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If you are not located in the United States, you -will have to check the laws of the country where you are located before -using this eBook. - -Title: El arte de amar - -Author: Publio Ovidio Nasón - -Release Date: May 1, 2022 [eBook #67961] - -Language: Spanish - -Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading - Team at https://www.pgdp.net. (This ebook was produced from - images generously made available by Biblioteca Digital - Hispánica/Biblioteca Nacional de España.) - -*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK EL ARTE DE AMAR *** - - -NOTA DE TRANSCRIPCIÓN - - * Las cursivas se muestran entre _subrayados_. - - * Los errores de imprenta han sido corregidos. - - * La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con - las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española. - - * También ha sido modernizada la transcripción de los nombres propios, - tanto de lugares como de personajes. - - * Las notas a pie de página han sido renemeradas y colocadas tras el - párrafo que contiene su llamada. - - * Las páginas en blanco han sido eliminadas. - - - - - EL ARTE - DE AMAR. - - - - -EL TRADUCTOR - - -De Ovidio y de sus obras han escrito otras plumas más bien cortadas -que la mía; y así fuera temeridad querer añadir, o superfluidad -copiar a los eruditos que emprendieron aquel trabajo. Demás de que -los comentarios y rapsodias no son ya del gusto de nuestro siglo; -en el cual, como en todos, el que aspira a instruirse con solidez -es necesario que recurra a las fuentes, sin contentarse con vagas -repeticiones, y noticias tal vez corrompidas. - -Pero yo traduzco un poema de Ovidio, que ha de andar en manos de todos, -y entre mis lectores habrá muchos que no han oído siquiera su nombre; -y otros que apenas tienen idea superficial de él y de sus poesías. Y he -aquí por qué no puedo pasar del todo en silencio algunas circunstancias -de este meritísimo autor. - -P. Ovidio Nasón, caballero romano, nació en Sulmona, ciudad del -Abruzo, cuarenta y tres años antes de la era vulgar, el mismo día en -que fue muerto el elocuente Cicerón. En Roma, a donde fue llevado de -corta edad, se dio a las letras bajo la dirección de Plocio Gripo; y -mostrando agudo ingenio, a los dieciséis años le enviaron a Atenas, -donde estudió las ciencias, y se perfeccionó en la lengua griega. Las -escuelas atenienses eran por entonces frecuentadas de la juventud -romana, y apenas habrá autor latino de nota que no se formase en -ellas. Quiso su padre obligarle a seguir la carrera del foro, y en -efecto por obedecerle la siguió algún tiempo, hasta que muerto su -padre, la abandonó por las deliciosas musas, arte a que le llamaba la -innata inclinación. Tuvo también por maestros en la filosofía a Porcio -Latrón, en la retórica a Marcelo Fusco, y en la gramática a Julio -Grecino, profesores que entonces se llevaban el aplauso en Roma. - -Fue bueno e ingenioso orador, afluente y patético poeta, que -engrandecía y animaba cuantos asuntos encomendaba a su pluma; bien -que las demasiadas flores con que exornó sus versos, prodigadas con -facilidad por su ardiente y fecunda imaginación, le apartaron algún -tanto de la noble y sencilla majestad del arte. Dicen que tenía tanto -amor propio, que no solo desconocía, sino que amaba sus defectos, -negándose a corregirlos, aun cuando sus amigos se los advirtiesen. -¡Debilidad humana, de que no se eximen los mayores hombres! - -Gozó en Roma de los honores y beneficios con que Augusto acostumbraba -remunerar a los grandes talentos, y hubiera acaso llegado a mayor -fortuna que otros poetas sus contemporáneos; pero la desgracia, que -al hombre le es dado pocas veces evitar, le proporcionó los amores de -Julia, hija de Tiberio, a quien escribió algunas epístolas amatorias, -las cuales miró Augusto como delito de lesa majestad, y las mandó -quemar, desterrando a Ovidio a la villa de Tomos en el Ponto Euxino. -Allí murió a la edad de cerca de sesenta años, sin haber podido -alcanzar el regreso al seno de su familia, y a su amada patria. - -Entre sus copiosas producciones merecen lugar las poesías galantes, -en las cuales imitó a los griegos, aficionadísimos a composiciones -licenciosas, como se puede ver en Safo, Anacreonte y otros varios. -Cuando apareció su _Arte de amar_, debió causar mucho ruido en aquella -capital del orbe conocido, porque aunque la corrupción de costumbres, -necesario efecto de las riquezas y del lujo, había ya llegado a su -colmo, duraban todavía ciertos usos y leyes, sombra de la antigua -austeridad republicana, que en la apariencia condenaban toda relajación -y desorden; y sería ciertamente cosa extraña ver un poema preceptivo, -que enseñaba la práctica de la misma corrupción, y que si tal vez no -era capaz de introducirla, por lo menos suponía y hacía pública la -que interiormente contagiaba a Roma, y era indicio de su decadencia. -Lo cierto es que Augusto le halló tan eficaz, que le llamaba _arte de -cometer adulterios_: juicio que, según unos, fue la verdadera causa del -destierro del autor, y según otros, solo el pretexto para castigarle -por agravios privados. Pero sea de esto lo que fuere, se ve que Ovidio -fue castigado por culpas amorosas, a que seguramente le arrastraba su -natural propensión. - -Este _Arte de Amar_, que en nuestro español sin impropiedad podríamos -llamar también _arte de enamorar_, y _arte de cortejar_, está dividido -en tres libros. En el primero se enseñan dos cosas: los lugares donde -se habían de buscar las mujeres que se quisiesen amar, y el modo de -propiciar y poseer su corazón. En el segundo se dan preceptos para que -el amor sea duradero. Y en el tercero, hablando con las mujeres, les -dicta también reglas para amar y competir con los hombres. De modo que, -según su plan, forma de la pasión amorosa una guerra entre hombres y -mujeres: idea a la verdad muy propia y sublime, tomada ingeniosamente -de la naturaleza y de las preocupaciones de los dos sexos. - -Tiene este poema todas las cualidades de didascálico: brillan en él los -principios, la invención y el orden en cuanto al arte; y en cuanto a la -locución, la belleza, la elegancia, la armonía, el laconismo y pureza -de la lengua latina. Sus episodios, aunque parte accesoria, tienen tal -mérito, no solo por su enlace, sino por su delicadeza y hermosura, -que en mi concepto exceden al cuerpo de la obra. ¡Ah, si me hubiese -sido dado conservar en la traducción toda la belleza del original para -confusión de los presuntuosos modernos, que creen igualar a los padres -del buen gusto desdeñando su estudio y aun su lengua! ¿Y quién podrá -alabar dignamente la filosofía con que Ovidio trata la pasión de amor, -aquella filosofía conveniente a la poesía, de que los modernos nos dan -tan escasos ejemplos, y que los antiguos poseían y sabían emplear con -tanto magisterio? - -Ovidio usa en esta composición de versos elegíacos, que por carácter -son sencillos, tiernos y sentenciosos. Yo he procurado ceñirme al -carácter del original: he procurado vestir el latín de castellano, y no -este de latín: he procurado conservar en la prosa el sabor poético, el -tono elevado y metafórico del original: empresa harto inaccesible a mis -débiles fuerzas. - -Tal vez no se verá en la traducción toda la gracia poética del -original, porque esta consiste por la mayor parte en la sonoridad -métrica, en transposiciones, conjunciones, repeticiones, voces tal vez -sin equivalente, en transiciones, en alusiones peculiares de tiempos -y costumbres, o en fin, en alguna de aquellas circunstancias que ni -se pueden conservar, ni tendrían mérito en las lenguas vivas; o que -conservadas, no serían en opinión de los juiciosos más que ripio y -pedantería. La diferencia de lenguas es regla fundamental, y por eso -son sin duda tan viciosas las traducciones servilmente literales, -como las excesivamente libres. Por otra parte el original latino no -es de aquellas composiciones en que se debe ostentar y sostener todo -el estilo poético; al contrario, perteneciendo al género didascálico, -está forzado a imitar la naturalidad prosaica para hacer claros los -preceptos, reservando para los episodios mayor pompa, sublimidad y -riqueza. Pues véase también como esta parte episódica resalta más en la -traducción; allí hallarán con que contentarse los que solo tienen por -poesía el estilo altisonante, y no la invención, variedad, propiedad y -fluidez. - -Estoy persuadido de que la presente traducción excede a algunas -extranjeras que he visto, y aun a la única castellana en verso que se -imprimió, y se ha hecho ya tan rara, que son más raros los que saben -que la hay; porque ninguna conviene con el original, como debe. La -redundancia, la inexactitud, el mal lenguaje y la arbitrariedad son sus -principales defectos: en una palabra, las reglas de traducir se hallan -quebrantadas en ellas abiertamente. Basta: mi ánimo no es criticar, -sino presentar al juicio del público lo que he podido adelantar sobre -los que me precedieron. - -La he llamado _Arte amatorio_, que es su verdadero título, según los -más antiguos manuscritos que existen de este poema, y la autoridad de -varios escritores que hablaron de él, y le citan. - -Aún no tenemos un ejemplar correcto de las obras de Ovidio: todos los -códices estan llenos de errores y variantes, que ponen en perplejidad -a los más peritos en la lengua latina, y a los que trabajaron en -purificar su texto y conciliarlo, estudiando el estilo del autor, y -confrontando unos pasajes con otros análogos, y aun con los de algunos -escritores que coinciden en los mismos pensamientos. Por esta razón -me vi casi precisado muchas veces a adivinar el sentido genuino, o -interpretarlo, y aun por esto mismo dejarlo acaso imperfecto, cediendo -a la necesidad de leer como se halla escrito, y de conformarme con la -puntuación prosódica y ortográfica. Sigo la edición de Leyden, que pasa -por la más ilustrada y correcta, confesando que a sus notas he debido -mucha luz para entender lugares en que sin tal guía iría a ciegas, y en -que, aun con ella, no me prometo entero acierto. - - - - - EL ARTE - DE AMAR. - -LIBRO PRIMERO. - - -Si algún romano ignora el arte de amar, lea mis versos, y enseñado con -su lectura, ame. Por el arte se guía la ligera nao con vela y remos: -por el arte se rigen los voladores carros, y por el arte ha de ser -regido el amor. Automedonte era diestro en carros y caballos, y Tifis -era piloto de la nave argonáutica; empero a mí me designó Venus maestro -del tierno amor; Tifis y Automedonte del amor me llamará la gente. - -Es sin duda fiero el amor, y me contrasta muchas veces; mas es niño, -de blanda edad, y dispuesto a tornarse dócil. Quirón perfeccionó -al muchacho Aquiles con los sonidos de la cítara, amansando con la -armoniosa arte la fiereza de su ánimo. Quien tantas veces puso grima -a compañeros y enemigos, temía delante del añoso viejo, y presentaba -obediente al castigo de este ayo las manos que habían de aterrar -a Héctor. Quirón es preceptor de Aquiles, yo del amor. Uno y otro -muchacho son duros, uno y otro prole de diosa; mas el toro sujeta la -cerviz al peso del arado, y los briosos alazanes tascan el freno. Así -el amor cederá a mi voluntad; aunque vibre contra mí sus flechas, y -abrase mi pecho con sus teas. Cuanto más cruelmente me hirió, y con más -violencia me atormentó, tanto mejor vengaré mis heridas. - -No mentiré, ¡oh Apolo!, diciendo que tú me inspiraste esta arte, o que -la sé por el canto de las volantes aves; ni que se me aparecieron Clío -y sus hermanas, como al que guardaba rebaños en los valles de Ascra. -La práctica es la que dicta esta obra: creed pues al experto poeta. -Cantaré preceptos verdaderos: favorece mis designios, madre de amor. -No enseñarán mis versos delito alguno, solo sí de amor los hurtos -permitidos. Huid sin embargo, vírgenes delicadas, dechado de pudor, y -las que ocultáis los pies con talares vestiduras[1]. - - [1] Las matronas. - -Los que ahora os alistáis por primera vez en las nuevas banderas, -trabajad en hallar ante todas cosas el objeto que queráis amar: luego -en conquistar el corazón de la que os agrade; y últimamente, en que su -amor sea de larga duración. Este es el método: este campo recorrerá mi -carro, este límite rozarán sus ruedas. - -Mientras podéis, y sin ligaduras andáis por todas partes, escoged -una muchacha a quien diréis: Tú eres la única que me agrada. Esta no -descenderá para vosotros de las diáfanas regiones, buscareisla adrede -con vuestros ojos. El cazador sabe donde ha de tender lazos a los -ciervos: sabe en que valle tiene su madriguera el rugiente jabalí: al -pajarero sonle conocidos los árboles donde posan los pájaros, y el que -echa las redes conoce cuáles aguas abundan de peces. - -Así los que buscan objeto de permanente amor aprendan desde luego qué -parajes frecuentan las mujeres. No será para esto necesario emprender -dilatados viajes, ni atravesar mares procelosos; bien que Perseo haya -traído a Andrómeda de los indios atezados, y el troyano Paris haya -venido a robar la griega Elena. Roma os ofrecerá tales y tantas lindas -mozas como pueblan, según decimos, lo demás del mundo. Y no es tan -fértil en granos la campiña de Gárgaro, ni en uvas Metimna, ni surcan -el mar más peces, ni oculta más aves la frondosidad de los árboles, ni -esmaltan el cielo tantas estrellas como muchachas tiene Roma. Venus -reside en la ciudad de su hijo Eneas. - -Los que se inclinan a las que aún están en sus primeros e imperfectos -años, las hallarán verdaderamente niñas. A los que gustan de jóvenes, -no les faltarán tantas placenteras jóvenes, que pondrán perplejidad en -su deseo. Pero los que por casualidad sean llevados por las de edad -adulta y más cuerda, créanme que esta turba será copiosísima. - -Paseaos vagarosos en los ardientes días del estío a sombra del -pórtico de Pompeyo o en el que a la munificencia del hijo añadió su -munificencia la madre, suntuoso edificio de peregrinos mármoles. Id al -pórtico adornado con cuadros de la antigüedad, que por el nombre de su -fundadora es llamado de Livia: y al en que están pintadas las Danaides, -que osaron fraguar muerte a los míseros primos, desposados con ellas, -y su cruel padre está en pie con la espada desnuda. Tampoco evitéis -el templo de Adonis llorado de Venus: ni los sacrificios celebrados -al séptimo día por el judaico Siro: ni olvidéis el de la menfítica -Isis con vestimenta de lino, que a muchas hizo lo que ella fue con -Júpiter[2]. - - [2] Isis o Ío tuvo torpes amores con Júpiter: Juno la perseguía por - celos, y para librarla de su indignación, la convirtió Júpiter en - vaca, y en esta figura huyó al Egipto. - -El foro, ¿quién lo creería?, es a propósito para casos amorosos: en el -sutil foro se halla muchas veces la llama del amor. La fuente Apia, -dominada por el adyacente templo de Venus construido con mármol, -hiende el aire con saltantes aguas. Allí con frecuencia el causídico -se deja coger del amor, y él que defiende a otros no se defiende a sí -mismo. Allí con frecuencia faltan palabras al más elocuente, nuevos -negocios le ocupan, y así solo trata de la propia causa. El que poco ha -era patrono, ahora desea ser cliente. De este ríe Venus desde el templo -cercano. - -Pero cazad principalmente en los públicos teatros, sitios más -favorables a vuestros designios. Aquí hallaréis amor y entretenimiento: -las que queráis disfrutar una vez, las que escojáis para poseerlas. -A la manera que las hormigas en numeroso escuadrón van y vuelven sin -cesar, cargadas de granos para su sustento, o como las abejas revuelan -por los amenos y olorosos sotos, buscando el tomillo y las flores, así -concurren las mujeres ataviadísimas a los juegos solemnes. Su afluencia -algunas veces fue embarazo a mi elección. Vienen a ver, y vienen a ser -vistas. Es peligroso este lugar para el casto pudor. - -Tú, ¡oh Rómulo!, instituiste el primero espectáculos perturbados por -el amor, cuando la robada sabina deleitó a tus vacantes ciudadanos. -Entonces los teatros no estaban decorados de mármoles y colgaduras, ni -competían en la escena los vistosos colores. No había artificio, y la -escena se adornaba simplemente con enramadas de verde hojarasca que -producía el nemoroso Palatino. El pueblo se sentaba en gradas hechas de -césped, llevando coronadas con hojas verdes sus desgreñadas cabelleras. -Miraban los romanos a las sabinas, reparando cada uno en la que era -de su gusto, y revolviendo en el silencio de su pecho muchos deseos. -Cuando el flautista etrusco tocaba un rudo tono, bailando el histrión -a su compás, en medio de los aplausos (que entonces el aplauso era -desordenado) dio el rey al pueblo la esperada señal para el robo. -Desertando repentinamente sus puestos, y publicando con algazara su -resolución, pusieron en las doncellas las concupiscentes manos. Como la -timidísima banda de palomas huye del águila, como la corderita huye de -los voraces lobos, así temieron a los varones que tumultuariamente se -precipitaban sobre ellas. Ninguna hubo que no mudase de color: porque -el temor era uno; pero no uno el efecto del temor. Unas se arrancan los -cabellos: otras quedan atónitas: estas callan tristes: aquellas llaman -en vano a su madre. Unas se lamentan: otras yacen estúpidas: aquellas -permanecen: estas escapan. Si alguna se oponía tercamente y rehusaba al -raptor comedido, este con libidinoso ardor la llevaba en sus brazos. -¿Por qué con lágrimas, la decía, estragas tus lindos ojos? Yo seré -para ti lo que tu padre es para tu madre. ¡Oh Rómulo! Tú solo supiste -hacer felices a los soldados. Si a mí me cupiese igual suerte, sería -soldado. De aquí viene que los grandiosos teatros están aún hoy llenos -de asechanzas contra las hermosas. - -Ni dejéis de asistir al certamen de los nobles caballos, pues el circo -proporciona oportunidades entre sus inmensos concurrentes. Allí no -se necesita explicar por señas los pensamientos, ni se han de notar -vuestras acciones. Sentaos cerca de la dama, no estorbándolo alguno; -juntad cuanto podáis vuestro lado al suyo: y tocadla mal de su grado, -como que os constriñe la disposición del lugar. - -Escogitad entonces motivo de familiar conversación, y desplieguen -vuestros labios las cosas generales. Preguntadla con estudio cuyos son -los caballos que veis en la liza, y haced sin detención votos por -aquel, cualquiera que sea, a quien favoreciere con los suyos. Llegará -el carro en que los ebúrneos simulacros de los dioses son llevados con -pompa; aplaudid con respetuosa mano a Venus, como a señora. - -Si en el regazo de la muchacha cayere tal vez polvo, sacudidlo con los -dedos, y sacudidlo también, aun cuando no lo hubiere. Tomad cualquier -pretexto para ser oficioso. Si el manto muy caído le arrastrare por el -suelo, levantadlo, y limpiadle con prontitud la inmundicia. Por premio -de esta urbanidad, se presentarán a vuestra vista y tolerándolo ella, -le veréis sus piernas. Cuidad además de que los que estuvieren detrás -sentados no opriman con opuesta rodilla sus delicadas espaldas. - -Las frivolidades atraen a los ánimos livianos: a muchos les fue útil -mullir con maña una almohada para hacer más blando asiento a la -muchacha: les fue útil mover con ligero soplo el abanico[3], y formar -cómodo apoyo para sus pies. Estos medios facilita el circo al amor -naciente, y la triste arena esparcida por el inquieto anfiteatro. El -vendado rapaz combate muchas veces en aquella liza, y los que miran -las heridas de los atletas tienen no menos heridas. Mientras hablan y -se divierten, y apuestan sobre quién será vencedor, suspiran llagados, -sintiendo las volátiles flechas: contribuyen en parte a variar el -espectáculo. - - [3] Eran hechos de maderas muy delgadas, y mayores que los de - ahora, como que no servían para adorno, sino para comodidad. - -¿Y qué no sucedería si César ordenase representar ahora la batalla -naval en que fue echada a pique la pérfida escuadra de los griegos? A -este espectáculo[4] vinieran de los dos mares jóvenes y muchachas, -y la ciudad parecería un gran mundo. ¿Quién en tal muchedumbre no -hallaría a quien amar? ¡Ah, cuántos fueran aquejados de amor extranjero! - - [4] Alude a la batalla naval de Accio bien conocida en la historia. - -Ya César va a añadir al orbe sojuzgado el resto de no domadas naciones, -y los extremos de oriente extenderán ahora el imperio. ¡Partos, seréis -castigados! ¡Alegraos, soldados de Craso, que ya seréis sepultados! Y -vosotras, enseñas romanas, ultrajadas por manos bárbaras, tendréis un -vengador que en sus primeros ejercicios probó ser consumado capitán. -Siendo joven manda la guerra como hábil veterano. Perdonad, natalicios, -pues no se cuenta la edad de los dioses. La virtud es prematura en -los Césares. Su genio celestial se levanta más veloz que sus armas, y -lleva con despecho los daños de la cobarde tardanza. Niño era, y con -sus manos despedazó Hércules dos serpientes, mostrándose desde la cuna -digno de Júpiter. ¡Y cuán grande fuiste tú, Baco, siendo aún mancebo, -cuando la vencida India dobló el cuello a tus tirsos! Joven excelso, -pelearás con el valor y auspicios de tu padre, y vencerás con el valor -y auspicios de tu padre. Haz el aprendizaje a la sombra de tan grande -nombre; y así como ahora eres príncipe de la juventud, lo serás algún -día de los ancianos. Tienes hermanos; venga la injuria de tus hermanos. -Tienes padre; defiende los derechos de tu padre. Te ceñirá las armas -tu padre, el padre de la patria, pues el enemigo se apoderó sin su -licencia de las tierras del Imperio. Tú disparas justos dardos, y él -malvadas saetas, y estarán así a favor de sus estandartes el derecho -y la piedad. Son vencidos los partos en la causa, sean vencidos en -las armas. Traiga mi capitán al Lacio las riquezas del reino de la -aurora. Padre Marte, padre César, auxiliadle en su jornada, ya que -uno de vosotros es dios, y el otro llegará a serlo. Vaticino ya: -vencerás, dedicaré votivos himnos, y cantaré tus hazañas con heroica -trompa. Haciendo alto, exhortarás con mis palabras a las huestes. ¡Oh! -¡Correspondan mis razones a tu valor! Diré la fuga de los partos, y el -esfuerzo de los romanos, y los dardos que lanza el enemigo desde sus -vueltos caballos. Parto, que huyes para vencer, ¿que dejas al vencido? -Parto, tus armas tienen ya un funesto presagio. ¿Llegará pues aquel -día en que tú, el más bizarro de los príncipes, entres triunfante en -un dorado carro, tirado por cuatro blancos caballos? Irán delante los -caudillos, atados los cuellos con cadenas, y no podrán, como antes, -salvarse en la fuga. - -Presenciarán el triunfo los jóvenes alegremente mezclados con las -muchachas, y aquel día dilatará los ánimos de todos. Entonces, si -alguna os pregunta el nombre de los reyes y plazas, montes y ríos, -cuyos diseños se lleven tremolados, responded a todo, y aun a lo que -no pregunte, refiriendo como bien sabido o que ignoréis. He aquí el -Éufrates con la cabeza coronada de cañas, y aquel río de cerúlea -cabellera es el Tigris. Estos son armenios, aquella Persia. Esta ciudad -está en un valle de los aquemenios. Aquel y aquel son los generales; y -se llamarán por los nombres que les deis. Decid los verdaderos si los -supiereis, y si no, otros a propósito. - -También los festines proporcionan entrada a las abastecidas mesas, -donde, además del vino, hallaréis otros placeres. Allí el amor humilla -la altivez de Baco, presentado a los brindis por torneados brazos. -Cuando Cupido empapó en el vino sus alas rezumosas, se hace pesado -y permanece inmóvil. Sacude velozmente sus mojadas plumas, pero no -impide que el amor inunde los corazones. El vino dispone los ánimos a -enardecerse, y a fuerza de beber se disminuyen y desechan los cuidados. -Entonces vienen las risas: entonces hasta el pobre toma orgullo: -entonces huyen las zozobras y pesares, y se rejuvenece la arrugada -frente: entonces la sinceridad, tan rara en nuestro siglo, abre los -senos del alma, porque Baco ahuyenta los artificios. Allí las muchachas -roban el corazón a los jóvenes, porque Venus en los vinos es fuego en -el fuego. La noche y el vino impiden discernir la hermosura; y así no -fieis demasiado de la engañosa luz de las lámparas. Paris miró de día y -a cielo abierto a las diosas, para pronunciar su juicio a favor de la -más bella. Por la noche se ocultan las tachas y se perdonan todos los -defectos; y la oscuridad hace hermosa a cualquiera. Consultad al día -las piedras preciosas y las telas teñidas de púrpura; consultad al día -los talles y semblantes. - -¿Para qué os he de nombrar las reuniones mujeriles, acomodadas para -los que conquistan? Exceden a las arenas. ¿Qué diré de Bayas, y de sus -riberas pobladas de albergues? Y ¿qué de los calientes baños de azufre -que estan humeando? Uno, saliendo de aquí con el corazón llagado, dijo: -no son saludables estas aguas, como cuentan. He allí fuera de las -murallas el templo de la selvática Diana, cuyo sacerdocio se disputa -con puntas de ofensivos cuchillos.[5] La diosa, aunque virgen y enemiga -de los dardos de Cupido, ha causado y causará a sus devotos muchas -heridas. - - [5] El que vencía sucedía en el sacerdocio, de modo que esta - dignidad se podía llamar conquistada. - -Hasta aquí mi musa, en desiguales versos, os ha enseñado donde habéis -de buscar a quien amar, y donde armarle lazos. Ahora me afano a -mostraros lo más importante de mi arte, que es el modo de ganar a la -que os agradó. Escuchadme, hombres, con mente dócil, seguros de que no -hago promesas vanas. Persuadíos firmemente a que todas se pueden coger; -y las cogeréis, dándoos maña. Antes enmudecerán los pájaros en la -primavera, en el estío las cigarras, y los perros huirán la liebre, que -a un joven se resista la mujer suavemente acariciada. Tal que pensaréis -no condescienda, también condescenderá. Bien así como a los hombres, -engolosina a las mujeres la furtiva Venus. Los hombres disimulan mal; -ellas desean más encubiertamente. Por eso es ley conveniente que el -varón se declare antes, y que la hembra ruegue ya vencida. La novilla -brama al toro en los herbosos prados; la yegua relincha al cornípedo -caballo. - -No es más punzante en nosotros, ni tan furiosa la lujuria: el ardor -viril tiene término natural. Aficionose de su hermano con amor -prohibido la ninfa Biblis, y con un dogal castigó en sí lo ilícito -valerosamente. Mirra concibió por su padre indebida ternura, y se -escondió debajo de la corteza de un árbol oloroso, donde está ahora -llorando. Nos ungimos con sus lágrimas, y conservan el nombre de su -dueño. - -Había en los valles umbríos del frondoso Ida un albo toro, ornamento -de su rebaño, señalado con un poco de negro en medio de los cuernos; -tenía esta única mancha, lo demás era como la leche. Las novillas -de Cnoso y de Cidón apetecieron sostenerle en su lomo. Pasífae -lisonjeada de que llegaría a ser su amante adúltera, odiaba celosa a -las garridas terneras. Lo que digo es notorio, y no lo puede negar -Creta la mentirosa con sus ciento ciudades. Esta misma segaba, con -desacostumbrada mano, tiernas hojas y fresca yerba para el toro. Iba -compañera entre el rebaño, sin que detuviese su ida el cuidado del -esposo; y el toro era preferido a Minos. ¿De qué te sirve, Pasífae, -vestir ropas preciosas, si tu galán es insensible a esas riquezas? -¿Qué necesitas espejo tú que corres tras del rebaño por ásperas -montañas? ¿Para qué, necia, rizas tanto el cabello? Cree al espejo -que te desmiente de que eres becerra: ¡oh, cuanto quisieras que te -naciesen cuernos en la frente! Si amas a Minos, no busques barragán; -o si quieres ofenderle, oféndele con hombre. Por bosques y jarales, -dejando el ostentoso palacio, vaga la reina como bacante inspirada por -el dios de Aonia. ¡Ah! Cuántas veces miró con mal gesto a una novilla, -diciendo: ¿Por qué esta agrada a mi querido? Ved como trisca delante de -él en las praderas, y no dudo que neciamente se imagine que le agrada -con saltar así. Decía, y mandaba, al punto quitarla de la vacada, y -ponerla sin razón a tirar del duro arado; o la hacía caer ante las -aras, víctima del maquinado sacrificio, teniendo alegre ella misma -las entrañas de su competidora. Y siempre que aplacaba a los númenes -con rivales degolladas, teniendo sus entrañas: andad ahora, decía, a -agradar a mi dueño. Ya pretendía la suerte de la ninfa Europa, ya la -suerte de Ío: esta porque fue vaca; la otra porque cabalgó en un toro. -Pasífae sació por fin su pasión con la guía del rebaño, metiéndose -dentro de una vaca de madera; y el parto descubrió a su autor[6]. - - [6] De este trato bestial nació el Minotauro, que encerró Dédalo en - el laberinto de Creta. - -Si Aérope no hubiera sucumbido al adulterio de Tiestes, no hubiera -Febo retrocedido en medio de su carrera, ni con vueltos caballos -conducido hacia la aurora su carro. La hija de Niso, robado a su padre -el cabello de que pendía su vida, para entregarlo al enemigo que ella -amaba, fue cambiada en monstruo marino, que entre sus muslos apretaba -a unos perros rabiosos. Fue inhumanamente asesinado por su consorte el -atrida Agamenón, el que en la tierra había escapado a Marte, y en el -mar a Neptuno. ¿Quién no virtió lágrimas sobre la hoguera de Creúsa, y -sobre la madre ensangrentada con la muerte de sus hijos? Lamentó Fénix -con secos gemidos el vilipendio de su padre. Los espantados caballos -despedazaron a Hipólito. Fineo, ¿por qué arrancas los ojos a tus -inculpables hijos? Sobre tu cabeza recaerá este castigo. - -Tantas desventuras se causaron por lascivia femenil. Es más acre que -la nuestra, y tiene más vehemencia. Ea pues, no dudéis de lograr todas -las muchachas: apenas habrá entre mil una que resista a vuestras -solicitudes. Las que otorgan y las que niegan se gozan de ser rogadas. -Para que os engañéis, al principio os darán repulsa; pero ¿por qué -engañaros, siéndoles sabrosa la novedad en los deleites, y arrastrando -más su corazón los vedados? Más colmada parece siempre la mies en el -campo ajeno: más abundante en leche el rebaño vecino. - -Pero ante todo procurad conocer a la sierva del objeto anhelado, para -que os facilite su trato. Ved que interviene en los consejos de su ama, -y que es sabedora no poco confidencial de sus secretas diversiones. -Sobornadla con ruegos y con promesas, porque si ella quiere obtendréis -fácilmente lo que deseáis. Elija ella el tiempo (también los médicos -guardan tiempos) en que la voluntad de su señora se manifieste fácil, y -dispuesta a ser ganada. Estará dispuesta la voluntad cuando alegrísima -sobre manera lozaneare, como el sembrado en tierra fértil. Así como la -tristeza comprime los corazones, la alegría los ensancha: entonces se -abren por sí mismos, y Venus entra no difícilmente. Cuando Troya estaba -triste, se defendió peleando; entregada al regocijo recibió el caballo -preñado de soldados. - -Hase también de propiciar cuando se doliere injuriada por combleza -del marido: entonces redoblad vuestras artes, para que no quede sin -venganza. Despierte su atención la sierva al peinar por la mañana sus -cabellos, añadiendo a la vela la fuerza del remo. Y suspirando diga -entre sí con leve murmullo: a mi parecer nunca podrás pagarle en la -misma moneda.[7] Hable entonces de vosotros en términos persuasivos, -jurando que morís locamente por sus amores. Pero aprovechad la -coyuntura, no sea que se abatan las velas, y amaine el viento. -Desaparece brevemente la ira, como la frágil escarcha. - - [7] Se entiende del marido amancebado. - -¿Me preguntaréis acaso si convendría corromper a la misma tercera? Se -necesita en esto grande fortuna. Muchas con el concúbito se hacen más -activas, y otras más negligentes. Las unas os prepararían el don de -su señora; las otras labrarían sus placeres. El acierto es eventual: y -aunque esto salga bien a los atrevidos, mi consejo es abstenerse. - -No os conduciré yo por eminencias y precipicios, ni ningún joven será -chasqueado, siendo yo su director. Si la confidente, al recibir y dar -los billetes, os place tanto por su figura, como por su puntualidad, -haced por gozar primero a la señora, y sígala ella en la suerte. No -habéis de empezar la Venus por la sirviente. Lo único que aconsejo (si -se da crédito al arte, y no tenéis mis dichos por palabras vagas) es: o -no intentar, o perfeccionar la obra. Se quita el descubridor, entrando -ella una vez a la parte en el delito. En vano se esfuerza a volar el -pájaro cogido en la liga: no escapa fácilmente el jabalí asido en las -redes; ni el pez huye herido y preso en el anzuelo. Asaltad la plaza, -y no os apartéis sino vencedores. Entonces no os estorbará, ligada -con la culpa de entrambos, y sabréis cuanto haga y diga su señora. -Pero sed muy callados, porque si no la descubrís, sabréis siempre las -interioridades de vuestra amiga. - -Yerra el que opina que solo deben observar el tiempo los navegantes y -los operosos cultivadores. No siempre se ha de confiar la siembra de -la falaz apariencia de los campos, ni embarcarse siempre que el mar -parece en calma; ni es siempre seguro conseguir las buenas muchachas. -Hay tiempos más acomodados a tales conquistas. Si se acercare su -cumpleaños; o las calendas de marzo consagradas a Venus; o si el circo -estuviere no adornado con mezquinas estatuas, como antes estuvo, -sino enriquecido con despojos de reyes[8]; diferid el negocio, pues -entonces se apresura el triste invierno, y las Pléyades: entonces las -cabrillas se sumergen en las marinas aguas. Entonces es bien desistir: -entonces, el que se confía a las olas esta cierto del naufragio. - - [8] No es oportuno, dice, darse a galanterías cuando se representan - tragedias, porque sus efectos terror y compasión desvían el corazón - mujeril de corresponder a ellas. ¡Qué cultura! - -Comenzaréis acertadamente por el tiempo de la batalla que enrojeció con -latina sangre al lloroso Alia: o en los días saturnales, destinados -a la holganza, y en las fiestas séptimas celebradas por el palestino -Siro. Temed sobre todo el natalicio de la amiga; porque el día en -que se ha de regalar es un día aciago. Por mucho que la evitéis, -ella os lo sacará, pues la mujer sabe el arte de chupar el dinero al -amante deseoso. Vendrá un desaliñado mercader a casa de la antojadiza -compradora, y en vuestra presencia mostrará sus mercaderías. Las cuales -ella, como que le parecéis conocedores, os rogará que veáis. Después -os besará, y en seguida os pedirá se las compréis. Os dirá que las -necesita ahora, y que ahora se le han de comprar; jurando quedar con -esto contenta para muchos años. Si os excusáis con que no tenéis dinero -en casa, os pedirá una obligación; y no os evadiréis, con toda vuestra -ciencia. - -¿Pues, qué, no pedirá dádivas para las libaciones en el día de sus -años, renovando su nacimiento cuantas veces lo necesite? ¿Y qué, -no llorará otro día desconsolada por fingidas pérdidas, como la de -habérsele caído una piedra del pendiente? También piden prestadas -muchas cosas, y no las vuelven. Las perdéis, y este daño queda sin -agradecimiento. En suma, no me bastarían diez bocas y otras tantas -lenguas para proseguir las sacrílegas socaliñas de una mujer venal. - -Tantead el vado con un billete, que vaya como primer mensajero de -vuestro pensamiento. Llenadle de requiebros, imitando las palabras de -los amantes, y acompañándolas con eficaces súplicas. Movido Aquiles -con la plegaria de Príamo, le donó el cuerpo de Héctor; y los dioses -airados se inclinan a la voz rogadora. Prometed, porque ¿qué daña -el prometer? Cualquiera puede ser liberal en promesas. La esperanza -alimenta por largo tiempo una vez consentida. La esperanza es engañosa: -pero es una divinidad a propósito.