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If you are not located in the United States, you -will have to check the laws of the country where you are located before -using this eBook. - -Title: Las Helénicas o Historia griega - Desde el año 411 hasta el 362 antes de Jesucristo - -Author: Jenofonte - -Translator: Enrique Soms y Castelín - -Release Date: December 16, 2021 [eBook #66949] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading - Team at https://www.pgdp.net (This ebook was produced from - images generously made available by Biblioteca Digital - Hispánica/Biblioteca Nacional de España.) - -*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LAS HELÉNICAS O HISTORIA -GRIEGA *** - -NOTA DE TRANSCRIPCIÓN - - * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han - convertido a MAYÚSCULAS. - - * Los errores de imprenta han sido corregidos. - - * La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con - las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española. - - * También se han modernizado las transcripciones de los nombres - propios y gentilicios de origen griego. - - * Se han separado párrafos y se han añadido rayas de diálogo donde el - texto adopta forma dialogada. - - * Las notas a pie de página han sido renumeradas y colocadas al final - del libro. - - * Las páginas en blanco han sido eliminadas. - - * Se ha añadido un Índice al final de libro, pese a que el original - impreso no lo incluye. - - - - - LAS HELÉNICAS - o - HISTORIA GRIEGA. - - - - - BIBLIOTECA CLÁSICA - TOMO CXIX - - - LAS HELÉNICAS - o - HISTORIA GRIEGA - - DESDE EL AÑO 411 HASTA EL 362 ANTES DE JESUCRISTO - - POR - JENOFONTE - - Traducida por primera vez del griego al castellano - con numerosas notas filológico-literarias - POR - ENRIQUE SOMS Y CASTELÍN - DOCTOR EN FILOSOFÍA Y LETRAS - - - MADRID - LIBRERÍA DE PERLADO, PÁEZ Y C.ª - Sucesores de Hernando. - Calle del Arenal, núm. 11. - -- - 1919 - - - - - Imp. de Perlado, Páez y C.ª, Sucesores de Hernando, Quintana, 33. - - - - -A D. Laureano Arango y Portús. - -_Como pequeñísima prueba de amistad sincera, dedica este volumen de la_ -BIBLIOTECA CLÁSICA - - _El Traductor._ - - - - -PRÓLOGO. - - -Jenofonte ha sido siempre conocido y admirado por tres de sus obras: -la _Anábasis_, o expedición de Ciro, la _Ciropedia_ y las _Memorias -socráticas_; pero la gloria que estas obras han proporcionado a -su autor, han perjudicado a sus restantes escritos, pues los han -oscurecido. Y no es porque no les correspondan, así por el estilo, -como por la propiedad del lenguaje, ya por la fluidez y galanura de -la narración o por la elevación de sus ideas; antes al contrario, con -justicia puede decirse de este autor lo que no puede afirmarse de casi -ningún escritor, es a saber: que en cualquiera página que se abra la -colección de sus obras, siempre y en todas partes merece el dictado de -_abeja ática_, que ya le dieron sus contemporáneos por su fluidez y -gracia en el decir. - -Cierto que, así por la importancia del objeto como por el elevado -fin que se proponen, son aquellas obras superiores a los _pequeños -tratados_ de Jenofonte, el _Agesilao_, la _república_ ateniense -y lacedemonia, la _Apología_, el _Económico_, el _Comandante de -caballería_, etc.; pero no puede decirse lo mismo respecto de sus -_Helénicas_, es decir, la historia de Grecia y en especial de la guerra -del Peloponeso durante los años 411 a 362, antes de Jesucristo, que -escribió nuestro autor como continuación a la de Tucídides. Y, sin -embargo, pocos son los que piensen en Jenofonte al mencionarse aquella -celebérrima guerra en que, con ardor digno de mejor causa y con lances -variadísimos y verdaderamente épicos, se desangraron y desunieron todos -los estados, grandes y pequeños, de Grecia, preparando su decadencia y -su sujeción al coloso macedonio. - -Pero en España tiene este olvido mayores proporciones, pues no se ha -publicado hasta hoy ninguna traducción de esta obra que hubiera dado a -Jenofonte tantos lauros como cualquiera de las ya citadas y por todos -tenidas como sus obras maestras. De ahí que con muy buen criterio el -editor de esta _Biblioteca clásica_, le haya dado cabida en ella para -que acompañe a las restantes obras de Jenofonte ya publicadas, la -_Anábasis_ y la _Ciropedia_, y para que pueda verse a nuestro autor -bajo un prisma casi por todos aun ignorado. - -La principal causa de este olvido estriba en la comparación que se -establece por todo crítico entre los ocho libros de la historia -de la guerra del Peloponeso por Tucídides, y los siete libros de -las _Helénicas_ que hoy publicamos. Pero esto es únicamente una -preocupación que no tiene razón de ser, pues no solo difieren ambos -autores en el estilo, sino también en su idiosincrasia especial, si se -me permite la frase, por lo cual ningún resultado positivo puede dar su -comparación. - -Es verdad que cuantos busquen en Jenofonte aquella sobriedad en el -estilo y aquella plenitud del período, así como aquel lujo de detalles -que todos admiramos en Tucídides, tendrán que sufrir un desencanto y -una decepción, pues no son las condiciones peculiares y características -de nuestro autor; pero, en cambio, la magistral fluidez y la suavidad -inimitable en el decir, y la galanura en las imágenes, y la elocuencia -en los discursos, y la precisión en el lenguaje, y el orden y -encadenamiento en los sucesos, estas condiciones, unidas a un sinnúmero -de otras que podríamos citar, se hallan todas en las _Helénicas_ de -igual modo que se hallan en todas las obras de Jenofonte. - -No carece tampoco de variedad en la narración y de imaginativa en -los episodios; antes al contrario, estas cualidades son las que más -avaloran esta obra, y para que no se diga que nos hemos contagiado del -_panegirismo del propio autor_, de que habla uno de nuestros mejores -humoristas, vamos a comprobarlo con un ligero y superficial análisis -de las _Helénicas_, y con una breve enumeración de las más capitales -bellezas que contiene. - -Comienza la narración de Jenofonte en el año 411, antes de nuestra era -y poco después del combate naval del cabo del Sepulcro del Perro, entre -Míndaro y Trasíbulo, en que perdieron 21 naves los lacedemonios, acción -con que termina Tucídides su historia. Ábrese el relato de la de su -sucesor, con las brillantes proezas de Alcibíades en Abido y Cícico, -con la muerte de Míndaro y derrota de Farnabazo, y la retirada de Agis, -que abandona el cerco de Atenas ante la entereza de Trasilo, quien al -año siguiente experimenta una derrota en Coreso, junto a Éfeso, cuyos -efectos no son muy desastrosos, pues no impiden se apodere de cuatro -naves siracusanas frente a Metimna, ventaja seguida de otras victorias -que Alcibíades alcanza sobre Farnabazo y de la toma de algunas -ciudades importantes, y en especial de Bizancio. - -Todas estas proezas sirven de preparación al regreso de aquel general -a Atenas, y a su nombramiento de generalísimo revocado algunos meses -después por el pueblo al ser conocido el revés sufrido por la flota -ateniense en Notio, eligiéndose entonces diez nuevos generales y -retirándose aquel jefe a su castillo del Quersoneso, mientras se -pone Conón al frente de la flota, que experimenta otro descalabro de -consideración en el Helesponto. - -No desmayan por eso los atenienses, pues al divulgarse nuevas tan -aflictivas, decretan un socorro de 110 naves, que se equipan en treinta -días y logran obtener una gloriosa victoria naval sobre Calicrátidas -junto al cabo Maleo, con muerte del general lacedemonio y perdiendo -unas 70 naves la flota espartana. Pero no habiendo cumplido Terámenes y -Trasíbulo con el encargo que les hicieron los ocho generales en aquella -acción presentes, de salir en auxilio de los náufragos por hallarse la -mar muy gruesa, son juzgados todos ellos por el pueblo y condenados a -muerte en medio de escenas tumultuarias que con gran sobriedad, pero -con no menor exactitud, describe nuestro autor, poniendo en boca de -Euriptólemo, hijo de Pisianacte, uno de los mejores discursos que nos -presenta esta obra. - -Así termina el primer libro, no sin que nos diga Jenofonte, a tenor de -sus ideas filosófico-religiosas, la suerte final que obtuvieron los -instigadores principales de aquel injusto y revolucionario desacierto, -y el pronto arrepentimiento que sintió el pueblo ateniense por haber -muerto a sus generales, cuando las derrotas sufridas hicieron que los -echase de menos. - -Comienza el libro segundo con la conjuración de los soldados de -Eteónico, cortada en sus comienzos gracias a la energía y prudencia -de este general, y el regreso de Lisandro a la flota. Las sabias -medidas de este, y el dinero de los persas, le permiten reorganizarla y -levantar el abatido espíritu de sus soldados, así como obtener ventajas -de consideración por mar y tierra sobre los atenienses, tomándoles -varias ciudades y derrotándoles cerca de Egospótamos, a pesar de los -consejos de Alcibíades, que no quieren escuchar los generales de la -flota ateniense, de la cual solo ocho naves dejan de caer en poder del -enemigo. - -Consecuencia de esta derrota y de las restantes ventajas obtenidas por -los lacedemonios, es el abandono en que toda Grecia, a excepción de los -samios, deja a Atenas, cuyo pueblo comprende ha sonado para él la hora -de la expiación y del castigo. - -Pausanias, al frente de un numeroso ejército de peloponesios, comienza -el sitio de aquella población, mientras Lisandro, después de una -brillante expedición, que mejor podría llamarse marcha triunfal, por -entre las islas, fondea junto al Pireo, con ciento cincuenta naves, y -cierra por mar el bloqueo de Atenas. Agotados todos los recursos, y -después de unos meses de asedio, tienen que capitular los atenienses, -aceptando las humillantes condiciones que les imponen los éforos, que a -causa del hambre son recibidas con verdadero júbilo. - -Síguese a esta rendición, el año llamado de la _anarquía_ y la -entronización de los _Treinta tiranos_, la descripción de cuyos actos, -que ocupa el capítulo tercero de este libro, da ocasión a Jenofonte -para escribir unas cuantas páginas que por sí solas bastarían para -dar fama a cualquier escritor. En efecto, la enemistad de Critias y -Terámenes, así como la acusación y condena del último, y su discurso -de defensa, están escritos de mano maestra y evocan el recuerdo de -hechos bastante análogos en la celebérrima revolución francesa y en los -años del _Terror_, que en realidad ofrecen muchos puntos de contacto -con aquella época de convulsión popular. - -Tales atropellos e iniquidades apresuran la vuelta de los desterrados, -aumentando el número de los descontentos y de los que desean un -gobierno regular. Pónese Trasíbulo a su frente, y después de unas -ligeras escaramuzas, en las que son favorecidos los desterrados, -no solo por su valor y esfuerzo, sino también por el terreno y -las variaciones atmosféricas, acorralan en Eleusis a los treinta -tiranos, en favor de los cuales poco hacen los mismos lacedemonios, -pues Pausanias, uno de sus jefes, favorece pasivamente la vuelta -de los fugitivos, y procura se arreglen las cosas de manera que -cese aquel estado de perturbación, para lo que, después de dar al -olvido las antiguas disensiones, se restablece por completo la paz, -constituyéndose el gobierno del mismo modo que estaba antes del sitio, -y poniéndose Trasíbulo a su frente, con lo cual termina el libro -segundo, acaso el más bello de la obra, ya que no sea también el más -importante. - -Cambia de lugar la escena al comenzarse el libro tercero, pasando -a Asia Tibrón, y más tarde su sucesor Dercílidas, que tomó «nueve -ciudades en ocho días», no realizándose hechos de gran importancia, -gracias a la enemistad latente entre Tisafernes y Farnabazo, que saben -avivar arteramente los jefes espartanos, quienes consiguen con astucia -hacerles firmar una tregua que debía ser precursora de la paz. - -Tienen lugar también en esta misma época varias expediciones de los -espartanos contra los eleos, bajo el mando de Agis, quien muere poco -después de su regreso a Esparta, sucediéndole su hermano Agesilao, -a pesar de las pretensiones de Leotíquides, que decía ser hijo del -difunto rey. Nárrase después la conjuración de Cinadón, descrita -con vigoroso pincel, y que pinta con pocos, pero seguros rasgos, el -carácter espartano y el de su constitución social y política. - -Refiérense después las victorias de Agesilao en Asia, describiéndose su -previsión, prudencia y energía, así como sus dotes de gran general en -la guerra y de buen gobernante en la paz, terminando el libro tercero -con la funesta expedición contra Tebas dirigida por los espartanos, que -experimentan una seria derrota en Haliarto, donde perece Lisandro, uno -de sus jefes. - -Continúa el libro cuarto relatando las proezas de Agesilao en Asia -y la tregua celebrada con Farnabazo, interrumpidas aquellas por el -llamamiento que le hace su patria por necesitar de sus servicios. -Recrudécese mientras tanto la lucha entre Tebas y Esparta, en la -que, prescindiendo de otros secundarios combates, tiene lugar el -desastre naval de Cnido, donde entre otras pérdidas experimentaron los -espartanos la de su general Pisandro, y la batalla de Coronea, en que -obtiene Agesilao una señalada victoria sobre los tebanos, atenienses y -demás aliados. - -Tiene después lugar la guerra junto a Corinto, consiguiendo los argivos -y lacedemonios algunas ventajas, gracias principalmente a Praxitas -y Agesilao, oscurecidas en parte por el desastre experimentado por -la cohorte del Lequeo, que viene a acibarar las glorias del último, -quien, para evitar la irrisión y las burlas de los mantineos al pasar -en retirada por su territorio, tiene que entrar de noche en las -poblaciones que atraviesa, y salir de ellas al clarear el día. Siguen -después las expediciones contra los acarnanios y argivos, llevadas a -cabo respectivamente por Agesilao y por Agesípolis, quien comienza a -actuar de esforzado y pundonoroso capitán. - -Después del combate naval de Cnido, dan la vuelta Farnabazo y Conón -a las islas y ciudades marítimas, arrojando de ellas a los harmostas -lacedemonios, y haciendo nulas las ventajas obtenidas últimamente por -los jefes espartanos, si bien todos sus esfuerzos se estrellan en Sesto -y Abido, gracias a la energía de su gobernador Dercílidas. - -Conciertan después ambos jefes, el persa y el ateniense, lo que mayores -daños pueda causar a los espartanos, y terminada su expedición por las -islas, resuelven la reconstrucción de los muros de Atenas, que habían -sido derribados cuando los espartanos tomaron la ciudad. Logra con esto -Conón que los atenienses recuperen la fuerza moral que habían perdido -con los desgraciados sucesos de los años anteriores, y temiendo los -espartanos empeorar su situación, envían a Asia a Antálcidas con objeto -de proponer al rey la paz, bajo condiciones las más ventajosas para él; -pero no consiguen su objeto, pues los demás estados beligerantes no se -adhieren a ellas. - -Termina el cuarto libro con la narración de algunos otros hechos -secundarios, acaecidos en Rodas, en el Helesponto o en Asia, y que, -prósperos unas veces, y otras adversos, no hacen inclinar la victoria -ni en favor de los atenienses ni en favor de los espartanos. - -Ábrese el quinto libro con las alabanzas que tributa Jenofonte al -general lacedemonio Teleutias, quien regresa a su patria, una vez -terminado el plazo de su mando, en medio de las aclamaciones de sus -subordinados y de los aplausos de los extraños. Relátanse algunos de -los hechos realizados por Gorgopas y Cabrias en Egina, que no ofrecen -grande importancia, volviendo Teleutias a ponerse al frente de la -flota espartana, a gusto y satisfacción de todos. Bajo su mando tiene -lugar la atrevida y arriesgada expedición al Ática y al mismo Pireo, -mientras Antálcidas se apodera astutamente de las 8 naves de Trasíbulo -de Colito, con lo cual dominan en la mar los espartanos, y todos -tienen que aceptar las condiciones de la paz llamada vulgarmente de -Antálcidas, que en nombre del rey propone Tiribazo a los griegos. - -Todo sonreía a los lacedemonios; las ventajas obtenidas en la guerra se -habían aumentado con las alcanzadas por la paz; los tebanos la aceptan -con solo saber se dirige Agesilao contra ellos, y los argivos se -retiran de Corinto, dejándola completamente autónoma, al solo anuncio -de que Esparta les declarará la guerra; pero el orgullo ciega a los -espartanos y presta manifiesta ocasión a nuestro autor para que vea el -dedo de la Providencia en los hechos que posteriormente tienen lugar -entre Tebas y Esparta. - -En efecto, vencida Mantinea, que tiene que sujetarse a la voluntad -de Agesípolis, su vencedor, y reclamado por los de Acanto y Apolonia -el auxilio de Esparta contra las exigencias de Olinto, decrétase una -expedición contra esta ciudad bajo las órdenes de Eudámidas. Salen con -este las tropas disponibles, pero queda encargado su hermano Fébidas de -recoger las fuerzas restantes y conducirlas a su destino. Este último, -a su paso por Tebas, arrastrado por su ambición y por su carácter -aventurero, escucha las proposiciones de Leontíades, que, movido de -su enemistad contra Ismenias y su partido, le entrega la acrópolis y -hace prender a su rival. Sancionan con su aprobación los éforos esta -injusta acción, que se convierte en causa de infinitas contrariedades -para Esparta, pues todas las guerras relatadas en los siguientes libros -hasta terminar la obra, no son más que consecuencias de aquel hecho. - -Pónese Teleutias, hermano de Agesilao, al frente de las tropas enviadas -contra Olinto, y consigue algunas ventajas, hasta que en cierta -ocasión, cegado por la cólera producida por la derrota de uno de sus -lugartenientes, se arroja inconsideradamente contra los olintios, -pereciendo bajo los golpes de estos, que derrotan por completo a su -ejército. Sucédele en el mando Agesípolis, quien muere al poco tiempo a -consecuencia de una ardiente fiebre que le origina el inconstante clima -de aquella región. Polibíades, que le sucede en el mando, obliga a los -olintios a ajustar la paz y a jurar la alianza con los lacedemonios, -mientras Agesilao, después de un año y ocho meses de asedio, logra -rendir el valor de los fliasios y hacer que se entregue Fliunte, que no -había querido acceder a las proposiciones que sobre la admisión de los -desterrados le había hecho Esparta. - -Siete conjurados bastan para rescatar a la acrópolis de Tebas, arrojar -de ella a los lacedemonios, y una vez reconstituido el gobierno, -oponerse e inutilizar por completo la expedición que contra ellos -dirige Cleómbroto, hermano y sucesor de Agesípolis. Consiguen también, -a fuerza de dinero, que Esfodrias, gobernador espartano en Tespias, -simule un ataque al Pireo, a pesar de hallarse Atenas en paz con -Esparta, y no habiendo sido castigado este jefe por el senado, los -atenienses entran en campaña contra su antigua rival. Dirige después -Agesilao dos expediciones contra Tebas, consiguiendo algunas ventajas, -contrarrestadas en la primera por la derrota y muerte de Fébidas, su -lugarteniente, y en la segunda por lo avanzado de la estación y la -desunión de los habitantes de Tespias y de las demás ciudades en que -se apoyaban. No consiguen tampoco ninguna ventaja los lacedemonios con -la nueva expedición decretada contra Tebas y que dirige Cleómbroto, -después de lo cual, cansados los aliados, piden se active la guerra o -se haga la paz, por lo cual renuévanse las expediciones marítimas, en -las que sufren algunos descalabros los espartanos en los combates que -sostienen con Cabrias y Timoteo, jefes de las flotas atenienses. - -Así termina el quinto libro. Favorecidos los tebanos por la suerte -y por su valor, salen de la oscuridad en que hasta entonces habían -estado sumidos, y se prevé comienza para ellos el brillante, aunque -breve resplandor que sabrán dar a su ciudad dos de sus más notables y -eminentes hijos: Pelópidas y Epaminondas. - -Ábrese el libro sexto de las Helénicas con la embajada del tesalio -Polidamante, que viene a implorar el auxilio de los lacedemonios contra -el creciente poder de Jasón de Feras, descrito con mucha precisión y -gran colorido en el discurso de aquel ante el senado. Este tiene la -franqueza de confesar al enviado tesalio la imposibilidad en que se -encuentra de auxiliarle, y le aconseja procure sacar todo el partido -que pueda en su alianza con aquel tirano. - -Cansados los atenienses de la guerra, y siendo los tebanos los únicos -que obtendrán por ella alguna ventaja positiva, ajustan la paz con -Esparta, paz que dura muy poco, convirtiendo los lacedemonios en teatro -de la guerra a la isla de Corcira, primera causa ocasional de la larga -lucha entre las dos repúblicas rivales. Sufre Esparta un verdadero -descalabro con la muerte de su general Mnásipo, y reembarcados los -soldados expedicionarios, dominan los atenienses en la mar, y su -general Ifícrates, con su prudencia y esfuerzo, somete las ciudades de -Cefalenia, y se apodera de diez naves siracusanas que enviaba Dionisio -a los lacedemonios. - -Los excesos que cometen los tebanos con los aliados cuando les -sonríe la fortuna, ocasionan el aislamiento en que les dejan los -atenienses y demás pueblos griegos, que ajustan la paz con Lacedemonia, -comprometiéndose a declarar la guerra a todo el que no se someta a las -condiciones del tratado. Quedan con esto los tebanos solos enfrente -de toda Grecia; pero sin desanimarse, y sabiendo sacar partido de -todo, aun de los mismos rumores que hacen propalar para animar a sus -soldados, consiguen en Leuctra una de las más famosas victorias que se -registran en los griegos anales, que sume en estupor a Grecia toda, -pero que no es obstáculo para que se conserve Atenas fiel a su nueva -alianza con Esparta. - -La intervención de Jasón de Feras, que se apresura a socorrer a los -tebanos, hace que se suspendan las hostilidades y se negocie una tregua -que todos acogen con júbilo, pudiendo volverse aquel tirano a sus -dominios, donde a poco es asesinado, como lo son algo más tarde sus -sucesores Polidoro y Polifrón, y su sobrino Alejandro de Feras. - -Los disturbios de los tegeatas y la muerte de Próxeno por los -partidarios de Estásipo, así como el auxilio prestado por los mantineos -a los enemigos del último, dan ocasión a una nueva ruptura de las -hostilidades entre Esparta y Mantinea y a una expedición de Agesilao -a Arcadia, que no produce a la primera república ningún resultado -positivo y que fue seguida de la primera invasión de Laconia por los -tebanos y arcadios coaligados. Llega el ejército invasor hasta la -misma Esparta, abatiendo con ello el orgullo lacedemonio y despojando a -los espartanos de la aureola de invictos e inexpugnables con que hasta -entonces se habían envanecido. Al saberse en Atenas estos sucesos, -vacila el pueblo entre su deber de aliado de Esparta y el recuerdo -de sus antiguos odios; pero hácense oír las voces de sus oradores, -y decrétase ir en masa a socorrer a su antigua rival, poniéndose al -frente de la expedición al general Ifícrates, que perdiendo el tiempo -en los preparativos y en la marcha, llega a Laconia cuando ya se habían -retirado los enemigos. - -Comienza el séptimo y último libro de las Helénicas con la alianza -celebrada entre Atenas y Esparta para oponerse a los tebanos, alrededor -de los cuales se había agrupado considerable número de estados griegos, -siempre dispuestos a aliarse con el atleta naciente que comienza a -derrocar a los viejos colosos, si bien las ventajas de los tebanos -se amenguan ante la naciente rivalidad de los arcadios, que les -impide sacar toda la utilidad que podían esperar de la influencia y -consideración que alcanza Pelópidas con el rey de Persia en la embajada -que para conseguir la paz mandan a este los principales estados griegos. - -Dedica Jenofonte el cap. II de este libro a narrar las proezas de la -ciudad de Fliunte, cuyo relato y los encomios que tributa a dicha -ciudad son más bien un canto épico en prosa dirigido a ensalzar el -valor y la fidelidad, entusiasmado ante la heroicidad de un puñado de -hombres libres que todo lo sacrifican en aras de su libertad y de su -fidelidad a los amigos que se hallan en la desgracia. - -Ocúpase luego en describir los disturbios que ocurren en Sición, -motivados por la ambición de Eufrón, quien sufre el merecido castigo -de sus injusticias al ser asesinado públicamente ante el senado de -Tebas, donde había ido a sobornar a los magistrados para tiranizar a -sus conciudadanos, hecho al que siguen poco después las diferencias que -se agitan entre los arcadios y los eleos, a quienes con varia fortuna -auxilian los lacedemonios, diferencias que terminan con la celebración -de la paz entre ambos estados, si bien la injusticia del gobernador -tebano de Tegea hace que se rompan nuevamente las hostilidades y da -lugar a la célebre expedición de Epaminondas al Peloponeso y hasta el -mismo corazón de Esparta, y después de una derrota de la caballería -tebana por la ateniense, a la célebre batalla de Mantinea, una de las -más importantes que tuvieron lugar en Grecia, en la cual tomaron parte -cerca de 60.000 hombres, y que a no ser por la muerte del general -tebano, hubiera acaso influido de un modo decisivo en la suerte de -todos los estados griegos. - -Con esta batalla termina Jenofonte su historia, cuyo breve resumen -basta para que se comprenda la importancia capital de los sucesos -narrados por nuestro autor y la variedad de asuntos de que se ocupa. -Muchas páginas debiéramos escribir si quisiéramos consignar todos los -pasajes que se destacan en las Helénicas, pero no podemos dejar de -consignar, aunque muy a la ligera, pues va haciéndose este prólogo -excesivamente largo, algunos de los más capitalísimos y que dan -preclaro timbre de gloria a su autor. - -La descripción de la opinión en Atenas a la vuelta de Alcibíades, el -juicio de los generales atenienses por no haber recogido los náufragos -en el combate naval del cabo Maleo y el justo e intencionado discurso -de Euriptólemo, hijo de Pisianacte, así como el rasgo de haber sido -Sócrates el único ciudadano ateniense que sin dejarse llevar por la -corriente revolucionaria se opuso a cuanto pudiera ser ilegal en aquel -juicio, es de lo más importante y bello del libro primero. - -En el segundo destácase en primera línea la lucha entre Critias y -Terámenes, dos de los _Treinta_, y el discurso del último que no -puede impedir su muerte, pero que llena de infamia a su rival. El -sitio de Atenas y la desesperada situación de sus habitantes, así -como la relación de las negociaciones para la paz, son también de -gran importancia estética, de igual manera que el pintoresco relato -de la conjuración de los soldados de Eteónico en Quíos, el regreso -de Trasíbulo a Atenas y las arengas que dirige a sus soldados para -animarles y a los ciudadanos todos para que reine entre ellos la -concordia. - -Las bellezas más capitales del tercer libro son, entre otras, el -episodio de Manía la _gobernadora_ de la satrapía de Eólida, los -discursos de los diputados tebanos en Atenas, la humorística disputa -entre Agesilao y Leotíquides acerca de sus derechos al trono de -Esparta, y sobre todo, la gráfica y bella descripción de la abortada -conjura de Cinadón y la rivalidad noble y digna entre Agesilao y -Lisandro. - -El episodio de Otis y Espitrídates, así como la entrevista entre -Farnabazo y Agesilao y la hospitalidad que contrae este con su hijo, -el certamen guerrero que abre en Asia el general lacedemonio, las -operaciones de guerra que tienen lugar junto a Corinto y la conducta -hábil y valiente de Dercílidas en Abido, es de lo mejor que nos ofrece -el cuarto libro de la historia de Jenofonte. - -Lo propio sucede respecto al quinto con los discursos de Teleutias a -sus soldados, y de Clígenes, enviado de Acanto y Apolonia ante el -senado espartano, con la astuta traición de Leontíades en Tebas, con -la pintorescamente descrita revolución de esta ciudad que dirigen -Fílidas y Melón, y con el relato de los esfuerzos de Cleónimo, junto -a Arquidamo, para salvar a su padre Esfodrias, que ha incurrido en la -justa indignación de los éforos. - -El discurso vivo y descriptivo del farsalio Polidamante, la táctica -prudente y previsora de Ifícrates en su expedición a Corcira, los -discursos de los atenienses enviados a Lacedemonia para ajustar la -alianza entre las dos repúblicas, así como el pánico de los espartanos -al ver en su territorio a los tebanos, su heroica resistencia ante -el peligro de la patria y los discursos pronunciados en la asamblea -ateniense al discutirse si se auxiliará a su rival, avaloran en gran -manera el libro sexto. - -Finalmente, en el séptimo los discursos de los enviados a Atenas -para celebrar la alianza entre varios estados griegos, la conducta -esforzada de Arquidamo, la narración de las proezas de Fliunte, la -muerte de Eufrón y la defensa de su matador, así como el elogio de la -última campaña de Epaminondas, es todo ello digno remate de la obra de -Jenofonte, y aquilata la verdad de nuestro aserto al afirmar que no -desmerece de las tres obras maestras del mismo autor. - -Al terminar estas líneas, réstanos únicamente manifestar que hemos -seguido los textos más modernos y apreciados (principalmente el de -Reiske), de los que podemos decir no hemos discrepado más que en alguno -de los lugares más controvertidos y oscuros, cuando a nuestro entender -no ofrecían un sentido claro y terminante, en cuyo caso, hemos seguido -otra variante, aunque expresándolo casi siempre en nota. - -Permítasenos también consignar, como declaración última para terminar -este prólogo, que aunque hubiéramos deseado verter al castellano, no -solo las ideas de Jenofonte, sino también su galanura en el decir, nos -daremos por muy satisfechos si el público nos reconoce, además del -buen deseo que nos ha animado en nuestro trabajo, el constante empeño -que hemos puesto para darle una traducción lo más ajustada posible -al original griego, con objeto de que, ya que no reúna otro mérito -literario, le permita hacerse cargo de los sucesos de la guerra del -Peloponeso, narrados por Jenofonte. - - - - -HELÉNICAS O HISTORIA GRIEGA. - -LIBRO PRIMERO. - -CAPÍTULO PRIMERO. - - -Algunos días después de estos sucesos[1], Timócares llegó de Atenas -con algunas naves e inmediatamente verificose un combate naval entre -atenienses y lacedemonios, quedando vencedores estos últimos bajo la -dirección de Agesándridas[2]. - -Poco después y a principios del invierno, Dorieo[3], hijo de Diágoras, -partió de Rodas y llegó al Helesponto al clarear el día. El centinela -de los atenienses que debía anunciarle señaló su presencia a los -generales, los cuales se hacen a la vela contra él con veinte naves. -Huye ante ellos Dorieo, y vara las naves en los alrededores de -Reteo[4]. Acércanse los atenienses, y combaten junto a las naves y en -la costa, hasta que se juntan con el resto del ejército en Mádito[5], -sin haber realizado cosa alguna de provecho. - -Durante este tiempo, Míndaro[6], que ofrecía en Ilión un sacrificio a -Minerva Atenea, viendo el combate, se dirige a socorrerlos; se hace a -la vela con sus trirremes, y alcanza el puerto donde estaban las naves -de Dorieo. Hácenle frente los atenienses, y junto a la costa de Abido -libran un combate naval que dura hasta la noche. Mientras se dudaba de -quién quedaba vencedor o vencido, llega Alcibíades[7] con veintidós -naves, e iníciase la retirada de los peloponesios hacia Abido. -Sobreviene después en su auxilio Farnabazo[8], y metiendo el caballo en -el agua hasta donde le es posible, incita peleando a que hagan lo mismo -los infantes y los caballos que le acompañan; reúnen los peloponesios -sus naves, y alineados en orden de batalla combaten junto a la costa. -Los atenienses vuélvense hacia Sesto, llevando consigo treinta naves -enemigas que encontraron vacías después de haber recuperado cuantas -habían antes perdido. Desde aquella población, dejando en ella -cuarenta naves, se hacen a la vela en distintas direcciones, con -objeto de recoger dinero, y Trasilo, uno de los generales, se dirige a -Atenas para anunciar esta fausta nueva y para pedir hombres y naves. -Después de todo esto, llega Tisafernes al Helesponto; dirígese a él -Alcibíades con una sola trirreme, con objeto de ofrecerle los dones de -hospitalidad y los presentes de amistad; pero hácele prender aquel y -encerrarle en Sardes, diciendo que el rey[9] le ha dado orden de hacer -la guerra a los atenienses. Treinta días después, Alcibíades, habiendo -podido procurarse caballos, huye de noche con Mantíteo[10], otro -prisionero en Caria, y se dirigen durante la noche a Clazómenas. - -Los atenienses que estaban en Sesto, al saber que Míndaro va a hacerse -a la vela contra ellos con sesenta naves, huyen durante la noche -a Cardia[11], donde llega también Alcibíades desde Clazómenas con -cinco trirremes y un buque costero; pero informado de que las naves -peloponesias desde Abido se han dirigido a Cícico, llega a Sesto por -tierra, y manda a sus navíos se le reúnan en dicho punto dando un -rodeo. Después que estos llegaron, y cuando estaban a punto de levar -anclas para marchar al combate, sobreviene Terámenes con veinte naves, -viniendo de Macedonia, así como Trasíbulo con otras veinte de Tasos, -habiendo recogido ambos algún dinero. Ordénales en seguida Alcibíades -que amainen velas, y todos juntos navegan hacia Pario. Reunidos allí -ochenta y seis buques, se hacen a la vela al día siguiente y al otro -llegan a Proconeso a la hora del almuerzo, donde tienen conocimiento -de que Míndaro y Farnabazo, con las tropas de infantería, están en -Cícico, por lo cual permanecen a la expectativa todo el día en aquel -sitio. Al siguiente, convoca Alcibíades una asamblea, en la cual -manifiesta la necesidad en que se hallan de combatir por tierra y bajo -los muros. «En efecto --dice--, no tenemos dinero, y los enemigos -recíbenlo todo en abundancia de parte del rey.» - -La noche anterior, al anclar, había reunido alrededor de la suya a -todas las naves, aun las más pequeñas, a fin de que nadie pudiese -participar al enemigo el número de buques con que contaba, e hizo -pregonar pena capital para todo el que fuera sorprendido dirigiéndose -a la opuesta costa. Disuelta la asamblea, se prepara para el combate y -se dirige sobre Cícico, mientras llovía fuertemente; al llegar junto -a dicha población, y gracias a una momentánea claridad y a los rayos -del sol, ve las naves de Míndaro, en número de sesenta, maniobrando -fuera del puerto, de manera que puede cortarles la retirada. Al ver -los peloponesios las naves de Atenas en número mayor que antes y junto -al puerto, huyen en dirección a la costa, y haciéndolas varar, hacen -frente al enemigo, que se dirige hacia ellos; Alcibíades hace dar -un rodeo a sus veinte naves, y desembarca en la playa, como lo hace -también al verlo Míndaro, quien recibe la muerte combatiendo, y los -suyos se declaran en fuga. Los atenienses conducen todas las naves a -Proconeso, a excepción de las de los siracusanos, pues ellos mismos les -pegaron fuego. - -Al día siguiente hácense a la mar los atenienses en dirección a Cícico, -cuyos habitantes, abandonados por los peloponesios y por Tisafernes, -le reciben en sus muros; quédase allí Alcibíades durante veinte días, -recibe grandes cantidades de los de Cícico, y sin hacerles ningún daño -se retira a Proconeso. De allí navega hacia Perinto y Selimbria. Los -perintios reciben al ejército dentro de sus muros, y los selimbrios no -les abren las puertas, pero les dan dinero. Inmediatamente dirígense -a Crisópolis, en Calcedonia, población que fortifican, y donde -establecen un contador para exigir el diezmo de las naves que salgan -del Ponto Euxino, y dejan en ella una guarnición de treinta naves y dos -generales, Terámenes y Éumaco, encargados de vigilar la plaza y las -naves que pasen delante de ella, así como de hacer todo el daño posible -a los enemigos. Los otros generales parten para el Helesponto. Cae en -manos de los atenienses una carta de Hipócrates, el segundo de Míndaro, -que remiten a Atenas, y que contenía estas palabras: - - «Terminaron nuestras victorias; Míndaro ha perecido; están - hambrientos los soldados: no sabemos qué hacer.»[12] - -Farnabazo exhorta al ejército peloponesio y a sus aliados a no -apesadumbrarse a causa de algunos leños, pues hay madera en abundancia -en los dominios del rey, y todo va bien cuando se conserva la vida; -regala a los soldados un traje y el sueldo de dos meses, y después de -armar a los marineros, establece guarniciones en el litoral. Convoca -luego a los generales de las ciudades y a los comandantes de las -naves, les ordena construyan en Antandro tantas trirremes como cada -uno haya perdido, y entregándoles el dinero necesario, les dice -pueden construirlos con las maderas de los bosques del Ida. Mientras -se construyen los buques, los siracusanos, unidos a los habitantes de -Antandro, terminan las murallas, y son las tropas más disciplinadas de -la guarnición, por lo cual se les concede en dicha ciudad el título de -bienhechores y el derecho de ciudadanía. Habiéndolo dispuesto todo de -esta manera, Farnabazo se dirige en seguida en socorro de Calcedonia. - -Hacia este tiempo se anuncia a los generales siracusanos, que han sido -desterrados por el pueblo. Reúnen, pues, a sus soldados, y por medio -de Hermócrates deploran las desgracias de ser todos víctimas de un -destierro injusto e ilegal; excitan a los soldados a que sean siempre -tan valientes como hasta entonces, y a que se muestren siempre celosos -en el cumplimiento de sus deberes, y luego los mandan elijan jefes -hasta la llegada de los que deben sustituirles. Los soldados gritan -con entusiasmo que deben conservar el mando: tal es el deseo unánime -de los comandantes de las naves, de los marinos[13] y de los pilotos. -Objétanles los generales que es preciso no insubordinarse contra su -patria, y que si tienen algo que reprocharles pueden hacer uso de la -palabra. - ---«Acordaos --añaden-- de todas las victorias navales que habéis -alcanzado, de todas las naves que habéis tomado con vuestras solas -fuerzas, de todas las ocasiones en que, reunidos a otras tropas, os -habéis mostrado bajo nuestras órdenes invencibles y tenaces en vuestro -puesto, gracias a vuestro valor y a nuestras excitaciones, así en la -tierra como en el mar.» - -No levantándose nadie para hacerles cargos, continúan en sus funciones -hasta la llegada de los generales que deben sustituirles, Demarco, -hijo de Epícides; Miscón, hijo de Menécrates, y Pótamis, hijo de -Gnosias. La mayor parte de los comandantes de las naves juran les -harán levantar el destierro así que lleguen a Siracusa; cólmanles de -elogios y les dejan marchar a donde quieran. Principalmente los que -habían frecuentado la amistad de Hermócrates, le echaban de menos por -su actividad, su celo y su amabilidad: en efecto, cada día, mañana -y tarde, reunía en su tienda a los comandantes más distinguidos de -las naves, así como a los mejores pilotos y marinos; comunicábales -lo que tenía intención de decir y hacer, y les enseñaba a hablar, -obligándoles unas veces a expresarse sin preparación alguna, y otras -después de haber meditado unos momentos. De este modo había adquirido -Hermócrates gran consideración en el consejo, y se le tenía por el -que mejor hablaba y que daba mejores consejos. Habiendo acusado en -otro tiempo a Tisafernes en Esparta[14], y habiendo parecido fundada -su acusación, sostenida por el testimonio de Astíoco, Hermócrates se -dirige a Farnabazo, quien le ofrece dinero sin aguardar a que lo pida, -y reuniendo tropas mercenarias y trirremes, se prepara para regresar -a Siracusa. Mientras tanto llegan a Mileto los generales nuevamente -nombrados por los siracusanos, y allí toman posesión del mando de las -naves y del ejército. - -Declárase hacia el mismo tiempo una sedición en Tasos, siendo -vencidos los partidarios de Lacedemonia y Eteónico, el harmosta[15] -espartano. Pasípidas, oriundo de Esparta, acusado de haber preparado -con Tisafernes aquella sedición, es desterrado de su población natal, -y como había reunido la escuadra de los aliados, envían a Cratesípidas -para que tome el mando, quien la encuentra en Quíos. - -En esta misma época, mientras que Trasilo está en Atenas, Agis hace una -salida de Decelia[16] y llega, devastando la campiña, hasta los mismos -muros de Atenas; Trasilo, al frente de los atenienses y de cuantos allí -se encuentran, sale de la ciudad y coloca sus tropas a lo largo del -gimnasio del Liceo, en disposición de combatir si los enemigos avanzan, -al ver lo cual Agis emprende prontamente la retirada, no sin que sean -muertos por las tropas ligeras algunos de sus rezagados. Con este -motivo hállanse los atenienses más dispuestos a conceder a Trasilo el -auxilio que había venido a impetrar, y decretan que puede reclutar mil -hoplitas, cien caballos y cincuenta trirremes. - -Al ver Agis desde Decelia que entran en el Pireo con las velas -desplegadas gran cantidad de naves cargadas de trigo, declara que -ninguna utilidad pueden prestar sus tropas bloqueando por tierra -a Atenas, si no se les impide el aprovisionamiento por mar, y que -el mejor partido sería mandar a Calcedonia y a Bizancio al hijo de -Aristómenes y a Clearco, hijo de Ranfias, huésped público[17] de los -bizantinos. Habiéndose adoptado este parecer en Lacedemonia, se hace a -la vela aquel con quince naves, equipadas por los megarenses y demás -aliados, si bien eran más propias para el transporte de soldados que -para navegar con velocidad; por lo cual tres de ellas son echadas a -pique en el Helesponto por las nueve naves atenienses que vigilan -continuamente los buques enemigos, y las restantes huyen a Sesto, y de -allí se refugian en Bizancio. - -Así terminó este año, durante el cual invaden Sicilia los cartagineses, -bajo el mando de Aníbal[18], con un ejército de cien mil hombres; y en -el espacio de tres meses se apoderan de dos ciudades griegas, Selinunte -e Hímera. - - - - -CAPÍTULO II. - - -Al año siguiente, el de la nonagesimatercia olimpiada[19], en la -cual Evágoras de Elea alcanzó el premio en la carrera del carro -tirado por dos caballos, y Eubotas, el cireneo, el del estadio, -siendo éforo en Esparta Evárquipo, y arconte en Atenas Euctemon, -los atenienses fortifican Tórico, y Trasilo, tomando los buques que -le han sido decretados, arma como peltastas[20] cinco mil marineros -para que puedan hacer igualmente los dos servicios, y se hace a -la vela en dirección a Samos, al comenzar el verano. Permanece -allí tres días, partiendo después para Pígela[21], cuyo territorio -devasta, y comienza el sitio. Habiendo acudido en auxilio de los -sitiados algunos habitantes de Mileto, persiguen a las tropas ligeras -atenienses que se hallaban en desorden; pero los peltastas y dos -cohortes de hoplitas[22], acudiendo a socorrer a las tropas ligeras, -dan muerte a casi todos los milesios, toman unos doscientos escudos y -levantan un trofeo. Al día siguiente se hacen a la vela en dirección -a Notio[23], y después de hacer sus preparativos, se dirigen a -Colofón, cuyos habitantes les reciben amistosamente. Invaden durante -la noche inmediata las comarcas de Lidia, en que el trigo está ya en -sazón, incendian varias poblaciones y se apoderan del dinero, de los -esclavos y de un rico botín. El persa Estages, que se hallaba en dicha -comarca, aprovechándose de un momento en que los atenienses se hallaban -dispersos fuera del campamento para saquear por su cuenta, se arroja -sobre ellos con su caballería, les mata siete hombres y les hace un -prisionero. Trasilo, después de esta proeza, recoge a su ejército -junto al mar para dirigirse a Éfeso; pero adivinando Tisafernes sus -designios, reúne numeroso ejército y envía gente de a caballo para -exhortar a todos a que vayan a socorrer a Ártemis Diana en Éfeso. - -Diez y siete días después de la invasión se hace a la mar Trasilo en -dirección a Éfeso, y desembarcando a sus hoplitas junto al Coreso[24], -ordena a su caballería, a los peltastas, a los marinos y al resto -de sus tropas se queden junto a los pantanos, a la otra parte de la -ciudad, y así que apunta el día hace avanzar a sus dos cuerpos de -ejército. Las tropas de la plaza, con el refuerzo de los aliados -mandados por Tisafernes y el de los siracusanos (así los de las veinte -naves primeras como los de otras cinco que habían llegado recientemente -con los generales Eucles, hijo de Hipón, y Heraclides, hijo de -Aristógenes) y además con dos naves de Selinunte[25], se dirigen a su -encuentro. Reunidas todas esas tropas, derrotan primeramente a los -hoplitas acampados junto al Coreso, y después de ponerles en fuga, de -causarles unas cien bajas y de haber perseguido hasta el mar a los -fugitivos, se dirigen contra las tropas de los pantanos; son asimismo -derrotados los atenienses, que perecen en número de unos trescientos. -Los efesios levantan allí un trofeo y otro junto al Coreso; dan premios -por su valentía a los siracusanos y a los selinusios, así en general -como a algunos de ellos en particular, y conceden inmunidad completa de -impuestos al que quiera domiciliarse en la ciudad. Conceden asimismo el -derecho de ciudad a los selinusios cuya patria había sido recientemente -destruida[26]. - -Los atenienses, después de recoger sus muertos por una tregua, -regresan a Notio; les dan allí sepultura, y se hacen a la vela en -dirección a Lesbos y al Helesponto. Mientras están anclados delante de -Metimna, ciudad de Lesbos, distinguen a veinticinco naves siracusanas -que volvían de Éfeso, y arrojándose a ellas, se apoderan de cuatro con -todo su equipaje, y persiguen hasta Éfeso a las restantes. Trasilo -envía a Atenas los prisioneros, y suelta únicamente al ateniense -Alcibíades, primo y compañero de destierro del otro Alcibíades. Con -el resto del ejército se hace a la vela para Sesto, y de allí pasa a -Lámpsaco. Llega, sin embargo, el invierno, durante el cual los cautivos -siracusanos, que habían sido encerrados en las canteras del Pireo, -perforando la roca se evaden de noche y huyen unos a Decelia y otros a -Mégara. Quiere Alcibíades formar en Lámpsaco un solo cuerpo de ejército -con todas sus tropas; pero sus soldados veteranos, que nunca habían -sido vencidos, no quieren reunirse con los de Trasilo, que acaban de -sufrir una derrota. Pasan todos el invierno en Lámpsaco fortificando -dicha plaza, y verifican una expedición contra Abido, en la cual, -acudiendo en socorro de esta Farnabazo con numerosa caballería, es -derrotado y tiene que declararse en fuga. Alcibíades le persigue con -sus caballos y ciento veinte hoplitas mandados por Menandro, hasta -que la oscuridad les impide seguir en su persecución. Después de este -combate, mézclanse los soldados y fraternizan los suyos con los de -Trasilo. Realízanse en el mismo invierno algunas excursiones en el -continente, en las cuales son devastados los territorios del rey. -Durante este tiempo los lacedemonios, gracias a un tratado, dejan -retirarse libremente a los hilotas sublevados, que habían huido a -Corifasio[27] desde Malea. También en dicha época los aqueos hacen -traición a los colonos de Heraclea de Traquinia[28], en un combate -general contra los eteos, sus enemigos; de manera que perecieron unos -setecientos de ellos, con Labotas, harmosta lacedemonio. - -Así terminó este año, en el que los medos sublevados contra Darío, rey -de los persas, volvieron a acatar su autoridad. - - - - -CAPÍTULO III. - - -Al año siguiente el templo de Minerva Atenea, en Focea, es reducido a -cenizas por un rayo. Al terminar el invierno, siendo éforo Pantacles -y arconte Antígenes, conmemorando el buen tiempo, se hacen a la -vela los atenienses hacia Proconeso con todo el ejército, en el -año XXII.º de la guerra[29], y de allí van a anclar ante Bizancio -y Calcedonia, acampando alrededor de esta ciudad. Informados los -calcedonios del ataque que iban a sufrir por parte de los atenienses, -habían entregado todas sus riquezas a sus vecinos los tracios de -Bitinia[30]; Alcibíades, tomando consigo la caballería y algunos -hoplitas, hace costear las naves y se dirige a los bitinios, -pidiéndoles las riquezas de los calcedonios, diciéndoles les hará -la guerra si no se las entregan. Así lo hacen, y, de vuelta ya a su -campo con el botín y la garantía de un tratado, ataca Alcibíades por -ambos mares a Calcedonia con todo el ejército, y cierra con un muro -de madera, lo mejor que puede, el río que les divide. Hipócrates, el -gobernador lacedemonio, hace salir de la ciudad a la guarnición para -librar combate; despliéganse frente a frente los atenienses en orden -de batalla, y Farnabazo acude desde la otra parte de aquel muro en -socorro de los sitiados, con su ejército y con una caballería numerosa. -Combaten durante algún tiempo Hipócrates y Trasilo, cada uno con sus -hoplitas, hasta que llega Alcibíades con algunos de estos y con su -caballería. Queda muerto en el campo Hipócrates, y huyen sus soldados -a la ciudad. Mientras tanto, Farnabazo, que no había podido reunirse a -Hipócrates a causa del poco espacio que se había dejado entre el río -y las trincheras, tiene que retirarse al Heracleo[31], que está junto -a Calcedonia, en cuyo lugar tenía su campamento. Alcibíades marcha -después hacia el Helesponto y el Quersoneso, con objeto de recoger -dinero, y los restantes generales[32] convienen entonces con Farnabazo, -relativamente a Calcedonia, en estas condiciones: Que entregará -veinte talentos a los atenienses y presentará al rey los diputados -de Atenas. Afirman con juramento esta convención, obligándose a -pagar los calcedonios el acostumbrado tributo a los atenienses, y a -entregarles las cantidades atrasadas, a condición de que los atenienses -no emprendan hostilidad alguna contra Calcedonia hasta que regresen -los enviados al rey. Alcibíades no estuvo presente al celebrarse este -tratado, puesto que estaba frente a Selimbria; pero una vez tomada -esta ciudad, vuelve a Bizancio con gran multitud de quersonesios, -soldados tracios y más de trescientos caballos. Espérale en Calcedonia -Farnabazo, considerando necesario hacerle prestar juramento a lo -tratado; pero Alcibíades, al llegar de Bizancio, declara que no jurará -si no renueva también Farnabazo el juramento en su presencia; por -lo cual él jura la convención en Crisópolis, delante de Mitrobates -y Arnapes, enviados de Farnabazo, mientras este presta el juramento -público ante Euriptólemo, enviado de Alcibíades, después de lo cual se -dan mutuamente algunos dones privados. Hecho esto, parte Farnabazo de -dicha población, y ordena a los diputados que deben dirigirse al rey se -le unan en Cícico. Estos diputados eran Doroteo, Filocides, Teógenes, -Euriptólemo y Mantíteo por parte de los atenienses, y Cleóstrato y -Pirróloco por parte de los argivos; iban también con ellos algunos -enviados por los lacedemonios, Pasípidas y otros, habiéndoseles juntado -asimismo Hermócrates, expatriado siracusano, y su hermano Próxeno, a -todos los cuales conducía Farnabazo. - -Los atenienses, sin embargo, sitian Bizancio, después de rodear a -la ciudad con una trinchera y de inquietarla con proyectiles, y -avanzan hasta el muro. Encontrábase en dicha población el harmosta -lacedemonio Clearco, y con él algunos periecos[33] y un pequeño -número de neodamodes[34], así como algunos megarenses mandados por -Helixo de Mégara y algunos beocios que obedecían a Cerátadas. Viendo -los atenienses que nada pueden conseguir por la fuerza, persuaden -a algunos bizantinos para que les entreguen la plaza. No creyendo -Clearco el gobernador que hubiese en ella nadie capaz para hacerlo, -organizándolo todo lo mejor que puede, y encargando de la defensa de -la ciudad a Cerátadas y a Helixo, se dirige hacia Farnabazo, en el -opuesto continente, a fin de obtener de él el estipendio para sus -soldados y reunir las naves que Pasípidas había dejado en observación, -así en el Helesponto como en Antandro, y las que Agesándridas, segundo -jefe de Míndaro, tenía en Tracia: deseaba asimismo hacer construir -otras, y con todas estas fuerzas reunidas, acosar a los atenienses -y hacerles levantar el sitio de Bizancio. Luego de haber partido -Clearco, pónense a la obra los que querían entregar la ciudad, Cidón, -Aristón, Anaxícrates, Licurgo y Anaxilao, quien fue más tarde acusado -en Lacedemonia como culpable de traición, siendo absuelto por alegar -había salvado la ciudad al entregarla, pues veía morir de hambre a las -mujeres y a los niños, y además por ser bizantino y no lacedemonio. -Como Clearco hacía entregar a los soldados todo el trigo que había en -la ciudad, decía Anaxilao que había introducido al enemigo, sin que -le moviese para ello el deseo de obtener dinero, ni el odio hacia los -lacedemonios. - -Así que todo estuvo arreglado para realizar su designio, abren una -noche la puerta llamada de Tracia, e introducen a Alcibíades y a su -ejército. Helixo y Cerátadas, que nada sabían de la conjuración, se -dirigen con todas sus tropas armadas a la plaza pública; pero viendo -a los enemigos dueños de todo, y conociendo nada podían hacer, se -entregan y son enviados a Atenas, donde Cerátadas, al desembarcar en el -Pireo, huye por entre la multitud y llega salvo a Decelia. - - - - -CAPÍTULO IV. - - -Farnabazo y los enviados conocen los sucesos de Bizancio en Gordio[35], -ciudad de Frigia, donde pasan el invierno; al comenzar la primavera[36] -se dirigen hacia el rey, encontrando en su marcha la embajada -lacedemonia, compuesta de Beocio y de otros mensajeros, los cuales les -participan que los espartanos han alcanzado del rey cuanto pedían. -Encuentran asimismo a Ciro, que había recibido el mando de todas -las provincias marítimas, y que debía auxiliar a los lacedemonios, -quien les enseña una carta con el sello real dirigida a todos los -habitantes del Asia inferior, y en la que se decía: «Envío a Ciro -como _cárano_[37] de los pueblos que se reúnen en el Castolo»[38]. -Cárano quiere decir Señor. Los diputados atenienses, al conocer estas -órdenes, y después de haber visto a Ciro, desean aún más vivamente -dirigirse hacia el rey, y si no, regresar a su patria; pero Ciro ordena -a Farnabazo que le entregue los diputados, o que les impida a lo menos -volver a su patria, no queriendo que los atenienses conociesen cuanto -había sucedido. Farnabazo los retuvo todo el tiempo necesario, diciendo -unas veces iba a llevarles ante el rey, y otras que les enviaría a -Atenas, a fin de que nada pudiesen reprocharle; pero al cabo de tres -años suplica a Ciro les deje en libertad, representándole había jurado -volver a conducirles hasta el mar, si no les llevaba ante el rey; por -lo cual son enviados a Ariobarzanes[39] con la orden de conducirles -a la costa, y este les lleva a Cíos en Misia, de donde, por mar, se -reúnen a su ejército. - -Queriendo Alcibíades volver con sus tropas a Atenas, se hace a la vela -directamente hacia Samos, de donde, tomando veinte naves, entra en el -golfo Cerámico de Caria y regresa de nuevo a aquella ciudad después de -haber exigido veinte talentos a estas comarcas. Trasíbulo, con treinta -buques, se dirige a Tracia, donde somete las plazas que habían sido -tomadas por los lacedemonios, y entre otras Tasos, que había sido -devastada por la guerra, las sublevaciones y el hambre. Trasilo llega a -Atenas con el resto del ejército, y antes de su llegada habían elegido -los atenienses tres generales: Alcibíades, desterrado; Trasíbulo, -ausente, y Conón, que se hallaba en la ciudad. - -Alcibíades, con sus veinte trirremes y el dinero recogido, parte de -Samos, dirigiéndose a Paros, de donde marcha directamente a Gitio[40] -para vigilar las treinta trirremes que sabía preparaban allí los -lacedemonios, y para cerciorarse del modo que sería recibido a su -vuelta a Atenas. Después que conoció le era favorable la población, que -se le ha elegido general, y que especialmente sus amigos le incitan -a que regrese, entra en el Pireo el día en que la ciudad celebraba -las Plinterias[41], en las cuales se cubre con un velo la estatua de -Minerva Atenea, cosa que consideraron algunos como infausta para él y -para la ciudad, puesto que en aquel día ningún ateniense se atrevía a -emprender cosa alguna seria. Al desembarcar en el Pireo, la muchedumbre -de este y de la ciudad se aglomera alrededor de las naves para admirar -y ver a aquel Alcibíades que aseguran muchos es el mejor de todos los -ciudadanos, y el único, dicen, que ha mostrado la injusticia de su -destierro. Él es la víctima de muchos que le son inferiores y a quienes -aplastaba con su elocuencia, porque su política no tenía otro objeto -que el interés personal, mientras que él, por el contrario, tendió -siempre a aumentar el bien común con el simultáneo empleo de sus -propios recursos y de los de la ciudad; cuando ha querido ser juzgado -sin dilación alguna de la acusación contra él dirigida como profanador -de los misterios, sus enemigos han conseguido se desechase una súplica -que tan justa parecía, y durante su ausencia le han hecho desterrar -de su patria; entonces, esclavo de la necesidad, se ha visto obligado -a servir a sus enemigos más crueles, expuesto cada día a perder su -vida, y viendo a sus más íntimos amigos, a sus parientes, a sus -conciudadanos y a la ciudad entera cometer grandes faltas, sin poder -serles de ninguna utilidad a causa de su destierro; no deben temerse -las revoluciones ni las sublevaciones de hombres como él, añaden, -puesto que la popularidad le coloca encima de todos los de su edad y le -iguala a los que son más ancianos, mientras sus enemigos continúan a -estar dispuestos, como antes, a hacer perecer a los mejores ciudadanos, -así que puedan verificarlo impunemente, por lo cual quedarán solos en -su patria, ya que, apartados los ciudadanos que valen más que ellos, -deberá el pueblo necesariamente contentarse con los que queden.[42] - -El partido opuesto a Alcibíades aseguraba era este la única causa de -todas las calamidades públicas que se habían experimentado, y que había -el peligro de que este general atrajese a la ciudad por sí solo, todos -los funestos resultados que eran de temer. - -Alcibíades, después de haber entrado en el puerto, no desembarca en -seguida por temor a sus enemigos, pero quedándose sobre el puente, -procura distinguir a sus amigos, viendo a su primo Euriptólemo, hijo -de Pisianacte y a sus restantes parientes y amigos, desembarca y se -dirige a la ciudad con esta escolta, preparada a rechazar cualquier -ataque que contra él se intente. En el senado y en la asamblea se -defiende de la profanación, diciendo ha sido víctima de una injusticia, -y después de haber presentado varias razones del mismo género, sin -que nadie le replique, pues no lo hubiera tolerado la asamblea, por -unanimidad es proclamado generalísimo, con amplias facultades, como el -único capaz de recuperar para la república su antiguo poderío; hace -salir inmediatamente todas las tropas a fin de que la procesión de los -Misterios pueda celebrarse por su trayecto acostumbrado por tierra[43], -ya que a causa de la guerra había tenido que hacerse por mar, y después -levanta un ejército de mil quinientos hoplitas, ciento cincuenta -caballos y cien naves. - -Tres meses después de su regreso, se embarca en dirección a Andros, -que se había separado de la alianza ateniense, designándosele como -generales adjuntos de las tropas de tierra, a Aristócrates y Adimanto, -hijo de Leucolófides. Desembarca Alcibíades su ejército en Gaurio, que -está en la isla de Andros; pone en fuga a los andrios, que se habían -dirigido a su encuentro, y después de haberles causado muchas bajas, -los encierra en los muros con los lacedemonios que estaban con ellos. -Levanta después un trofeo, y pasados algunos días, se dirige hacia -Samos donde principia las hostilidades. - - - - -CAPÍTULO V. - - -Algún tiempo antes de estos sucesos[44], habían enviado los -lacedemonios a Lisandro para tomar el mando de la flota en sustitución -de Cratesípidas, pues había terminado ya el tiempo de su mando. Al -llegar aquel a Rodas[45], toma posesión de las naves y se dirige a Cos -y a Mileto, de donde se hace a la vela para Éfeso, y allí permanece con -setenta naves hasta que Ciro llegue de Sardes, y así que este llega -va a su encuentro Lisandro con los enviados espartanos y quejándose -de Tisafernes[46] y relatándole todo lo que ha hecho, suplican a Ciro -excite la guerra cuanto pueda; contesta este que tal es precisamente -el encargo que ha recibido de su padre, que estas son sus intenciones -y que hará cuanto de él dependa para realizarlas; añade que trae -quinientos talentos con este objeto; que si no bastan, hará uso de los -fondos privados que le ha entregado su padre, y que si todo esto no es -aún suficiente, hará fundir el trono sobre que está sentado, que es de -oro y plata. - -Alábanle esta respuesta y le deciden a dar una dracma ática[47] a los -marineros, manifestándole que este aumento de sueldo hará desertar a -los de la flota ateniense, lo cual le economizará más tarde grandes -dispendios. Ciro aprueba tales propósitos, pero manifiesta le es -imposible ir contra las órdenes del rey, puesto que, según el tratado -de alianza, debe dar únicamente treinta minas[48] al mes, por cada nave -que los lacedemonios sostengan en la guerra. Nada replica entonces -Lisandro, pero al fin de la comida, al brindar Ciro y pedirle qué podrá -hacer que le sea agradable, contestó Lisandro: «Aumentar un óbolo[49] -al sueldo de cada marinero.» Desde aquel momento, el sueldo para los -marineros fue de cuatro óbolos, habiendo sido de tres hasta entonces. -Ciro paga además los atrasos y hace repartir un mes adelantado, lo cual -redobla el celo de los soldados. - -Desanímanse con esta nueva los atenienses, y por medio de Tisafernes -le envían mensajeros, que no admite, por más que se lo ruegue aquel, -y por más que le incite a procurar, como él había hecho siguiendo -los consejos de Alcibíades, que ningún pueblo adquiriese gran -poderío, antes bien, que se debilitasen mutuamente con sus intestinas -disensiones. Después de haber reunido su flota en Éfeso, Lisandro -hace poner en seco sus naves, en número de noventa, y se mantiene en -reposo, ocupándose en recomponerlas y calafatearlas y en dar descanso a -sus tropas. Por su parte Alcibíades, sabiendo que Trasíbulo ha salido -del Helesponto para fortificar Focea, se dirige hacia él, después de -dejar el mando de la flota a su lugarteniente Antíoco, mandándole -expresamente no se acerque a las naves de Lisandro; pero este, con su -nave y otra, se hace a la mar con dirección al puerto de Éfeso desde -Notio[50], y se acerca a las proas de las de Lisandro. Este, poniendo -a flote un pequeño número de naves, le da caza; pero después, al ver -vienen los atenienses con mayor número de naves en auxilio de Antíoco, -dirige contra ellos toda su flota formada en orden de batalla. Echan -al agua entonces los atenienses que habían quedado en Notio todas sus -trirremes, y se hacen a la mar; de este modo se verifica un combate -naval, permaneciendo en buen orden los lacedemonios, mientras son -puestos en completa dispersión los atenienses, hasta que, perdidas -quince trirremes, se declaran en fuga: la mayor parte de los que las -montaban consiguen escaparse, pero algunos son apresados por los -enemigos. Lisandro se lleva las naves que ha tomado, levanta un trofeo -en Notio y se dirige a Éfeso; los atenienses se retiran a Samos. - -Después de este combate, Alcibíades, habiendo regresado a Samos, se -hace cargo de toda la flota y la conduce hacia Éfeso, apoderándose de -la entrada del puerto, donde se coloca en orden de batalla para ver -si se acepta el combate; pero como Lisandro no se mueve a causa de la -numérica inferioridad de sus naves, se vuelve a Samos. Poco tiempo -después, los lacedemonios se apoderan de Delfinio[51] y de Eión[52]. - -Cuando llega a Atenas la nueva de este combate naval, levántase gran -indignación contra Alcibíades, y a su negligencia y mala dirección -se atribuye la pérdida de las naves. Son elegidos diez nuevos -generales: Conón, Diomedonte, León, Pericles, Erasínides, Aristócrates, -Arquéstrato, Protómaco, Trasilo y Aristógenes. Al ver Alcibíades que -el ejército está también indispuesto contra él, toma una trirreme y se -retira a su castillo del Quersoneso. - -Sale en seguida Conón de Andros con sus veinte naves, y se dirige a -Samos para tomar el mando de la flota[53], según el decreto de los -atenienses. Para sustituir a Conón envían a Andros con cuatro naves a -Fanóstenes, quien encontrando dos trirremes turias, se apodera de ellas -con su equipaje; los atenienses encadenan a todos los prisioneros, -excepto a Dorieo, su jefe, natural de Rodas, quien prudentemente había -tenido que huir de Rodas y de Atenas para evitar la pena de muerte -pronunciada contra él y contra sus parientes por los atenienses, y -había adquirido después el derecho de ciudadano en Turios; túvose -compasión de él y se le soltó sin exigirle siquiera rescate. - -Al llegar a Samos encuentra Conón la flota en completo desorden; -consigue arreglar setenta trirremes, en lugar de más de ciento a que -ascendía aquella anteriormente; se hace a la vela, seguido de los otros -generales, y hace desembarcos en varios puntos del territorio enemigo, -que entrega al saqueo. - -Así termina este año, en el cual los cartagineses invaden Sicilia con -ciento veinte trirremes y un ejército de tierra de ciento veinte mil -hombres; vencidos primeramente en un combate, consiguen más tarde -apoderarse por hambre de Agrigento, después de un sitio de siete meses. - - - - -CAPÍTULO VI. - - -Al año siguiente[54], en el que se observó un eclipse de luna por la -noche[55] y se quemó el antiguo templo de Minerva en Atenas, siendo -éforo Pitias y Calias arconte en Atenas, los lacedemonios envían a -Calicrátidas para sustituir a Lisandro en el mando de la armada, puesto -que su magistratura acababa de expirar al mismo tiempo que terminaba -el vigesimocuarto año de la guerra. Al entregarle las naves, dice -Lisandro a Calicrátidas se las entrega después de haber sido declarado -rey del mar[56] y después de haber vencido en un combate naval; pero -aquel le replica debe primeramente abordar a Éfeso, costear por el lado -izquierdo la isla de Samos, donde estacionan las naves atenienses, -y entregarle en Mileto el mando de la flota para que le reconozca -acreedor a dicho título de rey del mar. Contéstale Lisandro que le -importa poco todo eso siendo otro el jefe; y entonces Calicrátidas, -añadiendo a las naves que ha recibido de Lisandro otras cincuenta, -entregadas por Quíos, Rodas y otros países aliados, reúne la flota -entera, en número de ciento cuarenta embarcaciones, y se prepara -para arrojarse sobre el enemigo. Habiendo sabido que los amigos de -Lisandro principian a hablar mal de él y que no solo no cumplen su -deber con todo el celo posible, sino que esparcen rumores calumniosos -por las ciudades, entre otros el de que se comete gran yerro al -cambiar los jefes de la armada, con lo cual se exponen a entregarla -a hombres sin talento, sin conocimiento de las cosas marítimas y de -la táctica debida con sus subordinados, y que, al enviar gente sin -experiencia y desconocida en aquellos países, corren grave peligro de -atraerse grandes desgracias, reuniendo Calicrátidas en asamblea a los -lacedemonios presentes, les dice: - ---«Me es completamente indiferente permanecer en mi casa, y si Lisandro -u otro cualquiera cree ser más perito que yo en la marina, nada tengo -que oponer. Pero como he recibido del estado el mando de la flota, -no puedo hacer otra cosa que ejecutar lo mejor que pueda las órdenes -que me han dado. En cuanto a vosotros, sin perder de vista el objeto -que yo ambiciono y las acusaciones que se dirigen a nuestra patria y -que sabéis tan bien como yo mismo, quiero que me aconsejéis lo que os -parezca mejor, entre quedarme aquí o regresar a Esparta para anunciar -lo que sucede en la armada.» - -No atreviéndose nadie a manifestar otra cosa sino que debía obedecer -las órdenes de Esparta y realizar aquello para que ha sido nombrado, -dirigiéndose a Ciro le pide dinero para pagar a sus soldados. Ruégale -este aguarde dos días, por lo cual, irritado Calicrátidas por la -demora y por las antesalas que debía hacer para verle, dice que los -griegos son muy desgraciados por tener que hacer la corte a los -bárbaros en súplica de dinero; y añade que si consigue volver salvo a -su patria, hará cuanto pueda para reconciliar a los atenienses con los -espartanos. Después de esto se hace a la vela para Mileto, desde donde -envía algunas trirremes a Lacedemonia en busca de dinero, y convocando -a consejo a los milesios, les dice: - ---«Mi deber, oh milesios, me obliga a obedecer a los magistrados de -mi país, y espero de vosotros mostréis el mayor celo posible para la -guerra, puesto que situados en medio de los bárbaros, habéis tenido -que sufrir mucho de ellos; es preciso, pues, deis el ejemplo a los -demás aliados, a fin de que podamos hacerles cuanto antes el mayor -daño posible, hasta que regresen los que he enviado a Lacedemonia en -busca de dinero, puesto que Lisandro a su marcha entregó a Ciro, como -cosa superflua, cuanto le quedaba, y este me ha despedido sin darme -nada cada vez que me he presentado a él, por lo cual no he podido -decidirme a esperar eternamente en su antecámara. Os prometo, sin -embargo, daros proporcionadas muestras de reconocimiento a las ventajas -que alcancemos sobre los bárbaros, mientras estamos aguardando lleguen -aquellos fondos; y con la ayuda de los dioses mostrémosles que no -tenemos necesidad de lisonjear a nadie para poder vengarnos de nuestros -enemigos.» - -Después de estas palabras levantáronse algunos, principalmente aquellos -a quienes se acusaba de ser sus adversarios y a los cuales el miedo -incita a indicar los medios para proveerse de dinero y a ofrecerse -ellos mismos para proporcionar alguna cantidad. Con ayuda de este -dinero y del de Quíos, da Calicrátidas cinco dracmas a cada marinero -para la travesía, y se dirige a Metimna, en Lesbos, ciudad aliada de -los atenienses. Rehusando entregarse los metimneos, pues tenían una -guarnición ateniense y sus principales habitantes eran de este partido, -sitia la ciudad y la toma a viva fuerza. Saquean los soldados cuantas -riquezas encuentran; pero hace reunir Calicrátidas en la plaza pública -todos los esclavos, y aunque querían los aliados fuesen vendidos -también los ciudadanos de Metimna, declara que mientras tenga él el -mando se opondrá con todas sus fuerzas a que ningún griego sea reducido -a la esclavitud. Da libertad al día siguiente a la guarnición ateniense -y a los ciudadanos, y hace vender a todos los esclavos de que se habían -apoderado. Hace decir también a Conón que pronto le impedirá ser el -favorito de la mar; y viendo se hace a la vela al clarear el día, le -persigue y le corta el camino de Samos para que no pueda refugiarse -allí. - -Huye Conón con sus naves, que eran muy veleras, puesto que había -escogido en sus numerosos equipajes a los mejores remeros y los había -colocado en un pequeño número de naves, y se refugia con dos de los -diez generales, Erasínides y León[57], a Mitilene, ciudad de Lesbos. -Calicrátidas entra persiguiéndole al mismo tiempo que él en el puerto -con ciento setenta naves. Prevenido, pues, Conón en sus intenciones -por los enemigos, vese obligado a librar un combate naval ante el -puerto, en el que pierde treinta naves; la tripulación huye a tierra, -y las cuarenta naves restantes, llevadas a remolque, son puestas en -seco junto a los muros de la ciudad. Calicrátidas ancla en el puerto, -bloquea al enemigo, guardando la entrada de aquel, y hace acudir -por tierra gran cantidad de metimneos y las tropas de Quíos; recibe -asimismo el dinero de Ciro. - -Sitiado por mar y por tierra Conón, y no pudiendo procurarse los -víveres en parte alguna, con gran cantidad de gente que mantener en la -población y sin recibir auxilio alguno de los atenienses, puesto que -ignoraban lo que ocurría, echa al agua sus dos mejores naves; equípalas -antes del día marcado con los mejores remeros de la flota; hace bajar -al fondo de la nave a los marinos, y para ocultarlos hace correr las -telas de la cubierta[58]. Así se hace durante el día, y por la noche, -cuando oscurece, los hace bajar a tierra a fin de que su maniobra -pasase desapercibida al enemigo. Al quinto día, después de haberse -aprovisionado de todo lo necesario, esperan hasta mediodía, y estando -entonces descuidadas las guardias y aun algunos centinelas dormidos, -salen del puerto, dirigiéndose un navío al Helesponto y el otro a la -alta mar. Salen en seguida en su persecución; cada cual se coloca donde -puede, córtanse las amarras, despiertan, y en tumulto procuran armarse -en el mismo lugar en que acababan de comer; embárcanse y se arrojan -en persecución de la nave que había ganado la altura; alcánzanla -al ponerse el sol, y se apoderan de ella después de un combate, -remolcándola con su tripulación hacia el resto del ejército. Pero la -que había huido en dirección al Helesponto burla la persecución y llega -a Atenas, donde lleva la nueva del bloqueo. Llega Diomedonte al canal -de Mitilene con doce naves en auxilio de Conón, pero echándose sobre -él de improviso Calicrátidas, le toma diez de sus naves, y Diomedonte -consigue escapar con otra nave y la suya. - -Los atenienses, al saber cuanto ha ocurrido, decretan un socorro de -ciento diez naves, en las que embarcan a todo el que está en edad de -soportar el peso de las armas, así esclavos como libres; equípase -esta tropa en treinta días, después de los cuales se hace a la vela, -habiéndose también embarcado en ella una numerosa caballería. Dirígense -primero a Samos, donde se les reúnen diez naves samias; júntanseles -también más de treinta naves de otras comarcas aliadas, a cuyos -habitantes en masa obligan a embarcarse, y recogen también cuantas -naves tenían desparramadas en varios sitios, con lo cual se eleva el -número total de esta flota a más de ciento cincuenta embarcaciones. - -Calicrátidas, al saber que la flota de socorro está en Samos, deja -en Mitilene cincuenta naves al mando de Eteónico, y se hace a la -vela con las otras ciento veintiuna en la isla de Lesbos, junto al -cabo Malea[59], que está frente a Mitilene. Dio la casualidad que -los atenienses cenaban aquel mismo día en las islas Arginusas, que -están situadas muy cerca de Lesbos. Distinguiendo Calicrátidas los -fuegos durante la noche, y habiendo averiguado eran de los atenienses, -leva anclas a media noche para caer sobre ellos de improviso, pero -sobreviene fuerte lluvia y truenos que le impiden aguantar la mar. -Disipada la tormenta al comenzar el día, se hace a la vela en dirección -a las Arginusas; avanzan inmediatamente los atenienses a su encuentro, -teniendo a su frente el ala izquierda y en este orden: Aristócrates -en la extrema izquierda con quince naves, y luego con otras quince -Diomedonte; Pericles[60] sigue a Aristócrates, y Erasínides a -Diomedonte; detrás de este están los samios con diez naves formados -en una sola línea y mandados por un samio llamado Hipeo, y seguidos -inmediatamente de las diez naves de los tribunos ordenadas también en -una sola línea; seguían después las tres trirremes de los comandantes y -el resto de la flota aliada; a la cabeza del ala derecha está Protómaco -con quince naves, y después Trasilo con otras quince. Apoyan al -primero Lisias con un número igual de naves, y Aristógenes a Trasilo. -Habían escogido este orden de batalla a fin de impedir forzara el -enemigo sus líneas, pues sus buques eran mejores. - -Las trirremes lacedemonias se habían colocado frente a frente -dispuestas en fila y preparándose a forzar la línea enemiga para -atacarla por la retaguardia, siendo más ligeros en la maniobra: -Calicrátidas mandaba el ala derecha. Hermón de Mégara, su -lugarteniente, le indicó que no haría mal en retirarse, ya que las -trirremes atenienses eran superiores en número, a lo cual contestaba -Calicrátidas que su muerte no sería gran desgracia para Esparta, -mientras que la huida sería una deshonra. Comienza en seguida el -combate, que dura largo tiempo, primero estando muy apretadas las -naves, después muy diseminadas. Arrojado al mar Calicrátidas en un -choque de su nave, no vuelve a aparecer. Protómaco y los suyos del -ala derecha, derrotan a la izquierda de los lacedemonios, quienes -principian a acentuar su fuga, unos a Quíos y la mayor parte a Focea; -los atenienses regresan a las Arginusas. Las pérdidas de estos habían -sido de veinticinco naves con su tripulación, fuera de algunos que -habían alcanzado la costa; las de los peloponesios fueron de nueve -naves espartanas, sobre diez que eran, y más de sesenta de los aliados. - -Los generales atenienses deciden encargar a los comandantes Terámenes y -Trasíbulo, y a algunos tribunos, vayan con cuarenta y siete trirremes -en busca de las naves naufragadas y de los hombres de a bordo, mientras -que ellos, con el resto de la flota, se dirigirán al encuentro de las -naves ancladas en Mitilene bajo las órdenes de Eteónico. El viento -y un violento temporal les impide realizar tales propósitos, por lo -cual permanecen allí mismo y erigen un trofeo. Recibe Eteónico la -noticia del combate por medio de una nave de transporte; despídela en -seguida, ordenando a los de la tripulación retrocedan sin ruido y sin -comunicar con nadie y avancen poco después hacia la flota coronados y -gritando que Calicrátidas ha ganado la batalla y que ha perecido toda -la escuadra ateniense. Así lo hacen, y él, inmediatamente después de -su regreso, ofrece sacrificios por tan feliz nueva, y ordena al mismo -tiempo a los soldados tomen el almuerzo y a los comerciantes coloquen -con sigilo sus mercancías en las naves a fin de dirigirse a Quíos, ya -que el viento es favorable, y salgan detrás de ellos las trirremes, y -recoge asimismo las tropas en Metimna, después de haber incendiado los -campamentos. Conón, al ver en fuga a los enemigos y soplando un viento -favorable, hace botar al agua sus naves y se dirige al encuentro de los -atenienses, que habían ya abandonado las Arginusas, participándoles -la estratagema de Eteónico. Prosiguen los atenienses su marcha hasta -Mitilene; de allí se dirigen a Quíos, y luego se vuelven a Samos sin -haber realizado hecho alguno importante. - - - - -CAPÍTULO VII. - - -Excepto Conón, al cual añaden Adimanto y Filocles, son depuestos en -Atenas todos los generales[61]. Dos de ellos que habían asistido -al combate naval, Protómaco y Aristógenes, no regresan a dicha -ciudad; pero así que los otros seis, Pericles, Diomedonte, Lisias, -Aristócrates, Trasilo y Erasínides llegan a ella, Arquedemo, demagogo -y distribuidor del dióbolo[62], propone una multa contra Erasínides, a -quien acusa ante el tribunal de haberse apoderado en el Helesponto de -cantidades que pertenecían al pueblo; acúsale igualmente por su mala -gestión como general, y el tribunal decreta el arresto de Erasínides. -Los generales dan después en la asamblea explicaciones sobre el combate -naval y sobre la violencia de la tempestad. Diciendo Timócrates que -era preciso encarcelarlos y conducirlos a la barra, la asamblea los -hace prender. Verifícase después una asamblea, en la que Terámenes, -entre otros, acusa vivamente a los generales; dice es de justicia -expliquen el motivo por el que no han recogido los náufragos, y lee -una carta en la que se disculpan únicamente con la tempestad para -probar que aquellos no alegan otra excusa. Cada general se defiende -después en pocas palabras, puesto que no se les concede el tiempo -que les dan las leyes, y relatan cuanto ha sucedido: mientras que -ellos mismos se hacían a la vela contra el enemigo, han confiado el -cuidado de recoger los náufragos a comandantes capaces y que habían -sido ya generales, Terámenes, Trasíbulo y otros de igual categoría. Si -es, pues, preciso acusar a alguien a causa de esto, únicamente debe -inculparse a los que de esta comisión fueron encargados; «y sin embargo ---añaden--, la acusación no nos conducirá a mentir y a pretender sean -ellos culpables, puesto que la violencia de la tempestad es la única -que ha impedido recoger los muertos». En apoyo de esta declaración -producen el testimonio de los pilotos y otros muchos que formaban -parte de la expedición. Persuaden con esto al pueblo, y levantáronse -muchos particulares que se ofrecen como caución; decrétase, pues, dejar -el asunto para la próxima asamblea, ya que era una hora muy avanzada -y no podían verse las manos al votar. Mientras tanto, debiendo el -senado ocuparse primeramente de este asunto, se propondrá al pueblo la -conducta que debe seguirse al juzgar a los procesados. - -Sobrevienen las Apaturias[63], durante las cuales se reúnen los -parientes y aliados entre sí. Terámenes y sus partidarios preparan una -multitud de individuos vestidos de negro y con la cabeza afeitada a fin -de que comparezcan ante la asamblea como parientes de los muertos en -aquel combate, y persuaden a Calíxeno para que acuse a los generales en -el senado. Hacen convocar en seguida una asamblea, en la cual, por boca -de Calíxeno, da el senado su decisión: - -«Habiendo sido oídas en la asamblea precedente así la acusación como -la defensa de los generales, se llama a votar a todo ateniense en -su propia tribu; se dispondrán dos urnas para cada una de estas, -y un heraldo publicará en la suya respectiva que todos los que -consideren fundamentada la culpabilidad de los generales deben votar -en la primera, y los que no lo consideren así, en la segunda. Si son -declarados culpables, serán castigados a muerte y entregados a los -Once, confiscados sus bienes y consagrado el décimo a la diosa Minerva -Atenea.» - -Comparece entonces un hombre ante la asamblea, diciendo se ha salvado -sobre un tonel de harina, y que los que perecían le encargaron -anunciara al pueblo, si se salvaba, que los generales no recogieron -a los valientes que habían combatido por la patria. Sin embargo, -Euriptólemo, hijo de Pisianacte y algunos otros, hacen presente que -Calíxeno ha leído un decreto contrario a las leyes; algunos de los del -pueblo les aplauden, pero la mayor parte grita, que es muy extraño no -se deje hacer al pueblo lo que quiera. Hace uso entonces de la palabra -Licisco, para decir que debe condenarse a los perturbadores a iguales -penas que a los generales, si no dejan en reposo a la asamblea; con -lo cual principia de nuevo el tumulto, y por fin tiene que retirarse -aquella proposición. Algunos pritanos afirman que no consentirán se -vote en contra de las leyes, y Calíxeno sube de nuevo a la tribuna y -repite la acusación antes formulada; gritan otros que es preciso acusar -también a los que sean de opuesto parecer, y sobrecogidos de miedo los -pritanos, consienten todos en que tenga lugar la votación, fuera de -Sócrates el hijo de Sofronisco, que da su voto contrario, diciendo no -hará nunca nada contra las leyes[64]. Después de todo esto, sube a la -tribuna Euriptólemo, y en favor de los generales, dice lo siguiente: - -«Atenienses: Subo a la tribuna para acusar en algunos puntos y para -defender en otros a Pericles, mi pariente y aliado, y a Diomedonte, -mi amigo, así como para daros el consejo que me parece de más utilidad -para la patria. Acuso a estos generales porque se opusieron a sus -colegas, cuando querían anunciar por medio de una comunicación al -consejo y al pueblo, que habían encargado a Terámenes y a Trasíbulo -recogiesen los náufragos con cuarenta y siete trirremes, y que estos no -lo habían hecho. Ahora comparten en común el peso de la falta que ha -sido cometida por algunos pocos, y en cambio de su filantropía pasada -corren el riesgo de sucumbir por una intriga de los culpables y de sus -enemigos. Pero no será esto así, si puedo convenceros para que obréis -conforme a justicia y según la religión, y para que procuréis averiguar -la verdad de todo ello, a fin de no tener más tarde que arrepentiros -y reconocer cometisteis una gran falta contra los dioses y contra -vosotros mismos. Os aconsejo, pues, no os dejéis engañar ni por mí ni -por nadie; que averigüéis quiénes son los culpables y les apliquéis el -castigo que queráis, uno a uno o a todos de una vez; pero concededles, -a lo menos, un día para defenderse, y no confiéis en nadie más que en -vosotros mismos. - -»Atenienses, todos sabéis que el decreto de Canono[65] es considerado -como muy severo y que ordena se defienda cargado de cadenas ante el -pueblo todo el que haya dañado a los atenienses, y que si es declarado -culpable sea condenado a muerte y arrojado al Báratro, confiscados -sus bienes y el diezmo consagrado a la diosa. Pues bien, yo pido que -por este decreto sean juzgados los generales, ¡y por Zeus[66]! si os -parece bien, antes que nadie mi pariente Pericles, pues gran deshonra -sería para mí me interesara más por él que por el estado. Pero si -no lo queréis así, juzgadles según la ley contra los sacrílegos y -traidores, por la cual, todo el que haga traición al estado o robe -algún objeto sagrado, debe ser juzgado ante el tribunal, y si es -condenado no puede enterrársele en el Ática siéndole confiscados sus -bienes. Sea cualquiera, pues, oh atenienses, la ley que prefiráis, -juzgad separadamente a estos hombres, y dividid en tres partes la -sesión: en la primera os reuniréis e indagaréis si son culpables o no; -en la segunda tendrá lugar la acusación, y en la tercera la defensa. -Gracias a esto, caerá el mayor castigo posible sobre los culpables, -pero pondréis en libertad a los que no lo sean, y no perecerá, oh -atenienses, ningún inocente[67]. - -»En cuanto a vosotros, juzgad según la ley, y respetando los juramentos -religiosos, tened cuidado de combatir, juntamente con los lacedemonios, -a aquellos que les tomaron setenta naves y les vencieron por completo, -al condenarles ilegalmente y sin forma de proceso. ¿Qué teméis para -apresuraros tanto? ¿Acaso no podéis condenar o dar la libertad, -según creáis conveniente, conforme a la ley y no contra ella, como -lo quiere Calíxeno al persuadir al senado proponga al pueblo decida -todo el asunto en una sola votación? Tened presente que de este modo -podéis condenar a muerte a algún inocente, y que más tarde tendréis -que arrepentiros de ello. Tanto más extraña sería vuestra conducta -al pensar que Aristarco, después de haber cometido grandes excesos -en Énoe[68] y haber entregado esta ciudad a los tebanos, vuestros -enemigos, obtuvo de vosotros un día para su defensa, como había pedido, -y todo se realizó según prescribe la ley; y en cambio priváis de este -mismo derecho a unos generales que han vencido por completo a los -enemigos, después de haber obedecido siempre vuestras órdenes. Pero -no, no lo haréis, atenienses; antes al contrario, vigilaréis por el -cumplimiento de esas leyes que vosotros mismos habéis establecido y por -las cuales habéis llegado a tan gran poderío, y no intentaréis jamás -hacer nada contra lo que ellas establecen. - -»Remontaos hasta los mismos sucesos y a las circunstancias que han -motivado la falta de los generales. Vencedores en la batalla naval, -habían bajado otra vez a tierra; Diomedonte propone que todas las -naves, diseminándose, vayan a recoger los náufragos y los restos de -las naves; por el contrario, Erasínides pide que la flota entera -se haga a la mar cuanto antes, para atacar al enemigo en Mitilene; -Trasilo sostiene pueden conciliarse ambas opiniones dejando una parte -de las naves en el lugar del combate y persiguiendo al enemigo con -las restantes. Prevalece este parecer; se decide que cada uno de los -ocho generales deje tres naves de su sección, a las cuales se añadirán -las diez de los tribunos, las diez de los samios y las tres de los -navarcos[69]: resultan entre todas cuarenta y siete; de modo que había -cuatro naves por cada una de las doce que habían sido sumergidas. En el -número de los tribunos puestos al frente de esta división se hallaban -Trasíbulo y Terámenes, el que en la asamblea anterior acusó a los -generales; el resto de la flota se hace a la vela contra los enemigos. - -»¿Qué encontráis en todo eso que no os parezca prudente y bien -dispuesto? ¿Acaso no es justo que los jefes de la expedición rindan -cuentas de cuantos yerros hayan cometido ante el enemigo, y que si los -encargados de recoger los náufragos han dejado de ejecutar las órdenes -de los generales, sean ellos traídos a juicio? Pero en favor de unos y -otros, debo añadir que la tempestad impidió realizaran las órdenes que -habían recibido de los generales. Como testigos presenciales tenéis a -cuantos han conseguido salvarse, y entre estos a uno de los generales -que escapó al naufragio de su navío, y que hoy quieren también envolver -en la misma sentencia que debe darse contra aquellos que faltaron al -cumplimiento de su deber, a pesar de haber necesitado él mismo de ese -socorro. No queráis, pues, oh atenienses, conduciros en medio de la -victoria y de la fortuna como harían los vencidos y los desgraciados: -no imputéis a falta de previsión una desgracia inevitable enviada por -un dios, ni condenéis como traición la imposibilidad de obrar y de -obedecer lo ordenado, a causa de la tempestad. Mucho más justo sería -recompensar con coronas a los vencedores, que condenarles a muerte -escuchando los consejos de hombres depravados.» - -Después de decir estas palabras, propone Euriptólemo por escrito, sean -juzgados separadamente los acusados, según la ley de Canono, a pesar -de la propuesta del senado, de que fuesen todos sentenciados a la vez. -Al votarse esta proposición, primeramente es adoptada, pero después de -las solemnes protestas de Menecles, se procede a una segunda votación, -y se aprueba lo propuesto por el senado, después de lo cual se condena -a muerte a los ocho generales que habían tomado parte en el combate -naval, y los seis presentes son ejecutados. - -No tardaron mucho tiempo los atenienses en arrepentirse, y decretaron -se presentasen ante la asamblea cuantos procuraron engañar al pueblo, -como culpables hacia el estado, debiendo prestar caución hasta ser -juzgados. Uno de ellos era Calíxeno; otros cuatro son encausados con -él y encarcelados por los mismos que prestaban caución por ellos; pero -antes de ser juzgados pudieron escaparse en una revuelta en que pereció -Cleofonte. Calíxeno volvió a Atenas con otros desterrados del Pireo; -pero execrado por todos, pereció de hambre. - - - - -LIBRO SEGUNDO. - -CAPÍTULO PRIMERO. - - -Los soldados de Eteónico que estaban en Quíos se alimentaron durante -todo aquel verano[70] con los frutos propios de la estación y con lo -que produjeron los campos, que hicieron cultivar por mercenarios; -pero cuando llegó el invierno y no tuvieron víveres y se hallaron -desnudos y sin calzado, se conjuraron y resolvieron apoderarse por -sorpresa de la ciudad de Quíos, conviniendo en que todos los que se -asocien a este proyecto, lleven como bastón una caña para darse a -conocer mutuamente. Instruido Eteónico de la conjuración, no sabe -qué partido tomar, a causa del gran número de los portacañas: si se -opone abiertamente, parecerá temer hagan uso de las armas, y una vez -dueños de la ciudad y convertidos en enemigos, lo perdía todo al ser -vencido, y por otra parte, el condenar a muerte a tan gran número -de aliados sería una iniquidad, y con ella correría evidentemente el -riesgo de atraerse la enemistad de los demás griegos, y de perder su -prestigio sobre los soldados. Tomando, pues, consigo quince hombres -armados de puñales, recorre la ciudad, y encontrando a un individuo -que enfermo de la vista salía de casa del médico llevando una caña, le -mata. Prodúcese con esto gran tumulto; todos preguntan por qué ha sido -muerto este hombre, y Eteónico hace pregonar entonces que no ha sido -por otra cosa más que por llevar en la mano una caña. Así que se hizo -este pregón, arrojan las cañas cuantos las traían, y todo el que lo -ha oído teme que le hayan visto con ella en la mano. Reúne en seguida -Eteónico a los habitantes de Quíos, y les invita a que le proporcionen -dinero para que recibiendo los soldados su paga, no intenten contra -ellos ninguna novedad. Entréganle el dinero pedido, y da la señal para -embarcarse. Recorre entonces todas las naves, una por una, y prodiga -las exhortaciones y los halagos como si nada supiese de lo ocurrido, -dando luego a cada cual la paga de un mes. - -Después de estos sucesos los habitantes de Quíos y los demás -aliados[71] se reúnen en Éfeso y decretan se envíen diputados a -Lacedemonia pidiendo regrese Lisandro para ponerse al frente de la -flota, puesto que había sabido congraciarse los aliados en su anterior -jefatura, sobre todo después de haber vencido en el combate naval de -Notio. Salen los diputados, y con ellos algunos mensajeros encargados -por Ciro para presentar la misma súplica. Los lacedemonios mandan como -segundo jefe a Lisandro, pero como general de la flota a Áraco, pues -sus leyes se oponen a que una misma persona desempeñe dos veces aquel -cargo; confíanse, sin embargo, las naves a Lisandro al terminar el -vigesimoquinto año de la guerra. - -Durante este mismo año Ciro hizo perecer a Autobesaces y a Mitreo, -hijos ambos de la hermana de Darío e hija de Artajerjes, padre de -aquel[72]; porque hallándose un día a su paso no habían ocultado sus -manos en las mangas del traje, lo cual no se hace más que para el rey, -pues siendo la manga más larga que la mano, cuando esta está oculta -por aquella, nada malo puede intentarse. Hierámenes y su mujer dicen a -Darío que es indigno permita tanta osadía en Ciro, y fingiendo hallarse -enfermo le manda llamar. - -Al año siguiente[73], siendo éforo Arquitas y Alexio arconte en Atenas, -llega Lisandro a Éfeso y hace venir de Quíos a Eteónico con sus naves; -y reuniendo las demás que se hallaban estacionadas en distintos -parajes, las hace recomponer y manda construir otras en Antandro. -Después se dirige a Ciro pidiéndole dinero, quien le contesta ha -gastado ya más de las cantidades que ha recibido del rey; y después -de mostrarle lo que ha dado a cada uno de los jefes de la armada, le -entrega lo que pide. Establece con este dinero Lisandro comandantes en -las naves, y paga el sueldo que se debe a los marineros. Por su parte -los generales atenienses equipan en Samos su flota. - -Ciro envía un mensajero a Lisandro, pues le ha llegado un correo -anunciándole que su padre está enfermo en Tamneria de Media, junto a -los cadusios[74], contra los cuales dirigía una expedición, y le manda -llamar. Al llegar Lisandro, le prohibe librar combate a los atenienses -sin tener mayor número de naves, pues tanto el rey como él mismo -poseen bastante dinero para armar en regla una flota con este objeto. -Muéstrale al mismo tiempo los tributos pagados por las ciudades que -le pertenecen, le da el dinero restante, y después de recordarle su -particular afecto hacia los lacedemonios y hacia él mismo, marcha a -reunirse con su padre. - -Gracias al dinero que le ha dado Ciro al partir para donde se halla -enfermo su padre, paga Lisandro al ejército y se hace a la vela en -dirección al golfo Cerámico de Caria; ataca a Cedreas, ciudad aliada -de los atenienses, tómala por asalto al siguiente día y reduce a -la esclavitud a sus habitantes, que en gran parte eran bárbaros, -dirigiéndose después a Rodas. Los atenienses, al partir de Samos, -saquean el territorio del rey y se dirigen hacia Quíos y Éfeso, -preparándose al combate: a los generales con mando añaden Menandro, -Tideo y Cefisódoto. Mientras tanto dirígese Lisandro desde Rodas al -Helesponto, costeando Jonia, así para asegurar libre paso a las naves, -como para reducir a su deber a las ciudades que se habían emancipado. -Los atenienses, dejando Quíos, se dirigen a la alta mar, pues las -costas de Asia les eran enemigas. Lisandro, partiendo de Abido, se -apodera de Lámpsaco, aliada de los atenienses, y al ir costeando se le -juntan los habitantes de Abido bajo el mando del lacedemonio Tórax; -sitian la ciudad, se apoderan de ella por asalto, y los soldados -saquean todas las riquezas, de que está bien provista, así de vino y -trigo como de toda otra clase de provisiones. Lisandro deja en libertad -a todos los ciudadanos de ella. - -Los atenienses, que seguían su pista, fondean en Eleunte del Quersoneso -con ciento ochenta naves; mientras están comiendo reciben la nueva de -cuanto ha sucedido en Lámpsaco y se dirigen inmediatamente a Sesto, -de donde, después de aprovisionarse, se hacen a la vela de dirección -a Egospótamos, frente a frente de Lámpsaco, cuyo lugar dista del -Helesponto unos quince estadios, y cenan allí. - -A la mañana siguiente y al clarear el alba, da Lisandro la señal para -que se embarquen las tropas, que acababan de almorzar, disponiéndolo -todo para el combate; hace colocar unas bandas a modo de barreras a los -lados de las naves, y prohibe que nadie abandone su puesto en el buque. -Al salir el sol van a colocarse los atenienses en orden de batalla -delante del puerto, enfrente del enemigo; pero no moviéndose Lisandro y -comenzando a hacerse tarde, se retiran de nuevo a Egospótamos. Ordena -Lisandro sigan a los atenienses las naves más veleras, y vuelvan -así que hayan observado lo que hacen los atenienses al desembarcar; -mientras están ausentes esas naves, no permite que nadie abandone su -puesto, y lo mismo hace durante cuatro días seguidos, en los cuales los -atenienses vienen a presentarle combate. - -Al ver Alcibíades desde sus muros[75] a los atenienses anclados junto a -la playa, lejos de toda ciudad y teniendo que hacer venir por mar los -víveres desde Sesto, distante quince estadios de su estación naval, -mientras que el enemigo está en el puerto y junto a una ciudad en la -cual se encuentra todo lo necesario, díceles no han fondeado en puerto -a propósito, y les exhorta a que se sitúen delante de Sesto, en las -cercanías de un puerto y de una ciudad. «Allí --les dice-- podréis -librar combate cuando queráis.» Los generales, principalmente Tideo -y Menandro, le envían noramala, pues no es él el general, sino los -que han sido elegidos para este cargo, y él se retira. Al quinto día -de presentar batalla los atenienses, da Lisandro a sus subordinados -instrucciones para que cuando vean en tierra y dispersos en busca de -víveres y provisiones a los atenienses y divertidos en mofarse de él, -regresen inmediatamente y eleven desde lejos un escudo en los mástiles. -Hácenlo así, y Lisandro manda dar la señal de partir, llevando consigo -a Tórax y su infantería. - -Al ver Conón que se acerca el enemigo, hace dar la señal para que -todo el mundo se embarque apresuradamente; pero los soldados se -hallaban completamente diseminados, y en algunos buques solo dos -filas de remeros estaban ocupadas, en otros una, y algunos se hallaban -completamente vacíos; únicamente la nave de Conón, con otras siete que -estaban junto a ella y la _Páralos_[76], consiguen la altura; todas las -restantes son tomadas junto a la costa por Lisandro, quien se apodera -además de la mayor parte de los soldados atenienses, consiguiendo solo -unos pocos huir a las aldeas próximas. Conón, que había podido escapar -con las nueve naves, viendo perdida la causa de Atenas, se detiene en -el promontorio Abárnide de Lámpsaco, donde se apodera de las grandes -velas de las naves de Lisandro, y con ocho naves se dirige a Evágoras -de Chipre, mientras que la _Páralos_ toma la dirección de Atenas para -llevar la nueva de cuanto acaba de suceder. - -Lisandro conduce a Lámpsaco las naves, los prisioneros y todo lo -restante de que se ha apoderado, así como algunos de los generales, -entre otros Filocles y Adimanto. En este mismo día manda a Lacedemonia -para que dé la nueva de su victoria, al pirata milesio Teopompo, quien -emplea solo tres días en la travesía. Después de esto, reuniendo -Lisandro a los aliados, les pide consejo respecto al destino que se -ha de dar a los presos; numerosas acusaciones se levantan contra los -atenienses y contra los crímenes que han cometido o querían cometer, -sobre todo el de cortar la mano derecha a los prisioneros si hubiesen -vencido en el último combate, así como el de haber arrojado al mar -a todos los tripulantes de dos trirremes, una de Corinto y otra de -Andros, de que se habían apoderado; barbarie cometida por el general -ateniense Filocles. Enuméranse además muchas otras quejas, y después se -decide matar a todos los prisioneros atenienses, excepto Adimanto, por -haber sido el único que se opuso al decreto de las manos cortadas, lo -cual hizo que más tarde le acusasen en su patria de haber entregado las -naves. Lisandro, después de haber pedido a Filocles qué castigo merecía -el que había violado por primera vez las leves equitativas de Grecia, -arrojando al mar a los de Andros y Corinto, le hace decapitar. - - - - -CAPÍTULO II. - - -Después de haber arreglado los asuntos de Lámpsaco, navega Lisandro -hacia Bizancio y Calcedonia; recíbenle los habitantes y dejan en -libertad, bajo la fe de los tratados, a las guarniciones atenienses. -Entonces huyen al Ponto los que habían entregado a Alcibíades la -ciudad de Bizancio, y más tarde se refugian en Atenas, donde se hacen -ciudadanos. Lisandro manda a Atenas a todas las guarniciones y a -cuantos atenienses encuentra, dándoles salvoconducto solo para dicha -ciudad, con la certidumbre de que cuanto mayor sea el número de los que -se reúnan allí o en el Pireo, tanto más pronto se hará sentir la falta -de víveres. Deja como gobernador lacedemonio en Bizancio y Calcedonia a -Estenelao, y él regresa a Lámpsaco[77], donde hace reparar las averías -de las naves. - -Llega a Atenas durante la noche, la _Páralos_; espárcese la noticia de -la catástrofe, y los lamentos pasan del Pireo y de los grandes muros -a la ciudad, al transmitirse de boca en boca la noticia; nadie duerme -durante aquella noche, y los llantos son continuos, no solo por los -que habían perecido, sino sobre todo porque comienzan a temer tendrán -pronto que sufrir el mismo tratamiento que habían antes aplicado a -los melios, colonia espartana que habían tomado a la fuerza, a los -histieos, escioneos, toroneos, eginetas y a muchos otros griegos[78]. -Al día siguiente se reúne la asamblea y en ella se dispone se obstruyan -todos los puertos, excepto uno solo, se reparen los muros, se -establezcan guardias y, por fin, se tomen todas las medidas necesarias -para poner a la ciudad en estado de sostener un sitio. Tal era su -situación. - -Lisandro, partiendo del Helesponto con doscientas naves, llega a -Lesbos, donde arregla el gobierno de las otras ciudades y de Mitilene, -y envía diez trirremes, bajo el mando de Eteónico, a las plazas de -Tracia para someter aquel país a los lacedemonios. Después del combate -naval, Grecia entera abandona a los atenienses, a excepción de los -habitantes de Samos, los cuales, degollando a los notables, conservan -la posesión de su ciudad. Lisandro hace saber después de esto a Agis y -a Esparta que se pone en camino con doscientas naves. - -Levántanse en masa los lacedemonios y los demás peloponesios, a -excepción de los argivos, por orden de Pausanias, uno de los dos reyes -de Esparta. Reunidas las tropas, pónese a su frente Pausanias y acampa -junto a Atenas, en el gimnasio de la Academia. Al llegar Lisandro a -Egina, devuelve la ciudad a los eginetas, de los cuales había reunido -gran número, y lo propio hace con los melios y restantes pueblos que -habían sido desposeídos de sus poblaciones; después de lo cual, una vez -devastada Salamina, fondea con ciento cincuenta naves junto al Pireo e -impide la entrada a los buques que quieran dirigirse a este puerto. - -Sitiados por tierra y por mar los atenienses, sin saber qué resolver, -careciendo de naves, de aliados y de víveres, imaginan, como único -porvenir posible, el sufrir cuanto ellos habían realizado con las -pequeñas ciudades aliadas de Esparta, no por venganza, sino únicamente -por represalias. Por esto, rehabilitando a los que habían sido -depuestos de sus honores, sufren valerosamente el sitio, y a pesar -de los muchos que perecen de hambre, nadie se atreve a proponer la -capitulación. Sin embargo, comenzando ya a faltar el trigo, mandan -diputados a Agis proponiéndole una alianza, con la sola condición de -conservar los muros y el Pireo; pero aquel les dice que se dirijan a -Esparta, por carecer él de poderes bastantes. Traen los diputados esta -respuesta a los atenienses, y estos les envían a Lacedemonia; pero una -vez llegados a Selasia, junto a las fronteras de Laconia, y al saber -los éforos que lo que tienen orden de proponerles es lo mismo que -habían indicado a Agis, ordénanles se retiren y que vuelvan, si desean -la paz, después de una deliberación más prudente. - -De regreso en Atenas, anuncian los diputados al pueblo el resultado de -su misión, y sobrecoge a todos la desesperación más profunda: cada cual -se figura ya ser vendido como esclavo, y cree que hasta que se envíen -nuevos diputados habrá tiempo bastante para que perezcan de hambre -muchos ciudadanos; además no había nadie que se atreviera a proponer -la demolición de los muros, puesto que por haber dicho Arquéstrato en -el senado, que lo mejor que podía hacerse era ajustar la paz bajo las -condiciones propuestas por los lacedemonios, que era la demolición de -la grande muralla en una extensión de diez estadios en cada uno de -sus recintos, fue preso, y había sido decretado además que no fuese -permitido abrir discusión sobre este punto. Así las cosas, Terámenes -dice en la asamblea que si quieren enviarle a Lisandro, averiguará de -los lacedemonios si la condición de los muros es para esclavizar la -ciudad o solo como garantía. Es enviado y aguarda junto a Lisandro -más de tres meses, espiando el momento en que por la falta de víveres -deberán aceptar los atenienses cuanto se les proponga. Por fin llega -al cuarto mes, y anuncia en la asamblea que Lisandro le ha detenido -todo este tiempo y que después quería mandarle a Lacedemonia, pues no -era dueño de hacer por sí lo que le pedían, por ser atribución de los -éforos. Entonces se le manda en comisión a Lacedemonia con otros nueve -más, con amplios poderes; por su parte Lisandro envía, entre otros -lacedemonios, a Aristóteles, expatriado de Atenas, para anunciar a -los éforos que había contestado a Terámenes que ellos eran los únicos -que podían tratar de la paz y de la guerra. Al llegar Terámenes y los -demás enviados a Selasia, son interrogados respecto al objeto de su -venida, y al decir que tienen amplios poderes para tratar de la paz, -los éforos mandan llamarles. Convócase una reunión cuando llegan, y -en ella los corintios y principalmente los tebanos y otros muchos -griegos manifiestan no debe tratarse con Atenas, sino arrasarla; pero -los lacedemonios declaran que no reducirán a la esclavitud a una -ciudad helénica que ha prestado los mayores servicios a los griegos en -sus grandes calamidades; por lo cual se ajusta la paz bajo condición -de demoler los grandes muros y las fortificaciones del Pireo, de -entregar todas sus naves a excepción de doce, de admitir de nuevo a los -desterrados y de reconocer por amigos o por enemigos a los que lo sean -de Esparta, siguiéndola así por mar como por tierra a donde quiera. -Llevan a Atenas estas condiciones Terámenes y sus colegas, y al entrar -en la ciudad son rodeados por una inmensa multitud que temía verles -volver sin haber alcanzado nada, pues no había ya medio para sostenerse -más tiempo a causa del gran número de los que perecían de hambre. Al -día siguiente hacen conocer los diputados las condiciones bajo las -cuales otorgan la paz los lacedemonios, y habla Terámenes declarando -que es preciso someterse a todo y arrasar los muros. Algunos ciudadanos -se levantan para oponerse, pero habiéndose declarado una fuerte mayoría -en favor de aquella proposición, se acuerda aceptar la paz. Aborda -entonces Lisandro al Pireo, entran los desterrados, son derruidos los -muros con gran ardor al son de las flautas, y se considera este día -como el primero de la libertad para Grecia. - -Así termina este año, a mitad del cual Dionisio de Siracusa, hijo de -Hermócrates, se hace tirano, después de haber vencido los siracusanos -a los cartagineses, que tomaron más tarde, sin embargo, Agrigento por -hambre, una vez abandonada por los sicilianos. - - - - -CAPÍTULO III. - - -El año siguiente[79], en el cual tuvo lugar la olimpiada en que -Crocinas de Tesalia ganó el premio del estadio, siendo Endio éforo en -Esparta y arconte en Atenas Pitodoro, y que no cuentan los atenienses -por haber sido elegido durante la dominación de los oligarcas, es -el que llaman aquellos el año de la anarquía. Dicha oligarquía se -estableció del siguiente modo: el pueblo decretó se eligieran treinta -personas que escribiesen las leyes patrias por las que debía gobernarse -la república, y fueron elegidos Polícares, Critias, Melobio, Hipóloco, -Euclides, Hierón, Mnesíloco, Cremón, Terámenes, Aresias, Diocles, -Fedrias, Queréleo, Anecio, Pisón, Sófocles, Eratóstenes, Caricles, -Onomacles, Teognis, Esquines, Teógenes, Cleómedes, Erasístrato, Fidón, -Dracóntides, Éumates, Aristóteles, Hipómaco y Mnesítides. Después de -esto vuélvese Lisandro a Samos con la flota, y Agis sale de Decelia -con el ejército de tierra, dando licencia a cada división para que se -vuelva a su país. - -En este mismo tiempo, y coincidiendo con un eclipse de sol, Licofrón de -Feras, queriendo dominar en toda la Tesalia, derrota en una batalla a -los laríseos y a los demás que se le oponen, matándoles mucha gente. En -la misma época, Dionisio, el tirano de Siracusa, vencido en un combate -por los cartagineses, pierde las ciudades de Gela y Camarina. Poco más -tarde los leontinos que habitaban en Siracusa hacen decepción a su -partido y se retiran a su ciudad, al propio tiempo que era enviada a -Catana por Dionisio la caballería siracusana. - -Sitiados por todas partes los samios, y aunque no habían querido -acceder primeramente a las proposiciones de Lisandro, se entregan -cuando saben que había ordenado el asalto, a condición de que cada -hombre libre pudiera salir de la ciudad con el traje que lleve -puesto, pero abandonándoles todo lo restante, y así lo verifican. -Lisandro entrega más tarde la ciudad y cuanto contiene a sus antiguos -habitantes; establece en ella para su gobierno diez arcontes, licencia -las naves de los aliados para su respectiva ciudad y navega en -dirección a Esparta con su flota, llevando consigo los espolones de las -naves tomadas al enemigo, todas las trirremes del Pireo, menos doce, -las coronas que le han regalado las ciudades, cuatrocientos cincuenta -talentos que le quedaban de los tributos que para la guerra le había -concedido Ciro, y todo lo restante que había ganado en esta campaña. -Hace entrega de todo ello a los lacedemonios cuando termina el verano -en que tuvo fin la guerra, después de haber durado veintiocho años y -seis meses, durante los cuales fueron éforos los siguientes: el primero -Enesias, bajo el cual principió la guerra, quince años después de la -tregua de treinta años concertada después de la toma de Eubea; los -restantes fueron Brásidas, Isanor, Sostrátidas, Exarco, Agesístrato, -Angénidas, Onomacles, Zeuxipo, Pitias, Plístolas, Clinómaco, Ilarco, -León, Quérilas, Patesiadas, Cleóstenes, Licario, Epérato, Onomantio, -Alexípidas, Misgolaidas, Isias, Áraco, Evárquipo, Pantacles, Pitias, -Arquitas y Endio, bajo el cual volvió Lisandro a su patria, después de -haber realizado cuanto acabamos de referir. - -Son elegidos los Treinta al concluir de derribarse la gran muralla -y las fortificaciones del Pireo, cosa que se hace con gran prisa; -pero nombrados para redactar las leyes por las que debía gobernarse -la república, difieren siempre para otro tiempo su composición -y publicación, y mientras tanto organizan el senado y las demás -magistraturas a medida de su deseo. Después hacen prender y condenan a -muerte a cuantos eran tenidos bajo la forma democrática por vivir de -las delaciones a expensas de todas las personas honradas; el senado les -condena con gran satisfacción, y no lo ven con pena todos aquellos a -quienes nada semejante les reprocha su conciencia. Deliberan después -respecto a los medios para gobernar la ciudad en completa libertad, -y para esto envían a Esquines y a Aristóteles a Lacedemonia con el -encargo de persuadir a Lisandro mande una guarnición hasta que se -hallen desembarazados de los malos ciudadanos y hayan constituido -el gobierno de la ciudad, obligándose a proveer a su mantenimiento. -Dejándose aquel persuadir, consiguen se envíe allí la guarnición con el -gobernador Calibio. - -Así que reciben la guarnición, tratan los atenienses a Calibio con -todos los miramientos posibles, a fin de que apruebe este cuanto -hagan, y habiendo puesto aquel a su disposición todos los soldados que -necesiten, comienzan a prender, no solo a los malvados y a las personas -de humilde clase, sino también a cuantos consideran poco dispuestos -a tolerar las injusticias y a cuantos pueden reunir cierto número de -partidarios para resistirles. - -En sus primeros tiempos, Critias y Terámenes tenían las mismas -opiniones y estaban unidos por la amistad; pero como mostrara Critias -gran ardor para hacer perecer a muchos, por haber sido antes desterrado -por el pueblo, se le opuso Terámenes diciéndole no era justo condenar a -muerte a los que gozaban de la estimación del pueblo y que ningún daño -habían hecho a la gente honrada. - ---«Así tú como yo --añadió-- hemos dicho y hecho muchas cosas para -agradar al pueblo.» - -Pero Critias, que era aún íntimo de Terámenes, le contesta que no es -posible dejar de deshacerse de personas capaces de oponer obstáculos a -su dominación. - ---«Si crees que porque somos treinta y no uno solo, no debemos vigilar -por nuestro mando como en una tiranía, eres muy inocente.» - -Sin embargo, habiéndose concertado públicamente mucha gente, a causa de -la injusta muerte de varios ciudadanos, censurando los actos de este -gobierno, Terámenes hace presente de nuevo, que la oligarquía será de -corta duración si no se procura robustecerla con hombres versados en -los negocios. Temiendo entonces Critias y los demás de los Treinta -la influencia de Terámenes sobre los otros ciudadanos dispuestos a -agruparse a su alrededor, forman una lista de tres mil individuos que -deben asociárseles en la gestión de la república. Declara seguidamente -Terámenes que esto le parecía muy absurdo, ante todo porque queriendo -asociarse a todos los buenos ciudadanos, lo hacían solo con tres mil, -como si este número debiera contener únicamente personas honradas, o -bien como si fuera de estos tres mil no hubiese hombres celosos de -las cosas públicas, o finalmente, como si no pudiesen entrar en este -número algunos malvados. «Además --añade--, os veo hacer dos cosas -enteramente opuestas: un gobierno violento y a la par más débil que los -gobernados.» Eso dijo. Pero los Treinta, habiendo reunido en la plaza -pública a los tres mil, convocando en otro lugar a los que no estaban -incluidos en la lista, mandan a aquellos vayan a buscar sus armas, y -una vez se han marchado, envían a sus soldados y a los ciudadanos que -eran de su partido a recoger las armas de todos los que no constan -en dicha lista, haciéndolas después transportar a la acrópolis y -depositarlas en el templo. Hecho esto, y siéndoles ya todo posible, -condenan a muerte a muchos ciudadanos únicamente por enemistad y a -otros por sus riquezas. Deciden asimismo, con objeto de tener con qué -pagar a la guarnición, prenda cada uno de ellos a un meteco, y después -de darle muerte le sean confiscados sus bienes. Mandan entonces a -Terámenes que escoja el que bien le parezca; pero este contesta: - ---«No me parece honroso que aquellos que se tienen por los más -excelentes ciudadanos puedan obrar con más injusticia que los -delatores, porque estos a lo menos dejan la vida a aquellos a quienes -quitan las riquezas, ¿y nosotros, sin que nos hayan dañado en lo más -mínimo, condenaremos a muerte a esa gente para confiscarles su fortuna? -¿Acaso no será más injusta esta conducta que la suya?» - -Los demás, al ver que Terámenes va a convertirse en un obstáculo a sus -proyectos, le tienden toda clase de asechanzas y le calumnian ante cada -uno de los senadores como si quisiera destruir el gobierno actual. Por -fin incitan a algunos jóvenes, que les parecen suficientemente audaces, -para que armados de puñales se dirijan con ellos al senado cuando esté -reunido. Así que aparece Terámenes, se levanta Critias y dice: - -«Senadores, si alguno de vosotros cree se han decretado más muertes de -las que exigían las circunstancias, reflexione que en todas partes, -durante las revoluciones, sucede lo mismo, y que aquellos que han -establecido la oligarquía deben contar necesariamente con gran número -de enemigos en una ciudad que es, no solo la más poblada de todas las -de Grecia, sino también aquella en la que el pueblo ha disfrutado de -libertad durante más tiempo. No ignoráis tampoco cuán duro ha sido -el gobierno democrático para con nosotros; así, como nunca el pueblo -fue amigo de los lacedemonios que nos han salvado, mientras por el -contrario pueden contar seguramente con la fidelidad de los mejores -ciudadanos, establecimos de concierto con aquellos el actual gobierno -y donde quiera que vemos un enemigo de la oligarquía, hacemos cuanto -podemos para deshacernos de él. Pues bien: más justo aún nos parece -que si alguno de nosotros mismos procura dañar al actual gobierno, -sufra por ello la justa pena: eso es lo que hemos observado en -Terámenes, aquí presente, que procura perdernos miserablemente con -todas sus fuerzas. Fácilmente comprenderéis la verdad de lo que os -digo, considerando que no puede hallarse quien critique y se oponga -a nuestros planes, cuando queremos deshacernos de algún demagogo, -como lo hace Terámenes. Si así hubiese pensado desde el principio, le -tendríamos como enemigo, pero nadie podría considerarle como un hombre -perverso. Él ha sido, sin embargo, el primero que trató de la alianza -y amistad con Lacedemonia; él el primero que ha querido derribar la -democracia; él quien nos invitó más vivamente a castigar con la última -pena a los primeros acusados que fueron conducidos ante nosotros; y -ahora que tanto yo como vosotros somos considerados como enemigos -manifiestos del pueblo, no aprueba ya lo que se hace, sin duda para -ponerse al abrigo y para dejarnos responsables de todas las culpas. - -»Por esto, no solo es preciso castigarle como un enemigo, sino como un -traidor hacia todos nosotros. Y ciertamente es tanto más grave que la -guerra la traición, cuanto más es difícil resguardarse de los golpes -invisibles que de los visibles, y tanto más odiosa, cuanto que puede -tratarse con los enemigos y hacerse con ellos alianza, mientras que -jamás puede tratarse ni tenerse la más mínima confianza con el que ha -sido reconocido una vez por traidor. Con el objeto de que conozcáis -que no es nueva para él esta manera de obrar, sino que es traidor por -naturaleza, voy a recordaros algunos de sus actos anteriores. - -»Honrado en un principio a causa de su padre Hagnón, mostrose uno de -los más fogosos para que se entregase la democracia en manos de los -cuatrocientos, entre los cuales ocupó el primer lugar. Pero más tarde, -habiéndose apercibido de que se había levantado gran oposición contra -la oligarquía, fue también el primero en ponerse a la cabeza del -pueblo contra aquellos, por lo cual recibió el apodo de _Coturno_[80], -porque este se ajusta del mismo modo a cualquiera de los pies. Es -preciso, Terámenes, que el hombre digno no comprometa hábilmente a sus -partidarios en empresas que abandone él mismo así que se presenta un -obstáculo, sino que en cierto modo se halla sobre una nave y en ella -debe trabajar hasta que sopla el viento favorable, porque si no, ¿cómo -llegaría dicha nave a alcanzar el punto de destino si a cada obstáculo -volvía hacia atrás? - -»Ciertamente son sangrientas todas las revoluciones; pero tú mismo, -por tu facilidad en cambiar de partido, te has hecho cómplice así de -la muerte de los oligarcas que perecieron a manos del pueblo, como de -la de aquellos demócratas condenados por el gobierno aristocrático. -Este es el mismo Terámenes que habiendo recibido de los generales el -encargo de recoger los cuerpos de los atenienses que habían naufragado -en el combate naval junto a Lesbos, no solo no los recogió, sino que -para salvarse acusó a los generales e hizo condenarles a muerte. Pero -¿cómo podríamos perdonar a un hombre ocupado únicamente en satisfacer -su ambición, sin cuidarse en lo más mínimo ni del honor ni de sus -amigos? ¿Ni cómo no guardarnos de él, sabiendo sus repentinos cambios, -para que no pueda hacer lo mismo con nosotros? Por esto acusamos a este -hombre como conspirador y como procurando hacernos traición a todos. -Reflexionad sobre esto, y veréis cuánta razón tenemos al formular -esta acusación. Dícese que la mejor constitución de gobierno es la de -los espartanos; pues bien, si entre ellos uno de los éforos procurase -criticar al gobierno o hacer oposición a sus actos en vez de obedecer -ciegamente las decisiones de la mayoría, ¿no creéis que así por los -éforos como por todo el resto de la ciudad se le consideraría como -merecedor del más grande castigo? Vosotros, pues, también, si queréis -obrar con prudencia, no absolveréis en modo alguno a este, para poder -conservaros vosotros, puesto que si le perdonáis aumentará el número y -la audacia de vuestros adversarios, y si perece, en cambio, perderán -las esperanzas cuantos le son afines en ideas, así dentro como fuera de -la ciudad.» - -Dicho esto, se sienta, y levantándose Terámenes, dice: - -«Ciudadanos, debo ante todo recoger el último cargo que se ha -formulado contra mí. Dice Critias que he hecho perecer a los generales -por haberlos acusado; pero no fui yo quien principió los ataques; -ellos mismos fueron los que sostuvieron que a pesar de sus órdenes -no recogí los desgraciados del combate de Lesbos. Defendime diciendo -era imposible a causa de la tormenta aguantar la mar, y con mayor -motivo recoger los cuerpos; la ciudad en masa aprobó mi defensa, y los -generales parecieron acusarse a sí mismos, puesto que afirmaban era -posible salvar a los soldados, y sin embargo al marchar con la flota -habían preferido dejarles perecer. - -»Por lo demás, no me admiro de que me acuse Critias injustamente: -cuando tenían lugar aquellos sucesos no estaba él presente, pues -había ido a Tesalia, donde con Prometeo se esforzaba en establecer la -democracia y armaba contra sus dueños a los mismos esclavos[81]. ¡Ojalá -no pueda reproducir aquí cuanto allí realizó! Estoy con él acorde en -un solo punto, y es, en que merece los mayores castigos todo aquel que -quiere derribaros o fortalecer a los que contra vosotros conspiran; -pero fácil os será, según creo, decidir quién es el que se conduce -así, reflexionando un momento tan solo sobre la conducta actual y la -conducta pasada de cada uno de nosotros. - -»Mientras se constituía este senado; mientras elegíais los magistrados -y se citaba a juicio a los delatores por todos conocidos, estuvimos -todos conformes en el mismo modo de pensar; pero cuando se principió -a prender a los hombres honrados y pacíficos, entonces fue cuando -comencé a pensar de un modo contrario al de mis colegas, porque sabía -que si se hacía morir sin haber cometido el más pequeño crimen a un -León de Salamina[82], considerado, con razón, como un hombre egregio, -todos los que se le parecen vendrían a temer para ellos mismos una -suerte igual, y este temor haría de ellos otros tantos enemigos del -actual gobierno; conocía también que si se prendía a Nicérato, hijo -de Nicias, ciudadano rico y que jamás había hecho nada con objeto -de lisonjear a la plebe, ni él ni su padre, se convertirían en -enemigos nuestros todos los ciudadanos a ellos parecidos; también -sabía, cuando hicisteis perecer a Antifón[83], quien durante la -guerra había proporcionado dos trirremes completamente equipadas, -que os mirarían con desconfianza todos aquellos que habían mostrado -celo por la república. Por esto combatí cuanto pude la proposición -de aquellos que querían nos apoderásemos cada uno de nosotros de un -meteco; pues era evidente que una vez muertos los primeros de estos, -todos los restantes se convertirían en enemigos del gobierno; opúseme -también a que se tomasen las armas al pueblo, pues no creí debiera -debilitarse la ciudad, convencido de que si los lacedemonios nos habían -salvado no era para que reducidos a un pequeño número nos hallásemos -imposibilitados para ayudarles, ya que, si esto hubiesen querido, -podían habernos dejado a todos sin vida haciendo durar por más tiempo -el hambre que por el sitio padecíamos. No he sido yo tampoco el que -aprobase la gestión de obtener una guarnición a sueldo, cuando nos -era posible rodearnos de cierto número de ciudadanos por medio de los -cuales fácilmente hubiéramos podido hacernos respetar. Tampoco me -pareció oportuno, al ver en la ciudad muchas personas descontentas del -gobierno y gran número de expatriados, desterrar a Trasíbulo, Anito y -Alcibíades, pues estaba cierto que adquiriría gran fuerza la oposición -si hábiles jefes se ponían al frente de la multitud, y si entreveían -como posible poder contar con un gran número de aliados aquellos que -aspiraban al poder. - -»Y aquel que da tales avisos ¿debe ser considerado como traidor, o -por el contrario, debe tenérsele por un buen amigo? No son, Critias, -verdaderos enemigos los que impiden acrecer las fuerzas de los -adversarios, ni los que enseñan los medios para adquirir mayor número -de aliados, sino más bien aquellos que injustamente arrebatan las -riquezas de la gente honrada y condenan a muerte a los inocentes: -estos son los que aumentan el número de los enemigos y los que hacen -traición, no solo a sus amigos, sino a ellos mismos, movidos por una -culpable codicia. Si aún no estáis bastante convencidos de las verdades -que os digo, reflexionad un poco más conmigo. ¿Qué os parece preferirán -que aquí suceda Trasíbulo, Anito y los demás desterrados: lo que os -aconsejo, o lo que hacen todos estos? Creo que ahora piensan hallar -aliados en todas partes; pero en cambio, si los elementos más poderosos -de la población estuviesen por nosotros, no se atreverían ni siquiera -a poner el pie en la parte más remota del país. - -»En cuanto a lo que ha dicho este respecto a mis mutaciones políticas, -considerad que el pueblo había votado por sí mismo el gobierno de -los cuatrocientos[84], juzgando que los espartanos confiarían más en -un gobierno de cualquier clase que fuese, que en la democracia; sin -embargo, no dejándonos estos ni un momento de reposo, y siendo público -que los jefes Aristóteles, Melantio y Aristarco construían un fuerte -sobre los diques, en el que querían introducir al enemigo, a fin de -alzarse ellos y sus amigos con el mando de la ciudad, el haberme yo -opuesto a sus designios así que me fue notorio, ¿debe ser considerado -como un acto propio del que hace traición a sus amigos? - -»Llámame _Coturno_ porque procuro ajustarme a los dos partidos: -¡muy bien! pero, por los dioses, ¿cómo debe llamarse aquel que no -sabe ajustarse a ninguno? Porque, oh Critias, bajo la democracia -te consideraban como el mayor enemigo del pueblo, y ahora, bajo la -aristocracia, solo has sabido conquistarte el más fuerte odio de los -hombres honrados. En cuanto a mí, he declarado guerra permanente a -cuantos creen que solo es buena una democracia cuando toman parte -en el poder hasta los mismos esclavos y aquellos que por su pobreza -venderían por una dracma al estado; y combato sin tregua del mismo modo -a aquellos que creen es buena oligarquía la que somete la ciudad a la -tiranía de unos pocos. Siempre he creído que lo más conveniente era -unirse a los hombres de mérito, y robusteciéndolos con la caballería -y los escudos, apoyar al gobierno, y no he variado aún hoy de modo de -pensar; si puedes decir, Critias, dónde y cuándo me has visto, o con el -pueblo o con los tiranos, procurando arrebatar el gobierno a las gentes -honradas, habla y dilo, porque si me convences de que medito hoy este -crimen, o de que lo he perpetrado en otro tiempo, convengo en que soy -digno de perecer entre los más atroces suplicios.» - -Así que cesó de hablar se oye en el senado un murmullo de aprobación, y -Critias, comprendiendo que si deja decidir la suerte de Terámenes por -los senadores, va a ser absuelto, lo que considera como intolerable y -afrentoso, se adelanta, y después de haber conferenciado un instante -con los Treinta, ordena a la gente que había hecho ir allí armada -de puñales, se coloque frente al consejo y junto a las puertas. -Volviéndose después a la asamblea, les dice: - -«Senadores: creo del deber de un buen presidente[85] no permitir -sean engañados sus amigos cuando de ello se apercibe: esto es lo que -voy a hacer. Toda esta gente que veis aquí ante vosotros, declara -no consentirá absolvamos a un hombre que públicamente trabaja para -derribar la oligarquía. Según las nuevas leyes, ningún ciudadano -incluido en la lista de los tres mil puede ser condenado a muerte sin -vuestra aprobación; pero los Treinta son dueños de hacerlo respecto a -los que no están incluidos en ella. Pues bien, de acuerdo con todos mis -colegas, borro de esta lista a Terámenes, que está presente, y a este -hombre, ya simple particular, añade, le condenamos a muerte.» - -Al oír estas palabras Terámenes, corre hacia el altar de Vesta y dice: - -«Ciudadanos: os suplico me concedáis la petición más legítima que nadie -os pueda dirigir, y es, que no se permita a Critias borrar ni a mi ni -a cualquiera de vosotros por su sola voluntad del número de los tres -mil, sino que, por el contrario, tanto a vosotros como a mí se nos -juzgue según la ley que rige para los que están inscritos en la lista. -No ignoro que este altar de nada podrá servirme, los dioses me son -testigos de ello; pero quiero rasgar el velo de la atroz injusticia de -todos estos hacia los hombres, y de su impiedad sin límite hacia los -dioses. Sin embargo, honrados ciudadanos, lléname de asombro el que no -procuréis poneros a cubierto de las asechanzas de todos estos, pues -bien sabéis que no es mi nombre más fácil de borrar de la lista que el -de cualquiera de vosotros.» - -Inmediatamente el heraldo de los Treinta ordena a los Once prendan -a Terámenes, y entran estos con sus criados, teniendo a su cabeza a -Sátiro, el más audaz y el más desvergonzado de todos. Critias les dice: - ---«Os entregamos a Terámenes, que aquí veis, condenado según la ley; -apoderaos de él, y después de conducirle donde sabéis, haced con él lo -que deben hacer los Once.» - -Apenas dice estas palabras, Sátiro, con ayuda de sus criados, arranca -del altar a Terámenes; como puede suponerse, este implora a los dioses -y a los hombres sobre la infamia que sufre; pero el senado no se -conmueve, sobre todo cuando ve colocados junto a las puertas a hombres -semejantes a Sátiro, y llena de guardias toda la sala del tribunal, sin -que ignoren tampoco están preparados los hombres armados de puñales. - -Llévanse aquellos a través del foro al acusado, quien se lamenta en -alta voz del tratamiento que le hacen sufrir. Cuéntase de él que, -diciéndole Sátiro lo pasará mal si no se calla, le pregunta: «¿Y si -me callo, qué pena me darás?» Después, cuando obligado a morir bebe -la cicuta, se pretende derramó las últimas gotas como si jugase a los -cotabos[86], diciendo: «Esto para el hermoso Critias.» Bien sé que -todas esas frases carecen de valor; pero hay que admirar, sin embargo, -a un hombre que cara a cara con la muerte no pierde ni su presencia de -ánimo ni su buen humor[87]. - - - - -CAPÍTULO IV. - - -Así murió Terámenes. Libres entonces los Treinta para ejercer sin temor -su tiranía, prohíben entrar en la ciudad a los que no están inscritos -en la lista, y les arrancan de sus propiedades para apoderarse de sus -tierras y para repartírselas con sus amigos; huyen muchos al Pireo; -pero habiendo hecho prender allí a gran número de ellos, se refugian en -Mégara y en Tebas. - -Mientras tanto, Trasíbulo, con unos cincuenta compañeros, sale de Tebas -y se apodera de la fortaleza de File. Avanzan contra él los Treinta con -los tres mil y su caballería, haciendo un tiempo magnífico: así que -llegaron, algunos jóvenes de los más ardientes se arrojan al asalto -de la plaza, pero nada consiguen y se retiran con muchos heridos. -Queriendo los Treinta sitiar la fortaleza a fin de interceptar la -entrada de víveres e incomunicarles con sus partidarios, sobreviene -durante la noche una gran nevada, que continúa al día siguiente. -Retíranse entonces a la ciudad envueltos por la nieve, mientras -caen muchos de los escevóforos[88] bajo los golpes de los de File. -Comprendiendo los Treinta que será saqueada la campiña si no colocan -en ella centinelas, envían a las fronteras la guarnición lacedemonia, -fuera de algunos soldados y dos escuadrones de caballería, a unos -quince estadios de File. Estas tropas acampan para la vigilancia, en un -lugar protegido por los árboles. - -Trasíbulo, que había reunido ya en File unos setecientos hombres, -tómalos consigo y sale de la ciudad durante la noche, apostándose con -los suyos sobre las armas, a unos tres o cuatro estadios del cuerpo -de observación, y allí se quedan a la expectativa. Por la mañana se -levantan los soldados, unos después de otros, y van en busca de las -armas, así como los palafreneros con el cepillo en la mano principian -a almohazar con estrépito los caballos; inmediatamente Trasíbulo con -los suyos se arrojan sobre ellos a la carrera con las armas en la -mano: hacen algunos prisioneros y los persiguen por espacio de seis o -siete estadios, matando a más de ciento veinte hoplitas, y entre los -de caballería a Nicóstrato, llamado por sobrenombre el hermoso, y a -otros dos que sorprendieron aún durmiendo. Terminada la persecución -levantan un trofeo, recogen las armas y el botín y regresan a File. -La caballería que había salido de Atenas en auxilio de los suyos, no -encuentra ya ningún enemigo y aguarda únicamente a que los parientes -levanten los cadáveres de los que han perecido, para regresar a la -ciudad. - -Después de esto, los Treinta, no considerándose ya seguros en la -ciudad, quieren robustecer su dominación en Eleusis, a fin de encontrar -allí un refugio en caso de necesidad. Critias y los otros Treinta, -dando las órdenes a la caballería, se dirigen a dicha población, donde -les pasan revista, y bajo pretexto de saber con exactitud el número -de los habitantes y las fuerzas de la guarnición, ordenan a todo el -mundo se inscriba en una lista; a medida que se inscribía cada uno, se -le hacía salir por la puerta que da al mar, a ambos lados de la cual -estaba la caballería en dos filas, y cuantos salían eran atados en -seguida por los servidores de los Once. Así que están todos reunidos, -recibe Lisímaco, jefe de la caballería, orden de escoltarlos y -entregarlos a los Once. - -Al día siguiente, convocan en el Odeón[89] a los hoplitas cuyos nombres -están en las listas y a los restantes de caballería; levantándose -después Critias, les dice: - -«Ciudadanos: tanto en nuestro interés como en el vuestro, procuremos -consolidar nuestro gobierno: por esto debéis participar también de los -peligros, ya que participáis de los honores; por esto es preciso votéis -la condenación de los eleusinos aquí reunidos para que tengáis nuestras -mismas esperanzas, al propio tiempo que nuestros propios temores.» - -Señalando entonces cierto lugar destinado a la votación, les manda -dar públicamente su voto. En el centro del Odeón se hallaba sobre las -armas toda la guarnición espartana. Todo esto fue aprobado por algunos -ciudadanos que no iban en busca de otra cosa que de su interés personal. - -Mientras tanto, Trasíbulo, poniéndose al frente de los de File, cuyo -número se aproximaba a mil, llega de noche al Pireo. Así que reciben -los Treinta esta noticia, ponen sobre las armas a los lacedemonios, -a la caballería y a los hoplitas y se dirigen hacia la