
-effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
-works not protected by U.S. copyright law in creating the Project
-Gutenberg-tm collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm
-electronic works, and the medium on which they may be stored, may
-contain "Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate
-or corrupt data, transcription errors, a copyright or other
-intellectual property infringement, a defective or damaged disk or
-other medium, a computer virus, or computer codes that damage or
-cannot be read by your equipment.
-
-1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right
-of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project
-Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project
-Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all
-liability to you for damages, costs and expenses, including legal
-fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT
-LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
-PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
-TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE
-LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
-INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
-DAMAGE.
-
-1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a
-defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
-receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a
-written explanation to the person you received the work from. If you
-received the work on a physical medium, you must return the medium
-with your written explanation. The person or entity that provided you
-with the defective work may elect to provide a replacement copy in
-lieu of a refund. If you received the work electronically, the person
-or entity providing it to you may choose to give you a second
-opportunity to receive the work electronically in lieu of a refund. If
-the second copy is also defective, you may demand a refund in writing
-without further opportunities to fix the problem.
-
-1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
-in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO
-OTHER WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT
-LIMITED TO WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
-
-1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
-warranties or the exclusion or limitation of certain types of
-damages. If any disclaimer or limitation set forth in this agreement
-violates the law of the state applicable to this agreement, the
-agreement shall be interpreted to make the maximum disclaimer or
-limitation permitted by the applicable state law. The invalidity or
-unenforceability of any provision of this agreement shall not void the
-remaining provisions.
-
-1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
-trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
-providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in
-accordance with this agreement, and any volunteers associated with the
-production, promotion and distribution of Project Gutenberg-tm
-electronic works, harmless from all liability, costs and expenses,
-including legal fees, that arise directly or indirectly from any of
-the following which you do or cause to occur: (a) distribution of this
-or any Project Gutenberg-tm work, (b) alteration, modification, or
-additions or deletions to any Project Gutenberg-tm work, and (c) any
-Defect you cause.
-
-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
-
-Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
-electronic works in formats readable by the widest variety of
-computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It
-exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
-from people in all walks of life.
-
-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
-goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg-tm and future
-generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
-Sections 3 and 4 and the Foundation information page at
-www.gutenberg.org
-
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation
-
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non-profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
-U.S. federal laws and your state's laws.
-
-The Foundation's business office is located at 809 North 1500 West,
-Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up
-to date contact information can be found at the Foundation's website
-and official page at www.gutenberg.org/contact
-
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation
-
-Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without
-widespread public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
-freely distributed in machine-readable form accessible by the widest
-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
-status with the IRS.
-
-The Foundation is committed to complying with the laws regulating
-charities and charitable donations in all 50 states of the United
-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
-considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
-with these requirements. We do not solicit donations in locations
-where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
-DONATIONS or determine the status of compliance for any particular
-state visit www.gutenberg.org/donate
-
-While we cannot and do not solicit contributions from states where we
-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
-against accepting unsolicited donations from donors in such states who
-approach us with offers to donate.
-
-International donations are gratefully accepted, but we cannot make
-any statements concerning tax treatment of donations received from
-outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
-
-Please check the Project Gutenberg web pages for current donation
-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
-ways including checks, online payments and credit card donations. To
-donate, please visit: www.gutenberg.org/donate
-
-Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic works
-
-Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
-Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be
-freely shared with anyone. For forty years, he produced and
-distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of
-volunteer support.
-
-Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
-the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
-necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
-edition.
-
-Most people start at our website which has the main PG search
-facility: www.gutenberg.org
-
-This website includes information about Project Gutenberg-tm,
-including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
-subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
diff --git a/old/67961-0.zip b/old/67961-0.zip
deleted file mode 100644
index 496dfed..0000000
--- a/old/67961-0.zip
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/67961-h.zip b/old/67961-h.zip
deleted file mode 100644
index 38b8419..0000000
--- a/old/67961-h.zip
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/67961-h/67961-h.htm b/old/67961-h/67961-h.htm
deleted file mode 100644
index c63eddd..0000000
--- a/old/67961-h/67961-h.htm
+++ /dev/null
@@ -1,3360 +0,0 @@
-<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN"
- "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd">
-<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml" xml:lang="es" lang="es">
- <head>
- <meta http-equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8" />
- <meta http-equiv="Content-Style-Type" content="text/css" />
- <title>
- El arte de amar, by Publio Ovidio Nasón&mdash;A Project Gutenberg eBook
- </title>
- <link rel="coverpage" href="images/cover.jpg" />
- <style type="text/css">
-
-.formato { margin: 0 auto; width: 26em; max-width: 26em; font-size: 125%; }
-.x-ebookmaker.formato { width: 100%; max-width: 100%; font-size: medium; }
-
-p { margin: 0; text-align: justify; text-indent: 1.25em; line-height: 130%; }
-.x-ebookmaker p { line-height: normal; }
-
-h1, h2 { text-align: center; font-weight: normal; text-indent: 0; word-spacing: 0.2em; }
-
-h1 { margin: 0; font-size: 175%; line-height: 150%; }
-h2 { margin: 2em 0 0 0; font-size: 130%; word-spacing: 0.2em; }
-h2.nobreak { page-break-before: avoid; }
-
-.lh200 { line-height: 200%; }
-
-.mt15 { margin-top: 1.5em; }
-.mt2 { margin-top: 2em; }
-
-.fs75 { font-size: 75%; }
-.fs120 { font-size: 120%; }
-.fs175 { font-size: 175%; }
-
-.ti0 { text-indent: 0; }
-
-.g0 { letter-spacing: 0.05em; margin-right: -0.05em; }
-.g1 { letter-spacing: 0.1em; margin-right: -0.1em; }
-.g2 { letter-spacing: 0.2em; margin-right: -0.2em; }
-
-.ws1 { word-spacing: 0.2em; }
-
-hr { width: 34%; margin-left: 33%; clear: both; }
-hr.full { width: 100%; margin: 3em 0; border: medium solid silver; }
-hr.chap { width: 20%; margin: 3em 0 3em 40%; }
-hr.tir { width: 8%; margin: 1em 0 1em 46%; }
-hr.fil { width: 100%; margin: 0; border: thick outset black; }
-hr.fil0 { width: 100%; margin: 0; border: thick dotted gray; }
-
-.front { padding: 3em 0 0 0; page-break-before: always; }
-.front p { margin: 0; text-indent: 0; text-align: left; font-family: sans-serif; font-size: 90%; }
-.tit { margin: 3em auto 0 auto; page-break-before: always; }
-.tit p { text-indent: 0; text-align: center; }
-
-div.chapter { page-break-before: always; margin-bottom: 2em; }
-div.section { page-break-before: always; margin: 0; }
-
-.centra { text-align: center; text-indent: 0; }
-.fin { margin-top: 3em; text-indent: 0; text-align: center; word-spacing: 0.2em;
- font-style: normal; }
-.big { font-size: 175%; line-height: 80%; }
-
-
-.pagenum {
- position: absolute;
- left: 92%;
- font-size: small;
- text-align: right;
- font-family: serif;
- font-style: normal;
- font-weight: normal;
- font-variant: normal;
- letter-spacing: normal;
- color: #B0B0B0;
- text-indent: 0;
-}
-
-/* Images */
-.figcenter { text-align: center; page-break-inside: avoid; }
-img { vertical-align: middle; }
-.thin { border: solid thin black; padding: 0; }
-.thick { border: solid medium rgb(105, 105, 105); padding: 0.25em; }
-.screenonly { display: block; }
-
-/* Footnotes */
-.footnote { margin: 1em 0 1em 20%; font-size: smaller; }
-.x-ebookmaker .footnote { margin: 1em 0 1em 20%; font-size: smaller; }
-.footnote p { margin-top: 0; margin-bottom: 0; text-indent: 0; }
-.footnote .label { vertical-align: top; text-decoration: none; font-size: 0.65em; padding-right: 0.5em; }
-.fnanchor { vertical-align: top; text-decoration: none; font-size: 0.65em;
- font-weight: normal; font-style: normal; white-space: nowrap; }
-
-/* Transcriber's notes */
-.transnote { border: thin solid gray; background-color: #f8f8f8; font-family: sans-serif;
- font-size: smaller; margin: 2em 0; padding: 1em 0; }
-#tnote ul { list-style-type: inherit; margin: 0 0 0 1.5em; padding: 0 2em 0.5em 1em; }
-#tnote li { margin-top: 0.5em; text-align: justify; }
-.tnotetit { font-weight: bold; text-align: center; text-indent: 0; margin-bottom: 1em; }
-
- </style>
- </head>
-
-<body class="formato">
-<div lang='en' xml:lang='en'>
-<p style='text-align:center; font-size:1.2em; font-weight:bold'>The Project Gutenberg eBook of <span lang='es' xml:lang='es'>El arte de amar</span>, by Publio Ovidio Nasón</p>
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online
-at <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. If you
-are not located in the United States, you will have to check the laws of the
-country where you are located before using this eBook.
-</div>
-</div>
-
-<p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Title: <span lang='es' xml:lang='es'>El arte de amar</span></p>
-<p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:0; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Author: Publio Ovidio Nasón</p>
-<p style='display:block; text-indent:0; margin:1em 0'>Release Date: May 1, 2022 [eBook #67961]</p>
-<p style='display:block; text-indent:0; margin:1em 0'>Language: Spanish</p>
- <p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:0; margin-left:2em; text-indent:-2em; text-align:left'>Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net. (This ebook was produced from images generously made available by Biblioteca Digital Hispánica/Biblioteca Nacional de España.)</p>
-<div style='margin-top:2em; margin-bottom:4em'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK <span lang='es' xml:lang='es'>EL ARTE DE AMAR</span> ***</div>
-
-<div class="front">
- <hr class="full" />
-</div>
-
-<div class="transnote" id="tnote">
- <p class="tnotetit">Nota de transcripción</p>
- <ul>
- <li>Los errores de imprenta han sido corregidos.</li>
-
- <li>La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con
- las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.</li>
-
- <li>También ha sido modernizada la transcripción de los nombres propios,
- tanto de lugares como de personajes.</li>
-
- <li>Las notas a pie de página han sido renemeradas y colocadas tras el
- párrafo que contiene su llamada.</li>
-
- <li>Las páginas en blanco han sido eliminadas.</li>
- </ul>
-</div>
-
-
-<div class="screenonly x-ebookmaker-drop">
- <hr class="chap" />
- <div class="figcenter">
- <img class="thin"
- style="width: 24em; height: auto;"
- src="images/cover.jpg"
- alt="Cubierta del libro" />
- </div>
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="tit">
- <h1 class="g1"><span class="fs75">EL ARTE</span><br />DE AMAR.</h1>
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch0">
- <hr class="fil" />
- <h2 class="nobreak g0" title="El traductor"><span class="pagenum"
- id="Page_i">p. i</span>EL TRADUCTOR</h2>
-</div>
-
-<p class="ti0"><span class="big">D</span>e Ovidio y de sus obras
-han escrito otras plumas más bien cortadas que la mía; y así fuera
-temeridad querer añadir, o superfluidad copiar a los eruditos que
-emprendieron aquel trabajo. Demás de que los comentarios y rapsodias
-no son ya del gusto de nuestro siglo; en el cual, como en todos, el
-que aspira a instruirse con solidez es necesario que recurra a las
-fuentes, sin contentarse con vagas repeticiones, y noticias tal vez
-corrompidas.</p>
-
-<p>Pero yo traduzco un poema de Ovidio, que ha de andar en manos de
-todos, y entre mis lectores habrá muchos que no han oído siquiera su
-nombre;<span class="pagenum" id="Page_ii">p. ii</span> y otros que
-apenas tienen idea superficial de él y de sus poesías. Y he aquí por
-qué no puedo pasar del todo en silencio algunas circunstancias de este
-meritísimo autor.</p>
-
-<p>P. Ovidio Nasón, caballero romano, nació en Sulmona, ciudad del
-Abruzo, cuarenta y tres años antes de la era vulgar, el mismo día en
-que fue muerto el elocuente Cicerón. En Roma, a donde fue llevado de
-corta edad, se dio a las letras bajo la dirección de Plocio Gripo;
-y mostrando agudo ingenio, a los dieciséis años le enviaron a
-Atenas, donde estudió las ciencias, y se perfeccionó en la lengua
-griega. Las escuelas atenienses eran por entonces frecuentadas de la
-juventud romana, y apenas habrá autor latino<span class="pagenum"
-id="Page_iii">p. iii</span> de nota que no se formase en ellas.
-Quiso su padre obligarle a seguir la carrera del foro, y en efecto
-por obedecerle la siguió algún tiempo, hasta que muerto su padre, la
-abandonó por las deliciosas musas, arte a que le llamaba la innata
-inclinación. Tuvo también por maestros en la filosofía a Porcio Latrón,
-en la retórica a Marcelo Fusco, y en la gramática a Julio Grecino,
-profesores que entonces se llevaban el aplauso en Roma.</p>
-
-<p>Fue bueno e ingenioso orador, afluente y patético poeta, que
-engrandecía y animaba cuantos asuntos encomendaba a su pluma; bien
-que las demasiadas flores con que exornó sus versos, prodigadas con
-facilidad por su ardiente y fecunda imaginación,<span class="pagenum"
-id="Page_iv">p. iv</span> le apartaron algún tanto de la noble y
-sencilla majestad del arte. Dicen que tenía tanto amor propio, que no
-solo desconocía, sino que amaba sus defectos, negándose a corregirlos,
-aun cuando sus amigos se los advirtiesen. ¡Debilidad humana, de que no
-se eximen los mayores hombres!</p>
-
-<p>Gozó en Roma de los honores y beneficios con que Augusto
-acostumbraba remunerar a los grandes talentos, y hubiera acaso llegado
-a mayor fortuna que otros poetas sus contemporáneos; pero la desgracia,
-que al hombre le es dado pocas veces evitar, le proporcionó los
-amores de Julia, hija de Tiberio, a quien escribió algunas epístolas
-amatorias, las cuales miró Augusto como delito de lesa majestad, y las
-mandó quemar,<span class="pagenum" id="Page_v">p. v</span> desterrando
-a Ovidio a la villa de Tomos en el Ponto Euxino. Allí murió a la edad
-de cerca de sesenta años, sin haber podido alcanzar el regreso al seno
-de su familia, y a su amada patria.</p>
-
-<p>Entre sus copiosas producciones merecen lugar las poesías galantes,
-en las cuales imitó a los griegos, aficionadísimos a composiciones
-licenciosas, como se puede ver en Safo, Anacreonte y otros varios.
-Cuando apareció su <i>Arte de amar</i>, debió causar mucho ruido en
-aquella capital del orbe conocido, porque aunque la corrupción de
-costumbres, necesario efecto de las riquezas y del lujo, había ya
-llegado a su colmo, duraban todavía ciertos usos y leyes, sombra de la
-antigua austeridad republicana, que en la apariencia condenaban toda
-relajación y desorden;<span class="pagenum" id="Page_vi">p. vi</span>
-y sería ciertamente cosa extraña ver un poema preceptivo, que enseñaba
-la práctica de la misma corrupción, y que si tal vez no era capaz de
-introducirla, por lo menos suponía y hacía pública la que interiormente
-contagiaba a Roma, y era indicio de su decadencia. Lo cierto es
-que Augusto le halló tan eficaz, que le llamaba <i>arte de cometer
-adulterios</i>: juicio que, según unos, fue la verdadera causa del
-destierro del autor, y según otros, solo el pretexto para castigarle
-por agravios privados. Pero sea de esto lo que fuere, se ve que Ovidio
-fue castigado por culpas amorosas, a que seguramente le arrastraba su
-natural propensión.</p>
-
-<p>Este <i>Arte de Amar</i>, que en nuestro español sin impropiedad
-podríamos llamar también <i>arte de enamorar</i>, y <i>arte de
-cortejar</i>,<span class="pagenum" id="Page_vii">p. vii</span> está
-dividido en tres libros. En el primero se enseñan dos cosas: los
-lugares donde se habían de buscar las mujeres que se quisiesen amar,
-y el modo de propiciar y poseer su corazón. En el segundo se dan
-preceptos para que el amor sea duradero. Y en el tercero, hablando con
-las mujeres, les dicta también reglas para amar y competir con los
-hombres. De modo que, según su plan, forma de la pasión amorosa una
-guerra entre hombres y mujeres: idea a la verdad muy propia y sublime,
-tomada ingeniosamente de la naturaleza y de las preocupaciones de los
-dos sexos.</p>
-
-<p>Tiene este poema todas las cualidades de didascálico: brillan en él
-los principios, la invención y el orden en cuanto al arte; y en cuanto
-a la locución, la<span class="pagenum" id="Page_viii">p. viii</span>
-belleza, la elegancia, la armonía, el laconismo y pureza de la lengua
-latina. Sus episodios, aunque parte accesoria, tienen tal mérito, no
-solo por su enlace, sino por su delicadeza y hermosura, que en mi
-concepto exceden al cuerpo de la obra. ¡Ah, si me hubiese sido dado
-conservar en la traducción toda la belleza del original para confusión
-de los presuntuosos modernos, que creen igualar a los padres del buen
-gusto desdeñando su estudio y aun su lengua! ¿Y quién podrá alabar
-dignamente la filosofía con que Ovidio trata la pasión de amor, aquella
-filosofía conveniente a la poesía, de que los modernos nos dan tan
-escasos ejemplos, y que los antiguos poseían y sabían emplear con tanto
-magisterio?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_ix">p. ix</span>Ovidio usa en esta
-composición de versos elegíacos, que por carácter son sencillos,
-tiernos y sentenciosos. Yo he procurado ceñirme al carácter del
-original: he procurado vestir el latín de castellano, y no este de
-latín: he procurado conservar en la prosa el sabor poético, el tono
-elevado y metafórico del original: empresa harto inaccesible a mis
-débiles fuerzas.</p>
-
-<p>Tal vez no se verá en la traducción toda la gracia poética del
-original, porque esta consiste por la mayor parte en la sonoridad
-métrica, en transposiciones, conjunciones, repeticiones, voces tal vez
-sin equivalente, en transiciones, en alusiones peculiares de tiempos
-y costumbres, o en fin, en alguna de aquellas circunstancias que ni
-se pueden conservar,<span class="pagenum" id="Page_x">p. x</span> ni
-tendrían mérito en las lenguas vivas; o que conservadas, no serían en
-opinión de los juiciosos más que ripio y pedantería. La diferencia de
-lenguas es regla fundamental, y por eso son sin duda tan viciosas las
-traducciones servilmente literales, como las excesivamente libres.
-Por otra parte el original latino no es de aquellas composiciones
-en que se debe ostentar y sostener todo el estilo poético; al
-contrario, perteneciendo al género didascálico, está forzado a imitar
-la naturalidad prosaica para hacer claros los preceptos, reservando
-para los episodios mayor pompa, sublimidad y riqueza. Pues véase
-también como esta parte episódica resalta más en la traducción; allí
-hallarán con que contentarse los que solo tienen por poesía el<span
-class="pagenum" id="Page_xi">p. xi</span> estilo altisonante, y no la
-invención, variedad, propiedad y fluidez.</p>
-
-<p>Estoy persuadido de que la presente traducción excede a algunas
-extranjeras que he visto, y aun a la única castellana en verso que se
-imprimió, y se ha hecho ya tan rara, que son más raros los que saben
-que la hay; porque ninguna conviene con el original, como debe. La
-redundancia, la inexactitud, el mal lenguaje y la arbitrariedad son sus
-principales defectos: en una palabra, las reglas de traducir se hallan
-quebrantadas en ellas abiertamente. Basta: mi ánimo no es criticar,
-sino presentar al juicio del público lo que he podido adelantar sobre
-los que me precedieron.</p>
-
-<p>La he llamado <i>Arte amatorio</i>,<span class="pagenum"
-id="Page_xii">p. xii</span> que es su verdadero título, según los más
-antiguos manuscritos que existen de este poema, y la autoridad de
-varios escritores que hablaron de él, y le citan.</p>
-
-<p>Aún no tenemos un ejemplar correcto de las obras de Ovidio:
-todos los códices estan llenos de errores y variantes, que ponen
-en perplejidad a los más peritos en la lengua latina, y a los que
-trabajaron en purificar su texto y conciliarlo, estudiando el estilo
-del autor, y confrontando unos pasajes con otros análogos, y aun con
-los de algunos escritores que coinciden en los mismos pensamientos.
-Por esta razón me vi casi precisado muchas veces a adivinar el
-sentido genuino, o interpretarlo, y aun por esto mismo dejarlo
-acaso imperfecto, cediendo a la necesidad de<span class="pagenum"
-id="Page_xiii">p. xiii</span> leer como se halla escrito, y de
-conformarme con la puntuación prosódica y ortográfica. Sigo la edición
-de Leyden, que pasa por la más ilustrada y correcta, confesando que
-a sus notas he debido mucha luz para entender lugares en que sin tal
-guía iría a ciegas, y en que, aun con ella, no me prometo entero
-acierto.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch1">
- <hr class="fil0" />
- <p class="centra fs120 lh200 g1 ws1 mt15"><span class="pagenum"
- id="Page_1">p. 1</span>EL ARTE</p>
- <p class="centra fs175 g1 ws1">DE AMAR.</p>
- <hr class="tir" />
- <h2 class="nobreak g0" title="Libro primero">LIBRO PRIMERO.</h2>
-</div>
-
-<p class="ti0"><span class="big">S</span>i algún romano ignora el arte
-de amar, lea mis versos, y enseñado con su lectura, ame. Por el arte se
-guía la ligera nao con vela y remos: por el arte se rigen los voladores
-carros, y por el arte ha de ser regido el amor. Automedonte era diestro
-en carros y caballos, y Tifis era piloto de la nave argonáutica; empero
-a mí me designó Venus maestro del tierno amor; Tifis y Automedonte del
-amor me llamará la gente.</p>
-
-<p>Es sin duda fiero el amor, y me contrasta muchas veces; mas es<span
-class="pagenum" id="Page_2">p. 2</span> niño, de blanda edad, y
-dispuesto a tornarse dócil. Quirón perfeccionó al muchacho Aquiles con
-los sonidos de la cítara, amansando con la armoniosa arte la fiereza de
-su ánimo. Quien tantas veces puso grima a compañeros y enemigos, temía
-delante del añoso viejo, y presentaba obediente al castigo de este
-ayo las manos que habían de aterrar a Héctor. Quirón es preceptor de
-Aquiles, yo del amor. Uno y otro muchacho son duros, uno y otro prole
-de diosa; mas el toro sujeta la cerviz al peso del arado, y los briosos
-alazanes tascan el freno. Así el amor cederá a mi voluntad; aunque
-vibre contra mí sus flechas, y abrase mi pecho con sus teas. Cuanto
-más cruelmente me hirió, y con más violencia me atormentó, tanto mejor
-vengaré mis heridas.</p>
-
-<p>No mentiré, ¡oh Apolo!, diciendo que tú me inspiraste esta arte,
-o que la sé por el canto de las volantes aves;<span class="pagenum"
-id="Page_3">p. 3</span> ni que se me aparecieron Clío y sus hermanas,
-como al que guardaba rebaños en los valles de Ascra. La práctica es la
-que dicta esta obra: creed pues al experto poeta. Cantaré preceptos
-verdaderos: favorece mis designios, madre de amor. No enseñarán mis
-versos delito alguno, solo sí de amor los hurtos permitidos. Huid sin
-embargo, vírgenes delicadas, dechado de pudor, y las que ocultáis
-los pies con talares vestiduras<a id="FNanchor_1" href="#Footnote_1"
-class="fnanchor">[1]</a>.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1" href="#FNanchor_1" class="label">[1]</a> Las
-matronas.</p>
-
-</div>
-
-<p>Los que ahora os alistáis por primera vez en las nuevas banderas,
-trabajad en hallar ante todas cosas el objeto que queráis amar: luego
-en conquistar el corazón de la que os agrade; y últimamente, en que su
-amor sea de larga duración. Este es el método: este campo recorrerá mi
-carro, este límite rozarán sus ruedas.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_4">p. 4</span>Mientras podéis, y sin
-ligaduras andáis por todas partes, escoged una muchacha a quien diréis:
-Tú eres la única que me agrada. Esta no descenderá para vosotros de las
-diáfanas regiones, buscareisla adrede con vuestros ojos. El cazador
-sabe donde ha de tender lazos a los ciervos: sabe en que valle tiene su
-madriguera el rugiente jabalí: al pajarero sonle conocidos los árboles
-donde posan los pájaros, y el que echa las redes conoce cuáles aguas
-abundan de peces.</p>
-
-<p>Así los que buscan objeto de permanente amor aprendan desde luego
-qué parajes frecuentan las mujeres. No será para esto necesario
-emprender dilatados viajes, ni atravesar mares procelosos; bien que
-Perseo haya traído a Andrómeda de los indios atezados, y el troyano
-Paris haya venido a robar la griega Elena. Roma os ofrecerá tales
-y tantas lindas mozas como pueblan, según decimos, lo demás<span
-class="pagenum" id="Page_5">p. 5</span> del mundo. Y no es tan fértil
-en granos la campiña de Gárgaro, ni en uvas Metimna, ni surcan el
-mar más peces, ni oculta más aves la frondosidad de los árboles, ni
-esmaltan el cielo tantas estrellas como muchachas tiene Roma. Venus
-reside en la ciudad de su hijo Eneas.</p>
-
-<p>Los que se inclinan a las que aún están en sus primeros e
-imperfectos años, las hallarán verdaderamente niñas. A los que gustan
-de jóvenes, no les faltarán tantas placenteras jóvenes, que pondrán
-perplejidad en su deseo. Pero los que por casualidad sean llevados
-por las de edad adulta y más cuerda, créanme que esta turba será
-copiosísima.</p>
-
-<p>Paseaos vagarosos en los ardientes días del estío a sombra del
-pórtico de Pompeyo o en el que a la munificencia del hijo añadió su
-munificencia la madre, suntuoso edificio de peregrinos mármoles.
