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-The Project Gutenberg eBook of Las Helénicas o Historia griega, by
-Jenofonte
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you
-will have to check the laws of the country where you are located before
-using this eBook.
-
-Title: Las Helénicas o Historia griega
- Desde el año 411 hasta el 362 antes de Jesucristo
-
-Author: Jenofonte
-
-Translator: Enrique Soms y Castelín
-
-Release Date: December 16, 2021 [eBook #66949]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading
- Team at https://www.pgdp.net (This ebook was produced from
- images generously made available by Biblioteca Digital
- Hispánica/Biblioteca Nacional de España.)
-
-*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LAS HELÉNICAS O HISTORIA
-GRIEGA ***
-
-NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
-
- * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han
- convertido a MAYÚSCULAS.
-
- * Los errores de imprenta han sido corregidos.
-
- * La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con
- las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.
-
- * También se han modernizado las transcripciones de los nombres
- propios y gentilicios de origen griego.
-
- * Se han separado párrafos y se han añadido rayas de diálogo donde el
- texto adopta forma dialogada.
-
- * Las notas a pie de página han sido renumeradas y colocadas al final
- del libro.
-
- * Las páginas en blanco han sido eliminadas.
-
- * Se ha añadido un Índice al final de libro, pese a que el original
- impreso no lo incluye.
-
-
-
-
- LAS HELÉNICAS
- o
- HISTORIA GRIEGA.
-
-
-
-
- BIBLIOTECA CLÁSICA
- TOMO CXIX
-
-
- LAS HELÉNICAS
- o
- HISTORIA GRIEGA
-
- DESDE EL AÑO 411 HASTA EL 362 ANTES DE JESUCRISTO
-
- POR
- JENOFONTE
-
- Traducida por primera vez del griego al castellano
- con numerosas notas filológico-literarias
- POR
- ENRIQUE SOMS Y CASTELÍN
- DOCTOR EN FILOSOFÍA Y LETRAS
-
-
- MADRID
- LIBRERÍA DE PERLADO, PÁEZ Y C.ª
- Sucesores de Hernando.
- Calle del Arenal, núm. 11.
- --
- 1919
-
-
-
-
- Imp. de Perlado, Páez y C.ª, Sucesores de Hernando, Quintana, 33.
-
-
-
-
-A D. Laureano Arango y Portús.
-
-_Como pequeñísima prueba de amistad sincera, dedica este volumen de la_
-BIBLIOTECA CLÁSICA
-
- _El Traductor._
-
-
-
-
-PRÓLOGO.
-
-
-Jenofonte ha sido siempre conocido y admirado por tres de sus obras:
-la _Anábasis_, o expedición de Ciro, la _Ciropedia_ y las _Memorias
-socráticas_; pero la gloria que estas obras han proporcionado a
-su autor, han perjudicado a sus restantes escritos, pues los han
-oscurecido. Y no es porque no les correspondan, así por el estilo,
-como por la propiedad del lenguaje, ya por la fluidez y galanura de
-la narración o por la elevación de sus ideas; antes al contrario, con
-justicia puede decirse de este autor lo que no puede afirmarse de casi
-ningún escritor, es a saber: que en cualquiera página que se abra la
-colección de sus obras, siempre y en todas partes merece el dictado de
-_abeja ática_, que ya le dieron sus contemporáneos por su fluidez y
-gracia en el decir.
-
-Cierto que, así por la importancia del objeto como por el elevado
-fin que se proponen, son aquellas obras superiores a los _pequeños
-tratados_ de Jenofonte, el _Agesilao_, la _república_ ateniense
-y lacedemonia, la _Apología_, el _Económico_, el _Comandante de
-caballería_, etc.; pero no puede decirse lo mismo respecto de sus
-_Helénicas_, es decir, la historia de Grecia y en especial de la guerra
-del Peloponeso durante los años 411 a 362, antes de Jesucristo, que
-escribió nuestro autor como continuación a la de Tucídides. Y, sin
-embargo, pocos son los que piensen en Jenofonte al mencionarse aquella
-celebérrima guerra en que, con ardor digno de mejor causa y con lances
-variadísimos y verdaderamente épicos, se desangraron y desunieron todos
-los estados, grandes y pequeños, de Grecia, preparando su decadencia y
-su sujeción al coloso macedonio.
-
-Pero en España tiene este olvido mayores proporciones, pues no se ha
-publicado hasta hoy ninguna traducción de esta obra que hubiera dado a
-Jenofonte tantos lauros como cualquiera de las ya citadas y por todos
-tenidas como sus obras maestras. De ahí que con muy buen criterio el
-editor de esta _Biblioteca clásica_, le haya dado cabida en ella para
-que acompañe a las restantes obras de Jenofonte ya publicadas, la
-_Anábasis_ y la _Ciropedia_, y para que pueda verse a nuestro autor
-bajo un prisma casi por todos aun ignorado.
-
-La principal causa de este olvido estriba en la comparación que se
-establece por todo crítico entre los ocho libros de la historia
-de la guerra del Peloponeso por Tucídides, y los siete libros de
-las _Helénicas_ que hoy publicamos. Pero esto es únicamente una
-preocupación que no tiene razón de ser, pues no solo difieren ambos
-autores en el estilo, sino también en su idiosincrasia especial, si se
-me permite la frase, por lo cual ningún resultado positivo puede dar su
-comparación.
-
-Es verdad que cuantos busquen en Jenofonte aquella sobriedad en el
-estilo y aquella plenitud del período, así como aquel lujo de detalles
-que todos admiramos en Tucídides, tendrán que sufrir un desencanto y
-una decepción, pues no son las condiciones peculiares y características
-de nuestro autor; pero, en cambio, la magistral fluidez y la suavidad
-inimitable en el decir, y la galanura en las imágenes, y la elocuencia
-en los discursos, y la precisión en el lenguaje, y el orden y
-encadenamiento en los sucesos, estas condiciones, unidas a un sinnúmero
-de otras que podríamos citar, se hallan todas en las _Helénicas_ de
-igual modo que se hallan en todas las obras de Jenofonte.
-
-No carece tampoco de variedad en la narración y de imaginativa en
-los episodios; antes al contrario, estas cualidades son las que más
-avaloran esta obra, y para que no se diga que nos hemos contagiado del
-_panegirismo del propio autor_, de que habla uno de nuestros mejores
-humoristas, vamos a comprobarlo con un ligero y superficial análisis
-de las _Helénicas_, y con una breve enumeración de las más capitales
-bellezas que contiene.
-
-Comienza la narración de Jenofonte en el año 411, antes de nuestra era
-y poco después del combate naval del cabo del Sepulcro del Perro, entre
-Míndaro y Trasíbulo, en que perdieron 21 naves los lacedemonios, acción
-con que termina Tucídides su historia. Ábrese el relato de la de su
-sucesor, con las brillantes proezas de Alcibíades en Abido y Cícico,
-con la muerte de Míndaro y derrota de Farnabazo, y la retirada de Agis,
-que abandona el cerco de Atenas ante la entereza de Trasilo, quien al
-año siguiente experimenta una derrota en Coreso, junto a Éfeso, cuyos
-efectos no son muy desastrosos, pues no impiden se apodere de cuatro
-naves siracusanas frente a Metimna, ventaja seguida de otras victorias
-que Alcibíades alcanza sobre Farnabazo y de la toma de algunas
-ciudades importantes, y en especial de Bizancio.
-
-Todas estas proezas sirven de preparación al regreso de aquel general
-a Atenas, y a su nombramiento de generalísimo revocado algunos meses
-después por el pueblo al ser conocido el revés sufrido por la flota
-ateniense en Notio, eligiéndose entonces diez nuevos generales y
-retirándose aquel jefe a su castillo del Quersoneso, mientras se
-pone Conón al frente de la flota, que experimenta otro descalabro de
-consideración en el Helesponto.
-
-No desmayan por eso los atenienses, pues al divulgarse nuevas tan
-aflictivas, decretan un socorro de 110 naves, que se equipan en treinta
-días y logran obtener una gloriosa victoria naval sobre Calicrátidas
-junto al cabo Maleo, con muerte del general lacedemonio y perdiendo
-unas 70 naves la flota espartana. Pero no habiendo cumplido Terámenes y
-Trasíbulo con el encargo que les hicieron los ocho generales en aquella
-acción presentes, de salir en auxilio de los náufragos por hallarse la
-mar muy gruesa, son juzgados todos ellos por el pueblo y condenados a
-muerte en medio de escenas tumultuarias que con gran sobriedad, pero
-con no menor exactitud, describe nuestro autor, poniendo en boca de
-Euriptólemo, hijo de Pisianacte, uno de los mejores discursos que nos
-presenta esta obra.
-
-Así termina el primer libro, no sin que nos diga Jenofonte, a tenor de
-sus ideas filosófico-religiosas, la suerte final que obtuvieron los
-instigadores principales de aquel injusto y revolucionario desacierto,
-y el pronto arrepentimiento que sintió el pueblo ateniense por haber
-muerto a sus generales, cuando las derrotas sufridas hicieron que los
-echase de menos.
-
-Comienza el libro segundo con la conjuración de los soldados de
-Eteónico, cortada en sus comienzos gracias a la energía y prudencia
-de este general, y el regreso de Lisandro a la flota. Las sabias
-medidas de este, y el dinero de los persas, le permiten reorganizarla y
-levantar el abatido espíritu de sus soldados, así como obtener ventajas
-de consideración por mar y tierra sobre los atenienses, tomándoles
-varias ciudades y derrotándoles cerca de Egospótamos, a pesar de los
-consejos de Alcibíades, que no quieren escuchar los generales de la
-flota ateniense, de la cual solo ocho naves dejan de caer en poder del
-enemigo.
-
-Consecuencia de esta derrota y de las restantes ventajas obtenidas por
-los lacedemonios, es el abandono en que toda Grecia, a excepción de los
-samios, deja a Atenas, cuyo pueblo comprende ha sonado para él la hora
-de la expiación y del castigo.
-
-Pausanias, al frente de un numeroso ejército de peloponesios, comienza
-el sitio de aquella población, mientras Lisandro, después de una
-brillante expedición, que mejor podría llamarse marcha triunfal, por
-entre las islas, fondea junto al Pireo, con ciento cincuenta naves, y
-cierra por mar el bloqueo de Atenas. Agotados todos los recursos, y
-después de unos meses de asedio, tienen que capitular los atenienses,
-aceptando las humillantes condiciones que les imponen los éforos, que a
-causa del hambre son recibidas con verdadero júbilo.
-
-Síguese a esta rendición, el año llamado de la _anarquía_ y la
-entronización de los _Treinta tiranos_, la descripción de cuyos actos,
-que ocupa el capítulo tercero de este libro, da ocasión a Jenofonte
-para escribir unas cuantas páginas que por sí solas bastarían para
-dar fama a cualquier escritor. En efecto, la enemistad de Critias y
-Terámenes, así como la acusación y condena del último, y su discurso
-de defensa, están escritos de mano maestra y evocan el recuerdo de
-hechos bastante análogos en la celebérrima revolución francesa y en los
-años del _Terror_, que en realidad ofrecen muchos puntos de contacto
-con aquella época de convulsión popular.
-
-Tales atropellos e iniquidades apresuran la vuelta de los desterrados,
-aumentando el número de los descontentos y de los que desean un
-gobierno regular. Pónese Trasíbulo a su frente, y después de unas
-ligeras escaramuzas, en las que son favorecidos los desterrados,
-no solo por su valor y esfuerzo, sino también por el terreno y
-las variaciones atmosféricas, acorralan en Eleusis a los treinta
-tiranos, en favor de los cuales poco hacen los mismos lacedemonios,
-pues Pausanias, uno de sus jefes, favorece pasivamente la vuelta
-de los fugitivos, y procura se arreglen las cosas de manera que
-cese aquel estado de perturbación, para lo que, después de dar al
-olvido las antiguas disensiones, se restablece por completo la paz,
-constituyéndose el gobierno del mismo modo que estaba antes del sitio,
-y poniéndose Trasíbulo a su frente, con lo cual termina el libro
-segundo, acaso el más bello de la obra, ya que no sea también el más
-importante.
-
-Cambia de lugar la escena al comenzarse el libro tercero, pasando
-a Asia Tibrón, y más tarde su sucesor Dercílidas, que tomó «nueve
-ciudades en ocho días», no realizándose hechos de gran importancia,
-gracias a la enemistad latente entre Tisafernes y Farnabazo, que saben
-avivar arteramente los jefes espartanos, quienes consiguen con astucia
-hacerles firmar una tregua que debía ser precursora de la paz.
-
-Tienen lugar también en esta misma época varias expediciones de los
-espartanos contra los eleos, bajo el mando de Agis, quien muere poco
-después de su regreso a Esparta, sucediéndole su hermano Agesilao,
-a pesar de las pretensiones de Leotíquides, que decía ser hijo del
-difunto rey. Nárrase después la conjuración de Cinadón, descrita
-con vigoroso pincel, y que pinta con pocos, pero seguros rasgos, el
-carácter espartano y el de su constitución social y política.
-
-Refiérense después las victorias de Agesilao en Asia, describiéndose su
-previsión, prudencia y energía, así como sus dotes de gran general en
-la guerra y de buen gobernante en la paz, terminando el libro tercero
-con la funesta expedición contra Tebas dirigida por los espartanos, que
-experimentan una seria derrota en Haliarto, donde perece Lisandro, uno
-de sus jefes.
-
-Continúa el libro cuarto relatando las proezas de Agesilao en Asia
-y la tregua celebrada con Farnabazo, interrumpidas aquellas por el
-llamamiento que le hace su patria por necesitar de sus servicios.
-Recrudécese mientras tanto la lucha entre Tebas y Esparta, en la
-que, prescindiendo de otros secundarios combates, tiene lugar el
-desastre naval de Cnido, donde entre otras pérdidas experimentaron los
-espartanos la de su general Pisandro, y la batalla de Coronea, en que
-obtiene Agesilao una señalada victoria sobre los tebanos, atenienses y
-demás aliados.
-
-Tiene después lugar la guerra junto a Corinto, consiguiendo los argivos
-y lacedemonios algunas ventajas, gracias principalmente a Praxitas
-y Agesilao, oscurecidas en parte por el desastre experimentado por
-la cohorte del Lequeo, que viene a acibarar las glorias del último,
-quien, para evitar la irrisión y las burlas de los mantineos al pasar
-en retirada por su territorio, tiene que entrar de noche en las
-poblaciones que atraviesa, y salir de ellas al clarear el día. Siguen
-después las expediciones contra los acarnanios y argivos, llevadas a
-cabo respectivamente por Agesilao y por Agesípolis, quien comienza a
-actuar de esforzado y pundonoroso capitán.
-
-Después del combate naval de Cnido, dan la vuelta Farnabazo y Conón
-a las islas y ciudades marítimas, arrojando de ellas a los harmostas
-lacedemonios, y haciendo nulas las ventajas obtenidas últimamente por
-los jefes espartanos, si bien todos sus esfuerzos se estrellan en Sesto
-y Abido, gracias a la energía de su gobernador Dercílidas.
-
-Conciertan después ambos jefes, el persa y el ateniense, lo que mayores
-daños pueda causar a los espartanos, y terminada su expedición por las
-islas, resuelven la reconstrucción de los muros de Atenas, que habían
-sido derribados cuando los espartanos tomaron la ciudad. Logra con esto
-Conón que los atenienses recuperen la fuerza moral que habían perdido
-con los desgraciados sucesos de los años anteriores, y temiendo los
-espartanos empeorar su situación, envían a Asia a Antálcidas con objeto
-de proponer al rey la paz, bajo condiciones las más ventajosas para él;
-pero no consiguen su objeto, pues los demás estados beligerantes no se
-adhieren a ellas.
-
-Termina el cuarto libro con la narración de algunos otros hechos
-secundarios, acaecidos en Rodas, en el Helesponto o en Asia, y que,
-prósperos unas veces, y otras adversos, no hacen inclinar la victoria
-ni en favor de los atenienses ni en favor de los espartanos.
-
-Ábrese el quinto libro con las alabanzas que tributa Jenofonte al
-general lacedemonio Teleutias, quien regresa a su patria, una vez
-terminado el plazo de su mando, en medio de las aclamaciones de sus
-subordinados y de los aplausos de los extraños. Relátanse algunos de
-los hechos realizados por Gorgopas y Cabrias en Egina, que no ofrecen
-grande importancia, volviendo Teleutias a ponerse al frente de la
-flota espartana, a gusto y satisfacción de todos. Bajo su mando tiene
-lugar la atrevida y arriesgada expedición al Ática y al mismo Pireo,
-mientras Antálcidas se apodera astutamente de las 8 naves de Trasíbulo
-de Colito, con lo cual dominan en la mar los espartanos, y todos
-tienen que aceptar las condiciones de la paz llamada vulgarmente de
-Antálcidas, que en nombre del rey propone Tiribazo a los griegos.
-
-Todo sonreía a los lacedemonios; las ventajas obtenidas en la guerra se
-habían aumentado con las alcanzadas por la paz; los tebanos la aceptan
-con solo saber se dirige Agesilao contra ellos, y los argivos se
-retiran de Corinto, dejándola completamente autónoma, al solo anuncio
-de que Esparta les declarará la guerra; pero el orgullo ciega a los
-espartanos y presta manifiesta ocasión a nuestro autor para que vea el
-dedo de la Providencia en los hechos que posteriormente tienen lugar
-entre Tebas y Esparta.
-
-En efecto, vencida Mantinea, que tiene que sujetarse a la voluntad
-de Agesípolis, su vencedor, y reclamado por los de Acanto y Apolonia
-el auxilio de Esparta contra las exigencias de Olinto, decrétase una
-expedición contra esta ciudad bajo las órdenes de Eudámidas. Salen con
-este las tropas disponibles, pero queda encargado su hermano Fébidas de
-recoger las fuerzas restantes y conducirlas a su destino. Este último,
-a su paso por Tebas, arrastrado por su ambición y por su carácter
-aventurero, escucha las proposiciones de Leontíades, que, movido de
-su enemistad contra Ismenias y su partido, le entrega la acrópolis y
-hace prender a su rival. Sancionan con su aprobación los éforos esta
-injusta acción, que se convierte en causa de infinitas contrariedades
-para Esparta, pues todas las guerras relatadas en los siguientes libros
-hasta terminar la obra, no son más que consecuencias de aquel hecho.
-
-Pónese Teleutias, hermano de Agesilao, al frente de las tropas enviadas
-contra Olinto, y consigue algunas ventajas, hasta que en cierta
-ocasión, cegado por la cólera producida por la derrota de uno de sus
-lugartenientes, se arroja inconsideradamente contra los olintios,
-pereciendo bajo los golpes de estos, que derrotan por completo a su
-ejército. Sucédele en el mando Agesípolis, quien muere al poco tiempo a
-consecuencia de una ardiente fiebre que le origina el inconstante clima
-de aquella región. Polibíades, que le sucede en el mando, obliga a los
-olintios a ajustar la paz y a jurar la alianza con los lacedemonios,
-mientras Agesilao, después de un año y ocho meses de asedio, logra
-rendir el valor de los fliasios y hacer que se entregue Fliunte, que no
-había querido acceder a las proposiciones que sobre la admisión de los
-desterrados le había hecho Esparta.
-
-Siete conjurados bastan para rescatar a la acrópolis de Tebas, arrojar
-de ella a los lacedemonios, y una vez reconstituido el gobierno,
-oponerse e inutilizar por completo la expedición que contra ellos
-dirige Cleómbroto, hermano y sucesor de Agesípolis. Consiguen también,
-a fuerza de dinero, que Esfodrias, gobernador espartano en Tespias,
-simule un ataque al Pireo, a pesar de hallarse Atenas en paz con
-Esparta, y no habiendo sido castigado este jefe por el senado, los
-atenienses entran en campaña contra su antigua rival. Dirige después
-Agesilao dos expediciones contra Tebas, consiguiendo algunas ventajas,
-contrarrestadas en la primera por la derrota y muerte de Fébidas, su
-lugarteniente, y en la segunda por lo avanzado de la estación y la
-desunión de los habitantes de Tespias y de las demás ciudades en que
-se apoyaban. No consiguen tampoco ninguna ventaja los lacedemonios con
-la nueva expedición decretada contra Tebas y que dirige Cleómbroto,
-después de lo cual, cansados los aliados, piden se active la guerra o
-se haga la paz, por lo cual renuévanse las expediciones marítimas, en
-las que sufren algunos descalabros los espartanos en los combates que
-sostienen con Cabrias y Timoteo, jefes de las flotas atenienses.
-
-Así termina el quinto libro. Favorecidos los tebanos por la suerte
-y por su valor, salen de la oscuridad en que hasta entonces habían
-estado sumidos, y se prevé comienza para ellos el brillante, aunque
-breve resplandor que sabrán dar a su ciudad dos de sus más notables y
-eminentes hijos: Pelópidas y Epaminondas.
-
-Ábrese el libro sexto de las Helénicas con la embajada del tesalio
-Polidamante, que viene a implorar el auxilio de los lacedemonios contra
-el creciente poder de Jasón de Feras, descrito con mucha precisión y
-gran colorido en el discurso de aquel ante el senado. Este tiene la
-franqueza de confesar al enviado tesalio la imposibilidad en que se
-encuentra de auxiliarle, y le aconseja procure sacar todo el partido
-que pueda en su alianza con aquel tirano.
-
-Cansados los atenienses de la guerra, y siendo los tebanos los únicos
-que obtendrán por ella alguna ventaja positiva, ajustan la paz con
-Esparta, paz que dura muy poco, convirtiendo los lacedemonios en teatro
-de la guerra a la isla de Corcira, primera causa ocasional de la larga
-lucha entre las dos repúblicas rivales. Sufre Esparta un verdadero
-descalabro con la muerte de su general Mnásipo, y reembarcados los
-soldados expedicionarios, dominan los atenienses en la mar, y su
-general Ifícrates, con su prudencia y esfuerzo, somete las ciudades de
-Cefalenia, y se apodera de diez naves siracusanas que enviaba Dionisio
-a los lacedemonios.
-
-Los excesos que cometen los tebanos con los aliados cuando les
-sonríe la fortuna, ocasionan el aislamiento en que les dejan los
-atenienses y demás pueblos griegos, que ajustan la paz con Lacedemonia,
-comprometiéndose a declarar la guerra a todo el que no se someta a las
-condiciones del tratado. Quedan con esto los tebanos solos enfrente
-de toda Grecia; pero sin desanimarse, y sabiendo sacar partido de
-todo, aun de los mismos rumores que hacen propalar para animar a sus
-soldados, consiguen en Leuctra una de las más famosas victorias que se
-registran en los griegos anales, que sume en estupor a Grecia toda,
-pero que no es obstáculo para que se conserve Atenas fiel a su nueva
-alianza con Esparta.
-
-La intervención de Jasón de Feras, que se apresura a socorrer a los
-tebanos, hace que se suspendan las hostilidades y se negocie una tregua
-que todos acogen con júbilo, pudiendo volverse aquel tirano a sus
-dominios, donde a poco es asesinado, como lo son algo más tarde sus
-sucesores Polidoro y Polifrón, y su sobrino Alejandro de Feras.
-
-Los disturbios de los tegeatas y la muerte de Próxeno por los
-partidarios de Estásipo, así como el auxilio prestado por los mantineos
-a los enemigos del último, dan ocasión a una nueva ruptura de las
-hostilidades entre Esparta y Mantinea y a una expedición de Agesilao
-a Arcadia, que no produce a la primera república ningún resultado
-positivo y que fue seguida de la primera invasión de Laconia por los
-tebanos y arcadios coaligados. Llega el ejército invasor hasta la
-misma Esparta, abatiendo con ello el orgullo lacedemonio y despojando a
-los espartanos de la aureola de invictos e inexpugnables con que hasta
-entonces se habían envanecido. Al saberse en Atenas estos sucesos,
-vacila el pueblo entre su deber de aliado de Esparta y el recuerdo
-de sus antiguos odios; pero hácense oír las voces de sus oradores,
-y decrétase ir en masa a socorrer a su antigua rival, poniéndose al
-frente de la expedición al general Ifícrates, que perdiendo el tiempo
-en los preparativos y en la marcha, llega a Laconia cuando ya se habían
-retirado los enemigos.
-
-Comienza el séptimo y último libro de las Helénicas con la alianza
-celebrada entre Atenas y Esparta para oponerse a los tebanos, alrededor
-de los cuales se había agrupado considerable número de estados griegos,
-siempre dispuestos a aliarse con el atleta naciente que comienza a
-derrocar a los viejos colosos, si bien las ventajas de los tebanos
-se amenguan ante la naciente rivalidad de los arcadios, que les
-impide sacar toda la utilidad que podían esperar de la influencia y
-consideración que alcanza Pelópidas con el rey de Persia en la embajada
-que para conseguir la paz mandan a este los principales estados griegos.
-
-Dedica Jenofonte el cap. II de este libro a narrar las proezas de la
-ciudad de Fliunte, cuyo relato y los encomios que tributa a dicha
-ciudad son más bien un canto épico en prosa dirigido a ensalzar el
-valor y la fidelidad, entusiasmado ante la heroicidad de un puñado de
-hombres libres que todo lo sacrifican en aras de su libertad y de su
-fidelidad a los amigos que se hallan en la desgracia.
-
-Ocúpase luego en describir los disturbios que ocurren en Sición,
-motivados por la ambición de Eufrón, quien sufre el merecido castigo
-de sus injusticias al ser asesinado públicamente ante el senado de
-Tebas, donde había ido a sobornar a los magistrados para tiranizar a
-sus conciudadanos, hecho al que siguen poco después las diferencias que
-se agitan entre los arcadios y los eleos, a quienes con varia fortuna
-auxilian los lacedemonios, diferencias que terminan con la celebración
-de la paz entre ambos estados, si bien la injusticia del gobernador
-tebano de Tegea hace que se rompan nuevamente las hostilidades y da
-lugar a la célebre expedición de Epaminondas al Peloponeso y hasta el
-mismo corazón de Esparta, y después de una derrota de la caballería
-tebana por la ateniense, a la célebre batalla de Mantinea, una de las
-más importantes que tuvieron lugar en Grecia, en la cual tomaron parte
-cerca de 60.000 hombres, y que a no ser por la muerte del general
-tebano, hubiera acaso influido de un modo decisivo en la suerte de
-todos los estados griegos.
-
-Con esta batalla termina Jenofonte su historia, cuyo breve resumen
-basta para que se comprenda la importancia capital de los sucesos
-narrados por nuestro autor y la variedad de asuntos de que se ocupa.
-Muchas páginas debiéramos escribir si quisiéramos consignar todos los
-pasajes que se destacan en las Helénicas, pero no podemos dejar de
-consignar, aunque muy a la ligera, pues va haciéndose este prólogo
-excesivamente largo, algunos de los más capitalísimos y que dan
-preclaro timbre de gloria a su autor.
-
-La descripción de la opinión en Atenas a la vuelta de Alcibíades, el
-juicio de los generales atenienses por no haber recogido los náufragos
-en el combate naval del cabo Maleo y el justo e intencionado discurso
-de Euriptólemo, hijo de Pisianacte, así como el rasgo de haber sido
-Sócrates el único ciudadano ateniense que sin dejarse llevar por la
-corriente revolucionaria se opuso a cuanto pudiera ser ilegal en aquel
-juicio, es de lo más importante y bello del libro primero.
-
-En el segundo destácase en primera línea la lucha entre Critias y
-Terámenes, dos de los _Treinta_, y el discurso del último que no
-puede impedir su muerte, pero que llena de infamia a su rival. El
-sitio de Atenas y la desesperada situación de sus habitantes, así
-como la relación de las negociaciones para la paz, son también de
-gran importancia estética, de igual manera que el pintoresco relato
-de la conjuración de los soldados de Eteónico en Quíos, el regreso
-de Trasíbulo a Atenas y las arengas que dirige a sus soldados para
-animarles y a los ciudadanos todos para que reine entre ellos la
-concordia.
-
-Las bellezas más capitales del tercer libro son, entre otras, el
-episodio de Manía la _gobernadora_ de la satrapía de Eólida, los
-discursos de los diputados tebanos en Atenas, la humorística disputa
-entre Agesilao y Leotíquides acerca de sus derechos al trono de
-Esparta, y sobre todo, la gráfica y bella descripción de la abortada
-conjura de Cinadón y la rivalidad noble y digna entre Agesilao y
-Lisandro.
-
-El episodio de Otis y Espitrídates, así como la entrevista entre
-Farnabazo y Agesilao y la hospitalidad que contrae este con su hijo,
-el certamen guerrero que abre en Asia el general lacedemonio, las
-operaciones de guerra que tienen lugar junto a Corinto y la conducta
-hábil y valiente de Dercílidas en Abido, es de lo mejor que nos ofrece
-el cuarto libro de la historia de Jenofonte.
-
-Lo propio sucede respecto al quinto con los discursos de Teleutias a
-sus soldados, y de Clígenes, enviado de Acanto y Apolonia ante el
-senado espartano, con la astuta traición de Leontíades en Tebas, con
-la pintorescamente descrita revolución de esta ciudad que dirigen
-Fílidas y Melón, y con el relato de los esfuerzos de Cleónimo, junto
-a Arquidamo, para salvar a su padre Esfodrias, que ha incurrido en la
-justa indignación de los éforos.
-
-El discurso vivo y descriptivo del farsalio Polidamante, la táctica
-prudente y previsora de Ifícrates en su expedición a Corcira, los
-discursos de los atenienses enviados a Lacedemonia para ajustar la
-alianza entre las dos repúblicas, así como el pánico de los espartanos
-al ver en su territorio a los tebanos, su heroica resistencia ante
-el peligro de la patria y los discursos pronunciados en la asamblea
-ateniense al discutirse si se auxiliará a su rival, avaloran en gran
-manera el libro sexto.
-
-Finalmente, en el séptimo los discursos de los enviados a Atenas
-para celebrar la alianza entre varios estados griegos, la conducta
-esforzada de Arquidamo, la narración de las proezas de Fliunte, la
-muerte de Eufrón y la defensa de su matador, así como el elogio de la
-última campaña de Epaminondas, es todo ello digno remate de la obra de
-Jenofonte, y aquilata la verdad de nuestro aserto al afirmar que no
-desmerece de las tres obras maestras del mismo autor.
-
-Al terminar estas líneas, réstanos únicamente manifestar que hemos
-seguido los textos más modernos y apreciados (principalmente el de
-Reiske), de los que podemos decir no hemos discrepado más que en alguno
-de los lugares más controvertidos y oscuros, cuando a nuestro entender
-no ofrecían un sentido claro y terminante, en cuyo caso, hemos seguido
-otra variante, aunque expresándolo casi siempre en nota.
-
-Permítasenos también consignar, como declaración última para terminar
-este prólogo, que aunque hubiéramos deseado verter al castellano, no
-solo las ideas de Jenofonte, sino también su galanura en el decir, nos
-daremos por muy satisfechos si el público nos reconoce, además del
-buen deseo que nos ha animado en nuestro trabajo, el constante empeño
-que hemos puesto para darle una traducción lo más ajustada posible
-al original griego, con objeto de que, ya que no reúna otro mérito
-literario, le permita hacerse cargo de los sucesos de la guerra del
-Peloponeso, narrados por Jenofonte.
-
-
-
-
-HELÉNICAS O HISTORIA GRIEGA.
-
-LIBRO PRIMERO.
-
-CAPÍTULO PRIMERO.
-
-
-Algunos días después de estos sucesos[1], Timócares llegó de Atenas
-con algunas naves e inmediatamente verificose un combate naval entre
-atenienses y lacedemonios, quedando vencedores estos últimos bajo la
-dirección de Agesándridas[2].
-
-Poco después y a principios del invierno, Dorieo[3], hijo de Diágoras,
-partió de Rodas y llegó al Helesponto al clarear el día. El centinela
-de los atenienses que debía anunciarle señaló su presencia a los
-generales, los cuales se hacen a la vela contra él con veinte naves.
-Huye ante ellos Dorieo, y vara las naves en los alrededores de
-Reteo[4]. Acércanse los atenienses, y combaten junto a las naves y en
-la costa, hasta que se juntan con el resto del ejército en Mádito[5],
-sin haber realizado cosa alguna de provecho.
-
-Durante este tiempo, Míndaro[6], que ofrecía en Ilión un sacrificio a
-Minerva Atenea, viendo el combate, se dirige a socorrerlos; se hace a
-la vela con sus trirremes, y alcanza el puerto donde estaban las naves
-de Dorieo. Hácenle frente los atenienses, y junto a la costa de Abido
-libran un combate naval que dura hasta la noche. Mientras se dudaba de
-quién quedaba vencedor o vencido, llega Alcibíades[7] con veintidós
-naves, e iníciase la retirada de los peloponesios hacia Abido.
-Sobreviene después en su auxilio Farnabazo[8], y metiendo el caballo en
-el agua hasta donde le es posible, incita peleando a que hagan lo mismo
-los infantes y los caballos que le acompañan; reúnen los peloponesios
-sus naves, y alineados en orden de batalla combaten junto a la costa.
-Los atenienses vuélvense hacia Sesto, llevando consigo treinta naves
-enemigas que encontraron vacías después de haber recuperado cuantas
-habían antes perdido. Desde aquella población, dejando en ella
-cuarenta naves, se hacen a la vela en distintas direcciones, con
-objeto de recoger dinero, y Trasilo, uno de los generales, se dirige a
-Atenas para anunciar esta fausta nueva y para pedir hombres y naves.
-Después de todo esto, llega Tisafernes al Helesponto; dirígese a él
-Alcibíades con una sola trirreme, con objeto de ofrecerle los dones de
-hospitalidad y los presentes de amistad; pero hácele prender aquel y
-encerrarle en Sardes, diciendo que el rey[9] le ha dado orden de hacer
-la guerra a los atenienses. Treinta días después, Alcibíades, habiendo
-podido procurarse caballos, huye de noche con Mantíteo[10], otro
-prisionero en Caria, y se dirigen durante la noche a Clazómenas.
-
-Los atenienses que estaban en Sesto, al saber que Míndaro va a hacerse
-a la vela contra ellos con sesenta naves, huyen durante la noche
-a Cardia[11], donde llega también Alcibíades desde Clazómenas con
-cinco trirremes y un buque costero; pero informado de que las naves
-peloponesias desde Abido se han dirigido a Cícico, llega a Sesto por
-tierra, y manda a sus navíos se le reúnan en dicho punto dando un
-rodeo. Después que estos llegaron, y cuando estaban a punto de levar
-anclas para marchar al combate, sobreviene Terámenes con veinte naves,
-viniendo de Macedonia, así como Trasíbulo con otras veinte de Tasos,
-habiendo recogido ambos algún dinero. Ordénales en seguida Alcibíades
-que amainen velas, y todos juntos navegan hacia Pario. Reunidos allí
-ochenta y seis buques, se hacen a la vela al día siguiente y al otro
-llegan a Proconeso a la hora del almuerzo, donde tienen conocimiento
-de que Míndaro y Farnabazo, con las tropas de infantería, están en
-Cícico, por lo cual permanecen a la expectativa todo el día en aquel
-sitio. Al siguiente, convoca Alcibíades una asamblea, en la cual
-manifiesta la necesidad en que se hallan de combatir por tierra y bajo
-los muros. «En efecto --dice--, no tenemos dinero, y los enemigos
-recíbenlo todo en abundancia de parte del rey.»
-
-La noche anterior, al anclar, había reunido alrededor de la suya a
-todas las naves, aun las más pequeñas, a fin de que nadie pudiese
-participar al enemigo el número de buques con que contaba, e hizo
-pregonar pena capital para todo el que fuera sorprendido dirigiéndose
-a la opuesta costa. Disuelta la asamblea, se prepara para el combate y
-se dirige sobre Cícico, mientras llovía fuertemente; al llegar junto
-a dicha población, y gracias a una momentánea claridad y a los rayos
-del sol, ve las naves de Míndaro, en número de sesenta, maniobrando
-fuera del puerto, de manera que puede cortarles la retirada. Al ver
-los peloponesios las naves de Atenas en número mayor que antes y junto
-al puerto, huyen en dirección a la costa, y haciéndolas varar, hacen
-frente al enemigo, que se dirige hacia ellos; Alcibíades hace dar
-un rodeo a sus veinte naves, y desembarca en la playa, como lo hace
-también al verlo Míndaro, quien recibe la muerte combatiendo, y los
-suyos se declaran en fuga. Los atenienses conducen todas las naves a
-Proconeso, a excepción de las de los siracusanos, pues ellos mismos les
-pegaron fuego.
-
-Al día siguiente hácense a la mar los atenienses en dirección a Cícico,
-cuyos habitantes, abandonados por los peloponesios y por Tisafernes,
-le reciben en sus muros; quédase allí Alcibíades durante veinte días,
-recibe grandes cantidades de los de Cícico, y sin hacerles ningún daño
-se retira a Proconeso. De allí navega hacia Perinto y Selimbria. Los
-perintios reciben al ejército dentro de sus muros, y los selimbrios no
-les abren las puertas, pero les dan dinero. Inmediatamente dirígense
-a Crisópolis, en Calcedonia, población que fortifican, y donde
-establecen un contador para exigir el diezmo de las naves que salgan
-del Ponto Euxino, y dejan en ella una guarnición de treinta naves y dos
-generales, Terámenes y Éumaco, encargados de vigilar la plaza y las
-naves que pasen delante de ella, así como de hacer todo el daño posible
-a los enemigos. Los otros generales parten para el Helesponto. Cae en
-manos de los atenienses una carta de Hipócrates, el segundo de Míndaro,
-que remiten a Atenas, y que contenía estas palabras:
-
- «Terminaron nuestras victorias; Míndaro ha perecido; están
- hambrientos los soldados: no sabemos qué hacer.»[12]
-
-Farnabazo exhorta al ejército peloponesio y a sus aliados a no
-apesadumbrarse a causa de algunos leños, pues hay madera en abundancia
-en los dominios del rey, y todo va bien cuando se conserva la vida;
-regala a los soldados un traje y el sueldo de dos meses, y después de
-armar a los marineros, establece guarniciones en el litoral. Convoca
-luego a los generales de las ciudades y a los comandantes de las
-naves, les ordena construyan en Antandro tantas trirremes como cada
-uno haya perdido, y entregándoles el dinero necesario, les dice
-pueden construirlos con las maderas de los bosques del Ida. Mientras
-se construyen los buques, los siracusanos, unidos a los habitantes de
-Antandro, terminan las murallas, y son las tropas más disciplinadas de
-la guarnición, por lo cual se les concede en dicha ciudad el título de
-bienhechores y el derecho de ciudadanía. Habiéndolo dispuesto todo de
-esta manera, Farnabazo se dirige en seguida en socorro de Calcedonia.
-
-Hacia este tiempo se anuncia a los generales siracusanos, que han sido
-desterrados por el pueblo. Reúnen, pues, a sus soldados, y por medio
-de Hermócrates deploran las desgracias de ser todos víctimas de un
-destierro injusto e ilegal; excitan a los soldados a que sean siempre
-tan valientes como hasta entonces, y a que se muestren siempre celosos
-en el cumplimiento de sus deberes, y luego los mandan elijan jefes
-hasta la llegada de los que deben sustituirles. Los soldados gritan
-con entusiasmo que deben conservar el mando: tal es el deseo unánime
-de los comandantes de las naves, de los marinos[13] y de los pilotos.
-Objétanles los generales que es preciso no insubordinarse contra su
-patria, y que si tienen algo que reprocharles pueden hacer uso de la
-palabra.
-
---«Acordaos --añaden-- de todas las victorias navales que habéis
-alcanzado, de todas las naves que habéis tomado con vuestras solas
-fuerzas, de todas las ocasiones en que, reunidos a otras tropas, os
-habéis mostrado bajo nuestras órdenes invencibles y tenaces en vuestro
-puesto, gracias a vuestro valor y a nuestras excitaciones, así en la
-tierra como en el mar.»
-
-No levantándose nadie para hacerles cargos, continúan en sus funciones
-hasta la llegada de los generales que deben sustituirles, Demarco,
-hijo de Epícides; Miscón, hijo de Menécrates, y Pótamis, hijo de
-Gnosias. La mayor parte de los comandantes de las naves juran les
-harán levantar el destierro así que lleguen a Siracusa; cólmanles de
-elogios y les dejan marchar a donde quieran. Principalmente los que
-habían frecuentado la amistad de Hermócrates, le echaban de menos por
-su actividad, su celo y su amabilidad: en efecto, cada día, mañana
-y tarde, reunía en su tienda a los comandantes más distinguidos de
-las naves, así como a los mejores pilotos y marinos; comunicábales
-lo que tenía intención de decir y hacer, y les enseñaba a hablar,
-obligándoles unas veces a expresarse sin preparación alguna, y otras
-después de haber meditado unos momentos. De este modo había adquirido
-Hermócrates gran consideración en el consejo, y se le tenía por el
-que mejor hablaba y que daba mejores consejos. Habiendo acusado en
-otro tiempo a Tisafernes en Esparta[14], y habiendo parecido fundada
-su acusación, sostenida por el testimonio de Astíoco, Hermócrates se
-dirige a Farnabazo, quien le ofrece dinero sin aguardar a que lo pida,
-y reuniendo tropas mercenarias y trirremes, se prepara para regresar
-a Siracusa. Mientras tanto llegan a Mileto los generales nuevamente
-nombrados por los siracusanos, y allí toman posesión del mando de las
-naves y del ejército.
-
-Declárase hacia el mismo tiempo una sedición en Tasos, siendo
-vencidos los partidarios de Lacedemonia y Eteónico, el harmosta[15]
-espartano. Pasípidas, oriundo de Esparta, acusado de haber preparado
-con Tisafernes aquella sedición, es desterrado de su población natal,
-y como había reunido la escuadra de los aliados, envían a Cratesípidas
-para que tome el mando, quien la encuentra en Quíos.
-
-En esta misma época, mientras que Trasilo está en Atenas, Agis hace una
-salida de Decelia[16] y llega, devastando la campiña, hasta los mismos
-muros de Atenas; Trasilo, al frente de los atenienses y de cuantos allí
-se encuentran, sale de la ciudad y coloca sus tropas a lo largo del
-gimnasio del Liceo, en disposición de combatir si los enemigos avanzan,
-al ver lo cual Agis emprende prontamente la retirada, no sin que sean
-muertos por las tropas ligeras algunos de sus rezagados. Con este
-motivo hállanse los atenienses más dispuestos a conceder a Trasilo el
-auxilio que había venido a impetrar, y decretan que puede reclutar mil
-hoplitas, cien caballos y cincuenta trirremes.
-
-Al ver Agis desde Decelia que entran en el Pireo con las velas
-desplegadas gran cantidad de naves cargadas de trigo, declara que
-ninguna utilidad pueden prestar sus tropas bloqueando por tierra
-a Atenas, si no se les impide el aprovisionamiento por mar, y que
-el mejor partido sería mandar a Calcedonia y a Bizancio al hijo de
-Aristómenes y a Clearco, hijo de Ranfias, huésped público[17] de los
-bizantinos. Habiéndose adoptado este parecer en Lacedemonia, se hace a
-la vela aquel con quince naves, equipadas por los megarenses y demás
-aliados, si bien eran más propias para el transporte de soldados que
-para navegar con velocidad; por lo cual tres de ellas son echadas a
-pique en el Helesponto por las nueve naves atenienses que vigilan
-continuamente los buques enemigos, y las restantes huyen a Sesto, y de
-allí se refugian en Bizancio.
-
-Así terminó este año, durante el cual invaden Sicilia los cartagineses,
-bajo el mando de Aníbal[18], con un ejército de cien mil hombres; y en
-el espacio de tres meses se apoderan de dos ciudades griegas, Selinunte
-e Hímera.
-
-
-
-
-CAPÍTULO II.
-
-
-Al año siguiente, el de la nonagesimatercia olimpiada[19], en la
-cual Evágoras de Elea alcanzó el premio en la carrera del carro
-tirado por dos caballos, y Eubotas, el cireneo, el del estadio,
-siendo éforo en Esparta Evárquipo, y arconte en Atenas Euctemon,
-los atenienses fortifican Tórico, y Trasilo, tomando los buques que
-le han sido decretados, arma como peltastas[20] cinco mil marineros
-para que puedan hacer igualmente los dos servicios, y se hace a
-la vela en dirección a Samos, al comenzar el verano. Permanece
-allí tres días, partiendo después para Pígela[21], cuyo territorio
-devasta, y comienza el sitio. Habiendo acudido en auxilio de los
-sitiados algunos habitantes de Mileto, persiguen a las tropas ligeras
-atenienses que se hallaban en desorden; pero los peltastas y dos
-cohortes de hoplitas[22], acudiendo a socorrer a las tropas ligeras,
-dan muerte a casi todos los milesios, toman unos doscientos escudos y
-levantan un trofeo. Al día siguiente se hacen a la vela en dirección
-a Notio[23], y después de hacer sus preparativos, se dirigen a
-Colofón, cuyos habitantes les reciben amistosamente. Invaden durante
-la noche inmediata las comarcas de Lidia, en que el trigo está ya en
-sazón, incendian varias poblaciones y se apoderan del dinero, de los
-esclavos y de un rico botín. El persa Estages, que se hallaba en dicha
-comarca, aprovechándose de un momento en que los atenienses se hallaban
-dispersos fuera del campamento para saquear por su cuenta, se arroja
-sobre ellos con su caballería, les mata siete hombres y les hace un
-prisionero. Trasilo, después de esta proeza, recoge a su ejército
-junto al mar para dirigirse a Éfeso; pero adivinando Tisafernes sus
-designios, reúne numeroso ejército y envía gente de a caballo para
-exhortar a todos a que vayan a socorrer a Ártemis Diana en Éfeso.
-
-Diez y siete días después de la invasión se hace a la mar Trasilo en
-dirección a Éfeso, y desembarcando a sus hoplitas junto al Coreso[24],
-ordena a su caballería, a los peltastas, a los marinos y al resto
-de sus tropas se queden junto a los pantanos, a la otra parte de la
-ciudad, y así que apunta el día hace avanzar a sus dos cuerpos de
-ejército. Las tropas de la plaza, con el refuerzo de los aliados
-mandados por Tisafernes y el de los siracusanos (así los de las veinte
-naves primeras como los de otras cinco que habían llegado recientemente
-con los generales Eucles, hijo de Hipón, y Heraclides, hijo de
-Aristógenes) y además con dos naves de Selinunte[25], se dirigen a su
-encuentro. Reunidas todas esas tropas, derrotan primeramente a los
-hoplitas acampados junto al Coreso, y después de ponerles en fuga, de
-causarles unas cien bajas y de haber perseguido hasta el mar a los
-fugitivos, se dirigen contra las tropas de los pantanos; son asimismo
-derrotados los atenienses, que perecen en número de unos trescientos.
-Los efesios levantan allí un trofeo y otro junto al Coreso; dan premios
-por su valentía a los siracusanos y a los selinusios, así en general
-como a algunos de ellos en particular, y conceden inmunidad completa de
-impuestos al que quiera domiciliarse en la ciudad. Conceden asimismo el
-derecho de ciudad a los selinusios cuya patria había sido recientemente
-destruida[26].
-
-Los atenienses, después de recoger sus muertos por una tregua,
-regresan a Notio; les dan allí sepultura, y se hacen a la vela en
-dirección a Lesbos y al Helesponto. Mientras están anclados delante de
-Metimna, ciudad de Lesbos, distinguen a veinticinco naves siracusanas
-que volvían de Éfeso, y arrojándose a ellas, se apoderan de cuatro con
-todo su equipaje, y persiguen hasta Éfeso a las restantes. Trasilo
-envía a Atenas los prisioneros, y suelta únicamente al ateniense
-Alcibíades, primo y compañero de destierro del otro Alcibíades. Con
-el resto del ejército se hace a la vela para Sesto, y de allí pasa a
-Lámpsaco. Llega, sin embargo, el invierno, durante el cual los cautivos
-siracusanos, que habían sido encerrados en las canteras del Pireo,
-perforando la roca se evaden de noche y huyen unos a Decelia y otros a
-Mégara. Quiere Alcibíades formar en Lámpsaco un solo cuerpo de ejército
-con todas sus tropas; pero sus soldados veteranos, que nunca habían
-sido vencidos, no quieren reunirse con los de Trasilo, que acaban de
-sufrir una derrota. Pasan todos el invierno en Lámpsaco fortificando
-dicha plaza, y verifican una expedición contra Abido, en la cual,
-acudiendo en socorro de esta Farnabazo con numerosa caballería, es
-derrotado y tiene que declararse en fuga. Alcibíades le persigue con
-sus caballos y ciento veinte hoplitas mandados por Menandro, hasta
-que la oscuridad les impide seguir en su persecución. Después de este
-combate, mézclanse los soldados y fraternizan los suyos con los de
-Trasilo. Realízanse en el mismo invierno algunas excursiones en el
-continente, en las cuales son devastados los territorios del rey.
-Durante este tiempo los lacedemonios, gracias a un tratado, dejan
-retirarse libremente a los hilotas sublevados, que habían huido a
-Corifasio[27] desde Malea. También en dicha época los aqueos hacen
-traición a los colonos de Heraclea de Traquinia[28], en un combate
-general contra los eteos, sus enemigos; de manera que perecieron unos
-setecientos de ellos, con Labotas, harmosta lacedemonio.
-
-Así terminó este año, en el que los medos sublevados contra Darío, rey
-de los persas, volvieron a acatar su autoridad.
-
-
-
-
-CAPÍTULO III.
-
-
-Al año siguiente el templo de Minerva Atenea, en Focea, es reducido a
-cenizas por un rayo. Al terminar el invierno, siendo éforo Pantacles
-y arconte Antígenes, conmemorando el buen tiempo, se hacen a la
-vela los atenienses hacia Proconeso con todo el ejército, en el
-año XXII.º de la guerra[29], y de allí van a anclar ante Bizancio
-y Calcedonia, acampando alrededor de esta ciudad. Informados los
-calcedonios del ataque que iban a sufrir por parte de los atenienses,
-habían entregado todas sus riquezas a sus vecinos los tracios de
-Bitinia[30]; Alcibíades, tomando consigo la caballería y algunos
-hoplitas, hace costear las naves y se dirige a los bitinios,
-pidiéndoles las riquezas de los calcedonios, diciéndoles les hará
-la guerra si no se las entregan. Así lo hacen, y, de vuelta ya a su
-campo con el botín y la garantía de un tratado, ataca Alcibíades por
-ambos mares a Calcedonia con todo el ejército, y cierra con un muro
-de madera, lo mejor que puede, el río que les divide. Hipócrates, el
-gobernador lacedemonio, hace salir de la ciudad a la guarnición para
-librar combate; despliéganse frente a frente los atenienses en orden
-de batalla, y Farnabazo acude desde la otra parte de aquel muro en
-socorro de los sitiados, con su ejército y con una caballería numerosa.
-Combaten durante algún tiempo Hipócrates y Trasilo, cada uno con sus
-hoplitas, hasta que llega Alcibíades con algunos de estos y con su
-caballería. Queda muerto en el campo Hipócrates, y huyen sus soldados
-a la ciudad. Mientras tanto, Farnabazo, que no había podido reunirse a
-Hipócrates a causa del poco espacio que se había dejado entre el río
-y las trincheras, tiene que retirarse al Heracleo[31], que está junto
-a Calcedonia, en cuyo lugar tenía su campamento. Alcibíades marcha
-después hacia el Helesponto y el Quersoneso, con objeto de recoger
-dinero, y los restantes generales[32] convienen entonces con Farnabazo,
-relativamente a Calcedonia, en estas condiciones: Que entregará
-veinte talentos a los atenienses y presentará al rey los diputados
-de Atenas. Afirman con juramento esta convención, obligándose a
-pagar los calcedonios el acostumbrado tributo a los atenienses, y a
-entregarles las cantidades atrasadas, a condición de que los atenienses
-no emprendan hostilidad alguna contra Calcedonia hasta que regresen
-los enviados al rey. Alcibíades no estuvo presente al celebrarse este
-tratado, puesto que estaba frente a Selimbria; pero una vez tomada
-esta ciudad, vuelve a Bizancio con gran multitud de quersonesios,
-soldados tracios y más de trescientos caballos. Espérale en Calcedonia
-Farnabazo, considerando necesario hacerle prestar juramento a lo
-tratado; pero Alcibíades, al llegar de Bizancio, declara que no jurará
-si no renueva también Farnabazo el juramento en su presencia; por
-lo cual él jura la convención en Crisópolis, delante de Mitrobates
-y Arnapes, enviados de Farnabazo, mientras este presta el juramento
-público ante Euriptólemo, enviado de Alcibíades, después de lo cual se
-dan mutuamente algunos dones privados. Hecho esto, parte Farnabazo de
-dicha población, y ordena a los diputados que deben dirigirse al rey se
-le unan en Cícico. Estos diputados eran Doroteo, Filocides, Teógenes,
-Euriptólemo y Mantíteo por parte de los atenienses, y Cleóstrato y
-Pirróloco por parte de los argivos; iban también con ellos algunos
-enviados por los lacedemonios, Pasípidas y otros, habiéndoseles juntado
-asimismo Hermócrates, expatriado siracusano, y su hermano Próxeno, a
-todos los cuales conducía Farnabazo.
-
-Los atenienses, sin embargo, sitian Bizancio, después de rodear a
-la ciudad con una trinchera y de inquietarla con proyectiles, y
-avanzan hasta el muro. Encontrábase en dicha población el harmosta
-lacedemonio Clearco, y con él algunos periecos[33] y un pequeño
-número de neodamodes[34], así como algunos megarenses mandados por
-Helixo de Mégara y algunos beocios que obedecían a Cerátadas. Viendo
-los atenienses que nada pueden conseguir por la fuerza, persuaden
-a algunos bizantinos para que les entreguen la plaza. No creyendo
-Clearco el gobernador que hubiese en ella nadie capaz para hacerlo,
-organizándolo todo lo mejor que puede, y encargando de la defensa de
-la ciudad a Cerátadas y a Helixo, se dirige hacia Farnabazo, en el
-opuesto continente, a fin de obtener de él el estipendio para sus
-soldados y reunir las naves que Pasípidas había dejado en observación,
-así en el Helesponto como en Antandro, y las que Agesándridas, segundo
-jefe de Míndaro, tenía en Tracia: deseaba asimismo hacer construir
-otras, y con todas estas fuerzas reunidas, acosar a los atenienses
-y hacerles levantar el sitio de Bizancio. Luego de haber partido
-Clearco, pónense a la obra los que querían entregar la ciudad, Cidón,
-Aristón, Anaxícrates, Licurgo y Anaxilao, quien fue más tarde acusado
-en Lacedemonia como culpable de traición, siendo absuelto por alegar
-había salvado la ciudad al entregarla, pues veía morir de hambre a las
-mujeres y a los niños, y además por ser bizantino y no lacedemonio.
-Como Clearco hacía entregar a los soldados todo el trigo que había en
-la ciudad, decía Anaxilao que había introducido al enemigo, sin que
-le moviese para ello el deseo de obtener dinero, ni el odio hacia los
-lacedemonios.
-
-Así que todo estuvo arreglado para realizar su designio, abren una
-noche la puerta llamada de Tracia, e introducen a Alcibíades y a su
-ejército. Helixo y Cerátadas, que nada sabían de la conjuración, se
-dirigen con todas sus tropas armadas a la plaza pública; pero viendo
-a los enemigos dueños de todo, y conociendo nada podían hacer, se
-entregan y son enviados a Atenas, donde Cerátadas, al desembarcar en el
-Pireo, huye por entre la multitud y llega salvo a Decelia.
-
-
-
-
-CAPÍTULO IV.
-
-
-Farnabazo y los enviados conocen los sucesos de Bizancio en Gordio[35],
-ciudad de Frigia, donde pasan el invierno; al comenzar la primavera[36]
-se dirigen hacia el rey, encontrando en su marcha la embajada
-lacedemonia, compuesta de Beocio y de otros mensajeros, los cuales les
-participan que los espartanos han alcanzado del rey cuanto pedían.
-Encuentran asimismo a Ciro, que había recibido el mando de todas
-las provincias marítimas, y que debía auxiliar a los lacedemonios,
-quien les enseña una carta con el sello real dirigida a todos los
-habitantes del Asia inferior, y en la que se decía: «Envío a Ciro
-como _cárano_[37] de los pueblos que se reúnen en el Castolo»[38].
-Cárano quiere decir Señor. Los diputados atenienses, al conocer estas
-órdenes, y después de haber visto a Ciro, desean aún más vivamente
-dirigirse hacia el rey, y si no, regresar a su patria; pero Ciro ordena
-a Farnabazo que le entregue los diputados, o que les impida a lo menos
-volver a su patria, no queriendo que los atenienses conociesen cuanto
-había sucedido. Farnabazo los retuvo todo el tiempo necesario, diciendo
-unas veces iba a llevarles ante el rey, y otras que les enviaría a
-Atenas, a fin de que nada pudiesen reprocharle; pero al cabo de tres
-años suplica a Ciro les deje en libertad, representándole había jurado
-volver a conducirles hasta el mar, si no les llevaba ante el rey; por
-lo cual son enviados a Ariobarzanes[39] con la orden de conducirles
-a la costa, y este les lleva a Cíos en Misia, de donde, por mar, se
-reúnen a su ejército.
-
-Queriendo Alcibíades volver con sus tropas a Atenas, se hace a la vela
-directamente hacia Samos, de donde, tomando veinte naves, entra en el
-golfo Cerámico de Caria y regresa de nuevo a aquella ciudad después de
-haber exigido veinte talentos a estas comarcas. Trasíbulo, con treinta
-buques, se dirige a Tracia, donde somete las plazas que habían sido
-tomadas por los lacedemonios, y entre otras Tasos, que había sido
-devastada por la guerra, las sublevaciones y el hambre. Trasilo llega a
-Atenas con el resto del ejército, y antes de su llegada habían elegido
-los atenienses tres generales: Alcibíades, desterrado; Trasíbulo,
-ausente, y Conón, que se hallaba en la ciudad.
-
-Alcibíades, con sus veinte trirremes y el dinero recogido, parte de
-Samos, dirigiéndose a Paros, de donde marcha directamente a Gitio[40]
-para vigilar las treinta trirremes que sabía preparaban allí los
-lacedemonios, y para cerciorarse del modo que sería recibido a su
-vuelta a Atenas. Después que conoció le era favorable la población, que
-se le ha elegido general, y que especialmente sus amigos le incitan
-a que regrese, entra en el Pireo el día en que la ciudad celebraba
-las Plinterias[41], en las cuales se cubre con un velo la estatua de
-Minerva Atenea, cosa que consideraron algunos como infausta para él y
-para la ciudad, puesto que en aquel día ningún ateniense se atrevía a
-emprender cosa alguna seria. Al desembarcar en el Pireo, la muchedumbre
-de este y de la ciudad se aglomera alrededor de las naves para admirar
-y ver a aquel Alcibíades que aseguran muchos es el mejor de todos los
-ciudadanos, y el único, dicen, que ha mostrado la injusticia de su
-destierro. Él es la víctima de muchos que le son inferiores y a quienes
-aplastaba con su elocuencia, porque su política no tenía otro objeto
-que el interés personal, mientras que él, por el contrario, tendió
-siempre a aumentar el bien común con el simultáneo empleo de sus
-propios recursos y de los de la ciudad; cuando ha querido ser juzgado
-sin dilación alguna de la acusación contra él dirigida como profanador
-de los misterios, sus enemigos han conseguido se desechase una súplica
-que tan justa parecía, y durante su ausencia le han hecho desterrar
-de su patria; entonces, esclavo de la necesidad, se ha visto obligado
-a servir a sus enemigos más crueles, expuesto cada día a perder su
-vida, y viendo a sus más íntimos amigos, a sus parientes, a sus
-conciudadanos y a la ciudad entera cometer grandes faltas, sin poder
-serles de ninguna utilidad a causa de su destierro; no deben temerse
-las revoluciones ni las sublevaciones de hombres como él, añaden,
-puesto que la popularidad le coloca encima de todos los de su edad y le
-iguala a los que son más ancianos, mientras sus enemigos continúan a
-estar dispuestos, como antes, a hacer perecer a los mejores ciudadanos,
-así que puedan verificarlo impunemente, por lo cual quedarán solos en
-su patria, ya que, apartados los ciudadanos que valen más que ellos,
-deberá el pueblo necesariamente contentarse con los que queden.[42]
-
-El partido opuesto a Alcibíades aseguraba era este la única causa de
-todas las calamidades públicas que se habían experimentado, y que había
-el peligro de que este general atrajese a la ciudad por sí solo, todos
-los funestos resultados que eran de temer.
-
-Alcibíades, después de haber entrado en el puerto, no desembarca en
-seguida por temor a sus enemigos, pero quedándose sobre el puente,
-procura distinguir a sus amigos, viendo a su primo Euriptólemo, hijo
-de Pisianacte y a sus restantes parientes y amigos, desembarca y se
-dirige a la ciudad con esta escolta, preparada a rechazar cualquier
-ataque que contra él se intente. En el senado y en la asamblea se
-defiende de la profanación, diciendo ha sido víctima de una injusticia,
-y después de haber presentado varias razones del mismo género, sin
-que nadie le replique, pues no lo hubiera tolerado la asamblea, por
-unanimidad es proclamado generalísimo, con amplias facultades, como el
-único capaz de recuperar para la república su antiguo poderío; hace
-salir inmediatamente todas las tropas a fin de que la procesión de los
-Misterios pueda celebrarse por su trayecto acostumbrado por tierra[43],
-ya que a causa de la guerra había tenido que hacerse por mar, y después
-levanta un ejército de mil quinientos hoplitas, ciento cincuenta
-caballos y cien naves.
-
-Tres meses después de su regreso, se embarca en dirección a Andros,
-que se había separado de la alianza ateniense, designándosele como
-generales adjuntos de las tropas de tierra, a Aristócrates y Adimanto,
-hijo de Leucolófides. Desembarca Alcibíades su ejército en Gaurio, que
-está en la isla de Andros; pone en fuga a los andrios, que se habían
-dirigido a su encuentro, y después de haberles causado muchas bajas,
-los encierra en los muros con los lacedemonios que estaban con ellos.
-Levanta después un trofeo, y pasados algunos días, se dirige hacia
-Samos donde principia las hostilidades.
-
-
-
-
-CAPÍTULO V.
-
-
-Algún tiempo antes de estos sucesos[44], habían enviado los
-lacedemonios a Lisandro para tomar el mando de la flota en sustitución
-de Cratesípidas, pues había terminado ya el tiempo de su mando. Al
-llegar aquel a Rodas[45], toma posesión de las naves y se dirige a Cos
-y a Mileto, de donde se hace a la vela para Éfeso, y allí permanece con
-setenta naves hasta que Ciro llegue de Sardes, y así que este llega
-va a su encuentro Lisandro con los enviados espartanos y quejándose
-de Tisafernes[46] y relatándole todo lo que ha hecho, suplican a Ciro
-excite la guerra cuanto pueda; contesta este que tal es precisamente
-el encargo que ha recibido de su padre, que estas son sus intenciones
-y que hará cuanto de él dependa para realizarlas; añade que trae
-quinientos talentos con este objeto; que si no bastan, hará uso de los
-fondos privados que le ha entregado su padre, y que si todo esto no es
-aún suficiente, hará fundir el trono sobre que está sentado, que es de
-oro y plata.
-
-Alábanle esta respuesta y le deciden a dar una dracma ática[47] a los
-marineros, manifestándole que este aumento de sueldo hará desertar a
-los de la flota ateniense, lo cual le economizará más tarde grandes
-dispendios. Ciro aprueba tales propósitos, pero manifiesta le es
-imposible ir contra las órdenes del rey, puesto que, según el tratado
-de alianza, debe dar únicamente treinta minas[48] al mes, por cada nave
-que los lacedemonios sostengan en la guerra. Nada replica entonces
-Lisandro, pero al fin de la comida, al brindar Ciro y pedirle qué podrá
-hacer que le sea agradable, contestó Lisandro: «Aumentar un óbolo[49]
-al sueldo de cada marinero.» Desde aquel momento, el sueldo para los
-marineros fue de cuatro óbolos, habiendo sido de tres hasta entonces.
-Ciro paga además los atrasos y hace repartir un mes adelantado, lo cual
-redobla el celo de los soldados.
-
-Desanímanse con esta nueva los atenienses, y por medio de Tisafernes
-le envían mensajeros, que no admite, por más que se lo ruegue aquel,
-y por más que le incite a procurar, como él había hecho siguiendo
-los consejos de Alcibíades, que ningún pueblo adquiriese gran
-poderío, antes bien, que se debilitasen mutuamente con sus intestinas
-disensiones. Después de haber reunido su flota en Éfeso, Lisandro
-hace poner en seco sus naves, en número de noventa, y se mantiene en
-reposo, ocupándose en recomponerlas y calafatearlas y en dar descanso a
-sus tropas. Por su parte Alcibíades, sabiendo que Trasíbulo ha salido
-del Helesponto para fortificar Focea, se dirige hacia él, después de
-dejar el mando de la flota a su lugarteniente Antíoco, mandándole
-expresamente no se acerque a las naves de Lisandro; pero este, con su
-nave y otra, se hace a la mar con dirección al puerto de Éfeso desde
-Notio[50], y se acerca a las proas de las de Lisandro. Este, poniendo
-a flote un pequeño número de naves, le da caza; pero después, al ver
-vienen los atenienses con mayor número de naves en auxilio de Antíoco,
-dirige contra ellos toda su flota formada en orden de batalla. Echan
-al agua entonces los atenienses que habían quedado en Notio todas sus
-trirremes, y se hacen a la mar; de este modo se verifica un combate
-naval, permaneciendo en buen orden los lacedemonios, mientras son
-puestos en completa dispersión los atenienses, hasta que, perdidas
-quince trirremes, se declaran en fuga: la mayor parte de los que las
-montaban consiguen escaparse, pero algunos son apresados por los
-enemigos. Lisandro se lleva las naves que ha tomado, levanta un trofeo
-en Notio y se dirige a Éfeso; los atenienses se retiran a Samos.
-
-Después de este combate, Alcibíades, habiendo regresado a Samos, se
-hace cargo de toda la flota y la conduce hacia Éfeso, apoderándose de
-la entrada del puerto, donde se coloca en orden de batalla para ver
-si se acepta el combate; pero como Lisandro no se mueve a causa de la
-numérica inferioridad de sus naves, se vuelve a Samos. Poco tiempo
-después, los lacedemonios se apoderan de Delfinio[51] y de Eión[52].
-
-Cuando llega a Atenas la nueva de este combate naval, levántase gran
-indignación contra Alcibíades, y a su negligencia y mala dirección
-se atribuye la pérdida de las naves. Son elegidos diez nuevos
-generales: Conón, Diomedonte, León, Pericles, Erasínides, Aristócrates,
-Arquéstrato, Protómaco, Trasilo y Aristógenes. Al ver Alcibíades que
-el ejército está también indispuesto contra él, toma una trirreme y se
-retira a su castillo del Quersoneso.
-
-Sale en seguida Conón de Andros con sus veinte naves, y se dirige a
-Samos para tomar el mando de la flota[53], según el decreto de los
-atenienses. Para sustituir a Conón envían a Andros con cuatro naves a
-Fanóstenes, quien encontrando dos trirremes turias, se apodera de ellas
-con su equipaje; los atenienses encadenan a todos los prisioneros,
-excepto a Dorieo, su jefe, natural de Rodas, quien prudentemente había
-tenido que huir de Rodas y de Atenas para evitar la pena de muerte
-pronunciada contra él y contra sus parientes por los atenienses, y
-había adquirido después el derecho de ciudadano en Turios; túvose
-compasión de él y se le soltó sin exigirle siquiera rescate.
-
-Al llegar a Samos encuentra Conón la flota en completo desorden;
-consigue arreglar setenta trirremes, en lugar de más de ciento a que
-ascendía aquella anteriormente; se hace a la vela, seguido de los otros
-generales, y hace desembarcos en varios puntos del territorio enemigo,
-que entrega al saqueo.
-
-Así termina este año, en el cual los cartagineses invaden Sicilia con
-ciento veinte trirremes y un ejército de tierra de ciento veinte mil
-hombres; vencidos primeramente en un combate, consiguen más tarde
-apoderarse por hambre de Agrigento, después de un sitio de siete meses.
-
-
-
-
-CAPÍTULO VI.
-
-
-Al año siguiente[54], en el que se observó un eclipse de luna por la
-noche[55] y se quemó el antiguo templo de Minerva en Atenas, siendo
-éforo Pitias y Calias arconte en Atenas, los lacedemonios envían a
-Calicrátidas para sustituir a Lisandro en el mando de la armada, puesto
-que su magistratura acababa de expirar al mismo tiempo que terminaba
-el vigesimocuarto año de la guerra. Al entregarle las naves, dice
-Lisandro a Calicrátidas se las entrega después de haber sido declarado
-rey del mar[56] y después de haber vencido en un combate naval; pero
-aquel le replica debe primeramente abordar a Éfeso, costear por el lado
-izquierdo la isla de Samos, donde estacionan las naves atenienses,
-y entregarle en Mileto el mando de la flota para que le reconozca
-acreedor a dicho título de rey del mar. Contéstale Lisandro que le
-importa poco todo eso siendo otro el jefe; y entonces Calicrátidas,
-añadiendo a las naves que ha recibido de Lisandro otras cincuenta,
-entregadas por Quíos, Rodas y otros países aliados, reúne la flota
-entera, en número de ciento cuarenta embarcaciones, y se prepara
-para arrojarse sobre el enemigo. Habiendo sabido que los amigos de
-Lisandro principian a hablar mal de él y que no solo no cumplen su
-deber con todo el celo posible, sino que esparcen rumores calumniosos
-por las ciudades, entre otros el de que se comete gran yerro al
-cambiar los jefes de la armada, con lo cual se exponen a entregarla
-a hombres sin talento, sin conocimiento de las cosas marítimas y de
-la táctica debida con sus subordinados, y que, al enviar gente sin
-experiencia y desconocida en aquellos países, corren grave peligro de
-atraerse grandes desgracias, reuniendo Calicrátidas en asamblea a los
-lacedemonios presentes, les dice:
-
---«Me es completamente indiferente permanecer en mi casa, y si Lisandro
-u otro cualquiera cree ser más perito que yo en la marina, nada tengo
-que oponer. Pero como he recibido del estado el mando de la flota,
-no puedo hacer otra cosa que ejecutar lo mejor que pueda las órdenes
-que me han dado. En cuanto a vosotros, sin perder de vista el objeto
-que yo ambiciono y las acusaciones que se dirigen a nuestra patria y
-que sabéis tan bien como yo mismo, quiero que me aconsejéis lo que os
-parezca mejor, entre quedarme aquí o regresar a Esparta para anunciar
-lo que sucede en la armada.»
-
-No atreviéndose nadie a manifestar otra cosa sino que debía obedecer
-las órdenes de Esparta y realizar aquello para que ha sido nombrado,
-dirigiéndose a Ciro le pide dinero para pagar a sus soldados. Ruégale
-este aguarde dos días, por lo cual, irritado Calicrátidas por la
-demora y por las antesalas que debía hacer para verle, dice que los
-griegos son muy desgraciados por tener que hacer la corte a los
-bárbaros en súplica de dinero; y añade que si consigue volver salvo a
-su patria, hará cuanto pueda para reconciliar a los atenienses con los
-espartanos. Después de esto se hace a la vela para Mileto, desde donde
-envía algunas trirremes a Lacedemonia en busca de dinero, y convocando
-a consejo a los milesios, les dice:
-
---«Mi deber, oh milesios, me obliga a obedecer a los magistrados de
-mi país, y espero de vosotros mostréis el mayor celo posible para la
-guerra, puesto que situados en medio de los bárbaros, habéis tenido
-que sufrir mucho de ellos; es preciso, pues, deis el ejemplo a los
-demás aliados, a fin de que podamos hacerles cuanto antes el mayor
-daño posible, hasta que regresen los que he enviado a Lacedemonia en
-busca de dinero, puesto que Lisandro a su marcha entregó a Ciro, como
-cosa superflua, cuanto le quedaba, y este me ha despedido sin darme
-nada cada vez que me he presentado a él, por lo cual no he podido
-decidirme a esperar eternamente en su antecámara. Os prometo, sin
-embargo, daros proporcionadas muestras de reconocimiento a las ventajas
-que alcancemos sobre los bárbaros, mientras estamos aguardando lleguen
-aquellos fondos; y con la ayuda de los dioses mostrémosles que no
-tenemos necesidad de lisonjear a nadie para poder vengarnos de nuestros
-enemigos.»
-
-Después de estas palabras levantáronse algunos, principalmente aquellos
-a quienes se acusaba de ser sus adversarios y a los cuales el miedo
-incita a indicar los medios para proveerse de dinero y a ofrecerse
-ellos mismos para proporcionar alguna cantidad. Con ayuda de este
-dinero y del de Quíos, da Calicrátidas cinco dracmas a cada marinero
-para la travesía, y se dirige a Metimna, en Lesbos, ciudad aliada de
-los atenienses. Rehusando entregarse los metimneos, pues tenían una
-guarnición ateniense y sus principales habitantes eran de este partido,
-sitia la ciudad y la toma a viva fuerza. Saquean los soldados cuantas
-riquezas encuentran; pero hace reunir Calicrátidas en la plaza pública
-todos los esclavos, y aunque querían los aliados fuesen vendidos
-también los ciudadanos de Metimna, declara que mientras tenga él el
-mando se opondrá con todas sus fuerzas a que ningún griego sea reducido
-a la esclavitud. Da libertad al día siguiente a la guarnición ateniense
-y a los ciudadanos, y hace vender a todos los esclavos de que se habían
-apoderado. Hace decir también a Conón que pronto le impedirá ser el
-favorito de la mar; y viendo se hace a la vela al clarear el día, le
-persigue y le corta el camino de Samos para que no pueda refugiarse
-allí.
-
-Huye Conón con sus naves, que eran muy veleras, puesto que había
-escogido en sus numerosos equipajes a los mejores remeros y los había
-colocado en un pequeño número de naves, y se refugia con dos de los
-diez generales, Erasínides y León[57], a Mitilene, ciudad de Lesbos.
-Calicrátidas entra persiguiéndole al mismo tiempo que él en el puerto
-con ciento setenta naves. Prevenido, pues, Conón en sus intenciones
-por los enemigos, vese obligado a librar un combate naval ante el
-puerto, en el que pierde treinta naves; la tripulación huye a tierra,
-y las cuarenta naves restantes, llevadas a remolque, son puestas en
-seco junto a los muros de la ciudad. Calicrátidas ancla en el puerto,
-bloquea al enemigo, guardando la entrada de aquel, y hace acudir
-por tierra gran cantidad de metimneos y las tropas de Quíos; recibe
-asimismo el dinero de Ciro.
-
-Sitiado por mar y por tierra Conón, y no pudiendo procurarse los
-víveres en parte alguna, con gran cantidad de gente que mantener en la
-población y sin recibir auxilio alguno de los atenienses, puesto que
-ignoraban lo que ocurría, echa al agua sus dos mejores naves; equípalas
-antes del día marcado con los mejores remeros de la flota; hace bajar
-al fondo de la nave a los marinos, y para ocultarlos hace correr las
-telas de la cubierta[58]. Así se hace durante el día, y por la noche,
-cuando oscurece, los hace bajar a tierra a fin de que su maniobra
-pasase desapercibida al enemigo. Al quinto día, después de haberse
-aprovisionado de todo lo necesario, esperan hasta mediodía, y estando
-entonces descuidadas las guardias y aun algunos centinelas dormidos,
-salen del puerto, dirigiéndose un navío al Helesponto y el otro a la
-alta mar. Salen en seguida en su persecución; cada cual se coloca donde
-puede, córtanse las amarras, despiertan, y en tumulto procuran armarse
-en el mismo lugar en que acababan de comer; embárcanse y se arrojan
-en persecución de la nave que había ganado la altura; alcánzanla
-al ponerse el sol, y se apoderan de ella después de un combate,
-remolcándola con su tripulación hacia el resto del ejército. Pero la
-que había huido en dirección al Helesponto burla la persecución y llega
-a Atenas, donde lleva la nueva del bloqueo. Llega Diomedonte al canal
-de Mitilene con doce naves en auxilio de Conón, pero echándose sobre
-él de improviso Calicrátidas, le toma diez de sus naves, y Diomedonte
-consigue escapar con otra nave y la suya.
-
-Los atenienses, al saber cuanto ha ocurrido, decretan un socorro de
-ciento diez naves, en las que embarcan a todo el que está en edad de
-soportar el peso de las armas, así esclavos como libres; equípase
-esta tropa en treinta días, después de los cuales se hace a la vela,
-habiéndose también embarcado en ella una numerosa caballería. Dirígense
-primero a Samos, donde se les reúnen diez naves samias; júntanseles
-también más de treinta naves de otras comarcas aliadas, a cuyos
-habitantes en masa obligan a embarcarse, y recogen también cuantas
-naves tenían desparramadas en varios sitios, con lo cual se eleva el
-número total de esta flota a más de ciento cincuenta embarcaciones.
-
-Calicrátidas, al saber que la flota de socorro está en Samos, deja
-en Mitilene cincuenta naves al mando de Eteónico, y se hace a la
-vela con las otras ciento veintiuna en la isla de Lesbos, junto al
-cabo Malea[59], que está frente a Mitilene. Dio la casualidad que
-los atenienses cenaban aquel mismo día en las islas Arginusas, que
-están situadas muy cerca de Lesbos. Distinguiendo Calicrátidas los
-fuegos durante la noche, y habiendo averiguado eran de los atenienses,
-leva anclas a media noche para caer sobre ellos de improviso, pero
-sobreviene fuerte lluvia y truenos que le impiden aguantar la mar.
-Disipada la tormenta al comenzar el día, se hace a la vela en dirección
-a las Arginusas; avanzan inmediatamente los atenienses a su encuentro,
-teniendo a su frente el ala izquierda y en este orden: Aristócrates
-en la extrema izquierda con quince naves, y luego con otras quince
-Diomedonte; Pericles[60] sigue a Aristócrates, y Erasínides a
-Diomedonte; detrás de este están los samios con diez naves formados
-en una sola línea y mandados por un samio llamado Hipeo, y seguidos
-inmediatamente de las diez naves de los tribunos ordenadas también en
-una sola línea; seguían después las tres trirremes de los comandantes y
-el resto de la flota aliada; a la cabeza del ala derecha está Protómaco
-con quince naves, y después Trasilo con otras quince. Apoyan al
-primero Lisias con un número igual de naves, y Aristógenes a Trasilo.
-Habían escogido este orden de batalla a fin de impedir forzara el
-enemigo sus líneas, pues sus buques eran mejores.
-
-Las trirremes lacedemonias se habían colocado frente a frente
-dispuestas en fila y preparándose a forzar la línea enemiga para
-atacarla por la retaguardia, siendo más ligeros en la maniobra:
-Calicrátidas mandaba el ala derecha. Hermón de Mégara, su
-lugarteniente, le indicó que no haría mal en retirarse, ya que las
-trirremes atenienses eran superiores en número, a lo cual contestaba
-Calicrátidas que su muerte no sería gran desgracia para Esparta,
-mientras que la huida sería una deshonra. Comienza en seguida el
-combate, que dura largo tiempo, primero estando muy apretadas las
-naves, después muy diseminadas. Arrojado al mar Calicrátidas en un
-choque de su nave, no vuelve a aparecer. Protómaco y los suyos del
-ala derecha, derrotan a la izquierda de los lacedemonios, quienes
-principian a acentuar su fuga, unos a Quíos y la mayor parte a Focea;
-los atenienses regresan a las Arginusas. Las pérdidas de estos habían
-sido de veinticinco naves con su tripulación, fuera de algunos que
-habían alcanzado la costa; las de los peloponesios fueron de nueve
-naves espartanas, sobre diez que eran, y más de sesenta de los aliados.
-
-Los generales atenienses deciden encargar a los comandantes Terámenes y
-Trasíbulo, y a algunos tribunos, vayan con cuarenta y siete trirremes
-en busca de las naves naufragadas y de los hombres de a bordo, mientras
-que ellos, con el resto de la flota, se dirigirán al encuentro de las
-naves ancladas en Mitilene bajo las órdenes de Eteónico. El viento
-y un violento temporal les impide realizar tales propósitos, por lo
-cual permanecen allí mismo y erigen un trofeo. Recibe Eteónico la
-noticia del combate por medio de una nave de transporte; despídela en
-seguida, ordenando a los de la tripulación retrocedan sin ruido y sin
-comunicar con nadie y avancen poco después hacia la flota coronados y
-gritando que Calicrátidas ha ganado la batalla y que ha perecido toda
-la escuadra ateniense. Así lo hacen, y él, inmediatamente después de
-su regreso, ofrece sacrificios por tan feliz nueva, y ordena al mismo
-tiempo a los soldados tomen el almuerzo y a los comerciantes coloquen
-con sigilo sus mercancías en las naves a fin de dirigirse a Quíos, ya
-que el viento es favorable, y salgan detrás de ellos las trirremes, y
-recoge asimismo las tropas en Metimna, después de haber incendiado los
-campamentos. Conón, al ver en fuga a los enemigos y soplando un viento
-favorable, hace botar al agua sus naves y se dirige al encuentro de los
-atenienses, que habían ya abandonado las Arginusas, participándoles
-la estratagema de Eteónico. Prosiguen los atenienses su marcha hasta
-Mitilene; de allí se dirigen a Quíos, y luego se vuelven a Samos sin
-haber realizado hecho alguno importante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO VII.
-
-
-Excepto Conón, al cual añaden Adimanto y Filocles, son depuestos en
-Atenas todos los generales[61]. Dos de ellos que habían asistido
-al combate naval, Protómaco y Aristógenes, no regresan a dicha
-ciudad; pero así que los otros seis, Pericles, Diomedonte, Lisias,
-Aristócrates, Trasilo y Erasínides llegan a ella, Arquedemo, demagogo
-y distribuidor del dióbolo[62], propone una multa contra Erasínides, a
-quien acusa ante el tribunal de haberse apoderado en el Helesponto de
-cantidades que pertenecían al pueblo; acúsale igualmente por su mala
-gestión como general, y el tribunal decreta el arresto de Erasínides.
-Los generales dan después en la asamblea explicaciones sobre el combate
-naval y sobre la violencia de la tempestad. Diciendo Timócrates que
-era preciso encarcelarlos y conducirlos a la barra, la asamblea los
-hace prender. Verifícase después una asamblea, en la que Terámenes,
-entre otros, acusa vivamente a los generales; dice es de justicia
-expliquen el motivo por el que no han recogido los náufragos, y lee
-una carta en la que se disculpan únicamente con la tempestad para
-probar que aquellos no alegan otra excusa. Cada general se defiende
-después en pocas palabras, puesto que no se les concede el tiempo
-que les dan las leyes, y relatan cuanto ha sucedido: mientras que
-ellos mismos se hacían a la vela contra el enemigo, han confiado el
-cuidado de recoger los náufragos a comandantes capaces y que habían
-sido ya generales, Terámenes, Trasíbulo y otros de igual categoría. Si
-es, pues, preciso acusar a alguien a causa de esto, únicamente debe
-inculparse a los que de esta comisión fueron encargados; «y sin embargo
---añaden--, la acusación no nos conducirá a mentir y a pretender sean
-ellos culpables, puesto que la violencia de la tempestad es la única
-que ha impedido recoger los muertos». En apoyo de esta declaración
-producen el testimonio de los pilotos y otros muchos que formaban
-parte de la expedición. Persuaden con esto al pueblo, y levantáronse
-muchos particulares que se ofrecen como caución; decrétase, pues, dejar
-el asunto para la próxima asamblea, ya que era una hora muy avanzada
-y no podían verse las manos al votar. Mientras tanto, debiendo el
-senado ocuparse primeramente de este asunto, se propondrá al pueblo la
-conducta que debe seguirse al juzgar a los procesados.
-
-Sobrevienen las Apaturias[63], durante las cuales se reúnen los
-parientes y aliados entre sí. Terámenes y sus partidarios preparan una
-multitud de individuos vestidos de negro y con la cabeza afeitada a fin
-de que comparezcan ante la asamblea como parientes de los muertos en
-aquel combate, y persuaden a Calíxeno para que acuse a los generales en
-el senado. Hacen convocar en seguida una asamblea, en la cual, por boca
-de Calíxeno, da el senado su decisión:
-
-«Habiendo sido oídas en la asamblea precedente así la acusación como
-la defensa de los generales, se llama a votar a todo ateniense en
-su propia tribu; se dispondrán dos urnas para cada una de estas,
-y un heraldo publicará en la suya respectiva que todos los que
-consideren fundamentada la culpabilidad de los generales deben votar
-en la primera, y los que no lo consideren así, en la segunda. Si son
-declarados culpables, serán castigados a muerte y entregados a los
-Once, confiscados sus bienes y consagrado el décimo a la diosa Minerva
-Atenea.»
-
-Comparece entonces un hombre ante la asamblea, diciendo se ha salvado
-sobre un tonel de harina, y que los que perecían le encargaron
-anunciara al pueblo, si se salvaba, que los generales no recogieron
-a los valientes que habían combatido por la patria. Sin embargo,
-Euriptólemo, hijo de Pisianacte y algunos otros, hacen presente que
-Calíxeno ha leído un decreto contrario a las leyes; algunos de los del
-pueblo les aplauden, pero la mayor parte grita, que es muy extraño no
-se deje hacer al pueblo lo que quiera. Hace uso entonces de la palabra
-Licisco, para decir que debe condenarse a los perturbadores a iguales
-penas que a los generales, si no dejan en reposo a la asamblea; con
-lo cual principia de nuevo el tumulto, y por fin tiene que retirarse
-aquella proposición. Algunos pritanos afirman que no consentirán se
-vote en contra de las leyes, y Calíxeno sube de nuevo a la tribuna y
-repite la acusación antes formulada; gritan otros que es preciso acusar
-también a los que sean de opuesto parecer, y sobrecogidos de miedo los
-pritanos, consienten todos en que tenga lugar la votación, fuera de
-Sócrates el hijo de Sofronisco, que da su voto contrario, diciendo no
-hará nunca nada contra las leyes[64]. Después de todo esto, sube a la
-tribuna Euriptólemo, y en favor de los generales, dice lo siguiente:
-
-«Atenienses: Subo a la tribuna para acusar en algunos puntos y para
-defender en otros a Pericles, mi pariente y aliado, y a Diomedonte,
-mi amigo, así como para daros el consejo que me parece de más utilidad
-para la patria. Acuso a estos generales porque se opusieron a sus
-colegas, cuando querían anunciar por medio de una comunicación al
-consejo y al pueblo, que habían encargado a Terámenes y a Trasíbulo
-recogiesen los náufragos con cuarenta y siete trirremes, y que estos no
-lo habían hecho. Ahora comparten en común el peso de la falta que ha
-sido cometida por algunos pocos, y en cambio de su filantropía pasada
-corren el riesgo de sucumbir por una intriga de los culpables y de sus
-enemigos. Pero no será esto así, si puedo convenceros para que obréis
-conforme a justicia y según la religión, y para que procuréis averiguar
-la verdad de todo ello, a fin de no tener más tarde que arrepentiros
-y reconocer cometisteis una gran falta contra los dioses y contra
-vosotros mismos. Os aconsejo, pues, no os dejéis engañar ni por mí ni
-por nadie; que averigüéis quiénes son los culpables y les apliquéis el
-castigo que queráis, uno a uno o a todos de una vez; pero concededles,
-a lo menos, un día para defenderse, y no confiéis en nadie más que en
-vosotros mismos.
-
-»Atenienses, todos sabéis que el decreto de Canono[65] es considerado
-como muy severo y que ordena se defienda cargado de cadenas ante el
-pueblo todo el que haya dañado a los atenienses, y que si es declarado
-culpable sea condenado a muerte y arrojado al Báratro, confiscados
-sus bienes y el diezmo consagrado a la diosa. Pues bien, yo pido que
-por este decreto sean juzgados los generales, ¡y por Zeus[66]! si os
-parece bien, antes que nadie mi pariente Pericles, pues gran deshonra
-sería para mí me interesara más por él que por el estado. Pero si
-no lo queréis así, juzgadles según la ley contra los sacrílegos y
-traidores, por la cual, todo el que haga traición al estado o robe
-algún objeto sagrado, debe ser juzgado ante el tribunal, y si es
-condenado no puede enterrársele en el Ática siéndole confiscados sus
-bienes. Sea cualquiera, pues, oh atenienses, la ley que prefiráis,
-juzgad separadamente a estos hombres, y dividid en tres partes la
-sesión: en la primera os reuniréis e indagaréis si son culpables o no;
-en la segunda tendrá lugar la acusación, y en la tercera la defensa.
-Gracias a esto, caerá el mayor castigo posible sobre los culpables,
-pero pondréis en libertad a los que no lo sean, y no perecerá, oh
-atenienses, ningún inocente[67].
-
-»En cuanto a vosotros, juzgad según la ley, y respetando los juramentos
-religiosos, tened cuidado de combatir, juntamente con los lacedemonios,
-a aquellos que les tomaron setenta naves y les vencieron por completo,
-al condenarles ilegalmente y sin forma de proceso. ¿Qué teméis para
-apresuraros tanto? ¿Acaso no podéis condenar o dar la libertad,
-según creáis conveniente, conforme a la ley y no contra ella, como
-lo quiere Calíxeno al persuadir al senado proponga al pueblo decida
-todo el asunto en una sola votación? Tened presente que de este modo
-podéis condenar a muerte a algún inocente, y que más tarde tendréis
-que arrepentiros de ello. Tanto más extraña sería vuestra conducta
-al pensar que Aristarco, después de haber cometido grandes excesos
-en Énoe[68] y haber entregado esta ciudad a los tebanos, vuestros
-enemigos, obtuvo de vosotros un día para su defensa, como había pedido,
-y todo se realizó según prescribe la ley; y en cambio priváis de este
-mismo derecho a unos generales que han vencido por completo a los
-enemigos, después de haber obedecido siempre vuestras órdenes. Pero
-no, no lo haréis, atenienses; antes al contrario, vigilaréis por el
-cumplimiento de esas leyes que vosotros mismos habéis establecido y por
-las cuales habéis llegado a tan gran poderío, y no intentaréis jamás
-hacer nada contra lo que ellas establecen.
-
-»Remontaos hasta los mismos sucesos y a las circunstancias que han
-motivado la falta de los generales. Vencedores en la batalla naval,
-habían bajado otra vez a tierra; Diomedonte propone que todas las
-naves, diseminándose, vayan a recoger los náufragos y los restos de
-las naves; por el contrario, Erasínides pide que la flota entera
-se haga a la mar cuanto antes, para atacar al enemigo en Mitilene;
-Trasilo sostiene pueden conciliarse ambas opiniones dejando una parte
-de las naves en el lugar del combate y persiguiendo al enemigo con
-las restantes. Prevalece este parecer; se decide que cada uno de los
-ocho generales deje tres naves de su sección, a las cuales se añadirán
-las diez de los tribunos, las diez de los samios y las tres de los
-navarcos[69]: resultan entre todas cuarenta y siete; de modo que había
-cuatro naves por cada una de las doce que habían sido sumergidas. En el
-número de los tribunos puestos al frente de esta división se hallaban
-Trasíbulo y Terámenes, el que en la asamblea anterior acusó a los
-generales; el resto de la flota se hace a la vela contra los enemigos.
-
-»¿Qué encontráis en todo eso que no os parezca prudente y bien
-dispuesto? ¿Acaso no es justo que los jefes de la expedición rindan
-cuentas de cuantos yerros hayan cometido ante el enemigo, y que si los
-encargados de recoger los náufragos han dejado de ejecutar las órdenes
-de los generales, sean ellos traídos a juicio? Pero en favor de unos y
-otros, debo añadir que la tempestad impidió realizaran las órdenes que
-habían recibido de los generales. Como testigos presenciales tenéis a
-cuantos han conseguido salvarse, y entre estos a uno de los generales
-que escapó al naufragio de su navío, y que hoy quieren también envolver
-en la misma sentencia que debe darse contra aquellos que faltaron al
-cumplimiento de su deber, a pesar de haber necesitado él mismo de ese
-socorro. No queráis, pues, oh atenienses, conduciros en medio de la
-victoria y de la fortuna como harían los vencidos y los desgraciados:
-no imputéis a falta de previsión una desgracia inevitable enviada por
-un dios, ni condenéis como traición la imposibilidad de obrar y de
-obedecer lo ordenado, a causa de la tempestad. Mucho más justo sería
-recompensar con coronas a los vencedores, que condenarles a muerte
-escuchando los consejos de hombres depravados.»
-
-Después de decir estas palabras, propone Euriptólemo por escrito, sean
-juzgados separadamente los acusados, según la ley de Canono, a pesar
-de la propuesta del senado, de que fuesen todos sentenciados a la vez.
-Al votarse esta proposición, primeramente es adoptada, pero después de
-las solemnes protestas de Menecles, se procede a una segunda votación,
-y se aprueba lo propuesto por el senado, después de lo cual se condena
-a muerte a los ocho generales que habían tomado parte en el combate
-naval, y los seis presentes son ejecutados.
-
-No tardaron mucho tiempo los atenienses en arrepentirse, y decretaron
-se presentasen ante la asamblea cuantos procuraron engañar al pueblo,
-como culpables hacia el estado, debiendo prestar caución hasta ser
-juzgados. Uno de ellos era Calíxeno; otros cuatro son encausados con
-él y encarcelados por los mismos que prestaban caución por ellos; pero
-antes de ser juzgados pudieron escaparse en una revuelta en que pereció
-Cleofonte. Calíxeno volvió a Atenas con otros desterrados del Pireo;
-pero execrado por todos, pereció de hambre.
-
-
-
-
-LIBRO SEGUNDO.
-
-CAPÍTULO PRIMERO.
-
-
-Los soldados de Eteónico que estaban en Quíos se alimentaron durante
-todo aquel verano[70] con los frutos propios de la estación y con lo
-que produjeron los campos, que hicieron cultivar por mercenarios;
-pero cuando llegó el invierno y no tuvieron víveres y se hallaron
-desnudos y sin calzado, se conjuraron y resolvieron apoderarse por
-sorpresa de la ciudad de Quíos, conviniendo en que todos los que se
-asocien a este proyecto, lleven como bastón una caña para darse a
-conocer mutuamente. Instruido Eteónico de la conjuración, no sabe
-qué partido tomar, a causa del gran número de los portacañas: si se
-opone abiertamente, parecerá temer hagan uso de las armas, y una vez
-dueños de la ciudad y convertidos en enemigos, lo perdía todo al ser
-vencido, y por otra parte, el condenar a muerte a tan gran número
-de aliados sería una iniquidad, y con ella correría evidentemente el
-riesgo de atraerse la enemistad de los demás griegos, y de perder su
-prestigio sobre los soldados. Tomando, pues, consigo quince hombres
-armados de puñales, recorre la ciudad, y encontrando a un individuo
-que enfermo de la vista salía de casa del médico llevando una caña, le
-mata. Prodúcese con esto gran tumulto; todos preguntan por qué ha sido
-muerto este hombre, y Eteónico hace pregonar entonces que no ha sido
-por otra cosa más que por llevar en la mano una caña. Así que se hizo
-este pregón, arrojan las cañas cuantos las traían, y todo el que lo
-ha oído teme que le hayan visto con ella en la mano. Reúne en seguida
-Eteónico a los habitantes de Quíos, y les invita a que le proporcionen
-dinero para que recibiendo los soldados su paga, no intenten contra
-ellos ninguna novedad. Entréganle el dinero pedido, y da la señal para
-embarcarse. Recorre entonces todas las naves, una por una, y prodiga
-las exhortaciones y los halagos como si nada supiese de lo ocurrido,
-dando luego a cada cual la paga de un mes.
-
-Después de estos sucesos los habitantes de Quíos y los demás
-aliados[71] se reúnen en Éfeso y decretan se envíen diputados a
-Lacedemonia pidiendo regrese Lisandro para ponerse al frente de la
-flota, puesto que había sabido congraciarse los aliados en su anterior
-jefatura, sobre todo después de haber vencido en el combate naval de
-Notio. Salen los diputados, y con ellos algunos mensajeros encargados
-por Ciro para presentar la misma súplica. Los lacedemonios mandan como
-segundo jefe a Lisandro, pero como general de la flota a Áraco, pues
-sus leyes se oponen a que una misma persona desempeñe dos veces aquel
-cargo; confíanse, sin embargo, las naves a Lisandro al terminar el
-vigesimoquinto año de la guerra.
-
-Durante este mismo año Ciro hizo perecer a Autobesaces y a Mitreo,
-hijos ambos de la hermana de Darío e hija de Artajerjes, padre de
-aquel[72]; porque hallándose un día a su paso no habían ocultado sus
-manos en las mangas del traje, lo cual no se hace más que para el rey,
-pues siendo la manga más larga que la mano, cuando esta está oculta
-por aquella, nada malo puede intentarse. Hierámenes y su mujer dicen a
-Darío que es indigno permita tanta osadía en Ciro, y fingiendo hallarse
-enfermo le manda llamar.
-
-Al año siguiente[73], siendo éforo Arquitas y Alexio arconte en Atenas,
-llega Lisandro a Éfeso y hace venir de Quíos a Eteónico con sus naves;
-y reuniendo las demás que se hallaban estacionadas en distintos
-parajes, las hace recomponer y manda construir otras en Antandro.
-Después se dirige a Ciro pidiéndole dinero, quien le contesta ha
-gastado ya más de las cantidades que ha recibido del rey; y después
-de mostrarle lo que ha dado a cada uno de los jefes de la armada, le
-entrega lo que pide. Establece con este dinero Lisandro comandantes en
-las naves, y paga el sueldo que se debe a los marineros. Por su parte
-los generales atenienses equipan en Samos su flota.
-
-Ciro envía un mensajero a Lisandro, pues le ha llegado un correo
-anunciándole que su padre está enfermo en Tamneria de Media, junto a
-los cadusios[74], contra los cuales dirigía una expedición, y le manda
-llamar. Al llegar Lisandro, le prohibe librar combate a los atenienses
-sin tener mayor número de naves, pues tanto el rey como él mismo
-poseen bastante dinero para armar en regla una flota con este objeto.
-Muéstrale al mismo tiempo los tributos pagados por las ciudades que
-le pertenecen, le da el dinero restante, y después de recordarle su
-particular afecto hacia los lacedemonios y hacia él mismo, marcha a
-reunirse con su padre.
-
-Gracias al dinero que le ha dado Ciro al partir para donde se halla
-enfermo su padre, paga Lisandro al ejército y se hace a la vela en
-dirección al golfo Cerámico de Caria; ataca a Cedreas, ciudad aliada
-de los atenienses, tómala por asalto al siguiente día y reduce a
-la esclavitud a sus habitantes, que en gran parte eran bárbaros,
-dirigiéndose después a Rodas. Los atenienses, al partir de Samos,
-saquean el territorio del rey y se dirigen hacia Quíos y Éfeso,
-preparándose al combate: a los generales con mando añaden Menandro,
-Tideo y Cefisódoto. Mientras tanto dirígese Lisandro desde Rodas al
-Helesponto, costeando Jonia, así para asegurar libre paso a las naves,
-como para reducir a su deber a las ciudades que se habían emancipado.
-Los atenienses, dejando Quíos, se dirigen a la alta mar, pues las
-costas de Asia les eran enemigas. Lisandro, partiendo de Abido, se
-apodera de Lámpsaco, aliada de los atenienses, y al ir costeando se le
-juntan los habitantes de Abido bajo el mando del lacedemonio Tórax;
-sitian la ciudad, se apoderan de ella por asalto, y los soldados
-saquean todas las riquezas, de que está bien provista, así de vino y
-trigo como de toda otra clase de provisiones. Lisandro deja en libertad
-a todos los ciudadanos de ella.
-
-Los atenienses, que seguían su pista, fondean en Eleunte del Quersoneso
-con ciento ochenta naves; mientras están comiendo reciben la nueva de
-cuanto ha sucedido en Lámpsaco y se dirigen inmediatamente a Sesto,
-de donde, después de aprovisionarse, se hacen a la vela de dirección
-a Egospótamos, frente a frente de Lámpsaco, cuyo lugar dista del
-Helesponto unos quince estadios, y cenan allí.
-
-A la mañana siguiente y al clarear el alba, da Lisandro la señal para
-que se embarquen las tropas, que acababan de almorzar, disponiéndolo
-todo para el combate; hace colocar unas bandas a modo de barreras a los
-lados de las naves, y prohibe que nadie abandone su puesto en el buque.
-Al salir el sol van a colocarse los atenienses en orden de batalla
-delante del puerto, enfrente del enemigo; pero no moviéndose Lisandro y
-comenzando a hacerse tarde, se retiran de nuevo a Egospótamos. Ordena
-Lisandro sigan a los atenienses las naves más veleras, y vuelvan
-así que hayan observado lo que hacen los atenienses al desembarcar;
-mientras están ausentes esas naves, no permite que nadie abandone su
-puesto, y lo mismo hace durante cuatro días seguidos, en los cuales los
-atenienses vienen a presentarle combate.
-
-Al ver Alcibíades desde sus muros[75] a los atenienses anclados junto a
-la playa, lejos de toda ciudad y teniendo que hacer venir por mar los
-víveres desde Sesto, distante quince estadios de su estación naval,
-mientras que el enemigo está en el puerto y junto a una ciudad en la
-cual se encuentra todo lo necesario, díceles no han fondeado en puerto
-a propósito, y les exhorta a que se sitúen delante de Sesto, en las
-cercanías de un puerto y de una ciudad. «Allí --les dice-- podréis
-librar combate cuando queráis.» Los generales, principalmente Tideo
-y Menandro, le envían noramala, pues no es él el general, sino los
-que han sido elegidos para este cargo, y él se retira. Al quinto día
-de presentar batalla los atenienses, da Lisandro a sus subordinados
-instrucciones para que cuando vean en tierra y dispersos en busca de
-víveres y provisiones a los atenienses y divertidos en mofarse de él,
-regresen inmediatamente y eleven desde lejos un escudo en los mástiles.
-Hácenlo así, y Lisandro manda dar la señal de partir, llevando consigo
-a Tórax y su infantería.
-
-Al ver Conón que se acerca el enemigo, hace dar la señal para que
-todo el mundo se embarque apresuradamente; pero los soldados se
-hallaban completamente diseminados, y en algunos buques solo dos
-filas de remeros estaban ocupadas, en otros una, y algunos se hallaban
-completamente vacíos; únicamente la nave de Conón, con otras siete que
-estaban junto a ella y la _Páralos_[76], consiguen la altura; todas las
-restantes son tomadas junto a la costa por Lisandro, quien se apodera
-además de la mayor parte de los soldados atenienses, consiguiendo solo
-unos pocos huir a las aldeas próximas. Conón, que había podido escapar
-con las nueve naves, viendo perdida la causa de Atenas, se detiene en
-el promontorio Abárnide de Lámpsaco, donde se apodera de las grandes
-velas de las naves de Lisandro, y con ocho naves se dirige a Evágoras
-de Chipre, mientras que la _Páralos_ toma la dirección de Atenas para
-llevar la nueva de cuanto acaba de suceder.
-
-Lisandro conduce a Lámpsaco las naves, los prisioneros y todo lo
-restante de que se ha apoderado, así como algunos de los generales,
-entre otros Filocles y Adimanto. En este mismo día manda a Lacedemonia
-para que dé la nueva de su victoria, al pirata milesio Teopompo, quien
-emplea solo tres días en la travesía. Después de esto, reuniendo
-Lisandro a los aliados, les pide consejo respecto al destino que se
-ha de dar a los presos; numerosas acusaciones se levantan contra los
-atenienses y contra los crímenes que han cometido o querían cometer,
-sobre todo el de cortar la mano derecha a los prisioneros si hubiesen
-vencido en el último combate, así como el de haber arrojado al mar
-a todos los tripulantes de dos trirremes, una de Corinto y otra de
-Andros, de que se habían apoderado; barbarie cometida por el general
-ateniense Filocles. Enuméranse además muchas otras quejas, y después se
-decide matar a todos los prisioneros atenienses, excepto Adimanto, por
-haber sido el único que se opuso al decreto de las manos cortadas, lo
-cual hizo que más tarde le acusasen en su patria de haber entregado las
-naves. Lisandro, después de haber pedido a Filocles qué castigo merecía
-el que había violado por primera vez las leves equitativas de Grecia,
-arrojando al mar a los de Andros y Corinto, le hace decapitar.
-
-
-
-
-CAPÍTULO II.
-
-
-Después de haber arreglado los asuntos de Lámpsaco, navega Lisandro
-hacia Bizancio y Calcedonia; recíbenle los habitantes y dejan en
-libertad, bajo la fe de los tratados, a las guarniciones atenienses.
-Entonces huyen al Ponto los que habían entregado a Alcibíades la
-ciudad de Bizancio, y más tarde se refugian en Atenas, donde se hacen
-ciudadanos. Lisandro manda a Atenas a todas las guarniciones y a
-cuantos atenienses encuentra, dándoles salvoconducto solo para dicha
-ciudad, con la certidumbre de que cuanto mayor sea el número de los que
-se reúnan allí o en el Pireo, tanto más pronto se hará sentir la falta
-de víveres. Deja como gobernador lacedemonio en Bizancio y Calcedonia a
-Estenelao, y él regresa a Lámpsaco[77], donde hace reparar las averías
-de las naves.
-
-Llega a Atenas durante la noche, la _Páralos_; espárcese la noticia de
-la catástrofe, y los lamentos pasan del Pireo y de los grandes muros
-a la ciudad, al transmitirse de boca en boca la noticia; nadie duerme
-durante aquella noche, y los llantos son continuos, no solo por los
-que habían perecido, sino sobre todo porque comienzan a temer tendrán
-pronto que sufrir el mismo tratamiento que habían antes aplicado a
-los melios, colonia espartana que habían tomado a la fuerza, a los
-histieos, escioneos, toroneos, eginetas y a muchos otros griegos[78].
-Al día siguiente se reúne la asamblea y en ella se dispone se obstruyan
-todos los puertos, excepto uno solo, se reparen los muros, se
-establezcan guardias y, por fin, se tomen todas las medidas necesarias
-para poner a la ciudad en estado de sostener un sitio. Tal era su
-situación.
-
-Lisandro, partiendo del Helesponto con doscientas naves, llega a
-Lesbos, donde arregla el gobierno de las otras ciudades y de Mitilene,
-y envía diez trirremes, bajo el mando de Eteónico, a las plazas de
-Tracia para someter aquel país a los lacedemonios. Después del combate
-naval, Grecia entera abandona a los atenienses, a excepción de los
-habitantes de Samos, los cuales, degollando a los notables, conservan
-la posesión de su ciudad. Lisandro hace saber después de esto a Agis y
-a Esparta que se pone en camino con doscientas naves.
-
-Levántanse en masa los lacedemonios y los demás peloponesios, a
-excepción de los argivos, por orden de Pausanias, uno de los dos reyes
-de Esparta. Reunidas las tropas, pónese a su frente Pausanias y acampa
-junto a Atenas, en el gimnasio de la Academia. Al llegar Lisandro a
-Egina, devuelve la ciudad a los eginetas, de los cuales había reunido
-gran número, y lo propio hace con los melios y restantes pueblos que
-habían sido desposeídos de sus poblaciones; después de lo cual, una vez
-devastada Salamina, fondea con ciento cincuenta naves junto al Pireo e
-impide la entrada a los buques que quieran dirigirse a este puerto.
-
-Sitiados por tierra y por mar los atenienses, sin saber qué resolver,
-careciendo de naves, de aliados y de víveres, imaginan, como único
-porvenir posible, el sufrir cuanto ellos habían realizado con las
-pequeñas ciudades aliadas de Esparta, no por venganza, sino únicamente
-por represalias. Por esto, rehabilitando a los que habían sido
-depuestos de sus honores, sufren valerosamente el sitio, y a pesar
-de los muchos que perecen de hambre, nadie se atreve a proponer la
-capitulación. Sin embargo, comenzando ya a faltar el trigo, mandan
-diputados a Agis proponiéndole una alianza, con la sola condición de
-conservar los muros y el Pireo; pero aquel les dice que se dirijan a
-Esparta, por carecer él de poderes bastantes. Traen los diputados esta
-respuesta a los atenienses, y estos les envían a Lacedemonia; pero una
-vez llegados a Selasia, junto a las fronteras de Laconia, y al saber
-los éforos que lo que tienen orden de proponerles es lo mismo que
-habían indicado a Agis, ordénanles se retiren y que vuelvan, si desean
-la paz, después de una deliberación más prudente.
-
-De regreso en Atenas, anuncian los diputados al pueblo el resultado de
-su misión, y sobrecoge a todos la desesperación más profunda: cada cual
-se figura ya ser vendido como esclavo, y cree que hasta que se envíen
-nuevos diputados habrá tiempo bastante para que perezcan de hambre
-muchos ciudadanos; además no había nadie que se atreviera a proponer
-la demolición de los muros, puesto que por haber dicho Arquéstrato en
-el senado, que lo mejor que podía hacerse era ajustar la paz bajo las
-condiciones propuestas por los lacedemonios, que era la demolición de
-la grande muralla en una extensión de diez estadios en cada uno de
-sus recintos, fue preso, y había sido decretado además que no fuese
-permitido abrir discusión sobre este punto. Así las cosas, Terámenes
-dice en la asamblea que si quieren enviarle a Lisandro, averiguará de
-los lacedemonios si la condición de los muros es para esclavizar la
-ciudad o solo como garantía. Es enviado y aguarda junto a Lisandro
-más de tres meses, espiando el momento en que por la falta de víveres
-deberán aceptar los atenienses cuanto se les proponga. Por fin llega
-al cuarto mes, y anuncia en la asamblea que Lisandro le ha detenido
-todo este tiempo y que después quería mandarle a Lacedemonia, pues no
-era dueño de hacer por sí lo que le pedían, por ser atribución de los
-éforos. Entonces se le manda en comisión a Lacedemonia con otros nueve
-más, con amplios poderes; por su parte Lisandro envía, entre otros
-lacedemonios, a Aristóteles, expatriado de Atenas, para anunciar a
-los éforos que había contestado a Terámenes que ellos eran los únicos
-que podían tratar de la paz y de la guerra. Al llegar Terámenes y los
-demás enviados a Selasia, son interrogados respecto al objeto de su
-venida, y al decir que tienen amplios poderes para tratar de la paz,
-los éforos mandan llamarles. Convócase una reunión cuando llegan, y
-en ella los corintios y principalmente los tebanos y otros muchos
-griegos manifiestan no debe tratarse con Atenas, sino arrasarla; pero
-los lacedemonios declaran que no reducirán a la esclavitud a una
-ciudad helénica que ha prestado los mayores servicios a los griegos en
-sus grandes calamidades; por lo cual se ajusta la paz bajo condición
-de demoler los grandes muros y las fortificaciones del Pireo, de
-entregar todas sus naves a excepción de doce, de admitir de nuevo a los
-desterrados y de reconocer por amigos o por enemigos a los que lo sean
-de Esparta, siguiéndola así por mar como por tierra a donde quiera.
-Llevan a Atenas estas condiciones Terámenes y sus colegas, y al entrar
-en la ciudad son rodeados por una inmensa multitud que temía verles
-volver sin haber alcanzado nada, pues no había ya medio para sostenerse
-más tiempo a causa del gran número de los que perecían de hambre. Al
-día siguiente hacen conocer los diputados las condiciones bajo las
-cuales otorgan la paz los lacedemonios, y habla Terámenes declarando
-que es preciso someterse a todo y arrasar los muros. Algunos ciudadanos
-se levantan para oponerse, pero habiéndose declarado una fuerte mayoría
-en favor de aquella proposición, se acuerda aceptar la paz. Aborda
-entonces Lisandro al Pireo, entran los desterrados, son derruidos los
-muros con gran ardor al son de las flautas, y se considera este día
-como el primero de la libertad para Grecia.
-
-Así termina este año, a mitad del cual Dionisio de Siracusa, hijo de
-Hermócrates, se hace tirano, después de haber vencido los siracusanos
-a los cartagineses, que tomaron más tarde, sin embargo, Agrigento por
-hambre, una vez abandonada por los sicilianos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO III.
-
-
-El año siguiente[79], en el cual tuvo lugar la olimpiada en que
-Crocinas de Tesalia ganó el premio del estadio, siendo Endio éforo en
-Esparta y arconte en Atenas Pitodoro, y que no cuentan los atenienses
-por haber sido elegido durante la dominación de los oligarcas, es
-el que llaman aquellos el año de la anarquía. Dicha oligarquía se
-estableció del siguiente modo: el pueblo decretó se eligieran treinta
-personas que escribiesen las leyes patrias por las que debía gobernarse
-la república, y fueron elegidos Polícares, Critias, Melobio, Hipóloco,
-Euclides, Hierón, Mnesíloco, Cremón, Terámenes, Aresias, Diocles,
-Fedrias, Queréleo, Anecio, Pisón, Sófocles, Eratóstenes, Caricles,
-Onomacles, Teognis, Esquines, Teógenes, Cleómedes, Erasístrato, Fidón,
-Dracóntides, Éumates, Aristóteles, Hipómaco y Mnesítides. Después de
-esto vuélvese Lisandro a Samos con la flota, y Agis sale de Decelia
-con el ejército de tierra, dando licencia a cada división para que se
-vuelva a su país.
-
-En este mismo tiempo, y coincidiendo con un eclipse de sol, Licofrón de
-Feras, queriendo dominar en toda la Tesalia, derrota en una batalla a
-los laríseos y a los demás que se le oponen, matándoles mucha gente. En
-la misma época, Dionisio, el tirano de Siracusa, vencido en un combate
-por los cartagineses, pierde las ciudades de Gela y Camarina. Poco más
-tarde los leontinos que habitaban en Siracusa hacen decepción a su
-partido y se retiran a su ciudad, al propio tiempo que era enviada a
-Catana por Dionisio la caballería siracusana.
-
-Sitiados por todas partes los samios, y aunque no habían querido
-acceder primeramente a las proposiciones de Lisandro, se entregan
-cuando saben que había ordenado el asalto, a condición de que cada
-hombre libre pudiera salir de la ciudad con el traje que lleve
-puesto, pero abandonándoles todo lo restante, y así lo verifican.
-Lisandro entrega más tarde la ciudad y cuanto contiene a sus antiguos
-habitantes; establece en ella para su gobierno diez arcontes, licencia
-las naves de los aliados para su respectiva ciudad y navega en
-dirección a Esparta con su flota, llevando consigo los espolones de las
-naves tomadas al enemigo, todas las trirremes del Pireo, menos doce,
-las coronas que le han regalado las ciudades, cuatrocientos cincuenta
-talentos que le quedaban de los tributos que para la guerra le había
-concedido Ciro, y todo lo restante que había ganado en esta campaña.
-Hace entrega de todo ello a los lacedemonios cuando termina el verano
-en que tuvo fin la guerra, después de haber durado veintiocho años y
-seis meses, durante los cuales fueron éforos los siguientes: el primero
-Enesias, bajo el cual principió la guerra, quince años después de la
-tregua de treinta años concertada después de la toma de Eubea; los
-restantes fueron Brásidas, Isanor, Sostrátidas, Exarco, Agesístrato,
-Angénidas, Onomacles, Zeuxipo, Pitias, Plístolas, Clinómaco, Ilarco,
-León, Quérilas, Patesiadas, Cleóstenes, Licario, Epérato, Onomantio,
-Alexípidas, Misgolaidas, Isias, Áraco, Evárquipo, Pantacles, Pitias,
-Arquitas y Endio, bajo el cual volvió Lisandro a su patria, después de
-haber realizado cuanto acabamos de referir.
-
-Son elegidos los Treinta al concluir de derribarse la gran muralla
-y las fortificaciones del Pireo, cosa que se hace con gran prisa;
-pero nombrados para redactar las leyes por las que debía gobernarse
-la república, difieren siempre para otro tiempo su composición
-y publicación, y mientras tanto organizan el senado y las demás
-magistraturas a medida de su deseo. Después hacen prender y condenan a
-muerte a cuantos eran tenidos bajo la forma democrática por vivir de
-las delaciones a expensas de todas las personas honradas; el senado les
-condena con gran satisfacción, y no lo ven con pena todos aquellos a
-quienes nada semejante les reprocha su conciencia. Deliberan después
-respecto a los medios para gobernar la ciudad en completa libertad,
-y para esto envían a Esquines y a Aristóteles a Lacedemonia con el
-encargo de persuadir a Lisandro mande una guarnición hasta que se
-hallen desembarazados de los malos ciudadanos y hayan constituido
-el gobierno de la ciudad, obligándose a proveer a su mantenimiento.
-Dejándose aquel persuadir, consiguen se envíe allí la guarnición con el
-gobernador Calibio.
-
-Así que reciben la guarnición, tratan los atenienses a Calibio con
-todos los miramientos posibles, a fin de que apruebe este cuanto
-hagan, y habiendo puesto aquel a su disposición todos los soldados que
-necesiten, comienzan a prender, no solo a los malvados y a las personas
-de humilde clase, sino también a cuantos consideran poco dispuestos
-a tolerar las injusticias y a cuantos pueden reunir cierto número de
-partidarios para resistirles.
-
-En sus primeros tiempos, Critias y Terámenes tenían las mismas
-opiniones y estaban unidos por la amistad; pero como mostrara Critias
-gran ardor para hacer perecer a muchos, por haber sido antes desterrado
-por el pueblo, se le opuso Terámenes diciéndole no era justo condenar a
-muerte a los que gozaban de la estimación del pueblo y que ningún daño
-habían hecho a la gente honrada.
-
---«Así tú como yo --añadió-- hemos dicho y hecho muchas cosas para
-agradar al pueblo.»
-
-Pero Critias, que era aún íntimo de Terámenes, le contesta que no es
-posible dejar de deshacerse de personas capaces de oponer obstáculos a
-su dominación.
-
---«Si crees que porque somos treinta y no uno solo, no debemos vigilar
-por nuestro mando como en una tiranía, eres muy inocente.»
-
-Sin embargo, habiéndose concertado públicamente mucha gente, a causa de
-la injusta muerte de varios ciudadanos, censurando los actos de este
-gobierno, Terámenes hace presente de nuevo, que la oligarquía será de
-corta duración si no se procura robustecerla con hombres versados en
-los negocios. Temiendo entonces Critias y los demás de los Treinta
-la influencia de Terámenes sobre los otros ciudadanos dispuestos a
-agruparse a su alrededor, forman una lista de tres mil individuos que
-deben asociárseles en la gestión de la república. Declara seguidamente
-Terámenes que esto le parecía muy absurdo, ante todo porque queriendo
-asociarse a todos los buenos ciudadanos, lo hacían solo con tres mil,
-como si este número debiera contener únicamente personas honradas, o
-bien como si fuera de estos tres mil no hubiese hombres celosos de
-las cosas públicas, o finalmente, como si no pudiesen entrar en este
-número algunos malvados. «Además --añade--, os veo hacer dos cosas
-enteramente opuestas: un gobierno violento y a la par más débil que los
-gobernados.» Eso dijo. Pero los Treinta, habiendo reunido en la plaza
-pública a los tres mil, convocando en otro lugar a los que no estaban
-incluidos en la lista, mandan a aquellos vayan a buscar sus armas, y
-una vez se han marchado, envían a sus soldados y a los ciudadanos que
-eran de su partido a recoger las armas de todos los que no constan
-en dicha lista, haciéndolas después transportar a la acrópolis y
-depositarlas en el templo. Hecho esto, y siéndoles ya todo posible,
-condenan a muerte a muchos ciudadanos únicamente por enemistad y a
-otros por sus riquezas. Deciden asimismo, con objeto de tener con qué
-pagar a la guarnición, prenda cada uno de ellos a un meteco, y después
-de darle muerte le sean confiscados sus bienes. Mandan entonces a
-Terámenes que escoja el que bien le parezca; pero este contesta:
-
---«No me parece honroso que aquellos que se tienen por los más
-excelentes ciudadanos puedan obrar con más injusticia que los
-delatores, porque estos a lo menos dejan la vida a aquellos a quienes
-quitan las riquezas, ¿y nosotros, sin que nos hayan dañado en lo más
-mínimo, condenaremos a muerte a esa gente para confiscarles su fortuna?
-¿Acaso no será más injusta esta conducta que la suya?»
-
-Los demás, al ver que Terámenes va a convertirse en un obstáculo a sus
-proyectos, le tienden toda clase de asechanzas y le calumnian ante cada
-uno de los senadores como si quisiera destruir el gobierno actual. Por
-fin incitan a algunos jóvenes, que les parecen suficientemente audaces,
-para que armados de puñales se dirijan con ellos al senado cuando esté
-reunido. Así que aparece Terámenes, se levanta Critias y dice:
-
-«Senadores, si alguno de vosotros cree se han decretado más muertes de
-las que exigían las circunstancias, reflexione que en todas partes,
-durante las revoluciones, sucede lo mismo, y que aquellos que han
-establecido la oligarquía deben contar necesariamente con gran número
-de enemigos en una ciudad que es, no solo la más poblada de todas las
-de Grecia, sino también aquella en la que el pueblo ha disfrutado de
-libertad durante más tiempo. No ignoráis tampoco cuán duro ha sido
-el gobierno democrático para con nosotros; así, como nunca el pueblo
-fue amigo de los lacedemonios que nos han salvado, mientras por el
-contrario pueden contar seguramente con la fidelidad de los mejores
-ciudadanos, establecimos de concierto con aquellos el actual gobierno
-y donde quiera que vemos un enemigo de la oligarquía, hacemos cuanto
-podemos para deshacernos de él. Pues bien: más justo aún nos parece
-que si alguno de nosotros mismos procura dañar al actual gobierno,
-sufra por ello la justa pena: eso es lo que hemos observado en
-Terámenes, aquí presente, que procura perdernos miserablemente con
-todas sus fuerzas. Fácilmente comprenderéis la verdad de lo que os
-digo, considerando que no puede hallarse quien critique y se oponga
-a nuestros planes, cuando queremos deshacernos de algún demagogo,
-como lo hace Terámenes. Si así hubiese pensado desde el principio, le
-tendríamos como enemigo, pero nadie podría considerarle como un hombre
-perverso. Él ha sido, sin embargo, el primero que trató de la alianza
-y amistad con Lacedemonia; él el primero que ha querido derribar la
-democracia; él quien nos invitó más vivamente a castigar con la última
-pena a los primeros acusados que fueron conducidos ante nosotros; y
-ahora que tanto yo como vosotros somos considerados como enemigos
-manifiestos del pueblo, no aprueba ya lo que se hace, sin duda para
-ponerse al abrigo y para dejarnos responsables de todas las culpas.
-
-»Por esto, no solo es preciso castigarle como un enemigo, sino como un
-traidor hacia todos nosotros. Y ciertamente es tanto más grave que la
-guerra la traición, cuanto más es difícil resguardarse de los golpes
-invisibles que de los visibles, y tanto más odiosa, cuanto que puede
-tratarse con los enemigos y hacerse con ellos alianza, mientras que
-jamás puede tratarse ni tenerse la más mínima confianza con el que ha
-sido reconocido una vez por traidor. Con el objeto de que conozcáis
-que no es nueva para él esta manera de obrar, sino que es traidor por
-naturaleza, voy a recordaros algunos de sus actos anteriores.
-
-»Honrado en un principio a causa de su padre Hagnón, mostrose uno de
-los más fogosos para que se entregase la democracia en manos de los
-cuatrocientos, entre los cuales ocupó el primer lugar. Pero más tarde,
-habiéndose apercibido de que se había levantado gran oposición contra
-la oligarquía, fue también el primero en ponerse a la cabeza del
-pueblo contra aquellos, por lo cual recibió el apodo de _Coturno_[80],
-porque este se ajusta del mismo modo a cualquiera de los pies. Es
-preciso, Terámenes, que el hombre digno no comprometa hábilmente a sus
-partidarios en empresas que abandone él mismo así que se presenta un
-obstáculo, sino que en cierto modo se halla sobre una nave y en ella
-debe trabajar hasta que sopla el viento favorable, porque si no, ¿cómo
-llegaría dicha nave a alcanzar el punto de destino si a cada obstáculo
-volvía hacia atrás?
-
-»Ciertamente son sangrientas todas las revoluciones; pero tú mismo,
-por tu facilidad en cambiar de partido, te has hecho cómplice así de
-la muerte de los oligarcas que perecieron a manos del pueblo, como de
-la de aquellos demócratas condenados por el gobierno aristocrático.
-Este es el mismo Terámenes que habiendo recibido de los generales el
-encargo de recoger los cuerpos de los atenienses que habían naufragado
-en el combate naval junto a Lesbos, no solo no los recogió, sino que
-para salvarse acusó a los generales e hizo condenarles a muerte. Pero
-¿cómo podríamos perdonar a un hombre ocupado únicamente en satisfacer
-su ambición, sin cuidarse en lo más mínimo ni del honor ni de sus
-amigos? ¿Ni cómo no guardarnos de él, sabiendo sus repentinos cambios,
-para que no pueda hacer lo mismo con nosotros? Por esto acusamos a este
-hombre como conspirador y como procurando hacernos traición a todos.
-Reflexionad sobre esto, y veréis cuánta razón tenemos al formular
-esta acusación. Dícese que la mejor constitución de gobierno es la de
-los espartanos; pues bien, si entre ellos uno de los éforos procurase
-criticar al gobierno o hacer oposición a sus actos en vez de obedecer
-ciegamente las decisiones de la mayoría, ¿no creéis que así por los
-éforos como por todo el resto de la ciudad se le consideraría como
-merecedor del más grande castigo? Vosotros, pues, también, si queréis
-obrar con prudencia, no absolveréis en modo alguno a este, para poder
-conservaros vosotros, puesto que si le perdonáis aumentará el número y
-la audacia de vuestros adversarios, y si perece, en cambio, perderán
-las esperanzas cuantos le son afines en ideas, así dentro como fuera de
-la ciudad.»
-
-Dicho esto, se sienta, y levantándose Terámenes, dice:
-
-«Ciudadanos, debo ante todo recoger el último cargo que se ha
-formulado contra mí. Dice Critias que he hecho perecer a los generales
-por haberlos acusado; pero no fui yo quien principió los ataques;
-ellos mismos fueron los que sostuvieron que a pesar de sus órdenes
-no recogí los desgraciados del combate de Lesbos. Defendime diciendo
-era imposible a causa de la tormenta aguantar la mar, y con mayor
-motivo recoger los cuerpos; la ciudad en masa aprobó mi defensa, y los
-generales parecieron acusarse a sí mismos, puesto que afirmaban era
-posible salvar a los soldados, y sin embargo al marchar con la flota
-habían preferido dejarles perecer.
-
-»Por lo demás, no me admiro de que me acuse Critias injustamente:
-cuando tenían lugar aquellos sucesos no estaba él presente, pues
-había ido a Tesalia, donde con Prometeo se esforzaba en establecer la
-democracia y armaba contra sus dueños a los mismos esclavos[81]. ¡Ojalá
-no pueda reproducir aquí cuanto allí realizó! Estoy con él acorde en
-un solo punto, y es, en que merece los mayores castigos todo aquel que
-quiere derribaros o fortalecer a los que contra vosotros conspiran;
-pero fácil os será, según creo, decidir quién es el que se conduce
-así, reflexionando un momento tan solo sobre la conducta actual y la
-conducta pasada de cada uno de nosotros.
-
-»Mientras se constituía este senado; mientras elegíais los magistrados
-y se citaba a juicio a los delatores por todos conocidos, estuvimos
-todos conformes en el mismo modo de pensar; pero cuando se principió
-a prender a los hombres honrados y pacíficos, entonces fue cuando
-comencé a pensar de un modo contrario al de mis colegas, porque sabía
-que si se hacía morir sin haber cometido el más pequeño crimen a un
-León de Salamina[82], considerado, con razón, como un hombre egregio,
-todos los que se le parecen vendrían a temer para ellos mismos una
-suerte igual, y este temor haría de ellos otros tantos enemigos del
-actual gobierno; conocía también que si se prendía a Nicérato, hijo
-de Nicias, ciudadano rico y que jamás había hecho nada con objeto
-de lisonjear a la plebe, ni él ni su padre, se convertirían en
-enemigos nuestros todos los ciudadanos a ellos parecidos; también
-sabía, cuando hicisteis perecer a Antifón[83], quien durante la
-guerra había proporcionado dos trirremes completamente equipadas,
-que os mirarían con desconfianza todos aquellos que habían mostrado
-celo por la república. Por esto combatí cuanto pude la proposición
-de aquellos que querían nos apoderásemos cada uno de nosotros de un
-meteco; pues era evidente que una vez muertos los primeros de estos,
-todos los restantes se convertirían en enemigos del gobierno; opúseme
-también a que se tomasen las armas al pueblo, pues no creí debiera
-debilitarse la ciudad, convencido de que si los lacedemonios nos habían
-salvado no era para que reducidos a un pequeño número nos hallásemos
-imposibilitados para ayudarles, ya que, si esto hubiesen querido,
-podían habernos dejado a todos sin vida haciendo durar por más tiempo
-el hambre que por el sitio padecíamos. No he sido yo tampoco el que
-aprobase la gestión de obtener una guarnición a sueldo, cuando nos
-era posible rodearnos de cierto número de ciudadanos por medio de los
-cuales fácilmente hubiéramos podido hacernos respetar. Tampoco me
-pareció oportuno, al ver en la ciudad muchas personas descontentas del
-gobierno y gran número de expatriados, desterrar a Trasíbulo, Anito y
-Alcibíades, pues estaba cierto que adquiriría gran fuerza la oposición
-si hábiles jefes se ponían al frente de la multitud, y si entreveían
-como posible poder contar con un gran número de aliados aquellos que
-aspiraban al poder.
-
-»Y aquel que da tales avisos ¿debe ser considerado como traidor, o
-por el contrario, debe tenérsele por un buen amigo? No son, Critias,
-verdaderos enemigos los que impiden acrecer las fuerzas de los
-adversarios, ni los que enseñan los medios para adquirir mayor número
-de aliados, sino más bien aquellos que injustamente arrebatan las
-riquezas de la gente honrada y condenan a muerte a los inocentes:
-estos son los que aumentan el número de los enemigos y los que hacen
-traición, no solo a sus amigos, sino a ellos mismos, movidos por una
-culpable codicia. Si aún no estáis bastante convencidos de las verdades
-que os digo, reflexionad un poco más conmigo. ¿Qué os parece preferirán
-que aquí suceda Trasíbulo, Anito y los demás desterrados: lo que os
-aconsejo, o lo que hacen todos estos? Creo que ahora piensan hallar
-aliados en todas partes; pero en cambio, si los elementos más poderosos
-de la población estuviesen por nosotros, no se atreverían ni siquiera
-a poner el pie en la parte más remota del país.
-
-»En cuanto a lo que ha dicho este respecto a mis mutaciones políticas,
-considerad que el pueblo había votado por sí mismo el gobierno de
-los cuatrocientos[84], juzgando que los espartanos confiarían más en
-un gobierno de cualquier clase que fuese, que en la democracia; sin
-embargo, no dejándonos estos ni un momento de reposo, y siendo público
-que los jefes Aristóteles, Melantio y Aristarco construían un fuerte
-sobre los diques, en el que querían introducir al enemigo, a fin de
-alzarse ellos y sus amigos con el mando de la ciudad, el haberme yo
-opuesto a sus designios así que me fue notorio, ¿debe ser considerado
-como un acto propio del que hace traición a sus amigos?
-
-»Llámame _Coturno_ porque procuro ajustarme a los dos partidos:
-¡muy bien! pero, por los dioses, ¿cómo debe llamarse aquel que no
-sabe ajustarse a ninguno? Porque, oh Critias, bajo la democracia
-te consideraban como el mayor enemigo del pueblo, y ahora, bajo la
-aristocracia, solo has sabido conquistarte el más fuerte odio de los
-hombres honrados. En cuanto a mí, he declarado guerra permanente a
-cuantos creen que solo es buena una democracia cuando toman parte
-en el poder hasta los mismos esclavos y aquellos que por su pobreza
-venderían por una dracma al estado; y combato sin tregua del mismo modo
-a aquellos que creen es buena oligarquía la que somete la ciudad a la
-tiranía de unos pocos. Siempre he creído que lo más conveniente era
-unirse a los hombres de mérito, y robusteciéndolos con la caballería
-y los escudos, apoyar al gobierno, y no he variado aún hoy de modo de
-pensar; si puedes decir, Critias, dónde y cuándo me has visto, o con el
-pueblo o con los tiranos, procurando arrebatar el gobierno a las gentes
-honradas, habla y dilo, porque si me convences de que medito hoy este
-crimen, o de que lo he perpetrado en otro tiempo, convengo en que soy
-digno de perecer entre los más atroces suplicios.»
-
-Así que cesó de hablar se oye en el senado un murmullo de aprobación, y
-Critias, comprendiendo que si deja decidir la suerte de Terámenes por
-los senadores, va a ser absuelto, lo que considera como intolerable y
-afrentoso, se adelanta, y después de haber conferenciado un instante
-con los Treinta, ordena a la gente que había hecho ir allí armada
-de puñales, se coloque frente al consejo y junto a las puertas.
-Volviéndose después a la asamblea, les dice:
-
-«Senadores: creo del deber de un buen presidente[85] no permitir
-sean engañados sus amigos cuando de ello se apercibe: esto es lo que
-voy a hacer. Toda esta gente que veis aquí ante vosotros, declara
-no consentirá absolvamos a un hombre que públicamente trabaja para
-derribar la oligarquía. Según las nuevas leyes, ningún ciudadano
-incluido en la lista de los tres mil puede ser condenado a muerte sin
-vuestra aprobación; pero los Treinta son dueños de hacerlo respecto a
-los que no están incluidos en ella. Pues bien, de acuerdo con todos mis
-colegas, borro de esta lista a Terámenes, que está presente, y a este
-hombre, ya simple particular, añade, le condenamos a muerte.»
-
-Al oír estas palabras Terámenes, corre hacia el altar de Vesta y dice:
-
-«Ciudadanos: os suplico me concedáis la petición más legítima que nadie
-os pueda dirigir, y es, que no se permita a Critias borrar ni a mi ni
-a cualquiera de vosotros por su sola voluntad del número de los tres
-mil, sino que, por el contrario, tanto a vosotros como a mí se nos
-juzgue según la ley que rige para los que están inscritos en la lista.
-No ignoro que este altar de nada podrá servirme, los dioses me son
-testigos de ello; pero quiero rasgar el velo de la atroz injusticia de
-todos estos hacia los hombres, y de su impiedad sin límite hacia los
-dioses. Sin embargo, honrados ciudadanos, lléname de asombro el que no
-procuréis poneros a cubierto de las asechanzas de todos estos, pues
-bien sabéis que no es mi nombre más fácil de borrar de la lista que el
-de cualquiera de vosotros.»
-
-Inmediatamente el heraldo de los Treinta ordena a los Once prendan
-a Terámenes, y entran estos con sus criados, teniendo a su cabeza a
-Sátiro, el más audaz y el más desvergonzado de todos. Critias les dice:
-
---«Os entregamos a Terámenes, que aquí veis, condenado según la ley;
-apoderaos de él, y después de conducirle donde sabéis, haced con él lo
-que deben hacer los Once.»
-
-Apenas dice estas palabras, Sátiro, con ayuda de sus criados, arranca
-del altar a Terámenes; como puede suponerse, este implora a los dioses
-y a los hombres sobre la infamia que sufre; pero el senado no se
-conmueve, sobre todo cuando ve colocados junto a las puertas a hombres
-semejantes a Sátiro, y llena de guardias toda la sala del tribunal, sin
-que ignoren tampoco están preparados los hombres armados de puñales.
-
-Llévanse aquellos a través del foro al acusado, quien se lamenta en
-alta voz del tratamiento que le hacen sufrir. Cuéntase de él que,
-diciéndole Sátiro lo pasará mal si no se calla, le pregunta: «¿Y si
-me callo, qué pena me darás?» Después, cuando obligado a morir bebe
-la cicuta, se pretende derramó las últimas gotas como si jugase a los
-cotabos[86], diciendo: «Esto para el hermoso Critias.» Bien sé que
-todas esas frases carecen de valor; pero hay que admirar, sin embargo,
-a un hombre que cara a cara con la muerte no pierde ni su presencia de
-ánimo ni su buen humor[87].
-
-
-
-
-CAPÍTULO IV.
-
-
-Así murió Terámenes. Libres entonces los Treinta para ejercer sin temor
-su tiranía, prohíben entrar en la ciudad a los que no están inscritos
-en la lista, y les arrancan de sus propiedades para apoderarse de sus
-tierras y para repartírselas con sus amigos; huyen muchos al Pireo;
-pero habiendo hecho prender allí a gran número de ellos, se refugian en
-Mégara y en Tebas.
-
-Mientras tanto, Trasíbulo, con unos cincuenta compañeros, sale de Tebas
-y se apodera de la fortaleza de File. Avanzan contra él los Treinta con
-los tres mil y su caballería, haciendo un tiempo magnífico: así que
-llegaron, algunos jóvenes de los más ardientes se arrojan al asalto
-de la plaza, pero nada consiguen y se retiran con muchos heridos.
-Queriendo los Treinta sitiar la fortaleza a fin de interceptar la
-entrada de víveres e incomunicarles con sus partidarios, sobreviene
-durante la noche una gran nevada, que continúa al día siguiente.
-Retíranse entonces a la ciudad envueltos por la nieve, mientras
-caen muchos de los escevóforos[88] bajo los golpes de los de File.
-Comprendiendo los Treinta que será saqueada la campiña si no colocan
-en ella centinelas, envían a las fronteras la guarnición lacedemonia,
-fuera de algunos soldados y dos escuadrones de caballería, a unos
-quince estadios de File. Estas tropas acampan para la vigilancia, en un
-lugar protegido por los árboles.
-
-Trasíbulo, que había reunido ya en File unos setecientos hombres,
-tómalos consigo y sale de la ciudad durante la noche, apostándose con
-los suyos sobre las armas, a unos tres o cuatro estadios del cuerpo
-de observación, y allí se quedan a la expectativa. Por la mañana se
-levantan los soldados, unos después de otros, y van en busca de las
-armas, así como los palafreneros con el cepillo en la mano principian
-a almohazar con estrépito los caballos; inmediatamente Trasíbulo con
-los suyos se arrojan sobre ellos a la carrera con las armas en la
-mano: hacen algunos prisioneros y los persiguen por espacio de seis o
-siete estadios, matando a más de ciento veinte hoplitas, y entre los
-de caballería a Nicóstrato, llamado por sobrenombre el hermoso, y a
-otros dos que sorprendieron aún durmiendo. Terminada la persecución
-levantan un trofeo, recogen las armas y el botín y regresan a File.
-La caballería que había salido de Atenas en auxilio de los suyos, no
-encuentra ya ningún enemigo y aguarda únicamente a que los parientes
-levanten los cadáveres de los que han perecido, para regresar a la
-ciudad.
-
-Después de esto, los Treinta, no considerándose ya seguros en la
-ciudad, quieren robustecer su dominación en Eleusis, a fin de encontrar
-allí un refugio en caso de necesidad. Critias y los otros Treinta,
-dando las órdenes a la caballería, se dirigen a dicha población, donde
-les pasan revista, y bajo pretexto de saber con exactitud el número
-de los habitantes y las fuerzas de la guarnición, ordenan a todo el
-mundo se inscriba en una lista; a medida que se inscribía cada uno, se
-le hacía salir por la puerta que da al mar, a ambos lados de la cual
-estaba la caballería en dos filas, y cuantos salían eran atados en
-seguida por los servidores de los Once. Así que están todos reunidos,
-recibe Lisímaco, jefe de la caballería, orden de escoltarlos y
-entregarlos a los Once.
-
-Al día siguiente, convocan en el Odeón[89] a los hoplitas cuyos nombres
-están en las listas y a los restantes de caballería; levantándose
-después Critias, les dice:
-
-«Ciudadanos: tanto en nuestro interés como en el vuestro, procuremos
-consolidar nuestro gobierno: por esto debéis participar también de los
-peligros, ya que participáis de los honores; por esto es preciso votéis
-la condenación de los eleusinos aquí reunidos para que tengáis nuestras
-mismas esperanzas, al propio tiempo que nuestros propios temores.»
-
-Señalando entonces cierto lugar destinado a la votación, les manda
-dar públicamente su voto. En el centro del Odeón se hallaba sobre las
-armas toda la guarnición espartana. Todo esto fue aprobado por algunos
-ciudadanos que no iban en busca de otra cosa que de su interés personal.
-
-Mientras tanto, Trasíbulo, poniéndose al frente de los de File, cuyo
-número se aproximaba a mil, llega de noche al Pireo. Así que reciben
-los Treinta esta noticia, ponen sobre las armas a los lacedemonios,
-a la caballería y a los hoplitas y se dirigen hacia la carretera que
-conduce al Pireo. Los de File intentan primero rechazarlos, pero como
-la extensión del círculo necesitaba muchas guardias y ellos eran aún
-poco numerosos, se retiran todos a Muniquia. Reúnense los de la ciudad
-en el ágora de Hipódamo y se ordenan de modo que llenan por completo
-el camino que va al templo de Diana y al Bendideo[90]; no tenían menos
-de cincuenta escudos de fondo. Formados así, se ponen en marcha;
-pero entonces los de File llenan también por su parte el camino y se
-colocan a diez hoplitas en fondo, detrás colócanse los peltastas y los
-arqueros, y finalmente, después de todos, los honderos. Su número había
-aumentado considerablemente, pues se les habían juntado los habitantes
-de aquel lugar. Mientras se acerca el enemigo, Trasíbulo manda a los
-suyos depongan sus escudos, y haciéndolo también él, aunque conservando
-las otras armas, y colocándose en el centro de su ejército, les dice:
-
-«Ciudadanos: debo hacer saber a algunos, y recordar a los demás, que
-los que se dirigen a nosotros en su ala derecha se componen de tropas
-que habéis derrotado y perseguido hace cinco días, y en la extremidad
-de su ala izquierda contienen a esos Treinta que a pesar de nuestra
-inocencia nos privaron de la patria, nos arrojaron de nuestras casas
-y han proscrito y expoliado los bienes de nuestros más caros amigos;
-hállanse ahora en una situación que no habían previsto y que siempre
-hemos deseado, puesto que tenemos armas y estamos frente a ellos.
-Los mismos dioses combatirán por nosotros, después de haberles visto
-apoderarse de nuestras personas y bienes durante nuestras comidas,
-mientras dormíamos y en la misma plaza pública, no solo sin haberles
-hecho el más mínimo daño, sino sin que nuestra permanencia haya
-motivado el destierro. En efecto, desencadenan una tormenta cuando el
-tiempo estaba despejado para que nos aprovechemos de ello, y cuando
-ensayamos dirigirnos a ellos nos permiten levantar el trofeo de una
-victoria sobre numerosos enemigos, siendo escasísimo el número de
-los nuestros; y ahora mismo nos invitan a pelear en un terreno donde,
-obligados nuestros enemigos a subir una cuesta, no pueden arrojarnos
-ni dardos ni flechas, mientras que nosotros con solo dejar caer las
-picas, los dardos y las piedras estamos seguros de tocarles y de
-herirles en gran número. Y que nadie crea que al menos sus primeras
-filas combatirán con ventaja, puesto que si arrojáis con valor, como
-es preciso, vuestros dardos, ninguno dejará de alcanzar a uno de
-aquellos que llenan por completo el camino, y que obligados a cubrirse
-siempre con sus escudos para protegerse, nos permitirán fácilmente
-dar sobre ellos como si estuviesen ciegos y dispersarlos cuando les
-ataquemos. Es preciso, soldados, que cada uno de vosotros combata hoy
-de modo que alcance el testimonio de haber contribuido en gran manera
-a la victoria, porque, si Dios quiere, ha de devolvernos esta nuestra
-patria, nuestros hogares, la libertad, los honores y las esposas e
-hijos a los que son jefes de familia. ¡Felices aquellos de vosotros
-que, sobreviviendo a la victoria, vean día tan afortunado; y felices
-también los que tengan que morir para alcanzarla, pues ningún rico
-podrá obtener jamás monumento funerario tan glorioso! Cuando llegue el
-momento entonaré el peán, invocaremos después a Enialio[91] y todos
-entonces, de consuno, nos arrojaremos sobre nuestros enemigos para
-castigar a los que nos han insultado.»
-
-Dicho esto, se vuelve de cara a los enemigos y se mantiene a la
-expectativa, pues el augur le había recomendado no ordenase el ataque
-hasta que alguno de ellos hubiese sido muerto o herido. «Haciéndolo
-así --había dicho-- os guiaré a la victoria, que se inclinará hacia
-vosotros, aunque preveo me costará a mí la vida.» Y no mintió, pues
-habiendo tomado las tropas sus armas, arrójase él el primero, como
-arrastrado por su destino, sobre los enemigos, hallando entre ellos
-la muerte y siendo enterrado en el paso del Cefiso: quedan los otros
-vencedores y persiguen hasta la llanura a los enemigos. Critias e
-Hipómaco, dos de los Treinta, quedan entre los muertos, del propio
-modo que Cármides, hijo de Glauco[92], uno de los diez comandantes
-del Pireo, además de unos setenta de los contrarios; apodéranse de
-las armas los vencedores, aunque sin despojar de las túnicas a sus
-conciudadanos; después de lo cual, y una vez devueltos los muertos
-por medio de una tregua, dirígense unos a otros hablando entre sí,
-y Cleócrito, heraldo de los Iniciados que tenía una voz muy fuerte,
-después de pedir silencio, dice:
-
-«Ciudadanos: ¿por qué nos perseguís, por qué queréis matarnos? Jamás
-os hemos hecho daño alguno; por el contrario, hemos tomado parte con
-vosotros en los actos religiosos más solemnes, en los sacrificios y
-en las fiestas más espléndidas; juntos estuvimos en los mismos coros,
-en las mismas escuelas y bajo las mismas banderas, y tanto por tierra
-como por mar, hemos corrido con vosotros los mismos peligros para la
-salvación común y para la mutua libertad. En nombre de los dioses
-paternos y maternos, por la comunidad de origen, por la familia y
-por la amistad que nos son comunes con la mayor parte de vosotros,
-respetando a los dioses y a los hombres, cesad de faltar a la patria,
-dejad de obedecer a esos Treinta, los más impíos de entre los hombres,
-quienes por su particular interés han hecho morir durante ocho meses
-a un número de atenienses igual o mayor al que durante diez años
-ha perecido por la guerra con los peloponesios. Fácil era vivir en
-paz bajo nuestro gobierno, y sin embargo ellos han encendido la más
-deshonrosa de las guerras entre nosotros y la más terrible, impía e
-inicua ante los dioses y ante los hombres. Sabed que no habéis sido
-vosotros solos, sino también nosotros, los que han derramado abundantes
-lágrimas sobre los cuerpos de los que hoy han perecido.»
-
-Esto dijo, y los restantes jefes, después de oírle, mandan retirar
-a los suyos a la ciudad. Al día siguiente, humillados y abandonados
-por completo, vienen los Treinta a ocupar sus asientos en el senado y
-los tres mil no hacen más que disputarse en cualquier lugar en que se
-sienten. Cuantos habían cometido alguna violencia y temían por lo mismo
-por su seguridad, sostienen con fuego no debe cederse cobardemente
-a los del Pireo, mientras que aquellos a quienes no remuerde su
-conciencia el haber obrado injustamente, reflexionan con serenidad y
-hacen comprender a los demás que ninguna necesidad les obliga a sufrir
-tantas calamidades, y declaran no deben ya prestar más obediencia a
-los Treinta, ni dejarles consumar la perdición de la ciudad. Decretan,
-finalmente, la deposición de aquellos y la elección de otros jefes, los
-cuales son nombrados en número de diez, uno por cada tribu.
-
-Los Treinta se refugian en Eleusis, y en la ciudad los Diez se ocupan
-con los jefes de la caballería en calmar los turbados y abatidos
-ánimos. La caballería pernocta en el Odeón con sus caballos y escudos,
-y en su desconfianza, montan desde el anochecer las guardias sobre
-la muralla, armados con los escudos, y por la mañana vuelven a tomar
-los caballos, temiendo continuamente un ataque repentino de los del
-Pireo. Estos, que habían crecido en número, y a quienes de todas
-partes llegaban nuevos reclutas, constrúyense escudos, tanto de madera
-como de mimbres, que pintan después de blanco, y luego, apenas han
-transcurrido diez días, y habiendo proclamado la igualdad de tributos
-para todos los que con ellos combatieran, aunque fuesen extranjeros,
-salen en gran número, así de hoplitas como de gimnetas[93], teniendo
-además unos setenta caballos; y después de forrajear y de coger leña
-y frutos, vuelven a pernoctar en el Pireo. Nadie salía armado de la
-ciudad, fuera de la caballería, que se arrojaba de tiempo en tiempo
-sobre los exploradores del Pireo, maltratando sus partidas. Encuentran
-en cierta ocasión algunos eonios que se dirigían a sus tierras en busca
-de provisiones, y el comandante de la caballería, Lisímaco, los hace
-degollar, a pesar de las súplicas y de la indignación de varios de sus
-soldados. En represalias, los del Pireo dan la muerte a Calístrato,
-de la tribu leóntida, uno de los caballeros de quien se habían
-apoderado en el campo, pues tenían ya tal confianza, que llegaban en
-sus excursiones hasta los mismos muros de Atenas. Debe referirse aquí
-la idea que tuvo el ingeniero de la ciudad, que al saber quieren los
-enemigos aproximar sus máquinas de guerra al Liceo por la carretera,
-emplea todos los animales de acarreo en transportar enormes piedras y
-esparcirlas sin orden ni concierto por aquellos, lo cual hizo que cada
-piedra causase muchas molestias al enemigo.
-
-Los Treinta envían desde Eleusis a Lacedemonia diputados de entre los
-ciudadanos de Atenas inscritos en la lista, pidiendo socorros, bajo
-pretexto de que el pueblo se ha sublevado contra los lacedemonios.
-Lisandro, reflexionando que es imposible forzar en poco tiempo a los
-del Pireo sitiándolos por tierra y por mar y cortándoles los víveres,
-consigue se destinen cien talentos a esta expedición y que se le envíe
-como gobernador y jefe del ejército de tierra, y a su hermano Libis
-como comandante de la flota, y dirigiéndose a Eleusis reúne muchos
-hoplitas peloponesios, mientras el comandante de las naves vigila la
-costa para que no reciban ninguna clase de víveres los sitiados; de
-manera que pronto los del Pireo sufren grandemente por la falta de
-provisiones, mientras que los de la ciudad vuelven a hallarse en la
-abundancia con la llegada de Lisandro.
-
-Así las cosas, el rey Pausanias, envidioso de Lisandro y temiendo
-que si consigue sus propósitos adquiera gran consideración y pueda
-reducir bajo su dominio particular el territorio de Atenas, después
-de ganar a tres de los éforos, sale de Atenas con la guarnición y
-acompañado de todos los aliados, fuera de los beocios y corintios,
-que dicen creerían faltar a sus juramentos si se dirigían contra los
-atenienses que no han violado tratado alguno, pero que en realidad
-obran así porque conocen quieren los espartanos apropiarse y hacerse
-dueños del territorio ateniense. Pausanias sienta su campo junto al
-Pireo, en el lugar llamado Halipedón[94]; manda por sí mismo el ala
-derecha, y Lisandro con los mercenarios la izquierda. Envía Pausanias
-delegados a los del Pireo, ordenándoles marchen a sus hogares; pero
-no obedeciéndole ellos, hace como que les atacan, para que no se
-haga notorio les es favorable: después se retira sin haber comenzado
-siquiera el ataque. Al día siguiente, tomando dos cohortes espartanas y
-tres escuadrones de atenienses, se adelanta hacia el puerto cegado[95],
-examinando por dónde puede más fácilmente levantar trincheras contra el
-Pireo; saliendo algunas tropas de los sitiados, le inquietan durante
-su retirada, e irritándose entonces, hace cargar la caballería, manda
-también detrás de esta a todos los que han pasado ya diez años de la
-pubertad, y él mismo se adelanta también con el resto de sus tropas.
-Matan unos treinta soldados ligeros y persiguen a los demás hasta el
-teatro del Pireo, donde hallábanse sobre las armas todos los peltastas
-y hoplitas de la plaza. Verifican una salida las tropas ligeras, y
-arrojan dardos, lanzas, flechas y piedras a los enemigos; tienen estos
-gran número de bajas, y viéndose los lacedemonios muy hostigados,
-principian a retirarse, lo cual permite a sus adversarios cargar sobre
-ellos con más vigor. Perecieron en esta acción Querón y Tíbraco,
-ambos polemarcas; Lácrates, vencedor en los juegos olímpicos, y otros
-lacedemonios enterrados en el Cerámico.
-
-Al ver esto Trasíbulo, avanza con el resto de los hoplitas, y se
-colocan con prontitud delante de los demás, a ocho en fondo. Pausanias,
-vivamente hostigado, se retira unos cuatro o cinco estadios hacia una
-colina inmediata, a donde ordena se dirijan los lacedemonios y los
-demás aliados, y dando a su falange una profundidad considerable,
-marcha sobre los atenienses. Sostienen estos el primer choque, pero
-después son rechazados unos hasta el pantano de Hale, y otros son
-puestos en fuga, perdiendo sobre ciento cincuenta hombres. Eleva
-entonces Pausanias un trofeo, y se retira, pues no estaba irritado con
-ellos; antes por el contrario, mandando ocultamente enviados, hace
-saber a los del Pireo le envíen mensajeros, así como a los éforos
-presentes, para exponer sus intenciones. Siguen su consejo.
-
-Siembra asimismo la división entre los de la ciudad, y les excita para
-que se presenten en el mayor número posible a los éforos; entonces
-les declara que no hay necesidad alguna para que combatan con los del
-Pireo; antes bien, deben reconciliarse y ser ambos partidos amigos y
-aliados de los lacedemonios. El éforo Nauclidas oye con agrado esta
-proposición, y, como es costumbre en Esparta acompañen dos de los
-éforos al rey en la guerra, era uno de ellos Nauclidas, que con su
-compañero se inclinaban más bien del lado de Pausanias que del de
-Lisandro. Envían sin tardanza a Lacedemonia la diputación de los del
-Pireo, enviada para tratar con Esparta, y también a los particulares
-Cefisofonte y Meleto por parte de la ciudad.
-
-Mientras están estos en camino hacia Lacedemonia, envían los de la
-ciudad mensajeros públicos para manifestar a los espartanos que
-están dispuestos a entregarles los muros que conservan en su poder
-y sus mismas personas para que dispongan de todo a su gusto; añaden
-que hallarían justo que si los del Pireo son también amigos de los
-lacedemonios, les entregasen igualmente el Pireo y Muniquia. Después
-de haberles oído los éforos y los demás convocados, envían quince
-diputados a Atenas para arreglar los asuntos del mejor modo posible, de
-mutuo acuerdo con Pausanias. Estos enviados devuelven la tranquilidad a
-todos, poniendo por condición que los partidos hagan la paz entre sí y
-que cada cual vuelva a sus quehaceres, fuera de los Treinta, los Once
-y los Diez que habían sido elegidos en el Pireo, ordenando al mismo
-tiempo que cuantos teman estar en la ciudad pueden morar en Eleusis.
-
-Después de arreglar estas cosas, Pausanias licencia a su ejército,
-y los del Pireo suben con las armas a la acrópolis para ofrecer un
-sacrificio a Minerva. Bajan después los generales, y Trasíbulo les dice
-entonces:
-
-«Hombres de la ciudad: os aconsejo procuréis conoceros a vosotros
-mismos, y el mejor medio para ello es que examinéis los motivos en que
-fundáis vuestras pretensiones para pretender dominarnos a todos. ¿Sois
-acaso los más justos? Aunque más pobre que vosotros, el pueblo no os
-ha dañado nunca a causa de vuestras riquezas, y en cambio, vosotros
-que sois los más ricos, movidos únicamente por vuestro interés, habéis
-hecho mil acciones vergonzosas. Pero ya que la justicia no está de
-vuestra parte, examinad si os puede enorgullecer vuestro valor; ¿y
-qué juicio puede decidir mejor esta pregunta que el modo como hemos
-combatido unos contra otros? ¿Podéis, acaso, decir que nos aventajáis
-por los conocimientos, vosotros que, poseyendo un muro, armas y
-riquezas y a los peloponesios por aliados, habéis tenido que ceder a
-gentes que con nada de esto contaban? ¿Son acaso los lacedemonios
-los que os enorgullecen? ¿Cómo es posible, si os han entregado (del
-mismo modo que se entregan con bozal los perros que muerden) al pueblo
-víctima de vuestra injusticia, y además se han marchado? Sin embargo,
-yo espero, ciudadanos, que no faltaréis a cuanto habéis jurado; antes
-por el contrario, añadiréis a vuestras restantes virtudes la de ser
-fieles al juramento y a las promesas.»
-
-Otras exhortaciones añade para demostrar que todo ha de suceder sin
-perturbaciones de ninguna clase y que es preciso obedecer a las
-antiguas leyes, y luego levanta la asamblea. Establécense en seguida
-los poderes, constituyéndose el gobierno. Más tarde se sabe que los que
-se habían retirado a Eleusis toman soldados mercenarios a sueldo, y
-acometiéndoles en masa, matan a sus generales, que se habían adelantado
-para negociar, y envían a los restantes sus amigos y aliados para
-reconciliarse; juran todos no conservar rencor alguno por todo lo que
-ha sucedido, y aun ahora no ha cambiado el régimen político, pues el
-pueblo se conserva fiel a sus juramentos.
-
-
-
-
-LIBRO TERCERO.
-
-CAPÍTULO PRIMERO.
-
-
-Así terminaron los disturbios en Atenas[96]. Poco tiempo después, Ciro,
-habiendo enviado sus legados a Lacedemonia, pide que los espartanos
-se porten con él del mismo modo que él se ha conducido con ellos en
-su guerra contra los atenienses. Reconociendo los éforos lo justo de
-esta petición, ordenan a Samio, comandante de las naves, se ponga a las
-órdenes de Ciro para cuanto a este se le ofrezca, y aquel realiza con
-gusto cuanto le pide Ciro. Después de haber reunido su flota a la de
-este, se hace a la vela hacia la Cilicia, e imposibilita a Siénesis,
-gobernador de ella, para oponerse por tierra a la expedición de Ciro
-contra el rey. La manera como Ciro reunió un ejército y se dirigió
-contra su hermano, el combate que tuvo lugar, la muerte de Ciro, y cómo
-llegaron felizmente al mar los griegos, ha sido todo esto relatado por
-Temistógenes el siracusano[97].
-
-Tisafernes, de quien creía el rey haber recibido grandes servicios en
-la guerra contra su hermano, habiendo sido enviado como sátrapa de
-los países que ya antes de aquella gobernaba, y a los que tenía antes
-Ciro, exige que todas las ciudades jónicas se sometan a él; pero estas
-ciudades, decididas a conservar su libertad y temiendo a Tisafernes,
-a quien habían menospreciado en el mero hecho de preferir entregarse
-a Ciro, cuando vivía, no quieren recibirle, y envían mensajeros a
-Lacedemonia para suplicarles tomen a pecho, en calidad de directores
-de Grecia, los intereses de los griegos de Asia, a fin de que su
-país no sea sometido y puedan continuar siendo libres. Envíanles los
-lacedemonios a Tibrón como gobernador, al frente de mil neodamodes y de
-otros cuatro mil peloponesios; Tibrón pide asimismo a los atenienses
-trescientos de a caballo, cuyo sueldo se obliga a satisfacer. Envíanle
-los atenienses muchos de los que habían servido bajo los Treinta,
-considerando como un beneficio para el pueblo el que sean alejados,
-aunque tengan que perecer en esa expedición. Después que han llegado a
-Asia, reúne Tibrón otras tropas en las ciudades griegas del continente,
-pues todas ellas están dispuestas a obedecer cuanto les mande un
-espartano.