carretera que -conduce al Pireo. Los de File intentan primero rechazarlos, pero como -la extensión del círculo necesitaba muchas guardias y ellos eran aún -poco numerosos, se retiran todos a Muniquia. Reúnense los de la ciudad -en el ágora de Hipódamo y se ordenan de modo que llenan por completo -el camino que va al templo de Diana y al Bendideo[90]; no tenían menos -de cincuenta escudos de fondo. Formados así, se ponen en marcha; -pero entonces los de File llenan también por su parte el camino y se -colocan a diez hoplitas en fondo, detrás colócanse los peltastas y los -arqueros, y finalmente, después de todos, los honderos. Su número había -aumentado considerablemente, pues se les habían juntado los habitantes -de aquel lugar. Mientras se acerca el enemigo, Trasíbulo manda a los -suyos depongan sus escudos, y haciéndolo también él, aunque conservando -las otras armas, y colocándose en el centro de su ejército, les dice: - -«Ciudadanos: debo hacer saber a algunos, y recordar a los demás, que -los que se dirigen a nosotros en su ala derecha se componen de tropas -que habéis derrotado y perseguido hace cinco días, y en la extremidad -de su ala izquierda contienen a esos Treinta que a pesar de nuestra -inocencia nos privaron de la patria, nos arrojaron de nuestras casas -y han proscrito y expoliado los bienes de nuestros más caros amigos; -hállanse ahora en una situación que no habían previsto y que siempre -hemos deseado, puesto que tenemos armas y estamos frente a ellos. -Los mismos dioses combatirán por nosotros, después de haberles visto -apoderarse de nuestras personas y bienes durante nuestras comidas, -mientras dormíamos y en la misma plaza pública, no solo sin haberles -hecho el más mínimo daño, sino sin que nuestra permanencia haya -motivado el destierro. En efecto, desencadenan una tormenta cuando el -tiempo estaba despejado para que nos aprovechemos de ello, y cuando -ensayamos dirigirnos a ellos nos permiten levantar el trofeo de una -victoria sobre numerosos enemigos, siendo escasísimo el número de -los nuestros; y ahora mismo nos invitan a pelear en un terreno donde, -obligados nuestros enemigos a subir una cuesta, no pueden arrojarnos -ni dardos ni flechas, mientras que nosotros con solo dejar caer las -picas, los dardos y las piedras estamos seguros de tocarles y de -herirles en gran número. Y que nadie crea que al menos sus primeras -filas combatirán con ventaja, puesto que si arrojáis con valor, como -es preciso, vuestros dardos, ninguno dejará de alcanzar a uno de -aquellos que llenan por completo el camino, y que obligados a cubrirse -siempre con sus escudos para protegerse, nos permitirán fácilmente -dar sobre ellos como si estuviesen ciegos y dispersarlos cuando les -ataquemos. Es preciso, soldados, que cada uno de vosotros combata hoy -de modo que alcance el testimonio de haber contribuido en gran manera -a la victoria, porque, si Dios quiere, ha de devolvernos esta nuestra -patria, nuestros hogares, la libertad, los honores y las esposas e -hijos a los que son jefes de familia. ¡Felices aquellos de vosotros -que, sobreviviendo a la victoria, vean día tan afortunado; y felices -también los que tengan que morir para alcanzarla, pues ningún rico -podrá obtener jamás monumento funerario tan glorioso! Cuando llegue el -momento entonaré el peán, invocaremos después a Enialio[91] y todos -entonces, de consuno, nos arrojaremos sobre nuestros enemigos para -castigar a los que nos han insultado.» - -Dicho esto, se vuelve de cara a los enemigos y se mantiene a la -expectativa, pues el augur le había recomendado no ordenase el ataque -hasta que alguno de ellos hubiese sido muerto o herido. «Haciéndolo -así --había dicho-- os guiaré a la victoria, que se inclinará hacia -vosotros, aunque preveo me costará a mí la vida.» Y no mintió, pues -habiendo tomado las tropas sus armas, arrójase él el primero, como -arrastrado por su destino, sobre los enemigos, hallando entre ellos -la muerte y siendo enterrado en el paso del Cefiso: quedan los otros -vencedores y persiguen hasta la llanura a los enemigos. Critias e -Hipómaco, dos de los Treinta, quedan entre los muertos, del propio -modo que Cármides, hijo de Glauco[92], uno de los diez comandantes -del Pireo, además de unos setenta de los contrarios; apodéranse de -las armas los vencedores, aunque sin despojar de las túnicas a sus -conciudadanos; después de lo cual, y una vez devueltos los muertos -por medio de una tregua, dirígense unos a otros hablando entre sí, -y Cleócrito, heraldo de los Iniciados que tenía una voz muy fuerte, -después de pedir silencio, dice: - -«Ciudadanos: ¿por qué nos perseguís, por qué queréis matarnos? Jamás -os hemos hecho daño alguno; por el contrario, hemos tomado parte con -vosotros en los actos religiosos más solemnes, en los sacrificios y -en las fiestas más espléndidas; juntos estuvimos en los mismos coros, -en las mismas escuelas y bajo las mismas banderas, y tanto por tierra -como por mar, hemos corrido con vosotros los mismos peligros para la -salvación común y para la mutua libertad. En nombre de los dioses -paternos y maternos, por la comunidad de origen, por la familia y -por la amistad que nos son comunes con la mayor parte de vosotros, -respetando a los dioses y a los hombres, cesad de faltar a la patria, -dejad de obedecer a esos Treinta, los más impíos de entre los hombres, -quienes por su particular interés han hecho morir durante ocho meses -a un número de atenienses igual o mayor al que durante diez años -ha perecido por la guerra con los peloponesios. Fácil era vivir en -paz bajo nuestro gobierno, y sin embargo ellos han encendido la más -deshonrosa de las guerras entre nosotros y la más terrible, impía e -inicua ante los dioses y ante los hombres. Sabed que no habéis sido -vosotros solos, sino también nosotros, los que han derramado abundantes -lágrimas sobre los cuerpos de los que hoy han perecido.» - -Esto dijo, y los restantes jefes, después de oírle, mandan retirar -a los suyos a la ciudad. Al día siguiente, humillados y abandonados -por completo, vienen los Treinta a ocupar sus asientos en el senado y -los tres mil no hacen más que disputarse en cualquier lugar en que se -sienten. Cuantos habían cometido alguna violencia y temían por lo mismo -por su seguridad, sostienen con fuego no debe cederse cobardemente -a los del Pireo, mientras que aquellos a quienes no remuerde su -conciencia el haber obrado injustamente, reflexionan con serenidad y -hacen comprender a los demás que ninguna necesidad les obliga a sufrir -tantas calamidades, y declaran no deben ya prestar más obediencia a -los Treinta, ni dejarles consumar la perdición de la ciudad. Decretan, -finalmente, la deposición de aquellos y la elección de otros jefes, los -cuales son nombrados en número de diez, uno por cada tribu. - -Los Treinta se refugian en Eleusis, y en la ciudad los Diez se ocupan -con los jefes de la caballería en calmar los turbados y abatidos -ánimos. La caballería pernocta en el Odeón con sus caballos y escudos, -y en su desconfianza, montan desde el anochecer las guardias sobre -la muralla, armados con los escudos, y por la mañana vuelven a tomar -los caballos, temiendo continuamente un ataque repentino de los del -Pireo. Estos, que habían crecido en número, y a quienes de todas -partes llegaban nuevos reclutas, constrúyense escudos, tanto de madera -como de mimbres, que pintan después de blanco, y luego, apenas han -transcurrido diez días, y habiendo proclamado la igualdad de tributos -para todos los que con ellos combatieran, aunque fuesen extranjeros, -salen en gran número, así de hoplitas como de gimnetas[93], teniendo -además unos setenta caballos; y después de forrajear y de coger leña -y frutos, vuelven a pernoctar en el Pireo. Nadie salía armado de la -ciudad, fuera de la caballería, que se arrojaba de tiempo en tiempo -sobre los exploradores del Pireo, maltratando sus partidas. Encuentran -en cierta ocasión algunos eonios que se dirigían a sus tierras en busca -de provisiones, y el comandante de la caballería, Lisímaco, los hace -degollar, a pesar de las súplicas y de la indignación de varios de sus -soldados. En represalias, los del Pireo dan la muerte a Calístrato, -de la tribu leóntida, uno de los caballeros de quien se habían -apoderado en el campo, pues tenían ya tal confianza, que llegaban en -sus excursiones hasta los mismos muros de Atenas. Debe referirse aquí -la idea que tuvo el ingeniero de la ciudad, que al saber quieren los -enemigos aproximar sus máquinas de guerra al Liceo por la carretera, -emplea todos los animales de acarreo en transportar enormes piedras y -esparcirlas sin orden ni concierto por aquellos, lo cual hizo que cada -piedra causase muchas molestias al enemigo. - -Los Treinta envían desde Eleusis a Lacedemonia diputados de entre los -ciudadanos de Atenas inscritos en la lista, pidiendo socorros, bajo -pretexto de que el pueblo se ha sublevado contra los lacedemonios. -Lisandro, reflexionando que es imposible forzar en poco tiempo a los -del Pireo sitiándolos por tierra y por mar y cortándoles los víveres, -consigue se destinen cien talentos a esta expedición y que se le envíe -como gobernador y jefe del ejército de tierra, y a su hermano Libis -como comandante de la flota, y dirigiéndose a Eleusis reúne muchos -hoplitas peloponesios, mientras el comandante de las naves vigila la -costa para que no reciban ninguna clase de víveres los sitiados; de -manera que pronto los del Pireo sufren grandemente por la falta de -provisiones, mientras que los de la ciudad vuelven a hallarse en la -abundancia con la llegada de Lisandro. - -Así las cosas, el rey Pausanias, envidioso de Lisandro y temiendo -que si consigue sus propósitos adquiera gran consideración y pueda -reducir bajo su dominio particular el territorio de Atenas, después -de ganar a tres de los éforos, sale de Atenas con la guarnición y -acompañado de todos los aliados, fuera de los beocios y corintios, -que dicen creerían faltar a sus juramentos si se dirigían contra los -atenienses que no han violado tratado alguno, pero que en realidad -obran así porque conocen quieren los espartanos apropiarse y hacerse -dueños del territorio ateniense. Pausanias sienta su campo junto al -Pireo, en el lugar llamado Halipedón[94]; manda por sí mismo el ala -derecha, y Lisandro con los mercenarios la izquierda. Envía Pausanias -delegados a los del Pireo, ordenándoles marchen a sus hogares; pero -no obedeciéndole ellos, hace como que les atacan, para que no se -haga notorio les es favorable: después se retira sin haber comenzado -siquiera el ataque. Al día siguiente, tomando dos cohortes espartanas y -tres escuadrones de atenienses, se adelanta hacia el puerto cegado[95], -examinando por dónde puede más fácilmente levantar trincheras contra el -Pireo; saliendo algunas tropas de los sitiados, le inquietan durante -su retirada, e irritándose entonces, hace cargar la caballería, manda -también detrás de esta a todos los que han pasado ya diez años de la -pubertad, y él mismo se adelanta también con el resto de sus tropas. -Matan unos treinta soldados ligeros y persiguen a los demás hasta el -teatro del Pireo, donde hallábanse sobre las armas todos los peltastas -y hoplitas de la plaza. Verifican una salida las tropas ligeras, y -arrojan dardos, lanzas, flechas y piedras a los enemigos; tienen estos -gran número de bajas, y viéndose los lacedemonios muy hostigados, -principian a retirarse, lo cual permite a sus adversarios cargar sobre -ellos con más vigor. Perecieron en esta acción Querón y Tíbraco, -ambos polemarcas; Lácrates, vencedor en los juegos olímpicos, y otros -lacedemonios enterrados en el Cerámico. - -Al ver esto Trasíbulo, avanza con el resto de los hoplitas, y se -colocan con prontitud delante de los demás, a ocho en fondo. Pausanias, -vivamente hostigado, se retira unos cuatro o cinco estadios hacia una -colina inmediata, a donde ordena se dirijan los lacedemonios y los -demás aliados, y dando a su falange una profundidad considerable, -marcha sobre los atenienses. Sostienen estos el primer choque, pero -después son rechazados unos hasta el pantano de Hale, y otros son -puestos en fuga, perdiendo sobre ciento cincuenta hombres. Eleva -entonces Pausanias un trofeo, y se retira, pues no estaba irritado con -ellos; antes por el contrario, mandando ocultamente enviados, hace -saber a los del Pireo le envíen mensajeros, así como a los éforos -presentes, para exponer sus intenciones. Siguen su consejo. - -Siembra asimismo la división entre los de la ciudad, y les excita para -que se presenten en el mayor número posible a los éforos; entonces -les declara que no hay necesidad alguna para que combatan con los del -Pireo; antes bien, deben reconciliarse y ser ambos partidos amigos y -aliados de los lacedemonios. El éforo Nauclidas oye con agrado esta -proposición, y, como es costumbre en Esparta acompañen dos de los -éforos al rey en la guerra, era uno de ellos Nauclidas, que con su -compañero se inclinaban más bien del lado de Pausanias que del de -Lisandro. Envían sin tardanza a Lacedemonia la diputación de los del -Pireo, enviada para tratar con Esparta, y también a los particulares -Cefisofonte y Meleto por parte de la ciudad. - -Mientras están estos en camino hacia Lacedemonia, envían los de la -ciudad mensajeros públicos para manifestar a los espartanos que -están dispuestos a entregarles los muros que conservan en su poder -y sus mismas personas para que dispongan de todo a su gusto; añaden -que hallarían justo que si los del Pireo son también amigos de los -lacedemonios, les entregasen igualmente el Pireo y Muniquia. Después -de haberles oído los éforos y los demás convocados, envían quince -diputados a Atenas para arreglar los asuntos del mejor modo posible, de -mutuo acuerdo con Pausanias. Estos enviados devuelven la tranquilidad a -todos, poniendo por condición que los partidos hagan la paz entre sí y -que cada cual vuelva a sus quehaceres, fuera de los Treinta, los Once -y los Diez que habían sido elegidos en el Pireo, ordenando al mismo -tiempo que cuantos teman estar en la ciudad pueden morar en Eleusis. - -Después de arreglar estas cosas, Pausanias licencia a su ejército, -y los del Pireo suben con las armas a la acrópolis para ofrecer un -sacrificio a Minerva. Bajan después los generales, y Trasíbulo les dice -entonces: - -«Hombres de la ciudad: os aconsejo procuréis conoceros a vosotros -mismos, y el mejor medio para ello es que examinéis los motivos en que -fundáis vuestras pretensiones para pretender dominarnos a todos. ¿Sois -acaso los más justos? Aunque más pobre que vosotros, el pueblo no os -ha dañado nunca a causa de vuestras riquezas, y en cambio, vosotros -que sois los más ricos, movidos únicamente por vuestro interés, habéis -hecho mil acciones vergonzosas. Pero ya que la justicia no está de -vuestra parte, examinad si os puede enorgullecer vuestro valor; ¿y -qué juicio puede decidir mejor esta pregunta que el modo como hemos -combatido unos contra otros? ¿Podéis, acaso, decir que nos aventajáis -por los conocimientos, vosotros que, poseyendo un muro, armas y -riquezas y a los peloponesios por aliados, habéis tenido que ceder a -gentes que con nada de esto contaban? ¿Son acaso los lacedemonios -los que os enorgullecen? ¿Cómo es posible, si os han entregado (del -mismo modo que se entregan con bozal los perros que muerden) al pueblo -víctima de vuestra injusticia, y además se han marchado? Sin embargo, -yo espero, ciudadanos, que no faltaréis a cuanto habéis jurado; antes -por el contrario, añadiréis a vuestras restantes virtudes la de ser -fieles al juramento y a las promesas.» - -Otras exhortaciones añade para demostrar que todo ha de suceder sin -perturbaciones de ninguna clase y que es preciso obedecer a las -antiguas leyes, y luego levanta la asamblea. Establécense en seguida -los poderes, constituyéndose el gobierno. Más tarde se sabe que los que -se habían retirado a Eleusis toman soldados mercenarios a sueldo, y -acometiéndoles en masa, matan a sus generales, que se habían adelantado -para negociar, y envían a los restantes sus amigos y aliados para -reconciliarse; juran todos no conservar rencor alguno por todo lo que -ha sucedido, y aun ahora no ha cambiado el régimen político, pues el -pueblo se conserva fiel a sus juramentos. - - - - -LIBRO TERCERO. - -CAPÍTULO PRIMERO. - - -Así terminaron los disturbios en Atenas[96]. Poco tiempo después, Ciro, -habiendo enviado sus legados a Lacedemonia, pide que los espartanos -se porten con él del mismo modo que él se ha conducido con ellos en -su guerra contra los atenienses. Reconociendo los éforos lo justo de -esta petición, ordenan a Samio, comandante de las naves, se ponga a las -órdenes de Ciro para cuanto a este se le ofrezca, y aquel realiza con -gusto cuanto le pide Ciro. Después de haber reunido su flota a la de -este, se hace a la vela hacia la Cilicia, e imposibilita a Siénesis, -gobernador de ella, para oponerse por tierra a la expedición de Ciro -contra el rey. La manera como Ciro reunió un ejército y se dirigió -contra su hermano, el combate que tuvo lugar, la muerte de Ciro, y cómo -llegaron felizmente al mar los griegos, ha sido todo esto relatado por -Temistógenes el siracusano[97]. - -Tisafernes, de quien creía el rey haber recibido grandes servicios en -la guerra contra su hermano, habiendo sido enviado como sátrapa de -los países que ya antes de aquella gobernaba, y a los que tenía antes -Ciro, exige que todas las ciudades jónicas se sometan a él; pero estas -ciudades, decididas a conservar su libertad y temiendo a Tisafernes, -a quien habían menospreciado en el mero hecho de preferir entregarse -a Ciro, cuando vivía, no quieren recibirle, y envían mensajeros a -Lacedemonia para suplicarles tomen a pecho, en calidad de directores -de Grecia, los intereses de los griegos de Asia, a fin de que su -país no sea sometido y puedan continuar siendo libres. Envíanles los -lacedemonios a Tibrón como gobernador, al frente de mil neodamodes y de -otros cuatro mil peloponesios; Tibrón pide asimismo a los atenienses -trescientos de a caballo, cuyo sueldo se obliga a satisfacer. Envíanle -los atenienses muchos de los que habían servido bajo los Treinta, -considerando como un beneficio para el pueblo el que sean alejados, -aunque tengan que perecer en esa expedición. Después que han llegado a -Asia, reúne Tibrón otras tropas en las ciudades griegas del continente, -pues todas ellas están dispuestas a obedecer cuanto les mande un -espartano. - -Con este ejército, Tibrón no desciende aún a la llanura, pues ve -demasiado débil su caballería; pero preserva del pillaje la comarca -que ocupa: únicamente después que se han juntado a él las tropas -griegas, salvadas felizmente de la expedición de Ciro, marcha a -oponerse a Tisafernes y toma posesión de las ciudades de Pérgamo, -Teutrania y Halisarna, en las cuales gobernaban Eurístenes y Procles, -descendientes del espartano Demarato, que había recibido este país como -regalo del rey por haber guerreado con él contra los griegos. También -se le juntan Gorgión y Góngilo, hermanos, uno de los cuales poseía -Gambrio y Palegambrio, y el otro Mirina y Grinio, las cuales habían -sido dadas por el rey a Góngilo por haber sido desterrado de Eretria -a causa de ser allí el único partidario de los medos. Tibrón se hace -dueño de todas las ciudades escasamente fortificadas. No habiendo -querido capitular Larisa, llamada la Egipcia, acampa en sus alrededores -y pretende sitiarla; viendo que no puede tomarla más que privándola -de agua, hace construir un gran pozo y un canal; pero como que los -sitiados en sus frecuentes salidas arrojan piedras y leña en el canal, -hace construir asimismo una testudo de madera encima del pozo, que no -priva a los laríseos de acudir durante la noche para incendiarla; por -lo cual los éforos, viendo que Tibrón nada consigue, le ordenan deje a -Larisa y marche contra Caria. - -Hallábase ya en Éfeso para dirigirse a dicha región, cuando llega -Dercílidas para tomar el mando del ejército: era hombre tenido por -buen ingeniero, y por sobrenombre se le llamaba _Sísifo_. Parte, pues, -Tibrón para Esparta, y allí se le castiga con el destierro, pues los -aliados le acusan de haber permitido a su ejército saquear territorios -amigos. Dercílidas toma el mando del ejército, y viendo que Tisafernes -y Farnabazo desconfían uno de otro, se concierta con Tisafernes y -conduce sus tropas al país de Farnabazo, prefiriendo tener que guerrear -con uno solo a dirigirse contra los dos. Hacía ya tiempo que Dercílidas -se hallaba enemistado con Farnabazo, pues siendo gobernador de Abido -mientras Lisandro era jefe de la flota, las calumnias de Farnabazo -hiciéronle condenar a estar de pie con un escudo en la mano, lo cual es -un castigo a que se condena a los desertores en Lacedemonia, donde se -es muy sensible a esta afrenta; de ahí que se dirigiera con gran placer -contra Farnabazo. Muestra prontamente cuánto difiere su mando del de -Tibrón conduciendo su ejército a través de países amigos, y sin hacer -daño alguno a los aliados hasta Eólida, provincia de Farnabazo. - -Eólida pertenecía a Farnabazo; pero Zenis de Dardania, durante su vida -la había gobernado con el título de sátrapa, y después que este murió -de enfermedad natural, su mujer Manía, también de Dardania, reúne una -escolta, prepara numerosos presentes para Farnabazo y para obtener la -protección de las queridas de este y de cuantos gozan de su favor, y se -pone en marcha cuando Farnabazo se preparaba a dar a otro la satrapía. - -Introducida junto a él, «Farnabazo --le dice--, mi esposo era afecto -a tu persona y te pagaba con regularidad los tributos, de modo que le -honrabas muchas veces con tus alabanzas; ¿por qué nombrar, pues, otro -sátrapa, si yo puedo continuar sirviéndote con igual celo? Cuando no -sea de tu agrado, solo de tu voluntad depende el quitarme el mando». - -Después de haberla oído, Farnabazo se decide a dar a esta mujer la -satrapía, y una vez dueña del país, fue tan exacta como su marido en -pagarle con regularidad los tributos, y además cada vez que iba a ver -a Farnabazo le llevaba algún presente, y cuando este visitaba el país, -le recibía más espléndida y graciosamente que los demás tributarios: -conservole asimismo las ciudades de que se había apoderado, y sometió -también a tres ciudades libres del litoral, Larisa, Hamáxito y Colonas, -asaltándolas con un ejército griego, mientras presenciaba la acción -sentada en su carro, y honrando después con ricos presentes a los -que se distinguían, de manera que formó a sus órdenes uno de los más -brillantes cuerpos de mercenarios. Acompañaba asimismo a Farnabazo -en sus expediciones contra los misios y pisidios que inquietaban los -territorios del rey, por todo lo cual Farnabazo le tributaba los más -grandes honores y alguna vez la llamaba a consejo. - -Tenía ya más de cuarenta años cuando Midias, el esposo de su hija, se -deja llevar por las indicaciones de los que decían era vergonzoso que -estuviese el gobierno en manos de una mujer y él no fuese más que un -simple particular; y como a pesar de estar en guardia contra todos, -como es natural en una tiranía, tenía entera confianza con Midias y -le recibía con todo el cariño que puede existir entre una mujer y su -yerno, se dice que en una de esas ocasiones la ahogó. Mata igualmente -al hijo de Manía, joven de diez y siete años y muy notable por su -belleza, después de lo cual se apodera de Escepsis y Gergis, plazas -fuertes donde guardaba aquella sus tesoros. Las demás ciudades no -quieren reconocerle, y las guarniciones de las mismas las conservan -para Farnabazo. Midias, enviando después regalos a Farnabazo, le pide -el gobierno del país con iguales condiciones que le tenía Manía; pero -este le contesta que puede guardar los presentes para cuando venga a -buscarlos juntamente con su persona, y añade que no quiere vivir sin -vengar a Manía. - -En esta situación llega Dercílidas, y en un solo día se apodera sin -lucha de Larisa, Hamáxito y Colonas, ciudades del litoral, y enviando -mensajeros a las ciudades eolias, les promete la libertad si le abren -sus puertas y se hacen sus aliadas. Los habitantes de Neandria, Ilión -y Cocilio se declaran en favor suyo, pues sus guarniciones griegas -no habían sido muy bien tratadas después de la muerte de Manía; pero -el jefe de la de Cebrene, plaza muy fuerte, esperando alcanzar de -Farnabazo grandes honores si le conserva esta ciudad, no recibe a -Dercílidas, quien, enojándose, se prepara para ponerle sitio; no siendo -favorables los signos de los sacrificios que ofrece antes de comenzar -el sitio, los renueva al día siguiente, y presentándose también -desfavorable, vuelve a consultarlos al otro día, continuando de este -modo durante cuatro días, irritándole mucho tales dilaciones, pues -deseaba apoderarse de toda Eólida antes de que llegara Farnabazo. - -Aténadas de Sición, uno de los capitanes, creyendo pierde el tiempo -Dercílidas en estas bagatelas, y suponiéndose bastante para cortar -el agua a los cebrenios, avanza con su compañía y procura cegar las -fuentes; pero hacen una salida los sitiados, le hieren, mátanle dos -hombres y ahuyentan a los demás a fuerza de golpes y de dardos. -Hallábase Dercílidas muy apesadumbrado por este accidente, pues -comprendía se daría el asalto con menos vigor, cuando llegan mensajeros -de los griegos encerrados en la ciudad participándole no estaban -conformes con la conducta de su jefe y que preferían servir a los -griegos mejor que a los bárbaros. Estaban aún en tratos, cuando llega -un enviado del jefe para decir que tal es también su modo de pensar. -Inmediatamente Dercílidas, para quien son favorables aquel día las -víctimas, pone a sus tropas sobre las armas y las conduce a las puertas -de la ciudad, que le son abiertas para que puedan entrar en ella, y -dejando allí una guarnición, se dirige en seguida a Escepsis y Gergis. - -Midias, que temía la llegada de Farnabazo y que desconfiaba ya de -la disposición de ánimo en que se hallaban los ciudadanos, envía -mensajeros a Dercílidas diciéndole entrarán en parlamento si le manda -rehenes; Dercílidas envía un ciudadano de cada una de las poblaciones -aliadas y le invita a escoger el número que bien le parezca: quédase -con diez, sale de la ciudad, entra en componendas con Dercílidas y le -pregunta qué condiciones pone a su alianza, a lo cual contesta aquel -que quiere sean libres e independientes todos los habitantes, diciendo -lo cual, avanza en dirección a Escepsis, y Midias, conociendo no puede -impedirle la entrada contra el deseo de los ciudadanos, no se opone. -Dercílidas, después de haber sacrificado a Minerva en la acrópolis de -Escepsis, hace salir la guarnición de Midias y entrega el gobierno -de la plaza a los ciudadanos exhortándoles a que se rijan por leyes -propias de griegos y de hombres libres; después de lo cual, se dirige -a Gergis acompañado de gran número de los de Escepsis, que le tributan -toda clase de honores y se alegran con lo que acaba de suceder. Midias, -que iba con él, le suplica le entregue la ciudad de Gergis, a lo cual -contesta Dercílidas que no le rehusará jamás ninguna cosa justa; pero -mientras dice esto, se adelanta con él hasta las puertas de la ciudad -seguido de las tropas, que marchan pacíficamente en dos filas. Los -vigías apostados en las torres reconocen a Midias, que va con él, y no -lanzan un solo dardo. Entonces le dice Dercílidas: - ---«Midias, manda abrir las puertas para guiarme y dirigirte conmigo al -templo a ofrecer un sacrificio a Minerva.» - -Midias vacila, pero por fin, temiendo ser detenido si se opone, da -orden para que abran las puertas. Entra Dercílidas en la ciudad, yendo -con él Midias, y se dirigen a la acrópolis, ordenando antes a sus -soldados estén con las armas a lo largo de los muros mientras ofrece -con su acompañamiento el sacrificio a Minerva. Una vez este terminado, -da la orden a los guardias de Midias de alinearse en armas a la cabeza -del ejército, como si fuesen mercenarios suyos, ya que nada tenía que -temer de Midias. Este, vacilante y sin saber qué hacer, - ---«Me voy --le dice--para prepararte mi hospitalidad. - ---No, por Júpiter --contesta Dercílidas--; me sonrojaría recibiendo -de ti la hospitalidad en lugar de ofrecértela yo una vez terminado el -sacrificio; quédate, pues, con nosotros, y mientras preparan la comida, -examinemos ambos lo que tenemos que hacer uno para otro en conformidad -a la justicia.» - -Después que se sentaron, comienza Dercílidas a preguntarle: - ---«Dime, Midias, ¿te dejó tu padre dueño de cuanto posees? - ---Seguramente --contesta. - ---Y ¿cuántas casas tenías, cuántos campos y cuántos prados?» - -Habiéndolos enumerado Midias, los escepsios que se hallaban presentes, -gritan: - ---«Este hombre miente, Dercílidas - ---Y vosotros --les dice este--, no seáis tan puntillosos.» - -Cuando ha detallado todas sus posesiones, vuelve a preguntarle: - ---«Dime, ¿de quién dependía Manía?» - -Todos exclaman: - ---«De Farnabazo. - ---Por lo mismo ¿todo lo que tenía era, pues, de Farnabazo? - ---Seguramente --contestan. - ---Entonces todo nos pertenece, pues Farnabazo es nuestro enemigo y -poseemos lo que era suyo. Conducidme, pues, a donde se hallan los -bienes de Manía y de Farnabazo.» - -Condúcenle entonces a la habitación de Manía, de la cual ha tomado -posesión Midias, y este también le sigue. Así que ha entrado -Dercílidas, llama a los mayordomos y los hace prender por sus -servidores, declarándoles serán degollados inmediatamente si se -descubre han robado algo de lo que pertenecía a Manía. Muestran cuanto -tienen, y Dercílidas, asegurándose de todo, hace cerrar la casa, pone -su sello y establece en ella guardia. Al salir dice a los tribunos y a -los capitanes colocados junto a la puerta: - ---«Compañeros, tenemos asegurada la paga durante un año a un ejército -de 8000 hombres; si encontramos aún algo más, todo eso tendremos.» - -Dijo esto conociendo que los que le oyesen serían mucho más obedientes -y celosos. Midias le pide entonces: - ---«¿Y yo, Dercílidas, dónde deberé habitar? - ---En el lugar que te designa la justicia, Midias --le contesta--; en -Escepsis, tu patria, y en casa de tu padre.» - - - - -CAPÍTULO II. - - -Después de haber realizado estas cosas y de haber tomado nueve ciudades -en ocho días, Dercílidas pensó en los medios de no servir de carga a -los aliados invernando en un país amigo, como lo había hecho Tibrón, y -al mismo tiempo impedir a Farnabazo inquietase con su caballería a las -ciudades griegas. Envía por lo mismo mensajeros a Farnabazo pidiéndole -si quiere la paz o la guerra, y este, comprendiendo que Eólida es una -temible avanzada para Frigia, donde reside, prefiere una tregua. - -Hecho esto, dirígese Dercílidas a Tracia de Bitinia para invernar, -lo cual no desagrada en modo alguno a Farnabazo, pues los bitinios -le hacían a menudo la guerra, con lo cual Dercílidas toma y saquea -con seguridad completa Bitinia y tiene siempre víveres en abundancia. -Llégale de la otra orilla un refuerzo de los odrisios, enviado -por Seutes, consistente en unos doscientos caballos y trescientos -peltastas, cuyas tropas forman su campamento y se atrincheran a -unos veinte estadios del ejército griego, y después de pedir a -Dercílidas algunos hoplitas para guardar su campamento, emprenden sus -correrías, en las que hacen numerosos prisioneros y consiguen rico -botín. Hallábase su campo muy lleno de cautivos cuando los bitinios, -informados del número de los que salían y del de los centinelas -griegos que para su guarda dejaban, reuniéndose en masa peltastas -y caballería, caen, al apuntar el día, sobre los hoplitas, que eran -unos doscientos, y una vez a tiro, los reciben con flechas y dardos. -Los hoplitas, al ver heridos o muertos a sus compañeros sin poder -hacer nada por impedírselo la empalizada, que tiene la altura de un -hombre, arrancan las estacas y se lanzan sobre el enemigo, que cede -donde quiera que le ataquen, por ser fácil a los peltastas burlar la -persecución de los hoplitas; no cesan, sin embargo, de arrojar dardos -a derecha e izquierda, y a cada salida de los guardias les hacen gran -número de bajas, hasta que por fin, acorralados estos últimos como en -un establo, son aplastados por el gran número de los enemigos, con -excepción de unos quince hoplitas que, viendo lo desesperado de su -situación, habían podido escaparse durante el combate sin ser vistos -por los bitinios y que consiguen llegar al campamento griego. Matan -los bitinios a los guardas de las tiendas de los odrisios tracios y se -retiran después de haber recuperado todos los prisioneros, de manera -que los griegos, al acudir para prestarles auxilio, no encuentran en -el campamento más que los cadáveres completamente despojados de sus -vestidos. A su vuelta entierran los odrisios sus muertos, y después -de beber sobre sus cuerpos mucho vino, celebran carreras de caballos, -acampando desde entonces con los griegos y saqueando e incendiando -Bitinia. - -Al principio de la primavera[98], partiendo Dercílidas de Bitinia, -entra en Lámpsaco. Hallábase aún allí cuando llegan los magistrados -lacedemonios Áraco, Naubates y Antístenes para examinar el estado -general de los negocios en Asia, y para decir a Dercílidas que debía -conservar el mando durante el año siguiente. Los éforos les habían -encargado igualmente convocasen a los soldados y censurasen su conducta -anterior y alabasen el que en la actualidad no obrasen injustamente -con nadie; debían asimismo decirles, que en lo futuro no se les -toleraría perjudicasen a nadie, mientras que si obraban justamente con -los aliados, sería alabada su conducta. Así, pues, reuniendo a los -soldados, les dijeron cuanto se les había encargado; pero el que había -sido jefe de las tropas de Ciro les contestó: - ---«Ciudadanos de Lacedemonia, nosotros somos hoy lo mismo que éramos -antes; pero el jefe que hoy tenemos no es el mismo que era entonces; he -ahí por qué no cometemos hoy las mismas faltas, como podéis cercioraros -por vosotros mismos.» - -Mientras los diputados de Lacedemonia y Dercílidas habitan juntos en -una misma tienda, uno del séquito de Áraco cuenta que habían dejado -en Lacedemonia mensajeros del Quersoneso que iban a quejarse de que -no se podían cultivar las tierras de aquella región a causa de las -incesantes correrías de los tracios, y que si se elevaba una muralla de -mar a mar, se conseguiría poder gozar de grandes extensiones de buen -terreno que podrían cultivar cuantos espartanos quisieran, y añadían -que no les admiraría que enviase Lacedemonia algunos de sus ciudadanos -con las fuerzas necesarias para realizar este proyecto. Nada dice -Dercílidas del plan que ha formado al oír este relato, y les envía -entonces a Éfeso para recorrer las ciudades griegas, muy contentos -por la seguridad de que las hallarán tranquilas y prósperas. Pónense -aquellos en marcha, y Dercílidas, sabiendo que se queda aquel año con -el mando, envía nuevamente a pedir a Farnabazo qué prefiere, prolongar -la tregua del invierno, o la guerra. Prefiriendo aún aquel la tregua, y -habiendo Dercílidas asegurado así la paz para las ciudades limítrofes, -cruza el Helesponto con su ejército y pasa a Europa atravesando la -parte de Tracia que le es amiga, y recibiendo la hospitalidad del rey -Seutes, llega al Quersoneso. Después que reconoce contiene once o -doce ciudades, que posee un excelente suelo, favorable a toda clase -de cultivo, pero que según se le ha dicho se halla devastado por los -tracios, mide el istmo, y averiguando tiene treinta y siete estadios, -no vacila ya, ofrece sacrificios a los dioses y hace principiar el -muro, señalando a cada soldado el espacio que tiene que construir, y -prometiendo brillantes premios a los primeros que terminen su tarea, -y recompensas a todos los que de ellas se hagan dignos, con lo cual -queda terminada antes del otoño la muralla, que había sido principiada -en la primavera, detrás de la cual quedan completamente protegidas -once ciudades, varios puertos, gran extensión de excelente tierra -cultivable, de campos en pleno cultivo y magníficos y abundantes pastos -para toda clase de ganados. Hecho esto, vuelve a pasar a Asia. - -Observando la situación de las diferentes ciudades, ve que en general -se hallan en plena prosperidad, excepto Atarneo, que halla ocupada por -desterrados de Quíos, los cuales, partiendo de esta plaza, saquean y -devastan Jonia, viviendo de su rapiña. Aunque informado Dercílidas -de que están abundantemente provistos de víveres, acampa alrededor de -sus muros y la sitia. A los ocho meses se apodera de ella, y colocando -a Dracón de Pelene por gobernador, después de llenar la plaza de toda -clase de provisiones con objeto de hacer de ella un descanso para -cuando pase por allí, se dirige a Éfeso, que está a tres jornadas de -Sardes. - -Hasta entonces Tisafernes y Dercílidas, así como los demás griegos -y bárbaros de aquellas regiones, habían vivido en paz; pero llega -a Lacedemonia una diputación de las ciudades jonias anunciando que -si Tisafernes quiere, pueden hacerse independientes las ciudades -griegas, y que además, si se inquieta Caria, donde reside Tisafernes, -se conseguirá fácilmente el reconocimiento de dicha independencia. -Oyendo esto los éforos, mandan a Dercílidas que invada con su ejército -Caria, y a Fárax, comandante de las naves, que amenace las costas de -dicha comarca. Ejecutan ambos estas órdenes coincidiendo con la llegada -de Farnabazo junto a Tisafernes, tanto por haber sido nombrado este -general en jefe de las tropas, como con el intento de asegurarle estaba -pronto a hacer la guerra mancomunadamente con él y peleando juntos para -arrojar a los griegos de los dominios del rey; por lo demás, sufría -su amor propio por haberse dado el mando a Tisafernes, y no podía en -modo alguno consolarse de la pérdida de Eólida. Tisafernes, después -de haberle oído, le dice que comenzarán por dirigirse a Caria, y que -después decidirán lo que debe hacerse. Llegados a ella, después de -haber dejado suficientes tropas en las guarniciones de las fortalezas, -deciden volver a Jonia. Informado Dercílidas de que han pasado -nuevamente el Meandro, comunica a Fárax el temor de que Tisafernes y -Farnabazo saqueen y devasten el país poco fortificado que tienen que -recorrer y atraviesa también él el río. Iban marchando los dos jefes -seguidos del ejército, algo en desorden, puesto que creían al enemigo -en camino para Éfeso, cuando de pronto ven algunos centinelas subidos -en los túmulos funerarios[99], y subiendo también sobre algunos de -los túmulos y algunas torres que por allí había, distinguen formados -en batalla sobre el camino que deben seguir, a los carios, de blancos -escudos, a todo el ejército persa de aquellas comarcas, a las tropas -griegas que tenían a sueldo cada uno de los dos sátrapas, y a su -caballería, bastante numerosa, con Tisafernes en el ala derecha y -Farnabazo en la izquierda. - -Al ver esto Dercílidas, manda inmediatamente a los jefes y capitanes -hagan formar a toda prisa sus tropas a ocho en fondo y se coloquen -a ambos lados los peltastas y caballos en el mayor número posible, -y él ofrece un sacrificio. Todas las tropas peloponesias aguantan a -pie firme y se preparan para el combate; pero los de Priene, Aquileo, -de las islas y de las ciudades jonias, arrojando las armas entre los -trigos, pues había espesas mieses en la llanura del Meandro, huyen en -gran parte, y cuantos quedan, dejan ver que no sostendrán el choque. -Anuncian que Farnabazo da la señal de combate, pero Tisafernes, -acordándose del valor con que se batió contra los persas el ejército -de Ciro, y creyendo que todos los griegos se parecen a esas tropas, no -quiere aventurar el combate, sino que hace decir a Dercílidas desea -entrar en parlamento con él: este en seguida, tomando los mejores de su -caballería e infantería, se adelanta hacia los mensajeros y les dice: - ---«Ya veis que estaba dispuesto a combatir, pero ya que desea -Tisafernes parlamentar, no me niego; únicamente es preciso demos y -recibamos primero rehenes y garantías de buena fe.» - -Aceptada esta proposición, después de realizarla, retíranse los dos -ejércitos: el de los bárbaros, a Trales de Caria, y los griegos a -Leucofris[100], donde se halla un templo de Diana muy venerado y un -lago de más de un estadio de circuito, notable por su arenoso fondo y -por el agua continua potable y templada. - -Así se pasa este día, y al siguiente reúnense en el lugar indicado -y deciden se enuncien por cada cual las condiciones bajo las cuales -puede firmarse la paz. Dercílidas propone que reconozca el rey la -independencia de las ciudades griegas, y Tisafernes y Farnabazo que -el ejército griego evacue el territorio del rey y que retiren los -lacedemonios los gobernadores de las ciudades. Aceptado esto, convienen -en una tregua que dure mientras Dercílidas comunica las proposiciones a -Lacedemonia y Tisafernes al rey. - -Mientras se verifica todo esto en Asia bajo el mando de Dercílidas, -irritados los lacedemonios desde largo tiempo contra los eleos, porque -habían hecho alianza con los atenienses, argivos y mantineos, por -haber rehusado admitir a los lacedemonios, bajo pretexto de haberles -condenado, en los combates hípicos y gimnásticos, y no solo por esto, -sino también porque habiendo Licas entregado su carro a los tebanos, -y estos, habiendo sido proclamados vencedores, al adelantarse aquel -para coronar al cochero, le dan de palos, a pesar de ser un anciano, -y le arrojan de allí, y porque más tarde habiendo Agis sido enviado -por un oráculo para sacrificar a Júpiter, se opusieron los eleos y no -quisieron procurase obtener una victoria con sus ruegos y plegarias, -pretendiendo además que, según una antigua ley de los griegos, no -podían estos recurrir al oráculo en una guerra con otros griegos, de -manera que Agis tuvo que marchar de allí sin haber podido ofrecer los -sacrificios; por todo esto, sobremanera irritados, deciden los éforos -y la asamblea hacerles entrar en razón, castigando su osadía. A este -efecto envían mensajeros a Élide para declarar que ha parecido justo -a los magistrados de Lacedemonia devuelvan los eleos su independencia -a las ciudades vecinas; contestan estos que habiendo conquistado por -la guerra estas ciudades, no quieren acceder a lo que se les pide, y -entonces los éforos les declaran la guerra. A la cabeza de su ejército -atraviesa Agis la Acaya e invade la Élide por Lariso[101], pero al -momento en que sus tropas entran en territorio enemigo y principian -a saquearle, sobreviene un temblor de tierra, por lo cual Agis, -considerándolo como un signo divino, saliendo del territorio eleo -licencia a su ejército. Desde entonces los eleos se hacen más audaces y -envían diputados a todas los ciudades que saben se hallan indispuestas -con los lacedemonios. - -Al año siguiente[102] decretan los éforos otra expedición contra Élide, -y exceptuando a los beocios y corintios, todos los aliados, incluso los -atenienses, se ponen a las órdenes de Agis. Penetra Agis en Élide por -Aulón[103], y en seguida los lepreatas, abandonando a los eleos, se le -unen seguidos de los macistios y epitalios; después de haber pasado el -río[104], se le entregan los letrinos, los anfídolos y los marganeos. -Dirígese entonces a Olimpia y sacrifica a Zeus olímpico sin que nadie -se lo impida. Después de haber sacrificado marcha contra la ciudad, -saqueando e incendiando el país, apoderándose de extraordinario número -de animales y de esclavos, oyendo lo cual llegan grandes grupos de -arcadios y de aqueos para tomar parte espontáneamente en la expedición -y en el botín; de manera que esta expedición vino a ser como un -abastecimiento para el Peloponeso. - -Llegado junto a la población, Agis devasta los suburbios y los -gimnasios, notables por su hermosura; y en cuanto a la ciudad, -desprovista de murallas, bien se comprende que si no la tomó no fue -porque no pudo, sino porque no quiso. - -Mientras saquea el país y el ejército esté acampado junto a Cilene, -los partidarios de Xenias, de quien se dice haber medido a celemines -el dinero heredado de su padre, quieren entregar la ciudad a los -lacedemonios, y echándose a la calle espada en mano, degüellan algunos -ciudadanos, y entre otros a un hombre parecido a Trasideo, jefe -del partido popular, creyendo que era este, con lo cual el pueblo, -completamente desanimado, se halla en la inacción: los asesinos creen -haber hecho ya cuanto tenían que hacer, y sus cómplices transportan las -armas a la plaza pública; pero Trasideo se hallaba aún durmiendo en -el mismo sitio en que se había apoderado de él la borrachera. Así que -el pueblo sabe que Trasideo no ha muerto, rodeando su casa por todas -partes como un enjambre de abejas alrededor de su reina, y después de -reunir al ejército, se pone a su cabeza y tiene lugar un combate en el -que queda vencedor el pueblo, y los autores del degüello tienen que -refugiarse en Lacedemonia. - -Agis, al marchar, después de atravesar nuevamente el Alfeo dejando una -guarnición en Epitalio junto a este río, con los fugitivos de Élide, -y nombrando gobernador a Lisipo, licencia el ejército y regresa a su -país. Durante el resto del verano y en el siguiente invierno, Lisipo -y los suyos devastan el país de los eleos, y al verano siguiente, -Trasideo, mandando mensajeros a Lacedemonia, les participa que -consiente en demoler las murallas de Fea y Cilene, y liberar las -ciudades trifilias: Frixa y Epitalio, y a los letrinos, anfídolos y -marganeos, así como a los acroreos y la ciudad de Lasión, que les -disputaban los arcadios, exigiendo, sin embargo, quedarse con Epeo, -situada entre Herea y Macisto, que decían haber comprado por treinta -talentos, habiéndolos pagado a los que poseían dicha ciudad: pero los -lacedemonios, conociendo que es tan injusto tratando con uno más débil, -comprar algo por fuerza, como tomárselo con violencia, les obligan -también a renunciar a dicha ciudad, sin quitarles la presidencia del -templo de Júpiter olímpico aunque no la poseyesen desde mucho tiempo -antes, por ser los pretendientes a la misma muy poco idóneos para ella. -Hechas estas concesiones, se ajusta un tratado de paz y de alianza -entre los eleos y los lacedemonios, y de este modo termina la guerra -entre los dos pueblos. - - - - -CAPÍTULO III. - - -Dirígese después Agis a Delfos[105], donde ofrece el diezmo del botín; -pero a su regreso a Herea, y siendo ya viejo, se siente enfermo y -ordena le lleven a Lacedemonia, donde llega aún vivo, pero donde muere -al poco tiempo, haciéndole unos funerales más espléndidos de lo que -puede esperar hombre alguno. - -Transcurridos los días de luto, cuando debe ser elegido el rey, -levántanse rivales pretensiones a la realeza entre Leotíquides, que -decía ser hijo de Agis, y Agesilao, hermano de este último. Leotíquides -decía[106]: - ---«Agesilao, bien sabes que el hijo del rey y no el hermano debe ser -elegido, y únicamente si no hay hijos es cuando debe serlo el hermano. - ---Pues por eso debo ser rey. - ---¿Cómo es posible, si estoy yo aquí? - ---Pues muy sencillo, porque aquel a quien tú llamas padre, dice que no -eres suyo. - ---Pero mi madre, que debe saberlo mejor que él, dice que lo soy. - ---Poseidón[107] declara que miente, pues echó a tu padre del tálamo -nupcial a la vista de todo el mundo con un temblor de tierra, y este -hecho está confirmado por un testigo que se considera el más verdadero -de todos, el tiempo, puesto que tú no naciste hasta diez meses después -que tu padre huyó del tálamo y no volvió a él.» - -He aquí lo que decían; Diópites, hombre muy versado en la -interpretación de los oráculos, recuerda en apoyo de Leotíquides un -oráculo de Apolo que dice deben guardarse de un rey cojo; pero Lisandro -replica en favor de Agesilao, que no cree ordene el dios se guarden -de uno que sea verdaderamente cojo, sino de un rey que no fuera de -sangre real, porque entonces sería verdaderamente coja la realeza, no -descendiendo de Hércules los jefes de la ciudad. Después de haber oído -a las dos partes, elige la ciudad por rey a Agesilao. - -No había transcurrido aún un año desde que era rey Agesilao, cuando -un día, mientras se hallaba ofreciendo para el estado uno de los -sacrificios prescritos, el augur exclama, que los dioses indican una -conjuración de las más terribles; sacrificando de nuevo, preséntanse -aun más funestos los signos, y al sacrificar por tercera vez el -rey, le dice el adivino: «Agesilao, parece que estamos rodeados de -enemigos; he aquí los signos.» Sacrificase inmediatamente a los dioses -protectores y salvadores, y se cesa así que se han obtenido, no sin -trabajo, signos favorables. Hacía ya cinco días que estaban terminados -estos sacrificios, cuando un hombre denuncia a los éforos una -conjuración de la que es jefe Cinadón. Era este un joven de exterior y -alma varoniles, pero que no pertenecía a la clase de los iguales[108]. -Pídenle los éforos detalles de cómo debe aquella realizarse, y el -denunciador refiere que Cinadón le ha conducido a un extremo de la -plaza pública y le ha mandado contara el número de los espartanos que -se hallaban en ella. - ---«Y yo --dijo--, después de haber contado el rey, los éforos, los -senadores y algunos otros, en número de unos cuarenta, pregunté: -¿Por qué, Cinadón, me has hecho contar toda esa gente? A lo cual me -contestó: Debes considerar a todos estos como enemigos; todos los demás -que se encuentran sobre la plaza pública, en número de más de cuatro -mil, puedes considerarlos, por el contrario, como aliados.» - -Después añade que Cinadón le ha enseñado en las calles unas veces uno -y otras veces dos a quienes daba el nombre de enemigos, mientras que -todos los demás, decía, eran amigos y del propio modo de los espartanos -que están en el campo, pues siendo enemigo el dueño, todos los demás -son aliados. Los éforos le preguntan cuál puede ser el número de los -conjurados, y contesta que también sobre este punto le ha dicho Cinadón -que los jefes tienen únicamente un pequeño número de auxiliares, pero -que les son completamente fieles los hilotas, los neodamodes, las -clases inferiores y los periecos. Cada vez que entre esta gente la -conversación gira sobre los espartanos, ninguno de ellos puede ocultar -que les sería agradable el comérselos crudos. Pídenle también: - ---«Pero ¿cómo pensabais procuraros armas?» - -Y él contesta: - ---«Los jefes de nuestra conspiración dicen siempre que poseen las armas -necesarias.» - -Y en cuanto a las armas para la multitud, cuenta que Cinadón le ha -llevado al mercado del hierro, donde le ha enseñado gran cantidad de -sables, espadas, estoques, hachas, hachuelas y hoces, y le ha dicho que -todos los instrumentos que emplean los hombres para trabajar la tierra -y para labrar la madera y la piedra, son otras tantas armas, así como -la mayor parte de los útiles de los otros oficios, son armas bastantes -contra gente desarmada. Finalmente, se le pide la fecha en que debe -estallar la conspiración, y refiere que se le ha recomendado no se -aleje de la ciudad. - -Inmediatamente, y sin convocar siquiera lo que se llama la pequeña -asamblea, los éforos, después de oír todos estos datos y comprendiendo -que existe un plan determinado y completo en la conjuración, -sobrecogidos por el miedo, reúnen a toda prisa algunos ancianos, y -deciden enviar a Cinadón con otros jóvenes al pueblo de Aulón con orden -de conducir algunos hilotas y aulonitas, cuyos nombres están escritos -en una escítala[109]. Danle asimismo orden para conducir de aquella -ciudad a una mujer que decían era muy hermosa y a quien acusaban de -haber corrompido a todos los lacedemonios jóvenes y viejos que habían -ido a Aulón, encargo semejante a los que ya otras veces le habían -confiado los éforos. En esta ocasión le dan la escítala en la cual -estaban escritos los nombres de los que debía prender, y cuando pide -quiénes son los que tienen que ir con él, «dirígete al más anciano de -los hipagretas[110], le dicen, y ruégale te entregue seis o siete de -los que se hallen presentes.» Se había tenido buen cuidado de hacer -saber al hipagreta a quiénes debía mandar, y estos sabían también que -debían prender a Cinadón. Dícesele asimismo que irán con él tres carros -para que no tengan que ir a pie los presos, procurando así ocultar lo -mejor posible el único objeto para que se le enviaba. No se apoderaron -de él en la ciudad por no saber la extensión de la conspiración, y -para averiguar por Cinadón quiénes eran sus cómplices, antes que -estos pudieran saber se les había denunciado, y por lo tanto tomar la -fuga. Los encargados de prenderle debían retenerle e informarse de -los nombres de sus cómplices, enviándolos después inmediatamente, por -escrito, a los éforos. Estos tenían tanto interés en el buen éxito -de su plan, que habían enviado un escuadrón de caballería con los que -se dirigían a Aulón. Así que está preso Cinadón, llega un soldado de -a caballo con los nombres que aquel ha escrito, e inmediatamente los -éforos hacen prender al adivino Tisámeno y a los más notables de los -conjurados. Cuando llega Cinadón declara de plano y lo confiesa todo, -incluso el nombre de sus cómplices, y cuando se le pide qué objeto se -proponía con su trama, contesta que no quería ser inferior a nadie en -Esparta. Después de esto, átanle las dos manos, pásanle el cuello en -una pieza de madera, danle azotes, clávanle aguijones y es paseado así -con sus cómplices por la ciudad. Tal fue el castigo que recibieron. - - - - -CAPÍTULO IV. - - -Después de estos sucesos, cierto siracusano, llamado Herodas, que se -hallaba en Fenicia con el dueño de una nave, viendo gran movimiento -en las trirremes fenicias, que se equipaban otras en los astilleros y -que se construían buques de toda clase en gran número, averigua que -deben formar parte de una flota de trescientas naves, y subiendo en la -primera que se hace a la vela para Grecia, llega a Lacedemonia para -anunciar que el rey y Tisafernes preparan una expedición que ignora -contra quién irá dirigida. - -Sobresaltados los espartanos, reúnen a sus aliados, consultando sobre -el partido que deben tomar, y Lisandro, que conoce la superioridad -de la marina griega, y recuerda la retirada del ejército heleno -que había ayudado a Ciro, persuade a Agesilao para que se encargue -de dirigir una expedición a Asia, poniendo a sus órdenes treinta -espartanos, dos mil neodamodes y seis mil hombres de los aliados. Tenía -asimismo la intención de acompañar a Agesilao a fin de restablecer -las decarquías[111] en las ciudades donde en otro tiempo las había -instalado pero que habían sido más tarde abolidas por los éforos al -restablecer los antiguos gobiernos. - -Acepta Agesilao el mando de esta expedición, concediéndole los -lacedemonios cuanto pide, y proveyéndole de víveres para seis meses. -Después de haber ofrecido a los dioses los debidos sacrificios, -principalmente los necesarios para pedir un viaje feliz, se pone en -marcha[112], no sin haber mandado antes mensajeros a los diferentes -estados, fijando el número de soldados que debe enviar cada uno y el -sitio en donde deben reunírsele, yendo a sacrificar, como Agamenón -al dirigirse a Troya, a Áulide. Informados los beotarcas[113] de que -ofrecía sacrificios, envían soldados de caballería que le ordenan -cese al instante en sus sacrificios, y que arrojan asimismo del altar -las víctimas que allí encuentran inmoladas. Irritado Agesilao y -tomando a los dioses por testigos, embárcase en una trirreme, llega a -Gerasto[114], donde reúne la mayor parte de sus tropas, al frente de -las cuales se hace a la vela para Éfeso. - -Una vez allí, recibe un mensaje de Tisafernes pidiéndole el motivo de -su llegada. Contéstale Agesilao es para asegurar la independencia de -las ciudades de Asia, a fin de que gocen la misma libertad que las de -Grecia. Replícale entonces Tisafernes: - ---«Si quieres ejecutar una tregua hasta que lleguen las órdenes del -rey, me parece podrás volverte después de haberlo conseguido. - ---Bien lo quisiera, contesta Agesilao, pero temo quieras engañarme; -mientras tanto, a cambio de las garantías que me des, puedo ofrecerte -que si obras con sinceridad ningún daño causaremos a tus provincias -mientras dure la tregua.» - -Después de estos preliminares, jura Tisafernes que desea de buena -fe la paz, ante los enviados de Agesilao, Herípidas, Dercílidas y -Megilo, y estos se comprometen por juramento, a nombre de Agesilao ante -Tisafernes, a respetar la tregua mientras sea este fiel a su palabra. -Tisafernes, sin embargo, no tarda en faltar a su juramento, pues en -lugar de respetar la paz, hace pedir al rey un ejército numeroso para -reforzar el suyo; pero Agesilao, aunque conociendo esta conducta, -permanece fiel a la tregua. - -Mientras permanece inactivo y en reposo en Éfeso, encuéntranse las -ciudades en plena anarquía, pues había sido derribada la democracia -que habían constituido los atenienses, y no había sido tampoco -restablecida la decarquía establecida por Lisandro; sus habitantes, -que tanto querían a Lisandro, le suplican con vehemencia obtenga -de Agesilao lo que desean, por lo cual está siempre rodeado de una -apretada muchedumbre, que le sigue a todas partes, pareciendo Agesilao -un simple particular, mientras Lisandro se asemeja a un rey, lo -cual contribuye a excitar contra él a Agesilao, como pudo verse más -tarde. Los Treinta no pueden tampoco ocultar su envidia y representan -a aquel cuán culpable es la conducta de Lisandro, que despliega un -fausto verdaderamente real; de ahí que cuando este le presenta algunas -personas, niega Agesilao todas las peticiones en que parece interesarse -Lisandro. Finalmente apercibiéndose este de que todos los asuntos por -los que se interesa son despachados en sentido contrario a su deseo, -adivina el motivo de ello, y desde entonces no consiente que nadie le -acompañe, y manifiesta sin ambages a cuantos reclaman su mediación, que -sus asuntos tendrán peor éxito si interviene en ellos, y no pudiendo ya -soportar por más tiempo su infortunio, dirigiéndose a Agesilao le dice: - ---«Agesilao, tú no buscas más que humillar a tus amigos. - ---Sí, por Júpiter --contesta este--, en cuanto a aquellos que -desean sobreponérseme, porque respecto a aquellos que procuran mi -engrandecimiento, consideraría como una gran vergüenza el no procurar -honrarles como merecen. - ---Posible es --replica Lisandro-- que obres en ello con más justicia -que yo, pero concédeme una nueva gracia, a fin de que no me deshonre -el no poder conseguir nada junto a ti, y que al mismo tiempo no sea un -obstáculo a tus acciones: envíame a cualquier parte, pues donde quiera -que sea procuraré serte útil.» - -Después de haber hablado así, parécele conveniente a Agesilao y le -manda al Helesponto. Una vez allí, Lisandro averigua que el persa -Espitrídates ha sido humillado por Farnabazo, y teniendo con él una -entrevista le persuade a que se una a los griegos con sus hijos, sus -riquezas y unos doscientos caballos, dejando a los cuales en Cícico se -embarca con Espitrídates y su hijo y los conduce a Agesilao. Este, al -verlos, admirablemente complacido por esta acción, se informa del país -y del mando de Farnabazo. - -Enorgullecido Tisafernes por saber se halla en camino el ejército que -le envía el rey, declara la guerra a Agesilao si no sale de Asia; -los aliados y los lacedemonios que allí se hallaban se muestran -apesadumbrados, comprendiendo la grande inferioridad de las fuerzas de -Agesilao, comparadas al grande aparato de las del rey; pero aquel, con -rostro alegre, ordena a los mensajeros den a Tisafernes las gracias -por haberse hecho enemigos de los dioses con su perjurio, y haberlos -convertido con él en aliados de los griegos. Da inmediatamente orden -a sus soldados para que hagan sus preparativos de campaña, y a las -ciudades por donde debía pasar para dirigirse a Caria, la de tener -bien provistos sus mercados, y envía asimismo a los jonios, eolios -y helespontinos la orden de que le manden a Éfeso las tropas que -deben proporcionarle. Tisafernes, sabiendo que Agesilao no tiene -caballería mercenaria y que Caria no se presta para las maniobras de -la caballería, así como que le guarda aquel rencor por su perfidia, -y creyendo que Agesilao va a dirigirse directamente hacia Caria, -su residencia, hace pasar a ella toda su infantería y ocupa con su -caballería la llanura del Meandro, esperando hallarse en situación -para aplastar con sus caballos a los griegos antes de que puedan estos -llegar a las otras comarcas, que no son favorables para las maniobras -de la caballería. Pero Agesilao, en vez de dirigirse directamente a -Caria, cambia súbitamente de dirección y avanza por Frigia, reclutando -fuerzas a su paso, sometiendo ciudades y recogiendo abundante botín -con esta repentina invasión. Avanzan con entera tranquilidad; pero al -llegar junto a Dascilio, los soldados de caballería de su vanguardia -suben a una colina para reconocer el país que se ofrece a su vista, y -da la casualidad que los caballos de Farnabazo, mandados por Ratines -y Bageo, hermano natural de Farnabazo, en número igual al de los -griegos, galopan también por orden de este último en dirección a la -misma colina. Cuando se distinguen unos a otros no distaban ya entre -sí más de cuatro pletros[115]; fórmanse los griegos en falange en -cuatro filas, y los bárbaros a doce de frente, pero con el fondo -muy nutrido; atacan los primeros y vienen a las manos. A cada golpe -rompen los griegos sus lanzas, mientras los persas, que las tienen de -cornejo, matan en poco tiempo a doce soldados y dos caballos, con lo -cual declárase en fuga la caballería griega; pero llega Agesilao en su -auxilio con los hoplitas, y tienen los bárbaros que retroceder después -de haber sido muerto uno de los suyos. - -Al día siguiente de esta escaramuza entre la caballería, ofrece -Agesilao un sacrificio para el ataque; pero siendo desfavorables las -entrañas de las víctimas, retrocede hacia el mar. Conociendo que no -podrá adelantarse en la llanura mientras no posea una caballería -bastante fuerte, comprende debe procurársela a todo trance, a fin de -no tener que hacer la guerra huyendo; ordena, por lo tanto, a los más -ricos de todas las ciudades de la comarca procuren criar caballos, -anuncia que dispensará del servicio a todo el que presente un caballo -con su equipo y un soldado experto en el manejo del mismo y hace -ejecutar con prontitud sus órdenes, como si se tratase de que cada cual -pusiera un sustituto para morir en su lugar. - -Al principiar la primavera[116] reúne todo su ejército en Éfeso, y -queriendo adiestrarle, promete premios a las tropas de caballería -que mejor maniobren, a los hoplitas que tengan el cuerpo más robusto -y a los peltastas y arqueros que muestren mejor puntería en sus -tiros; hubiérase visto entonces los gimnasios llenos de hombres que -se ejercitaban, los hipódromos de los que evolucionaban a caballo, y -de arqueros y saeteros que tiraban al blanco. La ciudad entera en que -se hallaba ofrecía un interesante aspecto: la plaza pública llena por -todas partes de armas y caballos en venta; los obreros de toda clase, -en cobre, en madera, en hierro, en cuero y en pintura, trabajando en la -fabricación de armas; en fin, hubiera podido tomarse a Éfeso como un -taller de la guerra. Nada inspiraba, sobre todo, tanta confianza como -el ver al mismo Agesilao y a sus soldados con coronas de flores ir a -ofrecerlas al salir de los gimnasios a la diosa Diana; porque ¿cómo -no hallar buenas esperanzas donde los hombres respetan a los dioses, -se ejercitan en la guerra y obedecen a sus jefes? Persuadido asimismo -Agesilao de que el desdén hacia el enemigo da valor para combatirle, -dio orden a los pregoneros para que vendieran desnudos a los bárbaros -cogidos por los exploradores, y los soldados, viendo aquellos cuerpos -tan blancos, porque no se desnudan nunca, linfáticos y obesos, pues -siempre se hallaban montados en los carros, comprendían que la guerra -con ellos sería como si peleasen con mujeres. - -Con estos preparativos había transcurrido ya un año desde la marcha de -Agesilao; de manera que Lisandro y los otros treinta vuelven a Esparta, -siendo reemplazados por los que se habían nombrado bajo el mando de -Herípidas. Agesilao confía la caballería a Jenocles y a otro jefe, -los hoplitas neodamodes a Escites, a Herípidas las tropas que habían -servido a Ciro, y a Migdón el contingente de los aliados. Anuncia -después a sus soldados va a llevarles por el más corto camino a la -parte más fortificada del país, a fin de que preparen su espíritu y su -cuerpo para combatir dentro de poco. Tisafernes cree quiere engañarle -como la otra vez, y que su verdadero designio es el de dirigirse a -Caria: hace, pues, pasar como la primera vez su infantería a dicha -región, y coloca también su caballería en la llanura del Meandro; pero -Agesilao, que no había mentido, se dirige inmediatamente, cumpliendo lo -que había dicho, a la provincia de Sardes; marcha tres días a través -del desierto, sin encontrar al enemigo, procurando a su ejército -víveres en abundancia; pero al cuarto día se distingue la caballería -de los bárbaros. El comandante de la caballería da orden al jefe de -los escevóforos para que pase el Pactolo y asiente el campamento; y -allí, al ver algunos sirvientes griegos apartarse de los suyos para -saquear, matan a gran número de ellos, por lo cual Agesilao envía a la -caballería para socorrerles. Por su parte los persas, al conocer les -llega este refuerzo, reúnen también su caballería y hácenla avanzar -en orden de batalla. Agesilao, al ver que los enemigos carecen de -infantería mientras él tiene todas las fuerzas que necesita, juzga -oportuno librar combate. Inmoladas las víctimas, hace avanzar a su -falange contra la caballería enemiga, ordena a los hoplitas veteranos -lleguen al mismo tiempo a la carrera y avancen corriendo los peltastas, -así como manda cargar a la caballería, mientras él les sigue con todo -el ejército. - -Rechazan los persas a la caballería; pero cayendo sobre ellos -todo el peso del ejército, tienen que replegarse, pereciendo unos -inmediatamente en el río, mientras los otros se declaran en fuga. -Persíguenles los griegos y se apoderan de su campamento, ocupándose -los peltastas, según su costumbre, en saquear. Agesilao, envolviéndolo -todo con su ejército, hace que los dos campos se confundan y realiza -un inmenso botín que produce más de setenta talentos, además de los -camellos de que se apoderan, y que se llevó Agesilao a Grecia. - -Mientras tenía lugar este combate, se hallaba Tisafernes en Sardes, -por lo cual los persas le acusaron de haberles hecho traición, y el -rey, considerándole como la causa de todos esos desastres, envió -a Titraustes con orden de cortarle la cabeza. Hecho esto, envía -Titraustes mensajeros a Agesilao para decirle: - ---«Agesilao, el autor de todas las dificultades entre ambos ha recibido -ya su merecido castigo; el rey quiere que te vuelvas a tu país y que -las ciudades independientes de Asia le paguen el antiguo tributo.» - -Agesilao contesta que no puede adherirse a esto sin el consentimiento -de los magistrados de su país. - ---«Pues bien --dice Titraustes--, mientras esperas las instrucciones de -tu patria, retírate al territorio de Farnabazo, pues yo te he vengado -ya de tu enemigo. - ---Está bien --contesta Agesilao--; pero es preciso que proveas a mi -ejército de los víveres necesarios, hasta que haya llegado allí.» - -Titraustes le da treinta talentos, y él los toma y se dirige a Frigia, -que pertenecía a Farnabazo. - -Mientras estaba en la llanura que se encuentra pasada Cime, llega un -mensajero de los magistrados de Esparta y le ordena tome también el -mando de la flota, escogiendo a quien quiera para comandante de las -naves. Obran así los lacedemonios por la razón de que, gracias a la -concentración del mando de los dos ejércitos en un solo jefe, el de -tierra ganará mucho en poder, y la flota podrá también ser sostenida -por el ejército cuando así fuese necesario. Al saber esta nueva, -Agesilao excita a las ciudades situadas en las islas y en el litoral -a que construyan cuantas trirremes puedan, con lo cual obtiene un -refuerzo de ciento veinte naves, así de las ciudades a quienes las -ha pedido, como de los particulares que quieren congraciarse con él. -Escoge para comandante de las naves a Pisandro, su cuñado, amigo de la -gloria y de alma bien templada, pero que carece del talento necesario -para un mando tan elevado. Parte Pisandro para llenar sus funciones, y -Agesilao continúa, como se había propuesto, su marcha contra Frigia. - - - - -CAPÍTULO V. - - -Creyendo Titraustes apercibirse de que Agesilao menosprecia el poder -del rey y que en vez de evacuar Asia alimenta más bien grandes -esperanzas de someterla, en la incertidumbre en que está respecto a -lo que debe hacer, envía a Grecia[117] al rodio Timócrates, a quien -entrega unos cincuenta talentos en oro, encargándole soborne a los -magistrados de las diferentes ciudades, exija de ellos las mayores -pruebas de fidelidad y les excite para que declaren la guerra a -los lacedemonios. Parte aquel a Grecia y hace aceptar sus dones a -Androclidas, Ismenias y Galaxídoro en Tebas, a Timolao y a Poliantes -en Corinto y a Cilón y sus amigos en Argos. Los atenienses, aunque no -participan de este oro, desean, sin embargo, la guerra con ardor, pues -creen están bajo el yugo de Esparta. Comienzan los que han recibido el -dinero por declamar en sus mismas ciudades contra los lacedemonios; -después excitan contra ellos el odio de todos, y concluyen, por último, -por confederar con ese objeto las ciudades más principales. - -Conociendo el gobierno de Tebas que si no se principia la guerra no -querrán los lacedemonios romper la tregua con sus aliados, persuade -a los locrios opuntios a que levanten tributos en el territorio que -tienen en litigio con los focidios, con lo cual espera se arrojarán -enseguida los focidios sobre la Lócrida, presunción que vienen a -confirmar por completo los hechos, pues los focidios invaden aquella -comarca y se apoderan de considerables riquezas. Con este motivo el -partido de Androclidas persuade fácilmente a los tebanos a que socorran -a los locrios ya que los focidios han invadido un territorio que no -solo no está en litigio, sino que es reconocido por todos como amigo -y aliado. Así, pues, cuando los tebanos verifican una nueva irrupción -en la Fócida y devastan el país, envían los focidios diputados a -Lacedemonia reclamando su auxilio, juzgándose dignos de él, pues no han -principiado la guerra, ya que, según afirman, solo se han dirigido -contra los locrios para rechazarlos. Acogen con alegría los espartanos -este pretexto para combatir con los tebanos, pues tiempo hacía les -guardaban rencor por haber reclamado en favor de Apolo el diezmo del -botín de Decelia y por no haberles querido acompañar en el ataque -del Pireo, así como les acusaban también de haber convencido a los -corintios para que no fuesen a pelear con ellos, ni habían olvidado -tampoco el haber impedido a Agesilao sacrificar en Áulide, arrojando -del altar las víctimas y el haber rehusado seguirle en su expedición -a Asia. Consideran que es una preciosa ocasión para dirigir contra -ellos un ejército y poner coto a su insolencia; sus asuntos en Asia -hállanse en próspera situación, gracias a las victorias de Agesilao, -y en Grecia ninguna otra guerra ha de servirles de obstáculo; por -todo lo cual, estando los ciudadanos en esta disposición de ánimo, -anúncianles los éforos la declaración de guerra y mandan a Lisandro -junto a los focidios ordenándoles se dirijan a Haliarto[118] con un -ejército compuesto de focidios, eteos, heracleotas, melios y enianos. -Pausanias debía también dirigirse allí el día prefijado, seguido de los -espartanos y de los aliados peloponesios, para tomar el mando. Lisandro -ejecuta puntualmente las órdenes recibidas y aparta además a Orcómeno -del partido de los tebanos. Por su parte Pausanias, después de ofrecer -los sacrificios impetrando el feliz viaje, se establece en Tegea, de -donde envía a reclutar soldados a los jefes de los mercenarios y adonde -consigue asimismo se dirijan las tropas de las ciudades vecinas. Así -que los tebanos tienen la seguridad de que los lacedemonios invadirán -su país, envían mensajeros a Atenas que dicen al pueblo lo siguiente: - -«Atenienses: Los cargos que nos habéis hecho de haber decretado al -terminar la guerra, crueles leyes contra vosotros, no son justos; -no era la ciudad, sino un solo hombre[119], quien lo propuso, pues -se sentaba entonces en el consejo de los aliados. Pero cuando los -lacedemonios hicieron decidirnos para atacar el Pireo, la ciudad en -masa decretó que no nos uniéramos a ellos para esta expedición. Por -esto, ya que sois vosotros una de las causas principales del odio -que nos tienen los espartanos, creemos justo vengáis en socorro de -nuestra ciudad. Pero aun creemos más, pues confiamos en que cuantos -se hallaban entonces en vuestra población se apresurarán a marchar -contra los lacedemonios. Ellos son, en efecto, los que después de -haber impuesto al pueblo una oligarquía odiosa, y mientras se llamaban -nuestros aliados llegando con poderoso ejército, os entregaron en manos -de la multitud; de modo que no ha dependido de ellos el que no hayáis -perecido por completo, pues el pueblo ha sido el que os ha salvado. - -»Todos sabemos, ¡oh atenienses! que queréis reconquistar vuestro -antiguo poderío, y ¿qué mejor medio para conseguirlo que ayudar -vosotros mismos a los que son víctimas de las injusticias de Esparta? -No temáis el número de los que les siguen, pues debéis ser mucho -más audaces al recordar teníais tantos más enemigos cuando contabais -con muchos aliados. Mientras carecían estos de quien protegiera su -defección, ocultaban hipócritamente el odio que os tenían; pero así que -los lacedemonios se pusieron a su cabeza, mostraron inmediatamente sus -verdaderos sentimientos hacia vosotros. También hoy sucederá lo mismo; -así que se haga público que nos unimos unos y otros para combatir a -los lacedemonios, inmediatamente aparecerán, y en gran número, los -que les detestan. Basta que reflexionéis un poco para convenceros -de que es verdad cuanto os decimos. En efecto, ¿qué pueblo fiel les -queda ahora? No serán sin duda los argivos, que se han considerado -en todo tiempo como enemigos suyos, ni los eleos, pues acaban de -enajenárseles al tomarles sus ciudades y gran parte de su territorio; -y ¿qué diremos de los corintios, arcadios y aqueos, que, si bien -cediendo a sus instancias, han compartido con ellos sus trabajos, sus -peligros y sus gastos en la guerra que os hicieron, después de haber -hecho cuanto querían, no han alcanzado la más pequeña parte en su -poder, honores y riquezas? Por el contrario, se les ha envilecido e -irritado al enviarles hilotas por gobernadores, del propio modo que -supieron declararse jefes de los aliados independientes después de -haber conseguido el predominio sobre vosotros. Por otra parte, han -engañado notoriamente a cuantos apartaron de vuestra alianza, pues en -vez de reconocerles su libertad, les han impuesto la doble tiranía de -los gobernadores y de los Diez que estableció Lisandro en cada ciudad. -Y el rey de Persia, después de haberles proporcionado los recursos más -considerables para batir vuestro poderío, ¿ha alcanzado, por ventura, -ninguna ventaja que no hubiera podido obtener uniéndose a vosotros -contra ellos? - -»¿No adquiriréis, pues, un poder mayor que el que teníais antes, -si os ponéis al frente de los pueblos que tan imprudentemente han -perjudicado? Durante la época de vuestro predominio teníais únicamente -imperio sobre el mar; pues bien, ahora podéis dominarnos a todos -nosotros, a los peloponesios, a las ciudades que antes os estaban -sometidas y al mismo rey, cuyo poderío es tan grande. Bien sabéis que -éramos para Esparta unos aliados dignos de ser tenidos en cuenta, y -ahora es natural que combatamos con vosotros con una energía mucho -mayor que la que desplegamos al combatir con ellos, pues la lucha -actual no tiene por objeto pelear por los siracusanos o por algún otro -pueblo extranjero, como sucedía entonces, sino por nosotros mismos, que -hemos visto lesionados nuestros derechos. - -»No debéis ignorar tampoco que la codiciosa dominación de los -lacedemonios es mucho más fácil de abatir que en otro tiempo lo fue la -vuestra; vosotros teníais grandes fuerzas navales y mandabais sobre -ciudades que carecían de ellas, y en cambio los lacedemonios, cuyo -número es muy escaso, tiranizan a un gran número de estados que cuentan -con mayores fuerzas que ellos. He aquí lo que os decimos; sabedlo bien, -sin embargo, atenienses, pues creemos proponeros una alianza que os ha -de ser mucho más ventajosa que a nosotros.» - -Después de decir esto se callaron. Gran número de atenienses hablan -en igual sentido, y por unanimidad se decreta socorrer a los tebanos. -Trasíbulo, después de leer el decreto a los enviados, les manifiesta -que, aunque el Pireo carezca de muralla, no por eso Atenas retrocederá -ante el peligro, para devolver a los tebanos más que lo que de ellos ha -recibido. - ---«Vosotros --les dice-- no habéis hecho más que rehusar a nuestros -enemigos vuestro auxilio para combatirnos, y en cambio nosotros -pelearemos con los que os ataquen.» - -Los tebanos regresan a su ciudad y se preparan a la defensa, así como -los atenienses para ayudarles. Tampoco los lacedemonios dejan de -prevenirse, pues el rey Pausanias avanza hacia Beocia con su ejército -y el del Peloponeso a excepción de los corintios, que no han querido -seguirle. Lisandro, que conduce los soldados de Fócide, de Orcómeno -y de las demás ciudades de aquella región, llega antes que Pausanias -frente a Haliarto, y una vez allí, no espera tranquilamente al ejército -lacedemonio, sino que avanza contra la ciudad con las tropas que tiene; -había persuadido ya a sus habitantes a que se apartaran del partido -enemigo y a que se hicieran independientes, pero habiéndose opuesto a -ello algunos tebanos que había en la ciudad, la pone sitio, lo cual -sabido por los de Tebas, avanzan estos a la carrera, así hoplitas como -caballos. No se ha averiguado aún si le sorprendieron de improviso o -si es que creyó poder sostener su ataque con esperanza de vencerlos, -pero lo que sí está completamente averiguado es que el combate tuvo -lugar ante los muros, y que levantaron los tebanos un trofeo ante las -puertas de Haliarto. Muerto Lisandro, huyen sus soldados al monte, -vigorosamente perseguidos por los tebanos, los cuales alcanzaban ya la -cima, cuando los hoplitas enemigos, viéndoles atascados en desfiladeros -estrechos y difíciles, se vuelven y les lanzan dardos y les rechazan. -Dos o tres tebanos de los más osados perecen, y las piedras arrojadas -desde la cima caen sobre los restantes, lo cual hace que volviendo al -combate los fugitivos rechacen del monte con más de doscientos hombres -de pérdida, a los tebanos. - -Contristados estos, pensando que en la jornada no han experimentado -menos daño que el que han hecho sufrir al enemigo, recobran al día -siguiente los ánimos al cerciorarse de que los focidios y demás -aliados han regresado durante la noche a sus hogares. La llegada, sin -embargo, de Pausanias y el ejército espartano hace creerles de nuevo -en gran peligro, y se dice que el silencio y la consternación reinaba -en su ejército; pero cuando al día siguiente llegan los atenienses -para juntárseles y ven que Pausanias no se mueve ni presenta combate, -comienzan a recobrar los ánimos. Convoca Pausanias a los polemarcas -y penteconteras[120], deliberando sobre si debe librar el combate o -proponer una tregua para levantar los cuerpos de Lisandro y de los que -han perecido con él. Considerando todos ellos que Lisandro ha muerto, -que su ejército ha sido vencido y dispersado y que los corintios no -han querido tomar parte en esta guerra, así como que las tropas que -mandan no se hallan muy dispuestas a combatir, deciden pedir una -tregua para recoger los muertos, sobre todo después de considerar que -la caballería enemiga es muy numerosa y muy débil la suya, y sobre -todo que yaciendo los muertos al pie de los muros, aunque quedasen -vencedores en la batalla sería muy difícil levantarlos, por impedirlo -los soldados que estaban en las torres. Los tebanos declaran, sin -embargo, que no devolverán los muertos si los lacedemonios no evacuan -el país, cosa a que acceden gustosos, y recogiendo sus muertos salen de -Beocia. - -Después de estos hechos, los lacedemonios se retiran completamente -desconcertados, mientras quedan los tebanos llenos de arrogancia, hasta -el punto de que, si llega alguien a poner el pie en su territorio, -después de apalearle le ponen otra vez en la frontera. Tal es el -resultado de la expedición de los lacedemonios. - -Al llegar a Esparta es acusado Pausanias y es condenado a la pena -capital. Los cargos que se le hacían consistían: En haber llegado más -tarde que Lisandro a Haliarto, siendo así que había convenido en llegar -el mismo día; el haber recogido los muertos gracias a una tregua y no -por un combate, y por fin, haber dado libertad al pueblo de Atenas -que tenía encerrado en el Pireo. Como no se presenta al tribunal, es -condenado a muerte; huye a Tegea y allí muere de enfermedad. Esto es -cuanto sucedió en Grecia en esta época. - - - - -LIBRO CUARTO. - -CAPÍTULO PRIMERO. - - -Agesilao, después de haber llegado en otoño[121] a Frigia, gobernada -por Farnabazo, tala y saquea la comarca y se apodera de grado o por -fuerza de las ciudades. Habiéndole asegurado Espitrídates que si quiere -ir con él a Paflagonia, podrá tener fácilmente una entrevista con el -rey de aquella región y obtener su alianza; se pone en marcha esperando -obtener que abandone esta nación la obediencia del rey, cosa que -deseaba hacía mucho tiempo. - -Así que llega a la Paflagonia, Otis se dirige a su encuentro para -negociar una alianza; había sido llamado por el rey pero no había -acudido a su llamamiento, y siguiendo los consejos de Espitrídates, -había, por el contrario, mandado a Agesilao mil caballos y dos mil -peltastas. Reconocido Agesilao al servicio prestado por Espitrídates, -le dice: - ---«Espitrídates, ¿darías con gusto tu hija en matrimonio a Otis? - ---Con mayor gusto --contesta este-- del que tendría aquel siendo rey de -un país vasto y poderoso en casarse con la hija de un desterrado.» - -No se trató más de este asunto, pero cuando Otis se despide de Agesilao -para volverse a su país hace este que se retire Espitrídates, y delante -de los Treinta le dice: - ---«Escucha, Otis: ¿es noble el linaje de Espitrídates? - ---Tanto, contesta Otis, como el que más entre los persas. - ---¿Viste cuán hermoso es su hijo? dice nuevamente Agesilao. - ---Ya lo creo; anoche cené con él. - ---Pues dicen que más hermosa es su hija. - ---Por Júpiter, no dicen nada que no sea verdad. - ---Pues bien --añade Agesilao--, ya que somos amigos, vería con mucho -gusto que te casases con ella, pues dices es tan hermosa, cualidad -que es la mejor condición para el esposo. Su padre es de elevado -nacimiento, y suficientemente poderoso para haber podido vengarse, -como ves, de las injusticias de Farnabazo, arrojándole de toda esta -comarca; fácilmente comprenderás, que así como ha podido vengarse de -este enemigo, podrá favorecer también al que esté ligado con él por -la amistad. Piensa además, que al realizar mis deseos, no solo entras -en la parentela de Espitrídates, sino también en la mía y en la de -todos los espartanos, y como que mandamos sobre toda Grecia, en la de -toda ella. ¿Quién habrá tenido unas bodas más espléndidas si a ello te -decides? y ¿qué novia habrá tenida jamás un cortejo tan numeroso de -caballeros, peltastas y hoplitas, como la tuya al ser conducida a tu -morada? - ---Agesilao --dice entonces Otis--, ¿tiene la aprobación de -Espitrídates cuanto me dices? - ---Por los dioses --contesta Agesilao--, no me ha indicado que te -hablase de ese asunto, pero yo, si tengo gran placer al vengarme de un -enemigo, mucho mayor le experimento cuando puedo hacer algún bien a mis -amigos. - ---¿Por qué pues --dice Otis--, no te enteras si sería esto de su agrado? - ---Herípidas y todos vosotros --dice Agesilao, dirigiéndose a los demás -que están con ellos--, id a verle y convencedle para que consienta en -lo que todos deseamos.» - -Levántanse estos y le hablan de este asunto, pero como tardasen en -volver, - ---«¿quieres Otis --dice Agesilao--, que le hagamos venir? Me parece que -le convenceremos más pronto que todos estos juntos.» - -Hace llamar entonces Agesilao a Espitrídates y a cuantos habían ido a -hablarle. Cuando llegan, díceles Herípidas: - ---«¿Para qué decirte, Agesilao, detalladamente cuanto hemos hablado? -Bástete saber que Espitrídates ha consentido en hacer cuanto desees. - ---Paréceme pues, conveniente --dice Agesilao-- y cosa próspera y feliz -que des tu hija en matrimonio a Otis, y que tú, Otis, te cases con ella. - ---Sin embargo, hasta la primavera próxima --dice Espitrídates-- no -podremos hacer venir por tierra a mi hija. - ---Por Júpiter --exclama Otis--, si tú quieres puede venir -inmediatamente por mar.» - -Después de esto, entrelázanse ambos las manos y acompañan a Otis a -su casa. Agesilao, viendo la impaciencia de Otis, hace equipar una -trirreme y da orden al lacedemonio Calias para que vaya a buscar a la -novia. - -Adelántase él mismo hacia Dascilio donde se hallaban los palacios -de Farnabazo, rodeados de grandes poblaciones completamente -aprovisionadas, con caza abundante en los parques cerrados o en los -lugares descubiertos, atravesando por allí un río con toda clase de -peces, y aves de toda clase para quien quisiera cazarlas. En este lugar -es donde sitúa sus cuarteles de invierno alimentando a su ejército -con las expediciones de las partidas de forrajeadores. Hallábase el -ejército completamente descuidado y sin parar mientes los soldados en -su vigilancia por la falta de resistencia, cuando sorpréndeles un día -Farnabazo con diez carros armados de hoces y cuatrocientos caballos, -mientras se hallaban dispersos por la llanura en busca de víveres. -Al verle avanzar, los griegos se reúnen corriendo en número de unos -setecientos, pero esto no le detiene, sino que haciendo avanzar a los -carros y colocándolos detrás con su caballería, da la orden de ataque. -Lanzados los carros, ponen en confusión al grueso de aquella fuerza -y pronto la caballería les causa unas cien bajas, y los restantes se -refugian junto a Agesilao, que con los hoplitas no estaba lejos. - -Tres o cuatro días después recibe Espitrídates noticia de que Farnabazo -se halla acampado en Cave, importante población situada a unos ciento -setenta estadios de donde se encontraban. Comunícalo inmediatamente a -Herípidas, el que deseando fogosamente distinguirse por alguna hazaña, -pide dos mil hoplitas y otros tantos peltastas a Agesilao así como la -caballería de Espitrídates, los paflagonios y cuantos griegos deseen -seguirle, obteniendo lo cual, ofrece el sacrificio que termina al -anochecer después de haber conseguido signos favorables. Manda que -después de la comida se reúnan los expedicionarios en las avanzadas, -pero como era ya muy oscuro salen solo la mitad de las tropas. - -Temiendo Herípidas las burlas de los otros Treinta si se deja -intimidar, se adelanta con las tropas que tiene y al clarear la aurora -se arroja sobre el campamento de Farnabazo; perecen a sus golpes gran -número de misios que formaban la vanguardia, huyen los restantes y es -tomado el campamento, así como gran número de copas y otros objetos -de valor pertenecientes a Farnabazo; su bagaje y las acémilas que -lo llevaban. En efecto, Farnabazo temiendo siempre ser sorprendido -y sitiado al establecerse en algún sitio, atravesaba el país en -todas direcciones al modo de los nómadas, y tenía siempre oculto su -campamento. Al llevarse los paflagonios y Espitrídates las riquezas -de que se habían apoderado, Herípidas les despoja de ellas, colocando -convenientemente sus compañías a fin de poder entregar mucho botín a -los lafirópolas[122]; Espitrídates y los paflagonios no pueden tolerar -esta conducta, y por la noche levantan su campo y se dirigen a Sardes -entregándose a Arieo, que se había apartado de la obediencia del rey -y le hacía la guerra; al recibir Agesilao la nueva de la defección de -Espitrídates, Megabates y los paflagonios, experimenta el golpe más -rudo de toda la campaña. - -Cierto Apolófanes de Cícico, ligado por hospitalidad desde largo tiempo -con Farnabazo, y que lo estaba asimismo desde poco con Agesilao, dice -a este le parece fácil conseguir de Farnabazo una conferencia para -ver de cesar en su enemistad. Después de oírle, decreta Agesilao una -tregua y dan su palabra a Apolófanes, quien lleva al lugar convenido -a Farnabazo, donde le aguardan Agesilao y los Treinta sentados en el -suelo sobre la hierba; Farnabazo vestía un traje cubierto de ricos -adornos y al ir a extenderle sus criados los almohadones en que -muellemente se sientan los persas, se avergüenza de parecer afeminado -ante la simplicidad de Agesilao y se sienta también en el suelo. -Principian por saludarse uno a otro y después, habiendo Farnabazo -tendido su mano a Agesilao, este se la da también a su vez. Hecho esto -principió a hablar Farnabazo, pues era el más anciano: - ---«Agesilao, y todos los espartanos que estáis presentes, yo era -vuestro amigo y vuestro aliado cuando hacíais la guerra a los -atenienses; fortalecí vuestra flota dándoos dinero, he combatido a -caballo con vosotros y hemos perseguido juntos hasta el mar a los -enemigos. No podréis tampoco reprocharme como a Tisafermes el haber -obrado o hablado con doblez, y a pesar de esta conducta me habéis -reducido a no poder hallar de qué comer en mi mismo territorio, más que -recogiendo como los animales, lo que vosotros dejáis; cuanto me dejó mi -padre, hermosos palacios, parques, jardines y casas de todas clases en -que yo me complacía, todo esto lo veo arrasado e incendiado. Si acaso -ignoro lo justo y sagrado, enseñadme cómo pueden ser tales actos hijos -de hombres que no quieran ser tenidos por ingratos.» - -Así dice, y los Treinta permanecen confusos y guardan silencio. -Agesilao contéstale al cabo de un rato: - ---«Farnabazo, creo que no ignoras que en las ciudades griegas todos -los hombres se ligan con los lazos de la hospitalidad, y sin embargo, -cuando estas ciudades están en guerra, combaten todos por su patria -respectiva, y algunas veces acontece que a pesar de estar unidos -por la hospitalidad se matan unos a otros. Eso es lo mismo que nos -pasa hoy, pues haciendo la guerra a vuestro rey, necesariamente -debemos considerar como enemigo todo lo que a aquel pertenece, y sin -embargo, nada deseamos tanto como ser amigos tuyos. En modo alguno te -aconsejaría cambiaras la sumisión al rey con la nuestra, pero aliándote -con nosotros puedes ahora no tener que prosternarte ante nadie y vivir -sin ningún dueño que goce de lo que es tuyo, porque por mi parte -considero la libertad como superior a todos los tesoros, y sin embargo, -no te proponemos que al hacerte libre te empobrezcas, sino únicamente -que nos tomes por aliados a fin de aumentar, no el poder del rey, sino -el tuyo, y a subyugar tus compañeros de esclavitud para que puedas -convertírtelos en súbditos; y a la verdad, si pudieras hacerte libre y -rico a la vez, ¿qué te faltaría para ser completamente feliz? - ---¿Debo manifestaros con franqueza --contesta Farnabazo-- lo que haré? - ---Esto deseamos. - ---Pues bien --dice--: Si el rey nombra otro general a cuyas órdenes -deba yo obedecer, quiero ser vuestro amigo y aliado; pero si me encarga -a mí el mando, a consecuencia de la emulación que nace de tal cargo, -debéis saber que tendré que emplear para haceros la guerra todos los -medios que estén a mi alcance.» - -Al oír estas palabras Agesilao, tomole de la mano y díjole: - ---«Ojalá puedas ¡oh amigo mío muy querido! ser de este modo nuestro -aliado, pero sabe que ahora voy a evacuar cuanto más pronto pueda tu -territorio, y que en adelante, aunque haya guerra entre nosotros, nos -abstendremos de ir contra ti y los tuyos mientras quede algún otro -enemigo.» - -Dicho esto, dase por terminada la conferencia; Farnabazo sube de nuevo -a caballo y se aleja; pero el hijo que había tenido con Parapita y que -era un hermoso joven, quedándose y corriendo hacia Agesilao: - ---«Agesilao --le dice--, quiero estar unido contigo por los lazos de la -hospitalidad. - ---Yo te recibo como huésped. - ---No lo olvides.» - -Inmediatamente toma su lanza que era muy preciosa y la da a Agesilao; -este la recibe, y quitando los magníficos adornos del caballo de -su secretario Ideo, los da al joven, quien salta sobre su caballo -y corre para alcanzar a su padre. Posteriormente otro de los hijos -de Farnabazo, durante la ausencia del padre se apoderó del poder y -destierra al hijo de Parapita. Entonces Agesilao rodéale de cuidados y -hace cuanto puede para que el hijo del ateniense Evalces, de quien se -hallaba prendado, sea admitido en Olimpia al combate de la carrera, a -pesar de ser el de más edad entre los muchachos. - -Conforme lo había ofrecido a Farnabazo, Agesilao evacuó en seguida el -territorio de aquel; acercábase ya la primavera. Llegado a la llanura -de Tebe, acampa junto al templo de Diana Astirene[123], y allí ocúpase -en reunir numerosas tropas de todas partes para aumentar las que tiene, -pues se preparaba para penetrar tan adentro como pudiera en el interior -de Asia, creyendo que cuantos pueblos dejase atrás se sublevarían -contra el rey. - - - - -CAPÍTULO II. - - -Hallábanse así las cosas[124], cuando los lacedemonios, sabedores -positivamente de que se han derramado por Grecia grandes cantidades -de dinero, y que las ciudades más importantes se han coaligado contra -ellos para hacerles la guerra, consideran en peligro su república y -juzgan necesaria una campaña. Mientras están preparándolo todo para -este objeto, envían junto a Agesilao a Epicídidas, quien le expone -el estado general de los negocios y le transmite la orden de marchar -inmediatamente en auxilio de su patria. Experimenta Agesilao vivo -sentimiento por esta noticia, al pensar los honores y esperanzas de -que se halla privado; juntando, sin embargo, a los aliados[125], les -muestra las órdenes de su patria y les dice que es necesario vayan -a prestar auxilio a aquella; «pero podéis estar seguros --añade--, -oh aliados, de que cuando marchen bien los asuntos, no solo no os -olvidaré, sino que volveré en medio de vosotros para poder llevar -a buen término lo que todos deseáis.» Al oír esto, muchos derraman -lágrimas y todos decretan ir con Agesilao a socorrer a Lacedemonia, y -que si, como es de esperar, todo marcha bien, conservándole como jefe, -vuelvan de nuevo a Asia, por lo cual se preparan para seguirle. Deja -Agesilao en Asia al gobernador Éuxeno al frente de las guarniciones, -en número no inferior a cuatro mil hombres, para que pueda conservar -las ciudades; pero al apercibirse de que la mayor parte de los soldados -tienen más deseos de quedarse que de ir a combatir con otros griegos, -queriendo llevarse en buen número a los mejores, ofrece premios a las -ciudades que envíen un ejército más aguerrido, así como a los capitanes -de tropas mercenarias que le presenten las compañías mejor armadas y -disciplinadas, así de hoplitas como de arqueros y peltastas. Anuncia -asimismo un premio para el comandante de caballería que del propio -modo presente el escuadrón mejor montado y armado. Declara que la -distribución de esos premios tendrá lugar en el Quersoneso después que -se haya pasado de Asia a Europa, a fin de que comprendan bien quiere -distinguir a los que deben formar parte de la expedición. Los premios -eran en su mayor parte armas lujosamente labradas, así de infantería -como de caballería; algunas de las recompensas eran coronas de oro. -El valor total de los premios ofrecidos no bajaba de cuatro talentos, -y a pesar de su excesivo coste, consagrose aún mucho dinero a comprar -armas de toda especie para el ejército. Después de haber atravesado el -Helesponto, establece como jueces a los espartanos Menasco, Herípidas y -Orsipo y a un ciudadano de cada una de las poblaciones aliadas. Después -de la distribución de premios se dirige a la cabeza de su ejército -a Grecia, por el mismo camino que había seguido el rey[126] en su -expedición contra el territorio griego. - -Los éforos deciden que comience la campaña, y la ciudad, por la menor -edad de Agesípolis, elige a su tutor y pariente Aristodemo, para -dirigirla. Así que han pasado la frontera los lacedemonios, reúnense -sus enemigos en asamblea para deliberar sobre el modo más favorable de -librar combate. El corintio Timolao toma la palabra y dice: - -«Aliados: Paréceme que los lacedemonios se asemejan a aquellos ríos que -junto a su manantial son pequeños y fáciles de pasar, pero a medida que -avanzan se hacen cada vez más violentos por la reunión de otros ríos -que a ellos afluyen; del propio modo los lacedemonios, cuando salen de -su ciudad, hállanse solos y aislados, pero a medida que se apoderan -de las ciudades van engrosando y se hacen más difíciles de combatir. -Veo también, añadió, que cuando los que quieren destruir las abejas -las persiguen mientras vuelan en libertad, lo único que consiguen es -experimentar numerosas picaduras; pero, por el contrario, cuando las -atacan con el fuego en el interior de su morada, sin padecer ningún -daño se apoderan de todas ellas. Hácenme pensar estas reflexiones, que -lo mejor es librar el combate a los lacedemonios lo más cerca posible -de Laconia, ya que no se pueda en ese mismo país.» - -Esta proposición es aceptada, por parecer a todos tiene razón el -orador; pero mientras se discute sobre la jefatura y se acuerda el -número de filas en que debe disponerse el ejército para el combate, a -fin de que no den los diversos estados demasiado fondo a sus falanges, -con lo cual permitirían a los lacedemonios les envolviesen, estos, -reunidos ya a los tegeatas y mantineos, avanzan hacia el istmo. Con -esta rápida marcha hállanse los lacedemonios en Sición, casi al mismo -tiempo en que se encuentran los corintios en Nemea. Adelantan por la -Epiecea[127]; pero los gimnetas enemigos[128], arrojándoles dardos -y flechas desde lo alto de las colinas, hácenles mucho daño. Bajan -entonces de nuevo hacia la costa y avanzan por la llanura, saqueando e -incendiando el país. Llegan mientras tanto los corintios y acampan a la -otra parte de un torrente[129]; cuando los lacedemonios se hallan a la -distancia de diez estadios de sus adversarios asientan también estos su -campo y se mantienen a la expectativa. - -Voy a indicar la fuerza de cada uno de los dos ejércitos. Los -lacedemonios habían reunido unos seis mil hoplitas, tres mil eleos, -trifilios, acroreos y lasioneos, mil quinientos sicionios y unos -tres mil epidaurios, trecenios, hermioneos y halieos, con más cerca -de seiscientos caballos lacedemonios, trescientos arqueros cretenses -y casi cuatrocientos honderos marganeos, letrinos y anfídolos; los -fliasios, pretextando una suspensión de armas, no habían querido -seguirles: tales eran las fuerzas de los espartanos. - -Componíanse las fuerzas de los enemigos de unos seis mil hoplitas -atenienses, siete mil argivos, unos cinco mil beocios, pues no -habían comparecido los orcomenios; tres mil corintios, y a lo menos -unos tres mil hombres reclutados en toda Eubea. Este era el número de -los hoplitas; y en cuanto a la caballería, componíase de ochocientos -beocios, pues no habían acudido los orcomenios; unos seiscientos -atenienses, cien calcídeos de Eubea y cincuenta locrios opuntios. -Reunida toda la infantería, era superior en número la de los corintios, -pues formaban parte de ella los locrios ozolios, los melios y los -acarnanios. - -Tales eran las fuerzas respectivas. Mientras los beocios ocuparon el -ala izquierda, no apresuraron el combate; pero cuando se hubo colocado -a los atenienses frente a los lacedemonios y se hallaron aquellos en el -ala derecha enfrente de los aqueos, declaráronse en seguida favorables -las víctimas y diose la orden de prepararse para el combate. - -Descuidando desde un principio la formación de diez y seis en fondo, -dan mucha profundidad a la falange y marchan luego hacia la derecha con -objeto de hacer retroceder el ala de los enemigos; los atenienses les -siguen para impedir se les aísle aunque conozcan corren grande riesgo -de ser envueltos. Hasta entonces no habían conocido los lacedemonios la -proximidad de los enemigos, pues el país estaba muy poblado de árboles; -pero al oír el peán les reconocieron e inmediatamente ordenaron a todas -sus tropas se formaran para el combate. Cuando llegan al sitio en que -las han alineado los jefes extranjeros, se da la orden de que cada cual -siga a su jefe de fila, y se dirigen entonces los lacedemonios hacia -la derecha, extendiendo de tal modo su ala, que solo seis tribus de -los atenienses[130] se hallan frente a los lacedemonios, y las otras -cuatro frente a los tegeatas. Cuando no están ya más que a la distancia -de un estadio, los lacedemonios, según su costumbre, inmolan una cabra -a Diana Agrótera[131] y avanzan contra los enemigos en línea curva -para poder envolverlos. Una vez comenzado el combate, los aliados -de los lacedemonios son derrotados por los enemigos; únicamente los -peleneos, que luchaban contra los tespieos, lo hacen de manera que -mueren muchos de ambas partes. Los lacedemonios derrotan por completo a -los atenienses que les están opuestos, y envolviéndolos les matan mucha -gente, y como no han sufrido casi ninguna baja, adelantan en orden de -batalla. De este modo atraviesan por entre las otras cuatro tribus -atenienses antes de que hayan vuelto sobre su persecución; de manera -que no tienen más bajas que las sufridas en el primer choque con los -tegeatas. Encuentran entonces los lacedemonios a los argivos que se -retiraban; iba a atacarles de frente el primer polemarca, cuando, según -se dice, grita uno que debe dejarse pasar a las primeras filas, y una -vez hecho esto, caen los lacedemonios sobre los flancos descubiertos -de los enemigos que pasan ante ellos, y les producen muchas bajas. -Atacan del propio modo a los corintios que iban en retirada, y luego, -encontrando a algunos tebanos que volvían de la persecución, matan a -gran número de ellos. Refúgianse primeramente los vencidos junto a los -muros[132], pero rechazados por los corintios, se recogen nuevamente a -su primitivo campamento; por su parte los lacedemonios, retirándose al -lugar en que había principiado el combate, levantan allí un trofeo. Así -terminó esta acción. - - - - -CAPÍTULO III. - - -Agesilao acudía desde Asia en auxilio del ejército[133]. Hallábase -en Anfípolis cuando Dercílidas[134] le anuncia la victoria de los -lacedemonios, victoria que les ha costado solo ocho hombres, mientras -han tenido los enemigos gran número de muertos. - ---«¿No te parece --le dice Agesilao-- que sería muy conveniente -participar cuanto antes esta noticia a las ciudades que nos han enviado -soldados? - ---Ciertamente --responde Dercílidas--, porque esto contribuirá a -aumentar su valor. - ---Pero ya que estás aquí, ¿quién mejor que tú puede encargarse de -llevarles esta nueva?» - -Dercílidas, que era muy aficionado a los viajes, le oye con gusto y le -dice: - ---«Si tú lo ordenas... - ---Te lo mando --contesta Agesilao--, y te encargo les digas que si la -fortuna nos es próspera, volveremos a verles conforme les prometimos.» - -Dercílidas dirígese entonces al Helesponto, y Agesilao, después de -atravesar Macedonia, llega a Tesalia. Los de Larisa, Cranón, Escotusa -y Farsala, pueblos aliados todos de los beocios, así como los tesalios -que no se hallaban expatriados, le seguían acosándole: hasta entonces -su ejército estaba formado en un gran cuadrado con la mitad de la -caballería a la cabeza y la otra mitad a la cola. Pero como los -tesalios atacan su retaguardia deteniendo su marcha, envía allá toda -la caballería de la vanguardia excepto su guardia personal. Cuando -los dos ejércitos se hallan frente a frente, pareciendo peligroso a -los tesalios combatir a los hoplitas con solo caballería, se retiran -poco a poco. Son perseguidos prudentemente; y Agesilao, conociendo el -error que por ambas partes se comete, envía los vigorosos caballeros -que le acompañan[135] con orden de unirse a los demás y de perseguir -a los enemigos con la mayor prontitud posible sin dejarles tiempo -para rehacerse. Los tesalios, al verse cargados de improviso, no se -vuelven en su mayoría, y los que quieren hacerlo son alcanzados cuando -dan media vuelta sus caballos; mientras, el farsalio Policarmo[136], -comandante de la caballería que combate con denuedo, perece, con -los suyos, después de lo cual los tesalios se declaran en derrota. -Hallan unos la muerte, caen otros prisioneros, y los fugitivos no se -detienen hasta que llegan al monte Nartacio, y elevando Agesilao un -trofeo entre Pras y el monte Nartacio, queda muy satisfecho de haber -derrotado al pueblo más célebre por su caballería, con soldados que él -mismo ha reclutado y formado; al día siguiente atraviesa las montañas -aqueas de la Ftía, y desde entonces no tiene que pasar más que por -países amigos hasta la frontera de Beocia. Cuando iba a franquear dicha -frontera, el sol se muestra bajo la forma de luna[137] y reciben al -mismo tiempo la noticia del desastre naval de Cnido y la muerte del -lacedemonio Pisandro, comandante de las naves. Se le cuenta también -la manera cómo tuvo lugar este combate: junto a Cnido, Farnabazo, -ejerciendo de comandante de las naves, se hallaba al frente de las -trirremes fenicias, delante de las cuales Conón[138] con la flota -griega había dispuesto sus buques; Pisandro se había puesto en orden -de batalla, y cuando se vio cuán inferiores eran en número a los de la -flota griega mandada por Conón, los aliados que se hallaban en el ala -izquierda emprenden la fuga; reducido Pisandro a sus propias fuerzas, -libra combate, pero su trirreme, atravesada en varios puntos por los -espolones de los buques enemigos, tiene que encallar en la costa, -salvándose huyendo la mayor parte de los que estaban con él después -de haber abandonado la nave y refugiándose en Cnido, mientras perece -Pisandro combatiendo en su nave. - -Al saber estas noticias experimenta Agesilao grande aflicción, y -reflexionando después que la mayor parte de su ejército se halla -bien dispuesto a pelear, pero que en modo alguno podrá retener a sus -soldados si saben han experimentado los lacedemonios algún desastre, -disimula y les anuncia que Pisandro ha muerto después de haber vencido -en un combate naval. Dicho esto, sacrifica algunos bueyes como en -acción de gracias por la buena nueva y manda a muchos algunos trozos -de las víctimas; de este modo las tropas de Agesilao, gracias al rumor -de la victoria naval de los lacedemonios, quedan vencedoras en una -escaramuza que tiene lugar poco después. - -Los enemigos que iban a oponerse a Agesilao se componían de beocios, -atenienses, argivos, corintios, enianos, eubeos y locrios de las -dos regiones[139], mientras que Agesilao tenía consigo la cohorte -lacedemonia que había llegado de Corinto y otra media recién llegada -de Orcómeno, además de con los neodamodes que habían hecho la campaña -de Asia, los mercenarios mandados por Herípidas, las tropas de las -ciudades griegas de aquella misma región y las que había reclutado a su -paso por las de Europa, así como los hoplitas de Orcómeno y de Fócida. -Los peltastas de Agesilao eran mucho más numerosos y el número de los -caballos era casi igual por ambas partes. - -Tal era la fuerza de cada uno de los dos ejércitos, cuyo combate voy a -describir[140], pues no ha habido otro igual en nuestra época. Tiene -lugar el encuentro en la llanura cercana a Coronea, viniendo los de -Agesilao del Cefiso y los tebanos del Helicón. Mandaba Agesilao el -ala izquierda y los tebanos en su ejército formaban el ala derecha y -los argivos la izquierda. Iníciase el combate con gran silencio, pero -llegados los tebanos a la distancia de un estadio, arrojan grandes -gritos y avanzan a paso de carga: había entre ellos aún un intervalo -de tres pletros, cuando la falange mercenaria de Agesilao, al mando de -Herípidas y con ella los jonios, eolios y helespontinos, se destacan -del grueso del ejército, y a la carrera ponen en derrota a los tebanos -cuando han llegado al alcance de las picas; los argivos, no pudiendo -resistir el empuje de las tropas de Agesilao huyen hacia el Helicón. -Coronaban ya a Agesilao algunos soldados extranjeros, cuando le -anuncian que los tebanos se han entrado por entre los orcomenios hasta -los bagajes; despliega entonces la falange por medio de una brusca -evolución, se arroja sobre ellos, y los tebanos, viendo que sus aliados -huyen hacia el Helicón, apresuran el paso para alcanzarlos. - -Entonces es sin duda alguna cuando muestra Agesilao el valor más -decidido; pero el partido que toma es el más peligroso. Podía haber -dejado pasar al enemigo, que se batía en retirada, y luego, cayendo -sobre él, destrozar su retaguardia, pero no lo hizo, sino por el -contrario, marchó de frente contra los tebanos, que chocando entre -sí los apretados escudos, y combatiendo dan la muerte al par que la -reciben. Finalmente, una parte de los tebanos consigue refugiarse en el -Helicón, pero en la derrota ha perecido gran número de ellos. Después -que está ya la victoria asegurada y que se ha conducido al mismo -Agesilao herido hasta su falange, llegan algunas soldados de a caballo, -preguntándole qué deben hacer con unos ochenta enemigos que se hallan -armados en el templo, y él, cubierto de numerosas heridas, pero sin -olvidar lo que debe a la santidad del lugar, manda se les deje salir en -completa libertad. Después, como ya era tarde, cenan los soldados y se -entregan al descanso. - -Al día siguiente, manda Agesilao al polemarca Gilis forme el ejército -y levante un trofeo, se coronen de flores los soldados en honor -del dios y toquen sus instrumentos los flautistas; todo lo cual se -cumple puntualmente. Envían los tebanos sus heraldos, pidiendo una -tregua para recoger los muertos: concédesela Agesilao y se dirige -a Delfos para consagrar al dios la décima parte del botín, que no -bajó de cien talentos. Retírase a la Fócida el polemarca Gilis a la -cabeza del ejército y desde allí invade la Lócrida. Durante el día -los lacedemonios saquean efectos y víveres en las aldeas, pero cuando -llega la noche y quieren retirarse, son perseguidos por los locrios -que les lanzan dardos y flechas: vuélvense los espartanos y tratan de -perseguirles, causando algunas bajas a sus enemigos, pero los locrios, -renunciando desde entonces a acosarles, se contentan con ofenderles -desde lo alto de las colinas; recházanles también los lacedemonios -hasta los lugares más escarpados, y cuando emprenden la retirada, -habiendo cerrado por completo la noche, unos caen por las desigualdades -del terreno, otros porque no pueden ver, y muchos, finalmente, a manos -del enemigo. Halla la muerte, entre otros muchos que le rodean[141], -el polemarca Gilis, así como diez y ocho soldados aplastados por las -piedras o atravesados por los dardos, y si no hubiesen sido socorridos -por los soldados del campamento, después de haber cenado en él, corrían -todos gran riesgo de perecer. - - - - -CAPÍTULO IV. - - -Después de esta campaña, parte cada división del ejército para su -respectiva ciudad y Agesilao se embarca en dirección a su patria[142]. -Hácese la guerra desde entonces entre los atenienses, beocios, argivos -y aliados apostados en Corinto, y los lacedemonios establecidos en -Sición. Viendo los corintios su territorio devastado y diezmada su -población por el continuo pelear en su comarca, mientras goza el resto -de los aliados de la paz y cultivan sus campos, desean se llegue a -un acuerdo, principalmente los más notables y de mayor poderío, y se -reúnen para comunicarse sus deseos. Pero los argivos, atenienses, -beocios y aquellos corintios que habían participado de las dádivas del -rey y que eran los más activos fautores de la guerra, comprenden que -si no se deshacen de aquellos que piensan en la paz, correrán gran -riesgo de volver a caer bajo la influencia de Lacedemonia, y apelan al -degüello para impedirlo. No vacilan ante la más impía de las medidas, -pues que en efecto, ninguna sentencia de muerte se ejecuta durante una -fiesta y ellos escogen el último día de las Eucleas[143], a fin de que -puedan dar la muerte al mayor número de personas en la plaza pública. -Al dar la señal, cuantos se habían obligado a ejercer de asesinos -sacan sus puñales y principian a dar golpes a diestro y a siniestro, -así entre los que están de pie como entre los que están sentados, así -entre los espectadores como entre los jueces. Al esparcirse la noticia -del degüello, refúgianse los principales ciudadanos, unos junto a las -estatuas de los dioses en la plaza pública y otros en sus altares, pero -también allí aquellos impíos, pisoteando toda clase de leyes y siendo -a la vez sentenciadores y ejecutores, les degüellan delante de los -santuarios, de tal modo, que aun aquellos que no son asesinados, por -poco amor que tengan a la justicia, sienten horrorizarse su alma al -ver esta impiedad. De este modo perecen gran número de los ciudadanos -de más edad, pues eran los que en mayor cantidad se hallaban en la -plaza pública, ya que los más jóvenes, sospechando algo de lo que se -tramaba por las indicaciones de Pasimelo, se hallaban tranquilamente -en el Craneo[144]; pero pronto oyen los gritos y ven llegar algunos -ciudadanos que han podido escapar al degüello; arrojándose entonces -al Acrocorinto[145] rechazan a los argivos, así como a las restantes -tropas que les acosan. Mientras deliberan sobre lo que deben hacer, ven -caer el capitel de una columna[146], sin temblor de tierra ni viento -alguno, y cuando sacrifican, las víctimas son tales que los adivinos -declaran que lo mejor es abandonar la plaza. - -Aléjanse, pues, para huir del territorio de Corinto; persuadidos empero -por las madres, hermanos y amigos que han ido a su encuentro y por -los juramentos de los que están en el poder, garantizándoles la más -completa seguridad, algunos regresan a sus hogares. Pero más tarde, -cuando ven el país tiranizado y destruido el estado al quitarle sus -fronteras y el nombre de Corinto a su patria, para darle el de Argos, -y un gobierno argivo impuesto a los corintios, gobierno que no puede -convenirles, pues les deja menos independencia que la que tienen -los metecos, comienzan muchos a pensar que no es vivir el tener que -sujetarse a tal estado de cosas, y paréceles una acción meritoria -procurar que Corinto vuelva a ser de nuevo la antigua patria, que -goce de su libertad, que se la purifique de los degüellos y se la -haga disfrutar de una buena legislación; enardécense al considerar -que si tales cosas llevan a cabo serán tenidos por los salvadores de -la patria, y que si no pueden realizarlo, conseguirán la más gloriosa -de las muertes, pues habrán ambicionado el mejor y más grande de los -bienes. - -Así, pues, dos de ellos, Pasimelo y Alcímenes atraviesan el torrente y -procuran llegar hasta el polemarca lacedemonio Praxitas, que se hallaba -con su guarnición en Sición y le dicen que podrán introducirle en el -recinto del muro que lleva al Lequeo[147]. Praxitas, que los conocía -desde mucho antes como hombres dignos de fe, cree en su palabra, y lo -dispone todo de manera que la división que debía partir a Sición, se -quede para tener fuerzas con que entrar en la ciudad. Sea casualidad, -sea cálculo, aquellos dos hombres se hallaban de guardia en el lugar en -que había sido levantado el trofeo[148], cuando se presenta Praxitas -a la cabeza de su división con los sicionios y todos los corintios -desterrados. Llegados junto a las puertas y temiendo la entrada -repentina, prefiere mandar antes a un hombre de su confianza para -que examine el estado interior de la ciudad; introdúcenle aquellos -dos hombres y se lo enseñan todo con tanta naturalidad, que vuelve y -declara que no hay que temer ningún engaño, conforme habían asegurado. -Con estas seguridades entran en la ciudad[149], pero como los muros -estaban separados entre sí por un intervalo bastante considerable, les -parece ser poco numerosos para ocupar este espacio, y hacen del mejor -modo que pueden una empalizada y un foso delante de ellos, a fin de -poder esperar acudan a unírseles los aliados. El puerto que estaba a su -espalda se hallaba guardado por los beocios. - -Termina sin combate el día siguiente a la noche en que entraron, pero -llegan en masa al otro día los argivos y encuentran a sus enemigos -formados en orden de batalla, y constituida el ala derecha por los -lacedemonios, al lado de los cuales estaban los sicionios y los -fugitivos de Corinto en número de unos ciento cincuenta a la parte -oriental del muro; apoyándose en dicho muro están Ifícrates y sus -mercenarios y a su lado los argivos: el ala izquierda está formada -por los corintios de la ciudad. Llenos de confianza en su número, -marchan de frente al enemigo derrotando a los sicionios, derribando -la empalizada y persiguiéndolos hasta el mar, junto al cual hacen de -ellos gran matanza. El jefe de caballería[150] Pasímaco, que mandaba -un pequeño número de caballos, ordena a sus soldados aten sus corceles -a los árboles, arranca a los fugitivos sus escudos y marcha contra -los argivos con cuantos quieren seguirle. Al ver los argivos grabada -la Σ[151] en sus escudos, creen que son sicionios y no les temen; se -cuenta que Pasímaco dijo en este momento: «¡Por los Dióscuros![152] -estas Σ os engañan», y se arrojó sobre ellos; pero a pesar de combatir -con valor con el puñado de valientes que le rodean, él y muchos otros, -no consiguen más que hacerse matar. - -Los expatriados corintios, sin embargo, habían vencido a sus -adversarios, y avanzando siempre se habían aproximado mucho al recinto -de la plaza; los lacedemonios también al apercibirse de la derrota de -los sicionios, acuden en su auxilio, defendiendo al mismo tiempo la -empalizada que estaba a su lado izquierdo. Así que saben los argivos -que van a acosarles los lacedemonios, se vuelven, y a la carrera se -dirigen hacia la empalizada para pasarla nuevamente, pero las últimas -filas de la derecha, al exponer sin defensa su flanco, son destrozadas -bajo los golpes de los lacedemonios, y el resto, que se había reunido -junto a los muros, se retira en gran desorden hacia la ciudad, -queriendo dar un rodeo para evitar el encuentro con los desterrados -corintios que se reconocen como enemigos, y subiendo a los muros por -medio de escalas, sin hallar en su precipitación más que la muerte, ya -al saltar de la muralla, ya al pie de la misma escalera, a manos de sus -perseguidores o bien aplastados bajo los pies de sus mismos compañeros. - -No falta gente que matar a los lacedemonios, pues parece les concedió -en aquel momento la divinidad una victoria que jamás hubieran podido -esperar; porque, en efecto, ¿cómo es posible no parezca empujada -por una fuerza divina aquella multitud de enemigos entregada por su -voluntad, llena de miedo y estupor presentando al descubierto sus -cuerpos y arrastrada toda ella a combatir, contribuyendo a su pérdida -con todos sus esfuerzos, de manera que en un pequeño espacio de tiempo -pereció tan gran número, que los hombres acostumbrados únicamente a -ver montones de trigo, de leñas y de piedras, pudieron ver asimismo -montones de cadáveres? Los guardias beocios apostados en el puerto son -también muertos unos sobre los muros y otros sobre los tejados de los -astilleros, donde se habían refugiado. - -Después de esta acción, los corintios y argivos alcanzan una tregua -para recoger sus muertos; llegan entonces los aliados de los -lacedemonios y una vez reunidas todas las tropas, decide Praxitas -demoler en los muros un trozo suficiente para dar paso a un ejército y -luego, poniéndose a la cabeza de sus tropas, se dirige hacia Mégara. -Toma por asalto a Sidunte y Cromión[153], y después de dejar allí -guarniciones, retrocede fortificando Epiecea, a fin de que tengan -los aliados una fortaleza avanzada que proteja a los países amigos, -licenciando luego su ejército, y volviéndose a Lacedemonia. - -Tienen lugar entonces importantes expediciones por ambas partes: envían -las ciudades contingentes de tropa, unas a Corinto y otras a Sición -para conservar los puestos avanzados; los dos ejércitos sostienen -tropas mercenarias con las cuales se mantiene la guerra en vigor. - -Invade Ifícrates el territorio de Fliunte, y por medio de sucesivas -emboscadas devasta el país con pequeño número de soldados, y produce -muchas bajas a los habitantes de la ciudad que salen sin las debidas -precauciones, con lo cual los fliasios, que no habían querido antes -admitir en sus muros a los lacedemonios, temiendo no hiciesen volver -a sus desterrados bajo pretexto de su adhesión a Esparta, tienen un -miedo tal a las tropas de Corinto, que llaman en su auxilio a los -lacedemonios y les entregan la defensa de la ciudad y de la fortaleza. -Los lacedemonios, sin embargo, aunque afectos a los desterrados, no -hacen mención de su llamamiento mientras ocupan la ciudad, y cuando les -parece está suficiente tranquila, se marchan dejando el gobierno y las -leyes en el mismo estado en que se hallaban cuando entraron. - -Ifícrates y sus soldados verifican numerosas irrupciones en Arcadia, -saquean el país y ponen sitio a las ciudades fuera de las cuales -nunca se atreven a salir los hoplitas arcadios, pues tienen un miedo -cerval a los peltastas, quienes a su vez temen de tal modo a los -lacedemonios, que no se ponen jamás a tiro de los hoplitas; pues había -sucedido ya, que poniéndose a su alcance habían sido perseguidos -por los lacedemonios más jóvenes, que habían conseguido matarles -algunos soldados. Los espartanos, que menospreciaban a los peltastas, -despreciaban aún más a sus propios aliados desde la conducta que los -mantineos habían tenido cierto día en una salida contra los peltastas; -habíanse arrojado sobre ellos fuera del Lequeo, pero recibidos con una -lluvia de dardos, se habían replegado y declarado en fuga, dejando en -poder de los enemigos algunos muertos, de manera que los lacedemonios -no dejaban de burlarse de ellos, diciéndoles temían más a los peltastas -que los niños a los fantasmas. - -Salen los lacedemonios del Lequeo con una cohorte y con los desterrados -corintios, con objeto de rodear de tropas a Corinto. Por su parte los -atenienses, temiendo el poderío de los lacedemonios, y que después de -abatir los grandes muros de Corinto se dirigían contra ellos, creen que -lo mejor es reconstruir los muros derruidos por Praxitas, por lo cual -llegan con albañiles y carpinteros en gran número, restablecen en pocos -días el muro occidental que mira a Sición, y en cuanto al muro oriental -lo reconstruyen con mayor facilidad. - -Reflexionando los lacedemonios que los argivos están en completo reposo -en su país y que se complacen en esa guerra, determinan dirigir contra -ellos otra expedición. Pónese al frente de ella Agesilao, y después de -devastar el país, pasa de improviso la frontera en Tenea y se dirige -hacia Corinto, donde destruye las murallas reconstruidas por los -atenienses. Acompañábale por mar su hermano Teleutias con una docena de -trirremes; de manera que pudo alabarse su madre de que en un mismo día, -uno de sus hijos se había apoderado por tierra de los muros enemigos, -y el otro por mar de sus naves y astilleros. Hecho esto, licencia -Agesilao el ejército de los aliados y conduce a Esparta las tropas -nacionales. - - - - -CAPÍTULO V. - - -Informados los lacedemonios por los desterrados de que todos los -ganados que poseían los habitantes de la ciudad los habían puesto en -seguridad en el Pireo[154], donde se refugiaron también muchos de -la población, determinan una nueva expedición contra Corinto, siendo -asimismo jefe de ella Agesilao[155]. Dirígese[156] primero al Istmo, -pues era durante el mes en que tienen lugar los juegos ístmicos, y -eran los argivos los que hacían los sacrificios a Neptuno, como si -fuesen una misma cosa Argos y Corinto; pero cuando saben la llegada de -Agesilao, dejan abandonados los sacrificios y festines y se retiran -con gran miedo a la ciudad por el camino de Céncreas. Agesilao, al -ver esta retirada, no los persigue, sino que estableciéndose en el -templo, sacrifica por sí mismo al dios[157], y permanece allí hasta que -los fugitivos corintios hayan sacrificado y celebrado los juegos en -honor de aquel dios. Así que se marcha vuelven los argivos y a su vez -comienzan los juegos ístmicos, por lo cual se vio este año a los mismos -individuos vencidos dos veces en los juegos, y a los demás proclamados -dos veces vencedores. - -Al cuarto día conduce Agesilao su ejército contra el Pireo; pero -viendo que está guardado por numerosas fuerzas, se retira después del -almuerzo en dirección a la ciudad, como si fuese a hacerse cargo de la -entrega de la misma. Temiendo entonces los corintios que en realidad -esto se verifique, ordenan a Ifícrates vaya con numerosos peltastas a -reforzarla; pero Agesilao, informado de su marcha durante la noche, -cambia de dirección al apuntar el día, y avanza contra el Pireo. -Dirígese él mismo, hacia las termas, mandando una cohorte a las cimas -más escarpadas, y pasa la noche junto a las termas, mientras la cohorte -tiene que pernoctar en las alturas. En esta ocasión tiene Agesilao que -imaginar un rasgo oportuno que, aunque pequeño en sí mismo, no deja, -sin embargo, de merecer aplauso: ninguno de los que habían llevado -alimentos a la cohorte se había acordado de llevar fuego consigo, y -haciéndose sentir en gran manera el frío, por la extremada elevación -en que se hallaban así como por haber llovido y granizado durante la -tarde, los soldados, que habían subido en traje de verano, hallábanse -ateridos de frío, y por esto y por hallarse en la oscuridad, no se -sentían con ganas para comer la cena. Entonces Agesilao envía no menos -de diez hombres con utensilios llenos de fuego. Subiendo estos por -distintas partes y hallando leña en abundancia, encienden gran número -de hogueras, después de lo cual se frotan con aceite, y la mayor parte -se ponen a cenar. Viose durante esta misma noche el resplandor del -incendio del templo de Neptuno, sin que nadie supiese la causa que lo -ocasionó. - -Cuando vieron los del Pireo ocupadas las alturas, ya no pensaron en -defenderse, sino que hombres y mujeres, esclavos y libres, huyeron a -refugiarse con la mayor parte del ganado en el Hereo[158]. Agesilao -dirígese entonces con su ejército hacia el mar, y al mismo tiempo la -cohorte, al bajar de las alturas, se apodera de la fortaleza de Énoe y -de todo lo que contiene, proveyéndose abundantemente de víveres los -soldados en los alrededores de la misma. Cuantos se habían refugiado en -el Hereo salen asimismo y piden a Agesilao decida sobre su suerte: este -ordena se entreguen a los desterrados cuantos hayan contribuido a los -degüellos, y que los demás sean vendidos como esclavos, con lo cual se -hace una inmensa cantidad de prisioneros en el Hereo. - -Llegan entonces diputados de varias ciudades, sobre todo de Beocia, -para saber las condiciones bajo los cuales podría obtenerse la paz. -Agesilao les niega audiencia orgullosamente, a pesar de que Fárax, en -su calidad de próxeno[159], se interesara mucho en que los recibiese; -sentado en un edificio circular construido en el puerto, inspecciona -los prisioneros. Los hoplitas lacedemonios, armados con sus lanzas, -acompañan a estos esclavos y atraen principalmente la mirada de cuantos -están presentes; porque siempre los que son felices y vencedores -parecen merecer más la atención de todo el mundo. - -Estaba aún sentado Agesilao, y parecía satisfecho de su victoria, -cuando llega al galope un soldado con el caballo lleno de sudor, sin -contestar a cuantas preguntas se le hacen sobre las noticias que trae, -salta del caballo cuando está junto a Agesilao, corre hacia él y con -profunda tristeza le relata el desastre que ha sufrido la cohorte -del Lequeo. Levántase Agesilao de su asiento a esta nueva, coge su -lanza y ordena al heraldo convoque inmediatamente a los polemarcas, -penteconteras y jefes de las tropas mercenarias. Así que se presentan -les dice que coman algo, pues aún no habían almorzado, y le sigan -al instante, poniéndose él en marcha al frente de sus comensales, -sin pensar siquiera en tomar alimento. Ármanse los doríforos[160] y -le siguen inmediatamente. Habían ya pasado las termas y llegado a -las llanuras del Lequeo, cuando se les presentan tres soldados de a -caballo anunciándoles se han recogido ya los muertos. Así que Agesilao -oye esto, manda deponer las armas y da algún reposo a sus tropas, que -conduce después al Hereo; al día siguiente son vendidos los prisioneros. - -Los diputados beocios que Agesilao hace llamar, y a quienes pregunta -el motivo de su venida, no hacen ya mención de la paz, sino que dicen -desean dirigirse a la ciudad junto a sus soldados, si nada se opone a -ello, y él, sonriendo, «Bien sé --les dice--que no os mueve el deseo de -ver a los soldados, sino el de inspeccionar por vuestros propios ojos -hasta dónde llegan las ventajas obtenidas por vuestros amigos; quedaos, -pues; yo mismo voy a conduciros, y podréis comprender mejor que yo -cuanto allí ha sucedido.» No se engañó: al día siguiente, después de -ofrecer un sacrificio, conduce a su ejército hacia la ciudad, y sin -derribar el trofeo, pero talando y quemando cuantos árboles quedaban -en pie para demostrar que nadie se atreve a salir a su encuentro, -establece su campo junto al Lequeo, y en lugar de dejar entrar en -la población a los diputados tebanos, les hace partir por mar hacia -Creusis[161]. La magnitud del desastre sufrido por los espartanos causó -gran pena a los soldados, excepto en aquellos cuyos hijos, padres -o hermanos habían perecido en el combate, pues se les veía pasear -adornados como después de una victoria, y glorificándose de la pérdida -que habían experimentado. - -He aquí cómo había sucedido este revés a la cohorte. Cuando los -amicleos se hallan en campaña o ausentes de su patria, tienen costumbre -de volver a ella en la época de las Jacintias, para cantar el peán, -y en esta ocasión Agesilao había dejado a todos los amicleos de su -ejército en el Lequeo. El polemarca que mandaba la guarnición ordena -a las tropas de los aliados que allí se hallaban, queden guardando la -plaza, y él con una división de hoplitas y de caballería, escolta a los -amicleos a lo largo de los muros corintios. Al llegar a unos veinte -o treinta estadios de Sición, vuelve a tomar el camino del Lequeo con -los hoplitas, en número de unos seiscientos, y ordena al jefe de la -caballería regrese después de haber acompañado a los amicleos todo el -tiempo que lo deseen. No ignoraban los lacedemonios que se hallaban en -Corinto gran número de peltastas y de hoplitas, pero confiaban no se -atreverían estos a atacarles después de las últimas victorias. Al ver -dos hombres de los de la ciudad, Calias, hijo de Hipónico, general de -los hoplitas atenienses, e Ifícrates, jefe de los peltastas, aquellas -tropas en número tan exiguo y desprovistas de infantería ligera y de -caballería, creen poder atacarles con entera seguridad con el cuerpo -de peltastas; porque, en efecto, si los lacedemonios continúan su -marcha, asaltando sus flancos indefensos podrán causarles muchas bajas, -y si tratan de perseguirlos, los peltastas, que son los soldados más -ligeros, podrán escapar fácilmente a su persecución, por lo cual se -deciden a atacarles. Calias forma sus hoplitas a cierta distancia -de los muros, e Ifícrates, a la cabeza de los peltastas, ataca a la -cohorte; alcanzados los lacedemonios por los dardos que les hieren -o matan, ordenan a los escuderos cojan los heridos y los lleven al -Lequeo, y en realidad fueron los únicos de la cohorte que quedaron -con vida. Después ordena el polemarca a sus veteranos persigan a los -que les acometen; pero pesadamente armadas estas tropas, no pueden -aproximarse a tiro de los peltastas, pues habían recibido estos la -orden de retirarse sin aguardar a pie firme a los hoplitas, y los -lacedemonios, no corriendo todos con igual velocidad, se habían -desordenado algún tanto. Así, pues, cuando quieren juntarse de nuevo -a los suyos, los soldados de Ifícrates, dando una media vuelta, -les agobian con sus dardos, unos por detrás y otros por su flanco -descubierto, y matan en esta primera etapa diez o doce lacedemonios, -éxito que les infunde mayor osadía. Habiendo tenido los lacedemonios -esta desventaja, ordena el polemarca ataquen de nuevo los que hacía ya -quince años habían salido de la adolescencia; pero cuando se repliegan, -perecen en mayor número que la primera vez. Habían perdido ya sus -mejores tropas, cuando se les une la caballería e intenta con ellos un -nuevo ataque, y cuando se retiran los peltastas, ejecuta aquella una -falsa maniobra, pues en lugar de perseguirles hasta haberles causado -algunas bajas, carga de frente con los hoplitas y avanza y se retira al -mismo tiempo que estos. Después de haber repetido varias veces la misma -maniobra con iguales resultados, se debilitan cada vez más en número -y valor, mientras, por el contrario, los enemigos atacan cada vez con -mayor audacia y en mayor número. - -No sabiendo ya qué hacer, se reúnen en una pequeña colina a dos -estadios del mar y a diez y seis o diez y siete del Lequeo. Los de este -punto, al apercibirse de su mala situación, se embarcan en botes para -dirigirse a la colina, y los lacedemonios, reducidos ya a la mayor -desesperación por su triste posición y por el número de sus muertos, no -pudiendo hacer nada para su defensa, emprenden la fuga cuando ven que -solo vienen hoplitas en su auxilio. Arrójanse unos al mar, y otros, en -reducido número, consiguen refugiarse en el Lequeo con los caballos. -En estos combates parciales y en la derrota pierden unos doscientos -cincuenta hombres. He aquí cómo sucedió este desastre. - -Agesilao, después de dejar en el Lequeo una cohorte y los restos de la -que ha quedado en cuadro, se dirige a Esparta, entrando en las ciudades -lo más tarde posible y saliendo a primera hora. Aunque sale de Orcómeno -por la mañana, no entra en Mantinea hasta por la noche: tanto es lo -que teme la exasperación de sus soldados al comprender la alegría -e irrisión de los mantineos por su derrota. Ifícrates añade nuevos -laureles a los anteriores, pues se hace dueño de todas las plazas en -que había Praxitas establecido guarniciones, como en Sidunte y Cromión, -y Agesilao en Énoe, después de tomar el Pireo. En cuanto al Lequeo, -estaba guarnecido por tropas lacedemonias y aliadas. Desde el desastre -de la cohorte lacedemonia, los desterrados corintios no se atrevían -ya a salir de Sición más que por mar, y costeando desembarcaban en -distintos puntos, desde donde inquietaban a los de la ciudad que a su -vez los inquietaban también cuando podían. - - - - -CAPÍTULO VI. - - -Poco después[162] los aqueos, que eran dueños de la ciudad de -Calidón[163], en otro tiempo de Etolia, y que habían concedido el -derecho de ciudadanía a los calidonios, se ven obligados a poner en -ella guarnición, pues los acarnanios se dirigían a atacarla sostenidos -por algunas tropas atenienses y beocias con quienes habían hecho -alianza. Acosados por ellos, envían, pues, los aqueos mensajeros a -Lacedemonia, donde declaran al llegar que no habían sido bien tratados -por los espartanos. - -«Ciudadanos --dicen--, nosotros hemos tomado parte en todas las -expediciones a que nos habéis convocado y os hemos seguido donde -quiera nos lo habéis mandado, pero vosotros, en cambio, ningún cuidado -experimentáis por nosotros al vernos sitiados por los acarnanios y por -sus aliados los atenienses y beocios. Si esto continúa así, no podremos -resistirles, pues nos será preciso abandonar la guerra del Peloponeso -y pasar el