-Id<span class="pagenum" id="Page_6">p. 6</span> al pórtico adornado
-con cuadros de la antigüedad, que por el nombre de su fundadora es
-llamado de Livia: y al en que están pintadas las Danaides, que osaron
-fraguar muerte a los míseros primos, desposados con ellas, y su cruel
-padre está en pie con la espada desnuda. Tampoco evitéis el templo
-de Adonis llorado de Venus: ni los sacrificios celebrados al séptimo
-día por el judaico Siro: ni olvidéis el de la menfítica Isis con
-vestimenta de lino, que a muchas hizo lo que ella fue con Júpiter<a
-id="FNanchor_2" href="#Footnote_2" class="fnanchor">[2]</a>.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_2" href="#FNanchor_2" class="label">[2]</a> Isis o
-Ío tuvo torpes amores con Júpiter: Juno la perseguía por celos, y para
-librarla de su indignación, la convirtió Júpiter en vaca, y en esta
-figura huyó al Egipto.</p>
-
-</div>
-
-<p>El foro, ¿quién lo creería?, es a propósito para casos amorosos:
-en el sutil foro se halla muchas veces la llama del amor. La fuente
-Apia, dominada por el adyacente templo de Venus construido con<span
-class="pagenum" id="Page_7">p. 7</span> mármol, hiende el aire con
-saltantes aguas. Allí con frecuencia el causídico se deja coger del
-amor, y él que defiende a otros no se defiende a sí mismo. Allí con
-frecuencia faltan palabras al más elocuente, nuevos negocios le ocupan,
-y así solo trata de la propia causa. El que poco ha era patrono, ahora
-desea ser cliente. De este ríe Venus desde el templo cercano.</p>
-
-<p>Pero cazad principalmente en los públicos teatros, sitios más
-favorables a vuestros designios. Aquí hallaréis amor y entretenimiento:
-las que queráis disfrutar una vez, las que escojáis para poseerlas.
-A la manera que las hormigas en numeroso escuadrón van y vuelven sin
-cesar, cargadas de granos para su sustento, o como las abejas revuelan
-por los amenos y olorosos sotos, buscando el tomillo y las flores, así
-concurren las mujeres ataviadísimas a los juegos solemnes. Su afluencia
-algunas veces fue embarazo<span class="pagenum" id="Page_8">p.
-8</span> a mi elección. Vienen a ver, y vienen a ser vistas. Es
-peligroso este lugar para el casto pudor.</p>
-
-<p>Tú, ¡oh Rómulo!, instituiste el primero espectáculos perturbados por
-el amor, cuando la robada sabina deleitó a tus vacantes ciudadanos.
-Entonces los teatros no estaban decorados de mármoles y colgaduras, ni
-competían en la escena los vistosos colores. No había artificio, y la
-escena se adornaba simplemente con enramadas de verde hojarasca que
-producía el nemoroso Palatino. El pueblo se sentaba en gradas hechas de
-césped, llevando coronadas con hojas verdes sus desgreñadas cabelleras.
-Miraban los romanos a las sabinas, reparando cada uno en la que era
-de su gusto, y revolviendo en el silencio de su pecho muchos deseos.
-Cuando el flautista etrusco tocaba un rudo tono, bailando el histrión
-a su compás, en medio de los aplausos (que entonces el aplauso era
-desordenado) dio<span class="pagenum" id="Page_9">p. 9</span> el rey
-al pueblo la esperada señal para el robo. Desertando repentinamente
-sus puestos, y publicando con algazara su resolución, pusieron en las
-doncellas las concupiscentes manos. Como la timidísima banda de palomas
-huye del águila, como la corderita huye de los voraces lobos, así
-temieron a los varones que tumultuariamente se precipitaban sobre
-ellas. Ninguna hubo que no mudase de color: porque el temor era uno;
-pero no uno el efecto del temor. Unas se arrancan los cabellos: otras
-quedan atónitas: estas callan tristes: aquellas llaman en vano a su
-madre. Unas se lamentan: otras yacen estúpidas: aquellas permanecen:
-estas escapan. Si alguna se oponía tercamente y rehusaba al raptor
-comedido, este con libidinoso ardor la llevaba en sus brazos. ¿Por qué
-con lágrimas, la decía, estragas tus lindos ojos? Yo seré para ti lo
-que tu padre es para tu<span class="pagenum" id="Page_10">p. 10</span>
-madre. ¡Oh Rómulo! Tú solo supiste hacer felices a los soldados. Si
-a mí me cupiese igual suerte, sería soldado. De aquí viene que los
-grandiosos teatros están aún hoy llenos de asechanzas contra las
-hermosas.</p>
-
-<p>Ni dejéis de asistir al certamen de los nobles caballos, pues el
-circo proporciona oportunidades entre sus inmensos concurrentes. Allí
-no se necesita explicar por señas los pensamientos, ni se han de notar
-vuestras acciones. Sentaos cerca de la dama, no estorbándolo alguno;
-juntad cuanto podáis vuestro lado al suyo: y tocadla mal de su grado,
-como que os constriñe la disposición del lugar.</p>
-
-<p>Escogitad entonces motivo de familiar conversación, y desplieguen
-vuestros labios las cosas generales. Preguntadla con estudio cuyos
-son los caballos que veis en la liza, y<span class="pagenum"
-id="Page_11">p. 11</span> haced sin detención votos por aquel,
-cualquiera que sea, a quien favoreciere con los suyos. Llegará el carro
-en que los ebúrneos simulacros de los dioses son llevados con pompa;
-aplaudid con respetuosa mano a Venus, como a señora.</p>
-
-<p>Si en el regazo de la muchacha cayere tal vez polvo, sacudidlo
-con los dedos, y sacudidlo también, aun cuando no lo hubiere. Tomad
-cualquier pretexto para ser oficioso. Si el manto muy caído le
-arrastrare por el suelo, levantadlo, y limpiadle con prontitud la
-inmundicia. Por premio de esta urbanidad, se presentarán a vuestra
-vista y tolerándolo ella, le veréis sus piernas. Cuidad además de que
-los que estuvieren detrás sentados no opriman con opuesta rodilla sus
-delicadas espaldas.</p>
-
-<p>Las frivolidades atraen a los ánimos livianos: a muchos les fue útil
-mullir con maña una almohada para hacer más blando asiento a la<span
-class="pagenum" id="Page_12">p. 12</span> muchacha: les fue útil mover
-con ligero soplo el abanico<a id="FNanchor_3" href="#Footnote_3"
-class="fnanchor">[3]</a>, y formar cómodo apoyo para sus pies. Estos
-medios facilita el circo al amor naciente, y la triste arena esparcida
-por el inquieto anfiteatro. El vendado rapaz combate muchas veces en
-aquella liza, y los que miran las heridas de los atletas tienen no
-menos heridas. Mientras hablan y se divierten, y apuestan sobre quién
-será vencedor, suspiran llagados, sintiendo las volátiles flechas:
-contribuyen en parte a variar el espectáculo.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_3" href="#FNanchor_3" class="label">[3]</a> Eran
-hechos de maderas muy delgadas, y mayores que los de ahora, como que no
-servían para adorno, sino para comodidad.</p>
-
-</div>
-
-<p>¿Y qué no sucedería si César ordenase representar ahora la
-batalla naval en que fue echada a pique la pérfida escuadra de los
-griegos? A este espectáculo<a id="FNanchor_4" href="#Footnote_4"
-class="fnanchor">[4]</a> vinieran de<span class="pagenum"
-id="Page_13">p. 13</span> los dos mares jóvenes y muchachas, y la
-ciudad parecería un gran mundo. ¿Quién en tal muchedumbre no hallaría a
-quien amar? ¡Ah, cuántos fueran aquejados de amor extranjero!</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_4" href="#FNanchor_4" class="label">[4]</a> Alude a
-la batalla naval de Accio bien conocida en la historia.</p>
-
-</div>
-
-<p>Ya César va a añadir al orbe sojuzgado el resto de no domadas
-naciones, y los extremos de oriente extenderán ahora el imperio.
-¡Partos, seréis castigados! ¡Alegraos, soldados de Craso, que ya seréis
-sepultados! Y vosotras, enseñas romanas, ultrajadas por manos bárbaras,
-tendréis un vengador que en sus primeros ejercicios probó ser
-consumado capitán. Siendo joven manda la guerra como hábil veterano.
-Perdonad, natalicios, pues no se cuenta la edad de los dioses. La
-virtud es prematura en los Césares. Su genio celestial se levanta más
-veloz que sus armas, y lleva con despecho los daños de la cobarde
-tardanza. Niño era, y con sus manos despedazó Hércules dos<span
-class="pagenum" id="Page_14">p. 14</span> serpientes, mostrándose desde
-la cuna digno de Júpiter. ¡Y cuán grande fuiste tú, Baco, siendo aún
-mancebo, cuando la vencida India dobló el cuello a tus tirsos! Joven
-excelso, pelearás con el valor y auspicios de tu padre, y vencerás
-con el valor y auspicios de tu padre. Haz el aprendizaje a la sombra
-de tan grande nombre; y así como ahora eres príncipe de la juventud,
-lo serás algún día de los ancianos. Tienes hermanos; venga la injuria
-de tus hermanos. Tienes padre; defiende los derechos de tu padre. Te
-ceñirá las armas tu padre, el padre de la patria, pues el enemigo se
-apoderó sin su licencia de las tierras del Imperio. Tú disparas justos
-dardos, y él malvadas saetas, y estarán así a favor de sus estandartes
-el derecho y la piedad. Son vencidos los partos en la causa, sean
-vencidos en las armas. Traiga mi capitán al Lacio las riquezas del
-reino de la aurora. Padre Marte,<span class="pagenum" id="Page_15">p.
-15</span> padre César, auxiliadle en su jornada, ya que uno de vosotros
-es dios, y el otro llegará a serlo. Vaticino ya: vencerás, dedicaré
-votivos himnos, y cantaré tus hazañas con heroica trompa. Haciendo
-alto, exhortarás con mis palabras a las huestes. ¡Oh! ¡Correspondan mis
-razones a tu valor! Diré la fuga de los partos, y el esfuerzo de los
-romanos, y los dardos que lanza el enemigo desde sus vueltos caballos.
-Parto, que huyes para vencer, ¿que dejas al vencido? Parto, tus armas
-tienen ya un funesto presagio. ¿Llegará pues aquel día en que tú, el
-más bizarro de los príncipes, entres triunfante en un dorado carro,
-tirado por cuatro blancos caballos? Irán delante los caudillos, atados
-los cuellos con cadenas, y no podrán, como antes, salvarse en la
-fuga.</p>
-
-<p>Presenciarán el triunfo los jóvenes alegremente mezclados con
-las muchachas, y aquel día dilatará los<span class="pagenum"
-id="Page_16">p. 16</span> ánimos de todos. Entonces, si alguna os
-pregunta el nombre de los reyes y plazas, montes y ríos, cuyos diseños
-se lleven tremolados, responded a todo, y aun a lo que no pregunte,
-refiriendo como bien sabido o que ignoréis. He aquí el Éufrates con
-la cabeza coronada de cañas, y aquel río de cerúlea cabellera es el
-Tigris. Estos son armenios, aquella Persia. Esta ciudad está en un
-valle de los aquemenios. Aquel y aquel son los generales; y se llamarán
-por los nombres que les deis. Decid los verdaderos si los supiereis, y
-si no, otros a propósito.</p>
-
-<p>También los festines proporcionan entrada a las abastecidas mesas,
-donde, además del vino, hallaréis otros placeres. Allí el amor humilla
-la altivez de Baco, presentado a los brindis por torneados brazos.
-Cuando Cupido empapó en el vino sus alas rezumosas, se hace pesado y
-permanece inmóvil. Sacude velozmente sus mojadas plumas, pero no<span
-class="pagenum" id="Page_17">p. 17</span> impide que el amor inunde
-los corazones. El vino dispone los ánimos a enardecerse, y a fuerza
-de beber se disminuyen y desechan los cuidados. Entonces vienen las
-risas: entonces hasta el pobre toma orgullo: entonces huyen las
-zozobras y pesares, y se rejuvenece la arrugada frente: entonces la
-sinceridad, tan rara en nuestro siglo, abre los senos del alma, porque
-Baco ahuyenta los artificios. Allí las muchachas roban el corazón a los
-jóvenes, porque Venus en los vinos es fuego en el fuego. La noche y el
-vino impiden discernir la hermosura; y así no fieis demasiado de la
-engañosa luz de las lámparas. Paris miró de día y a cielo abierto a las
-diosas, para pronunciar su juicio a favor de la más bella. Por la noche
-se ocultan las tachas y se perdonan todos los defectos; y la oscuridad
-hace hermosa a cualquiera. Consultad al día las piedras preciosas y las
-telas teñidas de púrpura; consultad al día los talles y semblantes.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_18">p. 18</span></p>
-
-<p>¿Para qué os he de nombrar las reuniones mujeriles, acomodadas para
-los que conquistan? Exceden a las arenas. ¿Qué diré de Bayas, y de sus
-riberas pobladas de albergues? Y ¿qué de los calientes baños de azufre
-que estan humeando? Uno, saliendo de aquí con el corazón llagado, dijo:
-no son saludables estas aguas, como cuentan. He allí fuera de las
-murallas el templo de la selvática Diana, cuyo sacerdocio se disputa
-con puntas de ofensivos cuchillos.<a id="FNanchor_5" href="#Footnote_5"
-class="fnanchor">[5]</a> La diosa, aunque virgen y enemiga de los
-dardos de Cupido, ha causado y causará a sus devotos muchas heridas.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_5" href="#FNanchor_5" class="label">[5]</a> El que
-vencía sucedía en el sacerdocio, de modo que esta dignidad se podía
-llamar conquistada.</p>
-
-</div>
-
-<p>Hasta aquí mi musa, en desiguales versos, os ha enseñado donde
-habéis de buscar a quien amar, y donde armarle lazos. Ahora me afano
-a mostraros lo más importante de mi arte, que es el modo de<span
-class="pagenum" id="Page_19">p. 19</span> ganar a la que os agradó.
-Escuchadme, hombres, con mente dócil, seguros de que no hago promesas
-vanas. Persuadíos firmemente a que todas se pueden coger; y las
-cogeréis, dándoos maña. Antes enmudecerán los pájaros en la primavera,
-en el estío las cigarras, y los perros huirán la liebre, que a un
-joven se resista la mujer suavemente acariciada. Tal que pensaréis
-no condescienda, también condescenderá. Bien así como a los hombres,
-engolosina a las mujeres la furtiva Venus. Los hombres disimulan mal;
-ellas desean más encubiertamente. Por eso es ley conveniente que el
-varón se declare antes, y que la hembra ruegue ya vencida. La novilla
-brama al toro en los herbosos prados; la yegua relincha al cornípedo
-caballo.</p>
-
-<p>No es más punzante en nosotros, ni tan furiosa la lujuria: el
-ardor viril tiene término natural. Aficionose de su hermano con amor
-prohibido<span class="pagenum" id="Page_20">p. 20</span> la ninfa
-Biblis, y con un dogal castigó en sí lo ilícito valerosamente. Mirra
-concibió por su padre indebida ternura, y se escondió debajo de la
-corteza de un árbol oloroso, donde está ahora llorando. Nos ungimos con
-sus lágrimas, y conservan el nombre de su dueño.</p>
-
-<p>Había en los valles umbríos del frondoso Ida un albo toro,
-ornamento de su rebaño, señalado con un poco de negro en medio de
-los cuernos; tenía esta única mancha, lo demás era como la leche.
-Las novillas de Cnoso y de Cidón apetecieron sostenerle en su lomo.
-Pasífae lisonjeada de que llegaría a ser su amante adúltera, odiaba
-celosa a las garridas terneras. Lo que digo es notorio, y no lo
-puede negar Creta la mentirosa con sus ciento ciudades. Esta misma
-segaba, con desacostumbrada mano, tiernas hojas y fresca yerba para
-el toro. Iba compañera entre el rebaño, sin que<span class="pagenum"
-id="Page_21">p. 21</span> detuviese su ida el cuidado del esposo; y el
-toro era preferido a Minos. ¿De qué te sirve, Pasífae, vestir ropas
-preciosas, si tu galán es insensible a esas riquezas? ¿Qué necesitas
-espejo tú que corres tras del rebaño por ásperas montañas? ¿Para
-qué, necia, rizas tanto el cabello? Cree al espejo que te desmiente
-de que eres becerra: ¡oh, cuanto quisieras que te naciesen cuernos
-en la frente! Si amas a Minos, no busques barragán; o si quieres
-ofenderle, oféndele con hombre. Por bosques y jarales, dejando el
-ostentoso palacio, vaga la reina como bacante inspirada por el dios de
-Aonia. ¡Ah! Cuántas veces miró con mal gesto a una novilla, diciendo:
-¿Por qué esta agrada a mi querido? Ved como trisca delante de él
-en las praderas, y no dudo que neciamente se imagine que le agrada
-con saltar así. Decía, y mandaba, al punto quitarla de la vacada, y
-ponerla sin razón a tirar del duro arado; o la<span class="pagenum"
-id="Page_22">p. 22</span> hacía caer ante las aras, víctima del
-maquinado sacrificio, teniendo alegre ella misma las entrañas de
-su competidora. Y siempre que aplacaba a los númenes con rivales
-degolladas, teniendo sus entrañas: andad ahora, decía, a agradar a
-mi dueño. Ya pretendía la suerte de la ninfa Europa, ya la suerte de
-Ío: esta porque fue vaca; la otra porque cabalgó en un toro. Pasífae
-sació por fin su pasión con la guía del rebaño, metiéndose dentro de
-una vaca de madera; y el parto descubrió a su autor<a id="FNanchor_6"
-href="#Footnote_6" class="fnanchor">[6]</a>.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_6" href="#FNanchor_6" class="label">[6]</a> De este
-trato bestial nació el Minotauro, que encerró Dédalo en el laberinto de
-Creta.</p>
-
-</div>
-
-<p>Si Aérope no hubiera sucumbido al adulterio de Tiestes, no hubiera
-Febo retrocedido en medio de su carrera, ni con vueltos caballos
-conducido hacia la aurora su carro. La hija de Niso, robado a su padre
-el cabello de que pendía su vida, para entregarlo al enemigo que
-ella amaba, fue cambiada en monstruo marino,<span class="pagenum"
-id="Page_23">p. 23</span> que entre sus muslos apretaba a unos perros
-rabiosos. Fue inhumanamente asesinado por su consorte el atrida
-Agamenón, el que en la tierra había escapado a Marte, y en el mar
-a Neptuno. ¿Quién no virtió lágrimas sobre la hoguera de Creúsa, y
-sobre la madre ensangrentada con la muerte de sus hijos? Lamentó Fénix
-con secos gemidos el vilipendio de su padre. Los espantados caballos
-despedazaron a Hipólito. Fineo, ¿por qué arrancas los ojos a tus
-inculpables hijos? Sobre tu cabeza recaerá este castigo.</p>
-
-<p>Tantas desventuras se causaron por lascivia femenil. Es más acre
-que la nuestra, y tiene más vehemencia. Ea pues, no dudéis de lograr
-todas las muchachas: apenas habrá entre mil una que resista a vuestras
-solicitudes. Las que otorgan y las que niegan se gozan de ser rogadas.
-Para que os engañéis, al principio os darán repulsa; pero ¿por qué
-engañaros, siéndoles sabrosa<span class="pagenum" id="Page_24">p.
-24</span> la novedad en los deleites, y arrastrando más su corazón los
-vedados? Más colmada parece siempre la mies en el campo ajeno: más
-abundante en leche el rebaño vecino.</p>
-
-<p>Pero ante todo procurad conocer a la sierva del objeto anhelado,
-para que os facilite su trato. Ved que interviene en los consejos
-de su ama, y que es sabedora no poco confidencial de sus secretas
-diversiones. Sobornadla con ruegos y con promesas, porque si ella
-quiere obtendréis fácilmente lo que deseáis. Elija ella el tiempo
-(también los médicos guardan tiempos) en que la voluntad de su señora
-se manifieste fácil, y dispuesta a ser ganada. Estará dispuesta la
-voluntad cuando alegrísima sobre manera lozaneare, como el sembrado
-en tierra fértil. Así como la tristeza comprime los corazones, la
-alegría los ensancha: entonces se abren por sí mismos, y Venus entra
-no difícilmente. Cuando Troya estaba triste, se defendió peleando;
-entregada<span class="pagenum" id="Page_25">p. 25</span> al regocijo
-recibió el caballo preñado de soldados.</p>
-
-<p>Hase también de propiciar cuando se doliere injuriada por
-combleza del marido: entonces redoblad vuestras artes, para que no
-quede sin venganza. Despierte su atención la sierva al peinar por
-la mañana sus cabellos, añadiendo a la vela la fuerza del remo. Y
-suspirando diga entre sí con leve murmullo: a mi parecer nunca podrás
-pagarle en la misma moneda.<a id="FNanchor_7" href="#Footnote_7"
-class="fnanchor">[7]</a> Hable entonces de vosotros en términos
-persuasivos, jurando que morís locamente por sus amores. Pero
-aprovechad la coyuntura, no sea que se abatan las velas, y amaine el
-viento. Desaparece brevemente la ira, como la frágil escarcha.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_7" href="#FNanchor_7" class="label">[7]</a> Se
-entiende del marido amancebado.</p>
-
-</div>
-
-<p>¿Me preguntaréis acaso si convendría corromper a la misma tercera?