-
-Con este ejército, Tibrón no desciende aún a la llanura, pues ve
-demasiado débil su caballería; pero preserva del pillaje la comarca
-que ocupa: únicamente después que se han juntado a él las tropas
-griegas, salvadas felizmente de la expedición de Ciro, marcha a
-oponerse a Tisafernes y toma posesión de las ciudades de Pérgamo,
-Teutrania y Halisarna, en las cuales gobernaban Eurístenes y Procles,
-descendientes del espartano Demarato, que había recibido este país como
-regalo del rey por haber guerreado con él contra los griegos. También
-se le juntan Gorgión y Góngilo, hermanos, uno de los cuales poseía
-Gambrio y Palegambrio, y el otro Mirina y Grinio, las cuales habían
-sido dadas por el rey a Góngilo por haber sido desterrado de Eretria
-a causa de ser allí el único partidario de los medos. Tibrón se hace
-dueño de todas las ciudades escasamente fortificadas. No habiendo
-querido capitular Larisa, llamada la Egipcia, acampa en sus alrededores
-y pretende sitiarla; viendo que no puede tomarla más que privándola
-de agua, hace construir un gran pozo y un canal; pero como que los
-sitiados en sus frecuentes salidas arrojan piedras y leña en el canal,
-hace construir asimismo una testudo de madera encima del pozo, que no
-priva a los laríseos de acudir durante la noche para incendiarla; por
-lo cual los éforos, viendo que Tibrón nada consigue, le ordenan deje a
-Larisa y marche contra Caria.
-
-Hallábase ya en Éfeso para dirigirse a dicha región, cuando llega
-Dercílidas para tomar el mando del ejército: era hombre tenido por
-buen ingeniero, y por sobrenombre se le llamaba _Sísifo_. Parte, pues,
-Tibrón para Esparta, y allí se le castiga con el destierro, pues los
-aliados le acusan de haber permitido a su ejército saquear territorios
-amigos. Dercílidas toma el mando del ejército, y viendo que Tisafernes
-y Farnabazo desconfían uno de otro, se concierta con Tisafernes y
-conduce sus tropas al país de Farnabazo, prefiriendo tener que guerrear
-con uno solo a dirigirse contra los dos. Hacía ya tiempo que Dercílidas
-se hallaba enemistado con Farnabazo, pues siendo gobernador de Abido
-mientras Lisandro era jefe de la flota, las calumnias de Farnabazo
-hiciéronle condenar a estar de pie con un escudo en la mano, lo cual es
-un castigo a que se condena a los desertores en Lacedemonia, donde se
-es muy sensible a esta afrenta; de ahí que se dirigiera con gran placer
-contra Farnabazo. Muestra prontamente cuánto difiere su mando del de
-Tibrón conduciendo su ejército a través de países amigos, y sin hacer
-daño alguno a los aliados hasta Eólida, provincia de Farnabazo.
-
-Eólida pertenecía a Farnabazo; pero Zenis de Dardania, durante su vida
-la había gobernado con el título de sátrapa, y después que este murió
-de enfermedad natural, su mujer Manía, también de Dardania, reúne una
-escolta, prepara numerosos presentes para Farnabazo y para obtener la
-protección de las queridas de este y de cuantos gozan de su favor, y se
-pone en marcha cuando Farnabazo se preparaba a dar a otro la satrapía.
-
-Introducida junto a él, «Farnabazo --le dice--, mi esposo era afecto
-a tu persona y te pagaba con regularidad los tributos, de modo que le
-honrabas muchas veces con tus alabanzas; ¿por qué nombrar, pues, otro
-sátrapa, si yo puedo continuar sirviéndote con igual celo? Cuando no
-sea de tu agrado, solo de tu voluntad depende el quitarme el mando».
-
-Después de haberla oído, Farnabazo se decide a dar a esta mujer la
-satrapía, y una vez dueña del país, fue tan exacta como su marido en
-pagarle con regularidad los tributos, y además cada vez que iba a ver
-a Farnabazo le llevaba algún presente, y cuando este visitaba el país,
-le recibía más espléndida y graciosamente que los demás tributarios:
-conservole asimismo las ciudades de que se había apoderado, y sometió
-también a tres ciudades libres del litoral, Larisa, Hamáxito y Colonas,
-asaltándolas con un ejército griego, mientras presenciaba la acción
-sentada en su carro, y honrando después con ricos presentes a los
-que se distinguían, de manera que formó a sus órdenes uno de los más
-brillantes cuerpos de mercenarios. Acompañaba asimismo a Farnabazo
-en sus expediciones contra los misios y pisidios que inquietaban los
-territorios del rey, por todo lo cual Farnabazo le tributaba los más
-grandes honores y alguna vez la llamaba a consejo.
-
-Tenía ya más de cuarenta años cuando Midias, el esposo de su hija, se
-deja llevar por las indicaciones de los que decían era vergonzoso que
-estuviese el gobierno en manos de una mujer y él no fuese más que un
-simple particular; y como a pesar de estar en guardia contra todos,
-como es natural en una tiranía, tenía entera confianza con Midias y
-le recibía con todo el cariño que puede existir entre una mujer y su
-yerno, se dice que en una de esas ocasiones la ahogó. Mata igualmente
-al hijo de Manía, joven de diez y siete años y muy notable por su
-belleza, después de lo cual se apodera de Escepsis y Gergis, plazas
-fuertes donde guardaba aquella sus tesoros. Las demás ciudades no
-quieren reconocerle, y las guarniciones de las mismas las conservan
-para Farnabazo. Midias, enviando después regalos a Farnabazo, le pide
-el gobierno del país con iguales condiciones que le tenía Manía; pero
-este le contesta que puede guardar los presentes para cuando venga a
-buscarlos juntamente con su persona, y añade que no quiere vivir sin
-vengar a Manía.
-
-En esta situación llega Dercílidas, y en un solo día se apodera sin
-lucha de Larisa, Hamáxito y Colonas, ciudades del litoral, y enviando
-mensajeros a las ciudades eolias, les promete la libertad si le abren
-sus puertas y se hacen sus aliadas. Los habitantes de Neandria, Ilión
-y Cocilio se declaran en favor suyo, pues sus guarniciones griegas
-no habían sido muy bien tratadas después de la muerte de Manía; pero
-el jefe de la de Cebrene, plaza muy fuerte, esperando alcanzar de
-Farnabazo grandes honores si le conserva esta ciudad, no recibe a
-Dercílidas, quien, enojándose, se prepara para ponerle sitio; no siendo
-favorables los signos de los sacrificios que ofrece antes de comenzar
-el sitio, los renueva al día siguiente, y presentándose también
-desfavorable, vuelve a consultarlos al otro día, continuando de este
-modo durante cuatro días, irritándole mucho tales dilaciones, pues
-deseaba apoderarse de toda Eólida antes de que llegara Farnabazo.
-
-Aténadas de Sición, uno de los capitanes, creyendo pierde el tiempo
-Dercílidas en estas bagatelas, y suponiéndose bastante para cortar
-el agua a los cebrenios, avanza con su compañía y procura cegar las
-fuentes; pero hacen una salida los sitiados, le hieren, mátanle dos
-hombres y ahuyentan a los demás a fuerza de golpes y de dardos.
-Hallábase Dercílidas muy apesadumbrado por este accidente, pues
-comprendía se daría el asalto con menos vigor, cuando llegan mensajeros
-de los griegos encerrados en la ciudad participándole no estaban
-conformes con la conducta de su jefe y que preferían servir a los
-griegos mejor que a los bárbaros. Estaban aún en tratos, cuando llega
-un enviado del jefe para decir que tal es también su modo de pensar.
-Inmediatamente Dercílidas, para quien son favorables aquel día las
-víctimas, pone a sus tropas sobre las armas y las conduce a las puertas
-de la ciudad, que le son abiertas para que puedan entrar en ella, y
-dejando allí una guarnición, se dirige en seguida a Escepsis y Gergis.
-
-Midias, que temía la llegada de Farnabazo y que desconfiaba ya de
-la disposición de ánimo en que se hallaban los ciudadanos, envía
-mensajeros a Dercílidas diciéndole entrarán en parlamento si le manda
-rehenes; Dercílidas envía un ciudadano de cada una de las poblaciones
-aliadas y le invita a escoger el número que bien le parezca: quédase
-con diez, sale de la ciudad, entra en componendas con Dercílidas y le
-pregunta qué condiciones pone a su alianza, a lo cual contesta aquel
-que quiere sean libres e independientes todos los habitantes, diciendo
-lo cual, avanza en dirección a Escepsis, y Midias, conociendo no puede
-impedirle la entrada contra el deseo de los ciudadanos, no se opone.
-Dercílidas, después de haber sacrificado a Minerva en la acrópolis de
-Escepsis, hace salir la guarnición de Midias y entrega el gobierno
-de la plaza a los ciudadanos exhortándoles a que se rijan por leyes
-propias de griegos y de hombres libres; después de lo cual, se dirige
-a Gergis acompañado de gran número de los de Escepsis, que le tributan
-toda clase de honores y se alegran con lo que acaba de suceder. Midias,
-que iba con él, le suplica le entregue la ciudad de Gergis, a lo cual
-contesta Dercílidas que no le rehusará jamás ninguna cosa justa; pero
-mientras dice esto, se adelanta con él hasta las puertas de la ciudad
-seguido de las tropas, que marchan pacíficamente en dos filas. Los
-vigías apostados en las torres reconocen a Midias, que va con él, y no
-lanzan un solo dardo. Entonces le dice Dercílidas:
-
---«Midias, manda abrir las puertas para guiarme y dirigirte conmigo al
-templo a ofrecer un sacrificio a Minerva.»
-
-Midias vacila, pero por fin, temiendo ser detenido si se opone, da
-orden para que abran las puertas. Entra Dercílidas en la ciudad, yendo
-con él Midias, y se dirigen a la acrópolis, ordenando antes a sus
-soldados estén con las armas a lo largo de los muros mientras ofrece
-con su acompañamiento el sacrificio a Minerva. Una vez este terminado,
-da la orden a los guardias de Midias de alinearse en armas a la cabeza
-del ejército, como si fuesen mercenarios suyos, ya que nada tenía que
-temer de Midias. Este, vacilante y sin saber qué hacer,
-
---«Me voy --le dice--para prepararte mi hospitalidad.
-
---No, por Júpiter --contesta Dercílidas--; me sonrojaría recibiendo
-de ti la hospitalidad en lugar de ofrecértela yo una vez terminado el
-sacrificio; quédate, pues, con nosotros, y mientras preparan la comida,
-examinemos ambos lo que tenemos que hacer uno para otro en conformidad
-a la justicia.»
-
-Después que se sentaron, comienza Dercílidas a preguntarle:
-
---«Dime, Midias, ¿te dejó tu padre dueño de cuanto posees?
-
---Seguramente --contesta.
-
---Y ¿cuántas casas tenías, cuántos campos y cuántos prados?»
-
-Habiéndolos enumerado Midias, los escepsios que se hallaban presentes,
-gritan:
-
---«Este hombre miente, Dercílidas
-
---Y vosotros --les dice este--, no seáis tan puntillosos.»
-
-Cuando ha detallado todas sus posesiones, vuelve a preguntarle:
-
---«Dime, ¿de quién dependía Manía?»
-
-Todos exclaman:
-
---«De Farnabazo.
-
---Por lo mismo ¿todo lo que tenía era, pues, de Farnabazo?
-
---Seguramente --contestan.
-
---Entonces todo nos pertenece, pues Farnabazo es nuestro enemigo y
-poseemos lo que era suyo. Conducidme, pues, a donde se hallan los
-bienes de Manía y de Farnabazo.»
-
-Condúcenle entonces a la habitación de Manía, de la cual ha tomado
-posesión Midias, y este también le sigue. Así que ha entrado
-Dercílidas, llama a los mayordomos y los hace prender por sus
-servidores, declarándoles serán degollados inmediatamente si se
-descubre han robado algo de lo que pertenecía a Manía. Muestran cuanto
-tienen, y Dercílidas, asegurándose de todo, hace cerrar la casa, pone
-su sello y establece en ella guardia. Al salir dice a los tribunos y a
-los capitanes colocados junto a la puerta:
-
---«Compañeros, tenemos asegurada la paga durante un año a un ejército
-de 8000 hombres; si encontramos aún algo más, todo eso tendremos.»
-
-Dijo esto conociendo que los que le oyesen serían mucho más obedientes
-y celosos. Midias le pide entonces:
-
---«¿Y yo, Dercílidas, dónde deberé habitar?
-
---En el lugar que te designa la justicia, Midias --le contesta--; en
-Escepsis, tu patria, y en casa de tu padre.»
-
-
-
-
-CAPÍTULO II.
-
-
-Después de haber realizado estas cosas y de haber tomado nueve ciudades
-en ocho días, Dercílidas pensó en los medios de no servir de carga a
-los aliados invernando en un país amigo, como lo había hecho Tibrón, y
-al mismo tiempo impedir a Farnabazo inquietase con su caballería a las
-ciudades griegas. Envía por lo mismo mensajeros a Farnabazo pidiéndole
-si quiere la paz o la guerra, y este, comprendiendo que Eólida es una
-temible avanzada para Frigia, donde reside, prefiere una tregua.
-
-Hecho esto, dirígese Dercílidas a Tracia de Bitinia para invernar,
-lo cual no desagrada en modo alguno a Farnabazo, pues los bitinios
-le hacían a menudo la guerra, con lo cual Dercílidas toma y saquea
-con seguridad completa Bitinia y tiene siempre víveres en abundancia.
-Llégale de la otra orilla un refuerzo de los odrisios, enviado
-por Seutes, consistente en unos doscientos caballos y trescientos
-peltastas, cuyas tropas forman su campamento y se atrincheran a
-unos veinte estadios del ejército griego, y después de pedir a
-Dercílidas algunos hoplitas para guardar su campamento, emprenden sus
-correrías, en las que hacen numerosos prisioneros y consiguen rico
-botín. Hallábase su campo muy lleno de cautivos cuando los bitinios,
-informados del número de los que salían y del de los centinelas
-griegos que para su guarda dejaban, reuniéndose en masa peltastas
-y caballería, caen, al apuntar el día, sobre los hoplitas, que eran
-unos doscientos, y una vez a tiro, los reciben con flechas y dardos.
-Los hoplitas, al ver heridos o muertos a sus compañeros sin poder
-hacer nada por impedírselo la empalizada, que tiene la altura de un
-hombre, arrancan las estacas y se lanzan sobre el enemigo, que cede
-donde quiera que le ataquen, por ser fácil a los peltastas burlar la
-persecución de los hoplitas; no cesan, sin embargo, de arrojar dardos
-a derecha e izquierda, y a cada salida de los guardias les hacen gran
-número de bajas, hasta que por fin, acorralados estos últimos como en
-un establo, son aplastados por el gran número de los enemigos, con
-excepción de unos quince hoplitas que, viendo lo desesperado de su
-situación, habían podido escaparse durante el combate sin ser vistos
-por los bitinios y que consiguen llegar al campamento griego. Matan
-los bitinios a los guardas de las tiendas de los odrisios tracios y se
-retiran después de haber recuperado todos los prisioneros, de manera
-que los griegos, al acudir para prestarles auxilio, no encuentran en
-el campamento más que los cadáveres completamente despojados de sus
-vestidos. A su vuelta entierran los odrisios sus muertos, y después
-de beber sobre sus cuerpos mucho vino, celebran carreras de caballos,
-acampando desde entonces con los griegos y saqueando e incendiando
-Bitinia.
-
-Al principio de la primavera[98], partiendo Dercílidas de Bitinia,
-entra en Lámpsaco. Hallábase aún allí cuando llegan los magistrados
-lacedemonios Áraco, Naubates y Antístenes para examinar el estado
-general de los negocios en Asia, y para decir a Dercílidas que debía
-conservar el mando durante el año siguiente. Los éforos les habían
-encargado igualmente convocasen a los soldados y censurasen su conducta
-anterior y alabasen el que en la actualidad no obrasen injustamente
-con nadie; debían asimismo decirles, que en lo futuro no se les
-toleraría perjudicasen a nadie, mientras que si obraban justamente con
-los aliados, sería alabada su conducta. Así, pues, reuniendo a los
-soldados, les dijeron cuanto se les había encargado; pero el que había
-sido jefe de las tropas de Ciro les contestó:
-
---«Ciudadanos de Lacedemonia, nosotros somos hoy lo mismo que éramos
-antes; pero el jefe que hoy tenemos no es el mismo que era entonces; he
-ahí por qué no cometemos hoy las mismas faltas, como podéis cercioraros
-por vosotros mismos.»
-
-Mientras los diputados de Lacedemonia y Dercílidas habitan juntos en
-una misma tienda, uno del séquito de Áraco cuenta que habían dejado
-en Lacedemonia mensajeros del Quersoneso que iban a quejarse de que
-no se podían cultivar las tierras de aquella región a causa de las
-incesantes correrías de los tracios, y que si se elevaba una muralla de
-mar a mar, se conseguiría poder gozar de grandes extensiones de buen
-terreno que podrían cultivar cuantos espartanos quisieran, y añadían
-que no les admiraría que enviase Lacedemonia algunos de sus ciudadanos
-con las fuerzas necesarias para realizar este proyecto. Nada dice
-Dercílidas del plan que ha formado al oír este relato, y les envía
-entonces a Éfeso para recorrer las ciudades griegas, muy contentos
-por la seguridad de que las hallarán tranquilas y prósperas. Pónense
-aquellos en marcha, y Dercílidas, sabiendo que se queda aquel año con
-el mando, envía nuevamente a pedir a Farnabazo qué prefiere, prolongar
-la tregua del invierno, o la guerra. Prefiriendo aún aquel la tregua, y
-habiendo Dercílidas asegurado así la paz para las ciudades limítrofes,
-cruza el Helesponto con su ejército y pasa a Europa atravesando la
-parte de Tracia que le es amiga, y recibiendo la hospitalidad del rey
-Seutes, llega al Quersoneso. Después que reconoce contiene once o
-doce ciudades, que posee un excelente suelo, favorable a toda clase
-de cultivo, pero que según se le ha dicho se halla devastado por los
-tracios, mide el istmo, y averiguando tiene treinta y siete estadios,
-no vacila ya, ofrece sacrificios a los dioses y hace principiar el
-muro, señalando a cada soldado el espacio que tiene que construir, y
-prometiendo brillantes premios a los primeros que terminen su tarea,
-y recompensas a todos los que de ellas se hagan dignos, con lo cual
-queda terminada antes del otoño la muralla, que había sido principiada
-en la primavera, detrás de la cual quedan completamente protegidas
-once ciudades, varios puertos, gran extensión de excelente tierra
-cultivable, de campos en pleno cultivo y magníficos y abundantes pastos
-para toda clase de ganados. Hecho esto, vuelve a pasar a Asia.
-
-Observando la situación de las diferentes ciudades, ve que en general
-se hallan en plena prosperidad, excepto Atarneo, que halla ocupada por
-desterrados de Quíos, los cuales, partiendo de esta plaza, saquean y
-devastan Jonia, viviendo de su rapiña. Aunque informado Dercílidas
-de que están abundantemente provistos de víveres, acampa alrededor de
-sus muros y la sitia. A los ocho meses se apodera de ella, y colocando
-a Dracón de Pelene por gobernador, después de llenar la plaza de toda
-clase de provisiones con objeto de hacer de ella un descanso para
-cuando pase por allí, se dirige a Éfeso, que está a tres jornadas de
-Sardes.
-
-Hasta entonces Tisafernes y Dercílidas, así como los demás griegos
-y bárbaros de aquellas regiones, habían vivido en paz; pero llega
-a Lacedemonia una diputación de las ciudades jonias anunciando que
-si Tisafernes quiere, pueden hacerse independientes las ciudades
-griegas, y que además, si se inquieta Caria, donde reside Tisafernes,
-se conseguirá fácilmente el reconocimiento de dicha independencia.
-Oyendo esto los éforos, mandan a Dercílidas que invada con su ejército
-Caria, y a Fárax, comandante de las naves, que amenace las costas de
-dicha comarca. Ejecutan ambos estas órdenes coincidiendo con la llegada
-de Farnabazo junto a Tisafernes, tanto por haber sido nombrado este
-general en jefe de las tropas, como con el intento de asegurarle estaba
-pronto a hacer la guerra mancomunadamente con él y peleando juntos para
-arrojar a los griegos de los dominios del rey; por lo demás, sufría
-su amor propio por haberse dado el mando a Tisafernes, y no podía en
-modo alguno consolarse de la pérdida de Eólida. Tisafernes, después
-de haberle oído, le dice que comenzarán por dirigirse a Caria, y que
-después decidirán lo que debe hacerse. Llegados a ella, después de
-haber dejado suficientes tropas en las guarniciones de las fortalezas,
-deciden volver a Jonia. Informado Dercílidas de que han pasado
-nuevamente el Meandro, comunica a Fárax el temor de que Tisafernes y
-Farnabazo saqueen y devasten el país poco fortificado que tienen que
-recorrer y atraviesa también él el río. Iban marchando los dos jefes
-seguidos del ejército, algo en desorden, puesto que creían al enemigo
-en camino para Éfeso, cuando de pronto ven algunos centinelas subidos
-en los túmulos funerarios[99], y subiendo también sobre algunos de
-los túmulos y algunas torres que por allí había, distinguen formados
-en batalla sobre el camino que deben seguir, a los carios, de blancos
-escudos, a todo el ejército persa de aquellas comarcas, a las tropas
-griegas que tenían a sueldo cada uno de los dos sátrapas, y a su
-caballería, bastante numerosa, con Tisafernes en el ala derecha y
-Farnabazo en la izquierda.
-
-Al ver esto Dercílidas, manda inmediatamente a los jefes y capitanes
-hagan formar a toda prisa sus tropas a ocho en fondo y se coloquen
-a ambos lados los peltastas y caballos en el mayor número posible,
-y él ofrece un sacrificio. Todas las tropas peloponesias aguantan a
-pie firme y se preparan para el combate; pero los de Priene, Aquileo,
-de las islas y de las ciudades jonias, arrojando las armas entre los
-trigos, pues había espesas mieses en la llanura del Meandro, huyen en
-gran parte, y cuantos quedan, dejan ver que no sostendrán el choque.
-Anuncian que Farnabazo da la señal de combate, pero Tisafernes,
-acordándose del valor con que se batió contra los persas el ejército
-de Ciro, y creyendo que todos los griegos se parecen a esas tropas, no
-quiere aventurar el combate, sino que hace decir a Dercílidas desea
-entrar en parlamento con él: este en seguida, tomando los mejores de su
-caballería e infantería, se adelanta hacia los mensajeros y les dice:
-
---«Ya veis que estaba dispuesto a combatir, pero ya que desea
-Tisafernes parlamentar, no me niego; únicamente es preciso demos y
-recibamos primero rehenes y garantías de buena fe.»
-
-Aceptada esta proposición, después de realizarla, retíranse los dos
-ejércitos: el de los bárbaros, a Trales de Caria, y los griegos a
-Leucofris[100], donde se halla un templo de Diana muy venerado y un
-lago de más de un estadio de circuito, notable por su arenoso fondo y
-por el agua continua potable y templada.
-
-Así se pasa este día, y al siguiente reúnense en el lugar indicado
-y deciden se enuncien por cada cual las condiciones bajo las cuales
-puede firmarse la paz. Dercílidas propone que reconozca el rey la
-independencia de las ciudades griegas, y Tisafernes y Farnabazo que
-el ejército griego evacue el territorio del rey y que retiren los
-lacedemonios los gobernadores de las ciudades. Aceptado esto, convienen
-en una tregua que dure mientras Dercílidas comunica las proposiciones a
-Lacedemonia y Tisafernes al rey.
-
-Mientras se verifica todo esto en Asia bajo el mando de Dercílidas,
-irritados los lacedemonios desde largo tiempo contra los eleos, porque
-habían hecho alianza con los atenienses, argivos y mantineos, por
-haber rehusado admitir a los lacedemonios, bajo pretexto de haberles
-condenado, en los combates hípicos y gimnásticos, y no solo por esto,
-sino también porque habiendo Licas entregado su carro a los tebanos,
-y estos, habiendo sido proclamados vencedores, al adelantarse aquel
-para coronar al cochero, le dan de palos, a pesar de ser un anciano,
-y le arrojan de allí, y porque más tarde habiendo Agis sido enviado
-por un oráculo para sacrificar a Júpiter, se opusieron los eleos y no
-quisieron procurase obtener una victoria con sus ruegos y plegarias,
-pretendiendo además que, según una antigua ley de los griegos, no
-podían estos recurrir al oráculo en una guerra con otros griegos, de
-manera que Agis tuvo que marchar de allí sin haber podido ofrecer los
-sacrificios; por todo esto, sobremanera irritados, deciden los éforos
-y la asamblea hacerles entrar en razón, castigando su osadía. A este
-efecto envían mensajeros a Élide para declarar que ha parecido justo
-a los magistrados de Lacedemonia devuelvan los eleos su independencia
-a las ciudades vecinas; contestan estos que habiendo conquistado por
-la guerra estas ciudades, no quieren acceder a lo que se les pide, y
-entonces los éforos les declaran la guerra. A la cabeza de su ejército
-atraviesa Agis la Acaya e invade la Élide por Lariso[101], pero al
-momento en que sus tropas entran en territorio enemigo y principian
-a saquearle, sobreviene un temblor de tierra, por lo cual Agis,
-considerándolo como un signo divino, saliendo del territorio eleo
-licencia a su ejército. Desde entonces los eleos se hacen más audaces y
-envían diputados a todas los ciudades que saben se hallan indispuestas
-con los lacedemonios.
-
-Al año siguiente[102] decretan los éforos otra expedición contra Élide,
-y exceptuando a los beocios y corintios, todos los aliados, incluso los
-atenienses, se ponen a las órdenes de Agis. Penetra Agis en Élide por
-Aulón[103], y en seguida los lepreatas, abandonando a los eleos, se le
-unen seguidos de los macistios y epitalios; después de haber pasado el
-río[104], se le entregan los letrinos, los anfídolos y los marganeos.
-Dirígese entonces a Olimpia y sacrifica a Zeus olímpico sin que nadie
-se lo impida. Después de haber sacrificado marcha contra la ciudad,
-saqueando e incendiando el país, apoderándose de extraordinario número
-de animales y de esclavos, oyendo lo cual llegan grandes grupos de
-arcadios y de aqueos para tomar parte espontáneamente en la expedición
-y en el botín; de manera que esta expedición vino a ser como un
-abastecimiento para el Peloponeso.
-
-Llegado junto a la población, Agis devasta los suburbios y los
-gimnasios, notables por su hermosura; y en cuanto a la ciudad,
-desprovista de murallas, bien se comprende que si no la tomó no fue
-porque no pudo, sino porque no quiso.
-
-Mientras saquea el país y el ejército esté acampado junto a Cilene,
-los partidarios de Xenias, de quien se dice haber medido a celemines
-el dinero heredado de su padre, quieren entregar la ciudad a los
-lacedemonios, y echándose a la calle espada en mano, degüellan algunos
-ciudadanos, y entre otros a un hombre parecido a Trasideo, jefe
-del partido popular, creyendo que era este, con lo cual el pueblo,
-completamente desanimado, se halla en la inacción: los asesinos creen
-haber hecho ya cuanto tenían que hacer, y sus cómplices transportan las
-armas a la plaza pública; pero Trasideo se hallaba aún durmiendo en
-el mismo sitio en que se había apoderado de él la borrachera. Así que
-el pueblo sabe que Trasideo no ha muerto, rodeando su casa por todas
-partes como un enjambre de abejas alrededor de su reina, y después de
-reunir al ejército, se pone a su cabeza y tiene lugar un combate en el
-que queda vencedor el pueblo, y los autores del degüello tienen que
-refugiarse en Lacedemonia.
-
-Agis, al marchar, después de atravesar nuevamente el Alfeo dejando una
-guarnición en Epitalio junto a este río, con los fugitivos de Élide,
-y nombrando gobernador a Lisipo, licencia el ejército y regresa a su
-país. Durante el resto del verano y en el siguiente invierno, Lisipo
-y los suyos devastan el país de los eleos, y al verano siguiente,
-Trasideo, mandando mensajeros a Lacedemonia, les participa que
-consiente en demoler las murallas de Fea y Cilene, y liberar las
-ciudades trifilias: Frixa y Epitalio, y a los letrinos, anfídolos y
-marganeos, así como a los acroreos y la ciudad de Lasión, que les
-disputaban los arcadios, exigiendo, sin embargo, quedarse con Epeo,
-situada entre Herea y Macisto, que decían haber comprado por treinta
-talentos, habiéndolos pagado a los que poseían dicha ciudad: pero los
-lacedemonios, conociendo que es tan injusto tratando con uno más débil,
-comprar algo por fuerza, como tomárselo con violencia, les obligan
-también a renunciar a dicha ciudad, sin quitarles la presidencia del
-templo de Júpiter olímpico aunque no la poseyesen desde mucho tiempo
-antes, por ser los pretendientes a la misma muy poco idóneos para ella.
-Hechas estas concesiones, se ajusta un tratado de paz y de alianza
-entre los eleos y los lacedemonios, y de este modo termina la guerra
-entre los dos pueblos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO III.
-
-
-Dirígese después Agis a Delfos[105], donde ofrece el diezmo del botín;
-pero a su regreso a Herea, y siendo ya viejo, se siente enfermo y
-ordena le lleven a Lacedemonia, donde llega aún vivo, pero donde muere
-al poco tiempo, haciéndole unos funerales más espléndidos de lo que
-puede esperar hombre alguno.
-
-Transcurridos los días de luto, cuando debe ser elegido el rey,
-levántanse rivales pretensiones a la realeza entre Leotíquides, que
-decía ser hijo de Agis, y Agesilao, hermano de este último. Leotíquides
-decía[106]:
-
---«Agesilao, bien sabes que el hijo del rey y no el hermano debe ser
-elegido, y únicamente si no hay hijos es cuando debe serlo el hermano.
-
---Pues por eso debo ser rey.
-
---¿Cómo es posible, si estoy yo aquí?
-
---Pues muy sencillo, porque aquel a quien tú llamas padre, dice que no
-eres suyo.
-
---Pero mi madre, que debe saberlo mejor que él, dice que lo soy.
-
---Poseidón[107] declara que miente, pues echó a tu padre del tálamo
-nupcial a la vista de todo el mundo con un temblor de tierra, y este
-hecho está confirmado por un testigo que se considera el más verdadero
-de todos, el tiempo, puesto que tú no naciste hasta diez meses después
-que tu padre huyó del tálamo y no volvió a él.»
-
-He aquí lo que decían; Diópites, hombre muy versado en la
-interpretación de los oráculos, recuerda en apoyo de Leotíquides un
-oráculo de Apolo que dice deben guardarse de un rey cojo; pero Lisandro
-replica en favor de Agesilao, que no cree ordene el dios se guarden
-de uno que sea verdaderamente cojo, sino de un rey que no fuera de
-sangre real, porque entonces sería verdaderamente coja la realeza, no
-descendiendo de Hércules los jefes de la ciudad. Después de haber oído
-a las dos partes, elige la ciudad por rey a Agesilao.
-
-No había transcurrido aún un año desde que era rey Agesilao, cuando
-un día, mientras se hallaba ofreciendo para el estado uno de los
-sacrificios prescritos, el augur exclama, que los dioses indican una
-conjuración de las más terribles; sacrificando de nuevo, preséntanse
-aun más funestos los signos, y al sacrificar por tercera vez el
-rey, le dice el adivino: «Agesilao, parece que estamos rodeados de
-enemigos; he aquí los signos.» Sacrificase inmediatamente a los dioses
-protectores y salvadores, y se cesa así que se han obtenido, no sin
-trabajo, signos favorables. Hacía ya cinco días que estaban terminados
-estos sacrificios, cuando un hombre denuncia a los éforos una
-conjuración de la que es jefe Cinadón. Era este un joven de exterior y
-alma varoniles, pero que no pertenecía a la clase de los iguales[108].
-Pídenle los éforos detalles de cómo debe aquella realizarse, y el
-denunciador refiere que Cinadón le ha conducido a un extremo de la
-plaza pública y le ha mandado contara el número de los espartanos que
-se hallaban en ella.
-
---«Y yo --dijo--, después de haber contado el rey, los éforos, los
-senadores y algunos otros, en número de unos cuarenta, pregunté:
-¿Por qué, Cinadón, me has hecho contar toda esa gente? A lo cual me
-contestó: Debes considerar a todos estos como enemigos; todos los demás
-que se encuentran sobre la plaza pública, en número de más de cuatro
-mil, puedes considerarlos, por el contrario, como aliados.»
-
-Después añade que Cinadón le ha enseñado en las calles unas veces uno
-y otras veces dos a quienes daba el nombre de enemigos, mientras que
-todos los demás, decía, eran amigos y del propio modo de los espartanos
-que están en el campo, pues siendo enemigo el dueño, todos los demás
-son aliados. Los éforos le preguntan cuál puede ser el número de los
-conjurados, y contesta que también sobre este punto le ha dicho Cinadón
-que los jefes tienen únicamente un pequeño número de auxiliares, pero
-que les son completamente fieles los hilotas, los neodamodes, las
-clases inferiores y los periecos. Cada vez que entre esta gente la
-conversación gira sobre los espartanos, ninguno de ellos puede ocultar
-que les sería agradable el comérselos crudos. Pídenle también:
-
---«Pero ¿cómo pensabais procuraros armas?»
-
-Y él contesta:
-
---«Los jefes de nuestra conspiración dicen siempre que poseen las armas
-necesarias.»
-
-Y en cuanto a las armas para la multitud, cuenta que Cinadón le ha
-llevado al mercado del hierro, donde le ha enseñado gran cantidad de
-sables, espadas, estoques, hachas, hachuelas y hoces, y le ha dicho que
-todos los instrumentos que emplean los hombres para trabajar la tierra
-y para labrar la madera y la piedra, son otras tantas armas, así como
-la mayor parte de los útiles de los otros oficios, son armas bastantes
-contra gente desarmada. Finalmente, se le pide la fecha en que debe
-estallar la conspiración, y refiere que se le ha recomendado no se
-aleje de la ciudad.
-
-Inmediatamente, y sin convocar siquiera lo que se llama la pequeña
-asamblea, los éforos, después de oír todos estos datos y comprendiendo
-que existe un plan determinado y completo en la conjuración,
-sobrecogidos por el miedo, reúnen a toda prisa algunos ancianos, y
-deciden enviar a Cinadón con otros jóvenes al pueblo de Aulón con orden
-de conducir algunos hilotas y aulonitas, cuyos nombres están escritos
-en una escítala[109]. Danle asimismo orden para conducir de aquella
-ciudad a una mujer que decían era muy hermosa y a quien acusaban de
-haber corrompido a todos los lacedemonios jóvenes y viejos que habían
-ido a Aulón, encargo semejante a los que ya otras veces le habían
-confiado los éforos. En esta ocasión le dan la escítala en la cual
-estaban escritos los nombres de los que debía prender, y cuando pide
-quiénes son los que tienen que ir con él, «dirígete al más anciano de
-los hipagretas[110], le dicen, y ruégale te entregue seis o siete de
-los que se hallen presentes.» Se había tenido buen cuidado de hacer
-saber al hipagreta a quiénes debía mandar, y estos sabían también que
-debían prender a Cinadón. Dícesele asimismo que irán con él tres carros
-para que no tengan que ir a pie los presos, procurando así ocultar lo
-mejor posible el único objeto para que se le enviaba. No se apoderaron
-de él en la ciudad por no saber la extensión de la conspiración, y
-para averiguar por Cinadón quiénes eran sus cómplices, antes que
-estos pudieran saber se les había denunciado, y por lo tanto tomar la
-fuga. Los encargados de prenderle debían retenerle e informarse de
-los nombres de sus cómplices, enviándolos después inmediatamente, por
-escrito, a los éforos. Estos tenían tanto interés en el buen éxito
-de su plan, que habían enviado un escuadrón de caballería con los que
-se dirigían a Aulón. Así que está preso Cinadón, llega un soldado de
-a caballo con los nombres que aquel ha escrito, e inmediatamente los
-éforos hacen prender al adivino Tisámeno y a los más notables de los
-conjurados. Cuando llega Cinadón declara de plano y lo confiesa todo,
-incluso el nombre de sus cómplices, y cuando se le pide qué objeto se
-proponía con su trama, contesta que no quería ser inferior a nadie en
-Esparta. Después de esto, átanle las dos manos, pásanle el cuello en
-una pieza de madera, danle azotes, clávanle aguijones y es paseado así
-con sus cómplices por la ciudad. Tal fue el castigo que recibieron.
-
-
-
-
-CAPÍTULO IV.
-
-
-Después de estos sucesos, cierto siracusano, llamado Herodas, que se
-hallaba en Fenicia con el dueño de una nave, viendo gran movimiento
-en las trirremes fenicias, que se equipaban otras en los astilleros y
-que se construían buques de toda clase en gran número, averigua que
-deben formar parte de una flota de trescientas naves, y subiendo en la
-primera que se hace a la vela para Grecia, llega a Lacedemonia para
-anunciar que el rey y Tisafernes preparan una expedición que ignora
-contra quién irá dirigida.
-
-Sobresaltados los espartanos, reúnen a sus aliados, consultando sobre
-el partido que deben tomar, y Lisandro, que conoce la superioridad
-de la marina griega, y recuerda la retirada del ejército heleno
-que había ayudado a Ciro, persuade a Agesilao para que se encargue
-de dirigir una expedición a Asia, poniendo a sus órdenes treinta
-espartanos, dos mil neodamodes y seis mil hombres de los aliados. Tenía
-asimismo la intención de acompañar a Agesilao a fin de restablecer
-las decarquías[111] en las ciudades donde en otro tiempo las había
-instalado pero que habían sido más tarde abolidas por los éforos al
-restablecer los antiguos gobiernos.
-
-Acepta Agesilao el mando de esta expedición, concediéndole los
-lacedemonios cuanto pide, y proveyéndole de víveres para seis meses.
-Después de haber ofrecido a los dioses los debidos sacrificios,
-principalmente los necesarios para pedir un viaje feliz, se pone en
-marcha[112], no sin haber mandado antes mensajeros a los diferentes
-estados, fijando el número de soldados que debe enviar cada uno y el
-sitio en donde deben reunírsele, yendo a sacrificar, como Agamenón
-al dirigirse a Troya, a Áulide. Informados los beotarcas[113] de que
-ofrecía sacrificios, envían soldados de caballería que le ordenan
-cese al instante en sus sacrificios, y que arrojan asimismo del altar
-las víctimas que allí encuentran inmoladas. Irritado Agesilao y
-tomando a los dioses por testigos, embárcase en una trirreme, llega a
-Gerasto[114], donde reúne la mayor parte de sus tropas, al frente de
-las cuales se hace a la vela para Éfeso.
-
-Una vez allí, recibe un mensaje de Tisafernes pidiéndole el motivo de
-su llegada. Contéstale Agesilao es para asegurar la independencia de
-las ciudades de Asia, a fin de que gocen la misma libertad que las de
-Grecia. Replícale entonces Tisafernes:
-
---«Si quieres ejecutar una tregua hasta que lleguen las órdenes del
-rey, me parece podrás volverte después de haberlo conseguido.
-
---Bien lo quisiera, contesta Agesilao, pero temo quieras engañarme;
-mientras tanto, a cambio de las garantías que me des, puedo ofrecerte
-que si obras con sinceridad ningún daño causaremos a tus provincias
-mientras dure la tregua.»
-
-Después de estos preliminares, jura Tisafernes que desea de buena
-fe la paz, ante los enviados de Agesilao, Herípidas, Dercílidas y
-Megilo, y estos se comprometen por juramento, a nombre de Agesilao ante
-Tisafernes, a respetar la tregua mientras sea este fiel a su palabra.
-Tisafernes, sin embargo, no tarda en faltar a su juramento, pues en
-lugar de respetar la paz, hace pedir al rey un ejército numeroso para
-reforzar el suyo; pero Agesilao, aunque conociendo esta conducta,
-permanece fiel a la tregua.
-
-Mientras permanece inactivo y en reposo en Éfeso, encuéntranse las
-ciudades en plena anarquía, pues había sido derribada la democracia
-que habían constituido los atenienses, y no había sido tampoco
-restablecida la decarquía establecida por Lisandro; sus habitantes,
-que tanto querían a Lisandro, le suplican con vehemencia obtenga
-de Agesilao lo que desean, por lo cual está siempre rodeado de una
-apretada muchedumbre, que le sigue a todas partes, pareciendo Agesilao
-un simple particular, mientras Lisandro se asemeja a un rey, lo
-cual contribuye a excitar contra él a Agesilao, como pudo verse más
-tarde. Los Treinta no pueden tampoco ocultar su envidia y representan
-a aquel cuán culpable es la conducta de Lisandro, que despliega un
-fausto verdaderamente real; de ahí que cuando este le presenta algunas
-personas, niega Agesilao todas las peticiones en que parece interesarse
-Lisandro. Finalmente apercibiéndose este de que todos los asuntos por
-los que se interesa son despachados en sentido contrario a su deseo,
-adivina el motivo de ello, y desde entonces no consiente que nadie le
-acompañe, y manifiesta sin ambages a cuantos reclaman su mediación, que
-sus asuntos tendrán peor éxito si interviene en ellos, y no pudiendo ya
-soportar por más tiempo su infortunio, dirigiéndose a Agesilao le dice:
-
---«Agesilao, tú no buscas más que humillar a tus amigos.
-
---Sí, por Júpiter --contesta este--, en cuanto a aquellos que
-desean sobreponérseme, porque respecto a aquellos que procuran mi
-engrandecimiento, consideraría como una gran vergüenza el no procurar
-honrarles como merecen.
-
---Posible es --replica Lisandro-- que obres en ello con más justicia
-que yo, pero concédeme una nueva gracia, a fin de que no me deshonre
-el no poder conseguir nada junto a ti, y que al mismo tiempo no sea un
-obstáculo a tus acciones: envíame a cualquier parte, pues donde quiera
-que sea procuraré serte útil.»
-
-Después de haber hablado así, parécele conveniente a Agesilao y le
-manda al Helesponto. Una vez allí, Lisandro averigua que el persa
-Espitrídates ha sido humillado por Farnabazo, y teniendo con él una
-entrevista le persuade a que se una a los griegos con sus hijos, sus
-riquezas y unos doscientos caballos, dejando a los cuales en Cícico se
-embarca con Espitrídates y su hijo y los conduce a Agesilao. Este, al
-verlos, admirablemente complacido por esta acción, se informa del país
-y del mando de Farnabazo.
-
-Enorgullecido Tisafernes por saber se halla en camino el ejército que
-le envía el rey, declara la guerra a Agesilao si no sale de Asia;
-los aliados y los lacedemonios que allí se hallaban se muestran
-apesadumbrados, comprendiendo la grande inferioridad de las fuerzas de
-Agesilao, comparadas al grande aparato de las del rey; pero aquel, con
-rostro alegre, ordena a los mensajeros den a Tisafernes las gracias
-por haberse hecho enemigos de los dioses con su perjurio, y haberlos
-convertido con él en aliados de los griegos. Da inmediatamente orden
-a sus soldados para que hagan sus preparativos de campaña, y a las
-ciudades por donde debía pasar para dirigirse a Caria, la de tener
-bien provistos sus mercados, y envía asimismo a los jonios, eolios
-y helespontinos la orden de que le manden a Éfeso las tropas que
-deben proporcionarle. Tisafernes, sabiendo que Agesilao no tiene
-caballería mercenaria y que Caria no se presta para las maniobras de
-la caballería, así como que le guarda aquel rencor por su perfidia,
-y creyendo que Agesilao va a dirigirse directamente hacia Caria,
-su residencia, hace pasar a ella toda su infantería y ocupa con su
-caballería la llanura del Meandro, esperando hallarse en situación
-para aplastar con sus caballos a los griegos antes de que puedan estos
-llegar a las otras comarcas, que no son favorables para las maniobras
-de la caballería. Pero Agesilao, en vez de dirigirse directamente a
-Caria, cambia súbitamente de dirección y avanza por Frigia, reclutando
-fuerzas a su paso, sometiendo ciudades y recogiendo abundante botín
-con esta repentina invasión. Avanzan con entera tranquilidad; pero al
-llegar junto a Dascilio, los soldados de caballería de su vanguardia
-suben a una colina para reconocer el país que se ofrece a su vista, y
-da la casualidad que los caballos de Farnabazo, mandados por Ratines
-y Bageo, hermano natural de Farnabazo, en número igual al de los
-griegos, galopan también por orden de este último en dirección a la
-misma colina. Cuando se distinguen unos a otros no distaban ya entre
-sí más de cuatro pletros[115]; fórmanse los griegos en falange en
-cuatro filas, y los bárbaros a doce de frente, pero con el fondo
-muy nutrido; atacan los primeros y vienen a las manos. A cada golpe
-rompen los griegos sus lanzas, mientras los persas, que las tienen de
-cornejo, matan en poco tiempo a doce soldados y dos caballos, con lo
-cual declárase en fuga la caballería griega; pero llega Agesilao en su
-auxilio con los hoplitas, y tienen los bárbaros que retroceder después
-de haber sido muerto uno de los suyos.
-
-Al día siguiente de esta escaramuza entre la caballería, ofrece
-Agesilao un sacrificio para el ataque; pero siendo desfavorables las
-entrañas de las víctimas, retrocede hacia el mar. Conociendo que no
-podrá adelantarse en la llanura mientras no posea una caballería
-bastante fuerte, comprende debe procurársela a todo trance, a fin de
-no tener que hacer la guerra huyendo; ordena, por lo tanto, a los más
-ricos de todas las ciudades de la comarca procuren criar caballos,
-anuncia que dispensará del servicio a todo el que presente un caballo
-con su equipo y un soldado experto en el manejo del mismo y hace
-ejecutar con prontitud sus órdenes, como si se tratase de que cada cual
-pusiera un sustituto para morir en su lugar.
-
-Al principiar la primavera[116] reúne todo su ejército en Éfeso, y
-queriendo adiestrarle, promete premios a las tropas de caballería
-que mejor maniobren, a los hoplitas que tengan el cuerpo más robusto
-y a los peltastas y arqueros que muestren mejor puntería en sus
-tiros; hubiérase visto entonces los gimnasios llenos de hombres que
-se ejercitaban, los hipódromos de los que evolucionaban a caballo, y
-de arqueros y saeteros que tiraban al blanco. La ciudad entera en que
-se hallaba ofrecía un interesante aspecto: la plaza pública llena por
-todas partes de armas y caballos en venta; los obreros de toda clase,
-en cobre, en madera, en hierro, en cuero y en pintura, trabajando en la
-fabricación de armas; en fin, hubiera podido tomarse a Éfeso como un
-taller de la guerra. Nada inspiraba, sobre todo, tanta confianza como
-el ver al mismo Agesilao y a sus soldados con coronas de flores ir a
-ofrecerlas al salir de los gimnasios a la diosa Diana; porque ¿cómo
-no hallar buenas esperanzas donde los hombres respetan a los dioses,
-se ejercitan en la guerra y obedecen a sus jefes? Persuadido asimismo
-Agesilao de que el desdén hacia el enemigo da valor para combatirle,
-dio orden a los pregoneros para que vendieran desnudos a los bárbaros
-cogidos por los exploradores, y los soldados, viendo aquellos cuerpos
-tan blancos, porque no se desnudan nunca, linfáticos y obesos, pues
-siempre se hallaban montados en los carros, comprendían que la guerra
-con ellos sería como si peleasen con mujeres.
-
-Con estos preparativos había transcurrido ya un año desde la marcha de
-Agesilao; de manera que Lisandro y los otros treinta vuelven a Esparta,
-siendo reemplazados por los que se habían nombrado bajo el mando de
-Herípidas. Agesilao confía la caballería a Jenocles y a otro jefe,
-los hoplitas neodamodes a Escites, a Herípidas las tropas que habían
-servido a Ciro, y a Migdón el contingente de los aliados. Anuncia
-después a sus soldados va a llevarles por el más corto camino a la
-parte más fortificada del país, a fin de que preparen su espíritu y su
-cuerpo para combatir dentro de poco. Tisafernes cree quiere engañarle
-como la otra vez, y que su verdadero designio es el de dirigirse a
-Caria: hace, pues, pasar como la primera vez su infantería a dicha
-región, y coloca también su caballería en la llanura del Meandro; pero
-Agesilao, que no había mentido, se dirige inmediatamente, cumpliendo lo
-que había dicho, a la provincia de Sardes; marcha tres días a través
-del desierto, sin encontrar al enemigo, procurando a su ejército
-víveres en abundancia; pero al cuarto día se distingue la caballería
-de los bárbaros. El comandante de la caballería da orden al jefe de
-los escevóforos para que pase el Pactolo y asiente el campamento; y
-allí, al ver algunos sirvientes griegos apartarse de los suyos para
-saquear, matan a gran número de ellos, por lo cual Agesilao envía a la
-caballería para socorrerles. Por su parte los persas, al conocer les
-llega este refuerzo, reúnen también su caballería y hácenla avanzar
-en orden de batalla. Agesilao, al ver que los enemigos carecen de
-infantería mientras él tiene todas las fuerzas que necesita, juzga
-oportuno librar combate. Inmoladas las víctimas, hace avanzar a su
-falange contra la caballería enemiga, ordena a los hoplitas veteranos
-lleguen al mismo tiempo a la carrera y avancen corriendo los peltastas,
-así como manda cargar a la caballería, mientras él les sigue con todo
-el ejército.
-
-Rechazan los persas a la caballería; pero cayendo sobre ellos
-todo el peso del ejército, tienen que replegarse, pereciendo unos
-inmediatamente en el río, mientras los otros se declaran en fuga.
-Persíguenles los griegos y se apoderan de su campamento, ocupándose
-los peltastas, según su costumbre, en saquear. Agesilao, envolviéndolo
-todo con su ejército, hace que los dos campos se confundan y realiza
-un inmenso botín que produce más de setenta talentos, además de los
-camellos de que se apoderan, y que se llevó Agesilao a Grecia.
-
-Mientras tenía lugar este combate, se hallaba Tisafernes en Sardes,
-por lo cual los persas le acusaron de haberles hecho traición, y el
-rey, considerándole como la causa de todos esos desastres, envió
-a Titraustes con orden de cortarle la cabeza. Hecho esto, envía
-Titraustes mensajeros a Agesilao para decirle:
-
---«Agesilao, el autor de todas las dificultades entre ambos ha recibido
-ya su merecido castigo; el rey quiere que te vuelvas a tu país y que
-las ciudades independientes de Asia le paguen el antiguo tributo.»
-
-Agesilao contesta que no puede adherirse a esto sin el consentimiento
-de los magistrados de su país.
-
---«Pues bien --dice Titraustes--, mientras esperas las instrucciones de
-tu patria, retírate al territorio de Farnabazo, pues yo te he vengado
-ya de tu enemigo.
-
---Está bien --contesta Agesilao--; pero es preciso que proveas a mi
-ejército de los víveres necesarios, hasta que haya llegado allí.»
-
-Titraustes le da treinta talentos, y él los toma y se dirige a Frigia,
-que pertenecía a Farnabazo.
-
-Mientras estaba en la llanura que se encuentra pasada Cime, llega un
-mensajero de los magistrados de Esparta y le ordena tome también el
-mando de la flota, escogiendo a quien quiera para comandante de las
-naves. Obran así los lacedemonios por la razón de que, gracias a la
-concentración del mando de los dos ejércitos en un solo jefe, el de
-tierra ganará mucho en poder, y la flota podrá también ser sostenida
-por el ejército cuando así fuese necesario. Al saber esta nueva,
-Agesilao excita a las ciudades situadas en las islas y en el litoral
-a que construyan cuantas trirremes puedan, con lo cual obtiene un
-refuerzo de ciento veinte naves, así de las ciudades a quienes las
-ha pedido, como de los particulares que quieren congraciarse con él.
-Escoge para comandante de las naves a Pisandro, su cuñado, amigo de la
-gloria y de alma bien templada, pero que carece del talento necesario
-para un mando tan elevado. Parte Pisandro para llenar sus funciones, y
-Agesilao continúa, como se había propuesto, su marcha contra Frigia.
-
-
-
-
-CAPÍTULO V.
-
-
-Creyendo Titraustes apercibirse de que Agesilao menosprecia el poder
-del rey y que en vez de evacuar Asia alimenta más bien grandes
-esperanzas de someterla, en la incertidumbre en que está respecto a
-lo que debe hacer, envía a Grecia[117] al rodio Timócrates, a quien
-entrega unos cincuenta talentos en oro, encargándole soborne a los
-magistrados de las diferentes ciudades, exija de ellos las mayores
-pruebas de fidelidad y les excite para que declaren la guerra a
-los lacedemonios. Parte aquel a Grecia y hace aceptar sus dones a
-Androclidas, Ismenias y Galaxídoro en Tebas, a Timolao y a Poliantes
-en Corinto y a Cilón y sus amigos en Argos. Los atenienses, aunque no
-participan de este oro, desean, sin embargo, la guerra con ardor, pues
-creen están bajo el yugo de Esparta. Comienzan los que han recibido el
-dinero por declamar en sus mismas ciudades contra los lacedemonios;
-después excitan contra ellos el odio de todos, y concluyen, por último,
-por confederar con ese objeto las ciudades más principales.
-
-Conociendo el gobierno de Tebas que si no se principia la guerra no
-querrán los lacedemonios romper la tregua con sus aliados, persuade
-a los locrios opuntios a que levanten tributos en el territorio que
-tienen en litigio con los focidios, con lo cual espera se arrojarán
-enseguida los focidios sobre la Lócrida, presunción que vienen a
-confirmar por completo los hechos, pues los focidios invaden aquella
-comarca y se apoderan de considerables riquezas. Con este motivo el
-partido de Androclidas persuade fácilmente a los tebanos a que socorran
-a los locrios ya que los focidios han invadido un territorio que no
-solo no está en litigio, sino que es reconocido por todos como amigo
-y aliado. Así, pues, cuando los tebanos verifican una nueva irrupción
-en la Fócida y devastan el país, envían los focidios diputados a
-Lacedemonia reclamando su auxilio, juzgándose dignos de él, pues no han
-principiado la guerra, ya que, según afirman, solo se han dirigido
-contra los locrios para rechazarlos. Acogen con alegría los espartanos
-este pretexto para combatir con los tebanos, pues tiempo hacía les
-guardaban rencor por haber reclamado en favor de Apolo el diezmo del
-botín de Decelia y por no haberles querido acompañar en el ataque
-del Pireo, así como les acusaban también de haber convencido a los
-corintios para que no fuesen a pelear con ellos, ni habían olvidado
-tampoco el haber impedido a Agesilao sacrificar en Áulide, arrojando
-del altar las víctimas y el haber rehusado seguirle en su expedición
-a Asia. Consideran que es una preciosa ocasión para dirigir contra
-ellos un ejército y poner coto a su insolencia; sus asuntos en Asia
-hállanse en próspera situación, gracias a las victorias de Agesilao,
-y en Grecia ninguna otra guerra ha de servirles de obstáculo; por
-todo lo cual, estando los ciudadanos en esta disposición de ánimo,
-anúncianles los éforos la declaración de guerra y mandan a Lisandro
-junto a los focidios ordenándoles se dirijan a Haliarto[118] con un
-ejército compuesto de focidios, eteos, heracleotas, melios y enianos.
-Pausanias debía también dirigirse allí el día prefijado, seguido de los
-espartanos y de los aliados peloponesios, para tomar el mando. Lisandro
-ejecuta puntualmente las órdenes recibidas y aparta además a Orcómeno
-del partido de los tebanos. Por su parte Pausanias, después de ofrecer
-los sacrificios impetrando el feliz viaje, se establece en Tegea, de
-donde envía a reclutar soldados a los jefes de los mercenarios y adonde
-consigue asimismo se dirijan las tropas de las ciudades vecinas. Así
-que los tebanos tienen la seguridad de que los lacedemonios invadirán
-su país, envían mensajeros a Atenas que dicen al pueblo lo siguiente:
-
-«Atenienses: Los cargos que nos habéis hecho de haber decretado al
-terminar la guerra, crueles leyes contra vosotros, no son justos;
-no era la ciudad, sino un solo hombre[119], quien lo propuso, pues
-se sentaba entonces en el consejo de los aliados. Pero cuando los
-lacedemonios hicieron decidirnos para atacar el Pireo, la ciudad en
-masa decretó que no nos uniéramos a ellos para esta expedición. Por
-esto, ya que sois vosotros una de las causas principales del odio
-que nos tienen los espartanos, creemos justo vengáis en socorro de
-nuestra ciudad. Pero aun creemos más, pues confiamos en que cuantos
-se hallaban entonces en vuestra población se apresurarán a marchar
-contra los lacedemonios. Ellos son, en efecto, los que después de
-haber impuesto al pueblo una oligarquía odiosa, y mientras se llamaban
-nuestros aliados llegando con poderoso ejército, os entregaron en manos
-de la multitud; de modo que no ha dependido de ellos el que no hayáis
-perecido por completo, pues el pueblo ha sido el que os ha salvado.
-
-»Todos sabemos, ¡oh atenienses! que queréis reconquistar vuestro
-antiguo poderío, y ¿qué mejor medio para conseguirlo que ayudar
-vosotros mismos a los que son víctimas de las injusticias de Esparta?
-No temáis el número de los que les siguen, pues debéis ser mucho
-más audaces al recordar teníais tantos más enemigos cuando contabais
-con muchos aliados. Mientras carecían estos de quien protegiera su
-defección, ocultaban hipócritamente el odio que os tenían; pero así que
-los lacedemonios se pusieron a su cabeza, mostraron inmediatamente sus
-verdaderos sentimientos hacia vosotros. También hoy sucederá lo mismo;
-así que se haga público que nos unimos unos y otros para combatir a
-los lacedemonios, inmediatamente aparecerán, y en gran número, los
-que les detestan. Basta que reflexionéis un poco para convenceros
-de que es verdad cuanto os decimos. En efecto, ¿qué pueblo fiel les
-queda ahora? No serán sin duda los argivos, que se han considerado
-en todo tiempo como enemigos suyos, ni los eleos, pues acaban de
-enajenárseles al tomarles sus ciudades y gran parte de su territorio;
-y ¿qué diremos de los corintios, arcadios y aqueos, que, si bien
-cediendo a sus instancias, han compartido con ellos sus trabajos, sus
-peligros y sus gastos en la guerra que os hicieron, después de haber
-hecho cuanto querían, no han alcanzado la más pequeña parte en su
-poder, honores y riquezas? Por el contrario, se les ha envilecido e
-irritado al enviarles hilotas por gobernadores, del propio modo que
-supieron declararse jefes de los aliados independientes después de
-haber conseguido el predominio sobre vosotros. Por otra parte, han
-engañado notoriamente a cuantos apartaron de vuestra alianza, pues en
-vez de reconocerles su libertad, les han impuesto la doble tiranía de
-los gobernadores y de los Diez que estableció Lisandro en cada ciudad.
-Y el rey de Persia, después de haberles proporcionado los recursos más
-considerables para batir vuestro poderío, ¿ha alcanzado, por ventura,
-ninguna ventaja que no hubiera podido obtener uniéndose a vosotros
-contra ellos?
-
-»¿No adquiriréis, pues, un poder mayor que el que teníais antes,
-si os ponéis al frente de los pueblos que tan imprudentemente han
-perjudicado? Durante la época de vuestro predominio teníais únicamente
-imperio sobre el mar; pues bien, ahora podéis dominarnos a todos
-nosotros, a los peloponesios, a las ciudades que antes os estaban
-sometidas y al mismo rey, cuyo poderío es tan grande. Bien sabéis que
-éramos para Esparta unos aliados dignos de ser tenidos en cuenta, y
-ahora es natural que combatamos con vosotros con una energía mucho
-mayor que la que desplegamos al combatir con ellos, pues la lucha
-actual no tiene por objeto pelear por los siracusanos o por algún otro
-pueblo extranjero, como sucedía entonces, sino por nosotros mismos, que
-hemos visto lesionados nuestros derechos.
-
-»No debéis ignorar tampoco que la codiciosa dominación de los
-lacedemonios es mucho más fácil de abatir que en otro tiempo lo fue la
-vuestra; vosotros teníais grandes fuerzas navales y mandabais sobre
-ciudades que carecían de ellas, y en cambio los lacedemonios, cuyo
-número es muy escaso, tiranizan a un gran número de estados que cuentan
-con mayores fuerzas que ellos. He aquí lo que os decimos; sabedlo bien,
-sin embargo, atenienses, pues creemos proponeros una alianza que os ha
-de ser mucho más ventajosa que a nosotros.»
-
-Después de decir esto se callaron. Gran número de atenienses hablan
-en igual sentido, y por unanimidad se decreta socorrer a los tebanos.
-Trasíbulo, después de leer el decreto a los enviados, les manifiesta
-que, aunque el Pireo carezca de muralla, no por eso Atenas retrocederá
-ante el peligro, para devolver a los tebanos más que lo que de ellos ha
-recibido.
-
---«Vosotros --les dice-- no habéis hecho más que rehusar a nuestros
-enemigos vuestro auxilio para combatirnos, y en cambio nosotros
-pelearemos con los que os ataquen.»
-
-Los tebanos regresan a su ciudad y se preparan a la defensa, así como
-los atenienses para ayudarles. Tampoco los lacedemonios dejan de
-prevenirse, pues el rey Pausanias avanza hacia Beocia con su ejército
-y el del Peloponeso a excepción de los corintios, que no han querido
-seguirle. Lisandro, que conduce los soldados de Fócide, de Orcómeno
-y de las demás ciudades de aquella región, llega antes que Pausanias
-frente a Haliarto, y una vez allí, no espera tranquilamente al ejército
-lacedemonio, sino que avanza contra la ciudad con las tropas que tiene;
-había persuadido ya a sus habitantes a que se apartaran del partido
-enemigo y a que se hicieran independientes, pero habiéndose opuesto a
-ello algunos tebanos que había en la ciudad, la pone sitio, lo cual
-sabido por los de Tebas, avanzan estos a la carrera, así hoplitas como
-caballos. No se ha averiguado aún si le sorprendieron de improviso o
-si es que creyó poder sostener su ataque con esperanza de vencerlos,
-pero lo que sí está completamente averiguado es que el combate tuvo
-lugar ante los muros, y que levantaron los tebanos un trofeo ante las
-puertas de Haliarto. Muerto Lisandro, huyen sus soldados al monte,
-vigorosamente perseguidos por los tebanos, los cuales alcanzaban ya la
-cima, cuando los hoplitas enemigos, viéndoles atascados en desfiladeros
-estrechos y difíciles, se vuelven y les lanzan dardos y les rechazan.
-Dos o tres tebanos de los más osados perecen, y las piedras arrojadas
-desde la cima caen sobre los restantes, lo cual hace que volviendo al
-combate los fugitivos rechacen del monte con más de doscientos hombres
-de pérdida, a los tebanos.
-
-Contristados estos, pensando que en la jornada no han experimentado
-menos daño que el que han hecho sufrir al enemigo, recobran al día
-siguiente los ánimos al cerciorarse de que los focidios y demás
-aliados han regresado durante la noche a sus hogares. La llegada, sin
-embargo, de Pausanias y el ejército espartano hace creerles de nuevo
-en gran peligro, y se dice que el silencio y la consternación reinaba
-en su ejército; pero cuando al día siguiente llegan los atenienses
-para juntárseles y ven que Pausanias no se mueve ni presenta combate,
-comienzan a recobrar los ánimos. Convoca Pausanias a los polemarcas
-y penteconteras[120], deliberando sobre si debe librar el combate o
-proponer una tregua para levantar los cuerpos de Lisandro y de los que
-han perecido con él. Considerando todos ellos que Lisandro ha muerto,
-que su ejército ha sido vencido y dispersado y que los corintios no
-han querido tomar parte en esta guerra, así como que las tropas que
-mandan no se hallan muy dispuestas a combatir, deciden pedir una
-tregua para recoger los muertos, sobre todo después de considerar que
-la caballería enemiga es muy numerosa y muy débil la suya, y sobre
-todo que yaciendo los muertos al pie de los muros, aunque quedasen
-vencedores en la batalla sería muy difícil levantarlos, por impedirlo
-los soldados que estaban en las torres. Los tebanos declaran, sin
-embargo, que no devolverán los muertos si los lacedemonios no evacuan
-el país, cosa a que acceden gustosos, y recogiendo sus muertos salen de
-Beocia.
-
-Después de estos hechos, los lacedemonios se retiran completamente
-desconcertados, mientras quedan los tebanos llenos de arrogancia, hasta
-el punto de que, si llega alguien a poner el pie en su territorio,
-después de apalearle le ponen otra vez en la frontera. Tal es el
-resultado de la expedición de los lacedemonios.
-
-Al llegar a Esparta es acusado Pausanias y es condenado a la pena
-capital. Los cargos que se le hacían consistían: En haber llegado más
-tarde que Lisandro a Haliarto, siendo así que había convenido en llegar
-el mismo día; el haber recogido los muertos gracias a una tregua y no
-por un combate, y por fin, haber dado libertad al pueblo de Atenas
-que tenía encerrado en el Pireo. Como no se presenta al tribunal, es
-condenado a muerte; huye a Tegea y allí muere de enfermedad. Esto es
-cuanto sucedió en Grecia en esta época.
-
-
-
-
-LIBRO CUARTO.
-
-CAPÍTULO PRIMERO.
-
-
-Agesilao, después de haber llegado en otoño[121] a Frigia, gobernada
-por Farnabazo, tala y saquea la comarca y se apodera de grado o por
-fuerza de las ciudades. Habiéndole asegurado Espitrídates que si quiere
-ir con él a Paflagonia, podrá tener fácilmente una entrevista con el
-rey de aquella región y obtener su alianza; se pone en marcha esperando
-obtener que abandone esta nación la obediencia del rey, cosa que
-deseaba hacía mucho tiempo.
-
-Así que llega a la Paflagonia, Otis se dirige a su encuentro para
-negociar una alianza; había sido llamado por el rey pero no había
-acudido a su llamamiento, y siguiendo los consejos de Espitrídates,
-había, por el contrario, mandado a Agesilao mil caballos y dos mil
-peltastas. Reconocido Agesilao al servicio prestado por Espitrídates,
-le dice:
-
---«Espitrídates, ¿darías con gusto tu hija en matrimonio a Otis?
-
---Con mayor gusto --contesta este-- del que tendría aquel siendo rey de
-un país vasto y poderoso en casarse con la hija de un desterrado.»
-
-No se trató más de este asunto, pero cuando Otis se despide de Agesilao
-para volverse a su país hace este que se retire Espitrídates, y delante
-de los Treinta le dice:
-
---«Escucha, Otis: ¿es noble el linaje de Espitrídates?
-
---Tanto, contesta Otis, como el que más entre los persas.
-
---¿Viste cuán hermoso es su hijo? dice nuevamente Agesilao.
-
---Ya lo creo; anoche cené con él.
-
---Pues dicen que más hermosa es su hija.
-
---Por Júpiter, no dicen nada que no sea verdad.
-
---Pues bien --añade Agesilao--, ya que somos amigos, vería con mucho
-gusto que te casases con ella, pues dices es tan hermosa, cualidad
-que es la mejor condición para el esposo. Su padre es de elevado
-nacimiento, y suficientemente poderoso para haber podido vengarse,
-como ves, de las injusticias de Farnabazo, arrojándole de toda esta
-comarca; fácilmente comprenderás, que así como ha podido vengarse de
-este enemigo, podrá favorecer también al que esté ligado con él por
-la amistad. Piensa además, que al realizar mis deseos, no solo entras
-en la parentela de Espitrídates, sino también en la mía y en la de
-todos los espartanos, y como que mandamos sobre toda Grecia, en la de
-toda ella. ¿Quién habrá tenido unas bodas más espléndidas si a ello te
-decides? y ¿qué novia habrá tenida jamás un cortejo tan numeroso de
-caballeros, peltastas y hoplitas, como la tuya al ser conducida a tu
-morada?
-
---Agesilao --dice entonces Otis--, ¿tiene la aprobación de
-Espitrídates cuanto me dices?
-
---Por los dioses --contesta Agesilao--, no me ha indicado que te
-hablase de ese asunto, pero yo, si tengo gran placer al vengarme de un
-enemigo, mucho mayor le experimento cuando puedo hacer algún bien a mis
-amigos.
-
---¿Por qué pues --dice Otis--, no te enteras si sería esto de su agrado?
-
---Herípidas y todos vosotros --dice Agesilao, dirigiéndose a los demás
-que están con ellos--, id a verle y convencedle para que consienta en
-lo que todos deseamos.»
-
-Levántanse estos y le hablan de este asunto, pero como tardasen en
-volver,
-
---«¿quieres Otis --dice Agesilao--, que le hagamos venir? Me parece que
-le convenceremos más pronto que todos estos juntos.»
-
-Hace llamar entonces Agesilao a Espitrídates y a cuantos habían ido a
-hablarle. Cuando llegan, díceles Herípidas:
-
---«¿Para qué decirte, Agesilao, detalladamente cuanto hemos hablado?
-Bástete saber que Espitrídates ha consentido en hacer cuanto desees.
-
---Paréceme pues, conveniente --dice Agesilao-- y cosa próspera y feliz
-que des tu hija en matrimonio a Otis, y que tú, Otis, te cases con ella.
-
---Sin embargo, hasta la primavera próxima --dice Espitrídates-- no
-podremos hacer venir por tierra a mi hija.
-
---Por Júpiter --exclama Otis--, si tú quieres puede venir
-inmediatamente por mar.»
-
-Después de esto, entrelázanse ambos las manos y acompañan a Otis a
-su casa. Agesilao, viendo la impaciencia de Otis, hace equipar una
-trirreme y da orden al lacedemonio Calias para que vaya a buscar a la
-novia.
-
-Adelántase él mismo hacia Dascilio donde se hallaban los palacios
-de Farnabazo, rodeados de grandes poblaciones completamente
-aprovisionadas, con caza abundante en los parques cerrados o en los
-lugares descubiertos, atravesando por allí un río con toda clase de
-peces, y aves de toda clase para quien quisiera cazarlas. En este lugar
-es donde sitúa sus cuarteles de invierno alimentando a su ejército
-con las expediciones de las partidas de forrajeadores. Hallábase el
-ejército completamente descuidado y sin parar mientes los soldados en
-su vigilancia por la falta de resistencia, cuando sorpréndeles un día
-Farnabazo con diez carros armados de hoces y cuatrocientos caballos,
-mientras se hallaban dispersos por la llanura en busca de víveres.
-Al verle avanzar, los griegos se reúnen corriendo en número de unos
-setecientos, pero esto no le detiene, sino que haciendo avanzar a los
-carros y colocándolos detrás con su caballería, da la orden de ataque.
-Lanzados los carros, ponen en confusión al grueso de aquella fuerza
-y pronto la caballería les causa unas cien bajas, y los restantes se
-refugian junto a Agesilao, que con los hoplitas no estaba lejos.
-
-Tres o cuatro días después recibe Espitrídates noticia de que Farnabazo
-se halla acampado en Cave, importante población situada a unos ciento
-setenta estadios de donde se encontraban. Comunícalo inmediatamente a
-Herípidas, el que deseando fogosamente distinguirse por alguna hazaña,
-pide dos mil hoplitas y otros tantos peltastas a Agesilao así como la
-caballería de Espitrídates, los paflagonios y cuantos griegos deseen
-seguirle, obteniendo lo cual, ofrece el sacrificio que termina al
-anochecer después de haber conseguido signos favorables. Manda que
-después de la comida se reúnan los expedicionarios en las avanzadas,
-pero como era ya muy oscuro salen solo la mitad de las tropas.
-
-Temiendo Herípidas las burlas de los otros Treinta si se deja
-intimidar, se adelanta con las tropas que tiene y al clarear la aurora
-se arroja sobre el campamento de Farnabazo; perecen a sus golpes gran
-número de misios que formaban la vanguardia, huyen los restantes y es
-tomado el campamento, así como gran número de copas y otros objetos
-de valor pertenecientes a Farnabazo; su bagaje y las acémilas que
-lo llevaban. En efecto, Farnabazo temiendo siempre ser sorprendido
-y sitiado al establecerse en algún sitio, atravesaba el país en
-todas direcciones al modo de los nómadas, y tenía siempre oculto su
-campamento. Al llevarse los paflagonios y Espitrídates las riquezas
-de que se habían apoderado, Herípidas les despoja de ellas, colocando
-convenientemente sus compañías a fin de poder entregar mucho botín a
-los lafirópolas[122]; Espitrídates y los paflagonios no pueden tolerar
-esta conducta, y por la noche levantan su campo y se dirigen a Sardes
-entregándose a Arieo, que se había apartado de la obediencia del rey
-y le hacía la guerra; al recibir Agesilao la nueva de la defección de
-Espitrídates, Megabates y los paflagonios, experimenta el golpe más
-rudo de toda la campaña.
-
-Cierto Apolófanes de Cícico, ligado por hospitalidad desde largo tiempo
-con Farnabazo, y que lo estaba asimismo desde poco con Agesilao, dice
-a este le parece fácil conseguir de Farnabazo una conferencia para
-ver de cesar en su enemistad. Después de oírle, decreta Agesilao una
-tregua y dan su palabra a Apolófanes, quien lleva al lugar convenido
-a Farnabazo, donde le aguardan Agesilao y los Treinta sentados en el
-suelo sobre la hierba; Farnabazo vestía un traje cubierto de ricos
-adornos y al ir a extenderle sus criados los almohadones en que
-muellemente se sientan los persas, se avergüenza de parecer afeminado
-ante la simplicidad de Agesilao y se sienta también en el suelo.
-Principian por saludarse uno a otro y después, habiendo Farnabazo
-tendido su mano a Agesilao, este se la da también a su vez. Hecho esto
-principió a hablar Farnabazo, pues era el más anciano:
-
---«Agesilao, y todos los espartanos que estáis presentes, yo era
-vuestro amigo y vuestro aliado cuando hacíais la guerra a los
-atenienses; fortalecí vuestra flota dándoos dinero, he combatido a
-caballo con vosotros y hemos perseguido juntos hasta el mar a los
-enemigos. No podréis tampoco reprocharme como a Tisafermes el haber
-obrado o hablado con doblez, y a pesar de esta conducta me habéis
-reducido a no poder hallar de qué comer en mi mismo territorio, más que
-recogiendo como los animales, lo que vosotros dejáis; cuanto me dejó mi
-padre, hermosos palacios, parques, jardines y casas de todas clases en
-que yo me complacía, todo esto lo veo arrasado e incendiado. Si acaso
-ignoro lo justo y sagrado, enseñadme cómo pueden ser tales actos hijos
-de hombres que no quieran ser tenidos por ingratos.»
-
-Así dice, y los Treinta permanecen confusos y guardan silencio.
-Agesilao contéstale al cabo de un rato:
-
---«Farnabazo, creo que no ignoras que en las ciudades griegas todos
-los hombres se ligan con los lazos de la hospitalidad, y sin embargo,
-cuando estas ciudades están en guerra, combaten todos por su patria
-respectiva, y algunas veces acontece que a pesar de estar unidos
-por la hospitalidad se matan unos a otros. Eso es lo mismo que nos
-pasa hoy, pues haciendo la guerra a vuestro rey, necesariamente
-debemos considerar como enemigo todo lo que a aquel pertenece, y sin
-embargo, nada deseamos tanto como ser amigos tuyos. En modo alguno te
-aconsejaría cambiaras la sumisión al rey con la nuestra, pero aliándote
-con nosotros puedes ahora no tener que prosternarte ante nadie y vivir
-sin ningún dueño que goce de lo que es tuyo, porque por mi parte
-considero la libertad como superior a todos los tesoros, y sin embargo,
-no te proponemos que al hacerte libre te empobrezcas, sino únicamente
-que nos tomes por aliados a fin de aumentar, no el poder del rey, sino
-el tuyo, y a subyugar tus compañeros de esclavitud para que puedas
-convertírtelos en súbditos; y a la verdad, si pudieras hacerte libre y
-rico a la vez, ¿qué te faltaría para ser completamente feliz?
-
---¿Debo manifestaros con franqueza --contesta Farnabazo-- lo que haré?
-
---Esto deseamos.
-
---Pues bien --dice--: Si el rey nombra otro general a cuyas órdenes
-deba yo obedecer, quiero ser vuestro amigo y aliado; pero si me encarga
-a mí el mando, a consecuencia de la emulación que nace de tal cargo,
-debéis saber que tendré que emplear para haceros la guerra todos los
-medios que estén a mi alcance.»
-
-Al oír estas palabras Agesilao, tomole de la mano y díjole:
-
---«Ojalá puedas ¡oh amigo mío muy querido! ser de este modo nuestro
-aliado, pero sabe que ahora voy a evacuar cuanto más pronto pueda tu
-territorio, y que en adelante, aunque haya guerra entre nosotros, nos
-abstendremos de ir contra ti y los tuyos mientras quede algún otro
-enemigo.»
-
-Dicho esto, dase por terminada la conferencia; Farnabazo sube de nuevo
-a caballo y se aleja; pero el hijo que había tenido con Parapita y que
-era un hermoso joven, quedándose y corriendo hacia Agesilao:
-
---«Agesilao --le dice--, quiero estar unido contigo por los lazos de la
-hospitalidad.
-
---Yo te recibo como huésped.
-
---No lo olvides.»
-
-Inmediatamente toma su lanza que era muy preciosa y la da a Agesilao;
-este la recibe, y quitando los magníficos adornos del caballo de
-su secretario Ideo, los da al joven, quien salta sobre su caballo
-y corre para alcanzar a su padre. Posteriormente otro de los hijos
-de Farnabazo, durante la ausencia del padre se apoderó del poder y
-destierra al hijo de Parapita. Entonces Agesilao rodéale de cuidados y
-hace cuanto puede para que el hijo del ateniense Evalces, de quien se
-hallaba prendado, sea admitido en Olimpia al combate de la carrera, a
-pesar de ser el de más edad entre los muchachos.
-
-Conforme lo había ofrecido a Farnabazo, Agesilao evacuó en seguida el
-territorio de aquel; acercábase ya la primavera. Llegado a la llanura
-de Tebe, acampa junto al templo de Diana Astirene[123], y allí ocúpase
-en reunir numerosas tropas de todas partes para aumentar las que tiene,
-pues se preparaba para penetrar tan adentro como pudiera en el interior
-de Asia, creyendo que cuantos pueblos dejase atrás se sublevarían
-contra el rey.
-
-
-
-
-CAPÍTULO II.
-
-
-Hallábanse así las cosas[124], cuando los lacedemonios, sabedores
-positivamente de que se han derramado por Grecia grandes cantidades
-de dinero, y que las ciudades más importantes se han coaligado contra
-ellos para hacerles la guerra, consideran en peligro su república y
-juzgan necesaria una campaña. Mientras están preparándolo todo para
-este objeto, envían junto a Agesilao a Epicídidas, quien le expone
-el estado general de los negocios y le transmite la orden de marchar
-inmediatamente en auxilio de su patria. Experimenta Agesilao vivo
-sentimiento por esta noticia, al pensar los honores y esperanzas de
-que se halla privado; juntando, sin embargo, a los aliados[125], les
-muestra las órdenes de su patria y les dice que es necesario vayan
-a prestar auxilio a aquella; «pero podéis estar seguros --añade--,
-oh aliados, de que cuando marchen bien los asuntos, no solo no os
-olvidaré, sino que volveré en medio de vosotros para poder llevar
-a buen término lo que todos deseáis.» Al oír esto, muchos derraman
-lágrimas y todos decretan ir con Agesilao a socorrer a Lacedemonia, y
-que si, como es de esperar, todo marcha bien, conservándole como jefe,
-vuelvan de nuevo a Asia, por lo cual se preparan para seguirle. Deja
-Agesilao en Asia al gobernador Éuxeno al frente de las guarniciones,
-en número no inferior a cuatro mil hombres, para que pueda conservar
-las ciudades; pero al apercibirse de que la mayor parte de los soldados
-tienen más deseos de quedarse que de ir a combatir con otros griegos,
-queriendo llevarse en buen número a los mejores, ofrece premios a las
-ciudades que envíen un ejército más aguerrido, así como a los capitanes
-de tropas mercenarias que le presenten las compañías mejor armadas y
-disciplinadas, así de hoplitas como de arqueros y peltastas. Anuncia
-asimismo un premio para el comandante de caballería que del propio
-modo presente el escuadrón mejor montado y armado. Declara que la
-distribución de esos premios tendrá lugar en el Quersoneso después que
-se haya pasado de Asia a Europa, a fin de que comprendan bien quiere
-distinguir a los que deben formar parte de la expedición. Los premios
-eran en su mayor parte armas lujosamente labradas, así de infantería
-como de caballería; algunas de las recompensas eran coronas de oro.
-El valor total de los premios ofrecidos no bajaba de cuatro talentos,
-y a pesar de su excesivo coste, consagrose aún mucho dinero a comprar
-armas de toda especie para el ejército. Después de haber atravesado el
-Helesponto, establece como jueces a los espartanos Menasco, Herípidas y
-Orsipo y a un ciudadano de cada una de las poblaciones aliadas. Después
-de la distribución de premios se dirige a la cabeza de su ejército
-a Grecia, por el mismo camino que había seguido el rey[126] en su
-expedición contra el territorio griego.
-
-Los éforos deciden que comience la campaña, y la ciudad, por la menor
-edad de Agesípolis, elige a su tutor y pariente Aristodemo, para
-dirigirla. Así que han pasado la frontera los lacedemonios, reúnense
-sus enemigos en asamblea para deliberar sobre el modo más favorable de
-librar combate. El corintio Timolao toma la palabra y dice:
-
-«Aliados: Paréceme que los lacedemonios se asemejan a aquellos ríos que
-junto a su manantial son pequeños y fáciles de pasar, pero a medida que
-avanzan se hacen cada vez más violentos por la reunión de otros ríos
-que a ellos afluyen; del propio modo los lacedemonios, cuando salen de
-su ciudad, hállanse solos y aislados, pero a medida que se apoderan
-de las ciudades van engrosando y se hacen más difíciles de combatir.
-Veo también, añadió, que cuando los que quieren destruir las abejas
-las persiguen mientras vuelan en libertad, lo único que consiguen es
-experimentar numerosas picaduras; pero, por el contrario, cuando las
-atacan con el fuego en el interior de su morada, sin padecer ningún
-daño se apoderan de todas ellas. Hácenme pensar estas reflexiones, que
-lo mejor es librar el combate a los lacedemonios lo más cerca posible
-de Laconia, ya que no se pueda en ese mismo país.»
-
-Esta proposición es aceptada, por parecer a todos tiene razón el
-orador; pero mientras se discute sobre la jefatura y se acuerda el
-número de filas en que debe disponerse el ejército para el combate, a
-fin de que no den los diversos estados demasiado fondo a sus falanges,
-con lo cual permitirían a los lacedemonios les envolviesen, estos,
-reunidos ya a los tegeatas y mantineos, avanzan hacia el istmo. Con
-esta rápida marcha hállanse los lacedemonios en Sición, casi al mismo
-tiempo en que se encuentran los corintios en Nemea. Adelantan por la
-Epiecea[127]; pero los gimnetas enemigos[128], arrojándoles dardos
-y flechas desde lo alto de las colinas, hácenles mucho daño. Bajan
-entonces de nuevo hacia la costa y avanzan por la llanura, saqueando e
-incendiando el país. Llegan mientras tanto los corintios y acampan a la
-otra parte de un torrente[129]; cuando los lacedemonios se hallan a la
-distancia de diez estadios de sus adversarios asientan también estos su
-campo y se mantienen a la expectativa.
-
-Voy a indicar la fuerza de cada uno de los dos ejércitos. Los
-lacedemonios habían reunido unos seis mil hoplitas, tres mil eleos,
-trifilios, acroreos y lasioneos, mil quinientos sicionios y unos
-tres mil epidaurios, trecenios, hermioneos y halieos, con más cerca
-de seiscientos caballos lacedemonios, trescientos arqueros cretenses
-y casi cuatrocientos honderos marganeos, letrinos y anfídolos; los
-fliasios, pretextando una suspensión de armas, no habían querido
-seguirles: tales eran las fuerzas de los espartanos.
-
-Componíanse las fuerzas de los enemigos de unos seis mil hoplitas
-atenienses, siete mil argivos, unos cinco mil beocios, pues no
-habían comparecido los orcomenios; tres mil corintios, y a lo menos
-unos tres mil hombres reclutados en toda Eubea. Este era el número de
-los hoplitas; y en cuanto a la caballería, componíase de ochocientos
-beocios, pues no habían acudido los orcomenios; unos seiscientos
-atenienses, cien calcídeos de Eubea y cincuenta locrios opuntios.
-Reunida toda la infantería, era superior en número la de los corintios,
-pues formaban parte de ella los locrios ozolios, los melios y los
-acarnanios.
-
-Tales eran las fuerzas respectivas. Mientras los beocios ocuparon el
-ala izquierda, no apresuraron el combate; pero cuando se hubo colocado
-a los atenienses frente a los lacedemonios y se hallaron aquellos en el
-ala derecha enfrente de los aqueos, declaráronse en seguida favorables
-las víctimas y diose la orden de prepararse para el combate.
-
-Descuidando desde un principio la formación de diez y seis en fondo,
-dan mucha profundidad a la falange y marchan luego hacia la derecha con
-objeto de hacer retroceder el ala de los enemigos; los atenienses les
-siguen para impedir se les aísle aunque conozcan corren grande riesgo
-de ser envueltos. Hasta entonces no habían conocido los lacedemonios la
-proximidad de los enemigos, pues el país estaba muy poblado de árboles;
-pero al oír el peán les reconocieron e inmediatamente ordenaron a todas
-sus tropas se formaran para el combate. Cuando llegan al sitio en que
-las han alineado los jefes extranjeros, se da la orden de que cada cual
-siga a su jefe de fila, y se dirigen entonces los lacedemonios hacia
-la derecha, extendiendo de tal modo su ala, que solo seis tribus de
-los atenienses[130] se hallan frente a los lacedemonios, y las otras
-cuatro frente a los tegeatas. Cuando no están ya más que a la distancia
-de un estadio, los lacedemonios, según su costumbre, inmolan una cabra
-a Diana Agrótera[131] y avanzan contra los enemigos en línea curva
-para poder envolverlos. Una vez comenzado el combate, los aliados
-de los lacedemonios son derrotados por los enemigos; únicamente los
-peleneos, que luchaban contra los tespieos, lo hacen de manera que
-mueren muchos de ambas partes. Los lacedemonios derrotan por completo a
-los atenienses que les están opuestos, y envolviéndolos les matan mucha
-gente, y como no han sufrido casi ninguna baja, adelantan en orden de
-batalla. De este modo atraviesan por entre las otras cuatro tribus
-atenienses antes de que hayan vuelto sobre su persecución; de manera
-que no tienen más bajas que las sufridas en el primer choque con los
-tegeatas. Encuentran entonces los lacedemonios a los argivos que se
-retiraban; iba a atacarles de frente el primer polemarca, cuando, según
-se dice, grita uno que debe dejarse pasar a las primeras filas, y una
-vez hecho esto, caen los lacedemonios sobre los flancos descubiertos
-de los enemigos que pasan ante ellos, y les producen muchas bajas.
-Atacan del propio modo a los corintios que iban en retirada, y luego,
-encontrando a algunos tebanos que volvían de la persecución, matan a
-gran número de ellos. Refúgianse primeramente los vencidos junto a los
-muros[132], pero rechazados por los corintios, se recogen nuevamente a
-su primitivo campamento; por su parte los lacedemonios, retirándose al
-lugar en que había principiado el combate, levantan allí un trofeo. Así
-terminó esta acción.
-
-
-
-
-CAPÍTULO III.
-
-
-Agesilao acudía desde Asia en auxilio del ejército[133]. Hallábase
-en Anfípolis cuando Dercílidas[134] le anuncia la victoria de los
-lacedemonios, victoria que les ha costado solo ocho hombres, mientras
-han tenido los enemigos gran número de muertos.
-
---«¿No te parece --le dice Agesilao-- que sería muy conveniente
-participar cuanto antes esta noticia a las ciudades que nos han enviado
-soldados?
-
---Ciertamente --responde Dercílidas--, porque esto contribuirá a
-aumentar su valor.
-
---Pero ya que estás aquí, ¿quién mejor que tú puede encargarse de
-llevarles esta nueva?»
-
-Dercílidas, que era muy aficionado a los viajes, le oye con gusto y le
-dice:
-
---«Si tú lo ordenas...
-
---Te lo mando --contesta Agesilao--, y te encargo les digas que si la
-fortuna nos es próspera, volveremos a verles conforme les prometimos.»
-
-Dercílidas dirígese entonces al Helesponto, y Agesilao, después de
-atravesar Macedonia, llega a Tesalia. Los de Larisa, Cranón, Escotusa
-y Farsala, pueblos aliados todos de los beocios, así como los tesalios
-que no se hallaban expatriados, le seguían acosándole: hasta entonces
-su ejército estaba formado en un gran cuadrado con la mitad de la
-caballería a la cabeza y la otra mitad a la cola. Pero como los
-tesalios atacan su retaguardia deteniendo su marcha, envía allá toda
-la caballería de la vanguardia excepto su guardia personal. Cuando
-los dos ejércitos se hallan frente a frente, pareciendo peligroso a
-los tesalios combatir a los hoplitas con solo caballería, se retiran
-poco a poco. Son perseguidos prudentemente; y Agesilao, conociendo el
-error que por ambas partes se comete, envía los vigorosos caballeros
-que le acompañan[135] con orden de unirse a los demás y de perseguir
-a los enemigos con la mayor prontitud posible sin dejarles tiempo
-para rehacerse. Los tesalios, al verse cargados de improviso, no se
-vuelven en su mayoría, y los que quieren hacerlo son alcanzados cuando
-dan media vuelta sus caballos; mientras, el farsalio Policarmo[136],
-comandante de la caballería que combate con denuedo, perece, con
-los suyos, después de lo cual los tesalios se declaran en derrota.
-Hallan unos la muerte, caen otros prisioneros, y los fugitivos no se
-detienen hasta que llegan al monte Nartacio, y elevando Agesilao un
-trofeo entre Pras y el monte Nartacio, queda muy satisfecho de haber
-derrotado al pueblo más célebre por su caballería, con soldados que él
-mismo ha reclutado y formado; al día siguiente atraviesa las montañas
-aqueas de la Ftía, y desde entonces no tiene que pasar más que por
-países amigos hasta la frontera de Beocia. Cuando iba a franquear dicha
-frontera, el sol se muestra bajo la forma de luna[137] y reciben al
-mismo tiempo la noticia del desastre naval de Cnido y la muerte del
-lacedemonio Pisandro, comandante de las naves. Se le cuenta también
-la manera cómo tuvo lugar este combate: junto a Cnido, Farnabazo,
-ejerciendo de comandante de las naves, se hallaba al frente de las
-trirremes fenicias, delante de las cuales Conón[138] con la flota
-griega había dispuesto sus buques; Pisandro se había puesto en orden
-de batalla, y cuando se vio cuán inferiores eran en número a los de la
-flota griega mandada por Conón, los aliados que se hallaban en el ala
-izquierda emprenden la fuga; reducido Pisandro a sus propias fuerzas,
-libra combate, pero su trirreme, atravesada en varios puntos por los
-espolones de los buques enemigos, tiene que encallar en la costa,
-salvándose huyendo la mayor parte de los que estaban con él después
-de haber abandonado la nave y refugiándose en Cnido, mientras perece
-Pisandro combatiendo en su nave.
-
-Al saber estas noticias experimenta Agesilao grande aflicción, y
-reflexionando después que la mayor parte de su ejército se halla
-bien dispuesto a pelear, pero que en modo alguno podrá retener a sus
-soldados si saben han experimentado los lacedemonios algún desastre,
-disimula y les anuncia que Pisandro ha muerto después de haber vencido
-en un combate naval. Dicho esto, sacrifica algunos bueyes como en
-acción de gracias por la buena nueva y manda a muchos algunos trozos
-de las víctimas; de este modo las tropas de Agesilao, gracias al rumor
-de la victoria naval de los lacedemonios, quedan vencedoras en una
-escaramuza que tiene lugar poco después.
-
-Los enemigos que iban a oponerse a Agesilao se componían de beocios,
-atenienses, argivos, corintios, enianos, eubeos y locrios de las
-dos regiones[139], mientras que Agesilao tenía consigo la cohorte
-lacedemonia que había llegado de Corinto y otra media recién llegada
-de Orcómeno, además de con los neodamodes que habían hecho la campaña
-de Asia, los mercenarios mandados por Herípidas, las tropas de las
-ciudades griegas de aquella misma región y las que había reclutado a su
-paso por las de Europa, así como los hoplitas de Orcómeno y de Fócida.
-Los peltastas de Agesilao eran mucho más numerosos y el número de los
-caballos era casi igual por ambas partes.
-
-Tal era la fuerza de cada uno de los dos ejércitos, cuyo combate voy a
-describir[140], pues no ha habido otro igual en nuestra época. Tiene
-lugar el encuentro en la llanura cercana a Coronea, viniendo los de
-Agesilao del Cefiso y los tebanos del Helicón. Mandaba Agesilao el
-ala izquierda y los tebanos en su ejército formaban el ala derecha y
-los argivos la izquierda. Iníciase el combate con gran silencio, pero
-llegados los tebanos a la distancia de un estadio, arrojan grandes
-gritos y avanzan a paso de carga: había entre ellos aún un intervalo
-de tres pletros, cuando la falange mercenaria de Agesilao, al mando de
-Herípidas y con ella los jonios, eolios y helespontinos, se destacan
-del grueso del ejército, y a la carrera ponen en derrota a los tebanos
-cuando han llegado al alcance de las picas; los argivos, no pudiendo
-resistir el empuje de las tropas de Agesilao huyen hacia el Helicón.
-Coronaban ya a Agesilao algunos soldados extranjeros, cuando le
-anuncian que los tebanos se han entrado por entre los orcomenios hasta
-los bagajes; despliega entonces la falange por medio de una brusca
-evolución, se arroja sobre ellos, y los tebanos, viendo que sus aliados
-huyen hacia el Helicón, apresuran el paso para alcanzarlos.
-
-Entonces es sin duda alguna cuando muestra Agesilao el valor más
-decidido; pero el partido que toma es el más peligroso. Podía haber
-dejado pasar al enemigo, que se batía en retirada, y luego, cayendo
-sobre él, destrozar su retaguardia, pero no lo hizo, sino por el
-contrario, marchó de frente contra los tebanos, que chocando entre
-sí los apretados escudos, y combatiendo dan la muerte al par que la
-reciben. Finalmente, una parte de los tebanos consigue refugiarse en el
-Helicón, pero en la derrota ha perecido gran número de ellos. Después
-que está ya la victoria asegurada y que se ha conducido al mismo
-Agesilao herido hasta su falange, llegan algunas soldados de a caballo,
-preguntándole qué deben hacer con unos ochenta enemigos que se hallan
-armados en el templo, y él, cubierto de numerosas heridas, pero sin
-olvidar lo que debe a la santidad del lugar, manda se les deje salir en
-completa libertad. Después, como ya era tarde, cenan los soldados y se
-entregan al descanso.
-
-Al día siguiente, manda Agesilao al polemarca Gilis forme el ejército
-y levante un trofeo, se coronen de flores los soldados en honor
-del dios y toquen sus instrumentos los flautistas; todo lo cual se
-cumple puntualmente. Envían los tebanos sus heraldos, pidiendo una
-tregua para recoger los muertos: concédesela Agesilao y se dirige
-a Delfos para consagrar al dios la décima parte del botín, que no
-bajó de cien talentos. Retírase a la Fócida el polemarca Gilis a la
-cabeza del ejército y desde allí invade la Lócrida. Durante el día
-los lacedemonios saquean efectos y víveres en las aldeas, pero cuando
-llega la noche y quieren retirarse, son perseguidos por los locrios
-que les lanzan dardos y flechas: vuélvense los espartanos y tratan de
-perseguirles, causando algunas bajas a sus enemigos, pero los locrios,
-renunciando desde entonces a acosarles, se contentan con ofenderles
-desde lo alto de las colinas; recházanles también los lacedemonios
-hasta los lugares más escarpados, y cuando emprenden la retirada,
-habiendo cerrado por completo la noche, unos caen por las desigualdades
-del terreno, otros porque no pueden ver, y muchos, finalmente, a manos
-del enemigo. Halla la muerte, entre otros muchos que le rodean[141],
-el polemarca Gilis, así como diez y ocho soldados aplastados por las
-piedras o atravesados por los dardos, y si no hubiesen sido socorridos
-por los soldados del campamento, después de haber cenado en él, corrían
-todos gran riesgo de perecer.
-
-
-
-
-CAPÍTULO IV.
-
-
-Después de esta campaña, parte cada división del ejército para su
-respectiva ciudad y Agesilao se embarca en dirección a su patria[142].
-Hácese la guerra desde entonces entre los atenienses, beocios, argivos
-y aliados apostados en Corinto, y los lacedemonios establecidos en
-Sición. Viendo los corintios su territorio devastado y diezmada su
-población por el continuo pelear en su comarca, mientras goza el resto
-de los aliados de la paz y cultivan sus campos, desean se llegue a
-un acuerdo, principalmente los más notables y de mayor poderío, y se
-reúnen para comunicarse sus deseos. Pero los argivos, atenienses,
-beocios y aquellos corintios que habían participado de las dádivas del
-rey y que eran los más activos fautores de la guerra, comprenden que
-si no se deshacen de aquellos que piensan en la paz, correrán gran
-riesgo de volver a caer bajo la influencia de Lacedemonia, y apelan al
-degüello para impedirlo. No vacilan ante la más impía de las medidas,
-pues que en efecto, ninguna sentencia de muerte se ejecuta durante una
-fiesta y ellos escogen el último día de las Eucleas[143], a fin de que
-puedan dar la muerte al mayor número de personas en la plaza pública.
-Al dar la señal, cuantos se habían obligado a ejercer de asesinos
-sacan sus puñales y principian a dar golpes a diestro y a siniestro,
-así entre los que están de pie como entre los que están sentados, así
-entre los espectadores como entre los jueces. Al esparcirse la noticia
-del degüello, refúgianse los principales ciudadanos, unos junto a las
-estatuas de los dioses en la plaza pública y otros en sus altares, pero
-también allí aquellos impíos, pisoteando toda clase de leyes y siendo
-a la vez sentenciadores y ejecutores, les degüellan delante de los
-santuarios, de tal modo, que aun aquellos que no son asesinados, por
-poco amor que tengan a la justicia, sienten horrorizarse su alma al
-ver esta impiedad. De este modo perecen gran número de los ciudadanos
-de más edad, pues eran los que en mayor cantidad se hallaban en la
-plaza pública, ya que los más jóvenes, sospechando algo de lo que se
-tramaba por las indicaciones de Pasimelo, se hallaban tranquilamente
-en el Craneo[144]; pero pronto oyen los gritos y ven llegar algunos
-ciudadanos que han podido escapar al degüello; arrojándose entonces
-al Acrocorinto[145] rechazan a los argivos, así como a las restantes
-tropas que les acosan. Mientras deliberan sobre lo que deben hacer, ven
-caer el capitel de una columna[146], sin temblor de tierra ni viento
-alguno, y cuando sacrifican, las víctimas son tales que los adivinos
-declaran que lo mejor es abandonar la plaza.
-
-Aléjanse, pues, para huir del territorio de Corinto; persuadidos empero
-por las madres, hermanos y amigos que han ido a su encuentro y por
-los juramentos de los que están en el poder, garantizándoles la más
-completa seguridad, algunos regresan a sus hogares. Pero más tarde,
-cuando ven el país tiranizado y destruido el estado al quitarle sus
-fronteras y el nombre de Corinto a su patria, para darle el de Argos,
-y un gobierno argivo impuesto a los corintios, gobierno que no puede
-convenirles, pues les deja menos independencia que la que tienen
-los metecos, comienzan muchos a pensar que no es vivir el tener que
-sujetarse a tal estado de cosas, y paréceles una acción meritoria
-procurar que Corinto vuelva a ser de nuevo la antigua patria, que
-goce de su libertad, que se la purifique de los degüellos y se la
-haga disfrutar de una buena legislación; enardécense al considerar
-que si tales cosas llevan a cabo serán tenidos por los salvadores de
-la patria, y que si no pueden realizarlo, conseguirán la más gloriosa
-de las muertes, pues habrán ambicionado el mejor y más grande de los
-bienes.
-
-Así, pues, dos de ellos, Pasimelo y Alcímenes atraviesan el torrente y
-procuran llegar hasta el polemarca lacedemonio Praxitas, que se hallaba
-con su guarnición en Sición y le dicen que podrán introducirle en el
-recinto del muro que lleva al Lequeo[147]. Praxitas, que los conocía
-desde mucho antes como hombres dignos de fe, cree en su palabra, y lo
-dispone todo de manera que la división que debía partir a Sición, se
-quede para tener fuerzas con que entrar en la ciudad. Sea casualidad,
-sea cálculo, aquellos dos hombres se hallaban de guardia en el lugar en
-que había sido levantado el trofeo[148], cuando se presenta Praxitas
-a la cabeza de su división con los sicionios y todos los corintios
-desterrados. Llegados junto a las puertas y temiendo la entrada
-repentina, prefiere mandar antes a un hombre de su confianza para
-que examine el estado interior de la ciudad; introdúcenle aquellos
-dos hombres y se lo enseñan todo con tanta naturalidad, que vuelve y
-declara que no hay que temer ningún engaño, conforme habían asegurado.
-Con estas seguridades entran en la ciudad[149], pero como los muros
-estaban separados entre sí por un intervalo bastante considerable, les
-parece ser poco numerosos para ocupar este espacio, y hacen del mejor
-modo que pueden una empalizada y un foso delante de ellos, a fin de
-poder esperar acudan a unírseles los aliados. El puerto que estaba a su
-espalda se hallaba guardado por los beocios.
-
-Termina sin combate el día siguiente a la noche en que entraron, pero
-llegan en masa al otro día los argivos y encuentran a sus enemigos
-formados en orden de batalla, y constituida el ala derecha por los
-lacedemonios, al lado de los cuales estaban los sicionios y los
-fugitivos de Corinto en número de unos ciento cincuenta a la parte
-oriental del muro; apoyándose en dicho muro están Ifícrates y sus
-mercenarios y a su lado los argivos: el ala izquierda está formada
-por los corintios de la ciudad. Llenos de confianza en su número,
-marchan de frente al enemigo derrotando a los sicionios, derribando
-la empalizada y persiguiéndolos hasta el mar, junto al cual hacen de
-ellos gran matanza. El jefe de caballería[150] Pasímaco, que mandaba
-un pequeño número de caballos, ordena a sus soldados aten sus corceles
-a los árboles, arranca a los fugitivos sus escudos y marcha contra
-los argivos con cuantos quieren seguirle. Al ver los argivos grabada
-la Σ[151] en sus escudos, creen que son sicionios y no les temen; se
-cuenta que Pasímaco dijo en este momento: «¡Por los Dióscuros![152]
-estas Σ os engañan», y se arrojó sobre ellos; pero a pesar de combatir
-con valor con el puñado de valientes que le rodean, él y muchos otros,
-no consiguen más que hacerse matar.
-
-Los expatriados corintios, sin embargo, habían vencido a sus
-adversarios, y avanzando siempre se habían aproximado mucho al recinto
-de la plaza; los lacedemonios también al apercibirse de la derrota de
-los sicionios, acuden en su auxilio, defendiendo al mismo tiempo la
-empalizada que estaba a su lado izquierdo. Así que saben los argivos
-que van a acosarles los lacedemonios, se vuelven, y a la carrera se
-dirigen hacia la empalizada para pasarla nuevamente, pero las últimas
-filas de la derecha, al exponer sin defensa su flanco, son destrozadas
-bajo los golpes de los lacedemonios, y el resto, que se había reunido
-junto a los muros, se retira en gran desorden hacia la ciudad,
-queriendo dar un rodeo para evitar el encuentro con los desterrados
-corintios que se reconocen como enemigos, y subiendo a los muros por
-medio de escalas, sin hallar en su precipitación más que la muerte, ya
-al saltar de la muralla, ya al pie de la misma escalera, a manos de sus
-perseguidores o bien aplastados bajo los pies de sus mismos compañeros.
-
-No falta gente que matar a los lacedemonios, pues parece les concedió
-en aquel momento la divinidad una victoria que jamás hubieran podido
-esperar; porque, en efecto, ¿cómo es posible no parezca empujada
-por una fuerza divina aquella multitud de enemigos entregada por su
-voluntad, llena de miedo y estupor presentando al descubierto sus
-cuerpos y arrastrada toda ella a combatir, contribuyendo a su pérdida
-con todos sus esfuerzos, de manera que en un pequeño espacio de tiempo
-pereció tan gran número, que los hombres acostumbrados únicamente a
-ver montones de trigo, de leñas y de piedras, pudieron ver asimismo
-montones de cadáveres? Los guardias beocios apostados en el puerto son
-también muertos unos sobre los muros y otros sobre los tejados de los
-astilleros, donde se habían refugiado.
-
-Después de esta acción, los corintios y argivos alcanzan una tregua
-para recoger sus muertos; llegan entonces los aliados de los
-lacedemonios y una vez reunidas todas las tropas, decide Praxitas
-demoler en los muros un trozo suficiente para dar paso a un ejército y
-luego, poniéndose a la cabeza de sus tropas, se dirige hacia Mégara.
-Toma por asalto a Sidunte y Cromión[153], y después de dejar allí
-guarniciones, retrocede fortificando Epiecea, a fin de que tengan
-los aliados una fortaleza avanzada que proteja a los países amigos,
-licenciando luego su ejército, y volviéndose a Lacedemonia.
-
-Tienen lugar entonces importantes expediciones por ambas partes: envían
-las ciudades contingentes de tropa, unas a Corinto y otras a Sición
-para conservar los puestos avanzados; los dos ejércitos sostienen
-tropas mercenarias con las cuales se mantiene la guerra en vigor.
-
-Invade Ifícrates el territorio de Fliunte, y por medio de sucesivas
-emboscadas devasta el país con pequeño número de soldados, y produce
-muchas bajas a los habitantes de la ciudad que salen sin las debidas
-precauciones, con lo cual los fliasios, que no habían querido antes
-admitir en sus muros a los lacedemonios, temiendo no hiciesen volver
-a sus desterrados bajo pretexto de su adhesión a Esparta, tienen un
-miedo tal a las tropas de Corinto, que llaman en su auxilio a los
-lacedemonios y les entregan la defensa de la ciudad y de la fortaleza.
-Los lacedemonios, sin embargo, aunque afectos a los desterrados, no
-hacen mención de su llamamiento mientras ocupan la ciudad, y cuando les
-parece está suficiente tranquila, se marchan dejando el gobierno y las
-leyes en el mismo estado en que se hallaban cuando entraron.
-
-Ifícrates y sus soldados verifican numerosas irrupciones en Arcadia,
-saquean el país y ponen sitio a las ciudades fuera de las cuales
-nunca se atreven a salir los hoplitas arcadios, pues tienen un miedo
-cerval a los peltastas, quienes a su vez temen de tal modo a los
-lacedemonios, que no se ponen jamás a tiro de los hoplitas; pues había
-sucedido ya, que poniéndose a su alcance habían sido perseguidos
-por los lacedemonios más jóvenes, que habían conseguido matarles
-algunos soldados. Los espartanos, que menospreciaban a los peltastas,
-despreciaban aún más a sus propios aliados desde la conducta que los
-mantineos habían tenido cierto día en una salida contra los peltastas;
-habíanse arrojado sobre ellos fuera del Lequeo, pero recibidos con una
-lluvia de dardos, se habían replegado y declarado en fuga, dejando en
-poder de los enemigos algunos muertos, de manera que los lacedemonios
-no dejaban de burlarse de ellos, diciéndoles temían más a los peltastas
-que los niños a los fantasmas.
-
-Salen los lacedemonios del Lequeo con una cohorte y con los desterrados
-corintios, con objeto de rodear de tropas a Corinto. Por su parte los
-atenienses, temiendo el poderío de los lacedemonios, y que después de
-abatir los grandes muros de Corinto se dirigían contra ellos, creen que
-lo mejor es reconstruir los muros derruidos por Praxitas, por lo cual
-llegan con albañiles y carpinteros en gran número, restablecen en pocos
-días el muro occidental que mira a Sición, y en cuanto al muro oriental
-lo reconstruyen con mayor facilidad.
-
-Reflexionando los lacedemonios que los argivos están en completo reposo
-en su país y que se complacen en esa guerra, determinan dirigir contra
-ellos otra expedición. Pónese al frente de ella Agesilao, y después de
-devastar el país, pasa de improviso la frontera en Tenea y se dirige
-hacia Corinto, donde destruye las murallas reconstruidas por los
-atenienses. Acompañábale por mar su hermano Teleutias con una docena de
-trirremes; de manera que pudo alabarse su madre de que en un mismo día,
-uno de sus hijos se había apoderado por tierra de los muros enemigos,
-y el otro por mar de sus naves y astilleros. Hecho esto, licencia
-Agesilao el ejército de los aliados y conduce a Esparta las tropas
-nacionales.
-
-
-
-
-CAPÍTULO V.
-
-
-Informados los lacedemonios por los desterrados de que todos los
-ganados que poseían los habitantes de la ciudad los habían puesto en
-seguridad en el Pireo[154], donde se refugiaron también muchos de
-la población, determinan una nueva expedición contra Corinto, siendo
-asimismo jefe de ella Agesilao[155]. Dirígese[156] primero al Istmo,
-pues era durante el mes en que tienen lugar los juegos ístmicos, y
-eran los argivos los que hacían los sacrificios a Neptuno, como si
-fuesen una misma cosa Argos y Corinto; pero cuando saben la llegada de
-Agesilao, dejan abandonados los sacrificios y festines y se retiran
-con gran miedo a la ciudad por el camino de Céncreas. Agesilao, al
-ver esta retirada, no los persigue, sino que estableciéndose en el
-templo, sacrifica por sí mismo al dios[157], y permanece allí hasta que
-los fugitivos corintios hayan sacrificado y celebrado los juegos en
-honor de aquel dios. Así que se marcha vuelven los argivos y a su vez
-comienzan los juegos ístmicos, por lo cual se vio este año a los mismos
-individuos vencidos dos veces en los juegos, y a los demás proclamados
-dos veces vencedores.
-
-Al cuarto día conduce Agesilao su ejército contra el Pireo; pero
-viendo que está guardado por numerosas fuerzas, se retira después del
-almuerzo en dirección a la ciudad, como si fuese a hacerse cargo de la
-entrega de la misma. Temiendo entonces los corintios que en realidad
-esto se verifique, ordenan a Ifícrates vaya con numerosos peltastas a
-reforzarla; pero Agesilao, informado de su marcha durante la noche,
-cambia de dirección al apuntar el día, y avanza contra el Pireo.
-Dirígese él mismo, hacia las termas, mandando una cohorte a las cimas
-más escarpadas, y pasa la noche junto a las termas, mientras la cohorte
-tiene que pernoctar en las alturas. En esta ocasión tiene Agesilao que
-imaginar un rasgo oportuno que, aunque pequeño en sí mismo, no deja,
-sin embargo, de merecer aplauso: ninguno de los que habían llevado
-alimentos a la cohorte se había acordado de llevar fuego consigo, y
-haciéndose sentir en gran manera el frío, por la extremada elevación
-en que se hallaban así como por haber llovido y granizado durante la
-tarde, los soldados, que habían subido en traje de verano, hallábanse
-ateridos de frío, y por esto y por hallarse en la oscuridad, no se
-sentían con ganas para comer la cena. Entonces Agesilao envía no menos
-de diez hombres con utensilios llenos de fuego. Subiendo estos por
-distintas partes y hallando leña en abundancia, encienden gran número
-de hogueras, después de lo cual se frotan con aceite, y la mayor parte
-se ponen a cenar. Viose durante esta misma noche el resplandor del
-incendio del templo de Neptuno, sin que nadie supiese la causa que lo
-ocasionó.
-
-Cuando vieron los del Pireo ocupadas las alturas, ya no pensaron en
-defenderse, sino que hombres y mujeres, esclavos y libres, huyeron a
-refugiarse con la mayor parte del ganado en el Hereo[158]. Agesilao
-dirígese entonces con su ejército hacia el mar, y al mismo tiempo la
-cohorte, al bajar de las alturas, se apodera de la fortaleza de Énoe y
-de todo lo que contiene, proveyéndose abundantemente de víveres los
-soldados en los alrededores de la misma. Cuantos se habían refugiado en
-el Hereo salen asimismo y piden a Agesilao decida sobre su suerte: este
-ordena se entreguen a los desterrados cuantos hayan contribuido a los
-degüellos, y que los demás sean vendidos como esclavos, con lo cual se
-hace una inmensa cantidad de prisioneros en el Hereo.
-
-Llegan entonces diputados de varias ciudades, sobre todo de Beocia,
-para saber las condiciones bajo los cuales podría obtenerse la paz.
-Agesilao les niega audiencia orgullosamente, a pesar de que Fárax, en
-su calidad de próxeno[159], se interesara mucho en que los recibiese;
-sentado en un edificio circular construido en el puerto, inspecciona
-los prisioneros. Los hoplitas lacedemonios, armados con sus lanzas,
-acompañan a estos esclavos y atraen principalmente la mirada de cuantos
-están presentes; porque siempre los que son felices y vencedores
-parecen merecer más la atención de todo el mundo.
-
-Estaba aún sentado Agesilao, y parecía satisfecho de su victoria,
-cuando llega al galope un soldado con el caballo lleno de sudor, sin
-contestar a cuantas preguntas se le hacen sobre las noticias que trae,
-salta del caballo cuando está junto a Agesilao, corre hacia él y con
-profunda tristeza le relata el desastre que ha sufrido la cohorte
-del Lequeo. Levántase Agesilao de su asiento a esta nueva, coge su
-lanza y ordena al heraldo convoque inmediatamente a los polemarcas,
-penteconteras y jefes de las tropas mercenarias. Así que se presentan
-les dice que coman algo, pues aún no habían almorzado, y le sigan
-al instante, poniéndose él en marcha al frente de sus comensales,
-sin pensar siquiera en tomar alimento. Ármanse los doríforos[160] y
-le siguen inmediatamente. Habían ya pasado las termas y llegado a
-las llanuras del Lequeo, cuando se les presentan tres soldados de a
-caballo anunciándoles se han recogido ya los muertos. Así que Agesilao
-oye esto, manda deponer las armas y da algún reposo a sus tropas, que
-conduce después al Hereo; al día siguiente son vendidos los prisioneros.
-
-Los diputados beocios que Agesilao hace llamar, y a quienes pregunta
-el motivo de su venida, no hacen ya mención de la paz, sino que dicen
-desean dirigirse a la ciudad junto a sus soldados, si nada se opone a
-ello, y él, sonriendo, «Bien sé --les dice--que no os mueve el deseo de
-ver a los soldados, sino el de inspeccionar por vuestros propios ojos
-hasta dónde llegan las ventajas obtenidas por vuestros amigos; quedaos,
-pues; yo mismo voy a conduciros, y podréis comprender mejor que yo
-cuanto allí ha sucedido.» No se engañó: al día siguiente, después de
-ofrecer un sacrificio, conduce a su ejército hacia la ciudad, y sin
-derribar el trofeo, pero talando y quemando cuantos árboles quedaban
-en pie para demostrar que nadie se atreve a salir a su encuentro,
-establece su campo junto al Lequeo, y en lugar de dejar entrar en
-la población a los diputados tebanos, les hace partir por mar hacia
-Creusis[161]. La magnitud del desastre sufrido por los espartanos causó
-gran pena a los soldados, excepto en aquellos cuyos hijos, padres
-o hermanos habían perecido en el combate, pues se les veía pasear
-adornados como después de una victoria, y glorificándose de la pérdida
-que habían experimentado.
-
-He aquí cómo había sucedido este revés a la cohorte. Cuando los
-amicleos se hallan en campaña o ausentes de su patria, tienen costumbre
-de volver a ella en la época de las Jacintias, para cantar el peán,
-y en esta ocasión Agesilao había dejado a todos los amicleos de su
-ejército en el Lequeo. El polemarca que mandaba la guarnición ordena
-a las tropas de los aliados que allí se hallaban, queden guardando la
-plaza, y él con una división de hoplitas y de caballería, escolta a los
-amicleos a lo largo de los muros corintios. Al llegar a unos veinte
-o treinta estadios de Sición, vuelve a tomar el camino del Lequeo con
-los hoplitas, en número de unos seiscientos, y ordena al jefe de la
-caballería regrese después de haber acompañado a los amicleos todo el
-tiempo que lo deseen. No ignoraban los lacedemonios que se hallaban en
-Corinto gran número de peltastas y de hoplitas, pero confiaban no se
-atreverían estos a atacarles después de las últimas victorias. Al ver
-dos hombres de los de la ciudad, Calias, hijo de Hipónico, general de
-los hoplitas atenienses, e Ifícrates, jefe de los peltastas, aquellas
-tropas en número tan exiguo y desprovistas de infantería ligera y de
-caballería, creen poder atacarles con entera seguridad con el cuerpo
-de peltastas; porque, en efecto, si los lacedemonios continúan su
-marcha, asaltando sus flancos indefensos podrán causarles muchas bajas,
-y si tratan de perseguirlos, los peltastas, que son los soldados más
-ligeros, podrán escapar fácilmente a su persecución, por lo cual se
-deciden a atacarles. Calias forma sus hoplitas a cierta distancia
-de los muros, e Ifícrates, a la cabeza de los peltastas, ataca a la
-cohorte; alcanzados los lacedemonios por los dardos que les hieren
-o matan, ordenan a los escuderos cojan los heridos y los lleven al
-Lequeo, y en realidad fueron los únicos de la cohorte que quedaron
-con vida. Después ordena el polemarca a sus veteranos persigan a los
-que les acometen; pero pesadamente armadas estas tropas, no pueden
-aproximarse a tiro de los peltastas, pues habían recibido estos la
-orden de retirarse sin aguardar a pie firme a los hoplitas, y los
-lacedemonios, no corriendo todos con igual velocidad, se habían
-desordenado algún tanto. Así, pues, cuando quieren juntarse de nuevo
-a los suyos, los soldados de Ifícrates, dando una media vuelta,
-les agobian con sus dardos, unos por detrás y otros por su flanco
-descubierto, y matan en esta primera etapa diez o doce lacedemonios,
-éxito que les infunde mayor osadía. Habiendo tenido los lacedemonios
-esta desventaja, ordena el polemarca ataquen de nuevo los que hacía ya
-quince años habían salido de la adolescencia; pero cuando se repliegan,
-perecen en mayor número que la primera vez. Habían perdido ya sus
-mejores tropas, cuando se les une la caballería e intenta con ellos un
-nuevo ataque, y cuando se retiran los peltastas, ejecuta aquella una
-falsa maniobra, pues en lugar de perseguirles hasta haberles causado
-algunas bajas, carga de frente con los hoplitas y avanza y se retira al
-mismo tiempo que estos. Después de haber repetido varias veces la misma
-maniobra con iguales resultados, se debilitan cada vez más en número
-y valor, mientras, por el contrario, los enemigos atacan cada vez con
-mayor audacia y en mayor número.
-
-No sabiendo ya qué hacer, se reúnen en una pequeña colina a dos
-estadios del mar y a diez y seis o diez y siete del Lequeo. Los de este
-punto, al apercibirse de su mala situación, se embarcan en botes para
-dirigirse a la colina, y los lacedemonios, reducidos ya a la mayor
-desesperación por su triste posición y por el número de sus muertos, no
-pudiendo hacer nada para su defensa, emprenden la fuga cuando ven que
-solo vienen hoplitas en su auxilio. Arrójanse unos al mar, y otros, en
-reducido número, consiguen refugiarse en el Lequeo con los caballos.
-En estos combates parciales y en la derrota pierden unos doscientos
-cincuenta hombres. He aquí cómo sucedió este desastre.
-
-Agesilao, después de dejar en el Lequeo una cohorte y los restos de la
-que ha quedado en cuadro, se dirige a Esparta, entrando en las ciudades
-lo más tarde posible y saliendo a primera hora. Aunque sale de Orcómeno
-por la mañana, no entra en Mantinea hasta por la noche: tanto es lo
-que teme la exasperación de sus soldados al comprender la alegría
-e irrisión de los mantineos por su derrota. Ifícrates añade nuevos
-laureles a los anteriores, pues se hace dueño de todas las plazas en
-que había Praxitas establecido guarniciones, como en Sidunte y Cromión,
-y Agesilao en Énoe, después de tomar el Pireo. En cuanto al Lequeo,
-estaba guarnecido por tropas lacedemonias y aliadas. Desde el desastre
-de la cohorte lacedemonia, los desterrados corintios no se atrevían
-ya a salir de Sición más que por mar, y costeando desembarcaban en
-distintos puntos, desde donde inquietaban a los de la ciudad que a su
-vez los inquietaban también cuando podían.
-
-
-
-
-CAPÍTULO VI.
-
-
-Poco después[162] los aqueos, que eran dueños de la ciudad de
-Calidón[163], en otro tiempo de Etolia, y que habían concedido el
-derecho de ciudadanía a los calidonios, se ven obligados a poner en
-ella guarnición, pues los acarnanios se dirigían a atacarla sostenidos
-por algunas tropas atenienses y beocias con quienes habían hecho
-alianza. Acosados por ellos, envían, pues, los aqueos mensajeros a
-Lacedemonia, donde declaran al llegar que no habían sido bien tratados
-por los espartanos.
-
-«Ciudadanos --dicen--, nosotros hemos tomado parte en todas las
-expediciones a que nos habéis convocado y os hemos seguido donde
-quiera nos lo habéis mandado, pero vosotros, en cambio, ningún cuidado
-experimentáis por nosotros al vernos sitiados por los acarnanios y por
-sus aliados los atenienses y beocios. Si esto continúa así, no podremos
-resistirles, pues nos será preciso abandonar la guerra del Peloponeso
-y pasar el mar con todas nuestras fuerzas para ir a combatir a los
-acarnanios y sus aliados, o procurar hacer la paz bajo las mejores
-condiciones posibles.»
-
-He aquí lo que dicen a los lacedemonios, amenazándoles veladamente
-con apartarse de la alianza si no acuden a prestarles auxilio. Los
-éforos y el senado declaran, después de haberles oído, que es preciso
-marchar en auxilio de los aqueos contra los acarnanios, y envían a
-Agesilao al frente de dos cohortes y del contingente de los aliados,
-a los cuales se unen también en masa los aqueos. Así que desembarca
-Agesilao, los campesinos acarnanios se retiran a las ciudades, y todos
-los rebaños son llevados a gran distancia para que no caigan en poder
-de los soldados. Al llegar a las fronteras, envía Agesilao mensajeros
-a la asamblea acarnania reunida en Estrato[164] para que declaren
-que asolará por completo su país, sin perdonar lo más mínimo, si no
-renuncian a la alianza de los beocios y atenienses y no se confederan
-con los lacedemonios. No obedeciéndole, lleva a efecto sus amenazas,
-y ocupado únicamente en devastar el país, no avanza más que diez o
-doce estadios por jornada, por lo cual, creyéndose los acarnanios en
-seguridad a causa de la lentitud de su marcha, hacen bajar de los
-montes a sus rebaños y continúan el cultivo de sus tierras; pero
-cuando Agesilao les supone completamente tranquilizados, a los quince
-o dieciséis días de su entrada en la comarca, sale temprano después de
-haber celebrado los sacrificios, hace una marcha de ciento cincuenta
-estadios, llega por la noche a las orillas del lago alrededor del cual
-están apacentándose casi todos los rebaños acarnanios, y apoderándose
-de una inmensa cantidad de bueyes, caballos y otros animales de toda
-clase, hace igualmente gran número de prisioneros.
-
-Quédase al día siguiente en el mismo lugar para venderlos como
-esclavos; pero los peltastas acarnanios, llegando en número bastante
-regular, y apostándose en los montes, al pie de los cuales está
-acampado Agesilao, arrójanle dardos y piedras, permaneciendo ellos
-fuera de su alcance, y obligando al ejército a abandonar las alturas
-para bajar a la llanura, a pesar de hallarse ocupado en preparar la
-cena. Durante la noche retíranse los acarnanios, y colocando centinelas
-los lacedemonios, se entregan al descanso.
-
-Al día siguiente comienza Agesilao su retirada; pero las montañas que
-rodean el valle y la llanura donde está situado el lago no dejan más
-que un estrecho paso, y los acarnanios, dueños de las alturas, arrojan
-desde allí proyectiles de toda clase, y bajando de las cúspides,
-atacan al ejército y le acosan de manera que hacen completamente
-imposible su avance. Ningún daño causan a los acosadores los hoplitas y
-caballeros de la falange que intentan su persecución, pues pronto, al
-retirarse, llegan los acarnanios a posiciones inexpugnables. Conociendo
-entonces Agesilao la dificultad en que se encuentra de salir de aquel
-desfiladero mientras esté expuesto a los mismos ataques, decide atacar
-a los que inquietan su izquierda a pesar de ser su número bastante
-considerable, pues esta ladera de montaña es más accesible a los
-hoplitas y caballos.
-
-Mientras ofrece los sacrificios acósanle vivamente los acarnanios,
-arrojando a sus soldados flechas y dardos, y adelantándose tanto,
-que les causan gran número de heridos; pero luego que da la orden de
-ataque, los hoplitas, que hacía quince años servían en el ejército,
-se lanzan con arrojo hacia adelante; carga la caballería sobre los
-enemigos, y él mismo les sigue con el grueso del ejército. Repliéganse
-entonces los acarnanios que habían bajado hasta la llanura, y después
-de haber lanzado algunos proyectiles, son alcanzados y muertos al
-querer huir a las alturas. Los hoplitas acarnanios y la mayor parte de
-sus peltastas se hallaban ordenados en batalla en la cima del monte,
-donde aguardan a pie firme al enemigo: arrojan gran número de dardos;
-sírvense de sus lanzas como armas arrojadizas, hiriendo a algunos
-soldados de a caballo y matando muchos caballos; pero cuando están a
-punto de llegar a las manos con los hoplitas lacedemonios, emprenden la
-fuga y pierden en esta jornada unos trescientos hombres.
-
-Levanta entonces Agesilao un trofeo, devastando después e incendiando
-los alrededores; y obligado por los aqueos, ataca algunas poblaciones,
-pero sin conseguir apoderarse de ninguna. Finalmente, como se acercaba
-el otoño, decide abandonar el país, a pesar de que los aqueos creen
-nada ha conseguido, pues no se ha apoderado de población alguna de
-grado ni por fuerza. Ruéganle, pues, que, ya que no ha hecho otra cosa,
-se quede allí el tiempo necesario para impedir a los acarnanios la
-siembra de sus tierras; pero él les contesta que lo que le aconsejan es
-contrario a sus propios intereses. «En cuanto a mí --dice--, pienso
-dirigir una nueva expedición contra este país en el próximo verano, y
-cuanto más hayan sembrado, mayores deseos tendrán de la paz.» Dicho
-esto, se retira por la vía terrestre a través de Etolia, por un camino
-que ni con muchas ni con pocas tropas hubiera podido seguirse contra la
-voluntad de los etolios, pero que estos le franquean, con la esperanza
-de que se les devuelva Naupacto. Llegado a Río, atraviesa el mar y
-llega a Esparta, porque el paso del Calidón en el Peloponeso había sido
-interceptado por las trirremes que los atenienses habían enviado desde
-Eníadas.
-
-
-
-
-CAPÍTULO VII.
-
-
-Al terminar el invierno, Agesilao, para cumplir la promesa hecha a los
-aqueos, preparó al principiar la primavera[165] una nueva expedición
-contra los acarnanios. Habiéndolo sabido estos, consideran que a causa
-de su situación en medio de la campiña, serán sitiadas sus ciudades
-por un enemigo que destruirá sus mieses y por ejércitos que rodearán
-sus muros, por lo cual envían diputados a Lacedemonia y firman la paz
-con los aqueos y una alianza con los lacedemonios. Así terminaron los
-asuntos de los acarnanios.
-
-Entonces los lacedemonios, considerando peligroso el dirigirse contra
-los atenienses o contra los beocios dejando detrás de ellos en las
-fronteras de Laconia una ciudad enemiga tan poderosa como Argos,
-declaran la guerra a esta república.
-
-Luego que sabe Agesípolis[166] que debe mandar la expedición, y después
-de celebrar los sacrificios de la marcha, dirígese a Olimpia para
-consultar al oráculo, preguntando al dios[167] si podía sin impiedad
-rehusar la tregua que puedan proponerle los argivos, pues tenían
-costumbre de pretextar los meses sagrados[168], no cuando llegaba su
-época, sino cuando los lacedemonios estaban a punto de invadir su
-territorio. Contéstale el dios, que puede sin impiedad desechar una
-tregua injustamente reclamada; y entonces, dirigiéndose a Delfos para
-pedir a Apolo si tiene sobre esta tregua igual modo de sentir que su
-padre, aquel dios le da una contestación exactamente igual. Encamínase
-entonces a Fliunte para reunirse con su ejército, pues este era el
-punto para el cual había citado a sus tropas mientras consultaba los
-oráculos, e invade la Argólida por Nemea. Al ver los argivos que no
-pueden resistir, envían, según su costumbre, dos heraldos coronados
-de flores para pedir la tregua; pero Agesípolis, contestando que los
-dioses han declarado la injusticia de su petición, no acepta la tregua,
-e invade el país, causando gran terror así en los campos como en la
-capital.
-
-Mientras cenaba por primera vez en el territorio argivo, y cuando
-terminaban de hacer las libaciones acostumbradas después de la comida,
-el dios[169] conmovió la tierra. Siguiendo el ejemplo de los comensales
-del rey, los lacedemonios entonan el peán en honor de Neptuno, creyendo
-los soldados se va a ordenar la retirada, puesto que Agis había
-abandonado Élide después de un temblor de tierra. Mas Agesípolis dice
-que si el temblor se hubiese verificado en el momento de entrar en el
-territorio enemigo, lo hubiera considerado como una prohibición, pero
-habiendo acontecido después de su entrada, lo consideraba como signo
-favorable; así es que al día siguiente, después de haber ofrecido los
-sacrificios a Neptuno, prosigue su marcha, sin ir, sin embargo, muy
-lejos. Teniendo ante su vista la reciente expedición de Agesilao contra
-Argos, pide Agesípolis a sus soldados hasta qué distancia de los muros
-llegó Agesilao y hasta dónde extendió sus devastaciones por el país,
-como un pentatlo[170] que procura sobrepujar en todo a su rival.
-
-Un día atraviesa dos veces los fosos excavados alrededor de los muros
-de la ciudad, a pesar de los proyectiles que le arrojan desde lo alto
-de las torres; otra vez, mientras la mayor parte de los argivos habían
-ido a Laconia, se adelanta tan cerca de las puertas, que los argivos
-que las guardaban no se atreven a abrirlas a la caballería beocia que
-iba a entrar en la ciudad, por miedo de que los lacedemonios entren en
-ella al mismo tiempo, de manera que tuvieron los caballos que pegarse
-como murciélagos a los muros y a las barbacanas, y si los cretenses no
-se hubiesen hallado en expedición contra Nauplia, hombres y caballos
-hubieran perecido en gran número bajo sus flechas. Algún tiempo
-después, mientras Agesípolis estaba acampado alrededor de los muros de
-la ciudad, cayó un rayo en el campamento, pereciendo unos asfixiados y
-otros de miedo. Más tarde, mientras ofrece un sacrificio para levantar
-un fuerte en el paso de Celusa, las entrañas de las víctimas aparecen
-incompletas; por todo lo cual se retira con su ejército, y le licencia,
-después de haber hecho, sin embargo, mucho daño a los argivos al
-atacarles tan de improviso.
-
-
-
-
-CAPÍTULO VIII.
-
-
-Tales eran los acontecimientos que tuvieron lugar por tierra durante
-ese tiempo; voy a contar ahora cuanto sucedió por mar en la misma
-época,[171] así como cuanto tuvo lugar en las ciudades marítimas,
-fijándome únicamente en los hechos más culminantes y dejando de
-mencionar aquellos que carecieron de gran importancia.
-
-Después de haber derrotado a los lacedemonios en el combate naval,
-Farnabazo y Conón dieron la vuelta a las islas y ciudades marítimas
-para arrojar de ellas a los gobernadores lacedemonios, dando a
-aquellas la seguridad de que no se ocuparían sus fortalezas y que
-se les respetaría su independencia. Oyen con placer las ciudades
-esta declaración, y envían en reconocimiento dones de hospitalidad
-a Farnabazo. Conón era quien había hecho comprender a este que
-tratando de ese modo a las ciudades se las haría completamente amigas,
-mientras que si quería sujetarlas abiertamente, cada una de ellas le
-suscitaría tantos obstáculos como pudiera, y le pondría en el riesgo
-de una coalición de todos los griegos si comprendían sus designios; y
-estas reflexiones habían convencido a Farnabazo. Desembarca después
-en Éfeso y da cuarenta trirremes a Conón, diciéndole le aguarde en
-Sesto, pues él irá por tierra a su gobierno, ya que Dercílidas, que
-era su enemigo desde largo tiempo, se hallaba en Abido, mientras tenía
-lugar la batalla naval, y en lugar de huir como los otros gobernadores
-lacedemonios, se había conservado en dicha población y había sabido
-mantenerla fiel a Esparta.
-
-Convocando a los abidenos, les había dirigido estas palabras:
-
-«Abidenos, ahora es cuando vosotros, los antiguos amigos de nuestra
-ciudad, podéis mostrar vuestros beneficios hacia Esparta. Nada tiene
-de notable el conservarse fieles en la próspera fortuna, pero se es
-acreedor a un reconocimiento eterno cuando se permanece fiel a los que
-se hallan en desgracia. No hay que creer, sin embargo, que hayamos
-perdido nuestra importancia por haber sido vencidos en este combate
-naval, pues aun en la época en que los atenienses tenían el predominio
-marítimo, en todas partes se hallaba nuestra república en situación
-de recompensar a los amigos. Y ciertamente, cuanto más se apresuren
-las otras ciudades en abandonarnos cuando no nos sonríe la fortuna,
-más grande aparecerá realmente vuestra fidelidad. Si teme alguno de
-vosotros ver sitiada por tierra y por mar a esta ciudad, piense que no
-hay aún en estos parajes ninguna flota griega y que jamás Grecia podrá
-consentir intenten los bárbaros tomarle el imperio sobre el mar, de
-manera que esta ciudad al defenderse se hará a la vez aliada nuestra.»
-
-Al oír estas palabras, obedecen con intenso placer los abidenos y
-reciben amigablemente a los gobernadores que llegan a la ciudad, así
-como llaman a los que se encuentran fuera de ella. Cuando se halla
-reunido en la ciudad un número considerable de hombres importantes,
-Dercílidas pasa a Sesto, que está a una distancia que no llega a
-ocho estadios; reúne allí a todos los lacedemonios que han recibido
-de Esparta los bienes que poseen en el Quersoneso y a todos los
-gobernadores que habían sido arrojados de las ciudades de Europa;
-les recibe amigablemente y les dice no deben desesperar de su actual
-situación, antes bien, acordarse de que en la misma Asia y en los
-dominios del rey hay las pequeñas ciudades de Temnos, Egas y otras
-plazas, que pueden habitar sin estar sujetos al rey. «Y sin embargo
---añade--, ¿podríais acaso encontrar una posición más segura e
-inexpugnable que Sesto, para cuyo sitio son necesarios un ejército
-terrestre y una flota?» De este modo con sus discursos procuraba
-fortalecer su valor. Farnabazo, hallando en estas disposiciones a
-los de Sesto y Abido, les hace saber que si no mandan retirar a los
-lacedemonios, les declarará la guerra, y como rehúsan obedecerle,
-ordena a Conón les bloquee por mar, mientras él devastará el territorio
-de los abidenos. Pero no pudiendo llevar a cabo su sumisión, se vuelve
-a su provincia y ordena a Conón procure concertarse con las ciudades
-griegas del Helesponto a fin de que pueda reunir gran número de naves
-para la primavera siguiente. Irritado contra los lacedemonios por
-cuanto ha sufrido de ellos, su más vivo deseo es el poder dirigirse a
-su país vengándose de la manera más manifiesta.
-
-Consumen ambos el invierno ocupándose en estos preparativos y al
-llegar la primavera equipa Farnabazo gran número de naves, recluta un
-ejército mercenario y se hace a la vela con Conón, pasando por Melos a
-través de las islas y dirigiéndose a Laconia. Principia por abordar en
-Feras[172], cuyo país saquea por completo, y después verifica varios
-desembarcos en distintos puntos de la costa, haciendo en ella todo el
-daño posible. Pero temiendo pronto la falta de puertos en estos parajes
-y la llegada de los enemigos, así como la falta de víveres, abandona
-aquellas costas y se dirige a Fenicunte, en la isla de Citera. Temiendo
-un asalto, las tropas que ocupaban aquella ciudad abandonan la plaza y
-Farnabazo deja que se retiren en libertad a Laconia, bajo la garantía
-de un tratado repara después las fortificaciones de la ciudad, y
-estableciendo en ella una guarnición, nombra gobernador de los citereos
-al ateniense Nicofemo. Dirígese después al istmo de Corinto y exhorta a
-los aliados para que sostengan con vigor la guerra y se muestren fieles
-aliados del rey, con lo cual, después de entregarles todo el dinero de
-que puede disponer, regresa a su gobierno.
-
-Conón le ruega entonces se le confíe la flota, que sabrá sostener
-a expensas de las islas, y con la cual podrá volver a su patria y
-reconstruir los grandes muros atenienses y la muralla del Pireo, ya
-que no cree haya cosa más penosa para los lacedemonios. «De este modo
---añade--, te asegurarás la amistad de los atenienses y te vengarás de
-los lacedemonios, pues con esto solo inutilizarás todos los esfuerzos
-que hasta ahora han realizado.» Persuadido de esto Farnabazo, le envía
-inmediatamente a Atenas, dándole además el dinero necesario para la
-reconstrucción de los muros. Luego que llega a Atenas levanta Conón
-gran parte de la muralla, empleando el equipaje de su flota, pagando el
-salario de los albañiles y demás operarios y haciendo todos los gastos
-necesarios; reconstrúyense otras partes por los atenienses, beocios y
-demás aliados que se apresuran todos a contribuir a tal obra.
-
-Habiendo los corintios equipado algunas naves con el dinero que les
-dejó Farnabazo, nombran comandante de las mismas a Agatino y dominan en
-el golfo de Acaya y del Lequeo. Por su parte los lacedemonios hacen a
-la vela las naves mandadas por Podánemo; pero es muerto en un combate,
-y habiéndose visto obligado Polis, su lugarteniente, por sus heridas
-a dejar la flota, toma Herípidas el mando de las naves. El corintio
-Proeno, sucesor de Agatino en el mando de la flota, sale de Río[173],
-punto de que se apoderan los lacedemonios, y Teleutias, que había
-sucedido en el mando a Herípidas, vuelve a adquirir la supremacía en el
-golfo.
-
-Sabiendo los lacedemonios que Conón reconstruye los muros de Atenas y
-sostiene su flota con el dinero del rey, conquistando para Atenas las
-islas y las ciudades vecinas del continente, piensan que si informan
-de todo esto a Tiribazo, general del rey, podrán conquistarle a su
-partido, o a lo menos hacer que se retiren a Conón los medios para
-el sostenimiento de la flota. Envían con este objeto a Antálcidas
-junto a Tiribazo, con encargo de informarle de cuanto sucede y de
-procurar la paz entre Lacedemonia y el rey. Sabiendo los atenienses
-estas disposiciones, envían por su parte a Conón, Hermógenes, Dión,
-Calístenes y Calimedonte, así como deciden a sus aliados manden también
-los suyos, haciéndolo los beocios, corintios y argivos. Una vez allí,
-Antálcidas dice a Tiribazo que viene de parte de su república para
-proponer al rey la paz bajo condiciones verdaderamente ventajosas para
-él, pues respecto a las ciudades griegas de Asia, ninguna condición
-pretenden imponer los lacedemonios al rey, bastándoles sea reconocida
-la independencia de las islas y de las restantes ciudades. «Y como
-estos son nuestros deseos --añade--, ¿qué motivo hay para que los
-griegos o el rey nos hagan la guerra y derrochen neciamente el dinero?
-Toda expedición contra el rey es imposible por parte de los atenienses
-mientras no la ordenemos nosotros, cosa que nos es completamente inútil
-desde el momento en que sean autónomas las ciudades.»
-
-Oye Tiribazo con la más viva fruición estas palabras de Antálcidas;
-pero la opinión contraria se formulaba en estos términos: temían los
-atenienses ver declarada la independencia de las islas y ciudades,
-pues perderían Lemnos, Imbros y Esciros; los tebanos temían también
-verse obligados a reconocer la autonomía de las ciudades beocias, y
-los argivos no deseaban se los obligase a renunciar a tratar a Corinto
-como parte de Argos, cosa que sucedería si se firmaba esta paz. Esto
-hizo que la paz no pudiese concertarse y que cada cual volviera a su
-patria. Tiribazo, sin embargo, cree puede ser peligroso para él el
-aceptar la alianza de los lacedemonios sin previo conocimiento del rey;
-pero da ocultamente dinero a Antálcidas, con objeto de que puedan los
-lacedemonios equipar una flota y obligar de este modo a los atenienses
-y demás aliados a que deseen más vivamente la paz, y luego, dando
-crédito a las referencias lacedemonias, hace prender a Conón como
-traidor. Preséntase después al rey para participarle las proposiciones
-de los lacedemonios; dícele asimismo que ha hecho prender como traidor
-a Conón, y le pide instrucciones para obrar a tenor de lo que el rey le
-mande.
-
-Este, mientras se halla Tiribazo junto a él, envía para dirigir los
-asuntos marítimos a Estrutas, quien se inclinaba fuertemente en favor
-de los atenienses y de sus aliados, recordando todo el daño que había
-causado Agesilao a los países del rey. Al ver los lacedemonios que
-Estrutas les es hostil y que se halla favorablemente dispuesto hacia
-los atenienses, envían a Tibrón para que le haga la guerra. Dirígese
-este a Asia, y saliendo de Éfeso, atraviesa por Priene, Leucofris
-y Aquileo, ciudades de la llanura del Meandro, pasando a sangre y
-fuego el país del rey. Por fin Estrutas, observando que Tibrón sale
-cada vez desordenadamente sin tomar precauciones de ningún género,
-destaca la caballería para la llanura, ordenándole se arroje sobre
-el enemigo procurando envolverle y cargándole de frente con todo el
-empuje posible. Tibrón acababa de almorzar y salía de su tienda con
-el flautista Tersandro, quien no solo era un músico excelente, sino
-que se gloriaba también de haber aprovechado la educación lacedemonia,
-relativamente a su fuerza y vigor. Estrutas, viendo marchan en aquel
-momento las fuerzas enemigas en completo desorden con una vanguardia
-muy débil, se le opone de improviso con una caballería numerosa y
-bien ordenada. Son de los primeros en morir Tibrón y Tersandro, y
-los demás soldados, al saber que han perecido, emprenden la fuga,
-siendo perseguidos por el enemigo, que hace en ellos gran matanza,
-consiguiendo solo unos pocos refugiarse en las ciudades aliadas. Quedan
-también con vida algunos que no han salido con la expedición por
-ignorar que se verificase, ya que muchas veces, como en esta, Tibrón se
-ponía en marcha sin anunciarlo anticipadamente. De este modo tuvo lugar
-el referido desastre.
-
-Llegan a Lacedemonia algunos rodios desterrados por el pueblo, y
-declaran que es una indignidad tolerar que los atenienses ocupen
-a Rodas y robustezcan de tal modo su poderío. Comprendiendo los
-lacedemonios que efectivamente si el pueblo domina en Rodas toda la
-isla caerá en poder de los atenienses, y por el contrario, dominarían
-en ella si mandasen los ricos, equipan ocho naves bajo el mando de
-Écdico. Embárcase también en ellas Dífridas, a quien habían ordenado
-protegiese las ciudades que se habían entregado a Tibrón, reuniese los
-restos del ejército y aumentándolo con cuantas tropas pudiese reclutar,
-hiciese la guerra a Estrutas con todas estas fuerzas reunidas. Dífridas
-ejecuta estas órdenes y consigue algunas ventajas; apodérase del yerno
-de Estrutas, Tigranes, que se dirigía a Sardes con su esposa, y por
-el cual exige considerable rescate, que le proporciona los necesarios
-medios para pagar a sus tropas. Era Dífridas un hombre no menos amable
-que Tibrón, y un general más previsor y activo: no se dejaba dominar
-por los placeres corporales, y al mismo tiempo ponía todo su empeño en
-llevar a buen término cuanto se proponía.
-
-Al llegar Écdico a Cnido, y sabiendo que el pueblo de Rodas gobernaba
-en todos los asuntos de mar y tierra y que poseía doble número de
-trirremes de las que él traía consigo, se queda a la expectativa
-en Cnido, hasta que se convencen los lacedemonios de que no tiene
-bastantes fuerzas para ayudar a sus aliados, y ordenan a Teleutias
-se reúna a Écdico con las doce naves que están a sus órdenes en el
-golfo, en las zonas de Acaya y del Lequeo, y dictan las necesarias
-instrucciones para que volviéndose Écdico a Esparta abrace los
-intereses de cuantos se declaren amigos y cause todo el daño posible
-a los enemigos. Teleutias llega a Samos, donde toma el mando de las
-naves, y se hace a la vela para Cnido, regresando Écdico a la patria.
-Dirígese Teleutias a Rodas, teniendo a sus órdenes veintisiete naves, y
-por el camino encuentra casualmente a Filócrates, que venía de Atenas
-con diez trirremes y se dirigía a Chipre para auxiliar a Evágoras,
-apoderándose de todas ellas, con lo cual se invierten los papeles, pues
-los atenienses aliados del rey protegen a Evágoras, que hace la guerra
-a aquel, y Teleutias, mientras los lacedemonios están en guerra con
-el rey, destruye las naves que iban a hacerle la guerra. Vuélvese a
-Cnido para vender la presa, y después dirígese nuevamente a Rodas para
-socorrer a los partidarios de Esparta.
-
-Los atenienses, al ver que los espartanos vuelven a estar en camino
-para reconquistar su poderío sobre el mar, envían a Trasíbulo, el de
-Estiria, con cuarenta naves, quien no se dirige a Rodas, pues le parece
-difícil tomar venganza en los amigos de Lacedemonia, siendo, como son,
-dueños de una plaza fuerte y apoyados por la presencia de Teleutias y
-de su flota, y además no cree que los aliados de los atenienses corran
-peligro de sucumbir, pues poseen las ciudades, son superiores con mucho
-a sus adversarios, y acaban de ganar una batalla, por todo lo cual
-navega hacia el Helesponto, y no encontrando allí adversario alguno,
-imagina podrá prestar algún buen servicio a su patria. Habiendo,
-pues, sabido que Amádoco, rey de los odrisios, y Seutes, soberano del
-litoral, se hallaban enemistados, los reconcilia y se capta su amistad
-y alianza para Atenas, pues esperaba que, gracias a esta alianza,
-las ciudades griegas de Tracia estarían mejor dispuestas en favor
-de los atenienses. Y como estas comarcas, del propio modo que las
-ciudades griegas de Asia, no le daban inquietud alguna, a causa de la
-alianza del rey con Atenas, se dirige a Bizancio y asegura el diezmo
-que se exigía a las naves que salían del Ponto. Sustituye asimismo el
-gobierno democrático al oligárquico de los bizantinos, por lo que este
-pueblo ve con placer a gran número de atenienses que residen en su
-ciudad. Después de esto afirma con mayor seguridad la amistad de los
-calcedonios, y luego sale del Helesponto.
-
-Halla aliadas al partido lacedemonio a casi todas las ciudades de la
-isla de Lesbos, excepción hecha de Mitilene; pero no ataca a ninguna
-de ellas antes de haber reunido en esta población los cuatrocientos
-hoplitas que se hallaban en sus naves y todos los desterrados de
-aquellas ciudades que se habían refugiado en Mitilene, a los cuales
-añade asimismo los habitantes más valerosos de esta última población.
-Promete a los mitilenios que si se apodera de aquellas ciudades les
-dará la preeminencia sobre toda la isla; a los desterrados, que si
-reúnen sus fuerzas contra cada una de las ciudades de que han sido
-expatriados, se hallarán en condiciones para volver cada uno a su
-patria y a los marinos, que si consiguen hacer de la isla de Lesbos una
-aliada de Atenas, procurarán a esta un abundante manantial de riquezas.
-Después de haberles animado de esta suerte, forma sus tropas y las
-conduce contra Metimna.
-
-Cuando Terímaco, el gobernador lacedemonio, sabe la llegada de
-Trasíbulo, reúne los marineros de sus naves, los metimneos y a todos
-los mitilenios que se hallaban en la ciudad, y se dirige con sus
-tropas a la frontera. Librado el combate, perece Terímaco, sus tropas
-emprenden la fuga y mueren muchos de ellos. La mayor parte de las
-ciudades abren entonces las puertas a Trasíbulo, quien devasta a las
-que rehúsan rendirse, con lo cual procura dinero a sus soldados.
-Apresúrase después en volver a Rodas; pero a fin de infundir ánimo a
-su ejército, exige contribuciones a las diferentes ciudades y llega a
-Aspendo, sobre el río Eurimedonte. Había ya recibido el dinero de los
-aspendios, cuando sus soldados cometen algún destrozo en los campos,
-e irritados aquellos, verifican de noche una irrupción y le degüellan
-en su tienda. Así murió Trasíbulo, que era tenido por uno de los
-hombres mejores de su patria, y los atenienses eligen como su sucesor a
-Agirrio, que va a tomar el mando de las fuerzas.
-
-Los lacedemonios, al saber que los atenienses han vendido en Bizancio
-el diezmo sobre las naves que salen del Ponto, que ocupan a Calcedonia
-y que gracias a la amistad de Farnabazo se hallan en inmejorables
-relaciones con las demás ciudades del Helesponto, creen no deben
-descuidar sus asuntos. Nada tenían que echar en cara a Dercílidas;
-pero Anaxibio, que había sabido conquistarse el favor de los éforos,
-alcanza que se le mande como gobernador a Abido, prometiendo, si se
-le conceden subsidios y naves, hacer una guerra tan decidida a los
-atenienses, que su posición en el Helesponto no pueda sostenerse.
-Concédenle tres trirremes y el dinero necesario para poder sostener mil
-soldados mercenarios, y entonces se le manda a Abido. Una vez allí,
-recluta en los alrededores buen contingente de tropas mercenarias,
-aparta de la amistad de Farnabazo algunas ciudades de Eólida, ataca
-a las que se habían confederado contra Abido e invade y devasta su
-territorio, equipa además otras tres naves, que añade a las que posee,
-e intenta con ellas apoderarse en el mar de alguna nave ateniense o de
-sus aliados.
-
-Informados los atenienses de estos hechos, y temiendo ver destruido
-el predominio que ha obtenido para ellos Trasíbulo en el Helesponto,
-envían a Ifícrates con ocho naves y cerca de mil doscientos peltastas,
-la mayor parte de los cuales habían servido a sus órdenes en Corinto.
-Los argivos, una vez sometida Corinto, les habían declarado no
-necesitaban ya de ellos, acaso porque Ifícrates había hecho matar
-algunos argivos, por lo cual había regresado a Atenas, donde entonces
-se hallaba. Después de su llegada al Quersoneso, Anaxibio e Ifícrates
-pelean entre sí mandándose corsarios, pero algún tiempo después,
-habiendo sabido Ifícrates que Anaxibio se había dirigido a Antandro
-con sus mercenarios, con los lacedemonios que tenía a sus órdenes
-y doscientos hoplitas de Abido, y sabiendo además que se ha aliado
-con la ciudad de Antandro, sospecha que después de dejar allí una
-guarnición, regresará a Abido para conducir de nuevo a los habitantes
-de esta población, por lo cual, pasando la noche en lo más desierto del
-territorio de Abido, y subiendo a los montes, le prepara una emboscada;
-al propio tiempo ordena a las trirremes que le han conducido allí, se
-vuelvan al Quersoneso, para aparecer, como de ordinario, ocupadas tan
-solo en la exacción de tributos. Obrando de este modo no se equivocó,
-pues Anaxibio emprende su regreso sin que las víctimas, según se dice,
-fuesen favorables; pero esto no le inspira cuidado, pues tenía que
-pasar únicamente por territorio amigo hacia una ciudad aliada, y con la
-noticia que dan cuantos encuentra, de que Ifícrates navega en dirección
-a Proconeso, avanza completamente descuidado.
-
-Ifícrates, sin embargo, no se mueve mientras que el ejército de
-Anaxibio se halla a su misma altura; pero así que los abidenos, que
-formaban la vanguardia, han llegado a la llanura de Cremaste, donde se
-hallan las minas de oro, y que el ejército que le seguía se encuentra
-en la pendiente del monte que baja Anaxibio con los lacedemonios,
-échaseles encima a la carrera saliendo de su emboscada. Comprende
-Anaxibio que no tiene esperanza alguna de salvación, y contemplando la
-larga línea de su ejército, que se extiende por el desfiladero, conoce
-que la montaña impedirá vengan en su auxilio los que le preceden.
-Viendo, pues, el terror que se apodera de todas sus tropas cuando se
-aperciben de la emboscada, dice a los que le rodean: «Amigos, hermoso
-me parece el morir aquí; procurad salvaros vosotros, antes de que
-vengáis a las manos con los enemigos.» Dice esto, y tomando el escudo
-a su paje, halla la muerte combatiendo. Perece a su lado su amado, así
-como unos doce gobernadores lacedemonios de diferentes ciudades, y el
-resto, o perece en la fuga o es perseguido hasta la ciudad. Quedan en
-el campo unos doscientos hoplitas y unos cincuenta abidenos, después de
-lo cual, Ifícrates regresa nuevamente al Quersoneso.
-
-
-
-
-LIBRO QUINTO.
-
-CAPÍTULO PRIMERO.
-
-
-Tal era el estado de los asuntos de los atenienses y lacedemonios en
-el Helesponto[174]. Eteónico, sin embargo, había regresado a Egina,
-cuyos habitantes habían mantenido hasta entonces amistosas relaciones
-con los atenienses, y de acuerdo con los éforos animaba a cuantos
-quisieran ir a saquear el Ática por mar, dando por motivo que la
-guerra estaba en toda su fuerza. Encerrados así los atenienses dentro
-de sus muros, envían a Egina una expedición de hoplitas a las órdenes
-de Pánfilo, su general, los cuales se atrincheran en la isla, y como
-tenían diez trirremes, sitian a los eginetas por mar y por tierra. Pero
-cuando Teleutias, que se hallaba en las islas ocupado en la exacción
-de tributos, sabe que está bloqueada Egina, acude en su auxilio y
-hace retirar las naves atenienses, aunque sosteniéndose Pánfilo en sus
-atrincheramientos.
-
-Llega mientras tanto Hiérax, enviado por los lacedemonios, toma
-el mando de la flota, y Teleutias regresa a su patria bajo los
-más favorables auspicios. Efectivamente, al bajar al puerto para
-embarcarse, no hay ningún soldado que no quiera estrecharle la mano:
-unos le coronan de flores, otros le ponen las ínfulas[175], y aun
-aquellos que llegan tarde para despedirle, arrojan al mar las coronas
-mientras se aleja y le desean toda clase de prosperidades. Bien sé
-que en estas cosas no hay ni grandes gastos, ni peligros, ni notables
-astucias de guerra y sin embargo, ¡por Zeus!, no me parecería impropio
-de un buen historiador el investigar los medios por los cuales
-Teleutias consiguió hacerse querer de sus subordinados, pues ni las
-riquezas ni los peligros son tan dignos de recordación como la conducta
-de un hombre como este.
-
-Hiérax, haciéndose a la vela para Rodas con sus restantes naves, deja
-doce de ellas en Egina, a las órdenes de Gorgopas, su lugarteniente,
-con las atribuciones de harmosta o gobernador. Desde entonces, en
-realidad, los atenienses de la fortaleza hállanse más sitiados que
-los habitantes de la ciudad; por lo cual, en virtud de un decreto
-del pueblo, equipando los atenienses gran número de naves, abandonan
-sus fortificaciones al quinto mes de su ocupación y conducen la
-guarnición a su patria. Hecho esto, sufriendo mucho los atenienses a
-causa de Gorgopas y de los corsarios, equipan trece naves, que ponen
-a las órdenes de Éunomo. Mientras se halla Hiérax en Rodas, nombran
-los lacedemonios a Antálcidas comandante de las naves, creyendo que
-este nombramiento será del agrado de Tiribazo, y al llegar aquel a
-Egina se hace seguir por las naves de Gorgopas y se dirige a Éfeso,
-desde donde envía de nuevo a Egina a Gorgopas con sus doce naves, y
-pone al frente de las restantes a su lugarteniente Nicóloco. Se hace
-este a la vela hacia Abido, con el fin de socorrerla; pero antes se
-detiene en Ténedos, cuya comarca saquea, y en la cual exige fuertes
-contribuciones. Reúnense los generales atenienses de Samotracia, Tasos
-y de los países comarcanos, para acudir en socorro de Ténedos, y cuando
-tienen aviso de que Nicóloco se halla en Abido, salen del Quersoneso y
-bloquean con sus treinta y dos naves la flota de aquel, que tiene solo
-veinticinco.
-
-Gorgopas, al volver de Éfeso, encuentra a Éunomo; pero se refugia
-precipitadamente en Egina a la caída del sol, y al desembarcar hace
-cenar inmediatamente a sus tropas. Éunomo, después de aguardar algún
-tiempo, se retira, y sobreviniendo la noche tenía luz, según costumbre,
-en su nave, que marchaba al frente de las demás, para que no pudiera
-extraviarse ninguna de las que le seguían. Embarca entonces de nuevo
-Gorgopas a sus tropas y sigue a cierta distancia aquel resplandor,
-procurando no ser apercibido; para no despertar sospechas, los
-celeustes[176] dan las voces de mando golpeando dos piedras entre sí,
-en vez de darlas de palabra, y reman sin hacer mucho ruido. Cuando las
-naves de Éunomo han llegado ya a la costa de Ática, cerca de Zoster, da
-Gorgopas la orden de ataque con la trompeta. En las naves de Éunomo,
-unos desembarcaban ya, otros echaban anclas y otros aún navegaban.
-Principia el combate a la luz de la luna, y Gorgopas se apodera de
-cuatro trirremes, que remolcadas por las suyas se lleva a Egina, y las
-demás consiguen huir al Pireo.
-
-Después de estos sucesos, parte Cabrias para Chipre a fin de socorrer
-a Evágoras, con ochocientos peltastas y diez trirremes, y tomando
-en Atenas otras naves y hoplitas, aborda durante la noche a Egina,
-emboscándose con los peltastas en un lugar oculto a alguna distancia
-del Heracleo[177]. Al rayar el alba, conforme a lo que se había
-acordado, los hoplitas atenienses, a las órdenes de Deméneto, avanzan
-hasta unos diez y seis estadios del Heracleo, a un sitio llamado la
-Tripirgia[178]. Al saberlo Gorgopas, se dirige al encuentro del enemigo
-con los eginetas, los soldados de su flota y ocho espartanos que
-estaban con él: hace saber también a los equipajes de sus naves deben
-seguirle cuantos sean de condición libre, y algunos hay que comparecen
-con las primeras armas que hallan a mano. Así que las primeras filas
-han dejado atrás a la emboscada, Cabrias y los suyos se arrojan sobre
-ellos, agobiándolos con sus proyectiles; acuden en este momento los
-hoplitas que han desembarcado de las naves, y pronto queda destruida
-la vanguardia, de que forman parte Gorgopas y los lacedemonios, pues
-no puede ofrecer una resistencia compacta; y una vez muertos estos,
-el resto emprende la fuga. Quedan en el campo unos ciento cincuenta
-eginetas y más de doscientos hombres mercenarios, metecos y marineros
-que habían tomado parte en esta salida; con cuya victoria, los
-atenienses pueden navegar con tanta confianza como si se estuviese en
-plena paz, pues por no haber recibido sus pagas rehúsan los marineros
-servir a Eteónico, aunque pretenda este obligarles a ello.