mar con todas nuestras fuerzas para ir a combatir a los -acarnanios y sus aliados, o procurar hacer la paz bajo las mejores -condiciones posibles.» - -He aquí lo que dicen a los lacedemonios, amenazándoles veladamente -con apartarse de la alianza si no acuden a prestarles auxilio. Los -éforos y el senado declaran, después de haberles oído, que es preciso -marchar en auxilio de los aqueos contra los acarnanios, y envían a -Agesilao al frente de dos cohortes y del contingente de los aliados, -a los cuales se unen también en masa los aqueos. Así que desembarca -Agesilao, los campesinos acarnanios se retiran a las ciudades, y todos -los rebaños son llevados a gran distancia para que no caigan en poder -de los soldados. Al llegar a las fronteras, envía Agesilao mensajeros -a la asamblea acarnania reunida en Estrato[164] para que declaren -que asolará por completo su país, sin perdonar lo más mínimo, si no -renuncian a la alianza de los beocios y atenienses y no se confederan -con los lacedemonios. No obedeciéndole, lleva a efecto sus amenazas, -y ocupado únicamente en devastar el país, no avanza más que diez o -doce estadios por jornada, por lo cual, creyéndose los acarnanios en -seguridad a causa de la lentitud de su marcha, hacen bajar de los -montes a sus rebaños y continúan el cultivo de sus tierras; pero -cuando Agesilao les supone completamente tranquilizados, a los quince -o dieciséis días de su entrada en la comarca, sale temprano después de -haber celebrado los sacrificios, hace una marcha de ciento cincuenta -estadios, llega por la noche a las orillas del lago alrededor del cual -están apacentándose casi todos los rebaños acarnanios, y apoderándose -de una inmensa cantidad de bueyes, caballos y otros animales de toda -clase, hace igualmente gran número de prisioneros. - -Quédase al día siguiente en el mismo lugar para venderlos como -esclavos; pero los peltastas acarnanios, llegando en número bastante -regular, y apostándose en los montes, al pie de los cuales está -acampado Agesilao, arrójanle dardos y piedras, permaneciendo ellos -fuera de su alcance, y obligando al ejército a abandonar las alturas -para bajar a la llanura, a pesar de hallarse ocupado en preparar la -cena. Durante la noche retíranse los acarnanios, y colocando centinelas -los lacedemonios, se entregan al descanso. - -Al día siguiente comienza Agesilao su retirada; pero las montañas que -rodean el valle y la llanura donde está situado el lago no dejan más -que un estrecho paso, y los acarnanios, dueños de las alturas, arrojan -desde allí proyectiles de toda clase, y bajando de las cúspides, -atacan al ejército y le acosan de manera que hacen completamente -imposible su avance. Ningún daño causan a los acosadores los hoplitas y -caballeros de la falange que intentan su persecución, pues pronto, al -retirarse, llegan los acarnanios a posiciones inexpugnables. Conociendo -entonces Agesilao la dificultad en que se encuentra de salir de aquel -desfiladero mientras esté expuesto a los mismos ataques, decide atacar -a los que inquietan su izquierda a pesar de ser su número bastante -considerable, pues esta ladera de montaña es más accesible a los -hoplitas y caballos. - -Mientras ofrece los sacrificios acósanle vivamente los acarnanios, -arrojando a sus soldados flechas y dardos, y adelantándose tanto, -que les causan gran número de heridos; pero luego que da la orden de -ataque, los hoplitas, que hacía quince años servían en el ejército, -se lanzan con arrojo hacia adelante; carga la caballería sobre los -enemigos, y él mismo les sigue con el grueso del ejército. Repliéganse -entonces los acarnanios que habían bajado hasta la llanura, y después -de haber lanzado algunos proyectiles, son alcanzados y muertos al -querer huir a las alturas. Los hoplitas acarnanios y la mayor parte de -sus peltastas se hallaban ordenados en batalla en la cima del monte, -donde aguardan a pie firme al enemigo: arrojan gran número de dardos; -sírvense de sus lanzas como armas arrojadizas, hiriendo a algunos -soldados de a caballo y matando muchos caballos; pero cuando están a -punto de llegar a las manos con los hoplitas lacedemonios, emprenden la -fuga y pierden en esta jornada unos trescientos hombres. - -Levanta entonces Agesilao un trofeo, devastando después e incendiando -los alrededores; y obligado por los aqueos, ataca algunas poblaciones, -pero sin conseguir apoderarse de ninguna. Finalmente, como se acercaba -el otoño, decide abandonar el país, a pesar de que los aqueos creen -nada ha conseguido, pues no se ha apoderado de población alguna de -grado ni por fuerza. Ruéganle, pues, que, ya que no ha hecho otra cosa, -se quede allí el tiempo necesario para impedir a los acarnanios la -siembra de sus tierras; pero él les contesta que lo que le aconsejan es -contrario a sus propios intereses. «En cuanto a mí --dice--, pienso -dirigir una nueva expedición contra este país en el próximo verano, y -cuanto más hayan sembrado, mayores deseos tendrán de la paz.» Dicho -esto, se retira por la vía terrestre a través de Etolia, por un camino -que ni con muchas ni con pocas tropas hubiera podido seguirse contra la -voluntad de los etolios, pero que estos le franquean, con la esperanza -de que se les devuelva Naupacto. Llegado a Río, atraviesa el mar y -llega a Esparta, porque el paso del Calidón en el Peloponeso había sido -interceptado por las trirremes que los atenienses habían enviado desde -Eníadas. - - - - -CAPÍTULO VII. - - -Al terminar el invierno, Agesilao, para cumplir la promesa hecha a los -aqueos, preparó al principiar la primavera[165] una nueva expedición -contra los acarnanios. Habiéndolo sabido estos, consideran que a causa -de su situación en medio de la campiña, serán sitiadas sus ciudades -por un enemigo que destruirá sus mieses y por ejércitos que rodearán -sus muros, por lo cual envían diputados a Lacedemonia y firman la paz -con los aqueos y una alianza con los lacedemonios. Así terminaron los -asuntos de los acarnanios. - -Entonces los lacedemonios, considerando peligroso el dirigirse contra -los atenienses o contra los beocios dejando detrás de ellos en las -fronteras de Laconia una ciudad enemiga tan poderosa como Argos, -declaran la guerra a esta república. - -Luego que sabe Agesípolis[166] que debe mandar la expedición, y después -de celebrar los sacrificios de la marcha, dirígese a Olimpia para -consultar al oráculo, preguntando al dios[167] si podía sin impiedad -rehusar la tregua que puedan proponerle los argivos, pues tenían -costumbre de pretextar los meses sagrados[168], no cuando llegaba su -época, sino cuando los lacedemonios estaban a punto de invadir su -territorio. Contéstale el dios, que puede sin impiedad desechar una -tregua injustamente reclamada; y entonces, dirigiéndose a Delfos para -pedir a Apolo si tiene sobre esta tregua igual modo de sentir que su -padre, aquel dios le da una contestación exactamente igual. Encamínase -entonces a Fliunte para reunirse con su ejército, pues este era el -punto para el cual había citado a sus tropas mientras consultaba los -oráculos, e invade la Argólida por Nemea. Al ver los argivos que no -pueden resistir, envían, según su costumbre, dos heraldos coronados -de flores para pedir la tregua; pero Agesípolis, contestando que los -dioses han declarado la injusticia de su petición, no acepta la tregua, -e invade el país, causando gran terror así en los campos como en la -capital. - -Mientras cenaba por primera vez en el territorio argivo, y cuando -terminaban de hacer las libaciones acostumbradas después de la comida, -el dios[169] conmovió la tierra. Siguiendo el ejemplo de los comensales -del rey, los lacedemonios entonan el peán en honor de Neptuno, creyendo -los soldados se va a ordenar la retirada, puesto que Agis había -abandonado Élide después de un temblor de tierra. Mas Agesípolis dice -que si el temblor se hubiese verificado en el momento de entrar en el -territorio enemigo, lo hubiera considerado como una prohibición, pero -habiendo acontecido después de su entrada, lo consideraba como signo -favorable; así es que al día siguiente, después de haber ofrecido los -sacrificios a Neptuno, prosigue su marcha, sin ir, sin embargo, muy -lejos. Teniendo ante su vista la reciente expedición de Agesilao contra -Argos, pide Agesípolis a sus soldados hasta qué distancia de los muros -llegó Agesilao y hasta dónde extendió sus devastaciones por el país, -como un pentatlo[170] que procura sobrepujar en todo a su rival. - -Un día atraviesa dos veces los fosos excavados alrededor de los muros -de la ciudad, a pesar de los proyectiles que le arrojan desde lo alto -de las torres; otra vez, mientras la mayor parte de los argivos habían -ido a Laconia, se adelanta tan cerca de las puertas, que los argivos -que las guardaban no se atreven a abrirlas a la caballería beocia que -iba a entrar en la ciudad, por miedo de que los lacedemonios entren en -ella al mismo tiempo, de manera que tuvieron los caballos que pegarse -como murciélagos a los muros y a las barbacanas, y si los cretenses no -se hubiesen hallado en expedición contra Nauplia, hombres y caballos -hubieran perecido en gran número bajo sus flechas. Algún tiempo -después, mientras Agesípolis estaba acampado alrededor de los muros de -la ciudad, cayó un rayo en el campamento, pereciendo unos asfixiados y -otros de miedo. Más tarde, mientras ofrece un sacrificio para levantar -un fuerte en el paso de Celusa, las entrañas de las víctimas aparecen -incompletas; por todo lo cual se retira con su ejército, y le licencia, -después de haber hecho, sin embargo, mucho daño a los argivos al -atacarles tan de improviso. - - - - -CAPÍTULO VIII. - - -Tales eran los acontecimientos que tuvieron lugar por tierra durante -ese tiempo; voy a contar ahora cuanto sucedió por mar en la misma -época,[171] así como cuanto tuvo lugar en las ciudades marítimas, -fijándome únicamente en los hechos más culminantes y dejando de -mencionar aquellos que carecieron de gran importancia. - -Después de haber derrotado a los lacedemonios en el combate naval, -Farnabazo y Conón dieron la vuelta a las islas y ciudades marítimas -para arrojar de ellas a los gobernadores lacedemonios, dando a -aquellas la seguridad de que no se ocuparían sus fortalezas y que -se les respetaría su independencia. Oyen con placer las ciudades -esta declaración, y envían en reconocimiento dones de hospitalidad -a Farnabazo. Conón era quien había hecho comprender a este que -tratando de ese modo a las ciudades se las haría completamente amigas, -mientras que si quería sujetarlas abiertamente, cada una de ellas le -suscitaría tantos obstáculos como pudiera, y le pondría en el riesgo -de una coalición de todos los griegos si comprendían sus designios; y -estas reflexiones habían convencido a Farnabazo. Desembarca después -en Éfeso y da cuarenta trirremes a Conón, diciéndole le aguarde en -Sesto, pues él irá por tierra a su gobierno, ya que Dercílidas, que -era su enemigo desde largo tiempo, se hallaba en Abido, mientras tenía -lugar la batalla naval, y en lugar de huir como los otros gobernadores -lacedemonios, se había conservado en dicha población y había sabido -mantenerla fiel a Esparta. - -Convocando a los abidenos, les había dirigido estas palabras: - -«Abidenos, ahora es cuando vosotros, los antiguos amigos de nuestra -ciudad, podéis mostrar vuestros beneficios hacia Esparta. Nada tiene -de notable el conservarse fieles en la próspera fortuna, pero se es -acreedor a un reconocimiento eterno cuando se permanece fiel a los que -se hallan en desgracia. No hay que creer, sin embargo, que hayamos -perdido nuestra importancia por haber sido vencidos en este combate -naval, pues aun en la época en que los atenienses tenían el predominio -marítimo, en todas partes se hallaba nuestra república en situación -de recompensar a los amigos. Y ciertamente, cuanto más se apresuren -las otras ciudades en abandonarnos cuando no nos sonríe la fortuna, -más grande aparecerá realmente vuestra fidelidad. Si teme alguno de -vosotros ver sitiada por tierra y por mar a esta ciudad, piense que no -hay aún en estos parajes ninguna flota griega y que jamás Grecia podrá -consentir intenten los bárbaros tomarle el imperio sobre el mar, de -manera que esta ciudad al defenderse se hará a la vez aliada nuestra.» - -Al oír estas palabras, obedecen con intenso placer los abidenos y -reciben amigablemente a los gobernadores que llegan a la ciudad, así -como llaman a los que se encuentran fuera de ella. Cuando se halla -reunido en la ciudad un número considerable de hombres importantes, -Dercílidas pasa a Sesto, que está a una distancia que no llega a -ocho estadios; reúne allí a todos los lacedemonios que han recibido -de Esparta los bienes que poseen en el Quersoneso y a todos los -gobernadores que habían sido arrojados de las ciudades de Europa; -les recibe amigablemente y les dice no deben desesperar de su actual -situación, antes bien, acordarse de que en la misma Asia y en los -dominios del rey hay las pequeñas ciudades de Temnos, Egas y otras -plazas, que pueden habitar sin estar sujetos al rey. «Y sin embargo ---añade--, ¿podríais acaso encontrar una posición más segura e -inexpugnable que Sesto, para cuyo sitio son necesarios un ejército -terrestre y una flota?» De este modo con sus discursos procuraba -fortalecer su valor. Farnabazo, hallando en estas disposiciones a -los de Sesto y Abido, les hace saber que si no mandan retirar a los -lacedemonios, les declarará la guerra, y como rehúsan obedecerle, -ordena a Conón les bloquee por mar, mientras él devastará el territorio -de los abidenos. Pero no pudiendo llevar a cabo su sumisión, se vuelve -a su provincia y ordena a Conón procure concertarse con las ciudades -griegas del Helesponto a fin de que pueda reunir gran número de naves -para la primavera siguiente. Irritado contra los lacedemonios por -cuanto ha sufrido de ellos, su más vivo deseo es el poder dirigirse a -su país vengándose de la manera más manifiesta. - -Consumen ambos el invierno ocupándose en estos preparativos y al -llegar la primavera equipa Farnabazo gran número de naves, recluta un -ejército mercenario y se hace a la vela con Conón, pasando por Melos a -través de las islas y dirigiéndose a Laconia. Principia por abordar en -Feras[172], cuyo país saquea por completo, y después verifica varios -desembarcos en distintos puntos de la costa, haciendo en ella todo el -daño posible. Pero temiendo pronto la falta de puertos en estos parajes -y la llegada de los enemigos, así como la falta de víveres, abandona -aquellas costas y se dirige a Fenicunte, en la isla de Citera. Temiendo -un asalto, las tropas que ocupaban aquella ciudad abandonan la plaza y -Farnabazo deja que se retiren en libertad a Laconia, bajo la garantía -de un tratado repara después las fortificaciones de la ciudad, y -estableciendo en ella una guarnición, nombra gobernador de los citereos -al ateniense Nicofemo. Dirígese después al istmo de Corinto y exhorta a -los aliados para que sostengan con vigor la guerra y se muestren fieles -aliados del rey, con lo cual, después de entregarles todo el dinero de -que puede disponer, regresa a su gobierno. - -Conón le ruega entonces se le confíe la flota, que sabrá sostener -a expensas de las islas, y con la cual podrá volver a su patria y -reconstruir los grandes muros atenienses y la muralla del Pireo, ya -que no cree haya cosa más penosa para los lacedemonios. «De este modo ---añade--, te asegurarás la amistad de los atenienses y te vengarás de -los lacedemonios, pues con esto solo inutilizarás todos los esfuerzos -que hasta ahora han realizado.» Persuadido de esto Farnabazo, le envía -inmediatamente a Atenas, dándole además el dinero necesario para la -reconstrucción de los muros. Luego que llega a Atenas levanta Conón -gran parte de la muralla, empleando el equipaje de su flota, pagando el -salario de los albañiles y demás operarios y haciendo todos los gastos -necesarios; reconstrúyense otras partes por los atenienses, beocios y -demás aliados que se apresuran todos a contribuir a tal obra. - -Habiendo los corintios equipado algunas naves con el dinero que les -dejó Farnabazo, nombran comandante de las mismas a Agatino y dominan en -el golfo de Acaya y del Lequeo. Por su parte los lacedemonios hacen a -la vela las naves mandadas por Podánemo; pero es muerto en un combate, -y habiéndose visto obligado Polis, su lugarteniente, por sus heridas -a dejar la flota, toma Herípidas el mando de las naves. El corintio -Proeno, sucesor de Agatino en el mando de la flota, sale de Río[173], -punto de que se apoderan los lacedemonios, y Teleutias, que había -sucedido en el mando a Herípidas, vuelve a adquirir la supremacía en el -golfo. - -Sabiendo los lacedemonios que Conón reconstruye los muros de Atenas y -sostiene su flota con el dinero del rey, conquistando para Atenas las -islas y las ciudades vecinas del continente, piensan que si informan -de todo esto a Tiribazo, general del rey, podrán conquistarle a su -partido, o a lo menos hacer que se retiren a Conón los medios para -el sostenimiento de la flota. Envían con este objeto a Antálcidas -junto a Tiribazo, con encargo de informarle de cuanto sucede y de -procurar la paz entre Lacedemonia y el rey. Sabiendo los atenienses -estas disposiciones, envían por su parte a Conón, Hermógenes, Dión, -Calístenes y Calimedonte, así como deciden a sus aliados manden también -los suyos, haciéndolo los beocios, corintios y argivos. Una vez allí, -Antálcidas dice a Tiribazo que viene de parte de su república para -proponer al rey la paz bajo condiciones verdaderamente ventajosas para -él, pues respecto a las ciudades griegas de Asia, ninguna condición -pretenden imponer los lacedemonios al rey, bastándoles sea reconocida -la independencia de las islas y de las restantes ciudades. «Y como -estos son nuestros deseos --añade--, ¿qué motivo hay para que los -griegos o el rey nos hagan la guerra y derrochen neciamente el dinero? -Toda expedición contra el rey es imposible por parte de los atenienses -mientras no la ordenemos nosotros, cosa que nos es completamente inútil -desde el momento en que sean autónomas las ciudades.» - -Oye Tiribazo con la más viva fruición estas palabras de Antálcidas; -pero la opinión contraria se formulaba en estos términos: temían los -atenienses ver declarada la independencia de las islas y ciudades, -pues perderían Lemnos, Imbros y Esciros; los tebanos temían también -verse obligados a reconocer la autonomía de las ciudades beocias, y -los argivos no deseaban se los obligase a renunciar a tratar a Corinto -como parte de Argos, cosa que sucedería si se firmaba esta paz. Esto -hizo que la paz no pudiese concertarse y que cada cual volviera a su -patria. Tiribazo, sin embargo, cree puede ser peligroso para él el -aceptar la alianza de los lacedemonios sin previo conocimiento del rey; -pero da ocultamente dinero a Antálcidas, con objeto de que puedan los -lacedemonios equipar una flota y obligar de este modo a los atenienses -y demás aliados a que deseen más vivamente la paz, y luego, dando -crédito a las referencias lacedemonias, hace prender a Conón como -traidor. Preséntase después al rey para participarle las proposiciones -de los lacedemonios; dícele asimismo que ha hecho prender como traidor -a Conón, y le pide instrucciones para obrar a tenor de lo que el rey le -mande. - -Este, mientras se halla Tiribazo junto a él, envía para dirigir los -asuntos marítimos a Estrutas, quien se inclinaba fuertemente en favor -de los atenienses y de sus aliados, recordando todo el daño que había -causado Agesilao a los países del rey. Al ver los lacedemonios que -Estrutas les es hostil y que se halla favorablemente dispuesto hacia -los atenienses, envían a Tibrón para que le haga la guerra. Dirígese -este a Asia, y saliendo de Éfeso, atraviesa por Priene, Leucofris -y Aquileo, ciudades de la llanura del Meandro, pasando a sangre y -fuego el país del rey. Por fin Estrutas, observando que Tibrón sale -cada vez desordenadamente sin tomar precauciones de ningún género, -destaca la caballería para la llanura, ordenándole se arroje sobre -el enemigo procurando envolverle y cargándole de frente con todo el -empuje posible. Tibrón acababa de almorzar y salía de su tienda con -el flautista Tersandro, quien no solo era un músico excelente, sino -que se gloriaba también de haber aprovechado la educación lacedemonia, -relativamente a su fuerza y vigor. Estrutas, viendo marchan en aquel -momento las fuerzas enemigas en completo desorden con una vanguardia -muy débil, se le opone de improviso con una caballería numerosa y -bien ordenada. Son de los primeros en morir Tibrón y Tersandro, y -los demás soldados, al saber que han perecido, emprenden la fuga, -siendo perseguidos por el enemigo, que hace en ellos gran matanza, -consiguiendo solo unos pocos refugiarse en las ciudades aliadas. Quedan -también con vida algunos que no han salido con la expedición por -ignorar que se verificase, ya que muchas veces, como en esta, Tibrón se -ponía en marcha sin anunciarlo anticipadamente. De este modo tuvo lugar -el referido desastre. - -Llegan a Lacedemonia algunos rodios desterrados por el pueblo, y -declaran que es una indignidad tolerar que los atenienses ocupen -a Rodas y robustezcan de tal modo su poderío. Comprendiendo los -lacedemonios que efectivamente si el pueblo domina en Rodas toda la -isla caerá en poder de los atenienses, y por el contrario, dominarían -en ella si mandasen los ricos, equipan ocho naves bajo el mando de -Écdico. Embárcase también en ellas Dífridas, a quien habían ordenado -protegiese las ciudades que se habían entregado a Tibrón, reuniese los -restos del ejército y aumentándolo con cuantas tropas pudiese reclutar, -hiciese la guerra a Estrutas con todas estas fuerzas reunidas. Dífridas -ejecuta estas órdenes y consigue algunas ventajas; apodérase del yerno -de Estrutas, Tigranes, que se dirigía a Sardes con su esposa, y por -el cual exige considerable rescate, que le proporciona los necesarios -medios para pagar a sus tropas. Era Dífridas un hombre no menos amable -que Tibrón, y un general más previsor y activo: no se dejaba dominar -por los placeres corporales, y al mismo tiempo ponía todo su empeño en -llevar a buen término cuanto se proponía. - -Al llegar Écdico a Cnido, y sabiendo que el pueblo de Rodas gobernaba -en todos los asuntos de mar y tierra y que poseía doble número de -trirremes de las que él traía consigo, se queda a la expectativa -en Cnido, hasta que se convencen los lacedemonios de que no tiene -bastantes fuerzas para ayudar a sus aliados, y ordenan a Teleutias -se reúna a Écdico con las doce naves que están a sus órdenes en el -golfo, en las zonas de Acaya y del Lequeo, y dictan las necesarias -instrucciones para que volviéndose Écdico a Esparta abrace los -intereses de cuantos se declaren amigos y cause todo el daño posible -a los enemigos. Teleutias llega a Samos, donde toma el mando de las -naves, y se hace a la vela para Cnido, regresando Écdico a la patria. -Dirígese Teleutias a Rodas, teniendo a sus órdenes veintisiete naves, y -por el camino encuentra casualmente a Filócrates, que venía de Atenas -con diez trirremes y se dirigía a Chipre para auxiliar a Evágoras, -apoderándose de todas ellas, con lo cual se invierten los papeles, pues -los atenienses aliados del rey protegen a Evágoras, que hace la guerra -a aquel, y Teleutias, mientras los lacedemonios están en guerra con -el rey, destruye las naves que iban a hacerle la guerra. Vuélvese a -Cnido para vender la presa, y después dirígese nuevamente a Rodas para -socorrer a los partidarios de Esparta. - -Los atenienses, al ver que los espartanos vuelven a estar en camino -para reconquistar su poderío sobre el mar, envían a Trasíbulo, el de -Estiria, con cuarenta naves, quien no se dirige a Rodas, pues le parece -difícil tomar venganza en los amigos de Lacedemonia, siendo, como son, -dueños de una plaza fuerte y apoyados por la presencia de Teleutias y -de su flota, y además no cree que los aliados de los atenienses corran -peligro de sucumbir, pues poseen las ciudades, son superiores con mucho -a sus adversarios, y acaban de ganar una batalla, por todo lo cual -navega hacia el Helesponto, y no encontrando allí adversario alguno, -imagina podrá prestar algún buen servicio a su patria. Habiendo, -pues, sabido que Amádoco, rey de los odrisios, y Seutes, soberano del -litoral, se hallaban enemistados, los reconcilia y se capta su amistad -y alianza para Atenas, pues esperaba que, gracias a esta alianza, -las ciudades griegas de Tracia estarían mejor dispuestas en favor -de los atenienses. Y como estas comarcas, del propio modo que las -ciudades griegas de Asia, no le daban inquietud alguna, a causa de la -alianza del rey con Atenas, se dirige a Bizancio y asegura el diezmo -que se exigía a las naves que salían del Ponto. Sustituye asimismo el -gobierno democrático al oligárquico de los bizantinos, por lo que este -pueblo ve con placer a gran número de atenienses que residen en su -ciudad. Después de esto afirma con mayor seguridad la amistad de los -calcedonios, y luego sale del Helesponto. - -Halla aliadas al partido lacedemonio a casi todas las ciudades de la -isla de Lesbos, excepción hecha de Mitilene; pero no ataca a ninguna -de ellas antes de haber reunido en esta población los cuatrocientos -hoplitas que se hallaban en sus naves y todos los desterrados de -aquellas ciudades que se habían refugiado en Mitilene, a los cuales -añade asimismo los habitantes más valerosos de esta última población. -Promete a los mitilenios que si se apodera de aquellas ciudades les -dará la preeminencia sobre toda la isla; a los desterrados, que si -reúnen sus fuerzas contra cada una de las ciudades de que han sido -expatriados, se hallarán en condiciones para volver cada uno a su -patria y a los marinos, que si consiguen hacer de la isla de Lesbos una -aliada de Atenas, procurarán a esta un abundante manantial de riquezas. -Después de haberles animado de esta suerte, forma sus tropas y las -conduce contra Metimna. - -Cuando Terímaco, el gobernador lacedemonio, sabe la llegada de -Trasíbulo, reúne los marineros de sus naves, los metimneos y a todos -los mitilenios que se hallaban en la ciudad, y se dirige con sus -tropas a la frontera. Librado el combate, perece Terímaco, sus tropas -emprenden la fuga y mueren muchos de ellos. La mayor parte de las -ciudades abren entonces las puertas a Trasíbulo, quien devasta a las -que rehúsan rendirse, con lo cual procura dinero a sus soldados. -Apresúrase después en volver a Rodas; pero a fin de infundir ánimo a -su ejército, exige contribuciones a las diferentes ciudades y llega a -Aspendo, sobre el río Eurimedonte. Había ya recibido el dinero de los -aspendios, cuando sus soldados cometen algún destrozo en los campos, -e irritados aquellos, verifican de noche una irrupción y le degüellan -en su tienda. Así murió Trasíbulo, que era tenido por uno de los -hombres mejores de su patria, y los atenienses eligen como su sucesor a -Agirrio, que va a tomar el mando de las fuerzas. - -Los lacedemonios, al saber que los atenienses han vendido en Bizancio -el diezmo sobre las naves que salen del Ponto, que ocupan a Calcedonia -y que gracias a la amistad de Farnabazo se hallan en inmejorables -relaciones con las demás ciudades del Helesponto, creen no deben -descuidar sus asuntos. Nada tenían que echar en cara a Dercílidas; -pero Anaxibio, que había sabido conquistarse el favor de los éforos, -alcanza que se le mande como gobernador a Abido, prometiendo, si se -le conceden subsidios y naves, hacer una guerra tan decidida a los -atenienses, que su posición en el Helesponto no pueda sostenerse. -Concédenle tres trirremes y el dinero necesario para poder sostener mil -soldados mercenarios, y entonces se le manda a Abido. Una vez allí, -recluta en los alrededores buen contingente de tropas mercenarias, -aparta de la amistad de Farnabazo algunas ciudades de Eólida, ataca -a las que se habían confederado contra Abido e invade y devasta su -territorio, equipa además otras tres naves, que añade a las que posee, -e intenta con ellas apoderarse en el mar de alguna nave ateniense o de -sus aliados. - -Informados los atenienses de estos hechos, y temiendo ver destruido -el predominio que ha obtenido para ellos Trasíbulo en el Helesponto, -envían a Ifícrates con ocho naves y cerca de mil doscientos peltastas, -la mayor parte de los cuales habían servido a sus órdenes en Corinto. -Los argivos, una vez sometida Corinto, les habían declarado no -necesitaban ya de ellos, acaso porque Ifícrates había hecho matar -algunos argivos, por lo cual había regresado a Atenas, donde entonces -se hallaba. Después de su llegada al Quersoneso, Anaxibio e Ifícrates -pelean entre sí mandándose corsarios, pero algún tiempo después, -habiendo sabido Ifícrates que Anaxibio se había dirigido a Antandro -con sus mercenarios, con los lacedemonios que tenía a sus órdenes -y doscientos hoplitas de Abido, y sabiendo además que se ha aliado -con la ciudad de Antandro, sospecha que después de dejar allí una -guarnición, regresará a Abido para conducir de nuevo a los habitantes -de esta población, por lo cual, pasando la noche en lo más desierto del -territorio de Abido, y subiendo a los montes, le prepara una emboscada; -al propio tiempo ordena a las trirremes que le han conducido allí, se -vuelvan al Quersoneso, para aparecer, como de ordinario, ocupadas tan -solo en la exacción de tributos. Obrando de este modo no se equivocó, -pues Anaxibio emprende su regreso sin que las víctimas, según se dice, -fuesen favorables; pero esto no le inspira cuidado, pues tenía que -pasar únicamente por territorio amigo hacia una ciudad aliada, y con la -noticia que dan cuantos encuentra, de que Ifícrates navega en dirección -a Proconeso, avanza completamente descuidado. - -Ifícrates, sin embargo, no se mueve mientras que el ejército de -Anaxibio se halla a su misma altura; pero así que los abidenos, que -formaban la vanguardia, han llegado a la llanura de Cremaste, donde se -hallan las minas de oro, y que el ejército que le seguía se encuentra -en la pendiente del monte que baja Anaxibio con los lacedemonios, -échaseles encima a la carrera saliendo de su emboscada. Comprende -Anaxibio que no tiene esperanza alguna de salvación, y contemplando la -larga línea de su ejército, que se extiende por el desfiladero, conoce -que la montaña impedirá vengan en su auxilio los que le preceden. -Viendo, pues, el terror que se apodera de todas sus tropas cuando se -aperciben de la emboscada, dice a los que le rodean: «Amigos, hermoso -me parece el morir aquí; procurad salvaros vosotros, antes de que -vengáis a las manos con los enemigos.» Dice esto, y tomando el escudo -a su paje, halla la muerte combatiendo. Perece a su lado su amado, así -como unos doce gobernadores lacedemonios de diferentes ciudades, y el -resto, o perece en la fuga o es perseguido hasta la ciudad. Quedan en -el campo unos doscientos hoplitas y unos cincuenta abidenos, después de -lo cual, Ifícrates regresa nuevamente al Quersoneso. - - - - -LIBRO QUINTO. - -CAPÍTULO PRIMERO. - - -Tal era el estado de los asuntos de los atenienses y lacedemonios en -el Helesponto[174]. Eteónico, sin embargo, había regresado a Egina, -cuyos habitantes habían mantenido hasta entonces amistosas relaciones -con los atenienses, y de acuerdo con los éforos animaba a cuantos -quisieran ir a saquear el Ática por mar, dando por motivo que la -guerra estaba en toda su fuerza. Encerrados así los atenienses dentro -de sus muros, envían a Egina una expedición de hoplitas a las órdenes -de Pánfilo, su general, los cuales se atrincheran en la isla, y como -tenían diez trirremes, sitian a los eginetas por mar y por tierra. Pero -cuando Teleutias, que se hallaba en las islas ocupado en la exacción -de tributos, sabe que está bloqueada Egina, acude en su auxilio y -hace retirar las naves atenienses, aunque sosteniéndose Pánfilo en sus -atrincheramientos. - -Llega mientras tanto Hiérax, enviado por los lacedemonios, toma -el mando de la flota, y Teleutias regresa a su patria bajo los -más favorables auspicios. Efectivamente, al bajar al puerto para -embarcarse, no hay ningún soldado que no quiera estrecharle la mano: -unos le coronan de flores, otros le ponen las ínfulas[175], y aun -aquellos que llegan tarde para despedirle, arrojan al mar las coronas -mientras se aleja y le desean toda clase de prosperidades. Bien sé -que en estas cosas no hay ni grandes gastos, ni peligros, ni notables -astucias de guerra y sin embargo, ¡por Zeus!, no me parecería impropio -de un buen historiador el investigar los medios por los cuales -Teleutias consiguió hacerse querer de sus subordinados, pues ni las -riquezas ni los peligros son tan dignos de recordación como la conducta -de un hombre como este. - -Hiérax, haciéndose a la vela para Rodas con sus restantes naves, deja -doce de ellas en Egina, a las órdenes de Gorgopas, su lugarteniente, -con las atribuciones de harmosta o gobernador. Desde entonces, en -realidad, los atenienses de la fortaleza hállanse más sitiados que -los habitantes de la ciudad; por lo cual, en virtud de un decreto -del pueblo, equipando los atenienses gran número de naves, abandonan -sus fortificaciones al quinto mes de su ocupación y conducen la -guarnición a su patria. Hecho esto, sufriendo mucho los atenienses a -causa de Gorgopas y de los corsarios, equipan trece naves, que ponen -a las órdenes de Éunomo. Mientras se halla Hiérax en Rodas, nombran -los lacedemonios a Antálcidas comandante de las naves, creyendo que -este nombramiento será del agrado de Tiribazo, y al llegar aquel a -Egina se hace seguir por las naves de Gorgopas y se dirige a Éfeso, -desde donde envía de nuevo a Egina a Gorgopas con sus doce naves, y -pone al frente de las restantes a su lugarteniente Nicóloco. Se hace -este a la vela hacia Abido, con el fin de socorrerla; pero antes se -detiene en Ténedos, cuya comarca saquea, y en la cual exige fuertes -contribuciones. Reúnense los generales atenienses de Samotracia, Tasos -y de los países comarcanos, para acudir en socorro de Ténedos, y cuando -tienen aviso de que Nicóloco se halla en Abido, salen del Quersoneso y -bloquean con sus treinta y dos naves la flota de aquel, que tiene solo -veinticinco. - -Gorgopas, al volver de Éfeso, encuentra a Éunomo; pero se refugia -precipitadamente en Egina a la caída del sol, y al desembarcar hace -cenar inmediatamente a sus tropas. Éunomo, después de aguardar algún -tiempo, se retira, y sobreviniendo la noche tenía luz, según costumbre, -en su nave, que marchaba al frente de las demás, para que no pudiera -extraviarse ninguna de las que le seguían. Embarca entonces de nuevo -Gorgopas a sus tropas y sigue a cierta distancia aquel resplandor, -procurando no ser apercibido; para no despertar sospechas, los -celeustes[176] dan las voces de mando golpeando dos piedras entre sí, -en vez de darlas de palabra, y reman sin hacer mucho ruido. Cuando las -naves de Éunomo han llegado ya a la costa de Ática, cerca de Zoster, da -Gorgopas la orden de ataque con la trompeta. En las naves de Éunomo, -unos desembarcaban ya, otros echaban anclas y otros aún navegaban. -Principia el combate a la luz de la luna, y Gorgopas se apodera de -cuatro trirremes, que remolcadas por las suyas se lleva a Egina, y las -demás consiguen huir al Pireo. - -Después de estos sucesos, parte Cabrias para Chipre a fin de socorrer -a Evágoras, con ochocientos peltastas y diez trirremes, y tomando -en Atenas otras naves y hoplitas, aborda durante la noche a Egina, -emboscándose con los peltastas en un lugar oculto a alguna distancia -del Heracleo[177]. Al rayar el alba, conforme a lo que se había -acordado, los hoplitas atenienses, a las órdenes de Deméneto, avanzan -hasta unos diez y seis estadios del Heracleo, a un sitio llamado la -Tripirgia[178]. Al saberlo Gorgopas, se dirige al encuentro del enemigo -con los eginetas, los soldados de su flota y ocho espartanos que -estaban con él: hace saber también a los equipajes de sus naves deben -seguirle cuantos sean de condición libre, y algunos hay que comparecen -con las primeras armas que hallan a mano. Así que las primeras filas -han dejado atrás a la emboscada, Cabrias y los suyos se arrojan sobre -ellos, agobiándolos con sus proyectiles; acuden en este momento los -hoplitas que han desembarcado de las naves, y pronto queda destruida -la vanguardia, de que forman parte Gorgopas y los lacedemonios, pues -no puede ofrecer una resistencia compacta; y una vez muertos estos, -el resto emprende la fuga. Quedan en el campo unos ciento cincuenta -eginetas y más de doscientos hombres mercenarios, metecos y marineros -que habían tomado parte en esta salida; con cuya victoria, los -atenienses pueden navegar con tanta confianza como si se estuviese en -plena paz, pues por no haber recibido sus pagas rehúsan los marineros -servir a Eteónico, aunque pretenda este obligarles a ello. - -Es enviado de nuevo Teleutias para ponerse al frente de estas naves, y -al verle los marineros manifiestan abiertamente su satisfacción, y él, -reuniéndoles, les dice: - ---«Soldados, llego sin traeros dinero; pero si el dios[179] lo permite -y vosotros me ayudáis con vuestros esfuerzos, haré todo lo posible para -procuraros víveres en abundancia, pues bien sabéis que mientras habéis -estado a mis órdenes he tenido mucho empeño en que nada os faltase; y -acaso os admiréis si os digo que preferiría carecer yo de víveres a -que vosotros estuvieseis sin ellos, pues ¡por los dioses! os aseguro -sufriría mejor estar dos días sin comer, que no veros a vosotros sin -víveres un solo día. Hasta hoy siempre ha estado abierta mi puerta a -todo el que ha tenido que pedirme algo; del propio modo continuará -de hoy en adelante: así es, que únicamente cuando vosotros tengáis -abundantes provisiones, me veréis a mí vivir con esplendidez; pero -sabed también soportar el frío, el calor y las vigilias, mientras -veáis tengo yo también que sufrirlas, pues si os impongo esta conducta -no es por el placer de atormentaros, sino para que podáis recoger de -ello grandes resultados. Soldados, añade, nuestra patria, que todo el -mundo reconoce como la más floreciente, no ha llegado a este grado -de prosperidad abandonándose a la molicie, sino, por el contrario, -sabedlo bien, exponiéndose a los trabajos y peligros cuando ha sido -necesario. También vosotros, lo sé muy bien, os habéis portado como -unos valientes; pero es preciso procuréis hoy sobrepujaros a vosotros -mismos, para que participemos con gozo de vuestras penalidades y de -vuestras victorias; porque ¿qué hay, en efecto, más hermoso que el no -tener que adular a nadie, ni griego, ni bárbaro, para obtener una paga, -y hallarse en estado de procurarse su subsistencia por sí mismos y del -modo más glorioso? Pues no debéis olvidar que la abundancia que en la -guerra nos procuramos a expensas del enemigo, produce a la vez nuestro -sustento y la gloria a los ojos de todos.» - -Esto dijo, y todos gritan que están prontos a obedecer cuanto les -mande. En este momento estaba ofreciendo el sacrificio y les dice: - ---«Soldados, id ahora a cenar, como ibais a hacer, y después de tomar -víveres para un día, volved inmediatamente a las naves para que nos -dirijamos a donde el dios tenga a bien llevarnos y lleguemos en momento -oportuno.» - -Da la orden de embarcarse cuando vuelven y se hace a la vela de noche -hacia el puerto de Atenas, mandándoles unas veces remar y otras -ordenándoles el descanso. Si alguno cree una locura el ir a atacar -con doce trirremes a un enemigo dueño de tantas naves, reflexione -un momento que Teleutias pensaba que los atenienses debían tener en -completo descuido la flota del puerto después de haber muerto Gorgopas, -y que aunque allí hubiese muchas naves arregladas, prefería atacar a -veinte estacionadas, que a diez en el mar, pues en estas los marinos -no pueden abandonar ni un momento su nave, y por el contrario, sabía -que los jefes de las naves ancladas en Atenas duermen en sus casas y -habitan los marinos en distintos lugares. - -Con estos pensamientos se hace a la vela: cuando no dista ya del -puerto más que unos cinco o seis estadios, se detiene y hace tomar -algún descanso a sus soldados, y cuando apunta el día, se adelanta -seguido de los demás buques. Prohíbeles echar a pique o atacar ninguna -nave redonda, pero ordénales que cuando vean alguna trirreme anclada, -procuren ponerla fuera de combate, que se amarren a los buques de -transporte o de carga y procuren remolcarlos fuera del puerto, y -en cuanto a las naves de mayores dimensiones, las aborden y hagan -prisionera a toda la tripulación. Hubo algunos que, arrojándose sobre -el Digma[180], se apoderaron de varios comerciantes y propietarios -de naves y los condujeron a su flota. Todas las órdenes de Teleutias -fueron puntualmente ejecutadas. - -Los atenienses, al apercibirse de que pasaba algo extraordinario, salen -fuera de sus casas para averiguar lo que era: unos van en busca de -armas, y otros esparcen la noticia por la ciudad. Todos los atenienses -hoplitas o de caballería llegan entonces armados al Pireo, que creen -en poder del enemigo; pero Teleutias envía a Egina las naves de que se -ha apoderado, haciéndolas escoltar por tres o cuatro de sus trirremes, -y después, alejándose del puerto con las demás naves, se retira -costeando por el Ática, se apodera de muchas barcas de pescadores y -de naves mercantes llenas de pasajeros que venían de las islas, y -se dirige a Sunio, donde toma gran cantidad de buques de transporte -cargados de grano o de mercancías. Hecho esto, regresa a Egina, donde -vende su presa, y con el producto de ella da a sus soldados la paga de -un mes. Continúa después recorriendo el mar y tomando cuanto encuentra, -con lo cual consigue mantener sus tripulaciones y se granjea soldados -que lo sirven con placer y prontitud. - -Antálcidas volvía de su visita a Tiribazo, después de haber negociado -la alianza con el rey para el caso en que los atenienses y sus aliados -no quisieran aceptar la paz que este les proponía; pero cuando sabe -que Nicóloco y su flota se hallan bloqueados en Abido por Ifícrates -y Diotimo, se dirige a pie a dicha población, y tomando el mando -de la flota, se hace a la vela durante la noche, después de haber -esparcido el rumor de que ha sido llamado por los calcedonios, y aborda -a Percote, donde se entrega al reposo. Habiendo sabido Deméneto, -Dionisio, Leóntico y Fanias su marcha, salen en su persecución por el -lado de Proconeso; pero después que aquellos hubieron partido, regresa -a Abido, pues había llegado a su conocimiento que debía llegar Políxeno -con las naves de Siracusa y de Italia y quería se juntaran a sus naves. - -Mientras tanto, Trasíbulo de Colito[181] sale de Tracia con ocho naves -para reunirse a la flota ateniense. Habiendo los vigías anunciado se -hallan a la vista ocho trirremes, hace Antálcidas embarcar los marinos -en sus doce naves más veleras, y dando orden de completar cuanto -pudiera faltar en los equipajes con los de las naves que deja, se -pone en emboscada, ocultándose lo mejor que puede. Deja después pasar -las trirremes, y entra entonces en sus aguas; así que le distinguen, -emprenden la fuga, pero sus buenos veleros alcanzan pronto a las más -pesadas. Prohibe a sus naves las ataquen, y continúa en persecución de -las más lejanas. Cuando se han apoderado de ellas, pierden ánimo las -naves atenienses que ha dejado detrás, y no oponen gran resistencia a -las últimas de los lacedemonios, con lo cual todos caen en su poder. - -Además de las veinte naves de Siracusa que vienen a juntarse a -Antálcidas, llegan otras de la parte de Jonia sometida a Tiribazo, -así como varias equipadas por la provincia de Ariobarzanes, con quien -se hallaba desde largos años unido por los lazos de la amistad: por -otra parte, Farnabazo, llamado por el rey, se había dirigido hacia -la capital, ya que entonces fue cuando se casó con la hija del rey. -Antálcidas, que se hallaba al frente de más de ochenta naves, domina -en el mar e impide la navegación de las naves que del Ponto debían -dirigirse a Atenas, obligándolas a refugiarse en los puertos de los -aliados. - -Viendo los atenienses la fuerza de la flota enemiga, y temiendo termine -esta guerra de un modo tan desastroso para ellos como la primera, -sobre todo después de haberse aliado el rey con los lacedemonios, y -acosados además por los corsarios de Egina, desean vivamente la paz. -Los lacedemonios, que sostenían un ejército en el Lequeo y otro en -Orcómeno, y que se veían obligados a tener guarniciones en varias -ciudades, en las fieles para no perderlas y en las sospechosas para -que no se uniesen a los enemigos, y teniendo que soportar asimismo -en Corinto todas las contingencias de una guerra, sentíanse también -fatigados por la duración de esta lucha. En cuanto a los argivos, -viendo que se había decretado una expedición contra ellos, y sabiendo -por experiencia que el pretexto de los meses sagrados no les sirve para -nada, desean igualmente la paz. - -Por todo lo cual, cuando Tiribazo propone a cuantos deseen saber las -condiciones de la paz que aceptará el rey acudan a su presencia, -todos se apresuran a realizarlo. Cuando se hallan reunidos, Tiribazo, -mostrándoles el sello real, da lectura a un escrito que decía: - - «El rey Artajerjes considera justo ser reconocido como dueño de las - ciudades griegas de Asia, así como de las islas de Clazómenas y - Chipre, y que sean independientes las demás, pequeñas o grandes, a - excepción de Lemnos, Imbros y Esciros, que continuarán como siempre - sujetas a los atenienses. Todos los que no acepten esta paz serán - reputados enemigos míos, y les haré la guerra con los que la acepten, - así por mar como por tierra, y sin economizar dinero ni naves para - ello.» - -Después de haber oído estas condiciones, los diputados de las ciudades -las participan a sus respectivos estados. Juran todos[182] su -cumplimiento, y los tebanos quieren prestar juramento por toda Beocia; -pero Agesilao rehúsa recibirlo si, como decía el escrito real, no -juran respetar la independencia de las ciudades grandes y pequeñas: -contéstanle aquellos diputados que no habían recibido instrucciones -suficientes. - ---«Id, pues --les dice Agesilao--, y pedidlas, pero anunciad al mismo -tiempo a los vuestros que si no lo hacen, serán declarados fuera del -tratado.» - -Parten dichos diputados, y Agesilao, a causa de su odio a los tebanos, -no quiere aguardar, y persuadiendo a los éforos, ofrece el sacrificio -de partida. Así que lo ha verificado, se dirige a Tegea, de donde -manda algunos soldados de caballería para apresurar los reclutamientos -en los alrededores, y varios mensajeros a las ciudades; pero antes -de que saliese de Tegea llegan los tebanos declarándole reconocen la -independencia de las ciudades. De este modo tienen los lacedemonios -que volverse a su población, después de haber obligado a entrar en el -tratado a los tebanos y haberles hecho reconocer la independencia de -las ciudades beocias. Los corintios no recogían tampoco su guarnición -de Argos; pero Agesilao les anuncia que si no se retiran, y a los -argivos que si no salen de Corinto, les declarará a todos la guerra. -Apodérase el miedo de ambas partes, y se retiran los argivos, volviendo -a tomar Corinto su antiguo gobierno, pues los autores de los degüellos -y sus cómplices se deciden voluntariamente a abandonar la ciudad, y -los demás ciudadanos llaman con placer a los expatriados. - -Después que tiene lugar todo esto, y cuando las ciudades se han -obligado por juramento a observar la paz dictada por el rey, -licéncianse los ejércitos de mar y tierra. Celebran de este modo su -primera paz los lacedemonios, los atenienses y los aliados[183], -después de la guerra que siguió a la demolición de los muros de -Atenas. Los lacedemonios, después de haber hecho inclinar a su parte -las ventajas durante la guerra, consíguenlas mayores con la paz, pues -no solo fueron los promovedores de esta cerca del rey y obtuvieron -la independencia de las ciudades, convirtieron a Corinto en aliada -y libertaron a las ciudades beocias de la dominación tebana, cosa -que deseaban desde largo tiempo, sino que además hicieron cesar la -ocupación de Corinto por los argivos, amenazándoles con la guerra si no -se retiraban de dicha ciudad. - - - - -CAPÍTULO II. - - -Aunque todo hubiera salido a medida de su deseo, los lacedemonios son -de parecer de castigar a aquellos de sus aliados que durante la guerra -se han pasado a sus contrarios, o han mostrado más benevolencia hacia -sus enemigos que hacia Lacedemonia, para quitarles de este modo los -medios de una nueva defección. Envían primeramente a los mantineos la -orden de demoler sus muros, diciendo que no pueden asegurar de otra -manera su fidelidad, pues pretenden estar ciertos de que enviaron trigo -a los argivos cuando estos se hallaban en guerra con Lacedemonia, que -a menudo rehusaban tomar parte en las expediciones, a pretexto de -la tregua sagrada, y que si les acompañaban hacían mal el servicio. -Añadían también que no ignoraban su envidia cuando alcanzaban alguna -victoria los espartanos, y su gozo cuando sufrían alguna derrota. -Recuérdase asimismo que la tregua de treinta años, concertada después -de la batalla de Mantinea, ha terminado en este mismo año. Rehúsan los -mantineos demoler sus muros, por lo cual decrétase contra ellos una -expedición[184]. Agesilao suplica a la ciudad se le dispense de dirigir -esta expedición, pues la ciudad de Mantinea había prestado grandes -servicios a su padre en las guerras de Mesenia; por lo cual se nombra -jefe de ella a Agesípolis, a pesar de los lazos de amistad que había -tenido su padre con los principales de Mantinea. - -Apenas ha llegado a este país lo entrega al saqueo; sin embargo, como -a pesar de esto los mantineos no demolían sus muros, hace excavar un -foso alrededor de la ciudad, empleando en este trabajo la mitad de -sus tropas, mientras la otra mitad está sobre las armas protegiendo -a los trabajadores. Una vez terminado este foso, podía ya con plena -seguridad levantar un contramuro alrededor de la ciudad; pero al -saber que hay en ella mucho trigo, por haber sido muy fértil el año -precedente, cree que corre el riesgo de arruinar a Lacedemonia y a los -aliados con largas campañas, y corta el río que pasa por la ciudad y -que era bastante considerable. Hallándose así obstruido el curso del -río, el agua retrocede y se extiende sobre los cimientos de las casas y -de la muralla; luego que se mojan los ladrillos de la parte inferior, -no pueden sostener el peso de los de arriba y principia el muro a -hundirse, y finalmente se derrumba. Intentan los sitiados, durante -algún tiempo, apuntalarlo con maderos, e imaginan varios medios para -que no caiga la torre; pero vencidos por las aguas y temiendo que -una vez haya caído la muralla sean tomados por asalto, consienten en -arrasar sus muros. Los lacedemonios rehúsan entonces tratar con ellos, -sino con la condición de repartir su población entre las inmediatas, -y las mantineos, viendo que no pueden evitarlo, se muestran prontos a -hacerlo. - -Los partidarios de Argos y los principales de la población juzgaban se -les condenaría a muerte; pero Agesípolis consiente, a instancias de su -padre, en dejarles salir de la ciudad completamente seguros, en número -de sesenta. Los lacedemonios, con la lanza en la mano, se colocan para -verlos salir a ambos lados de las puertas de la ciudad, y a pesar de su -odio, dicho sea como una gran prueba de disciplina, les cuesta menos -trabajo el abstenerse de ofenderles que a los oligarcas mantineos. -Después hacen arrasar el muro y reparten en cuatro barrios la población -de Mantinea, conforme estaba dividida en otro tiempo. Apesadúmbrales -este cambio en los primeros momentos, porque era preciso derribar las -casas que poseían y levantar otras; pero al ver los propietarios que -permanecen de este modo más cercanos a sus tierras, que se hallaban -junto a los suburbios, que dominarán con el gobierno aristocrático, -y que de este modo se verán libres de los turbulentos demócratas, -concluyen por regocijarse de lo sucedido. Los lacedemonios no les -mandan un solo oficial para todos, sino uno para cada barrio; y los -mantineos, bajo su nueva constitución, toman parte más activa en la -guerra que bajo la democracia. He aquí lo que sucedió en Mantinea; esto -puede servir de experiencia para que no se deje pasar nunca un río por -dentro las murallas. - -Cuando los fugitivos de Fliunte saben que los lacedemonios examinaban -la conducta retrospectiva de sus aliados durante la guerra, -consideraron la ocasión oportuna y se dirigieron a Lacedemonia, -recordando a los espartanos que mientras estuvieron ellos en su patria, -la ciudad les recibió siempre dentro de sus muros y los habitantes -estuvieron siempre dispuestos a acompañarles en guerra donde quisieron, -y que después de haber sido arrojados de su población, en cosa -alguna querían obedecerles, y eran los únicos a quienes se rehusaba -la entrada en la población. Al oír esto los éforos, juzgan digno de -observación su parecer, y envían a decir a los fliasios que siendo -amigos de Lacedemonia, sus desterrados no habían merecido esta pena, -y por lo tanto, parecíales oportuno fuesen llamados voluntariamente -por la ciudad, mejor que hacérselos llamar a la fuerza. Los fliasios, -después de oír este mensaje, temen que si marchan contra ellos -los lacedemonios, haya algunas personas dentro de la ciudad que les -introduzcan, y efectivamente, contaban en ella los expatriados buen -número de parientes y partidarios, y además hallábanse en ella, como -sucede en casi todas las ciudades, bastantes individuos que deseaban -un cambio en la cosa pública, así como el levantamiento del destierro -a los expatriados. Por todo lo cual decretan sean nuevamente admitidos -los desterrados y se les devuelvan los bienes cuya propiedad se pruebe, -indemnizando a los actuales poseedores con fondos del tesoro público, -y para el caso de sobrevenir algún litigio, que se decida en justicia. -He aquí lo que sucedió durante este tiempo, relativamente a los -desterrados fliasios. - -Llegan a Lacedemonia mensajeros de Acanto y Apolonia, las dos ciudades -más importantes de las cercanías de Olinto. Introducidos en la asamblea -y ante los aliados, después de haber visto a los éforos, el acantio -Clígenes dice: - -«Espartanos y aliados: creemos ignoráis algo de lo que sucede en -Grecia. Bien sabéis vosotros todos que Olinto es la mayor ciudad -de Tracia; los olintios han principiado por apoderarse de algunas -ciudades, y después de someterlas les han impuesto sus leyes y su -constitución: más tarde han dominado en ciudades más importantes, -después de lo cual han procurado desligar de la dominación de Amintas, -rey de Macedonia, a las ciudades de esta región, y después de haber -persuadido a las más cercanas, se han dirigido igualmente hacia las más -distantes y poderosas: nosotros mismos les hemos dejado en posesión de -gran número de ciudades, entre ellas de Pela, la más importante de -todas las de Macedonia, y hemos sabido que el mismo Amintas habíase -visto obligado a abandonar su capital, y que poco falta para que no -se vea arrojado de toda Macedonia. Nos han enviado también muy a -menudo diputados para anunciarnos a los acantios y apolonios, que si -no juntamos nuestras tropas a las suyas, nos declararán la guerra. -Nosotros, oh lacedemonios, queremos conservar nuestras antiguas leyes y -nuestro gobierno nacional; pero si nadie viene a prestarnos su auxilio, -tendremos necesariamente que unirnos a ellos: tienen ya más de ocho -mil peltastas, y si tenemos que unir nuestras fuerzas a las suyas, -tendrán más de mil caballos. Hemos dejado allí diputados atenienses -y beocios, y hemos sabido que habían decretado también los olintios -enviar mensajeros a esas repúblicas para negociar una alianza. Si dicha -fuerza se junta a la de los atenienses y tebanos, ya podéis comprender, -añaden, qué invencible poder adquirirán vuestros enemigos. Se han -apoderado ya de Potidea, en el istmo de Palene; juzgad si tardarán -mucho en someter todas las ciudades que están aquende el mismo. Una -prueba de cuánto temor inspiran a todas aquellas ciudades es, que a -pesar del odio que sienten todos hacia los olintios, no se han atrevido -a enviar diputados con nosotros para enteraros de cuanto sucede. - -»Reflexionad también si sois consecuentes, después de haber procurado -con tanto interés que las ciudades de Beocia no estén reunidas bajo el -poder de un solo jefe, dejando ahora se forme un poder mucho mayor, y -que amenaza aumentar cada día, no solo por tierra, sino también por -mar. ¿Qué obstáculo podría, en efecto, hallarse para ello en un país -que posee en abundancia maderas de construcción, ingresos de grande -importancia en los mercados, y una numerosa población favorecida por -la fertilidad del suelo? Además, este país hállase inmediato al de -los tracios independientes, que ya actualmente se muestran con ellos -muy deferentes: si este pueblo cayera también bajo su dominación, -adquirirían mucha mayor fuerza y poder, sin contar con que, una vez -dominados los tracios, las minas de oro del Pangeo se ofrecerán a su -vista. Y nada de cuanto os decimos ha dejado de repetirse mil y mil -veces en la asamblea popular de los olintios. ¿Quién podría decir hasta -dónde llegan sus pretensiones? porque parece, en efecto, que el dios -haya querido fuesen aumentadas las pretensiones de los hombres a medida -que va en aumento su poder. - -»Venimos, pues, lacedemonios y aliados, a participaros el estado en que -se hallan nuestros asuntos: ahora vosotros deliberaréis si os parecen -dignos de atención. Es preciso, sin embargo, que sepáis que esta grande -fuerza de que os hemos hablado no es en modo alguno inatacable, porque, -en efecto, todas las ciudades a las cuales se ha impuesto un gobierno -que detestan, le abandonarán así que vean oponérsele un partido -importante; pero si se les deja el tiempo de unirse estrechamente por -los lazos del matrimonio y por las adquisiciones que han decretado, y -de ver que puede sacarse provecho siendo del partido del más fuerte, -como sucede a los arcadios cuando os acompañan, pues aseguran sus -bienes y se apoderan de los de los enemigos, entonces este poder será -menos fácilmente abatido.» - -Después de haber dicho esto, invitan los lacedemonios a los aliados -para que den su parecer en el mejor sentido para el Peloponeso y -para los aliados, y un gran número de ellos, principalmente los que -quieren dar gusto a los lacedemonios, se declaran por la expedición, -decidiéndose que cada ciudad enviará su contingente para un ejército -de diez mil hombres, permitiéndose también a las ciudades el que den -dinero en lugar de hombres, a razón de un trióbolo de Egina[185] -por individuo, y las que tienen que proporcionar caballería pagarán -por cada soldado de ella el sueldo de cuatro hoplitas. Apruébase -asimismo que si alguna ciudad falta al llamamiento, podrán condenarla -los lacedemonios a la indemnización de un estatero[186] diario por -individuo. - -Convenidos estos extremos, levántanse los acantios y hacen nuevamente -uso de la palabra para declarar que ciertamente son muy buenas estas -condiciones, pero que no son susceptibles de la prontitud que el -asunto reclama. Añaden que valdría más que mientras se verifican -estos preparativos partiese al instante un jefe con todas las fuerzas -disponibles en Esparta y en las ciudades aliadas, y que al obrar así, -las ciudades que aún no se hubiesen unido a los olintios, no llegarían -a realizarlo, y que las que lo estuviesen ya, les prestarían un -auxilio más débil. Prevalece igualmente esta opinión, y envían los -lacedemonios a Eudámidas con los neodamodes y unos dos mil periecos y -esciritas[187]. - -Eudámidas, antes de marchar ruega a los éforos den a su hermano Fébidas -orden para reunir el resto de las tropas que no se le habían aún -juntado, y para conducirlas. Así que llega a las comarcas fronterizas -de Tracia, envía guarniciones a las ciudades que las desean, y ocupa a -Potidea, que se entrega voluntariamente, pues desde largo tiempo era -aliada de los lacedemonios, y de allí verifica varias excursiones, -haciendo la guerra en cuanto se lo permite la exigüidad de sus fuerzas. - -Fébidas, después de reunir las tropas que no se habían podido juntar -a Eudámidas, colocándose a su cabeza, se pone en marcha. Llegado a -Tebas, acampa fuera de la ciudad, no lejos del gimnasio. Hallábanse en -disensión los tebanos: los dos polemarcas Ismenias y Leontíades eran -enemigos y estaba cada uno al frente de su partido. Ismenias, por odio -a los lacedemonios, no visitó siquiera a Fébidas; pero Leontíades le -agasaja, y cuando hubo intimado con él, le dice: - ---«Fébidas, hoy puedes prestar el mayor servicio a tu patria, pues si -quieres seguirme con tus hoplitas, te introduciré en la acrópolis, y -una vez te hayas apoderado de ella, puedes estar seguro de que Tebas se -hallará completamente bajo el poder de los lacedemonios y de nuestro -partido, que os es enteramente afecto. En verdad que ahora, como ves, -ha sido pregonada la prohibición a todo tebano para acompañarte contra -los olintios; pero si nos ayudas a llevar a cabo nuestros planes, -enviaremos contigo gran número de hoplitas y caballos; de manera que -conducirás numerosos refuerzos a tu hermano, y mientras este procura -apoderarse de Olinto, tú te habrás hecho dueño de Tebas, ciudad mucho -mayor que aquella.» - -Deslúmbrase Fébidas ante este discurso, pues prefería a la misma vida -cualquier brillante proeza; bien es verdad que no tenía fama de muy -razonable ni muy sensato. Luego que ha consentido en ello, Leontíades -le dice que emprenda la marcha como si fuese ya su partida definitiva, -y cuando sea oportuno, le dice, me juntaré a ti y te serviré de guía. -La asamblea tenía lugar en este momento bajo los pórticos de la plaza -pública, pues las mujeres celebraban las Tesmoforias en la Cadmea; era -en verano y a la hora del mediodía, por lo cual las calles se hallaban -desiertas. Leontíades, saltando entonces a caballo, hace retroceder -a Fébidas y le conduce a la acrópolis. Después de haber establecido -allí a Fébidas y a sus tropas, le entrega las llaves de las puertas y -le recomienda no deje entrar a nadie sin orden suya, y se dirige al -senado. Llegado allí, dice: - -«Ciudadanos: los lacedemonios ocupan la acrópolis: no os asustéis -por ello, pues declaran no tratarán como enemigo al que no quiera la -guerra. Pero yo, en virtud de la ley que permite al polemarca prender a -todo hombre cuya conducta merezca la muerte, hago prender a Ismenias, -aquí presente, como fautor de la guerra. Vosotros, pues, capitanes de -las cohortes, y todos los restantes a quienes esto incumbe, levantaos, -apoderaos de este hombre y conducidle al lugar convenido.» - -Estos, que habían recibido anticipadamente sus instrucciones, obedecen -y se apoderan de Ismenias: en cuanto a aquellos que nada saben y que -pertenecen al partido opuesto a Leontíades, unos huyen inmediatamente -de la ciudad por temor de que se les condene a muerte, y los otros se -dirigen primero a sus casas, y al saber que Ismenias está preso en -la Cadmea, se refugian en Atenas en número de unos trescientos, todos -ellos partidarios de Androclidas e Ismenias. Después de haber hecho -todo esto, eligen un nuevo polemarca para la vacante de Ismenias, y -Leontíades se dirige inmediatamente a Esparta. Encuentra allí a los -éforos y al pueblo fuertemente irritado contra Fébidas, porque ha -obrado en todo eso sin conocimiento del gobierno. Sin embargo, Agesilao -dice que si su conducta ha sido funesta a los intereses de Lacedemonia, -debe ser castigado; pero que si ha sido ventajosa para la ciudad, es -costumbre muy antigua poder tomar a su cuenta y riesgos tales golpes -de mano. «Se trata, pues --dice--, de averiguar si son favorables o -contrarios para Lacedemonia estos sucesos.» Presentándose entonces -Leontíades ante los miembros del senado, les dice: - -«Ciudadanos lacedemonios: antes de los actuales sucesos conocíais y -censurabais los hostiles sentimientos que hacia vosotros abrigaban -los tebanos, pues les veíais siempre amigos de vuestros adversarios -y enemigos de vuestros aliados. ¿No rehusaron, acaso, seguiros en -vuestra expedición contra el pueblo del Pireo, vuestro más acérrimo -enemigo? ¿No hicieron también la guerra a los focidios porque los veían -favorablemente dispuestos a vosotros? Y ahora, ¿no acaban de concertar -una alianza con los olintios, porque sabían os dirigíais contra -ellos? Siempre teníais en la mente la posibilidad de que se apoderaran -violentamente de Beocia para sujetarla a su dominio, mientras que -ahora, después de lo que ha ocurrido, nada tenéis ya que temer de los -tebanos, y bastará mostréis una pequeña escítala[188] para que veáis -cumplimentadas allí vuestras órdenes, si queréis interesaros por -nosotros como nosotros nos interesamos por Esparta.» - -Después de oído este discurso, determinan los lacedemonios conservar -la acrópolis, ya que se halla en su poder, y hacer juzgar a Ismenias, -para cuyo objeto mandan tres jueces lacedemonios y uno por cada ciudad -aliada, así de las grandes como de las pequeñas. Una vez reunido este -tribunal, se acusa a Ismenias de haber sostenido relaciones con los -bárbaros; de estar ligado por la hospitalidad con el rey de Persia, en -daño de Grecia; de haber aceptado dinero del rey, y de haber sido autor -con Androclidas de las turbulencias de las ciudades griegas. Defiéndese -Ismenias de todos estos cargos; pero no puede, sin embargo, probar que -no alimente grandes y perniciosos designios, y es condenado a muerte, -sufriendo inmediatamente su pena. Leontíades y sus partidarios quedan -dueños de la ciudad y conceden a los lacedemonios más de lo que estos -deseaban. - -Terminado así este asunto, continúan con vigor su expedición contra -Olinto. Envían como harmosta a Teleutias, con el contingente que del -reclutamiento de diez mil hombres deben proporcionar, y remiten -además a las ciudades aliadas las escítalas que ordenan seguir a -Teleutias, según el decreto acordado por los aliados. Son generalmente -obedecidos, a causa de la fama que tenía de no ser ingrato con los -que le complacían; y como era hermano de Agesilao, mostró gran celo -la ciudad de Tebas en enviarle hoplitas y caballos. Teleutias, sin -embargo, avanzaba con lentitud, porque procuraba no causar en su marcha -daño alguno a los países aliados y reunir cuantas fuerzas pudiese. -Envía anticipadamente mensajeros a Amintas, diciéndole que si desea -reconquistar su reino debe reclutar mercenarios y sembrar a manos -llenas el dinero entre los reyes vecinos, con el fin de hacérselos -aliados. Hace decir también a Derdas, gobernador de Elimia, que los -olintios han sometido ya la parte más considerable de Macedonia, y que -no retrocederán ante la más pequeña si no hay quien haga cesar sus -violencias. - -Mientras toma todas estas medidas, llega al país aliado al frente de -un numeroso ejército. Una vez en Potidea, reúne todas sus fuerzas y -avanza por el territorio enemigo. Dirigiéndose a la ciudad, no incendia -ni devasta la comarca, convencido de que haciéndolo se crearía grandes -obstáculos, así para su marcha como para su retirada, mientras que -cuando de ella se aleje será el momento oportuno para cortar los -árboles, y con ello impedir la marcha de los que le persigan. Cuando -llega a unos diez estadios de la ciudad, hace descansar sobre las armas -a sus tropas; y como mandaba el ala izquierda, dirígese él mismo contra -las puertas por donde debía salir de la ciudad el enemigo: el resto -de la falange de los aliados formaba el ala derecha. Había también -dispuesto a la derecha la caballería lacedemonia, la de los tebanos -y la de los macedonios que se le habían unido. Había conservado, -sin embargo, a su lado a Derdas y su caballería, en número de unos -cuatrocientos, así porque la tenía en mucho aprecio, como por hacerse -agradable a Derdas prestándole un servicio que había de complacerle. - -Cuando han salido los enemigos y están formados en batalla al pie de -sus muros, reunida toda su caballería, se arroja sobre los lacedemonios -y beocios. Policarmo, comandante lacedemonio, es arrojado de su caballo -y recibe en el suelo numerosas heridas; otros son muertos, y por fin -vuelve grupas la caballería del ala derecha. Al ver la derrota de esta, -cede también la infantería, y todo el ejército corría el riesgo de ser -vencido, si Derdas a la cabeza de su caballería no se hubiese dirigido -al galope hacia las puertas de Olinto; síguele también Teleutias con -su división en buen orden. La caballería olintia, al apercibirse de -este movimiento, y temiendo se le cierren las puertas, da media vuelta -y se retira a toda prisa. Mata entonces Derdas a gran número de ellos, -mientras pasaban ante él a escape, y la infantería olintia se retira -también dentro de los muros sin haber experimentado muchas bajas por la -proximidad de la muralla. Teleutias, después de levantar un trofeo y -haber hecho constar esta victoria, se retira cortando los árboles. - -Tal fue la expedición que verificó en este verano; después licencia las -tropas macedonios y las de Derdas. Los olintios hacen, sin embargo, -frecuentes excursiones contra las ciudades aliadas a los lacedemonios, -devastan su territorio y matan a sus habitantes. - - - - -CAPÍTULO III. - - -Así que comienza la primavera[189], la caballería olintia, en número -de unos seiscientos hombres, verifica una excursión hacia Apolonia en -mitad del día, y se disemina por la campiña para saquearla: aquel día -Derdas y su caballería habían llegado a Apolonia y se hallaban tomando -el almuerzo. Cuando se apercibe aquel de esta correría, da orden a -su gente para que armados y con los caballos enjaezados se mantengan -a la expectativa; y cuando ve que los olintios avanzan con seguridad -completa hasta los suburbios y las mismas puertas de la ciudad, sale -al frente de su caballería en correcta formación. Así que le distingue -el enemigo, emprende la fuga; mas él no se contenta con esto, sino que -le persigue unos noventa estadios[190] sin cesar de matarle gente, -hasta los mismos muros de Olinto: dícese que les mató unos ochenta -caballeros. Permanecen desde entonces los enemigos encerrados dentro -de sus muros y sin cultivar más que una pequeñísima parte de su -territorio. Algún tiempo después, Teleutias dirigíase contra la ciudad -de Olinto, a fin de destruir los árboles que habían quedado en pie y -los trabajos de cultivo de los enemigos, cuando la caballería olintia -avanza silenciosamente contra los lacedemonios, a cuya vista Teleutias, -indignado por su audacia, ordena a Tlemónidas, jefe de los peltastas, -se arroje sobre ellos a paso de carga. Los olintios, al verse atacados -por los peltastas, vuelven la espalda, retíranse en buen orden, y -vuelven a pasar el río; y los que les siguen, creyendo habérselas con -fugitivos, persíguenles con grande audacia y se disponen también a -atravesar el río; pero entonces la caballería olintia, aprovechando el -momento en que acaban los peltastas de atravesar el río y les ofrecen -un inmenso flanco, se vuelve, y cargando sobre ellos, matan al mismo -Tlemónidas y a más de ciento de sus soldados. Teleutias, al conocer -lo sucedido, monta en cólera, coge sus armas, y dirigiéndose hacia -adelante con sus hoplitas, ordena a los caballeros y peltastas persigan -sin tregua al enemigo. Gran número de ellos, cumpliendo sus órdenes, -avanzan hacia las murallas más de lo que la prudencia exige, y tienen -que retirarse con grandes pérdidas; y otros, alcanzados por las flechas -arrojadas desde las torres, tienen que replegarse desordenadamente para -ponerse a cubierto de los proyectiles. Cargan entonces los olintios -con su caballería, apoyada por los peltastas, y últimamente los mismos -hoplitas salen de la ciudad y se arrojan sobre la falange desordenada. -Perece Teleutias combatiendo, y al momento ceden las tropas; nadie hace -resistencia, y se declaran todos en fuga: unos procuran refugiarse en -Espartolo, otros en Acanto o en Apolonia, y gran parte en Potidea. -Persíguenles en todos sentidos los vencedores, y dan muerte a gran -número de hombres de los más útiles al ejército. - -Paréceme que tales desgracias deben enseñar a los hombres, y -servirles para comprender que no se debe castigar mientras se está -encolerizado, ni siquiera a los esclavos, porque a menudo ha sucedido -que, arrastrados los dueños por la pasión, se han atraído a sí mismos -mayores desventuras de las que a los demás han ocasionado. Pero sobre -todo en la guerra, es una falta, muchas veces irreparable, el obrar -siguiendo las inspiraciones de la cólera. La cólera, en efecto, es -imprevisora, mientras la reflexión procura hallar con igual cuidado los -medios de evitar un desastre, que los necesarios para perjudicar al -enemigo. - -Los lacedemonios, después de saber esta noticia, celebran consejo y -deciden mandar fuerzas considerables para abatir la soberbia de los -vencedores y no hacer inútiles cuantas ventajas hasta entonces se -habían conseguido. Pensando de esta suerte, envían como general al rey -Agesípolis, designándole también treinta espartanos, como se había -hecho cuando la expedición de Agesilao a Asia. Muchos periecos, gente -esforzada, así como buen número de extranjeros de los que se llaman -_trófimos_ y algunos bastardos espartanos bien reputados y que habían -ejercido elevados cargos en la ciudad, le siguen como voluntarios. -También proporcionan voluntarios las ciudades aliadas, alistándose -también como tales algunos caballeros tesalios que querían hacerse -conocer y apreciar por Agesípolis, y finalmente Amintas y Derdas -muestran mayor actividad que la primera vez. Después de disponerlo -todo, Agesípolis parte para Olinto. - -La ciudad de los fliasios, que había merecido los elogios de Agesípolis -a causa de la prontitud con que había proporcionado grandes cantidades -para esta expedición, creyendo que hallándose ausente Agesípolis no -se dirigirá Agesilao contra ella, pues no había sucedido nunca que -estuviesen los dos reyes ausentes al mismo tiempo de Esparta, se atreve -a no conceder justicia a los desterrados que han regresado a su patria, -pues estos, en efecto, pedían fuesen decididos los puntos en litigio -por un tribunal imparcial; pero los ciudadanos quieren sea juzgada su -querella por la misma ciudad. Reclaman aquellos, alegando que no puede -haber verdadera justicia si una de las partes litigantes ha de decidir -como juez; pero no se les escucha, por lo cual se dirigen entonces -a Lacedemonia para quejarse del gobierno de su ciudad: acompáñales -asimismo cierto número de habitantes de Fliunte, que afirman se les -considera por gran número de ciudadanos como verdaderas víctimas de -la injusticia, por lo cual, irritada la ciudad, condena a todos los -que se han dirigido a Esparta sin misión alguna del estado. Estos no -se apresuran a volver a su patria; antes por el contrario, permanecen -en Lacedemonia e informan a los de esta ciudad de que los que cometen -estas violencias son los mismos que les han desterrado y cerrado las -puertas a las tropas espartanas, que han comprado sus bienes y emplean -la violencia para conservarlos, habiendo encontrado por fin el medio -de hacerles castigar por haberse dirigido a Lacedemonia, a fin de que -nadie, en lo futuro, se atreva a revelarles lo que pasa en su ciudad. - -Creyendo los éforos que, en efecto, se cometía allí injusticia, -declaran la guerra a los fliasios, cosa que no disgustó a Agesilao, -pues la familia de Podánemo, desterrada en la actualidad, estaba unida -con su padre Arquidamo por los lazos de la hospitalidad, y él mismo -lo estaba con la familia de Procles, hijo de Hipónico. Terminados los -sacrificios de la marcha, emprende la campaña, a pesar de que varias -diputaciones marchan a su encuentro ofreciéndole grandes cantidades -para evitar la invasión: contesta a todos que no se dirige allí para -cometer injusticias, antes al contrario, para proteger a los que de -ellas son víctimas. Por fin afirman los fliasios se hallan dispuestos -a hacer cuanto quiera, rogándole suspenda su expedición; pero él les -contesta que no puede creer solo en sus palabras, pues otras veces -le han engañado y necesita, por lo mismo, una garantía efectiva. -Habiéndole preguntado cuál era la garantía que exigía, contesta: «La -misma que nos disteis otra vez sin que hubieseis padecido perjuicio -alguno: el entregarnos la acrópolis.» No habiendo accedido a su -petición, invade el país y rodea su ciudad con obras de fortificación, -dejándola completamente sitiada. Gran número de lacedemonios repiten, -sin embargo, que por algunas personas se enajena una ciudad de más -de cinco mil almas, y en realidad, para ponerlo más de relieve, los -fliasios celebraban sus asambleas a la vista del ejército, por lo cual -Agesilao ideó el siguiente medio para contrarrestar este reproche. Cada -vez que salía alguien de la ciudad, atraído por la amistad o por la -parentela de los desterrados, hace preparar comidas públicas como las -de Esparta y dar alimentos suficientes a cuantos quieren tomar parte -en los ejercicios; ordena asimismo se les procure toda clase de armas -sin retroceder ante ningún gasto. Ejecútanse sus órdenes, y de este -modo se forma un cuerpo de más de mil hombres robustos, disciplinados -y bien armados; de manera que llegan los lacedemonios a desear por -compañeros de armas a estos soldados. - -En estas cosas empleaba su actividad Agesilao. Mientras tanto, -Agesípolis, saliendo de Macedonia, sitúase con sus tropas frente a -Olinto: pero viendo que nadie sale a atacarle, se ocupa en devastar -cuanto ha sido hasta entonces respetado en su territorio, y destruye -las mieses de las comarcas aliadas, así como cayendo sobre Torone, -se apodera de ella por asalto. Hallábase en esto, cuando es atacado -por una ardiente fiebre, propia de la estación canicular en que se -encontraban; y habiendo visto por la mañana el templo de Dioniso en -Afitis[191], entrole el deseo de gozar de la sombra de sus cuevas y de -sus aguas límpidas y frescas: transpórtasele aún con vida, pero muere -fuera del templo, una semana después de haber caído enfermo. Su cuerpo, -cubierto de miel, es llevado a su patria, donde recibe sepultura real. - -Agesilao, al saber esta noticia, no demuestra que ha perecido un rival, -antes derrama abundantes lágrimas y echa de menos su compañía, pues -en Esparta los reyes habitan juntos cuando en ella se encuentran. -Agesípolis y Agesilao confiábanse a menudo las confidencias más intimas -sobre su juventud, sus cacerías, sus caballos y sus amores, y además, -mientras vivían juntos, mostrábale el último gran respeto, pues era -mayor en edad. Envían en su lugar los lacedemonios en calidad de -gobernador contra Olinto a Polibíades. - -Agesilao había dejado ya trascurrir el tiempo prudencial que se había -fijado para la duración de las provisiones en Fliunte, pues tal es -el dominio que sobre los apetitos puede tenerse que los fliasios, -habiendo decretado entregar la mitad del trigo que antes se daba a -todo el mundo, al ejecutar esta resolución, pudieron sostener el sitio -durante doble tiempo del que se había presumido. Y tal es también la -superioridad de la audacia sobre la timidez, que cierto Delfión, que -pasaba por hombre distinguido, al frente de trescientos fliasios pudo -dominar el influjo de los que deseaban la paz, y retener en la cárcel -a los individuos de quienes desconfiaba; pudo asimismo obligar al -pueblo a montar las guardias y asegurarse de su fidelidad vigilándole -constantemente. A menudo verificaba salidas con sus partidarios más -decididos, y rechazaba las guardias de diferentes puntos de las -fortificaciones enemigas. Sin embargo, cuando a pesar de todos sus -arbitrios esos hombres tan decididos no pudieron hallar víveres en -parte alguna de la ciudad, pidieron una tregua a Agesilao para enviar -una comisión a Esparta, pues habían determinado entregar a discreción -la ciudad a los lacedemonios. - -Irritado Agesilao de que no le consideren con autoridad suficiente para -ello, halla medio para que sus amigos de Esparta obtengan se le deje -árbitro de la suerte de Fliunte, y entonces accede a dejar paso franco -a aquella comisión. Redobla, sin embargo, la vigilancia en las guardias -para que nadie pueda salir de la ciudad, pero a pesar de todas estas -precauciones, Delfión, y con él un esclavo estigmatizado que había -sustraído gran cantidad de armas a los sitiadores, consiguen escapar -durante la noche. Cuando los diputados vuelven de Esparta con la -noticia de que esta da sus más amplios poderes a Agesilao respecto a lo -que debe hacerse con la ciudad, decide aquel que cincuenta desterrados -y cincuenta sitiados sean los que han de manifestar quiénes deban -conservar la vida o perecer de entre los sitiados, y que más adelante -establecerá las leyes según las cuales deban gobernarse. Mientras -ejecutan sus órdenes, deja una guarnición en la ciudad con el sueldo -de seis meses, después de lo cual licencia a los aliados y regresa a -Esparta con sus conciudadanos. Así terminó la expedición a Fliunte, -después de haber durado un año y ocho meses. - -Polibíades, por su parte, acosaba vivamente por el hambre a los -olintios, pues no podían recibir por tierra ni introducir por mar -alimento alguno, obligándoles con esto a enviar una diputación a -Lacedemonia para tratar de la paz. Danse a los enviados amplios -poderes, y celebran allí un tratado, obligándose a reconocer por amigos -o por enemigos a los que lo sean de Lacedemonia, a seguir a todas -partes donde quieran conducirles los espartanos, y a ser sus aliados. -Después de haber jurado permanecer fieles a estas condiciones, regresan -a su país. - -Todo favorecía a los lacedemonios: hallábanseles completamente -sometidos los tebanos y beocios; afectos y bien dispuestos los -corintios; humillados los argivos, después de haber visto que el -pretexto de los meses sagrados de nada les servía; de todos abandonados -los atenienses, y castigados cuantos aliados a Esparta no habían sido -enteramente fieles: de ahí que todo parecía indicar para ellos una -gloriosa y duradera dominación. - - - - -CAPÍTULO IV. - - -Podría citarse en la historia de Grecia y en la de los bárbaros gran -número de hechos que prueban que los dioses tienen en cuenta así a los -hombres religiosos como a los impíos; pero solo referiré lo que atañe a -mi objeto. Los lacedemonios habían jurado respetar la independencia de -las ciudades, y, a pesar de esto, se habían apoderado de la acrópolis -de Tebas, por lo cual fueron castigados por las mismas víctimas de su -injusticia, ellos, que no habían sido sometidos jamás a ningún hombre -y bastaron siete desterrados para destruir el poder de los ciudadanos -que les habían introducido en la acrópolis y habían querido poner a su -patria bajo la dominación de los lacedemonios a fin de poder ejercer la -tiranía. Voy a relatar cómo sucedió todo esto. - -Había en Tebas[192] un cierto Fílidas que hacía de secretario de -Arquias y de los demás polemarcas, y que aparentemente les había -prestado grandes servicios. Habiendo ido este hombre a Atenas para -algunos asuntos, se encontró con Melón, sujeto muy conocido y que era -uno de los tebanos allí refugiados. Informado este por Fílidas de la -tiranía ejercida por el polemarca Arquias y por Filipo, comprende -que la situación de la patria le es tan odiosa a Fílidas como a él -mismo. Danse, pues, garantías recíprocas de su fidelidad, y conciertan -el plan que debe seguirse. Melón inmediatamente se une a otros seis -desterrados, los más a propósito para sus designios, y no les hace -tomar otras armas que sus puñales. Principian por entrar de noche en -el territorio tebano, y después de haber pasado el día en un lugar -enteramente desierto, se acercan a las puertas de la ciudad como -si volviesen del campo, a la hora en que dejan su trabajo los más -rezagados. Luego que entran en la ciudad, pasan la noche en casa de -un ciudadano llamado Carón, y allí permanecen todo el día siguiente. -Fílidas se hallaba ocupado en arreglarlo todo para que celebrasen los -polemarcas las Afrodisias[193] antes de ser relevados de sus cargos; -habíales dicho hacía largo tiempo que les llevaría las mujeres más -hermosas y amables de Tebas, y les dice entonces que aquel día cumplirá -su palabra, pues querían, según sus gustos, pasar una noche agradable. -Terminada la cena, y cuando principian a hallarse ebrios a causa de -las incitaciones de aquel, sale para cumplir la orden de llevarles las -heteras[194], y vuelve acompañado de Melón y sus compañeros, de los -cuales, tres iban disfrazados de dueñas y los otros de sirvientas. -Después de haberles introducido en la antecámara del polemarca, entra y -dice a Arquias que las mujeres rehúsan entrar si hay en la sala algún -criado, por lo cual dan inmediatamente la orden para que todos se -retiren, y Fílidas, dando vino a los esclavos, les manda se recojan en -la habitación de uno de ellos. Introduce entonces a las heteras y hace -sentar una al lado de cada hombre. Se había convenido que después de -sentarse y al quitarse el velo, les darían de puñaladas. He aquí, según -se dice, cómo perecieron los polemarcas, aunque otros aseguran que -entraron como convidados los amigos de Melón, y los mataron. - -Tomando luego Fílidas tres de los conjurados, se dirige a casa de -Leontíades y llama a la puerta, anunciándose como portador de una -orden de los polemarcas. Hallábase aquel acostado solo, después de -haber cenado, y su mujer hilaba sentada a su lado. Creyendo fiel a -Fílidas, les hace entrar, y apenas introducidos, le degüellan, y -obligan a su mujer con amenazas a guardar silencio: cuando salen, -dicen que dejan cerrada la puerta y que si la encuentran abierta, -matarán a cuantos están en la casa. Tomadas estas medidas, Fílidas -se dirige con dos de los suyos a la cárcel, y dice al carcelero que -por orden de los polemarcas conduce a un hombre para ser encarcelado; -ábreles el carcelero, y después de darle muerte, ponen en libertad a -los presos. Entréganles a toda prisa armas tomadas del pórtico y les -conducen entonces al Anfión, donde les ordenan se conserven sobre las -armas. Inmediatamente hacen pregonar a todos los tebanos, caballeros -y hoplitas, pueden salir de sus escondrijos, pues han perecido ya -los polemarcas. Mientras es de noche permanecen los ciudadanos en sus -casas, resistiéndose a creer que sea verdad; pero cuando se hace de día -y se ve la realidad de lo sucedido, júntanse a los conjurados así los -hoplitas como los caballeros. Los desterrados envían emisarios montados -a los que están en las fronteras de Atenas y a los dos generales, que -acuden así que conocen el motivo por el que se les llama. - -El gobernador de la acrópolis, así que conoce el pregón que ha tenido -lugar durante la noche, pide refuerzos a Platea y Tespias, pero la -caballería tebana, informada de la llegada de los plateenses, marcha -a su encuentro y mata a más de veinte. Después de este encuentro, -vuelven a la ciudad, y reunidos a los atenienses que habían llegado -de las fronteras, atacan la acrópolis. Los que se hallaban en ella, -conociendo su pequeño número, principian a sobrecogerse de miedo al -ver el ardor de los que les atacan, excitados por las recompensas -brillantes prometidas a los que asaltaran primero la fortaleza, y -declaran la entregarán si se les permite salir libremente con sus -armas. Concédeseles gustosamente lo que piden, y se les deja salir, -después de haber celebrado una tregua y de haberse obligado con -juramento a sostenerla. Pero mientras salen, se apoderan los tebanos -de cuantos reconocen como enemigos y les condenan a muerte: algunos -son secretamente ocultados por los atenienses que habían venido de -las fronteras, y así consiguen salvarse; pero los tebanos se apoderan -asimismo de los hijos de aquellos a quienes habían muerto, y les -degüellan. - -Luego que los lacedemonios conocen estos sucesos, condenan a muerte -al gobernador, que había abandonado la acrópolis sin aguardar a que -llegaran los refuerzos, y decretan una expedición contra los tebanos. -Agesilao, declarando que hacía más de cuarenta años había pasado de -la adolescencia, y demostrando que la ley en virtud de la cual los -otros ciudadanos de esta edad no se hallan obligados a salir de la -patria debe aplicarse igualmente a los reyes, se ve libre de dirigir -la expedición. No era, sin embargo, este el motivo por el que deseaba -permanecer en su patria, sino porque sabía que si mandaba esta invasión -dirían sus conciudadanos que Agesilao creaba obstáculos al estado -únicamente para favorecer tiranos, y por esto procuró amoldarse a -las circunstancias. Los éforos, acosados por los tebanos que habían -podido escapar de la matanza, envían en lo más fuerte del invierno -a Cleómbroto[195], que dirigía por primera vez un ejército. Como el -camino que pasa por Eléuteras se halla ocupado por Cabrias y los -peltastas atenienses, toma Cleómbroto, para atravesar el monte, la vía -de Platea; pero al avanzar los peltastas, se hallan en los picos a los -prisioneros libertados, que guardaban el paso en número de unos ciento -cincuenta. Mátanlos todos los peltastas, a excepción, acaso, de uno o -dos, y Cleómbroto baja a Platea, ciudad aún afecta a los lacedemonios, -y se dirige después a Tespias, de donde se dirige a Cinoscéfalas, -ciudad tebana, para establecer allí su campamento. Permanece en ella -unos diez y seis días, y regresa a Tespias, donde deja a Esfodrias -como gobernador con la tercera parte del continente de los aliados, y -le entrega todo el dinero que había sacado de su patria, ordenándole -reclute mercenarios. Esfodrias ejecuta sus órdenes, y Cleómbroto toma -el camino de Creusis y conduce a sus hogares a las tropas de su mando, -no sabiendo aquellas si en efecto se estaba en guerra o no con los -tebanos. Lo cierto es que había conducido su ejército al territorio -tebano, y que volvía después de haberles hecho el menos daño posible. -A su regreso, fue asaltado por un viento impetuoso, que interpretaron -muchos como un funesto presagio para el porvenir. Este viento, que no -le ocasionó poco destrozo, sorprendió al ejército después de salir de -Creusis, mientras pasaba por el lugar en que la montaña costea el mar, -y precipitó a él gran número de acémilas con sus bagajes y arrebató -muchas armas, que cayeron también al mar. Finalmente, muchos de ellos, -que no podían seguir la marcha con las armas, abandonaron en las cimas -del monte sus escudos vueltos del revés y llenos de piedras para que no -volasen. Comieron del mejor modo que pudieron en Egóstena de Mégara, y -al día siguiente volvieron a buscar sus armas. Hecho esto, fuese cada -cual a su casa, pues Cleómbroto había licenciado a sus tropas. - -Viendo los atenienses el poderío de los lacedemonios, pues la guerra no -está ya en Corinto, sino a las puertas del Ática, invadiendo Tebas, se -dejan dominar de tal modo por el miedo, que citan a juicio a los dos -generales que ocasionaron la conjuración de Melón contra Leontíades y -su partido, condenando a muerte a uno de ellos y desterrando al otro, -que no había esperado a saber el resultado del juicio. - -Temiendo también los tebanos al poder lacedemonio si se hallan solos -contra ellos en la guerra, recurren a la siguiente estratagema. -Persuaden a fuerza de dinero al gobernador de Tespias, Esfodrias, -que aparente invadir el Ática para que se origine con ello una -ruptura entre atenienses y lacedemonios. Dócil Esfodrias a dichas -instrucciones, aparenta querer apoderarse del Pireo, que se hallaba ya -sin puertas, y parte de Tespias una mañana con sus soldados, después -de haberles hecho comer, diciendo quiere llegar al Pireo antes de -terminar el día. Llega en aquel mismo día a Tría y nada hace para -ocultar su camino; pero tomando otra dirección, se apodera de los -ganados y saquea las casas. Algunos de los que le habían encontrado -durante la noche, habían huido hacia Atenas, donde habían anunciado la -proximidad de un ejército formidable. Habíanse los atenienses armado -a toda prisa, y tanto los de a pie como los de a caballo, custodiaban -las puertas de la ciudad. Hallábanse en Atenas en aquella ocasión los -embajadores lacedemonios Etimocles, Aristóloco y Ocilo, quienes estaban -alojados en casa del próxeno Calias; préndenlos los atenienses después -que reciben aquella noticia, y los vigilan cuidadosamente creyendo -que han tenido parte en la trama; pero ellos quedan sorprendidos del -suceso y se justifican diciendo que si hubiesen sabido que debían -tomar el Pireo, no hubieran sido tan imprudentes para entregarse de -este modo a los atenienses, y sobre todo en casa del próxeno, donde a -cualquier momento podía hallárseles. Dicen además que pronto verán -los atenienses que nada de ello sabía la ciudad, pues están seguros de -que Esfodrias será condenado por Esparta. Se decide, pues, que ninguna -participación tienen en el asunto, y se les pone en libertad. Por su -parte, los éforos llaman a Esfodrias e intentan contra él una acusación -capital: el temor le impide comparecer a la citación, es sentenciado, -y a pesar de esta desobediencia, se le absuelve. Muchos encontraron en -Lacedemonia esta sentencia como informada por una notoria injusticia. -He aquí cuál fue su causa: - -Esfodrias tenía un hijo llamado Cleónimo, que apenas había salido de -la infancia y era el más bello y amable de los muchachos de su edad y -el favorito de Arquidamo, hijo de Agesilao. Los amigos de Cleómbroto, -que en su cualidad de íntimos de Esfodrias deseaban vivamente salvarle, -temían a Agesilao y sus amigos, así como a los hombres imparciales, -pues parecía que Esfodrias había cometido una grave falta. En dicha -ocasión, Esfodrias díjole a Cleónimo: «Hijo mío, de ti depende el -salvar a tu padre, rogando a Arquidamo me vuelva favorable al suyo para -mi juicio.» Al oír estas palabras Cleónimo, se atreve a dirigirse a -Arquidamo y le suplica sea el salvador de su padre. Al ver Arquidamo -deshecho en llanto a Cleónimo, permaneciendo a su lado acompáñale en -su llanto, pero cuando hubo oído su súplica le contesta: «Oh Cleónimo, -has de saber que ni siquiera me atrevo a mirar cara a cara a mi padre, -y que cuando quiero obtener algo en la ciudad, procuro recurrir a -cualquier persona mejor que a él; pero sin embargo, ya que tú me lo -ruegas, está seguro que emplearé todo mi valimiento para hacer esto -por ti.» Vuélvese a su casa después de la comida pública y se entrega -al descanso. Al día siguiente, apenas se levanta, se pone al acecho -para que su padre no salga de casa sin que él se aperciba de ello. Así -que le ve salir, deja que le aborden los ciudadanos, que se dirijan -después a él los extranjeros, y aun cede el paso a los mismos esclavos -que tienen algo que pedir, y por fin, cuando Agesilao volviendo de -la orilla del Eurotas entra en su casa, se retira a sus habitaciones -sin haberle dicho nada. Al día siguiente hace lo mismo; Agesilao -sospecha el motivo de su presencia continua, pero no le interroga y -le deja hacer. Por su parte Arquidamo deseaba, como era natural, ver -a Cleónimo, pero no se atrevía a ir a su casa hasta que no hubiese -hablado con su padre; y los amigos de Esfodrias, no viendo entrar a -Arquidamo en la casa que antes frecuentaba, hallábanse en la mayor -inquietud, y creían había sido rechazado por su padre encolerizado. - -Por fin Arquidamo se decide a abordarle y decirle: «Padre mío, -Cleónimo me ruega te suplique salves a su padre, y yo te lo ruego -encarecidamente, si es posible.» Agesilao le contesta: «En cuanto a mí, -te perdono la súplica que acabas de hacerme; pero ¿cómo obtendría yo -el perdón de mi patria si no declaraba culpable a un hombre que se ha -enriquecido a expensas de la ciudad?» Nada puede replicar Arquidamo, y -se retira vencido por la evidencia de la justicia. Sin embargo, volvió -de nuevo a la carga, ya espontáneamente, ya aguzado por otros, y dijo: -«Padre mío, ya sé que absolverías a Esfodrias si no fuese culpable; -pues bien, si ha cometido alguna falta, perdónale por amor a mí.» -Agesilao le contesta: «Si esto debe sernos honroso, así se hará»; y él, -al oír esto, se retira completamente descorazonado. Pero uno de los -amigos de Esfodrias, hallándose de conversación con Etimocles, le dice: - ---«Supongo que vosotros, los amigos de Agesilao, decidiréis todos la -muerte de Esfodrias.» - -A lo cual contesta Etimocles: - ---«¡Por Zeus! entonces haríamos todo lo contrario de lo que desea él -mismo, pues este repite a cuantos habla de este asunto que no puede -negarse que sea culpable Esfodrias, pero sería muy cruel condenar -a muerte a un hombre que ya desde niño, de adolescente y de hombre -formal, ha llevado siempre la conducta más honrosa; sobre todo -necesitando, en efecto, Esparta de soldados como él.» - -Referidas estas palabras a Cleónimo, este, radiante de júbilo, se -dirige inmediatamente a casa de Arquidamo, y le dice: «Ya sé lo que has -hecho por nosotros, y por lo mismo has de saber que procuraré obrar -de manera que nunca tengas que sonrojarte de mi amistad.» No mintió, -pues durante su vida conservó en Esparta la conducta más ejemplar; y en -Leuctra, donde combatió a la vista del rey, junto al polemarca Dinón, -después de haber caído tres veces, fue el primero de sus conciudadanos -que halló la muerte combatiendo a los enemigos. Esta pérdida afligió -cruelmente a Arquidamo, pues según su promesa, Cleónimo no fue jamás -para él un motivo de vergüenza, sino más bien de honor. De este modo -evitó Esfodrias su condenación. - -Los atenienses que eran partidarios de los beocios anuncian al pueblo -que los lacedemonios no solo no han castigado a Esfodrias, sino que -han alabado su proceder al tender asechanzas contra Atenas; por lo cual -colocan inmediatamente puertas en el Pireo, construyen naves y socorren -a los beocios con todo el celo posible. Por su parte, los lacedemonios -decretan otra expedición contra los tebanos, y creyendo que Agesilao -la dirigiría con más prudencia que Cleómbroto, le ruegan se ponga al -frente de aquella expedición, y él, contestando que no resistirá jamás -a la voluntad de la ciudad, se prepara para la marcha. Conociendo, -empero, que no es fácil llegar a Tebas si no se ocupa de antemano el -Citerón, y averiguando que los cletorios se hallan en guerra con los -orcomenios y sostienen mercenarios, entra en tratos con ellos, a fin de -poder disponer de sus tropas mercenarias cuando las necesite. Después -de haber ofrecido los sacrificios de la marcha y antes de llegar a -Tegea, hace entregar al jefe de los mercenarios de Clétor el sueldo de -un mes, con orden de apoderarse del Citerón, y al mismo tiempo ordena -a los orcomenios suspendan toda hostilidad mientras dure la campaña, -declarando que, según lo decretado por los aliados, se dirigirá -inmediatamente contra toda ciudad que ataque a otra cualquiera, -mientras esté el ejército ocupado en su expedición. - -Después de haber pasado el Citerón, se dirige a Tespias, de donde -sale para entrar en el territorio tebano; pero encuentra la llanura -y los puntos más importantes del país completamente fortificados con -fosos y empalizadas. Sin punto fijo como centro de operaciones, y -acampando donde mejor les parece, salen las tropas cada día después del -almuerzo, y saquean la campiña situada a oriente de las empalizadas -y fosos. En efecto, los enemigos, así que aparecía Agesilao en un -punto, llegaban por su parte, para defenderse detrás de sus trincheras. -Un día que se retiraba ya hacia su campamento, los caballos tebanos -se arrojan de improviso sobre él por las aberturas practicadas en -la trinchera, mientras los peltastas habían salido para preparar la -comida, y mientras la caballería se hallaba completamente desmontada -o en preparación. Sorprenden los tebanos a los peltastas, así como a -Cleas y Epicídidas, caballeros espartanos, a un perieco lacedemonio, -Éudico, y a algunos desterrados atenienses que no habían montado aún -a caballo. Agesilao inmediatamente hace retroceder a los suyos, y -acude en su auxilio con los hoplitas; su caballería carga sobre la -del enemigo, estando apoyada por los hoplitas, que hacía diez años -servían en el ejército. Los de la caballería tebana, sin embargo, -parecían como si hubiesen bebido demasiado, pues aguardaban al enemigo -hasta que se hallaba a tiro, y entonces les lanzaban sus dardos sin -alcanzarles; finalmente, empezaron la retirada, en la cual perdieron -más de doce hombres. Así que comprende Agesilao que la caballería -tebana no comparece hasta después que ha pasado la hora de almorzar, -ofrece los sacrificios al clarear el día, introduce a sus soldados -en el interior del territorio atrincherado, saquea y quema cuanto en -él encuentra, y avanza hasta la ciudad. Después de haber hecho esto, -se retira a Tespias, que fortifica, y donde deja como gobernador a -Fébidas; volviendo él a pasar el monte, llega a Mégara, donde licencia -sus tropas, y conduce a Esparta la milicia nacional. - -Fébidas, entonces, envía partidas de merodeadores para que pasen -a sangre y fuego el país tebano, y él dirige en persona varias -expediciones, en las que destruye cuanto a su mano encuentra. Por su -parte los tebanos, queriendo hacer uso de represalias, dirígense en -masa contra el país de Tespias; pero llegados allí, se encuentran -con Fébidas, quien, acosándoles constantemente con sus peltastas, -les impide separarse un solo instante de la falange; de manera que, -arrepentidos los tebanos de su invasión, emprenden inmediatamente la -retirada, y aun los mismos bagajeros, arrojando los granos de que se -habían apoderado, se apresuran a encaminarse hacia sus casas: tan -grande es el temor que ha sobrecogido al ejército. Fébidas, rodeado -de sus peltastas, y seguido, según sus órdenes, de los hoplitas -en correcta formación, acosa vivamente al enemigo. Acaricia ya la -esperanza de derrotarle; marcha valerosamente a la cabeza de las -tropas, exhortándolas a cortar la retirada al enemigo, mientras da -orden a los hoplitas tespieos para que le sigan; pero llegada en su -retirada la caballería tebana a un bosque impenetrable, reúnense -primero, y después dan media vuelta, ya que es completamente imposible -el pasar: el pequeño número de peltastas que se hallan a la cabeza -de los lacedemonios tienen miedo y emprenden la fuga, y entonces la -caballería tebana toma de ellos mismos la idea de su persecución. -Fébidas y dos o tres de los que estaban a su lado perecen combatiendo, -y los mercenarios emprenden todos la fuga. Cuando llegan huyendo junto -a los hoplitas tespieos, estos, que se alababan antes de no haber -cedido nunca a los tebanos, huyen también, sin que se intente siquiera -perseguirles, pues era ya muy tarde. Por esto no fueron considerables -sus bajas; pero sin embargo no se detuvieron en su retirada hasta -llegar a los muros de la ciudad. Esta victoria inflama con nuevo ardor -a los tebanos, que verifican entonces varias expediciones contra -Tespias y las ciudades vecinas. El partido democrático de estas se -refugia en Tebas, pues que en todas ellas, como había sucedido con -aquella misma, se hallaban dominando los aristócratas; de manera que -también en ellas necesitaban socorros los amigos de Lacedemonia. -Después de la muerte de Fébidas, envían los espartanos por mar un -polemarca y una cohorte para conservar a Tespias. - -Así que se aproxima la primavera decretan los éforos otra expedición -contra Tebas, y como en la anterior, suplican a Agesilao se ponga -al frente de ella. Juzgando este necesario seguir el mismo plan de -invasión, antes de ofrecer los sacrificios de la marcha da orden al -polemarca de Tespias para que se apodere de los desfiladeros del -Citerón, conservándolos en su poder hasta que él haya pasado. Después -de haberlos atravesado y haber llegado a Platea, aparenta querer -dirigirse a Tespias, dando orden para que preparen los alojamientos, y -mandando a las diputaciones se dirijan allí a esperarle, con lo cual -los tebanos creen que invadirá su territorio por aquella parte. Pero -Agesilao, después de haber sacrificado, se dirige, al apuntar el día, -del lado de Eritras; hace en un día con su ejército dos jornadas de -marcha, y a toda prisa pasa el atrincheramiento junto a Escolos, antes -de la llegada de los tebanos, que se hallaban defendiendo el lugar -por el cual había penetrado la primera vez. Obrando así, destruye el -país situado a oriente de Tebas, hasta el territorio de los tanagrios, -que se hallaba sometido bajo el poder de Hipotadoro a la influencia -espartana, y luego se retira, teniendo a su izquierda los muros de la -ciudad. - -Acudiendo los tebanos, se forman en batalla junto a Graostetos[196], -teniendo detrás de ellos el foso y la empalizada, creyendo hallarse en -un lugar muy favorable para el combate por la estrechez de la llanura -y la dificultad del acceso. Conociendo Agesilao la ventaja de la -posición del enemigo, no se dirige contra ellos, sino que, describiendo -una curva, avanza contra la ciudad, y los tebanos, temiendo por su -capital, que había quedado abandonada, se retiran de estas posiciones -y corren hacia Tebas por el camino de Potnia, pues en realidad era el -más seguro. Este ingenioso artificio de Agesilao, que obligó a los -enemigos a retirarse a la carrera, a pesar de estar distante él con -su ejército, fue muy celebrado y admirado. Algunos polemarcas con sus -cohortes atacan al enemigo a su paso; pero los tebanos, lanzando sus -dardos desde las colinas, dan muerte a Alípeto, uno de los polemarcas, -alcanzado por una lanza, siendo por fin rechazados los tebanos de -la altura en que se encontraban, mientras los esciritas y algunos -caballos, subiendo detrás de ellos, alcanzan a los últimos que se -dirigían a la ciudad. Pero una vez que han llegado los tebanos junto -a sus muros, se vuelven de frente, y al verlos a la defensiva los -esciritas se retiran velozmente. No murió ninguno de ellos, pero sin -embargo los tebanos erigieron un trofeo, pues habían hecho retirar a -sus perseguidores. - -Agesilao por lo avanzado de la hora se vuelve situando su campamento -en el lugar en que los enemigos se habían formado en batalla, y al día -siguiente regresa a Tespias. Los peltastas mercenarios de Tebas le -siguen audazmente a poca distancia, y llamaban en voz alta a Cabrias, -que no había querido seguirles, cuando la caballería olintia, que -fiel a su juramento se hallaba en las filas lacedemonias, se vuelve -y les persigue en las laderas del monte, donde mata a gran número, -pues la infantería es alcanzada fácilmente por la caballería, si tiene -que subir una cuesta franqueable a los caballos. Llegado a Tespias, -Agesilao encuentra en completa desunión a los habitantes de la ciudad: -los que pretendían ser del partido lacedemonio querían matar a sus -adversarios, entre los cuales se hallaba Melón; oponiéndose a sus -designios, procura reconciliarles y les hace jurar la unión; luego -atraviesa nuevamente el Citerón y llega a Mégara, donde licencia las -tropas aliadas, conduciendo a las espartanas a su patria. - -Atormentados vivamente los tebanos por la falta de víveres, pues -hacía ya dos años que no habían recolectado las mieses, envían a -Págasas[197] algunos comisionados, para que con dos trirremes compren -diez talentos de trigo. Mientras se hallan en esa comisión, Alcetas, -lacedemonio que guardaba a Oreo[198], equipa tres trirremes y procura -que nada se trasluzca de su intento, y cuando se halla el trigo en -la travesía, Alcetas se apodera de las trirremes, del trigo y de la -tripulación, que no bajaba de trescientos hombres. Enciérralos en -la acrópolis, donde habitaba él mismo, y hallándose entre los de su -séquito un jovencito oreíta, hermoso y amable, baja de la acrópolis -para entretenerse con él; pero, aprovechándose de esta negligencia los -prisioneros, se apoderan de la acrópolis. Sublévase también la ciudad, -y desde entonces los tebanos encuentran allí toda clase de facilidades -para procurarse víveres. - -Al volver la primavera, hállase enfermo Agesilao, pues cuando con el -ejército volvió de Tebas, encontrándose en Mégara, y subiendo del -templo de Afrodisia[199] a la casa del gobernador, rompiósele una -vena, y la sangre del cuerpo se fue toda hacia la pierna sana[200]: -habiéndosele hinchado el muslo, y sufriendo insoportables dolores, -un médico siracusano le abrió la vena junto al tobillo, y una vez -que principió a manar sangre, no se detuvo día y noche, siendo vanos -cuantos esfuerzos se hacían para atajarla, hasta que perdió el sentido -Agesilao: únicamente entonces fue cuando cesó de fluir. Llevado en -este estado a Lacedemonia, permaneció allí enfermo el resto del verano -y durante todo el invierno. - -Así que vuelve la primavera, los lacedemonios decretan una nueva -expedición, y dan el mando de ella a Cleómbroto. Cuando llega con su -ejército al pie del Citerón, destaca a los peltastas para apoderarse de -las alturas que dominan el camino. Pero siendo ya dueños de aquellas -alturas un cuerpo de tebanos y uno de atenienses, dejan avanzar a los -peltastas, y cuando están a sus pies se arrojan en su persecución -y matan más de cuarenta de ellos, por lo cual Cleómbroto considera -imposible el tránsito al país tebano, y retirándose con sus fuerzas, -las licencia. - -Reunidos en Lacedemonia los aliados, hacen presente en su asamblea -que se hallan agotados sus recursos por la guerra, a causa de la -debilidad con que se verifican las operaciones, porque podríase, en -efecto, equipar un número de naves mayor que el de los atenienses, y -tomar su ciudad por hambre; podríase también con estas naves hacer -pasar un ejército a Tebas por la Fócida, o si se quería por Creusis. -A consecuencia de este parecer, equípanse sesenta trirremes, que se -ponen a las órdenes de Polis. Los que habían tenido esta idea no se -engañaron, pues los atenienses son bloqueados. Las naves cargadas de -víveres llegan hasta Gerasto[201], pero no se atreven a pasar de allí, -pues la flota lacedemonia se halla en los alrededores de Egina, Ceos y -Andros. Impulsados por la necesidad, suben los atenienses a las naves, -y bajo el mando de Cabrias obtienen la victoria en un combate naval -con Polis, desde cuyo suceso pueden llegar sin obstáculo los víveres a -Atenas. - -Como los lacedemonios se preparaban para hacer pasar un ejército a -Beocia, los tebanos suplican a los atenienses envíen otro alrededor del -Peloponeso, creyendo no les sería posible a los lacedemonios defender -al mismo tiempo su país y las ciudades aliadas de estos comarcas -mientras enviaban fuerzas suficientes contra ellos. Irritados también -los atenienses por el asunto de Esfodrias, envían llenos de ardor -sesenta naves alrededor del Peloponeso, después de haber elegido como -jefe a Timoteo[202]. Hallándose Tebas libre durante toda la estación -de la invasión de los enemigos, mientras mandaba las tropas Cleómbroto -y se hallaba en expedición naval Timoteo, dirígense osadamente los -tebanos contra las ciudades próximas y les hacen volver a su dominio. -Al mismo tiempo Timoteo en sus correrías marítimas somete en poco -tiempo a Corcira, sin reducir a sus habitantes a la esclavitud, ni -desterrar a nadie, ni cambiar las leyes, conducta que le granjea la -simpatía de todas las ciudades. - -Los lacedemonios por su parte equipan otra flota y nombran como -comandante de la misma a Nicóloco, hombre osado: así que se hallan -a la vista las naves de Timoteo no duda ni un momento, y aunque le -faltan seis naves de los ambraciotas, ataca con sus cincuenta y cinco -embarcaciones a las sesenta de Timoteo. Es vencido, y Timoteo eleva -un trofeo en Alicia; pero mientras este, después de haber varado sus -naves, se ocupaba en arreglar las averías, reforzado Nicóloco con -las seis trirremes ambraciotas, navega hacia Alicia[203], donde se -hallaba Timoteo, y no acudiendo este a la provocación, levanta a su -vez un trofeo en las islas más próximas. Timoteo, sin embargo, después -de haber recompuesto sus naves y recibido otras de Corcira, con lo -cual reúne una flota de más de setenta velas, conserva decididamente -la superioridad naval, y pide dinero a Atenas, pues lo necesita en -abundancia a causa de tener muchas naves. - - - - -LIBRO SEXTO. - -CAPÍTULO PRIMERO. - - -Mientras se hallan así ocupados los atenienses y lacedemonios, los -tebanos, que han sometido ya todas las ciudades de Beocia, avanzan -contra la Fócida, mientras los focidios envían diputados a Lacedemonia -para participarles que si no se les socorre tendrán que someterse a los -tebanos; por lo cual los lacedemonios hacen pasar por mar a la Fócida -al rey Cleómbroto y cuatro cohortes con el contingente aliado[204]. - -Casi al mismo tiempo el farsalio Polidamante llega de Tesalia para -tratar ciertos asuntos con el gobierno lacedemonio. Era un hombre que -gozaba de brillante reputación en toda la Tesalia; pero en particular -era tenido en su ciudad por tan virtuoso, que los farsalios, a pesar -de sus disensiones, le habían confiado la acrópolis y entregado el -cuidado de la percepción de los impuestos fijados por la ley, para -que dispusiese de los ingresos para los asuntos religiosos y para -otros gastos de la administración; de todo lo cual rendía anualmente -sus cuentas: si le faltaba dinero, lo tomaba de su peculio particular -y se reembolsaba cuando había sobrante en los ingresos. Era además -hospitalario y muy amigo del lujo y la esplendidez, según la costumbre -tesalia. Después que llegó a Lacedemonia habló en estos términos: - -«Ciudadanos lacedemonios: soy de tiempo inmemorial y de padre a hijo -vuestro próxeno y bienhechor, y por lo tanto creo poder recurrir a -vosotros cuando se levantan ante mí dificultades y cuando asimismo se -prevén serias complicaciones en Tesalia, para daros conocimiento de -ello. Sin duda habréis oído hablar de Jasón, pues es un hombre de gran -poder y de inmensa fama. Después de haber celebrado conmigo una tregua, -vino a encontrarme y me dijo: - - «Polidamante: aunque Farsala tu ciudad quisiera oponérseme, podría - someterla por lo que voy a decirte. Tengo por aliadas las mayores - y más importantes ciudades de la Tesalia, y las he sometido cuando - reunisteis contra mí vuestras fuerzas a las suyas. Sabes también - que tengo a sueldo cerca de seis mil mercenarios, a los cuales - paréceme que ninguna ciudad podría hacer frente, y no porque no - puedan oponérseles igual número de tropas; pero los ejércitos de - las ciudades se componen de hombres de distintas edades, tanto de - gente anciana como de gente que no ha llegado aún a la virilidad, - y además solo un pequeñísimo número en cada ciudad se entrega a - los ejercicios gimnásticos, mientras que no hay uno solo de mis - mercenarios que no sea capaz de soportar las mismas penalidades que - yo.» - -»Y a la verdad, Jasón es un hombre muy robusto y que despliega -mucha actividad: cada día somete a una infinidad de pruebas a su -ejército; pónese en armas a su cabeza, ya en los gimnasios, ya en las -expediciones, despide a los mercenarios en quienes apercibe molicie, -pero a los que ve llenos de ardor por las fatigas y los peligros contra -los enemigos, les distingue, dándoles doble, triple y cuádruple sueldo -y otros regalos, cuidándoles en sus enfermedades y honrándoles en sus -funerales: así es que todos estos extranjeros saben que el valor en la -guerra les asegura una vida honrada y opulenta. Me ha contado también, -aunque ya lo sabía por otro conducto, que los maracos, los dólopes y -Alcetas, gobernador de Epiro, le estaban sometidos. - - «Pues bien --dijo--; ¿quién podría hacerme temer el más mínimo - obstáculo al someteros? Y sin embargo, dirá cualquiera que no me - conozca, ¿por qué no te diriges, pues, inmediatamente contra los - farsalios? ¿qué aguardas? Pero ¡por Zeus! no lo hago porque me parece - preferible me estéis sometidos voluntariamente que a la fuerza, pues - sometidos por la violencia, procuraríais por todos los medios que se - hallasen a vuestro alcance hacerme todo el daño que pudierais, y yo - desearía os vieseis reducidos a la mayor debilidad; pero si de buen - grado queréis someteros, claro es que ambos buscaremos las ocasiones - en que podamos favorecernos unos a otros. - - »Yo bien sé, Polidamante, que tu patria ve solo por tus ojos; así, - pues, si tú procuras que se convierta en aliada mía, te prometo - hacerte después de mí el hombre más importante de Grecia. Escucha - en qué asuntos quisiera darte el primer puesto, y no creas lo que - te digo si tu propio raciocinio no te indica voy acertado en mis - conjeturas. ¿No es verdad (dicho sea entre nosotros) que una vez - me esté sometida Farsala y las ciudades que de ella dependen, me - constituiría fácilmente rey absoluto de toda la Tesalia[205], y - que una vez reunida la Tesalia entera, la caballería ascenderá lo - menos a seis mil hombres y los hoplitas a más de diez mil? Cuando - considero la robustez y valentía de esas tropas, me parece que - sabiendo cuidar de ellas no hay nación alguna que pueda dominar a - los tesalios; y además, siendo la Tesalia un país vasto y formando - las naciones a su alrededor un círculo, así que esté sometida a un - jefe absoluto, las irá dominando una a una. Casi todas las tropas - del país son de excelentes tiradores, por lo cual necesariamente los - peltastas han de ser vencidos por nuestro ejército. No puedo dejar - de aliarme a los beocios y a cuantos pelean contra los lacedemonios, - y seguramente consentirán todos en seguirme si les libro de ellos. - También los atenienses, estoy seguro, harían cuanto pudieran para - adquirir nuestra alianza; pero, sin embargo, no soy de parecer de - entablar relaciones con ellos, pues creo que nos ha de ser más fácil - apoderarnos del dominio marítimo que del terrestre. - - »Para que veas si mi cálculo es justo, observa además lo que voy a - decirte. Una vez poseamos Macedonia, de donde los atenienses sacan - la madera de construcción, nos hallaremos en situación de construir - muchas más naves que ellos. Y en cuanto a sus tripulaciones, - ¿quién podrá más fácilmente tripular sus naves, los atenienses o - nosotros que tenemos tantos penestes?[206]. En cuanto a lo que se - refiere a poder sostener los gastos, ¿no es natural que nosotros - tengamos más medios; nosotros a quien nuestra misma abundancia nos - permite exportar el trigo, mientras que los atenienses no tienen el - necesario si no lo compran? Y en cuanto a riquezas, es natural que - tengamos más abundancia de plata, puesto que en lugar de tener que - recurrir a pobres islotes, impondremos tributo a todas las naciones - continentales que nos rodean, y que tendrán que someterse desde el - momento en que los tesalios reconozcan a un jefe absoluto. Bien sabes - que el rey de Persia, que saca tributos no de las islas sino del - continente, es el más rico de los hombres. Pues bien, considero más - fácil el someterle a él que a Grecia, pues todos los hombres de dicho - país, menos uno solo, están más ejercitados a la servidumbre que al - valor guerrero, y conozco el género de fuerzas que han puesto en la - última extremidad al rey en la expedición de los griegos con Ciro y - en la de Agesilao.» - -»Cuando me hubo dicho esto, contestele que todas sus palabras merecían -reflexionarse; pero que me parecía completamente imposible, sin haber -un motivo para ello, abandonar a los lacedemonios, con los cuales nos -hallamos ligados por la amistad, para unirnos a sus adversarios. Él -alabó mi proceder, y me dijo que desea aún más que sea su amigo, ya que -tales son mis sentimientos, y me encargó venga junto a vosotros para -relataros la verdad de todos estos sucesos, y haceros saber que piensa -marchar contra los farsalios si rechazamos sus proposiciones, por lo -cual me manda os pida refuerzos. - - «Y si --añade-- te dan bastantes fuerzas para creerte en situación - de rechazarme, aceptaremos el resultado que dé la guerra; pero si - te parece no te dan bastantes refuerzos, entonces no podrás evitar - los justos reproches de tu patria, en la que has sabido elevarte al - primer puesto.» - -»He aquí por qué vengo a visitaros y por qué os relato cuanto he visto -y cuanto él mismo me ha dicho. Ciudadanos lacedemonios: creo que si -nos enviáis fuerzas que parezcan suficientes, no solo a mis ojos, -sino al de todos los tesalios, para combatir a Jasón, las ciudades -abandonarán su partido, pues que todas temen el acrecentamiento del -poder de este hombre. Pero si creéis que algunos neodamodes y algún -hombre vulgar han de bastar para ello, os aconsejo que no os mováis, -pues tenéis que saber os hallaríais en guerra contra un vigor poco -común, contra un general suficientemente precavido para no experimentar -ningún desastre, para prevenir toda sorpresa, para tomar toda clase -de precauciones o vencer por la violencia; que igual partido saca de -la noche que del día, y que cuando quiere ir de prisa sabe almorzar y -comer sin abandonar la marcha; que no se concede descanso hasta que -ha conseguido su objeto y ha llevado a buen fin sus asuntos, a lo -cual ha acostumbrado a cuantos con él están. Cuando después de largas -penalidades han sabido sus soldados llevar a buen término alguno de -sus mandatos, realiza por completo sus deseos; de manera que saben sus -soldados y cuantos están a su alrededor, que de las fatigas nacen las -comodidades, y en cuanto a él, es el hombre más dueño de sus pasiones -que yo conozco; de modo que no da nunca a los placeres el tiempo -necesario para los negocios. Reflexionad, pues, y decidme lo que os sea -conveniente, lo que podéis y lo que queréis hacer.» - -Así dijo. Aplazan los lacedemonios su respuesta para más adelante; pero -después de haber consagrado el día siguiente y el otro para reflexionar -sobre la cantidad de cohortes que se hallan ya fuera del país, el -número de tropas que sostienen en las costas de Laconia contra las -correrías de las trirremes atenienses, y en la guerra que sostienen en -las fronteras, contestan que en las circunstancias presentes no pueden -enviarle recursos bastantes, y le animan a que procure arreglar los -negocios del modo que sea más favorable a sus intereses y a los de la -patria. - -Polidamante parte, alabando la franqueza de Lacedemonia: ruega a Jasón -no le obligue a entregar la acrópolis de Farsala, a fin de conservarla -para los que se la han confiado; pero le da en garantía sus mismos -hijos, y le asegura procurará que voluntariamente la ciudad entre en -su alianza y contribuya a proclamarle rey absoluto. Cuando se han dado -recíprocas garantías de seguridad, conciertan los farsalios la paz, y -Jasón es reconocido al poco tiempo como tago o jefe absoluto de los -tesalios. Una vez en el poder, fija el número de caballos y de hoplitas -que cada ciudad debe proporcionarle, y reúne de este modo más de ocho -mil caballos, contando con los de los aliados, y eleva hasta veinte mil -el número de sus hoplitas; y en cuanto a sus peltastas, por el número -y ardimiento podían dominar al mundo entero: sería trabajo muy pesado -el enumerar todas las ciudades que suministraban este ejército. También -ordenó a los periecos pagasen el tributo que había sido fijado por -Escopas: tal fue el resultado de estos sucesos. Reanudemos, pues, la -relación de los que interrumpimos para hablar de Jasón. - - - - -CAPÍTULO II. - - -Los lacedemonios y sus aliados se reunían en la Fócida, mientras los -tebanos, retirados a su país, defendían las entradas del mismo; en -cambio los atenienses, viendo que por ellos los tebanos aumentan su -poderío sin contribuir en modo alguno al sostenimiento de la flota, -mientras ellos se hallan abrumados por contribuciones en metálico, -por las piraterías de los eginetas y por el sostenimiento de los -destacamentos que vigilan el país, desean termine la guerra y envían -diputados a Lacedemonia para concertar la paz. - -Celebrada esta[207], dos de los diputados atenienses embarcándose -en Lacedemonia, se dirigen directamente por orden de su ciudad a -participar a Timoteo conduzca a Atenas la flota, porque se ha hecho la -paz. En el trayecto, Timoteo conduce a Zacinto a los desterrados de -esta isla; pero cuando los zacintios participan a los lacedemonios la -manera como con ellos se ha portado Timoteo, consideran los espartanos -como culpables a los atenienses y equipan nuevamente una flota de -sesenta naves, no solo de Lacedemonia, sino también de Corinto. -Léucade, Ambracia, Élide, Zacinto, Acaya, Epidauro, Trecén, Hermíon y -Halias[208]. Nombran comandante de estas naves a Mnásipo, con orden de -vigilar todos estos parajes, y sobre todo de atacar particularmente a -Corcira. Envían asimismo a Dionisio[209] unos mensajeros para que le -hagan ver cuán ventajoso sería para él que no dominaran los atenienses -en aquella población. - -Así que ha reunido su flota, se hace a la vela Mnásipo en dirección a -Corcira. Iban con él unos mil quinientos mercenarios, además de las -tropas lacedemonias. Luego de haber desembarcado, domina y saquea el -país, que estaba completamente plantado y cultivado y cuyas campiñas -estaban pobladas de magníficas habitaciones y bodegas bien provistas, -de tal suerte que se cuenta habían llegado los soldados a tal lujo que -no querían beber más que vino perfumado. Apodéranse también en los -campos de considerable número de esclavos y rebaños. Acampa después -Mnásipo su ejército terrestre en una colina distante unos cinco -estadios de la ciudad, que dominaba el país, a fin de poder atajar -el paso a todos los que viniesen a Corcira: en cuanto a la flota, la -coloca a la otra parte de la ciudad, en un lugar desde el cual podía -verse a lo lejos e impedir fondease cualquier nave en el puerto, en el -que, cuando no se oponía a ello la tempestad, hacía anclar sus naves, a -fin de tener mejor bloqueada la ciudad. - -Los corcirenses, desde que no pueden recibir provisiones de sus -tierras, ocupadas por el enemigo, ni tampoco por el mar, pues la flota -enemiga supera en gran manera a la suya, hállanse en una situación muy -aflictiva. Envían a pedir socorros a Atenas, indicándoles perderán -inmensas ventajas y darán gran fuerza al enemigo si se dejan arrebatar -Corcira, ya que ninguna ciudad, excepto Atenas, puede equipar tantas -naves ni proporcionar tanto dinero. Además, Corcira se halla en una -situación sumamente estratégica, a la entrada del golfo de Corinto y de -las ciudades que baña, y su posición permite dañar a Laconia, así como -se encuentra a la distancia más favorable de Epiro, y en la situación -más ventajosa para el trayecto de Sicilia y del Peloponeso. - -Al oír los atenienses tales indicaciones, creen deber tomar con empeño -este asunto, y envían al jefe Ctesicles con unos seiscientos peltastas, -que ruegan a Alcetas haga pasar a la isla. Los soldados, después de -desembarcar por la noche en un punto del país, entran en la ciudad. -Decretan además los atenienses se equipen sesenta naves, y eligen para -mandarlas a Timoteo, quien no hallando en Atenas las tripulaciones -necesarias para equiparlas, se dirige a las islas para completarlas, -no creyendo negocio baladí el dirigirse en cualquier situación contra -una flota completamente provista. Pero los atenienses, juzgando pierde -en la inacción la estación favorable para navegar, no tienen con él -la más mínima indulgencia y le quitan el mando, que dan a Ifícrates. -Inmediatamente de ser nombrado, equipa este con gran rapidez las -naves y obliga aun con violencia a los comandantes de las mismas. -Toma igualmente todas las naves atenienses que cruzan las aguas del -Ática, así como la _Páralos_ y la _Salaminia_[210], asegurando a los -atenienses que si alcanza buenos resultados en Corcira les devolverá -gran número de naves. De esta manera forma entre todas una flota de -setenta naves. - -Durante este tiempo los corcirenses padecen de tal modo por el hambre, -que Mnásipo hace publicar, a consecuencia del gran número de tránsfugas -que coge, que hará vender a todos los desertores; pero como no por -esto llegan en menor número, concluye volviéndolos a la ciudad después -de hacerlos azotar, y como los sitiados no quieren recibirlos en sus -muros, ni siquiera como esclavos, perecen muchos de ellos fuera de las -murallas. Viendo Mnásipo sus sufrimientos, cree tener ya en su poder a -la ciudad, y cambia su modo de proceder con los mercenarios; despide -a unos sin pagarles y a otros retiéneles el sueldo de dos meses a -pesar de que, según se dice, no andaba escaso de dinero, pues que, en -realidad, la mayor parte de las ciudades le habían remitido dinero en -lugar de soldados, pues era cosa permitida en expediciones en que se -había de pasar el mar. Los sitiados, apercibiendo entonces desde lo -alto de las torres que las guardias están más descuidadas que antes -y que las tropas se hallan diseminadas por la campiña, verifican una -salida en la que hacen algunos prisioneros y matan algunos soldados. -Mnásipo, al verlos, se arma, y seguido de todos los hoplitas se arroja -en auxilio de los suyos, después de haber dado orden a los jefes y -oficiales de los mercenarios para que salgan a sostener el ataque; pero -habiéndole respondido algunos de aquellos que difícilmente encontraría -dispuesta a la obediencia a la gente a quien rehúsa la subsistencia, -principia a golpearles con su bastón y con la punta de la lanza, por lo -cual salen completamente desanimados del campamento y llenos de odio -contra él, enojosa disposición para un día de combate. Fórmalos en -batalla Mnásipo, derrota y persigue a los enemigos que estaban junto -a las puertas, pero llegados junto a los muros se vuelven y desde -los túmulos funerarios[211] les arrojan flechas y demás proyectiles, -mientras otros, saliendo por distinta puerta, se lanzan sobre la -retaguardia enemiga en masa compacta: los lacedemonios, que se hallaban -formados a ocho en fondo, creen muy débil el frente de su falange y -procuran verificar una maniobra para robustecerla; pero persuadidos -sus enemigos de que se declaran en fuga, se arrojan sobre ellos -impidiéndoles el realizar su movimiento y obligando a emprender la fuga -a sus tropas auxiliares. Mnásipo no puede auxiliar a las tropas así -acosadas, pues está también agobiado por los enemigos que tiene a su -frente y a los cuales deja cada vez mayores ventajas por el pequeño -número de sus fuerzas. Finalmente, los enemigos en masa atacan todos -la división de Mnásipo, ya muy abatida; los mismos ciudadanos, viendo -el aspecto que toman sus asuntos, salen también contra él; mátanle -y persiguen todos a sus tropas. Sin duda se hubieran apoderado del -campamento y de las trincheras, si no hubiesen visto la multitud de -comerciantes, criados y esclavos, y no se hubiesen retirado, tomándoles -por tropas de reserva. Levantan los corcirenses un trofeo y conceden -una tregua para recoger los muertos. - -Redoblan el valor desde entonces los sitiados mientras experimentan -un abatimiento indecible los sitiadores, pues se decía también que -Ifícrates debía llegar de un momento a otro, y los corcirenses -equipaban al mismo tiempo las naves que tenían. Hipermenes, que era el -segundo de Mnásipo, equipa todas las embarcaciones que allí había, se -hace a la vela hacia los atrincheramientos y cargando las naves con -el dinero y los esclavos, las hace marchar mientras él permanece para -defender sus trincheras con los soldados y marineros que le quedan; -pero viéndose por fin completamente desorganizados, suben también a -las trirremes y parten, dejando mucho trigo, vino, esclavos y soldados -enfermos, pues temen ser sorprendidos en la isla por los atenienses y -se refugian en Léucade. - -Ifícrates, una vez en camino para doblar el Peloponeso, mientras -avanza, hace todos los preparativos necesarios para el combate: deja -en tierra las grandes velas[212] como si se dirigiese al combate, y no -se sirve ni un momento de las altas[213] ni aun con viento favorable; -pues haciendo el trayecto a fuerza de remo, aumenta el vigor de sus -soldados y acelera la marcha de sus naves. Muchas veces, mientras -debían comer sus tropas, hacía poner en fila las naves y las conducía -alineadas unas después de otras: luego operaba una conversión a fin de -que tuviesen la proa hacia la costa, y a una señal las hacía partir -para ver cuál llegaría primero. Era esto un gran premio para la que -conseguía el hacer antes que todas la provisión de agua y de cuanto se -necesitaba, así como comer antes que todas; por el contrario, los que -llegaban últimos experimentaban gran castigo, pues tenían que hacer -todo esto después que los otros, y sin embargo, tenían que volver a -marchar al mismo tiempo cuando se daba la señal, por lo cual, los -primeros que llegaban podían hacerlo todo despacio y con comodidad, -mientras que los demás tenían que hacerlo a toda prisa. Cuando se -hallaban en país enemigo y era la hora de comer, establecía Ifícrates -centinelas en tierra, según es costumbre, pero además hacía levantar -los palos, colocando en ellos vigías que, hallándose en el punto más -alto, tenían un horizonte más extenso que los centinelas terrestres. -Cuando cenaba o dormía en alguna parte, no encendía fuego durante la -noche, sino que hacía encender fogatas antes de llegar a la vanguardia, -a fin de que nadie pudiera acercarse desapercibidamente. Cuando el -tiempo era hermoso, volvía a hacerse a la mar después de cenar, sobre -todo si era favorable la brisa, avanzando mientras descansaban, pero -si era preciso hacer uso de los remos, daba reposo a los soldados -por tandas. Durante el día guiaba su flota por medio de señales, -disponiéndola unas veces en falange y otras poniéndola en fila: de -este modo sus tropas se habían ejercitado en todas las maniobras de un -combate naval, mientras avanzaban y llegaban perfectamente instruidas a -los mares que creían ocupados por los enemigos. Comía y cenaba la mayor -parte de las veces en territorio enemigo, pero como no se detenía en él -más que el tiempo necesario, volvía a zarpar antes de que llegaran los -habitantes, y avanzaban así con gran rapidez. - -Cuando acaeció la muerte de Mnásipo se hallaba Ifícrates en los -alrededores de las islas Esfagias en Lacedemonia: llegado a Élide, pasa -la embocadura del Alfeo y echa el ancla junto al promontorio Ictis. -Al día siguiente parte para Cefalenia, teniendo en orden de batalla -su flota, sin descuidar durante su trayecto la más pequeña precaución -para hallarse dispuesto a combatir así que se presentase ocasión; -pues como no tenía noticia de la muerte de aquel jefe espartano por -ningún testigo ocular, sospechaba que esta noticia era únicamente -para engañarle, y se mantenía a la defensiva. Llegado, sin embargo, a -Cefalenia tiene entonces noticias positivas y permite descansar a sus -soldados. - -Ya sé yo que se toman todas estas medidas y todas estas precauciones -cuando se espera un combate naval, pero lo que yo alabo en Ifícrates -es que tratando de llegar lo más pronto posible al lugar en que creía -poder librar batalla con los enemigos, hubiese encontrado medio de -impedir olvidaran los soldados durante el trayecto las maniobras de -un combate naval, sin que estos cuidados retardasen en lo más mínimo -su marcha. Después de haber sometido las ciudades de Cefalenia, se -dirige a Corcira, donde viene en conocimiento de que se aproximan -diez trirremes enviadas por Dionisio en socorro de los lacedemonios: -examina por sí mismo el paraje del país desde donde puede apercibirse -la llegada de las naves y participarlo por medio de señales visibles -a la ciudad; establece en él vigías y concierta con ellos respecto -al modo de señalar la llegada y desembarco, y después da sus órdenes -a veinte jefes de naves que deberán acompañarle, para que le sigan -así que les llame el pregonero, declarándoles anticipadamente que -el que no obedezca no deberá quejarse del castigo. Cuando se señala -la proximidad de los enemigos, y así que el heraldo ha llamado a -los expedicionarios, se despliega una actividad digna de encomio, -pues ni uno solo de los que debían embarcarse deja de correr hacia -las naves. Ifícrates, dirigiéndose al lugar en que se hallan las -trirremes enemigas hace prisioneras las tripulaciones que habían -desembarcado; el rodio Melánipo había, sin embargo, aconsejado a los -demás que no permaneciesen allí, y con sus naves se había hecho a -la vela después de embarcar sus equipajes, y aunque encontró en su -camino las naves de Ifícrates, pudo huir; pero las de Siracusa caen -todas con sus tripulantes en poder del último, quien después de -despojar de sus accesorios a las trirremes, las entra a remolque en -el puerto de Corcira. Concede a cada cual pueda pagar su rescate, -excepto al comandante Crinipo, que conserva, ya para sacar de él gruesa -suma, ya para venderle; pero este, vencido por el pesar, se da la -muerte. Ifícrates da libertad a los demás prisioneros, aceptando unos -corcirenses como garantía de su rescate. - -Durante todo aquel tiempo acude al mantenimiento de sus marineros -haciéndoles cultivar las tierras para los corcirenses. Pasa después a -Acarnania a la cabeza de sus peltastas y de los hoplitas de la flota -y socorre las ciudades amigas que se hallan en perentoria situación, -haciendo la guerra a los turieos, pueblo esforzado y dueño de una -plaza fuerte. Más tarde, habiendo robustecido su flota con las naves -corcirenses, y teniendo entre todas unas noventa, se hace a la vela -hacia Cefalenia, donde levanta tributos y se prepara después para -devastar el país lacedemonio, unirse las ciudades enemigas de esta -comarca que quisieran recibirle, y hacer la guerra a las que quisieran -resistirle. - -No puedo dejar de tributar grandes elogios a esta expedición de -Ifícrates, así como a su petición de que le dieran por colegas al -orador Calístrato, a quien no tenía simpatías, y a Calias, que gozaba -fama de ser uno de los más hábiles generales. En efecto, si quería -juntárselos como consejeros por ser hombres cuya habilidad conocía, -paréceme obraba como hombre prudente; y si veía en ellos únicamente -unos rivales, el no temer se le acuse jamás de molicie o descuido, lo -considero como propio de un hombre que tiene elevadísima conciencia de -sí mismo. Eso es lo que hizo Ifícrates. - - - - -CAPÍTULO III. - - -Los atenienses, al ver arrojados de Beocia a los de Platea, pueblo -aliado, para los cuales no quedaba ya otro remedio que el de refugiarse -entre ellos, y a los tespieos, que les rogaban no permitiesen se les -privara de su patria[214], no aprueban la conducta de los tebanos, y -experimentan alguna desazón por apoyarles en sus guerras, sobre todo al -reflexionar será sin ventaja ninguna para ellos, por lo cual no quieren -ya asociárseles cuando les ven marchar contra los focidios, desde -muy antiguo aliados de los atenienses, y arrasar ciudades que se les -habían mostrado fieles en la guerra contra los bárbaros y que además -eran sus propios aliados. Habiendo, pues, el pueblo decretado la paz, -se enviaron primeramente[215] diputados a los tebanos para invitarles -se dirijan con ellos a Lacedemonia, si tal es su voluntad, para tratar -allí de este objeto, después de lo cual envían los atenienses sus -diputados, entre los cuales fueron elegidos Calias, hijo de Hipónico, -Autocles, hijo de Estrombíquides, Demóstrato, hijo de Aristofón, -Aristocles, Cefisódoto, Melanopo y Liceto. Al presentarse ante la -asamblea de los lacedemonios y de los aliados, hallábase también entre -ellos el orador Calístrato, pues había prometido a Ifícrates que si le -dejaba ir, le enviaría dinero para la flota o celebraría la paz, ya que -en aquel tiempo se hallaba en Atenas procurando negociarla. Así, pues, -cuando fueron admitidos los diputados ante los lacedemonios y aliados, -el primero que tomó la palabra fue Calias, el portaantorcha[216], que -era un hombre que se deleitaba no menos en alabarse a sí mismo que en -ser alabado por los demás. Principió, pues, de este modo: - -«Lacedemonios: no data mi proxenia con vosotros de mí mismo, sino que -ya el padre de mi padre la ha legado a nuestra familia. Quiero haceros -ver también los sentimientos de que se halla animada mi patria respecto -a vosotros; en tiempo de guerra nos escoge por general, y cuando desea -la paz nos elige asimismo para negociarla. He venido ya dos veces en -otro tiempo para terminar la guerra, habiendo conseguido en estas dos -diputaciones lograr la paz entre vosotros y mi ciudad; y ahora vengo -por la tercera vez y creo tener razones más justas aún para obtener una -reconciliación. - -»Hallo, en efecto, que vuestros sentimientos son los mismos que los -nuestros y que además os molesta también como a nosotros la destrucción -de Platea y Tespias. ¿Cómo, pues, no sería natural sean más bien -amigos que enemigos los que participan de iguales sentimientos? Y -seguramente que aun cuando haya alguna diferencia en el modo de ver -las cosas, las personas prudentes evitan comenzar una guerra, por lo -cual, si en todo estamos acordes, ¿no sería verdaderamente extraño -que no ajustásemos la paz? Prohibíanos la justicia esgrimir nuestras -armas contra vosotros, ya que se dice que a los primeros extranjeros a -quienes Triptólemo[217], nuestro antepasado, inició en los misterios -sagrados de Deméter[218] y Hera[219], fueron Hércules, padre de -vuestra raza, y los Dióscuros, vuestros conciudadanos, y además que el -Peloponeso fue el primero que recibió de él la semilla del fruto de -Deméter. ¿Cómo, pues, sería justo que vosotros vinieseis a destrozar -las mieses de aquellos de quien habéis recibido las primeras semillas, -así como que nosotros no pudiésemos desear se hallasen en la mayor -abundancia posible de frutos aquellos a quienes les dimos las primeras -simientes? Pero si los dioses han decidido haya guerras entre los -hombres, es preciso pongamos toda la lentitud posible en comenzar -las hostilidades, y una vez existan estas, la mayor prontitud en -terminarlas.» - -Autocles, orador muy famoso por su precisión, habla después de él en -estos términos: - -«Lacedemonios: cuanto voy a deciros no tendrá por objeto el adularos, -no lo desconozco; pero me parece que aquellos que quieren ver tan -sólida y permanente como sea posible, la amistad que desean celebrar, -deben manifestarse mutuamente las causas de sus guerras. En cuanto -a vosotros, decís abiertamente que todas las ciudades deben ser -independientes, pero vosotros mismos ponéis los mayores obstáculos a -su independencia, pues imponéis como primera condición a las ciudades -aliadas la de que os sigan a donde quiera las conduzcáis. ¿Y cómo -puede conciliarse eso con la independencia? Os hacéis enemigos sin -el consentimiento de los aliados, a quienes mandáis después contra -aquellos; de suerte que los que se llaman independientes, se hallan muy -a menudo obligados a marchar contra sus mejores amigos. - -»Pero lo que es aún mucho más opuesto a la independencia, es que -establezcáis en todas partes gobiernos de diez o de treinta individuos -y que procuréis con todas vuestras fuerzas, no que estos jefes -gobiernen a tenor de la ley, sino que tengan la suficiente fuerza para -contener a las ciudades, de manera que parece os regocijáis más en la -tiranía que en el gobierno libre. Además, cuando el rey mandó fuesen -independientes las ciudades, habéis sabido reconocer y proclamar que no -obrarían los tebanos según las prescripciones del rey, si no dejaban -que cada ciudad se gobernase a sí misma por las leyes que quisiere; -pero en cambio, cuando os habéis apoderado de la Cadmea[220], no -habéis permitido siquiera a los tebanos conservaran su independencia. -Los que desean contraer una amistad, no deben pretender de los demás -se les conceda plena justicia, mientras se abandonan ellos a su más -desenfrenada ambición.» - -Después de terminar este discurso hízose general silencio y acogieron -con gozo sus ataques cuantos conservaban motivos de queja contra los -lacedemonios. Después de esto, Calístrato dice: - -«Oh lacedemonios, no creo poder pretender que no hayáis cometido tantas -faltas como las que nosotros hemos hecho. No pienso, sin embargo, que -no se deba sostener relación alguna con los que han errado alguna vez, -pues veo que no hay hombre alguno que termine su vida sin claudicar. -Por el contrario, paréceme que los hombres que han cometido errores -alguna vez, se hacen con ello más prudentes, sobre todo cuando han -resultado castigados con estas faltas como nosotros. Veo que vosotros -también os habéis atraído algunas veces grandes desastres con vuestras -desconsideradas acciones, entre las cuales es preciso contar la -ocupación de la Cadmea en Tebas, pues a pesar de todos los cuidados que -habéis tomado para asegurar a las ciudades su independencia, todas han -vuelto a caer en poder de los tebanos, luego de haber sufrido estos -tan notoria injusticia. Por esto espero que habréis aprendido la poca -utilidad que presta la ambición, y confío que en lo futuro seáis más -comedidos en vuestra recíproca amistad. - -»Respecto a los calumniosos rumores de algunos que queriendo impedir la -paz han dicho que al venir nosotros no nos mueve el deseo de vuestra -amistad, sino el temor de que regrese Antálcidas con el dinero del -rey, considerad todo esto como pura habladuría. En efecto, el rey -decretó positivamente la independencia de todas las ciudades griegas; -¿en qué, pues, temeríamos al rey, si cuanto obramos y decimos se halla -informado por esta misma idea? ¿Creerá, acaso, alguno que prefiera el -rey emplear su dinero haciendo a otros poderosos, cuando ve realizar -sin gasto alguno cuanto reconoció como más ventajoso? Pero, sea de esto -lo que quiera, ¿para qué hemos venido? Comprenderéis fácilmente que no -es a causa de vuestros apuros, si echáis una ojeada al estado actual -de nuestros asuntos así por tierra como por mar. ¿Por qué, pues, hemos -venido? Evidentemente porque algunos de nuestros aliados obran de un -modo que nos es tan poco grato como a vosotros. Quisiéramos comunicaros -gustosamente las ideas de rectitud que tenemos, a fin de reconocer os -debemos nuestra conservación; y para abordar la cuestión principal os -recordaré que todas las ciudades son consideradas como vuestras o como -nuestras, así como en cada estado todo el mundo está dividido entre -el partido lacedemonio y el ateniense. Si fuéramos, pues, amigos, ¿de -qué parte podríamos temer razonablemente ningún peligro? ¿Quién podría -inquietarnos por tierra siendo vosotros nuestros amigos, y quién podría -dañaros por mar al ser nosotros vuestros más íntimos aliados? - -»Todos sabemos que las guerras tienen siempre un comienzo y un fin, -y que si no es hoy, más adelante desearemos todos la paz. ¿Por qué, -pues, aguardar al momento en que nos hallemos agobiados por multitud de -males, más bien que hacer la paz lo más pronto posible y antes de ser -alcanzados por algún daño irreparable? No doy mi aprobación a aquellos -atletas que después de haber vencido muchas veces y de haberse labrado -gran reputación, son ambiciosos hasta el punto de no querer detenerse -hasta haber sido vencidos y haberse visto obligados a renunciar a su -profesión, ni tampoco a aquellos jugadores que cuando están de suerte -doblan en seguida la apuesta, pues veo que la mayor parte de ellos -son presa de la más completa miseria. Considerando todas estas cosas -debemos aprovecharnos de que aún nos hallemos en vigor y en prosperidad -para hacernos francos y mutuos amigos en lugar de liarnos en una guerra -en la que juguemos el todo por el todo, pues nosotros por vosotros y -vosotros por nosotros hemos de elevarnos en Grecia a un poder mucho -mayor en lo futuro del que hemos tenido en lo pasado.» - -Habiendo parecido todas estas cosas animadas por la prudencia -y sabiduría, decretan los lacedemonios aceptar la paz bajo las -condiciones de retirar los gobernadores de las ciudades, licenciar sus -tropas de mar y tierra, y reconocer la independencia de las ciudades. -Establécese asimismo que en el caso de que un estado contravenga a -estas cláusulas, socorran los que quieran a las ciudades oprimidas, -pero los que no quieran ir en su auxilio no puedan ser obligados -a ello por su juramento. Juran estas condiciones los lacedemonios -por ellos y por sus aliados, así como los atenienses y los suyos, -cada ciudad de por sí. Los tebanos habían sido inscritos entre las -demás ciudades que habían jurado, pero al día siguiente vuelven sus -diputados para suplicar se escriba beocios en lugar de tebanos, -entre los que han jurado. Agesilao responde que no cambiará nada -de cuanto han jurado y escrito primeramente, pero que si no quieren -ser comprendidos en el tratado, borrará su nombre, si así lo exigen. -Como de este modo la paz se hallaba en vigor entre todos los estados -griegos, excepto los tebanos, que eran los únicos que habían reclamado -contra ella, consideran los atenienses la posibilidad de que sean -diezmados los tebanos, como se decía, y estos se ausentan completamente -desconcertados. - - - - -CAPÍTULO IV.