-Se necesita en esto grande fortuna. Muchas con el concúbito se
-hacen más activas, y otras más negligentes.<span class="pagenum"
-id="Page_26">p. 26</span> Las unas os prepararían el don de su señora;
-las otras labrarían sus placeres. El acierto es eventual: y aunque esto
-salga bien a los atrevidos, mi consejo es abstenerse.</p>
-
-<p>No os conduciré yo por eminencias y precipicios, ni ningún joven
-será chasqueado, siendo yo su director. Si la confidente, al recibir
-y dar los billetes, os place tanto por su figura, como por su
-puntualidad, haced por gozar primero a la señora, y sígala ella en
-la suerte. No habéis de empezar la Venus por la sirviente. Lo único
-que aconsejo (si se da crédito al arte, y no tenéis mis dichos por
-palabras vagas) es: o no intentar, o perfeccionar la obra. Se quita el
-descubridor, entrando ella una vez a la parte en el delito. En vano
-se esfuerza a volar el pájaro cogido en la liga: no escapa fácilmente
-el jabalí asido en las redes; ni el pez huye herido y preso en el
-anzuelo. Asaltad la plaza, y no os apartéis sino vencedores.<span
-class="pagenum" id="Page_27">p. 27</span> Entonces no os estorbará,
-ligada con la culpa de entrambos, y sabréis cuanto haga y diga su
-señora. Pero sed muy callados, porque si no la descubrís, sabréis
-siempre las interioridades de vuestra amiga.</p>
-
-<p>Yerra el que opina que solo deben observar el tiempo los navegantes
-y los operosos cultivadores. No siempre se ha de confiar la siembra
-de la falaz apariencia de los campos, ni embarcarse siempre que
-el mar parece en calma; ni es siempre seguro conseguir las buenas
-muchachas. Hay tiempos más acomodados a tales conquistas. Si se
-acercare su cumpleaños; o las calendas de marzo consagradas a Venus; o
-si el circo estuviere no adornado con mezquinas estatuas, como antes
-estuvo, sino enriquecido con despojos de reyes<a id="FNanchor_8"
-href="#Footnote_8" class="fnanchor">[8]</a>; diferid el negocio,
-pues<span class="pagenum" id="Page_28">p. 28</span> entonces se
-apresura el triste invierno, y las Pléyades: entonces las cabrillas se
-sumergen en las marinas aguas. Entonces es bien desistir: entonces, el
-que se confía a las olas esta cierto del naufragio.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_8" href="#FNanchor_8" class="label">[8]</a> No es
-oportuno, dice, darse a galanterías cuando se representan tragedias,
-porque sus efectos terror y compasión desvían el corazón mujeril de
-corresponder a ellas. ¡Qué cultura!</p>
-
-</div>
-
-<p>Comenzaréis acertadamente por el tiempo de la batalla que enrojeció
-con latina sangre al lloroso Alia: o en los días saturnales, destinados
-a la holganza, y en las fiestas séptimas celebradas por el palestino
-Siro. Temed sobre todo el natalicio de la amiga; porque el día en
-que se ha de regalar es un día aciago. Por mucho que la evitéis,
-ella os lo sacará, pues la mujer sabe el arte de chupar el dinero al
-amante deseoso. Vendrá un desaliñado mercader a casa de la antojadiza
-compradora, y en vuestra presencia mostrará sus mercaderías. Las cuales
-ella, como que le parecéis conocedores, os rogará que veáis. Después os
-besará, y en<span class="pagenum" id="Page_29">p. 29</span> seguida
-os pedirá se las compréis. Os dirá que las necesita ahora, y que ahora
-se le han de comprar; jurando quedar con esto contenta para muchos
-años. Si os excusáis con que no tenéis dinero en casa, os pedirá una
-obligación; y no os evadiréis, con toda vuestra ciencia.</p>
-
-<p>¿Pues, qué, no pedirá dádivas para las libaciones en el día de
-sus años, renovando su nacimiento cuantas veces lo necesite? ¿Y qué,
-no llorará otro día desconsolada por fingidas pérdidas, como la de
-habérsele caído una piedra del pendiente? También piden prestadas
-muchas cosas, y no las vuelven. Las perdéis, y este daño queda sin
-agradecimiento. En suma, no me bastarían diez bocas y otras tantas
-lenguas para proseguir las sacrílegas socaliñas de una mujer venal.</p>
-
-<p>Tantead el vado con un billete, que vaya como primer mensajero
-de vuestro pensamiento. Llenadle de requiebros, imitando las
-palabras<span class="pagenum" id="Page_30">p. 30</span> de los
-amantes, y acompañándolas con eficaces súplicas. Movido Aquiles con la
-plegaria de Príamo, le donó el cuerpo de Héctor; y los dioses airados
-se inclinan a la voz rogadora. Prometed, porque ¿qué daña el prometer?
-Cualquiera puede ser liberal en promesas. La esperanza alimenta por
-largo tiempo una vez consentida. La esperanza es engañosa: pero es
-una divinidad a propósito.<a id="FNanchor_9" href="#Footnote_9"
-class="fnanchor">[9]</a></p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_9" href="#FNanchor_9" class="label">[9]</a> Una
-divinidad que juega mucho en los negocios del mundo.</p>
-
-</div>
-
-<p>Una mujer os dejará con razón cuando la hayáis dado algo, y pagada
-de lo pasado nada se exponga a perder. Pero no dando, aparentad siempre
-que daréis. Así engaña un campo estéril muchas veces a su dueño: así un
-jugador que pierde, sigue perdiendo cebado en la avaricia de afortunada
-suerte. Esta es la obra, esta la habilidad, adquirir sin interés los
-primeros favores;<span class="pagenum" id="Page_31">p. 31</span>
-porque la que gratuitamente complació, continuará complaciendo.
-Enviadla pues billetes llenos de ternura para reconocer antes el
-camino, y explorar la voluntad. Cidipe fue seducida por una carta,
-atada a una manzana, cuyas expresiones encendieron a la incauta en su
-pasión.</p>
-
-<p>Amonesto a la juventud romana que aprenda a ser elocuente no
-solamente para defender a los medrosos reos. Aplaudirá a la elocuencia
-tanto la amorosa muchacha, como el pueblo, los jueces graves y el
-circunspecto senado. Disimulad sin embargo el arte, y no os jactéis de
-elocuentes. Desterrad de las cartas las palabras afectadas. ¿Quién sino
-un falto de talento hablará a su tierna amiga como declamador? A veces
-son las cartas estudiadas causa de aborrecimiento. Escribid en estilo
-creíble, y en términos acostumbrados; suaves empero para que parezca
-que habláis estando presentes.<span class="pagenum" id="Page_32">p.
-32</span> Si no recibe el billete, y lo devuelve sin leerlo, no
-desesperéis de que lo leerá, y perseverad en el propósito. Con el
-tiempo vienen al yugo los indómitos toros: con el tiempo se enseñan al
-duro freno los caballos. Con el continuo uso se gasta una argolla de
-yerro; y la reja del corvo arado se consume con la continua labranza.
-¿Qué hay más duro que el peñasco? ¿Qué más blando que el agua? Y sin
-embargo el agua blanda cava en el duro peñasco. Insistid; con el tiempo
-a la misma Penélope venceréis. Tarde se vio tomada Troya; pero se vio
-tomada.</p>
-
-<p>Si lee, y no quiere responder, no la apremiéis. Proseguid en
-escribirla vuestras ansias: que si una vez gusta de leerlas, gustará
-de responder a su lectura. Estas cosas vendrán por su orden gradual.
-Acaso la primera respuesta será desengañada, y os rogará que no la
-requiráis<span class="pagenum" id="Page_33">p. 33</span> de amores;
-pero temerá cumpláis lo que ruega, y deseará que apresuréis lo que no
-ruega. Seguid, y arribaréis luego a vuestro intento.</p>
-
-<p>Entretanto si la encontráis llevada muellemente en la litera,
-acercaos con disimulo, y para que alguno no aplique curioso el
-oído a vuestra plática, ocultadla con la astucia de explicaros por
-palabras ambiguas. Si se espaciare a pie en el pórtico, paseaos
-también, y permaneced allí tanto como ella; ya yendo detrás, ya
-delante, ya de prisa, ya despacio sin avergonzarse de pasar por
-medio de las columnas<a id="FNanchor_10" href="#Footnote_10"
-class="fnanchor">[10]</a>, o de ir a su lado.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_10" href="#FNanchor_10" class="label">[10]</a>
-Era costumbre no pasearse por entre las columnas de los pórticos o
-atrios.</p>
-
-</div>
-
-<p>Ni la dejéis sola en las diversiones teatrales: allí con su
-compostura os embebecerá la atención. Miradla y remiradla, y haced
-como que la admiráis; habladla muchas cosas con los ojos, y muchas por
-señas<span class="pagenum" id="Page_34">p. 34</span> Aplaudid a la
-mima que baile con destreza, y a cualquiera que represente papel de
-enamorado. Levantaos cuando ella se levante, estad sentado mientras lo
-estuviere: gastad el rato al arbitrio de la señora.</p>
-
-<p>Empero no acostumbréis a ensortijar con hierro los cabellos, ni a
-pulir las piernas con la áspera pómez. Dejad esta afeminación a los
-sacerdotes que con frigios tonos cantan aullando a la madre Cibeles. A
-los hombres les conviene compostura descuidada. Teseo prendó a Ariadna
-sin arrebolarse ni rociarse con esencias. Fedra amó a Hipólito, que
-no usaba de muchos atavíos; y era cuidado de Venus, Adonis en traje
-inculto. Cuidad del aseo, aunque la cara esté fusca con los ejercicios
-del Campo Marcio. Llevad bien hecha y sin manchas la toga. No tengáis
-asquerosa la lengua, los dientes llenos de sarro, ni naden los pies en
-amplio calzado. No llevéis la cabeza deformemente trasquilada;<span
-class="pagenum" id="Page_35">p. 35</span> traed el cabello y la barba
-cortada por mano hábil. No tengáis largas ni con suciedad las uñas, ni
-sobresalga pelo alguno en las ventanas de la nariz. Evitad que os huela
-mal el aliento, y el cuerpo a sobaquina. Todo lo demás es de mujeres
-lascivas, o de aquel varón que se complace en torpes amores.</p>
-
-<p>He aquí a Baco que llama a su poeta, y como protector de amadores
-favorece la llama con que él mismo se abrasa. Ariadna erraba demente
-por la desierta playa de Cnoso en aquella parte por donde bañan
-a la pequeña Día las marinas ondas. Como estaba en el sueño,<a
-id="FNanchor_11" href="#Footnote_11" class="fnanchor">[11]</a>
-velada con desceñida túnica, los pies desnudos, y destrenzados los
-rubios cabellos, demandaba con gritos a las sordas olas el cruel
-Teseo, vertiendo un río de desmerecidas lágrimas, que regaban sus
-rosadas<span class="pagenum" id="Page_36">p. 36</span> mejillas.
-Clamaba y lloraba juntamente, y en sus voces y llanto parecía más
-hermosa. Golpeándose otra vez el primoroso pecho, ¡el pérfido se ha
-ido!, dijo, ¡qué será de mí, qué será de mí! Y toda la ribera resonó
-con el ruido de los címbalos y atabales pavorosamente tañidos. La
-conmoción la derribó en tierra, interrumpiendo sus últimas palabras:
-quedó sin movimiento como amortecida. Al punto vinieron las bacantes,
-tendida la melena por las espaldas: al punto los ligeros sátiros,
-cortejo precursor del dios: al punto el viejo beodo Sileno, que
-teniéndose apenas a caballo del asno, se asía mañoso de las crines.
-Entretanto que seguía a las bacantes, y que las bacantes ya le huían,
-ya le buscaban, picó al cuadrúpedo con los talones, y como mal jinete
-dio de cabeza, caído del orejudo asno. Los sátiros le gritaron: Sus,
-arriba, arriba, padre. Ya el dios desde el carro tejido de uvosos
-pámpanos detiene con<span class="pagenum" id="Page_37">p. 37</span>
-las riendas de oro los uncidos tigres. Quedó Ariadna sin color, sin
-habla y sin llamar a Teseo. Tres veces intentó huir, y tres veces
-embargada por el miedo tembló como las vacías espigas sacudidas por
-el viento; como la caña leve se bambolea en la cenagosa laguna. Depón
-el miedo, le dijo el dios, en mí tienes un compañero más fiel que
-Teseo. Oh Ariadna, de Baco serás la dulce esposa. Por dote te doy el
-cielo: del cielo astro radioso,<a id="FNanchor_12" href="#Footnote_12"
-class="fnanchor">[12]</a> servirás de guía a la incierta nave. Dijo; y
-a fin de que ella no se espantase de los tigres, saltó del carro, la
-arena cedió bajo sus pies. La llevó abrazada contra su pecho, porque
-a la verdad no tenía fuerza para resistirse; bien que es fácil a los
-dioses poderlo todo. Parte de la comitiva cantó Himeneo, y parte clamó:
-¡Evoé, evoé! Así fueron juntos al tálamo nupcial la novia y el dios.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_11" href="#FNanchor_11" class="label">[11]</a> Esto
-es, como había despertado, porque Teseo la dejó durmiendo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_12" href="#FNanchor_12" class="label">[12]</a>
-Conocido con el nombre de corona de Ariadna.</p>
-
-</div>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_38">p. 38</span>Así que, cuando
-en los convites brindaréis los báquicos dones, sentados mano a mano
-con alguna mujer, deprecad al padre Nictelio<a id="FNanchor_13"
-href="#Footnote_13" class="fnanchor">[13]</a>, y las nocturnas deidades
-no permitan que los vinos perturben vuestro cerebro. Allí tendréis
-libertad de decir con palabras encubiertas mil cosas amorosas, que ella
-se tomará por sí. Escribid en la mesa breves galanterías con las gotas
-de vino derramadas, para darle a conocer que es vuestro dueño. Mirad
-sus ojos con ojos intérpretes de vuestra pasión. Un semblante taciturno
-habla a veces más que la lengua. Haced por tomar el primero el vaso
-en que haya bebido, y bebed por donde sus labios le hayan tocado. Y
-cualquiera cosa de comer que haya partido con los dedos, pedídsela y al
-dárosla tocadle la mano.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_13" href="#FNanchor_13" class="label">[13]</a>
-Sobrenombre de Baco.</p>
-
-</div>
-
-<p>Trabajad también en adular al<span class="pagenum" id="Page_39">p.
-39</span> marido, pues hecho amigo os será muy útil. Si bebéis por
-suerte, dejadle la suerte primera, y dadle la corona quitada de vuestra
-cabeza. Si es de clase inferior o igual, dejadle tomar de todo antes;
-deferid a él, y no le contradigáis. Aunque la tengan por algo culpada,
-es vía frecuente y segura engañar al marido so color de amistad.</p>
-
-<p>Excédase enhorabuena el encargado de probar el vino y
-administrarlo<a id="FNanchor_14" href="#Footnote_14"
-class="fnanchor">[14]</a>; pero yo os prescribiré la medida cierta con
-que habéis de beber, y es mientras tengáis firmes el juicio y los pies.
-Evitad sobre todo las rencillas dimanadas del vino, y harto capaces de
-parar en golpes. Mató a Euritión la brutalidad en embriagarse: la mesa
-y el vino son más propios para agradable pasatiempo.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_14" href="#FNanchor_14" class="label">[14]</a> Habla
-de los criados y mayordomos de los Lúculos de aquel tiempo.</p>
-
-</div>
-
-<p>Si tenéis buena voz, cantad; y si<span class="pagenum"
-id="Page_40">p. 40</span> cuerpo ágil, bailad. Agradad por cualquiera
-habilidad con que podáis agradar. Como la embriaguez verdadera ofende,
-así fingida divierte. Fingid pues que vuestra lengua tartamudea, para
-que se atribuya al demasiado vino cuanto hagáis o digáis con menos
-decencia. Decid saludes a la querida, y saludes al que duerme con
-ella; pero a este imprecadle con interior siniestro. Cuando acabado el
-convite se levante de la mesa (la misma concurrencia os facilitará el
-acceso) arrimándoos despacio interpolados entre los demás; pellizcadla,
-y dadla una pisadita.</p>
-
-<p>Se aproxima el coloquio. Desechad la nimia cobardía, lejos
-el encogimiento, pues Venus y Fortuna ayudan al atrevido. No os
-dictaré yo lecciones para ser elocuentes. Con solo empezar os vendrá
-espontáneamente la facundia. Haced el enamorado, imitando con las
-palabras la enfermedad amorosa, y procurando<span class="pagenum"
-id="Page_41">p. 41</span> con arte que os den fe. Y no habrá trabajo
-en que os crean, porque ninguna hay que no presuma de ser amable:
-por muy feas que sean, todas se juzgan con atractivos para agradar.
-Empero muchas veces se empieza a amar por chanza, y muchas veces llega
-a ser de veras lo que al principio se finge. Sí, mujeres, cuanto más
-complacientes seáis para estos remedadores, tanto más sincero se hará
-el amor que poco ha era falso.</p>
-
-<p>Tratemos de sorprender el corazón con imperceptibles cariños,
-como las aguas puras socavan la pendiente orilla. No tengáis empacho
-de alabar su cara y sus cabellos, sus torneadas manos, y sus enanos
-pies. Los elogios de la hermosura lisonjean también a las castas; y el
-parecer hermosas es cuidado agradable de las doncellas. ¿Por qué no se
-corren ahora Juno y Palas de haber puesto en juicio su belleza en medio
-de las selvas frigias? El pavón<span class="pagenum" id="Page_42">p.
-42</span> de Juno ostenta, cuando le alaban, el tornasolado brillo
-de sus plumas; y si le miran con indiferencia, esconde la riqueza de
-su adorno. Los caballos entre las contiendas de la rápida carrera se
-envanecen con el aplauso de su cuello y bien peinadas crines.</p>
-
-<div class="section">
-
- <p>No andéis escasos en prometer: las promesas cautivan a las
- mujeres. Poned a cualesquiera dioses por testigos de lo prometido.
- Júpiter desde las alturas ríe de los perjurios de los amantes, y
- manda a los vientos de Eolo que lleven los que son nulos. Júpiter
- solía jurar en vano a Juno por el lago Estigio, y él mismo nos
- alienta con su ejemplo. Importa que haya dioses; y pues importa,
- creamos que los hay. Ofrezcámosles incienso y vino en las antiguas
- aras, porque no yazcan en el ocio, ni sumidos en el letargo. Vivid
- con probidad, pues la deidad os observa. Restituid los depósitos:
- sed religiosos en cumplir los pactos: huya el fraude: no seáis<span
- class="pagenum" id="Page_43">p. 43</span> homicidas. Burlad
- impunemente, si sabéis, solo a las mujeres. Esta es la única fe a que
- es vergonzoso no corresponder con dolo. Engañad a las engañadoras:
- son raza pérfida por la mayor parte; caigan pues en los lazos que
- tendieron.</p>
-
-</div>
-
-<p>Cuéntase que el Egipto careció de las lluvias que fertilizan los
-campos, padeciendo en sequedad nueve años. Trasio se acercó al rey
-Busiris, y le mostró que Júpiter se aplacaría, derramando en sacrificio
-la sangre de un extranjero. Tú serás, respondió Busiris, primera
-víctima inmolada a Júpiter; y como extranjero atraerás la lluvia al
-Egipto. Y Falaris tostó en el toro los miembros del inhumano Perilo,
-estrenando el autor para su daño la obra. Justos fueron los dos
-tiranos, porque no hay más equitativa ley, que la de que perezca con
-su misma arte el inventor del suplicio. Así que, engañando con razón
-los perjurios a las perjuras, sufrirá la mujer las falsías de que da
-ejemplo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_44">p. 44</span>Las lágrimas son
-provechosas: con lágrimas ablandaréis a los diamantes. Haced, si
-podéis, que vea las mejillas humedecidas con el llanto. Si no podéis
-llorar (porque no siempre vienen a deseo las lágrimas) estregad los
-ojos con la mano mojada. A vuestras cariñosas expresiones, añadid
-dulces besos. Aunque ella no los dé tomadlos sin licencia. Acaso lo
-repugnará al principio, y os llamará insolente; pero no obstante querrá
-que la venzáis en esta repugnancia. Precaved solamente que al robar los
-besos no lastiméis sus encarnados labios, no sea que se queje de que
-son brutales vuestros besos.</p>
-
-<p>El que tomó besos, y no toma lo demás, será digno de perder
-también los que se le han dado. Después de los besos ¿Cuánto falta
-para completar el deseo? El dejarlo no es ya pudor, sino necedad. Lo
-llamarán violencia, pero es grata esta violencia a las mujeres, las
-cuales por lo<span class="pagenum" id="Page_45">p. 45</span> regular
-quieren dar por fuerza lo que las deleita. Cualquiera de ellas a quien
-se roba por sorpresa un gusto de amor, se regocija, y tiene esta
-malicia por agasajo. Pero la que pudiendo ser obligada, se va sin
-que la toquen, aunque afecte satisfacción en el semblante, quedará
-descontenta. Febe fue violada; y a su hermana se le hizo fuerza; y con
-todo eso una y otra se agradaron de sus forzadores.</p>
-
-<p>Aunque bien conocida, no se ha de omitir la historia de la hija del
-rey de Esciros, de quien triunfó Aquiles. La diosa ciprida había dado
-ya a Paris su recompensa por haber preferido su belleza a la de dos
-diosas, en el monte Ida. Ya la nuera de Príamo, venida de otras tierras
-era en los troyanos muros esposa de Paris. Los griegos aliados juraban
-vengar al ofendido marido, y la afrenta de uno solo era la afrenta
-de todos. Aquiles estaba disfrazado con ropas<span class="pagenum"
-id="Page_46">p. 46</span> largas de mujer: traje vergonzoso, si no lo
-vistiera por acceder a los ruegos de su madre. ¿Qué haces, nieto de
-Eaco? No es tu oficio el de hilar lana. Busca timbres en la ocupación
-de Palas. ¿Qué, a ti los canastillos? Más bien estará en tu mano el
-escudo. ¿Por qué tienes el huso en la diestra que derribará a Héctor?
-Arroja las mazorcas del torcido estambre; blandirás tu lanza con esa
-fuerte mano. Casualmente había en la misma mansión una doncella de
-estirpe regia, que con deshonor suyo, conoció que aquel era varón. Fue
-vencida por violencia, y así debemos creerlo; pero también que ella se
-dejó vencer. Cuando Aquiles se apresuraba a marchar y había tomado ya
-las bélicas armas: Detente, le decía reiteradamente. ¿Dónde está ahora
-la fuerza? ¿Por qué detienes, Deidamía, con cariñosas palabras al autor
-de tu deshonra?</p>
-
-<p>Hay cosas de las que una mujer no puede sin rubor hablar la
-primera,<span class="pagenum" id="Page_47">p. 47</span> pero que
-admite gustosa cuando se las proponen. ¡Ah! ¡demasiado presume un joven
-de su hermosura, si aguarda que la mujer pida favores! A los hombres
-toca empezar: a los hombres toca recuestar con palabras suplicantes;
-y a ellas aceptar benignamente los dulces ruegos. Si queréis gozar,
-rogad, pues ellas desean solamente ser rogadas. Manifestadles pues lo
-que apetecéis. No desdeñaba el mismo Júpiter de dirigir súplicas a las
-antiguas heroínas, y ninguna repelió al gran Júpiter. No obstante si
-veis que a las súplicas opone orgullosa dureza, dejad lo comenzado, y
-volved atrás. Muchas se apasionan de quien las huye, y desaman a quien
-las busca. Solicitando con más tibieza, apartaréis el fastidio. No
-siempre se alcanzan goces de Venus por el declaradamente enamorado;
-a veces entra el amor cubierto con velo de amistad. Por este medio
-he visto enamorarse a mujeres insociables, y al que había<span
-class="pagenum" id="Page_48">p. 48</span> ido amigo trasformado en
-amante.</p>
-
-<p>Sienta mal al marinero la tez blanca, pues los vientos marítimos
-y los rayos del sol deben ennegrecerle. También sienta mal al
-labrador, porque siempre a la inclemencia, revuelve la tierra con la
-azada y corva reja. Y los que aspiran a arrebatar la palma en los
-juegos olímpicos serían vituperables en tener blancos los cuerpos.
-Todo amante esté descolorido, pues la palidez es color propio de
-acongojados amantes: este les viene bien, aunque imaginen que no
-importa el semblante. Pálido erraba Orión por los bosques en pos de
-la esquiva Side: pálido estaba Dafnis por la insensible náyade. La
-palidez sea índice del corazón, y no parezca despropósito tapar con
-gorro la atusada cabellera<a id="FNanchor_15" href="#Footnote_15"
-class="fnanchor">[15]</a>. Enflaquecerán a los juveniles cuerpos las
-largas vigilias,<span class="pagenum" id="Page_49">p. 49</span> la
-cavilación, y las ansias que siguen a un amor intenso. Para condoler
-a la querida andad miserables, de modo que cuantos os vean puedan
-llamaros amantes.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_15" href="#FNanchor_15" class="label">[15]</a> Entre
-los romanos llevar gorro era señal de enfermedad. Habla pues aquí
-Ovidio de las dolencias amorosas.</p>
-
-</div>
-
-<p>Sin lamentarme de ver confundidos el vicio y la virtud, de ver que
-amistad y fe no son sino palabras vacías de sentido; no puedo menos
-de decíroslo: no hay seguridad en alabar al compañero la persona que
-amáis. Creyendo las alabanzas, pensará en desbancaros. Es cierto que
-Patroclo no corrompió la amante de su caro Aquiles, y Fedra fue casta
-con Pirítoo. Pílades amaba a Hermione como Apolo a Palas, y como a
-Elena su hermano gemelo Cástor. Pero si alguno espera otro tanto,
-espere coger manzanas del tamariz, y pida miel a los ríos.</p>
-
-<p>Es natural la inclinación al mal: cada uno procura sus gustos,
-y estos son más aceptables, si vienen a costa de los demás.