-
-Es enviado de nuevo Teleutias para ponerse al frente de estas naves, y
-al verle los marineros manifiestan abiertamente su satisfacción, y él,
-reuniéndoles, les dice:
-
---«Soldados, llego sin traeros dinero; pero si el dios[179] lo permite
-y vosotros me ayudáis con vuestros esfuerzos, haré todo lo posible para
-procuraros víveres en abundancia, pues bien sabéis que mientras habéis
-estado a mis órdenes he tenido mucho empeño en que nada os faltase; y
-acaso os admiréis si os digo que preferiría carecer yo de víveres a
-que vosotros estuvieseis sin ellos, pues ¡por los dioses! os aseguro
-sufriría mejor estar dos días sin comer, que no veros a vosotros sin
-víveres un solo día. Hasta hoy siempre ha estado abierta mi puerta a
-todo el que ha tenido que pedirme algo; del propio modo continuará
-de hoy en adelante: así es, que únicamente cuando vosotros tengáis
-abundantes provisiones, me veréis a mí vivir con esplendidez; pero
-sabed también soportar el frío, el calor y las vigilias, mientras
-veáis tengo yo también que sufrirlas, pues si os impongo esta conducta
-no es por el placer de atormentaros, sino para que podáis recoger de
-ello grandes resultados. Soldados, añade, nuestra patria, que todo el
-mundo reconoce como la más floreciente, no ha llegado a este grado
-de prosperidad abandonándose a la molicie, sino, por el contrario,
-sabedlo bien, exponiéndose a los trabajos y peligros cuando ha sido
-necesario. También vosotros, lo sé muy bien, os habéis portado como
-unos valientes; pero es preciso procuréis hoy sobrepujaros a vosotros
-mismos, para que participemos con gozo de vuestras penalidades y de
-vuestras victorias; porque ¿qué hay, en efecto, más hermoso que el no
-tener que adular a nadie, ni griego, ni bárbaro, para obtener una paga,
-y hallarse en estado de procurarse su subsistencia por sí mismos y del
-modo más glorioso? Pues no debéis olvidar que la abundancia que en la
-guerra nos procuramos a expensas del enemigo, produce a la vez nuestro
-sustento y la gloria a los ojos de todos.»
-
-Esto dijo, y todos gritan que están prontos a obedecer cuanto les
-mande. En este momento estaba ofreciendo el sacrificio y les dice:
-
---«Soldados, id ahora a cenar, como ibais a hacer, y después de tomar
-víveres para un día, volved inmediatamente a las naves para que nos
-dirijamos a donde el dios tenga a bien llevarnos y lleguemos en momento
-oportuno.»
-
-Da la orden de embarcarse cuando vuelven y se hace a la vela de noche
-hacia el puerto de Atenas, mandándoles unas veces remar y otras
-ordenándoles el descanso. Si alguno cree una locura el ir a atacar
-con doce trirremes a un enemigo dueño de tantas naves, reflexione
-un momento que Teleutias pensaba que los atenienses debían tener en
-completo descuido la flota del puerto después de haber muerto Gorgopas,
-y que aunque allí hubiese muchas naves arregladas, prefería atacar a
-veinte estacionadas, que a diez en el mar, pues en estas los marinos
-no pueden abandonar ni un momento su nave, y por el contrario, sabía
-que los jefes de las naves ancladas en Atenas duermen en sus casas y
-habitan los marinos en distintos lugares.
-
-Con estos pensamientos se hace a la vela: cuando no dista ya del
-puerto más que unos cinco o seis estadios, se detiene y hace tomar
-algún descanso a sus soldados, y cuando apunta el día, se adelanta
-seguido de los demás buques. Prohíbeles echar a pique o atacar ninguna
-nave redonda, pero ordénales que cuando vean alguna trirreme anclada,
-procuren ponerla fuera de combate, que se amarren a los buques de
-transporte o de carga y procuren remolcarlos fuera del puerto, y
-en cuanto a las naves de mayores dimensiones, las aborden y hagan
-prisionera a toda la tripulación. Hubo algunos que, arrojándose sobre
-el Digma[180], se apoderaron de varios comerciantes y propietarios
-de naves y los condujeron a su flota. Todas las órdenes de Teleutias
-fueron puntualmente ejecutadas.
-
-Los atenienses, al apercibirse de que pasaba algo extraordinario, salen
-fuera de sus casas para averiguar lo que era: unos van en busca de
-armas, y otros esparcen la noticia por la ciudad. Todos los atenienses
-hoplitas o de caballería llegan entonces armados al Pireo, que creen
-en poder del enemigo; pero Teleutias envía a Egina las naves de que se
-ha apoderado, haciéndolas escoltar por tres o cuatro de sus trirremes,
-y después, alejándose del puerto con las demás naves, se retira
-costeando por el Ática, se apodera de muchas barcas de pescadores y
-de naves mercantes llenas de pasajeros que venían de las islas, y
-se dirige a Sunio, donde toma gran cantidad de buques de transporte
-cargados de grano o de mercancías. Hecho esto, regresa a Egina, donde
-vende su presa, y con el producto de ella da a sus soldados la paga de
-un mes. Continúa después recorriendo el mar y tomando cuanto encuentra,
-con lo cual consigue mantener sus tripulaciones y se granjea soldados
-que lo sirven con placer y prontitud.
-
-Antálcidas volvía de su visita a Tiribazo, después de haber negociado
-la alianza con el rey para el caso en que los atenienses y sus aliados
-no quisieran aceptar la paz que este les proponía; pero cuando sabe
-que Nicóloco y su flota se hallan bloqueados en Abido por Ifícrates
-y Diotimo, se dirige a pie a dicha población, y tomando el mando
-de la flota, se hace a la vela durante la noche, después de haber
-esparcido el rumor de que ha sido llamado por los calcedonios, y aborda
-a Percote, donde se entrega al reposo. Habiendo sabido Deméneto,
-Dionisio, Leóntico y Fanias su marcha, salen en su persecución por el
-lado de Proconeso; pero después que aquellos hubieron partido, regresa
-a Abido, pues había llegado a su conocimiento que debía llegar Políxeno
-con las naves de Siracusa y de Italia y quería se juntaran a sus naves.
-
-Mientras tanto, Trasíbulo de Colito[181] sale de Tracia con ocho naves
-para reunirse a la flota ateniense. Habiendo los vigías anunciado se
-hallan a la vista ocho trirremes, hace Antálcidas embarcar los marinos
-en sus doce naves más veleras, y dando orden de completar cuanto
-pudiera faltar en los equipajes con los de las naves que deja, se
-pone en emboscada, ocultándose lo mejor que puede. Deja después pasar
-las trirremes, y entra entonces en sus aguas; así que le distinguen,
-emprenden la fuga, pero sus buenos veleros alcanzan pronto a las más
-pesadas. Prohibe a sus naves las ataquen, y continúa en persecución de
-las más lejanas. Cuando se han apoderado de ellas, pierden ánimo las
-naves atenienses que ha dejado detrás, y no oponen gran resistencia a
-las últimas de los lacedemonios, con lo cual todos caen en su poder.
-
-Además de las veinte naves de Siracusa que vienen a juntarse a
-Antálcidas, llegan otras de la parte de Jonia sometida a Tiribazo,
-así como varias equipadas por la provincia de Ariobarzanes, con quien
-se hallaba desde largos años unido por los lazos de la amistad: por
-otra parte, Farnabazo, llamado por el rey, se había dirigido hacia
-la capital, ya que entonces fue cuando se casó con la hija del rey.
-Antálcidas, que se hallaba al frente de más de ochenta naves, domina
-en el mar e impide la navegación de las naves que del Ponto debían
-dirigirse a Atenas, obligándolas a refugiarse en los puertos de los
-aliados.
-
-Viendo los atenienses la fuerza de la flota enemiga, y temiendo termine
-esta guerra de un modo tan desastroso para ellos como la primera,
-sobre todo después de haberse aliado el rey con los lacedemonios, y
-acosados además por los corsarios de Egina, desean vivamente la paz.
-Los lacedemonios, que sostenían un ejército en el Lequeo y otro en
-Orcómeno, y que se veían obligados a tener guarniciones en varias
-ciudades, en las fieles para no perderlas y en las sospechosas para
-que no se uniesen a los enemigos, y teniendo que soportar asimismo
-en Corinto todas las contingencias de una guerra, sentíanse también
-fatigados por la duración de esta lucha. En cuanto a los argivos,
-viendo que se había decretado una expedición contra ellos, y sabiendo
-por experiencia que el pretexto de los meses sagrados no les sirve para
-nada, desean igualmente la paz.
-
-Por todo lo cual, cuando Tiribazo propone a cuantos deseen saber las
-condiciones de la paz que aceptará el rey acudan a su presencia,
-todos se apresuran a realizarlo. Cuando se hallan reunidos, Tiribazo,
-mostrándoles el sello real, da lectura a un escrito que decía:
-
- «El rey Artajerjes considera justo ser reconocido como dueño de las
- ciudades griegas de Asia, así como de las islas de Clazómenas y
- Chipre, y que sean independientes las demás, pequeñas o grandes, a
- excepción de Lemnos, Imbros y Esciros, que continuarán como siempre
- sujetas a los atenienses. Todos los que no acepten esta paz serán
- reputados enemigos míos, y les haré la guerra con los que la acepten,
- así por mar como por tierra, y sin economizar dinero ni naves para
- ello.»
-
-Después de haber oído estas condiciones, los diputados de las ciudades
-las participan a sus respectivos estados. Juran todos[182] su
-cumplimiento, y los tebanos quieren prestar juramento por toda Beocia;
-pero Agesilao rehúsa recibirlo si, como decía el escrito real, no
-juran respetar la independencia de las ciudades grandes y pequeñas:
-contéstanle aquellos diputados que no habían recibido instrucciones
-suficientes.
-
---«Id, pues --les dice Agesilao--, y pedidlas, pero anunciad al mismo
-tiempo a los vuestros que si no lo hacen, serán declarados fuera del
-tratado.»
-
-Parten dichos diputados, y Agesilao, a causa de su odio a los tebanos,
-no quiere aguardar, y persuadiendo a los éforos, ofrece el sacrificio
-de partida. Así que lo ha verificado, se dirige a Tegea, de donde
-manda algunos soldados de caballería para apresurar los reclutamientos
-en los alrededores, y varios mensajeros a las ciudades; pero antes
-de que saliese de Tegea llegan los tebanos declarándole reconocen la
-independencia de las ciudades. De este modo tienen los lacedemonios
-que volverse a su población, después de haber obligado a entrar en el
-tratado a los tebanos y haberles hecho reconocer la independencia de
-las ciudades beocias. Los corintios no recogían tampoco su guarnición
-de Argos; pero Agesilao les anuncia que si no se retiran, y a los
-argivos que si no salen de Corinto, les declarará a todos la guerra.
-Apodérase el miedo de ambas partes, y se retiran los argivos, volviendo
-a tomar Corinto su antiguo gobierno, pues los autores de los degüellos
-y sus cómplices se deciden voluntariamente a abandonar la ciudad, y
-los demás ciudadanos llaman con placer a los expatriados.
-
-Después que tiene lugar todo esto, y cuando las ciudades se han
-obligado por juramento a observar la paz dictada por el rey,
-licéncianse los ejércitos de mar y tierra. Celebran de este modo su
-primera paz los lacedemonios, los atenienses y los aliados[183],
-después de la guerra que siguió a la demolición de los muros de
-Atenas. Los lacedemonios, después de haber hecho inclinar a su parte
-las ventajas durante la guerra, consíguenlas mayores con la paz, pues
-no solo fueron los promovedores de esta cerca del rey y obtuvieron
-la independencia de las ciudades, convirtieron a Corinto en aliada
-y libertaron a las ciudades beocias de la dominación tebana, cosa
-que deseaban desde largo tiempo, sino que además hicieron cesar la
-ocupación de Corinto por los argivos, amenazándoles con la guerra si no
-se retiraban de dicha ciudad.
-
-
-
-
-CAPÍTULO II.
-
-
-Aunque todo hubiera salido a medida de su deseo, los lacedemonios son
-de parecer de castigar a aquellos de sus aliados que durante la guerra
-se han pasado a sus contrarios, o han mostrado más benevolencia hacia
-sus enemigos que hacia Lacedemonia, para quitarles de este modo los
-medios de una nueva defección. Envían primeramente a los mantineos la
-orden de demoler sus muros, diciendo que no pueden asegurar de otra
-manera su fidelidad, pues pretenden estar ciertos de que enviaron trigo
-a los argivos cuando estos se hallaban en guerra con Lacedemonia, que
-a menudo rehusaban tomar parte en las expediciones, a pretexto de
-la tregua sagrada, y que si les acompañaban hacían mal el servicio.
-Añadían también que no ignoraban su envidia cuando alcanzaban alguna
-victoria los espartanos, y su gozo cuando sufrían alguna derrota.
-Recuérdase asimismo que la tregua de treinta años, concertada después
-de la batalla de Mantinea, ha terminado en este mismo año. Rehúsan los
-mantineos demoler sus muros, por lo cual decrétase contra ellos una
-expedición[184]. Agesilao suplica a la ciudad se le dispense de dirigir
-esta expedición, pues la ciudad de Mantinea había prestado grandes
-servicios a su padre en las guerras de Mesenia; por lo cual se nombra
-jefe de ella a Agesípolis, a pesar de los lazos de amistad que había
-tenido su padre con los principales de Mantinea.
-
-Apenas ha llegado a este país lo entrega al saqueo; sin embargo, como
-a pesar de esto los mantineos no demolían sus muros, hace excavar un
-foso alrededor de la ciudad, empleando en este trabajo la mitad de
-sus tropas, mientras la otra mitad está sobre las armas protegiendo
-a los trabajadores. Una vez terminado este foso, podía ya con plena
-seguridad levantar un contramuro alrededor de la ciudad; pero al
-saber que hay en ella mucho trigo, por haber sido muy fértil el año
-precedente, cree que corre el riesgo de arruinar a Lacedemonia y a los
-aliados con largas campañas, y corta el río que pasa por la ciudad y
-que era bastante considerable. Hallándose así obstruido el curso del
-río, el agua retrocede y se extiende sobre los cimientos de las casas y
-de la muralla; luego que se mojan los ladrillos de la parte inferior,
-no pueden sostener el peso de los de arriba y principia el muro a
-hundirse, y finalmente se derrumba. Intentan los sitiados, durante
-algún tiempo, apuntalarlo con maderos, e imaginan varios medios para
-que no caiga la torre; pero vencidos por las aguas y temiendo que
-una vez haya caído la muralla sean tomados por asalto, consienten en
-arrasar sus muros. Los lacedemonios rehúsan entonces tratar con ellos,
-sino con la condición de repartir su población entre las inmediatas,
-y las mantineos, viendo que no pueden evitarlo, se muestran prontos a
-hacerlo.
-
-Los partidarios de Argos y los principales de la población juzgaban se
-les condenaría a muerte; pero Agesípolis consiente, a instancias de su
-padre, en dejarles salir de la ciudad completamente seguros, en número
-de sesenta. Los lacedemonios, con la lanza en la mano, se colocan para
-verlos salir a ambos lados de las puertas de la ciudad, y a pesar de su
-odio, dicho sea como una gran prueba de disciplina, les cuesta menos
-trabajo el abstenerse de ofenderles que a los oligarcas mantineos.
-Después hacen arrasar el muro y reparten en cuatro barrios la población
-de Mantinea, conforme estaba dividida en otro tiempo. Apesadúmbrales
-este cambio en los primeros momentos, porque era preciso derribar las
-casas que poseían y levantar otras; pero al ver los propietarios que
-permanecen de este modo más cercanos a sus tierras, que se hallaban
-junto a los suburbios, que dominarán con el gobierno aristocrático,
-y que de este modo se verán libres de los turbulentos demócratas,
-concluyen por regocijarse de lo sucedido. Los lacedemonios no les
-mandan un solo oficial para todos, sino uno para cada barrio; y los
-mantineos, bajo su nueva constitución, toman parte más activa en la
-guerra que bajo la democracia. He aquí lo que sucedió en Mantinea; esto
-puede servir de experiencia para que no se deje pasar nunca un río por
-dentro las murallas.
-
-Cuando los fugitivos de Fliunte saben que los lacedemonios examinaban
-la conducta retrospectiva de sus aliados durante la guerra,
-consideraron la ocasión oportuna y se dirigieron a Lacedemonia,
-recordando a los espartanos que mientras estuvieron ellos en su patria,
-la ciudad les recibió siempre dentro de sus muros y los habitantes
-estuvieron siempre dispuestos a acompañarles en guerra donde quisieron,
-y que después de haber sido arrojados de su población, en cosa
-alguna querían obedecerles, y eran los únicos a quienes se rehusaba
-la entrada en la población. Al oír esto los éforos, juzgan digno de
-observación su parecer, y envían a decir a los fliasios que siendo
-amigos de Lacedemonia, sus desterrados no habían merecido esta pena,
-y por lo tanto, parecíales oportuno fuesen llamados voluntariamente
-por la ciudad, mejor que hacérselos llamar a la fuerza. Los fliasios,
-después de oír este mensaje, temen que si marchan contra ellos
-los lacedemonios, haya algunas personas dentro de la ciudad que les
-introduzcan, y efectivamente, contaban en ella los expatriados buen
-número de parientes y partidarios, y además hallábanse en ella, como
-sucede en casi todas las ciudades, bastantes individuos que deseaban
-un cambio en la cosa pública, así como el levantamiento del destierro
-a los expatriados. Por todo lo cual decretan sean nuevamente admitidos
-los desterrados y se les devuelvan los bienes cuya propiedad se pruebe,
-indemnizando a los actuales poseedores con fondos del tesoro público,
-y para el caso de sobrevenir algún litigio, que se decida en justicia.
-He aquí lo que sucedió durante este tiempo, relativamente a los
-desterrados fliasios.
-
-Llegan a Lacedemonia mensajeros de Acanto y Apolonia, las dos ciudades
-más importantes de las cercanías de Olinto. Introducidos en la asamblea
-y ante los aliados, después de haber visto a los éforos, el acantio
-Clígenes dice:
-
-«Espartanos y aliados: creemos ignoráis algo de lo que sucede en
-Grecia. Bien sabéis vosotros todos que Olinto es la mayor ciudad
-de Tracia; los olintios han principiado por apoderarse de algunas
-ciudades, y después de someterlas les han impuesto sus leyes y su
-constitución: más tarde han dominado en ciudades más importantes,
-después de lo cual han procurado desligar de la dominación de Amintas,
-rey de Macedonia, a las ciudades de esta región, y después de haber
-persuadido a las más cercanas, se han dirigido igualmente hacia las más
-distantes y poderosas: nosotros mismos les hemos dejado en posesión de
-gran número de ciudades, entre ellas de Pela, la más importante de
-todas las de Macedonia, y hemos sabido que el mismo Amintas habíase
-visto obligado a abandonar su capital, y que poco falta para que no
-se vea arrojado de toda Macedonia. Nos han enviado también muy a
-menudo diputados para anunciarnos a los acantios y apolonios, que si
-no juntamos nuestras tropas a las suyas, nos declararán la guerra.
-Nosotros, oh lacedemonios, queremos conservar nuestras antiguas leyes y
-nuestro gobierno nacional; pero si nadie viene a prestarnos su auxilio,
-tendremos necesariamente que unirnos a ellos: tienen ya más de ocho
-mil peltastas, y si tenemos que unir nuestras fuerzas a las suyas,
-tendrán más de mil caballos. Hemos dejado allí diputados atenienses
-y beocios, y hemos sabido que habían decretado también los olintios
-enviar mensajeros a esas repúblicas para negociar una alianza. Si dicha
-fuerza se junta a la de los atenienses y tebanos, ya podéis comprender,
-añaden, qué invencible poder adquirirán vuestros enemigos. Se han
-apoderado ya de Potidea, en el istmo de Palene; juzgad si tardarán
-mucho en someter todas las ciudades que están aquende el mismo. Una
-prueba de cuánto temor inspiran a todas aquellas ciudades es, que a
-pesar del odio que sienten todos hacia los olintios, no se han atrevido
-a enviar diputados con nosotros para enteraros de cuanto sucede.
-
-»Reflexionad también si sois consecuentes, después de haber procurado
-con tanto interés que las ciudades de Beocia no estén reunidas bajo el
-poder de un solo jefe, dejando ahora se forme un poder mucho mayor, y
-que amenaza aumentar cada día, no solo por tierra, sino también por
-mar. ¿Qué obstáculo podría, en efecto, hallarse para ello en un país
-que posee en abundancia maderas de construcción, ingresos de grande
-importancia en los mercados, y una numerosa población favorecida por
-la fertilidad del suelo? Además, este país hállase inmediato al de
-los tracios independientes, que ya actualmente se muestran con ellos
-muy deferentes: si este pueblo cayera también bajo su dominación,
-adquirirían mucha mayor fuerza y poder, sin contar con que, una vez
-dominados los tracios, las minas de oro del Pangeo se ofrecerán a su
-vista. Y nada de cuanto os decimos ha dejado de repetirse mil y mil
-veces en la asamblea popular de los olintios. ¿Quién podría decir hasta
-dónde llegan sus pretensiones? porque parece, en efecto, que el dios
-haya querido fuesen aumentadas las pretensiones de los hombres a medida
-que va en aumento su poder.
-
-»Venimos, pues, lacedemonios y aliados, a participaros el estado en que
-se hallan nuestros asuntos: ahora vosotros deliberaréis si os parecen
-dignos de atención. Es preciso, sin embargo, que sepáis que esta grande
-fuerza de que os hemos hablado no es en modo alguno inatacable, porque,
-en efecto, todas las ciudades a las cuales se ha impuesto un gobierno
-que detestan, le abandonarán así que vean oponérsele un partido
-importante; pero si se les deja el tiempo de unirse estrechamente por
-los lazos del matrimonio y por las adquisiciones que han decretado, y
-de ver que puede sacarse provecho siendo del partido del más fuerte,
-como sucede a los arcadios cuando os acompañan, pues aseguran sus
-bienes y se apoderan de los de los enemigos, entonces este poder será
-menos fácilmente abatido.»
-
-Después de haber dicho esto, invitan los lacedemonios a los aliados
-para que den su parecer en el mejor sentido para el Peloponeso y
-para los aliados, y un gran número de ellos, principalmente los que
-quieren dar gusto a los lacedemonios, se declaran por la expedición,
-decidiéndose que cada ciudad enviará su contingente para un ejército
-de diez mil hombres, permitiéndose también a las ciudades el que den
-dinero en lugar de hombres, a razón de un trióbolo de Egina[185]
-por individuo, y las que tienen que proporcionar caballería pagarán
-por cada soldado de ella el sueldo de cuatro hoplitas. Apruébase
-asimismo que si alguna ciudad falta al llamamiento, podrán condenarla
-los lacedemonios a la indemnización de un estatero[186] diario por
-individuo.
-
-Convenidos estos extremos, levántanse los acantios y hacen nuevamente
-uso de la palabra para declarar que ciertamente son muy buenas estas
-condiciones, pero que no son susceptibles de la prontitud que el
-asunto reclama. Añaden que valdría más que mientras se verifican
-estos preparativos partiese al instante un jefe con todas las fuerzas
-disponibles en Esparta y en las ciudades aliadas, y que al obrar así,
-las ciudades que aún no se hubiesen unido a los olintios, no llegarían
-a realizarlo, y que las que lo estuviesen ya, les prestarían un
-auxilio más débil. Prevalece igualmente esta opinión, y envían los
-lacedemonios a Eudámidas con los neodamodes y unos dos mil periecos y
-esciritas[187].
-
-Eudámidas, antes de marchar ruega a los éforos den a su hermano Fébidas
-orden para reunir el resto de las tropas que no se le habían aún
-juntado, y para conducirlas. Así que llega a las comarcas fronterizas
-de Tracia, envía guarniciones a las ciudades que las desean, y ocupa a
-Potidea, que se entrega voluntariamente, pues desde largo tiempo era
-aliada de los lacedemonios, y de allí verifica varias excursiones,
-haciendo la guerra en cuanto se lo permite la exigüidad de sus fuerzas.
-
-Fébidas, después de reunir las tropas que no se habían podido juntar
-a Eudámidas, colocándose a su cabeza, se pone en marcha. Llegado a
-Tebas, acampa fuera de la ciudad, no lejos del gimnasio. Hallábanse en
-disensión los tebanos: los dos polemarcas Ismenias y Leontíades eran
-enemigos y estaba cada uno al frente de su partido. Ismenias, por odio
-a los lacedemonios, no visitó siquiera a Fébidas; pero Leontíades le
-agasaja, y cuando hubo intimado con él, le dice:
-
---«Fébidas, hoy puedes prestar el mayor servicio a tu patria, pues si
-quieres seguirme con tus hoplitas, te introduciré en la acrópolis, y
-una vez te hayas apoderado de ella, puedes estar seguro de que Tebas se
-hallará completamente bajo el poder de los lacedemonios y de nuestro
-partido, que os es enteramente afecto. En verdad que ahora, como ves,
-ha sido pregonada la prohibición a todo tebano para acompañarte contra
-los olintios; pero si nos ayudas a llevar a cabo nuestros planes,
-enviaremos contigo gran número de hoplitas y caballos; de manera que
-conducirás numerosos refuerzos a tu hermano, y mientras este procura
-apoderarse de Olinto, tú te habrás hecho dueño de Tebas, ciudad mucho
-mayor que aquella.»
-
-Deslúmbrase Fébidas ante este discurso, pues prefería a la misma vida
-cualquier brillante proeza; bien es verdad que no tenía fama de muy
-razonable ni muy sensato. Luego que ha consentido en ello, Leontíades
-le dice que emprenda la marcha como si fuese ya su partida definitiva,
-y cuando sea oportuno, le dice, me juntaré a ti y te serviré de guía.
-La asamblea tenía lugar en este momento bajo los pórticos de la plaza
-pública, pues las mujeres celebraban las Tesmoforias en la Cadmea; era
-en verano y a la hora del mediodía, por lo cual las calles se hallaban
-desiertas. Leontíades, saltando entonces a caballo, hace retroceder
-a Fébidas y le conduce a la acrópolis. Después de haber establecido
-allí a Fébidas y a sus tropas, le entrega las llaves de las puertas y
-le recomienda no deje entrar a nadie sin orden suya, y se dirige al
-senado. Llegado allí, dice:
-
-«Ciudadanos: los lacedemonios ocupan la acrópolis: no os asustéis
-por ello, pues declaran no tratarán como enemigo al que no quiera la
-guerra. Pero yo, en virtud de la ley que permite al polemarca prender a
-todo hombre cuya conducta merezca la muerte, hago prender a Ismenias,
-aquí presente, como fautor de la guerra. Vosotros, pues, capitanes de
-las cohortes, y todos los restantes a quienes esto incumbe, levantaos,
-apoderaos de este hombre y conducidle al lugar convenido.»
-
-Estos, que habían recibido anticipadamente sus instrucciones, obedecen
-y se apoderan de Ismenias: en cuanto a aquellos que nada saben y que
-pertenecen al partido opuesto a Leontíades, unos huyen inmediatamente
-de la ciudad por temor de que se les condene a muerte, y los otros se
-dirigen primero a sus casas, y al saber que Ismenias está preso en
-la Cadmea, se refugian en Atenas en número de unos trescientos, todos
-ellos partidarios de Androclidas e Ismenias. Después de haber hecho
-todo esto, eligen un nuevo polemarca para la vacante de Ismenias, y
-Leontíades se dirige inmediatamente a Esparta. Encuentra allí a los
-éforos y al pueblo fuertemente irritado contra Fébidas, porque ha
-obrado en todo eso sin conocimiento del gobierno. Sin embargo, Agesilao
-dice que si su conducta ha sido funesta a los intereses de Lacedemonia,
-debe ser castigado; pero que si ha sido ventajosa para la ciudad, es
-costumbre muy antigua poder tomar a su cuenta y riesgos tales golpes
-de mano. «Se trata, pues --dice--, de averiguar si son favorables o
-contrarios para Lacedemonia estos sucesos.» Presentándose entonces
-Leontíades ante los miembros del senado, les dice:
-
-«Ciudadanos lacedemonios: antes de los actuales sucesos conocíais y
-censurabais los hostiles sentimientos que hacia vosotros abrigaban
-los tebanos, pues les veíais siempre amigos de vuestros adversarios
-y enemigos de vuestros aliados. ¿No rehusaron, acaso, seguiros en
-vuestra expedición contra el pueblo del Pireo, vuestro más acérrimo
-enemigo? ¿No hicieron también la guerra a los focidios porque los veían
-favorablemente dispuestos a vosotros? Y ahora, ¿no acaban de concertar
-una alianza con los olintios, porque sabían os dirigíais contra
-ellos? Siempre teníais en la mente la posibilidad de que se apoderaran
-violentamente de Beocia para sujetarla a su dominio, mientras que
-ahora, después de lo que ha ocurrido, nada tenéis ya que temer de los
-tebanos, y bastará mostréis una pequeña escítala[188] para que veáis
-cumplimentadas allí vuestras órdenes, si queréis interesaros por
-nosotros como nosotros nos interesamos por Esparta.»
-
-Después de oído este discurso, determinan los lacedemonios conservar
-la acrópolis, ya que se halla en su poder, y hacer juzgar a Ismenias,
-para cuyo objeto mandan tres jueces lacedemonios y uno por cada ciudad
-aliada, así de las grandes como de las pequeñas. Una vez reunido este
-tribunal, se acusa a Ismenias de haber sostenido relaciones con los
-bárbaros; de estar ligado por la hospitalidad con el rey de Persia, en
-daño de Grecia; de haber aceptado dinero del rey, y de haber sido autor
-con Androclidas de las turbulencias de las ciudades griegas. Defiéndese
-Ismenias de todos estos cargos; pero no puede, sin embargo, probar que
-no alimente grandes y perniciosos designios, y es condenado a muerte,
-sufriendo inmediatamente su pena. Leontíades y sus partidarios quedan
-dueños de la ciudad y conceden a los lacedemonios más de lo que estos
-deseaban.
-
-Terminado así este asunto, continúan con vigor su expedición contra
-Olinto. Envían como harmosta a Teleutias, con el contingente que del
-reclutamiento de diez mil hombres deben proporcionar, y remiten
-además a las ciudades aliadas las escítalas que ordenan seguir a
-Teleutias, según el decreto acordado por los aliados. Son generalmente
-obedecidos, a causa de la fama que tenía de no ser ingrato con los
-que le complacían; y como era hermano de Agesilao, mostró gran celo
-la ciudad de Tebas en enviarle hoplitas y caballos. Teleutias, sin
-embargo, avanzaba con lentitud, porque procuraba no causar en su marcha
-daño alguno a los países aliados y reunir cuantas fuerzas pudiese.
-Envía anticipadamente mensajeros a Amintas, diciéndole que si desea
-reconquistar su reino debe reclutar mercenarios y sembrar a manos
-llenas el dinero entre los reyes vecinos, con el fin de hacérselos
-aliados. Hace decir también a Derdas, gobernador de Elimia, que los
-olintios han sometido ya la parte más considerable de Macedonia, y que
-no retrocederán ante la más pequeña si no hay quien haga cesar sus
-violencias.
-
-Mientras toma todas estas medidas, llega al país aliado al frente de
-un numeroso ejército. Una vez en Potidea, reúne todas sus fuerzas y
-avanza por el territorio enemigo. Dirigiéndose a la ciudad, no incendia
-ni devasta la comarca, convencido de que haciéndolo se crearía grandes
-obstáculos, así para su marcha como para su retirada, mientras que
-cuando de ella se aleje será el momento oportuno para cortar los
-árboles, y con ello impedir la marcha de los que le persigan. Cuando
-llega a unos diez estadios de la ciudad, hace descansar sobre las armas
-a sus tropas; y como mandaba el ala izquierda, dirígese él mismo contra
-las puertas por donde debía salir de la ciudad el enemigo: el resto
-de la falange de los aliados formaba el ala derecha. Había también
-dispuesto a la derecha la caballería lacedemonia, la de los tebanos
-y la de los macedonios que se le habían unido. Había conservado,
-sin embargo, a su lado a Derdas y su caballería, en número de unos
-cuatrocientos, así porque la tenía en mucho aprecio, como por hacerse
-agradable a Derdas prestándole un servicio que había de complacerle.
-
-Cuando han salido los enemigos y están formados en batalla al pie de
-sus muros, reunida toda su caballería, se arroja sobre los lacedemonios
-y beocios. Policarmo, comandante lacedemonio, es arrojado de su caballo
-y recibe en el suelo numerosas heridas; otros son muertos, y por fin
-vuelve grupas la caballería del ala derecha. Al ver la derrota de esta,
-cede también la infantería, y todo el ejército corría el riesgo de ser
-vencido, si Derdas a la cabeza de su caballería no se hubiese dirigido
-al galope hacia las puertas de Olinto; síguele también Teleutias con
-su división en buen orden. La caballería olintia, al apercibirse de
-este movimiento, y temiendo se le cierren las puertas, da media vuelta
-y se retira a toda prisa. Mata entonces Derdas a gran número de ellos,
-mientras pasaban ante él a escape, y la infantería olintia se retira
-también dentro de los muros sin haber experimentado muchas bajas por la
-proximidad de la muralla. Teleutias, después de levantar un trofeo y
-haber hecho constar esta victoria, se retira cortando los árboles.
-
-Tal fue la expedición que verificó en este verano; después licencia las
-tropas macedonios y las de Derdas. Los olintios hacen, sin embargo,
-frecuentes excursiones contra las ciudades aliadas a los lacedemonios,
-devastan su territorio y matan a sus habitantes.
-
-
-
-
-CAPÍTULO III.
-
-
-Así que comienza la primavera[189], la caballería olintia, en número
-de unos seiscientos hombres, verifica una excursión hacia Apolonia en
-mitad del día, y se disemina por la campiña para saquearla: aquel día
-Derdas y su caballería habían llegado a Apolonia y se hallaban tomando
-el almuerzo. Cuando se apercibe aquel de esta correría, da orden a
-su gente para que armados y con los caballos enjaezados se mantengan
-a la expectativa; y cuando ve que los olintios avanzan con seguridad
-completa hasta los suburbios y las mismas puertas de la ciudad, sale
-al frente de su caballería en correcta formación. Así que le distingue
-el enemigo, emprende la fuga; mas él no se contenta con esto, sino que
-le persigue unos noventa estadios[190] sin cesar de matarle gente,
-hasta los mismos muros de Olinto: dícese que les mató unos ochenta
-caballeros. Permanecen desde entonces los enemigos encerrados dentro
-de sus muros y sin cultivar más que una pequeñísima parte de su
-territorio. Algún tiempo después, Teleutias dirigíase contra la ciudad
-de Olinto, a fin de destruir los árboles que habían quedado en pie y
-los trabajos de cultivo de los enemigos, cuando la caballería olintia
-avanza silenciosamente contra los lacedemonios, a cuya vista Teleutias,
-indignado por su audacia, ordena a Tlemónidas, jefe de los peltastas,
-se arroje sobre ellos a paso de carga. Los olintios, al verse atacados
-por los peltastas, vuelven la espalda, retíranse en buen orden, y
-vuelven a pasar el río; y los que les siguen, creyendo habérselas con
-fugitivos, persíguenles con grande audacia y se disponen también a
-atravesar el río; pero entonces la caballería olintia, aprovechando el
-momento en que acaban los peltastas de atravesar el río y les ofrecen
-un inmenso flanco, se vuelve, y cargando sobre ellos, matan al mismo
-Tlemónidas y a más de ciento de sus soldados. Teleutias, al conocer
-lo sucedido, monta en cólera, coge sus armas, y dirigiéndose hacia
-adelante con sus hoplitas, ordena a los caballeros y peltastas persigan
-sin tregua al enemigo. Gran número de ellos, cumpliendo sus órdenes,
-avanzan hacia las murallas más de lo que la prudencia exige, y tienen
-que retirarse con grandes pérdidas; y otros, alcanzados por las flechas
-arrojadas desde las torres, tienen que replegarse desordenadamente para
-ponerse a cubierto de los proyectiles. Cargan entonces los olintios
-con su caballería, apoyada por los peltastas, y últimamente los mismos
-hoplitas salen de la ciudad y se arrojan sobre la falange desordenada.
-Perece Teleutias combatiendo, y al momento ceden las tropas; nadie hace
-resistencia, y se declaran todos en fuga: unos procuran refugiarse en
-Espartolo, otros en Acanto o en Apolonia, y gran parte en Potidea.
-Persíguenles en todos sentidos los vencedores, y dan muerte a gran
-número de hombres de los más útiles al ejército.
-
-Paréceme que tales desgracias deben enseñar a los hombres, y
-servirles para comprender que no se debe castigar mientras se está
-encolerizado, ni siquiera a los esclavos, porque a menudo ha sucedido
-que, arrastrados los dueños por la pasión, se han atraído a sí mismos
-mayores desventuras de las que a los demás han ocasionado. Pero sobre
-todo en la guerra, es una falta, muchas veces irreparable, el obrar
-siguiendo las inspiraciones de la cólera. La cólera, en efecto, es
-imprevisora, mientras la reflexión procura hallar con igual cuidado los
-medios de evitar un desastre, que los necesarios para perjudicar al
-enemigo.
-
-Los lacedemonios, después de saber esta noticia, celebran consejo y
-deciden mandar fuerzas considerables para abatir la soberbia de los
-vencedores y no hacer inútiles cuantas ventajas hasta entonces se
-habían conseguido. Pensando de esta suerte, envían como general al rey
-Agesípolis, designándole también treinta espartanos, como se había
-hecho cuando la expedición de Agesilao a Asia. Muchos periecos, gente
-esforzada, así como buen número de extranjeros de los que se llaman
-_trófimos_ y algunos bastardos espartanos bien reputados y que habían
-ejercido elevados cargos en la ciudad, le siguen como voluntarios.
-También proporcionan voluntarios las ciudades aliadas, alistándose
-también como tales algunos caballeros tesalios que querían hacerse
-conocer y apreciar por Agesípolis, y finalmente Amintas y Derdas
-muestran mayor actividad que la primera vez. Después de disponerlo
-todo, Agesípolis parte para Olinto.
-
-La ciudad de los fliasios, que había merecido los elogios de Agesípolis
-a causa de la prontitud con que había proporcionado grandes cantidades
-para esta expedición, creyendo que hallándose ausente Agesípolis no
-se dirigirá Agesilao contra ella, pues no había sucedido nunca que
-estuviesen los dos reyes ausentes al mismo tiempo de Esparta, se atreve
-a no conceder justicia a los desterrados que han regresado a su patria,
-pues estos, en efecto, pedían fuesen decididos los puntos en litigio
-por un tribunal imparcial; pero los ciudadanos quieren sea juzgada su
-querella por la misma ciudad. Reclaman aquellos, alegando que no puede
-haber verdadera justicia si una de las partes litigantes ha de decidir
-como juez; pero no se les escucha, por lo cual se dirigen entonces
-a Lacedemonia para quejarse del gobierno de su ciudad: acompáñales
-asimismo cierto número de habitantes de Fliunte, que afirman se les
-considera por gran número de ciudadanos como verdaderas víctimas de
-la injusticia, por lo cual, irritada la ciudad, condena a todos los
-que se han dirigido a Esparta sin misión alguna del estado. Estos no
-se apresuran a volver a su patria; antes por el contrario, permanecen
-en Lacedemonia e informan a los de esta ciudad de que los que cometen
-estas violencias son los mismos que les han desterrado y cerrado las
-puertas a las tropas espartanas, que han comprado sus bienes y emplean
-la violencia para conservarlos, habiendo encontrado por fin el medio
-de hacerles castigar por haberse dirigido a Lacedemonia, a fin de que
-nadie, en lo futuro, se atreva a revelarles lo que pasa en su ciudad.
-
-Creyendo los éforos que, en efecto, se cometía allí injusticia,
-declaran la guerra a los fliasios, cosa que no disgustó a Agesilao,
-pues la familia de Podánemo, desterrada en la actualidad, estaba unida
-con su padre Arquidamo por los lazos de la hospitalidad, y él mismo
-lo estaba con la familia de Procles, hijo de Hipónico. Terminados los
-sacrificios de la marcha, emprende la campaña, a pesar de que varias
-diputaciones marchan a su encuentro ofreciéndole grandes cantidades
-para evitar la invasión: contesta a todos que no se dirige allí para
-cometer injusticias, antes al contrario, para proteger a los que de
-ellas son víctimas. Por fin afirman los fliasios se hallan dispuestos
-a hacer cuanto quiera, rogándole suspenda su expedición; pero él les
-contesta que no puede creer solo en sus palabras, pues otras veces
-le han engañado y necesita, por lo mismo, una garantía efectiva.
-Habiéndole preguntado cuál era la garantía que exigía, contesta: «La
-misma que nos disteis otra vez sin que hubieseis padecido perjuicio
-alguno: el entregarnos la acrópolis.» No habiendo accedido a su
-petición, invade el país y rodea su ciudad con obras de fortificación,
-dejándola completamente sitiada. Gran número de lacedemonios repiten,
-sin embargo, que por algunas personas se enajena una ciudad de más
-de cinco mil almas, y en realidad, para ponerlo más de relieve, los
-fliasios celebraban sus asambleas a la vista del ejército, por lo cual
-Agesilao ideó el siguiente medio para contrarrestar este reproche. Cada
-vez que salía alguien de la ciudad, atraído por la amistad o por la
-parentela de los desterrados, hace preparar comidas públicas como las
-de Esparta y dar alimentos suficientes a cuantos quieren tomar parte
-en los ejercicios; ordena asimismo se les procure toda clase de armas
-sin retroceder ante ningún gasto. Ejecútanse sus órdenes, y de este
-modo se forma un cuerpo de más de mil hombres robustos, disciplinados
-y bien armados; de manera que llegan los lacedemonios a desear por
-compañeros de armas a estos soldados.
-
-En estas cosas empleaba su actividad Agesilao. Mientras tanto,
-Agesípolis, saliendo de Macedonia, sitúase con sus tropas frente a
-Olinto: pero viendo que nadie sale a atacarle, se ocupa en devastar
-cuanto ha sido hasta entonces respetado en su territorio, y destruye
-las mieses de las comarcas aliadas, así como cayendo sobre Torone,
-se apodera de ella por asalto. Hallábase en esto, cuando es atacado
-por una ardiente fiebre, propia de la estación canicular en que se
-encontraban; y habiendo visto por la mañana el templo de Dioniso en
-Afitis[191], entrole el deseo de gozar de la sombra de sus cuevas y de
-sus aguas límpidas y frescas: transpórtasele aún con vida, pero muere
-fuera del templo, una semana después de haber caído enfermo. Su cuerpo,
-cubierto de miel, es llevado a su patria, donde recibe sepultura real.
-
-Agesilao, al saber esta noticia, no demuestra que ha perecido un rival,
-antes derrama abundantes lágrimas y echa de menos su compañía, pues
-en Esparta los reyes habitan juntos cuando en ella se encuentran.
-Agesípolis y Agesilao confiábanse a menudo las confidencias más intimas
-sobre su juventud, sus cacerías, sus caballos y sus amores, y además,
-mientras vivían juntos, mostrábale el último gran respeto, pues era
-mayor en edad. Envían en su lugar los lacedemonios en calidad de
-gobernador contra Olinto a Polibíades.
-
-Agesilao había dejado ya trascurrir el tiempo prudencial que se había
-fijado para la duración de las provisiones en Fliunte, pues tal es
-el dominio que sobre los apetitos puede tenerse que los fliasios,
-habiendo decretado entregar la mitad del trigo que antes se daba a
-todo el mundo, al ejecutar esta resolución, pudieron sostener el sitio
-durante doble tiempo del que se había presumido. Y tal es también la
-superioridad de la audacia sobre la timidez, que cierto Delfión, que
-pasaba por hombre distinguido, al frente de trescientos fliasios pudo
-dominar el influjo de los que deseaban la paz, y retener en la cárcel
-a los individuos de quienes desconfiaba; pudo asimismo obligar al
-pueblo a montar las guardias y asegurarse de su fidelidad vigilándole
-constantemente. A menudo verificaba salidas con sus partidarios más
-decididos, y rechazaba las guardias de diferentes puntos de las
-fortificaciones enemigas. Sin embargo, cuando a pesar de todos sus
-arbitrios esos hombres tan decididos no pudieron hallar víveres en
-parte alguna de la ciudad, pidieron una tregua a Agesilao para enviar
-una comisión a Esparta, pues habían determinado entregar a discreción
-la ciudad a los lacedemonios.
-
-Irritado Agesilao de que no le consideren con autoridad suficiente para
-ello, halla medio para que sus amigos de Esparta obtengan se le deje
-árbitro de la suerte de Fliunte, y entonces accede a dejar paso franco
-a aquella comisión. Redobla, sin embargo, la vigilancia en las guardias
-para que nadie pueda salir de la ciudad, pero a pesar de todas estas
-precauciones, Delfión, y con él un esclavo estigmatizado que había
-sustraído gran cantidad de armas a los sitiadores, consiguen escapar
-durante la noche. Cuando los diputados vuelven de Esparta con la
-noticia de que esta da sus más amplios poderes a Agesilao respecto a lo
-que debe hacerse con la ciudad, decide aquel que cincuenta desterrados
-y cincuenta sitiados sean los que han de manifestar quiénes deban
-conservar la vida o perecer de entre los sitiados, y que más adelante
-establecerá las leyes según las cuales deban gobernarse. Mientras
-ejecutan sus órdenes, deja una guarnición en la ciudad con el sueldo
-de seis meses, después de lo cual licencia a los aliados y regresa a
-Esparta con sus conciudadanos. Así terminó la expedición a Fliunte,
-después de haber durado un año y ocho meses.
-
-Polibíades, por su parte, acosaba vivamente por el hambre a los
-olintios, pues no podían recibir por tierra ni introducir por mar
-alimento alguno, obligándoles con esto a enviar una diputación a
-Lacedemonia para tratar de la paz. Danse a los enviados amplios
-poderes, y celebran allí un tratado, obligándose a reconocer por amigos
-o por enemigos a los que lo sean de Lacedemonia, a seguir a todas
-partes donde quieran conducirles los espartanos, y a ser sus aliados.
-Después de haber jurado permanecer fieles a estas condiciones, regresan
-a su país.
-
-Todo favorecía a los lacedemonios: hallábanseles completamente
-sometidos los tebanos y beocios; afectos y bien dispuestos los
-corintios; humillados los argivos, después de haber visto que el
-pretexto de los meses sagrados de nada les servía; de todos abandonados
-los atenienses, y castigados cuantos aliados a Esparta no habían sido
-enteramente fieles: de ahí que todo parecía indicar para ellos una
-gloriosa y duradera dominación.
-
-
-
-
-CAPÍTULO IV.
-
-
-Podría citarse en la historia de Grecia y en la de los bárbaros gran
-número de hechos que prueban que los dioses tienen en cuenta así a los
-hombres religiosos como a los impíos; pero solo referiré lo que atañe a
-mi objeto. Los lacedemonios habían jurado respetar la independencia de
-las ciudades, y, a pesar de esto, se habían apoderado de la acrópolis
-de Tebas, por lo cual fueron castigados por las mismas víctimas de su
-injusticia, ellos, que no habían sido sometidos jamás a ningún hombre
-y bastaron siete desterrados para destruir el poder de los ciudadanos
-que les habían introducido en la acrópolis y habían querido poner a su
-patria bajo la dominación de los lacedemonios a fin de poder ejercer la
-tiranía. Voy a relatar cómo sucedió todo esto.
-
-Había en Tebas[192] un cierto Fílidas que hacía de secretario de
-Arquias y de los demás polemarcas, y que aparentemente les había
-prestado grandes servicios. Habiendo ido este hombre a Atenas para
-algunos asuntos, se encontró con Melón, sujeto muy conocido y que era
-uno de los tebanos allí refugiados. Informado este por Fílidas de la
-tiranía ejercida por el polemarca Arquias y por Filipo, comprende
-que la situación de la patria le es tan odiosa a Fílidas como a él
-mismo. Danse, pues, garantías recíprocas de su fidelidad, y conciertan
-el plan que debe seguirse. Melón inmediatamente se une a otros seis
-desterrados, los más a propósito para sus designios, y no les hace
-tomar otras armas que sus puñales. Principian por entrar de noche en
-el territorio tebano, y después de haber pasado el día en un lugar
-enteramente desierto, se acercan a las puertas de la ciudad como
-si volviesen del campo, a la hora en que dejan su trabajo los más
-rezagados. Luego que entran en la ciudad, pasan la noche en casa de
-un ciudadano llamado Carón, y allí permanecen todo el día siguiente.
-Fílidas se hallaba ocupado en arreglarlo todo para que celebrasen los
-polemarcas las Afrodisias[193] antes de ser relevados de sus cargos;
-habíales dicho hacía largo tiempo que les llevaría las mujeres más
-hermosas y amables de Tebas, y les dice entonces que aquel día cumplirá
-su palabra, pues querían, según sus gustos, pasar una noche agradable.
-Terminada la cena, y cuando principian a hallarse ebrios a causa de
-las incitaciones de aquel, sale para cumplir la orden de llevarles las
-heteras[194], y vuelve acompañado de Melón y sus compañeros, de los
-cuales, tres iban disfrazados de dueñas y los otros de sirvientas.
-Después de haberles introducido en la antecámara del polemarca, entra y
-dice a Arquias que las mujeres rehúsan entrar si hay en la sala algún
-criado, por lo cual dan inmediatamente la orden para que todos se
-retiren, y Fílidas, dando vino a los esclavos, les manda se recojan en
-la habitación de uno de ellos. Introduce entonces a las heteras y hace
-sentar una al lado de cada hombre. Se había convenido que después de
-sentarse y al quitarse el velo, les darían de puñaladas. He aquí, según
-se dice, cómo perecieron los polemarcas, aunque otros aseguran que
-entraron como convidados los amigos de Melón, y los mataron.
-
-Tomando luego Fílidas tres de los conjurados, se dirige a casa de
-Leontíades y llama a la puerta, anunciándose como portador de una
-orden de los polemarcas. Hallábase aquel acostado solo, después de
-haber cenado, y su mujer hilaba sentada a su lado. Creyendo fiel a
-Fílidas, les hace entrar, y apenas introducidos, le degüellan, y
-obligan a su mujer con amenazas a guardar silencio: cuando salen,
-dicen que dejan cerrada la puerta y que si la encuentran abierta,
-matarán a cuantos están en la casa. Tomadas estas medidas, Fílidas
-se dirige con dos de los suyos a la cárcel, y dice al carcelero que
-por orden de los polemarcas conduce a un hombre para ser encarcelado;
-ábreles el carcelero, y después de darle muerte, ponen en libertad a
-los presos. Entréganles a toda prisa armas tomadas del pórtico y les
-conducen entonces al Anfión, donde les ordenan se conserven sobre las
-armas. Inmediatamente hacen pregonar a todos los tebanos, caballeros
-y hoplitas, pueden salir de sus escondrijos, pues han perecido ya
-los polemarcas. Mientras es de noche permanecen los ciudadanos en sus
-casas, resistiéndose a creer que sea verdad; pero cuando se hace de día
-y se ve la realidad de lo sucedido, júntanse a los conjurados así los
-hoplitas como los caballeros. Los desterrados envían emisarios montados
-a los que están en las fronteras de Atenas y a los dos generales, que
-acuden así que conocen el motivo por el que se les llama.
-
-El gobernador de la acrópolis, así que conoce el pregón que ha tenido
-lugar durante la noche, pide refuerzos a Platea y Tespias, pero la
-caballería tebana, informada de la llegada de los plateenses, marcha
-a su encuentro y mata a más de veinte. Después de este encuentro,
-vuelven a la ciudad, y reunidos a los atenienses que habían llegado
-de las fronteras, atacan la acrópolis. Los que se hallaban en ella,
-conociendo su pequeño número, principian a sobrecogerse de miedo al
-ver el ardor de los que les atacan, excitados por las recompensas
-brillantes prometidas a los que asaltaran primero la fortaleza, y
-declaran la entregarán si se les permite salir libremente con sus
-armas. Concédeseles gustosamente lo que piden, y se les deja salir,
-después de haber celebrado una tregua y de haberse obligado con
-juramento a sostenerla. Pero mientras salen, se apoderan los tebanos
-de cuantos reconocen como enemigos y les condenan a muerte: algunos
-son secretamente ocultados por los atenienses que habían venido de
-las fronteras, y así consiguen salvarse; pero los tebanos se apoderan
-asimismo de los hijos de aquellos a quienes habían muerto, y les
-degüellan.
-
-Luego que los lacedemonios conocen estos sucesos, condenan a muerte
-al gobernador, que había abandonado la acrópolis sin aguardar a que
-llegaran los refuerzos, y decretan una expedición contra los tebanos.
-Agesilao, declarando que hacía más de cuarenta años había pasado de
-la adolescencia, y demostrando que la ley en virtud de la cual los
-otros ciudadanos de esta edad no se hallan obligados a salir de la
-patria debe aplicarse igualmente a los reyes, se ve libre de dirigir
-la expedición. No era, sin embargo, este el motivo por el que deseaba
-permanecer en su patria, sino porque sabía que si mandaba esta invasión
-dirían sus conciudadanos que Agesilao creaba obstáculos al estado
-únicamente para favorecer tiranos, y por esto procuró amoldarse a
-las circunstancias. Los éforos, acosados por los tebanos que habían
-podido escapar de la matanza, envían en lo más fuerte del invierno
-a Cleómbroto[195], que dirigía por primera vez un ejército. Como el
-camino que pasa por Eléuteras se halla ocupado por Cabrias y los
-peltastas atenienses, toma Cleómbroto, para atravesar el monte, la vía
-de Platea; pero al avanzar los peltastas, se hallan en los picos a los
-prisioneros libertados, que guardaban el paso en número de unos ciento
-cincuenta. Mátanlos todos los peltastas, a excepción, acaso, de uno o
-dos, y Cleómbroto baja a Platea, ciudad aún afecta a los lacedemonios,
-y se dirige después a Tespias, de donde se dirige a Cinoscéfalas,
-ciudad tebana, para establecer allí su campamento. Permanece en ella
-unos diez y seis días, y regresa a Tespias, donde deja a Esfodrias
-como gobernador con la tercera parte del continente de los aliados, y
-le entrega todo el dinero que había sacado de su patria, ordenándole
-reclute mercenarios. Esfodrias ejecuta sus órdenes, y Cleómbroto toma
-el camino de Creusis y conduce a sus hogares a las tropas de su mando,
-no sabiendo aquellas si en efecto se estaba en guerra o no con los
-tebanos. Lo cierto es que había conducido su ejército al territorio
-tebano, y que volvía después de haberles hecho el menos daño posible.
-A su regreso, fue asaltado por un viento impetuoso, que interpretaron
-muchos como un funesto presagio para el porvenir. Este viento, que no
-le ocasionó poco destrozo, sorprendió al ejército después de salir de
-Creusis, mientras pasaba por el lugar en que la montaña costea el mar,
-y precipitó a él gran número de acémilas con sus bagajes y arrebató
-muchas armas, que cayeron también al mar. Finalmente, muchos de ellos,
-que no podían seguir la marcha con las armas, abandonaron en las cimas
-del monte sus escudos vueltos del revés y llenos de piedras para que no
-volasen. Comieron del mejor modo que pudieron en Egóstena de Mégara, y
-al día siguiente volvieron a buscar sus armas. Hecho esto, fuese cada
-cual a su casa, pues Cleómbroto había licenciado a sus tropas.
-
-Viendo los atenienses el poderío de los lacedemonios, pues la guerra no
-está ya en Corinto, sino a las puertas del Ática, invadiendo Tebas, se
-dejan dominar de tal modo por el miedo, que citan a juicio a los dos
-generales que ocasionaron la conjuración de Melón contra Leontíades y
-su partido, condenando a muerte a uno de ellos y desterrando al otro,
-que no había esperado a saber el resultado del juicio.
-
-Temiendo también los tebanos al poder lacedemonio si se hallan solos
-contra ellos en la guerra, recurren a la siguiente estratagema.
-Persuaden a fuerza de dinero al gobernador de Tespias, Esfodrias,
-que aparente invadir el Ática para que se origine con ello una
-ruptura entre atenienses y lacedemonios. Dócil Esfodrias a dichas
-instrucciones, aparenta querer apoderarse del Pireo, que se hallaba ya
-sin puertas, y parte de Tespias una mañana con sus soldados, después
-de haberles hecho comer, diciendo quiere llegar al Pireo antes de
-terminar el día. Llega en aquel mismo día a Tría y nada hace para
-ocultar su camino; pero tomando otra dirección, se apodera de los
-ganados y saquea las casas. Algunos de los que le habían encontrado
-durante la noche, habían huido hacia Atenas, donde habían anunciado la
-proximidad de un ejército formidable. Habíanse los atenienses armado
-a toda prisa, y tanto los de a pie como los de a caballo, custodiaban
-las puertas de la ciudad. Hallábanse en Atenas en aquella ocasión los
-embajadores lacedemonios Etimocles, Aristóloco y Ocilo, quienes estaban
-alojados en casa del próxeno Calias; préndenlos los atenienses después
-que reciben aquella noticia, y los vigilan cuidadosamente creyendo
-que han tenido parte en la trama; pero ellos quedan sorprendidos del
-suceso y se justifican diciendo que si hubiesen sabido que debían
-tomar el Pireo, no hubieran sido tan imprudentes para entregarse de
-este modo a los atenienses, y sobre todo en casa del próxeno, donde a
-cualquier momento podía hallárseles. Dicen además que pronto verán
-los atenienses que nada de ello sabía la ciudad, pues están seguros de
-que Esfodrias será condenado por Esparta. Se decide, pues, que ninguna
-participación tienen en el asunto, y se les pone en libertad. Por su
-parte, los éforos llaman a Esfodrias e intentan contra él una acusación
-capital: el temor le impide comparecer a la citación, es sentenciado,
-y a pesar de esta desobediencia, se le absuelve. Muchos encontraron en
-Lacedemonia esta sentencia como informada por una notoria injusticia.
-He aquí cuál fue su causa:
-
-Esfodrias tenía un hijo llamado Cleónimo, que apenas había salido de
-la infancia y era el más bello y amable de los muchachos de su edad y
-el favorito de Arquidamo, hijo de Agesilao. Los amigos de Cleómbroto,
-que en su cualidad de íntimos de Esfodrias deseaban vivamente salvarle,
-temían a Agesilao y sus amigos, así como a los hombres imparciales,
-pues parecía que Esfodrias había cometido una grave falta. En dicha
-ocasión, Esfodrias díjole a Cleónimo: «Hijo mío, de ti depende el
-salvar a tu padre, rogando a Arquidamo me vuelva favorable al suyo para
-mi juicio.» Al oír estas palabras Cleónimo, se atreve a dirigirse a
-Arquidamo y le suplica sea el salvador de su padre. Al ver Arquidamo
-deshecho en llanto a Cleónimo, permaneciendo a su lado acompáñale en
-su llanto, pero cuando hubo oído su súplica le contesta: «Oh Cleónimo,
-has de saber que ni siquiera me atrevo a mirar cara a cara a mi padre,
-y que cuando quiero obtener algo en la ciudad, procuro recurrir a
-cualquier persona mejor que a él; pero sin embargo, ya que tú me lo
-ruegas, está seguro que emplearé todo mi valimiento para hacer esto
-por ti.» Vuélvese a su casa después de la comida pública y se entrega
-al descanso. Al día siguiente, apenas se levanta, se pone al acecho
-para que su padre no salga de casa sin que él se aperciba de ello. Así
-que le ve salir, deja que le aborden los ciudadanos, que se dirijan
-después a él los extranjeros, y aun cede el paso a los mismos esclavos
-que tienen algo que pedir, y por fin, cuando Agesilao volviendo de
-la orilla del Eurotas entra en su casa, se retira a sus habitaciones
-sin haberle dicho nada. Al día siguiente hace lo mismo; Agesilao
-sospecha el motivo de su presencia continua, pero no le interroga y
-le deja hacer. Por su parte Arquidamo deseaba, como era natural, ver
-a Cleónimo, pero no se atrevía a ir a su casa hasta que no hubiese
-hablado con su padre; y los amigos de Esfodrias, no viendo entrar a
-Arquidamo en la casa que antes frecuentaba, hallábanse en la mayor
-inquietud, y creían había sido rechazado por su padre encolerizado.
-
-Por fin Arquidamo se decide a abordarle y decirle: «Padre mío,
-Cleónimo me ruega te suplique salves a su padre, y yo te lo ruego
-encarecidamente, si es posible.» Agesilao le contesta: «En cuanto a mí,
-te perdono la súplica que acabas de hacerme; pero ¿cómo obtendría yo
-el perdón de mi patria si no declaraba culpable a un hombre que se ha
-enriquecido a expensas de la ciudad?» Nada puede replicar Arquidamo, y
-se retira vencido por la evidencia de la justicia. Sin embargo, volvió
-de nuevo a la carga, ya espontáneamente, ya aguzado por otros, y dijo:
-«Padre mío, ya sé que absolverías a Esfodrias si no fuese culpable;
-pues bien, si ha cometido alguna falta, perdónale por amor a mí.»
-Agesilao le contesta: «Si esto debe sernos honroso, así se hará»; y él,
-al oír esto, se retira completamente descorazonado. Pero uno de los
-amigos de Esfodrias, hallándose de conversación con Etimocles, le dice:
-
---«Supongo que vosotros, los amigos de Agesilao, decidiréis todos la
-muerte de Esfodrias.»
-
-A lo cual contesta Etimocles:
-
---«¡Por Zeus! entonces haríamos todo lo contrario de lo que desea él
-mismo, pues este repite a cuantos habla de este asunto que no puede
-negarse que sea culpable Esfodrias, pero sería muy cruel condenar
-a muerte a un hombre que ya desde niño, de adolescente y de hombre
-formal, ha llevado siempre la conducta más honrosa; sobre todo
-necesitando, en efecto, Esparta de soldados como él.»
-
-Referidas estas palabras a Cleónimo, este, radiante de júbilo, se
-dirige inmediatamente a casa de Arquidamo, y le dice: «Ya sé lo que has
-hecho por nosotros, y por lo mismo has de saber que procuraré obrar
-de manera que nunca tengas que sonrojarte de mi amistad.» No mintió,
-pues durante su vida conservó en Esparta la conducta más ejemplar; y en
-Leuctra, donde combatió a la vista del rey, junto al polemarca Dinón,
-después de haber caído tres veces, fue el primero de sus conciudadanos
-que halló la muerte combatiendo a los enemigos. Esta pérdida afligió
-cruelmente a Arquidamo, pues según su promesa, Cleónimo no fue jamás
-para él un motivo de vergüenza, sino más bien de honor. De este modo
-evitó Esfodrias su condenación.
-
-Los atenienses que eran partidarios de los beocios anuncian al pueblo
-que los lacedemonios no solo no han castigado a Esfodrias, sino que
-han alabado su proceder al tender asechanzas contra Atenas; por lo cual
-colocan inmediatamente puertas en el Pireo, construyen naves y socorren
-a los beocios con todo el celo posible. Por su parte, los lacedemonios
-decretan otra expedición contra los tebanos, y creyendo que Agesilao
-la dirigiría con más prudencia que Cleómbroto, le ruegan se ponga al
-frente de aquella expedición, y él, contestando que no resistirá jamás
-a la voluntad de la ciudad, se prepara para la marcha. Conociendo,
-empero, que no es fácil llegar a Tebas si no se ocupa de antemano el
-Citerón, y averiguando que los cletorios se hallan en guerra con los
-orcomenios y sostienen mercenarios, entra en tratos con ellos, a fin de
-poder disponer de sus tropas mercenarias cuando las necesite. Después
-de haber ofrecido los sacrificios de la marcha y antes de llegar a
-Tegea, hace entregar al jefe de los mercenarios de Clétor el sueldo de
-un mes, con orden de apoderarse del Citerón, y al mismo tiempo ordena
-a los orcomenios suspendan toda hostilidad mientras dure la campaña,
-declarando que, según lo decretado por los aliados, se dirigirá
-inmediatamente contra toda ciudad que ataque a otra cualquiera,
-mientras esté el ejército ocupado en su expedición.
-
-Después de haber pasado el Citerón, se dirige a Tespias, de donde
-sale para entrar en el territorio tebano; pero encuentra la llanura
-y los puntos más importantes del país completamente fortificados con
-fosos y empalizadas. Sin punto fijo como centro de operaciones, y
-acampando donde mejor les parece, salen las tropas cada día después del
-almuerzo, y saquean la campiña situada a oriente de las empalizadas
-y fosos. En efecto, los enemigos, así que aparecía Agesilao en un
-punto, llegaban por su parte, para defenderse detrás de sus trincheras.
-Un día que se retiraba ya hacia su campamento, los caballos tebanos
-se arrojan de improviso sobre él por las aberturas practicadas en
-la trinchera, mientras los peltastas habían salido para preparar la
-comida, y mientras la caballería se hallaba completamente desmontada
-o en preparación. Sorprenden los tebanos a los peltastas, así como a
-Cleas y Epicídidas, caballeros espartanos, a un perieco lacedemonio,
-Éudico, y a algunos desterrados atenienses que no habían montado aún
-a caballo. Agesilao inmediatamente hace retroceder a los suyos, y
-acude en su auxilio con los hoplitas; su caballería carga sobre la
-del enemigo, estando apoyada por los hoplitas, que hacía diez años
-servían en el ejército. Los de la caballería tebana, sin embargo,
-parecían como si hubiesen bebido demasiado, pues aguardaban al enemigo
-hasta que se hallaba a tiro, y entonces les lanzaban sus dardos sin
-alcanzarles; finalmente, empezaron la retirada, en la cual perdieron
-más de doce hombres. Así que comprende Agesilao que la caballería
-tebana no comparece hasta después que ha pasado la hora de almorzar,
-ofrece los sacrificios al clarear el día, introduce a sus soldados
-en el interior del territorio atrincherado, saquea y quema cuanto en
-él encuentra, y avanza hasta la ciudad. Después de haber hecho esto,
-se retira a Tespias, que fortifica, y donde deja como gobernador a
-Fébidas; volviendo él a pasar el monte, llega a Mégara, donde licencia
-sus tropas, y conduce a Esparta la milicia nacional.
-
-Fébidas, entonces, envía partidas de merodeadores para que pasen
-a sangre y fuego el país tebano, y él dirige en persona varias
-expediciones, en las que destruye cuanto a su mano encuentra. Por su
-parte los tebanos, queriendo hacer uso de represalias, dirígense en
-masa contra el país de Tespias; pero llegados allí, se encuentran
-con Fébidas, quien, acosándoles constantemente con sus peltastas,
-les impide separarse un solo instante de la falange; de manera que,
-arrepentidos los tebanos de su invasión, emprenden inmediatamente la
-retirada, y aun los mismos bagajeros, arrojando los granos de que se
-habían apoderado, se apresuran a encaminarse hacia sus casas: tan
-grande es el temor que ha sobrecogido al ejército. Fébidas, rodeado
-de sus peltastas, y seguido, según sus órdenes, de los hoplitas
-en correcta formación, acosa vivamente al enemigo. Acaricia ya la
-esperanza de derrotarle; marcha valerosamente a la cabeza de las
-tropas, exhortándolas a cortar la retirada al enemigo, mientras da
-orden a los hoplitas tespieos para que le sigan; pero llegada en su
-retirada la caballería tebana a un bosque impenetrable, reúnense
-primero, y después dan media vuelta, ya que es completamente imposible
-el pasar: el pequeño número de peltastas que se hallan a la cabeza
-de los lacedemonios tienen miedo y emprenden la fuga, y entonces la
-caballería tebana toma de ellos mismos la idea de su persecución.
-Fébidas y dos o tres de los que estaban a su lado perecen combatiendo,
-y los mercenarios emprenden todos la fuga. Cuando llegan huyendo junto
-a los hoplitas tespieos, estos, que se alababan antes de no haber
-cedido nunca a los tebanos, huyen también, sin que se intente siquiera
-perseguirles, pues era ya muy tarde. Por esto no fueron considerables
-sus bajas; pero sin embargo no se detuvieron en su retirada hasta
-llegar a los muros de la ciudad. Esta victoria inflama con nuevo ardor
-a los tebanos, que verifican entonces varias expediciones contra
-Tespias y las ciudades vecinas. El partido democrático de estas se
-refugia en Tebas, pues que en todas ellas, como había sucedido con
-aquella misma, se hallaban dominando los aristócratas; de manera que
-también en ellas necesitaban socorros los amigos de Lacedemonia.
-Después de la muerte de Fébidas, envían los espartanos por mar un
-polemarca y una cohorte para conservar a Tespias.
-
-Así que se aproxima la primavera decretan los éforos otra expedición
-contra Tebas, y como en la anterior, suplican a Agesilao se ponga
-al frente de ella. Juzgando este necesario seguir el mismo plan de
-invasión, antes de ofrecer los sacrificios de la marcha da orden al
-polemarca de Tespias para que se apodere de los desfiladeros del
-Citerón, conservándolos en su poder hasta que él haya pasado. Después
-de haberlos atravesado y haber llegado a Platea, aparenta querer
-dirigirse a Tespias, dando orden para que preparen los alojamientos, y
-mandando a las diputaciones se dirijan allí a esperarle, con lo cual
-los tebanos creen que invadirá su territorio por aquella parte. Pero
-Agesilao, después de haber sacrificado, se dirige, al apuntar el día,
-del lado de Eritras; hace en un día con su ejército dos jornadas de
-marcha, y a toda prisa pasa el atrincheramiento junto a Escolos, antes
-de la llegada de los tebanos, que se hallaban defendiendo el lugar
-por el cual había penetrado la primera vez. Obrando así, destruye el
-país situado a oriente de Tebas, hasta el territorio de los tanagrios,
-que se hallaba sometido bajo el poder de Hipotadoro a la influencia
-espartana, y luego se retira, teniendo a su izquierda los muros de la
-ciudad.
-
-Acudiendo los tebanos, se forman en batalla junto a Graostetos[196],
-teniendo detrás de ellos el foso y la empalizada, creyendo hallarse en
-un lugar muy favorable para el combate por la estrechez de la llanura
-y la dificultad del acceso. Conociendo Agesilao la ventaja de la
-posición del enemigo, no se dirige contra ellos, sino que, describiendo
-una curva, avanza contra la ciudad, y los tebanos, temiendo por su
-capital, que había quedado abandonada, se retiran de estas posiciones
-y corren hacia Tebas por el camino de Potnia, pues en realidad era el
-más seguro. Este ingenioso artificio de Agesilao, que obligó a los
-enemigos a retirarse a la carrera, a pesar de estar distante él con
-su ejército, fue muy celebrado y admirado. Algunos polemarcas con sus
-cohortes atacan al enemigo a su paso; pero los tebanos, lanzando sus
-dardos desde las colinas, dan muerte a Alípeto, uno de los polemarcas,
-alcanzado por una lanza, siendo por fin rechazados los tebanos de
-la altura en que se encontraban, mientras los esciritas y algunos
-caballos, subiendo detrás de ellos, alcanzan a los últimos que se
-dirigían a la ciudad. Pero una vez que han llegado los tebanos junto
-a sus muros, se vuelven de frente, y al verlos a la defensiva los
-esciritas se retiran velozmente. No murió ninguno de ellos, pero sin
-embargo los tebanos erigieron un trofeo, pues habían hecho retirar a
-sus perseguidores.
-
-Agesilao por lo avanzado de la hora se vuelve situando su campamento
-en el lugar en que los enemigos se habían formado en batalla, y al día
-siguiente regresa a Tespias. Los peltastas mercenarios de Tebas le
-siguen audazmente a poca distancia, y llamaban en voz alta a Cabrias,
-que no había querido seguirles, cuando la caballería olintia, que
-fiel a su juramento se hallaba en las filas lacedemonias, se vuelve
-y les persigue en las laderas del monte, donde mata a gran número,
-pues la infantería es alcanzada fácilmente por la caballería, si tiene
-que subir una cuesta franqueable a los caballos. Llegado a Tespias,
-Agesilao encuentra en completa desunión a los habitantes de la ciudad:
-los que pretendían ser del partido lacedemonio querían matar a sus
-adversarios, entre los cuales se hallaba Melón; oponiéndose a sus
-designios, procura reconciliarles y les hace jurar la unión; luego
-atraviesa nuevamente el Citerón y llega a Mégara, donde licencia las
-tropas aliadas, conduciendo a las espartanas a su patria.
-
-Atormentados vivamente los tebanos por la falta de víveres, pues
-hacía ya dos años que no habían recolectado las mieses, envían a
-Págasas[197] algunos comisionados, para que con dos trirremes compren
-diez talentos de trigo. Mientras se hallan en esa comisión, Alcetas,
-lacedemonio que guardaba a Oreo[198], equipa tres trirremes y procura
-que nada se trasluzca de su intento, y cuando se halla el trigo en
-la travesía, Alcetas se apodera de las trirremes, del trigo y de la
-tripulación, que no bajaba de trescientos hombres. Enciérralos en
-la acrópolis, donde habitaba él mismo, y hallándose entre los de su
-séquito un jovencito oreíta, hermoso y amable, baja de la acrópolis
-para entretenerse con él; pero, aprovechándose de esta negligencia los
-prisioneros, se apoderan de la acrópolis. Sublévase también la ciudad,
-y desde entonces los tebanos encuentran allí toda clase de facilidades
-para procurarse víveres.
-
-Al volver la primavera, hállase enfermo Agesilao, pues cuando con el
-ejército volvió de Tebas, encontrándose en Mégara, y subiendo del
-templo de Afrodisia[199] a la casa del gobernador, rompiósele una
-vena, y la sangre del cuerpo se fue toda hacia la pierna sana[200]:
-habiéndosele hinchado el muslo, y sufriendo insoportables dolores,
-un médico siracusano le abrió la vena junto al tobillo, y una vez
-que principió a manar sangre, no se detuvo día y noche, siendo vanos
-cuantos esfuerzos se hacían para atajarla, hasta que perdió el sentido
-Agesilao: únicamente entonces fue cuando cesó de fluir. Llevado en
-este estado a Lacedemonia, permaneció allí enfermo el resto del verano
-y durante todo el invierno.
-
-Así que vuelve la primavera, los lacedemonios decretan una nueva
-expedición, y dan el mando de ella a Cleómbroto. Cuando llega con su
-ejército al pie del Citerón, destaca a los peltastas para apoderarse de
-las alturas que dominan el camino. Pero siendo ya dueños de aquellas
-alturas un cuerpo de tebanos y uno de atenienses, dejan avanzar a los
-peltastas, y cuando están a sus pies se arrojan en su persecución
-y matan más de cuarenta de ellos, por lo cual Cleómbroto considera
-imposible el tránsito al país tebano, y retirándose con sus fuerzas,
-las licencia.
-
-Reunidos en Lacedemonia los aliados, hacen presente en su asamblea
-que se hallan agotados sus recursos por la guerra, a causa de la
-debilidad con que se verifican las operaciones, porque podríase, en
-efecto, equipar un número de naves mayor que el de los atenienses, y
-tomar su ciudad por hambre; podríase también con estas naves hacer
-pasar un ejército a Tebas por la Fócida, o si se quería por Creusis.
-A consecuencia de este parecer, equípanse sesenta trirremes, que se
-ponen a las órdenes de Polis. Los que habían tenido esta idea no se
-engañaron, pues los atenienses son bloqueados. Las naves cargadas de
-víveres llegan hasta Gerasto[201], pero no se atreven a pasar de allí,
-pues la flota lacedemonia se halla en los alrededores de Egina, Ceos y
-Andros. Impulsados por la necesidad, suben los atenienses a las naves,
-y bajo el mando de Cabrias obtienen la victoria en un combate naval
-con Polis, desde cuyo suceso pueden llegar sin obstáculo los víveres a
-Atenas.
-
-Como los lacedemonios se preparaban para hacer pasar un ejército a
-Beocia, los tebanos suplican a los atenienses envíen otro alrededor del
-Peloponeso, creyendo no les sería posible a los lacedemonios defender
-al mismo tiempo su país y las ciudades aliadas de estos comarcas
-mientras enviaban fuerzas suficientes contra ellos. Irritados también
-los atenienses por el asunto de Esfodrias, envían llenos de ardor
-sesenta naves alrededor del Peloponeso, después de haber elegido como
-jefe a Timoteo[202]. Hallándose Tebas libre durante toda la estación
-de la invasión de los enemigos, mientras mandaba las tropas Cleómbroto
-y se hallaba en expedición naval Timoteo, dirígense osadamente los
-tebanos contra las ciudades próximas y les hacen volver a su dominio.
-Al mismo tiempo Timoteo en sus correrías marítimas somete en poco
-tiempo a Corcira, sin reducir a sus habitantes a la esclavitud, ni
-desterrar a nadie, ni cambiar las leyes, conducta que le granjea la
-simpatía de todas las ciudades.
-
-Los lacedemonios por su parte equipan otra flota y nombran como
-comandante de la misma a Nicóloco, hombre osado: así que se hallan
-a la vista las naves de Timoteo no duda ni un momento, y aunque le
-faltan seis naves de los ambraciotas, ataca con sus cincuenta y cinco
-embarcaciones a las sesenta de Timoteo. Es vencido, y Timoteo eleva
-un trofeo en Alicia; pero mientras este, después de haber varado sus
-naves, se ocupaba en arreglar las averías, reforzado Nicóloco con
-las seis trirremes ambraciotas, navega hacia Alicia[203], donde se
-hallaba Timoteo, y no acudiendo este a la provocación, levanta a su
-vez un trofeo en las islas más próximas. Timoteo, sin embargo, después
-de haber recompuesto sus naves y recibido otras de Corcira, con lo
-cual reúne una flota de más de setenta velas, conserva decididamente
-la superioridad naval, y pide dinero a Atenas, pues lo necesita en
-abundancia a causa de tener muchas naves.
-
-
-
-
-LIBRO SEXTO.
-
-CAPÍTULO PRIMERO.
-
-
-Mientras se hallan así ocupados los atenienses y lacedemonios, los
-tebanos, que han sometido ya todas las ciudades de Beocia, avanzan
-contra la Fócida, mientras los focidios envían diputados a Lacedemonia
-para participarles que si no se les socorre tendrán que someterse a los
-tebanos; por lo cual los lacedemonios hacen pasar por mar a la Fócida
-al rey Cleómbroto y cuatro cohortes con el contingente aliado[204].
-
-Casi al mismo tiempo el farsalio Polidamante llega de Tesalia para
-tratar ciertos asuntos con el gobierno lacedemonio. Era un hombre que
-gozaba de brillante reputación en toda la Tesalia; pero en particular
-era tenido en su ciudad por tan virtuoso, que los farsalios, a pesar
-de sus disensiones, le habían confiado la acrópolis y entregado el
-cuidado de la percepción de los impuestos fijados por la ley, para
-que dispusiese de los ingresos para los asuntos religiosos y para
-otros gastos de la administración; de todo lo cual rendía anualmente
-sus cuentas: si le faltaba dinero, lo tomaba de su peculio particular
-y se reembolsaba cuando había sobrante en los ingresos. Era además
-hospitalario y muy amigo del lujo y la esplendidez, según la costumbre
-tesalia. Después que llegó a Lacedemonia habló en estos términos:
-
-«Ciudadanos lacedemonios: soy de tiempo inmemorial y de padre a hijo
-vuestro próxeno y bienhechor, y por lo tanto creo poder recurrir a
-vosotros cuando se levantan ante mí dificultades y cuando asimismo se
-prevén serias complicaciones en Tesalia, para daros conocimiento de
-ello. Sin duda habréis oído hablar de Jasón, pues es un hombre de gran
-poder y de inmensa fama. Después de haber celebrado conmigo una tregua,
-vino a encontrarme y me dijo:
-
- «Polidamante: aunque Farsala tu ciudad quisiera oponérseme, podría
- someterla por lo que voy a decirte. Tengo por aliadas las mayores
- y más importantes ciudades de la Tesalia, y las he sometido cuando
- reunisteis contra mí vuestras fuerzas a las suyas. Sabes también
- que tengo a sueldo cerca de seis mil mercenarios, a los cuales
- paréceme que ninguna ciudad podría hacer frente, y no porque no
- puedan oponérseles igual número de tropas; pero los ejércitos de
- las ciudades se componen de hombres de distintas edades, tanto de
- gente anciana como de gente que no ha llegado aún a la virilidad,
- y además solo un pequeñísimo número en cada ciudad se entrega a
- los ejercicios gimnásticos, mientras que no hay uno solo de mis
- mercenarios que no sea capaz de soportar las mismas penalidades que
- yo.»
-
-»Y a la verdad, Jasón es un hombre muy robusto y que despliega
-mucha actividad: cada día somete a una infinidad de pruebas a su
-ejército; pónese en armas a su cabeza, ya en los gimnasios, ya en las
-expediciones, despide a los mercenarios en quienes apercibe molicie,
-pero a los que ve llenos de ardor por las fatigas y los peligros contra
-los enemigos, les distingue, dándoles doble, triple y cuádruple sueldo
-y otros regalos, cuidándoles en sus enfermedades y honrándoles en sus
-funerales: así es que todos estos extranjeros saben que el valor en la
-guerra les asegura una vida honrada y opulenta. Me ha contado también,
-aunque ya lo sabía por otro conducto, que los maracos, los dólopes y
-Alcetas, gobernador de Epiro, le estaban sometidos.
-
- «Pues bien --dijo--; ¿quién podría hacerme temer el más mínimo
- obstáculo al someteros? Y sin embargo, dirá cualquiera que no me
- conozca, ¿por qué no te diriges, pues, inmediatamente contra los
- farsalios? ¿qué aguardas? Pero ¡por Zeus! no lo hago porque me parece
- preferible me estéis sometidos voluntariamente que a la fuerza, pues
- sometidos por la violencia, procuraríais por todos los medios que se
- hallasen a vuestro alcance hacerme todo el daño que pudierais, y yo
- desearía os vieseis reducidos a la mayor debilidad; pero si de buen
- grado queréis someteros, claro es que ambos buscaremos las ocasiones
- en que podamos favorecernos unos a otros.
-
- »Yo bien sé, Polidamante, que tu patria ve solo por tus ojos; así,
- pues, si tú procuras que se convierta en aliada mía, te prometo
- hacerte después de mí el hombre más importante de Grecia. Escucha
- en qué asuntos quisiera darte el primer puesto, y no creas lo que
- te digo si tu propio raciocinio no te indica voy acertado en mis
- conjeturas. ¿No es verdad (dicho sea entre nosotros) que una vez
- me esté sometida Farsala y las ciudades que de ella dependen, me
- constituiría fácilmente rey absoluto de toda la Tesalia[205], y
- que una vez reunida la Tesalia entera, la caballería ascenderá lo
- menos a seis mil hombres y los hoplitas a más de diez mil? Cuando
- considero la robustez y valentía de esas tropas, me parece que
- sabiendo cuidar de ellas no hay nación alguna que pueda dominar a
- los tesalios; y además, siendo la Tesalia un país vasto y formando
- las naciones a su alrededor un círculo, así que esté sometida a un
- jefe absoluto, las irá dominando una a una. Casi todas las tropas
- del país son de excelentes tiradores, por lo cual necesariamente los
- peltastas han de ser vencidos por nuestro ejército. No puedo dejar
- de aliarme a los beocios y a cuantos pelean contra los lacedemonios,
- y seguramente consentirán todos en seguirme si les libro de ellos.
- También los atenienses, estoy seguro, harían cuanto pudieran para
- adquirir nuestra alianza; pero, sin embargo, no soy de parecer de
- entablar relaciones con ellos, pues creo que nos ha de ser más fácil
- apoderarnos del dominio marítimo que del terrestre.
-
- »Para que veas si mi cálculo es justo, observa además lo que voy a
- decirte. Una vez poseamos Macedonia, de donde los atenienses sacan
- la madera de construcción, nos hallaremos en situación de construir
- muchas más naves que ellos. Y en cuanto a sus tripulaciones,
- ¿quién podrá más fácilmente tripular sus naves, los atenienses o
- nosotros que tenemos tantos penestes?[206]. En cuanto a lo que se
- refiere a poder sostener los gastos, ¿no es natural que nosotros
- tengamos más medios; nosotros a quien nuestra misma abundancia nos
- permite exportar el trigo, mientras que los atenienses no tienen el
- necesario si no lo compran? Y en cuanto a riquezas, es natural que
- tengamos más abundancia de plata, puesto que en lugar de tener que
- recurrir a pobres islotes, impondremos tributo a todas las naciones
- continentales que nos rodean, y que tendrán que someterse desde el
- momento en que los tesalios reconozcan a un jefe absoluto. Bien sabes
- que el rey de Persia, que saca tributos no de las islas sino del
- continente, es el más rico de los hombres. Pues bien, considero más
- fácil el someterle a él que a Grecia, pues todos los hombres de dicho
- país, menos uno solo, están más ejercitados a la servidumbre que al
- valor guerrero, y conozco el género de fuerzas que han puesto en la
- última extremidad al rey en la expedición de los griegos con Ciro y
- en la de Agesilao.»
-
-»Cuando me hubo dicho esto, contestele que todas sus palabras merecían
-reflexionarse; pero que me parecía completamente imposible, sin haber
-un motivo para ello, abandonar a los lacedemonios, con los cuales nos
-hallamos ligados por la amistad, para unirnos a sus adversarios. Él
-alabó mi proceder, y me dijo que desea aún más que sea su amigo, ya que
-tales son mis sentimientos, y me encargó venga junto a vosotros para
-relataros la verdad de todos estos sucesos, y haceros saber que piensa
-marchar contra los farsalios si rechazamos sus proposiciones, por lo
-cual me manda os pida refuerzos.
-
- «Y si --añade-- te dan bastantes fuerzas para creerte en situación
- de rechazarme, aceptaremos el resultado que dé la guerra; pero si
- te parece no te dan bastantes refuerzos, entonces no podrás evitar
- los justos reproches de tu patria, en la que has sabido elevarte al
- primer puesto.»
-
-»He aquí por qué vengo a visitaros y por qué os relato cuanto he visto
-y cuanto él mismo me ha dicho. Ciudadanos lacedemonios: creo que si
-nos enviáis fuerzas que parezcan suficientes, no solo a mis ojos,
-sino al de todos los tesalios, para combatir a Jasón, las ciudades
-abandonarán su partido, pues que todas temen el acrecentamiento del
-poder de este hombre. Pero si creéis que algunos neodamodes y algún
-hombre vulgar han de bastar para ello, os aconsejo que no os mováis,
-pues tenéis que saber os hallaríais en guerra contra un vigor poco
-común, contra un general suficientemente precavido para no experimentar
-ningún desastre, para prevenir toda sorpresa, para tomar toda clase
-de precauciones o vencer por la violencia; que igual partido saca de
-la noche que del día, y que cuando quiere ir de prisa sabe almorzar y
-comer sin abandonar la marcha; que no se concede descanso hasta que
-ha conseguido su objeto y ha llevado a buen fin sus asuntos, a lo
-cual ha acostumbrado a cuantos con él están. Cuando después de largas
-penalidades han sabido sus soldados llevar a buen término alguno de
-sus mandatos, realiza por completo sus deseos; de manera que saben sus
-soldados y cuantos están a su alrededor, que de las fatigas nacen las
-comodidades, y en cuanto a él, es el hombre más dueño de sus pasiones
-que yo conozco; de modo que no da nunca a los placeres el tiempo
-necesario para los negocios. Reflexionad, pues, y decidme lo que os sea
-conveniente, lo que podéis y lo que queréis hacer.»
-
-Así dijo. Aplazan los lacedemonios su respuesta para más adelante; pero
-después de haber consagrado el día siguiente y el otro para reflexionar
-sobre la cantidad de cohortes que se hallan ya fuera del país, el
-número de tropas que sostienen en las costas de Laconia contra las
-correrías de las trirremes atenienses, y en la guerra que sostienen en
-las fronteras, contestan que en las circunstancias presentes no pueden
-enviarle recursos bastantes, y le animan a que procure arreglar los
-negocios del modo que sea más favorable a sus intereses y a los de la
-patria.
-
-Polidamante parte, alabando la franqueza de Lacedemonia: ruega a Jasón
-no le obligue a entregar la acrópolis de Farsala, a fin de conservarla
-para los que se la han confiado; pero le da en garantía sus mismos
-hijos, y le asegura procurará que voluntariamente la ciudad entre en
-su alianza y contribuya a proclamarle rey absoluto. Cuando se han dado
-recíprocas garantías de seguridad, conciertan los farsalios la paz, y
-Jasón es reconocido al poco tiempo como tago o jefe absoluto de los
-tesalios. Una vez en el poder, fija el número de caballos y de hoplitas
-que cada ciudad debe proporcionarle, y reúne de este modo más de ocho
-mil caballos, contando con los de los aliados, y eleva hasta veinte mil
-el número de sus hoplitas; y en cuanto a sus peltastas, por el número
-y ardimiento podían dominar al mundo entero: sería trabajo muy pesado
-el enumerar todas las ciudades que suministraban este ejército. También
-ordenó a los periecos pagasen el tributo que había sido fijado por
-Escopas: tal fue el resultado de estos sucesos. Reanudemos, pues, la
-relación de los que interrumpimos para hablar de Jasón.
-
-
-
-
-CAPÍTULO II.
-
-
-Los lacedemonios y sus aliados se reunían en la Fócida, mientras los
-tebanos, retirados a su país, defendían las entradas del mismo; en
-cambio los atenienses, viendo que por ellos los tebanos aumentan su
-poderío sin contribuir en modo alguno al sostenimiento de la flota,
-mientras ellos se hallan abrumados por contribuciones en metálico,
-por las piraterías de los eginetas y por el sostenimiento de los
-destacamentos que vigilan el país, desean termine la guerra y envían
-diputados a Lacedemonia para concertar la paz.
-
-Celebrada esta[207], dos de los diputados atenienses embarcándose
-en Lacedemonia, se dirigen directamente por orden de su ciudad a
-participar a Timoteo conduzca a Atenas la flota, porque se ha hecho la
-paz. En el trayecto, Timoteo conduce a Zacinto a los desterrados de
-esta isla; pero cuando los zacintios participan a los lacedemonios la
-manera como con ellos se ha portado Timoteo, consideran los espartanos
-como culpables a los atenienses y equipan nuevamente una flota de
-sesenta naves, no solo de Lacedemonia, sino también de Corinto.
-Léucade, Ambracia, Élide, Zacinto, Acaya, Epidauro, Trecén, Hermíon y
-Halias[208]. Nombran comandante de estas naves a Mnásipo, con orden de
-vigilar todos estos parajes, y sobre todo de atacar particularmente a
-Corcira. Envían asimismo a Dionisio[209] unos mensajeros para que le
-hagan ver cuán ventajoso sería para él que no dominaran los atenienses
-en aquella población.
-
-Así que ha reunido su flota, se hace a la vela Mnásipo en dirección a
-Corcira. Iban con él unos mil quinientos mercenarios, además de las
-tropas lacedemonias. Luego de haber desembarcado, domina y saquea el
-país, que estaba completamente plantado y cultivado y cuyas campiñas
-estaban pobladas de magníficas habitaciones y bodegas bien provistas,
-de tal suerte que se cuenta habían llegado los soldados a tal lujo que
-no querían beber más que vino perfumado. Apodéranse también en los
-campos de considerable número de esclavos y rebaños. Acampa después
-Mnásipo su ejército terrestre en una colina distante unos cinco
-estadios de la ciudad, que dominaba el país, a fin de poder atajar
-el paso a todos los que viniesen a Corcira: en cuanto a la flota, la
-coloca a la otra parte de la ciudad, en un lugar desde el cual podía
-verse a lo lejos e impedir fondease cualquier nave en el puerto, en el
-que, cuando no se oponía a ello la tempestad, hacía anclar sus naves, a
-fin de tener mejor bloqueada la ciudad.
-
-Los corcirenses, desde que no pueden recibir provisiones de sus
-tierras, ocupadas por el enemigo, ni tampoco por el mar, pues la flota
-enemiga supera en gran manera a la suya, hállanse en una situación muy
-aflictiva. Envían a pedir socorros a Atenas, indicándoles perderán
-inmensas ventajas y darán gran fuerza al enemigo si se dejan arrebatar
-Corcira, ya que ninguna ciudad, excepto Atenas, puede equipar tantas
-naves ni proporcionar tanto dinero. Además, Corcira se halla en una
-situación sumamente estratégica, a la entrada del golfo de Corinto y de
-las ciudades que baña, y su posición permite dañar a Laconia, así como
-se encuentra a la distancia más favorable de Epiro, y en la situación
-más ventajosa para el trayecto de Sicilia y del Peloponeso.
-
-Al oír los atenienses tales indicaciones, creen deber tomar con empeño
-este asunto, y envían al jefe Ctesicles con unos seiscientos peltastas,
-que ruegan a Alcetas haga pasar a la isla. Los soldados, después de
-desembarcar por la noche en un punto del país, entran en la ciudad.
-Decretan además los atenienses se equipen sesenta naves, y eligen para
-mandarlas a Timoteo, quien no hallando en Atenas las tripulaciones
-necesarias para equiparlas, se dirige a las islas para completarlas,
-no creyendo negocio baladí el dirigirse en cualquier situación contra
-una flota completamente provista. Pero los atenienses, juzgando pierde
-en la inacción la estación favorable para navegar, no tienen con él
-la más mínima indulgencia y le quitan el mando, que dan a Ifícrates.
-Inmediatamente de ser nombrado, equipa este con gran rapidez las
-naves y obliga aun con violencia a los comandantes de las mismas.
-Toma igualmente todas las naves atenienses que cruzan las aguas del
-Ática, así como la _Páralos_ y la _Salaminia_[210], asegurando a los
-atenienses que si alcanza buenos resultados en Corcira les devolverá
-gran número de naves. De esta manera forma entre todas una flota de
-setenta naves.
-
-Durante este tiempo los corcirenses padecen de tal modo por el hambre,
-que Mnásipo hace publicar, a consecuencia del gran número de tránsfugas
-que coge, que hará vender a todos los desertores; pero como no por
-esto llegan en menor número, concluye volviéndolos a la ciudad después
-de hacerlos azotar, y como los sitiados no quieren recibirlos en sus
-muros, ni siquiera como esclavos, perecen muchos de ellos fuera de las
-murallas. Viendo Mnásipo sus sufrimientos, cree tener ya en su poder a
-la ciudad, y cambia su modo de proceder con los mercenarios; despide
-a unos sin pagarles y a otros retiéneles el sueldo de dos meses a
-pesar de que, según se dice, no andaba escaso de dinero, pues que, en
-realidad, la mayor parte de las ciudades le habían remitido dinero en
-lugar de soldados, pues era cosa permitida en expediciones en que se
-había de pasar el mar. Los sitiados, apercibiendo entonces desde lo
-alto de las torres que las guardias están más descuidadas que antes
-y que las tropas se hallan diseminadas por la campiña, verifican una
-salida en la que hacen algunos prisioneros y matan algunos soldados.
-Mnásipo, al verlos, se arma, y seguido de todos los hoplitas se arroja
-en auxilio de los suyos, después de haber dado orden a los jefes y
-oficiales de los mercenarios para que salgan a sostener el ataque; pero
-habiéndole respondido algunos de aquellos que difícilmente encontraría
-dispuesta a la obediencia a la gente a quien rehúsa la subsistencia,
-principia a golpearles con su bastón y con la punta de la lanza, por lo
-cual salen completamente desanimados del campamento y llenos de odio
-contra él, enojosa disposición para un día de combate. Fórmalos en
-batalla Mnásipo, derrota y persigue a los enemigos que estaban junto
-a las puertas, pero llegados junto a los muros se vuelven y desde
-los túmulos funerarios[211] les arrojan flechas y demás proyectiles,
-mientras otros, saliendo por distinta puerta, se lanzan sobre la
-retaguardia enemiga en masa compacta: los lacedemonios, que se hallaban
-formados a ocho en fondo, creen muy débil el frente de su falange y
-procuran verificar una maniobra para robustecerla; pero persuadidos
-sus enemigos de que se declaran en fuga, se arrojan sobre ellos
-impidiéndoles el realizar su movimiento y obligando a emprender la fuga
-a sus tropas auxiliares. Mnásipo no puede auxiliar a las tropas así
-acosadas, pues está también agobiado por los enemigos que tiene a su
-frente y a los cuales deja cada vez mayores ventajas por el pequeño
-número de sus fuerzas. Finalmente, los enemigos en masa atacan todos
-la división de Mnásipo, ya muy abatida; los mismos ciudadanos, viendo
-el aspecto que toman sus asuntos, salen también contra él; mátanle
-y persiguen todos a sus tropas. Sin duda se hubieran apoderado del
-campamento y de las trincheras, si no hubiesen visto la multitud de
-comerciantes, criados y esclavos, y no se hubiesen retirado, tomándoles
-por tropas de reserva. Levantan los corcirenses un trofeo y conceden
-una tregua para recoger los muertos.
-
-Redoblan el valor desde entonces los sitiados mientras experimentan
-un abatimiento indecible los sitiadores, pues se decía también que
-Ifícrates debía llegar de un momento a otro, y los corcirenses
-equipaban al mismo tiempo las naves que tenían. Hipermenes, que era el
-segundo de Mnásipo, equipa todas las embarcaciones que allí había, se
-hace a la vela hacia los atrincheramientos y cargando las naves con
-el dinero y los esclavos, las hace marchar mientras él permanece para
-defender sus trincheras con los soldados y marineros que le quedan;
-pero viéndose por fin completamente desorganizados, suben también a
-las trirremes y parten, dejando mucho trigo, vino, esclavos y soldados
-enfermos, pues temen ser sorprendidos en la isla por los atenienses y
-se refugian en Léucade.
-
-Ifícrates, una vez en camino para doblar el Peloponeso, mientras
-avanza, hace todos los preparativos necesarios para el combate: deja
-en tierra las grandes velas[212] como si se dirigiese al combate, y no
-se sirve ni un momento de las altas[213] ni aun con viento favorable;
-pues haciendo el trayecto a fuerza de remo, aumenta el vigor de sus
-soldados y acelera la marcha de sus naves. Muchas veces, mientras
-debían comer sus tropas, hacía poner en fila las naves y las conducía
-alineadas unas después de otras: luego operaba una conversión a fin de
-que tuviesen la proa hacia la costa, y a una señal las hacía partir
-para ver cuál llegaría primero. Era esto un gran premio para la que
-conseguía el hacer antes que todas la provisión de agua y de cuanto se
-necesitaba, así como comer antes que todas; por el contrario, los que
-llegaban últimos experimentaban gran castigo, pues tenían que hacer
-todo esto después que los otros, y sin embargo, tenían que volver a
-marchar al mismo tiempo cuando se daba la señal, por lo cual, los
-primeros que llegaban podían hacerlo todo despacio y con comodidad,
-mientras que los demás tenían que hacerlo a toda prisa. Cuando se
-hallaban en país enemigo y era la hora de comer, establecía Ifícrates
-centinelas en tierra, según es costumbre, pero además hacía levantar
-los palos, colocando en ellos vigías que, hallándose en el punto más
-alto, tenían un horizonte más extenso que los centinelas terrestres.
-Cuando cenaba o dormía en alguna parte, no encendía fuego durante la
-noche, sino que hacía encender fogatas antes de llegar a la vanguardia,
-a fin de que nadie pudiera acercarse desapercibidamente. Cuando el
-tiempo era hermoso, volvía a hacerse a la mar después de cenar, sobre
-todo si era favorable la brisa, avanzando mientras descansaban, pero
-si era preciso hacer uso de los remos, daba reposo a los soldados
-por tandas. Durante el día guiaba su flota por medio de señales,
-disponiéndola unas veces en falange y otras poniéndola en fila: de
-este modo sus tropas se habían ejercitado en todas las maniobras de un
-combate naval, mientras avanzaban y llegaban perfectamente instruidas a
-los mares que creían ocupados por los enemigos. Comía y cenaba la mayor
-parte de las veces en territorio enemigo, pero como no se detenía en él
-más que el tiempo necesario, volvía a zarpar antes de que llegaran los
-habitantes, y avanzaban así con gran rapidez.
-
-Cuando acaeció la muerte de Mnásipo se hallaba Ifícrates en los
-alrededores de las islas Esfagias en Lacedemonia: llegado a Élide, pasa
-la embocadura del Alfeo y echa el ancla junto al promontorio Ictis.
-Al día siguiente parte para Cefalenia, teniendo en orden de batalla
-su flota, sin descuidar durante su trayecto la más pequeña precaución
-para hallarse dispuesto a combatir así que se presentase ocasión;
-pues como no tenía noticia de la muerte de aquel jefe espartano por
-ningún testigo ocular, sospechaba que esta noticia era únicamente
-para engañarle, y se mantenía a la defensiva. Llegado, sin embargo, a
-Cefalenia tiene entonces noticias positivas y permite descansar a sus
-soldados.
-
-Ya sé yo que se toman todas estas medidas y todas estas precauciones
-cuando se espera un combate naval, pero lo que yo alabo en Ifícrates
-es que tratando de llegar lo más pronto posible al lugar en que creía
-poder librar batalla con los enemigos, hubiese encontrado medio de
-impedir olvidaran los soldados durante el trayecto las maniobras de
-un combate naval, sin que estos cuidados retardasen en lo más mínimo
-su marcha. Después de haber sometido las ciudades de Cefalenia, se
-dirige a Corcira, donde viene en conocimiento de que se aproximan
-diez trirremes enviadas por Dionisio en socorro de los lacedemonios:
-examina por sí mismo el paraje del país desde donde puede apercibirse
-la llegada de las naves y participarlo por medio de señales visibles
-a la ciudad; establece en él vigías y concierta con ellos respecto
-al modo de señalar la llegada y desembarco, y después da sus órdenes
-a veinte jefes de naves que deberán acompañarle, para que le sigan
-así que les llame el pregonero, declarándoles anticipadamente que
-el que no obedezca no deberá quejarse del castigo. Cuando se señala
-la proximidad de los enemigos, y así que el heraldo ha llamado a
-los expedicionarios, se despliega una actividad digna de encomio,
-pues ni uno solo de los que debían embarcarse deja de correr hacia
-las naves. Ifícrates, dirigiéndose al lugar en que se hallan las
-trirremes enemigas hace prisioneras las tripulaciones que habían
-desembarcado; el rodio Melánipo había, sin embargo, aconsejado a los
-demás que no permaneciesen allí, y con sus naves se había hecho a
-la vela después de embarcar sus equipajes, y aunque encontró en su
-camino las naves de Ifícrates, pudo huir; pero las de Siracusa caen
-todas con sus tripulantes en poder del último, quien después de
-despojar de sus accesorios a las trirremes, las entra a remolque en
-el puerto de Corcira. Concede a cada cual pueda pagar su rescate,
-excepto al comandante Crinipo, que conserva, ya para sacar de él gruesa
-suma, ya para venderle; pero este, vencido por el pesar, se da la
-muerte. Ifícrates da libertad a los demás prisioneros, aceptando unos
-corcirenses como garantía de su rescate.
-
-Durante todo aquel tiempo acude al mantenimiento de sus marineros
-haciéndoles cultivar las tierras para los corcirenses. Pasa después a
-Acarnania a la cabeza de sus peltastas y de los hoplitas de la flota
-y socorre las ciudades amigas que se hallan en perentoria situación,
-haciendo la guerra a los turieos, pueblo esforzado y dueño de una
-plaza fuerte. Más tarde, habiendo robustecido su flota con las naves
-corcirenses, y teniendo entre todas unas noventa, se hace a la vela
-hacia Cefalenia, donde levanta tributos y se prepara después para
-devastar el país lacedemonio, unirse las ciudades enemigas de esta
-comarca que quisieran recibirle, y hacer la guerra a las que quisieran
-resistirle.
-
-No puedo dejar de tributar grandes elogios a esta expedición de
-Ifícrates, así como a su petición de que le dieran por colegas al
-orador Calístrato, a quien no tenía simpatías, y a Calias, que gozaba
-fama de ser uno de los más hábiles generales. En efecto, si quería
-juntárselos como consejeros por ser hombres cuya habilidad conocía,
-paréceme obraba como hombre prudente; y si veía en ellos únicamente
-unos rivales, el no temer se le acuse jamás de molicie o descuido, lo
-considero como propio de un hombre que tiene elevadísima conciencia de
-sí mismo. Eso es lo que hizo Ifícrates.
-
-
-
-
-CAPÍTULO III.
-
-
-Los atenienses, al ver arrojados de Beocia a los de Platea, pueblo
-aliado, para los cuales no quedaba ya otro remedio que el de refugiarse
-entre ellos, y a los tespieos, que les rogaban no permitiesen se les
-privara de su patria[214], no aprueban la conducta de los tebanos, y
-experimentan alguna desazón por apoyarles en sus guerras, sobre todo al
-reflexionar será sin ventaja ninguna para ellos, por lo cual no quieren
-ya asociárseles cuando les ven marchar contra los focidios, desde
-muy antiguo aliados de los atenienses, y arrasar ciudades que se les
-habían mostrado fieles en la guerra contra los bárbaros y que además
-eran sus propios aliados. Habiendo, pues, el pueblo decretado la paz,
-se enviaron primeramente[215] diputados a los tebanos para invitarles
-se dirijan con ellos a Lacedemonia, si tal es su voluntad, para tratar
-allí de este objeto, después de lo cual envían los atenienses sus
-diputados, entre los cuales fueron elegidos Calias, hijo de Hipónico,
-Autocles, hijo de Estrombíquides, Demóstrato, hijo de Aristofón,
-Aristocles, Cefisódoto, Melanopo y Liceto. Al presentarse ante la
-asamblea de los lacedemonios y de los aliados, hallábase también entre
-ellos el orador Calístrato, pues había prometido a Ifícrates que si le
-dejaba ir, le enviaría dinero para la flota o celebraría la paz, ya que
-en aquel tiempo se hallaba en Atenas procurando negociarla. Así, pues,
-cuando fueron admitidos los diputados ante los lacedemonios y aliados,
-el primero que tomó la palabra fue Calias, el portaantorcha[216], que
-era un hombre que se deleitaba no menos en alabarse a sí mismo que en
-ser alabado por los demás. Principió, pues, de este modo:
-
-«Lacedemonios: no data mi proxenia con vosotros de mí mismo, sino que
-ya el padre de mi padre la ha legado a nuestra familia. Quiero haceros
-ver también los sentimientos de que se halla animada mi patria respecto
-a vosotros; en tiempo de guerra nos escoge por general, y cuando desea
-la paz nos elige asimismo para negociarla. He venido ya dos veces en
-otro tiempo para terminar la guerra, habiendo conseguido en estas dos
-diputaciones lograr la paz entre vosotros y mi ciudad; y ahora vengo
-por la tercera vez y creo tener razones más justas aún para obtener una
-reconciliación.
-
-»Hallo, en efecto, que vuestros sentimientos son los mismos que los
-nuestros y que además os molesta también como a nosotros la destrucción
-de Platea y Tespias. ¿Cómo, pues, no sería natural sean más bien
-amigos que enemigos los que participan de iguales sentimientos? Y
-seguramente que aun cuando haya alguna diferencia en el modo de ver
-las cosas, las personas prudentes evitan comenzar una guerra, por lo
-cual, si en todo estamos acordes, ¿no sería verdaderamente extraño
-que no ajustásemos la paz? Prohibíanos la justicia esgrimir nuestras
-armas contra vosotros, ya que se dice que a los primeros extranjeros a
-quienes Triptólemo[217], nuestro antepasado, inició en los misterios
-sagrados de Deméter[218] y Hera[219], fueron Hércules, padre de
-vuestra raza, y los Dióscuros, vuestros conciudadanos, y además que el
-Peloponeso fue el primero que recibió de él la semilla del fruto de
-Deméter. ¿Cómo, pues, sería justo que vosotros vinieseis a destrozar
-las mieses de aquellos de quien habéis recibido las primeras semillas,
-así como que nosotros no pudiésemos desear se hallasen en la mayor
-abundancia posible de frutos aquellos a quienes les dimos las primeras
-simientes? Pero si los dioses han decidido haya guerras entre los
-hombres, es preciso pongamos toda la lentitud posible en comenzar
-las hostilidades, y una vez existan estas, la mayor prontitud en
-terminarlas.»
-
-Autocles, orador muy famoso por su precisión, habla después de él en
-estos términos:
-
-«Lacedemonios: cuanto voy a deciros no tendrá por objeto el adularos,
-no lo desconozco; pero me parece que aquellos que quieren ver tan
-sólida y permanente como sea posible, la amistad que desean celebrar,
-deben manifestarse mutuamente las causas de sus guerras. En cuanto
-a vosotros, decís abiertamente que todas las ciudades deben ser
-independientes, pero vosotros mismos ponéis los mayores obstáculos a
-su independencia, pues imponéis como primera condición a las ciudades
-aliadas la de que os sigan a donde quiera las conduzcáis. ¿Y cómo
-puede conciliarse eso con la independencia? Os hacéis enemigos sin
-el consentimiento de los aliados, a quienes mandáis después contra
-aquellos; de suerte que los que se llaman independientes, se hallan muy
-a menudo obligados a marchar contra sus mejores amigos.
-
-»Pero lo que es aún mucho más opuesto a la independencia, es que
-establezcáis en todas partes gobiernos de diez o de treinta individuos
-y que procuréis con todas vuestras fuerzas, no que estos jefes
-gobiernen a tenor de la ley, sino que tengan la suficiente fuerza para
-contener a las ciudades, de manera que parece os regocijáis más en la
-tiranía que en el gobierno libre. Además, cuando el rey mandó fuesen
-independientes las ciudades, habéis sabido reconocer y proclamar que no
-obrarían los tebanos según las prescripciones del rey, si no dejaban
-que cada ciudad se gobernase a sí misma por las leyes que quisiere;
-pero en cambio, cuando os habéis apoderado de la Cadmea[220], no
-habéis permitido siquiera a los tebanos conservaran su independencia.
-Los que desean contraer una amistad, no deben pretender de los demás
-se les conceda plena justicia, mientras se abandonan ellos a su más
-desenfrenada ambición.»
-
-Después de terminar este discurso hízose general silencio y acogieron
-con gozo sus ataques cuantos conservaban motivos de queja contra los
-lacedemonios. Después de esto, Calístrato dice:
-
-«Oh lacedemonios, no creo poder pretender que no hayáis cometido tantas
-faltas como las que nosotros hemos hecho. No pienso, sin embargo, que
-no se deba sostener relación alguna con los que han errado alguna vez,
-pues veo que no hay hombre alguno que termine su vida sin claudicar.
-Por el contrario, paréceme que los hombres que han cometido errores
-alguna vez, se hacen con ello más prudentes, sobre todo cuando han
-resultado castigados con estas faltas como nosotros. Veo que vosotros
-también os habéis atraído algunas veces grandes desastres con vuestras
-desconsideradas acciones, entre las cuales es preciso contar la
-ocupación de la Cadmea en Tebas, pues a pesar de todos los cuidados que
-habéis tomado para asegurar a las ciudades su independencia, todas han
-vuelto a caer en poder de los tebanos, luego de haber sufrido estos
-tan notoria injusticia. Por esto espero que habréis aprendido la poca
-utilidad que presta la ambición, y confío que en lo futuro seáis más
-comedidos en vuestra recíproca amistad.
-
-»Respecto a los calumniosos rumores de algunos que queriendo impedir la
-paz han dicho que al venir nosotros no nos mueve el deseo de vuestra
-amistad, sino el temor de que regrese Antálcidas con el dinero del
-rey, considerad todo esto como pura habladuría. En efecto, el rey
-decretó positivamente la independencia de todas las ciudades griegas;
-¿en qué, pues, temeríamos al rey, si cuanto obramos y decimos se halla
-informado por esta misma idea? ¿Creerá, acaso, alguno que prefiera el
-rey emplear su dinero haciendo a otros poderosos, cuando ve realizar
-sin gasto alguno cuanto reconoció como más ventajoso? Pero, sea de esto
-lo que quiera, ¿para qué hemos venido? Comprenderéis fácilmente que no
-es a causa de vuestros apuros, si echáis una ojeada al estado actual
-de nuestros asuntos así por tierra como por mar. ¿Por qué, pues, hemos
-venido? Evidentemente porque algunos de nuestros aliados obran de un
-modo que nos es tan poco grato como a vosotros. Quisiéramos comunicaros
-gustosamente las ideas de rectitud que tenemos, a fin de reconocer os
-debemos nuestra conservación; y para abordar la cuestión principal os
-recordaré que todas las ciudades son consideradas como vuestras o como
-nuestras, así como en cada estado todo el mundo está dividido entre
-el partido lacedemonio y el ateniense. Si fuéramos, pues, amigos, ¿de
-qué parte podríamos temer razonablemente ningún peligro? ¿Quién podría
-inquietarnos por tierra siendo vosotros nuestros amigos, y quién podría
-dañaros por mar al ser nosotros vuestros más íntimos aliados?
-
-»Todos sabemos que las guerras tienen siempre un comienzo y un fin,
-y que si no es hoy, más adelante desearemos todos la paz. ¿Por qué,
-pues, aguardar al momento en que nos hallemos agobiados por multitud de
-males, más bien que hacer la paz lo más pronto posible y antes de ser
-alcanzados por algún daño irreparable? No doy mi aprobación a aquellos
-atletas que después de haber vencido muchas veces y de haberse labrado
-gran reputación, son ambiciosos hasta el punto de no querer detenerse
-hasta haber sido vencidos y haberse visto obligados a renunciar a su
-profesión, ni tampoco a aquellos jugadores que cuando están de suerte
-doblan en seguida la apuesta, pues veo que la mayor parte de ellos
-son presa de la más completa miseria. Considerando todas estas cosas
-debemos aprovecharnos de que aún nos hallemos en vigor y en prosperidad
-para hacernos francos y mutuos amigos en lugar de liarnos en una guerra
-en la que juguemos el todo por el todo, pues nosotros por vosotros y
-vosotros por nosotros hemos de elevarnos en Grecia a un poder mucho
-mayor en lo futuro del que hemos tenido en lo pasado.»
-
-Habiendo parecido todas estas cosas animadas por la prudencia
-y sabiduría, decretan los lacedemonios aceptar la paz bajo las
-condiciones de retirar los gobernadores de las ciudades, licenciar sus
-tropas de mar y tierra, y reconocer la independencia de las ciudades.
-Establécese asimismo que en el caso de que un estado contravenga a
-estas cláusulas, socorran los que quieran a las ciudades oprimidas,
-pero los que no quieran ir en su auxilio no puedan ser obligados
-a ello por su juramento. Juran estas condiciones los lacedemonios
-por ellos y por sus aliados, así como los atenienses y los suyos,
-cada ciudad de por sí. Los tebanos habían sido inscritos entre las
-demás ciudades que habían jurado, pero al día siguiente vuelven sus
-diputados para suplicar se escriba beocios en lugar de tebanos,
-entre los que han jurado. Agesilao responde que no cambiará nada
-de cuanto han jurado y escrito primeramente, pero que si no quieren
-ser comprendidos en el tratado, borrará su nombre, si así lo exigen.
-Como de este modo la paz se hallaba en vigor entre todos los estados
-griegos, excepto los tebanos, que eran los únicos que habían reclamado
-contra ella, consideran los atenienses la posibilidad de que sean
-diezmados los tebanos, como se decía, y estos se ausentan completamente
-desconcertados.
-
-
-
-
-CAPÍTULO IV.[221]
-
-
-Retiran después de esto los atenienses las guarniciones de las
-ciudades, llaman de nuevo a Ifícrates y a la flota, ordenándole
-devolver cuanto haya tomado desde que se ha prestado juramento a los
-lacedemonios. Estos retiran también los gobernadores y guarniciones de
-todas las ciudades, a excepción de Cleómbroto que mandaba el ejército
-en la Fócida, y que cuando pide a los magistrados de su patria qué debe
-hacer, Prótoo dice que, a su parecer, debe licenciarse aquel ejército
-conforme al juramento, y participar a las ciudades deposite cada una en
-el templo de Apolo la suma que quiera; que después, si hay quien rehúse
-el reconocimiento a la independencia de las ciudades, es preciso
-entonces reunir nuevamente los aliados que quieran proteger dicha
-independencia y dirigirse contra los que se opongan, todo lo cual creía
-sería el modo de hacerse favorable a los dioses y el de indisponerse
-lo menos posible con las ciudades. La asamblea, después de haber
-oído su parecer, consideró cuanto había dicho como pura habladuría,
-pues, según parece, se hallaba ya inspirada por el genio malo que la
-conducía. Hízose decir a Cleómbroto que no licenciase su ejército, sino
-que, por el contrario, marchara contra los tebanos si no reconocían la
-independencia de las ciudades. Cuando Cleómbroto tiene conocimiento
-de que ha sido hecha la paz, pide a los éforos qué debe hacerse, y
-estos le ordenan se dirija contra los tebanos si no reconocen la
-independencia de las ciudades de Beocia. Así, pues, cuando ve que,
-lejos de dar libertad a las ciudades no licencian su ejército a fin de
-poder oponerlo a los lacedemonios, conduce sus tropas a Beocia. Existía
-un camino por el cual esperaban los tebanos verle entrar: era por el
-lado de la Fócida, por cierto desfiladero que guardaban; pero él avanza
-de improviso a través del país montañoso de Tisbe, llega a Creusis,
-y después de tomar esta plaza fuerte, se apodera de doce trirremes
-tebanas. Hecho esto, se aparta de la costa y acampa en Leuctra en el
-territorio de Tespias. Los tebanos, que no tenían otros aliados que los
-beocios, colocan su campamento en una colina que se hallaba a su frente
-y a poca distancia de los mismos. Entonces los amigos de Cleómbroto,
-dirigiéndose a él, le dicen:
-
---«Oh, Cleómbroto, si dejas que los tebanos se retiren sin combate,
-peligras de ser tratado con la última pena por tu patria, pues todo el
-mundo recordará que cuando viniste a Cinoscéfalas no saqueaste parte
-alguna del territorio tebano, y que en una expedición siguiente fuiste
-detenido en el paso, mientras Agesilao ha penetrado siempre en su país
-por el Citerón. Si, pues, deseas tu propio interés y el bien de la
-patria, debes dirigirte contra los enemigos.»
-
-Esto decían sus amigos; sus enemigos decían por su parte:
-
---«Ahora es cuando mostrará claramente este hombre si favorece a los
-tebanos, según se dice.»
-
-Al oír todo esto Cleómbroto, se inclinaba a librar combate.
-
-Por su parte, los jefes de los tebanos reflexionan que si no presentan
-batalla, se apartarán de ellos las ciudades vecinas y serán sitiados
-por los enemigos, en cuyo caso, no teniendo el pueblo tebano los
-necesarios víveres, corren peligro de que la misma ciudad se declare
-contra ellos, y como varios habían sido anteriormente desterrados,
-sostienen que vale más morir combatiendo que ser nuevamente
-desterrados. Además de esto, dales cierta confianza el oráculo popular,
-según el cual debían los lacedemonios experimentar una derrota en
-el mismo lugar en que se hallaba el sepulcro de las doncellas que,
-según se dice, se habían dado la muerte después de la violencia que
-les habían hecho experimentar los lacedemonios[222]. Por esto los
-tebanos habían adornado este monumento antes del combate. Anúnciaseles
-igualmente que en la ciudad todos los templos se habían abierto por
-sí solos, y que las sacerdotisas declaran que los dioses indican
-una victoria. Dícese asimismo que las armas del Heracleo[223] se han
-diseminado por el suelo, lo cual significa que el dios ha salido al
-combate. Algunos pretenden, sin embargo, que todo esto no eran más que
-estratagemas preparadas por la autoridad superior[224].
-
-Todo era, pues, en esta batalla contrario a los lacedemonios, mientras
-lo había dispuesto todo la fortuna en favor de sus adversarios.
-Efectivamente, después de almorzar había tenido Cleómbroto su último
-consejo respecto al combate, a mediodía, después de beber regularmente,
-y, según se dijo, después que el vino se les había subido a la cabeza.
-Cuando los dos ejércitos se hubieron armado y se hizo inminente el
-combate, los comerciantes y algunos bagajeros, así como los que no
-querían combatir, prepáranse para alejarse del ejército beocio, pero
-los mercenarios, bajo el mando de Hierón, y los peltastas focidios,
-con la caballería heracleota y fliasia, forman un círculo y se
-arrojan sobre ellos en el momento en que iban a alejarse, poniéndoles
-en fuga y persiguiéndoles hacia el campamento beocio, con lo cual
-hacen mucho más fuerte y más numeroso el ejército de los tebanos.
-Después, extendiéndose una llanura entre los dos ejércitos, colocan
-los lacedemonios su caballería al frente de su falange, mientras
-los tebanos opónenle también la suya; pero la caballería tebana era
-una tropa aguerrida por la guerra con los orcomenios y por la de
-los tespieos, mientras que en aquel tiempo la de los lacedemonios
-era muy detestable, pues los ciudadanos ricos eran los que criaban
-los caballos, y al anunciarse una campaña llegaba cada uno de los
-designados, tomaba el caballo y las armas que se le daban, y partía
-inmediatamente. Además, eran los soldados más débiles y menos deseosos
-de ilustrarse los que formaban parte de la caballería. Tal era la de
-ambas partes. En cuanto a los cuerpos de ejército, dícese que los
-lacedemonios ordenaron en tres filas las compañías[225], lo cual no
-hacía más que doce hombres en fondo. Por el contrario, los tebanos
-se habían aglomerado formando una profundidad de cincuenta escudos,
-considerando que si vencían al cuerpo real, vencerían fácilmente los
-restantes cuerpos.
-
-Cuando Cleómbroto comenzó a dirigirse contra el enemigo, y aun antes de
-que su ejército se hubiese apercibido de que se avanzaba, la caballería
-de ambas partes había venido ya a las manos, y la de los lacedemonios
-había sido derrotada al primer empuje; al huir cae sobre sus mismos
-hoplitas, atacados a su vez por los tebanos. Sin embargo, un testimonio
-positivo demuestra la superioridad que el cuerpo de Cleómbroto tuvo
-en los comienzos del combate, pues no hubieran podido levantarle y
-apoderarse de él vivo, si los que combatían a su alrededor no hubiesen
-tenido en aquel momento la mejor parte en el combate. Pero cuando fue
-muerto el polemarca Dinón, así como Esfodrias, uno de los comensales
-del rey, y Cleónimo, su hijo, la caballería y los sinforeos[226] del
-polemarca no pudieron detener el poder del número y comenzaron a ceder;
-las tropas del ala izquierda, al ver derrotada la derecha, principiaron
-también a aflojar en su resistencia. A pesar del número de los muertos
-y de su derrota, después de atravesar el foso que se hallaba delante
-del campamento, vuelven a colocarse con las armas en el lugar de donde
-habían partido. El campo no era completamente una llanura, pues formaba
-cierta pendiente. Hubo entonces algunos lacedemonios que, creyendo no
-debía soportarse tal desastre, dijeron era preciso impedir al enemigo
-erigir un trofeo, y procurar recoger los muertos por la fuerza de las
-armas sin recurrir a la tregua. Pero los polemarcas, viendo que habían
-sucumbido ya cerca de mil lacedemonios, y que de unos setecientos
-espartanos habían muerto cerca de cuatrocientos, así como que se
-hallaban ya sin valor para combatir los aliados, a alguno de los cuales
-acaso no contrariaba el giro que tomaban los sucesos, reúnen a los
-jefes principales para determinar lo que debe hacerse. Habiendo todos
-sido de parecer de pedir una tregua para recoger los muertos, envían un
-heraldo para suplicarla. Levantan en seguida los tebanos un trofeo y
-conceden la tregua para recoger los muertos.
-
-Después de estos sucesos, el enviado que lleva a Lacedemonia la nueva
-de este desastre, llega a Esparta el último día de las Gimnopedias[227]
-en el momento en que el coro de hombres se hallaba en función; los
-éforos, al enterarse de este desastre, necesariamente tuvieron que
-afligirse, pero no suspendieron el coro y dejaron terminar los juegos.
-Después dieron los nombres de los muertos a cada uno de sus parientes,
-recomendando a las mujeres no manifestaran su dolor, sino, por el
-contrario, lo soportaran en silencio. Al día siguiente pudo verse
-aparecer en público a los padres de los que habían perecido, alegres
-y llenos de júbilo, mientras los padres de los que se había anunciado
-sobrevivían al combate, no se mostraron más que en muy pequeño número y
-con el rostro abatido y humillado.
-
-Inmediatamente decretan los éforos una leva de las cohortes restantes
-llamando a las armas aun a los que hacía cuarenta años habían pasado
-de la adolescencia; hacen partir también a los de esta edad que
-pertenecían a las cohortes que habían salido antes, pues hasta entonces
-solo se había enviado contra la Fócida a los que pertenecían al
-ejército hacía menos de treinta años; ordénase, finalmente, que deben
-también partir cuantos se habían antes quedado a consecuencia del cargo
-que desempeñaban. No habiéndose repuesto aún Agesilao de su enfermedad,
-da la ciudad el mando a su hijo Arquidamo. Los tegeatas muestran
-mucho celo por ir con ellos, pues Estásipo y sus partidarios, que
-abogaban por Lacedemonia, y que contaban con gran poder en su ciudad,
-se hallaban aún con vida. Los mantineos de las aldeas les acompañan
-también valerosamente, pues eran dominados por la aristocracia. Los
-corintios, los sicionios, los fliasios y los aqueos muestran también
-mucho celo en acompañarles, y muchas otras ciudades envían asimismo
-su respectivo contingente. Los lacedemonios y los corintios equipan
-trirremes, y piden también a los sicionios equipen algunas en las
-cuales pensaban transportar al ejército, y Arquidamo sacrifica después
-para obtener una marcha feliz.
-
-Los tebanos, inmediatamente después de la batalla, envían a Atenas
-un mensajero coronado de flores, y al mismo tiempo que describen la
-magnitud de la victoria, piden refuerzos, diciendo ha llegado el
-momento oportuno de obtener venganza de todo el daño que han hecho los
-lacedemonios. El senado ateniense se hallaba casualmente en sesión en
-la acrópolis. Cuando los senadores se enteran de lo que ha sucedido,
-dejan comprender a la vista de todos el vivo pesar que por ello
-experimentan, pues no ofrecen presente hospitalario al mensajero ni
-dan contestación alguna respecto a los refuerzos. De este modo sale de
-Atenas aquel emisario.
-
-Los tebanos envían, sin embargo, diputados a Jasón, su aliado,
-pidiéndole a toda prisa refuerzos y considerando los peligros del
-porvenir. Equipa inmediatamente Jasón algunas trirremes para venir
-en su auxilio por mar, y después, reuniendo sus mercenarios y la
-caballería de su guardia, dirígese por tierra a Beocia, a pesar de
-hallarse en una guerra de exterminio con los focidios, apareciendo
-antes de que se haya anunciado en la mayor parte de las ciudades que
-debía atravesar. Antes de que haya habido tiempo de reunir las tropas
-para oponérsele, previniéndoles con su prontitud, se halla fuera de
-su alcance, haciendo ver con esto que a menudo la velocidad en la
-ejecución conduce más fácilmente al buen éxito que la violencia.
-
-Luego que ha llegado a Beocia, dícenle los tebanos que sería un momento
-favorable para caer sobre los lacedemonios desde las alturas con sus
-mercenarios, mientras ellos les atacarían de frente; pero Jasón les
-aparta de este proyecto, demostrándoles que, después de un hecho
-glorioso, no es conveniente entregar al acaso el adquirir una nueva
-victoria mayor que la primera, o perder la que se ha conseguido.
-
---«¿No veis --les dijo-- que vosotros mismos habéis sido vencedores
-cuando os hallabais sumidos en la aflicción? Es preciso, pues, también
-creer que los lacedemonios combatirían desesperadamente al verse
-reducidos a la última extremidad. Además, la divinidad, según parece,
-se complace muy a menudo en engrandecer a los débiles y humillar a los
-grandes.»
-
-Jasón disuade, pues, a los tebanos, con estas palabras, de atacar a los
-lacedemonios, mientras por otra parte demuestra también a estos que
-es muy distinto ponerse en campaña con un ejército victorioso que con
-tropas completamente vencidas.
-
---«Si queréis olvidar el desastre que habéis experimentado, os aconsejo
-toméis aliento y aumentéis vuestras fuerzas para mediros de nuevo con
-aquellos a quienes no pudisteis vencer. Mientras tanto, añadió, debéis
-saber que hay algunos de vuestros aliados que están en tratos con
-vuestros enemigos para celebrar una alianza. Procurad, pues, a todo
-precio obtener una tregua; y si deseo esto --añadió finalmente--, es
-porque quiero salvaros, así por la amistad de mi padre hacia vosotros
-como porque soy vuestro próxeno.»
-
-Esto dijo, pero acaso obraba así para que los dos bandos, aunque
-separados entre sí por sus diferencias, necesitasen ambos de él.
-Los lacedemonios, sin embargo, después de oírle, deciden negociar
-una tregua, y cuando anuncian que está hecha, los polemarcas mandan
-pregonar que se cene y se esté preparado para emprender la marcha
-durante la misma noche, a fin de pasar el Citerón al apuntar el nuevo
-día. Terminada la comida, en lugar de dormir, se da la orden de marcha
-y se toma el camino de Creusis al oscurecerse el día, teniendo más
-confianza en esta maniobra secreta que no en la tregua. Después de
-una marcha penosa durante la noche, con miedo y en un camino áspero,
-llegaron a Egóstena de Mégara, donde hallaron al ejército de Arquidamo.
-Este, después de haber aguardado en dicho lugar a todos sus aliados,
-conduce al ejército reunido a Corinto, de donde, después de licenciar a
-los aliados, lleva a sus conciudadanos a Lacedemonia.
-
-Jasón, sin embargo, al volverse por la Fócida, se apodera del
-arrabal de Hiámpolis, saquea el país y da muerte a gran número de
-los habitantes. Llegado a Heraclea, después de haber atravesado
-pacíficamente lo restante de la Fócida, destruye las murallas de
-aquella población, no porque temiese pudiera ser atacado su poder
-por aquel paso, sino más bien porque deseaba impedir que, ocupando a
-Heraclea, que está situada en un desfiladero, pudiesen cerrarle el paso
-cuando quisiese marchar contra cualquier comarca griega.
-
-Llegado a Tesalia, era grandemente poderoso, ya por haber sido nombrado
-legalmente soberano absoluto de los tesalios, ya por tener a sueldo
-y a sus órdenes gran número de tropas de infantería y de caballería,
-ejercitadas de manera que pudieran vencer siempre a sus contrarios, y
-por tener además gran número de pueblos aliados, fuera de los cuales
-había también otros muchos que deseaban serlo. Pero lo que le colocaba
-encima de todos los de su época, era que nada había en él que pudiese
-ser objeto de desprecio por parte de nadie. Al acercarse la fecha de
-los juegos píticos, hizo publicar en las ciudades se preparasen bueyes,
-corderos, cabras y cerdos para los sacrificios, y se dice que, a pesar
-de que había mandado muy moderadamente esa imposición, no se reunieron
-menos de mil bueyes, y el resto de los otros ganados se elevó a diez
-mil cabezas. Hizo también anunciar daría una corona de oro como premio
-a la ciudad que presentase el más hermoso buey como primicia de las
-víctimas. Ordenó asimismo a los tesalios se preparasen para ponerse en
-campaña en la época de los juegos píticos, diciéndose tenía intención
-de presidir por sí mismo la fiesta y los juegos en honor del dios.
-Nada se sabe aún hoy, sin embargo, de cuáles eran sus intenciones
-respecto a los tesoros sagrados; pero se dice que habiendo pedido los
-delfios al oráculo qué es lo que debían hacer si se apoderaba de las
-riquezas del dios, este contestó que eso corría de su cuenta. Este
-hombre, pues, tan poderoso, que alimentaba en su espíritu designios tan
-vastos y tan numerosos, acababa de verificar un día la inspección de
-la caballería de Feras y de pasarle revista, cuando, al sentarse para
-contestar a lo que pudiesen pedirle, fue asesinado e instantáneamente
-muerto por siete jóvenes que se aproximaron a él como si tuviesen algún
-litigio entre sí. Los doríforos[228], que se hallaban junto a él, se
-precipitan inmediatamente para defenderle y matan de una lanzada a uno
-de los asesinos, mientras daba aún a Jasón la última puñalada: otro es
-cogido mientras montaba a caballo, y muere bajo sus golpes. Los otros
-se lanzan a los caballos, que de antemano tenían preparados, y pueden
-escaparse, siendo recibidos con honor en la mayor parte de las ciudades
-griegas, lo cual demuestra cuánto temían los griegos que se convirtiese
-en tirano.
-
-Sin embargo, una vez muerto Jasón, son nombrados jefes absolutos sus
-hermanos Polidoro y Polifrón: Polidoro muere en un viaje que hicieron
-ambos hermanos a Larisa, mientras dormía, y, según parece, asesinado
-por aquel, pues su muerte acaeció de un modo completamente repentino y
-sin causa ninguna aparente. A su vez Polifrón reina durante un año, y
-ejerce un poder semejante a la tiranía, pues en Farsala hace perecer
-a Polidamante y a ocho de los principales ciudadanos, y en Larisa
-destierra a gran número de personas. Entregábase a tales excesos,
-cuando Alejandro le da muerte para vengar a Polidoro y hacer cesar
-la tiranía; pero cuando a su vez se ha revestido del poder, se hace
-aborrecible como jefe a los tesalios, y como enemigo odioso también a
-los tebanos y atenienses, mostrándose asimismo injusto saqueador por
-tierra y por mar. A su vez cae bajo los golpes de los hermanos de su
-mujer[229], que los incita con sus consejos, pues anunciándoles que
-Alejandro les tiende una emboscada, les oculta en el interior de la
-casa durante todo el día hasta que vuelve Alejandro completamente
-ebrio. Después que se ha acostado, le quita la espada a la luz de la
-lámpara, y viendo vacilar a sus hermanos, que no se atrevían a entrar
-para matarle, les amenaza con hacerle despertar si no le mataban
-en seguida. Después que entraron en su cámara, cierra la puerta,
-sosteniendo ella misma el pestillo hasta que han dado muerte a su
-marido. Según dicen algunos, el odio que tenía a este provenía de haber
-hecho prender Alejandro a un joven muy hermoso a quien ella amaba, y
-de que al pedirle ella le pusiera en libertad, le hizo salir de la
-cárcel para matarle. Dicen otros que Alejandro, no habiendo tenido
-ella sucesión, había hecho pedir en matrimonio a la mujer de Jasón, en
-Tebas. Tales son, pues, las causas que se asignan como productoras de
-este atentado. El poder recae entonces en Tisífono, el mayor de los
-hermanos autores de este asesinato, quien reinaba aún al escribirse
-esta historia.
-
-
-
-
-CAPÍTULO V.[230]
-
-
-Los sucesos de Tesalia que tuvieron lugar bajo el mando de Jasón, y
-después de su muerte hasta la entronización de Tisífono, acaban de
-relatarse, ahora voy a proseguir mi relación en el punto en que la
-interrumpimos para esta digresión.
-
-Cuando Arquidamo hubo conducido a Leuctra los refuerzos que mandaba,
-los atenienses, considerando que los peloponesios continuaban siguiendo
-a los lacedemonios, y que no se hallaban aún estos en el estado a que
-habían sido reducidos los atenienses, reúnen los enviados de todos los
-estados que quieren participar de la paz que había dictado el rey. Una
-vez reunidos, decrétase, que cuantos quieran participar de la paz, se
-unan a ellos con este juramento:
-
- «Permaneceré fiel al tratado dictado por el rey y a los decretos de
- los atenienses; y si se ataca alguna de las ciudades que han jurado,
- la socorreré con todas mis fuerzas.»
-
-Todos los estados aplauden este juramento; únicamente los eleos le
-hacen oposición, pretendiendo no deben declarar independientes a los
-marganeos, esciluntios y trifilios, cuyas ciudades, según decían, les
-pertenecían legalmente. Los atenienses y cuantos habían decretado, a
-tenor de la carta real, fuesen igualmente libres todas las ciudades
-pequeñas y grandes, envían encargados para recibir los juramentos, con
-orden de hacer jurar a los principales magistrados de cada población.
-Prestan juramento todos los estados, a excepción de los eleos.
-
-Mientras tanto los mantineos, considerándose completamente
-independientes, se reúnen todos y decretan constituir una sola ciudad
-en Mantinea y fortificarla. Por su parte, los lacedemonios no hallan
-esta decisión acomodada a su gusto, si antes no se les pide su
-consentimiento. Eligen, pues, a Agesilao para enviarle junto a los
-eleos, porque, según creían, de padres a hijos había su familia sido
-amiga de los mantineos.
-
-Al llegar entre ellos, los magistrados rehúsan convocar la asamblea, y
-mandan les declare el objeto de su llegada. Promételes Agesilao que si
-suspenden el levantamiento de las fortificaciones durante algún tiempo,
-hará de manera que puedan construirlas con el consentimiento de los
-lacedemonios y sin gasto alguno; pero al responderle les es imposible
-suspender estos trabajos, puesto que el estado en masa ha decretado
-levantarlas sin la menor tardanza, se va de Mantinea muy encolerizado.
-A pesar de todo, no parecía posible el guerrear contra ellos, pues la
-autonomía era una de las condiciones de la paz que se había celebrado.
-Algunas ciudades de Arcadia envían también a los mantineos operarios
-para trabajar en la reconstrucción de los muros, y los eleos les
-proporcionan tres talentos de plata para aplicarse al gasto de aquella.
-He ahí el estado de los asuntos de los mantineos.
-
-Entre los tegeatas, el partido de Calibio y Próxeno se reunía con el
-objeto de favorecer la confederación de toda la Arcadia y para procurar
-la sumisión de todas las ciudades a las decisiones de la confederación;
-pero el partido de Estásipo procuraba conservar a la ciudad su estado
-actual y las leyes patrias por que se regía. Vencidos los partidarios
-de Próxeno y Calibio en la elección de las magistraturas, y creyendo
-que si el pueblo se reunía, dominarían por el número, corren a las
-armas. Estásipo y sus partidarios se arman también al verlos, y poco
-les ceden en número: al venir a las manos, dan muerte a Próxeno y
-a algunos otros que estaban junto a él, aunque no persiguen a los
-fugitivos, pues el carácter de Estásipo no era a propósito para desear
-fuese grande la matanza entre los ciudadanos: los de Calibio, que se
-habían retirado junto a los muros y puertas de Mantinea, se reúnen y
-toman descanso así que ven que sus adversarios no les persiguen. Habían
-enviado ya a pedir socorro a los mantineos y se hallaban en tratos
-con la fracción de Estásipo para llevar a efecto una reconciliación;
-pero cuando ven llegar a los mantineos, unos escalan los muros y
-ordenan les socorran cuanto antes y les gritan se apresuren, y otros
-les abren las puertas. Los de Estásipo, al apercibirse de ello,
-salen precipitadamente por la puerta que lleva al Palantio, y logran
-refugiarse en el templo de Ártemis[231] antes de ser alcanzados por los
-que les persiguen, y allí se encierran, manteniéndose a la expectativa.
-Los enemigos que les persiguen súbense al templo, y después de levantar
-la techumbre, les arrojan las tejas. Los demás, conociendo su mala
-situación, les ruegan cesen en su ataque y declaran quieren salir del
-templo. Apodéranse de ellos sus adversarios, les encadenan y conducen
-sobre un carro a Tegea, donde, de acuerdo con los mantineos, les
-condenan a muerte y les ejecutan.
-
-Durante estos sucesos, unos setecientos tegeatas, del partido de
-Estásipo, huyen a Lacedemonia, e inmediatamente decretan los espartanos
-que es preciso, conforme a los juramentos, vengar a los muertos y
-desterrados de Tegea. Dirígense, pues, contra los mantineos, a quienes
-acusan de haber faltado a sus juramentos al dirigir sus armas contra
-los tegeatas.
-
-Los éforos decretan una leva de tropas, y la ciudad da el mando de las
-mismas a Agesilao. Los arcadios se reúnen a consecuencia de esto en
-Ásea[232], a excepción de los orcomenios, que no quieren tomar parte
-en la Liga arcadia a causa de su enemistad con los mantineos; pero
-como habían recibido en la ciudad el cuerpo de mercenarios reclutado
-en Corinto y mandado por Polítropo, los mantineos quedáronse allí para
-vigilarles; los hereos y lepreatas se unen a los lacedemonios contra
-los mantineos.
-
-Agesilao, después de ofrecer los sacrificios de la marcha, se dirige
-a Arcadia. Ocupa a Eutea, ciudad fronteriza, donde no halló más que
-los ancianos, las mujeres y los niños, pues que los hombres aptos para
-las armas habían partido todos a unirse al ejército arcadio. No hace,
-sin embargo, daño alguno a la ciudad: conserva a los habitantes todas
-sus propiedades y compra todo lo que necesita su ejército, así como
-hace restituir todo aquello de que se habían apoderado al entrar en
-las poblaciones. Hace también reparar los muros, mientras espera los
-mercenarios de Polítropo. Durante este tiempo dirígense los mantineos
-contra los orcomenios; pero tienen que retirarse de delante de sus
-muros después de haber sufrido bastantes bajas: decláranse en retirada,
-y llegan a Elimia sin que les persigan los hoplitas orcomenios; pero
-siendo acosados con grande audacia por las tropas de Polítropo, y
-conociendo entonces los mantineos que si no rechazan a este enemigo,
-perderán mucha gente con sus proyectiles, dan repentinamente una
-media vuelta y les aguardan. Polítropo muere combatiendo y los demás
-se declaran en fuga y hubieran perecido en su mayor parte si no
-hubiese sobrevenido la caballería fliasia, que consiguió detener a los
-mantineos en su persecución después de circunvalarles. Hecho esto,
-vuélvense los mantineos a su ciudad. Al saber Agesilao esta nueva,
-piensa que no podrán juntársele ya los mercenarios de Orcómeno, y
-avanza con las tropas que tenía bajo su mando. Cenan el primer día en
-territorio tegeata, y al día siguiente pasa al de Mantinea, acampa
-al pie de los montes situados al occidente de esta ciudad, saquea el
-país y devasta los campos. Los arcadios, reunidos en Ásea pasan de
-noche a Tegea; al día siguiente acampa Agesilao a unos veinte estadios
-de Mantinea; pero los arcadios de Tegea, que ocupaban ya los montes
-entre esta ciudad y Mantinea, llegan con gran número de hoplitas,
-deseando vivamente unirse a los mantineos, pues los argivos no les
-habían mandado todas sus fuerzas. Indicaron algunos a Agesilao que
-era conveniente les atacase separadamente; pero aquel, temiendo ser
-acosado por la espalda por los mantineos, mientras avance contra los
-enemigos, decide como cosa mejor permitir la unión, y en el caso en que
-quisieran venir a las manos, combatir abierta y francamente. De este
-modo conservan reunidas los arcadios todas sus fuerzas.
-
-Los peltastas de Orcómeno, acompañados de la caballería fliasia,
-marchando por la noche en dirección de Mantinea, se presentan al
-apuntar el día ante el campamento, mientras Agesilao ofrecía el
-sacrificio, haciendo que cada cual corra a su puesto y que Agesilao
-se retire hacia los suyos. Pero después que reconocer que son amigos
-y que ha obtenido aquel signos favorables, da orden de avanzar a su
-ejército después del desayuno. Por la noche, sin ser visto, acampa en
-la garganta de la montaña situada detrás del país mantineo y rodeada de
-montes próximos. Al amanecer del día siguiente, y mientras sacrificaba
-delante del campamento, ve poblarse de enemigos las montañas, al pie
-de las cuales se halla su retaguardia, y comprende entonces que es
-preciso salir cuanto antes de aquel desfiladero. Teme, sin embargo,
-que si él abre la marcha, el enemigo caerá sobre su retaguardia, por
-lo cual permanece en el mismo sitio y mostrando al enemigo el frente
-de su ejército, da orden a los que le siguen hagan su conversión a la
-derecha y se coloquen junto a él detrás de la falange; de este modo, al
-propio tiempo que aumenta la fuerza defensiva de esta, hace salir de
-los desfiladeros a sus tropas. Cuando la falange se halla de este modo
-con doble fondo, se pone a la cabeza de los hoplitas, y llegado a la
-llanura, despliega nuevamente su ejército sobre nueve o diez escudos de
-fondo.
-
-Los mantineos, sin embargo, no verificaban ninguna salida, pues los
-eleos que se les habían juntado, les persuaden a no librar combate
-hasta que hayan llegado los tebanos, pretendiendo saber positivamente
-que se les juntarán a causa de haberles prestado diez talentos para
-esta expedición. Cediendo a sus razones, no salen de Mantinea los
-arcadios, y Agesilao, a pesar de su vivo deseo de sacar de allí a
-sus tropas por hallarse ya a mitad del invierno, permanece tres días
-en estos países y a poca distancia de la ciudad para que no aparezca
-que apresura por miedo su partida; pero al cuarto día por la mañana,
-después de almorzar, da la orden de marcha a su ejército como para
-acampar en el sitio en que lo había hecho el primer día después de
-haber salido de Eutea[233]. Luego, no distinguiéndose ningún arcadio,
-se apresura a dirigirse a esta población aunque era ya muy tarde para
-que no se apercibiesen los fuegos enemigos y nadie pudiese decir sea
-una fuga su retirada. En efecto, parecía haber levantado un poco el
-ánimo de su patria, pues había invadido Arcadia y nadie había querido
-aceptar batalla, a pesar de hallarse saqueando el país. Llegado a
-Laconia, permite vuelvan a su casa los espartanos y despide para sus
-respectivas ciudades a los periecos.
-
-Inmediatamente después de la marcha de Agesilao, los arcadios, al
-saber ha licenciado aquel su ejército, mientras ellos se encuentran
-todos reunidos, se dirigen contra los hereos por no haber estos
-querido formar parte de la confederación; hacen una irrupción en
-su país, incendian las casas y cortan los árboles; pero cuando se
-anuncia la llegada de los tebanos a Mantinea en socorro de esta,
-dejan a los hereos y se juntan a ellos. Una vez reunidos, opinan los
-tebanos haber hecho lo bastante acudiendo en su socorro, pues no veían
-ya enemigo alguno en el país; pero los arcadios, argivos y eleos,
-procuran persuadirles para que se arrojen inmediatamente sobre Laconia,
-mostrándoles su gran número y alabando sobre manera al ejército tebano.
-Los beocios, en efecto, se ejercitaban todos en las armas orgullosos
-por la victoria obtenida en Leuctra, e iban acompañados además por
-los focidios, a quienes habían subyugado, por las tropas eubeas de
-todas las ciudades, por los locrios de las dos comarcas[234], por los
-acarnanios, por los heracleotas y por los maleos, yendo también con
-ellos la caballería y los peltastas tesalios. Regocijándose con esta
-superioridad, a la cual oponen el aislamiento de Lacedemonia, suplican
-a los tebanos que no se ausenten sin haber hecho antes una invasión en
-el territorio espartano.
-
-Los tebanos atienden a sus razones, pero reflexionan sobre lo difícil
-que se reputa la entrada en Lacedemonia, y piensan que sin duda se
-habían colocado puestos de vigilancia en los puntos más practicables.
-Efectivamente, Iscolao se hallaba en Eo, ciudad escirita[235], con un
-destacamento de neodamodes y unos cuatrocientos desterrados de Tegea,
-de entre los más jóvenes, hallándose otro destacamento en Leuctro,
-sobre la Maleátide[236]. Reflexionan asimismo los tebanos que las
-fuerzas lacedemonias pueden reunirse prontamente, y que en ninguna
-parte se batirán mejor que en su misma patria. Todas estas reflexiones
-hacen que no se apresuren a dirigirse contra Lacedemonia.
-
-Llegan, sin embargo, algunos habitantes de Carias[237] que les anuncian
-el aislamiento en que se encuentra Lacedemonia y que prometen servirles
-de guías, manifestando consienten en ser degollados a la menor sospecha
-de traición: llegan asimismo algunos periecos para llamarles en su
-auxilio, manifestándoles solo aguardan su entrada en el país para
-sublevarse en masa. Afirman igualmente que los periecos de Esparta
-rehúsan obedecer en aquellos momentos la orden de congregarse que
-han recibido de los lacedemonios. Oyendo los tebanos todas estas
-referencias, que les llegan por conductos tan distintos, se dejan
-convencer e invaden Laconia por Carias, mientras los arcadios avanzan
-por Eo en la Escirítide. Según se dice, si Iscolao hubiese avanzado
-hasta llegar a los pasos difíciles y los hubiese defendido, ningún
-enemigo hubiera podido penetrar por allí; pero queriendo aprovecharse
-del contingente de los eatas, permaneció en esta población mientras los
-arcadios llegan en masa. Las tropas de Iscolao conservan sus ventajas
-mientras tienen enemigos solo a su frente; pero cuando estos les
-circunvalan subiéndose a los tejados de las casas, y les agobian con
-sus proyectiles, perecen Iscolao y los suyos, a excepción de unos pocos
-que consiguen escapar sin ser reconocidos. Los arcadios, después de
-haberse abierto camino de este modo, avanzan sobre Carias para unirse a
-los tebanos. Estos, al venir en conocimiento del éxito que han tenido
-en su expedición los arcadios, se hacen mucho más audaces para bajar
-a la llanura. Principian por incendiar y saquear Selasia, y al bajar
-de los montes, acampan en el territorio consagrado a Apolo, de donde
-salen al día siguiente, y no atreviéndose a atravesar el puente para
-dirigirse contra la ciudad, pues se veían los hoplitas en el templo
-de Alea[238], avanzan, teniendo a su derecha el Eurotas, quemando y
-saqueando habitaciones llenas de considerables riquezas.
-
-En cuanto a los de la ciudad, las mujeres espartanas no pueden
-soportar la vista del humo del campamento enemigo[239], pues nunca
-lo habían visto desde la ciudad, y los lacedemonios, cuya capital
-carece de murallas, se aprestan convenientemente para defenderla, sin
-poder ocultar el pequeño número de hombres que tienen en realidad.
-Deciden los magistrados anunciar a los hilotas que cuantos quieran
-tomar las armas y alistarse, obtendrán la seguridad de recibir su
-libertad después de haber combatido con los ciudadanos. Dícese que
-inmediatamente se inscribieron más de seis mil; de manera que reunida
-esta multitud, inspiró nuevo temor y se les encontró demasiado
-numerosos; pero como quedaban en Esparta los mercenarios de Orcómeno
-y recibieron los lacedemonios el contingente de los fliasios, de los
-corintios, de los epidaurios, de los peleneos y de otras ciudades,
-principiaron a tener menos cuidado del número de los hilotas inscritos.
-
-Cuando el ejército enemigo ha avanzado hasta Amiclas, atraviesa allí
-el Eurotas. Los tebanos, dondequiera acampen, cortan los árboles y los
-colocan ante sus líneas en el mayor número posible, y de esta manera
-se ponen en guardia contra un ataque; pero los arcadios no toman
-estas precauciones, pues abandonando sus armas, corren a saquear las
-habitaciones. Tres o cuatro días después, la caballería avanza en
-buen orden hasta el hipódromo, junto al templo de Geoco[240]; esta
-caballería estaba formada por todos los tebanos, los eleos, todos
-los caballos focidios, tesalios y locrios. Frente a esta caballería
-se hallaba la de los lacedemonios, que parecía poco numerosa; pero
-una emboscada de los hoplitas más jóvenes, en número de trescientos,
-había sido colocada en la Casa de los Tindáridas[241], y al cargar la
-caballería se arroja sobre el enemigo, obligando a aquella a replegarse
-sin sostener el choque, movimiento seguido asimismo por gran número
-de infantes que emprenden la fuga. Cuando ha cesado la persecución y
-hace alto el ejército tebano, vuelven a restablecer su campamento.
-Principia a esperarse entonces con más confianza que no atacarán la
-ciudad, y efectivamente, levantando el campamento, toma el ejército
-el camino de Helos y de Gitio; quemando cuantas ciudades indefensas y
-cuanto encuentra a su paso, sitia durante tres días a Gitio, donde se
-hallaban los arsenales lacedemonios, habiéndose juntado cierto número
-de periecos a los enemigos y continuando después la campaña con los
-tebanos.
-
-Al conocer los atenienses estos sucesos, hállanse sumidos en
-vacilaciones respecto a lo que deben hacer para los lacedemonios, y
-celebran una asamblea por decisión del senado. Hallábanse presentes
-los diputados lacedemonios y los de los aliados que permanecían aún
-fieles a Esparta. Los espartanos Áraco, Ocilo, Fárax, Etimocles y
-Olonteo dijéronles todos casi lo mismo. Recuerdan a los atenienses
-que siempre, en las grandes ocasiones, se han sostenido mutuamente
-para su mayor bien. Ellos en efecto, dicen, arrojaron de Atenas a los
-tiranos, mientras los atenienses les socorrieron valerosamente cuando
-se hallaban sitiados por los mesenios; enumeran asimismo todas las
-ventajas que han obtenido cuantas veces han obrado de común acuerdo.
-Les recuerdan también la manera cómo combatieron juntos a los bárbaros,
-y que los atenienses fueron elegidos por todos los griegos, con el
-beneplácito de los espartanos, jefes de la flota y depositarios del
-tesoro común[242], así como los espartanos unánimemente proclamados
-jefes de los ejércitos de tierra por el consentimiento de los
-atenienses.
-
-Uno de ellos, en especial, dice con poca diferencia estas palabras:
-
---«Ciudadanos: si os unís con nosotros en esta ocasión, es casi seguro
-se realizará el antiguo proverbio de que los tebanos serán diezmados.»
-
-Los atenienses, sin embargo, no acogen favorablemente estas palabras,
-sino por el contrario, levantándose grandes murmullos, dicen:
-
---«Eso declaráis ahora; pero cuando estabais en la prosperidad bien
-sabíais oprimirnos.»
-
-Lo que pareció como más fundado en los hechos de cuanto dijeron los
-lacedemonios fue que después de haber subyugado Atenas, se habían
-opuesto al proyecto de los tebanos, que querían fuese arrasada Atenas.
-El argumento más repetido fue el de que se debían los refuerzos
-en virtud de los juramentos, pues no eran las injusticias de los
-lacedemonios las que les habían indispuesto con los arcadios y sus
-aliados, sino el auxilio que habían prestado estos a los tegeatas,
-atacados por los mantineos contra la fe jurada. Esto produjo grande
-alboroto en la asamblea, diciendo uno que los mantineos habían obrado
-justamente al socorrer a los partidarios de Próxeno muertos por
-Estásipo, y otros afirmando que habían sido injustos al dirigirse en
-armas contra los tegeatas.
-
-Mientras tiene lugar esta discusión en la asamblea, se levanta el
-corintio Clíteles y dice:
-
-«Ciudadanos atenienses: si ciertamente procuráis con imparcialidad
-dejar sentado quiénes fueron los primeros en obrar injustamente,
-¿quién podrá acusarnos a nosotros, desde que se celebró la paz, de
-habernos dirigido contra alguna ciudad, de habernos apoderado de las
-riquezas del que las poseía o de haber devastado las comarcas de otro
-estado? Y, sin embargo, los tebanos han entrado en nuestros dominios,
-han cortado nuestros árboles, incendiado nuestras casas y arrebatado
-nuestros bienes y nuestros rebaños. ¿Cómo podríais, pues, sin faltar a
-vuestros juramentos, no socorrernos cuando somos víctimas manifiestas
-de la injusticia, y cuando habéis sido vosotros los que os tomasteis el
-trabajo de ligarnos por toda clase de juramentos?»
-
-Después de estas palabras, los atenienses, con sus muestras de
-aprobación, indican que Clíteles ha hablado justa y equitativamente.
-Inmediatamente después levantose el fliasio Procles, y dijo[243]:
-
-«Atenienses: luego que los tebanos se hayan deshecho de los
-lacedemonios, seréis vosotros los primeros contra quienes tendrán que
-dirigirse, pues, en efecto, sois el único estado que puedan considerar
-como un obstáculo a su dominación sobre los griegos; es un hecho que
-me parece evidente. Si esto es así, creo que al ir a defender a los
-lacedemonios os defendéis también vosotros mismos, porque siendo
-dueños de Grecia los tebanos, que se hallan mal dispuestos hacia
-vosotros y que habitan al pie de vuestras mismas fronteras, será
-mucho más difícil vuestra situación que teniendo lejos a vuestros
-rivales. Mucho más prudente es, pues, el defenderos a vosotros mismos,
-mientras tenéis aún aliados que no esperan el momento en que la ruina
-de estos últimos os obligue a luchar solos contra los tebanos. Si
-algunos de vosotros teméis que los lacedemonios, al salir con bien,
-os susciten obstáculos más tarde, considerad que no debe temerse el
-engrandecimiento de aquellos a quienes se prestan beneficios, sino el
-de aquellos a quienes se hace algún daño. Debéis asimismo reflexionar
-que es conveniente para las repúblicas, del propio modo que para los
-particulares, asegurarse de la posesión de algún bien mientras se halla
-este en todo su vigor, a fin de que, si alguna vez pierde su fuerza,
-conserve algo como resultado de las penalidades pasadas. Ahora la
-divinidad os ofrece ocasión propicia para adquirir en los lacedemonios
-unos amigos para siempre, si los socorréis según sus súplicas; y, en
-efecto, paréceme que no recibirían ante pequeño número de testigos este
-beneficio vuestro, pues los dioses, que lo ven todo, lo sabrán ahora y
-siempre, y llegará asimismo a oídos de aliados y enemigos, de griegos
-y de bárbaros, ya que todo el mundo se preocupa en gran manera de lo
-que está sucediendo. Si se mostraran ingratos hacia vosotros, ¿quién
-podría manifestar consideración hacia ellos? Pero es preciso esperar
-que se mostrarán leales y no ingratos ellos, que más que nadie son
-considerados como amigos constantes de la gloria y enemigos de toda
-acción deshonrosa.
-
-»Además de esto, reflexionad sobre lo que voy a deciros: Si en
-cualquiera ocasión amenazara a Grecia algún nuevo peligro por parte
-de los bárbaros, ¿en quién podríais tener más confianza que en los
-lacedemonios? ¿Qué defensores podríais desear mejores que aquellos que,
-apostados en las Termópilas, prefirieron morir todos, que salvar la
-vida abriendo el camino de Grecia a los bárbaros? ¿No es, pues, justo
-que el recuerdo del valor que desplegaron con vosotros y la esperanza
-de alcanzar juntos nuevos lauros, animen vuestro celo para con ellos,
-para con nosotros y para con vosotros mismos? Es preciso asimismo
-que sus aliados actuales[244] sean para vosotros un nuevo estímulo
-para vuestro celo hacia ellos, pues bien sabéis que cuantos les
-permanecen fieles en sus apuros[245] se avergonzarían de no atestiguar
-su reconocimiento. Si nosotros, que parecemos solo exiguas ciudades,
-queremos, sin embargo, participar de sus peligros, pensad que, al
-juntarse a nosotros vuestra república, ya no serán pequeños estados los
-que vendrán en su auxilio.
-
-»En cuanto a mí, atenienses, siempre he admirado grandemente vuestra
-ciudad cuando oía decir que cuantos se hallaban oprimidos o temían la
-opresión se refugiaban entre vosotros y recibían vuestros auxilios;
-pero ahora no solo lo oigo, sino que veo por mí mismo las súplicas que
-los lacedemonios, tan afamados, y con ellos sus aliados más fieles, os
-dirigen, rogándoos los socorráis. Veo asimismo a los tebanos, aquellos
-que en otro tiempo no pudieron convencer a los lacedemonios para que os
-redujesen a la esclavitud, que os piden ahora veáis con indiferencia la
-destrucción de aquellos que os salvaron en otro tiempo. Dícese, para
-la gloria y buena fama de vuestros antepasados, que no permitieron
-quedaran insepultos los argivos que perecieron ante la Cadmea; sería
-mucho más glorioso para vosotros no consintáis que se ultrajen ni
-destruyan los lacedemonios que se hallan aún con vida. Es ciertamente,
-asimismo, una gloriosa acción el haber reprimido la insolencia de
-Euristeo, y haber salvado a los hijos de Hércules. Pero ¿no sería
-más hermoso el salvar asimismo a los fundadores de la población[246]
-y a la población entera? Sin embargo, la acción más hermosa sería
-hoy socorrer, con las armas en la mano y a través de los peligros, a
-los lacedemonios que en otro tiempo os salvaron por un voto, aunque
-sin peligro. Si nosotros nos sentimos orgullosos al exhortaros para
-que socorráis a un pueblo de valientes, ¿no sería para vosotros, que
-podéis socorrerles eficazmente, un acto de reconocida generosidad, que
-después de haber sido a menudo amigos y enemigos de los lacedemonios,
-olvidaseis más bien las injurias que los beneficios y les mostraseis
-vuestro reconocimiento, no solo en vuestro nombre, sino en el de toda
-Grecia, como efectivamente por sus acciones han merecido?»
-
-Después de este discurso comienzan los atenienses la votación: no
-permiten hablar a los que quieren hacerlo en sentido opuesto, y votan
-socorrer en masa a los lacedemonios, poniendo al frente de este
-ejército al general Ifícrates. Terminados los sacrificios, ordena este
-se coma en la Academia, y se dice que muchos salieron ya antes de
-ponerse en marcha dicho jefe. Colócase este al frente de las tropas,
-que marchan con entusiasmo, en la esperanza de que se las conduce a
-realizar gloriosas acciones. Llegado a Corinto, permanece allí durante
-algunos días, y principian a reprocharle las tropas esta pérdida de
-tiempo; pero cuando les hace salir de la ciudad, se hallan llenos de
-ardor para seguirle dondequiera los conduzca y para atacar los muros
-contra los que se dirija.