[221] - - -Retiran después de esto los atenienses las guarniciones de las -ciudades, llaman de nuevo a Ifícrates y a la flota, ordenándole -devolver cuanto haya tomado desde que se ha prestado juramento a los -lacedemonios. Estos retiran también los gobernadores y guarniciones de -todas las ciudades, a excepción de Cleómbroto que mandaba el ejército -en la Fócida, y que cuando pide a los magistrados de su patria qué debe -hacer, Prótoo dice que, a su parecer, debe licenciarse aquel ejército -conforme al juramento, y participar a las ciudades deposite cada una en -el templo de Apolo la suma que quiera; que después, si hay quien rehúse -el reconocimiento a la independencia de las ciudades, es preciso -entonces reunir nuevamente los aliados que quieran proteger dicha -independencia y dirigirse contra los que se opongan, todo lo cual creía -sería el modo de hacerse favorable a los dioses y el de indisponerse -lo menos posible con las ciudades. La asamblea, después de haber -oído su parecer, consideró cuanto había dicho como pura habladuría, -pues, según parece, se hallaba ya inspirada por el genio malo que la -conducía. Hízose decir a Cleómbroto que no licenciase su ejército, sino -que, por el contrario, marchara contra los tebanos si no reconocían la -independencia de las ciudades. Cuando Cleómbroto tiene conocimiento -de que ha sido hecha la paz, pide a los éforos qué debe hacerse, y -estos le ordenan se dirija contra los tebanos si no reconocen la -independencia de las ciudades de Beocia. Así, pues, cuando ve que, -lejos de dar libertad a las ciudades no licencian su ejército a fin de -poder oponerlo a los lacedemonios, conduce sus tropas a Beocia. Existía -un camino por el cual esperaban los tebanos verle entrar: era por el -lado de la Fócida, por cierto desfiladero que guardaban; pero él avanza -de improviso a través del país montañoso de Tisbe, llega a Creusis, -y después de tomar esta plaza fuerte, se apodera de doce trirremes -tebanas. Hecho esto, se aparta de la costa y acampa en Leuctra en el -territorio de Tespias. Los tebanos, que no tenían otros aliados que los -beocios, colocan su campamento en una colina que se hallaba a su frente -y a poca distancia de los mismos. Entonces los amigos de Cleómbroto, -dirigiéndose a él, le dicen: - ---«Oh, Cleómbroto, si dejas que los tebanos se retiren sin combate, -peligras de ser tratado con la última pena por tu patria, pues todo el -mundo recordará que cuando viniste a Cinoscéfalas no saqueaste parte -alguna del territorio tebano, y que en una expedición siguiente fuiste -detenido en el paso, mientras Agesilao ha penetrado siempre en su país -por el Citerón. Si, pues, deseas tu propio interés y el bien de la -patria, debes dirigirte contra los enemigos.» - -Esto decían sus amigos; sus enemigos decían por su parte: - ---«Ahora es cuando mostrará claramente este hombre si favorece a los -tebanos, según se dice.» - -Al oír todo esto Cleómbroto, se inclinaba a librar combate. - -Por su parte, los jefes de los tebanos reflexionan que si no presentan -batalla, se apartarán de ellos las ciudades vecinas y serán sitiados -por los enemigos, en cuyo caso, no teniendo el pueblo tebano los -necesarios víveres, corren peligro de que la misma ciudad se declare -contra ellos, y como varios habían sido anteriormente desterrados, -sostienen que vale más morir combatiendo que ser nuevamente -desterrados. Además de esto, dales cierta confianza el oráculo popular, -según el cual debían los lacedemonios experimentar una derrota en -el mismo lugar en que se hallaba el sepulcro de las doncellas que, -según se dice, se habían dado la muerte después de la violencia que -les habían hecho experimentar los lacedemonios[222]. Por esto los -tebanos habían adornado este monumento antes del combate. Anúnciaseles -igualmente que en la ciudad todos los templos se habían abierto por -sí solos, y que las sacerdotisas declaran que los dioses indican -una victoria. Dícese asimismo que las armas del Heracleo[223] se han -diseminado por el suelo, lo cual significa que el dios ha salido al -combate. Algunos pretenden, sin embargo, que todo esto no eran más que -estratagemas preparadas por la autoridad superior[224]. - -Todo era, pues, en esta batalla contrario a los lacedemonios, mientras -lo había dispuesto todo la fortuna en favor de sus adversarios. -Efectivamente, después de almorzar había tenido Cleómbroto su último -consejo respecto al combate, a mediodía, después de beber regularmente, -y, según se dijo, después que el vino se les había subido a la cabeza. -Cuando los dos ejércitos se hubieron armado y se hizo inminente el -combate, los comerciantes y algunos bagajeros, así como los que no -querían combatir, prepáranse para alejarse del ejército beocio, pero -los mercenarios, bajo el mando de Hierón, y los peltastas focidios, -con la caballería heracleota y fliasia, forman un círculo y se -arrojan sobre ellos en el momento en que iban a alejarse, poniéndoles -en fuga y persiguiéndoles hacia el campamento beocio, con lo cual -hacen mucho más fuerte y más numeroso el ejército de los tebanos. -Después, extendiéndose una llanura entre los dos ejércitos, colocan -los lacedemonios su caballería al frente de su falange, mientras -los tebanos opónenle también la suya; pero la caballería tebana era -una tropa aguerrida por la guerra con los orcomenios y por la de -los tespieos, mientras que en aquel tiempo la de los lacedemonios -era muy detestable, pues los ciudadanos ricos eran los que criaban -los caballos, y al anunciarse una campaña llegaba cada uno de los -designados, tomaba el caballo y las armas que se le daban, y partía -inmediatamente. Además, eran los soldados más débiles y menos deseosos -de ilustrarse los que formaban parte de la caballería. Tal era la de -ambas partes. En cuanto a los cuerpos de ejército, dícese que los -lacedemonios ordenaron en tres filas las compañías[225], lo cual no -hacía más que doce hombres en fondo. Por el contrario, los tebanos -se habían aglomerado formando una profundidad de cincuenta escudos, -considerando que si vencían al cuerpo real, vencerían fácilmente los -restantes cuerpos. - -Cuando Cleómbroto comenzó a dirigirse contra el enemigo, y aun antes de -que su ejército se hubiese apercibido de que se avanzaba, la caballería -de ambas partes había venido ya a las manos, y la de los lacedemonios -había sido derrotada al primer empuje; al huir cae sobre sus mismos -hoplitas, atacados a su vez por los tebanos. Sin embargo, un testimonio -positivo demuestra la superioridad que el cuerpo de Cleómbroto tuvo -en los comienzos del combate, pues no hubieran podido levantarle y -apoderarse de él vivo, si los que combatían a su alrededor no hubiesen -tenido en aquel momento la mejor parte en el combate. Pero cuando fue -muerto el polemarca Dinón, así como Esfodrias, uno de los comensales -del rey, y Cleónimo, su hijo, la caballería y los sinforeos[226] del -polemarca no pudieron detener el poder del número y comenzaron a ceder; -las tropas del ala izquierda, al ver derrotada la derecha, principiaron -también a aflojar en su resistencia. A pesar del número de los muertos -y de su derrota, después de atravesar el foso que se hallaba delante -del campamento, vuelven a colocarse con las armas en el lugar de donde -habían partido. El campo no era completamente una llanura, pues formaba -cierta pendiente. Hubo entonces algunos lacedemonios que, creyendo no -debía soportarse tal desastre, dijeron era preciso impedir al enemigo -erigir un trofeo, y procurar recoger los muertos por la fuerza de las -armas sin recurrir a la tregua. Pero los polemarcas, viendo que habían -sucumbido ya cerca de mil lacedemonios, y que de unos setecientos -espartanos habían muerto cerca de cuatrocientos, así como que se -hallaban ya sin valor para combatir los aliados, a alguno de los cuales -acaso no contrariaba el giro que tomaban los sucesos, reúnen a los -jefes principales para determinar lo que debe hacerse. Habiendo todos -sido de parecer de pedir una tregua para recoger los muertos, envían un -heraldo para suplicarla. Levantan en seguida los tebanos un trofeo y -conceden la tregua para recoger los muertos. - -Después de estos sucesos, el enviado que lleva a Lacedemonia la nueva -de este desastre, llega a Esparta el último día de las Gimnopedias[227] -en el momento en que el coro de hombres se hallaba en función; los -éforos, al enterarse de este desastre, necesariamente tuvieron que -afligirse, pero no suspendieron el coro y dejaron terminar los juegos. -Después dieron los nombres de los muertos a cada uno de sus parientes, -recomendando a las mujeres no manifestaran su dolor, sino, por el -contrario, lo soportaran en silencio. Al día siguiente pudo verse -aparecer en público a los padres de los que habían perecido, alegres -y llenos de júbilo, mientras los padres de los que se había anunciado -sobrevivían al combate, no se mostraron más que en muy pequeño número y -con el rostro abatido y humillado. - -Inmediatamente decretan los éforos una leva de las cohortes restantes -llamando a las armas aun a los que hacía cuarenta años habían pasado -de la adolescencia; hacen partir también a los de esta edad que -pertenecían a las cohortes que habían salido antes, pues hasta entonces -solo se había enviado contra la Fócida a los que pertenecían al -ejército hacía menos de treinta años; ordénase, finalmente, que deben -también partir cuantos se habían antes quedado a consecuencia del cargo -que desempeñaban. No habiéndose repuesto aún Agesilao de su enfermedad, -da la ciudad el mando a su hijo Arquidamo. Los tegeatas muestran -mucho celo por ir con ellos, pues Estásipo y sus partidarios, que -abogaban por Lacedemonia, y que contaban con gran poder en su ciudad, -se hallaban aún con vida. Los mantineos de las aldeas les acompañan -también valerosamente, pues eran dominados por la aristocracia. Los -corintios, los sicionios, los fliasios y los aqueos muestran también -mucho celo en acompañarles, y muchas otras ciudades envían asimismo -su respectivo contingente. Los lacedemonios y los corintios equipan -trirremes, y piden también a los sicionios equipen algunas en las -cuales pensaban transportar al ejército, y Arquidamo sacrifica después -para obtener una marcha feliz. - -Los tebanos, inmediatamente después de la batalla, envían a Atenas -un mensajero coronado de flores, y al mismo tiempo que describen la -magnitud de la victoria, piden refuerzos, diciendo ha llegado el -momento oportuno de obtener venganza de todo el daño que han hecho los -lacedemonios. El senado ateniense se hallaba casualmente en sesión en -la acrópolis. Cuando los senadores se enteran de lo que ha sucedido, -dejan comprender a la vista de todos el vivo pesar que por ello -experimentan, pues no ofrecen presente hospitalario al mensajero ni -dan contestación alguna respecto a los refuerzos. De este modo sale de -Atenas aquel emisario. - -Los tebanos envían, sin embargo, diputados a Jasón, su aliado, -pidiéndole a toda prisa refuerzos y considerando los peligros del -porvenir. Equipa inmediatamente Jasón algunas trirremes para venir -en su auxilio por mar, y después, reuniendo sus mercenarios y la -caballería de su guardia, dirígese por tierra a Beocia, a pesar de -hallarse en una guerra de exterminio con los focidios, apareciendo -antes de que se haya anunciado en la mayor parte de las ciudades que -debía atravesar. Antes de que haya habido tiempo de reunir las tropas -para oponérsele, previniéndoles con su prontitud, se halla fuera de -su alcance, haciendo ver con esto que a menudo la velocidad en la -ejecución conduce más fácilmente al buen éxito que la violencia. - -Luego que ha llegado a Beocia, dícenle los tebanos que sería un momento -favorable para caer sobre los lacedemonios desde las alturas con sus -mercenarios, mientras ellos les atacarían de frente; pero Jasón les -aparta de este proyecto, demostrándoles que, después de un hecho -glorioso, no es conveniente entregar al acaso el adquirir una nueva -victoria mayor que la primera, o perder la que se ha conseguido. - ---«¿No veis --les dijo-- que vosotros mismos habéis sido vencedores -cuando os hallabais sumidos en la aflicción? Es preciso, pues, también -creer que los lacedemonios combatirían desesperadamente al verse -reducidos a la última extremidad. Además, la divinidad, según parece, -se complace muy a menudo en engrandecer a los débiles y humillar a los -grandes.» - -Jasón disuade, pues, a los tebanos, con estas palabras, de atacar a los -lacedemonios, mientras por otra parte demuestra también a estos que -es muy distinto ponerse en campaña con un ejército victorioso que con -tropas completamente vencidas. - ---«Si queréis olvidar el desastre que habéis experimentado, os aconsejo -toméis aliento y aumentéis vuestras fuerzas para mediros de nuevo con -aquellos a quienes no pudisteis vencer. Mientras tanto, añadió, debéis -saber que hay algunos de vuestros aliados que están en tratos con -vuestros enemigos para celebrar una alianza. Procurad, pues, a todo -precio obtener una tregua; y si deseo esto --añadió finalmente--, es -porque quiero salvaros, así por la amistad de mi padre hacia vosotros -como porque soy vuestro próxeno.» - -Esto dijo, pero acaso obraba así para que los dos bandos, aunque -separados entre sí por sus diferencias, necesitasen ambos de él. -Los lacedemonios, sin embargo, después de oírle, deciden negociar -una tregua, y cuando anuncian que está hecha, los polemarcas mandan -pregonar que se cene y se esté preparado para emprender la marcha -durante la misma noche, a fin de pasar el Citerón al apuntar el nuevo -día. Terminada la comida, en lugar de dormir, se da la orden de marcha -y se toma el camino de Creusis al oscurecerse el día, teniendo más -confianza en esta maniobra secreta que no en la tregua. Después de -una marcha penosa durante la noche, con miedo y en un camino áspero, -llegaron a Egóstena de Mégara, donde hallaron al ejército de Arquidamo. -Este, después de haber aguardado en dicho lugar a todos sus aliados, -conduce al ejército reunido a Corinto, de donde, después de licenciar a -los aliados, lleva a sus conciudadanos a Lacedemonia. - -Jasón, sin embargo, al volverse por la Fócida, se apodera del -arrabal de Hiámpolis, saquea el país y da muerte a gran número de -los habitantes. Llegado a Heraclea, después de haber atravesado -pacíficamente lo restante de la Fócida, destruye las murallas de -aquella población, no porque temiese pudiera ser atacado su poder -por aquel paso, sino más bien porque deseaba impedir que, ocupando a -Heraclea, que está situada en un desfiladero, pudiesen cerrarle el paso -cuando quisiese marchar contra cualquier comarca griega. - -Llegado a Tesalia, era grandemente poderoso, ya por haber sido nombrado -legalmente soberano absoluto de los tesalios, ya por tener a sueldo -y a sus órdenes gran número de tropas de infantería y de caballería, -ejercitadas de manera que pudieran vencer siempre a sus contrarios, y -por tener además gran número de pueblos aliados, fuera de los cuales -había también otros muchos que deseaban serlo. Pero lo que le colocaba -encima de todos los de su época, era que nada había en él que pudiese -ser objeto de desprecio por parte de nadie. Al acercarse la fecha de -los juegos píticos, hizo publicar en las ciudades se preparasen bueyes, -corderos, cabras y cerdos para los sacrificios, y se dice que, a pesar -de que había mandado muy moderadamente esa imposición, no se reunieron -menos de mil bueyes, y el resto de los otros ganados se elevó a diez -mil cabezas. Hizo también anunciar daría una corona de oro como premio -a la ciudad que presentase el más hermoso buey como primicia de las -víctimas. Ordenó asimismo a los tesalios se preparasen para ponerse en -campaña en la época de los juegos píticos, diciéndose tenía intención -de presidir por sí mismo la fiesta y los juegos en honor del dios. -Nada se sabe aún hoy, sin embargo, de cuáles eran sus intenciones -respecto a los tesoros sagrados; pero se dice que habiendo pedido los -delfios al oráculo qué es lo que debían hacer si se apoderaba de las -riquezas del dios, este contestó que eso corría de su cuenta. Este -hombre, pues, tan poderoso, que alimentaba en su espíritu designios tan -vastos y tan numerosos, acababa de verificar un día la inspección de -la caballería de Feras y de pasarle revista, cuando, al sentarse para -contestar a lo que pudiesen pedirle, fue asesinado e instantáneamente -muerto por siete jóvenes que se aproximaron a él como si tuviesen algún -litigio entre sí. Los doríforos[228], que se hallaban junto a él, se -precipitan inmediatamente para defenderle y matan de una lanzada a uno -de los asesinos, mientras daba aún a Jasón la última puñalada: otro es -cogido mientras montaba a caballo, y muere bajo sus golpes. Los otros -se lanzan a los caballos, que de antemano tenían preparados, y pueden -escaparse, siendo recibidos con honor en la mayor parte de las ciudades -griegas, lo cual demuestra cuánto temían los griegos que se convirtiese -en tirano. - -Sin embargo, una vez muerto Jasón, son nombrados jefes absolutos sus -hermanos Polidoro y Polifrón: Polidoro muere en un viaje que hicieron -ambos hermanos a Larisa, mientras dormía, y, según parece, asesinado -por aquel, pues su muerte acaeció de un modo completamente repentino y -sin causa ninguna aparente. A su vez Polifrón reina durante un año, y -ejerce un poder semejante a la tiranía, pues en Farsala hace perecer -a Polidamante y a ocho de los principales ciudadanos, y en Larisa -destierra a gran número de personas. Entregábase a tales excesos, -cuando Alejandro le da muerte para vengar a Polidoro y hacer cesar -la tiranía; pero cuando a su vez se ha revestido del poder, se hace -aborrecible como jefe a los tesalios, y como enemigo odioso también a -los tebanos y atenienses, mostrándose asimismo injusto saqueador por -tierra y por mar. A su vez cae bajo los golpes de los hermanos de su -mujer[229], que los incita con sus consejos, pues anunciándoles que -Alejandro les tiende una emboscada, les oculta en el interior de la -casa durante todo el día hasta que vuelve Alejandro completamente -ebrio. Después que se ha acostado, le quita la espada a la luz de la -lámpara, y viendo vacilar a sus hermanos, que no se atrevían a entrar -para matarle, les amenaza con hacerle despertar si no le mataban -en seguida. Después que entraron en su cámara, cierra la puerta, -sosteniendo ella misma el pestillo hasta que han dado muerte a su -marido. Según dicen algunos, el odio que tenía a este provenía de haber -hecho prender Alejandro a un joven muy hermoso a quien ella amaba, y -de que al pedirle ella le pusiera en libertad, le hizo salir de la -cárcel para matarle. Dicen otros que Alejandro, no habiendo tenido -ella sucesión, había hecho pedir en matrimonio a la mujer de Jasón, en -Tebas. Tales son, pues, las causas que se asignan como productoras de -este atentado. El poder recae entonces en Tisífono, el mayor de los -hermanos autores de este asesinato, quien reinaba aún al escribirse -esta historia. - - - - -CAPÍTULO V.[230] - - -Los sucesos de Tesalia que tuvieron lugar bajo el mando de Jasón, y -después de su muerte hasta la entronización de Tisífono, acaban de -relatarse, ahora voy a proseguir mi relación en el punto en que la -interrumpimos para esta digresión. - -Cuando Arquidamo hubo conducido a Leuctra los refuerzos que mandaba, -los atenienses, considerando que los peloponesios continuaban siguiendo -a los lacedemonios, y que no se hallaban aún estos en el estado a que -habían sido reducidos los atenienses, reúnen los enviados de todos los -estados que quieren participar de la paz que había dictado el rey. Una -vez reunidos, decrétase, que cuantos quieran participar de la paz, se -unan a ellos con este juramento: - - «Permaneceré fiel al tratado dictado por el rey y a los decretos de - los atenienses; y si se ataca alguna de las ciudades que han jurado, - la socorreré con todas mis fuerzas.» - -Todos los estados aplauden este juramento; únicamente los eleos le -hacen oposición, pretendiendo no deben declarar independientes a los -marganeos, esciluntios y trifilios, cuyas ciudades, según decían, les -pertenecían legalmente. Los atenienses y cuantos habían decretado, a -tenor de la carta real, fuesen igualmente libres todas las ciudades -pequeñas y grandes, envían encargados para recibir los juramentos, con -orden de hacer jurar a los principales magistrados de cada población. -Prestan juramento todos los estados, a excepción de los eleos. - -Mientras tanto los mantineos, considerándose completamente -independientes, se reúnen todos y decretan constituir una sola ciudad -en Mantinea y fortificarla. Por su parte, los lacedemonios no hallan -esta decisión acomodada a su gusto, si antes no se les pide su -consentimiento. Eligen, pues, a Agesilao para enviarle junto a los -eleos, porque, según creían, de padres a hijos había su familia sido -amiga de los mantineos. - -Al llegar entre ellos, los magistrados rehúsan convocar la asamblea, y -mandan les declare el objeto de su llegada. Promételes Agesilao que si -suspenden el levantamiento de las fortificaciones durante algún tiempo, -hará de manera que puedan construirlas con el consentimiento de los -lacedemonios y sin gasto alguno; pero al responderle les es imposible -suspender estos trabajos, puesto que el estado en masa ha decretado -levantarlas sin la menor tardanza, se va de Mantinea muy encolerizado. -A pesar de todo, no parecía posible el guerrear contra ellos, pues la -autonomía era una de las condiciones de la paz que se había celebrado. -Algunas ciudades de Arcadia envían también a los mantineos operarios -para trabajar en la reconstrucción de los muros, y los eleos les -proporcionan tres talentos de plata para aplicarse al gasto de aquella. -He ahí el estado de los asuntos de los mantineos. - -Entre los tegeatas, el partido de Calibio y Próxeno se reunía con el -objeto de favorecer la confederación de toda la Arcadia y para procurar -la sumisión de todas las ciudades a las decisiones de la confederación; -pero el partido de Estásipo procuraba conservar a la ciudad su estado -actual y las leyes patrias por que se regía. Vencidos los partidarios -de Próxeno y Calibio en la elección de las magistraturas, y creyendo -que si el pueblo se reunía, dominarían por el número, corren a las -armas. Estásipo y sus partidarios se arman también al verlos, y poco -les ceden en número: al venir a las manos, dan muerte a Próxeno y -a algunos otros que estaban junto a él, aunque no persiguen a los -fugitivos, pues el carácter de Estásipo no era a propósito para desear -fuese grande la matanza entre los ciudadanos: los de Calibio, que se -habían retirado junto a los muros y puertas de Mantinea, se reúnen y -toman descanso así que ven que sus adversarios no les persiguen. Habían -enviado ya a pedir socorro a los mantineos y se hallaban en tratos -con la fracción de Estásipo para llevar a efecto una reconciliación; -pero cuando ven llegar a los mantineos, unos escalan los muros y -ordenan les socorran cuanto antes y les gritan se apresuren, y otros -les abren las puertas. Los de Estásipo, al apercibirse de ello, -salen precipitadamente por la puerta que lleva al Palantio, y logran -refugiarse en el templo de Ártemis[231] antes de ser alcanzados por los -que les persiguen, y allí se encierran, manteniéndose a la expectativa. -Los enemigos que les persiguen súbense al templo, y después de levantar -la techumbre, les arrojan las tejas. Los demás, conociendo su mala -situación, les ruegan cesen en su ataque y declaran quieren salir del -templo. Apodéranse de ellos sus adversarios, les encadenan y conducen -sobre un carro a Tegea, donde, de acuerdo con los mantineos, les -condenan a muerte y les ejecutan. - -Durante estos sucesos, unos setecientos tegeatas, del partido de -Estásipo, huyen a Lacedemonia, e inmediatamente decretan los espartanos -que es preciso, conforme a los juramentos, vengar a los muertos y -desterrados de Tegea. Dirígense, pues, contra los mantineos, a quienes -acusan de haber faltado a sus juramentos al dirigir sus armas contra -los tegeatas. - -Los éforos decretan una leva de tropas, y la ciudad da el mando de las -mismas a Agesilao. Los arcadios se reúnen a consecuencia de esto en -Ásea[232], a excepción de los orcomenios, que no quieren tomar parte -en la Liga arcadia a causa de su enemistad con los mantineos; pero -como habían recibido en la ciudad el cuerpo de mercenarios reclutado -en Corinto y mandado por Polítropo, los mantineos quedáronse allí para -vigilarles; los hereos y lepreatas se unen a los lacedemonios contra -los mantineos. - -Agesilao, después de ofrecer los sacrificios de la marcha, se dirige -a Arcadia. Ocupa a Eutea, ciudad fronteriza, donde no halló más que -los ancianos, las mujeres y los niños, pues que los hombres aptos para -las armas habían partido todos a unirse al ejército arcadio. No hace, -sin embargo, daño alguno a la ciudad: conserva a los habitantes todas -sus propiedades y compra todo lo que necesita su ejército, así como -hace restituir todo aquello de que se habían apoderado al entrar en -las poblaciones. Hace también reparar los muros, mientras espera los -mercenarios de Polítropo. Durante este tiempo dirígense los mantineos -contra los orcomenios; pero tienen que retirarse de delante de sus -muros después de haber sufrido bastantes bajas: decláranse en retirada, -y llegan a Elimia sin que les persigan los hoplitas orcomenios; pero -siendo acosados con grande audacia por las tropas de Polítropo, y -conociendo entonces los mantineos que si no rechazan a este enemigo, -perderán mucha gente con sus proyectiles, dan repentinamente una -media vuelta y les aguardan. Polítropo muere combatiendo y los demás -se declaran en fuga y hubieran perecido en su mayor parte si no -hubiese sobrevenido la caballería fliasia, que consiguió detener a los -mantineos en su persecución después de circunvalarles. Hecho esto, -vuélvense los mantineos a su ciudad. Al saber Agesilao esta nueva, -piensa que no podrán juntársele ya los mercenarios de Orcómeno, y -avanza con las tropas que tenía bajo su mando. Cenan el primer día en -territorio tegeata, y al día siguiente pasa al de Mantinea, acampa -al pie de los montes situados al occidente de esta ciudad, saquea el -país y devasta los campos. Los arcadios, reunidos en Ásea pasan de -noche a Tegea; al día siguiente acampa Agesilao a unos veinte estadios -de Mantinea; pero los arcadios de Tegea, que ocupaban ya los montes -entre esta ciudad y Mantinea, llegan con gran número de hoplitas, -deseando vivamente unirse a los mantineos, pues los argivos no les -habían mandado todas sus fuerzas. Indicaron algunos a Agesilao que -era conveniente les atacase separadamente; pero aquel, temiendo ser -acosado por la espalda por los mantineos, mientras avance contra los -enemigos, decide como cosa mejor permitir la unión, y en el caso en que -quisieran venir a las manos, combatir abierta y francamente. De este -modo conservan reunidas los arcadios todas sus fuerzas. - -Los peltastas de Orcómeno, acompañados de la caballería fliasia, -marchando por la noche en dirección de Mantinea, se presentan al -apuntar el día ante el campamento, mientras Agesilao ofrecía el -sacrificio, haciendo que cada cual corra a su puesto y que Agesilao -se retire hacia los suyos. Pero después que reconocer que son amigos -y que ha obtenido aquel signos favorables, da orden de avanzar a su -ejército después del desayuno. Por la noche, sin ser visto, acampa en -la garganta de la montaña situada detrás del país mantineo y rodeada de -montes próximos. Al amanecer del día siguiente, y mientras sacrificaba -delante del campamento, ve poblarse de enemigos las montañas, al pie -de las cuales se halla su retaguardia, y comprende entonces que es -preciso salir cuanto antes de aquel desfiladero. Teme, sin embargo, -que si él abre la marcha, el enemigo caerá sobre su retaguardia, por -lo cual permanece en el mismo sitio y mostrando al enemigo el frente -de su ejército, da orden a los que le siguen hagan su conversión a la -derecha y se coloquen junto a él detrás de la falange; de este modo, al -propio tiempo que aumenta la fuerza defensiva de esta, hace salir de -los desfiladeros a sus tropas. Cuando la falange se halla de este modo -con doble fondo, se pone a la cabeza de los hoplitas, y llegado a la -llanura, despliega nuevamente su ejército sobre nueve o diez escudos de -fondo. - -Los mantineos, sin embargo, no verificaban ninguna salida, pues los -eleos que se les habían juntado, les persuaden a no librar combate -hasta que hayan llegado los tebanos, pretendiendo saber positivamente -que se les juntarán a causa de haberles prestado diez talentos para -esta expedición. Cediendo a sus razones, no salen de Mantinea los -arcadios, y Agesilao, a pesar de su vivo deseo de sacar de allí a -sus tropas por hallarse ya a mitad del invierno, permanece tres días -en estos países y a poca distancia de la ciudad para que no aparezca -que apresura por miedo su partida; pero al cuarto día por la mañana, -después de almorzar, da la orden de marcha a su ejército como para -acampar en el sitio en que lo había hecho el primer día después de -haber salido de Eutea[233]. Luego, no distinguiéndose ningún arcadio, -se apresura a dirigirse a esta población aunque era ya muy tarde para -que no se apercibiesen los fuegos enemigos y nadie pudiese decir sea -una fuga su retirada. En efecto, parecía haber levantado un poco el -ánimo de su patria, pues había invadido Arcadia y nadie había querido -aceptar batalla, a pesar de hallarse saqueando el país. Llegado a -Laconia, permite vuelvan a su casa los espartanos y despide para sus -respectivas ciudades a los periecos. - -Inmediatamente después de la marcha de Agesilao, los arcadios, al -saber ha licenciado aquel su ejército, mientras ellos se encuentran -todos reunidos, se dirigen contra los hereos por no haber estos -querido formar parte de la confederación; hacen una irrupción en -su país, incendian las casas y cortan los árboles; pero cuando se -anuncia la llegada de los tebanos a Mantinea en socorro de esta, -dejan a los hereos y se juntan a ellos. Una vez reunidos, opinan los -tebanos haber hecho lo bastante acudiendo en su socorro, pues no veían -ya enemigo alguno en el país; pero los arcadios, argivos y eleos, -procuran persuadirles para que se arrojen inmediatamente sobre Laconia, -mostrándoles su gran número y alabando sobre manera al ejército tebano. -Los beocios, en efecto, se ejercitaban todos en las armas orgullosos -por la victoria obtenida en Leuctra, e iban acompañados además por -los focidios, a quienes habían subyugado, por las tropas eubeas de -todas las ciudades, por los locrios de las dos comarcas[234], por los -acarnanios, por los heracleotas y por los maleos, yendo también con -ellos la caballería y los peltastas tesalios. Regocijándose con esta -superioridad, a la cual oponen el aislamiento de Lacedemonia, suplican -a los tebanos que no se ausenten sin haber hecho antes una invasión en -el territorio espartano. - -Los tebanos atienden a sus razones, pero reflexionan sobre lo difícil -que se reputa la entrada en Lacedemonia, y piensan que sin duda se -habían colocado puestos de vigilancia en los puntos más practicables. -Efectivamente, Iscolao se hallaba en Eo, ciudad escirita[235], con un -destacamento de neodamodes y unos cuatrocientos desterrados de Tegea, -de entre los más jóvenes, hallándose otro destacamento en Leuctro, -sobre la Maleátide[236]. Reflexionan asimismo los tebanos que las -fuerzas lacedemonias pueden reunirse prontamente, y que en ninguna -parte se batirán mejor que en su misma patria. Todas estas reflexiones -hacen que no se apresuren a dirigirse contra Lacedemonia. - -Llegan, sin embargo, algunos habitantes de Carias[237] que les anuncian -el aislamiento en que se encuentra Lacedemonia y que prometen servirles -de guías, manifestando consienten en ser degollados a la menor sospecha -de traición: llegan asimismo algunos periecos para llamarles en su -auxilio, manifestándoles solo aguardan su entrada en el país para -sublevarse en masa. Afirman igualmente que los periecos de Esparta -rehúsan obedecer en aquellos momentos la orden de congregarse que -han recibido de los lacedemonios. Oyendo los tebanos todas estas -referencias, que les llegan por conductos tan distintos, se dejan -convencer e invaden Laconia por Carias, mientras los arcadios avanzan -por Eo en la Escirítide. Según se dice, si Iscolao hubiese avanzado -hasta llegar a los pasos difíciles y los hubiese defendido, ningún -enemigo hubiera podido penetrar por allí; pero queriendo aprovecharse -del contingente de los eatas, permaneció en esta población mientras los -arcadios llegan en masa. Las tropas de Iscolao conservan sus ventajas -mientras tienen enemigos solo a su frente; pero cuando estos les -circunvalan subiéndose a los tejados de las casas, y les agobian con -sus proyectiles, perecen Iscolao y los suyos, a excepción de unos pocos -que consiguen escapar sin ser reconocidos. Los arcadios, después de -haberse abierto camino de este modo, avanzan sobre Carias para unirse a -los tebanos. Estos, al venir en conocimiento del éxito que han tenido -en su expedición los arcadios, se hacen mucho más audaces para bajar -a la llanura. Principian por incendiar y saquear Selasia, y al bajar -de los montes, acampan en el territorio consagrado a Apolo, de donde -salen al día siguiente, y no atreviéndose a atravesar el puente para -dirigirse contra la ciudad, pues se veían los hoplitas en el templo -de Alea[238], avanzan, teniendo a su derecha el Eurotas, quemando y -saqueando habitaciones llenas de considerables riquezas. - -En cuanto a los de la ciudad, las mujeres espartanas no pueden -soportar la vista del humo del campamento enemigo[239], pues nunca -lo habían visto desde la ciudad, y los lacedemonios, cuya capital -carece de murallas, se aprestan convenientemente para defenderla, sin -poder ocultar el pequeño número de hombres que tienen en realidad. -Deciden los magistrados anunciar a los hilotas que cuantos quieran -tomar las armas y alistarse, obtendrán la seguridad de recibir su -libertad después de haber combatido con los ciudadanos. Dícese que -inmediatamente se inscribieron más de seis mil; de manera que reunida -esta multitud, inspiró nuevo temor y se les encontró demasiado -numerosos; pero como quedaban en Esparta los mercenarios de Orcómeno -y recibieron los lacedemonios el contingente de los fliasios, de los -corintios, de los epidaurios, de los peleneos y de otras ciudades, -principiaron a tener menos cuidado del número de los hilotas inscritos. - -Cuando el ejército enemigo ha avanzado hasta Amiclas, atraviesa allí -el Eurotas. Los tebanos, dondequiera acampen, cortan los árboles y los -colocan ante sus líneas en el mayor número posible, y de esta manera -se ponen en guardia contra un ataque; pero los arcadios no toman -estas precauciones, pues abandonando sus armas, corren a saquear las -habitaciones. Tres o cuatro días después, la caballería avanza en -buen orden hasta el hipódromo, junto al templo de Geoco[240]; esta -caballería estaba formada por todos los tebanos, los eleos, todos -los caballos focidios, tesalios y locrios. Frente a esta caballería -se hallaba la de los lacedemonios, que parecía poco numerosa; pero -una emboscada de los hoplitas más jóvenes, en número de trescientos, -había sido colocada en la Casa de los Tindáridas[241], y al cargar la -caballería se arroja sobre el enemigo, obligando a aquella a replegarse -sin sostener el choque, movimiento seguido asimismo por gran número -de infantes que emprenden la fuga. Cuando ha cesado la persecución y -hace alto el ejército tebano, vuelven a restablecer su campamento. -Principia a esperarse entonces con más confianza que no atacarán la -ciudad, y efectivamente, levantando el campamento, toma el ejército -el camino de Helos y de Gitio; quemando cuantas ciudades indefensas y -cuanto encuentra a su paso, sitia durante tres días a Gitio, donde se -hallaban los arsenales lacedemonios, habiéndose juntado cierto número -de periecos a los enemigos y continuando después la campaña con los -tebanos. - -Al conocer los atenienses estos sucesos, hállanse sumidos en -vacilaciones respecto a lo que deben hacer para los lacedemonios, y -celebran una asamblea por decisión del senado. Hallábanse presentes -los diputados lacedemonios y los de los aliados que permanecían aún -fieles a Esparta. Los espartanos Áraco, Ocilo, Fárax, Etimocles y -Olonteo dijéronles todos casi lo mismo. Recuerdan a los atenienses -que siempre, en las grandes ocasiones, se han sostenido mutuamente -para su mayor bien. Ellos en efecto, dicen, arrojaron de Atenas a los -tiranos, mientras los atenienses les socorrieron valerosamente cuando -se hallaban sitiados por los mesenios; enumeran asimismo todas las -ventajas que han obtenido cuantas veces han obrado de común acuerdo. -Les recuerdan también la manera cómo combatieron juntos a los bárbaros, -y que los atenienses fueron elegidos por todos los griegos, con el -beneplácito de los espartanos, jefes de la flota y depositarios del -tesoro común[242], así como los espartanos unánimemente proclamados -jefes de los ejércitos de tierra por el consentimiento de los -atenienses. - -Uno de ellos, en especial, dice con poca diferencia estas palabras: - ---«Ciudadanos: si os unís con nosotros en esta ocasión, es casi seguro -se realizará el antiguo proverbio de que los tebanos serán diezmados.» - -Los atenienses, sin embargo, no acogen favorablemente estas palabras, -sino por el contrario, levantándose grandes murmullos, dicen: - ---«Eso declaráis ahora; pero cuando estabais en la prosperidad bien -sabíais oprimirnos.» - -Lo que pareció como más fundado en los hechos de cuanto dijeron los -lacedemonios fue que después de haber subyugado Atenas, se habían -opuesto al proyecto de los tebanos, que querían fuese arrasada Atenas. -El argumento más repetido fue el de que se debían los refuerzos -en virtud de los juramentos, pues no eran las injusticias de los -lacedemonios las que les habían indispuesto con los arcadios y sus -aliados, sino el auxilio que habían prestado estos a los tegeatas, -atacados por los mantineos contra la fe jurada. Esto produjo grande -alboroto en la asamblea, diciendo uno que los mantineos habían obrado -justamente al socorrer a los partidarios de Próxeno muertos por -Estásipo, y otros afirmando que habían sido injustos al dirigirse en -armas contra los tegeatas. - -Mientras tiene lugar esta discusión en la asamblea, se levanta el -corintio Clíteles y dice: - -«Ciudadanos atenienses: si ciertamente procuráis con imparcialidad -dejar sentado quiénes fueron los primeros en obrar injustamente, -¿quién podrá acusarnos a nosotros, desde que se celebró la paz, de -habernos dirigido contra alguna ciudad, de habernos apoderado de las -riquezas del que las poseía o de haber devastado las comarcas de otro -estado? Y, sin embargo, los tebanos han entrado en nuestros dominios, -han cortado nuestros árboles, incendiado nuestras casas y arrebatado -nuestros bienes y nuestros rebaños. ¿Cómo podríais, pues, sin faltar a -vuestros juramentos, no socorrernos cuando somos víctimas manifiestas -de la injusticia, y cuando habéis sido vosotros los que os tomasteis el -trabajo de ligarnos por toda clase de juramentos?» - -Después de estas palabras, los atenienses, con sus muestras de -aprobación, indican que Clíteles ha hablado justa y equitativamente. -Inmediatamente después levantose el fliasio Procles, y dijo[243]: - -«Atenienses: luego que los tebanos se hayan deshecho de los -lacedemonios, seréis vosotros los primeros contra quienes tendrán que -dirigirse, pues, en efecto, sois el único estado que puedan considerar -como un obstáculo a su dominación sobre los griegos; es un hecho que -me parece evidente. Si esto es así, creo que al ir a defender a los -lacedemonios os defendéis también vosotros mismos, porque siendo -dueños de Grecia los tebanos, que se hallan mal dispuestos hacia -vosotros y que habitan al pie de vuestras mismas fronteras, será -mucho más difícil vuestra situación que teniendo lejos a vuestros -rivales. Mucho más prudente es, pues, el defenderos a vosotros mismos, -mientras tenéis aún aliados que no esperan el momento en que la ruina -de estos últimos os obligue a luchar solos contra los tebanos. Si -algunos de vosotros teméis que los lacedemonios, al salir con bien, -os susciten obstáculos más tarde, considerad que no debe temerse el -engrandecimiento de aquellos a quienes se prestan beneficios, sino el -de aquellos a quienes se hace algún daño. Debéis asimismo reflexionar -que es conveniente para las repúblicas, del propio modo que para los -particulares, asegurarse de la posesión de algún bien mientras se halla -este en todo su vigor, a fin de que, si alguna vez pierde su fuerza, -conserve algo como resultado de las penalidades pasadas. Ahora la -divinidad os ofrece ocasión propicia para adquirir en los lacedemonios -unos amigos para siempre, si los socorréis según sus súplicas; y, en -efecto, paréceme que no recibirían ante pequeño número de testigos este -beneficio vuestro, pues los dioses, que lo ven todo, lo sabrán ahora y -siempre, y llegará asimismo a oídos de aliados y enemigos, de griegos -y de bárbaros, ya que todo el mundo se preocupa en gran manera de lo -que está sucediendo. Si se mostraran ingratos hacia vosotros, ¿quién -podría manifestar consideración hacia ellos? Pero es preciso esperar -que se mostrarán leales y no ingratos ellos, que más que nadie son -considerados como amigos constantes de la gloria y enemigos de toda -acción deshonrosa. - -»Además de esto, reflexionad sobre lo que voy a deciros: Si en -cualquiera ocasión amenazara a Grecia algún nuevo peligro por parte -de los bárbaros, ¿en quién podríais tener más confianza que en los -lacedemonios? ¿Qué defensores podríais desear mejores que aquellos que, -apostados en las Termópilas, prefirieron morir todos, que salvar la -vida abriendo el camino de Grecia a los bárbaros? ¿No es, pues, justo -que el recuerdo del valor que desplegaron con vosotros y la esperanza -de alcanzar juntos nuevos lauros, animen vuestro celo para con ellos, -para con nosotros y para con vosotros mismos? Es preciso asimismo -que sus aliados actuales[244] sean para vosotros un nuevo estímulo -para vuestro celo hacia ellos, pues bien sabéis que cuantos les -permanecen fieles en sus apuros[245] se avergonzarían de no atestiguar -su reconocimiento. Si nosotros, que parecemos solo exiguas ciudades, -queremos, sin embargo, participar de sus peligros, pensad que, al -juntarse a nosotros vuestra república, ya no serán pequeños estados los -que vendrán en su auxilio. - -»En cuanto a mí, atenienses, siempre he admirado grandemente vuestra -ciudad cuando oía decir que cuantos se hallaban oprimidos o temían la -opresión se refugiaban entre vosotros y recibían vuestros auxilios; -pero ahora no solo lo oigo, sino que veo por mí mismo las súplicas que -los lacedemonios, tan afamados, y con ellos sus aliados más fieles, os -dirigen, rogándoos los socorráis. Veo asimismo a los tebanos, aquellos -que en otro tiempo no pudieron convencer a los lacedemonios para que os -redujesen a la esclavitud, que os piden ahora veáis con indiferencia la -destrucción de aquellos que os salvaron en otro tiempo. Dícese, para -la gloria y buena fama de vuestros antepasados, que no permitieron -quedaran insepultos los argivos que perecieron ante la Cadmea; sería -mucho más glorioso para vosotros no consintáis que se ultrajen ni -destruyan los lacedemonios que se hallan aún con vida. Es ciertamente, -asimismo, una gloriosa acción el haber reprimido la insolencia de -Euristeo, y haber salvado a los hijos de Hércules. Pero ¿no sería -más hermoso el salvar asimismo a los fundadores de la población[246] -y a la población entera? Sin embargo, la acción más hermosa sería -hoy socorrer, con las armas en la mano y a través de los peligros, a -los lacedemonios que en otro tiempo os salvaron por un voto, aunque -sin peligro. Si nosotros nos sentimos orgullosos al exhortaros para -que socorráis a un pueblo de valientes, ¿no sería para vosotros, que -podéis socorrerles eficazmente, un acto de reconocida generosidad, que -después de haber sido a menudo amigos y enemigos de los lacedemonios, -olvidaseis más bien las injurias que los beneficios y les mostraseis -vuestro reconocimiento, no solo en vuestro nombre, sino en el de toda -Grecia, como efectivamente por sus acciones han merecido?» - -Después de este discurso comienzan los atenienses la votación: no -permiten hablar a los que quieren hacerlo en sentido opuesto, y votan -socorrer en masa a los lacedemonios, poniendo al frente de este -ejército al general Ifícrates. Terminados los sacrificios, ordena este -se coma en la Academia, y se dice que muchos salieron ya antes de -ponerse en marcha dicho jefe. Colócase este al frente de las tropas, -que marchan con entusiasmo, en la esperanza de que se las conduce a -realizar gloriosas acciones. Llegado a Corinto, permanece allí durante -algunos días, y principian a reprocharle las tropas esta pérdida de -tiempo; pero cuando les hace salir de la ciudad, se hallan llenos de -ardor para seguirle dondequiera los conduzca y para atacar los muros -contra los que se dirija. - -En cuanto a Lacedemonia, los enemigos que devastaban su territorio, -arcadios, argivos y eleos, sus fronterizos, habían ya partido en gran -número, llevándose con ellos el botín que habían hecho. Los tebanos y -los demás enemigos deciden abandonar la comarca, porque ven disminuir -cada día más su ejército y porque cada vez se hacen más raros los -víveres, pues todo había sido consumido, arrebatado, dilapidado o -quemado, a lo cual se une la presencia del invierno, que contribuye -a que todos deseen partir. Cuando todas estas tropas se alejaron de -Lacedemonia, Ifícrates condujo igualmente a sus atenienses de Arcadia a -Corinto. - -No pretendo criticar lo bueno que puede haber hecho durante el conjunto -de su mandato, pero respecto a su conducta en esta época, paréceme que -todos sus actos pecaron de inútiles o de imprudentes. Efectivamente -decide apoderarse del monte Oneo[247], a fin de que no puedan los -beocios regresar a su patria, y deja libre el paso más fácil, junto a -Céncreas. Más tarde, queriendo saber si los tebanos han pasado el monte -Oneo, envía en exploración a la caballería ateniense y a todos los -corintios; y sin embargo, un pequeño destacamento de hombres puede ver -lo mismo que una gran sección, pero en cambio, en caso de una retirada, -es mucho más fácil que puedan aquellos realizarla, hallando mayores -facilidades en los caminos que una gran división. Pero ¿no es el colmo -de la locura el hacer avanzar contra el enemigo muchas tropas, no -siendo bastante fuertes para rechazarle? Por esto aquella caballería, -cuya extensa línea ocupaba grande espacio, halló a causa de su número -muchos pasos difíciles, de manera que perdieron a lo menos veinte -hombres; y en cuanto a los tebanos, se retiraron como y por donde -quisieron. - - - - -LIBRO SÉPTIMO. - -CAPÍTULO PRIMERO.[248] - - -Al año siguiente llega a Atenas una comisión de lacedemonios y aliados, -con plenos poderes para negociar las condiciones de una alianza entre -Esparta y Atenas. Diciendo muchos extranjeros y atenienses que la -alianza debía tener lugar bajo el pie de la más perfecta igualdad, el -fliasio Procles pronuncia el siguiente discurso: - -«Atenienses: ya que os ha parecido bien aceptar la amistad de los -lacedemonios, considero conveniente procuréis, por todos los medios -posibles, que esta amistad sea duradera: esto lo conseguiréis -estableciendo como bases del tratado las condiciones que sean más -ventajosas a los dos partidos, y de este modo podremos permanecer largo -tiempo unidos. Estamos de acuerdo sobre todos los puntos, a excepción -del referente a la hegemonía[249], de que ahora se está tratando; -vuestro consejo ha propuesto que el mando en la mar pertenezca a -los atenienses, y en tierra a los lacedemonios, y me parece a mi -también que este reparto de atribuciones está indicado, no solo por -la prudencia humana, sino por la naturaleza y providencia divinas. En -primer lugar, vuestra situación es lo más favorable que imaginarse -pueda para el imperio del mar, pues la mayor parte de las ciudades -que necesitan de él se hallan construidas en los alrededores de la -vuestra, y todas ellas son más débiles que vosotros; además poseéis -varios puertos, sin los cuales es imposible todo poder marítimo. Tenéis -asimismo muchas trirremes, y habéis heredado de vuestros mayores el -afán de aumentar sin cesar su número. - -»Además, todas las artes necesarias para este poderío las tenéis -aclimatadas en vuestra ciudad; y respecto a la habilidad en la -profesión marítima, dejáis atrás a todos los pueblos, pues la mayor -parte de vosotros no vive, efectivamente, más que por el mar; de manera -que, mientras cuidáis de vuestros particulares asuntos, no descuidáis -el sobrepujar a los demás en las maniobras navales. Pero aún hay más: -no hay puerto alguno que pudiese proporcionar reunidas tantas naves -como el vuestro, lo cual no es poco para la hegemonía, pues todos -prefieren agruparse alrededor del que desde el principio y por sí -mismo, les supera en fuerzas. Los dioses mismos os han concedido el -poder sobresalir en esto; habéis librado los más importantes combates -navales, y con poquísimos reveses habéis conseguido el mayor número de -victorias, por lo cual es muy natural que los aliados prefieran correr -junto a vosotros las penalidades de estos combates. Comprenderéis -asimismo la necesidad y el deber que os están impuestos respecto al -cuidado y vigilancia de vuestras fuerzas navales, por lo que voy a -deciros. Os hacían la guerra los lacedemonios desde largos años, y -aunque vencedores por tierra, no conseguían gran cosa para vuestra -ruina; pero así que la divinidad les concedió poder dominar por mar, -inmediatamente consiguieron subyugaros por completo. ¿No hay, pues, en -esto una prueba evidente de que vuestra salvación depende de vuestro -poder marítimo? Siendo esto así, ¿cómo podríais abandonar a los -lacedemonios el mando en el mar, una vez convienen ellos mismos en la -inferioridad de su marina, sobre todo si consideráis que no hay paridad -entre ellos y vosotros en las luchas navales, pues que ellos exponen -únicamente los hombres que tienen en sus trirremes, y vosotros exponéis -a vuestros hijos, a vuestras mujeres y a vuestra ciudad entera? - -»Eso por lo que hace a vuestra ciudad. Pongámonos ahora en el punto de -vista lacedemonio: en primer lugar tienen su morada lejos de la costa; -de manera que, mientras sean dueños de su comarca, su existencia no -está comprometida, aunque sean inferiores en el mar. Por esto, desde -su más tierna infancia se entregan a los ejercicios necesarios para -los ejércitos terrestres: poseen en tierra, como vosotros en el mar, y -en el más alto grado, la obediencia a los jefes, cosa la más esencial -a todo ejército. Además pueden poner en pie de guerra un numeroso -ejército con la misma prontitud con que podéis vosotros equipar una -poderosa flota; de donde resulta que los aliados se unen también a -ellos con la mayor confianza. También la divinidad les ha concedido en -tierra igual beneficio que a vosotros por mar: han sostenido en tierra -el mayor número de luchas, habiendo experimentado muy pocas derrotas y -obtenido innumerables triunfos. De ahí la necesidad en que se hallan -de fijar toda su actividad del lado de la tierra, como vosotros en el -mar, resultando asimismo de los hechos pasados, pues aunque les hayáis -ganado a menudo combates marítimos, sin embargo, no habíais conseguido -nada importante para dominarles; pero así que les derrotasteis una sola -vez en combates terrestres, vieron comprometida la existencia de sus -hijos, de sus mujeres y de su misma ciudad[250]. ¿Cómo, pues, dejaría -de serles penoso el confiar a otros la supremacía de los ejércitos de -tierra, cuando ellos son los primeros en este elemento? He aquí por qué -he hablado en apoyo del proyecto del consejo, pues, a mi modo de ver, -ofrece las mayores ventajas a ambas partes. Ojalá seáis todos felices -por haberos decidido conforme al general interés de todos.» - -Tal fue su discurso. Los atenienses y lacedemonios presentes aprobaban -vivamente sus palabras, pero levantándose Cefisódoto, les dice: - -«Atenienses: estad alerta, que os quieren engañar; escuchadme, que -voy a daros inmediatamente las pruebas de ello[251]. Ciertamente -mandaréis en el mar, pero al hacerse aliados vuestros los lacedemonios, -es natural que os envíen jefes y marinos espartanos, aunque los -marineros serán únicamente hilotas o mercenarios; he aquí los hombres -que pondrán a vuestras órdenes; por el contrario, cuando os anuncien -los lacedemonios una expedición terrestre, es natural que les mandéis -vuestros hoplitas y vuestra caballería. He aquí, pues, que vosotros os -pondréis bajo sus órdenes y en cambio vosotros no tendréis bajo las -vuestras más que esclavos y gente de ningún valer. - -»Dime, Timócrates lacedemonio, ¿no has dicho hace poco que venías para -concertar la alianza, partiendo de la base de la más perfecta igualdad? - -»--Así lo dije. - -»¿Puede haber, pues, una igualdad más perfecta que si cada uno a su vez -ejerce el mando de la flota y del ejército, y si participáis vosotros -de las ventajas que puede presentar el mando marítimo, y nosotros del -terrestre?» - -Al oír estas palabras, cambian los atenienses de opinión, y decretan -que cada uno de los dos estados ejerza el mando durante cinco días. - -Dirígense las tropas de ambos estados y las de sus aliados a Corinto, -donde deciden guardar todos juntos el monte Oneo, y cuando llegan los -tebanos con sus aliados, distribúyense los pasos que cada uno debe -defender. Los lacedemonios y peleneos se colocan en el lugar de más -peligro. Así que los tebanos y sus aliados se hallan a unos treinta -estadios[252] de estos pasos, acampan en la llanura, y calculando -entonces el tiempo que necesitan para franquear esta distancia, salen -con el alba contra el destacamento lacedemonio: su cálculo no les -engaña, pues caen sobre los lacedemonios y peleneos cuando acababan de -relevarse las guardias nocturnas, mientras los soldados se levantaban -de sus lechos para ir cada cual a sus quehaceres. Arrójanse sobre -ellos los tebanos en correcta formación, y los derrotan por completo, -pues no habían tomado precaución alguna y se hallaban en desorden. Al -refugiarse los que se habían salvado de este combate a la colina más -próxima, hubiera podido el polemarca lacedemonio conservar su posición -tomando el número que le hubiese parecido conveniente de peltastas y -de hoplitas aliados, pues le era fácil recibir en completa seguridad -las provisiones desde Céncreas; pero no lo hizo, y mientras los tebanos -vacilan sobre si bajarán por el lado de Sición o si volverán sobre sus -pasos, concierta una tregua que consideran casi todos más ventajosa -para los tebanos que para los suyos, y se retira con sus tropas. - -Los tebanos bajan con la seguridad más completa, reúnense a todos sus -aliados arcadios, argivos y eleos, y principian por atacar a Sición -y Pelene, dirigiéndose después sobre Epidauro y devastando todo su -territorio. Retíranse después sin preocuparse del enemigo, y cuando -se hallan junto a la ciudad de Corinto se arrojan a la carrera por -la cuesta que conduce a Fliunte a fin de penetrar en ella si se -encuentran abiertas sus puertas. Algunas tropas ligeras de la ciudad -se dirigen en armas contra los soldados escogidos de los tebanos que -no se hallaban ya más que a unos cuatro pletros[253] de las murallas, -y subiendo sobre los túmulos sepulcrales y sobre las eminencias del -terreno, arrojan gran número de dardos y flechas sobre los enemigos, -a quienes matan gran número de los que se hallan en los puntos más -avanzados, y después de haberles puesto en fuga, les persiguen hasta -la distancia de tres o cuatro estadios[254], después de lo cual, los -corintios se llevan los muertos hasta junto a las murallas; concédese -al enemigo una tregua para recogerlos y levantan los trofeos. Esta -victoria consigue dar algún ánimo a los aliados de los espartanos. - -Al mismo tiempo que tenían lugar estos sucesos, reciben los -lacedemonios un refuerzo de más de veinte trirremes que les manda -Dionisio, consistente en celtas e iberos y unos cincuenta soldados -de caballería. Al día siguiente, los tebanos y todos sus aliados, -formándose en la llanura, que llenan por completo hasta el mar y las -colinas que rodean a la ciudad, destruyen en ellas todo cuanto puede -prestar alguna utilidad. La caballería ateniense y corintia no se -atreve a aproximarse a un ejército enemigo tan fuerte y numeroso; pero -los caballos de Dionisio, a pesar de su pequeño número, esparciéndose -por una y otra parte, se acercan a las líneas enemigas y les arrojan -sus dardos, retirándose así que son perseguidos, y comenzando de nuevo -cuando ya no les persiguen: al mismo tiempo bajan del caballo para -descansar, y así que el enemigo quiere aprovecharse de esta maniobra, -saltan de nuevo ligeramente sobre sus corceles y se baten en retirada. -Si algunos enemigos se abandonan en su persecución a gran distancia -del ejército, persíguenles al retirarse y les arrojan sus dardos, -causándoles grandes bajas: de este modo obligan a todo el ejército a -que avance o se retire a causa de ellos. - -Los tebanos permanecen allí, sin embargo, solo unos días, después -de los cuales regresan a sus hogares y hacen lo mismo sus aliados. -Entonces las tropas de Dionisio marchan contra Sición, derrotan a los -sicionios en la llanura, y en combate regular, haciéndoles unos setenta -muertos: toman después por asalto el fuerte de Deras, y realizadas -estas proezas hácense a la vela para Siracusa los primeros socorros de -Dionisio. Hasta entonces los tebanos y los demás pueblos que se habían -apartado de los lacedemonios, habían obrado de consuno y guerreado bajo -el mando de los tebanos; pero cierto Licomedes de Mantinea, hombre de -esclarecido linaje y poseedor de grandes riquezas, comenzó a alimentar -inmensa ambición y a excitar orgullosas aspiraciones entre los -arcadios, diciendo que ellos solos pueden considerar como a su patria -al Peloponeso, puesto que son ellos los únicos autóctonos del mismo -y les asegura que la nación arcadia es la más numerosa de todas las -griegas y que sus habitantes son los más robustos de toda Grecia. Añade -que ellos son los más valientes, dándoles como prueba, que cuando hay -necesidad de mercenarios siempre son preferidos los arcadios, afirmando -además que los lacedemonios no hubieran podido atacar el territorio -ateniense si ellos no les hubiesen auxiliado, ni los tebanos hubieran -tampoco podido llegar sin ellos a Esparta. - ---«Si, pues --dice--, tenéis el buen sentido necesario, rehusaréis -acudir adonde se os llama, pues del propio modo que antes habéis -acrecido en gran manera el poder lacedemonio poniéndoos a sus órdenes, -también ahora, si seguís ciegamente a los tebanos, sin reclamar -la parte que os corresponda en el mando, hallaréis pronto otros -lacedemonios en ellos.» - -Hinchados de orgullo los arcadios con estos discursos, y apreciando a -Licomedes, a quien consideran como el único varón esforzado de quien -deban seguir los consejos, eligen por jefes a cuantos él les propone. -Los sucesos contribuyen a aumentar aún el alto concepto que de sí -mismos tenían formado, pues habiendo invadido los argivos el territorio -de Epidauro, su retirada es cortada por los mercenarios de Cabrias -con los atenienses y corintios: entonces los arcadios les socorren y -libran a aquellos argivos sitiados por todas partes, a pesar de tener -que luchar para ello, no solo con los hombres, sí que también con las -condiciones topográficas del territorio. - -En otra expedición hecha contra Ásine en Laconia, derrotan a la -guarnición lacedemonia, matan al polemarca espartano Geranor, y saquean -los extramuros de Ásine[255]. Nada les detiene cuando deciden alguna -expedición; ni la noche, ni el mal tiempo, ni la distancia, ni los -montes impracticables; de manera que en aquel tiempo se consideraban -mucho más poderosos que todos. De ahí que los tebanos desconfíen de los -arcadios y no se hallen ya amigablemente dispuestos a su favor. Por su -parte, los eleos piden a los arcadios las ciudades de que habían sido -despojados por los lacedemonios; pero viendo el poco caso que se hace -de su petición y en cambio las consideraciones que se tienen con los -trifilios y con los demás estados apartados de ellos y que se llaman -arcadios, comienzan también a mirar a estos con malos ojos. - -Mientras cada uno de los aliados exagera así su importancia, llega el -abideno Filisco, portador de grandes sumas por parte de Ariobarzanes. -Reúne primeramente a los tebanos, a sus aliados y a los lacedemonios -para tratar de la paz. Después de reunidos no comunican con el dios -sobre la manera como puede hacerse la paz, si no que, por el contrario, -deliberan únicamente entre sí; pero rehusando los tebanos consentir en -que se deje Mesenia sujeta a los lacedemonios, recluta Filisco gran -número de mercenarios a fin de hacer la guerra de consuno con los -espartanos. - -Durante este tiempo, llegan los segundos auxilios mandados por -Dionisio: los atenienses pretenden debe mandárseles a Tesalia contra -los tebanos y los lacedemonios a Laconia, parecer que prevalece entre -los aliados. Cuando la flota de Dionisio llegó a Laconia, Arquidamo -une a las tropas de Esparta los soldados que la formaban y entra -inmediatamente en campaña. Apodérase por asalto de Carias, donde -degüella a todos los prisioneros; al frente de sus tropas dirígese -inmediatamente contra los parrasios de Arcadia y saquea su comarca; -pero a la aproximación de los arcadios y argivos, se retira y acampa -sobre las colinas que se hallan junto a Midea[256]. Hallábase en este -lugar cuando Císidas, jefe de los socorros mandados por Dionisio, -declara haber terminado ya el tiempo que se le había prescrito para -permanecer allí, y marcha para regresar a Esparta; pero apenas se ha -separado del ejército, es detenido por los mesenios en un desfiladero -y pide socorros a Arquidamo, quien se dispone a proporcionárselos; -cuando llega a la encrucijada que conduce a Eutresia, los arcadios y -argivos avanzan en dirección a Laconia para cortarle la retirada; pero -Arquidamo baja a una llanura en el cruce de los caminos de Eutresia con -los de Midea, y allí forma en orden de batalla a sus tropas. - -Cuentan que pasando por delante de sus compañías las exhortó en estos -términos: - -«Ciudadanos: procuremos que hoy nuestro valor nos dé derecho a ir con -la cabeza erguida. Entreguemos a nuestros descendientes la patria, -tal como la hemos recibido de nuestros mayores: cesemos de tener que -avergonzarnos ante nuestros hijos, nuestras mujeres, los ancianos y los -mismos extranjeros, que tenían antes los ojos fijos en nosotros más que -en ningún otro pueblo griego.» - -Terminaba de decir esto, cuando, según se dice, viose algún relámpago -seguido de truenos, a pesar de que el cielo estaba completamente -despejado, lo cual se consideró como un feliz presagio; llegó también -a su conocimiento que junto a su ala derecha se hallaba un bosque -sagrado y una imagen de Hércules a quien considera como uno de sus -antepasados. Todas estas circunstancias inspiran tal ardor y una -confianza tal a los soldados, que no tienen poco que hacer sus jefes -para impedir se arrojen sin previo mandato contra los enemigos. De -ahí que cuando Arquidamo se pone a su cabeza, los enemigos, que se -mantienen firmes hasta llegar al alcance de las lanzas, son muertos, y -los demás se declaran en fuga o caen bajo los golpes de la caballería -o de los celtas. Terminado el combate, Arquidamo levanta un trofeo y -manda a Esparta al heraldo Demóteles para anunciar la magnitud de la -victoria, pues los lacedemonios no han tenido una sola baja, mientras -los enemigos han perecido en gran número. Dícese que al saber esta -nueva los senadores espartanos y el mismo Agesilao y los éforos, todos -derraman lágrimas: de tal modo son estas comunes al placer y al dolor. -Este revés de los arcadios no regocija, sin embargo, menos a los -tebanos y a los eleos que a los mismos lacedemonios: de tal manera se -hallaban heridos a causa de su orgullo. - -Los tebanos, que pensaban constantemente en la manera cómo podrían -apoderarse de la hegemonía de Grecia, creen que algún resultado -práctico alcanzarán para su poder enviando embajadores al rey de -Persia. Después de haber excitado a sus demás aliados para que se les -unan con este objeto, bajo el pretexto de que el lacedemonio Euticles -se hallaba junto al rey, envían como diputados a Pelópidas como -tebano, al pancratiasta Antíoco como arcadio, y Arquidamo, a quien -acompaña Argeo, como eleo. Por su parte, los atenienses al saberlo -mandan a Timágoras y a León. Una vez llegados a Persia los diputados, -Pelópidas es quien consigue mayor influjo con el rey, pues era quien -podía decirle que entre todos los griegos, los tebanos habían sido los -únicos que se habían batido por el rey en Platea, y que nunca habían -peleado contra él, mientras los lacedemonios les hacían la guerra -únicamente por no haber querido acompañar a Agesilao en su expedición -contra los persas, y por no haberle querido dejar sacrificar en Áulide -a Ártemis Diana, en aquel mismo lugar donde sacrificó Agamenón antes -de emprender su expedición a Asia y de apoderarse de Troya. Contribuye -asimismo a dar a Pelópidas gran crédito junto al rey, la reciente -victoria obtenida por los tebanos en Leuctra y el haber visto todos -las devastaciones que han realizado en las comarcas lacedemonias. Dijo -asimismo Pelópidas, que los argivos y arcadios han sido derrotados -por los lacedemonios en un combate cuando no se hallaban entre ellos -los tebanos. Cuanto dice se halla confirmado por el testimonio del -ateniense Timágoras, que es quien goza de mayor consideración con el -rey después de Pelópidas. - -Pidiendo el rey a este la clase de edicto que deseaba, manifiesta -Pelópidas desea se consigne la independencia de Mesenia respecto a los -lacedemonios y que los atenienses pongan en seco sus naves, añadiendo -que si rehúsan cumplimentarlo, les sea declarada la guerra, y que si -una ciudad rehúsa tomar parte en la expedición, deban dirigirse en -primer término contra ella. - -Redactadas y leídas estas condiciones a los diputados, León dice de -manera que pueda oírlo el rey: «¡Por Zeus, oh atenienses! paréceme -es ya tiempo para nosotros de acudir buscando otro amigo fuera del -rey.» Habiendo el secretario repetido al rey las palabras que dijo el -ateniense, hace aquel añadir al decreto, que si los atenienses saben -algo que sea más justo, pueden participárselo al rey. - -Cuando los diputados han regresado cada cual a su patria, los -atenienses condenan a muerte a Timágoras, acusado por León de no haber -querido habitar con él y por haber constantemente obrado de concierto -con Pelópidas. Respecto a los otros enviados, Arquidamo de Élide alaba -al rey por haber este manifestado mayor aprecio a los eleos que a los -arcadios; pero Antíoco, lastimado de que la confederación arcadia haya -sido tratada con cierto menosprecio, rehúsa los presentes y anuncia a -los diez mil[257] que el rey tiene gran número de panaderos, cocineros, -coperos y reposteros; pero que a pesar de todas sus investigaciones, -no ha podido ver hombre alguno capaz de combatir contra los griegos. -Añade, además, que respecto al gran número de riquezas que se le -atribuyen, parécele es también una baladronada, puesto que aquel -plátano de oro tan ensalzado no podría siquiera dar sombra a una -cigarra[258]. - -Cuando los tebanos han convocado todos los estados para dar lectura a -la carta del rey, y cuando el persa portador del decreto, después de -haber mostrado el sello del rey, lo verifica, los tebanos invitan a -cuantos quieran ser amigos del rey y suyos, a que presten juramento de -observar sus condiciones; pero los diputados de las ciudades objetan -que han sido enviados únicamente para oír la lectura de aquella carta -y no para jurar su contenido, para lo cual es preciso manden nuevos -mensajeros a cada ciudad. Añade, sin embargo, el arcadio Licomedes, que -la reunión debe tener lugar en el teatro de la guerra y no en Tebas. -Encolerizándose a consecuencia de esto los tebanos, y diciendo que -procura destruir la alianza, no quiere ya seguir tomando asiento en el -consejo, y levantándose sale de Tebas y con él los restantes arcadios. -No queriendo, pues, prestar juramento los enviados reunidos en Tebas, -envían los tebanos mensajeros a las distintas ciudades para recibir el -juramento a los edictos del rey, figurándose que todas las ciudades -temerán atraerse su enemistad y la del rey. Pero los corintios, que son -los primeros a quien se dirigen, les manifiestan su oposición y les -contestan que de nada ha de servirles la alianza del rey, por lo cual, -muchas otras ciudades siguen su ejemplo y les dan igual contestación. -Tal es el resultado de las intrigas de Pelópidas y de los tebanos para -alcanzar el mando. - -Epaminondas, por otra parte, queriendo unir a los aqueos a su causa, -a fin de que los arcadios y los demás aliados concediesen mayores -consideraciones a Tebas, decide una campaña contra Acaya. Persuade, -pues, al argivo Pisias, general de los de su población, para que se -adelante y ocupe militarmente el monte Oneo. Habiendo averiguado Pisias -que las tropas que le custodiaban bajo el mando de Naucles, jefe de -los mercenarios lacedemonios, y del ateniense Timómaco, hacían el -servicio muy negligentemente, se apodera durante la noche, con unos dos -mil hoplitas, de la colina que está más allá de Céncreas, habiéndose -aprovisionado primeramente para una semana. Llegan durante este tiempo -los tebanos franqueando el monte Oneo, y se dirigen, bajo el mando -de Epaminondas y con todos los aliados, contra Acaya. Habiéndole -implorado gracia los principales de esta, consigue Epaminondas que no -sean desterrados los oligarcas, ni se cambie la forma de gobierno, -y después de haber recibido los aqueos garantías suficientes a su -promesa de ser aliados de los tebanos y de seguirles donde quiera -que vayan, regresa a su patria. Siendo acusado, sin embargo, por los -arcadios y sus enemigos de haber abandonado Acaya, después de haberla -organizado convenientemente para los lacedemonios, deciden los tebanos -enviar gobernadores a las ciudades aqueas. Arrojan estos al llegar a -los oligarcas con ayuda de la plebe y establecen en Acaya el gobierno -democrático; pero los desterrados se coaligan con prontitud, dirígense -aisladamente contra cada una de las ciudades, entran en ellas por su -gran número y las retienen bajo su dependencia. Restablecidos ya, no se -mantienen neutrales, sino que apoyan vigorosamente a los lacedemonios, -con lo cual los arcadios se hallan acosados de una parte por los -lacedemonios y de otra por los aqueos. - -En Sición, sin embargo, el gobierno se había conservado según las -antiguas leyes; pero Eufrón, que bajo la dominación lacedemonia era -el ciudadano más poderoso, quiere conservar también su rango bajo el -mando de sus adversarios, por lo cual dice a los argivos y arcadios -que es evidente que si los ricos conservan el gobierno de Sición, se -declarará la ciudad a la primera ocasión en favor de los lacedemonios. - -«Por el contrario --les dice--, debéis considerar que si se establece -la democracia, la ciudad siempre quedará a su favor. Si, pues, me -secundáis, yo mismo me encargo de reunir al pueblo, y a la vez os daré -esta garantía de mi fidelidad y una aliada segura a vuestra ciudad. -Debéis saber, además, que el motivo de obrar así, es que estoy, como -vosotros, cansado desde largo tiempo del orgullo lacedemonio, deseando -escapar de la esclavitud.» - -Los arcadios y argivos escúchanle con placer y le secundan en sus -deseos. Eufrón, entonces, aprovechándose de la presencia de los -arcadios y argivos, convoca al pueblo en la plaza pública, declarándole -que desde entonces el gobierno se apoyará en la base de la más perfecta -igualdad, y después le exhorta a que elija los generales que quiera, -resultando elegidos el mismo Eufrón, Hipódamo, Cleandro, Acrisio y -Lisandro. Hecho esto, pone Eufrón al frente de los mercenarios a su -hijo Adeas después de haber quitado el mando a Lisímenes, que era quien -antes lo tenía. Luego se asegura el reconocimiento de algunos de dichos -mercenarios por medio de favores, y toma a sueldo a muchos otros sin -economizar para esto ni el tesoro público ni los fondos generales. -Emplea asimismo para sus designios los bienes de cuantos destierra por -su afecto a Esparta, y con astucia hace dar la muerte, o destierra a -todos sus colegas, reduciéndolo así todo a su poder y convirtiéndose -claramente en un tirano. A fin de obtener el consentimiento de los -aliados, les prodiga su dinero y sus bienes y les acompaña siempre en -sus expediciones con los mercenarios. - - - - -CAPÍTULO II.[259] - - -Así las cosas, los argivos habían ya fortificado contra Fliunte[260] -el fuerte de Tricárano, cerca del templo de Juno, cuando los sicionios -rodearon también con muros a Tiamia, que se halla en la frontera de -los fliasios, con lo cual estos se encontraron vivamente acosados y -privados de víveres, pero no por esto perseveran menos en la fidelidad -de su alianza. Cuando las grandes ciudades realizan algo glorioso, -menciónanlo todos los historiadores; mas paréceme a mí que cuando una -pequeña ciudad se manifiesta como autora de gran número de gloriosas -acciones, merece aún más que sean estas publicadas. - -Habían sido los fliasios amigos de los lacedemonios cuando estos se -hallaban en la prosperidad; después de sus reveses en la batalla de -Leuctra, a raíz de la sublevación de gran número de periecos y de la -de casi todos los hilotas, a pesar de la defección de los aliados y -cuando los griegos todos les abandonaban, no solo permanecieron fieles -a ellos, sino que teniendo por enemigos los pueblos más poderosos -del Peloponeso, los argivos y los arcadios, vinieron a socorrerles. -Designados por la suerte para pasar a Prasias[261] como último cuerpo -de los auxiliares (corintios, epidaurios, trecenios, hermioneos, -halieos, sicionios y peleneos), no solo no les hicieron traición, -sino que abandonados por su jefe, que a la cabeza de la vanguardia se -retiró, sin acobardarse y tomando un guía de Prasias por estar los -enemigos alrededor de Amiclas, consiguieron abrirse paso por entre -mil obstáculos y llegar finalmente a Esparta, donde los lacedemonios -les dieron varias muestras de admiración y les enviaron un buey como -presente de hospitalidad. - -Cuando los enemigos se retiraron de Lacedemonia, irritados los argivos -por el celo excesivo de los fliasios, invadieron en masa el territorio -de Fliunte y lo devastaron por completo; pero ellos no cedieron -tampoco, sino que, por el contrario, en el momento en que los enemigos -se retiraban después de haber saqueado cuanto a mano habían hallado, la -caballería fliasia verifica una salida, y poniéndose a sus alcances, -a pesar de tener en contra toda la de los argivos y las compañías se -hallen desplegadas junto a su retaguardia, cargan sobre ellos en número -de sesenta, consiguiendo derrotarlos, y si bien dan muerte solo a unos -pocos, levantan a la vista de los enemigos un trofeo, del mismo modo -que si los hubiesen muerto a todos. - -En otra ocasión custodiaban los lacedemonios y sus aliados el monte -Oneo, mientras se aproximaban los tebanos para atravesarle; pasaban -por Nemea los arcadios y eleos para reunirse a los tebanos, cuando -los desterrados de Fliunte les indican que con solo mostrarse pueden -apoderarse de la ciudad. Concertada la empresa, los desterrados, -seguidos de unos seiscientos hombres, se colocan durante la noche junto -a los muros, después de haberse procurado escalas para el asalto, y -cuando los centinelas de Tricárano señalan la presencia del enemigo, -los traidores aprovechan los momentos en que la atención toda de la -ciudad se dirige hacia aquella parte, y dan la señal de subir a los que -se hallan apostados al pie de los muros. Una vez han conseguido subir, -apodéranse de las armas abandonadas por los centinelas, persiguen a los -guardas diurnos, que eran únicamente uno por cada diez, y dan muerte -a uno que se hallaba durmiendo y a otro que se había refugiado en el -Hereo[262]. Cuando los centinelas fugitivos se arrojan desde lo alto -de los muros por la parte que mira a la ciudad, se cree, sin ninguna -clase de duda, que la ciudadela se halla en poder de los enemigos; -pero cuando los gritos de alarma llegan a la población, acuden los -ciudadanos después de haberse armado, saliendo entonces los enemigos -de la acrópolis peleando frente a la puerta que conduce a la ciudad, -y allí, viéndose rodeados por la incesante multitud, que cada vez más -en aumento les ataca, tienen que retirarse de nuevo a la acrópolis, -donde se precipitan con ellos los ciudadanos. Pronto queda desierto -el centro de la acrópolis, pero súbense los enemigos a la muralla y -a las torres, desde donde arrojan sus proyectiles y sus dardos sobre -cuantos se hallan dentro de su recinto: defiéndense estos desde abajo -y combaten a lo largo de las rampas y escaleras por las que se sube a -la muralla. Una vez dueños los ciudadanos de algunas de las torres, -avanzan desesperadamente sobre sus enemigos, a los que por su audacia -acosan y acorralan en un pequeño espacio. Al mismo tiempo, los arcadios -y argivos rodean la ciudad, y en su parte superior principian a minar -el muro de la acrópolis. - -Los de dentro[263], entonces, mandan proyectiles a diestro y a -siniestro a los que se hallan sobre los muros, a los que están en las -escalas procurando escalarlo, y a los que han conseguido subir a las -torres; habiendo hallado fuego en las tiendas, las incendian, y para -este objeto sírvense de los haces de heno que encuentran a mano por -haber sido segado en la misma acrópolis. Arrójanse desde lo alto de las -torres cuantos en ellas se hallaban, por temor a las llamas, los que -se encuentran en la muralla perecen bajo los golpes de los ciudadanos, -y así que principian a ceder desaparecen los enemigos de la ciudadela. -Verifica también la caballería una salida, al ver lo cual, los enemigos -se retiran abandonando las escalas y los muertos, así como los heridos -de gravedad. Sus bajas, contando así los que perecieron combatiendo -en el interior de la acrópolis cómo los que se arrojaron de ella, no -bajaron de ochenta hombres. Era de ver entonces los abrazos y las -felicitaciones que se daban mutuamente cuantos se habían librado de -aquel peligro, y a las mujeres darles de beber, derramando al mismo -tiempo lágrimas de alegría, y era de ver también a todos los presentes -llorar y reír a la vez. - -Al año siguiente, los argivos y todos los arcadios invaden nuevamente -el territorio de Fliunte: la causa de esas continuas luchas consistía -en la animadversión que contra los fliasios sentían por hallarse -situados dentro de sus fronteras y por la esperanza que abrigaban -siempre de que la falta de víveres les obligaría a entregarse. En -esta invasión, la caballería y las tropas escogidas de los fliasios, -reunidas a los caballos atenienses que se hallaban en ella casualmente, -caen de improviso sobre el enemigo mientras atravesaba el río[264], y -después de derrotarle, le obligan a retirarse a las colinas cercanas -durante el resto del día, como si temiese pisotear en la llanura las -mieses de pueblos amigos. - -En otra ocasión, dirígese contra Fliunte otra expedición mandada por -el gobernador tebano de Sición, al frente de la guarnición de esta -ciudad y de las tropas de sicionios y peleneos, pues en aquella época -obedecían ya a los tebanos; Eufrón tomó parte en la expedición con sus -mercenarios en número de unos dos mil hombres. Bajaron todos hacia -Tricárano junto al Hereo, con objeto de saquear la campiña, a excepción -de los sicionios y peleneos, que se hallaban apostados en las alturas -junto a los desfiladeros que conducen a Corinto, a fin de que no -pudiesen los fliasios, circunvalándoles, hacer frente a su vanguardia, -que se hallaba junto al Hereo. - -Luego que saben los de la ciudad que los enemigos ocupan la llanura, -verifican la caballería y las tropas escogidas de los fliasios una -salida, y librando combate, impiden a los enemigos apoderarse de los -alrededores: pasan en dicho lugar la mayor parte del día en escaramuza, -persiguiendo Eufrón y sus tropas al enemigo hasta los lugares -accesibles a la caballería, y los de la ciudad hasta el Hereo. Cuando -creen los enemigos que ya es tiempo de partir, rodean a Tricárano, pues -el foso que se halla delante de esta fortaleza les impedía dirigirse -en línea recta hacia los peleneos. Después de haberles seguido durante -algunos momentos en su marcha hacia las alturas, los fliasios se -inclinan hacia uno de sus lados, y pasando por el camino que existe -junto a los muros, se dirigen a atacar la división pelenea; observando -el jefe tebano la rápida marcha de los fliasios procura con todas -sus fuerzas llegar antes que ellos en socorro de los peleneos; pero -alcanzándoles la caballería fliasia, carga contra ellos, y si bien -son rechazados en el primer choque, vuelven después a cargar apoyados -por la infantería que había ya podido juntárseles, y se generaliza el -combate. Principian a ceder entonces los enemigos y perecen algunos -sicionios y muchos peleneos, soldados esforzados, y los fliasios elevan -un magnífico trofeo y cantan un peán, como era natural, mientras los -tebanos y Eufrón hacen de espectadores como si hubiesen acudido a una -función teatral. Después se retiran ambos bandos, el uno a Sición y el -otro a la ciudad. - -He aquí asimismo otro bello rasgo de los fliasios. Logran apoderarse -del peleneo Próxeno, y aunque se hallasen faltos de todo, le sueltan -sin rescate alguno. ¿Cómo dejar de llamar generosos y valientes a los -que así se conducen? - -Es proverbial, además, su constancia en guardar fidelidad a sus amigos; -como no recolectaban nada en sus tierras, vivían así de lo que tomaban -al enemigo, como de lo que compraban en Corinto, a cuyo mercado se -dirigían a través de mil peligros, procurándose difícilmente fondos -para sus compras y hallando la misma dificultad para encontrar quien -les procurase víveres o quien les garantizara las cabezas de ganado que -les traen. Hallábanse ya en verdadero apuro, cuando consiguieron que -Cares escoltase un convoy. Después de llegar a Fliunte, persuádenle -a que se lleve las bocas inútiles a Pelene: allí les deja, compran -provisiones, preparan tantos animales de carga como pueden, y vuelven a -marchar durante la noche. No ignoraban que los enemigos les espiaban; -pero juzgaban menos terrible el combatir, que el no tener que comer. -Iban en la vanguardia los fliasios con Cares cuando dan con los -enemigos: excitándose recíprocamente y sin pensarlo un momento, se -arrojan sobre ellos mientras gritan a Cares que les socorra. Queda para -ellos la victoria, y limpiando de enemigos el camino, llegan sanos y -salvos a Fliunte con todo lo que traían. Como habían velado toda la -noche, duermen hasta una hora avanzada del día. Cuando Cares se ha -levantado ya, dirígense a él los de la caballería y los más escogidos -de los hoplitas, diciéndole: - ---«Cares, hoy puedes obtener un triunfo de los más notables: los -sicionios están fortificando una de sus plazas fronterizas, tienen gran -número de operarios, pero no tienen muchos hoplitas; vamos, pues, a -dirigirnos contra ellos todos los de a caballo, y los más distinguidos -hoplitas; si quieres seguirnos con tus mercenarios, acaso cuando vengas -hallarás el trabajo ya hecho, o podrás decidir, como en Pelene, el -resultado de la acción. Si te parece cosa demasiado difícil lo que te -proponemos, ofrece un sacrificio a los dioses para consultarles, pues -creemos que te exhortarán aún con mayor fuerza que nosotros para que -hagas lo que te pedimos. Importa también que sepas, oh Cares, que si -realizas lo que te suplicamos, no solo adquirirás un fuerte contra el -enemigo, sino que también conservarás una ciudad amiga y adquirirás -gran fama en tu patria y gran renombre entre los aliados y entre los -enemigos.» - -Persuadido Cares, ofrece el sacrificio, y la caballería fliasia, sin -perder un momento, se arma con sus corazas y enjaeza sus caballos, -mientras los hoplitas realizan los preparativos peculiares a la -infantería. Después de haberse armado se dirigen adonde se verificaba -el sacrificio, y les anuncian Cares y el adivino que las víctimas -son favorables; «pero, aguardad --añaden--, pues vamos a salir todos -juntos». Se da a toda prisa la señal de marcha y acuden los mercenarios -inmediatamente, como arrastrados por un ardor divino. Cuando se pone -en marcha Cares, forma la vanguardia la caballería y la infantería -de Fliunte; primero marchan con rapidez y después a la carrera, y -finalmente, la caballería avanza al galope y la infantería a paso de -carga procurando conservar apretadas sus filas: a todos ellos sigue -Cares marchando con bastante velocidad. Era poco antes de la puesta -del sol, mientras los enemigos se hallaban ocupados unos en bañarse, -otros en arreglar su comida, en la elaboración del pan o en preparar -sus camas: todos ellos se sobrecogen de terror al ver la impetuosidad -del ataque, huyen a la desbandada abandonando a los valientes enemigos -todas sus provisiones. Después de haber cenado los fliasios con estos -víveres y con otros llegados de Fliunte, haciendo libaciones por la -victoria y entonando el peán, colocan centinelas y se entregan al -descanso. Los corintios, a la llegada del mensajero que durante la -noche les trae noticia de lo ocurrido en Tiamia, muestran amistosa -actividad en reunir, por medio de pregón, vehículos y animales que -cargados de trigo envían a Fliunte. Estos convoyes se renuevan cada día -mientras dura la construcción del fuerte. - - - - -CAPÍTULO III. - - -He aquí cuanto quería decir respecto al valor de los fliasios en la -guerra, de su fidelidad y constancia hacia los aliados aun en sus -momentos más difíciles. Casi al mismo tiempo[265] Eneas de Estínfalo, -general de los arcadios, cree que no debe soportarse ya más tiempo lo -que sucede en Sición. Sube con su ejército a la acrópolis, convoca -a los notables de la ciudad y envía a buscar a cuantos han sido -desterrados sin decreto. Temiendo el resultado de estas medidas, Eufrón -huye al puerto de Sición, y haciendo venir de Corinto a Pasimelo, -entrega por su mediación a los lacedemonios aquel puerto y entra de -nuevo en su alianza declarándoles les ha sido siempre fiel. Pretende -que cuando se puso a votación en la ciudad la proposición que decidió -la defección, él votó contra ella con pequeño número de senadores, y -que después había establecido la democracia para vengarse de los que le -habían hecho traición. - ---«Yo soy --añade-- la causa del actual destierro de cuantos os han -abandonado. Si hubiese podido hacerlo, hubiera tomado vuestro partido -cuando me hallaba dueño de toda la ciudad; pero ya que no puedo más, os -entrego ahora el puerto de que me he apoderado.» - -Muchos fueron los que le oyeron pronunciar estas palabras, pero no -se ha averiguado aún el número de los que las creyeron. Ya que la he -principiado, voy a concluir la historia de Eufrón. Aprovechándose de -las disensiones que tenían lugar en Sición entre los notables y la -plebe, consigue Eufrón entrar de nuevo en esta ciudad, con ayuda de un -cuerpo de mercenarios que había alistado en Atenas. Auxiliado por la -plebe se apodera de la población; pero el gobernador tebano conserva -en su poder la acrópolis. Comprendiendo entonces que no podría ser -dueño de Sición mientras los tebanos posean la ciudadela, reúne grandes -cantidades de dinero y sale a fin de persuadir por este medio a los -tebanos para que arrojen de la ciudad a los notables y se la entreguen -nuevamente. Pero habiendo averiguado los antiguos desterrados su -viaje y el objeto del mismo, dirígense también a Tebas; y viéndole en -intimidad con los magistrados, temen se salga con la suya, y algunos, -sin hacerse cargo del peligro que corren, asesinan a Eufrón en la -acrópolis, en el mismo instante en que los arcontes y senadores se -hallaban en sesión. Los arcontes conducen a los autores de aquella -muerte ante el senado y se expresan en estos términos: - -«Ciudadanos: reclamamos la pena de muerte contra los matadores de -Eufrón, considerando que jamás los hombres honrados cometen acciones -criminales e impías, y que los mismos malvados, al llevarlas a cabo, -procuran ocultarlas en la sombra; pero estos que aquí veis dejan de -tal modo atrás a todos los hombres en osadía y en maldad, que con -pleno conocimiento de causa, y por su sola voluntad, han dado muerte a -ese hombre en presencia de vuestros magistrados y de vosotros mismos, -que sois dueños de castigar y de absolver. ¿Quién se atreverá, pues, -a venir aquí si no reciben estos culpables el último castigo? ¿Cuál -será la suerte de nuestra ciudad, si está permitido a todo el mundo -hacerse justicia por sí mismo, sin haber siquiera dado a conocer el -motivo de su venida? Acusamos, pues, a estos hombres y les perseguimos -como culpables de la más grande impiedad y del crimen más horrendo, -como individuos que se han atrevido indignamente contra esta ciudad. A -vosotros os toca ahora, después de habernos oído, darles el castigo que -a vuestro juicio merezcan.» - -Así dijeron los arcontes; en cuanto a los culpables, todos niegan haber -cometido el crimen, fuera de uno solo que después de confesarlo se -defendió poco más o menos en estos términos[266]: - -«Tebanos: es imposible que se atreva nadie a afrontar vuestro poder, -puesto que todos sabemos que tenéis la fuerza necesaria para tratar -como mejor os parezca al que os insulte. ¿Qué sentimiento, pues, de -confianza ha podido llevarme a dar muerte aquí a este hombre? Sabedlo -bien: en primer lugar, el de que obraba justamente; y en segundo, el de -que juzgaréis mi acción del modo que se merece. Sabía, en efecto, que -no habíais esperado a juzgar a Arquias y a Hípates, a quienes habíais -hallado culpables del mismo crimen que Eufrón, pues sin aguardar a la -votación les castigasteis así que pudisteis, convencidos de que el -mundo entero tendría que condenar a los que no procuraban siquiera -ocultar su impiedad, sus traiciones y su deseo de ejercer la tiranía. -Pues bien; ¿no era acaso Eufrón culpable de esos mismos crímenes? -Después de haber hallado el tesoro sagrado lleno de ofrendas de oro y -plata, lo dejó completamente vacío. ¿Quién podría haberse mostrado más -evidentemente traidor que Eufrón, el cual, siendo amigo íntimo de los -lacedemonios, les ha abandonado por vosotros, y que después de haberos -dado las garantías más evidentes de fidelidad, os ha hecho nuevamente -traición por aquellos, después de haber entregado el puerto de nuestra -ciudad a vuestros enemigos? Y ¿cómo poder negar que fuese un tirano -quien reducía a la esclavitud no solo a los hombres libres, sino a los -ciudadanos, quien no cesaba de matar, desterrar y despojar de sus -bienes, no a los culpables, sino a cuantos quería, a pesar de ser los -mejores ciudadanos? - -»Reúnese después a los atenienses, vuestros enemigos más tenaces, -vuelve a entrar en Sición, haciendo armas contra el gobernador que -vosotros habíais nombrado, y no habiendo podido arrojarle de la -acrópolis, dirígese aquí después de reunir todo el dinero que puede. -Bien sé que si hubiese abiertamente levantado tropas contra vosotros, -tendríais que mostraros agradecidos por haberle dado muerte, pero ¿cómo -os hallaríais animados por la equidad, al castigarme a muerte por haber -hecho justicia con un hombre que llegaba con el dinero recogido para -corromperos y persuadiros a que le restablecieseis como tirano de su -patria? Y en efecto, aquellos contra quienes se emplea la fuerza de -las armas, experimentan una desgracia, pero no aparecen nunca como -criminales, mientras que, por el contrario, los que por dinero se dejan -corromper, caen en la desgracia y se llenan de infamia. - -»Sin embargo, si Eufrón hubiese sido mi enemigo personal o vuestro -amigo particular, reconozco que no hubiera debido matarle dentro de -vuestro territorio; pero una vez que os había hecho traición, ¿dejaría -acaso de ser tan enemigo vuestro como mío? Y ¡por Zeus! se dirá: ha -venido libremente. ¡Pero qué! Hubiera merecido vuestros elogios el -que le hubiese muerto lejos de vuestra ciudad, y ahora que volvía -nuevamente para aumentar el número de las maldades que os ha hecho, ¿ha -de poder decirse que no ha merecido su suerte? ¿Dónde podréis enseñarme -entre los griegos tratado alguno que favorezca a los traidores, a los -desertores o a los tiranos? Recordad, además, que habéis votado la -extradición de los desterrados de todos los estados aliados. En cuanto -a mí, ciudadanos, pretendo que si me condenáis a muerte conseguiréis -únicamente vengar a vuestro mayor enemigo, pero que si proclamáis la -justicia de mi conducta, habréis vengado a la vista de todos, vuestras -propias injurias y las de vuestros aliados.» - -Los tebanos, después de haber oído esta defensa, decretan que Eufrón ha -sufrido el castigo que merecía. Sus conciudadanos[267], sin embargo, -recogen su cuerpo como el de un hombre honrado y le dan sepultura en -la plaza pública, donde le honran como uno de los jefes supremos o -fundadores de la población[268]. De este modo, según parece, la mayor -parte de la gente trata como hombres honrados a sus bienhechores. - - - - -CAPÍTULO IV.[269] - - -He aquí lo que debíamos decir de Eufrón: volvamos ahora a nuestro -relato. Ocupábanse aún los fliasios en fortificar Tiamia, y Cares -se hallaba todavía entre ellos, cuando la ciudad de Oropo[270] cae -en poder de los ciudadanos que habían sido desterrados. Todos los -atenienses dirígense entonces contra esta plaza y llaman a Cares desde -Tiamia, con lo cual este puerto de los sicionios vuelve a caer en poder -de estos y de los arcadios; y en cuanto a los atenienses, como no están -auxiliados por ninguno de sus aliados, tienen que dejar a Oropo en -poder de los tebanos hasta que puedan hacer valer sus derechos[271]. - -Comprendiendo Licomedes[272] que los atenienses se hallan quejosos de -sus aliados, que les ocasionan grandes contratiempos sin que a su vez -les presten el más mínimo apoyo, persuade a los diez mil[273] para que -negocien con ellos una alianza. En los primeros momentos hay algunos -atenienses que ven con malos ojos que Atenas, amiga de Lacedemonia, -se alíe con sus adversarios; pero reflexionando más tarde que son las -ventajas tan grandes para los lacedemonios como para los atenienses, -por aislar de los tebanos a los arcadios, aceptan la alianza de estos. -Licomedes, encargado de estas negociaciones, muere al regresar de -Atenas por un azar del destino, pues escogiendo de entre el gran número -de buques de transporte el que más le place, bajo condición de que él -mismo fijaría el lugar del desembarco, elige casualmente el sitio donde -se encuentran los desterrados. Así es como perece; pero la alianza no -por esto deja de ratificarse. - -Democión manifiesta en la asamblea popular de Atenas que la alianza con -los arcadios, si bien es verdad que parece ser una feliz negociación, -no obsta, sin embargo, para mandar a los generales órdenes terminantes -a fin de conserven Corinto a la dominación ateniense. A esta nueva -envían los corintios con todo apresuramiento suficientes guarniciones -de tropas propias, a todos las plazas donde han puesto los atenienses -guarnición, y dicen a estos últimos que pueden retirarse, pues no -tienen ya necesidad de sus tropas. Obedecen los atenienses, y cuando -las tropas de estos que custodiaban las fortalezas se hallan reunidas -en la ciudad, hacen pregonar los corintios que todo ateniense que -tenga que reclamar de alguna injusticia por ellos causada, no tiene -más que anunciarse y se le hará justicia. Durante este tiempo llega -Cares con la flota delante de Céncreas: cuando averigua lo que ocurre, -manifiesta que ha venido a socorrer a la ciudad, sabiendo que se -hallaba amenazada; pero los corintios le agradecen su cuidado, sin que -por eso abran el puerto a sus naves; le suplican que se vaya y despiden -también a los hoplitas después de haberles hecho justicia. De este modo -evacuaron los atenienses a Corinto; en virtud de la alianza, debían, -sin embargo, poner su caballería a disposición de los arcadios, cuando -se hallasen amenazados de una invasión, pero no llevar la guerra a -Laconia. - -Los corintios, considerando que tienen pocas probabilidades de éxito, -sobre todo después de haberse atraído la malevolencia de los atenienses -y habiendo anteriormente sido vencidos, deciden formar un cuerpo -mercenario de infantería y otro de caballería, que emplean en defender -la ciudad y en llevar la devastación a los enemigos más cercanos. -Sin embargo, envían a Tebas una diputación para saber si podrían -fácilmente alcanzar la paz, y obtenida la venia de los tebanos, que -se la garantizan, suplícanles los corintios les permitan dirigirse a -los demás aliados a fin de hacer la paz con los que quieran hacerla -y continuar en guerra únicamente con los que la prefieran. Siéndoles -igualmente concedida por los tebanos esta petición, los corintios se -dirigen a Lacedemonia, donde se expresan de esta manera: - -«Lacedemonios: venimos a vosotros como amigos y reclamamos de vuestra -parte nos descubráis, si las veis, las probabilidades de salvación que -tenemos perseverando en la guerra, pero que si reconocéis las pocas -esperanzas de nuestra situación, hagáis con nosotros la paz, si eso -entra igualmente en vuestras intenciones, pues con nadie preferimos -participar nuestra prosperidad más que con vosotros. Sin embargo, si -la reflexión os convence de que está en vuestro interés el hacer la -guerra, os suplicamos nos concedáis la paz, pues si conservamos nuestra -ciudad, algún día acaso podamos seros de alguna utilidad; pero si -perecemos ahora, es completamente evidente que jamás podremos acudir -en vuestro auxilio.» - -Oyendo esto los lacedemonios, aconsejan a los corintios que hagan -la paz, y al mismo tiempo permiten también a todos los aliados que -la hagan si no quieren guerrear concertadamente con ellos. Declaran -al mismo tiempo que continuarán la guerra y se someterán a los -designios providenciales, pero que jamás consentirán en dejarse tomar -Mesenia[274], que habían recibido de sus mayores. Los corintios, -obtenida esta declaración, se dirigen a Tebas para negociar la paz: -pretenden los tebanos que les juren también alianza, a lo cual -contestan los diputados que la alianza no es una paz, sino un cambio en -el lugar de la guerra, y añaden que, si quieren, de ellos solos depende -el establecer una paz completamente informada por los principios de la -justicia. Llenos de admiración los tebanos por esos hombres, que aunque -en peligro rehúsan enemistarse con sus bienhechores, les conceden la -paz, del mismo modo que a los fliasios y demás estados que con ellos -han venido a Tebas, y aseguran por medio de juramento la posesión de su -territorio a cada cual. - -Según la convención, los fliasios evacúan inmediatamente Tiamia; pero -los fliasios que habían jurado la paz bajo estas mismas condiciones, -viendo que no pueden conseguir que los desterrados fliasios habiten -en Tricárano, dentro del mismo territorio de Fliunte, se apoderan de -aquella plaza y establecen en ella una guarnición después de dar el -nombre de propiedad a un territorio que poco antes habían devastado -como enemigos, y sin querer hacer justicia a los fliasios. - -En esa misma época, poco después de haber muerto Dionisio el antiguo, -envió su hijo a los lacedemonios doce trirremes bajo el mando de -Timócrates. Después de haber llegado, ayúdanle a apoderarse de -Selasia[275], y después de este hecho de armas vuelven a hacerse a la -vela para Siracusa. - -Algún tiempo después apodéranse los eleos de Lasión, que les había -antiguamente pertenecido, pero que dependía ahora de la confederación -de los arcadios. Estos no permanecen indiferentes a la ofensa, pues -reúnen inmediatamente sus tropas y se dirigen contra ellos; los eleos -ponen en pie de guerra sus cuatrocientos, y además otros trescientos -hombres. Durante la noche, los arcadios, que habían estado durante el -día acampados frente a frente a los eleos en un terreno llano e igual, -por la noche se apoderan de unas alturas que dominaban a sus contrarios -y se arrojan sobre ellos al apuntar el día. Viendo los eleos bajar de -las alturas, y en tan gran número, a los enemigos, se avergüenzan de -tener que retirarse hallándose aún a tan larga distancia, y viniendo a -las manos, se declaran en fuga a los primeros embates, perdiendo muchos -hombres y gran número de armas en su retirada por caminos difíciles de -atravesar. - -Después de esta victoria, los arcadios marchan contra las ciudades -de los acroreos. Apodéranse de todas ellas, a excepción de Tresto, -y llegan a Olimpia, donde, después de haber rodeado el Cronión[276] -con una empalizada, establecen en él una guarnición y se apoderan -del monte Olímpico y de Margana, que les es entregada. Esta serie de -reveses entrega a los eleos a la desesperación más completa; pero los -arcadios marchan contra su ciudad y llegan a penetrar hasta la plaza -pública, donde, sin embargo, la caballería elea y los demás ciudadanos -les hacen cara, les arrojan de la ciudad y después de matarles algunos -hombres levantan un trofeo. Anteriormente habían tenido lugar en Élide -ciertas disensiones públicas. El partido de Cáropo, Trasónidas y Argeo -tendía a la democracia mientras que la facción de Estalquias, Hipias -y Estrátola deseaban la oligarquía; como los arcadios, al frente de -considerables fuerzas, pasaban por los aliados del partido que quería -la democracia, Cáropo y los suyos se hacen más audaces, y concertándose -con los arcadios para que le ayuden, se apoderan de la acrópolis; -pero la caballería elea y los trescientos, sin perder un momento, se -arrojan a la ciudadela y les echan de allí, después de lo cual Argeo, -Cáropo y cerca de cuatrocientos ciudadanos son desterrados. Consiguen -estos apoderarse poco tiempo después de Pilos[277] con ayuda de algunos -arcadios; y muchos del partido popular abandonan entonces su ciudad -natal, yendo a juntarse a los desterrados que se ven en posesión de -una hermosa plaza fuerte y sostenidos por considerables fuerzas de -arcadios. - -Más tarde, invaden estos igualmente el territorio eleo después de -haberles asegurado los desterrados que la ciudad se les rendiría. -Sin embargo, los aqueos, que se hallaban nuevamente en amistad con -los eleos, defienden la población de manera que tienen que retirarse -los arcadios sin haber hecho más que devastar el país; pero apenas -salen, noticiosos de que los peleneos se hallan en Élide, verificando -durante la noche una larga marcha, se apoderan de Oluro, ciudad -de los peleneos, que desde largo tiempo permanecían aliados a los -lacedemonios. Así que saben aquellos la toma de Oluro[278], verifican -una contramarcha y se dirigen a Pelene, su patria, y desde entonces, a -pesar de su pequeño número, se hallan constantemente en guerra con los -arcadios establecidos en Oluro y con el partido popular, sin tener un -punto de reposo hasta haber rescatado esa población. - -Los arcadios, por el contrario, verifican una nueva expedición contra -los eleos. Mientras acampan entre Élide y Cilene, asáltanles los eleos; -pero los arcadios se defienden con valor y los rechazan; Andrómaco, -jefe de la caballería elea, a quien se acusa de haber promovido este -ataque, se da la muerte, y el resto de los vencidos se refugian en la -ciudad. En el mismo combate pereció el espartano Soclides, quien había -tomado parte en él en virtud de la alianza que ya se había establecido -entre los espartanos y los eleos; estos, en efecto, viéndose acosados -por sus enemigos en su propio territorio, envían a Lacedemonia una -comisión que reclame su auxilio y les exhorte a que realicen una -expedición en el territorio arcadio, pues consideraban el mejor medio -para librarse de sus enemigos, el atacarles por ambas partes. Arquidamo -parte, pues, con un ejército de ciudadanos y se apodera de Cromno[279], -donde deja en guarnición a tres de las doce cohortes que llevaba, y -regresa a su país. Hallándose, sin embargo, los arcadios reunidos todos -a su regreso de la expedición a Élide, llegan a Cromno y la rodean con -dos filas de empalizadas, con lo cual, hallándose en seguridad, asedian -a la guarnición; pero Esparta, indignándose al saber se hallan sitiados -sus ciudadanos, envía un ejército, también al mando de Arquidamo, que -a su llegada hace cuantos destrozos puede en Arcadia y Escirítide -y procura con todas sus fuerzas hacer levantar el sitio; pero los -arcadios no se mueven y nada les importa cuanto hace. - -Había notado Arquidamo una colina por el centro de la cual pasaba el -atrincheramiento exterior de los arcadios; cree que podrá apoderarse -de ella y que una vez en su dominio será imposible a los enemigos -sostener su posición. Mientras hacía dar un rodeo a sus tropas para -llegar a aquel lugar, los peltastas y su vanguardia, viendo fuera de -las trincheras a los eparitas[280], caen sobre ellos al propio tiempo -que la caballería procura cargarles. No ceden los eparitas, sino que -se conservan inmóviles en correcta formación; vuelven los enemigos -a la carga, pero aquellos, en vez de ceder en este segundo ataque, -llegan a avanzar algún terreno. El tumulto era ya muy grande, cuando -llega Arquidamo, que había dado la vuelta por la carretera que conduce -a Cromno y guiaba sus tropas, que iban de dos en dos, tal como se -hallaban al recibir la orden de marcha. Los dos ejércitos se aproximan, -el de Arquidamo en larga fila a causa del camino que había seguido y -los arcadios formando un tupido cuerpo de escudos; los lacedemonios no -pueden resistir al empuje de los arcadios y pronto Arquidamo es herido -en el muslo, que le atraviesan con una lanza, sucumbiendo junto a él -Poliénidas y Quilón, que se había casado con la hermana de Arquidamo, -elevándose a más de treinta el número de los que allí perecen. - -Emprenden, pues, los lacedemonios su retirada por el mismo camino -por el que habían venido, y así que salen a más ancho terreno, se -despliegan y hacen cara al enemigo; pero los arcadios conservan su -misma formación, y aunque inferiores en número, hállanse animados del -mismo entusiasmo, puesto que persiguen tropas que se baten en retirada -y a las que han ocasionado gran número de bajas. En cuanto a los -lacedemonios, habían perdido todo su valor al ver herido a Arquidamo -y al saber los nombres de los que han muerto, quienes formaban todos -entre los más valientes y más ilustres ciudadanos. Al hallarse los dos -ejércitos uno junto a otro, grita uno de los más ancianos: - ---«Soldados: ¿quién nos obliga a combatir, y por qué no podemos pedir -una tregua y hacer cesar la guerra?» - -Los dos bandos acogen con placer estas palabras y se hace la tregua: -retíranse los lacedemonios después de haber recogido sus muertos, y los -arcadios levantan un trofeo en el lugar en que habían comenzado a dar -las primeras cargas. - -Mientras los arcadios se hallan ocupados en Cromno, los eleos dirígense -primeramente contra Pilos y se encuentran con los pilios que habían -sido rechazados de Tálamas[281]. Al verles, la caballería elea carga -sobre ellos matándoles mucha gente, y los restantes se refugian en -una eminencia; pero al llegar la infantería los derrota por completo, -matando a unos y haciendo prisioneros a los otros en número de unos -doscientos: todos los mercenarios son vendidos y los desterrados -degollados. Después de esto subyugan a los pilios, que no recibían ya -auxilios de nadie, se apoderan de su ciudad y recobran Marganea. - -Algún tiempo después, sin embargo, habiéndose los lacedemonios durante -la noche aproximado a Cromno, apodéranse de la trinchera y llaman a los -argivos y lacedemonios sitiados. Cuantos se hallaban cerca y supieron -aprovecharse de esta ocasión, consiguieron escaparse; pero los que -dieron tiempo a los arcadios para que acudiesen en gran número, fueron -encerrados en el interior de la ciudad y después presos y distribuidos -entre los vencedores. Una parte de ellos tocó a los argivos, otra a -los tebanos, otra a los arcadios y otra a los mesenios; el número de -espartanos y periecos hechos prisioneros elevose a más de ciento. - -Los arcadios, no teniendo ya que ocuparse de Cromno, vuelven a -dirigirse contra los eleos, refuerzan la guarnición de Olimpia, y -cuando se acerca el año olímpico prepáranse para celebrar los juegos -en compañía de los pisatas, que pretenden haber sido los primeros que -tuvieron en otro tiempo el cuidado del templo. Ya en el mes[282] en -que se celebran los juegos olímpicos, y durante los días en que se -reúne la Panegiria, los eleos hacen sus preparativos abiertamente, -llaman a los aqueos y toman el camino de Olimpia. Nunca se hubieran -figurado los arcadios que vinieran los eleos a atacarles, y lejos de -este pensamiento, hallábanse organizando las fiestas con los pisatas -y habían terminado ya las carreras de caballos y el pentatlón; pero -cuando llegó el turno de la lucha, no tuvo esta lugar en el estadio -sino entre este y el altar, pues los eleos en armas ya estaban junto -al recinto sagrado. Sin ir más lejos a su encuentro, los arcadios -despliegan sus fuerzas a orillas del Cládeo, riachuelo que corre a lo -largo del Altis[283] y que desemboca en el Alfeo: tenían como aliados -unos dos mil hoplitas argivos y unos cuatrocientos caballos atenienses. - -Los eleos, que se habían formado en batalla al otro lado del riachuelo, -inmolan las víctimas y avanzan inmediatamente contra los enemigos. -Hasta esta época habían sido considerados siempre como guerreros de -segundo orden por los arcadios y argivos, así como por los aqueos y -atenienses, pero aquel día fueron considerados como los más valientes -de entre todos los aliados. Ponen en fuga a los arcadios, contra los -cuales primero se dirigen, y hacen lo mismo, después de rechazarlos -valientemente, con los argivos. Persiguen los eleos a los fugitivos -hasta el espacio situado entre el senado, el templo de Vesta y el -teatro, que se halla junto a aquel edificio: allí combaten con igual -denuedo y rechazan al enemigo hasta el altar, pero alcanzados por los -proyectiles que se les arrojan desde lo alto de los pórticos de la sala -del consejo y del gran templo, mientras que ellos combaten en un suelo -completamente llano, pierden a muchos de sus soldados, y entre otros al -mismo Estrátola, jefe de los trescientos. - -Después de esta acción se retiran a su campamento, pero los arcadios -y sus aliados quedan atemorizados de tal modo, en previsión de lo -que ocurrirá al día siguiente, que no se dan punto de reposo durante -toda la noche, derribando las tiendas elevadas a gran coste, y -fortificándose con trincheras. Al otro día, cuando se aproximan los -eleos y ven una fuerte empalizada y gran número de individuos subidos -a los templos, se retiran a su ciudad, pues el valor que habían -desplegado el día anterior había sido tal que solo un dios podía -haberlo inspirado y hacerle aparecer en un solo día, pues no está en -el poder de los hombres, aun en un largo espacio de tiempo, volver -valientes a los que se hallan privados de valor. - -Habiendo los arcontes arcadios hecho uso de los fondos sagrados para -el sostenimiento de los eparitas, los mantineos prohíben por un -decreto hacer uso de los fondos sagrados, y recogida en su ciudad la -parte que les toca pagar para los eparitas, la envían a los arcontes. -Pretenden entonces los jefes arcadios que los arcontes mantineos -atentan a la confederación arcadia, y les citan ante los diez mil; -pero no compareciendo, se pronuncia sentencia y mandan a los eparitas -que conduzcan a los condenados. Cierran los mantineos sus puertas y -no les admiten dentro de sus muros: al mismo tiempo levántanse otras -voces entre los diez mil, diciendo que no debe gastarse el dinero -sagrado y legar a sus descendientes este crimen contra los dioses, -por lo cual, así que se ha decretado en la asamblea común que no se -pueden tocar aquellos fondos, los eparitas que no pueden servir sin -sueldo se retiran, mientras por el contrario, los que poseen medios -abundantes, se exhortan mutuamente y ocupan el lugar de los que se han -marchado, a fin de no hallarse más bajo su dependencia y tenerles, por -el contrario, bajo la suya. - -Los jefes arcadios, que habían gastado el dinero sagrado, conociendo -que pronto se les obligará a dar cuenta de él, y con el temor de ser -ahorcados, hacen decir a los tebanos que si no se ponen en marcha -inmediatamente, corren peligro de ver nuevamente amigos de los -lacedemonios a los arcadios, por lo cual, los tebanos se preparan -para ponerse en camino; pero cuantos sinceramente se preocupan de los -verdaderos intereses del Peloponeso, persuaden a la asamblea arcadia -para que mande embajadores a los tebanos, que les digan no vayan en -armas a Arcadia entretanto no se les llame, y mientras hacen decirles -esto, reflexionan que de nada ha de servirles la guerra y que, en -efecto, ninguna necesidad tienen de correr con el cuidado del templo -de Júpiter, y que, por el contrario, al renunciar a él realizarán una -acción más justa y piadosa y se harán más agradables a la divinidad. -Como los eleos no tenían ninguna otra pretensión, ambos partidos se -deciden por la paz y firman el tratado. - -Jurado este por todas las ciudades, del propio modo que por los -tegeatas y por su mismo gobernador tebano, quien se hallaba en Tegea -con trescientos hoplitas beocios, todos los arcadios permanecen en -dicha población, entregándose a la alegría y a las fiestas y júbilo -con libaciones y cantos en honor de la paz. Pero el tebano y los -arcontes que temían la rendición de cuentas, uniéndose a los beocios y -a los eparitas, que hacían causa común con ellos, cierran las puertas -de Tegea y hacen prender a los primeros ciudadanos en medio de los -banquetes. Como se encontraban allí arcadios de todas las ciudades, -pues todos deseaban la paz, el número de los que prendieron fue muy -considerable: pronto queda llena la cárcel y aun la casa del consejo. -Siendo muchos los presos, algunos saltaron desde lo alto de los muros, -y aun permitiose a otros evadirse por las puertas, pues solo se estaba -quejoso de los que eran considerados como causantes de su perdición; -y lo que enoja más al tebano y a sus cómplices, es que solo tienen en -su poder un pequeño número de mantineos, cuando casualmente contra -ellos era contra quienes se tenía una enemiga mayor; pero gracias a la -proximidad de su población, casi todos habían podido escapar. - -Cuando viene el día y saben los mantineos lo que ha ocurrido, -recomiendan inmediatamente a todas las ciudades de Arcadia se pongan a -la defensiva y vigilen sus murallas: hacen ellos lo mismo y envían al -mismo tiempo a Tegea pidiendo la libertad de todos los mantineos que se -hallan detenidos, exigiendo al mismo tiempo que ninguno de los otros -arcadios sea encarcelado o condenado a muerte sin someterle previamente -a juicio, ofreciendo la garantía de la ciudad de Mantinea para el caso -de que contra ellos hubiese motivo de acusación y prometiendo llevar -ante la asamblea arcadia a cuantos sean citados ante ella. El tebano -no sabe qué resolver ante esta embajada y da libertad a todos. Al día -siguiente reúne a cuantos arcadios quieren acudir a su llamamiento, -y procura justificarse con ellos, asegurando ha sido engañado y -pretendiendo, en efecto, haber sabido que los lacedemonios se hallaban -en armas en las fronteras y que algunos arcadios querían entregarles -la ciudad de Tegea. Después de oírle, le dejan libre, a pesar de saber -bien que había mentido en cuanto les había dicho, pero envían diputados -a Tebas para acusarle y para pedir se le condene a muerte. Cuéntase, -sin embargo, que Epaminondas, entonces uno de los generales en mando, -dijo que se había tenido más razón al detener a aquellos hombres que al -devolverles la libertad. - ---«Pues --dijo--, ¿cómo no os acusaríamos de traición con justicia -después que nos habéis hecho la guerra y sin nuestro consentimiento -ajustáis la paz? En cuanto a nosotros, sabed, añadió, que marcharemos -a Arcadia, y allí haremos la guerra concertadamente con aquellos que -pertenecen aún a nuestro partido.» - - - - -CAPÍTULO V. - - -Habiendo sido llevada esta contestación a la asamblea arcadia y a las -diferentes ciudades, los mantineos y cuantos arcadios se interesan por -el Peloponeso, del mismo modo que los eleos y aqueos, se convencen -desde entonces de que los tebanos no ocultan ya su deseo de ver al -Peloponeso lo más débil posible para subyugarlo después con mayor -facilidad. - ---«¿Por qué, en efecto, dicen, quieren que estemos siempre en guerra, -si no es para que nos hagamos todo el mal que podamos unos a otros y -para que los dos partidos beligerantes tengan ambos necesidad de sus -auxilios? ¿Por qué contestan que se hallan dispuestos a marchar cuando -les decimos que por el momento no tenemos necesidad de ellos? ¿No es -evidente que si preparan esta expedición es para hacernos algún daño?» - -Envían igualmente a Atenas en demanda de socorro y dirígese también -a Lacedemonia una comisión de eparitas, encargada de exhortar a los -lacedemonios para rechazar todos juntos a cuantos quisieran subyugar -el Peloponeso. En cuanto a la hegemonía, convínose desde entonces en -que cada pueblo ejercería en su territorio el mando supremo. Durante -estas negociaciones, Epaminondas había salido[284] en expedición con -todos los beocios y con gran número de eubeos y tesalios, enviados -unos por Alejandro[285] y otros por los adversarios de este tirano. Los -focidios no van con él, sin embargo, alegando los tratados, que, según -dicen, les obligan a socorrer a Tebas cuando se halle atacada, pero no -a formar parte de ninguna expedición contra otros estados. Epaminondas -no duda de que, una vez en el Peloponeso, se le juntarán los argivos -y mesenios, del propio modo que los arcadios que permanecen en su -amistad y que eran los tegeatas, megalopolitas, aseatas, palantieos y -todas aquellas ciudades a las que su pequeñez y su situación, en medio -de dichos estados, no les dejaban otro remedio. - -Parte Epaminondas a toda prisa, y llegado a Nemea, permanece allí con -la esperanza de sorprender a los atenienses a su paso, contando que -sería un gran motivo de animar a sus tropas y aliados y desanimar a -sus adversarios, pues, para decirlo en una palabra, creía que todo -revés para los atenienses era una ventaja para los tebanos. Durante -esta detención reúnense los estados confederados en Mantinea, y cuando -Epaminondas sabe que han renunciado los atenienses a pasar por tierra -y se preparan a enviar por mar, y a través de Laconia, sus refuerzos a -los arcadios, sale de Nemea y llega a Tegea. No puedo decir que este -hombre haya sido afortunado en la época de su mando, pero creo que nada -dejó que desear de cuanto es obra de la prudencia y de la audacia. En -primer lugar, debo alabarle por haber instalado su campamento dentro -de los muros de Tegea, pues esto le daba una posición más segura que si -acampaba al aire libre, le permitía al mismo tiempo ocultar mejor sus -designios al enemigo y proveerse más fácilmente en la ciudad de cuanto -podía necesitar. Podía también además ver a los enemigos acampados -fuera y juzgar de la bondad de todos sus actos, así como, a pesar de -creerse más fuerte que el enemigo, podía dejar de atacarle si creía que -tenía este ventajas por las condiciones del terreno. - -Viendo, sin embargo, que ninguna ciudad se declara a su favor, -y juzgando que pasa el tiempo, se determina a obrar, pues de lo -contrario, cuanto mayor ha sido su gloria anterior, mayor será su -consiguiente deshonra. Habiendo, pues, sabido que los enemigos se han -fortificado en los alrededores de Mantinea y han venido a buscar a -Agesilao y a todos los lacedemonios, quienes, según le refieren, se -hallan ya en camino y han llegado a Pelene, hace cenar a sus tropas, -y dando la orden de marcha, se dirige directamente a Esparta. Si -un cretense, por inspiración divina no hubiera venido a anunciar a -Agesilao la aproximación del ejército enemigo, la ciudad entera hubiera -caído en poder de Epaminondas, que la hubiese hallado como un nido -y completamente desguarnecida; pero Agesilao, informado a tiempo de -este golpe de mano, llega antes que él a la ciudad, y los espartanos -se reparten los distintos puntos de peligro, a pesar de hallarse en -pequeño número, pues su caballería estaba en Arcadia, del mismo modo -que los mercenarios y tres de las doce cohortes. - -Cuando Epaminondas llega a los alrededores de Esparta, evita entrar en -lugares en que las tropas tengan que pelear a descubierto y ofreciendo -blanco a los proyectiles que se les arrojarán desde las casas y en -situación en que el mayor número no pueda dar ninguna superioridad; -pero apoderándose de una posición que cree ventajosa, en lugar de -atacar subiendo, dirígese contra la ciudad partiendo de una altura. En -cuanto a lo que después sucedió, puede verse en ello la intervención de -un dios; pero puede decirse también con razón que nadie puede resistir -a los que se hallan en estado de completa desesperación; en efecto, -cuando llega Arquidamo con menos de cien hombres después de una marcha -que se reputa muy difícil, dirígese en línea recta hacia los enemigos, -y he aquí que estas tropas que se hallaban arrojando fuego, que estos -vencedores de los lacedemonios superiores en número y en posiciones -ventajosas, no resisten el choque de Arquidamo, y ceden, pereciendo -las primeras filas de los de Epaminondas; pero como los de Esparta, -orgullosos por su victoria, continuaran la persecución más lejos de lo -que debían, reciben a su vez el justo castigo, pues sin duda estaba -escrito por una mano divina hasta qué límite les estaba concedida la -victoria. Arquidamo levanta, pues, un trofeo y devuelve, bajo la fe de -una tregua, a los enemigos los cuerpos de los que allí han muerto. - -Epaminondas, por su parte, previendo que los arcadios vendrán en -auxilio de los lacedemonios, no quiere tener que combatir con todos los -lacedemonios reunidos con ellos, sobre todo después de haber alcanzado -los enemigos una ventaja y sufrido sus tropas un revés, por lo cual -se dirige a toda prisa a Tegea, donde deja descansar a sus hoplitas, -aunque mande su caballería a Mantinea, exhortándoles a no dejarse -abatir y manifestándoles que a causa de la estación probablemente -encontrarán fuera de los muros de Mantinea a todos sus rebaños y a -todos sus habitantes. Partió, pues, la caballería tebana, pero saliendo -la ateniense de Eleusis, había cenado en el Istmo, y después de -atravesar Cleonas, había llegado al territorio mantineo acantonándose -dentro de los muros. Cuando se sabe en Mantinea que se aproximan los -enemigos, ruegan los habitantes de dicha población a los atenienses -que les socorran con todas sus fuerzas; muéstranles en los campos -sus rebaños, sus obreros y gran número de ancianos y niños de libre -condición, y los atenienses al oírles, se ponen en campaña a pesar de -hallarse en ayunas ellos y sus caballos. ¿Quién no admirará el valor -que desplegaron en estas circunstancias? Aunque inferiores en número, -y a pesar de haber experimentado su caballería un desastre en Corinto, -no se dejan dominar por estas consideraciones ni se detienen pensando -que van a combatir a los tebanos y tesalios, que siempre han sido -reputados como los mejores caballos, sino que, sonrojándose a la idea -de que su presencia no preste utilidad alguna a sus aliados, se arrojan -sobre los enemigos así que les distinguen, deseosos de poner en buen -lugar a su patria, y a su valor debieron los mantineos el poder salvar -cuanto tenían en los campos. Pierden los atenienses algunos valientes -y los enemigos pierden también algunos evidentemente, pues no había -armas bastante cortas para que los dos partidos no pudiesen alcanzarse -recíprocamente. Recogen sus muertos, y por medio de convención -entregan a los enemigos los suyos. - -Epaminondas, sin embargo, considerando que va a verse obligado dentro -de pocos días a partir, pues terminaba ya el tiempo fijado para -la expedición, conoce que si deja sin defensa los estados que ha -venido a socorrer, serán atacados por sus adversarios y que él mismo -verá completamente perdida su reputación por haber sido vencido en -Lacedemonia con su numerosa infantería por un puñado de hombres, y -junto a Mantinea en un combate de caballería, siendo causa con su -expedición al Peloponeso de la liga formada por los lacedemonios, -arcadios, aqueos, eleos y atenienses. Por esto le parece vergonzoso -marchar sin combatir, sobre todo reflexionando que si vence terminará -todo en bien, y que si muere combatiendo, será un fin muy glorioso -perecer procurando dejar a su patria el dominio del Peloponeso. - -No son, sin embargo, estos sentimientos los que le hacen más admirable -a mis ojos, puesto que tales son los pensamientos de todos los hombres -generosos; lo que me parece más digno de admiración es el haber formado -un ejército que no teme ninguna penalidad ni de día ni de noche, que -no retrocede ante ningún peligro y que no rehúsa jamás su obediencia -aun cuando carezca de todo. Cuando manda por la última vez a sus tropas -que se preparen para el combate, la caballería se pone a dar brillo -a sus cascos, y los hoplitas arcadios graban en sus escudos marcas -que indican son tebanos[286], afilando todos las espadas y sables y -pulimentando sus escudos. El orden de combate que emplea después de -haberse puesto al frente de sus tropas es también digno de alabanza. -Así que manda alinear filas, como era natural parece indicar se -dispone para el combate; pero cuando su ejército se halla en completa -formación, no se dirige hacia el enemigo por el camino más corto, -sino que marcha en dirección a las montañas situadas al occidente y -frente a frente de Tegea, de manera que hace creer al enemigo que no -quiere aquel día librar el combate. Efectivamente, llegado al pie -de la montaña, despliega su falange y hace deponer las armas en las -alturas como si quisiese acampar allí. Con esta maniobra debilita el -ardor del enemigo que se había dispuesto para el combate y que entonces -rompe filas; pero después de haber hecho converger a la vanguardia las -compañías que marchaban por filas y formar alrededor de él un fuerte -cuerpo de ataque, hace repartir nuevamente las armas y avanzar contra -el enemigo. Sus tropas le siguen inmediatamente. - -Cuando los enemigos, contra sus esperanzas, le ven llegar, nadie -sostiene el ataque; unos corren a sus filas o se alinean, ensillan -otros los caballos mientras los restantes revisten sus corazas, y -todos, en fin, tienen que rechazar al enemigo, más bien que atacarle. -Epaminondas guiaba su ejército como una trirreme con la proa hacia -adelante, contando con hacer retroceder al enemigo allí donde atacase -y aniquilar así todo el ejército. Preparábanse, en efecto, a combatir -con las tropas más vigorosas, habiendo colocado todo lo más lejos -posible y en la retaguardia a los soldados más débiles, comprendiendo -bien que la derrota de estos produciría a los suyos el desaliento -y entusiasmaría al enemigo. Este había ordenado su caballería como -un cuerpo de hoplitas, sin mezclar con ella la infantería; pero -Epaminondas forma también la suya en un compacto cuerpo de ataque, -mezclando con ella a los infantes para que una vez deshecha la -caballería sea completa la derrota de los enemigos, pues, en efecto, -difícilmente se halla quien sostenga el ataque del enemigo una vez -emprende la fuga una parte de su ejército; y a fin de impedir asimismo -a los atenienses del ala izquierda vayan en auxilio de sus vecinos, -coloca frente a ellos, en las alturas, algunos caballos e infantes -para inspirarles el temor de ser cogidos por la retaguardia así que -se dirijan a auxiliar a los demás. Tal fue su orden de batalla, y sus -esperanzas no salieran fallidas, pues, vencedor allí donde atacó, puso -en fuga a todo el ejército enemigo. - -Sin embargo, así que cae herido[287], no saben los suyos aprovecharse -de la victoria, y aunque los hoplitas ven derrotados a los enemigos, -no matan a nadie y se quedan inmóviles en el punto en que había -tenido lugar el primer choque. La caballería, por su parte, aunque ve -huyendo a la del enemigo, no mata tampoco ni infantes ni caballos, -pues sobrecogidos de terror se arrojan, como lo hubieran hecho unos -vencidos, a través de las filas enemigas en derrota; sin embargo, la -infantería que había sido mezclada con la caballería, y los peltastas, -habían participado de la victoria de la caballería, y llegaban -vencedores al ala izquierda; pero allí son casi todos deshechos por los -atenienses. - -Terminada la batalla, sucedió lo contrario de lo que todos creían, -pues al ver reunido el contingente de toda Grecia[288] formado en -batalla, nadie podía prever que los resultados del combate no fuesen -la dominación de los vencedores ni la sujeción de los vencidos; pero -la divinidad hizo que cada bando elevase un trofeo como vencedor sin -oponerse el contrario; ambos recogen sus muertos por una tregua, -concediéndola como vencedores y suplicándola como vencidos, y más -tarde, aunque ambos pretenden haber quedado dueños de la victoria, no -se vio a ninguno de ellos poseer comarca, ciudad o mando que no tuviese -antes del combate. Después de este, la confusión y la turbulencia -dominan con mayor insistencia que antes en toda Grecia. - -En cuanto a mí, no me he propuesto escribir de esta historia más que lo -que llevo referido: la narración de lo que siguió a este combate, queda -para otro escritor. - - -FIN. - - - - -ÍNDICE. - - - Dedicatoria. V - Prólogo. VII - - Libro primero. - Capítulo primero. 