[9] - - [9] Una divinidad que juega mucho en los negocios del mundo. - -Una mujer os dejará con razón cuando la hayáis dado algo, y pagada de -lo pasado nada se exponga a perder. Pero no dando, aparentad siempre -que daréis. Así engaña un campo estéril muchas veces a su dueño: así un -jugador que pierde, sigue perdiendo cebado en la avaricia de afortunada -suerte. Esta es la obra, esta la habilidad, adquirir sin interés los -primeros favores; porque la que gratuitamente complació, continuará -complaciendo. Enviadla pues billetes llenos de ternura para reconocer -antes el camino, y explorar la voluntad. Cidipe fue seducida por una -carta, atada a una manzana, cuyas expresiones encendieron a la incauta -en su pasión. - -Amonesto a la juventud romana que aprenda a ser elocuente no solamente -para defender a los medrosos reos. Aplaudirá a la elocuencia tanto la -amorosa muchacha, como el pueblo, los jueces graves y el circunspecto -senado. Disimulad sin embargo el arte, y no os jactéis de elocuentes. -Desterrad de las cartas las palabras afectadas. ¿Quién sino un falto -de talento hablará a su tierna amiga como declamador? A veces son las -cartas estudiadas causa de aborrecimiento. Escribid en estilo creíble, -y en términos acostumbrados; suaves empero para que parezca que habláis -estando presentes. Si no recibe el billete, y lo devuelve sin leerlo, -no desesperéis de que lo leerá, y perseverad en el propósito. Con el -tiempo vienen al yugo los indómitos toros: con el tiempo se enseñan al -duro freno los caballos. Con el continuo uso se gasta una argolla de -yerro; y la reja del corvo arado se consume con la continua labranza. -¿Qué hay más duro que el peñasco? ¿Qué más blando que el agua? Y sin -embargo el agua blanda cava en el duro peñasco. Insistid; con el tiempo -a la misma Penélope venceréis. Tarde se vio tomada Troya; pero se vio -tomada. - -Si lee, y no quiere responder, no la apremiéis. Proseguid en escribirla -vuestras ansias: que si una vez gusta de leerlas, gustará de responder -a su lectura. Estas cosas vendrán por su orden gradual. Acaso la -primera respuesta será desengañada, y os rogará que no la requiráis de -amores; pero temerá cumpláis lo que ruega, y deseará que apresuréis lo -que no ruega. Seguid, y arribaréis luego a vuestro intento. - -Entretanto si la encontráis llevada muellemente en la litera, acercaos -con disimulo, y para que alguno no aplique curioso el oído a vuestra -plática, ocultadla con la astucia de explicaros por palabras ambiguas. -Si se espaciare a pie en el pórtico, paseaos también, y permaneced allí -tanto como ella; ya yendo detrás, ya delante, ya de prisa, ya despacio -sin avergonzarse de pasar por medio de las columnas[10], o de ir a su -lado. - - [10] Era costumbre no pasearse por entre las columnas de los - pórticos o atrios. - -Ni la dejéis sola en las diversiones teatrales: allí con su compostura -os embebecerá la atención. Miradla y remiradla, y haced como que la -admiráis; habladla muchas cosas con los ojos, y muchas por señas -Aplaudid a la mima que baile con destreza, y a cualquiera que -represente papel de enamorado. Levantaos cuando ella se levante, estad -sentado mientras lo estuviere: gastad el rato al arbitrio de la señora. - -Empero no acostumbréis a ensortijar con hierro los cabellos, ni a -pulir las piernas con la áspera pómez. Dejad esta afeminación a los -sacerdotes que con frigios tonos cantan aullando a la madre Cibeles. A -los hombres les conviene compostura descuidada. Teseo prendó a Ariadna -sin arrebolarse ni rociarse con esencias. Fedra amó a Hipólito, que -no usaba de muchos atavíos; y era cuidado de Venus, Adonis en traje -inculto. Cuidad del aseo, aunque la cara esté fusca con los ejercicios -del Campo Marcio. Llevad bien hecha y sin manchas la toga. No tengáis -asquerosa la lengua, los dientes llenos de sarro, ni naden los pies en -amplio calzado. No llevéis la cabeza deformemente trasquilada; traed -el cabello y la barba cortada por mano hábil. No tengáis largas ni con -suciedad las uñas, ni sobresalga pelo alguno en las ventanas de la -nariz. Evitad que os huela mal el aliento, y el cuerpo a sobaquina. -Todo lo demás es de mujeres lascivas, o de aquel varón que se complace -en torpes amores. - -He aquí a Baco que llama a su poeta, y como protector de amadores -favorece la llama con que él mismo se abrasa. Ariadna erraba demente -por la desierta playa de Cnoso en aquella parte por donde bañan a la -pequeña Día las marinas ondas. Como estaba en el sueño,[11] velada -con desceñida túnica, los pies desnudos, y destrenzados los rubios -cabellos, demandaba con gritos a las sordas olas el cruel Teseo, -vertiendo un río de desmerecidas lágrimas, que regaban sus rosadas -mejillas. Clamaba y lloraba juntamente, y en sus voces y llanto -parecía más hermosa. Golpeándose otra vez el primoroso pecho, ¡el -pérfido se ha ido!, dijo, ¡qué será de mí, qué será de mí! Y toda la -ribera resonó con el ruido de los címbalos y atabales pavorosamente -tañidos. La conmoción la derribó en tierra, interrumpiendo sus últimas -palabras: quedó sin movimiento como amortecida. Al punto vinieron las -bacantes, tendida la melena por las espaldas: al punto los ligeros -sátiros, cortejo precursor del dios: al punto el viejo beodo Sileno, -que teniéndose apenas a caballo del asno, se asía mañoso de las crines. -Entretanto que seguía a las bacantes, y que las bacantes ya le huían, -ya le buscaban, picó al cuadrúpedo con los talones, y como mal jinete -dio de cabeza, caído del orejudo asno. Los sátiros le gritaron: Sus, -arriba, arriba, padre. Ya el dios desde el carro tejido de uvosos -pámpanos detiene con las riendas de oro los uncidos tigres. Quedó -Ariadna sin color, sin habla y sin llamar a Teseo. Tres veces intentó -huir, y tres veces embargada por el miedo tembló como las vacías -espigas sacudidas por el viento; como la caña leve se bambolea en -la cenagosa laguna. Depón el miedo, le dijo el dios, en mí tienes -un compañero más fiel que Teseo. Oh Ariadna, de Baco serás la dulce -esposa. Por dote te doy el cielo: del cielo astro radioso,[12] servirás -de guía a la incierta nave. Dijo; y a fin de que ella no se espantase -de los tigres, saltó del carro, la arena cedió bajo sus pies. La llevó -abrazada contra su pecho, porque a la verdad no tenía fuerza para -resistirse; bien que es fácil a los dioses poderlo todo. Parte de la -comitiva cantó Himeneo, y parte clamó: ¡Evoé, evoé! Así fueron juntos al -tálamo nupcial la novia y el dios. - - [11] Esto es, como había despertado, porque Teseo la dejó durmiendo. - - [12] Conocido con el nombre de corona de Ariadna. - -Así que, cuando en los convites brindaréis los báquicos dones, sentados -mano a mano con alguna mujer, deprecad al padre Nictelio[13], y -las nocturnas deidades no permitan que los vinos perturben vuestro -cerebro. Allí tendréis libertad de decir con palabras encubiertas mil -cosas amorosas, que ella se tomará por sí. Escribid en la mesa breves -galanterías con las gotas de vino derramadas, para darle a conocer -que es vuestro dueño. Mirad sus ojos con ojos intérpretes de vuestra -pasión. Un semblante taciturno habla a veces más que la lengua. Haced -por tomar el primero el vaso en que haya bebido, y bebed por donde sus -labios le hayan tocado. Y cualquiera cosa de comer que haya partido con -los dedos, pedídsela y al dárosla tocadle la mano. - - [13] Sobrenombre de Baco. - -Trabajad también en adular al marido, pues hecho amigo os será muy -útil. Si bebéis por suerte, dejadle la suerte primera, y dadle la -corona quitada de vuestra cabeza. Si es de clase inferior o igual, -dejadle tomar de todo antes; deferid a él, y no le contradigáis. Aunque -la tengan por algo culpada, es vía frecuente y segura engañar al marido -so color de amistad. - -Excédase enhorabuena el encargado de probar el vino y -administrarlo[14]; pero yo os prescribiré la medida cierta con que -habéis de beber, y es mientras tengáis firmes el juicio y los pies. -Evitad sobre todo las rencillas dimanadas del vino, y harto capaces de -parar en golpes. Mató a Euritión la brutalidad en embriagarse: la mesa -y el vino son más propios para agradable pasatiempo. - - [14] Habla de los criados y mayordomos de los Lúculos de aquel - tiempo. - -Si tenéis buena voz, cantad; y si cuerpo ágil, bailad. Agradad por -cualquiera habilidad con que podáis agradar. Como la embriaguez -verdadera ofende, así fingida divierte. Fingid pues que vuestra lengua -tartamudea, para que se atribuya al demasiado vino cuanto hagáis o -digáis con menos decencia. Decid saludes a la querida, y saludes al -que duerme con ella; pero a este imprecadle con interior siniestro. -Cuando acabado el convite se levante de la mesa (la misma concurrencia -os facilitará el acceso) arrimándoos despacio interpolados entre los -demás; pellizcadla, y dadla una pisadita. - -Se aproxima el coloquio. Desechad la nimia cobardía, lejos el -encogimiento, pues Venus y Fortuna ayudan al atrevido. No os dictaré -yo lecciones para ser elocuentes. Con solo empezar os vendrá -espontáneamente la facundia. Haced el enamorado, imitando con las -palabras la enfermedad amorosa, y procurando con arte que os den fe. Y -no habrá trabajo en que os crean, porque ninguna hay que no presuma de -ser amable: por muy feas que sean, todas se juzgan con atractivos para -agradar. Empero muchas veces se empieza a amar por chanza, y muchas -veces llega a ser de veras lo que al principio se finge. Sí, mujeres, -cuanto más complacientes seáis para estos remedadores, tanto más -sincero se hará el amor que poco ha era falso. - -Tratemos de sorprender el corazón con imperceptibles cariños, como las -aguas puras socavan la pendiente orilla. No tengáis empacho de alabar -su cara y sus cabellos, sus torneadas manos, y sus enanos pies. Los -elogios de la hermosura lisonjean también a las castas; y el parecer -hermosas es cuidado agradable de las doncellas. ¿Por qué no se corren -ahora Juno y Palas de haber puesto en juicio su belleza en medio de -las selvas frigias? El pavón de Juno ostenta, cuando le alaban, el -tornasolado brillo de sus plumas; y si le miran con indiferencia, -esconde la riqueza de su adorno. Los caballos entre las contiendas -de la rápida carrera se envanecen con el aplauso de su cuello y bien -peinadas crines. - -No andéis escasos en prometer: las promesas cautivan a las mujeres. -Poned a cualesquiera dioses por testigos de lo prometido. Júpiter -desde las alturas ríe de los perjurios de los amantes, y manda a los -vientos de Eolo que lleven los que son nulos. Júpiter solía jurar -en vano a Juno por el lago Estigio, y él mismo nos alienta con su -ejemplo. Importa que haya dioses; y pues importa, creamos que los hay. -Ofrezcámosles incienso y vino en las antiguas aras, porque no yazcan en -el ocio, ni sumidos en el letargo. Vivid con probidad, pues la deidad -os observa. Restituid los depósitos: sed religiosos en cumplir los -pactos: huya el fraude: no seáis homicidas. Burlad impunemente, si -sabéis, solo a las mujeres. Esta es la única fe a que es vergonzoso no -corresponder con dolo. Engañad a las engañadoras: son raza pérfida por -la mayor parte; caigan pues en los lazos que tendieron. - -Cuéntase que el Egipto careció de las lluvias que fertilizan los -campos, padeciendo en sequedad nueve años. Trasio se acercó al rey -Busiris, y le mostró que Júpiter se aplacaría, derramando en sacrificio -la sangre de un extranjero. Tú serás, respondió Busiris, primera -víctima inmolada a Júpiter; y como extranjero atraerás la lluvia al -Egipto. Y Falaris tostó en el toro los miembros del inhumano Perilo, -estrenando el autor para su daño la obra. Justos fueron los dos -tiranos, porque no hay más equitativa ley, que la de que perezca con -su misma arte el inventor del suplicio. Así que, engañando con razón -los perjurios a las perjuras, sufrirá la mujer las falsías de que da -ejemplo. - -Las lágrimas son provechosas: con lágrimas ablandaréis a los diamantes. -Haced, si podéis, que vea las mejillas humedecidas con el llanto. Si no -podéis llorar (porque no siempre vienen a deseo las lágrimas) estregad -los ojos con la mano mojada. A vuestras cariñosas expresiones, añadid -dulces besos. Aunque ella no los dé tomadlos sin licencia. Acaso lo -repugnará al principio, y os llamará insolente; pero no obstante querrá -que la venzáis en esta repugnancia. Precaved solamente que al robar los -besos no lastiméis sus encarnados labios, no sea que se queje de que -son brutales vuestros besos. - -El que tomó besos, y no toma lo demás, será digno de perder también los -que se le han dado. Después de los besos ¿Cuánto falta para completar -el deseo? El dejarlo no es ya pudor, sino necedad. Lo llamarán -violencia, pero es grata esta violencia a las mujeres, las cuales por -lo regular quieren dar por fuerza lo que las deleita. Cualquiera de -ellas a quien se roba por sorpresa un gusto de amor, se regocija, y -tiene esta malicia por agasajo. Pero la que pudiendo ser obligada, -se va sin que la toquen, aunque afecte satisfacción en el semblante, -quedará descontenta. Febe fue violada; y a su hermana se le hizo -fuerza; y con todo eso una y otra se agradaron de sus forzadores. - -Aunque bien conocida, no se ha de omitir la historia de la hija del rey -de Esciros, de quien triunfó Aquiles. La diosa ciprida había dado ya a -Paris su recompensa por haber preferido su belleza a la de dos diosas, -en el monte Ida. Ya la nuera de Príamo, venida de otras tierras era en -los troyanos muros esposa de Paris. Los griegos aliados juraban vengar -al ofendido marido, y la afrenta de uno solo era la afrenta de todos. -Aquiles estaba disfrazado con ropas largas de mujer: traje vergonzoso, -si no lo vistiera por acceder a los ruegos de su madre. ¿Qué haces, -nieto de Eaco? No es tu oficio el de hilar lana. Busca timbres en la -ocupación de Palas. ¿Qué, a ti los canastillos? Más bien estará en tu -mano el escudo. ¿Por qué tienes el huso en la diestra que derribará a -Héctor? Arroja las mazorcas del torcido estambre; blandirás tu lanza -con esa fuerte mano. Casualmente había en la misma mansión una doncella -de estirpe regia, que con deshonor suyo, conoció que aquel era varón. -Fue vencida por violencia, y así debemos creerlo; pero también que ella -se dejó vencer. Cuando Aquiles se apresuraba a marchar y había tomado -ya las bélicas armas: Detente, le decía reiteradamente. ¿Dónde está -ahora la fuerza? ¿Por qué detienes, Deidamía, con cariñosas palabras al -autor de tu deshonra? - -Hay cosas de las que una mujer no puede sin rubor hablar la primera, -pero que admite gustosa cuando se las proponen. ¡Ah! ¡demasiado presume -un joven de su hermosura, si aguarda que la mujer pida favores! A -los hombres toca empezar: a los hombres toca recuestar con palabras -suplicantes; y a ellas aceptar benignamente los dulces ruegos. Si -queréis gozar, rogad, pues ellas desean solamente ser rogadas. -Manifestadles pues lo que apetecéis. No desdeñaba el mismo Júpiter de -dirigir súplicas a las antiguas heroínas, y ninguna repelió al gran -Júpiter. No obstante si veis que a las súplicas opone orgullosa dureza, -dejad lo comenzado, y volved atrás. Muchas se apasionan de quien -las huye, y desaman a quien las busca. Solicitando con más tibieza, -apartaréis el fastidio. No siempre se alcanzan goces de Venus por el -declaradamente enamorado; a veces entra el amor cubierto con velo de -amistad. Por este medio he visto enamorarse a mujeres insociables, y al -que había ido amigo trasformado en amante. - -Sienta mal al marinero la tez blanca, pues los vientos marítimos y -los rayos del sol deben ennegrecerle. También sienta mal al labrador, -porque siempre a la inclemencia, revuelve la tierra con la azada y -corva reja. Y los que aspiran a arrebatar la palma en los juegos -olímpicos serían vituperables en tener blancos los cuerpos. Todo amante -esté descolorido, pues la palidez es color propio de acongojados -amantes: este les viene bien, aunque imaginen que no importa el -semblante. Pálido erraba Orión por los bosques en pos de la esquiva -Side: pálido estaba Dafnis por la insensible náyade. La palidez sea -índice del corazón, y no parezca despropósito tapar con gorro la -atusada cabellera[15]. Enflaquecerán a los juveniles cuerpos las largas -vigilias, la cavilación, y las ansias que siguen a un amor intenso. -Para condoler a la querida andad miserables, de modo que cuantos os -vean puedan llamaros amantes. - - [15] Entre los romanos llevar gorro era señal de enfermedad. Habla - pues aquí Ovidio de las dolencias amorosas. - -Sin lamentarme de ver confundidos el vicio y la virtud, de ver que -amistad y fe no son sino palabras vacías de sentido; no puedo menos -de decíroslo: no hay seguridad en alabar al compañero la persona que -amáis. Creyendo las alabanzas, pensará en desbancaros. Es cierto que -Patroclo no corrompió la amante de su caro Aquiles, y Fedra fue casta -con Pirítoo. Pílades amaba a Hermione como Apolo a Palas, y como a -Elena su hermano gemelo Cástor. Pero si alguno espera otro tanto, -espere coger manzanas del tamariz, y pida miel a los ríos. - -Es natural la inclinación al mal: cada uno procura sus gustos, y estos -son más aceptables, si vienen a costa de los demás. ¡Oh corrupción! -No es temible para un amante el enemigo, y para estar seguro debe -desconfiar de sus fieles amigos. Guardaos del pariente, y del hermano, -y del caro compañero: todos estos os darán verdaderos motivos de -recelar. - -Para concluir digo que, habiendo mil genios entre las mujeres, con -mil medios se ha de propiciar su corazón. No produce todos los frutos -una misma tierra: esta es buena para viñas, aquella para olivas y la -otra para trigo. Hay tantas inclinaciones diversas como personas en -el mundo. El prudente se acomodará a todos los caracteres. Imitará a -Proteo, que ora se mudaba en la corriente de un río, ora en león, ora -en árbol, ora en cerdoso jabalí. Entre los peces unos se cogen con -fisga, otros en redes, otros en hueca nasa. - -Ni son buenos unos mismos medios para todas las edades. Una cierva -vieja ve los lazos a mayor distancia. Si parecéis astuto a la -inexperta, y descarado a la modesta, al punto apocadas desconfiarán de -vosotros. De aquí es que las que no se atreven a entregarse a un hombre -distinguido, se abandonan a los viles abrazos de un tuno. - -He desempeñado la primera parte de la empezada obra. Echemos aquí las -anclas para detener la nave. - - - - -LIBRO SEGUNDO. - - -Loor a Apolo: dos veces loor a Apolo. La presa apetecida cayó en -mis lazos. El regocijado amante orne mis versos con verde palma, y -ensálceme sobre Hesíodo y el anciano Homero. Tal era el hijo de Príamo, -cuando con la robada consorte regresaba viento en popa de la guerrera -Amiclas. Tal era Pélope, cuando iba en carro victorioso transportando a -Hipodamía en ruedas extranjeras. ¿Para que te aceleras, joven? Tu bajel -navega aún en alta mar, y está lejos el anhelado puerto. No es bastante -haber adquirido, siendo yo el consejero, el objeto de tu amor. Con mis -lecciones fue captado: con mis lecciones se ha de conservar. Porque -no se necesita menos sabiduría para defender lo ganado, que para -adquirirlo. En esto puede influir la ventura, pero aquello es obra del -arte. - -[Ilustración] - -Inspiradme propicios ahora, Cupido y Citerea, si alguna vez me -favorecisteis: inspírame ahora, Erato, tú que tienes nombre de amor. -Grandes cosas emprendo: enseñar por que artes se ha de hacer estable al -amor, muchacho vagabundo por el vasto universo. Él es liviano, tiene -géminas alas para volar, y es difícil imponerles reglas. - -Minos había cerrado a Dédalo todos los pasos por donde podía escapar; -mas él halló la vía arriesgada de salvarse volando. Luego que -Dédalo hubo encerrado en el laberinto al varón semibuey, o al buey -semivarón[16], concebido por la abominación de su madre: rectísimo -Minos, dijo, pon término a mi destierro, y vayan mis cenizas a reposar -en la paterna tierra. Y ya que, agitado de los hados rigurosos, no -pude vivir en la patria, a lo menos séame dado el morir. Concede que se -restituya a ella mi hijo, si en mis años no me consideras a mí digno de -esta gracia: y si no quieres concedérselo al muchacho, concédeselo al -viejo. Estas y otras razones había dicho; mas vanamente, el inflexible -Minos le negaba el regreso. Al punto que lo entendió, ahora, dijo, -ahora tienes campo, oh Dédalo, para ejercitar tu ingenio. Minos es -señor de la tierra y del mar, y ni la tierra ni el agua están francas -para mi fuga. Resta el camino del aire; por el aire tentaré ir. Ayuda -mi designio, alto Júpiter. No presumo sublimarme hasta los estrellados -asientos; pero no tengo sino este camino para librarme del rey. Si -hubiera salida por el estigio, vadearía las estigias aguas: permítaseme -crear leyes para mi naturaleza. Los males aguzan a veces el ingenio: -¿quién jamás hubiera creído que un hombre había de caminar por las -aéreas regiones? Puso en orden unas alas con plumas volátiles, atando -esta ligera obra con hilo, y sujetando su parte inferior con cera -derretida al fuego: acabose el trabajo del nuevo artefacto. Manejaba -el muchacho sonriéndose la cera y las plumas, ignorante de que esta -invención se preparaba para sus hombros. En este bajel, le dijo su -padre, hemos de aportar a nuestra patria; con este auxilio hemos de -salvarnos del cautiverio de Minos. Este no pudo cerrarnos el aire; todo -lo demás lo ha cerrado. Ya que podemos, rompe con mi invento los aires. -Pero no has de mirar a la Osa, al Boyero que la acompaña, y al Orión -armado con espada. Regla tu vuelo al mío; yo iré siempre delante. Sea -tu cuidado seguirme; guiando yo irás seguro. Porque si nos elevamos a -las etéreas esferas, acercándonos al sol, la cera se liquidará con el -calor de sus rayos; y si con humildes alas atravesamos muy inmediatos -el mar, las movibles plumas se humedecerán con sus azuladas aguas. -Toma pues un vuelo medio, y teme, hijo mío, los vientos: hacia donde -sople el aire agita las favorables velas. Entretanto que le daba estos -avisos, acomodaba las alas al muchacho, y le enseñaba a servirse de -ellas: bien como la ave dirige a los endebles hijuelos. Atole después -las alas, proporcionadas a sus hombros, y le entregó no sin temor al -nuevo viaje. Al echar a volar besó tiernamente al pequeñuelo, y las -paternales mejillas no contuvieron sus lágrimas. Había una colina menor -que el monte, y más alta que la llanura: de allí se dieron los dos a -la desgraciada huida. Movía Dédalo sus alas, y miraba las del hijo, -sosteniendo siempre su rumbo. Pero ufano Ícaro de transitar por no -descubierto camino, deponiendo el temor, voló con más osadía de la -que prestaba el arte. Violos uno que con trémula caña pescaba peces, -y su mano paró en la ocupación. Ya habían dejado a la izquierda las -islas de Samos, y Naxos, las de Paros y Delos, amada de Apolo; y a -la derecha quedaban las de Lebintos, Kálimnos de sombríos bosques, y -Astipalea ceñida de pezcosos vados; cuando el imprudente muchacho con -harta temeridad se remontó más arriba, abandonando a su guía. Rómpense -las ligaduras, derrítese la cera con la inmediación del sol, y ya el -sutil viento no sostenía el movimiento de sus brazos. Atónito echó la -vista al mar desde tanta elevación, y el horrible miedo ofreció a sus -ojos los crepúsculos de la noche. Acabó de liquidarse la cera, y él -batía los desnudos brazos. Estremécese, y no tiene con que sostenerse. -Cayó, y cayendo: Padre, oh padre, me llevan, dijo, y las cerúleas aguas -sofocaron sus voces. El infeliz padre, no padre ya: Ícaro, clamó, -¿donde estás, Ícaro, o a que parte del cielo vuelas? Ícaro, clamaba; -pero vio sus alas en el mar. La tierra hospedó sus huesos, y las aguas -retuvieron su nombre. - - [16] El Minotauro, engendro de un toro y de Pasífae, mujer de Minos. - -No pudo Minos refrenar las alas de Dédalo; y yo me aparejo a detener -al dios que inconstantemente vuela. Aquel se engaña que recurre a la -magia de Tesalia, y al hipomanes confeccionado con la carúncula que -se arranca de la frente del potro recién nacido. No son poderosas de -fijar al amor las yerbas de Medea, ni los encantos de los marsos[17] -mezclados con mágicos conjuros. Si con hechizos se pudiese conservar el -amor, Medea hubiera poseído a Jasón; y Circe a Ulises. - - [17] _Marsos_, antiguos pueblos del Abruzo. Tomaron el nombre - de Marso, hijo de Circe, y aprendieron de él a ser famosos - encantadores y hechiceros. - -En vano se dan a las mujeres brebajes amatorios, que causan palidez. -Estas confecciones trastornan el espíritu, y tienen la virtud de -enloquecerle. Lejos todo artificio: para que os amen, sed amables. -No bastarán para serlo el semblante ni la hermosura; aunque seáis -un Nireo, tan alabado por el antiguo Homero, o un Hilas robado por -superchería de las náyades; para retener a vuestra amada, y no veros -abandonados, a las gracias del cuerpo añadid las dotes del ingenio. La -hermosura es deleznable bien: se aja con los años, y fenece limitada en -su período. No siempre florecen las violetas y los anchos lirios[18]; -y los rosales que ya no llevan rosas, se erizan de agudas espinas. -Vosotros, preciados de hermosos, pronto veréis canos vuestros cabellos; -pronto vendrán las arrugas a surcar vuestro cuerpo. Perfeccionad pues -el espíritu, que no se marchita, y sostendrá vuestra belleza. Él solo -permanece hasta el lóbrego sepulcro. Sea no leve estudio vuestro -cultivarle con las buenas letras, y aprender a ser elocuentes. No era -hermoso, pero era facundo Ulises: y con su elocuencia se atraía el amor -de las mismas diosas. - - [18] En el original elegantemente _hiantia lilia_. He traducido - anchos, porque siendo los _lirios_ las flores que más se abren, - el adjetivo _abiertos_, común a todas, no expresaría la demasiada - abertura de ellos. - -¡Oh, cuántas veces se dolió Calipso de la celeridad de su partida! ¡Y -cuántas le detuvo diciéndole que no estaba propicio el mar para hacerse -a la vela! De tiempo en tiempo le rogaba contase el asedio de Troya; -y él solía referir muchas veces el mismo suceso de modo diferente. -Un día, estando los dos en la playa, exigió la hermosa Calipso le -contase las cruentas hazañas del capitán de los Tracios. Él, con una -varita que por acaso tenía en la mano, dibujó la pedida historia en -la arenosa orilla. He aquí, dijo, a Troya; y figuró sus muros en la -espesa arena: este es el Simois, y aquí, a sus márgenes mi campamento. -Aquí estaban las trincheras (y las pintaba) que deshicimos con muerte -de Dolón, cuando vigilante intentó robar los caballos de Aquiles. Allá -estaban las tiendas de Reso, rey de Tracia, a quien a oscuras cogí los -caballos. Trazaba otras muchas figuras, cuando las improvisas olas -borraron a Troya, y los reales de Reso con su general. Entonces la -diosa le dijo: mira esas olas a las que te confías para irte, mira de -cuales nombres hacen mofa en este momento. - -Así pues, confiad poco en la figura mudable. Seáis quién fuereis, -ennobleceos con más sólido mérito. Gana principalmente las voluntades -la fácil condescendencia: la aspereza y los duros modales producen -odio. Aborrecemos al gavilán, porque vive siempre de la rapacidad; -y a los lobos, porque acostumbran ir contra el tímido rebaño. La -golondrina, por mansa, está libre de las asechanzas del hombre; y las -aves caonias tienen palomares donde anidar. - -Vayan pues fuera las rencillas y la maledicencia entre amantes, -aliméntese el tierno amor con palabras de dulzura. Por las disensiones -huyen las casadas a sus maridos, y los maridos a sus mujeres, -persuadiéndose a que se deben siempre recíprocos tratamientos. Esto es -bueno para los casados: las contiendas son dote del casamiento. Pero la -amiga oiga siempre requiebros. No habéis unido lecho por disposición de -las leyes, amor solo ejerce entre vosotros el oficio de la ley. Gastad -pues tiernas caricias, y expresiones que halaguen sus oídos; y así -recibiros ha siempre con alegría. - -No me constituyo yo preceptor de amores para los ricos. El que diere -no necesita de arte. Consigo lleva la ciencia quien, cuando le -peta, dice: toma. Cedo: con su dinero será más estimado que con mis -advertencias. Compongo estos versos para pobres, porque yo amé como -pobre. Cuando no podía regalar dádivas, regalaba palabras. Ame el pobre -con circunspección: el pobre tema hablar mal; sufra muchas cosas que no -sufrirían los ricos. Acuérdome que irritado un día descompuse al dueño -mío los cabellos. ¡Ay de mí, cuán malos días me costó aquel enojo! -Ni sentí, ni creo haber desgarrado su túnica; mas ella lo dijo, y la -rescaté a mi costa. Vosotros los que sois prudentes, evitad defectos de -vuestro maestro; temed los males de mi culpa. - -Guerra con los partos, y paz siempre con la dulce amiga: los juegos y -alegría son los compañeros del amor. - -Si no fuere con vosotros bastante cariñosa y afable, sufrid y tolerad: -con el tiempo se tornará blanda. Doblegándolas con suavidad, se -enderezan las encorvadas ramas del árbol; y se quiebran violentándolas -con fuerza. Con suavidad se cortan las rápidas aguas de los ríos; -y no pudieran vadearse, nadando contra la corriente. Con suavidad -se doman los tigres y leones de Numidia: y los toros se acostumbran -poco a poco a tirar de la rústica esteva. ¿Quién fue más intratable -que la árcade Atalanta? Pues esta soberbia se rindió por fin a los -obsequios del amante. Dicen que Milanión lloraba mil veces, debajo de -los árboles, rigores y altiveces de esta muchacha. Mil veces cargaba -en sus obedientes hombros sus redes para cazar: y mil veces clavó para -ella con fiera lanza los montaraces jabalíes. Hiriole Hileo con arco -despreciado por él, pero lo estaba ya por otro arco más nocivo. No os -mando yo trepar armados por las selvas de Ménalo, ni llevar a cuestas -las redes; ni os mando exponer vuestros pechos a saetas disparadas: los -mandatos de mi arte serán llevaderos para los prudentes. - -Ceded a la porfiada; cediendo saldréis vencedores. Obrad del mismo -modo que si ella os lo mandara. Reprended lo que reprenda; aprobad -lo que apruebe; decid lo que diga, y negad lo que niegue. Reíd, si -ríe; acordaos de llorar, si llora. Imponga leyes con su semblante. Si -jugare a los dados, echad mal, y dadle los mejores puntos. Si jugáis -al carnícoles, para que no la aflija la pena de perder, haced que -esté siempre a vuestro lado la perjudicial canícula. Si jugareis al -ajedrez, imagen del latrocinio, haced que vuestro soldado perezca -por el peón enemigo. Llevad tendido para ella el quitasol, y haced -calle entre la gente por donde pase. No dudéis servir de estribo para -el mullido lecho, ni de calzar a sus galanos pies y descalzar las -sandalias. Calentad en vuestro pecho sus frías manos, aunque vosotros -mismos tiritéis transidos. Ni graduéis de impropio (aunque impropio -para vosotros, la complacerá) tenerla el espejo con voluntaria mano. -Hércules, merecedor del cielo que antes había sostenido, exterminados -los monstruos de la melancólica madrastra, tenía los canastillos entre -las hijas de Lidia, e hilaba groseras lanas. El héroe de los Tirintios -obedecía al arbitrio de su señora. Ved ahora si dudaréis de sufrir lo -que él sufrió. - -Encargados de ir al foro, anticipad siempre la hora señalada, y volved -tarde. Si os mandare demandar a alguno, posponedlo todo; corred para -que no os detenga en el camino tropel de gente. Si retornare por la -noche a casa después de haber asistido a los convites presentaos en -lugar del siervo, cuando llamare. Si estando en el campo os mandare -venir, faltando carruaje, tomad el camino a pie, porque el amor -aborrece a los perezosos. No os arredre el tiempo crudo, ni la sedienta -canícula, ni el camino alfombrado con blancas nieves. - -Especie de milicia es el amor; apartaos, indolentes, pues estos -estandartes no se han de defender por hombres cobardes. La noche y el -invierno, las largas carreras, los duros pesares, y todo dolor está -presente a los que combaten en estos voluptuosos reales. Muchas veces -os cogerá la lluvia desatada de las nubes, y muchas veces dormiréis -fríos en la desnuda tierra. Se cuenta que Apolo apacentaba las vacas -de Admeto, y se guarecía en pajiza cabaña. ¿A quién no honrará lo que -honró a Apolo? Desnudaos de vanidad los que aspiráis al amor duradero. - -Si no podéis ver a vuestra amada por camino llano y seguro, o si -estuviere con opuesto cerrojo cerrada la puerta, escurríos por el -fragoso techo, o subid a hurtadillas por las altas ventanas. Se -complacerá sabiendo que fue para vosotros causa de peligro: y esto será -para ella prenda de amor sincero. Muchas veces podías tú, Leandro, -carecer de la vista de tu señora, sin embargo pasabas a nado el mar, -para que conociese tu pasión. - -No tengáis a menos haceros lugar con las siervas y siervos, -particularmente con los primeros en el orden. Saludad a cada uno por su -nombre, pues nada se pierde. Humillaos, vanidosos, a darles la mano. -Pero sobre todo regalad alguna propinilla al siervo que os pida, pues -no es grande esta impensa. Y regalad a las siervas, para consolarlas -del castigo que las espera un día, si escondido el marido bajo un -traje distinto, llega a sorprenderlas. Creedme, haced de vuestro bando -a esta gentecilla, incluyendo siempre en tal clase al portero y al que -duerme en la antecámara. - -No os ordeno que gratifiquéis con dádivas costosas a vuestra amiga: -dad poco, pero lo poco con oportunidad y finura. Cuando los jardines -estuvieren tan ricos en frutas, que agobie a las ramas su peso, por -el mozo enviadle en un canastillo regalos campestres. Podréis decir -que es fruta de vuestra granja, aunque la hayáis comprado en la calle -Sacra. Enviadla o uvas o castañas, que eran delicia de Amarilis, o -también nueces, si las apetece. Conviene testificarla que está en -vuestra memoria, regalándola un tordo atado a una guirnalda de flores. -Infamemente se adquiere así la esperanza del testamento, y la herencia -de la senectud sin familia. ¡Ah! ¡Perezcan los que regalan para comprar -tal delito! - -¿Os aconsejaré por ventura que la escribáis afectuosos versos? ¡Ay -de mí! los versos no son muy estimados. Alábanse los versos, pero -más se aprecian las dádivas. Como sea rico, un bárbaro mismo será -bien admitido. Ahora estamos en los verdaderos siglos de oro: con el -oro se adquieren altísimos honores; con el oro se concilia el amor. -Aunque Homero mismo volviese acompañado de las musas, las mujeres -le echarían fuera, si nada daba. Hay a la verdad unas pocas mujeres -sabias, y algunas ignorantes que quieren pasar por sabias. Alabad en -versos a unas y a otras, pero en versos que con su armoniosa fluidez -las recomienden al lector. Estas y aquellas acaso graduarán como don -cortísimo los versos limados para ellas a costa de vigilias. - -Haced que vuestra amante os pida siempre lo que habíais de hacer, y -creíais seros útil. Si habéis prometido libertad a algún siervo, -obligadle a obtenerla por la mediación de ella. Si remitís al esclavo -el azote y el penoso calabozo, débaos ella a vosotros la gracia que -habíais de hacer. Vuestro sea el provecho, y dese a la amiga el honor. -Nada perdáis; pero tenga ella la opinión de que vale con vosotros. - -Los que aspiran a mantener la privanza de su amante, háganla creer -que están embelesados con su hermosura. Si está vestida de púrpura, -alabaréis los colores de Tiro. Si la veis vestida de finísima seda, -diréis que le cae bien la tela de Cos[19]. Si se adornare con vestido -chapado de oro, diréis que está más preciosa que el oro mismo. Si se -pone la gausapa, aprobad esta ropa[20]. Si se presenta en túnica, todo -lo abrasas, clamad; pero rogadla tímidamente que se abrigue del frío. -Si trajere los cabellos partidos sobre la frente, alabad la dividida -crencha; y si los encrespare con hierro caliente, agradaos de la -ensortijada cabellera. Admirad sus brazos cuando baile, y su voz cuando -cante; y fingid que os disgustáis de que lo deje presto. Conveniente -será alabarla en el mismo lecho, notando con sensual voz sus placeres y -los vuestros. - - [19] De esta isla eran las telas de seda que se gastaban en Roma; - eran tan delgadas que se transparentaba el cuerpo. - - [20] Gausapa era una especie de paño grueso y felpudo, de que se - hacían los vestidos de invierno. - -Así, aunque sea más violenta que la atroz Medusa, se hará igual y mansa -para su amador. Solo debéis no manifestar simulación en tales lances, -ni desmentir con el semblante las palabras. El arte de disimular -encubierto es ventajoso, conocido sirve de confusión; y con razón os -quitará crédito para en adelante. - -A veces en el otoño (cuando los colmados racimos empiezan a colorear -con el rubicundo mosto, y prometen un año abundantísimo, y cuando -alterna el frío con los últimos calores) reinan enfermedades por la -desigualdad del tiempo. Conserve vuestra amiga perfecta salud por -cierto; pero, si indispuesta se acostare, dañada por la destemplanza -del aire, mostradla con expresivas señales vuestro amor y sentimiento. -Sembrad entonces para coger a manos llenas después. No os fastidie -la impertinente enfermedad, y haced por vuestra mano cuanto ella os -permita. Véaos llorar; no tengáis hastío de sufrir sus besos: y agote -vuestras lágrimas con su árida boca. - -Haced muchos votos por su salud, pero todos en público: contadle -oportunamente sueños de buen agüero. Llevad a su casa alguna vieja que -espíe el aposento y lecho, llevando a la vista azufre y huevos en su -tembladora mano. Todo esto serale indicio lisonjero de interés en su -salud. Por tales medios consiguieron muchos la postrimera voluntad de -sus amigas. No os atraigáis la aversión de la enferma por su cuidado; -guardad cierta medida en la complaciente oficiosidad. No la impidáis -comer, ni la presentéis el vaso con amargos medicamentos: dejad este -cargo a vuestro rival. - -Pero pues os halláis en medio del golfo, no boguéis con el viento -que henchía la vela cuando salisteis del puerto. En tanto que el -amor titubea reciente, adquiere fuerzas con el uso; y se radica -poderosamente, si le alimentan con tiempo. Aquel toro que te amedrenta, -era novillo que solías manosear; y aquel árbol que ahora te recrea -con sombra, fue delgada varita. Nace pobre aquel río; pero engruesa -su caudal en el camino, recibiendo por donde pasa las aguas de muchos -arroyuelos. Habituadla a vosotros, porque nada mejor que la habitud. -Para llegar a ella, no rehuséis probar disgustos. Véaos continuamente: -óigaos continuamente: séale presente día y noche la figura de vuestro -semblante. - -Cuando estéis seguros de que anhela por veros, id lejos entonces, y -seréis cuidado de la ausente. Dad descanso: el campo holgado vuelve -con usura la semilla, y la tierra árida bebe con ansia las celestes -aguas. Filis ardía con más tibieza por Demofonte presente, y creció -sobremanera su llama al verle darse a la vela. Ausente el sagaz Ulises -atormentaba a Penélope: y Laodamía dirigía quejas amorosas a su ausente -Protesilao. - -Mas la breve demora es eficaz; porque con el tiempo enlentecen los -cuidados, y se desvanece el amor ausente, y entra otro nuevo. En la -ausencia de Menelao, Elena se consoló de su solitud en los brazos del -troyano su huésped. ¡Qué estupidez ha sido esta, Menelao! Tú partiste -solo, y quedaban debajo de un mismo techo el huésped y tu esposa. -¡Insensato! ¿Entregas al gavilán la guarda de las tímidas palomas? -¿Confías todo el redil al lobo montesino? Elena no, ni su adúltero -delinque, pues hace lo que tú y lo que cualquiera haría. Les obligaste -al adulterio, dándoles ocasión y tiempo. ¿Qué ha hecho Elena sino usar -de tu consejo? ¿Qué había de hacer? Está ausente el marido y habita -en su casa un huésped amable: temía ella dormir sola en el desocupado -lecho. Júzguelo el mismo Menelao; yo absuelvo de crimen a Elena, pues -abrazó la ocasión proporcionada por el imprudente marido. - -No es tan sañudo el rojo jabalí cuando, en medio de su rabia, tira -rodando con diente fulminador a los perros que le acosan: ni la leona, -cuando ateta a los mamantes cachorros: ni la pequeña víbora pisada por -el incauto pie, como se enfurece una mujer sorprendiendo a la rival del -consorte lecho: su corazón se retrata en el semblante. Se arroja al -hierro y al fuego, y no guardando mesura, se enajena como arrebatada -del furor aonio. Bárbaramente vengó Medea, degollando a los hijos, la -infidelidad de su esposo, y la violación de los maritales derechos. -Madre no menos cruel fue Progne: miradla por esto transformada en -golondrina, y su pecho con señal de sangre. Esto deshace lo firmes y -muy estrechos amores: los hombres cautos han de temer estos extravíos. - -No por eso os condena mi severidad a una sola mujer. ¡No lo permitan -los dioses! Apenas las casadas pueden contenerse en tanta privación. -Divertíos: pero celad los deslices con la precaución de un hurto. -Ninguna gloria resulta de los defectos. No regaléis a una preseas que -pueda saber la otra, ni tengáis a horas fijas vuestras disoluciones. -Y para que no os sorprendan en escondrijos conocidos, no os juntéis -siempre en unos mismos lugares. Repasad bien cuantas cartas -escribiereis, pues muchas leen más de lo que hallan escrito. - -Venus ofendida