-
-En cuanto a Lacedemonia, los enemigos que devastaban su territorio,
-arcadios, argivos y eleos, sus fronterizos, habían ya partido en gran
-número, llevándose con ellos el botín que habían hecho. Los tebanos y
-los demás enemigos deciden abandonar la comarca, porque ven disminuir
-cada día más su ejército y porque cada vez se hacen más raros los
-víveres, pues todo había sido consumido, arrebatado, dilapidado o
-quemado, a lo cual se une la presencia del invierno, que contribuye
-a que todos deseen partir. Cuando todas estas tropas se alejaron de
-Lacedemonia, Ifícrates condujo igualmente a sus atenienses de Arcadia a
-Corinto.
-
-No pretendo criticar lo bueno que puede haber hecho durante el conjunto
-de su mandato, pero respecto a su conducta en esta época, paréceme que
-todos sus actos pecaron de inútiles o de imprudentes. Efectivamente
-decide apoderarse del monte Oneo[247], a fin de que no puedan los
-beocios regresar a su patria, y deja libre el paso más fácil, junto a
-Céncreas. Más tarde, queriendo saber si los tebanos han pasado el monte
-Oneo, envía en exploración a la caballería ateniense y a todos los
-corintios; y sin embargo, un pequeño destacamento de hombres puede ver
-lo mismo que una gran sección, pero en cambio, en caso de una retirada,
-es mucho más fácil que puedan aquellos realizarla, hallando mayores
-facilidades en los caminos que una gran división. Pero ¿no es el colmo
-de la locura el hacer avanzar contra el enemigo muchas tropas, no
-siendo bastante fuertes para rechazarle? Por esto aquella caballería,
-cuya extensa línea ocupaba grande espacio, halló a causa de su número
-muchos pasos difíciles, de manera que perdieron a lo menos veinte
-hombres; y en cuanto a los tebanos, se retiraron como y por donde
-quisieron.
-
-
-
-
-LIBRO SÉPTIMO.
-
-CAPÍTULO PRIMERO.[248]
-
-
-Al año siguiente llega a Atenas una comisión de lacedemonios y aliados,
-con plenos poderes para negociar las condiciones de una alianza entre
-Esparta y Atenas. Diciendo muchos extranjeros y atenienses que la
-alianza debía tener lugar bajo el pie de la más perfecta igualdad, el
-fliasio Procles pronuncia el siguiente discurso:
-
-«Atenienses: ya que os ha parecido bien aceptar la amistad de los
-lacedemonios, considero conveniente procuréis, por todos los medios
-posibles, que esta amistad sea duradera: esto lo conseguiréis
-estableciendo como bases del tratado las condiciones que sean más
-ventajosas a los dos partidos, y de este modo podremos permanecer largo
-tiempo unidos. Estamos de acuerdo sobre todos los puntos, a excepción
-del referente a la hegemonía[249], de que ahora se está tratando;
-vuestro consejo ha propuesto que el mando en la mar pertenezca a
-los atenienses, y en tierra a los lacedemonios, y me parece a mi
-también que este reparto de atribuciones está indicado, no solo por
-la prudencia humana, sino por la naturaleza y providencia divinas. En
-primer lugar, vuestra situación es lo más favorable que imaginarse
-pueda para el imperio del mar, pues la mayor parte de las ciudades
-que necesitan de él se hallan construidas en los alrededores de la
-vuestra, y todas ellas son más débiles que vosotros; además poseéis
-varios puertos, sin los cuales es imposible todo poder marítimo. Tenéis
-asimismo muchas trirremes, y habéis heredado de vuestros mayores el
-afán de aumentar sin cesar su número.
-
-»Además, todas las artes necesarias para este poderío las tenéis
-aclimatadas en vuestra ciudad; y respecto a la habilidad en la
-profesión marítima, dejáis atrás a todos los pueblos, pues la mayor
-parte de vosotros no vive, efectivamente, más que por el mar; de manera
-que, mientras cuidáis de vuestros particulares asuntos, no descuidáis
-el sobrepujar a los demás en las maniobras navales. Pero aún hay más:
-no hay puerto alguno que pudiese proporcionar reunidas tantas naves
-como el vuestro, lo cual no es poco para la hegemonía, pues todos
-prefieren agruparse alrededor del que desde el principio y por sí
-mismo, les supera en fuerzas. Los dioses mismos os han concedido el
-poder sobresalir en esto; habéis librado los más importantes combates
-navales, y con poquísimos reveses habéis conseguido el mayor número de
-victorias, por lo cual es muy natural que los aliados prefieran correr
-junto a vosotros las penalidades de estos combates. Comprenderéis
-asimismo la necesidad y el deber que os están impuestos respecto al
-cuidado y vigilancia de vuestras fuerzas navales, por lo que voy a
-deciros. Os hacían la guerra los lacedemonios desde largos años, y
-aunque vencedores por tierra, no conseguían gran cosa para vuestra
-ruina; pero así que la divinidad les concedió poder dominar por mar,
-inmediatamente consiguieron subyugaros por completo. ¿No hay, pues, en
-esto una prueba evidente de que vuestra salvación depende de vuestro
-poder marítimo? Siendo esto así, ¿cómo podríais abandonar a los
-lacedemonios el mando en el mar, una vez convienen ellos mismos en la
-inferioridad de su marina, sobre todo si consideráis que no hay paridad
-entre ellos y vosotros en las luchas navales, pues que ellos exponen
-únicamente los hombres que tienen en sus trirremes, y vosotros exponéis
-a vuestros hijos, a vuestras mujeres y a vuestra ciudad entera?
-
-»Eso por lo que hace a vuestra ciudad. Pongámonos ahora en el punto de
-vista lacedemonio: en primer lugar tienen su morada lejos de la costa;
-de manera que, mientras sean dueños de su comarca, su existencia no
-está comprometida, aunque sean inferiores en el mar. Por esto, desde
-su más tierna infancia se entregan a los ejercicios necesarios para
-los ejércitos terrestres: poseen en tierra, como vosotros en el mar, y
-en el más alto grado, la obediencia a los jefes, cosa la más esencial
-a todo ejército. Además pueden poner en pie de guerra un numeroso
-ejército con la misma prontitud con que podéis vosotros equipar una
-poderosa flota; de donde resulta que los aliados se unen también a
-ellos con la mayor confianza. También la divinidad les ha concedido en
-tierra igual beneficio que a vosotros por mar: han sostenido en tierra
-el mayor número de luchas, habiendo experimentado muy pocas derrotas y
-obtenido innumerables triunfos. De ahí la necesidad en que se hallan
-de fijar toda su actividad del lado de la tierra, como vosotros en el
-mar, resultando asimismo de los hechos pasados, pues aunque les hayáis
-ganado a menudo combates marítimos, sin embargo, no habíais conseguido
-nada importante para dominarles; pero así que les derrotasteis una sola
-vez en combates terrestres, vieron comprometida la existencia de sus
-hijos, de sus mujeres y de su misma ciudad[250]. ¿Cómo, pues, dejaría
-de serles penoso el confiar a otros la supremacía de los ejércitos de
-tierra, cuando ellos son los primeros en este elemento? He aquí por qué
-he hablado en apoyo del proyecto del consejo, pues, a mi modo de ver,
-ofrece las mayores ventajas a ambas partes. Ojalá seáis todos felices
-por haberos decidido conforme al general interés de todos.»
-
-Tal fue su discurso. Los atenienses y lacedemonios presentes aprobaban
-vivamente sus palabras, pero levantándose Cefisódoto, les dice:
-
-«Atenienses: estad alerta, que os quieren engañar; escuchadme, que
-voy a daros inmediatamente las pruebas de ello[251]. Ciertamente
-mandaréis en el mar, pero al hacerse aliados vuestros los lacedemonios,
-es natural que os envíen jefes y marinos espartanos, aunque los
-marineros serán únicamente hilotas o mercenarios; he aquí los hombres
-que pondrán a vuestras órdenes; por el contrario, cuando os anuncien
-los lacedemonios una expedición terrestre, es natural que les mandéis
-vuestros hoplitas y vuestra caballería. He aquí, pues, que vosotros os
-pondréis bajo sus órdenes y en cambio vosotros no tendréis bajo las
-vuestras más que esclavos y gente de ningún valer.
-
-»Dime, Timócrates lacedemonio, ¿no has dicho hace poco que venías para
-concertar la alianza, partiendo de la base de la más perfecta igualdad?
-
-»--Así lo dije.
-
-»¿Puede haber, pues, una igualdad más perfecta que si cada uno a su vez
-ejerce el mando de la flota y del ejército, y si participáis vosotros
-de las ventajas que puede presentar el mando marítimo, y nosotros del
-terrestre?»
-
-Al oír estas palabras, cambian los atenienses de opinión, y decretan
-que cada uno de los dos estados ejerza el mando durante cinco días.
-
-Dirígense las tropas de ambos estados y las de sus aliados a Corinto,
-donde deciden guardar todos juntos el monte Oneo, y cuando llegan los
-tebanos con sus aliados, distribúyense los pasos que cada uno debe
-defender. Los lacedemonios y peleneos se colocan en el lugar de más
-peligro. Así que los tebanos y sus aliados se hallan a unos treinta
-estadios[252] de estos pasos, acampan en la llanura, y calculando
-entonces el tiempo que necesitan para franquear esta distancia, salen
-con el alba contra el destacamento lacedemonio: su cálculo no les
-engaña, pues caen sobre los lacedemonios y peleneos cuando acababan de
-relevarse las guardias nocturnas, mientras los soldados se levantaban
-de sus lechos para ir cada cual a sus quehaceres. Arrójanse sobre
-ellos los tebanos en correcta formación, y los derrotan por completo,
-pues no habían tomado precaución alguna y se hallaban en desorden. Al
-refugiarse los que se habían salvado de este combate a la colina más
-próxima, hubiera podido el polemarca lacedemonio conservar su posición
-tomando el número que le hubiese parecido conveniente de peltastas y
-de hoplitas aliados, pues le era fácil recibir en completa seguridad
-las provisiones desde Céncreas; pero no lo hizo, y mientras los tebanos
-vacilan sobre si bajarán por el lado de Sición o si volverán sobre sus
-pasos, concierta una tregua que consideran casi todos más ventajosa
-para los tebanos que para los suyos, y se retira con sus tropas.
-
-Los tebanos bajan con la seguridad más completa, reúnense a todos sus
-aliados arcadios, argivos y eleos, y principian por atacar a Sición
-y Pelene, dirigiéndose después sobre Epidauro y devastando todo su
-territorio. Retíranse después sin preocuparse del enemigo, y cuando
-se hallan junto a la ciudad de Corinto se arrojan a la carrera por
-la cuesta que conduce a Fliunte a fin de penetrar en ella si se
-encuentran abiertas sus puertas. Algunas tropas ligeras de la ciudad
-se dirigen en armas contra los soldados escogidos de los tebanos que
-no se hallaban ya más que a unos cuatro pletros[253] de las murallas,
-y subiendo sobre los túmulos sepulcrales y sobre las eminencias del
-terreno, arrojan gran número de dardos y flechas sobre los enemigos,
-a quienes matan gran número de los que se hallan en los puntos más
-avanzados, y después de haberles puesto en fuga, les persiguen hasta
-la distancia de tres o cuatro estadios[254], después de lo cual, los
-corintios se llevan los muertos hasta junto a las murallas; concédese
-al enemigo una tregua para recogerlos y levantan los trofeos. Esta
-victoria consigue dar algún ánimo a los aliados de los espartanos.
-
-Al mismo tiempo que tenían lugar estos sucesos, reciben los
-lacedemonios un refuerzo de más de veinte trirremes que les manda
-Dionisio, consistente en celtas e iberos y unos cincuenta soldados
-de caballería. Al día siguiente, los tebanos y todos sus aliados,
-formándose en la llanura, que llenan por completo hasta el mar y las
-colinas que rodean a la ciudad, destruyen en ellas todo cuanto puede
-prestar alguna utilidad. La caballería ateniense y corintia no se
-atreve a aproximarse a un ejército enemigo tan fuerte y numeroso; pero
-los caballos de Dionisio, a pesar de su pequeño número, esparciéndose
-por una y otra parte, se acercan a las líneas enemigas y les arrojan
-sus dardos, retirándose así que son perseguidos, y comenzando de nuevo
-cuando ya no les persiguen: al mismo tiempo bajan del caballo para
-descansar, y así que el enemigo quiere aprovecharse de esta maniobra,
-saltan de nuevo ligeramente sobre sus corceles y se baten en retirada.
-Si algunos enemigos se abandonan en su persecución a gran distancia
-del ejército, persíguenles al retirarse y les arrojan sus dardos,
-causándoles grandes bajas: de este modo obligan a todo el ejército a
-que avance o se retire a causa de ellos.
-
-Los tebanos permanecen allí, sin embargo, solo unos días, después
-de los cuales regresan a sus hogares y hacen lo mismo sus aliados.
-Entonces las tropas de Dionisio marchan contra Sición, derrotan a los
-sicionios en la llanura, y en combate regular, haciéndoles unos setenta
-muertos: toman después por asalto el fuerte de Deras, y realizadas
-estas proezas hácense a la vela para Siracusa los primeros socorros de
-Dionisio. Hasta entonces los tebanos y los demás pueblos que se habían
-apartado de los lacedemonios, habían obrado de consuno y guerreado bajo
-el mando de los tebanos; pero cierto Licomedes de Mantinea, hombre de
-esclarecido linaje y poseedor de grandes riquezas, comenzó a alimentar
-inmensa ambición y a excitar orgullosas aspiraciones entre los
-arcadios, diciendo que ellos solos pueden considerar como a su patria
-al Peloponeso, puesto que son ellos los únicos autóctonos del mismo
-y les asegura que la nación arcadia es la más numerosa de todas las
-griegas y que sus habitantes son los más robustos de toda Grecia. Añade
-que ellos son los más valientes, dándoles como prueba, que cuando hay
-necesidad de mercenarios siempre son preferidos los arcadios, afirmando
-además que los lacedemonios no hubieran podido atacar el territorio
-ateniense si ellos no les hubiesen auxiliado, ni los tebanos hubieran
-tampoco podido llegar sin ellos a Esparta.
-
---«Si, pues --dice--, tenéis el buen sentido necesario, rehusaréis
-acudir adonde se os llama, pues del propio modo que antes habéis
-acrecido en gran manera el poder lacedemonio poniéndoos a sus órdenes,
-también ahora, si seguís ciegamente a los tebanos, sin reclamar
-la parte que os corresponda en el mando, hallaréis pronto otros
-lacedemonios en ellos.»
-
-Hinchados de orgullo los arcadios con estos discursos, y apreciando a
-Licomedes, a quien consideran como el único varón esforzado de quien
-deban seguir los consejos, eligen por jefes a cuantos él les propone.
-Los sucesos contribuyen a aumentar aún el alto concepto que de sí
-mismos tenían formado, pues habiendo invadido los argivos el territorio
-de Epidauro, su retirada es cortada por los mercenarios de Cabrias
-con los atenienses y corintios: entonces los arcadios les socorren y
-libran a aquellos argivos sitiados por todas partes, a pesar de tener
-que luchar para ello, no solo con los hombres, sí que también con las
-condiciones topográficas del territorio.
-
-En otra expedición hecha contra Ásine en Laconia, derrotan a la
-guarnición lacedemonia, matan al polemarca espartano Geranor, y saquean
-los extramuros de Ásine[255]. Nada les detiene cuando deciden alguna
-expedición; ni la noche, ni el mal tiempo, ni la distancia, ni los
-montes impracticables; de manera que en aquel tiempo se consideraban
-mucho más poderosos que todos. De ahí que los tebanos desconfíen de los
-arcadios y no se hallen ya amigablemente dispuestos a su favor. Por su
-parte, los eleos piden a los arcadios las ciudades de que habían sido
-despojados por los lacedemonios; pero viendo el poco caso que se hace
-de su petición y en cambio las consideraciones que se tienen con los
-trifilios y con los demás estados apartados de ellos y que se llaman
-arcadios, comienzan también a mirar a estos con malos ojos.
-
-Mientras cada uno de los aliados exagera así su importancia, llega el
-abideno Filisco, portador de grandes sumas por parte de Ariobarzanes.
-Reúne primeramente a los tebanos, a sus aliados y a los lacedemonios
-para tratar de la paz. Después de reunidos no comunican con el dios
-sobre la manera como puede hacerse la paz, si no que, por el contrario,
-deliberan únicamente entre sí; pero rehusando los tebanos consentir en
-que se deje Mesenia sujeta a los lacedemonios, recluta Filisco gran
-número de mercenarios a fin de hacer la guerra de consuno con los
-espartanos.
-
-Durante este tiempo, llegan los segundos auxilios mandados por
-Dionisio: los atenienses pretenden debe mandárseles a Tesalia contra
-los tebanos y los lacedemonios a Laconia, parecer que prevalece entre
-los aliados. Cuando la flota de Dionisio llegó a Laconia, Arquidamo
-une a las tropas de Esparta los soldados que la formaban y entra
-inmediatamente en campaña. Apodérase por asalto de Carias, donde
-degüella a todos los prisioneros; al frente de sus tropas dirígese
-inmediatamente contra los parrasios de Arcadia y saquea su comarca;
-pero a la aproximación de los arcadios y argivos, se retira y acampa
-sobre las colinas que se hallan junto a Midea[256]. Hallábase en este
-lugar cuando Císidas, jefe de los socorros mandados por Dionisio,
-declara haber terminado ya el tiempo que se le había prescrito para
-permanecer allí, y marcha para regresar a Esparta; pero apenas se ha
-separado del ejército, es detenido por los mesenios en un desfiladero
-y pide socorros a Arquidamo, quien se dispone a proporcionárselos;
-cuando llega a la encrucijada que conduce a Eutresia, los arcadios y
-argivos avanzan en dirección a Laconia para cortarle la retirada; pero
-Arquidamo baja a una llanura en el cruce de los caminos de Eutresia con
-los de Midea, y allí forma en orden de batalla a sus tropas.
-
-Cuentan que pasando por delante de sus compañías las exhortó en estos
-términos:
-
-«Ciudadanos: procuremos que hoy nuestro valor nos dé derecho a ir con
-la cabeza erguida. Entreguemos a nuestros descendientes la patria,
-tal como la hemos recibido de nuestros mayores: cesemos de tener que
-avergonzarnos ante nuestros hijos, nuestras mujeres, los ancianos y los
-mismos extranjeros, que tenían antes los ojos fijos en nosotros más que
-en ningún otro pueblo griego.»
-
-Terminaba de decir esto, cuando, según se dice, viose algún relámpago
-seguido de truenos, a pesar de que el cielo estaba completamente
-despejado, lo cual se consideró como un feliz presagio; llegó también
-a su conocimiento que junto a su ala derecha se hallaba un bosque
-sagrado y una imagen de Hércules a quien considera como uno de sus
-antepasados. Todas estas circunstancias inspiran tal ardor y una
-confianza tal a los soldados, que no tienen poco que hacer sus jefes
-para impedir se arrojen sin previo mandato contra los enemigos. De
-ahí que cuando Arquidamo se pone a su cabeza, los enemigos, que se
-mantienen firmes hasta llegar al alcance de las lanzas, son muertos, y
-los demás se declaran en fuga o caen bajo los golpes de la caballería
-o de los celtas. Terminado el combate, Arquidamo levanta un trofeo y
-manda a Esparta al heraldo Demóteles para anunciar la magnitud de la
-victoria, pues los lacedemonios no han tenido una sola baja, mientras
-los enemigos han perecido en gran número. Dícese que al saber esta
-nueva los senadores espartanos y el mismo Agesilao y los éforos, todos
-derraman lágrimas: de tal modo son estas comunes al placer y al dolor.
-Este revés de los arcadios no regocija, sin embargo, menos a los
-tebanos y a los eleos que a los mismos lacedemonios: de tal manera se
-hallaban heridos a causa de su orgullo.
-
-Los tebanos, que pensaban constantemente en la manera cómo podrían
-apoderarse de la hegemonía de Grecia, creen que algún resultado
-práctico alcanzarán para su poder enviando embajadores al rey de
-Persia. Después de haber excitado a sus demás aliados para que se les
-unan con este objeto, bajo el pretexto de que el lacedemonio Euticles
-se hallaba junto al rey, envían como diputados a Pelópidas como
-tebano, al pancratiasta Antíoco como arcadio, y Arquidamo, a quien
-acompaña Argeo, como eleo. Por su parte, los atenienses al saberlo
-mandan a Timágoras y a León. Una vez llegados a Persia los diputados,
-Pelópidas es quien consigue mayor influjo con el rey, pues era quien
-podía decirle que entre todos los griegos, los tebanos habían sido los
-únicos que se habían batido por el rey en Platea, y que nunca habían
-peleado contra él, mientras los lacedemonios les hacían la guerra
-únicamente por no haber querido acompañar a Agesilao en su expedición
-contra los persas, y por no haberle querido dejar sacrificar en Áulide
-a Ártemis Diana, en aquel mismo lugar donde sacrificó Agamenón antes
-de emprender su expedición a Asia y de apoderarse de Troya. Contribuye
-asimismo a dar a Pelópidas gran crédito junto al rey, la reciente
-victoria obtenida por los tebanos en Leuctra y el haber visto todos
-las devastaciones que han realizado en las comarcas lacedemonias. Dijo
-asimismo Pelópidas, que los argivos y arcadios han sido derrotados
-por los lacedemonios en un combate cuando no se hallaban entre ellos
-los tebanos. Cuanto dice se halla confirmado por el testimonio del
-ateniense Timágoras, que es quien goza de mayor consideración con el
-rey después de Pelópidas.
-
-Pidiendo el rey a este la clase de edicto que deseaba, manifiesta
-Pelópidas desea se consigne la independencia de Mesenia respecto a los
-lacedemonios y que los atenienses pongan en seco sus naves, añadiendo
-que si rehúsan cumplimentarlo, les sea declarada la guerra, y que si
-una ciudad rehúsa tomar parte en la expedición, deban dirigirse en
-primer término contra ella.
-
-Redactadas y leídas estas condiciones a los diputados, León dice de
-manera que pueda oírlo el rey: «¡Por Zeus, oh atenienses! paréceme
-es ya tiempo para nosotros de acudir buscando otro amigo fuera del
-rey.» Habiendo el secretario repetido al rey las palabras que dijo el
-ateniense, hace aquel añadir al decreto, que si los atenienses saben
-algo que sea más justo, pueden participárselo al rey.
-
-Cuando los diputados han regresado cada cual a su patria, los
-atenienses condenan a muerte a Timágoras, acusado por León de no haber
-querido habitar con él y por haber constantemente obrado de concierto
-con Pelópidas. Respecto a los otros enviados, Arquidamo de Élide alaba
-al rey por haber este manifestado mayor aprecio a los eleos que a los
-arcadios; pero Antíoco, lastimado de que la confederación arcadia haya
-sido tratada con cierto menosprecio, rehúsa los presentes y anuncia a
-los diez mil[257] que el rey tiene gran número de panaderos, cocineros,
-coperos y reposteros; pero que a pesar de todas sus investigaciones,
-no ha podido ver hombre alguno capaz de combatir contra los griegos.
-Añade, además, que respecto al gran número de riquezas que se le
-atribuyen, parécele es también una baladronada, puesto que aquel
-plátano de oro tan ensalzado no podría siquiera dar sombra a una
-cigarra[258].
-
-Cuando los tebanos han convocado todos los estados para dar lectura a
-la carta del rey, y cuando el persa portador del decreto, después de
-haber mostrado el sello del rey, lo verifica, los tebanos invitan a
-cuantos quieran ser amigos del rey y suyos, a que presten juramento de
-observar sus condiciones; pero los diputados de las ciudades objetan
-que han sido enviados únicamente para oír la lectura de aquella carta
-y no para jurar su contenido, para lo cual es preciso manden nuevos
-mensajeros a cada ciudad. Añade, sin embargo, el arcadio Licomedes, que
-la reunión debe tener lugar en el teatro de la guerra y no en Tebas.
-Encolerizándose a consecuencia de esto los tebanos, y diciendo que
-procura destruir la alianza, no quiere ya seguir tomando asiento en el
-consejo, y levantándose sale de Tebas y con él los restantes arcadios.
-No queriendo, pues, prestar juramento los enviados reunidos en Tebas,
-envían los tebanos mensajeros a las distintas ciudades para recibir el
-juramento a los edictos del rey, figurándose que todas las ciudades
-temerán atraerse su enemistad y la del rey. Pero los corintios, que son
-los primeros a quien se dirigen, les manifiestan su oposición y les
-contestan que de nada ha de servirles la alianza del rey, por lo cual,
-muchas otras ciudades siguen su ejemplo y les dan igual contestación.
-Tal es el resultado de las intrigas de Pelópidas y de los tebanos para
-alcanzar el mando.
-
-Epaminondas, por otra parte, queriendo unir a los aqueos a su causa,
-a fin de que los arcadios y los demás aliados concediesen mayores
-consideraciones a Tebas, decide una campaña contra Acaya. Persuade,
-pues, al argivo Pisias, general de los de su población, para que se
-adelante y ocupe militarmente el monte Oneo. Habiendo averiguado Pisias
-que las tropas que le custodiaban bajo el mando de Naucles, jefe de
-los mercenarios lacedemonios, y del ateniense Timómaco, hacían el
-servicio muy negligentemente, se apodera durante la noche, con unos dos
-mil hoplitas, de la colina que está más allá de Céncreas, habiéndose
-aprovisionado primeramente para una semana. Llegan durante este tiempo
-los tebanos franqueando el monte Oneo, y se dirigen, bajo el mando
-de Epaminondas y con todos los aliados, contra Acaya. Habiéndole
-implorado gracia los principales de esta, consigue Epaminondas que no
-sean desterrados los oligarcas, ni se cambie la forma de gobierno,
-y después de haber recibido los aqueos garantías suficientes a su
-promesa de ser aliados de los tebanos y de seguirles donde quiera
-que vayan, regresa a su patria. Siendo acusado, sin embargo, por los
-arcadios y sus enemigos de haber abandonado Acaya, después de haberla
-organizado convenientemente para los lacedemonios, deciden los tebanos
-enviar gobernadores a las ciudades aqueas. Arrojan estos al llegar a
-los oligarcas con ayuda de la plebe y establecen en Acaya el gobierno
-democrático; pero los desterrados se coaligan con prontitud, dirígense
-aisladamente contra cada una de las ciudades, entran en ellas por su
-gran número y las retienen bajo su dependencia. Restablecidos ya, no se
-mantienen neutrales, sino que apoyan vigorosamente a los lacedemonios,
-con lo cual los arcadios se hallan acosados de una parte por los
-lacedemonios y de otra por los aqueos.
-
-En Sición, sin embargo, el gobierno se había conservado según las
-antiguas leyes; pero Eufrón, que bajo la dominación lacedemonia era
-el ciudadano más poderoso, quiere conservar también su rango bajo el
-mando de sus adversarios, por lo cual dice a los argivos y arcadios
-que es evidente que si los ricos conservan el gobierno de Sición, se
-declarará la ciudad a la primera ocasión en favor de los lacedemonios.
-
-«Por el contrario --les dice--, debéis considerar que si se establece
-la democracia, la ciudad siempre quedará a su favor. Si, pues, me
-secundáis, yo mismo me encargo de reunir al pueblo, y a la vez os daré
-esta garantía de mi fidelidad y una aliada segura a vuestra ciudad.
-Debéis saber, además, que el motivo de obrar así, es que estoy, como
-vosotros, cansado desde largo tiempo del orgullo lacedemonio, deseando
-escapar de la esclavitud.»
-
-Los arcadios y argivos escúchanle con placer y le secundan en sus
-deseos. Eufrón, entonces, aprovechándose de la presencia de los
-arcadios y argivos, convoca al pueblo en la plaza pública, declarándole
-que desde entonces el gobierno se apoyará en la base de la más perfecta
-igualdad, y después le exhorta a que elija los generales que quiera,
-resultando elegidos el mismo Eufrón, Hipódamo, Cleandro, Acrisio y
-Lisandro. Hecho esto, pone Eufrón al frente de los mercenarios a su
-hijo Adeas después de haber quitado el mando a Lisímenes, que era quien
-antes lo tenía. Luego se asegura el reconocimiento de algunos de dichos
-mercenarios por medio de favores, y toma a sueldo a muchos otros sin
-economizar para esto ni el tesoro público ni los fondos generales.
-Emplea asimismo para sus designios los bienes de cuantos destierra por
-su afecto a Esparta, y con astucia hace dar la muerte, o destierra a
-todos sus colegas, reduciéndolo así todo a su poder y convirtiéndose
-claramente en un tirano. A fin de obtener el consentimiento de los
-aliados, les prodiga su dinero y sus bienes y les acompaña siempre en
-sus expediciones con los mercenarios.
-
-
-
-
-CAPÍTULO II.[259]
-
-
-Así las cosas, los argivos habían ya fortificado contra Fliunte[260]
-el fuerte de Tricárano, cerca del templo de Juno, cuando los sicionios
-rodearon también con muros a Tiamia, que se halla en la frontera de
-los fliasios, con lo cual estos se encontraron vivamente acosados y
-privados de víveres, pero no por esto perseveran menos en la fidelidad
-de su alianza. Cuando las grandes ciudades realizan algo glorioso,
-menciónanlo todos los historiadores; mas paréceme a mí que cuando una
-pequeña ciudad se manifiesta como autora de gran número de gloriosas
-acciones, merece aún más que sean estas publicadas.
-
-Habían sido los fliasios amigos de los lacedemonios cuando estos se
-hallaban en la prosperidad; después de sus reveses en la batalla de
-Leuctra, a raíz de la sublevación de gran número de periecos y de la
-de casi todos los hilotas, a pesar de la defección de los aliados y
-cuando los griegos todos les abandonaban, no solo permanecieron fieles
-a ellos, sino que teniendo por enemigos los pueblos más poderosos
-del Peloponeso, los argivos y los arcadios, vinieron a socorrerles.
-Designados por la suerte para pasar a Prasias[261] como último cuerpo
-de los auxiliares (corintios, epidaurios, trecenios, hermioneos,
-halieos, sicionios y peleneos), no solo no les hicieron traición,
-sino que abandonados por su jefe, que a la cabeza de la vanguardia se
-retiró, sin acobardarse y tomando un guía de Prasias por estar los
-enemigos alrededor de Amiclas, consiguieron abrirse paso por entre
-mil obstáculos y llegar finalmente a Esparta, donde los lacedemonios
-les dieron varias muestras de admiración y les enviaron un buey como
-presente de hospitalidad.
-
-Cuando los enemigos se retiraron de Lacedemonia, irritados los argivos
-por el celo excesivo de los fliasios, invadieron en masa el territorio
-de Fliunte y lo devastaron por completo; pero ellos no cedieron
-tampoco, sino que, por el contrario, en el momento en que los enemigos
-se retiraban después de haber saqueado cuanto a mano habían hallado, la
-caballería fliasia verifica una salida, y poniéndose a sus alcances,
-a pesar de tener en contra toda la de los argivos y las compañías se
-hallen desplegadas junto a su retaguardia, cargan sobre ellos en número
-de sesenta, consiguiendo derrotarlos, y si bien dan muerte solo a unos
-pocos, levantan a la vista de los enemigos un trofeo, del mismo modo
-que si los hubiesen muerto a todos.
-
-En otra ocasión custodiaban los lacedemonios y sus aliados el monte
-Oneo, mientras se aproximaban los tebanos para atravesarle; pasaban
-por Nemea los arcadios y eleos para reunirse a los tebanos, cuando
-los desterrados de Fliunte les indican que con solo mostrarse pueden
-apoderarse de la ciudad. Concertada la empresa, los desterrados,
-seguidos de unos seiscientos hombres, se colocan durante la noche junto
-a los muros, después de haberse procurado escalas para el asalto, y
-cuando los centinelas de Tricárano señalan la presencia del enemigo,
-los traidores aprovechan los momentos en que la atención toda de la
-ciudad se dirige hacia aquella parte, y dan la señal de subir a los que
-se hallan apostados al pie de los muros. Una vez han conseguido subir,
-apodéranse de las armas abandonadas por los centinelas, persiguen a los
-guardas diurnos, que eran únicamente uno por cada diez, y dan muerte
-a uno que se hallaba durmiendo y a otro que se había refugiado en el
-Hereo[262]. Cuando los centinelas fugitivos se arrojan desde lo alto
-de los muros por la parte que mira a la ciudad, se cree, sin ninguna
-clase de duda, que la ciudadela se halla en poder de los enemigos;
-pero cuando los gritos de alarma llegan a la población, acuden los
-ciudadanos después de haberse armado, saliendo entonces los enemigos
-de la acrópolis peleando frente a la puerta que conduce a la ciudad,
-y allí, viéndose rodeados por la incesante multitud, que cada vez más
-en aumento les ataca, tienen que retirarse de nuevo a la acrópolis,
-donde se precipitan con ellos los ciudadanos. Pronto queda desierto
-el centro de la acrópolis, pero súbense los enemigos a la muralla y
-a las torres, desde donde arrojan sus proyectiles y sus dardos sobre
-cuantos se hallan dentro de su recinto: defiéndense estos desde abajo
-y combaten a lo largo de las rampas y escaleras por las que se sube a
-la muralla. Una vez dueños los ciudadanos de algunas de las torres,
-avanzan desesperadamente sobre sus enemigos, a los que por su audacia
-acosan y acorralan en un pequeño espacio. Al mismo tiempo, los arcadios
-y argivos rodean la ciudad, y en su parte superior principian a minar
-el muro de la acrópolis.
-
-Los de dentro[263], entonces, mandan proyectiles a diestro y a
-siniestro a los que se hallan sobre los muros, a los que están en las
-escalas procurando escalarlo, y a los que han conseguido subir a las
-torres; habiendo hallado fuego en las tiendas, las incendian, y para
-este objeto sírvense de los haces de heno que encuentran a mano por
-haber sido segado en la misma acrópolis. Arrójanse desde lo alto de las
-torres cuantos en ellas se hallaban, por temor a las llamas, los que
-se encuentran en la muralla perecen bajo los golpes de los ciudadanos,
-y así que principian a ceder desaparecen los enemigos de la ciudadela.
-Verifica también la caballería una salida, al ver lo cual, los enemigos
-se retiran abandonando las escalas y los muertos, así como los heridos
-de gravedad. Sus bajas, contando así los que perecieron combatiendo
-en el interior de la acrópolis cómo los que se arrojaron de ella, no
-bajaron de ochenta hombres. Era de ver entonces los abrazos y las
-felicitaciones que se daban mutuamente cuantos se habían librado de
-aquel peligro, y a las mujeres darles de beber, derramando al mismo
-tiempo lágrimas de alegría, y era de ver también a todos los presentes
-llorar y reír a la vez.
-
-Al año siguiente, los argivos y todos los arcadios invaden nuevamente
-el territorio de Fliunte: la causa de esas continuas luchas consistía
-en la animadversión que contra los fliasios sentían por hallarse
-situados dentro de sus fronteras y por la esperanza que abrigaban
-siempre de que la falta de víveres les obligaría a entregarse. En
-esta invasión, la caballería y las tropas escogidas de los fliasios,
-reunidas a los caballos atenienses que se hallaban en ella casualmente,
-caen de improviso sobre el enemigo mientras atravesaba el río[264], y
-después de derrotarle, le obligan a retirarse a las colinas cercanas
-durante el resto del día, como si temiese pisotear en la llanura las
-mieses de pueblos amigos.
-
-En otra ocasión, dirígese contra Fliunte otra expedición mandada por
-el gobernador tebano de Sición, al frente de la guarnición de esta
-ciudad y de las tropas de sicionios y peleneos, pues en aquella época
-obedecían ya a los tebanos; Eufrón tomó parte en la expedición con sus
-mercenarios en número de unos dos mil hombres. Bajaron todos hacia
-Tricárano junto al Hereo, con objeto de saquear la campiña, a excepción
-de los sicionios y peleneos, que se hallaban apostados en las alturas
-junto a los desfiladeros que conducen a Corinto, a fin de que no
-pudiesen los fliasios, circunvalándoles, hacer frente a su vanguardia,
-que se hallaba junto al Hereo.
-
-Luego que saben los de la ciudad que los enemigos ocupan la llanura,
-verifican la caballería y las tropas escogidas de los fliasios una
-salida, y librando combate, impiden a los enemigos apoderarse de los
-alrededores: pasan en dicho lugar la mayor parte del día en escaramuza,
-persiguiendo Eufrón y sus tropas al enemigo hasta los lugares
-accesibles a la caballería, y los de la ciudad hasta el Hereo. Cuando
-creen los enemigos que ya es tiempo de partir, rodean a Tricárano, pues
-el foso que se halla delante de esta fortaleza les impedía dirigirse
-en línea recta hacia los peleneos. Después de haberles seguido durante
-algunos momentos en su marcha hacia las alturas, los fliasios se
-inclinan hacia uno de sus lados, y pasando por el camino que existe
-junto a los muros, se dirigen a atacar la división pelenea; observando
-el jefe tebano la rápida marcha de los fliasios procura con todas
-sus fuerzas llegar antes que ellos en socorro de los peleneos; pero
-alcanzándoles la caballería fliasia, carga contra ellos, y si bien
-son rechazados en el primer choque, vuelven después a cargar apoyados
-por la infantería que había ya podido juntárseles, y se generaliza el
-combate. Principian a ceder entonces los enemigos y perecen algunos
-sicionios y muchos peleneos, soldados esforzados, y los fliasios elevan
-un magnífico trofeo y cantan un peán, como era natural, mientras los
-tebanos y Eufrón hacen de espectadores como si hubiesen acudido a una
-función teatral. Después se retiran ambos bandos, el uno a Sición y el
-otro a la ciudad.
-
-He aquí asimismo otro bello rasgo de los fliasios. Logran apoderarse
-del peleneo Próxeno, y aunque se hallasen faltos de todo, le sueltan
-sin rescate alguno. ¿Cómo dejar de llamar generosos y valientes a los
-que así se conducen?
-
-Es proverbial, además, su constancia en guardar fidelidad a sus amigos;
-como no recolectaban nada en sus tierras, vivían así de lo que tomaban
-al enemigo, como de lo que compraban en Corinto, a cuyo mercado se
-dirigían a través de mil peligros, procurándose difícilmente fondos
-para sus compras y hallando la misma dificultad para encontrar quien
-les procurase víveres o quien les garantizara las cabezas de ganado que
-les traen. Hallábanse ya en verdadero apuro, cuando consiguieron que
-Cares escoltase un convoy. Después de llegar a Fliunte, persuádenle
-a que se lleve las bocas inútiles a Pelene: allí les deja, compran
-provisiones, preparan tantos animales de carga como pueden, y vuelven a
-marchar durante la noche. No ignoraban que los enemigos les espiaban;
-pero juzgaban menos terrible el combatir, que el no tener que comer.
-Iban en la vanguardia los fliasios con Cares cuando dan con los
-enemigos: excitándose recíprocamente y sin pensarlo un momento, se
-arrojan sobre ellos mientras gritan a Cares que les socorra. Queda para
-ellos la victoria, y limpiando de enemigos el camino, llegan sanos y
-salvos a Fliunte con todo lo que traían. Como habían velado toda la
-noche, duermen hasta una hora avanzada del día. Cuando Cares se ha
-levantado ya, dirígense a él los de la caballería y los más escogidos
-de los hoplitas, diciéndole:
-
---«Cares, hoy puedes obtener un triunfo de los más notables: los
-sicionios están fortificando una de sus plazas fronterizas, tienen gran
-número de operarios, pero no tienen muchos hoplitas; vamos, pues, a
-dirigirnos contra ellos todos los de a caballo, y los más distinguidos
-hoplitas; si quieres seguirnos con tus mercenarios, acaso cuando vengas
-hallarás el trabajo ya hecho, o podrás decidir, como en Pelene, el
-resultado de la acción. Si te parece cosa demasiado difícil lo que te
-proponemos, ofrece un sacrificio a los dioses para consultarles, pues
-creemos que te exhortarán aún con mayor fuerza que nosotros para que
-hagas lo que te pedimos. Importa también que sepas, oh Cares, que si
-realizas lo que te suplicamos, no solo adquirirás un fuerte contra el
-enemigo, sino que también conservarás una ciudad amiga y adquirirás
-gran fama en tu patria y gran renombre entre los aliados y entre los
-enemigos.»
-
-Persuadido Cares, ofrece el sacrificio, y la caballería fliasia, sin
-perder un momento, se arma con sus corazas y enjaeza sus caballos,
-mientras los hoplitas realizan los preparativos peculiares a la
-infantería. Después de haberse armado se dirigen adonde se verificaba
-el sacrificio, y les anuncian Cares y el adivino que las víctimas
-son favorables; «pero, aguardad --añaden--, pues vamos a salir todos
-juntos». Se da a toda prisa la señal de marcha y acuden los mercenarios
-inmediatamente, como arrastrados por un ardor divino. Cuando se pone
-en marcha Cares, forma la vanguardia la caballería y la infantería
-de Fliunte; primero marchan con rapidez y después a la carrera, y
-finalmente, la caballería avanza al galope y la infantería a paso de
-carga procurando conservar apretadas sus filas: a todos ellos sigue
-Cares marchando con bastante velocidad. Era poco antes de la puesta
-del sol, mientras los enemigos se hallaban ocupados unos en bañarse,
-otros en arreglar su comida, en la elaboración del pan o en preparar
-sus camas: todos ellos se sobrecogen de terror al ver la impetuosidad
-del ataque, huyen a la desbandada abandonando a los valientes enemigos
-todas sus provisiones. Después de haber cenado los fliasios con estos
-víveres y con otros llegados de Fliunte, haciendo libaciones por la
-victoria y entonando el peán, colocan centinelas y se entregan al
-descanso. Los corintios, a la llegada del mensajero que durante la
-noche les trae noticia de lo ocurrido en Tiamia, muestran amistosa
-actividad en reunir, por medio de pregón, vehículos y animales que
-cargados de trigo envían a Fliunte. Estos convoyes se renuevan cada día
-mientras dura la construcción del fuerte.
-
-
-
-
-CAPÍTULO III.
-
-
-He aquí cuanto quería decir respecto al valor de los fliasios en la
-guerra, de su fidelidad y constancia hacia los aliados aun en sus
-momentos más difíciles. Casi al mismo tiempo[265] Eneas de Estínfalo,
-general de los arcadios, cree que no debe soportarse ya más tiempo lo
-que sucede en Sición. Sube con su ejército a la acrópolis, convoca
-a los notables de la ciudad y envía a buscar a cuantos han sido
-desterrados sin decreto. Temiendo el resultado de estas medidas, Eufrón
-huye al puerto de Sición, y haciendo venir de Corinto a Pasimelo,
-entrega por su mediación a los lacedemonios aquel puerto y entra de
-nuevo en su alianza declarándoles les ha sido siempre fiel. Pretende
-que cuando se puso a votación en la ciudad la proposición que decidió
-la defección, él votó contra ella con pequeño número de senadores, y
-que después había establecido la democracia para vengarse de los que le
-habían hecho traición.
-
---«Yo soy --añade-- la causa del actual destierro de cuantos os han
-abandonado. Si hubiese podido hacerlo, hubiera tomado vuestro partido
-cuando me hallaba dueño de toda la ciudad; pero ya que no puedo más, os
-entrego ahora el puerto de que me he apoderado.»
-
-Muchos fueron los que le oyeron pronunciar estas palabras, pero no
-se ha averiguado aún el número de los que las creyeron. Ya que la he
-principiado, voy a concluir la historia de Eufrón. Aprovechándose de
-las disensiones que tenían lugar en Sición entre los notables y la
-plebe, consigue Eufrón entrar de nuevo en esta ciudad, con ayuda de un
-cuerpo de mercenarios que había alistado en Atenas. Auxiliado por la
-plebe se apodera de la población; pero el gobernador tebano conserva
-en su poder la acrópolis. Comprendiendo entonces que no podría ser
-dueño de Sición mientras los tebanos posean la ciudadela, reúne grandes
-cantidades de dinero y sale a fin de persuadir por este medio a los
-tebanos para que arrojen de la ciudad a los notables y se la entreguen
-nuevamente. Pero habiendo averiguado los antiguos desterrados su
-viaje y el objeto del mismo, dirígense también a Tebas; y viéndole en
-intimidad con los magistrados, temen se salga con la suya, y algunos,
-sin hacerse cargo del peligro que corren, asesinan a Eufrón en la
-acrópolis, en el mismo instante en que los arcontes y senadores se
-hallaban en sesión. Los arcontes conducen a los autores de aquella
-muerte ante el senado y se expresan en estos términos:
-
-«Ciudadanos: reclamamos la pena de muerte contra los matadores de
-Eufrón, considerando que jamás los hombres honrados cometen acciones
-criminales e impías, y que los mismos malvados, al llevarlas a cabo,
-procuran ocultarlas en la sombra; pero estos que aquí veis dejan de
-tal modo atrás a todos los hombres en osadía y en maldad, que con
-pleno conocimiento de causa, y por su sola voluntad, han dado muerte a
-ese hombre en presencia de vuestros magistrados y de vosotros mismos,
-que sois dueños de castigar y de absolver. ¿Quién se atreverá, pues,
-a venir aquí si no reciben estos culpables el último castigo? ¿Cuál
-será la suerte de nuestra ciudad, si está permitido a todo el mundo
-hacerse justicia por sí mismo, sin haber siquiera dado a conocer el
-motivo de su venida? Acusamos, pues, a estos hombres y les perseguimos
-como culpables de la más grande impiedad y del crimen más horrendo,
-como individuos que se han atrevido indignamente contra esta ciudad. A
-vosotros os toca ahora, después de habernos oído, darles el castigo que
-a vuestro juicio merezcan.»
-
-Así dijeron los arcontes; en cuanto a los culpables, todos niegan haber
-cometido el crimen, fuera de uno solo que después de confesarlo se
-defendió poco más o menos en estos términos[266]:
-
-«Tebanos: es imposible que se atreva nadie a afrontar vuestro poder,
-puesto que todos sabemos que tenéis la fuerza necesaria para tratar
-como mejor os parezca al que os insulte. ¿Qué sentimiento, pues, de
-confianza ha podido llevarme a dar muerte aquí a este hombre? Sabedlo
-bien: en primer lugar, el de que obraba justamente; y en segundo, el de
-que juzgaréis mi acción del modo que se merece. Sabía, en efecto, que
-no habíais esperado a juzgar a Arquias y a Hípates, a quienes habíais
-hallado culpables del mismo crimen que Eufrón, pues sin aguardar a la
-votación les castigasteis así que pudisteis, convencidos de que el
-mundo entero tendría que condenar a los que no procuraban siquiera
-ocultar su impiedad, sus traiciones y su deseo de ejercer la tiranía.
-Pues bien; ¿no era acaso Eufrón culpable de esos mismos crímenes?
-Después de haber hallado el tesoro sagrado lleno de ofrendas de oro y
-plata, lo dejó completamente vacío. ¿Quién podría haberse mostrado más
-evidentemente traidor que Eufrón, el cual, siendo amigo íntimo de los
-lacedemonios, les ha abandonado por vosotros, y que después de haberos
-dado las garantías más evidentes de fidelidad, os ha hecho nuevamente
-traición por aquellos, después de haber entregado el puerto de nuestra
-ciudad a vuestros enemigos? Y ¿cómo poder negar que fuese un tirano
-quien reducía a la esclavitud no solo a los hombres libres, sino a los
-ciudadanos, quien no cesaba de matar, desterrar y despojar de sus
-bienes, no a los culpables, sino a cuantos quería, a pesar de ser los
-mejores ciudadanos?
-
-»Reúnese después a los atenienses, vuestros enemigos más tenaces,
-vuelve a entrar en Sición, haciendo armas contra el gobernador que
-vosotros habíais nombrado, y no habiendo podido arrojarle de la
-acrópolis, dirígese aquí después de reunir todo el dinero que puede.
-Bien sé que si hubiese abiertamente levantado tropas contra vosotros,
-tendríais que mostraros agradecidos por haberle dado muerte, pero ¿cómo
-os hallaríais animados por la equidad, al castigarme a muerte por haber
-hecho justicia con un hombre que llegaba con el dinero recogido para
-corromperos y persuadiros a que le restablecieseis como tirano de su
-patria? Y en efecto, aquellos contra quienes se emplea la fuerza de
-las armas, experimentan una desgracia, pero no aparecen nunca como
-criminales, mientras que, por el contrario, los que por dinero se dejan
-corromper, caen en la desgracia y se llenan de infamia.
-
-»Sin embargo, si Eufrón hubiese sido mi enemigo personal o vuestro
-amigo particular, reconozco que no hubiera debido matarle dentro de
-vuestro territorio; pero una vez que os había hecho traición, ¿dejaría
-acaso de ser tan enemigo vuestro como mío? Y ¡por Zeus! se dirá: ha
-venido libremente. ¡Pero qué! Hubiera merecido vuestros elogios el
-que le hubiese muerto lejos de vuestra ciudad, y ahora que volvía
-nuevamente para aumentar el número de las maldades que os ha hecho, ¿ha
-de poder decirse que no ha merecido su suerte? ¿Dónde podréis enseñarme
-entre los griegos tratado alguno que favorezca a los traidores, a los
-desertores o a los tiranos? Recordad, además, que habéis votado la
-extradición de los desterrados de todos los estados aliados. En cuanto
-a mí, ciudadanos, pretendo que si me condenáis a muerte conseguiréis
-únicamente vengar a vuestro mayor enemigo, pero que si proclamáis la
-justicia de mi conducta, habréis vengado a la vista de todos, vuestras
-propias injurias y las de vuestros aliados.»
-
-Los tebanos, después de haber oído esta defensa, decretan que Eufrón ha
-sufrido el castigo que merecía. Sus conciudadanos[267], sin embargo,
-recogen su cuerpo como el de un hombre honrado y le dan sepultura en
-la plaza pública, donde le honran como uno de los jefes supremos o
-fundadores de la población[268]. De este modo, según parece, la mayor
-parte de la gente trata como hombres honrados a sus bienhechores.
-
-
-
-
-CAPÍTULO IV.[269]
-
-
-He aquí lo que debíamos decir de Eufrón: volvamos ahora a nuestro
-relato. Ocupábanse aún los fliasios en fortificar Tiamia, y Cares
-se hallaba todavía entre ellos, cuando la ciudad de Oropo[270] cae
-en poder de los ciudadanos que habían sido desterrados. Todos los
-atenienses dirígense entonces contra esta plaza y llaman a Cares desde
-Tiamia, con lo cual este puerto de los sicionios vuelve a caer en poder
-de estos y de los arcadios; y en cuanto a los atenienses, como no están
-auxiliados por ninguno de sus aliados, tienen que dejar a Oropo en
-poder de los tebanos hasta que puedan hacer valer sus derechos[271].
-
-Comprendiendo Licomedes[272] que los atenienses se hallan quejosos de
-sus aliados, que les ocasionan grandes contratiempos sin que a su vez
-les presten el más mínimo apoyo, persuade a los diez mil[273] para que
-negocien con ellos una alianza. En los primeros momentos hay algunos
-atenienses que ven con malos ojos que Atenas, amiga de Lacedemonia,
-se alíe con sus adversarios; pero reflexionando más tarde que son las
-ventajas tan grandes para los lacedemonios como para los atenienses,
-por aislar de los tebanos a los arcadios, aceptan la alianza de estos.
-Licomedes, encargado de estas negociaciones, muere al regresar de
-Atenas por un azar del destino, pues escogiendo de entre el gran número
-de buques de transporte el que más le place, bajo condición de que él
-mismo fijaría el lugar del desembarco, elige casualmente el sitio donde
-se encuentran los desterrados. Así es como perece; pero la alianza no
-por esto deja de ratificarse.
-
-Democión manifiesta en la asamblea popular de Atenas que la alianza con
-los arcadios, si bien es verdad que parece ser una feliz negociación,
-no obsta, sin embargo, para mandar a los generales órdenes terminantes
-a fin de conserven Corinto a la dominación ateniense. A esta nueva
-envían los corintios con todo apresuramiento suficientes guarniciones
-de tropas propias, a todos las plazas donde han puesto los atenienses
-guarnición, y dicen a estos últimos que pueden retirarse, pues no
-tienen ya necesidad de sus tropas. Obedecen los atenienses, y cuando
-las tropas de estos que custodiaban las fortalezas se hallan reunidas
-en la ciudad, hacen pregonar los corintios que todo ateniense que
-tenga que reclamar de alguna injusticia por ellos causada, no tiene
-más que anunciarse y se le hará justicia. Durante este tiempo llega
-Cares con la flota delante de Céncreas: cuando averigua lo que ocurre,
-manifiesta que ha venido a socorrer a la ciudad, sabiendo que se
-hallaba amenazada; pero los corintios le agradecen su cuidado, sin que
-por eso abran el puerto a sus naves; le suplican que se vaya y despiden
-también a los hoplitas después de haberles hecho justicia. De este modo
-evacuaron los atenienses a Corinto; en virtud de la alianza, debían,
-sin embargo, poner su caballería a disposición de los arcadios, cuando
-se hallasen amenazados de una invasión, pero no llevar la guerra a
-Laconia.
-
-Los corintios, considerando que tienen pocas probabilidades de éxito,
-sobre todo después de haberse atraído la malevolencia de los atenienses
-y habiendo anteriormente sido vencidos, deciden formar un cuerpo
-mercenario de infantería y otro de caballería, que emplean en defender
-la ciudad y en llevar la devastación a los enemigos más cercanos.
-Sin embargo, envían a Tebas una diputación para saber si podrían
-fácilmente alcanzar la paz, y obtenida la venia de los tebanos, que
-se la garantizan, suplícanles los corintios les permitan dirigirse a
-los demás aliados a fin de hacer la paz con los que quieran hacerla
-y continuar en guerra únicamente con los que la prefieran. Siéndoles
-igualmente concedida por los tebanos esta petición, los corintios se
-dirigen a Lacedemonia, donde se expresan de esta manera:
-
-«Lacedemonios: venimos a vosotros como amigos y reclamamos de vuestra
-parte nos descubráis, si las veis, las probabilidades de salvación que
-tenemos perseverando en la guerra, pero que si reconocéis las pocas
-esperanzas de nuestra situación, hagáis con nosotros la paz, si eso
-entra igualmente en vuestras intenciones, pues con nadie preferimos
-participar nuestra prosperidad más que con vosotros. Sin embargo, si
-la reflexión os convence de que está en vuestro interés el hacer la
-guerra, os suplicamos nos concedáis la paz, pues si conservamos nuestra
-ciudad, algún día acaso podamos seros de alguna utilidad; pero si
-perecemos ahora, es completamente evidente que jamás podremos acudir
-en vuestro auxilio.»
-
-Oyendo esto los lacedemonios, aconsejan a los corintios que hagan
-la paz, y al mismo tiempo permiten también a todos los aliados que
-la hagan si no quieren guerrear concertadamente con ellos. Declaran
-al mismo tiempo que continuarán la guerra y se someterán a los
-designios providenciales, pero que jamás consentirán en dejarse tomar
-Mesenia[274], que habían recibido de sus mayores. Los corintios,
-obtenida esta declaración, se dirigen a Tebas para negociar la paz:
-pretenden los tebanos que les juren también alianza, a lo cual
-contestan los diputados que la alianza no es una paz, sino un cambio en
-el lugar de la guerra, y añaden que, si quieren, de ellos solos depende
-el establecer una paz completamente informada por los principios de la
-justicia. Llenos de admiración los tebanos por esos hombres, que aunque
-en peligro rehúsan enemistarse con sus bienhechores, les conceden la
-paz, del mismo modo que a los fliasios y demás estados que con ellos
-han venido a Tebas, y aseguran por medio de juramento la posesión de su
-territorio a cada cual.
-
-Según la convención, los fliasios evacúan inmediatamente Tiamia; pero
-los fliasios que habían jurado la paz bajo estas mismas condiciones,
-viendo que no pueden conseguir que los desterrados fliasios habiten
-en Tricárano, dentro del mismo territorio de Fliunte, se apoderan de
-aquella plaza y establecen en ella una guarnición después de dar el
-nombre de propiedad a un territorio que poco antes habían devastado
-como enemigos, y sin querer hacer justicia a los fliasios.
-
-En esa misma época, poco después de haber muerto Dionisio el antiguo,
-envió su hijo a los lacedemonios doce trirremes bajo el mando de
-Timócrates. Después de haber llegado, ayúdanle a apoderarse de
-Selasia[275], y después de este hecho de armas vuelven a hacerse a la
-vela para Siracusa.
-
-Algún tiempo después apodéranse los eleos de Lasión, que les había
-antiguamente pertenecido, pero que dependía ahora de la confederación
-de los arcadios. Estos no permanecen indiferentes a la ofensa, pues
-reúnen inmediatamente sus tropas y se dirigen contra ellos; los eleos
-ponen en pie de guerra sus cuatrocientos, y además otros trescientos
-hombres. Durante la noche, los arcadios, que habían estado durante el
-día acampados frente a frente a los eleos en un terreno llano e igual,
-por la noche se apoderan de unas alturas que dominaban a sus contrarios
-y se arrojan sobre ellos al apuntar el día. Viendo los eleos bajar de
-las alturas, y en tan gran número, a los enemigos, se avergüenzan de
-tener que retirarse hallándose aún a tan larga distancia, y viniendo a
-las manos, se declaran en fuga a los primeros embates, perdiendo muchos
-hombres y gran número de armas en su retirada por caminos difíciles de
-atravesar.
-
-Después de esta victoria, los arcadios marchan contra las ciudades
-de los acroreos. Apodéranse de todas ellas, a excepción de Tresto,
-y llegan a Olimpia, donde, después de haber rodeado el Cronión[276]
-con una empalizada, establecen en él una guarnición y se apoderan
-del monte Olímpico y de Margana, que les es entregada. Esta serie de
-reveses entrega a los eleos a la desesperación más completa; pero los
-arcadios marchan contra su ciudad y llegan a penetrar hasta la plaza
-pública, donde, sin embargo, la caballería elea y los demás ciudadanos
-les hacen cara, les arrojan de la ciudad y después de matarles algunos
-hombres levantan un trofeo. Anteriormente habían tenido lugar en Élide
-ciertas disensiones públicas. El partido de Cáropo, Trasónidas y Argeo
-tendía a la democracia mientras que la facción de Estalquias, Hipias
-y Estrátola deseaban la oligarquía; como los arcadios, al frente de
-considerables fuerzas, pasaban por los aliados del partido que quería
-la democracia, Cáropo y los suyos se hacen más audaces, y concertándose
-con los arcadios para que le ayuden, se apoderan de la acrópolis;
-pero la caballería elea y los trescientos, sin perder un momento, se
-arrojan a la ciudadela y les echan de allí, después de lo cual Argeo,
-Cáropo y cerca de cuatrocientos ciudadanos son desterrados. Consiguen
-estos apoderarse poco tiempo después de Pilos[277] con ayuda de algunos
-arcadios; y muchos del partido popular abandonan entonces su ciudad
-natal, yendo a juntarse a los desterrados que se ven en posesión de
-una hermosa plaza fuerte y sostenidos por considerables fuerzas de
-arcadios.
-
-Más tarde, invaden estos igualmente el territorio eleo después de
-haberles asegurado los desterrados que la ciudad se les rendiría.
-Sin embargo, los aqueos, que se hallaban nuevamente en amistad con
-los eleos, defienden la población de manera que tienen que retirarse
-los arcadios sin haber hecho más que devastar el país; pero apenas
-salen, noticiosos de que los peleneos se hallan en Élide, verificando
-durante la noche una larga marcha, se apoderan de Oluro, ciudad
-de los peleneos, que desde largo tiempo permanecían aliados a los
-lacedemonios. Así que saben aquellos la toma de Oluro[278], verifican
-una contramarcha y se dirigen a Pelene, su patria, y desde entonces, a
-pesar de su pequeño número, se hallan constantemente en guerra con los
-arcadios establecidos en Oluro y con el partido popular, sin tener un
-punto de reposo hasta haber rescatado esa población.
-
-Los arcadios, por el contrario, verifican una nueva expedición contra
-los eleos. Mientras acampan entre Élide y Cilene, asáltanles los eleos;
-pero los arcadios se defienden con valor y los rechazan; Andrómaco,
-jefe de la caballería elea, a quien se acusa de haber promovido este
-ataque, se da la muerte, y el resto de los vencidos se refugian en la
-ciudad. En el mismo combate pereció el espartano Soclides, quien había
-tomado parte en él en virtud de la alianza que ya se había establecido
-entre los espartanos y los eleos; estos, en efecto, viéndose acosados
-por sus enemigos en su propio territorio, envían a Lacedemonia una
-comisión que reclame su auxilio y les exhorte a que realicen una
-expedición en el territorio arcadio, pues consideraban el mejor medio
-para librarse de sus enemigos, el atacarles por ambas partes. Arquidamo
-parte, pues, con un ejército de ciudadanos y se apodera de Cromno[279],
-donde deja en guarnición a tres de las doce cohortes que llevaba, y
-regresa a su país. Hallándose, sin embargo, los arcadios reunidos todos
-a su regreso de la expedición a Élide, llegan a Cromno y la rodean con
-dos filas de empalizadas, con lo cual, hallándose en seguridad, asedian
-a la guarnición; pero Esparta, indignándose al saber se hallan sitiados
-sus ciudadanos, envía un ejército, también al mando de Arquidamo, que
-a su llegada hace cuantos destrozos puede en Arcadia y Escirítide
-y procura con todas sus fuerzas hacer levantar el sitio; pero los
-arcadios no se mueven y nada les importa cuanto hace.
-
-Había notado Arquidamo una colina por el centro de la cual pasaba el
-atrincheramiento exterior de los arcadios; cree que podrá apoderarse
-de ella y que una vez en su dominio será imposible a los enemigos
-sostener su posición. Mientras hacía dar un rodeo a sus tropas para
-llegar a aquel lugar, los peltastas y su vanguardia, viendo fuera de
-las trincheras a los eparitas[280], caen sobre ellos al propio tiempo
-que la caballería procura cargarles. No ceden los eparitas, sino que
-se conservan inmóviles en correcta formación; vuelven los enemigos
-a la carga, pero aquellos, en vez de ceder en este segundo ataque,
-llegan a avanzar algún terreno. El tumulto era ya muy grande, cuando
-llega Arquidamo, que había dado la vuelta por la carretera que conduce
-a Cromno y guiaba sus tropas, que iban de dos en dos, tal como se
-hallaban al recibir la orden de marcha. Los dos ejércitos se aproximan,
-el de Arquidamo en larga fila a causa del camino que había seguido y
-los arcadios formando un tupido cuerpo de escudos; los lacedemonios no
-pueden resistir al empuje de los arcadios y pronto Arquidamo es herido
-en el muslo, que le atraviesan con una lanza, sucumbiendo junto a él
-Poliénidas y Quilón, que se había casado con la hermana de Arquidamo,
-elevándose a más de treinta el número de los que allí perecen.
-
-Emprenden, pues, los lacedemonios su retirada por el mismo camino
-por el que habían venido, y así que salen a más ancho terreno, se
-despliegan y hacen cara al enemigo; pero los arcadios conservan su
-misma formación, y aunque inferiores en número, hállanse animados del
-mismo entusiasmo, puesto que persiguen tropas que se baten en retirada
-y a las que han ocasionado gran número de bajas. En cuanto a los
-lacedemonios, habían perdido todo su valor al ver herido a Arquidamo
-y al saber los nombres de los que han muerto, quienes formaban todos
-entre los más valientes y más ilustres ciudadanos. Al hallarse los dos
-ejércitos uno junto a otro, grita uno de los más ancianos:
-
---«Soldados: ¿quién nos obliga a combatir, y por qué no podemos pedir
-una tregua y hacer cesar la guerra?»
-
-Los dos bandos acogen con placer estas palabras y se hace la tregua:
-retíranse los lacedemonios después de haber recogido sus muertos, y los
-arcadios levantan un trofeo en el lugar en que habían comenzado a dar
-las primeras cargas.
-
-Mientras los arcadios se hallan ocupados en Cromno, los eleos dirígense
-primeramente contra Pilos y se encuentran con los pilios que habían
-sido rechazados de Tálamas[281]. Al verles, la caballería elea carga
-sobre ellos matándoles mucha gente, y los restantes se refugian en
-una eminencia; pero al llegar la infantería los derrota por completo,
-matando a unos y haciendo prisioneros a los otros en número de unos
-doscientos: todos los mercenarios son vendidos y los desterrados
-degollados. Después de esto subyugan a los pilios, que no recibían ya
-auxilios de nadie, se apoderan de su ciudad y recobran Marganea.
-
-Algún tiempo después, sin embargo, habiéndose los lacedemonios durante
-la noche aproximado a Cromno, apodéranse de la trinchera y llaman a los
-argivos y lacedemonios sitiados. Cuantos se hallaban cerca y supieron
-aprovecharse de esta ocasión, consiguieron escaparse; pero los que
-dieron tiempo a los arcadios para que acudiesen en gran número, fueron
-encerrados en el interior de la ciudad y después presos y distribuidos
-entre los vencedores. Una parte de ellos tocó a los argivos, otra a
-los tebanos, otra a los arcadios y otra a los mesenios; el número de
-espartanos y periecos hechos prisioneros elevose a más de ciento.
-
-Los arcadios, no teniendo ya que ocuparse de Cromno, vuelven a
-dirigirse contra los eleos, refuerzan la guarnición de Olimpia, y
-cuando se acerca el año olímpico prepáranse para celebrar los juegos
-en compañía de los pisatas, que pretenden haber sido los primeros que
-tuvieron en otro tiempo el cuidado del templo. Ya en el mes[282] en
-que se celebran los juegos olímpicos, y durante los días en que se
-reúne la Panegiria, los eleos hacen sus preparativos abiertamente,
-llaman a los aqueos y toman el camino de Olimpia. Nunca se hubieran
-figurado los arcadios que vinieran los eleos a atacarles, y lejos de
-este pensamiento, hallábanse organizando las fiestas con los pisatas
-y habían terminado ya las carreras de caballos y el pentatlón; pero
-cuando llegó el turno de la lucha, no tuvo esta lugar en el estadio
-sino entre este y el altar, pues los eleos en armas ya estaban junto
-al recinto sagrado. Sin ir más lejos a su encuentro, los arcadios
-despliegan sus fuerzas a orillas del Cládeo, riachuelo que corre a lo
-largo del Altis[283] y que desemboca en el Alfeo: tenían como aliados
-unos dos mil hoplitas argivos y unos cuatrocientos caballos atenienses.
-
-Los eleos, que se habían formado en batalla al otro lado del riachuelo,
-inmolan las víctimas y avanzan inmediatamente contra los enemigos.
-Hasta esta época habían sido considerados siempre como guerreros de
-segundo orden por los arcadios y argivos, así como por los aqueos y
-atenienses, pero aquel día fueron considerados como los más valientes
-de entre todos los aliados. Ponen en fuga a los arcadios, contra los
-cuales primero se dirigen, y hacen lo mismo, después de rechazarlos
-valientemente, con los argivos. Persiguen los eleos a los fugitivos
-hasta el espacio situado entre el senado, el templo de Vesta y el
-teatro, que se halla junto a aquel edificio: allí combaten con igual
-denuedo y rechazan al enemigo hasta el altar, pero alcanzados por los
-proyectiles que se les arrojan desde lo alto de los pórticos de la sala
-del consejo y del gran templo, mientras que ellos combaten en un suelo
-completamente llano, pierden a muchos de sus soldados, y entre otros al
-mismo Estrátola, jefe de los trescientos.
-
-Después de esta acción se retiran a su campamento, pero los arcadios
-y sus aliados quedan atemorizados de tal modo, en previsión de lo
-que ocurrirá al día siguiente, que no se dan punto de reposo durante
-toda la noche, derribando las tiendas elevadas a gran coste, y
-fortificándose con trincheras. Al otro día, cuando se aproximan los
-eleos y ven una fuerte empalizada y gran número de individuos subidos
-a los templos, se retiran a su ciudad, pues el valor que habían
-desplegado el día anterior había sido tal que solo un dios podía
-haberlo inspirado y hacerle aparecer en un solo día, pues no está en
-el poder de los hombres, aun en un largo espacio de tiempo, volver
-valientes a los que se hallan privados de valor.
-
-Habiendo los arcontes arcadios hecho uso de los fondos sagrados para
-el sostenimiento de los eparitas, los mantineos prohíben por un
-decreto hacer uso de los fondos sagrados, y recogida en su ciudad la
-parte que les toca pagar para los eparitas, la envían a los arcontes.
-Pretenden entonces los jefes arcadios que los arcontes mantineos
-atentan a la confederación arcadia, y les citan ante los diez mil;
-pero no compareciendo, se pronuncia sentencia y mandan a los eparitas
-que conduzcan a los condenados. Cierran los mantineos sus puertas y
-no les admiten dentro de sus muros: al mismo tiempo levántanse otras
-voces entre los diez mil, diciendo que no debe gastarse el dinero
-sagrado y legar a sus descendientes este crimen contra los dioses,
-por lo cual, así que se ha decretado en la asamblea común que no se
-pueden tocar aquellos fondos, los eparitas que no pueden servir sin
-sueldo se retiran, mientras por el contrario, los que poseen medios
-abundantes, se exhortan mutuamente y ocupan el lugar de los que se han
-marchado, a fin de no hallarse más bajo su dependencia y tenerles, por
-el contrario, bajo la suya.
-
-Los jefes arcadios, que habían gastado el dinero sagrado, conociendo
-que pronto se les obligará a dar cuenta de él, y con el temor de ser
-ahorcados, hacen decir a los tebanos que si no se ponen en marcha
-inmediatamente, corren peligro de ver nuevamente amigos de los
-lacedemonios a los arcadios, por lo cual, los tebanos se preparan
-para ponerse en camino; pero cuantos sinceramente se preocupan de los
-verdaderos intereses del Peloponeso, persuaden a la asamblea arcadia
-para que mande embajadores a los tebanos, que les digan no vayan en
-armas a Arcadia entretanto no se les llame, y mientras hacen decirles
-esto, reflexionan que de nada ha de servirles la guerra y que, en
-efecto, ninguna necesidad tienen de correr con el cuidado del templo
-de Júpiter, y que, por el contrario, al renunciar a él realizarán una
-acción más justa y piadosa y se harán más agradables a la divinidad.
-Como los eleos no tenían ninguna otra pretensión, ambos partidos se
-deciden por la paz y firman el tratado.
-
-Jurado este por todas las ciudades, del propio modo que por los
-tegeatas y por su mismo gobernador tebano, quien se hallaba en Tegea
-con trescientos hoplitas beocios, todos los arcadios permanecen en
-dicha población, entregándose a la alegría y a las fiestas y júbilo
-con libaciones y cantos en honor de la paz. Pero el tebano y los
-arcontes que temían la rendición de cuentas, uniéndose a los beocios y
-a los eparitas, que hacían causa común con ellos, cierran las puertas
-de Tegea y hacen prender a los primeros ciudadanos en medio de los
-banquetes. Como se encontraban allí arcadios de todas las ciudades,
-pues todos deseaban la paz, el número de los que prendieron fue muy
-considerable: pronto queda llena la cárcel y aun la casa del consejo.
-Siendo muchos los presos, algunos saltaron desde lo alto de los muros,
-y aun permitiose a otros evadirse por las puertas, pues solo se estaba
-quejoso de los que eran considerados como causantes de su perdición;
-y lo que enoja más al tebano y a sus cómplices, es que solo tienen en
-su poder un pequeño número de mantineos, cuando casualmente contra
-ellos era contra quienes se tenía una enemiga mayor; pero gracias a la
-proximidad de su población, casi todos habían podido escapar.
-
-Cuando viene el día y saben los mantineos lo que ha ocurrido,
-recomiendan inmediatamente a todas las ciudades de Arcadia se pongan a
-la defensiva y vigilen sus murallas: hacen ellos lo mismo y envían al
-mismo tiempo a Tegea pidiendo la libertad de todos los mantineos que se
-hallan detenidos, exigiendo al mismo tiempo que ninguno de los otros
-arcadios sea encarcelado o condenado a muerte sin someterle previamente
-a juicio, ofreciendo la garantía de la ciudad de Mantinea para el caso
-de que contra ellos hubiese motivo de acusación y prometiendo llevar
-ante la asamblea arcadia a cuantos sean citados ante ella. El tebano
-no sabe qué resolver ante esta embajada y da libertad a todos. Al día
-siguiente reúne a cuantos arcadios quieren acudir a su llamamiento,
-y procura justificarse con ellos, asegurando ha sido engañado y
-pretendiendo, en efecto, haber sabido que los lacedemonios se hallaban
-en armas en las fronteras y que algunos arcadios querían entregarles
-la ciudad de Tegea. Después de oírle, le dejan libre, a pesar de saber
-bien que había mentido en cuanto les había dicho, pero envían diputados
-a Tebas para acusarle y para pedir se le condene a muerte. Cuéntase,
-sin embargo, que Epaminondas, entonces uno de los generales en mando,
-dijo que se había tenido más razón al detener a aquellos hombres que al
-devolverles la libertad.
-
---«Pues --dijo--, ¿cómo no os acusaríamos de traición con justicia
-después que nos habéis hecho la guerra y sin nuestro consentimiento
-ajustáis la paz? En cuanto a nosotros, sabed, añadió, que marcharemos
-a Arcadia, y allí haremos la guerra concertadamente con aquellos que
-pertenecen aún a nuestro partido.»
-
-
-
-
-CAPÍTULO V.
-
-
-Habiendo sido llevada esta contestación a la asamblea arcadia y a las
-diferentes ciudades, los mantineos y cuantos arcadios se interesan por
-el Peloponeso, del mismo modo que los eleos y aqueos, se convencen
-desde entonces de que los tebanos no ocultan ya su deseo de ver al
-Peloponeso lo más débil posible para subyugarlo después con mayor
-facilidad.
-
---«¿Por qué, en efecto, dicen, quieren que estemos siempre en guerra,
-si no es para que nos hagamos todo el mal que podamos unos a otros y
-para que los dos partidos beligerantes tengan ambos necesidad de sus
-auxilios? ¿Por qué contestan que se hallan dispuestos a marchar cuando
-les decimos que por el momento no tenemos necesidad de ellos? ¿No es
-evidente que si preparan esta expedición es para hacernos algún daño?»
-
-Envían igualmente a Atenas en demanda de socorro y dirígese también
-a Lacedemonia una comisión de eparitas, encargada de exhortar a los
-lacedemonios para rechazar todos juntos a cuantos quisieran subyugar
-el Peloponeso. En cuanto a la hegemonía, convínose desde entonces en
-que cada pueblo ejercería en su territorio el mando supremo. Durante
-estas negociaciones, Epaminondas había salido[284] en expedición con
-todos los beocios y con gran número de eubeos y tesalios, enviados
-unos por Alejandro[285] y otros por los adversarios de este tirano. Los
-focidios no van con él, sin embargo, alegando los tratados, que, según
-dicen, les obligan a socorrer a Tebas cuando se halle atacada, pero no
-a formar parte de ninguna expedición contra otros estados. Epaminondas
-no duda de que, una vez en el Peloponeso, se le juntarán los argivos
-y mesenios, del propio modo que los arcadios que permanecen en su
-amistad y que eran los tegeatas, megalopolitas, aseatas, palantieos y
-todas aquellas ciudades a las que su pequeñez y su situación, en medio
-de dichos estados, no les dejaban otro remedio.
-
-Parte Epaminondas a toda prisa, y llegado a Nemea, permanece allí con
-la esperanza de sorprender a los atenienses a su paso, contando que
-sería un gran motivo de animar a sus tropas y aliados y desanimar a
-sus adversarios, pues, para decirlo en una palabra, creía que todo
-revés para los atenienses era una ventaja para los tebanos. Durante
-esta detención reúnense los estados confederados en Mantinea, y cuando
-Epaminondas sabe que han renunciado los atenienses a pasar por tierra
-y se preparan a enviar por mar, y a través de Laconia, sus refuerzos a
-los arcadios, sale de Nemea y llega a Tegea. No puedo decir que este
-hombre haya sido afortunado en la época de su mando, pero creo que nada
-dejó que desear de cuanto es obra de la prudencia y de la audacia. En
-primer lugar, debo alabarle por haber instalado su campamento dentro
-de los muros de Tegea, pues esto le daba una posición más segura que si
-acampaba al aire libre, le permitía al mismo tiempo ocultar mejor sus
-designios al enemigo y proveerse más fácilmente en la ciudad de cuanto
-podía necesitar. Podía también además ver a los enemigos acampados
-fuera y juzgar de la bondad de todos sus actos, así como, a pesar de
-creerse más fuerte que el enemigo, podía dejar de atacarle si creía que
-tenía este ventajas por las condiciones del terreno.
-
-Viendo, sin embargo, que ninguna ciudad se declara a su favor,
-y juzgando que pasa el tiempo, se determina a obrar, pues de lo
-contrario, cuanto mayor ha sido su gloria anterior, mayor será su
-consiguiente deshonra. Habiendo, pues, sabido que los enemigos se han
-fortificado en los alrededores de Mantinea y han venido a buscar a
-Agesilao y a todos los lacedemonios, quienes, según le refieren, se
-hallan ya en camino y han llegado a Pelene, hace cenar a sus tropas,
-y dando la orden de marcha, se dirige directamente a Esparta. Si
-un cretense, por inspiración divina no hubiera venido a anunciar a
-Agesilao la aproximación del ejército enemigo, la ciudad entera hubiera
-caído en poder de Epaminondas, que la hubiese hallado como un nido
-y completamente desguarnecida; pero Agesilao, informado a tiempo de
-este golpe de mano, llega antes que él a la ciudad, y los espartanos
-se reparten los distintos puntos de peligro, a pesar de hallarse en
-pequeño número, pues su caballería estaba en Arcadia, del mismo modo
-que los mercenarios y tres de las doce cohortes.
-
-Cuando Epaminondas llega a los alrededores de Esparta, evita entrar en
-lugares en que las tropas tengan que pelear a descubierto y ofreciendo
-blanco a los proyectiles que se les arrojarán desde las casas y en
-situación en que el mayor número no pueda dar ninguna superioridad;
-pero apoderándose de una posición que cree ventajosa, en lugar de
-atacar subiendo, dirígese contra la ciudad partiendo de una altura. En
-cuanto a lo que después sucedió, puede verse en ello la intervención de
-un dios; pero puede decirse también con razón que nadie puede resistir
-a los que se hallan en estado de completa desesperación; en efecto,
-cuando llega Arquidamo con menos de cien hombres después de una marcha
-que se reputa muy difícil, dirígese en línea recta hacia los enemigos,
-y he aquí que estas tropas que se hallaban arrojando fuego, que estos
-vencedores de los lacedemonios superiores en número y en posiciones
-ventajosas, no resisten el choque de Arquidamo, y ceden, pereciendo
-las primeras filas de los de Epaminondas; pero como los de Esparta,
-orgullosos por su victoria, continuaran la persecución más lejos de lo
-que debían, reciben a su vez el justo castigo, pues sin duda estaba
-escrito por una mano divina hasta qué límite les estaba concedida la
-victoria. Arquidamo levanta, pues, un trofeo y devuelve, bajo la fe de
-una tregua, a los enemigos los cuerpos de los que allí han muerto.
-
-Epaminondas, por su parte, previendo que los arcadios vendrán en
-auxilio de los lacedemonios, no quiere tener que combatir con todos los
-lacedemonios reunidos con ellos, sobre todo después de haber alcanzado
-los enemigos una ventaja y sufrido sus tropas un revés, por lo cual
-se dirige a toda prisa a Tegea, donde deja descansar a sus hoplitas,
-aunque mande su caballería a Mantinea, exhortándoles a no dejarse
-abatir y manifestándoles que a causa de la estación probablemente
-encontrarán fuera de los muros de Mantinea a todos sus rebaños y a
-todos sus habitantes. Partió, pues, la caballería tebana, pero saliendo
-la ateniense de Eleusis, había cenado en el Istmo, y después de
-atravesar Cleonas, había llegado al territorio mantineo acantonándose
-dentro de los muros. Cuando se sabe en Mantinea que se aproximan los
-enemigos, ruegan los habitantes de dicha población a los atenienses
-que les socorran con todas sus fuerzas; muéstranles en los campos
-sus rebaños, sus obreros y gran número de ancianos y niños de libre
-condición, y los atenienses al oírles, se ponen en campaña a pesar de
-hallarse en ayunas ellos y sus caballos. ¿Quién no admirará el valor
-que desplegaron en estas circunstancias? Aunque inferiores en número,
-y a pesar de haber experimentado su caballería un desastre en Corinto,
-no se dejan dominar por estas consideraciones ni se detienen pensando
-que van a combatir a los tebanos y tesalios, que siempre han sido
-reputados como los mejores caballos, sino que, sonrojándose a la idea
-de que su presencia no preste utilidad alguna a sus aliados, se arrojan
-sobre los enemigos así que les distinguen, deseosos de poner en buen
-lugar a su patria, y a su valor debieron los mantineos el poder salvar
-cuanto tenían en los campos. Pierden los atenienses algunos valientes
-y los enemigos pierden también algunos evidentemente, pues no había
-armas bastante cortas para que los dos partidos no pudiesen alcanzarse
-recíprocamente. Recogen sus muertos, y por medio de convención
-entregan a los enemigos los suyos.
-
-Epaminondas, sin embargo, considerando que va a verse obligado dentro
-de pocos días a partir, pues terminaba ya el tiempo fijado para
-la expedición, conoce que si deja sin defensa los estados que ha
-venido a socorrer, serán atacados por sus adversarios y que él mismo
-verá completamente perdida su reputación por haber sido vencido en
-Lacedemonia con su numerosa infantería por un puñado de hombres, y
-junto a Mantinea en un combate de caballería, siendo causa con su
-expedición al Peloponeso de la liga formada por los lacedemonios,
-arcadios, aqueos, eleos y atenienses. Por esto le parece vergonzoso
-marchar sin combatir, sobre todo reflexionando que si vence terminará
-todo en bien, y que si muere combatiendo, será un fin muy glorioso
-perecer procurando dejar a su patria el dominio del Peloponeso.
-
-No son, sin embargo, estos sentimientos los que le hacen más admirable
-a mis ojos, puesto que tales son los pensamientos de todos los hombres
-generosos; lo que me parece más digno de admiración es el haber formado
-un ejército que no teme ninguna penalidad ni de día ni de noche, que
-no retrocede ante ningún peligro y que no rehúsa jamás su obediencia
-aun cuando carezca de todo. Cuando manda por la última vez a sus tropas
-que se preparen para el combate, la caballería se pone a dar brillo
-a sus cascos, y los hoplitas arcadios graban en sus escudos marcas
-que indican son tebanos[286], afilando todos las espadas y sables y
-pulimentando sus escudos. El orden de combate que emplea después de
-haberse puesto al frente de sus tropas es también digno de alabanza.
-Así que manda alinear filas, como era natural parece indicar se
-dispone para el combate; pero cuando su ejército se halla en completa
-formación, no se dirige hacia el enemigo por el camino más corto,
-sino que marcha en dirección a las montañas situadas al occidente y
-frente a frente de Tegea, de manera que hace creer al enemigo que no
-quiere aquel día librar el combate. Efectivamente, llegado al pie
-de la montaña, despliega su falange y hace deponer las armas en las
-alturas como si quisiese acampar allí. Con esta maniobra debilita el
-ardor del enemigo que se había dispuesto para el combate y que entonces
-rompe filas; pero después de haber hecho converger a la vanguardia las
-compañías que marchaban por filas y formar alrededor de él un fuerte
-cuerpo de ataque, hace repartir nuevamente las armas y avanzar contra
-el enemigo. Sus tropas le siguen inmediatamente.
-
-Cuando los enemigos, contra sus esperanzas, le ven llegar, nadie
-sostiene el ataque; unos corren a sus filas o se alinean, ensillan
-otros los caballos mientras los restantes revisten sus corazas, y
-todos, en fin, tienen que rechazar al enemigo, más bien que atacarle.
-Epaminondas guiaba su ejército como una trirreme con la proa hacia
-adelante, contando con hacer retroceder al enemigo allí donde atacase
-y aniquilar así todo el ejército. Preparábanse, en efecto, a combatir
-con las tropas más vigorosas, habiendo colocado todo lo más lejos
-posible y en la retaguardia a los soldados más débiles, comprendiendo
-bien que la derrota de estos produciría a los suyos el desaliento
-y entusiasmaría al enemigo. Este había ordenado su caballería como
-un cuerpo de hoplitas, sin mezclar con ella la infantería; pero
-Epaminondas forma también la suya en un compacto cuerpo de ataque,
-mezclando con ella a los infantes para que una vez deshecha la
-caballería sea completa la derrota de los enemigos, pues, en efecto,
-difícilmente se halla quien sostenga el ataque del enemigo una vez
-emprende la fuga una parte de su ejército; y a fin de impedir asimismo
-a los atenienses del ala izquierda vayan en auxilio de sus vecinos,
-coloca frente a ellos, en las alturas, algunos caballos e infantes
-para inspirarles el temor de ser cogidos por la retaguardia así que
-se dirijan a auxiliar a los demás. Tal fue su orden de batalla, y sus
-esperanzas no salieran fallidas, pues, vencedor allí donde atacó, puso
-en fuga a todo el ejército enemigo.
-
-Sin embargo, así que cae herido[287], no saben los suyos aprovecharse
-de la victoria, y aunque los hoplitas ven derrotados a los enemigos,
-no matan a nadie y se quedan inmóviles en el punto en que había
-tenido lugar el primer choque. La caballería, por su parte, aunque ve
-huyendo a la del enemigo, no mata tampoco ni infantes ni caballos,
-pues sobrecogidos de terror se arrojan, como lo hubieran hecho unos
-vencidos, a través de las filas enemigas en derrota; sin embargo, la
-infantería que había sido mezclada con la caballería, y los peltastas,
-habían participado de la victoria de la caballería, y llegaban
-vencedores al ala izquierda; pero allí son casi todos deshechos por los
-atenienses.
-
-Terminada la batalla, sucedió lo contrario de lo que todos creían,
-pues al ver reunido el contingente de toda Grecia[288] formado en
-batalla, nadie podía prever que los resultados del combate no fuesen
-la dominación de los vencedores ni la sujeción de los vencidos; pero
-la divinidad hizo que cada bando elevase un trofeo como vencedor sin
-oponerse el contrario; ambos recogen sus muertos por una tregua,
-concediéndola como vencedores y suplicándola como vencidos, y más
-tarde, aunque ambos pretenden haber quedado dueños de la victoria, no
-se vio a ninguno de ellos poseer comarca, ciudad o mando que no tuviese
-antes del combate. Después de este, la confusión y la turbulencia
-dominan con mayor insistencia que antes en toda Grecia.
-
-En cuanto a mí, no me he propuesto escribir de esta historia más que lo
-que llevo referido: la narración de lo que siguió a este combate, queda
-para otro escritor.
-
-
-FIN.
-
-
-
-
-ÍNDICE.
-
-
- Dedicatoria. V
- Prólogo. VII
-
- Libro primero.
- Capítulo primero. 1
- Capítulo II. 9
- Capítulo III. 13
- Capítulo IV. 17
- Capítulo V. 22
- Capítulo VI. 26
- Capítulo VII. 34
-
- Libro segundo.
- Capítulo primero. 43
- Capítulo II. 50
- Capítulo III. 55
- Capítulo IV. 70
-
- Libro tercero.
- Capítulo primero. 87
- Capítulo II. 96
- Capítulo III. 106
- Capítulo IV. 111
- Capítulo V. 121
-
- Libro cuarto.
- Capítulo primero. 131
- Capítulo II. 139
- Capítulo III. 145
- Capítulo IV. 151
- Capítulo V. 159
- Capítulo VI. 167
- Capítulo VII. 171
- Capítulo VIII. 174
-
- Libro quinto.
- Capítulo primero. 189
- Capítulo II. 200
- Capítulo III. 214
- Capítulo IV. 222
-
- Libro sexto.
- Capítulo primero. 243
- Capítulo II. 250
- Capítulo III. 260
- Capítulo IV. 267
- Capítulo V. 279
-
- Libro séptimo.
- Capítulo primero. 299
- Capítulo II. 316
- Capítulo III. 324
- Capítulo IV. 329
- Capítulo V. 345
-
-
-
-
-NOTAS.
-
-
-[1] Es decir, después que los atenienses, obtenida una victoria naval,
-se apoderaron de Cícico. (Véase _Tucídides_, lib. VIII, § 107.)
-
-[2] Los sucesos relatados en este capítulo corresponden a los años 411
-y 410 antes de Jesucristo.
-
-[3] Comp. _Tucídides_, lib. VIII, §§ 35 y 84.
-
-[4] Promontorio y ciudad de la Tróade.
-
-[5] Ciudad del Quersoneso.
-
-[6] Había sido recientemente vencido por los atenienses entre Sesto y
-Abido.
-
-[7] Desterrado de Atenas.
-
-[8] Comp. _Justino_, lib. V, cap. IV.
-
-[9] Siempre que los griegos hablan del _rey_ o del _Gran rey_ (μέγας
-βασιλεύς), se entiende del de Persia.
-
-[10] No se le conoce más que por este pasaje.
-
-[11] Ciudad de Tracia en el golfo de Melas.
-
-[12] El texto de esta carta está en dialecto vulgar lacedemonio.
-
-[13] En griego, ἐπιβάτης (soldado de marina).
-
-[14] El año anterior. (Véase _Tucídides_, lib. VIII, § 85.)
-
-[15] El ἁρμοστής era el gobernador o magistrado superior de una colonia.
-
-[16] Entre Atenas y las fronteras de Beocia.
-
-[17] En griego πρόξενος (unido por la hospitalidad).
-
-[18] Este no es el grande Aníbal, hijo de Amílcar, sino el de Giscón.
-(Véase _Diodoro Sículo_, lib. XIII, cap. XLIII.)
-
-[19] Correspondiente al 409 antes de la era cristiana.
-
-[20] Tropas ligeras.
-
-[21] Ciudad de Jonia.
-
-[22] Tropas pesadamente armadas.
-
-[23] Ciudad importante en tiempo de Heródoto, pero en el de Jenofonte
-puerto y promontorio completamente deshabitado.
-
-[24] Montaña situada a 40 estadios de aquella ciudad.
-
-[25] Comp. _Tucídides_, lib. VIII, § 26.
-
-[26] Por los cartagineses.
-
-[27] Ciudad y promontorio de Mesenia.
-
-[28] Véase _Tucídides_, lib. III, y _Diodoro Sículo_, lib. XII, cap.
-LIX.
-
-[29] Corresponde al 408 antes de Cristo.
-
-[30] Los calcedonios habían abandonado el partido ateniense y recibido
-un gobernador lacedemonio.
-
-[31] Templo de Hércules.
-
-[32] Terámenes, Trasilo y Trasíbulo.
-
-[33] Habitantes de las cercanías de Esparta.
-
-[34] Nuevamente admitidos como ciudadanos.
-
-[35] Célebre por el Nudo gordiano.
-
-[36] Del año 407 antes de la era vulgar.
-
-[37] En griego κάρανος, palabra que se encuentra poquísimas veces en
-los autores, pues es de origen persa.
-
-[38] Llanura cercana a una ciudad de la Lidia, del mismo nombre.
-
-[39] Sátrapa de Frigia.
-
-[40] Ciudad de Laconia.
-
-[41] Comp. _Plutarco_, Alcibíades, 34.
-
-[42] Sobre la vuelta de Alcibíades, además de su biografía en Plutarco,
-véase _Justino_, lib. V, cap. IV.
-
-[43] Comp. _Plutarco_, Alcibíades, 34.
-
-[44] Poco antes de que partiese Alcibíades de Atenas para Andros.
-
-[45] En el mismo año 407 antes de nuestra era.
-
-[46] Comp. _Tucídides_, lib. VIII, § 48.
-
-[47] Cerca de una peseta diaria.
-
-[48] Valiendo la mina 100 dracmas, eran unas 3000 pesetas al mes.
-
-[49] Aproximadamente quince céntimos.
-
-[50] Ciudad cercana a Colofón.
-
-[51] En la isla de Quíos.
-
-[52] Lugar desconocido.
-
-[53] Comp. _Diodoro Sículo_, lib. XIII, cap. LXXIV.
-
-[54] El de 406 antes de Cristo.
-
-[55] Dodwel, según sus cálculos astronómicos, señala a este eclipse la
-fecha del 15 de abril del año 406 antes de Jesucristo.
-
-[56] En griego θαλασσοκράτωρ.
-
-[57] Hay que añadir otros dos generales.
-
-[58] Como las embarcaciones eran muy bajas, la cubierta se cubría con
-unas telas que protegían de la intemperie y de los ardores del sol a la
-tripulación.
-
-[59] Hoy el cabo del Santo Ángel (Ἄγιος Ἄγγελος).
-
-[60] Era un hijo natural del gran Pericles.
-
-[61] En el año 406 antes de la era cristiana.
-
-[62] Es decir, el encargado de dar a cada ciudadano pobre dos óbolos
-tomados del tesoro público, para acreditar el derecho a entrar en el
-teatro.
-
-[63] Fiestas de Minerva Atenea: duraban tres días y se inauguraban con
-un gran banquete de las fratrias atenienses.
-
-[64] Este rasgo de la entereza de Sócrates es verdaderamente
-admirable, pues fue el único que no se dejó intimidar por las medidas
-revolucionarias de la plebe.
-
-[65] Canono había hecho decretar que cuando varias personas fuesen
-acusadas todas de un mismo crimen, se instruyese una causa especial e
-independiente para cada una de ellas.
-
-[66] Divinidad superior de la mitología griega correspondiente al
-Júpiter de la romana.
-
-[67] Si se hubiese adoptado esta proposición, hábilmente presentada y
-elocuentemente defendida por Euriptólemo, indudablemente se hubieran
-salvado los acusados, pues era imposible probar contra ellos cargo
-alguno individual.
-
-[68] Véase _Tucídides_, lib. VIII, §§ 67 y 98.
-
-[69] La dignidad de navarco (ναύαρχος) era una de las superiores en la
-marina.
-
-[70] Del año 406 antes de Cristo.
-
-[71] Los que se hallaban en Eólida, en Jonia y en las Islas. (Véase
-_Diodoro Sículo_, lib. XII, cap. C.)
-
-[72] Véase esta genealogía en la edición de Jenofonte de Weiske, t. IV,
-pág. 58.
-
-[73] El 405 antes de nuestra era.
-
-[74] Hoy los gelos o pueblos de la provincia persa del Ghilán.
-
-[75] Se había retirado a su castillo del Quersoneso. (Véase lib. I,
-cap. V.)
-
-[76] Los atenienses enviaban a Delos cada año una embajada sagrada
-o _teoría_ (θεωρία), sobre la famosa nave de Teseo, con un coro de
-jóvenes y doncellas para entonar las alabanzas de Apolo. El navío en
-que se embarcaba esta _teoría_ se llamaba _Páralos_, de Páralo, héroe
-ateniense y amigo de Teseo, que por primera vez había equipado una
-nave de grandes dimensiones. La muerte de Sócrates se retardó durante
-treinta días, pues estaba prohibido ejecutar a ningún sentenciado a
-muerte mientras se hallaba la _Páralos_ conduciendo la _teoría_.
-
-[77] En el mismo año 405 antes de la era cristiana.
-
-[78] Se sabe, por el testimonio de Tucídides y de Diodoro Sículo, que
-sus habitantes habían sido degollados o reducidos a la esclavitud por
-los atenienses vencedores.
-
-[79] Correspondiente al 404 antes de Jesucristo.
-
-[80] Véase para este sobrenombre, una nota de M. Artaud a un pasaje de
-Aristófanes, en la traducción de Luciano por Eugenio Talbot, t. I, pág.
-562.
-
-[81] En griego πενέστης (criado, siervo).
-
-[82] Compárense las _Memorias socráticas_, Lib. IV, cap. IV, y
-_Libanio_, Apología de Sócrates.
-
-[83] Véase _Lisias_, contra Eratóstenes, 17.
-
-[84] Nada se sabe positivamente sobre estos delegados de Esparta.
-
-[85] En griego προστάτης (el que dirige las deliberaciones), que
-viene a ser lo mismo que en la Cámara de los Comunes de Inglaterra el
-_speaker_.
-
-[86] Pequeño vaso que se colocaba en el agua y en que se echaban
-algunas gotas de líquido para hacerle sumergir.
-
-[87] Véase asimismo sobre la muerte de Terámenes, _Cicerón_, Tusculanæ,
-lib. I, cap. XI, § 95.
-
-[88] Los σκευοφόροι eran los que conducían los vasos, instrumentos y
-utensilios de toda clase para el ejército.
-
-[89] Uno de los teatros de Atenas, comprendiendo en él el circuito que
-a su alrededor se extendía.
-
-[90] Templo de Bendis, que es la misma divinidad que la Luna. (V. dicha
-palabra en el Diccionario de Jacobi.)
-
-[91] Sobrenombre de Ares o Marte.
-
-[92] De él se trata en las _Memorias socráticas_, lib. III, cap. VII.
-Este capítulo es de una belleza tal y tiene tanta importancia bajo
-el punto de vista de la educación política de los ciudadanos, que no
-podemos resistir al deseo de darlo en nota.
-
- «Viendo Sócrates que Cármides, hijo de Glauco, hombre adornado de
- toda clase de méritos y superior en mucho a todos los políticos de su
- época, no se atrevía a presentarse ante el pueblo ni a ocuparse en
- los negocios del estado, le dijo:
-
- --Oye, Cármides, ¿cómo juzgarías a un hombre que siendo capaz de
- ganar coronas y premios en los juegos y conquistar de esto modo un
- nombre glorioso y hacer en Grecia más ilustre a su patria, rehusara
- el combatir?
-
- --Claro es que sería un hombre afeminado y cobarde.
-
- --Y si un ciudadano capaz de engrandecer a su patria y de llenarse
- de gloria dedicándose a los negocios públicos, rehusase hacerlo, ¿no
- estaríamos en nuestro derecho llamándole también cobarde?
-
- --Acaso; pero ¿por qué me diriges esta pregunta?
-
- --Porque me parece que a pesar de tu mérito, retrocedes ante los
- negocios, cuando por tu calidad de ciudadano, tienes el deber de
- tomar parte en ellos.
-
- --Pero este mérito --dijo Cármides--, ¿en qué ocasión has podido
- reconocerlo para que tengas de mí opinión tan favorable?
-
- --En tus conversaciones con nuestros políticos, pues si te comunican
- algún asunto, veo que les das buenos consejos, y si cometen alguna
- falta les reprendes con justicia.
-
- --Pero no es lo mismo, Sócrates, conversar con los amigos que
- discutir en público.
-
- --Sin embargo, los que saben contar con prontitud, cuentan tan bien
- públicamente como cuando se hallan solos, y los que tocan bien la
- cítara en su casa, conservan esta superioridad en público.
-
- --Sí, es verdad; ¿pero no ves tú mismo que la vergüenza y la timidez
- son innatas en algunos hombres y que se manifiestan mucho más en las
- asambleas tumultuosas que en las conversaciones privadas?
-
- --Pues bien; voy a demostrarte que no son los más sabios los que te
- causan vergüenza, ni los más poderosos los que te hacen miedo, sino
- que te avergüenzas de hablar ante los menos ilustrados y los más
- débiles. En efecto, ¿no es ante los tintoreros, zapateros, albañiles,
- caldereros, labradores, comerciantes y revendedores, gentes todas
- que procuran vender caro lo que han comprado a bajo precio, ante
- quienes sientes timidez? porque de todos estos se compone la asamblea
- popular. ¿En qué se diferencia, pues, tu conducta de la de un hombre
- que, siendo superior a los artistas, tuviese miedo a la crítica
- de los ignorantes? ¿No es verdad que a pesar de tu facilidad en
- expresarte ante los ciudadanos más ilustres, algunos de los cuales,
- sin embargo, te tienen en menos de lo que mereces, y a pesar de tu
- manifiesta superioridad sobre los que procuran hablar en público,
- vacilas en tomar la palabra ante una multitud que jamás se ha ocupado
- de negocios y que no tiene hacia ti la más pequeña prevención, solo
- por el temor de que te pongan en ridículo?
-
- --¿Por qué no? ¿Acaso no ves, Sócrates, que en las asambleas se
- burlan a menudo de los que hablan bien?
-
- --Pero a los demás les pasa lo mismo; de ahí que te admire a ti que
- sabes hacerles enmudecer en la conversación, porque te crees incapaz
- de dominar a la multitud. No te desconozcas, querido, ni cometas
- el mismo yerro que casi todos los hombres cometen: la mayor parte
- tienen sin cesar fija la vista en las acciones de los demás, ¡y no
- vuelven su examen hacia sí mismos! Defiéndete de una indolencia tal
- y concentra, por el contrario, en ti mismo todos tus esfuerzos; no
- te olvides del estado, si puedes con tus cuidados hacerle conseguir
- algún adelanto. Considera, sobre todo, que para la prosperidad de
- los negocios, no solo habrás prestado inmensos servicios a los demás
- ciudadanos, sino también a tus amigos y a ti mismo.»
-
-[93] Los γυμνήται constituían la mayor parte de la infantería ligera
-entre los griegos.
-
-[94] Ἁλίπεδον (llanura salada).
-
-[95] Literalmente κωφὸν λιμένα (puerto mudo o inútil): según algunos,
-el puerto de Muniquia, que con el Pireo y Falera, formaban los tres
-puertos de Atenas.
-
-[96] En 400 antes de Jesucristo.
-
-[97] Los críticos consideran este nombre como un pseudónimo tomado
-por Jenofonte. (Véase _Historiadores griegos_, de _Vosio_, edición de
-Westermann, pág. 53.)
-
-[98] Del año 398 antes de la era vulgar.
-
-[99] Este parece ser el sentido más probable de la palabra μνημεῖα.
-Estos túmulos sepulcrales serían, sin duda, semejantes a los _barrows_
-y _galgals_ de la Armórica y a los montículos del Ohio, del Yucatán,
-del Báltico y de las estepas de Rusia. (Véase también más adelante lib.
-VI, cap. II.)
-
-[100] En la campiña del Meandro. Compárese _Ateneo_, libro XV, cap. IX.
-
-[101] Esta población no es la ciudad de Larisa de Tesalia; ni en Acaya
-ni en Élide existe población alguna de este nombre. Sin duda sería un
-pueblo de poca importancia.
-
-[102] El 398 antes de Cristo.
-
-[103] Aulón era a la vez una ciudad marítima y un valle situado en los
-límites de Mesenia y de Élide.
-
-[104] El Alfeo.
-
-[105] En el año 397 antes de nuestra era.
-
-[106] Esta conversación está en dialecto vulgar lacedemonio.
-
-[107] El dios del mar, Neptuno.
-
-[108] Los eupátridas o nobles.
-
-[109] La σκυτάλη era un bastón liso sobre el cual los generales
-lacedemonios arrollaban para poder leerlos, las órdenes que se les
-enviaban escritas en unas tiras de tela que habían sido arrolladas en
-otro palo del mismo grueso, y que como era natural, solo arrollándolas
-a otro igual al que cubrían cuando habían sido escritas, podían leerse
-fácilmente.
-
-[110] Nombre de tres magistrados encargados de vigilar los ejercicios
-de los jóvenes. (Véase la obra del mismo autor de la presente,
-_Gobierno de los lacedemonios_, cap. IV, que trata de la educación de
-los hombres en la edad viril.)
-
-[111] Gobierno aristocrático de los diez ciudadanos más ricos de la
-ciudad.
-
-[112] En 396 antes de Jesucristo.
-
-[113] Consejo de once tebanos encargados de la dirección de los asuntos
-en Beocia.
-
-[114] Ciudad y promontorio de Eubea.
-
-[115] El pletro (πλέθρον) era la 6.ª parte del estadio, y su
-equivalencia es de 31 metros.
-
-[116] Compárense las biografías de Agesilao en Plutarco y Cornelio
-Nepos, la obra de Jenofonte, _Agesilao_, cap. I, y en especial el libro
-de Carlos Gustavo Heiland: _Xenophontis Agesilaus cum adnotatione et
-prolegomenis de auctore et indole libri_, edit. nova. Leipzig, 1857.
-En esta obra hallará el lector estudioso el resumen de las discusiones
-habidas entre los filólogos Walkenaër, Lennep, Wyttenbach, Wolf,
-Bernhardy y Sievers, que niegan la autenticidad de aquel tratado
-histórico, y Zeun, Weiske, Schneider, Dindorf, Delbrück, Manson Kühn
-y Baumgarten que la afirman, a cuyo parecer se une el citado autor,
-aportando nuevas razones a esta última opinión y dándole casi el valor
-de la más decisiva certeza.
-
-[117] En 395 antes de Jesucristo.
-
-[118] Sobre la orilla meridional del lago Copais.
-
-[119] Se llamaba Erianto. (Véase Plutarco, _Vida de Lisandro_, cap. XV.)
-
-[120] Comandantes de cincuenta hombres.
-
-[121] Del año 395 antes de la era vulgar.
-
-[122] Estos empleados eran una especie de comisarios que se cuidaban de
-vender en pública subasta el botín tomado a los enemigos.
-
-[123] De Astira, ciudad de Misia.
-
-[124] En dicho año 395 antes de Cristo.
-
-[125] Los griegos de Asia.
-
-[126] Jerjes.
-
-[127] Desfiladero de que se habla también más adelante, en el cap. IV
-de este mismo libro.
-
-[128] Es decir, de los corintios y de sus aliados.
-
-[129] Según las conjeturas de Schneider, en un lugar cubierto de bosque.
-
-[130] Hallábanse los atenienses divididos en diez tribus para los
-asuntos civiles, y esta división se conservaba también en el ejército.
-
-[131] Cazadora.
-
-[132] De Corinto.
-
-[133] En el año 394 antes de nuestra era.
-
-[134] Había vuelto a Europa después de haber llevado a cabo su misión
-junto a Tisafernes. Compárese, lib. III, capítulo IV.
-
-[135] Dice Schneider que eran 300 caballeros escogidos, que
-desempeñaban las funciones de estado Mayor con los reyes de Lacedemonia.
-
-[136] Weiske le llama Polímaco.
-
-[137] A causa de un eclipse anular.
-
-[138] Conón, después de la batalla de Egospótamos, había huido al lado
-de Evágoras, y más tarde junto al rey de Persia.
-
-[139] Ozolia y Opuntia.
-
-[140] Compárese _Agesilao_, cap. II.
-
-[141] Leemos, con A. Turretini y L. Dindorf, πολλοὶ, a pesar de la
-autoridad de Weiske, quien lee Πελλεῖς, opinión que siguen asimismo
-otros doctos editores, pero que a nuestro parecer no le da sentido
-completo.
-
-[142] En el año 393 antes de Jesucristo.
-
-[143] Fiestas en honor de Ártemis o Diana, que era adorada en Tebas en
-el templo que le edificó Hércules después de la victoria que alcanzó
-sobre los orcomenios.
-
-[144] Gimnasio situado en la cumbre de una colina cercana a Corinto y
-rodeado de un bosque sagrado.
-
-[145] Montaña coronada de una ciudadela que dominaba a Corinto.
-
-[146] Era una columna consagrada a Cibeles, madre de los dioses.
-
-[147] Puerto de Corinto.
-
-[148] Véase el final del cap. II de este mismo libro.
-
-[149] Para la inteligencia de estos movimientos, será bueno recurrir al
-mapa que inserta Weiske en la pág. 189 del tomo IV de su edición de las
-obras de Jenofonte.
-
-[150] Ἱππαρμοστής.
-
-[151] Es la primera letra de la palabra Σικυώνιοι (sicionios).
-
-[152] Ναὶ τὼ σιώ, literalmente, ¡por los dos dioses! Fórmula de
-juramento especial a los dorios; los Dióscuros son Cástor y Pólux.
-
-[153] Población situada en la campiña de Corinto.
-
-[154] Puerto de Corinto.
-
-[155] Véase _Agesilao_, cap. II.
-
-[156] En el año 392 antes de la era vulgar.
-
-[157] Poseidón o Neptuno.
-
-[158] Véase _Tito Livio_, lib. XXXI, cap. XXIII.
-
-[159] Huésped público.
-
-[160] Lanceros.
-
-[161] Ciudad del golfo de Corinto.
-
-[162] En el año 391 antes de Cristo.
-
-[163] La ciudad más populosa e importante de la Acarnania.
-
-[164] Ciudad de la Acarnania en la embocadura del Aqueloo.
-
-[165] Del año 390 antes de nuestra era.
-
-[166] Rey de Esparta, hijo de Pausanias.
-
-[167] Zeus o Júpiter.
-
-[168] Estaría mejor: el mes sagrado. Era el Carneo (Καρνεῖον) de los
-dorios y el Metagitnio (Μεταγίτνιον) de los atenienses, correspondiente
-a una parte de agosto y de septiembre.
-
-[169] Poseidón o Neptuno.
-
-[170] Llamábase pentatlo al atleta que disputaba el premio o lo había
-conseguido en el quíntuple combate (πένταθλον) del salto, la carrera,
-la lucha, la pica y el disco.
-
-[171] En los años 394 a 390 antes de Cristo.
-
-[172] En Mesenia.
-
-[173] Estrecho y promontorio de Etolia.
-
-[174] Al comenzar el año 388 antes de Jesucristo.
-
-[175] Las _ínfulas_ eran unas tiras de tela con que se coronaban los
-sacerdotes y magistrados al ejercer sus funciones.
-
-[176] El κελευστῆς era el que daba las órdenes a los remeros.
-
-[177] Templo consagrado a Heracles o Hércules.
-
-[178] Sin duda se llamaría así por haber allí tres torres.
-
-[179] Zeus o Júpiter.
-
-[180] Bazar del Pireo.
-
-[181] No debe confundírsele con Trasíbulo de Estiria, el libertador de
-Atenas. Colito era un demo del Ática.
-
-[182] Los griegos de Europa.
-
-[183] En el año 386 antes de nuestra era.
-
-[184] En el año 385 antes de Cristo.
-
-[185] Unos 50 céntimos.
-
-[186] Casi 20 pesetas.
-
-[187] Tropas escogidas de Esparta, reclutadas entre los arcadios.
-
-[188] Véase más arriba, lib. III, cap. III.
-
-[189] Del año 382 antes de Cristo.
-
-[190] Unos dos kilómetros.
-
-[191] En las cercanías de Palene, ciudad del Quersoneso de Tracia.
-
-[192] En el año 379 antes de nuestra era.
-
-[193] Fiestas de Afrodita o Venus.
-
-[194] Cortesanas.
-
-[195] Hermano y sucesor de Agesípolis.
-
-[196] Léese también el nombre de esta localidad en unas ediciones
-_Reasedos_ (templo de Rea), y en otras _Greasedos_ (asiento de Grea).
-Este nombre se supone deriva de la tradición relativa a la esposa de
-Pemandro, fundador de Tanagra, que por su mucha edad había recibido
-el nombre de Γραῖα (la anciana): asegúrase que entre Tebas y Tanagra
-habíale sido levantada una estatua, y de ahí el nombre de Greasedos.
-Nosotros, sin embargo, hemos seguido la variante más generalmente
-adoptada.
-
-[197] Importante ciudad del litoral de la Tesalia.
-
-[198] Ciudad de Eubea, llamada también Histiea.
-
-[199] Templo de Afrodita o Venus.
-
-[200] Compárese _Plutarco_, _Vidas paralelas_, cap. XXVII de la
-biografía de Agesilao.
-
-[201] Véase el cap. IV del lib. III.
-
-[202] Es el mismo Timoteo de quien escribió la biografía Cornelio Nepos.
-
-[203] Ciudad de Acarnania.
-
-[204] En el año 374 antes de Jesucristo.
-
-[205] Literalmente τάγος, palabra tesalia que se encuentra, sin
-embargo, algunas veces usada por los áticos.
-
-[206] Πενήστης (criado, doméstico), palabra tesalia.
-
-[207] En el año 373 antes de nuestra era.
-
-[208] Pequeña ciudad del litoral de Laconia.
-
-[209] Dionisio el antiguo, tirano de Siracusa.
-
-[210] Más arriba hemos hablado de la _Páralos_. La _Salaminia_ era una
-trirreme pública en la que venían presos los que se hallaban acusados
-de algún delito nacional ante los tribunales. (Véase el diálogo
-_Critón_, de Platón.)
-
-[211] Véase más arriba, lib. III, cap. 2.º
-
-[212] Las grandes velas, μεγάλα ἱστία, se empleaban solamente en las
-travesías, y las pequeñas velas, μικρὰ ἱστία, en el combate.
-
-[213] Las velas altas, ἀκάτια, eran las velas enteras o latinas.
-
-[214] Jenofonte no ha hablado en ninguna otra parte de estas derrotas
-de los plateenses y de los mesenios. Consúltese para esta parte de la
-Historia de Grecia a Diodoro Sículo, libro XV, cap. XLVI.
-
-[215] En el año 372 antes de Jesucristo.
-
-[216] Era el portador de la antorcha en las pompas sagradas de Eleusis,
-y se consideraba como una de las magistraturas de la república que más
-honraba a los ciudadanos.
-
-[217] Véase esta palabra en el _Diccionario mitológico_ de Jacobi.
-
-[218] Diosa de la agricultura, equivalente a Ceres.
-
-[219] La Tierra, madre de los dioses, correspondiente a la Juno romana.
-
-[220] Ciudadela cuya fundación se atribuía a Cadmo.
-
-[221] Los hechos de este capítulo corresponden a los años 371, 370 y
-369 antes de la era vulgar.
-
-[222] Llamábanse estas dos doncellas Molpia e Hipo. (Véase _Pausanias_,
-lib. IX, cap. XIII.)
-
-[223] Templo de Heracles o Hércules.
-
-[224] Principalmente de Epaminondas. (Véase _Diodoro Sículo_, lib. XV,
-cap. LIII.)
-
-[225] Ἐνωμότια, compañía de veinticinco hombres.
-
-[226] Llamábase συμφορεύς el _comes_ o compañero de un jefe principal.
-
-[227] Véase Luciano, _Del Baile_, cap. XII.
-
-[228] Lanceros.
-
-[229] Llamábase Tebe.
-
-[230] Corresponde a los mismos años que el anterior.
-
-[231] Diana.
-
-[232] Ciudad de su territorio.
-
-[233] Ciudad de Arcadia.
-
-[234] Ozolia y Opuntia.
-
-[235] Llamada así por su proximidad a Esciros, ciudad de Arcadia.
-
-[236] Alrededores de Malea, población de Arcadia.
-
-[237] Ciudad de las fronteras de Laconia.
-
-[238] Sobrenombre de Minerva Atenea. (Véase la palabra _Alea_ en el
-_Diccionario_ de Jacobi, y en el de Daremberg y Saglio.)
-
-[239] Hacía más de seiscientos años que no se había verificado ninguna
-invasión en Laconia. Compárese Plutarco, _Agesilao_, cap. XXX.
-
-[240] Γαιήοχος (que sostiene o rodea la tierra), sobrenombre de
-Poseidón (Neptuno).
-
-[241] Cástor y Pólux.
-
-[242] Véase Cornelio Nepos, _Arístides_, cap. III.
-
-[243] Este es, evidentemente, uno de los más admirables discursos de
-Jenofonte.
-
-[244] Los fliasios, orcomenios, etc.
-
-[245] A los lacedemonios.
-
-[246] Literalmente Ἀρχηγέται (Arquegetas, Jefes del estado),
-refiriéndose a los individuos de la familia de Hércules.
-
-[247] Cordillera que se extiende desde las rocas Escironias hasta el
-monte Citerón.
-
-[248] Corresponden los sucesos de este capítulo a los años 368, 367 y
-366 antes de Cristo.
-
-[249] Supremacía o preponderancia en el dominio terrestre.
-
-[250] Obsérvese el hermoso paralelismo de este discurso.
-
-[251] Por la fuerza de expresión y lo contundente de los argumentos,
-este discurso es uno de los más notables que pone Jenofonte en boca de
-sus personajes.
-
-[252] Unos dos kilómetros y medio.
-
-[253] Unos 124 metros.
-
-[254] Unos 650 metros.
-
-[255] Hallábase situada esta ciudad en un territorio muy agreste y
-escarpado.
-
-[256] Ciudad de la Argólida.
-
-[257] Más de la mitad del ejército de los diez mil, se componía de
-arcadios y aqueos.
-
-[258] Sobre este plátano, véase la sátira de Luciano, _Sobre una
-habitación_.
-
-[259] Corresponden estos sucesos a los años 371 al 366 antes de la era
-vulgar.
-
-[260] Capital de la Fliasia junto a las fuentes del Asopo.
-
-[261] Ciudad fortificada del litoral de Laconia.
-
-[262] Templo de Hera o Juno.
-
-[263] Los fliasios.
-
-[264] Se ignora cuál podía ser este río.
-
-[265] En el año 366 antes de Cristo.
-
-[266] Este discurso de defensa, si bien algo paradójico, es
-verdaderamente admirable por su vehemencia y naturalidad.
-
-[267] Los sicionios.
-
-[268] Literalmente ἀρχηγέτης (jefe supremo). (Véase también el cap. V
-del lib. VI.)
-
-[269] Corresponde a los años 366 al 363 antes de nuestra era.
-
-[270] Temison y Teodoro de Eubea se habían apoderado de Oropo, ciudad
-aliada de los atenienses en las fronteras de Beocia y del Ática. Los
-ciudadanos desterrados habían regresado entonces a su patria. Compárese
-_Tucídides_, libro VIII, c.º 95.
-
-[271] Más tarde, esta causa fue defendida por Calístrato con tan grande
-habilidad y tan notable talento, que despertó el naciente genio de
-Demóstenes, que se hallaba apenas en la pubertad. (Véase la vida de
-Demóstenes en las _Vidas paralelas_ de Plutarco).
-
-[272] Véase también el cap. I de este mismo libro.
-
-[273] Tribunal de los arcadios sobre el cual puede verse el capítulo
-LII del _Voyage du jeune Anacharsis en Grèce_, del abate Barthélemy.
-
-[274] Véase el cap. I de este mismo libro.
-
-[275] Hallándose situada en el interior la ciudad de Selasia, es de
-presumir que las tropas de Dionisio no se limitarían únicamente a una
-empresa marítima.
-
-[276] Montaña consagrada a Cronos (Saturno).
-
-[277] Ciudad de los eleos.
-
-[278] En Acaya.
-
-[279] Ciudad de Arcadia.
-
-[280] Sobre esta milicia arcadia puede verse una disertación de
-F. Béjot en las _Mémoires de l’Académie des Inscriptions et des
-Belles-Lettres_, t. LVII.
-
-[281] Población próxima a Pilos.
-
-[282] El mes que llamaban los atenienses Ἑκατομβιών (Hecatombeo).
-Corresponde a parte de los meses de junio y julio.
-
-[283] Bosque en que se celebraban los juegos. Su nombre viene acaso de
-ἄλσος (luco o bosque Sagrado).
-
-[284] En el año 362 antes de Cristo.
-
-[285] Tirano de Feras. (Véase el cap. IV del lib. VI.)
-
-[286] En este pasaje tan controvertido, hemos seguido el texto de L.
-Dindorf.
-
-[287] Herido mortalmente por mano de Grilo, hijo de Jenofonte. (Véase
-_Pausanias_, lib. VIII, cap. IX.)
-
-[288] Según Diodoro Sículo, el ejército espartano, con sus aliados,
-constaba de más de 20.000 infantes y unos 2000 caballos, y el de los
-tebanos y sus aliados subía a unos 30.000 hombres de infantería y a
-más de 3000 caballos. En esta batalla que tan justa celebridad ha
-alcanzado, combatieron, pues, cerca de 60.000 hombres.
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- </head>
-
-<body class="formato">
-
-<div style='text-align:center; font-size:1.2em; font-weight:bold'>The Project Gutenberg eBook of Las Helénicas o Historia griega, by Jenofonte</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online
-at <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. If you
-are not located in the United States, you will have to check the laws of the
-country where you are located before using this eBook.
-</div>
-
-<p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:0; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Title: Las Helénicas o Historia griega</p>
-<p style='display:block; margin-top:0; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:0;'>Desde el año 411 hasta el 362 antes de Jesucristo</p>
-
-<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Author: Jenofonte</div>
-
-<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Translator: Enrique Soms y Castelín</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>Release Date: December 16, 2021 [eBook #66949]</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>Language: Spanish</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>Character set encoding: UTF-8</div>
-
-<div style='display:block; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This ebook was produced from images generously made available by Biblioteca Digital Hispánica/Biblioteca Nacional de España.)</div>
-
-<div style='margin-top:2em; margin-bottom:4em'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LAS HELÉNICAS O HISTORIA GRIEGA ***</div>
-
-<div class="front">
- <hr class="full" />
- <p><a href="#ToC">Índice</a></p>
- <p><a href="#Notas">Notas</a></p>
- <h1 class="faux">Las Helénicas o Historia griega</h1>
-</div>
-
-<div class="transnote" id="tnote">
- <p class="tnotetit">Nota de transcripción</p>
- <ul>
- <li>Los errores de imprenta han sido corregidos.</li>
-
- <li>La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con
- las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.</li>
-
- <li>También se han modernizado las transcripciones de los nombres
- propios y gentilicios de origen griego.</li>
-
- <li>Se han separado párrafos y se han añadido rayas de diálogo donde el
- texto adopta forma dialogada.</li>
-
- <li>Las notas a pie de página han sido renumeradas y colocadas al final
- del libro.</li>
-
- <li>Las páginas en blanco han sido eliminadas.</li>
-
- <li>Se ha añadido un <a href="#ToC">Índice</a> al final de libro,
- pese a que el original impreso no lo incluye.</li>
- </ul>
-</div>
-
-
-<div class="screenonly x-ebookmaker-drop">
- <hr class="chap" />
- <div class="figcenter">
- <img class="thin"
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- alt="Cubierta del libro" />
- </div>
-</div>
-
-<div class="tit pt6">
- <hr class="chap" />
- <p><span class="pagenum" id="Page_i">p. i</span></p>
- <p class="fs120 lh200 g1">LAS HELÉNICAS</p>
- <p class="lh200">o</p>
- <p class="fs150 lh200 g1 ws1">HISTORIA GRIEGA.</p>
- <hr class="chap" />
-</div>
-
-
-<div class="tit">
- <p><span class="pagenum" id="Page_iii">p. iii</span></p>
- <p class="fs110 lh150 ws1">BIBLIOTECA CLÁSICA</p>
- <p class="fs75 lh150 ws1">TOMO CXIX</p>
- <hr class="fil" />
-
- <p class="fs150 lh150 g1 ws1 mt1">LAS HELÉNICAS</p>
- <p class="fs90 lh150 mt05">o</p>
- <p class="fs200 lh150 g1 ws1">HISTORIA GRIEGA</p>
- <p class="fs75 ws1 mt1">DESDE EL AÑO 411 HASTA EL 362 ANTES DE JESUCRISTO</p>
-
- <p class="fs90 mt15">POR</p>
- <p class="fs175 g1 mt05">JENOFONTE</p>
-
- <p class="smaller ws1 mt2">Traducida por primera vez del griego al castellano<br />
- con numerosas notas filológico-literarias</p>
- <p class="fs75 mt15">POR</p>
- <p class="fs130 g0 ws1 mt05">ENRIQUE SOMS Y CASTELÍN</p>
- <p class="fs60 g0 ws1 mt15">DOCTOR EN FILOSOFÍA Y LETRAS</p>
-
- <hr class="sep0" />
-
- <p>MADRID</p>
- <p class="smcap ws2">Librería de Perlado, Páez y C.ª</p>
- <p class="negr ws2">Sucesores de Hernando.</p>
- <p class="smaller">Calle del Arenal, núm. 11.</p>
- <p>—</p>
- <p class="smaller negr g0">1919</p>
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt6">
- <p><span class="pagenum" id="Page_iv">p. iv</span></p>
- <hr class="fil" />
- <p class="centra fs75 ws1">Imp. de Perlado, Páez y C.ª, Sucesores de
- Hernando, Quintana, 33.</p>
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt6" id="Ch01">
- <p><span class="pagenum" id="Page_v">p. v</span></p>
- <p class="centra fs130 g0 ws1">A D. Laureano Arango y Portús.</p>
-</div>
-
-<p class="fs110 lh150 ws1"><i>Como pequeñísima prueba de amistad sincera,
-dedica este volumen de la</i> <span class="smcap">Biblioteca
-clásica</span></p>
-
-<p class="fs110 lh150 ws1 firma"><i>El Traductor.</i></p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch02">
- <p><span class="pagenum" id="Page_vii">p. vii</span></p>
- <h2 class="nobreak g0">PRÓLOGO.</h2>
- <hr class="tir" />
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-<div class="fs90 lh130">
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-<p>Jenofonte ha sido siempre conocido y admirado por tres de sus
-obras: la <i>Anábasis</i>, o expedición de Ciro, la <i>Ciropedia</i>
-y las <i>Memorias socráticas</i>; pero la gloria que estas obras han
-proporcionado a su autor, han perjudicado a sus restantes escritos,
-pues los han oscurecido. Y no es porque no les correspondan, así por
-el estilo, como por la propiedad del lenguaje, ya por la fluidez y
-galanura de la narración o por la elevación de sus ideas; antes al
-contrario, con justicia puede decirse de este autor lo que no puede
-afirmarse de casi ningún escritor, es a saber: que en cualquiera página
-que se abra la colección de sus obras, siempre y en todas partes merece
-el dictado de <i>abeja ática</i>, que ya le dieron sus contemporáneos
-por su fluidez y gracia en el decir.</p>
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-<p>Cierto que, así por la importancia del objeto como por el elevado
-fin que se proponen, son aquellas obras superiores a los <i>pequeños
-tratados</i> de Jenofonte, el <i>Agesilao</i>, la <i>república</i>
-ateniense y lacedemonia, la <i>Apología</i>, el<span class="pagenum"
-id="Page_viii">p. viii</span> <i>Económico</i>, el <i>Comandante de
-caballería</i>, etc.; pero no puede decirse lo mismo respecto de sus
-<i>Helénicas</i>, es decir, la historia de Grecia y en especial de la
-guerra del Peloponeso durante los años 411 a 362, antes de Jesucristo,
-que escribió nuestro autor como continuación a la de Tucídides. Y, sin
-embargo, pocos son los que piensen en Jenofonte al mencionarse aquella
-celebérrima guerra en que, con ardor digno de mejor causa y con lances
-variadísimos y verdaderamente épicos, se desangraron y desunieron todos
-los estados, grandes y pequeños, de Grecia, preparando su decadencia y
-su sujeción al coloso macedonio.</p>
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-<p>Pero en España tiene este olvido mayores proporciones, pues no se ha
-publicado hasta hoy ninguna traducción de esta obra que hubiera dado a
-Jenofonte tantos lauros como cualquiera de las ya citadas y por todos
-tenidas como sus obras maestras. De ahí que con muy buen criterio el
-editor de esta <i>Biblioteca clásica</i>, le haya dado cabida en ella
-para que acompañe a las restantes obras de Jenofonte ya publicadas, la
-<i>Anábasis</i> y la <i>Ciropedia</i>, y para que pueda verse a nuestro
-autor bajo un prisma casi por todos aun ignorado.</p>
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-<p>La principal causa de este olvido estriba en la comparación que
-se establece por todo crítico entre los ocho libros de la historia
-de la guerra del Peloponeso por Tucídides, y los siete libros de las
-<i>Helénicas</i> que hoy publicamos. Pero esto es únicamente una
-preocupación que no tiene razón de ser, pues no solo difieren ambos
-autores en el estilo, sino también en su idiosincrasia especial, si se
-me permite la frase, por lo cual ningún resultado positivo puede dar su
-comparación.</p>
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-<p>Es verdad que cuantos busquen en Jenofonte aquella sobriedad en
-el estilo y aquella plenitud del período, así<span class="pagenum"
-id="Page_ix">p. ix</span> como aquel lujo de detalles que todos
-admiramos en Tucídides, tendrán que sufrir un desencanto y una
-decepción, pues no son las condiciones peculiares y características
-de nuestro autor; pero, en cambio, la magistral fluidez y la suavidad
-inimitable en el decir, y la galanura en las imágenes, y la elocuencia
-en los discursos, y la precisión en el lenguaje, y el orden y
-encadenamiento en los sucesos, estas condiciones, unidas a un sinnúmero
-de otras que podríamos citar, se hallan todas en las <i>Helénicas</i>
-de igual modo que se hallan en todas las obras de Jenofonte.</p>
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-<p>No carece tampoco de variedad en la narración y de imaginativa en
-los episodios; antes al contrario, estas cualidades son las que más
-avaloran esta obra, y para que no se diga que nos hemos contagiado
-del <i>panegirismo del propio autor</i>, de que habla uno de nuestros
-mejores humoristas, vamos a comprobarlo con un ligero y superficial
-análisis de las <i>Helénicas</i>, y con una breve enumeración de las
-más capitales bellezas que contiene.</p>
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-<p>Comienza la narración de Jenofonte en el año 411, antes de nuestra
-era y poco después del combate naval del cabo del Sepulcro del Perro,
-entre Míndaro y Trasíbulo, en que perdieron 21 naves los lacedemonios,
-acción con que termina Tucídides su historia. Ábrese el relato de la de
-su sucesor, con las brillantes proezas de Alcibíades en Abido y Cícico,
-con la muerte de Míndaro y derrota de Farnabazo, y la retirada de Agis,
-que abandona el cerco de Atenas ante la entereza de Trasilo, quien al
-año siguiente experimenta una derrota en Coreso, junto a Éfeso, cuyos
-efectos no son muy desastrosos, pues no impiden se apodere de cuatro
-naves siracusanas frente a Metimna, ventaja seguida de otras victorias
-que Alcibíades alcanza sobre Farnabazo y de la toma de algunas<span
-class="pagenum" id="Page_x">p. x</span> ciudades importantes, y en
-especial de Bizancio.</p>
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-<p>Todas estas proezas sirven de preparación al regreso de aquel
-general a Atenas, y a su nombramiento de generalísimo revocado algunos
-meses después por el pueblo al ser conocido el revés sufrido por la
-flota ateniense en Notio, eligiéndose entonces diez nuevos generales
-y retirándose aquel jefe a su castillo del Quersoneso, mientras se
-pone Conón al frente de la flota, que experimenta otro descalabro de
-consideración en el Helesponto.</p>
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-<p>No desmayan por eso los atenienses, pues al divulgarse nuevas tan
-aflictivas, decretan un socorro de 110 naves, que se equipan en treinta
-días y logran obtener una gloriosa victoria naval sobre Calicrátidas
-junto al cabo Maleo, con muerte del general lacedemonio y perdiendo
-unas 70 naves la flota espartana. Pero no habiendo cumplido Terámenes y
-Trasíbulo con el encargo que les hicieron los ocho generales en aquella
-acción presentes, de salir en auxilio de los náufragos por hallarse la
-mar muy gruesa, son juzgados todos ellos por el pueblo y condenados a
-muerte en medio de escenas tumultuarias que con gran sobriedad, pero
-con no menor exactitud, describe nuestro autor, poniendo en boca de
-Euriptólemo, hijo de Pisianacte, uno de los mejores discursos que nos
-presenta esta obra.</p>
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-<p>Así termina el primer libro, no sin que nos diga Jenofonte, a tenor
-de sus ideas filosófico-religiosas, la suerte final que obtuvieron los
-instigadores principales de aquel injusto y revolucionario desacierto,
-y el pronto arrepentimiento que sintió el pueblo ateniense por haber
-muerto a sus generales, cuando las derrotas sufridas hicieron que los
-echase de menos.</p>
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-<p>Comienza el libro segundo con la conjuración de los<span
-class="pagenum" id="Page_xi">p. xi</span> soldados de Eteónico, cortada
-en sus comienzos gracias a la energía y prudencia de este general, y el
-regreso de Lisandro a la flota. Las sabias medidas de este, y el dinero
-de los persas, le permiten reorganizarla y levantar el abatido espíritu
-de sus soldados, así como obtener ventajas de consideración por mar y
-tierra sobre los atenienses, tomándoles varias ciudades y derrotándoles
-cerca de Egospótamos, a pesar de los consejos de Alcibíades, que no
-quieren escuchar los generales de la flota ateniense, de la cual solo
-ocho naves dejan de caer en poder del enemigo.</p>
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-<p>Consecuencia de esta derrota y de las restantes ventajas obtenidas
-por los lacedemonios, es el abandono en que toda Grecia, a excepción de
-los samios, deja a Atenas, cuyo pueblo comprende ha sonado para él la
-hora de la expiación y del castigo.</p>
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-<p>Pausanias, al frente de un numeroso ejército de peloponesios,
-comienza el sitio de aquella población, mientras Lisandro, después de
-una brillante expedición, que mejor podría llamarse marcha triunfal,
-por entre las islas, fondea junto al Pireo, con ciento cincuenta naves,
-y cierra por mar el bloqueo de Atenas. Agotados todos los recursos, y
-después de unos meses de asedio, tienen que capitular los atenienses,
-aceptando las humillantes condiciones que les imponen los éforos, que a
-causa del hambre son recibidas con verdadero júbilo.</p>
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-<p>Síguese a esta rendición, el año llamado de la <i>anarquía</i> y
-la entronización de los <i>Treinta tiranos</i>, la descripción de
-cuyos actos, que ocupa el capítulo tercero de este libro, da ocasión a
-Jenofonte para escribir unas cuantas páginas que por sí solas bastarían
-para dar fama a cualquier escritor. En efecto, la enemistad de Critias
-y Terámenes, así como la acusación y condena del último, y<span
-class="pagenum" id="Page_xii">p. xii</span> su discurso de defensa,
-están escritos de mano maestra y evocan el recuerdo de hechos bastante
-análogos en la celebérrima revolución francesa y en los años del
-<i>Terror</i>, que en realidad ofrecen muchos puntos de contacto con
-aquella época de convulsión popular.</p>
-
-<p>Tales atropellos e iniquidades apresuran la vuelta de los
-desterrados, aumentando el número de los descontentos y de los
-que desean un gobierno regular. Pónese Trasíbulo a su frente, y
-después de unas ligeras escaramuzas, en las que son favorecidos
-los desterrados, no solo por su valor y esfuerzo, sino también por
-el terreno y las variaciones atmosféricas, acorralan en Eleusis a
-los treinta tiranos, en favor de los cuales poco hacen los mismos
-lacedemonios, pues Pausanias, uno de sus jefes, favorece pasivamente
-la vuelta de los fugitivos, y procura se arreglen las cosas de manera
-que cese aquel estado de perturbación, para lo que, después de dar al
-olvido las antiguas disensiones, se restablece por completo la paz,
-constituyéndose el gobierno del mismo modo que estaba antes del sitio,
-y poniéndose Trasíbulo a su frente, con lo cual termina el libro
-segundo, acaso el más bello de la obra, ya que no sea también el más
-importante.</p>
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-<p>Cambia de lugar la escena al comenzarse el libro tercero, pasando
-a Asia Tibrón, y más tarde su sucesor Dercílidas, que tomó «nueve
-ciudades en ocho días», no realizándose hechos de gran importancia,
-gracias a la enemistad latente entre Tisafernes y Farnabazo, que saben
-avivar arteramente los jefes espartanos, quienes consiguen con astucia
-hacerles firmar una tregua que debía ser precursora de la paz.</p>
-
-<p>Tienen lugar también en esta misma época varias expediciones de
-los espartanos contra los eleos, bajo el mando de Agis, quien muere
-poco después de su regreso<span class="pagenum" id="Page_xiii">p.
-xiii</span> a Esparta, sucediéndole su hermano Agesilao, a pesar de
-las pretensiones de Leotíquides, que decía ser hijo del difunto rey.
-Nárrase después la conjuración de Cinadón, descrita con vigoroso
-pincel, y que pinta con pocos, pero seguros rasgos, el carácter
-espartano y el de su constitución social y política.</p>
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-<p>Refiérense después las victorias de Agesilao en Asia, describiéndose
-su previsión, prudencia y energía, así como sus dotes de gran general
-en la guerra y de buen gobernante en la paz, terminando el libro
-tercero con la funesta expedición contra Tebas dirigida por los
-espartanos, que experimentan una seria derrota en Haliarto, donde
-perece Lisandro, uno de sus jefes.</p>
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-<p>Continúa el libro cuarto relatando las proezas de Agesilao en Asia
-y la tregua celebrada con Farnabazo, interrumpidas aquellas por el
-llamamiento que le hace su patria por necesitar de sus servicios.
-Recrudécese mientras tanto la lucha entre Tebas y Esparta, en la
-que, prescindiendo de otros secundarios combates, tiene lugar el
-desastre naval de Cnido, donde entre otras pérdidas experimentaron los
-espartanos la de su general Pisandro, y la batalla de Coronea, en que
-obtiene Agesilao una señalada victoria sobre los tebanos, atenienses y
-demás aliados.</p>
-
-<p>Tiene después lugar la guerra junto a Corinto, consiguiendo los
-argivos y lacedemonios algunas ventajas, gracias principalmente a
-Praxitas y Agesilao, oscurecidas en parte por el desastre experimentado
-por la cohorte del Lequeo, que viene a acibarar las glorias del
-último, quien, para evitar la irrisión y las burlas de los mantineos
-al pasar en retirada por su territorio, tiene que entrar de noche en
-las poblaciones que atraviesa, y salir de ellas al clarear el día.
-Siguen después las expediciones<span class="pagenum" id="Page_xiv">p.
-xiv</span> contra los acarnanios y argivos, llevadas a cabo
-respectivamente por Agesilao y por Agesípolis, quien comienza a actuar
-de esforzado y pundonoroso capitán.</p>
-
-<p>Después del combate naval de Cnido, dan la vuelta Farnabazo y Conón
-a las islas y ciudades marítimas, arrojando de ellas a los harmostas
-lacedemonios, y haciendo nulas las ventajas obtenidas últimamente por
-los jefes espartanos, si bien todos sus esfuerzos se estrellan en Sesto
-y Abido, gracias a la energía de su gobernador Dercílidas.</p>
-
-<p>Conciertan después ambos jefes, el persa y el ateniense, lo que
-mayores daños pueda causar a los espartanos, y terminada su expedición
-por las islas, resuelven la reconstrucción de los muros de Atenas,
-que habían sido derribados cuando los espartanos tomaron la ciudad.
-Logra con esto Conón que los atenienses recuperen la fuerza moral que
-habían perdido con los desgraciados sucesos de los años anteriores,
-y temiendo los espartanos empeorar su situación, envían a Asia a
-Antálcidas con objeto de proponer al rey la paz, bajo condiciones las
-más ventajosas para él; pero no consiguen su objeto, pues los demás
-estados beligerantes no se adhieren a ellas.</p>
-
-<p>Termina el cuarto libro con la narración de algunos otros hechos
-secundarios, acaecidos en Rodas, en el Helesponto o en Asia, y que,
-prósperos unas veces, y otras adversos, no hacen inclinar la victoria
-ni en favor de los atenienses ni en favor de los espartanos.</p>
-
-<p>Ábrese el quinto libro con las alabanzas que tributa Jenofonte al
-general lacedemonio Teleutias, quien regresa a su patria, una vez
-terminado el plazo de su mando, en medio de las aclamaciones de sus
-subordinados y de los aplausos de los extraños. Relátanse algunos<span
-class="pagenum" id="Page_xv">p. xv</span> de los hechos realizados
-por Gorgopas y Cabrias en Egina, que no ofrecen grande importancia,
-volviendo Teleutias a ponerse al frente de la flota espartana, a gusto
-y satisfacción de todos. Bajo su mando tiene lugar la atrevida y
-arriesgada expedición al Ática y al mismo Pireo, mientras Antálcidas
-se apodera astutamente de las 8 naves de Trasíbulo de Colito, con lo
-cual dominan en la mar los espartanos, y todos tienen que aceptar las
-condiciones de la paz llamada vulgarmente de Antálcidas, que en nombre
-del rey propone Tiribazo a los griegos.</p>
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-<p>Todo sonreía a los lacedemonios; las ventajas obtenidas en la guerra
-se habían aumentado con las alcanzadas por la paz; los tebanos la
-aceptan con solo saber se dirige Agesilao contra ellos, y los argivos
-se retiran de Corinto, dejándola completamente autónoma, al solo
-anuncio de que Esparta les declarará la guerra; pero el orgullo ciega a
-los espartanos y presta manifiesta ocasión a nuestro autor para que vea
-el dedo de la Providencia en los hechos que posteriormente tienen lugar
-entre Tebas y Esparta.</p>
-
-<p>En efecto, vencida Mantinea, que tiene que sujetarse a la voluntad
-de Agesípolis, su vencedor, y reclamado por los de Acanto y Apolonia
-el auxilio de Esparta contra las exigencias de Olinto, decrétase una
-expedición contra esta ciudad bajo las órdenes de Eudámidas. Salen con
-este las tropas disponibles, pero queda encargado su hermano Fébidas de
-recoger las fuerzas restantes y conducirlas a su destino. Este último,
-a su paso por Tebas, arrastrado por su ambición y por su carácter
-aventurero, escucha las proposiciones de Leontíades, que, movido de
-su enemistad contra Ismenias y su partido, le entrega la acrópolis y
-hace prender a su rival. Sancionan con su aprobación los éforos esta
-injusta acción,<span class="pagenum" id="Page_xvi">p. xvi</span> que
-se convierte en causa de infinitas contrariedades para Esparta, pues
-todas las guerras relatadas en los siguientes libros hasta terminar la
-obra, no son más que consecuencias de aquel hecho.</p>
-
-<p>Pónese Teleutias, hermano de Agesilao, al frente de las tropas
-enviadas contra Olinto, y consigue algunas ventajas, hasta que en
-cierta ocasión, cegado por la cólera producida por la derrota de uno de
-sus lugartenientes, se arroja inconsideradamente contra los olintios,
-pereciendo bajo los golpes de estos, que derrotan por completo a su
-ejército. Sucédele en el mando Agesípolis, quien muere al poco tiempo a
-consecuencia de una ardiente fiebre que le origina el inconstante clima
-de aquella región. Polibíades, que le sucede en el mando, obliga a los
-olintios a ajustar la paz y a jurar la alianza con los lacedemonios,
-mientras Agesilao, después de un año y ocho meses de asedio, logra
-rendir el valor de los fliasios y hacer que se entregue Fliunte, que no
-había querido acceder a las proposiciones que sobre la admisión de los
-desterrados le había hecho Esparta.</p>
-
-<p>Siete conjurados bastan para rescatar a la acrópolis de Tebas,
-arrojar de ella a los lacedemonios, y una vez reconstituido el
-gobierno, oponerse e inutilizar por completo la expedición que contra
-ellos dirige Cleómbroto, hermano y sucesor de Agesípolis. Consiguen
-también, a fuerza de dinero, que Esfodrias, gobernador espartano en
-Tespias, simule un ataque al Pireo, a pesar de hallarse Atenas en paz
-con Esparta, y no habiendo sido castigado este jefe por el senado, los
-atenienses entran en campaña contra su antigua rival. Dirige después
-Agesilao dos expediciones contra Tebas, consiguiendo algunas ventajas,
-contrarrestadas en la primera por la derrota y muerte de Fébidas, su
-lugarteniente, y en la segunda<span class="pagenum" id="Page_xvii">p.
-xvii</span> por lo avanzado de la estación y la desunión de los
-habitantes de Tespias y de las demás ciudades en que se apoyaban.
-No consiguen tampoco ninguna ventaja los lacedemonios con la nueva
-expedición decretada contra Tebas y que dirige Cleómbroto, después de
-lo cual, cansados los aliados, piden se active la guerra o se haga la
-paz, por lo cual renuévanse las expediciones marítimas, en las que
-sufren algunos descalabros los espartanos en los combates que sostienen
-con Cabrias y Timoteo, jefes de las flotas atenienses.</p>
-
-<p>Así termina el quinto libro. Favorecidos los tebanos por la suerte
-y por su valor, salen de la oscuridad en que hasta entonces habían
-estado sumidos, y se prevé comienza para ellos el brillante, aunque
-breve resplandor que sabrán dar a su ciudad dos de sus más notables y
-eminentes hijos: Pelópidas y Epaminondas.</p>
-
-<p>Ábrese el libro sexto de las Helénicas con la embajada del tesalio
-Polidamante, que viene a implorar el auxilio de los lacedemonios contra
-el creciente poder de Jasón de Feras, descrito con mucha precisión y
-gran colorido en el discurso de aquel ante el senado. Este tiene la
-franqueza de confesar al enviado tesalio la imposibilidad en que se
-encuentra de auxiliarle, y le aconseja procure sacar todo el partido
-que pueda en su alianza con aquel tirano.</p>
-
-<p>Cansados los atenienses de la guerra, y siendo los tebanos los
-únicos que obtendrán por ella alguna ventaja positiva, ajustan la paz
-con Esparta, paz que dura muy poco, convirtiendo los lacedemonios en
-teatro de la guerra a la isla de Corcira, primera causa ocasional
-de la larga lucha entre las dos repúblicas rivales. Sufre Esparta
-un verdadero descalabro con la muerte de su general Mnásipo, y
-reembarcados los soldados expedicionarios,<span class="pagenum"
-id="Page_xviii">p. xviii</span> dominan los atenienses en la mar, y su
-general Ifícrates, con su prudencia y esfuerzo, somete las ciudades de
-Cefalenia, y se apodera de diez naves siracusanas que enviaba Dionisio
-a los lacedemonios.</p>
-
-<p>Los excesos que cometen los tebanos con los aliados cuando les
-sonríe la fortuna, ocasionan el aislamiento en que les dejan los
-atenienses y demás pueblos griegos, que ajustan la paz con Lacedemonia,
-comprometiéndose a declarar la guerra a todo el que no se someta a las
-condiciones del tratado. Quedan con esto los tebanos solos enfrente
-de toda Grecia; pero sin desanimarse, y sabiendo sacar partido de
-todo, aun de los mismos rumores que hacen propalar para animar a sus
-soldados, consiguen en Leuctra una de las más famosas victorias que se
-registran en los griegos anales, que sume en estupor a Grecia toda,
-pero que no es obstáculo para que se conserve Atenas fiel a su nueva
-alianza con Esparta.</p>
-
-<p>La intervención de Jasón de Feras, que se apresura a socorrer a
-los tebanos, hace que se suspendan las hostilidades y se negocie una
-tregua que todos acogen con júbilo, pudiendo volverse aquel tirano a
-sus dominios, donde a poco es asesinado, como lo son algo más tarde sus
-sucesores Polidoro y Polifrón, y su sobrino Alejandro de Feras.</p>
-
-<p>Los disturbios de los tegeatas y la muerte de Próxeno por los
-partidarios de Estásipo, así como el auxilio prestado por los mantineos
-a los enemigos del último, dan ocasión a una nueva ruptura de las
-hostilidades entre Esparta y Mantinea y a una expedición de Agesilao
-a Arcadia, que no produce a la primera república ningún resultado
-positivo y que fue seguida de la primera invasión de Laconia por los
-tebanos y arcadios<span class="pagenum" id="Page_xix">p. xix</span>
-coaligados. Llega el ejército invasor hasta la misma Esparta, abatiendo
-con ello el orgullo lacedemonio y despojando a los espartanos de la
-aureola de invictos e inexpugnables con que hasta entonces se habían
-envanecido. Al saberse en Atenas estos sucesos, vacila el pueblo entre
-su deber de aliado de Esparta y el recuerdo de sus antiguos odios;
-pero hácense oír las voces de sus oradores, y decrétase ir en masa a
-socorrer a su antigua rival, poniéndose al frente de la expedición al
-general Ifícrates, que perdiendo el tiempo en los preparativos y en la
-marcha, llega a Laconia cuando ya se habían retirado los enemigos.</p>
-
-<p>Comienza el séptimo y último libro de las Helénicas con la alianza
-celebrada entre Atenas y Esparta para oponerse a los tebanos, alrededor
-de los cuales se había agrupado considerable número de estados griegos,
-siempre dispuestos a aliarse con el atleta naciente que comienza a
-derrocar a los viejos colosos, si bien las ventajas de los tebanos
-se amenguan ante la naciente rivalidad de los arcadios, que les
-impide sacar toda la utilidad que podían esperar de la influencia y
-consideración que alcanza Pelópidas con el rey de Persia en la embajada
-que para conseguir la paz mandan a este los principales estados
-griegos.</p>
-
-<p>Dedica Jenofonte el cap. <span class="asc">II</span> de este libro
-a narrar las proezas de la ciudad de Fliunte, cuyo relato y los
-encomios que tributa a dicha ciudad son más bien un canto épico en
-prosa dirigido a ensalzar el valor y la fidelidad, entusiasmado ante
-la heroicidad de un puñado de hombres libres que todo lo sacrifican en
-aras de su libertad y de su fidelidad a los amigos que se hallan en la
-desgracia.</p>
-
-<p>Ocúpase luego en describir los disturbios que ocurren<span
-class="pagenum" id="Page_xx">p. xx</span> en Sición, motivados por la
-ambición de Eufrón, quien sufre el merecido castigo de sus injusticias
-al ser asesinado públicamente ante el senado de Tebas, donde había
-ido a sobornar a los magistrados para tiranizar a sus conciudadanos,
-hecho al que siguen poco después las diferencias que se agitan entre
-los arcadios y los eleos, a quienes con varia fortuna auxilian los
-lacedemonios, diferencias que terminan con la celebración de la paz
-entre ambos estados, si bien la injusticia del gobernador tebano de
-Tegea hace que se rompan nuevamente las hostilidades y da lugar a
-la célebre expedición de Epaminondas al Peloponeso y hasta el mismo
-corazón de Esparta, y después de una derrota de la caballería tebana
-por la ateniense, a la célebre batalla de Mantinea, una de las más
-importantes que tuvieron lugar en Grecia, en la cual tomaron parte
-cerca de 60.000 hombres, y que a no ser por la muerte del general
-tebano, hubiera acaso influido de un modo decisivo en la suerte de
-todos los estados griegos.</p>
-
-<p>Con esta batalla termina Jenofonte su historia, cuyo breve resumen
-basta para que se comprenda la importancia capital de los sucesos
-narrados por nuestro autor y la variedad de asuntos de que se ocupa.
-Muchas páginas debiéramos escribir si quisiéramos consignar todos los
-pasajes que se destacan en las Helénicas, pero no podemos dejar de
-consignar, aunque muy a la ligera, pues va haciéndose este prólogo
-excesivamente largo, algunos de los más capitalísimos y que dan
-preclaro timbre de gloria a su autor.</p>
-
-<p>La descripción de la opinión en Atenas a la vuelta de Alcibíades, el
-juicio de los generales atenienses por no haber recogido los náufragos
-en el combate naval del cabo Maleo y el justo e intencionado discurso
-de Euriptólemo,<span class="pagenum" id="Page_xxi">p. xxi</span>
-hijo de Pisianacte, así como el rasgo de haber sido Sócrates el
-único ciudadano ateniense que sin dejarse llevar por la corriente
-revolucionaria se opuso a cuanto pudiera ser ilegal en aquel juicio, es
-de lo más importante y bello del libro primero.</p>
-
-<p>En el segundo destácase en primera línea la lucha entre Critias y
-Terámenes, dos de los <i>Treinta</i>, y el discurso del último que
-no puede impedir su muerte, pero que llena de infamia a su rival. El
-sitio de Atenas y la desesperada situación de sus habitantes, así
-como la relación de las negociaciones para la paz, son también de
-gran importancia estética, de igual manera que el pintoresco relato
-de la conjuración de los soldados de Eteónico en Quíos, el regreso
-de Trasíbulo a Atenas y las arengas que dirige a sus soldados para
-animarles y a los ciudadanos todos para que reine entre ellos la
-concordia.</p>
-
-<p>Las bellezas más capitales del tercer libro son, entre otras, el
-episodio de Manía la <i>gobernadora</i> de la satrapía de Eólida, los
-discursos de los diputados tebanos en Atenas, la humorística disputa
-entre Agesilao y Leotíquides acerca de sus derechos al trono de
-Esparta, y sobre todo, la gráfica y bella descripción de la abortada
-conjura de Cinadón y la rivalidad noble y digna entre Agesilao y
-Lisandro.</p>
-
-<p>El episodio de Otis y Espitrídates, así como la entrevista entre
-Farnabazo y Agesilao y la hospitalidad que contrae este con su hijo,
-el certamen guerrero que abre en Asia el general lacedemonio, las
-operaciones de guerra que tienen lugar junto a Corinto y la conducta
-hábil y valiente de Dercílidas en Abido, es de lo mejor que nos ofrece
-el cuarto libro de la historia de Jenofonte.</p>
-
-<p>Lo propio sucede respecto al quinto con los discursos de Teleutias
-a sus soldados, y de Clígenes, enviado de<span class="pagenum"
-id="Page_xxii">p. xxii</span> Acanto y Apolonia ante el senado
-espartano, con la astuta traición de Leontíades en Tebas, con la
-pintorescamente descrita revolución de esta ciudad que dirigen
-Fílidas y Melón, y con el relato de los esfuerzos de Cleónimo, junto
-a Arquidamo, para salvar a su padre Esfodrias, que ha incurrido en la
-justa indignación de los éforos.</p>
-
-<p>El discurso vivo y descriptivo del farsalio Polidamante, la táctica
-prudente y previsora de Ifícrates en su expedición a Corcira, los
-discursos de los atenienses enviados a Lacedemonia para ajustar la
-alianza entre las dos repúblicas, así como el pánico de los espartanos
-al ver en su territorio a los tebanos, su heroica resistencia ante
-el peligro de la patria y los discursos pronunciados en la asamblea
-ateniense al discutirse si se auxiliará a su rival, avaloran en gran
-manera el libro sexto.</p>
-
-<p>Finalmente, en el séptimo los discursos de los enviados a Atenas
-para celebrar la alianza entre varios estados griegos, la conducta
-esforzada de Arquidamo, la narración de las proezas de Fliunte, la
-muerte de Eufrón y la defensa de su matador, así como el elogio de la
-última campaña de Epaminondas, es todo ello digno remate de la obra de
-Jenofonte, y aquilata la verdad de nuestro aserto al afirmar que no
-desmerece de las tres obras maestras del mismo autor.</p>
-
-<p>Al terminar estas líneas, réstanos únicamente manifestar que hemos
-seguido los textos más modernos y apreciados (principalmente el de
-Reiske), de los que podemos decir no hemos discrepado más que en alguno
-de los lugares más controvertidos y oscuros, cuando a nuestro entender
-no ofrecían un sentido claro y terminante, en cuyo caso, hemos seguido
-otra variante, aunque expresándolo casi siempre en nota.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_xxiii">p. xxiii</span>Permítasenos
-también consignar, como declaración última para terminar este prólogo,
-que aunque hubiéramos deseado verter al castellano, no solo las ideas
-de Jenofonte, sino también su galanura en el decir, nos daremos por muy
-satisfechos si el público nos reconoce, además del buen deseo que nos
-ha animado en nuestro trabajo, el constante empeño que hemos puesto
-para darle una traducción lo más ajustada posible al original griego,
-con objeto de que, ya que no reúna otro mérito literario, le permita
-hacerse cargo de los sucesos de la guerra del Peloponeso, narrados por
-Jenofonte.</p>
-
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch1_1">
- <p><span class="pagenum" id="Page_1">p. 1</span></p>
- <p class="centra fs130 ws1">HELÉNICAS O HISTORIA GRIEGA.</p>
- <hr class="tir" />
- <h2 class="nobreak g1 mt15">LIBRO PRIMERO.</h2>
- <hr class="tir" />
- <h3>CAPÍTULO PRIMERO.</h3>
-</div>
-
-<p>Algunos días después de estos sucesos<a id="FNanchor_1"
-href="#Footnote_1" class="fnanchor">[1]</a>, Timócares llegó de Atenas
-con algunas naves e inmediatamente verificose un combate naval entre
-atenienses y lacedemonios, quedando vencedores estos últimos bajo
-la dirección de Agesándridas<a id="FNanchor_2" href="#Footnote_2"
-class="fnanchor">[2]</a>.</p>
-
-<p>Poco después y a principios del invierno, Dorieo<a id="FNanchor_3"
-href="#Footnote_3" class="fnanchor">[3]</a>, hijo de Diágoras, partió
-de Rodas y llegó al Helesponto al clarear el día. El centinela
-de los atenienses que debía anunciarle señaló su presencia a los
-generales, los cuales se hacen a la vela contra él con veinte naves.
-Huye ante ellos Dorieo, y vara las naves en los alrededores de
-Reteo<a id="FNanchor_4" href="#Footnote_4" class="fnanchor">[4]</a>.
-Acércanse<span class="pagenum" id="Page_2">p. 2</span> los atenienses,
-y combaten junto a las naves y en la costa, hasta que se juntan con
-el resto del ejército en Mádito<a id="FNanchor_5" href="#Footnote_5"
-class="fnanchor">[5]</a>, sin haber realizado cosa alguna de
-provecho.</p>
-
-<p>Durante este tiempo, Míndaro<a id="FNanchor_6" href="#Footnote_6"
-class="fnanchor">[6]</a>, que ofrecía en Ilión un sacrificio a Minerva
-Atenea, viendo el combate, se dirige a socorrerlos; se hace a la vela
-con sus trirremes, y alcanza el puerto donde estaban las naves de
-Dorieo. Hácenle frente los atenienses, y junto a la costa de Abido
-libran un combate naval que dura hasta la noche. Mientras se dudaba de
-quién quedaba vencedor o vencido, llega Alcibíades<a id="FNanchor_7"
-href="#Footnote_7" class="fnanchor">[7]</a> con veintidós naves, e
-iníciase la retirada de los peloponesios hacia Abido. Sobreviene
-después en su auxilio Farnabazo<a id="FNanchor_8" href="#Footnote_8"
-class="fnanchor">[8]</a>, y metiendo el caballo en el agua hasta donde
-le es posible, incita peleando a que hagan lo mismo los infantes y
-los caballos que le acompañan; reúnen los peloponesios sus naves, y
-alineados en orden de batalla combaten junto a la costa. Los atenienses
-vuélvense hacia Sesto, llevando consigo treinta naves enemigas que
-encontraron vacías después de haber recuperado cuantas habían antes
-perdido. Desde aquella población, dejando en ella cuarenta naves, se
-hacen a la vela en distintas direcciones, con objeto de recoger dinero,
-y Trasilo, uno de los generales, se dirige a Atenas para anunciar
-esta fausta nueva y para pedir hombres y naves. Después de todo esto,
-llega Tisafernes<span class="pagenum" id="Page_3">p. 3</span> al
-Helesponto; dirígese a él Alcibíades con una sola trirreme, con objeto
-de ofrecerle los dones de hospitalidad y los presentes de amistad;
-pero hácele prender aquel y encerrarle en Sardes, diciendo que el
-rey<a id="FNanchor_9" href="#Footnote_9" class="fnanchor">[9]</a>
-le ha dado orden de hacer la guerra a los atenienses. Treinta
-días después, Alcibíades, habiendo podido procurarse caballos,
-huye de noche con Mantíteo<a id="FNanchor_10" href="#Footnote_10"
-class="fnanchor">[10]</a>, otro prisionero en Caria, y se dirigen
-durante la noche a Clazómenas.</p>
-
-<p>Los atenienses que estaban en Sesto, al saber que Míndaro
-va a hacerse a la vela contra ellos con sesenta naves, huyen
-durante la noche a Cardia<a id="FNanchor_11" href="#Footnote_11"
-class="fnanchor">[11]</a>, donde llega también Alcibíades desde
-Clazómenas con cinco trirremes y un buque costero; pero informado
-de que las naves peloponesias desde Abido se han dirigido a Cícico,
-llega a Sesto por tierra, y manda a sus navíos se le reúnan en dicho
-punto dando un rodeo. Después que estos llegaron, y cuando estaban a
-punto de levar anclas para marchar al combate, sobreviene Terámenes
-con veinte naves, viniendo de Macedonia, así como Trasíbulo con otras
-veinte de Tasos, habiendo recogido ambos algún dinero. Ordénales en
-seguida Alcibíades que amainen velas, y todos juntos navegan hacia
-Pario. Reunidos allí ochenta y seis buques, se hacen a la vela al día
-siguiente y al otro llegan a Proconeso a la hora del almuerzo, donde
-tienen conocimiento de que Míndaro y Farnabazo, con las tropas<span
-class="pagenum" id="Page_4">p. 4</span> de infantería, están en Cícico,
-por lo cual permanecen a la expectativa todo el día en aquel sitio. Al
-siguiente, convoca Alcibíades una asamblea, en la cual manifiesta la
-necesidad en que se hallan de combatir por tierra y bajo los muros.