1 - Capítulo II. 9 - Capítulo III. 13 - Capítulo IV. 17 - Capítulo V. 22 - Capítulo VI. 26 - Capítulo VII. 34 - - Libro segundo. - Capítulo primero. 43 - Capítulo II. 50 - Capítulo III. 55 - Capítulo IV. 70 - - Libro tercero. - Capítulo primero. 87 - Capítulo II. 96 - Capítulo III. 106 - Capítulo IV. 111 - Capítulo V. 121 - - Libro cuarto. - Capítulo primero. 131 - Capítulo II. 139 - Capítulo III. 145 - Capítulo IV. 151 - Capítulo V. 159 - Capítulo VI. 167 - Capítulo VII. 171 - Capítulo VIII. 174 - - Libro quinto. - Capítulo primero. 189 - Capítulo II. 200 - Capítulo III. 214 - Capítulo IV. 222 - - Libro sexto. - Capítulo primero. 243 - Capítulo II. 250 - Capítulo III. 260 - Capítulo IV. 267 - Capítulo V. 279 - - Libro séptimo. - Capítulo primero. 299 - Capítulo II. 316 - Capítulo III. 324 - Capítulo IV. 329 - Capítulo V. 345 - - - - -NOTAS. - - -[1] Es decir, después que los atenienses, obtenida una victoria naval, -se apoderaron de Cícico. (Véase _Tucídides_, lib. VIII, § 107.) - -[2] Los sucesos relatados en este capítulo corresponden a los años 411 -y 410 antes de Jesucristo. - -[3] Comp. _Tucídides_, lib. VIII, §§ 35 y 84. - -[4] Promontorio y ciudad de la Tróade. - -[5] Ciudad del Quersoneso. - -[6] Había sido recientemente vencido por los atenienses entre Sesto y -Abido. - -[7] Desterrado de Atenas. - -[8] Comp. _Justino_, lib. V, cap. IV. - -[9] Siempre que los griegos hablan del _rey_ o del _Gran rey_ (μέγας -βασιλεύς), se entiende del de Persia. - -[10] No se le conoce más que por este pasaje. - -[11] Ciudad de Tracia en el golfo de Melas. - -[12] El texto de esta carta está en dialecto vulgar lacedemonio. - -[13] En griego, ἐπιβάτης (soldado de marina). - -[14] El año anterior. (Véase _Tucídides_, lib. VIII, § 85.) - -[15] El ἁρμοστής era el gobernador o magistrado superior de una colonia. - -[16] Entre Atenas y las fronteras de Beocia. - -[17] En griego πρόξενος (unido por la hospitalidad). - -[18] Este no es el grande Aníbal, hijo de Amílcar, sino el de Giscón. -(Véase _Diodoro Sículo_, lib. XIII, cap. XLIII.) - -[19] Correspondiente al 409 antes de la era cristiana. - -[20] Tropas ligeras. - -[21] Ciudad de Jonia. - -[22] Tropas pesadamente armadas. - -[23] Ciudad importante en tiempo de Heródoto, pero en el de Jenofonte -puerto y promontorio completamente deshabitado. - -[24] Montaña situada a 40 estadios de aquella ciudad. - -[25] Comp. _Tucídides_, lib. VIII, § 26. - -[26] Por los cartagineses. - -[27] Ciudad y promontorio de Mesenia. - -[28] Véase _Tucídides_, lib. III, y _Diodoro Sículo_, lib. XII, cap. -LIX. - -[29] Corresponde al 408 antes de Cristo. - -[30] Los calcedonios habían abandonado el partido ateniense y recibido -un gobernador lacedemonio. - -[31] Templo de Hércules. - -[32] Terámenes, Trasilo y Trasíbulo. - -[33] Habitantes de las cercanías de Esparta. - -[34] Nuevamente admitidos como ciudadanos. - -[35] Célebre por el Nudo gordiano. - -[36] Del año 407 antes de la era vulgar. - -[37] En griego κάρανος, palabra que se encuentra poquísimas veces en -los autores, pues es de origen persa. - -[38] Llanura cercana a una ciudad de la Lidia, del mismo nombre. - -[39] Sátrapa de Frigia. - -[40] Ciudad de Laconia. - -[41] Comp. _Plutarco_, Alcibíades, 34. - -[42] Sobre la vuelta de Alcibíades, además de su biografía en Plutarco, -véase _Justino_, lib. V, cap. IV. - -[43] Comp. _Plutarco_, Alcibíades, 34. - -[44] Poco antes de que partiese Alcibíades de Atenas para Andros. - -[45] En el mismo año 407 antes de nuestra era. - -[46] Comp. _Tucídides_, lib. VIII, § 48. - -[47] Cerca de una peseta diaria. - -[48] Valiendo la mina 100 dracmas, eran unas 3000 pesetas al mes. - -[49] Aproximadamente quince céntimos. - -[50] Ciudad cercana a Colofón. - -[51] En la isla de Quíos. - -[52] Lugar desconocido. - -[53] Comp. _Diodoro Sículo_, lib. XIII, cap. LXXIV. - -[54] El de 406 antes de Cristo. - -[55] Dodwel, según sus cálculos astronómicos, señala a este eclipse la -fecha del 15 de abril del año 406 antes de Jesucristo. - -[56] En griego θαλασσοκράτωρ. - -[57] Hay que añadir otros dos generales. - -[58] Como las embarcaciones eran muy bajas, la cubierta se cubría con -unas telas que protegían de la intemperie y de los ardores del sol a la -tripulación. - -[59] Hoy el cabo del Santo Ángel (Ἄγιος Ἄγγελος). - -[60] Era un hijo natural del gran Pericles. - -[61] En el año 406 antes de la era cristiana. - -[62] Es decir, el encargado de dar a cada ciudadano pobre dos óbolos -tomados del tesoro público, para acreditar el derecho a entrar en el -teatro. - -[63] Fiestas de Minerva Atenea: duraban tres días y se inauguraban con -un gran banquete de las fratrias atenienses. - -[64] Este rasgo de la entereza de Sócrates es verdaderamente -admirable, pues fue el único que no se dejó intimidar por las medidas -revolucionarias de la plebe. - -[65] Canono había hecho decretar que cuando varias personas fuesen -acusadas todas de un mismo crimen, se instruyese una causa especial e -independiente para cada una de ellas. - -[66] Divinidad superior de la mitología griega correspondiente al -Júpiter de la romana. - -[67] Si se hubiese adoptado esta proposición, hábilmente presentada y -elocuentemente defendida por Euriptólemo, indudablemente se hubieran -salvado los acusados, pues era imposible probar contra ellos cargo -alguno individual. - -[68] Véase _Tucídides_, lib. VIII, §§ 67 y 98. - -[69] La dignidad de navarco (ναύαρχος) era una de las superiores en la -marina. - -[70] Del año 406 antes de Cristo. - -[71] Los que se hallaban en Eólida, en Jonia y en las Islas. (Véase -_Diodoro Sículo_, lib. XII, cap. C.) - -[72] Véase esta genealogía en la edición de Jenofonte de Weiske, t. IV, -pág. 58. - -[73] El 405 antes de nuestra era. - -[74] Hoy los gelos o pueblos de la provincia persa del Ghilán. - -[75] Se había retirado a su castillo del Quersoneso. (Véase lib. I, -cap. V.) - -[76] Los atenienses enviaban a Delos cada año una embajada sagrada -o _teoría_ (θεωρία), sobre la famosa nave de Teseo, con un coro de -jóvenes y doncellas para entonar las alabanzas de Apolo. El navío en -que se embarcaba esta _teoría_ se llamaba _Páralos_, de Páralo, héroe -ateniense y amigo de Teseo, que por primera vez había equipado una -nave de grandes dimensiones. La muerte de Sócrates se retardó durante -treinta días, pues estaba prohibido ejecutar a ningún sentenciado a -muerte mientras se hallaba la _Páralos_ conduciendo la _teoría_. - -[77] En el mismo año 405 antes de la era cristiana. - -[78] Se sabe, por el testimonio de Tucídides y de Diodoro Sículo, que -sus habitantes habían sido degollados o reducidos a la esclavitud por -los atenienses vencedores. - -[79] Correspondiente al 404 antes de Jesucristo. - -[80] Véase para este sobrenombre, una nota de M. Artaud a un pasaje de -Aristófanes, en la traducción de Luciano por Eugenio Talbot, t. I, pág. -562. - -[81] En griego πενέστης (criado, siervo). - -[82] Compárense las _Memorias socráticas_, Lib. IV, cap. IV, y -_Libanio_, Apología de Sócrates. - -[83] Véase _Lisias_, contra Eratóstenes, 17. - -[84] Nada se sabe positivamente sobre estos delegados de Esparta. - -[85] En griego προστάτης (el que dirige las deliberaciones), que -viene a ser lo mismo que en la Cámara de los Comunes de Inglaterra el -_speaker_. - -[86] Pequeño vaso que se colocaba en el agua y en que se echaban -algunas gotas de líquido para hacerle sumergir. - -[87] Véase asimismo sobre la muerte de Terámenes, _Cicerón_, Tusculanæ, -lib. I, cap. XI, § 95. - -[88] Los σκευοφόροι eran los que conducían los vasos, instrumentos y -utensilios de toda clase para el ejército. - -[89] Uno de los teatros de Atenas, comprendiendo en él el circuito que -a su alrededor se extendía. - -[90] Templo de Bendis, que es la misma divinidad que la Luna. (V. dicha -palabra en el Diccionario de Jacobi.) - -[91] Sobrenombre de Ares o Marte. - -[92] De él se trata en las _Memorias socráticas_, lib. III, cap. VII. -Este capítulo es de una belleza tal y tiene tanta importancia bajo -el punto de vista de la educación política de los ciudadanos, que no -podemos resistir al deseo de darlo en nota. - - «Viendo Sócrates que Cármides, hijo de Glauco, hombre adornado de - toda clase de méritos y superior en mucho a todos los políticos de su - época, no se atrevía a presentarse ante el pueblo ni a ocuparse en - los negocios del estado, le dijo: - - --Oye, Cármides, ¿cómo juzgarías a un hombre que siendo capaz de - ganar coronas y premios en los juegos y conquistar de esto modo un - nombre glorioso y hacer en Grecia más ilustre a su patria, rehusara - el combatir? - - --Claro es que sería un hombre afeminado y cobarde. - - --Y si un ciudadano capaz de engrandecer a su patria y de llenarse - de gloria dedicándose a los negocios públicos, rehusase hacerlo, ¿no - estaríamos en nuestro derecho llamándole también cobarde? - - --Acaso; pero ¿por qué me diriges esta pregunta? - - --Porque me parece que a pesar de tu mérito, retrocedes ante los - negocios, cuando por tu calidad de ciudadano, tienes el deber de - tomar parte en ellos. - - --Pero este mérito --dijo Cármides--, ¿en qué ocasión has podido - reconocerlo para que tengas de mí opinión tan favorable? - - --En tus conversaciones con nuestros políticos, pues si te comunican - algún asunto, veo que les das buenos consejos, y si cometen alguna - falta les reprendes con justicia. - - --Pero no es lo mismo, Sócrates, conversar con los amigos que - discutir en público. - - --Sin embargo, los que saben contar con prontitud, cuentan tan bien - públicamente como cuando se hallan solos, y los que tocan bien la - cítara en su casa, conservan esta superioridad en público. - - --Sí, es verdad; ¿pero no ves tú mismo que la vergüenza y la timidez - son innatas en algunos hombres y que se manifiestan mucho más en las - asambleas tumultuosas que en las conversaciones privadas? - - --Pues bien; voy a demostrarte que no son los más sabios los que te - causan vergüenza, ni los más poderosos los que te hacen miedo, sino - que te avergüenzas de hablar ante los menos ilustrados y los más - débiles. En efecto, ¿no es ante los tintoreros, zapateros, albañiles, - caldereros, labradores, comerciantes y revendedores, gentes todas - que procuran vender caro lo que han comprado a bajo precio, ante - quienes sientes timidez? porque de todos estos se compone la asamblea - popular. ¿En qué se diferencia, pues, tu conducta de la de un hombre - que, siendo superior a los artistas, tuviese miedo a la crítica - de los ignorantes? ¿No es verdad que a pesar de tu facilidad en - expresarte ante los ciudadanos más ilustres, algunos de los cuales, - sin embargo, te tienen en menos de lo que mereces, y a pesar de tu - manifiesta superioridad sobre los que procuran hablar en público, - vacilas en tomar la palabra ante una multitud que jamás se ha ocupado - de negocios y que no tiene hacia ti la más pequeña prevención, solo - por el temor de que te pongan en ridículo? - - --¿Por qué no? ¿Acaso no ves, Sócrates, que en las asambleas se - burlan a menudo de los que hablan bien? - - --Pero a los demás les pasa lo mismo; de ahí que te admire a ti que - sabes hacerles enmudecer en la conversación, porque te crees incapaz - de dominar a la multitud. No te desconozcas, querido, ni cometas - el mismo yerro que casi todos los hombres cometen: la mayor parte - tienen sin cesar fija la vista en las acciones de los demás, ¡y no - vuelven su examen hacia sí mismos! Defiéndete de una indolencia tal - y concentra, por el contrario, en ti mismo todos tus esfuerzos; no - te olvides del estado, si puedes con tus cuidados hacerle conseguir - algún adelanto. Considera, sobre todo, que para la prosperidad de - los negocios, no solo habrás prestado inmensos servicios a los demás - ciudadanos, sino también a tus amigos y a ti mismo.» - -[93] Los γυμνήται constituían la mayor parte de la infantería ligera -entre los griegos. - -[94] Ἁλίπεδον (llanura salada). - -[95] Literalmente κωφὸν λιμένα (puerto mudo o inútil): según algunos, -el puerto de Muniquia, que con el Pireo y Falera, formaban los tres -puertos de Atenas. - -[96] En 400 antes de Jesucristo. - -[97] Los críticos consideran este nombre como un pseudónimo tomado -por Jenofonte. (Véase _Historiadores griegos_, de _Vosio_, edición de -Westermann, pág. 53.) - -[98] Del año 398 antes de la era vulgar. - -[99] Este parece ser el sentido más probable de la palabra μνημεῖα. -Estos túmulos sepulcrales serían, sin duda, semejantes a los _barrows_ -y _galgals_ de la Armórica y a los montículos del Ohio, del Yucatán, -del Báltico y de las estepas de Rusia. (Véase también más adelante lib. -VI, cap. II.) - -[100] En la campiña del Meandro. Compárese _Ateneo_, libro XV, cap. IX. - -[101] Esta población no es la ciudad de Larisa de Tesalia; ni en Acaya -ni en Élide existe población alguna de este nombre. Sin duda sería un -pueblo de poca importancia. - -[102] El 398 antes de Cristo. - -[103] Aulón era a la vez una ciudad marítima y un valle situado en los -límites de Mesenia y de Élide. - -[104] El Alfeo. - -[105] En el año 397 antes de nuestra era. - -[106] Esta conversación está en dialecto vulgar lacedemonio. - -[107] El dios del mar, Neptuno. - -[108] Los eupátridas o nobles. - -[109] La σκυτάλη era un bastón liso sobre el cual los generales -lacedemonios arrollaban para poder leerlos, las órdenes que se les -enviaban escritas en unas tiras de tela que habían sido arrolladas en -otro palo del mismo grueso, y que como era natural, solo arrollándolas -a otro igual al que cubrían cuando habían sido escritas, podían leerse -fácilmente. - -[110] Nombre de tres magistrados encargados de vigilar los ejercicios -de los jóvenes. (Véase la obra del mismo autor de la presente, -_Gobierno de los lacedemonios_, cap. IV, que trata de la educación de -los hombres en la edad viril.) - -[111] Gobierno aristocrático de los diez ciudadanos más ricos de la -ciudad. - -[112] En 396 antes de Jesucristo. - -[113] Consejo de once tebanos encargados de la dirección de los asuntos -en Beocia. - -[114] Ciudad y promontorio de Eubea. - -[115] El pletro (πλέθρον) era la 6.ª parte del estadio, y su -equivalencia es de 31 metros. - -[116] Compárense las biografías de Agesilao en Plutarco y Cornelio -Nepos, la obra de Jenofonte, _Agesilao_, cap. I, y en especial el libro -de Carlos Gustavo Heiland: _Xenophontis Agesilaus cum adnotatione et -prolegomenis de auctore et indole libri_, edit. nova. Leipzig, 1857. -En esta obra hallará el lector estudioso el resumen de las discusiones -habidas entre los filólogos Walkenaër, Lennep, Wyttenbach, Wolf, -Bernhardy y Sievers, que niegan la autenticidad de aquel tratado -histórico, y Zeun, Weiske, Schneider, Dindorf, Delbrück, Manson Kühn -y Baumgarten que la afirman, a cuyo parecer se une el citado autor, -aportando nuevas razones a esta última opinión y dándole casi el valor -de la más decisiva certeza. - -[117] En 395 antes de Jesucristo. - -[118] Sobre la orilla meridional del lago Copais. - -[119] Se llamaba Erianto. (Véase Plutarco, _Vida de Lisandro_, cap. XV.) - -[120] Comandantes de cincuenta hombres. - -[121] Del año 395 antes de la era vulgar. - -[122] Estos empleados eran una especie de comisarios que se cuidaban de -vender en pública subasta el botín tomado a los enemigos. - -[123] De Astira, ciudad de Misia. - -[124] En dicho año 395 antes de Cristo. - -[125] Los griegos de Asia. - -[126] Jerjes. - -[127] Desfiladero de que se habla también más adelante, en el cap. IV -de este mismo libro. - -[128] Es decir, de los corintios y de sus aliados. - -[129] Según las conjeturas de Schneider, en un lugar cubierto de bosque. - -[130] Hallábanse los atenienses divididos en diez tribus para los -asuntos civiles, y esta división se conservaba también en el ejército. - -[131] Cazadora. - -[132] De Corinto. - -[133] En el año 394 antes de nuestra era. - -[134] Había vuelto a Europa después de haber llevado a cabo su misión -junto a Tisafernes. Compárese, lib. III, capítulo IV. - -[135] Dice Schneider que eran 300 caballeros escogidos, que -desempeñaban las funciones de estado Mayor con los reyes de Lacedemonia. - -[136] Weiske le llama Polímaco. - -[137] A causa de un eclipse anular. - -[138] Conón, después de la batalla de Egospótamos, había huido al lado -de Evágoras, y más tarde junto al rey de Persia. - -[139] Ozolia y Opuntia. - -[140] Compárese _Agesilao_, cap. II. - -[141] Leemos, con A. Turretini y L. Dindorf, πολλοὶ, a pesar de la -autoridad de Weiske, quien lee Πελλεῖς, opinión que siguen asimismo -otros doctos editores, pero que a nuestro parecer no le da sentido -completo. - -[142] En el año 393 antes de Jesucristo. - -[143] Fiestas en honor de Ártemis o Diana, que era adorada en Tebas en -el templo que le edificó Hércules después de la victoria que alcanzó -sobre los orcomenios. - -[144] Gimnasio situado en la cumbre de una colina cercana a Corinto y -rodeado de un bosque sagrado. - -[145] Montaña coronada de una ciudadela que dominaba a Corinto. - -[146] Era una columna consagrada a Cibeles, madre de los dioses. - -[147] Puerto de Corinto. - -[148] Véase el final del cap. II de este mismo libro. - -[149] Para la inteligencia de estos movimientos, será bueno recurrir al -mapa que inserta Weiske en la pág. 189 del tomo IV de su edición de las -obras de Jenofonte. - -[150] Ἱππαρμοστής. - -[151] Es la primera letra de la palabra Σικυώνιοι (sicionios). - -[152] Ναὶ τὼ σιώ, literalmente, ¡por los dos dioses! Fórmula de -juramento especial a los dorios; los Dióscuros son Cástor y Pólux. - -[153] Población situada en la campiña de Corinto. - -[154] Puerto de Corinto. - -[155] Véase _Agesilao_, cap. II. - -[156] En el año 392 antes de la era vulgar. - -[157] Poseidón o Neptuno. - -[158] Véase _Tito Livio_, lib. XXXI, cap. XXIII. - -[159] Huésped público. - -[160] Lanceros. - -[161] Ciudad del golfo de Corinto. - -[162] En el año 391 antes de Cristo. - -[163] La ciudad más populosa e importante de la Acarnania. - -[164] Ciudad de la Acarnania en la embocadura del Aqueloo. - -[165] Del año 390 antes de nuestra era. - -[166] Rey de Esparta, hijo de Pausanias. - -[167] Zeus o Júpiter. - -[168] Estaría mejor: el mes sagrado. Era el Carneo (Καρνεῖον) de los -dorios y el Metagitnio (Μεταγίτνιον) de los atenienses, correspondiente -a una parte de agosto y de septiembre. - -[169] Poseidón o Neptuno. - -[170] Llamábase pentatlo al atleta que disputaba el premio o lo había -conseguido en el quíntuple combate (πένταθλον) del salto, la carrera, -la lucha, la pica y el disco. - -[171] En los años 394 a 390 antes de Cristo. - -[172] En Mesenia. - -[173] Estrecho y promontorio de Etolia. - -[174] Al comenzar el año 388 antes de Jesucristo. - -[175] Las _ínfulas_ eran unas tiras de tela con que se coronaban los -sacerdotes y magistrados al ejercer sus funciones. - -[176] El κελευστῆς era el que daba las órdenes a los remeros. - -[177] Templo consagrado a Heracles o Hércules. - -[178] Sin duda se llamaría así por haber allí tres torres. - -[179] Zeus o Júpiter. - -[180] Bazar del Pireo. - -[181] No debe confundírsele con Trasíbulo de Estiria, el libertador de -Atenas. Colito era un demo del Ática. - -[182] Los griegos de Europa. - -[183] En el año 386 antes de nuestra era. - -[184] En el año 385 antes de Cristo. - -[185] Unos 50 céntimos. - -[186] Casi 20 pesetas. - -[187] Tropas escogidas de Esparta, reclutadas entre los arcadios. - -[188] Véase más arriba, lib. III, cap. III. - -[189] Del año 382 antes de Cristo. - -[190] Unos dos kilómetros. - -[191] En las cercanías de Palene, ciudad del Quersoneso de Tracia. - -[192] En el año 379 antes de nuestra era. - -[193] Fiestas de Afrodita o Venus. - -[194] Cortesanas. - -[195] Hermano y sucesor de Agesípolis. - -[196] Léese también el nombre de esta localidad en unas ediciones -_Reasedos_ (templo de Rea), y en otras _Greasedos_ (asiento de Grea). -Este nombre se supone deriva de la tradición relativa a la esposa de -Pemandro, fundador de Tanagra, que por su mucha edad había recibido -el nombre de Γραῖα (la anciana): asegúrase que entre Tebas y Tanagra -habíale sido levantada una estatua, y de ahí el nombre de Greasedos. -Nosotros, sin embargo, hemos seguido la variante más generalmente -adoptada. - -[197] Importante ciudad del litoral de la Tesalia. - -[198] Ciudad de Eubea, llamada también Histiea. - -[199] Templo de Afrodita o Venus. - -[200] Compárese _Plutarco_, _Vidas paralelas_, cap. XXVII de la -biografía de Agesilao. - -[201] Véase el cap. IV del lib. III. - -[202] Es el mismo Timoteo de quien escribió la biografía Cornelio Nepos. - -[203] Ciudad de Acarnania. - -[204] En el año 374 antes de Jesucristo. - -[205] Literalmente τάγος, palabra tesalia que se encuentra, sin -embargo, algunas veces usada por los áticos. - -[206] Πενήστης (criado, doméstico), palabra tesalia. - -[207] En el año 373 antes de nuestra era. - -[208] Pequeña ciudad del litoral de Laconia. - -[209] Dionisio el antiguo, tirano de Siracusa. - -[210] Más arriba hemos hablado de la _Páralos_. La _Salaminia_ era una -trirreme pública en la que venían presos los que se hallaban acusados -de algún delito nacional ante los tribunales. (Véase el diálogo -_Critón_, de Platón.) - -[211] Véase más arriba, lib. III, cap. 2.º - -[212] Las grandes velas, μεγάλα ἱστία, se empleaban solamente en las -travesías, y las pequeñas velas, μικρὰ ἱστία, en el combate. - -[213] Las velas altas, ἀκάτια, eran las velas enteras o latinas. - -[214] Jenofonte no ha hablado en ninguna otra parte de estas derrotas -de los plateenses y de los mesenios. Consúltese para esta parte de la -Historia de Grecia a Diodoro Sículo, libro XV, cap. XLVI. - -[215] En el año 372 antes de Jesucristo. - -[216] Era el portador de la antorcha en las pompas sagradas de Eleusis, -y se consideraba como una de las magistraturas de la república que más -honraba a los ciudadanos. - -[217] Véase esta palabra en el _Diccionario mitológico_ de Jacobi. - -[218] Diosa de la agricultura, equivalente a Ceres. - -[219] La Tierra, madre de los dioses, correspondiente a la Juno romana. - -[220] Ciudadela cuya fundación se atribuía a Cadmo. - -[221] Los hechos de este capítulo corresponden a los años 371, 370 y -369 antes de la era vulgar. - -[222] Llamábanse estas dos doncellas Molpia e Hipo. (Véase _Pausanias_, -lib. IX, cap. XIII.) - -[223] Templo de Heracles o Hércules. - -[224] Principalmente de Epaminondas. (Véase _Diodoro Sículo_, lib. XV, -cap. LIII.) - -[225] Ἐνωμότια, compañía de veinticinco hombres. - -[226] Llamábase συμφορεύς el _comes_ o compañero de un jefe principal. - -[227] Véase Luciano, _Del Baile_, cap. XII. - -[228] Lanceros. - -[229] Llamábase Tebe. - -[230] Corresponde a los mismos años que el anterior. - -[231] Diana. - -[232] Ciudad de su territorio. - -[233] Ciudad de Arcadia. - -[234] Ozolia y Opuntia. - -[235] Llamada así por su proximidad a Esciros, ciudad de Arcadia. - -[236] Alrededores de Malea, población de Arcadia. - -[237] Ciudad de las fronteras de Laconia. - -[238] Sobrenombre de Minerva Atenea. (Véase la palabra _Alea_ en el -_Diccionario_ de Jacobi, y en el de Daremberg y Saglio.) - -[239] Hacía más de seiscientos años que no se había verificado ninguna -invasión en Laconia. Compárese Plutarco, _Agesilao_, cap. XXX. - -[240] Γαιήοχος (que sostiene o rodea la tierra), sobrenombre de -Poseidón (Neptuno). - -[241] Cástor y Pólux. - -[242] Véase Cornelio Nepos, _Arístides_, cap. III. - -[243] Este es, evidentemente, uno de los más admirables discursos de -Jenofonte. - -[244] Los fliasios, orcomenios, etc. - -[245] A los lacedemonios. - -[246] Literalmente Ἀρχηγέται (Arquegetas, Jefes del estado), -refiriéndose a los individuos de la familia de Hércules. - -[247] Cordillera que se extiende desde las rocas Escironias hasta el -monte Citerón. - -[248] Corresponden los sucesos de este capítulo a los años 368, 367 y -366 antes de Cristo. - -[249] Supremacía o preponderancia en el dominio terrestre. - -[250] Obsérvese el hermoso paralelismo de este discurso. - -[251] Por la fuerza de expresión y lo contundente de los argumentos, -este discurso es uno de los más notables que pone Jenofonte en boca de -sus personajes. - -[252] Unos dos kilómetros y medio. - -[253] Unos 124 metros. - -[254] Unos 650 metros. - -[255] Hallábase situada esta ciudad en un territorio muy agreste y -escarpado. - -[256] Ciudad de la Argólida. - -[257] Más de la mitad del ejército de los diez mil, se componía de -arcadios y aqueos. - -[258] Sobre este plátano, véase la sátira de Luciano, _Sobre una -habitación_. - -[259] Corresponden estos sucesos a los años 371 al 366 antes de la era -vulgar. - -[260] Capital de la Fliasia junto a las fuentes del Asopo. - -[261] Ciudad fortificada del litoral de Laconia. - -[262] Templo de Hera o Juno. - -[263] Los fliasios. - -[264] Se ignora cuál podía ser este río. - -[265] En el año 366 antes de Cristo. - -[266] Este discurso de defensa, si bien algo paradójico, es -verdaderamente admirable por su vehemencia y naturalidad. - -[267] Los sicionios. - -[268] Literalmente ἀρχηγέτης (jefe supremo). (Véase también el cap. V -del lib. VI.) - -[269] Corresponde a los años 366 al 363 antes de nuestra era. - -[270] Temison y Teodoro de Eubea se habían apoderado de Oropo, ciudad -aliada de los atenienses en las fronteras de Beocia y del Ática. Los -ciudadanos desterrados habían regresado entonces a su patria. Compárese -_Tucídides_, libro VIII, c.º 95. - -[271] Más tarde, esta causa fue defendida por Calístrato con tan grande -habilidad y tan notable talento, que despertó el naciente genio de -Demóstenes, que se hallaba apenas en la pubertad. (Véase la vida de -Demóstenes en las _Vidas paralelas_ de Plutarco). - -[272] Véase también el cap. I de este mismo libro. - -[273] Tribunal de los arcadios sobre el cual puede verse el capítulo -LII del _Voyage du jeune Anacharsis en Grèce_, del abate Barthélemy. - -[274] Véase el cap. I de este mismo libro. - -[275] Hallándose situada en el interior la ciudad de Selasia, es de -presumir que las tropas de Dionisio no se limitarían únicamente a una -empresa marítima. - -[276] Montaña consagrada a Cronos (Saturno). - -[277] Ciudad de los eleos. - -[278] En Acaya. - -[279] Ciudad de Arcadia. - -[280] Sobre esta milicia arcadia puede verse una disertación de -F. Béjot en las _Mémoires de l’Académie des Inscriptions et des -Belles-Lettres_, t. LVII. - -[281] Población próxima a Pilos. - -[282] El mes que llamaban los atenienses Ἑκατομβιών (Hecatombeo). -Corresponde a parte de los meses de junio y julio. - -[283] Bosque en que se celebraban los juegos. Su nombre viene acaso de -ἄλσος (luco o bosque Sagrado). - -[284] En el año 362 antes de Cristo. - -[285] Tirano de Feras. (Véase el cap. IV del lib. VI.) - -[286] En este pasaje tan controvertido, hemos seguido el texto de L. -Dindorf. - -[287] Herido mortalmente por mano de Grilo, hijo de Jenofonte. (Véase -_Pausanias_, lib. VIII, cap. IX.) - -[288] Según Diodoro Sículo, el ejército espartano, con sus aliados, -constaba de más de 20.000 infantes y unos 2000 caballos, y el de los -tebanos y sus aliados subía a unos 30.000 hombres de infantería y a -más de 3000 caballos. En esta batalla que tan justa celebridad ha -alcanzado, combatieron, pues, cerca de 60.000 hombres. - -*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LAS HELÉNICAS O HISTORIA GRIEGA *** - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the -United States without permission and without paying copyright -royalties. 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INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the -trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone -providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in -accordance with this agreement, and any volunteers associated with the -production, promotion and distribution of Project Gutenberg-tm -electronic works, harmless from all liability, costs and expenses, -including legal fees, that arise directly or indirectly from any of -the following which you do or cause to occur: (a) distribution of this -or any Project Gutenberg-tm work, (b) alteration, modification, or -additions or deletions to any Project Gutenberg-tm work, and (c) any -Defect you cause. - -Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm - -Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of -electronic works in formats readable by the widest variety of -computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It -exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations -from people in all walks of life. - -Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's -goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg-tm and future -generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see -Sections 3 and 4 and the Foundation information page at -www.gutenberg.org - -Section 3. 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Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without -widespread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine-readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. - -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. We do not solicit donations in locations -where we have not received written confirmation of compliance. 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Hart was the originator of the Project -Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be -freely shared with anyone. For forty years, he produced and -distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of -volunteer support. - -Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in -the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not -necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper -edition. - -Most people start at our website which has the main PG search -facility: www.gutenberg.org - -This website includes information about Project Gutenberg-tm, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. diff --git a/old/66949-0.zip b/old/66949-0.zip Binary files differdeleted file mode 100644 index 928014f..0000000 --- a/old/66949-0.zip +++ /dev/null diff --git a/old/66949-h.zip b/old/66949-h.zip Binary files differdeleted file mode 100644 index ed19b1b..0000000 --- a/old/66949-h.zip +++ /dev/null diff --git a/old/66949-h/66949-h.htm b/old/66949-h/66949-h.htm deleted file mode 100644 index 4d60190..0000000 --- a/old/66949-h/66949-h.htm +++ /dev/null @@ -1,13026 +0,0 @@ -<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" - "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> -<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml" xml:lang="es" lang="es"> - <head> - <meta http-equiv="Content-Type" content="text/html; 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You may copy it, give it away or re-use it under the terms -of the Project Gutenberg License included with this eBook or online -at <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. If you -are not located in the United States, you will have to check the laws of the -country where you are located before using this eBook. -</div> - -<p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:0; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Title: Las Helénicas o Historia griega</p> -<p style='display:block; margin-top:0; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:0;'>Desde el año 411 hasta el 362 antes de Jesucristo</p> - -<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Author: Jenofonte</div> - -<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Translator: Enrique Soms y Castelín</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'>Release Date: December 16, 2021 [eBook #66949]</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'>Language: Spanish</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'>Character set encoding: UTF-8</div> - -<div style='display:block; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This ebook was produced from images generously made available by Biblioteca Digital Hispánica/Biblioteca Nacional de España.)</div> - -<div style='margin-top:2em; margin-bottom:4em'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LAS HELÉNICAS O HISTORIA GRIEGA ***</div> - -<div class="front"> - <hr class="full" /> - <p><a href="#ToC">Índice</a></p> - <p><a href="#Notas">Notas</a></p> - <h1 class="faux">Las Helénicas o Historia griega</h1> -</div> - -<div class="transnote" id="tnote"> - <p class="tnotetit">Nota de transcripción</p> - <ul> - <li>Los errores de imprenta han sido corregidos.</li> - - <li>La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con - las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.</li> - - <li>También se han modernizado las transcripciones de los nombres - propios y gentilicios de origen griego.</li> - - <li>Se han separado párrafos y se han añadido rayas de diálogo donde el - texto adopta forma dialogada.</li> - - <li>Las notas a pie de página han sido renumeradas y colocadas al final - del libro.</li> - - <li>Las páginas en blanco han sido eliminadas.</li> - - <li>Se ha añadido un <a href="#ToC">Índice</a> al final de libro, - pese a que el original impreso no lo incluye.</li> - </ul> -</div> - - -<div class="screenonly x-ebookmaker-drop"> - <hr class="chap" /> - <div class="figcenter"> - <img class="thin" - style="width: 26em; height: auto;" - src="images/cover.jpg" - alt="Cubierta del libro" /> - </div> -</div> - -<div class="tit pt6"> - <hr class="chap" /> - <p><span class="pagenum" id="Page_i">p. i</span></p> - <p class="fs120 lh200 g1">LAS HELÉNICAS</p> - <p class="lh200">o</p> - <p class="fs150 lh200 g1 ws1">HISTORIA GRIEGA.</p> - <hr class="chap" /> -</div> - - -<div class="tit"> - <p><span class="pagenum" id="Page_iii">p. iii</span></p> - <p class="fs110 lh150 ws1">BIBLIOTECA CLÁSICA</p> - <p class="fs75 lh150 ws1">TOMO CXIX</p> - <hr class="fil" /> - - <p class="fs150 lh150 g1 ws1 mt1">LAS HELÉNICAS</p> - <p class="fs90 lh150 mt05">o</p> - <p class="fs200 lh150 g1 ws1">HISTORIA GRIEGA</p> - <p class="fs75 ws1 mt1">DESDE EL AÑO 411 HASTA EL 362 ANTES DE JESUCRISTO</p> - - <p class="fs90 mt15">POR</p> - <p class="fs175 g1 mt05">JENOFONTE</p> - - <p class="smaller ws1 mt2">Traducida por primera vez del griego al castellano<br /> - con numerosas notas filológico-literarias</p> - <p class="fs75 mt15">POR</p> - <p class="fs130 g0 ws1 mt05">ENRIQUE SOMS Y CASTELÍN</p> - <p class="fs60 g0 ws1 mt15">DOCTOR EN FILOSOFÍA Y LETRAS</p> - - <hr class="sep0" /> - - <p>MADRID</p> - <p class="smcap ws2">Librería de Perlado, Páez y C.ª</p> - <p class="negr ws2">Sucesores de Hernando.</p> - <p class="smaller">Calle del Arenal, núm. 11.</p> - <p>—</p> - <p class="smaller negr g0">1919</p> -</div> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt6"> - <p><span class="pagenum" id="Page_iv">p. iv</span></p> - <hr class="fil" /> - <p class="centra fs75 ws1">Imp. de Perlado, Páez y C.ª, Sucesores de - Hernando, Quintana, 33.</p> -</div> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt6" id="Ch01"> - <p><span class="pagenum" id="Page_v">p. v</span></p> - <p class="centra fs130 g0 ws1">A D. Laureano Arango y Portús.</p> -</div> - -<p class="fs110 lh150 ws1"><i>Como pequeñísima prueba de amistad sincera, -dedica este volumen de la</i> <span class="smcap">Biblioteca -clásica</span></p> - -<p class="fs110 lh150 ws1 firma"><i>El Traductor.</i></p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch02"> - <p><span class="pagenum" id="Page_vii">p. vii</span></p> - <h2 class="nobreak g0">PRÓLOGO.</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="fs90 lh130"> - -<p>Jenofonte ha sido siempre conocido y admirado por tres de sus -obras: la <i>Anábasis</i>, o expedición de Ciro, la <i>Ciropedia</i> -y las <i>Memorias socráticas</i>; pero la gloria que estas obras han -proporcionado a su autor, han perjudicado a sus restantes escritos, -pues los han oscurecido. Y no es porque no les correspondan, así por -el estilo, como por la propiedad del lenguaje, ya por la fluidez y -galanura de la narración o por la elevación de sus ideas; antes al -contrario, con justicia puede decirse de este autor lo que no puede -afirmarse de casi ningún escritor, es a saber: que en cualquiera página -que se abra la colección de sus obras, siempre y en todas partes merece -el dictado de <i>abeja ática</i>, que ya le dieron sus contemporáneos -por su fluidez y gracia en el decir.</p> - -<p>Cierto que, así por la importancia del objeto como por el elevado -fin que se proponen, son aquellas obras superiores a los <i>pequeños -tratados</i> de Jenofonte, el <i>Agesilao</i>, la <i>república</i> -ateniense y lacedemonia, la <i>Apología</i>, el<span class="pagenum" -id="Page_viii">p. viii</span> <i>Económico</i>, el <i>Comandante de -caballería</i>, etc.; pero no puede decirse lo mismo respecto de sus -<i>Helénicas</i>, es decir, la historia de Grecia y en especial de la -guerra del Peloponeso durante los años 411 a 362, antes de Jesucristo, -que escribió nuestro autor como continuación a la de Tucídides. Y, sin -embargo, pocos son los que piensen en Jenofonte al mencionarse aquella -celebérrima guerra en que, con ardor digno de mejor causa y con lances -variadísimos y verdaderamente épicos, se desangraron y desunieron todos -los estados, grandes y pequeños, de Grecia, preparando su decadencia y -su sujeción al coloso macedonio.</p> - -<p>Pero en España tiene este olvido mayores proporciones, pues no se ha -publicado hasta hoy ninguna traducción de esta obra que hubiera dado a -Jenofonte tantos lauros como cualquiera de las ya citadas y por todos -tenidas como sus obras maestras. De ahí que con muy buen criterio el -editor de esta <i>Biblioteca clásica</i>, le haya dado cabida en ella -para que acompañe a las restantes obras de Jenofonte ya publicadas, la -<i>Anábasis</i> y la <i>Ciropedia</i>, y para que pueda verse a nuestro -autor bajo un prisma casi por todos aun ignorado.</p> - -<p>La principal causa de este olvido estriba en la comparación que -se establece por todo crítico entre los ocho libros de la historia -de la guerra del Peloponeso por Tucídides, y los siete libros de las -<i>Helénicas</i> que hoy publicamos. Pero esto es únicamente una -preocupación que no tiene razón de ser, pues no solo difieren ambos -autores en el estilo, sino también en su idiosincrasia especial, si se -me permite la frase, por lo cual ningún resultado positivo puede dar su -comparación.</p> - -<p>Es verdad que cuantos busquen en Jenofonte aquella sobriedad en -el estilo y aquella plenitud del período, así<span class="pagenum" -id="Page_ix">p. ix</span> como aquel lujo de detalles que todos -admiramos en Tucídides, tendrán que sufrir un desencanto y una -decepción, pues no son las condiciones peculiares y características -de nuestro autor; pero, en cambio, la magistral fluidez y la suavidad -inimitable en el decir, y la galanura en las imágenes, y la elocuencia -en los discursos, y la precisión en el lenguaje, y el orden y -encadenamiento en los sucesos, estas condiciones, unidas a un sinnúmero -de otras que podríamos citar, se hallan todas en las <i>Helénicas</i> -de igual modo que se hallan en todas las obras de Jenofonte.</p> - -<p>No carece tampoco de variedad en la narración y de imaginativa en -los episodios; antes al contrario, estas cualidades son las que más -avaloran esta obra, y para que no se diga que nos hemos contagiado -del <i>panegirismo del propio autor</i>, de que habla uno de nuestros -mejores humoristas, vamos a comprobarlo con un ligero y superficial -análisis de las <i>Helénicas</i>, y con una breve enumeración de las -más capitales bellezas que contiene.</p> - -<p>Comienza la narración de Jenofonte en el año 411, antes de nuestra -era y poco después del combate naval del cabo del Sepulcro del Perro, -entre Míndaro y Trasíbulo, en que perdieron 21 naves los lacedemonios, -acción con que termina Tucídides su historia. Ábrese el relato de la de -su sucesor, con las brillantes proezas de Alcibíades en Abido y Cícico, -con la muerte de Míndaro y derrota de Farnabazo, y la retirada de Agis, -que abandona el cerco de Atenas ante la entereza de Trasilo, quien al -año siguiente experimenta una derrota en Coreso, junto a Éfeso, cuyos -efectos no son muy desastrosos, pues no impiden se apodere de cuatro -naves siracusanas frente a Metimna, ventaja seguida de otras victorias -que Alcibíades alcanza sobre Farnabazo y de la toma de algunas<span -class="pagenum" id="Page_x">p. x</span> ciudades importantes, y en -especial de Bizancio.</p> - -<p>Todas estas proezas sirven de preparación al regreso de aquel -general a Atenas, y a su nombramiento de generalísimo revocado algunos -meses después por el pueblo al ser conocido el revés sufrido por la -flota ateniense en Notio, eligiéndose entonces diez nuevos generales -y retirándose aquel jefe a su castillo del Quersoneso, mientras se -pone Conón al frente de la flota, que experimenta otro descalabro de -consideración en el Helesponto.</p> - -<p>No desmayan por eso los atenienses, pues al divulgarse nuevas tan -aflictivas, decretan un socorro de 110 naves, que se equipan en treinta -días y logran obtener una gloriosa victoria naval sobre Calicrátidas -junto al cabo Maleo, con muerte del general lacedemonio y perdiendo -unas 70 naves la flota espartana. Pero no habiendo cumplido Terámenes y -Trasíbulo con el encargo que les hicieron los ocho generales en aquella -acción presentes, de salir en auxilio de los náufragos por hallarse la -mar muy gruesa, son juzgados todos ellos por el pueblo y condenados a -muerte en medio de escenas tumultuarias que con gran sobriedad, pero -con no menor exactitud, describe nuestro autor, poniendo en boca de -Euriptólemo, hijo de Pisianacte, uno de los mejores discursos que nos -presenta esta obra.</p> - -<p>Así termina el primer libro, no sin que nos diga Jenofonte, a tenor -de sus ideas filosófico-religiosas, la suerte final que obtuvieron los -instigadores principales de aquel injusto y revolucionario desacierto, -y el pronto arrepentimiento que sintió el pueblo ateniense por haber -muerto a sus generales, cuando las derrotas sufridas hicieron que los -echase de menos.</p> - -<p>Comienza el libro segundo con la conjuración de los<span -class="pagenum" id="Page_xi">p. xi</span> soldados de Eteónico, cortada -en sus comienzos gracias a la energía y prudencia de este general, y el -regreso de Lisandro a la flota. Las sabias medidas de este, y el dinero -de los persas, le permiten reorganizarla y levantar el abatido espíritu -de sus soldados, así como obtener ventajas de consideración por mar y -tierra sobre los atenienses, tomándoles varias ciudades y derrotándoles -cerca de Egospótamos, a pesar de los consejos de Alcibíades, que no -quieren escuchar los generales de la flota ateniense, de la cual solo -ocho naves dejan de caer en poder del enemigo.</p> - -<p>Consecuencia de esta derrota y de las restantes ventajas obtenidas -por los lacedemonios, es el abandono en que toda Grecia, a excepción de -los samios, deja a Atenas, cuyo pueblo comprende ha sonado para él la -hora de la expiación y del castigo.</p> - -<p>Pausanias, al frente de un numeroso ejército de peloponesios, -comienza el sitio de aquella población, mientras Lisandro, después de -una brillante expedición, que mejor podría llamarse marcha triunfal, -por entre las islas, fondea junto al Pireo, con ciento cincuenta naves, -y cierra por mar el bloqueo de Atenas. Agotados todos los recursos, y -después de unos meses de asedio, tienen que capitular los atenienses, -aceptando las humillantes condiciones que les imponen los éforos, que a -causa del hambre son recibidas con verdadero júbilo.</p> - -<p>Síguese a esta rendición, el año llamado de la <i>anarquía</i> y -la entronización de los <i>Treinta tiranos</i>, la descripción de -cuyos actos, que ocupa el capítulo tercero de este libro, da ocasión a -Jenofonte para escribir unas cuantas páginas que por sí solas bastarían -para dar fama a cualquier escritor. En efecto, la enemistad de Critias -y Terámenes, así como la acusación y condena del último, y<span -class="pagenum" id="Page_xii">p. xii</span> su discurso de defensa, -están escritos de mano maestra y evocan el recuerdo de hechos bastante -análogos en la celebérrima revolución francesa y en los años del -<i>Terror</i>, que en realidad ofrecen muchos puntos de contacto con -aquella época de convulsión popular.</p> - -<p>Tales atropellos e iniquidades apresuran la vuelta de los -desterrados, aumentando el número de los descontentos y de los -que desean un gobierno regular. Pónese Trasíbulo a su frente, y -después de unas ligeras escaramuzas, en las que son favorecidos -los desterrados, no solo por su valor y esfuerzo, sino también por -el terreno y las variaciones atmosféricas, acorralan en Eleusis a -los treinta tiranos, en favor de los cuales poco hacen los mismos -lacedemonios, pues Pausanias, uno de sus jefes, favorece pasivamente -la vuelta de los fugitivos, y procura se arreglen las cosas de manera -que cese aquel estado de perturbación, para lo que, después de dar al -olvido las antiguas disensiones, se restablece por completo la paz, -constituyéndose el gobierno del mismo modo que estaba antes del sitio, -y poniéndose Trasíbulo a su frente, con lo cual termina el libro -segundo, acaso el más bello de la obra, ya que no sea también el más -importante.</p> - -<p>Cambia de lugar la escena al comenzarse el libro tercero, pasando -a Asia Tibrón, y más tarde su sucesor Dercílidas, que tomó «nueve -ciudades en ocho días», no realizándose hechos de gran importancia, -gracias a la enemistad latente entre Tisafernes y Farnabazo, que saben -avivar arteramente los jefes espartanos, quienes consiguen con astucia -hacerles firmar una tregua que debía ser precursora de la paz.</p> - -<p>Tienen lugar también en esta misma época varias expediciones de -los espartanos contra los eleos, bajo el mando de Agis, quien muere -poco después de su regreso<span class="pagenum" id="Page_xiii">p. -xiii</span> a Esparta, sucediéndole su hermano Agesilao, a pesar de -las pretensiones de Leotíquides, que decía ser hijo del difunto rey. -Nárrase después la conjuración de Cinadón, descrita con vigoroso -pincel, y que pinta con pocos, pero seguros rasgos, el carácter -espartano y el de su constitución social y política.</p> - -<p>Refiérense después las victorias de Agesilao en Asia, describiéndose -su previsión, prudencia y energía, así como sus dotes de gran general -en la guerra y de buen gobernante en la paz, terminando el libro -tercero con la funesta expedición contra Tebas dirigida por los -espartanos, que experimentan una seria derrota en Haliarto, donde -perece Lisandro, uno de sus jefes.</p> - -<p>Continúa el libro cuarto relatando las proezas de Agesilao en Asia -y la tregua celebrada con Farnabazo, interrumpidas aquellas por el -llamamiento que le hace su patria por necesitar de sus servicios. -Recrudécese mientras tanto la lucha entre Tebas y Esparta, en la -que, prescindiendo de otros secundarios combates, tiene lugar el -desastre naval de Cnido, donde entre otras pérdidas experimentaron los -espartanos la de su general Pisandro, y la batalla de Coronea, en que -obtiene Agesilao una señalada victoria sobre los tebanos, atenienses y -demás aliados.</p> - -<p>Tiene después lugar la guerra junto a Corinto, consiguiendo los -argivos y lacedemonios algunas ventajas, gracias principalmente a -Praxitas y Agesilao, oscurecidas en parte por el desastre experimentado -por la cohorte del Lequeo, que viene a acibarar las glorias del -último, quien, para evitar la irrisión y las burlas de los mantineos -al pasar en retirada por su territorio, tiene que entrar de noche en -las poblaciones que atraviesa, y salir de ellas al clarear el día. -Siguen después las expediciones<span class="pagenum" id="Page_xiv">p. -xiv</span> contra los acarnanios y argivos, llevadas a cabo -respectivamente por Agesilao y por Agesípolis, quien comienza a actuar -de esforzado y pundonoroso capitán.</p> - -<p>Después del combate naval de Cnido, dan la vuelta Farnabazo y Conón -a las islas y ciudades marítimas, arrojando de ellas a los harmostas -lacedemonios, y haciendo nulas las ventajas obtenidas últimamente por -los jefes espartanos, si bien todos sus esfuerzos se estrellan en Sesto -y Abido, gracias a la energía de su gobernador Dercílidas.</p> - -<p>Conciertan después ambos jefes, el persa y el ateniense, lo que -mayores daños pueda causar a los espartanos, y terminada su expedición -por las islas, resuelven la reconstrucción de los muros de Atenas, -que habían sido derribados cuando los espartanos tomaron la ciudad. -Logra con esto Conón que los atenienses recuperen la fuerza moral que -habían perdido con los desgraciados sucesos de los años anteriores, -y temiendo los espartanos empeorar su situación, envían a Asia a -Antálcidas con objeto de proponer al rey la paz, bajo condiciones las -más ventajosas para él; pero no consiguen su objeto, pues los demás -estados beligerantes no se adhieren a ellas.</p> - -<p>Termina el cuarto libro con la narración de algunos otros hechos -secundarios, acaecidos en Rodas, en el Helesponto o en Asia, y que, -prósperos unas veces, y otras adversos, no hacen inclinar la victoria -ni en favor de los atenienses ni en favor de los espartanos.</p> - -<p>Ábrese el quinto libro con las alabanzas que tributa Jenofonte al -general lacedemonio Teleutias, quien regresa a su patria, una vez -terminado el plazo de su mando, en medio de las aclamaciones de sus -subordinados y de los aplausos de los extraños. Relátanse algunos<span -class="pagenum" id="Page_xv">p. xv</span> de los hechos realizados -por Gorgopas y Cabrias en Egina, que no ofrecen grande importancia, -volviendo Teleutias a ponerse al frente de la flota espartana, a gusto -y satisfacción de todos. Bajo su mando tiene lugar la atrevida y -arriesgada expedición al Ática y al mismo Pireo, mientras Antálcidas -se apodera astutamente de las 8 naves de Trasíbulo de Colito, con lo -cual dominan en la mar los espartanos, y todos tienen que aceptar las -condiciones de la paz llamada vulgarmente de Antálcidas, que en nombre -del rey propone Tiribazo a los griegos.</p> - -<p>Todo sonreía a los lacedemonios; las ventajas obtenidas en la guerra -se habían aumentado con las alcanzadas por la paz; los tebanos la -aceptan con solo saber se dirige Agesilao contra ellos, y los argivos -se retiran de Corinto, dejándola completamente autónoma, al solo -anuncio de que Esparta les declarará la guerra; pero el orgullo ciega a -los espartanos y presta manifiesta ocasión a nuestro autor para que vea -el dedo de la Providencia en los hechos que posteriormente tienen lugar -entre Tebas y Esparta.</p> - -<p>En efecto, vencida Mantinea, que tiene que sujetarse a la voluntad -de Agesípolis, su vencedor, y reclamado por los de Acanto y Apolonia -el auxilio de Esparta contra las exigencias de Olinto, decrétase una -expedición contra esta ciudad bajo las órdenes de Eudámidas. Salen con -este las tropas disponibles, pero queda encargado su hermano Fébidas de -recoger las fuerzas restantes y conducirlas a su destino. Este último, -a su paso por Tebas, arrastrado por su ambición y por su carácter -aventurero, escucha las proposiciones de Leontíades, que, movido de -su enemistad contra Ismenias y su partido, le entrega la acrópolis y -hace prender a su rival. Sancionan con su aprobación los éforos esta -injusta acción,<span class="pagenum" id="Page_xvi">p. xvi</span> que -se convierte en causa de infinitas contrariedades para Esparta, pues -todas las guerras relatadas en los siguientes libros hasta terminar la -obra, no son más que consecuencias de aquel hecho.</p> - -<p>Pónese Teleutias, hermano de Agesilao, al frente de las tropas -enviadas contra Olinto, y consigue algunas ventajas, hasta que en -cierta ocasión, cegado por la cólera producida por la derrota de uno de -sus lugartenientes, se arroja inconsideradamente contra los olintios, -pereciendo bajo los golpes de estos, que derrotan por completo a su -ejército. Sucédele en el mando Agesípolis, quien muere al poco tiempo a -consecuencia de una ardiente fiebre que le origina el inconstante clima -de aquella región. Polibíades, que le sucede en el mando, obliga a los -olintios a ajustar la paz y a jurar la alianza con los lacedemonios, -mientras Agesilao, después de un año y ocho meses de asedio, logra -rendir el valor de los fliasios y hacer que se entregue Fliunte, que no -había querido acceder a las proposiciones que sobre la admisión de los -desterrados le había hecho Esparta.</p> - -<p>Siete conjurados bastan para rescatar a la acrópolis de Tebas, -arrojar de ella a los lacedemonios, y una vez reconstituido el -gobierno, oponerse e inutilizar por completo la expedición que contra -ellos dirige Cleómbroto, hermano y sucesor de Agesípolis. Consiguen -también, a fuerza de dinero, que Esfodrias, gobernador espartano en -Tespias, simule un ataque al Pireo, a pesar de hallarse Atenas en paz -con Esparta, y no habiendo sido castigado este jefe por el senado, los -atenienses entran en campaña contra su antigua rival. Dirige después -Agesilao dos expediciones contra Tebas, consiguiendo algunas ventajas, -contrarrestadas en la primera por la derrota y muerte de Fébidas, su -lugarteniente, y en la segunda<span class="pagenum" id="Page_xvii">p. -xvii</span> por lo avanzado de la estación y la desunión de los -habitantes de Tespias y de las demás ciudades en que se apoyaban. -No consiguen tampoco ninguna ventaja los lacedemonios con la nueva -expedición decretada contra Tebas y que dirige Cleómbroto, después de -lo cual, cansados los aliados, piden se active la guerra o se haga la -paz, por lo cual renuévanse las expediciones marítimas, en las que -sufren algunos descalabros los espartanos en los combates que sostienen -con Cabrias y Timoteo, jefes de las flotas atenienses.</p> - -<p>Así termina el quinto libro. Favorecidos los tebanos por la suerte -y por su valor, salen de la oscuridad en que hasta entonces habían -estado sumidos, y se prevé comienza para ellos el brillante, aunque -breve resplandor que sabrán dar a su ciudad dos de sus más notables y -eminentes hijos: Pelópidas y Epaminondas.</p> - -<p>Ábrese el libro sexto de las Helénicas con la embajada del tesalio -Polidamante, que viene a implorar el auxilio de los lacedemonios contra -el creciente poder de Jasón de Feras, descrito con mucha precisión y -gran colorido en el discurso de aquel ante el senado. Este tiene la -franqueza de confesar al enviado tesalio la imposibilidad en que se -encuentra de auxiliarle, y le aconseja procure sacar todo el partido -que pueda en su alianza con aquel tirano.</p> - -<p>Cansados los atenienses de la guerra, y siendo los tebanos los -únicos que obtendrán por ella alguna ventaja positiva, ajustan la paz -con Esparta, paz que dura muy poco, convirtiendo los lacedemonios en -teatro de la guerra a la isla de Corcira, primera causa ocasional -de la larga lucha entre las dos repúblicas rivales. Sufre Esparta -un verdadero descalabro con la muerte de su general Mnásipo, y -reembarcados los soldados expedicionarios,<span class="pagenum" -id="Page_xviii">p. xviii</span> dominan los atenienses en la mar, y su -general Ifícrates, con su prudencia y esfuerzo, somete las ciudades de -Cefalenia, y se apodera de diez naves siracusanas que enviaba Dionisio -a los lacedemonios.</p> - -<p>Los excesos que cometen los tebanos con los aliados cuando les -sonríe la fortuna, ocasionan el aislamiento en que les dejan los -atenienses y demás pueblos griegos, que ajustan la paz con Lacedemonia, -comprometiéndose a declarar la guerra a todo el que no se someta a las -condiciones del tratado. Quedan con esto los tebanos solos enfrente -de toda Grecia; pero sin desanimarse, y sabiendo sacar partido de -todo, aun de los mismos rumores que hacen propalar para animar a sus -soldados, consiguen en Leuctra una de las más famosas victorias que se -registran en los griegos anales, que sume en estupor a Grecia toda, -pero que no es obstáculo para que se conserve Atenas fiel a su nueva -alianza con Esparta.</p> - -<p>La intervención de Jasón de Feras, que se apresura a socorrer a -los tebanos, hace que se suspendan las hostilidades y se negocie una -tregua que todos acogen con júbilo, pudiendo volverse aquel tirano a -sus dominios, donde a poco es asesinado, como lo son algo más tarde sus -sucesores Polidoro y Polifrón, y su sobrino Alejandro de Feras.</p> - -<p>Los disturbios de los tegeatas y la muerte de Próxeno por los -partidarios de Estásipo, así como el auxilio prestado por los mantineos -a los enemigos del último, dan ocasión a una nueva ruptura de las -hostilidades entre Esparta y Mantinea y a una expedición de Agesilao -a Arcadia, que no produce a la primera república ningún resultado -positivo y que fue seguida de la primera invasión de Laconia por los -tebanos y arcadios<span class="pagenum" id="Page_xix">p. xix</span> -coaligados. Llega el ejército invasor hasta la misma Esparta, abatiendo -con ello el orgullo lacedemonio y despojando a los espartanos de la -aureola de invictos e inexpugnables con que hasta entonces se habían -envanecido. Al saberse en Atenas estos sucesos, vacila el pueblo entre -su deber de aliado de Esparta y el recuerdo de sus antiguos odios; -pero hácense oír las voces de sus oradores, y decrétase ir en masa a -socorrer a su antigua rival, poniéndose al frente de la expedición al -general Ifícrates, que perdiendo el tiempo en los preparativos y en la -marcha, llega a Laconia cuando ya se habían retirado los enemigos.</p> - -<p>Comienza el séptimo y último libro de las Helénicas con la alianza -celebrada entre Atenas y Esparta para oponerse a los tebanos, alrededor -de los cuales se había agrupado considerable número de estados griegos, -siempre dispuestos a aliarse con el atleta naciente que comienza a -derrocar a los viejos colosos, si bien las ventajas de los tebanos -se amenguan ante la naciente rivalidad de los arcadios, que les -impide sacar toda la utilidad que podían esperar de la influencia y -consideración que alcanza Pelópidas con el rey de Persia en la embajada -que para conseguir la paz mandan a este los principales estados -griegos.</p> - -<p>Dedica Jenofonte el cap. <span class="asc">II</span> de este libro -a narrar las proezas de la ciudad de Fliunte, cuyo relato y los -encomios que tributa a dicha ciudad son más bien un canto épico en -prosa dirigido a ensalzar el valor y la fidelidad, entusiasmado ante -la heroicidad de un puñado de hombres libres que todo lo sacrifican en -aras de su libertad y de su fidelidad a los amigos que se hallan en la -desgracia.</p> - -<p>Ocúpase luego en describir los disturbios que ocurren<span -class="pagenum" id="Page_xx">p. xx</span> en Sición, motivados por la -ambición de Eufrón, quien sufre el merecido castigo de sus injusticias -al ser asesinado públicamente ante el senado de Tebas, donde había -ido a sobornar a los magistrados para tiranizar a sus conciudadanos, -hecho al que siguen poco después las diferencias que se agitan entre -los arcadios y los eleos, a quienes con varia fortuna auxilian los -lacedemonios, diferencias que terminan con la celebración de la paz -entre ambos estados, si bien la injusticia del gobernador tebano de -Tegea hace que se rompan nuevamente las hostilidades y da lugar a -la célebre expedición de Epaminondas al Peloponeso y hasta el mismo -corazón de Esparta, y después de una derrota de la caballería tebana -por la ateniense, a la célebre batalla de Mantinea, una de las más -importantes que tuvieron lugar en Grecia, en la cual tomaron parte -cerca de 60.000 hombres, y que a no ser por la muerte del general -tebano, hubiera acaso influido de un modo decisivo en la suerte de -todos los estados griegos.</p> - -<p>Con esta batalla termina Jenofonte su historia, cuyo breve resumen -basta para que se comprenda la importancia capital de los sucesos -narrados por nuestro autor y la variedad de asuntos de que se ocupa. -Muchas páginas debiéramos escribir si quisiéramos consignar todos los -pasajes que se destacan en las Helénicas, pero no podemos dejar de -consignar, aunque muy a la ligera, pues va haciéndose este prólogo -excesivamente largo, algunos de los más capitalísimos y que dan -preclaro timbre de gloria a su autor.</p> - -<p>La descripción de la opinión en Atenas a la vuelta de Alcibíades, el -juicio de los generales atenienses por no haber recogido los náufragos -en el combate naval del cabo Maleo y el justo e intencionado discurso -de Euriptólemo,<span class="pagenum" id="Page_xxi">p. xxi</span> -hijo de Pisianacte, así como el rasgo de haber sido Sócrates el -único ciudadano ateniense que sin dejarse llevar por la corriente -revolucionaria se opuso a cuanto pudiera ser ilegal en aquel juicio, es -de lo más importante y bello del libro primero.</p> - -<p>En el segundo destácase en primera línea la lucha entre Critias y -Terámenes, dos de los <i>Treinta</i>, y el discurso del último que -no puede impedir su muerte, pero que llena de infamia a su rival. El -sitio de Atenas y la desesperada situación de sus habitantes, así -como la relación de las negociaciones para la paz, son también de -gran importancia estética, de igual manera que el pintoresco relato -de la conjuración de los soldados de Eteónico en Quíos, el regreso -de Trasíbulo a Atenas y las arengas que dirige a sus soldados para -animarles y a los ciudadanos todos para que reine entre ellos la -concordia.</p> - -<p>Las bellezas más capitales del tercer libro son, entre otras, el -episodio de Manía la <i>gobernadora</i> de la satrapía de Eólida, los -discursos de los diputados tebanos en Atenas, la humorística disputa -entre Agesilao y Leotíquides acerca de sus derechos al trono de -Esparta, y sobre todo, la gráfica y bella descripción de la abortada -conjura de Cinadón y la rivalidad noble y digna entre Agesilao y -Lisandro.</p> - -<p>El episodio de Otis y Espitrídates, así como la entrevista entre -Farnabazo y Agesilao y la hospitalidad que contrae este con su hijo, -el certamen guerrero que abre en Asia el general lacedemonio, las -operaciones de guerra que tienen lugar junto a Corinto y la conducta -hábil y valiente de Dercílidas en Abido, es de lo mejor que nos ofrece -el cuarto libro de la historia de Jenofonte.</p> - -<p>Lo propio sucede respecto al quinto con los discursos de Teleutias -a sus soldados, y de Clígenes, enviado de<span class="pagenum" -id="Page_xxii">p. xxii</span> Acanto y Apolonia ante el senado -espartano, con la astuta traición de Leontíades en Tebas, con la -pintorescamente descrita revolución de esta ciudad que dirigen -Fílidas y Melón, y con el relato de los esfuerzos de Cleónimo, junto -a Arquidamo, para salvar a su padre Esfodrias, que ha incurrido en la -justa indignación de los éforos.</p> - -<p>El discurso vivo y descriptivo del farsalio Polidamante, la táctica -prudente y previsora de Ifícrates en su expedición a Corcira, los -discursos de los atenienses enviados a Lacedemonia para ajustar la -alianza entre las dos repúblicas, así como el pánico de los espartanos -al ver en su territorio a los tebanos, su heroica resistencia ante -el peligro de la patria y los discursos pronunciados en la asamblea -ateniense al discutirse si se auxiliará a su rival, avaloran en gran -manera el libro sexto.</p> - -<p>Finalmente, en el séptimo los discursos de los enviados a Atenas -para celebrar la alianza entre varios estados griegos, la conducta -esforzada de Arquidamo, la narración de las proezas de Fliunte, la -muerte de Eufrón y la defensa de su matador, así como el elogio de la -última campaña de Epaminondas, es todo ello digno remate de la obra de -Jenofonte, y aquilata la verdad de nuestro aserto al afirmar que no -desmerece de las tres obras maestras del mismo autor.</p> - -<p>Al terminar estas líneas, réstanos únicamente manifestar que hemos -seguido los textos más modernos y apreciados (principalmente el de -Reiske), de los que podemos decir no hemos discrepado más que en alguno -de los lugares más controvertidos y oscuros, cuando a nuestro entender -no ofrecían un sentido claro y terminante, en cuyo caso, hemos seguido -otra variante, aunque expresándolo casi siempre en nota.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_xxiii">p. xxiii</span>Permítasenos -también consignar, como declaración última para terminar este prólogo, -que aunque hubiéramos deseado verter al castellano, no solo las ideas -de Jenofonte, sino también su galanura en el decir, nos daremos por muy -satisfechos si el público nos reconoce, además del buen deseo que nos -ha animado en nuestro trabajo, el constante empeño que hemos puesto -para darle una traducción lo más ajustada posible al original griego, -con objeto de que, ya que no reúna otro mérito literario, le permita -hacerse cargo de los sucesos de la guerra del Peloponeso, narrados por -Jenofonte.</p> - -</div> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch1_1"> - <p><span class="pagenum" id="Page_1">p. 1</span></p> - <p class="centra fs130 ws1">HELÉNICAS O HISTORIA GRIEGA.</p> - <hr class="tir" /> - <h2 class="nobreak g1 mt15">LIBRO PRIMERO.</h2> - <hr class="tir" /> - <h3>CAPÍTULO PRIMERO.</h3> -</div> - -<p>Algunos días después de estos sucesos<a id="FNanchor_1" -href="#Footnote_1" class="fnanchor">[1]</a>, Timócares llegó de Atenas -con algunas naves e inmediatamente verificose un combate naval entre -atenienses y lacedemonios, quedando vencedores estos últimos bajo -la dirección de Agesándridas<a id="FNanchor_2" href="#Footnote_2" -class="fnanchor">[2]</a>.</p> - -<p>Poco después y a principios del invierno, Dorieo<a id="FNanchor_3" -href="#Footnote_3" class="fnanchor">[3]</a>, hijo de Diágoras, partió -de Rodas y llegó al Helesponto al clarear el día. El centinela -de los atenienses que debía anunciarle señaló su presencia a los -generales, los cuales se hacen a la vela contra él con veinte naves. -Huye ante ellos Dorieo, y vara las naves en los alrededores de -Reteo<a id="FNanchor_4" href="#Footnote_4" class="fnanchor">[4]</a>. -Acércanse<span class="pagenum" id="Page_2">p. 2</span> los atenienses, -y combaten junto a las naves y en la costa, hasta que se juntan con -el resto del ejército en Mádito<a id="FNanchor_5" href="#Footnote_5" -class="fnanchor">[5]</a>, sin haber realizado cosa alguna de -provecho.</p> - -<p>Durante este tiempo, Míndaro<a id="FNanchor_6" href="#Footnote_6" -class="fnanchor">[6]</a>, que ofrecía en Ilión un sacrificio a Minerva -Atenea, viendo el combate, se dirige a socorrerlos; se hace a la vela -con sus trirremes, y alcanza el puerto donde estaban las naves de -Dorieo. Hácenle frente los atenienses, y junto a la costa de Abido -libran un combate naval que dura hasta la noche. Mientras se dudaba de -quién quedaba vencedor o vencido, llega Alcibíades<a id="FNanchor_7" -href="#Footnote_7" class="fnanchor">[7]</a> con veintidós naves, e -iníciase la retirada de los peloponesios hacia Abido. Sobreviene -después en su auxilio Farnabazo<a id="FNanchor_8" href="#Footnote_8" -class="fnanchor">[8]</a>, y metiendo el caballo en el agua hasta donde -le es posible, incita peleando a que hagan lo mismo los infantes y -los caballos que le acompañan; reúnen los peloponesios sus naves, y -alineados en orden de batalla combaten junto a la costa. Los atenienses -vuélvense hacia Sesto, llevando consigo treinta naves enemigas que -encontraron vacías después de haber recuperado cuantas habían antes -perdido. Desde aquella población, dejando en ella cuarenta naves, se -hacen a la vela en distintas direcciones, con objeto de recoger dinero, -y Trasilo, uno de los generales, se dirige a Atenas para anunciar -esta fausta nueva y para pedir hombres y naves. Después de todo esto, -llega Tisafernes<span class="pagenum" id="Page_3">p. 3</span> al -Helesponto; dirígese a él Alcibíades con una sola trirreme, con objeto -de ofrecerle los dones de hospitalidad y los presentes de amistad; -pero hácele prender aquel y encerrarle en Sardes, diciendo que el -rey<a id="FNanchor_9" href="#Footnote_9" class="fnanchor">[9]</a> -le ha dado orden de hacer la guerra a los atenienses. Treinta -días después, Alcibíades, habiendo podido procurarse caballos, -huye de noche con Mantíteo<a id="FNanchor_10" href="#Footnote_10" -class="fnanchor">[10]</a>, otro prisionero en Caria, y se dirigen -durante la noche a Clazómenas.</p> - -<p>Los atenienses que estaban en Sesto, al saber que Míndaro -va a hacerse a la vela contra ellos con sesenta naves, huyen -durante la noche a Cardia<a id="FNanchor_11" href="#Footnote_11" -class="fnanchor">[11]</a>, donde llega también Alcibíades desde -Clazómenas con cinco trirremes y un buque costero; pero informado -de que las naves peloponesias desde Abido se han dirigido a Cícico, -llega a Sesto por tierra, y manda a sus navíos se le reúnan en dicho -punto dando un rodeo. Después que estos llegaron, y cuando estaban a -punto de levar anclas para marchar al combate, sobreviene Terámenes -con veinte naves, viniendo de Macedonia, así como Trasíbulo con otras -veinte de Tasos, habiendo recogido ambos algún dinero. Ordénales en -seguida Alcibíades que amainen velas, y todos juntos navegan hacia -Pario. Reunidos allí ochenta y seis buques, se hacen a la vela al día -siguiente y al otro llegan a Proconeso a la hora del almuerzo, donde -tienen conocimiento de que Míndaro y Farnabazo, con las tropas<span -class="pagenum" id="Page_4">p. 4</span> de infantería, están en Cícico, -por lo cual permanecen a la expectativa todo el día en aquel sitio. Al -siguiente, convoca Alcibíades una asamblea, en la cual manifiesta la -necesidad en que se hallan de combatir por tierra y bajo los muros. -«En efecto —dice—, no tenemos dinero, y los enemigos recíbenlo todo en -abundancia de parte del rey.»</p> - -<p>La noche anterior, al anclar, había reunido alrededor de la suya -a todas las naves, aun las más pequeñas, a fin de que nadie pudiese -participar al enemigo el número de buques con que contaba, e hizo -pregonar pena capital para todo el que fuera sorprendido dirigiéndose -a la opuesta costa. Disuelta la asamblea, se prepara para el combate y -se dirige sobre Cícico, mientras llovía fuertemente; al llegar junto -a dicha población, y gracias a una momentánea claridad y a los rayos -del sol, ve las naves de Míndaro, en número de sesenta, maniobrando -fuera del puerto, de manera que puede cortarles la retirada. Al ver -los peloponesios las naves de Atenas en número mayor que antes y junto -al puerto, huyen en dirección a la costa, y haciéndolas varar, hacen -frente al enemigo, que se dirige hacia ellos; Alcibíades hace dar -un rodeo a sus veinte naves, y desembarca en la playa, como lo hace -también al verlo Míndaro, quien recibe la muerte combatiendo, y los -suyos se declaran en fuga. Los atenienses conducen todas las naves a -Proconeso, a excepción de las de los siracusanos, pues ellos mismos les -pegaron fuego.</p> - -<p>Al día siguiente hácense a la mar los atenienses en dirección a -Cícico, cuyos habitantes, abandonados por los peloponesios y por -Tisafernes, le reciben<span class="pagenum" id="Page_5">p. 5</span> -en sus muros; quédase allí Alcibíades durante veinte días, recibe -grandes cantidades de los de Cícico, y sin hacerles ningún daño se -retira a Proconeso. De allí navega hacia Perinto y Selimbria. Los -perintios reciben al ejército dentro de sus muros, y los selimbrios no -les abren las puertas, pero les dan dinero. Inmediatamente dirígense -a Crisópolis, en Calcedonia, población que fortifican, y donde -establecen un contador para exigir el diezmo de las naves que salgan -del Ponto Euxino, y dejan en ella una guarnición de treinta naves y dos -generales, Terámenes y Éumaco, encargados de vigilar la plaza y las -naves que pasen delante de ella, así como de hacer todo el daño posible -a los enemigos. Los otros generales parten para el Helesponto. Cae en -manos de los atenienses una carta de Hipócrates, el segundo de Míndaro, -que remiten a Atenas, y que contenía estas palabras:</p> - -<blockquote> - -<p>«Terminaron nuestras victorias; Míndaro ha perecido; están -hambrientos los soldados: no sabemos qué hacer.»<a id="FNanchor_12" -href="#Footnote_12" class="fnanchor">[12]</a></p> - -</blockquote> - -<p>Farnabazo exhorta al ejército peloponesio y a sus aliados a no -apesadumbrarse a causa de algunos leños, pues hay madera en abundancia -en los dominios del rey, y todo va bien cuando se conserva la vida; -regala a los soldados un traje y el sueldo de dos meses, y después -de armar a los marineros, establece guarniciones en el litoral. -Convoca luego a los generales de las ciudades y a los comandantes de -las naves, les ordena construyan en Antandro tantas trirremes como -cada uno haya perdido, y entregándoles el dinero necesario,<span -class="pagenum" id="Page_6">p. 6</span> les dice pueden construirlos -con las maderas de los bosques del Ida. Mientras se construyen los -buques, los siracusanos, unidos a los habitantes de Antandro, terminan -las murallas, y son las tropas más disciplinadas de la guarnición, -por lo cual se les concede en dicha ciudad el título de bienhechores -y el derecho de ciudadanía. Habiéndolo dispuesto todo de esta manera, -Farnabazo se dirige en seguida en socorro de Calcedonia.</p> - -<p>Hacia este tiempo se anuncia a los generales siracusanos, que han -sido desterrados por el pueblo. Reúnen, pues, a sus soldados, y por -medio de Hermócrates deploran las desgracias de ser todos víctimas -de un destierro injusto e ilegal; excitan a los soldados a que sean -siempre tan valientes como hasta entonces, y a que se muestren -siempre celosos en el cumplimiento de sus deberes, y luego los mandan -elijan jefes hasta la llegada de los que deben sustituirles. Los -soldados gritan con entusiasmo que deben conservar el mando: tal es -el deseo unánime de los comandantes de las naves, de los marinos<a -id="FNanchor_13" href="#Footnote_13" class="fnanchor">[13]</a> y de -los pilotos. Objétanles los generales que es preciso no insubordinarse -contra su patria, y que si tienen algo que reprocharles pueden hacer -uso de la palabra.</p> - -<p>—«Acordaos —añaden— de todas las victorias navales que habéis -alcanzado, de todas las naves que habéis tomado con vuestras solas -fuerzas, de todas las ocasiones en que, reunidos a otras tropas, os -habéis mostrado bajo nuestras órdenes invencibles y tenaces en vuestro -puesto, gracias a vuestro valor y a nuestras excitaciones, así en -la tierra<span class="pagenum" id="Page_7">p. 7</span> como en el -mar.»</p> - -<p>No levantándose nadie para hacerles cargos, continúan en sus -funciones hasta la llegada de los generales que deben sustituirles, -Demarco, hijo de Epícides; Miscón, hijo de Menécrates, y Pótamis, hijo -de Gnosias. La mayor parte de los comandantes de las naves juran les -harán levantar el destierro así que lleguen a Siracusa; cólmanles de -elogios y les dejan marchar a donde quieran. Principalmente los que -habían frecuentado la amistad de Hermócrates, le echaban de menos por -su actividad, su celo y su amabilidad: en efecto, cada día, mañana -y tarde, reunía en su tienda a los comandantes más distinguidos de -las naves, así como a los mejores pilotos y marinos; comunicábales -lo que tenía intención de decir y hacer, y les enseñaba a hablar, -obligándoles unas veces a expresarse sin preparación alguna, y otras -después de haber meditado unos momentos. De este modo había adquirido -Hermócrates gran consideración en el consejo, y se le tenía por el que -mejor hablaba y que daba mejores consejos. Habiendo acusado en otro -tiempo a Tisafernes en Esparta<a id="FNanchor_14" href="#Footnote_14" -class="fnanchor">[14]</a>, y habiendo parecido fundada su acusación, -sostenida por el testimonio de Astíoco, Hermócrates se dirige a -Farnabazo, quien le ofrece dinero sin aguardar a que lo pida, y -reuniendo tropas mercenarias y trirremes, se prepara para regresar -a Siracusa. Mientras tanto llegan a Mileto los generales nuevamente -nombrados por los siracusanos, y allí toman posesión del mando de las -naves y del ejército.</p> - -<p>Declárase hacia el mismo tiempo una sedición en<span -class="pagenum" id="Page_8">p. 8</span> Tasos, siendo vencidos los -partidarios de Lacedemonia y Eteónico, el harmosta<a id="FNanchor_15" -href="#Footnote_15" class="fnanchor">[15]</a> espartano. Pasípidas, -oriundo de Esparta, acusado de haber preparado con Tisafernes aquella -sedición, es desterrado de su población natal, y como había reunido la -escuadra de los aliados, envían a Cratesípidas para que tome el mando, -quien la encuentra en Quíos.</p> - -<p>En esta misma época, mientras que Trasilo está en Atenas, Agis -hace una salida de Decelia<a id="FNanchor_16" href="#Footnote_16" -class="fnanchor">[16]</a> y llega, devastando la campiña, hasta los -mismos muros de Atenas; Trasilo, al frente de los atenienses y de -cuantos allí se encuentran, sale de la ciudad y coloca sus tropas -a lo largo del gimnasio del Liceo, en disposición de combatir si -los enemigos avanzan, al ver lo cual Agis emprende prontamente la -retirada, no sin que sean muertos por las tropas ligeras algunos de -sus rezagados. Con este motivo hállanse los atenienses más dispuestos -a conceder a Trasilo el auxilio que había venido a impetrar, y -decretan que puede reclutar mil hoplitas, cien caballos y cincuenta -trirremes.</p> - -<p>Al ver Agis desde Decelia que entran en el Pireo con las velas -desplegadas gran cantidad de naves cargadas de trigo, declara que -ninguna utilidad pueden prestar sus tropas bloqueando por tierra -a Atenas, si no se les impide el aprovisionamiento por mar, y que -el mejor partido sería mandar a Calcedonia y a Bizancio al hijo -de Aristómenes y a Clearco, hijo de Ranfias, huésped público<a -id="FNanchor_17" href="#Footnote_17" class="fnanchor">[17]</a> -de los<span class="pagenum" id="Page_9">p. 9</span> bizantinos. -Habiéndose adoptado este parecer en Lacedemonia, se hace a la vela -aquel con quince naves, equipadas por los megarenses y demás aliados, -si bien eran más propias para el transporte de soldados que para -navegar con velocidad; por lo cual tres de ellas son echadas a pique en -el Helesponto por las nueve naves atenienses que vigilan continuamente -los buques enemigos, y las restantes huyen a Sesto, y de allí se -refugian en Bizancio.</p> - -<p>Así terminó este año, durante el cual invaden Sicilia los -cartagineses, bajo el mando de Aníbal<a id="FNanchor_18" -href="#Footnote_18" class="fnanchor">[18]</a>, con un ejército de cien -mil hombres; y en el espacio de tres meses se apoderan de dos ciudades -griegas, Selinunte e Hímera.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch1_2"> - <h3>CAPÍTULO II.</h3> -</div> - -<p>Al año siguiente, el de la nonagesimatercia olimpiada<a -id="FNanchor_19" href="#Footnote_19" class="fnanchor">[19]</a>, en -la cual Evágoras de Elea alcanzó el premio en la carrera del carro -tirado por dos caballos, y Eubotas, el cireneo, el del estadio, -siendo éforo en Esparta Evárquipo, y arconte en Atenas Euctemon, -los atenienses fortifican Tórico, y Trasilo, tomando los buques -que le han sido decretados, arma como peltastas<a id="FNanchor_20" -href="#Footnote_20" class="fnanchor">[20]</a> cinco mil marineros -para<span class="pagenum" id="Page_10">p. 10</span> que puedan hacer -igualmente los dos servicios, y se hace a la vela en dirección a -Samos, al comenzar el verano. Permanece allí tres días, partiendo -después para Pígela<a id="FNanchor_21" href="#Footnote_21" -class="fnanchor">[21]</a>, cuyo territorio devasta, y comienza el -sitio. Habiendo acudido en auxilio de los sitiados algunos habitantes -de Mileto, persiguen a las tropas ligeras atenienses que se hallaban -en desorden; pero los peltastas y dos cohortes de hoplitas<a -id="FNanchor_22" href="#Footnote_22" class="fnanchor">[22]</a>, -acudiendo a socorrer a las tropas ligeras, dan muerte a casi todos los -milesios, toman unos doscientos escudos y levantan un trofeo. Al día -siguiente se hacen a la vela en dirección a Notio<a id="FNanchor_23" -href="#Footnote_23" class="fnanchor">[23]</a>, y después de hacer -sus preparativos, se dirigen a Colofón, cuyos habitantes les reciben -amistosamente. Invaden durante la noche inmediata las comarcas de -Lidia, en que el trigo está ya en sazón, incendian varias poblaciones -y se apoderan del dinero, de los esclavos y de un rico botín. El persa -Estages, que se hallaba en dicha comarca, aprovechándose de un momento -en que los atenienses se hallaban dispersos fuera del campamento para -saquear por su cuenta, se arroja sobre ellos con su caballería, les -mata siete hombres y les hace un prisionero. Trasilo, después de esta -proeza, recoge a su ejército junto al mar para dirigirse a Éfeso; pero -adivinando Tisafernes sus designios, reúne numeroso ejército y envía -gente de a caballo para exhortar a todos a que vayan a socorrer a -Ártemis Diana en Éfeso.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_11">p. 11</span>Diez y siete días -después de la invasión se hace a la mar Trasilo en dirección a Éfeso, -y desembarcando a sus hoplitas junto al Coreso<a id="FNanchor_24" -href="#Footnote_24" class="fnanchor">[24]</a>, ordena a su caballería, -a los peltastas, a los marinos y al resto de sus tropas se queden -junto a los pantanos, a la otra parte de la ciudad, y así que apunta -el día hace avanzar a sus dos cuerpos de ejército. Las tropas de la -plaza, con el refuerzo de los aliados mandados por Tisafernes y el -de los siracusanos (así los de las veinte naves primeras como los -de otras cinco que habían llegado recientemente con los generales -Eucles, hijo de Hipón, y Heraclides, hijo de Aristógenes) y además -con dos naves de Selinunte<a id="FNanchor_25" href="#Footnote_25" -class="fnanchor">[25]</a>, se dirigen a su encuentro. Reunidas todas -esas tropas, derrotan primeramente a los hoplitas acampados junto al -Coreso, y después de ponerles en fuga, de causarles unas cien bajas y -de haber perseguido hasta el mar a los fugitivos, se dirigen contra -las tropas de los pantanos; son asimismo derrotados los atenienses, -que perecen en número de unos trescientos. Los efesios levantan allí -un trofeo y otro junto al Coreso; dan premios por su valentía a los -siracusanos y a los selinusios, así en general como a algunos de ellos -en particular, y conceden inmunidad completa de impuestos al que quiera -domiciliarse en la ciudad. Conceden asimismo el derecho de ciudad -a los selinusios cuya patria había sido recientemente destruida<a -id="FNanchor_26" href="#Footnote_26" class="fnanchor">[26]</a>.</p> - -<p>Los atenienses, después de recoger sus muertos<span class="pagenum" -id="Page_12">p. 12</span> por una tregua, regresan a Notio; les -dan allí sepultura, y se hacen a la vela en dirección a Lesbos y -al Helesponto. Mientras están anclados delante de Metimna, ciudad -de Lesbos, distinguen a veinticinco naves siracusanas que volvían -de Éfeso, y arrojándose a ellas, se apoderan de cuatro con todo su -equipaje, y persiguen hasta Éfeso a las restantes. Trasilo envía a -Atenas los prisioneros, y suelta únicamente al ateniense Alcibíades, -primo y compañero de destierro del otro Alcibíades. Con el resto del -ejército se hace a la vela para Sesto, y de allí pasa a Lámpsaco. -Llega, sin embargo, el invierno, durante el cual los cautivos -siracusanos, que habían sido encerrados en las canteras del Pireo, -perforando la roca se evaden de noche y huyen unos a Decelia y otros a -Mégara. Quiere Alcibíades formar en Lámpsaco un solo cuerpo de ejército -con todas sus tropas; pero sus soldados veteranos, que nunca habían -sido vencidos, no quieren reunirse con los de Trasilo, que acaban de -sufrir una derrota. Pasan todos el invierno en Lámpsaco fortificando -dicha plaza, y verifican una expedición contra Abido, en la cual, -acudiendo en socorro de esta Farnabazo con numerosa caballería, es -derrotado y tiene que declararse en fuga. Alcibíades le persigue con -sus caballos y ciento veinte hoplitas mandados por Menandro, hasta -que la oscuridad les impide seguir en su persecución. Después de este -combate, mézclanse los soldados y fraternizan los suyos con los de -Trasilo. Realízanse en el mismo invierno algunas excursiones en el -continente, en las cuales son devastados los territorios del rey. -Durante este tiempo los lacedemonios, gracias a un tratado, dejan -retirarse libremente a los<span class="pagenum" id="Page_13">p. -13</span> hilotas sublevados, que habían huido a Corifasio<a -id="FNanchor_27" href="#Footnote_27" class="fnanchor">[27]</a> desde -Malea. También en dicha época los aqueos hacen traición a los colonos -de Heraclea de Traquinia<a id="FNanchor_28" href="#Footnote_28" -class="fnanchor">[28]</a>, en un combate general contra los eteos, -sus enemigos; de manera que perecieron unos setecientos de ellos, con -Labotas, harmosta lacedemonio.</p> - -<p>Así terminó este año, en el que los medos sublevados contra Darío, -rey de los persas, volvieron a acatar su autoridad.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch1_3"> - <h3>CAPÍTULO III.</h3> -</div> - -<p>Al año siguiente el templo de Minerva Atenea, en Focea, es -reducido a cenizas por un rayo. Al terminar el invierno, siendo -éforo Pantacles y arconte Antígenes, conmemorando el buen tiempo, -se hacen a la vela los atenienses hacia Proconeso con todo el -ejército, en el año <span class="asc">XXII</span>.º de la guerra<a -id="FNanchor_29" href="#Footnote_29" class="fnanchor">[29]</a>, y de -allí van a anclar ante Bizancio y Calcedonia, acampando alrededor -de esta ciudad. Informados los calcedonios del ataque que iban a -sufrir por parte de los atenienses, habían entregado todas sus -riquezas a sus vecinos los tracios de Bitinia<a id="FNanchor_30" -href="#Footnote_30" class="fnanchor">[30]</a>; Alcibíades, tomando -consigo<span class="pagenum" id="Page_14">p. 14</span> la caballería -y algunos hoplitas, hace costear las naves y se dirige a los bitinios, -pidiéndoles las riquezas de los calcedonios, diciéndoles les hará -la guerra si no se las entregan. Así lo hacen, y, de vuelta ya a su -campo con el botín y la garantía de un tratado, ataca Alcibíades por -ambos mares a Calcedonia con todo el ejército, y cierra con un muro -de madera, lo mejor que puede, el río que les divide. Hipócrates, -el gobernador lacedemonio, hace salir de la ciudad a la guarnición -para librar combate; despliéganse frente a frente los atenienses en -orden de batalla, y Farnabazo acude desde la otra parte de aquel muro -en socorro de los sitiados, con su ejército y con una caballería -numerosa. Combaten durante algún tiempo Hipócrates y Trasilo, cada uno -con sus hoplitas, hasta que llega Alcibíades con algunos de estos y -con su caballería. Queda muerto en el campo Hipócrates, y huyen sus -soldados a la ciudad. Mientras tanto, Farnabazo, que no había podido -reunirse a Hipócrates a causa del poco espacio que se había dejado -entre el río y las trincheras, tiene que retirarse al Heracleo<a -id="FNanchor_31" href="#Footnote_31" class="fnanchor">[31]</a>, -que está junto a Calcedonia, en cuyo lugar tenía su campamento. -Alcibíades marcha después hacia el Helesponto y el Quersoneso, con -objeto de recoger dinero, y los restantes generales<a id="FNanchor_32" -href="#Footnote_32" class="fnanchor">[32]</a> convienen entonces -con Farnabazo, relativamente a Calcedonia, en estas condiciones: -Que entregará veinte talentos a los atenienses y presentará al rey -los diputados de Atenas. Afirman con juramento esta convención, -obligándose<span class="pagenum" id="Page_15">p. 15</span> a pagar los -calcedonios el acostumbrado tributo a los atenienses, y a entregarles -las cantidades atrasadas, a condición de que los atenienses no -emprendan hostilidad alguna contra Calcedonia hasta que regresen -los enviados al rey. Alcibíades no estuvo presente al celebrarse este -tratado, puesto que estaba frente a Selimbria; pero una vez tomada -esta ciudad, vuelve a Bizancio con gran multitud de quersonesios, -soldados tracios y más de trescientos caballos. Espérale en Calcedonia -Farnabazo, considerando necesario hacerle prestar juramento a lo -tratado; pero Alcibíades, al llegar de Bizancio, declara que no jurará -si no renueva también Farnabazo el juramento en su presencia; por -lo cual él jura la convención en Crisópolis, delante de Mitrobates -y Arnapes, enviados de Farnabazo, mientras este presta el juramento -público ante Euriptólemo, enviado de Alcibíades, después de lo cual se -dan mutuamente algunos dones privados. Hecho esto, parte Farnabazo de -dicha población, y ordena a los diputados que deben dirigirse al rey se -le unan en Cícico. Estos diputados eran Doroteo, Filocides, Teógenes, -Euriptólemo y Mantíteo por parte de los atenienses, y Cleóstrato y -Pirróloco por parte de los argivos; iban también con ellos algunos -enviados por los lacedemonios, Pasípidas y otros, habiéndoseles juntado -asimismo Hermócrates, expatriado siracusano, y su hermano Próxeno, a -todos los cuales conducía Farnabazo.</p> - -<p>Los atenienses, sin embargo, sitian Bizancio, después de rodear a -la ciudad con una trinchera y de inquietarla con proyectiles, y avanzan -hasta el muro. Encontrábase en dicha población el harmosta<span -class="pagenum" id="Page_16">p. 16</span> lacedemonio Clearco, y -con él algunos periecos<a id="FNanchor_33" href="#Footnote_33" -class="fnanchor">[33]</a> y un pequeño número de neodamodes<a -id="FNanchor_34" href="#Footnote_34" class="fnanchor">[34]</a>, así -como algunos megarenses mandados por Helixo de Mégara y algunos beocios -que obedecían a Cerátadas. Viendo los atenienses que nada pueden -conseguir por la fuerza, persuaden a algunos bizantinos para que les -entreguen la plaza. No creyendo Clearco el gobernador que hubiese en -ella nadie capaz para hacerlo, organizándolo todo lo mejor que puede, -y encargando de la defensa de la ciudad a Cerátadas y a Helixo, se -dirige hacia Farnabazo, en el opuesto continente, a fin de obtener de -él el estipendio para sus soldados y reunir las naves que Pasípidas -había dejado en observación, así en el Helesponto como en Antandro, y -las que Agesándridas, segundo jefe de Míndaro, tenía en Tracia: deseaba -asimismo hacer construir otras, y con todas estas fuerzas reunidas, -acosar a los atenienses y hacerles levantar el sitio de Bizancio. Luego -de haber partido Clearco, pónense a la obra los que querían entregar -la ciudad, Cidón, Aristón, Anaxícrates, Licurgo y Anaxilao, quien fue -más tarde acusado en Lacedemonia como culpable de traición, siendo -absuelto por alegar había salvado la ciudad al entregarla, pues veía -morir de hambre a las mujeres y a los niños, y además por ser bizantino -y no lacedemonio. Como Clearco hacía entregar a los soldados todo el -trigo que había en la ciudad, decía Anaxilao que había introducido al -enemigo,<span class="pagenum" id="Page_17">p. 17</span> sin que le -moviese para ello el deseo de obtener dinero, ni el odio hacia los -lacedemonios.</p> - -<p>Así que todo estuvo arreglado para realizar su designio, abren una -noche la puerta llamada de Tracia, e introducen a Alcibíades y a su -ejército. Helixo y Cerátadas, que nada sabían de la conjuración, se -dirigen con todas sus tropas armadas a la plaza pública; pero viendo -a los enemigos dueños de todo, y conociendo nada podían hacer, se -entregan y son enviados a Atenas, donde Cerátadas, al desembarcar en el -Pireo, huye por entre la multitud y llega salvo a Decelia.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch1_4"> - <h3>CAPÍTULO IV.</h3> -</div> - -<p>Farnabazo y los enviados conocen los sucesos de Bizancio en Gordio<a -id="FNanchor_35" href="#Footnote_35" class="fnanchor">[35]</a>, -ciudad de Frigia, donde pasan el invierno; al comenzar la primavera<a -id="FNanchor_36" href="#Footnote_36" class="fnanchor">[36]</a> se -dirigen hacia el rey, encontrando en su marcha la embajada lacedemonia, -compuesta de Beocio y de otros mensajeros, los cuales les participan -que los espartanos han alcanzado del rey cuanto pedían. Encuentran -asimismo a Ciro, que había recibido el mando de todas las provincias -marítimas, y que debía auxiliar a los lacedemonios, quien les enseña -una carta con el sello real dirigida a todos<span class="pagenum" -id="Page_18">p. 18</span> los habitantes del Asia inferior, y en la -que se decía: «Envío a Ciro como <i>cárano</i><a id="FNanchor_37" -href="#Footnote_37" class="fnanchor">[37]</a> de los pueblos que -se reúnen en el Castolo»<a id="FNanchor_38" href="#Footnote_38" -class="fnanchor">[38]</a>. Cárano quiere decir Señor. Los diputados -atenienses, al conocer estas órdenes, y después de haber visto a -Ciro, desean aún más vivamente dirigirse hacia el rey, y si no, -regresar a su patria; pero Ciro ordena a Farnabazo que le entregue -los diputados, o que les impida a lo menos volver a su patria, no -queriendo que los atenienses conociesen cuanto había sucedido. -Farnabazo los retuvo todo el tiempo necesario, diciendo unas veces -iba a llevarles ante el rey, y otras que les enviaría a Atenas, a fin -de que nada pudiesen reprocharle; pero al cabo de tres años suplica -a Ciro les deje en libertad, representándole había jurado volver a -conducirles hasta el mar, si no les llevaba ante el rey; por lo cual -son enviados a Ariobarzanes<a id="FNanchor_39" href="#Footnote_39" -class="fnanchor">[39]</a> con la orden de conducirles a la costa, y -este les lleva a Cíos en Misia, de donde, por mar, se reúnen a su -ejército.</p> - -<p>Queriendo Alcibíades volver con sus tropas a Atenas, se hace a la -vela directamente hacia Samos, de donde, tomando veinte naves, entra -en el golfo Cerámico de Caria y regresa de nuevo a aquella ciudad -después de haber exigido veinte talentos a estas comarcas. Trasíbulo, -con treinta buques, se dirige a Tracia, donde somete las plazas que -habían sido tomadas por los lacedemonios, y entre<span class="pagenum" -id="Page_19">p. 19</span> otras Tasos, que había sido devastada por la -guerra, las sublevaciones y el hambre. Trasilo llega a Atenas con el -resto del ejército, y antes de su llegada habían elegido los atenienses -tres generales: Alcibíades, desterrado; Trasíbulo, ausente, y Conón, -que se hallaba en la ciudad.</p> - -<p>Alcibíades, con sus veinte trirremes y el dinero recogido, parte de -Samos, dirigiéndose a Paros, de donde marcha directamente a Gitio<a -id="FNanchor_40" href="#Footnote_40" class="fnanchor">[40]</a> -para vigilar las treinta trirremes que sabía preparaban allí los -lacedemonios, y para cerciorarse del modo que sería recibido a su -vuelta a Atenas. Después que conoció le era favorable la población, -que se le ha elegido general, y que especialmente sus amigos le -incitan a que regrese, entra en el Pireo el día en que la ciudad -celebraba las Plinterias<a id="FNanchor_41" href="#Footnote_41" -class="fnanchor">[41]</a>, en las cuales se cubre con un velo la -estatua de Minerva Atenea, cosa que consideraron algunos como infausta -para él y para la ciudad, puesto que en aquel día ningún ateniense se -atrevía a emprender cosa alguna seria. Al desembarcar en el Pireo, -la muchedumbre de este y de la ciudad se aglomera alrededor de las -naves para admirar y ver a aquel Alcibíades que aseguran muchos es -el mejor de todos los ciudadanos, y el único, dicen, que ha mostrado -la injusticia de su destierro. Él es la víctima de muchos que le -son inferiores y a quienes aplastaba con su elocuencia, porque su -política no tenía otro objeto que el interés personal, mientras que -él, por el contrario, tendió siempre a aumentar el bien común<span -class="pagenum" id="Page_20">p. 20</span> con el simultáneo empleo -de sus propios recursos y de los de la ciudad; cuando ha querido -ser juzgado sin dilación alguna de la acusación contra él dirigida -como profanador de los misterios, sus enemigos han conseguido se -desechase una súplica que tan justa parecía, y durante su ausencia le -han hecho desterrar de su patria; entonces, esclavo de la necesidad, -se ha visto obligado a servir a sus enemigos más crueles, expuesto -cada día a perder su vida, y viendo a sus más íntimos amigos, a sus -parientes, a sus conciudadanos y a la ciudad entera cometer grandes -faltas, sin poder serles de ninguna utilidad a causa de su destierro; -no deben temerse las revoluciones ni las sublevaciones de hombres -como él, añaden, puesto que la popularidad le coloca encima de todos -los de su edad y le iguala a los que son más ancianos, mientras sus -enemigos continúan a estar dispuestos, como antes, a hacer perecer -a los mejores ciudadanos, así que puedan verificarlo impunemente, -por lo cual quedarán solos en su patria, ya que, apartados los -ciudadanos que valen más que ellos, deberá el pueblo necesariamente -contentarse con los que queden.<a id="FNanchor_42" href="#Footnote_42" -class="fnanchor">[42]</a></p> - -<p>El partido opuesto a Alcibíades aseguraba era este la única causa de -todas las calamidades públicas que se habían experimentado, y que había -el peligro de que este general atrajese a la ciudad por sí solo, todos -los funestos resultados que eran de temer.</p> - -<p>Alcibíades, después de haber entrado en el puerto, no desembarca en -seguida por temor a sus enemigos,<span class="pagenum" id="Page_21">p. -21</span> pero quedándose sobre el puente, procura distinguir a sus -amigos, viendo a su primo Euriptólemo, hijo de Pisianacte y a sus -restantes parientes y amigos, desembarca y se dirige a la ciudad con -esta escolta, preparada a rechazar cualquier ataque que contra él se -intente. En el senado y en la asamblea se defiende de la profanación, -diciendo ha sido víctima de una injusticia, y después de haber -presentado varias razones del mismo género, sin que nadie le replique, -pues no lo hubiera tolerado la asamblea, por unanimidad es proclamado -generalísimo, con amplias facultades, como el único capaz de recuperar -para la república su antiguo poderío; hace salir inmediatamente -todas las tropas a fin de que la procesión de los Misterios pueda -celebrarse por su trayecto acostumbrado por tierra<a id="FNanchor_43" -href="#Footnote_43" class="fnanchor">[43]</a>, ya que a causa de la -guerra había tenido que hacerse por mar, y después levanta un ejército -de mil quinientos hoplitas, ciento cincuenta caballos y cien naves.</p> - -<p>Tres meses después de su regreso, se embarca en dirección a Andros, -que se había separado de la alianza ateniense, designándosele como -generales adjuntos de las tropas de tierra, a Aristócrates y Adimanto, -hijo de Leucolófides. Desembarca Alcibíades su ejército en Gaurio, que -está en la isla de Andros; pone en fuga a los andrios, que se habían -dirigido a su encuentro, y después de haberles causado muchas bajas, -los encierra en los muros con los lacedemonios que estaban con ellos. -Levanta después un trofeo, y pasados algunos días, se dirige hacia -Samos donde principia las hostilidades.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch1_5"> - <p><span class="pagenum" id="Page_22">p. 22</span></p> - <h3>CAPÍTULO V.</h3> -</div> - -<p>Algún tiempo antes de estos sucesos<a id="FNanchor_44" -href="#Footnote_44" class="fnanchor">[44]</a>, habían enviado los -lacedemonios a Lisandro para tomar el mando de la flota en sustitución -de Cratesípidas, pues había terminado ya el tiempo de su mando. -Al llegar aquel a Rodas<a id="FNanchor_45" href="#Footnote_45" -class="fnanchor">[45]</a>, toma posesión de las naves y se dirige -a Cos y a Mileto, de donde se hace a la vela para Éfeso, y allí -permanece con setenta naves hasta que Ciro llegue de Sardes, y así -que este llega va a su encuentro Lisandro con los enviados espartanos -y quejándose de Tisafernes<a id="FNanchor_46" href="#Footnote_46" -class="fnanchor">[46]</a> y relatándole todo lo que ha hecho, suplican -a Ciro excite la guerra cuanto pueda; contesta este que tal es -precisamente el encargo que ha recibido de su padre, que estas son sus -intenciones y que hará cuanto de él dependa para realizarlas; añade que -trae quinientos talentos con este objeto; que si no bastan, hará uso de -los fondos privados que le ha entregado su padre, y que si todo esto no -es aún suficiente, hará fundir el trono sobre que está sentado, que es -de oro y plata.</p> - -<p>Alábanle esta respuesta y le deciden a dar una dracma ática<a -id="FNanchor_47" href="#Footnote_47" class="fnanchor">[47]</a> a los -marineros, manifestándole que este aumento de sueldo hará desertar -a los de la flota<span class="pagenum" id="Page_23">p. 23</span> -ateniense, lo cual le economizará más tarde grandes dispendios. Ciro -aprueba tales propósitos, pero manifiesta le es imposible ir contra -las órdenes del rey, puesto que, según el tratado de alianza, debe -dar únicamente treinta minas<a id="FNanchor_48" href="#Footnote_48" -class="fnanchor">[48]</a> al mes, por cada nave que los lacedemonios -sostengan en la guerra. Nada replica entonces Lisandro, pero al fin -de la comida, al brindar Ciro y pedirle qué podrá hacer que le sea -agradable, contestó Lisandro: «Aumentar un óbolo<a id="FNanchor_49" -href="#Footnote_49" class="fnanchor">[49]</a> al sueldo de cada -marinero.» Desde aquel momento, el sueldo para los marineros fue de -cuatro óbolos, habiendo sido de tres hasta entonces. Ciro paga además -los atrasos y hace repartir un mes adelantado, lo cual redobla el celo -de los soldados.</p> - -<p>Desanímanse con esta nueva los atenienses, y por medio de Tisafernes -le envían mensajeros, que no admite, por más que se lo ruegue aquel, -y por más que le incite a procurar, como él había hecho siguiendo -los consejos de Alcibíades, que ningún pueblo adquiriese gran -poderío, antes bien, que se debilitasen mutuamente con sus intestinas -disensiones. Después de haber reunido su flota en Éfeso, Lisandro hace -poner en seco sus naves, en número de noventa, y se mantiene en reposo, -ocupándose en recomponerlas y calafatearlas y en dar descanso a sus -tropas. Por su parte Alcibíades, sabiendo que Trasíbulo ha salido del -Helesponto para fortificar Focea, se dirige hacia él, después de dejar -el mando de la flota a su lugarteniente Antíoco, mandándole<span -class="pagenum" id="Page_24">p. 24</span> expresamente no se acerque -a las naves de Lisandro; pero este, con su nave y otra, se hace a la -mar con dirección al puerto de Éfeso desde Notio<a id="FNanchor_50" -href="#Footnote_50" class="fnanchor">[50]</a>, y se acerca a las proas -de las de Lisandro. Este, poniendo a flote un pequeño número de naves, -le da caza; pero después, al ver vienen los atenienses con mayor número -de naves en auxilio de Antíoco, dirige contra ellos toda su flota -formada en orden de batalla. Echan al agua entonces los atenienses -que habían quedado en Notio todas sus trirremes, y se hacen a la mar; -de este modo se verifica un combate naval, permaneciendo en buen -orden los lacedemonios, mientras son puestos en completa dispersión -los atenienses, hasta que, perdidas quince trirremes, se declaran en -fuga: la mayor parte de los que las montaban consiguen escaparse, pero -algunos son apresados por los enemigos. Lisandro se lleva las naves -que ha tomado, levanta un trofeo en Notio y se dirige a Éfeso; los -atenienses se retiran a Samos.</p> - -<p>Después de este combate, Alcibíades, habiendo regresado a Samos, se -hace cargo de toda la flota y la conduce hacia Éfeso, apoderándose de -la entrada del puerto, donde se coloca en orden de batalla para ver -si se acepta el combate; pero como Lisandro no se mueve a causa de la -numérica inferioridad de sus naves, se vuelve a Samos. Poco tiempo -después, los lacedemonios se apoderan de Delfinio<a id="FNanchor_51" -href="#Footnote_51" class="fnanchor">[51]</a> y de Eión<a -id="FNanchor_52" href="#Footnote_52" class="fnanchor">[52]</a>.</p> - -<p>Cuando llega a Atenas la nueva de este combate<span class="pagenum" -id="Page_25">p. 25</span> naval, levántase gran indignación contra -Alcibíades, y a su negligencia y mala dirección se atribuye la pérdida -de las naves. Son elegidos diez nuevos generales: Conón, Diomedonte, -León, Pericles, Erasínides, Aristócrates, Arquéstrato, Protómaco, -Trasilo y Aristógenes. Al ver Alcibíades que el ejército está también -indispuesto contra él, toma una trirreme y se retira a su castillo del -Quersoneso.</p> - -<p>Sale en seguida Conón de Andros con sus veinte naves, y se -dirige a Samos para tomar el mando de la flota<a id="FNanchor_53" -href="#Footnote_53" class="fnanchor">[53]</a>, según el decreto de los -atenienses. Para sustituir a Conón envían a Andros con cuatro naves a -Fanóstenes, quien encontrando dos trirremes turias, se apodera de ellas -con su equipaje; los atenienses encadenan a todos los prisioneros, -excepto a Dorieo, su jefe, natural de Rodas, quien prudentemente había -tenido que huir de Rodas y de Atenas para evitar la pena de muerte -pronunciada contra él y contra sus parientes por los atenienses, y -había adquirido después el derecho de ciudadano en Turios; túvose -compasión de él y se le soltó sin exigirle siquiera rescate.</p> - -<p>Al llegar a Samos encuentra Conón la flota en completo desorden; -consigue arreglar setenta trirremes, en lugar de más de ciento a que -ascendía aquella anteriormente; se hace a la vela, seguido de los otros -generales, y hace desembarcos en varios puntos del territorio enemigo, -que entrega al saqueo.</p> - -<p>Así termina este año, en el cual los cartagineses invaden Sicilia -con ciento veinte trirremes y un ejército de tierra de ciento veinte -mil hombres;<span class="pagenum" id="Page_26">p. 26</span> vencidos -primeramente en un combate, consiguen más tarde apoderarse por hambre -de Agrigento, después de un sitio de siete meses.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch1_6"> - <h3>CAPÍTULO VI.</h3> -</div> - -<p>Al año siguiente<a id="FNanchor_54" href="#Footnote_54" -class="fnanchor">[54]</a>, en el que se observó un eclipse -de luna por la noche<a id="FNanchor_55" href="#Footnote_55" -class="fnanchor">[55]</a> y se quemó el antiguo templo de Minerva -en Atenas, siendo éforo Pitias y Calias arconte en Atenas, los -lacedemonios envían a Calicrátidas para sustituir a Lisandro en el -mando de la armada, puesto que su magistratura acababa de expirar al -mismo tiempo que terminaba el vigesimocuarto año de la guerra. Al -entregarle las naves, dice Lisandro a Calicrátidas se las entrega -después de haber sido declarado rey del mar<a id="FNanchor_56" -href="#Footnote_56" class="fnanchor">[56]</a> y después de haber -vencido en un combate naval; pero aquel le replica debe primeramente -abordar a Éfeso, costear por el lado izquierdo la isla de Samos, donde -estacionan las naves atenienses, y entregarle en Mileto el mando de -la flota para que le reconozca acreedor a dicho título de rey del -mar. Contéstale Lisandro que le importa poco todo eso siendo otro el -jefe; y entonces Calicrátidas, añadiendo a las naves que ha recibido -de Lisandro otras cincuenta,<span class="pagenum" id="Page_27">p. -27</span> entregadas por Quíos, Rodas y otros países aliados, reúne la -flota entera, en número de ciento cuarenta embarcaciones, y se prepara -para arrojarse sobre el enemigo. Habiendo sabido que los amigos de -Lisandro principian a hablar mal de él y que no solo no cumplen su -deber con todo el celo posible, sino que esparcen rumores calumniosos -por las ciudades, entre otros el de que se comete gran yerro al -cambiar los jefes de la armada, con lo cual se exponen a entregarla -a hombres sin talento, sin conocimiento de las cosas marítimas y de -la táctica debida con sus subordinados, y que, al enviar gente sin -experiencia y desconocida en aquellos países, corren grave peligro de -atraerse grandes desgracias, reuniendo Calicrátidas en asamblea a los -lacedemonios presentes, les dice:</p> - -<p>—«Me es completamente indiferente permanecer en mi casa, y si -Lisandro u otro cualquiera cree ser más perito que yo en la marina, -nada tengo que oponer. Pero como he recibido del estado el mando de la -flota, no puedo hacer otra cosa que ejecutar lo mejor que pueda las -órdenes que me han dado. En cuanto a vosotros, sin perder de vista el -objeto que yo ambiciono y las acusaciones que se dirigen a nuestra -patria y que sabéis tan bien como yo mismo, quiero que me aconsejéis -lo que os parezca mejor, entre quedarme aquí o regresar a Esparta para -anunciar lo que sucede en la armada.»</p> - -<p>No atreviéndose nadie a manifestar otra cosa sino que debía obedecer -las órdenes de Esparta y realizar aquello para que ha sido nombrado, -dirigiéndose a Ciro le pide dinero para pagar a sus soldados. Ruégale -este aguarde dos días, por lo cual, irritado<span class="pagenum" -id="Page_28">p. 28</span> Calicrátidas por la demora y por las -antesalas que debía hacer para verle, dice que los griegos son muy -desgraciados por tener que hacer la corte a los bárbaros en súplica de -dinero; y añade que si consigue volver salvo a su patria, hará cuanto -pueda para reconciliar a los atenienses con los espartanos. Después -de esto se hace a la vela para Mileto, desde donde envía algunas -trirremes a Lacedemonia en busca de dinero, y convocando a consejo a -los milesios, les dice:</p> - -<p>—«Mi deber, oh milesios, me obliga a obedecer a los magistrados de -mi país, y espero de vosotros mostréis el mayor celo posible para la -guerra, puesto que situados en medio de los bárbaros, habéis tenido -que sufrir mucho de ellos; es preciso, pues, deis el ejemplo a los -demás aliados, a fin de que podamos hacerles cuanto antes el mayor -daño posible, hasta que regresen los que he enviado a Lacedemonia en -busca de dinero, puesto que Lisandro a su marcha entregó a Ciro, como -cosa superflua, cuanto le quedaba, y este me ha despedido sin darme -nada cada vez que me he presentado a él, por lo cual no he podido -decidirme a esperar eternamente en su antecámara. Os prometo, sin -embargo, daros proporcionadas muestras de reconocimiento a las ventajas -que alcancemos sobre los bárbaros, mientras estamos aguardando lleguen -aquellos fondos; y con la ayuda de los dioses mostrémosles que no -tenemos necesidad de lisonjear a nadie para poder vengarnos de nuestros -enemigos.»</p> - -<p>Después de estas palabras levantáronse algunos, principalmente -aquellos a quienes se acusaba de ser sus adversarios y a los cuales el -miedo incita a<span class="pagenum" id="Page_29">p. 29</span> indicar -los medios para proveerse de dinero y a ofrecerse ellos mismos para -proporcionar alguna cantidad. Con ayuda de este dinero y del de Quíos, -da Calicrátidas cinco dracmas a cada marinero para la travesía, y se -dirige a Metimna, en Lesbos, ciudad aliada de los atenienses. Rehusando -entregarse los metimneos, pues tenían una guarnición ateniense y sus -principales habitantes eran de este partido, sitia la ciudad y la toma -a viva fuerza. Saquean los soldados cuantas riquezas encuentran; pero -hace reunir Calicrátidas en la plaza pública todos los esclavos, y -aunque querían los aliados fuesen vendidos también los ciudadanos de -Metimna, declara que mientras tenga él el mando se opondrá con todas -sus fuerzas a que ningún griego sea reducido a la esclavitud. Da -libertad al día siguiente a la guarnición ateniense y a los ciudadanos, -y hace vender a todos los esclavos de que se habían apoderado. Hace -decir también a Conón que pronto le impedirá ser el favorito de la mar; -y viendo se hace a la vela al clarear el día, le persigue y le corta el -camino de Samos para que no pueda refugiarse allí.</p> - -<p>Huye Conón con sus naves, que eran muy veleras, puesto que había -escogido en sus numerosos equipajes a los mejores remeros y los -había colocado en un pequeño número de naves, y se refugia con -dos de los diez generales, Erasínides y León<a id="FNanchor_57" -href="#Footnote_57" class="fnanchor">[57]</a>, a Mitilene, ciudad de -Lesbos. Calicrátidas entra persiguiéndole al mismo tiempo que él en -el puerto con ciento setenta naves. Prevenido, pues, Conón en<span -class="pagenum" id="Page_30">p. 30</span> sus intenciones por los -enemigos, vese obligado a librar un combate naval ante el puerto, en el -que pierde treinta naves; la tripulación huye a tierra, y las cuarenta -naves restantes, llevadas a remolque, son puestas en seco junto a -los muros de la ciudad. Calicrátidas ancla en el puerto, bloquea al -enemigo, guardando la entrada de aquel, y hace acudir por tierra gran -cantidad de metimneos y las tropas de Quíos; recibe asimismo el dinero -de Ciro.</p> - -<p>Sitiado por mar y por tierra Conón, y no pudiendo procurarse los -víveres en parte alguna, con gran cantidad de gente que mantener en -la población y sin recibir auxilio alguno de los atenienses, puesto -que ignoraban lo que ocurría, echa al agua sus dos mejores naves; -equípalas antes del día marcado con los mejores remeros de la flota; -hace bajar al fondo de la nave a los marinos, y para ocultarlos hace -correr las telas de la cubierta<a id="FNanchor_58" href="#Footnote_58" -class="fnanchor">[58]</a>. Así se hace durante el día, y por la noche, -cuando oscurece, los hace bajar a tierra a fin de que su maniobra -pasase desapercibida al enemigo. Al quinto día, después de haberse -aprovisionado de todo lo necesario, esperan hasta mediodía, y estando -entonces descuidadas las guardias y aun algunos centinelas dormidos, -salen del puerto, dirigiéndose un navío al Helesponto y el otro a la -alta mar. Salen en seguida en su persecución; cada cual se coloca donde -puede, córtanse las amarras, despiertan, y en tumulto procuran armarse -en el mismo lugar en que acababan<span class="pagenum" id="Page_31">p. -31</span> de comer; embárcanse y se arrojan en persecución de la -nave que había ganado la altura; alcánzanla al ponerse el sol, y se -apoderan de ella después de un combate, remolcándola con su tripulación -hacia el resto del ejército. Pero la que había huido en dirección al -Helesponto burla la persecución y llega a Atenas, donde lleva la nueva -del bloqueo. Llega Diomedonte al canal de Mitilene con doce naves en -auxilio de Conón, pero echándose sobre él de improviso Calicrátidas, le -toma diez de sus naves, y Diomedonte consigue escapar con otra nave y -la suya.</p> - -<p>Los atenienses, al saber cuanto ha ocurrido, decretan un socorro -de ciento diez naves, en las que embarcan a todo el que está en edad -de soportar el peso de las armas, así esclavos como libres; equípase -esta tropa en treinta días, después de los cuales se hace a la vela, -habiéndose también embarcado en ella una numerosa caballería. Dirígense -primero a Samos, donde se les reúnen diez naves samias; júntanseles -también más de treinta naves de otras comarcas aliadas, a cuyos -habitantes en masa obligan a embarcarse, y recogen también cuantas -naves tenían desparramadas en varios sitios, con lo cual se eleva el -número total de esta flota a más de ciento cincuenta embarcaciones.</p> - -<p>Calicrátidas, al saber que la flota de socorro está en Samos, deja -en Mitilene cincuenta naves al mando de Eteónico, y se hace a la vela -con las otras ciento veintiuna en la isla de Lesbos, junto al cabo -Malea<a id="FNanchor_59" href="#Footnote_59" class="fnanchor">[59]</a>, -que está frente a Mitilene. Dio la casualidad<span class="pagenum" -id="Page_32">p. 32</span> que los atenienses cenaban aquel mismo -día en las islas Arginusas, que están situadas muy cerca de Lesbos. -Distinguiendo Calicrátidas los fuegos durante la noche, y habiendo -averiguado eran de los atenienses, leva anclas a media noche para caer -sobre ellos de improviso, pero sobreviene fuerte lluvia y truenos que -le impiden aguantar la mar. Disipada la tormenta al comenzar el día, -se hace a la vela en dirección a las Arginusas; avanzan inmediatamente -los atenienses a su encuentro, teniendo a su frente el ala izquierda y -en este orden: Aristócrates en la extrema izquierda con quince naves, -y luego con otras quince Diomedonte; Pericles<a id="FNanchor_60" -href="#Footnote_60" class="fnanchor">[60]</a> sigue a Aristócrates, y -Erasínides a Diomedonte; detrás de este están los samios con diez naves -formados en una sola línea y mandados por un samio llamado Hipeo, y -seguidos inmediatamente de las diez naves de los tribunos ordenadas -también en una sola línea; seguían después las tres trirremes de los -comandantes y el resto de la flota aliada; a la cabeza del ala derecha -está Protómaco con quince naves, y después Trasilo con otras quince. -Apoyan al primero Lisias con un número igual de naves, y Aristógenes a -Trasilo. Habían escogido este orden de batalla a fin de impedir forzara -el enemigo sus líneas, pues sus buques eran mejores.</p> - -<p>Las trirremes lacedemonias se habían colocado frente a frente -dispuestas en fila y preparándose a forzar la línea enemiga para -atacarla por la retaguardia, siendo más ligeros en la maniobra: -Calicrátidas mandaba el ala derecha. Hermón de Mégara,<span -class="pagenum" id="Page_33">p. 33</span> su lugarteniente, le indicó -que no haría mal en retirarse, ya que las trirremes atenienses eran -superiores en número, a lo cual contestaba Calicrátidas que su muerte -no sería gran desgracia para Esparta, mientras que la huida sería -una deshonra. Comienza en seguida el combate, que dura largo tiempo, -primero estando muy apretadas las naves, después muy diseminadas. -Arrojado al mar Calicrátidas en un choque de su nave, no vuelve -a aparecer. Protómaco y los suyos del ala derecha, derrotan a la -izquierda de los lacedemonios, quienes principian a acentuar su fuga, -unos a Quíos y la mayor parte a Focea; los atenienses regresan a las -Arginusas. Las pérdidas de estos habían sido de veinticinco naves con -su tripulación, fuera de algunos que habían alcanzado la costa; las de -los peloponesios fueron de nueve naves espartanas, sobre diez que eran, -y más de sesenta de los aliados.</p> - -<p>Los generales atenienses deciden encargar a los comandantes -Terámenes y Trasíbulo, y a algunos tribunos, vayan con cuarenta y -siete trirremes en busca de las naves naufragadas y de los hombres de -a bordo, mientras que ellos, con el resto de la flota, se dirigirán -al encuentro de las naves ancladas en Mitilene bajo las órdenes de -Eteónico. El viento y un violento temporal les impide realizar tales -propósitos, por lo cual permanecen allí mismo y erigen un trofeo. -Recibe Eteónico la noticia del combate por medio de una nave de -transporte; despídela en seguida, ordenando a los de la tripulación -retrocedan sin ruido y sin comunicar con nadie y avancen poco después -hacia la flota coronados y gritando que Calicrátidas ha ganado la -batalla y que<span class="pagenum" id="Page_34">p. 34</span> ha -perecido toda la escuadra ateniense. Así lo hacen, y él, inmediatamente -después de su regreso, ofrece sacrificios por tan feliz nueva, y ordena -al mismo tiempo a los soldados tomen el almuerzo y a los comerciantes -coloquen con sigilo sus mercancías en las naves a fin de dirigirse a -Quíos, ya que el viento es favorable, y salgan detrás de ellos las -trirremes, y recoge asimismo las tropas en Metimna, después de haber -incendiado los campamentos. Conón, al ver en fuga a los enemigos y -soplando un viento favorable, hace botar al agua sus naves y se dirige -al encuentro de los atenienses, que habían ya abandonado las Arginusas, -participándoles la estratagema de Eteónico. Prosiguen los atenienses su -marcha hasta Mitilene; de allí se dirigen a Quíos, y luego se vuelven a -Samos sin haber realizado hecho alguno importante.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch1_7"> - <h3>CAPÍTULO VII.</h3> -</div> - -<p>Excepto Conón, al cual añaden Adimanto y Filocles, son depuestos -en Atenas todos los generales<a id="FNanchor_61" href="#Footnote_61" -class="fnanchor">[61]</a>. Dos de ellos que habían asistido al -combate naval, Protómaco y Aristógenes, no regresan a dicha -ciudad; pero así que los otros seis, Pericles, Diomedonte, Lisias, -Aristócrates, Trasilo y Erasínides llegan a ella, Arquedemo, demagogo -y distribuidor del dióbolo<a id="FNanchor_62" href="#Footnote_62" -class="fnanchor">[62]</a>,<span class="pagenum" id="Page_35">p. -35</span> propone una multa contra Erasínides, a quien acusa ante -el tribunal de haberse apoderado en el Helesponto de cantidades que -pertenecían al pueblo; acúsale igualmente por su mala gestión como -general, y el tribunal decreta el arresto de Erasínides. Los generales -dan después en la asamblea explicaciones sobre el combate naval y -sobre la violencia de la tempestad. Diciendo Timócrates que era -preciso encarcelarlos y conducirlos a la barra, la asamblea los hace -prender. Verifícase después una asamblea, en la que Terámenes, entre -otros, acusa vivamente a los generales; dice es de justicia expliquen -el motivo por el que no han recogido los náufragos, y lee una carta -en la que se disculpan únicamente con la tempestad para probar que -aquellos no alegan otra excusa. Cada general se defiende después en -pocas palabras, puesto que no se les concede el tiempo que les dan -las leyes, y relatan cuanto ha sucedido: mientras que ellos mismos se -hacían a la vela contra el enemigo, han confiado el cuidado de recoger -los náufragos a comandantes capaces y que habían sido ya generales, -Terámenes, Trasíbulo y otros de igual categoría. Si es, pues, preciso -acusar a alguien a causa de esto, únicamente debe inculparse a los -que de esta comisión fueron encargados; «y sin embargo —añaden—, la -acusación no nos conducirá a mentir y a pretender sean ellos culpables, -puesto que la violencia de la tempestad es la única que ha impedido -recoger los muertos». En apoyo de<span class="pagenum" id="Page_36">p. -36</span> esta declaración producen el testimonio de los pilotos y -otros muchos que formaban parte de la expedición. Persuaden con esto al -pueblo, y levantáronse muchos particulares que se ofrecen como caución; -decrétase, pues, dejar el asunto para la próxima asamblea, ya que era -una hora muy avanzada y no podían verse las manos al votar. Mientras -tanto, debiendo el senado ocuparse primeramente de este asunto, se -propondrá al pueblo la conducta que debe seguirse al juzgar a los -procesados.</p> - -<p>Sobrevienen las Apaturias<a id="FNanchor_63" href="#Footnote_63" -class="fnanchor">[63]</a>, durante las cuales se reúnen los parientes -y aliados entre sí. Terámenes y sus partidarios preparan una multitud -de individuos vestidos de negro y con la cabeza afeitada a fin de que -comparezcan ante la asamblea como parientes de los muertos en aquel -combate, y persuaden a Calíxeno para que acuse a los generales en el -senado. Hacen convocar en seguida una asamblea, en la cual, por boca de -Calíxeno, da el senado su decisión:</p> - -<p class="mt1">«Habiendo sido oídas en la asamblea precedente así la -acusación como la defensa de los generales, se llama a votar a todo -ateniense en su propia tribu; se dispondrán dos urnas para cada una de -estas, y un heraldo publicará en la suya respectiva que todos los que -consideren fundamentada la culpabilidad de los generales deben votar -en la primera, y los que no lo consideren así, en la segunda. Si son -declarados culpables, serán castigados a muerte y entregados a los -Once, confiscados sus bienes y<span class="pagenum" id="Page_37">p. -37</span> consagrado el décimo a la diosa Minerva Atenea.»</p> - -<p class="mt1">Comparece entonces un hombre ante la asamblea, diciendo -se ha salvado sobre un tonel de harina, y que los que perecían le -encargaron anunciara al pueblo, si se salvaba, que los generales -no recogieron a los valientes que habían combatido por la patria. -Sin embargo, Euriptólemo, hijo de Pisianacte y algunos otros, hacen -presente que Calíxeno ha leído un decreto contrario a las leyes; -algunos de los del pueblo les aplauden, pero la mayor parte grita, -que es muy extraño no se deje hacer al pueblo lo que quiera. Hace -uso entonces de la palabra Licisco, para decir que debe condenarse a -los perturbadores a iguales penas que a los generales, si no dejan -en reposo a la asamblea; con lo cual principia de nuevo el tumulto, -y por fin tiene que retirarse aquella proposición. Algunos pritanos -afirman que no consentirán se vote en contra de las leyes, y Calíxeno -sube de nuevo a la tribuna y repite la acusación antes formulada; -gritan otros que es preciso acusar también a los que sean de opuesto -parecer, y sobrecogidos de miedo los pritanos, consienten todos en que -tenga lugar la votación, fuera de Sócrates el hijo de Sofronisco, que -da su voto contrario, diciendo no hará nunca nada contra las leyes<a -id="FNanchor_64" href="#Footnote_64" class="fnanchor">[64]</a>. -Después de todo esto, sube a la tribuna Euriptólemo, y en favor de los -generales, dice lo siguiente:</p> - -<p class="mt1">«Atenienses: Subo a la tribuna para acusar en algunos -puntos y para defender en otros a Pericles,<span class="pagenum" -id="Page_38">p. 38</span> mi pariente y aliado, y a Diomedonte, mi -amigo, así como para daros el consejo que me parece de más utilidad -para la patria. Acuso a estos generales porque se opusieron a sus -colegas, cuando querían anunciar por medio de una comunicación al -consejo y al pueblo, que habían encargado a Terámenes y a Trasíbulo -recogiesen los náufragos con cuarenta y siete trirremes, y que estos no -lo habían hecho. Ahora comparten en común el peso de la falta que ha -sido cometida por algunos pocos, y en cambio de su filantropía pasada -corren el riesgo de sucumbir por una intriga de los culpables y de sus -enemigos. Pero no será esto así, si puedo convenceros para que obréis -conforme a justicia y según la religión, y para que procuréis averiguar -la verdad de todo ello, a fin de no tener más tarde que arrepentiros -y reconocer cometisteis una gran falta contra los dioses y contra -vosotros mismos. Os aconsejo, pues, no os dejéis engañar ni por mí ni -por nadie; que averigüéis quiénes son los culpables y les apliquéis el -castigo que queráis, uno a uno o a todos de una vez; pero concededles, -a lo menos, un día para defenderse, y no confiéis en nadie más que en -vosotros mismos.</p> - -<p>»Atenienses, todos sabéis que el decreto de Canono<a -id="FNanchor_65" href="#Footnote_65" class="fnanchor">[65]</a> es -considerado como muy severo y que ordena se defienda cargado de -cadenas ante el pueblo todo el que haya dañado a los atenienses, y -que si es declarado culpable sea condenado a muerte y arrojado<span -class="pagenum" id="Page_39">p. 39</span> al Báratro, confiscados -sus bienes y el diezmo consagrado a la diosa. Pues bien, yo pido -que por este decreto sean juzgados los generales, ¡y por Zeus<a -id="FNanchor_66" href="#Footnote_66" class="fnanchor">[66]</a>! si os -parece bien, antes que nadie mi pariente Pericles, pues gran deshonra -sería para mí me interesara más por él que por el estado. Pero si -no lo queréis así, juzgadles según la ley contra los sacrílegos y -traidores, por la cual, todo el que haga traición al estado o robe -algún objeto sagrado, debe ser juzgado ante el tribunal, y si es -condenado no puede enterrársele en el Ática siéndole confiscados sus -bienes. Sea cualquiera, pues, oh atenienses, la ley que prefiráis, -juzgad separadamente a estos hombres, y dividid en tres partes la -sesión: en la primera os reuniréis e indagaréis si son culpables o no; -en la segunda tendrá lugar la acusación, y en la tercera la defensa. -Gracias a esto, caerá el mayor castigo posible sobre los culpables, -pero pondréis en libertad a los que no lo sean, y no perecerá, oh -atenienses, ningún inocente<a id="FNanchor_67" href="#Footnote_67" -class="fnanchor">[67]</a>.</p> - -<p>»En cuanto a vosotros, juzgad según la ley, y respetando los -juramentos religiosos, tened cuidado de combatir, juntamente con los -lacedemonios, a aquellos que les tomaron setenta naves y les vencieron -por completo, al condenarles ilegalmente y sin forma de proceso. -¿Qué teméis para apresuraros tanto? ¿Acaso no podéis condenar o dar -la libertad, según<span class="pagenum" id="Page_40">p. 40</span> -creáis conveniente, conforme a la ley y no contra ella, como lo quiere -Calíxeno al persuadir al senado proponga al pueblo decida todo el -asunto en una sola votación? Tened presente que de este modo podéis -condenar a muerte a algún inocente, y que más tarde tendréis que -arrepentiros de ello. Tanto más extraña sería vuestra conducta al -pensar que Aristarco, después de haber cometido grandes excesos en -Énoe<a id="FNanchor_68" href="#Footnote_68" class="fnanchor">[68]</a> y -haber entregado esta ciudad a los tebanos, vuestros enemigos, obtuvo de -vosotros un día para su defensa, como había pedido, y todo se realizó -según prescribe la ley; y en cambio priváis de este mismo derecho a -unos generales que han vencido por completo a los enemigos, después -de haber obedecido siempre vuestras órdenes. Pero no, no lo haréis, -atenienses; antes al contrario, vigilaréis por el cumplimiento de esas -leyes que vosotros mismos habéis establecido y por las cuales habéis -llegado a tan gran poderío, y no intentaréis jamás hacer nada contra lo -que ellas establecen.</p> - -<p>»Remontaos hasta los mismos sucesos y a las circunstancias que -han motivado la falta de los generales. Vencedores en la batalla -naval, habían bajado otra vez a tierra; Diomedonte propone que todas -las naves, diseminándose, vayan a recoger los náufragos y los restos -de las naves; por el contrario, Erasínides pide que la flota entera -se haga a la mar cuanto antes, para atacar al enemigo en Mitilene; -Trasilo sostiene pueden conciliarse ambas opiniones dejando una parte -de las naves en el lugar del combate y persiguiendo al enemigo con las -restantes.