-¡Oh corrupción! No es temible para un amante el enemigo,<span
-class="pagenum" id="Page_50">p. 50</span> y para estar seguro debe
-desconfiar de sus fieles amigos. Guardaos del pariente, y del hermano,
-y del caro compañero: todos estos os darán verdaderos motivos de
-recelar.</p>
-
-<p>Para concluir digo que, habiendo mil genios entre las mujeres, con
-mil medios se ha de propiciar su corazón. No produce todos los frutos
-una misma tierra: esta es buena para viñas, aquella para olivas y la
-otra para trigo. Hay tantas inclinaciones diversas como personas en
-el mundo. El prudente se acomodará a todos los caracteres. Imitará a
-Proteo, que ora se mudaba en la corriente de un río, ora en león, ora
-en árbol, ora en cerdoso jabalí. Entre los peces unos se cogen con
-fisga, otros en redes, otros en hueca nasa.</p>
-
-<p>Ni son buenos unos mismos medios para todas las edades. Una
-cierva vieja ve los lazos a mayor distancia. Si parecéis astuto
-a la inexperta, y descarado a la modesta,<span class="pagenum"
-id="Page_51">p. 51</span> al punto apocadas desconfiarán de vosotros.
-De aquí es que las que no se atreven a entregarse a un hombre
-distinguido, se abandonan a los viles abrazos de un tuno.</p>
-
-<p>He desempeñado la primera parte de la empezada obra. Echemos aquí
-las anclas para detener la nave.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch2">
- <hr class="fil0" />
- <p class="centra fs120 g1 ws1 mt15"><span class="pagenum"
- id="Page_52">p. 52</span></p>
- <h2 class="nobreak g0" title="Libro segundo">LIBRO SEGUNDO.</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<p class="ti0"><span class="big">L</span>oor a Apolo: dos veces loor
-a Apolo. La presa apetecida cayó en mis lazos. El regocijado amante
-orne mis versos con verde palma, y ensálceme sobre Hesíodo y el anciano
-Homero. Tal era el hijo de Príamo, cuando con la robada consorte
-regresaba viento en popa de la guerrera Amiclas. Tal era Pélope,
-cuando iba en carro victorioso transportando a Hipodamía en ruedas
-extranjeras. ¿Para que te aceleras, joven? Tu bajel navega aún en alta
-mar, y está lejos el anhelado puerto. No es bastante haber adquirido,
-siendo yo el consejero, el objeto de tu amor. Con mis lecciones fue
-captado: con mis lecciones se ha de conservar. Porque no se necesita
-menos sabiduría para defender lo ganado, que <span class="pagenum"
-id="Page_53">p. 53</span>para adquirirlo. En esto puede influir la
-ventura, pero aquello es obra del arte.</p>
-
-<div class="figcenter mt2">
- <img class="thick"
- src="images/i_053.jpg"
- style="width: 22em; height: auto;"
- alt="Ilustración" />
-</div>
-
-<p class="mt2">Inspiradme propicios ahora, Cupido y Citerea, si
-alguna vez me favorecisteis: inspírame ahora, Erato, tú que tienes
-nombre de amor. Grandes cosas emprendo: enseñar por que artes se ha
-de hacer estable al amor, muchacho vagabundo por el vasto universo.
-Él es liviano, tiene géminas alas para volar, y es difícil imponerles
-reglas.</p>
-
-<p>Minos había cerrado a Dédalo todos los pasos por donde podía
-escapar; mas él halló la vía arriesgada de salvarse volando. Luego
-que Dédalo hubo encerrado en el laberinto al varón semibuey,
-o al buey semivarón<a id="FNanchor_16" href="#Footnote_16"
-class="fnanchor">[16]</a>, concebido por la abominación de su madre:
-rectísimo Minos, dijo, pon término a mi destierro, y vayan mis
-cenizas a reposar en la paterna tierra. Y ya<span class="pagenum"
-id="Page_54">p. 54</span> que, agitado de los hados rigurosos, no pude
-vivir en la patria, a lo menos séame dado el morir. Concede que se
-restituya a ella mi hijo, si en mis años no me consideras a mí digno de
-esta gracia: y si no quieres concedérselo al muchacho, concédeselo al
-viejo. Estas y otras razones había dicho; mas vanamente, el inflexible
-Minos le negaba el regreso. Al punto que lo entendió, ahora, dijo,
-ahora tienes campo, oh Dédalo, para ejercitar tu ingenio. Minos es
-señor de la tierra y del mar, y ni la tierra ni el agua están francas
-para mi fuga. Resta el camino del aire; por el aire tentaré ir. Ayuda
-mi designio, alto Júpiter. No presumo sublimarme hasta los estrellados
-asientos; pero no tengo sino este camino para librarme del rey. Si
-hubiera salida por el estigio, vadearía las estigias aguas: permítaseme
-crear leyes para mi naturaleza. Los males aguzan a veces el ingenio:
-¿quién jamás hubiera creído que<span class="pagenum" id="Page_55">p.
-55</span> un hombre había de caminar por las aéreas regiones? Puso en
-orden unas alas con plumas volátiles, atando esta ligera obra con hilo,
-y sujetando su parte inferior con cera derretida al fuego: acabose el
-trabajo del nuevo artefacto. Manejaba el muchacho sonriéndose la cera
-y las plumas, ignorante de que esta invención se preparaba para sus
-hombros. En este bajel, le dijo su padre, hemos de aportar a nuestra
-patria; con este auxilio hemos de salvarnos del cautiverio de Minos.
-Este no pudo cerrarnos el aire; todo lo demás lo ha cerrado. Ya que
-podemos, rompe con mi invento los aires. Pero no has de mirar a la
-Osa, al Boyero que la acompaña, y al Orión armado con espada. Regla
-tu vuelo al mío; yo iré siempre delante. Sea tu cuidado seguirme;
-guiando yo irás seguro. Porque si nos elevamos a las etéreas esferas,
-acercándonos al sol, la cera se liquidará con el calor de sus<span
-class="pagenum" id="Page_56">p. 56</span> rayos; y si con humildes alas
-atravesamos muy inmediatos el mar, las movibles plumas se humedecerán
-con sus azuladas aguas. Toma pues un vuelo medio, y teme, hijo mío,
-los vientos: hacia donde sople el aire agita las favorables velas.
-Entretanto que le daba estos avisos, acomodaba las alas al muchacho, y
-le enseñaba a servirse de ellas: bien como la ave dirige a los endebles
-hijuelos. Atole después las alas, proporcionadas a sus hombros, y le
-entregó no sin temor al nuevo viaje. Al echar a volar besó tiernamente
-al pequeñuelo, y las paternales mejillas no contuvieron sus lágrimas.
-Había una colina menor que el monte, y más alta que la llanura: de
-allí se dieron los dos a la desgraciada huida. Movía Dédalo sus alas,
-y miraba las del hijo, sosteniendo siempre su rumbo. Pero ufano Ícaro
-de transitar por no descubierto camino, deponiendo el temor, voló
-con más osadía de la<span class="pagenum" id="Page_57">p. 57</span>
-que prestaba el arte. Violos uno que con trémula caña pescaba peces,
-y su mano paró en la ocupación. Ya habían dejado a la izquierda las
-islas de Samos, y Naxos, las de Paros y Delos, amada de Apolo; y a
-la derecha quedaban las de Lebintos, Kálimnos de sombríos bosques, y
-Astipalea ceñida de pezcosos vados; cuando el imprudente muchacho con
-harta temeridad se remontó más arriba, abandonando a su guía. Rómpense
-las ligaduras, derrítese la cera con la inmediación del sol, y ya el
-sutil viento no sostenía el movimiento de sus brazos. Atónito echó la
-vista al mar desde tanta elevación, y el horrible miedo ofreció a sus
-ojos los crepúsculos de la noche. Acabó de liquidarse la cera, y él
-batía los desnudos brazos. Estremécese, y no tiene con que sostenerse.
-Cayó, y cayendo: Padre, oh padre, me llevan, dijo, y las cerúleas aguas
-sofocaron sus voces. El infeliz padre, no padre<span class="pagenum"
-id="Page_58">p. 58</span> ya: Ícaro, clamó, ¿donde estás, Ícaro, o a
-que parte del cielo vuelas? Ícaro, clamaba; pero vio sus alas en el
-mar. La tierra hospedó sus huesos, y las aguas retuvieron su nombre.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_16" href="#FNanchor_16" class="label">[16]</a> El
-Minotauro, engendro de un toro y de Pasífae, mujer de Minos.</p>
-
-</div>
-
-<p>No pudo Minos refrenar las alas de Dédalo; y yo me aparejo a detener
-al dios que inconstantemente vuela. Aquel se engaña que recurre a la
-magia de Tesalia, y al hipomanes confeccionado con la carúncula que
-se arranca de la frente del potro recién nacido. No son poderosas de
-fijar al amor las yerbas de Medea, ni los encantos de los marsos<a
-id="FNanchor_17" href="#Footnote_17" class="fnanchor">[17]</a>
-mezclados con mágicos conjuros. Si con hechizos se pudiese conservar el
-amor, Medea hubiera poseído a Jasón; y Circe a Ulises.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_17" href="#FNanchor_17" class="label">[17]</a>
-<i>Marsos</i>, antiguos pueblos del Abruzo. Tomaron el nombre de
-Marso, hijo de Circe, y aprendieron de él a ser famosos encantadores y
-hechiceros.</p>
-
-</div>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_59">p. 59</span>En vano se dan a
-las mujeres brebajes amatorios, que causan palidez. Estas confecciones
-trastornan el espíritu, y tienen la virtud de enloquecerle. Lejos
-todo artificio: para que os amen, sed amables. No bastarán para serlo
-el semblante ni la hermosura; aunque seáis un Nireo, tan alabado por
-el antiguo Homero, o un Hilas robado por superchería de las náyades;
-para retener a vuestra amada, y no veros abandonados, a las gracias
-del cuerpo añadid las dotes del ingenio. La hermosura es deleznable
-bien: se aja con los años, y fenece limitada en su período. No
-siempre florecen las violetas y los anchos lirios<a id="FNanchor_18"
-href="#Footnote_18" class="fnanchor">[18]</a>; y los rosales que ya no
-llevan rosas, se erizan de agudas<span class="pagenum" id="Page_60">p.
-60</span> espinas. Vosotros, preciados de hermosos, pronto veréis
-canos vuestros cabellos; pronto vendrán las arrugas a surcar vuestro
-cuerpo. Perfeccionad pues el espíritu, que no se marchita, y sostendrá
-vuestra belleza. Él solo permanece hasta el lóbrego sepulcro. Sea no
-leve estudio vuestro cultivarle con las buenas letras, y aprender a
-ser elocuentes. No era hermoso, pero era facundo Ulises: y con su
-elocuencia se atraía el amor de las mismas diosas.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_18" href="#FNanchor_18" class="label">[18]</a> En
-el original elegantemente <i>hiantia lilia</i>. He traducido anchos,
-porque siendo los <i>lirios</i> las flores que más se abren, el
-adjetivo <i>abiertos</i>, común a todas, no expresaría la demasiada
-abertura de ellos.</p>
-
-</div>
-
-<p>¡Oh, cuántas veces se dolió Calipso de la celeridad de su partida!
-¡Y cuántas le detuvo diciéndole que no estaba propicio el mar para
-hacerse a la vela! De tiempo en tiempo le rogaba contase el asedio
-de Troya; y él solía referir muchas veces el mismo suceso de modo
-diferente. Un día, estando los dos en la playa, exigió la hermosa
-Calipso le contase las cruentas<span class="pagenum" id="Page_61">p.
-61</span> hazañas del capitán de los Tracios. Él, con una varita que
-por acaso tenía en la mano, dibujó la pedida historia en la arenosa
-orilla. He aquí, dijo, a Troya; y figuró sus muros en la espesa
-arena: este es el Simois, y aquí, a sus márgenes mi campamento. Aquí
-estaban las trincheras (y las pintaba) que deshicimos con muerte de
-Dolón, cuando vigilante intentó robar los caballos de Aquiles. Allá
-estaban las tiendas de Reso, rey de Tracia, a quien a oscuras cogí los
-caballos. Trazaba otras muchas figuras, cuando las improvisas olas
-borraron a Troya, y los reales de Reso con su general. Entonces la
-diosa le dijo: mira esas olas a las que te confías para irte, mira de
-cuales nombres hacen mofa en este momento.</p>
-
-<p>Así pues, confiad poco en la figura mudable. Seáis quién fuereis,
-ennobleceos con más sólido mérito. Gana principalmente las voluntades
-la fácil condescendencia: la aspereza<span class="pagenum"
-id="Page_62">p. 62</span> y los duros modales producen odio.
-Aborrecemos al gavilán, porque vive siempre de la rapacidad; y a los
-lobos, porque acostumbran ir contra el tímido rebaño. La golondrina,
-por mansa, está libre de las asechanzas del hombre; y las aves caonias
-tienen palomares donde anidar.</p>
-
-<p>Vayan pues fuera las rencillas y la maledicencia entre amantes,
-aliméntese el tierno amor con palabras de dulzura. Por las disensiones
-huyen las casadas a sus maridos, y los maridos a sus mujeres,
-persuadiéndose a que se deben siempre recíprocos tratamientos. Esto es
-bueno para los casados: las contiendas son dote del casamiento. Pero la
-amiga oiga siempre requiebros. No habéis unido lecho por disposición de
-las leyes, amor solo ejerce entre vosotros el oficio de la ley. Gastad
-pues tiernas caricias, y expresiones que halaguen sus oídos; y así
-recibiros ha siempre con alegría.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_63">p. 63</span>No me constituyo yo
-preceptor de amores para los ricos. El que diere no necesita de arte.
-Consigo lleva la ciencia quien, cuando le peta, dice: toma. Cedo:
-con su dinero será más estimado que con mis advertencias. Compongo
-estos versos para pobres, porque yo amé como pobre. Cuando no podía
-regalar dádivas, regalaba palabras. Ame el pobre con circunspección: el
-pobre tema hablar mal; sufra muchas cosas que no sufrirían los ricos.
-Acuérdome que irritado un día descompuse al dueño mío los cabellos.
-¡Ay de mí, cuán malos días me costó aquel enojo! Ni sentí, ni creo
-haber desgarrado su túnica; mas ella lo dijo, y la rescaté a mi costa.
-Vosotros los que sois prudentes, evitad defectos de vuestro maestro;
-temed los males de mi culpa.</p>
-
-<p>Guerra con los partos, y paz siempre con la dulce amiga: los juegos
-y alegría son los compañeros del amor.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_64">p. 64</span>Si no fuere con
-vosotros bastante cariñosa y afable, sufrid y tolerad: con el tiempo se
-tornará blanda. Doblegándolas con suavidad, se enderezan las encorvadas
-ramas del árbol; y se quiebran violentándolas con fuerza. Con suavidad
-se cortan las rápidas aguas de los ríos; y no pudieran vadearse,
-nadando contra la corriente. Con suavidad se doman los tigres y leones
-de Numidia: y los toros se acostumbran poco a poco a tirar de la
-rústica esteva. ¿Quién fue más intratable que la árcade Atalanta? Pues
-esta soberbia se rindió por fin a los obsequios del amante. Dicen que
-Milanión lloraba mil veces, debajo de los árboles, rigores y altiveces
-de esta muchacha. Mil veces cargaba en sus obedientes hombros sus redes
-para cazar: y mil veces clavó para ella con fiera lanza los montaraces
-jabalíes. Hiriole Hileo con arco despreciado por él, pero lo estaba
-ya por otro arco más nocivo.<span class="pagenum" id="Page_65">p.
-65</span> No os mando yo trepar armados por las selvas de Ménalo, ni
-llevar a cuestas las redes; ni os mando exponer vuestros pechos a
-saetas disparadas: los mandatos de mi arte serán llevaderos para los
-prudentes.</p>
-
-<p>Ceded a la porfiada; cediendo saldréis vencedores. Obrad del mismo
-modo que si ella os lo mandara. Reprended lo que reprenda; aprobad
-lo que apruebe; decid lo que diga, y negad lo que niegue. Reíd, si
-ríe; acordaos de llorar, si llora. Imponga leyes con su semblante. Si
-jugare a los dados, echad mal, y dadle los mejores puntos. Si jugáis
-al carnícoles, para que no la aflija la pena de perder, haced que esté
-siempre a vuestro lado la perjudicial canícula. Si jugareis al ajedrez,
-imagen del latrocinio, haced que vuestro soldado perezca por el peón
-enemigo. Llevad tendido para ella el quitasol, y haced calle entre la
-gente por donde pase. No dudéis servir de estribo para el mullido<span
-class="pagenum" id="Page_66">p. 66</span> lecho, ni de calzar a sus
-galanos pies y descalzar las sandalias. Calentad en vuestro pecho sus
-frías manos, aunque vosotros mismos tiritéis transidos. Ni graduéis
-de impropio (aunque impropio para vosotros, la complacerá) tenerla
-el espejo con voluntaria mano. Hércules, merecedor del cielo que
-antes había sostenido, exterminados los monstruos de la melancólica
-madrastra, tenía los canastillos entre las hijas de Lidia, e hilaba
-groseras lanas. El héroe de los Tirintios obedecía al arbitrio de su
-señora. Ved ahora si dudaréis de sufrir lo que él sufrió.</p>
-
-<p>Encargados de ir al foro, anticipad siempre la hora señalada, y
-volved tarde. Si os mandare demandar a alguno, posponedlo todo; corred
-para que no os detenga en el camino tropel de gente. Si retornare por
-la noche a casa después de haber asistido a los convites presentaos
-en lugar del siervo,<span class="pagenum" id="Page_67">p. 67</span>
-cuando llamare. Si estando en el campo os mandare venir, faltando
-carruaje, tomad el camino a pie, porque el amor aborrece a los
-perezosos. No os arredre el tiempo crudo, ni la sedienta canícula, ni
-el camino alfombrado con blancas nieves.</p>
-
-<p>Especie de milicia es el amor; apartaos, indolentes, pues estos
-estandartes no se han de defender por hombres cobardes. La noche y el
-invierno, las largas carreras, los duros pesares, y todo dolor está
-presente a los que combaten en estos voluptuosos reales. Muchas veces
-os cogerá la lluvia desatada de las nubes, y muchas veces dormiréis
-fríos en la desnuda tierra. Se cuenta que Apolo apacentaba las vacas
-de Admeto, y se guarecía en pajiza cabaña. ¿A quién no honrará lo
-que honró a Apolo? Desnudaos de vanidad los que aspiráis al amor
-duradero.</p>
-
-<p>Si no podéis ver a vuestra amada<span class="pagenum"
-id="Page_68">p. 68</span> por camino llano y seguro, o si estuviere
-con opuesto cerrojo cerrada la puerta, escurríos por el fragoso techo,
-o subid a hurtadillas por las altas ventanas. Se complacerá sabiendo
-que fue para vosotros causa de peligro: y esto será para ella prenda
-de amor sincero. Muchas veces podías tú, Leandro, carecer de la vista
-de tu señora, sin embargo pasabas a nado el mar, para que conociese tu
-pasión.</p>
-
-<p>No tengáis a menos haceros lugar con las siervas y siervos,
-particularmente con los primeros en el orden. Saludad a cada uno
-por su nombre, pues nada se pierde. Humillaos, vanidosos, a darles
-la mano. Pero sobre todo regalad alguna propinilla al siervo que os
-pida, pues no es grande esta impensa. Y regalad a las siervas, para
-consolarlas del castigo que las espera un día, si escondido el marido
-bajo un traje distinto, llega a sorprenderlas.<span class="pagenum"
-id="Page_69">p. 69</span> Creedme, haced de vuestro bando a esta
-gentecilla, incluyendo siempre en tal clase al portero y al que duerme
-en la antecámara.</p>
-
-<p>No os ordeno que gratifiquéis con dádivas costosas a vuestra amiga:
-dad poco, pero lo poco con oportunidad y finura. Cuando los jardines
-estuvieren tan ricos en frutas, que agobie a las ramas su peso, por
-el mozo enviadle en un canastillo regalos campestres. Podréis decir
-que es fruta de vuestra granja, aunque la hayáis comprado en la calle
-Sacra. Enviadla o uvas o castañas, que eran delicia de Amarilis, o
-también nueces, si las apetece. Conviene testificarla que está en
-vuestra memoria, regalándola un tordo atado a una guirnalda de flores.
-Infamemente se adquiere así la esperanza del testamento, y la herencia
-de la senectud sin familia. ¡Ah! ¡Perezcan los que regalan para comprar
-tal delito!</p>
-
-<p>¿Os aconsejaré por ventura que<span class="pagenum" id="Page_70">p.
-70</span> la escribáis afectuosos versos? ¡Ay de mí! los versos no son
-muy estimados. Alábanse los versos, pero más se aprecian las dádivas.
-Como sea rico, un bárbaro mismo será bien admitido. Ahora estamos
-en los verdaderos siglos de oro: con el oro se adquieren altísimos
-honores; con el oro se concilia el amor. Aunque Homero mismo volviese
-acompañado de las musas, las mujeres le echarían fuera, si nada daba.
-Hay a la verdad unas pocas mujeres sabias, y algunas ignorantes que
-quieren pasar por sabias. Alabad en versos a unas y a otras, pero en
-versos que con su armoniosa fluidez las recomienden al lector. Estas
-y aquellas acaso graduarán como don cortísimo los versos limados para
-ellas a costa de vigilias.</p>
-
-<p>Haced que vuestra amante os pida siempre lo que habíais de hacer, y
-creíais seros útil. Si habéis prometido libertad a algún siervo,<span
-class="pagenum" id="Page_71">p. 71</span> obligadle a obtenerla por la
-mediación de ella. Si remitís al esclavo el azote y el penoso calabozo,
-débaos ella a vosotros la gracia que habíais de hacer. Vuestro sea el
-provecho, y dese a la amiga el honor. Nada perdáis; pero tenga ella la
-opinión de que vale con vosotros.</p>
-
-<p>Los que aspiran a mantener la privanza de su amante, háganla
-creer que están embelesados con su hermosura. Si está vestida de
-púrpura, alabaréis los colores de Tiro. Si la veis vestida de finísima
-seda, diréis que le cae bien la tela de Cos<a id="FNanchor_19"
-href="#Footnote_19" class="fnanchor">[19]</a>. Si se adornare con
-vestido chapado de oro, diréis que está más preciosa que el oro
-mismo. Si se pone la gausapa, aprobad esta ropa<a id="FNanchor_20"
-href="#Footnote_20" class="fnanchor">[20]</a>. Si se presenta en
-túnica,<span class="pagenum" id="Page_72">p. 72</span> todo lo
-abrasas, clamad; pero rogadla tímidamente que se abrigue del frío.