-«En efecto —dice—, no tenemos dinero, y los enemigos recíbenlo todo en
-abundancia de parte del rey.»</p>
-
-<p>La noche anterior, al anclar, había reunido alrededor de la suya
-a todas las naves, aun las más pequeñas, a fin de que nadie pudiese
-participar al enemigo el número de buques con que contaba, e hizo
-pregonar pena capital para todo el que fuera sorprendido dirigiéndose
-a la opuesta costa. Disuelta la asamblea, se prepara para el combate y
-se dirige sobre Cícico, mientras llovía fuertemente; al llegar junto
-a dicha población, y gracias a una momentánea claridad y a los rayos
-del sol, ve las naves de Míndaro, en número de sesenta, maniobrando
-fuera del puerto, de manera que puede cortarles la retirada. Al ver
-los peloponesios las naves de Atenas en número mayor que antes y junto
-al puerto, huyen en dirección a la costa, y haciéndolas varar, hacen
-frente al enemigo, que se dirige hacia ellos; Alcibíades hace dar
-un rodeo a sus veinte naves, y desembarca en la playa, como lo hace
-también al verlo Míndaro, quien recibe la muerte combatiendo, y los
-suyos se declaran en fuga. Los atenienses conducen todas las naves a
-Proconeso, a excepción de las de los siracusanos, pues ellos mismos les
-pegaron fuego.</p>
-
-<p>Al día siguiente hácense a la mar los atenienses en dirección a
-Cícico, cuyos habitantes, abandonados por los peloponesios y por
-Tisafernes, le reciben<span class="pagenum" id="Page_5">p. 5</span>
-en sus muros; quédase allí Alcibíades durante veinte días, recibe
-grandes cantidades de los de Cícico, y sin hacerles ningún daño se
-retira a Proconeso. De allí navega hacia Perinto y Selimbria. Los
-perintios reciben al ejército dentro de sus muros, y los selimbrios no
-les abren las puertas, pero les dan dinero. Inmediatamente dirígense
-a Crisópolis, en Calcedonia, población que fortifican, y donde
-establecen un contador para exigir el diezmo de las naves que salgan
-del Ponto Euxino, y dejan en ella una guarnición de treinta naves y dos
-generales, Terámenes y Éumaco, encargados de vigilar la plaza y las
-naves que pasen delante de ella, así como de hacer todo el daño posible
-a los enemigos. Los otros generales parten para el Helesponto. Cae en
-manos de los atenienses una carta de Hipócrates, el segundo de Míndaro,
-que remiten a Atenas, y que contenía estas palabras:</p>
-
-<blockquote>
-
-<p>«Terminaron nuestras victorias; Míndaro ha perecido; están
-hambrientos los soldados: no sabemos qué hacer.»<a id="FNanchor_12"
-href="#Footnote_12" class="fnanchor">[12]</a></p>
-
-</blockquote>
-
-<p>Farnabazo exhorta al ejército peloponesio y a sus aliados a no
-apesadumbrarse a causa de algunos leños, pues hay madera en abundancia
-en los dominios del rey, y todo va bien cuando se conserva la vida;
-regala a los soldados un traje y el sueldo de dos meses, y después
-de armar a los marineros, establece guarniciones en el litoral.
-Convoca luego a los generales de las ciudades y a los comandantes de
-las naves, les ordena construyan en Antandro tantas trirremes como
-cada uno haya perdido, y entregándoles el dinero necesario,<span
-class="pagenum" id="Page_6">p. 6</span> les dice pueden construirlos
-con las maderas de los bosques del Ida. Mientras se construyen los
-buques, los siracusanos, unidos a los habitantes de Antandro, terminan
-las murallas, y son las tropas más disciplinadas de la guarnición,
-por lo cual se les concede en dicha ciudad el título de bienhechores
-y el derecho de ciudadanía. Habiéndolo dispuesto todo de esta manera,
-Farnabazo se dirige en seguida en socorro de Calcedonia.</p>
-
-<p>Hacia este tiempo se anuncia a los generales siracusanos, que han
-sido desterrados por el pueblo. Reúnen, pues, a sus soldados, y por
-medio de Hermócrates deploran las desgracias de ser todos víctimas
-de un destierro injusto e ilegal; excitan a los soldados a que sean
-siempre tan valientes como hasta entonces, y a que se muestren
-siempre celosos en el cumplimiento de sus deberes, y luego los mandan
-elijan jefes hasta la llegada de los que deben sustituirles. Los
-soldados gritan con entusiasmo que deben conservar el mando: tal es
-el deseo unánime de los comandantes de las naves, de los marinos<a
-id="FNanchor_13" href="#Footnote_13" class="fnanchor">[13]</a> y de
-los pilotos. Objétanles los generales que es preciso no insubordinarse
-contra su patria, y que si tienen algo que reprocharles pueden hacer
-uso de la palabra.</p>
-
-<p>—«Acordaos —añaden— de todas las victorias navales que habéis
-alcanzado, de todas las naves que habéis tomado con vuestras solas
-fuerzas, de todas las ocasiones en que, reunidos a otras tropas, os
-habéis mostrado bajo nuestras órdenes invencibles y tenaces en vuestro
-puesto, gracias a vuestro valor y a nuestras excitaciones, así en
-la tierra<span class="pagenum" id="Page_7">p. 7</span> como en el
-mar.»</p>
-
-<p>No levantándose nadie para hacerles cargos, continúan en sus
-funciones hasta la llegada de los generales que deben sustituirles,
-Demarco, hijo de Epícides; Miscón, hijo de Menécrates, y Pótamis, hijo
-de Gnosias. La mayor parte de los comandantes de las naves juran les
-harán levantar el destierro así que lleguen a Siracusa; cólmanles de
-elogios y les dejan marchar a donde quieran. Principalmente los que
-habían frecuentado la amistad de Hermócrates, le echaban de menos por
-su actividad, su celo y su amabilidad: en efecto, cada día, mañana
-y tarde, reunía en su tienda a los comandantes más distinguidos de
-las naves, así como a los mejores pilotos y marinos; comunicábales
-lo que tenía intención de decir y hacer, y les enseñaba a hablar,
-obligándoles unas veces a expresarse sin preparación alguna, y otras
-después de haber meditado unos momentos. De este modo había adquirido
-Hermócrates gran consideración en el consejo, y se le tenía por el que
-mejor hablaba y que daba mejores consejos. Habiendo acusado en otro
-tiempo a Tisafernes en Esparta<a id="FNanchor_14" href="#Footnote_14"
-class="fnanchor">[14]</a>, y habiendo parecido fundada su acusación,
-sostenida por el testimonio de Astíoco, Hermócrates se dirige a
-Farnabazo, quien le ofrece dinero sin aguardar a que lo pida, y
-reuniendo tropas mercenarias y trirremes, se prepara para regresar
-a Siracusa. Mientras tanto llegan a Mileto los generales nuevamente
-nombrados por los siracusanos, y allí toman posesión del mando de las
-naves y del ejército.</p>
-
-<p>Declárase hacia el mismo tiempo una sedición en<span
-class="pagenum" id="Page_8">p. 8</span> Tasos, siendo vencidos los
-partidarios de Lacedemonia y Eteónico, el harmosta<a id="FNanchor_15"
-href="#Footnote_15" class="fnanchor">[15]</a> espartano. Pasípidas,
-oriundo de Esparta, acusado de haber preparado con Tisafernes aquella
-sedición, es desterrado de su población natal, y como había reunido la
-escuadra de los aliados, envían a Cratesípidas para que tome el mando,
-quien la encuentra en Quíos.</p>
-
-<p>En esta misma época, mientras que Trasilo está en Atenas, Agis
-hace una salida de Decelia<a id="FNanchor_16" href="#Footnote_16"
-class="fnanchor">[16]</a> y llega, devastando la campiña, hasta los
-mismos muros de Atenas; Trasilo, al frente de los atenienses y de
-cuantos allí se encuentran, sale de la ciudad y coloca sus tropas
-a lo largo del gimnasio del Liceo, en disposición de combatir si
-los enemigos avanzan, al ver lo cual Agis emprende prontamente la
-retirada, no sin que sean muertos por las tropas ligeras algunos de
-sus rezagados. Con este motivo hállanse los atenienses más dispuestos
-a conceder a Trasilo el auxilio que había venido a impetrar, y
-decretan que puede reclutar mil hoplitas, cien caballos y cincuenta
-trirremes.</p>
-
-<p>Al ver Agis desde Decelia que entran en el Pireo con las velas
-desplegadas gran cantidad de naves cargadas de trigo, declara que
-ninguna utilidad pueden prestar sus tropas bloqueando por tierra
-a Atenas, si no se les impide el aprovisionamiento por mar, y que
-el mejor partido sería mandar a Calcedonia y a Bizancio al hijo
-de Aristómenes y a Clearco, hijo de Ranfias, huésped público<a
-id="FNanchor_17" href="#Footnote_17" class="fnanchor">[17]</a>
-de los<span class="pagenum" id="Page_9">p. 9</span> bizantinos.
-Habiéndose adoptado este parecer en Lacedemonia, se hace a la vela
-aquel con quince naves, equipadas por los megarenses y demás aliados,
-si bien eran más propias para el transporte de soldados que para
-navegar con velocidad; por lo cual tres de ellas son echadas a pique en
-el Helesponto por las nueve naves atenienses que vigilan continuamente
-los buques enemigos, y las restantes huyen a Sesto, y de allí se
-refugian en Bizancio.</p>
-
-<p>Así terminó este año, durante el cual invaden Sicilia los
-cartagineses, bajo el mando de Aníbal<a id="FNanchor_18"
-href="#Footnote_18" class="fnanchor">[18]</a>, con un ejército de cien
-mil hombres; y en el espacio de tres meses se apoderan de dos ciudades
-griegas, Selinunte e Hímera.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch1_2">
- <h3>CAPÍTULO II.</h3>
-</div>
-
-<p>Al año siguiente, el de la nonagesimatercia olimpiada<a
-id="FNanchor_19" href="#Footnote_19" class="fnanchor">[19]</a>, en
-la cual Evágoras de Elea alcanzó el premio en la carrera del carro
-tirado por dos caballos, y Eubotas, el cireneo, el del estadio,
-siendo éforo en Esparta Evárquipo, y arconte en Atenas Euctemon,
-los atenienses fortifican Tórico, y Trasilo, tomando los buques
-que le han sido decretados, arma como peltastas<a id="FNanchor_20"
-href="#Footnote_20" class="fnanchor">[20]</a> cinco mil marineros
-para<span class="pagenum" id="Page_10">p. 10</span> que puedan hacer
-igualmente los dos servicios, y se hace a la vela en dirección a
-Samos, al comenzar el verano. Permanece allí tres días, partiendo
-después para Pígela<a id="FNanchor_21" href="#Footnote_21"
-class="fnanchor">[21]</a>, cuyo territorio devasta, y comienza el
-sitio. Habiendo acudido en auxilio de los sitiados algunos habitantes
-de Mileto, persiguen a las tropas ligeras atenienses que se hallaban
-en desorden; pero los peltastas y dos cohortes de hoplitas<a
-id="FNanchor_22" href="#Footnote_22" class="fnanchor">[22]</a>,
-acudiendo a socorrer a las tropas ligeras, dan muerte a casi todos los
-milesios, toman unos doscientos escudos y levantan un trofeo. Al día
-siguiente se hacen a la vela en dirección a Notio<a id="FNanchor_23"
-href="#Footnote_23" class="fnanchor">[23]</a>, y después de hacer
-sus preparativos, se dirigen a Colofón, cuyos habitantes les reciben
-amistosamente. Invaden durante la noche inmediata las comarcas de
-Lidia, en que el trigo está ya en sazón, incendian varias poblaciones
-y se apoderan del dinero, de los esclavos y de un rico botín. El persa
-Estages, que se hallaba en dicha comarca, aprovechándose de un momento
-en que los atenienses se hallaban dispersos fuera del campamento para
-saquear por su cuenta, se arroja sobre ellos con su caballería, les
-mata siete hombres y les hace un prisionero. Trasilo, después de esta
-proeza, recoge a su ejército junto al mar para dirigirse a Éfeso; pero
-adivinando Tisafernes sus designios, reúne numeroso ejército y envía
-gente de a caballo para exhortar a todos a que vayan a socorrer a
-Ártemis Diana en Éfeso.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_11">p. 11</span>Diez y siete días
-después de la invasión se hace a la mar Trasilo en dirección a Éfeso,
-y desembarcando a sus hoplitas junto al Coreso<a id="FNanchor_24"
-href="#Footnote_24" class="fnanchor">[24]</a>, ordena a su caballería,
-a los peltastas, a los marinos y al resto de sus tropas se queden
-junto a los pantanos, a la otra parte de la ciudad, y así que apunta
-el día hace avanzar a sus dos cuerpos de ejército. Las tropas de la
-plaza, con el refuerzo de los aliados mandados por Tisafernes y el
-de los siracusanos (así los de las veinte naves primeras como los
-de otras cinco que habían llegado recientemente con los generales
-Eucles, hijo de Hipón, y Heraclides, hijo de Aristógenes) y además
-con dos naves de Selinunte<a id="FNanchor_25" href="#Footnote_25"
-class="fnanchor">[25]</a>, se dirigen a su encuentro. Reunidas todas
-esas tropas, derrotan primeramente a los hoplitas acampados junto al
-Coreso, y después de ponerles en fuga, de causarles unas cien bajas y
-de haber perseguido hasta el mar a los fugitivos, se dirigen contra
-las tropas de los pantanos; son asimismo derrotados los atenienses,
-que perecen en número de unos trescientos. Los efesios levantan allí
-un trofeo y otro junto al Coreso; dan premios por su valentía a los
-siracusanos y a los selinusios, así en general como a algunos de ellos
-en particular, y conceden inmunidad completa de impuestos al que quiera
-domiciliarse en la ciudad. Conceden asimismo el derecho de ciudad
-a los selinusios cuya patria había sido recientemente destruida<a
-id="FNanchor_26" href="#Footnote_26" class="fnanchor">[26]</a>.</p>
-
-<p>Los atenienses, después de recoger sus muertos<span class="pagenum"
-id="Page_12">p. 12</span> por una tregua, regresan a Notio; les
-dan allí sepultura, y se hacen a la vela en dirección a Lesbos y
-al Helesponto. Mientras están anclados delante de Metimna, ciudad
-de Lesbos, distinguen a veinticinco naves siracusanas que volvían
-de Éfeso, y arrojándose a ellas, se apoderan de cuatro con todo su
-equipaje, y persiguen hasta Éfeso a las restantes. Trasilo envía a
-Atenas los prisioneros, y suelta únicamente al ateniense Alcibíades,
-primo y compañero de destierro del otro Alcibíades. Con el resto del
-ejército se hace a la vela para Sesto, y de allí pasa a Lámpsaco.
-Llega, sin embargo, el invierno, durante el cual los cautivos
-siracusanos, que habían sido encerrados en las canteras del Pireo,
-perforando la roca se evaden de noche y huyen unos a Decelia y otros a
-Mégara. Quiere Alcibíades formar en Lámpsaco un solo cuerpo de ejército
-con todas sus tropas; pero sus soldados veteranos, que nunca habían
-sido vencidos, no quieren reunirse con los de Trasilo, que acaban de
-sufrir una derrota. Pasan todos el invierno en Lámpsaco fortificando
-dicha plaza, y verifican una expedición contra Abido, en la cual,
-acudiendo en socorro de esta Farnabazo con numerosa caballería, es
-derrotado y tiene que declararse en fuga. Alcibíades le persigue con
-sus caballos y ciento veinte hoplitas mandados por Menandro, hasta
-que la oscuridad les impide seguir en su persecución. Después de este
-combate, mézclanse los soldados y fraternizan los suyos con los de
-Trasilo. Realízanse en el mismo invierno algunas excursiones en el
-continente, en las cuales son devastados los territorios del rey.
-Durante este tiempo los lacedemonios, gracias a un tratado, dejan
-retirarse libremente a los<span class="pagenum" id="Page_13">p.
-13</span> hilotas sublevados, que habían huido a Corifasio<a
-id="FNanchor_27" href="#Footnote_27" class="fnanchor">[27]</a> desde
-Malea. También en dicha época los aqueos hacen traición a los colonos
-de Heraclea de Traquinia<a id="FNanchor_28" href="#Footnote_28"
-class="fnanchor">[28]</a>, en un combate general contra los eteos,
-sus enemigos; de manera que perecieron unos setecientos de ellos, con
-Labotas, harmosta lacedemonio.</p>
-
-<p>Así terminó este año, en el que los medos sublevados contra Darío,
-rey de los persas, volvieron a acatar su autoridad.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch1_3">
- <h3>CAPÍTULO III.</h3>
-</div>
-
-<p>Al año siguiente el templo de Minerva Atenea, en Focea, es
-reducido a cenizas por un rayo. Al terminar el invierno, siendo
-éforo Pantacles y arconte Antígenes, conmemorando el buen tiempo,
-se hacen a la vela los atenienses hacia Proconeso con todo el
-ejército, en el año <span class="asc">XXII</span>.º de la guerra<a
-id="FNanchor_29" href="#Footnote_29" class="fnanchor">[29]</a>, y de
-allí van a anclar ante Bizancio y Calcedonia, acampando alrededor
-de esta ciudad. Informados los calcedonios del ataque que iban a
-sufrir por parte de los atenienses, habían entregado todas sus
-riquezas a sus vecinos los tracios de Bitinia<a id="FNanchor_30"
-href="#Footnote_30" class="fnanchor">[30]</a>; Alcibíades, tomando
-consigo<span class="pagenum" id="Page_14">p. 14</span> la caballería
-y algunos hoplitas, hace costear las naves y se dirige a los bitinios,
-pidiéndoles las riquezas de los calcedonios, diciéndoles les hará
-la guerra si no se las entregan. Así lo hacen, y, de vuelta ya a su
-campo con el botín y la garantía de un tratado, ataca Alcibíades por
-ambos mares a Calcedonia con todo el ejército, y cierra con un muro
-de madera, lo mejor que puede, el río que les divide. Hipócrates,
-el gobernador lacedemonio, hace salir de la ciudad a la guarnición
-para librar combate; despliéganse frente a frente los atenienses en
-orden de batalla, y Farnabazo acude desde la otra parte de aquel muro
-en socorro de los sitiados, con su ejército y con una caballería
-numerosa. Combaten durante algún tiempo Hipócrates y Trasilo, cada uno
-con sus hoplitas, hasta que llega Alcibíades con algunos de estos y
-con su caballería. Queda muerto en el campo Hipócrates, y huyen sus
-soldados a la ciudad. Mientras tanto, Farnabazo, que no había podido
-reunirse a Hipócrates a causa del poco espacio que se había dejado
-entre el río y las trincheras, tiene que retirarse al Heracleo<a
-id="FNanchor_31" href="#Footnote_31" class="fnanchor">[31]</a>,
-que está junto a Calcedonia, en cuyo lugar tenía su campamento.
-Alcibíades marcha después hacia el Helesponto y el Quersoneso, con
-objeto de recoger dinero, y los restantes generales<a id="FNanchor_32"
-href="#Footnote_32" class="fnanchor">[32]</a> convienen entonces
-con Farnabazo, relativamente a Calcedonia, en estas condiciones:
-Que entregará veinte talentos a los atenienses y presentará al rey
-los diputados de Atenas. Afirman con juramento esta convención,
-obligándose<span class="pagenum" id="Page_15">p. 15</span> a pagar los
-calcedonios el acostumbrado tributo a los atenienses, y a entregarles
-las cantidades atrasadas, a condición de que los atenienses no
-emprendan hostilidad alguna contra Calcedonia hasta que regresen
-los enviados al rey. Alcibíades no estuvo presente al celebrarse este
-tratado, puesto que estaba frente a Selimbria; pero una vez tomada
-esta ciudad, vuelve a Bizancio con gran multitud de quersonesios,
-soldados tracios y más de trescientos caballos. Espérale en Calcedonia
-Farnabazo, considerando necesario hacerle prestar juramento a lo
-tratado; pero Alcibíades, al llegar de Bizancio, declara que no jurará
-si no renueva también Farnabazo el juramento en su presencia; por
-lo cual él jura la convención en Crisópolis, delante de Mitrobates
-y Arnapes, enviados de Farnabazo, mientras este presta el juramento
-público ante Euriptólemo, enviado de Alcibíades, después de lo cual se
-dan mutuamente algunos dones privados. Hecho esto, parte Farnabazo de
-dicha población, y ordena a los diputados que deben dirigirse al rey se
-le unan en Cícico. Estos diputados eran Doroteo, Filocides, Teógenes,
-Euriptólemo y Mantíteo por parte de los atenienses, y Cleóstrato y
-Pirróloco por parte de los argivos; iban también con ellos algunos
-enviados por los lacedemonios, Pasípidas y otros, habiéndoseles juntado
-asimismo Hermócrates, expatriado siracusano, y su hermano Próxeno, a
-todos los cuales conducía Farnabazo.</p>
-
-<p>Los atenienses, sin embargo, sitian Bizancio, después de rodear a
-la ciudad con una trinchera y de inquietarla con proyectiles, y avanzan
-hasta el muro. Encontrábase en dicha población el harmosta<span
-class="pagenum" id="Page_16">p. 16</span> lacedemonio Clearco, y
-con él algunos periecos<a id="FNanchor_33" href="#Footnote_33"
-class="fnanchor">[33]</a> y un pequeño número de neodamodes<a
-id="FNanchor_34" href="#Footnote_34" class="fnanchor">[34]</a>, así
-como algunos megarenses mandados por Helixo de Mégara y algunos beocios
-que obedecían a Cerátadas. Viendo los atenienses que nada pueden
-conseguir por la fuerza, persuaden a algunos bizantinos para que les
-entreguen la plaza. No creyendo Clearco el gobernador que hubiese en
-ella nadie capaz para hacerlo, organizándolo todo lo mejor que puede,
-y encargando de la defensa de la ciudad a Cerátadas y a Helixo, se
-dirige hacia Farnabazo, en el opuesto continente, a fin de obtener de
-él el estipendio para sus soldados y reunir las naves que Pasípidas
-había dejado en observación, así en el Helesponto como en Antandro, y
-las que Agesándridas, segundo jefe de Míndaro, tenía en Tracia: deseaba
-asimismo hacer construir otras, y con todas estas fuerzas reunidas,
-acosar a los atenienses y hacerles levantar el sitio de Bizancio. Luego
-de haber partido Clearco, pónense a la obra los que querían entregar
-la ciudad, Cidón, Aristón, Anaxícrates, Licurgo y Anaxilao, quien fue
-más tarde acusado en Lacedemonia como culpable de traición, siendo
-absuelto por alegar había salvado la ciudad al entregarla, pues veía
-morir de hambre a las mujeres y a los niños, y además por ser bizantino
-y no lacedemonio. Como Clearco hacía entregar a los soldados todo el
-trigo que había en la ciudad, decía Anaxilao que había introducido al
-enemigo,<span class="pagenum" id="Page_17">p. 17</span> sin que le
-moviese para ello el deseo de obtener dinero, ni el odio hacia los
-lacedemonios.</p>
-
-<p>Así que todo estuvo arreglado para realizar su designio, abren una
-noche la puerta llamada de Tracia, e introducen a Alcibíades y a su
-ejército. Helixo y Cerátadas, que nada sabían de la conjuración, se
-dirigen con todas sus tropas armadas a la plaza pública; pero viendo
-a los enemigos dueños de todo, y conociendo nada podían hacer, se
-entregan y son enviados a Atenas, donde Cerátadas, al desembarcar en el
-Pireo, huye por entre la multitud y llega salvo a Decelia.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch1_4">
- <h3>CAPÍTULO IV.</h3>
-</div>
-
-<p>Farnabazo y los enviados conocen los sucesos de Bizancio en Gordio<a
-id="FNanchor_35" href="#Footnote_35" class="fnanchor">[35]</a>,
-ciudad de Frigia, donde pasan el invierno; al comenzar la primavera<a
-id="FNanchor_36" href="#Footnote_36" class="fnanchor">[36]</a> se
-dirigen hacia el rey, encontrando en su marcha la embajada lacedemonia,
-compuesta de Beocio y de otros mensajeros, los cuales les participan
-que los espartanos han alcanzado del rey cuanto pedían. Encuentran
-asimismo a Ciro, que había recibido el mando de todas las provincias
-marítimas, y que debía auxiliar a los lacedemonios, quien les enseña
-una carta con el sello real dirigida a todos<span class="pagenum"
-id="Page_18">p. 18</span> los habitantes del Asia inferior, y en la
-que se decía: «Envío a Ciro como <i>cárano</i><a id="FNanchor_37"
-href="#Footnote_37" class="fnanchor">[37]</a> de los pueblos que
-se reúnen en el Castolo»<a id="FNanchor_38" href="#Footnote_38"
-class="fnanchor">[38]</a>. Cárano quiere decir Señor. Los diputados
-atenienses, al conocer estas órdenes, y después de haber visto a
-Ciro, desean aún más vivamente dirigirse hacia el rey, y si no,
-regresar a su patria; pero Ciro ordena a Farnabazo que le entregue
-los diputados, o que les impida a lo menos volver a su patria, no
-queriendo que los atenienses conociesen cuanto había sucedido.
-Farnabazo los retuvo todo el tiempo necesario, diciendo unas veces
-iba a llevarles ante el rey, y otras que les enviaría a Atenas, a fin
-de que nada pudiesen reprocharle; pero al cabo de tres años suplica
-a Ciro les deje en libertad, representándole había jurado volver a
-conducirles hasta el mar, si no les llevaba ante el rey; por lo cual
-son enviados a Ariobarzanes<a id="FNanchor_39" href="#Footnote_39"
-class="fnanchor">[39]</a> con la orden de conducirles a la costa, y
-este les lleva a Cíos en Misia, de donde, por mar, se reúnen a su
-ejército.</p>
-
-<p>Queriendo Alcibíades volver con sus tropas a Atenas, se hace a la
-vela directamente hacia Samos, de donde, tomando veinte naves, entra
-en el golfo Cerámico de Caria y regresa de nuevo a aquella ciudad
-después de haber exigido veinte talentos a estas comarcas. Trasíbulo,
-con treinta buques, se dirige a Tracia, donde somete las plazas que
-habían sido tomadas por los lacedemonios, y entre<span class="pagenum"
-id="Page_19">p. 19</span> otras Tasos, que había sido devastada por la
-guerra, las sublevaciones y el hambre. Trasilo llega a Atenas con el
-resto del ejército, y antes de su llegada habían elegido los atenienses
-tres generales: Alcibíades, desterrado; Trasíbulo, ausente, y Conón,
-que se hallaba en la ciudad.</p>
-
-<p>Alcibíades, con sus veinte trirremes y el dinero recogido, parte de
-Samos, dirigiéndose a Paros, de donde marcha directamente a Gitio<a
-id="FNanchor_40" href="#Footnote_40" class="fnanchor">[40]</a>
-para vigilar las treinta trirremes que sabía preparaban allí los
-lacedemonios, y para cerciorarse del modo que sería recibido a su
-vuelta a Atenas. Después que conoció le era favorable la población,
-que se le ha elegido general, y que especialmente sus amigos le
-incitan a que regrese, entra en el Pireo el día en que la ciudad
-celebraba las Plinterias<a id="FNanchor_41" href="#Footnote_41"
-class="fnanchor">[41]</a>, en las cuales se cubre con un velo la
-estatua de Minerva Atenea, cosa que consideraron algunos como infausta
-para él y para la ciudad, puesto que en aquel día ningún ateniense se
-atrevía a emprender cosa alguna seria. Al desembarcar en el Pireo,
-la muchedumbre de este y de la ciudad se aglomera alrededor de las
-naves para admirar y ver a aquel Alcibíades que aseguran muchos es
-el mejor de todos los ciudadanos, y el único, dicen, que ha mostrado
-la injusticia de su destierro. Él es la víctima de muchos que le
-son inferiores y a quienes aplastaba con su elocuencia, porque su
-política no tenía otro objeto que el interés personal, mientras que
-él, por el contrario, tendió siempre a aumentar el bien común<span
-class="pagenum" id="Page_20">p. 20</span> con el simultáneo empleo
-de sus propios recursos y de los de la ciudad; cuando ha querido
-ser juzgado sin dilación alguna de la acusación contra él dirigida
-como profanador de los misterios, sus enemigos han conseguido se
-desechase una súplica que tan justa parecía, y durante su ausencia le
-han hecho desterrar de su patria; entonces, esclavo de la necesidad,
-se ha visto obligado a servir a sus enemigos más crueles, expuesto
-cada día a perder su vida, y viendo a sus más íntimos amigos, a sus
-parientes, a sus conciudadanos y a la ciudad entera cometer grandes
-faltas, sin poder serles de ninguna utilidad a causa de su destierro;
-no deben temerse las revoluciones ni las sublevaciones de hombres
-como él, añaden, puesto que la popularidad le coloca encima de todos
-los de su edad y le iguala a los que son más ancianos, mientras sus
-enemigos continúan a estar dispuestos, como antes, a hacer perecer
-a los mejores ciudadanos, así que puedan verificarlo impunemente,
-por lo cual quedarán solos en su patria, ya que, apartados los
-ciudadanos que valen más que ellos, deberá el pueblo necesariamente
-contentarse con los que queden.<a id="FNanchor_42" href="#Footnote_42"
-class="fnanchor">[42]</a></p>
-
-<p>El partido opuesto a Alcibíades aseguraba era este la única causa de
-todas las calamidades públicas que se habían experimentado, y que había
-el peligro de que este general atrajese a la ciudad por sí solo, todos
-los funestos resultados que eran de temer.</p>
-
-<p>Alcibíades, después de haber entrado en el puerto, no desembarca en
-seguida por temor a sus enemigos,<span class="pagenum" id="Page_21">p.
-21</span> pero quedándose sobre el puente, procura distinguir a sus
-amigos, viendo a su primo Euriptólemo, hijo de Pisianacte y a sus
-restantes parientes y amigos, desembarca y se dirige a la ciudad con
-esta escolta, preparada a rechazar cualquier ataque que contra él se
-intente. En el senado y en la asamblea se defiende de la profanación,
-diciendo ha sido víctima de una injusticia, y después de haber
-presentado varias razones del mismo género, sin que nadie le replique,
-pues no lo hubiera tolerado la asamblea, por unanimidad es proclamado
-generalísimo, con amplias facultades, como el único capaz de recuperar
-para la república su antiguo poderío; hace salir inmediatamente
-todas las tropas a fin de que la procesión de los Misterios pueda
-celebrarse por su trayecto acostumbrado por tierra<a id="FNanchor_43"
-href="#Footnote_43" class="fnanchor">[43]</a>, ya que a causa de la
-guerra había tenido que hacerse por mar, y después levanta un ejército
-de mil quinientos hoplitas, ciento cincuenta caballos y cien naves.</p>
-
-<p>Tres meses después de su regreso, se embarca en dirección a Andros,
-que se había separado de la alianza ateniense, designándosele como
-generales adjuntos de las tropas de tierra, a Aristócrates y Adimanto,
-hijo de Leucolófides. Desembarca Alcibíades su ejército en Gaurio, que
-está en la isla de Andros; pone en fuga a los andrios, que se habían
-dirigido a su encuentro, y después de haberles causado muchas bajas,
-los encierra en los muros con los lacedemonios que estaban con ellos.
-Levanta después un trofeo, y pasados algunos días, se dirige hacia
-Samos donde principia las hostilidades.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch1_5">
- <p><span class="pagenum" id="Page_22">p. 22</span></p>
- <h3>CAPÍTULO V.</h3>
-</div>
-
-<p>Algún tiempo antes de estos sucesos<a id="FNanchor_44"
-href="#Footnote_44" class="fnanchor">[44]</a>, habían enviado los
-lacedemonios a Lisandro para tomar el mando de la flota en sustitución
-de Cratesípidas, pues había terminado ya el tiempo de su mando.
-Al llegar aquel a Rodas<a id="FNanchor_45" href="#Footnote_45"
-class="fnanchor">[45]</a>, toma posesión de las naves y se dirige
-a Cos y a Mileto, de donde se hace a la vela para Éfeso, y allí
-permanece con setenta naves hasta que Ciro llegue de Sardes, y así
-que este llega va a su encuentro Lisandro con los enviados espartanos
-y quejándose de Tisafernes<a id="FNanchor_46" href="#Footnote_46"
-class="fnanchor">[46]</a> y relatándole todo lo que ha hecho, suplican
-a Ciro excite la guerra cuanto pueda; contesta este que tal es
-precisamente el encargo que ha recibido de su padre, que estas son sus
-intenciones y que hará cuanto de él dependa para realizarlas; añade que
-trae quinientos talentos con este objeto; que si no bastan, hará uso de
-los fondos privados que le ha entregado su padre, y que si todo esto no
-es aún suficiente, hará fundir el trono sobre que está sentado, que es
-de oro y plata.</p>
-
-<p>Alábanle esta respuesta y le deciden a dar una dracma ática<a
-id="FNanchor_47" href="#Footnote_47" class="fnanchor">[47]</a> a los
-marineros, manifestándole que este aumento de sueldo hará desertar
-a los de la flota<span class="pagenum" id="Page_23">p. 23</span>
-ateniense, lo cual le economizará más tarde grandes dispendios. Ciro
-aprueba tales propósitos, pero manifiesta le es imposible ir contra
-las órdenes del rey, puesto que, según el tratado de alianza, debe
-dar únicamente treinta minas<a id="FNanchor_48" href="#Footnote_48"
-class="fnanchor">[48]</a> al mes, por cada nave que los lacedemonios
-sostengan en la guerra. Nada replica entonces Lisandro, pero al fin
-de la comida, al brindar Ciro y pedirle qué podrá hacer que le sea
-agradable, contestó Lisandro: «Aumentar un óbolo<a id="FNanchor_49"
-href="#Footnote_49" class="fnanchor">[49]</a> al sueldo de cada
-marinero.» Desde aquel momento, el sueldo para los marineros fue de
-cuatro óbolos, habiendo sido de tres hasta entonces. Ciro paga además
-los atrasos y hace repartir un mes adelantado, lo cual redobla el celo
-de los soldados.</p>
-
-<p>Desanímanse con esta nueva los atenienses, y por medio de Tisafernes
-le envían mensajeros, que no admite, por más que se lo ruegue aquel,
-y por más que le incite a procurar, como él había hecho siguiendo
-los consejos de Alcibíades, que ningún pueblo adquiriese gran
-poderío, antes bien, que se debilitasen mutuamente con sus intestinas
-disensiones. Después de haber reunido su flota en Éfeso, Lisandro hace
-poner en seco sus naves, en número de noventa, y se mantiene en reposo,
-ocupándose en recomponerlas y calafatearlas y en dar descanso a sus
-tropas. Por su parte Alcibíades, sabiendo que Trasíbulo ha salido del
-Helesponto para fortificar Focea, se dirige hacia él, después de dejar
-el mando de la flota a su lugarteniente Antíoco, mandándole<span
-class="pagenum" id="Page_24">p. 24</span> expresamente no se acerque
-a las naves de Lisandro; pero este, con su nave y otra, se hace a la
-mar con dirección al puerto de Éfeso desde Notio<a id="FNanchor_50"
-href="#Footnote_50" class="fnanchor">[50]</a>, y se acerca a las proas
-de las de Lisandro. Este, poniendo a flote un pequeño número de naves,
-le da caza; pero después, al ver vienen los atenienses con mayor número
-de naves en auxilio de Antíoco, dirige contra ellos toda su flota
-formada en orden de batalla. Echan al agua entonces los atenienses
-que habían quedado en Notio todas sus trirremes, y se hacen a la mar;
-de este modo se verifica un combate naval, permaneciendo en buen
-orden los lacedemonios, mientras son puestos en completa dispersión
-los atenienses, hasta que, perdidas quince trirremes, se declaran en
-fuga: la mayor parte de los que las montaban consiguen escaparse, pero
-algunos son apresados por los enemigos. Lisandro se lleva las naves
-que ha tomado, levanta un trofeo en Notio y se dirige a Éfeso; los
-atenienses se retiran a Samos.</p>
-
-<p>Después de este combate, Alcibíades, habiendo regresado a Samos, se
-hace cargo de toda la flota y la conduce hacia Éfeso, apoderándose de
-la entrada del puerto, donde se coloca en orden de batalla para ver
-si se acepta el combate; pero como Lisandro no se mueve a causa de la
-numérica inferioridad de sus naves, se vuelve a Samos. Poco tiempo
-después, los lacedemonios se apoderan de Delfinio<a id="FNanchor_51"
-href="#Footnote_51" class="fnanchor">[51]</a> y de Eión<a
-id="FNanchor_52" href="#Footnote_52" class="fnanchor">[52]</a>.</p>
-
-<p>Cuando llega a Atenas la nueva de este combate<span class="pagenum"
-id="Page_25">p. 25</span> naval, levántase gran indignación contra
-Alcibíades, y a su negligencia y mala dirección se atribuye la pérdida
-de las naves. Son elegidos diez nuevos generales: Conón, Diomedonte,
-León, Pericles, Erasínides, Aristócrates, Arquéstrato, Protómaco,
-Trasilo y Aristógenes. Al ver Alcibíades que el ejército está también
-indispuesto contra él, toma una trirreme y se retira a su castillo del
-Quersoneso.</p>
-
-<p>Sale en seguida Conón de Andros con sus veinte naves, y se
-dirige a Samos para tomar el mando de la flota<a id="FNanchor_53"
-href="#Footnote_53" class="fnanchor">[53]</a>, según el decreto de los
-atenienses. Para sustituir a Conón envían a Andros con cuatro naves a
-Fanóstenes, quien encontrando dos trirremes turias, se apodera de ellas
-con su equipaje; los atenienses encadenan a todos los prisioneros,
-excepto a Dorieo, su jefe, natural de Rodas, quien prudentemente había
-tenido que huir de Rodas y de Atenas para evitar la pena de muerte
-pronunciada contra él y contra sus parientes por los atenienses, y
-había adquirido después el derecho de ciudadano en Turios; túvose
-compasión de él y se le soltó sin exigirle siquiera rescate.</p>
-
-<p>Al llegar a Samos encuentra Conón la flota en completo desorden;
-consigue arreglar setenta trirremes, en lugar de más de ciento a que
-ascendía aquella anteriormente; se hace a la vela, seguido de los otros
-generales, y hace desembarcos en varios puntos del territorio enemigo,
-que entrega al saqueo.</p>
-
-<p>Así termina este año, en el cual los cartagineses invaden Sicilia
-con ciento veinte trirremes y un ejército de tierra de ciento veinte
-mil hombres;<span class="pagenum" id="Page_26">p. 26</span> vencidos
-primeramente en un combate, consiguen más tarde apoderarse por hambre
-de Agrigento, después de un sitio de siete meses.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch1_6">
- <h3>CAPÍTULO VI.</h3>
-</div>
-
-<p>Al año siguiente<a id="FNanchor_54" href="#Footnote_54"
-class="fnanchor">[54]</a>, en el que se observó un eclipse
-de luna por la noche<a id="FNanchor_55" href="#Footnote_55"
-class="fnanchor">[55]</a> y se quemó el antiguo templo de Minerva
-en Atenas, siendo éforo Pitias y Calias arconte en Atenas, los
-lacedemonios envían a Calicrátidas para sustituir a Lisandro en el
-mando de la armada, puesto que su magistratura acababa de expirar al
-mismo tiempo que terminaba el vigesimocuarto año de la guerra. Al
-entregarle las naves, dice Lisandro a Calicrátidas se las entrega
-después de haber sido declarado rey del mar<a id="FNanchor_56"
-href="#Footnote_56" class="fnanchor">[56]</a> y después de haber
-vencido en un combate naval; pero aquel le replica debe primeramente
-abordar a Éfeso, costear por el lado izquierdo la isla de Samos, donde
-estacionan las naves atenienses, y entregarle en Mileto el mando de
-la flota para que le reconozca acreedor a dicho título de rey del
-mar. Contéstale Lisandro que le importa poco todo eso siendo otro el
-jefe; y entonces Calicrátidas, añadiendo a las naves que ha recibido
-de Lisandro otras cincuenta,<span class="pagenum" id="Page_27">p.
-27</span> entregadas por Quíos, Rodas y otros países aliados, reúne la
-flota entera, en número de ciento cuarenta embarcaciones, y se prepara
-para arrojarse sobre el enemigo. Habiendo sabido que los amigos de
-Lisandro principian a hablar mal de él y que no solo no cumplen su
-deber con todo el celo posible, sino que esparcen rumores calumniosos
-por las ciudades, entre otros el de que se comete gran yerro al
-cambiar los jefes de la armada, con lo cual se exponen a entregarla
-a hombres sin talento, sin conocimiento de las cosas marítimas y de
-la táctica debida con sus subordinados, y que, al enviar gente sin
-experiencia y desconocida en aquellos países, corren grave peligro de
-atraerse grandes desgracias, reuniendo Calicrátidas en asamblea a los
-lacedemonios presentes, les dice:</p>
-
-<p>—«Me es completamente indiferente permanecer en mi casa, y si
-Lisandro u otro cualquiera cree ser más perito que yo en la marina,
-nada tengo que oponer. Pero como he recibido del estado el mando de la
-flota, no puedo hacer otra cosa que ejecutar lo mejor que pueda las
-órdenes que me han dado. En cuanto a vosotros, sin perder de vista el
-objeto que yo ambiciono y las acusaciones que se dirigen a nuestra
-patria y que sabéis tan bien como yo mismo, quiero que me aconsejéis
-lo que os parezca mejor, entre quedarme aquí o regresar a Esparta para
-anunciar lo que sucede en la armada.»</p>
-
-<p>No atreviéndose nadie a manifestar otra cosa sino que debía obedecer
-las órdenes de Esparta y realizar aquello para que ha sido nombrado,
-dirigiéndose a Ciro le pide dinero para pagar a sus soldados. Ruégale
-este aguarde dos días, por lo cual, irritado<span class="pagenum"
-id="Page_28">p. 28</span> Calicrátidas por la demora y por las
-antesalas que debía hacer para verle, dice que los griegos son muy
-desgraciados por tener que hacer la corte a los bárbaros en súplica de
-dinero; y añade que si consigue volver salvo a su patria, hará cuanto
-pueda para reconciliar a los atenienses con los espartanos. Después
-de esto se hace a la vela para Mileto, desde donde envía algunas
-trirremes a Lacedemonia en busca de dinero, y convocando a consejo a
-los milesios, les dice:</p>
-
-<p>—«Mi deber, oh milesios, me obliga a obedecer a los magistrados de
-mi país, y espero de vosotros mostréis el mayor celo posible para la
-guerra, puesto que situados en medio de los bárbaros, habéis tenido
-que sufrir mucho de ellos; es preciso, pues, deis el ejemplo a los
-demás aliados, a fin de que podamos hacerles cuanto antes el mayor
-daño posible, hasta que regresen los que he enviado a Lacedemonia en
-busca de dinero, puesto que Lisandro a su marcha entregó a Ciro, como
-cosa superflua, cuanto le quedaba, y este me ha despedido sin darme
-nada cada vez que me he presentado a él, por lo cual no he podido
-decidirme a esperar eternamente en su antecámara. Os prometo, sin
-embargo, daros proporcionadas muestras de reconocimiento a las ventajas
-que alcancemos sobre los bárbaros, mientras estamos aguardando lleguen
-aquellos fondos; y con la ayuda de los dioses mostrémosles que no
-tenemos necesidad de lisonjear a nadie para poder vengarnos de nuestros
-enemigos.»</p>
-
-<p>Después de estas palabras levantáronse algunos, principalmente
-aquellos a quienes se acusaba de ser sus adversarios y a los cuales el
-miedo incita a<span class="pagenum" id="Page_29">p. 29</span> indicar
-los medios para proveerse de dinero y a ofrecerse ellos mismos para
-proporcionar alguna cantidad. Con ayuda de este dinero y del de Quíos,
-da Calicrátidas cinco dracmas a cada marinero para la travesía, y se
-dirige a Metimna, en Lesbos, ciudad aliada de los atenienses. Rehusando
-entregarse los metimneos, pues tenían una guarnición ateniense y sus
-principales habitantes eran de este partido, sitia la ciudad y la toma
-a viva fuerza. Saquean los soldados cuantas riquezas encuentran; pero
-hace reunir Calicrátidas en la plaza pública todos los esclavos, y
-aunque querían los aliados fuesen vendidos también los ciudadanos de
-Metimna, declara que mientras tenga él el mando se opondrá con todas
-sus fuerzas a que ningún griego sea reducido a la esclavitud. Da
-libertad al día siguiente a la guarnición ateniense y a los ciudadanos,
-y hace vender a todos los esclavos de que se habían apoderado. Hace
-decir también a Conón que pronto le impedirá ser el favorito de la mar;
-y viendo se hace a la vela al clarear el día, le persigue y le corta el
-camino de Samos para que no pueda refugiarse allí.</p>
-
-<p>Huye Conón con sus naves, que eran muy veleras, puesto que había
-escogido en sus numerosos equipajes a los mejores remeros y los
-había colocado en un pequeño número de naves, y se refugia con
-dos de los diez generales, Erasínides y León<a id="FNanchor_57"
-href="#Footnote_57" class="fnanchor">[57]</a>, a Mitilene, ciudad de
-Lesbos. Calicrátidas entra persiguiéndole al mismo tiempo que él en
-el puerto con ciento setenta naves. Prevenido, pues, Conón en<span
-class="pagenum" id="Page_30">p. 30</span> sus intenciones por los
-enemigos, vese obligado a librar un combate naval ante el puerto, en el
-que pierde treinta naves; la tripulación huye a tierra, y las cuarenta
-naves restantes, llevadas a remolque, son puestas en seco junto a
-los muros de la ciudad. Calicrátidas ancla en el puerto, bloquea al
-enemigo, guardando la entrada de aquel, y hace acudir por tierra gran
-cantidad de metimneos y las tropas de Quíos; recibe asimismo el dinero
-de Ciro.</p>
-
-<p>Sitiado por mar y por tierra Conón, y no pudiendo procurarse los
-víveres en parte alguna, con gran cantidad de gente que mantener en
-la población y sin recibir auxilio alguno de los atenienses, puesto
-que ignoraban lo que ocurría, echa al agua sus dos mejores naves;
-equípalas antes del día marcado con los mejores remeros de la flota;
-hace bajar al fondo de la nave a los marinos, y para ocultarlos hace
-correr las telas de la cubierta<a id="FNanchor_58" href="#Footnote_58"
-class="fnanchor">[58]</a>. Así se hace durante el día, y por la noche,
-cuando oscurece, los hace bajar a tierra a fin de que su maniobra
-pasase desapercibida al enemigo. Al quinto día, después de haberse
-aprovisionado de todo lo necesario, esperan hasta mediodía, y estando
-entonces descuidadas las guardias y aun algunos centinelas dormidos,
-salen del puerto, dirigiéndose un navío al Helesponto y el otro a la
-alta mar. Salen en seguida en su persecución; cada cual se coloca donde
-puede, córtanse las amarras, despiertan, y en tumulto procuran armarse
-en el mismo lugar en que acababan<span class="pagenum" id="Page_31">p.
-31</span> de comer; embárcanse y se arrojan en persecución de la
-nave que había ganado la altura; alcánzanla al ponerse el sol, y se
-apoderan de ella después de un combate, remolcándola con su tripulación
-hacia el resto del ejército. Pero la que había huido en dirección al
-Helesponto burla la persecución y llega a Atenas, donde lleva la nueva
-del bloqueo. Llega Diomedonte al canal de Mitilene con doce naves en
-auxilio de Conón, pero echándose sobre él de improviso Calicrátidas, le
-toma diez de sus naves, y Diomedonte consigue escapar con otra nave y
-la suya.</p>
-
-<p>Los atenienses, al saber cuanto ha ocurrido, decretan un socorro
-de ciento diez naves, en las que embarcan a todo el que está en edad
-de soportar el peso de las armas, así esclavos como libres; equípase
-esta tropa en treinta días, después de los cuales se hace a la vela,
-habiéndose también embarcado en ella una numerosa caballería. Dirígense
-primero a Samos, donde se les reúnen diez naves samias; júntanseles
-también más de treinta naves de otras comarcas aliadas, a cuyos
-habitantes en masa obligan a embarcarse, y recogen también cuantas
-naves tenían desparramadas en varios sitios, con lo cual se eleva el
-número total de esta flota a más de ciento cincuenta embarcaciones.</p>
-
-<p>Calicrátidas, al saber que la flota de socorro está en Samos, deja
-en Mitilene cincuenta naves al mando de Eteónico, y se hace a la vela
-con las otras ciento veintiuna en la isla de Lesbos, junto al cabo
-Malea<a id="FNanchor_59" href="#Footnote_59" class="fnanchor">[59]</a>,
-que está frente a Mitilene. Dio la casualidad<span class="pagenum"
-id="Page_32">p. 32</span> que los atenienses cenaban aquel mismo
-día en las islas Arginusas, que están situadas muy cerca de Lesbos.
-Distinguiendo Calicrátidas los fuegos durante la noche, y habiendo
-averiguado eran de los atenienses, leva anclas a media noche para caer
-sobre ellos de improviso, pero sobreviene fuerte lluvia y truenos que
-le impiden aguantar la mar. Disipada la tormenta al comenzar el día,
-se hace a la vela en dirección a las Arginusas; avanzan inmediatamente
-los atenienses a su encuentro, teniendo a su frente el ala izquierda y
-en este orden: Aristócrates en la extrema izquierda con quince naves,
-y luego con otras quince Diomedonte; Pericles<a id="FNanchor_60"
-href="#Footnote_60" class="fnanchor">[60]</a> sigue a Aristócrates, y
-Erasínides a Diomedonte; detrás de este están los samios con diez naves
-formados en una sola línea y mandados por un samio llamado Hipeo, y
-seguidos inmediatamente de las diez naves de los tribunos ordenadas
-también en una sola línea; seguían después las tres trirremes de los
-comandantes y el resto de la flota aliada; a la cabeza del ala derecha
-está Protómaco con quince naves, y después Trasilo con otras quince.
-Apoyan al primero Lisias con un número igual de naves, y Aristógenes a
-Trasilo. Habían escogido este orden de batalla a fin de impedir forzara
-el enemigo sus líneas, pues sus buques eran mejores.</p>
-
-<p>Las trirremes lacedemonias se habían colocado frente a frente
-dispuestas en fila y preparándose a forzar la línea enemiga para
-atacarla por la retaguardia, siendo más ligeros en la maniobra:
-Calicrátidas mandaba el ala derecha. Hermón de Mégara,<span
-class="pagenum" id="Page_33">p. 33</span> su lugarteniente, le indicó
-que no haría mal en retirarse, ya que las trirremes atenienses eran
-superiores en número, a lo cual contestaba Calicrátidas que su muerte
-no sería gran desgracia para Esparta, mientras que la huida sería
-una deshonra. Comienza en seguida el combate, que dura largo tiempo,
-primero estando muy apretadas las naves, después muy diseminadas.
-Arrojado al mar Calicrátidas en un choque de su nave, no vuelve
-a aparecer. Protómaco y los suyos del ala derecha, derrotan a la
-izquierda de los lacedemonios, quienes principian a acentuar su fuga,
-unos a Quíos y la mayor parte a Focea; los atenienses regresan a las
-Arginusas. Las pérdidas de estos habían sido de veinticinco naves con
-su tripulación, fuera de algunos que habían alcanzado la costa; las de
-los peloponesios fueron de nueve naves espartanas, sobre diez que eran,
-y más de sesenta de los aliados.</p>
-
-<p>Los generales atenienses deciden encargar a los comandantes
-Terámenes y Trasíbulo, y a algunos tribunos, vayan con cuarenta y
-siete trirremes en busca de las naves naufragadas y de los hombres de
-a bordo, mientras que ellos, con el resto de la flota, se dirigirán
-al encuentro de las naves ancladas en Mitilene bajo las órdenes de
-Eteónico. El viento y un violento temporal les impide realizar tales
-propósitos, por lo cual permanecen allí mismo y erigen un trofeo.
-Recibe Eteónico la noticia del combate por medio de una nave de
-transporte; despídela en seguida, ordenando a los de la tripulación
-retrocedan sin ruido y sin comunicar con nadie y avancen poco después
-hacia la flota coronados y gritando que Calicrátidas ha ganado la
-batalla y que<span class="pagenum" id="Page_34">p. 34</span> ha
-perecido toda la escuadra ateniense. Así lo hacen, y él, inmediatamente
-después de su regreso, ofrece sacrificios por tan feliz nueva, y ordena
-al mismo tiempo a los soldados tomen el almuerzo y a los comerciantes
-coloquen con sigilo sus mercancías en las naves a fin de dirigirse a
-Quíos, ya que el viento es favorable, y salgan detrás de ellos las
-trirremes, y recoge asimismo las tropas en Metimna, después de haber
-incendiado los campamentos. Conón, al ver en fuga a los enemigos y
-soplando un viento favorable, hace botar al agua sus naves y se dirige
-al encuentro de los atenienses, que habían ya abandonado las Arginusas,
-participándoles la estratagema de Eteónico. Prosiguen los atenienses su
-marcha hasta Mitilene; de allí se dirigen a Quíos, y luego se vuelven a
-Samos sin haber realizado hecho alguno importante.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch1_7">
- <h3>CAPÍTULO VII.</h3>
-</div>
-
-<p>Excepto Conón, al cual añaden Adimanto y Filocles, son depuestos
-en Atenas todos los generales<a id="FNanchor_61" href="#Footnote_61"
-class="fnanchor">[61]</a>. Dos de ellos que habían asistido al
-combate naval, Protómaco y Aristógenes, no regresan a dicha
-ciudad; pero así que los otros seis, Pericles, Diomedonte, Lisias,
-Aristócrates, Trasilo y Erasínides llegan a ella, Arquedemo, demagogo
-y distribuidor del dióbolo<a id="FNanchor_62" href="#Footnote_62"
-class="fnanchor">[62]</a>,<span class="pagenum" id="Page_35">p.
-35</span> propone una multa contra Erasínides, a quien acusa ante
-el tribunal de haberse apoderado en el Helesponto de cantidades que
-pertenecían al pueblo; acúsale igualmente por su mala gestión como
-general, y el tribunal decreta el arresto de Erasínides. Los generales
-dan después en la asamblea explicaciones sobre el combate naval y
-sobre la violencia de la tempestad. Diciendo Timócrates que era
-preciso encarcelarlos y conducirlos a la barra, la asamblea los hace
-prender. Verifícase después una asamblea, en la que Terámenes, entre
-otros, acusa vivamente a los generales; dice es de justicia expliquen
-el motivo por el que no han recogido los náufragos, y lee una carta
-en la que se disculpan únicamente con la tempestad para probar que
-aquellos no alegan otra excusa. Cada general se defiende después en
-pocas palabras, puesto que no se les concede el tiempo que les dan
-las leyes, y relatan cuanto ha sucedido: mientras que ellos mismos se
-hacían a la vela contra el enemigo, han confiado el cuidado de recoger
-los náufragos a comandantes capaces y que habían sido ya generales,
-Terámenes, Trasíbulo y otros de igual categoría. Si es, pues, preciso
-acusar a alguien a causa de esto, únicamente debe inculparse a los
-que de esta comisión fueron encargados; «y sin embargo —añaden—, la
-acusación no nos conducirá a mentir y a pretender sean ellos culpables,
-puesto que la violencia de la tempestad es la única que ha impedido
-recoger los muertos». En apoyo de<span class="pagenum" id="Page_36">p.
-36</span> esta declaración producen el testimonio de los pilotos y
-otros muchos que formaban parte de la expedición. Persuaden con esto al
-pueblo, y levantáronse muchos particulares que se ofrecen como caución;
-decrétase, pues, dejar el asunto para la próxima asamblea, ya que era
-una hora muy avanzada y no podían verse las manos al votar. Mientras
-tanto, debiendo el senado ocuparse primeramente de este asunto, se
-propondrá al pueblo la conducta que debe seguirse al juzgar a los
-procesados.</p>
-
-<p>Sobrevienen las Apaturias<a id="FNanchor_63" href="#Footnote_63"
-class="fnanchor">[63]</a>, durante las cuales se reúnen los parientes
-y aliados entre sí. Terámenes y sus partidarios preparan una multitud
-de individuos vestidos de negro y con la cabeza afeitada a fin de que
-comparezcan ante la asamblea como parientes de los muertos en aquel
-combate, y persuaden a Calíxeno para que acuse a los generales en el
-senado. Hacen convocar en seguida una asamblea, en la cual, por boca de
-Calíxeno, da el senado su decisión:</p>
-
-<p class="mt1">«Habiendo sido oídas en la asamblea precedente así la
-acusación como la defensa de los generales, se llama a votar a todo
-ateniense en su propia tribu; se dispondrán dos urnas para cada una de
-estas, y un heraldo publicará en la suya respectiva que todos los que
-consideren fundamentada la culpabilidad de los generales deben votar
-en la primera, y los que no lo consideren así, en la segunda. Si son
-declarados culpables, serán castigados a muerte y entregados a los
-Once, confiscados sus bienes y<span class="pagenum" id="Page_37">p.
-37</span> consagrado el décimo a la diosa Minerva Atenea.»</p>
-
-<p class="mt1">Comparece entonces un hombre ante la asamblea, diciendo
-se ha salvado sobre un tonel de harina, y que los que perecían le
-encargaron anunciara al pueblo, si se salvaba, que los generales
-no recogieron a los valientes que habían combatido por la patria.
-Sin embargo, Euriptólemo, hijo de Pisianacte y algunos otros, hacen
-presente que Calíxeno ha leído un decreto contrario a las leyes;
-algunos de los del pueblo les aplauden, pero la mayor parte grita,
-que es muy extraño no se deje hacer al pueblo lo que quiera. Hace
-uso entonces de la palabra Licisco, para decir que debe condenarse a
-los perturbadores a iguales penas que a los generales, si no dejan
-en reposo a la asamblea; con lo cual principia de nuevo el tumulto,
-y por fin tiene que retirarse aquella proposición. Algunos pritanos
-afirman que no consentirán se vote en contra de las leyes, y Calíxeno
-sube de nuevo a la tribuna y repite la acusación antes formulada;
-gritan otros que es preciso acusar también a los que sean de opuesto
-parecer, y sobrecogidos de miedo los pritanos, consienten todos en que
-tenga lugar la votación, fuera de Sócrates el hijo de Sofronisco, que
-da su voto contrario, diciendo no hará nunca nada contra las leyes<a
-id="FNanchor_64" href="#Footnote_64" class="fnanchor">[64]</a>.
-Después de todo esto, sube a la tribuna Euriptólemo, y en favor de los
-generales, dice lo siguiente:</p>
-
-<p class="mt1">«Atenienses: Subo a la tribuna para acusar en algunos
-puntos y para defender en otros a Pericles,<span class="pagenum"
-id="Page_38">p. 38</span> mi pariente y aliado, y a Diomedonte, mi
-amigo, así como para daros el consejo que me parece de más utilidad
-para la patria. Acuso a estos generales porque se opusieron a sus
-colegas, cuando querían anunciar por medio de una comunicación al
-consejo y al pueblo, que habían encargado a Terámenes y a Trasíbulo
-recogiesen los náufragos con cuarenta y siete trirremes, y que estos no
-lo habían hecho. Ahora comparten en común el peso de la falta que ha
-sido cometida por algunos pocos, y en cambio de su filantropía pasada
-corren el riesgo de sucumbir por una intriga de los culpables y de sus
-enemigos. Pero no será esto así, si puedo convenceros para que obréis
-conforme a justicia y según la religión, y para que procuréis averiguar
-la verdad de todo ello, a fin de no tener más tarde que arrepentiros
-y reconocer cometisteis una gran falta contra los dioses y contra
-vosotros mismos. Os aconsejo, pues, no os dejéis engañar ni por mí ni
-por nadie; que averigüéis quiénes son los culpables y les apliquéis el
-castigo que queráis, uno a uno o a todos de una vez; pero concededles,
-a lo menos, un día para defenderse, y no confiéis en nadie más que en
-vosotros mismos.</p>
-
-<p>»Atenienses, todos sabéis que el decreto de Canono<a
-id="FNanchor_65" href="#Footnote_65" class="fnanchor">[65]</a> es
-considerado como muy severo y que ordena se defienda cargado de
-cadenas ante el pueblo todo el que haya dañado a los atenienses, y
-que si es declarado culpable sea condenado a muerte y arrojado<span
-class="pagenum" id="Page_39">p. 39</span> al Báratro, confiscados
-sus bienes y el diezmo consagrado a la diosa. Pues bien, yo pido
-que por este decreto sean juzgados los generales, ¡y por Zeus<a
-id="FNanchor_66" href="#Footnote_66" class="fnanchor">[66]</a>! si os
-parece bien, antes que nadie mi pariente Pericles, pues gran deshonra
-sería para mí me interesara más por él que por el estado. Pero si
-no lo queréis así, juzgadles según la ley contra los sacrílegos y
-traidores, por la cual, todo el que haga traición al estado o robe
-algún objeto sagrado, debe ser juzgado ante el tribunal, y si es
-condenado no puede enterrársele en el Ática siéndole confiscados sus
-bienes. Sea cualquiera, pues, oh atenienses, la ley que prefiráis,
-juzgad separadamente a estos hombres, y dividid en tres partes la
-sesión: en la primera os reuniréis e indagaréis si son culpables o no;
-en la segunda tendrá lugar la acusación, y en la tercera la defensa.
-Gracias a esto, caerá el mayor castigo posible sobre los culpables,
-pero pondréis en libertad a los que no lo sean, y no perecerá, oh
-atenienses, ningún inocente<a id="FNanchor_67" href="#Footnote_67"
-class="fnanchor">[67]</a>.</p>
-
-<p>»En cuanto a vosotros, juzgad según la ley, y respetando los
-juramentos religiosos, tened cuidado de combatir, juntamente con los
-lacedemonios, a aquellos que les tomaron setenta naves y les vencieron
-por completo, al condenarles ilegalmente y sin forma de proceso.
-¿Qué teméis para apresuraros tanto? ¿Acaso no podéis condenar o dar
-la libertad, según<span class="pagenum" id="Page_40">p. 40</span>
-creáis conveniente, conforme a la ley y no contra ella, como lo quiere
-Calíxeno al persuadir al senado proponga al pueblo decida todo el
-asunto en una sola votación? Tened presente que de este modo podéis
-condenar a muerte a algún inocente, y que más tarde tendréis que
-arrepentiros de ello. Tanto más extraña sería vuestra conducta al
-pensar que Aristarco, después de haber cometido grandes excesos en
-Énoe<a id="FNanchor_68" href="#Footnote_68" class="fnanchor">[68]</a> y
-haber entregado esta ciudad a los tebanos, vuestros enemigos, obtuvo de
-vosotros un día para su defensa, como había pedido, y todo se realizó
-según prescribe la ley; y en cambio priváis de este mismo derecho a
-unos generales que han vencido por completo a los enemigos, después
-de haber obedecido siempre vuestras órdenes. Pero no, no lo haréis,
-atenienses; antes al contrario, vigilaréis por el cumplimiento de esas
-leyes que vosotros mismos habéis establecido y por las cuales habéis
-llegado a tan gran poderío, y no intentaréis jamás hacer nada contra lo
-que ellas establecen.</p>
-
-<p>»Remontaos hasta los mismos sucesos y a las circunstancias que
-han motivado la falta de los generales. Vencedores en la batalla
-naval, habían bajado otra vez a tierra; Diomedonte propone que todas
-las naves, diseminándose, vayan a recoger los náufragos y los restos
-de las naves; por el contrario, Erasínides pide que la flota entera
-se haga a la mar cuanto antes, para atacar al enemigo en Mitilene;
-Trasilo sostiene pueden conciliarse ambas opiniones dejando una parte
-de las naves en el lugar del combate y persiguiendo al enemigo con las
-restantes.<span class="pagenum" id="Page_41">p. 41</span> Prevalece
-este parecer; se decide que cada uno de los ocho generales deje tres
-naves de su sección, a las cuales se añadirán las diez de los tribunos,
-las diez de los samios y las tres de los navarcos<a id="FNanchor_69"
-href="#Footnote_69" class="fnanchor">[69]</a>: resultan entre todas
-cuarenta y siete; de modo que había cuatro naves por cada una de las
-doce que habían sido sumergidas. En el número de los tribunos puestos
-al frente de esta división se hallaban Trasíbulo y Terámenes, el que
-en la asamblea anterior acusó a los generales; el resto de la flota se
-hace a la vela contra los enemigos.</p>
-
-<p>»¿Qué encontráis en todo eso que no os parezca prudente y bien
-dispuesto? ¿Acaso no es justo que los jefes de la expedición rindan
-cuentas de cuantos yerros hayan cometido ante el enemigo, y que si los
-encargados de recoger los náufragos han dejado de ejecutar las órdenes
-de los generales, sean ellos traídos a juicio? Pero en favor de unos y
-otros, debo añadir que la tempestad impidió realizaran las órdenes que
-habían recibido de los generales. Como testigos presenciales tenéis a
-cuantos han conseguido salvarse, y entre estos a uno de los generales
-que escapó al naufragio de su navío, y que hoy quieren también envolver
-en la misma sentencia que debe darse contra aquellos que faltaron al
-cumplimiento de su deber, a pesar de haber necesitado él mismo de ese
-socorro. No queráis, pues, oh atenienses, conduciros en medio de la
-victoria y de la fortuna como harían los vencidos y los desgraciados:
-no imputéis a falta de previsión una desgracia inevitable<span
-class="pagenum" id="Page_42">p. 42</span> enviada por un dios, ni
-condenéis como traición la imposibilidad de obrar y de obedecer lo
-ordenado, a causa de la tempestad. Mucho más justo sería recompensar
-con coronas a los vencedores, que condenarles a muerte escuchando los
-consejos de hombres depravados.»</p>
-
-<p class="mt1">Después de decir estas palabras, propone Euriptólemo
-por escrito, sean juzgados separadamente los acusados, según la ley
-de Canono, a pesar de la propuesta del senado, de que fuesen todos
-sentenciados a la vez. Al votarse esta proposición, primeramente es
-adoptada, pero después de las solemnes protestas de Menecles, se
-procede a una segunda votación, y se aprueba lo propuesto por el
-senado, después de lo cual se condena a muerte a los ocho generales
-que habían tomado parte en el combate naval, y los seis presentes son
-ejecutados.</p>
-
-<p>No tardaron mucho tiempo los atenienses en arrepentirse, y
-decretaron se presentasen ante la asamblea cuantos procuraron engañar
-al pueblo, como culpables hacia el estado, debiendo prestar caución
-hasta ser juzgados. Uno de ellos era Calíxeno; otros cuatro son
-encausados con él y encarcelados por los mismos que prestaban caución
-por ellos; pero antes de ser juzgados pudieron escaparse en una
-revuelta en que pereció Cleofonte. Calíxeno volvió a Atenas con otros
-desterrados del Pireo; pero execrado por todos, pereció de hambre.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch2_1">
- <p><span class="pagenum" id="Page_43">p. 43</span></p>
- <h2 class="nobreak g1 mt15">LIBRO SEGUNDO.</h2>
- <hr class="tir" />
- <h3>CAPÍTULO PRIMERO.</h3>
-</div>
-
-<p>Los soldados de Eteónico que estaban en Quíos se alimentaron
-durante todo aquel verano<a id="FNanchor_70" href="#Footnote_70"
-class="fnanchor">[70]</a> con los frutos propios de la estación y con
-lo que produjeron los campos, que hicieron cultivar por mercenarios;
-pero cuando llegó el invierno y no tuvieron víveres y se hallaron
-desnudos y sin calzado, se conjuraron y resolvieron apoderarse por
-sorpresa de la ciudad de Quíos, conviniendo en que todos los que se
-asocien a este proyecto, lleven como bastón una caña para darse a
-conocer mutuamente. Instruido Eteónico de la conjuración, no sabe
-qué partido tomar, a causa del gran número de los portacañas: si se
-opone abiertamente, parecerá temer hagan uso de las armas, y una
-vez dueños de la ciudad y convertidos en enemigos, lo perdía todo
-al ser vencido, y por otra parte, el condenar a muerte a tan gran
-número<span class="pagenum" id="Page_44">p. 44</span> de aliados
-sería una iniquidad, y con ella correría evidentemente el riesgo de
-atraerse la enemistad de los demás griegos, y de perder su prestigio
-sobre los soldados. Tomando, pues, consigo quince hombres armados de
-puñales, recorre la ciudad, y encontrando a un individuo que enfermo
-de la vista salía de casa del médico llevando una caña, le mata.
-Prodúcese con esto gran tumulto; todos preguntan por qué ha sido
-muerto este hombre, y Eteónico hace pregonar entonces que no ha sido
-por otra cosa más que por llevar en la mano una caña. Así que se hizo
-este pregón, arrojan las cañas cuantos las traían, y todo el que lo
-ha oído teme que le hayan visto con ella en la mano. Reúne en seguida
-Eteónico a los habitantes de Quíos, y les invita a que le proporcionen
-dinero para que recibiendo los soldados su paga, no intenten contra
-ellos ninguna novedad. Entréganle el dinero pedido, y da la señal para
-embarcarse. Recorre entonces todas las naves, una por una, y prodiga
-las exhortaciones y los halagos como si nada supiese de lo ocurrido,
-dando luego a cada cual la paga de un mes.</p>
-
-<p>Después de estos sucesos los habitantes de Quíos y
-los demás aliados<a id="FNanchor_71" href="#Footnote_71"
-class="fnanchor">[71]</a> se reúnen en Éfeso y decretan se envíen
-diputados a Lacedemonia pidiendo regrese Lisandro para ponerse al
-frente de la flota, puesto que había sabido congraciarse los aliados
-en su anterior jefatura, sobre todo después de haber vencido en el
-combate naval de Notio. Salen los diputados, y con ellos algunos
-mensajeros encargados<span class="pagenum" id="Page_45">p. 45</span>
-por Ciro para presentar la misma súplica. Los lacedemonios mandan como
-segundo jefe a Lisandro, pero como general de la flota a Áraco, pues
-sus leyes se oponen a que una misma persona desempeñe dos veces aquel
-cargo; confíanse, sin embargo, las naves a Lisandro al terminar el
-vigesimoquinto año de la guerra.</p>
-
-<p>Durante este mismo año Ciro hizo perecer a Autobesaces y a Mitreo,
-hijos ambos de la hermana de Darío e hija de Artajerjes, padre de
-aquel<a id="FNanchor_72" href="#Footnote_72" class="fnanchor">[72]</a>;
-porque hallándose un día a su paso no habían ocultado sus manos en las
-mangas del traje, lo cual no se hace más que para el rey, pues siendo
-la manga más larga que la mano, cuando esta está oculta por aquella,
-nada malo puede intentarse. Hierámenes y su mujer dicen a Darío que es
-indigno permita tanta osadía en Ciro, y fingiendo hallarse enfermo le
-manda llamar.</p>
-
-<p>Al año siguiente<a id="FNanchor_73" href="#Footnote_73"
-class="fnanchor">[73]</a>, siendo éforo Arquitas y Alexio arconte
-en Atenas, llega Lisandro a Éfeso y hace venir de Quíos a Eteónico
-con sus naves; y reuniendo las demás que se hallaban estacionadas
-en distintos parajes, las hace recomponer y manda construir otras
-en Antandro. Después se dirige a Ciro pidiéndole dinero, quien le
-contesta ha gastado ya más de las cantidades que ha recibido del rey;
-y después de mostrarle lo que ha dado a cada uno de los jefes de la
-armada, le entrega lo que pide. Establece con este dinero Lisandro
-comandantes<span class="pagenum" id="Page_46">p. 46</span> en las
-naves, y paga el sueldo que se debe a los marineros. Por su parte los
-generales atenienses equipan en Samos su flota.</p>
-
-<p>Ciro envía un mensajero a Lisandro, pues le ha llegado un
-correo anunciándole que su padre está enfermo en Tamneria de
-Media, junto a los cadusios<a id="FNanchor_74" href="#Footnote_74"
-class="fnanchor">[74]</a>, contra los cuales dirigía una expedición, y
-le manda llamar. Al llegar Lisandro, le prohibe librar combate a los
-atenienses sin tener mayor número de naves, pues tanto el rey como él
-mismo poseen bastante dinero para armar en regla una flota con este
-objeto. Muéstrale al mismo tiempo los tributos pagados por las ciudades
-que le pertenecen, le da el dinero restante, y después de recordarle
-su particular afecto hacia los lacedemonios y hacia él mismo, marcha a
-reunirse con su padre.</p>
-
-<p>Gracias al dinero que le ha dado Ciro al partir para donde se
-halla enfermo su padre, paga Lisandro al ejército y se hace a la vela
-en dirección al golfo Cerámico de Caria; ataca a Cedreas, ciudad
-aliada de los atenienses, tómala por asalto al siguiente día y reduce
-a la esclavitud a sus habitantes, que en gran parte eran bárbaros,
-dirigiéndose después a Rodas. Los atenienses, al partir de Samos,
-saquean el territorio del rey y se dirigen hacia Quíos y Éfeso,
-preparándose al combate: a los generales con mando añaden Menandro,
-Tideo y Cefisódoto. Mientras tanto dirígese Lisandro desde Rodas al
-Helesponto, costeando Jonia, así para asegurar libre paso a las naves,
-como para reducir a<span class="pagenum" id="Page_47">p. 47</span>
-su deber a las ciudades que se habían emancipado. Los atenienses,
-dejando Quíos, se dirigen a la alta mar, pues las costas de Asia les
-eran enemigas. Lisandro, partiendo de Abido, se apodera de Lámpsaco,
-aliada de los atenienses, y al ir costeando se le juntan los habitantes
-de Abido bajo el mando del lacedemonio Tórax; sitian la ciudad, se
-apoderan de ella por asalto, y los soldados saquean todas las riquezas,
-de que está bien provista, así de vino y trigo como de toda otra clase
-de provisiones. Lisandro deja en libertad a todos los ciudadanos de
-ella.</p>
-
-<p>Los atenienses, que seguían su pista, fondean en Eleunte del
-Quersoneso con ciento ochenta naves; mientras están comiendo reciben
-la nueva de cuanto ha sucedido en Lámpsaco y se dirigen inmediatamente
-a Sesto, de donde, después de aprovisionarse, se hacen a la vela de
-dirección a Egospótamos, frente a frente de Lámpsaco, cuyo lugar dista
-del Helesponto unos quince estadios, y cenan allí.</p>
-
-<p>A la mañana siguiente y al clarear el alba, da Lisandro la
-señal para que se embarquen las tropas, que acababan de almorzar,
-disponiéndolo todo para el combate; hace colocar unas bandas a modo
-de barreras a los lados de las naves, y prohibe que nadie abandone su
-puesto en el buque. Al salir el sol van a colocarse los atenienses en
-orden de batalla delante del puerto, enfrente del enemigo; pero no
-moviéndose Lisandro y comenzando a hacerse tarde, se retiran de nuevo
-a Egospótamos. Ordena Lisandro sigan a los atenienses las naves más
-veleras, y vuelvan así que hayan observado lo que hacen los atenienses
-al desembarcar; mientras están ausentes<span class="pagenum"
-id="Page_48">p. 48</span> esas naves, no permite que nadie abandone su
-puesto, y lo mismo hace durante cuatro días seguidos, en los cuales los
-atenienses vienen a presentarle combate.</p>
-
-<p>Al ver Alcibíades desde sus muros<a id="FNanchor_75"
-href="#Footnote_75" class="fnanchor">[75]</a> a los atenienses anclados
-junto a la playa, lejos de toda ciudad y teniendo que hacer venir por
-mar los víveres desde Sesto, distante quince estadios de su estación
-naval, mientras que el enemigo está en el puerto y junto a una ciudad
-en la cual se encuentra todo lo necesario, díceles no han fondeado en
-puerto a propósito, y les exhorta a que se sitúen delante de Sesto, en
-las cercanías de un puerto y de una ciudad. «Allí —les dice— podréis
-librar combate cuando queráis.» Los generales, principalmente Tideo
-y Menandro, le envían noramala, pues no es él el general, sino los
-que han sido elegidos para este cargo, y él se retira. Al quinto día
-de presentar batalla los atenienses, da Lisandro a sus subordinados
-instrucciones para que cuando vean en tierra y dispersos en busca de
-víveres y provisiones a los atenienses y divertidos en mofarse de él,
-regresen inmediatamente y eleven desde lejos un escudo en los mástiles.
-Hácenlo así, y Lisandro manda dar la señal de partir, llevando consigo
-a Tórax y su infantería.</p>
-
-<p>Al ver Conón que se acerca el enemigo, hace dar la señal para
-que todo el mundo se embarque apresuradamente; pero los soldados
-se hallaban completamente diseminados, y en algunos buques<span
-class="pagenum" id="Page_49">p. 49</span> solo dos filas de remeros
-estaban ocupadas, en otros una, y algunos se hallaban completamente
-vacíos; únicamente la nave de Conón, con otras siete que estaban junto
-a ella y la <i>Páralos</i><a id="FNanchor_76" href="#Footnote_76"
-class="fnanchor">[76]</a>, consiguen la altura; todas las restantes
-son tomadas junto a la costa por Lisandro, quien se apodera además
-de la mayor parte de los soldados atenienses, consiguiendo solo unos
-pocos huir a las aldeas próximas. Conón, que había podido escapar con
-las nueve naves, viendo perdida la causa de Atenas, se detiene en el
-promontorio Abárnide de Lámpsaco, donde se apodera de las grandes velas
-de las naves de Lisandro, y con ocho naves se dirige a Evágoras de
-Chipre, mientras que la <i>Páralos</i> toma la dirección de Atenas para
-llevar la nueva de cuanto acaba de suceder.</p>
-
-<p>Lisandro conduce a Lámpsaco las naves, los prisioneros y todo lo
-restante de que se ha apoderado, así como algunos de los generales,
-entre otros Filocles y Adimanto. En este mismo día manda a Lacedemonia
-para que dé la nueva de su victoria, al pirata milesio Teopompo, quien
-emplea solo tres días en la travesía. Después de esto, reuniendo
-Lisandro a los aliados, les pide consejo respecto al destino que se
-ha de dar a los presos; numerosas acusaciones<span class="pagenum"
-id="Page_50">p. 50</span> se levantan contra los atenienses y contra
-los crímenes que han cometido o querían cometer, sobre todo el de
-cortar la mano derecha a los prisioneros si hubiesen vencido en el
-último combate, así como el de haber arrojado al mar a todos los
-tripulantes de dos trirremes, una de Corinto y otra de Andros, de
-que se habían apoderado; barbarie cometida por el general ateniense
-Filocles. Enuméranse además muchas otras quejas, y después se decide
-matar a todos los prisioneros atenienses, excepto Adimanto, por haber
-sido el único que se opuso al decreto de las manos cortadas, lo cual
-hizo que más tarde le acusasen en su patria de haber entregado las
-naves. Lisandro, después de haber pedido a Filocles qué castigo merecía
-el que había violado por primera vez las leves equitativas de Grecia,
-arrojando al mar a los de Andros y Corinto, le hace decapitar.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch2_2">
- <h3>CAPÍTULO II.</h3>
-</div>
-
-<p>Después de haber arreglado los asuntos de Lámpsaco, navega Lisandro
-hacia Bizancio y Calcedonia; recíbenle los habitantes y dejan en
-libertad, bajo la fe de los tratados, a las guarniciones atenienses.
-Entonces huyen al Ponto los que habían entregado a Alcibíades la
-ciudad de Bizancio, y más tarde se refugian en Atenas, donde se
-hacen ciudadanos. Lisandro manda a Atenas a todas las guarniciones
-y<span class="pagenum" id="Page_51">p. 51</span> a cuantos atenienses
-encuentra, dándoles salvoconducto solo para dicha ciudad, con la
-certidumbre de que cuanto mayor sea el número de los que se reúnan allí
-o en el Pireo, tanto más pronto se hará sentir la falta de víveres.
-Deja como gobernador lacedemonio en Bizancio y Calcedonia a Estenelao,
-y él regresa a Lámpsaco<a id="FNanchor_77" href="#Footnote_77"
-class="fnanchor">[77]</a>, donde hace reparar las averías de las
-naves.</p>
-
-<p>Llega a Atenas durante la noche, la <i>Páralos</i>; espárcese
-la noticia de la catástrofe, y los lamentos pasan del Pireo y de
-los grandes muros a la ciudad, al transmitirse de boca en boca la
-noticia; nadie duerme durante aquella noche, y los llantos son
-continuos, no solo por los que habían perecido, sino sobre todo porque
-comienzan a temer tendrán pronto que sufrir el mismo tratamiento que
-habían antes aplicado a los melios, colonia espartana que habían
-tomado a la fuerza, a los histieos, escioneos, toroneos, eginetas
-y a muchos otros griegos<a id="FNanchor_78" href="#Footnote_78"
-class="fnanchor">[78]</a>. Al día siguiente se reúne la asamblea y en
-ella se dispone se obstruyan todos los puertos, excepto uno solo, se
-reparen los muros, se establezcan guardias y, por fin, se tomen todas
-las medidas necesarias para poner a la ciudad en estado de sostener un
-sitio. Tal era su situación.</p>
-
-<p>Lisandro, partiendo del Helesponto con doscientas naves, llega a
-Lesbos, donde arregla el gobierno de las otras ciudades y de Mitilene,
-y envía diez<span class="pagenum" id="Page_52">p. 52</span> trirremes,
-bajo el mando de Eteónico, a las plazas de Tracia para someter aquel
-país a los lacedemonios. Después del combate naval, Grecia entera
-abandona a los atenienses, a excepción de los habitantes de Samos, los
-cuales, degollando a los notables, conservan la posesión de su ciudad.
-Lisandro hace saber después de esto a Agis y a Esparta que se pone en
-camino con doscientas naves.</p>
-
-<p>Levántanse en masa los lacedemonios y los demás peloponesios, a
-excepción de los argivos, por orden de Pausanias, uno de los dos reyes
-de Esparta. Reunidas las tropas, pónese a su frente Pausanias y acampa
-junto a Atenas, en el gimnasio de la Academia. Al llegar Lisandro a
-Egina, devuelve la ciudad a los eginetas, de los cuales había reunido
-gran número, y lo propio hace con los melios y restantes pueblos que
-habían sido desposeídos de sus poblaciones; después de lo cual, una vez
-devastada Salamina, fondea con ciento cincuenta naves junto al Pireo e
-impide la entrada a los buques que quieran dirigirse a este puerto.</p>
-
-<p>Sitiados por tierra y por mar los atenienses, sin saber qué
-resolver, careciendo de naves, de aliados y de víveres, imaginan,
-como único porvenir posible, el sufrir cuanto ellos habían realizado
-con las pequeñas ciudades aliadas de Esparta, no por venganza, sino
-únicamente por represalias. Por esto, rehabilitando a los que habían
-sido depuestos de sus honores, sufren valerosamente el sitio, y a
-pesar de los muchos que perecen de hambre, nadie se atreve a proponer
-la capitulación. Sin embargo, comenzando ya a faltar el trigo, mandan
-diputados a Agis proponiéndole una alianza, con la sola condición<span
-class="pagenum" id="Page_53">p. 53</span> de conservar los muros y el
-Pireo; pero aquel les dice que se dirijan a Esparta, por carecer él de
-poderes bastantes. Traen los diputados esta respuesta a los atenienses,
-y estos les envían a Lacedemonia; pero una vez llegados a Selasia,
-junto a las fronteras de Laconia, y al saber los éforos que lo que
-tienen orden de proponerles es lo mismo que habían indicado a Agis,
-ordénanles se retiren y que vuelvan, si desean la paz, después de una
-deliberación más prudente.</p>
-
-<p>De regreso en Atenas, anuncian los diputados al pueblo el resultado
-de su misión, y sobrecoge a todos la desesperación más profunda: cada
-cual se figura ya ser vendido como esclavo, y cree que hasta que se
-envíen nuevos diputados habrá tiempo bastante para que perezcan de
-hambre muchos ciudadanos; además no había nadie que se atreviera
-a proponer la demolición de los muros, puesto que por haber dicho
-Arquéstrato en el senado, que lo mejor que podía hacerse era ajustar
-la paz bajo las condiciones propuestas por los lacedemonios, que era
-la demolición de la grande muralla en una extensión de diez estadios
-en cada uno de sus recintos, fue preso, y había sido decretado además
-que no fuese permitido abrir discusión sobre este punto. Así las cosas,
-Terámenes dice en la asamblea que si quieren enviarle a Lisandro,
-averiguará de los lacedemonios si la condición de los muros es para
-esclavizar la ciudad o solo como garantía. Es enviado y aguarda junto
-a Lisandro más de tres meses, espiando el momento en que por la falta
-de víveres deberán aceptar los atenienses cuanto se les proponga. Por
-fin llega al cuarto mes, y anuncia en la asamblea que Lisandro<span
-class="pagenum" id="Page_54">p. 54</span> le ha detenido todo este
-tiempo y que después quería mandarle a Lacedemonia, pues no era dueño
-de hacer por sí lo que le pedían, por ser atribución de los éforos.
-Entonces se le manda en comisión a Lacedemonia con otros nueve
-más, con amplios poderes; por su parte Lisandro envía, entre otros
-lacedemonios, a Aristóteles, expatriado de Atenas, para anunciar a
-los éforos que había contestado a Terámenes que ellos eran los únicos
-que podían tratar de la paz y de la guerra. Al llegar Terámenes y los
-demás enviados a Selasia, son interrogados respecto al objeto de su
-venida, y al decir que tienen amplios poderes para tratar de la paz, los
-éforos mandan llamarles. Convócase una reunión cuando llegan, y en
-ella los corintios y principalmente los tebanos y otros muchos griegos
-manifiestan no debe tratarse con Atenas, sino arrasarla; pero los
-lacedemonios declaran que no reducirán a la esclavitud a una ciudad
-helénica que ha prestado los mayores servicios a los griegos en sus
-grandes calamidades; por lo cual se ajusta la paz bajo condición de
-demoler los grandes muros y las fortificaciones del Pireo, de entregar
-todas sus naves a excepción de doce, de admitir de nuevo a los
-desterrados y de reconocer por amigos o por enemigos a los que lo sean
-de Esparta, siguiéndola así por mar como por tierra a donde quiera.
-Llevan a Atenas estas condiciones Terámenes y sus colegas, y al entrar
-en la ciudad son rodeados por una inmensa multitud que temía verles
-volver sin haber alcanzado nada, pues no había ya medio para sostenerse
-más tiempo a causa del gran número de los que perecían de hambre.
-Al día siguiente hacen conocer los diputados las condiciones<span
-class="pagenum" id="Page_55">p. 55</span> bajo las cuales otorgan la
-paz los lacedemonios, y habla Terámenes declarando que es preciso
-someterse a todo y arrasar los muros. Algunos ciudadanos se levantan
-para oponerse, pero habiéndose declarado una fuerte mayoría en favor
-de aquella proposición, se acuerda aceptar la paz. Aborda entonces
-Lisandro al Pireo, entran los desterrados, son derruidos los muros
-con gran ardor al son de las flautas, y se considera este día como el
-primero de la libertad para Grecia.</p>
-
-<p>Así termina este año, a mitad del cual Dionisio de Siracusa, hijo de
-Hermócrates, se hace tirano, después de haber vencido los siracusanos
-a los cartagineses, que tomaron más tarde, sin embargo, Agrigento por
-hambre, una vez abandonada por los sicilianos.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch2_3">
- <h3>CAPÍTULO III.</h3>
-</div>
-
-<p>El año siguiente<a id="FNanchor_79" href="#Footnote_79"
-class="fnanchor">[79]</a>, en el cual tuvo lugar la olimpiada en
-que Crocinas de Tesalia ganó el premio del estadio, siendo Endio
-éforo en Esparta y arconte en Atenas Pitodoro, y que no cuentan
-los atenienses por haber sido elegido durante la dominación de los
-oligarcas, es el que llaman aquellos el año de la anarquía. Dicha
-oligarquía se estableció del siguiente modo: el pueblo decretó se
-eligieran<span class="pagenum" id="Page_56">p. 56</span> treinta
-personas que escribiesen las leyes patrias por las que debía gobernarse
-la república, y fueron elegidos Polícares, Critias, Melobio, Hipóloco,
-Euclides, Hierón, Mnesíloco, Cremón, Terámenes, Aresias, Diocles,
-Fedrias, Queréleo, Anecio, Pisón, Sófocles, Eratóstenes, Caricles,
-Onomacles, Teognis, Esquines, Teógenes, Cleómedes, Erasístrato, Fidón,
-Dracóntides, Éumates, Aristóteles, Hipómaco y Mnesítides. Después de
-esto vuélvese Lisandro a Samos con la flota, y Agis sale de Decelia
-con el ejército de tierra, dando licencia a cada división para que se
-vuelva a su país.</p>
-
-<p>En este mismo tiempo, y coincidiendo con un eclipse de sol, Licofrón
-de Feras, queriendo dominar en toda la Tesalia, derrota en una batalla
-a los laríseos y a los demás que se le oponen, matándoles mucha gente.
-En la misma época, Dionisio, el tirano de Siracusa, vencido en un
-combate por los cartagineses, pierde las ciudades de Gela y Camarina.
-Poco más tarde los leontinos que habitaban en Siracusa hacen decepción
-a su partido y se retiran a su ciudad, al propio tiempo que era enviada
-a Catana por Dionisio la caballería siracusana.</p>
-
-<p>Sitiados por todas partes los samios, y aunque no habían querido
-acceder primeramente a las proposiciones de Lisandro, se entregan
-cuando saben que había ordenado el asalto, a condición de que cada
-hombre libre pudiera salir de la ciudad con el traje que lleve
-puesto, pero abandonándoles todo lo restante, y así lo verifican.
-Lisandro entrega más tarde la ciudad y cuanto contiene a sus antiguos
-habitantes; establece en ella para su gobierno diez arcontes,
-licencia las naves de los aliados para su respectiva ciudad<span
-class="pagenum" id="Page_57">p. 57</span> y navega en dirección a
-Esparta con su flota, llevando consigo los espolones de las naves
-tomadas al enemigo, todas las trirremes del Pireo, menos doce, las
-coronas que le han regalado las ciudades, cuatrocientos cincuenta
-talentos que le quedaban de los tributos que para la guerra le había
-concedido Ciro, y todo lo restante que había ganado en esta campaña.
-Hace entrega de todo ello a los lacedemonios cuando termina el verano
-en que tuvo fin la guerra, después de haber durado veintiocho años y
-seis meses, durante los cuales fueron éforos los siguientes: el primero
-Enesias, bajo el cual principió la guerra, quince años después de la
-tregua de treinta años concertada después de la toma de Eubea; los
-restantes fueron Brásidas, Isanor, Sostrátidas, Exarco, Agesístrato,
-Angénidas, Onomacles, Zeuxipo, Pitias, Plístolas, Clinómaco, Ilarco,
-León, Quérilas, Patesiadas, Cleóstenes, Licario, Epérato, Onomantio,
-Alexípidas, Misgolaidas, Isias, Áraco, Evárquipo, Pantacles, Pitias,
-Arquitas y Endio, bajo el cual volvió Lisandro a su patria, después de
-haber realizado cuanto acabamos de referir.</p>
-
-<p>Son elegidos los Treinta al concluir de derribarse la gran muralla
-y las fortificaciones del Pireo, cosa que se hace con gran prisa;
-pero nombrados para redactar las leyes por las que debía gobernarse
-la república, difieren siempre para otro tiempo su composición
-y publicación, y mientras tanto organizan el senado y las demás
-magistraturas a medida de su deseo. Después hacen prender y condenan a
-muerte a cuantos eran tenidos bajo la forma democrática por vivir de
-las delaciones a expensas de todas las personas honradas; el senado
-les condena con gran<span class="pagenum" id="Page_58">p. 58</span>
-satisfacción, y no lo ven con pena todos aquellos a quienes nada
-semejante les reprocha su conciencia. Deliberan después respecto a los
-medios para gobernar la ciudad en completa libertad, y para esto envían
-a Esquines y a Aristóteles a Lacedemonia con el encargo de persuadir
-a Lisandro mande una guarnición hasta que se hallen desembarazados de
-los malos ciudadanos y hayan constituido el gobierno de la ciudad,
-obligándose a proveer a su mantenimiento. Dejándose aquel persuadir,
-consiguen se envíe allí la guarnición con el gobernador Calibio.</p>
-
-<p>Así que reciben la guarnición, tratan los atenienses a Calibio
-con todos los miramientos posibles, a fin de que apruebe este cuanto
-hagan, y habiendo puesto aquel a su disposición todos los soldados que
-necesiten, comienzan a prender, no solo a los malvados y a las personas
-de humilde clase, sino también a cuantos consideran poco dispuestos
-a tolerar las injusticias y a cuantos pueden reunir cierto número de
-partidarios para resistirles.</p>
-
-<p>En sus primeros tiempos, Critias y Terámenes tenían las mismas
-opiniones y estaban unidos por la amistad; pero como mostrara Critias
-gran ardor para hacer perecer a muchos, por haber sido antes desterrado
-por el pueblo, se le opuso Terámenes diciéndole no era justo condenar a
-muerte a los que gozaban de la estimación del pueblo y que ningún daño
-habían hecho a la gente honrada.</p>
-
-<p>—«Así tú como yo —añadió— hemos dicho y hecho muchas cosas para
-agradar al pueblo.»</p>
-
-<p>Pero Critias, que era aún íntimo de Terámenes, le contesta que no es
-posible dejar de deshacerse de personas capaces de oponer obstáculos a
-su dominación.</p>
-
-<p>—«Si crees que porque somos<span class="pagenum" id="Page_59">p.
-59</span> treinta y no uno solo, no debemos vigilar por nuestro mando
-como en una tiranía, eres muy inocente.»</p>
-
-<p>Sin embargo, habiéndose concertado públicamente mucha gente, a causa
-de la injusta muerte de varios ciudadanos, censurando los actos de este
-gobierno, Terámenes hace presente de nuevo, que la oligarquía será de
-corta duración si no se procura robustecerla con hombres versados en
-los negocios. Temiendo entonces Critias y los demás de los Treinta
-la influencia de Terámenes sobre los otros ciudadanos dispuestos a
-agruparse a su alrededor, forman una lista de tres mil individuos que
-deben asociárseles en la gestión de la república. Declara seguidamente
-Terámenes que esto le parecía muy absurdo, ante todo porque queriendo
-asociarse a todos los buenos ciudadanos, lo hacían solo con tres mil,
-como si este número debiera contener únicamente personas honradas,
-o bien como si fuera de estos tres mil no hubiese hombres celosos
-de las cosas públicas, o finalmente, como si no pudiesen entrar en
-este número algunos malvados. «Además —añade—, os veo hacer dos cosas
-enteramente opuestas: un gobierno violento y a la par más débil que
-los gobernados.» Eso dijo. Pero los Treinta, habiendo reunido en la
-plaza pública a los tres mil, convocando en otro lugar a los que
-no estaban incluidos en la lista, mandan a aquellos vayan a buscar
-sus armas, y una vez se han marchado, envían a sus soldados y a los
-ciudadanos que eran de su partido a recoger las armas de todos los
-que no constan en dicha lista, haciéndolas después transportar a la
-acrópolis y depositarlas en el templo. Hecho esto, y siéndoles ya<span
-class="pagenum" id="Page_60">p. 60</span> todo posible, condenan a
-muerte a muchos ciudadanos únicamente por enemistad y a otros por sus
-riquezas. Deciden asimismo, con objeto de tener con qué pagar a la
-guarnición, prenda cada uno de ellos a un meteco, y después de darle
-muerte le sean confiscados sus bienes. Mandan entonces a Terámenes que
-escoja el que bien le parezca; pero este contesta:</p>
-
-<p>—«No me parece honroso que aquellos que se tienen por los más
-excelentes ciudadanos puedan obrar con más injusticia que los
-delatores, porque estos a lo menos dejan la vida a aquellos a quienes
-quitan las riquezas, ¿y nosotros, sin que nos hayan dañado en lo más
-mínimo, condenaremos a muerte a esa gente para confiscarles su fortuna?
-¿Acaso no será más injusta esta conducta que la suya?»</p>
-
-<p>Los demás, al ver que Terámenes va a convertirse en un obstáculo a
-sus proyectos, le tienden toda clase de asechanzas y le calumnian ante
-cada uno de los senadores como si quisiera destruir el gobierno actual.
-Por fin incitan a algunos jóvenes, que les parecen suficientemente
-audaces, para que armados de puñales se dirijan con ellos al senado
-cuando esté reunido. Así que aparece Terámenes, se levanta Critias y
-dice:</p>
-
-<p class="mt1">«Senadores, si alguno de vosotros cree se han decretado
-más muertes de las que exigían las circunstancias, reflexione que en
-todas partes, durante las revoluciones, sucede lo mismo, y que aquellos
-que han establecido la oligarquía deben contar necesariamente con
-gran número de enemigos en una ciudad que es, no solo la más poblada
-de todas las de Grecia, sino también aquella en la que el pueblo
-ha disfrutado de libertad durante más tiempo. No ignoráis tampoco
-cuán duro<span class="pagenum" id="Page_61">p. 61</span> ha sido el
-gobierno democrático para con nosotros; así, como nunca el pueblo
-fue amigo de los lacedemonios que nos han salvado, mientras por el
-contrario pueden contar seguramente con la fidelidad de los mejores
-ciudadanos, establecimos de concierto con aquellos el actual gobierno
-y donde quiera que vemos un enemigo de la oligarquía, hacemos cuanto
-podemos para deshacernos de él. Pues bien: más justo aún nos parece
-que si alguno de nosotros mismos procura dañar al actual gobierno,
-sufra por ello la justa pena: eso es lo que hemos observado en
-Terámenes, aquí presente, que procura perdernos miserablemente con
-todas sus fuerzas. Fácilmente comprenderéis la verdad de lo que os
-digo, considerando que no puede hallarse quien critique y se oponga
-a nuestros planes, cuando queremos deshacernos de algún demagogo,
-como lo hace Terámenes. Si así hubiese pensado desde el principio, le
-tendríamos como enemigo, pero nadie podría considerarle como un hombre
-perverso. Él ha sido, sin embargo, el primero que trató de la alianza
-y amistad con Lacedemonia; él el primero que ha querido derribar la
-democracia; él quien nos invitó más vivamente a castigar con la última
-pena a los primeros acusados que fueron conducidos ante nosotros; y
-ahora que tanto yo como vosotros somos considerados como enemigos
-manifiestos del pueblo, no aprueba ya lo que se hace, sin duda para
-ponerse al abrigo y para dejarnos responsables de todas las culpas.</p>
-
-<p>»Por esto, no solo es preciso castigarle como un enemigo, sino como
-un traidor hacia todos nosotros. Y ciertamente es tanto más grave
-que la guerra la traición, cuanto más es difícil resguardarse<span
-class="pagenum" id="Page_62">p. 62</span> de los golpes invisibles que
-de los visibles, y tanto más odiosa, cuanto que puede tratarse con los
-enemigos y hacerse con ellos alianza, mientras que jamás puede tratarse
-ni tenerse la más mínima confianza con el que ha sido reconocido una
-vez por traidor. Con el objeto de que conozcáis que no es nueva para
-él esta manera de obrar, sino que es traidor por naturaleza, voy a
-recordaros algunos de sus actos anteriores.</p>
-
-<p>»Honrado en un principio a causa de su padre Hagnón, mostrose uno
-de los más fogosos para que se entregase la democracia en manos de los
-cuatrocientos, entre los cuales ocupó el primer lugar. Pero más tarde,
-habiéndose apercibido de que se había levantado gran oposición contra
-la oligarquía, fue también el primero en ponerse a la cabeza del pueblo
-contra aquellos, por lo cual recibió el apodo de <i>Coturno</i><a
-id="FNanchor_80" href="#Footnote_80" class="fnanchor">[80]</a>,
-porque este se ajusta del mismo modo a cualquiera de los pies. Es
-preciso, Terámenes, que el hombre digno no comprometa hábilmente a sus
-partidarios en empresas que abandone él mismo así que se presenta un
-obstáculo, sino que en cierto modo se halla sobre una nave y en ella
-debe trabajar hasta que sopla el viento favorable, porque si no, ¿cómo
-llegaría dicha nave a alcanzar el punto de destino si a cada obstáculo
-volvía hacia atrás?</p>
-
-<p>»Ciertamente son sangrientas todas las revoluciones; pero tú mismo,
-por tu facilidad en cambiar de partido, te has hecho cómplice así
-de la muerte de<span class="pagenum" id="Page_63">p. 63</span> los
-oligarcas que perecieron a manos del pueblo, como de la de aquellos
-demócratas condenados por el gobierno aristocrático. Este es el
-mismo Terámenes que habiendo recibido de los generales el encargo de
-recoger los cuerpos de los atenienses que habían naufragado en el
-combate naval junto a Lesbos, no solo no los recogió, sino que para
-salvarse acusó a los generales e hizo condenarles a muerte. Pero ¿cómo
-podríamos perdonar a un hombre ocupado únicamente en satisfacer su
-ambición, sin cuidarse en lo más mínimo ni del honor ni de sus amigos?
-¿Ni cómo no guardarnos de él, sabiendo sus repentinos cambios, para
-que no pueda hacer lo mismo con nosotros? Por esto acusamos a este
-hombre como conspirador y como procurando hacernos traición a todos.
-Reflexionad sobre esto, y veréis cuánta razón tenemos al formular
-esta acusación. Dícese que la mejor constitución de gobierno es la de
-los espartanos; pues bien, si entre ellos uno de los éforos procurase
-criticar al gobierno o hacer oposición a sus actos en vez de obedecer
-ciegamente las decisiones de la mayoría, ¿no creéis que así por los
-éforos como por todo el resto de la ciudad se le consideraría como
-merecedor del más grande castigo? Vosotros, pues, también, si queréis
-obrar con prudencia, no absolveréis en modo alguno a este, para poder
-conservaros vosotros, puesto que si le perdonáis aumentará el número y
-la audacia de vuestros adversarios, y si perece, en cambio, perderán
-las esperanzas cuantos le son afines en ideas, así dentro como fuera de
-la ciudad.»</p>
-
-<p class="mt1">Dicho esto, se sienta, y levantándose Terámenes,
-dice:</p>
-
-<p class="mt1">«Ciudadanos, debo ante todo recoger el último<span
-class="pagenum" id="Page_64">p. 64</span> cargo que se ha formulado
-contra mí. Dice Critias que he hecho perecer a los generales por
-haberlos acusado; pero no fui yo quien principió los ataques; ellos
-mismos fueron los que sostuvieron que a pesar de sus órdenes no
-recogí los desgraciados del combate de Lesbos. Defendime diciendo
-era imposible a causa de la tormenta aguantar la mar, y con mayor
-motivo recoger los cuerpos; la ciudad en masa aprobó mi defensa, y los
-generales parecieron acusarse a sí mismos, puesto que afirmaban era
-posible salvar a los soldados, y sin embargo al marchar con la flota
-habían preferido dejarles perecer.</p>
-
-<p>»Por lo demás, no me admiro de que me acuse Critias injustamente:
-cuando tenían lugar aquellos sucesos no estaba él presente, pues
-había ido a Tesalia, donde con Prometeo se esforzaba en establecer
-la democracia y armaba contra sus dueños a los mismos esclavos<a
-id="FNanchor_81" href="#Footnote_81" class="fnanchor">[81]</a>. ¡Ojalá
-no pueda reproducir aquí cuanto allí realizó! Estoy con él acorde en
-un solo punto, y es, en que merece los mayores castigos todo aquel que
-quiere derribaros o fortalecer a los que contra vosotros conspiran;
-pero fácil os será, según creo, decidir quién es el que se conduce
-así, reflexionando un momento tan solo sobre la conducta actual y la
-conducta pasada de cada uno de nosotros.</p>
-
-<p>»Mientras se constituía este senado; mientras elegíais los
-magistrados y se citaba a juicio a los delatores por todos
-conocidos, estuvimos todos conformes en el mismo modo de pensar;
-pero cuando se principió a prender a los hombres honrados y<span
-class="pagenum" id="Page_65">p. 65</span> pacíficos, entonces fue
-cuando comencé a pensar de un modo contrario al de mis colegas,
-porque sabía que si se hacía morir sin haber cometido el más pequeño
-crimen a un León de Salamina<a id="FNanchor_82" href="#Footnote_82"
-class="fnanchor">[82]</a>, considerado, con razón, como un hombre
-egregio, todos los que se le parecen vendrían a temer para ellos mismos
-una suerte igual, y este temor haría de ellos otros tantos enemigos del
-actual gobierno; conocía también que si se prendía a Nicérato, hijo
-de Nicias, ciudadano rico y que jamás había hecho nada con objeto de
-lisonjear a la plebe, ni él ni su padre, se convertirían en enemigos
-nuestros todos los ciudadanos a ellos parecidos; también sabía, cuando
-hicisteis perecer a Antifón<a id="FNanchor_83" href="#Footnote_83"
-class="fnanchor">[83]</a>, quien durante la guerra había proporcionado
-dos trirremes completamente equipadas, que os mirarían con desconfianza
-todos aquellos que habían mostrado celo por la república. Por esto
-combatí cuanto pude la proposición de aquellos que querían nos
-apoderásemos cada uno de nosotros de un meteco; pues era evidente
-que una vez muertos los primeros de estos, todos los restantes se
-convertirían en enemigos del gobierno; opúseme también a que se tomasen
-las armas al pueblo, pues no creí debiera debilitarse la ciudad,
-convencido de que si los lacedemonios nos habían salvado no era para
-que reducidos a un pequeño número nos hallásemos imposibilitados
-para ayudarles, ya que, si esto hubiesen querido, podían habernos
-dejado a todos sin vida haciendo durar por más<span class="pagenum"
-id="Page_66">p. 66</span> tiempo el hambre que por el sitio padecíamos.
-No he sido yo tampoco el que aprobase la gestión de obtener una
-guarnición a sueldo, cuando nos era posible rodearnos de cierto número
-de ciudadanos por medio de los cuales fácilmente hubiéramos podido
-hacernos respetar. Tampoco me pareció oportuno, al ver en la ciudad
-muchas personas descontentas del gobierno y gran número de expatriados,
-desterrar a Trasíbulo, Anito y Alcibíades, pues estaba cierto que
-adquiriría gran fuerza la oposición si hábiles jefes se ponían al
-frente de la multitud, y si entreveían como posible poder contar con un
-gran número de aliados aquellos que aspiraban al poder.</p>
-
-<p>»Y aquel que da tales avisos ¿debe ser considerado como traidor, o
-por el contrario, debe tenérsele por un buen amigo? No son, Critias,
-verdaderos enemigos los que impiden acrecer las fuerzas de los
-adversarios, ni los que enseñan los medios para adquirir mayor número
-de aliados, sino más bien aquellos que injustamente arrebatan las
-riquezas de la gente honrada y condenan a muerte a los inocentes:
-estos son los que aumentan el número de los enemigos y los que hacen
-traición, no solo a sus amigos, sino a ellos mismos, movidos por una
-culpable codicia. Si aún no estáis bastante convencidos de las verdades
-que os digo, reflexionad un poco más conmigo. ¿Qué os parece preferirán
-que aquí suceda Trasíbulo, Anito y los demás desterrados: lo que os
-aconsejo, o lo que hacen todos estos? Creo que ahora piensan hallar
-aliados en todas partes; pero en cambio, si los elementos más poderosos
-de la población estuviesen por nosotros, no se atreverían<span
-class="pagenum" id="Page_67">p. 67</span> ni siquiera a poner el pie en
-la parte más remota del país.</p>
-
-<p>»En cuanto a lo que ha dicho este respecto a mis mutaciones
-políticas, considerad que el pueblo había votado por sí mismo el
-gobierno de los cuatrocientos<a id="FNanchor_84" href="#Footnote_84"
-class="fnanchor">[84]</a>, juzgando que los espartanos confiarían más
-en un gobierno de cualquier clase que fuese, que en la democracia; sin
-embargo, no dejándonos estos ni un momento de reposo, y siendo público
-que los jefes Aristóteles, Melantio y Aristarco construían un fuerte
-sobre los diques, en el que querían introducir al enemigo, a fin de
-alzarse ellos y sus amigos con el mando de la ciudad, el haberme yo
-opuesto a sus designios así que me fue notorio, ¿debe ser considerado
-como un acto propio del que hace traición a sus amigos?</p>
-
-<p>»Llámame <i>Coturno</i> porque procuro ajustarme a los dos partidos:
-¡muy bien! pero, por los dioses, ¿cómo debe llamarse aquel que no
-sabe ajustarse a ninguno? Porque, oh Critias, bajo la democracia
-te consideraban como el mayor enemigo del pueblo, y ahora, bajo la
-aristocracia, solo has sabido conquistarte el más fuerte odio de los
-hombres honrados. En cuanto a mí, he declarado guerra permanente a
-cuantos creen que solo es buena una democracia cuando toman parte
-en el poder hasta los mismos esclavos y aquellos que por su pobreza
-venderían por una dracma al estado; y combato sin tregua del mismo modo
-a aquellos que creen es buena oligarquía la que somete la ciudad a la
-tiranía de unos pocos.<span class="pagenum" id="Page_68">p. 68</span>
-Siempre he creído que lo más conveniente era unirse a los hombres de
-mérito, y robusteciéndolos con la caballería y los escudos, apoyar
-al gobierno, y no he variado aún hoy de modo de pensar; si puedes
-decir, Critias, dónde y cuándo me has visto, o con el pueblo o con los
-tiranos, procurando arrebatar el gobierno a las gentes honradas, habla
-y dilo, porque si me convences de que medito hoy este crimen, o de que
-lo he perpetrado en otro tiempo, convengo en que soy digno de perecer
-entre los más atroces suplicios.»</p>
-
-<p class="mt1">Así que cesó de hablar se oye en el senado un murmullo
-de aprobación, y Critias, comprendiendo que si deja decidir la suerte
-de Terámenes por los senadores, va a ser absuelto, lo que considera
-como intolerable y afrentoso, se adelanta, y después de haber
-conferenciado un instante con los Treinta, ordena a la gente que había
-hecho ir allí armada de puñales, se coloque frente al consejo y junto a
-las puertas. Volviéndose después a la asamblea, les dice:</p>
-
-<p class="mt1">«Senadores: creo del deber de un buen presidente<a
-id="FNanchor_85" href="#Footnote_85" class="fnanchor">[85]</a> no
-permitir sean engañados sus amigos cuando de ello se apercibe: esto
-es lo que voy a hacer. Toda esta gente que veis aquí ante vosotros,
-declara no consentirá absolvamos a un hombre que públicamente trabaja
-para derribar la oligarquía. Según las nuevas leyes, ningún ciudadano
-incluido en la lista de los tres mil puede ser condenado a muerte
-sin vuestra aprobación; pero los Treinta son<span class="pagenum"
-id="Page_69">p. 69</span> dueños de hacerlo respecto a los que no están
-incluidos en ella. Pues bien, de acuerdo con todos mis colegas, borro
-de esta lista a Terámenes, que está presente, y a este hombre, ya
-simple particular, añade, le condenamos a muerte.»</p>
-
-<p class="mt1">Al oír estas palabras Terámenes, corre hacia el altar de
-Vesta y dice:</p>
-
-<p class="mt1">«Ciudadanos: os suplico me concedáis la petición más
-legítima que nadie os pueda dirigir, y es, que no se permita a Critias
-borrar ni a mi ni a cualquiera de vosotros por su sola voluntad del
-número de los tres mil, sino que, por el contrario, tanto a vosotros
-como a mí se nos juzgue según la ley que rige para los que están
-inscritos en la lista. No ignoro que este altar de nada podrá servirme,
-los dioses me son testigos de ello; pero quiero rasgar el velo de la
-atroz injusticia de todos estos hacia los hombres, y de su impiedad
-sin límite hacia los dioses. Sin embargo, honrados ciudadanos, lléname
-de asombro el que no procuréis poneros a cubierto de las asechanzas de
-todos estos, pues bien sabéis que no es mi nombre más fácil de borrar
-de la lista que el de cualquiera de vosotros.»</p>
-
-<p class="mt1">Inmediatamente el heraldo de los Treinta ordena a los
-Once prendan a Terámenes, y entran estos con sus criados, teniendo a su
-cabeza a Sátiro, el más audaz y el más desvergonzado de todos. Critias
-les dice:</p>
-
-<p>—«Os entregamos a Terámenes, que aquí veis, condenado según la ley;
-apoderaos de él, y después de conducirle donde sabéis, haced con él lo
-que deben hacer los Once.»</p>
-
-<p>Apenas dice estas palabras, Sátiro, con ayuda de sus criados,
-arranca del altar a Terámenes; como puede suponerse, este implora a los
-dioses y a los<span class="pagenum" id="Page_70">p. 70</span> hombres
-sobre la infamia que sufre; pero el senado no se conmueve, sobre todo
-cuando ve colocados junto a las puertas a hombres semejantes a Sátiro,
-y llena de guardias toda la sala del tribunal, sin que ignoren tampoco
-están preparados los hombres armados de puñales.</p>
-
-<p>Llévanse aquellos a través del foro al acusado, quien se lamenta
-en alta voz del tratamiento que le hacen sufrir. Cuéntase de él
-que, diciéndole Sátiro lo pasará mal si no se calla, le pregunta:
-«¿Y si me callo, qué pena me darás?» Después, cuando obligado a
-morir bebe la cicuta, se pretende derramó las últimas gotas como
-si jugase a los cotabos<a id="FNanchor_86" href="#Footnote_86"
-class="fnanchor">[86]</a>, diciendo: «Esto para el hermoso Critias.»
-Bien sé que todas esas frases carecen de valor; pero hay que
-admirar, sin embargo, a un hombre que cara a cara con la muerte no
-pierde ni su presencia de ánimo ni su buen humor<a id="FNanchor_87"
-href="#Footnote_87" class="fnanchor">[87]</a>.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch2_4">
- <h3>CAPÍTULO IV.</h3>
-</div>
-
-<p>Así murió Terámenes. Libres entonces los Treinta para ejercer
-sin temor su tiranía, prohíben entrar en la ciudad a los que no
-están inscritos en la lista, y les arrancan de sus propiedades para
-apoderarse<span class="pagenum" id="Page_71">p. 71</span> de sus
-tierras y para repartírselas con sus amigos; huyen muchos al Pireo;
-pero habiendo hecho prender allí a gran número de ellos, se refugian en
-Mégara y en Tebas.</p>
-
-<p>Mientras tanto, Trasíbulo, con unos cincuenta compañeros, sale de
-Tebas y se apodera de la fortaleza de File. Avanzan contra él los
-Treinta con los tres mil y su caballería, haciendo un tiempo magnífico:
-así que llegaron, algunos jóvenes de los más ardientes se arrojan
-al asalto de la plaza, pero nada consiguen y se retiran con muchos
-heridos. Queriendo los Treinta sitiar la fortaleza a fin de interceptar
-la entrada de víveres e incomunicarles con sus partidarios, sobreviene
-durante la noche una gran nevada, que continúa al día siguiente.
-Retíranse entonces a la ciudad envueltos por la nieve, mientras caen
-muchos de los escevóforos<a id="FNanchor_88" href="#Footnote_88"
-class="fnanchor">[88]</a> bajo los golpes de los de File. Comprendiendo
-los Treinta que será saqueada la campiña si no colocan en ella
-centinelas, envían a las fronteras la guarnición lacedemonia, fuera
-de algunos soldados y dos escuadrones de caballería, a unos quince
-estadios de File. Estas tropas acampan para la vigilancia, en un lugar
-protegido por los árboles.</p>
-
-<p>Trasíbulo, que había reunido ya en File unos setecientos hombres,
-tómalos consigo y sale de la ciudad durante la noche, apostándose con
-los suyos sobre las armas, a unos tres o cuatro estadios del cuerpo
-de observación, y allí se quedan a la expectativa. Por la mañana se
-levantan los soldados, unos<span class="pagenum" id="Page_72">p.
-72</span> después de otros, y van en busca de las armas, así como
-los palafreneros con el cepillo en la mano principian a almohazar
-con estrépito los caballos; inmediatamente Trasíbulo con los suyos
-se arrojan sobre ellos a la carrera con las armas en la mano: hacen
-algunos prisioneros y los persiguen por espacio de seis o siete
-estadios, matando a más de ciento veinte hoplitas, y entre los de
-caballería a Nicóstrato, llamado por sobrenombre el hermoso, y a
-otros dos que sorprendieron aún durmiendo. Terminada la persecución
-levantan un trofeo, recogen las armas y el botín y regresan a File.
-La caballería que había salido de Atenas en auxilio de los suyos, no
-encuentra ya ningún enemigo y aguarda únicamente a que los parientes
-levanten los cadáveres de los que han perecido, para regresar a la
-ciudad.</p>
-
-<p>Después de esto, los Treinta, no considerándose ya seguros en la
-ciudad, quieren robustecer su dominación en Eleusis, a fin de encontrar
-allí un refugio en caso de necesidad. Critias y los otros Treinta,
-dando las órdenes a la caballería, se dirigen a dicha población, donde
-les pasan revista, y bajo pretexto de saber con exactitud el número
-de los habitantes y las fuerzas de la guarnición, ordenan a todo el
-mundo se inscriba en una lista; a medida que se inscribía cada uno, se
-le hacía salir por la puerta que da al mar, a ambos lados de la cual
-estaba la caballería en dos filas, y cuantos salían eran atados en
-seguida por los servidores de los Once. Así que están todos reunidos,
-recibe Lisímaco, jefe de la caballería, orden de escoltarlos y
-entregarlos a los Once.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_73">p. 73</span>Al día siguiente,
-convocan en el Odeón<a id="FNanchor_89" href="#Footnote_89"
-class="fnanchor">[89]</a> a los hoplitas cuyos nombres están en las
-listas y a los restantes de caballería; levantándose después Critias,
-les dice:</p>
-
-<p class="mt1">«Ciudadanos: tanto en nuestro interés como en el
-vuestro, procuremos consolidar nuestro gobierno: por esto debéis
-participar también de los peligros, ya que participáis de los honores;
-por esto es preciso votéis la condenación de los eleusinos aquí
-reunidos para que tengáis nuestras mismas esperanzas, al propio tiempo
-que nuestros propios temores.»</p>
-
-<p class="mt1">Señalando entonces cierto lugar destinado a la votación,
-les manda dar públicamente su voto. En el centro del Odeón se hallaba
-sobre las armas toda la guarnición espartana. Todo esto fue aprobado
-por algunos ciudadanos que no iban en busca de otra cosa que de su
-interés personal.</p>
-
-<p>Mientras tanto, Trasíbulo, poniéndose al frente de los de File, cuyo
-número se aproximaba a mil, llega de noche al Pireo. Así que reciben
-los Treinta esta noticia, ponen sobre las armas a los lacedemonios,
-a la caballería y a los hoplitas y se dirigen hacia la carretera que
-conduce al Pireo. Los de File intentan primero rechazarlos, pero como
-la extensión del círculo necesitaba muchas guardias y ellos eran aún
-poco numerosos, se retiran todos a Muniquia. Reúnense los de la ciudad
-en el ágora de Hipódamo y se ordenan de modo que llenan por completo
-el camino que va al templo de Diana y al Bendideo<a id="FNanchor_90"
-href="#Footnote_90" class="fnanchor">[90]</a>; no tenían menos de
-cincuenta escudos de<span class="pagenum" id="Page_74">p. 74</span>
-fondo. Formados así, se ponen en marcha; pero entonces los de
-File llenan también por su parte el camino y se colocan a diez
-hoplitas en fondo, detrás colócanse los peltastas y los arqueros, y
-finalmente, después de todos, los honderos. Su número había aumentado
-considerablemente, pues se les habían juntado los habitantes de aquel
-lugar. Mientras se acerca el enemigo, Trasíbulo manda a los suyos
-depongan sus escudos, y haciéndolo también él, aunque conservando las
-otras armas, y colocándose en el centro de su ejército, les dice:</p>
-
-<p class="mt1">«Ciudadanos: debo hacer saber a algunos, y recordar
-a los demás, que los que se dirigen a nosotros en su ala derecha se
-componen de tropas que habéis derrotado y perseguido hace cinco días,
-y en la extremidad de su ala izquierda contienen a esos Treinta que a
-pesar de nuestra inocencia nos privaron de la patria, nos arrojaron de
-nuestras casas y han proscrito y expoliado los bienes de nuestros más
-caros amigos; hállanse ahora en una situación que no habían previsto
-y que siempre hemos deseado, puesto que tenemos armas y estamos
-frente a ellos. Los mismos dioses combatirán por nosotros, después
-de haberles visto apoderarse de nuestras personas y bienes durante
-nuestras comidas, mientras dormíamos y en la misma plaza pública,
-no solo sin haberles hecho el más mínimo daño, sino sin que nuestra
-permanencia haya motivado el destierro. En efecto, desencadenan una
-tormenta cuando el tiempo estaba despejado para que nos aprovechemos de
-ello, y cuando ensayamos dirigirnos a ellos nos permiten levantar el
-trofeo de una victoria sobre numerosos enemigos, siendo escasísimo el
-número<span class="pagenum" id="Page_75">p. 75</span> de los nuestros;
-y ahora mismo nos invitan a pelear en un terreno donde, obligados
-nuestros enemigos a subir una cuesta, no pueden arrojarnos ni dardos
-ni flechas, mientras que nosotros con solo dejar caer las picas, los
-dardos y las piedras estamos seguros de tocarles y de herirles en gran
-número. Y que nadie crea que al menos sus primeras filas combatirán con
-ventaja, puesto que si arrojáis con valor, como es preciso, vuestros
-dardos, ninguno dejará de alcanzar a uno de aquellos que llenan por
-completo el camino, y que obligados a cubrirse siempre con sus escudos
-para protegerse, nos permitirán fácilmente dar sobre ellos como si
-estuviesen ciegos y dispersarlos cuando les ataquemos. Es preciso,
-soldados, que cada uno de vosotros combata hoy de modo que alcance el
-testimonio de haber contribuido en gran manera a la victoria, porque,
-si Dios quiere, ha de devolvernos esta nuestra patria, nuestros
-hogares, la libertad, los honores y las esposas e hijos a los que son
-jefes de familia. ¡Felices aquellos de vosotros que, sobreviviendo a la
-victoria, vean día tan afortunado; y felices también los que tengan que
-morir para alcanzarla, pues ningún rico podrá obtener jamás monumento
-funerario tan glorioso! Cuando llegue el momento entonaré el peán,
-invocaremos después a Enialio<a id="FNanchor_91" href="#Footnote_91"
-class="fnanchor">[91]</a> y todos entonces, de consuno, nos arrojaremos
-sobre nuestros enemigos para castigar a los que nos han insultado.»</p>
-
-<p class="mt1">Dicho esto, se vuelve de cara a los enemigos y se
-mantiene a la expectativa, pues el augur le había<span class="pagenum"
-id="Page_76">p. 76</span> recomendado no ordenase el ataque hasta que
-alguno de ellos hubiese sido muerto o herido. «Haciéndolo así —había
-dicho— os guiaré a la victoria, que se inclinará hacia vosotros,
-aunque preveo me costará a mí la vida.» Y no mintió, pues habiendo
-tomado las tropas sus armas, arrójase él el primero, como arrastrado
-por su destino, sobre los enemigos, hallando entre ellos la muerte y
-siendo enterrado en el paso del Cefiso: quedan los otros vencedores
-y persiguen hasta la llanura a los enemigos. Critias e Hipómaco,
-dos de los Treinta, quedan entre los muertos, del propio modo que
-Cármides, hijo de Glauco<a id="FNanchor_92" href="#Footnote_92"
-class="fnanchor">[92]</a>, uno de los diez comandantes del Pireo,
-además de unos setenta de los contrarios; apodéranse<span
-class="pagenum" id="Page_77">p. 77</span> de las armas los vencedores,
-aunque sin despojar de las túnicas a sus conciudadanos; después de
-lo cual, y una vez devueltos los muertos por<span class="pagenum"
-id="Page_78">p. 78</span> medio de una tregua, dirígense unos a otros
-hablando entre sí, y Cleócrito, heraldo de los Iniciados que tenía una
-voz muy fuerte, después de pedir silencio, dice:</p>
-
-<p class="mt1">«Ciudadanos: ¿por qué nos perseguís, por qué queréis
-matarnos? Jamás os hemos hecho daño alguno; por el contrario, hemos
-tomado parte con vosotros en los actos religiosos más solemnes, en los
-sacrificios y en las fiestas más espléndidas; juntos estuvimos en los
-mismos coros, en las mismas escuelas y bajo las mismas banderas, y
-tanto por tierra como por mar, hemos corrido con vosotros los mismos
-peligros para la salvación común y para la mutua libertad. En nombre
-de los dioses paternos y maternos, por la comunidad de origen, por la
-familia y por la amistad que nos son comunes con la mayor parte de
-vosotros, respetando a los dioses y a los hombres, cesad de faltar a
-la patria, dejad de obedecer a esos Treinta, los más impíos de entre
-los hombres, quienes por su particular interés han hecho morir durante
-ocho meses a un número de atenienses igual o mayor al que durante diez
-años ha perecido por la guerra con los peloponesios. Fácil era vivir
-en paz bajo nuestro gobierno, y sin embargo ellos han encendido la más
-deshonrosa de las guerras entre nosotros y la más terrible, impía e
-inicua ante los dioses y ante los hombres. Sabed<span class="pagenum"
-id="Page_79">p. 79</span> que no habéis sido vosotros solos, sino
-también nosotros, los que han derramado abundantes lágrimas sobre los
-cuerpos de los que hoy han perecido.»</p>
-
-<p class="mt1">Esto dijo, y los restantes jefes, después de oírle,
-mandan retirar a los suyos a la ciudad. Al día siguiente, humillados
-y abandonados por completo, vienen los Treinta a ocupar sus asientos
-en el senado y los tres mil no hacen más que disputarse en cualquier
-lugar en que se sienten. Cuantos habían cometido alguna violencia y
-temían por lo mismo por su seguridad, sostienen con fuego no debe
-cederse cobardemente a los del Pireo, mientras que aquellos a quienes
-no remuerde su conciencia el haber obrado injustamente, reflexionan
-con serenidad y hacen comprender a los demás que ninguna necesidad les
-obliga a sufrir tantas calamidades, y declaran no deben ya prestar
-más obediencia a los Treinta, ni dejarles consumar la perdición de la
-ciudad. Decretan, finalmente, la deposición de aquellos y la elección
-de otros jefes, los cuales son nombrados en número de diez, uno por
-cada tribu.</p>
-
-<p>Los Treinta se refugian en Eleusis, y en la ciudad los Diez se
-ocupan con los jefes de la caballería en calmar los turbados y abatidos
-ánimos. La caballería pernocta en el Odeón con sus caballos y escudos,
-y en su desconfianza, montan desde el anochecer las guardias sobre
-la muralla, armados con los escudos, y por la mañana vuelven a tomar
-los caballos, temiendo continuamente un ataque repentino de los del
-Pireo. Estos, que habían crecido en número, y a quienes de todas
-partes llegaban nuevos reclutas, constrúyense escudos, tanto de madera
-como de mimbres, que pintan después de blanco,<span class="pagenum"
-id="Page_80">p. 80</span> y luego, apenas han transcurrido diez días,
-y habiendo proclamado la igualdad de tributos para todos los que con
-ellos combatieran, aunque fuesen extranjeros, salen en gran número, así
-de hoplitas como de gimnetas<a id="FNanchor_93" href="#Footnote_93"
-class="fnanchor">[93]</a>, teniendo además unos setenta caballos; y
-después de forrajear y de coger leña y frutos, vuelven a pernoctar en
-el Pireo. Nadie salía armado de la ciudad, fuera de la caballería,
-que se arrojaba de tiempo en tiempo sobre los exploradores del Pireo,
-maltratando sus partidas. Encuentran en cierta ocasión algunos eonios
-que se dirigían a sus tierras en busca de provisiones, y el comandante
-de la caballería, Lisímaco, los hace degollar, a pesar de las súplicas
-y de la indignación de varios de sus soldados. En represalias, los del
-Pireo dan la muerte a Calístrato, de la tribu leóntida, uno de los
-caballeros de quien se habían apoderado en el campo, pues tenían ya
-tal confianza, que llegaban en sus excursiones hasta los mismos muros
-de Atenas. Debe referirse aquí la idea que tuvo el ingeniero de la
-ciudad, que al saber quieren los enemigos aproximar sus máquinas de
-guerra al Liceo por la carretera, emplea todos los animales de acarreo
-en transportar enormes piedras y esparcirlas sin orden ni concierto
-por aquellos, lo cual hizo que cada piedra causase muchas molestias al
-enemigo.</p>
-
-<p>Los Treinta envían desde Eleusis a Lacedemonia diputados de
-entre los ciudadanos de Atenas inscritos en la lista, pidiendo
-socorros, bajo pretexto de que el pueblo se ha sublevado contra los
-lacedemonios.<span class="pagenum" id="Page_81">p. 81</span> Lisandro,
-reflexionando que es imposible forzar en poco tiempo a los del Pireo
-sitiándolos por tierra y por mar y cortándoles los víveres, consigue
-se destinen cien talentos a esta expedición y que se le envíe como
-gobernador y jefe del ejército de tierra, y a su hermano Libis como
-comandante de la flota, y dirigiéndose a Eleusis reúne muchos hoplitas
-peloponesios, mientras el comandante de las naves vigila la costa para
-que no reciban ninguna clase de víveres los sitiados; de manera que
-pronto los del Pireo sufren grandemente por la falta de provisiones,
-mientras que los de la ciudad vuelven a hallarse en la abundancia con
-la llegada de Lisandro.</p>
-
-<p>Así las cosas, el rey Pausanias, envidioso de Lisandro y temiendo
-que si consigue sus propósitos adquiera gran consideración y pueda
-reducir bajo su dominio particular el territorio de Atenas, después
-de ganar a tres de los éforos, sale de Atenas con la guarnición y
-acompañado de todos los aliados, fuera de los beocios y corintios,
-que dicen creerían faltar a sus juramentos si se dirigían contra
-los atenienses que no han violado tratado alguno, pero que en
-realidad obran así porque conocen quieren los espartanos apropiarse
-y hacerse dueños del territorio ateniense. Pausanias sienta su campo
-junto al Pireo, en el lugar llamado Halipedón<a id="FNanchor_94"
-href="#Footnote_94" class="fnanchor">[94]</a>; manda por sí mismo
-el ala derecha, y Lisandro con los mercenarios la izquierda. Envía
-Pausanias delegados a los del Pireo, ordenándoles marchen a sus
-hogares; pero no obedeciéndole ellos, hace como que les atacan, para
-que<span class="pagenum" id="Page_82">p. 82</span> no se haga notorio
-les es favorable: después se retira sin haber comenzado siquiera el
-ataque. Al día siguiente, tomando dos cohortes espartanas y tres
-escuadrones de atenienses, se adelanta hacia el puerto cegado<a
-id="FNanchor_95" href="#Footnote_95" class="fnanchor">[95]</a>,
-examinando por dónde puede más fácilmente levantar trincheras contra el
-Pireo; saliendo algunas tropas de los sitiados, le inquietan durante
-su retirada, e irritándose entonces, hace cargar la caballería, manda
-también detrás de esta a todos los que han pasado ya diez años de la
-pubertad, y él mismo se adelanta también con el resto de sus tropas.
-Matan unos treinta soldados ligeros y persiguen a los demás hasta el
-teatro del Pireo, donde hallábanse sobre las armas todos los peltastas
-y hoplitas de la plaza. Verifican una salida las tropas ligeras, y
-arrojan dardos, lanzas, flechas y piedras a los enemigos; tienen estos
-gran número de bajas, y viéndose los lacedemonios muy hostigados,
-principian a retirarse, lo cual permite a sus adversarios cargar sobre
-ellos con más vigor. Perecieron en esta acción Querón y Tíbraco,
-ambos polemarcas; Lácrates, vencedor en los juegos olímpicos, y otros
-lacedemonios enterrados en el Cerámico.</p>
-
-<p>Al ver esto Trasíbulo, avanza con el resto de los hoplitas, y se
-colocan con prontitud delante de los demás, a ocho en fondo. Pausanias,
-vivamente hostigado, se retira unos cuatro o cinco estadios hacia una
-colina inmediata, a donde ordena se dirijan los lacedemonios y los
-demás aliados, y dando a su<span class="pagenum" id="Page_83">p.
-83</span> falange una profundidad considerable, marcha sobre los
-atenienses. Sostienen estos el primer choque, pero después son
-rechazados unos hasta el pantano de Hale, y otros son puestos en fuga,
-perdiendo sobre ciento cincuenta hombres. Eleva entonces Pausanias un
-trofeo, y se retira, pues no estaba irritado con ellos; antes por el
-contrario, mandando ocultamente enviados, hace saber a los del Pireo le
-envíen mensajeros, así como a los éforos presentes, para exponer sus
-intenciones. Siguen su consejo.</p>
-
-<p>Siembra asimismo la división entre los de la ciudad, y les excita
-para que se presenten en el mayor número posible a los éforos; entonces
-les declara que no hay necesidad alguna para que combatan con los del
-Pireo; antes bien, deben reconciliarse y ser ambos partidos amigos y
-aliados de los lacedemonios. El éforo Nauclidas oye con agrado esta
-proposición, y, como es costumbre en Esparta acompañen dos de los
-éforos al rey en la guerra, era uno de ellos Nauclidas, que con su
-compañero se inclinaban más bien del lado de Pausanias que del de
-Lisandro. Envían sin tardanza a Lacedemonia la diputación de los del
-Pireo, enviada para tratar con Esparta, y también a los particulares
-Cefisofonte y Meleto por parte de la ciudad.</p>
-
-<p>Mientras están estos en camino hacia Lacedemonia, envían los de
-la ciudad mensajeros públicos para manifestar a los espartanos que
-están dispuestos a entregarles los muros que conservan en su poder
-y sus mismas personas para que dispongan de todo a su gusto; añaden
-que hallarían justo que si los del Pireo son también amigos de los
-lacedemonios, les entregasen igualmente el Pireo y Muniquia.<span
-class="pagenum" id="Page_84">p. 84</span> Después de haberles oído
-los éforos y los demás convocados, envían quince diputados a Atenas
-para arreglar los asuntos del mejor modo posible, de mutuo acuerdo con
-Pausanias. Estos enviados devuelven la tranquilidad a todos, poniendo
-por condición que los partidos hagan la paz entre sí y que cada cual
-vuelva a sus quehaceres, fuera de los Treinta, los Once y los Diez que
-habían sido elegidos en el Pireo, ordenando al mismo tiempo que cuantos
-teman estar en la ciudad pueden morar en Eleusis.</p>
-
-<p>Después de arreglar estas cosas, Pausanias licencia a su ejército,
-y los del Pireo suben con las armas a la acrópolis para ofrecer un
-sacrificio a Minerva. Bajan después los generales, y Trasíbulo les dice
-entonces:</p>
-
-<p class="mt1">«Hombres de la ciudad: os aconsejo procuréis conoceros
-a vosotros mismos, y el mejor medio para ello es que examinéis los
-motivos en que fundáis vuestras pretensiones para pretender dominarnos
-a todos. ¿Sois acaso los más justos? Aunque más pobre que vosotros,
-el pueblo no os ha dañado nunca a causa de vuestras riquezas, y en
-cambio, vosotros que sois los más ricos, movidos únicamente por
-vuestro interés, habéis hecho mil acciones vergonzosas. Pero ya que la
-justicia no está de vuestra parte, examinad si os puede enorgullecer
-vuestro valor; ¿y qué juicio puede decidir mejor esta pregunta que el
-modo como hemos combatido unos contra otros? ¿Podéis, acaso, decir
-que nos aventajáis por los conocimientos, vosotros que, poseyendo un
-muro, armas y riquezas y a los peloponesios por aliados, habéis tenido
-que ceder a gentes que con nada de esto contaban? ¿Son acaso los
-lacedemonios<span class="pagenum" id="Page_85">p. 85</span> los que
-os enorgullecen? ¿Cómo es posible, si os han entregado (del mismo modo
-que se entregan con bozal los perros que muerden) al pueblo víctima de
-vuestra injusticia, y además se han marchado? Sin embargo, yo espero,
-ciudadanos, que no faltaréis a cuanto habéis jurado; antes por el
-contrario, añadiréis a vuestras restantes virtudes la de ser fieles al
-juramento y a las promesas.»</p>
-
-<p class="mt1">Otras exhortaciones añade para demostrar que todo ha de
-suceder sin perturbaciones de ninguna clase y que es preciso obedecer
-a las antiguas leyes, y luego levanta la asamblea. Establécense en
-seguida los poderes, constituyéndose el gobierno. Más tarde se sabe
-que los que se habían retirado a Eleusis toman soldados mercenarios a
-sueldo, y acometiéndoles en masa, matan a sus generales, que se habían
-adelantado para negociar, y envían a los restantes sus amigos y aliados
-para reconciliarse; juran todos no conservar rencor alguno por todo lo
-que ha sucedido, y aun ahora no ha cambiado el régimen político, pues
-el pueblo se conserva fiel a sus juramentos.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch3_1">
- <p><span class="pagenum" id="Page_87">p. 87</span></p>
- <h2 class="nobreak g1 mt15">LIBRO TERCERO.</h2>
- <hr class="tir" />
- <h3>CAPÍTULO PRIMERO.</h3>
-</div>
-
-<p>Así terminaron los disturbios en Atenas<a id="FNanchor_96"
-href="#Footnote_96" class="fnanchor">[96]</a>. Poco tiempo después,
-Ciro, habiendo enviado sus legados a Lacedemonia, pide que los
-espartanos se porten con él del mismo modo que él se ha conducido con
-ellos en su guerra contra los atenienses. Reconociendo los éforos lo
-justo de esta petición, ordenan a Samio, comandante de las naves,
-se ponga a las órdenes de Ciro para cuanto a este se le ofrezca,
-y aquel realiza con gusto cuanto le pide Ciro. Después de haber
-reunido su flota a la de este, se hace a la vela hacia la Cilicia, e
-imposibilita a Siénesis, gobernador de ella, para oponerse por tierra
-a la expedición de Ciro contra el rey. La manera como Ciro reunió un
-ejército y se dirigió contra su hermano, el combate que tuvo lugar, la
-muerte de Ciro, y cómo llegaron felizmente al mar los griegos, ha<span
-class="pagenum" id="Page_88">p. 88</span> sido todo esto relatado por
-Temistógenes el siracusano<a id="FNanchor_97" href="#Footnote_97"
-class="fnanchor">[97]</a>.</p>
-
-<p>Tisafernes, de quien creía el rey haber recibido grandes servicios
-en la guerra contra su hermano, habiendo sido enviado como sátrapa de
-los países que ya antes de aquella gobernaba, y a los que tenía antes
-Ciro, exige que todas las ciudades jónicas se sometan a él; pero estas
-ciudades, decididas a conservar su libertad y temiendo a Tisafernes,
-a quien habían menospreciado en el mero hecho de preferir entregarse
-a Ciro, cuando vivía, no quieren recibirle, y envían mensajeros a
-Lacedemonia para suplicarles tomen a pecho, en calidad de directores
-de Grecia, los intereses de los griegos de Asia, a fin de que su
-país no sea sometido y puedan continuar siendo libres. Envíanles los
-lacedemonios a Tibrón como gobernador, al frente de mil neodamodes y de
-otros cuatro mil peloponesios; Tibrón pide asimismo a los atenienses
-trescientos de a caballo, cuyo sueldo se obliga a satisfacer. Envíanle
-los atenienses muchos de los que habían servido bajo los Treinta,
-considerando como un beneficio para el pueblo el que sean alejados,
-aunque tengan que perecer en esa expedición. Después que han llegado a
-Asia, reúne Tibrón otras tropas en las ciudades griegas del continente,
-pues todas ellas están dispuestas a obedecer cuanto les mande un
-espartano.</p>
-
-<p>Con este ejército, Tibrón no desciende aún a la llanura, pues
-ve demasiado débil su caballería; pero<span class="pagenum"
-id="Page_89">p. 89</span> preserva del pillaje la comarca que ocupa:
-únicamente después que se han juntado a él las tropas griegas, salvadas
-felizmente de la expedición de Ciro, marcha a oponerse a Tisafernes y
-toma posesión de las ciudades de Pérgamo, Teutrania y Halisarna, en las
-cuales gobernaban Eurístenes y Procles, descendientes del espartano
-Demarato, que había recibido este país como regalo del rey por haber
-guerreado con él contra los griegos. También se le juntan Gorgión y
-Góngilo, hermanos, uno de los cuales poseía Gambrio y Palegambrio, y el
-otro Mirina y Grinio, las cuales habían sido dadas por el rey a Góngilo
-por haber sido desterrado de Eretria a causa de ser allí el único
-partidario de los medos. Tibrón se hace dueño de todas las ciudades
-escasamente fortificadas. No habiendo querido capitular Larisa, llamada
-la Egipcia, acampa en sus alrededores y pretende sitiarla; viendo que
-no puede tomarla más que privándola de agua, hace construir un gran
-pozo y un canal; pero como que los sitiados en sus frecuentes salidas
-arrojan piedras y leña en el canal, hace construir asimismo una testudo
-de madera encima del pozo, que no priva a los laríseos de acudir
-durante la noche para incendiarla; por lo cual los éforos, viendo
-que Tibrón nada consigue, le ordenan deje a Larisa y marche contra
-Caria.</p>
-
-<p>Hallábase ya en Éfeso para dirigirse a dicha región, cuando llega
-Dercílidas para tomar el mando del ejército: era hombre tenido por
-buen ingeniero, y por sobrenombre se le llamaba <i>Sísifo</i>. Parte,
-pues, Tibrón para Esparta, y allí se le castiga con el destierro,
-pues los aliados le acusan de haber permitido<span class="pagenum"
-id="Page_90">p. 90</span> a su ejército saquear territorios amigos.
-Dercílidas toma el mando del ejército, y viendo que Tisafernes y
-Farnabazo desconfían uno de otro, se concierta con Tisafernes y conduce
-sus tropas al país de Farnabazo, prefiriendo tener que guerrear con
-uno solo a dirigirse contra los dos. Hacía ya tiempo que Dercílidas
-se hallaba enemistado con Farnabazo, pues siendo gobernador de Abido
-mientras Lisandro era jefe de la flota, las calumnias de Farnabazo
-hiciéronle condenar a estar de pie con un escudo en la mano, lo cual es
-un castigo a que se condena a los desertores en Lacedemonia, donde se
-es muy sensible a esta afrenta; de ahí que se dirigiera con gran placer
-contra Farnabazo. Muestra prontamente cuánto difiere su mando del de
-Tibrón conduciendo su ejército a través de países amigos, y sin hacer
-daño alguno a los aliados hasta Eólida, provincia de Farnabazo.</p>
-
-<p>Eólida pertenecía a Farnabazo; pero Zenis de Dardania, durante su
-vida la había gobernado con el título de sátrapa, y después que este
-murió de enfermedad natural, su mujer Manía, también de Dardania, reúne
-una escolta, prepara numerosos presentes para Farnabazo y para obtener
-la protección de las queridas de este y de cuantos gozan de su favor,
-y se pone en marcha cuando Farnabazo se preparaba a dar a otro la
-satrapía.</p>
-
-<p>Introducida junto a él, «Farnabazo —le dice—, mi esposo era afecto
-a tu persona y te pagaba con regularidad los tributos, de modo que le
-honrabas muchas veces con tus alabanzas; ¿por qué nombrar, pues, otro
-sátrapa, si yo puedo continuar sirviéndote con igual celo? Cuando no
-sea de tu agrado, solo<span class="pagenum" id="Page_91">p. 91</span>
-de tu voluntad depende el quitarme el mando».</p>
-
-<p>Después de haberla oído, Farnabazo se decide a dar a esta mujer la
-satrapía, y una vez dueña del país, fue tan exacta como su marido en
-pagarle con regularidad los tributos, y además cada vez que iba a ver
-a Farnabazo le llevaba algún presente, y cuando este visitaba el país,
-le recibía más espléndida y graciosamente que los demás tributarios:
-conservole asimismo las ciudades de que se había apoderado, y sometió
-también a tres ciudades libres del litoral, Larisa, Hamáxito y Colonas,
-asaltándolas con un ejército griego, mientras presenciaba la acción
-sentada en su carro, y honrando después con ricos presentes a los
-que se distinguían, de manera que formó a sus órdenes uno de los más
-brillantes cuerpos de mercenarios. Acompañaba asimismo a Farnabazo
-en sus expediciones contra los misios y pisidios que inquietaban los
-territorios del rey, por todo lo cual Farnabazo le tributaba los más
-grandes honores y alguna vez la llamaba a consejo.</p>
-
-<p>Tenía ya más de cuarenta años cuando Midias, el esposo de su hija,
-se deja llevar por las indicaciones de los que decían era vergonzoso
-que estuviese el gobierno en manos de una mujer y él no fuese más
-que un simple particular; y como a pesar de estar en guardia contra
-todos, como es natural en una tiranía, tenía entera confianza con
-Midias y le recibía con todo el cariño que puede existir entre una
-mujer y su yerno, se dice que en una de esas ocasiones la ahogó. Mata
-igualmente al hijo de Manía, joven de diez y siete años y muy notable
-por su belleza, después de lo cual se apodera de Escepsis y Gergis,
-plazas fuertes donde guardaba aquella sus<span class="pagenum"
-id="Page_92">p. 92</span> tesoros. Las demás ciudades no quieren
-reconocerle, y las guarniciones de las mismas las conservan para
-Farnabazo. Midias, enviando después regalos a Farnabazo, le pide el
-gobierno del país con iguales condiciones que le tenía Manía; pero
-este le contesta que puede guardar los presentes para cuando venga a
-buscarlos juntamente con su persona, y añade que no quiere vivir sin
-vengar a Manía.</p>
-
-<p>En esta situación llega Dercílidas, y en un solo día se apodera sin
-lucha de Larisa, Hamáxito y Colonas, ciudades del litoral, y enviando
-mensajeros a las ciudades eolias, les promete la libertad si le abren
-sus puertas y se hacen sus aliadas. Los habitantes de Neandria, Ilión
-y Cocilio se declaran en favor suyo, pues sus guarniciones griegas
-no habían sido muy bien tratadas después de la muerte de Manía; pero
-el jefe de la de Cebrene, plaza muy fuerte, esperando alcanzar de
-Farnabazo grandes honores si le conserva esta ciudad, no recibe a
-Dercílidas, quien, enojándose, se prepara para ponerle sitio; no siendo
-favorables los signos de los sacrificios que ofrece antes de comenzar
-el sitio, los renueva al día siguiente, y presentándose también
-desfavorable, vuelve a consultarlos al otro día, continuando de este
-modo durante cuatro días, irritándole mucho tales dilaciones, pues
-deseaba apoderarse de toda Eólida antes de que llegara Farnabazo.</p>
-
-<p>Aténadas de Sición, uno de los capitanes, creyendo pierde el tiempo
-Dercílidas en estas bagatelas, y suponiéndose bastante para cortar
-el agua a los cebrenios, avanza con su compañía y procura cegar las
-fuentes; pero hacen una salida los sitiados, le hieren, mátanle dos
-hombres y ahuyentan a los demás<span class="pagenum" id="Page_93">p.
-93</span> a fuerza de golpes y de dardos. Hallábase Dercílidas muy
-apesadumbrado por este accidente, pues comprendía se daría el asalto
-con menos vigor, cuando llegan mensajeros de los griegos encerrados en
-la ciudad participándole no estaban conformes con la conducta de su
-jefe y que preferían servir a los griegos mejor que a los bárbaros.
-Estaban aún en tratos, cuando llega un enviado del jefe para decir
-que tal es también su modo de pensar. Inmediatamente Dercílidas, para
-quien son favorables aquel día las víctimas, pone a sus tropas sobre
-las armas y las conduce a las puertas de la ciudad, que le son abiertas
-para que puedan entrar en ella, y dejando allí una guarnición, se
-dirige en seguida a Escepsis y Gergis.</p>
-
-<p>Midias, que temía la llegada de Farnabazo y que desconfiaba ya
-de la disposición de ánimo en que se hallaban los ciudadanos, envía
-mensajeros a Dercílidas diciéndole entrarán en parlamento si le manda
-rehenes; Dercílidas envía un ciudadano de cada una de las poblaciones
-aliadas y le invita a escoger el número que bien le parezca: quédase
-con diez, sale de la ciudad, entra en componendas con Dercílidas y le
-pregunta qué condiciones pone a su alianza, a lo cual contesta aquel
-que quiere sean libres e independientes todos los habitantes, diciendo
-lo cual, avanza en dirección a Escepsis, y Midias, conociendo no puede
-impedirle la entrada contra el deseo de los ciudadanos, no se opone.
-Dercílidas, después de haber sacrificado a Minerva en la acrópolis de
-Escepsis, hace salir la guarnición de Midias y entrega el gobierno
-de la plaza a los ciudadanos exhortándoles a que se rijan por leyes
-propias de<span class="pagenum" id="Page_94">p. 94</span> griegos y de
-hombres libres; después de lo cual, se dirige a Gergis acompañado de
-gran número de los de Escepsis, que le tributan toda clase de honores
-y se alegran con lo que acaba de suceder. Midias, que iba con él, le
-suplica le entregue la ciudad de Gergis, a lo cual contesta Dercílidas
-que no le rehusará jamás ninguna cosa justa; pero mientras dice esto,
-se adelanta con él hasta las puertas de la ciudad seguido de las
-tropas, que marchan pacíficamente en dos filas. Los vigías apostados
-en las torres reconocen a Midias, que va con él, y no lanzan un solo
-dardo. Entonces le dice Dercílidas:</p>
-
-<p>—«Midias, manda abrir las puertas para guiarme y dirigirte conmigo
-al templo a ofrecer un sacrificio a Minerva.»</p>
-
-<p>Midias vacila, pero por fin, temiendo ser detenido si se opone, da
-orden para que abran las puertas. Entra Dercílidas en la ciudad, yendo
-con él Midias, y se dirigen a la acrópolis, ordenando antes a sus
-soldados estén con las armas a lo largo de los muros mientras ofrece
-con su acompañamiento el sacrificio a Minerva. Una vez este terminado,
-da la orden a los guardias de Midias de alinearse en armas a la cabeza
-del ejército, como si fuesen mercenarios suyos, ya que nada tenía que
-temer de Midias. Este, vacilante y sin saber qué hacer,</p>
-
-<p>—«Me voy —le dice— para prepararte mi hospitalidad.</p>
-
-<p>—No, por Júpiter —contesta Dercílidas—; me sonrojaría recibiendo
-de ti la hospitalidad en lugar de ofrecértela yo una vez terminado el
-sacrificio; quédate, pues, con nosotros, y mientras preparan la comida,
-examinemos ambos lo que tenemos que hacer uno para otro en conformidad
-a la justicia.»</p>
-
-<p>Después que se sentaron, comienza Dercílidas a<span class="pagenum"
-id="Page_95">p. 95</span> preguntarle:</p>
-
-<p>—«Dime, Midias, ¿te dejó tu padre dueño de cuanto posees?</p>
-
-<p>—Seguramente —contesta.</p>
-
-<p>—Y ¿cuántas casas tenías, cuántos campos y cuántos prados?»</p>
-
-<p>Habiéndolos enumerado Midias, los escepsios que se hallaban
-presentes, gritan:</p>
-
-<p>—«Este hombre miente, Dercílidas</p>
-
-<p>—Y vosotros —les dice este—, no seáis tan puntillosos.»</p>
-
-<p>Cuando ha detallado todas sus posesiones, vuelve a preguntarle:</p>
-
-<p>—«Dime, ¿de quién dependía Manía?»</p>
-
-<p>Todos exclaman:</p>
-
-<p>—«De Farnabazo.</p>
-
-<p>—Por lo mismo ¿todo lo que tenía era, pues, de Farnabazo?</p>
-
-<p>—Seguramente —contestan.</p>
-
-<p>—Entonces todo nos pertenece, pues Farnabazo es nuestro enemigo
-y poseemos lo que era suyo. Conducidme, pues, a donde se hallan los
-bienes de Manía y de Farnabazo.»</p>
-
-<p>Condúcenle entonces a la habitación de Manía, de la cual ha
-tomado posesión Midias, y este también le sigue. Así que ha entrado
-Dercílidas, llama a los mayordomos y los hace prender por sus
-servidores, declarándoles serán degollados inmediatamente si se
-descubre han robado algo de lo que pertenecía a Manía. Muestran cuanto
-tienen, y Dercílidas, asegurándose de todo, hace cerrar la casa, pone
-su sello y establece en ella guardia. Al salir dice a los tribunos y a
-los capitanes colocados junto a la puerta:</p>
-
-<p>—«Compañeros, tenemos asegurada la paga durante un año a un ejército
-de 8000 hombres; si encontramos aún algo más, todo eso tendremos.»</p>
-
-<p>Dijo esto conociendo que los que le oyesen serían mucho más
-obedientes y celosos. Midias le pide entonces:</p>
-
-<p>—«¿Y yo, Dercílidas, dónde deberé habitar?</p>
-
-<p>—En el lugar que te designa la justicia, Midias —le contesta—; en
-Escepsis, tu patria, y en casa de tu padre.»</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch3_2">
- <p><span class="pagenum" id="Page_96">p. 96</span></p>
- <h3>CAPÍTULO II.</h3>
-</div>
-
-<p>Después de haber realizado estas cosas y de haber tomado nueve
-ciudades en ocho días, Dercílidas pensó en los medios de no servir
-de carga a los aliados invernando en un país amigo, como lo había
-hecho Tibrón, y al mismo tiempo impedir a Farnabazo inquietase con
-su caballería a las ciudades griegas. Envía por lo mismo mensajeros
-a Farnabazo pidiéndole si quiere la paz o la guerra, y este,
-comprendiendo que Eólida es una temible avanzada para Frigia, donde
-reside, prefiere una tregua.</p>
-
-<p>Hecho esto, dirígese Dercílidas a Tracia de Bitinia para invernar,
-lo cual no desagrada en modo alguno a Farnabazo, pues los bitinios
-le hacían a menudo la guerra, con lo cual Dercílidas toma y saquea
-con seguridad completa Bitinia y tiene siempre víveres en abundancia.
-Llégale de la otra orilla un refuerzo de los odrisios, enviado
-por Seutes, consistente en unos doscientos caballos y trescientos
-peltastas, cuyas tropas forman su campamento y se atrincheran a
-unos veinte estadios del ejército griego, y después de pedir a
-Dercílidas algunos hoplitas para guardar su campamento, emprenden sus
-correrías, en las que hacen numerosos prisioneros y consiguen rico
-botín. Hallábase su campo muy lleno de cautivos cuando los bitinios,
-informados del número de los que salían y del de los centinelas griegos
-que<span class="pagenum" id="Page_97">p. 97</span> para su guarda
-dejaban, reuniéndose en masa peltastas y caballería, caen, al apuntar
-el día, sobre los hoplitas, que eran unos doscientos, y una vez a
-tiro, los reciben con flechas y dardos. Los hoplitas, al ver heridos
-o muertos a sus compañeros sin poder hacer nada por impedírselo la
-empalizada, que tiene la altura de un hombre, arrancan las estacas y se
-lanzan sobre el enemigo, que cede donde quiera que le ataquen, por ser
-fácil a los peltastas burlar la persecución de los hoplitas; no cesan,
-sin embargo, de arrojar dardos a derecha e izquierda, y a cada salida
-de los guardias les hacen gran número de bajas, hasta que por fin,
-acorralados estos últimos como en un establo, son aplastados por el
-gran número de los enemigos, con excepción de unos quince hoplitas que,
-viendo lo desesperado de su situación, habían podido escaparse durante
-el combate sin ser vistos por los bitinios y que consiguen llegar al
-campamento griego. Matan los bitinios a los guardas de las tiendas de
-los odrisios tracios y se retiran después de haber recuperado todos
-los prisioneros, de manera que los griegos, al acudir para prestarles
-auxilio, no encuentran en el campamento más que los cadáveres
-completamente despojados de sus vestidos. A su vuelta entierran los
-odrisios sus muertos, y después de beber sobre sus cuerpos mucho vino,
-celebran carreras de caballos, acampando desde entonces con los griegos
-y saqueando e incendiando Bitinia.</p>
-
-<p>Al principio de la primavera<a id="FNanchor_98" href="#Footnote_98"
-class="fnanchor">[98]</a>, partiendo Dercílidas de Bitinia, entra en
-Lámpsaco. Hallábase aún<span class="pagenum" id="Page_98">p. 98</span>
-allí cuando llegan los magistrados lacedemonios Áraco, Naubates y
-Antístenes para examinar el estado general de los negocios en Asia, y
-para decir a Dercílidas que debía conservar el mando durante el año
-siguiente. Los éforos les habían encargado igualmente convocasen a los
-soldados y censurasen su conducta anterior y alabasen el que en la
-actualidad no obrasen injustamente con nadie; debían asimismo decirles,
-que en lo futuro no se les toleraría perjudicasen a nadie, mientras
-que si obraban justamente con los aliados, sería alabada su conducta.
-Así, pues, reuniendo a los soldados, les dijeron cuanto se les había
-encargado; pero el que había sido jefe de las tropas de Ciro les
-contestó:</p>
-
-<p>—«Ciudadanos de Lacedemonia, nosotros somos hoy lo mismo que éramos
-antes; pero el jefe que hoy tenemos no es el mismo que era entonces; he
-ahí por qué no cometemos hoy las mismas faltas, como podéis cercioraros
-por vosotros mismos.»</p>
-
-<p>Mientras los diputados de Lacedemonia y Dercílidas habitan juntos en
-una misma tienda, uno del séquito de Áraco cuenta que habían dejado en
-Lacedemonia mensajeros del Quersoneso que iban a quejarse de que no se
-podían cultivar las tierras de aquella región a causa de las incesantes
-correrías de los tracios, y que si se elevaba una muralla de mar a mar,
-se conseguiría poder gozar de grandes extensiones de buen terreno que
-podrían cultivar cuantos espartanos quisieran, y añadían que no les
-admiraría que enviase Lacedemonia algunos de sus ciudadanos con las
-fuerzas necesarias para realizar este proyecto. Nada dice Dercílidas
-del plan que ha formado al oír este relato, y les envía entonces a
-Éfeso para recorrer<span class="pagenum" id="Page_99">p. 99</span> las
-ciudades griegas, muy contentos por la seguridad de que las hallarán
-tranquilas y prósperas. Pónense aquellos en marcha, y Dercílidas,
-sabiendo que se queda aquel año con el mando, envía nuevamente a
-pedir a Farnabazo qué prefiere, prolongar la tregua del invierno, o
-la guerra. Prefiriendo aún aquel la tregua, y habiendo Dercílidas
-asegurado así la paz para las ciudades limítrofes, cruza el Helesponto
-con su ejército y pasa a Europa atravesando la parte de Tracia que
-le es amiga, y recibiendo la hospitalidad del rey Seutes, llega al
-Quersoneso. Después que reconoce contiene once o doce ciudades, que
-posee un excelente suelo, favorable a toda clase de cultivo, pero que
-según se le ha dicho se halla devastado por los tracios, mide el istmo,
-y averiguando tiene treinta y siete estadios, no vacila ya, ofrece
-sacrificios a los dioses y hace principiar el muro, señalando a cada
-soldado el espacio que tiene que construir, y prometiendo brillantes
-premios a los primeros que terminen su tarea, y recompensas a todos los
-que de ellas se hagan dignos, con lo cual queda terminada antes del
-otoño la muralla, que había sido principiada en la primavera, detrás de
-la cual quedan completamente protegidas once ciudades, varios puertos,
-gran extensión de excelente tierra cultivable, de campos en pleno
-cultivo y magníficos y abundantes pastos para toda clase de ganados.
-Hecho esto, vuelve a pasar a Asia.</p>
-
-<p>Observando la situación de las diferentes ciudades, ve que en
-general se hallan en plena prosperidad, excepto Atarneo, que halla
-ocupada por desterrados de Quíos, los cuales, partiendo de esta plaza,
-saquean y devastan Jonia, viviendo de su rapiña.<span class="pagenum"
-id="Page_100">p. 100</span> Aunque informado Dercílidas de que están
-abundantemente provistos de víveres, acampa alrededor de sus muros y
-la sitia. A los ocho meses se apodera de ella, y colocando a Dracón
-de Pelene por gobernador, después de llenar la plaza de toda clase de
-provisiones con objeto de hacer de ella un descanso para cuando pase
-por allí, se dirige a Éfeso, que está a tres jornadas de Sardes.</p>
-
-<p>Hasta entonces Tisafernes y Dercílidas, así como los demás griegos
-y bárbaros de aquellas regiones, habían vivido en paz; pero llega
-a Lacedemonia una diputación de las ciudades jonias anunciando que
-si Tisafernes quiere, pueden hacerse independientes las ciudades
-griegas, y que además, si se inquieta Caria, donde reside Tisafernes,
-se conseguirá fácilmente el reconocimiento de dicha independencia.