<span class="pagenum" id="Page_41">p. 41</span> Prevalece -este parecer; se decide que cada uno de los ocho generales deje tres -naves de su sección, a las cuales se añadirán las diez de los tribunos, -las diez de los samios y las tres de los navarcos<a id="FNanchor_69" -href="#Footnote_69" class="fnanchor">[69]</a>: resultan entre todas -cuarenta y siete; de modo que había cuatro naves por cada una de las -doce que habían sido sumergidas. En el número de los tribunos puestos -al frente de esta división se hallaban Trasíbulo y Terámenes, el que -en la asamblea anterior acusó a los generales; el resto de la flota se -hace a la vela contra los enemigos.</p> - -<p>»¿Qué encontráis en todo eso que no os parezca prudente y bien -dispuesto? ¿Acaso no es justo que los jefes de la expedición rindan -cuentas de cuantos yerros hayan cometido ante el enemigo, y que si los -encargados de recoger los náufragos han dejado de ejecutar las órdenes -de los generales, sean ellos traídos a juicio? Pero en favor de unos y -otros, debo añadir que la tempestad impidió realizaran las órdenes que -habían recibido de los generales. Como testigos presenciales tenéis a -cuantos han conseguido salvarse, y entre estos a uno de los generales -que escapó al naufragio de su navío, y que hoy quieren también envolver -en la misma sentencia que debe darse contra aquellos que faltaron al -cumplimiento de su deber, a pesar de haber necesitado él mismo de ese -socorro. No queráis, pues, oh atenienses, conduciros en medio de la -victoria y de la fortuna como harían los vencidos y los desgraciados: -no imputéis a falta de previsión una desgracia inevitable<span -class="pagenum" id="Page_42">p. 42</span> enviada por un dios, ni -condenéis como traición la imposibilidad de obrar y de obedecer lo -ordenado, a causa de la tempestad. Mucho más justo sería recompensar -con coronas a los vencedores, que condenarles a muerte escuchando los -consejos de hombres depravados.»</p> - -<p class="mt1">Después de decir estas palabras, propone Euriptólemo -por escrito, sean juzgados separadamente los acusados, según la ley -de Canono, a pesar de la propuesta del senado, de que fuesen todos -sentenciados a la vez. Al votarse esta proposición, primeramente es -adoptada, pero después de las solemnes protestas de Menecles, se -procede a una segunda votación, y se aprueba lo propuesto por el -senado, después de lo cual se condena a muerte a los ocho generales -que habían tomado parte en el combate naval, y los seis presentes son -ejecutados.</p> - -<p>No tardaron mucho tiempo los atenienses en arrepentirse, y -decretaron se presentasen ante la asamblea cuantos procuraron engañar -al pueblo, como culpables hacia el estado, debiendo prestar caución -hasta ser juzgados. Uno de ellos era Calíxeno; otros cuatro son -encausados con él y encarcelados por los mismos que prestaban caución -por ellos; pero antes de ser juzgados pudieron escaparse en una -revuelta en que pereció Cleofonte. Calíxeno volvió a Atenas con otros -desterrados del Pireo; pero execrado por todos, pereció de hambre.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch2_1"> - <p><span class="pagenum" id="Page_43">p. 43</span></p> - <h2 class="nobreak g1 mt15">LIBRO SEGUNDO.</h2> - <hr class="tir" /> - <h3>CAPÍTULO PRIMERO.</h3> -</div> - -<p>Los soldados de Eteónico que estaban en Quíos se alimentaron -durante todo aquel verano<a id="FNanchor_70" href="#Footnote_70" -class="fnanchor">[70]</a> con los frutos propios de la estación y con -lo que produjeron los campos, que hicieron cultivar por mercenarios; -pero cuando llegó el invierno y no tuvieron víveres y se hallaron -desnudos y sin calzado, se conjuraron y resolvieron apoderarse por -sorpresa de la ciudad de Quíos, conviniendo en que todos los que se -asocien a este proyecto, lleven como bastón una caña para darse a -conocer mutuamente. Instruido Eteónico de la conjuración, no sabe -qué partido tomar, a causa del gran número de los portacañas: si se -opone abiertamente, parecerá temer hagan uso de las armas, y una -vez dueños de la ciudad y convertidos en enemigos, lo perdía todo -al ser vencido, y por otra parte, el condenar a muerte a tan gran -número<span class="pagenum" id="Page_44">p. 44</span> de aliados -sería una iniquidad, y con ella correría evidentemente el riesgo de -atraerse la enemistad de los demás griegos, y de perder su prestigio -sobre los soldados. Tomando, pues, consigo quince hombres armados de -puñales, recorre la ciudad, y encontrando a un individuo que enfermo -de la vista salía de casa del médico llevando una caña, le mata. -Prodúcese con esto gran tumulto; todos preguntan por qué ha sido -muerto este hombre, y Eteónico hace pregonar entonces que no ha sido -por otra cosa más que por llevar en la mano una caña. Así que se hizo -este pregón, arrojan las cañas cuantos las traían, y todo el que lo -ha oído teme que le hayan visto con ella en la mano. Reúne en seguida -Eteónico a los habitantes de Quíos, y les invita a que le proporcionen -dinero para que recibiendo los soldados su paga, no intenten contra -ellos ninguna novedad. Entréganle el dinero pedido, y da la señal para -embarcarse. Recorre entonces todas las naves, una por una, y prodiga -las exhortaciones y los halagos como si nada supiese de lo ocurrido, -dando luego a cada cual la paga de un mes.</p> - -<p>Después de estos sucesos los habitantes de Quíos y -los demás aliados<a id="FNanchor_71" href="#Footnote_71" -class="fnanchor">[71]</a> se reúnen en Éfeso y decretan se envíen -diputados a Lacedemonia pidiendo regrese Lisandro para ponerse al -frente de la flota, puesto que había sabido congraciarse los aliados -en su anterior jefatura, sobre todo después de haber vencido en el -combate naval de Notio. Salen los diputados, y con ellos algunos -mensajeros encargados<span class="pagenum" id="Page_45">p. 45</span> -por Ciro para presentar la misma súplica. Los lacedemonios mandan como -segundo jefe a Lisandro, pero como general de la flota a Áraco, pues -sus leyes se oponen a que una misma persona desempeñe dos veces aquel -cargo; confíanse, sin embargo, las naves a Lisandro al terminar el -vigesimoquinto año de la guerra.</p> - -<p>Durante este mismo año Ciro hizo perecer a Autobesaces y a Mitreo, -hijos ambos de la hermana de Darío e hija de Artajerjes, padre de -aquel<a id="FNanchor_72" href="#Footnote_72" class="fnanchor">[72]</a>; -porque hallándose un día a su paso no habían ocultado sus manos en las -mangas del traje, lo cual no se hace más que para el rey, pues siendo -la manga más larga que la mano, cuando esta está oculta por aquella, -nada malo puede intentarse. Hierámenes y su mujer dicen a Darío que es -indigno permita tanta osadía en Ciro, y fingiendo hallarse enfermo le -manda llamar.</p> - -<p>Al año siguiente<a id="FNanchor_73" href="#Footnote_73" -class="fnanchor">[73]</a>, siendo éforo Arquitas y Alexio arconte -en Atenas, llega Lisandro a Éfeso y hace venir de Quíos a Eteónico -con sus naves; y reuniendo las demás que se hallaban estacionadas -en distintos parajes, las hace recomponer y manda construir otras -en Antandro. Después se dirige a Ciro pidiéndole dinero, quien le -contesta ha gastado ya más de las cantidades que ha recibido del rey; -y después de mostrarle lo que ha dado a cada uno de los jefes de la -armada, le entrega lo que pide. Establece con este dinero Lisandro -comandantes<span class="pagenum" id="Page_46">p. 46</span> en las -naves, y paga el sueldo que se debe a los marineros. Por su parte los -generales atenienses equipan en Samos su flota.</p> - -<p>Ciro envía un mensajero a Lisandro, pues le ha llegado un -correo anunciándole que su padre está enfermo en Tamneria de -Media, junto a los cadusios<a id="FNanchor_74" href="#Footnote_74" -class="fnanchor">[74]</a>, contra los cuales dirigía una expedición, y -le manda llamar. Al llegar Lisandro, le prohibe librar combate a los -atenienses sin tener mayor número de naves, pues tanto el rey como él -mismo poseen bastante dinero para armar en regla una flota con este -objeto. Muéstrale al mismo tiempo los tributos pagados por las ciudades -que le pertenecen, le da el dinero restante, y después de recordarle -su particular afecto hacia los lacedemonios y hacia él mismo, marcha a -reunirse con su padre.</p> - -<p>Gracias al dinero que le ha dado Ciro al partir para donde se -halla enfermo su padre, paga Lisandro al ejército y se hace a la vela -en dirección al golfo Cerámico de Caria; ataca a Cedreas, ciudad -aliada de los atenienses, tómala por asalto al siguiente día y reduce -a la esclavitud a sus habitantes, que en gran parte eran bárbaros, -dirigiéndose después a Rodas. Los atenienses, al partir de Samos, -saquean el territorio del rey y se dirigen hacia Quíos y Éfeso, -preparándose al combate: a los generales con mando añaden Menandro, -Tideo y Cefisódoto. Mientras tanto dirígese Lisandro desde Rodas al -Helesponto, costeando Jonia, así para asegurar libre paso a las naves, -como para reducir a<span class="pagenum" id="Page_47">p. 47</span> -su deber a las ciudades que se habían emancipado. Los atenienses, -dejando Quíos, se dirigen a la alta mar, pues las costas de Asia les -eran enemigas. Lisandro, partiendo de Abido, se apodera de Lámpsaco, -aliada de los atenienses, y al ir costeando se le juntan los habitantes -de Abido bajo el mando del lacedemonio Tórax; sitian la ciudad, se -apoderan de ella por asalto, y los soldados saquean todas las riquezas, -de que está bien provista, así de vino y trigo como de toda otra clase -de provisiones. Lisandro deja en libertad a todos los ciudadanos de -ella.</p> - -<p>Los atenienses, que seguían su pista, fondean en Eleunte del -Quersoneso con ciento ochenta naves; mientras están comiendo reciben -la nueva de cuanto ha sucedido en Lámpsaco y se dirigen inmediatamente -a Sesto, de donde, después de aprovisionarse, se hacen a la vela de -dirección a Egospótamos, frente a frente de Lámpsaco, cuyo lugar dista -del Helesponto unos quince estadios, y cenan allí.</p> - -<p>A la mañana siguiente y al clarear el alba, da Lisandro la -señal para que se embarquen las tropas, que acababan de almorzar, -disponiéndolo todo para el combate; hace colocar unas bandas a modo -de barreras a los lados de las naves, y prohibe que nadie abandone su -puesto en el buque. Al salir el sol van a colocarse los atenienses en -orden de batalla delante del puerto, enfrente del enemigo; pero no -moviéndose Lisandro y comenzando a hacerse tarde, se retiran de nuevo -a Egospótamos. Ordena Lisandro sigan a los atenienses las naves más -veleras, y vuelvan así que hayan observado lo que hacen los atenienses -al desembarcar; mientras están ausentes<span class="pagenum" -id="Page_48">p. 48</span> esas naves, no permite que nadie abandone su -puesto, y lo mismo hace durante cuatro días seguidos, en los cuales los -atenienses vienen a presentarle combate.</p> - -<p>Al ver Alcibíades desde sus muros<a id="FNanchor_75" -href="#Footnote_75" class="fnanchor">[75]</a> a los atenienses anclados -junto a la playa, lejos de toda ciudad y teniendo que hacer venir por -mar los víveres desde Sesto, distante quince estadios de su estación -naval, mientras que el enemigo está en el puerto y junto a una ciudad -en la cual se encuentra todo lo necesario, díceles no han fondeado en -puerto a propósito, y les exhorta a que se sitúen delante de Sesto, en -las cercanías de un puerto y de una ciudad. «Allí —les dice— podréis -librar combate cuando queráis.» Los generales, principalmente Tideo -y Menandro, le envían noramala, pues no es él el general, sino los -que han sido elegidos para este cargo, y él se retira. Al quinto día -de presentar batalla los atenienses, da Lisandro a sus subordinados -instrucciones para que cuando vean en tierra y dispersos en busca de -víveres y provisiones a los atenienses y divertidos en mofarse de él, -regresen inmediatamente y eleven desde lejos un escudo en los mástiles. -Hácenlo así, y Lisandro manda dar la señal de partir, llevando consigo -a Tórax y su infantería.</p> - -<p>Al ver Conón que se acerca el enemigo, hace dar la señal para -que todo el mundo se embarque apresuradamente; pero los soldados -se hallaban completamente diseminados, y en algunos buques<span -class="pagenum" id="Page_49">p. 49</span> solo dos filas de remeros -estaban ocupadas, en otros una, y algunos se hallaban completamente -vacíos; únicamente la nave de Conón, con otras siete que estaban junto -a ella y la <i>Páralos</i><a id="FNanchor_76" href="#Footnote_76" -class="fnanchor">[76]</a>, consiguen la altura; todas las restantes -son tomadas junto a la costa por Lisandro, quien se apodera además -de la mayor parte de los soldados atenienses, consiguiendo solo unos -pocos huir a las aldeas próximas. Conón, que había podido escapar con -las nueve naves, viendo perdida la causa de Atenas, se detiene en el -promontorio Abárnide de Lámpsaco, donde se apodera de las grandes velas -de las naves de Lisandro, y con ocho naves se dirige a Evágoras de -Chipre, mientras que la <i>Páralos</i> toma la dirección de Atenas para -llevar la nueva de cuanto acaba de suceder.</p> - -<p>Lisandro conduce a Lámpsaco las naves, los prisioneros y todo lo -restante de que se ha apoderado, así como algunos de los generales, -entre otros Filocles y Adimanto. En este mismo día manda a Lacedemonia -para que dé la nueva de su victoria, al pirata milesio Teopompo, quien -emplea solo tres días en la travesía. Después de esto, reuniendo -Lisandro a los aliados, les pide consejo respecto al destino que se -ha de dar a los presos; numerosas acusaciones<span class="pagenum" -id="Page_50">p. 50</span> se levantan contra los atenienses y contra -los crímenes que han cometido o querían cometer, sobre todo el de -cortar la mano derecha a los prisioneros si hubiesen vencido en el -último combate, así como el de haber arrojado al mar a todos los -tripulantes de dos trirremes, una de Corinto y otra de Andros, de -que se habían apoderado; barbarie cometida por el general ateniense -Filocles. Enuméranse además muchas otras quejas, y después se decide -matar a todos los prisioneros atenienses, excepto Adimanto, por haber -sido el único que se opuso al decreto de las manos cortadas, lo cual -hizo que más tarde le acusasen en su patria de haber entregado las -naves. Lisandro, después de haber pedido a Filocles qué castigo merecía -el que había violado por primera vez las leves equitativas de Grecia, -arrojando al mar a los de Andros y Corinto, le hace decapitar.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch2_2"> - <h3>CAPÍTULO II.</h3> -</div> - -<p>Después de haber arreglado los asuntos de Lámpsaco, navega Lisandro -hacia Bizancio y Calcedonia; recíbenle los habitantes y dejan en -libertad, bajo la fe de los tratados, a las guarniciones atenienses. -Entonces huyen al Ponto los que habían entregado a Alcibíades la -ciudad de Bizancio, y más tarde se refugian en Atenas, donde se -hacen ciudadanos. Lisandro manda a Atenas a todas las guarniciones -y<span class="pagenum" id="Page_51">p. 51</span> a cuantos atenienses -encuentra, dándoles salvoconducto solo para dicha ciudad, con la -certidumbre de que cuanto mayor sea el número de los que se reúnan allí -o en el Pireo, tanto más pronto se hará sentir la falta de víveres. -Deja como gobernador lacedemonio en Bizancio y Calcedonia a Estenelao, -y él regresa a Lámpsaco<a id="FNanchor_77" href="#Footnote_77" -class="fnanchor">[77]</a>, donde hace reparar las averías de las -naves.</p> - -<p>Llega a Atenas durante la noche, la <i>Páralos</i>; espárcese -la noticia de la catástrofe, y los lamentos pasan del Pireo y de -los grandes muros a la ciudad, al transmitirse de boca en boca la -noticia; nadie duerme durante aquella noche, y los llantos son -continuos, no solo por los que habían perecido, sino sobre todo porque -comienzan a temer tendrán pronto que sufrir el mismo tratamiento que -habían antes aplicado a los melios, colonia espartana que habían -tomado a la fuerza, a los histieos, escioneos, toroneos, eginetas -y a muchos otros griegos<a id="FNanchor_78" href="#Footnote_78" -class="fnanchor">[78]</a>. Al día siguiente se reúne la asamblea y en -ella se dispone se obstruyan todos los puertos, excepto uno solo, se -reparen los muros, se establezcan guardias y, por fin, se tomen todas -las medidas necesarias para poner a la ciudad en estado de sostener un -sitio. Tal era su situación.</p> - -<p>Lisandro, partiendo del Helesponto con doscientas naves, llega a -Lesbos, donde arregla el gobierno de las otras ciudades y de Mitilene, -y envía diez<span class="pagenum" id="Page_52">p. 52</span> trirremes, -bajo el mando de Eteónico, a las plazas de Tracia para someter aquel -país a los lacedemonios. Después del combate naval, Grecia entera -abandona a los atenienses, a excepción de los habitantes de Samos, los -cuales, degollando a los notables, conservan la posesión de su ciudad. -Lisandro hace saber después de esto a Agis y a Esparta que se pone en -camino con doscientas naves.</p> - -<p>Levántanse en masa los lacedemonios y los demás peloponesios, a -excepción de los argivos, por orden de Pausanias, uno de los dos reyes -de Esparta. Reunidas las tropas, pónese a su frente Pausanias y acampa -junto a Atenas, en el gimnasio de la Academia. Al llegar Lisandro a -Egina, devuelve la ciudad a los eginetas, de los cuales había reunido -gran número, y lo propio hace con los melios y restantes pueblos que -habían sido desposeídos de sus poblaciones; después de lo cual, una vez -devastada Salamina, fondea con ciento cincuenta naves junto al Pireo e -impide la entrada a los buques que quieran dirigirse a este puerto.</p> - -<p>Sitiados por tierra y por mar los atenienses, sin saber qué -resolver, careciendo de naves, de aliados y de víveres, imaginan, -como único porvenir posible, el sufrir cuanto ellos habían realizado -con las pequeñas ciudades aliadas de Esparta, no por venganza, sino -únicamente por represalias. Por esto, rehabilitando a los que habían -sido depuestos de sus honores, sufren valerosamente el sitio, y a -pesar de los muchos que perecen de hambre, nadie se atreve a proponer -la capitulación. Sin embargo, comenzando ya a faltar el trigo, mandan -diputados a Agis proponiéndole una alianza, con la sola condición<span -class="pagenum" id="Page_53">p. 53</span> de conservar los muros y el -Pireo; pero aquel les dice que se dirijan a Esparta, por carecer él de -poderes bastantes. Traen los diputados esta respuesta a los atenienses, -y estos les envían a Lacedemonia; pero una vez llegados a Selasia, -junto a las fronteras de Laconia, y al saber los éforos que lo que -tienen orden de proponerles es lo mismo que habían indicado a Agis, -ordénanles se retiren y que vuelvan, si desean la paz, después de una -deliberación más prudente.</p> - -<p>De regreso en Atenas, anuncian los diputados al pueblo el resultado -de su misión, y sobrecoge a todos la desesperación más profunda: cada -cual se figura ya ser vendido como esclavo, y cree que hasta que se -envíen nuevos diputados habrá tiempo bastante para que perezcan de -hambre muchos ciudadanos; además no había nadie que se atreviera -a proponer la demolición de los muros, puesto que por haber dicho -Arquéstrato en el senado, que lo mejor que podía hacerse era ajustar -la paz bajo las condiciones propuestas por los lacedemonios, que era -la demolición de la grande muralla en una extensión de diez estadios -en cada uno de sus recintos, fue preso, y había sido decretado además -que no fuese permitido abrir discusión sobre este punto. Así las cosas, -Terámenes dice en la asamblea que si quieren enviarle a Lisandro, -averiguará de los lacedemonios si la condición de los muros es para -esclavizar la ciudad o solo como garantía. Es enviado y aguarda junto -a Lisandro más de tres meses, espiando el momento en que por la falta -de víveres deberán aceptar los atenienses cuanto se les proponga. Por -fin llega al cuarto mes, y anuncia en la asamblea que Lisandro<span -class="pagenum" id="Page_54">p. 54</span> le ha detenido todo este -tiempo y que después quería mandarle a Lacedemonia, pues no era dueño -de hacer por sí lo que le pedían, por ser atribución de los éforos. -Entonces se le manda en comisión a Lacedemonia con otros nueve -más, con amplios poderes; por su parte Lisandro envía, entre otros -lacedemonios, a Aristóteles, expatriado de Atenas, para anunciar a -los éforos que había contestado a Terámenes que ellos eran los únicos -que podían tratar de la paz y de la guerra. Al llegar Terámenes y los -demás enviados a Selasia, son interrogados respecto al objeto de su -venida, y al decir que tienen amplios poderes para tratar de la paz, los -éforos mandan llamarles. Convócase una reunión cuando llegan, y en -ella los corintios y principalmente los tebanos y otros muchos griegos -manifiestan no debe tratarse con Atenas, sino arrasarla; pero los -lacedemonios declaran que no reducirán a la esclavitud a una ciudad -helénica que ha prestado los mayores servicios a los griegos en sus -grandes calamidades; por lo cual se ajusta la paz bajo condición de -demoler los grandes muros y las fortificaciones del Pireo, de entregar -todas sus naves a excepción de doce, de admitir de nuevo a los -desterrados y de reconocer por amigos o por enemigos a los que lo sean -de Esparta, siguiéndola así por mar como por tierra a donde quiera. -Llevan a Atenas estas condiciones Terámenes y sus colegas, y al entrar -en la ciudad son rodeados por una inmensa multitud que temía verles -volver sin haber alcanzado nada, pues no había ya medio para sostenerse -más tiempo a causa del gran número de los que perecían de hambre. -Al día siguiente hacen conocer los diputados las condiciones<span -class="pagenum" id="Page_55">p. 55</span> bajo las cuales otorgan la -paz los lacedemonios, y habla Terámenes declarando que es preciso -someterse a todo y arrasar los muros. Algunos ciudadanos se levantan -para oponerse, pero habiéndose declarado una fuerte mayoría en favor -de aquella proposición, se acuerda aceptar la paz. Aborda entonces -Lisandro al Pireo, entran los desterrados, son derruidos los muros -con gran ardor al son de las flautas, y se considera este día como el -primero de la libertad para Grecia.</p> - -<p>Así termina este año, a mitad del cual Dionisio de Siracusa, hijo de -Hermócrates, se hace tirano, después de haber vencido los siracusanos -a los cartagineses, que tomaron más tarde, sin embargo, Agrigento por -hambre, una vez abandonada por los sicilianos.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch2_3"> - <h3>CAPÍTULO III.</h3> -</div> - -<p>El año siguiente<a id="FNanchor_79" href="#Footnote_79" -class="fnanchor">[79]</a>, en el cual tuvo lugar la olimpiada en -que Crocinas de Tesalia ganó el premio del estadio, siendo Endio -éforo en Esparta y arconte en Atenas Pitodoro, y que no cuentan -los atenienses por haber sido elegido durante la dominación de los -oligarcas, es el que llaman aquellos el año de la anarquía. Dicha -oligarquía se estableció del siguiente modo: el pueblo decretó se -eligieran<span class="pagenum" id="Page_56">p. 56</span> treinta -personas que escribiesen las leyes patrias por las que debía gobernarse -la república, y fueron elegidos Polícares, Critias, Melobio, Hipóloco, -Euclides, Hierón, Mnesíloco, Cremón, Terámenes, Aresias, Diocles, -Fedrias, Queréleo, Anecio, Pisón, Sófocles, Eratóstenes, Caricles, -Onomacles, Teognis, Esquines, Teógenes, Cleómedes, Erasístrato, Fidón, -Dracóntides, Éumates, Aristóteles, Hipómaco y Mnesítides. Después de -esto vuélvese Lisandro a Samos con la flota, y Agis sale de Decelia -con el ejército de tierra, dando licencia a cada división para que se -vuelva a su país.</p> - -<p>En este mismo tiempo, y coincidiendo con un eclipse de sol, Licofrón -de Feras, queriendo dominar en toda la Tesalia, derrota en una batalla -a los laríseos y a los demás que se le oponen, matándoles mucha gente. -En la misma época, Dionisio, el tirano de Siracusa, vencido en un -combate por los cartagineses, pierde las ciudades de Gela y Camarina. -Poco más tarde los leontinos que habitaban en Siracusa hacen decepción -a su partido y se retiran a su ciudad, al propio tiempo que era enviada -a Catana por Dionisio la caballería siracusana.</p> - -<p>Sitiados por todas partes los samios, y aunque no habían querido -acceder primeramente a las proposiciones de Lisandro, se entregan -cuando saben que había ordenado el asalto, a condición de que cada -hombre libre pudiera salir de la ciudad con el traje que lleve -puesto, pero abandonándoles todo lo restante, y así lo verifican. -Lisandro entrega más tarde la ciudad y cuanto contiene a sus antiguos -habitantes; establece en ella para su gobierno diez arcontes, -licencia las naves de los aliados para su respectiva ciudad<span -class="pagenum" id="Page_57">p. 57</span> y navega en dirección a -Esparta con su flota, llevando consigo los espolones de las naves -tomadas al enemigo, todas las trirremes del Pireo, menos doce, las -coronas que le han regalado las ciudades, cuatrocientos cincuenta -talentos que le quedaban de los tributos que para la guerra le había -concedido Ciro, y todo lo restante que había ganado en esta campaña. -Hace entrega de todo ello a los lacedemonios cuando termina el verano -en que tuvo fin la guerra, después de haber durado veintiocho años y -seis meses, durante los cuales fueron éforos los siguientes: el primero -Enesias, bajo el cual principió la guerra, quince años después de la -tregua de treinta años concertada después de la toma de Eubea; los -restantes fueron Brásidas, Isanor, Sostrátidas, Exarco, Agesístrato, -Angénidas, Onomacles, Zeuxipo, Pitias, Plístolas, Clinómaco, Ilarco, -León, Quérilas, Patesiadas, Cleóstenes, Licario, Epérato, Onomantio, -Alexípidas, Misgolaidas, Isias, Áraco, Evárquipo, Pantacles, Pitias, -Arquitas y Endio, bajo el cual volvió Lisandro a su patria, después de -haber realizado cuanto acabamos de referir.</p> - -<p>Son elegidos los Treinta al concluir de derribarse la gran muralla -y las fortificaciones del Pireo, cosa que se hace con gran prisa; -pero nombrados para redactar las leyes por las que debía gobernarse -la república, difieren siempre para otro tiempo su composición -y publicación, y mientras tanto organizan el senado y las demás -magistraturas a medida de su deseo. Después hacen prender y condenan a -muerte a cuantos eran tenidos bajo la forma democrática por vivir de -las delaciones a expensas de todas las personas honradas; el senado -les condena con gran<span class="pagenum" id="Page_58">p. 58</span> -satisfacción, y no lo ven con pena todos aquellos a quienes nada -semejante les reprocha su conciencia. Deliberan después respecto a los -medios para gobernar la ciudad en completa libertad, y para esto envían -a Esquines y a Aristóteles a Lacedemonia con el encargo de persuadir -a Lisandro mande una guarnición hasta que se hallen desembarazados de -los malos ciudadanos y hayan constituido el gobierno de la ciudad, -obligándose a proveer a su mantenimiento. Dejándose aquel persuadir, -consiguen se envíe allí la guarnición con el gobernador Calibio.</p> - -<p>Así que reciben la guarnición, tratan los atenienses a Calibio -con todos los miramientos posibles, a fin de que apruebe este cuanto -hagan, y habiendo puesto aquel a su disposición todos los soldados que -necesiten, comienzan a prender, no solo a los malvados y a las personas -de humilde clase, sino también a cuantos consideran poco dispuestos -a tolerar las injusticias y a cuantos pueden reunir cierto número de -partidarios para resistirles.</p> - -<p>En sus primeros tiempos, Critias y Terámenes tenían las mismas -opiniones y estaban unidos por la amistad; pero como mostrara Critias -gran ardor para hacer perecer a muchos, por haber sido antes desterrado -por el pueblo, se le opuso Terámenes diciéndole no era justo condenar a -muerte a los que gozaban de la estimación del pueblo y que ningún daño -habían hecho a la gente honrada.</p> - -<p>—«Así tú como yo —añadió— hemos dicho y hecho muchas cosas para -agradar al pueblo.»</p> - -<p>Pero Critias, que era aún íntimo de Terámenes, le contesta que no es -posible dejar de deshacerse de personas capaces de oponer obstáculos a -su dominación.</p> - -<p>—«Si crees que porque somos<span class="pagenum" id="Page_59">p. -59</span> treinta y no uno solo, no debemos vigilar por nuestro mando -como en una tiranía, eres muy inocente.»</p> - -<p>Sin embargo, habiéndose concertado públicamente mucha gente, a causa -de la injusta muerte de varios ciudadanos, censurando los actos de este -gobierno, Terámenes hace presente de nuevo, que la oligarquía será de -corta duración si no se procura robustecerla con hombres versados en -los negocios. Temiendo entonces Critias y los demás de los Treinta -la influencia de Terámenes sobre los otros ciudadanos dispuestos a -agruparse a su alrededor, forman una lista de tres mil individuos que -deben asociárseles en la gestión de la república. Declara seguidamente -Terámenes que esto le parecía muy absurdo, ante todo porque queriendo -asociarse a todos los buenos ciudadanos, lo hacían solo con tres mil, -como si este número debiera contener únicamente personas honradas, -o bien como si fuera de estos tres mil no hubiese hombres celosos -de las cosas públicas, o finalmente, como si no pudiesen entrar en -este número algunos malvados. «Además —añade—, os veo hacer dos cosas -enteramente opuestas: un gobierno violento y a la par más débil que -los gobernados.» Eso dijo. Pero los Treinta, habiendo reunido en la -plaza pública a los tres mil, convocando en otro lugar a los que -no estaban incluidos en la lista, mandan a aquellos vayan a buscar -sus armas, y una vez se han marchado, envían a sus soldados y a los -ciudadanos que eran de su partido a recoger las armas de todos los -que no constan en dicha lista, haciéndolas después transportar a la -acrópolis y depositarlas en el templo. Hecho esto, y siéndoles ya<span -class="pagenum" id="Page_60">p. 60</span> todo posible, condenan a -muerte a muchos ciudadanos únicamente por enemistad y a otros por sus -riquezas. Deciden asimismo, con objeto de tener con qué pagar a la -guarnición, prenda cada uno de ellos a un meteco, y después de darle -muerte le sean confiscados sus bienes. Mandan entonces a Terámenes que -escoja el que bien le parezca; pero este contesta:</p> - -<p>—«No me parece honroso que aquellos que se tienen por los más -excelentes ciudadanos puedan obrar con más injusticia que los -delatores, porque estos a lo menos dejan la vida a aquellos a quienes -quitan las riquezas, ¿y nosotros, sin que nos hayan dañado en lo más -mínimo, condenaremos a muerte a esa gente para confiscarles su fortuna? -¿Acaso no será más injusta esta conducta que la suya?»</p> - -<p>Los demás, al ver que Terámenes va a convertirse en un obstáculo a -sus proyectos, le tienden toda clase de asechanzas y le calumnian ante -cada uno de los senadores como si quisiera destruir el gobierno actual. -Por fin incitan a algunos jóvenes, que les parecen suficientemente -audaces, para que armados de puñales se dirijan con ellos al senado -cuando esté reunido. Así que aparece Terámenes, se levanta Critias y -dice:</p> - -<p class="mt1">«Senadores, si alguno de vosotros cree se han decretado -más muertes de las que exigían las circunstancias, reflexione que en -todas partes, durante las revoluciones, sucede lo mismo, y que aquellos -que han establecido la oligarquía deben contar necesariamente con -gran número de enemigos en una ciudad que es, no solo la más poblada -de todas las de Grecia, sino también aquella en la que el pueblo -ha disfrutado de libertad durante más tiempo. No ignoráis tampoco -cuán duro<span class="pagenum" id="Page_61">p. 61</span> ha sido el -gobierno democrático para con nosotros; así, como nunca el pueblo -fue amigo de los lacedemonios que nos han salvado, mientras por el -contrario pueden contar seguramente con la fidelidad de los mejores -ciudadanos, establecimos de concierto con aquellos el actual gobierno -y donde quiera que vemos un enemigo de la oligarquía, hacemos cuanto -podemos para deshacernos de él. Pues bien: más justo aún nos parece -que si alguno de nosotros mismos procura dañar al actual gobierno, -sufra por ello la justa pena: eso es lo que hemos observado en -Terámenes, aquí presente, que procura perdernos miserablemente con -todas sus fuerzas. Fácilmente comprenderéis la verdad de lo que os -digo, considerando que no puede hallarse quien critique y se oponga -a nuestros planes, cuando queremos deshacernos de algún demagogo, -como lo hace Terámenes. Si así hubiese pensado desde el principio, le -tendríamos como enemigo, pero nadie podría considerarle como un hombre -perverso. Él ha sido, sin embargo, el primero que trató de la alianza -y amistad con Lacedemonia; él el primero que ha querido derribar la -democracia; él quien nos invitó más vivamente a castigar con la última -pena a los primeros acusados que fueron conducidos ante nosotros; y -ahora que tanto yo como vosotros somos considerados como enemigos -manifiestos del pueblo, no aprueba ya lo que se hace, sin duda para -ponerse al abrigo y para dejarnos responsables de todas las culpas.</p> - -<p>»Por esto, no solo es preciso castigarle como un enemigo, sino como -un traidor hacia todos nosotros. Y ciertamente es tanto más grave -que la guerra la traición, cuanto más es difícil resguardarse<span -class="pagenum" id="Page_62">p. 62</span> de los golpes invisibles que -de los visibles, y tanto más odiosa, cuanto que puede tratarse con los -enemigos y hacerse con ellos alianza, mientras que jamás puede tratarse -ni tenerse la más mínima confianza con el que ha sido reconocido una -vez por traidor. Con el objeto de que conozcáis que no es nueva para -él esta manera de obrar, sino que es traidor por naturaleza, voy a -recordaros algunos de sus actos anteriores.</p> - -<p>»Honrado en un principio a causa de su padre Hagnón, mostrose uno -de los más fogosos para que se entregase la democracia en manos de los -cuatrocientos, entre los cuales ocupó el primer lugar. Pero más tarde, -habiéndose apercibido de que se había levantado gran oposición contra -la oligarquía, fue también el primero en ponerse a la cabeza del pueblo -contra aquellos, por lo cual recibió el apodo de <i>Coturno</i><a -id="FNanchor_80" href="#Footnote_80" class="fnanchor">[80]</a>, -porque este se ajusta del mismo modo a cualquiera de los pies. Es -preciso, Terámenes, que el hombre digno no comprometa hábilmente a sus -partidarios en empresas que abandone él mismo así que se presenta un -obstáculo, sino que en cierto modo se halla sobre una nave y en ella -debe trabajar hasta que sopla el viento favorable, porque si no, ¿cómo -llegaría dicha nave a alcanzar el punto de destino si a cada obstáculo -volvía hacia atrás?</p> - -<p>»Ciertamente son sangrientas todas las revoluciones; pero tú mismo, -por tu facilidad en cambiar de partido, te has hecho cómplice así -de la muerte de<span class="pagenum" id="Page_63">p. 63</span> los -oligarcas que perecieron a manos del pueblo, como de la de aquellos -demócratas condenados por el gobierno aristocrático. Este es el -mismo Terámenes que habiendo recibido de los generales el encargo de -recoger los cuerpos de los atenienses que habían naufragado en el -combate naval junto a Lesbos, no solo no los recogió, sino que para -salvarse acusó a los generales e hizo condenarles a muerte. Pero ¿cómo -podríamos perdonar a un hombre ocupado únicamente en satisfacer su -ambición, sin cuidarse en lo más mínimo ni del honor ni de sus amigos? -¿Ni cómo no guardarnos de él, sabiendo sus repentinos cambios, para -que no pueda hacer lo mismo con nosotros? Por esto acusamos a este -hombre como conspirador y como procurando hacernos traición a todos. -Reflexionad sobre esto, y veréis cuánta razón tenemos al formular -esta acusación. Dícese que la mejor constitución de gobierno es la de -los espartanos; pues bien, si entre ellos uno de los éforos procurase -criticar al gobierno o hacer oposición a sus actos en vez de obedecer -ciegamente las decisiones de la mayoría, ¿no creéis que así por los -éforos como por todo el resto de la ciudad se le consideraría como -merecedor del más grande castigo? Vosotros, pues, también, si queréis -obrar con prudencia, no absolveréis en modo alguno a este, para poder -conservaros vosotros, puesto que si le perdonáis aumentará el número y -la audacia de vuestros adversarios, y si perece, en cambio, perderán -las esperanzas cuantos le son afines en ideas, así dentro como fuera de -la ciudad.»</p> - -<p class="mt1">Dicho esto, se sienta, y levantándose Terámenes, -dice:</p> - -<p class="mt1">«Ciudadanos, debo ante todo recoger el último<span -class="pagenum" id="Page_64">p. 64</span> cargo que se ha formulado -contra mí. Dice Critias que he hecho perecer a los generales por -haberlos acusado; pero no fui yo quien principió los ataques; ellos -mismos fueron los que sostuvieron que a pesar de sus órdenes no -recogí los desgraciados del combate de Lesbos. Defendime diciendo -era imposible a causa de la tormenta aguantar la mar, y con mayor -motivo recoger los cuerpos; la ciudad en masa aprobó mi defensa, y los -generales parecieron acusarse a sí mismos, puesto que afirmaban era -posible salvar a los soldados, y sin embargo al marchar con la flota -habían preferido dejarles perecer.</p> - -<p>»Por lo demás, no me admiro de que me acuse Critias injustamente: -cuando tenían lugar aquellos sucesos no estaba él presente, pues -había ido a Tesalia, donde con Prometeo se esforzaba en establecer -la democracia y armaba contra sus dueños a los mismos esclavos<a -id="FNanchor_81" href="#Footnote_81" class="fnanchor">[81]</a>. ¡Ojalá -no pueda reproducir aquí cuanto allí realizó! Estoy con él acorde en -un solo punto, y es, en que merece los mayores castigos todo aquel que -quiere derribaros o fortalecer a los que contra vosotros conspiran; -pero fácil os será, según creo, decidir quién es el que se conduce -así, reflexionando un momento tan solo sobre la conducta actual y la -conducta pasada de cada uno de nosotros.</p> - -<p>»Mientras se constituía este senado; mientras elegíais los -magistrados y se citaba a juicio a los delatores por todos -conocidos, estuvimos todos conformes en el mismo modo de pensar; -pero cuando se principió a prender a los hombres honrados y<span -class="pagenum" id="Page_65">p. 65</span> pacíficos, entonces fue -cuando comencé a pensar de un modo contrario al de mis colegas, -porque sabía que si se hacía morir sin haber cometido el más pequeño -crimen a un León de Salamina<a id="FNanchor_82" href="#Footnote_82" -class="fnanchor">[82]</a>, considerado, con razón, como un hombre -egregio, todos los que se le parecen vendrían a temer para ellos mismos -una suerte igual, y este temor haría de ellos otros tantos enemigos del -actual gobierno; conocía también que si se prendía a Nicérato, hijo -de Nicias, ciudadano rico y que jamás había hecho nada con objeto de -lisonjear a la plebe, ni él ni su padre, se convertirían en enemigos -nuestros todos los ciudadanos a ellos parecidos; también sabía, cuando -hicisteis perecer a Antifón<a id="FNanchor_83" href="#Footnote_83" -class="fnanchor">[83]</a>, quien durante la guerra había proporcionado -dos trirremes completamente equipadas, que os mirarían con desconfianza -todos aquellos que habían mostrado celo por la república. Por esto -combatí cuanto pude la proposición de aquellos que querían nos -apoderásemos cada uno de nosotros de un meteco; pues era evidente -que una vez muertos los primeros de estos, todos los restantes se -convertirían en enemigos del gobierno; opúseme también a que se tomasen -las armas al pueblo, pues no creí debiera debilitarse la ciudad, -convencido de que si los lacedemonios nos habían salvado no era para -que reducidos a un pequeño número nos hallásemos imposibilitados -para ayudarles, ya que, si esto hubiesen querido, podían habernos -dejado a todos sin vida haciendo durar por más<span class="pagenum" -id="Page_66">p. 66</span> tiempo el hambre que por el sitio padecíamos. -No he sido yo tampoco el que aprobase la gestión de obtener una -guarnición a sueldo, cuando nos era posible rodearnos de cierto número -de ciudadanos por medio de los cuales fácilmente hubiéramos podido -hacernos respetar. Tampoco me pareció oportuno, al ver en la ciudad -muchas personas descontentas del gobierno y gran número de expatriados, -desterrar a Trasíbulo, Anito y Alcibíades, pues estaba cierto que -adquiriría gran fuerza la oposición si hábiles jefes se ponían al -frente de la multitud, y si entreveían como posible poder contar con un -gran número de aliados aquellos que aspiraban al poder.</p> - -<p>»Y aquel que da tales avisos ¿debe ser considerado como traidor, o -por el contrario, debe tenérsele por un buen amigo? No son, Critias, -verdaderos enemigos los que impiden acrecer las fuerzas de los -adversarios, ni los que enseñan los medios para adquirir mayor número -de aliados, sino más bien aquellos que injustamente arrebatan las -riquezas de la gente honrada y condenan a muerte a los inocentes: -estos son los que aumentan el número de los enemigos y los que hacen -traición, no solo a sus amigos, sino a ellos mismos, movidos por una -culpable codicia. Si aún no estáis bastante convencidos de las verdades -que os digo, reflexionad un poco más conmigo. ¿Qué os parece preferirán -que aquí suceda Trasíbulo, Anito y los demás desterrados: lo que os -aconsejo, o lo que hacen todos estos? Creo que ahora piensan hallar -aliados en todas partes; pero en cambio, si los elementos más poderosos -de la población estuviesen por nosotros, no se atreverían<span -class="pagenum" id="Page_67">p. 67</span> ni siquiera a poner el pie en -la parte más remota del país.</p> - -<p>»En cuanto a lo que ha dicho este respecto a mis mutaciones -políticas, considerad que el pueblo había votado por sí mismo el -gobierno de los cuatrocientos<a id="FNanchor_84" href="#Footnote_84" -class="fnanchor">[84]</a>, juzgando que los espartanos confiarían más -en un gobierno de cualquier clase que fuese, que en la democracia; sin -embargo, no dejándonos estos ni un momento de reposo, y siendo público -que los jefes Aristóteles, Melantio y Aristarco construían un fuerte -sobre los diques, en el que querían introducir al enemigo, a fin de -alzarse ellos y sus amigos con el mando de la ciudad, el haberme yo -opuesto a sus designios así que me fue notorio, ¿debe ser considerado -como un acto propio del que hace traición a sus amigos?</p> - -<p>»Llámame <i>Coturno</i> porque procuro ajustarme a los dos partidos: -¡muy bien! pero, por los dioses, ¿cómo debe llamarse aquel que no -sabe ajustarse a ninguno? Porque, oh Critias, bajo la democracia -te consideraban como el mayor enemigo del pueblo, y ahora, bajo la -aristocracia, solo has sabido conquistarte el más fuerte odio de los -hombres honrados. En cuanto a mí, he declarado guerra permanente a -cuantos creen que solo es buena una democracia cuando toman parte -en el poder hasta los mismos esclavos y aquellos que por su pobreza -venderían por una dracma al estado; y combato sin tregua del mismo modo -a aquellos que creen es buena oligarquía la que somete la ciudad a la -tiranía de unos pocos.<span class="pagenum" id="Page_68">p. 68</span> -Siempre he creído que lo más conveniente era unirse a los hombres de -mérito, y robusteciéndolos con la caballería y los escudos, apoyar -al gobierno, y no he variado aún hoy de modo de pensar; si puedes -decir, Critias, dónde y cuándo me has visto, o con el pueblo o con los -tiranos, procurando arrebatar el gobierno a las gentes honradas, habla -y dilo, porque si me convences de que medito hoy este crimen, o de que -lo he perpetrado en otro tiempo, convengo en que soy digno de perecer -entre los más atroces suplicios.»</p> - -<p class="mt1">Así que cesó de hablar se oye en el senado un murmullo -de aprobación, y Critias, comprendiendo que si deja decidir la suerte -de Terámenes por los senadores, va a ser absuelto, lo que considera -como intolerable y afrentoso, se adelanta, y después de haber -conferenciado un instante con los Treinta, ordena a la gente que había -hecho ir allí armada de puñales, se coloque frente al consejo y junto a -las puertas. Volviéndose después a la asamblea, les dice:</p> - -<p class="mt1">«Senadores: creo del deber de un buen presidente<a -id="FNanchor_85" href="#Footnote_85" class="fnanchor">[85]</a> no -permitir sean engañados sus amigos cuando de ello se apercibe: esto -es lo que voy a hacer. Toda esta gente que veis aquí ante vosotros, -declara no consentirá absolvamos a un hombre que públicamente trabaja -para derribar la oligarquía. Según las nuevas leyes, ningún ciudadano -incluido en la lista de los tres mil puede ser condenado a muerte -sin vuestra aprobación; pero los Treinta son<span class="pagenum" -id="Page_69">p. 69</span> dueños de hacerlo respecto a los que no están -incluidos en ella. Pues bien, de acuerdo con todos mis colegas, borro -de esta lista a Terámenes, que está presente, y a este hombre, ya -simple particular, añade, le condenamos a muerte.»</p> - -<p class="mt1">Al oír estas palabras Terámenes, corre hacia el altar de -Vesta y dice:</p> - -<p class="mt1">«Ciudadanos: os suplico me concedáis la petición más -legítima que nadie os pueda dirigir, y es, que no se permita a Critias -borrar ni a mi ni a cualquiera de vosotros por su sola voluntad del -número de los tres mil, sino que, por el contrario, tanto a vosotros -como a mí se nos juzgue según la ley que rige para los que están -inscritos en la lista. No ignoro que este altar de nada podrá servirme, -los dioses me son testigos de ello; pero quiero rasgar el velo de la -atroz injusticia de todos estos hacia los hombres, y de su impiedad -sin límite hacia los dioses. Sin embargo, honrados ciudadanos, lléname -de asombro el que no procuréis poneros a cubierto de las asechanzas de -todos estos, pues bien sabéis que no es mi nombre más fácil de borrar -de la lista que el de cualquiera de vosotros.»</p> - -<p class="mt1">Inmediatamente el heraldo de los Treinta ordena a los -Once prendan a Terámenes, y entran estos con sus criados, teniendo a su -cabeza a Sátiro, el más audaz y el más desvergonzado de todos. Critias -les dice:</p> - -<p>—«Os entregamos a Terámenes, que aquí veis, condenado según la ley; -apoderaos de él, y después de conducirle donde sabéis, haced con él lo -que deben hacer los Once.»</p> - -<p>Apenas dice estas palabras, Sátiro, con ayuda de sus criados, -arranca del altar a Terámenes; como puede suponerse, este implora a los -dioses y a los<span class="pagenum" id="Page_70">p. 70</span> hombres -sobre la infamia que sufre; pero el senado no se conmueve, sobre todo -cuando ve colocados junto a las puertas a hombres semejantes a Sátiro, -y llena de guardias toda la sala del tribunal, sin que ignoren tampoco -están preparados los hombres armados de puñales.</p> - -<p>Llévanse aquellos a través del foro al acusado, quien se lamenta -en alta voz del tratamiento que le hacen sufrir. Cuéntase de él -que, diciéndole Sátiro lo pasará mal si no se calla, le pregunta: -«¿Y si me callo, qué pena me darás?» Después, cuando obligado a -morir bebe la cicuta, se pretende derramó las últimas gotas como -si jugase a los cotabos<a id="FNanchor_86" href="#Footnote_86" -class="fnanchor">[86]</a>, diciendo: «Esto para el hermoso Critias.» -Bien sé que todas esas frases carecen de valor; pero hay que -admirar, sin embargo, a un hombre que cara a cara con la muerte no -pierde ni su presencia de ánimo ni su buen humor<a id="FNanchor_87" -href="#Footnote_87" class="fnanchor">[87]</a>.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch2_4"> - <h3>CAPÍTULO IV.</h3> -</div> - -<p>Así murió Terámenes. Libres entonces los Treinta para ejercer -sin temor su tiranía, prohíben entrar en la ciudad a los que no -están inscritos en la lista, y les arrancan de sus propiedades para -apoderarse<span class="pagenum" id="Page_71">p. 71</span> de sus -tierras y para repartírselas con sus amigos; huyen muchos al Pireo; -pero habiendo hecho prender allí a gran número de ellos, se refugian en -Mégara y en Tebas.</p> - -<p>Mientras tanto, Trasíbulo, con unos cincuenta compañeros, sale de -Tebas y se apodera de la fortaleza de File. Avanzan contra él los -Treinta con los tres mil y su caballería, haciendo un tiempo magnífico: -así que llegaron, algunos jóvenes de los más ardientes se arrojan -al asalto de la plaza, pero nada consiguen y se retiran con muchos -heridos. Queriendo los Treinta sitiar la fortaleza a fin de interceptar -la entrada de víveres e incomunicarles con sus partidarios, sobreviene -durante la noche una gran nevada, que continúa al día siguiente. -Retíranse entonces a la ciudad envueltos por la nieve, mientras caen -muchos de los escevóforos<a id="FNanchor_88" href="#Footnote_88" -class="fnanchor">[88]</a> bajo los golpes de los de File. Comprendiendo -los Treinta que será saqueada la campiña si no colocan en ella -centinelas, envían a las fronteras la guarnición lacedemonia, fuera -de algunos soldados y dos escuadrones de caballería, a unos quince -estadios de File. Estas tropas acampan para la vigilancia, en un lugar -protegido por los árboles.</p> - -<p>Trasíbulo, que había reunido ya en File unos setecientos hombres, -tómalos consigo y sale de la ciudad durante la noche, apostándose con -los suyos sobre las armas, a unos tres o cuatro estadios del cuerpo -de observación, y allí se quedan a la expectativa. Por la mañana se -levantan los soldados, unos<span class="pagenum" id="Page_72">p. -72</span> después de otros, y van en busca de las armas, así como -los palafreneros con el cepillo en la mano principian a almohazar -con estrépito los caballos; inmediatamente Trasíbulo con los suyos -se arrojan sobre ellos a la carrera con las armas en la mano: hacen -algunos prisioneros y los persiguen por espacio de seis o siete -estadios, matando a más de ciento veinte hoplitas, y entre los de -caballería a Nicóstrato, llamado por sobrenombre el hermoso, y a -otros dos que sorprendieron aún durmiendo. Terminada la persecución -levantan un trofeo, recogen las armas y el botín y regresan a File. -La caballería que había salido de Atenas en auxilio de los suyos, no -encuentra ya ningún enemigo y aguarda únicamente a que los parientes -levanten los cadáveres de los que han perecido, para regresar a la -ciudad.</p> - -<p>Después de esto, los Treinta, no considerándose ya seguros en la -ciudad, quieren robustecer su dominación en Eleusis, a fin de encontrar -allí un refugio en caso de necesidad. Critias y los otros Treinta, -dando las órdenes a la caballería, se dirigen a dicha población, donde -les pasan revista, y bajo pretexto de saber con exactitud el número -de los habitantes y las fuerzas de la guarnición, ordenan a todo el -mundo se inscriba en una lista; a medida que se inscribía cada uno, se -le hacía salir por la puerta que da al mar, a ambos lados de la cual -estaba la caballería en dos filas, y cuantos salían eran atados en -seguida por los servidores de los Once. Así que están todos reunidos, -recibe Lisímaco, jefe de la caballería, orden de escoltarlos y -entregarlos a los Once.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_73">p. 73</span>Al día siguiente, -convocan en el Odeón<a id="FNanchor_89" href="#Footnote_89" -class="fnanchor">[89]</a> a los hoplitas cuyos nombres están en las -listas y a los restantes de caballería; levantándose después Critias, -les dice:</p> - -<p class="mt1">«Ciudadanos: tanto en nuestro interés como en el -vuestro, procuremos consolidar nuestro gobierno: por esto debéis -participar también de los peligros, ya que participáis de los honores; -por esto es preciso votéis la condenación de los eleusinos aquí -reunidos para que tengáis nuestras mismas esperanzas, al propio tiempo -que nuestros propios temores.»</p> - -<p class="mt1">Señalando entonces cierto lugar destinado a la votación, -les manda dar públicamente su voto. En el centro del Odeón se hallaba -sobre las armas toda la guarnición espartana. Todo esto fue aprobado -por algunos ciudadanos que no iban en busca de otra cosa que de su -interés personal.</p> - -<p>Mientras tanto, Trasíbulo, poniéndose al frente de los de File, cuyo -número se aproximaba a mil, llega de noche al Pireo. Así que reciben -los Treinta esta noticia, ponen sobre las armas a los lacedemonios, -a la caballería y a los hoplitas y se dirigen hacia la carretera que -conduce al Pireo. Los de File intentan primero rechazarlos, pero como -la extensión del círculo necesitaba muchas guardias y ellos eran aún -poco numerosos, se retiran todos a Muniquia. Reúnense los de la ciudad -en el ágora de Hipódamo y se ordenan de modo que llenan por completo -el camino que va al templo de Diana y al Bendideo<a id="FNanchor_90" -href="#Footnote_90" class="fnanchor">[90]</a>; no tenían menos de -cincuenta escudos de<span class="pagenum" id="Page_74">p. 74</span> -fondo. Formados así, se ponen en marcha; pero entonces los de -File llenan también por su parte el camino y se colocan a diez -hoplitas en fondo, detrás colócanse los peltastas y los arqueros, y -finalmente, después de todos, los honderos. Su número había aumentado -considerablemente, pues se les habían juntado los habitantes de aquel -lugar. Mientras se acerca el enemigo, Trasíbulo manda a los suyos -depongan sus escudos, y haciéndolo también él, aunque conservando las -otras armas, y colocándose en el centro de su ejército, les dice:</p> - -<p class="mt1">«Ciudadanos: debo hacer saber a algunos, y recordar -a los demás, que los que se dirigen a nosotros en su ala derecha se -componen de tropas que habéis derrotado y perseguido hace cinco días, -y en la extremidad de su ala izquierda contienen a esos Treinta que a -pesar de nuestra inocencia nos privaron de la patria, nos arrojaron de -nuestras casas y han proscrito y expoliado los bienes de nuestros más -caros amigos; hállanse ahora en una situación que no habían previsto -y que siempre hemos deseado, puesto que tenemos armas y estamos -frente a ellos. Los mismos dioses combatirán por nosotros, después -de haberles visto apoderarse de nuestras personas y bienes durante -nuestras comidas, mientras dormíamos y en la misma plaza pública, -no solo sin haberles hecho el más mínimo daño, sino sin que nuestra -permanencia haya motivado el destierro. En efecto, desencadenan una -tormenta cuando el tiempo estaba despejado para que nos aprovechemos de -ello, y cuando ensayamos dirigirnos a ellos nos permiten levantar el -trofeo de una victoria sobre numerosos enemigos, siendo escasísimo el -número<span class="pagenum" id="Page_75">p. 75</span> de los nuestros; -y ahora mismo nos invitan a pelear en un terreno donde, obligados -nuestros enemigos a subir una cuesta, no pueden arrojarnos ni dardos -ni flechas, mientras que nosotros con solo dejar caer las picas, los -dardos y las piedras estamos seguros de tocarles y de herirles en gran -número. Y que nadie crea que al menos sus primeras filas combatirán con -ventaja, puesto que si arrojáis con valor, como es preciso, vuestros -dardos, ninguno dejará de alcanzar a uno de aquellos que llenan por -completo el camino, y que obligados a cubrirse siempre con sus escudos -para protegerse, nos permitirán fácilmente dar sobre ellos como si -estuviesen ciegos y dispersarlos cuando les ataquemos. Es preciso, -soldados, que cada uno de vosotros combata hoy de modo que alcance el -testimonio de haber contribuido en gran manera a la victoria, porque, -si Dios quiere, ha de devolvernos esta nuestra patria, nuestros -hogares, la libertad, los honores y las esposas e hijos a los que son -jefes de familia. ¡Felices aquellos de vosotros que, sobreviviendo a la -victoria, vean día tan afortunado; y felices también los que tengan que -morir para alcanzarla, pues ningún rico podrá obtener jamás monumento -funerario tan glorioso! Cuando llegue el momento entonaré el peán, -invocaremos después a Enialio<a id="FNanchor_91" href="#Footnote_91" -class="fnanchor">[91]</a> y todos entonces, de consuno, nos arrojaremos -sobre nuestros enemigos para castigar a los que nos han insultado.»</p> - -<p class="mt1">Dicho esto, se vuelve de cara a los enemigos y se -mantiene a la expectativa, pues el augur le había<span class="pagenum" -id="Page_76">p. 76</span> recomendado no ordenase el ataque hasta que -alguno de ellos hubiese sido muerto o herido. «Haciéndolo así —había -dicho— os guiaré a la victoria, que se inclinará hacia vosotros, -aunque preveo me costará a mí la vida.» Y no mintió, pues habiendo -tomado las tropas sus armas, arrójase él el primero, como arrastrado -por su destino, sobre los enemigos, hallando entre ellos la muerte y -siendo enterrado en el paso del Cefiso: quedan los otros vencedores -y persiguen hasta la llanura a los enemigos. Critias e Hipómaco, -dos de los Treinta, quedan entre los muertos, del propio modo que -Cármides, hijo de Glauco<a id="FNanchor_92" href="#Footnote_92" -class="fnanchor">[92]</a>, uno de los diez comandantes del Pireo, -además de unos setenta de los contrarios; apodéranse<span -class="pagenum" id="Page_77">p. 77</span> de las armas los vencedores, -aunque sin despojar de las túnicas a sus conciudadanos; después de -lo cual, y una vez devueltos los muertos por<span class="pagenum" -id="Page_78">p. 78</span> medio de una tregua, dirígense unos a otros -hablando entre sí, y Cleócrito, heraldo de los Iniciados que tenía una -voz muy fuerte, después de pedir silencio, dice:</p> - -<p class="mt1">«Ciudadanos: ¿por qué nos perseguís, por qué queréis -matarnos? Jamás os hemos hecho daño alguno; por el contrario, hemos -tomado parte con vosotros en los actos religiosos más solemnes, en los -sacrificios y en las fiestas más espléndidas; juntos estuvimos en los -mismos coros, en las mismas escuelas y bajo las mismas banderas, y -tanto por tierra como por mar, hemos corrido con vosotros los mismos -peligros para la salvación común y para la mutua libertad. En nombre -de los dioses paternos y maternos, por la comunidad de origen, por la -familia y por la amistad que nos son comunes con la mayor parte de -vosotros, respetando a los dioses y a los hombres, cesad de faltar a -la patria, dejad de obedecer a esos Treinta, los más impíos de entre -los hombres, quienes por su particular interés han hecho morir durante -ocho meses a un número de atenienses igual o mayor al que durante diez -años ha perecido por la guerra con los peloponesios. Fácil era vivir -en paz bajo nuestro gobierno, y sin embargo ellos han encendido la más -deshonrosa de las guerras entre nosotros y la más terrible, impía e -inicua ante los dioses y ante los hombres. Sabed<span class="pagenum" -id="Page_79">p. 79</span> que no habéis sido vosotros solos, sino -también nosotros, los que han derramado abundantes lágrimas sobre los -cuerpos de los que hoy han perecido.»</p> - -<p class="mt1">Esto dijo, y los restantes jefes, después de oírle, -mandan retirar a los suyos a la ciudad. Al día siguiente, humillados -y abandonados por completo, vienen los Treinta a ocupar sus asientos -en el senado y los tres mil no hacen más que disputarse en cualquier -lugar en que se sienten. Cuantos habían cometido alguna violencia y -temían por lo mismo por su seguridad, sostienen con fuego no debe -cederse cobardemente a los del Pireo, mientras que aquellos a quienes -no remuerde su conciencia el haber obrado injustamente, reflexionan -con serenidad y hacen comprender a los demás que ninguna necesidad les -obliga a sufrir tantas calamidades, y declaran no deben ya prestar -más obediencia a los Treinta, ni dejarles consumar la perdición de la -ciudad. Decretan, finalmente, la deposición de aquellos y la elección -de otros jefes, los cuales son nombrados en número de diez, uno por -cada tribu.</p> - -<p>Los Treinta se refugian en Eleusis, y en la ciudad los Diez se -ocupan con los jefes de la caballería en calmar los turbados y abatidos -ánimos. La caballería pernocta en el Odeón con sus caballos y escudos, -y en su desconfianza, montan desde el anochecer las guardias sobre -la muralla, armados con los escudos, y por la mañana vuelven a tomar -los caballos, temiendo continuamente un ataque repentino de los del -Pireo. Estos, que habían crecido en número, y a quienes de todas -partes llegaban nuevos reclutas, constrúyense escudos, tanto de madera -como de mimbres, que pintan después de blanco,<span class="pagenum" -id="Page_80">p. 80</span> y luego, apenas han transcurrido diez días, -y habiendo proclamado la igualdad de tributos para todos los que con -ellos combatieran, aunque fuesen extranjeros, salen en gran número, así -de hoplitas como de gimnetas<a id="FNanchor_93" href="#Footnote_93" -class="fnanchor">[93]</a>, teniendo además unos setenta caballos; y -después de forrajear y de coger leña y frutos, vuelven a pernoctar en -el Pireo. Nadie salía armado de la ciudad, fuera de la caballería, -que se arrojaba de tiempo en tiempo sobre los exploradores del Pireo, -maltratando sus partidas. Encuentran en cierta ocasión algunos eonios -que se dirigían a sus tierras en busca de provisiones, y el comandante -de la caballería, Lisímaco, los hace degollar, a pesar de las súplicas -y de la indignación de varios de sus soldados. En represalias, los del -Pireo dan la muerte a Calístrato, de la tribu leóntida, uno de los -caballeros de quien se habían apoderado en el campo, pues tenían ya -tal confianza, que llegaban en sus excursiones hasta los mismos muros -de Atenas. Debe referirse aquí la idea que tuvo el ingeniero de la -ciudad, que al saber quieren los enemigos aproximar sus máquinas de -guerra al Liceo por la carretera, emplea todos los animales de acarreo -en transportar enormes piedras y esparcirlas sin orden ni concierto -por aquellos, lo cual hizo que cada piedra causase muchas molestias al -enemigo.</p> - -<p>Los Treinta envían desde Eleusis a Lacedemonia diputados de -entre los ciudadanos de Atenas inscritos en la lista, pidiendo -socorros, bajo pretexto de que el pueblo se ha sublevado contra los -lacedemonios.<span class="pagenum" id="Page_81">p. 81</span> Lisandro, -reflexionando que es imposible forzar en poco tiempo a los del Pireo -sitiándolos por tierra y por mar y cortándoles los víveres, consigue -se destinen cien talentos a esta expedición y que se le envíe como -gobernador y jefe del ejército de tierra, y a su hermano Libis como -comandante de la flota, y dirigiéndose a Eleusis reúne muchos hoplitas -peloponesios, mientras el comandante de las naves vigila la costa para -que no reciban ninguna clase de víveres los sitiados; de manera que -pronto los del Pireo sufren grandemente por la falta de provisiones, -mientras que los de la ciudad vuelven a hallarse en la abundancia con -la llegada de Lisandro.</p> - -<p>Así las cosas, el rey Pausanias, envidioso de Lisandro y temiendo -que si consigue sus propósitos adquiera gran consideración y pueda -reducir bajo su dominio particular el territorio de Atenas, después -de ganar a tres de los éforos, sale de Atenas con la guarnición y -acompañado de todos los aliados, fuera de los beocios y corintios, -que dicen creerían faltar a sus juramentos si se dirigían contra -los atenienses que no han violado tratado alguno, pero que en -realidad obran así porque conocen quieren los espartanos apropiarse -y hacerse dueños del territorio ateniense. Pausanias sienta su campo -junto al Pireo, en el lugar llamado Halipedón<a id="FNanchor_94" -href="#Footnote_94" class="fnanchor">[94]</a>; manda por sí mismo -el ala derecha, y Lisandro con los mercenarios la izquierda. Envía -Pausanias delegados a los del Pireo, ordenándoles marchen a sus -hogares; pero no obedeciéndole ellos, hace como que les atacan, para -que<span class="pagenum" id="Page_82">p. 82</span> no se haga notorio -les es favorable: después se retira sin haber comenzado siquiera el -ataque. Al día siguiente, tomando dos cohortes espartanas y tres -escuadrones de atenienses, se adelanta hacia el puerto cegado<a -id="FNanchor_95" href="#Footnote_95" class="fnanchor">[95]</a>, -examinando por dónde puede más fácilmente levantar trincheras contra el -Pireo; saliendo algunas tropas de los sitiados, le inquietan durante -su retirada, e irritándose entonces, hace cargar la caballería, manda -también detrás de esta a todos los que han pasado ya diez años de la -pubertad, y él mismo se adelanta también con el resto de sus tropas. -Matan unos treinta soldados ligeros y persiguen a los demás hasta el -teatro del Pireo, donde hallábanse sobre las armas todos los peltastas -y hoplitas de la plaza. Verifican una salida las tropas ligeras, y -arrojan dardos, lanzas, flechas y piedras a los enemigos; tienen estos -gran número de bajas, y viéndose los lacedemonios muy hostigados, -principian a retirarse, lo cual permite a sus adversarios cargar sobre -ellos con más vigor. Perecieron en esta acción Querón y Tíbraco, -ambos polemarcas; Lácrates, vencedor en los juegos olímpicos, y otros -lacedemonios enterrados en el Cerámico.</p> - -<p>Al ver esto Trasíbulo, avanza con el resto de los hoplitas, y se -colocan con prontitud delante de los demás, a ocho en fondo. Pausanias, -vivamente hostigado, se retira unos cuatro o cinco estadios hacia una -colina inmediata, a donde ordena se dirijan los lacedemonios y los -demás aliados, y dando a su<span class="pagenum" id="Page_83">p. -83</span> falange una profundidad considerable, marcha sobre los -atenienses. Sostienen estos el primer choque, pero después son -rechazados unos hasta el pantano de Hale, y otros son puestos en fuga, -perdiendo sobre ciento cincuenta hombres. Eleva entonces Pausanias un -trofeo, y se retira, pues no estaba irritado con ellos; antes por el -contrario, mandando ocultamente enviados, hace saber a los del Pireo le -envíen mensajeros, así como a los éforos presentes, para exponer sus -intenciones. Siguen su consejo.</p> - -<p>Siembra asimismo la división entre los de la ciudad, y les excita -para que se presenten en el mayor número posible a los éforos; entonces -les declara que no hay necesidad alguna para que combatan con los del -Pireo; antes bien, deben reconciliarse y ser ambos partidos amigos y -aliados de los lacedemonios. El éforo Nauclidas oye con agrado esta -proposición, y, como es costumbre en Esparta acompañen dos de los -éforos al rey en la guerra, era uno de ellos Nauclidas, que con su -compañero se inclinaban más bien del lado de Pausanias que del de -Lisandro. Envían sin tardanza a Lacedemonia la diputación de los del -Pireo, enviada para tratar con Esparta, y también a los particulares -Cefisofonte y Meleto por parte de la ciudad.</p> - -<p>Mientras están estos en camino hacia Lacedemonia, envían los de -la ciudad mensajeros públicos para manifestar a los espartanos que -están dispuestos a entregarles los muros que conservan en su poder -y sus mismas personas para que dispongan de todo a su gusto; añaden -que hallarían justo que si los del Pireo son también amigos de los -lacedemonios, les entregasen igualmente el Pireo y Muniquia.<span -class="pagenum" id="Page_84">p. 84</span> Después de haberles oído -los éforos y los demás convocados, envían quince diputados a Atenas -para arreglar los asuntos del mejor modo posible, de mutuo acuerdo con -Pausanias. Estos enviados devuelven la tranquilidad a todos, poniendo -por condición que los partidos hagan la paz entre sí y que cada cual -vuelva a sus quehaceres, fuera de los Treinta, los Once y los Diez que -habían sido elegidos en el Pireo, ordenando al mismo tiempo que cuantos -teman estar en la ciudad pueden morar en Eleusis.</p> - -<p>Después de arreglar estas cosas, Pausanias licencia a su ejército, -y los del Pireo suben con las armas a la acrópolis para ofrecer un -sacrificio a Minerva. Bajan después los generales, y Trasíbulo les dice -entonces:</p> - -<p class="mt1">«Hombres de la ciudad: os aconsejo procuréis conoceros -a vosotros mismos, y el mejor medio para ello es que examinéis los -motivos en que fundáis vuestras pretensiones para pretender dominarnos -a todos. ¿Sois acaso los más justos? Aunque más pobre que vosotros, -el pueblo no os ha dañado nunca a causa de vuestras riquezas, y en -cambio, vosotros que sois los más ricos, movidos únicamente por -vuestro interés, habéis hecho mil acciones vergonzosas. Pero ya que la -justicia no está de vuestra parte, examinad si os puede enorgullecer -vuestro valor; ¿y qué juicio puede decidir mejor esta pregunta que el -modo como hemos combatido unos contra otros? ¿Podéis, acaso, decir -que nos aventajáis por los conocimientos, vosotros que, poseyendo un -muro, armas y riquezas y a los peloponesios por aliados, habéis tenido -que ceder a gentes que con nada de esto contaban? ¿Son acaso los -lacedemonios<span class="pagenum" id="Page_85">p. 85</span> los que -os enorgullecen? ¿Cómo es posible, si os han entregado (del mismo modo -que se entregan con bozal los perros que muerden) al pueblo víctima de -vuestra injusticia, y además se han marchado? Sin embargo, yo espero, -ciudadanos, que no faltaréis a cuanto habéis jurado; antes por el -contrario, añadiréis a vuestras restantes virtudes la de ser fieles al -juramento y a las promesas.»</p> - -<p class="mt1">Otras exhortaciones añade para demostrar que todo ha de -suceder sin perturbaciones de ninguna clase y que es preciso obedecer -a las antiguas leyes, y luego levanta la asamblea. Establécense en -seguida los poderes, constituyéndose el gobierno. Más tarde se sabe -que los que se habían retirado a Eleusis toman soldados mercenarios a -sueldo, y acometiéndoles en masa, matan a sus generales, que se habían -adelantado para negociar, y envían a los restantes sus amigos y aliados -para reconciliarse; juran todos no conservar rencor alguno por todo lo -que ha sucedido, y aun ahora no ha cambiado el régimen político, pues -el pueblo se conserva fiel a sus juramentos.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch3_1"> - <p><span class="pagenum" id="Page_87">p. 87</span></p> - <h2 class="nobreak g1 mt15">LIBRO TERCERO.</h2> - <hr class="tir" /> - <h3>CAPÍTULO PRIMERO.</h3> -</div> - -<p>Así terminaron los disturbios en Atenas<a id="FNanchor_96" -href="#Footnote_96" class="fnanchor">[96]</a>. Poco tiempo después, -Ciro, habiendo enviado sus legados a Lacedemonia, pide que los -espartanos se porten con él del mismo modo que él se ha conducido con -ellos en su guerra contra los atenienses. Reconociendo los éforos lo -justo de esta petición, ordenan a Samio, comandante de las naves, -se ponga a las órdenes de Ciro para cuanto a este se le ofrezca, -y aquel realiza con gusto cuanto le pide Ciro. Después de haber -reunido su flota a la de este, se hace a la vela hacia la Cilicia, e -imposibilita a Siénesis, gobernador de ella, para oponerse por tierra -a la expedición de Ciro contra el rey. La manera como Ciro reunió un -ejército y se dirigió contra su hermano, el combate que tuvo lugar, la -muerte de Ciro, y cómo llegaron felizmente al mar los griegos, ha<span -class="pagenum" id="Page_88">p. 88</span> sido todo esto relatado por -Temistógenes el siracusano<a id="FNanchor_97" href="#Footnote_97" -class="fnanchor">[97]</a>.</p> - -<p>Tisafernes, de quien creía el rey haber recibido grandes servicios -en la guerra contra su hermano, habiendo sido enviado como sátrapa de -los países que ya antes de aquella gobernaba, y a los que tenía antes -Ciro, exige que todas las ciudades jónicas se sometan a él; pero estas -ciudades, decididas a conservar su libertad y temiendo a Tisafernes, -a quien habían menospreciado en el mero hecho de preferir entregarse -a Ciro, cuando vivía, no quieren recibirle, y envían mensajeros a -Lacedemonia para suplicarles tomen a pecho, en calidad de directores -de Grecia, los intereses de los griegos de Asia, a fin de que su -país no sea sometido y puedan continuar siendo libres. Envíanles los -lacedemonios a Tibrón como gobernador, al frente de mil neodamodes y de -otros cuatro mil peloponesios; Tibrón pide asimismo a los atenienses -trescientos de a caballo, cuyo sueldo se obliga a satisfacer. Envíanle -los atenienses muchos de los que habían servido bajo los Treinta, -considerando como un beneficio para el pueblo el que sean alejados, -aunque tengan que perecer en esa expedición. Después que han llegado a -Asia, reúne Tibrón otras tropas en las ciudades griegas del continente, -pues todas ellas están dispuestas a obedecer cuanto les mande un -espartano.</p> - -<p>Con este ejército, Tibrón no desciende aún a la llanura, pues -ve demasiado débil su caballería; pero<span class="pagenum" -id="Page_89">p. 89</span> preserva del pillaje la comarca que ocupa: -únicamente después que se han juntado a él las tropas griegas, salvadas -felizmente de la expedición de Ciro, marcha a oponerse a Tisafernes y -toma posesión de las ciudades de Pérgamo, Teutrania y Halisarna, en las -cuales gobernaban Eurístenes y Procles, descendientes del espartano -Demarato, que había recibido este país como regalo del rey por haber -guerreado con él contra los griegos. También se le juntan Gorgión y -Góngilo, hermanos, uno de los cuales poseía Gambrio y Palegambrio, y el -otro Mirina y Grinio, las cuales habían sido dadas por el rey a Góngilo -por haber sido desterrado de Eretria a causa de ser allí el único -partidario de los medos. Tibrón se hace dueño de todas las ciudades -escasamente fortificadas. No habiendo querido capitular Larisa, llamada -la Egipcia, acampa en sus alrededores y pretende sitiarla; viendo que -no puede tomarla más que privándola de agua, hace construir un gran -pozo y un canal; pero como que los sitiados en sus frecuentes salidas -arrojan piedras y leña en el canal, hace construir asimismo una testudo -de madera encima del pozo, que no priva a los laríseos de acudir -durante la noche para incendiarla; por lo cual los éforos, viendo -que Tibrón nada consigue, le ordenan deje a Larisa y marche contra -Caria.</p> - -<p>Hallábase ya en Éfeso para dirigirse a dicha región, cuando llega -Dercílidas para tomar el mando del ejército: era hombre tenido por -buen ingeniero, y por sobrenombre se le llamaba <i>Sísifo</i>. Parte, -pues, Tibrón para Esparta, y allí se le castiga con el destierro, -pues los aliados le acusan de haber permitido<span class="pagenum" -id="Page_90">p. 90</span> a su ejército saquear territorios amigos. -Dercílidas toma el mando del ejército, y viendo que Tisafernes y -Farnabazo desconfían uno de otro, se concierta con Tisafernes y conduce -sus tropas al país de Farnabazo, prefiriendo tener que guerrear con -uno solo a dirigirse contra los dos. Hacía ya tiempo que Dercílidas -se hallaba enemistado con Farnabazo, pues siendo gobernador de Abido -mientras Lisandro era jefe de la flota, las calumnias de Farnabazo -hiciéronle condenar a estar de pie con un escudo en la mano, lo cual es -un castigo a que se condena a los desertores en Lacedemonia, donde se -es muy sensible a esta afrenta; de ahí que se dirigiera con gran placer -contra Farnabazo. Muestra prontamente cuánto difiere su mando del de -Tibrón conduciendo su ejército a través de países amigos, y sin hacer -daño alguno a los aliados hasta Eólida, provincia de Farnabazo.</p> - -<p>Eólida pertenecía a Farnabazo; pero Zenis de Dardania, durante su -vida la había gobernado con el título de sátrapa, y después que este -murió de enfermedad natural, su mujer Manía, también de Dardania, reúne -una escolta, prepara numerosos presentes para Farnabazo y para obtener -la protección de las queridas de este y de cuantos gozan de su favor, -y se pone en marcha cuando Farnabazo se preparaba a dar a otro la -satrapía.</p> - -<p>Introducida junto a él, «Farnabazo —le dice—, mi esposo era afecto -a tu persona y te pagaba con regularidad los tributos, de modo que le -honrabas muchas veces con tus alabanzas; ¿por qué nombrar, pues, otro -sátrapa, si yo puedo continuar sirviéndote con igual celo? Cuando no -sea de tu agrado, solo<span class="pagenum" id="Page_91">p. 91</span> -de tu voluntad depende el quitarme el mando».</p> - -<p>Después de haberla oído, Farnabazo se decide a dar a esta mujer la -satrapía, y una vez dueña del país, fue tan exacta como su marido en -pagarle con regularidad los tributos, y además cada vez que iba a ver -a Farnabazo le llevaba algún presente, y cuando este visitaba el país, -le recibía más espléndida y graciosamente que los demás tributarios: -conservole asimismo las ciudades de que se había apoderado, y sometió -también a tres ciudades libres del litoral, Larisa, Hamáxito y Colonas, -asaltándolas con un ejército griego, mientras presenciaba la acción -sentada en su carro, y honrando después con ricos presentes a los -que se distinguían, de manera que formó a sus órdenes uno de los más -brillantes cuerpos de mercenarios. Acompañaba asimismo a Farnabazo -en sus expediciones contra los misios y pisidios que inquietaban los -territorios del rey, por todo lo cual Farnabazo le tributaba los más -grandes honores y alguna vez la llamaba a consejo.</p> - -<p>Tenía ya más de cuarenta años cuando Midias, el esposo de su hija, -se deja llevar por las indicaciones de los que decían era vergonzoso -que estuviese el gobierno en manos de una mujer y él no fuese más -que un simple particular; y como a pesar de estar en guardia contra -todos, como es natural en una tiranía, tenía entera confianza con -Midias y le recibía con todo el cariño que puede existir entre una -mujer y su yerno, se dice que en una de esas ocasiones la ahogó. Mata -igualmente al hijo de Manía, joven de diez y siete años y muy notable -por su belleza, después de lo cual se apodera de Escepsis y Gergis, -plazas fuertes donde guardaba aquella sus<span class="pagenum" -id="Page_92">p. 92</span> tesoros. Las demás ciudades no quieren -reconocerle, y las guarniciones de las mismas las conservan para -Farnabazo. Midias, enviando después regalos a Farnabazo, le pide el -gobierno del país con iguales condiciones que le tenía Manía; pero -este le contesta que puede guardar los presentes para cuando venga a -buscarlos juntamente con su persona, y añade que no quiere vivir sin -vengar a Manía.</p> - -<p>En esta situación llega Dercílidas, y en un solo día se apodera sin -lucha de Larisa, Hamáxito y Colonas, ciudades del litoral, y enviando -mensajeros a las ciudades eolias, les promete la libertad si le abren -sus puertas y se hacen sus aliadas. Los habitantes de Neandria, Ilión -y Cocilio se declaran en favor suyo, pues sus guarniciones griegas -no habían sido muy bien tratadas después de la muerte de Manía; pero -el jefe de la de Cebrene, plaza muy fuerte, esperando alcanzar de -Farnabazo grandes honores si le conserva esta ciudad, no recibe a -Dercílidas, quien, enojándose, se prepara para ponerle sitio; no siendo -favorables los signos de los sacrificios que ofrece antes de comenzar -el sitio, los renueva al día siguiente, y presentándose también -desfavorable, vuelve a consultarlos al otro día, continuando de este -modo durante cuatro días, irritándole mucho tales dilaciones, pues -deseaba apoderarse de toda Eólida antes de que llegara Farnabazo.</p> - -<p>Aténadas de Sición, uno de los capitanes, creyendo pierde el tiempo -Dercílidas en estas bagatelas, y suponiéndose bastante para cortar -el agua a los cebrenios, avanza con su compañía y procura cegar las -fuentes; pero hacen una salida los sitiados, le hieren, mátanle dos -hombres y ahuyentan a los demás<span class="pagenum" id="Page_93">p. -93</span> a fuerza de golpes y de dardos. Hallábase Dercílidas muy -apesadumbrado por este accidente, pues comprendía se daría el asalto -con menos vigor, cuando llegan mensajeros de los griegos encerrados en -la ciudad participándole no estaban conformes con la conducta de su -jefe y que preferían servir a los griegos mejor que a los bárbaros. -Estaban aún en tratos, cuando llega un enviado del jefe para decir -que tal es también su modo de pensar. Inmediatamente Dercílidas, para -quien son favorables aquel día las víctimas, pone a sus tropas sobre -las armas y las conduce a las puertas de la ciudad, que le son abiertas -para que puedan entrar en ella, y dejando allí una guarnición, se -dirige en seguida a Escepsis y Gergis.</p> - -<p>Midias, que temía la llegada de Farnabazo y que desconfiaba ya -de la disposición de ánimo en que se hallaban los ciudadanos, envía -mensajeros a Dercílidas diciéndole entrarán en parlamento si le manda -rehenes; Dercílidas envía un ciudadano de cada una de las poblaciones -aliadas y le invita a escoger el número que bien le parezca: quédase -con diez, sale de la ciudad, entra en componendas con Dercílidas y le -pregunta qué condiciones pone a su alianza, a lo cual contesta aquel -que quiere sean libres e independientes todos los habitantes, diciendo -lo cual, avanza en dirección a Escepsis, y Midias, conociendo no puede -impedirle la entrada contra el deseo de los ciudadanos, no se opone. -Dercílidas, después de haber sacrificado a Minerva en la acrópolis de -Escepsis, hace salir la guarnición de Midias y entrega el gobierno -de la plaza a los ciudadanos exhortándoles a que se rijan por leyes -propias de<span class="pagenum" id="Page_94">p. 94</span> griegos y de -hombres libres; después de lo cual, se dirige a Gergis acompañado de -gran número de los de Escepsis, que le tributan toda clase de honores -y se alegran con lo que acaba de suceder. Midias, que iba con él, le -suplica le entregue la ciudad de Gergis, a lo cual contesta Dercílidas -que no le rehusará jamás ninguna cosa justa; pero mientras dice esto, -se adelanta con él hasta las puertas de la ciudad seguido de las -tropas, que marchan pacíficamente en dos filas. Los vigías apostados -en las torres reconocen a Midias, que va con él, y no lanzan un solo -dardo. Entonces le dice Dercílidas:</p> - -<p>—«Midias, manda abrir las puertas para guiarme y dirigirte conmigo -al templo a ofrecer un sacrificio a Minerva.»</p> - -<p>Midias vacila, pero por fin, temiendo ser detenido si se opone, da -orden para que abran las puertas. Entra Dercílidas en la ciudad, yendo -con él Midias, y se dirigen a la acrópolis, ordenando antes a sus -soldados estén con las armas a lo largo de los muros mientras ofrece -con su acompañamiento el sacrificio a Minerva. Una vez este terminado, -da la orden a los guardias de Midias de alinearse en armas a la cabeza -del ejército, como si fuesen mercenarios suyos, ya que nada tenía que -temer de Midias. Este, vacilante y sin saber qué hacer,</p> - -<p>—«Me voy —le dice— para prepararte mi hospitalidad.</p> - -<p>—No, por Júpiter —contesta Dercílidas—; me sonrojaría recibiendo -de ti la hospitalidad en lugar de ofrecértela yo una vez terminado el -sacrificio; quédate, pues, con nosotros, y mientras preparan la comida, -examinemos ambos lo que tenemos que hacer uno para otro en conformidad -a la justicia.»</p> - -<p>Después que se sentaron, comienza Dercílidas a<span class="pagenum" -id="Page_95">p. 95</span> preguntarle:</p> - -<p>—«Dime, Midias, ¿te dejó tu padre dueño de cuanto posees?</p> - -<p>—Seguramente —contesta.</p> - -<p>—Y ¿cuántas casas tenías, cuántos campos y cuántos prados?»</p> - -<p>Habiéndolos enumerado Midias, los escepsios que se hallaban -presentes, gritan:</p> - -<p>—«Este hombre miente, Dercílidas</p> - -<p>—Y vosotros —les dice este—, no seáis tan puntillosos.»</p> - -<p>Cuando ha detallado todas sus posesiones, vuelve a preguntarle:</p> - -<p>—«Dime, ¿de quién dependía Manía?»</p> - -<p>Todos exclaman:</p> - -<p>—«De Farnabazo.</p> - -<p>—Por lo mismo ¿todo lo que tenía era, pues, de Farnabazo?</p> - -<p>—Seguramente —contestan.</p> - -<p>—Entonces todo nos pertenece, pues Farnabazo es nuestro enemigo -y poseemos lo que era suyo. Conducidme, pues, a donde se hallan los -bienes de Manía y de Farnabazo.»</p> - -<p>Condúcenle entonces a la habitación de Manía, de la cual ha -tomado posesión Midias, y este también le sigue. Así que ha entrado -Dercílidas, llama a los mayordomos y los hace prender por sus -servidores, declarándoles serán degollados inmediatamente si se -descubre han robado algo de lo que pertenecía a Manía. Muestran cuanto -tienen, y Dercílidas, asegurándose de todo, hace cerrar la casa, pone -su sello y establece en ella guardia. Al salir dice a los tribunos y a -los capitanes colocados junto a la puerta:</p> - -<p>—«Compañeros, tenemos asegurada la paga durante un año a un ejército -de 8000 hombres; si encontramos aún algo más, todo eso tendremos.»</p> - -<p>Dijo esto conociendo que los que le oyesen serían mucho más -obedientes y celosos. Midias le pide entonces:</p> - -<p>—«¿Y yo, Dercílidas, dónde deberé habitar?</p> - -<p>—En el lugar que te designa la justicia, Midias —le contesta—; en -Escepsis, tu patria, y en casa de tu padre.»</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch3_2"> - <p><span class="pagenum" id="Page_96">p. 96</span></p> - <h3>CAPÍTULO II.</h3> -</div> - -<p>Después de haber realizado estas cosas y de haber tomado nueve -ciudades en ocho días, Dercílidas pensó en los medios de no servir -de carga a los aliados invernando en un país amigo, como lo había -hecho Tibrón, y al mismo tiempo impedir a Farnabazo inquietase con -su caballería a las ciudades griegas. Envía por lo mismo mensajeros -a Farnabazo pidiéndole si quiere la paz o la guerra, y este, -comprendiendo que Eólida es una temible avanzada para Frigia, donde -reside, prefiere una tregua.</p> - -<p>Hecho esto, dirígese Dercílidas a Tracia de Bitinia para invernar, -lo cual no desagrada en modo alguno a Farnabazo, pues los bitinios -le hacían a menudo la guerra, con lo cual Dercílidas toma y saquea -con seguridad completa Bitinia y tiene siempre víveres en abundancia. -Llégale de la otra orilla un refuerzo de los odrisios, enviado -por Seutes, consistente en unos doscientos caballos y trescientos -peltastas, cuyas tropas forman su campamento y se atrincheran a -unos veinte estadios del ejército griego, y después de pedir a -Dercílidas algunos hoplitas para guardar su campamento, emprenden sus -correrías, en las que hacen numerosos prisioneros y consiguen rico -botín. Hallábase su campo muy lleno de cautivos cuando los bitinios, -informados del número de los que salían y del de los centinelas griegos -que<span class="pagenum" id="Page_97">p. 97</span> para su guarda -dejaban, reuniéndose en masa peltastas y caballería, caen, al apuntar -el día, sobre los hoplitas, que eran unos doscientos, y una vez a -tiro, los reciben con flechas y dardos. Los hoplitas, al ver heridos -o muertos a sus compañeros sin poder hacer nada por impedírselo la -empalizada, que tiene la altura de un hombre, arrancan las estacas y se -lanzan sobre el enemigo, que cede donde quiera que le ataquen, por ser -fácil a los peltastas burlar la persecución de los hoplitas; no cesan, -sin embargo, de arrojar dardos a derecha e izquierda, y a cada salida -de los guardias les hacen gran número de bajas, hasta que por fin, -acorralados estos últimos como en un establo, son aplastados por el -gran número de los enemigos, con excepción de unos quince hoplitas que, -viendo lo desesperado de su situación, habían podido escaparse durante -el combate sin ser vistos por los bitinios y que consiguen llegar al -campamento griego. Matan los bitinios a los guardas de las tiendas de -los odrisios tracios y se retiran después de haber recuperado todos -los prisioneros, de manera que los griegos, al acudir para prestarles -auxilio, no encuentran en el campamento más que los cadáveres -completamente despojados de sus vestidos. A su vuelta entierran los -odrisios sus muertos, y después de beber sobre sus cuerpos mucho vino, -celebran carreras de caballos, acampando desde entonces con los griegos -y saqueando e incendiando Bitinia.</p> - -<p>Al principio de la primavera<a id="FNanchor_98" href="#Footnote_98" -class="fnanchor">[98]</a>, partiendo Dercílidas de Bitinia, entra en -Lámpsaco. Hallábase aún<span class="pagenum" id="Page_98">p. 98</span> -allí cuando llegan los magistrados lacedemonios Áraco, Naubates y -Antístenes para examinar el estado general de los negocios en Asia, y -para decir a Dercílidas que debía conservar el mando durante el año -siguiente. Los éforos les habían encargado igualmente convocasen a los -soldados y censurasen su conducta anterior y alabasen el que en la -actualidad no obrasen injustamente con nadie; debían asimismo decirles, -que en lo futuro no se les toleraría perjudicasen a nadie, mientras -que si obraban justamente con los aliados, sería alabada su conducta. -Así, pues, reuniendo a los soldados, les dijeron cuanto se les había -encargado; pero el que había sido jefe de las tropas de Ciro les -contestó:</p> - -<p>—«Ciudadanos de Lacedemonia, nosotros somos hoy lo mismo que éramos -antes; pero el jefe que hoy tenemos no es el mismo que era entonces; he -ahí por qué no cometemos hoy las mismas faltas, como podéis cercioraros -por vosotros mismos.»</p> - -<p>Mientras los diputados de Lacedemonia y Dercílidas habitan juntos en -una misma tienda, uno del séquito de Áraco cuenta que habían dejado en -Lacedemonia mensajeros del Quersoneso que iban a quejarse de que no se -podían cultivar las tierras de aquella región a causa de las incesantes -correrías de los tracios, y que si se elevaba una muralla de mar a mar, -se conseguiría poder gozar de grandes extensiones de buen terreno que -podrían cultivar cuantos espartanos quisieran, y añadían que no les -admiraría que enviase Lacedemonia algunos de sus ciudadanos con las -fuerzas necesarias para realizar este proyecto. Nada dice Dercílidas -del plan que ha formado al oír este relato, y les envía entonces a -Éfeso para recorrer<span class="pagenum" id="Page_99">p. 99</span> las -ciudades griegas, muy contentos por la seguridad de que las hallarán -tranquilas y prósperas. Pónense aquellos en marcha, y Dercílidas, -sabiendo que se queda aquel año con el mando, envía nuevamente a -pedir a Farnabazo qué prefiere, prolongar la tregua del invierno, o -la guerra. Prefiriendo aún aquel la tregua, y habiendo Dercílidas -asegurado así la paz para las ciudades limítrofes, cruza el Helesponto -con su ejército y pasa a Europa atravesando la parte de Tracia que -le es amiga, y recibiendo la hospitalidad del rey Seutes, llega al -Quersoneso. Después que reconoce contiene once o doce ciudades, que -posee un excelente suelo, favorable a toda clase de cultivo, pero que -según se le ha dicho se halla devastado por los tracios, mide el istmo, -y averiguando tiene treinta y siete estadios, no vacila ya, ofrece -sacrificios a los dioses y hace principiar el muro, señalando a cada -soldado el espacio que tiene que construir, y prometiendo brillantes -premios a los primeros que terminen su tarea, y recompensas a todos los -que de ellas se hagan dignos, con lo cual queda terminada antes del -otoño la muralla, que había sido principiada en la primavera, detrás de -la cual quedan completamente protegidas once ciudades, varios puertos, -gran extensión de excelente tierra cultivable, de campos en pleno -cultivo y magníficos y abundantes pastos para toda clase de ganados. -Hecho esto, vuelve a pasar a Asia.</p> - -<p>Observando la situación de las diferentes ciudades, ve que en -general se hallan en plena prosperidad, excepto Atarneo, que halla -ocupada por desterrados de Quíos, los cuales, partiendo de esta plaza, -saquean y devastan Jonia, viviendo de su rapiña.<span class="pagenum" -id="Page_100">p. 100</span> Aunque informado Dercílidas de que están -abundantemente provistos de víveres, acampa alrededor de sus muros y -la sitia. A los ocho meses se apodera de ella, y colocando a Dracón -de Pelene por gobernador, después de llenar la plaza de toda clase de -provisiones con objeto de hacer de ella un descanso para cuando pase -por allí, se dirige a Éfeso, que está a tres jornadas de Sardes.</p> - -<p>Hasta entonces Tisafernes y Dercílidas, así como los demás griegos -y bárbaros de aquellas regiones, habían vivido en paz; pero llega -a Lacedemonia una diputación de las ciudades jonias anunciando que -si Tisafernes quiere, pueden hacerse independientes las ciudades -griegas, y que además, si se inquieta Caria, donde reside Tisafernes, -se conseguirá fácilmente el reconocimiento de dicha independencia. -Oyendo esto los éforos, mandan a Dercílidas que invada con su ejército -Caria, y a Fárax, comandante de las naves, que amenace las costas de -dicha comarca. Ejecutan ambos estas órdenes coincidiendo con la llegada -de Farnabazo junto a Tisafernes, tanto por haber sido nombrado este -general en jefe de las tropas, como con el intento de asegurarle estaba -pronto a hacer la guerra mancomunadamente con él y peleando juntos -para arrojar a los griegos de los dominios del rey; por lo demás, -sufría su amor propio por haberse dado el mando a Tisafernes, y no -podía en modo alguno consolarse de la pérdida de Eólida. Tisafernes, -después de haberle oído, le dice que comenzarán por dirigirse a -Caria, y que después decidirán lo que debe hacerse. Llegados a ella, -después de haber dejado suficientes tropas en las guarniciones de las -fortalezas,<span class="pagenum" id="Page_101">p. 101</span> deciden -volver a Jonia. Informado Dercílidas de que han pasado nuevamente -el Meandro, comunica a Fárax el temor de que Tisafernes y Farnabazo -saqueen y devasten el país poco fortificado que tienen que recorrer -y atraviesa también él el río. Iban marchando los dos jefes seguidos -del ejército, algo en desorden, puesto que creían al enemigo en camino -para Éfeso, <span id="tumulos">cuando</span> de pronto ven algunos -centinelas subidos en los túmulos funerarios<a id="FNanchor_99" -href="#Footnote_99" class="fnanchor">[99]</a>, y subiendo también sobre -algunos de los túmulos y algunas torres que por allí había, distinguen -formados en batalla sobre el camino que deben seguir, a los carios, de -blancos escudos, a todo el ejército persa de aquellas comarcas, a las -tropas griegas que tenían a sueldo cada uno de los dos sátrapas, y a -su caballería, bastante numerosa, con Tisafernes en el ala derecha y -Farnabazo en la izquierda.</p> - -<p>Al ver esto Dercílidas, manda inmediatamente a los jefes y capitanes -hagan formar a toda prisa sus tropas a ocho en fondo y se coloquen -a ambos lados los peltastas y caballos en el mayor número posible, -y él ofrece un sacrificio. Todas las tropas peloponesias aguantan a -pie firme y se preparan para el combate; pero los de Priene, Aquileo, -de las islas y de las ciudades jonias, arrojando las armas entre los -trigos, pues había espesas mieses en la llanura del Meandro, huyen -en gran parte, y cuantos quedan, dejan ver que no sostendrán el -choque. Anuncian<span class="pagenum" id="Page_102">p. 102</span> -que Farnabazo da la señal de combate, pero Tisafernes, acordándose -del valor con que se batió contra los persas el ejército de Ciro, y -creyendo que todos los griegos se parecen a esas tropas, no quiere -aventurar el combate, sino que hace decir a Dercílidas desea entrar -en parlamento con él: este en seguida, tomando los mejores de su -caballería e infantería, se adelanta hacia los mensajeros y les -dice:</p> - -<p>—«Ya veis que estaba dispuesto a combatir, pero ya que desea -Tisafernes parlamentar, no me niego; únicamente es preciso demos y -recibamos primero rehenes y garantías de buena fe.»</p> - -<p>Aceptada esta proposición, después de realizarla, retíranse -los dos ejércitos: el de los bárbaros, a Trales de Caria, y los -griegos a Leucofris<a id="FNanchor_100" href="#Footnote_100" -class="fnanchor">[100]</a>, donde se halla un templo de Diana muy -venerado y un lago de más de un estadio de circuito, notable por su -arenoso fondo y por el agua continua potable y templada.</p> - -<p>Así se pasa este día, y al siguiente reúnense en el lugar indicado -y deciden se enuncien por cada cual las condiciones bajo las cuales -puede firmarse la paz. Dercílidas propone que reconozca el rey la -independencia de las ciudades griegas, y Tisafernes y Farnabazo que -el ejército griego evacue el territorio del rey y que retiren los -lacedemonios los gobernadores de las ciudades. Aceptado esto, convienen -en una tregua que dure mientras Dercílidas comunica las proposiciones a -Lacedemonia y Tisafernes al rey.</p> - -<p>Mientras se verifica todo esto en Asia bajo el<span class="pagenum" -id="Page_103">p. 103</span> mando de Dercílidas, irritados los -lacedemonios desde largo tiempo contra los eleos, porque habían hecho -alianza con los atenienses, argivos y mantineos, por haber rehusado -admitir a los lacedemonios, bajo pretexto de haberles condenado, en los -combates hípicos y gimnásticos, y no solo por esto, sino también porque -habiendo Licas entregado su carro a los tebanos, y estos, habiendo -sido proclamados vencedores, al adelantarse aquel para coronar al -cochero, le dan de palos, a pesar de ser un anciano, y le arrojan de -allí, y porque más tarde habiendo Agis sido enviado por un oráculo para -sacrificar a Júpiter, se opusieron los eleos y no quisieron procurase -obtener una victoria con sus ruegos y plegarias, pretendiendo además -que, según una antigua ley de los griegos, no podían estos recurrir -al oráculo en una guerra con otros griegos, de manera que Agis tuvo -que marchar de allí sin haber podido ofrecer los sacrificios; por todo -esto, sobremanera irritados, deciden los éforos y la asamblea hacerles -entrar en razón, castigando su osadía. A este efecto envían mensajeros -a Élide para declarar que ha parecido justo a los magistrados de -Lacedemonia devuelvan los eleos su independencia a las ciudades -vecinas; contestan estos que habiendo conquistado por la guerra estas -ciudades, no quieren acceder a lo que se les pide, y entonces los -éforos les declaran la guerra. A la cabeza de su ejército atraviesa -Agis la Acaya e invade la Élide por Lariso<a id="FNanchor_101" -href="#Footnote_101" class="fnanchor">[101]</a>, pero al momento<span -class="pagenum" id="Page_104">p. 104</span> en que sus tropas entran en -territorio enemigo y principian a saquearle, sobreviene un temblor de -tierra, por lo cual Agis, considerándolo como un signo divino, saliendo -del territorio eleo licencia a su ejército. Desde entonces los eleos se -hacen más audaces y envían diputados a todas los ciudades que saben se -hallan indispuestas con los lacedemonios.</p> - -<p>Al año siguiente<a id="FNanchor_102" href="#Footnote_102" -class="fnanchor">[102]</a> decretan los éforos otra expedición contra -Élide, y exceptuando a los beocios y corintios, todos los aliados, -incluso los atenienses, se ponen a las órdenes de Agis. Penetra -Agis en Élide por Aulón<a id="FNanchor_103" href="#Footnote_103" -class="fnanchor">[103]</a>, y en seguida los lepreatas, abandonando a -los eleos, se le unen seguidos de los macistios y epitalios; después -de haber pasado el río<a id="FNanchor_104" href="#Footnote_104" -class="fnanchor">[104]</a>, se le entregan los letrinos, los anfídolos -y los marganeos. Dirígese entonces a Olimpia y sacrifica a Zeus -olímpico sin que nadie se lo impida. Después de haber sacrificado -marcha contra la ciudad, saqueando e incendiando el país, apoderándose -de extraordinario número de animales y de esclavos, oyendo lo cual -llegan grandes grupos de arcadios y de aqueos para tomar parte -espontáneamente en la expedición y en el botín; de manera que esta -expedición vino a ser como un abastecimiento para el Peloponeso.</p> - -<p>Llegado junto a la población, Agis devasta los suburbios y los -gimnasios, notables por su hermosura; y en cuanto a la ciudad, -desprovista de murallas, bien se comprende que si no la tomó no fue -porque no pudo, sino porque no quiso.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_105">p. 105</span>Mientras saquea el -país y el ejército esté acampado junto a Cilene, los partidarios de -Xenias, de quien se dice haber medido a celemines el dinero heredado de -su padre, quieren entregar la ciudad a los lacedemonios, y echándose a -la calle espada en mano, degüellan algunos ciudadanos, y entre otros a -un hombre parecido a Trasideo, jefe del partido popular, creyendo que -era este, con lo cual el pueblo, completamente desanimado, se halla -en la inacción: los asesinos creen haber hecho ya cuanto tenían que -hacer, y sus cómplices transportan las armas a la plaza pública; pero -Trasideo se hallaba aún durmiendo en el mismo sitio en que se había -apoderado de él la borrachera. Así que el pueblo sabe que Trasideo no -ha muerto, rodeando su casa por todas partes como un enjambre de abejas -alrededor de su reina, y después de reunir al ejército, se pone a su -cabeza y tiene lugar un combate en el que queda vencedor el pueblo, y -los autores del degüello tienen que refugiarse en Lacedemonia.</p> - -<p>Agis, al marchar, después de atravesar nuevamente el Alfeo dejando -una guarnición en Epitalio junto a este río, con los fugitivos de -Élide, y nombrando gobernador a Lisipo, licencia el ejército y regresa -a su país. Durante el resto del verano y en el siguiente invierno, -Lisipo y los suyos devastan el país de los eleos, y al verano -siguiente, Trasideo, mandando mensajeros a Lacedemonia, les participa -que consiente en demoler las murallas de Fea y Cilene, y liberar las -ciudades trifilias: Frixa y Epitalio, y a los letrinos, anfídolos y -marganeos, así como a los acroreos y la ciudad de Lasión, que les -disputaban los arcadios, exigiendo, sin embargo, quedarse con Epeo, -situada entre Herea y Macisto,<span class="pagenum" id="Page_106">p. -106</span> que decían haber comprado por treinta talentos, habiéndolos -pagado a los que poseían dicha ciudad: pero los lacedemonios, -conociendo que es tan injusto tratando con uno más débil, comprar -algo por fuerza, como tomárselo con violencia, les obligan también a -renunciar a dicha ciudad, sin quitarles la presidencia del templo de -Júpiter olímpico aunque no la poseyesen desde mucho tiempo antes, por -ser los pretendientes a la misma muy poco idóneos para ella. Hechas -estas concesiones, se ajusta un tratado de paz y de alianza entre los -eleos y los lacedemonios, y de este modo termina la guerra entre los -dos pueblos.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch3_3"> - <h3>CAPÍTULO III.</h3> -</div> - -<p>Dirígese después Agis a Delfos<a id="FNanchor_105" -href="#Footnote_105" class="fnanchor">[105]</a>, donde ofrece el diezmo -del botín; pero a su regreso a Herea, y siendo ya viejo, se siente -enfermo y ordena le lleven a Lacedemonia, donde llega aún vivo, pero -donde muere al poco tiempo, haciéndole unos funerales más espléndidos -de lo que puede esperar hombre alguno.</p> - -<p>Transcurridos los días de luto, cuando debe ser elegido el rey, -levántanse rivales pretensiones a la realeza entre Leotíquides, -que decía ser hijo de Agis, y Agesilao, hermano de este último. -Leotíquides decía<a id="FNanchor_106" href="#Footnote_106" -class="fnanchor">[106]</a>:</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_107">p. 107</span>—«Agesilao, -bien sabes que el hijo del rey y no el hermano debe ser elegido, y -únicamente si no hay hijos es cuando debe serlo el hermano.</p> - -<p>—Pues por eso debo ser rey.</p> - -<p>—¿Cómo es posible, si estoy yo aquí?</p> - -<p>—Pues muy sencillo, porque aquel a quien tú llamas padre, dice que -no eres suyo.</p> - -<p>—Pero mi madre, que debe saberlo mejor que él, dice que lo soy.</p> - -<p>—Poseidón<a id="FNanchor_107" href="#Footnote_107" -class="fnanchor">[107]</a> declara que miente, pues echó a tu padre del -tálamo nupcial a la vista de todo el mundo con un temblor de tierra, -y este hecho está confirmado por un testigo que se considera el más -verdadero de todos, el tiempo, puesto que tú no naciste hasta diez -meses después que tu padre huyó del tálamo y no volvió a él.»</p> - -<p>He aquí lo que decían; Diópites, hombre muy versado en la -interpretación de los oráculos, recuerda en apoyo de Leotíquides un -oráculo de Apolo que dice deben guardarse de un rey cojo; pero Lisandro -replica en favor de Agesilao, que no cree ordene el dios se guarden -de uno que sea verdaderamente cojo, sino de un rey que no fuera de -sangre real, porque entonces sería verdaderamente coja la realeza, no -descendiendo de Hércules los jefes de la ciudad. Después de haber oído -a las dos partes, elige la ciudad por rey a Agesilao.</p> - -<p>No había transcurrido aún un año desde que era rey Agesilao, -cuando un día, mientras se hallaba ofreciendo para el estado uno -de los sacrificios prescritos, el augur exclama, que los dioses -indican una conjuración de las más terribles; sacrificando de nuevo, -preséntanse aun más funestos los signos, y<span class="pagenum" -id="Page_108">p. 108</span> al sacrificar por tercera vez el rey, le -dice el adivino: «Agesilao, parece que estamos rodeados de enemigos; he -aquí los signos.» Sacrificase inmediatamente a los dioses protectores -y salvadores, y se cesa así que se han obtenido, no sin trabajo, -signos favorables. Hacía ya cinco días que estaban terminados estos -sacrificios, cuando un hombre denuncia a los éforos una conjuración de -la que es jefe Cinadón. Era este un joven de exterior y alma varoniles, -pero que no pertenecía a la clase de los iguales<a id="FNanchor_108" -href="#Footnote_108" class="fnanchor">[108]</a>. Pídenle los éforos -detalles de cómo debe aquella realizarse, y el denunciador refiere -que Cinadón le ha conducido a un extremo de la plaza pública y le ha -mandado contara el número de los espartanos que se hallaban en ella.</p> - -<p>—«Y yo —dijo—, después de haber contado el rey, los éforos, los -senadores y algunos otros, en número de unos cuarenta, pregunté: -¿Por qué, Cinadón, me has hecho contar toda esa gente? A lo cual me -contestó: Debes considerar a todos estos como enemigos; todos los demás -que se encuentran sobre la plaza pública, en número de más de cuatro -mil, puedes considerarlos, por el contrario, como aliados.»</p> - -<p>Después añade que Cinadón le ha enseñado en las calles unas veces -uno y otras veces dos a quienes daba el nombre de enemigos, mientras -que todos los demás, decía, eran amigos y del propio modo de los -espartanos que están en el campo, pues siendo enemigo el dueño, todos -los demás son aliados. Los éforos le preguntan cuál puede ser el número -de los conjurados, y contesta que también sobre este punto le ha dicho -Cinadón que los jefes tienen<span class="pagenum" id="Page_109">p. -109</span> únicamente un pequeño número de auxiliares, pero que les son -completamente fieles los hilotas, los neodamodes, las clases inferiores -y los periecos. Cada vez que entre esta gente la conversación gira -sobre los espartanos, ninguno de ellos puede ocultar que les sería -agradable el comérselos crudos. Pídenle también:</p> - -<p>—«Pero ¿cómo pensabais procuraros armas?»</p> - -<p>Y él contesta:</p> - -<p>—«Los jefes de nuestra conspiración dicen siempre que poseen las -armas necesarias.»</p> - -<p>Y en cuanto a las armas para la multitud, cuenta que Cinadón le ha -llevado al mercado del hierro, donde le ha enseñado gran cantidad de -sables, espadas, estoques, hachas, hachuelas y hoces, y le ha dicho que -todos los instrumentos que emplean los hombres para trabajar la tierra -y para labrar la madera y la piedra, son otras tantas armas, así como -la mayor parte de los útiles de los otros oficios, son armas bastantes -contra gente desarmada. Finalmente, se le pide la fecha en que debe -estallar la conspiración, y refiere que se le ha recomendado no se -aleje de la ciudad.</p> - -<p>Inmediatamente, y sin convocar siquiera lo que se llama la pequeña -asamblea, los éforos, después de oír todos estos datos y comprendiendo -que existe un plan determinado y completo en la conjuración, -sobrecogidos por el miedo, reúnen a toda prisa algunos ancianos, y -deciden enviar a Cinadón con otros jóvenes al pueblo de Aulón con -orden de conducir algunos hilotas y aulonitas, cuyos nombres están -escritos en una escítala<a id="FNanchor_109" href="#Footnote_109" -class="fnanchor">[109]</a>. Danle asimismo<span class="pagenum" -id="Page_110">p. 110</span> orden para conducir de aquella ciudad a una -mujer que decían era muy hermosa y a quien acusaban de haber corrompido -a todos los lacedemonios jóvenes y viejos que habían ido a Aulón, -encargo semejante a los que ya otras veces le habían confiado los -éforos. En esta ocasión le dan la escítala en la cual estaban escritos -los nombres de los que debía prender, y cuando pide quiénes son los -que tienen que ir con él, «dirígete al más anciano de los hipagretas<a -id="FNanchor_110" href="#Footnote_110" class="fnanchor">[110]</a>, -le dicen, y ruégale te entregue seis o siete de los que se hallen -presentes.» Se había tenido buen cuidado de hacer saber al hipagreta -a quiénes debía mandar, y estos sabían también que debían prender a -Cinadón. Dícesele asimismo que irán con él tres carros para que no -tengan que ir a pie los presos, procurando así ocultar lo mejor posible -el único objeto para que se le enviaba. No se apoderaron de él en la -ciudad por no saber la extensión de la conspiración, y para averiguar -por Cinadón quiénes eran sus cómplices, antes que estos pudieran -saber se les había denunciado, y por lo tanto tomar la fuga. Los -encargados de prenderle debían retenerle e informarse de los nombres -de sus cómplices, enviándolos después inmediatamente, por escrito, a -los éforos. Estos tenían tanto interés en el<span class="pagenum" -id="Page_111">p. 111</span> buen éxito de su plan, que habían enviado -un escuadrón de caballería con los que se dirigían a Aulón. Así que -está preso Cinadón, llega un soldado de a caballo con los nombres -que aquel ha escrito, e inmediatamente los éforos hacen prender al -adivino Tisámeno y a los más notables de los conjurados. Cuando llega -Cinadón declara de plano y lo confiesa todo, incluso el nombre de sus -cómplices, y cuando se le pide qué objeto se proponía con su trama, -contesta que no quería ser inferior a nadie en Esparta. Después de -esto, átanle las dos manos, pásanle el cuello en una pieza de madera, -danle azotes, clávanle aguijones y es paseado así con sus cómplices por -la ciudad. Tal fue el castigo que recibieron.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch3_4"> - <h3>CAPÍTULO IV.</h3> -</div> - -<p>Después de estos sucesos, cierto siracusano, llamado Herodas, que -se hallaba en Fenicia con el dueño de una nave, viendo gran movimiento -en las trirremes fenicias, que se equipaban otras en los astilleros y -que se construían buques de toda clase en gran número, averigua que -deben formar parte de una flota de trescientas naves, y subiendo en la -primera que se hace a la vela para Grecia, llega a Lacedemonia para -anunciar que el rey y Tisafernes preparan una expedición que ignora -contra quién irá dirigida.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_112">p. 112</span>Sobresaltados -los espartanos, reúnen a sus aliados, consultando sobre el partido -que deben tomar, y Lisandro, que conoce la superioridad de la marina -griega, y recuerda la retirada del ejército heleno que había ayudado -a Ciro, persuade a Agesilao para que se encargue de dirigir una -expedición a Asia, poniendo a sus órdenes treinta espartanos, dos -mil neodamodes y seis mil hombres de los aliados. Tenía asimismo la -intención de acompañar a Agesilao a fin de restablecer las decarquías<a -id="FNanchor_111" href="#Footnote_111" class="fnanchor">[111]</a> en -las ciudades donde en otro tiempo las había instalado pero que habían -sido más tarde abolidas por los éforos al restablecer los antiguos -gobiernos.</p> - -<p>Acepta Agesilao el mando de esta expedición, concediéndole -los lacedemonios cuanto pide, y proveyéndole de víveres para -seis meses. Después de haber ofrecido a los dioses los debidos -sacrificios, principalmente los necesarios para pedir un viaje -feliz, se pone en marcha<a id="FNanchor_112" href="#Footnote_112" -class="fnanchor">[112]</a>, no sin haber mandado antes mensajeros a -los diferentes estados, fijando el número de soldados que debe enviar -cada uno y el sitio en donde deben reunírsele, yendo a sacrificar, como -Agamenón al dirigirse a Troya, a Áulide. Informados los beotarcas<a -id="FNanchor_113" href="#Footnote_113" class="fnanchor">[113]</a> -de que ofrecía sacrificios, envían soldados de caballería que le -ordenan cese al instante en sus sacrificios, y que arrojan asimismo -del altar las víctimas que allí encuentran inmoladas. Irritado -Agesilao y tomando a los dioses<span class="pagenum" id="Page_113">p. -113</span> por testigos, embárcase en una trirreme, llega a Gerasto<a -id="FNanchor_114" href="#Footnote_114" class="fnanchor">[114]</a>, -donde reúne la mayor parte de sus tropas, al frente de las cuales se -hace a la vela para Éfeso.</p> - -<p>Una vez allí, recibe un mensaje de Tisafernes pidiéndole el motivo -de su llegada. Contéstale Agesilao es para asegurar la independencia de -las ciudades de Asia, a fin de que gocen la misma libertad que las de -Grecia. Replícale entonces Tisafernes:</p> - -<p>—«Si quieres ejecutar una tregua hasta que lleguen las órdenes del -rey, me parece podrás volverte después de haberlo conseguido.</p> - -<p>—Bien lo quisiera, contesta Agesilao, pero temo quieras engañarme; -mientras tanto, a cambio de las garantías que me des, puedo ofrecerte -que si obras con sinceridad ningún daño causaremos a tus provincias -mientras dure la tregua.»</p> - -<p>Después de estos preliminares, jura Tisafernes que desea de buena -fe la paz, ante los enviados de Agesilao, Herípidas, Dercílidas y -Megilo, y estos se comprometen por juramento, a nombre de Agesilao ante -Tisafernes, a respetar la tregua mientras sea este fiel a su palabra. -Tisafernes, sin embargo, no tarda en faltar a su juramento, pues en -lugar de respetar la paz, hace pedir al rey un ejército numeroso para -reforzar el suyo; pero Agesilao, aunque conociendo esta conducta, -permanece fiel a la tregua.</p> - -<p>Mientras permanece inactivo y en reposo en Éfeso, encuéntranse las -ciudades en plena anarquía, pues había sido derribada la democracia -que habían constituido los atenienses, y no había sido tampoco<span -class="pagenum" id="Page_114">p. 114</span> restablecida la decarquía -establecida por Lisandro; sus habitantes, que tanto querían a Lisandro, -le suplican con vehemencia obtenga de Agesilao lo que desean, por lo -cual está siempre rodeado de una apretada muchedumbre, que le sigue -a todas partes, pareciendo Agesilao un simple particular, mientras -Lisandro se asemeja a un rey, lo cual contribuye a excitar contra -él a Agesilao, como pudo verse más tarde. Los Treinta no pueden -tampoco ocultar su envidia y representan a aquel cuán culpable es la -conducta de Lisandro, que despliega un fausto verdaderamente real; -de ahí que cuando este le presenta algunas personas, niega Agesilao -todas las peticiones en que parece interesarse Lisandro. Finalmente -apercibiéndose este de que todos los asuntos por los que se interesa -son despachados en sentido contrario a su deseo, adivina el motivo de -ello, y desde entonces no consiente que nadie le acompañe, y manifiesta -sin ambages a cuantos reclaman su mediación, que sus asuntos tendrán -peor éxito si interviene en ellos, y no pudiendo ya soportar por más -tiempo su infortunio, dirigiéndose a Agesilao le dice:</p> - -<p>—«Agesilao, tú no buscas más que humillar a tus amigos.</p> - -<p>—Sí, por Júpiter —contesta este—, en cuanto a aquellos que -desean sobreponérseme, porque respecto a aquellos que procuran mi -engrandecimiento, consideraría como una gran vergüenza el no procurar -honrarles como merecen.</p> - -<p>—Posible es —replica Lisandro— que obres en ello con más justicia -que yo, pero concédeme una nueva gracia, a fin de que no me deshonre -el no poder conseguir nada junto a ti, y que al mismo tiempo no sea -un obstáculo a tus acciones:<span class="pagenum" id="Page_115">p. -115</span> envíame a cualquier parte, pues donde quiera que sea -procuraré serte útil.»</p> - -<p>Después de haber hablado así, parécele conveniente a Agesilao y -le manda al Helesponto. Una vez allí, Lisandro averigua que el persa -Espitrídates ha sido humillado por Farnabazo, y teniendo con él una -entrevista le persuade a que se una a los griegos con sus hijos, sus -riquezas y unos doscientos caballos, dejando a los cuales en Cícico se -embarca con Espitrídates y su hijo y los conduce a Agesilao. Este, al -verlos, admirablemente complacido por esta acción, se informa del país -y del mando de Farnabazo.</p> - -<p>Enorgullecido Tisafernes por saber se halla en camino el ejército -que le envía el rey, declara la guerra a Agesilao si no sale de Asia; -los aliados y los lacedemonios que allí se hallaban se muestran -apesadumbrados, comprendiendo la grande inferioridad de las fuerzas de -Agesilao, comparadas al grande aparato de las del rey; pero aquel, con -rostro alegre, ordena a los mensajeros den a Tisafernes las gracias -por haberse hecho enemigos de los dioses con su perjurio, y haberlos -convertido con él en aliados de los griegos. Da inmediatamente orden -a sus soldados para que hagan sus preparativos de campaña, y a las -ciudades por donde debía pasar para dirigirse a Caria, la de tener -bien provistos sus mercados, y envía asimismo a los jonios, eolios -y helespontinos la orden de que le manden a Éfeso las tropas que -deben proporcionarle. Tisafernes, sabiendo que Agesilao no tiene -caballería mercenaria y que Caria no se presta para las maniobras de -la caballería, así como que le guarda aquel rencor por su perfidia, -y creyendo que<span class="pagenum" id="Page_116">p. 116</span> -Agesilao va a dirigirse directamente hacia Caria, su residencia, hace -pasar a ella toda su infantería y ocupa con su caballería la llanura -del Meandro, esperando hallarse en situación para aplastar con sus -caballos a los griegos antes de que puedan estos llegar a las otras -comarcas, que no son favorables para las maniobras de la caballería. -Pero Agesilao, en vez de dirigirse directamente a Caria, cambia -súbitamente de dirección y avanza por Frigia, reclutando fuerzas a -su paso, sometiendo ciudades y recogiendo abundante botín con esta -repentina invasión. Avanzan con entera tranquilidad; pero al llegar -junto a Dascilio, los soldados de caballería de su vanguardia suben -a una colina para reconocer el país que se ofrece a su vista, y da -la casualidad que los caballos de Farnabazo, mandados por Ratines -y Bageo, hermano natural de Farnabazo, en número igual al de los -griegos, galopan también por orden de este último en dirección a la -misma colina. Cuando se distinguen unos a otros no distaban ya entre -sí más de cuatro pletros<a id="FNanchor_115" href="#Footnote_115" -class="fnanchor">[115]</a>; fórmanse los griegos en falange en -cuatro filas, y los bárbaros a doce de frente, pero con el fondo -muy nutrido; atacan los primeros y vienen a las manos. A cada golpe -rompen los griegos sus lanzas, mientras los persas, que las tienen -de cornejo, matan en poco tiempo a doce soldados y dos caballos, con -lo cual declárase en fuga la caballería griega; pero llega Agesilao -en su auxilio con los hoplitas, y tienen los bárbaros que<span -class="pagenum" id="Page_117">p. 117</span> retroceder después de haber -sido muerto uno de los suyos.</p> - -<p>Al día siguiente de esta escaramuza entre la caballería, ofrece -Agesilao un sacrificio para el ataque; pero siendo desfavorables las -entrañas de las víctimas, retrocede hacia el mar. Conociendo que no -podrá adelantarse en la llanura mientras no posea una caballería -bastante fuerte, comprende debe procurársela a todo trance, a fin de -no tener que hacer la guerra huyendo; ordena, por lo tanto, a los más -ricos de todas las ciudades de la comarca procuren criar caballos, -anuncia que dispensará del servicio a todo el que presente un caballo -con su equipo y un soldado experto en el manejo del mismo y hace -ejecutar con prontitud sus órdenes, como si se tratase de que cada cual -pusiera un sustituto para morir en su lugar.</p> - -<p>Al principiar la primavera<a id="FNanchor_116" href="#Footnote_116" -class="fnanchor">[116]</a> reúne todo su ejército en Éfeso, y queriendo -adiestrarle, promete premios a las tropas de caballería que mejor -maniobren, a los hoplitas que tengan el cuerpo más robusto y a<span -class="pagenum" id="Page_118">p. 118</span> los peltastas y arqueros -que muestren mejor puntería en sus tiros; hubiérase visto entonces -los gimnasios llenos de hombres que se ejercitaban, los hipódromos de -los que evolucionaban a caballo, y de arqueros y saeteros que tiraban -al blanco. La ciudad entera en que se hallaba ofrecía un interesante -aspecto: la plaza pública llena por todas partes de armas y caballos -en venta; los obreros de toda clase, en cobre, en madera, en hierro, -en cuero y en pintura, trabajando en la fabricación de armas; en -fin, hubiera podido tomarse a Éfeso como un taller de la guerra. -Nada inspiraba, sobre todo, tanta confianza como el ver al mismo -Agesilao y a sus soldados con coronas de flores ir a ofrecerlas al -salir de los gimnasios a la diosa Diana; porque ¿cómo no hallar buenas -esperanzas donde los hombres respetan a los dioses, se ejercitan en -la guerra y obedecen a sus jefes? Persuadido asimismo Agesilao de que -el desdén hacia el enemigo da valor para combatirle, dio orden a los -pregoneros para que vendieran desnudos a los bárbaros cogidos por los -exploradores, y los soldados, viendo aquellos cuerpos tan blancos, -porque no se desnudan nunca, linfáticos y obesos, pues siempre se -hallaban montados en los carros, comprendían que la guerra con ellos -sería como si peleasen con mujeres.</p> - -<p>Con estos preparativos había transcurrido ya un año desde la marcha -de Agesilao; de manera que Lisandro y los otros treinta vuelven a -Esparta, siendo reemplazados por los que se habían nombrado bajo el -mando de Herípidas. Agesilao confía la caballería a Jenocles y a -otro jefe, los hoplitas neodamodes a Escites, a Herípidas las tropas -que<span class="pagenum" id="Page_119">p. 119</span> habían servido -a Ciro, y a Migdón el contingente de los aliados. Anuncia después a -sus soldados va a llevarles por el más corto camino a la parte más -fortificada del país, a fin de que preparen su espíritu y su cuerpo -para combatir dentro de poco. Tisafernes cree quiere engañarle como la -otra vez, y que su verdadero designio es el de dirigirse a Caria: hace, -pues, pasar como la primera vez su infantería a dicha región, y coloca -también su caballería en la llanura del Meandro; pero Agesilao, que no -había mentido, se dirige inmediatamente, cumpliendo lo que había dicho, -a la provincia de Sardes; marcha tres días a través del desierto, sin -encontrar al enemigo, procurando a su ejército víveres en abundancia; -pero al cuarto día se distingue la caballería de los bárbaros. El -comandante de la caballería da orden al jefe de los escevóforos para -que pase el Pactolo y asiente el campamento; y allí, al ver algunos -sirvientes griegos apartarse de los suyos para saquear, matan a gran -número de ellos, por lo cual Agesilao envía a la caballería para -socorrerles. Por su parte los persas, al conocer les llega este -refuerzo, reúnen también su caballería y hácenla avanzar en orden -de batalla. Agesilao, al ver que los enemigos carecen de infantería -mientras él tiene todas las fuerzas que necesita, juzga oportuno librar -combate. Inmoladas las víctimas, hace avanzar a su falange contra la -caballería enemiga, ordena a los hoplitas veteranos lleguen al mismo -tiempo a la carrera y avancen corriendo los peltastas, así como manda -cargar a la caballería, mientras él les sigue con todo el ejército.</p> - -<p>Rechazan los persas a la caballería; pero cayendo<span -class="pagenum" id="Page_120">p. 120</span> sobre ellos todo el peso -del ejército, tienen que replegarse, pereciendo unos inmediatamente -en el río, mientras los otros se declaran en fuga. Persíguenles los -griegos y se apoderan de su campamento, ocupándose los peltastas, según -su costumbre, en saquear. Agesilao, envolviéndolo todo con su ejército, -hace que los dos campos se confundan y realiza un inmenso botín que -produce más de setenta talentos, además de los camellos de que se -apoderan, y que se llevó Agesilao a Grecia.</p> - -<p>Mientras tenía lugar este combate, se hallaba Tisafernes en Sardes, -por lo cual los persas le acusaron de haberles hecho traición, y el -rey, considerándole como la causa de todos esos desastres, envió -a Titraustes con orden de cortarle la cabeza. Hecho esto, envía -Titraustes mensajeros a Agesilao para decirle:</p> - -<p>—«Agesilao, el autor de todas las dificultades entre ambos ha -recibido ya su merecido castigo; el rey quiere que te vuelvas a tu -país y que las ciudades independientes de Asia le paguen el antiguo -tributo.»</p> - -<p>Agesilao contesta que no puede adherirse a esto sin el -consentimiento de los magistrados de su país.</p> - -<p>—«Pues bien —dice Titraustes—, mientras esperas las instrucciones de -tu patria, retírate al territorio de Farnabazo, pues yo te he vengado -ya de tu enemigo.</p> - -<p>—Está bien —contesta Agesilao—; pero es preciso que proveas a mi -ejército de los víveres necesarios, hasta que haya llegado allí.»</p> - -<p>Titraustes le da treinta talentos, y él los toma y se dirige a -Frigia, que pertenecía a Farnabazo.</p> - -<p>Mientras estaba en la llanura que se encuentra pasada Cime, llega -un mensajero de los magistrados de Esparta y le ordena tome también -el mando de<span class="pagenum" id="Page_121">p. 121</span> la -flota, escogiendo a quien quiera para comandante de las naves. Obran -así los lacedemonios por la razón de que, gracias a la concentración -del mando de los dos ejércitos en un solo jefe, el de tierra ganará -mucho en poder, y la flota podrá también ser sostenida por el ejército -cuando así fuese necesario. Al saber esta nueva, Agesilao excita a -las ciudades situadas en las islas y en el litoral a que construyan -cuantas trirremes puedan, con lo cual obtiene un refuerzo de ciento -veinte naves, así de las ciudades a quienes las ha pedido, como de los -particulares que quieren congraciarse con él. Escoge para comandante -de las naves a Pisandro, su cuñado, amigo de la gloria y de alma bien -templada, pero que carece del talento necesario para un mando tan -elevado. Parte Pisandro para llenar sus funciones, y Agesilao continúa, -como se había propuesto, su marcha contra Frigia.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch3_5"> - <h3>CAPÍTULO V.</h3> -</div> - -<p>Creyendo Titraustes apercibirse de que Agesilao menosprecia el -poder del rey y que en vez de evacuar Asia alimenta más bien grandes -esperanzas de someterla, en la incertidumbre en que está respecto a lo -que debe hacer, envía a Grecia<a id="FNanchor_117" href="#Footnote_117" -class="fnanchor">[117]</a> al rodio Timócrates, a quien entrega unos -cincuenta talentos<span class="pagenum" id="Page_122">p. 122</span> en -oro, encargándole soborne a los magistrados de las diferentes ciudades, -exija de ellos las mayores pruebas de fidelidad y les excite para que -declaren la guerra a los lacedemonios. Parte aquel a Grecia y hace -aceptar sus dones a Androclidas, Ismenias y Galaxídoro en Tebas, a -Timolao y a Poliantes en Corinto y a Cilón y sus amigos en Argos. Los -atenienses, aunque no participan de este oro, desean, sin embargo, la -guerra con ardor, pues creen están bajo el yugo de Esparta. Comienzan -los que han recibido el dinero por declamar en sus mismas ciudades -contra los lacedemonios; después excitan contra ellos el odio de todos, -y concluyen, por último, por confederar con ese objeto las ciudades más -principales.</p> - -<p>Conociendo el gobierno de Tebas que si no se principia la guerra no -querrán los lacedemonios romper la tregua con sus aliados, persuade -a los locrios opuntios a que levanten tributos en el territorio que -tienen en litigio con los focidios, con lo cual espera se arrojarán -enseguida los focidios sobre la Lócrida, presunción que vienen a -confirmar por completo los hechos, pues los focidios invaden aquella -comarca y se apoderan de considerables riquezas. Con este motivo el -partido de Androclidas persuade fácilmente a los tebanos a que socorran -a los locrios ya que los focidios han invadido un territorio que no -solo no está en litigio, sino que es reconocido por todos como amigo -y aliado. Así, pues, cuando los tebanos verifican una nueva irrupción -en la Fócida y devastan el país, envían los focidios diputados a -Lacedemonia reclamando su auxilio, juzgándose dignos de él, pues no -han principiado<span class="pagenum" id="Page_123">p. 123</span> la -guerra, ya que, según afirman, solo se han dirigido contra los locrios -para rechazarlos. Acogen con alegría los espartanos este pretexto -para combatir con los tebanos, pues tiempo hacía les guardaban rencor -por haber reclamado en favor de Apolo el diezmo del botín de Decelia -y por no haberles querido acompañar en el ataque del Pireo, así como -les acusaban también de haber convencido a los corintios para que no -fuesen a pelear con ellos, ni habían olvidado tampoco el haber impedido -a Agesilao sacrificar en Áulide, arrojando del altar las víctimas y el -haber rehusado seguirle en su expedición a Asia. Consideran que es una -preciosa ocasión para dirigir contra ellos un ejército y poner coto -a su insolencia; sus asuntos en Asia hállanse en próspera situación, -gracias a las victorias de Agesilao, y en Grecia ninguna otra guerra -ha de servirles de obstáculo; por todo lo cual, estando los ciudadanos -en esta disposición de ánimo, anúncianles los éforos la declaración -de guerra y mandan a Lisandro junto a los focidios ordenándoles -se dirijan a Haliarto<a id="FNanchor_118" href="#Footnote_118" -class="fnanchor">[118]</a> con un ejército compuesto de focidios, -eteos, heracleotas, melios y enianos. Pausanias debía también dirigirse -allí el día prefijado, seguido de los espartanos y de los aliados -peloponesios, para tomar el mando. Lisandro ejecuta puntualmente -las órdenes recibidas y aparta además a Orcómeno del partido de los -tebanos. Por su parte Pausanias, después de ofrecer los sacrificios -impetrando el feliz viaje, se establece en Tegea, de donde envía a -reclutar soldados a los jefes de los mercenarios y adonde consigue -asimismo<span class="pagenum" id="Page_124">p. 124</span> se dirijan -las tropas de las ciudades vecinas. Así que los tebanos tienen la -seguridad de que los lacedemonios invadirán su país, envían mensajeros -a Atenas que dicen al pueblo lo siguiente:</p> - -<p class="mt1">«Atenienses: Los cargos que nos habéis hecho de haber -decretado al terminar la guerra, crueles leyes contra vosotros, no -son justos; no era la ciudad, sino un solo hombre<a id="FNanchor_119" -href="#Footnote_119" class="fnanchor">[119]</a>, quien lo propuso, -pues se sentaba entonces en el consejo de los aliados. Pero cuando -los lacedemonios hicieron decidirnos para atacar el Pireo, la ciudad -en masa decretó que no nos uniéramos a ellos para esta expedición. -Por esto, ya que sois vosotros una de las causas principales del odio -que nos tienen los espartanos, creemos justo vengáis en socorro de -nuestra ciudad. Pero aun creemos más, pues confiamos en que cuantos -se hallaban entonces en vuestra población se apresurarán a marchar -contra los lacedemonios. Ellos son, en efecto, los que después de -haber impuesto al pueblo una oligarquía odiosa, y mientras se llamaban -nuestros aliados llegando con poderoso ejército, os entregaron en manos -de la multitud; de modo que no ha dependido de ellos el que no hayáis -perecido por completo, pues el pueblo ha sido el que os ha salvado.</p> - -<p>»Todos sabemos, ¡oh atenienses! que queréis reconquistar vuestro -antiguo poderío, y ¿qué mejor medio para conseguirlo que ayudar -vosotros mismos a los que son víctimas de las injusticias de Esparta? -No temáis el número de los que les siguen, pues<span class="pagenum" -id="Page_125">p. 125</span> debéis ser mucho más audaces al recordar -teníais tantos más enemigos cuando contabais con muchos aliados. -Mientras carecían estos de quien protegiera su defección, ocultaban -hipócritamente el odio que os tenían; pero así que los lacedemonios -se pusieron a su cabeza, mostraron inmediatamente sus verdaderos -sentimientos hacia vosotros. También hoy sucederá lo mismo; así que -se haga público que nos unimos unos y otros para combatir a los -lacedemonios, inmediatamente aparecerán, y en gran número, los que -les detestan. Basta que reflexionéis un poco para convenceros de -que es verdad cuanto os decimos. En efecto, ¿qué pueblo fiel les -queda ahora? No serán sin duda los argivos, que se han considerado -en todo tiempo como enemigos suyos, ni los eleos, pues acaban de -enajenárseles al tomarles sus ciudades y gran parte de su territorio; -y ¿qué diremos de los corintios, arcadios y aqueos, que, si bien -cediendo a sus instancias, han compartido con ellos sus trabajos, sus -peligros y sus gastos en la guerra que os hicieron, después de haber -hecho cuanto querían, no han alcanzado la más pequeña parte en su -poder, honores y riquezas? Por el contrario, se les ha envilecido e -irritado al enviarles hilotas por gobernadores, del propio modo que -supieron declararse jefes de los aliados independientes después de -haber conseguido el predominio sobre vosotros. Por otra parte, han -engañado notoriamente a cuantos apartaron de vuestra alianza, pues en -vez de reconocerles su libertad, les han impuesto la doble tiranía -de los gobernadores y de los Diez que estableció Lisandro en cada -ciudad. Y el rey de Persia, después de haberles proporcionado los<span -class="pagenum" id="Page_126">p. 126</span> recursos más considerables -para batir vuestro poderío, ¿ha alcanzado, por ventura, ninguna ventaja -que no hubiera podido obtener uniéndose a vosotros contra ellos?</p> - -<p>»¿No adquiriréis, pues, un poder mayor que el que teníais antes, -si os ponéis al frente de los pueblos que tan imprudentemente han -perjudicado? Durante la época de vuestro predominio teníais únicamente -imperio sobre el mar; pues bien, ahora podéis dominarnos a todos -nosotros, a los peloponesios, a las ciudades que antes os estaban -sometidas y al mismo rey, cuyo poderío es tan grande. Bien sabéis que -éramos para Esparta unos aliados dignos de ser tenidos en cuenta, y -ahora es natural que combatamos con vosotros con una energía mucho -mayor que la que desplegamos al combatir con ellos, pues la lucha -actual no tiene por objeto pelear por los siracusanos o por algún otro -pueblo extranjero, como sucedía entonces, sino por nosotros mismos, que -hemos visto lesionados nuestros derechos.</p> - -<p>»No debéis ignorar tampoco que la codiciosa dominación de los -lacedemonios es mucho más fácil de abatir que en otro tiempo lo fue la -vuestra; vosotros teníais grandes fuerzas navales y mandabais sobre -ciudades que carecían de ellas, y en cambio los lacedemonios, cuyo -número es muy escaso, tiranizan a un gran número de estados que cuentan -con mayores fuerzas que ellos. He aquí lo que os decimos; sabedlo bien, -sin embargo, atenienses, pues creemos proponeros una alianza que os ha -de ser mucho más ventajosa que a nosotros.»</p> - -<p class="mt1">Después de decir esto se callaron. Gran número<span -class="pagenum" id="Page_127">p. 127</span> de atenienses hablan en -igual sentido, y por unanimidad se decreta socorrer a los tebanos. -Trasíbulo, después de leer el decreto a los enviados, les manifiesta -que, aunque el Pireo carezca de muralla, no por eso Atenas retrocederá -ante el peligro, para devolver a los tebanos más que lo que de ellos ha -recibido.</p> - -<p>—«Vosotros —les dice— no habéis hecho más que rehusar a nuestros -enemigos vuestro auxilio para combatirnos, y en cambio nosotros -pelearemos con los que os ataquen.»