se arma legítimamente; e hiriendo con los mismos dardos, -hace sufrir los propios males de que ella se quejó. Mientras Agamenón -quedó constante, casta vivió su esposa; el ejemplo solo de sus vicios -la hizo criminal. Ya sabía ella la repulsa hecha a Crises, quien vino a -implorar por su hija cautiva, llevando en la mano el laurel de Apolo, -y ceñidos los cabellos con las sagradas cintas[21]: sabía la triste -suerte de esta joven sacada de Lirneso. El nombre de Briseida, y las -vergonzosas contiendas que prolongaban la guerra habían llegado a sus -oídos. Delante de sus mismos ojos había visto a la hija de Príamo, y -su esposo vencedor hacerse esclavo de su misma esclava. Entonces fue -cuando admitió a Egisto en su corazón y lecho; vengando con un crimen -un amoroso delito. - - [21] Insignia del sacerdocio de Apolo. Crises, aunque sacerdote, no - pudo obtener de Agamenón la libertad de su hija. - -Si a pesar de la cautela se descubren vuestros hechos, negadlos -tenazmente, puesto que sean manifiestos. Pero no os mostréis sumiso -ni más cariñoso que antes, porque esta señal indicaría mucho el ánimo -culpado. Combatidla, sí, con amoroso vigor; en ello consiste vuestra -reconciliación; este es el primer modo como se ha de negar a Venus una -infidelidad. - -Mandan algunos tomar ajedreas, yerbas estimulantes y nocivas: yo las -tengo por ponzoña. Otros mezclan la pimienta con la grana de la picante -ortiga; y el rubio pelitre triturado y disuelto en vino añejo. Mas -la diosa que se adora en la falda sombría del elevado Érix reprueba -el violentarse de este modo a sus deleites. Pueden tomarse el blanco -bulbo[22], que se cría en Tesalia o en los Pelasgos, y otras yerbas -hortenses provocativas a lujuria. Tómense también huevos frescos, miel -del Himeto, y la fruta que entre sus agudas hojas produce el pino. Mas -¿para que te distraes, docta Erato, a remedios medicinales? Déjame -empujar el carro hasta la raya final de la carrera. - - [22] Especie de cebolla silvestre, que también tiene otros nombres. - -Los que por mi consejo encubríais poco ha las infidelidades, torced -ahora el camino, y por mi consejo descubrid vuestros hurtos. No se -culpe mi vario opinar, pues no siempre el curvo bajel transporta los -pasajeros con un mismo viento. Unas veces navega con el norte, otras -con el levante; a veces hinche la vela el poniente, a veces el viento -sur. Mirad como el cochero ya afloja desde el carro las riendas, ya -las tira para sujetar sus caballos. Hay algunas a quienes hace mal el -consecuente querer, y no teniendo ningún obstáculo entibia su amor. -Con la prosperidad se inflan regularmente los ánimos; y no es fácil -moderarlos en la libre fruición de los gustos. Como el ligero fuego, -que habiendo perdido poco a poco su fuerza, se esconde debajo de -blancas cenizas, y recobra empero sus extinguidas llamas, si se le -aplica el azufre, echando el mismo resplandor que antes: así cuando -el corazón entorpece perezoso en ocio y tranquilidad, se ha de avivar -el amor con penetrantes estímulos. Haced que recele de vosotros, -recalentad el frío espíritu de la querida: demude su semblante el -indicio de vuestro delito. ¡Oh mil y mil veces dichoso aquel de quien -lamenta agravios la amiga! Aquella a cuyos ignorantes oídos habiendo -llegado una vez la deslealtad, se desmaya, y pierde cuitada color y -habla. Sea yo aquel, por quien despedace furiosa los cabellos; por -quien rasgue sus tiernas mejillas aquel a quien vea lagrimosa: aquel a -quien mire con torvos ojos: aquel sin quien no pueda vivir, deseando -poder. - -Si preguntáis cuanto tiempo se ha de quejar la injuriada, sea breve, -porque no crezca el enojo con la lenta tardanza. Ceñid luego con los -brazos su cándido cuello; estrechad en vuestro pecho a la llorosa: -besad a la llorosa: conceded los deleites de Venus a la llorosa. -Hará la paz: de este único modo se desarma la ira. Cuando más se -encrudeciere, cuando parezca irreconciliable enemiga, en su lecho se -concluirá el tratado, allí se amansará. Allí, depuestos los dardos, -habita la concordia: en aquel lugar, creedme, nació la benevolencia. -Juntan sus picos las palomas que antes se pelearon, y sus arrullos -figuran palabras y requiebros. - -En el principio de las cosas era el mundo mole informe y desordenada: -astros, mar y tierra tenían una faz. El cielo se sobrepuso luego a -la tierra, fue rodeado del mar el globo terrestre, y se separaron -las partes del informe caos. Los bosques sirvieron de albergue a -las fieras, el aire a las aves, y los peces habitaron debajo de las -líquidas aguas. Entonces el género humano erraba por los solitarios -campos, grosero y robusto, sin vislumbre de genio. Su casa era la -selva, su comida las yerbas, y su cama el follaje de los árboles: y en -mucho tiempo no se conocieron los hombres entre sí. El dulce deleite -domesticó sus ánimos feroces: formaron sociedad el hombre y la mujer. -No aprendieron de maestro lo que habían de hacer, pero Venus consumó -sin arte la agradable obra. La ave tiene a quien amar. El pez halla -en el centro de las aguas la hembra con quien parte sus placeres. -El ciervo busca a su igual; la serpiente se une con la serpiente. -Adultera el perro trabado con la perra. La oveja engendra contenta; la -becerra corre en pos del toro: y le gusta a la cabrilla el olor del -hediondo macho. Agitadas furiosamente las yeguas siguen a los caballos, -apartados por ríos y lugares distantes. - -Dad pues a la airada el remedio señalado, el solo que pueda aliviar su -acerbo dolor; este remedio más eficaz que los jugos de Macaón[23], cura -el dolor, con aquello mismo que lo ha causado. - - [23] Célebre médico en la guerra de Troya. - -Mientras yo cantaba, se me apareció repentinamente Apolo, pulsando -con sus dedos las cuerdas de la lira de oro. Traía laurel en las -manos, y laurel ornaba su sagrada cabellera. Dejose ver, y me habló -con voz fatídica. Preceptor de lascivos amores, dijo, conduce tus -discípulos a mi templo. En él se lee una inscripción celebrada por -la fama en el extenso orbe, la cual ordena que cada uno se conozca a -sí mismo. Quien se conociere a sí será el único que ame con acierto, -pues medirá sus fuerzas con la dificultad de la obra. Aquel a quien -naturaleza dio hermosura, sea considerado por ella: el que es blanco, -recuéstese siempre con los hombros desnudos. El de gracioso hablar -rompa el taciturno silencio. El que canta sonoramente, cante; y el buen -bebedor, beba. Pero ni los elocuentes declamen en la conversación, ni -los extravagantes poetas reciten sus versos. Esto me amonestó Apolo: -obedeced a las amonestaciones de Apolo, cuya sacra boca dicta oráculos. - -Lo vuelvo a repetir otra vez: quien ame con cordura, vencerá, y -sacará de mi arte lo que se propone. Mas no siempre los surcos pagan -la siembra con usura, ni siempre impele a la dudosa nao el viento -favorable. Son pocos los bienes y muchos los pesares de los amantes. -Propónganse el sufrirlos con constancia. Hay en amor tantos dolores -como liebres en el monte Atos, como abejas liban las flores en el -Hibla, como bayas tiene el verdoso árbol de Palas, y como conchas la -ribera del mar. Los tiros de Cupido están empapados en mucha hiel. - -Os dirán que la querida está fuera, y acaso la habréis visto en casa; -pensad sin embargo que está fuera, y que los ojos os engañaron. Os -cerrarán la puerta para la noche concertada: toleradlo, y tended -el cuerpo en el duro suelo. Acaso la embustera sierva dirá con faz -insolente: ¿a qué ronda este nuestra puerta? Adulad humildes a los -cerrojos y a la descarada moza, y poned en la puerta las rosas que -engalanen vuestra cabeza. Entrad cuando será su gusto: retiraos cuando -no quiera recibiros. Desdice de un hombre decente incomodar a nadie. No -es esto de despreciar, para que no os lo advierta la amiga: no tenemos -a toda hora la razón en la mano. Mas no juzguéis indecoroso sufrir -dicterios y golpes de la querida, ni bajarse a besar sus tiernos pies. - -¿Por qué me detengo en pequeñeces, cuando me urgen cosas mayores? -Grandes cosas he de decir: parad todos las mientes. Ardua empresa -arrostramos, trabajo difícil pide aquí mi arte; pero nada es la virtud -sin las dificultades. Sufrid con paciente ánimo la presencia de un -rival, y estará con vosotros la victoria; vencedores, iréis con Júpiter -al Capitolio. Sí, las encinas proféticas de Dodona son las que os -hablan ahora, y no un mortal: nada más insuperable que esto contiene mi -arte. Si le hace señas, sufrid: si le escribe, no abráis las cartas: -venga ella de donde quiera, y vaya adonde le acomode. Sufren muy bien -esto los maridos de sus legítimas mujeres, cerrando los ojos en fingido -sueño. No estoy yo, lo confieso, hábil en este arte: yo mismo soy -inferior a mis preceptos. ¿Por ventura hará otro delante de mí señas -a mi muchacha? ¿Y lo sufriré? ¿Y no me he de enfurecer? Acuérdome que -el marido la besó en mi presencia, y me quejé de tales besos; de esta -barbaridad abunda nuestro amor. Esta imprudencia me perjudicó más de -una vez. Más hábil es sin duda el marido que se compone fácilmente con -los galanes de su mujer. Lo mejor es ignorarlo todo. Dejad que queden -escondidos los hurtos amorosos, a lo menos para que un fingido pudor -asome al rendido rostro. Guardaos, oh jóvenes, de sorprender a vuestras -amigas; y haced como si os contentaseis con sus razones. Crece el -afecto en los amantes sorprendidos: siendo igual la suerte de los dos, -uno y otro persisten con más firmeza en la causa de su error. - -Refiérese una fabula notoria a todo el cielo[24]: la de Marte y -Venus, atrapados en la red por astucia de Vulcano. El padre Marte, -perdidamente enamorado de Venus, de guerrero terrible se convirtió -en amador. Ni Venus (porque no hay diosa alguna más tierna) se mostró -áspera y cruel con el suplicante Marte. ¡Ah! ¡Cuántas veces esta -lasciva se burló de los pies de su marido, y de sus manos, hechas -callosas con el fuego y el martillo! Para divertir a Marte remedaba -a Vulcano, acompañando a la belleza con mucha gracia. Al principio -solían celar mucho su amoroso comercio, y el delito los tenía llenos -de verecundo pudor. En fin por delación del sol (porque ¿quién será -capaz de engañar al sol?) vinieron a noticia de Vulcano los hechos de -su esposa. ¿Por qué, oh sol, manifiestas ejemplo tan peligroso? Pide -dádivas a la diosa, pues tiene con que contentarte, si contienes la -lengua. Tendió Vulcano por encima y al rededor del lecho redes sutiles, -que no percibía la vista. Fingió irse a Lemnos; vienen a su lecho los -amantes, y uno y otro se acuestan desnudos y envueltos en los lazos. -Convoca aquel a los dioses; y los cogidos les sirvieron de espectáculo. -Dicen que Venus contuvo apenas las lágrimas. No pudieron cubrir su -cara, ni aun oponer las manos a las partes obscenas. Alguno de los -dioses riendo de ellos, dijo: si te son ponderosas, fortísimo Marte, -traslada a mí tus cadenas. Apenas las súplicas de Neptuno soltaron a -los prisioneros cuerpos. Marte se retiró a Tracia, y ella a Pafos. Esto -has aprovechado, Vulcano, que hagan sin recato lo que antes encubrían: -pues todo pudor se ha perdido. Confiesas muchas veces, loco, que lo -hiciste neciamente, y que has tenido que arrepentirte de tu cólera. - - [24] A todos los dioses, que la mitología coloca en el cielo. - -Esto os vedo: veda la sorprendida Dione usar de las asechanzas en que -ella misma cayó. No arméis lazos a vuestro rival, ni interceptéis sus -cartas para saber sus secretos. Intercéptenlas, si juzgaren que deben -interceptarse, los varones que legitima maridos[25] el agua y el fuego. -Otra vez lo afirmo: nada hay en mis versos de contrario a la leyes, -y la decencia ha de ser respetada en nuestros juegos. ¿Qué atrevido -divulgó a profanos los misterios de Ceres, y los venerables sacrificios -hallados en Samotracia? Pequeña virtud es la de guardar silencio en -las cosas, y al contrario es grave la culpa de revelar lo digno de -callarse. ¡Oh cuán justamente es castigado el locuaz Tántalo entre -aguas y frutas, esforzándose en vano a gustarlas! - - [25] El agua y el fuego eran materia del rito matrimonial por sus - significaciones emblemáticas. - -Citerea manda principalmente callar sus obras: yo aconsejo que ningún -hablador asista a ellas. Si no se ocultan en cestas[26] los misterios -de Venus, ni sonando el desconcierto ruidoso de broncíneas trompas; -si, para celebrarlos, se abren a todos sus templos, sean a lo menos -entre nosotros escondidos. La misma Venus, cuantas veces se despoja -de sus vestiduras, resguarda retirada hacia atrás su desnudez con la -izquierda mano. A cada paso se parean los animales delante de todos, y -las mujeres apartan regularmente los ojos. A los amorosos latrocinios -convienen aposentos y puerta; quedando la pudorosa parte velada con las -ropas caídas. Y si no buscamos tinieblas, busquemos alguna opacidad -como de nube, o menos claridad que la luz patente. En el tiempo en que -los techos no guarecían a los hombres del sol y de la lluvia, sino que -las encinas les suministraban albergue y alimento, tomaban el deleite -no a cielo descubierto, sino en los bosques y grutas. ¡Tanto curaba del -pudor aquella tosca gente! - - [26] En cestas se ocultaban los misterios de Ceres y Baco, y con - estrépito de trompetas y otros instrumentos musicales. - -Mas hoy se divulgan todos los nocturnos amoríos, y nada se aprecia -tanto como el pasatiempo de hablarlos. De cualquiera mujer que -encontréis, aquella fue mía también, diréis: no faltarán otras -que podáis señalar con el dedo, diciendo sobre cada una cuentos -vergonzosos. Pero de poco me quejo: algunos mienten lo que siendo -verdad negarían, y ninguno hay que no se jacte de haber logrado los -últimos favores. Ya que no pueden manosear los cuerpos, manosean los -nombres, y sin haberlas tocado, denigran a las mujeres. Anda ahora, -enfadoso portero, y ciérralas con cien fuertes llaves. ¿Qué hay -seguro contra el maldiciente, que con su lengua fabrica adulterios, -pretendiendo crédito en lo que no sucedió? Nosotros empero seamos -discretos en nuestros amores verdaderos, y ocultemos con inviolable -secreto los misteriosos robos. Sobre todo no echéis en cara a las -mujeres defectos que a muchas es útil disimular. Perseo no habló a -Andrómeda de su moreno cutis, Perseo que en ambos pies calzaba nobles -alas. Andrómaca parecía a todos desmesuradamente larga, y solo Héctor -decía que era mediana. Acostumbraos a lo que sufrís mal, y se os hará -sufrible. El amor naciente repara en todo, pero el tiempo dulcifica -las cosas. Una rama tierna que brota del verde tronco cae al menor -viento que la sacuda; más robustecida con el tiempo resiste el soplo -de aquilón, y enriquece al árbol con flores y frutas. El tiempo mismo -atenúa las faltas corporales, y lo que fue tacha no parece tal con la -continuada vista. Las narices al principio repugnan el olor de los -bueyes; habituadas con el tiempo lo aguantan sin molestia. - -Paliad sus faltas con el modo de expresarlas. Llamad fusca a la que es -más negra que pez de Iliria. Si es bizca, comparadla a Venus: si es -roja, a Minerva. Sean de talle delgado las que por su magrez carecen -de frescura. Llamad ágil a la pequeña, y a la obesa alabadla de buenas -carnes. En fin desfigúrense las imperfecciones con nombre de cualidades -buenas que se les acercan. Ni preguntéis cuántos años cumplen, ni bajo -qué consulado nacieron; oficio propio del rígido censor. - -Tened especialmente estas consideraciones con las que no están en -la flor de su edad, con las que pasaron sus mejores años, en cuya -cabellera empiezan a blanquear las canas. Útil es, oh jóvenes, esta -más provecta edad. Este campo se ha de sembrar; este fructificará -mieses. Endurad fatigas mientras os asisten juventud y vigor; porque -ya vendrá con silenciosos pasos la encorvada vejez. Surcad el mar con -los remos, o la tierra con la esteva; o aumentad belígeras manos a las -matadoras armas; o dad vuestras fuerzas al obsequio y acompañamiento -de las mujeres; porque esto es también una milicia; esto os enriquecerá -también. - -Añádese que las provectas son más peritas en las labores de amor: -tienen experiencia, la sola que hace maestros. Reparan con sus atavíos -el detrimento de la juventud, y ponen su esmero en borrar las huellas -de los años. Se presentan a Venus en mil actitudes, y en más que el -pincel no inventaría. Con ellas se gusta deleites más suaves, y el -varón y la hembra llevan por igual el premio. Aborrezco el trato en que -el interés no es recíproco; aquel en que uno solo disfruta el placer. -Aborrezco a la que se presta solo porque es necesario prestarse, e -insensible piensa entonces a su rueca. No me es de satisfacción lo que -se da por oficio, y sin inclinación de la contribuyente. Me place oír -en sus voces indicios de su contento, cuando ruega me pare en el juego -sin dejarlo; y enajenada y con caídos ojos desfallece, y queda en la -desgana de la saciedad. - -No concede naturaleza estos placeres al primer fervor de la juventud, -ni vienen cuando más pronto hasta después de los siete lustros. Los -que se dan prisa, beban vino mosto; a mí me sabe bien el vino de -mis abuelos en vasija reservada desde los prístinos cónsules. Ni el -plátano, si no es viejo, puede impedir los rayos del sol, y los pies se -hieren en las praderías cuando empiezan a retoñar. ¿Preferiríais acaso -Hermione a Elena? ¿Y será mejor Gorge que su madre Altea? En resolución -los que queráis gozar de la Venus tardía, sacaréis dignas recompensas, -siendo perseverantes. - -He aquí el lecho que recibe confidente a dos amantes. Defiende, musa, -las cerradas puertas del tálamo: sin ti hablaran espontáneamente -afectuosísimas cosas. Ni la siniestra mano estará inerte, pues los -dedos hallarán industria en aquellas partes en que calladamente clavó -sus flechas el amor. Holgose así con Andrómaca el corajoso Héctor, -tan útil en las troyanas guerras. Holgose así con la cautiva Briseida -el grande Aquiles, cuando cansado de la pelea tornaba al reposo del -mullido lecho. Permitías, Briseida, ser tocada de aquellas manos -siempre repletas de muertes frigias. ¿O era lo que te deleitaba, -lasciva, el que llegasen a tus carnes las vencedoras manos? - -Creedme, no se ha de apresurar el placer de Venus, sino saborearlo -pausadamente con moroso vagar. Cuando halléis partes en cuyo contacto -goza la mujer, no obste el pudor para que las toquéis. Brillarán sus -ojos con trémulo resplandor, como regularmente reluce el sol en las -cristalinas aguas. Vendrán las quejas, vendrá el dulce murmullo, y los -gratos suspiros, y las expresiones convenientes a la amorosa lucha. -Pero no apuréis en esto su ardorosa fuerza, ni la dejéis antecederos -en la carrera. Corred juntos al término: entonces es lleno el deleite -cuando yacen rendidos a la par los dos agentes. Observad este precepto -cuando estéis en libre ocio, y el temor no apremie la furtiva -diversión. Mas cuando urge el tiempo, es fuerza bogar con todos los -remos, y apretar las espuelas al caballo desbocado. - -Finalizó mi obra. Dame la palma, alegre juventud, y enlaza en mis -perfumados cabellos guirnaldas de mirto. Tan buen amador soy yo, -como Podalirio fue perito en el arte médica, como valiente Aquiles, -prudente Néstor, como Calcas fue hábil presagiador de las víctimas, -como guerrero Áyax, como Automedonte director de la cuadriga. Celebrad, -hombres, a vuestro poeta; cantad mis alabanzas, y suene mi nombre por -todo el orbe. Os he dado armas, como Vulcano dio a Aquiles: venced -como él venció con los preceptos dados. Pero cualquiera que con mi -espada domeñare a las soberbias amazonas, escriba en sus trofeos, -Ovidio fue mi maestro. - -He aquí a las graciosas muchachas que me piden también reglas de amar. -Vosotros seréis el objeto de mis cuidados en siguiente libro. - - - - -LIBRO TERCERO. - - -Armas di a los griegos contra las amazonas; armas me sobran para darte -a ti, Pentesilea[27], y a tus tropas. Id al combate iguales: venzan los -que protegiere alma Dione y el muchacho alado. No era justo guerrear -sin armas con armados; y hubiera sido para vosotros, varones, sin -gloria el triunfo. - - [27] Pentesilea, reina de las amazonas. - -Dirame alguno, ¿para qué añades ponzoña a la serpiente, y entregas el -aprisco a la hambrienta loba? No confundáis a todas en la malicia de -algunas, y mirad a cada una por sus buenas cualidades. Si el menor -atrida tuvo por que culpar a Elena, y el mayor atrida a su hermana -Clitemnestra: si, por traición de Erifile, descendió en caballos vivos -Anfiarao vivo al Averno; Penélope ha sido fiel al marido dos lustros -que hizo la guerra, y otros tantos que peregrinó países. Ved a Laodamía -acompañar a su marido, y fallecer tempranamente. Alceste redimió el -hado de Admeto, sufriendo por su esposo la funeral ventura. Recíbeme, -Capaneo, mezclaremos nuestras cenizas, dijo Evadne, y se arrojó en la -hoguera. La virtud misma toma el vestido y nombre de mujer, y no es -de extrañar que favorezca a su sexo. Mas no necesitan de mi arte las -virtuosas: solo las menos buenas se embarcan en mi esquife. Allí nada -se aprende sino lascivos amores: enseñaré pues a las mujeres el arte de -amar. - -La mujer ni enciende la llama, ni dispara los crueles arcos. Raramente -veo dañar sus tiros a los hombres. Los hombres regularmente engañan; -no las tiernas mujeres regularmente: y si se averigua, las amancillan -pocos crímenes de perfidia. El falaz Jasón repudió a Medea, hecha ya -madre; y en otras nupcias estrechó en su seno a Creúsa. ¡Cuánto no -amedrentaron las aves marinas a Ariadna, abandonada por ti, Teseo, en -la inhóspita ribera! Inquirid por qué Filis hizo nueve veces un viaje; -y oíd que lloraron a Filis las selvas despojadas de sus galas. Renombre -tiene de piadoso, tu huésped Eneas, pero te dio la causa y la espada, -Dido, para tu muerte. ¿Diré, mujeres, lo que os pierde? El no saber -amar. Os falta el arte, y con el arte se encadena el amor. - -Aun ahora lo ignoraríais, pero Citerea me ordenó enseñároslo. -Apareciéndoseme puesta en pie: ¿En qué pecaron, me dijo, las infelices -mujeres? Has entregado la grey inerme a los varones armados. Dos libros -tuyos adiestraron a estos; instruye pues la otra parte con tu doctrina. -Estesícoro, que antes con versos contumeliosos difamara a Elena, cantó -después sus alabanzas con más próspera lira. Si mal no te conozco, no -desairarás a todas las mujeres. Este beneficio imploran de tu agudeza. -Dijo: y del mirto que ceñía sus cabellos me dio una hoja y algunas -bayas. - -Sentí en mi cuerpo un fuego divino, el aire resplandeció más puro, y en -mi mente cesaron las dificultades. - -Mientras alumbra mi ingenio, escuchad mis preceptos, jóvenes, vosotras -a quienes no coartan las leyes, el pudor ni las prerrogativas. Acordaos -desde ahora de la venidera senectud, y así ningún momento pasaréis -en balde. Mientras es dado, ya que ahora devoráis los juveniles -años, holgaos; pues los años corren como el agua deleznable. Ni las -corrientes que pasan retroceden; ni las horas que pasan pueden volver. -Gozad de la edad, pues se desliza la edad con veloces pies: ni es tan -buena la que sigue como fue buena la primera. Yo vi en su verdor a -estos arbolillos, que ya se secan: tejí coronas con rosas de estos -rosales, ya solo erizados de espinas. Tiempo será en que vosotras, que -ahora despreciáis los amantes, dormiréis viejas frías en solitaria -noche. No golpearán a vuestra puerta con nocturna bulla, ni por la -mañana hallaréis colgados en los umbrales ramilletes de rosas. ¡Cuán -presto, ay de mí, se afea la cara con arrugas, y perece la tez en -las tersas mejillas! Esas canas que juráis tener desde la infancia, -blanquearán bien presto toda vuestra cabeza. Con la tenue piel desnudan -su vejez las serpientes, y descargando sus cuernos no se hacen viejos -los ciervos. Nuestros días huyen sin remedio: coged las flores, que a -no ser cogidas, tristemente se caerán. Añadid que los partos abrevian -el espacio de la juventud: envejece el campo con las continuas cosechas. - -No fue ruboroso para ti, Luna, adormecer a Endimión; ni la rosada -aurora se corrió de amar a Céfalo. Aunque Venus se apasionase de -Adonis, al que llora todavía, ¿de quién proceden su Eneas y Hermione? -Bellezas mortales, pisad las huellas de las diosas; no neguéis placeres -a los apasionados hombres. Puesto que os engañen, ¿qué perdéis? Todo os -queda. Aunque tomen mil favores, de allí nada se menoscaba. Consúmese -el hierro, y los pedernales se desgastan con el uso: pero subsiste, y -no hay miedo de que se aniquile aquella parte. ¿Quién se opondría a -dejar tomar luz de otra luz, o quién economizaría las vastas aguas del -abismoso mar? Decís no convenir que la mujer tenga tratos con hombres; -mas respondedme ¿qué es sino echar agua de abundante fuente? No os -prostituye mi voz, pero os prohíbe temer vanos daños, en que no os -inducen vuestros favores. - -Navegaré con recio viento, pues mientras estoy en el puerto, blando -céfiro sopla. Empiezo por la compostura: abunda el vino en las viñas -bien cultivadas, y solo el cultivo produce fecundas mieses. La -hermosura es don del cielo; pero ¿quiénes y cuántas descuellan en -hermosura? La mayor parte de vosotras carece de esta joya. La tez se -hermosea con el cuidado: la tez descuidada se deteriora, aunque sea -semejante a la de Idalia. Si las mujeres antiguas no se aderezaron así, -ni los antiguos tuvieron hombres así adornados. Si Andrómaca vestía -ropas burdas, ¿de qué nos maravillamos? Era mujer de un soldado feroz. -¿Acaso la mujer de Áyax se engalanaría para parecer bien a aquel, cuyo -escudo era reforzado con siete cueros de buey? - -Antiguamente reinaba entre nosotros una grosera simplicidad; mas ya -la dorada Roma posee las exorbitantes riquezas del orbe conquistado. -Mirad lo que fue, y lo que es ahora el Capitolio; diríais que parece -consagrado a otro Júpiter. La curia, que ahora es digna del augusto -congreso, se atechaba con paja, reinando Tacio. El refulgente Palatino, -asiento ahora de Apolo y de los Césares, ¿qué era sino pastos para -los bueyes de labranza? Alaben otros la antigüedad: yo finalmente -me congratulo de haber nacido ahora, pues esta edad es conforme a -mi genio: no porque ahora se saca de las entrañas de la tierra el -codiciado oro, ni porque vienen las perlas cogidas en diversas costas: -no porque se allanan los montes extrayendo mármol, ni porque se -enfrena con diques el salobre mar; sino porque reina la cultura, ni -permaneciendo en nuestro siglo, la rudeza de nuestros antepasados. - -No carguéis las orejas con las costosas pedrerías que el macilento -indio envía de sus remotas costas: no os presentéis orgullosas con -vestiduras recamadas de oro, con cuyo brillo pensáis atraernos, y -más bien nos ahuyentáis. El aseo nos cautiva: no traigáis en desorden -el cabello, porque la buena figura la dan y la quitan las manos que -lo componen. No es uno solo el género de tocado: escoged el que os -convenga, consultando antes el espejo. A las de cara larga les prueba -la crencha partida sin ornato: así se peinaba Laodamía. Las de cara -redonda quieren el pelo atado en un rizo pequeño encima de la frente, -enseñando las orejas. Algunas dejan flotar sus cabellos por los -hombros, al modo del dios de las artes, cuando tañe la lira. Otras los -añudan detrás de la cerviz, dejándolos tendidos, imitando a la ágil -Diana, cuando a su costumbre persigue las espantadas fieras. Cuadra -a muchas llevar el pelo inflado flojamente: y a otras les agracia -apretadamente atado. A algunas les sienta bien el peinado en figura de -tortuga; y a otras llevar un rizado undulante a semejanza de las olas. -Pero así como son innumerables las bellotas de las copudas encinas, las -abejas del Hibla y las fieras de los Alpes, así no podré yo reducir a -número los diferentes peinados, porque cada día aumentan las modas. - -Agracia a muchas el cabello descompuesto: al verlas pensaremos que se -peinaron ayer, y acaban de tocarse. Parezca el arte efecto del acaso: -así, en Ecalia conquistada, se mostró Íole a Hércules, quien dijo al -verla: ¡Oh amada mujer! Así pareciste, Ariadna, a los ojos de Baco, -cuando te llevó en su carro en medio de los gritantes sátiros. - -¡O cuán indulgente es para vosotras la naturaleza! ¡Cuántos medios -os deja para disimular los daños que padece vuestra hermosura! El -hombre no puede encubrirlos: sus cabellos arrebatados por los años -caen como las hojas sacudidas por el aquilón. La mujer tiñe los suyos -con hierbas de Germania, que les dan un más bello color; o no repara -en adornar su cabeza con otros, comprados públicamente: la vemos -ajustarlos en presencia de Hércules y del coro de las musas[28]. - - [28] Eran plazas con estos nombres. - -¿Y qué diré del vestido? No hablo de las ropas franjeadas, ni de las -dos veces teñidas con tiria púrpura. Pues que hay tantos colores de -menor coste, ¿qué furor es el de echarse a cuestas toda la hacienda? -He allí el color del cielo cuando está exento de nubes, y el templado -austro no concita las aguas llovedizas. He allí el leonado color del -carnero que libró a Frixo e Íole del cuchillo de Ino. El que imita al -mar, y tiene nombre de verdemar, es el color que yo diría amado de -las nereidas. Otro hay parecido al de la húmeda aurora, cuando unce -los lucientes caballos. Otros figuran el mirto de Pafos, la violada -amatista, las albas rosas, la grulla traciana. Ni falta para ti, -Amarilis, el color de castaña, ni el de almendra; y hasta la cera da su -color a los vellones. No matizan a los campos tantas flores, cuando en -la apacible primavera la vid se cubre de vástagos y muere el perezoso -invierno, cuantos colores recibe la tejida lana. Escoged el que os -cuadre, porque no todos son propios para todas las mujeres. El negro -conviene a las de nevado cutis; a Hipodamía le estaba bien el negro, y -negro vestía cuando fue robada; el blanco cae bien a las morenas: el -blanco era tu adorno, hija de Cefeo, y de blanco andabas vestida cuando -morabas en Serifos. - -No exhalen los sobacos olor chotuno, ni las piernas estén ásperas -con el duro vello. Pero no dirijo preceptos a mujeres del peñascoso -Cáucaso, ni a las que beben las aguas del Caico[29]. ¿Os advertiré -que no ennegrezcan por desidia los dientes, y que de mañana lavéis la -cara con agua? Sabéis buscar la blancura en el barniz de la cera, y -arrebolar con afeites lo que naturaleza no arrebola. Alcoholáis los -desnudos confines de las cejas, y emplastáis con delicadas membranas -las descarnadas mejillas. No tenéis rubor de marcar los ojos con ceniza -sutil, o con azafrán traído de Cilicia. Tengo escrito un libro, pequeño -volumen, pero grande en sustancia, el cual contiene medicamentos para -vuestra hermosura. En él hallarán refugio las de figura desfavorecida; -porque no es indolente en vuestras cosas mi ingenio. - - [29] Esto es, a mujeres sin civilización ni limpieza, como las de - países salvajes. - -Con todo eso, no hallen los amantes encima de la mesa expuestos los -botes de ungüento: ayude a la hermosura el arte simulado. ¿A quién no -repugnará un rostro embadurnado de adobos, que fluyen disueltos hasta -el caliente seno? Aunque venido de Atenas, ¿a quién no ofenderá el olor -del jugo oleoso de la grasienta lana? Delante de gente no os sirváis -de las médulas de cierva ni delante de gente frotéis los dientes. Todo -esto os hermoseará, pero sería desagradable el verlo. Muchas cosas hay -feas cuando se hacen, y gratas después de hechas. Las estatuas ahora -célebres del laborioso Mirón fueron en algún tiempo informe y pesada -masa. Para hacer una sortija, primero se bate el oro: y los vestidos -que lleváis, fueron sucia lana. Cuando se esculpía era bruta piedra, y -ahora es excelente figura Venus en desnudez exprimiendo el agua de los -mojados cabellos. - -Hacednos creer que estáis durmiendo el tiempo que tardéis en adobaros; -con más ventaja os mirarán enteramente tocadas. ¿Para qué he de saber -yo de donde proviene la blancura de vuestra tez? Cerrad la puerta -del tocador, ¿a qué manifestar todo el mal vistoso material? Importa -que los hombres ignoren muchas cosas; y la mayor parte de ellas les -chocará, si no las guardáis con cuidado. Las figuras sobredoradas que -adornan el teatro, veréis que son madera cubierta de una tenue lata -de oro; pero no se exponen a la vista del pueblo, sino cuando están -compuestas: tampoco la hermosura se ha de afeitar sino a escondidas de -los hombres. - -No prohíbo que delante de gente dejéis peinar vuestros cabellos, ni que -ondeen esparcidos por las espaldas. No seáis entonces descontentadizas, -ni manoseéis muchas veces la desatada madeja. No maltratéis a la -camarera: me enoja ver arañar con las uñas su cara, y picar con la -aguja su brazo. Ella peina maldiciendo la cabeza de su señora, y -juntamente llora sangrienta sobre su detestable cabellera. - -La que sea mal crinada, ponga centinela a la puerta, o aderécese -siempre en el templo de la buena diosa. Dijeron a cierta señora que -entraba yo repentinamente, y perturbada se puso al revés la cabellera. -Acontezca a nuestros enemigos la causa de tan fea vergüenza, y recaiga -tal corrimiento en las nueras de los partos. Una res descornada parece -deforme: deforme el campo sin verdura, y el árbol sin frondosidad, y la -cabeza sin cabello. No vinisteis vosotras, Sémele y Leda, a ser por mí -enseñadas; ni tú, Europa, que vadeaste el mar en el lomo del fingido -toro: ni tú, Elena, a quien con razón reclamaba Menelao, y a quien -con razón retenía el robador troyano. Venga a ser enseñada la turba -de mujeres hermosas y feas, aunque las feas son en más número que las -hermosas. Tampoco el auxilio de mi arte y preceptos cumple tanto a las -hermosas, pues la hermosura sin arte es poderosa para suplir la dote. -Cuando el mar es bonancible, el piloto descansa en seguridad, cuando -está embravecido, recurre a su ciencia. - -Es raro el semblante en que no se advierten tachas. Encubrid las tachas -y los defectos del cuerpo, según podáis. Si sois de breve estatura, -sentaos, para que no parezcáis sentadas estando en pie: y para que -echadas no parezcáis poquita cosa, ocultad los pies con la ropa: y así -no podrán tomaros medida. Las demasiadamente flacas usen vestimentas de -telas gruesas, y caiga ancho el vestido desde los hombros. Las pálidas -retoquen su cara con colorete; las más morenas acudan por remedio al -estiércol de cocodrilo. Los mal formados pies disimúlense siempre con -calzado blanco, y las piernas enjutas no se ciñan con ligaduras: la -giba se disimula con almohadillas, y el pecho hundido con la corbata. - -Gesticulad poco cuando habléis las que tenéis gordos los dedos y las -uñas desiguales. Las que exhalan mal olor en el aliento, nunca hablen -en ayunas, y siempre distantes de la cara de los hombres. Si tenéis -los dientes negros o grandes, o mal colocados, riendo a carcajadas -grandísimos perjuicios cogeréis. - -¿Quién lo creería? También aprenden a reírse las mujeres. Hasta en -esta gracia buscan su embellecimiento. Abrid pues módicamente la boca, -haced pequeños hoyos en las dos mejillas, y el labio inferior cubra -los dientes de arriba. No oprimáis los ijares con destempladas risas, -y suene en ellas un suave y femenil no sé qué. Las hay que tuercen la -boca con un descompasado reír: otras riendo alegres parece que lloran. -Algunas hacen un bronco sonido y un estridor desapacible, como rebuzna -la lerda pollina atada a la escabrosa tahona. - -¿Hasta dónde no alcanza el arte? Aprenden también a llorar -graciosamente. Lloran cuando quieren y como quieren. ¿Y qué diré de las -que no pronuncian ciertas letras necesarias, y constriñen la lengua a -tartamudear algunas palabras? Cifran la gracia en el vicio de articular -mal, y hablan menos bien para hablar con mayor garbo. Aplicaos pues a -estas arterías, que os son provechosas. - -Aprended a llevar el cuerpo con paso femenil: en el andar hay una -parte de agrado no despreciable, y que atrae o ahuyenta a los hombres -desconocidos. Unas mueven blandamente los costados, dejando flotar sus -ropas a discreción del viento, y tendiendo los pies con aire brioso. -Otras andan como las bermejas mujeres de Umbría, dando desmedidos pasos -con las piernas abiertas. Pero en esto guardad medio, como en otras -cosas: porque la una manera de andar es tosca, y la otra demasiado -muelle. - -Llevad desnuda la parte inferior de los hombros, y superior del -morcillo del brazo, que se ha de ver por el lado izquierdo. Esto -conviene especialmente a las de nevada blancura. Cuando yo veo esto, me -siento incitado a besar el hermoso hombro que se descubre. - -Monstruos del mar eran las sirenas, las cuales con canora voz detenían -irresistiblemente las naves veleras. Oídas por Ulises, pudo apenas -permanecer ligado al mástil, y a sus compañeros les tapó con cera las -orejas. Dulcísima cosa es la melodía: aprended pues a cantar, porque -la sonora voz excusa para muchas el incentivo de la hermosura. Repetid -ya las composiciones oídas en los marmóreos teatros, ya las cantilenas -acompañadas con tonos egipcios[30]. Ni por mi Consejo ignore la mujer -culta tañer la lira con la diestra, y la cítara con la siniestra mano. -Orfeo con el son de su lira movió en el Ródope las fieras y peñascos, -el tartáreo lago, y el trifauce cerbero. Y tú Anfión, justísimo -vengador de tu madre, edificaste los tebanos muros con las consonancias -de tu canto. Suspendieron a los mudos peces los acordados acentos de la -lira de Arión. Aprended también a revolver con ambas manos la festiva -nabla[31], pues conviene a los placenteros juegos. - - [30] Eran canciones desenvueltas y provocativas. - - [31] Instrumento músico de cuerdas a manera de salterio. - -Leed las poesías de Calímaco y de Filetas, y del vinoso viejo de -Teos[32]. Leed a Safo; ¿qué mujer más lasciva que ella? No olvidéis al -lépido Terencio; ni los versos del tierno Propercio, ni los de Galo y -Tibulo. Ande en vuestras manos el poema sobre la conquista del famoso -vellón, en el que deplora Varrón la suerte de Frixo y su hermana. Leed -al prófugo Eneas, origen de la soberbia Roma: la más excelsa obra de -las musas latinas. Acaso algún día se mezclará entre estos mi nombre, y -mis escritos no serán abismados en las aguas del Leteo. Y dirá alguno, -leed los numerosos versos de nuestro maestro, con los cuales instruyó -en artes eróticas a hombres y a mujeres. De sus tres libros elegid el -que mejor explique los amores, y los más fluidos y dulces versos. O -cantad con modulado acento sus Heroidas, género que él inventó y los -demás desconocieron. ¡Quiéraslo así, Apolo: queraislo así, númenes -tutelares de los poetas, Baco de insignes cuernos, y las nueve musas! - - [32] Porque Anacreonte era natural de Teos, ciudad de la Jonia. - -¿Dudárase de que han de saber bailar las mujeres, para lucir su -agilidad en los vinolentos convites? Se aman las escénicas pantomimas -del histrión; y solo aquella movilidad se tiene por decoro. - -No omitamos cosas menos importantes. Sepa la mujer echar los dados, y -conocer la fuerza de las jugadas. Y ya lleve tres suertes, ya piense -cautelosa el peligro que la amenaza, y cuántos puntos le faltan para -ganar. Juegue con destreza las guerras del ajedrez, particularmente -cuando una pieza es acometida por dos enemigas. El rey pelea separado -de la reina; y el contrario repite muchas veces el camino. Aprenda el -juego de damas, que es un tablero cubierto de ligeros peones, y del -cual ninguno se quita sino el que se come al adversario. Hay otro juego -reducido a otras tantas bolas, como meses tiene el fugitivo año. Cada -uno pone en el tablero tres piedrecitas, y para ganar se han de colocar -todas en fila. En fin hay mil juegos: que el ignorarlos sería demérito -en la mujer, porque muchas veces jugando nace el amor. - -Pero es menor cualidad el saber jugar expeditamente que la de -conducirse en el juego con juicio correspondiente a las buenas -costumbres. Cuando el espíritu no está sobre sí, sino preocupado con -un mismo estudio, como sucede jugando, los interiores se descubren -manifiestamente. Aparece la ira, pasión terrible, y la codicia de la -ganancia; las disputas, las querellas, y el solícito sentimiento. Se -dicen improperios: el aire retumba con los gritos; y cada uno invoca -para sí a los dioses airados. Nada se espera en el juego si no se -implora con votos: he visto yo muchas veces correr de rabia lágrimas -por las mejillas de los jugadores. Preserve Júpiter de tan abominable -vicio a las que viven con el cuidado de propiciar los hombres. - -Débil naturaleza asigna estos juegos a las mujeres, mientras los -hombres se recrean con más nobles ejercicios. Tienen el de la ligera -pelota, el del dardo, y el del disco, el de la esgrima, y el de obligar -a los caballos a correr en giros: las faenas del Campo Marcio, las de -la frigidísima fuente virgen, y las del nadar en el Tíber de sosegadas -corrientes. - -Conviene y aprovecha a las mujeres solazarse a la sombra del pórtico -de Pompeyo, cuando el signo de la virgen lanza sobre nosotros el fuego -del estío. Visitad el Palatino, consagrado al laureado Apolo: el -que sumergió en el hondo mar las naves egipcias[33]. Paseaos en los -pórticos construidos por Octavia y Livia, hermana y mujer de César; y -en el de Agripa, su yerno, cuya cabeza ciñó la honorífica corona naval -en testimonio de valor. Visitad las aras donde se queman inciensos en -loor de Isis, vaca de Menfis. Visitad los tres teatros de aquel lugar -insigne en monumentos. Presenciad las luchas de los gladiadores, cuya -sangre mancha la arena, y los juegos circenses, donde la hervorosa -rueda volteará en derredor de la meta. - - [33] Otra alusión a la batalla de Accio. - -Lo oculto no se conoce, ni se desea lo desconocido. Es sin fruto la -hermosura que carece de testigos. Vosotras, aunque aventajéis en el -canto a Tamiris y Amebeo, no granjearéis aplauso teniendo en retiro -la lira. Si Apeles no hubiera pintado a Venus, aún la esconderían -sumergida las aguas del mar. ¿Qué ambicionan los divinos poetas sino -la celebridad? Este deseo lleva a la cima sus trabajos. En otro -tiempo eran los poetas delicia de los dioses y de los reyes; y los -antiguos cantos premiados con grandes galardones. Santo respeto y -nombre venerable tenían entonces los vates, y muchas veces se les -prodigaban riquezas. Ennio, nacido en los montes de Calabria, mereció -ser sepultado en tu sepulcro, grande Escipión. Mas hoy la yedra que -corona a los poetas vegeta sin honor: y las arduas y afanosas vigilias -de las doctas musas tienen nombre de ociosidad. Pero a la fama se sube -por vigilias: ¿quién conociera a Homero, si estuviese oculta la Ilíada, -inmortal poema? ¿Quién conocería a Dánae, si hubiera estado siempre en -prisión, y se hubiese escondido vieja en la torre? - -Os convienen, mujeres hermosas, las concurrencias. Vagad a menudo con -suelto pie fuera de vuestros umbrales. El lobo acecha muchas ovejas -para depredar una; y el águila se precipita en la banda de aves. Así -salga al mundo a ser vista la mujer hermosa, pues entre muchos por -ventura habrá alguno a quien atraiga. - -Hállese en parajes de concurso con el conato de agradar, y ostente -con todo esmero su belleza. La casualidad rueda en todas partes, -llevad siempre echado el anzuelo; caerá el pez en el agua en que menos -se piense. Muchas veces los perros buscan inútilmente caza en los -montañosos bosques, y el ciervo da en las redes sin ser perseguido. -¿Cómo podría esperar Andrómeda enamorada ser sus lágrimas eficaces para -insinuarse en Perseo? Tal vez en los funerales del marido se encuentra -otro marido: todo consiste en la gracia de ir desmelenadas y anegadas -en llanto. - -Evitad a los hombres ocupados solo en su hermosura y atavío, y a los -que ordenan artificiosamente sus cabellos. Son voltarios; su amor no se -fija en ninguna, y os dicen a vosotras lo que dijeron a mil mujeres. -Qué hará la mujer, siendo hombres más livianos que ella. Apenas me -creeréis, pero creedme: que aún no se hubiera arruinado Troya, si -hubiera atendido a los consejos de su Príamo. Hay hombres que estafan -con la apariencia de falso amor, y por los medios tales consiguen -vuestra deshonra. No os deslumbre la cabellera empapada en olorosas -esencias, ni la angosta faja formada en pliegues. No os seduzca la -toga de finísima tela, ni el ver en los dedos anillos y más anillos. -Por ventura el más compuesto de estos es un ladrón, y arde en deseo -de vuestras ropas. Vuélveme lo mío, vocean con frecuencia las mujeres -robadas, vuélveme lo mío, resonando con sus gritos todo el foro. Venus -desde el reluciente dorado templo, ve indolente estas pendencias, y los -lupanares de las calles Apias[34]. - - [34] En estas calles vivía la chusma plebeya y meretricia de Roma. - -Otros hay cuyos nombres, marcados en la opinión, señalan las maldades -de esos amantes embusteros. Escarmentadas con los duelos ajenos, -aprended a evitar la misma suerte, cerrando la puerta a semejantes -bribones. Oh hijas de Cécrope, no creáis a los juramentos de Teseo, -porque hará después de haber jurado lo que hizo antes. Ni a ti, -Demofonte, heredero de la perfidia de Teseo, te ha quedado fe alguna -desde que engañaste a Filis. Si prometen mucho, prometedles con otras -tantas palabras: si dieren, dadles vosotras también los placeres -contratados. La que, recibida la dádiva, niega las prometidas -noches, es capaz de extinguir el fuego eterno de Vesta, profanar los -sacrificios de Isis, y emponzoñar al hombre con cicuta triturada -mezclada con acónito. Pero mi fantasía vuela muy lejos: tira, musa mía, -las riendas, no abandones el carro a la impetuosidad de su carrera. - -Tentará el vado el amante con cartas, que ha de recibir la confidencial -sirvienta. Examinadlas; y por su contenido colegiréis si fingen, o si -ruegan con solícitas veras. Responded con breve demora; la demora -estimula siempre a los amantes, como sea de corto espacio. Pero no os -prometáis fácil al joven que ruega; ni tampoco deneguéis con obstinada -boca su petición. Haced que tema y espere juntamente; y que a cada -repulsa que le haréis vea más cierta la esperanza, y menor el temor. - -Escribid, mujeres, en términos puros y usados, aunque ambiguos: el -estilo llano es el que conviene. ¡Cuántas veces inflamó al amante -irresoluto un billete bien escrito, y perjudicó a las beldades el -lenguaje bárbaro! Y puesto que, sin afectar maneras de gazmoña, ponéis -vuestro cuidado en engañar a los maridos, no confiéis vuestras cartas -sino a manos de una sierva fiel o de un muchachito: guardaos de dar -vuestro recado a un joven bisoño. Vi yo mujeres consternadas sufrir por -este miedo una esclavitud miserable toda la vida. Pérfido ciertamente -es aquel que guarda tales prendas, para servirse de ellas como de -un rayo del Etna. En mi entender es lícito repeler el fraude con el -fraude, y el derecho permite tomar las armas contra los armados. -Acostumbrad pues vuestra mano a formar letras de muchos caracteres. -¡Ah, perezcan aquellos por cuya causa doy este consejo! Ni se ha de -escribir sobre el mismo papel, afín de que no se vean en él letras de -dos puños. Escribid al amante como a una mujer, y firmad siempre las -cartas con su nombre. - -Conviene empero trasladar el pensamiento de pequeñas a mayores cosas, -y desplegar toda la vela en anchurosa ensenada; digo pues que las -hermosas han de reprimir las violentas pasiones. A los hombres conviene -la candorosa paz, a las bestias la rabiosa furia. El semblante se -hincha con la ira; las venas negrean con la sangre; los ojos arden en -más impetuoso fuego que los de Gorgona. Anda lejos de aquí, flauta, -que no te aprecio en tanto, dijo Palas, cuando vio en los cristales del -río sus infladas mejillas. Si las mujeres se mirasen también al espejo -en medio de la ira, apenas conocería ninguna su semblante. - -No menor perjuicio hace a vuestra cara el orgullo. Solo el halagüeño -aspecto convida al amor. Son aborrecibles (creed a la experiencia) los -fastuosos modales. Por lo regular un semblante callado siembra odio. -Mirad al que os mire: reíd dulcemente al que os ría. Si os hacen señas, -volved también las aceptas señas. Luego que se ensaya así, empieza el -vendado rapaz a sacar de su aljaba los dardos agudos, dejando los -embotados. - -Las adustas son también aborrecibles. Ame Áyax a Tecmesa, pero con -nosotros, gente de buen humor, solo se insinúan las hembras alegres. -Nunca te rogaría yo, Andrómaca, ni a ti, Tecmesa, que fueseis amiga mía -ni una ni otra. Si la prole no me obligara, me persuadiría apenas que -os hubieseis ayuntado con vuestros maridos. ¿La tristísima mujer diría -a Áyax: _corazón mío_, u otras ternezas que suelen lisonjear a los -hombres? - -¿Quién me impedirá citar, en menores asuntos, ejemplos de cosas grandes? -Un buen general da el mando de un batallón al uno, al otro el de un -escuadrón, y confía de otro la guarda de las banderas. Del mismo modo -habéis de mirar vosotros también cuál de nosotros es útil, y emplear a -cada uno según su disposición. El rico alargue dones; el jurisconsulto -desembrolle los negocios; el elocuente defienda la causa de la que -litigue. Nosotros los que componemos versos ofreceremos solamente -versos. Los de este gremio somos los que antes de todos merecemos -vuestro amor. Hacemos célebres en todas partes las beldades que -obsequiamos. Némesis tiene nombradía; Cintia es famosa; el oriente y -occidente conocen a Licoris; y muchos con curiosidad preguntan quién -es mi Corina. Demás de que en los sublimes vates no caben insidias; -y nuestra arte acomoda a sí nuestras costumbres. Ni la ambición nos -incita, ni nos contagia la sed de atesorar: despreciando el foro, -cultivamos el lecho y la sombra[35]. Pero nos prendamos fácilmente, -y ardemos con llama durable, y sabemos amar con fe demasiado segura. -Ciertamente sazonamos el ingenio con la plácida arte; y al estudio van -conformes las costumbres. Sed propicias, mujeres, a los aonios poetas, -pues dentro de ellos se halla la divinidad, y las musas los protegen. -Está dios en nosotros, y comerciamos con el cielo; nuestro ingenio nos -viene de las etéreas regiones. Es pues maldad exigir nada de los sabios -poetas; mas, ¡ay de mí!, ninguna mujer teme esta maldad. - - [35] Expresión poética que denota las comodidades de la vida - privada. - -Disimulad empero; no os mostréis a deshora interesadas; porque el nuevo -amante se retira viendo la trampa. El escudero no maneja con bridas -iguales al potro que poco ha siente el freno, que al ya adiestrado -caballo. Ni se ha de seguir una misma senda para captar a los de edad -ya sentada, que a la lozana juventud. El inexperto aprendiz, venido -por primera vez a los estandartes del amor, presa nueva que arribó a -vuestro tálamo, conozcaos a sola vos, y esté siempre a vuestro único -lado. Esta mies se ha de cercar con altos setos. Huid de tener rival: -reinaréis mientras poseáis solas. El cetro y el amor quedan poco tiempo -en poder de dos compañeros. - -El veterano en esta milicia amará poco a poco y con prudencia, y -sufrirá muchas cosas intolerables para el bisoño. No romperá la puerta, -ni la incendiará colérico, ni lastimará con las uñas las tiernas -mejillas de su señora, ni rasgará la ropa de ella, ni la ropa suya; -ni arrancando sus cabellos la dará motivo de llorar. Estas cosas son -propias de mancebos en la efervescencia de la edad y del amor. Los -otros soportarán los graves sentimientos sin desmandarse: los otros -se abrasarán con fuego lento, como la húmeda tea, como el árbol poco -ha cortado que permanece en la montaña. Este amador es más firme: más -inconstante y fecundo el otro. Coged con presta mano una fruta que se -conserva poco. Franqueadle todo: abrid las puertas al enemigo, y poned -fe en su misma fidelidad. - -Alimenta mal un largo amor lo que se da fácilmente. Mezclad alguna rara -repulsa con los deleitosos juegos. Tenedle a la puerta: quéjese allí -de vuestro rigor, diciendo humilde muchas cosas, y muchas amenazando. -Fastidiados de los dulces manjares despertemos el apetito con agrios -jugos. Naufraga a veces el bajel oprimido con excesiva calma. He aquí -lo que impide a las casadas ser amadas, es que los maridos se juntan -a su albedrío con ellas. Si les cerraran la puerta, y el portero les -dijese broncamente: no se puede entrar; la exclusión renovaría también -en ellos el amor. - -Poned ya los cuchillos botos, y pelead con otros más agudos aunque yo -deba ser herido con mis propias saetas. Que el nuevo amante, caído en -vuestros lazos, se crea solo señor de vuestro cariño; mas luego después -haced que teme un rival, y sospeche partida la posesión del lecho. -Si no usáis de estas estratagemas, envejecerá su amor. Corre mejor -el vigoroso caballo, cuando, abierta la barrera, tiene caballos que -preceder y que seguir. Por apagado que esté el fuego, le reanima la -injuria. Aquí estoy yo (lo confieso) que no amo sino con este aguijón. -Sin embargo no sea muy manifiesta la causa de sus penas, y quede a su -inquietud algo que imaginar y temer de más de lo que sabe. - -Excitadle con la fingida vigilancia del mentido siervo, y con el -cuidado en extremo molesto del riguroso marido. Es de menos quilates el -deleite que se goza sin obstáculo. Aunque estéis en más libertad que -la cortesana Tais, aparentad sobresaltos. Aun cuando sea más fácil por -la puerta, admitidle por la ventana fingiendo en el semblante muestras -de temor. La astuta sierva échese fuera diciendo, somos perdidas: -vosotras meted en algún escondrijo al asustado galán. Disfrute empero -sin sobresalto a Venus, temiendo no le parezcan demasiado penosas unas -noches sin cesar inquietadas. - -Pasaba por alto el modo de engañar al marido celoso, y la vigilancia -de su custodia. La mujer tema al marido: sea escrupulosa la guarda de -la casada. Así conviene: así lo prescriben las leyes, y la justicia y -el pudor. Pero ¿quién sufrirá que también seáis guardadas vosotras, a -quienes la pretórica varilla acaba de redimir[36]? Para engañar, venid -a mi escuela. Aunque os observen tantos ojos como tenía Argos, los -burlaréis, queriendo de veras. ¿Os impedirá el celador escribir, en el -tiempo que toméis para bañaros? ¿Os impedirá dar a la confidente las -cartas amatorias, y que esta las lleve ocultas con la ancha corbata en -el templado seno, o atadas en las ligas, o finalmente en la suela de -los zapatos? Si esto precave el guardador, la espalda de la tercera -suplirá la carta, escribiendo allí concisamente cuanto ocurra. También -se forma letras con leche fresca, las cuales no se pueden leer sino -echando en ellas polvos de carbón. Tampoco podrán leerse las que se -hagan con la caña de lino verde, y el papel en blanco contendrá ocultos -los caracteres. - - [36] Las esclavas declaradas libres por el pretor, cuya declaración - se hacía dándoles el lictor con la vara en la cabeza. - -Nada omitió Acrisio para guardar a Dánae, y ella sin embargo con -su delito le hizo abuelo. ¿Qué hará un celador, cuando hay tantos -teatros en la ciudad? ¿Cuando vaya de buena gana al espectáculo de los -uncidos caballos? ¿Cuando asista afanosa al concierto de los sistros -en el templo de Isis? ¿Cuando vaya adonde está prohibido ir al que la -acompaña? ¿Cuando se libre de la vista de su centinela en el templo -de la buena diosa, cuya entrada está prohibida a los hombres, excepto -a los que ella manda entrar? ¿Cuando el custodio esté fuera guardando -los vestidos de su señora, y los seguros baños encubran los furtivos -varones? ¿Cuando cuantas veces sea necesario se finja enferma, y quede -en cama todo el tiempo que quiera? ¿Cuando una llave adúltera enseñe -con su nombre lo que se haya de hacer, y con sola una puerta franquee -las entradas que se desean? ¿Cuando burle los cuidados de su guardián, -emborrachándole con mucho vino, o con el selecto que se cría en la -montuosa España? ¿No hay también drogas que causan soporoso sueño, -cargando sobre los ojos la oscuridad del Leteo? ¿No podrá la confidente -divertir al enojoso con lentos deleites, para que la otra se divierta -entretanto a todo vagar? - -¿Pero por qué me canso en rodeos y pequeños consejos, cuando el celador -puede comprarse con un cortísimo regalo? Creedme, las dádivas atraen a -los hombres, y a los dioses. El mismo Júpiter se aplaca con ofrendas. -¿Qué hará el sabio, si el insensato se alegra también con los dones? -El marido mismo enmudecerá, recibiendo dádivas. Pero al celador se le -ha de ganar una vez para siempre, porque prestará siempre las manos que -una vez haya prestado. - -Acuérdome: me he quejado de que se han de temer los compañeros; y -esta queja no habla solo con los hombres. Si fuereis confiadas, otras -arrebatarán vuestros deleites, y levantaréis la liebre para otras. La -que os presta generosa su lecho y habitación, ha estado conmigo no una -vez sola. Ni os sirváis de sierva hermosa en demasía, pues regularmente -estas alternaron conmigo en la suerte de su señora. - -¿Adonde me lleva mi furor? ¿Por qué con pecho descubierto me arrojo -sobre el enemigo, y con mi delación me vendo a mí mismo? No muestran -las aves al cazador los medios de ser cogidas: ni enseña la sierva a -correr a los dañinos perros. Pero no importa, dictaré fielmente mis -preceptos. Daré contra mí mismo los cuchillos de Belona. - -Haced que nos creamos amados: es fácil, porque la fe del deseoso -le inclina en consentir en sus deseos. Mirad con más amabilidad al -joven, suspirad íntimamente, y preguntadle por qué ha tardado tanto. -Sobrevengan las lágrimas, y la simulada aflicción de que ama a otra; -y lastimad con las uñas su semblante. Al punto quedará persuadido, se -sentirá enternecerse, y dirá, esta muere de amor por mí. Especialmente -si es lindo, y satisfecho de sí por el espejo, creerá que puede -interesar a las diosas. - -Cualesquiera que seáis, tolerad con moderación las ofensas del amante. -No perdáis el seso, cuando oyereis que tenéis competidoras. No creáis -de ligero: cuanto daña creer de ligero os lo dirá el no leve ejemplo de -Procris. - -En la deliciosa falda del florido Himeto hay una risueña fuente, y su -margen es blanda alfombra de verde césped. La selva no encumbrada forma -un bosque, y los arbustos cubren con sombra la yerba: huelen el romero, -y el laurel y el negro mirto. Ni faltan allí los bosques de espesas -hojas, el quebradizo tamariz, el delgado cítiso, y el copado pino. La -varia frondosidad de tan diferentes árboles y la cima de las yerbas -se mueven mecidas por el blando soplo del céfiro, y por la frescura -saludable. Sitio de reposo grato a Céfalo: aquí era donde dejados su -gente y los perros, este joven se recostaba muchas veces a descansar. -Solía también cantar: ven, fácil Aura, a templar mis ardores, te -recibiré en mi seno. Alguno perniciosamente oficioso, trasladó con -memoriosa lengua los oídos acentos a las tímidas orejas de su esposa. -Luego que Procris percibió el nombre de Aura como el de una combleza, -cayó desmayada, y enmudeció con el súbito dolor. Se puso pálida, como -las tardías hojas de la vid, después de cogidos los racimos, al primer -frío del otoño: como se descoloran los maduros membrillos, encorvando -sus ramas, y como las cerezas silvestres aún no sazonadas para comerse. -Cuando volvió en sí, rasgó las finas vestiduras de su cuerpo, y -maltrató con las uñas sus inocentes mejillas. Sin tardanza voló por -medio de los campos desmelenada y frenética cual bacante concitada con -el tirso. Al acercarse dejó en el valle la comitiva, y animosa penetró -a escondidas en el bosque, con callados pasos. ¿Dónde estaba tu razón, -Procris, para esconderte así con poca cordura? ¿Cuál era la inquietud -de tu enamorado pecho? Sin duda pensarás que muy pronto ha de venir -Aura, cualquiera que sea, y que has de ser testigo de tu misma infamia. -Ya te arrepientes de haber venido, porque no quisieras sorprenderlos: -ya te alegras: el amor trastorna incierto tu pecho. Lugar, nombre y -acusador abonan tus celos, y el que ama cree siempre lo que teme. -Cuando vio en la oprimida yerba, vestigios de una persona, su pecho -palpitaba trémulo con los latidos del corazón. Ya el día en su mitad -menguaba las leves sombras, y la mañana y la noche se hallaban a igual -distancia, cuando se retira de las selvas el hijo del Cilenio, viniendo -a refrescar su caluroso rostro en las fontanas aguas. Estaba escondida -la congojosa Procris: él se reclinó en la acostumbrada yerba, y dijo: -Céfiro, y tú, Aura, aplacad mi fuego. Así que fue patente a la cuitada -el grato error de este nombre, recobró el sentido, y el semblante su -verdadero color. Levantose; pero moviendo con el agitado cuerpo las -circunstantes ramas, para ir como mujer a los brazos del esposo, juzgó -él que era el ruido de una fiera, tomó juvenilmente el arco, y en la -diestra mano puso la flecha. ¿Qué haces, desventurado? No es fiera: -deten el tiro. ¡Triste desgracia! con tus flechas heriste a tu esposa. -¡Ay de mí!, clamó, traspasaste el pecho amigo; mi pecho roto siempre -con las heridas de Céfalo. Muero antes del tiempo, pero no injuriada -por una rival. Esto hará que la tierra me sea ligera en la tumba. -Sale ya mi espíritu por esas Auras de sospechoso nombre; ¡me muero! -Cierra con cara mano mis ojos. Él sostenía en las mustias rodillas el -moribundo cuerpo de sus amores, y con llanto lavaba la cruel herida. -Desatado poco a poco del incauto pecho, se escapa el último suspiro que -recibe con su boca el mísero marido. - -Volvamos al camino, y prosigamos derechamente, para que la asendereada -nave toque en el puerto. ¿Esperáis por ventura que os conduzca a los -festines, y que también en esto os dé consejos? Id tarde, y entrad -con decoro, ya encendidas las antorchas. Agrada la tardanza a Venus; -es la tardanza la mayor añagaza. Aunque seáis feas, podéis parecer -hermosas, porque la misma noche servirá de manto a vuestros defectos. -Tomad los manjares con los dedos; hay un cierto modo que se debe -observar en el comer: no untéis la cara con las manos sucias. No comáis -anticipadamente en casa[37]: ni acumuléis en el plato lo que no podréis -engullir. Si Paris hubiera visto a Elena comer con gula, la hubiera -desamado, y diría, necio robo hice. - - [37] Las mujeres de entonces, para hacer las melindrosas en los - convites, comían antes en su casa. Lo mismo hacen las de ahora. - -Más a propósito y más decente es que las mujeres beban, porque Baco -no se aviene mal con Cupido. Pero esto también hasta donde resista el -cerebro; mientras el juicio y los pies estén firmes, y no parezcan -dobles los objetos. La mujer tirada feamente en el suelo por beodez es -digna de padecer cualesquiera impurezas. Tampoco es honesto sucumbir -al sueño en la mesa, porque en el sueño suelen cometerse acciones de -inverecundia. - -Esme ruboroso enseñar las cosas ulteriores, pero alma Dione dice que -lo ruboroso es mi principal asunto. Tened conocimiento de cada cosa: -tomad posturas acomodadas al cuerpo, pues no a todas conviene una -misma. La de muy señalada hermosura muestre supina sus tesoros, y -el dorso solamente aquella que puede agradar de este modo. Milanión -llevaba en los hombros las piernas de Atalanta: en este grupo han de -ser recibidas las buenas. La pequeña corra como en jinete: Andrómaca, -por ser altísima, nunca subió en el caballo de Héctor. Oprimiendo con -las rodillas el lecho, y torciendo un tanto la cerviz, hará figura -académica la que ha de ser vista por el costado. La de juvenil muslo -y pecho turgente estaría dislocada a no reclinarse en oblicuo lecho, -quedando en pie la pareja. Ni disconviene tener suelta la melena, como -bacante, inclinando el cuello con los cabellos esparcidos. La que -Lucina[38] señaló con arrugas en el vientre, pelee vuelto el caballo, -como el veloz parto. Pero entre mil actitudes la más sencilla y menos -trabajosa es la semisupina sobre el derecho lado. - - [38] Diosa de los partos. - -Ni la trípode apolínea, ni el cornígero Amón os cantarán cosas -más verdaderas que mi musa. Si se da crédito al arte con dilatada -experiencia adquirido, creed al testimonio de mis versos. La mujer -opere con íntimo ardor en sus tareas, y aquella actividad sea de -participación igual entre los dos, amenizando el juego con cariñosos -afectos y gustosas palabras. Mas la infeliz a quien naturaleza negó -sensación venérea, simule dulces placeres con aparente ruido, -guardándose de descubrir ficción con el recurso de señales que arguyen -deleite, y envuelven pudor y misterio. No admitáis en el aposento la -llena luz de las ventanas, pues muchas cosas de vuestro cuerpo más al -caso estan ocultas. La que pide paga al amante después de los goces de -Venus, no querría que tuviese eficacia su demanda. - -Pongo cabo a mi obra. Ya es tiempo de descender del carro que en su -cuello llevaron los cisnes. Así como antes los jóvenes, así ahora las -mujeres discípulas mías escriban en sus trofeos, Ovidio fue nuestro -maestro. - - -_FIN._ - -*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK EL ARTE DE AMAR *** - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the -United States without permission and without paying copyright -royalties. 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Redistribution is subject to the trademark -license, especially commercial redistribution. - -START: FULL LICENSE - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK - -To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full -Project Gutenberg-tm License available with this file or online at -www.gutenberg.org/license. - -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project -Gutenberg-tm electronic works - -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. 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Hart was the originator of the Project -Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be -freely shared with anyone. For forty years, he produced and -distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of -volunteer support. - -Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in -the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not -necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper -edition. - -Most people start at our website which has the main PG search -facility: www.gutenberg.org - -This website includes information about Project Gutenberg-tm, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. diff --git a/old/67961-0.zip b/old/67961-0.zip Binary files differdeleted file mode 100644 index 496dfed..0000000 --- a/old/67961-0.zip +++ /dev/null diff --git a/old/67961-h.zip b/old/67961-h.zip Binary files differdeleted file mode 100644 index 38b8419..0000000 --- a/old/67961-h.zip +++ /dev/null diff --git a/old/67961-h/67961-h.htm b/old/67961-h/67961-h.htm deleted file mode 100644 index c63eddd..0000000 --- a/old/67961-h/67961-h.htm +++ /dev/null @@ -1,3360 +0,0 @@ -<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" - "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> -<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml" xml:lang="es" lang="es"> - <head> - <meta http-equiv="Content-Type" content="text/html; 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If you -are not located in the United States, you will have to check the laws of the -country where you are located before using this eBook. -</div> -</div> - -<p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Title: <span lang='es' xml:lang='es'>El arte de amar</span></p> -<p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:0; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Author: Publio Ovidio Nasón</p> -<p style='display:block; text-indent:0; margin:1em 0'>Release Date: May 1, 2022 [eBook #67961]</p> -<p style='display:block; text-indent:0; margin:1em 0'>Language: Spanish</p> - <p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:0; margin-left:2em; text-indent:-2em; text-align:left'>Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net. (This ebook was produced from images generously made available by Biblioteca Digital Hispánica/Biblioteca Nacional de España.)</p> -<div style='margin-top:2em; margin-bottom:4em'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK <span lang='es' xml:lang='es'>EL ARTE DE AMAR</span> ***</div> - -<div class="front"> - <hr class="full" /> -</div> - -<div class="transnote" id="tnote"> - <p class="tnotetit">Nota de transcripción</p> - <ul> - <li>Los errores de imprenta han sido corregidos.</li> - - <li>La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con - las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.</li> - - <li>También ha sido modernizada la transcripción de los nombres propios, - tanto de lugares como de personajes.</li> - - <li>Las notas a pie de página han sido renemeradas y colocadas tras el - párrafo que contiene su llamada.</li> - - <li>Las páginas en blanco han sido eliminadas.</li> - </ul> -</div> - - -<div class="screenonly x-ebookmaker-drop"> - <hr class="chap" /> - <div class="figcenter"> - <img class="thin" - style="width: 24em; height: auto;" - src="images/cover.jpg" - alt="Cubierta del libro" /> - </div> -</div> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="tit"> - <h1 class="g1"><span class="fs75">EL ARTE</span><br />DE AMAR.</h1> -</div> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch0"> - <hr class="fil" /> - <h2 class="nobreak g0" title="El traductor"><span class="pagenum" - id="Page_i">p. i</span>EL TRADUCTOR</h2> -</div> - -<p class="ti0"><span class="big">D</span>e Ovidio y de sus obras -han escrito otras plumas más bien cortadas que la mía; y así fuera -temeridad querer añadir, o superfluidad copiar a los eruditos que -emprendieron aquel trabajo. Demás de que los comentarios y rapsodias -no son ya del gusto de nuestro siglo; en el cual, como en todos, el -que aspira a instruirse con solidez es necesario que recurra a las -fuentes, sin contentarse con vagas repeticiones, y noticias tal vez -corrompidas.</p> - -<p>Pero yo traduzco un poema de Ovidio, que ha de andar en manos de -todos, y entre mis lectores habrá muchos que no han oído siquiera su -nombre;<span class="pagenum" id="Page_ii">p. ii</span> y otros que -apenas tienen idea superficial de él y de sus poesías. Y he aquí por -qué no puedo pasar del todo en silencio algunas circunstancias de este -meritísimo autor.</p> - -<p>P. Ovidio Nasón, caballero romano, nació en Sulmona, ciudad del -Abruzo, cuarenta y tres años antes de la era vulgar, el mismo día en -que fue muerto el elocuente Cicerón. En Roma, a donde fue llevado de -corta edad, se dio a las letras bajo la dirección de Plocio Gripo; -y mostrando agudo ingenio, a los dieciséis años le enviaron a -Atenas, donde estudió las ciencias, y se perfeccionó en la lengua -griega. Las escuelas atenienses eran por entonces frecuentadas de la -juventud romana, y apenas habrá autor latino<span class="pagenum" -id="Page_iii">p. iii</span> de nota que no se formase en ellas. -Quiso su padre obligarle a seguir la carrera del foro, y en efecto -por obedecerle la siguió algún tiempo, hasta que muerto su padre, la -abandonó por las deliciosas musas, arte a que le llamaba la innata -inclinación. Tuvo también por maestros en la filosofía a Porcio Latrón, -en la retórica a Marcelo Fusco, y en la gramática a Julio Grecino, -profesores que entonces se llevaban el aplauso en Roma.</p> - -<p>Fue bueno e ingenioso orador, afluente y patético poeta, que -engrandecía y animaba cuantos asuntos encomendaba a su pluma; bien -que las demasiadas flores con que exornó sus versos, prodigadas con -facilidad por su ardiente y fecunda imaginación,<span class="pagenum" -id="Page_iv">p. iv</span> le apartaron algún tanto de la noble y -sencilla majestad del arte. Dicen que tenía tanto amor propio, que no -solo desconocía, sino que amaba sus defectos, negándose a corregirlos, -aun cuando sus amigos se los advirtiesen. ¡Debilidad humana, de que no -se eximen los mayores hombres!</p> - -<p>Gozó en Roma de los honores y beneficios con que Augusto -acostumbraba remunerar a los grandes talentos, y hubiera acaso llegado -a mayor fortuna que otros poetas sus contemporáneos; pero la desgracia, -que al hombre le es dado pocas veces evitar, le proporcionó los -amores de Julia, hija de Tiberio, a quien escribió algunas epístolas -amatorias, las cuales miró Augusto como delito de lesa majestad, y las -mandó quemar,<span class="pagenum" id="Page_v">p. v</span> desterrando -a Ovidio a la villa de Tomos en el Ponto Euxino. Allí murió a la edad -de cerca de sesenta años, sin haber podido alcanzar el regreso al seno -de su familia, y a su amada patria.</p> - -<p>Entre sus copiosas producciones merecen lugar las poesías galantes, -en las cuales imitó a los griegos, aficionadísimos a composiciones -licenciosas, como se puede ver en Safo, Anacreonte y otros varios. -Cuando apareció su <i>Arte de amar</i>, debió causar mucho ruido en -aquella capital del orbe conocido, porque aunque la corrupción de -costumbres, necesario efecto de las riquezas y del lujo, había ya -llegado a su colmo, duraban todavía ciertos usos y leyes, sombra de la -antigua austeridad republicana, que en la apariencia condenaban toda -relajación y desorden;<span class="pagenum" id="Page_vi">p. vi</span> -y sería ciertamente cosa extraña ver un poema preceptivo, que enseñaba -la práctica de la misma corrupción, y que si tal vez no era capaz de -introducirla, por lo menos suponía y hacía pública la que interiormente -contagiaba a Roma, y era indicio de su decadencia. Lo cierto es -que Augusto le halló tan eficaz, que le llamaba <i>arte de cometer -adulterios</i>: juicio que, según unos, fue la verdadera causa del -destierro del autor, y según otros, solo el pretexto para castigarle -por agravios privados. Pero sea de esto lo que fuere, se ve que Ovidio -fue castigado por culpas amorosas, a que seguramente le arrastraba su -natural propensión.</p> - -<p>Este <i>Arte de Amar</i>, que en nuestro español sin impropiedad -podríamos llamar también <i>arte de enamorar</i>, y <i>arte de -cortejar</i>,<span class="pagenum" id="Page_vii">p. vii</span> está -dividido en tres libros. En el primero se enseñan dos cosas: los -lugares donde se habían de buscar las mujeres que se quisiesen amar, -y el modo de propiciar y poseer su corazón. En el segundo se dan -preceptos para que el amor sea duradero. Y en el tercero, hablando con -las mujeres, les dicta también reglas para amar y competir con los -hombres. De modo que, según su plan, forma de la pasión amorosa una -guerra entre hombres y mujeres: idea a la verdad muy propia y sublime, -tomada ingeniosamente de la naturaleza y de las preocupaciones de los -dos sexos.</p> - -<p>Tiene este poema todas las cualidades de didascálico: brillan en él -los principios, la invención y el orden en cuanto al arte; y en cuanto -a la locución, la<span class="pagenum" id="Page_viii">p. viii</span> -belleza, la elegancia, la armonía, el laconismo y pureza de la lengua -latina. Sus episodios, aunque parte accesoria, tienen tal mérito, no -solo por su enlace, sino por su delicadeza y hermosura, que en mi -concepto exceden al cuerpo de la obra. ¡Ah, si me hubiese sido dado -conservar en la traducción toda la belleza del original para confusión -de los presuntuosos modernos, que creen igualar a los padres del buen -gusto desdeñando su estudio y aun su lengua! ¿Y quién podrá alabar -dignamente la filosofía con que Ovidio trata la pasión de amor, aquella -filosofía conveniente a la poesía, de que los modernos nos dan tan -escasos ejemplos, y que los antiguos poseían y sabían emplear con tanto -magisterio?</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_ix">p. ix</span>Ovidio usa en esta -composición de versos elegíacos, que por carácter son sencillos, -tiernos y sentenciosos. Yo he procurado ceñirme al carácter del -original: he procurado vestir el latín de castellano, y no este de -latín: he procurado conservar en la prosa el sabor poético, el tono -elevado y metafórico del original: empresa harto inaccesible a mis -débiles fuerzas.</p> - -<p>Tal vez no se verá en la traducción toda la gracia poética del -original, porque esta consiste por la mayor parte en la sonoridad -métrica, en transposiciones, conjunciones, repeticiones, voces tal vez -sin equivalente, en transiciones, en alusiones peculiares de tiempos -y costumbres, o en fin, en alguna de aquellas circunstancias que ni -se pueden conservar,<span class="pagenum" id="Page_x">p. x</span> ni -tendrían mérito en las lenguas vivas; o que conservadas, no serían en -opinión de los juiciosos más que ripio y pedantería. La diferencia de -lenguas es regla fundamental, y por eso son sin duda tan viciosas las -traducciones servilmente literales, como las excesivamente libres. -Por otra parte el original latino no es de aquellas composiciones -en que se debe ostentar y sostener todo el estilo poético; al -contrario, perteneciendo al género didascálico, está forzado a imitar -la naturalidad prosaica para hacer claros los preceptos, reservando -para los episodios mayor pompa, sublimidad y riqueza. Pues véase -también como esta parte episódica resalta más en la traducción; allí -hallarán con que contentarse los que solo tienen por poesía el<span -class="pagenum" id="Page_xi">p. xi</span> estilo altisonante, y no la -invención, variedad, propiedad y fluidez.