-Oyendo esto los éforos, mandan a Dercílidas que invada con su ejército
-Caria, y a Fárax, comandante de las naves, que amenace las costas de
-dicha comarca. Ejecutan ambos estas órdenes coincidiendo con la llegada
-de Farnabazo junto a Tisafernes, tanto por haber sido nombrado este
-general en jefe de las tropas, como con el intento de asegurarle estaba
-pronto a hacer la guerra mancomunadamente con él y peleando juntos
-para arrojar a los griegos de los dominios del rey; por lo demás,
-sufría su amor propio por haberse dado el mando a Tisafernes, y no
-podía en modo alguno consolarse de la pérdida de Eólida. Tisafernes,
-después de haberle oído, le dice que comenzarán por dirigirse a
-Caria, y que después decidirán lo que debe hacerse. Llegados a ella,
-después de haber dejado suficientes tropas en las guarniciones de las
-fortalezas,<span class="pagenum" id="Page_101">p. 101</span> deciden
-volver a Jonia. Informado Dercílidas de que han pasado nuevamente
-el Meandro, comunica a Fárax el temor de que Tisafernes y Farnabazo
-saqueen y devasten el país poco fortificado que tienen que recorrer
-y atraviesa también él el río. Iban marchando los dos jefes seguidos
-del ejército, algo en desorden, puesto que creían al enemigo en camino
-para Éfeso, <span id="tumulos">cuando</span> de pronto ven algunos
-centinelas subidos en los túmulos funerarios<a id="FNanchor_99"
-href="#Footnote_99" class="fnanchor">[99]</a>, y subiendo también sobre
-algunos de los túmulos y algunas torres que por allí había, distinguen
-formados en batalla sobre el camino que deben seguir, a los carios, de
-blancos escudos, a todo el ejército persa de aquellas comarcas, a las
-tropas griegas que tenían a sueldo cada uno de los dos sátrapas, y a
-su caballería, bastante numerosa, con Tisafernes en el ala derecha y
-Farnabazo en la izquierda.</p>
-
-<p>Al ver esto Dercílidas, manda inmediatamente a los jefes y capitanes
-hagan formar a toda prisa sus tropas a ocho en fondo y se coloquen
-a ambos lados los peltastas y caballos en el mayor número posible,
-y él ofrece un sacrificio. Todas las tropas peloponesias aguantan a
-pie firme y se preparan para el combate; pero los de Priene, Aquileo,
-de las islas y de las ciudades jonias, arrojando las armas entre los
-trigos, pues había espesas mieses en la llanura del Meandro, huyen
-en gran parte, y cuantos quedan, dejan ver que no sostendrán el
-choque. Anuncian<span class="pagenum" id="Page_102">p. 102</span>
-que Farnabazo da la señal de combate, pero Tisafernes, acordándose
-del valor con que se batió contra los persas el ejército de Ciro, y
-creyendo que todos los griegos se parecen a esas tropas, no quiere
-aventurar el combate, sino que hace decir a Dercílidas desea entrar
-en parlamento con él: este en seguida, tomando los mejores de su
-caballería e infantería, se adelanta hacia los mensajeros y les
-dice:</p>
-
-<p>—«Ya veis que estaba dispuesto a combatir, pero ya que desea
-Tisafernes parlamentar, no me niego; únicamente es preciso demos y
-recibamos primero rehenes y garantías de buena fe.»</p>
-
-<p>Aceptada esta proposición, después de realizarla, retíranse
-los dos ejércitos: el de los bárbaros, a Trales de Caria, y los
-griegos a Leucofris<a id="FNanchor_100" href="#Footnote_100"
-class="fnanchor">[100]</a>, donde se halla un templo de Diana muy
-venerado y un lago de más de un estadio de circuito, notable por su
-arenoso fondo y por el agua continua potable y templada.</p>
-
-<p>Así se pasa este día, y al siguiente reúnense en el lugar indicado
-y deciden se enuncien por cada cual las condiciones bajo las cuales
-puede firmarse la paz. Dercílidas propone que reconozca el rey la
-independencia de las ciudades griegas, y Tisafernes y Farnabazo que
-el ejército griego evacue el territorio del rey y que retiren los
-lacedemonios los gobernadores de las ciudades. Aceptado esto, convienen
-en una tregua que dure mientras Dercílidas comunica las proposiciones a
-Lacedemonia y Tisafernes al rey.</p>
-
-<p>Mientras se verifica todo esto en Asia bajo el<span class="pagenum"
-id="Page_103">p. 103</span> mando de Dercílidas, irritados los
-lacedemonios desde largo tiempo contra los eleos, porque habían hecho
-alianza con los atenienses, argivos y mantineos, por haber rehusado
-admitir a los lacedemonios, bajo pretexto de haberles condenado, en los
-combates hípicos y gimnásticos, y no solo por esto, sino también porque
-habiendo Licas entregado su carro a los tebanos, y estos, habiendo
-sido proclamados vencedores, al adelantarse aquel para coronar al
-cochero, le dan de palos, a pesar de ser un anciano, y le arrojan de
-allí, y porque más tarde habiendo Agis sido enviado por un oráculo para
-sacrificar a Júpiter, se opusieron los eleos y no quisieron procurase
-obtener una victoria con sus ruegos y plegarias, pretendiendo además
-que, según una antigua ley de los griegos, no podían estos recurrir
-al oráculo en una guerra con otros griegos, de manera que Agis tuvo
-que marchar de allí sin haber podido ofrecer los sacrificios; por todo
-esto, sobremanera irritados, deciden los éforos y la asamblea hacerles
-entrar en razón, castigando su osadía. A este efecto envían mensajeros
-a Élide para declarar que ha parecido justo a los magistrados de
-Lacedemonia devuelvan los eleos su independencia a las ciudades
-vecinas; contestan estos que habiendo conquistado por la guerra estas
-ciudades, no quieren acceder a lo que se les pide, y entonces los
-éforos les declaran la guerra. A la cabeza de su ejército atraviesa
-Agis la Acaya e invade la Élide por Lariso<a id="FNanchor_101"
-href="#Footnote_101" class="fnanchor">[101]</a>, pero al momento<span
-class="pagenum" id="Page_104">p. 104</span> en que sus tropas entran en
-territorio enemigo y principian a saquearle, sobreviene un temblor de
-tierra, por lo cual Agis, considerándolo como un signo divino, saliendo
-del territorio eleo licencia a su ejército. Desde entonces los eleos se
-hacen más audaces y envían diputados a todas los ciudades que saben se
-hallan indispuestas con los lacedemonios.</p>
-
-<p>Al año siguiente<a id="FNanchor_102" href="#Footnote_102"
-class="fnanchor">[102]</a> decretan los éforos otra expedición contra
-Élide, y exceptuando a los beocios y corintios, todos los aliados,
-incluso los atenienses, se ponen a las órdenes de Agis. Penetra
-Agis en Élide por Aulón<a id="FNanchor_103" href="#Footnote_103"
-class="fnanchor">[103]</a>, y en seguida los lepreatas, abandonando a
-los eleos, se le unen seguidos de los macistios y epitalios; después
-de haber pasado el río<a id="FNanchor_104" href="#Footnote_104"
-class="fnanchor">[104]</a>, se le entregan los letrinos, los anfídolos
-y los marganeos. Dirígese entonces a Olimpia y sacrifica a Zeus
-olímpico sin que nadie se lo impida. Después de haber sacrificado
-marcha contra la ciudad, saqueando e incendiando el país, apoderándose
-de extraordinario número de animales y de esclavos, oyendo lo cual
-llegan grandes grupos de arcadios y de aqueos para tomar parte
-espontáneamente en la expedición y en el botín; de manera que esta
-expedición vino a ser como un abastecimiento para el Peloponeso.</p>
-
-<p>Llegado junto a la población, Agis devasta los suburbios y los
-gimnasios, notables por su hermosura; y en cuanto a la ciudad,
-desprovista de murallas, bien se comprende que si no la tomó no fue
-porque no pudo, sino porque no quiso.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_105">p. 105</span>Mientras saquea el
-país y el ejército esté acampado junto a Cilene, los partidarios de
-Xenias, de quien se dice haber medido a celemines el dinero heredado de
-su padre, quieren entregar la ciudad a los lacedemonios, y echándose a
-la calle espada en mano, degüellan algunos ciudadanos, y entre otros a
-un hombre parecido a Trasideo, jefe del partido popular, creyendo que
-era este, con lo cual el pueblo, completamente desanimado, se halla
-en la inacción: los asesinos creen haber hecho ya cuanto tenían que
-hacer, y sus cómplices transportan las armas a la plaza pública; pero
-Trasideo se hallaba aún durmiendo en el mismo sitio en que se había
-apoderado de él la borrachera. Así que el pueblo sabe que Trasideo no
-ha muerto, rodeando su casa por todas partes como un enjambre de abejas
-alrededor de su reina, y después de reunir al ejército, se pone a su
-cabeza y tiene lugar un combate en el que queda vencedor el pueblo, y
-los autores del degüello tienen que refugiarse en Lacedemonia.</p>
-
-<p>Agis, al marchar, después de atravesar nuevamente el Alfeo dejando
-una guarnición en Epitalio junto a este río, con los fugitivos de
-Élide, y nombrando gobernador a Lisipo, licencia el ejército y regresa
-a su país. Durante el resto del verano y en el siguiente invierno,
-Lisipo y los suyos devastan el país de los eleos, y al verano
-siguiente, Trasideo, mandando mensajeros a Lacedemonia, les participa
-que consiente en demoler las murallas de Fea y Cilene, y liberar las
-ciudades trifilias: Frixa y Epitalio, y a los letrinos, anfídolos y
-marganeos, así como a los acroreos y la ciudad de Lasión, que les
-disputaban los arcadios, exigiendo, sin embargo, quedarse con Epeo,
-situada entre Herea y Macisto,<span class="pagenum" id="Page_106">p.
-106</span> que decían haber comprado por treinta talentos, habiéndolos
-pagado a los que poseían dicha ciudad: pero los lacedemonios,
-conociendo que es tan injusto tratando con uno más débil, comprar
-algo por fuerza, como tomárselo con violencia, les obligan también a
-renunciar a dicha ciudad, sin quitarles la presidencia del templo de
-Júpiter olímpico aunque no la poseyesen desde mucho tiempo antes, por
-ser los pretendientes a la misma muy poco idóneos para ella. Hechas
-estas concesiones, se ajusta un tratado de paz y de alianza entre los
-eleos y los lacedemonios, y de este modo termina la guerra entre los
-dos pueblos.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch3_3">
- <h3>CAPÍTULO III.</h3>
-</div>
-
-<p>Dirígese después Agis a Delfos<a id="FNanchor_105"
-href="#Footnote_105" class="fnanchor">[105]</a>, donde ofrece el diezmo
-del botín; pero a su regreso a Herea, y siendo ya viejo, se siente
-enfermo y ordena le lleven a Lacedemonia, donde llega aún vivo, pero
-donde muere al poco tiempo, haciéndole unos funerales más espléndidos
-de lo que puede esperar hombre alguno.</p>
-
-<p>Transcurridos los días de luto, cuando debe ser elegido el rey,
-levántanse rivales pretensiones a la realeza entre Leotíquides,
-que decía ser hijo de Agis, y Agesilao, hermano de este último.
-Leotíquides decía<a id="FNanchor_106" href="#Footnote_106"
-class="fnanchor">[106]</a>:</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_107">p. 107</span>—«Agesilao,
-bien sabes que el hijo del rey y no el hermano debe ser elegido, y
-únicamente si no hay hijos es cuando debe serlo el hermano.</p>
-
-<p>—Pues por eso debo ser rey.</p>
-
-<p>—¿Cómo es posible, si estoy yo aquí?</p>
-
-<p>—Pues muy sencillo, porque aquel a quien tú llamas padre, dice que
-no eres suyo.</p>
-
-<p>—Pero mi madre, que debe saberlo mejor que él, dice que lo soy.</p>
-
-<p>—Poseidón<a id="FNanchor_107" href="#Footnote_107"
-class="fnanchor">[107]</a> declara que miente, pues echó a tu padre del
-tálamo nupcial a la vista de todo el mundo con un temblor de tierra,
-y este hecho está confirmado por un testigo que se considera el más
-verdadero de todos, el tiempo, puesto que tú no naciste hasta diez
-meses después que tu padre huyó del tálamo y no volvió a él.»</p>
-
-<p>He aquí lo que decían; Diópites, hombre muy versado en la
-interpretación de los oráculos, recuerda en apoyo de Leotíquides un
-oráculo de Apolo que dice deben guardarse de un rey cojo; pero Lisandro
-replica en favor de Agesilao, que no cree ordene el dios se guarden
-de uno que sea verdaderamente cojo, sino de un rey que no fuera de
-sangre real, porque entonces sería verdaderamente coja la realeza, no
-descendiendo de Hércules los jefes de la ciudad. Después de haber oído
-a las dos partes, elige la ciudad por rey a Agesilao.</p>
-
-<p>No había transcurrido aún un año desde que era rey Agesilao,
-cuando un día, mientras se hallaba ofreciendo para el estado uno
-de los sacrificios prescritos, el augur exclama, que los dioses
-indican una conjuración de las más terribles; sacrificando de nuevo,
-preséntanse aun más funestos los signos, y<span class="pagenum"
-id="Page_108">p. 108</span> al sacrificar por tercera vez el rey, le
-dice el adivino: «Agesilao, parece que estamos rodeados de enemigos; he
-aquí los signos.» Sacrificase inmediatamente a los dioses protectores
-y salvadores, y se cesa así que se han obtenido, no sin trabajo,
-signos favorables. Hacía ya cinco días que estaban terminados estos
-sacrificios, cuando un hombre denuncia a los éforos una conjuración de
-la que es jefe Cinadón. Era este un joven de exterior y alma varoniles,
-pero que no pertenecía a la clase de los iguales<a id="FNanchor_108"
-href="#Footnote_108" class="fnanchor">[108]</a>. Pídenle los éforos
-detalles de cómo debe aquella realizarse, y el denunciador refiere
-que Cinadón le ha conducido a un extremo de la plaza pública y le ha
-mandado contara el número de los espartanos que se hallaban en ella.</p>
-
-<p>—«Y yo —dijo—, después de haber contado el rey, los éforos, los
-senadores y algunos otros, en número de unos cuarenta, pregunté:
-¿Por qué, Cinadón, me has hecho contar toda esa gente? A lo cual me
-contestó: Debes considerar a todos estos como enemigos; todos los demás
-que se encuentran sobre la plaza pública, en número de más de cuatro
-mil, puedes considerarlos, por el contrario, como aliados.»</p>
-
-<p>Después añade que Cinadón le ha enseñado en las calles unas veces
-uno y otras veces dos a quienes daba el nombre de enemigos, mientras
-que todos los demás, decía, eran amigos y del propio modo de los
-espartanos que están en el campo, pues siendo enemigo el dueño, todos
-los demás son aliados. Los éforos le preguntan cuál puede ser el número
-de los conjurados, y contesta que también sobre este punto le ha dicho
-Cinadón que los jefes tienen<span class="pagenum" id="Page_109">p.
-109</span> únicamente un pequeño número de auxiliares, pero que les son
-completamente fieles los hilotas, los neodamodes, las clases inferiores
-y los periecos. Cada vez que entre esta gente la conversación gira
-sobre los espartanos, ninguno de ellos puede ocultar que les sería
-agradable el comérselos crudos. Pídenle también:</p>
-
-<p>—«Pero ¿cómo pensabais procuraros armas?»</p>
-
-<p>Y él contesta:</p>
-
-<p>—«Los jefes de nuestra conspiración dicen siempre que poseen las
-armas necesarias.»</p>
-
-<p>Y en cuanto a las armas para la multitud, cuenta que Cinadón le ha
-llevado al mercado del hierro, donde le ha enseñado gran cantidad de
-sables, espadas, estoques, hachas, hachuelas y hoces, y le ha dicho que
-todos los instrumentos que emplean los hombres para trabajar la tierra
-y para labrar la madera y la piedra, son otras tantas armas, así como
-la mayor parte de los útiles de los otros oficios, son armas bastantes
-contra gente desarmada. Finalmente, se le pide la fecha en que debe
-estallar la conspiración, y refiere que se le ha recomendado no se
-aleje de la ciudad.</p>
-
-<p>Inmediatamente, y sin convocar siquiera lo que se llama la pequeña
-asamblea, los éforos, después de oír todos estos datos y comprendiendo
-que existe un plan determinado y completo en la conjuración,
-sobrecogidos por el miedo, reúnen a toda prisa algunos ancianos, y
-deciden enviar a Cinadón con otros jóvenes al pueblo de Aulón con
-orden de conducir algunos hilotas y aulonitas, cuyos nombres están
-escritos en una escítala<a id="FNanchor_109" href="#Footnote_109"
-class="fnanchor">[109]</a>. Danle asimismo<span class="pagenum"
-id="Page_110">p. 110</span> orden para conducir de aquella ciudad a una
-mujer que decían era muy hermosa y a quien acusaban de haber corrompido
-a todos los lacedemonios jóvenes y viejos que habían ido a Aulón,
-encargo semejante a los que ya otras veces le habían confiado los
-éforos. En esta ocasión le dan la escítala en la cual estaban escritos
-los nombres de los que debía prender, y cuando pide quiénes son los
-que tienen que ir con él, «dirígete al más anciano de los hipagretas<a
-id="FNanchor_110" href="#Footnote_110" class="fnanchor">[110]</a>,
-le dicen, y ruégale te entregue seis o siete de los que se hallen
-presentes.» Se había tenido buen cuidado de hacer saber al hipagreta
-a quiénes debía mandar, y estos sabían también que debían prender a
-Cinadón. Dícesele asimismo que irán con él tres carros para que no
-tengan que ir a pie los presos, procurando así ocultar lo mejor posible
-el único objeto para que se le enviaba. No se apoderaron de él en la
-ciudad por no saber la extensión de la conspiración, y para averiguar
-por Cinadón quiénes eran sus cómplices, antes que estos pudieran
-saber se les había denunciado, y por lo tanto tomar la fuga. Los
-encargados de prenderle debían retenerle e informarse de los nombres
-de sus cómplices, enviándolos después inmediatamente, por escrito, a
-los éforos. Estos tenían tanto interés en el<span class="pagenum"
-id="Page_111">p. 111</span> buen éxito de su plan, que habían enviado
-un escuadrón de caballería con los que se dirigían a Aulón. Así que
-está preso Cinadón, llega un soldado de a caballo con los nombres
-que aquel ha escrito, e inmediatamente los éforos hacen prender al
-adivino Tisámeno y a los más notables de los conjurados. Cuando llega
-Cinadón declara de plano y lo confiesa todo, incluso el nombre de sus
-cómplices, y cuando se le pide qué objeto se proponía con su trama,
-contesta que no quería ser inferior a nadie en Esparta. Después de
-esto, átanle las dos manos, pásanle el cuello en una pieza de madera,
-danle azotes, clávanle aguijones y es paseado así con sus cómplices por
-la ciudad. Tal fue el castigo que recibieron.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch3_4">
- <h3>CAPÍTULO IV.</h3>
-</div>
-
-<p>Después de estos sucesos, cierto siracusano, llamado Herodas, que
-se hallaba en Fenicia con el dueño de una nave, viendo gran movimiento
-en las trirremes fenicias, que se equipaban otras en los astilleros y
-que se construían buques de toda clase en gran número, averigua que
-deben formar parte de una flota de trescientas naves, y subiendo en la
-primera que se hace a la vela para Grecia, llega a Lacedemonia para
-anunciar que el rey y Tisafernes preparan una expedición que ignora
-contra quién irá dirigida.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_112">p. 112</span>Sobresaltados
-los espartanos, reúnen a sus aliados, consultando sobre el partido
-que deben tomar, y Lisandro, que conoce la superioridad de la marina
-griega, y recuerda la retirada del ejército heleno que había ayudado
-a Ciro, persuade a Agesilao para que se encargue de dirigir una
-expedición a Asia, poniendo a sus órdenes treinta espartanos, dos
-mil neodamodes y seis mil hombres de los aliados. Tenía asimismo la
-intención de acompañar a Agesilao a fin de restablecer las decarquías<a
-id="FNanchor_111" href="#Footnote_111" class="fnanchor">[111]</a> en
-las ciudades donde en otro tiempo las había instalado pero que habían
-sido más tarde abolidas por los éforos al restablecer los antiguos
-gobiernos.</p>
-
-<p>Acepta Agesilao el mando de esta expedición, concediéndole
-los lacedemonios cuanto pide, y proveyéndole de víveres para
-seis meses. Después de haber ofrecido a los dioses los debidos
-sacrificios, principalmente los necesarios para pedir un viaje
-feliz, se pone en marcha<a id="FNanchor_112" href="#Footnote_112"
-class="fnanchor">[112]</a>, no sin haber mandado antes mensajeros a
-los diferentes estados, fijando el número de soldados que debe enviar
-cada uno y el sitio en donde deben reunírsele, yendo a sacrificar, como
-Agamenón al dirigirse a Troya, a Áulide. Informados los beotarcas<a
-id="FNanchor_113" href="#Footnote_113" class="fnanchor">[113]</a>
-de que ofrecía sacrificios, envían soldados de caballería que le
-ordenan cese al instante en sus sacrificios, y que arrojan asimismo
-del altar las víctimas que allí encuentran inmoladas. Irritado
-Agesilao y tomando a los dioses<span class="pagenum" id="Page_113">p.
-113</span> por testigos, embárcase en una trirreme, llega a Gerasto<a
-id="FNanchor_114" href="#Footnote_114" class="fnanchor">[114]</a>,
-donde reúne la mayor parte de sus tropas, al frente de las cuales se
-hace a la vela para Éfeso.</p>
-
-<p>Una vez allí, recibe un mensaje de Tisafernes pidiéndole el motivo
-de su llegada. Contéstale Agesilao es para asegurar la independencia de
-las ciudades de Asia, a fin de que gocen la misma libertad que las de
-Grecia. Replícale entonces Tisafernes:</p>
-
-<p>—«Si quieres ejecutar una tregua hasta que lleguen las órdenes del
-rey, me parece podrás volverte después de haberlo conseguido.</p>
-
-<p>—Bien lo quisiera, contesta Agesilao, pero temo quieras engañarme;
-mientras tanto, a cambio de las garantías que me des, puedo ofrecerte
-que si obras con sinceridad ningún daño causaremos a tus provincias
-mientras dure la tregua.»</p>
-
-<p>Después de estos preliminares, jura Tisafernes que desea de buena
-fe la paz, ante los enviados de Agesilao, Herípidas, Dercílidas y
-Megilo, y estos se comprometen por juramento, a nombre de Agesilao ante
-Tisafernes, a respetar la tregua mientras sea este fiel a su palabra.
-Tisafernes, sin embargo, no tarda en faltar a su juramento, pues en
-lugar de respetar la paz, hace pedir al rey un ejército numeroso para
-reforzar el suyo; pero Agesilao, aunque conociendo esta conducta,
-permanece fiel a la tregua.</p>
-
-<p>Mientras permanece inactivo y en reposo en Éfeso, encuéntranse las
-ciudades en plena anarquía, pues había sido derribada la democracia
-que habían constituido los atenienses, y no había sido tampoco<span
-class="pagenum" id="Page_114">p. 114</span> restablecida la decarquía
-establecida por Lisandro; sus habitantes, que tanto querían a Lisandro,
-le suplican con vehemencia obtenga de Agesilao lo que desean, por lo
-cual está siempre rodeado de una apretada muchedumbre, que le sigue
-a todas partes, pareciendo Agesilao un simple particular, mientras
-Lisandro se asemeja a un rey, lo cual contribuye a excitar contra
-él a Agesilao, como pudo verse más tarde. Los Treinta no pueden
-tampoco ocultar su envidia y representan a aquel cuán culpable es la
-conducta de Lisandro, que despliega un fausto verdaderamente real;
-de ahí que cuando este le presenta algunas personas, niega Agesilao
-todas las peticiones en que parece interesarse Lisandro. Finalmente
-apercibiéndose este de que todos los asuntos por los que se interesa
-son despachados en sentido contrario a su deseo, adivina el motivo de
-ello, y desde entonces no consiente que nadie le acompañe, y manifiesta
-sin ambages a cuantos reclaman su mediación, que sus asuntos tendrán
-peor éxito si interviene en ellos, y no pudiendo ya soportar por más
-tiempo su infortunio, dirigiéndose a Agesilao le dice:</p>
-
-<p>—«Agesilao, tú no buscas más que humillar a tus amigos.</p>
-
-<p>—Sí, por Júpiter —contesta este—, en cuanto a aquellos que
-desean sobreponérseme, porque respecto a aquellos que procuran mi
-engrandecimiento, consideraría como una gran vergüenza el no procurar
-honrarles como merecen.</p>
-
-<p>—Posible es —replica Lisandro— que obres en ello con más justicia
-que yo, pero concédeme una nueva gracia, a fin de que no me deshonre
-el no poder conseguir nada junto a ti, y que al mismo tiempo no sea
-un obstáculo a tus acciones:<span class="pagenum" id="Page_115">p.
-115</span> envíame a cualquier parte, pues donde quiera que sea
-procuraré serte útil.»</p>
-
-<p>Después de haber hablado así, parécele conveniente a Agesilao y
-le manda al Helesponto. Una vez allí, Lisandro averigua que el persa
-Espitrídates ha sido humillado por Farnabazo, y teniendo con él una
-entrevista le persuade a que se una a los griegos con sus hijos, sus
-riquezas y unos doscientos caballos, dejando a los cuales en Cícico se
-embarca con Espitrídates y su hijo y los conduce a Agesilao. Este, al
-verlos, admirablemente complacido por esta acción, se informa del país
-y del mando de Farnabazo.</p>
-
-<p>Enorgullecido Tisafernes por saber se halla en camino el ejército
-que le envía el rey, declara la guerra a Agesilao si no sale de Asia;
-los aliados y los lacedemonios que allí se hallaban se muestran
-apesadumbrados, comprendiendo la grande inferioridad de las fuerzas de
-Agesilao, comparadas al grande aparato de las del rey; pero aquel, con
-rostro alegre, ordena a los mensajeros den a Tisafernes las gracias
-por haberse hecho enemigos de los dioses con su perjurio, y haberlos
-convertido con él en aliados de los griegos. Da inmediatamente orden
-a sus soldados para que hagan sus preparativos de campaña, y a las
-ciudades por donde debía pasar para dirigirse a Caria, la de tener
-bien provistos sus mercados, y envía asimismo a los jonios, eolios
-y helespontinos la orden de que le manden a Éfeso las tropas que
-deben proporcionarle. Tisafernes, sabiendo que Agesilao no tiene
-caballería mercenaria y que Caria no se presta para las maniobras de
-la caballería, así como que le guarda aquel rencor por su perfidia,
-y creyendo que<span class="pagenum" id="Page_116">p. 116</span>
-Agesilao va a dirigirse directamente hacia Caria, su residencia, hace
-pasar a ella toda su infantería y ocupa con su caballería la llanura
-del Meandro, esperando hallarse en situación para aplastar con sus
-caballos a los griegos antes de que puedan estos llegar a las otras
-comarcas, que no son favorables para las maniobras de la caballería.
-Pero Agesilao, en vez de dirigirse directamente a Caria, cambia
-súbitamente de dirección y avanza por Frigia, reclutando fuerzas a
-su paso, sometiendo ciudades y recogiendo abundante botín con esta
-repentina invasión. Avanzan con entera tranquilidad; pero al llegar
-junto a Dascilio, los soldados de caballería de su vanguardia suben
-a una colina para reconocer el país que se ofrece a su vista, y da
-la casualidad que los caballos de Farnabazo, mandados por Ratines
-y Bageo, hermano natural de Farnabazo, en número igual al de los
-griegos, galopan también por orden de este último en dirección a la
-misma colina. Cuando se distinguen unos a otros no distaban ya entre
-sí más de cuatro pletros<a id="FNanchor_115" href="#Footnote_115"
-class="fnanchor">[115]</a>; fórmanse los griegos en falange en
-cuatro filas, y los bárbaros a doce de frente, pero con el fondo
-muy nutrido; atacan los primeros y vienen a las manos. A cada golpe
-rompen los griegos sus lanzas, mientras los persas, que las tienen
-de cornejo, matan en poco tiempo a doce soldados y dos caballos, con
-lo cual declárase en fuga la caballería griega; pero llega Agesilao
-en su auxilio con los hoplitas, y tienen los bárbaros que<span
-class="pagenum" id="Page_117">p. 117</span> retroceder después de haber
-sido muerto uno de los suyos.</p>
-
-<p>Al día siguiente de esta escaramuza entre la caballería, ofrece
-Agesilao un sacrificio para el ataque; pero siendo desfavorables las
-entrañas de las víctimas, retrocede hacia el mar. Conociendo que no
-podrá adelantarse en la llanura mientras no posea una caballería
-bastante fuerte, comprende debe procurársela a todo trance, a fin de
-no tener que hacer la guerra huyendo; ordena, por lo tanto, a los más
-ricos de todas las ciudades de la comarca procuren criar caballos,
-anuncia que dispensará del servicio a todo el que presente un caballo
-con su equipo y un soldado experto en el manejo del mismo y hace
-ejecutar con prontitud sus órdenes, como si se tratase de que cada cual
-pusiera un sustituto para morir en su lugar.</p>
-
-<p>Al principiar la primavera<a id="FNanchor_116" href="#Footnote_116"
-class="fnanchor">[116]</a> reúne todo su ejército en Éfeso, y queriendo
-adiestrarle, promete premios a las tropas de caballería que mejor
-maniobren, a los hoplitas que tengan el cuerpo más robusto y a<span
-class="pagenum" id="Page_118">p. 118</span> los peltastas y arqueros
-que muestren mejor puntería en sus tiros; hubiérase visto entonces
-los gimnasios llenos de hombres que se ejercitaban, los hipódromos de
-los que evolucionaban a caballo, y de arqueros y saeteros que tiraban
-al blanco. La ciudad entera en que se hallaba ofrecía un interesante
-aspecto: la plaza pública llena por todas partes de armas y caballos
-en venta; los obreros de toda clase, en cobre, en madera, en hierro,
-en cuero y en pintura, trabajando en la fabricación de armas; en
-fin, hubiera podido tomarse a Éfeso como un taller de la guerra.
-Nada inspiraba, sobre todo, tanta confianza como el ver al mismo
-Agesilao y a sus soldados con coronas de flores ir a ofrecerlas al
-salir de los gimnasios a la diosa Diana; porque ¿cómo no hallar buenas
-esperanzas donde los hombres respetan a los dioses, se ejercitan en
-la guerra y obedecen a sus jefes? Persuadido asimismo Agesilao de que
-el desdén hacia el enemigo da valor para combatirle, dio orden a los
-pregoneros para que vendieran desnudos a los bárbaros cogidos por los
-exploradores, y los soldados, viendo aquellos cuerpos tan blancos,
-porque no se desnudan nunca, linfáticos y obesos, pues siempre se
-hallaban montados en los carros, comprendían que la guerra con ellos
-sería como si peleasen con mujeres.</p>
-
-<p>Con estos preparativos había transcurrido ya un año desde la marcha
-de Agesilao; de manera que Lisandro y los otros treinta vuelven a
-Esparta, siendo reemplazados por los que se habían nombrado bajo el
-mando de Herípidas. Agesilao confía la caballería a Jenocles y a
-otro jefe, los hoplitas neodamodes a Escites, a Herípidas las tropas
-que<span class="pagenum" id="Page_119">p. 119</span> habían servido
-a Ciro, y a Migdón el contingente de los aliados. Anuncia después a
-sus soldados va a llevarles por el más corto camino a la parte más
-fortificada del país, a fin de que preparen su espíritu y su cuerpo
-para combatir dentro de poco. Tisafernes cree quiere engañarle como la
-otra vez, y que su verdadero designio es el de dirigirse a Caria: hace,
-pues, pasar como la primera vez su infantería a dicha región, y coloca
-también su caballería en la llanura del Meandro; pero Agesilao, que no
-había mentido, se dirige inmediatamente, cumpliendo lo que había dicho,
-a la provincia de Sardes; marcha tres días a través del desierto, sin
-encontrar al enemigo, procurando a su ejército víveres en abundancia;
-pero al cuarto día se distingue la caballería de los bárbaros. El
-comandante de la caballería da orden al jefe de los escevóforos para
-que pase el Pactolo y asiente el campamento; y allí, al ver algunos
-sirvientes griegos apartarse de los suyos para saquear, matan a gran
-número de ellos, por lo cual Agesilao envía a la caballería para
-socorrerles. Por su parte los persas, al conocer les llega este
-refuerzo, reúnen también su caballería y hácenla avanzar en orden
-de batalla. Agesilao, al ver que los enemigos carecen de infantería
-mientras él tiene todas las fuerzas que necesita, juzga oportuno librar
-combate. Inmoladas las víctimas, hace avanzar a su falange contra la
-caballería enemiga, ordena a los hoplitas veteranos lleguen al mismo
-tiempo a la carrera y avancen corriendo los peltastas, así como manda
-cargar a la caballería, mientras él les sigue con todo el ejército.</p>
-
-<p>Rechazan los persas a la caballería; pero cayendo<span
-class="pagenum" id="Page_120">p. 120</span> sobre ellos todo el peso
-del ejército, tienen que replegarse, pereciendo unos inmediatamente
-en el río, mientras los otros se declaran en fuga. Persíguenles los
-griegos y se apoderan de su campamento, ocupándose los peltastas, según
-su costumbre, en saquear. Agesilao, envolviéndolo todo con su ejército,
-hace que los dos campos se confundan y realiza un inmenso botín que
-produce más de setenta talentos, además de los camellos de que se
-apoderan, y que se llevó Agesilao a Grecia.</p>
-
-<p>Mientras tenía lugar este combate, se hallaba Tisafernes en Sardes,
-por lo cual los persas le acusaron de haberles hecho traición, y el
-rey, considerándole como la causa de todos esos desastres, envió
-a Titraustes con orden de cortarle la cabeza. Hecho esto, envía
-Titraustes mensajeros a Agesilao para decirle:</p>
-
-<p>—«Agesilao, el autor de todas las dificultades entre ambos ha
-recibido ya su merecido castigo; el rey quiere que te vuelvas a tu
-país y que las ciudades independientes de Asia le paguen el antiguo
-tributo.»</p>
-
-<p>Agesilao contesta que no puede adherirse a esto sin el
-consentimiento de los magistrados de su país.</p>
-
-<p>—«Pues bien —dice Titraustes—, mientras esperas las instrucciones de
-tu patria, retírate al territorio de Farnabazo, pues yo te he vengado
-ya de tu enemigo.</p>
-
-<p>—Está bien —contesta Agesilao—; pero es preciso que proveas a mi
-ejército de los víveres necesarios, hasta que haya llegado allí.»</p>
-
-<p>Titraustes le da treinta talentos, y él los toma y se dirige a
-Frigia, que pertenecía a Farnabazo.</p>
-
-<p>Mientras estaba en la llanura que se encuentra pasada Cime, llega
-un mensajero de los magistrados de Esparta y le ordena tome también
-el mando de<span class="pagenum" id="Page_121">p. 121</span> la
-flota, escogiendo a quien quiera para comandante de las naves. Obran
-así los lacedemonios por la razón de que, gracias a la concentración
-del mando de los dos ejércitos en un solo jefe, el de tierra ganará
-mucho en poder, y la flota podrá también ser sostenida por el ejército
-cuando así fuese necesario. Al saber esta nueva, Agesilao excita a
-las ciudades situadas en las islas y en el litoral a que construyan
-cuantas trirremes puedan, con lo cual obtiene un refuerzo de ciento
-veinte naves, así de las ciudades a quienes las ha pedido, como de los
-particulares que quieren congraciarse con él. Escoge para comandante
-de las naves a Pisandro, su cuñado, amigo de la gloria y de alma bien
-templada, pero que carece del talento necesario para un mando tan
-elevado. Parte Pisandro para llenar sus funciones, y Agesilao continúa,
-como se había propuesto, su marcha contra Frigia.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch3_5">
- <h3>CAPÍTULO V.</h3>
-</div>
-
-<p>Creyendo Titraustes apercibirse de que Agesilao menosprecia el
-poder del rey y que en vez de evacuar Asia alimenta más bien grandes
-esperanzas de someterla, en la incertidumbre en que está respecto a lo
-que debe hacer, envía a Grecia<a id="FNanchor_117" href="#Footnote_117"
-class="fnanchor">[117]</a> al rodio Timócrates, a quien entrega unos
-cincuenta talentos<span class="pagenum" id="Page_122">p. 122</span> en
-oro, encargándole soborne a los magistrados de las diferentes ciudades,
-exija de ellos las mayores pruebas de fidelidad y les excite para que
-declaren la guerra a los lacedemonios. Parte aquel a Grecia y hace
-aceptar sus dones a Androclidas, Ismenias y Galaxídoro en Tebas, a
-Timolao y a Poliantes en Corinto y a Cilón y sus amigos en Argos. Los
-atenienses, aunque no participan de este oro, desean, sin embargo, la
-guerra con ardor, pues creen están bajo el yugo de Esparta. Comienzan
-los que han recibido el dinero por declamar en sus mismas ciudades
-contra los lacedemonios; después excitan contra ellos el odio de todos,
-y concluyen, por último, por confederar con ese objeto las ciudades más
-principales.</p>
-
-<p>Conociendo el gobierno de Tebas que si no se principia la guerra no
-querrán los lacedemonios romper la tregua con sus aliados, persuade
-a los locrios opuntios a que levanten tributos en el territorio que
-tienen en litigio con los focidios, con lo cual espera se arrojarán
-enseguida los focidios sobre la Lócrida, presunción que vienen a
-confirmar por completo los hechos, pues los focidios invaden aquella
-comarca y se apoderan de considerables riquezas. Con este motivo el
-partido de Androclidas persuade fácilmente a los tebanos a que socorran
-a los locrios ya que los focidios han invadido un territorio que no
-solo no está en litigio, sino que es reconocido por todos como amigo
-y aliado. Así, pues, cuando los tebanos verifican una nueva irrupción
-en la Fócida y devastan el país, envían los focidios diputados a
-Lacedemonia reclamando su auxilio, juzgándose dignos de él, pues no
-han principiado<span class="pagenum" id="Page_123">p. 123</span> la
-guerra, ya que, según afirman, solo se han dirigido contra los locrios
-para rechazarlos. Acogen con alegría los espartanos este pretexto
-para combatir con los tebanos, pues tiempo hacía les guardaban rencor
-por haber reclamado en favor de Apolo el diezmo del botín de Decelia
-y por no haberles querido acompañar en el ataque del Pireo, así como
-les acusaban también de haber convencido a los corintios para que no
-fuesen a pelear con ellos, ni habían olvidado tampoco el haber impedido
-a Agesilao sacrificar en Áulide, arrojando del altar las víctimas y el
-haber rehusado seguirle en su expedición a Asia. Consideran que es una
-preciosa ocasión para dirigir contra ellos un ejército y poner coto
-a su insolencia; sus asuntos en Asia hállanse en próspera situación,
-gracias a las victorias de Agesilao, y en Grecia ninguna otra guerra
-ha de servirles de obstáculo; por todo lo cual, estando los ciudadanos
-en esta disposición de ánimo, anúncianles los éforos la declaración
-de guerra y mandan a Lisandro junto a los focidios ordenándoles
-se dirijan a Haliarto<a id="FNanchor_118" href="#Footnote_118"
-class="fnanchor">[118]</a> con un ejército compuesto de focidios,
-eteos, heracleotas, melios y enianos. Pausanias debía también dirigirse
-allí el día prefijado, seguido de los espartanos y de los aliados
-peloponesios, para tomar el mando. Lisandro ejecuta puntualmente
-las órdenes recibidas y aparta además a Orcómeno del partido de los
-tebanos. Por su parte Pausanias, después de ofrecer los sacrificios
-impetrando el feliz viaje, se establece en Tegea, de donde envía a
-reclutar soldados a los jefes de los mercenarios y adonde consigue
-asimismo<span class="pagenum" id="Page_124">p. 124</span> se dirijan
-las tropas de las ciudades vecinas. Así que los tebanos tienen la
-seguridad de que los lacedemonios invadirán su país, envían mensajeros
-a Atenas que dicen al pueblo lo siguiente:</p>
-
-<p class="mt1">«Atenienses: Los cargos que nos habéis hecho de haber
-decretado al terminar la guerra, crueles leyes contra vosotros, no
-son justos; no era la ciudad, sino un solo hombre<a id="FNanchor_119"
-href="#Footnote_119" class="fnanchor">[119]</a>, quien lo propuso,
-pues se sentaba entonces en el consejo de los aliados. Pero cuando
-los lacedemonios hicieron decidirnos para atacar el Pireo, la ciudad
-en masa decretó que no nos uniéramos a ellos para esta expedición.
-Por esto, ya que sois vosotros una de las causas principales del odio
-que nos tienen los espartanos, creemos justo vengáis en socorro de
-nuestra ciudad. Pero aun creemos más, pues confiamos en que cuantos
-se hallaban entonces en vuestra población se apresurarán a marchar
-contra los lacedemonios. Ellos son, en efecto, los que después de
-haber impuesto al pueblo una oligarquía odiosa, y mientras se llamaban
-nuestros aliados llegando con poderoso ejército, os entregaron en manos
-de la multitud; de modo que no ha dependido de ellos el que no hayáis
-perecido por completo, pues el pueblo ha sido el que os ha salvado.</p>
-
-<p>»Todos sabemos, ¡oh atenienses! que queréis reconquistar vuestro
-antiguo poderío, y ¿qué mejor medio para conseguirlo que ayudar
-vosotros mismos a los que son víctimas de las injusticias de Esparta?
-No temáis el número de los que les siguen, pues<span class="pagenum"
-id="Page_125">p. 125</span> debéis ser mucho más audaces al recordar
-teníais tantos más enemigos cuando contabais con muchos aliados.
-Mientras carecían estos de quien protegiera su defección, ocultaban
-hipócritamente el odio que os tenían; pero así que los lacedemonios
-se pusieron a su cabeza, mostraron inmediatamente sus verdaderos
-sentimientos hacia vosotros. También hoy sucederá lo mismo; así que
-se haga público que nos unimos unos y otros para combatir a los
-lacedemonios, inmediatamente aparecerán, y en gran número, los que
-les detestan. Basta que reflexionéis un poco para convenceros de
-que es verdad cuanto os decimos. En efecto, ¿qué pueblo fiel les
-queda ahora? No serán sin duda los argivos, que se han considerado
-en todo tiempo como enemigos suyos, ni los eleos, pues acaban de
-enajenárseles al tomarles sus ciudades y gran parte de su territorio;
-y ¿qué diremos de los corintios, arcadios y aqueos, que, si bien
-cediendo a sus instancias, han compartido con ellos sus trabajos, sus
-peligros y sus gastos en la guerra que os hicieron, después de haber
-hecho cuanto querían, no han alcanzado la más pequeña parte en su
-poder, honores y riquezas? Por el contrario, se les ha envilecido e
-irritado al enviarles hilotas por gobernadores, del propio modo que
-supieron declararse jefes de los aliados independientes después de
-haber conseguido el predominio sobre vosotros. Por otra parte, han
-engañado notoriamente a cuantos apartaron de vuestra alianza, pues en
-vez de reconocerles su libertad, les han impuesto la doble tiranía
-de los gobernadores y de los Diez que estableció Lisandro en cada
-ciudad. Y el rey de Persia, después de haberles proporcionado los<span
-class="pagenum" id="Page_126">p. 126</span> recursos más considerables
-para batir vuestro poderío, ¿ha alcanzado, por ventura, ninguna ventaja
-que no hubiera podido obtener uniéndose a vosotros contra ellos?</p>
-
-<p>»¿No adquiriréis, pues, un poder mayor que el que teníais antes,
-si os ponéis al frente de los pueblos que tan imprudentemente han
-perjudicado? Durante la época de vuestro predominio teníais únicamente
-imperio sobre el mar; pues bien, ahora podéis dominarnos a todos
-nosotros, a los peloponesios, a las ciudades que antes os estaban
-sometidas y al mismo rey, cuyo poderío es tan grande. Bien sabéis que
-éramos para Esparta unos aliados dignos de ser tenidos en cuenta, y
-ahora es natural que combatamos con vosotros con una energía mucho
-mayor que la que desplegamos al combatir con ellos, pues la lucha
-actual no tiene por objeto pelear por los siracusanos o por algún otro
-pueblo extranjero, como sucedía entonces, sino por nosotros mismos, que
-hemos visto lesionados nuestros derechos.</p>
-
-<p>»No debéis ignorar tampoco que la codiciosa dominación de los
-lacedemonios es mucho más fácil de abatir que en otro tiempo lo fue la
-vuestra; vosotros teníais grandes fuerzas navales y mandabais sobre
-ciudades que carecían de ellas, y en cambio los lacedemonios, cuyo
-número es muy escaso, tiranizan a un gran número de estados que cuentan
-con mayores fuerzas que ellos. He aquí lo que os decimos; sabedlo bien,
-sin embargo, atenienses, pues creemos proponeros una alianza que os ha
-de ser mucho más ventajosa que a nosotros.»</p>
-
-<p class="mt1">Después de decir esto se callaron. Gran número<span
-class="pagenum" id="Page_127">p. 127</span> de atenienses hablan en
-igual sentido, y por unanimidad se decreta socorrer a los tebanos.
-Trasíbulo, después de leer el decreto a los enviados, les manifiesta
-que, aunque el Pireo carezca de muralla, no por eso Atenas retrocederá
-ante el peligro, para devolver a los tebanos más que lo que de ellos ha
-recibido.</p>
-
-<p>—«Vosotros —les dice— no habéis hecho más que rehusar a nuestros
-enemigos vuestro auxilio para combatirnos, y en cambio nosotros
-pelearemos con los que os ataquen.»</p>
-
-<p>Los tebanos regresan a su ciudad y se preparan a la defensa, así
-como los atenienses para ayudarles. Tampoco los lacedemonios dejan de
-prevenirse, pues el rey Pausanias avanza hacia Beocia con su ejército
-y el del Peloponeso a excepción de los corintios, que no han querido
-seguirle. Lisandro, que conduce los soldados de Fócide, de Orcómeno
-y de las demás ciudades de aquella región, llega antes que Pausanias
-frente a Haliarto, y una vez allí, no espera tranquilamente al ejército
-lacedemonio, sino que avanza contra la ciudad con las tropas que tiene;
-había persuadido ya a sus habitantes a que se apartaran del partido
-enemigo y a que se hicieran independientes, pero habiéndose opuesto a
-ello algunos tebanos que había en la ciudad, la pone sitio, lo cual
-sabido por los de Tebas, avanzan estos a la carrera, así hoplitas como
-caballos. No se ha averiguado aún si le sorprendieron de improviso o
-si es que creyó poder sostener su ataque con esperanza de vencerlos,
-pero lo que sí está completamente averiguado es que el combate tuvo
-lugar ante los muros, y que levantaron los tebanos un trofeo ante las
-puertas de Haliarto. Muerto Lisandro, huyen sus<span class="pagenum"
-id="Page_128">p. 128</span> soldados al monte, vigorosamente
-perseguidos por los tebanos, los cuales alcanzaban ya la cima, cuando
-los hoplitas enemigos, viéndoles atascados en desfiladeros estrechos y
-difíciles, se vuelven y les lanzan dardos y les rechazan. Dos o tres
-tebanos de los más osados perecen, y las piedras arrojadas desde la
-cima caen sobre los restantes, lo cual hace que volviendo al combate
-los fugitivos rechacen del monte con más de doscientos hombres de
-pérdida, a los tebanos.</p>
-
-<p>Contristados estos, pensando que en la jornada no han experimentado
-menos daño que el que han hecho sufrir al enemigo, recobran al día
-siguiente los ánimos al cerciorarse de que los focidios y demás
-aliados han regresado durante la noche a sus hogares. La llegada,
-sin embargo, de Pausanias y el ejército espartano hace creerles de
-nuevo en gran peligro, y se dice que el silencio y la consternación
-reinaba en su ejército; pero cuando al día siguiente llegan los
-atenienses para juntárseles y ven que Pausanias no se mueve ni presenta
-combate, comienzan a recobrar los ánimos. Convoca Pausanias a los
-polemarcas y penteconteras<a id="FNanchor_120" href="#Footnote_120"
-class="fnanchor">[120]</a>, deliberando sobre si debe librar el
-combate o proponer una tregua para levantar los cuerpos de Lisandro y
-de los que han perecido con él. Considerando todos ellos que Lisandro
-ha muerto, que su ejército ha sido vencido y dispersado y que los
-corintios no han querido tomar parte en esta guerra, así como que las
-tropas que mandan no se hallan muy dispuestas a combatir, deciden
-pedir una tregua para recoger<span class="pagenum" id="Page_129">p.
-129</span> los muertos, sobre todo después de considerar que la
-caballería enemiga es muy numerosa y muy débil la suya, y sobre
-todo que yaciendo los muertos al pie de los muros, aunque quedasen
-vencedores en la batalla sería muy difícil levantarlos, por impedirlo
-los soldados que estaban en las torres. Los tebanos declaran, sin
-embargo, que no devolverán los muertos si los lacedemonios no evacuan
-el país, cosa a que acceden gustosos, y recogiendo sus muertos salen de
-Beocia.</p>
-
-<p>Después de estos hechos, los lacedemonios se retiran completamente
-desconcertados, mientras quedan los tebanos llenos de arrogancia, hasta
-el punto de que, si llega alguien a poner el pie en su territorio,
-después de apalearle le ponen otra vez en la frontera. Tal es el
-resultado de la expedición de los lacedemonios.</p>
-
-<p>Al llegar a Esparta es acusado Pausanias y es condenado a la pena
-capital. Los cargos que se le hacían consistían: En haber llegado más
-tarde que Lisandro a Haliarto, siendo así que había convenido en llegar
-el mismo día; el haber recogido los muertos gracias a una tregua y no
-por un combate, y por fin, haber dado libertad al pueblo de Atenas
-que tenía encerrado en el Pireo. Como no se presenta al tribunal, es
-condenado a muerte; huye a Tegea y allí muere de enfermedad. Esto es
-cuanto sucedió en Grecia en esta época.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch4_1">
- <p><span class="pagenum" id="Page_131">p. 131</span></p>
- <h2 class="nobreak g1 mt15">LIBRO CUARTO.</h2>
- <hr class="tir" />
- <h3>CAPÍTULO PRIMERO.</h3>
-</div>
-
-<p>Agesilao, después de haber llegado en otoño<a id="FNanchor_121"
-href="#Footnote_121" class="fnanchor">[121]</a> a Frigia, gobernada por
-Farnabazo, tala y saquea la comarca y se apodera de grado o por fuerza
-de las ciudades. Habiéndole asegurado Espitrídates que si quiere ir
-con él a Paflagonia, podrá tener fácilmente una entrevista con el rey
-de aquella región y obtener su alianza; se pone en marcha esperando
-obtener que abandone esta nación la obediencia del rey, cosa que
-deseaba hacía mucho tiempo.</p>
-
-<p>Así que llega a la Paflagonia, Otis se dirige a su encuentro
-para negociar una alianza; había sido llamado por el rey pero
-no había acudido a su llamamiento, y siguiendo los consejos de
-Espitrídates, había, por el contrario, mandado a Agesilao mil caballos
-y dos mil peltastas. Reconocido Agesilao al<span class="pagenum"
-id="Page_132">p. 132</span> servicio prestado por Espitrídates, le
-dice:</p>
-
-<p>—«Espitrídates, ¿darías con gusto tu hija en matrimonio a Otis?</p>
-
-<p>—Con mayor gusto —contesta este— del que tendría aquel siendo rey de
-un país vasto y poderoso en casarse con la hija de un desterrado.»</p>
-
-<p>No se trató más de este asunto, pero cuando Otis se despide de
-Agesilao para volverse a su país hace este que se retire Espitrídates,
-y delante de los Treinta le dice:</p>
-
-<p>—«Escucha, Otis: ¿es noble el linaje de Espitrídates?</p>
-
-<p>—Tanto, contesta Otis, como el que más entre los persas.</p>
-
-<p>—¿Viste cuán hermoso es su hijo? dice nuevamente Agesilao.</p>
-
-<p>—Ya lo creo; anoche cené con él.</p>
-
-<p>—Pues dicen que más hermosa es su hija.</p>
-
-<p>—Por Júpiter, no dicen nada que no sea verdad.</p>
-
-<p>—Pues bien —añade Agesilao—, ya que somos amigos, vería con mucho
-gusto que te casases con ella, pues dices es tan hermosa, cualidad
-que es la mejor condición para el esposo. Su padre es de elevado
-nacimiento, y suficientemente poderoso para haber podido vengarse,
-como ves, de las injusticias de Farnabazo, arrojándole de toda esta
-comarca; fácilmente comprenderás, que así como ha podido vengarse de
-este enemigo, podrá favorecer también al que esté ligado con él por
-la amistad. Piensa además, que al realizar mis deseos, no solo entras
-en la parentela de Espitrídates, sino también en la mía y en la de
-todos los espartanos, y como que mandamos sobre toda Grecia, en la de
-toda ella. ¿Quién habrá tenido unas bodas más espléndidas si a ello te
-decides? y ¿qué novia habrá tenida jamás un cortejo tan numeroso de
-caballeros, peltastas y hoplitas, como la tuya al ser conducida a tu
-morada?</p>
-
-<p>—Agesilao —dice entonces Otis—, ¿tiene la aprobación<span
-class="pagenum" id="Page_133">p. 133</span> de Espitrídates cuanto me
-dices?</p>
-
-<p>—Por los dioses —contesta Agesilao—, no me ha indicado que te
-hablase de ese asunto, pero yo, si tengo gran placer al vengarme de un
-enemigo, mucho mayor le experimento cuando puedo hacer algún bien a mis
-amigos.</p>
-
-<p>—¿Por qué pues —dice Otis—, no te enteras si sería esto de su
-agrado?</p>
-
-<p>—Herípidas y todos vosotros —dice Agesilao, dirigiéndose a los demás
-que están con ellos—, id a verle y convencedle para que consienta en lo
-que todos deseamos.»</p>
-
-<p>Levántanse estos y le hablan de este asunto, pero como tardasen en
-volver,</p>
-
-<p>—«¿quieres Otis —dice Agesilao—, que le hagamos venir? Me parece que
-le convenceremos más pronto que todos estos juntos.»</p>
-
-<p>Hace llamar entonces Agesilao a Espitrídates y a cuantos habían ido
-a hablarle. Cuando llegan, díceles Herípidas:</p>
-
-<p>—«¿Para qué decirte, Agesilao, detalladamente cuanto hemos hablado?
-Bástete saber que Espitrídates ha consentido en hacer cuanto desees.</p>
-
-<p>—Paréceme pues, conveniente —dice Agesilao— y cosa próspera y feliz
-que des tu hija en matrimonio a Otis, y que tú, Otis, te cases con
-ella.</p>
-
-<p>—Sin embargo, hasta la primavera próxima —dice Espitrídates— no
-podremos hacer venir por tierra a mi hija.</p>
-
-<p>—Por Júpiter —exclama Otis—, si tú quieres puede venir
-inmediatamente por mar.»</p>
-
-<p>Después de esto, entrelázanse ambos las manos y acompañan a Otis
-a su casa. Agesilao, viendo la impaciencia de Otis, hace equipar una
-trirreme y da orden al lacedemonio Calias para que vaya a buscar a la
-novia.</p>
-
-<p>Adelántase él mismo hacia Dascilio donde se hallaban los palacios
-de Farnabazo, rodeados de grandes poblaciones completamente
-aprovisionadas, con<span class="pagenum" id="Page_134">p. 134</span>
-caza abundante en los parques cerrados o en los lugares descubiertos,
-atravesando por allí un río con toda clase de peces, y aves de toda
-clase para quien quisiera cazarlas. En este lugar es donde sitúa sus
-cuarteles de invierno alimentando a su ejército con las expediciones
-de las partidas de forrajeadores. Hallábase el ejército completamente
-descuidado y sin parar mientes los soldados en su vigilancia por la
-falta de resistencia, cuando sorpréndeles un día Farnabazo con diez
-carros armados de hoces y cuatrocientos caballos, mientras se hallaban
-dispersos por la llanura en busca de víveres. Al verle avanzar, los
-griegos se reúnen corriendo en número de unos setecientos, pero esto
-no le detiene, sino que haciendo avanzar a los carros y colocándolos
-detrás con su caballería, da la orden de ataque. Lanzados los carros,
-ponen en confusión al grueso de aquella fuerza y pronto la caballería
-les causa unas cien bajas, y los restantes se refugian junto a
-Agesilao, que con los hoplitas no estaba lejos.</p>
-
-<p>Tres o cuatro días después recibe Espitrídates noticia de que
-Farnabazo se halla acampado en Cave, importante población situada
-a unos ciento setenta estadios de donde se encontraban. Comunícalo
-inmediatamente a Herípidas, el que deseando fogosamente distinguirse
-por alguna hazaña, pide dos mil hoplitas y otros tantos peltastas
-a Agesilao así como la caballería de Espitrídates, los paflagonios
-y cuantos griegos deseen seguirle, obteniendo lo cual, ofrece el
-sacrificio que termina al anochecer después de haber conseguido
-signos favorables. Manda que después de la comida se reúnan los
-expedicionarios en las avanzadas, pero como era<span class="pagenum"
-id="Page_135">p. 135</span> ya muy oscuro salen solo la mitad de las
-tropas.</p>
-
-<p>Temiendo Herípidas las burlas de los otros Treinta si se deja
-intimidar, se adelanta con las tropas que tiene y al clarear la
-aurora se arroja sobre el campamento de Farnabazo; perecen a sus
-golpes gran número de misios que formaban la vanguardia, huyen los
-restantes y es tomado el campamento, así como gran número de copas y
-otros objetos de valor pertenecientes a Farnabazo; su bagaje y las
-acémilas que lo llevaban. En efecto, Farnabazo temiendo siempre ser
-sorprendido y sitiado al establecerse en algún sitio, atravesaba el
-país en todas direcciones al modo de los nómadas, y tenía siempre
-oculto su campamento. Al llevarse los paflagonios y Espitrídates las
-riquezas de que se habían apoderado, Herípidas les despoja de ellas,
-colocando convenientemente sus compañías a fin de poder entregar mucho
-botín a los lafirópolas<a id="FNanchor_122" href="#Footnote_122"
-class="fnanchor">[122]</a>; Espitrídates y los paflagonios no pueden
-tolerar esta conducta, y por la noche levantan su campo y se dirigen a
-Sardes entregándose a Arieo, que se había apartado de la obediencia del
-rey y le hacía la guerra; al recibir Agesilao la nueva de la defección
-de Espitrídates, Megabates y los paflagonios, experimenta el golpe más
-rudo de toda la campaña.</p>
-
-<p>Cierto Apolófanes de Cícico, ligado por hospitalidad desde largo
-tiempo con Farnabazo, y que lo estaba asimismo desde poco con
-Agesilao, dice a este le parece fácil conseguir de Farnabazo una
-conferencia<span class="pagenum" id="Page_136">p. 136</span> para
-ver de cesar en su enemistad. Después de oírle, decreta Agesilao una
-tregua y dan su palabra a Apolófanes, quien lleva al lugar convenido
-a Farnabazo, donde le aguardan Agesilao y los Treinta sentados en el
-suelo sobre la hierba; Farnabazo vestía un traje cubierto de ricos
-adornos y al ir a extenderle sus criados los almohadones en que
-muellemente se sientan los persas, se avergüenza de parecer afeminado
-ante la simplicidad de Agesilao y se sienta también en el suelo.
-Principian por saludarse uno a otro y después, habiendo Farnabazo
-tendido su mano a Agesilao, este se la da también a su vez. Hecho esto
-principió a hablar Farnabazo, pues era el más anciano:</p>
-
-<p>—«Agesilao, y todos los espartanos que estáis presentes, yo era
-vuestro amigo y vuestro aliado cuando hacíais la guerra a los
-atenienses; fortalecí vuestra flota dándoos dinero, he combatido a
-caballo con vosotros y hemos perseguido juntos hasta el mar a los
-enemigos. No podréis tampoco reprocharme como a Tisafermes el haber
-obrado o hablado con doblez, y a pesar de esta conducta me habéis
-reducido a no poder hallar de qué comer en mi mismo territorio, más que
-recogiendo como los animales, lo que vosotros dejáis; cuanto me dejó mi
-padre, hermosos palacios, parques, jardines y casas de todas clases en
-que yo me complacía, todo esto lo veo arrasado e incendiado. Si acaso
-ignoro lo justo y sagrado, enseñadme cómo pueden ser tales actos hijos
-de hombres que no quieran ser tenidos por ingratos.»</p>
-
-<p>Así dice, y los Treinta permanecen confusos y guardan silencio.
-Agesilao contéstale al cabo de un rato:</p>
-
-<p>—«Farnabazo, creo que no ignoras que en las ciudades<span
-class="pagenum" id="Page_137">p. 137</span> griegas todos los hombres
-se ligan con los lazos de la hospitalidad, y sin embargo, cuando estas
-ciudades están en guerra, combaten todos por su patria respectiva, y
-algunas veces acontece que a pesar de estar unidos por la hospitalidad
-se matan unos a otros. Eso es lo mismo que nos pasa hoy, pues haciendo
-la guerra a vuestro rey, necesariamente debemos considerar como enemigo
-todo lo que a aquel pertenece, y sin embargo, nada deseamos tanto como
-ser amigos tuyos. En modo alguno te aconsejaría cambiaras la sumisión
-al rey con la nuestra, pero aliándote con nosotros puedes ahora no
-tener que prosternarte ante nadie y vivir sin ningún dueño que goce de
-lo que es tuyo, porque por mi parte considero la libertad como superior
-a todos los tesoros, y sin embargo, no te proponemos que al hacerte
-libre te empobrezcas, sino únicamente que nos tomes por aliados a
-fin de aumentar, no el poder del rey, sino el tuyo, y a subyugar tus
-compañeros de esclavitud para que puedas convertírtelos en súbditos;
-y a la verdad, si pudieras hacerte libre y rico a la vez, ¿qué te
-faltaría para ser completamente feliz?</p>
-
-<p>—¿Debo manifestaros con franqueza —contesta Farnabazo— lo que
-haré?</p>
-
-<p>—Esto deseamos.</p>
-
-<p>—Pues bien —dice—: Si el rey nombra otro general a cuyas órdenes
-deba yo obedecer, quiero ser vuestro amigo y aliado; pero si me encarga
-a mí el mando, a consecuencia de la emulación que nace de tal cargo,
-debéis saber que tendré que emplear para haceros la guerra todos los
-medios que estén a mi alcance.»</p>
-
-<p>Al oír estas palabras Agesilao, tomole de la mano y díjole:</p>
-
-<p>—«Ojalá puedas ¡oh amigo mío muy querido! ser de este modo nuestro
-aliado, pero sabe<span class="pagenum" id="Page_138">p. 138</span>
-que ahora voy a evacuar cuanto más pronto pueda tu territorio, y que
-en adelante, aunque haya guerra entre nosotros, nos abstendremos de ir
-contra ti y los tuyos mientras quede algún otro enemigo.»</p>
-
-<p>Dicho esto, dase por terminada la conferencia; Farnabazo sube de
-nuevo a caballo y se aleja; pero el hijo que había tenido con Parapita
-y que era un hermoso joven, quedándose y corriendo hacia Agesilao:</p>
-
-<p>—«Agesilao —le dice—, quiero estar unido contigo por los lazos de la
-hospitalidad.</p>
-
-<p>—Yo te recibo como huésped.</p>
-
-<p>—No lo olvides.»</p>
-
-<p>Inmediatamente toma su lanza que era muy preciosa y la da a
-Agesilao; este la recibe, y quitando los magníficos adornos del caballo
-de su secretario Ideo, los da al joven, quien salta sobre su caballo
-y corre para alcanzar a su padre. Posteriormente otro de los hijos
-de Farnabazo, durante la ausencia del padre se apoderó del poder y
-destierra al hijo de Parapita. Entonces Agesilao rodéale de cuidados y
-hace cuanto puede para que el hijo del ateniense Evalces, de quien se
-hallaba prendado, sea admitido en Olimpia al combate de la carrera, a
-pesar de ser el de más edad entre los muchachos.</p>
-
-<p>Conforme lo había ofrecido a Farnabazo, Agesilao evacuó en
-seguida el territorio de aquel; acercábase ya la primavera. Llegado
-a la llanura de Tebe, acampa junto al templo de Diana Astirene<a
-id="FNanchor_123" href="#Footnote_123" class="fnanchor">[123]</a>, y
-allí ocúpase en reunir numerosas tropas de todas partes para aumentar
-las que tiene, pues se preparaba para penetrar tan adentro como pudiera
-en el interior de Asia, creyendo que cuantos pueblos dejase atrás se
-sublevarían contra el rey.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch4_2">
- <p><span class="pagenum" id="Page_139">p. 139</span></p>
- <h3>CAPÍTULO II.</h3>
-</div>
-
-<p>Hallábanse así las cosas<a id="FNanchor_124" href="#Footnote_124"
-class="fnanchor">[124]</a>, cuando los lacedemonios, sabedores
-positivamente de que se han derramado por Grecia grandes cantidades
-de dinero, y que las ciudades más importantes se han coaligado contra
-ellos para hacerles la guerra, consideran en peligro su república y
-juzgan necesaria una campaña. Mientras están preparándolo todo para
-este objeto, envían junto a Agesilao a Epicídidas, quien le expone
-el estado general de los negocios y le transmite la orden de marchar
-inmediatamente en auxilio de su patria. Experimenta Agesilao vivo
-sentimiento por esta noticia, al pensar los honores y esperanzas
-de que se halla privado; juntando, sin embargo, a los aliados<a
-id="FNanchor_125" href="#Footnote_125" class="fnanchor">[125]</a>, les
-muestra las órdenes de su patria y les dice que es necesario vayan
-a prestar auxilio a aquella; «pero podéis estar seguros —añade—,
-oh aliados, de que cuando marchen bien los asuntos, no solo no os
-olvidaré, sino que volveré en medio de vosotros para poder llevar
-a buen término lo que todos deseáis.» Al oír esto, muchos derraman
-lágrimas y todos decretan ir con Agesilao a socorrer a Lacedemonia, y
-que si, como es de<span class="pagenum" id="Page_140">p. 140</span>
-esperar, todo marcha bien, conservándole como jefe, vuelvan de nuevo
-a Asia, por lo cual se preparan para seguirle. Deja Agesilao en Asia
-al gobernador Éuxeno al frente de las guarniciones, en número no
-inferior a cuatro mil hombres, para que pueda conservar las ciudades;
-pero al apercibirse de que la mayor parte de los soldados tienen más
-deseos de quedarse que de ir a combatir con otros griegos, queriendo
-llevarse en buen número a los mejores, ofrece premios a las ciudades
-que envíen un ejército más aguerrido, así como a los capitanes de
-tropas mercenarias que le presenten las compañías mejor armadas y
-disciplinadas, así de hoplitas como de arqueros y peltastas. Anuncia
-asimismo un premio para el comandante de caballería que del propio
-modo presente el escuadrón mejor montado y armado. Declara que la
-distribución de esos premios tendrá lugar en el Quersoneso después que
-se haya pasado de Asia a Europa, a fin de que comprendan bien quiere
-distinguir a los que deben formar parte de la expedición. Los premios
-eran en su mayor parte armas lujosamente labradas, así de infantería
-como de caballería; algunas de las recompensas eran coronas de oro.
-El valor total de los premios ofrecidos no bajaba de cuatro talentos,
-y a pesar de su excesivo coste, consagrose aún mucho dinero a comprar
-armas de toda especie para el ejército. Después de haber atravesado el
-Helesponto, establece como jueces a los espartanos Menasco, Herípidas
-y Orsipo y a un ciudadano de cada una de las poblaciones aliadas.
-Después de la distribución de premios se dirige a la cabeza de su
-ejército a Grecia, por el mismo camino que había seguido el<span
-class="pagenum" id="Page_141">p. 141</span> rey<a id="FNanchor_126"
-href="#Footnote_126" class="fnanchor">[126]</a> en su expedición contra
-el territorio griego.</p>
-
-<p>Los éforos deciden que comience la campaña, y la ciudad, por la
-menor edad de Agesípolis, elige a su tutor y pariente Aristodemo, para
-dirigirla. Así que han pasado la frontera los lacedemonios, reúnense
-sus enemigos en asamblea para deliberar sobre el modo más favorable de
-librar combate. El corintio Timolao toma la palabra y dice:</p>
-
-<p class="mt1">«Aliados: Paréceme que los lacedemonios se asemejan
-a aquellos ríos que junto a su manantial son pequeños y fáciles de
-pasar, pero a medida que avanzan se hacen cada vez más violentos por
-la reunión de otros ríos que a ellos afluyen; del propio modo los
-lacedemonios, cuando salen de su ciudad, hállanse solos y aislados,
-pero a medida que se apoderan de las ciudades van engrosando y se hacen
-más difíciles de combatir. Veo también, añadió, que cuando los que
-quieren destruir las abejas las persiguen mientras vuelan en libertad,
-lo único que consiguen es experimentar numerosas picaduras; pero, por
-el contrario, cuando las atacan con el fuego en el interior de su
-morada, sin padecer ningún daño se apoderan de todas ellas. Hácenme
-pensar estas reflexiones, que lo mejor es librar el combate a los
-lacedemonios lo más cerca posible de Laconia, ya que no se pueda en ese
-mismo país.»</p>
-
-<p class="mt1">Esta proposición es aceptada, por parecer a todos tiene
-razón el orador; pero mientras se discute sobre la jefatura y se
-acuerda el número de filas en que debe disponerse el ejército para el
-combate, a fin de que no den los diversos estados demasiado fondo<span
-class="pagenum" id="Page_142">p. 142</span> a sus falanges, con lo
-cual permitirían a los lacedemonios les envolviesen, estos, reunidos
-ya a los tegeatas y mantineos, avanzan hacia el istmo. Con esta rápida
-marcha hállanse los lacedemonios en Sición, casi al mismo tiempo en
-que se encuentran los corintios en Nemea. Adelantan por la Epiecea<a
-id="FNanchor_127" href="#Footnote_127" class="fnanchor">[127]</a>;
-pero los gimnetas enemigos<a id="FNanchor_128" href="#Footnote_128"
-class="fnanchor">[128]</a>, arrojándoles dardos y flechas desde lo alto
-de las colinas, hácenles mucho daño. Bajan entonces de nuevo hacia la
-costa y avanzan por la llanura, saqueando e incendiando el país. Llegan
-mientras tanto los corintios y acampan a la otra parte de un torrente<a
-id="FNanchor_129" href="#Footnote_129" class="fnanchor">[129]</a>;
-cuando los lacedemonios se hallan a la distancia de diez estadios de
-sus adversarios asientan también estos su campo y se mantienen a la
-expectativa.</p>
-
-<p>Voy a indicar la fuerza de cada uno de los dos ejércitos. Los
-lacedemonios habían reunido unos seis mil hoplitas, tres mil eleos,
-trifilios, acroreos y lasioneos, mil quinientos sicionios y unos
-tres mil epidaurios, trecenios, hermioneos y halieos, con más cerca
-de seiscientos caballos lacedemonios, trescientos arqueros cretenses
-y casi cuatrocientos honderos marganeos, letrinos y anfídolos; los
-fliasios, pretextando una suspensión de armas, no habían querido
-seguirles: tales eran las fuerzas de los espartanos.</p>
-
-<p>Componíanse las fuerzas de los enemigos de unos seis mil
-hoplitas atenienses, siete mil argivos, unos<span class="pagenum"
-id="Page_143">p. 143</span> cinco mil beocios, pues no habían
-comparecido los orcomenios; tres mil corintios, y a lo menos unos
-tres mil hombres reclutados en toda Eubea. Este era el número de los
-hoplitas; y en cuanto a la caballería, componíase de ochocientos
-beocios, pues no habían acudido los orcomenios; unos seiscientos
-atenienses, cien calcídeos de Eubea y cincuenta locrios opuntios.
-Reunida toda la infantería, era superior en número la de los corintios,
-pues formaban parte de ella los locrios ozolios, los melios y los
-acarnanios.</p>
-
-<p>Tales eran las fuerzas respectivas. Mientras los beocios ocuparon el
-ala izquierda, no apresuraron el combate; pero cuando se hubo colocado
-a los atenienses frente a los lacedemonios y se hallaron aquellos en el
-ala derecha enfrente de los aqueos, declaráronse en seguida favorables
-las víctimas y diose la orden de prepararse para el combate.</p>
-
-<p>Descuidando desde un principio la formación de diez y seis en fondo,
-dan mucha profundidad a la falange y marchan luego hacia la derecha con
-objeto de hacer retroceder el ala de los enemigos; los atenienses les
-siguen para impedir se les aísle aunque conozcan corren grande riesgo
-de ser envueltos. Hasta entonces no habían conocido los lacedemonios la
-proximidad de los enemigos, pues el país estaba muy poblado de árboles;
-pero al oír el peán les reconocieron e inmediatamente ordenaron a todas
-sus tropas se formaran para el combate. Cuando llegan al sitio en que
-las han alineado los jefes extranjeros, se da la orden de que cada
-cual siga a su jefe de fila, y se dirigen entonces los lacedemonios
-hacia la derecha, extendiendo de tal modo su ala,<span class="pagenum"
-id="Page_144">p. 144</span> que solo seis tribus de los atenienses<a
-id="FNanchor_130" href="#Footnote_130" class="fnanchor">[130]</a> se
-hallan frente a los lacedemonios, y las otras cuatro frente a los
-tegeatas. Cuando no están ya más que a la distancia de un estadio, los
-lacedemonios, según su costumbre, inmolan una cabra a Diana Agrótera<a
-id="FNanchor_131" href="#Footnote_131" class="fnanchor">[131]</a> y
-avanzan contra los enemigos en línea curva para poder envolverlos.
-Una vez comenzado el combate, los aliados de los lacedemonios son
-derrotados por los enemigos; únicamente los peleneos, que luchaban
-contra los tespieos, lo hacen de manera que mueren muchos de ambas
-partes. Los lacedemonios derrotan por completo a los atenienses que
-les están opuestos, y envolviéndolos les matan mucha gente, y como no
-han sufrido casi ninguna baja, adelantan en orden de batalla. De este
-modo atraviesan por entre las otras cuatro tribus atenienses antes
-de que hayan vuelto sobre su persecución; de manera que no tienen
-más bajas que las sufridas en el primer choque con los tegeatas.
-Encuentran entonces los lacedemonios a los argivos que se retiraban;
-iba a atacarles de frente el primer polemarca, cuando, según se
-dice, grita uno que debe dejarse pasar a las primeras filas, y una
-vez hecho esto, caen los lacedemonios sobre los flancos descubiertos
-de los enemigos que pasan ante ellos, y les producen muchas bajas.
-Atacan del propio modo a los corintios que iban en retirada, y luego,
-encontrando a algunos tebanos que volvían de la persecución, matan
-a gran número<span class="pagenum" id="Page_145">p. 145</span> de
-ellos. Refúgianse primeramente los vencidos junto a los muros<a
-id="FNanchor_132" href="#Footnote_132" class="fnanchor">[132]</a>, pero
-rechazados por los corintios, se recogen nuevamente a su primitivo
-campamento; por su parte los lacedemonios, retirándose al lugar en que
-había principiado el combate, levantan allí un trofeo. Así terminó esta
-acción.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch4_3">
- <h3>CAPÍTULO III.</h3>
-</div>
-
-<p>Agesilao acudía desde Asia en auxilio del ejército<a
-id="FNanchor_133" href="#Footnote_133" class="fnanchor">[133]</a>.
-Hallábase en Anfípolis cuando Dercílidas<a id="FNanchor_134"
-href="#Footnote_134" class="fnanchor">[134]</a> le anuncia la victoria
-de los lacedemonios, victoria que les ha costado solo ocho hombres,
-mientras han tenido los enemigos gran número de muertos.</p>
-
-<p>—«¿No te parece —le dice Agesilao— que sería muy conveniente
-participar cuanto antes esta noticia a las ciudades que nos han enviado
-soldados?</p>
-
-<p>—Ciertamente —responde Dercílidas—, porque esto contribuirá a
-aumentar su valor.</p>
-
-<p>—Pero ya que estás aquí, ¿quién mejor que tú puede encargarse de
-llevarles esta nueva?»</p>
-
-<p>Dercílidas, que era muy aficionado a los viajes, le oye con gusto y
-le dice:</p>
-
-<p>—«Si tú lo ordenas...</p>
-
-<p>—Te lo mando —contesta Agesilao—, y te encargo les digas que
-si la fortuna nos es próspera, volveremos<span class="pagenum"
-id="Page_146">p. 146</span> a verles conforme les prometimos.»</p>
-
-<p>Dercílidas dirígese entonces al Helesponto, y Agesilao, después
-de atravesar Macedonia, llega a Tesalia. Los de Larisa, Cranón,
-Escotusa y Farsala, pueblos aliados todos de los beocios, así como
-los tesalios que no se hallaban expatriados, le seguían acosándole:
-hasta entonces su ejército estaba formado en un gran cuadrado con la
-mitad de la caballería a la cabeza y la otra mitad a la cola. Pero
-como los tesalios atacan su retaguardia deteniendo su marcha, envía
-allá toda la caballería de la vanguardia excepto su guardia personal.
-Cuando los dos ejércitos se hallan frente a frente, pareciendo
-peligroso a los tesalios combatir a los hoplitas con solo caballería,
-se retiran poco a poco. Son perseguidos prudentemente; y Agesilao,
-conociendo el error que por ambas partes se comete, envía los vigorosos
-caballeros que le acompañan<a id="FNanchor_135" href="#Footnote_135"
-class="fnanchor">[135]</a> con orden de unirse a los demás y de
-perseguir a los enemigos con la mayor prontitud posible sin dejarles
-tiempo para rehacerse. Los tesalios, al verse cargados de improviso,
-no se vuelven en su mayoría, y los que quieren hacerlo son alcanzados
-cuando dan media vuelta sus caballos; mientras, el farsalio Policarmo<a
-id="FNanchor_136" href="#Footnote_136" class="fnanchor">[136]</a>,
-comandante de la caballería que combate con denuedo, perece, con
-los suyos, después de lo cual los tesalios se declaran en derrota.
-Hallan unos la muerte, caen otros prisioneros, y los fugitivos no se
-detienen hasta<span class="pagenum" id="Page_147">p. 147</span> que
-llegan al monte Nartacio, y elevando Agesilao un trofeo entre Pras y
-el monte Nartacio, queda muy satisfecho de haber derrotado al pueblo
-más célebre por su caballería, con soldados que él mismo ha reclutado
-y formado; al día siguiente atraviesa las montañas aqueas de la Ftía,
-y desde entonces no tiene que pasar más que por países amigos hasta la
-frontera de Beocia. Cuando iba a franquear dicha frontera, el sol se
-muestra bajo la forma de luna<a id="FNanchor_137" href="#Footnote_137"
-class="fnanchor">[137]</a> y reciben al mismo tiempo la noticia
-del desastre naval de Cnido y la muerte del lacedemonio Pisandro,
-comandante de las naves. Se le cuenta también la manera cómo tuvo
-lugar este combate: junto a Cnido, Farnabazo, ejerciendo de comandante
-de las naves, se hallaba al frente de las trirremes fenicias,
-delante de las cuales Conón<a id="FNanchor_138" href="#Footnote_138"
-class="fnanchor">[138]</a> con la flota griega había dispuesto sus
-buques; Pisandro se había puesto en orden de batalla, y cuando se vio
-cuán inferiores eran en número a los de la flota griega mandada por
-Conón, los aliados que se hallaban en el ala izquierda emprenden la
-fuga; reducido Pisandro a sus propias fuerzas, libra combate, pero su
-trirreme, atravesada en varios puntos por los espolones de los buques
-enemigos, tiene que encallar en la costa, salvándose huyendo la mayor
-parte de los que estaban con él después de haber abandonado la nave
-y refugiándose en Cnido, mientras perece Pisandro combatiendo en su
-nave.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_148">p. 148</span>Al saber estas
-noticias experimenta Agesilao grande aflicción, y reflexionando después
-que la mayor parte de su ejército se halla bien dispuesto a pelear,
-pero que en modo alguno podrá retener a sus soldados si saben han
-experimentado los lacedemonios algún desastre, disimula y les anuncia
-que Pisandro ha muerto después de haber vencido en un combate naval.
-Dicho esto, sacrifica algunos bueyes como en acción de gracias por la
-buena nueva y manda a muchos algunos trozos de las víctimas; de este
-modo las tropas de Agesilao, gracias al rumor de la victoria naval de
-los lacedemonios, quedan vencedoras en una escaramuza que tiene lugar
-poco después.</p>
-
-<p>Los enemigos que iban a oponerse a Agesilao se componían de
-beocios, atenienses, argivos, corintios, enianos, eubeos y locrios
-de las dos regiones<a id="FNanchor_139" href="#Footnote_139"
-class="fnanchor">[139]</a>, mientras que Agesilao tenía consigo la
-cohorte lacedemonia que había llegado de Corinto y otra media recién
-llegada de Orcómeno, además de con los neodamodes que habían hecho la
-campaña de Asia, los mercenarios mandados por Herípidas, las tropas de
-las ciudades griegas de aquella misma región y las que había reclutado
-a su paso por las de Europa, así como los hoplitas de Orcómeno y de
-Fócida. Los peltastas de Agesilao eran mucho más numerosos y el número
-de los caballos era casi igual por ambas partes.</p>
-
-<p>Tal era la fuerza de cada uno de los dos ejércitos, cuyo
-combate voy a describir<a id="FNanchor_140" href="#Footnote_140"
-class="fnanchor">[140]</a>, pues no ha habido otro igual en nuestra
-época. Tiene lugar el encuentro<span class="pagenum" id="Page_149">p.
-149</span> en la llanura cercana a Coronea, viniendo los de Agesilao
-del Cefiso y los tebanos del Helicón. Mandaba Agesilao el ala izquierda
-y los tebanos en su ejército formaban el ala derecha y los argivos la
-izquierda. Iníciase el combate con gran silencio, pero llegados los
-tebanos a la distancia de un estadio, arrojan grandes gritos y avanzan
-a paso de carga: había entre ellos aún un intervalo de tres pletros,
-cuando la falange mercenaria de Agesilao, al mando de Herípidas y con
-ella los jonios, eolios y helespontinos, se destacan del grueso del
-ejército, y a la carrera ponen en derrota a los tebanos cuando han
-llegado al alcance de las picas; los argivos, no pudiendo resistir el
-empuje de las tropas de Agesilao huyen hacia el Helicón. Coronaban ya
-a Agesilao algunos soldados extranjeros, cuando le anuncian que los
-tebanos se han entrado por entre los orcomenios hasta los bagajes;
-despliega entonces la falange por medio de una brusca evolución, se
-arroja sobre ellos, y los tebanos, viendo que sus aliados huyen hacia
-el Helicón, apresuran el paso para alcanzarlos.</p>
-
-<p>Entonces es sin duda alguna cuando muestra Agesilao el valor más
-decidido; pero el partido que toma es el más peligroso. Podía haber
-dejado pasar al enemigo, que se batía en retirada, y luego, cayendo
-sobre él, destrozar su retaguardia, pero no lo hizo, sino por el
-contrario, marchó de frente contra los tebanos, que chocando entre
-sí los apretados escudos, y combatiendo dan la muerte al par que la
-reciben. Finalmente, una parte de los tebanos consigue refugiarse
-en el Helicón, pero en la derrota ha perecido gran número de ellos.
-Después que está<span class="pagenum" id="Page_150">p. 150</span> ya
-la victoria asegurada y que se ha conducido al mismo Agesilao herido
-hasta su falange, llegan algunas soldados de a caballo, preguntándole
-qué deben hacer con unos ochenta enemigos que se hallan armados en
-el templo, y él, cubierto de numerosas heridas, pero sin olvidar lo
-que debe a la santidad del lugar, manda se les deje salir en completa
-libertad. Después, como ya era tarde, cenan los soldados y se entregan
-al descanso.</p>
-
-<p>Al día siguiente, manda Agesilao al polemarca Gilis forme el
-ejército y levante un trofeo, se coronen de flores los soldados en
-honor del dios y toquen sus instrumentos los flautistas; todo lo cual
-se cumple puntualmente. Envían los tebanos sus heraldos, pidiendo una
-tregua para recoger los muertos: concédesela Agesilao y se dirige
-a Delfos para consagrar al dios la décima parte del botín, que no
-bajó de cien talentos. Retírase a la Fócida el polemarca Gilis a la
-cabeza del ejército y desde allí invade la Lócrida. Durante el día
-los lacedemonios saquean efectos y víveres en las aldeas, pero cuando
-llega la noche y quieren retirarse, son perseguidos por los locrios
-que les lanzan dardos y flechas: vuélvense los espartanos y tratan de
-perseguirles, causando algunas bajas a sus enemigos, pero los locrios,
-renunciando desde entonces a acosarles, se contentan con ofenderles
-desde lo alto de las colinas; recházanles también los lacedemonios
-hasta los lugares más escarpados, y cuando emprenden la retirada,
-habiendo cerrado por completo la noche, unos caen por las desigualdades
-del terreno, otros porque no pueden ver, y muchos, finalmente, a
-manos del enemigo. Halla la muerte, entre otros<span class="pagenum"
-id="Page_151">p. 151</span> muchos que le rodean<a id="FNanchor_141"
-href="#Footnote_141" class="fnanchor">[141]</a>, el polemarca Gilis,
-así como diez y ocho soldados aplastados por las piedras o atravesados
-por los dardos, y si no hubiesen sido socorridos por los soldados del
-campamento, después de haber cenado en él, corrían todos gran riesgo de
-perecer.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch4_4">
- <h3>CAPÍTULO IV.</h3>
-</div>
-
-<p>Después de esta campaña, parte cada división del ejército para su
-respectiva ciudad y Agesilao se embarca en dirección a su patria<a
-id="FNanchor_142" href="#Footnote_142" class="fnanchor">[142]</a>.
-Hácese la guerra desde entonces entre los atenienses, beocios, argivos
-y aliados apostados en Corinto, y los lacedemonios establecidos en
-Sición. Viendo los corintios su territorio devastado y diezmada su
-población por el continuo pelear en su comarca, mientras goza el
-resto de los aliados de la paz y cultivan sus campos, desean se
-llegue a un acuerdo, principalmente los más notables y de mayor
-poderío, y se reúnen para comunicarse sus deseos. Pero los argivos,
-atenienses, beocios y aquellos corintios que habían participado de
-las dádivas del rey y que<span class="pagenum" id="Page_152">p.
-152</span> eran los más activos fautores de la guerra, comprenden que
-si no se deshacen de aquellos que piensan en la paz, correrán gran
-riesgo de volver a caer bajo la influencia de Lacedemonia, y apelan
-al degüello para impedirlo. No vacilan ante la más impía de las
-medidas, pues que en efecto, ninguna sentencia de muerte se ejecuta
-durante una fiesta y ellos escogen el último día de las Eucleas<a
-id="FNanchor_143" href="#Footnote_143" class="fnanchor">[143]</a>,
-a fin de que puedan dar la muerte al mayor número de personas en la
-plaza pública. Al dar la señal, cuantos se habían obligado a ejercer
-de asesinos sacan sus puñales y principian a dar golpes a diestro
-y a siniestro, así entre los que están de pie como entre los que
-están sentados, así entre los espectadores como entre los jueces.
-Al esparcirse la noticia del degüello, refúgianse los principales
-ciudadanos, unos junto a las estatuas de los dioses en la plaza
-pública y otros en sus altares, pero también allí aquellos impíos,
-pisoteando toda clase de leyes y siendo a la vez sentenciadores y
-ejecutores, les degüellan delante de los santuarios, de tal modo, que
-aun aquellos que no son asesinados, por poco amor que tengan a la
-justicia, sienten horrorizarse su alma al ver esta impiedad. De este
-modo perecen gran número de los ciudadanos de más edad, pues eran los
-que en mayor cantidad se hallaban en la plaza pública, ya que los más
-jóvenes, sospechando algo de lo que se tramaba por las indicaciones de
-Pasimelo, se hallaban tranquilamente en el Craneo<a id="FNanchor_144"
-href="#Footnote_144" class="fnanchor">[144]</a>;<span class="pagenum"
-id="Page_153">p. 153</span> pero pronto oyen los gritos y ven llegar
-algunos ciudadanos que han podido escapar al degüello; arrojándose
-entonces al Acrocorinto<a id="FNanchor_145" href="#Footnote_145"
-class="fnanchor">[145]</a> rechazan a los argivos, así como a las
-restantes tropas que les acosan. Mientras deliberan sobre lo que
-deben hacer, ven caer el capitel de una columna<a id="FNanchor_146"
-href="#Footnote_146" class="fnanchor">[146]</a>, sin temblor de tierra
-ni viento alguno, y cuando sacrifican, las víctimas son tales que los
-adivinos declaran que lo mejor es abandonar la plaza.</p>
-
-<p>Aléjanse, pues, para huir del territorio de Corinto; persuadidos
-empero por las madres, hermanos y amigos que han ido a su encuentro
-y por los juramentos de los que están en el poder, garantizándoles
-la más completa seguridad, algunos regresan a sus hogares. Pero más
-tarde, cuando ven el país tiranizado y destruido el estado al quitarle
-sus fronteras y el nombre de Corinto a su patria, para darle el de
-Argos, y un gobierno argivo impuesto a los corintios, gobierno que
-no puede convenirles, pues les deja menos independencia que la que
-tienen los metecos, comienzan muchos a pensar que no es vivir el tener
-que sujetarse a tal estado de cosas, y paréceles una acción meritoria
-procurar que Corinto vuelva a ser de nuevo la antigua patria, que goce
-de su libertad, que se la purifique de los degüellos y se la haga
-disfrutar de una buena legislación; enardécense al considerar que si
-tales cosas<span class="pagenum" id="Page_154">p. 154</span> llevan a
-cabo serán tenidos por los salvadores de la patria, y que si no pueden
-realizarlo, conseguirán la más gloriosa de las muertes, pues habrán
-ambicionado el mejor y más grande de los bienes.</p>
-
-<p>Así, pues, dos de ellos, Pasimelo y Alcímenes atraviesan el torrente
-y procuran llegar hasta el polemarca lacedemonio Praxitas, que se
-hallaba con su guarnición en Sición y le dicen que podrán introducirle
-en el recinto del muro que lleva al Lequeo<a id="FNanchor_147"
-href="#Footnote_147" class="fnanchor">[147]</a>. Praxitas, que los
-conocía desde mucho antes como hombres dignos de fe, cree en su
-palabra, y lo dispone todo de manera que la división que debía partir
-a Sición, se quede para tener fuerzas con que entrar en la ciudad. Sea
-casualidad, sea cálculo, aquellos dos hombres se hallaban de guardia
-en el lugar en que había sido levantado el trofeo<a id="FNanchor_148"
-href="#Footnote_148" class="fnanchor">[148]</a>, cuando se presenta
-Praxitas a la cabeza de su división con los sicionios y todos los
-corintios desterrados. Llegados junto a las puertas y temiendo la
-entrada repentina, prefiere mandar antes a un hombre de su confianza
-para que examine el estado interior de la ciudad; introdúcenle aquellos
-dos hombres y se lo enseñan todo con tanta naturalidad, que vuelve y
-declara que no hay que temer ningún engaño, conforme habían asegurado.
-Con estas seguridades entran en la ciudad<a id="FNanchor_149"
-href="#Footnote_149" class="fnanchor">[149]</a>, pero como los muros
-estaban separados entre sí por un intervalo bastante considerable,
-les parece ser poco numerosos<span class="pagenum" id="Page_155">p.
-155</span> para ocupar este espacio, y hacen del mejor modo que pueden
-una empalizada y un foso delante de ellos, a fin de poder esperar
-acudan a unírseles los aliados. El puerto que estaba a su espalda se
-hallaba guardado por los beocios.</p>
-
-<p>Termina sin combate el día siguiente a la noche en que entraron,
-pero llegan en masa al otro día los argivos y encuentran a sus enemigos
-formados en orden de batalla, y constituida el ala derecha por los
-lacedemonios, al lado de los cuales estaban los sicionios y los
-fugitivos de Corinto en número de unos ciento cincuenta a la parte
-oriental del muro; apoyándose en dicho muro están Ifícrates y sus
-mercenarios y a su lado los argivos: el ala izquierda está formada
-por los corintios de la ciudad. Llenos de confianza en su número,
-marchan de frente al enemigo derrotando a los sicionios, derribando
-la empalizada y persiguiéndolos hasta el mar, junto al cual hacen
-de ellos gran matanza. El jefe de caballería<a id="FNanchor_150"
-href="#Footnote_150" class="fnanchor">[150]</a> Pasímaco, que mandaba
-un pequeño número de caballos, ordena a sus soldados aten sus corceles
-a los árboles, arranca a los fugitivos sus escudos y marcha contra
-los argivos con cuantos quieren seguirle. Al ver los argivos grabada
-la <span xml:lang="grc" lang="grc">Σ</span><a id="FNanchor_151"
-href="#Footnote_151" class="fnanchor">[151]</a> en sus escudos, creen
-que son sicionios y no les temen; se cuenta que Pasímaco dijo en este
-momento: «¡Por los Dióscuros!<a id="FNanchor_152" href="#Footnote_152"
-class="fnanchor">[152]</a> estas <span xml:lang="grc"
-lang="grc">Σ</span> os engañan», y se arrojó sobre ellos; pero a pesar
-de combatir con<span class="pagenum" id="Page_156">p. 156</span>
-valor con el puñado de valientes que le rodean, él y muchos otros, no
-consiguen más que hacerse matar.</p>
-
-<p>Los expatriados corintios, sin embargo, habían vencido a sus
-adversarios, y avanzando siempre se habían aproximado mucho al recinto
-de la plaza; los lacedemonios también al apercibirse de la derrota de
-los sicionios, acuden en su auxilio, defendiendo al mismo tiempo la
-empalizada que estaba a su lado izquierdo. Así que saben los argivos
-que van a acosarles los lacedemonios, se vuelven, y a la carrera se
-dirigen hacia la empalizada para pasarla nuevamente, pero las últimas
-filas de la derecha, al exponer sin defensa su flanco, son destrozadas
-bajo los golpes de los lacedemonios, y el resto, que se había reunido
-junto a los muros, se retira en gran desorden hacia la ciudad,
-queriendo dar un rodeo para evitar el encuentro con los desterrados
-corintios que se reconocen como enemigos, y subiendo a los muros por
-medio de escalas, sin hallar en su precipitación más que la muerte,
-ya al saltar de la muralla, ya al pie de la misma escalera, a manos
-de sus perseguidores o bien aplastados bajo los pies de sus mismos
-compañeros.</p>
-
-<p>No falta gente que matar a los lacedemonios, pues parece les
-concedió en aquel momento la divinidad una victoria que jamás hubieran
-podido esperar; porque, en efecto, ¿cómo es posible no parezca empujada
-por una fuerza divina aquella multitud de enemigos entregada por su
-voluntad, llena de miedo y estupor presentando al descubierto sus
-cuerpos y arrastrada toda ella a combatir, contribuyendo a su pérdida
-con todos sus esfuerzos, de manera que en un pequeño espacio de
-tiempo pereció<span class="pagenum" id="Page_157">p. 157</span> tan
-gran número, que los hombres acostumbrados únicamente a ver montones
-de trigo, de leñas y de piedras, pudieron ver asimismo montones de
-cadáveres? Los guardias beocios apostados en el puerto son también
-muertos unos sobre los muros y otros sobre los tejados de los
-astilleros, donde se habían refugiado.</p>
-
-<p>Después de esta acción, los corintios y argivos alcanzan una
-tregua para recoger sus muertos; llegan entonces los aliados de los
-lacedemonios y una vez reunidas todas las tropas, decide Praxitas
-demoler en los muros un trozo suficiente para dar paso a un ejército
-y luego, poniéndose a la cabeza de sus tropas, se dirige hacia
-Mégara. Toma por asalto a Sidunte y Cromión<a id="FNanchor_153"
-href="#Footnote_153" class="fnanchor">[153]</a>, y después de dejar
-allí guarniciones, retrocede fortificando Epiecea, a fin de que tengan
-los aliados una fortaleza avanzada que proteja a los países amigos,
-licenciando luego su ejército, y volviéndose a Lacedemonia.</p>
-
-<p>Tienen lugar entonces importantes expediciones por ambas partes:
-envían las ciudades contingentes de tropa, unas a Corinto y otras
-a Sición para conservar los puestos avanzados; los dos ejércitos
-sostienen tropas mercenarias con las cuales se mantiene la guerra en
-vigor.</p>
-
-<p>Invade Ifícrates el territorio de Fliunte, y por medio de sucesivas
-emboscadas devasta el país con pequeño número de soldados, y produce
-muchas bajas a los habitantes de la ciudad que salen sin las debidas
-precauciones, con lo cual los fliasios, que no habían querido antes
-admitir en sus muros a los<span class="pagenum" id="Page_158">p.
-158</span> lacedemonios, temiendo no hiciesen volver a sus desterrados
-bajo pretexto de su adhesión a Esparta, tienen un miedo tal a las
-tropas de Corinto, que llaman en su auxilio a los lacedemonios y les
-entregan la defensa de la ciudad y de la fortaleza. Los lacedemonios,
-sin embargo, aunque afectos a los desterrados, no hacen mención de
-su llamamiento mientras ocupan la ciudad, y cuando les parece está
-suficiente tranquila, se marchan dejando el gobierno y las leyes en el
-mismo estado en que se hallaban cuando entraron.</p>
-
-<p>Ifícrates y sus soldados verifican numerosas irrupciones en
-Arcadia, saquean el país y ponen sitio a las ciudades fuera de las
-cuales nunca se atreven a salir los hoplitas arcadios, pues tienen un
-miedo cerval a los peltastas, quienes a su vez temen de tal modo a
-los lacedemonios, que no se ponen jamás a tiro de los hoplitas; pues
-había sucedido ya, que poniéndose a su alcance habían sido perseguidos
-por los lacedemonios más jóvenes, que habían conseguido matarles
-algunos soldados. Los espartanos, que menospreciaban a los peltastas,
-despreciaban aún más a sus propios aliados desde la conducta que los
-mantineos habían tenido cierto día en una salida contra los peltastas;
-habíanse arrojado sobre ellos fuera del Lequeo, pero recibidos con una
-lluvia de dardos, se habían replegado y declarado en fuga, dejando en
-poder de los enemigos algunos muertos, de manera que los lacedemonios
-no dejaban de burlarse de ellos, diciéndoles temían más a los peltastas
-que los niños a los fantasmas.</p>
-
-<p>Salen los lacedemonios del Lequeo con una cohorte y con los
-desterrados corintios, con objeto de<span class="pagenum"
-id="Page_159">p. 159</span> rodear de tropas a Corinto. Por su parte
-los atenienses, temiendo el poderío de los lacedemonios, y que después
-de abatir los grandes muros de Corinto se dirigían contra ellos, creen
-que lo mejor es reconstruir los muros derruidos por Praxitas, por lo
-cual llegan con albañiles y carpinteros en gran número, restablecen en
-pocos días el muro occidental que mira a Sición, y en cuanto al muro
-oriental lo reconstruyen con mayor facilidad.</p>
-
-<p>Reflexionando los lacedemonios que los argivos están en completo
-reposo en su país y que se complacen en esa guerra, determinan dirigir
-contra ellos otra expedición. Pónese al frente de ella Agesilao, y
-después de devastar el país, pasa de improviso la frontera en Tenea
-y se dirige hacia Corinto, donde destruye las murallas reconstruidas
-por los atenienses. Acompañábale por mar su hermano Teleutias con una
-docena de trirremes; de manera que pudo alabarse su madre de que en un
-mismo día, uno de sus hijos se había apoderado por tierra de los muros
-enemigos, y el otro por mar de sus naves y astilleros. Hecho esto,
-licencia Agesilao el ejército de los aliados y conduce a Esparta las
-tropas nacionales.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch4_5">
- <h3>CAPÍTULO V.</h3>
-</div>
-
-<p>Informados los lacedemonios por los desterrados de que todos
-los ganados que poseían los habitantes de la ciudad los habían
-puesto en seguridad en el<span class="pagenum" id="Page_160">p.
-160</span> Pireo<a id="FNanchor_154" href="#Footnote_154"
-class="fnanchor">[154]</a>, donde se refugiaron también muchos de la
-población, determinan una nueva expedición contra Corinto, siendo
-asimismo jefe de ella Agesilao<a id="FNanchor_155" href="#Footnote_155"
-class="fnanchor">[155]</a>. Dirígese<a id="FNanchor_156"
-href="#Footnote_156" class="fnanchor">[156]</a> primero al Istmo, pues
-era durante el mes en que tienen lugar los juegos ístmicos, y eran los
-argivos los que hacían los sacrificios a Neptuno, como si fuesen una
-misma cosa Argos y Corinto; pero cuando saben la llegada de Agesilao,
-dejan abandonados los sacrificios y festines y se retiran con gran
-miedo a la ciudad por el camino de Céncreas. Agesilao, al ver esta
-retirada, no los persigue, sino que estableciéndose en el templo,
-sacrifica por sí mismo al dios<a id="FNanchor_157" href="#Footnote_157"
-class="fnanchor">[157]</a>, y permanece allí hasta que los fugitivos
-corintios hayan sacrificado y celebrado los juegos en honor de aquel
-dios. Así que se marcha vuelven los argivos y a su vez comienzan los
-juegos ístmicos, por lo cual se vio este año a los mismos individuos
-vencidos dos veces en los juegos, y a los demás proclamados dos veces
-vencedores.</p>
-
-<p>Al cuarto día conduce Agesilao su ejército contra el Pireo; pero
-viendo que está guardado por numerosas fuerzas, se retira después
-del almuerzo en dirección a la ciudad, como si fuese a hacerse cargo
-de la entrega de la misma. Temiendo entonces los corintios que en
-realidad esto se verifique, ordenan a Ifícrates vaya con numerosos
-peltastas a reforzarla; pero Agesilao, informado de su marcha
-durante la noche, cambia de dirección al apuntar el día, y<span
-class="pagenum" id="Page_161">p. 161</span> avanza contra el Pireo.
-Dirígese él mismo, hacia las termas, mandando una cohorte a las cimas
-más escarpadas, y pasa la noche junto a las termas, mientras la cohorte
-tiene que pernoctar en las alturas. En esta ocasión tiene Agesilao que
-imaginar un rasgo oportuno que, aunque pequeño en sí mismo, no deja,
-sin embargo, de merecer aplauso: ninguno de los que habían llevado
-alimentos a la cohorte se había acordado de llevar fuego consigo, y
-haciéndose sentir en gran manera el frío, por la extremada elevación
-en que se hallaban así como por haber llovido y granizado durante la
-tarde, los soldados, que habían subido en traje de verano, hallábanse
-ateridos de frío, y por esto y por hallarse en la oscuridad, no se
-sentían con ganas para comer la cena. Entonces Agesilao envía no menos
-de diez hombres con utensilios llenos de fuego. Subiendo estos por
-distintas partes y hallando leña en abundancia, encienden gran número
-de hogueras, después de lo cual se frotan con aceite, y la mayor parte
-se ponen a cenar. Viose durante esta misma noche el resplandor del
-incendio del templo de Neptuno, sin que nadie supiese la causa que lo
-ocasionó.</p>
-
-<p>Cuando vieron los del Pireo ocupadas las alturas, ya no pensaron
-en defenderse, sino que hombres y mujeres, esclavos y libres,
-huyeron a refugiarse con la mayor parte del ganado en el Hereo<a
-id="FNanchor_158" href="#Footnote_158" class="fnanchor">[158]</a>.
-Agesilao dirígese entonces con su ejército hacia el mar, y al mismo
-tiempo la cohorte, al bajar de las alturas, se apodera de la fortaleza
-de Énoe y de todo lo que contiene, proveyéndose abundantemente de
-víveres<span class="pagenum" id="Page_162">p. 162</span> los soldados
-en los alrededores de la misma. Cuantos se habían refugiado en el
-Hereo salen asimismo y piden a Agesilao decida sobre su suerte: este
-ordena se entreguen a los desterrados cuantos hayan contribuido a los
-degüellos, y que los demás sean vendidos como esclavos, con lo cual se
-hace una inmensa cantidad de prisioneros en el Hereo.</p>
-
-<p>Llegan entonces diputados de varias ciudades, sobre todo de Beocia,
-para saber las condiciones bajo los cuales podría obtenerse la paz.
-Agesilao les niega audiencia orgullosamente, a pesar de que Fárax,
-en su calidad de próxeno<a id="FNanchor_159" href="#Footnote_159"
-class="fnanchor">[159]</a>, se interesara mucho en que los recibiese;
-sentado en un edificio circular construido en el puerto, inspecciona
-los prisioneros. Los hoplitas lacedemonios, armados con sus lanzas,
-acompañan a estos esclavos y atraen principalmente la mirada de cuantos
-están presentes; porque siempre los que son felices y vencedores
-parecen merecer más la atención de todo el mundo.</p>
-
-<p>Estaba aún sentado Agesilao, y parecía satisfecho de su victoria,
-cuando llega al galope un soldado con el caballo lleno de sudor, sin
-contestar a cuantas preguntas se le hacen sobre las noticias que
-trae, salta del caballo cuando está junto a Agesilao, corre hacia
-él y con profunda tristeza le relata el desastre que ha sufrido la
-cohorte del Lequeo. Levántase Agesilao de su asiento a esta nueva,
-coge su lanza y ordena al heraldo convoque inmediatamente a los
-polemarcas, penteconteras y jefes de las tropas mercenarias. Así que
-se presentan les dice que coman algo, pues aún no habían almorzado,
-y le sigan al instante,<span class="pagenum" id="Page_163">p.
-163</span> poniéndose él en marcha al frente de sus comensales,
-sin pensar siquiera en tomar alimento. Ármanse los doríforos<a
-id="FNanchor_160" href="#Footnote_160" class="fnanchor">[160]</a> y
-le siguen inmediatamente. Habían ya pasado las termas y llegado a
-las llanuras del Lequeo, cuando se les presentan tres soldados de a
-caballo anunciándoles se han recogido ya los muertos. Así que Agesilao
-oye esto, manda deponer las armas y da algún reposo a sus tropas,
-que conduce después al Hereo; al día siguiente son vendidos los
-prisioneros.</p>
-
-<p>Los diputados beocios que Agesilao hace llamar, y a quienes
-pregunta el motivo de su venida, no hacen ya mención de la paz, sino
-que dicen desean dirigirse a la ciudad junto a sus soldados, si nada
-se opone a ello, y él, sonriendo, «Bien sé —les dice— que no os
-mueve el deseo de ver a los soldados, sino el de inspeccionar por
-vuestros propios ojos hasta dónde llegan las ventajas obtenidas por
-vuestros amigos; quedaos, pues; yo mismo voy a conduciros, y podréis
-comprender mejor que yo cuanto allí ha sucedido.» No se engañó: al día
-siguiente, después de ofrecer un sacrificio, conduce a su ejército
-hacia la ciudad, y sin derribar el trofeo, pero talando y quemando
-cuantos árboles quedaban en pie para demostrar que nadie se atreve a
-salir a su encuentro, establece su campo junto al Lequeo, y en lugar
-de dejar entrar en la población a los diputados tebanos, les hace
-partir por mar hacia Creusis<a id="FNanchor_161" href="#Footnote_161"
-class="fnanchor">[161]</a>. La magnitud del desastre sufrido por
-los espartanos causó gran pena a los soldados, excepto en aquellos
-cuyos hijos,<span class="pagenum" id="Page_164">p. 164</span> padres
-o hermanos habían perecido en el combate, pues se les veía pasear
-adornados como después de una victoria, y glorificándose de la pérdida
-que habían experimentado.</p>
-
-<p>He aquí cómo había sucedido este revés a la cohorte. Cuando los
-amicleos se hallan en campaña o ausentes de su patria, tienen costumbre
-de volver a ella en la época de las Jacintias, para cantar el peán,
-y en esta ocasión Agesilao había dejado a todos los amicleos de su
-ejército en el Lequeo. El polemarca que mandaba la guarnición ordena
-a las tropas de los aliados que allí se hallaban, queden guardando la
-plaza, y él con una división de hoplitas y de caballería, escolta a los
-amicleos a lo largo de los muros corintios. Al llegar a unos veinte o
-treinta estadios de Sición, vuelve a tomar el camino del Lequeo con
-los hoplitas, en número de unos seiscientos, y ordena al jefe de la
-caballería regrese después de haber acompañado a los amicleos todo el
-tiempo que lo deseen. No ignoraban los lacedemonios que se hallaban en
-Corinto gran número de peltastas y de hoplitas, pero confiaban no se
-atreverían estos a atacarles después de las últimas victorias. Al ver
-dos hombres de los de la ciudad, Calias, hijo de Hipónico, general de
-los hoplitas atenienses, e Ifícrates, jefe de los peltastas, aquellas
-tropas en número tan exiguo y desprovistas de infantería ligera y de
-caballería, creen poder atacarles con entera seguridad con el cuerpo
-de peltastas; porque, en efecto, si los lacedemonios continúan su
-marcha, asaltando sus flancos indefensos podrán causarles muchas bajas,
-y si tratan de perseguirlos, los peltastas, que son los soldados
-más ligeros, podrán escapar<span class="pagenum" id="Page_165">p.
-165</span> fácilmente a su persecución, por lo cual se deciden a
-atacarles. Calias forma sus hoplitas a cierta distancia de los muros, e
-Ifícrates, a la cabeza de los peltastas, ataca a la cohorte; alcanzados
-los lacedemonios por los dardos que les hieren o matan, ordenan a los
-escuderos cojan los heridos y los lleven al Lequeo, y en realidad
-fueron los únicos de la cohorte que quedaron con vida. Después ordena
-el polemarca a sus veteranos persigan a los que les acometen; pero
-pesadamente armadas estas tropas, no pueden aproximarse a tiro de
-los peltastas, pues habían recibido estos la orden de retirarse sin
-aguardar a pie firme a los hoplitas, y los lacedemonios, no corriendo
-todos con igual velocidad, se habían desordenado algún tanto. Así,
-pues, cuando quieren juntarse de nuevo a los suyos, los soldados de
-Ifícrates, dando una media vuelta, les agobian con sus dardos, unos por
-detrás y otros por su flanco descubierto, y matan en esta primera etapa
-diez o doce lacedemonios, éxito que les infunde mayor osadía. Habiendo
-tenido los lacedemonios esta desventaja, ordena el polemarca ataquen de
-nuevo los que hacía ya quince años habían salido de la adolescencia;
-pero cuando se repliegan, perecen en mayor número que la primera vez.
-Habían perdido ya sus mejores tropas, cuando se les une la caballería e
-intenta con ellos un nuevo ataque, y cuando se retiran los peltastas,
-ejecuta aquella una falsa maniobra, pues en lugar de perseguirles
-hasta haberles causado algunas bajas, carga de frente con los hoplitas
-y avanza y se retira al mismo tiempo que estos. Después de haber
-repetido varias veces la misma maniobra con iguales resultados, se
-debilitan cada vez más en número<span class="pagenum" id="Page_166">p.
-166</span> y valor, mientras, por el contrario, los enemigos atacan
-cada vez con mayor audacia y en mayor número.</p>
-
-<p>No sabiendo ya qué hacer, se reúnen en una pequeña colina a dos
-estadios del mar y a diez y seis o diez y siete del Lequeo. Los de este
-punto, al apercibirse de su mala situación, se embarcan en botes para
-dirigirse a la colina, y los lacedemonios, reducidos ya a la mayor
-desesperación por su triste posición y por el número de sus muertos, no
-pudiendo hacer nada para su defensa, emprenden la fuga cuando ven que
-solo vienen hoplitas en su auxilio. Arrójanse unos al mar, y otros, en
-reducido número, consiguen refugiarse en el Lequeo con los caballos.
-En estos combates parciales y en la derrota pierden unos doscientos
-cincuenta hombres. He aquí cómo sucedió este desastre.</p>
-
-<p>Agesilao, después de dejar en el Lequeo una cohorte y los restos
-de la que ha quedado en cuadro, se dirige a Esparta, entrando en las
-ciudades lo más tarde posible y saliendo a primera hora. Aunque sale de
-Orcómeno por la mañana, no entra en Mantinea hasta por la noche: tanto
-es lo que teme la exasperación de sus soldados al comprender la alegría
-e irrisión de los mantineos por su derrota. Ifícrates añade nuevos
-laureles a los anteriores, pues se hace dueño de todas las plazas en
-que había Praxitas establecido guarniciones, como en Sidunte y Cromión,
-y Agesilao en Énoe, después de tomar el Pireo. En cuanto al Lequeo,
-estaba guarnecido por tropas lacedemonias y aliadas. Desde el desastre
-de la cohorte lacedemonia, los desterrados corintios no se atrevían ya
-a salir de Sición más<span class="pagenum" id="Page_167">p. 167</span>
-que por mar, y costeando desembarcaban en distintos puntos, desde donde
-inquietaban a los de la ciudad que a su vez los inquietaban también
-cuando podían.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch4_6">
- <h3>CAPÍTULO VI.</h3>
-</div>
-
-<p>Poco después<a id="FNanchor_162" href="#Footnote_162"
-class="fnanchor">[162]</a> los aqueos, que eran dueños de la
-ciudad de Calidón<a id="FNanchor_163" href="#Footnote_163"
-class="fnanchor">[163]</a>, en otro tiempo de Etolia, y que habían
-concedido el derecho de ciudadanía a los calidonios, se ven obligados
-a poner en ella guarnición, pues los acarnanios se dirigían a atacarla
-sostenidos por algunas tropas atenienses y beocias con quienes habían
-hecho alianza. Acosados por ellos, envían, pues, los aqueos mensajeros
-a Lacedemonia, donde declaran al llegar que no habían sido bien
-tratados por los espartanos.</p>
-
-<p class="mt1">«Ciudadanos —dicen—, nosotros hemos tomado parte
-en todas las expediciones a que nos habéis convocado y os hemos
-seguido donde quiera nos lo habéis mandado, pero vosotros, en cambio,
-ningún cuidado experimentáis por nosotros al vernos sitiados por
-los acarnanios y por sus aliados los atenienses y beocios. Si esto
-continúa así, no podremos resistirles, pues nos será preciso abandonar
-la guerra del Peloponeso y pasar el mar con todas nuestras fuerzas
-para<span class="pagenum" id="Page_168">p. 168</span> ir a combatir a
-los acarnanios y sus aliados, o procurar hacer la paz bajo las mejores
-condiciones posibles.»</p>
-
-<p class="mt1">He aquí lo que dicen a los lacedemonios, amenazándoles
-veladamente con apartarse de la alianza si no acuden a prestarles
-auxilio. Los éforos y el senado declaran, después de haberles oído,
-que es preciso marchar en auxilio de los aqueos contra los acarnanios,
-y envían a Agesilao al frente de dos cohortes y del contingente de
-los aliados, a los cuales se unen también en masa los aqueos. Así
-que desembarca Agesilao, los campesinos acarnanios se retiran a las
-ciudades, y todos los rebaños son llevados a gran distancia para que
-no caigan en poder de los soldados. Al llegar a las fronteras, envía
-Agesilao mensajeros a la asamblea acarnania reunida en Estrato<a
-id="FNanchor_164" href="#Footnote_164" class="fnanchor">[164]</a> para
-que declaren que asolará por completo su país, sin perdonar lo más
-mínimo, si no renuncian a la alianza de los beocios y atenienses y no
-se confederan con los lacedemonios. No obedeciéndole, lleva a efecto
-sus amenazas, y ocupado únicamente en devastar el país, no avanza
-más que diez o doce estadios por jornada, por lo cual, creyéndose
-los acarnanios en seguridad a causa de la lentitud de su marcha,
-hacen bajar de los montes a sus rebaños y continúan el cultivo de sus
-tierras; pero cuando Agesilao les supone completamente tranquilizados,
-a los quince o dieciséis días de su entrada en la comarca, sale
-temprano después de haber celebrado los sacrificios, hace una marcha
-de ciento cincuenta estadios, llega por la<span class="pagenum"
-id="Page_169">p. 169</span> noche a las orillas del lago alrededor
-del cual están apacentándose casi todos los rebaños acarnanios, y
-apoderándose de una inmensa cantidad de bueyes, caballos y otros
-animales de toda clase, hace igualmente gran número de prisioneros.</p>
-
-<p>Quédase al día siguiente en el mismo lugar para venderlos como
-esclavos; pero los peltastas acarnanios, llegando en número bastante
-regular, y apostándose en los montes, al pie de los cuales está
-acampado Agesilao, arrójanle dardos y piedras, permaneciendo ellos
-fuera de su alcance, y obligando al ejército a abandonar las alturas
-para bajar a la llanura, a pesar de hallarse ocupado en preparar la
-cena. Durante la noche retíranse los acarnanios, y colocando centinelas
-los lacedemonios, se entregan al descanso.</p>
-
-<p>Al día siguiente comienza Agesilao su retirada; pero las montañas
-que rodean el valle y la llanura donde está situado el lago no
-dejan más que un estrecho paso, y los acarnanios, dueños de las
-alturas, arrojan desde allí proyectiles de toda clase, y bajando de
-las cúspides, atacan al ejército y le acosan de manera que hacen
-completamente imposible su avance. Ningún daño causan a los acosadores
-los hoplitas y caballeros de la falange que intentan su persecución,
-pues pronto, al retirarse, llegan los acarnanios a posiciones
-inexpugnables. Conociendo entonces Agesilao la dificultad en que se
-encuentra de salir de aquel desfiladero mientras esté expuesto a los
-mismos ataques, decide atacar a los que inquietan su izquierda a pesar
-de ser su número bastante considerable, pues esta ladera de montaña es
-más accesible a los hoplitas y caballos.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_170">p. 170</span>Mientras ofrece
-los sacrificios acósanle vivamente los acarnanios, arrojando a sus
-soldados flechas y dardos, y adelantándose tanto, que les causan gran
-número de heridos; pero luego que da la orden de ataque, los hoplitas,
-que hacía quince años servían en el ejército, se lanzan con arrojo
-hacia adelante; carga la caballería sobre los enemigos, y él mismo les
-sigue con el grueso del ejército. Repliéganse entonces los acarnanios
-que habían bajado hasta la llanura, y después de haber lanzado algunos
-proyectiles, son alcanzados y muertos al querer huir a las alturas.
-Los hoplitas acarnanios y la mayor parte de sus peltastas se hallaban
-ordenados en batalla en la cima del monte, donde aguardan a pie firme
-al enemigo: arrojan gran número de dardos; sírvense de sus lanzas como
-armas arrojadizas, hiriendo a algunos soldados de a caballo y matando
-muchos caballos; pero cuando están a punto de llegar a las manos con
-los hoplitas lacedemonios, emprenden la fuga y pierden en esta jornada
-unos trescientos hombres.</p>
-
-<p>Levanta entonces Agesilao un trofeo, devastando después e
-incendiando los alrededores; y obligado por los aqueos, ataca algunas
-poblaciones, pero sin conseguir apoderarse de ninguna. Finalmente,
-como se acercaba el otoño, decide abandonar el país, a pesar de que
-los aqueos creen nada ha conseguido, pues no se ha apoderado de
-población alguna de grado ni por fuerza. Ruéganle, pues, que, ya que
-no ha hecho otra cosa, se quede allí el tiempo necesario para impedir
-a los acarnanios la siembra de sus tierras; pero él les contesta que
-lo que le aconsejan es contrario a sus propios intereses. «En<span
-class="pagenum" id="Page_171">p. 171</span> cuanto a mí —dice—, pienso
-dirigir una nueva expedición contra este país en el próximo verano, y
-cuanto más hayan sembrado, mayores deseos tendrán de la paz.» Dicho
-esto, se retira por la vía terrestre a través de Etolia, por un camino
-que ni con muchas ni con pocas tropas hubiera podido seguirse contra la
-voluntad de los etolios, pero que estos le franquean, con la esperanza
-de que se les devuelva Naupacto. Llegado a Río, atraviesa el mar y
-llega a Esparta, porque el paso del Calidón en el Peloponeso había sido
-interceptado por las trirremes que los atenienses habían enviado desde
-Eníadas.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch4_7">
- <h3>CAPÍTULO VII.</h3>
-</div>
-
-<p>Al terminar el invierno, Agesilao, para cumplir la promesa hecha
-a los aqueos, preparó al principiar la primavera<a id="FNanchor_165"
-href="#Footnote_165" class="fnanchor">[165]</a> una nueva expedición
-contra los acarnanios. Habiéndolo sabido estos, consideran que a causa
-de su situación en medio de la campiña, serán sitiadas sus ciudades
-por un enemigo que destruirá sus mieses y por ejércitos que rodearán
-sus muros, por lo cual envían diputados a Lacedemonia y firman la paz
-con los aqueos y una alianza con los lacedemonios. Así terminaron los
-asuntos de los acarnanios.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_172">p. 172</span>Entonces los
-lacedemonios, considerando peligroso el dirigirse contra los atenienses
-o contra los beocios dejando detrás de ellos en las fronteras de
-Laconia una ciudad enemiga tan poderosa como Argos, declaran la guerra
-a esta república.</p>
-
-<p>Luego que sabe Agesípolis<a id="FNanchor_166" href="#Footnote_166"
-class="fnanchor">[166]</a> que debe mandar la expedición, y después
-de celebrar los sacrificios de la marcha, dirígese a Olimpia para
-consultar al oráculo, preguntando al dios<a id="FNanchor_167"
-href="#Footnote_167" class="fnanchor">[167]</a> si podía sin impiedad
-rehusar la tregua que puedan proponerle los argivos, pues tenían
-costumbre de pretextar los meses sagrados<a id="FNanchor_168"
-href="#Footnote_168" class="fnanchor">[168]</a>, no cuando llegaba
-su época, sino cuando los lacedemonios estaban a punto de invadir su
-territorio. Contéstale el dios, que puede sin impiedad desechar una
-tregua injustamente reclamada; y entonces, dirigiéndose a Delfos para
-pedir a Apolo si tiene sobre esta tregua igual modo de sentir que su
-padre, aquel dios le da una contestación exactamente igual. Encamínase
-entonces a Fliunte para reunirse con su ejército, pues este era el
-punto para el cual había citado a sus tropas mientras consultaba los
-oráculos, e invade la Argólida por Nemea. Al ver los argivos que no
-pueden resistir, envían, según su costumbre, dos heraldos coronados
-de flores para pedir la tregua; pero Agesípolis, contestando que los
-dioses han declarado la injusticia de su petición, no acepta la tregua,
-e invade el país, causando<span class="pagenum" id="Page_173">p.
-173</span> gran terror así en los campos como en la capital.</p>
-
-<p>Mientras cenaba por primera vez en el territorio argivo, y
-cuando terminaban de hacer las libaciones acostumbradas después
-de la comida, el dios<a id="FNanchor_169" href="#Footnote_169"
-class="fnanchor">[169]</a> conmovió la tierra. Siguiendo el ejemplo
-de los comensales del rey, los lacedemonios entonan el peán en honor
-de Neptuno, creyendo los soldados se va a ordenar la retirada, puesto
-que Agis había abandonado Élide después de un temblor de tierra. Mas
-Agesípolis dice que si el temblor se hubiese verificado en el momento
-de entrar en el territorio enemigo, lo hubiera considerado como una
-prohibición, pero habiendo acontecido después de su entrada, lo
-consideraba como signo favorable; así es que al día siguiente, después
-de haber ofrecido los sacrificios a Neptuno, prosigue su marcha,
-sin ir, sin embargo, muy lejos. Teniendo ante su vista la reciente
-expedición de Agesilao contra Argos, pide Agesípolis a sus soldados
-hasta qué distancia de los muros llegó Agesilao y hasta dónde extendió
-sus devastaciones por el país, como un pentatlo<a id="FNanchor_170"
-href="#Footnote_170" class="fnanchor">[170]</a> que procura sobrepujar
-en todo a su rival.</p>
-
-<p>Un día atraviesa dos veces los fosos excavados alrededor de los
-muros de la ciudad, a pesar de los proyectiles que le arrojan desde lo
-alto de las torres; otra vez, mientras la mayor parte de los argivos
-habían ido a Laconia, se adelanta tan cerca de las puertas, que los
-argivos que las guardaban no<span class="pagenum" id="Page_174">p.
-174</span> se atreven a abrirlas a la caballería beocia que iba a
-entrar en la ciudad, por miedo de que los lacedemonios entren en ella
-al mismo tiempo, de manera que tuvieron los caballos que pegarse como
-murciélagos a los muros y a las barbacanas, y si los cretenses no se
-hubiesen hallado en expedición contra Nauplia, hombres y caballos
-hubieran perecido en gran número bajo sus flechas. Algún tiempo
-después, mientras Agesípolis estaba acampado alrededor de los muros de
-la ciudad, cayó un rayo en el campamento, pereciendo unos asfixiados y
-otros de miedo. Más tarde, mientras ofrece un sacrificio para levantar
-un fuerte en el paso de Celusa, las entrañas de las víctimas aparecen
-incompletas; por todo lo cual se retira con su ejército, y le licencia,
-después de haber hecho, sin embargo, mucho daño a los argivos al
-atacarles tan de improviso.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch4_8">
- <h3>CAPÍTULO VIII.</h3>
-</div>
-
-<p>Tales eran los acontecimientos que tuvieron lugar por tierra
-durante ese tiempo; voy a contar ahora cuanto sucedió por mar
-en la misma época,<a id="FNanchor_171" href="#Footnote_171"
-class="fnanchor">[171]</a> así como cuanto tuvo lugar en las ciudades
-marítimas, fijándome únicamente en los hechos más culminantes<span
-class="pagenum" id="Page_175">p. 175</span> y dejando de mencionar
-aquellos que carecieron de gran importancia.</p>
-
-<p>Después de haber derrotado a los lacedemonios en el combate naval,
-Farnabazo y Conón dieron la vuelta a las islas y ciudades marítimas
-para arrojar de ellas a los gobernadores lacedemonios, dando a
-aquellas la seguridad de que no se ocuparían sus fortalezas y que
-se les respetaría su independencia. Oyen con placer las ciudades
-esta declaración, y envían en reconocimiento dones de hospitalidad
-a Farnabazo. Conón era quien había hecho comprender a este que
-tratando de ese modo a las ciudades se las haría completamente amigas,
-mientras que si quería sujetarlas abiertamente, cada una de ellas le
-suscitaría tantos obstáculos como pudiera, y le pondría en el riesgo
-de una coalición de todos los griegos si comprendían sus designios; y
-estas reflexiones habían convencido a Farnabazo. Desembarca después
-en Éfeso y da cuarenta trirremes a Conón, diciéndole le aguarde en
-Sesto, pues él irá por tierra a su gobierno, ya que Dercílidas, que
-era su enemigo desde largo tiempo, se hallaba en Abido, mientras tenía
-lugar la batalla naval, y en lugar de huir como los otros gobernadores
-lacedemonios, se había conservado en dicha población y había sabido
-mantenerla fiel a Esparta.</p>
-
-<p>Convocando a los abidenos, les había dirigido estas palabras:</p>
-
-<p class="mt1">«Abidenos, ahora es cuando vosotros, los antiguos amigos
-de nuestra ciudad, podéis mostrar vuestros beneficios hacia Esparta.
-Nada tiene de notable el conservarse fieles en la próspera fortuna,
-pero se es acreedor a un reconocimiento eterno cuando se permanece fiel
-a los que se hallan<span class="pagenum" id="Page_176">p. 176</span>
-en desgracia. No hay que creer, sin embargo, que hayamos perdido
-nuestra importancia por haber sido vencidos en este combate naval, pues
-aun en la época en que los atenienses tenían el predominio marítimo, en
-todas partes se hallaba nuestra república en situación de recompensar a
-los amigos. Y ciertamente, cuanto más se apresuren las otras ciudades
-en abandonarnos cuando no nos sonríe la fortuna, más grande aparecerá
-realmente vuestra fidelidad. Si teme alguno de vosotros ver sitiada por
-tierra y por mar a esta ciudad, piense que no hay aún en estos parajes
-ninguna flota griega y que jamás Grecia podrá consentir intenten los
-bárbaros tomarle el imperio sobre el mar, de manera que esta ciudad al
-defenderse se hará a la vez aliada nuestra.»</p>
-
-<p class="mt1">Al oír estas palabras, obedecen con intenso placer
-los abidenos y reciben amigablemente a los gobernadores que llegan
-a la ciudad, así como llaman a los que se encuentran fuera de ella.
-Cuando se halla reunido en la ciudad un número considerable de hombres
-importantes, Dercílidas pasa a Sesto, que está a una distancia que no
-llega a ocho estadios; reúne allí a todos los lacedemonios que han
-recibido de Esparta los bienes que poseen en el Quersoneso y a todos
-los gobernadores que habían sido arrojados de las ciudades de Europa;
-les recibe amigablemente y les dice no deben desesperar de su actual
-situación, antes bien, acordarse de que en la misma Asia y en los
-dominios del rey hay las pequeñas ciudades de Temnos, Egas y otras
-plazas, que pueden habitar sin estar sujetos al rey. «Y sin embargo
-—añade—, ¿podríais acaso encontrar una posición<span class="pagenum"
-id="Page_177">p. 177</span> más segura e inexpugnable que Sesto, para
-cuyo sitio son necesarios un ejército terrestre y una flota?» De este
-modo con sus discursos procuraba fortalecer su valor. Farnabazo,
-hallando en estas disposiciones a los de Sesto y Abido, les hace saber
-que si no mandan retirar a los lacedemonios, les declarará la guerra, y
-como rehúsan obedecerle, ordena a Conón les bloquee por mar, mientras
-él devastará el territorio de los abidenos. Pero no pudiendo llevar a
-cabo su sumisión, se vuelve a su provincia y ordena a Conón procure
-concertarse con las ciudades griegas del Helesponto a fin de que pueda
-reunir gran número de naves para la primavera siguiente. Irritado
-contra los lacedemonios por cuanto ha sufrido de ellos, su más vivo
-deseo es el poder dirigirse a su país vengándose de la manera más
-manifiesta.</p>
-
-<p>Consumen ambos el invierno ocupándose en estos preparativos y al
-llegar la primavera equipa Farnabazo gran número de naves, recluta
-un ejército mercenario y se hace a la vela con Conón, pasando por
-Melos a través de las islas y dirigiéndose a Laconia. Principia
-por abordar en Feras<a id="FNanchor_172" href="#Footnote_172"
-class="fnanchor">[172]</a>, cuyo país saquea por completo, y después
-verifica varios desembarcos en distintos puntos de la costa, haciendo
-en ella todo el daño posible. Pero temiendo pronto la falta de puertos
-en estos parajes y la llegada de los enemigos, así como la falta de
-víveres, abandona aquellas costas y se dirige a Fenicunte, en la isla
-de Citera. Temiendo un asalto, las tropas que ocupaban aquella ciudad
-abandonan la plaza y Farnabazo<span class="pagenum" id="Page_178">p.
-178</span> deja que se retiren en libertad a Laconia, bajo la garantía
-de un tratado repara después las fortificaciones de la ciudad, y
-estableciendo en ella una guarnición, nombra gobernador de los citereos
-al ateniense Nicofemo. Dirígese después al istmo de Corinto y exhorta a
-los aliados para que sostengan con vigor la guerra y se muestren fieles
-aliados del rey, con lo cual, después de entregarles todo el dinero de
-que puede disponer, regresa a su gobierno.</p>
-
-<p>Conón le ruega entonces se le confíe la flota, que sabrá sostener
-a expensas de las islas, y con la cual podrá volver a su patria y
-reconstruir los grandes muros atenienses y la muralla del Pireo, ya
-que no cree haya cosa más penosa para los lacedemonios. «De este modo
-—añade—, te asegurarás la amistad de los atenienses y te vengarás de
-los lacedemonios, pues con esto solo inutilizarás todos los esfuerzos
-que hasta ahora han realizado.» Persuadido de esto Farnabazo, le envía
-inmediatamente a Atenas, dándole además el dinero necesario para la
-reconstrucción de los muros. Luego que llega a Atenas levanta Conón
-gran parte de la muralla, empleando el equipaje de su flota, pagando el
-salario de los albañiles y demás operarios y haciendo todos los gastos
-necesarios; reconstrúyense otras partes por los atenienses, beocios y
-demás aliados que se apresuran todos a contribuir a tal obra.</p>
-
-<p>Habiendo los corintios equipado algunas naves con el dinero que les
-dejó Farnabazo, nombran comandante de las mismas a Agatino y dominan en
-el golfo de Acaya y del Lequeo. Por su parte los lacedemonios hacen a
-la vela las naves mandadas por Podánemo; pero es muerto en un combate,
-y habiéndose<span class="pagenum" id="Page_179">p. 179</span> visto
-obligado Polis, su lugarteniente, por sus heridas a dejar la flota,
-toma Herípidas el mando de las naves. El corintio Proeno, sucesor
-de Agatino en el mando de la flota, sale de Río<a id="FNanchor_173"
-href="#Footnote_173" class="fnanchor">[173]</a>, punto de que se
-apoderan los lacedemonios, y Teleutias, que había sucedido en el mando
-a Herípidas, vuelve a adquirir la supremacía en el golfo.</p>
-
-<p>Sabiendo los lacedemonios que Conón reconstruye los muros de Atenas
-y sostiene su flota con el dinero del rey, conquistando para Atenas las
-islas y las ciudades vecinas del continente, piensan que si informan
-de todo esto a Tiribazo, general del rey, podrán conquistarle a su
-partido, o a lo menos hacer que se retiren a Conón los medios para
-el sostenimiento de la flota. Envían con este objeto a Antálcidas
-junto a Tiribazo, con encargo de informarle de cuanto sucede y de
-procurar la paz entre Lacedemonia y el rey. Sabiendo los atenienses
-estas disposiciones, envían por su parte a Conón, Hermógenes, Dión,
-Calístenes y Calimedonte, así como deciden a sus aliados manden también
-los suyos, haciéndolo los beocios, corintios y argivos. Una vez allí,
-Antálcidas dice a Tiribazo que viene de parte de su república para
-proponer al rey la paz bajo condiciones verdaderamente ventajosas para
-él, pues respecto a las ciudades griegas de Asia, ninguna condición
-pretenden imponer los lacedemonios al rey, bastándoles sea reconocida
-la independencia de las islas y de las restantes ciudades. «Y como
-estos son nuestros deseos —añade—, ¿qué motivo hay para que los
-griegos o el rey nos hagan la guerra y derrochen<span class="pagenum"
-id="Page_180">p. 180</span> neciamente el dinero? Toda expedición
-contra el rey es imposible por parte de los atenienses mientras no
-la ordenemos nosotros, cosa que nos es completamente inútil desde el
-momento en que sean autónomas las ciudades.»</p>
-
-<p>Oye Tiribazo con la más viva fruición estas palabras de Antálcidas;
-pero la opinión contraria se formulaba en estos términos: temían los
-atenienses ver declarada la independencia de las islas y ciudades,
-pues perderían Lemnos, Imbros y Esciros; los tebanos temían también
-verse obligados a reconocer la autonomía de las ciudades beocias, y
-los argivos no deseaban se los obligase a renunciar a tratar a Corinto
-como parte de Argos, cosa que sucedería si se firmaba esta paz. Esto
-hizo que la paz no pudiese concertarse y que cada cual volviera a su
-patria. Tiribazo, sin embargo, cree puede ser peligroso para él el
-aceptar la alianza de los lacedemonios sin previo conocimiento del rey;
-pero da ocultamente dinero a Antálcidas, con objeto de que puedan los
-lacedemonios equipar una flota y obligar de este modo a los atenienses
-y demás aliados a que deseen más vivamente la paz, y luego, dando
-crédito a las referencias lacedemonias, hace prender a Conón como
-traidor. Preséntase después al rey para participarle las proposiciones
-de los lacedemonios; dícele asimismo que ha hecho prender como traidor
-a Conón, y le pide instrucciones para obrar a tenor de lo que el rey le
-mande.</p>
-
-<p>Este, mientras se halla Tiribazo junto a él, envía para dirigir
-los asuntos marítimos a Estrutas, quien se inclinaba fuertemente en
-favor de los atenienses y de sus aliados, recordando todo el daño
-que había<span class="pagenum" id="Page_181">p. 181</span> causado
-Agesilao a los países del rey. Al ver los lacedemonios que Estrutas les
-es hostil y que se halla favorablemente dispuesto hacia los atenienses,
-envían a Tibrón para que le haga la guerra. Dirígese este a Asia, y
-saliendo de Éfeso, atraviesa por Priene, Leucofris y Aquileo, ciudades
-de la llanura del Meandro, pasando a sangre y fuego el país del rey.
-Por fin Estrutas, observando que Tibrón sale cada vez desordenadamente
-sin tomar precauciones de ningún género, destaca la caballería
-para la llanura, ordenándole se arroje sobre el enemigo procurando
-envolverle y cargándole de frente con todo el empuje posible. Tibrón
-acababa de almorzar y salía de su tienda con el flautista Tersandro,
-quien no solo era un músico excelente, sino que se gloriaba también
-de haber aprovechado la educación lacedemonia, relativamente a su
-fuerza y vigor. Estrutas, viendo marchan en aquel momento las fuerzas
-enemigas en completo desorden con una vanguardia muy débil, se le
-opone de improviso con una caballería numerosa y bien ordenada. Son
-de los primeros en morir Tibrón y Tersandro, y los demás soldados, al
-saber que han perecido, emprenden la fuga, siendo perseguidos por el
-enemigo, que hace en ellos gran matanza, consiguiendo solo unos pocos
-refugiarse en las ciudades aliadas. Quedan también con vida algunos que
-no han salido con la expedición por ignorar que se verificase, ya que
-muchas veces, como en esta, Tibrón se ponía en marcha sin anunciarlo
-anticipadamente. De este modo tuvo lugar el referido desastre.</p>
-
-<p>Llegan a Lacedemonia algunos rodios desterrados por el pueblo, y
-declaran que es una indignidad<span class="pagenum" id="Page_182">p.
-182</span> tolerar que los atenienses ocupen a Rodas y robustezcan de
-tal modo su poderío. Comprendiendo los lacedemonios que efectivamente
-si el pueblo domina en Rodas toda la isla caerá en poder de los
-atenienses, y por el contrario, dominarían en ella si mandasen los
-ricos, equipan ocho naves bajo el mando de Écdico. Embárcase también
-en ellas Dífridas, a quien habían ordenado protegiese las ciudades
-que se habían entregado a Tibrón, reuniese los restos del ejército y
-aumentándolo con cuantas tropas pudiese reclutar, hiciese la guerra
-a Estrutas con todas estas fuerzas reunidas. Dífridas ejecuta estas
-órdenes y consigue algunas ventajas; apodérase del yerno de Estrutas,
-Tigranes, que se dirigía a Sardes con su esposa, y por el cual exige
-considerable rescate, que le proporciona los necesarios medios para
-pagar a sus tropas. Era Dífridas un hombre no menos amable que Tibrón,
-y un general más previsor y activo: no se dejaba dominar por los
-placeres corporales, y al mismo tiempo ponía todo su empeño en llevar a
-buen término cuanto se proponía.</p>
-
-<p>Al llegar Écdico a Cnido, y sabiendo que el pueblo de Rodas
-gobernaba en todos los asuntos de mar y tierra y que poseía doble
-número de trirremes de las que él traía consigo, se queda a la
-expectativa en Cnido, hasta que se convencen los lacedemonios de
-que no tiene bastantes fuerzas para ayudar a sus aliados, y ordenan
-a Teleutias se reúna a Écdico con las doce naves que están a sus
-órdenes en el golfo, en las zonas de Acaya y del Lequeo, y dictan
-las necesarias instrucciones para que volviéndose Écdico a Esparta
-abrace los intereses de cuantos se declaren amigos y cause todo el
-daño posible a los enemigos. Teleutias llega a<span class="pagenum"
-id="Page_183">p. 183</span> Samos, donde toma el mando de las naves, y
-se hace a la vela para Cnido, regresando Écdico a la patria. Dirígese
-Teleutias a Rodas, teniendo a sus órdenes veintisiete naves, y por
-el camino encuentra casualmente a Filócrates, que venía de Atenas
-con diez trirremes y se dirigía a Chipre para auxiliar a Evágoras,
-apoderándose de todas ellas, con lo cual se invierten los papeles, pues
-los atenienses aliados del rey protegen a Evágoras, que hace la guerra
-a aquel, y Teleutias, mientras los lacedemonios están en guerra con
-el rey, destruye las naves que iban a hacerle la guerra. Vuélvese a
-Cnido para vender la presa, y después dirígese nuevamente a Rodas para
-socorrer a los partidarios de Esparta.</p>
-
-<p>Los atenienses, al ver que los espartanos vuelven a estar en camino
-para reconquistar su poderío sobre el mar, envían a Trasíbulo, el de
-Estiria, con cuarenta naves, quien no se dirige a Rodas, pues le parece
-difícil tomar venganza en los amigos de Lacedemonia, siendo, como son,
-dueños de una plaza fuerte y apoyados por la presencia de Teleutias y
-de su flota, y además no cree que los aliados de los atenienses corran
-peligro de sucumbir, pues poseen las ciudades, son superiores con mucho
-a sus adversarios, y acaban de ganar una batalla, por todo lo cual
-navega hacia el Helesponto, y no encontrando allí adversario alguno,
-imagina podrá prestar algún buen servicio a su patria. Habiendo,
-pues, sabido que Amádoco, rey de los odrisios, y Seutes, soberano del
-litoral, se hallaban enemistados, los reconcilia y se capta su amistad
-y alianza para Atenas, pues esperaba que, gracias a esta alianza,
-las ciudades griegas de Tracia estarían mejor dispuestas en<span
-class="pagenum" id="Page_184">p. 184</span> favor de los atenienses.
-Y como estas comarcas, del propio modo que las ciudades griegas de
-Asia, no le daban inquietud alguna, a causa de la alianza del rey con
-Atenas, se dirige a Bizancio y asegura el diezmo que se exigía a las
-naves que salían del Ponto. Sustituye asimismo el gobierno democrático
-al oligárquico de los bizantinos, por lo que este pueblo ve con placer
-a gran número de atenienses que residen en su ciudad. Después de esto
-afirma con mayor seguridad la amistad de los calcedonios, y luego sale
-del Helesponto.</p>
-
-<p>Halla aliadas al partido lacedemonio a casi todas las ciudades de la
-isla de Lesbos, excepción hecha de Mitilene; pero no ataca a ninguna
-de ellas antes de haber reunido en esta población los cuatrocientos
-hoplitas que se hallaban en sus naves y todos los desterrados de
-aquellas ciudades que se habían refugiado en Mitilene, a los cuales
-añade asimismo los habitantes más valerosos de esta última población.
-Promete a los mitilenios que si se apodera de aquellas ciudades les
-dará la preeminencia sobre toda la isla; a los desterrados, que si
-reúnen sus fuerzas contra cada una de las ciudades de que han sido
-expatriados, se hallarán en condiciones para volver cada uno a su
-patria y a los marinos, que si consiguen hacer de la isla de Lesbos una
-aliada de Atenas, procurarán a esta un abundante manantial de riquezas.
-Después de haberles animado de esta suerte, forma sus tropas y las
-conduce contra Metimna.</p>
-
-<p>Cuando Terímaco, el gobernador lacedemonio, sabe la llegada de
-Trasíbulo, reúne los marineros de sus naves, los metimneos y a todos
-los mitilenios que se hallaban en la ciudad, y se dirige con sus<span
-class="pagenum" id="Page_185">p. 185</span> tropas a la frontera.
-Librado el combate, perece Terímaco, sus tropas emprenden la fuga y
-mueren muchos de ellos. La mayor parte de las ciudades abren entonces
-las puertas a Trasíbulo, quien devasta a las que rehúsan rendirse, con
-lo cual procura dinero a sus soldados. Apresúrase después en volver a
-Rodas; pero a fin de infundir ánimo a su ejército, exige contribuciones
-a las diferentes ciudades y llega a Aspendo, sobre el río Eurimedonte.
-Había ya recibido el dinero de los aspendios, cuando sus soldados
-cometen algún destrozo en los campos, e irritados aquellos, verifican
-de noche una irrupción y le degüellan en su tienda. Así murió
-Trasíbulo, que era tenido por uno de los hombres mejores de su patria,
-y los atenienses eligen como su sucesor a Agirrio, que va a tomar el
-mando de las fuerzas.</p>
-
-<p>Los lacedemonios, al saber que los atenienses han vendido en
-Bizancio el diezmo sobre las naves que salen del Ponto, que ocupan
-a Calcedonia y que gracias a la amistad de Farnabazo se hallan en
-inmejorables relaciones con las demás ciudades del Helesponto, creen
-no deben descuidar sus asuntos. Nada tenían que echar en cara a
-Dercílidas; pero Anaxibio, que había sabido conquistarse el favor
-de los éforos, alcanza que se le mande como gobernador a Abido,
-prometiendo, si se le conceden subsidios y naves, hacer una guerra
-tan decidida a los atenienses, que su posición en el Helesponto no
-pueda sostenerse. Concédenle tres trirremes y el dinero necesario para
-poder sostener mil soldados mercenarios, y entonces se le manda a
-Abido. Una vez allí, recluta en los alrededores buen contingente<span
-class="pagenum" id="Page_186">p. 186</span> de tropas mercenarias,
-aparta de la amistad de Farnabazo algunas ciudades de Eólida, ataca
-a las que se habían confederado contra Abido e invade y devasta su
-territorio, equipa además otras tres naves, que añade a las que posee,
-e intenta con ellas apoderarse en el mar de alguna nave ateniense o de
-sus aliados.</p>
-
-<p>Informados los atenienses de estos hechos, y temiendo ver destruido
-el predominio que ha obtenido para ellos Trasíbulo en el Helesponto,
-envían a Ifícrates con ocho naves y cerca de mil doscientos peltastas,
-la mayor parte de los cuales habían servido a sus órdenes en Corinto.
-Los argivos, una vez sometida Corinto, les habían declarado no
-necesitaban ya de ellos, acaso porque Ifícrates había hecho matar
-algunos argivos, por lo cual había regresado a Atenas, donde entonces
-se hallaba. Después de su llegada al Quersoneso, Anaxibio e Ifícrates
-pelean entre sí mandándose corsarios, pero algún tiempo después,
-habiendo sabido Ifícrates que Anaxibio se había dirigido a Antandro
-con sus mercenarios, con los lacedemonios que tenía a sus órdenes
-y doscientos hoplitas de Abido, y sabiendo además que se ha aliado
-con la ciudad de Antandro, sospecha que después de dejar allí una
-guarnición, regresará a Abido para conducir de nuevo a los habitantes
-de esta población, por lo cual, pasando la noche en lo más desierto
-del territorio de Abido, y subiendo a los montes, le prepara una
-emboscada; al propio tiempo ordena a las trirremes que le han conducido
-allí, se vuelvan al Quersoneso, para aparecer, como de ordinario,
-ocupadas tan solo en la exacción de tributos. Obrando de este modo no
-se equivocó,<span class="pagenum" id="Page_187">p. 187</span> pues
-Anaxibio emprende su regreso sin que las víctimas, según se dice,
-fuesen favorables; pero esto no le inspira cuidado, pues tenía que
-pasar únicamente por territorio amigo hacia una ciudad aliada, y con la
-noticia que dan cuantos encuentra, de que Ifícrates navega en dirección
-a Proconeso, avanza completamente descuidado.</p>
-
-<p>Ifícrates, sin embargo, no se mueve mientras que el ejército de
-Anaxibio se halla a su misma altura; pero así que los abidenos, que
-formaban la vanguardia, han llegado a la llanura de Cremaste, donde se
-hallan las minas de oro, y que el ejército que le seguía se encuentra
-en la pendiente del monte que baja Anaxibio con los lacedemonios,
-échaseles encima a la carrera saliendo de su emboscada. Comprende
-Anaxibio que no tiene esperanza alguna de salvación, y contemplando la
-larga línea de su ejército, que se extiende por el desfiladero, conoce
-que la montaña impedirá vengan en su auxilio los que le preceden.
-Viendo, pues, el terror que se apodera de todas sus tropas cuando se
-aperciben de la emboscada, dice a los que le rodean: «Amigos, hermoso
-me parece el morir aquí; procurad salvaros vosotros, antes de que
-vengáis a las manos con los enemigos.» Dice esto, y tomando el escudo
-a su paje, halla la muerte combatiendo. Perece a su lado su amado, así
-como unos doce gobernadores lacedemonios de diferentes ciudades, y el
-resto, o perece en la fuga o es perseguido hasta la ciudad. Quedan en
-el campo unos doscientos hoplitas y unos cincuenta abidenos, después de
-lo cual, Ifícrates regresa nuevamente al Quersoneso.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch5_1">
- <p><span class="pagenum" id="Page_189">p. 189</span></p>
- <h2 class="nobreak g1 mt15">LIBRO QUINTO.</h2>
- <hr class="tir" />
- <h3>CAPÍTULO PRIMERO.</h3>
-</div>
-
-<p>Tal era el estado de los asuntos de los atenienses y lacedemonios
-en el Helesponto<a id="FNanchor_174" href="#Footnote_174"
-class="fnanchor">[174]</a>. Eteónico, sin embargo, había regresado
-a Egina, cuyos habitantes habían mantenido hasta entonces amistosas
-relaciones con los atenienses, y de acuerdo con los éforos animaba
-a cuantos quisieran ir a saquear el Ática por mar, dando por motivo
-que la guerra estaba en toda su fuerza. Encerrados así los atenienses
-dentro de sus muros, envían a Egina una expedición de hoplitas a las
-órdenes de Pánfilo, su general, los cuales se atrincheran en la isla,
-y como tenían diez trirremes, sitian a los eginetas por mar y por
-tierra. Pero cuando Teleutias, que se hallaba en las islas ocupado
-en la exacción de tributos, sabe que está bloqueada Egina, acude en
-su auxilio y<span class="pagenum" id="Page_190">p. 190</span> hace
-retirar las naves atenienses, aunque sosteniéndose Pánfilo en sus
-atrincheramientos.</p>
-
-<p>Llega mientras tanto Hiérax, enviado por los lacedemonios,
-toma el mando de la flota, y Teleutias regresa a su patria bajo
-los más favorables auspicios. Efectivamente, al bajar al puerto
-para embarcarse, no hay ningún soldado que no quiera estrecharle
-la mano: unos le coronan de flores, otros le ponen las ínfulas<a
-id="FNanchor_175" href="#Footnote_175" class="fnanchor">[175]</a>,
-y aun aquellos que llegan tarde para despedirle, arrojan al mar las
-coronas mientras se aleja y le desean toda clase de prosperidades.
-Bien sé que en estas cosas no hay ni grandes gastos, ni peligros, ni
-notables astucias de guerra y sin embargo, ¡por Zeus!, no me parecería
-impropio de un buen historiador el investigar los medios por los cuales
-Teleutias consiguió hacerse querer de sus subordinados, pues ni las
-riquezas ni los peligros son tan dignos de recordación como la conducta
-de un hombre como este.</p>
-
-<p>Hiérax, haciéndose a la vela para Rodas con sus restantes
-naves, deja doce de ellas en Egina, a las órdenes de Gorgopas, su
-lugarteniente, con las atribuciones de harmosta o gobernador. Desde
-entonces, en realidad, los atenienses de la fortaleza hállanse más
-sitiados que los habitantes de la ciudad; por lo cual, en virtud de
-un decreto del pueblo, equipando los atenienses gran número de naves,
-abandonan sus fortificaciones al quinto mes de su ocupación y conducen
-la guarnición a su patria. Hecho esto, sufriendo mucho los atenienses
-a causa<span class="pagenum" id="Page_191">p. 191</span> de Gorgopas
-y de los corsarios, equipan trece naves, que ponen a las órdenes de
-Éunomo. Mientras se halla Hiérax en Rodas, nombran los lacedemonios
-a Antálcidas comandante de las naves, creyendo que este nombramiento
-será del agrado de Tiribazo, y al llegar aquel a Egina se hace seguir
-por las naves de Gorgopas y se dirige a Éfeso, desde donde envía de
-nuevo a Egina a Gorgopas con sus doce naves, y pone al frente de las
-restantes a su lugarteniente Nicóloco. Se hace este a la vela hacia
-Abido, con el fin de socorrerla; pero antes se detiene en Ténedos, cuya
-comarca saquea, y en la cual exige fuertes contribuciones. Reúnense los
-generales atenienses de Samotracia, Tasos y de los países comarcanos,
-para acudir en socorro de Ténedos, y cuando tienen aviso de que
-Nicóloco se halla en Abido, salen del Quersoneso y bloquean con sus
-treinta y dos naves la flota de aquel, que tiene solo veinticinco.</p>
-
-<p>Gorgopas, al volver de Éfeso, encuentra a Éunomo; pero se refugia
-precipitadamente en Egina a la caída del sol, y al desembarcar hace
-cenar inmediatamente a sus tropas. Éunomo, después de aguardar
-algún tiempo, se retira, y sobreviniendo la noche tenía luz, según
-costumbre, en su nave, que marchaba al frente de las demás, para
-que no pudiera extraviarse ninguna de las que le seguían. Embarca
-entonces de nuevo Gorgopas a sus tropas y sigue a cierta distancia
-aquel resplandor, procurando no ser apercibido; para no despertar
-sospechas, los celeustes<a id="FNanchor_176" href="#Footnote_176"
-class="fnanchor">[176]</a> dan las voces de mando golpeando<span
-class="pagenum" id="Page_192">p. 192</span> dos piedras entre sí, en
-vez de darlas de palabra, y reman sin hacer mucho ruido. Cuando las
-naves de Éunomo han llegado ya a la costa de Ática, cerca de Zoster, da
-Gorgopas la orden de ataque con la trompeta. En las naves de Éunomo,
-unos desembarcaban ya, otros echaban anclas y otros aún navegaban.
-Principia el combate a la luz de la luna, y Gorgopas se apodera de
-cuatro trirremes, que remolcadas por las suyas se lleva a Egina, y las
-demás consiguen huir al Pireo.</p>
-
-<p>Después de estos sucesos, parte Cabrias para Chipre a fin de
-socorrer a Evágoras, con ochocientos peltastas y diez trirremes, y
-tomando en Atenas otras naves y hoplitas, aborda durante la noche a
-Egina, emboscándose con los peltastas en un lugar oculto a alguna
-distancia del Heracleo<a id="FNanchor_177" href="#Footnote_177"
-class="fnanchor">[177]</a>. Al rayar el alba, conforme a lo que se
-había acordado, los hoplitas atenienses, a las órdenes de Deméneto,
-avanzan hasta unos diez y seis estadios del Heracleo, a un sitio
-llamado la Tripirgia<a id="FNanchor_178" href="#Footnote_178"
-class="fnanchor">[178]</a>. Al saberlo Gorgopas, se dirige al encuentro
-del enemigo con los eginetas, los soldados de su flota y ocho
-espartanos que estaban con él: hace saber también a los equipajes de
-sus naves deben seguirle cuantos sean de condición libre, y algunos hay
-que comparecen con las primeras armas que hallan a mano. Así que las
-primeras filas han dejado atrás a la emboscada, Cabrias y los suyos
-se arrojan sobre ellos, agobiándolos con sus proyectiles; acuden en
-este momento los hoplitas que han desembarcado de las naves, y<span
-class="pagenum" id="Page_193">p. 193</span> pronto queda destruida
-la vanguardia, de que forman parte Gorgopas y los lacedemonios, pues
-no puede ofrecer una resistencia compacta; y una vez muertos estos,
-el resto emprende la fuga. Quedan en el campo unos ciento cincuenta
-eginetas y más de doscientos hombres mercenarios, metecos y marineros
-que habían tomado parte en esta salida; con cuya victoria, los
-atenienses pueden navegar con tanta confianza como si se estuviese en
-plena paz, pues por no haber recibido sus pagas rehúsan los marineros
-servir a Eteónico, aunque pretenda este obligarles a ello.</p>
-
-<p>Es enviado de nuevo Teleutias para ponerse al frente de estas naves,
-y al verle los marineros manifiestan abiertamente su satisfacción, y
-él, reuniéndoles, les dice:</p>
-
-<p>—«Soldados, llego sin traeros dinero; pero si el dios<a
-id="FNanchor_179" href="#Footnote_179" class="fnanchor">[179]</a>
-lo permite y vosotros me ayudáis con vuestros esfuerzos, haré todo
-lo posible para procuraros víveres en abundancia, pues bien sabéis
-que mientras habéis estado a mis órdenes he tenido mucho empeño en
-que nada os faltase; y acaso os admiréis si os digo que preferiría
-carecer yo de víveres a que vosotros estuvieseis sin ellos, pues ¡por
-los dioses! os aseguro sufriría mejor estar dos días sin comer, que
-no veros a vosotros sin víveres un solo día. Hasta hoy siempre ha
-estado abierta mi puerta a todo el que ha tenido que pedirme algo;
-del propio modo continuará de hoy en adelante: así es, que únicamente
-cuando vosotros tengáis abundantes provisiones, me veréis a mí vivir
-con esplendidez; pero sabed también soportar el frío, el calor<span
-class="pagenum" id="Page_194">p. 194</span> y las vigilias, mientras
-veáis tengo yo también que sufrirlas, pues si os impongo esta conducta
-no es por el placer de atormentaros, sino para que podáis recoger de
-ello grandes resultados. Soldados, añade, nuestra patria, que todo el
-mundo reconoce como la más floreciente, no ha llegado a este grado
-de prosperidad abandonándose a la molicie, sino, por el contrario,
-sabedlo bien, exponiéndose a los trabajos y peligros cuando ha sido
-necesario. También vosotros, lo sé muy bien, os habéis portado como
-unos valientes; pero es preciso procuréis hoy sobrepujaros a vosotros
-mismos, para que participemos con gozo de vuestras penalidades y de
-vuestras victorias; porque ¿qué hay, en efecto, más hermoso que el no
-tener que adular a nadie, ni griego, ni bárbaro, para obtener una paga,
-y hallarse en estado de procurarse su subsistencia por sí mismos y del
-modo más glorioso? Pues no debéis olvidar que la abundancia que en la
-guerra nos procuramos a expensas del enemigo, produce a la vez nuestro
-sustento y la gloria a los ojos de todos.»</p>
-
-<p>Esto dijo, y todos gritan que están prontos a obedecer cuanto les
-mande. En este momento estaba ofreciendo el sacrificio y les dice:</p>
-
-<p>—«Soldados, id ahora a cenar, como ibais a hacer, y después de tomar
-víveres para un día, volved inmediatamente a las naves para que nos
-dirijamos a donde el dios tenga a bien llevarnos y lleguemos en momento
-oportuno.»</p>
-
-<p>Da la orden de embarcarse cuando vuelven y se hace a la vela de
-noche hacia el puerto de Atenas, mandándoles unas veces remar y
-otras ordenándoles el descanso. Si alguno cree una locura el ir a
-atacar con doce trirremes a un enemigo dueño de tantas naves,<span
-class="pagenum" id="Page_195">p. 195</span> reflexione un momento que
-Teleutias pensaba que los atenienses debían tener en completo descuido
-la flota del puerto después de haber muerto Gorgopas, y que aunque allí
-hubiese muchas naves arregladas, prefería atacar a veinte estacionadas,
-que a diez en el mar, pues en estas los marinos no pueden abandonar
-ni un momento su nave, y por el contrario, sabía que los jefes de las
-naves ancladas en Atenas duermen en sus casas y habitan los marinos en
-distintos lugares.</p>
-
-<p>Con estos pensamientos se hace a la vela: cuando no dista ya
-del puerto más que unos cinco o seis estadios, se detiene y hace
-tomar algún descanso a sus soldados, y cuando apunta el día, se
-adelanta seguido de los demás buques. Prohíbeles echar a pique o
-atacar ninguna nave redonda, pero ordénales que cuando vean alguna
-trirreme anclada, procuren ponerla fuera de combate, que se amarren
-a los buques de transporte o de carga y procuren remolcarlos fuera
-del puerto, y en cuanto a las naves de mayores dimensiones, las
-aborden y hagan prisionera a toda la tripulación. Hubo algunos que,
-arrojándose sobre el Digma<a id="FNanchor_180" href="#Footnote_180"
-class="fnanchor">[180]</a>, se apoderaron de varios comerciantes y
-propietarios de naves y los condujeron a su flota. Todas las órdenes de
-Teleutias fueron puntualmente ejecutadas.</p>
-
-<p>Los atenienses, al apercibirse de que pasaba algo extraordinario,
-salen fuera de sus casas para averiguar lo que era: unos van en
-busca de armas, y otros esparcen la noticia por la ciudad. Todos los
-atenienses hoplitas o de caballería llegan entonces armados<span
-class="pagenum" id="Page_196">p. 196</span> al Pireo, que creen en
-poder del enemigo; pero Teleutias envía a Egina las naves de que se ha
-apoderado, haciéndolas escoltar por tres o cuatro de sus trirremes, y
-después, alejándose del puerto con las demás naves, se retira costeando
-por el Ática, se apodera de muchas barcas de pescadores y de naves
-mercantes llenas de pasajeros que venían de las islas, y se dirige a
-Sunio, donde toma gran cantidad de buques de transporte cargados de
-grano o de mercancías. Hecho esto, regresa a Egina, donde vende su
-presa, y con el producto de ella da a sus soldados la paga de un mes.