-Si trajere los cabellos partidos sobre la frente, alabad la dividida
-crencha; y si los encrespare con hierro caliente, agradaos de la
-ensortijada cabellera. Admirad sus brazos cuando baile, y su voz cuando
-cante; y fingid que os disgustáis de que lo deje presto. Conveniente
-será alabarla en el mismo lecho, notando con sensual voz sus placeres y
-los vuestros.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_19" href="#FNanchor_19" class="label">[19]</a> De
-esta isla eran las telas de seda que se gastaban en Roma; eran tan
-delgadas que se transparentaba el cuerpo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_20" href="#FNanchor_20" class="label">[20]</a>
-Gausapa era una especie de paño grueso y felpudo, de que se hacían los
-vestidos de invierno.</p>
-
-</div>
-
-<p>Así, aunque sea más violenta que la atroz Medusa, se hará igual
-y mansa para su amador. Solo debéis no manifestar simulación en
-tales lances, ni desmentir con el semblante las palabras. El arte de
-disimular encubierto es ventajoso, conocido sirve de confusión; y con
-razón os quitará crédito para en adelante.</p>
-
-<p>A veces en el otoño (cuando los colmados racimos empiezan a colorear
-con el rubicundo mosto, y prometen un año abundantísimo,<span
-class="pagenum" id="Page_73">p. 73</span> y cuando alterna el frío
-con los últimos calores) reinan enfermedades por la desigualdad del
-tiempo. Conserve vuestra amiga perfecta salud por cierto; pero, si
-indispuesta se acostare, dañada por la destemplanza del aire, mostradla
-con expresivas señales vuestro amor y sentimiento. Sembrad entonces
-para coger a manos llenas después. No os fastidie la impertinente
-enfermedad, y haced por vuestra mano cuanto ella os permita. Véaos
-llorar; no tengáis hastío de sufrir sus besos: y agote vuestras
-lágrimas con su árida boca.</p>
-
-<p>Haced muchos votos por su salud, pero todos en público: contadle
-oportunamente sueños de buen agüero. Llevad a su casa alguna vieja
-que espíe el aposento y lecho, llevando a la vista azufre y huevos en
-su tembladora mano. Todo esto serale indicio lisonjero de interés en
-su salud. Por tales medios consiguieron muchos la postrimera<span
-class="pagenum" id="Page_74">p. 74</span> voluntad de sus amigas. No
-os atraigáis la aversión de la enferma por su cuidado; guardad cierta
-medida en la complaciente oficiosidad. No la impidáis comer, ni la
-presentéis el vaso con amargos medicamentos: dejad este cargo a vuestro
-rival.</p>
-
-<p>Pero pues os halláis en medio del golfo, no boguéis con el
-viento que henchía la vela cuando salisteis del puerto. En tanto
-que el amor titubea reciente, adquiere fuerzas con el uso; y se
-radica poderosamente, si le alimentan con tiempo. Aquel toro que te
-amedrenta, era novillo que solías manosear; y aquel árbol que ahora
-te recrea con sombra, fue delgada varita. Nace pobre aquel río;
-pero engruesa su caudal en el camino, recibiendo por donde pasa las
-aguas de muchos arroyuelos. Habituadla a vosotros, porque nada mejor
-que la habitud. Para llegar a ella, no rehuséis probar disgustos.
-Véaos<span class="pagenum" id="Page_75">p. 75</span> continuamente:
-óigaos continuamente: séale presente día y noche la figura de vuestro
-semblante.</p>
-
-<p>Cuando estéis seguros de que anhela por veros, id lejos entonces,
-y seréis cuidado de la ausente. Dad descanso: el campo holgado vuelve
-con usura la semilla, y la tierra árida bebe con ansia las celestes
-aguas. Filis ardía con más tibieza por Demofonte presente, y creció
-sobremanera su llama al verle darse a la vela. Ausente el sagaz Ulises
-atormentaba a Penélope: y Laodamía dirigía quejas amorosas a su ausente
-Protesilao.</p>
-
-<p>Mas la breve demora es eficaz; porque con el tiempo enlentecen los
-cuidados, y se desvanece el amor ausente, y entra otro nuevo. En la
-ausencia de Menelao, Elena se consoló de su solitud en los brazos del
-troyano su huésped. ¡Qué estupidez ha sido esta, Menelao! Tú partiste
-solo, y quedaban debajo de un mismo techo<span class="pagenum"
-id="Page_76">p. 76</span> el huésped y tu esposa. ¡Insensato! ¿Entregas
-al gavilán la guarda de las tímidas palomas? ¿Confías todo el redil al
-lobo montesino? Elena no, ni su adúltero delinque, pues hace lo que
-tú y lo que cualquiera haría. Les obligaste al adulterio, dándoles
-ocasión y tiempo. ¿Qué ha hecho Elena sino usar de tu consejo? ¿Qué
-había de hacer? Está ausente el marido y habita en su casa un huésped
-amable: temía ella dormir sola en el desocupado lecho. Júzguelo el
-mismo Menelao; yo absuelvo de crimen a Elena, pues abrazó la ocasión
-proporcionada por el imprudente marido.</p>
-
-<p>No es tan sañudo el rojo jabalí cuando, en medio de su rabia, tira
-rodando con diente fulminador a los perros que le acosan: ni la leona,
-cuando ateta a los mamantes cachorros: ni la pequeña víbora pisada por
-el incauto pie, como se enfurece una mujer sorprendiendo a la rival
-del consorte lecho: su corazón<span class="pagenum" id="Page_77">p.
-77</span> se retrata en el semblante. Se arroja al hierro y al fuego,
-y no guardando mesura, se enajena como arrebatada del furor aonio.
-Bárbaramente vengó Medea, degollando a los hijos, la infidelidad de su
-esposo, y la violación de los maritales derechos. Madre no menos cruel
-fue Progne: miradla por esto transformada en golondrina, y su pecho con
-señal de sangre. Esto deshace lo firmes y muy estrechos amores: los
-hombres cautos han de temer estos extravíos.</p>
-
-<p>No por eso os condena mi severidad a una sola mujer. ¡No lo permitan
-los dioses! Apenas las casadas pueden contenerse en tanta privación.
-Divertíos: pero celad los deslices con la precaución de un hurto.
-Ninguna gloria resulta de los defectos. No regaléis a una preseas que
-pueda saber la otra, ni tengáis a horas fijas vuestras disoluciones.
-Y para que no os sorprendan en escondrijos conocidos, no os juntéis
-siempre en unos mismos lugares.<span class="pagenum" id="Page_78">p.
-78</span> Repasad bien cuantas cartas escribiereis, pues muchas leen
-más de lo que hallan escrito.</p>
-
-<p>Venus ofendida se arma legítimamente; e hiriendo con los mismos
-dardos, hace sufrir los propios males de que ella se quejó. Mientras
-Agamenón quedó constante, casta vivió su esposa; el ejemplo solo de
-sus vicios la hizo criminal. Ya sabía ella la repulsa hecha a Crises,
-quien vino a implorar por su hija cautiva, llevando en la mano el
-laurel de Apolo, y ceñidos los cabellos con las sagradas cintas<a
-id="FNanchor_21" href="#Footnote_21" class="fnanchor">[21]</a>:
-sabía la triste suerte de esta joven sacada de Lirneso. El nombre de
-Briseida, y las vergonzosas contiendas que prolongaban la guerra habían
-llegado a sus oídos. Delante de sus mismos ojos había visto a la hija
-de Príamo, y su esposo vencedor hacerse esclavo de su misma esclava.
-Entonces fue cuando admitió a<span class="pagenum" id="Page_79">p.
-79</span> Egisto en su corazón y lecho; vengando con un crimen un
-amoroso delito.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_21" href="#FNanchor_21" class="label">[21]</a>
-Insignia del sacerdocio de Apolo. Crises, aunque sacerdote, no pudo
-obtener de Agamenón la libertad de su hija.</p>
-
-</div>
-
-<p>Si a pesar de la cautela se descubren vuestros hechos, negadlos
-tenazmente, puesto que sean manifiestos. Pero no os mostréis sumiso
-ni más cariñoso que antes, porque esta señal indicaría mucho el ánimo
-culpado. Combatidla, sí, con amoroso vigor; en ello consiste vuestra
-reconciliación; este es el primer modo como se ha de negar a Venus una
-infidelidad.</p>
-
-<p>Mandan algunos tomar ajedreas, yerbas estimulantes y nocivas: yo
-las tengo por ponzoña. Otros mezclan la pimienta con la grana de la
-picante ortiga; y el rubio pelitre triturado y disuelto en vino añejo.
-Mas la diosa que se adora en la falda sombría del elevado Érix reprueba
-el violentarse de este modo a sus deleites. Pueden tomarse el blanco
-bulbo<a id="FNanchor_22" href="#Footnote_22" class="fnanchor">[22]</a>,
-que se cría en<span class="pagenum" id="Page_80">p. 80</span> Tesalia
-o en los Pelasgos, y otras yerbas hortenses provocativas a lujuria.
-Tómense también huevos frescos, miel del Himeto, y la fruta que entre
-sus agudas hojas produce el pino. Mas ¿para que te distraes, docta
-Erato, a remedios medicinales? Déjame empujar el carro hasta la raya
-final de la carrera.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_22" href="#FNanchor_22" class="label">[22]</a>
-Especie de cebolla silvestre, que también tiene otros nombres.</p>
-
-</div>
-
-<p>Los que por mi consejo encubríais poco ha las infidelidades, torced
-ahora el camino, y por mi consejo descubrid vuestros hurtos. No se
-culpe mi vario opinar, pues no siempre el curvo bajel transporta los
-pasajeros con un mismo viento. Unas veces navega con el norte, otras
-con el levante; a veces hinche la vela el poniente, a veces el viento
-sur. Mirad como el cochero ya afloja desde el carro las riendas, ya
-las tira para sujetar sus caballos. Hay algunas a quienes hace mal
-el consecuente querer, y no teniendo ningún obstáculo entibia su
-amor. Con la prosperidad se inflan regularmente<span class="pagenum"
-id="Page_81">p. 81</span> los ánimos; y no es fácil moderarlos en
-la libre fruición de los gustos. Como el ligero fuego, que habiendo
-perdido poco a poco su fuerza, se esconde debajo de blancas cenizas,
-y recobra empero sus extinguidas llamas, si se le aplica el azufre,
-echando el mismo resplandor que antes: así cuando el corazón entorpece
-perezoso en ocio y tranquilidad, se ha de avivar el amor con
-penetrantes estímulos. Haced que recele de vosotros, recalentad el
-frío espíritu de la querida: demude su semblante el indicio de vuestro
-delito. ¡Oh mil y mil veces dichoso aquel de quien lamenta agravios la
-amiga! Aquella a cuyos ignorantes oídos habiendo llegado una vez la
-deslealtad, se desmaya, y pierde cuitada color y habla. Sea yo aquel,
-por quien despedace furiosa los cabellos; por quien rasgue sus tiernas
-mejillas aquel a quien vea lagrimosa: aquel a quien mire con torvos
-ojos: aquel sin<span class="pagenum" id="Page_82">p. 82</span> quien
-no pueda vivir, deseando poder.</p>
-
-<p>Si preguntáis cuanto tiempo se ha de quejar la injuriada, sea breve,
-porque no crezca el enojo con la lenta tardanza. Ceñid luego con los
-brazos su cándido cuello; estrechad en vuestro pecho a la llorosa:
-besad a la llorosa: conceded los deleites de Venus a la llorosa.
-Hará la paz: de este único modo se desarma la ira. Cuando más se
-encrudeciere, cuando parezca irreconciliable enemiga, en su lecho se
-concluirá el tratado, allí se amansará. Allí, depuestos los dardos,
-habita la concordia: en aquel lugar, creedme, nació la benevolencia.
-Juntan sus picos las palomas que antes se pelearon, y sus arrullos
-figuran palabras y requiebros.</p>
-
-<p>En el principio de las cosas era el mundo mole informe y
-desordenada: astros, mar y tierra tenían una faz. El cielo se sobrepuso
-luego a la tierra, fue rodeado del mar el<span class="pagenum"
-id="Page_83">p. 83</span> globo terrestre, y se separaron las partes
-del informe caos. Los bosques sirvieron de albergue a las fieras, el
-aire a las aves, y los peces habitaron debajo de las líquidas aguas.
-Entonces el género humano erraba por los solitarios campos, grosero
-y robusto, sin vislumbre de genio. Su casa era la selva, su comida
-las yerbas, y su cama el follaje de los árboles: y en mucho tiempo no
-se conocieron los hombres entre sí. El dulce deleite domesticó sus
-ánimos feroces: formaron sociedad el hombre y la mujer. No aprendieron
-de maestro lo que habían de hacer, pero Venus consumó sin arte la
-agradable obra. La ave tiene a quien amar. El pez halla en el centro
-de las aguas la hembra con quien parte sus placeres. El ciervo busca
-a su igual; la serpiente se une con la serpiente. Adultera el perro
-trabado con la perra. La oveja engendra contenta; la becerra corre en
-pos del toro: y le gusta a la cabrilla el olor<span class="pagenum"
-id="Page_84">p. 84</span> del hediondo macho. Agitadas furiosamente
-las yeguas siguen a los caballos, apartados por ríos y lugares
-distantes.</p>
-
-<p>Dad pues a la airada el remedio señalado, el solo que pueda aliviar
-su acerbo dolor; este remedio más eficaz que los jugos de Macaón<a
-id="FNanchor_23" href="#Footnote_23" class="fnanchor">[23]</a>, cura el
-dolor, con aquello mismo que lo ha causado.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_23" href="#FNanchor_23" class="label">[23]</a>
-Célebre médico en la guerra de Troya.</p>
-
-</div>
-
-<p>Mientras yo cantaba, se me apareció repentinamente Apolo, pulsando
-con sus dedos las cuerdas de la lira de oro. Traía laurel en las
-manos, y laurel ornaba su sagrada cabellera. Dejose ver, y me habló
-con voz fatídica. Preceptor de lascivos amores, dijo, conduce tus
-discípulos a mi templo. En él se lee una inscripción celebrada por
-la fama en el extenso orbe, la cual ordena que cada uno se conozca a
-sí mismo. Quien se conociere a sí será el único<span class="pagenum"
-id="Page_85">p. 85</span> que ame con acierto, pues medirá sus fuerzas
-con la dificultad de la obra. Aquel a quien naturaleza dio hermosura,
-sea considerado por ella: el que es blanco, recuéstese siempre con los
-hombros desnudos. El de gracioso hablar rompa el taciturno silencio.
-El que canta sonoramente, cante; y el buen bebedor, beba. Pero ni
-los elocuentes declamen en la conversación, ni los extravagantes
-poetas reciten sus versos. Esto me amonestó Apolo: obedeced a las
-amonestaciones de Apolo, cuya sacra boca dicta oráculos.</p>
-
-<p>Lo vuelvo a repetir otra vez: quien ame con cordura, vencerá,
-y sacará de mi arte lo que se propone. Mas no siempre los surcos
-pagan la siembra con usura, ni siempre impele a la dudosa nao el
-viento favorable. Son pocos los bienes y muchos los pesares de los
-amantes. Propónganse el sufrirlos con constancia. Hay en amor tantos
-dolores como liebres en el monte Atos, como<span class="pagenum"
-id="Page_86">p. 86</span> abejas liban las flores en el Hibla, como
-bayas tiene el verdoso árbol de Palas, y como conchas la ribera del
-mar. Los tiros de Cupido están empapados en mucha hiel.</p>
-
-<p>Os dirán que la querida está fuera, y acaso la habréis visto en
-casa; pensad sin embargo que está fuera, y que los ojos os engañaron.
-Os cerrarán la puerta para la noche concertada: toleradlo, y tended
-el cuerpo en el duro suelo. Acaso la embustera sierva dirá con faz
-insolente: ¿a qué ronda este nuestra puerta? Adulad humildes a los
-cerrojos y a la descarada moza, y poned en la puerta las rosas que
-engalanen vuestra cabeza. Entrad cuando será su gusto: retiraos cuando
-no quiera recibiros. Desdice de un hombre decente incomodar a nadie.
-No es esto de despreciar, para que no os lo advierta la amiga: no
-tenemos a toda hora la razón en la mano. Mas no juzguéis indecoroso
-sufrir dicterios y golpes de la querida, ni bajarse a besar sus tiernos
-pies.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_87">p. 87</span>¿Por qué me detengo
-en pequeñeces, cuando me urgen cosas mayores? Grandes cosas he de
-decir: parad todos las mientes. Ardua empresa arrostramos, trabajo
-difícil pide aquí mi arte; pero nada es la virtud sin las dificultades.
-Sufrid con paciente ánimo la presencia de un rival, y estará con
-vosotros la victoria; vencedores, iréis con Júpiter al Capitolio.
-Sí, las encinas proféticas de Dodona son las que os hablan ahora,
-y no un mortal: nada más insuperable que esto contiene mi arte. Si
-le hace señas, sufrid: si le escribe, no abráis las cartas: venga
-ella de donde quiera, y vaya adonde le acomode. Sufren muy bien esto
-los maridos de sus legítimas mujeres, cerrando los ojos en fingido
-sueño. No estoy yo, lo confieso, hábil en este arte: yo mismo soy
-inferior a mis preceptos. ¿Por ventura hará otro delante de mí señas
-a mi muchacha? ¿Y lo sufriré? ¿Y no me he de enfurecer? Acuérdome que
-el<span class="pagenum" id="Page_88">p. 88</span> marido la besó en
-mi presencia, y me quejé de tales besos; de esta barbaridad abunda
-nuestro amor. Esta imprudencia me perjudicó más de una vez. Más hábil
-es sin duda el marido que se compone fácilmente con los galanes de su
-mujer. Lo mejor es ignorarlo todo. Dejad que queden escondidos los
-hurtos amorosos, a lo menos para que un fingido pudor asome al rendido
-rostro. Guardaos, oh jóvenes, de sorprender a vuestras amigas; y haced
-como si os contentaseis con sus razones. Crece el afecto en los amantes
-sorprendidos: siendo igual la suerte de los dos, uno y otro persisten
-con más firmeza en la causa de su error.</p>
-
-<p>Refiérese una fabula notoria a todo el cielo<a id="FNanchor_24"
-href="#Footnote_24" class="fnanchor">[24]</a>: la de Marte y
-Venus, atrapados en la red por astucia de Vulcano. El padre Marte,
-perdidamente<span class="pagenum" id="Page_89">p. 89</span> enamorado
-de Venus, de guerrero terrible se convirtió en amador. Ni Venus
-(porque no hay diosa alguna más tierna) se mostró áspera y cruel con
-el suplicante Marte. ¡Ah! ¡Cuántas veces esta lasciva se burló de los
-pies de su marido, y de sus manos, hechas callosas con el fuego y el
-martillo! Para divertir a Marte remedaba a Vulcano, acompañando a la
-belleza con mucha gracia. Al principio solían celar mucho su amoroso
-comercio, y el delito los tenía llenos de verecundo pudor. En fin
-por delación del sol (porque ¿quién será capaz de engañar al sol?)
-vinieron a noticia de Vulcano los hechos de su esposa. ¿Por qué, oh
-sol, manifiestas ejemplo tan peligroso? Pide dádivas a la diosa, pues
-tiene con que contentarte, si contienes la lengua. Tendió Vulcano por
-encima y al rededor del lecho redes sutiles, que no percibía la vista.
-Fingió irse a Lemnos; vienen a su lecho los<span class="pagenum"
-id="Page_90">p. 90</span> amantes, y uno y otro se acuestan desnudos
-y envueltos en los lazos. Convoca aquel a los dioses; y los cogidos
-les sirvieron de espectáculo. Dicen que Venus contuvo apenas las
-lágrimas. No pudieron cubrir su cara, ni aun oponer las manos a las
-partes obscenas. Alguno de los dioses riendo de ellos, dijo: si te son
-ponderosas, fortísimo Marte, traslada a mí tus cadenas. Apenas las
-súplicas de Neptuno soltaron a los prisioneros cuerpos. Marte se retiró
-a Tracia, y ella a Pafos. Esto has aprovechado, Vulcano, que hagan sin
-recato lo que antes encubrían: pues todo pudor se ha perdido. Confiesas
-muchas veces, loco, que lo hiciste neciamente, y que has tenido que
-arrepentirte de tu cólera.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_24" href="#FNanchor_24" class="label">[24]</a> A
-todos los dioses, que la mitología coloca en el cielo.</p>
-
-</div>
-
-<p>Esto os vedo: veda la sorprendida Dione usar de las asechanzas
-en que ella misma cayó. No arméis lazos a vuestro rival, ni
-interceptéis sus cartas para saber sus secretos. Intercéptenlas,<span
-class="pagenum" id="Page_91">p. 91</span> si juzgaren que deben
-interceptarse, los varones que legitima maridos<a id="FNanchor_25"
-href="#Footnote_25" class="fnanchor">[25]</a> el agua y el fuego.
-Otra vez lo afirmo: nada hay en mis versos de contrario a la leyes,
-y la decencia ha de ser respetada en nuestros juegos. ¿Qué atrevido
-divulgó a profanos los misterios de Ceres, y los venerables sacrificios
-hallados en Samotracia? Pequeña virtud es la de guardar silencio en
-las cosas, y al contrario es grave la culpa de revelar lo digno de
-callarse. ¡Oh cuán justamente es castigado el locuaz Tántalo entre
-aguas y frutas, esforzándose en vano a gustarlas!</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_25" href="#FNanchor_25" class="label">[25]</a>
-El agua y el fuego eran materia del rito matrimonial por sus
-significaciones emblemáticas.</p>
-
-</div>
-
-<p>Citerea manda principalmente callar sus obras: yo aconsejo
-que ningún hablador asista a ellas. Si no se ocultan en cestas<a
-id="FNanchor_26" href="#Footnote_26" class="fnanchor">[26]</a> los
-misterios<span class="pagenum" id="Page_92">p. 92</span> de Venus,
-ni sonando el desconcierto ruidoso de broncíneas trompas; si, para
-celebrarlos, se abren a todos sus templos, sean a lo menos entre
-nosotros escondidos. La misma Venus, cuantas veces se despoja de
-sus vestiduras, resguarda retirada hacia atrás su desnudez con la
-izquierda mano. A cada paso se parean los animales delante de todos, y
-las mujeres apartan regularmente los ojos. A los amorosos latrocinios
-convienen aposentos y puerta; quedando la pudorosa parte velada con las
-ropas caídas. Y si no buscamos tinieblas, busquemos alguna opacidad
-como de nube, o menos claridad que la luz patente. En el tiempo en que
-los techos no guarecían a los hombres del sol y de la lluvia, sino que
-las encinas les suministraban albergue y alimento, tomaban el deleite
-no a cielo descubierto, sino en los bosques y grutas. ¡Tanto curaba del
-pudor aquella tosca gente!</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_26" href="#FNanchor_26" class="label">[26]</a> En
-cestas se ocultaban los misterios de Ceres y Baco, y con estrépito de
-trompetas y otros instrumentos musicales.</p>
-
-</div>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_93">p. 93</span>Mas hoy se divulgan
-todos los nocturnos amoríos, y nada se aprecia tanto como el pasatiempo
-de hablarlos. De cualquiera mujer que encontréis, aquella fue mía
-también, diréis: no faltarán otras que podáis señalar con el dedo,
-diciendo sobre cada una cuentos vergonzosos. Pero de poco me quejo:
-algunos mienten lo que siendo verdad negarían, y ninguno hay que no se
-jacte de haber logrado los últimos favores. Ya que no pueden manosear
-los cuerpos, manosean los nombres, y sin haberlas tocado, denigran
-a las mujeres. Anda ahora, enfadoso portero, y ciérralas con cien
-fuertes llaves. ¿Qué hay seguro contra el maldiciente, que con su
-lengua fabrica adulterios, pretendiendo crédito en lo que no sucedió?
-Nosotros empero seamos discretos en nuestros amores verdaderos, y
-ocultemos con inviolable secreto los misteriosos robos. Sobre todo no
-echéis<span class="pagenum" id="Page_94">p. 94</span> en cara a las
-mujeres defectos que a muchas es útil disimular. Perseo no habló a
-Andrómeda de su moreno cutis, Perseo que en ambos pies calzaba nobles
-alas. Andrómaca parecía a todos desmesuradamente larga, y solo Héctor
-decía que era mediana. Acostumbraos a lo que sufrís mal, y se os hará
-sufrible. El amor naciente repara en todo, pero el tiempo dulcifica
-las cosas. Una rama tierna que brota del verde tronco cae al menor
-viento que la sacuda; más robustecida con el tiempo resiste el soplo
-de aquilón, y enriquece al árbol con flores y frutas. El tiempo mismo
-atenúa las faltas corporales, y lo que fue tacha no parece tal con la
-continuada vista. Las narices al principio repugnan el olor de los
-bueyes; habituadas con el tiempo lo aguantan sin molestia.</p>
-
-<p>Paliad sus faltas con el modo de expresarlas. Llamad fusca a la
-que es más negra que pez de Iliria. Si es bizca, comparadla a Venus:
-si<span class="pagenum" id="Page_95">p. 95</span> es roja, a Minerva.