</p> - -<p>Estoy persuadido de que la presente traducción excede a algunas -extranjeras que he visto, y aun a la única castellana en verso que se -imprimió, y se ha hecho ya tan rara, que son más raros los que saben -que la hay; porque ninguna conviene con el original, como debe. La -redundancia, la inexactitud, el mal lenguaje y la arbitrariedad son sus -principales defectos: en una palabra, las reglas de traducir se hallan -quebrantadas en ellas abiertamente. Basta: mi ánimo no es criticar, -sino presentar al juicio del público lo que he podido adelantar sobre -los que me precedieron.</p> - -<p>La he llamado <i>Arte amatorio</i>,<span class="pagenum" -id="Page_xii">p. xii</span> que es su verdadero título, según los más -antiguos manuscritos que existen de este poema, y la autoridad de -varios escritores que hablaron de él, y le citan.</p> - -<p>Aún no tenemos un ejemplar correcto de las obras de Ovidio: -todos los códices estan llenos de errores y variantes, que ponen -en perplejidad a los más peritos en la lengua latina, y a los que -trabajaron en purificar su texto y conciliarlo, estudiando el estilo -del autor, y confrontando unos pasajes con otros análogos, y aun con -los de algunos escritores que coinciden en los mismos pensamientos. -Por esta razón me vi casi precisado muchas veces a adivinar el -sentido genuino, o interpretarlo, y aun por esto mismo dejarlo -acaso imperfecto, cediendo a la necesidad de<span class="pagenum" -id="Page_xiii">p. xiii</span> leer como se halla escrito, y de -conformarme con la puntuación prosódica y ortográfica. Sigo la edición -de Leyden, que pasa por la más ilustrada y correcta, confesando que -a sus notas he debido mucha luz para entender lugares en que sin tal -guía iría a ciegas, y en que, aun con ella, no me prometo entero -acierto.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch1"> - <hr class="fil0" /> - <p class="centra fs120 lh200 g1 ws1 mt15"><span class="pagenum" - id="Page_1">p. 1</span>EL ARTE</p> - <p class="centra fs175 g1 ws1">DE AMAR.</p> - <hr class="tir" /> - <h2 class="nobreak g0" title="Libro primero">LIBRO PRIMERO.</h2> -</div> - -<p class="ti0"><span class="big">S</span>i algún romano ignora el arte -de amar, lea mis versos, y enseñado con su lectura, ame. Por el arte se -guía la ligera nao con vela y remos: por el arte se rigen los voladores -carros, y por el arte ha de ser regido el amor. Automedonte era diestro -en carros y caballos, y Tifis era piloto de la nave argonáutica; empero -a mí me designó Venus maestro del tierno amor; Tifis y Automedonte del -amor me llamará la gente.</p> - -<p>Es sin duda fiero el amor, y me contrasta muchas veces; mas es<span -class="pagenum" id="Page_2">p. 2</span> niño, de blanda edad, y -dispuesto a tornarse dócil. Quirón perfeccionó al muchacho Aquiles con -los sonidos de la cítara, amansando con la armoniosa arte la fiereza de -su ánimo. Quien tantas veces puso grima a compañeros y enemigos, temía -delante del añoso viejo, y presentaba obediente al castigo de este -ayo las manos que habían de aterrar a Héctor. Quirón es preceptor de -Aquiles, yo del amor. Uno y otro muchacho son duros, uno y otro prole -de diosa; mas el toro sujeta la cerviz al peso del arado, y los briosos -alazanes tascan el freno. Así el amor cederá a mi voluntad; aunque -vibre contra mí sus flechas, y abrase mi pecho con sus teas. Cuanto -más cruelmente me hirió, y con más violencia me atormentó, tanto mejor -vengaré mis heridas.</p> - -<p>No mentiré, ¡oh Apolo!, diciendo que tú me inspiraste esta arte, -o que la sé por el canto de las volantes aves;<span class="pagenum" -id="Page_3">p. 3</span> ni que se me aparecieron Clío y sus hermanas, -como al que guardaba rebaños en los valles de Ascra. La práctica es la -que dicta esta obra: creed pues al experto poeta. Cantaré preceptos -verdaderos: favorece mis designios, madre de amor. No enseñarán mis -versos delito alguno, solo sí de amor los hurtos permitidos. Huid sin -embargo, vírgenes delicadas, dechado de pudor, y las que ocultáis -los pies con talares vestiduras<a id="FNanchor_1" href="#Footnote_1" -class="fnanchor">[1]</a>.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1" href="#FNanchor_1" class="label">[1]</a> Las -matronas.</p> - -</div> - -<p>Los que ahora os alistáis por primera vez en las nuevas banderas, -trabajad en hallar ante todas cosas el objeto que queráis amar: luego -en conquistar el corazón de la que os agrade; y últimamente, en que su -amor sea de larga duración. Este es el método: este campo recorrerá mi -carro, este límite rozarán sus ruedas.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_4">p. 4</span>Mientras podéis, y sin -ligaduras andáis por todas partes, escoged una muchacha a quien diréis: -Tú eres la única que me agrada. Esta no descenderá para vosotros de las -diáfanas regiones, buscareisla adrede con vuestros ojos. El cazador -sabe donde ha de tender lazos a los ciervos: sabe en que valle tiene su -madriguera el rugiente jabalí: al pajarero sonle conocidos los árboles -donde posan los pájaros, y el que echa las redes conoce cuáles aguas -abundan de peces.</p> - -<p>Así los que buscan objeto de permanente amor aprendan desde luego -qué parajes frecuentan las mujeres. No será para esto necesario -emprender dilatados viajes, ni atravesar mares procelosos; bien que -Perseo haya traído a Andrómeda de los indios atezados, y el troyano -Paris haya venido a robar la griega Elena. Roma os ofrecerá tales -y tantas lindas mozas como pueblan, según decimos, lo demás<span -class="pagenum" id="Page_5">p. 5</span> del mundo. Y no es tan fértil -en granos la campiña de Gárgaro, ni en uvas Metimna, ni surcan el -mar más peces, ni oculta más aves la frondosidad de los árboles, ni -esmaltan el cielo tantas estrellas como muchachas tiene Roma. Venus -reside en la ciudad de su hijo Eneas.</p> - -<p>Los que se inclinan a las que aún están en sus primeros e -imperfectos años, las hallarán verdaderamente niñas. A los que gustan -de jóvenes, no les faltarán tantas placenteras jóvenes, que pondrán -perplejidad en su deseo. Pero los que por casualidad sean llevados -por las de edad adulta y más cuerda, créanme que esta turba será -copiosísima.</p> - -<p>Paseaos vagarosos en los ardientes días del estío a sombra del -pórtico de Pompeyo o en el que a la munificencia del hijo añadió su -munificencia la madre, suntuoso edificio de peregrinos mármoles. -Id<span class="pagenum" id="Page_6">p. 6</span> al pórtico adornado -con cuadros de la antigüedad, que por el nombre de su fundadora es -llamado de Livia: y al en que están pintadas las Danaides, que osaron -fraguar muerte a los míseros primos, desposados con ellas, y su cruel -padre está en pie con la espada desnuda. Tampoco evitéis el templo -de Adonis llorado de Venus: ni los sacrificios celebrados al séptimo -día por el judaico Siro: ni olvidéis el de la menfítica Isis con -vestimenta de lino, que a muchas hizo lo que ella fue con Júpiter<a -id="FNanchor_2" href="#Footnote_2" class="fnanchor">[2]</a>.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_2" href="#FNanchor_2" class="label">[2]</a> Isis o -Ío tuvo torpes amores con Júpiter: Juno la perseguía por celos, y para -librarla de su indignación, la convirtió Júpiter en vaca, y en esta -figura huyó al Egipto.</p> - -</div> - -<p>El foro, ¿quién lo creería?, es a propósito para casos amorosos: -en el sutil foro se halla muchas veces la llama del amor. La fuente -Apia, dominada por el adyacente templo de Venus construido con<span -class="pagenum" id="Page_7">p. 7</span> mármol, hiende el aire con -saltantes aguas. Allí con frecuencia el causídico se deja coger del -amor, y él que defiende a otros no se defiende a sí mismo. Allí con -frecuencia faltan palabras al más elocuente, nuevos negocios le ocupan, -y así solo trata de la propia causa. El que poco ha era patrono, ahora -desea ser cliente. De este ríe Venus desde el templo cercano.</p> - -<p>Pero cazad principalmente en los públicos teatros, sitios más -favorables a vuestros designios. Aquí hallaréis amor y entretenimiento: -las que queráis disfrutar una vez, las que escojáis para poseerlas. -A la manera que las hormigas en numeroso escuadrón van y vuelven sin -cesar, cargadas de granos para su sustento, o como las abejas revuelan -por los amenos y olorosos sotos, buscando el tomillo y las flores, así -concurren las mujeres ataviadísimas a los juegos solemnes. Su afluencia -algunas veces fue embarazo<span class="pagenum" id="Page_8">p. -8</span> a mi elección. Vienen a ver, y vienen a ser vistas. Es -peligroso este lugar para el casto pudor.</p> - -<p>Tú, ¡oh Rómulo!, instituiste el primero espectáculos perturbados por -el amor, cuando la robada sabina deleitó a tus vacantes ciudadanos. -Entonces los teatros no estaban decorados de mármoles y colgaduras, ni -competían en la escena los vistosos colores. No había artificio, y la -escena se adornaba simplemente con enramadas de verde hojarasca que -producía el nemoroso Palatino. El pueblo se sentaba en gradas hechas de -césped, llevando coronadas con hojas verdes sus desgreñadas cabelleras. -Miraban los romanos a las sabinas, reparando cada uno en la que era -de su gusto, y revolviendo en el silencio de su pecho muchos deseos. -Cuando el flautista etrusco tocaba un rudo tono, bailando el histrión -a su compás, en medio de los aplausos (que entonces el aplauso era -desordenado) dio<span class="pagenum" id="Page_9">p. 9</span> el rey -al pueblo la esperada señal para el robo. Desertando repentinamente -sus puestos, y publicando con algazara su resolución, pusieron en las -doncellas las concupiscentes manos. Como la timidísima banda de palomas -huye del águila, como la corderita huye de los voraces lobos, así -temieron a los varones que tumultuariamente se precipitaban sobre -ellas. Ninguna hubo que no mudase de color: porque el temor era uno; -pero no uno el efecto del temor. Unas se arrancan los cabellos: otras -quedan atónitas: estas callan tristes: aquellas llaman en vano a su -madre. Unas se lamentan: otras yacen estúpidas: aquellas permanecen: -estas escapan. Si alguna se oponía tercamente y rehusaba al raptor -comedido, este con libidinoso ardor la llevaba en sus brazos. ¿Por qué -con lágrimas, la decía, estragas tus lindos ojos? Yo seré para ti lo -que tu padre es para tu<span class="pagenum" id="Page_10">p. 10</span> -madre. ¡Oh Rómulo! Tú solo supiste hacer felices a los soldados. Si -a mí me cupiese igual suerte, sería soldado. De aquí viene que los -grandiosos teatros están aún hoy llenos de asechanzas contra las -hermosas.</p> - -<p>Ni dejéis de asistir al certamen de los nobles caballos, pues el -circo proporciona oportunidades entre sus inmensos concurrentes. Allí -no se necesita explicar por señas los pensamientos, ni se han de notar -vuestras acciones. Sentaos cerca de la dama, no estorbándolo alguno; -juntad cuanto podáis vuestro lado al suyo: y tocadla mal de su grado, -como que os constriñe la disposición del lugar.</p> - -<p>Escogitad entonces motivo de familiar conversación, y desplieguen -vuestros labios las cosas generales. Preguntadla con estudio cuyos -son los caballos que veis en la liza, y<span class="pagenum" -id="Page_11">p. 11</span> haced sin detención votos por aquel, -cualquiera que sea, a quien favoreciere con los suyos. Llegará el carro -en que los ebúrneos simulacros de los dioses son llevados con pompa; -aplaudid con respetuosa mano a Venus, como a señora.</p> - -<p>Si en el regazo de la muchacha cayere tal vez polvo, sacudidlo -con los dedos, y sacudidlo también, aun cuando no lo hubiere. Tomad -cualquier pretexto para ser oficioso. Si el manto muy caído le -arrastrare por el suelo, levantadlo, y limpiadle con prontitud la -inmundicia. Por premio de esta urbanidad, se presentarán a vuestra -vista y tolerándolo ella, le veréis sus piernas. Cuidad además de que -los que estuvieren detrás sentados no opriman con opuesta rodilla sus -delicadas espaldas.</p> - -<p>Las frivolidades atraen a los ánimos livianos: a muchos les fue útil -mullir con maña una almohada para hacer más blando asiento a la<span -class="pagenum" id="Page_12">p. 12</span> muchacha: les fue útil mover -con ligero soplo el abanico<a id="FNanchor_3" href="#Footnote_3" -class="fnanchor">[3]</a>, y formar cómodo apoyo para sus pies. Estos -medios facilita el circo al amor naciente, y la triste arena esparcida -por el inquieto anfiteatro. El vendado rapaz combate muchas veces en -aquella liza, y los que miran las heridas de los atletas tienen no -menos heridas. Mientras hablan y se divierten, y apuestan sobre quién -será vencedor, suspiran llagados, sintiendo las volátiles flechas: -contribuyen en parte a variar el espectáculo.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_3" href="#FNanchor_3" class="label">[3]</a> Eran -hechos de maderas muy delgadas, y mayores que los de ahora, como que no -servían para adorno, sino para comodidad.</p> - -</div> - -<p>¿Y qué no sucedería si César ordenase representar ahora la -batalla naval en que fue echada a pique la pérfida escuadra de los -griegos? A este espectáculo<a id="FNanchor_4" href="#Footnote_4" -class="fnanchor">[4]</a> vinieran de<span class="pagenum" -id="Page_13">p. 13</span> los dos mares jóvenes y muchachas, y la -ciudad parecería un gran mundo. ¿Quién en tal muchedumbre no hallaría a -quien amar? ¡Ah, cuántos fueran aquejados de amor extranjero!</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_4" href="#FNanchor_4" class="label">[4]</a> Alude a -la batalla naval de Accio bien conocida en la historia.</p> - -</div> - -<p>Ya César va a añadir al orbe sojuzgado el resto de no domadas -naciones, y los extremos de oriente extenderán ahora el imperio. -¡Partos, seréis castigados! ¡Alegraos, soldados de Craso, que ya seréis -sepultados! Y vosotras, enseñas romanas, ultrajadas por manos bárbaras, -tendréis un vengador que en sus primeros ejercicios probó ser -consumado capitán. Siendo joven manda la guerra como hábil veterano. -Perdonad, natalicios, pues no se cuenta la edad de los dioses. La -virtud es prematura en los Césares. Su genio celestial se levanta más -veloz que sus armas, y lleva con despecho los daños de la cobarde -tardanza. Niño era, y con sus manos despedazó Hércules dos<span -class="pagenum" id="Page_14">p. 14</span> serpientes, mostrándose desde -la cuna digno de Júpiter. ¡Y cuán grande fuiste tú, Baco, siendo aún -mancebo, cuando la vencida India dobló el cuello a tus tirsos! Joven -excelso, pelearás con el valor y auspicios de tu padre, y vencerás -con el valor y auspicios de tu padre. Haz el aprendizaje a la sombra -de tan grande nombre; y así como ahora eres príncipe de la juventud, -lo serás algún día de los ancianos. Tienes hermanos; venga la injuria -de tus hermanos. Tienes padre; defiende los derechos de tu padre. Te -ceñirá las armas tu padre, el padre de la patria, pues el enemigo se -apoderó sin su licencia de las tierras del Imperio. Tú disparas justos -dardos, y él malvadas saetas, y estarán así a favor de sus estandartes -el derecho y la piedad. Son vencidos los partos en la causa, sean -vencidos en las armas. Traiga mi capitán al Lacio las riquezas del -reino de la aurora. Padre Marte,<span class="pagenum" id="Page_15">p. -15</span> padre César, auxiliadle en su jornada, ya que uno de vosotros -es dios, y el otro llegará a serlo. Vaticino ya: vencerás, dedicaré -votivos himnos, y cantaré tus hazañas con heroica trompa. Haciendo -alto, exhortarás con mis palabras a las huestes. ¡Oh! ¡Correspondan mis -razones a tu valor! Diré la fuga de los partos, y el esfuerzo de los -romanos, y los dardos que lanza el enemigo desde sus vueltos caballos. -Parto, que huyes para vencer, ¿que dejas al vencido? Parto, tus armas -tienen ya un funesto presagio. ¿Llegará pues aquel día en que tú, el -más bizarro de los príncipes, entres triunfante en un dorado carro, -tirado por cuatro blancos caballos? Irán delante los caudillos, atados -los cuellos con cadenas, y no podrán, como antes, salvarse en la -fuga.</p> - -<p>Presenciarán el triunfo los jóvenes alegremente mezclados con -las muchachas, y aquel día dilatará los<span class="pagenum" -id="Page_16">p. 16</span> ánimos de todos. Entonces, si alguna os -pregunta el nombre de los reyes y plazas, montes y ríos, cuyos diseños -se lleven tremolados, responded a todo, y aun a lo que no pregunte, -refiriendo como bien sabido o que ignoréis. He aquí el Éufrates con -la cabeza coronada de cañas, y aquel río de cerúlea cabellera es el -Tigris. Estos son armenios, aquella Persia. Esta ciudad está en un -valle de los aquemenios. Aquel y aquel son los generales; y se llamarán -por los nombres que les deis. Decid los verdaderos si los supiereis, y -si no, otros a propósito.</p> - -<p>También los festines proporcionan entrada a las abastecidas mesas, -donde, además del vino, hallaréis otros placeres. Allí el amor humilla -la altivez de Baco, presentado a los brindis por torneados brazos. -Cuando Cupido empapó en el vino sus alas rezumosas, se hace pesado y -permanece inmóvil. Sacude velozmente sus mojadas plumas, pero no<span -class="pagenum" id="Page_17">p. 17</span> impide que el amor inunde -los corazones. El vino dispone los ánimos a enardecerse, y a fuerza -de beber se disminuyen y desechan los cuidados. Entonces vienen las -risas: entonces hasta el pobre toma orgullo: entonces huyen las -zozobras y pesares, y se rejuvenece la arrugada frente: entonces la -sinceridad, tan rara en nuestro siglo, abre los senos del alma, porque -Baco ahuyenta los artificios. Allí las muchachas roban el corazón a los -jóvenes, porque Venus en los vinos es fuego en el fuego. La noche y el -vino impiden discernir la hermosura; y así no fieis demasiado de la -engañosa luz de las lámparas. Paris miró de día y a cielo abierto a las -diosas, para pronunciar su juicio a favor de la más bella. Por la noche -se ocultan las tachas y se perdonan todos los defectos; y la oscuridad -hace hermosa a cualquiera. Consultad al día las piedras preciosas y las -telas teñidas de púrpura; consultad al día los talles y semblantes.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_18">p. 18</span></p> - -<p>¿Para qué os he de nombrar las reuniones mujeriles, acomodadas para -los que conquistan? Exceden a las arenas. ¿Qué diré de Bayas, y de sus -riberas pobladas de albergues? Y ¿qué de los calientes baños de azufre -que estan humeando? Uno, saliendo de aquí con el corazón llagado, dijo: -no son saludables estas aguas, como cuentan. He allí fuera de las -murallas el templo de la selvática Diana, cuyo sacerdocio se disputa -con puntas de ofensivos cuchillos.<a id="FNanchor_5" href="#Footnote_5" -class="fnanchor">[5]</a> La diosa, aunque virgen y enemiga de los -dardos de Cupido, ha causado y causará a sus devotos muchas heridas.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_5" href="#FNanchor_5" class="label">[5]</a> El que -vencía sucedía en el sacerdocio, de modo que esta dignidad se podía -llamar conquistada.</p> - -</div> - -<p>Hasta aquí mi musa, en desiguales versos, os ha enseñado donde -habéis de buscar a quien amar, y donde armarle lazos. Ahora me afano -a mostraros lo más importante de mi arte, que es el modo de<span -class="pagenum" id="Page_19">p. 19</span> ganar a la que os agradó. -Escuchadme, hombres, con mente dócil, seguros de que no hago promesas -vanas. Persuadíos firmemente a que todas se pueden coger; y las -cogeréis, dándoos maña. Antes enmudecerán los pájaros en la primavera, -en el estío las cigarras, y los perros huirán la liebre, que a un -joven se resista la mujer suavemente acariciada. Tal que pensaréis -no condescienda, también condescenderá. Bien así como a los hombres, -engolosina a las mujeres la furtiva Venus. Los hombres disimulan mal; -ellas desean más encubiertamente. Por eso es ley conveniente que el -varón se declare antes, y que la hembra ruegue ya vencida. La novilla -brama al toro en los herbosos prados; la yegua relincha al cornípedo -caballo.</p> - -<p>No es más punzante en nosotros, ni tan furiosa la lujuria: el -ardor viril tiene término natural. Aficionose de su hermano con amor -prohibido<span class="pagenum" id="Page_20">p. 20</span> la ninfa -Biblis, y con un dogal castigó en sí lo ilícito valerosamente. Mirra -concibió por su padre indebida ternura, y se escondió debajo de la -corteza de un árbol oloroso, donde está ahora llorando. Nos ungimos con -sus lágrimas, y conservan el nombre de su dueño.</p> - -<p>Había en los valles umbríos del frondoso Ida un albo toro, -ornamento de su rebaño, señalado con un poco de negro en medio de -los cuernos; tenía esta única mancha, lo demás era como la leche. -Las novillas de Cnoso y de Cidón apetecieron sostenerle en su lomo. -Pasífae lisonjeada de que llegaría a ser su amante adúltera, odiaba -celosa a las garridas terneras. Lo que digo es notorio, y no lo -puede negar Creta la mentirosa con sus ciento ciudades. Esta misma -segaba, con desacostumbrada mano, tiernas hojas y fresca yerba para -el toro. Iba compañera entre el rebaño, sin que<span class="pagenum" -id="Page_21">p. 21</span> detuviese su ida el cuidado del esposo; y el -toro era preferido a Minos. ¿De qué te sirve, Pasífae, vestir ropas -preciosas, si tu galán es insensible a esas riquezas? ¿Qué necesitas -espejo tú que corres tras del rebaño por ásperas montañas? ¿Para -qué, necia, rizas tanto el cabello? Cree al espejo que te desmiente -de que eres becerra: ¡oh, cuanto quisieras que te naciesen cuernos -en la frente! Si amas a Minos, no busques barragán; o si quieres -ofenderle, oféndele con hombre. Por bosques y jarales, dejando el -ostentoso palacio, vaga la reina como bacante inspirada por el dios de -Aonia. ¡Ah! Cuántas veces miró con mal gesto a una novilla, diciendo: -¿Por qué esta agrada a mi querido? Ved como trisca delante de él -en las praderas, y no dudo que neciamente se imagine que le agrada -con saltar así. Decía, y mandaba, al punto quitarla de la vacada, y -ponerla sin razón a tirar del duro arado; o la<span class="pagenum" -id="Page_22">p. 22</span> hacía caer ante las aras, víctima del -maquinado sacrificio, teniendo alegre ella misma las entrañas de -su competidora. Y siempre que aplacaba a los númenes con rivales -degolladas, teniendo sus entrañas: andad ahora, decía, a agradar a -mi dueño. Ya pretendía la suerte de la ninfa Europa, ya la suerte de -Ío: esta porque fue vaca; la otra porque cabalgó en un toro. Pasífae -sació por fin su pasión con la guía del rebaño, metiéndose dentro de -una vaca de madera; y el parto descubrió a su autor<a id="FNanchor_6" -href="#Footnote_6" class="fnanchor">[6]</a>.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_6" href="#FNanchor_6" class="label">[6]</a> De este -trato bestial nació el Minotauro, que encerró Dédalo en el laberinto de -Creta.</p> - -</div> - -<p>Si Aérope no hubiera sucumbido al adulterio de Tiestes, no hubiera -Febo retrocedido en medio de su carrera, ni con vueltos caballos -conducido hacia la aurora su carro. La hija de Niso, robado a su padre -el cabello de que pendía su vida, para entregarlo al enemigo que -ella amaba, fue cambiada en monstruo marino,<span class="pagenum" -id="Page_23">p. 23</span> que entre sus muslos apretaba a unos perros -rabiosos. Fue inhumanamente asesinado por su consorte el atrida -Agamenón, el que en la tierra había escapado a Marte, y en el mar -a Neptuno. ¿Quién no virtió lágrimas sobre la hoguera de Creúsa, y -sobre la madre ensangrentada con la muerte de sus hijos? Lamentó Fénix -con secos gemidos el vilipendio de su padre. Los espantados caballos -despedazaron a Hipólito. Fineo, ¿por qué arrancas los ojos a tus -inculpables hijos? Sobre tu cabeza recaerá este castigo.</p> - -<p>Tantas desventuras se causaron por lascivia femenil. Es más acre -que la nuestra, y tiene más vehemencia. Ea pues, no dudéis de lograr -todas las muchachas: apenas habrá entre mil una que resista a vuestras -solicitudes. Las que otorgan y las que niegan se gozan de ser rogadas. -Para que os engañéis, al principio os darán repulsa; pero ¿por qué -engañaros, siéndoles sabrosa<span class="pagenum" id="Page_24">p. -24</span> la novedad en los deleites, y arrastrando más su corazón los -vedados? Más colmada parece siempre la mies en el campo ajeno: más -abundante en leche el rebaño vecino.</p> - -<p>Pero ante todo procurad conocer a la sierva del objeto anhelado, -para que os facilite su trato. Ved que interviene en los consejos -de su ama, y que es sabedora no poco confidencial de sus secretas -diversiones. Sobornadla con ruegos y con promesas, porque si ella -quiere obtendréis fácilmente lo que deseáis. Elija ella el tiempo -(también los médicos guardan tiempos) en que la voluntad de su señora -se manifieste fácil, y dispuesta a ser ganada. Estará dispuesta la -voluntad cuando alegrísima sobre manera lozaneare, como el sembrado -en tierra fértil. Así como la tristeza comprime los corazones, la -alegría los ensancha: entonces se abren por sí mismos, y Venus entra -no difícilmente. Cuando Troya estaba triste, se defendió peleando; -entregada<span class="pagenum" id="Page_25">p. 25</span> al regocijo -recibió el caballo preñado de soldados.</p> - -<p>Hase también de propiciar cuando se doliere injuriada por -combleza del marido: entonces redoblad vuestras artes, para que no -quede sin venganza. Despierte su atención la sierva al peinar por -la mañana sus cabellos, añadiendo a la vela la fuerza del remo. Y -suspirando diga entre sí con leve murmullo: a mi parecer nunca podrás -pagarle en la misma moneda.<a id="FNanchor_7" href="#Footnote_7" -class="fnanchor">[7]</a> Hable entonces de vosotros en términos -persuasivos, jurando que morís locamente por sus amores. Pero -aprovechad la coyuntura, no sea que se abatan las velas, y amaine el -viento. Desaparece brevemente la ira, como la frágil escarcha.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_7" href="#FNanchor_7" class="label">[7]</a> Se -entiende del marido amancebado.</p> - -</div> - -<p>¿Me preguntaréis acaso si convendría corromper a la misma tercera? -Se necesita en esto grande fortuna. Muchas con el concúbito se -hacen más activas, y otras más negligentes.<span class="pagenum" -id="Page_26">p. 26</span> Las unas os prepararían el don de su señora; -las otras labrarían sus placeres. El acierto es eventual: y aunque esto -salga bien a los atrevidos, mi consejo es abstenerse.</p> - -<p>No os conduciré yo por eminencias y precipicios, ni ningún joven -será chasqueado, siendo yo su director. Si la confidente, al recibir -y dar los billetes, os place tanto por su figura, como por su -puntualidad, haced por gozar primero a la señora, y sígala ella en -la suerte. No habéis de empezar la Venus por la sirviente. Lo único -que aconsejo (si se da crédito al arte, y no tenéis mis dichos por -palabras vagas) es: o no intentar, o perfeccionar la obra. Se quita el -descubridor, entrando ella una vez a la parte en el delito. En vano -se esfuerza a volar el pájaro cogido en la liga: no escapa fácilmente -el jabalí asido en las redes; ni el pez huye herido y preso en el -anzuelo. Asaltad la plaza, y no os apartéis sino vencedores.<span -class="pagenum" id="Page_27">p. 27</span> Entonces no os estorbará, -ligada con la culpa de entrambos, y sabréis cuanto haga y diga su -señora. Pero sed muy callados, porque si no la descubrís, sabréis -siempre las interioridades de vuestra amiga.</p> - -<p>Yerra el que opina que solo deben observar el tiempo los navegantes -y los operosos cultivadores. No siempre se ha de confiar la siembra -de la falaz apariencia de los campos, ni embarcarse siempre que -el mar parece en calma; ni es siempre seguro conseguir las buenas -muchachas. Hay tiempos más acomodados a tales conquistas. Si se -acercare su cumpleaños; o las calendas de marzo consagradas a Venus; o -si el circo estuviere no adornado con mezquinas estatuas, como antes -estuvo, sino enriquecido con despojos de reyes<a id="FNanchor_8" -href="#Footnote_8" class="fnanchor">[8]</a>; diferid el negocio, -pues<span class="pagenum" id="Page_28">p. 28</span> entonces se -apresura el triste invierno, y las Pléyades: entonces las cabrillas se -sumergen en las marinas aguas. Entonces es bien desistir: entonces, el -que se confía a las olas esta cierto del naufragio.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_8" href="#FNanchor_8" class="label">[8]</a> No es -oportuno, dice, darse a galanterías cuando se representan tragedias, -porque sus efectos terror y compasión desvían el corazón mujeril de -corresponder a ellas. ¡Qué cultura!</p> - -</div> - -<p>Comenzaréis acertadamente por el tiempo de la batalla que enrojeció -con latina sangre al lloroso Alia: o en los días saturnales, destinados -a la holganza, y en las fiestas séptimas celebradas por el palestino -Siro. Temed sobre todo el natalicio de la amiga; porque el día en -que se ha de regalar es un día aciago. Por mucho que la evitéis, -ella os lo sacará, pues la mujer sabe el arte de chupar el dinero al -amante deseoso. Vendrá un desaliñado mercader a casa de la antojadiza -compradora, y en vuestra presencia mostrará sus mercaderías. Las cuales -ella, como que le parecéis conocedores, os rogará que veáis. Después os -besará, y en<span class="pagenum" id="Page_29">p. 29</span> seguida -os pedirá se las compréis. Os dirá que las necesita ahora, y que ahora -se le han de comprar; jurando quedar con esto contenta para muchos -años. Si os excusáis con que no tenéis dinero en casa, os pedirá una -obligación; y no os evadiréis, con toda vuestra ciencia.</p> - -<p>¿Pues, qué, no pedirá dádivas para las libaciones en el día de -sus años, renovando su nacimiento cuantas veces lo necesite? ¿Y qué, -no llorará otro día desconsolada por fingidas pérdidas, como la de -habérsele caído una piedra del pendiente? También piden prestadas -muchas cosas, y no las vuelven. Las perdéis, y este daño queda sin -agradecimiento. En suma, no me bastarían diez bocas y otras tantas -lenguas para proseguir las sacrílegas socaliñas de una mujer venal.</p> - -<p>Tantead el vado con un billete, que vaya como primer mensajero -de vuestro pensamiento. Llenadle de requiebros, imitando las -palabras<span class="pagenum" id="Page_30">p. 30</span> de los -amantes, y acompañándolas con eficaces súplicas. Movido Aquiles con la -plegaria de Príamo, le donó el cuerpo de Héctor; y los dioses airados -se inclinan a la voz rogadora. Prometed, porque ¿qué daña el prometer? -Cualquiera puede ser liberal en promesas. La esperanza alimenta por -largo tiempo una vez consentida. La esperanza es engañosa: pero es -una divinidad a propósito.<a id="FNanchor_9" href="#Footnote_9" -class="fnanchor">[9]</a></p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_9" href="#FNanchor_9" class="label">[9]</a> Una -divinidad que juega mucho en los negocios del mundo.</p> - -</div> - -<p>Una mujer os dejará con razón cuando la hayáis dado algo, y pagada -de lo pasado nada se exponga a perder. Pero no dando, aparentad siempre -que daréis. Así engaña un campo estéril muchas veces a su dueño: así un -jugador que pierde, sigue perdiendo cebado en la avaricia de afortunada -suerte. Esta es la obra, esta la habilidad, adquirir sin interés los -primeros favores;<span class="pagenum" id="Page_31">p. 31</span> -porque la que gratuitamente complació, continuará complaciendo. -Enviadla pues billetes llenos de ternura para reconocer antes el -camino, y explorar la voluntad. Cidipe fue seducida por una carta, -atada a una manzana, cuyas expresiones encendieron a la incauta en su -pasión.</p> - -<p>Amonesto a la juventud romana que aprenda a ser elocuente no -solamente para defender a los medrosos reos. Aplaudirá a la elocuencia -tanto la amorosa muchacha, como el pueblo, los jueces graves y el -circunspecto senado. Disimulad sin embargo el arte, y no os jactéis de -elocuentes. Desterrad de las cartas las palabras afectadas. ¿Quién sino -un falto de talento hablará a su tierna amiga como declamador? A veces -son las cartas estudiadas causa de aborrecimiento. Escribid en estilo -creíble, y en términos acostumbrados; suaves empero para que parezca -que habláis estando presentes.<span class="pagenum" id="Page_32">p. -32</span> Si no recibe el billete, y lo devuelve sin leerlo, no -desesperéis de que lo leerá, y perseverad en el propósito. Con el -tiempo vienen al yugo los indómitos toros: con el tiempo se enseñan al -duro freno los caballos. Con el continuo uso se gasta una argolla de -yerro; y la reja del corvo arado se consume con la continua labranza. -¿Qué hay más duro que el peñasco? ¿Qué más blando que el agua? Y sin -embargo el agua blanda cava en el duro peñasco. Insistid; con el tiempo -a la misma Penélope venceréis. Tarde se vio tomada Troya; pero se vio -tomada.</p> - -<p>Si lee, y no quiere responder, no la apremiéis. Proseguid en -escribirla vuestras ansias: que si una vez gusta de leerlas, gustará -de responder a su lectura. Estas cosas vendrán por su orden gradual. -Acaso la primera respuesta será desengañada, y os rogará que no la -requiráis<span class="pagenum" id="Page_33">p. 33</span> de amores; -pero temerá cumpláis lo que ruega, y deseará que apresuréis lo que no -ruega. Seguid, y arribaréis luego a vuestro intento.</p> - -<p>Entretanto si la encontráis llevada muellemente en la litera, -acercaos con disimulo, y para que alguno no aplique curioso el -oído a vuestra plática, ocultadla con la astucia de explicaros por -palabras ambiguas. Si se espaciare a pie en el pórtico, paseaos -también, y permaneced allí tanto como ella; ya yendo detrás, ya -delante, ya de prisa, ya despacio sin avergonzarse de pasar por -medio de las columnas<a id="FNanchor_10" href="#Footnote_10" -class="fnanchor">[10]</a>, o de ir a su lado.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_10" href="#FNanchor_10" class="label">[10]</a> -Era costumbre no pasearse por entre las columnas de los pórticos o -atrios.</p> - -</div> - -<p>Ni la dejéis sola en las diversiones teatrales: allí con su -compostura os embebecerá la atención. Miradla y remiradla, y haced -como que la admiráis; habladla muchas cosas con los ojos, y muchas por -señas<span class="pagenum" id="Page_34">p. 34</span> Aplaudid a la -mima que baile con destreza, y a cualquiera que represente papel de -enamorado. Levantaos cuando ella se levante, estad sentado mientras lo -estuviere: gastad el rato al arbitrio de la señora.</p> - -<p>Empero no acostumbréis a ensortijar con hierro los cabellos, ni a -pulir las piernas con la áspera pómez. Dejad esta afeminación a los -sacerdotes que con frigios tonos cantan aullando a la madre Cibeles. A -los hombres les conviene compostura descuidada. Teseo prendó a Ariadna -sin arrebolarse ni rociarse con esencias. Fedra amó a Hipólito, que -no usaba de muchos atavíos; y era cuidado de Venus, Adonis en traje -inculto. Cuidad del aseo, aunque la cara esté fusca con los ejercicios -del Campo Marcio. Llevad bien hecha y sin manchas la toga. No tengáis -asquerosa la lengua, los dientes llenos de sarro, ni naden los pies en -amplio calzado. No llevéis la cabeza deformemente trasquilada;<span -class="pagenum" id="Page_35">p. 35</span> traed el cabello y la barba -cortada por mano hábil. No tengáis largas ni con suciedad las uñas, ni -sobresalga pelo alguno en las ventanas de la nariz. Evitad que os huela -mal el aliento, y el cuerpo a sobaquina. Todo lo demás es de mujeres -lascivas, o de aquel varón que se complace en torpes amores.</p> - -<p>He aquí a Baco que llama a su poeta, y como protector de amadores -favorece la llama con que él mismo se abrasa. Ariadna erraba demente -por la desierta playa de Cnoso en aquella parte por donde bañan -a la pequeña Día las marinas ondas. Como estaba en el sueño,<a -id="FNanchor_11" href="#Footnote_11" class="fnanchor">[11]</a> -velada con desceñida túnica, los pies desnudos, y destrenzados los -rubios cabellos, demandaba con gritos a las sordas olas el cruel -Teseo, vertiendo un río de desmerecidas lágrimas, que regaban sus -rosadas<span class="pagenum" id="Page_36">p. 36</span> mejillas. -Clamaba y lloraba juntamente, y en sus voces y llanto parecía más -hermosa. Golpeándose otra vez el primoroso pecho, ¡el pérfido se ha -ido!, dijo, ¡qué será de mí, qué será de mí! Y toda la ribera resonó -con el ruido de los címbalos y atabales pavorosamente tañidos. La -conmoción la derribó en tierra, interrumpiendo sus últimas palabras: -quedó sin movimiento como amortecida. Al punto vinieron las bacantes, -tendida la melena por las espaldas: al punto los ligeros sátiros, -cortejo precursor del dios: al punto el viejo beodo Sileno, que -teniéndose apenas a caballo del asno, se asía mañoso de las crines. -Entretanto que seguía a las bacantes, y que las bacantes ya le huían, -ya le buscaban, picó al cuadrúpedo con los talones, y como mal jinete -dio de cabeza, caído del orejudo asno. Los sátiros le gritaron: Sus, -arriba, arriba, padre. Ya el dios desde el carro tejido de uvosos -pámpanos detiene con<span class="pagenum" id="Page_37">p. 37</span> -las riendas de oro los uncidos tigres. Quedó Ariadna sin color, sin -habla y sin llamar a Teseo. Tres veces intentó huir, y tres veces -embargada por el miedo tembló como las vacías espigas sacudidas por -el viento; como la caña leve se bambolea en la cenagosa laguna. Depón -el miedo, le dijo el dios, en mí tienes un compañero más fiel que -Teseo. Oh Ariadna, de Baco serás la dulce esposa. Por dote te doy el -cielo: del cielo astro radioso,<a id="FNanchor_12" href="#Footnote_12" -class="fnanchor">[12]</a> servirás de guía a la incierta nave. Dijo; y -a fin de que ella no se espantase de los tigres, saltó del carro, la -arena cedió bajo sus pies. La llevó abrazada contra su pecho, porque -a la verdad no tenía fuerza para resistirse; bien que es fácil a los -dioses poderlo todo. Parte de la comitiva cantó Himeneo, y parte clamó: -¡Evoé, evoé! Así fueron juntos al tálamo nupcial la novia y el dios.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_11" href="#FNanchor_11" class="label">[11]</a> Esto -es, como había despertado, porque Teseo la dejó durmiendo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_12" href="#FNanchor_12" class="label">[12]</a> -Conocido con el nombre de corona de Ariadna.