-Continúa después recorriendo el mar y tomando cuanto encuentra, con lo
-cual consigue mantener sus tripulaciones y se granjea soldados que lo
-sirven con placer y prontitud.</p>
-
-<p>Antálcidas volvía de su visita a Tiribazo, después de haber
-negociado la alianza con el rey para el caso en que los atenienses y
-sus aliados no quisieran aceptar la paz que este les proponía; pero
-cuando sabe que Nicóloco y su flota se hallan bloqueados en Abido por
-Ifícrates y Diotimo, se dirige a pie a dicha población, y tomando el
-mando de la flota, se hace a la vela durante la noche, después de
-haber esparcido el rumor de que ha sido llamado por los calcedonios, y
-aborda a Percote, donde se entrega al reposo. Habiendo sabido Deméneto,
-Dionisio, Leóntico y Fanias su marcha, salen en su persecución por el
-lado de Proconeso; pero después que aquellos hubieron partido, regresa
-a Abido, pues había llegado a su conocimiento que debía llegar Políxeno
-con las naves de Siracusa y de Italia y quería se juntaran a sus
-naves.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_197">p. 197</span>Mientras tanto,
-Trasíbulo de Colito<a id="FNanchor_181" href="#Footnote_181"
-class="fnanchor">[181]</a> sale de Tracia con ocho naves para reunirse
-a la flota ateniense. Habiendo los vigías anunciado se hallan a la
-vista ocho trirremes, hace Antálcidas embarcar los marinos en sus doce
-naves más veleras, y dando orden de completar cuanto pudiera faltar
-en los equipajes con los de las naves que deja, se pone en emboscada,
-ocultándose lo mejor que puede. Deja después pasar las trirremes, y
-entra entonces en sus aguas; así que le distinguen, emprenden la fuga,
-pero sus buenos veleros alcanzan pronto a las más pesadas. Prohibe a
-sus naves las ataquen, y continúa en persecución de las más lejanas.
-Cuando se han apoderado de ellas, pierden ánimo las naves atenienses
-que ha dejado detrás, y no oponen gran resistencia a las últimas de los
-lacedemonios, con lo cual todos caen en su poder.</p>
-
-<p>Además de las veinte naves de Siracusa que vienen a juntarse a
-Antálcidas, llegan otras de la parte de Jonia sometida a Tiribazo,
-así como varias equipadas por la provincia de Ariobarzanes, con quien
-se hallaba desde largos años unido por los lazos de la amistad: por
-otra parte, Farnabazo, llamado por el rey, se había dirigido hacia
-la capital, ya que entonces fue cuando se casó con la hija del rey.
-Antálcidas, que se hallaba al frente de más de ochenta naves, domina
-en el mar e impide la navegación de las naves que del Ponto debían
-dirigirse a Atenas, obligándolas a refugiarse en los puertos de los
-aliados.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_198">p. 198</span>Viendo los
-atenienses la fuerza de la flota enemiga, y temiendo termine esta
-guerra de un modo tan desastroso para ellos como la primera, sobre
-todo después de haberse aliado el rey con los lacedemonios, y
-acosados además por los corsarios de Egina, desean vivamente la paz.
-Los lacedemonios, que sostenían un ejército en el Lequeo y otro en
-Orcómeno, y que se veían obligados a tener guarniciones en varias
-ciudades, en las fieles para no perderlas y en las sospechosas para
-que no se uniesen a los enemigos, y teniendo que soportar asimismo
-en Corinto todas las contingencias de una guerra, sentíanse también
-fatigados por la duración de esta lucha. En cuanto a los argivos,
-viendo que se había decretado una expedición contra ellos, y sabiendo
-por experiencia que el pretexto de los meses sagrados no les sirve para
-nada, desean igualmente la paz.</p>
-
-<p>Por todo lo cual, cuando Tiribazo propone a cuantos deseen saber
-las condiciones de la paz que aceptará el rey acudan a su presencia,
-todos se apresuran a realizarlo. Cuando se hallan reunidos, Tiribazo,
-mostrándoles el sello real, da lectura a un escrito que decía:</p>
-
-<blockquote>
-
-<p>«El rey Artajerjes considera justo ser reconocido como dueño de las
-ciudades griegas de Asia, así como de las islas de Clazómenas y Chipre,
-y que sean independientes las demás, pequeñas o grandes, a excepción de
-Lemnos, Imbros y Esciros, que continuarán como siempre sujetas a los
-atenienses. Todos los que no acepten esta paz serán reputados enemigos
-míos, y les haré la guerra con los que la acepten, así por mar como por
-tierra, y sin economizar dinero ni naves para ello.»</p>
-
-</blockquote>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_199">p. 199</span>Después de
-haber oído estas condiciones, los diputados de las ciudades las
-participan a sus respectivos estados. Juran todos<a id="FNanchor_182"
-href="#Footnote_182" class="fnanchor">[182]</a> su cumplimiento, y
-los tebanos quieren prestar juramento por toda Beocia; pero Agesilao
-rehúsa recibirlo si, como decía el escrito real, no juran respetar la
-independencia de las ciudades grandes y pequeñas: contéstanle aquellos
-diputados que no habían recibido instrucciones suficientes.</p>
-
-<p>—«Id, pues —les dice Agesilao—, y pedidlas, pero anunciad al mismo
-tiempo a los vuestros que si no lo hacen, serán declarados fuera del
-tratado.»</p>
-
-<p>Parten dichos diputados, y Agesilao, a causa de su odio a los
-tebanos, no quiere aguardar, y persuadiendo a los éforos, ofrece
-el sacrificio de partida. Así que lo ha verificado, se dirige a
-Tegea, de donde manda algunos soldados de caballería para apresurar
-los reclutamientos en los alrededores, y varios mensajeros a las
-ciudades; pero antes de que saliese de Tegea llegan los tebanos
-declarándole reconocen la independencia de las ciudades. De este
-modo tienen los lacedemonios que volverse a su población, después de
-haber obligado a entrar en el tratado a los tebanos y haberles hecho
-reconocer la independencia de las ciudades beocias. Los corintios no
-recogían tampoco su guarnición de Argos; pero Agesilao les anuncia
-que si no se retiran, y a los argivos que si no salen de Corinto,
-les declarará a todos la guerra. Apodérase el miedo de ambas partes,
-y se retiran los argivos, volviendo a tomar Corinto su antiguo
-gobierno, pues los autores de los degüellos y sus cómplices se deciden
-voluntariamente<span class="pagenum" id="Page_200">p. 200</span> a
-abandonar la ciudad, y los demás ciudadanos llaman con placer a los
-expatriados.</p>
-
-<p>Después que tiene lugar todo esto, y cuando las ciudades se
-han obligado por juramento a observar la paz dictada por el rey,
-licéncianse los ejércitos de mar y tierra. Celebran de este modo
-su primera paz los lacedemonios, los atenienses y los aliados<a
-id="FNanchor_183" href="#Footnote_183" class="fnanchor">[183]</a>,
-después de la guerra que siguió a la demolición de los muros de
-Atenas. Los lacedemonios, después de haber hecho inclinar a su parte
-las ventajas durante la guerra, consíguenlas mayores con la paz, pues
-no solo fueron los promovedores de esta cerca del rey y obtuvieron
-la independencia de las ciudades, convirtieron a Corinto en aliada
-y libertaron a las ciudades beocias de la dominación tebana, cosa
-que deseaban desde largo tiempo, sino que además hicieron cesar la
-ocupación de Corinto por los argivos, amenazándoles con la guerra si no
-se retiraban de dicha ciudad.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch5_2">
- <h3>CAPÍTULO II.</h3>
-</div>
-
-<p>Aunque todo hubiera salido a medida de su deseo, los lacedemonios
-son de parecer de castigar a aquellos de sus aliados que durante la
-guerra se han pasado a sus contrarios, o han mostrado más benevolencia
-hacia sus enemigos que hacia Lacedemonia,<span class="pagenum"
-id="Page_201">p. 201</span> para quitarles de este modo los medios
-de una nueva defección. Envían primeramente a los mantineos la orden
-de demoler sus muros, diciendo que no pueden asegurar de otra manera
-su fidelidad, pues pretenden estar ciertos de que enviaron trigo a
-los argivos cuando estos se hallaban en guerra con Lacedemonia, que
-a menudo rehusaban tomar parte en las expediciones, a pretexto de
-la tregua sagrada, y que si les acompañaban hacían mal el servicio.
-Añadían también que no ignoraban su envidia cuando alcanzaban alguna
-victoria los espartanos, y su gozo cuando sufrían alguna derrota.
-Recuérdase asimismo que la tregua de treinta años, concertada
-después de la batalla de Mantinea, ha terminado en este mismo año.
-Rehúsan los mantineos demoler sus muros, por lo cual decrétase
-contra ellos una expedición<a id="FNanchor_184" href="#Footnote_184"
-class="fnanchor">[184]</a>. Agesilao suplica a la ciudad se le dispense
-de dirigir esta expedición, pues la ciudad de Mantinea había prestado
-grandes servicios a su padre en las guerras de Mesenia; por lo cual se
-nombra jefe de ella a Agesípolis, a pesar de los lazos de amistad que
-había tenido su padre con los principales de Mantinea.</p>
-
-<p>Apenas ha llegado a este país lo entrega al saqueo; sin embargo,
-como a pesar de esto los mantineos no demolían sus muros, hace
-excavar un foso alrededor de la ciudad, empleando en este trabajo
-la mitad de sus tropas, mientras la otra mitad está sobre las armas
-protegiendo a los trabajadores. Una vez terminado este foso, podía ya
-con plena seguridad levantar un contramuro alrededor de la ciudad;
-pero<span class="pagenum" id="Page_202">p. 202</span> al saber que
-hay en ella mucho trigo, por haber sido muy fértil el año precedente,
-cree que corre el riesgo de arruinar a Lacedemonia y a los aliados
-con largas campañas, y corta el río que pasa por la ciudad y que era
-bastante considerable. Hallándose así obstruido el curso del río, el
-agua retrocede y se extiende sobre los cimientos de las casas y de
-la muralla; luego que se mojan los ladrillos de la parte inferior,
-no pueden sostener el peso de los de arriba y principia el muro a
-hundirse, y finalmente se derrumba. Intentan los sitiados, durante
-algún tiempo, apuntalarlo con maderos, e imaginan varios medios para
-que no caiga la torre; pero vencidos por las aguas y temiendo que
-una vez haya caído la muralla sean tomados por asalto, consienten en
-arrasar sus muros. Los lacedemonios rehúsan entonces tratar con ellos,
-sino con la condición de repartir su población entre las inmediatas,
-y las mantineos, viendo que no pueden evitarlo, se muestran prontos a
-hacerlo.</p>
-
-<p>Los partidarios de Argos y los principales de la población juzgaban
-se les condenaría a muerte; pero Agesípolis consiente, a instancias
-de su padre, en dejarles salir de la ciudad completamente seguros,
-en número de sesenta. Los lacedemonios, con la lanza en la mano, se
-colocan para verlos salir a ambos lados de las puertas de la ciudad,
-y a pesar de su odio, dicho sea como una gran prueba de disciplina,
-les cuesta menos trabajo el abstenerse de ofenderles que a los
-oligarcas mantineos. Después hacen arrasar el muro y reparten en
-cuatro barrios la población de Mantinea, conforme estaba dividida en
-otro tiempo. Apesadúmbrales este cambio en los<span class="pagenum"
-id="Page_203">p. 203</span> primeros momentos, porque era preciso
-derribar las casas que poseían y levantar otras; pero al ver los
-propietarios que permanecen de este modo más cercanos a sus tierras,
-que se hallaban junto a los suburbios, que dominarán con el gobierno
-aristocrático, y que de este modo se verán libres de los turbulentos
-demócratas, concluyen por regocijarse de lo sucedido. Los lacedemonios
-no les mandan un solo oficial para todos, sino uno para cada barrio; y
-los mantineos, bajo su nueva constitución, toman parte más activa en la
-guerra que bajo la democracia. He aquí lo que sucedió en Mantinea; esto
-puede servir de experiencia para que no se deje pasar nunca un río por
-dentro las murallas.</p>
-
-<p>Cuando los fugitivos de Fliunte saben que los lacedemonios
-examinaban la conducta retrospectiva de sus aliados durante la guerra,
-consideraron la ocasión oportuna y se dirigieron a Lacedemonia,
-recordando a los espartanos que mientras estuvieron ellos en su
-patria, la ciudad les recibió siempre dentro de sus muros y los
-habitantes estuvieron siempre dispuestos a acompañarles en guerra
-donde quisieron, y que después de haber sido arrojados de su
-población, en cosa alguna querían obedecerles, y eran los únicos
-a quienes se rehusaba la entrada en la población. Al oír esto los
-éforos, juzgan digno de observación su parecer, y envían a decir a
-los fliasios que siendo amigos de Lacedemonia, sus desterrados no
-habían merecido esta pena, y por lo tanto, parecíales oportuno fuesen
-llamados voluntariamente por la ciudad, mejor que hacérselos llamar
-a la fuerza. Los fliasios, después de oír este mensaje, temen que si
-marchan contra ellos<span class="pagenum" id="Page_204">p. 204</span>
-los lacedemonios, haya algunas personas dentro de la ciudad que les
-introduzcan, y efectivamente, contaban en ella los expatriados buen
-número de parientes y partidarios, y además hallábanse en ella, como
-sucede en casi todas las ciudades, bastantes individuos que deseaban
-un cambio en la cosa pública, así como el levantamiento del destierro
-a los expatriados. Por todo lo cual decretan sean nuevamente admitidos
-los desterrados y se les devuelvan los bienes cuya propiedad se pruebe,
-indemnizando a los actuales poseedores con fondos del tesoro público,
-y para el caso de sobrevenir algún litigio, que se decida en justicia.
-He aquí lo que sucedió durante este tiempo, relativamente a los
-desterrados fliasios.</p>
-
-<p>Llegan a Lacedemonia mensajeros de Acanto y Apolonia, las dos
-ciudades más importantes de las cercanías de Olinto. Introducidos en la
-asamblea y ante los aliados, después de haber visto a los éforos, el
-acantio Clígenes dice:</p>
-
-<p class="mt1">«Espartanos y aliados: creemos ignoráis algo de lo
-que sucede en Grecia. Bien sabéis vosotros todos que Olinto es la
-mayor ciudad de Tracia; los olintios han principiado por apoderarse
-de algunas ciudades, y después de someterlas les han impuesto sus
-leyes y su constitución: más tarde han dominado en ciudades más
-importantes, después de lo cual han procurado desligar de la dominación
-de Amintas, rey de Macedonia, a las ciudades de esta región, y después
-de haber persuadido a las más cercanas, se han dirigido igualmente
-hacia las más distantes y poderosas: nosotros mismos les hemos dejado
-en posesión de gran número de ciudades, entre ellas de Pela,<span
-class="pagenum" id="Page_205">p. 205</span> la más importante de
-todas las de Macedonia, y hemos sabido que el mismo Amintas habíase
-visto obligado a abandonar su capital, y que poco falta para que no
-se vea arrojado de toda Macedonia. Nos han enviado también muy a
-menudo diputados para anunciarnos a los acantios y apolonios, que si
-no juntamos nuestras tropas a las suyas, nos declararán la guerra.
-Nosotros, oh lacedemonios, queremos conservar nuestras antiguas leyes y
-nuestro gobierno nacional; pero si nadie viene a prestarnos su auxilio,
-tendremos necesariamente que unirnos a ellos: tienen ya más de ocho
-mil peltastas, y si tenemos que unir nuestras fuerzas a las suyas,
-tendrán más de mil caballos. Hemos dejado allí diputados atenienses
-y beocios, y hemos sabido que habían decretado también los olintios
-enviar mensajeros a esas repúblicas para negociar una alianza. Si dicha
-fuerza se junta a la de los atenienses y tebanos, ya podéis comprender,
-añaden, qué invencible poder adquirirán vuestros enemigos. Se han
-apoderado ya de Potidea, en el istmo de Palene; juzgad si tardarán
-mucho en someter todas las ciudades que están aquende el mismo. Una
-prueba de cuánto temor inspiran a todas aquellas ciudades es, que a
-pesar del odio que sienten todos hacia los olintios, no se han atrevido
-a enviar diputados con nosotros para enteraros de cuanto sucede.</p>
-
-<p>»Reflexionad también si sois consecuentes, después de haber
-procurado con tanto interés que las ciudades de Beocia no estén
-reunidas bajo el poder de un solo jefe, dejando ahora se forme un
-poder mucho mayor, y que amenaza aumentar cada<span class="pagenum"
-id="Page_206">p. 206</span> día, no solo por tierra, sino también por
-mar. ¿Qué obstáculo podría, en efecto, hallarse para ello en un país
-que posee en abundancia maderas de construcción, ingresos de grande
-importancia en los mercados, y una numerosa población favorecida por
-la fertilidad del suelo? Además, este país hállase inmediato al de
-los tracios independientes, que ya actualmente se muestran con ellos
-muy deferentes: si este pueblo cayera también bajo su dominación,
-adquirirían mucha mayor fuerza y poder, sin contar con que, una vez
-dominados los tracios, las minas de oro del Pangeo se ofrecerán a su
-vista. Y nada de cuanto os decimos ha dejado de repetirse mil y mil
-veces en la asamblea popular de los olintios. ¿Quién podría decir hasta
-dónde llegan sus pretensiones? porque parece, en efecto, que el dios
-haya querido fuesen aumentadas las pretensiones de los hombres a medida
-que va en aumento su poder.</p>
-
-<p>»Venimos, pues, lacedemonios y aliados, a participaros el estado
-en que se hallan nuestros asuntos: ahora vosotros deliberaréis si
-os parecen dignos de atención. Es preciso, sin embargo, que sepáis
-que esta grande fuerza de que os hemos hablado no es en modo alguno
-inatacable, porque, en efecto, todas las ciudades a las cuales se
-ha impuesto un gobierno que detestan, le abandonarán así que vean
-oponérsele un partido importante; pero si se les deja el tiempo
-de unirse estrechamente por los lazos del matrimonio y por las
-adquisiciones que han decretado, y de ver que puede sacarse provecho
-siendo del partido del más fuerte, como sucede a los arcadios
-cuando os acompañan, pues aseguran sus bienes<span class="pagenum"
-id="Page_207">p. 207</span> y se apoderan de los de los enemigos,
-entonces este poder será menos fácilmente abatido.»</p>
-
-<p class="mt1">Después de haber dicho esto, invitan los lacedemonios
-a los aliados para que den su parecer en el mejor sentido para
-el Peloponeso y para los aliados, y un gran número de ellos,
-principalmente los que quieren dar gusto a los lacedemonios, se
-declaran por la expedición, decidiéndose que cada ciudad enviará
-su contingente para un ejército de diez mil hombres, permitiéndose
-también a las ciudades el que den dinero en lugar de hombres, a razón
-de un trióbolo de Egina<a id="FNanchor_185" href="#Footnote_185"
-class="fnanchor">[185]</a> por individuo, y las que tienen que
-proporcionar caballería pagarán por cada soldado de ella el sueldo
-de cuatro hoplitas. Apruébase asimismo que si alguna ciudad
-falta al llamamiento, podrán condenarla los lacedemonios a la
-indemnización de un estatero<a id="FNanchor_186" href="#Footnote_186"
-class="fnanchor">[186]</a> diario por individuo.</p>
-
-<p>Convenidos estos extremos, levántanse los acantios y hacen
-nuevamente uso de la palabra para declarar que ciertamente son muy
-buenas estas condiciones, pero que no son susceptibles de la prontitud
-que el asunto reclama. Añaden que valdría más que mientras se verifican
-estos preparativos partiese al instante un jefe con todas las fuerzas
-disponibles en Esparta y en las ciudades aliadas, y que al obrar
-así, las ciudades que aún no se hubiesen unido a los olintios, no
-llegarían a realizarlo, y que las que lo estuviesen ya, les prestarían
-un auxilio más débil. Prevalece igualmente esta opinión, y envían
-los<span class="pagenum" id="Page_208">p. 208</span> lacedemonios a
-Eudámidas con los neodamodes y unos dos mil periecos y esciritas<a
-id="FNanchor_187" href="#Footnote_187" class="fnanchor">[187]</a>.</p>
-
-<p>Eudámidas, antes de marchar ruega a los éforos den a su hermano
-Fébidas orden para reunir el resto de las tropas que no se le habían
-aún juntado, y para conducirlas. Así que llega a las comarcas
-fronterizas de Tracia, envía guarniciones a las ciudades que las
-desean, y ocupa a Potidea, que se entrega voluntariamente, pues desde
-largo tiempo era aliada de los lacedemonios, y de allí verifica varias
-excursiones, haciendo la guerra en cuanto se lo permite la exigüidad de
-sus fuerzas.</p>
-
-<p>Fébidas, después de reunir las tropas que no se habían podido juntar
-a Eudámidas, colocándose a su cabeza, se pone en marcha. Llegado a
-Tebas, acampa fuera de la ciudad, no lejos del gimnasio. Hallábanse en
-disensión los tebanos: los dos polemarcas Ismenias y Leontíades eran
-enemigos y estaba cada uno al frente de su partido. Ismenias, por odio
-a los lacedemonios, no visitó siquiera a Fébidas; pero Leontíades le
-agasaja, y cuando hubo intimado con él, le dice:</p>
-
-<p>—«Fébidas, hoy puedes prestar el mayor servicio a tu patria, pues si
-quieres seguirme con tus hoplitas, te introduciré en la acrópolis, y
-una vez te hayas apoderado de ella, puedes estar seguro de que Tebas se
-hallará completamente bajo el poder de los lacedemonios y de nuestro
-partido, que os es enteramente afecto. En verdad que ahora, como ves,
-ha sido pregonada la prohibición a todo tebano para acompañarte contra
-los<span class="pagenum" id="Page_209">p. 209</span> olintios; pero
-si nos ayudas a llevar a cabo nuestros planes, enviaremos contigo gran
-número de hoplitas y caballos; de manera que conducirás numerosos
-refuerzos a tu hermano, y mientras este procura apoderarse de Olinto,
-tú te habrás hecho dueño de Tebas, ciudad mucho mayor que aquella.»</p>
-
-<p>Deslúmbrase Fébidas ante este discurso, pues prefería a la misma
-vida cualquier brillante proeza; bien es verdad que no tenía fama
-de muy razonable ni muy sensato. Luego que ha consentido en ello,
-Leontíades le dice que emprenda la marcha como si fuese ya su
-partida definitiva, y cuando sea oportuno, le dice, me juntaré a ti
-y te serviré de guía. La asamblea tenía lugar en este momento bajo
-los pórticos de la plaza pública, pues las mujeres celebraban las
-Tesmoforias en la Cadmea; era en verano y a la hora del mediodía, por
-lo cual las calles se hallaban desiertas. Leontíades, saltando entonces
-a caballo, hace retroceder a Fébidas y le conduce a la acrópolis.
-Después de haber establecido allí a Fébidas y a sus tropas, le entrega
-las llaves de las puertas y le recomienda no deje entrar a nadie sin
-orden suya, y se dirige al senado. Llegado allí, dice:</p>
-
-<p class="mt1">«Ciudadanos: los lacedemonios ocupan la acrópolis:
-no os asustéis por ello, pues declaran no tratarán como enemigo al
-que no quiera la guerra. Pero yo, en virtud de la ley que permite al
-polemarca prender a todo hombre cuya conducta merezca la muerte, hago
-prender a Ismenias, aquí presente, como fautor de la guerra. Vosotros,
-pues, capitanes de las cohortes, y todos los restantes a quienes esto
-incumbe, levantaos, apoderaos de este hombre y conducidle al lugar
-convenido.»</p>
-
-<p class="mt1"><span class="pagenum" id="Page_210">p. 210</span>Estos,
-que habían recibido anticipadamente sus instrucciones, obedecen y
-se apoderan de Ismenias: en cuanto a aquellos que nada saben y que
-pertenecen al partido opuesto a Leontíades, unos huyen inmediatamente
-de la ciudad por temor de que se les condene a muerte, y los otros se
-dirigen primero a sus casas, y al saber que Ismenias está preso en
-la Cadmea, se refugian en Atenas en número de unos trescientos, todos
-ellos partidarios de Androclidas e Ismenias. Después de haber hecho
-todo esto, eligen un nuevo polemarca para la vacante de Ismenias, y
-Leontíades se dirige inmediatamente a Esparta. Encuentra allí a los
-éforos y al pueblo fuertemente irritado contra Fébidas, porque ha
-obrado en todo eso sin conocimiento del gobierno. Sin embargo, Agesilao
-dice que si su conducta ha sido funesta a los intereses de Lacedemonia,
-debe ser castigado; pero que si ha sido ventajosa para la ciudad, es
-costumbre muy antigua poder tomar a su cuenta y riesgos tales golpes
-de mano. «Se trata, pues —dice—, de averiguar si son favorables o
-contrarios para Lacedemonia estos sucesos.» Presentándose entonces
-Leontíades ante los miembros del senado, les dice:</p>
-
-<p class="mt1">«Ciudadanos lacedemonios: antes de los actuales sucesos
-conocíais y censurabais los hostiles sentimientos que hacia vosotros
-abrigaban los tebanos, pues les veíais siempre amigos de vuestros
-adversarios y enemigos de vuestros aliados. ¿No rehusaron, acaso,
-seguiros en vuestra expedición contra el pueblo del Pireo, vuestro
-más acérrimo enemigo? ¿No hicieron también la guerra a los focidios
-porque los veían favorablemente dispuestos a vosotros? Y ahora, ¿no
-acaban de concertar una alianza con los olintios,<span class="pagenum"
-id="Page_211">p. 211</span> porque sabían os dirigíais contra ellos?
-Siempre teníais en la mente la posibilidad de que se apoderaran
-violentamente de Beocia para sujetarla a su dominio, mientras que
-ahora, después de lo que ha ocurrido, nada tenéis ya que temer de los
-tebanos, y bastará mostréis una pequeña escítala<a id="FNanchor_188"
-href="#Footnote_188" class="fnanchor">[188]</a> para que veáis
-cumplimentadas allí vuestras órdenes, si queréis interesaros por
-nosotros como nosotros nos interesamos por Esparta.»</p>
-
-<p class="mt1">Después de oído este discurso, determinan los
-lacedemonios conservar la acrópolis, ya que se halla en su poder,
-y hacer juzgar a Ismenias, para cuyo objeto mandan tres jueces
-lacedemonios y uno por cada ciudad aliada, así de las grandes como
-de las pequeñas. Una vez reunido este tribunal, se acusa a Ismenias
-de haber sostenido relaciones con los bárbaros; de estar ligado por
-la hospitalidad con el rey de Persia, en daño de Grecia; de haber
-aceptado dinero del rey, y de haber sido autor con Androclidas de las
-turbulencias de las ciudades griegas. Defiéndese Ismenias de todos
-estos cargos; pero no puede, sin embargo, probar que no alimente
-grandes y perniciosos designios, y es condenado a muerte, sufriendo
-inmediatamente su pena. Leontíades y sus partidarios quedan dueños
-de la ciudad y conceden a los lacedemonios más de lo que estos
-deseaban.</p>
-
-<p>Terminado así este asunto, continúan con vigor su expedición
-contra Olinto. Envían como harmosta a Teleutias, con el contingente
-que del reclutamiento de diez mil hombres deben proporcionar, y<span
-class="pagenum" id="Page_212">p. 212</span> remiten además a las
-ciudades aliadas las escítalas que ordenan seguir a Teleutias, según
-el decreto acordado por los aliados. Son generalmente obedecidos, a
-causa de la fama que tenía de no ser ingrato con los que le complacían;
-y como era hermano de Agesilao, mostró gran celo la ciudad de Tebas
-en enviarle hoplitas y caballos. Teleutias, sin embargo, avanzaba con
-lentitud, porque procuraba no causar en su marcha daño alguno a los
-países aliados y reunir cuantas fuerzas pudiese. Envía anticipadamente
-mensajeros a Amintas, diciéndole que si desea reconquistar su reino
-debe reclutar mercenarios y sembrar a manos llenas el dinero entre los
-reyes vecinos, con el fin de hacérselos aliados. Hace decir también
-a Derdas, gobernador de Elimia, que los olintios han sometido ya la
-parte más considerable de Macedonia, y que no retrocederán ante la más
-pequeña si no hay quien haga cesar sus violencias.</p>
-
-<p>Mientras toma todas estas medidas, llega al país aliado al frente
-de un numeroso ejército. Una vez en Potidea, reúne todas sus fuerzas
-y avanza por el territorio enemigo. Dirigiéndose a la ciudad, no
-incendia ni devasta la comarca, convencido de que haciéndolo se crearía
-grandes obstáculos, así para su marcha como para su retirada, mientras
-que cuando de ella se aleje será el momento oportuno para cortar los
-árboles, y con ello impedir la marcha de los que le persigan. Cuando
-llega a unos diez estadios de la ciudad, hace descansar sobre las armas
-a sus tropas; y como mandaba el ala izquierda, dirígese él mismo contra
-las puertas por donde debía salir de la ciudad el enemigo: el resto de
-la falange<span class="pagenum" id="Page_213">p. 213</span> de los
-aliados formaba el ala derecha. Había también dispuesto a la derecha la
-caballería lacedemonia, la de los tebanos y la de los macedonios que
-se le habían unido. Había conservado, sin embargo, a su lado a Derdas
-y su caballería, en número de unos cuatrocientos, así porque la tenía
-en mucho aprecio, como por hacerse agradable a Derdas prestándole un
-servicio que había de complacerle.</p>
-
-<p>Cuando han salido los enemigos y están formados en batalla al pie de
-sus muros, reunida toda su caballería, se arroja sobre los lacedemonios
-y beocios. Policarmo, comandante lacedemonio, es arrojado de su caballo
-y recibe en el suelo numerosas heridas; otros son muertos, y por fin
-vuelve grupas la caballería del ala derecha. Al ver la derrota de esta,
-cede también la infantería, y todo el ejército corría el riesgo de ser
-vencido, si Derdas a la cabeza de su caballería no se hubiese dirigido
-al galope hacia las puertas de Olinto; síguele también Teleutias con
-su división en buen orden. La caballería olintia, al apercibirse de
-este movimiento, y temiendo se le cierren las puertas, da media vuelta
-y se retira a toda prisa. Mata entonces Derdas a gran número de ellos,
-mientras pasaban ante él a escape, y la infantería olintia se retira
-también dentro de los muros sin haber experimentado muchas bajas por la
-proximidad de la muralla. Teleutias, después de levantar un trofeo y
-haber hecho constar esta victoria, se retira cortando los árboles.</p>
-
-<p>Tal fue la expedición que verificó en este verano; después
-licencia las tropas macedonios y las de Derdas. Los olintios hacen,
-sin embargo, frecuentes excursiones contra las ciudades aliadas a
-los lacedemonios,<span class="pagenum" id="Page_214">p. 214</span>
-devastan su territorio y matan a sus habitantes.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch5_3">
- <h3>CAPÍTULO III.</h3>
-</div>
-
-<p>Así que comienza la primavera<a id="FNanchor_189"
-href="#Footnote_189" class="fnanchor">[189]</a>, la caballería
-olintia, en número de unos seiscientos hombres, verifica una excursión
-hacia Apolonia en mitad del día, y se disemina por la campiña para
-saquearla: aquel día Derdas y su caballería habían llegado a Apolonia
-y se hallaban tomando el almuerzo. Cuando se apercibe aquel de esta
-correría, da orden a su gente para que armados y con los caballos
-enjaezados se mantengan a la expectativa; y cuando ve que los olintios
-avanzan con seguridad completa hasta los suburbios y las mismas
-puertas de la ciudad, sale al frente de su caballería en correcta
-formación. Así que le distingue el enemigo, emprende la fuga; mas él
-no se contenta con esto, sino que le persigue unos noventa estadios<a
-id="FNanchor_190" href="#Footnote_190" class="fnanchor">[190]</a>
-sin cesar de matarle gente, hasta los mismos muros de Olinto: dícese
-que les mató unos ochenta caballeros. Permanecen desde entonces los
-enemigos encerrados dentro de sus muros y sin cultivar más que una
-pequeñísima parte de su territorio. Algún tiempo después, Teleutias
-dirigíase contra la ciudad de Olinto, a fin de destruir los árboles
-que<span class="pagenum" id="Page_215">p. 215</span> habían quedado
-en pie y los trabajos de cultivo de los enemigos, cuando la caballería
-olintia avanza silenciosamente contra los lacedemonios, a cuya vista
-Teleutias, indignado por su audacia, ordena a Tlemónidas, jefe de los
-peltastas, se arroje sobre ellos a paso de carga. Los olintios, al
-verse atacados por los peltastas, vuelven la espalda, retíranse en
-buen orden, y vuelven a pasar el río; y los que les siguen, creyendo
-habérselas con fugitivos, persíguenles con grande audacia y se disponen
-también a atravesar el río; pero entonces la caballería olintia,
-aprovechando el momento en que acaban los peltastas de atravesar el río
-y les ofrecen un inmenso flanco, se vuelve, y cargando sobre ellos,
-matan al mismo Tlemónidas y a más de ciento de sus soldados. Teleutias,
-al conocer lo sucedido, monta en cólera, coge sus armas, y dirigiéndose
-hacia adelante con sus hoplitas, ordena a los caballeros y peltastas
-persigan sin tregua al enemigo. Gran número de ellos, cumpliendo sus
-órdenes, avanzan hacia las murallas más de lo que la prudencia exige,
-y tienen que retirarse con grandes pérdidas; y otros, alcanzados
-por las flechas arrojadas desde las torres, tienen que replegarse
-desordenadamente para ponerse a cubierto de los proyectiles. Cargan
-entonces los olintios con su caballería, apoyada por los peltastas, y
-últimamente los mismos hoplitas salen de la ciudad y se arrojan sobre
-la falange desordenada. Perece Teleutias combatiendo, y al momento
-ceden las tropas; nadie hace resistencia, y se declaran todos en fuga:
-unos procuran refugiarse en Espartolo, otros en Acanto o en Apolonia, y
-gran parte en Potidea. Persíguenles en todos sentidos los vencedores,
-y dan<span class="pagenum" id="Page_216">p. 216</span> muerte a gran
-número de hombres de los más útiles al ejército.</p>
-
-<p>Paréceme que tales desgracias deben enseñar a los hombres, y
-servirles para comprender que no se debe castigar mientras se está
-encolerizado, ni siquiera a los esclavos, porque a menudo ha sucedido
-que, arrastrados los dueños por la pasión, se han atraído a sí mismos
-mayores desventuras de las que a los demás han ocasionado. Pero sobre
-todo en la guerra, es una falta, muchas veces irreparable, el obrar
-siguiendo las inspiraciones de la cólera. La cólera, en efecto, es
-imprevisora, mientras la reflexión procura hallar con igual cuidado los
-medios de evitar un desastre, que los necesarios para perjudicar al
-enemigo.</p>
-
-<p>Los lacedemonios, después de saber esta noticia, celebran consejo
-y deciden mandar fuerzas considerables para abatir la soberbia de
-los vencedores y no hacer inútiles cuantas ventajas hasta entonces
-se habían conseguido. Pensando de esta suerte, envían como general
-al rey Agesípolis, designándole también treinta espartanos, como se
-había hecho cuando la expedición de Agesilao a Asia. Muchos periecos,
-gente esforzada, así como buen número de extranjeros de los que se
-llaman <i>trófimos</i> y algunos bastardos espartanos bien reputados
-y que habían ejercido elevados cargos en la ciudad, le siguen como
-voluntarios. También proporcionan voluntarios las ciudades aliadas,
-alistándose también como tales algunos caballeros tesalios que querían
-hacerse conocer y apreciar por Agesípolis, y finalmente Amintas
-y Derdas muestran mayor actividad que la primera vez. Después de
-disponerlo todo, Agesípolis parte para Olinto.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_217">p. 217</span>La ciudad de los
-fliasios, que había merecido los elogios de Agesípolis a causa de la
-prontitud con que había proporcionado grandes cantidades para esta
-expedición, creyendo que hallándose ausente Agesípolis no se dirigirá
-Agesilao contra ella, pues no había sucedido nunca que estuviesen
-los dos reyes ausentes al mismo tiempo de Esparta, se atreve a no
-conceder justicia a los desterrados que han regresado a su patria,
-pues estos, en efecto, pedían fuesen decididos los puntos en litigio
-por un tribunal imparcial; pero los ciudadanos quieren sea juzgada su
-querella por la misma ciudad. Reclaman aquellos, alegando que no puede
-haber verdadera justicia si una de las partes litigantes ha de decidir
-como juez; pero no se les escucha, por lo cual se dirigen entonces
-a Lacedemonia para quejarse del gobierno de su ciudad: acompáñales
-asimismo cierto número de habitantes de Fliunte, que afirman se les
-considera por gran número de ciudadanos como verdaderas víctimas de
-la injusticia, por lo cual, irritada la ciudad, condena a todos los
-que se han dirigido a Esparta sin misión alguna del estado. Estos no
-se apresuran a volver a su patria; antes por el contrario, permanecen
-en Lacedemonia e informan a los de esta ciudad de que los que cometen
-estas violencias son los mismos que les han desterrado y cerrado las
-puertas a las tropas espartanas, que han comprado sus bienes y emplean
-la violencia para conservarlos, habiendo encontrado por fin el medio
-de hacerles castigar por haberse dirigido a Lacedemonia, a fin de
-que nadie, en lo futuro, se atreva a revelarles lo que pasa en su
-ciudad.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_218">p. 218</span>Creyendo los éforos
-que, en efecto, se cometía allí injusticia, declaran la guerra a los
-fliasios, cosa que no disgustó a Agesilao, pues la familia de Podánemo,
-desterrada en la actualidad, estaba unida con su padre Arquidamo por
-los lazos de la hospitalidad, y él mismo lo estaba con la familia de
-Procles, hijo de Hipónico. Terminados los sacrificios de la marcha,
-emprende la campaña, a pesar de que varias diputaciones marchan a su
-encuentro ofreciéndole grandes cantidades para evitar la invasión:
-contesta a todos que no se dirige allí para cometer injusticias,
-antes al contrario, para proteger a los que de ellas son víctimas.
-Por fin afirman los fliasios se hallan dispuestos a hacer cuanto
-quiera, rogándole suspenda su expedición; pero él les contesta que no
-puede creer solo en sus palabras, pues otras veces le han engañado y
-necesita, por lo mismo, una garantía efectiva. Habiéndole preguntado
-cuál era la garantía que exigía, contesta: «La misma que nos disteis
-otra vez sin que hubieseis padecido perjuicio alguno: el entregarnos
-la acrópolis.» No habiendo accedido a su petición, invade el país y
-rodea su ciudad con obras de fortificación, dejándola completamente
-sitiada. Gran número de lacedemonios repiten, sin embargo, que por
-algunas personas se enajena una ciudad de más de cinco mil almas, y
-en realidad, para ponerlo más de relieve, los fliasios celebraban
-sus asambleas a la vista del ejército, por lo cual Agesilao ideó el
-siguiente medio para contrarrestar este reproche. Cada vez que salía
-alguien de la ciudad, atraído por la amistad o por la parentela de
-los desterrados, hace preparar comidas públicas como las de Esparta
-y dar<span class="pagenum" id="Page_219">p. 219</span> alimentos
-suficientes a cuantos quieren tomar parte en los ejercicios; ordena
-asimismo se les procure toda clase de armas sin retroceder ante ningún
-gasto. Ejecútanse sus órdenes, y de este modo se forma un cuerpo de
-más de mil hombres robustos, disciplinados y bien armados; de manera
-que llegan los lacedemonios a desear por compañeros de armas a estos
-soldados.</p>
-
-<p>En estas cosas empleaba su actividad Agesilao. Mientras tanto,
-Agesípolis, saliendo de Macedonia, sitúase con sus tropas frente
-a Olinto: pero viendo que nadie sale a atacarle, se ocupa en
-devastar cuanto ha sido hasta entonces respetado en su territorio,
-y destruye las mieses de las comarcas aliadas, así como cayendo
-sobre Torone, se apodera de ella por asalto. Hallábase en esto,
-cuando es atacado por una ardiente fiebre, propia de la estación
-canicular en que se encontraban; y habiendo visto por la mañana el
-templo de Dioniso en Afitis<a id="FNanchor_191" href="#Footnote_191"
-class="fnanchor">[191]</a>, entrole el deseo de gozar de la sombra de
-sus cuevas y de sus aguas límpidas y frescas: transpórtasele aún con
-vida, pero muere fuera del templo, una semana después de haber caído
-enfermo. Su cuerpo, cubierto de miel, es llevado a su patria, donde
-recibe sepultura real.</p>
-
-<p>Agesilao, al saber esta noticia, no demuestra que ha perecido un
-rival, antes derrama abundantes lágrimas y echa de menos su compañía,
-pues en Esparta los reyes habitan juntos cuando en ella se encuentran.
-Agesípolis y Agesilao confiábanse a menudo las confidencias más intimas
-sobre su juventud,<span class="pagenum" id="Page_220">p. 220</span>
-sus cacerías, sus caballos y sus amores, y además, mientras vivían
-juntos, mostrábale el último gran respeto, pues era mayor en edad.
-Envían en su lugar los lacedemonios en calidad de gobernador contra
-Olinto a Polibíades.</p>
-
-<p>Agesilao había dejado ya trascurrir el tiempo prudencial que se
-había fijado para la duración de las provisiones en Fliunte, pues tal
-es el dominio que sobre los apetitos puede tenerse que los fliasios,
-habiendo decretado entregar la mitad del trigo que antes se daba a
-todo el mundo, al ejecutar esta resolución, pudieron sostener el sitio
-durante doble tiempo del que se había presumido. Y tal es también la
-superioridad de la audacia sobre la timidez, que cierto Delfión, que
-pasaba por hombre distinguido, al frente de trescientos fliasios pudo
-dominar el influjo de los que deseaban la paz, y retener en la cárcel
-a los individuos de quienes desconfiaba; pudo asimismo obligar al
-pueblo a montar las guardias y asegurarse de su fidelidad vigilándole
-constantemente. A menudo verificaba salidas con sus partidarios más
-decididos, y rechazaba las guardias de diferentes puntos de las
-fortificaciones enemigas. Sin embargo, cuando a pesar de todos sus
-arbitrios esos hombres tan decididos no pudieron hallar víveres en
-parte alguna de la ciudad, pidieron una tregua a Agesilao para enviar
-una comisión a Esparta, pues habían determinado entregar a discreción
-la ciudad a los lacedemonios.</p>
-
-<p>Irritado Agesilao de que no le consideren con autoridad suficiente
-para ello, halla medio para que sus amigos de Esparta obtengan se le
-deje árbitro de la suerte de Fliunte, y entonces accede a dejar<span
-class="pagenum" id="Page_221">p. 221</span> paso franco a aquella
-comisión. Redobla, sin embargo, la vigilancia en las guardias para
-que nadie pueda salir de la ciudad, pero a pesar de todas estas
-precauciones, Delfión, y con él un esclavo estigmatizado que había
-sustraído gran cantidad de armas a los sitiadores, consiguen escapar
-durante la noche. Cuando los diputados vuelven de Esparta con la
-noticia de que esta da sus más amplios poderes a Agesilao respecto a lo
-que debe hacerse con la ciudad, decide aquel que cincuenta desterrados
-y cincuenta sitiados sean los que han de manifestar quiénes deban
-conservar la vida o perecer de entre los sitiados, y que más adelante
-establecerá las leyes según las cuales deban gobernarse. Mientras
-ejecutan sus órdenes, deja una guarnición en la ciudad con el sueldo
-de seis meses, después de lo cual licencia a los aliados y regresa a
-Esparta con sus conciudadanos. Así terminó la expedición a Fliunte,
-después de haber durado un año y ocho meses.</p>
-
-<p>Polibíades, por su parte, acosaba vivamente por el hambre a los
-olintios, pues no podían recibir por tierra ni introducir por mar
-alimento alguno, obligándoles con esto a enviar una diputación a
-Lacedemonia para tratar de la paz. Danse a los enviados amplios
-poderes, y celebran allí un tratado, obligándose a reconocer por amigos
-o por enemigos a los que lo sean de Lacedemonia, a seguir a todas
-partes donde quieran conducirles los espartanos, y a ser sus aliados.
-Después de haber jurado permanecer fieles a estas condiciones, regresan
-a su país.</p>
-
-<p>Todo favorecía a los lacedemonios: hallábanseles completamente
-sometidos los tebanos y beocios; afectos y bien dispuestos los
-corintios; humillados<span class="pagenum" id="Page_222">p. 222</span>
-los argivos, después de haber visto que el pretexto de los meses
-sagrados de nada les servía; de todos abandonados los atenienses, y
-castigados cuantos aliados a Esparta no habían sido enteramente fieles:
-de ahí que todo parecía indicar para ellos una gloriosa y duradera
-dominación.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch5_4">
- <h3>CAPÍTULO IV.</h3>
-</div>
-
-<p>Podría citarse en la historia de Grecia y en la de los bárbaros gran
-número de hechos que prueban que los dioses tienen en cuenta así a los
-hombres religiosos como a los impíos; pero solo referiré lo que atañe a
-mi objeto. Los lacedemonios habían jurado respetar la independencia de
-las ciudades, y, a pesar de esto, se habían apoderado de la acrópolis
-de Tebas, por lo cual fueron castigados por las mismas víctimas de su
-injusticia, ellos, que no habían sido sometidos jamás a ningún hombre
-y bastaron siete desterrados para destruir el poder de los ciudadanos
-que les habían introducido en la acrópolis y habían querido poner a su
-patria bajo la dominación de los lacedemonios a fin de poder ejercer la
-tiranía. Voy a relatar cómo sucedió todo esto.</p>
-
-<p>Había en Tebas<a id="FNanchor_192" href="#Footnote_192"
-class="fnanchor">[192]</a> un cierto Fílidas que hacía de secretario
-de Arquias y de los demás polemarcas, y que aparentemente les había
-prestado grandes servicios.<span class="pagenum" id="Page_223">p.
-223</span> Habiendo ido este hombre a Atenas para algunos asuntos, se
-encontró con Melón, sujeto muy conocido y que era uno de los tebanos
-allí refugiados. Informado este por Fílidas de la tiranía ejercida
-por el polemarca Arquias y por Filipo, comprende que la situación de
-la patria le es tan odiosa a Fílidas como a él mismo. Danse, pues,
-garantías recíprocas de su fidelidad, y conciertan el plan que debe
-seguirse. Melón inmediatamente se une a otros seis desterrados, los más
-a propósito para sus designios, y no les hace tomar otras armas que
-sus puñales. Principian por entrar de noche en el territorio tebano,
-y después de haber pasado el día en un lugar enteramente desierto, se
-acercan a las puertas de la ciudad como si volviesen del campo, a la
-hora en que dejan su trabajo los más rezagados. Luego que entran en
-la ciudad, pasan la noche en casa de un ciudadano llamado Carón, y
-allí permanecen todo el día siguiente. Fílidas se hallaba ocupado en
-arreglarlo todo para que celebrasen los polemarcas las Afrodisias<a
-id="FNanchor_193" href="#Footnote_193" class="fnanchor">[193]</a> antes
-de ser relevados de sus cargos; habíales dicho hacía largo tiempo
-que les llevaría las mujeres más hermosas y amables de Tebas, y les
-dice entonces que aquel día cumplirá su palabra, pues querían, según
-sus gustos, pasar una noche agradable. Terminada la cena, y cuando
-principian a hallarse ebrios a causa de las incitaciones de aquel, sale
-para cumplir la orden de llevarles las heteras<a id="FNanchor_194"
-href="#Footnote_194" class="fnanchor">[194]</a>, y vuelve acompañado de
-Melón y sus compañeros, de los cuales, tres iban disfrazados de<span
-class="pagenum" id="Page_224">p. 224</span> dueñas y los otros de
-sirvientas. Después de haberles introducido en la antecámara del
-polemarca, entra y dice a Arquias que las mujeres rehúsan entrar si hay
-en la sala algún criado, por lo cual dan inmediatamente la orden para
-que todos se retiren, y Fílidas, dando vino a los esclavos, les manda
-se recojan en la habitación de uno de ellos. Introduce entonces a las
-heteras y hace sentar una al lado de cada hombre. Se había convenido
-que después de sentarse y al quitarse el velo, les darían de puñaladas.
-He aquí, según se dice, cómo perecieron los polemarcas, aunque otros
-aseguran que entraron como convidados los amigos de Melón, y los
-mataron.</p>
-
-<p>Tomando luego Fílidas tres de los conjurados, se dirige a casa
-de Leontíades y llama a la puerta, anunciándose como portador de
-una orden de los polemarcas. Hallábase aquel acostado solo, después
-de haber cenado, y su mujer hilaba sentada a su lado. Creyendo fiel
-a Fílidas, les hace entrar, y apenas introducidos, le degüellan, y
-obligan a su mujer con amenazas a guardar silencio: cuando salen,
-dicen que dejan cerrada la puerta y que si la encuentran abierta,
-matarán a cuantos están en la casa. Tomadas estas medidas, Fílidas
-se dirige con dos de los suyos a la cárcel, y dice al carcelero que
-por orden de los polemarcas conduce a un hombre para ser encarcelado;
-ábreles el carcelero, y después de darle muerte, ponen en libertad a
-los presos. Entréganles a toda prisa armas tomadas del pórtico y les
-conducen entonces al Anfión, donde les ordenan se conserven sobre las
-armas. Inmediatamente hacen pregonar a todos los tebanos, caballeros
-y hoplitas, pueden salir de sus escondrijos, pues han perecido<span
-class="pagenum" id="Page_225">p. 225</span> ya los polemarcas. Mientras
-es de noche permanecen los ciudadanos en sus casas, resistiéndose a
-creer que sea verdad; pero cuando se hace de día y se ve la realidad
-de lo sucedido, júntanse a los conjurados así los hoplitas como los
-caballeros. Los desterrados envían emisarios montados a los que están
-en las fronteras de Atenas y a los dos generales, que acuden así que
-conocen el motivo por el que se les llama.</p>
-
-<p>El gobernador de la acrópolis, así que conoce el pregón que ha
-tenido lugar durante la noche, pide refuerzos a Platea y Tespias, pero
-la caballería tebana, informada de la llegada de los plateenses, marcha
-a su encuentro y mata a más de veinte. Después de este encuentro,
-vuelven a la ciudad, y reunidos a los atenienses que habían llegado
-de las fronteras, atacan la acrópolis. Los que se hallaban en ella,
-conociendo su pequeño número, principian a sobrecogerse de miedo al
-ver el ardor de los que les atacan, excitados por las recompensas
-brillantes prometidas a los que asaltaran primero la fortaleza, y
-declaran la entregarán si se les permite salir libremente con sus
-armas. Concédeseles gustosamente lo que piden, y se les deja salir,
-después de haber celebrado una tregua y de haberse obligado con
-juramento a sostenerla. Pero mientras salen, se apoderan los tebanos
-de cuantos reconocen como enemigos y les condenan a muerte: algunos
-son secretamente ocultados por los atenienses que habían venido de
-las fronteras, y así consiguen salvarse; pero los tebanos se apoderan
-asimismo de los hijos de aquellos a quienes habían muerto, y les
-degüellan.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_226">p. 226</span>Luego que los
-lacedemonios conocen estos sucesos, condenan a muerte al gobernador,
-que había abandonado la acrópolis sin aguardar a que llegaran los
-refuerzos, y decretan una expedición contra los tebanos. Agesilao,
-declarando que hacía más de cuarenta años había pasado de la
-adolescencia, y demostrando que la ley en virtud de la cual los otros
-ciudadanos de esta edad no se hallan obligados a salir de la patria
-debe aplicarse igualmente a los reyes, se ve libre de dirigir la
-expedición. No era, sin embargo, este el motivo por el que deseaba
-permanecer en su patria, sino porque sabía que si mandaba esta
-invasión dirían sus conciudadanos que Agesilao creaba obstáculos
-al estado únicamente para favorecer tiranos, y por esto procuró
-amoldarse a las circunstancias. Los éforos, acosados por los tebanos
-que habían podido escapar de la matanza, envían en lo más fuerte
-del invierno a Cleómbroto<a id="FNanchor_195" href="#Footnote_195"
-class="fnanchor">[195]</a>, que dirigía por primera vez un ejército.
-Como el camino que pasa por Eléuteras se halla ocupado por Cabrias y
-los peltastas atenienses, toma Cleómbroto, para atravesar el monte,
-la vía de Platea; pero al avanzar los peltastas, se hallan en los
-picos a los prisioneros libertados, que guardaban el paso en número
-de unos ciento cincuenta. Mátanlos todos los peltastas, a excepción,
-acaso, de uno o dos, y Cleómbroto baja a Platea, ciudad aún afecta a
-los lacedemonios, y se dirige después a Tespias, de donde se dirige
-a Cinoscéfalas, ciudad tebana, para establecer allí su campamento.
-Permanece en ella unos diez y seis días, y regresa a Tespias,<span
-class="pagenum" id="Page_227">p. 227</span> donde deja a Esfodrias
-como gobernador con la tercera parte del continente de los aliados, y
-le entrega todo el dinero que había sacado de su patria, ordenándole
-reclute mercenarios. Esfodrias ejecuta sus órdenes, y Cleómbroto toma
-el camino de Creusis y conduce a sus hogares a las tropas de su mando,
-no sabiendo aquellas si en efecto se estaba en guerra o no con los
-tebanos. Lo cierto es que había conducido su ejército al territorio
-tebano, y que volvía después de haberles hecho el menos daño posible.
-A su regreso, fue asaltado por un viento impetuoso, que interpretaron
-muchos como un funesto presagio para el porvenir. Este viento, que no
-le ocasionó poco destrozo, sorprendió al ejército después de salir de
-Creusis, mientras pasaba por el lugar en que la montaña costea el mar,
-y precipitó a él gran número de acémilas con sus bagajes y arrebató
-muchas armas, que cayeron también al mar. Finalmente, muchos de ellos,
-que no podían seguir la marcha con las armas, abandonaron en las cimas
-del monte sus escudos vueltos del revés y llenos de piedras para que no
-volasen. Comieron del mejor modo que pudieron en Egóstena de Mégara, y
-al día siguiente volvieron a buscar sus armas. Hecho esto, fuese cada
-cual a su casa, pues Cleómbroto había licenciado a sus tropas.</p>
-
-<p>Viendo los atenienses el poderío de los lacedemonios, pues la guerra
-no está ya en Corinto, sino a las puertas del Ática, invadiendo Tebas,
-se dejan dominar de tal modo por el miedo, que citan a juicio a los dos
-generales que ocasionaron la conjuración de Melón contra Leontíades y
-su partido, condenando a muerte a uno de ellos y desterrando al<span
-class="pagenum" id="Page_228">p. 228</span> otro, que no había esperado
-a saber el resultado del juicio.</p>
-
-<p>Temiendo también los tebanos al poder lacedemonio si se hallan
-solos contra ellos en la guerra, recurren a la siguiente estratagema.
-Persuaden a fuerza de dinero al gobernador de Tespias, Esfodrias,
-que aparente invadir el Ática para que se origine con ello una
-ruptura entre atenienses y lacedemonios. Dócil Esfodrias a dichas
-instrucciones, aparenta querer apoderarse del Pireo, que se hallaba ya
-sin puertas, y parte de Tespias una mañana con sus soldados, después de
-haberles hecho comer, diciendo quiere llegar al Pireo antes de terminar
-el día. Llega en aquel mismo día a Tría y nada hace para ocultar su
-camino; pero tomando otra dirección, se apodera de los ganados y saquea
-las casas. Algunos de los que le habían encontrado durante la noche,
-habían huido hacia Atenas, donde habían anunciado la proximidad de un
-ejército formidable. Habíanse los atenienses armado a toda prisa, y
-tanto los de a pie como los de a caballo, custodiaban las puertas de
-la ciudad. Hallábanse en Atenas en aquella ocasión los embajadores
-lacedemonios Etimocles, Aristóloco y Ocilo, quienes estaban alojados en
-casa del próxeno Calias; préndenlos los atenienses después que reciben
-aquella noticia, y los vigilan cuidadosamente creyendo que han tenido
-parte en la trama; pero ellos quedan sorprendidos del suceso y se
-justifican diciendo que si hubiesen sabido que debían tomar el Pireo,
-no hubieran sido tan imprudentes para entregarse de este modo a los
-atenienses, y sobre todo en casa del próxeno, donde a cualquier momento
-podía hallárseles. Dicen además<span class="pagenum" id="Page_229">p.
-229</span> que pronto verán los atenienses que nada de ello sabía la
-ciudad, pues están seguros de que Esfodrias será condenado por Esparta.
-Se decide, pues, que ninguna participación tienen en el asunto, y se
-les pone en libertad. Por su parte, los éforos llaman a Esfodrias e
-intentan contra él una acusación capital: el temor le impide comparecer
-a la citación, es sentenciado, y a pesar de esta desobediencia, se
-le absuelve. Muchos encontraron en Lacedemonia esta sentencia como
-informada por una notoria injusticia. He aquí cuál fue su causa:</p>
-
-<p>Esfodrias tenía un hijo llamado Cleónimo, que apenas había salido
-de la infancia y era el más bello y amable de los muchachos de su
-edad y el favorito de Arquidamo, hijo de Agesilao. Los amigos de
-Cleómbroto, que en su cualidad de íntimos de Esfodrias deseaban
-vivamente salvarle, temían a Agesilao y sus amigos, así como a los
-hombres imparciales, pues parecía que Esfodrias había cometido una
-grave falta. En dicha ocasión, Esfodrias díjole a Cleónimo: «Hijo mío,
-de ti depende el salvar a tu padre, rogando a Arquidamo me vuelva
-favorable al suyo para mi juicio.» Al oír estas palabras Cleónimo,
-se atreve a dirigirse a Arquidamo y le suplica sea el salvador de su
-padre. Al ver Arquidamo deshecho en llanto a Cleónimo, permaneciendo a
-su lado acompáñale en su llanto, pero cuando hubo oído su súplica le
-contesta: «Oh Cleónimo, has de saber que ni siquiera me atrevo a mirar
-cara a cara a mi padre, y que cuando quiero obtener algo en la ciudad,
-procuro recurrir a cualquier persona mejor que a él; pero sin embargo,
-ya que tú me lo ruegas, está seguro que emplearé todo mi valimiento
-para<span class="pagenum" id="Page_230">p. 230</span> hacer esto por
-ti.» Vuélvese a su casa después de la comida pública y se entrega al
-descanso. Al día siguiente, apenas se levanta, se pone al acecho para
-que su padre no salga de casa sin que él se aperciba de ello. Así
-que le ve salir, deja que le aborden los ciudadanos, que se dirijan
-después a él los extranjeros, y aun cede el paso a los mismos esclavos
-que tienen algo que pedir, y por fin, cuando Agesilao volviendo de
-la orilla del Eurotas entra en su casa, se retira a sus habitaciones
-sin haberle dicho nada. Al día siguiente hace lo mismo; Agesilao
-sospecha el motivo de su presencia continua, pero no le interroga y
-le deja hacer. Por su parte Arquidamo deseaba, como era natural, ver
-a Cleónimo, pero no se atrevía a ir a su casa hasta que no hubiese
-hablado con su padre; y los amigos de Esfodrias, no viendo entrar a
-Arquidamo en la casa que antes frecuentaba, hallábanse en la mayor
-inquietud, y creían había sido rechazado por su padre encolerizado.</p>
-
-<p>Por fin Arquidamo se decide a abordarle y decirle: «Padre mío,
-Cleónimo me ruega te suplique salves a su padre, y yo te lo ruego
-encarecidamente, si es posible.» Agesilao le contesta: «En cuanto a mí,
-te perdono la súplica que acabas de hacerme; pero ¿cómo obtendría yo
-el perdón de mi patria si no declaraba culpable a un hombre que se ha
-enriquecido a expensas de la ciudad?» Nada puede replicar Arquidamo, y
-se retira vencido por la evidencia de la justicia. Sin embargo, volvió
-de nuevo a la carga, ya espontáneamente, ya aguzado por otros, y dijo:
-«Padre mío, ya sé que absolverías a Esfodrias si no fuese culpable;
-pues bien, si ha cometido alguna falta, perdónale por amor a mí.»<span
-class="pagenum" id="Page_231">p. 231</span> Agesilao le contesta: «Si
-esto debe sernos honroso, así se hará»; y él, al oír esto, se retira
-completamente descorazonado. Pero uno de los amigos de Esfodrias,
-hallándose de conversación con Etimocles, le dice:</p>
-
-<p>—«Supongo que vosotros, los amigos de Agesilao, decidiréis todos la
-muerte de Esfodrias.»</p>
-
-<p>A lo cual contesta Etimocles:</p>
-
-<p>—«¡Por Zeus! entonces haríamos todo lo contrario de lo que desea él
-mismo, pues este repite a cuantos habla de este asunto que no puede
-negarse que sea culpable Esfodrias, pero sería muy cruel condenar
-a muerte a un hombre que ya desde niño, de adolescente y de hombre
-formal, ha llevado siempre la conducta más honrosa; sobre todo
-necesitando, en efecto, Esparta de soldados como él.»</p>
-
-<p>Referidas estas palabras a Cleónimo, este, radiante de júbilo, se
-dirige inmediatamente a casa de Arquidamo, y le dice: «Ya sé lo que has
-hecho por nosotros, y por lo mismo has de saber que procuraré obrar
-de manera que nunca tengas que sonrojarte de mi amistad.» No mintió,
-pues durante su vida conservó en Esparta la conducta más ejemplar; y en
-Leuctra, donde combatió a la vista del rey, junto al polemarca Dinón,
-después de haber caído tres veces, fue el primero de sus conciudadanos
-que halló la muerte combatiendo a los enemigos. Esta pérdida afligió
-cruelmente a Arquidamo, pues según su promesa, Cleónimo no fue jamás
-para él un motivo de vergüenza, sino más bien de honor. De este modo
-evitó Esfodrias su condenación.</p>
-
-<p>Los atenienses que eran partidarios de los beocios anuncian al
-pueblo que los lacedemonios no<span class="pagenum" id="Page_232">p.
-232</span> solo no han castigado a Esfodrias, sino que han alabado
-su proceder al tender asechanzas contra Atenas; por lo cual colocan
-inmediatamente puertas en el Pireo, construyen naves y socorren a
-los beocios con todo el celo posible. Por su parte, los lacedemonios
-decretan otra expedición contra los tebanos, y creyendo que Agesilao
-la dirigiría con más prudencia que Cleómbroto, le ruegan se ponga al
-frente de aquella expedición, y él, contestando que no resistirá jamás
-a la voluntad de la ciudad, se prepara para la marcha. Conociendo,
-empero, que no es fácil llegar a Tebas si no se ocupa de antemano el
-Citerón, y averiguando que los cletorios se hallan en guerra con los
-orcomenios y sostienen mercenarios, entra en tratos con ellos, a fin de
-poder disponer de sus tropas mercenarias cuando las necesite. Después
-de haber ofrecido los sacrificios de la marcha y antes de llegar a
-Tegea, hace entregar al jefe de los mercenarios de Clétor el sueldo de
-un mes, con orden de apoderarse del Citerón, y al mismo tiempo ordena
-a los orcomenios suspendan toda hostilidad mientras dure la campaña,
-declarando que, según lo decretado por los aliados, se dirigirá
-inmediatamente contra toda ciudad que ataque a otra cualquiera,
-mientras esté el ejército ocupado en su expedición.</p>
-
-<p>Después de haber pasado el Citerón, se dirige a Tespias, de donde
-sale para entrar en el territorio tebano; pero encuentra la llanura
-y los puntos más importantes del país completamente fortificados con
-fosos y empalizadas. Sin punto fijo como centro de operaciones, y
-acampando donde mejor les parece, salen las tropas cada día después del
-almuerzo,<span class="pagenum" id="Page_233">p. 233</span> y saquean
-la campiña situada a oriente de las empalizadas y fosos. En efecto,
-los enemigos, así que aparecía Agesilao en un punto, llegaban por su
-parte, para defenderse detrás de sus trincheras. Un día que se retiraba
-ya hacia su campamento, los caballos tebanos se arrojan de improviso
-sobre él por las aberturas practicadas en la trinchera, mientras
-los peltastas habían salido para preparar la comida, y mientras la
-caballería se hallaba completamente desmontada o en preparación.
-Sorprenden los tebanos a los peltastas, así como a Cleas y Epicídidas,
-caballeros espartanos, a un perieco lacedemonio, Éudico, y a algunos
-desterrados atenienses que no habían montado aún a caballo. Agesilao
-inmediatamente hace retroceder a los suyos, y acude en su auxilio
-con los hoplitas; su caballería carga sobre la del enemigo, estando
-apoyada por los hoplitas, que hacía diez años servían en el ejército.
-Los de la caballería tebana, sin embargo, parecían como si hubiesen
-bebido demasiado, pues aguardaban al enemigo hasta que se hallaba a
-tiro, y entonces les lanzaban sus dardos sin alcanzarles; finalmente,
-empezaron la retirada, en la cual perdieron más de doce hombres. Así
-que comprende Agesilao que la caballería tebana no comparece hasta
-después que ha pasado la hora de almorzar, ofrece los sacrificios al
-clarear el día, introduce a sus soldados en el interior del territorio
-atrincherado, saquea y quema cuanto en él encuentra, y avanza hasta
-la ciudad. Después de haber hecho esto, se retira a Tespias, que
-fortifica, y donde deja como gobernador a Fébidas; volviendo él a
-pasar el monte, llega a Mégara, donde licencia sus tropas, y conduce a
-Esparta la milicia nacional.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_234">p. 234</span>Fébidas, entonces,
-envía partidas de merodeadores para que pasen a sangre y fuego el país
-tebano, y él dirige en persona varias expediciones, en las que destruye
-cuanto a su mano encuentra. Por su parte los tebanos, queriendo hacer
-uso de represalias, dirígense en masa contra el país de Tespias;
-pero llegados allí, se encuentran con Fébidas, quien, acosándoles
-constantemente con sus peltastas, les impide separarse un solo instante
-de la falange; de manera que, arrepentidos los tebanos de su invasión,
-emprenden inmediatamente la retirada, y aun los mismos bagajeros,
-arrojando los granos de que se habían apoderado, se apresuran a
-encaminarse hacia sus casas: tan grande es el temor que ha sobrecogido
-al ejército. Fébidas, rodeado de sus peltastas, y seguido, según sus
-órdenes, de los hoplitas en correcta formación, acosa vivamente al
-enemigo. Acaricia ya la esperanza de derrotarle; marcha valerosamente a
-la cabeza de las tropas, exhortándolas a cortar la retirada al enemigo,
-mientras da orden a los hoplitas tespieos para que le sigan; pero
-llegada en su retirada la caballería tebana a un bosque impenetrable,
-reúnense primero, y después dan media vuelta, ya que es completamente
-imposible el pasar: el pequeño número de peltastas que se hallan a la
-cabeza de los lacedemonios tienen miedo y emprenden la fuga, y entonces
-la caballería tebana toma de ellos mismos la idea de su persecución.
-Fébidas y dos o tres de los que estaban a su lado perecen combatiendo,
-y los mercenarios emprenden todos la fuga. Cuando llegan huyendo junto
-a los hoplitas tespieos, estos, que se alababan antes de no haber
-cedido nunca a<span class="pagenum" id="Page_235">p. 235</span> los
-tebanos, huyen también, sin que se intente siquiera perseguirles, pues
-era ya muy tarde. Por esto no fueron considerables sus bajas; pero sin
-embargo no se detuvieron en su retirada hasta llegar a los muros de
-la ciudad. Esta victoria inflama con nuevo ardor a los tebanos, que
-verifican entonces varias expediciones contra Tespias y las ciudades
-vecinas. El partido democrático de estas se refugia en Tebas, pues que
-en todas ellas, como había sucedido con aquella misma, se hallaban
-dominando los aristócratas; de manera que también en ellas necesitaban
-socorros los amigos de Lacedemonia. Después de la muerte de Fébidas,
-envían los espartanos por mar un polemarca y una cohorte para conservar
-a Tespias.</p>
-
-<p>Así que se aproxima la primavera decretan los éforos otra expedición
-contra Tebas, y como en la anterior, suplican a Agesilao se ponga
-al frente de ella. Juzgando este necesario seguir el mismo plan de
-invasión, antes de ofrecer los sacrificios de la marcha da orden al
-polemarca de Tespias para que se apodere de los desfiladeros del
-Citerón, conservándolos en su poder hasta que él haya pasado. Después
-de haberlos atravesado y haber llegado a Platea, aparenta querer
-dirigirse a Tespias, dando orden para que preparen los alojamientos, y
-mandando a las diputaciones se dirijan allí a esperarle, con lo cual
-los tebanos creen que invadirá su territorio por aquella parte. Pero
-Agesilao, después de haber sacrificado, se dirige, al apuntar el día,
-del lado de Eritras; hace en un día con su ejército dos jornadas de
-marcha, y a toda prisa pasa el atrincheramiento junto a Escolos, antes
-de la llegada de<span class="pagenum" id="Page_236">p. 236</span>
-los tebanos, que se hallaban defendiendo el lugar por el cual había
-penetrado la primera vez. Obrando así, destruye el país situado a
-oriente de Tebas, hasta el territorio de los tanagrios, que se hallaba
-sometido bajo el poder de Hipotadoro a la influencia espartana, y luego
-se retira, teniendo a su izquierda los muros de la ciudad.</p>
-
-<p>Acudiendo los tebanos, se forman en batalla junto a Graostetos<a
-id="FNanchor_196" href="#Footnote_196" class="fnanchor">[196]</a>,
-teniendo detrás de ellos el foso y la empalizada, creyendo hallarse en
-un lugar muy favorable para el combate por la estrechez de la llanura
-y la dificultad del acceso. Conociendo Agesilao la ventaja de la
-posición del enemigo, no se dirige contra ellos, sino que, describiendo
-una curva, avanza contra la ciudad, y los tebanos, temiendo por su
-capital, que había quedado abandonada, se retiran de estas posiciones
-y corren hacia Tebas por el camino de Potnia, pues en realidad era el
-más seguro. Este ingenioso artificio de Agesilao, que obligó a los
-enemigos a retirarse a la carrera, a pesar de estar distante él con
-su ejército, fue muy celebrado y admirado. Algunos polemarcas con sus
-cohortes atacan al enemigo a su paso; pero los tebanos, lanzando sus
-dardos desde las colinas, dan muerte a Alípeto, uno de los polemarcas,
-alcanzado<span class="pagenum" id="Page_237">p. 237</span> por una
-lanza, siendo por fin rechazados los tebanos de la altura en que se
-encontraban, mientras los esciritas y algunos caballos, subiendo detrás
-de ellos, alcanzan a los últimos que se dirigían a la ciudad. Pero
-una vez que han llegado los tebanos junto a sus muros, se vuelven de
-frente, y al verlos a la defensiva los esciritas se retiran velozmente.
-No murió ninguno de ellos, pero sin embargo los tebanos erigieron un
-trofeo, pues habían hecho retirar a sus perseguidores.</p>
-
-<p>Agesilao por lo avanzado de la hora se vuelve situando su campamento
-en el lugar en que los enemigos se habían formado en batalla, y al día
-siguiente regresa a Tespias. Los peltastas mercenarios de Tebas le
-siguen audazmente a poca distancia, y llamaban en voz alta a Cabrias,
-que no había querido seguirles, cuando la caballería olintia, que
-fiel a su juramento se hallaba en las filas lacedemonias, se vuelve
-y les persigue en las laderas del monte, donde mata a gran número,
-pues la infantería es alcanzada fácilmente por la caballería, si tiene
-que subir una cuesta franqueable a los caballos. Llegado a Tespias,
-Agesilao encuentra en completa desunión a los habitantes de la ciudad:
-los que pretendían ser del partido lacedemonio querían matar a sus
-adversarios, entre los cuales se hallaba Melón; oponiéndose a sus
-designios, procura reconciliarles y les hace jurar la unión; luego
-atraviesa nuevamente el Citerón y llega a Mégara, donde licencia las
-tropas aliadas, conduciendo a las espartanas a su patria.</p>
-
-<p>Atormentados vivamente los tebanos por la falta de víveres, pues
-hacía ya dos años que no habían<span class="pagenum" id="Page_238">p.
-238</span> recolectado las mieses, envían a Págasas<a id="FNanchor_197"
-href="#Footnote_197" class="fnanchor">[197]</a> algunos comisionados,
-para que con dos trirremes compren diez talentos de trigo. Mientras
-se hallan en esa comisión, Alcetas, lacedemonio que guardaba a Oreo<a
-id="FNanchor_198" href="#Footnote_198" class="fnanchor">[198]</a>,
-equipa tres trirremes y procura que nada se trasluzca de su intento,
-y cuando se halla el trigo en la travesía, Alcetas se apodera de
-las trirremes, del trigo y de la tripulación, que no bajaba de
-trescientos hombres. Enciérralos en la acrópolis, donde habitaba él
-mismo, y hallándose entre los de su séquito un jovencito oreíta,
-hermoso y amable, baja de la acrópolis para entretenerse con él; pero,
-aprovechándose de esta negligencia los prisioneros, se apoderan de la
-acrópolis. Sublévase también la ciudad, y desde entonces los tebanos
-encuentran allí toda clase de facilidades para procurarse víveres.</p>
-
-<p>Al volver la primavera, hállase enfermo Agesilao, pues cuando con
-el ejército volvió de Tebas, encontrándose en Mégara, y subiendo
-del templo de Afrodisia<a id="FNanchor_199" href="#Footnote_199"
-class="fnanchor">[199]</a> a la casa del gobernador, rompiósele una
-vena, y la sangre del cuerpo se fue toda hacia la pierna sana<a
-id="FNanchor_200" href="#Footnote_200" class="fnanchor">[200]</a>:
-habiéndosele hinchado el muslo, y sufriendo insoportables dolores,
-un médico siracusano le abrió la vena junto al tobillo, y una vez
-que principió a manar sangre, no se detuvo día y noche, siendo vanos
-cuantos esfuerzos se hacían para atajarla, hasta que perdió el
-sentido Agesilao: únicamente<span class="pagenum" id="Page_239">p.
-239</span> entonces fue cuando cesó de fluir. Llevado en este estado a
-Lacedemonia, permaneció allí enfermo el resto del verano y durante todo
-el invierno.</p>
-
-<p>Así que vuelve la primavera, los lacedemonios decretan una nueva
-expedición, y dan el mando de ella a Cleómbroto. Cuando llega con su
-ejército al pie del Citerón, destaca a los peltastas para apoderarse de
-las alturas que dominan el camino. Pero siendo ya dueños de aquellas
-alturas un cuerpo de tebanos y uno de atenienses, dejan avanzar a los
-peltastas, y cuando están a sus pies se arrojan en su persecución
-y matan más de cuarenta de ellos, por lo cual Cleómbroto considera
-imposible el tránsito al país tebano, y retirándose con sus fuerzas,
-las licencia.</p>
-
-<p>Reunidos en Lacedemonia los aliados, hacen presente en su asamblea
-que se hallan agotados sus recursos por la guerra, a causa de la
-debilidad con que se verifican las operaciones, porque podríase, en
-efecto, equipar un número de naves mayor que el de los atenienses, y
-tomar su ciudad por hambre; podríase también con estas naves hacer
-pasar un ejército a Tebas por la Fócida, o si se quería por Creusis.
-A consecuencia de este parecer, equípanse sesenta trirremes, que se
-ponen a las órdenes de Polis. Los que habían tenido esta idea no se
-engañaron, pues los atenienses son bloqueados. Las naves cargadas de
-víveres llegan hasta Gerasto<a id="FNanchor_201" href="#Footnote_201"
-class="fnanchor">[201]</a>, pero no se atreven a pasar de allí, pues la
-flota lacedemonia se halla en los alrededores de Egina, Ceos y Andros.
-Impulsados por la necesidad, suben los atenienses<span class="pagenum"
-id="Page_240">p. 240</span> a las naves, y bajo el mando de Cabrias
-obtienen la victoria en un combate naval con Polis, desde cuyo suceso
-pueden llegar sin obstáculo los víveres a Atenas.</p>
-
-<p>Como los lacedemonios se preparaban para hacer pasar un ejército a
-Beocia, los tebanos suplican a los atenienses envíen otro alrededor
-del Peloponeso, creyendo no les sería posible a los lacedemonios
-defender al mismo tiempo su país y las ciudades aliadas de estos
-comarcas mientras enviaban fuerzas suficientes contra ellos. Irritados
-también los atenienses por el asunto de Esfodrias, envían llenos
-de ardor sesenta naves alrededor del Peloponeso, después de haber
-elegido como jefe a Timoteo<a id="FNanchor_202" href="#Footnote_202"
-class="fnanchor">[202]</a>. Hallándose Tebas libre durante toda la
-estación de la invasión de los enemigos, mientras mandaba las tropas
-Cleómbroto y se hallaba en expedición naval Timoteo, dirígense
-osadamente los tebanos contra las ciudades próximas y les hacen volver
-a su dominio. Al mismo tiempo Timoteo en sus correrías marítimas somete
-en poco tiempo a Corcira, sin reducir a sus habitantes a la esclavitud,
-ni desterrar a nadie, ni cambiar las leyes, conducta que le granjea la
-simpatía de todas las ciudades.</p>
-
-<p>Los lacedemonios por su parte equipan otra flota y nombran como
-comandante de la misma a Nicóloco, hombre osado: así que se hallan
-a la vista las naves de Timoteo no duda ni un momento, y aunque le
-faltan seis naves de los ambraciotas, ataca<span class="pagenum"
-id="Page_241">p. 241</span> con sus cincuenta y cinco embarcaciones
-a las sesenta de Timoteo. Es vencido, y Timoteo eleva un trofeo en
-Alicia; pero mientras este, después de haber varado sus naves, se
-ocupaba en arreglar las averías, reforzado Nicóloco con las seis
-trirremes ambraciotas, navega hacia Alicia<a id="FNanchor_203"
-href="#Footnote_203" class="fnanchor">[203]</a>, donde se hallaba
-Timoteo, y no acudiendo este a la provocación, levanta a su vez un
-trofeo en las islas más próximas. Timoteo, sin embargo, después de
-haber recompuesto sus naves y recibido otras de Corcira, con lo cual
-reúne una flota de más de setenta velas, conserva decididamente la
-superioridad naval, y pide dinero a Atenas, pues lo necesita en
-abundancia a causa de tener muchas naves.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch6_1">
- <p><span class="pagenum" id="Page_243">p. 243</span></p>
- <h2 class="nobreak g1 mt15">LIBRO SEXTO.</h2>
- <hr class="tir" />
- <h3>CAPÍTULO PRIMERO.</h3>
-</div>
-
-<p>Mientras se hallan así ocupados los atenienses y lacedemonios, los
-tebanos, que han sometido ya todas las ciudades de Beocia, avanzan
-contra la Fócida, mientras los focidios envían diputados a Lacedemonia
-para participarles que si no se les socorre tendrán que someterse a
-los tebanos; por lo cual los lacedemonios hacen pasar por mar a la
-Fócida al rey Cleómbroto y cuatro cohortes con el contingente aliado<a
-id="FNanchor_204" href="#Footnote_204" class="fnanchor">[204]</a>.</p>
-
-<p>Casi al mismo tiempo el farsalio Polidamante llega de Tesalia para
-tratar ciertos asuntos con el gobierno lacedemonio. Era un hombre que
-gozaba de brillante reputación en toda la Tesalia; pero en particular
-era tenido en su ciudad por tan virtuoso, que los farsalios, a pesar
-de sus disensiones, le habían<span class="pagenum" id="Page_244">p.
-244</span> confiado la acrópolis y entregado el cuidado de la
-percepción de los impuestos fijados por la ley, para que dispusiese
-de los ingresos para los asuntos religiosos y para otros gastos de la
-administración; de todo lo cual rendía anualmente sus cuentas: si le
-faltaba dinero, lo tomaba de su peculio particular y se reembolsaba
-cuando había sobrante en los ingresos. Era además hospitalario y muy
-amigo del lujo y la esplendidez, según la costumbre tesalia. Después
-que llegó a Lacedemonia habló en estos términos:</p>
-
-<p class="mt1">«Ciudadanos lacedemonios: soy de tiempo inmemorial y
-de padre a hijo vuestro próxeno y bienhechor, y por lo tanto creo
-poder recurrir a vosotros cuando se levantan ante mí dificultades y
-cuando asimismo se prevén serias complicaciones en Tesalia, para daros
-conocimiento de ello. Sin duda habréis oído hablar de Jasón, pues es
-un hombre de gran poder y de inmensa fama. Después de haber celebrado
-conmigo una tregua, vino a encontrarme y me dijo:</p>
-
-<blockquote>
-
- <p>«Polidamante: aunque Farsala tu ciudad quisiera oponérseme, podría
- someterla por lo que voy a decirte. Tengo por aliadas las mayores
- y más importantes ciudades de la Tesalia, y las he sometido cuando
- reunisteis contra mí vuestras fuerzas a las suyas. Sabes también
- que tengo a sueldo cerca de seis mil mercenarios, a los cuales
- paréceme que ninguna ciudad podría hacer frente, y no porque no
- puedan oponérseles igual número de tropas; pero los ejércitos de las
- ciudades se componen de hombres de distintas edades, tanto de gente
- anciana como de gente que no ha llegado aún a la virilidad, y además
- solo un pequeñísimo número en<span class="pagenum" id="Page_245">p.
- 245</span> cada ciudad se entrega a los ejercicios gimnásticos,
- mientras que no hay uno solo de mis mercenarios que no sea capaz de
- soportar las mismas penalidades que yo.»</p>
-
-</blockquote>
-
-<p>»Y a la verdad, Jasón es un hombre muy robusto y que despliega
-mucha actividad: cada día somete a una infinidad de pruebas a su
-ejército; pónese en armas a su cabeza, ya en los gimnasios, ya en las
-expediciones, despide a los mercenarios en quienes apercibe molicie,
-pero a los que ve llenos de ardor por las fatigas y los peligros contra
-los enemigos, les distingue, dándoles doble, triple y cuádruple sueldo
-y otros regalos, cuidándoles en sus enfermedades y honrándoles en sus
-funerales: así es que todos estos extranjeros saben que el valor en la
-guerra les asegura una vida honrada y opulenta. Me ha contado también,
-aunque ya lo sabía por otro conducto, que los maracos, los dólopes y
-Alcetas, gobernador de Epiro, le estaban sometidos.</p>
-
-<blockquote>
-
- <p>«Pues bien —dijo—; ¿quién podría hacerme temer el más mínimo
- obstáculo al someteros? Y sin embargo, dirá cualquiera que no me
- conozca, ¿por qué no te diriges, pues, inmediatamente contra los
- farsalios? ¿qué aguardas? Pero ¡por Zeus! no lo hago porque me parece
- preferible me estéis sometidos voluntariamente que a la fuerza, pues
- sometidos por la violencia, procuraríais por todos los medios que se
- hallasen a vuestro alcance hacerme todo el daño que pudierais, y yo
- desearía os vieseis reducidos a la mayor debilidad; pero si de buen
- grado queréis someteros, claro es que ambos buscaremos las ocasiones
- en que podamos favorecernos unos a otros.</p>
-
- <p>»Yo bien sé, Polidamante, que tu patria ve solo por<span
- class="pagenum" id="Page_246">p. 246</span> tus ojos; así, pues,
- si tú procuras que se convierta en aliada mía, te prometo hacerte
- después de mí el hombre más importante de Grecia. Escucha en qué
- asuntos quisiera darte el primer puesto, y no creas lo que te
- digo si tu propio raciocinio no te indica voy acertado en mis
- conjeturas. ¿No es verdad (dicho sea entre nosotros) que una vez
- me esté sometida Farsala y las ciudades que de ella dependen,
- me constituiría fácilmente rey absoluto de toda la Tesalia<a
- id="FNanchor_205" href="#Footnote_205" class="fnanchor">[205]</a>,
- y que una vez reunida la Tesalia entera, la caballería ascenderá lo
- menos a seis mil hombres y los hoplitas a más de diez mil? Cuando
- considero la robustez y valentía de esas tropas, me parece que
- sabiendo cuidar de ellas no hay nación alguna que pueda dominar a
- los tesalios; y además, siendo la Tesalia un país vasto y formando
- las naciones a su alrededor un círculo, así que esté sometida a un
- jefe absoluto, las irá dominando una a una. Casi todas las tropas
- del país son de excelentes tiradores, por lo cual necesariamente los
- peltastas han de ser vencidos por nuestro ejército. No puedo dejar
- de aliarme a los beocios y a cuantos pelean contra los lacedemonios,
- y seguramente consentirán todos en seguirme si les libro de ellos.
- También los atenienses, estoy seguro, harían cuanto pudieran para
- adquirir nuestra alianza; pero, sin embargo, no soy de parecer de
- entablar relaciones con ellos, pues creo que nos ha de ser más fácil
- apoderarnos del dominio marítimo que del terrestre.</p>
-
- <p><span class="pagenum" id="Page_247">p. 247</span>»Para que veas
- si mi cálculo es justo, observa además lo que voy a decirte. Una
- vez poseamos Macedonia, de donde los atenienses sacan la madera
- de construcción, nos hallaremos en situación de construir muchas
- más naves que ellos. Y en cuanto a sus tripulaciones, ¿quién podrá
- más fácilmente tripular sus naves, los atenienses o nosotros que
- tenemos tantos penestes?<a id="FNanchor_206" href="#Footnote_206"
- class="fnanchor">[206]</a>. En cuanto a lo que se refiere a poder
- sostener los gastos, ¿no es natural que nosotros tengamos más
- medios; nosotros a quien nuestra misma abundancia nos permite
- exportar el trigo, mientras que los atenienses no tienen el
- necesario si no lo compran? Y en cuanto a riquezas, es natural que
- tengamos más abundancia de plata, puesto que en lugar de tener que
- recurrir a pobres islotes, impondremos tributo a todas las naciones
- continentales que nos rodean, y que tendrán que someterse desde el
- momento en que los tesalios reconozcan a un jefe absoluto. Bien sabes
- que el rey de Persia, que saca tributos no de las islas sino del
- continente, es el más rico de los hombres. Pues bien, considero más
- fácil el someterle a él que a Grecia, pues todos los hombres de dicho
- país, menos uno solo, están más ejercitados a la servidumbre que al
- valor guerrero, y conozco el género de fuerzas que han puesto en la
- última extremidad al rey en la expedición de los griegos con Ciro y
- en la de Agesilao.»</p>
-
-</blockquote>
-
-<p>»Cuando me hubo dicho esto, contestele que todas sus palabras
-merecían reflexionarse; pero que me parecía completamente imposible,
-sin haber un motivo<span class="pagenum" id="Page_248">p. 248</span>
-para ello, abandonar a los lacedemonios, con los cuales nos hallamos
-ligados por la amistad, para unirnos a sus adversarios. Él alabó
-mi proceder, y me dijo que desea aún más que sea su amigo, ya que
-tales son mis sentimientos, y me encargó venga junto a vosotros para
-relataros la verdad de todos estos sucesos, y haceros saber que piensa
-marchar contra los farsalios si rechazamos sus proposiciones, por lo
-cual me manda os pida refuerzos.</p>
-
-<blockquote>
-
- <p>«Y si —añade— te dan bastantes fuerzas para creerte en situación
- de rechazarme, aceptaremos el resultado que dé la guerra; pero si
- te parece no te dan bastantes refuerzos, entonces no podrás evitar
- los justos reproches de tu patria, en la que has sabido elevarte al
- primer puesto.»</p>
-
-</blockquote>
-
-<p>»He aquí por qué vengo a visitaros y por qué os relato cuanto he
-visto y cuanto él mismo me ha dicho. Ciudadanos lacedemonios: creo que
-si nos enviáis fuerzas que parezcan suficientes, no solo a mis ojos,
-sino al de todos los tesalios, para combatir a Jasón, las ciudades
-abandonarán su partido, pues que todas temen el acrecentamiento del
-poder de este hombre. Pero si creéis que algunos neodamodes y algún
-hombre vulgar han de bastar para ello, os aconsejo que no os mováis,
-pues tenéis que saber os hallaríais en guerra contra un vigor poco
-común, contra un general suficientemente precavido para no experimentar
-ningún desastre, para prevenir toda sorpresa, para tomar toda clase
-de precauciones o vencer por la violencia; que igual partido saca de
-la noche que del día, y que cuando quiere ir de prisa sabe almorzar y
-comer sin abandonar la marcha; que no se concede descanso hasta que
-ha conseguido<span class="pagenum" id="Page_249">p. 249</span> su
-objeto y ha llevado a buen fin sus asuntos, a lo cual ha acostumbrado a
-cuantos con él están. Cuando después de largas penalidades han sabido
-sus soldados llevar a buen término alguno de sus mandatos, realiza por
-completo sus deseos; de manera que saben sus soldados y cuantos están
-a su alrededor, que de las fatigas nacen las comodidades, y en cuanto
-a él, es el hombre más dueño de sus pasiones que yo conozco; de modo
-que no da nunca a los placeres el tiempo necesario para los negocios.
-Reflexionad, pues, y decidme lo que os sea conveniente, lo que podéis y
-lo que queréis hacer.»</p>
-
-<p class="mt1">Así dijo. Aplazan los lacedemonios su respuesta para más
-adelante; pero después de haber consagrado el día siguiente y el otro
-para reflexionar sobre la cantidad de cohortes que se hallan ya fuera
-del país, el número de tropas que sostienen en las costas de Laconia
-contra las correrías de las trirremes atenienses, y en la guerra
-que sostienen en las fronteras, contestan que en las circunstancias
-presentes no pueden enviarle recursos bastantes, y le animan a que
-procure arreglar los negocios del modo que sea más favorable a sus
-intereses y a los de la patria.</p>
-
-<p>Polidamante parte, alabando la franqueza de Lacedemonia: ruega
-a Jasón no le obligue a entregar la acrópolis de Farsala, a fin de
-conservarla para los que se la han confiado; pero le da en garantía
-sus mismos hijos, y le asegura procurará que voluntariamente la ciudad
-entre en su alianza y contribuya a proclamarle rey absoluto. Cuando se
-han dado recíprocas garantías de seguridad, conciertan los farsalios
-la paz, y Jasón es reconocido al poco tiempo<span class="pagenum"
-id="Page_250">p. 250</span> como tago o jefe absoluto de los tesalios.
-Una vez en el poder, fija el número de caballos y de hoplitas que
-cada ciudad debe proporcionarle, y reúne de este modo más de ocho mil
-caballos, contando con los de los aliados, y eleva hasta veinte mil el
-número de sus hoplitas; y en cuanto a sus peltastas, por el número y
-ardimiento podían dominar al mundo entero: sería trabajo muy pesado el
-enumerar todas las ciudades que suministraban este ejército. También
-ordenó a los periecos pagasen el tributo que había sido fijado por
-Escopas: tal fue el resultado de estos sucesos. Reanudemos, pues, la
-relación de los que interrumpimos para hablar de Jasón.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch6_2">
- <h3>CAPÍTULO II.</h3>
-</div>
-
-<p>Los lacedemonios y sus aliados se reunían en la Fócida, mientras
-los tebanos, retirados a su país, defendían las entradas del mismo; en
-cambio los atenienses, viendo que por ellos los tebanos aumentan su
-poderío sin contribuir en modo alguno al sostenimiento de la flota,
-mientras ellos se hallan abrumados por contribuciones en metálico,
-por las piraterías de los eginetas y por el sostenimiento de los
-destacamentos que vigilan el país, desean termine la guerra y envían
-diputados a Lacedemonia para concertar la paz.</p>
-
-<p>Celebrada esta<a id="FNanchor_207" href="#Footnote_207"
-class="fnanchor">[207]</a>, dos de los diputados atenienses<span
-class="pagenum" id="Page_251">p. 251</span> embarcándose en
-Lacedemonia, se dirigen directamente por orden de su ciudad a
-participar a Timoteo conduzca a Atenas la flota, porque se ha hecho
-la paz. En el trayecto, Timoteo conduce a Zacinto a los desterrados
-de esta isla; pero cuando los zacintios participan a los lacedemonios
-la manera como con ellos se ha portado Timoteo, consideran los
-espartanos como culpables a los atenienses y equipan nuevamente
-una flota de sesenta naves, no solo de Lacedemonia, sino también
-de Corinto. Léucade, Ambracia, Élide, Zacinto, Acaya, Epidauro,
-Trecén, Hermíon y Halias<a id="FNanchor_208" href="#Footnote_208"
-class="fnanchor">[208]</a>. Nombran comandante de estas naves a
-Mnásipo, con orden de vigilar todos estos parajes, y sobre todo
-de atacar particularmente a Corcira. Envían asimismo a Dionisio<a
-id="FNanchor_209" href="#Footnote_209" class="fnanchor">[209]</a> unos
-mensajeros para que le hagan ver cuán ventajoso sería para él que no
-dominaran los atenienses en aquella población.</p>
-
-<p>Así que ha reunido su flota, se hace a la vela Mnásipo en dirección
-a Corcira. Iban con él unos mil quinientos mercenarios, además de las
-tropas lacedemonias. Luego de haber desembarcado, domina y saquea el
-país, que estaba completamente plantado y cultivado y cuyas campiñas
-estaban pobladas de magníficas habitaciones y bodegas bien provistas,
-de tal suerte que se cuenta habían llegado los soldados a tal lujo que
-no querían beber más que vino perfumado. Apodéranse también en los
-campos de considerable número de esclavos y rebaños. Acampa después
-Mnásipo su ejército terrestre en una colina<span class="pagenum"
-id="Page_252">p. 252</span> distante unos cinco estadios de la ciudad,
-que dominaba el país, a fin de poder atajar el paso a todos los que
-viniesen a Corcira: en cuanto a la flota, la coloca a la otra parte de
-la ciudad, en un lugar desde el cual podía verse a lo lejos e impedir
-fondease cualquier nave en el puerto, en el que, cuando no se oponía
-a ello la tempestad, hacía anclar sus naves, a fin de tener mejor
-bloqueada la ciudad.</p>
-
-<p>Los corcirenses, desde que no pueden recibir provisiones de sus
-tierras, ocupadas por el enemigo, ni tampoco por el mar, pues la flota
-enemiga supera en gran manera a la suya, hállanse en una situación muy
-aflictiva. Envían a pedir socorros a Atenas, indicándoles perderán
-inmensas ventajas y darán gran fuerza al enemigo si se dejan arrebatar
-Corcira, ya que ninguna ciudad, excepto Atenas, puede equipar tantas
-naves ni proporcionar tanto dinero. Además, Corcira se halla en una
-situación sumamente estratégica, a la entrada del golfo de Corinto y de
-las ciudades que baña, y su posición permite dañar a Laconia, así como
-se encuentra a la distancia más favorable de Epiro, y en la situación
-más ventajosa para el trayecto de Sicilia y del Peloponeso.</p>
-
-<p>Al oír los atenienses tales indicaciones, creen deber tomar con
-empeño este asunto, y envían al jefe Ctesicles con unos seiscientos
-peltastas, que ruegan a Alcetas haga pasar a la isla. Los soldados,
-después de desembarcar por la noche en un punto del país, entran
-en la ciudad. Decretan además los atenienses se equipen sesenta
-naves, y eligen para mandarlas a Timoteo, quien no hallando en
-Atenas las tripulaciones necesarias para equiparlas, se dirige a las
-islas para completarlas, no creyendo negocio<span class="pagenum"
-id="Page_253">p. 253</span> baladí el dirigirse en cualquier situación
-contra una flota completamente provista. Pero los atenienses, juzgando
-pierde en la inacción la estación favorable para navegar, no tienen con
-él la más mínima indulgencia y le quitan el mando, que dan a Ifícrates.
-Inmediatamente de ser nombrado, equipa este con gran rapidez las naves
-y obliga aun con violencia a los comandantes de las mismas. Toma
-igualmente todas las naves atenienses que cruzan las aguas del Ática,
-así como la <i>Páralos</i> y la <i>Salaminia</i><a id="FNanchor_210"
-href="#Footnote_210" class="fnanchor">[210]</a>, asegurando a los
-atenienses que si alcanza buenos resultados en Corcira les devolverá
-gran número de naves. De esta manera forma entre todas una flota de
-setenta naves.</p>
-
-<p>Durante este tiempo los corcirenses padecen de tal modo por el
-hambre, que Mnásipo hace publicar, a consecuencia del gran número de
-tránsfugas que coge, que hará vender a todos los desertores; pero
-como no por esto llegan en menor número, concluye volviéndolos a la
-ciudad después de hacerlos azotar, y como los sitiados no quieren
-recibirlos en sus muros, ni siquiera como esclavos, perecen muchos de
-ellos fuera de las murallas. Viendo Mnásipo sus sufrimientos, cree
-tener ya en su poder a la ciudad, y cambia su modo de proceder con
-los mercenarios; despide a unos sin pagarles y a otros retiéneles el
-sueldo de dos meses a pesar de que, según se dice, no andaba escaso de
-dinero, pues que, en realidad,<span class="pagenum" id="Page_254">p.
-254</span> la mayor parte de las ciudades le habían remitido dinero en
-lugar de soldados, pues era cosa permitida en expediciones en que se
-había de pasar el mar. Los sitiados, apercibiendo entonces desde lo
-alto de las torres que las guardias están más descuidadas que antes
-y que las tropas se hallan diseminadas por la campiña, verifican una
-salida en la que hacen algunos prisioneros y matan algunos soldados.
-Mnásipo, al verlos, se arma, y seguido de todos los hoplitas se arroja
-en auxilio de los suyos, después de haber dado orden a los jefes y
-oficiales de los mercenarios para que salgan a sostener el ataque; pero
-habiéndole respondido algunos de aquellos que difícilmente encontraría
-dispuesta a la obediencia a la gente a quien rehúsa la subsistencia,
-principia a golpearles con su bastón y con la punta de la lanza, por
-lo cual salen completamente desanimados del campamento y llenos de
-odio contra él, enojosa disposición para un día de combate. Fórmalos
-en batalla Mnásipo, derrota y persigue a los enemigos que estaban
-junto a las puertas, pero llegados junto a los muros se vuelven y
-desde los túmulos funerarios<a id="FNanchor_211" href="#Footnote_211"
-class="fnanchor">[211]</a> les arrojan flechas y demás proyectiles,
-mientras otros, saliendo por distinta puerta, se lanzan sobre la
-retaguardia enemiga en masa compacta: los lacedemonios, que se hallaban
-formados a ocho en fondo, creen muy débil el frente de su falange y
-procuran verificar una maniobra para robustecerla; pero persuadidos
-sus enemigos de que se declaran en fuga, se arrojan sobre ellos
-impidiéndoles el realizar su movimiento y obligando a emprender la
-fuga a sus<span class="pagenum" id="Page_255">p. 255</span> tropas
-auxiliares. Mnásipo no puede auxiliar a las tropas así acosadas, pues
-está también agobiado por los enemigos que tiene a su frente y a los
-cuales deja cada vez mayores ventajas por el pequeño número de sus
-fuerzas. Finalmente, los enemigos en masa atacan todos la división de
-Mnásipo, ya muy abatida; los mismos ciudadanos, viendo el aspecto que
-toman sus asuntos, salen también contra él; mátanle y persiguen todos
-a sus tropas. Sin duda se hubieran apoderado del campamento y de las
-trincheras, si no hubiesen visto la multitud de comerciantes, criados y
-esclavos, y no se hubiesen retirado, tomándoles por tropas de reserva.
-Levantan los corcirenses un trofeo y conceden una tregua para recoger
-los muertos.</p>
-
-<p>Redoblan el valor desde entonces los sitiados mientras experimentan
-un abatimiento indecible los sitiadores, pues se decía también que
-Ifícrates debía llegar de un momento a otro, y los corcirenses
-equipaban al mismo tiempo las naves que tenían. Hipermenes, que era el
-segundo de Mnásipo, equipa todas las embarcaciones que allí había, se
-hace a la vela hacia los atrincheramientos y cargando las naves con
-el dinero y los esclavos, las hace marchar mientras él permanece para
-defender sus trincheras con los soldados y marineros que le quedan;
-pero viéndose por fin completamente desorganizados, suben también a
-las trirremes y parten, dejando mucho trigo, vino, esclavos y soldados
-enfermos, pues temen ser sorprendidos en la isla por los atenienses y
-se refugian en Léucade.</p>
-
-<p>Ifícrates, una vez en camino para doblar el Peloponeso,
-mientras avanza, hace todos los preparativos<span class="pagenum"
-id="Page_256">p. 256</span> necesarios para el combate: deja en
-tierra las grandes velas<a id="FNanchor_212" href="#Footnote_212"
-class="fnanchor">[212]</a> como si se dirigiese al combate,
-y no se sirve ni un momento de las altas<a id="FNanchor_213"
-href="#Footnote_213" class="fnanchor">[213]</a> ni aun con viento
-favorable; pues haciendo el trayecto a fuerza de remo, aumenta el
-vigor de sus soldados y acelera la marcha de sus naves. Muchas veces,
-mientras debían comer sus tropas, hacía poner en fila las naves y las
-conducía alineadas unas después de otras: luego operaba una conversión
-a fin de que tuviesen la proa hacia la costa, y a una señal las hacía
-partir para ver cuál llegaría primero. Era esto un gran premio para
-la que conseguía el hacer antes que todas la provisión de agua y de
-cuanto se necesitaba, así como comer antes que todas; por el contrario,
-los que llegaban últimos experimentaban gran castigo, pues tenían que
-hacer todo esto después que los otros, y sin embargo, tenían que volver
-a marchar al mismo tiempo cuando se daba la señal, por lo cual, los
-primeros que llegaban podían hacerlo todo despacio y con comodidad,
-mientras que los demás tenían que hacerlo a toda prisa. Cuando se
-hallaban en país enemigo y era la hora de comer, establecía Ifícrates
-centinelas en tierra, según es costumbre, pero además hacía levantar
-los palos, colocando en ellos vigías que, hallándose en el punto más
-alto, tenían un horizonte más extenso que los centinelas terrestres.
-Cuando cenaba o dormía en alguna parte, no encendía fuego durante
-la<span class="pagenum" id="Page_257">p. 257</span> noche, sino que
-hacía encender fogatas antes de llegar a la vanguardia, a fin de que
-nadie pudiera acercarse desapercibidamente. Cuando el tiempo era
-hermoso, volvía a hacerse a la mar después de cenar, sobre todo si era
-favorable la brisa, avanzando mientras descansaban, pero si era preciso
-hacer uso de los remos, daba reposo a los soldados por tandas. Durante
-el día guiaba su flota por medio de señales, disponiéndola unas veces
-en falange y otras poniéndola en fila: de este modo sus tropas se
-habían ejercitado en todas las maniobras de un combate naval, mientras
-avanzaban y llegaban perfectamente instruidas a los mares que creían
-ocupados por los enemigos. Comía y cenaba la mayor parte de las veces
-en territorio enemigo, pero como no se detenía en él más que el tiempo
-necesario, volvía a zarpar antes de que llegaran los habitantes, y
-avanzaban así con gran rapidez.</p>
-
-<p>Cuando acaeció la muerte de Mnásipo se hallaba Ifícrates en los
-alrededores de las islas Esfagias en Lacedemonia: llegado a Élide, pasa
-la embocadura del Alfeo y echa el ancla junto al promontorio Ictis.
-Al día siguiente parte para Cefalenia, teniendo en orden de batalla
-su flota, sin descuidar durante su trayecto la más pequeña precaución
-para hallarse dispuesto a combatir así que se presentase ocasión;
-pues como no tenía noticia de la muerte de aquel jefe espartano por
-ningún testigo ocular, sospechaba que esta noticia era únicamente
-para engañarle, y se mantenía a la defensiva. Llegado, sin embargo, a
-Cefalenia tiene entonces noticias positivas y permite descansar a sus
-soldados.</p>
-
-<p>Ya sé yo que se toman todas estas medidas y todas<span
-class="pagenum" id="Page_258">p. 258</span> estas precauciones cuando
-se espera un combate naval, pero lo que yo alabo en Ifícrates es
-que tratando de llegar lo más pronto posible al lugar en que creía
-poder librar batalla con los enemigos, hubiese encontrado medio de
-impedir olvidaran los soldados durante el trayecto las maniobras de
-un combate naval, sin que estos cuidados retardasen en lo más mínimo
-su marcha. Después de haber sometido las ciudades de Cefalenia, se
-dirige a Corcira, donde viene en conocimiento de que se aproximan
-diez trirremes enviadas por Dionisio en socorro de los lacedemonios:
-examina por sí mismo el paraje del país desde donde puede apercibirse
-la llegada de las naves y participarlo por medio de señales visibles
-a la ciudad; establece en él vigías y concierta con ellos respecto
-al modo de señalar la llegada y desembarco, y después da sus órdenes
-a veinte jefes de naves que deberán acompañarle, para que le sigan
-así que les llame el pregonero, declarándoles anticipadamente que el
-que no obedezca no deberá quejarse del castigo. Cuando se señala la
-proximidad de los enemigos, y así que el heraldo ha llamado a los
-expedicionarios, se despliega una actividad digna de encomio, pues
-ni uno solo de los que debían embarcarse deja de correr hacia las
-naves. Ifícrates, dirigiéndose al lugar en que se hallan las trirremes
-enemigas hace prisioneras las tripulaciones que habían desembarcado;
-el rodio Melánipo había, sin embargo, aconsejado a los demás que no
-permaneciesen allí, y con sus naves se había hecho a la vela después
-de embarcar sus equipajes, y aunque encontró en su camino las naves
-de Ifícrates, pudo huir; pero las de Siracusa caen todas con sus
-tripulantes<span class="pagenum" id="Page_259">p. 259</span> en
-poder del último, quien después de despojar de sus accesorios a las
-trirremes, las entra a remolque en el puerto de Corcira. Concede a
-cada cual pueda pagar su rescate, excepto al comandante Crinipo, que
-conserva, ya para sacar de él gruesa suma, ya para venderle; pero
-este, vencido por el pesar, se da la muerte. Ifícrates da libertad a
-los demás prisioneros, aceptando unos corcirenses como garantía de su
-rescate.</p>
-
-<p>Durante todo aquel tiempo acude al mantenimiento de sus marineros
-haciéndoles cultivar las tierras para los corcirenses. Pasa después a
-Acarnania a la cabeza de sus peltastas y de los hoplitas de la flota
-y socorre las ciudades amigas que se hallan en perentoria situación,
-haciendo la guerra a los turieos, pueblo esforzado y dueño de una
-plaza fuerte. Más tarde, habiendo robustecido su flota con las naves
-corcirenses, y teniendo entre todas unas noventa, se hace a la vela
-hacia Cefalenia, donde levanta tributos y se prepara después para
-devastar el país lacedemonio, unirse las ciudades enemigas de esta
-comarca que quisieran recibirle, y hacer la guerra a las que quisieran
-resistirle.</p>
-
-<p>No puedo dejar de tributar grandes elogios a esta expedición de
-Ifícrates, así como a su petición de que le dieran por colegas al
-orador Calístrato, a quien no tenía simpatías, y a Calias, que gozaba
-fama de ser uno de los más hábiles generales. En efecto, si quería
-juntárselos como consejeros por ser hombres cuya habilidad conocía,
-paréceme obraba como hombre prudente; y si veía en ellos únicamente
-unos rivales, el no temer se le acuse jamás de molicie o descuido, lo
-considero como propio de un<span class="pagenum" id="Page_260">p.
-260</span> hombre que tiene elevadísima conciencia de sí mismo. Eso es
-lo que hizo Ifícrates.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch6_3">
- <h3>CAPÍTULO III.</h3>
-</div>
-
-<p>Los atenienses, al ver arrojados de Beocia a los de Platea, pueblo
-aliado, para los cuales no quedaba ya otro remedio que el de refugiarse
-entre ellos, y a los tespieos, que les rogaban no permitiesen se
-les privara de su patria<a id="FNanchor_214" href="#Footnote_214"
-class="fnanchor">[214]</a>, no aprueban la conducta de los tebanos, y
-experimentan alguna desazón por apoyarles en sus guerras, sobre todo
-al reflexionar será sin ventaja ninguna para ellos, por lo cual no
-quieren ya asociárseles cuando les ven marchar contra los focidios,
-desde muy antiguo aliados de los atenienses, y arrasar ciudades que
-se les habían mostrado fieles en la guerra contra los bárbaros y que
-además eran sus propios aliados. Habiendo, pues, el pueblo decretado la
-paz, se enviaron primeramente<a id="FNanchor_215" href="#Footnote_215"
-class="fnanchor">[215]</a> diputados a los tebanos para invitarles
-se dirijan con ellos a Lacedemonia, si tal es su voluntad, para
-tratar allí de este objeto, después de lo cual envían los atenienses
-sus diputados, entre los cuales fueron elegidos Calias, hijo de
-Hipónico,<span class="pagenum" id="Page_261">p. 261</span> Autocles,
-hijo de Estrombíquides, Demóstrato, hijo de Aristofón, Aristocles,
-Cefisódoto, Melanopo y Liceto. Al presentarse ante la asamblea de
-los lacedemonios y de los aliados, hallábase también entre ellos el
-orador Calístrato, pues había prometido a Ifícrates que si le dejaba
-ir, le enviaría dinero para la flota o celebraría la paz, ya que
-en aquel tiempo se hallaba en Atenas procurando negociarla. Así,
-pues, cuando fueron admitidos los diputados ante los lacedemonios y
-aliados, el primero que tomó la palabra fue Calias, el portaantorcha<a
-id="FNanchor_216" href="#Footnote_216" class="fnanchor">[216]</a>, que
-era un hombre que se deleitaba no menos en alabarse a sí mismo que en
-ser alabado por los demás. Principió, pues, de este modo:</p>
-
-<p class="mt1">«Lacedemonios: no data mi proxenia con vosotros de mí
-mismo, sino que ya el padre de mi padre la ha legado a nuestra familia.
-Quiero haceros ver también los sentimientos de que se halla animada mi
-patria respecto a vosotros; en tiempo de guerra nos escoge por general,
-y cuando desea la paz nos elige asimismo para negociarla. He venido ya
-dos veces en otro tiempo para terminar la guerra, habiendo conseguido
-en estas dos diputaciones lograr la paz entre vosotros y mi ciudad; y
-ahora vengo por la tercera vez y creo tener razones más justas aún para
-obtener una reconciliación.</p>
-
-<p>»Hallo, en efecto, que vuestros sentimientos son los mismos que los
-nuestros y que además os molesta también como a nosotros la destrucción
-de Platea<span class="pagenum" id="Page_262">p. 262</span> y Tespias.
-¿Cómo, pues, no sería natural sean más bien amigos que enemigos los que
-participan de iguales sentimientos? Y seguramente que aun cuando haya
-alguna diferencia en el modo de ver las cosas, las personas prudentes
-evitan comenzar una guerra, por lo cual, si en todo estamos acordes,
-¿no sería verdaderamente extraño que no ajustásemos la paz? Prohibíanos
-la justicia esgrimir nuestras armas contra vosotros, ya que se dice que
-a los primeros extranjeros a quienes Triptólemo<a id="FNanchor_217"
-href="#Footnote_217" class="fnanchor">[217]</a>, nuestro antepasado,
-inició en los misterios sagrados de Deméter<a id="FNanchor_218"
-href="#Footnote_218" class="fnanchor">[218]</a> y Hera<a
-id="FNanchor_219" href="#Footnote_219" class="fnanchor">[219]</a>,
-fueron Hércules, padre de vuestra raza, y los Dióscuros, vuestros
-conciudadanos, y además que el Peloponeso fue el primero que recibió
-de él la semilla del fruto de Deméter. ¿Cómo, pues, sería justo que
-vosotros vinieseis a destrozar las mieses de aquellos de quien habéis
-recibido las primeras semillas, así como que nosotros no pudiésemos
-desear se hallasen en la mayor abundancia posible de frutos aquellos
-a quienes les dimos las primeras simientes? Pero si los dioses han
-decidido haya guerras entre los hombres, es preciso pongamos toda la
-lentitud posible en comenzar las hostilidades, y una vez existan estas,
-la mayor prontitud en terminarlas.»</p>
-
-<p class="mt1">Autocles, orador muy famoso por su precisión, habla
-después de él en estos términos:</p>
-
-<p class="mt1">«Lacedemonios: cuanto voy a deciros no tendrá<span
-class="pagenum" id="Page_263">p. 263</span> por objeto el adularos,
-no lo desconozco; pero me parece que aquellos que quieren ver tan
-sólida y permanente como sea posible, la amistad que desean celebrar,
-deben manifestarse mutuamente las causas de sus guerras. En cuanto
-a vosotros, decís abiertamente que todas las ciudades deben ser
-independientes, pero vosotros mismos ponéis los mayores obstáculos a
-su independencia, pues imponéis como primera condición a las ciudades
-aliadas la de que os sigan a donde quiera las conduzcáis. ¿Y cómo
-puede conciliarse eso con la independencia? Os hacéis enemigos sin
-el consentimiento de los aliados, a quienes mandáis después contra
-aquellos; de suerte que los que se llaman independientes, se hallan muy
-a menudo obligados a marchar contra sus mejores amigos.</p>
-
-<p>»Pero lo que es aún mucho más opuesto a la independencia, es que
-establezcáis en todas partes gobiernos de diez o de treinta individuos
-y que procuréis con todas vuestras fuerzas, no que estos jefes
-gobiernen a tenor de la ley, sino que tengan la suficiente fuerza
-para contener a las ciudades, de manera que parece os regocijáis más
-en la tiranía que en el gobierno libre. Además, cuando el rey mandó
-fuesen independientes las ciudades, habéis sabido reconocer y proclamar
-que no obrarían los tebanos según las prescripciones del rey, si no
-dejaban que cada ciudad se gobernase a sí misma por las leyes que
-quisiere; pero en cambio, cuando os habéis apoderado de la Cadmea<a
-id="FNanchor_220" href="#Footnote_220" class="fnanchor">[220]</a>,
-no habéis permitido siquiera a los tebanos conservaran su
-independencia.<span class="pagenum" id="Page_264">p. 264</span> Los
-que desean contraer una amistad, no deben pretender de los demás se
-les conceda plena justicia, mientras se abandonan ellos a su más
-desenfrenada ambición.»</p>
-
-<p class="mt1">Después de terminar este discurso hízose general
-silencio y acogieron con gozo sus ataques cuantos conservaban motivos
-de queja contra los lacedemonios. Después de esto, Calístrato dice:</p>
-
-<p class="mt1">«Oh lacedemonios, no creo poder pretender que no hayáis
-cometido tantas faltas como las que nosotros hemos hecho. No pienso,
-sin embargo, que no se deba sostener relación alguna con los que han
-errado alguna vez, pues veo que no hay hombre alguno que termine su
-vida sin claudicar. Por el contrario, paréceme que los hombres que han
-cometido errores alguna vez, se hacen con ello más prudentes, sobre
-todo cuando han resultado castigados con estas faltas como nosotros.
-Veo que vosotros también os habéis atraído algunas veces grandes
-desastres con vuestras desconsideradas acciones, entre las cuales es
-preciso contar la ocupación de la Cadmea en Tebas, pues a pesar de
-todos los cuidados que habéis tomado para asegurar a las ciudades su
-independencia, todas han vuelto a caer en poder de los tebanos, luego
-de haber sufrido estos tan notoria injusticia. Por esto espero que
-habréis aprendido la poca utilidad que presta la ambición, y confío que
-en lo futuro seáis más comedidos en vuestra recíproca amistad.</p>
-
-<p>»Respecto a los calumniosos rumores de algunos que queriendo
-impedir la paz han dicho que al venir nosotros no nos mueve el deseo
-de vuestra amistad, sino el temor de que regrese Antálcidas con
-el<span class="pagenum" id="Page_265">p. 265</span> dinero del rey,
-considerad todo esto como pura habladuría. En efecto, el rey decretó
-positivamente la independencia de todas las ciudades griegas; ¿en qué,
-pues, temeríamos al rey, si cuanto obramos y decimos se halla informado
-por esta misma idea? ¿Creerá, acaso, alguno que prefiera el rey emplear
-su dinero haciendo a otros poderosos, cuando ve realizar sin gasto
-alguno cuanto reconoció como más ventajoso? Pero, sea de esto lo que
-quiera, ¿para qué hemos venido? Comprenderéis fácilmente que no es a
-causa de vuestros apuros, si echáis una ojeada al estado actual de
-nuestros asuntos así por tierra como por mar. ¿Por qué, pues, hemos
-venido? Evidentemente porque algunos de nuestros aliados obran de un
-modo que nos es tan poco grato como a vosotros. Quisiéramos comunicaros
-gustosamente las ideas de rectitud que tenemos, a fin de reconocer os
-debemos nuestra conservación; y para abordar la cuestión principal os
-recordaré que todas las ciudades son consideradas como vuestras o como
-nuestras, así como en cada estado todo el mundo está dividido entre
-el partido lacedemonio y el ateniense. Si fuéramos, pues, amigos, ¿de
-qué parte podríamos temer razonablemente ningún peligro? ¿Quién podría
-inquietarnos por tierra siendo vosotros nuestros amigos, y quién podría
-dañaros por mar al ser nosotros vuestros más íntimos aliados?</p>
-
-<p>»Todos sabemos que las guerras tienen siempre un comienzo y un fin,
-y que si no es hoy, más adelante desearemos todos la paz. ¿Por qué,
-pues, aguardar al momento en que nos hallemos agobiados por multitud de
-males, más bien que hacer la paz lo más pronto posible y antes de ser
-alcanzados por algún<span class="pagenum" id="Page_266">p. 266</span>
-daño irreparable? No doy mi aprobación a aquellos atletas que después
-de haber vencido muchas veces y de haberse labrado gran reputación,
-son ambiciosos hasta el punto de no querer detenerse hasta haber
-sido vencidos y haberse visto obligados a renunciar a su profesión,
-ni tampoco a aquellos jugadores que cuando están de suerte doblan en
-seguida la apuesta, pues veo que la mayor parte de ellos son presa
-de la más completa miseria. Considerando todas estas cosas debemos
-aprovecharnos de que aún nos hallemos en vigor y en prosperidad para
-hacernos francos y mutuos amigos en lugar de liarnos en una guerra
-en la que juguemos el todo por el todo, pues nosotros por vosotros y
-vosotros por nosotros hemos de elevarnos en Grecia a un poder mucho
-mayor en lo futuro del que hemos tenido en lo pasado.»</p>
-
-<p class="mt1">Habiendo parecido todas estas cosas animadas por la
-prudencia y sabiduría, decretan los lacedemonios aceptar la paz
-bajo las condiciones de retirar los gobernadores de las ciudades,
-licenciar sus tropas de mar y tierra, y reconocer la independencia
-de las ciudades. Establécese asimismo que en el caso de que un
-estado contravenga a estas cláusulas, socorran los que quieran a las
-ciudades oprimidas, pero los que no quieran ir en su auxilio no puedan
-ser obligados a ello por su juramento. Juran estas condiciones los
-lacedemonios por ellos y por sus aliados, así como los atenienses y los
-suyos, cada ciudad de por sí. Los tebanos habían sido inscritos entre
-las demás ciudades que habían jurado, pero al día siguiente vuelven sus
-diputados para suplicar se escriba beocios en lugar de tebanos, entre
-los que han jurado. Agesilao<span class="pagenum" id="Page_267">p.
-267</span> responde que no cambiará nada de cuanto han jurado y escrito
-primeramente, pero que si no quieren ser comprendidos en el tratado,
-borrará su nombre, si así lo exigen. Como de este modo la paz se
-hallaba en vigor entre todos los estados griegos, excepto los tebanos,
-que eran los únicos que habían reclamado contra ella, consideran los
-atenienses la posibilidad de que sean diezmados los tebanos, como se
-decía, y estos se ausentan completamente desconcertados.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch6_4">
- <h3 title="CAPÍTULO IV.">CAPÍTULO IV.<a id="FNanchor_221"
- href="#Footnote_221" class="fnanchor">[221]</a></h3>
-</div>
-
-<p>Retiran después de esto los atenienses las guarniciones de las
-ciudades, llaman de nuevo a Ifícrates y a la flota, ordenándole
-devolver cuanto haya tomado desde que se ha prestado juramento a los
-lacedemonios. Estos retiran también los gobernadores y guarniciones de
-todas las ciudades, a excepción de Cleómbroto que mandaba el ejército
-en la Fócida, y que cuando pide a los magistrados de su patria qué debe
-hacer, Prótoo dice que, a su parecer, debe licenciarse aquel ejército
-conforme al juramento, y participar a las ciudades deposite cada una
-en el templo de Apolo la suma que quiera; que después, si hay quien
-rehúse el reconocimiento a la independencia<span class="pagenum"
-id="Page_268">p. 268</span> de las ciudades, es preciso entonces reunir
-nuevamente los aliados que quieran proteger dicha independencia y
-dirigirse contra los que se opongan, todo lo cual creía sería el modo
-de hacerse favorable a los dioses y el de indisponerse lo menos posible
-con las ciudades. La asamblea, después de haber oído su parecer,
-consideró cuanto había dicho como pura habladuría, pues, según parece,
-se hallaba ya inspirada por el genio malo que la conducía. Hízose decir
-a Cleómbroto que no licenciase su ejército, sino que, por el contrario,
-marchara contra los tebanos si no reconocían la independencia de las
-ciudades. Cuando Cleómbroto tiene conocimiento de que ha sido hecha la
-paz, pide a los éforos qué debe hacerse, y estos le ordenan se dirija
-contra los tebanos si no reconocen la independencia de las ciudades de
-Beocia. Así, pues, cuando ve que, lejos de dar libertad a las ciudades
-no licencian su ejército a fin de poder oponerlo a los lacedemonios,
-conduce sus tropas a Beocia. Existía un camino por el cual esperaban
-los tebanos verle entrar: era por el lado de la Fócida, por cierto
-desfiladero que guardaban; pero él avanza de improviso a través del
-país montañoso de Tisbe, llega a Creusis, y después de tomar esta plaza
-fuerte, se apodera de doce trirremes tebanas. Hecho esto, se aparta de
-la costa y acampa en Leuctra en el territorio de Tespias. Los tebanos,
-que no tenían otros aliados que los beocios, colocan su campamento en
-una colina que se hallaba a su frente y a poca distancia de los mismos.
-Entonces los amigos de Cleómbroto, dirigiéndose a él, le dicen:</p>
-
-<p>—«Oh, Cleómbroto, si dejas que los tebanos se retiren sin
-combate, peligras de ser tratado con la última<span class="pagenum"
-id="Page_269">p. 269</span> pena por tu patria, pues todo el mundo
-recordará que cuando viniste a Cinoscéfalas no saqueaste parte alguna
-del territorio tebano, y que en una expedición siguiente fuiste
-detenido en el paso, mientras Agesilao ha penetrado siempre en su país
-por el Citerón. Si, pues, deseas tu propio interés y el bien de la
-patria, debes dirigirte contra los enemigos.»</p>
-
-<p>Esto decían sus amigos; sus enemigos decían por su parte:</p>
-
-<p>—«Ahora es cuando mostrará claramente este hombre si favorece a los
-tebanos, según se dice.»</p>
-
-<p>Al oír todo esto Cleómbroto, se inclinaba a librar combate.</p>
-
-<p>Por su parte, los jefes de los tebanos reflexionan que si no
-presentan batalla, se apartarán de ellos las ciudades vecinas y
-serán sitiados por los enemigos, en cuyo caso, no teniendo el pueblo
-tebano los necesarios víveres, corren peligro de que la misma ciudad
-se declare contra ellos, y como varios habían sido anteriormente
-desterrados, sostienen que vale más morir combatiendo que ser
-nuevamente desterrados. Además de esto, dales cierta confianza el
-oráculo popular, según el cual debían los lacedemonios experimentar
-una derrota en el mismo lugar en que se hallaba el sepulcro de las
-doncellas que, según se dice, se habían dado la muerte después de
-la violencia que les habían hecho experimentar los lacedemonios<a
-id="FNanchor_222" href="#Footnote_222" class="fnanchor">[222]</a>.
-Por esto los tebanos habían adornado este monumento antes del
-combate. Anúnciaseles igualmente que en la ciudad todos los templos
-se habían abierto por sí solos, y que las sacerdotisas<span
-class="pagenum" id="Page_270">p. 270</span> declaran que los dioses
-indican una victoria. Dícese asimismo que las armas del Heracleo<a
-id="FNanchor_223" href="#Footnote_223" class="fnanchor">[223]</a> se
-han diseminado por el suelo, lo cual significa que el dios ha salido al
-combate. Algunos pretenden, sin embargo, que todo esto no eran más que
-estratagemas preparadas por la autoridad superior<a id="FNanchor_224"
-href="#Footnote_224" class="fnanchor">[224]</a>.</p>
-
-<p>Todo era, pues, en esta batalla contrario a los lacedemonios,
-mientras lo había dispuesto todo la fortuna en favor de sus
-adversarios. Efectivamente, después de almorzar había tenido Cleómbroto
-su último consejo respecto al combate, a mediodía, después de beber
-regularmente, y, según se dijo, después que el vino se les había
-subido a la cabeza. Cuando los dos ejércitos se hubieron armado y
-se hizo inminente el combate, los comerciantes y algunos bagajeros,
-así como los que no querían combatir, prepáranse para alejarse del
-ejército beocio, pero los mercenarios, bajo el mando de Hierón, y los
-peltastas focidios, con la caballería heracleota y fliasia, forman un
-círculo y se arrojan sobre ellos en el momento en que iban a alejarse,
-poniéndoles en fuga y persiguiéndoles hacia el campamento beocio,
-con lo cual hacen mucho más fuerte y más numeroso el ejército de los
-tebanos. Después, extendiéndose una llanura entre los dos ejércitos,
-colocan los lacedemonios su caballería al frente de su falange,
-mientras los tebanos opónenle también la suya; pero la caballería
-tebana era una tropa aguerrida por la guerra con los orcomenios y por
-la de los tespieos,<span class="pagenum" id="Page_271">p. 271</span>
-mientras que en aquel tiempo la de los lacedemonios era muy detestable,
-pues los ciudadanos ricos eran los que criaban los caballos, y al
-anunciarse una campaña llegaba cada uno de los designados, tomaba el
-caballo y las armas que se le daban, y partía inmediatamente. Además,
-eran los soldados más débiles y menos deseosos de ilustrarse los que
-formaban parte de la caballería. Tal era la de ambas partes. En cuanto
-a los cuerpos de ejército, dícese que los lacedemonios ordenaron en
-tres filas las compañías<a id="FNanchor_225" href="#Footnote_225"
-class="fnanchor">[225]</a>, lo cual no hacía más que doce hombres en
-fondo. Por el contrario, los tebanos se habían aglomerado formando una
-profundidad de cincuenta escudos, considerando que si vencían al cuerpo
-real, vencerían fácilmente los restantes cuerpos.</p>
-
-<p>Cuando Cleómbroto comenzó a dirigirse contra el enemigo, y aun
-antes de que su ejército se hubiese apercibido de que se avanzaba, la
-caballería de ambas partes había venido ya a las manos, y la de los
-lacedemonios había sido derrotada al primer empuje; al huir cae sobre
-sus mismos hoplitas, atacados a su vez por los tebanos. Sin embargo,
-un testimonio positivo demuestra la superioridad que el cuerpo de
-Cleómbroto tuvo en los comienzos del combate, pues no hubieran podido
-levantarle y apoderarse de él vivo, si los que combatían a su alrededor
-no hubiesen tenido en aquel momento la mejor parte en el combate.
-Pero cuando fue muerto el polemarca Dinón, así como Esfodrias, uno
-de los comensales del rey, y Cleónimo, su hijo, la caballería<span
-class="pagenum" id="Page_272">p. 272</span> y los sinforeos<a
-id="FNanchor_226" href="#Footnote_226" class="fnanchor">[226]</a> del
-polemarca no pudieron detener el poder del número y comenzaron a ceder;
-las tropas del ala izquierda, al ver derrotada la derecha, principiaron
-también a aflojar en su resistencia. A pesar del número de los muertos
-y de su derrota, después de atravesar el foso que se hallaba delante
-del campamento, vuelven a colocarse con las armas en el lugar de donde
-habían partido. El campo no era completamente una llanura, pues formaba
-cierta pendiente. Hubo entonces algunos lacedemonios que, creyendo no
-debía soportarse tal desastre, dijeron era preciso impedir al enemigo
-erigir un trofeo, y procurar recoger los muertos por la fuerza de las
-armas sin recurrir a la tregua. Pero los polemarcas, viendo que habían
-sucumbido ya cerca de mil lacedemonios, y que de unos setecientos
-espartanos habían muerto cerca de cuatrocientos, así como que se
-hallaban ya sin valor para combatir los aliados, a alguno de los cuales
-acaso no contrariaba el giro que tomaban los sucesos, reúnen a los
-jefes principales para determinar lo que debe hacerse. Habiendo todos
-sido de parecer de pedir una tregua para recoger los muertos, envían un
-heraldo para suplicarla. Levantan en seguida los tebanos un trofeo y
-conceden la tregua para recoger los muertos.</p>
-
-<p>Después de estos sucesos, el enviado que lleva a Lacedemonia
-la nueva de este desastre, llega a Esparta el último día de
-las Gimnopedias<a id="FNanchor_227" href="#Footnote_227"
-class="fnanchor">[227]</a> en el momento en que el coro de hombres se
-hallaba en función;<span class="pagenum" id="Page_273">p. 273</span>
-los éforos, al enterarse de este desastre, necesariamente tuvieron que
-afligirse, pero no suspendieron el coro y dejaron terminar los juegos.
-Después dieron los nombres de los muertos a cada uno de sus parientes,
-recomendando a las mujeres no manifestaran su dolor, sino, por el
-contrario, lo soportaran en silencio. Al día siguiente pudo verse
-aparecer en público a los padres de los que habían perecido, alegres
-y llenos de júbilo, mientras los padres de los que se había anunciado
-sobrevivían al combate, no se mostraron más que en muy pequeño número y
-con el rostro abatido y humillado.</p>
-
-<p>Inmediatamente decretan los éforos una leva de las cohortes
-restantes llamando a las armas aun a los que hacía cuarenta años habían
-pasado de la adolescencia; hacen partir también a los de esta edad que
-pertenecían a las cohortes que habían salido antes, pues hasta entonces
-solo se había enviado contra la Fócida a los que pertenecían al
-ejército hacía menos de treinta años; ordénase, finalmente, que deben
-también partir cuantos se habían antes quedado a consecuencia del cargo
-que desempeñaban. No habiéndose repuesto aún Agesilao de su enfermedad,
-da la ciudad el mando a su hijo Arquidamo. Los tegeatas muestran
-mucho celo por ir con ellos, pues Estásipo y sus partidarios, que
-abogaban por Lacedemonia, y que contaban con gran poder en su ciudad,
-se hallaban aún con vida. Los mantineos de las aldeas les acompañan
-también valerosamente, pues eran dominados por la aristocracia. Los
-corintios, los sicionios, los fliasios y los aqueos muestran también
-mucho celo en acompañarles, y muchas otras ciudades envían asimismo
-su respectivo<span class="pagenum" id="Page_274">p. 274</span>
-contingente. Los lacedemonios y los corintios equipan trirremes, y
-piden también a los sicionios equipen algunas en las cuales pensaban
-transportar al ejército, y Arquidamo sacrifica después para obtener una
-marcha feliz.</p>
-
-<p>Los tebanos, inmediatamente después de la batalla, envían a Atenas
-un mensajero coronado de flores, y al mismo tiempo que describen la
-magnitud de la victoria, piden refuerzos, diciendo ha llegado el
-momento oportuno de obtener venganza de todo el daño que han hecho los
-lacedemonios. El senado ateniense se hallaba casualmente en sesión en
-la acrópolis. Cuando los senadores se enteran de lo que ha sucedido,
-dejan comprender a la vista de todos el vivo pesar que por ello
-experimentan, pues no ofrecen presente hospitalario al mensajero ni
-dan contestación alguna respecto a los refuerzos. De este modo sale de
-Atenas aquel emisario.</p>
-
-<p>Los tebanos envían, sin embargo, diputados a Jasón, su aliado,
-pidiéndole a toda prisa refuerzos y considerando los peligros del
-porvenir. Equipa inmediatamente Jasón algunas trirremes para venir
-en su auxilio por mar, y después, reuniendo sus mercenarios y la
-caballería de su guardia, dirígese por tierra a Beocia, a pesar de
-hallarse en una guerra de exterminio con los focidios, apareciendo
-antes de que se haya anunciado en la mayor parte de las ciudades que
-debía atravesar. Antes de que haya habido tiempo de reunir las tropas
-para oponérsele, previniéndoles con su prontitud, se halla fuera de
-su alcance, haciendo ver con esto que a menudo la velocidad en la
-ejecución conduce más fácilmente al buen éxito que la violencia.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_275">p. 275</span>Luego que ha
-llegado a Beocia, dícenle los tebanos que sería un momento favorable
-para caer sobre los lacedemonios desde las alturas con sus mercenarios,
-mientras ellos les atacarían de frente; pero Jasón les aparta de este
-proyecto, demostrándoles que, después de un hecho glorioso, no es
-conveniente entregar al acaso el adquirir una nueva victoria mayor que
-la primera, o perder la que se ha conseguido.</p>
-
-<p>—«¿No veis —les dijo— que vosotros mismos habéis sido vencedores
-cuando os hallabais sumidos en la aflicción? Es preciso, pues, también
-creer que los lacedemonios combatirían desesperadamente al verse
-reducidos a la última extremidad. Además, la divinidad, según parece,
-se complace muy a menudo en engrandecer a los débiles y humillar a los
-grandes.»</p>
-
-<p>Jasón disuade, pues, a los tebanos, con estas palabras, de atacar a
-los lacedemonios, mientras por otra parte demuestra también a estos que
-es muy distinto ponerse en campaña con un ejército victorioso que con
-tropas completamente vencidas.</p>
-
-<p>—«Si queréis olvidar el desastre que habéis experimentado, os
-aconsejo toméis aliento y aumentéis vuestras fuerzas para mediros de
-nuevo con aquellos a quienes no pudisteis vencer. Mientras tanto,
-añadió, debéis saber que hay algunos de vuestros aliados que están en
-tratos con vuestros enemigos para celebrar una alianza. Procurad, pues,
-a todo precio obtener una tregua; y si deseo esto —añadió finalmente—,
-es porque quiero salvaros, así por la amistad de mi padre hacia
-vosotros como porque soy vuestro próxeno.»</p>
-
-<p>Esto dijo, pero acaso obraba así para que los dos bandos, aunque
-separados entre sí por sus diferencias, necesitasen ambos de él. Los
-lacedemonios, sin<span class="pagenum" id="Page_276">p. 276</span>
-embargo, después de oírle, deciden negociar una tregua, y cuando
-anuncian que está hecha, los polemarcas mandan pregonar que se cene y
-se esté preparado para emprender la marcha durante la misma noche, a
-fin de pasar el Citerón al apuntar el nuevo día. Terminada la comida,
-en lugar de dormir, se da la orden de marcha y se toma el camino de
-Creusis al oscurecerse el día, teniendo más confianza en esta maniobra
-secreta que no en la tregua. Después de una marcha penosa durante
-la noche, con miedo y en un camino áspero, llegaron a Egóstena de
-Mégara, donde hallaron al ejército de Arquidamo. Este, después de haber
-aguardado en dicho lugar a todos sus aliados, conduce al ejército
-reunido a Corinto, de donde, después de licenciar a los aliados, lleva
-a sus conciudadanos a Lacedemonia.</p>
-
-<p>Jasón, sin embargo, al volverse por la Fócida, se apodera del
-arrabal de Hiámpolis, saquea el país y da muerte a gran número de
-los habitantes. Llegado a Heraclea, después de haber atravesado
-pacíficamente lo restante de la Fócida, destruye las murallas de
-aquella población, no porque temiese pudiera ser atacado su poder
-por aquel paso, sino más bien porque deseaba impedir que, ocupando a
-Heraclea, que está situada en un desfiladero, pudiesen cerrarle el paso
-cuando quisiese marchar contra cualquier comarca griega.</p>
-
-<p>Llegado a Tesalia, era grandemente poderoso, ya por haber sido
-nombrado legalmente soberano absoluto de los tesalios, ya por tener
-a sueldo y a sus órdenes gran número de tropas de infantería y
-de caballería, ejercitadas de manera que pudieran vencer siempre
-a sus contrarios, y por tener además gran<span class="pagenum"
-id="Page_277">p. 277</span> número de pueblos aliados, fuera de los
-cuales había también otros muchos que deseaban serlo. Pero lo que le
-colocaba encima de todos los de su época, era que nada había en él
-que pudiese ser objeto de desprecio por parte de nadie. Al acercarse
-la fecha de los juegos píticos, hizo publicar en las ciudades se
-preparasen bueyes, corderos, cabras y cerdos para los sacrificios,
-y se dice que, a pesar de que había mandado muy moderadamente esa
-imposición, no se reunieron menos de mil bueyes, y el resto de los
-otros ganados se elevó a diez mil cabezas. Hizo también anunciar daría
-una corona de oro como premio a la ciudad que presentase el más hermoso
-buey como primicia de las víctimas. Ordenó asimismo a los tesalios se
-preparasen para ponerse en campaña en la época de los juegos píticos,
-diciéndose tenía intención de presidir por sí mismo la fiesta y los
-juegos en honor del dios. Nada se sabe aún hoy, sin embargo, de cuáles
-eran sus intenciones respecto a los tesoros sagrados; pero se dice que
-habiendo pedido los delfios al oráculo qué es lo que debían hacer si se
-apoderaba de las riquezas del dios, este contestó que eso corría de su
-cuenta. Este hombre, pues, tan poderoso, que alimentaba en su espíritu
-designios tan vastos y tan numerosos, acababa de verificar un día la
-inspección de la caballería de Feras y de pasarle revista, cuando, al
-sentarse para contestar a lo que pudiesen pedirle, fue asesinado e
-instantáneamente muerto por siete jóvenes que se aproximaron a él como
-si tuviesen algún litigio entre sí. Los doríforos<a id="FNanchor_228"
-href="#Footnote_228" class="fnanchor">[228]</a>, que se hallaban
-junto<span class="pagenum" id="Page_278">p. 278</span> a él, se
-precipitan inmediatamente para defenderle y matan de una lanzada a uno
-de los asesinos, mientras daba aún a Jasón la última puñalada: otro es
-cogido mientras montaba a caballo, y muere bajo sus golpes. Los otros
-se lanzan a los caballos, que de antemano tenían preparados, y pueden
-escaparse, siendo recibidos con honor en la mayor parte de las ciudades
-griegas, lo cual demuestra cuánto temían los griegos que se convirtiese
-en tirano.</p>
-
-<p>Sin embargo, una vez muerto Jasón, son nombrados jefes absolutos
-sus hermanos Polidoro y Polifrón: Polidoro muere en un viaje que
-hicieron ambos hermanos a Larisa, mientras dormía, y, según parece,
-asesinado por aquel, pues su muerte acaeció de un modo completamente
-repentino y sin causa ninguna aparente. A su vez Polifrón reina
-durante un año, y ejerce un poder semejante a la tiranía, pues en
-Farsala hace perecer a Polidamante y a ocho de los principales
-ciudadanos, y en Larisa destierra a gran número de personas. <span
-id="alejandro">Entregábase</span> a tales excesos, cuando Alejandro le
-da muerte para vengar a Polidoro y hacer cesar la tiranía; pero cuando
-a su vez se ha revestido del poder, se hace aborrecible como jefe a los
-tesalios, y como enemigo odioso también a los tebanos y atenienses,
-mostrándose asimismo injusto saqueador por tierra y por mar. A su vez
-cae bajo los golpes de los hermanos de su mujer<a id="FNanchor_229"
-href="#Footnote_229" class="fnanchor">[229]</a>, que los incita con sus
-consejos, pues anunciándoles que Alejandro les tiende una emboscada,
-les oculta en el interior de la casa durante todo el día hasta que
-vuelve Alejandro completamente<span class="pagenum" id="Page_279">p.
-279</span> ebrio. Después que se ha acostado, le quita la espada a
-la luz de la lámpara, y viendo vacilar a sus hermanos, que no se
-atrevían a entrar para matarle, les amenaza con hacerle despertar si
-no le mataban en seguida. Después que entraron en su cámara, cierra la
-puerta, sosteniendo ella misma el pestillo hasta que han dado muerte
-a su marido. Según dicen algunos, el odio que tenía a este provenía
-de haber hecho prender Alejandro a un joven muy hermoso a quien ella
-amaba, y de que al pedirle ella le pusiera en libertad, le hizo salir
-de la cárcel para matarle. Dicen otros que Alejandro, no habiendo
-tenido ella sucesión, había hecho pedir en matrimonio a la mujer de
-Jasón, en Tebas. Tales son, pues, las causas que se asignan como
-productoras de este atentado. El poder recae entonces en Tisífono, el
-mayor de los hermanos autores de este asesinato, quien reinaba aún al
-escribirse esta historia.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch6_5">
- <h3 title="CAPÍTULO V.">CAPÍTULO V.<a id="FNanchor_230"
- href="#Footnote_230" class="fnanchor">[230]</a></h3>
-</div>
-
-<p>Los sucesos de Tesalia que tuvieron lugar bajo el mando de Jasón,
-y después de su muerte hasta la entronización de Tisífono, acaban de
-relatarse, ahora voy a proseguir mi relación en el punto en que la
-interrumpimos para esta digresión.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_280">p. 280</span>Cuando Arquidamo
-hubo conducido a Leuctra los refuerzos que mandaba, los atenienses,
-considerando que los peloponesios continuaban siguiendo a los
-lacedemonios, y que no se hallaban aún estos en el estado a que habían
-sido reducidos los atenienses, reúnen los enviados de todos los estados
-que quieren participar de la paz que había dictado el rey. Una vez
-reunidos, decrétase, que cuantos quieran participar de la paz, se unan
-a ellos con este juramento:</p>
-
-<blockquote>
-
- <p>«Permaneceré fiel al tratado dictado por el rey y a los decretos
- de los atenienses; y si se ataca alguna de las ciudades que han
- jurado, la socorreré con todas mis fuerzas.»</p>
-
-</blockquote>
-
-<p>Todos los estados aplauden este juramento; únicamente los eleos le
-hacen oposición, pretendiendo no deben declarar independientes a los
-marganeos, esciluntios y trifilios, cuyas ciudades, según decían, les
-pertenecían legalmente. Los atenienses y cuantos habían decretado, a
-tenor de la carta real, fuesen igualmente libres todas las ciudades
-pequeñas y grandes, envían encargados para recibir los juramentos, con
-orden de hacer jurar a los principales magistrados de cada población.
-Prestan juramento todos los estados, a excepción de los eleos.</p>
-
-<p>Mientras tanto los mantineos, considerándose completamente
-independientes, se reúnen todos y decretan constituir una sola ciudad
-en Mantinea y fortificarla. Por su parte, los lacedemonios no hallan
-esta decisión acomodada a su gusto, si antes no se les pide su
-consentimiento. Eligen, pues, a Agesilao para enviarle junto a los
-eleos, porque, según creían, de padres a hijos había su familia sido
-amiga de los mantineos.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_281">p. 281</span>Al llegar entre
-ellos, los magistrados rehúsan convocar la asamblea, y mandan les
-declare el objeto de su llegada. Promételes Agesilao que si suspenden
-el levantamiento de las fortificaciones durante algún tiempo, hará
-de manera que puedan construirlas con el consentimiento de los
-lacedemonios y sin gasto alguno; pero al responderle les es imposible
-suspender estos trabajos, puesto que el estado en masa ha decretado
-levantarlas sin la menor tardanza, se va de Mantinea muy encolerizado.
-A pesar de todo, no parecía posible el guerrear contra ellos, pues la
-autonomía era una de las condiciones de la paz que se había celebrado.
-Algunas ciudades de Arcadia envían también a los mantineos operarios
-para trabajar en la reconstrucción de los muros, y los eleos les
-proporcionan tres talentos de plata para aplicarse al gasto de aquella.
-He ahí el estado de los asuntos de los mantineos.</p>
-
-<p>Entre los tegeatas, el partido de Calibio y Próxeno se reunía con el
-objeto de favorecer la confederación de toda la Arcadia y para procurar
-la sumisión de todas las ciudades a las decisiones de la confederación;
-pero el partido de Estásipo procuraba conservar a la ciudad su estado
-actual y las leyes patrias por que se regía. Vencidos los partidarios
-de Próxeno y Calibio en la elección de las magistraturas, y creyendo
-que si el pueblo se reunía, dominarían por el número, corren a las
-armas. Estásipo y sus partidarios se arman también al verlos, y poco
-les ceden en número: al venir a las manos, dan muerte a Próxeno y
-a algunos otros que estaban junto a él, aunque no persiguen a los
-fugitivos, pues el carácter de Estásipo no era a propósito para
-desear fuese grande la matanza<span class="pagenum" id="Page_282">p.
-282</span> entre los ciudadanos: los de Calibio, que se habían retirado
-junto a los muros y puertas de Mantinea, se reúnen y toman descanso
-así que ven que sus adversarios no les persiguen. Habían enviado ya a
-pedir socorro a los mantineos y se hallaban en tratos con la fracción
-de Estásipo para llevar a efecto una reconciliación; pero cuando ven
-llegar a los mantineos, unos escalan los muros y ordenan les socorran
-cuanto antes y les gritan se apresuren, y otros les abren las puertas.
-Los de Estásipo, al apercibirse de ello, salen precipitadamente
-por la puerta que lleva al Palantio, y logran refugiarse en
-el templo de Ártemis<a id="FNanchor_231" href="#Footnote_231"
-class="fnanchor">[231]</a> antes de ser alcanzados por los que les
-persiguen, y allí se encierran, manteniéndose a la expectativa. Los
-enemigos que les persiguen súbense al templo, y después de levantar
-la techumbre, les arrojan las tejas. Los demás, conociendo su mala
-situación, les ruegan cesen en su ataque y declaran quieren salir del
-templo. Apodéranse de ellos sus adversarios, les encadenan y conducen
-sobre un carro a Tegea, donde, de acuerdo con los mantineos, les
-condenan a muerte y les ejecutan.</p>
-
-<p>Durante estos sucesos, unos setecientos tegeatas, del partido de
-Estásipo, huyen a Lacedemonia, e inmediatamente decretan los espartanos
-que es preciso, conforme a los juramentos, vengar a los muertos y
-desterrados de Tegea. Dirígense, pues, contra los mantineos, a quienes
-acusan de haber faltado a sus juramentos al dirigir sus armas contra
-los tegeatas.</p>
-
-<p>Los éforos decretan una leva de tropas, y la ciudad<span
-class="pagenum" id="Page_283">p. 283</span> da el mando de las mismas
-a Agesilao. Los arcadios se reúnen a consecuencia de esto en Ásea<a
-id="FNanchor_232" href="#Footnote_232" class="fnanchor">[232]</a>,
-a excepción de los orcomenios, que no quieren tomar parte en la
-Liga arcadia a causa de su enemistad con los mantineos; pero como
-habían recibido en la ciudad el cuerpo de mercenarios reclutado en
-Corinto y mandado por Polítropo, los mantineos quedáronse allí para
-vigilarles; los hereos y lepreatas se unen a los lacedemonios contra
-los mantineos.</p>
-
-<p>Agesilao, después de ofrecer los sacrificios de la marcha, se dirige
-a Arcadia. Ocupa a Eutea, ciudad fronteriza, donde no halló más que
-los ancianos, las mujeres y los niños, pues que los hombres aptos para
-las armas habían partido todos a unirse al ejército arcadio. No hace,
-sin embargo, daño alguno a la ciudad: conserva a los habitantes todas
-sus propiedades y compra todo lo que necesita su ejército, así como
-hace restituir todo aquello de que se habían apoderado al entrar en
-las poblaciones. Hace también reparar los muros, mientras espera los
-mercenarios de Polítropo. Durante este tiempo dirígense los mantineos
-contra los orcomenios; pero tienen que retirarse de delante de sus
-muros después de haber sufrido bastantes bajas: decláranse en retirada,
-y llegan a Elimia sin que les persigan los hoplitas orcomenios; pero
-siendo acosados con grande audacia por las tropas de Polítropo, y
-conociendo entonces los mantineos que si no rechazan a este enemigo,
-perderán mucha gente con sus proyectiles, dan repentinamente una media
-vuelta y les aguardan. Polítropo muere combatiendo y los demás se<span
-class="pagenum" id="Page_284">p. 284</span> declaran en fuga y hubieran
-perecido en su mayor parte si no hubiese sobrevenido la caballería
-fliasia, que consiguió detener a los mantineos en su persecución
-después de circunvalarles. Hecho esto, vuélvense los mantineos a su
-ciudad. Al saber Agesilao esta nueva, piensa que no podrán juntársele
-ya los mercenarios de Orcómeno, y avanza con las tropas que tenía bajo
-su mando. Cenan el primer día en territorio tegeata, y al día siguiente
-pasa al de Mantinea, acampa al pie de los montes situados al occidente
-de esta ciudad, saquea el país y devasta los campos. Los arcadios,
-reunidos en Ásea pasan de noche a Tegea; al día siguiente acampa
-Agesilao a unos veinte estadios de Mantinea; pero los arcadios de
-Tegea, que ocupaban ya los montes entre esta ciudad y Mantinea, llegan
-con gran número de hoplitas, deseando vivamente unirse a los mantineos,
-pues los argivos no les habían mandado todas sus fuerzas. Indicaron
-algunos a Agesilao que era conveniente les atacase separadamente; pero
-aquel, temiendo ser acosado por la espalda por los mantineos, mientras
-avance contra los enemigos, decide como cosa mejor permitir la unión,
-y en el caso en que quisieran venir a las manos, combatir abierta y
-francamente. De este modo conservan reunidas los arcadios todas sus
-fuerzas.</p>
-
-<p>Los peltastas de Orcómeno, acompañados de la caballería fliasia,
-marchando por la noche en dirección de Mantinea, se presentan al
-apuntar el día ante el campamento, mientras Agesilao ofrecía el
-sacrificio, haciendo que cada cual corra a su puesto y que Agesilao
-se retire hacia los suyos. Pero después que reconocer que son amigos
-y que ha obtenido<span class="pagenum" id="Page_285">p. 285</span>
-aquel signos favorables, da orden de avanzar a su ejército después del
-desayuno. Por la noche, sin ser visto, acampa en la garganta de la
-montaña situada detrás del país mantineo y rodeada de montes próximos.
-Al amanecer del día siguiente, y mientras sacrificaba delante del
-campamento, ve poblarse de enemigos las montañas, al pie de las cuales
-se halla su retaguardia, y comprende entonces que es preciso salir
-cuanto antes de aquel desfiladero. Teme, sin embargo, que si él abre la
-marcha, el enemigo caerá sobre su retaguardia, por lo cual permanece
-en el mismo sitio y mostrando al enemigo el frente de su ejército,
-da orden a los que le siguen hagan su conversión a la derecha y se
-coloquen junto a él detrás de la falange; de este modo, al propio
-tiempo que aumenta la fuerza defensiva de esta, hace salir de los
-desfiladeros a sus tropas. Cuando la falange se halla de este modo
-con doble fondo, se pone a la cabeza de los hoplitas, y llegado a la
-llanura, despliega nuevamente su ejército sobre nueve o diez escudos de
-fondo.</p>
-
-<p>Los mantineos, sin embargo, no verificaban ninguna salida, pues los
-eleos que se les habían juntado, les persuaden a no librar combate
-hasta que hayan llegado los tebanos, pretendiendo saber positivamente
-que se les juntarán a causa de haberles prestado diez talentos para
-esta expedición. Cediendo a sus razones, no salen de Mantinea los
-arcadios, y Agesilao, a pesar de su vivo deseo de sacar de allí a sus
-tropas por hallarse ya a mitad del invierno, permanece tres días en
-estos países y a poca distancia de la ciudad para que no aparezca que
-apresura por miedo su partida; pero al cuarto día por la mañana,<span
-class="pagenum" id="Page_286">p. 286</span> después de almorzar, da
-la orden de marcha a su ejército como para acampar en el sitio en
-que lo había hecho el primer día después de haber salido de Eutea<a
-id="FNanchor_233" href="#Footnote_233" class="fnanchor">[233]</a>.
-Luego, no distinguiéndose ningún arcadio, se apresura a dirigirse a
-esta población aunque era ya muy tarde para que no se apercibiesen los
-fuegos enemigos y nadie pudiese decir sea una fuga su retirada. En
-efecto, parecía haber levantado un poco el ánimo de su patria, pues
-había invadido Arcadia y nadie había querido aceptar batalla, a pesar
-de hallarse saqueando el país. Llegado a Laconia, permite vuelvan a
-su casa los espartanos y despide para sus respectivas ciudades a los
-periecos.</p>
-
-<p>Inmediatamente después de la marcha de Agesilao, los arcadios, al
-saber ha licenciado aquel su ejército, mientras ellos se encuentran
-todos reunidos, se dirigen contra los hereos por no haber estos
-querido formar parte de la confederación; hacen una irrupción en
-su país, incendian las casas y cortan los árboles; pero cuando se
-anuncia la llegada de los tebanos a Mantinea en socorro de esta,
-dejan a los hereos y se juntan a ellos. Una vez reunidos, opinan
-los tebanos haber hecho lo bastante acudiendo en su socorro, pues
-no veían ya enemigo alguno en el país; pero los arcadios, argivos
-y eleos, procuran persuadirles para que se arrojen inmediatamente
-sobre Laconia, mostrándoles su gran número y alabando sobre manera
-al ejército tebano. Los beocios, en efecto, se ejercitaban todos
-en las armas orgullosos por la victoria obtenida en Leuctra, e
-iban acompañados además por los focidios, a quienes habían<span
-class="pagenum" id="Page_287">p. 287</span> subyugado, por las tropas
-eubeas de todas las ciudades, por los locrios de las dos comarcas<a
-id="FNanchor_234" href="#Footnote_234" class="fnanchor">[234]</a>, por
-los acarnanios, por los heracleotas y por los maleos, yendo también con
-ellos la caballería y los peltastas tesalios. Regocijándose con esta
-superioridad, a la cual oponen el aislamiento de Lacedemonia, suplican
-a los tebanos que no se ausenten sin haber hecho antes una invasión en
-el territorio espartano.</p>
-
-<p>Los tebanos atienden a sus razones, pero reflexionan sobre
-lo difícil que se reputa la entrada en Lacedemonia, y piensan
-que sin duda se habían colocado puestos de vigilancia en los
-puntos más practicables. Efectivamente, Iscolao se hallaba en
-Eo, ciudad escirita<a id="FNanchor_235" href="#Footnote_235"
-class="fnanchor">[235]</a>, con un destacamento de neodamodes y
-unos cuatrocientos desterrados de Tegea, de entre los más jóvenes,
-hallándose otro destacamento en Leuctro, sobre la Maleátide<a
-id="FNanchor_236" href="#Footnote_236" class="fnanchor">[236]</a>.
-Reflexionan asimismo los tebanos que las fuerzas lacedemonias pueden
-reunirse prontamente, y que en ninguna parte se batirán mejor que en
-su misma patria. Todas estas reflexiones hacen que no se apresuren a
-dirigirse contra Lacedemonia.</p>
-
-<p>Llegan, sin embargo, algunos habitantes de Carias<a
-id="FNanchor_237" href="#Footnote_237" class="fnanchor">[237]</a> que
-les anuncian el aislamiento en que se encuentra Lacedemonia y que
-prometen servirles de guías, manifestando consienten en ser degollados
-a la menor sospecha de traición: llegan asimismo algunos periecos
-para llamarles en su auxilio, manifestándoles<span class="pagenum"
-id="Page_288">p. 288</span> solo aguardan su entrada en el país para
-sublevarse en masa. Afirman igualmente que los periecos de Esparta
-rehúsan obedecer en aquellos momentos la orden de congregarse que
-han recibido de los lacedemonios. Oyendo los tebanos todas estas
-referencias, que les llegan por conductos tan distintos, se dejan
-convencer e invaden Laconia por Carias, mientras los arcadios avanzan
-por Eo en la Escirítide. Según se dice, si Iscolao hubiese avanzado
-hasta llegar a los pasos difíciles y los hubiese defendido, ningún
-enemigo hubiera podido penetrar por allí; pero queriendo aprovecharse
-del contingente de los eatas, permaneció en esta población mientras
-los arcadios llegan en masa. Las tropas de Iscolao conservan sus
-ventajas mientras tienen enemigos solo a su frente; pero cuando estos
-les circunvalan subiéndose a los tejados de las casas, y les agobian
-con sus proyectiles, perecen Iscolao y los suyos, a excepción de unos
-pocos que consiguen escapar sin ser reconocidos. Los arcadios, después
-de haberse abierto camino de este modo, avanzan sobre Carias para
-unirse a los tebanos. Estos, al venir en conocimiento del éxito que
-han tenido en su expedición los arcadios, se hacen mucho más audaces
-para bajar a la llanura. Principian por incendiar y saquear Selasia, y
-al bajar de los montes, acampan en el territorio consagrado a Apolo,
-de donde salen al día siguiente, y no atreviéndose a atravesar el
-puente para dirigirse contra la ciudad, pues se veían los hoplitas
-en el templo de Alea<a id="FNanchor_238" href="#Footnote_238"
-class="fnanchor">[238]</a>, avanzan, teniendo a<span class="pagenum"
-id="Page_289">p. 289</span> su derecha el Eurotas, quemando y saqueando
-habitaciones llenas de considerables riquezas.</p>
-
-<p>En cuanto a los de la ciudad, las mujeres espartanas no pueden
-soportar la vista del humo del campamento enemigo<a id="FNanchor_239"
-href="#Footnote_239" class="fnanchor">[239]</a>, pues nunca lo habían
-visto desde la ciudad, y los lacedemonios, cuya capital carece
-de murallas, se aprestan convenientemente para defenderla, sin
-poder ocultar el pequeño número de hombres que tienen en realidad.
-Deciden los magistrados anunciar a los hilotas que cuantos quieran
-tomar las armas y alistarse, obtendrán la seguridad de recibir su
-libertad después de haber combatido con los ciudadanos. Dícese que
-inmediatamente se inscribieron más de seis mil; de manera que reunida
-esta multitud, inspiró nuevo temor y se les encontró demasiado
-numerosos; pero como quedaban en Esparta los mercenarios de Orcómeno
-y recibieron los lacedemonios el contingente de los fliasios, de los
-corintios, de los epidaurios, de los peleneos y de otras ciudades,
-principiaron a tener menos cuidado del número de los hilotas
-inscritos.</p>
-
-<p>Cuando el ejército enemigo ha avanzado hasta Amiclas, atraviesa
-allí el Eurotas. Los tebanos, dondequiera acampen, cortan los árboles
-y los colocan ante sus líneas en el mayor número posible, y de esta
-manera se ponen en guardia contra un ataque; pero los arcadios no
-toman estas precauciones, pues abandonando sus armas, corren a saquear
-las habitaciones. Tres o cuatro días después, la caballería<span
-class="pagenum" id="Page_290">p. 290</span> avanza en buen orden
-hasta el hipódromo, junto al templo de Geoco<a id="FNanchor_240"
-href="#Footnote_240" class="fnanchor">[240]</a>; esta caballería estaba
-formada por todos los tebanos, los eleos, todos los caballos focidios,
-tesalios y locrios. Frente a esta caballería se hallaba la de los
-lacedemonios, que parecía poco numerosa; pero una emboscada de los
-hoplitas más jóvenes, en número de trescientos, había sido colocada
-en la Casa de los Tindáridas<a id="FNanchor_241" href="#Footnote_241"
-class="fnanchor">[241]</a>, y al cargar la caballería se arroja sobre
-el enemigo, obligando a aquella a replegarse sin sostener el choque,
-movimiento seguido asimismo por gran número de infantes que emprenden
-la fuga. Cuando ha cesado la persecución y hace alto el ejército
-tebano, vuelven a restablecer su campamento. Principia a esperarse
-entonces con más confianza que no atacarán la ciudad, y efectivamente,
-levantando el campamento, toma el ejército el camino de Helos y de
-Gitio; quemando cuantas ciudades indefensas y cuanto encuentra a su
-paso, sitia durante tres días a Gitio, donde se hallaban los arsenales
-lacedemonios, habiéndose juntado cierto número de periecos a los
-enemigos y continuando después la campaña con los tebanos.</p>
-
-<p>Al conocer los atenienses estos sucesos, hállanse sumidos en
-vacilaciones respecto a lo que deben hacer para los lacedemonios, y
-celebran una asamblea por decisión del senado. Hallábanse presentes los
-diputados lacedemonios y los de los aliados que permanecían aún fieles
-a Esparta. Los espartanos Áraco,<span class="pagenum" id="Page_291">p.