-Sean de talle delgado las que por su magrez carecen de frescura. Llamad
-ágil a la pequeña, y a la obesa alabadla de buenas carnes. En fin
-desfigúrense las imperfecciones con nombre de cualidades buenas que se
-les acercan. Ni preguntéis cuántos años cumplen, ni bajo qué consulado
-nacieron; oficio propio del rígido censor.</p>
-
-<p>Tened especialmente estas consideraciones con las que no están en
-la flor de su edad, con las que pasaron sus mejores años, en cuya
-cabellera empiezan a blanquear las canas. Útil es, oh jóvenes, esta más
-provecta edad. Este campo se ha de sembrar; este fructificará mieses.
-Endurad fatigas mientras os asisten juventud y vigor; porque ya vendrá
-con silenciosos pasos la encorvada vejez. Surcad el mar con los remos,
-o la tierra con la esteva; o aumentad belígeras manos a las matadoras
-armas; o dad vuestras<span class="pagenum" id="Page_96">p. 96</span>
-fuerzas al obsequio y acompañamiento de las mujeres; porque esto es
-también una milicia; esto os enriquecerá también.</p>
-
-<p>Añádese que las provectas son más peritas en las labores de amor:
-tienen experiencia, la sola que hace maestros. Reparan con sus atavíos
-el detrimento de la juventud, y ponen su esmero en borrar las huellas
-de los años. Se presentan a Venus en mil actitudes, y en más que el
-pincel no inventaría. Con ellas se gusta deleites más suaves, y el
-varón y la hembra llevan por igual el premio. Aborrezco el trato en que
-el interés no es recíproco; aquel en que uno solo disfruta el placer.
-Aborrezco a la que se presta solo porque es necesario prestarse, e
-insensible piensa entonces a su rueca. No me es de satisfacción lo
-que se da por oficio, y sin inclinación de la contribuyente. Me place
-oír en sus voces indicios de su<span class="pagenum" id="Page_97">p.
-97</span> contento, cuando ruega me pare en el juego sin dejarlo; y
-enajenada y con caídos ojos desfallece, y queda en la desgana de la
-saciedad.</p>
-
-<p>No concede naturaleza estos placeres al primer fervor de la
-juventud, ni vienen cuando más pronto hasta después de los siete
-lustros. Los que se dan prisa, beban vino mosto; a mí me sabe bien
-el vino de mis abuelos en vasija reservada desde los prístinos
-cónsules. Ni el plátano, si no es viejo, puede impedir los rayos del
-sol, y los pies se hieren en las praderías cuando empiezan a retoñar.
-¿Preferiríais acaso Hermione a Elena? ¿Y será mejor Gorge que su madre
-Altea? En resolución los que queráis gozar de la Venus tardía, sacaréis
-dignas recompensas, siendo perseverantes.</p>
-
-<p>He aquí el lecho que recibe confidente a dos amantes. Defiende,
-musa, las cerradas puertas del tálamo: sin ti hablaran espontáneamente
-afectuosísimas cosas. Ni la<span class="pagenum" id="Page_98">p.
-98</span> siniestra mano estará inerte, pues los dedos hallarán
-industria en aquellas partes en que calladamente clavó sus flechas
-el amor. Holgose así con Andrómaca el corajoso Héctor, tan útil en
-las troyanas guerras. Holgose así con la cautiva Briseida el grande
-Aquiles, cuando cansado de la pelea tornaba al reposo del mullido
-lecho. Permitías, Briseida, ser tocada de aquellas manos siempre
-repletas de muertes frigias. ¿O era lo que te deleitaba, lasciva, el
-que llegasen a tus carnes las vencedoras manos?</p>
-
-<p>Creedme, no se ha de apresurar el placer de Venus, sino saborearlo
-pausadamente con moroso vagar. Cuando halléis partes en cuyo contacto
-goza la mujer, no obste el pudor para que las toquéis. Brillarán sus
-ojos con trémulo resplandor, como regularmente reluce el sol en las
-cristalinas aguas. Vendrán las quejas, vendrá el dulce murmullo, y los
-gratos suspiros, y las<span class="pagenum" id="Page_99">p. 99</span>
-expresiones convenientes a la amorosa lucha. Pero no apuréis en esto su
-ardorosa fuerza, ni la dejéis antecederos en la carrera. Corred juntos
-al término: entonces es lleno el deleite cuando yacen rendidos a la par
-los dos agentes. Observad este precepto cuando estéis en libre ocio,
-y el temor no apremie la furtiva diversión. Mas cuando urge el tiempo,
-es fuerza bogar con todos los remos, y apretar las espuelas al caballo
-desbocado.</p>
-
-<p>Finalizó mi obra. Dame la palma, alegre juventud, y enlaza en mis
-perfumados cabellos guirnaldas de mirto. Tan buen amador soy yo,
-como Podalirio fue perito en el arte médica, como valiente Aquiles,
-prudente Néstor, como Calcas fue hábil presagiador de las víctimas,
-como guerrero Áyax, como Automedonte director de la cuadriga. Celebrad,
-hombres, a vuestro poeta; cantad mis alabanzas, y suene mi nombre por
-todo el orbe. Os he<span class="pagenum" id="Page_100">p. 100</span>
-dado armas, como Vulcano dio a Aquiles: venced como él venció con los
-preceptos dados. Pero cualquiera que con mi espada domeñare a las
-soberbias amazonas, escriba en sus trofeos, Ovidio fue mi maestro.</p>
-
-<p>He aquí a las graciosas muchachas que me piden también reglas de
-amar. Vosotros seréis el objeto de mis cuidados en siguiente libro.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch3">
- <hr class="fil0" />
- <p class="centra fs120 g1 ws1 mt15"><span class="pagenum"
- id="Page_101">p. 101</span></p>
- <h2 class="nobreak g0" title="Libro tercero">LIBRO TERCERO.</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<p class="ti0"><span class="big">A</span>rmas di a los griegos
-contra las amazonas; armas me sobran para darte a ti, Pentesilea<a
-id="FNanchor_27" href="#Footnote_27" class="fnanchor">[27]</a>, y a tus
-tropas. Id al combate iguales: venzan los que protegiere alma Dione
-y el muchacho alado. No era justo guerrear sin armas con armados; y
-hubiera sido para vosotros, varones, sin gloria el triunfo.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_27" href="#FNanchor_27" class="label">[27]</a>
-Pentesilea, reina de las amazonas.</p>
-
-</div>
-
-<p>Dirame alguno, ¿para qué añades ponzoña a la serpiente, y entregas
-el aprisco a la hambrienta loba? No confundáis a todas en la malicia
-de algunas, y mirad a cada una por sus buenas cualidades. Si el
-menor atrida tuvo por que culpar a Elena, y el mayor atrida a su
-hermana Clitemnestra: si, por traición de<span class="pagenum"
-id="Page_102">p. 102</span> Erifile, descendió en caballos vivos
-Anfiarao vivo al Averno; Penélope ha sido fiel al marido dos lustros
-que hizo la guerra, y otros tantos que peregrinó países. Ved a Laodamía
-acompañar a su marido, y fallecer tempranamente. Alceste redimió el
-hado de Admeto, sufriendo por su esposo la funeral ventura. Recíbeme,
-Capaneo, mezclaremos nuestras cenizas, dijo Evadne, y se arrojó en la
-hoguera. La virtud misma toma el vestido y nombre de mujer, y no es
-de extrañar que favorezca a su sexo. Mas no necesitan de mi arte las
-virtuosas: solo las menos buenas se embarcan en mi esquife. Allí nada
-se aprende sino lascivos amores: enseñaré pues a las mujeres el arte de
-amar.</p>
-
-<p>La mujer ni enciende la llama, ni dispara los crueles arcos.
-Raramente veo dañar sus tiros a los hombres. Los hombres regularmente
-engañan; no las tiernas mujeres regularmente: y si se averigua,
-las<span class="pagenum" id="Page_103">p. 103</span> amancillan pocos
-crímenes de perfidia. El falaz Jasón repudió a Medea, hecha ya madre; y
-en otras nupcias estrechó en su seno a Creúsa. ¡Cuánto no amedrentaron
-las aves marinas a Ariadna, abandonada por ti, Teseo, en la inhóspita
-ribera! Inquirid por qué Filis hizo nueve veces un viaje; y oíd que
-lloraron a Filis las selvas despojadas de sus galas. Renombre tiene de
-piadoso, tu huésped Eneas, pero te dio la causa y la espada, Dido, para
-tu muerte. ¿Diré, mujeres, lo que os pierde? El no saber amar. Os falta
-el arte, y con el arte se encadena el amor.</p>
-
-<p>Aun ahora lo ignoraríais, pero Citerea me ordenó enseñároslo.
-Apareciéndoseme puesta en pie: ¿En qué pecaron, me dijo, las infelices
-mujeres? Has entregado la grey inerme a los varones armados. Dos libros
-tuyos adiestraron a estos; instruye pues la otra parte con tu doctrina.
-Estesícoro, que antes con versos contumeliosos difamara a<span
-class="pagenum" id="Page_104">p. 104</span> Elena, cantó después sus
-alabanzas con más próspera lira. Si mal no te conozco, no desairarás a
-todas las mujeres. Este beneficio imploran de tu agudeza. Dijo: y del
-mirto que ceñía sus cabellos me dio una hoja y algunas bayas.</p>
-
-<p>Sentí en mi cuerpo un fuego divino, el aire resplandeció más puro, y
-en mi mente cesaron las dificultades.</p>
-
-<p>Mientras alumbra mi ingenio, escuchad mis preceptos, jóvenes,
-vosotras a quienes no coartan las leyes, el pudor ni las prerrogativas.
-Acordaos desde ahora de la venidera senectud, y así ningún momento
-pasaréis en balde. Mientras es dado, ya que ahora devoráis los
-juveniles años, holgaos; pues los años corren como el agua deleznable.
-Ni las corrientes que pasan retroceden; ni las horas que pasan pueden
-volver. Gozad de la edad, pues se desliza la edad con veloces pies: ni
-es tan buena la que sigue como<span class="pagenum" id="Page_105">p.
-105</span> fue buena la primera. Yo vi en su verdor a estos arbolillos,
-que ya se secan: tejí coronas con rosas de estos rosales, ya solo
-erizados de espinas. Tiempo será en que vosotras, que ahora despreciáis
-los amantes, dormiréis viejas frías en solitaria noche. No golpearán a
-vuestra puerta con nocturna bulla, ni por la mañana hallaréis colgados
-en los umbrales ramilletes de rosas. ¡Cuán presto, ay de mí, se afea
-la cara con arrugas, y perece la tez en las tersas mejillas! Esas
-canas que juráis tener desde la infancia, blanquearán bien presto toda
-vuestra cabeza. Con la tenue piel desnudan su vejez las serpientes, y
-descargando sus cuernos no se hacen viejos los ciervos. Nuestros días
-huyen sin remedio: coged las flores, que a no ser cogidas, tristemente
-se caerán. Añadid que los partos abrevian el espacio de la juventud:
-envejece el campo con las continuas cosechas.</p>
-
-<p>No fue ruboroso para ti, Luna<span class="pagenum" id="Page_106">p.
-106</span>, adormecer a Endimión; ni la rosada aurora se corrió de amar
-a Céfalo. Aunque Venus se apasionase de Adonis, al que llora todavía,
-¿de quién proceden su Eneas y Hermione? Bellezas mortales, pisad las
-huellas de las diosas; no neguéis placeres a los apasionados hombres.
-Puesto que os engañen, ¿qué perdéis? Todo os queda. Aunque tomen
-mil favores, de allí nada se menoscaba. Consúmese el hierro, y los
-pedernales se desgastan con el uso: pero subsiste, y no hay miedo de
-que se aniquile aquella parte. ¿Quién se opondría a dejar tomar luz de
-otra luz, o quién economizaría las vastas aguas del abismoso mar? Decís
-no convenir que la mujer tenga tratos con hombres; mas respondedme ¿qué
-es sino echar agua de abundante fuente? No os prostituye mi voz, pero
-os prohíbe temer vanos daños, en que no os inducen vuestros favores.</p>
-
-<p>Navegaré con recio viento, pues<span class="pagenum"
-id="Page_107">p. 107</span> mientras estoy en el puerto, blando céfiro
-sopla. Empiezo por la compostura: abunda el vino en las viñas bien
-cultivadas, y solo el cultivo produce fecundas mieses. La hermosura
-es don del cielo; pero ¿quiénes y cuántas descuellan en hermosura? La
-mayor parte de vosotras carece de esta joya. La tez se hermosea con el
-cuidado: la tez descuidada se deteriora, aunque sea semejante a la de
-Idalia. Si las mujeres antiguas no se aderezaron así, ni los antiguos
-tuvieron hombres así adornados. Si Andrómaca vestía ropas burdas, ¿de
-qué nos maravillamos? Era mujer de un soldado feroz. ¿Acaso la mujer
-de Áyax se engalanaría para parecer bien a aquel, cuyo escudo era
-reforzado con siete cueros de buey?</p>
-
-<p>Antiguamente reinaba entre nosotros una grosera simplicidad; mas ya
-la dorada Roma posee las exorbitantes riquezas del orbe conquistado.
-Mirad lo que fue, y lo que<span class="pagenum" id="Page_108">p.
-108</span> es ahora el Capitolio; diríais que parece consagrado a
-otro Júpiter. La curia, que ahora es digna del augusto congreso, se
-atechaba con paja, reinando Tacio. El refulgente Palatino, asiento
-ahora de Apolo y de los Césares, ¿qué era sino pastos para los bueyes
-de labranza? Alaben otros la antigüedad: yo finalmente me congratulo de
-haber nacido ahora, pues esta edad es conforme a mi genio: no porque
-ahora se saca de las entrañas de la tierra el codiciado oro, ni porque
-vienen las perlas cogidas en diversas costas: no porque se allanan los
-montes extrayendo mármol, ni porque se enfrena con diques el salobre
-mar; sino porque reina la cultura, ni permaneciendo en nuestro siglo,
-la rudeza de nuestros antepasados.</p>
-
-<p>No carguéis las orejas con las costosas pedrerías que el macilento
-indio envía de sus remotas costas: no os presentéis orgullosas
-con vestiduras recamadas de oro, con cuyo<span class="pagenum"
-id="Page_109">p. 109</span> brillo pensáis atraernos, y más bien nos
-ahuyentáis. El aseo nos cautiva: no traigáis en desorden el cabello,
-porque la buena figura la dan y la quitan las manos que lo componen.
-No es uno solo el género de tocado: escoged el que os convenga,
-consultando antes el espejo. A las de cara larga les prueba la crencha
-partida sin ornato: así se peinaba Laodamía. Las de cara redonda
-quieren el pelo atado en un rizo pequeño encima de la frente, enseñando
-las orejas. Algunas dejan flotar sus cabellos por los hombros, al
-modo del dios de las artes, cuando tañe la lira. Otras los añudan
-detrás de la cerviz, dejándolos tendidos, imitando a la ágil Diana,
-cuando a su costumbre persigue las espantadas fieras. Cuadra a muchas
-llevar el pelo inflado flojamente: y a otras les agracia apretadamente
-atado. A algunas les sienta bien el peinado en figura de tortuga; y a
-otras llevar un rizado undulante a semejanza de<span class="pagenum"
-id="Page_110">p. 110</span> las olas. Pero así como son innumerables
-las bellotas de las copudas encinas, las abejas del Hibla y las fieras
-de los Alpes, así no podré yo reducir a número los diferentes peinados,
-porque cada día aumentan las modas.</p>
-
-<p>Agracia a muchas el cabello descompuesto: al verlas pensaremos
-que se peinaron ayer, y acaban de tocarse. Parezca el arte efecto
-del acaso: así, en Ecalia conquistada, se mostró Íole a Hércules,
-quien dijo al verla: ¡Oh amada mujer! Así pareciste, Ariadna, a los
-ojos de Baco, cuando te llevó en su carro en medio de los gritantes
-sátiros.</p>
-
-<p>¡O cuán indulgente es para vosotras la naturaleza! ¡Cuántos medios
-os deja para disimular los daños que padece vuestra hermosura! El
-hombre no puede encubrirlos: sus cabellos arrebatados por los años caen
-como las hojas sacudidas por el aquilón. La mujer tiñe los suyos<span
-class="pagenum" id="Page_111">p. 111</span> con hierbas de Germania,
-que les dan un más bello color; o no repara en adornar su cabeza con
-otros, comprados públicamente: la vemos ajustarlos en presencia de
-Hércules y del coro de las musas<a id="FNanchor_28" href="#Footnote_28"
-class="fnanchor">[28]</a>.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_28" href="#FNanchor_28" class="label">[28]</a> Eran
-plazas con estos nombres.</p>
-
-</div>
-
-<p>¿Y qué diré del vestido? No hablo de las ropas franjeadas, ni de las
-dos veces teñidas con tiria púrpura. Pues que hay tantos colores de
-menor coste, ¿qué furor es el de echarse a cuestas toda la hacienda?
-He allí el color del cielo cuando está exento de nubes, y el templado
-austro no concita las aguas llovedizas. He allí el leonado color del
-carnero que libró a Frixo e Íole del cuchillo de Ino. El que imita
-al mar, y tiene nombre de verdemar, es el color que yo diría amado
-de las nereidas. Otro hay parecido al de la<span class="pagenum"
-id="Page_112">p. 112</span> húmeda aurora, cuando unce los lucientes
-caballos. Otros figuran el mirto de Pafos, la violada amatista, las
-albas rosas, la grulla traciana. Ni falta para ti, Amarilis, el color
-de castaña, ni el de almendra; y hasta la cera da su color a los
-vellones. No matizan a los campos tantas flores, cuando en la apacible
-primavera la vid se cubre de vástagos y muere el perezoso invierno,
-cuantos colores recibe la tejida lana. Escoged el que os cuadre, porque
-no todos son propios para todas las mujeres. El negro conviene a las
-de nevado cutis; a Hipodamía le estaba bien el negro, y negro vestía
-cuando fue robada; el blanco cae bien a las morenas: el blanco era tu
-adorno, hija de Cefeo, y de blanco andabas vestida cuando morabas en
-Serifos.</p>
-
-<p>No exhalen los sobacos olor chotuno, ni las piernas estén
-ásperas con el duro vello. Pero no dirijo<span class="pagenum"
-id="Page_113">p. 113</span> preceptos a mujeres del peñascoso
-Cáucaso, ni a las que beben las aguas del Caico<a id="FNanchor_29"
-href="#Footnote_29" class="fnanchor">[29]</a>. ¿Os advertiré que
-no ennegrezcan por desidia los dientes, y que de mañana lavéis la
-cara con agua? Sabéis buscar la blancura en el barniz de la cera, y
-arrebolar con afeites lo que naturaleza no arrebola. Alcoholáis los
-desnudos confines de las cejas, y emplastáis con delicadas membranas
-las descarnadas mejillas. No tenéis rubor de marcar los ojos con ceniza
-sutil, o con azafrán traído de Cilicia. Tengo escrito un libro, pequeño
-volumen, pero grande en sustancia, el cual contiene medicamentos para
-vuestra hermosura. En él hallarán refugio las de figura desfavorecida;
-porque no es indolente en vuestras cosas mi ingenio.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_29" href="#FNanchor_29" class="label">[29]</a>
-Esto es, a mujeres sin civilización ni limpieza, como las de países
-salvajes.</p>
-
-</div>
-
-<p>Con todo eso, no hallen los amantes encima de la mesa expuestos
-los<span class="pagenum" id="Page_114">p. 114</span> botes de
-ungüento: ayude a la hermosura el arte simulado. ¿A quién no repugnará
-un rostro embadurnado de adobos, que fluyen disueltos hasta el caliente
-seno? Aunque venido de Atenas, ¿a quién no ofenderá el olor del jugo
-oleoso de la grasienta lana? Delante de gente no os sirváis de las
-médulas de cierva ni delante de gente frotéis los dientes. Todo esto
-os hermoseará, pero sería desagradable el verlo. Muchas cosas hay
-feas cuando se hacen, y gratas después de hechas. Las estatuas ahora
-célebres del laborioso Mirón fueron en algún tiempo informe y pesada
-masa. Para hacer una sortija, primero se bate el oro: y los vestidos
-que lleváis, fueron sucia lana. Cuando se esculpía era bruta piedra, y
-ahora es excelente figura Venus en desnudez exprimiendo el agua de los
-mojados cabellos.</p>
-
-<p>Hacednos creer que estáis durmiendo el tiempo que tardéis
-en adobaros; con más ventaja os mirarán<span class="pagenum"
-id="Page_115">p. 115</span> enteramente tocadas. ¿Para qué he de saber
-yo de donde proviene la blancura de vuestra tez? Cerrad la puerta
-del tocador, ¿a qué manifestar todo el mal vistoso material? Importa
-que los hombres ignoren muchas cosas; y la mayor parte de ellas les
-chocará, si no las guardáis con cuidado. Las figuras sobredoradas que
-adornan el teatro, veréis que son madera cubierta de una tenue lata
-de oro; pero no se exponen a la vista del pueblo, sino cuando están
-compuestas: tampoco la hermosura se ha de afeitar sino a escondidas de
-los hombres.</p>
-
-<p>No prohíbo que delante de gente dejéis peinar vuestros cabellos,
-ni que ondeen esparcidos por las espaldas. No seáis entonces
-descontentadizas, ni manoseéis muchas veces la desatada madeja.
-No maltratéis a la camarera: me enoja ver arañar con las uñas su
-cara, y picar con la aguja su brazo. Ella peina maldiciendo<span
-class="pagenum" id="Page_116">p. 116</span> la cabeza de su señora, y
-juntamente llora sangrienta sobre su detestable cabellera.</p>
-
-<p>La que sea mal crinada, ponga centinela a la puerta, o aderécese
-siempre en el templo de la buena diosa. Dijeron a cierta señora que
-entraba yo repentinamente, y perturbada se puso al revés la cabellera.
-Acontezca a nuestros enemigos la causa de tan fea vergüenza, y recaiga
-tal corrimiento en las nueras de los partos. Una res descornada parece
-deforme: deforme el campo sin verdura, y el árbol sin frondosidad, y la
-cabeza sin cabello. No vinisteis vosotras, Sémele y Leda, a ser por mí
-enseñadas; ni tú, Europa, que vadeaste el mar en el lomo del fingido
-toro: ni tú, Elena, a quien con razón reclamaba Menelao, y a quien
-con razón retenía el robador troyano. Venga a ser enseñada la turba
-de mujeres hermosas y feas, aunque las feas son en más número que las
-hermosas. Tampoco el auxilio de<span class="pagenum" id="Page_117">p.
-117</span> mi arte y preceptos cumple tanto a las hermosas, pues la
-hermosura sin arte es poderosa para suplir la dote. Cuando el mar es
-bonancible, el piloto descansa en seguridad, cuando está embravecido,
-recurre a su ciencia.</p>
-
-<p>Es raro el semblante en que no se advierten tachas. Encubrid las
-tachas y los defectos del cuerpo, según podáis. Si sois de breve
-estatura, sentaos, para que no parezcáis sentadas estando en pie: y
-para que echadas no parezcáis poquita cosa, ocultad los pies con la
-ropa: y así no podrán tomaros medida. Las demasiadamente flacas usen
-vestimentas de telas gruesas, y caiga ancho el vestido desde los
-hombros. Las pálidas retoquen su cara con colorete; las más morenas
-acudan por remedio al estiércol de cocodrilo. Los mal formados pies
-disimúlense siempre con calzado blanco, y las piernas enjutas no se
-ciñan con ligaduras: la giba se disimula con almohadillas,<span
-class="pagenum" id="Page_118">p. 118</span> y el pecho hundido con la
-corbata.</p>
-
-<p>Gesticulad poco cuando habléis las que tenéis gordos los dedos y las
-uñas desiguales. Las que exhalan mal olor en el aliento, nunca hablen
-en ayunas, y siempre distantes de la cara de los hombres. Si tenéis
-los dientes negros o grandes, o mal colocados, riendo a carcajadas
-grandísimos perjuicios cogeréis.</p>
-
-<p>¿Quién lo creería? También aprenden a reírse las mujeres. Hasta en
-esta gracia buscan su embellecimiento. Abrid pues módicamente la boca,
-haced pequeños hoyos en las dos mejillas, y el labio inferior cubra
-los dientes de arriba. No oprimáis los ijares con destempladas risas,
-y suene en ellas un suave y femenil no sé qué. Las hay que tuercen la
-boca con un descompasado reír: otras riendo alegres parece que lloran.