</p> - -</div> - -<p><span class="pagenum" id="Page_38">p. 38</span>Así que, cuando -en los convites brindaréis los báquicos dones, sentados mano a mano -con alguna mujer, deprecad al padre Nictelio<a id="FNanchor_13" -href="#Footnote_13" class="fnanchor">[13]</a>, y las nocturnas deidades -no permitan que los vinos perturben vuestro cerebro. Allí tendréis -libertad de decir con palabras encubiertas mil cosas amorosas, que ella -se tomará por sí. Escribid en la mesa breves galanterías con las gotas -de vino derramadas, para darle a conocer que es vuestro dueño. Mirad -sus ojos con ojos intérpretes de vuestra pasión. Un semblante taciturno -habla a veces más que la lengua. Haced por tomar el primero el vaso -en que haya bebido, y bebed por donde sus labios le hayan tocado. Y -cualquiera cosa de comer que haya partido con los dedos, pedídsela y al -dárosla tocadle la mano.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_13" href="#FNanchor_13" class="label">[13]</a> -Sobrenombre de Baco.</p> - -</div> - -<p>Trabajad también en adular al<span class="pagenum" id="Page_39">p. -39</span> marido, pues hecho amigo os será muy útil. Si bebéis por -suerte, dejadle la suerte primera, y dadle la corona quitada de vuestra -cabeza. Si es de clase inferior o igual, dejadle tomar de todo antes; -deferid a él, y no le contradigáis. Aunque la tengan por algo culpada, -es vía frecuente y segura engañar al marido so color de amistad.</p> - -<p>Excédase enhorabuena el encargado de probar el vino y -administrarlo<a id="FNanchor_14" href="#Footnote_14" -class="fnanchor">[14]</a>; pero yo os prescribiré la medida cierta con -que habéis de beber, y es mientras tengáis firmes el juicio y los pies. -Evitad sobre todo las rencillas dimanadas del vino, y harto capaces de -parar en golpes. Mató a Euritión la brutalidad en embriagarse: la mesa -y el vino son más propios para agradable pasatiempo.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_14" href="#FNanchor_14" class="label">[14]</a> Habla -de los criados y mayordomos de los Lúculos de aquel tiempo.</p> - -</div> - -<p>Si tenéis buena voz, cantad; y si<span class="pagenum" -id="Page_40">p. 40</span> cuerpo ágil, bailad. Agradad por cualquiera -habilidad con que podáis agradar. Como la embriaguez verdadera ofende, -así fingida divierte. Fingid pues que vuestra lengua tartamudea, para -que se atribuya al demasiado vino cuanto hagáis o digáis con menos -decencia. Decid saludes a la querida, y saludes al que duerme con -ella; pero a este imprecadle con interior siniestro. Cuando acabado el -convite se levante de la mesa (la misma concurrencia os facilitará el -acceso) arrimándoos despacio interpolados entre los demás; pellizcadla, -y dadla una pisadita.</p> - -<p>Se aproxima el coloquio. Desechad la nimia cobardía, lejos -el encogimiento, pues Venus y Fortuna ayudan al atrevido. No os -dictaré yo lecciones para ser elocuentes. Con solo empezar os vendrá -espontáneamente la facundia. Haced el enamorado, imitando con las -palabras la enfermedad amorosa, y procurando<span class="pagenum" -id="Page_41">p. 41</span> con arte que os den fe. Y no habrá trabajo -en que os crean, porque ninguna hay que no presuma de ser amable: -por muy feas que sean, todas se juzgan con atractivos para agradar. -Empero muchas veces se empieza a amar por chanza, y muchas veces llega -a ser de veras lo que al principio se finge. Sí, mujeres, cuanto más -complacientes seáis para estos remedadores, tanto más sincero se hará -el amor que poco ha era falso.</p> - -<p>Tratemos de sorprender el corazón con imperceptibles cariños, -como las aguas puras socavan la pendiente orilla. No tengáis empacho -de alabar su cara y sus cabellos, sus torneadas manos, y sus enanos -pies. Los elogios de la hermosura lisonjean también a las castas; y el -parecer hermosas es cuidado agradable de las doncellas. ¿Por qué no se -corren ahora Juno y Palas de haber puesto en juicio su belleza en medio -de las selvas frigias? El pavón<span class="pagenum" id="Page_42">p. -42</span> de Juno ostenta, cuando le alaban, el tornasolado brillo -de sus plumas; y si le miran con indiferencia, esconde la riqueza de -su adorno. Los caballos entre las contiendas de la rápida carrera se -envanecen con el aplauso de su cuello y bien peinadas crines.</p> - -<div class="section"> - - <p>No andéis escasos en prometer: las promesas cautivan a las - mujeres. Poned a cualesquiera dioses por testigos de lo prometido. - Júpiter desde las alturas ríe de los perjurios de los amantes, y - manda a los vientos de Eolo que lleven los que son nulos. Júpiter - solía jurar en vano a Juno por el lago Estigio, y él mismo nos - alienta con su ejemplo. Importa que haya dioses; y pues importa, - creamos que los hay. Ofrezcámosles incienso y vino en las antiguas - aras, porque no yazcan en el ocio, ni sumidos en el letargo. Vivid - con probidad, pues la deidad os observa. Restituid los depósitos: - sed religiosos en cumplir los pactos: huya el fraude: no seáis<span - class="pagenum" id="Page_43">p. 43</span> homicidas. Burlad - impunemente, si sabéis, solo a las mujeres. Esta es la única fe a que - es vergonzoso no corresponder con dolo. Engañad a las engañadoras: - son raza pérfida por la mayor parte; caigan pues en los lazos que - tendieron.</p> - -</div> - -<p>Cuéntase que el Egipto careció de las lluvias que fertilizan los -campos, padeciendo en sequedad nueve años. Trasio se acercó al rey -Busiris, y le mostró que Júpiter se aplacaría, derramando en sacrificio -la sangre de un extranjero. Tú serás, respondió Busiris, primera -víctima inmolada a Júpiter; y como extranjero atraerás la lluvia al -Egipto. Y Falaris tostó en el toro los miembros del inhumano Perilo, -estrenando el autor para su daño la obra. Justos fueron los dos -tiranos, porque no hay más equitativa ley, que la de que perezca con -su misma arte el inventor del suplicio. Así que, engañando con razón -los perjurios a las perjuras, sufrirá la mujer las falsías de que da -ejemplo.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_44">p. 44</span>Las lágrimas son -provechosas: con lágrimas ablandaréis a los diamantes. Haced, si -podéis, que vea las mejillas humedecidas con el llanto. Si no podéis -llorar (porque no siempre vienen a deseo las lágrimas) estregad los -ojos con la mano mojada. A vuestras cariñosas expresiones, añadid -dulces besos. Aunque ella no los dé tomadlos sin licencia. Acaso lo -repugnará al principio, y os llamará insolente; pero no obstante querrá -que la venzáis en esta repugnancia. Precaved solamente que al robar los -besos no lastiméis sus encarnados labios, no sea que se queje de que -son brutales vuestros besos.</p> - -<p>El que tomó besos, y no toma lo demás, será digno de perder -también los que se le han dado. Después de los besos ¿Cuánto falta -para completar el deseo? El dejarlo no es ya pudor, sino necedad. Lo -llamarán violencia, pero es grata esta violencia a las mujeres, las -cuales por lo<span class="pagenum" id="Page_45">p. 45</span> regular -quieren dar por fuerza lo que las deleita. Cualquiera de ellas a quien -se roba por sorpresa un gusto de amor, se regocija, y tiene esta -malicia por agasajo. Pero la que pudiendo ser obligada, se va sin -que la toquen, aunque afecte satisfacción en el semblante, quedará -descontenta. Febe fue violada; y a su hermana se le hizo fuerza; y con -todo eso una y otra se agradaron de sus forzadores.</p> - -<p>Aunque bien conocida, no se ha de omitir la historia de la hija del -rey de Esciros, de quien triunfó Aquiles. La diosa ciprida había dado -ya a Paris su recompensa por haber preferido su belleza a la de dos -diosas, en el monte Ida. Ya la nuera de Príamo, venida de otras tierras -era en los troyanos muros esposa de Paris. Los griegos aliados juraban -vengar al ofendido marido, y la afrenta de uno solo era la afrenta -de todos. Aquiles estaba disfrazado con ropas<span class="pagenum" -id="Page_46">p. 46</span> largas de mujer: traje vergonzoso, si no lo -vistiera por acceder a los ruegos de su madre. ¿Qué haces, nieto de -Eaco? No es tu oficio el de hilar lana. Busca timbres en la ocupación -de Palas. ¿Qué, a ti los canastillos? Más bien estará en tu mano el -escudo. ¿Por qué tienes el huso en la diestra que derribará a Héctor? -Arroja las mazorcas del torcido estambre; blandirás tu lanza con esa -fuerte mano. Casualmente había en la misma mansión una doncella de -estirpe regia, que con deshonor suyo, conoció que aquel era varón. Fue -vencida por violencia, y así debemos creerlo; pero también que ella se -dejó vencer. Cuando Aquiles se apresuraba a marchar y había tomado ya -las bélicas armas: Detente, le decía reiteradamente. ¿Dónde está ahora -la fuerza? ¿Por qué detienes, Deidamía, con cariñosas palabras al autor -de tu deshonra?</p> - -<p>Hay cosas de las que una mujer no puede sin rubor hablar la -primera,<span class="pagenum" id="Page_47">p. 47</span> pero que -admite gustosa cuando se las proponen. ¡Ah! ¡demasiado presume un joven -de su hermosura, si aguarda que la mujer pida favores! A los hombres -toca empezar: a los hombres toca recuestar con palabras suplicantes; -y a ellas aceptar benignamente los dulces ruegos. Si queréis gozar, -rogad, pues ellas desean solamente ser rogadas. Manifestadles pues lo -que apetecéis. No desdeñaba el mismo Júpiter de dirigir súplicas a las -antiguas heroínas, y ninguna repelió al gran Júpiter. No obstante si -veis que a las súplicas opone orgullosa dureza, dejad lo comenzado, y -volved atrás. Muchas se apasionan de quien las huye, y desaman a quien -las busca. Solicitando con más tibieza, apartaréis el fastidio. No -siempre se alcanzan goces de Venus por el declaradamente enamorado; -a veces entra el amor cubierto con velo de amistad. Por este medio -he visto enamorarse a mujeres insociables, y al que había<span -class="pagenum" id="Page_48">p. 48</span> ido amigo trasformado en -amante.</p> - -<p>Sienta mal al marinero la tez blanca, pues los vientos marítimos -y los rayos del sol deben ennegrecerle. También sienta mal al -labrador, porque siempre a la inclemencia, revuelve la tierra con la -azada y corva reja. Y los que aspiran a arrebatar la palma en los -juegos olímpicos serían vituperables en tener blancos los cuerpos. -Todo amante esté descolorido, pues la palidez es color propio de -acongojados amantes: este les viene bien, aunque imaginen que no -importa el semblante. Pálido erraba Orión por los bosques en pos de -la esquiva Side: pálido estaba Dafnis por la insensible náyade. La -palidez sea índice del corazón, y no parezca despropósito tapar con -gorro la atusada cabellera<a id="FNanchor_15" href="#Footnote_15" -class="fnanchor">[15]</a>. Enflaquecerán a los juveniles cuerpos las -largas vigilias,<span class="pagenum" id="Page_49">p. 49</span> la -cavilación, y las ansias que siguen a un amor intenso. Para condoler -a la querida andad miserables, de modo que cuantos os vean puedan -llamaros amantes.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_15" href="#FNanchor_15" class="label">[15]</a> Entre -los romanos llevar gorro era señal de enfermedad. Habla pues aquí -Ovidio de las dolencias amorosas.</p> - -</div> - -<p>Sin lamentarme de ver confundidos el vicio y la virtud, de ver que -amistad y fe no son sino palabras vacías de sentido; no puedo menos -de decíroslo: no hay seguridad en alabar al compañero la persona que -amáis. Creyendo las alabanzas, pensará en desbancaros. Es cierto que -Patroclo no corrompió la amante de su caro Aquiles, y Fedra fue casta -con Pirítoo. Pílades amaba a Hermione como Apolo a Palas, y como a -Elena su hermano gemelo Cástor. Pero si alguno espera otro tanto, -espere coger manzanas del tamariz, y pida miel a los ríos.</p> - -<p>Es natural la inclinación al mal: cada uno procura sus gustos, -y estos son más aceptables, si vienen a costa de los demás. -¡Oh corrupción! No es temible para un amante el enemigo,<span -class="pagenum" id="Page_50">p. 50</span> y para estar seguro debe -desconfiar de sus fieles amigos. Guardaos del pariente, y del hermano, -y del caro compañero: todos estos os darán verdaderos motivos de -recelar.</p> - -<p>Para concluir digo que, habiendo mil genios entre las mujeres, con -mil medios se ha de propiciar su corazón. No produce todos los frutos -una misma tierra: esta es buena para viñas, aquella para olivas y la -otra para trigo. Hay tantas inclinaciones diversas como personas en -el mundo. El prudente se acomodará a todos los caracteres. Imitará a -Proteo, que ora se mudaba en la corriente de un río, ora en león, ora -en árbol, ora en cerdoso jabalí. Entre los peces unos se cogen con -fisga, otros en redes, otros en hueca nasa.</p> - -<p>Ni son buenos unos mismos medios para todas las edades. Una -cierva vieja ve los lazos a mayor distancia. Si parecéis astuto -a la inexperta, y descarado a la modesta,<span class="pagenum" -id="Page_51">p. 51</span> al punto apocadas desconfiarán de vosotros. -De aquí es que las que no se atreven a entregarse a un hombre -distinguido, se abandonan a los viles abrazos de un tuno.</p> - -<p>He desempeñado la primera parte de la empezada obra. Echemos aquí -las anclas para detener la nave.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch2"> - <hr class="fil0" /> - <p class="centra fs120 g1 ws1 mt15"><span class="pagenum" - id="Page_52">p. 52</span></p> - <h2 class="nobreak g0" title="Libro segundo">LIBRO SEGUNDO.</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<p class="ti0"><span class="big">L</span>oor a Apolo: dos veces loor -a Apolo. La presa apetecida cayó en mis lazos. El regocijado amante -orne mis versos con verde palma, y ensálceme sobre Hesíodo y el anciano -Homero. Tal era el hijo de Príamo, cuando con la robada consorte -regresaba viento en popa de la guerrera Amiclas. Tal era Pélope, -cuando iba en carro victorioso transportando a Hipodamía en ruedas -extranjeras. ¿Para que te aceleras, joven? Tu bajel navega aún en alta -mar, y está lejos el anhelado puerto. No es bastante haber adquirido, -siendo yo el consejero, el objeto de tu amor. Con mis lecciones fue -captado: con mis lecciones se ha de conservar. Porque no se necesita -menos sabiduría para defender lo ganado, que <span class="pagenum" -id="Page_53">p. 53</span>para adquirirlo. En esto puede influir la -ventura, pero aquello es obra del arte.</p> - -<div class="figcenter mt2"> - <img class="thick" - src="images/i_053.jpg" - style="width: 22em; height: auto;" - alt="Ilustración" /> -</div> - -<p class="mt2">Inspiradme propicios ahora, Cupido y Citerea, si -alguna vez me favorecisteis: inspírame ahora, Erato, tú que tienes -nombre de amor. Grandes cosas emprendo: enseñar por que artes se ha -de hacer estable al amor, muchacho vagabundo por el vasto universo. -Él es liviano, tiene géminas alas para volar, y es difícil imponerles -reglas.</p> - -<p>Minos había cerrado a Dédalo todos los pasos por donde podía -escapar; mas él halló la vía arriesgada de salvarse volando. Luego -que Dédalo hubo encerrado en el laberinto al varón semibuey, -o al buey semivarón<a id="FNanchor_16" href="#Footnote_16" -class="fnanchor">[16]</a>, concebido por la abominación de su madre: -rectísimo Minos, dijo, pon término a mi destierro, y vayan mis -cenizas a reposar en la paterna tierra. Y ya<span class="pagenum" -id="Page_54">p. 54</span> que, agitado de los hados rigurosos, no pude -vivir en la patria, a lo menos séame dado el morir. Concede que se -restituya a ella mi hijo, si en mis años no me consideras a mí digno de -esta gracia: y si no quieres concedérselo al muchacho, concédeselo al -viejo. Estas y otras razones había dicho; mas vanamente, el inflexible -Minos le negaba el regreso. Al punto que lo entendió, ahora, dijo, -ahora tienes campo, oh Dédalo, para ejercitar tu ingenio. Minos es -señor de la tierra y del mar, y ni la tierra ni el agua están francas -para mi fuga. Resta el camino del aire; por el aire tentaré ir. Ayuda -mi designio, alto Júpiter. No presumo sublimarme hasta los estrellados -asientos; pero no tengo sino este camino para librarme del rey. Si -hubiera salida por el estigio, vadearía las estigias aguas: permítaseme -crear leyes para mi naturaleza. Los males aguzan a veces el ingenio: -¿quién jamás hubiera creído que<span class="pagenum" id="Page_55">p. -55</span> un hombre había de caminar por las aéreas regiones? Puso en -orden unas alas con plumas volátiles, atando esta ligera obra con hilo, -y sujetando su parte inferior con cera derretida al fuego: acabose el -trabajo del nuevo artefacto. Manejaba el muchacho sonriéndose la cera -y las plumas, ignorante de que esta invención se preparaba para sus -hombros. En este bajel, le dijo su padre, hemos de aportar a nuestra -patria; con este auxilio hemos de salvarnos del cautiverio de Minos. -Este no pudo cerrarnos el aire; todo lo demás lo ha cerrado. Ya que -podemos, rompe con mi invento los aires. Pero no has de mirar a la -Osa, al Boyero que la acompaña, y al Orión armado con espada. Regla -tu vuelo al mío; yo iré siempre delante. Sea tu cuidado seguirme; -guiando yo irás seguro. Porque si nos elevamos a las etéreas esferas, -acercándonos al sol, la cera se liquidará con el calor de sus<span -class="pagenum" id="Page_56">p. 56</span> rayos; y si con humildes alas -atravesamos muy inmediatos el mar, las movibles plumas se humedecerán -con sus azuladas aguas. Toma pues un vuelo medio, y teme, hijo mío, -los vientos: hacia donde sople el aire agita las favorables velas. -Entretanto que le daba estos avisos, acomodaba las alas al muchacho, y -le enseñaba a servirse de ellas: bien como la ave dirige a los endebles -hijuelos. Atole después las alas, proporcionadas a sus hombros, y le -entregó no sin temor al nuevo viaje. Al echar a volar besó tiernamente -al pequeñuelo, y las paternales mejillas no contuvieron sus lágrimas. -Había una colina menor que el monte, y más alta que la llanura: de -allí se dieron los dos a la desgraciada huida. Movía Dédalo sus alas, -y miraba las del hijo, sosteniendo siempre su rumbo. Pero ufano Ícaro -de transitar por no descubierto camino, deponiendo el temor, voló -con más osadía de la<span class="pagenum" id="Page_57">p. 57</span> -que prestaba el arte. Violos uno que con trémula caña pescaba peces, -y su mano paró en la ocupación. Ya habían dejado a la izquierda las -islas de Samos, y Naxos, las de Paros y Delos, amada de Apolo; y a -la derecha quedaban las de Lebintos, Kálimnos de sombríos bosques, y -Astipalea ceñida de pezcosos vados; cuando el imprudente muchacho con -harta temeridad se remontó más arriba, abandonando a su guía. Rómpense -las ligaduras, derrítese la cera con la inmediación del sol, y ya el -sutil viento no sostenía el movimiento de sus brazos. Atónito echó la -vista al mar desde tanta elevación, y el horrible miedo ofreció a sus -ojos los crepúsculos de la noche. Acabó de liquidarse la cera, y él -batía los desnudos brazos. Estremécese, y no tiene con que sostenerse. -Cayó, y cayendo: Padre, oh padre, me llevan, dijo, y las cerúleas aguas -sofocaron sus voces. El infeliz padre, no padre<span class="pagenum" -id="Page_58">p. 58</span> ya: Ícaro, clamó, ¿donde estás, Ícaro, o a -que parte del cielo vuelas? Ícaro, clamaba; pero vio sus alas en el -mar. La tierra hospedó sus huesos, y las aguas retuvieron su nombre.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_16" href="#FNanchor_16" class="label">[16]</a> El -Minotauro, engendro de un toro y de Pasífae, mujer de Minos.</p> - -</div> - -<p>No pudo Minos refrenar las alas de Dédalo; y yo me aparejo a detener -al dios que inconstantemente vuela. Aquel se engaña que recurre a la -magia de Tesalia, y al hipomanes confeccionado con la carúncula que -se arranca de la frente del potro recién nacido. No son poderosas de -fijar al amor las yerbas de Medea, ni los encantos de los marsos<a -id="FNanchor_17" href="#Footnote_17" class="fnanchor">[17]</a> -mezclados con mágicos conjuros. Si con hechizos se pudiese conservar el -amor, Medea hubiera poseído a Jasón; y Circe a Ulises.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_17" href="#FNanchor_17" class="label">[17]</a> -<i>Marsos</i>, antiguos pueblos del Abruzo. Tomaron el nombre de -Marso, hijo de Circe, y aprendieron de él a ser famosos encantadores y -hechiceros.</p> - -</div> - -<p><span class="pagenum" id="Page_59">p. 59</span>En vano se dan a -las mujeres brebajes amatorios, que causan palidez. Estas confecciones -trastornan el espíritu, y tienen la virtud de enloquecerle. Lejos -todo artificio: para que os amen, sed amables. No bastarán para serlo -el semblante ni la hermosura; aunque seáis un Nireo, tan alabado por -el antiguo Homero, o un Hilas robado por superchería de las náyades; -para retener a vuestra amada, y no veros abandonados, a las gracias -del cuerpo añadid las dotes del ingenio. La hermosura es deleznable -bien: se aja con los años, y fenece limitada en su período. No -siempre florecen las violetas y los anchos lirios<a id="FNanchor_18" -href="#Footnote_18" class="fnanchor">[18]</a>; y los rosales que ya no -llevan rosas, se erizan de agudas<span class="pagenum" id="Page_60">p. -60</span> espinas. Vosotros, preciados de hermosos, pronto veréis -canos vuestros cabellos; pronto vendrán las arrugas a surcar vuestro -cuerpo. Perfeccionad pues el espíritu, que no se marchita, y sostendrá -vuestra belleza. Él solo permanece hasta el lóbrego sepulcro. Sea no -leve estudio vuestro cultivarle con las buenas letras, y aprender a -ser elocuentes. No era hermoso, pero era facundo Ulises: y con su -elocuencia se atraía el amor de las mismas diosas.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_18" href="#FNanchor_18" class="label">[18]</a> En -el original elegantemente <i>hiantia lilia</i>. He traducido anchos, -porque siendo los <i>lirios</i> las flores que más se abren, el -adjetivo <i>abiertos</i>, común a todas, no expresaría la demasiada -abertura de ellos.</p> - -</div> - -<p>¡Oh, cuántas veces se dolió Calipso de la celeridad de su partida! -¡Y cuántas le detuvo diciéndole que no estaba propicio el mar para -hacerse a la vela! De tiempo en tiempo le rogaba contase el asedio -de Troya; y él solía referir muchas veces el mismo suceso de modo -diferente. Un día, estando los dos en la playa, exigió la hermosa -Calipso le contase las cruentas<span class="pagenum" id="Page_61">p. -61</span> hazañas del capitán de los Tracios. Él, con una varita que -por acaso tenía en la mano, dibujó la pedida historia en la arenosa -orilla. He aquí, dijo, a Troya; y figuró sus muros en la espesa -arena: este es el Simois, y aquí, a sus márgenes mi campamento. Aquí -estaban las trincheras (y las pintaba) que deshicimos con muerte de -Dolón, cuando vigilante intentó robar los caballos de Aquiles. Allá -estaban las tiendas de Reso, rey de Tracia, a quien a oscuras cogí los -caballos. Trazaba otras muchas figuras, cuando las improvisas olas -borraron a Troya, y los reales de Reso con su general. Entonces la -diosa le dijo: mira esas olas a las que te confías para irte, mira de -cuales nombres hacen mofa en este momento.</p> - -<p>Así pues, confiad poco en la figura mudable. Seáis quién fuereis, -ennobleceos con más sólido mérito. Gana principalmente las voluntades -la fácil condescendencia: la aspereza<span class="pagenum" -id="Page_62">p. 62</span> y los duros modales producen odio. -Aborrecemos al gavilán, porque vive siempre de la rapacidad; y a los -lobos, porque acostumbran ir contra el tímido rebaño. La golondrina, -por mansa, está libre de las asechanzas del hombre; y las aves caonias -tienen palomares donde anidar.</p> - -<p>Vayan pues fuera las rencillas y la maledicencia entre amantes, -aliméntese el tierno amor con palabras de dulzura. Por las disensiones -huyen las casadas a sus maridos, y los maridos a sus mujeres, -persuadiéndose a que se deben siempre recíprocos tratamientos. Esto es -bueno para los casados: las contiendas son dote del casamiento. Pero la -amiga oiga siempre requiebros. No habéis unido lecho por disposición de -las leyes, amor solo ejerce entre vosotros el oficio de la ley. Gastad -pues tiernas caricias, y expresiones que halaguen sus oídos; y así -recibiros ha siempre con alegría.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_63">p. 63</span>No me constituyo yo -preceptor de amores para los ricos. El que diere no necesita de arte. -Consigo lleva la ciencia quien, cuando le peta, dice: toma. Cedo: -con su dinero será más estimado que con mis advertencias. Compongo -estos versos para pobres, porque yo amé como pobre. Cuando no podía -regalar dádivas, regalaba palabras. Ame el pobre con circunspección: el -pobre tema hablar mal; sufra muchas cosas que no sufrirían los ricos. -Acuérdome que irritado un día descompuse al dueño mío los cabellos. -¡Ay de mí, cuán malos días me costó aquel enojo! Ni sentí, ni creo -haber desgarrado su túnica; mas ella lo dijo, y la rescaté a mi costa. -Vosotros los que sois prudentes, evitad defectos de vuestro maestro; -temed los males de mi culpa.</p> - -<p>Guerra con los partos, y paz siempre con la dulce amiga: los juegos -y alegría son los compañeros del amor.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_64">p. 64</span>Si no fuere con -vosotros bastante cariñosa y afable, sufrid y tolerad: con el tiempo se -tornará blanda. Doblegándolas con suavidad, se enderezan las encorvadas -ramas del árbol; y se quiebran violentándolas con fuerza. Con suavidad -se cortan las rápidas aguas de los ríos; y no pudieran vadearse, -nadando contra la corriente. Con suavidad se doman los tigres y leones -de Numidia: y los toros se acostumbran poco a poco a tirar de la -rústica esteva. ¿Quién fue más intratable que la árcade Atalanta? Pues -esta soberbia se rindió por fin a los obsequios del amante. Dicen que -Milanión lloraba mil veces, debajo de los árboles, rigores y altiveces -de esta muchacha. Mil veces cargaba en sus obedientes hombros sus redes -para cazar: y mil veces clavó para ella con fiera lanza los montaraces -jabalíes. Hiriole Hileo con arco despreciado por él, pero lo estaba -ya por otro arco más nocivo.<span class="pagenum" id="Page_65">p. -65</span> No os mando yo trepar armados por las selvas de Ménalo, ni -llevar a cuestas las redes; ni os mando exponer vuestros pechos a -saetas disparadas: los mandatos de mi arte serán llevaderos para los -prudentes.</p> - -<p>Ceded a la porfiada; cediendo saldréis vencedores. Obrad del mismo -modo que si ella os lo mandara. Reprended lo que reprenda; aprobad -lo que apruebe; decid lo que diga, y negad lo que niegue. Reíd, si -ríe; acordaos de llorar, si llora. Imponga leyes con su semblante. Si -jugare a los dados, echad mal, y dadle los mejores puntos. Si jugáis -al carnícoles, para que no la aflija la pena de perder, haced que esté -siempre a vuestro lado la perjudicial canícula. Si jugareis al ajedrez, -imagen del latrocinio, haced que vuestro soldado perezca por el peón -enemigo. Llevad tendido para ella el quitasol, y haced calle entre la -gente por donde pase. No dudéis servir de estribo para el mullido<span -class="pagenum" id="Page_66">p. 66</span> lecho, ni de calzar a sus -galanos pies y descalzar las sandalias. Calentad en vuestro pecho sus -frías manos, aunque vosotros mismos tiritéis transidos. Ni graduéis -de impropio (aunque impropio para vosotros, la complacerá) tenerla -el espejo con voluntaria mano. Hércules, merecedor del cielo que -antes había sostenido, exterminados los monstruos de la melancólica -madrastra, tenía los canastillos entre las hijas de Lidia, e hilaba -groseras lanas. El héroe de los Tirintios obedecía al arbitrio de su -señora. Ved ahora si dudaréis de sufrir lo que él sufrió.</p> - -<p>Encargados de ir al foro, anticipad siempre la hora señalada, y -volved tarde. Si os mandare demandar a alguno, posponedlo todo; corred -para que no os detenga en el camino tropel de gente. Si retornare por -la noche a casa después de haber asistido a los convites presentaos -en lugar del siervo,<span class="pagenum" id="Page_67">p. 67</span> -cuando llamare. Si estando en el campo os mandare venir, faltando -carruaje, tomad el camino a pie, porque el amor aborrece a los -perezosos. No os arredre el tiempo crudo, ni la sedienta canícula, ni -el camino alfombrado con blancas nieves.</p> - -<p>Especie de milicia es el amor; apartaos, indolentes, pues estos -estandartes no se han de defender por hombres cobardes. La noche y el -invierno, las largas carreras, los duros pesares, y todo dolor está -presente a los que combaten en estos voluptuosos reales. Muchas veces -os cogerá la lluvia desatada de las nubes, y muchas veces dormiréis -fríos en la desnuda tierra. Se cuenta que Apolo apacentaba las vacas -de Admeto, y se guarecía en pajiza cabaña. ¿A quién no honrará lo -que honró a Apolo? Desnudaos de vanidad los que aspiráis al amor -duradero.</p> - -<p>Si no podéis ver a vuestra amada<span class="pagenum" -id="Page_68">p. 68</span> por camino llano y seguro, o si estuviere -con opuesto cerrojo cerrada la puerta, escurríos por el fragoso techo, -o subid a hurtadillas por las altas ventanas. Se complacerá sabiendo -que fue para vosotros causa de peligro: y esto será para ella prenda -de amor sincero. Muchas veces podías tú, Leandro, carecer de la vista -de tu señora, sin embargo pasabas a nado el mar, para que conociese tu -pasión.</p> - -<p>No tengáis a menos haceros lugar con las siervas y siervos, -particularmente con los primeros en el orden. Saludad a cada uno -por su nombre, pues nada se pierde. Humillaos, vanidosos, a darles -la mano. Pero sobre todo regalad alguna propinilla al siervo que os -pida, pues no es grande esta impensa. Y regalad a las siervas, para -consolarlas del castigo que las espera un día, si escondido el marido -bajo un traje distinto, llega a sorprenderlas.<span class="pagenum" -id="Page_69">p. 69</span> Creedme, haced de vuestro bando a esta -gentecilla, incluyendo siempre en tal clase al portero y al que duerme -en la antecámara.</p> - -<p>No os ordeno que gratifiquéis con dádivas costosas a vuestra amiga: -dad poco, pero lo poco con oportunidad y finura. Cuando los jardines -estuvieren tan ricos en frutas, que agobie a las ramas su peso, por -el mozo enviadle en un canastillo regalos campestres. Podréis decir -que es fruta de vuestra granja, aunque la hayáis comprado en la calle -Sacra. Enviadla o uvas o castañas, que eran delicia de Amarilis, o -también nueces, si las apetece. Conviene testificarla que está en -vuestra memoria, regalándola un tordo atado a una guirnalda de flores. -Infamemente se adquiere así la esperanza del testamento, y la herencia -de la senectud sin familia. ¡Ah! ¡Perezcan los que regalan para comprar -tal delito!</p> - -<p>¿Os aconsejaré por ventura que<span class="pagenum" id="Page_70">p. -70</span> la escribáis afectuosos versos? ¡Ay de mí! los versos no son -muy estimados. Alábanse los versos, pero más se aprecian las dádivas. -Como sea rico, un bárbaro mismo será bien admitido. Ahora estamos -en los verdaderos siglos de oro: con el oro se adquieren altísimos -honores; con el oro se concilia el amor. Aunque Homero mismo volviese -acompañado de las musas, las mujeres le echarían fuera, si nada daba. -Hay a la verdad unas pocas mujeres sabias, y algunas ignorantes que -quieren pasar por sabias. Alabad en versos a unas y a otras, pero en -versos que con su armoniosa fluidez las recomienden al lector. Estas -y aquellas acaso graduarán como don cortísimo los versos limados para -ellas a costa de vigilias.</p> - -<p>Haced que vuestra amante os pida siempre lo que habíais de hacer, y -creíais seros útil. Si habéis prometido libertad a algún siervo,<span -class="pagenum" id="Page_71">p. 71</span> obligadle a obtenerla por la -mediación de ella. Si remitís al esclavo el azote y el penoso calabozo, -débaos ella a vosotros la gracia que habíais de hacer. Vuestro sea el -provecho, y dese a la amiga el honor. Nada perdáis; pero tenga ella la -opinión de que vale con vosotros.</p> - -<p>Los que aspiran a mantener la privanza de su amante, háganla -creer que están embelesados con su hermosura. Si está vestida de -púrpura, alabaréis los colores de Tiro. Si la veis vestida de finísima -seda, diréis que le cae bien la tela de Cos<a id="FNanchor_19" -href="#Footnote_19" class="fnanchor">[19]</a>. Si se adornare con -vestido chapado de oro, diréis que está más preciosa que el oro -mismo. Si se pone la gausapa, aprobad esta ropa<a id="FNanchor_20" -href="#Footnote_20" class="fnanchor">[20]</a>. Si se presenta en -túnica,<span class="pagenum" id="Page_72">p. 72</span> todo lo -abrasas, clamad; pero rogadla tímidamente que se abrigue del frío. -Si trajere los cabellos partidos sobre la frente, alabad la dividida -crencha; y si los encrespare con hierro caliente, agradaos de la -ensortijada cabellera. Admirad sus brazos cuando baile, y su voz cuando -cante; y fingid que os disgustáis de que lo deje presto. Conveniente -será alabarla en el mismo lecho, notando con sensual voz sus placeres y -los vuestros.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_19" href="#FNanchor_19" class="label">[19]</a> De -esta isla eran las telas de seda que se gastaban en Roma; eran tan -delgadas que se transparentaba el cuerpo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_20" href="#FNanchor_20" class="label">[20]</a> -Gausapa era una especie de paño grueso y felpudo, de que se hacían los -vestidos de invierno.</p> - -</div> - -<p>Así, aunque sea más violenta que la atroz Medusa, se hará igual -y mansa para su amador. Solo debéis no manifestar simulación en -tales lances, ni desmentir con el semblante las palabras. El arte de -disimular encubierto es ventajoso, conocido sirve de confusión; y con -razón os quitará crédito para en adelante.</p> - -<p>A veces en el otoño (cuando los colmados racimos empiezan a colorear -con el rubicundo mosto, y prometen un año abundantísimo,<span -class="pagenum" id="Page_73">p. 73</span> y cuando alterna el frío -con los últimos calores) reinan enfermedades por la desigualdad del -tiempo. Conserve vuestra amiga perfecta salud por cierto; pero, si -indispuesta se acostare, dañada por la destemplanza del aire, mostradla -con expresivas señales vuestro amor y sentimiento. Sembrad entonces -para coger a manos llenas después. No os fastidie la impertinente -enfermedad, y haced por vuestra mano cuanto ella os permita. Véaos -llorar; no tengáis hastío de sufrir sus besos: y agote vuestras -lágrimas con su árida boca.</p> - -<p>Haced muchos votos por su salud, pero todos en público: contadle -oportunamente sueños de buen agüero. Llevad a su casa alguna vieja -que espíe el aposento y lecho, llevando a la vista azufre y huevos en -su tembladora mano. Todo esto serale indicio lisonjero de interés en -su salud. Por tales medios consiguieron muchos la postrimera<span -class="pagenum" id="Page_74">p. 74</span> voluntad de sus amigas. No -os atraigáis la aversión de la enferma por su cuidado; guardad cierta -medida en la complaciente oficiosidad. No la impidáis comer, ni la -presentéis el vaso con amargos medicamentos: dejad este cargo a vuestro -rival.</p> - -<p>Pero pues os halláis en medio del golfo, no boguéis con el -viento que henchía la vela cuando salisteis del puerto. En tanto -que el amor titubea reciente, adquiere fuerzas con el uso; y se -radica poderosamente, si le alimentan con tiempo. Aquel toro que te -amedrenta, era novillo que solías manosear; y aquel árbol que ahora -te recrea con sombra, fue delgada varita. Nace pobre aquel río; -pero engruesa su caudal en el camino, recibiendo por donde pasa las -aguas de muchos arroyuelos. Habituadla a vosotros, porque nada mejor -que la habitud. Para llegar a ella, no rehuséis probar disgustos. -Véaos<span class="pagenum" id="Page_75">p. 75</span> continuamente: -óigaos continuamente: séale presente día y noche la figura de vuestro -semblante.</p> - -<p>Cuando estéis seguros de que anhela por veros, id lejos entonces, -y seréis cuidado de la ausente. Dad descanso: el campo holgado vuelve -con usura la semilla, y la tierra árida bebe con ansia las celestes -aguas. Filis ardía con más tibieza por Demofonte presente, y creció -sobremanera su llama al verle darse a la vela. Ausente el sagaz Ulises -atormentaba a Penélope: y Laodamía dirigía quejas amorosas a su ausente -Protesilao.</p> - -<p>Mas la breve demora es eficaz; porque con el tiempo enlentecen los -cuidados, y se desvanece el amor ausente, y entra otro nuevo. En la -ausencia de Menelao, Elena se consoló de su solitud en los brazos del -troyano su huésped. ¡Qué estupidez ha sido esta, Menelao! Tú partiste -solo, y quedaban debajo de un mismo techo<span class="pagenum" -id="Page_76">p. 76</span> el huésped y tu esposa. ¡Insensato! ¿Entregas -al gavilán la guarda de las tímidas palomas? ¿Confías todo el redil al -lobo montesino? Elena no, ni su adúltero delinque, pues hace lo que -tú y lo que cualquiera haría. Les obligaste al adulterio, dándoles -ocasión y tiempo. ¿Qué ha hecho Elena sino usar de tu consejo? ¿Qué -había de hacer? Está ausente el marido y habita en su casa un huésped -amable: temía ella dormir sola en el desocupado lecho. Júzguelo el -mismo Menelao; yo absuelvo de crimen a Elena, pues abrazó la ocasión -proporcionada por el imprudente marido.</p> - -<p>No es tan sañudo el rojo jabalí cuando, en medio de su rabia, tira -rodando con diente fulminador a los perros que le acosan: ni la leona, -cuando ateta a los mamantes cachorros: ni la pequeña víbora pisada por -el incauto pie, como se enfurece una mujer sorprendiendo a la rival -del consorte lecho: su corazón<span class="pagenum" id="Page_77">p. -77</span> se retrata en el semblante. Se arroja al hierro y al fuego, -y no guardando mesura, se enajena como arrebatada del furor aonio. -Bárbaramente vengó Medea, degollando a los hijos, la infidelidad de su -esposo, y la violación de los maritales derechos. Madre no menos cruel -fue Progne: miradla por esto transformada en golondrina, y su pecho con -señal de sangre. Esto deshace lo firmes y muy estrechos amores: los -hombres cautos han de temer estos extravíos.</p> - -<p>No por eso os condena mi severidad a una sola mujer. ¡No lo permitan -los dioses! Apenas las casadas pueden contenerse en tanta privación. -Divertíos: pero celad los deslices con la precaución de un hurto. -Ninguna gloria resulta de los defectos. No regaléis a una preseas que -pueda saber la otra, ni tengáis a horas fijas vuestras disoluciones. -Y para que no os sorprendan en escondrijos conocidos, no os juntéis -siempre en unos mismos lugares.