-291</span> Ocilo, Fárax, Etimocles y Olonteo dijéronles todos casi
-lo mismo. Recuerdan a los atenienses que siempre, en las grandes
-ocasiones, se han sostenido mutuamente para su mayor bien. Ellos
-en efecto, dicen, arrojaron de Atenas a los tiranos, mientras los
-atenienses les socorrieron valerosamente cuando se hallaban sitiados
-por los mesenios; enumeran asimismo todas las ventajas que han
-obtenido cuantas veces han obrado de común acuerdo. Les recuerdan
-también la manera cómo combatieron juntos a los bárbaros, y que los
-atenienses fueron elegidos por todos los griegos, con el beneplácito
-de los espartanos, jefes de la flota y depositarios del tesoro común<a
-id="FNanchor_242" href="#Footnote_242" class="fnanchor">[242]</a>, así
-como los espartanos unánimemente proclamados jefes de los ejércitos de
-tierra por el consentimiento de los atenienses.</p>
-
-<p>Uno de ellos, en especial, dice con poca diferencia estas
-palabras:</p>
-
-<p>—«Ciudadanos: si os unís con nosotros en esta ocasión, es casi
-seguro se realizará el antiguo proverbio de que los tebanos serán
-diezmados.»</p>
-
-<p>Los atenienses, sin embargo, no acogen favorablemente estas
-palabras, sino por el contrario, levantándose grandes murmullos,
-dicen:</p>
-
-<p>—«Eso declaráis ahora; pero cuando estabais en la prosperidad bien
-sabíais oprimirnos.»</p>
-
-<p>Lo que pareció como más fundado en los hechos de cuanto dijeron los
-lacedemonios fue que después de haber subyugado Atenas, se habían
-opuesto al proyecto de los tebanos, que querían fuese arrasada Atenas.
-El argumento más repetido fue el de que se debían los refuerzos en
-virtud de los juramentos, pues no eran las injusticias de<span
-class="pagenum" id="Page_292">p. 292</span> los lacedemonios las que
-les habían indispuesto con los arcadios y sus aliados, sino el auxilio
-que habían prestado estos a los tegeatas, atacados por los mantineos
-contra la fe jurada. Esto produjo grande alboroto en la asamblea,
-diciendo uno que los mantineos habían obrado justamente al socorrer a
-los partidarios de Próxeno muertos por Estásipo, y otros afirmando que
-habían sido injustos al dirigirse en armas contra los tegeatas.</p>
-
-<p>Mientras tiene lugar esta discusión en la asamblea, se levanta el
-corintio Clíteles y dice:</p>
-
-<p class="mt1">«Ciudadanos atenienses: si ciertamente procuráis con
-imparcialidad dejar sentado quiénes fueron los primeros en obrar
-injustamente, ¿quién podrá acusarnos a nosotros, desde que se celebró
-la paz, de habernos dirigido contra alguna ciudad, de habernos
-apoderado de las riquezas del que las poseía o de haber devastado las
-comarcas de otro estado? Y, sin embargo, los tebanos han entrado en
-nuestros dominios, han cortado nuestros árboles, incendiado nuestras
-casas y arrebatado nuestros bienes y nuestros rebaños. ¿Cómo podríais,
-pues, sin faltar a vuestros juramentos, no socorrernos cuando somos
-víctimas manifiestas de la injusticia, y cuando habéis sido vosotros
-los que os tomasteis el trabajo de ligarnos por toda clase de
-juramentos?»</p>
-
-<p class="mt1">Después de estas palabras, los atenienses, con
-sus muestras de aprobación, indican que Clíteles ha hablado
-justa y equitativamente. Inmediatamente después levantose el
-fliasio Procles, y dijo<a id="FNanchor_243" href="#Footnote_243"
-class="fnanchor">[243]</a>:</p>
-
-<p class="mt1">«Atenienses: luego que los tebanos<span class="pagenum"
-id="Page_293">p. 293</span> se hayan deshecho de los lacedemonios,
-seréis vosotros los primeros contra quienes tendrán que dirigirse,
-pues, en efecto, sois el único estado que puedan considerar como un
-obstáculo a su dominación sobre los griegos; es un hecho que me parece
-evidente. Si esto es así, creo que al ir a defender a los lacedemonios
-os defendéis también vosotros mismos, porque siendo dueños de Grecia
-los tebanos, que se hallan mal dispuestos hacia vosotros y que habitan
-al pie de vuestras mismas fronteras, será mucho más difícil vuestra
-situación que teniendo lejos a vuestros rivales. Mucho más prudente
-es, pues, el defenderos a vosotros mismos, mientras tenéis aún aliados
-que no esperan el momento en que la ruina de estos últimos os obligue
-a luchar solos contra los tebanos. Si algunos de vosotros teméis que
-los lacedemonios, al salir con bien, os susciten obstáculos más tarde,
-considerad que no debe temerse el engrandecimiento de aquellos a
-quienes se prestan beneficios, sino el de aquellos a quienes se hace
-algún daño. Debéis asimismo reflexionar que es conveniente para las
-repúblicas, del propio modo que para los particulares, asegurarse de la
-posesión de algún bien mientras se halla este en todo su vigor, a fin
-de que, si alguna vez pierde su fuerza, conserve algo como resultado de
-las penalidades pasadas. Ahora la divinidad os ofrece ocasión propicia
-para adquirir en los lacedemonios unos amigos para siempre, si los
-socorréis según sus súplicas; y, en efecto, paréceme que no recibirían
-ante pequeño número de testigos este beneficio vuestro, pues los
-dioses, que lo ven todo, lo sabrán ahora y siempre, y llegará asimismo
-a oídos de aliados y enemigos,<span class="pagenum" id="Page_294">p.
-294</span> de griegos y de bárbaros, ya que todo el mundo se preocupa
-en gran manera de lo que está sucediendo. Si se mostraran ingratos
-hacia vosotros, ¿quién podría manifestar consideración hacia ellos?
-Pero es preciso esperar que se mostrarán leales y no ingratos ellos,
-que más que nadie son considerados como amigos constantes de la gloria
-y enemigos de toda acción deshonrosa.</p>
-
-<p>»Además de esto, reflexionad sobre lo que voy a deciros: Si en
-cualquiera ocasión amenazara a Grecia algún nuevo peligro por parte
-de los bárbaros, ¿en quién podríais tener más confianza que en los
-lacedemonios? ¿Qué defensores podríais desear mejores que aquellos que,
-apostados en las Termópilas, prefirieron morir todos, que salvar la
-vida abriendo el camino de Grecia a los bárbaros? ¿No es, pues, justo
-que el recuerdo del valor que desplegaron con vosotros y la esperanza
-de alcanzar juntos nuevos lauros, animen vuestro celo para con ellos,
-para con nosotros y para con vosotros mismos? Es preciso asimismo
-que sus aliados actuales<a id="FNanchor_244" href="#Footnote_244"
-class="fnanchor">[244]</a> sean para vosotros un nuevo estímulo para
-vuestro celo hacia ellos, pues bien sabéis que cuantos les permanecen
-fieles en sus apuros<a id="FNanchor_245" href="#Footnote_245"
-class="fnanchor">[245]</a> se avergonzarían de no atestiguar su
-reconocimiento. Si nosotros, que parecemos solo exiguas ciudades,
-queremos, sin embargo, participar de sus peligros, pensad que, al
-juntarse a nosotros vuestra república, ya no serán pequeños estados los
-que vendrán en su auxilio.</p>
-
-<p>»En cuanto a mí, atenienses, siempre he admirado<span
-class="pagenum" id="Page_295">p. 295</span> grandemente vuestra
-ciudad cuando oía decir que cuantos se hallaban oprimidos o temían la
-opresión se refugiaban entre vosotros y recibían vuestros auxilios;
-pero ahora no solo lo oigo, sino que veo por mí mismo las súplicas que
-los lacedemonios, tan afamados, y con ellos sus aliados más fieles, os
-dirigen, rogándoos los socorráis. Veo asimismo a los tebanos, aquellos
-que en otro tiempo no pudieron convencer a los lacedemonios para que os
-redujesen a la esclavitud, que os piden ahora veáis con indiferencia la
-destrucción de aquellos que os salvaron en otro tiempo. Dícese, para
-la gloria y buena fama de vuestros antepasados, que no permitieron
-quedaran insepultos los argivos que perecieron ante la Cadmea; sería
-mucho más glorioso para vosotros no consintáis que se ultrajen ni
-destruyan los lacedemonios que se hallan aún con vida. Es ciertamente,
-asimismo, una gloriosa acción el haber reprimido la insolencia de
-Euristeo, y haber salvado a los hijos de Hércules. Pero ¿no sería
-más hermoso el salvar asimismo a los fundadores de la población<a
-id="FNanchor_246" href="#Footnote_246" class="fnanchor">[246]</a> y
-a la población entera? Sin embargo, la acción más hermosa sería hoy
-socorrer, con las armas en la mano y a través de los peligros, a los
-lacedemonios que en otro tiempo os salvaron por un voto, aunque sin
-peligro. Si nosotros nos sentimos orgullosos al exhortaros para que
-socorráis a un pueblo de valientes, ¿no sería para vosotros, que
-podéis socorrerles eficazmente, un acto de<span class="pagenum"
-id="Page_296">p. 296</span> reconocida generosidad, que después de
-haber sido a menudo amigos y enemigos de los lacedemonios, olvidaseis
-más bien las injurias que los beneficios y les mostraseis vuestro
-reconocimiento, no solo en vuestro nombre, sino en el de toda Grecia,
-como efectivamente por sus acciones han merecido?»</p>
-
-<p class="mt1">Después de este discurso comienzan los atenienses la
-votación: no permiten hablar a los que quieren hacerlo en sentido
-opuesto, y votan socorrer en masa a los lacedemonios, poniendo
-al frente de este ejército al general Ifícrates. Terminados los
-sacrificios, ordena este se coma en la Academia, y se dice que muchos
-salieron ya antes de ponerse en marcha dicho jefe. Colócase este al
-frente de las tropas, que marchan con entusiasmo, en la esperanza de
-que se las conduce a realizar gloriosas acciones. Llegado a Corinto,
-permanece allí durante algunos días, y principian a reprocharle las
-tropas esta pérdida de tiempo; pero cuando les hace salir de la ciudad,
-se hallan llenos de ardor para seguirle dondequiera los conduzca y para
-atacar los muros contra los que se dirija.</p>
-
-<p>En cuanto a Lacedemonia, los enemigos que devastaban su territorio,
-arcadios, argivos y eleos, sus fronterizos, habían ya partido en gran
-número, llevándose con ellos el botín que habían hecho. Los tebanos y
-los demás enemigos deciden abandonar la comarca, porque ven disminuir
-cada día más su ejército y porque cada vez se hacen más raros los
-víveres, pues todo había sido consumido, arrebatado, dilapidado o
-quemado, a lo cual se une la presencia del invierno, que contribuye
-a que todos<span class="pagenum" id="Page_297">p. 297</span> deseen
-partir. Cuando todas estas tropas se alejaron de Lacedemonia, Ifícrates
-condujo igualmente a sus atenienses de Arcadia a Corinto.</p>
-
-<p>No pretendo criticar lo bueno que puede haber hecho durante el
-conjunto de su mandato, pero respecto a su conducta en esta época,
-paréceme que todos sus actos pecaron de inútiles o de imprudentes.
-Efectivamente decide apoderarse del monte Oneo<a id="FNanchor_247"
-href="#Footnote_247" class="fnanchor">[247]</a>, a fin de que no puedan
-los beocios regresar a su patria, y deja libre el paso más fácil, junto
-a Céncreas. Más tarde, queriendo saber si los tebanos han pasado el
-monte Oneo, envía en exploración a la caballería ateniense y a todos
-los corintios; y sin embargo, un pequeño destacamento de hombres puede
-ver lo mismo que una gran sección, pero en cambio, en caso de una
-retirada, es mucho más fácil que puedan aquellos realizarla, hallando
-mayores facilidades en los caminos que una gran división. Pero ¿no
-es el colmo de la locura el hacer avanzar contra el enemigo muchas
-tropas, no siendo bastante fuertes para rechazarle? Por esto aquella
-caballería, cuya extensa línea ocupaba grande espacio, halló a causa de
-su número muchos pasos difíciles, de manera que perdieron a lo menos
-veinte hombres; y en cuanto a los tebanos, se retiraron como y por
-donde quisieron.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch7_1">
- <p><span class="pagenum" id="Page_299">p. 299</span></p>
- <h2 class="nobreak g1 mt15">LIBRO SÉPTIMO.</h2>
- <hr class="tir" />
- <h3 title="CAPÍTULO PRIMERO.">CAPÍTULO PRIMERO.<a id="FNanchor_248"
- href="#Footnote_248" class="fnanchor">[248]</a></h3>
-</div>
-
-<p>Al año siguiente llega a Atenas una comisión de lacedemonios
-y aliados, con plenos poderes para negociar las condiciones de
-una alianza entre Esparta y Atenas. Diciendo muchos extranjeros
-y atenienses que la alianza debía tener lugar bajo el pie de la
-más perfecta igualdad, el fliasio Procles pronuncia el siguiente
-discurso:</p>
-
-<p class="mt1">«Atenienses: ya que os ha parecido bien aceptar la
-amistad de los lacedemonios, considero conveniente procuréis, por
-todos los medios posibles, que esta amistad sea duradera: esto lo
-conseguiréis estableciendo como bases del tratado las condiciones
-que sean más ventajosas a los dos partidos, y de este modo podremos
-permanecer largo tiempo unidos.<span class="pagenum" id="Page_300">p.
-300</span> Estamos de acuerdo sobre todos los puntos, a excepción del
-referente a la hegemonía<a id="FNanchor_249" href="#Footnote_249"
-class="fnanchor">[249]</a>, de que ahora se está tratando; vuestro
-consejo ha propuesto que el mando en la mar pertenezca a los
-atenienses, y en tierra a los lacedemonios, y me parece a mi también
-que este reparto de atribuciones está indicado, no solo por la
-prudencia humana, sino por la naturaleza y providencia divinas. En
-primer lugar, vuestra situación es lo más favorable que imaginarse
-pueda para el imperio del mar, pues la mayor parte de las ciudades
-que necesitan de él se hallan construidas en los alrededores de la
-vuestra, y todas ellas son más débiles que vosotros; además poseéis
-varios puertos, sin los cuales es imposible todo poder marítimo. Tenéis
-asimismo muchas trirremes, y habéis heredado de vuestros mayores el
-afán de aumentar sin cesar su número.</p>
-
-<p>»Además, todas las artes necesarias para este poderío las tenéis
-aclimatadas en vuestra ciudad; y respecto a la habilidad en la
-profesión marítima, dejáis atrás a todos los pueblos, pues la mayor
-parte de vosotros no vive, efectivamente, más que por el mar; de
-manera que, mientras cuidáis de vuestros particulares asuntos, no
-descuidáis el sobrepujar a los demás en las maniobras navales. Pero
-aún hay más: no hay puerto alguno que pudiese proporcionar reunidas
-tantas naves como el vuestro, lo cual no es poco para la hegemonía,
-pues todos prefieren agruparse alrededor del que desde el principio y
-por sí mismo, les supera en fuerzas. Los dioses mismos os han concedido
-el poder sobresalir en esto;<span class="pagenum" id="Page_301">p.
-301</span> habéis librado los más importantes combates navales, y con
-poquísimos reveses habéis conseguido el mayor número de victorias,
-por lo cual es muy natural que los aliados prefieran correr junto a
-vosotros las penalidades de estos combates. Comprenderéis asimismo
-la necesidad y el deber que os están impuestos respecto al cuidado
-y vigilancia de vuestras fuerzas navales, por lo que voy a deciros.
-Os hacían la guerra los lacedemonios desde largos años, y aunque
-vencedores por tierra, no conseguían gran cosa para vuestra ruina; pero
-así que la divinidad les concedió poder dominar por mar, inmediatamente
-consiguieron subyugaros por completo. ¿No hay, pues, en esto una prueba
-evidente de que vuestra salvación depende de vuestro poder marítimo?
-Siendo esto así, ¿cómo podríais abandonar a los lacedemonios el mando
-en el mar, una vez convienen ellos mismos en la inferioridad de su
-marina, sobre todo si consideráis que no hay paridad entre ellos y
-vosotros en las luchas navales, pues que ellos exponen únicamente los
-hombres que tienen en sus trirremes, y vosotros exponéis a vuestros
-hijos, a vuestras mujeres y a vuestra ciudad entera?</p>
-
-<p>»Eso por lo que hace a vuestra ciudad. Pongámonos ahora en el punto
-de vista lacedemonio: en primer lugar tienen su morada lejos de la
-costa; de manera que, mientras sean dueños de su comarca, su existencia
-no está comprometida, aunque sean inferiores en el mar. Por esto, desde
-su más tierna infancia se entregan a los ejercicios necesarios para los
-ejércitos terrestres: poseen en tierra, como vosotros en el mar, y en
-el más alto grado, la obediencia<span class="pagenum" id="Page_302">p.
-302</span> a los jefes, cosa la más esencial a todo ejército. Además
-pueden poner en pie de guerra un numeroso ejército con la misma
-prontitud con que podéis vosotros equipar una poderosa flota; de donde
-resulta que los aliados se unen también a ellos con la mayor confianza.
-También la divinidad les ha concedido en tierra igual beneficio que a
-vosotros por mar: han sostenido en tierra el mayor número de luchas,
-habiendo experimentado muy pocas derrotas y obtenido innumerables
-triunfos. De ahí la necesidad en que se hallan de fijar toda su
-actividad del lado de la tierra, como vosotros en el mar, resultando
-asimismo de los hechos pasados, pues aunque les hayáis ganado a menudo
-combates marítimos, sin embargo, no habíais conseguido nada importante
-para dominarles; pero así que les derrotasteis una sola vez en combates
-terrestres, vieron comprometida la existencia de sus hijos, de sus
-mujeres y de su misma ciudad<a id="FNanchor_250" href="#Footnote_250"
-class="fnanchor">[250]</a>. ¿Cómo, pues, dejaría de serles penoso el
-confiar a otros la supremacía de los ejércitos de tierra, cuando ellos
-son los primeros en este elemento? He aquí por qué he hablado en apoyo
-del proyecto del consejo, pues, a mi modo de ver, ofrece las mayores
-ventajas a ambas partes. Ojalá seáis todos felices por haberos decidido
-conforme al general interés de todos.»</p>
-
-<p class="mt1">Tal fue su discurso. Los atenienses y lacedemonios
-presentes aprobaban vivamente sus palabras, pero levantándose
-Cefisódoto, les dice:</p>
-
-<p class="mt1">«Atenienses: estad alerta, que os quieren engañar;
-escuchadme, que voy a daros inmediatamente las pruebas de<span
-class="pagenum" id="Page_303">p. 303</span> ello<a id="FNanchor_251"
-href="#Footnote_251" class="fnanchor">[251]</a>. Ciertamente mandaréis
-en el mar, pero al hacerse aliados vuestros los lacedemonios, es
-natural que os envíen jefes y marinos espartanos, aunque los marineros
-serán únicamente hilotas o mercenarios; he aquí los hombres que
-pondrán a vuestras órdenes; por el contrario, cuando os anuncien los
-lacedemonios una expedición terrestre, es natural que les mandéis
-vuestros hoplitas y vuestra caballería. He aquí, pues, que vosotros os
-pondréis bajo sus órdenes y en cambio vosotros no tendréis bajo las
-vuestras más que esclavos y gente de ningún valer.</p>
-
-<p>»Dime, Timócrates lacedemonio, ¿no has dicho hace poco que venías
-para concertar la alianza, partiendo de la base de la más perfecta
-igualdad?</p>
-
-<p>»—Así lo dije.</p>
-
-<p>»¿Puede haber, pues, una igualdad más perfecta que si cada uno a
-su vez ejerce el mando de la flota y del ejército, y si participáis
-vosotros de las ventajas que puede presentar el mando marítimo, y
-nosotros del terrestre?»</p>
-
-<p class="mt1">Al oír estas palabras, cambian los atenienses de
-opinión, y decretan que cada uno de los dos estados ejerza el mando
-durante cinco días.</p>
-
-<p>Dirígense las tropas de ambos estados y las de sus aliados a
-Corinto, donde deciden guardar todos juntos el monte Oneo, y cuando
-llegan los tebanos con sus aliados, distribúyense los pasos que cada
-uno debe defender. Los lacedemonios y peleneos se colocan en el lugar
-de más peligro. Así que los tebanos y sus<span class="pagenum"
-id="Page_304">p. 304</span> aliados se hallan a unos treinta estadios<a
-id="FNanchor_252" href="#Footnote_252" class="fnanchor">[252]</a> de
-estos pasos, acampan en la llanura, y calculando entonces el tiempo
-que necesitan para franquear esta distancia, salen con el alba contra
-el destacamento lacedemonio: su cálculo no les engaña, pues caen sobre
-los lacedemonios y peleneos cuando acababan de relevarse las guardias
-nocturnas, mientras los soldados se levantaban de sus lechos para
-ir cada cual a sus quehaceres. Arrójanse sobre ellos los tebanos en
-correcta formación, y los derrotan por completo, pues no habían tomado
-precaución alguna y se hallaban en desorden. Al refugiarse los que se
-habían salvado de este combate a la colina más próxima, hubiera podido
-el polemarca lacedemonio conservar su posición tomando el número que
-le hubiese parecido conveniente de peltastas y de hoplitas aliados,
-pues le era fácil recibir en completa seguridad las provisiones desde
-Céncreas; pero no lo hizo, y mientras los tebanos vacilan sobre si
-bajarán por el lado de Sición o si volverán sobre sus pasos, concierta
-una tregua que consideran casi todos más ventajosa para los tebanos que
-para los suyos, y se retira con sus tropas.</p>
-
-<p>Los tebanos bajan con la seguridad más completa, reúnense a todos
-sus aliados arcadios, argivos y eleos, y principian por atacar a Sición
-y Pelene, dirigiéndose después sobre Epidauro y devastando todo su
-territorio. Retíranse después sin preocuparse del enemigo, y cuando
-se hallan junto a la ciudad de Corinto se arrojan a la carrera por la
-cuesta que conduce a Fliunte a fin de penetrar en<span class="pagenum"
-id="Page_305">p. 305</span> ella si se encuentran abiertas sus
-puertas. Algunas tropas ligeras de la ciudad se dirigen en armas
-contra los soldados escogidos de los tebanos que no se hallaban ya más
-que a unos cuatro pletros<a id="FNanchor_253" href="#Footnote_253"
-class="fnanchor">[253]</a> de las murallas, y subiendo sobre los
-túmulos sepulcrales y sobre las eminencias del terreno, arrojan gran
-número de dardos y flechas sobre los enemigos, a quienes matan gran
-número de los que se hallan en los puntos más avanzados, y después
-de haberles puesto en fuga, les persiguen hasta la distancia de
-tres o cuatro estadios<a id="FNanchor_254" href="#Footnote_254"
-class="fnanchor">[254]</a>, después de lo cual, los corintios se llevan
-los muertos hasta junto a las murallas; concédese al enemigo una tregua
-para recogerlos y levantan los trofeos. Esta victoria consigue dar
-algún ánimo a los aliados de los espartanos.</p>
-
-<p>Al mismo tiempo que tenían lugar estos sucesos, reciben los
-lacedemonios un refuerzo de más de veinte trirremes que les manda
-Dionisio, consistente en celtas e iberos y unos cincuenta soldados
-de caballería. Al día siguiente, los tebanos y todos sus aliados,
-formándose en la llanura, que llenan por completo hasta el mar y las
-colinas que rodean a la ciudad, destruyen en ellas todo cuanto puede
-prestar alguna utilidad. La caballería ateniense y corintia no se
-atreve a aproximarse a un ejército enemigo tan fuerte y numeroso; pero
-los caballos de Dionisio, a pesar de su pequeño número, esparciéndose
-por una y otra parte, se acercan a las líneas enemigas y les arrojan
-sus dardos, retirándose así que son perseguidos, y comenzando de nuevo
-cuando<span class="pagenum" id="Page_306">p. 306</span> ya no les
-persiguen: al mismo tiempo bajan del caballo para descansar, y así
-que el enemigo quiere aprovecharse de esta maniobra, saltan de nuevo
-ligeramente sobre sus corceles y se baten en retirada. Si algunos
-enemigos se abandonan en su persecución a gran distancia del ejército,
-persíguenles al retirarse y les arrojan sus dardos, causándoles grandes
-bajas: de este modo obligan a todo el ejército a que avance o se retire
-a causa de ellos.</p>
-
-<p>Los tebanos permanecen allí, sin embargo, solo unos días, después
-de los cuales regresan a sus hogares y hacen lo mismo sus aliados.
-Entonces las tropas de Dionisio marchan contra Sición, derrotan a los
-sicionios en la llanura, y en combate regular, haciéndoles unos setenta
-muertos: toman después por asalto el fuerte de Deras, y realizadas
-estas proezas hácense a la vela para Siracusa los primeros socorros de
-Dionisio. Hasta entonces los tebanos y los demás pueblos que se habían
-apartado de los lacedemonios, habían obrado de consuno y guerreado
-bajo el mando de los tebanos; <span id="licomedes">pero</span> cierto
-Licomedes de Mantinea, hombre de esclarecido linaje y poseedor de
-grandes riquezas, comenzó a alimentar inmensa ambición y a excitar
-orgullosas aspiraciones entre los arcadios, diciendo que ellos solos
-pueden considerar como a su patria al Peloponeso, puesto que son ellos
-los únicos autóctonos del mismo y les asegura que la nación arcadia
-es la más numerosa de todas las griegas y que sus habitantes son los
-más robustos de toda Grecia. Añade que ellos son los más valientes,
-dándoles como prueba, que cuando hay necesidad de mercenarios siempre
-son preferidos los arcadios, afirmando además<span class="pagenum"
-id="Page_307">p. 307</span> que los lacedemonios no hubieran podido
-atacar el territorio ateniense si ellos no les hubiesen auxiliado, ni
-los tebanos hubieran tampoco podido llegar sin ellos a Esparta.</p>
-
-<p>—«Si, pues —dice—, tenéis el buen sentido necesario, rehusaréis
-acudir adonde se os llama, pues del propio modo que antes habéis
-acrecido en gran manera el poder lacedemonio poniéndoos a sus órdenes,
-también ahora, si seguís ciegamente a los tebanos, sin reclamar
-la parte que os corresponda en el mando, hallaréis pronto otros
-lacedemonios en ellos.»</p>
-
-<p>Hinchados de orgullo los arcadios con estos discursos, y apreciando
-a Licomedes, a quien consideran como el único varón esforzado de quien
-deban seguir los consejos, eligen por jefes a cuantos él les propone.
-Los sucesos contribuyen a aumentar aún el alto concepto que de sí
-mismos tenían formado, pues habiendo invadido los argivos el territorio
-de Epidauro, su retirada es cortada por los mercenarios de Cabrias
-con los atenienses y corintios: entonces los arcadios les socorren y
-libran a aquellos argivos sitiados por todas partes, a pesar de tener
-que luchar para ello, no solo con los hombres, sí que también con las
-condiciones topográficas del territorio.</p>
-
-<p>En otra expedición hecha contra Ásine en Laconia, derrotan a la
-guarnición lacedemonia, matan al polemarca espartano Geranor, y saquean
-los extramuros de Ásine<a id="FNanchor_255" href="#Footnote_255"
-class="fnanchor">[255]</a>. Nada les detiene cuando deciden alguna
-expedición; ni la noche, ni el mal tiempo, ni la distancia, ni los
-montes impracticables; de manera<span class="pagenum" id="Page_308">p.
-308</span> que en aquel tiempo se consideraban mucho más poderosos
-que todos. De ahí que los tebanos desconfíen de los arcadios y no se
-hallen ya amigablemente dispuestos a su favor. Por su parte, los eleos
-piden a los arcadios las ciudades de que habían sido despojados por los
-lacedemonios; pero viendo el poco caso que se hace de su petición y en
-cambio las consideraciones que se tienen con los trifilios y con los
-demás estados apartados de ellos y que se llaman arcadios, comienzan
-también a mirar a estos con malos ojos.</p>
-
-<p>Mientras cada uno de los aliados exagera así su importancia,
-llega el abideno Filisco, portador de grandes sumas por parte de
-Ariobarzanes. Reúne primeramente a los tebanos, a sus aliados y a los
-lacedemonios para tratar de la paz. Después de reunidos no comunican
-con el dios sobre la manera como puede hacerse la paz, si no que, por
-el contrario, deliberan únicamente entre sí; pero rehusando los tebanos
-consentir en que se deje Mesenia sujeta a los lacedemonios, recluta
-Filisco gran número de mercenarios a fin de hacer la guerra de consuno
-con los espartanos.</p>
-
-<p>Durante este tiempo, llegan los segundos auxilios mandados por
-Dionisio: los atenienses pretenden debe mandárseles a Tesalia
-contra los tebanos y los lacedemonios a Laconia, parecer que
-prevalece entre los aliados. Cuando la flota de Dionisio llegó a
-Laconia, Arquidamo une a las tropas de Esparta los soldados que la
-formaban y entra inmediatamente en campaña. Apodérase por asalto de
-Carias, donde degüella a todos los prisioneros; al frente de sus
-tropas dirígese inmediatamente contra los<span class="pagenum"
-id="Page_309">p. 309</span> parrasios de Arcadia y saquea su comarca;
-pero a la aproximación de los arcadios y argivos, se retira y acampa
-sobre las colinas que se hallan junto a Midea<a id="FNanchor_256"
-href="#Footnote_256" class="fnanchor">[256]</a>. Hallábase en este
-lugar cuando Císidas, jefe de los socorros mandados por Dionisio,
-declara haber terminado ya el tiempo que se le había prescrito para
-permanecer allí, y marcha para regresar a Esparta; pero apenas se ha
-separado del ejército, es detenido por los mesenios en un desfiladero
-y pide socorros a Arquidamo, quien se dispone a proporcionárselos;
-cuando llega a la encrucijada que conduce a Eutresia, los arcadios y
-argivos avanzan en dirección a Laconia para cortarle la retirada; pero
-Arquidamo baja a una llanura en el cruce de los caminos de Eutresia con
-los de Midea, y allí forma en orden de batalla a sus tropas.</p>
-
-<p>Cuentan que pasando por delante de sus compañías las exhortó en
-estos términos:</p>
-
-<p class="mt1">«Ciudadanos: procuremos que hoy nuestro valor nos
-dé derecho a ir con la cabeza erguida. Entreguemos a nuestros
-descendientes la patria, tal como la hemos recibido de nuestros
-mayores: cesemos de tener que avergonzarnos ante nuestros hijos,
-nuestras mujeres, los ancianos y los mismos extranjeros, que tenían
-antes los ojos fijos en nosotros más que en ningún otro pueblo
-griego.»</p>
-
-<p class="mt1">Terminaba de decir esto, cuando, según se dice, viose
-algún relámpago seguido de truenos, a pesar de que el cielo estaba
-completamente despejado, lo cual se consideró como un feliz presagio;
-llegó también a su conocimiento que junto a su ala derecha se hallaba
-un bosque sagrado y<span class="pagenum" id="Page_310">p. 310</span>
-una imagen de Hércules a quien considera como uno de sus antepasados.
-Todas estas circunstancias inspiran tal ardor y una confianza tal a
-los soldados, que no tienen poco que hacer sus jefes para impedir se
-arrojen sin previo mandato contra los enemigos. De ahí que cuando
-Arquidamo se pone a su cabeza, los enemigos, que se mantienen firmes
-hasta llegar al alcance de las lanzas, son muertos, y los demás se
-declaran en fuga o caen bajo los golpes de la caballería o de los
-celtas. Terminado el combate, Arquidamo levanta un trofeo y manda a
-Esparta al heraldo Demóteles para anunciar la magnitud de la victoria,
-pues los lacedemonios no han tenido una sola baja, mientras los
-enemigos han perecido en gran número. Dícese que al saber esta nueva
-los senadores espartanos y el mismo Agesilao y los éforos, todos
-derraman lágrimas: de tal modo son estas comunes al placer y al dolor.
-Este revés de los arcadios no regocija, sin embargo, menos a los
-tebanos y a los eleos que a los mismos lacedemonios: de tal manera se
-hallaban heridos a causa de su orgullo.</p>
-
-<p>Los tebanos, que pensaban constantemente en la manera cómo podrían
-apoderarse de la hegemonía de Grecia, creen que algún resultado
-práctico alcanzarán para su poder enviando embajadores al rey de
-Persia. Después de haber excitado a sus demás aliados para que se les
-unan con este objeto, bajo el pretexto de que el lacedemonio Euticles
-se hallaba junto al rey, envían como diputados a Pelópidas como tebano,
-al pancratiasta Antíoco como arcadio, y Arquidamo, a quien acompaña
-Argeo, como eleo. Por su parte, los atenienses al saberlo<span
-class="pagenum" id="Page_311">p. 311</span> mandan a Timágoras y a
-León. Una vez llegados a Persia los diputados, Pelópidas es quien
-consigue mayor influjo con el rey, pues era quien podía decirle que
-entre todos los griegos, los tebanos habían sido los únicos que se
-habían batido por el rey en Platea, y que nunca habían peleado contra
-él, mientras los lacedemonios les hacían la guerra únicamente por no
-haber querido acompañar a Agesilao en su expedición contra los persas,
-y por no haberle querido dejar sacrificar en Áulide a Ártemis Diana,
-en aquel mismo lugar donde sacrificó Agamenón antes de emprender su
-expedición a Asia y de apoderarse de Troya. Contribuye asimismo a dar
-a Pelópidas gran crédito junto al rey, la reciente victoria obtenida
-por los tebanos en Leuctra y el haber visto todos las devastaciones que
-han realizado en las comarcas lacedemonias. Dijo asimismo Pelópidas,
-que los argivos y arcadios han sido derrotados por los lacedemonios en
-un combate cuando no se hallaban entre ellos los tebanos. Cuanto dice
-se halla confirmado por el testimonio del ateniense Timágoras, que es
-quien goza de mayor consideración con el rey después de Pelópidas.</p>
-
-<p>Pidiendo el rey a este la clase de edicto que deseaba, manifiesta
-Pelópidas desea se consigne la independencia de Mesenia respecto a los
-lacedemonios y que los atenienses pongan en seco sus naves, añadiendo
-que si rehúsan cumplimentarlo, les sea declarada la guerra, y que si
-una ciudad rehúsa tomar parte en la expedición, deban dirigirse en
-primer término contra ella.</p>
-
-<p>Redactadas y leídas estas condiciones a los diputados, León dice de
-manera que pueda oírlo el rey:<span class="pagenum" id="Page_312">p.
-312</span> «¡Por Zeus, oh atenienses! paréceme es ya tiempo para
-nosotros de acudir buscando otro amigo fuera del rey.» Habiendo el
-secretario repetido al rey las palabras que dijo el ateniense, hace
-aquel añadir al decreto, que si los atenienses saben algo que sea más
-justo, pueden participárselo al rey.</p>
-
-<p>Cuando los diputados han regresado cada cual a su patria, los
-atenienses condenan a muerte a Timágoras, acusado por León de no haber
-querido habitar con él y por haber constantemente obrado de concierto
-con Pelópidas. Respecto a los otros enviados, Arquidamo de Élide
-alaba al rey por haber este manifestado mayor aprecio a los eleos
-que a los arcadios; pero Antíoco, lastimado de que la confederación
-arcadia haya sido tratada con cierto menosprecio, rehúsa los presentes
-y anuncia a los diez mil<a id="FNanchor_257" href="#Footnote_257"
-class="fnanchor">[257]</a> que el rey tiene gran número de panaderos,
-cocineros, coperos y reposteros; pero que a pesar de todas sus
-investigaciones, no ha podido ver hombre alguno capaz de combatir
-contra los griegos. Añade, además, que respecto al gran número de
-riquezas que se le atribuyen, parécele es también una baladronada,
-puesto que aquel plátano de oro tan ensalzado no podría siquiera
-dar sombra a una cigarra<a id="FNanchor_258" href="#Footnote_258"
-class="fnanchor">[258]</a>.</p>
-
-<p>Cuando los tebanos han convocado todos los estados para dar lectura
-a la carta del rey, y cuando el persa portador del decreto, después
-de haber<span class="pagenum" id="Page_313">p. 313</span> mostrado
-el sello del rey, lo verifica, los tebanos invitan a cuantos quieran
-ser amigos del rey y suyos, a que presten juramento de observar sus
-condiciones; pero los diputados de las ciudades objetan que han sido
-enviados únicamente para oír la lectura de aquella carta y no para
-jurar su contenido, para lo cual es preciso manden nuevos mensajeros
-a cada ciudad. Añade, sin embargo, el arcadio Licomedes, que la
-reunión debe tener lugar en el teatro de la guerra y no en Tebas.
-Encolerizándose a consecuencia de esto los tebanos, y diciendo que
-procura destruir la alianza, no quiere ya seguir tomando asiento en el
-consejo, y levantándose sale de Tebas y con él los restantes arcadios.
-No queriendo, pues, prestar juramento los enviados reunidos en Tebas,
-envían los tebanos mensajeros a las distintas ciudades para recibir el
-juramento a los edictos del rey, figurándose que todas las ciudades
-temerán atraerse su enemistad y la del rey. Pero los corintios, que son
-los primeros a quien se dirigen, les manifiestan su oposición y les
-contestan que de nada ha de servirles la alianza del rey, por lo cual,
-muchas otras ciudades siguen su ejemplo y les dan igual contestación.
-Tal es el resultado de las intrigas de Pelópidas y de los tebanos para
-alcanzar el mando.</p>
-
-<p>Epaminondas, por otra parte, queriendo unir a los aqueos a su
-causa, a fin de que los arcadios y los demás aliados concediesen
-mayores consideraciones a Tebas, decide una campaña contra Acaya.
-Persuade, pues, al argivo Pisias, general de los de su población,
-para que se adelante y ocupe militarmente el monte Oneo. Habiendo
-averiguado Pisias que las<span class="pagenum" id="Page_314">p.
-314</span> tropas que le custodiaban bajo el mando de Naucles, jefe
-de los mercenarios lacedemonios, y del ateniense Timómaco, hacían el
-servicio muy negligentemente, se apodera durante la noche, con unos dos
-mil hoplitas, de la colina que está más allá de Céncreas, habiéndose
-aprovisionado primeramente para una semana. Llegan durante este tiempo
-los tebanos franqueando el monte Oneo, y se dirigen, bajo el mando
-de Epaminondas y con todos los aliados, contra Acaya. Habiéndole
-implorado gracia los principales de esta, consigue Epaminondas que no
-sean desterrados los oligarcas, ni se cambie la forma de gobierno,
-y después de haber recibido los aqueos garantías suficientes a su
-promesa de ser aliados de los tebanos y de seguirles donde quiera
-que vayan, regresa a su patria. Siendo acusado, sin embargo, por los
-arcadios y sus enemigos de haber abandonado Acaya, después de haberla
-organizado convenientemente para los lacedemonios, deciden los tebanos
-enviar gobernadores a las ciudades aqueas. Arrojan estos al llegar a
-los oligarcas con ayuda de la plebe y establecen en Acaya el gobierno
-democrático; pero los desterrados se coaligan con prontitud, dirígense
-aisladamente contra cada una de las ciudades, entran en ellas por su
-gran número y las retienen bajo su dependencia. Restablecidos ya, no se
-mantienen neutrales, sino que apoyan vigorosamente a los lacedemonios,
-con lo cual los arcadios se hallan acosados de una parte por los
-lacedemonios y de otra por los aqueos.</p>
-
-<p>En Sición, sin embargo, el gobierno se había conservado según
-las antiguas leyes; pero Eufrón, que bajo la dominación lacedemonia
-era el ciudadano<span class="pagenum" id="Page_315">p. 315</span>
-más poderoso, quiere conservar también su rango bajo el mando de
-sus adversarios, por lo cual dice a los argivos y arcadios que
-es evidente que si los ricos conservan el gobierno de Sición, se
-declarará la ciudad a la primera ocasión en favor de los lacedemonios.
-«Por el contrario —les dice—, debéis considerar que si se establece
-la democracia, la ciudad siempre quedará a su favor. Si, pues, me
-secundáis, yo mismo me encargo de reunir al pueblo, y a la vez os daré
-esta garantía de mi fidelidad y una aliada segura a vuestra ciudad.
-Debéis saber, además, que el motivo de obrar así, es que estoy, como
-vosotros, cansado desde largo tiempo del orgullo lacedemonio, deseando
-escapar de la esclavitud.»</p>
-
-<p>Los arcadios y argivos escúchanle con placer y le secundan en
-sus deseos. Eufrón, entonces, aprovechándose de la presencia de los
-arcadios y argivos, convoca al pueblo en la plaza pública, declarándole
-que desde entonces el gobierno se apoyará en la base de la más perfecta
-igualdad, y después le exhorta a que elija los generales que quiera,
-resultando elegidos el mismo Eufrón, Hipódamo, Cleandro, Acrisio y
-Lisandro. Hecho esto, pone Eufrón al frente de los mercenarios a su
-hijo Adeas después de haber quitado el mando a Lisímenes, que era
-quien antes lo tenía. Luego se asegura el reconocimiento de algunos
-de dichos mercenarios por medio de favores, y toma a sueldo a muchos
-otros sin economizar para esto ni el tesoro público ni los fondos
-generales. Emplea asimismo para sus designios los bienes de cuantos
-destierra por su afecto a Esparta, y con astucia hace dar la muerte,
-o destierra a todos sus colegas, reduciéndolo así todo a su poder
-y convirtiéndose<span class="pagenum" id="Page_316">p. 316</span>
-claramente en un tirano. A fin de obtener el consentimiento de los
-aliados, les prodiga su dinero y sus bienes y les acompaña siempre en
-sus expediciones con los mercenarios.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch7_2">
- <h3 title="CAPÍTULO II.">CAPÍTULO II.<a id="FNanchor_259"
- href="#Footnote_259" class="fnanchor">[259]</a></h3>
-</div>
-
-<p>Así las cosas, los argivos habían ya fortificado contra Fliunte<a
-id="FNanchor_260" href="#Footnote_260" class="fnanchor">[260]</a> el
-fuerte de Tricárano, cerca del templo de Juno, cuando los sicionios
-rodearon también con muros a Tiamia, que se halla en la frontera de
-los fliasios, con lo cual estos se encontraron vivamente acosados y
-privados de víveres, pero no por esto perseveran menos en la fidelidad
-de su alianza. Cuando las grandes ciudades realizan algo glorioso,
-menciónanlo todos los historiadores; mas paréceme a mí que cuando una
-pequeña ciudad se manifiesta como autora de gran número de gloriosas
-acciones, merece aún más que sean estas publicadas.</p>
-
-<p>Habían sido los fliasios amigos de los lacedemonios cuando estos
-se hallaban en la prosperidad; después de sus reveses en la batalla
-de Leuctra, a raíz de la sublevación de gran número de periecos y de
-la de casi todos los hilotas, a pesar de la defección de los aliados
-y cuando los griegos todos les abandonaban,<span class="pagenum"
-id="Page_317">p. 317</span> no solo permanecieron fieles a ellos, sino
-que teniendo por enemigos los pueblos más poderosos del Peloponeso,
-los argivos y los arcadios, vinieron a socorrerles. Designados por la
-suerte para pasar a Prasias<a id="FNanchor_261" href="#Footnote_261"
-class="fnanchor">[261]</a> como último cuerpo de los auxiliares
-(corintios, epidaurios, trecenios, hermioneos, halieos, sicionios y
-peleneos), no solo no les hicieron traición, sino que abandonados por
-su jefe, que a la cabeza de la vanguardia se retiró, sin acobardarse y
-tomando un guía de Prasias por estar los enemigos alrededor de Amiclas,
-consiguieron abrirse paso por entre mil obstáculos y llegar finalmente
-a Esparta, donde los lacedemonios les dieron varias muestras de
-admiración y les enviaron un buey como presente de hospitalidad.</p>
-
-<p>Cuando los enemigos se retiraron de Lacedemonia, irritados los
-argivos por el celo excesivo de los fliasios, invadieron en masa el
-territorio de Fliunte y lo devastaron por completo; pero ellos no
-cedieron tampoco, sino que, por el contrario, en el momento en que los
-enemigos se retiraban después de haber saqueado cuanto a mano habían
-hallado, la caballería fliasia verifica una salida, y poniéndose a
-sus alcances, a pesar de tener en contra toda la de los argivos y
-las compañías se hallen desplegadas junto a su retaguardia, cargan
-sobre ellos en número de sesenta, consiguiendo derrotarlos, y si bien
-dan muerte solo a unos pocos, levantan a la vista de los enemigos un
-trofeo, del mismo modo que si los hubiesen muerto a todos.</p>
-
-<p>En otra ocasión custodiaban los lacedemonios y<span class="pagenum"
-id="Page_318">p. 318</span> sus aliados el monte Oneo, mientras se
-aproximaban los tebanos para atravesarle; pasaban por Nemea los
-arcadios y eleos para reunirse a los tebanos, cuando los desterrados
-de Fliunte les indican que con solo mostrarse pueden apoderarse de
-la ciudad. Concertada la empresa, los desterrados, seguidos de unos
-seiscientos hombres, se colocan durante la noche junto a los muros,
-después de haberse procurado escalas para el asalto, y cuando los
-centinelas de Tricárano señalan la presencia del enemigo, los traidores
-aprovechan los momentos en que la atención toda de la ciudad se dirige
-hacia aquella parte, y dan la señal de subir a los que se hallan
-apostados al pie de los muros. Una vez han conseguido subir, apodéranse
-de las armas abandonadas por los centinelas, persiguen a los guardas
-diurnos, que eran únicamente uno por cada diez, y dan muerte a uno que
-se hallaba durmiendo y a otro que se había refugiado en el Hereo<a
-id="FNanchor_262" href="#Footnote_262" class="fnanchor">[262]</a>.
-Cuando los centinelas fugitivos se arrojan desde lo alto de los muros
-por la parte que mira a la ciudad, se cree, sin ninguna clase de duda,
-que la ciudadela se halla en poder de los enemigos; pero cuando los
-gritos de alarma llegan a la población, acuden los ciudadanos después
-de haberse armado, saliendo entonces los enemigos de la acrópolis
-peleando frente a la puerta que conduce a la ciudad, y allí, viéndose
-rodeados por la incesante multitud, que cada vez más en aumento
-les ataca, tienen que retirarse de nuevo a la acrópolis, donde se
-precipitan con ellos los ciudadanos. Pronto queda desierto el centro
-de la acrópolis,<span class="pagenum" id="Page_319">p. 319</span>
-pero súbense los enemigos a la muralla y a las torres, desde donde
-arrojan sus proyectiles y sus dardos sobre cuantos se hallan dentro de
-su recinto: defiéndense estos desde abajo y combaten a lo largo de las
-rampas y escaleras por las que se sube a la muralla. Una vez dueños los
-ciudadanos de algunas de las torres, avanzan desesperadamente sobre sus
-enemigos, a los que por su audacia acosan y acorralan en un pequeño
-espacio. Al mismo tiempo, los arcadios y argivos rodean la ciudad, y en
-su parte superior principian a minar el muro de la acrópolis.</p>
-
-<p>Los de dentro<a id="FNanchor_263" href="#Footnote_263"
-class="fnanchor">[263]</a>, entonces, mandan proyectiles a diestro y
-a siniestro a los que se hallan sobre los muros, a los que están en
-las escalas procurando escalarlo, y a los que han conseguido subir a
-las torres; habiendo hallado fuego en las tiendas, las incendian, y
-para este objeto sírvense de los haces de heno que encuentran a mano
-por haber sido segado en la misma acrópolis. Arrójanse desde lo alto
-de las torres cuantos en ellas se hallaban, por temor a las llamas,
-los que se encuentran en la muralla perecen bajo los golpes de los
-ciudadanos, y así que principian a ceder desaparecen los enemigos de la
-ciudadela. Verifica también la caballería una salida, al ver lo cual,
-los enemigos se retiran abandonando las escalas y los muertos, así como
-los heridos de gravedad. Sus bajas, contando así los que perecieron
-combatiendo en el interior de la acrópolis cómo los que se arrojaron de
-ella, no bajaron de ochenta hombres. Era de ver entonces los abrazos
-y las felicitaciones que se daban mutuamente cuantos se habían<span
-class="pagenum" id="Page_320">p. 320</span> librado de aquel peligro, y
-a las mujeres darles de beber, derramando al mismo tiempo lágrimas de
-alegría, y era de ver también a todos los presentes llorar y reír a la
-vez.</p>
-
-<p>Al año siguiente, los argivos y todos los arcadios invaden
-nuevamente el territorio de Fliunte: la causa de esas continuas
-luchas consistía en la animadversión que contra los fliasios
-sentían por hallarse situados dentro de sus fronteras y por la
-esperanza que abrigaban siempre de que la falta de víveres les
-obligaría a entregarse. En esta invasión, la caballería y las tropas
-escogidas de los fliasios, reunidas a los caballos atenienses que
-se hallaban en ella casualmente, caen de improviso sobre el enemigo
-mientras atravesaba el río<a id="FNanchor_264" href="#Footnote_264"
-class="fnanchor">[264]</a>, y después de derrotarle, le obligan a
-retirarse a las colinas cercanas durante el resto del día, como si
-temiese pisotear en la llanura las mieses de pueblos amigos.</p>
-
-<p>En otra ocasión, dirígese contra Fliunte otra expedición mandada
-por el gobernador tebano de Sición, al frente de la guarnición de esta
-ciudad y de las tropas de sicionios y peleneos, pues en aquella época
-obedecían ya a los tebanos; Eufrón tomó parte en la expedición con sus
-mercenarios en número de unos dos mil hombres. Bajaron todos hacia
-Tricárano junto al Hereo, con objeto de saquear la campiña, a excepción
-de los sicionios y peleneos, que se hallaban apostados en las alturas
-junto a los desfiladeros que conducen a Corinto, a fin de que no
-pudiesen los fliasios, circunvalándoles, hacer frente a su vanguardia,
-que se hallaba junto al Hereo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_321">p. 321</span>Luego que saben
-los de la ciudad que los enemigos ocupan la llanura, verifican la
-caballería y las tropas escogidas de los fliasios una salida, y
-librando combate, impiden a los enemigos apoderarse de los alrededores:
-pasan en dicho lugar la mayor parte del día en escaramuza, persiguiendo
-Eufrón y sus tropas al enemigo hasta los lugares accesibles a la
-caballería, y los de la ciudad hasta el Hereo. Cuando creen los
-enemigos que ya es tiempo de partir, rodean a Tricárano, pues el foso
-que se halla delante de esta fortaleza les impedía dirigirse en línea
-recta hacia los peleneos. Después de haberles seguido durante algunos
-momentos en su marcha hacia las alturas, los fliasios se inclinan
-hacia uno de sus lados, y pasando por el camino que existe junto a los
-muros, se dirigen a atacar la división pelenea; observando el jefe
-tebano la rápida marcha de los fliasios procura con todas sus fuerzas
-llegar antes que ellos en socorro de los peleneos; pero alcanzándoles
-la caballería fliasia, carga contra ellos, y si bien son rechazados en
-el primer choque, vuelven después a cargar apoyados por la infantería
-que había ya podido juntárseles, y se generaliza el combate. Principian
-a ceder entonces los enemigos y perecen algunos sicionios y muchos
-peleneos, soldados esforzados, y los fliasios elevan un magnífico
-trofeo y cantan un peán, como era natural, mientras los tebanos y
-Eufrón hacen de espectadores como si hubiesen acudido a una función
-teatral. Después se retiran ambos bandos, el uno a Sición y el otro a
-la ciudad.</p>
-
-<p>He aquí asimismo otro bello rasgo de los fliasios. Logran apoderarse
-del peleneo Próxeno, y aunque<span class="pagenum" id="Page_322">p.
-322</span> se hallasen faltos de todo, le sueltan sin rescate
-alguno. ¿Cómo dejar de llamar generosos y valientes a los que así se
-conducen?</p>
-
-<p>Es proverbial, además, su constancia en guardar fidelidad a sus
-amigos; como no recolectaban nada en sus tierras, vivían así de lo que
-tomaban al enemigo, como de lo que compraban en Corinto, a cuyo mercado
-se dirigían a través de mil peligros, procurándose difícilmente fondos
-para sus compras y hallando la misma dificultad para encontrar quien
-les procurase víveres o quien les garantizara las cabezas de ganado que
-les traen. Hallábanse ya en verdadero apuro, cuando consiguieron que
-Cares escoltase un convoy. Después de llegar a Fliunte, persuádenle
-a que se lleve las bocas inútiles a Pelene: allí les deja, compran
-provisiones, preparan tantos animales de carga como pueden, y vuelven a
-marchar durante la noche. No ignoraban que los enemigos les espiaban;
-pero juzgaban menos terrible el combatir, que el no tener que comer.
-Iban en la vanguardia los fliasios con Cares cuando dan con los
-enemigos: excitándose recíprocamente y sin pensarlo un momento, se
-arrojan sobre ellos mientras gritan a Cares que les socorra. Queda para
-ellos la victoria, y limpiando de enemigos el camino, llegan sanos y
-salvos a Fliunte con todo lo que traían. Como habían velado toda la
-noche, duermen hasta una hora avanzada del día. Cuando Cares se ha
-levantado ya, dirígense a él los de la caballería y los más escogidos
-de los hoplitas, diciéndole:</p>
-
-<p>—«Cares, hoy puedes obtener un triunfo de los más notables: los
-sicionios están fortificando una de sus plazas fronterizas, tienen
-gran número de operarios,<span class="pagenum" id="Page_323">p.
-323</span> pero no tienen muchos hoplitas; vamos, pues, a dirigirnos
-contra ellos todos los de a caballo, y los más distinguidos hoplitas;
-si quieres seguirnos con tus mercenarios, acaso cuando vengas hallarás
-el trabajo ya hecho, o podrás decidir, como en Pelene, el resultado de
-la acción. Si te parece cosa demasiado difícil lo que te proponemos,
-ofrece un sacrificio a los dioses para consultarles, pues creemos que
-te exhortarán aún con mayor fuerza que nosotros para que hagas lo que
-te pedimos. Importa también que sepas, oh Cares, que si realizas lo que
-te suplicamos, no solo adquirirás un fuerte contra el enemigo, sino
-que también conservarás una ciudad amiga y adquirirás gran fama en tu
-patria y gran renombre entre los aliados y entre los enemigos.»</p>
-
-<p>Persuadido Cares, ofrece el sacrificio, y la caballería fliasia,
-sin perder un momento, se arma con sus corazas y enjaeza sus caballos,
-mientras los hoplitas realizan los preparativos peculiares a la
-infantería. Después de haberse armado se dirigen adonde se verificaba
-el sacrificio, y les anuncian Cares y el adivino que las víctimas
-son favorables; «pero, aguardad —añaden—, pues vamos a salir todos
-juntos». Se da a toda prisa la señal de marcha y acuden los mercenarios
-inmediatamente, como arrastrados por un ardor divino. Cuando se pone
-en marcha Cares, forma la vanguardia la caballería y la infantería
-de Fliunte; primero marchan con rapidez y después a la carrera, y
-finalmente, la caballería avanza al galope y la infantería a paso de
-carga procurando conservar apretadas sus filas: a todos ellos sigue
-Cares marchando con bastante velocidad. Era poco antes de la puesta del
-sol, mientras los enemigos se<span class="pagenum" id="Page_324">p.
-324</span> hallaban ocupados unos en bañarse, otros en arreglar su
-comida, en la elaboración del pan o en preparar sus camas: todos ellos
-se sobrecogen de terror al ver la impetuosidad del ataque, huyen a la
-desbandada abandonando a los valientes enemigos todas sus provisiones.
-Después de haber cenado los fliasios con estos víveres y con otros
-llegados de Fliunte, haciendo libaciones por la victoria y entonando
-el peán, colocan centinelas y se entregan al descanso. Los corintios,
-a la llegada del mensajero que durante la noche les trae noticia de lo
-ocurrido en Tiamia, muestran amistosa actividad en reunir, por medio de
-pregón, vehículos y animales que cargados de trigo envían a Fliunte.
-Estos convoyes se renuevan cada día mientras dura la construcción del
-fuerte.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch7_3">
- <h3>CAPÍTULO III.</h3>
-</div>
-
-<p>He aquí cuanto quería decir respecto al valor de los fliasios en
-la guerra, de su fidelidad y constancia hacia los aliados aun en sus
-momentos más difíciles. Casi al mismo tiempo<a id="FNanchor_265"
-href="#Footnote_265" class="fnanchor">[265]</a> Eneas de Estínfalo,
-general de los arcadios, cree que no debe soportarse ya más
-tiempo lo que sucede en Sición. Sube con su<span class="pagenum"
-id="Page_325">p. 325</span> ejército a la acrópolis, convoca a los
-notables de la ciudad y envía a buscar a cuantos han sido desterrados
-sin decreto. Temiendo el resultado de estas medidas, Eufrón huye al
-puerto de Sición, y haciendo venir de Corinto a Pasimelo, entrega por
-su mediación a los lacedemonios aquel puerto y entra de nuevo en su
-alianza declarándoles les ha sido siempre fiel. Pretende que cuando se
-puso a votación en la ciudad la proposición que decidió la defección,
-él votó contra ella con pequeño número de senadores, y que después
-había establecido la democracia para vengarse de los que le habían
-hecho traición.</p>
-
-<p>—«Yo soy —añade— la causa del actual destierro de cuantos os han
-abandonado. Si hubiese podido hacerlo, hubiera tomado vuestro partido
-cuando me hallaba dueño de toda la ciudad; pero ya que no puedo más, os
-entrego ahora el puerto de que me he apoderado.»</p>
-
-<p>Muchos fueron los que le oyeron pronunciar estas palabras, pero no
-se ha averiguado aún el número de los que las creyeron. Ya que la he
-principiado, voy a concluir la historia de Eufrón. Aprovechándose de
-las disensiones que tenían lugar en Sición entre los notables y la
-plebe, consigue Eufrón entrar de nuevo en esta ciudad, con ayuda de un
-cuerpo de mercenarios que había alistado en Atenas. Auxiliado por la
-plebe se apodera de la población; pero el gobernador tebano conserva
-en su poder la acrópolis. Comprendiendo entonces que no podría ser
-dueño de Sición mientras los tebanos posean la ciudadela, reúne grandes
-cantidades de dinero y sale a fin de persuadir por este medio a los
-tebanos para que arrojen de la ciudad a los notables y se la entreguen
-nuevamente. Pero habiendo averiguado los<span class="pagenum"
-id="Page_326">p. 326</span> antiguos desterrados su viaje y el objeto
-del mismo, dirígense también a Tebas; y viéndole en intimidad con los
-magistrados, temen se salga con la suya, y algunos, sin hacerse cargo
-del peligro que corren, asesinan a Eufrón en la acrópolis, en el mismo
-instante en que los arcontes y senadores se hallaban en sesión. Los
-arcontes conducen a los autores de aquella muerte ante el senado y se
-expresan en estos términos:</p>
-
-<p class="mt1">«Ciudadanos: reclamamos la pena de muerte contra los
-matadores de Eufrón, considerando que jamás los hombres honrados
-cometen acciones criminales e impías, y que los mismos malvados, al
-llevarlas a cabo, procuran ocultarlas en la sombra; pero estos que
-aquí veis dejan de tal modo atrás a todos los hombres en osadía y en
-maldad, que con pleno conocimiento de causa, y por su sola voluntad,
-han dado muerte a ese hombre en presencia de vuestros magistrados y de
-vosotros mismos, que sois dueños de castigar y de absolver. ¿Quién se
-atreverá, pues, a venir aquí si no reciben estos culpables el último
-castigo? ¿Cuál será la suerte de nuestra ciudad, si está permitido a
-todo el mundo hacerse justicia por sí mismo, sin haber siquiera dado a
-conocer el motivo de su venida? Acusamos, pues, a estos hombres y les
-perseguimos como culpables de la más grande impiedad y del crimen más
-horrendo, como individuos que se han atrevido indignamente contra esta
-ciudad. A vosotros os toca ahora, después de habernos oído, darles el
-castigo que a vuestro juicio merezcan.»</p>
-
-<p class="mt1">Así dijeron los arcontes; en cuanto a los culpables,
-todos niegan haber cometido el crimen, fuera de<span class="pagenum" id="Page_327">p. 327</span>
-uno solo que después de confesarlo se defendió poco
-más o menos en estos términos<a id="FNanchor_266" href="#Footnote_266" class="fnanchor">[266]</a>:</p>
-
-<p class="mt1">«Tebanos: es imposible que se atreva nadie a afrontar
-vuestro poder, puesto que todos sabemos que tenéis la fuerza necesaria
-para tratar como mejor os parezca al que os insulte. ¿Qué sentimiento,
-pues, de confianza ha podido llevarme a dar muerte aquí a este hombre?
-Sabedlo bien: en primer lugar, el de que obraba justamente; y en
-segundo, el de que juzgaréis mi acción del modo que se merece. Sabía,
-en efecto, que no habíais esperado a juzgar a Arquias y a Hípates, a
-quienes habíais hallado culpables del mismo crimen que Eufrón, pues sin
-aguardar a la votación les castigasteis así que pudisteis, convencidos
-de que el mundo entero tendría que condenar a los que no procuraban
-siquiera ocultar su impiedad, sus traiciones y su deseo de ejercer
-la tiranía. Pues bien; ¿no era acaso Eufrón culpable de esos mismos
-crímenes? Después de haber hallado el tesoro sagrado lleno de ofrendas
-de oro y plata, lo dejó completamente vacío. ¿Quién podría haberse
-mostrado más evidentemente traidor que Eufrón, el cual, siendo amigo
-íntimo de los lacedemonios, les ha abandonado por vosotros, y que
-después de haberos dado las garantías más evidentes de fidelidad, os
-ha hecho nuevamente traición por aquellos, después de haber entregado
-el puerto de nuestra ciudad a vuestros enemigos? Y ¿cómo poder negar
-que fuese un tirano quien reducía a la esclavitud no solo a los
-hombres libres, sino a los ciudadanos, quien no<span class="pagenum"
-id="Page_328">p. 328</span> cesaba de matar, desterrar y despojar de
-sus bienes, no a los culpables, sino a cuantos quería, a pesar de ser
-los mejores ciudadanos?</p>
-
-<p>»Reúnese después a los atenienses, vuestros enemigos más tenaces,
-vuelve a entrar en Sición, haciendo armas contra el gobernador que
-vosotros habíais nombrado, y no habiendo podido arrojarle de la
-acrópolis, dirígese aquí después de reunir todo el dinero que puede.
-Bien sé que si hubiese abiertamente levantado tropas contra vosotros,
-tendríais que mostraros agradecidos por haberle dado muerte, pero ¿cómo
-os hallaríais animados por la equidad, al castigarme a muerte por haber
-hecho justicia con un hombre que llegaba con el dinero recogido para
-corromperos y persuadiros a que le restablecieseis como tirano de su
-patria? Y en efecto, aquellos contra quienes se emplea la fuerza de
-las armas, experimentan una desgracia, pero no aparecen nunca como
-criminales, mientras que, por el contrario, los que por dinero se dejan
-corromper, caen en la desgracia y se llenan de infamia.</p>
-
-<p>»Sin embargo, si Eufrón hubiese sido mi enemigo personal o vuestro
-amigo particular, reconozco que no hubiera debido matarle dentro de
-vuestro territorio; pero una vez que os había hecho traición, ¿dejaría
-acaso de ser tan enemigo vuestro como mío? Y ¡por Zeus! se dirá: ha
-venido libremente. ¡Pero qué! Hubiera merecido vuestros elogios el
-que le hubiese muerto lejos de vuestra ciudad, y ahora que volvía
-nuevamente para aumentar el número de las maldades que os ha hecho, ¿ha
-de poder decirse que no ha merecido su suerte? ¿Dónde podréis enseñarme
-entre los griegos tratado alguno que favorezca<span class="pagenum"
-id="Page_329">p. 329</span> a los traidores, a los desertores o a los
-tiranos? Recordad, además, que habéis votado la extradición de los
-desterrados de todos los estados aliados. En cuanto a mí, ciudadanos,
-pretendo que si me condenáis a muerte conseguiréis únicamente vengar
-a vuestro mayor enemigo, pero que si proclamáis la justicia de mi
-conducta, habréis vengado a la vista de todos, vuestras propias
-injurias y las de vuestros aliados.»</p>
-
-<p class="mt1">Los tebanos, después de haber oído esta defensa,
-decretan que Eufrón ha sufrido el castigo que merecía. Sus
-conciudadanos<a id="FNanchor_267" href="#Footnote_267"
-class="fnanchor">[267]</a>, sin embargo, recogen su cuerpo como el de
-un hombre honrado y le dan sepultura en la plaza pública, donde le
-honran como uno de los jefes supremos o fundadores de la población<a
-id="FNanchor_268" href="#Footnote_268" class="fnanchor">[268]</a>. De
-este modo, según parece, la mayor parte de la gente trata como hombres
-honrados a sus bienhechores.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch7_4">
- <h3 title="CAPÍTULO IV.">CAPÍTULO IV.<a id="FNanchor_269"
- href="#Footnote_269" class="fnanchor">[269]</a></h3>
-</div>
-
-<p>He aquí lo que debíamos decir de Eufrón: volvamos ahora a
-nuestro relato. Ocupábanse aún los fliasios en fortificar Tiamia, y
-Cares se hallaba<span class="pagenum" id="Page_330">p. 330</span>
-todavía entre ellos, cuando la ciudad de Oropo<a id="FNanchor_270"
-href="#Footnote_270" class="fnanchor">[270]</a> cae en poder de los
-ciudadanos que habían sido desterrados. Todos los atenienses dirígense
-entonces contra esta plaza y llaman a Cares desde Tiamia, con lo cual
-este puerto de los sicionios vuelve a caer en poder de estos y de
-los arcadios; y en cuanto a los atenienses, como no están auxiliados
-por ninguno de sus aliados, tienen que dejar a Oropo en poder de los
-tebanos hasta que puedan hacer valer sus derechos<a id="FNanchor_271"
-href="#Footnote_271" class="fnanchor">[271]</a>.</p>
-
-<p>Comprendiendo Licomedes<a id="FNanchor_272" href="#Footnote_272"
-class="fnanchor">[272]</a> que los atenienses se hallan quejosos
-de sus aliados, que les ocasionan grandes contratiempos sin que a
-su vez les presten el más mínimo apoyo, persuade a los diez mil<a
-id="FNanchor_273" href="#Footnote_273" class="fnanchor">[273]</a>
-para que negocien con ellos una alianza. En los primeros momentos
-hay algunos atenienses que ven con malos ojos que Atenas, amiga de
-Lacedemonia, se alíe con sus adversarios; pero reflexionando más tarde
-que son las ventajas tan grandes para los lacedemonios como para los
-atenienses, por aislar de los tebanos a los arcadios, aceptan la
-alianza de<span class="pagenum" id="Page_331">p. 331</span> estos.
-Licomedes, encargado de estas negociaciones, muere al regresar de
-Atenas por un azar del destino, pues escogiendo de entre el gran número
-de buques de transporte el que más le place, bajo condición de que él
-mismo fijaría el lugar del desembarco, elige casualmente el sitio donde
-se encuentran los desterrados. Así es como perece; pero la alianza no
-por esto deja de ratificarse.</p>
-
-<p>Democión manifiesta en la asamblea popular de Atenas que la
-alianza con los arcadios, si bien es verdad que parece ser una feliz
-negociación, no obsta, sin embargo, para mandar a los generales órdenes
-terminantes a fin de conserven Corinto a la dominación ateniense. A
-esta nueva envían los corintios con todo apresuramiento suficientes
-guarniciones de tropas propias, a todos las plazas donde han puesto los
-atenienses guarnición, y dicen a estos últimos que pueden retirarse,
-pues no tienen ya necesidad de sus tropas. Obedecen los atenienses, y
-cuando las tropas de estos que custodiaban las fortalezas se hallan
-reunidas en la ciudad, hacen pregonar los corintios que todo ateniense
-que tenga que reclamar de alguna injusticia por ellos causada, no tiene
-más que anunciarse y se le hará justicia. Durante este tiempo llega
-Cares con la flota delante de Céncreas: cuando averigua lo que ocurre,
-manifiesta que ha venido a socorrer a la ciudad, sabiendo que se
-hallaba amenazada; pero los corintios le agradecen su cuidado, sin que
-por eso abran el puerto a sus naves; le suplican que se vaya y despiden
-también a los hoplitas después de haberles hecho justicia. De este modo
-evacuaron los atenienses a Corinto; en virtud de la alianza, debían,
-sin embargo, poner<span class="pagenum" id="Page_332">p. 332</span> su
-caballería a disposición de los arcadios, cuando se hallasen amenazados
-de una invasión, pero no llevar la guerra a Laconia.</p>
-
-<p>Los corintios, considerando que tienen pocas probabilidades de
-éxito, sobre todo después de haberse atraído la malevolencia de los
-atenienses y habiendo anteriormente sido vencidos, deciden formar un
-cuerpo mercenario de infantería y otro de caballería, que emplean
-en defender la ciudad y en llevar la devastación a los enemigos más
-cercanos. Sin embargo, envían a Tebas una diputación para saber si
-podrían fácilmente alcanzar la paz, y obtenida la venia de los tebanos,
-que se la garantizan, suplícanles los corintios les permitan dirigirse
-a los demás aliados a fin de hacer la paz con los que quieran hacerla
-y continuar en guerra únicamente con los que la prefieran. Siéndoles
-igualmente concedida por los tebanos esta petición, los corintios se
-dirigen a Lacedemonia, donde se expresan de esta manera:</p>
-
-<p class="mt1">«Lacedemonios: venimos a vosotros como amigos y
-reclamamos de vuestra parte nos descubráis, si las veis, las
-probabilidades de salvación que tenemos perseverando en la guerra, pero
-que si reconocéis las pocas esperanzas de nuestra situación, hagáis
-con nosotros la paz, si eso entra igualmente en vuestras intenciones,
-pues con nadie preferimos participar nuestra prosperidad más que con
-vosotros. Sin embargo, si la reflexión os convence de que está en
-vuestro interés el hacer la guerra, os suplicamos nos concedáis la
-paz, pues si conservamos nuestra ciudad, algún día acaso podamos seros
-de alguna utilidad; pero si perecemos ahora, es completamente<span
-class="pagenum" id="Page_333">p. 333</span> evidente que jamás podremos
-acudir en vuestro auxilio.»</p>
-
-<p class="mt1">Oyendo esto los lacedemonios, aconsejan a los corintios
-que hagan la paz, y al mismo tiempo permiten también a todos los
-aliados que la hagan si no quieren guerrear concertadamente con
-ellos. Declaran al mismo tiempo que continuarán la guerra y se
-someterán a los designios providenciales, pero que jamás consentirán
-en dejarse tomar Mesenia<a id="FNanchor_274" href="#Footnote_274"
-class="fnanchor">[274]</a>, que habían recibido de sus mayores. Los
-corintios, obtenida esta declaración, se dirigen a Tebas para negociar
-la paz: pretenden los tebanos que les juren también alianza, a lo cual
-contestan los diputados que la alianza no es una paz, sino un cambio en
-el lugar de la guerra, y añaden que, si quieren, de ellos solos depende
-el establecer una paz completamente informada por los principios de la
-justicia. Llenos de admiración los tebanos por esos hombres, que aunque
-en peligro rehúsan enemistarse con sus bienhechores, les conceden la
-paz, del mismo modo que a los fliasios y demás estados que con ellos
-han venido a Tebas, y aseguran por medio de juramento la posesión de su
-territorio a cada cual.</p>
-
-<p>Según la convención, los fliasios evacúan inmediatamente Tiamia;
-pero los fliasios que habían jurado la paz bajo estas mismas
-condiciones, viendo que no pueden conseguir que los desterrados
-fliasios habiten en Tricárano, dentro del mismo territorio de Fliunte,
-se apoderan de aquella plaza y establecen en ella una guarnición
-después de dar el nombre de propiedad a un territorio que poco antes
-habían devastado<span class="pagenum" id="Page_334">p. 334</span> como
-enemigos, y sin querer hacer justicia a los fliasios.</p>
-
-<p>En esa misma época, poco después de haber muerto Dionisio el
-antiguo, envió su hijo a los lacedemonios doce trirremes bajo
-el mando de Timócrates. Después de haber llegado, ayúdanle a
-apoderarse de Selasia<a id="FNanchor_275" href="#Footnote_275"
-class="fnanchor">[275]</a>, y después de este hecho de armas vuelven a
-hacerse a la vela para Siracusa.</p>
-
-<p>Algún tiempo después apodéranse los eleos de Lasión, que les había
-antiguamente pertenecido, pero que dependía ahora de la confederación
-de los arcadios. Estos no permanecen indiferentes a la ofensa, pues
-reúnen inmediatamente sus tropas y se dirigen contra ellos; los eleos
-ponen en pie de guerra sus cuatrocientos, y además otros trescientos
-hombres. Durante la noche, los arcadios, que habían estado durante el
-día acampados frente a frente a los eleos en un terreno llano e igual,
-por la noche se apoderan de unas alturas que dominaban a sus contrarios
-y se arrojan sobre ellos al apuntar el día. Viendo los eleos bajar de
-las alturas, y en tan gran número, a los enemigos, se avergüenzan de
-tener que retirarse hallándose aún a tan larga distancia, y viniendo a
-las manos, se declaran en fuga a los primeros embates, perdiendo muchos
-hombres y gran número de armas en su retirada por caminos difíciles de
-atravesar.</p>
-
-<p>Después de esta victoria, los arcadios marchan contra las ciudades
-de los acroreos. Apodéranse de<span class="pagenum" id="Page_335">p.
-335</span> todas ellas, a excepción de Tresto, y llegan a Olimpia,
-donde, después de haber rodeado el Cronión<a id="FNanchor_276"
-href="#Footnote_276" class="fnanchor">[276]</a> con una empalizada,
-establecen en él una guarnición y se apoderan del monte Olímpico y
-de Margana, que les es entregada. Esta serie de reveses entrega a
-los eleos a la desesperación más completa; pero los arcadios marchan
-contra su ciudad y llegan a penetrar hasta la plaza pública, donde,
-sin embargo, la caballería elea y los demás ciudadanos les hacen
-cara, les arrojan de la ciudad y después de matarles algunos hombres
-levantan un trofeo. Anteriormente habían tenido lugar en Élide ciertas
-disensiones públicas. El partido de Cáropo, Trasónidas y Argeo tendía
-a la democracia mientras que la facción de Estalquias, Hipias y
-Estrátola deseaban la oligarquía; como los arcadios, al frente de
-considerables fuerzas, pasaban por los aliados del partido que quería
-la democracia, Cáropo y los suyos se hacen más audaces, y concertándose
-con los arcadios para que le ayuden, se apoderan de la acrópolis;
-pero la caballería elea y los trescientos, sin perder un momento, se
-arrojan a la ciudadela y les echan de allí, después de lo cual Argeo,
-Cáropo y cerca de cuatrocientos ciudadanos son desterrados. Consiguen
-estos apoderarse poco tiempo después de Pilos<a id="FNanchor_277"
-href="#Footnote_277" class="fnanchor">[277]</a> con ayuda de algunos
-arcadios; y muchos del partido popular abandonan entonces su ciudad
-natal, yendo a juntarse a los desterrados que se ven en posesión de
-una hermosa plaza fuerte y sostenidos por considerables fuerzas de
-arcadios.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_336">p. 336</span>Más tarde, invaden
-estos igualmente el territorio eleo después de haberles asegurado los
-desterrados que la ciudad se les rendiría. Sin embargo, los aqueos,
-que se hallaban nuevamente en amistad con los eleos, defienden la
-población de manera que tienen que retirarse los arcadios sin haber
-hecho más que devastar el país; pero apenas salen, noticiosos de que
-los peleneos se hallan en Élide, verificando durante la noche una
-larga marcha, se apoderan de Oluro, ciudad de los peleneos, que desde
-largo tiempo permanecían aliados a los lacedemonios. Así que saben
-aquellos la toma de Oluro<a id="FNanchor_278" href="#Footnote_278"
-class="fnanchor">[278]</a>, verifican una contramarcha y se dirigen a
-Pelene, su patria, y desde entonces, a pesar de su pequeño número, se
-hallan constantemente en guerra con los arcadios establecidos en Oluro
-y con el partido popular, sin tener un punto de reposo hasta haber
-rescatado esa población.</p>
-
-<p>Los arcadios, por el contrario, verifican una nueva expedición
-contra los eleos. Mientras acampan entre Élide y Cilene, asáltanles
-los eleos; pero los arcadios se defienden con valor y los rechazan;
-Andrómaco, jefe de la caballería elea, a quien se acusa de haber
-promovido este ataque, se da la muerte, y el resto de los vencidos
-se refugian en la ciudad. En el mismo combate pereció el espartano
-Soclides, quien había tomado parte en él en virtud de la alianza que
-ya se había establecido entre los espartanos y los eleos; estos, en
-efecto, viéndose acosados por sus enemigos en su propio territorio,
-envían a Lacedemonia una comisión que reclame su auxilio<span
-class="pagenum" id="Page_337">p. 337</span> y les exhorte a que
-realicen una expedición en el territorio arcadio, pues consideraban
-el mejor medio para librarse de sus enemigos, el atacarles por
-ambas partes. Arquidamo parte, pues, con un ejército de ciudadanos
-y se apodera de Cromno<a id="FNanchor_279" href="#Footnote_279"
-class="fnanchor">[279]</a>, donde deja en guarnición a tres de las doce
-cohortes que llevaba, y regresa a su país. Hallándose, sin embargo,
-los arcadios reunidos todos a su regreso de la expedición a Élide,
-llegan a Cromno y la rodean con dos filas de empalizadas, con lo
-cual, hallándose en seguridad, asedian a la guarnición; pero Esparta,
-indignándose al saber se hallan sitiados sus ciudadanos, envía un
-ejército, también al mando de Arquidamo, que a su llegada hace cuantos
-destrozos puede en Arcadia y Escirítide y procura con todas sus fuerzas
-hacer levantar el sitio; pero los arcadios no se mueven y nada les
-importa cuanto hace.</p>
-
-<p>Había notado Arquidamo una colina por el centro de la cual pasaba el
-atrincheramiento exterior de los arcadios; cree que podrá apoderarse
-de ella y que una vez en su dominio será imposible a los enemigos
-sostener su posición. Mientras hacía dar un rodeo a sus tropas para
-llegar a aquel lugar, los peltastas y su vanguardia, viendo fuera de
-las trincheras a los eparitas<a id="FNanchor_280" href="#Footnote_280"
-class="fnanchor">[280]</a>, caen sobre ellos al propio tiempo que la
-caballería procura cargarles. No ceden los eparitas, sino que<span
-class="pagenum" id="Page_338">p. 338</span> se conservan inmóviles en
-correcta formación; vuelven los enemigos a la carga, pero aquellos, en
-vez de ceder en este segundo ataque, llegan a avanzar algún terreno.
-El tumulto era ya muy grande, cuando llega Arquidamo, que había dado
-la vuelta por la carretera que conduce a Cromno y guiaba sus tropas,
-que iban de dos en dos, tal como se hallaban al recibir la orden de
-marcha. Los dos ejércitos se aproximan, el de Arquidamo en larga fila
-a causa del camino que había seguido y los arcadios formando un tupido
-cuerpo de escudos; los lacedemonios no pueden resistir al empuje de los
-arcadios y pronto Arquidamo es herido en el muslo, que le atraviesan
-con una lanza, sucumbiendo junto a él Poliénidas y Quilón, que se había
-casado con la hermana de Arquidamo, elevándose a más de treinta el
-número de los que allí perecen.</p>
-
-<p>Emprenden, pues, los lacedemonios su retirada por el mismo camino
-por el que habían venido, y así que salen a más ancho terreno, se
-despliegan y hacen cara al enemigo; pero los arcadios conservan su
-misma formación, y aunque inferiores en número, hállanse animados del
-mismo entusiasmo, puesto que persiguen tropas que se baten en retirada
-y a las que han ocasionado gran número de bajas. En cuanto a los
-lacedemonios, habían perdido todo su valor al ver herido a Arquidamo
-y al saber los nombres de los que han muerto, quienes formaban todos
-entre los más valientes y más ilustres ciudadanos. Al hallarse los dos
-ejércitos uno junto a otro, grita uno de los más ancianos:</p>
-
-<p>—«Soldados: ¿quién nos obliga a combatir, y por qué no podemos pedir
-una tregua y hacer cesar la<span class="pagenum" id="Page_339">p.
-339</span> guerra?»</p>
-
-<p>Los dos bandos acogen con placer estas palabras y se hace la tregua:
-retíranse los lacedemonios después de haber recogido sus muertos, y los
-arcadios levantan un trofeo en el lugar en que habían comenzado a dar
-las primeras cargas.</p>
-
-<p>Mientras los arcadios se hallan ocupados en Cromno, los eleos
-dirígense primeramente contra Pilos y se encuentran con los
-pilios que habían sido rechazados de Tálamas<a id="FNanchor_281"
-href="#Footnote_281" class="fnanchor">[281]</a>. Al verles, la
-caballería elea carga sobre ellos matándoles mucha gente, y los
-restantes se refugian en una eminencia; pero al llegar la infantería
-los derrota por completo, matando a unos y haciendo prisioneros a los
-otros en número de unos doscientos: todos los mercenarios son vendidos
-y los desterrados degollados. Después de esto subyugan a los pilios,
-que no recibían ya auxilios de nadie, se apoderan de su ciudad y
-recobran Marganea.</p>
-
-<p>Algún tiempo después, sin embargo, habiéndose los lacedemonios
-durante la noche aproximado a Cromno, apodéranse de la trinchera y
-llaman a los argivos y lacedemonios sitiados. Cuantos se hallaban
-cerca y supieron aprovecharse de esta ocasión, consiguieron escaparse;
-pero los que dieron tiempo a los arcadios para que acudiesen en gran
-número, fueron encerrados en el interior de la ciudad y después presos
-y distribuidos entre los vencedores. Una parte de ellos tocó a los
-argivos, otra a los tebanos, otra a los arcadios y otra a los mesenios;
-el número de espartanos y periecos hechos prisioneros elevose a más de
-ciento.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_340">p. 340</span>Los arcadios,
-no teniendo ya que ocuparse de Cromno, vuelven a dirigirse contra
-los eleos, refuerzan la guarnición de Olimpia, y cuando se acerca
-el año olímpico prepáranse para celebrar los juegos en compañía de
-los pisatas, que pretenden haber sido los primeros que tuvieron en
-otro tiempo el cuidado del templo. Ya en el mes<a id="FNanchor_282"
-href="#Footnote_282" class="fnanchor">[282]</a> en que se celebran los
-juegos olímpicos, y durante los días en que se reúne la Panegiria,
-los eleos hacen sus preparativos abiertamente, llaman a los aqueos y
-toman el camino de Olimpia. Nunca se hubieran figurado los arcadios que
-vinieran los eleos a atacarles, y lejos de este pensamiento, hallábanse
-organizando las fiestas con los pisatas y habían terminado ya las
-carreras de caballos y el pentatlón; pero cuando llegó el turno de la
-lucha, no tuvo esta lugar en el estadio sino entre este y el altar,
-pues los eleos en armas ya estaban junto al recinto sagrado. Sin ir más
-lejos a su encuentro, los arcadios despliegan sus fuerzas a orillas del
-Cládeo, riachuelo que corre a lo largo del Altis<a id="FNanchor_283"
-href="#Footnote_283" class="fnanchor">[283]</a> y que desemboca en
-el Alfeo: tenían como aliados unos dos mil hoplitas argivos y unos
-cuatrocientos caballos atenienses.</p>
-
-<p>Los eleos, que se habían formado en batalla al otro lado del
-riachuelo, inmolan las víctimas y avanzan inmediatamente contra
-los enemigos. Hasta esta época habían sido considerados siempre
-como guerreros de segundo orden por los arcadios y argivos,<span
-class="pagenum" id="Page_341">p. 341</span> así como por los aqueos y
-atenienses, pero aquel día fueron considerados como los más valientes
-de entre todos los aliados. Ponen en fuga a los arcadios, contra los
-cuales primero se dirigen, y hacen lo mismo, después de rechazarlos
-valientemente, con los argivos. Persiguen los eleos a los fugitivos
-hasta el espacio situado entre el senado, el templo de Vesta y el
-teatro, que se halla junto a aquel edificio: allí combaten con igual
-denuedo y rechazan al enemigo hasta el altar, pero alcanzados por los
-proyectiles que se les arrojan desde lo alto de los pórticos de la sala
-del consejo y del gran templo, mientras que ellos combaten en un suelo
-completamente llano, pierden a muchos de sus soldados, y entre otros al
-mismo Estrátola, jefe de los trescientos.</p>
-
-<p>Después de esta acción se retiran a su campamento, pero los
-arcadios y sus aliados quedan atemorizados de tal modo, en previsión
-de lo que ocurrirá al día siguiente, que no se dan punto de reposo
-durante toda la noche, derribando las tiendas elevadas a gran coste,
-y fortificándose con trincheras. Al otro día, cuando se aproximan los
-eleos y ven una fuerte empalizada y gran número de individuos subidos
-a los templos, se retiran a su ciudad, pues el valor que habían
-desplegado el día anterior había sido tal que solo un dios podía
-haberlo inspirado y hacerle aparecer en un solo día, pues no está en
-el poder de los hombres, aun en un largo espacio de tiempo, volver
-valientes a los que se hallan privados de valor.</p>
-
-<p>Habiendo los arcontes arcadios hecho uso de los fondos sagrados para
-el sostenimiento de los eparitas, los mantineos prohíben por un decreto
-hacer<span class="pagenum" id="Page_342">p. 342</span> uso de los
-fondos sagrados, y recogida en su ciudad la parte que les toca pagar
-para los eparitas, la envían a los arcontes. Pretenden entonces los
-jefes arcadios que los arcontes mantineos atentan a la confederación
-arcadia, y les citan ante los diez mil; pero no compareciendo, se
-pronuncia sentencia y mandan a los eparitas que conduzcan a los
-condenados. Cierran los mantineos sus puertas y no les admiten dentro
-de sus muros: al mismo tiempo levántanse otras voces entre los diez
-mil, diciendo que no debe gastarse el dinero sagrado y legar a sus
-descendientes este crimen contra los dioses, por lo cual, así que se ha
-decretado en la asamblea común que no se pueden tocar aquellos fondos,
-los eparitas que no pueden servir sin sueldo se retiran, mientras por
-el contrario, los que poseen medios abundantes, se exhortan mutuamente
-y ocupan el lugar de los que se han marchado, a fin de no hallarse más
-bajo su dependencia y tenerles, por el contrario, bajo la suya.</p>
-
-<p>Los jefes arcadios, que habían gastado el dinero sagrado, conociendo
-que pronto se les obligará a dar cuenta de él, y con el temor de ser
-ahorcados, hacen decir a los tebanos que si no se ponen en marcha
-inmediatamente, corren peligro de ver nuevamente amigos de los
-lacedemonios a los arcadios, por lo cual, los tebanos se preparan
-para ponerse en camino; pero cuantos sinceramente se preocupan de los
-verdaderos intereses del Peloponeso, persuaden a la asamblea arcadia
-para que mande embajadores a los tebanos, que les digan no vayan en
-armas a Arcadia entretanto no se les llame, y mientras hacen decirles
-esto, reflexionan que de nada ha de servirles<span class="pagenum"
-id="Page_343">p. 343</span> la guerra y que, en efecto, ninguna
-necesidad tienen de correr con el cuidado del templo de Júpiter, y que,
-por el contrario, al renunciar a él realizarán una acción más justa y
-piadosa y se harán más agradables a la divinidad. Como los eleos no
-tenían ninguna otra pretensión, ambos partidos se deciden por la paz y
-firman el tratado.</p>
-
-<p>Jurado este por todas las ciudades, del propio modo que por los
-tegeatas y por su mismo gobernador tebano, quien se hallaba en Tegea
-con trescientos hoplitas beocios, todos los arcadios permanecen en
-dicha población, entregándose a la alegría y a las fiestas y júbilo
-con libaciones y cantos en honor de la paz. Pero el tebano y los
-arcontes que temían la rendición de cuentas, uniéndose a los beocios y
-a los eparitas, que hacían causa común con ellos, cierran las puertas
-de Tegea y hacen prender a los primeros ciudadanos en medio de los
-banquetes. Como se encontraban allí arcadios de todas las ciudades,
-pues todos deseaban la paz, el número de los que prendieron fue muy
-considerable: pronto queda llena la cárcel y aun la casa del consejo.
-Siendo muchos los presos, algunos saltaron desde lo alto de los muros,
-y aun permitiose a otros evadirse por las puertas, pues solo se estaba
-quejoso de los que eran considerados como causantes de su perdición;
-y lo que enoja más al tebano y a sus cómplices, es que solo tienen en
-su poder un pequeño número de mantineos, cuando casualmente contra
-ellos era contra quienes se tenía una enemiga mayor; pero gracias a la
-proximidad de su población, casi todos habían podido escapar.</p>
-
-<p>Cuando viene el día y saben los mantineos lo<span class="pagenum"
-id="Page_344">p. 344</span> que ha ocurrido, recomiendan inmediatamente
-a todas las ciudades de Arcadia se pongan a la defensiva y vigilen
-sus murallas: hacen ellos lo mismo y envían al mismo tiempo a Tegea
-pidiendo la libertad de todos los mantineos que se hallan detenidos,
-exigiendo al mismo tiempo que ninguno de los otros arcadios sea
-encarcelado o condenado a muerte sin someterle previamente a juicio,
-ofreciendo la garantía de la ciudad de Mantinea para el caso de que
-contra ellos hubiese motivo de acusación y prometiendo llevar ante la
-asamblea arcadia a cuantos sean citados ante ella. El tebano no sabe
-qué resolver ante esta embajada y da libertad a todos. Al día siguiente
-reúne a cuantos arcadios quieren acudir a su llamamiento, y procura
-justificarse con ellos, asegurando ha sido engañado y pretendiendo,
-en efecto, haber sabido que los lacedemonios se hallaban en armas en
-las fronteras y que algunos arcadios querían entregarles la ciudad
-de Tegea. Después de oírle, le dejan libre, a pesar de saber bien
-que había mentido en cuanto les había dicho, pero envían diputados a
-Tebas para acusarle y para pedir se le condene a muerte. Cuéntase, sin
-embargo, que Epaminondas, entonces uno de los generales en mando, dijo
-que se había tenido más razón al detener a aquellos hombres que al
-devolverles la libertad.</p>
-
-<p>—«Pues —dijo—, ¿cómo no os acusaríamos de traición con justicia
-después que nos habéis hecho la guerra y sin nuestro consentimiento
-ajustáis la paz? En cuanto a nosotros, sabed, añadió, que marcharemos
-a Arcadia, y allí haremos la guerra concertadamente con aquellos que
-pertenecen aún a nuestro partido.»</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch7_5">
- <p><span class="pagenum" id="Page_345">p. 345</span></p>
- <h3>CAPÍTULO V.</h3>
-</div>
-
-<p>Habiendo sido llevada esta contestación a la asamblea arcadia y a
-las diferentes ciudades, los mantineos y cuantos arcadios se interesan
-por el Peloponeso, del mismo modo que los eleos y aqueos, se convencen
-desde entonces de que los tebanos no ocultan ya su deseo de ver al
-Peloponeso lo más débil posible para subyugarlo después con mayor
-facilidad.</p>
-
-<p>—«¿Por qué, en efecto, dicen, quieren que estemos siempre en guerra,
-si no es para que nos hagamos todo el mal que podamos unos a otros
-y para que los dos partidos beligerantes tengan ambos necesidad de
-sus auxilios? ¿Por qué contestan que se hallan dispuestos a marchar
-cuando les decimos que por el momento no tenemos necesidad de ellos?
-¿No es evidente que si preparan esta expedición es para hacernos algún
-daño?»</p>
-
-<p>Envían igualmente a Atenas en demanda de socorro y dirígese también
-a Lacedemonia una comisión de eparitas, encargada de exhortar a los
-lacedemonios para rechazar todos juntos a cuantos quisieran subyugar
-el Peloponeso. En cuanto a la hegemonía, convínose desde entonces en
-que cada pueblo ejercería en su territorio el mando supremo. Durante
-estas negociaciones, Epaminondas había salido<a id="FNanchor_284"
-href="#Footnote_284" class="fnanchor">[284]</a> en expedición con todos
-los beocios y con<span class="pagenum" id="Page_346">p. 346</span>
-gran número de eubeos y tesalios, enviados unos por Alejandro<a
-id="FNanchor_285" href="#Footnote_285" class="fnanchor">[285]</a> y
-otros por los adversarios de este tirano. Los focidios no van con él,
-sin embargo, alegando los tratados, que, según dicen, les obligan a
-socorrer a Tebas cuando se halle atacada, pero no a formar parte de
-ninguna expedición contra otros estados. Epaminondas no duda de que,
-una vez en el Peloponeso, se le juntarán los argivos y mesenios, del
-propio modo que los arcadios que permanecen en su amistad y que eran
-los tegeatas, megalopolitas, aseatas, palantieos y todas aquellas
-ciudades a las que su pequeñez y su situación, en medio de dichos
-estados, no les dejaban otro remedio.</p>
-
-<p>Parte Epaminondas a toda prisa, y llegado a Nemea, permanece allí
-con la esperanza de sorprender a los atenienses a su paso, contando
-que sería un gran motivo de animar a sus tropas y aliados y desanimar
-a sus adversarios, pues, para decirlo en una palabra, creía que todo
-revés para los atenienses era una ventaja para los tebanos. Durante
-esta detención reúnense los estados confederados en Mantinea, y cuando
-Epaminondas sabe que han renunciado los atenienses a pasar por tierra
-y se preparan a enviar por mar, y a través de Laconia, sus refuerzos a
-los arcadios, sale de Nemea y llega a Tegea. No puedo decir que este
-hombre haya sido afortunado en la época de su mando, pero creo que nada
-dejó que desear de cuanto es obra de la prudencia y de la audacia.
-En primer lugar, debo alabarle por haber instalado su campamento
-dentro<span class="pagenum" id="Page_347">p. 347</span> de los muros
-de Tegea, pues esto le daba una posición más segura que si acampaba al
-aire libre, le permitía al mismo tiempo ocultar mejor sus designios
-al enemigo y proveerse más fácilmente en la ciudad de cuanto podía
-necesitar. Podía también además ver a los enemigos acampados fuera y
-juzgar de la bondad de todos sus actos, así como, a pesar de creerse
-más fuerte que el enemigo, podía dejar de atacarle si creía que tenía
-este ventajas por las condiciones del terreno.</p>
-
-<p>Viendo, sin embargo, que ninguna ciudad se declara a su favor,
-y juzgando que pasa el tiempo, se determina a obrar, pues de lo
-contrario, cuanto mayor ha sido su gloria anterior, mayor será su
-consiguiente deshonra. Habiendo, pues, sabido que los enemigos se han
-fortificado en los alrededores de Mantinea y han venido a buscar a
-Agesilao y a todos los lacedemonios, quienes, según le refieren, se
-hallan ya en camino y han llegado a Pelene, hace cenar a sus tropas,
-y dando la orden de marcha, se dirige directamente a Esparta. Si
-un cretense, por inspiración divina no hubiera venido a anunciar a
-Agesilao la aproximación del ejército enemigo, la ciudad entera hubiera
-caído en poder de Epaminondas, que la hubiese hallado como un nido
-y completamente desguarnecida; pero Agesilao, informado a tiempo de
-este golpe de mano, llega antes que él a la ciudad, y los espartanos
-se reparten los distintos puntos de peligro, a pesar de hallarse en
-pequeño número, pues su caballería estaba en Arcadia, del mismo modo
-que los mercenarios y tres de las doce cohortes.</p>
-
-<p>Cuando Epaminondas llega a los alrededores de<span class="pagenum"
-id="Page_348">p. 348</span> Esparta, evita entrar en lugares en que
-las tropas tengan que pelear a descubierto y ofreciendo blanco a los
-proyectiles que se les arrojarán desde las casas y en situación en que
-el mayor número no pueda dar ninguna superioridad; pero apoderándose
-de una posición que cree ventajosa, en lugar de atacar subiendo,
-dirígese contra la ciudad partiendo de una altura. En cuanto a lo que
-después sucedió, puede verse en ello la intervención de un dios; pero
-puede decirse también con razón que nadie puede resistir a los que se
-hallan en estado de completa desesperación; en efecto, cuando llega
-Arquidamo con menos de cien hombres después de una marcha que se reputa
-muy difícil, dirígese en línea recta hacia los enemigos, y he aquí que
-estas tropas que se hallaban arrojando fuego, que estos vencedores
-de los lacedemonios superiores en número y en posiciones ventajosas,
-no resisten el choque de Arquidamo, y ceden, pereciendo las primeras
-filas de los de Epaminondas; pero como los de Esparta, orgullosos por
-su victoria, continuaran la persecución más lejos de lo que debían,
-reciben a su vez el justo castigo, pues sin duda estaba escrito por
-una mano divina hasta qué límite les estaba concedida la victoria.
-Arquidamo levanta, pues, un trofeo y devuelve, bajo la fe de una
-tregua, a los enemigos los cuerpos de los que allí han muerto.</p>
-
-<p>Epaminondas, por su parte, previendo que los arcadios vendrán en
-auxilio de los lacedemonios, no quiere tener que combatir con todos los
-lacedemonios reunidos con ellos, sobre todo después de haber alcanzado
-los enemigos una ventaja y sufrido sus tropas un revés, por lo cual se
-dirige a toda<span class="pagenum" id="Page_349">p. 349</span> prisa a
-Tegea, donde deja descansar a sus hoplitas, aunque mande su caballería
-a Mantinea, exhortándoles a no dejarse abatir y manifestándoles que a
-causa de la estación probablemente encontrarán fuera de los muros de
-Mantinea a todos sus rebaños y a todos sus habitantes. Partió, pues,
-la caballería tebana, pero saliendo la ateniense de Eleusis, había
-cenado en el Istmo, y después de atravesar Cleonas, había llegado
-al territorio mantineo acantonándose dentro de los muros. Cuando se
-sabe en Mantinea que se aproximan los enemigos, ruegan los habitantes
-de dicha población a los atenienses que les socorran con todas sus
-fuerzas; muéstranles en los campos sus rebaños, sus obreros y gran
-número de ancianos y niños de libre condición, y los atenienses al
-oírles, se ponen en campaña a pesar de hallarse en ayunas ellos y
-sus caballos. ¿Quién no admirará el valor que desplegaron en estas
-circunstancias? Aunque inferiores en número, y a pesar de haber
-experimentado su caballería un desastre en Corinto, no se dejan dominar
-por estas consideraciones ni se detienen pensando que van a combatir
-a los tebanos y tesalios, que siempre han sido reputados como los
-mejores caballos, sino que, sonrojándose a la idea de que su presencia
-no preste utilidad alguna a sus aliados, se arrojan sobre los enemigos
-así que les distinguen, deseosos de poner en buen lugar a su patria,
-y a su valor debieron los mantineos el poder salvar cuanto tenían en
-los campos. Pierden los atenienses algunos valientes y los enemigos
-pierden también algunos evidentemente, pues no había armas bastante
-cortas para que los dos partidos no pudiesen alcanzarse recíprocamente.
-Recogen<span class="pagenum" id="Page_350">p. 350</span> sus muertos,
-y por medio de convención entregan a los enemigos los suyos.</p>
-
-<p>Epaminondas, sin embargo, considerando que va a verse obligado
-dentro de pocos días a partir, pues terminaba ya el tiempo fijado
-para la expedición, conoce que si deja sin defensa los estados que
-ha venido a socorrer, serán atacados por sus adversarios y que él
-mismo verá completamente perdida su reputación por haber sido vencido
-en Lacedemonia con su numerosa infantería por un puñado de hombres,
-y junto a Mantinea en un combate de caballería, siendo causa con su
-expedición al Peloponeso de la liga formada por los lacedemonios,
-arcadios, aqueos, eleos y atenienses. Por esto le parece vergonzoso
-marchar sin combatir, sobre todo reflexionando que si vence terminará
-todo en bien, y que si muere combatiendo, será un fin muy glorioso
-perecer procurando dejar a su patria el dominio del Peloponeso.</p>
-
-<p>No son, sin embargo, estos sentimientos los que le hacen más
-admirable a mis ojos, puesto que tales son los pensamientos de todos
-los hombres generosos; lo que me parece más digno de admiración es el
-haber formado un ejército que no teme ninguna penalidad ni de día ni de
-noche, que no retrocede ante ningún peligro y que no rehúsa jamás su
-obediencia aun cuando carezca de todo. Cuando manda por la última vez
-a sus tropas que se preparen para el combate, la caballería se pone a
-dar brillo a sus cascos, y los hoplitas arcadios graban en sus escudos
-marcas que indican son tebanos<a id="FNanchor_286" href="#Footnote_286"
-class="fnanchor">[286]</a>, afilando todos<span class="pagenum"
-id="Page_351">p. 351</span> las espadas y sables y pulimentando sus
-escudos. El orden de combate que emplea después de haberse puesto
-al frente de sus tropas es también digno de alabanza. Así que manda
-alinear filas, como era natural parece indicar se dispone para el
-combate; pero cuando su ejército se halla en completa formación, no
-se dirige hacia el enemigo por el camino más corto, sino que marcha
-en dirección a las montañas situadas al occidente y frente a frente
-de Tegea, de manera que hace creer al enemigo que no quiere aquel
-día librar el combate. Efectivamente, llegado al pie de la montaña,
-despliega su falange y hace deponer las armas en las alturas como si
-quisiese acampar allí. Con esta maniobra debilita el ardor del enemigo
-que se había dispuesto para el combate y que entonces rompe filas;
-pero después de haber hecho converger a la vanguardia las compañías
-que marchaban por filas y formar alrededor de él un fuerte cuerpo de
-ataque, hace repartir nuevamente las armas y avanzar contra el enemigo.
-Sus tropas le siguen inmediatamente.</p>
-
-<p>Cuando los enemigos, contra sus esperanzas, le ven llegar, nadie
-sostiene el ataque; unos corren a sus filas o se alinean, ensillan
-otros los caballos mientras los restantes revisten sus corazas, y
-todos, en fin, tienen que rechazar al enemigo, más bien que atacarle.
-Epaminondas guiaba su ejército como una trirreme con la proa hacia
-adelante, contando con hacer retroceder al enemigo allí donde atacase y
-aniquilar así todo el ejército. Preparábanse, en efecto, a combatir con
-las tropas más vigorosas, habiendo colocado todo lo más lejos posible y
-en la retaguardia a los soldados más débiles, comprendiendo bien<span
-class="pagenum" id="Page_352">p. 352</span> que la derrota de estos
-produciría a los suyos el desaliento y entusiasmaría al enemigo. Este
-había ordenado su caballería como un cuerpo de hoplitas, sin mezclar
-con ella la infantería; pero Epaminondas forma también la suya en un
-compacto cuerpo de ataque, mezclando con ella a los infantes para que
-una vez deshecha la caballería sea completa la derrota de los enemigos,
-pues, en efecto, difícilmente se halla quien sostenga el ataque del
-enemigo una vez emprende la fuga una parte de su ejército; y a fin de
-impedir asimismo a los atenienses del ala izquierda vayan en auxilio de
-sus vecinos, coloca frente a ellos, en las alturas, algunos caballos e
-infantes para inspirarles el temor de ser cogidos por la retaguardia
-así que se dirijan a auxiliar a los demás. Tal fue su orden de batalla,
-y sus esperanzas no salieran fallidas, pues, vencedor allí donde atacó,
-puso en fuga a todo el ejército enemigo.</p>
-
-<p>Sin embargo, así que cae herido<a id="FNanchor_287"
-href="#Footnote_287" class="fnanchor">[287]</a>, no saben los suyos
-aprovecharse de la victoria, y aunque los hoplitas ven derrotados a
-los enemigos, no matan a nadie y se quedan inmóviles en el punto en
-que había tenido lugar el primer choque. La caballería, por su parte,
-aunque ve huyendo a la del enemigo, no mata tampoco ni infantes ni
-caballos, pues sobrecogidos de terror se arrojan, como lo hubieran
-hecho unos vencidos, a través de las filas enemigas en derrota; sin
-embargo, la infantería que había sido mezclada con la caballería, y los
-peltastas, habían participado de la victoria de la caballería, y<span
-class="pagenum" id="Page_353">p. 353</span> llegaban vencedores al ala
-izquierda; pero allí son casi todos deshechos por los atenienses.</p>
-
-<p>Terminada la batalla, sucedió lo contrario de lo que todos creían,
-pues al ver reunido el contingente de toda Grecia<a id="FNanchor_288"
-href="#Footnote_288" class="fnanchor">[288]</a> formado en batalla,
-nadie podía prever que los resultados del combate no fuesen la
-dominación de los vencedores ni la sujeción de los vencidos; pero la
-divinidad hizo que cada bando elevase un trofeo como vencedor sin
-oponerse el contrario; ambos recogen sus muertos por una tregua,
-concediéndola como vencedores y suplicándola como vencidos, y más
-tarde, aunque ambos pretenden haber quedado dueños de la victoria, no
-se vio a ninguno de ellos poseer comarca, ciudad o mando que no tuviese
-antes del combate. Después de este, la confusión y la turbulencia
-dominan con mayor insistencia que antes en toda Grecia.</p>
-
-<p>En cuanto a mí, no me he propuesto escribir de esta historia más que
-lo que llevo referido: la narración de lo que siguió a este combate,
-queda para otro escritor.</p>
-
-
-<p class="centra ws1 mt3">FIN.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="ToC">
- <h2 class="nobreak g0">ÍNDICE.</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<table class="toc" summary="">
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdl"><a href="#Ch01">Dedicatoria.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_v">V</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdl"><a href="#Ch02">Prólogo.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_vii">VII</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="3" class="tdl pt05">Libro primero.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch1_1">Capítulo primero.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_1">1</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch1_2">Capítulo II.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_9">9</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch1_3">Capítulo III.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_13">13</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch1_4">Capítulo IV.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_17">17</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch1_5">Capítulo V.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_22">22</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch1_6">Capítulo VI.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_26">26</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch1_7">Capítulo VII.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_34">34</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="3" class="tdl pt05">Libro segundo.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch2_1">Capítulo primero.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_43">43</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch2_2">Capítulo II.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_50">50</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch2_3">Capítulo III.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_55">55</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch2_4">Capítulo IV.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_70">70</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="3" class="tdl pt05">Libro tercero.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch3_1">Capítulo primero.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_87">87</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch3_2">Capítulo II.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_96">96</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch3_3">Capítulo III.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_106">106</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch3_4">Capítulo IV.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_111">111</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch3_5">Capítulo V.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_121">121</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="3" class="tdl pt05">Libro cuarto.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch4_1">Capítulo primero.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_131">131</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch4_2">Capítulo II.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_139">139</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch4_3">Capítulo III.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_145">145</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch4_4">Capítulo IV.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_151">151</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch4_5">Capítulo V.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_159">159</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch4_6">Capítulo VI.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_167">167</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch4_7">Capítulo VII.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_171">171</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch4_8">Capítulo VIII.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_174">174</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="3" class="tdl pt05">Libro quinto.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch5_1">Capítulo primero.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_189">189</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch5_2">Capítulo II.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_200">200</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch5_3">Capítulo III.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_214">214</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch5_4">Capítulo IV.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_222">222</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="3" class="tdl pt05">Libro sexto.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch6_1">Capítulo primero.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_243">243</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch6_2">Capítulo II.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_250">250</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch6_3">Capítulo III.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_260">260</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch6_4">Capítulo IV.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_267">267</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch6_5">Capítulo V.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_279">279</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="3" class="tdl pt05">Libro séptimo.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch7_1">Capítulo primero.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_299">299</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch7_2">Capítulo II.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_316">316</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch7_3">Capítulo III.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_324">324</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch7_4">Capítulo IV.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_329">329</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&#160;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch7_5">Capítulo V.</a></td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_345">345</a></td>
- </tr>
-</table>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Notas">
- <h2 class="nobreak g0">NOTAS.</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1" href="#FNanchor_1" class="label">[1]</a> Es
-decir, después que los atenienses, obtenida una victoria naval,
-se apoderaron de Cícico. (Véase <i>Tucídides</i>, lib. <span
-class="asc">VIII</span>, § 107.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_2" href="#FNanchor_2" class="label">[2]</a> Los
-sucesos relatados en este capítulo corresponden a los años 411 y 410
-antes de Jesucristo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_3" href="#FNanchor_3" class="label">[3]</a> Comp.
-<i>Tucídides</i>, lib. VIII, §§ 35 y 84.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_4" href="#FNanchor_4" class="label">[4]</a>
-Promontorio y ciudad de la Tróade.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_5" href="#FNanchor_5" class="label">[5]</a> Ciudad
-del Quersoneso.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_6" href="#FNanchor_6" class="label">[6]</a> Había
-sido recientemente vencido por los atenienses entre Sesto y Abido.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_7" href="#FNanchor_7" class="label">[7]</a>
-Desterrado de Atenas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_8" href="#FNanchor_8" class="label">[8]</a>
-Comp. <i>Justino</i>, lib. <span class="asc">V</span>, cap. <span
-class="asc">IV</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_9" href="#FNanchor_9" class="label">[9]</a> Siempre
-que los griegos hablan del <i>rey</i> o del <i>Gran rey</i> (<span
-xml:lang="grc" lang="grc">μέγας βασιλεύς</span>), se entiende del de
-Persia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_10" href="#FNanchor_10" class="label">[10]</a> No se
-le conoce más que por este pasaje.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_11" href="#FNanchor_11" class="label">[11]</a>
-Ciudad de Tracia en el golfo de Melas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_12" href="#FNanchor_12" class="label">[12]</a> El
-texto de esta carta está en dialecto vulgar lacedemonio.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_13" href="#FNanchor_13" class="label">[13]</a> En
-griego, <span xml:lang="grc" lang="grc">ἐπιβάτης</span> (soldado de
-marina).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_14" href="#FNanchor_14" class="label">[14]</a>
-El año anterior. (Véase <i>Tucídides</i>, lib. <span
-class="asc">VIII</span>, § 85.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_15" href="#FNanchor_15" class="label">[15]</a> El
-<span xml:lang="grc" lang="grc">ἁρμοστής</span> era el gobernador o
-magistrado superior de una colonia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_16" href="#FNanchor_16" class="label">[16]</a> Entre
-Atenas y las fronteras de Beocia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_17" href="#FNanchor_17" class="label">[17]</a> En
-griego <span xml:lang="grc" lang="grc">πρόξενος</span> (unido por la
-hospitalidad).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_18" href="#FNanchor_18" class="label">[18]</a> Este
-no es el grande Aníbal, hijo de Amílcar, sino el de Giscón. (Véase
-<i>Diodoro Sículo</i>, lib. <span class="asc">XIII</span>, cap. <span
-class="asc">XLIII</span>.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_19" href="#FNanchor_19" class="label">[19]</a>
-Correspondiente al 409 antes de la era cristiana.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_20" href="#FNanchor_20" class="label">[20]</a>
-Tropas ligeras.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_21" href="#FNanchor_21" class="label">[21]</a>
-Ciudad de Jonia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_22" href="#FNanchor_22" class="label">[22]</a>
-Tropas pesadamente armadas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_23" href="#FNanchor_23" class="label">[23]</a>
-Ciudad importante en tiempo de Heródoto, pero en el de Jenofonte puerto
-y promontorio completamente deshabitado.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_24" href="#FNanchor_24" class="label">[24]</a>
-Montaña situada a 40 estadios de aquella ciudad.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_25" href="#FNanchor_25" class="label">[25]</a> Comp.
-<i>Tucídides</i>, lib. <span class="asc">VIII</span>, § 26.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_26" href="#FNanchor_26" class="label">[26]</a> Por
-los cartagineses.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_27" href="#FNanchor_27" class="label">[27]</a>
-Ciudad y promontorio de Mesenia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_28" href="#FNanchor_28" class="label">[28]</a>
-Véase <i>Tucídides</i>, lib. <span class="asc">III</span>, y
-<i>Diodoro Sículo</i>, lib. <span class="asc">XII</span>, cap. <span
-class="asc">LIX</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_29" href="#FNanchor_29" class="label">[29]</a>
-Corresponde al 408 antes de Cristo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_30" href="#FNanchor_30" class="label">[30]</a>
-Los calcedonios habían abandonado el partido ateniense y recibido un
-gobernador lacedemonio.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_31" href="#FNanchor_31" class="label">[31]</a>
-Templo de Hércules.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_32" href="#FNanchor_32" class="label">[32]</a>
-Terámenes, Trasilo y Trasíbulo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_33" href="#FNanchor_33" class="label">[33]</a>
-Habitantes de las cercanías de Esparta.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_34" href="#FNanchor_34" class="label">[34]</a>
-Nuevamente admitidos como ciudadanos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_35" href="#FNanchor_35" class="label">[35]</a>
-Célebre por el Nudo gordiano.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_36" href="#FNanchor_36" class="label">[36]</a> Del
-año 407 antes de la era vulgar.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_37" href="#FNanchor_37" class="label">[37]</a> En
-griego <span xml:lang="grc" lang="grc">κάρανος</span>, palabra que se
-encuentra poquísimas veces en los autores, pues es de origen persa.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_38" href="#FNanchor_38" class="label">[38]</a>
-Llanura cercana a una ciudad de la Lidia, del mismo nombre.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_39" href="#FNanchor_39" class="label">[39]</a>
-Sátrapa de Frigia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_40" href="#FNanchor_40" class="label">[40]</a>
-Ciudad de Laconia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_41" href="#FNanchor_41" class="label">[41]</a> Comp.
-<i>Plutarco</i>, Alcibíades, 34.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_42" href="#FNanchor_42" class="label">[42]</a>
-Sobre la vuelta de Alcibíades, además de su biografía en Plutarco,
-véase <i>Justino</i>, lib. <span class="asc">V</span>, cap. <span
-class="asc">IV</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_43" href="#FNanchor_43" class="label">[43]</a> Comp.
-<i>Plutarco</i>, Alcibíades, 34.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_44" href="#FNanchor_44" class="label">[44]</a> Poco
-antes de que partiese Alcibíades de Atenas para Andros.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_45" href="#FNanchor_45" class="label">[45]</a> En el
-mismo año 407 antes de nuestra era.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_46" href="#FNanchor_46" class="label">[46]</a> Comp.
-<i>Tucídides</i>, lib. <span class="asc">VIII</span>, § 48.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_47" href="#FNanchor_47" class="label">[47]</a> Cerca
-de una peseta diaria.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_48" href="#FNanchor_48" class="label">[48]</a>
-Valiendo la mina 100 dracmas, eran unas 3000 pesetas al mes.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_49" href="#FNanchor_49" class="label">[49]</a>
-Aproximadamente quince céntimos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_50" href="#FNanchor_50" class="label">[50]</a>
-Ciudad cercana a Colofón.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_51" href="#FNanchor_51" class="label">[51]</a> En la
-isla de Quíos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_52" href="#FNanchor_52" class="label">[52]</a> Lugar
-desconocido.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_53" href="#FNanchor_53" class="label">[53]</a> Comp.
-<i>Diodoro Sículo</i>, lib. <span class="asc">XIII</span>, cap. <span
-class="asc">LXXIV</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_54" href="#FNanchor_54" class="label">[54]</a> El de
-406 antes de Cristo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_55" href="#FNanchor_55" class="label">[55]</a>
-Dodwel, según sus cálculos astronómicos, señala a este eclipse la fecha
-del 15 de abril del año 406 antes de Jesucristo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_56" href="#FNanchor_56" class="label">[56]</a> En
-griego <span xml:lang="grc" lang="grc">θαλασσοκράτωρ</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_57" href="#FNanchor_57" class="label">[57]</a> Hay
-que añadir otros dos generales.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_58" href="#FNanchor_58" class="label">[58]</a>
-Como las embarcaciones eran muy bajas, la cubierta se cubría con unas
-telas que protegían de la intemperie y de los ardores del sol a la
-tripulación.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_59" href="#FNanchor_59" class="label">[59]</a>
-Hoy el cabo del Santo Ángel (<span xml:lang="grc" lang="grc">Ἄγιος
-Ἄγγελος</span>).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_60" href="#FNanchor_60" class="label">[60]</a> Era
-un hijo natural del gran Pericles.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_61" href="#FNanchor_61" class="label">[61]</a> En el
-año 406 antes de la era cristiana.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_62" href="#FNanchor_62" class="label">[62]</a> Es
-decir, el encargado de dar a cada ciudadano pobre dos óbolos tomados
-del tesoro público, para acreditar el derecho a entrar en el teatro.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_63" href="#FNanchor_63" class="label">[63]</a>
-Fiestas de Minerva Atenea: duraban tres días y se inauguraban con un
-gran banquete de las fratrias atenienses.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_64" href="#FNanchor_64" class="label">[64]</a> Este
-rasgo de la entereza de Sócrates es verdaderamente admirable, pues fue
-el único que no se dejó intimidar por las medidas revolucionarias de la
-plebe.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_65" href="#FNanchor_65" class="label">[65]</a>
-Canono había hecho decretar que cuando varias personas fuesen
-acusadas todas de un mismo crimen, se instruyese una causa especial e
-independiente para cada una de ellas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_66" href="#FNanchor_66" class="label">[66]</a>
-Divinidad superior de la mitología griega correspondiente al Júpiter de
-la romana.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_67" href="#FNanchor_67" class="label">[67]</a>
-Si se hubiese adoptado esta proposición, hábilmente presentada y
-elocuentemente defendida por Euriptólemo, indudablemente se hubieran
-salvado los acusados, pues era imposible probar contra ellos cargo
-alguno individual.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_68" href="#FNanchor_68" class="label">[68]</a> Véase
-<i>Tucídides</i>, lib. <span class="asc">VIII</span>, §§ 67 y 98.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_69" href="#FNanchor_69" class="label">[69]</a> La
-dignidad de navarco (<span xml:lang="grc" lang="grc">ναύαρχος</span>)
-era una de las superiores en la marina.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_70" href="#FNanchor_70" class="label">[70]</a> Del
-año 406 antes de Cristo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_71" href="#FNanchor_71" class="label">[71]</a>
-Los que se hallaban en Eólida, en Jonia y en las Islas. (Véase
-<i>Diodoro Sículo</i>, lib. <span class="asc">XII</span>, cap. <span
-class="asc">C</span>.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_72" href="#FNanchor_72" class="label">[72]</a>
-Véase esta genealogía en la edición de Jenofonte de Weiske, t. <span
-class="asc">IV</span>, pág. 58.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_73" href="#FNanchor_73" class="label">[73]</a> El
-405 antes de nuestra era.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_74" href="#FNanchor_74" class="label">[74]</a> Hoy
-los gelos o pueblos de la provincia persa del Ghilán.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_75" href="#FNanchor_75" class="label">[75]</a>
-Se había retirado a su castillo del Quersoneso. (Véase <a
-href="#Page_25">lib. <span class="asc">I</span>, cap. <span
-class="asc">V</span></a>.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_76" href="#FNanchor_76" class="label">[76]</a>
-Los atenienses enviaban a Delos cada año una embajada sagrada o
-<i>teoría</i> (<span xml:lang="grc" lang="grc">θεωρία</span>), sobre la
-famosa nave de Teseo, con un coro de jóvenes y doncellas para entonar
-las alabanzas de Apolo. El navío en que se embarcaba esta <i>teoría</i>
-se llamaba <i>Páralos</i>, de Páralo, héroe ateniense y amigo de Teseo,
-que por primera vez había equipado una nave de grandes dimensiones.
-La muerte de Sócrates se retardó durante treinta días, pues estaba
-prohibido ejecutar a ningún sentenciado a muerte mientras se hallaba la
-<i>Páralos</i> conduciendo la <i>teoría</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_77" href="#FNanchor_77" class="label">[77]</a> En el
-mismo año 405 antes de la era cristiana.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_78" href="#FNanchor_78" class="label">[78]</a> Se
-sabe, por el testimonio de Tucídides y de Diodoro Sículo, que sus
-habitantes habían sido degollados o reducidos a la esclavitud por los
-atenienses vencedores.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_79" href="#FNanchor_79" class="label">[79]</a>
-Correspondiente al 404 antes de Jesucristo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_80" href="#FNanchor_80" class="label">[80]</a>
-Véase para este sobrenombre, una nota de M. Artaud a un pasaje de
-Aristófanes, en la traducción de Luciano por Eugenio Talbot, t. <span
-class="asc">I</span>, pág. 562.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_81" href="#FNanchor_81" class="label">[81]</a>
-En griego <span xml:lang="grc" lang="grc">πενέστης</span> (criado,
-siervo).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_82" href="#FNanchor_82" class="label">[82]</a>
-Compárense las <i>Memorias socráticas</i>, Lib. <span
-class="asc">IV</span>, cap. <span class="asc">IV</span>, y
-<i>Libanio</i>, Apología de Sócrates.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_83" href="#FNanchor_83" class="label">[83]</a> Véase
-<i>Lisias</i>, contra Eratóstenes, 17.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_84" href="#FNanchor_84" class="label">[84]</a> Nada
-se sabe positivamente sobre estos delegados de Esparta.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_85" href="#FNanchor_85" class="label">[85]</a> En
-griego <span xml:lang="grc" lang="grc">προστάτης</span> (el que dirige
-las deliberaciones), que viene a ser lo mismo que en la Cámara de los
-Comunes de Inglaterra el <i>speaker</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_86" href="#FNanchor_86" class="label">[86]</a>
-Pequeño vaso que se colocaba en el agua y en que se echaban algunas
-gotas de líquido para hacerle sumergir.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_87" href="#FNanchor_87" class="label">[87]</a> Véase
-asimismo sobre la muerte de Terámenes, <i>Cicerón</i>, Tusculanæ, lib.
-<span class="asc">I</span>, cap. <span class="asc">XI</span>, § 95.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_88" href="#FNanchor_88" class="label">[88]</a>
-Los <span xml:lang="grc" lang="grc">σκευοφόροι</span> eran los que
-conducían los vasos, instrumentos y utensilios de toda clase para el
-ejército.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_89" href="#FNanchor_89" class="label">[89]</a> Uno
-de los teatros de Atenas, comprendiendo en él el circuito que a su
-alrededor se extendía.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_90" href="#FNanchor_90" class="label">[90]</a>
-Templo de Bendis, que es la misma divinidad que la Luna. (V. dicha
-palabra en el Diccionario de Jacobi.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_91" href="#FNanchor_91" class="label">[91]</a>
-Sobrenombre de Ares o Marte.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_92" href="#FNanchor_92" class="label">[92]</a>
-De él se trata en las <i>Memorias socráticas</i>, lib. <span
-class="asc">III</span>, cap. <span class="asc">VII</span>. Este
-capítulo es de una belleza tal y tiene tanta importancia bajo el punto
-de vista de la educación política de los ciudadanos, que no podemos
-resistir al deseo de darlo en nota.</p>
-
-<blockquote>
-
- <p class="ti1">«Viendo Sócrates que Cármides, hijo de Glauco, hombre
- adornado de toda clase de méritos y superior en mucho a todos los
- políticos de su época, no se atrevía a presentarse ante el pueblo ni
- a ocuparse en los negocios del estado, le dijo:</p>
-
- <p class="ti1">—Oye, Cármides, ¿cómo juzgarías a un hombre que siendo
- capaz de ganar coronas y premios en los juegos y conquistar de esto
- modo un nombre glorioso y hacer en Grecia más ilustre a su patria,
- rehusara el combatir?</p>
-
- <p class="ti1">—Claro es que sería un hombre afeminado y cobarde.</p>
-
- <p class="ti1">—Y si un ciudadano capaz de engrandecer a su patria y
- de llenarse de gloria dedicándose a los negocios públicos, rehusase
- hacerlo, ¿no estaríamos en nuestro derecho llamándole también
- cobarde?</p>
-
- <p class="ti1">—Acaso; pero ¿por qué me diriges esta pregunta?</p>
-
- <p class="ti1">—Porque me parece que a pesar de tu mérito, retrocedes
- ante los negocios, cuando por tu calidad de ciudadano, tienes el
- deber de tomar parte en ellos.</p>
-
- <p class="ti1">—Pero este mérito —dijo Cármides—, ¿en qué ocasión has
- podido reconocerlo para que tengas de mí opinión tan favorable?</p>
-
- <p class="ti1">—En tus conversaciones con nuestros políticos, pues
- si te comunican algún asunto, veo que les das buenos consejos, y si
- cometen alguna falta les reprendes con justicia.</p>
-
- <p class="ti1">—Pero no es lo mismo, Sócrates, conversar con los
- amigos que discutir en público.</p>
-
- <p class="ti1">—Sin embargo, los que saben contar con prontitud,
- cuentan tan bien públicamente como cuando se hallan solos, y los
- que tocan bien la cítara en su casa, conservan esta superioridad en
- público.</p>
-
- <p class="ti1">—Sí, es verdad; ¿pero no ves tú mismo que la vergüenza
- y la timidez son innatas en algunos hombres y que se manifiestan
- mucho más en las asambleas tumultuosas que en las conversaciones
- privadas?</p>
-
- <p class="ti1">—Pues bien; voy a demostrarte que no son los más
- sabios los que te causan vergüenza, ni los más poderosos los que
- te hacen miedo, sino que te avergüenzas de hablar ante los menos
- ilustrados y los más débiles. En efecto, ¿no es ante los tintoreros,
- zapateros, albañiles, caldereros, labradores, comerciantes y
- revendedores, gentes todas que procuran vender caro lo que han
- comprado a bajo precio, ante quienes sientes timidez? porque de
- todos estos se compone la asamblea popular. ¿En qué se diferencia,
- pues, tu conducta de la de un hombre que, siendo superior a los
- artistas, tuviese miedo a la crítica de los ignorantes? ¿No es verdad
- que a pesar de tu facilidad en expresarte ante los ciudadanos más
- ilustres, algunos de los cuales, sin embargo, te tienen en menos de
- lo que mereces, y a pesar de tu manifiesta superioridad sobre los
- que procuran hablar en público, vacilas en tomar la palabra ante una
- multitud que jamás se ha ocupado de negocios y que no tiene hacia
- ti la más pequeña prevención, solo por el temor de que te pongan en
- ridículo?</p>
-
- <p class="ti1">—¿Por qué no? ¿Acaso no ves, Sócrates, que en las
- asambleas se burlan a menudo de los que hablan bien?</p>
-
- <p class="ti1">—Pero a los demás les pasa lo mismo; de ahí que te
- admire a ti que sabes hacerles enmudecer en la conversación, porque
- te crees incapaz de dominar a la multitud. No te desconozcas,
- querido, ni cometas el mismo yerro que casi todos los hombres
- cometen: la mayor parte tienen sin cesar fija la vista en las
- acciones de los demás, ¡y no vuelven su examen hacia sí mismos!
- Defiéndete de una indolencia tal y concentra, por el contrario, en ti
- mismo todos tus esfuerzos; no te olvides del estado, si puedes con
- tus cuidados hacerle conseguir algún adelanto. Considera, sobre todo,
- que para la prosperidad de los negocios, no solo habrás prestado
- inmensos servicios a los demás ciudadanos, sino también a tus amigos
- y a ti mismo.»</p>
-
-</blockquote>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_93" href="#FNanchor_93" class="label">[93]</a> Los
-<span xml:lang="grc" lang="grc">γυμνήται</span> constituían la mayor
-parte de la infantería ligera entre los griegos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_94" href="#FNanchor_94" class="label">[94]</a> <span
-xml:lang="grc" lang="grc">Ἁλίπεδον</span> (llanura salada).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_95" href="#FNanchor_95" class="label">[95]</a>
-Literalmente <span xml:lang="grc" lang="grc">κωφὸν λιμένα</span>
-(puerto mudo o inútil): según algunos, el puerto de Muniquia, que con
-el Pireo y Falera, formaban los tres puertos de Atenas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_96" href="#FNanchor_96" class="label">[96]</a> En
-400 antes de Jesucristo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_97" href="#FNanchor_97" class="label">[97]</a>
-Los críticos consideran este nombre como un pseudónimo tomado por
-Jenofonte. (Véase <i>Historiadores griegos</i>, de <i>Vosio</i>,
-edición de Westermann, pág. 53.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_98" href="#FNanchor_98" class="label">[98]</a> Del
-año 398 antes de la era vulgar.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_99" href="#FNanchor_99" class="label">[99]</a> Este
-parece ser el sentido más probable de la palabra <span xml:lang="grc"
-lang="grc">μνημεῖα</span>. Estos túmulos sepulcrales serían, sin duda,
-semejantes a los <i>barrows</i> y <i>galgals</i> de la Armórica y a
-los montículos del Ohio, del Yucatán, del Báltico y de las estepas
-de Rusia. (Véase también más adelante lib. <a href="#Ch6_2"><span
-class="asc">VI</span>, cap. <span class="asc">II</span></a>.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_100" href="#FNanchor_100" class="label">[100]</a>
-En la campiña del Meandro. Compárese <i>Ateneo</i>, libro <span
-class="asc">XV</span>, cap. <span class="asc">IX</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_101" href="#FNanchor_101" class="label">[101]</a>
-Esta población no es la ciudad de Larisa de Tesalia; ni en Acaya ni en
-Élide existe población alguna de este nombre. Sin duda sería un pueblo
-de poca importancia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_102" href="#FNanchor_102" class="label">[102]</a> El
-398 antes de Cristo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_103" href="#FNanchor_103" class="label">[103]</a>
-Aulón era a la vez una ciudad marítima y un valle situado en los
-límites de Mesenia y de Élide.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_104" href="#FNanchor_104" class="label">[104]</a> El
-Alfeo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_105" href="#FNanchor_105" class="label">[105]</a> En
-el año 397 antes de nuestra era.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_106" href="#FNanchor_106" class="label">[106]</a>
-Esta conversación está en dialecto vulgar lacedemonio.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_107" href="#FNanchor_107" class="label">[107]</a> El
-dios del mar, Neptuno.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_108" href="#FNanchor_108" class="label">[108]</a>
-Los eupátridas o nobles.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_109" href="#FNanchor_109" class="label">[109]</a> La
-<span xml:lang="grc" lang="grc">σκυτάλη</span> era un bastón liso sobre
-el cual los generales lacedemonios arrollaban para poder leerlos, las
-órdenes que se les enviaban escritas en unas tiras de tela que habían
-sido arrolladas en otro palo del mismo grueso, y que como era natural,
-solo arrollándolas a otro igual al que cubrían cuando habían sido
-escritas, podían leerse fácilmente.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_110" href="#FNanchor_110" class="label">[110]</a>
-Nombre de tres magistrados encargados de vigilar los ejercicios de los
-jóvenes. (Véase la obra del mismo autor de la presente, <i>Gobierno de
-los lacedemonios</i>, cap. IV, que trata de la educación de los hombres
-en la edad viril.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_111" href="#FNanchor_111" class="label">[111]</a>
-Gobierno aristocrático de los diez ciudadanos más ricos de la
-ciudad.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_112" href="#FNanchor_112" class="label">[112]</a> En
-396 antes de Jesucristo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_113" href="#FNanchor_113" class="label">[113]</a>
-Consejo de once tebanos encargados de la dirección de los asuntos en
-Beocia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_114" href="#FNanchor_114" class="label">[114]</a>
-Ciudad y promontorio de Eubea.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_115" href="#FNanchor_115" class="label">[115]</a>
-El pletro (<span xml:lang="grc" lang="grc">πλέθρον</span>) era la 6.ª
-parte del estadio, y su equivalencia es de 31 metros.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_116" href="#FNanchor_116" class="label">[116]</a>
-Compárense las biografías de Agesilao en Plutarco y Cornelio Nepos, la
-obra de Jenofonte, <i>Agesilao</i>, cap. <span class="asc">I</span>,
-y en especial el libro de Carlos Gustavo Heiland: <i>Xenophontis
-Agesilaus cum adnotatione et prolegomenis de auctore et indole
-libri</i>, edit. nova. Leipzig, 1857. En esta obra hallará el lector
-estudioso el resumen de las discusiones habidas entre los filólogos
-Walkenaër, Lennep, Wyttenbach, Wolf, Bernhardy y Sievers, que niegan
-la autenticidad de aquel tratado histórico, y Zeun, Weiske, Schneider,
-Dindorf, Delbrück, Manson Kühn y Baumgarten que la afirman, a cuyo
-parecer se une el citado autor, aportando nuevas razones a esta última
-opinión y dándole casi el valor de la más decisiva certeza.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_117" href="#FNanchor_117" class="label">[117]</a> En
-395 antes de Jesucristo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_118" href="#FNanchor_118" class="label">[118]</a>
-Sobre la orilla meridional del lago Copais.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_119" href="#FNanchor_119" class="label">[119]</a> Se
-llamaba Erianto. (Véase Plutarco, <i>Vida de Lisandro</i>, cap. <span
-class="asc">XV</span>.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_120" href="#FNanchor_120" class="label">[120]</a>
-Comandantes de cincuenta hombres.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_121" href="#FNanchor_121" class="label">[121]</a>
-Del año 395 antes de la era vulgar.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_122" href="#FNanchor_122" class="label">[122]</a>
-Estos empleados eran una especie de comisarios que se cuidaban de
-vender en pública subasta el botín tomado a los enemigos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_123" href="#FNanchor_123" class="label">[123]</a> De
-Astira, ciudad de Misia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_124" href="#FNanchor_124" class="label">[124]</a> En
-dicho año 395 antes de Cristo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_125" href="#FNanchor_125" class="label">[125]</a>
-Los griegos de Asia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_126" href="#FNanchor_126" class="label">[126]</a>
-Jerjes.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_127" href="#FNanchor_127" class="label">[127]</a>
-Desfiladero de que se habla también más adelante, en el cap. IV de este
-mismo libro.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_128" href="#FNanchor_128" class="label">[128]</a> Es
-decir, de los corintios y de sus aliados.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_129" href="#FNanchor_129" class="label">[129]</a>
-Según las conjeturas de Schneider, en un lugar cubierto de bosque.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_130" href="#FNanchor_130" class="label">[130]</a>
-Hallábanse los atenienses divididos en diez tribus para los asuntos
-civiles, y esta división se conservaba también en el ejército.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_131" href="#FNanchor_131" class="label">[131]</a>
-Cazadora.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_132" href="#FNanchor_132" class="label">[132]</a> De
-Corinto.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_133" href="#FNanchor_133" class="label">[133]</a> En
-el año 394 antes de nuestra era.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_134" href="#FNanchor_134" class="label">[134]</a>
-Había vuelto a Europa después de haber llevado a cabo su misión junto
-a Tisafernes. Compárese, lib. <span class="asc">III</span>, capítulo
-<span class="asc">IV</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_135" href="#FNanchor_135" class="label">[135]</a>
-Dice Schneider que eran 300 caballeros escogidos, que desempeñaban las
-funciones de estado Mayor con los reyes de Lacedemonia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_136" href="#FNanchor_136" class="label">[136]</a>
-Weiske le llama Polímaco.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_137" href="#FNanchor_137" class="label">[137]</a> A
-causa de un eclipse anular.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_138" href="#FNanchor_138" class="label">[138]</a>
-Conón, después de la batalla de Egospótamos, había huido al lado de
-Evágoras, y más tarde junto al rey de Persia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_139" href="#FNanchor_139" class="label">[139]</a>
-Ozolia y Opuntia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_140" href="#FNanchor_140" class="label">[140]</a>
-Compárese <i>Agesilao</i>, cap. <span class="asc">II</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_141" href="#FNanchor_141" class="label">[141]</a>
-Leemos, con A. Turretini y L. Dindorf, <span xml:lang="grc"
-lang="grc">πολλοὶ</span>, a pesar de la autoridad de Weiske, quien lee
-<span xml:lang="grc" lang="grc">Πελλεῖς</span>, opinión que siguen
-asimismo otros doctos editores, pero que a nuestro parecer no le da
-sentido completo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_142" href="#FNanchor_142" class="label">[142]</a> En
-el año 393 antes de Jesucristo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_143" href="#FNanchor_143" class="label">[143]</a>
-Fiestas en honor de Ártemis o Diana, que era adorada en Tebas en el
-templo que le edificó Hércules después de la victoria que alcanzó sobre
-los orcomenios.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_144" href="#FNanchor_144" class="label">[144]</a>
-Gimnasio situado en la cumbre de una colina cercana a Corinto y rodeado
-de un bosque sagrado.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_145" href="#FNanchor_145" class="label">[145]</a>
-Montaña coronada de una ciudadela que dominaba a Corinto.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_146" href="#FNanchor_146" class="label">[146]</a>
-Era una columna consagrada a Cibeles, madre de los dioses.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_147" href="#FNanchor_147" class="label">[147]</a>
-Puerto de Corinto.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_148" href="#FNanchor_148" class="label">[148]</a>
-Véase el <a href="#Page_145">final del cap. <span
-class="asc">II</span></a> de este mismo libro.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_149" href="#FNanchor_149" class="label">[149]</a>
-Para la inteligencia de estos movimientos, será bueno recurrir al mapa
-que inserta Weiske en la pág. 189 del tomo <span class="asc">IV</span>
-de su edición de las obras de Jenofonte.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_150" href="#FNanchor_150" class="label">[150]</a>
-<span xml:lang="grc" lang="grc">Ἱππαρμοστής</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_151" href="#FNanchor_151" class="label">[151]</a>
-Es la primera letra de la palabra <span xml:lang="grc"
-lang="grc">Σικυώνιοι</span> (sicionios).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_152" href="#FNanchor_152" class="label">[152]</a>
-<span xml:lang="grc" lang="grc">Ναὶ τὼ σιώ</span>, literalmente,
-¡por los dos dioses! Fórmula de juramento especial a los dorios; los
-Dióscuros son Cástor y Pólux.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_153" href="#FNanchor_153" class="label">[153]</a>
-Población situada en la campiña de Corinto.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_154" href="#FNanchor_154" class="label">[154]</a>
-Puerto de Corinto.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_155" href="#FNanchor_155" class="label">[155]</a>
-Véase <i>Agesilao</i>, cap. <span class="asc">II</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_156" href="#FNanchor_156" class="label">[156]</a> En
-el año 392 antes de la era vulgar.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_157" href="#FNanchor_157" class="label">[157]</a>
-Poseidón o Neptuno.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_158" href="#FNanchor_158" class="label">[158]</a>
-Véase <i>Tito Livio</i>, lib. <span class="asc">XXXI</span>, cap. <span
-class="asc">XXIII</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_159" href="#FNanchor_159" class="label">[159]</a>
-Huésped público.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_160" href="#FNanchor_160" class="label">[160]</a>
-Lanceros.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_161" href="#FNanchor_161" class="label">[161]</a>
-Ciudad del golfo de Corinto.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_162" href="#FNanchor_162" class="label">[162]</a> En
-el año 391 antes de Cristo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_163" href="#FNanchor_163" class="label">[163]</a> La
-ciudad más populosa e importante de la Acarnania.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_164" href="#FNanchor_164" class="label">[164]</a>
-Ciudad de la Acarnania en la embocadura del Aqueloo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_165" href="#FNanchor_165" class="label">[165]</a>
-Del año 390 antes de nuestra era.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_166" href="#FNanchor_166" class="label">[166]</a>
-Rey de Esparta, hijo de Pausanias.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_167" href="#FNanchor_167" class="label">[167]</a>
-Zeus o Júpiter.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_168" href="#FNanchor_168" class="label">[168]</a>
-Estaría mejor: el mes sagrado. Era el Carneo (<span xml:lang="grc"
-lang="grc">Καρνεῖον</span>) de los dorios y el Metagitnio (<span
-xml:lang="grc" lang="grc">Μεταγίτνιον</span>) de los atenienses,
-correspondiente a una parte de agosto y de septiembre.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_169" href="#FNanchor_169" class="label">[169]</a>
-Poseidón o Neptuno.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_170" href="#FNanchor_170" class="label">[170]</a>
-Llamábase pentatlo al atleta que disputaba el premio o lo
-había conseguido en el quíntuple combate (<span xml:lang="grc"
-lang="grc">πένταθλον</span>) del salto, la carrera, la lucha, la pica y
-el disco.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_171" href="#FNanchor_171" class="label">[171]</a> En
-los años 394 a 390 antes de Cristo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_172" href="#FNanchor_172" class="label">[172]</a> En
-Mesenia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_173" href="#FNanchor_173" class="label">[173]</a>
-Estrecho y promontorio de Etolia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_174" href="#FNanchor_174" class="label">[174]</a> Al
-comenzar el año 388 antes de Jesucristo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_175" href="#FNanchor_175" class="label">[175]</a>
-Las <i>ínfulas</i> eran unas tiras de tela con que se coronaban los
-sacerdotes y magistrados al ejercer sus funciones.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_176" href="#FNanchor_176" class="label">[176]</a> El
-<span xml:lang="grc" lang="grc">κελευστῆς</span> era el que daba las
-órdenes a los remeros.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_177" href="#FNanchor_177" class="label">[177]</a>
-Templo consagrado a Heracles o Hércules.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_178" href="#FNanchor_178" class="label">[178]</a>
-Sin duda se llamaría así por haber allí tres torres.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_179" href="#FNanchor_179" class="label">[179]</a>
-Zeus o Júpiter.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_180" href="#FNanchor_180" class="label">[180]</a>
-Bazar del Pireo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_181" href="#FNanchor_181" class="label">[181]</a> No
-debe confundírsele con Trasíbulo de Estiria, el libertador de Atenas.
-Colito era un demo del Ática.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_182" href="#FNanchor_182" class="label">[182]</a>
-Los griegos de Europa.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_183" href="#FNanchor_183" class="label">[183]</a> En
-el año 386 antes de nuestra era.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_184" href="#FNanchor_184" class="label">[184]</a> En
-el año 385 antes de Cristo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_185" href="#FNanchor_185" class="label">[185]</a>
-Unos 50 céntimos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_186" href="#FNanchor_186" class="label">[186]</a>
-Casi 20 pesetas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_187" href="#FNanchor_187" class="label">[187]</a>
-Tropas escogidas de Esparta, reclutadas entre los arcadios.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_188" href="#FNanchor_188" class="label">[188]</a>
-Véase más arriba, <a href="#Page_110">lib. <span
-class="asc">III</span>, cap. <span class="asc">III</span></a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_189" href="#FNanchor_189" class="label">[189]</a>
-Del año 382 antes de Cristo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_190" href="#FNanchor_190" class="label">[190]</a>
-Unos dos kilómetros.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_191" href="#FNanchor_191" class="label">[191]</a> En
-las cercanías de Palene, ciudad del Quersoneso de Tracia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_192" href="#FNanchor_192" class="label">[192]</a> En
-el año 379 antes de nuestra era.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_193" href="#FNanchor_193" class="label">[193]</a>
-Fiestas de Afrodita o Venus.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_194" href="#FNanchor_194" class="label">[194]</a>
-Cortesanas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_195" href="#FNanchor_195" class="label">[195]</a>
-Hermano y sucesor de Agesípolis.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_196" href="#FNanchor_196" class="label">[196]</a>
-Léese también el nombre de esta localidad en unas ediciones
-<i>Reasedos</i> (templo de Rea), y en otras <i>Greasedos</i> (asiento
-de Grea). Este nombre se supone deriva de la tradición relativa a la
-esposa de Pemandro, fundador de Tanagra, que por su mucha edad había
-recibido el nombre de <span xml:lang="grc" lang="grc">Γραῖα</span> (la
-anciana): asegúrase que entre Tebas y Tanagra habíale sido levantada
-una estatua, y de ahí el nombre de Greasedos. Nosotros, sin embargo,
-hemos seguido la variante más generalmente adoptada.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_197" href="#FNanchor_197" class="label">[197]</a>
-Importante ciudad del litoral de la Tesalia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_198" href="#FNanchor_198" class="label">[198]</a>
-Ciudad de Eubea, llamada también Histiea.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_199" href="#FNanchor_199" class="label">[199]</a>
-Templo de Afrodita o Venus.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_200" href="#FNanchor_200" class="label">[200]</a>
-Compárese <i>Plutarco</i>, <i>Vidas paralelas</i>, cap. <span
-class="asc">XXVII</span> de la biografía de Agesilao.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_201" href="#FNanchor_201" class="label">[201]</a>
-Véase el <a href="#Page_113">cap. <span class="asc">IV</span> del lib.
-<span class="asc">III</span></a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_202" href="#FNanchor_202" class="label">[202]</a> Es
-el mismo Timoteo de quien escribió la biografía Cornelio Nepos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_203" href="#FNanchor_203" class="label">[203]</a>
-Ciudad de Acarnania.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_204" href="#FNanchor_204" class="label">[204]</a> En
-el año 374 antes de Jesucristo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_205" href="#FNanchor_205" class="label">[205]</a>
-Literalmente <span xml:lang="grc" lang="grc">τάγος</span>, palabra
-tesalia que se encuentra, sin embargo, algunas veces usada por los
-áticos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_206" href="#FNanchor_206" class="label">[206]</a>
-<span xml:lang="grc" lang="grc">Πενήστης</span> (criado, doméstico),
-palabra tesalia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_207" href="#FNanchor_207" class="label">[207]</a> En
-el año 373 antes de nuestra era.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_208" href="#FNanchor_208" class="label">[208]</a>
-Pequeña ciudad del litoral de Laconia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_209" href="#FNanchor_209" class="label">[209]</a>
-Dionisio el antiguo, tirano de Siracusa.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_210" href="#FNanchor_210" class="label">[210]</a>
-Más arriba hemos hablado de la <i>Páralos</i>. La <i>Salaminia</i>
-era una trirreme pública en la que venían presos los que se hallaban
-acusados de algún delito nacional ante los tribunales. (Véase el
-diálogo <i>Critón</i>, de Platón.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_211" href="#FNanchor_211" class="label">[211]</a>
-Véase más arriba, <a href="#tumulos">lib. <span class="asc">III</span>,
-cap. 2.º</a></p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_212" href="#FNanchor_212" class="label">[212]</a>
-Las grandes velas, <span xml:lang="grc" lang="grc">μεγάλα ἱστία</span>,
-se empleaban solamente en las travesías, y las pequeñas velas, <span
-xml:lang="grc" lang="grc">μικρὰ ἱστία</span>, en el combate.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_213" href="#FNanchor_213" class="label">[213]</a>
-Las velas altas, <span xml:lang="grc" lang="grc">ἀκάτια</span>, eran
-las velas enteras o latinas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_214" href="#FNanchor_214" class="label">[214]</a>
-Jenofonte no ha hablado en ninguna otra parte de estas derrotas de los
-plateenses y de los mesenios. Consúltese para esta parte de la Historia
-de Grecia a Diodoro Sículo, libro <span class="asc">XV</span>, cap.
-<span class="asc">XLVI</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_215" href="#FNanchor_215" class="label">[215]</a> En
-el año 372 antes de Jesucristo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_216" href="#FNanchor_216" class="label">[216]</a>
-Era el portador de la antorcha en las pompas sagradas de Eleusis, y
-se consideraba como una de las magistraturas de la república que más
-honraba a los ciudadanos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_217" href="#FNanchor_217" class="label">[217]</a>
-Véase esta palabra en el <i>Diccionario mitológico</i> de Jacobi.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_218" href="#FNanchor_218" class="label">[218]</a>
-Diosa de la agricultura, equivalente a Ceres.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_219" href="#FNanchor_219" class="label">[219]</a> La
-Tierra, madre de los dioses, correspondiente a la Juno romana.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_220" href="#FNanchor_220" class="label">[220]</a>
-Ciudadela cuya fundación se atribuía a Cadmo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_221" href="#FNanchor_221" class="label">[221]</a>
-Los hechos de este capítulo corresponden a los años 371, 370 y 369
-antes de la era vulgar.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_222" href="#FNanchor_222" class="label">[222]</a>
-Llamábanse estas dos doncellas Molpia e Hipo. (Véase
-<i>Pausanias</i>, lib. <span class="asc">IX</span>, cap. <span
-class="asc">XIII</span>.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_223" href="#FNanchor_223" class="label">[223]</a>
-Templo de Heracles o Hércules.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_224" href="#FNanchor_224" class="label">[224]</a>
-Principalmente de Epaminondas. (Véase <i>Diodoro Sículo</i>, lib. <span
-class="asc">XV</span>, cap. <span class="asc">LIII</span>.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_225" href="#FNanchor_225" class="label">[225]</a>
-<span xml:lang="grc" lang="grc">Ἐνωμότια</span>, compañía de
-veinticinco hombres.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_226" href="#FNanchor_226" class="label">[226]</a>
-Llamábase <span xml:lang="grc" lang="grc">συμφορεύς</span> el
-<i>comes</i> o compañero de un jefe principal.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_227" href="#FNanchor_227" class="label">[227]</a>
-Véase Luciano, <i>Del Baile</i>, cap. <span class="asc">XII</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_228" href="#FNanchor_228" class="label">[228]</a>
-Lanceros.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_229" href="#FNanchor_229" class="label">[229]</a>
-Llamábase Tebe.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_230" href="#FNanchor_230" class="label">[230]</a>
-Corresponde a los mismos años que el anterior.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_231" href="#FNanchor_231" class="label">[231]</a>
-Diana.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_232" href="#FNanchor_232" class="label">[232]</a>
-Ciudad de su territorio.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_233" href="#FNanchor_233" class="label">[233]</a>
-Ciudad de Arcadia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_234" href="#FNanchor_234" class="label">[234]</a>
-Ozolia y Opuntia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_235" href="#FNanchor_235" class="label">[235]</a>
-Llamada así por su proximidad a Esciros, ciudad de Arcadia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_236" href="#FNanchor_236" class="label">[236]</a>
-Alrededores de Malea, población de Arcadia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_237" href="#FNanchor_237" class="label">[237]</a>
-Ciudad de las fronteras de Laconia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_238" href="#FNanchor_238" class="label">[238]</a>
-Sobrenombre de Minerva Atenea. (Véase la palabra <i>Alea</i> en el
-<i>Diccionario</i> de Jacobi, y en el de Daremberg y Saglio.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_239" href="#FNanchor_239" class="label">[239]</a>
-Hacía más de seiscientos años que no se había verificado ninguna
-invasión en Laconia. Compárese Plutarco, <i>Agesilao</i>, cap. <span
-class="asc">XXX</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_240" href="#FNanchor_240" class="label">[240]</a>
-<span xml:lang="grc" lang="grc">Γαιήοχος</span> (que sostiene o rodea
-la tierra), sobrenombre de Poseidón (Neptuno).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_241" href="#FNanchor_241" class="label">[241]</a>
-Cástor y Pólux.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_242" href="#FNanchor_242" class="label">[242]</a>
-Véase Cornelio Nepos, <i>Arístides</i>, cap. <span
-class="asc">III</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_243" href="#FNanchor_243" class="label">[243]</a>
-Este es, evidentemente, uno de los más admirables discursos de
-Jenofonte.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_244" href="#FNanchor_244" class="label">[244]</a>
-Los fliasios, orcomenios, etc.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_245" href="#FNanchor_245" class="label">[245]</a> A
-los lacedemonios.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_246" href="#FNanchor_246" class="label">[246]</a>
-Literalmente <span xml:lang="grc" lang="grc">Ἀρχηγέται</span>
-(Arquegetas, Jefes del estado), refiriéndose a los individuos de la
-familia de Hércules.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_247" href="#FNanchor_247" class="label">[247]</a>
-Cordillera que se extiende desde las rocas Escironias hasta el monte
-Citerón.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_248" href="#FNanchor_248" class="label">[248]</a>
-Corresponden los sucesos de este capítulo a los años 368, 367 y 366
-antes de Cristo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_249" href="#FNanchor_249" class="label">[249]</a>
-Supremacía o preponderancia en el dominio terrestre.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_250" href="#FNanchor_250" class="label">[250]</a>
-Obsérvese el hermoso paralelismo de este discurso.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_251" href="#FNanchor_251" class="label">[251]</a>
-Por la fuerza de expresión y lo contundente de los argumentos, este
-discurso es uno de los más notables que pone Jenofonte en boca de sus
-personajes.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_252" href="#FNanchor_252" class="label">[252]</a>
-Unos dos kilómetros y medio.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_253" href="#FNanchor_253" class="label">[253]</a>
-Unos 124 metros.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_254" href="#FNanchor_254" class="label">[254]</a>
-Unos 650 metros.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_255" href="#FNanchor_255" class="label">[255]</a>
-Hallábase situada esta ciudad en un territorio muy agreste y
-escarpado.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_256" href="#FNanchor_256" class="label">[256]</a>
-Ciudad de la Argólida.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_257" href="#FNanchor_257" class="label">[257]</a>
-Más de la mitad del ejército de los diez mil, se componía de arcadios y
-aqueos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_258" href="#FNanchor_258" class="label">[258]</a>
-Sobre este plátano, véase la sátira de Luciano, <i>Sobre una
-habitación</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_259" href="#FNanchor_259" class="label">[259]</a>
-Corresponden estos sucesos a los años 371 al 366 antes de la era
-vulgar.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_260" href="#FNanchor_260" class="label">[260]</a>
-Capital de la Fliasia junto a las fuentes del Asopo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_261" href="#FNanchor_261" class="label">[261]</a>
-Ciudad fortificada del litoral de Laconia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_262" href="#FNanchor_262" class="label">[262]</a>
-Templo de Hera o Juno.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_263" href="#FNanchor_263" class="label">[263]</a>
-Los fliasios.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_264" href="#FNanchor_264" class="label">[264]</a> Se
-ignora cuál podía ser este río.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_265" href="#FNanchor_265" class="label">[265]</a> En
-el año 366 antes de Cristo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_266" href="#FNanchor_266" class="label">[266]</a>
-Este discurso de defensa, si bien algo paradójico, es verdaderamente
-admirable por su vehemencia y naturalidad.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_267" href="#FNanchor_267" class="label">[267]</a>
-Los sicionios.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_268" href="#FNanchor_268" class="label">[268]</a>
-Literalmente <span xml:lang="grc" lang="grc">ἀρχηγέτης</span> (jefe
-supremo). (Véase también el <a href="#FNanchor_246">cap. <span
-class="asc">V</span> del lib. <span class="asc">VI</span></a>.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_269" href="#FNanchor_269" class="label">[269]</a>
-Corresponde a los años 366 al 363 antes de nuestra era.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_270" href="#FNanchor_270" class="label">[270]</a>
-Temison y Teodoro de Eubea se habían apoderado de Oropo, ciudad
-aliada de los atenienses en las fronteras de Beocia y del Ática. Los
-ciudadanos desterrados habían regresado entonces a su patria. Compárese
-<i>Tucídides</i>, libro <span class="asc">VIII</span>, c.º 95.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_271" href="#FNanchor_271" class="label">[271]</a>
-Más tarde, esta causa fue defendida por Calístrato con tan grande
-habilidad y tan notable talento, que despertó el naciente genio de
-Demóstenes, que se hallaba apenas en la pubertad. (Véase la vida de
-Demóstenes en las <i>Vidas paralelas</i> de Plutarco).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_272" href="#FNanchor_272" class="label">[272]</a>
-Véase también el cap. <span class="asc">I</span> de este mismo
-libro.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_273" href="#FNanchor_273" class="label">[273]</a>
-Tribunal de los arcadios sobre el cual puede verse el capítulo <span
-class="asc">LII</span> del <i>Voyage du jeune Anacharsis en Grèce</i>,
-del abate Barthélemy.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_274" href="#FNanchor_274" class="label">[274]</a>
-Véase el <a href="#licomedes">cap. <span class="asc">I</span> de este
-mismo libro</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_275" href="#FNanchor_275" class="label">[275]</a>
-Hallándose situada en el interior la ciudad de Selasia, es de presumir
-que las tropas de Dionisio no se limitarían únicamente a una empresa
-marítima.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_276" href="#FNanchor_276" class="label">[276]</a>
-Montaña consagrada a Cronos (Saturno).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_277" href="#FNanchor_277" class="label">[277]</a>
-Ciudad de los eleos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_278" href="#FNanchor_278" class="label">[278]</a> En
-Acaya.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_279" href="#FNanchor_279" class="label">[279]</a>
-Ciudad de Arcadia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_280" href="#FNanchor_280" class="label">[280]</a>
-Sobre esta milicia arcadia puede verse una disertación de F.
-Béjot en las <i>Mémoires de l’Académie des Inscriptions et des
-Belles-Lettres</i>, t. <span class="asc">LVII</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_281" href="#FNanchor_281" class="label">[281]</a>
-Población próxima a Pilos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_282" href="#FNanchor_282" class="label">[282]</a>
-El mes que llamaban los atenienses <span xml:lang="grc"
-lang="grc">Ἑκατομβιών</span> (Hecatombeo). Corresponde a parte de los
-meses de junio y julio.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_283" href="#FNanchor_283" class="label">[283]</a>
-Bosque en que se celebraban los juegos. Su nombre viene acaso de <span
-xml:lang="grc" lang="grc">ἄλσος</span> (luco o bosque Sagrado).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_284" href="#FNanchor_284" class="label">[284]</a> En
-el año 362 antes de Cristo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_285" href="#FNanchor_285" class="label">[285]</a>
-Tirano de Feras. (Véase el <a href="#alejandro">cap. <span
-class="asc">IV</span> del lib. <span class="asc">VI</span></a>.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_286" href="#FNanchor_286" class="label">[286]</a> En
-este pasaje tan controvertido, hemos seguido el texto de L. Dindorf.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_287" href="#FNanchor_287" class="label">[287]</a>
-Herido mortalmente por mano de Grilo, hijo de Jenofonte. (Véase
-<i>Pausanias</i>, lib. <span class="asc">VIII</span>, cap. <span
-class="asc">IX</span>.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_288" href="#FNanchor_288" class="label">[288]</a>
-Según Diodoro Sículo, el ejército espartano, con sus aliados, constaba
-de más de 20.000 infantes y unos 2000 caballos, y el de los tebanos
-y sus aliados subía a unos 30.000 hombres de infantería y a más de
-3000 caballos. En esta batalla que tan justa celebridad ha alcanzado,
-combatieron, pues, cerca de 60.000 hombres.</p>
-
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<hr class="full" />
-
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-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg&#8482;
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Project Gutenberg&#8482; is synonymous with the free distribution of
-electronic works in formats readable by the widest variety of
-computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It
-exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
-from people in all walks of life.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg&#8482;&#8217;s
-goals and ensuring that the Project Gutenberg&#8482; collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg&#8482; and future
-generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
-Sections 3 and 4 and the Foundation information page at www.gutenberg.org.
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non-profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation&#8217;s EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
-U.S. federal laws and your state&#8217;s laws.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Foundation&#8217;s business office is located at 809 North 1500 West,
-Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up
-to date contact information can be found at the Foundation&#8217;s website
-and official page at www.gutenberg.org/contact
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Project Gutenberg&#8482; depends upon and cannot survive without widespread
-public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
-freely distributed in machine-readable form accessible by the widest
-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
-status with the IRS.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Foundation is committed to complying with the laws regulating
-charities and charitable donations in all 50 states of the United
-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
-considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
-with these requirements. We do not solicit donations in locations
-where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
-DONATIONS or determine the status of compliance for any particular state
-visit <a href="https://www.gutenberg.org/donate/">www.gutenberg.org/donate</a>.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-While we cannot and do not solicit contributions from states where we
-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
-against accepting unsolicited donations from donors in such states who
-approach us with offers to donate.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-International donations are gratefully accepted, but we cannot make
-any statements concerning tax treatment of donations received from
-outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Please check the Project Gutenberg web pages for current donation
-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
-ways including checks, online payments and credit card donations. To
-donate, please visit: www.gutenberg.org/donate
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 5. General Information About Project Gutenberg&#8482; electronic works
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
-Gutenberg&#8482; concept of a library of electronic works that could be
-freely shared with anyone. For forty years, he produced and
-distributed Project Gutenberg&#8482; eBooks with only a loose network of
-volunteer support.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Project Gutenberg&#8482; eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
-the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
-necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
-edition.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Most people start at our website which has the main PG search
-facility: <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-This website includes information about Project Gutenberg&#8482;,
-including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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