-Algunas hacen un bronco sonido y un estridor desapacible, como rebuzna
-la lerda pollina atada a la escabrosa tahona.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_119">p. 119</span>¿Hasta dónde no
-alcanza el arte? Aprenden también a llorar graciosamente. Lloran
-cuando quieren y como quieren. ¿Y qué diré de las que no pronuncian
-ciertas letras necesarias, y constriñen la lengua a tartamudear algunas
-palabras? Cifran la gracia en el vicio de articular mal, y hablan menos
-bien para hablar con mayor garbo. Aplicaos pues a estas arterías, que
-os son provechosas.</p>
-
-<p>Aprended a llevar el cuerpo con paso femenil: en el andar hay una
-parte de agrado no despreciable, y que atrae o ahuyenta a los hombres
-desconocidos. Unas mueven blandamente los costados, dejando flotar sus
-ropas a discreción del viento, y tendiendo los pies con aire brioso.
-Otras andan como las bermejas mujeres de Umbría, dando desmedidos pasos
-con las piernas abiertas. Pero en esto guardad medio, como en otras
-cosas: porque la una manera de andar es tosca, y la otra demasiado
-muelle.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_120">p. 120</span>Llevad desnuda la
-parte inferior de los hombros, y superior del morcillo del brazo, que
-se ha de ver por el lado izquierdo. Esto conviene especialmente a las
-de nevada blancura. Cuando yo veo esto, me siento incitado a besar el
-hermoso hombro que se descubre.</p>
-
-<p>Monstruos del mar eran las sirenas, las cuales con canora voz
-detenían irresistiblemente las naves veleras. Oídas por Ulises, pudo
-apenas permanecer ligado al mástil, y a sus compañeros les tapó
-con cera las orejas. Dulcísima cosa es la melodía: aprended pues a
-cantar, porque la sonora voz excusa para muchas el incentivo de la
-hermosura. Repetid ya las composiciones oídas en los marmóreos teatros,
-ya las cantilenas acompañadas con tonos egipcios<a id="FNanchor_30"
-href="#Footnote_30" class="fnanchor">[30]</a>. Ni por mi Consejo
-ignore la mujer culta tañer la lira con la<span class="pagenum"
-id="Page_121">p. 121</span> diestra, y la cítara con la siniestra
-mano. Orfeo con el son de su lira movió en el Ródope las fieras y
-peñascos, el tartáreo lago, y el trifauce cerbero. Y tú Anfión,
-justísimo vengador de tu madre, edificaste los tebanos muros con
-las consonancias de tu canto. Suspendieron a los mudos peces los
-acordados acentos de la lira de Arión. Aprended también a revolver con
-ambas manos la festiva nabla<a id="FNanchor_31" href="#Footnote_31"
-class="fnanchor">[31]</a>, pues conviene a los placenteros juegos.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_30" href="#FNanchor_30" class="label">[30]</a> Eran
-canciones desenvueltas y provocativas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_31" href="#FNanchor_31" class="label">[31]</a>
-Instrumento músico de cuerdas a manera de salterio.</p>
-
-</div>
-
-<p>Leed las poesías de Calímaco y de Filetas, y del vinoso viejo de
-Teos<a id="FNanchor_32" href="#Footnote_32" class="fnanchor">[32]</a>.
-Leed a Safo; ¿qué mujer más lasciva que ella? No olvidéis al lépido
-Terencio; ni los versos del tierno Propercio, ni los de Galo y
-Tibulo. Ande en vuestras manos<span class="pagenum" id="Page_122">p.
-122</span> el poema sobre la conquista del famoso vellón, en el que
-deplora Varrón la suerte de Frixo y su hermana. Leed al prófugo Eneas,
-origen de la soberbia Roma: la más excelsa obra de las musas latinas.
-Acaso algún día se mezclará entre estos mi nombre, y mis escritos
-no serán abismados en las aguas del Leteo. Y dirá alguno, leed los
-numerosos versos de nuestro maestro, con los cuales instruyó en artes
-eróticas a hombres y a mujeres. De sus tres libros elegid el que mejor
-explique los amores, y los más fluidos y dulces versos. O cantad con
-modulado acento sus Heroidas, género que él inventó y los demás
-desconocieron. ¡Quiéraslo así, Apolo: queraislo así, númenes tutelares
-de los poetas, Baco de insignes cuernos, y las nueve musas!</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_32" href="#FNanchor_32" class="label">[32]</a>
-Porque Anacreonte era natural de Teos, ciudad de la Jonia.</p>
-
-</div>
-
-<p>¿Dudárase de que han de saber bailar las mujeres, para lucir
-su agilidad en los vinolentos convites? Se aman las escénicas
-pantomimas<span class="pagenum" id="Page_123">p. 123</span> del
-histrión; y solo aquella movilidad se tiene por decoro.</p>
-
-<p>No omitamos cosas menos importantes. Sepa la mujer echar los dados,
-y conocer la fuerza de las jugadas. Y ya lleve tres suertes, ya piense
-cautelosa el peligro que la amenaza, y cuántos puntos le faltan para
-ganar. Juegue con destreza las guerras del ajedrez, particularmente
-cuando una pieza es acometida por dos enemigas. El rey pelea separado
-de la reina; y el contrario repite muchas veces el camino. Aprenda el
-juego de damas, que es un tablero cubierto de ligeros peones, y del
-cual ninguno se quita sino el que se come al adversario. Hay otro juego
-reducido a otras tantas bolas, como meses tiene el fugitivo año. Cada
-uno pone en el tablero tres piedrecitas, y para ganar se han de colocar
-todas en fila. En fin hay mil juegos: que el ignorarlos sería demérito
-en la mujer, porque muchas veces jugando nace el amor.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_124">p. 124</span>Pero es menor
-cualidad el saber jugar expeditamente que la de conducirse en el
-juego con juicio correspondiente a las buenas costumbres. Cuando el
-espíritu no está sobre sí, sino preocupado con un mismo estudio, como
-sucede jugando, los interiores se descubren manifiestamente. Aparece
-la ira, pasión terrible, y la codicia de la ganancia; las disputas,
-las querellas, y el solícito sentimiento. Se dicen improperios: el
-aire retumba con los gritos; y cada uno invoca para sí a los dioses
-airados. Nada se espera en el juego si no se implora con votos: he
-visto yo muchas veces correr de rabia lágrimas por las mejillas de los
-jugadores. Preserve Júpiter de tan abominable vicio a las que viven con
-el cuidado de propiciar los hombres.</p>
-
-<p>Débil naturaleza asigna estos juegos a las mujeres, mientras
-los hombres se recrean con más nobles ejercicios. Tienen el de la
-ligera<span class="pagenum" id="Page_125">p. 125</span> pelota, el del
-dardo, y el del disco, el de la esgrima, y el de obligar a los caballos
-a correr en giros: las faenas del Campo Marcio, las de la frigidísima
-fuente virgen, y las del nadar en el Tíber de sosegadas corrientes.</p>
-
-<p>Conviene y aprovecha a las mujeres solazarse a la sombra del pórtico
-de Pompeyo, cuando el signo de la virgen lanza sobre nosotros el
-fuego del estío. Visitad el Palatino, consagrado al laureado Apolo:
-el que sumergió en el hondo mar las naves egipcias<a id="FNanchor_33"
-href="#Footnote_33" class="fnanchor">[33]</a>. Paseaos en los pórticos
-construidos por Octavia y Livia, hermana y mujer de César; y en el
-de Agripa, su yerno, cuya cabeza ciñó la honorífica corona naval
-en testimonio de valor. Visitad las aras donde se queman inciensos
-en loor de Isis, vaca de Menfis. Visitad los tres teatros de aquel
-lugar insigne en monumentos.<span class="pagenum" id="Page_126">p.
-126</span> Presenciad las luchas de los gladiadores, cuya sangre mancha
-la arena, y los juegos circenses, donde la hervorosa rueda volteará en
-derredor de la meta.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_33" href="#FNanchor_33" class="label">[33]</a> Otra
-alusión a la batalla de Accio.</p>
-
-</div>
-
-<p>Lo oculto no se conoce, ni se desea lo desconocido. Es sin fruto la
-hermosura que carece de testigos. Vosotras, aunque aventajéis en el
-canto a Tamiris y Amebeo, no granjearéis aplauso teniendo en retiro
-la lira. Si Apeles no hubiera pintado a Venus, aún la esconderían
-sumergida las aguas del mar. ¿Qué ambicionan los divinos poetas sino
-la celebridad? Este deseo lleva a la cima sus trabajos. En otro
-tiempo eran los poetas delicia de los dioses y de los reyes; y los
-antiguos cantos premiados con grandes galardones. Santo respeto y
-nombre venerable tenían entonces los vates, y muchas veces se les
-prodigaban riquezas. Ennio, nacido en los montes de Calabria, mereció
-ser sepultado en tu sepulcro,<span class="pagenum" id="Page_127">p.
-127</span> grande Escipión. Mas hoy la yedra que corona a los poetas
-vegeta sin honor: y las arduas y afanosas vigilias de las doctas musas
-tienen nombre de ociosidad. Pero a la fama se sube por vigilias: ¿quién
-conociera a Homero, si estuviese oculta la Ilíada, inmortal poema?
-¿Quién conocería a Dánae, si hubiera estado siempre en prisión, y se
-hubiese escondido vieja en la torre?</p>
-
-<p>Os convienen, mujeres hermosas, las concurrencias. Vagad a menudo
-con suelto pie fuera de vuestros umbrales. El lobo acecha muchas ovejas
-para depredar una; y el águila se precipita en la banda de aves. Así
-salga al mundo a ser vista la mujer hermosa, pues entre muchos por
-ventura habrá alguno a quien atraiga.</p>
-
-<p>Hállese en parajes de concurso con el conato de agradar, y ostente
-con todo esmero su belleza. La casualidad rueda en todas partes,<span
-class="pagenum" id="Page_128">p. 128</span> llevad siempre echado
-el anzuelo; caerá el pez en el agua en que menos se piense. Muchas
-veces los perros buscan inútilmente caza en los montañosos bosques,
-y el ciervo da en las redes sin ser perseguido. ¿Cómo podría esperar
-Andrómeda enamorada ser sus lágrimas eficaces para insinuarse en
-Perseo? Tal vez en los funerales del marido se encuentra otro marido:
-todo consiste en la gracia de ir desmelenadas y anegadas en llanto.</p>
-
-<p>Evitad a los hombres ocupados solo en su hermosura y atavío, y a los
-que ordenan artificiosamente sus cabellos. Son voltarios; su amor no se
-fija en ninguna, y os dicen a vosotras lo que dijeron a mil mujeres.
-Qué hará la mujer, siendo hombres más livianos que ella. Apenas me
-creeréis, pero creedme: que aún no se hubiera arruinado Troya, si
-hubiera atendido a los consejos de su Príamo. Hay hombres que estafan
-con la apariencia<span class="pagenum" id="Page_129">p. 129</span> de
-falso amor, y por los medios tales consiguen vuestra deshonra. No os
-deslumbre la cabellera empapada en olorosas esencias, ni la angosta
-faja formada en pliegues. No os seduzca la toga de finísima tela, ni el
-ver en los dedos anillos y más anillos. Por ventura el más compuesto de
-estos es un ladrón, y arde en deseo de vuestras ropas. Vuélveme lo mío,
-vocean con frecuencia las mujeres robadas, vuélveme lo mío, resonando
-con sus gritos todo el foro. Venus desde el reluciente dorado templo,
-ve indolente estas pendencias, y los lupanares de las calles Apias<a
-id="FNanchor_34" href="#Footnote_34" class="fnanchor">[34]</a>.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_34" href="#FNanchor_34" class="label">[34]</a> En
-estas calles vivía la chusma plebeya y meretricia de Roma.</p>
-
-</div>
-
-<p>Otros hay cuyos nombres, marcados en la opinión, señalan las
-maldades de esos amantes embusteros. Escarmentadas con los duelos
-ajenos, aprended a evitar la misma suerte, cerrando la puerta a
-semejantes<span class="pagenum" id="Page_130">p. 130</span> bribones.
-Oh hijas de Cécrope, no creáis a los juramentos de Teseo, porque
-hará después de haber jurado lo que hizo antes. Ni a ti, Demofonte,
-heredero de la perfidia de Teseo, te ha quedado fe alguna desde que
-engañaste a Filis. Si prometen mucho, prometedles con otras tantas
-palabras: si dieren, dadles vosotras también los placeres contratados.
-La que, recibida la dádiva, niega las prometidas noches, es capaz de
-extinguir el fuego eterno de Vesta, profanar los sacrificios de Isis, y
-emponzoñar al hombre con cicuta triturada mezclada con acónito. Pero mi
-fantasía vuela muy lejos: tira, musa mía, las riendas, no abandones el
-carro a la impetuosidad de su carrera.</p>
-
-<p>Tentará el vado el amante con cartas, que ha de recibir la
-confidencial sirvienta. Examinadlas; y por su contenido colegiréis si
-fingen, o si ruegan con solícitas veras. Responded con breve demora;
-la demora<span class="pagenum" id="Page_131">p. 131</span> estimula
-siempre a los amantes, como sea de corto espacio. Pero no os prometáis
-fácil al joven que ruega; ni tampoco deneguéis con obstinada boca su
-petición. Haced que tema y espere juntamente; y que a cada repulsa que
-le haréis vea más cierta la esperanza, y menor el temor.</p>
-
-<p>Escribid, mujeres, en términos puros y usados, aunque ambiguos:
-el estilo llano es el que conviene. ¡Cuántas veces inflamó al amante
-irresoluto un billete bien escrito, y perjudicó a las beldades el
-lenguaje bárbaro! Y puesto que, sin afectar maneras de gazmoña, ponéis
-vuestro cuidado en engañar a los maridos, no confiéis vuestras cartas
-sino a manos de una sierva fiel o de un muchachito: guardaos de dar
-vuestro recado a un joven bisoño. Vi yo mujeres consternadas sufrir por
-este miedo una esclavitud miserable toda la vida. Pérfido ciertamente
-es aquel que guarda tales<span class="pagenum" id="Page_132">p.
-132</span> prendas, para servirse de ellas como de un rayo del Etna.
-En mi entender es lícito repeler el fraude con el fraude, y el derecho
-permite tomar las armas contra los armados. Acostumbrad pues vuestra
-mano a formar letras de muchos caracteres. ¡Ah, perezcan aquellos por
-cuya causa doy este consejo! Ni se ha de escribir sobre el mismo papel,
-afín de que no se vean en él letras de dos puños. Escribid al amante
-como a una mujer, y firmad siempre las cartas con su nombre.</p>
-
-<p>Conviene empero trasladar el pensamiento de pequeñas a mayores
-cosas, y desplegar toda la vela en anchurosa ensenada; digo pues que
-las hermosas han de reprimir las violentas pasiones. A los hombres
-conviene la candorosa paz, a las bestias la rabiosa furia. El semblante
-se hincha con la ira; las venas negrean con la sangre; los ojos
-arden en más impetuoso fuego que los de Gorgona. Anda lejos de<span
-class="pagenum" id="Page_133">p. 133</span> aquí, flauta, que no te
-aprecio en tanto, dijo Palas, cuando vio en los cristales del río sus
-infladas mejillas. Si las mujeres se mirasen también al espejo en medio
-de la ira, apenas conocería ninguna su semblante.</p>
-
-<p>No menor perjuicio hace a vuestra cara el orgullo. Solo el halagüeño
-aspecto convida al amor. Son aborrecibles (creed a la experiencia) los
-fastuosos modales. Por lo regular un semblante callado siembra odio.
-Mirad al que os mire: reíd dulcemente al que os ría. Si os hacen señas,
-volved también las aceptas señas. Luego que se ensaya así, empieza el
-vendado rapaz a sacar de su aljaba los dardos agudos, dejando los
-embotados.</p>
-
-<p>Las adustas son también aborrecibles. Ame Áyax a Tecmesa, pero con
-nosotros, gente de buen humor, solo se insinúan las hembras alegres.
-Nunca te rogaría yo, Andrómaca, ni a ti, Tecmesa, que fueseis amiga mía
-ni<span class="pagenum" id="Page_134">p. 134</span> una ni otra. Si la
-prole no me obligara, me persuadiría apenas que os hubieseis ayuntado
-con vuestros maridos. ¿La tristísima mujer diría a Áyax: <i>corazón
-mío</i>, u otras ternezas que suelen lisonjear a los hombres?</p>
-
-<p>¿Quién me impedirá citar, en menores asuntos, ejemplos de cosas
-grandes? Un buen general da el mando de un batallón al uno, al otro
-el de un escuadrón, y confía de otro la guarda de las banderas. Del
-mismo modo habéis de mirar vosotros también cuál de nosotros es útil,
-y emplear a cada uno según su disposición. El rico alargue dones; el
-jurisconsulto desembrolle los negocios; el elocuente defienda la causa
-de la que litigue. Nosotros los que componemos versos ofreceremos
-solamente versos. Los de este gremio somos los que antes de todos
-merecemos vuestro amor.<span class="pagenum" id="Page_135">p.
-135</span> Hacemos célebres en todas partes las beldades que
-obsequiamos. Némesis tiene nombradía; Cintia es famosa; el oriente y
-occidente conocen a Licoris; y muchos con curiosidad preguntan quién
-es mi Corina. Demás de que en los sublimes vates no caben insidias;
-y nuestra arte acomoda a sí nuestras costumbres. Ni la ambición nos
-incita, ni nos contagia la sed de atesorar: despreciando el foro,
-cultivamos el lecho y la sombra<a id="FNanchor_35" href="#Footnote_35"
-class="fnanchor">[35]</a>. Pero nos prendamos fácilmente, y ardemos
-con llama durable, y sabemos amar con fe demasiado segura. Ciertamente
-sazonamos el ingenio con la plácida arte; y al estudio van conformes
-las costumbres. Sed propicias, mujeres, a los aonios poetas, pues
-dentro de ellos se halla la divinidad, y las musas los protegen.
-Está dios en nosotros, y comerciamos con el<span class="pagenum"
-id="Page_136">p. 136</span> cielo; nuestro ingenio nos viene de las
-etéreas regiones. Es pues maldad exigir nada de los sabios poetas; mas,
-¡ay de mí!, ninguna mujer teme esta maldad.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_35" href="#FNanchor_35" class="label">[35]</a>
-Expresión poética que denota las comodidades de la vida privada.</p>
-
-</div>
-
-<p>Disimulad empero; no os mostréis a deshora interesadas; porque
-el nuevo amante se retira viendo la trampa. El escudero no maneja
-con bridas iguales al potro que poco ha siente el freno, que al ya
-adiestrado caballo. Ni se ha de seguir una misma senda para captar
-a los de edad ya sentada, que a la lozana juventud. El inexperto
-aprendiz, venido por primera vez a los estandartes del amor, presa
-nueva que arribó a vuestro tálamo, conozcaos a sola vos, y esté siempre
-a vuestro único lado. Esta mies se ha de cercar con altos setos. Huid
-de tener rival: reinaréis mientras poseáis solas. El cetro y el amor
-quedan poco tiempo en poder de dos compañeros.</p>
-
-<p>El veterano en esta milicia amará<span class="pagenum"
-id="Page_137">p. 137</span> poco a poco y con prudencia, y sufrirá
-muchas cosas intolerables para el bisoño. No romperá la puerta,
-ni la incendiará colérico, ni lastimará con las uñas las tiernas
-mejillas de su señora, ni rasgará la ropa de ella, ni la ropa suya;
-ni arrancando sus cabellos la dará motivo de llorar. Estas cosas son
-propias de mancebos en la efervescencia de la edad y del amor. Los
-otros soportarán los graves sentimientos sin desmandarse: los otros
-se abrasarán con fuego lento, como la húmeda tea, como el árbol poco
-ha cortado que permanece en la montaña. Este amador es más firme: más
-inconstante y fecundo el otro. Coged con presta mano una fruta que se
-conserva poco. Franqueadle todo: abrid las puertas al enemigo, y poned
-fe en su misma fidelidad.</p>
-
-<p>Alimenta mal un largo amor lo que se da fácilmente. Mezclad alguna
-rara repulsa con los deleitosos<span class="pagenum" id="Page_138">p.
-138</span> juegos. Tenedle a la puerta: quéjese allí de vuestro rigor,
-diciendo humilde muchas cosas, y muchas amenazando. Fastidiados de los
-dulces manjares despertemos el apetito con agrios jugos. Naufraga a
-veces el bajel oprimido con excesiva calma. He aquí lo que impide a
-las casadas ser amadas, es que los maridos se juntan a su albedrío con
-ellas. Si les cerraran la puerta, y el portero les dijese broncamente:
-no se puede entrar; la exclusión renovaría también en ellos el amor.</p>
-
-<p>Poned ya los cuchillos botos, y pelead con otros más agudos aunque
-yo deba ser herido con mis propias saetas. Que el nuevo amante, caído
-en vuestros lazos, se crea solo señor de vuestro cariño; mas luego
-después haced que teme un rival, y sospeche partida la posesión del
-lecho. Si no usáis de estas estratagemas, envejecerá su amor. Corre
-mejor el vigoroso caballo, cuando, abierta la barrera, tiene<span
-class="pagenum" id="Page_139">p. 139</span> caballos que preceder y
-que seguir. Por apagado que esté el fuego, le reanima la injuria. Aquí
-estoy yo (lo confieso) que no amo sino con este aguijón. Sin embargo no
-sea muy manifiesta la causa de sus penas, y quede a su inquietud algo
-que imaginar y temer de más de lo que sabe.</p>
-
-<p>Excitadle con la fingida vigilancia del mentido siervo, y con el
-cuidado en extremo molesto del riguroso marido. Es de menos quilates el
-deleite que se goza sin obstáculo. Aunque estéis en más libertad que
-la cortesana Tais, aparentad sobresaltos. Aun cuando sea más fácil por
-la puerta, admitidle por la ventana fingiendo en el semblante muestras
-de temor. La astuta sierva échese fuera diciendo, somos perdidas:
-vosotras meted en algún escondrijo al asustado galán. Disfrute empero
-sin sobresalto a Venus, temiendo no le parezcan demasiado penosas unas
-noches sin cesar inquietadas.</p>
-
-<p>Pasaba por alto el modo de engañar<span class="pagenum"
-id="Page_140">p. 140</span> al marido celoso, y la vigilancia de su
-custodia. La mujer tema al marido: sea escrupulosa la guarda de la
-casada. Así conviene: así lo prescriben las leyes, y la justicia y
-el pudor. Pero ¿quién sufrirá que también seáis guardadas vosotras,
-a quienes la pretórica varilla acaba de redimir<a id="FNanchor_36"
-href="#Footnote_36" class="fnanchor">[36]</a>? Para engañar, venid
-a mi escuela. Aunque os observen tantos ojos como tenía Argos, los
-burlaréis, queriendo de veras. ¿Os impedirá el celador escribir, en el
-tiempo que toméis para bañaros? ¿Os impedirá dar a la confidente las
-cartas amatorias, y que esta las lleve ocultas con la ancha corbata en
-el templado seno, o atadas en las ligas, o finalmente en la suela de
-los zapatos? Si esto precave el guardador, la espalda de la tercera
-suplirá la carta, escribiendo allí concisamente<span class="pagenum"
-id="Page_141">p. 141</span> cuanto ocurra. También se forma letras con
-leche fresca, las cuales no se pueden leer sino echando en ellas polvos
-de carbón. Tampoco podrán leerse las que se hagan con la caña de lino
-verde, y el papel en blanco contendrá ocultos los caracteres.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_36" href="#FNanchor_36" class="label">[36]</a> Las
-esclavas declaradas libres por el pretor, cuya declaración se hacía
-dándoles el lictor con la vara en la cabeza.</p>
-
-</div>
-
-<p>Nada omitió Acrisio para guardar a Dánae, y ella sin embargo con
-su delito le hizo abuelo. ¿Qué hará un celador, cuando hay tantos
-teatros en la ciudad? ¿Cuando vaya de buena gana al espectáculo de los
-uncidos caballos? ¿Cuando asista afanosa al concierto de los sistros
-en el templo de Isis? ¿Cuando vaya adonde está prohibido ir al que la
-acompaña? ¿Cuando se libre de la vista de su centinela en el templo
-de la buena diosa, cuya entrada está prohibida a los hombres, excepto
-a los que ella manda entrar? ¿Cuando el custodio esté fuera guardando
-los vestidos de su señora, y los seguros baños encubran los<span
-class="pagenum" id="Page_142">p. 142</span> furtivos varones? ¿Cuando
-cuantas veces sea necesario se finja enferma, y quede en cama todo el
-tiempo que quiera? ¿Cuando una llave adúltera enseñe con su nombre lo
-que se haya de hacer, y con sola una puerta franquee las entradas que
-se desean? ¿Cuando burle los cuidados de su guardián, emborrachándole
-con mucho vino, o con el selecto que se cría en la montuosa España? ¿No
-hay también drogas que causan soporoso sueño, cargando sobre los ojos
-la oscuridad del Leteo? ¿No podrá la confidente divertir al enojoso
-con lentos deleites, para que la otra se divierta entretanto a todo
-vagar?</p>
-
-<p>¿Pero por qué me canso en rodeos y pequeños consejos, cuando el
-celador puede comprarse con un cortísimo regalo? Creedme, las dádivas
-atraen a los hombres, y a los dioses. El mismo Júpiter se aplaca con
-ofrendas. ¿Qué hará el sabio, si el insensato se alegra también con
-los<span class="pagenum" id="Page_143">p. 143</span> dones? El marido
-mismo enmudecerá, recibiendo dádivas. Pero al celador se le ha de ganar
-una vez para siempre, porque prestará siempre las manos que una vez
-haya prestado.</p>
-
-<p>Acuérdome: me he quejado de que se han de temer los compañeros; y
-esta queja no habla solo con los hombres. Si fuereis confiadas, otras
-arrebatarán vuestros deleites, y levantaréis la liebre para otras. La
-que os presta generosa su lecho y habitación, ha estado conmigo no una
-vez sola. Ni os sirváis de sierva hermosa en demasía, pues regularmente
-estas alternaron conmigo en la suerte de su señora.</p>
-
-<p>¿Adonde me lleva mi furor? ¿Por qué con pecho descubierto me
-arrojo sobre el enemigo, y con mi delación me vendo a mí mismo? No
-muestran las aves al cazador los medios de ser cogidas: ni enseña la
-sierva a correr a los dañinos perros. Pero no importa, dictaré<span
-class="pagenum" id="Page_144">p. 144</span> fielmente mis preceptos.