</p> - -<p>Los tebanos regresan a su ciudad y se preparan a la defensa, así -como los atenienses para ayudarles. Tampoco los lacedemonios dejan de -prevenirse, pues el rey Pausanias avanza hacia Beocia con su ejército -y el del Peloponeso a excepción de los corintios, que no han querido -seguirle. Lisandro, que conduce los soldados de Fócide, de Orcómeno -y de las demás ciudades de aquella región, llega antes que Pausanias -frente a Haliarto, y una vez allí, no espera tranquilamente al ejército -lacedemonio, sino que avanza contra la ciudad con las tropas que tiene; -había persuadido ya a sus habitantes a que se apartaran del partido -enemigo y a que se hicieran independientes, pero habiéndose opuesto a -ello algunos tebanos que había en la ciudad, la pone sitio, lo cual -sabido por los de Tebas, avanzan estos a la carrera, así hoplitas como -caballos. No se ha averiguado aún si le sorprendieron de improviso o -si es que creyó poder sostener su ataque con esperanza de vencerlos, -pero lo que sí está completamente averiguado es que el combate tuvo -lugar ante los muros, y que levantaron los tebanos un trofeo ante las -puertas de Haliarto. Muerto Lisandro, huyen sus<span class="pagenum" -id="Page_128">p. 128</span> soldados al monte, vigorosamente -perseguidos por los tebanos, los cuales alcanzaban ya la cima, cuando -los hoplitas enemigos, viéndoles atascados en desfiladeros estrechos y -difíciles, se vuelven y les lanzan dardos y les rechazan. Dos o tres -tebanos de los más osados perecen, y las piedras arrojadas desde la -cima caen sobre los restantes, lo cual hace que volviendo al combate -los fugitivos rechacen del monte con más de doscientos hombres de -pérdida, a los tebanos.</p> - -<p>Contristados estos, pensando que en la jornada no han experimentado -menos daño que el que han hecho sufrir al enemigo, recobran al día -siguiente los ánimos al cerciorarse de que los focidios y demás -aliados han regresado durante la noche a sus hogares. La llegada, -sin embargo, de Pausanias y el ejército espartano hace creerles de -nuevo en gran peligro, y se dice que el silencio y la consternación -reinaba en su ejército; pero cuando al día siguiente llegan los -atenienses para juntárseles y ven que Pausanias no se mueve ni presenta -combate, comienzan a recobrar los ánimos. Convoca Pausanias a los -polemarcas y penteconteras<a id="FNanchor_120" href="#Footnote_120" -class="fnanchor">[120]</a>, deliberando sobre si debe librar el -combate o proponer una tregua para levantar los cuerpos de Lisandro y -de los que han perecido con él. Considerando todos ellos que Lisandro -ha muerto, que su ejército ha sido vencido y dispersado y que los -corintios no han querido tomar parte en esta guerra, así como que las -tropas que mandan no se hallan muy dispuestas a combatir, deciden -pedir una tregua para recoger<span class="pagenum" id="Page_129">p. -129</span> los muertos, sobre todo después de considerar que la -caballería enemiga es muy numerosa y muy débil la suya, y sobre -todo que yaciendo los muertos al pie de los muros, aunque quedasen -vencedores en la batalla sería muy difícil levantarlos, por impedirlo -los soldados que estaban en las torres. Los tebanos declaran, sin -embargo, que no devolverán los muertos si los lacedemonios no evacuan -el país, cosa a que acceden gustosos, y recogiendo sus muertos salen de -Beocia.</p> - -<p>Después de estos hechos, los lacedemonios se retiran completamente -desconcertados, mientras quedan los tebanos llenos de arrogancia, hasta -el punto de que, si llega alguien a poner el pie en su territorio, -después de apalearle le ponen otra vez en la frontera. Tal es el -resultado de la expedición de los lacedemonios.</p> - -<p>Al llegar a Esparta es acusado Pausanias y es condenado a la pena -capital. Los cargos que se le hacían consistían: En haber llegado más -tarde que Lisandro a Haliarto, siendo así que había convenido en llegar -el mismo día; el haber recogido los muertos gracias a una tregua y no -por un combate, y por fin, haber dado libertad al pueblo de Atenas -que tenía encerrado en el Pireo. Como no se presenta al tribunal, es -condenado a muerte; huye a Tegea y allí muere de enfermedad. Esto es -cuanto sucedió en Grecia en esta época.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch4_1"> - <p><span class="pagenum" id="Page_131">p. 131</span></p> - <h2 class="nobreak g1 mt15">LIBRO CUARTO.</h2> - <hr class="tir" /> - <h3>CAPÍTULO PRIMERO.</h3> -</div> - -<p>Agesilao, después de haber llegado en otoño<a id="FNanchor_121" -href="#Footnote_121" class="fnanchor">[121]</a> a Frigia, gobernada por -Farnabazo, tala y saquea la comarca y se apodera de grado o por fuerza -de las ciudades. Habiéndole asegurado Espitrídates que si quiere ir -con él a Paflagonia, podrá tener fácilmente una entrevista con el rey -de aquella región y obtener su alianza; se pone en marcha esperando -obtener que abandone esta nación la obediencia del rey, cosa que -deseaba hacía mucho tiempo.</p> - -<p>Así que llega a la Paflagonia, Otis se dirige a su encuentro -para negociar una alianza; había sido llamado por el rey pero -no había acudido a su llamamiento, y siguiendo los consejos de -Espitrídates, había, por el contrario, mandado a Agesilao mil caballos -y dos mil peltastas. Reconocido Agesilao al<span class="pagenum" -id="Page_132">p. 132</span> servicio prestado por Espitrídates, le -dice:</p> - -<p>—«Espitrídates, ¿darías con gusto tu hija en matrimonio a Otis?</p> - -<p>—Con mayor gusto —contesta este— del que tendría aquel siendo rey de -un país vasto y poderoso en casarse con la hija de un desterrado.»</p> - -<p>No se trató más de este asunto, pero cuando Otis se despide de -Agesilao para volverse a su país hace este que se retire Espitrídates, -y delante de los Treinta le dice:</p> - -<p>—«Escucha, Otis: ¿es noble el linaje de Espitrídates?</p> - -<p>—Tanto, contesta Otis, como el que más entre los persas.</p> - -<p>—¿Viste cuán hermoso es su hijo? dice nuevamente Agesilao.</p> - -<p>—Ya lo creo; anoche cené con él.</p> - -<p>—Pues dicen que más hermosa es su hija.</p> - -<p>—Por Júpiter, no dicen nada que no sea verdad.</p> - -<p>—Pues bien —añade Agesilao—, ya que somos amigos, vería con mucho -gusto que te casases con ella, pues dices es tan hermosa, cualidad -que es la mejor condición para el esposo. Su padre es de elevado -nacimiento, y suficientemente poderoso para haber podido vengarse, -como ves, de las injusticias de Farnabazo, arrojándole de toda esta -comarca; fácilmente comprenderás, que así como ha podido vengarse de -este enemigo, podrá favorecer también al que esté ligado con él por -la amistad. Piensa además, que al realizar mis deseos, no solo entras -en la parentela de Espitrídates, sino también en la mía y en la de -todos los espartanos, y como que mandamos sobre toda Grecia, en la de -toda ella. ¿Quién habrá tenido unas bodas más espléndidas si a ello te -decides? y ¿qué novia habrá tenida jamás un cortejo tan numeroso de -caballeros, peltastas y hoplitas, como la tuya al ser conducida a tu -morada?</p> - -<p>—Agesilao —dice entonces Otis—, ¿tiene la aprobación<span -class="pagenum" id="Page_133">p. 133</span> de Espitrídates cuanto me -dices?</p> - -<p>—Por los dioses —contesta Agesilao—, no me ha indicado que te -hablase de ese asunto, pero yo, si tengo gran placer al vengarme de un -enemigo, mucho mayor le experimento cuando puedo hacer algún bien a mis -amigos.</p> - -<p>—¿Por qué pues —dice Otis—, no te enteras si sería esto de su -agrado?</p> - -<p>—Herípidas y todos vosotros —dice Agesilao, dirigiéndose a los demás -que están con ellos—, id a verle y convencedle para que consienta en lo -que todos deseamos.»</p> - -<p>Levántanse estos y le hablan de este asunto, pero como tardasen en -volver,</p> - -<p>—«¿quieres Otis —dice Agesilao—, que le hagamos venir? Me parece que -le convenceremos más pronto que todos estos juntos.»</p> - -<p>Hace llamar entonces Agesilao a Espitrídates y a cuantos habían ido -a hablarle. Cuando llegan, díceles Herípidas:</p> - -<p>—«¿Para qué decirte, Agesilao, detalladamente cuanto hemos hablado? -Bástete saber que Espitrídates ha consentido en hacer cuanto desees.</p> - -<p>—Paréceme pues, conveniente —dice Agesilao— y cosa próspera y feliz -que des tu hija en matrimonio a Otis, y que tú, Otis, te cases con -ella.</p> - -<p>—Sin embargo, hasta la primavera próxima —dice Espitrídates— no -podremos hacer venir por tierra a mi hija.</p> - -<p>—Por Júpiter —exclama Otis—, si tú quieres puede venir -inmediatamente por mar.»</p> - -<p>Después de esto, entrelázanse ambos las manos y acompañan a Otis -a su casa. Agesilao, viendo la impaciencia de Otis, hace equipar una -trirreme y da orden al lacedemonio Calias para que vaya a buscar a la -novia.</p> - -<p>Adelántase él mismo hacia Dascilio donde se hallaban los palacios -de Farnabazo, rodeados de grandes poblaciones completamente -aprovisionadas, con<span class="pagenum" id="Page_134">p. 134</span> -caza abundante en los parques cerrados o en los lugares descubiertos, -atravesando por allí un río con toda clase de peces, y aves de toda -clase para quien quisiera cazarlas. En este lugar es donde sitúa sus -cuarteles de invierno alimentando a su ejército con las expediciones -de las partidas de forrajeadores. Hallábase el ejército completamente -descuidado y sin parar mientes los soldados en su vigilancia por la -falta de resistencia, cuando sorpréndeles un día Farnabazo con diez -carros armados de hoces y cuatrocientos caballos, mientras se hallaban -dispersos por la llanura en busca de víveres. Al verle avanzar, los -griegos se reúnen corriendo en número de unos setecientos, pero esto -no le detiene, sino que haciendo avanzar a los carros y colocándolos -detrás con su caballería, da la orden de ataque. Lanzados los carros, -ponen en confusión al grueso de aquella fuerza y pronto la caballería -les causa unas cien bajas, y los restantes se refugian junto a -Agesilao, que con los hoplitas no estaba lejos.</p> - -<p>Tres o cuatro días después recibe Espitrídates noticia de que -Farnabazo se halla acampado en Cave, importante población situada -a unos ciento setenta estadios de donde se encontraban. Comunícalo -inmediatamente a Herípidas, el que deseando fogosamente distinguirse -por alguna hazaña, pide dos mil hoplitas y otros tantos peltastas -a Agesilao así como la caballería de Espitrídates, los paflagonios -y cuantos griegos deseen seguirle, obteniendo lo cual, ofrece el -sacrificio que termina al anochecer después de haber conseguido -signos favorables. Manda que después de la comida se reúnan los -expedicionarios en las avanzadas, pero como era<span class="pagenum" -id="Page_135">p. 135</span> ya muy oscuro salen solo la mitad de las -tropas.</p> - -<p>Temiendo Herípidas las burlas de los otros Treinta si se deja -intimidar, se adelanta con las tropas que tiene y al clarear la -aurora se arroja sobre el campamento de Farnabazo; perecen a sus -golpes gran número de misios que formaban la vanguardia, huyen los -restantes y es tomado el campamento, así como gran número de copas y -otros objetos de valor pertenecientes a Farnabazo; su bagaje y las -acémilas que lo llevaban. En efecto, Farnabazo temiendo siempre ser -sorprendido y sitiado al establecerse en algún sitio, atravesaba el -país en todas direcciones al modo de los nómadas, y tenía siempre -oculto su campamento. Al llevarse los paflagonios y Espitrídates las -riquezas de que se habían apoderado, Herípidas les despoja de ellas, -colocando convenientemente sus compañías a fin de poder entregar mucho -botín a los lafirópolas<a id="FNanchor_122" href="#Footnote_122" -class="fnanchor">[122]</a>; Espitrídates y los paflagonios no pueden -tolerar esta conducta, y por la noche levantan su campo y se dirigen a -Sardes entregándose a Arieo, que se había apartado de la obediencia del -rey y le hacía la guerra; al recibir Agesilao la nueva de la defección -de Espitrídates, Megabates y los paflagonios, experimenta el golpe más -rudo de toda la campaña.</p> - -<p>Cierto Apolófanes de Cícico, ligado por hospitalidad desde largo -tiempo con Farnabazo, y que lo estaba asimismo desde poco con -Agesilao, dice a este le parece fácil conseguir de Farnabazo una -conferencia<span class="pagenum" id="Page_136">p. 136</span> para -ver de cesar en su enemistad. Después de oírle, decreta Agesilao una -tregua y dan su palabra a Apolófanes, quien lleva al lugar convenido -a Farnabazo, donde le aguardan Agesilao y los Treinta sentados en el -suelo sobre la hierba; Farnabazo vestía un traje cubierto de ricos -adornos y al ir a extenderle sus criados los almohadones en que -muellemente se sientan los persas, se avergüenza de parecer afeminado -ante la simplicidad de Agesilao y se sienta también en el suelo. -Principian por saludarse uno a otro y después, habiendo Farnabazo -tendido su mano a Agesilao, este se la da también a su vez. Hecho esto -principió a hablar Farnabazo, pues era el más anciano:</p> - -<p>—«Agesilao, y todos los espartanos que estáis presentes, yo era -vuestro amigo y vuestro aliado cuando hacíais la guerra a los -atenienses; fortalecí vuestra flota dándoos dinero, he combatido a -caballo con vosotros y hemos perseguido juntos hasta el mar a los -enemigos. No podréis tampoco reprocharme como a Tisafermes el haber -obrado o hablado con doblez, y a pesar de esta conducta me habéis -reducido a no poder hallar de qué comer en mi mismo territorio, más que -recogiendo como los animales, lo que vosotros dejáis; cuanto me dejó mi -padre, hermosos palacios, parques, jardines y casas de todas clases en -que yo me complacía, todo esto lo veo arrasado e incendiado. Si acaso -ignoro lo justo y sagrado, enseñadme cómo pueden ser tales actos hijos -de hombres que no quieran ser tenidos por ingratos.»</p> - -<p>Así dice, y los Treinta permanecen confusos y guardan silencio. -Agesilao contéstale al cabo de un rato:</p> - -<p>—«Farnabazo, creo que no ignoras que en las ciudades<span -class="pagenum" id="Page_137">p. 137</span> griegas todos los hombres -se ligan con los lazos de la hospitalidad, y sin embargo, cuando estas -ciudades están en guerra, combaten todos por su patria respectiva, y -algunas veces acontece que a pesar de estar unidos por la hospitalidad -se matan unos a otros. Eso es lo mismo que nos pasa hoy, pues haciendo -la guerra a vuestro rey, necesariamente debemos considerar como enemigo -todo lo que a aquel pertenece, y sin embargo, nada deseamos tanto como -ser amigos tuyos. En modo alguno te aconsejaría cambiaras la sumisión -al rey con la nuestra, pero aliándote con nosotros puedes ahora no -tener que prosternarte ante nadie y vivir sin ningún dueño que goce de -lo que es tuyo, porque por mi parte considero la libertad como superior -a todos los tesoros, y sin embargo, no te proponemos que al hacerte -libre te empobrezcas, sino únicamente que nos tomes por aliados a -fin de aumentar, no el poder del rey, sino el tuyo, y a subyugar tus -compañeros de esclavitud para que puedas convertírtelos en súbditos; -y a la verdad, si pudieras hacerte libre y rico a la vez, ¿qué te -faltaría para ser completamente feliz?</p> - -<p>—¿Debo manifestaros con franqueza —contesta Farnabazo— lo que -haré?</p> - -<p>—Esto deseamos.</p> - -<p>—Pues bien —dice—: Si el rey nombra otro general a cuyas órdenes -deba yo obedecer, quiero ser vuestro amigo y aliado; pero si me encarga -a mí el mando, a consecuencia de la emulación que nace de tal cargo, -debéis saber que tendré que emplear para haceros la guerra todos los -medios que estén a mi alcance.»</p> - -<p>Al oír estas palabras Agesilao, tomole de la mano y díjole:</p> - -<p>—«Ojalá puedas ¡oh amigo mío muy querido! ser de este modo nuestro -aliado, pero sabe<span class="pagenum" id="Page_138">p. 138</span> -que ahora voy a evacuar cuanto más pronto pueda tu territorio, y que -en adelante, aunque haya guerra entre nosotros, nos abstendremos de ir -contra ti y los tuyos mientras quede algún otro enemigo.»</p> - -<p>Dicho esto, dase por terminada la conferencia; Farnabazo sube de -nuevo a caballo y se aleja; pero el hijo que había tenido con Parapita -y que era un hermoso joven, quedándose y corriendo hacia Agesilao:</p> - -<p>—«Agesilao —le dice—, quiero estar unido contigo por los lazos de la -hospitalidad.</p> - -<p>—Yo te recibo como huésped.</p> - -<p>—No lo olvides.»</p> - -<p>Inmediatamente toma su lanza que era muy preciosa y la da a -Agesilao; este la recibe, y quitando los magníficos adornos del caballo -de su secretario Ideo, los da al joven, quien salta sobre su caballo -y corre para alcanzar a su padre. Posteriormente otro de los hijos -de Farnabazo, durante la ausencia del padre se apoderó del poder y -destierra al hijo de Parapita. Entonces Agesilao rodéale de cuidados y -hace cuanto puede para que el hijo del ateniense Evalces, de quien se -hallaba prendado, sea admitido en Olimpia al combate de la carrera, a -pesar de ser el de más edad entre los muchachos.</p> - -<p>Conforme lo había ofrecido a Farnabazo, Agesilao evacuó en -seguida el territorio de aquel; acercábase ya la primavera. Llegado -a la llanura de Tebe, acampa junto al templo de Diana Astirene<a -id="FNanchor_123" href="#Footnote_123" class="fnanchor">[123]</a>, y -allí ocúpase en reunir numerosas tropas de todas partes para aumentar -las que tiene, pues se preparaba para penetrar tan adentro como pudiera -en el interior de Asia, creyendo que cuantos pueblos dejase atrás se -sublevarían contra el rey.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch4_2"> - <p><span class="pagenum" id="Page_139">p. 139</span></p> - <h3>CAPÍTULO II.</h3> -</div> - -<p>Hallábanse así las cosas<a id="FNanchor_124" href="#Footnote_124" -class="fnanchor">[124]</a>, cuando los lacedemonios, sabedores -positivamente de que se han derramado por Grecia grandes cantidades -de dinero, y que las ciudades más importantes se han coaligado contra -ellos para hacerles la guerra, consideran en peligro su república y -juzgan necesaria una campaña. Mientras están preparándolo todo para -este objeto, envían junto a Agesilao a Epicídidas, quien le expone -el estado general de los negocios y le transmite la orden de marchar -inmediatamente en auxilio de su patria. Experimenta Agesilao vivo -sentimiento por esta noticia, al pensar los honores y esperanzas -de que se halla privado; juntando, sin embargo, a los aliados<a -id="FNanchor_125" href="#Footnote_125" class="fnanchor">[125]</a>, les -muestra las órdenes de su patria y les dice que es necesario vayan -a prestar auxilio a aquella; «pero podéis estar seguros —añade—, -oh aliados, de que cuando marchen bien los asuntos, no solo no os -olvidaré, sino que volveré en medio de vosotros para poder llevar -a buen término lo que todos deseáis.» Al oír esto, muchos derraman -lágrimas y todos decretan ir con Agesilao a socorrer a Lacedemonia, y -que si, como es de<span class="pagenum" id="Page_140">p. 140</span> -esperar, todo marcha bien, conservándole como jefe, vuelvan de nuevo -a Asia, por lo cual se preparan para seguirle. Deja Agesilao en Asia -al gobernador Éuxeno al frente de las guarniciones, en número no -inferior a cuatro mil hombres, para que pueda conservar las ciudades; -pero al apercibirse de que la mayor parte de los soldados tienen más -deseos de quedarse que de ir a combatir con otros griegos, queriendo -llevarse en buen número a los mejores, ofrece premios a las ciudades -que envíen un ejército más aguerrido, así como a los capitanes de -tropas mercenarias que le presenten las compañías mejor armadas y -disciplinadas, así de hoplitas como de arqueros y peltastas. Anuncia -asimismo un premio para el comandante de caballería que del propio -modo presente el escuadrón mejor montado y armado. Declara que la -distribución de esos premios tendrá lugar en el Quersoneso después que -se haya pasado de Asia a Europa, a fin de que comprendan bien quiere -distinguir a los que deben formar parte de la expedición. Los premios -eran en su mayor parte armas lujosamente labradas, así de infantería -como de caballería; algunas de las recompensas eran coronas de oro. -El valor total de los premios ofrecidos no bajaba de cuatro talentos, -y a pesar de su excesivo coste, consagrose aún mucho dinero a comprar -armas de toda especie para el ejército. Después de haber atravesado el -Helesponto, establece como jueces a los espartanos Menasco, Herípidas -y Orsipo y a un ciudadano de cada una de las poblaciones aliadas. -Después de la distribución de premios se dirige a la cabeza de su -ejército a Grecia, por el mismo camino que había seguido el<span -class="pagenum" id="Page_141">p. 141</span> rey<a id="FNanchor_126" -href="#Footnote_126" class="fnanchor">[126]</a> en su expedición contra -el territorio griego.</p> - -<p>Los éforos deciden que comience la campaña, y la ciudad, por la -menor edad de Agesípolis, elige a su tutor y pariente Aristodemo, para -dirigirla. Así que han pasado la frontera los lacedemonios, reúnense -sus enemigos en asamblea para deliberar sobre el modo más favorable de -librar combate. El corintio Timolao toma la palabra y dice:</p> - -<p class="mt1">«Aliados: Paréceme que los lacedemonios se asemejan -a aquellos ríos que junto a su manantial son pequeños y fáciles de -pasar, pero a medida que avanzan se hacen cada vez más violentos por -la reunión de otros ríos que a ellos afluyen; del propio modo los -lacedemonios, cuando salen de su ciudad, hállanse solos y aislados, -pero a medida que se apoderan de las ciudades van engrosando y se hacen -más difíciles de combatir. Veo también, añadió, que cuando los que -quieren destruir las abejas las persiguen mientras vuelan en libertad, -lo único que consiguen es experimentar numerosas picaduras; pero, por -el contrario, cuando las atacan con el fuego en el interior de su -morada, sin padecer ningún daño se apoderan de todas ellas. Hácenme -pensar estas reflexiones, que lo mejor es librar el combate a los -lacedemonios lo más cerca posible de Laconia, ya que no se pueda en ese -mismo país.»</p> - -<p class="mt1">Esta proposición es aceptada, por parecer a todos tiene -razón el orador; pero mientras se discute sobre la jefatura y se -acuerda el número de filas en que debe disponerse el ejército para el -combate, a fin de que no den los diversos estados demasiado fondo<span -class="pagenum" id="Page_142">p. 142</span> a sus falanges, con lo -cual permitirían a los lacedemonios les envolviesen, estos, reunidos -ya a los tegeatas y mantineos, avanzan hacia el istmo. Con esta rápida -marcha hállanse los lacedemonios en Sición, casi al mismo tiempo en -que se encuentran los corintios en Nemea. Adelantan por la Epiecea<a -id="FNanchor_127" href="#Footnote_127" class="fnanchor">[127]</a>; -pero los gimnetas enemigos<a id="FNanchor_128" href="#Footnote_128" -class="fnanchor">[128]</a>, arrojándoles dardos y flechas desde lo alto -de las colinas, hácenles mucho daño. Bajan entonces de nuevo hacia la -costa y avanzan por la llanura, saqueando e incendiando el país. Llegan -mientras tanto los corintios y acampan a la otra parte de un torrente<a -id="FNanchor_129" href="#Footnote_129" class="fnanchor">[129]</a>; -cuando los lacedemonios se hallan a la distancia de diez estadios de -sus adversarios asientan también estos su campo y se mantienen a la -expectativa.</p> - -<p>Voy a indicar la fuerza de cada uno de los dos ejércitos. Los -lacedemonios habían reunido unos seis mil hoplitas, tres mil eleos, -trifilios, acroreos y lasioneos, mil quinientos sicionios y unos -tres mil epidaurios, trecenios, hermioneos y halieos, con más cerca -de seiscientos caballos lacedemonios, trescientos arqueros cretenses -y casi cuatrocientos honderos marganeos, letrinos y anfídolos; los -fliasios, pretextando una suspensión de armas, no habían querido -seguirles: tales eran las fuerzas de los espartanos.</p> - -<p>Componíanse las fuerzas de los enemigos de unos seis mil -hoplitas atenienses, siete mil argivos, unos<span class="pagenum" -id="Page_143">p. 143</span> cinco mil beocios, pues no habían -comparecido los orcomenios; tres mil corintios, y a lo menos unos -tres mil hombres reclutados en toda Eubea. Este era el número de los -hoplitas; y en cuanto a la caballería, componíase de ochocientos -beocios, pues no habían acudido los orcomenios; unos seiscientos -atenienses, cien calcídeos de Eubea y cincuenta locrios opuntios. -Reunida toda la infantería, era superior en número la de los corintios, -pues formaban parte de ella los locrios ozolios, los melios y los -acarnanios.</p> - -<p>Tales eran las fuerzas respectivas. Mientras los beocios ocuparon el -ala izquierda, no apresuraron el combate; pero cuando se hubo colocado -a los atenienses frente a los lacedemonios y se hallaron aquellos en el -ala derecha enfrente de los aqueos, declaráronse en seguida favorables -las víctimas y diose la orden de prepararse para el combate.</p> - -<p>Descuidando desde un principio la formación de diez y seis en fondo, -dan mucha profundidad a la falange y marchan luego hacia la derecha con -objeto de hacer retroceder el ala de los enemigos; los atenienses les -siguen para impedir se les aísle aunque conozcan corren grande riesgo -de ser envueltos. Hasta entonces no habían conocido los lacedemonios la -proximidad de los enemigos, pues el país estaba muy poblado de árboles; -pero al oír el peán les reconocieron e inmediatamente ordenaron a todas -sus tropas se formaran para el combate. Cuando llegan al sitio en que -las han alineado los jefes extranjeros, se da la orden de que cada -cual siga a su jefe de fila, y se dirigen entonces los lacedemonios -hacia la derecha, extendiendo de tal modo su ala,<span class="pagenum" -id="Page_144">p. 144</span> que solo seis tribus de los atenienses<a -id="FNanchor_130" href="#Footnote_130" class="fnanchor">[130]</a> se -hallan frente a los lacedemonios, y las otras cuatro frente a los -tegeatas. Cuando no están ya más que a la distancia de un estadio, los -lacedemonios, según su costumbre, inmolan una cabra a Diana Agrótera<a -id="FNanchor_131" href="#Footnote_131" class="fnanchor">[131]</a> y -avanzan contra los enemigos en línea curva para poder envolverlos. -Una vez comenzado el combate, los aliados de los lacedemonios son -derrotados por los enemigos; únicamente los peleneos, que luchaban -contra los tespieos, lo hacen de manera que mueren muchos de ambas -partes. Los lacedemonios derrotan por completo a los atenienses que -les están opuestos, y envolviéndolos les matan mucha gente, y como no -han sufrido casi ninguna baja, adelantan en orden de batalla. De este -modo atraviesan por entre las otras cuatro tribus atenienses antes -de que hayan vuelto sobre su persecución; de manera que no tienen -más bajas que las sufridas en el primer choque con los tegeatas. -Encuentran entonces los lacedemonios a los argivos que se retiraban; -iba a atacarles de frente el primer polemarca, cuando, según se -dice, grita uno que debe dejarse pasar a las primeras filas, y una -vez hecho esto, caen los lacedemonios sobre los flancos descubiertos -de los enemigos que pasan ante ellos, y les producen muchas bajas. -Atacan del propio modo a los corintios que iban en retirada, y luego, -encontrando a algunos tebanos que volvían de la persecución, matan -a gran número<span class="pagenum" id="Page_145">p. 145</span> de -ellos. Refúgianse primeramente los vencidos junto a los muros<a -id="FNanchor_132" href="#Footnote_132" class="fnanchor">[132]</a>, pero -rechazados por los corintios, se recogen nuevamente a su primitivo -campamento; por su parte los lacedemonios, retirándose al lugar en que -había principiado el combate, levantan allí un trofeo. Así terminó esta -acción.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch4_3"> - <h3>CAPÍTULO III.</h3> -</div> - -<p>Agesilao acudía desde Asia en auxilio del ejército<a -id="FNanchor_133" href="#Footnote_133" class="fnanchor">[133]</a>. -Hallábase en Anfípolis cuando Dercílidas<a id="FNanchor_134" -href="#Footnote_134" class="fnanchor">[134]</a> le anuncia la victoria -de los lacedemonios, victoria que les ha costado solo ocho hombres, -mientras han tenido los enemigos gran número de muertos.</p> - -<p>—«¿No te parece —le dice Agesilao— que sería muy conveniente -participar cuanto antes esta noticia a las ciudades que nos han enviado -soldados?</p> - -<p>—Ciertamente —responde Dercílidas—, porque esto contribuirá a -aumentar su valor.</p> - -<p>—Pero ya que estás aquí, ¿quién mejor que tú puede encargarse de -llevarles esta nueva?»</p> - -<p>Dercílidas, que era muy aficionado a los viajes, le oye con gusto y -le dice:</p> - -<p>—«Si tú lo ordenas...</p> - -<p>—Te lo mando —contesta Agesilao—, y te encargo les digas que -si la fortuna nos es próspera, volveremos<span class="pagenum" -id="Page_146">p. 146</span> a verles conforme les prometimos.»</p> - -<p>Dercílidas dirígese entonces al Helesponto, y Agesilao, después -de atravesar Macedonia, llega a Tesalia. Los de Larisa, Cranón, -Escotusa y Farsala, pueblos aliados todos de los beocios, así como -los tesalios que no se hallaban expatriados, le seguían acosándole: -hasta entonces su ejército estaba formado en un gran cuadrado con la -mitad de la caballería a la cabeza y la otra mitad a la cola. Pero -como los tesalios atacan su retaguardia deteniendo su marcha, envía -allá toda la caballería de la vanguardia excepto su guardia personal. -Cuando los dos ejércitos se hallan frente a frente, pareciendo -peligroso a los tesalios combatir a los hoplitas con solo caballería, -se retiran poco a poco. Son perseguidos prudentemente; y Agesilao, -conociendo el error que por ambas partes se comete, envía los vigorosos -caballeros que le acompañan<a id="FNanchor_135" href="#Footnote_135" -class="fnanchor">[135]</a> con orden de unirse a los demás y de -perseguir a los enemigos con la mayor prontitud posible sin dejarles -tiempo para rehacerse. Los tesalios, al verse cargados de improviso, -no se vuelven en su mayoría, y los que quieren hacerlo son alcanzados -cuando dan media vuelta sus caballos; mientras, el farsalio Policarmo<a -id="FNanchor_136" href="#Footnote_136" class="fnanchor">[136]</a>, -comandante de la caballería que combate con denuedo, perece, con -los suyos, después de lo cual los tesalios se declaran en derrota. -Hallan unos la muerte, caen otros prisioneros, y los fugitivos no se -detienen hasta<span class="pagenum" id="Page_147">p. 147</span> que -llegan al monte Nartacio, y elevando Agesilao un trofeo entre Pras y -el monte Nartacio, queda muy satisfecho de haber derrotado al pueblo -más célebre por su caballería, con soldados que él mismo ha reclutado -y formado; al día siguiente atraviesa las montañas aqueas de la Ftía, -y desde entonces no tiene que pasar más que por países amigos hasta la -frontera de Beocia. Cuando iba a franquear dicha frontera, el sol se -muestra bajo la forma de luna<a id="FNanchor_137" href="#Footnote_137" -class="fnanchor">[137]</a> y reciben al mismo tiempo la noticia -del desastre naval de Cnido y la muerte del lacedemonio Pisandro, -comandante de las naves. Se le cuenta también la manera cómo tuvo -lugar este combate: junto a Cnido, Farnabazo, ejerciendo de comandante -de las naves, se hallaba al frente de las trirremes fenicias, -delante de las cuales Conón<a id="FNanchor_138" href="#Footnote_138" -class="fnanchor">[138]</a> con la flota griega había dispuesto sus -buques; Pisandro se había puesto en orden de batalla, y cuando se vio -cuán inferiores eran en número a los de la flota griega mandada por -Conón, los aliados que se hallaban en el ala izquierda emprenden la -fuga; reducido Pisandro a sus propias fuerzas, libra combate, pero su -trirreme, atravesada en varios puntos por los espolones de los buques -enemigos, tiene que encallar en la costa, salvándose huyendo la mayor -parte de los que estaban con él después de haber abandonado la nave -y refugiándose en Cnido, mientras perece Pisandro combatiendo en su -nave.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_148">p. 148</span>Al saber estas -noticias experimenta Agesilao grande aflicción, y reflexionando después -que la mayor parte de su ejército se halla bien dispuesto a pelear, -pero que en modo alguno podrá retener a sus soldados si saben han -experimentado los lacedemonios algún desastre, disimula y les anuncia -que Pisandro ha muerto después de haber vencido en un combate naval. -Dicho esto, sacrifica algunos bueyes como en acción de gracias por la -buena nueva y manda a muchos algunos trozos de las víctimas; de este -modo las tropas de Agesilao, gracias al rumor de la victoria naval de -los lacedemonios, quedan vencedoras en una escaramuza que tiene lugar -poco después.</p> - -<p>Los enemigos que iban a oponerse a Agesilao se componían de -beocios, atenienses, argivos, corintios, enianos, eubeos y locrios -de las dos regiones<a id="FNanchor_139" href="#Footnote_139" -class="fnanchor">[139]</a>, mientras que Agesilao tenía consigo la -cohorte lacedemonia que había llegado de Corinto y otra media recién -llegada de Orcómeno, además de con los neodamodes que habían hecho la -campaña de Asia, los mercenarios mandados por Herípidas, las tropas de -las ciudades griegas de aquella misma región y las que había reclutado -a su paso por las de Europa, así como los hoplitas de Orcómeno y de -Fócida. Los peltastas de Agesilao eran mucho más numerosos y el número -de los caballos era casi igual por ambas partes.</p> - -<p>Tal era la fuerza de cada uno de los dos ejércitos, cuyo -combate voy a describir<a id="FNanchor_140" href="#Footnote_140" -class="fnanchor">[140]</a>, pues no ha habido otro igual en nuestra -época. Tiene lugar el encuentro<span class="pagenum" id="Page_149">p. -149</span> en la llanura cercana a Coronea, viniendo los de Agesilao -del Cefiso y los tebanos del Helicón. Mandaba Agesilao el ala izquierda -y los tebanos en su ejército formaban el ala derecha y los argivos la -izquierda. Iníciase el combate con gran silencio, pero llegados los -tebanos a la distancia de un estadio, arrojan grandes gritos y avanzan -a paso de carga: había entre ellos aún un intervalo de tres pletros, -cuando la falange mercenaria de Agesilao, al mando de Herípidas y con -ella los jonios, eolios y helespontinos, se destacan del grueso del -ejército, y a la carrera ponen en derrota a los tebanos cuando han -llegado al alcance de las picas; los argivos, no pudiendo resistir el -empuje de las tropas de Agesilao huyen hacia el Helicón. Coronaban ya -a Agesilao algunos soldados extranjeros, cuando le anuncian que los -tebanos se han entrado por entre los orcomenios hasta los bagajes; -despliega entonces la falange por medio de una brusca evolución, se -arroja sobre ellos, y los tebanos, viendo que sus aliados huyen hacia -el Helicón, apresuran el paso para alcanzarlos.</p> - -<p>Entonces es sin duda alguna cuando muestra Agesilao el valor más -decidido; pero el partido que toma es el más peligroso. Podía haber -dejado pasar al enemigo, que se batía en retirada, y luego, cayendo -sobre él, destrozar su retaguardia, pero no lo hizo, sino por el -contrario, marchó de frente contra los tebanos, que chocando entre -sí los apretados escudos, y combatiendo dan la muerte al par que la -reciben. Finalmente, una parte de los tebanos consigue refugiarse -en el Helicón, pero en la derrota ha perecido gran número de ellos. -Después que está<span class="pagenum" id="Page_150">p. 150</span> ya -la victoria asegurada y que se ha conducido al mismo Agesilao herido -hasta su falange, llegan algunas soldados de a caballo, preguntándole -qué deben hacer con unos ochenta enemigos que se hallan armados en -el templo, y él, cubierto de numerosas heridas, pero sin olvidar lo -que debe a la santidad del lugar, manda se les deje salir en completa -libertad. Después, como ya era tarde, cenan los soldados y se entregan -al descanso.</p> - -<p>Al día siguiente, manda Agesilao al polemarca Gilis forme el -ejército y levante un trofeo, se coronen de flores los soldados en -honor del dios y toquen sus instrumentos los flautistas; todo lo cual -se cumple puntualmente. Envían los tebanos sus heraldos, pidiendo una -tregua para recoger los muertos: concédesela Agesilao y se dirige -a Delfos para consagrar al dios la décima parte del botín, que no -bajó de cien talentos. Retírase a la Fócida el polemarca Gilis a la -cabeza del ejército y desde allí invade la Lócrida. Durante el día -los lacedemonios saquean efectos y víveres en las aldeas, pero cuando -llega la noche y quieren retirarse, son perseguidos por los locrios -que les lanzan dardos y flechas: vuélvense los espartanos y tratan de -perseguirles, causando algunas bajas a sus enemigos, pero los locrios, -renunciando desde entonces a acosarles, se contentan con ofenderles -desde lo alto de las colinas; recházanles también los lacedemonios -hasta los lugares más escarpados, y cuando emprenden la retirada, -habiendo cerrado por completo la noche, unos caen por las desigualdades -del terreno, otros porque no pueden ver, y muchos, finalmente, a -manos del enemigo. Halla la muerte, entre otros<span class="pagenum" -id="Page_151">p. 151</span> muchos que le rodean<a id="FNanchor_141" -href="#Footnote_141" class="fnanchor">[141]</a>, el polemarca Gilis, -así como diez y ocho soldados aplastados por las piedras o atravesados -por los dardos, y si no hubiesen sido socorridos por los soldados del -campamento, después de haber cenado en él, corrían todos gran riesgo de -perecer.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch4_4"> - <h3>CAPÍTULO IV.</h3> -</div> - -<p>Después de esta campaña, parte cada división del ejército para su -respectiva ciudad y Agesilao se embarca en dirección a su patria<a -id="FNanchor_142" href="#Footnote_142" class="fnanchor">[142]</a>. -Hácese la guerra desde entonces entre los atenienses, beocios, argivos -y aliados apostados en Corinto, y los lacedemonios establecidos en -Sición. Viendo los corintios su territorio devastado y diezmada su -población por el continuo pelear en su comarca, mientras goza el -resto de los aliados de la paz y cultivan sus campos, desean se -llegue a un acuerdo, principalmente los más notables y de mayor -poderío, y se reúnen para comunicarse sus deseos. Pero los argivos, -atenienses, beocios y aquellos corintios que habían participado de -las dádivas del rey y que<span class="pagenum" id="Page_152">p. -152</span> eran los más activos fautores de la guerra, comprenden que -si no se deshacen de aquellos que piensan en la paz, correrán gran -riesgo de volver a caer bajo la influencia de Lacedemonia, y apelan -al degüello para impedirlo. No vacilan ante la más impía de las -medidas, pues que en efecto, ninguna sentencia de muerte se ejecuta -durante una fiesta y ellos escogen el último día de las Eucleas<a -id="FNanchor_143" href="#Footnote_143" class="fnanchor">[143]</a>, -a fin de que puedan dar la muerte al mayor número de personas en la -plaza pública. Al dar la señal, cuantos se habían obligado a ejercer -de asesinos sacan sus puñales y principian a dar golpes a diestro -y a siniestro, así entre los que están de pie como entre los que -están sentados, así entre los espectadores como entre los jueces. -Al esparcirse la noticia del degüello, refúgianse los principales -ciudadanos, unos junto a las estatuas de los dioses en la plaza -pública y otros en sus altares, pero también allí aquellos impíos, -pisoteando toda clase de leyes y siendo a la vez sentenciadores y -ejecutores, les degüellan delante de los santuarios, de tal modo, que -aun aquellos que no son asesinados, por poco amor que tengan a la -justicia, sienten horrorizarse su alma al ver esta impiedad. De este -modo perecen gran número de los ciudadanos de más edad, pues eran los -que en mayor cantidad se hallaban en la plaza pública, ya que los más -jóvenes, sospechando algo de lo que se tramaba por las indicaciones de -Pasimelo, se hallaban tranquilamente en el Craneo<a id="FNanchor_144" -href="#Footnote_144" class="fnanchor">[144]</a>;<span class="pagenum" -id="Page_153">p. 153</span> pero pronto oyen los gritos y ven llegar -algunos ciudadanos que han podido escapar al degüello; arrojándose -entonces al Acrocorinto<a id="FNanchor_145" href="#Footnote_145" -class="fnanchor">[145]</a> rechazan a los argivos, así como a las -restantes tropas que les acosan. Mientras deliberan sobre lo que -deben hacer, ven caer el capitel de una columna<a id="FNanchor_146" -href="#Footnote_146" class="fnanchor">[146]</a>, sin temblor de tierra -ni viento alguno, y cuando sacrifican, las víctimas son tales que los -adivinos declaran que lo mejor es abandonar la plaza.</p> - -<p>Aléjanse, pues, para huir del territorio de Corinto; persuadidos -empero por las madres, hermanos y amigos que han ido a su encuentro -y por los juramentos de los que están en el poder, garantizándoles -la más completa seguridad, algunos regresan a sus hogares. Pero más -tarde, cuando ven el país tiranizado y destruido el estado al quitarle -sus fronteras y el nombre de Corinto a su patria, para darle el de -Argos, y un gobierno argivo impuesto a los corintios, gobierno que -no puede convenirles, pues les deja menos independencia que la que -tienen los metecos, comienzan muchos a pensar que no es vivir el tener -que sujetarse a tal estado de cosas, y paréceles una acción meritoria -procurar que Corinto vuelva a ser de nuevo la antigua patria, que goce -de su libertad, que se la purifique de los degüellos y se la haga -disfrutar de una buena legislación; enardécense al considerar que si -tales cosas<span class="pagenum" id="Page_154">p. 154</span> llevan a -cabo serán tenidos por los salvadores de la patria, y que si no pueden -realizarlo, conseguirán la más gloriosa de las muertes, pues habrán -ambicionado el mejor y más grande de los bienes.</p> - -<p>Así, pues, dos de ellos, Pasimelo y Alcímenes atraviesan el torrente -y procuran llegar hasta el polemarca lacedemonio Praxitas, que se -hallaba con su guarnición en Sición y le dicen que podrán introducirle -en el recinto del muro que lleva al Lequeo<a id="FNanchor_147" -href="#Footnote_147" class="fnanchor">[147]</a>. Praxitas, que los -conocía desde mucho antes como hombres dignos de fe, cree en su -palabra, y lo dispone todo de manera que la división que debía partir -a Sición, se quede para tener fuerzas con que entrar en la ciudad. Sea -casualidad, sea cálculo, aquellos dos hombres se hallaban de guardia -en el lugar en que había sido levantado el trofeo<a id="FNanchor_148" -href="#Footnote_148" class="fnanchor">[148]</a>, cuando se presenta -Praxitas a la cabeza de su división con los sicionios y todos los -corintios desterrados. Llegados junto a las puertas y temiendo la -entrada repentina, prefiere mandar antes a un hombre de su confianza -para que examine el estado interior de la ciudad; introdúcenle aquellos -dos hombres y se lo enseñan todo con tanta naturalidad, que vuelve y -declara que no hay que temer ningún engaño, conforme habían asegurado. -Con estas seguridades entran en la ciudad<a id="FNanchor_149" -href="#Footnote_149" class="fnanchor">[149]</a>, pero como los muros -estaban separados entre sí por un intervalo bastante considerable, -les parece ser poco numerosos<span class="pagenum" id="Page_155">p. -155</span> para ocupar este espacio, y hacen del mejor modo que pueden -una empalizada y un foso delante de ellos, a fin de poder esperar -acudan a unírseles los aliados. El puerto que estaba a su espalda se -hallaba guardado por los beocios.</p> - -<p>Termina sin combate el día siguiente a la noche en que entraron, -pero llegan en masa al otro día los argivos y encuentran a sus enemigos -formados en orden de batalla, y constituida el ala derecha por los -lacedemonios, al lado de los cuales estaban los sicionios y los -fugitivos de Corinto en número de unos ciento cincuenta a la parte -oriental del muro; apoyándose en dicho muro están Ifícrates y sus -mercenarios y a su lado los argivos: el ala izquierda está formada -por los corintios de la ciudad. Llenos de confianza en su número, -marchan de frente al enemigo derrotando a los sicionios, derribando -la empalizada y persiguiéndolos hasta el mar, junto al cual hacen -de ellos gran matanza. El jefe de caballería<a id="FNanchor_150" -href="#Footnote_150" class="fnanchor">[150]</a> Pasímaco, que mandaba -un pequeño número de caballos, ordena a sus soldados aten sus corceles -a los árboles, arranca a los fugitivos sus escudos y marcha contra -los argivos con cuantos quieren seguirle. Al ver los argivos grabada -la <span xml:lang="grc" lang="grc">Σ</span><a id="FNanchor_151" -href="#Footnote_151" class="fnanchor">[151]</a> en sus escudos, creen -que son sicionios y no les temen; se cuenta que Pasímaco dijo en este -momento: «¡Por los Dióscuros!<a id="FNanchor_152" href="#Footnote_152" -class="fnanchor">[152]</a> estas <span xml:lang="grc" -lang="grc">Σ</span> os engañan», y se arrojó sobre ellos; pero a pesar -de combatir con<span class="pagenum" id="Page_156">p. 156</span> -valor con el puñado de valientes que le rodean, él y muchos otros, no -consiguen más que hacerse matar.</p> - -<p>Los expatriados corintios, sin embargo, habían vencido a sus -adversarios, y avanzando siempre se habían aproximado mucho al recinto -de la plaza; los lacedemonios también al apercibirse de la derrota de -los sicionios, acuden en su auxilio, defendiendo al mismo tiempo la -empalizada que estaba a su lado izquierdo. Así que saben los argivos -que van a acosarles los lacedemonios, se vuelven, y a la carrera se -dirigen hacia la empalizada para pasarla nuevamente, pero las últimas -filas de la derecha, al exponer sin defensa su flanco, son destrozadas -bajo los golpes de los lacedemonios, y el resto, que se había reunido -junto a los muros, se retira en gran desorden hacia la ciudad, -queriendo dar un rodeo para evitar el encuentro con los desterrados -corintios que se reconocen como enemigos, y subiendo a los muros por -medio de escalas, sin hallar en su precipitación más que la muerte, -ya al saltar de la muralla, ya al pie de la misma escalera, a manos -de sus perseguidores o bien aplastados bajo los pies de sus mismos -compañeros.</p> - -<p>No falta gente que matar a los lacedemonios, pues parece les -concedió en aquel momento la divinidad una victoria que jamás hubieran -podido esperar; porque, en efecto, ¿cómo es posible no parezca empujada -por una fuerza divina aquella multitud de enemigos entregada por su -voluntad, llena de miedo y estupor presentando al descubierto sus -cuerpos y arrastrada toda ella a combatir, contribuyendo a su pérdida -con todos sus esfuerzos, de manera que en un pequeño espacio de -tiempo pereció<span class="pagenum" id="Page_157">p. 157</span> tan -gran número, que los hombres acostumbrados únicamente a ver montones -de trigo, de leñas y de piedras, pudieron ver asimismo montones de -cadáveres? Los guardias beocios apostados en el puerto son también -muertos unos sobre los muros y otros sobre los tejados de los -astilleros, donde se habían refugiado.</p> - -<p>Después de esta acción, los corintios y argivos alcanzan una -tregua para recoger sus muertos; llegan entonces los aliados de los -lacedemonios y una vez reunidas todas las tropas, decide Praxitas -demoler en los muros un trozo suficiente para dar paso a un ejército -y luego, poniéndose a la cabeza de sus tropas, se dirige hacia -Mégara. Toma por asalto a Sidunte y Cromión<a id="FNanchor_153" -href="#Footnote_153" class="fnanchor">[153]</a>, y después de dejar -allí guarniciones, retrocede fortificando Epiecea, a fin de que tengan -los aliados una fortaleza avanzada que proteja a los países amigos, -licenciando luego su ejército, y volviéndose a Lacedemonia.</p> - -<p>Tienen lugar entonces importantes expediciones por ambas partes: -envían las ciudades contingentes de tropa, unas a Corinto y otras -a Sición para conservar los puestos avanzados; los dos ejércitos -sostienen tropas mercenarias con las cuales se mantiene la guerra en -vigor.</p> - -<p>Invade Ifícrates el territorio de Fliunte, y por medio de sucesivas -emboscadas devasta el país con pequeño número de soldados, y produce -muchas bajas a los habitantes de la ciudad que salen sin las debidas -precauciones, con lo cual los fliasios, que no habían querido antes -admitir en sus muros a los<span class="pagenum" id="Page_158">p. -158</span> lacedemonios, temiendo no hiciesen volver a sus desterrados -bajo pretexto de su adhesión a Esparta, tienen un miedo tal a las -tropas de Corinto, que llaman en su auxilio a los lacedemonios y les -entregan la defensa de la ciudad y de la fortaleza. Los lacedemonios, -sin embargo, aunque afectos a los desterrados, no hacen mención de -su llamamiento mientras ocupan la ciudad, y cuando les parece está -suficiente tranquila, se marchan dejando el gobierno y las leyes en el -mismo estado en que se hallaban cuando entraron.</p> - -<p>Ifícrates y sus soldados verifican numerosas irrupciones en -Arcadia, saquean el país y ponen sitio a las ciudades fuera de las -cuales nunca se atreven a salir los hoplitas arcadios, pues tienen un -miedo cerval a los peltastas, quienes a su vez temen de tal modo a -los lacedemonios, que no se ponen jamás a tiro de los hoplitas; pues -había sucedido ya, que poniéndose a su alcance habían sido perseguidos -por los lacedemonios más jóvenes, que habían conseguido matarles -algunos soldados. Los espartanos, que menospreciaban a los peltastas, -despreciaban aún más a sus propios aliados desde la conducta que los -mantineos habían tenido cierto día en una salida contra los peltastas; -habíanse arrojado sobre ellos fuera del Lequeo, pero recibidos con una -lluvia de dardos, se habían replegado y declarado en fuga, dejando en -poder de los enemigos algunos muertos, de manera que los lacedemonios -no dejaban de burlarse de ellos, diciéndoles temían más a los peltastas -que los niños a los fantasmas.</p> - -<p>Salen los lacedemonios del Lequeo con una cohorte y con los -desterrados corintios, con objeto de<span class="pagenum" -id="Page_159">p. 159</span> rodear de tropas a Corinto. Por su parte -los atenienses, temiendo el poderío de los lacedemonios, y que después -de abatir los grandes muros de Corinto se dirigían contra ellos, creen -que lo mejor es reconstruir los muros derruidos por Praxitas, por lo -cual llegan con albañiles y carpinteros en gran número, restablecen en -pocos días el muro occidental que mira a Sición, y en cuanto al muro -oriental lo reconstruyen con mayor facilidad.</p> - -<p>Reflexionando los lacedemonios que los argivos están en completo -reposo en su país y que se complacen en esa guerra, determinan dirigir -contra ellos otra expedición. Pónese al frente de ella Agesilao, y -después de devastar el país, pasa de improviso la frontera en Tenea -y se dirige hacia Corinto, donde destruye las murallas reconstruidas -por los atenienses. Acompañábale por mar su hermano Teleutias con una -docena de trirremes; de manera que pudo alabarse su madre de que en un -mismo día, uno de sus hijos se había apoderado por tierra de los muros -enemigos, y el otro por mar de sus naves y astilleros. Hecho esto, -licencia Agesilao el ejército de los aliados y conduce a Esparta las -tropas nacionales.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch4_5"> - <h3>CAPÍTULO V.</h3> -</div> - -<p>Informados los lacedemonios por los desterrados de que todos -los ganados que poseían los habitantes de la ciudad los habían -puesto en seguridad en el<span class="pagenum" id="Page_160">p. -160</span> Pireo<a id="FNanchor_154" href="#Footnote_154" -class="fnanchor">[154]</a>, donde se refugiaron también muchos de la -población, determinan una nueva expedición contra Corinto, siendo -asimismo jefe de ella Agesilao<a id="FNanchor_155" href="#Footnote_155" -class="fnanchor">[155]</a>. Dirígese<a id="FNanchor_156" -href="#Footnote_156" class="fnanchor">[156]</a> primero al Istmo, pues -era durante el mes en que tienen lugar los juegos ístmicos, y eran los -argivos los que hacían los sacrificios a Neptuno, como si fuesen una -misma cosa Argos y Corinto; pero cuando saben la llegada de Agesilao, -dejan abandonados los sacrificios y festines y se retiran con gran -miedo a la ciudad por el camino de Céncreas. Agesilao, al ver esta -retirada, no los persigue, sino que estableciéndose en el templo, -sacrifica por sí mismo al dios<a id="FNanchor_157" href="#Footnote_157" -class="fnanchor">[157]</a>, y permanece allí hasta que los fugitivos -corintios hayan sacrificado y celebrado los juegos en honor de aquel -dios. Así que se marcha vuelven los argivos y a su vez comienzan los -juegos ístmicos, por lo cual se vio este año a los mismos individuos -vencidos dos veces en los juegos, y a los demás proclamados dos veces -vencedores.</p> - -<p>Al cuarto día conduce Agesilao su ejército contra el Pireo; pero -viendo que está guardado por numerosas fuerzas, se retira después -del almuerzo en dirección a la ciudad, como si fuese a hacerse cargo -de la entrega de la misma. Temiendo entonces los corintios que en -realidad esto se verifique, ordenan a Ifícrates vaya con numerosos -peltastas a reforzarla; pero Agesilao, informado de su marcha -durante la noche, cambia de dirección al apuntar el día, y<span -class="pagenum" id="Page_161">p. 161</span> avanza contra el Pireo. -Dirígese él mismo, hacia las termas, mandando una cohorte a las cimas -más escarpadas, y pasa la noche junto a las termas, mientras la cohorte -tiene que pernoctar en las alturas. En esta ocasión tiene Agesilao que -imaginar un rasgo oportuno que, aunque pequeño en sí mismo, no deja, -sin embargo, de merecer aplauso: ninguno de los que habían llevado -alimentos a la cohorte se había acordado de llevar fuego consigo, y -haciéndose sentir en gran manera el frío, por la extremada elevación -en que se hallaban así como por haber llovido y granizado durante la -tarde, los soldados, que habían subido en traje de verano, hallábanse -ateridos de frío, y por esto y por hallarse en la oscuridad, no se -sentían con ganas para comer la cena. Entonces Agesilao envía no menos -de diez hombres con utensilios llenos de fuego. Subiendo estos por -distintas partes y hallando leña en abundancia, encienden gran número -de hogueras, después de lo cual se frotan con aceite, y la mayor parte -se ponen a cenar. Viose durante esta misma noche el resplandor del -incendio del templo de Neptuno, sin que nadie supiese la causa que lo -ocasionó.</p> - -<p>Cuando vieron los del Pireo ocupadas las alturas, ya no pensaron -en defenderse, sino que hombres y mujeres, esclavos y libres, -huyeron a refugiarse con la mayor parte del ganado en el Hereo<a -id="FNanchor_158" href="#Footnote_158" class="fnanchor">[158]</a>. -Agesilao dirígese entonces con su ejército hacia el mar, y al mismo -tiempo la cohorte, al bajar de las alturas, se apodera de la fortaleza -de Énoe y de todo lo que contiene, proveyéndose abundantemente de -víveres<span class="pagenum" id="Page_162">p. 162</span> los soldados -en los alrededores de la misma. Cuantos se habían refugiado en el -Hereo salen asimismo y piden a Agesilao decida sobre su suerte: este -ordena se entreguen a los desterrados cuantos hayan contribuido a los -degüellos, y que los demás sean vendidos como esclavos, con lo cual se -hace una inmensa cantidad de prisioneros en el Hereo.</p> - -<p>Llegan entonces diputados de varias ciudades, sobre todo de Beocia, -para saber las condiciones bajo los cuales podría obtenerse la paz. -Agesilao les niega audiencia orgullosamente, a pesar de que Fárax, -en su calidad de próxeno<a id="FNanchor_159" href="#Footnote_159" -class="fnanchor">[159]</a>, se interesara mucho en que los recibiese; -sentado en un edificio circular construido en el puerto, inspecciona -los prisioneros. Los hoplitas lacedemonios, armados con sus lanzas, -acompañan a estos esclavos y atraen principalmente la mirada de cuantos -están presentes; porque siempre los que son felices y vencedores -parecen merecer más la atención de todo el mundo.</p> - -<p>Estaba aún sentado Agesilao, y parecía satisfecho de su victoria, -cuando llega al galope un soldado con el caballo lleno de sudor, sin -contestar a cuantas preguntas se le hacen sobre las noticias que -trae, salta del caballo cuando está junto a Agesilao, corre hacia -él y con profunda tristeza le relata el desastre que ha sufrido la -cohorte del Lequeo. Levántase Agesilao de su asiento a esta nueva, -coge su lanza y ordena al heraldo convoque inmediatamente a los -polemarcas, penteconteras y jefes de las tropas mercenarias. Así que -se presentan les dice que coman algo, pues aún no habían almorzado, -y le sigan al instante,<span class="pagenum" id="Page_163">p. -163</span> poniéndose él en marcha al frente de sus comensales, -sin pensar siquiera en tomar alimento. Ármanse los doríforos<a -id="FNanchor_160" href="#Footnote_160" class="fnanchor">[160]</a> y -le siguen inmediatamente. Habían ya pasado las termas y llegado a -las llanuras del Lequeo, cuando se les presentan tres soldados de a -caballo anunciándoles se han recogido ya los muertos. Así que Agesilao -oye esto, manda deponer las armas y da algún reposo a sus tropas, -que conduce después al Hereo; al día siguiente son vendidos los -prisioneros.</p> - -<p>Los diputados beocios que Agesilao hace llamar, y a quienes -pregunta el motivo de su venida, no hacen ya mención de la paz, sino -que dicen desean dirigirse a la ciudad junto a sus soldados, si nada -se opone a ello, y él, sonriendo, «Bien sé —les dice— que no os -mueve el deseo de ver a los soldados, sino el de inspeccionar por -vuestros propios ojos hasta dónde llegan las ventajas obtenidas por -vuestros amigos; quedaos, pues; yo mismo voy a conduciros, y podréis -comprender mejor que yo cuanto allí ha sucedido.» No se engañó: al día -siguiente, después de ofrecer un sacrificio, conduce a su ejército -hacia la ciudad, y sin derribar el trofeo, pero talando y quemando -cuantos árboles quedaban en pie para demostrar que nadie se atreve a -salir a su encuentro, establece su campo junto al Lequeo, y en lugar -de dejar entrar en la población a los diputados tebanos, les hace -partir por mar hacia Creusis<a id="FNanchor_161" href="#Footnote_161" -class="fnanchor">[161]</a>. La magnitud del desastre sufrido por -los espartanos causó gran pena a los soldados, excepto en aquellos -cuyos hijos,<span class="pagenum" id="Page_164">p. 164</span> padres -o hermanos habían perecido en el combate, pues se les veía pasear -adornados como después de una victoria, y glorificándose de la pérdida -que habían experimentado.</p> - -<p>He aquí cómo había sucedido este revés a la cohorte. Cuando los -amicleos se hallan en campaña o ausentes de su patria, tienen costumbre -de volver a ella en la época de las Jacintias, para cantar el peán, -y en esta ocasión Agesilao había dejado a todos los amicleos de su -ejército en el Lequeo. El polemarca que mandaba la guarnición ordena -a las tropas de los aliados que allí se hallaban, queden guardando la -plaza, y él con una división de hoplitas y de caballería, escolta a los -amicleos a lo largo de los muros corintios. Al llegar a unos veinte o -treinta estadios de Sición, vuelve a tomar el camino del Lequeo con -los hoplitas, en número de unos seiscientos, y ordena al jefe de la -caballería regrese después de haber acompañado a los amicleos todo el -tiempo que lo deseen. No ignoraban los lacedemonios que se hallaban en -Corinto gran número de peltastas y de hoplitas, pero confiaban no se -atreverían estos a atacarles después de las últimas victorias. Al ver -dos hombres de los de la ciudad, Calias, hijo de Hipónico, general de -los hoplitas atenienses, e Ifícrates, jefe de los peltastas, aquellas -tropas en número tan exiguo y desprovistas de infantería ligera y de -caballería, creen poder atacarles con entera seguridad con el cuerpo -de peltastas; porque, en efecto, si los lacedemonios continúan su -marcha, asaltando sus flancos indefensos podrán causarles muchas bajas, -y si tratan de perseguirlos, los peltastas, que son los soldados -más ligeros, podrán escapar<span class="pagenum" id="Page_165">p. -165</span> fácilmente a su persecución, por lo cual se deciden a -atacarles. Calias forma sus hoplitas a cierta distancia de los muros, e -Ifícrates, a la cabeza de los peltastas, ataca a la cohorte; alcanzados -los lacedemonios por los dardos que les hieren o matan, ordenan a los -escuderos cojan los heridos y los lleven al Lequeo, y en realidad -fueron los únicos de la cohorte que quedaron con vida. Después ordena -el polemarca a sus veteranos persigan a los que les acometen; pero -pesadamente armadas estas tropas, no pueden aproximarse a tiro de -los peltastas, pues habían recibido estos la orden de retirarse sin -aguardar a pie firme a los hoplitas, y los lacedemonios, no corriendo -todos con igual velocidad, se habían desordenado algún tanto. Así, -pues, cuando quieren juntarse de nuevo a los suyos, los soldados de -Ifícrates, dando una media vuelta, les agobian con sus dardos, unos por -detrás y otros por su flanco descubierto, y matan en esta primera etapa -diez o doce lacedemonios, éxito que les infunde mayor osadía. Habiendo -tenido los lacedemonios esta desventaja, ordena el polemarca ataquen de -nuevo los que hacía ya quince años habían salido de la adolescencia; -pero cuando se repliegan, perecen en mayor número que la primera vez. -Habían perdido ya sus mejores tropas, cuando se les une la caballería e -intenta con ellos un nuevo ataque, y cuando se retiran los peltastas, -ejecuta aquella una falsa maniobra, pues en lugar de perseguirles -hasta haberles causado algunas bajas, carga de frente con los hoplitas -y avanza y se retira al mismo tiempo que estos. Después de haber -repetido varias veces la misma maniobra con iguales resultados, se -debilitan cada vez más en número<span class="pagenum" id="Page_166">p. -166</span> y valor, mientras, por el contrario, los enemigos atacan -cada vez con mayor audacia y en mayor número.</p> - -<p>No sabiendo ya qué hacer, se reúnen en una pequeña colina a dos -estadios del mar y a diez y seis o diez y siete del Lequeo. Los de este -punto, al apercibirse de su mala situación, se embarcan en botes para -dirigirse a la colina, y los lacedemonios, reducidos ya a la mayor -desesperación por su triste posición y por el número de sus muertos, no -pudiendo hacer nada para su defensa, emprenden la fuga cuando ven que -solo vienen hoplitas en su auxilio. Arrójanse unos al mar, y otros, en -reducido número, consiguen refugiarse en el Lequeo con los caballos. -En estos combates parciales y en la derrota pierden unos doscientos -cincuenta hombres. He aquí cómo sucedió este desastre.</p> - -<p>Agesilao, después de dejar en el Lequeo una cohorte y los restos -de la que ha quedado en cuadro, se dirige a Esparta, entrando en las -ciudades lo más tarde posible y saliendo a primera hora. Aunque sale de -Orcómeno por la mañana, no entra en Mantinea hasta por la noche: tanto -es lo que teme la exasperación de sus soldados al comprender la alegría -e irrisión de los mantineos por su derrota. Ifícrates añade nuevos -laureles a los anteriores, pues se hace dueño de todas las plazas en -que había Praxitas establecido guarniciones, como en Sidunte y Cromión, -y Agesilao en Énoe, después de tomar el Pireo. En cuanto al Lequeo, -estaba guarnecido por tropas lacedemonias y aliadas. Desde el desastre -de la cohorte lacedemonia, los desterrados corintios no se atrevían ya -a salir de Sición más<span class="pagenum" id="Page_167">p. 167</span> -que por mar, y costeando desembarcaban en distintos puntos, desde donde -inquietaban a los de la ciudad que a su vez los inquietaban también -cuando podían.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch4_6"> - <h3>CAPÍTULO VI.</h3> -</div> - -<p>Poco después<a id="FNanchor_162" href="#Footnote_162" -class="fnanchor">[162]</a> los aqueos, que eran dueños de la -ciudad de Calidón<a id="FNanchor_163" href="#Footnote_163" -class="fnanchor">[163]</a>, en otro tiempo de Etolia, y que habían -concedido el derecho de ciudadanía a los calidonios, se ven obligados -a poner en ella guarnición, pues los acarnanios se dirigían a atacarla -sostenidos por algunas tropas atenienses y beocias con quienes habían -hecho alianza. Acosados por ellos, envían, pues, los aqueos mensajeros -a Lacedemonia, donde declaran al llegar que no habían sido bien -tratados por los espartanos.</p> - -<p class="mt1">«Ciudadanos —dicen—, nosotros hemos tomado parte -en todas las expediciones a que nos habéis convocado y os hemos -seguido donde quiera nos lo habéis mandado, pero vosotros, en cambio, -ningún cuidado experimentáis por nosotros al vernos sitiados por -los acarnanios y por sus aliados los atenienses y beocios. Si esto -continúa así, no podremos resistirles, pues nos será preciso abandonar -la guerra del Peloponeso y pasar el mar con todas nuestras fuerzas -para<span class="pagenum" id="Page_168">p. 168</span> ir a combatir a -los acarnanios y sus aliados, o procurar hacer la paz bajo las mejores -condiciones posibles.»</p> - -<p class="mt1">He aquí lo que dicen a los lacedemonios, amenazándoles -veladamente con apartarse de la alianza si no acuden a prestarles -auxilio. Los éforos y el senado declaran, después de haberles oído, -que es preciso marchar en auxilio de los aqueos contra los acarnanios, -y envían a Agesilao al frente de dos cohortes y del contingente de -los aliados, a los cuales se unen también en masa los aqueos. Así -que desembarca Agesilao, los campesinos acarnanios se retiran a las -ciudades, y todos los rebaños son llevados a gran distancia para que -no caigan en poder de los soldados. Al llegar a las fronteras, envía -Agesilao mensajeros a la asamblea acarnania reunida en Estrato<a -id="FNanchor_164" href="#Footnote_164" class="fnanchor">[164]</a> para -que declaren que asolará por completo su país, sin perdonar lo más -mínimo, si no renuncian a la alianza de los beocios y atenienses y no -se confederan con los lacedemonios. No obedeciéndole, lleva a efecto -sus amenazas, y ocupado únicamente en devastar el país, no avanza -más que diez o doce estadios por jornada, por lo cual, creyéndose -los acarnanios en seguridad a causa de la lentitud de su marcha, -hacen bajar de los montes a sus rebaños y continúan el cultivo de sus -tierras; pero cuando Agesilao les supone completamente tranquilizados, -a los quince o dieciséis días de su entrada en la comarca, sale -temprano después de haber celebrado los sacrificios, hace una marcha -de ciento cincuenta estadios, llega por la<span class="pagenum" -id="Page_169">p. 169</span> noche a las orillas del lago alrededor -del cual están apacentándose casi todos los rebaños acarnanios, y -apoderándose de una inmensa cantidad de bueyes, caballos y otros -animales de toda clase, hace igualmente gran número de prisioneros.</p> - -<p>Quédase al día siguiente en el mismo lugar para venderlos como -esclavos; pero los peltastas acarnanios, llegando en número bastante -regular, y apostándose en los montes, al pie de los cuales está -acampado Agesilao, arrójanle dardos y piedras, permaneciendo ellos -fuera de su alcance, y obligando al ejército a abandonar las alturas -para bajar a la llanura, a pesar de hallarse ocupado en preparar la -cena. Durante la noche retíranse los acarnanios, y colocando centinelas -los lacedemonios, se entregan al descanso.</p> - -<p>Al día siguiente comienza Agesilao su retirada; pero las montañas -que rodean el valle y la llanura donde está situado el lago no -dejan más que un estrecho paso, y los acarnanios, dueños de las -alturas, arrojan desde allí proyectiles de toda clase, y bajando de -las cúspides, atacan al ejército y le acosan de manera que hacen -completamente imposible su avance. Ningún daño causan a los acosadores -los hoplitas y caballeros de la falange que intentan su persecución, -pues pronto, al retirarse, llegan los acarnanios a posiciones -inexpugnables. Conociendo entonces Agesilao la dificultad en que se -encuentra de salir de aquel desfiladero mientras esté expuesto a los -mismos ataques, decide atacar a los que inquietan su izquierda a pesar -de ser su número bastante considerable, pues esta ladera de montaña es -más accesible a los hoplitas y caballos.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_170">p. 170</span>Mientras ofrece -los sacrificios acósanle vivamente los acarnanios, arrojando a sus -soldados flechas y dardos, y adelantándose tanto, que les causan gran -número de heridos; pero luego que da la orden de ataque, los hoplitas, -que hacía quince años servían en el ejército, se lanzan con arrojo -hacia adelante; carga la caballería sobre los enemigos, y él mismo les -sigue con el grueso del ejército. Repliéganse entonces los acarnanios -que habían bajado hasta la llanura, y después de haber lanzado algunos -proyectiles, son alcanzados y muertos al querer huir a las alturas. -Los hoplitas acarnanios y la mayor parte de sus peltastas se hallaban -ordenados en batalla en la cima del monte, donde aguardan a pie firme -al enemigo: arrojan gran número de dardos; sírvense de sus lanzas como -armas arrojadizas, hiriendo a algunos soldados de a caballo y matando -muchos caballos; pero cuando están a punto de llegar a las manos con -los hoplitas lacedemonios, emprenden la fuga y pierden en esta jornada -unos trescientos hombres.</p> - -<p>Levanta entonces Agesilao un trofeo, devastando después e -incendiando los alrededores; y obligado por los aqueos, ataca algunas -poblaciones, pero sin conseguir apoderarse de ninguna. Finalmente, -como se acercaba el otoño, decide abandonar el país, a pesar de que -los aqueos creen nada ha conseguido, pues no se ha apoderado de -población alguna de grado ni por fuerza. Ruéganle, pues, que, ya que -no ha hecho otra cosa, se quede allí el tiempo necesario para impedir -a los acarnanios la siembra de sus tierras; pero él les contesta que -lo que le aconsejan es contrario a sus propios intereses. «En<span -class="pagenum" id="Page_171">p. 171</span> cuanto a mí —dice—, pienso -dirigir una nueva expedición contra este país en el próximo verano, y -cuanto más hayan sembrado, mayores deseos tendrán de la paz.» Dicho -esto, se retira por la vía terrestre a través de Etolia, por un camino -que ni con muchas ni con pocas tropas hubiera podido seguirse contra la -voluntad de los etolios, pero que estos le franquean, con la esperanza -de que se les devuelva Naupacto. Llegado a Río, atraviesa el mar y -llega a Esparta, porque el paso del Calidón en el Peloponeso había sido -interceptado por las trirremes que los atenienses habían enviado desde -Eníadas.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch4_7"> - <h3>CAPÍTULO VII.</h3> -</div> - -<p>Al terminar el invierno, Agesilao, para cumplir la promesa hecha -a los aqueos, preparó al principiar la primavera<a id="FNanchor_165" -href="#Footnote_165" class="fnanchor">[165]</a> una nueva expedición -contra los acarnanios. Habiéndolo sabido estos, consideran que a causa -de su situación en medio de la campiña, serán sitiadas sus ciudades -por un enemigo que destruirá sus mieses y por ejércitos que rodearán -sus muros, por lo cual envían diputados a Lacedemonia y firman la paz -con los aqueos y una alianza con los lacedemonios. Así terminaron los -asuntos de los acarnanios.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_172">p. 172</span>Entonces los -lacedemonios, considerando peligroso el dirigirse contra los atenienses -o contra los beocios dejando detrás de ellos en las fronteras de -Laconia una ciudad enemiga tan poderosa como Argos, declaran la guerra -a esta república.</p> - -<p>Luego que sabe Agesípolis<a id="FNanchor_166" href="#Footnote_166" -class="fnanchor">[166]</a> que debe mandar la expedición, y después -de celebrar los sacrificios de la marcha, dirígese a Olimpia para -consultar al oráculo, preguntando al dios<a id="FNanchor_167" -href="#Footnote_167" class="fnanchor">[167]</a> si podía sin impiedad -rehusar la tregua que puedan proponerle los argivos, pues tenían -costumbre de pretextar los meses sagrados<a id="FNanchor_168" -href="#Footnote_168" class="fnanchor">[168]</a>, no cuando llegaba -su época, sino cuando los lacedemonios estaban a punto de invadir su -territorio. Contéstale el dios, que puede sin impiedad desechar una -tregua injustamente reclamada; y entonces, dirigiéndose a Delfos para -pedir a Apolo si tiene sobre esta tregua igual modo de sentir que su -padre, aquel dios le da una contestación exactamente igual. Encamínase -entonces a Fliunte para reunirse con su ejército, pues este era el -punto para el cual había citado a sus tropas mientras consultaba los -oráculos, e invade la Argólida por Nemea. Al ver los argivos que no -pueden resistir, envían, según su costumbre, dos heraldos coronados -de flores para pedir la tregua; pero Agesípolis, contestando que los -dioses han declarado la injusticia de su petición, no acepta la tregua, -e invade el país, causando<span class="pagenum" id="Page_173">p. -173</span> gran terror así en los campos como en la capital.</p> - -<p>Mientras cenaba por primera vez en el territorio argivo, y -cuando terminaban de hacer las libaciones acostumbradas después -de la comida, el dios<a id="FNanchor_169" href="#Footnote_169" -class="fnanchor">[169]</a> conmovió la tierra. Siguiendo el ejemplo -de los comensales del rey, los lacedemonios entonan el peán en honor -de Neptuno, creyendo los soldados se va a ordenar la retirada, puesto -que Agis había abandonado Élide después de un temblor de tierra. Mas -Agesípolis dice que si el temblor se hubiese verificado en el momento -de entrar en el territorio enemigo, lo hubiera considerado como una -prohibición, pero habiendo acontecido después de su entrada, lo -consideraba como signo favorable; así es que al día siguiente, después -de haber ofrecido los sacrificios a Neptuno, prosigue su marcha, -sin ir, sin embargo, muy lejos. Teniendo ante su vista la reciente -expedición de Agesilao contra Argos, pide Agesípolis a sus soldados -hasta qué distancia de los muros llegó Agesilao y hasta dónde extendió -sus devastaciones por el país, como un pentatlo<a id="FNanchor_170" -href="#Footnote_170" class="fnanchor">[170]</a> que procura sobrepujar -en todo a su rival.</p> - -<p>Un día atraviesa dos veces los fosos excavados alrededor de los -muros de la ciudad, a pesar de los proyectiles que le arrojan desde lo -alto de las torres; otra vez, mientras la mayor parte de los argivos -habían ido a Laconia, se adelanta tan cerca de las puertas, que los -argivos que las guardaban no<span class="pagenum" id="Page_174">p. -174</span> se atreven a abrirlas a la caballería beocia que iba a -entrar en la ciudad, por miedo de que los lacedemonios entren en ella -al mismo tiempo, de manera que tuvieron los caballos que pegarse como -murciélagos a los muros y a las barbacanas, y si los cretenses no se -hubiesen hallado en expedición contra Nauplia, hombres y caballos -hubieran perecido en gran número bajo sus flechas. Algún tiempo -después, mientras Agesípolis estaba acampado alrededor de los muros de -la ciudad, cayó un rayo en el campamento, pereciendo unos asfixiados y -otros de miedo. Más tarde, mientras ofrece un sacrificio para levantar -un fuerte en el paso de Celusa, las entrañas de las víctimas aparecen -incompletas; por todo lo cual se retira con su ejército, y le licencia, -después de haber hecho, sin embargo, mucho daño a los argivos al -atacarles tan de improviso.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch4_8"> - <h3>CAPÍTULO VIII.</h3> -</div> - -<p>Tales eran los acontecimientos que tuvieron lugar por tierra -durante ese tiempo; voy a contar ahora cuanto sucedió por mar -en la misma época,<a id="FNanchor_171" href="#Footnote_171" -class="fnanchor">[171]</a> así como cuanto tuvo lugar en las ciudades -marítimas, fijándome únicamente en los hechos más culminantes<span -class="pagenum" id="Page_175">p. 175</span> y dejando de mencionar -aquellos que carecieron de gran importancia.</p> - -<p>Después de haber derrotado a los lacedemonios en el combate naval, -Farnabazo y Conón dieron la vuelta a las islas y ciudades marítimas -para arrojar de ellas a los gobernadores lacedemonios, dando a -aquellas la seguridad de que no se ocuparían sus fortalezas y que -se les respetaría su independencia. Oyen con placer las ciudades -esta declaración, y envían en reconocimiento dones de hospitalidad -a Farnabazo. Conón era quien había hecho comprender a este que -tratando de ese modo a las ciudades se las haría completamente amigas, -mientras que si quería sujetarlas abiertamente, cada una de ellas le -suscitaría tantos obstáculos como pudiera, y le pondría en el riesgo -de una coalición de todos los griegos si comprendían sus designios; y -estas reflexiones habían convencido a Farnabazo. Desembarca después -en Éfeso y da cuarenta trirremes a Conón, diciéndole le aguarde en -Sesto, pues él irá por tierra a su gobierno, ya que Dercílidas, que -era su enemigo desde largo tiempo, se hallaba en Abido, mientras tenía -lugar la batalla naval, y en lugar de huir como los otros gobernadores -lacedemonios, se había conservado en dicha población y había sabido -mantenerla fiel a Esparta.</p> - -<p>Convocando a los abidenos, les había dirigido estas palabras:</p> - -<p class="mt1">«Abidenos, ahora es cuando vosotros, los antiguos amigos -de nuestra ciudad, podéis mostrar vuestros beneficios hacia Esparta. -Nada tiene de notable el conservarse fieles en la próspera fortuna, -pero se es acreedor a un reconocimiento eterno cuando se permanece fiel -a los que se hallan<span class="pagenum" id="Page_176">p. 176</span> -en desgracia. No hay que creer, sin embargo, que hayamos perdido -nuestra importancia por haber sido vencidos en este combate naval, pues -aun en la época en que los atenienses tenían el predominio marítimo, en -todas partes se hallaba nuestra república en situación de recompensar a -los amigos. Y ciertamente, cuanto más se apresuren las otras ciudades -en abandonarnos cuando no nos sonríe la fortuna, más grande aparecerá -realmente vuestra fidelidad. Si teme alguno de vosotros ver sitiada por -tierra y por mar a esta ciudad, piense que no hay aún en estos parajes -ninguna flota griega y que jamás Grecia podrá consentir intenten los -bárbaros tomarle el imperio sobre el mar, de manera que esta ciudad al -defenderse se hará a la vez aliada nuestra.»</p> - -<p class="mt1">Al oír estas palabras, obedecen con intenso placer -los abidenos y reciben amigablemente a los gobernadores que llegan -a la ciudad, así como llaman a los que se encuentran fuera de ella. -Cuando se halla reunido en la ciudad un número considerable de hombres -importantes, Dercílidas pasa a Sesto, que está a una distancia que no -llega a ocho estadios; reúne allí a todos los lacedemonios que han -recibido de Esparta los bienes que poseen en el Quersoneso y a todos -los gobernadores que habían sido arrojados de las ciudades de Europa; -les recibe amigablemente y les dice no deben desesperar de su actual -situación, antes bien, acordarse de que en la misma Asia y en los -dominios del rey hay las pequeñas ciudades de Temnos, Egas y otras -plazas, que pueden habitar sin estar sujetos al rey. «Y sin embargo -—añade—, ¿podríais acaso encontrar una posición<span class="pagenum" -id="Page_177">p. 177</span> más segura e inexpugnable que Sesto, para -cuyo sitio son necesarios un ejército terrestre y una flota?» De este -modo con sus discursos procuraba fortalecer su valor. Farnabazo, -hallando en estas disposiciones a los de Sesto y Abido, les hace saber -que si no mandan retirar a los lacedemonios, les declarará la guerra, y -como rehúsan obedecerle, ordena a Conón les bloquee por mar, mientras -él devastará el territorio de los abidenos. Pero no pudiendo llevar a -cabo su sumisión, se vuelve a su provincia y ordena a Conón procure -concertarse con las ciudades griegas del Helesponto a fin de que pueda -reunir gran número de naves para la primavera siguiente. Irritado -contra los lacedemonios por cuanto ha sufrido de ellos, su más vivo -deseo es el poder dirigirse a su país vengándose de la manera más -manifiesta.</p> - -<p>Consumen ambos el invierno ocupándose en estos preparativos y al -llegar la primavera equipa Farnabazo gran número de naves, recluta -un ejército mercenario y se hace a la vela con Conón, pasando por -Melos a través de las islas y dirigiéndose a Laconia. Principia -por abordar en Feras<a id="FNanchor_172" href="#Footnote_172" -class="fnanchor">[172]</a>, cuyo país saquea por completo, y después -verifica varios desembarcos en distintos puntos de la costa, haciendo -en ella todo el daño posible. Pero temiendo pronto la falta de puertos -en estos parajes y la llegada de los enemigos, así como la falta de -víveres, abandona aquellas costas y se dirige a Fenicunte, en la isla -de Citera. Temiendo un asalto, las tropas que ocupaban aquella ciudad -abandonan la plaza y Farnabazo<span class="pagenum" id="Page_178">p. -178</span> deja que se retiren en libertad a Laconia, bajo la garantía -de un tratado repara después las fortificaciones de la ciudad, y -estableciendo en ella una guarnición, nombra gobernador de los citereos -al ateniense Nicofemo. Dirígese después al istmo de Corinto y exhorta a -los aliados para que sostengan con vigor la guerra y se muestren fieles -aliados del rey, con lo cual, después de entregarles todo el dinero de -que puede disponer, regresa a su gobierno.</p> - -<p>Conón le ruega entonces se le confíe la flota, que sabrá sostener -a expensas de las islas, y con la cual podrá volver a su patria y -reconstruir los grandes muros atenienses y la muralla del Pireo, ya -que no cree haya cosa más penosa para los lacedemonios. «De este modo -—añade—, te asegurarás la amistad de los atenienses y te vengarás de -los lacedemonios, pues con esto solo inutilizarás todos los esfuerzos -que hasta ahora han realizado.» Persuadido de esto Farnabazo, le envía -inmediatamente a Atenas, dándole además el dinero necesario para la -reconstrucción de los muros. Luego que llega a Atenas levanta Conón -gran parte de la muralla, empleando el equipaje de su flota, pagando el -salario de los albañiles y demás operarios y haciendo todos los gastos -necesarios; reconstrúyense otras partes por los atenienses, beocios y -demás aliados que se apresuran todos a contribuir a tal obra.</p> - -<p>Habiendo los corintios equipado algunas naves con el dinero que les -dejó Farnabazo, nombran comandante de las mismas a Agatino y dominan en -el golfo de Acaya y del Lequeo. Por su parte los lacedemonios hacen a -la vela las naves mandadas por Podánemo; pero es muerto en un combate, -y habiéndose<span class="pagenum" id="Page_179">p. 179</span> visto -obligado Polis, su lugarteniente, por sus heridas a dejar la flota, -toma Herípidas el mando de las naves. El corintio Proeno, sucesor -de Agatino en el mando de la flota, sale de Río<a id="FNanchor_173" -href="#Footnote_173" class="fnanchor">[173]</a>, punto de que se -apoderan los lacedemonios, y Teleutias, que había sucedido en el mando -a Herípidas, vuelve a adquirir la supremacía en el golfo.</p> - -<p>Sabiendo los lacedemonios que Conón reconstruye los muros de Atenas -y sostiene su flota con el dinero del rey, conquistando para Atenas las -islas y las ciudades vecinas del continente, piensan que si informan -de todo esto a Tiribazo, general del rey, podrán conquistarle a su -partido, o a lo menos hacer que se retiren a Conón los medios para -el sostenimiento de la flota. Envían con este objeto a Antálcidas -junto a Tiribazo, con encargo de informarle de cuanto sucede y de -procurar la paz entre Lacedemonia y el rey. Sabiendo los atenienses -estas disposiciones, envían por su parte a Conón, Hermógenes, Dión, -Calístenes y Calimedonte, así como deciden a sus aliados manden también -los suyos, haciéndolo los beocios, corintios y argivos. Una vez allí, -Antálcidas dice a Tiribazo que viene de parte de su república para -proponer al rey la paz bajo condiciones verdaderamente ventajosas para -él, pues respecto a las ciudades griegas de Asia, ninguna condición -pretenden imponer los lacedemonios al rey, bastándoles sea reconocida -la independencia de las islas y de las restantes ciudades. «Y como -estos son nuestros deseos —añade—, ¿qué motivo hay para que los -griegos o el rey nos hagan la guerra y derrochen<span class="pagenum" -id="Page_180">p. 180</span> neciamente el dinero? Toda expedición -contra el rey es imposible por parte de los atenienses mientras no -la ordenemos nosotros, cosa que nos es completamente inútil desde el -momento en que sean autónomas las ciudades.»</p> - -<p>Oye Tiribazo con la más viva fruición estas palabras de Antálcidas; -pero la opinión contraria se formulaba en estos términos: temían los -atenienses ver declarada la independencia de las islas y ciudades, -pues perderían Lemnos, Imbros y Esciros; los tebanos temían también -verse obligados a reconocer la autonomía de las ciudades beocias, y -los argivos no deseaban se los obligase a renunciar a tratar a Corinto -como parte de Argos, cosa que sucedería si se firmaba esta paz. Esto -hizo que la paz no pudiese concertarse y que cada cual volviera a su -patria. Tiribazo, sin embargo, cree puede ser peligroso para él el -aceptar la alianza de los lacedemonios sin previo conocimiento del rey; -pero da ocultamente dinero a Antálcidas, con objeto de que puedan los -lacedemonios equipar una flota y obligar de este modo a los atenienses -y demás aliados a que deseen más vivamente la paz, y luego, dando -crédito a las referencias lacedemonias, hace prender a Conón como -traidor. Preséntase después al rey para participarle las proposiciones -de los lacedemonios; dícele asimismo que ha hecho prender como traidor -a Conón, y le pide instrucciones para obrar a tenor de lo que el rey le -mande.</p> - -<p>Este, mientras se halla Tiribazo junto a él, envía para dirigir -los asuntos marítimos a Estrutas, quien se inclinaba fuertemente en -favor de los atenienses y de sus aliados, recordando todo el daño -que había<span class="pagenum" id="Page_181">p. 181</span> causado -Agesilao a los países del rey. Al ver los lacedemonios que Estrutas les -es hostil y que se halla favorablemente dispuesto hacia los atenienses, -envían a Tibrón para que le haga la guerra. Dirígese este a Asia, y -saliendo de Éfeso, atraviesa por Priene, Leucofris y Aquileo, ciudades -de la llanura del Meandro, pasando a sangre y fuego el país del rey. -Por fin Estrutas, observando que Tibrón sale cada vez desordenadamente -sin tomar precauciones de ningún género, destaca la caballería -para la llanura, ordenándole se arroje sobre el enemigo procurando -envolverle y cargándole de frente con todo el empuje posible. Tibrón -acababa de almorzar y salía de su tienda con el flautista Tersandro, -quien no solo era un músico excelente, sino que se gloriaba también -de haber aprovechado la educación lacedemonia, relativamente a su -fuerza y vigor. Estrutas, viendo marchan en aquel momento las fuerzas -enemigas en completo desorden con una vanguardia muy débil, se le -opone de improviso con una caballería numerosa y bien ordenada. Son -de los primeros en morir Tibrón y Tersandro, y los demás soldados, al -saber que han perecido, emprenden la fuga, siendo perseguidos por el -enemigo, que hace en ellos gran matanza, consiguiendo solo unos pocos -refugiarse en las ciudades aliadas. Quedan también con vida algunos que -no han salido con la expedición por ignorar que se verificase, ya que -muchas veces, como en esta, Tibrón se ponía en marcha sin anunciarlo -anticipadamente. De este modo tuvo lugar el referido desastre.</p> - -<p>Llegan a Lacedemonia algunos rodios desterrados por el pueblo, y -declaran que es una indignidad<span class="pagenum" id="Page_182">p. -182</span> tolerar que los atenienses ocupen a Rodas y robustezcan de -tal modo su poderío. Comprendiendo los lacedemonios que efectivamente -si el pueblo domina en Rodas toda la isla caerá en poder de los -atenienses, y por el contrario, dominarían en ella si mandasen los -ricos, equipan ocho naves bajo el mando de Écdico. Embárcase también -en ellas Dífridas, a quien habían ordenado protegiese las ciudades -que se habían entregado a Tibrón, reuniese los restos del ejército y -aumentándolo con cuantas tropas pudiese reclutar, hiciese la guerra -a Estrutas con todas estas fuerzas reunidas. Dífridas ejecuta estas -órdenes y consigue algunas ventajas; apodérase del yerno de Estrutas, -Tigranes, que se dirigía a Sardes con su esposa, y por el cual exige -considerable rescate, que le proporciona los necesarios medios para -pagar a sus tropas. Era Dífridas un hombre no menos amable que Tibrón, -y un general más previsor y activo: no se dejaba dominar por los -placeres corporales, y al mismo tiempo ponía todo su empeño en llevar a -buen término cuanto se proponía.</p> - -<p>Al llegar Écdico a Cnido, y sabiendo que el pueblo de Rodas -gobernaba en todos los asuntos de mar y tierra y que poseía doble -número de trirremes de las que él traía consigo, se queda a la -expectativa en Cnido, hasta que se convencen los lacedemonios de -que no tiene bastantes fuerzas para ayudar a sus aliados, y ordenan -a Teleutias se reúna a Écdico con las doce naves que están a sus -órdenes en el golfo, en las zonas de Acaya y del Lequeo, y dictan -las necesarias instrucciones para que volviéndose Écdico a Esparta -abrace los intereses de cuantos se declaren amigos y cause todo el -daño posible a los enemigos. Teleutias llega a<span class="pagenum" -id="Page_183">p. 183</span> Samos, donde toma el mando de las naves, y -se hace a la vela para Cnido, regresando Écdico a la patria. Dirígese -Teleutias a Rodas, teniendo a sus órdenes veintisiete naves, y por -el camino encuentra casualmente a Filócrates, que venía de Atenas -con diez trirremes y se dirigía a Chipre para auxiliar a Evágoras, -apoderándose de todas ellas, con lo cual se invierten los papeles, pues -los atenienses aliados del rey protegen a Evágoras, que hace la guerra -a aquel, y Teleutias, mientras los lacedemonios están en guerra con -el rey, destruye las naves que iban a hacerle la guerra. Vuélvese a -Cnido para vender la presa, y después dirígese nuevamente a Rodas para -socorrer a los partidarios de Esparta.</p> - -<p>Los atenienses, al ver que los espartanos vuelven a estar en camino -para reconquistar su poderío sobre el mar, envían a Trasíbulo, el de -Estiria, con cuarenta naves, quien no se dirige a Rodas, pues le parece -difícil tomar venganza en los amigos de Lacedemonia, siendo, como son, -dueños de una plaza fuerte y apoyados por la presencia de Teleutias y -de su flota, y además no cree que los aliados de los atenienses corran -peligro de sucumbir, pues poseen las ciudades, son superiores con mucho -a sus adversarios, y acaban de ganar una batalla, por todo lo cual -navega hacia el Helesponto, y no encontrando allí adversario alguno, -imagina podrá prestar algún buen servicio a su patria. Habiendo, -pues, sabido que Amádoco, rey de los odrisios, y Seutes, soberano del -litoral, se hallaban enemistados, los reconcilia y se capta su amistad -y alianza para Atenas, pues esperaba que, gracias a esta alianza, -las ciudades griegas de Tracia estarían mejor dispuestas en<span -class="pagenum" id="Page_184">p. 184</span> favor de los atenienses. -Y como estas comarcas, del propio modo que las ciudades griegas de -Asia, no le daban inquietud alguna, a causa de la alianza del rey con -Atenas, se dirige a Bizancio y asegura el diezmo que se exigía a las -naves que salían del Ponto. Sustituye asimismo el gobierno democrático -al oligárquico de los bizantinos, por lo que este pueblo ve con placer -a gran número de atenienses que residen en su ciudad. Después de esto -afirma con mayor seguridad la amistad de los calcedonios, y luego sale -del Helesponto.</p> - -<p>Halla aliadas al partido lacedemonio a casi todas las ciudades de la -isla de Lesbos, excepción hecha de Mitilene; pero no ataca a ninguna -de ellas antes de haber reunido en esta población los cuatrocientos -hoplitas que se hallaban en sus naves y todos los desterrados de -aquellas ciudades que se habían refugiado en Mitilene, a los cuales -añade asimismo los habitantes más valerosos de esta última población. -Promete a los mitilenios que si se apodera de aquellas ciudades les -dará la preeminencia sobre toda la isla; a los desterrados, que si -reúnen sus fuerzas contra cada una de las ciudades de que han sido -expatriados, se hallarán en condiciones para volver cada uno a su -patria y a los marinos, que si consiguen hacer de la isla de Lesbos una -aliada de Atenas, procurarán a esta un abundante manantial de riquezas. -Después de haberles animado de esta suerte, forma sus tropas y las -conduce contra Metimna.</p> - -<p>Cuando Terímaco, el gobernador lacedemonio, sabe la llegada de -Trasíbulo, reúne los marineros de sus naves, los metimneos y a todos -los mitilenios que se hallaban en la ciudad, y se dirige con sus<span -class="pagenum" id="Page_185">p. 185</span> tropas a la frontera. -Librado el combate, perece Terímaco, sus tropas emprenden la fuga y -mueren muchos de ellos. La mayor parte de las ciudades abren entonces -las puertas a Trasíbulo, quien devasta a las que rehúsan rendirse, con -lo cual procura dinero a sus soldados. Apresúrase después en volver a -Rodas; pero a fin de infundir ánimo a su ejército, exige contribuciones -a las diferentes ciudades y llega a Aspendo, sobre el río Eurimedonte. -Había ya recibido el dinero de los aspendios, cuando sus soldados -cometen algún destrozo en los campos, e irritados aquellos, verifican -de noche una irrupción y le degüellan en su tienda. Así murió -Trasíbulo, que era tenido por uno de los hombres mejores de su patria, -y los atenienses eligen como su sucesor a Agirrio, que va a tomar el -mando de las fuerzas.</p> - -<p>Los lacedemonios, al saber que los atenienses han vendido en -Bizancio el diezmo sobre las naves que salen del Ponto, que ocupan -a Calcedonia y que gracias a la amistad de Farnabazo se hallan en -inmejorables relaciones con las demás ciudades del Helesponto, creen -no deben descuidar sus asuntos. Nada tenían que echar en cara a -Dercílidas; pero Anaxibio, que había sabido conquistarse el favor -de los éforos, alcanza que se le mande como gobernador a Abido, -prometiendo, si se le conceden subsidios y naves, hacer una guerra -tan decidida a los atenienses, que su posición en el Helesponto no -pueda sostenerse. Concédenle tres trirremes y el dinero necesario para -poder sostener mil soldados mercenarios, y entonces se le manda a -Abido. Una vez allí, recluta en los alrededores buen contingente<span -class="pagenum" id="Page_186">p. 186</span> de tropas mercenarias, -aparta de la amistad de Farnabazo algunas ciudades de Eólida, ataca -a las que se habían confederado contra Abido e invade y devasta su -territorio, equipa además otras tres naves, que añade a las que posee, -e intenta con ellas apoderarse en el mar de alguna nave ateniense o de -sus aliados.</p> - -<p>Informados los atenienses de estos hechos, y temiendo ver destruido -el predominio que ha obtenido para ellos Trasíbulo en el Helesponto, -envían a Ifícrates con ocho naves y cerca de mil doscientos peltastas, -la mayor parte de los cuales habían servido a sus órdenes en Corinto. -Los argivos, una vez sometida Corinto, les habían declarado no -necesitaban ya de ellos, acaso porque Ifícrates había hecho matar -algunos argivos, por lo cual había regresado a Atenas, donde entonces -se hallaba. Después de su llegada al Quersoneso, Anaxibio e Ifícrates -pelean entre sí mandándose corsarios, pero algún tiempo después, -habiendo sabido Ifícrates que Anaxibio se había dirigido a Antandro -con sus mercenarios, con los lacedemonios que tenía a sus órdenes -y doscientos hoplitas de Abido, y sabiendo además que se ha aliado -con la ciudad de Antandro, sospecha que después de dejar allí una -guarnición, regresará a Abido para conducir de nuevo a los habitantes -de esta población, por lo cual, pasando la noche en lo más desierto -del territorio de Abido, y subiendo a los montes, le prepara una -emboscada; al propio tiempo ordena a las trirremes que le han conducido -allí, se vuelvan al Quersoneso, para aparecer, como de ordinario, -ocupadas tan solo en la exacción de tributos. Obrando de este modo no -se equivocó,<span class="pagenum" id="Page_187">p. 187</span> pues -Anaxibio emprende su regreso sin que las víctimas, según se dice, -fuesen favorables; pero esto no le inspira cuidado, pues tenía que -pasar únicamente por territorio amigo hacia una ciudad aliada, y con la -noticia que dan cuantos encuentra, de que Ifícrates navega en dirección -a Proconeso, avanza completamente descuidado.</p> - -<p>Ifícrates, sin embargo, no se mueve mientras que el ejército de -Anaxibio se halla a su misma altura; pero así que los abidenos, que -formaban la vanguardia, han llegado a la llanura de Cremaste, donde se -hallan las minas de oro, y que el ejército que le seguía se encuentra -en la pendiente del monte que baja Anaxibio con los lacedemonios, -échaseles encima a la carrera saliendo de su emboscada. Comprende -Anaxibio que no tiene esperanza alguna de salvación, y contemplando la -larga línea de su ejército, que se extiende por el desfiladero, conoce -que la montaña impedirá vengan en su auxilio los que le preceden. -Viendo, pues, el terror que se apodera de todas sus tropas cuando se -aperciben de la emboscada, dice a los que le rodean: «Amigos, hermoso -me parece el morir aquí; procurad salvaros vosotros, antes de que -vengáis a las manos con los enemigos.» Dice esto, y tomando el escudo -a su paje, halla la muerte combatiendo. Perece a su lado su amado, así -como unos doce gobernadores lacedemonios de diferentes ciudades, y el -resto, o perece en la fuga o es perseguido hasta la ciudad. Quedan en -el campo unos doscientos hoplitas y unos cincuenta abidenos, después de -lo cual, Ifícrates regresa nuevamente al Quersoneso.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch5_1"> - <p><span class="pagenum" id="Page_189">p. 189</span></p> - <h2 class="nobreak g1 mt15">LIBRO QUINTO.</h2> - <hr class="tir" /> - <h3>CAPÍTULO PRIMERO.</h3> -</div> - -<p>Tal era el estado de los asuntos de los atenienses y lacedemonios -en el Helesponto<a id="FNanchor_174" href="#Footnote_174" -class="fnanchor">[174]</a>. Eteónico, sin embargo, había regresado -a Egina, cuyos habitantes habían mantenido hasta entonces amistosas -relaciones con los atenienses, y de acuerdo con los éforos animaba -a cuantos quisieran ir a saquear el Ática por mar, dando por motivo -que la guerra estaba en toda su fuerza. Encerrados así los atenienses -dentro de sus muros, envían a Egina una expedición de hoplitas a las -órdenes de Pánfilo, su general, los cuales se atrincheran en la isla, -y como tenían diez trirremes, sitian a los eginetas por mar y por -tierra. Pero cuando Teleutias, que se hallaba en las islas ocupado -en la exacción de tributos, sabe que está bloqueada Egina, acude en -su auxilio y<span class="pagenum" id="Page_190">p. 190</span> hace -retirar las naves atenienses, aunque sosteniéndose Pánfilo en sus -atrincheramientos.</p> - -<p>Llega mientras tanto Hiérax, enviado por los lacedemonios, -toma el mando de la flota, y Teleutias regresa a su patria bajo -los más favorables auspicios. Efectivamente, al bajar al puerto -para embarcarse, no hay ningún soldado que no quiera estrecharle -la mano: unos le coronan de flores, otros le ponen las ínfulas<a -id="FNanchor_175" href="#Footnote_175" class="fnanchor">[175]</a>, -y aun aquellos que llegan tarde para despedirle, arrojan al mar las -coronas mientras se aleja y le desean toda clase de prosperidades. -Bien sé que en estas cosas no hay ni grandes gastos, ni peligros, ni -notables astucias de guerra y sin embargo, ¡por Zeus!, no me parecería -impropio de un buen historiador el investigar los medios por los cuales -Teleutias consiguió hacerse querer de sus subordinados, pues ni las -riquezas ni los peligros son tan dignos de recordación como la conducta -de un hombre como este.</p> - -<p>Hiérax, haciéndose a la vela para Rodas con sus restantes -naves, deja doce de ellas en Egina, a las órdenes de Gorgopas, su -lugarteniente, con las atribuciones de harmosta o gobernador. Desde -entonces, en realidad, los atenienses de la fortaleza hállanse más -sitiados que los habitantes de la ciudad; por lo cual, en virtud de -un decreto del pueblo, equipando los atenienses gran número de naves, -abandonan sus fortificaciones al quinto mes de su ocupación y conducen -la guarnición a su patria. Hecho esto, sufriendo mucho los atenienses -a causa<span class="pagenum" id="Page_191">p. 191</span> de Gorgopas -y de los corsarios, equipan trece naves, que ponen a las órdenes de -Éunomo. Mientras se halla Hiérax en Rodas, nombran los lacedemonios -a Antálcidas comandante de las naves, creyendo que este nombramiento -será del agrado de Tiribazo, y al llegar aquel a Egina se hace seguir -por las naves de Gorgopas y se dirige a Éfeso, desde donde envía de -nuevo a Egina a Gorgopas con sus doce naves, y pone al frente de las -restantes a su lugarteniente Nicóloco. Se hace este a la vela hacia -Abido, con el fin de socorrerla; pero antes se detiene en Ténedos, cuya -comarca saquea, y en la cual exige fuertes contribuciones. Reúnense los -generales atenienses de Samotracia, Tasos y de los países comarcanos, -para acudir en socorro de Ténedos, y cuando tienen aviso de que -Nicóloco se halla en Abido, salen del Quersoneso y bloquean con sus -treinta y dos naves la flota de aquel, que tiene solo veinticinco.</p> - -<p>Gorgopas, al volver de Éfeso, encuentra a Éunomo; pero se refugia -precipitadamente en Egina a la caída del sol, y al desembarcar hace -cenar inmediatamente a sus tropas. Éunomo, después de aguardar -algún tiempo, se retira, y sobreviniendo la noche tenía luz, según -costumbre, en su nave, que marchaba al frente de las demás, para -que no pudiera extraviarse ninguna de las que le seguían. Embarca -entonces de nuevo Gorgopas a sus tropas y sigue a cierta distancia -aquel resplandor, procurando no ser apercibido; para no despertar -sospechas, los celeustes<a id="FNanchor_176" href="#Footnote_176" -class="fnanchor">[176]</a> dan las voces de mando golpeando<span -class="pagenum" id="Page_192">p. 192</span> dos piedras entre sí, en -vez de darlas de palabra, y reman sin hacer mucho ruido. Cuando las -naves de Éunomo han llegado ya a la costa de Ática, cerca de Zoster, da -Gorgopas la orden de ataque con la trompeta. En las naves de Éunomo, -unos desembarcaban ya, otros echaban anclas y otros aún navegaban. -Principia el combate a la luz de la luna, y Gorgopas se apodera de -cuatro trirremes, que remolcadas por las suyas se lleva a Egina, y las -demás consiguen huir al Pireo.</p> - -<p>Después de estos sucesos, parte Cabrias para Chipre a fin de -socorrer a Evágoras, con ochocientos peltastas y diez trirremes, y -tomando en Atenas otras naves y hoplitas, aborda durante la noche a -Egina, emboscándose con los peltastas en un lugar oculto a alguna -distancia del Heracleo<a id="FNanchor_177" href="#Footnote_177" -class="fnanchor">[177]</a>. Al rayar el alba, conforme a lo que se -había acordado, los hoplitas atenienses, a las órdenes de Deméneto, -avanzan hasta unos diez y seis estadios del Heracleo, a un sitio -llamado la Tripirgia<a id="FNanchor_178" href="#Footnote_178" -class="fnanchor">[178]</a>. Al saberlo Gorgopas, se dirige al encuentro -del enemigo con los eginetas, los soldados de su flota y ocho -espartanos que estaban con él: hace saber también a los equipajes de -sus naves deben seguirle cuantos sean de condición libre, y algunos hay -que comparecen con las primeras armas que hallan a mano. Así que las -primeras filas han dejado atrás a la emboscada, Cabrias y los suyos -se arrojan sobre ellos, agobiándolos con sus proyectiles; acuden en -este momento los hoplitas que han desembarcado de las naves, y<span -class="pagenum" id="Page_193">p. 193</span> pronto queda destruida -la vanguardia, de que forman parte Gorgopas y los lacedemonios, pues -no puede ofrecer una resistencia compacta; y una vez muertos estos, -el resto emprende la fuga. Quedan en el campo unos ciento cincuenta -eginetas y más de doscientos hombres mercenarios, metecos y marineros -que habían tomado parte en esta salida; con cuya victoria, los -atenienses pueden navegar con tanta confianza como si se estuviese en -plena paz, pues por no haber recibido sus pagas rehúsan los marineros -servir a Eteónico, aunque pretenda este obligarles a ello.</p> - -<p>Es enviado de nuevo Teleutias para ponerse al frente de estas naves, -y al verle los marineros manifiestan abiertamente su satisfacción, y -él, reuniéndoles, les dice:</p> - -<p>—«Soldados, llego sin traeros dinero; pero si el dios<a -id="FNanchor_179" href="#Footnote_179" class="fnanchor">[179]</a> -lo permite y vosotros me ayudáis con vuestros esfuerzos, haré todo -lo posible para procuraros víveres en abundancia, pues bien sabéis -que mientras habéis estado a mis órdenes he tenido mucho empeño en -que nada os faltase; y acaso os admiréis si os digo que preferiría -carecer yo de víveres a que vosotros estuvieseis sin ellos, pues ¡por -los dioses! os aseguro sufriría mejor estar dos días sin comer, que -no veros a vosotros sin víveres un solo día. Hasta hoy siempre ha -estado abierta mi puerta a todo el que ha tenido que pedirme algo; -del propio modo continuará de hoy en adelante: así es, que únicamente -cuando vosotros tengáis abundantes provisiones, me veréis a mí vivir -con esplendidez; pero sabed también soportar el frío, el calor<span -class="pagenum" id="Page_194">p. 194</span> y las vigilias, mientras -veáis tengo yo también que sufrirlas, pues si os impongo esta conducta -no es por el placer de atormentaros, sino para que podáis recoger de -ello grandes resultados. Soldados, añade, nuestra patria, que todo el -mundo reconoce como la más floreciente, no ha llegado a este grado -de prosperidad abandonándose a la molicie, sino, por el contrario, -sabedlo bien, exponiéndose a los trabajos y peligros cuando ha sido -necesario. También vosotros, lo sé muy bien, os habéis portado como -unos valientes; pero es preciso procuréis hoy sobrepujaros a vosotros -mismos, para que participemos con gozo de vuestras penalidades y de -vuestras victorias; porque ¿qué hay, en efecto, más hermoso que el no -tener que adular a nadie, ni griego, ni bárbaro, para obtener una paga, -y hallarse en estado de procurarse su subsistencia por sí mismos y del -modo más glorioso? Pues no debéis olvidar que la abundancia que en la -guerra nos procuramos a expensas del enemigo, produce a la vez nuestro -sustento y la gloria a los ojos de todos.»</p> - -<p>Esto dijo, y todos gritan que están prontos a obedecer cuanto les -mande. En este momento estaba ofreciendo el sacrificio y les dice:</p> - -<p>—«Soldados, id ahora a cenar, como ibais a hacer, y después de tomar -víveres para un día, volved inmediatamente a las naves para que nos -dirijamos a donde el dios tenga a bien llevarnos y lleguemos en momento -oportuno.»</p> - -<p>Da la orden de embarcarse cuando vuelven y se hace a la vela de -noche hacia el puerto de Atenas, mandándoles unas veces remar y -otras ordenándoles el descanso. Si alguno cree una locura el ir a -atacar con doce trirremes a un enemigo dueño de tantas naves,<span -class="pagenum" id="Page_195">p. 195</span> reflexione un momento que -Teleutias pensaba que los atenienses debían tener en completo descuido -la flota del puerto después de haber muerto Gorgopas, y que aunque allí -hubiese muchas naves arregladas, prefería atacar a veinte estacionadas, -que a diez en el mar, pues en estas los marinos no pueden abandonar -ni un momento su nave, y por el contrario, sabía que los jefes de las -naves ancladas en Atenas duermen en sus casas y habitan los marinos en -distintos lugares.</p> - -<p>Con estos pensamientos se hace a la vela: cuando no dista ya -del puerto más que unos cinco o seis estadios, se detiene y hace -tomar algún descanso a sus soldados, y cuando apunta el día, se -adelanta seguido de los demás buques. Prohíbeles echar a pique o -atacar ninguna nave redonda, pero ordénales que cuando vean alguna -trirreme anclada, procuren ponerla fuera de combate, que se amarren -a los buques de transporte o de carga y procuren remolcarlos fuera -del puerto, y en cuanto a las naves de mayores dimensiones, las -aborden y hagan prisionera a toda la tripulación. Hubo algunos que, -arrojándose sobre el Digma<a id="FNanchor_180" href="#Footnote_180" -class="fnanchor">[180]</a>, se apoderaron de varios comerciantes y -propietarios de naves y los condujeron a su flota. Todas las órdenes de -Teleutias fueron puntualmente ejecutadas.</p> - -<p>Los atenienses, al apercibirse de que pasaba algo extraordinario, -salen fuera de sus casas para averiguar lo que era: unos van en -busca de armas, y otros esparcen la noticia por la ciudad. Todos los -atenienses hoplitas o de caballería llegan entonces armados<span -class="pagenum" id="Page_196">p. 196</span> al Pireo, que creen en -poder del enemigo; pero Teleutias envía a Egina las naves de que se ha -apoderado, haciéndolas escoltar por tres o cuatro de sus trirremes, y -después, alejándose del puerto con las demás naves, se retira costeando -por el Ática, se apodera de muchas barcas de pescadores y de naves -mercantes llenas de pasajeros que venían de las islas, y se dirige a -Sunio, donde toma gran cantidad de buques de transporte cargados de -grano o de mercancías. Hecho esto, regresa a Egina, donde vende su -presa, y con el producto de ella da a sus soldados la paga de un mes. -Continúa después recorriendo el mar y tomando cuanto encuentra, con lo -cual consigue mantener sus tripulaciones y se granjea soldados que lo -sirven con placer y prontitud.</p> - -<p>Antálcidas volvía de su visita a Tiribazo, después de haber -negociado la alianza con el rey para el caso en que los atenienses y -sus aliados no quisieran aceptar la paz que este les proponía; pero -cuando sabe que Nicóloco y su flota se hallan bloqueados en Abido por -Ifícrates y Diotimo, se dirige a pie a dicha población, y tomando el -mando de la flota, se hace a la vela durante la noche, después de -haber esparcido el rumor de que ha sido llamado por los calcedonios, y -aborda a Percote, donde se entrega al reposo. Habiendo sabido Deméneto, -Dionisio, Leóntico y Fanias su marcha, salen en su persecución por el -lado de Proconeso; pero después que aquellos hubieron partido, regresa -a Abido, pues había llegado a su conocimiento que debía llegar Políxeno -con las naves de Siracusa y de Italia y quería se juntaran a sus -naves.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_197">p. 197</span>Mientras tanto, -Trasíbulo de Colito<a id="FNanchor_181" href="#Footnote_181" -class="fnanchor">[181]</a> sale de Tracia con ocho naves para reunirse -a la flota ateniense. Habiendo los vigías anunciado se hallan a la -vista ocho trirremes, hace Antálcidas embarcar los marinos en sus doce -naves más veleras, y dando orden de completar cuanto pudiera faltar -en los equipajes con los de las naves que deja, se pone en emboscada, -ocultándose lo mejor que puede. Deja después pasar las trirremes, y -entra entonces en sus aguas; así que le distinguen, emprenden la fuga, -pero sus buenos veleros alcanzan pronto a las más pesadas. Prohibe a -sus naves las ataquen, y continúa en persecución de las más lejanas. -Cuando se han apoderado de ellas, pierden ánimo las naves atenienses -que ha dejado detrás, y no oponen gran resistencia a las últimas de los -lacedemonios, con lo cual todos caen en su poder.</p> - -<p>Además de las veinte naves de Siracusa que vienen a juntarse a -Antálcidas, llegan otras de la parte de Jonia sometida a Tiribazo, -así como varias equipadas por la provincia de Ariobarzanes, con quien -se hallaba desde largos años unido por los lazos de la amistad: por -otra parte, Farnabazo, llamado por el rey, se había dirigido hacia -la capital, ya que entonces fue cuando se casó con la hija del rey. -Antálcidas, que se hallaba al frente de más de ochenta naves, domina -en el mar e impide la navegación de las naves que del Ponto debían -dirigirse a Atenas, obligándolas a refugiarse en los puertos de los -aliados.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_198">p. 198</span>Viendo los -atenienses la fuerza de la flota enemiga, y temiendo termine esta -guerra de un modo tan desastroso para ellos como la primera, sobre -todo después de haberse aliado el rey con los lacedemonios, y -acosados además por los corsarios de Egina, desean vivamente la paz. -Los lacedemonios, que sostenían un ejército en el Lequeo y otro en -Orcómeno, y que se veían obligados a tener guarniciones en varias -ciudades, en las fieles para no perderlas y en las sospechosas para -que no se uniesen a los enemigos, y teniendo que soportar asimismo -en Corinto todas las contingencias de una guerra, sentíanse también -fatigados por la duración de esta lucha. En cuanto a los argivos, -viendo que se había decretado una expedición contra ellos, y sabiendo -por experiencia que el pretexto de los meses sagrados no les sirve para -nada, desean igualmente la paz.</p> - -<p>Por todo lo cual, cuando Tiribazo propone a cuantos deseen saber -las condiciones de la paz que aceptará el rey acudan a su presencia, -todos se apresuran a realizarlo. Cuando se hallan reunidos, Tiribazo, -mostrándoles el sello real, da lectura a un escrito que decía:</p> - -<blockquote> - -<p>«El rey Artajerjes considera justo ser reconocido como dueño de las -ciudades griegas de Asia, así como de las islas de Clazómenas y Chipre, -y que sean independientes las demás, pequeñas o grandes, a excepción de -Lemnos, Imbros y Esciros, que continuarán como siempre sujetas a los -atenienses. Todos los que no acepten esta paz serán reputados enemigos -míos, y les haré la guerra con los que la acepten, así por mar como por -tierra, y sin economizar dinero ni naves para ello.»</p> - -</blockquote> - -<p><span class="pagenum" id="Page_199">p. 199</span>Después de -haber oído estas condiciones, los diputados de las ciudades las -participan a sus respectivos estados. Juran todos<a id="FNanchor_182" -href="#Footnote_182" class="fnanchor">[182]</a> su cumplimiento, y -los tebanos quieren prestar juramento por toda Beocia; pero Agesilao -rehúsa recibirlo si, como decía el escrito real, no juran respetar la -independencia de las ciudades grandes y pequeñas: contéstanle aquellos -diputados que no habían recibido instrucciones suficientes.</p> - -<p>—«Id, pues —les dice Agesilao—, y pedidlas, pero anunciad al mismo -tiempo a los vuestros que si no lo hacen, serán declarados fuera del -tratado.»</p> - -<p>Parten dichos diputados, y Agesilao, a causa de su odio a los -tebanos, no quiere aguardar, y persuadiendo a los éforos, ofrece -el sacrificio de partida. Así que lo ha verificado, se dirige a -Tegea, de donde manda algunos soldados de caballería para apresurar -los reclutamientos en los alrededores, y varios mensajeros a las -ciudades; pero antes de que saliese de Tegea llegan los tebanos -declarándole reconocen la independencia de las ciudades. De este -modo tienen los lacedemonios que volverse a su población, después de -haber obligado a entrar en el tratado a los tebanos y haberles hecho -reconocer la independencia de las ciudades beocias. Los corintios no -recogían tampoco su guarnición de Argos; pero Agesilao les anuncia -que si no se retiran, y a los argivos que si no salen de Corinto, -les declarará a todos la guerra. Apodérase el miedo de ambas partes, -y se retiran los argivos, volviendo a tomar Corinto su antiguo -gobierno, pues los autores de los degüellos y sus cómplices se deciden -voluntariamente<span class="pagenum" id="Page_200">p. 200</span> a -abandonar la ciudad, y los demás ciudadanos llaman con placer a los -expatriados.</p> - -<p>Después que tiene lugar todo esto, y cuando las ciudades se -han obligado por juramento a observar la paz dictada por el rey, -licéncianse los ejércitos de mar y tierra. Celebran de este modo -su primera paz los lacedemonios, los atenienses y los aliados<a -id="FNanchor_183" href="#Footnote_183" class="fnanchor">[183]</a>, -después de la guerra que siguió a la demolición de los muros de -Atenas. Los lacedemonios, después de haber hecho inclinar a su parte -las ventajas durante la guerra, consíguenlas mayores con la paz, pues -no solo fueron los promovedores de esta cerca del rey y obtuvieron -la independencia de las ciudades, convirtieron a Corinto en aliada -y libertaron a las ciudades beocias de la dominación tebana, cosa -que deseaban desde largo tiempo, sino que además hicieron cesar la -ocupación de Corinto por los argivos, amenazándoles con la guerra si no -se retiraban de dicha ciudad.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch5_2"> - <h3>CAPÍTULO II.</h3> -</div> - -<p>Aunque todo hubiera salido a medida de su deseo, los lacedemonios -son de parecer de castigar a aquellos de sus aliados que durante la -guerra se han pasado a sus contrarios, o han mostrado más benevolencia -hacia sus enemigos que hacia Lacedemonia,<span class="pagenum" -id="Page_201">p. 201</span> para quitarles de este modo los medios -de una nueva defección. Envían primeramente a los mantineos la orden -de demoler sus muros, diciendo que no pueden asegurar de otra manera -su fidelidad, pues pretenden estar ciertos de que enviaron trigo a -los argivos cuando estos se hallaban en guerra con Lacedemonia, que -a menudo rehusaban tomar parte en las expediciones, a pretexto de -la tregua sagrada, y que si les acompañaban hacían mal el servicio. -Añadían también que no ignoraban su envidia cuando alcanzaban alguna -victoria los espartanos, y su gozo cuando sufrían alguna derrota. -Recuérdase asimismo que la tregua de treinta años, concertada -después de la batalla de Mantinea, ha terminado en este mismo año. -Rehúsan los mantineos demoler sus muros, por lo cual decrétase -contra ellos una expedición<a id="FNanchor_184" href="#Footnote_184" -class="fnanchor">[184]</a>. Agesilao suplica a la ciudad se le dispense -de dirigir esta expedición, pues la ciudad de Mantinea había prestado -grandes servicios a su padre en las guerras de Mesenia; por lo cual se -nombra jefe de ella a Agesípolis, a pesar de los lazos de amistad que -había tenido su padre con los principales de Mantinea.</p> - -<p>Apenas ha llegado a este país lo entrega al saqueo; sin embargo, -como a pesar de esto los mantineos no demolían sus muros, hace -excavar un foso alrededor de la ciudad, empleando en este trabajo -la mitad de sus tropas, mientras la otra mitad está sobre las armas -protegiendo a los trabajadores. Una vez terminado este foso, podía ya -con plena seguridad levantar un contramuro alrededor de la ciudad; -pero<span class="pagenum" id="Page_202">p. 202</span> al saber que -hay en ella mucho trigo, por haber sido muy fértil el año precedente, -cree que corre el riesgo de arruinar a Lacedemonia y a los aliados -con largas campañas, y corta el río que pasa por la ciudad y que era -bastante considerable. Hallándose así obstruido el curso del río, el -agua retrocede y se extiende sobre los cimientos de las casas y de -la muralla; luego que se mojan los ladrillos de la parte inferior, -no pueden sostener el peso de los de arriba y principia el muro a -hundirse, y finalmente se derrumba. Intentan los sitiados, durante -algún tiempo, apuntalarlo con maderos, e imaginan varios medios para -que no caiga la torre; pero vencidos por las aguas y temiendo que -una vez haya caído la muralla sean tomados por asalto, consienten en -arrasar sus muros. Los lacedemonios rehúsan entonces tratar con ellos, -sino con la condición de repartir su población entre las inmediatas, -y las mantineos, viendo que no pueden evitarlo, se muestran prontos a -hacerlo.</p> - -<p>Los partidarios de Argos y los principales de la población juzgaban -se les condenaría a muerte; pero Agesípolis consiente, a instancias -de su padre, en dejarles salir de la ciudad completamente seguros, -en número de sesenta. Los lacedemonios, con la lanza en la mano, se -colocan para verlos salir a ambos lados de las puertas de la ciudad, -y a pesar de su odio, dicho sea como una gran prueba de disciplina, -les cuesta menos trabajo el abstenerse de ofenderles que a los -oligarcas mantineos. Después hacen arrasar el muro y reparten en -cuatro barrios la población de Mantinea, conforme estaba dividida en -otro tiempo. Apesadúmbrales este cambio en los<span class="pagenum" -id="Page_203">p. 203</span> primeros momentos, porque era preciso -derribar las casas que poseían y levantar otras; pero al ver los -propietarios que permanecen de este modo más cercanos a sus tierras, -que se hallaban junto a los suburbios, que dominarán con el gobierno -aristocrático, y que de este modo se verán libres de los turbulentos -demócratas, concluyen por regocijarse de lo sucedido. Los lacedemonios -no les mandan un solo oficial para todos, sino uno para cada barrio; y -los mantineos, bajo su nueva constitución, toman parte más activa en la -guerra que bajo la democracia. He aquí lo que sucedió en Mantinea; esto -puede servir de experiencia para que no se deje pasar nunca un río por -dentro las murallas.</p> - -<p>Cuando los fugitivos de Fliunte saben que los lacedemonios -examinaban la conducta retrospectiva de sus aliados durante la guerra, -consideraron la ocasión oportuna y se dirigieron a Lacedemonia, -recordando a los espartanos que mientras estuvieron ellos en su -patria, la ciudad les recibió siempre dentro de sus muros y los -habitantes estuvieron siempre dispuestos a acompañarles en guerra -donde quisieron, y que después de haber sido arrojados de su -población, en cosa alguna querían obedecerles, y eran los únicos -a quienes se rehusaba la entrada en la población. Al oír esto los -éforos, juzgan digno de observación su parecer, y envían a decir a -los fliasios que siendo amigos de Lacedemonia, sus desterrados no -habían merecido esta pena, y por lo tanto, parecíales oportuno fuesen -llamados voluntariamente por la ciudad, mejor que hacérselos llamar -a la fuerza. Los fliasios, después de oír este mensaje, temen que si -marchan contra ellos<span class="pagenum" id="Page_204">p. 204</span> -los lacedemonios, haya algunas personas dentro de la ciudad que les -introduzcan, y efectivamente, contaban en ella los expatriados buen -número de parientes y partidarios, y además hallábanse en ella, como -sucede en casi todas las ciudades, bastantes individuos que deseaban -un cambio en la cosa pública, así como el levantamiento del destierro -a los expatriados. Por todo lo cual decretan sean nuevamente admitidos -los desterrados y se les devuelvan los bienes cuya propiedad se pruebe, -indemnizando a los actuales poseedores con fondos del tesoro público, -y para el caso de sobrevenir algún litigio, que se decida en justicia. -He aquí lo que sucedió durante este tiempo, relativamente a los -desterrados fliasios.</p> - -<p>Llegan a Lacedemonia mensajeros de Acanto y Apolonia, las dos -ciudades más importantes de las cercanías de Olinto. Introducidos en la -asamblea y ante los aliados, después de haber visto a los éforos, el -acantio Clígenes dice:</p> - -<p class="mt1">«Espartanos y aliados: creemos ignoráis algo de lo -que sucede en Grecia. Bien sabéis vosotros todos que Olinto es la -mayor ciudad de Tracia; los olintios han principiado por apoderarse -de algunas ciudades, y después de someterlas les han impuesto sus -leyes y su constitución: más tarde han dominado en ciudades más -importantes, después de lo cual han procurado desligar de la dominación -de Amintas, rey de Macedonia, a las ciudades de esta región, y después -de haber persuadido a las más cercanas, se han dirigido igualmente -hacia las más distantes y poderosas: nosotros mismos les hemos dejado -en posesión de gran número de ciudades, entre ellas de Pela,<span -class="pagenum" id="Page_205">p. 205</span> la más importante de -todas las de Macedonia, y hemos sabido que el mismo Amintas habíase -visto obligado a abandonar su capital, y que poco falta para que no -se vea arrojado de toda Macedonia. Nos han enviado también muy a -menudo diputados para anunciarnos a los acantios y apolonios, que si -no juntamos nuestras tropas a las suyas, nos declararán la guerra. -Nosotros, oh lacedemonios, queremos conservar nuestras antiguas leyes y -nuestro gobierno nacional; pero si nadie viene a prestarnos su auxilio, -tendremos necesariamente que unirnos a ellos: tienen ya más de ocho -mil peltastas, y si tenemos que unir nuestras fuerzas a las suyas, -tendrán más de mil caballos. Hemos dejado allí diputados atenienses -y beocios, y hemos sabido que habían decretado también los olintios -enviar mensajeros a esas repúblicas para negociar una alianza. Si dicha -fuerza se junta a la de los atenienses y tebanos, ya podéis comprender, -añaden, qué invencible poder adquirirán vuestros enemigos. Se han -apoderado ya de Potidea, en el istmo de Palene; juzgad si tardarán -mucho en someter todas las ciudades que están aquende el mismo. Una -prueba de cuánto temor inspiran a todas aquellas ciudades es, que a -pesar del odio que sienten todos hacia los olintios, no se han atrevido -a enviar diputados con nosotros para enteraros de cuanto sucede.</p> - -<p>»Reflexionad también si sois consecuentes, después de haber -procurado con tanto interés que las ciudades de Beocia no estén -reunidas bajo el poder de un solo jefe, dejando ahora se forme un -poder mucho mayor, y que amenaza aumentar cada<span class="pagenum" -id="Page_206">p. 206</span> día, no solo por tierra, sino también por -mar. ¿Qué obstáculo podría, en efecto, hallarse para ello en un país -que posee en abundancia maderas de construcción, ingresos de grande -importancia en los mercados, y una numerosa población favorecida por -la fertilidad del suelo? Además, este país hállase inmediato al de -los tracios independientes, que ya actualmente se muestran con ellos -muy deferentes: si este pueblo cayera también bajo su dominación, -adquirirían mucha mayor fuerza y poder, sin contar con que, una vez -dominados los tracios, las minas de oro del Pangeo se ofrecerán a su -vista. Y nada de cuanto os decimos ha dejado de repetirse mil y mil -veces en la asamblea popular de los olintios. ¿Quién podría decir hasta -dónde llegan sus pretensiones? porque parece, en efecto, que el dios -haya querido fuesen aumentadas las pretensiones de los hombres a medida -que va en aumento su poder.</p> - -<p>»Venimos, pues, lacedemonios y aliados, a participaros el estado -en que se hallan nuestros asuntos: ahora vosotros deliberaréis si -os parecen dignos de atención. Es preciso, sin embargo, que sepáis -que esta grande fuerza de que os hemos hablado no es en modo alguno -inatacable, porque, en efecto, todas las ciudades a las cuales se -ha impuesto un gobierno que detestan, le abandonarán así que vean -oponérsele un partido importante; pero si se les deja el tiempo -de unirse estrechamente por los lazos del matrimonio y por las -adquisiciones que han decretado, y de ver que puede sacarse provecho -siendo del partido del más fuerte, como sucede a los arcadios -cuando os acompañan, pues aseguran sus bienes<span class="pagenum" -id="Page_207">p. 207</span> y se apoderan de los de los enemigos, -entonces este poder será menos fácilmente abatido.»</p> - -<p class="mt1">Después de haber dicho esto, invitan los lacedemonios -a los aliados para que den su parecer en el mejor sentido para -el Peloponeso y para los aliados, y un gran número de ellos, -principalmente los que quieren dar gusto a los lacedemonios, se -declaran por la expedición, decidiéndose que cada ciudad enviará -su contingente para un ejército de diez mil hombres, permitiéndose -también a las ciudades el que den dinero en lugar de hombres, a razón -de un trióbolo de Egina<a id="FNanchor_185" href="#Footnote_185" -class="fnanchor">[185]</a> por individuo, y las que tienen que -proporcionar caballería pagarán por cada soldado de ella el sueldo -de cuatro hoplitas. Apruébase asimismo que si alguna ciudad -falta al llamamiento, podrán condenarla los lacedemonios a la -indemnización de un estatero<a id="FNanchor_186" href="#Footnote_186" -class="fnanchor">[186]</a> diario por individuo.</p> - -<p>Convenidos estos extremos, levántanse los acantios y hacen -nuevamente uso de la palabra para declarar que ciertamente son muy -buenas estas condiciones, pero que no son susceptibles de la prontitud -que el asunto reclama. Añaden que valdría más que mientras se verifican -estos preparativos partiese al instante un jefe con todas las fuerzas -disponibles en Esparta y en las ciudades aliadas, y que al obrar -así, las ciudades que aún no se hubiesen unido a los olintios, no -llegarían a realizarlo, y que las que lo estuviesen ya, les prestarían -un auxilio más débil. Prevalece igualmente esta opinión, y envían -los<span class="pagenum" id="Page_208">p. 208</span> lacedemonios a -Eudámidas con los neodamodes y unos dos mil periecos y esciritas<a -id="FNanchor_187" href="#Footnote_187" class="fnanchor">[187]</a>.</p> - -<p>Eudámidas, antes de marchar ruega a los éforos den a su hermano -Fébidas orden para reunir el resto de las tropas que no se le habían -aún juntado, y para conducirlas. Así que llega a las comarcas -fronterizas de Tracia, envía guarniciones a las ciudades que las -desean, y ocupa a Potidea, que se entrega voluntariamente, pues desde -largo tiempo era aliada de los lacedemonios, y de allí verifica varias -excursiones, haciendo la guerra en cuanto se lo permite la exigüidad de -sus fuerzas.</p> - -<p>Fébidas, después de reunir las tropas que no se habían podido juntar -a Eudámidas, colocándose a su cabeza, se pone en marcha. Llegado a -Tebas, acampa fuera de la ciudad, no lejos del gimnasio. Hallábanse en -disensión los tebanos: los dos polemarcas Ismenias y Leontíades eran -enemigos y estaba cada uno al frente de su partido. Ismenias, por odio -a los lacedemonios, no visitó siquiera a Fébidas; pero Leontíades le -agasaja, y cuando hubo intimado con él, le dice:</p> - -<p>—«Fébidas, hoy puedes prestar el mayor servicio a tu patria, pues si -quieres seguirme con tus hoplitas, te introduciré en la acrópolis, y -una vez te hayas apoderado de ella, puedes estar seguro de que Tebas se -hallará completamente bajo el poder de los lacedemonios y de nuestro -partido, que os es enteramente afecto. En verdad que ahora, como ves, -ha sido pregonada la prohibición a todo tebano para acompañarte contra -los<span class="pagenum" id="Page_209">p. 209</span> olintios; pero -si nos ayudas a llevar a cabo nuestros planes, enviaremos contigo gran -número de hoplitas y caballos; de manera que conducirás numerosos -refuerzos a tu hermano, y mientras este procura apoderarse de Olinto, -tú te habrás hecho dueño de Tebas, ciudad mucho mayor que aquella.»</p> - -<p>Deslúmbrase Fébidas ante este discurso, pues prefería a la misma -vida cualquier brillante proeza; bien es verdad que no tenía fama -de muy razonable ni muy sensato. Luego que ha consentido en ello, -Leontíades le dice que emprenda la marcha como si fuese ya su -partida definitiva, y cuando sea oportuno, le dice, me juntaré a ti -y te serviré de guía. La asamblea tenía lugar en este momento bajo -los pórticos de la plaza pública, pues las mujeres celebraban las -Tesmoforias en la Cadmea; era en verano y a la hora del mediodía, por -lo cual las calles se hallaban desiertas. Leontíades, saltando entonces -a caballo, hace retroceder a Fébidas y le conduce a la acrópolis. -Después de haber establecido allí a Fébidas y a sus tropas, le entrega -las llaves de las puertas y le recomienda no deje entrar a nadie sin -orden suya, y se dirige al senado. Llegado allí, dice:</p> - -<p class="mt1">«Ciudadanos: los lacedemonios ocupan la acrópolis: -no os asustéis por ello, pues declaran no tratarán como enemigo al -que no quiera la guerra. Pero yo, en virtud de la ley que permite al -polemarca prender a todo hombre cuya conducta merezca la muerte, hago -prender a Ismenias, aquí presente, como fautor de la guerra. Vosotros, -pues, capitanes de las cohortes, y todos los restantes a quienes esto -incumbe, levantaos, apoderaos de este hombre y conducidle al lugar -convenido.»</p> - -<p class="mt1"><span class="pagenum" id="Page_210">p. 210</span>Estos, -que habían recibido anticipadamente sus instrucciones, obedecen y -se apoderan de Ismenias: en cuanto a aquellos que nada saben y que -pertenecen al partido opuesto a Leontíades, unos huyen inmediatamente -de la ciudad por temor de que se les condene a muerte, y los otros se -dirigen primero a sus casas, y al saber que Ismenias está preso en -la Cadmea, se refugian en Atenas en número de unos trescientos, todos -ellos partidarios de Androclidas e Ismenias. Después de haber hecho -todo esto, eligen un nuevo polemarca para la vacante de Ismenias, y -Leontíades se dirige inmediatamente a Esparta. Encuentra allí a los -éforos y al pueblo fuertemente irritado contra Fébidas, porque ha -obrado en todo eso sin conocimiento del gobierno. Sin embargo, Agesilao -dice que si su conducta ha sido funesta a los intereses de Lacedemonia, -debe ser castigado; pero que si ha sido ventajosa para la ciudad, es -costumbre muy antigua poder tomar a su cuenta y riesgos tales golpes -de mano. «Se trata, pues —dice—, de averiguar si son favorables o -contrarios para Lacedemonia estos sucesos.» Presentándose entonces -Leontíades ante los miembros del senado, les dice:</p> - -<p class="mt1">«Ciudadanos lacedemonios: antes de los actuales sucesos -conocíais y censurabais los hostiles sentimientos que hacia vosotros -abrigaban los tebanos, pues les veíais siempre amigos de vuestros -adversarios y enemigos de vuestros aliados. ¿No rehusaron, acaso, -seguiros en vuestra expedición contra el pueblo del Pireo, vuestro -más acérrimo enemigo? ¿No hicieron también la guerra a los focidios -porque los veían favorablemente dispuestos a vosotros? Y ahora, ¿no -acaban de concertar una alianza con los olintios,<span class="pagenum" -id="Page_211">p. 211</span> porque sabían os dirigíais contra ellos? -Siempre teníais en la mente la posibilidad de que se apoderaran -violentamente de Beocia para sujetarla a su dominio, mientras que -ahora, después de lo que ha ocurrido, nada tenéis ya que temer de los -tebanos, y bastará mostréis una pequeña escítala<a id="FNanchor_188" -href="#Footnote_188" class="fnanchor">[188]</a> para que veáis -cumplimentadas allí vuestras órdenes, si queréis interesaros por -nosotros como nosotros nos interesamos por Esparta.»</p> - -<p class="mt1">Después de oído este discurso, determinan los -lacedemonios conservar la acrópolis, ya que se halla en su poder, -y hacer juzgar a Ismenias, para cuyo objeto mandan tres jueces -lacedemonios y uno por cada ciudad aliada, así de las grandes como -de las pequeñas. Una vez reunido este tribunal, se acusa a Ismenias -de haber sostenido relaciones con los bárbaros; de estar ligado por -la hospitalidad con el rey de Persia, en daño de Grecia; de haber -aceptado dinero del rey, y de haber sido autor con Androclidas de las -turbulencias de las ciudades griegas. Defiéndese Ismenias de todos -estos cargos; pero no puede, sin embargo, probar que no alimente -grandes y perniciosos designios, y es condenado a muerte, sufriendo -inmediatamente su pena. Leontíades y sus partidarios quedan dueños -de la ciudad y conceden a los lacedemonios más de lo que estos -deseaban.</p> - -<p>Terminado así este asunto, continúan con vigor su expedición -contra Olinto. Envían como harmosta a Teleutias, con el contingente -que del reclutamiento de diez mil hombres deben proporcionar, y<span -class="pagenum" id="Page_212">p. 212</span> remiten además a las -ciudades aliadas las escítalas que ordenan seguir a Teleutias, según -el decreto acordado por los aliados. Son generalmente obedecidos, a -causa de la fama que tenía de no ser ingrato con los que le complacían; -y como era hermano de Agesilao, mostró gran celo la ciudad de Tebas -en enviarle hoplitas y caballos. Teleutias, sin embargo, avanzaba con -lentitud, porque procuraba no causar en su marcha daño alguno a los -países aliados y reunir cuantas fuerzas pudiese. Envía anticipadamente -mensajeros a Amintas, diciéndole que si desea reconquistar su reino -debe reclutar mercenarios y sembrar a manos llenas el dinero entre los -reyes vecinos, con el fin de hacérselos aliados. Hace decir también -a Derdas, gobernador de Elimia, que los olintios han sometido ya la -parte más considerable de Macedonia, y que no retrocederán ante la más -pequeña si no hay quien haga cesar sus violencias.