<span class="pagenum" id="Page_78">p. -78</span> Repasad bien cuantas cartas escribiereis, pues muchas leen -más de lo que hallan escrito.</p> - -<p>Venus ofendida se arma legítimamente; e hiriendo con los mismos -dardos, hace sufrir los propios males de que ella se quejó. Mientras -Agamenón quedó constante, casta vivió su esposa; el ejemplo solo de -sus vicios la hizo criminal. Ya sabía ella la repulsa hecha a Crises, -quien vino a implorar por su hija cautiva, llevando en la mano el -laurel de Apolo, y ceñidos los cabellos con las sagradas cintas<a -id="FNanchor_21" href="#Footnote_21" class="fnanchor">[21]</a>: -sabía la triste suerte de esta joven sacada de Lirneso. El nombre de -Briseida, y las vergonzosas contiendas que prolongaban la guerra habían -llegado a sus oídos. Delante de sus mismos ojos había visto a la hija -de Príamo, y su esposo vencedor hacerse esclavo de su misma esclava. -Entonces fue cuando admitió a<span class="pagenum" id="Page_79">p. -79</span> Egisto en su corazón y lecho; vengando con un crimen un -amoroso delito.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_21" href="#FNanchor_21" class="label">[21]</a> -Insignia del sacerdocio de Apolo. Crises, aunque sacerdote, no pudo -obtener de Agamenón la libertad de su hija.</p> - -</div> - -<p>Si a pesar de la cautela se descubren vuestros hechos, negadlos -tenazmente, puesto que sean manifiestos. Pero no os mostréis sumiso -ni más cariñoso que antes, porque esta señal indicaría mucho el ánimo -culpado. Combatidla, sí, con amoroso vigor; en ello consiste vuestra -reconciliación; este es el primer modo como se ha de negar a Venus una -infidelidad.</p> - -<p>Mandan algunos tomar ajedreas, yerbas estimulantes y nocivas: yo -las tengo por ponzoña. Otros mezclan la pimienta con la grana de la -picante ortiga; y el rubio pelitre triturado y disuelto en vino añejo. -Mas la diosa que se adora en la falda sombría del elevado Érix reprueba -el violentarse de este modo a sus deleites. Pueden tomarse el blanco -bulbo<a id="FNanchor_22" href="#Footnote_22" class="fnanchor">[22]</a>, -que se cría en<span class="pagenum" id="Page_80">p. 80</span> Tesalia -o en los Pelasgos, y otras yerbas hortenses provocativas a lujuria. -Tómense también huevos frescos, miel del Himeto, y la fruta que entre -sus agudas hojas produce el pino. Mas ¿para que te distraes, docta -Erato, a remedios medicinales? Déjame empujar el carro hasta la raya -final de la carrera.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_22" href="#FNanchor_22" class="label">[22]</a> -Especie de cebolla silvestre, que también tiene otros nombres.</p> - -</div> - -<p>Los que por mi consejo encubríais poco ha las infidelidades, torced -ahora el camino, y por mi consejo descubrid vuestros hurtos. No se -culpe mi vario opinar, pues no siempre el curvo bajel transporta los -pasajeros con un mismo viento. Unas veces navega con el norte, otras -con el levante; a veces hinche la vela el poniente, a veces el viento -sur. Mirad como el cochero ya afloja desde el carro las riendas, ya -las tira para sujetar sus caballos. Hay algunas a quienes hace mal -el consecuente querer, y no teniendo ningún obstáculo entibia su -amor. Con la prosperidad se inflan regularmente<span class="pagenum" -id="Page_81">p. 81</span> los ánimos; y no es fácil moderarlos en -la libre fruición de los gustos. Como el ligero fuego, que habiendo -perdido poco a poco su fuerza, se esconde debajo de blancas cenizas, -y recobra empero sus extinguidas llamas, si se le aplica el azufre, -echando el mismo resplandor que antes: así cuando el corazón entorpece -perezoso en ocio y tranquilidad, se ha de avivar el amor con -penetrantes estímulos. Haced que recele de vosotros, recalentad el -frío espíritu de la querida: demude su semblante el indicio de vuestro -delito. ¡Oh mil y mil veces dichoso aquel de quien lamenta agravios la -amiga! Aquella a cuyos ignorantes oídos habiendo llegado una vez la -deslealtad, se desmaya, y pierde cuitada color y habla. Sea yo aquel, -por quien despedace furiosa los cabellos; por quien rasgue sus tiernas -mejillas aquel a quien vea lagrimosa: aquel a quien mire con torvos -ojos: aquel sin<span class="pagenum" id="Page_82">p. 82</span> quien -no pueda vivir, deseando poder.</p> - -<p>Si preguntáis cuanto tiempo se ha de quejar la injuriada, sea breve, -porque no crezca el enojo con la lenta tardanza. Ceñid luego con los -brazos su cándido cuello; estrechad en vuestro pecho a la llorosa: -besad a la llorosa: conceded los deleites de Venus a la llorosa. -Hará la paz: de este único modo se desarma la ira. Cuando más se -encrudeciere, cuando parezca irreconciliable enemiga, en su lecho se -concluirá el tratado, allí se amansará. Allí, depuestos los dardos, -habita la concordia: en aquel lugar, creedme, nació la benevolencia. -Juntan sus picos las palomas que antes se pelearon, y sus arrullos -figuran palabras y requiebros.</p> - -<p>En el principio de las cosas era el mundo mole informe y -desordenada: astros, mar y tierra tenían una faz. El cielo se sobrepuso -luego a la tierra, fue rodeado del mar el<span class="pagenum" -id="Page_83">p. 83</span> globo terrestre, y se separaron las partes -del informe caos. Los bosques sirvieron de albergue a las fieras, el -aire a las aves, y los peces habitaron debajo de las líquidas aguas. -Entonces el género humano erraba por los solitarios campos, grosero -y robusto, sin vislumbre de genio. Su casa era la selva, su comida -las yerbas, y su cama el follaje de los árboles: y en mucho tiempo no -se conocieron los hombres entre sí. El dulce deleite domesticó sus -ánimos feroces: formaron sociedad el hombre y la mujer. No aprendieron -de maestro lo que habían de hacer, pero Venus consumó sin arte la -agradable obra. La ave tiene a quien amar. El pez halla en el centro -de las aguas la hembra con quien parte sus placeres. El ciervo busca -a su igual; la serpiente se une con la serpiente. Adultera el perro -trabado con la perra. La oveja engendra contenta; la becerra corre en -pos del toro: y le gusta a la cabrilla el olor<span class="pagenum" -id="Page_84">p. 84</span> del hediondo macho. Agitadas furiosamente -las yeguas siguen a los caballos, apartados por ríos y lugares -distantes.</p> - -<p>Dad pues a la airada el remedio señalado, el solo que pueda aliviar -su acerbo dolor; este remedio más eficaz que los jugos de Macaón<a -id="FNanchor_23" href="#Footnote_23" class="fnanchor">[23]</a>, cura el -dolor, con aquello mismo que lo ha causado.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_23" href="#FNanchor_23" class="label">[23]</a> -Célebre médico en la guerra de Troya.</p> - -</div> - -<p>Mientras yo cantaba, se me apareció repentinamente Apolo, pulsando -con sus dedos las cuerdas de la lira de oro. Traía laurel en las -manos, y laurel ornaba su sagrada cabellera. Dejose ver, y me habló -con voz fatídica. Preceptor de lascivos amores, dijo, conduce tus -discípulos a mi templo. En él se lee una inscripción celebrada por -la fama en el extenso orbe, la cual ordena que cada uno se conozca a -sí mismo. Quien se conociere a sí será el único<span class="pagenum" -id="Page_85">p. 85</span> que ame con acierto, pues medirá sus fuerzas -con la dificultad de la obra. Aquel a quien naturaleza dio hermosura, -sea considerado por ella: el que es blanco, recuéstese siempre con los -hombros desnudos. El de gracioso hablar rompa el taciturno silencio. -El que canta sonoramente, cante; y el buen bebedor, beba. Pero ni -los elocuentes declamen en la conversación, ni los extravagantes -poetas reciten sus versos. Esto me amonestó Apolo: obedeced a las -amonestaciones de Apolo, cuya sacra boca dicta oráculos.</p> - -<p>Lo vuelvo a repetir otra vez: quien ame con cordura, vencerá, -y sacará de mi arte lo que se propone. Mas no siempre los surcos -pagan la siembra con usura, ni siempre impele a la dudosa nao el -viento favorable. Son pocos los bienes y muchos los pesares de los -amantes. Propónganse el sufrirlos con constancia. Hay en amor tantos -dolores como liebres en el monte Atos, como<span class="pagenum" -id="Page_86">p. 86</span> abejas liban las flores en el Hibla, como -bayas tiene el verdoso árbol de Palas, y como conchas la ribera del -mar. Los tiros de Cupido están empapados en mucha hiel.</p> - -<p>Os dirán que la querida está fuera, y acaso la habréis visto en -casa; pensad sin embargo que está fuera, y que los ojos os engañaron. -Os cerrarán la puerta para la noche concertada: toleradlo, y tended -el cuerpo en el duro suelo. Acaso la embustera sierva dirá con faz -insolente: ¿a qué ronda este nuestra puerta? Adulad humildes a los -cerrojos y a la descarada moza, y poned en la puerta las rosas que -engalanen vuestra cabeza. Entrad cuando será su gusto: retiraos cuando -no quiera recibiros. Desdice de un hombre decente incomodar a nadie. -No es esto de despreciar, para que no os lo advierta la amiga: no -tenemos a toda hora la razón en la mano. Mas no juzguéis indecoroso -sufrir dicterios y golpes de la querida, ni bajarse a besar sus tiernos -pies.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_87">p. 87</span>¿Por qué me detengo -en pequeñeces, cuando me urgen cosas mayores? Grandes cosas he de -decir: parad todos las mientes. Ardua empresa arrostramos, trabajo -difícil pide aquí mi arte; pero nada es la virtud sin las dificultades. -Sufrid con paciente ánimo la presencia de un rival, y estará con -vosotros la victoria; vencedores, iréis con Júpiter al Capitolio. -Sí, las encinas proféticas de Dodona son las que os hablan ahora, -y no un mortal: nada más insuperable que esto contiene mi arte. Si -le hace señas, sufrid: si le escribe, no abráis las cartas: venga -ella de donde quiera, y vaya adonde le acomode. Sufren muy bien esto -los maridos de sus legítimas mujeres, cerrando los ojos en fingido -sueño. No estoy yo, lo confieso, hábil en este arte: yo mismo soy -inferior a mis preceptos. ¿Por ventura hará otro delante de mí señas -a mi muchacha? ¿Y lo sufriré? ¿Y no me he de enfurecer? Acuérdome que -el<span class="pagenum" id="Page_88">p. 88</span> marido la besó en -mi presencia, y me quejé de tales besos; de esta barbaridad abunda -nuestro amor. Esta imprudencia me perjudicó más de una vez. Más hábil -es sin duda el marido que se compone fácilmente con los galanes de su -mujer. Lo mejor es ignorarlo todo. Dejad que queden escondidos los -hurtos amorosos, a lo menos para que un fingido pudor asome al rendido -rostro. Guardaos, oh jóvenes, de sorprender a vuestras amigas; y haced -como si os contentaseis con sus razones. Crece el afecto en los amantes -sorprendidos: siendo igual la suerte de los dos, uno y otro persisten -con más firmeza en la causa de su error.</p> - -<p>Refiérese una fabula notoria a todo el cielo<a id="FNanchor_24" -href="#Footnote_24" class="fnanchor">[24]</a>: la de Marte y -Venus, atrapados en la red por astucia de Vulcano. El padre Marte, -perdidamente<span class="pagenum" id="Page_89">p. 89</span> enamorado -de Venus, de guerrero terrible se convirtió en amador. Ni Venus -(porque no hay diosa alguna más tierna) se mostró áspera y cruel con -el suplicante Marte. ¡Ah! ¡Cuántas veces esta lasciva se burló de los -pies de su marido, y de sus manos, hechas callosas con el fuego y el -martillo! Para divertir a Marte remedaba a Vulcano, acompañando a la -belleza con mucha gracia. Al principio solían celar mucho su amoroso -comercio, y el delito los tenía llenos de verecundo pudor. En fin -por delación del sol (porque ¿quién será capaz de engañar al sol?) -vinieron a noticia de Vulcano los hechos de su esposa. ¿Por qué, oh -sol, manifiestas ejemplo tan peligroso? Pide dádivas a la diosa, pues -tiene con que contentarte, si contienes la lengua. Tendió Vulcano por -encima y al rededor del lecho redes sutiles, que no percibía la vista. -Fingió irse a Lemnos; vienen a su lecho los<span class="pagenum" -id="Page_90">p. 90</span> amantes, y uno y otro se acuestan desnudos -y envueltos en los lazos. Convoca aquel a los dioses; y los cogidos -les sirvieron de espectáculo. Dicen que Venus contuvo apenas las -lágrimas. No pudieron cubrir su cara, ni aun oponer las manos a las -partes obscenas. Alguno de los dioses riendo de ellos, dijo: si te son -ponderosas, fortísimo Marte, traslada a mí tus cadenas. Apenas las -súplicas de Neptuno soltaron a los prisioneros cuerpos. Marte se retiró -a Tracia, y ella a Pafos. Esto has aprovechado, Vulcano, que hagan sin -recato lo que antes encubrían: pues todo pudor se ha perdido. Confiesas -muchas veces, loco, que lo hiciste neciamente, y que has tenido que -arrepentirte de tu cólera.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_24" href="#FNanchor_24" class="label">[24]</a> A -todos los dioses, que la mitología coloca en el cielo.</p> - -</div> - -<p>Esto os vedo: veda la sorprendida Dione usar de las asechanzas -en que ella misma cayó. No arméis lazos a vuestro rival, ni -interceptéis sus cartas para saber sus secretos. Intercéptenlas,<span -class="pagenum" id="Page_91">p. 91</span> si juzgaren que deben -interceptarse, los varones que legitima maridos<a id="FNanchor_25" -href="#Footnote_25" class="fnanchor">[25]</a> el agua y el fuego. -Otra vez lo afirmo: nada hay en mis versos de contrario a la leyes, -y la decencia ha de ser respetada en nuestros juegos. ¿Qué atrevido -divulgó a profanos los misterios de Ceres, y los venerables sacrificios -hallados en Samotracia? Pequeña virtud es la de guardar silencio en -las cosas, y al contrario es grave la culpa de revelar lo digno de -callarse. ¡Oh cuán justamente es castigado el locuaz Tántalo entre -aguas y frutas, esforzándose en vano a gustarlas!</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_25" href="#FNanchor_25" class="label">[25]</a> -El agua y el fuego eran materia del rito matrimonial por sus -significaciones emblemáticas.</p> - -</div> - -<p>Citerea manda principalmente callar sus obras: yo aconsejo -que ningún hablador asista a ellas. Si no se ocultan en cestas<a -id="FNanchor_26" href="#Footnote_26" class="fnanchor">[26]</a> los -misterios<span class="pagenum" id="Page_92">p. 92</span> de Venus, -ni sonando el desconcierto ruidoso de broncíneas trompas; si, para -celebrarlos, se abren a todos sus templos, sean a lo menos entre -nosotros escondidos. La misma Venus, cuantas veces se despoja de -sus vestiduras, resguarda retirada hacia atrás su desnudez con la -izquierda mano. A cada paso se parean los animales delante de todos, y -las mujeres apartan regularmente los ojos. A los amorosos latrocinios -convienen aposentos y puerta; quedando la pudorosa parte velada con las -ropas caídas. Y si no buscamos tinieblas, busquemos alguna opacidad -como de nube, o menos claridad que la luz patente. En el tiempo en que -los techos no guarecían a los hombres del sol y de la lluvia, sino que -las encinas les suministraban albergue y alimento, tomaban el deleite -no a cielo descubierto, sino en los bosques y grutas. ¡Tanto curaba del -pudor aquella tosca gente!</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_26" href="#FNanchor_26" class="label">[26]</a> En -cestas se ocultaban los misterios de Ceres y Baco, y con estrépito de -trompetas y otros instrumentos musicales.</p> - -</div> - -<p><span class="pagenum" id="Page_93">p. 93</span>Mas hoy se divulgan -todos los nocturnos amoríos, y nada se aprecia tanto como el pasatiempo -de hablarlos. De cualquiera mujer que encontréis, aquella fue mía -también, diréis: no faltarán otras que podáis señalar con el dedo, -diciendo sobre cada una cuentos vergonzosos. Pero de poco me quejo: -algunos mienten lo que siendo verdad negarían, y ninguno hay que no se -jacte de haber logrado los últimos favores. Ya que no pueden manosear -los cuerpos, manosean los nombres, y sin haberlas tocado, denigran -a las mujeres. Anda ahora, enfadoso portero, y ciérralas con cien -fuertes llaves. ¿Qué hay seguro contra el maldiciente, que con su -lengua fabrica adulterios, pretendiendo crédito en lo que no sucedió? -Nosotros empero seamos discretos en nuestros amores verdaderos, y -ocultemos con inviolable secreto los misteriosos robos. Sobre todo no -echéis<span class="pagenum" id="Page_94">p. 94</span> en cara a las -mujeres defectos que a muchas es útil disimular. Perseo no habló a -Andrómeda de su moreno cutis, Perseo que en ambos pies calzaba nobles -alas. Andrómaca parecía a todos desmesuradamente larga, y solo Héctor -decía que era mediana. Acostumbraos a lo que sufrís mal, y se os hará -sufrible. El amor naciente repara en todo, pero el tiempo dulcifica -las cosas. Una rama tierna que brota del verde tronco cae al menor -viento que la sacuda; más robustecida con el tiempo resiste el soplo -de aquilón, y enriquece al árbol con flores y frutas. El tiempo mismo -atenúa las faltas corporales, y lo que fue tacha no parece tal con la -continuada vista. Las narices al principio repugnan el olor de los -bueyes; habituadas con el tiempo lo aguantan sin molestia.</p> - -<p>Paliad sus faltas con el modo de expresarlas. Llamad fusca a la -que es más negra que pez de Iliria. Si es bizca, comparadla a Venus: -si<span class="pagenum" id="Page_95">p. 95</span> es roja, a Minerva. -Sean de talle delgado las que por su magrez carecen de frescura. Llamad -ágil a la pequeña, y a la obesa alabadla de buenas carnes. En fin -desfigúrense las imperfecciones con nombre de cualidades buenas que se -les acercan. Ni preguntéis cuántos años cumplen, ni bajo qué consulado -nacieron; oficio propio del rígido censor.</p> - -<p>Tened especialmente estas consideraciones con las que no están en -la flor de su edad, con las que pasaron sus mejores años, en cuya -cabellera empiezan a blanquear las canas. Útil es, oh jóvenes, esta más -provecta edad. Este campo se ha de sembrar; este fructificará mieses. -Endurad fatigas mientras os asisten juventud y vigor; porque ya vendrá -con silenciosos pasos la encorvada vejez. Surcad el mar con los remos, -o la tierra con la esteva; o aumentad belígeras manos a las matadoras -armas; o dad vuestras<span class="pagenum" id="Page_96">p. 96</span> -fuerzas al obsequio y acompañamiento de las mujeres; porque esto es -también una milicia; esto os enriquecerá también.</p> - -<p>Añádese que las provectas son más peritas en las labores de amor: -tienen experiencia, la sola que hace maestros. Reparan con sus atavíos -el detrimento de la juventud, y ponen su esmero en borrar las huellas -de los años. Se presentan a Venus en mil actitudes, y en más que el -pincel no inventaría. Con ellas se gusta deleites más suaves, y el -varón y la hembra llevan por igual el premio. Aborrezco el trato en que -el interés no es recíproco; aquel en que uno solo disfruta el placer. -Aborrezco a la que se presta solo porque es necesario prestarse, e -insensible piensa entonces a su rueca. No me es de satisfacción lo -que se da por oficio, y sin inclinación de la contribuyente. Me place -oír en sus voces indicios de su<span class="pagenum" id="Page_97">p. -97</span> contento, cuando ruega me pare en el juego sin dejarlo; y -enajenada y con caídos ojos desfallece, y queda en la desgana de la -saciedad.</p> - -<p>No concede naturaleza estos placeres al primer fervor de la -juventud, ni vienen cuando más pronto hasta después de los siete -lustros. Los que se dan prisa, beban vino mosto; a mí me sabe bien -el vino de mis abuelos en vasija reservada desde los prístinos -cónsules. Ni el plátano, si no es viejo, puede impedir los rayos del -sol, y los pies se hieren en las praderías cuando empiezan a retoñar. -¿Preferiríais acaso Hermione a Elena? ¿Y será mejor Gorge que su madre -Altea? En resolución los que queráis gozar de la Venus tardía, sacaréis -dignas recompensas, siendo perseverantes.</p> - -<p>He aquí el lecho que recibe confidente a dos amantes. Defiende, -musa, las cerradas puertas del tálamo: sin ti hablaran espontáneamente -afectuosísimas cosas. Ni la<span class="pagenum" id="Page_98">p. -98</span> siniestra mano estará inerte, pues los dedos hallarán -industria en aquellas partes en que calladamente clavó sus flechas -el amor. Holgose así con Andrómaca el corajoso Héctor, tan útil en -las troyanas guerras. Holgose así con la cautiva Briseida el grande -Aquiles, cuando cansado de la pelea tornaba al reposo del mullido -lecho. Permitías, Briseida, ser tocada de aquellas manos siempre -repletas de muertes frigias. ¿O era lo que te deleitaba, lasciva, el -que llegasen a tus carnes las vencedoras manos?</p> - -<p>Creedme, no se ha de apresurar el placer de Venus, sino saborearlo -pausadamente con moroso vagar. Cuando halléis partes en cuyo contacto -goza la mujer, no obste el pudor para que las toquéis. Brillarán sus -ojos con trémulo resplandor, como regularmente reluce el sol en las -cristalinas aguas. Vendrán las quejas, vendrá el dulce murmullo, y los -gratos suspiros, y las<span class="pagenum" id="Page_99">p. 99</span> -expresiones convenientes a la amorosa lucha. Pero no apuréis en esto su -ardorosa fuerza, ni la dejéis antecederos en la carrera. Corred juntos -al término: entonces es lleno el deleite cuando yacen rendidos a la par -los dos agentes. Observad este precepto cuando estéis en libre ocio, -y el temor no apremie la furtiva diversión. Mas cuando urge el tiempo, -es fuerza bogar con todos los remos, y apretar las espuelas al caballo -desbocado.</p> - -<p>Finalizó mi obra. Dame la palma, alegre juventud, y enlaza en mis -perfumados cabellos guirnaldas de mirto. Tan buen amador soy yo, -como Podalirio fue perito en el arte médica, como valiente Aquiles, -prudente Néstor, como Calcas fue hábil presagiador de las víctimas, -como guerrero Áyax, como Automedonte director de la cuadriga. Celebrad, -hombres, a vuestro poeta; cantad mis alabanzas, y suene mi nombre por -todo el orbe. Os he<span class="pagenum" id="Page_100">p. 100</span> -dado armas, como Vulcano dio a Aquiles: venced como él venció con los -preceptos dados. Pero cualquiera que con mi espada domeñare a las -soberbias amazonas, escriba en sus trofeos, Ovidio fue mi maestro.</p> - -<p>He aquí a las graciosas muchachas que me piden también reglas de -amar. Vosotros seréis el objeto de mis cuidados en siguiente libro.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch3"> - <hr class="fil0" /> - <p class="centra fs120 g1 ws1 mt15"><span class="pagenum" - id="Page_101">p. 101</span></p> - <h2 class="nobreak g0" title="Libro tercero">LIBRO TERCERO.</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<p class="ti0"><span class="big">A</span>rmas di a los griegos -contra las amazonas; armas me sobran para darte a ti, Pentesilea<a -id="FNanchor_27" href="#Footnote_27" class="fnanchor">[27]</a>, y a tus -tropas. Id al combate iguales: venzan los que protegiere alma Dione -y el muchacho alado. No era justo guerrear sin armas con armados; y -hubiera sido para vosotros, varones, sin gloria el triunfo.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_27" href="#FNanchor_27" class="label">[27]</a> -Pentesilea, reina de las amazonas.</p> - -</div> - -<p>Dirame alguno, ¿para qué añades ponzoña a la serpiente, y entregas -el aprisco a la hambrienta loba? No confundáis a todas en la malicia -de algunas, y mirad a cada una por sus buenas cualidades. Si el -menor atrida tuvo por que culpar a Elena, y el mayor atrida a su -hermana Clitemnestra: si, por traición de<span class="pagenum" -id="Page_102">p. 102</span> Erifile, descendió en caballos vivos -Anfiarao vivo al Averno; Penélope ha sido fiel al marido dos lustros -que hizo la guerra, y otros tantos que peregrinó países. Ved a Laodamía -acompañar a su marido, y fallecer tempranamente. Alceste redimió el -hado de Admeto, sufriendo por su esposo la funeral ventura. Recíbeme, -Capaneo, mezclaremos nuestras cenizas, dijo Evadne, y se arrojó en la -hoguera. La virtud misma toma el vestido y nombre de mujer, y no es -de extrañar que favorezca a su sexo. Mas no necesitan de mi arte las -virtuosas: solo las menos buenas se embarcan en mi esquife. Allí nada -se aprende sino lascivos amores: enseñaré pues a las mujeres el arte de -amar.</p> - -<p>La mujer ni enciende la llama, ni dispara los crueles arcos. -Raramente veo dañar sus tiros a los hombres. Los hombres regularmente -engañan; no las tiernas mujeres regularmente: y si se averigua, -las<span class="pagenum" id="Page_103">p. 103</span> amancillan pocos -crímenes de perfidia. El falaz Jasón repudió a Medea, hecha ya madre; y -en otras nupcias estrechó en su seno a Creúsa. ¡Cuánto no amedrentaron -las aves marinas a Ariadna, abandonada por ti, Teseo, en la inhóspita -ribera! Inquirid por qué Filis hizo nueve veces un viaje; y oíd que -lloraron a Filis las selvas despojadas de sus galas. Renombre tiene de -piadoso, tu huésped Eneas, pero te dio la causa y la espada, Dido, para -tu muerte. ¿Diré, mujeres, lo que os pierde? El no saber amar. Os falta -el arte, y con el arte se encadena el amor.</p> - -<p>Aun ahora lo ignoraríais, pero Citerea me ordenó enseñároslo. -Apareciéndoseme puesta en pie: ¿En qué pecaron, me dijo, las infelices -mujeres? Has entregado la grey inerme a los varones armados. Dos libros -tuyos adiestraron a estos; instruye pues la otra parte con tu doctrina. -Estesícoro, que antes con versos contumeliosos difamara a<span -class="pagenum" id="Page_104">p. 104</span> Elena, cantó después sus -alabanzas con más próspera lira. Si mal no te conozco, no desairarás a -todas las mujeres. Este beneficio imploran de tu agudeza. Dijo: y del -mirto que ceñía sus cabellos me dio una hoja y algunas bayas.</p> - -<p>Sentí en mi cuerpo un fuego divino, el aire resplandeció más puro, y -en mi mente cesaron las dificultades.</p> - -<p>Mientras alumbra mi ingenio, escuchad mis preceptos, jóvenes, -vosotras a quienes no coartan las leyes, el pudor ni las prerrogativas. -Acordaos desde ahora de la venidera senectud, y así ningún momento -pasaréis en balde. Mientras es dado, ya que ahora devoráis los -juveniles años, holgaos; pues los años corren como el agua deleznable. -Ni las corrientes que pasan retroceden; ni las horas que pasan pueden -volver. Gozad de la edad, pues se desliza la edad con veloces pies: ni -es tan buena la que sigue como<span class="pagenum" id="Page_105">p. -105</span> fue buena la primera. Yo vi en su verdor a estos arbolillos, -que ya se secan: tejí coronas con rosas de estos rosales, ya solo -erizados de espinas. Tiempo será en que vosotras, que ahora despreciáis -los amantes, dormiréis viejas frías en solitaria noche. No golpearán a -vuestra puerta con nocturna bulla, ni por la mañana hallaréis colgados -en los umbrales ramilletes de rosas. ¡Cuán presto, ay de mí, se afea -la cara con arrugas, y perece la tez en las tersas mejillas! Esas -canas que juráis tener desde la infancia, blanquearán bien presto toda -vuestra cabeza. Con la tenue piel desnudan su vejez las serpientes, y -descargando sus cuernos no se hacen viejos los ciervos. Nuestros días -huyen sin remedio: coged las flores, que a no ser cogidas, tristemente -se caerán. Añadid que los partos abrevian el espacio de la juventud: -envejece el campo con las continuas cosechas.</p> - -<p>No fue ruboroso para ti, Luna<span class="pagenum" id="Page_106">p. -106</span>, adormecer a Endimión; ni la rosada aurora se corrió de amar -a Céfalo. Aunque Venus se apasionase de Adonis, al que llora todavía, -¿de quién proceden su Eneas y Hermione? Bellezas mortales, pisad las -huellas de las diosas; no neguéis placeres a los apasionados hombres. -Puesto que os engañen, ¿qué perdéis? Todo os queda. Aunque tomen -mil favores, de allí nada se menoscaba. Consúmese el hierro, y los -pedernales se desgastan con el uso: pero subsiste, y no hay miedo de -que se aniquile aquella parte. ¿Quién se opondría a dejar tomar luz de -otra luz, o quién economizaría las vastas aguas del abismoso mar? Decís -no convenir que la mujer tenga tratos con hombres; mas respondedme ¿qué -es sino echar agua de abundante fuente? No os prostituye mi voz, pero -os prohíbe temer vanos daños, en que no os inducen vuestros favores.</p> - -<p>Navegaré con recio viento, pues<span class="pagenum" -id="Page_107">p. 107</span> mientras estoy en el puerto, blando céfiro -sopla. Empiezo por la compostura: abunda el vino en las viñas bien -cultivadas, y solo el cultivo produce fecundas mieses. La hermosura -es don del cielo; pero ¿quiénes y cuántas descuellan en hermosura? La -mayor parte de vosotras carece de esta joya. La tez se hermosea con el -cuidado: la tez descuidada se deteriora, aunque sea semejante a la de -Idalia. Si las mujeres antiguas no se aderezaron así, ni los antiguos -tuvieron hombres así adornados. Si Andrómaca vestía ropas burdas, ¿de -qué nos maravillamos? Era mujer de un soldado feroz. ¿Acaso la mujer -de Áyax se engalanaría para parecer bien a aquel, cuyo escudo era -reforzado con siete cueros de buey?</p> - -<p>Antiguamente reinaba entre nosotros una grosera simplicidad; mas ya -la dorada Roma posee las exorbitantes riquezas del orbe conquistado. -Mirad lo que fue, y lo que<span class="pagenum" id="Page_108">p. -108</span> es ahora el Capitolio; diríais que parece consagrado a -otro Júpiter. La curia, que ahora es digna del augusto congreso, se -atechaba con paja, reinando Tacio. El refulgente Palatino, asiento -ahora de Apolo y de los Césares, ¿qué era sino pastos para los bueyes -de labranza? Alaben otros la antigüedad: yo finalmente me congratulo de -haber nacido ahora, pues esta edad es conforme a mi genio: no porque -ahora se saca de las entrañas de la tierra el codiciado oro, ni porque -vienen las perlas cogidas en diversas costas: no porque se allanan los -montes extrayendo mármol, ni porque se enfrena con diques el salobre -mar; sino porque reina la cultura, ni permaneciendo en nuestro siglo, -la rudeza de nuestros antepasados.</p> - -<p>No carguéis las orejas con las costosas pedrerías que el macilento -indio envía de sus remotas costas: no os presentéis orgullosas -con vestiduras recamadas de oro, con cuyo<span class="pagenum" -id="Page_109">p. 109</span> brillo pensáis atraernos, y más bien nos -ahuyentáis. El aseo nos cautiva: no traigáis en desorden el cabello, -porque la buena figura la dan y la quitan las manos que lo componen. -No es uno solo el género de tocado: escoged el que os convenga, -consultando antes el espejo. A las de cara larga les prueba la crencha -partida sin ornato: así se peinaba Laodamía. Las de cara redonda -quieren el pelo atado en un rizo pequeño encima de la frente, enseñando -las orejas. Algunas dejan flotar sus cabellos por los hombros, al -modo del dios de las artes, cuando tañe la lira. Otras los añudan -detrás de la cerviz, dejándolos tendidos, imitando a la ágil Diana, -cuando a su costumbre persigue las espantadas fieras. Cuadra a muchas -llevar el pelo inflado flojamente: y a otras les agracia apretadamente -atado. A algunas les sienta bien el peinado en figura de tortuga; y a -otras llevar un rizado undulante a semejanza de<span class="pagenum" -id="Page_110">p. 110</span> las olas. Pero así como son innumerables -las bellotas de las copudas encinas, las abejas del Hibla y las fieras -de los Alpes, así no podré yo reducir a número los diferentes peinados, -porque cada día aumentan las modas.</p> - -<p>Agracia a muchas el cabello descompuesto: al verlas pensaremos -que se peinaron ayer, y acaban de tocarse. Parezca el arte efecto -del acaso: así, en Ecalia conquistada, se mostró Íole a Hércules, -quien dijo al verla: ¡Oh amada mujer! Así pareciste, Ariadna, a los -ojos de Baco, cuando te llevó en su carro en medio de los gritantes -sátiros.</p> - -<p>¡O cuán indulgente es para vosotras la naturaleza! ¡Cuántos medios -os deja para disimular los daños que padece vuestra hermosura! El -hombre no puede encubrirlos: sus cabellos arrebatados por los años caen -como las hojas sacudidas por el aquilón. La mujer tiñe los suyos<span -class="pagenum" id="Page_111">p. 111</span> con hierbas de Germania, -que les dan un más bello color; o no repara en adornar su cabeza con -otros, comprados públicamente: la vemos ajustarlos en presencia de -Hércules y del coro de las musas<a id="FNanchor_28" href="#Footnote_28" -class="fnanchor">[28]</a>.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_28" href="#FNanchor_28" class="label">[28]</a> Eran -plazas con estos nombres.</p> - -</div> - -<p>¿Y qué diré del vestido? No hablo de las ropas franjeadas, ni de las -dos veces teñidas con tiria púrpura. Pues que hay tantos colores de -menor coste, ¿qué furor es el de echarse a cuestas toda la hacienda? -He allí el color del cielo cuando está exento de nubes, y el templado -austro no concita las aguas llovedizas. He allí el leonado color del -carnero que libró a Frixo e Íole del cuchillo de Ino. El que imita -al mar, y tiene nombre de verdemar, es el color que yo diría amado -de las nereidas. Otro hay parecido al de la<span class="pagenum" -id="Page_112">p. 112</span> húmeda aurora, cuando unce los lucientes -caballos. Otros figuran el mirto de Pafos, la violada amatista, las -albas rosas, la grulla traciana. Ni falta para ti, Amarilis, el color -de castaña, ni el de almendra; y hasta la cera da su color a los -vellones. No matizan a los campos tantas flores, cuando en la apacible -primavera la vid se cubre de vástagos y muere el perezoso invierno, -cuantos colores recibe la tejida lana. Escoged el que os cuadre, porque -no todos son propios para todas las mujeres. El negro conviene a las -de nevado cutis; a Hipodamía le estaba bien el negro, y negro vestía -cuando fue robada; el blanco cae bien a las morenas: el blanco era tu -adorno, hija de Cefeo, y de blanco andabas vestida cuando morabas en -Serifos.</p> - -<p>No exhalen los sobacos olor chotuno, ni las piernas estén -ásperas con el duro vello. Pero no dirijo<span class="pagenum" -id="Page_113">p. 113</span> preceptos a mujeres del peñascoso -Cáucaso, ni a las que beben las aguas del Caico<a id="FNanchor_29" -href="#Footnote_29" class="fnanchor">[29]</a>. ¿Os advertiré que -no ennegrezcan por desidia los dientes, y que de mañana lavéis la -cara con agua? Sabéis buscar la blancura en el barniz de la cera, y -arrebolar con afeites lo que naturaleza no arrebola. Alcoholáis los -desnudos confines de las cejas, y emplastáis con delicadas membranas -las descarnadas mejillas. No tenéis rubor de marcar los ojos con ceniza -sutil, o con azafrán traído de Cilicia. Tengo escrito un libro, pequeño -volumen, pero grande en sustancia, el cual contiene medicamentos para -vuestra hermosura. En él hallarán refugio las de figura desfavorecida; -porque no es indolente en vuestras cosas mi ingenio.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_29" href="#FNanchor_29" class="label">[29]</a> -Esto es, a mujeres sin civilización ni limpieza, como las de países -salvajes.</p> - -</div> - -<p>Con todo eso, no hallen los amantes encima de la mesa expuestos -los<span class="pagenum" id="Page_114">p. 114</span> botes de -ungüento: ayude a la hermosura el arte simulado. ¿A quién no repugnará -un rostro embadurnado de adobos, que fluyen disueltos hasta el caliente -seno? Aunque venido de Atenas, ¿a quién no ofenderá el olor del jugo -oleoso de la grasienta lana? Delante de gente no os sirváis de las -médulas de cierva ni delante de gente frotéis los dientes. Todo esto -os hermoseará, pero sería desagradable el verlo. Muchas cosas hay -feas cuando se hacen, y gratas después de hechas. Las estatuas ahora -célebres del laborioso Mirón fueron en algún tiempo informe y pesada -masa. Para hacer una sortija, primero se bate el oro: y los vestidos -que lleváis, fueron sucia lana. Cuando se esculpía era bruta piedra, y -ahora es excelente figura Venus en desnudez exprimiendo el agua de los -mojados cabellos.</p> - -<p>Hacednos creer que estáis durmiendo el tiempo que tardéis -en adobaros; con más ventaja os mirarán<span class="pagenum" -id="Page_115">p. 115</span> enteramente tocadas. ¿Para qué he de saber -yo de donde proviene la blancura de vuestra tez? Cerrad la puerta -del tocador, ¿a qué manifestar todo el mal vistoso material? Importa -que los hombres ignoren muchas cosas; y la mayor parte de ellas les -chocará, si no las guardáis con cuidado. Las figuras sobredoradas que -adornan el teatro, veréis que son madera cubierta de una tenue lata -de oro; pero no se exponen a la vista del pueblo, sino cuando están -compuestas: tampoco la hermosura se ha de afeitar sino a escondidas de -los hombres.</p> - -<p>No prohíbo que delante de gente dejéis peinar vuestros cabellos, -ni que ondeen esparcidos por las espaldas. No seáis entonces -descontentadizas, ni manoseéis muchas veces la desatada madeja. -No maltratéis a la camarera: me enoja ver arañar con las uñas su -cara, y picar con la aguja su brazo. Ella peina maldiciendo<span -class="pagenum" id="Page_116">p. 116</span> la cabeza de su señora, y -juntamente llora sangrienta sobre su detestable cabellera.</p> - -<p>La que sea mal crinada, ponga centinela a la puerta, o aderécese -siempre en el templo de la buena diosa. Dijeron a cierta señora que -entraba yo repentinamente, y perturbada se puso al revés la cabellera. -Acontezca a nuestros enemigos la causa de tan fea vergüenza, y recaiga -tal corrimiento en las nueras de los partos. Una res descornada parece -deforme: deforme el campo sin verdura, y el árbol sin frondosidad, y la -cabeza sin cabello. No vinisteis vosotras, Sémele y Leda, a ser por mí -enseñadas; ni tú, Europa, que vadeaste el mar en el lomo del fingido -toro: ni tú, Elena, a quien con razón reclamaba Menelao, y a quien -con razón retenía el robador troyano. Venga a ser enseñada la turba -de mujeres hermosas y feas, aunque las feas son en más número que las -hermosas. Tampoco el auxilio de<span class="pagenum" id="Page_117">p. -117</span> mi arte y preceptos cumple tanto a las hermosas, pues la -hermosura sin arte es poderosa para suplir la dote. Cuando el mar es -bonancible, el piloto descansa en seguridad, cuando está embravecido, -recurre a su ciencia.