-Daré contra mí mismo los cuchillos de Belona.</p>
-
-<p>Haced que nos creamos amados: es fácil, porque la fe del deseoso
-le inclina en consentir en sus deseos. Mirad con más amabilidad al
-joven, suspirad íntimamente, y preguntadle por qué ha tardado tanto.
-Sobrevengan las lágrimas, y la simulada aflicción de que ama a otra;
-y lastimad con las uñas su semblante. Al punto quedará persuadido, se
-sentirá enternecerse, y dirá, esta muere de amor por mí. Especialmente
-si es lindo, y satisfecho de sí por el espejo, creerá que puede
-interesar a las diosas.</p>
-
-<div class="section">
-
- <p>Cualesquiera que seáis, tolerad con moderación las ofensas del
- amante. No perdáis el seso, cuando oyereis que tenéis competidoras.
- No creáis de ligero: cuanto daña creer de ligero os lo dirá el no
- leve ejemplo de Procris.</p>
-
-</div>
-
-<p>En la deliciosa falda del florido Himeto hay una risueña fuente,
-y<span class="pagenum" id="Page_145">p. 145</span> su margen es blanda
-alfombra de verde césped. La selva no encumbrada forma un bosque, y los
-arbustos cubren con sombra la yerba: huelen el romero, y el laurel y el
-negro mirto. Ni faltan allí los bosques de espesas hojas, el quebradizo
-tamariz, el delgado cítiso, y el copado pino. La varia frondosidad
-de tan diferentes árboles y la cima de las yerbas se mueven mecidas
-por el blando soplo del céfiro, y por la frescura saludable. Sitio de
-reposo grato a Céfalo: aquí era donde dejados su gente y los perros,
-este joven se recostaba muchas veces a descansar. Solía también cantar:
-ven, fácil Aura, a templar mis ardores, te recibiré en mi seno. Alguno
-perniciosamente oficioso, trasladó con memoriosa lengua los oídos
-acentos a las tímidas orejas de su esposa. Luego que Procris percibió
-el nombre de Aura como el de una combleza, cayó desmayada, y enmudeció
-con el súbito<span class="pagenum" id="Page_146">p. 146</span> dolor.
-Se puso pálida, como las tardías hojas de la vid, después de cogidos
-los racimos, al primer frío del otoño: como se descoloran los maduros
-membrillos, encorvando sus ramas, y como las cerezas silvestres aún no
-sazonadas para comerse. Cuando volvió en sí, rasgó las finas vestiduras
-de su cuerpo, y maltrató con las uñas sus inocentes mejillas. Sin
-tardanza voló por medio de los campos desmelenada y frenética cual
-bacante concitada con el tirso. Al acercarse dejó en el valle la
-comitiva, y animosa penetró a escondidas en el bosque, con callados
-pasos. ¿Dónde estaba tu razón, Procris, para esconderte así con poca
-cordura? ¿Cuál era la inquietud de tu enamorado pecho? Sin duda
-pensarás que muy pronto ha de venir Aura, cualquiera que sea, y que
-has de ser testigo de tu misma infamia. Ya te arrepientes de haber
-venido, porque no quisieras sorprenderlos:<span class="pagenum"
-id="Page_147">p. 147</span> ya te alegras: el amor trastorna incierto
-tu pecho. Lugar, nombre y acusador abonan tus celos, y el que ama cree
-siempre lo que teme. Cuando vio en la oprimida yerba, vestigios de una
-persona, su pecho palpitaba trémulo con los latidos del corazón. Ya el
-día en su mitad menguaba las leves sombras, y la mañana y la noche se
-hallaban a igual distancia, cuando se retira de las selvas el hijo del
-Cilenio, viniendo a refrescar su caluroso rostro en las fontanas aguas.
-Estaba escondida la congojosa Procris: él se reclinó en la acostumbrada
-yerba, y dijo: Céfiro, y tú, Aura, aplacad mi fuego. Así que fue
-patente a la cuitada el grato error de este nombre, recobró el sentido,
-y el semblante su verdadero color. Levantose; pero moviendo con el
-agitado cuerpo las circunstantes ramas, para ir como mujer a los brazos
-del esposo, juzgó él que era el ruido de una fiera, tomó juvenilmente
-el<span class="pagenum" id="Page_148">p. 148</span> arco, y en la
-diestra mano puso la flecha. ¿Qué haces, desventurado? No es fiera:
-deten el tiro. ¡Triste desgracia! con tus flechas heriste a tu esposa.
-¡Ay de mí!, clamó, traspasaste el pecho amigo; mi pecho roto siempre
-con las heridas de Céfalo. Muero antes del tiempo, pero no injuriada
-por una rival. Esto hará que la tierra me sea ligera en la tumba.
-Sale ya mi espíritu por esas Auras de sospechoso nombre; ¡me muero!
-Cierra con cara mano mis ojos. Él sostenía en las mustias rodillas el
-moribundo cuerpo de sus amores, y con llanto lavaba la cruel herida.
-Desatado poco a poco del incauto pecho, se escapa el último suspiro que
-recibe con su boca el mísero marido.</p>
-
-<p>Volvamos al camino, y prosigamos derechamente, para que la
-asendereada nave toque en el puerto. ¿Esperáis por ventura que os
-conduzca a los festines, y que también en esto os dé consejos? Id
-tarde, y entrad con decoro, ya encendidas<span class="pagenum"
-id="Page_149">p. 149</span> las antorchas. Agrada la tardanza a
-Venus; es la tardanza la mayor añagaza. Aunque seáis feas, podéis
-parecer hermosas, porque la misma noche servirá de manto a vuestros
-defectos. Tomad los manjares con los dedos; hay un cierto modo que se
-debe observar en el comer: no untéis la cara con las manos sucias. No
-comáis anticipadamente en casa<a id="FNanchor_37" href="#Footnote_37"
-class="fnanchor">[37]</a>: ni acumuléis en el plato lo que no podréis
-engullir. Si Paris hubiera visto a Elena comer con gula, la hubiera
-desamado, y diría, necio robo hice.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_37" href="#FNanchor_37" class="label">[37]</a> Las
-mujeres de entonces, para hacer las melindrosas en los convites, comían
-antes en su casa. Lo mismo hacen las de ahora.</p>
-
-</div>
-
-<p>Más a propósito y más decente es que las mujeres beban, porque
-Baco no se aviene mal con Cupido. Pero esto también hasta donde
-resista el cerebro; mientras el juicio y los pies estén firmes, y no
-parezcan dobles los objetos. La<span class="pagenum" id="Page_150">p.
-150</span> mujer tirada feamente en el suelo por beodez es digna
-de padecer cualesquiera impurezas. Tampoco es honesto sucumbir al
-sueño en la mesa, porque en el sueño suelen cometerse acciones de
-inverecundia.</p>
-
-<p>Esme ruboroso enseñar las cosas ulteriores, pero alma Dione dice
-que lo ruboroso es mi principal asunto. Tened conocimiento de cada
-cosa: tomad posturas acomodadas al cuerpo, pues no a todas conviene
-una misma. La de muy señalada hermosura muestre supina sus tesoros, y
-el dorso solamente aquella que puede agradar de este modo. Milanión
-llevaba en los hombros las piernas de Atalanta: en este grupo han de
-ser recibidas las buenas. La pequeña corra como en jinete: Andrómaca,
-por ser altísima, nunca subió en el caballo de Héctor. Oprimiendo con
-las rodillas el lecho, y torciendo un tanto la cerviz, hará figura
-académica la que ha de ser vista por el costado. La de juvenil muslo y
-pecho turgente estaría dislocada<span class="pagenum" id="Page_151">p.
-151</span> a no reclinarse en oblicuo lecho, quedando en pie la pareja.
-Ni disconviene tener suelta la melena, como bacante, inclinando el
-cuello con los cabellos esparcidos. La que Lucina<a id="FNanchor_38"
-href="#Footnote_38" class="fnanchor">[38]</a> señaló con arrugas en el
-vientre, pelee vuelto el caballo, como el veloz parto. Pero entre mil
-actitudes la más sencilla y menos trabajosa es la semisupina sobre el
-derecho lado.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_38" href="#FNanchor_38" class="label">[38]</a> Diosa
-de los partos.</p>
-
-</div>
-
-<p>Ni la trípode apolínea, ni el cornígero Amón os cantarán cosas
-más verdaderas que mi musa. Si se da crédito al arte con dilatada
-experiencia adquirido, creed al testimonio de mis versos. La mujer
-opere con íntimo ardor en sus tareas, y aquella actividad sea de
-participación igual entre los dos, amenizando el juego con cariñosos
-afectos y gustosas palabras. Mas la infeliz a quien naturaleza negó
-sensación venérea, simule<span class="pagenum" id="Page_152">p.
-152</span> dulces placeres con aparente ruido, guardándose de descubrir
-ficción con el recurso de señales que arguyen deleite, y envuelven
-pudor y misterio. No admitáis en el aposento la llena luz de las
-ventanas, pues muchas cosas de vuestro cuerpo más al caso estan
-ocultas. La que pide paga al amante después de los goces de Venus, no
-querría que tuviese eficacia su demanda.</p>
-
-<p>Pongo cabo a mi obra. Ya es tiempo de descender del carro que en su
-cuello llevaron los cisnes. Así como antes los jóvenes, así ahora las
-mujeres discípulas mías escriban en sus trofeos, Ovidio fue nuestro
-maestro.</p>
-
-
-<p class="fin g2"><i>FIN.</i></p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<hr class="full" />
-
-<div lang='en' xml:lang='en'>
-<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK <span lang='es' xml:lang='es'>EL ARTE DE AMAR</span> ***</div>
-<div style='text-align:left'>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Updated editions will replace the previous one&#8212;the old editions will
-be renamed.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright
-law means that no one owns a United States copyright in these works,
-so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United
-States without permission and without paying copyright
-royalties. Special rules, set forth in the General Terms of Use part
-of this license, apply to copying and distributing Project
-Gutenberg&#8482; electronic works to protect the PROJECT GUTENBERG&#8482;
-concept and trademark. Project Gutenberg is a registered trademark,
-and may not be used if you charge for an eBook, except by following
-the terms of the trademark license, including paying royalties for use
-of the Project Gutenberg trademark. If you do not charge anything for
-copies of this eBook, complying with the trademark license is very
-easy. You may use this eBook for nearly any purpose such as creation
-of derivative works, reports, performances and research. Project
-Gutenberg eBooks may be modified and printed and given away&#8212;you may
-do practically ANYTHING in the United States with eBooks not protected
-by U.S. copyright law. Redistribution is subject to the trademark
-license, especially commercial redistribution.
-</div>
-
-<div style='margin-top:1em; font-size:1.1em; text-align:center'>START: FULL LICENSE</div>
-<div style='text-align:center;font-size:0.9em'>THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE</div>
-<div style='text-align:center;font-size:0.9em'>PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-To protect the Project Gutenberg&#8482; mission of promoting the free
-distribution of electronic works, by using or distributing this work
-(or any other work associated in any way with the phrase &#8220;Project
-Gutenberg&#8221;), you agree to comply with all the terms of the Full
-Project Gutenberg&#8482; License available with this file or online at
-www.gutenberg.org/license.
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg&#8482; electronic works
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg&#8482;
-electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
-and accept all the terms of this license and intellectual property
-(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all
-the terms of this agreement, you must cease using and return or
-destroy all copies of Project Gutenberg&#8482; electronic works in your
-possession. If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a
-Project Gutenberg&#8482; electronic work and you do not agree to be bound
-by the terms of this agreement, you may obtain a refund from the person
-or entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.B. &#8220;Project Gutenberg&#8221; is a registered trademark. It may only be
-used on or associated in any way with an electronic work by people who
-agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
-things that you can do with most Project Gutenberg&#8482; electronic works
-even without complying with the full terms of this agreement. See
-paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
-Gutenberg&#8482; electronic works if you follow the terms of this
-agreement and help preserve free future access to Project Gutenberg&#8482;
-electronic works. See paragraph 1.E below.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation (&#8220;the
-Foundation&#8221; or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection
-of Project Gutenberg&#8482; electronic works. Nearly all the individual
-works in the collection are in the public domain in the United
-States. If an individual work is unprotected by copyright law in the
-United States and you are located in the United States, we do not
-claim a right to prevent you from copying, distributing, performing,
-displaying or creating derivative works based on the work as long as
-all references to Project Gutenberg are removed. Of course, we hope
-that you will support the Project Gutenberg&#8482; mission of promoting
-free access to electronic works by freely sharing Project Gutenberg&#8482;
-works in compliance with the terms of this agreement for keeping the
-Project Gutenberg&#8482; name associated with the work. You can easily
-comply with the terms of this agreement by keeping this work in the
-same format with its attached full Project Gutenberg&#8482; License when
-you share it without charge with others.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern
-what you can do with this work. Copyright laws in most countries are
-in a constant state of change. If you are outside the United States,
-check the laws of your country in addition to the terms of this
-agreement before downloading, copying, displaying, performing,
-distributing or creating derivative works based on this work or any
-other Project Gutenberg&#8482; work. The Foundation makes no
-representations concerning the copyright status of any work in any
-country other than the United States.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg:
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E.1. The following sentence, with active links to, or other
-immediate access to, the full Project Gutenberg&#8482; License must appear
-prominently whenever any copy of a Project Gutenberg&#8482; work (any work
-on which the phrase &#8220;Project Gutenberg&#8221; appears, or with which the
-phrase &#8220;Project Gutenberg&#8221; is associated) is accessed, displayed,
-performed, viewed, copied or distributed:
-</div>
-
-<blockquote>
- <div style='display:block; margin:1em 0'>
- This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
- other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
- whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
- of the Project Gutenberg License included with this eBook or online
- at <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. If you
- are not located in the United States, you will have to check the laws
- of the country where you are located before using this eBook.
- </div>
-</blockquote>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E.2. If an individual Project Gutenberg&#8482; electronic work is
-derived from texts not protected by U.S. copyright law (does not
-contain a notice indicating that it is posted with permission of the
-copyright holder), the work can be copied and distributed to anyone in
-the United States without paying any fees or charges. If you are
-redistributing or providing access to a work with the phrase &#8220;Project
-Gutenberg&#8221; associated with or appearing on the work, you must comply
-either with the requirements of paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 or
-obtain permission for the use of the work and the Project Gutenberg&#8482;
-trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or 1.E.9.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E.3. If an individual Project Gutenberg&#8482; electronic work is posted
-with the permission of the copyright holder, your use and distribution
-must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any
-additional terms imposed by the copyright holder. Additional terms
-will be linked to the Project Gutenberg&#8482; License for all works
-posted with the permission of the copyright holder found at the
-beginning of this work.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg&#8482;
-License terms from this work, or any files containing a part of this
-work or any other work associated with Project Gutenberg&#8482;.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
-electronic work, or any part of this electronic work, without
-prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with
-active links or immediate access to the full terms of the Project
-Gutenberg&#8482; License.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary,
-compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including
-any word processing or hypertext form. However, if you provide access
-to or distribute copies of a Project Gutenberg&#8482; work in a format
-other than &#8220;Plain Vanilla ASCII&#8221; or other format used in the official
-version posted on the official Project Gutenberg&#8482; website
-(www.gutenberg.org), you must, at no additional cost, fee or expense
-to the user, provide a copy, a means of exporting a copy, or a means
-of obtaining a copy upon request, of the work in its original &#8220;Plain
-Vanilla ASCII&#8221; or other form. Any alternate format must include the
-full Project Gutenberg&#8482; License as specified in paragraph 1.E.1.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
-performing, copying or distributing any Project Gutenberg&#8482; works
-unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing
-access to or distributing Project Gutenberg&#8482; electronic works
-provided that:
-</div>
-
-<div style='margin-left:0.7em;'>
- <div style='text-indent:-0.7em'>
- &#8226; You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
- the use of Project Gutenberg&#8482; works calculated using the method
- you already use to calculate your applicable taxes. The fee is owed
- to the owner of the Project Gutenberg&#8482; trademark, but he has
- agreed to donate royalties under this paragraph to the Project
- Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments must be paid
- within 60 days following each date on which you prepare (or are
- legally required to prepare) your periodic tax returns. Royalty
- payments should be clearly marked as such and sent to the Project
- Gutenberg Literary Archive Foundation at the address specified in
- Section 4, &#8220;Information about donations to the Project Gutenberg
- Literary Archive Foundation.&#8221;
- </div>
-
- <div style='text-indent:-0.7em'>
- &#8226; You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
- you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
- does not agree to the terms of the full Project Gutenberg&#8482;
- License. You must require such a user to return or destroy all
- copies of the works possessed in a physical medium and discontinue
- all use of and all access to other copies of Project Gutenberg&#8482;
- works.
- </div>
-
- <div style='text-indent:-0.7em'>
- &#8226; You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of
- any money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
- electronic work is discovered and reported to you within 90 days of
- receipt of the work.
- </div>
-
- <div style='text-indent:-0.7em'>
- &#8226; You comply with all other terms of this agreement for free
- distribution of Project Gutenberg&#8482; works.
- </div>
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project
-Gutenberg&#8482; electronic work or group of works on different terms than
-are set forth in this agreement, you must obtain permission in writing
-from the Project Gutenberg Literary Archive Foundation, the manager of
-the Project Gutenberg&#8482; trademark. Contact the Foundation as set
-forth in Section 3 below.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.F.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
-effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
-works not protected by U.S. copyright law in creating the Project
-Gutenberg&#8482; collection. Despite these efforts, Project Gutenberg&#8482;
-electronic works, and the medium on which they may be stored, may
-contain &#8220;Defects,&#8221; such as, but not limited to, incomplete, inaccurate
-or corrupt data, transcription errors, a copyright or other
-intellectual property infringement, a defective or damaged disk or
-other medium, a computer virus, or computer codes that damage or
-cannot be read by your equipment.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the &#8220;Right
-of Replacement or Refund&#8221; described in paragraph 1.F.3, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project
-Gutenberg&#8482; trademark, and any other party distributing a Project
-Gutenberg&#8482; electronic work under this agreement, disclaim all
-liability to you for damages, costs and expenses, including legal
-fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT
-LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
-PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
-TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE
-LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
-INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
-DAMAGE.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a
-defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
-receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a
-written explanation to the person you received the work from. If you
-received the work on a physical medium, you must return the medium
-with your written explanation. The person or entity that provided you
-with the defective work may elect to provide a replacement copy in
-lieu of a refund. If you received the work electronically, the person
-or entity providing it to you may choose to give you a second
-opportunity to receive the work electronically in lieu of a refund. If
-the second copy is also defective, you may demand a refund in writing
-without further opportunities to fix the problem.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
-in paragraph 1.F.3, this work is provided to you &#8216;AS-IS&#8217;, WITH NO
-OTHER WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT
-LIMITED TO WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
-warranties or the exclusion or limitation of certain types of
-damages. If any disclaimer or limitation set forth in this agreement
-violates the law of the state applicable to this agreement, the
-agreement shall be interpreted to make the maximum disclaimer or
-limitation permitted by the applicable state law. The invalidity or
-unenforceability of any provision of this agreement shall not void the
-remaining provisions.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
-trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
-providing copies of Project Gutenberg&#8482; electronic works in
-accordance with this agreement, and any volunteers associated with the
-production, promotion and distribution of Project Gutenberg&#8482;
-electronic works, harmless from all liability, costs and expenses,
-including legal fees, that arise directly or indirectly from any of
-the following which you do or cause to occur: (a) distribution of this
-or any Project Gutenberg&#8482; work, (b) alteration, modification, or
-additions or deletions to any Project Gutenberg&#8482; work, and (c) any
-Defect you cause.
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg&#8482;
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Project Gutenberg&#8482; is synonymous with the free distribution of
-electronic works in formats readable by the widest variety of
-computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It
-exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
-from people in all walks of life.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg&#8482;&#8217;s
-goals and ensuring that the Project Gutenberg&#8482; collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg&#8482; and future
-generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
-Sections 3 and 4 and the Foundation information page at www.gutenberg.org.
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non-profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation&#8217;s EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
-U.S. federal laws and your state&#8217;s laws.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Foundation&#8217;s business office is located at 809 North 1500 West,
-Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up
-to date contact information can be found at the Foundation&#8217;s website
-and official page at www.gutenberg.org/contact
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Project Gutenberg&#8482; depends upon and cannot survive without widespread
-public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
-freely distributed in machine-readable form accessible by the widest
-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
-status with the IRS.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Foundation is committed to complying with the laws regulating
-charities and charitable donations in all 50 states of the United
-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
-considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
-with these requirements. We do not solicit donations in locations
-where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
-DONATIONS or determine the status of compliance for any particular state
-visit <a href="https://www.gutenberg.org/donate/">www.gutenberg.org/donate</a>.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-While we cannot and do not solicit contributions from states where we
-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
-against accepting unsolicited donations from donors in such states who
-approach us with offers to donate.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-International donations are gratefully accepted, but we cannot make
-any statements concerning tax treatment of donations received from
-outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Please check the Project Gutenberg web pages for current donation
-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
-ways including checks, online payments and credit card donations. To
-donate, please visit: www.gutenberg.org/donate
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 5. General Information About Project Gutenberg&#8482; electronic works
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
-Gutenberg&#8482; concept of a library of electronic works that could be
-freely shared with anyone. For forty years, he produced and
-distributed Project Gutenberg&#8482; eBooks with only a loose network of
-volunteer support.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Project Gutenberg&#8482; eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
-the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
-necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
-edition.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Most people start at our website which has the main PG search
-facility: <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-This website includes information about Project Gutenberg&#8482;,
-including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
-subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
-</div>
-
-</div>
-</div>
-</body>
-</html>
diff --git a/old/67961-h/images/cover.jpg b/old/67961-h/images/cover.jpg
deleted file mode 100644
index c42fb1f..0000000
--- a/old/67961-h/images/cover.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/67961-h/images/i_053.jpg b/old/67961-h/images/i_053.jpg
deleted file mode 100644
index f3c1ed0..0000000
--- a/old/67961-h/images/i_053.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