</p> - -<p>Es raro el semblante en que no se advierten tachas. Encubrid las -tachas y los defectos del cuerpo, según podáis. Si sois de breve -estatura, sentaos, para que no parezcáis sentadas estando en pie: y -para que echadas no parezcáis poquita cosa, ocultad los pies con la -ropa: y así no podrán tomaros medida. Las demasiadamente flacas usen -vestimentas de telas gruesas, y caiga ancho el vestido desde los -hombros. Las pálidas retoquen su cara con colorete; las más morenas -acudan por remedio al estiércol de cocodrilo. Los mal formados pies -disimúlense siempre con calzado blanco, y las piernas enjutas no se -ciñan con ligaduras: la giba se disimula con almohadillas,<span -class="pagenum" id="Page_118">p. 118</span> y el pecho hundido con la -corbata.</p> - -<p>Gesticulad poco cuando habléis las que tenéis gordos los dedos y las -uñas desiguales. Las que exhalan mal olor en el aliento, nunca hablen -en ayunas, y siempre distantes de la cara de los hombres. Si tenéis -los dientes negros o grandes, o mal colocados, riendo a carcajadas -grandísimos perjuicios cogeréis.</p> - -<p>¿Quién lo creería? También aprenden a reírse las mujeres. Hasta en -esta gracia buscan su embellecimiento. Abrid pues módicamente la boca, -haced pequeños hoyos en las dos mejillas, y el labio inferior cubra -los dientes de arriba. No oprimáis los ijares con destempladas risas, -y suene en ellas un suave y femenil no sé qué. Las hay que tuercen la -boca con un descompasado reír: otras riendo alegres parece que lloran. -Algunas hacen un bronco sonido y un estridor desapacible, como rebuzna -la lerda pollina atada a la escabrosa tahona.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_119">p. 119</span>¿Hasta dónde no -alcanza el arte? Aprenden también a llorar graciosamente. Lloran -cuando quieren y como quieren. ¿Y qué diré de las que no pronuncian -ciertas letras necesarias, y constriñen la lengua a tartamudear algunas -palabras? Cifran la gracia en el vicio de articular mal, y hablan menos -bien para hablar con mayor garbo. Aplicaos pues a estas arterías, que -os son provechosas.</p> - -<p>Aprended a llevar el cuerpo con paso femenil: en el andar hay una -parte de agrado no despreciable, y que atrae o ahuyenta a los hombres -desconocidos. Unas mueven blandamente los costados, dejando flotar sus -ropas a discreción del viento, y tendiendo los pies con aire brioso. -Otras andan como las bermejas mujeres de Umbría, dando desmedidos pasos -con las piernas abiertas. Pero en esto guardad medio, como en otras -cosas: porque la una manera de andar es tosca, y la otra demasiado -muelle.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_120">p. 120</span>Llevad desnuda la -parte inferior de los hombros, y superior del morcillo del brazo, que -se ha de ver por el lado izquierdo. Esto conviene especialmente a las -de nevada blancura. Cuando yo veo esto, me siento incitado a besar el -hermoso hombro que se descubre.</p> - -<p>Monstruos del mar eran las sirenas, las cuales con canora voz -detenían irresistiblemente las naves veleras. Oídas por Ulises, pudo -apenas permanecer ligado al mástil, y a sus compañeros les tapó -con cera las orejas. Dulcísima cosa es la melodía: aprended pues a -cantar, porque la sonora voz excusa para muchas el incentivo de la -hermosura. Repetid ya las composiciones oídas en los marmóreos teatros, -ya las cantilenas acompañadas con tonos egipcios<a id="FNanchor_30" -href="#Footnote_30" class="fnanchor">[30]</a>. Ni por mi Consejo -ignore la mujer culta tañer la lira con la<span class="pagenum" -id="Page_121">p. 121</span> diestra, y la cítara con la siniestra -mano. Orfeo con el son de su lira movió en el Ródope las fieras y -peñascos, el tartáreo lago, y el trifauce cerbero. Y tú Anfión, -justísimo vengador de tu madre, edificaste los tebanos muros con -las consonancias de tu canto. Suspendieron a los mudos peces los -acordados acentos de la lira de Arión. Aprended también a revolver con -ambas manos la festiva nabla<a id="FNanchor_31" href="#Footnote_31" -class="fnanchor">[31]</a>, pues conviene a los placenteros juegos.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_30" href="#FNanchor_30" class="label">[30]</a> Eran -canciones desenvueltas y provocativas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_31" href="#FNanchor_31" class="label">[31]</a> -Instrumento músico de cuerdas a manera de salterio.</p> - -</div> - -<p>Leed las poesías de Calímaco y de Filetas, y del vinoso viejo de -Teos<a id="FNanchor_32" href="#Footnote_32" class="fnanchor">[32]</a>. -Leed a Safo; ¿qué mujer más lasciva que ella? No olvidéis al lépido -Terencio; ni los versos del tierno Propercio, ni los de Galo y -Tibulo. Ande en vuestras manos<span class="pagenum" id="Page_122">p. -122</span> el poema sobre la conquista del famoso vellón, en el que -deplora Varrón la suerte de Frixo y su hermana. Leed al prófugo Eneas, -origen de la soberbia Roma: la más excelsa obra de las musas latinas. -Acaso algún día se mezclará entre estos mi nombre, y mis escritos -no serán abismados en las aguas del Leteo. Y dirá alguno, leed los -numerosos versos de nuestro maestro, con los cuales instruyó en artes -eróticas a hombres y a mujeres. De sus tres libros elegid el que mejor -explique los amores, y los más fluidos y dulces versos. O cantad con -modulado acento sus Heroidas, género que él inventó y los demás -desconocieron. ¡Quiéraslo así, Apolo: queraislo así, númenes tutelares -de los poetas, Baco de insignes cuernos, y las nueve musas!</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_32" href="#FNanchor_32" class="label">[32]</a> -Porque Anacreonte era natural de Teos, ciudad de la Jonia.</p> - -</div> - -<p>¿Dudárase de que han de saber bailar las mujeres, para lucir -su agilidad en los vinolentos convites? Se aman las escénicas -pantomimas<span class="pagenum" id="Page_123">p. 123</span> del -histrión; y solo aquella movilidad se tiene por decoro.</p> - -<p>No omitamos cosas menos importantes. Sepa la mujer echar los dados, -y conocer la fuerza de las jugadas. Y ya lleve tres suertes, ya piense -cautelosa el peligro que la amenaza, y cuántos puntos le faltan para -ganar. Juegue con destreza las guerras del ajedrez, particularmente -cuando una pieza es acometida por dos enemigas. El rey pelea separado -de la reina; y el contrario repite muchas veces el camino. Aprenda el -juego de damas, que es un tablero cubierto de ligeros peones, y del -cual ninguno se quita sino el que se come al adversario. Hay otro juego -reducido a otras tantas bolas, como meses tiene el fugitivo año. Cada -uno pone en el tablero tres piedrecitas, y para ganar se han de colocar -todas en fila. En fin hay mil juegos: que el ignorarlos sería demérito -en la mujer, porque muchas veces jugando nace el amor.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_124">p. 124</span>Pero es menor -cualidad el saber jugar expeditamente que la de conducirse en el -juego con juicio correspondiente a las buenas costumbres. Cuando el -espíritu no está sobre sí, sino preocupado con un mismo estudio, como -sucede jugando, los interiores se descubren manifiestamente. Aparece -la ira, pasión terrible, y la codicia de la ganancia; las disputas, -las querellas, y el solícito sentimiento. Se dicen improperios: el -aire retumba con los gritos; y cada uno invoca para sí a los dioses -airados. Nada se espera en el juego si no se implora con votos: he -visto yo muchas veces correr de rabia lágrimas por las mejillas de los -jugadores. Preserve Júpiter de tan abominable vicio a las que viven con -el cuidado de propiciar los hombres.</p> - -<p>Débil naturaleza asigna estos juegos a las mujeres, mientras -los hombres se recrean con más nobles ejercicios. Tienen el de la -ligera<span class="pagenum" id="Page_125">p. 125</span> pelota, el del -dardo, y el del disco, el de la esgrima, y el de obligar a los caballos -a correr en giros: las faenas del Campo Marcio, las de la frigidísima -fuente virgen, y las del nadar en el Tíber de sosegadas corrientes.</p> - -<p>Conviene y aprovecha a las mujeres solazarse a la sombra del pórtico -de Pompeyo, cuando el signo de la virgen lanza sobre nosotros el -fuego del estío. Visitad el Palatino, consagrado al laureado Apolo: -el que sumergió en el hondo mar las naves egipcias<a id="FNanchor_33" -href="#Footnote_33" class="fnanchor">[33]</a>. Paseaos en los pórticos -construidos por Octavia y Livia, hermana y mujer de César; y en el -de Agripa, su yerno, cuya cabeza ciñó la honorífica corona naval -en testimonio de valor. Visitad las aras donde se queman inciensos -en loor de Isis, vaca de Menfis. Visitad los tres teatros de aquel -lugar insigne en monumentos.<span class="pagenum" id="Page_126">p. -126</span> Presenciad las luchas de los gladiadores, cuya sangre mancha -la arena, y los juegos circenses, donde la hervorosa rueda volteará en -derredor de la meta.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_33" href="#FNanchor_33" class="label">[33]</a> Otra -alusión a la batalla de Accio.</p> - -</div> - -<p>Lo oculto no se conoce, ni se desea lo desconocido. Es sin fruto la -hermosura que carece de testigos. Vosotras, aunque aventajéis en el -canto a Tamiris y Amebeo, no granjearéis aplauso teniendo en retiro -la lira. Si Apeles no hubiera pintado a Venus, aún la esconderían -sumergida las aguas del mar. ¿Qué ambicionan los divinos poetas sino -la celebridad? Este deseo lleva a la cima sus trabajos. En otro -tiempo eran los poetas delicia de los dioses y de los reyes; y los -antiguos cantos premiados con grandes galardones. Santo respeto y -nombre venerable tenían entonces los vates, y muchas veces se les -prodigaban riquezas. Ennio, nacido en los montes de Calabria, mereció -ser sepultado en tu sepulcro,<span class="pagenum" id="Page_127">p. -127</span> grande Escipión. Mas hoy la yedra que corona a los poetas -vegeta sin honor: y las arduas y afanosas vigilias de las doctas musas -tienen nombre de ociosidad. Pero a la fama se sube por vigilias: ¿quién -conociera a Homero, si estuviese oculta la Ilíada, inmortal poema? -¿Quién conocería a Dánae, si hubiera estado siempre en prisión, y se -hubiese escondido vieja en la torre?</p> - -<p>Os convienen, mujeres hermosas, las concurrencias. Vagad a menudo -con suelto pie fuera de vuestros umbrales. El lobo acecha muchas ovejas -para depredar una; y el águila se precipita en la banda de aves. Así -salga al mundo a ser vista la mujer hermosa, pues entre muchos por -ventura habrá alguno a quien atraiga.</p> - -<p>Hállese en parajes de concurso con el conato de agradar, y ostente -con todo esmero su belleza. La casualidad rueda en todas partes,<span -class="pagenum" id="Page_128">p. 128</span> llevad siempre echado -el anzuelo; caerá el pez en el agua en que menos se piense. Muchas -veces los perros buscan inútilmente caza en los montañosos bosques, -y el ciervo da en las redes sin ser perseguido. ¿Cómo podría esperar -Andrómeda enamorada ser sus lágrimas eficaces para insinuarse en -Perseo? Tal vez en los funerales del marido se encuentra otro marido: -todo consiste en la gracia de ir desmelenadas y anegadas en llanto.</p> - -<p>Evitad a los hombres ocupados solo en su hermosura y atavío, y a los -que ordenan artificiosamente sus cabellos. Son voltarios; su amor no se -fija en ninguna, y os dicen a vosotras lo que dijeron a mil mujeres. -Qué hará la mujer, siendo hombres más livianos que ella. Apenas me -creeréis, pero creedme: que aún no se hubiera arruinado Troya, si -hubiera atendido a los consejos de su Príamo. Hay hombres que estafan -con la apariencia<span class="pagenum" id="Page_129">p. 129</span> de -falso amor, y por los medios tales consiguen vuestra deshonra. No os -deslumbre la cabellera empapada en olorosas esencias, ni la angosta -faja formada en pliegues. No os seduzca la toga de finísima tela, ni el -ver en los dedos anillos y más anillos. Por ventura el más compuesto de -estos es un ladrón, y arde en deseo de vuestras ropas. Vuélveme lo mío, -vocean con frecuencia las mujeres robadas, vuélveme lo mío, resonando -con sus gritos todo el foro. Venus desde el reluciente dorado templo, -ve indolente estas pendencias, y los lupanares de las calles Apias<a -id="FNanchor_34" href="#Footnote_34" class="fnanchor">[34]</a>.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_34" href="#FNanchor_34" class="label">[34]</a> En -estas calles vivía la chusma plebeya y meretricia de Roma.</p> - -</div> - -<p>Otros hay cuyos nombres, marcados en la opinión, señalan las -maldades de esos amantes embusteros. Escarmentadas con los duelos -ajenos, aprended a evitar la misma suerte, cerrando la puerta a -semejantes<span class="pagenum" id="Page_130">p. 130</span> bribones. -Oh hijas de Cécrope, no creáis a los juramentos de Teseo, porque -hará después de haber jurado lo que hizo antes. Ni a ti, Demofonte, -heredero de la perfidia de Teseo, te ha quedado fe alguna desde que -engañaste a Filis. Si prometen mucho, prometedles con otras tantas -palabras: si dieren, dadles vosotras también los placeres contratados. -La que, recibida la dádiva, niega las prometidas noches, es capaz de -extinguir el fuego eterno de Vesta, profanar los sacrificios de Isis, y -emponzoñar al hombre con cicuta triturada mezclada con acónito. Pero mi -fantasía vuela muy lejos: tira, musa mía, las riendas, no abandones el -carro a la impetuosidad de su carrera.</p> - -<p>Tentará el vado el amante con cartas, que ha de recibir la -confidencial sirvienta. Examinadlas; y por su contenido colegiréis si -fingen, o si ruegan con solícitas veras. Responded con breve demora; -la demora<span class="pagenum" id="Page_131">p. 131</span> estimula -siempre a los amantes, como sea de corto espacio. Pero no os prometáis -fácil al joven que ruega; ni tampoco deneguéis con obstinada boca su -petición. Haced que tema y espere juntamente; y que a cada repulsa que -le haréis vea más cierta la esperanza, y menor el temor.</p> - -<p>Escribid, mujeres, en términos puros y usados, aunque ambiguos: -el estilo llano es el que conviene. ¡Cuántas veces inflamó al amante -irresoluto un billete bien escrito, y perjudicó a las beldades el -lenguaje bárbaro! Y puesto que, sin afectar maneras de gazmoña, ponéis -vuestro cuidado en engañar a los maridos, no confiéis vuestras cartas -sino a manos de una sierva fiel o de un muchachito: guardaos de dar -vuestro recado a un joven bisoño. Vi yo mujeres consternadas sufrir por -este miedo una esclavitud miserable toda la vida. Pérfido ciertamente -es aquel que guarda tales<span class="pagenum" id="Page_132">p. -132</span> prendas, para servirse de ellas como de un rayo del Etna. -En mi entender es lícito repeler el fraude con el fraude, y el derecho -permite tomar las armas contra los armados. Acostumbrad pues vuestra -mano a formar letras de muchos caracteres. ¡Ah, perezcan aquellos por -cuya causa doy este consejo! Ni se ha de escribir sobre el mismo papel, -afín de que no se vean en él letras de dos puños. Escribid al amante -como a una mujer, y firmad siempre las cartas con su nombre.</p> - -<p>Conviene empero trasladar el pensamiento de pequeñas a mayores -cosas, y desplegar toda la vela en anchurosa ensenada; digo pues que -las hermosas han de reprimir las violentas pasiones. A los hombres -conviene la candorosa paz, a las bestias la rabiosa furia. El semblante -se hincha con la ira; las venas negrean con la sangre; los ojos -arden en más impetuoso fuego que los de Gorgona. Anda lejos de<span -class="pagenum" id="Page_133">p. 133</span> aquí, flauta, que no te -aprecio en tanto, dijo Palas, cuando vio en los cristales del río sus -infladas mejillas. Si las mujeres se mirasen también al espejo en medio -de la ira, apenas conocería ninguna su semblante.</p> - -<p>No menor perjuicio hace a vuestra cara el orgullo. Solo el halagüeño -aspecto convida al amor. Son aborrecibles (creed a la experiencia) los -fastuosos modales. Por lo regular un semblante callado siembra odio. -Mirad al que os mire: reíd dulcemente al que os ría. Si os hacen señas, -volved también las aceptas señas. Luego que se ensaya así, empieza el -vendado rapaz a sacar de su aljaba los dardos agudos, dejando los -embotados.</p> - -<p>Las adustas son también aborrecibles. Ame Áyax a Tecmesa, pero con -nosotros, gente de buen humor, solo se insinúan las hembras alegres. -Nunca te rogaría yo, Andrómaca, ni a ti, Tecmesa, que fueseis amiga mía -ni<span class="pagenum" id="Page_134">p. 134</span> una ni otra. Si la -prole no me obligara, me persuadiría apenas que os hubieseis ayuntado -con vuestros maridos. ¿La tristísima mujer diría a Áyax: <i>corazón -mío</i>, u otras ternezas que suelen lisonjear a los hombres?</p> - -<p>¿Quién me impedirá citar, en menores asuntos, ejemplos de cosas -grandes? Un buen general da el mando de un batallón al uno, al otro -el de un escuadrón, y confía de otro la guarda de las banderas. Del -mismo modo habéis de mirar vosotros también cuál de nosotros es útil, -y emplear a cada uno según su disposición. El rico alargue dones; el -jurisconsulto desembrolle los negocios; el elocuente defienda la causa -de la que litigue. Nosotros los que componemos versos ofreceremos -solamente versos. Los de este gremio somos los que antes de todos -merecemos vuestro amor.<span class="pagenum" id="Page_135">p. -135</span> Hacemos célebres en todas partes las beldades que -obsequiamos. Némesis tiene nombradía; Cintia es famosa; el oriente y -occidente conocen a Licoris; y muchos con curiosidad preguntan quién -es mi Corina. Demás de que en los sublimes vates no caben insidias; -y nuestra arte acomoda a sí nuestras costumbres. Ni la ambición nos -incita, ni nos contagia la sed de atesorar: despreciando el foro, -cultivamos el lecho y la sombra<a id="FNanchor_35" href="#Footnote_35" -class="fnanchor">[35]</a>. Pero nos prendamos fácilmente, y ardemos -con llama durable, y sabemos amar con fe demasiado segura. Ciertamente -sazonamos el ingenio con la plácida arte; y al estudio van conformes -las costumbres. Sed propicias, mujeres, a los aonios poetas, pues -dentro de ellos se halla la divinidad, y las musas los protegen. -Está dios en nosotros, y comerciamos con el<span class="pagenum" -id="Page_136">p. 136</span> cielo; nuestro ingenio nos viene de las -etéreas regiones. Es pues maldad exigir nada de los sabios poetas; mas, -¡ay de mí!, ninguna mujer teme esta maldad.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_35" href="#FNanchor_35" class="label">[35]</a> -Expresión poética que denota las comodidades de la vida privada.</p> - -</div> - -<p>Disimulad empero; no os mostréis a deshora interesadas; porque -el nuevo amante se retira viendo la trampa. El escudero no maneja -con bridas iguales al potro que poco ha siente el freno, que al ya -adiestrado caballo. Ni se ha de seguir una misma senda para captar -a los de edad ya sentada, que a la lozana juventud. El inexperto -aprendiz, venido por primera vez a los estandartes del amor, presa -nueva que arribó a vuestro tálamo, conozcaos a sola vos, y esté siempre -a vuestro único lado. Esta mies se ha de cercar con altos setos. Huid -de tener rival: reinaréis mientras poseáis solas. El cetro y el amor -quedan poco tiempo en poder de dos compañeros.</p> - -<p>El veterano en esta milicia amará<span class="pagenum" -id="Page_137">p. 137</span> poco a poco y con prudencia, y sufrirá -muchas cosas intolerables para el bisoño. No romperá la puerta, -ni la incendiará colérico, ni lastimará con las uñas las tiernas -mejillas de su señora, ni rasgará la ropa de ella, ni la ropa suya; -ni arrancando sus cabellos la dará motivo de llorar. Estas cosas son -propias de mancebos en la efervescencia de la edad y del amor. Los -otros soportarán los graves sentimientos sin desmandarse: los otros -se abrasarán con fuego lento, como la húmeda tea, como el árbol poco -ha cortado que permanece en la montaña. Este amador es más firme: más -inconstante y fecundo el otro. Coged con presta mano una fruta que se -conserva poco. Franqueadle todo: abrid las puertas al enemigo, y poned -fe en su misma fidelidad.</p> - -<p>Alimenta mal un largo amor lo que se da fácilmente. Mezclad alguna -rara repulsa con los deleitosos<span class="pagenum" id="Page_138">p. -138</span> juegos. Tenedle a la puerta: quéjese allí de vuestro rigor, -diciendo humilde muchas cosas, y muchas amenazando. Fastidiados de los -dulces manjares despertemos el apetito con agrios jugos. Naufraga a -veces el bajel oprimido con excesiva calma. He aquí lo que impide a -las casadas ser amadas, es que los maridos se juntan a su albedrío con -ellas. Si les cerraran la puerta, y el portero les dijese broncamente: -no se puede entrar; la exclusión renovaría también en ellos el amor.</p> - -<p>Poned ya los cuchillos botos, y pelead con otros más agudos aunque -yo deba ser herido con mis propias saetas. Que el nuevo amante, caído -en vuestros lazos, se crea solo señor de vuestro cariño; mas luego -después haced que teme un rival, y sospeche partida la posesión del -lecho. Si no usáis de estas estratagemas, envejecerá su amor. Corre -mejor el vigoroso caballo, cuando, abierta la barrera, tiene<span -class="pagenum" id="Page_139">p. 139</span> caballos que preceder y -que seguir. Por apagado que esté el fuego, le reanima la injuria. Aquí -estoy yo (lo confieso) que no amo sino con este aguijón. Sin embargo no -sea muy manifiesta la causa de sus penas, y quede a su inquietud algo -que imaginar y temer de más de lo que sabe.</p> - -<p>Excitadle con la fingida vigilancia del mentido siervo, y con el -cuidado en extremo molesto del riguroso marido. Es de menos quilates el -deleite que se goza sin obstáculo. Aunque estéis en más libertad que -la cortesana Tais, aparentad sobresaltos. Aun cuando sea más fácil por -la puerta, admitidle por la ventana fingiendo en el semblante muestras -de temor. La astuta sierva échese fuera diciendo, somos perdidas: -vosotras meted en algún escondrijo al asustado galán. Disfrute empero -sin sobresalto a Venus, temiendo no le parezcan demasiado penosas unas -noches sin cesar inquietadas.</p> - -<p>Pasaba por alto el modo de engañar<span class="pagenum" -id="Page_140">p. 140</span> al marido celoso, y la vigilancia de su -custodia. La mujer tema al marido: sea escrupulosa la guarda de la -casada. Así conviene: así lo prescriben las leyes, y la justicia y -el pudor. Pero ¿quién sufrirá que también seáis guardadas vosotras, -a quienes la pretórica varilla acaba de redimir<a id="FNanchor_36" -href="#Footnote_36" class="fnanchor">[36]</a>? Para engañar, venid -a mi escuela. Aunque os observen tantos ojos como tenía Argos, los -burlaréis, queriendo de veras. ¿Os impedirá el celador escribir, en el -tiempo que toméis para bañaros? ¿Os impedirá dar a la confidente las -cartas amatorias, y que esta las lleve ocultas con la ancha corbata en -el templado seno, o atadas en las ligas, o finalmente en la suela de -los zapatos? Si esto precave el guardador, la espalda de la tercera -suplirá la carta, escribiendo allí concisamente<span class="pagenum" -id="Page_141">p. 141</span> cuanto ocurra. También se forma letras con -leche fresca, las cuales no se pueden leer sino echando en ellas polvos -de carbón. Tampoco podrán leerse las que se hagan con la caña de lino -verde, y el papel en blanco contendrá ocultos los caracteres.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_36" href="#FNanchor_36" class="label">[36]</a> Las -esclavas declaradas libres por el pretor, cuya declaración se hacía -dándoles el lictor con la vara en la cabeza.</p> - -</div> - -<p>Nada omitió Acrisio para guardar a Dánae, y ella sin embargo con -su delito le hizo abuelo. ¿Qué hará un celador, cuando hay tantos -teatros en la ciudad? ¿Cuando vaya de buena gana al espectáculo de los -uncidos caballos? ¿Cuando asista afanosa al concierto de los sistros -en el templo de Isis? ¿Cuando vaya adonde está prohibido ir al que la -acompaña? ¿Cuando se libre de la vista de su centinela en el templo -de la buena diosa, cuya entrada está prohibida a los hombres, excepto -a los que ella manda entrar? ¿Cuando el custodio esté fuera guardando -los vestidos de su señora, y los seguros baños encubran los<span -class="pagenum" id="Page_142">p. 142</span> furtivos varones? ¿Cuando -cuantas veces sea necesario se finja enferma, y quede en cama todo el -tiempo que quiera? ¿Cuando una llave adúltera enseñe con su nombre lo -que se haya de hacer, y con sola una puerta franquee las entradas que -se desean? ¿Cuando burle los cuidados de su guardián, emborrachándole -con mucho vino, o con el selecto que se cría en la montuosa España? ¿No -hay también drogas que causan soporoso sueño, cargando sobre los ojos -la oscuridad del Leteo? ¿No podrá la confidente divertir al enojoso -con lentos deleites, para que la otra se divierta entretanto a todo -vagar?</p> - -<p>¿Pero por qué me canso en rodeos y pequeños consejos, cuando el -celador puede comprarse con un cortísimo regalo? Creedme, las dádivas -atraen a los hombres, y a los dioses. El mismo Júpiter se aplaca con -ofrendas. ¿Qué hará el sabio, si el insensato se alegra también con -los<span class="pagenum" id="Page_143">p. 143</span> dones? El marido -mismo enmudecerá, recibiendo dádivas. Pero al celador se le ha de ganar -una vez para siempre, porque prestará siempre las manos que una vez -haya prestado.</p> - -<p>Acuérdome: me he quejado de que se han de temer los compañeros; y -esta queja no habla solo con los hombres. Si fuereis confiadas, otras -arrebatarán vuestros deleites, y levantaréis la liebre para otras. La -que os presta generosa su lecho y habitación, ha estado conmigo no una -vez sola. Ni os sirváis de sierva hermosa en demasía, pues regularmente -estas alternaron conmigo en la suerte de su señora.</p> - -<p>¿Adonde me lleva mi furor? ¿Por qué con pecho descubierto me -arrojo sobre el enemigo, y con mi delación me vendo a mí mismo? No -muestran las aves al cazador los medios de ser cogidas: ni enseña la -sierva a correr a los dañinos perros. Pero no importa, dictaré<span -class="pagenum" id="Page_144">p. 144</span> fielmente mis preceptos. -Daré contra mí mismo los cuchillos de Belona.</p> - -<p>Haced que nos creamos amados: es fácil, porque la fe del deseoso -le inclina en consentir en sus deseos. Mirad con más amabilidad al -joven, suspirad íntimamente, y preguntadle por qué ha tardado tanto. -Sobrevengan las lágrimas, y la simulada aflicción de que ama a otra; -y lastimad con las uñas su semblante. Al punto quedará persuadido, se -sentirá enternecerse, y dirá, esta muere de amor por mí. Especialmente -si es lindo, y satisfecho de sí por el espejo, creerá que puede -interesar a las diosas.</p> - -<div class="section"> - - <p>Cualesquiera que seáis, tolerad con moderación las ofensas del - amante. No perdáis el seso, cuando oyereis que tenéis competidoras. - No creáis de ligero: cuanto daña creer de ligero os lo dirá el no - leve ejemplo de Procris.</p> - -</div> - -<p>En la deliciosa falda del florido Himeto hay una risueña fuente, -y<span class="pagenum" id="Page_145">p. 145</span> su margen es blanda -alfombra de verde césped. La selva no encumbrada forma un bosque, y los -arbustos cubren con sombra la yerba: huelen el romero, y el laurel y el -negro mirto. Ni faltan allí los bosques de espesas hojas, el quebradizo -tamariz, el delgado cítiso, y el copado pino. La varia frondosidad -de tan diferentes árboles y la cima de las yerbas se mueven mecidas -por el blando soplo del céfiro, y por la frescura saludable. Sitio de -reposo grato a Céfalo: aquí era donde dejados su gente y los perros, -este joven se recostaba muchas veces a descansar. Solía también cantar: -ven, fácil Aura, a templar mis ardores, te recibiré en mi seno. Alguno -perniciosamente oficioso, trasladó con memoriosa lengua los oídos -acentos a las tímidas orejas de su esposa. Luego que Procris percibió -el nombre de Aura como el de una combleza, cayó desmayada, y enmudeció -con el súbito<span class="pagenum" id="Page_146">p. 146</span> dolor. -Se puso pálida, como las tardías hojas de la vid, después de cogidos -los racimos, al primer frío del otoño: como se descoloran los maduros -membrillos, encorvando sus ramas, y como las cerezas silvestres aún no -sazonadas para comerse. Cuando volvió en sí, rasgó las finas vestiduras -de su cuerpo, y maltrató con las uñas sus inocentes mejillas. Sin -tardanza voló por medio de los campos desmelenada y frenética cual -bacante concitada con el tirso. Al acercarse dejó en el valle la -comitiva, y animosa penetró a escondidas en el bosque, con callados -pasos. ¿Dónde estaba tu razón, Procris, para esconderte así con poca -cordura? ¿Cuál era la inquietud de tu enamorado pecho? Sin duda -pensarás que muy pronto ha de venir Aura, cualquiera que sea, y que -has de ser testigo de tu misma infamia. Ya te arrepientes de haber -venido, porque no quisieras sorprenderlos:<span class="pagenum" -id="Page_147">p. 147</span> ya te alegras: el amor trastorna incierto -tu pecho. Lugar, nombre y acusador abonan tus celos, y el que ama cree -siempre lo que teme. Cuando vio en la oprimida yerba, vestigios de una -persona, su pecho palpitaba trémulo con los latidos del corazón. Ya el -día en su mitad menguaba las leves sombras, y la mañana y la noche se -hallaban a igual distancia, cuando se retira de las selvas el hijo del -Cilenio, viniendo a refrescar su caluroso rostro en las fontanas aguas. -Estaba escondida la congojosa Procris: él se reclinó en la acostumbrada -yerba, y dijo: Céfiro, y tú, Aura, aplacad mi fuego. Así que fue -patente a la cuitada el grato error de este nombre, recobró el sentido, -y el semblante su verdadero color. Levantose; pero moviendo con el -agitado cuerpo las circunstantes ramas, para ir como mujer a los brazos -del esposo, juzgó él que era el ruido de una fiera, tomó juvenilmente -el<span class="pagenum" id="Page_148">p. 148</span> arco, y en la -diestra mano puso la flecha. ¿Qué haces, desventurado? No es fiera: -deten el tiro. ¡Triste desgracia! con tus flechas heriste a tu esposa. -¡Ay de mí!, clamó, traspasaste el pecho amigo; mi pecho roto siempre -con las heridas de Céfalo. Muero antes del tiempo, pero no injuriada -por una rival. Esto hará que la tierra me sea ligera en la tumba. -Sale ya mi espíritu por esas Auras de sospechoso nombre; ¡me muero! -Cierra con cara mano mis ojos. Él sostenía en las mustias rodillas el -moribundo cuerpo de sus amores, y con llanto lavaba la cruel herida. -Desatado poco a poco del incauto pecho, se escapa el último suspiro que -recibe con su boca el mísero marido.</p> - -<p>Volvamos al camino, y prosigamos derechamente, para que la -asendereada nave toque en el puerto. ¿Esperáis por ventura que os -conduzca a los festines, y que también en esto os dé consejos? Id -tarde, y entrad con decoro, ya encendidas<span class="pagenum" -id="Page_149">p. 149</span> las antorchas. Agrada la tardanza a -Venus; es la tardanza la mayor añagaza. Aunque seáis feas, podéis -parecer hermosas, porque la misma noche servirá de manto a vuestros -defectos. Tomad los manjares con los dedos; hay un cierto modo que se -debe observar en el comer: no untéis la cara con las manos sucias. No -comáis anticipadamente en casa<a id="FNanchor_37" href="#Footnote_37" -class="fnanchor">[37]</a>: ni acumuléis en el plato lo que no podréis -engullir. Si Paris hubiera visto a Elena comer con gula, la hubiera -desamado, y diría, necio robo hice.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_37" href="#FNanchor_37" class="label">[37]</a> Las -mujeres de entonces, para hacer las melindrosas en los convites, comían -antes en su casa. Lo mismo hacen las de ahora.</p> - -</div> - -<p>Más a propósito y más decente es que las mujeres beban, porque -Baco no se aviene mal con Cupido. Pero esto también hasta donde -resista el cerebro; mientras el juicio y los pies estén firmes, y no -parezcan dobles los objetos. La<span class="pagenum" id="Page_150">p. -150</span> mujer tirada feamente en el suelo por beodez es digna -de padecer cualesquiera impurezas. Tampoco es honesto sucumbir al -sueño en la mesa, porque en el sueño suelen cometerse acciones de -inverecundia.</p> - -<p>Esme ruboroso enseñar las cosas ulteriores, pero alma Dione dice -que lo ruboroso es mi principal asunto. Tened conocimiento de cada -cosa: tomad posturas acomodadas al cuerpo, pues no a todas conviene -una misma. La de muy señalada hermosura muestre supina sus tesoros, y -el dorso solamente aquella que puede agradar de este modo. Milanión -llevaba en los hombros las piernas de Atalanta: en este grupo han de -ser recibidas las buenas. La pequeña corra como en jinete: Andrómaca, -por ser altísima, nunca subió en el caballo de Héctor. Oprimiendo con -las rodillas el lecho, y torciendo un tanto la cerviz, hará figura -académica la que ha de ser vista por el costado. La de juvenil muslo y -pecho turgente estaría dislocada<span class="pagenum" id="Page_151">p. -151</span> a no reclinarse en oblicuo lecho, quedando en pie la pareja. -Ni disconviene tener suelta la melena, como bacante, inclinando el -cuello con los cabellos esparcidos. La que Lucina<a id="FNanchor_38" -href="#Footnote_38" class="fnanchor">[38]</a> señaló con arrugas en el -vientre, pelee vuelto el caballo, como el veloz parto. Pero entre mil -actitudes la más sencilla y menos trabajosa es la semisupina sobre el -derecho lado.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_38" href="#FNanchor_38" class="label">[38]</a> Diosa -de los partos.</p> - -</div> - -<p>Ni la trípode apolínea, ni el cornígero Amón os cantarán cosas -más verdaderas que mi musa. Si se da crédito al arte con dilatada -experiencia adquirido, creed al testimonio de mis versos. La mujer -opere con íntimo ardor en sus tareas, y aquella actividad sea de -participación igual entre los dos, amenizando el juego con cariñosos -afectos y gustosas palabras. Mas la infeliz a quien naturaleza negó -sensación venérea, simule<span class="pagenum" id="Page_152">p. -152</span> dulces placeres con aparente ruido, guardándose de descubrir -ficción con el recurso de señales que arguyen deleite, y envuelven -pudor y misterio. No admitáis en el aposento la llena luz de las -ventanas, pues muchas cosas de vuestro cuerpo más al caso estan -ocultas. La que pide paga al amante después de los goces de Venus, no -querría que tuviese eficacia su demanda.</p> - -<p>Pongo cabo a mi obra. Ya es tiempo de descender del carro que en su -cuello llevaron los cisnes. Así como antes los jóvenes, así ahora las -mujeres discípulas mías escriban en sus trofeos, Ovidio fue nuestro -maestro.</p> - - -<p class="fin g2"><i>FIN.</i></p> - -<hr class="chap" /> - - -<hr class="full" /> - -<div lang='en' xml:lang='en'> -<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK <span lang='es' xml:lang='es'>EL ARTE DE AMAR</span> ***</div> -<div style='text-align:left'> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Updated editions will replace the previous one—the old editions will -be renamed. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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Redistribution is subject to the trademark -license, especially commercial redistribution. -</div> - -<div style='margin-top:1em; font-size:1.1em; text-align:center'>START: FULL LICENSE</div> -<div style='text-align:center;font-size:0.9em'>THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE</div> -<div style='text-align:center;font-size:0.9em'>PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -To protect the Project Gutenberg™ mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase “Project -Gutenberg”), you agree to comply with all the terms of the Full -Project Gutenberg™ License available with this file or online at -www.gutenberg.org/license. -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg™ electronic works -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg™ -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all -the terms of this agreement, you must cease using and return or -destroy all copies of Project Gutenberg™ electronic works in your -possession. If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a -Project Gutenberg™ electronic work and you do not agree to be bound -by the terms of this agreement, you may obtain a refund from the person -or entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -1.B. “Project Gutenberg” is a registered trademark. 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Information about the Mission of Project Gutenberg™ -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Project Gutenberg™ is synonymous with the free distribution of -electronic works in formats readable by the widest variety of -computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It -exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations -from people in all walks of life. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg™’s -goals and ensuring that the Project Gutenberg™ collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg™ and future -generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see -Sections 3 and 4 and the Foundation information page at www.gutenberg.org. -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non-profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation’s EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by -U.S. federal laws and your state’s laws. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Foundation’s business office is located at 809 North 1500 West, -Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up -to date contact information can be found at the Foundation’s website -and official page at www.gutenberg.org/contact -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Project Gutenberg™ depends upon and cannot survive without widespread -public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine-readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. 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Thus, we do not -necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper -edition. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Most people start at our website which has the main PG search -facility: <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -This website includes information about Project Gutenberg™, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. -</div> - -</div> -</div> -</body> -</html> diff --git a/old/67961-h/images/cover.jpg b/old/67961-h/images/cover.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index c42fb1f..0000000 --- a/old/67961-h/images/cover.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/67961-h/images/i_053.jpg b/old/67961-h/images/i_053.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index f3c1ed0..0000000 --- a/old/67961-h/images/i_053.jpg +++ /dev/null |