</p> - -<p>Mientras toma todas estas medidas, llega al país aliado al frente -de un numeroso ejército. Una vez en Potidea, reúne todas sus fuerzas -y avanza por el territorio enemigo. Dirigiéndose a la ciudad, no -incendia ni devasta la comarca, convencido de que haciéndolo se crearía -grandes obstáculos, así para su marcha como para su retirada, mientras -que cuando de ella se aleje será el momento oportuno para cortar los -árboles, y con ello impedir la marcha de los que le persigan. Cuando -llega a unos diez estadios de la ciudad, hace descansar sobre las armas -a sus tropas; y como mandaba el ala izquierda, dirígese él mismo contra -las puertas por donde debía salir de la ciudad el enemigo: el resto de -la falange<span class="pagenum" id="Page_213">p. 213</span> de los -aliados formaba el ala derecha. Había también dispuesto a la derecha la -caballería lacedemonia, la de los tebanos y la de los macedonios que -se le habían unido. Había conservado, sin embargo, a su lado a Derdas -y su caballería, en número de unos cuatrocientos, así porque la tenía -en mucho aprecio, como por hacerse agradable a Derdas prestándole un -servicio que había de complacerle.</p> - -<p>Cuando han salido los enemigos y están formados en batalla al pie de -sus muros, reunida toda su caballería, se arroja sobre los lacedemonios -y beocios. Policarmo, comandante lacedemonio, es arrojado de su caballo -y recibe en el suelo numerosas heridas; otros son muertos, y por fin -vuelve grupas la caballería del ala derecha. Al ver la derrota de esta, -cede también la infantería, y todo el ejército corría el riesgo de ser -vencido, si Derdas a la cabeza de su caballería no se hubiese dirigido -al galope hacia las puertas de Olinto; síguele también Teleutias con -su división en buen orden. La caballería olintia, al apercibirse de -este movimiento, y temiendo se le cierren las puertas, da media vuelta -y se retira a toda prisa. Mata entonces Derdas a gran número de ellos, -mientras pasaban ante él a escape, y la infantería olintia se retira -también dentro de los muros sin haber experimentado muchas bajas por la -proximidad de la muralla. Teleutias, después de levantar un trofeo y -haber hecho constar esta victoria, se retira cortando los árboles.</p> - -<p>Tal fue la expedición que verificó en este verano; después -licencia las tropas macedonios y las de Derdas. Los olintios hacen, -sin embargo, frecuentes excursiones contra las ciudades aliadas a -los lacedemonios,<span class="pagenum" id="Page_214">p. 214</span> -devastan su territorio y matan a sus habitantes.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch5_3"> - <h3>CAPÍTULO III.</h3> -</div> - -<p>Así que comienza la primavera<a id="FNanchor_189" -href="#Footnote_189" class="fnanchor">[189]</a>, la caballería -olintia, en número de unos seiscientos hombres, verifica una excursión -hacia Apolonia en mitad del día, y se disemina por la campiña para -saquearla: aquel día Derdas y su caballería habían llegado a Apolonia -y se hallaban tomando el almuerzo. Cuando se apercibe aquel de esta -correría, da orden a su gente para que armados y con los caballos -enjaezados se mantengan a la expectativa; y cuando ve que los olintios -avanzan con seguridad completa hasta los suburbios y las mismas -puertas de la ciudad, sale al frente de su caballería en correcta -formación. Así que le distingue el enemigo, emprende la fuga; mas él -no se contenta con esto, sino que le persigue unos noventa estadios<a -id="FNanchor_190" href="#Footnote_190" class="fnanchor">[190]</a> -sin cesar de matarle gente, hasta los mismos muros de Olinto: dícese -que les mató unos ochenta caballeros. Permanecen desde entonces los -enemigos encerrados dentro de sus muros y sin cultivar más que una -pequeñísima parte de su territorio. Algún tiempo después, Teleutias -dirigíase contra la ciudad de Olinto, a fin de destruir los árboles -que<span class="pagenum" id="Page_215">p. 215</span> habían quedado -en pie y los trabajos de cultivo de los enemigos, cuando la caballería -olintia avanza silenciosamente contra los lacedemonios, a cuya vista -Teleutias, indignado por su audacia, ordena a Tlemónidas, jefe de los -peltastas, se arroje sobre ellos a paso de carga. Los olintios, al -verse atacados por los peltastas, vuelven la espalda, retíranse en -buen orden, y vuelven a pasar el río; y los que les siguen, creyendo -habérselas con fugitivos, persíguenles con grande audacia y se disponen -también a atravesar el río; pero entonces la caballería olintia, -aprovechando el momento en que acaban los peltastas de atravesar el río -y les ofrecen un inmenso flanco, se vuelve, y cargando sobre ellos, -matan al mismo Tlemónidas y a más de ciento de sus soldados. Teleutias, -al conocer lo sucedido, monta en cólera, coge sus armas, y dirigiéndose -hacia adelante con sus hoplitas, ordena a los caballeros y peltastas -persigan sin tregua al enemigo. Gran número de ellos, cumpliendo sus -órdenes, avanzan hacia las murallas más de lo que la prudencia exige, -y tienen que retirarse con grandes pérdidas; y otros, alcanzados -por las flechas arrojadas desde las torres, tienen que replegarse -desordenadamente para ponerse a cubierto de los proyectiles. Cargan -entonces los olintios con su caballería, apoyada por los peltastas, y -últimamente los mismos hoplitas salen de la ciudad y se arrojan sobre -la falange desordenada. Perece Teleutias combatiendo, y al momento -ceden las tropas; nadie hace resistencia, y se declaran todos en fuga: -unos procuran refugiarse en Espartolo, otros en Acanto o en Apolonia, y -gran parte en Potidea. Persíguenles en todos sentidos los vencedores, -y dan<span class="pagenum" id="Page_216">p. 216</span> muerte a gran -número de hombres de los más útiles al ejército.</p> - -<p>Paréceme que tales desgracias deben enseñar a los hombres, y -servirles para comprender que no se debe castigar mientras se está -encolerizado, ni siquiera a los esclavos, porque a menudo ha sucedido -que, arrastrados los dueños por la pasión, se han atraído a sí mismos -mayores desventuras de las que a los demás han ocasionado. Pero sobre -todo en la guerra, es una falta, muchas veces irreparable, el obrar -siguiendo las inspiraciones de la cólera. La cólera, en efecto, es -imprevisora, mientras la reflexión procura hallar con igual cuidado los -medios de evitar un desastre, que los necesarios para perjudicar al -enemigo.</p> - -<p>Los lacedemonios, después de saber esta noticia, celebran consejo -y deciden mandar fuerzas considerables para abatir la soberbia de -los vencedores y no hacer inútiles cuantas ventajas hasta entonces -se habían conseguido. Pensando de esta suerte, envían como general -al rey Agesípolis, designándole también treinta espartanos, como se -había hecho cuando la expedición de Agesilao a Asia. Muchos periecos, -gente esforzada, así como buen número de extranjeros de los que se -llaman <i>trófimos</i> y algunos bastardos espartanos bien reputados -y que habían ejercido elevados cargos en la ciudad, le siguen como -voluntarios. También proporcionan voluntarios las ciudades aliadas, -alistándose también como tales algunos caballeros tesalios que querían -hacerse conocer y apreciar por Agesípolis, y finalmente Amintas -y Derdas muestran mayor actividad que la primera vez. Después de -disponerlo todo, Agesípolis parte para Olinto.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_217">p. 217</span>La ciudad de los -fliasios, que había merecido los elogios de Agesípolis a causa de la -prontitud con que había proporcionado grandes cantidades para esta -expedición, creyendo que hallándose ausente Agesípolis no se dirigirá -Agesilao contra ella, pues no había sucedido nunca que estuviesen -los dos reyes ausentes al mismo tiempo de Esparta, se atreve a no -conceder justicia a los desterrados que han regresado a su patria, -pues estos, en efecto, pedían fuesen decididos los puntos en litigio -por un tribunal imparcial; pero los ciudadanos quieren sea juzgada su -querella por la misma ciudad. Reclaman aquellos, alegando que no puede -haber verdadera justicia si una de las partes litigantes ha de decidir -como juez; pero no se les escucha, por lo cual se dirigen entonces -a Lacedemonia para quejarse del gobierno de su ciudad: acompáñales -asimismo cierto número de habitantes de Fliunte, que afirman se les -considera por gran número de ciudadanos como verdaderas víctimas de -la injusticia, por lo cual, irritada la ciudad, condena a todos los -que se han dirigido a Esparta sin misión alguna del estado. Estos no -se apresuran a volver a su patria; antes por el contrario, permanecen -en Lacedemonia e informan a los de esta ciudad de que los que cometen -estas violencias son los mismos que les han desterrado y cerrado las -puertas a las tropas espartanas, que han comprado sus bienes y emplean -la violencia para conservarlos, habiendo encontrado por fin el medio -de hacerles castigar por haberse dirigido a Lacedemonia, a fin de -que nadie, en lo futuro, se atreva a revelarles lo que pasa en su -ciudad.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_218">p. 218</span>Creyendo los éforos -que, en efecto, se cometía allí injusticia, declaran la guerra a los -fliasios, cosa que no disgustó a Agesilao, pues la familia de Podánemo, -desterrada en la actualidad, estaba unida con su padre Arquidamo por -los lazos de la hospitalidad, y él mismo lo estaba con la familia de -Procles, hijo de Hipónico. Terminados los sacrificios de la marcha, -emprende la campaña, a pesar de que varias diputaciones marchan a su -encuentro ofreciéndole grandes cantidades para evitar la invasión: -contesta a todos que no se dirige allí para cometer injusticias, -antes al contrario, para proteger a los que de ellas son víctimas. -Por fin afirman los fliasios se hallan dispuestos a hacer cuanto -quiera, rogándole suspenda su expedición; pero él les contesta que no -puede creer solo en sus palabras, pues otras veces le han engañado y -necesita, por lo mismo, una garantía efectiva. Habiéndole preguntado -cuál era la garantía que exigía, contesta: «La misma que nos disteis -otra vez sin que hubieseis padecido perjuicio alguno: el entregarnos -la acrópolis.» No habiendo accedido a su petición, invade el país y -rodea su ciudad con obras de fortificación, dejándola completamente -sitiada. Gran número de lacedemonios repiten, sin embargo, que por -algunas personas se enajena una ciudad de más de cinco mil almas, y -en realidad, para ponerlo más de relieve, los fliasios celebraban -sus asambleas a la vista del ejército, por lo cual Agesilao ideó el -siguiente medio para contrarrestar este reproche. Cada vez que salía -alguien de la ciudad, atraído por la amistad o por la parentela de -los desterrados, hace preparar comidas públicas como las de Esparta -y dar<span class="pagenum" id="Page_219">p. 219</span> alimentos -suficientes a cuantos quieren tomar parte en los ejercicios; ordena -asimismo se les procure toda clase de armas sin retroceder ante ningún -gasto. Ejecútanse sus órdenes, y de este modo se forma un cuerpo de -más de mil hombres robustos, disciplinados y bien armados; de manera -que llegan los lacedemonios a desear por compañeros de armas a estos -soldados.</p> - -<p>En estas cosas empleaba su actividad Agesilao. Mientras tanto, -Agesípolis, saliendo de Macedonia, sitúase con sus tropas frente -a Olinto: pero viendo que nadie sale a atacarle, se ocupa en -devastar cuanto ha sido hasta entonces respetado en su territorio, -y destruye las mieses de las comarcas aliadas, así como cayendo -sobre Torone, se apodera de ella por asalto. Hallábase en esto, -cuando es atacado por una ardiente fiebre, propia de la estación -canicular en que se encontraban; y habiendo visto por la mañana el -templo de Dioniso en Afitis<a id="FNanchor_191" href="#Footnote_191" -class="fnanchor">[191]</a>, entrole el deseo de gozar de la sombra de -sus cuevas y de sus aguas límpidas y frescas: transpórtasele aún con -vida, pero muere fuera del templo, una semana después de haber caído -enfermo. Su cuerpo, cubierto de miel, es llevado a su patria, donde -recibe sepultura real.</p> - -<p>Agesilao, al saber esta noticia, no demuestra que ha perecido un -rival, antes derrama abundantes lágrimas y echa de menos su compañía, -pues en Esparta los reyes habitan juntos cuando en ella se encuentran. -Agesípolis y Agesilao confiábanse a menudo las confidencias más intimas -sobre su juventud,<span class="pagenum" id="Page_220">p. 220</span> -sus cacerías, sus caballos y sus amores, y además, mientras vivían -juntos, mostrábale el último gran respeto, pues era mayor en edad. -Envían en su lugar los lacedemonios en calidad de gobernador contra -Olinto a Polibíades.</p> - -<p>Agesilao había dejado ya trascurrir el tiempo prudencial que se -había fijado para la duración de las provisiones en Fliunte, pues tal -es el dominio que sobre los apetitos puede tenerse que los fliasios, -habiendo decretado entregar la mitad del trigo que antes se daba a -todo el mundo, al ejecutar esta resolución, pudieron sostener el sitio -durante doble tiempo del que se había presumido. Y tal es también la -superioridad de la audacia sobre la timidez, que cierto Delfión, que -pasaba por hombre distinguido, al frente de trescientos fliasios pudo -dominar el influjo de los que deseaban la paz, y retener en la cárcel -a los individuos de quienes desconfiaba; pudo asimismo obligar al -pueblo a montar las guardias y asegurarse de su fidelidad vigilándole -constantemente. A menudo verificaba salidas con sus partidarios más -decididos, y rechazaba las guardias de diferentes puntos de las -fortificaciones enemigas. Sin embargo, cuando a pesar de todos sus -arbitrios esos hombres tan decididos no pudieron hallar víveres en -parte alguna de la ciudad, pidieron una tregua a Agesilao para enviar -una comisión a Esparta, pues habían determinado entregar a discreción -la ciudad a los lacedemonios.</p> - -<p>Irritado Agesilao de que no le consideren con autoridad suficiente -para ello, halla medio para que sus amigos de Esparta obtengan se le -deje árbitro de la suerte de Fliunte, y entonces accede a dejar<span -class="pagenum" id="Page_221">p. 221</span> paso franco a aquella -comisión. Redobla, sin embargo, la vigilancia en las guardias para -que nadie pueda salir de la ciudad, pero a pesar de todas estas -precauciones, Delfión, y con él un esclavo estigmatizado que había -sustraído gran cantidad de armas a los sitiadores, consiguen escapar -durante la noche. Cuando los diputados vuelven de Esparta con la -noticia de que esta da sus más amplios poderes a Agesilao respecto a lo -que debe hacerse con la ciudad, decide aquel que cincuenta desterrados -y cincuenta sitiados sean los que han de manifestar quiénes deban -conservar la vida o perecer de entre los sitiados, y que más adelante -establecerá las leyes según las cuales deban gobernarse. Mientras -ejecutan sus órdenes, deja una guarnición en la ciudad con el sueldo -de seis meses, después de lo cual licencia a los aliados y regresa a -Esparta con sus conciudadanos. Así terminó la expedición a Fliunte, -después de haber durado un año y ocho meses.</p> - -<p>Polibíades, por su parte, acosaba vivamente por el hambre a los -olintios, pues no podían recibir por tierra ni introducir por mar -alimento alguno, obligándoles con esto a enviar una diputación a -Lacedemonia para tratar de la paz. Danse a los enviados amplios -poderes, y celebran allí un tratado, obligándose a reconocer por amigos -o por enemigos a los que lo sean de Lacedemonia, a seguir a todas -partes donde quieran conducirles los espartanos, y a ser sus aliados. -Después de haber jurado permanecer fieles a estas condiciones, regresan -a su país.</p> - -<p>Todo favorecía a los lacedemonios: hallábanseles completamente -sometidos los tebanos y beocios; afectos y bien dispuestos los -corintios; humillados<span class="pagenum" id="Page_222">p. 222</span> -los argivos, después de haber visto que el pretexto de los meses -sagrados de nada les servía; de todos abandonados los atenienses, y -castigados cuantos aliados a Esparta no habían sido enteramente fieles: -de ahí que todo parecía indicar para ellos una gloriosa y duradera -dominación.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch5_4"> - <h3>CAPÍTULO IV.</h3> -</div> - -<p>Podría citarse en la historia de Grecia y en la de los bárbaros gran -número de hechos que prueban que los dioses tienen en cuenta así a los -hombres religiosos como a los impíos; pero solo referiré lo que atañe a -mi objeto. Los lacedemonios habían jurado respetar la independencia de -las ciudades, y, a pesar de esto, se habían apoderado de la acrópolis -de Tebas, por lo cual fueron castigados por las mismas víctimas de su -injusticia, ellos, que no habían sido sometidos jamás a ningún hombre -y bastaron siete desterrados para destruir el poder de los ciudadanos -que les habían introducido en la acrópolis y habían querido poner a su -patria bajo la dominación de los lacedemonios a fin de poder ejercer la -tiranía. Voy a relatar cómo sucedió todo esto.</p> - -<p>Había en Tebas<a id="FNanchor_192" href="#Footnote_192" -class="fnanchor">[192]</a> un cierto Fílidas que hacía de secretario -de Arquias y de los demás polemarcas, y que aparentemente les había -prestado grandes servicios.<span class="pagenum" id="Page_223">p. -223</span> Habiendo ido este hombre a Atenas para algunos asuntos, se -encontró con Melón, sujeto muy conocido y que era uno de los tebanos -allí refugiados. Informado este por Fílidas de la tiranía ejercida -por el polemarca Arquias y por Filipo, comprende que la situación de -la patria le es tan odiosa a Fílidas como a él mismo. Danse, pues, -garantías recíprocas de su fidelidad, y conciertan el plan que debe -seguirse. Melón inmediatamente se une a otros seis desterrados, los más -a propósito para sus designios, y no les hace tomar otras armas que -sus puñales. Principian por entrar de noche en el territorio tebano, -y después de haber pasado el día en un lugar enteramente desierto, se -acercan a las puertas de la ciudad como si volviesen del campo, a la -hora en que dejan su trabajo los más rezagados. Luego que entran en -la ciudad, pasan la noche en casa de un ciudadano llamado Carón, y -allí permanecen todo el día siguiente. Fílidas se hallaba ocupado en -arreglarlo todo para que celebrasen los polemarcas las Afrodisias<a -id="FNanchor_193" href="#Footnote_193" class="fnanchor">[193]</a> antes -de ser relevados de sus cargos; habíales dicho hacía largo tiempo -que les llevaría las mujeres más hermosas y amables de Tebas, y les -dice entonces que aquel día cumplirá su palabra, pues querían, según -sus gustos, pasar una noche agradable. Terminada la cena, y cuando -principian a hallarse ebrios a causa de las incitaciones de aquel, sale -para cumplir la orden de llevarles las heteras<a id="FNanchor_194" -href="#Footnote_194" class="fnanchor">[194]</a>, y vuelve acompañado de -Melón y sus compañeros, de los cuales, tres iban disfrazados de<span -class="pagenum" id="Page_224">p. 224</span> dueñas y los otros de -sirvientas. Después de haberles introducido en la antecámara del -polemarca, entra y dice a Arquias que las mujeres rehúsan entrar si hay -en la sala algún criado, por lo cual dan inmediatamente la orden para -que todos se retiren, y Fílidas, dando vino a los esclavos, les manda -se recojan en la habitación de uno de ellos. Introduce entonces a las -heteras y hace sentar una al lado de cada hombre. Se había convenido -que después de sentarse y al quitarse el velo, les darían de puñaladas. -He aquí, según se dice, cómo perecieron los polemarcas, aunque otros -aseguran que entraron como convidados los amigos de Melón, y los -mataron.</p> - -<p>Tomando luego Fílidas tres de los conjurados, se dirige a casa -de Leontíades y llama a la puerta, anunciándose como portador de -una orden de los polemarcas. Hallábase aquel acostado solo, después -de haber cenado, y su mujer hilaba sentada a su lado. Creyendo fiel -a Fílidas, les hace entrar, y apenas introducidos, le degüellan, y -obligan a su mujer con amenazas a guardar silencio: cuando salen, -dicen que dejan cerrada la puerta y que si la encuentran abierta, -matarán a cuantos están en la casa. Tomadas estas medidas, Fílidas -se dirige con dos de los suyos a la cárcel, y dice al carcelero que -por orden de los polemarcas conduce a un hombre para ser encarcelado; -ábreles el carcelero, y después de darle muerte, ponen en libertad a -los presos. Entréganles a toda prisa armas tomadas del pórtico y les -conducen entonces al Anfión, donde les ordenan se conserven sobre las -armas. Inmediatamente hacen pregonar a todos los tebanos, caballeros -y hoplitas, pueden salir de sus escondrijos, pues han perecido<span -class="pagenum" id="Page_225">p. 225</span> ya los polemarcas. Mientras -es de noche permanecen los ciudadanos en sus casas, resistiéndose a -creer que sea verdad; pero cuando se hace de día y se ve la realidad -de lo sucedido, júntanse a los conjurados así los hoplitas como los -caballeros. Los desterrados envían emisarios montados a los que están -en las fronteras de Atenas y a los dos generales, que acuden así que -conocen el motivo por el que se les llama.</p> - -<p>El gobernador de la acrópolis, así que conoce el pregón que ha -tenido lugar durante la noche, pide refuerzos a Platea y Tespias, pero -la caballería tebana, informada de la llegada de los plateenses, marcha -a su encuentro y mata a más de veinte. Después de este encuentro, -vuelven a la ciudad, y reunidos a los atenienses que habían llegado -de las fronteras, atacan la acrópolis. Los que se hallaban en ella, -conociendo su pequeño número, principian a sobrecogerse de miedo al -ver el ardor de los que les atacan, excitados por las recompensas -brillantes prometidas a los que asaltaran primero la fortaleza, y -declaran la entregarán si se les permite salir libremente con sus -armas. Concédeseles gustosamente lo que piden, y se les deja salir, -después de haber celebrado una tregua y de haberse obligado con -juramento a sostenerla. Pero mientras salen, se apoderan los tebanos -de cuantos reconocen como enemigos y les condenan a muerte: algunos -son secretamente ocultados por los atenienses que habían venido de -las fronteras, y así consiguen salvarse; pero los tebanos se apoderan -asimismo de los hijos de aquellos a quienes habían muerto, y les -degüellan.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_226">p. 226</span>Luego que los -lacedemonios conocen estos sucesos, condenan a muerte al gobernador, -que había abandonado la acrópolis sin aguardar a que llegaran los -refuerzos, y decretan una expedición contra los tebanos. Agesilao, -declarando que hacía más de cuarenta años había pasado de la -adolescencia, y demostrando que la ley en virtud de la cual los otros -ciudadanos de esta edad no se hallan obligados a salir de la patria -debe aplicarse igualmente a los reyes, se ve libre de dirigir la -expedición. No era, sin embargo, este el motivo por el que deseaba -permanecer en su patria, sino porque sabía que si mandaba esta -invasión dirían sus conciudadanos que Agesilao creaba obstáculos -al estado únicamente para favorecer tiranos, y por esto procuró -amoldarse a las circunstancias. Los éforos, acosados por los tebanos -que habían podido escapar de la matanza, envían en lo más fuerte -del invierno a Cleómbroto<a id="FNanchor_195" href="#Footnote_195" -class="fnanchor">[195]</a>, que dirigía por primera vez un ejército. -Como el camino que pasa por Eléuteras se halla ocupado por Cabrias y -los peltastas atenienses, toma Cleómbroto, para atravesar el monte, -la vía de Platea; pero al avanzar los peltastas, se hallan en los -picos a los prisioneros libertados, que guardaban el paso en número -de unos ciento cincuenta. Mátanlos todos los peltastas, a excepción, -acaso, de uno o dos, y Cleómbroto baja a Platea, ciudad aún afecta a -los lacedemonios, y se dirige después a Tespias, de donde se dirige -a Cinoscéfalas, ciudad tebana, para establecer allí su campamento. -Permanece en ella unos diez y seis días, y regresa a Tespias,<span -class="pagenum" id="Page_227">p. 227</span> donde deja a Esfodrias -como gobernador con la tercera parte del continente de los aliados, y -le entrega todo el dinero que había sacado de su patria, ordenándole -reclute mercenarios. Esfodrias ejecuta sus órdenes, y Cleómbroto toma -el camino de Creusis y conduce a sus hogares a las tropas de su mando, -no sabiendo aquellas si en efecto se estaba en guerra o no con los -tebanos. Lo cierto es que había conducido su ejército al territorio -tebano, y que volvía después de haberles hecho el menos daño posible. -A su regreso, fue asaltado por un viento impetuoso, que interpretaron -muchos como un funesto presagio para el porvenir. Este viento, que no -le ocasionó poco destrozo, sorprendió al ejército después de salir de -Creusis, mientras pasaba por el lugar en que la montaña costea el mar, -y precipitó a él gran número de acémilas con sus bagajes y arrebató -muchas armas, que cayeron también al mar. Finalmente, muchos de ellos, -que no podían seguir la marcha con las armas, abandonaron en las cimas -del monte sus escudos vueltos del revés y llenos de piedras para que no -volasen. Comieron del mejor modo que pudieron en Egóstena de Mégara, y -al día siguiente volvieron a buscar sus armas. Hecho esto, fuese cada -cual a su casa, pues Cleómbroto había licenciado a sus tropas.</p> - -<p>Viendo los atenienses el poderío de los lacedemonios, pues la guerra -no está ya en Corinto, sino a las puertas del Ática, invadiendo Tebas, -se dejan dominar de tal modo por el miedo, que citan a juicio a los dos -generales que ocasionaron la conjuración de Melón contra Leontíades y -su partido, condenando a muerte a uno de ellos y desterrando al<span -class="pagenum" id="Page_228">p. 228</span> otro, que no había esperado -a saber el resultado del juicio.</p> - -<p>Temiendo también los tebanos al poder lacedemonio si se hallan -solos contra ellos en la guerra, recurren a la siguiente estratagema. -Persuaden a fuerza de dinero al gobernador de Tespias, Esfodrias, -que aparente invadir el Ática para que se origine con ello una -ruptura entre atenienses y lacedemonios. Dócil Esfodrias a dichas -instrucciones, aparenta querer apoderarse del Pireo, que se hallaba ya -sin puertas, y parte de Tespias una mañana con sus soldados, después de -haberles hecho comer, diciendo quiere llegar al Pireo antes de terminar -el día. Llega en aquel mismo día a Tría y nada hace para ocultar su -camino; pero tomando otra dirección, se apodera de los ganados y saquea -las casas. Algunos de los que le habían encontrado durante la noche, -habían huido hacia Atenas, donde habían anunciado la proximidad de un -ejército formidable. Habíanse los atenienses armado a toda prisa, y -tanto los de a pie como los de a caballo, custodiaban las puertas de -la ciudad. Hallábanse en Atenas en aquella ocasión los embajadores -lacedemonios Etimocles, Aristóloco y Ocilo, quienes estaban alojados en -casa del próxeno Calias; préndenlos los atenienses después que reciben -aquella noticia, y los vigilan cuidadosamente creyendo que han tenido -parte en la trama; pero ellos quedan sorprendidos del suceso y se -justifican diciendo que si hubiesen sabido que debían tomar el Pireo, -no hubieran sido tan imprudentes para entregarse de este modo a los -atenienses, y sobre todo en casa del próxeno, donde a cualquier momento -podía hallárseles. Dicen además<span class="pagenum" id="Page_229">p. -229</span> que pronto verán los atenienses que nada de ello sabía la -ciudad, pues están seguros de que Esfodrias será condenado por Esparta. -Se decide, pues, que ninguna participación tienen en el asunto, y se -les pone en libertad. Por su parte, los éforos llaman a Esfodrias e -intentan contra él una acusación capital: el temor le impide comparecer -a la citación, es sentenciado, y a pesar de esta desobediencia, se -le absuelve. Muchos encontraron en Lacedemonia esta sentencia como -informada por una notoria injusticia. He aquí cuál fue su causa:</p> - -<p>Esfodrias tenía un hijo llamado Cleónimo, que apenas había salido -de la infancia y era el más bello y amable de los muchachos de su -edad y el favorito de Arquidamo, hijo de Agesilao. Los amigos de -Cleómbroto, que en su cualidad de íntimos de Esfodrias deseaban -vivamente salvarle, temían a Agesilao y sus amigos, así como a los -hombres imparciales, pues parecía que Esfodrias había cometido una -grave falta. En dicha ocasión, Esfodrias díjole a Cleónimo: «Hijo mío, -de ti depende el salvar a tu padre, rogando a Arquidamo me vuelva -favorable al suyo para mi juicio.» Al oír estas palabras Cleónimo, -se atreve a dirigirse a Arquidamo y le suplica sea el salvador de su -padre. Al ver Arquidamo deshecho en llanto a Cleónimo, permaneciendo a -su lado acompáñale en su llanto, pero cuando hubo oído su súplica le -contesta: «Oh Cleónimo, has de saber que ni siquiera me atrevo a mirar -cara a cara a mi padre, y que cuando quiero obtener algo en la ciudad, -procuro recurrir a cualquier persona mejor que a él; pero sin embargo, -ya que tú me lo ruegas, está seguro que emplearé todo mi valimiento -para<span class="pagenum" id="Page_230">p. 230</span> hacer esto por -ti.» Vuélvese a su casa después de la comida pública y se entrega al -descanso. Al día siguiente, apenas se levanta, se pone al acecho para -que su padre no salga de casa sin que él se aperciba de ello. Así -que le ve salir, deja que le aborden los ciudadanos, que se dirijan -después a él los extranjeros, y aun cede el paso a los mismos esclavos -que tienen algo que pedir, y por fin, cuando Agesilao volviendo de -la orilla del Eurotas entra en su casa, se retira a sus habitaciones -sin haberle dicho nada. Al día siguiente hace lo mismo; Agesilao -sospecha el motivo de su presencia continua, pero no le interroga y -le deja hacer. Por su parte Arquidamo deseaba, como era natural, ver -a Cleónimo, pero no se atrevía a ir a su casa hasta que no hubiese -hablado con su padre; y los amigos de Esfodrias, no viendo entrar a -Arquidamo en la casa que antes frecuentaba, hallábanse en la mayor -inquietud, y creían había sido rechazado por su padre encolerizado.</p> - -<p>Por fin Arquidamo se decide a abordarle y decirle: «Padre mío, -Cleónimo me ruega te suplique salves a su padre, y yo te lo ruego -encarecidamente, si es posible.» Agesilao le contesta: «En cuanto a mí, -te perdono la súplica que acabas de hacerme; pero ¿cómo obtendría yo -el perdón de mi patria si no declaraba culpable a un hombre que se ha -enriquecido a expensas de la ciudad?» Nada puede replicar Arquidamo, y -se retira vencido por la evidencia de la justicia. Sin embargo, volvió -de nuevo a la carga, ya espontáneamente, ya aguzado por otros, y dijo: -«Padre mío, ya sé que absolverías a Esfodrias si no fuese culpable; -pues bien, si ha cometido alguna falta, perdónale por amor a mí.»<span -class="pagenum" id="Page_231">p. 231</span> Agesilao le contesta: «Si -esto debe sernos honroso, así se hará»; y él, al oír esto, se retira -completamente descorazonado. Pero uno de los amigos de Esfodrias, -hallándose de conversación con Etimocles, le dice:</p> - -<p>—«Supongo que vosotros, los amigos de Agesilao, decidiréis todos la -muerte de Esfodrias.»</p> - -<p>A lo cual contesta Etimocles:</p> - -<p>—«¡Por Zeus! entonces haríamos todo lo contrario de lo que desea él -mismo, pues este repite a cuantos habla de este asunto que no puede -negarse que sea culpable Esfodrias, pero sería muy cruel condenar -a muerte a un hombre que ya desde niño, de adolescente y de hombre -formal, ha llevado siempre la conducta más honrosa; sobre todo -necesitando, en efecto, Esparta de soldados como él.»</p> - -<p>Referidas estas palabras a Cleónimo, este, radiante de júbilo, se -dirige inmediatamente a casa de Arquidamo, y le dice: «Ya sé lo que has -hecho por nosotros, y por lo mismo has de saber que procuraré obrar -de manera que nunca tengas que sonrojarte de mi amistad.» No mintió, -pues durante su vida conservó en Esparta la conducta más ejemplar; y en -Leuctra, donde combatió a la vista del rey, junto al polemarca Dinón, -después de haber caído tres veces, fue el primero de sus conciudadanos -que halló la muerte combatiendo a los enemigos. Esta pérdida afligió -cruelmente a Arquidamo, pues según su promesa, Cleónimo no fue jamás -para él un motivo de vergüenza, sino más bien de honor. De este modo -evitó Esfodrias su condenación.</p> - -<p>Los atenienses que eran partidarios de los beocios anuncian al -pueblo que los lacedemonios no<span class="pagenum" id="Page_232">p. -232</span> solo no han castigado a Esfodrias, sino que han alabado -su proceder al tender asechanzas contra Atenas; por lo cual colocan -inmediatamente puertas en el Pireo, construyen naves y socorren a -los beocios con todo el celo posible. Por su parte, los lacedemonios -decretan otra expedición contra los tebanos, y creyendo que Agesilao -la dirigiría con más prudencia que Cleómbroto, le ruegan se ponga al -frente de aquella expedición, y él, contestando que no resistirá jamás -a la voluntad de la ciudad, se prepara para la marcha. Conociendo, -empero, que no es fácil llegar a Tebas si no se ocupa de antemano el -Citerón, y averiguando que los cletorios se hallan en guerra con los -orcomenios y sostienen mercenarios, entra en tratos con ellos, a fin de -poder disponer de sus tropas mercenarias cuando las necesite. Después -de haber ofrecido los sacrificios de la marcha y antes de llegar a -Tegea, hace entregar al jefe de los mercenarios de Clétor el sueldo de -un mes, con orden de apoderarse del Citerón, y al mismo tiempo ordena -a los orcomenios suspendan toda hostilidad mientras dure la campaña, -declarando que, según lo decretado por los aliados, se dirigirá -inmediatamente contra toda ciudad que ataque a otra cualquiera, -mientras esté el ejército ocupado en su expedición.</p> - -<p>Después de haber pasado el Citerón, se dirige a Tespias, de donde -sale para entrar en el territorio tebano; pero encuentra la llanura -y los puntos más importantes del país completamente fortificados con -fosos y empalizadas. Sin punto fijo como centro de operaciones, y -acampando donde mejor les parece, salen las tropas cada día después del -almuerzo,<span class="pagenum" id="Page_233">p. 233</span> y saquean -la campiña situada a oriente de las empalizadas y fosos. En efecto, -los enemigos, así que aparecía Agesilao en un punto, llegaban por su -parte, para defenderse detrás de sus trincheras. Un día que se retiraba -ya hacia su campamento, los caballos tebanos se arrojan de improviso -sobre él por las aberturas practicadas en la trinchera, mientras -los peltastas habían salido para preparar la comida, y mientras la -caballería se hallaba completamente desmontada o en preparación. -Sorprenden los tebanos a los peltastas, así como a Cleas y Epicídidas, -caballeros espartanos, a un perieco lacedemonio, Éudico, y a algunos -desterrados atenienses que no habían montado aún a caballo. Agesilao -inmediatamente hace retroceder a los suyos, y acude en su auxilio -con los hoplitas; su caballería carga sobre la del enemigo, estando -apoyada por los hoplitas, que hacía diez años servían en el ejército. -Los de la caballería tebana, sin embargo, parecían como si hubiesen -bebido demasiado, pues aguardaban al enemigo hasta que se hallaba a -tiro, y entonces les lanzaban sus dardos sin alcanzarles; finalmente, -empezaron la retirada, en la cual perdieron más de doce hombres. Así -que comprende Agesilao que la caballería tebana no comparece hasta -después que ha pasado la hora de almorzar, ofrece los sacrificios al -clarear el día, introduce a sus soldados en el interior del territorio -atrincherado, saquea y quema cuanto en él encuentra, y avanza hasta -la ciudad. Después de haber hecho esto, se retira a Tespias, que -fortifica, y donde deja como gobernador a Fébidas; volviendo él a -pasar el monte, llega a Mégara, donde licencia sus tropas, y conduce a -Esparta la milicia nacional.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_234">p. 234</span>Fébidas, entonces, -envía partidas de merodeadores para que pasen a sangre y fuego el país -tebano, y él dirige en persona varias expediciones, en las que destruye -cuanto a su mano encuentra. Por su parte los tebanos, queriendo hacer -uso de represalias, dirígense en masa contra el país de Tespias; -pero llegados allí, se encuentran con Fébidas, quien, acosándoles -constantemente con sus peltastas, les impide separarse un solo instante -de la falange; de manera que, arrepentidos los tebanos de su invasión, -emprenden inmediatamente la retirada, y aun los mismos bagajeros, -arrojando los granos de que se habían apoderado, se apresuran a -encaminarse hacia sus casas: tan grande es el temor que ha sobrecogido -al ejército. Fébidas, rodeado de sus peltastas, y seguido, según sus -órdenes, de los hoplitas en correcta formación, acosa vivamente al -enemigo. Acaricia ya la esperanza de derrotarle; marcha valerosamente a -la cabeza de las tropas, exhortándolas a cortar la retirada al enemigo, -mientras da orden a los hoplitas tespieos para que le sigan; pero -llegada en su retirada la caballería tebana a un bosque impenetrable, -reúnense primero, y después dan media vuelta, ya que es completamente -imposible el pasar: el pequeño número de peltastas que se hallan a la -cabeza de los lacedemonios tienen miedo y emprenden la fuga, y entonces -la caballería tebana toma de ellos mismos la idea de su persecución. -Fébidas y dos o tres de los que estaban a su lado perecen combatiendo, -y los mercenarios emprenden todos la fuga. Cuando llegan huyendo junto -a los hoplitas tespieos, estos, que se alababan antes de no haber -cedido nunca a<span class="pagenum" id="Page_235">p. 235</span> los -tebanos, huyen también, sin que se intente siquiera perseguirles, pues -era ya muy tarde. Por esto no fueron considerables sus bajas; pero sin -embargo no se detuvieron en su retirada hasta llegar a los muros de -la ciudad. Esta victoria inflama con nuevo ardor a los tebanos, que -verifican entonces varias expediciones contra Tespias y las ciudades -vecinas. El partido democrático de estas se refugia en Tebas, pues que -en todas ellas, como había sucedido con aquella misma, se hallaban -dominando los aristócratas; de manera que también en ellas necesitaban -socorros los amigos de Lacedemonia. Después de la muerte de Fébidas, -envían los espartanos por mar un polemarca y una cohorte para conservar -a Tespias.</p> - -<p>Así que se aproxima la primavera decretan los éforos otra expedición -contra Tebas, y como en la anterior, suplican a Agesilao se ponga -al frente de ella. Juzgando este necesario seguir el mismo plan de -invasión, antes de ofrecer los sacrificios de la marcha da orden al -polemarca de Tespias para que se apodere de los desfiladeros del -Citerón, conservándolos en su poder hasta que él haya pasado. Después -de haberlos atravesado y haber llegado a Platea, aparenta querer -dirigirse a Tespias, dando orden para que preparen los alojamientos, y -mandando a las diputaciones se dirijan allí a esperarle, con lo cual -los tebanos creen que invadirá su territorio por aquella parte. Pero -Agesilao, después de haber sacrificado, se dirige, al apuntar el día, -del lado de Eritras; hace en un día con su ejército dos jornadas de -marcha, y a toda prisa pasa el atrincheramiento junto a Escolos, antes -de la llegada de<span class="pagenum" id="Page_236">p. 236</span> -los tebanos, que se hallaban defendiendo el lugar por el cual había -penetrado la primera vez. Obrando así, destruye el país situado a -oriente de Tebas, hasta el territorio de los tanagrios, que se hallaba -sometido bajo el poder de Hipotadoro a la influencia espartana, y luego -se retira, teniendo a su izquierda los muros de la ciudad.</p> - -<p>Acudiendo los tebanos, se forman en batalla junto a Graostetos<a -id="FNanchor_196" href="#Footnote_196" class="fnanchor">[196]</a>, -teniendo detrás de ellos el foso y la empalizada, creyendo hallarse en -un lugar muy favorable para el combate por la estrechez de la llanura -y la dificultad del acceso. Conociendo Agesilao la ventaja de la -posición del enemigo, no se dirige contra ellos, sino que, describiendo -una curva, avanza contra la ciudad, y los tebanos, temiendo por su -capital, que había quedado abandonada, se retiran de estas posiciones -y corren hacia Tebas por el camino de Potnia, pues en realidad era el -más seguro. Este ingenioso artificio de Agesilao, que obligó a los -enemigos a retirarse a la carrera, a pesar de estar distante él con -su ejército, fue muy celebrado y admirado. Algunos polemarcas con sus -cohortes atacan al enemigo a su paso; pero los tebanos, lanzando sus -dardos desde las colinas, dan muerte a Alípeto, uno de los polemarcas, -alcanzado<span class="pagenum" id="Page_237">p. 237</span> por una -lanza, siendo por fin rechazados los tebanos de la altura en que se -encontraban, mientras los esciritas y algunos caballos, subiendo detrás -de ellos, alcanzan a los últimos que se dirigían a la ciudad. Pero -una vez que han llegado los tebanos junto a sus muros, se vuelven de -frente, y al verlos a la defensiva los esciritas se retiran velozmente. -No murió ninguno de ellos, pero sin embargo los tebanos erigieron un -trofeo, pues habían hecho retirar a sus perseguidores.</p> - -<p>Agesilao por lo avanzado de la hora se vuelve situando su campamento -en el lugar en que los enemigos se habían formado en batalla, y al día -siguiente regresa a Tespias. Los peltastas mercenarios de Tebas le -siguen audazmente a poca distancia, y llamaban en voz alta a Cabrias, -que no había querido seguirles, cuando la caballería olintia, que -fiel a su juramento se hallaba en las filas lacedemonias, se vuelve -y les persigue en las laderas del monte, donde mata a gran número, -pues la infantería es alcanzada fácilmente por la caballería, si tiene -que subir una cuesta franqueable a los caballos. Llegado a Tespias, -Agesilao encuentra en completa desunión a los habitantes de la ciudad: -los que pretendían ser del partido lacedemonio querían matar a sus -adversarios, entre los cuales se hallaba Melón; oponiéndose a sus -designios, procura reconciliarles y les hace jurar la unión; luego -atraviesa nuevamente el Citerón y llega a Mégara, donde licencia las -tropas aliadas, conduciendo a las espartanas a su patria.</p> - -<p>Atormentados vivamente los tebanos por la falta de víveres, pues -hacía ya dos años que no habían<span class="pagenum" id="Page_238">p. -238</span> recolectado las mieses, envían a Págasas<a id="FNanchor_197" -href="#Footnote_197" class="fnanchor">[197]</a> algunos comisionados, -para que con dos trirremes compren diez talentos de trigo. Mientras -se hallan en esa comisión, Alcetas, lacedemonio que guardaba a Oreo<a -id="FNanchor_198" href="#Footnote_198" class="fnanchor">[198]</a>, -equipa tres trirremes y procura que nada se trasluzca de su intento, -y cuando se halla el trigo en la travesía, Alcetas se apodera de -las trirremes, del trigo y de la tripulación, que no bajaba de -trescientos hombres. Enciérralos en la acrópolis, donde habitaba él -mismo, y hallándose entre los de su séquito un jovencito oreíta, -hermoso y amable, baja de la acrópolis para entretenerse con él; pero, -aprovechándose de esta negligencia los prisioneros, se apoderan de la -acrópolis. Sublévase también la ciudad, y desde entonces los tebanos -encuentran allí toda clase de facilidades para procurarse víveres.</p> - -<p>Al volver la primavera, hállase enfermo Agesilao, pues cuando con -el ejército volvió de Tebas, encontrándose en Mégara, y subiendo -del templo de Afrodisia<a id="FNanchor_199" href="#Footnote_199" -class="fnanchor">[199]</a> a la casa del gobernador, rompiósele una -vena, y la sangre del cuerpo se fue toda hacia la pierna sana<a -id="FNanchor_200" href="#Footnote_200" class="fnanchor">[200]</a>: -habiéndosele hinchado el muslo, y sufriendo insoportables dolores, -un médico siracusano le abrió la vena junto al tobillo, y una vez -que principió a manar sangre, no se detuvo día y noche, siendo vanos -cuantos esfuerzos se hacían para atajarla, hasta que perdió el -sentido Agesilao: únicamente<span class="pagenum" id="Page_239">p. -239</span> entonces fue cuando cesó de fluir. Llevado en este estado a -Lacedemonia, permaneció allí enfermo el resto del verano y durante todo -el invierno.</p> - -<p>Así que vuelve la primavera, los lacedemonios decretan una nueva -expedición, y dan el mando de ella a Cleómbroto. Cuando llega con su -ejército al pie del Citerón, destaca a los peltastas para apoderarse de -las alturas que dominan el camino. Pero siendo ya dueños de aquellas -alturas un cuerpo de tebanos y uno de atenienses, dejan avanzar a los -peltastas, y cuando están a sus pies se arrojan en su persecución -y matan más de cuarenta de ellos, por lo cual Cleómbroto considera -imposible el tránsito al país tebano, y retirándose con sus fuerzas, -las licencia.</p> - -<p>Reunidos en Lacedemonia los aliados, hacen presente en su asamblea -que se hallan agotados sus recursos por la guerra, a causa de la -debilidad con que se verifican las operaciones, porque podríase, en -efecto, equipar un número de naves mayor que el de los atenienses, y -tomar su ciudad por hambre; podríase también con estas naves hacer -pasar un ejército a Tebas por la Fócida, o si se quería por Creusis. -A consecuencia de este parecer, equípanse sesenta trirremes, que se -ponen a las órdenes de Polis. Los que habían tenido esta idea no se -engañaron, pues los atenienses son bloqueados. Las naves cargadas de -víveres llegan hasta Gerasto<a id="FNanchor_201" href="#Footnote_201" -class="fnanchor">[201]</a>, pero no se atreven a pasar de allí, pues la -flota lacedemonia se halla en los alrededores de Egina, Ceos y Andros. -Impulsados por la necesidad, suben los atenienses<span class="pagenum" -id="Page_240">p. 240</span> a las naves, y bajo el mando de Cabrias -obtienen la victoria en un combate naval con Polis, desde cuyo suceso -pueden llegar sin obstáculo los víveres a Atenas.</p> - -<p>Como los lacedemonios se preparaban para hacer pasar un ejército a -Beocia, los tebanos suplican a los atenienses envíen otro alrededor -del Peloponeso, creyendo no les sería posible a los lacedemonios -defender al mismo tiempo su país y las ciudades aliadas de estos -comarcas mientras enviaban fuerzas suficientes contra ellos. Irritados -también los atenienses por el asunto de Esfodrias, envían llenos -de ardor sesenta naves alrededor del Peloponeso, después de haber -elegido como jefe a Timoteo<a id="FNanchor_202" href="#Footnote_202" -class="fnanchor">[202]</a>. Hallándose Tebas libre durante toda la -estación de la invasión de los enemigos, mientras mandaba las tropas -Cleómbroto y se hallaba en expedición naval Timoteo, dirígense -osadamente los tebanos contra las ciudades próximas y les hacen volver -a su dominio. Al mismo tiempo Timoteo en sus correrías marítimas somete -en poco tiempo a Corcira, sin reducir a sus habitantes a la esclavitud, -ni desterrar a nadie, ni cambiar las leyes, conducta que le granjea la -simpatía de todas las ciudades.</p> - -<p>Los lacedemonios por su parte equipan otra flota y nombran como -comandante de la misma a Nicóloco, hombre osado: así que se hallan -a la vista las naves de Timoteo no duda ni un momento, y aunque le -faltan seis naves de los ambraciotas, ataca<span class="pagenum" -id="Page_241">p. 241</span> con sus cincuenta y cinco embarcaciones -a las sesenta de Timoteo. Es vencido, y Timoteo eleva un trofeo en -Alicia; pero mientras este, después de haber varado sus naves, se -ocupaba en arreglar las averías, reforzado Nicóloco con las seis -trirremes ambraciotas, navega hacia Alicia<a id="FNanchor_203" -href="#Footnote_203" class="fnanchor">[203]</a>, donde se hallaba -Timoteo, y no acudiendo este a la provocación, levanta a su vez un -trofeo en las islas más próximas. Timoteo, sin embargo, después de -haber recompuesto sus naves y recibido otras de Corcira, con lo cual -reúne una flota de más de setenta velas, conserva decididamente la -superioridad naval, y pide dinero a Atenas, pues lo necesita en -abundancia a causa de tener muchas naves.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch6_1"> - <p><span class="pagenum" id="Page_243">p. 243</span></p> - <h2 class="nobreak g1 mt15">LIBRO SEXTO.</h2> - <hr class="tir" /> - <h3>CAPÍTULO PRIMERO.</h3> -</div> - -<p>Mientras se hallan así ocupados los atenienses y lacedemonios, los -tebanos, que han sometido ya todas las ciudades de Beocia, avanzan -contra la Fócida, mientras los focidios envían diputados a Lacedemonia -para participarles que si no se les socorre tendrán que someterse a -los tebanos; por lo cual los lacedemonios hacen pasar por mar a la -Fócida al rey Cleómbroto y cuatro cohortes con el contingente aliado<a -id="FNanchor_204" href="#Footnote_204" class="fnanchor">[204]</a>.</p> - -<p>Casi al mismo tiempo el farsalio Polidamante llega de Tesalia para -tratar ciertos asuntos con el gobierno lacedemonio. Era un hombre que -gozaba de brillante reputación en toda la Tesalia; pero en particular -era tenido en su ciudad por tan virtuoso, que los farsalios, a pesar -de sus disensiones, le habían<span class="pagenum" id="Page_244">p. -244</span> confiado la acrópolis y entregado el cuidado de la -percepción de los impuestos fijados por la ley, para que dispusiese -de los ingresos para los asuntos religiosos y para otros gastos de la -administración; de todo lo cual rendía anualmente sus cuentas: si le -faltaba dinero, lo tomaba de su peculio particular y se reembolsaba -cuando había sobrante en los ingresos. Era además hospitalario y muy -amigo del lujo y la esplendidez, según la costumbre tesalia. Después -que llegó a Lacedemonia habló en estos términos:</p> - -<p class="mt1">«Ciudadanos lacedemonios: soy de tiempo inmemorial y -de padre a hijo vuestro próxeno y bienhechor, y por lo tanto creo -poder recurrir a vosotros cuando se levantan ante mí dificultades y -cuando asimismo se prevén serias complicaciones en Tesalia, para daros -conocimiento de ello. Sin duda habréis oído hablar de Jasón, pues es -un hombre de gran poder y de inmensa fama. Después de haber celebrado -conmigo una tregua, vino a encontrarme y me dijo:</p> - -<blockquote> - - <p>«Polidamante: aunque Farsala tu ciudad quisiera oponérseme, podría - someterla por lo que voy a decirte. Tengo por aliadas las mayores - y más importantes ciudades de la Tesalia, y las he sometido cuando - reunisteis contra mí vuestras fuerzas a las suyas. Sabes también - que tengo a sueldo cerca de seis mil mercenarios, a los cuales - paréceme que ninguna ciudad podría hacer frente, y no porque no - puedan oponérseles igual número de tropas; pero los ejércitos de las - ciudades se componen de hombres de distintas edades, tanto de gente - anciana como de gente que no ha llegado aún a la virilidad, y además - solo un pequeñísimo número en<span class="pagenum" id="Page_245">p. - 245</span> cada ciudad se entrega a los ejercicios gimnásticos, - mientras que no hay uno solo de mis mercenarios que no sea capaz de - soportar las mismas penalidades que yo.»</p> - -</blockquote> - -<p>»Y a la verdad, Jasón es un hombre muy robusto y que despliega -mucha actividad: cada día somete a una infinidad de pruebas a su -ejército; pónese en armas a su cabeza, ya en los gimnasios, ya en las -expediciones, despide a los mercenarios en quienes apercibe molicie, -pero a los que ve llenos de ardor por las fatigas y los peligros contra -los enemigos, les distingue, dándoles doble, triple y cuádruple sueldo -y otros regalos, cuidándoles en sus enfermedades y honrándoles en sus -funerales: así es que todos estos extranjeros saben que el valor en la -guerra les asegura una vida honrada y opulenta. Me ha contado también, -aunque ya lo sabía por otro conducto, que los maracos, los dólopes y -Alcetas, gobernador de Epiro, le estaban sometidos.</p> - -<blockquote> - - <p>«Pues bien —dijo—; ¿quién podría hacerme temer el más mínimo - obstáculo al someteros? Y sin embargo, dirá cualquiera que no me - conozca, ¿por qué no te diriges, pues, inmediatamente contra los - farsalios? ¿qué aguardas? Pero ¡por Zeus! no lo hago porque me parece - preferible me estéis sometidos voluntariamente que a la fuerza, pues - sometidos por la violencia, procuraríais por todos los medios que se - hallasen a vuestro alcance hacerme todo el daño que pudierais, y yo - desearía os vieseis reducidos a la mayor debilidad; pero si de buen - grado queréis someteros, claro es que ambos buscaremos las ocasiones - en que podamos favorecernos unos a otros.</p> - - <p>»Yo bien sé, Polidamante, que tu patria ve solo por<span - class="pagenum" id="Page_246">p. 246</span> tus ojos; así, pues, - si tú procuras que se convierta en aliada mía, te prometo hacerte - después de mí el hombre más importante de Grecia. Escucha en qué - asuntos quisiera darte el primer puesto, y no creas lo que te - digo si tu propio raciocinio no te indica voy acertado en mis - conjeturas. ¿No es verdad (dicho sea entre nosotros) que una vez - me esté sometida Farsala y las ciudades que de ella dependen, - me constituiría fácilmente rey absoluto de toda la Tesalia<a - id="FNanchor_205" href="#Footnote_205" class="fnanchor">[205]</a>, - y que una vez reunida la Tesalia entera, la caballería ascenderá lo - menos a seis mil hombres y los hoplitas a más de diez mil? Cuando - considero la robustez y valentía de esas tropas, me parece que - sabiendo cuidar de ellas no hay nación alguna que pueda dominar a - los tesalios; y además, siendo la Tesalia un país vasto y formando - las naciones a su alrededor un círculo, así que esté sometida a un - jefe absoluto, las irá dominando una a una. Casi todas las tropas - del país son de excelentes tiradores, por lo cual necesariamente los - peltastas han de ser vencidos por nuestro ejército. No puedo dejar - de aliarme a los beocios y a cuantos pelean contra los lacedemonios, - y seguramente consentirán todos en seguirme si les libro de ellos. - También los atenienses, estoy seguro, harían cuanto pudieran para - adquirir nuestra alianza; pero, sin embargo, no soy de parecer de - entablar relaciones con ellos, pues creo que nos ha de ser más fácil - apoderarnos del dominio marítimo que del terrestre.</p> - - <p><span class="pagenum" id="Page_247">p. 247</span>»Para que veas - si mi cálculo es justo, observa además lo que voy a decirte. Una - vez poseamos Macedonia, de donde los atenienses sacan la madera - de construcción, nos hallaremos en situación de construir muchas - más naves que ellos. Y en cuanto a sus tripulaciones, ¿quién podrá - más fácilmente tripular sus naves, los atenienses o nosotros que - tenemos tantos penestes?<a id="FNanchor_206" href="#Footnote_206" - class="fnanchor">[206]</a>. En cuanto a lo que se refiere a poder - sostener los gastos, ¿no es natural que nosotros tengamos más - medios; nosotros a quien nuestra misma abundancia nos permite - exportar el trigo, mientras que los atenienses no tienen el - necesario si no lo compran? Y en cuanto a riquezas, es natural que - tengamos más abundancia de plata, puesto que en lugar de tener que - recurrir a pobres islotes, impondremos tributo a todas las naciones - continentales que nos rodean, y que tendrán que someterse desde el - momento en que los tesalios reconozcan a un jefe absoluto. Bien sabes - que el rey de Persia, que saca tributos no de las islas sino del - continente, es el más rico de los hombres. Pues bien, considero más - fácil el someterle a él que a Grecia, pues todos los hombres de dicho - país, menos uno solo, están más ejercitados a la servidumbre que al - valor guerrero, y conozco el género de fuerzas que han puesto en la - última extremidad al rey en la expedición de los griegos con Ciro y - en la de Agesilao.»</p> - -</blockquote> - -<p>»Cuando me hubo dicho esto, contestele que todas sus palabras -merecían reflexionarse; pero que me parecía completamente imposible, -sin haber un motivo<span class="pagenum" id="Page_248">p. 248</span> -para ello, abandonar a los lacedemonios, con los cuales nos hallamos -ligados por la amistad, para unirnos a sus adversarios. Él alabó -mi proceder, y me dijo que desea aún más que sea su amigo, ya que -tales son mis sentimientos, y me encargó venga junto a vosotros para -relataros la verdad de todos estos sucesos, y haceros saber que piensa -marchar contra los farsalios si rechazamos sus proposiciones, por lo -cual me manda os pida refuerzos.</p> - -<blockquote> - - <p>«Y si —añade— te dan bastantes fuerzas para creerte en situación - de rechazarme, aceptaremos el resultado que dé la guerra; pero si - te parece no te dan bastantes refuerzos, entonces no podrás evitar - los justos reproches de tu patria, en la que has sabido elevarte al - primer puesto.»</p> - -</blockquote> - -<p>»He aquí por qué vengo a visitaros y por qué os relato cuanto he -visto y cuanto él mismo me ha dicho. Ciudadanos lacedemonios: creo que -si nos enviáis fuerzas que parezcan suficientes, no solo a mis ojos, -sino al de todos los tesalios, para combatir a Jasón, las ciudades -abandonarán su partido, pues que todas temen el acrecentamiento del -poder de este hombre. Pero si creéis que algunos neodamodes y algún -hombre vulgar han de bastar para ello, os aconsejo que no os mováis, -pues tenéis que saber os hallaríais en guerra contra un vigor poco -común, contra un general suficientemente precavido para no experimentar -ningún desastre, para prevenir toda sorpresa, para tomar toda clase -de precauciones o vencer por la violencia; que igual partido saca de -la noche que del día, y que cuando quiere ir de prisa sabe almorzar y -comer sin abandonar la marcha; que no se concede descanso hasta que -ha conseguido<span class="pagenum" id="Page_249">p. 249</span> su -objeto y ha llevado a buen fin sus asuntos, a lo cual ha acostumbrado a -cuantos con él están. Cuando después de largas penalidades han sabido -sus soldados llevar a buen término alguno de sus mandatos, realiza por -completo sus deseos; de manera que saben sus soldados y cuantos están -a su alrededor, que de las fatigas nacen las comodidades, y en cuanto -a él, es el hombre más dueño de sus pasiones que yo conozco; de modo -que no da nunca a los placeres el tiempo necesario para los negocios. -Reflexionad, pues, y decidme lo que os sea conveniente, lo que podéis y -lo que queréis hacer.»</p> - -<p class="mt1">Así dijo. Aplazan los lacedemonios su respuesta para más -adelante; pero después de haber consagrado el día siguiente y el otro -para reflexionar sobre la cantidad de cohortes que se hallan ya fuera -del país, el número de tropas que sostienen en las costas de Laconia -contra las correrías de las trirremes atenienses, y en la guerra -que sostienen en las fronteras, contestan que en las circunstancias -presentes no pueden enviarle recursos bastantes, y le animan a que -procure arreglar los negocios del modo que sea más favorable a sus -intereses y a los de la patria.</p> - -<p>Polidamante parte, alabando la franqueza de Lacedemonia: ruega -a Jasón no le obligue a entregar la acrópolis de Farsala, a fin de -conservarla para los que se la han confiado; pero le da en garantía -sus mismos hijos, y le asegura procurará que voluntariamente la ciudad -entre en su alianza y contribuya a proclamarle rey absoluto. Cuando se -han dado recíprocas garantías de seguridad, conciertan los farsalios -la paz, y Jasón es reconocido al poco tiempo<span class="pagenum" -id="Page_250">p. 250</span> como tago o jefe absoluto de los tesalios. -Una vez en el poder, fija el número de caballos y de hoplitas que -cada ciudad debe proporcionarle, y reúne de este modo más de ocho mil -caballos, contando con los de los aliados, y eleva hasta veinte mil el -número de sus hoplitas; y en cuanto a sus peltastas, por el número y -ardimiento podían dominar al mundo entero: sería trabajo muy pesado el -enumerar todas las ciudades que suministraban este ejército. También -ordenó a los periecos pagasen el tributo que había sido fijado por -Escopas: tal fue el resultado de estos sucesos. Reanudemos, pues, la -relación de los que interrumpimos para hablar de Jasón.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch6_2"> - <h3>CAPÍTULO II.</h3> -</div> - -<p>Los lacedemonios y sus aliados se reunían en la Fócida, mientras -los tebanos, retirados a su país, defendían las entradas del mismo; en -cambio los atenienses, viendo que por ellos los tebanos aumentan su -poderío sin contribuir en modo alguno al sostenimiento de la flota, -mientras ellos se hallan abrumados por contribuciones en metálico, -por las piraterías de los eginetas y por el sostenimiento de los -destacamentos que vigilan el país, desean termine la guerra y envían -diputados a Lacedemonia para concertar la paz.</p> - -<p>Celebrada esta<a id="FNanchor_207" href="#Footnote_207" -class="fnanchor">[207]</a>, dos de los diputados atenienses<span -class="pagenum" id="Page_251">p. 251</span> embarcándose en -Lacedemonia, se dirigen directamente por orden de su ciudad a -participar a Timoteo conduzca a Atenas la flota, porque se ha hecho -la paz. En el trayecto, Timoteo conduce a Zacinto a los desterrados -de esta isla; pero cuando los zacintios participan a los lacedemonios -la manera como con ellos se ha portado Timoteo, consideran los -espartanos como culpables a los atenienses y equipan nuevamente -una flota de sesenta naves, no solo de Lacedemonia, sino también -de Corinto. Léucade, Ambracia, Élide, Zacinto, Acaya, Epidauro, -Trecén, Hermíon y Halias<a id="FNanchor_208" href="#Footnote_208" -class="fnanchor">[208]</a>. Nombran comandante de estas naves a -Mnásipo, con orden de vigilar todos estos parajes, y sobre todo -de atacar particularmente a Corcira. Envían asimismo a Dionisio<a -id="FNanchor_209" href="#Footnote_209" class="fnanchor">[209]</a> unos -mensajeros para que le hagan ver cuán ventajoso sería para él que no -dominaran los atenienses en aquella población.</p> - -<p>Así que ha reunido su flota, se hace a la vela Mnásipo en dirección -a Corcira. Iban con él unos mil quinientos mercenarios, además de las -tropas lacedemonias. Luego de haber desembarcado, domina y saquea el -país, que estaba completamente plantado y cultivado y cuyas campiñas -estaban pobladas de magníficas habitaciones y bodegas bien provistas, -de tal suerte que se cuenta habían llegado los soldados a tal lujo que -no querían beber más que vino perfumado. Apodéranse también en los -campos de considerable número de esclavos y rebaños. Acampa después -Mnásipo su ejército terrestre en una colina<span class="pagenum" -id="Page_252">p. 252</span> distante unos cinco estadios de la ciudad, -que dominaba el país, a fin de poder atajar el paso a todos los que -viniesen a Corcira: en cuanto a la flota, la coloca a la otra parte de -la ciudad, en un lugar desde el cual podía verse a lo lejos e impedir -fondease cualquier nave en el puerto, en el que, cuando no se oponía -a ello la tempestad, hacía anclar sus naves, a fin de tener mejor -bloqueada la ciudad.</p> - -<p>Los corcirenses, desde que no pueden recibir provisiones de sus -tierras, ocupadas por el enemigo, ni tampoco por el mar, pues la flota -enemiga supera en gran manera a la suya, hállanse en una situación muy -aflictiva. Envían a pedir socorros a Atenas, indicándoles perderán -inmensas ventajas y darán gran fuerza al enemigo si se dejan arrebatar -Corcira, ya que ninguna ciudad, excepto Atenas, puede equipar tantas -naves ni proporcionar tanto dinero. Además, Corcira se halla en una -situación sumamente estratégica, a la entrada del golfo de Corinto y de -las ciudades que baña, y su posición permite dañar a Laconia, así como -se encuentra a la distancia más favorable de Epiro, y en la situación -más ventajosa para el trayecto de Sicilia y del Peloponeso.</p> - -<p>Al oír los atenienses tales indicaciones, creen deber tomar con -empeño este asunto, y envían al jefe Ctesicles con unos seiscientos -peltastas, que ruegan a Alcetas haga pasar a la isla. Los soldados, -después de desembarcar por la noche en un punto del país, entran -en la ciudad. Decretan además los atenienses se equipen sesenta -naves, y eligen para mandarlas a Timoteo, quien no hallando en -Atenas las tripulaciones necesarias para equiparlas, se dirige a las -islas para completarlas, no creyendo negocio<span class="pagenum" -id="Page_253">p. 253</span> baladí el dirigirse en cualquier situación -contra una flota completamente provista. Pero los atenienses, juzgando -pierde en la inacción la estación favorable para navegar, no tienen con -él la más mínima indulgencia y le quitan el mando, que dan a Ifícrates. -Inmediatamente de ser nombrado, equipa este con gran rapidez las naves -y obliga aun con violencia a los comandantes de las mismas. Toma -igualmente todas las naves atenienses que cruzan las aguas del Ática, -así como la <i>Páralos</i> y la <i>Salaminia</i><a id="FNanchor_210" -href="#Footnote_210" class="fnanchor">[210]</a>, asegurando a los -atenienses que si alcanza buenos resultados en Corcira les devolverá -gran número de naves. De esta manera forma entre todas una flota de -setenta naves.</p> - -<p>Durante este tiempo los corcirenses padecen de tal modo por el -hambre, que Mnásipo hace publicar, a consecuencia del gran número de -tránsfugas que coge, que hará vender a todos los desertores; pero -como no por esto llegan en menor número, concluye volviéndolos a la -ciudad después de hacerlos azotar, y como los sitiados no quieren -recibirlos en sus muros, ni siquiera como esclavos, perecen muchos de -ellos fuera de las murallas. Viendo Mnásipo sus sufrimientos, cree -tener ya en su poder a la ciudad, y cambia su modo de proceder con -los mercenarios; despide a unos sin pagarles y a otros retiéneles el -sueldo de dos meses a pesar de que, según se dice, no andaba escaso de -dinero, pues que, en realidad,<span class="pagenum" id="Page_254">p. -254</span> la mayor parte de las ciudades le habían remitido dinero en -lugar de soldados, pues era cosa permitida en expediciones en que se -había de pasar el mar. Los sitiados, apercibiendo entonces desde lo -alto de las torres que las guardias están más descuidadas que antes -y que las tropas se hallan diseminadas por la campiña, verifican una -salida en la que hacen algunos prisioneros y matan algunos soldados. -Mnásipo, al verlos, se arma, y seguido de todos los hoplitas se arroja -en auxilio de los suyos, después de haber dado orden a los jefes y -oficiales de los mercenarios para que salgan a sostener el ataque; pero -habiéndole respondido algunos de aquellos que difícilmente encontraría -dispuesta a la obediencia a la gente a quien rehúsa la subsistencia, -principia a golpearles con su bastón y con la punta de la lanza, por -lo cual salen completamente desanimados del campamento y llenos de -odio contra él, enojosa disposición para un día de combate. Fórmalos -en batalla Mnásipo, derrota y persigue a los enemigos que estaban -junto a las puertas, pero llegados junto a los muros se vuelven y -desde los túmulos funerarios<a id="FNanchor_211" href="#Footnote_211" -class="fnanchor">[211]</a> les arrojan flechas y demás proyectiles, -mientras otros, saliendo por distinta puerta, se lanzan sobre la -retaguardia enemiga en masa compacta: los lacedemonios, que se hallaban -formados a ocho en fondo, creen muy débil el frente de su falange y -procuran verificar una maniobra para robustecerla; pero persuadidos -sus enemigos de que se declaran en fuga, se arrojan sobre ellos -impidiéndoles el realizar su movimiento y obligando a emprender la -fuga a sus<span class="pagenum" id="Page_255">p. 255</span> tropas -auxiliares. Mnásipo no puede auxiliar a las tropas así acosadas, pues -está también agobiado por los enemigos que tiene a su frente y a los -cuales deja cada vez mayores ventajas por el pequeño número de sus -fuerzas. Finalmente, los enemigos en masa atacan todos la división de -Mnásipo, ya muy abatida; los mismos ciudadanos, viendo el aspecto que -toman sus asuntos, salen también contra él; mátanle y persiguen todos -a sus tropas. Sin duda se hubieran apoderado del campamento y de las -trincheras, si no hubiesen visto la multitud de comerciantes, criados y -esclavos, y no se hubiesen retirado, tomándoles por tropas de reserva. -Levantan los corcirenses un trofeo y conceden una tregua para recoger -los muertos.</p> - -<p>Redoblan el valor desde entonces los sitiados mientras experimentan -un abatimiento indecible los sitiadores, pues se decía también que -Ifícrates debía llegar de un momento a otro, y los corcirenses -equipaban al mismo tiempo las naves que tenían. Hipermenes, que era el -segundo de Mnásipo, equipa todas las embarcaciones que allí había, se -hace a la vela hacia los atrincheramientos y cargando las naves con -el dinero y los esclavos, las hace marchar mientras él permanece para -defender sus trincheras con los soldados y marineros que le quedan; -pero viéndose por fin completamente desorganizados, suben también a -las trirremes y parten, dejando mucho trigo, vino, esclavos y soldados -enfermos, pues temen ser sorprendidos en la isla por los atenienses y -se refugian en Léucade.</p> - -<p>Ifícrates, una vez en camino para doblar el Peloponeso, -mientras avanza, hace todos los preparativos<span class="pagenum" -id="Page_256">p. 256</span> necesarios para el combate: deja en -tierra las grandes velas<a id="FNanchor_212" href="#Footnote_212" -class="fnanchor">[212]</a> como si se dirigiese al combate, -y no se sirve ni un momento de las altas<a id="FNanchor_213" -href="#Footnote_213" class="fnanchor">[213]</a> ni aun con viento -favorable; pues haciendo el trayecto a fuerza de remo, aumenta el -vigor de sus soldados y acelera la marcha de sus naves. Muchas veces, -mientras debían comer sus tropas, hacía poner en fila las naves y las -conducía alineadas unas después de otras: luego operaba una conversión -a fin de que tuviesen la proa hacia la costa, y a una señal las hacía -partir para ver cuál llegaría primero. Era esto un gran premio para -la que conseguía el hacer antes que todas la provisión de agua y de -cuanto se necesitaba, así como comer antes que todas; por el contrario, -los que llegaban últimos experimentaban gran castigo, pues tenían que -hacer todo esto después que los otros, y sin embargo, tenían que volver -a marchar al mismo tiempo cuando se daba la señal, por lo cual, los -primeros que llegaban podían hacerlo todo despacio y con comodidad, -mientras que los demás tenían que hacerlo a toda prisa. Cuando se -hallaban en país enemigo y era la hora de comer, establecía Ifícrates -centinelas en tierra, según es costumbre, pero además hacía levantar -los palos, colocando en ellos vigías que, hallándose en el punto más -alto, tenían un horizonte más extenso que los centinelas terrestres. -Cuando cenaba o dormía en alguna parte, no encendía fuego durante -la<span class="pagenum" id="Page_257">p. 257</span> noche, sino que -hacía encender fogatas antes de llegar a la vanguardia, a fin de que -nadie pudiera acercarse desapercibidamente. Cuando el tiempo era -hermoso, volvía a hacerse a la mar después de cenar, sobre todo si era -favorable la brisa, avanzando mientras descansaban, pero si era preciso -hacer uso de los remos, daba reposo a los soldados por tandas. Durante -el día guiaba su flota por medio de señales, disponiéndola unas veces -en falange y otras poniéndola en fila: de este modo sus tropas se -habían ejercitado en todas las maniobras de un combate naval, mientras -avanzaban y llegaban perfectamente instruidas a los mares que creían -ocupados por los enemigos. Comía y cenaba la mayor parte de las veces -en territorio enemigo, pero como no se detenía en él más que el tiempo -necesario, volvía a zarpar antes de que llegaran los habitantes, y -avanzaban así con gran rapidez.</p> - -<p>Cuando acaeció la muerte de Mnásipo se hallaba Ifícrates en los -alrededores de las islas Esfagias en Lacedemonia: llegado a Élide, pasa -la embocadura del Alfeo y echa el ancla junto al promontorio Ictis. -Al día siguiente parte para Cefalenia, teniendo en orden de batalla -su flota, sin descuidar durante su trayecto la más pequeña precaución -para hallarse dispuesto a combatir así que se presentase ocasión; -pues como no tenía noticia de la muerte de aquel jefe espartano por -ningún testigo ocular, sospechaba que esta noticia era únicamente -para engañarle, y se mantenía a la defensiva. Llegado, sin embargo, a -Cefalenia tiene entonces noticias positivas y permite descansar a sus -soldados.</p> - -<p>Ya sé yo que se toman todas estas medidas y todas<span -class="pagenum" id="Page_258">p. 258</span> estas precauciones cuando -se espera un combate naval, pero lo que yo alabo en Ifícrates es -que tratando de llegar lo más pronto posible al lugar en que creía -poder librar batalla con los enemigos, hubiese encontrado medio de -impedir olvidaran los soldados durante el trayecto las maniobras de -un combate naval, sin que estos cuidados retardasen en lo más mínimo -su marcha. Después de haber sometido las ciudades de Cefalenia, se -dirige a Corcira, donde viene en conocimiento de que se aproximan -diez trirremes enviadas por Dionisio en socorro de los lacedemonios: -examina por sí mismo el paraje del país desde donde puede apercibirse -la llegada de las naves y participarlo por medio de señales visibles -a la ciudad; establece en él vigías y concierta con ellos respecto -al modo de señalar la llegada y desembarco, y después da sus órdenes -a veinte jefes de naves que deberán acompañarle, para que le sigan -así que les llame el pregonero, declarándoles anticipadamente que el -que no obedezca no deberá quejarse del castigo. Cuando se señala la -proximidad de los enemigos, y así que el heraldo ha llamado a los -expedicionarios, se despliega una actividad digna de encomio, pues -ni uno solo de los que debían embarcarse deja de correr hacia las -naves. Ifícrates, dirigiéndose al lugar en que se hallan las trirremes -enemigas hace prisioneras las tripulaciones que habían desembarcado; -el rodio Melánipo había, sin embargo, aconsejado a los demás que no -permaneciesen allí, y con sus naves se había hecho a la vela después -de embarcar sus equipajes, y aunque encontró en su camino las naves -de Ifícrates, pudo huir; pero las de Siracusa caen todas con sus -tripulantes<span class="pagenum" id="Page_259">p. 259</span> en -poder del último, quien después de despojar de sus accesorios a las -trirremes, las entra a remolque en el puerto de Corcira. Concede a -cada cual pueda pagar su rescate, excepto al comandante Crinipo, que -conserva, ya para sacar de él gruesa suma, ya para venderle; pero -este, vencido por el pesar, se da la muerte. Ifícrates da libertad a -los demás prisioneros, aceptando unos corcirenses como garantía de su -rescate.</p> - -<p>Durante todo aquel tiempo acude al mantenimiento de sus marineros -haciéndoles cultivar las tierras para los corcirenses. Pasa después a -Acarnania a la cabeza de sus peltastas y de los hoplitas de la flota -y socorre las ciudades amigas que se hallan en perentoria situación, -haciendo la guerra a los turieos, pueblo esforzado y dueño de una -plaza fuerte. Más tarde, habiendo robustecido su flota con las naves -corcirenses, y teniendo entre todas unas noventa, se hace a la vela -hacia Cefalenia, donde levanta tributos y se prepara después para -devastar el país lacedemonio, unirse las ciudades enemigas de esta -comarca que quisieran recibirle, y hacer la guerra a las que quisieran -resistirle.</p> - -<p>No puedo dejar de tributar grandes elogios a esta expedición de -Ifícrates, así como a su petición de que le dieran por colegas al -orador Calístrato, a quien no tenía simpatías, y a Calias, que gozaba -fama de ser uno de los más hábiles generales. En efecto, si quería -juntárselos como consejeros por ser hombres cuya habilidad conocía, -paréceme obraba como hombre prudente; y si veía en ellos únicamente -unos rivales, el no temer se le acuse jamás de molicie o descuido, lo -considero como propio de un<span class="pagenum" id="Page_260">p. -260</span> hombre que tiene elevadísima conciencia de sí mismo. Eso es -lo que hizo Ifícrates.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch6_3"> - <h3>CAPÍTULO III.</h3> -</div> - -<p>Los atenienses, al ver arrojados de Beocia a los de Platea, pueblo -aliado, para los cuales no quedaba ya otro remedio que el de refugiarse -entre ellos, y a los tespieos, que les rogaban no permitiesen se -les privara de su patria<a id="FNanchor_214" href="#Footnote_214" -class="fnanchor">[214]</a>, no aprueban la conducta de los tebanos, y -experimentan alguna desazón por apoyarles en sus guerras, sobre todo -al reflexionar será sin ventaja ninguna para ellos, por lo cual no -quieren ya asociárseles cuando les ven marchar contra los focidios, -desde muy antiguo aliados de los atenienses, y arrasar ciudades que -se les habían mostrado fieles en la guerra contra los bárbaros y que -además eran sus propios aliados. Habiendo, pues, el pueblo decretado la -paz, se enviaron primeramente<a id="FNanchor_215" href="#Footnote_215" -class="fnanchor">[215]</a> diputados a los tebanos para invitarles -se dirijan con ellos a Lacedemonia, si tal es su voluntad, para -tratar allí de este objeto, después de lo cual envían los atenienses -sus diputados, entre los cuales fueron elegidos Calias, hijo de -Hipónico,<span class="pagenum" id="Page_261">p. 261</span> Autocles, -hijo de Estrombíquides, Demóstrato, hijo de Aristofón, Aristocles, -Cefisódoto, Melanopo y Liceto. Al presentarse ante la asamblea de -los lacedemonios y de los aliados, hallábase también entre ellos el -orador Calístrato, pues había prometido a Ifícrates que si le dejaba -ir, le enviaría dinero para la flota o celebraría la paz, ya que -en aquel tiempo se hallaba en Atenas procurando negociarla. Así, -pues, cuando fueron admitidos los diputados ante los lacedemonios y -aliados, el primero que tomó la palabra fue Calias, el portaantorcha<a -id="FNanchor_216" href="#Footnote_216" class="fnanchor">[216]</a>, que -era un hombre que se deleitaba no menos en alabarse a sí mismo que en -ser alabado por los demás. Principió, pues, de este modo:</p> - -<p class="mt1">«Lacedemonios: no data mi proxenia con vosotros de mí -mismo, sino que ya el padre de mi padre la ha legado a nuestra familia. -Quiero haceros ver también los sentimientos de que se halla animada mi -patria respecto a vosotros; en tiempo de guerra nos escoge por general, -y cuando desea la paz nos elige asimismo para negociarla. He venido ya -dos veces en otro tiempo para terminar la guerra, habiendo conseguido -en estas dos diputaciones lograr la paz entre vosotros y mi ciudad; y -ahora vengo por la tercera vez y creo tener razones más justas aún para -obtener una reconciliación.</p> - -<p>»Hallo, en efecto, que vuestros sentimientos son los mismos que los -nuestros y que además os molesta también como a nosotros la destrucción -de Platea<span class="pagenum" id="Page_262">p. 262</span> y Tespias. -¿Cómo, pues, no sería natural sean más bien amigos que enemigos los que -participan de iguales sentimientos? Y seguramente que aun cuando haya -alguna diferencia en el modo de ver las cosas, las personas prudentes -evitan comenzar una guerra, por lo cual, si en todo estamos acordes, -¿no sería verdaderamente extraño que no ajustásemos la paz? Prohibíanos -la justicia esgrimir nuestras armas contra vosotros, ya que se dice que -a los primeros extranjeros a quienes Triptólemo<a id="FNanchor_217" -href="#Footnote_217" class="fnanchor">[217]</a>, nuestro antepasado, -inició en los misterios sagrados de Deméter<a id="FNanchor_218" -href="#Footnote_218" class="fnanchor">[218]</a> y Hera<a -id="FNanchor_219" href="#Footnote_219" class="fnanchor">[219]</a>, -fueron Hércules, padre de vuestra raza, y los Dióscuros, vuestros -conciudadanos, y además que el Peloponeso fue el primero que recibió -de él la semilla del fruto de Deméter. ¿Cómo, pues, sería justo que -vosotros vinieseis a destrozar las mieses de aquellos de quien habéis -recibido las primeras semillas, así como que nosotros no pudiésemos -desear se hallasen en la mayor abundancia posible de frutos aquellos -a quienes les dimos las primeras simientes? Pero si los dioses han -decidido haya guerras entre los hombres, es preciso pongamos toda la -lentitud posible en comenzar las hostilidades, y una vez existan estas, -la mayor prontitud en terminarlas.»</p> - -<p class="mt1">Autocles, orador muy famoso por su precisión, habla -después de él en estos términos:</p> - -<p class="mt1">«Lacedemonios: cuanto voy a deciros no tendrá<span -class="pagenum" id="Page_263">p. 263</span> por objeto el adularos, -no lo desconozco; pero me parece que aquellos que quieren ver tan -sólida y permanente como sea posible, la amistad que desean celebrar, -deben manifestarse mutuamente las causas de sus guerras. En cuanto -a vosotros, decís abiertamente que todas las ciudades deben ser -independientes, pero vosotros mismos ponéis los mayores obstáculos a -su independencia, pues imponéis como primera condición a las ciudades -aliadas la de que os sigan a donde quiera las conduzcáis. ¿Y cómo -puede conciliarse eso con la independencia? Os hacéis enemigos sin -el consentimiento de los aliados, a quienes mandáis después contra -aquellos; de suerte que los que se llaman independientes, se hallan muy -a menudo obligados a marchar contra sus mejores amigos.</p> - -<p>»Pero lo que es aún mucho más opuesto a la independencia, es que -establezcáis en todas partes gobiernos de diez o de treinta individuos -y que procuréis con todas vuestras fuerzas, no que estos jefes -gobiernen a tenor de la ley, sino que tengan la suficiente fuerza -para contener a las ciudades, de manera que parece os regocijáis más -en la tiranía que en el gobierno libre. Además, cuando el rey mandó -fuesen independientes las ciudades, habéis sabido reconocer y proclamar -que no obrarían los tebanos según las prescripciones del rey, si no -dejaban que cada ciudad se gobernase a sí misma por las leyes que -quisiere; pero en cambio, cuando os habéis apoderado de la Cadmea<a -id="FNanchor_220" href="#Footnote_220" class="fnanchor">[220]</a>, -no habéis permitido siquiera a los tebanos conservaran su -independencia.<span class="pagenum" id="Page_264">p. 264</span> Los -que desean contraer una amistad, no deben pretender de los demás se -les conceda plena justicia, mientras se abandonan ellos a su más -desenfrenada ambición.»</p> - -<p class="mt1">Después de terminar este discurso hízose general -silencio y acogieron con gozo sus ataques cuantos conservaban motivos -de queja contra los lacedemonios. Después de esto, Calístrato dice:</p> - -<p class="mt1">«Oh lacedemonios, no creo poder pretender que no hayáis -cometido tantas faltas como las que nosotros hemos hecho. No pienso, -sin embargo, que no se deba sostener relación alguna con los que han -errado alguna vez, pues veo que no hay hombre alguno que termine su -vida sin claudicar. Por el contrario, paréceme que los hombres que han -cometido errores alguna vez, se hacen con ello más prudentes, sobre -todo cuando han resultado castigados con estas faltas como nosotros. -Veo que vosotros también os habéis atraído algunas veces grandes -desastres con vuestras desconsideradas acciones, entre las cuales es -preciso contar la ocupación de la Cadmea en Tebas, pues a pesar de -todos los cuidados que habéis tomado para asegurar a las ciudades su -independencia, todas han vuelto a caer en poder de los tebanos, luego -de haber sufrido estos tan notoria injusticia. Por esto espero que -habréis aprendido la poca utilidad que presta la ambición, y confío que -en lo futuro seáis más comedidos en vuestra recíproca amistad.</p> - -<p>»Respecto a los calumniosos rumores de algunos que queriendo -impedir la paz han dicho que al venir nosotros no nos mueve el deseo -de vuestra amistad, sino el temor de que regrese Antálcidas con -el<span class="pagenum" id="Page_265">p. 265</span> dinero del rey, -considerad todo esto como pura habladuría. En efecto, el rey decretó -positivamente la independencia de todas las ciudades griegas; ¿en qué, -pues, temeríamos al rey, si cuanto obramos y decimos se halla informado -por esta misma idea? ¿Creerá, acaso, alguno que prefiera el rey emplear -su dinero haciendo a otros poderosos, cuando ve realizar sin gasto -alguno cuanto reconoció como más ventajoso? Pero, sea de esto lo que -quiera, ¿para qué hemos venido? Comprenderéis fácilmente que no es a -causa de vuestros apuros, si echáis una ojeada al estado actual de -nuestros asuntos así por tierra como por mar. ¿Por qué, pues, hemos -venido? Evidentemente porque algunos de nuestros aliados obran de un -modo que nos es tan poco grato como a vosotros. Quisiéramos comunicaros -gustosamente las ideas de rectitud que tenemos, a fin de reconocer os -debemos nuestra conservación; y para abordar la cuestión principal os -recordaré que todas las ciudades son consideradas como vuestras o como -nuestras, así como en cada estado todo el mundo está dividido entre -el partido lacedemonio y el ateniense. Si fuéramos, pues, amigos, ¿de -qué parte podríamos temer razonablemente ningún peligro? ¿Quién podría -inquietarnos por tierra siendo vosotros nuestros amigos, y quién podría -dañaros por mar al ser nosotros vuestros más íntimos aliados?</p> - -<p>»Todos sabemos que las guerras tienen siempre un comienzo y un fin, -y que si no es hoy, más adelante desearemos todos la paz. ¿Por qué, -pues, aguardar al momento en que nos hallemos agobiados por multitud de -males, más bien que hacer la paz lo más pronto posible y antes de ser -alcanzados por algún<span class="pagenum" id="Page_266">p. 266</span> -daño irreparable? No doy mi aprobación a aquellos atletas que después -de haber vencido muchas veces y de haberse labrado gran reputación, -son ambiciosos hasta el punto de no querer detenerse hasta haber -sido vencidos y haberse visto obligados a renunciar a su profesión, -ni tampoco a aquellos jugadores que cuando están de suerte doblan en -seguida la apuesta, pues veo que la mayor parte de ellos son presa -de la más completa miseria. Considerando todas estas cosas debemos -aprovecharnos de que aún nos hallemos en vigor y en prosperidad para -hacernos francos y mutuos amigos en lugar de liarnos en una guerra -en la que juguemos el todo por el todo, pues nosotros por vosotros y -vosotros por nosotros hemos de elevarnos en Grecia a un poder mucho -mayor en lo futuro del que hemos tenido en lo pasado.»</p> - -<p class="mt1">Habiendo parecido todas estas cosas animadas por la -prudencia y sabiduría, decretan los lacedemonios aceptar la paz -bajo las condiciones de retirar los gobernadores de las ciudades, -licenciar sus tropas de mar y tierra, y reconocer la independencia -de las ciudades. Establécese asimismo que en el caso de que un -estado contravenga a estas cláusulas, socorran los que quieran a las -ciudades oprimidas, pero los que no quieran ir en su auxilio no puedan -ser obligados a ello por su juramento. Juran estas condiciones los -lacedemonios por ellos y por sus aliados, así como los atenienses y los -suyos, cada ciudad de por sí. Los tebanos habían sido inscritos entre -las demás ciudades que habían jurado, pero al día siguiente vuelven sus -diputados para suplicar se escriba beocios en lugar de tebanos, entre -los que han jurado. Agesilao<span class="pagenum" id="Page_267">p. -267</span> responde que no cambiará nada de cuanto han jurado y escrito -primeramente, pero que si no quieren ser comprendidos en el tratado, -borrará su nombre, si así lo exigen. Como de este modo la paz se -hallaba en vigor entre todos los estados griegos, excepto los tebanos, -que eran los únicos que habían reclamado contra ella, consideran los -atenienses la posibilidad de que sean diezmados los tebanos, como se -decía, y estos se ausentan completamente desconcertados.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch6_4"> - <h3 title="CAPÍTULO IV.">CAPÍTULO IV.<a id="FNanchor_221" - href="#Footnote_221" class="fnanchor">[221]</a></h3> -</div> - -<p>Retiran después de esto los atenienses las guarniciones de las -ciudades, llaman de nuevo a Ifícrates y a la flota, ordenándole -devolver cuanto haya tomado desde que se ha prestado juramento a los -lacedemonios. Estos retiran también los gobernadores y guarniciones de -todas las ciudades, a excepción de Cleómbroto que mandaba el ejército -en la Fócida, y que cuando pide a los magistrados de su patria qué debe -hacer, Prótoo dice que, a su parecer, debe licenciarse aquel ejército -conforme al juramento, y participar a las ciudades deposite cada una -en el templo de Apolo la suma que quiera; que después, si hay quien -rehúse el reconocimiento a la independencia<span class="pagenum" -id="Page_268">p. 268</span> de las ciudades, es preciso entonces reunir -nuevamente los aliados que quieran proteger dicha independencia y -dirigirse contra los que se opongan, todo lo cual creía sería el modo -de hacerse favorable a los dioses y el de indisponerse lo menos posible -con las ciudades. La asamblea, después de haber oído su parecer, -consideró cuanto había dicho como pura habladuría, pues, según parece, -se hallaba ya inspirada por el genio malo que la conducía. Hízose decir -a Cleómbroto que no licenciase su ejército, sino que, por el contrario, -marchara contra los tebanos si no reconocían la independencia de las -ciudades. Cuando Cleómbroto tiene conocimiento de que ha sido hecha la -paz, pide a los éforos qué debe hacerse, y estos le ordenan se dirija -contra los tebanos si no reconocen la independencia de las ciudades de -Beocia. Así, pues, cuando ve que, lejos de dar libertad a las ciudades -no licencian su ejército a fin de poder oponerlo a los lacedemonios, -conduce sus tropas a Beocia. Existía un camino por el cual esperaban -los tebanos verle entrar: era por el lado de la Fócida, por cierto -desfiladero que guardaban; pero él avanza de improviso a través del -país montañoso de Tisbe, llega a Creusis, y después de tomar esta plaza -fuerte, se apodera de doce trirremes tebanas. Hecho esto, se aparta de -la costa y acampa en Leuctra en el territorio de Tespias. Los tebanos, -que no tenían otros aliados que los beocios, colocan su campamento en -una colina que se hallaba a su frente y a poca distancia de los mismos. -Entonces los amigos de Cleómbroto, dirigiéndose a él, le dicen:</p> - -<p>—«Oh, Cleómbroto, si dejas que los tebanos se retiren sin -combate, peligras de ser tratado con la última<span class="pagenum" -id="Page_269">p. 269</span> pena por tu patria, pues todo el mundo -recordará que cuando viniste a Cinoscéfalas no saqueaste parte alguna -del territorio tebano, y que en una expedición siguiente fuiste -detenido en el paso, mientras Agesilao ha penetrado siempre en su país -por el Citerón. Si, pues, deseas tu propio interés y el bien de la -patria, debes dirigirte contra los enemigos.»</p> - -<p>Esto decían sus amigos; sus enemigos decían por su parte:</p> - -<p>—«Ahora es cuando mostrará claramente este hombre si favorece a los -tebanos, según se dice.»</p> - -<p>Al oír todo esto Cleómbroto, se inclinaba a librar combate.</p> - -<p>Por su parte, los jefes de los tebanos reflexionan que si no -presentan batalla, se apartarán de ellos las ciudades vecinas y -serán sitiados por los enemigos, en cuyo caso, no teniendo el pueblo -tebano los necesarios víveres, corren peligro de que la misma ciudad -se declare contra ellos, y como varios habían sido anteriormente -desterrados, sostienen que vale más morir combatiendo que ser -nuevamente desterrados. Además de esto, dales cierta confianza el -oráculo popular, según el cual debían los lacedemonios experimentar -una derrota en el mismo lugar en que se hallaba el sepulcro de las -doncellas que, según se dice, se habían dado la muerte después de -la violencia que les habían hecho experimentar los lacedemonios<a -id="FNanchor_222" href="#Footnote_222" class="fnanchor">[222]</a>. -Por esto los tebanos habían adornado este monumento antes del -combate. Anúnciaseles igualmente que en la ciudad todos los templos -se habían abierto por sí solos, y que las sacerdotisas<span -class="pagenum" id="Page_270">p. 270</span> declaran que los dioses -indican una victoria. Dícese asimismo que las armas del Heracleo<a -id="FNanchor_223" href="#Footnote_223" class="fnanchor">[223]</a> se -han diseminado por el suelo, lo cual significa que el dios ha salido al -combate. Algunos pretenden, sin embargo, que todo esto no eran más que -estratagemas preparadas por la autoridad superior<a id="FNanchor_224" -href="#Footnote_224" class="fnanchor">[224]</a>.</p> - -<p>Todo era, pues, en esta batalla contrario a los lacedemonios, -mientras lo había dispuesto todo la fortuna en favor de sus -adversarios. Efectivamente, después de almorzar había tenido Cleómbroto -su último consejo respecto al combate, a mediodía, después de beber -regularmente, y, según se dijo, después que el vino se les había -subido a la cabeza. Cuando los dos ejércitos se hubieron armado y -se hizo inminente el combate, los comerciantes y algunos bagajeros, -así como los que no querían combatir, prepáranse para alejarse del -ejército beocio, pero los mercenarios, bajo el mando de Hierón, y los -peltastas focidios, con la caballería heracleota y fliasia, forman un -círculo y se arrojan sobre ellos en el momento en que iban a alejarse, -poniéndoles en fuga y persiguiéndoles hacia el campamento beocio, -con lo cual hacen mucho más fuerte y más numeroso el ejército de los -tebanos. Después, extendiéndose una llanura entre los dos ejércitos, -colocan los lacedemonios su caballería al frente de su falange, -mientras los tebanos opónenle también la suya; pero la caballería -tebana era una tropa aguerrida por la guerra con los orcomenios y por -la de los tespieos,<span class="pagenum" id="Page_271">p. 271</span> -mientras que en aquel tiempo la de los lacedemonios era muy detestable, -pues los ciudadanos ricos eran los que criaban los caballos, y al -anunciarse una campaña llegaba cada uno de los designados, tomaba el -caballo y las armas que se le daban, y partía inmediatamente. Además, -eran los soldados más débiles y menos deseosos de ilustrarse los que -formaban parte de la caballería. Tal era la de ambas partes. En cuanto -a los cuerpos de ejército, dícese que los lacedemonios ordenaron en -tres filas las compañías<a id="FNanchor_225" href="#Footnote_225" -class="fnanchor">[225]</a>, lo cual no hacía más que doce hombres en -fondo. Por el contrario, los tebanos se habían aglomerado formando una -profundidad de cincuenta escudos, considerando que si vencían al cuerpo -real, vencerían fácilmente los restantes cuerpos.</p> - -<p>Cuando Cleómbroto comenzó a dirigirse contra el enemigo, y aun -antes de que su ejército se hubiese apercibido de que se avanzaba, la -caballería de ambas partes había venido ya a las manos, y la de los -lacedemonios había sido derrotada al primer empuje; al huir cae sobre -sus mismos hoplitas, atacados a su vez por los tebanos. Sin embargo, -un testimonio positivo demuestra la superioridad que el cuerpo de -Cleómbroto tuvo en los comienzos del combate, pues no hubieran podido -levantarle y apoderarse de él vivo, si los que combatían a su alrededor -no hubiesen tenido en aquel momento la mejor parte en el combate. -Pero cuando fue muerto el polemarca Dinón, así como Esfodrias, uno -de los comensales del rey, y Cleónimo, su hijo, la caballería<span -class="pagenum" id="Page_272">p. 272</span> y los sinforeos<a -id="FNanchor_226" href="#Footnote_226" class="fnanchor">[226]</a> del -polemarca no pudieron detener el poder del número y comenzaron a ceder; -las tropas del ala izquierda, al ver derrotada la derecha, principiaron -también a aflojar en su resistencia. A pesar del número de los muertos -y de su derrota, después de atravesar el foso que se hallaba delante -del campamento, vuelven a colocarse con las armas en el lugar de donde -habían partido. El campo no era completamente una llanura, pues formaba -cierta pendiente. Hubo entonces algunos lacedemonios que, creyendo no -debía soportarse tal desastre, dijeron era preciso impedir al enemigo -erigir un trofeo, y procurar recoger los muertos por la fuerza de las -armas sin recurrir a la tregua. Pero los polemarcas, viendo que habían -sucumbido ya cerca de mil lacedemonios, y que de unos setecientos -espartanos habían muerto cerca de cuatrocientos, así como que se -hallaban ya sin valor para combatir los aliados, a alguno de los cuales -acaso no contrariaba el giro que tomaban los sucesos, reúnen a los -jefes principales para determinar lo que debe hacerse. Habiendo todos -sido de parecer de pedir una tregua para recoger los muertos, envían un -heraldo para suplicarla. Levantan en seguida los tebanos un trofeo y -conceden la tregua para recoger los muertos.</p> - -<p>Después de estos sucesos, el enviado que lleva a Lacedemonia -la nueva de este desastre, llega a Esparta el último día de -las Gimnopedias<a id="FNanchor_227" href="#Footnote_227" -class="fnanchor">[227]</a> en el momento en que el coro de hombres se -hallaba en función;<span class="pagenum" id="Page_273">p. 273</span> -los éforos, al enterarse de este desastre, necesariamente tuvieron que -afligirse, pero no suspendieron el coro y dejaron terminar los juegos. -Después dieron los nombres de los muertos a cada uno de sus parientes, -recomendando a las mujeres no manifestaran su dolor, sino, por el -contrario, lo soportaran en silencio. Al día siguiente pudo verse -aparecer en público a los padres de los que habían perecido, alegres -y llenos de júbilo, mientras los padres de los que se había anunciado -sobrevivían al combate, no se mostraron más que en muy pequeño número y -con el rostro abatido y humillado.</p> - -<p>Inmediatamente decretan los éforos una leva de las cohortes -restantes llamando a las armas aun a los que hacía cuarenta años habían -pasado de la adolescencia; hacen partir también a los de esta edad que -pertenecían a las cohortes que habían salido antes, pues hasta entonces -solo se había enviado contra la Fócida a los que pertenecían al -ejército hacía menos de treinta años; ordénase, finalmente, que deben -también partir cuantos se habían antes quedado a consecuencia del cargo -que desempeñaban. No habiéndose repuesto aún Agesilao de su enfermedad, -da la ciudad el mando a su hijo Arquidamo. Los tegeatas muestran -mucho celo por ir con ellos, pues Estásipo y sus partidarios, que -abogaban por Lacedemonia, y que contaban con gran poder en su ciudad, -se hallaban aún con vida. Los mantineos de las aldeas les acompañan -también valerosamente, pues eran dominados por la aristocracia. Los -corintios, los sicionios, los fliasios y los aqueos muestran también -mucho celo en acompañarles, y muchas otras ciudades envían asimismo -su respectivo<span class="pagenum" id="Page_274">p. 274</span> -contingente. Los lacedemonios y los corintios equipan trirremes, y -piden también a los sicionios equipen algunas en las cuales pensaban -transportar al ejército, y Arquidamo sacrifica después para obtener una -marcha feliz.</p> - -<p>Los tebanos, inmediatamente después de la batalla, envían a Atenas -un mensajero coronado de flores, y al mismo tiempo que describen la -magnitud de la victoria, piden refuerzos, diciendo ha llegado el -momento oportuno de obtener venganza de todo el daño que han hecho los -lacedemonios. El senado ateniense se hallaba casualmente en sesión en -la acrópolis. Cuando los senadores se enteran de lo que ha sucedido, -dejan comprender a la vista de todos el vivo pesar que por ello -experimentan, pues no ofrecen presente hospitalario al mensajero ni -dan contestación alguna respecto a los refuerzos. De este modo sale de -Atenas aquel emisario.</p> - -<p>Los tebanos envían, sin embargo, diputados a Jasón, su aliado, -pidiéndole a toda prisa refuerzos y considerando los peligros del -porvenir. Equipa inmediatamente Jasón algunas trirremes para venir -en su auxilio por mar, y después, reuniendo sus mercenarios y la -caballería de su guardia, dirígese por tierra a Beocia, a pesar de -hallarse en una guerra de exterminio con los focidios, apareciendo -antes de que se haya anunciado en la mayor parte de las ciudades que -debía atravesar. Antes de que haya habido tiempo de reunir las tropas -para oponérsele, previniéndoles con su prontitud, se halla fuera de -su alcance, haciendo ver con esto que a menudo la velocidad en la -ejecución conduce más fácilmente al buen éxito que la violencia.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_275">p. 275</span>Luego que ha -llegado a Beocia, dícenle los tebanos que sería un momento favorable -para caer sobre los lacedemonios desde las alturas con sus mercenarios, -mientras ellos les atacarían de frente; pero Jasón les aparta de este -proyecto, demostrándoles que, después de un hecho glorioso, no es -conveniente entregar al acaso el adquirir una nueva victoria mayor que -la primera, o perder la que se ha conseguido.</p> - -<p>—«¿No veis —les dijo— que vosotros mismos habéis sido vencedores -cuando os hallabais sumidos en la aflicción? Es preciso, pues, también -creer que los lacedemonios combatirían desesperadamente al verse -reducidos a la última extremidad. Además, la divinidad, según parece, -se complace muy a menudo en engrandecer a los débiles y humillar a los -grandes.»</p> - -<p>Jasón disuade, pues, a los tebanos, con estas palabras, de atacar a -los lacedemonios, mientras por otra parte demuestra también a estos que -es muy distinto ponerse en campaña con un ejército victorioso que con -tropas completamente vencidas.</p> - -<p>—«Si queréis olvidar el desastre que habéis experimentado, os -aconsejo toméis aliento y aumentéis vuestras fuerzas para mediros de -nuevo con aquellos a quienes no pudisteis vencer. Mientras tanto, -añadió, debéis saber que hay algunos de vuestros aliados que están en -tratos con vuestros enemigos para celebrar una alianza. Procurad, pues, -a todo precio obtener una tregua; y si deseo esto —añadió finalmente—, -es porque quiero salvaros, así por la amistad de mi padre hacia -vosotros como porque soy vuestro próxeno.»</p> - -<p>Esto dijo, pero acaso obraba así para que los dos bandos, aunque -separados entre sí por sus diferencias, necesitasen ambos de él. Los -lacedemonios, sin<span class="pagenum" id="Page_276">p. 276</span> -embargo, después de oírle, deciden negociar una tregua, y cuando -anuncian que está hecha, los polemarcas mandan pregonar que se cene y -se esté preparado para emprender la marcha durante la misma noche, a -fin de pasar el Citerón al apuntar el nuevo día. Terminada la comida, -en lugar de dormir, se da la orden de marcha y se toma el camino de -Creusis al oscurecerse el día, teniendo más confianza en esta maniobra -secreta que no en la tregua. Después de una marcha penosa durante -la noche, con miedo y en un camino áspero, llegaron a Egóstena de -Mégara, donde hallaron al ejército de Arquidamo. Este, después de haber -aguardado en dicho lugar a todos sus aliados, conduce al ejército -reunido a Corinto, de donde, después de licenciar a los aliados, lleva -a sus conciudadanos a Lacedemonia.</p> - -<p>Jasón, sin embargo, al volverse por la Fócida, se apodera del -arrabal de Hiámpolis, saquea el país y da muerte a gran número de -los habitantes. Llegado a Heraclea, después de haber atravesado -pacíficamente lo restante de la Fócida, destruye las murallas de -aquella población, no porque temiese pudiera ser atacado su poder -por aquel paso, sino más bien porque deseaba impedir que, ocupando a -Heraclea, que está situada en un desfiladero, pudiesen cerrarle el paso -cuando quisiese marchar contra cualquier comarca griega.</p> - -<p>Llegado a Tesalia, era grandemente poderoso, ya por haber sido -nombrado legalmente soberano absoluto de los tesalios, ya por tener -a sueldo y a sus órdenes gran número de tropas de infantería y -de caballería, ejercitadas de manera que pudieran vencer siempre -a sus contrarios, y por tener además gran<span class="pagenum" -id="Page_277">p. 277</span> número de pueblos aliados, fuera de los -cuales había también otros muchos que deseaban serlo. Pero lo que le -colocaba encima de todos los de su época, era que nada había en él -que pudiese ser objeto de desprecio por parte de nadie. Al acercarse -la fecha de los juegos píticos, hizo publicar en las ciudades se -preparasen bueyes, corderos, cabras y cerdos para los sacrificios, -y se dice que, a pesar de que había mandado muy moderadamente esa -imposición, no se reunieron menos de mil bueyes, y el resto de los -otros ganados se elevó a diez mil cabezas. Hizo también anunciar daría -una corona de oro como premio a la ciudad que presentase el más hermoso -buey como primicia de las víctimas. Ordenó asimismo a los tesalios se -preparasen para ponerse en campaña en la época de los juegos píticos, -diciéndose tenía intención de presidir por sí mismo la fiesta y los -juegos en honor del dios. Nada se sabe aún hoy, sin embargo, de cuáles -eran sus intenciones respecto a los tesoros sagrados; pero se dice que -habiendo pedido los delfios al oráculo qué es lo que debían hacer si se -apoderaba de las riquezas del dios, este contestó que eso corría de su -cuenta. Este hombre, pues, tan poderoso, que alimentaba en su espíritu -designios tan vastos y tan numerosos, acababa de verificar un día la -inspección de la caballería de Feras y de pasarle revista, cuando, al -sentarse para contestar a lo que pudiesen pedirle, fue asesinado e -instantáneamente muerto por siete jóvenes que se aproximaron a él como -si tuviesen algún litigio entre sí. Los doríforos<a id="FNanchor_228" -href="#Footnote_228" class="fnanchor">[228]</a>, que se hallaban -junto<span class="pagenum" id="Page_278">p. 278</span> a él, se -precipitan inmediatamente para defenderle y matan de una lanzada a uno -de los asesinos, mientras daba aún a Jasón la última puñalada: otro es -cogido mientras montaba a caballo, y muere bajo sus golpes. Los otros -se lanzan a los caballos, que de antemano tenían preparados, y pueden -escaparse, siendo recibidos con honor en la mayor parte de las ciudades -griegas, lo cual demuestra cuánto temían los griegos que se convirtiese -en tirano.</p> - -<p>Sin embargo, una vez muerto Jasón, son nombrados jefes absolutos -sus hermanos Polidoro y Polifrón: Polidoro muere en un viaje que -hicieron ambos hermanos a Larisa, mientras dormía, y, según parece, -asesinado por aquel, pues su muerte acaeció de un modo completamente -repentino y sin causa ninguna aparente. A su vez Polifrón reina -durante un año, y ejerce un poder semejante a la tiranía, pues en -Farsala hace perecer a Polidamante y a ocho de los principales -ciudadanos, y en Larisa destierra a gran número de personas. <span -id="alejandro">Entregábase</span> a tales excesos, cuando Alejandro le -da muerte para vengar a Polidoro y hacer cesar la tiranía; pero cuando -a su vez se ha revestido del poder, se hace aborrecible como jefe a los -tesalios, y como enemigo odioso también a los tebanos y atenienses, -mostrándose asimismo injusto saqueador por tierra y por mar. A su vez -cae bajo los golpes de los hermanos de su mujer<a id="FNanchor_229" -href="#Footnote_229" class="fnanchor">[229]</a>, que los incita con sus -consejos, pues anunciándoles que Alejandro les tiende una emboscada, -les oculta en el interior de la casa durante todo el día hasta que -vuelve Alejandro completamente<span class="pagenum" id="Page_279">p. -279</span> ebrio. Después que se ha acostado, le quita la espada a -la luz de la lámpara, y viendo vacilar a sus hermanos, que no se -atrevían a entrar para matarle, les amenaza con hacerle despertar si -no le mataban en seguida. Después que entraron en su cámara, cierra la -puerta, sosteniendo ella misma el pestillo hasta que han dado muerte -a su marido. Según dicen algunos, el odio que tenía a este provenía -de haber hecho prender Alejandro a un joven muy hermoso a quien ella -amaba, y de que al pedirle ella le pusiera en libertad, le hizo salir -de la cárcel para matarle. Dicen otros que Alejandro, no habiendo -tenido ella sucesión, había hecho pedir en matrimonio a la mujer de -Jasón, en Tebas. Tales son, pues, las causas que se asignan como -productoras de este atentado. El poder recae entonces en Tisífono, el -mayor de los hermanos autores de este asesinato, quien reinaba aún al -escribirse esta historia.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch6_5"> - <h3 title="CAPÍTULO V.">CAPÍTULO V.<a id="FNanchor_230" - href="#Footnote_230" class="fnanchor">[230]</a></h3> -</div> - -<p>Los sucesos de Tesalia que tuvieron lugar bajo el mando de Jasón, -y después de su muerte hasta la entronización de Tisífono, acaban de -relatarse, ahora voy a proseguir mi relación en el punto en que la -interrumpimos para esta digresión.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_280">p. 280</span>Cuando Arquidamo -hubo conducido a Leuctra los refuerzos que mandaba, los atenienses, -considerando que los peloponesios continuaban siguiendo a los -lacedemonios, y que no se hallaban aún estos en el estado a que habían -sido reducidos los atenienses, reúnen los enviados de todos los estados -que quieren participar de la paz que había dictado el rey. Una vez -reunidos, decrétase, que cuantos quieran participar de la paz, se unan -a ellos con este juramento:</p> - -<blockquote> - - <p>«Permaneceré fiel al tratado dictado por el rey y a los decretos - de los atenienses; y si se ataca alguna de las ciudades que han - jurado, la socorreré con todas mis fuerzas.»</p> - -</blockquote> - -<p>Todos los estados aplauden este juramento; únicamente los eleos le -hacen oposición, pretendiendo no deben declarar independientes a los -marganeos, esciluntios y trifilios, cuyas ciudades, según decían, les -pertenecían legalmente. Los atenienses y cuantos habían decretado, a -tenor de la carta real, fuesen igualmente libres todas las ciudades -pequeñas y grandes, envían encargados para recibir los juramentos, con -orden de hacer jurar a los principales magistrados de cada población. -Prestan juramento todos los estados, a excepción de los eleos.</p> - -<p>Mientras tanto los mantineos, considerándose completamente -independientes, se reúnen todos y decretan constituir una sola ciudad -en Mantinea y fortificarla. Por su parte, los lacedemonios no hallan -esta decisión acomodada a su gusto, si antes no se les pide su -consentimiento. Eligen, pues, a Agesilao para enviarle junto a los -eleos, porque, según creían, de padres a hijos había su familia sido -amiga de los mantineos.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_281">p. 281</span>Al llegar entre -ellos, los magistrados rehúsan convocar la asamblea, y mandan les -declare el objeto de su llegada. Promételes Agesilao que si suspenden -el levantamiento de las fortificaciones durante algún tiempo, hará -de manera que puedan construirlas con el consentimiento de los -lacedemonios y sin gasto alguno; pero al responderle les es imposible -suspender estos trabajos, puesto que el estado en masa ha decretado -levantarlas sin la menor tardanza, se va de Mantinea muy encolerizado. -A pesar de todo, no parecía posible el guerrear contra ellos, pues la -autonomía era una de las condiciones de la paz que se había celebrado. -Algunas ciudades de Arcadia envían también a los mantineos operarios -para trabajar en la reconstrucción de los muros, y los eleos les -proporcionan tres talentos de plata para aplicarse al gasto de aquella. -He ahí el estado de los asuntos de los mantineos.</p> - -<p>Entre los tegeatas, el partido de Calibio y Próxeno se reunía con el -objeto de favorecer la confederación de toda la Arcadia y para procurar -la sumisión de todas las ciudades a las decisiones de la confederación; -pero el partido de Estásipo procuraba conservar a la ciudad su estado -actual y las leyes patrias por que se regía. Vencidos los partidarios -de Próxeno y Calibio en la elección de las magistraturas, y creyendo -que si el pueblo se reunía, dominarían por el número, corren a las -armas. Estásipo y sus partidarios se arman también al verlos, y poco -les ceden en número: al venir a las manos, dan muerte a Próxeno y -a algunos otros que estaban junto a él, aunque no persiguen a los -fugitivos, pues el carácter de Estásipo no era a propósito para -desear fuese grande la matanza<span class="pagenum" id="Page_282">p. -282</span> entre los ciudadanos: los de Calibio, que se habían retirado -junto a los muros y puertas de Mantinea, se reúnen y toman descanso -así que ven que sus adversarios no les persiguen. Habían enviado ya a -pedir socorro a los mantineos y se hallaban en tratos con la fracción -de Estásipo para llevar a efecto una reconciliación; pero cuando ven -llegar a los mantineos, unos escalan los muros y ordenan les socorran -cuanto antes y les gritan se apresuren, y otros les abren las puertas. -Los de Estásipo, al apercibirse de ello, salen precipitadamente -por la puerta que lleva al Palantio, y logran refugiarse en -el templo de Ártemis<a id="FNanchor_231" href="#Footnote_231" -class="fnanchor">[231]</a> antes de ser alcanzados por los que les -persiguen, y allí se encierran, manteniéndose a la expectativa. Los -enemigos que les persiguen súbense al templo, y después de levantar -la techumbre, les arrojan las tejas. Los demás, conociendo su mala -situación, les ruegan cesen en su ataque y declaran quieren salir del -templo. Apodéranse de ellos sus adversarios, les encadenan y conducen -sobre un carro a Tegea, donde, de acuerdo con los mantineos, les -condenan a muerte y les ejecutan.</p> - -<p>Durante estos sucesos, unos setecientos tegeatas, del partido de -Estásipo, huyen a Lacedemonia, e inmediatamente decretan los espartanos -que es preciso, conforme a los juramentos, vengar a los muertos y -desterrados de Tegea. Dirígense, pues, contra los mantineos, a quienes -acusan de haber faltado a sus juramentos al dirigir sus armas contra -los tegeatas.</p> - -<p>Los éforos decretan una leva de tropas, y la ciudad<span -class="pagenum" id="Page_283">p. 283</span> da el mando de las mismas -a Agesilao. Los arcadios se reúnen a consecuencia de esto en Ásea<a -id="FNanchor_232" href="#Footnote_232" class="fnanchor">[232]</a>, -a excepción de los orcomenios, que no quieren tomar parte en la -Liga arcadia a causa de su enemistad con los mantineos; pero como -habían recibido en la ciudad el cuerpo de mercenarios reclutado en -Corinto y mandado por Polítropo, los mantineos quedáronse allí para -vigilarles; los hereos y lepreatas se unen a los lacedemonios contra -los mantineos.</p> - -<p>Agesilao, después de ofrecer los sacrificios de la marcha, se dirige -a Arcadia. Ocupa a Eutea, ciudad fronteriza, donde no halló más que -los ancianos, las mujeres y los niños, pues que los hombres aptos para -las armas habían partido todos a unirse al ejército arcadio. No hace, -sin embargo, daño alguno a la ciudad: conserva a los habitantes todas -sus propiedades y compra todo lo que necesita su ejército, así como -hace restituir todo aquello de que se habían apoderado al entrar en -las poblaciones. Hace también reparar los muros, mientras espera los -mercenarios de Polítropo. Durante este tiempo dirígense los mantineos -contra los orcomenios; pero tienen que retirarse de delante de sus -muros después de haber sufrido bastantes bajas: decláranse en retirada, -y llegan a Elimia sin que les persigan los hoplitas orcomenios; pero -siendo acosados con grande audacia por las tropas de Polítropo, y -conociendo entonces los mantineos que si no rechazan a este enemigo, -perderán mucha gente con sus proyectiles, dan repentinamente una media -vuelta y les aguardan. Polítropo muere combatiendo y los demás se<span -class="pagenum" id="Page_284">p. 284</span> declaran en fuga y hubieran -perecido en su mayor parte si no hubiese sobrevenido la caballería -fliasia, que consiguió detener a los mantineos en su persecución -después de circunvalarles. Hecho esto, vuélvense los mantineos a su -ciudad. Al saber Agesilao esta nueva, piensa que no podrán juntársele -ya los mercenarios de Orcómeno, y avanza con las tropas que tenía bajo -su mando. Cenan el primer día en territorio tegeata, y al día siguiente -pasa al de Mantinea, acampa al pie de los montes situados al occidente -de esta ciudad, saquea el país y devasta los campos. Los arcadios, -reunidos en Ásea pasan de noche a Tegea; al día siguiente acampa -Agesilao a unos veinte estadios de Mantinea; pero los arcadios de -Tegea, que ocupaban ya los montes entre esta ciudad y Mantinea, llegan -con gran número de hoplitas, deseando vivamente unirse a los mantineos, -pues los argivos no les habían mandado todas sus fuerzas. Indicaron -algunos a Agesilao que era conveniente les atacase separadamente; pero -aquel, temiendo ser acosado por la espalda por los mantineos, mientras -avance contra los enemigos, decide como cosa mejor permitir la unión, -y en el caso en que quisieran venir a las manos, combatir abierta y -francamente. De este modo conservan reunidas los arcadios todas sus -fuerzas.</p> - -<p>Los peltastas de Orcómeno, acompañados de la caballería fliasia, -marchando por la noche en dirección de Mantinea, se presentan al -apuntar el día ante el campamento, mientras Agesilao ofrecía el -sacrificio, haciendo que cada cual corra a su puesto y que Agesilao -se retire hacia los suyos. Pero después que reconocer que son amigos -y que ha obtenido<span class="pagenum" id="Page_285">p. 285</span> -aquel signos favorables, da orden de avanzar a su ejército después del -desayuno. Por la noche, sin ser visto, acampa en la garganta de la -montaña situada detrás del país mantineo y rodeada de montes próximos. -Al amanecer del día siguiente, y mientras sacrificaba delante del -campamento, ve poblarse de enemigos las montañas, al pie de las cuales -se halla su retaguardia, y comprende entonces que es preciso salir -cuanto antes de aquel desfiladero. Teme, sin embargo, que si él abre la -marcha, el enemigo caerá sobre su retaguardia, por lo cual permanece -en el mismo sitio y mostrando al enemigo el frente de su ejército, -da orden a los que le siguen hagan su conversión a la derecha y se -coloquen junto a él detrás de la falange; de este modo, al propio -tiempo que aumenta la fuerza defensiva de esta, hace salir de los -desfiladeros a sus tropas. Cuando la falange se halla de este modo -con doble fondo, se pone a la cabeza de los hoplitas, y llegado a la -llanura, despliega nuevamente su ejército sobre nueve o diez escudos de -fondo.</p> - -<p>Los mantineos, sin embargo, no verificaban ninguna salida, pues los -eleos que se les habían juntado, les persuaden a no librar combate -hasta que hayan llegado los tebanos, pretendiendo saber positivamente -que se les juntarán a causa de haberles prestado diez talentos para -esta expedición. Cediendo a sus razones, no salen de Mantinea los -arcadios, y Agesilao, a pesar de su vivo deseo de sacar de allí a sus -tropas por hallarse ya a mitad del invierno, permanece tres días en -estos países y a poca distancia de la ciudad para que no aparezca que -apresura por miedo su partida; pero al cuarto día por la mañana,<span -class="pagenum" id="Page_286">p. 286</span> después de almorzar, da -la orden de marcha a su ejército como para acampar en el sitio en -que lo había hecho el primer día después de haber salido de Eutea<a -id="FNanchor_233" href="#Footnote_233" class="fnanchor">[233]</a>. -Luego, no distinguiéndose ningún arcadio, se apresura a dirigirse a -esta población aunque era ya muy tarde para que no se apercibiesen los -fuegos enemigos y nadie pudiese decir sea una fuga su retirada. En -efecto, parecía haber levantado un poco el ánimo de su patria, pues -había invadido Arcadia y nadie había querido aceptar batalla, a pesar -de hallarse saqueando el país. Llegado a Laconia, permite vuelvan a -su casa los espartanos y despide para sus respectivas ciudades a los -periecos.</p> - -<p>Inmediatamente después de la marcha de Agesilao, los arcadios, al -saber ha licenciado aquel su ejército, mientras ellos se encuentran -todos reunidos, se dirigen contra los hereos por no haber estos -querido formar parte de la confederación; hacen una irrupción en -su país, incendian las casas y cortan los árboles; pero cuando se -anuncia la llegada de los tebanos a Mantinea en socorro de esta, -dejan a los hereos y se juntan a ellos. Una vez reunidos, opinan -los tebanos haber hecho lo bastante acudiendo en su socorro, pues -no veían ya enemigo alguno en el país; pero los arcadios, argivos -y eleos, procuran persuadirles para que se arrojen inmediatamente -sobre Laconia, mostrándoles su gran número y alabando sobre manera -al ejército tebano. Los beocios, en efecto, se ejercitaban todos -en las armas orgullosos por la victoria obtenida en Leuctra, e -iban acompañados además por los focidios, a quienes habían<span -class="pagenum" id="Page_287">p. 287</span> subyugado, por las tropas -eubeas de todas las ciudades, por los locrios de las dos comarcas<a -id="FNanchor_234" href="#Footnote_234" class="fnanchor">[234]</a>, por -los acarnanios, por los heracleotas y por los maleos, yendo también con -ellos la caballería y los peltastas tesalios. Regocijándose con esta -superioridad, a la cual oponen el aislamiento de Lacedemonia, suplican -a los tebanos que no se ausenten sin haber hecho antes una invasión en -el territorio espartano.</p> - -<p>Los tebanos atienden a sus razones, pero reflexionan sobre -lo difícil que se reputa la entrada en Lacedemonia, y piensan -que sin duda se habían colocado puestos de vigilancia en los -puntos más practicables. Efectivamente, Iscolao se hallaba en -Eo, ciudad escirita<a id="FNanchor_235" href="#Footnote_235" -class="fnanchor">[235]</a>, con un destacamento de neodamodes y -unos cuatrocientos desterrados de Tegea, de entre los más jóvenes, -hallándose otro destacamento en Leuctro, sobre la Maleátide<a -id="FNanchor_236" href="#Footnote_236" class="fnanchor">[236]</a>. -Reflexionan asimismo los tebanos que las fuerzas lacedemonias pueden -reunirse prontamente, y que en ninguna parte se batirán mejor que en -su misma patria. Todas estas reflexiones hacen que no se apresuren a -dirigirse contra Lacedemonia.</p> - -<p>Llegan, sin embargo, algunos habitantes de Carias<a -id="FNanchor_237" href="#Footnote_237" class="fnanchor">[237]</a> que -les anuncian el aislamiento en que se encuentra Lacedemonia y que -prometen servirles de guías, manifestando consienten en ser degollados -a la menor sospecha de traición: llegan asimismo algunos periecos -para llamarles en su auxilio, manifestándoles<span class="pagenum" -id="Page_288">p. 288</span> solo aguardan su entrada en el país para -sublevarse en masa. Afirman igualmente que los periecos de Esparta -rehúsan obedecer en aquellos momentos la orden de congregarse que -han recibido de los lacedemonios. Oyendo los tebanos todas estas -referencias, que les llegan por conductos tan distintos, se dejan -convencer e invaden Laconia por Carias, mientras los arcadios avanzan -por Eo en la Escirítide. Según se dice, si Iscolao hubiese avanzado -hasta llegar a los pasos difíciles y los hubiese defendido, ningún -enemigo hubiera podido penetrar por allí; pero queriendo aprovecharse -del contingente de los eatas, permaneció en esta población mientras -los arcadios llegan en masa. Las tropas de Iscolao conservan sus -ventajas mientras tienen enemigos solo a su frente; pero cuando estos -les circunvalan subiéndose a los tejados de las casas, y les agobian -con sus proyectiles, perecen Iscolao y los suyos, a excepción de unos -pocos que consiguen escapar sin ser reconocidos. Los arcadios, después -de haberse abierto camino de este modo, avanzan sobre Carias para -unirse a los tebanos. Estos, al venir en conocimiento del éxito que -han tenido en su expedición los arcadios, se hacen mucho más audaces -para bajar a la llanura. Principian por incendiar y saquear Selasia, y -al bajar de los montes, acampan en el territorio consagrado a Apolo, -de donde salen al día siguiente, y no atreviéndose a atravesar el -puente para dirigirse contra la ciudad, pues se veían los hoplitas -en el templo de Alea<a id="FNanchor_238" href="#Footnote_238" -class="fnanchor">[238]</a>, avanzan, teniendo a<span class="pagenum" -id="Page_289">p. 289</span> su derecha el Eurotas, quemando y saqueando -habitaciones llenas de considerables riquezas.</p> - -<p>En cuanto a los de la ciudad, las mujeres espartanas no pueden -soportar la vista del humo del campamento enemigo<a id="FNanchor_239" -href="#Footnote_239" class="fnanchor">[239]</a>, pues nunca lo habían -visto desde la ciudad, y los lacedemonios, cuya capital carece -de murallas, se aprestan convenientemente para defenderla, sin -poder ocultar el pequeño número de hombres que tienen en realidad. -Deciden los magistrados anunciar a los hilotas que cuantos quieran -tomar las armas y alistarse, obtendrán la seguridad de recibir su -libertad después de haber combatido con los ciudadanos. Dícese que -inmediatamente se inscribieron más de seis mil; de manera que reunida -esta multitud, inspiró nuevo temor y se les encontró demasiado -numerosos; pero como quedaban en Esparta los mercenarios de Orcómeno -y recibieron los lacedemonios el contingente de los fliasios, de los -corintios, de los epidaurios, de los peleneos y de otras ciudades, -principiaron a tener menos cuidado del número de los hilotas -inscritos.</p> - -<p>Cuando el ejército enemigo ha avanzado hasta Amiclas, atraviesa -allí el Eurotas. Los tebanos, dondequiera acampen, cortan los árboles -y los colocan ante sus líneas en el mayor número posible, y de esta -manera se ponen en guardia contra un ataque; pero los arcadios no -toman estas precauciones, pues abandonando sus armas, corren a saquear -las habitaciones. Tres o cuatro días después, la caballería<span -class="pagenum" id="Page_290">p. 290</span> avanza en buen orden -hasta el hipódromo, junto al templo de Geoco<a id="FNanchor_240" -href="#Footnote_240" class="fnanchor">[240]</a>; esta caballería estaba -formada por todos los tebanos, los eleos, todos los caballos focidios, -tesalios y locrios. Frente a esta caballería se hallaba la de los -lacedemonios, que parecía poco numerosa; pero una emboscada de los -hoplitas más jóvenes, en número de trescientos, había sido colocada -en la Casa de los Tindáridas<a id="FNanchor_241" href="#Footnote_241" -class="fnanchor">[241]</a>, y al cargar la caballería se arroja sobre -el enemigo, obligando a aquella a replegarse sin sostener el choque, -movimiento seguido asimismo por gran número de infantes que emprenden -la fuga. Cuando ha cesado la persecución y hace alto el ejército -tebano, vuelven a restablecer su campamento. Principia a esperarse -entonces con más confianza que no atacarán la ciudad, y efectivamente, -levantando el campamento, toma el ejército el camino de Helos y de -Gitio; quemando cuantas ciudades indefensas y cuanto encuentra a su -paso, sitia durante tres días a Gitio, donde se hallaban los arsenales -lacedemonios, habiéndose juntado cierto número de periecos a los -enemigos y continuando después la campaña con los tebanos.</p> - -<p>Al conocer los atenienses estos sucesos, hállanse sumidos en -vacilaciones respecto a lo que deben hacer para los lacedemonios, y -celebran una asamblea por decisión del senado. Hallábanse presentes los -diputados lacedemonios y los de los aliados que permanecían aún fieles -a Esparta. Los espartanos Áraco,<span class="pagenum" id="Page_291">p. -291</span> Ocilo, Fárax, Etimocles y Olonteo dijéronles todos casi -lo mismo. Recuerdan a los atenienses que siempre, en las grandes -ocasiones, se han sostenido mutuamente para su mayor bien. Ellos -en efecto, dicen, arrojaron de Atenas a los tiranos, mientras los -atenienses les socorrieron valerosamente cuando se hallaban sitiados -por los mesenios; enumeran asimismo todas las ventajas que han -obtenido cuantas veces han obrado de común acuerdo. Les recuerdan -también la manera cómo combatieron juntos a los bárbaros, y que los -atenienses fueron elegidos por todos los griegos, con el beneplácito -de los espartanos, jefes de la flota y depositarios del tesoro común<a -id="FNanchor_242" href="#Footnote_242" class="fnanchor">[242]</a>, así -como los espartanos unánimemente proclamados jefes de los ejércitos de -tierra por el consentimiento de los atenienses.</p> - -<p>Uno de ellos, en especial, dice con poca diferencia estas -palabras:</p> - -<p>—«Ciudadanos: si os unís con nosotros en esta ocasión, es casi -seguro se realizará el antiguo proverbio de que los tebanos serán -diezmados.»</p> - -<p>Los atenienses, sin embargo, no acogen favorablemente estas -palabras, sino por el contrario, levantándose grandes murmullos, -dicen:</p> - -<p>—«Eso declaráis ahora; pero cuando estabais en la prosperidad bien -sabíais oprimirnos.»</p> - -<p>Lo que pareció como más fundado en los hechos de cuanto dijeron los -lacedemonios fue que después de haber subyugado Atenas, se habían -opuesto al proyecto de los tebanos, que querían fuese arrasada Atenas. -El argumento más repetido fue el de que se debían los refuerzos en -virtud de los juramentos, pues no eran las injusticias de<span -class="pagenum" id="Page_292">p. 292</span> los lacedemonios las que -les habían indispuesto con los arcadios y sus aliados, sino el auxilio -que habían prestado estos a los tegeatas, atacados por los mantineos -contra la fe jurada. Esto produjo grande alboroto en la asamblea, -diciendo uno que los mantineos habían obrado justamente al socorrer a -los partidarios de Próxeno muertos por Estásipo, y otros afirmando que -habían sido injustos al dirigirse en armas contra los tegeatas.</p> - -<p>Mientras tiene lugar esta discusión en la asamblea, se levanta el -corintio Clíteles y dice:</p> - -<p class="mt1">«Ciudadanos atenienses: si ciertamente procuráis con -imparcialidad dejar sentado quiénes fueron los primeros en obrar -injustamente, ¿quién podrá acusarnos a nosotros, desde que se celebró -la paz, de habernos dirigido contra alguna ciudad, de habernos -apoderado de las riquezas del que las poseía o de haber devastado las -comarcas de otro estado? Y, sin embargo, los tebanos han entrado en -nuestros dominios, han cortado nuestros árboles, incendiado nuestras -casas y arrebatado nuestros bienes y nuestros rebaños. ¿Cómo podríais, -pues, sin faltar a vuestros juramentos, no socorrernos cuando somos -víctimas manifiestas de la injusticia, y cuando habéis sido vosotros -los que os tomasteis el trabajo de ligarnos por toda clase de -juramentos?»</p> - -<p class="mt1">Después de estas palabras, los atenienses, con -sus muestras de aprobación, indican que Clíteles ha hablado -justa y equitativamente. Inmediatamente después levantose el -fliasio Procles, y dijo<a id="FNanchor_243" href="#Footnote_243" -class="fnanchor">[243]</a>:</p> - -<p class="mt1">«Atenienses: luego que los tebanos<span class="pagenum" -id="Page_293">p. 293</span> se hayan deshecho de los lacedemonios, -seréis vosotros los primeros contra quienes tendrán que dirigirse, -pues, en efecto, sois el único estado que puedan considerar como un -obstáculo a su dominación sobre los griegos; es un hecho que me parece -evidente. Si esto es así, creo que al ir a defender a los lacedemonios -os defendéis también vosotros mismos, porque siendo dueños de Grecia -los tebanos, que se hallan mal dispuestos hacia vosotros y que habitan -al pie de vuestras mismas fronteras, será mucho más difícil vuestra -situación que teniendo lejos a vuestros rivales. Mucho más prudente -es, pues, el defenderos a vosotros mismos, mientras tenéis aún aliados -que no esperan el momento en que la ruina de estos últimos os obligue -a luchar solos contra los tebanos. Si algunos de vosotros teméis que -los lacedemonios, al salir con bien, os susciten obstáculos más tarde, -considerad que no debe temerse el engrandecimiento de aquellos a -quienes se prestan beneficios, sino el de aquellos a quienes se hace -algún daño. Debéis asimismo reflexionar que es conveniente para las -repúblicas, del propio modo que para los particulares, asegurarse de la -posesión de algún bien mientras se halla este en todo su vigor, a fin -de que, si alguna vez pierde su fuerza, conserve algo como resultado de -las penalidades pasadas. Ahora la divinidad os ofrece ocasión propicia -para adquirir en los lacedemonios unos amigos para siempre, si los -socorréis según sus súplicas; y, en efecto, paréceme que no recibirían -ante pequeño número de testigos este beneficio vuestro, pues los -dioses, que lo ven todo, lo sabrán ahora y siempre, y llegará asimismo -a oídos de aliados y enemigos,<span class="pagenum" id="Page_294">p. -294</span> de griegos y de bárbaros, ya que todo el mundo se preocupa -en gran manera de lo que está sucediendo. Si se mostraran ingratos -hacia vosotros, ¿quién podría manifestar consideración hacia ellos? -Pero es preciso esperar que se mostrarán leales y no ingratos ellos, -que más que nadie son considerados como amigos constantes de la gloria -y enemigos de toda acción deshonrosa.</p> - -<p>»Además de esto, reflexionad sobre lo que voy a deciros: Si en -cualquiera ocasión amenazara a Grecia algún nuevo peligro por parte -de los bárbaros, ¿en quién podríais tener más confianza que en los -lacedemonios? ¿Qué defensores podríais desear mejores que aquellos que, -apostados en las Termópilas, prefirieron morir todos, que salvar la -vida abriendo el camino de Grecia a los bárbaros? ¿No es, pues, justo -que el recuerdo del valor que desplegaron con vosotros y la esperanza -de alcanzar juntos nuevos lauros, animen vuestro celo para con ellos, -para con nosotros y para con vosotros mismos? Es preciso asimismo -que sus aliados actuales<a id="FNanchor_244" href="#Footnote_244" -class="fnanchor">[244]</a> sean para vosotros un nuevo estímulo para -vuestro celo hacia ellos, pues bien sabéis que cuantos les permanecen -fieles en sus apuros<a id="FNanchor_245" href="#Footnote_245" -class="fnanchor">[245]</a> se avergonzarían de no atestiguar su -reconocimiento. Si nosotros, que parecemos solo exiguas ciudades, -queremos, sin embargo, participar de sus peligros, pensad que, al -juntarse a nosotros vuestra república, ya no serán pequeños estados los -que vendrán en su auxilio.</p> - -<p>»En cuanto a mí, atenienses, siempre he admirado<span -class="pagenum" id="Page_295">p. 295</span> grandemente vuestra -ciudad cuando oía decir que cuantos se hallaban oprimidos o temían la -opresión se refugiaban entre vosotros y recibían vuestros auxilios; -pero ahora no solo lo oigo, sino que veo por mí mismo las súplicas que -los lacedemonios, tan afamados, y con ellos sus aliados más fieles, os -dirigen, rogándoos los socorráis. Veo asimismo a los tebanos, aquellos -que en otro tiempo no pudieron convencer a los lacedemonios para que os -redujesen a la esclavitud, que os piden ahora veáis con indiferencia la -destrucción de aquellos que os salvaron en otro tiempo. Dícese, para -la gloria y buena fama de vuestros antepasados, que no permitieron -quedaran insepultos los argivos que perecieron ante la Cadmea; sería -mucho más glorioso para vosotros no consintáis que se ultrajen ni -destruyan los lacedemonios que se hallan aún con vida. Es ciertamente, -asimismo, una gloriosa acción el haber reprimido la insolencia de -Euristeo, y haber salvado a los hijos de Hércules. Pero ¿no sería -más hermoso el salvar asimismo a los fundadores de la población<a -id="FNanchor_246" href="#Footnote_246" class="fnanchor">[246]</a> y -a la población entera? Sin embargo, la acción más hermosa sería hoy -socorrer, con las armas en la mano y a través de los peligros, a los -lacedemonios que en otro tiempo os salvaron por un voto, aunque sin -peligro. Si nosotros nos sentimos orgullosos al exhortaros para que -socorráis a un pueblo de valientes, ¿no sería para vosotros, que -podéis socorrerles eficazmente, un acto de<span class="pagenum" -id="Page_296">p. 296</span> reconocida generosidad, que después de -haber sido a menudo amigos y enemigos de los lacedemonios, olvidaseis -más bien las injurias que los beneficios y les mostraseis vuestro -reconocimiento, no solo en vuestro nombre, sino en el de toda Grecia, -como efectivamente por sus acciones han merecido?»</p> - -<p class="mt1">Después de este discurso comienzan los atenienses la -votación: no permiten hablar a los que quieren hacerlo en sentido -opuesto, y votan socorrer en masa a los lacedemonios, poniendo -al frente de este ejército al general Ifícrates. Terminados los -sacrificios, ordena este se coma en la Academia, y se dice que muchos -salieron ya antes de ponerse en marcha dicho jefe. Colócase este al -frente de las tropas, que marchan con entusiasmo, en la esperanza de -que se las conduce a realizar gloriosas acciones. Llegado a Corinto, -permanece allí durante algunos días, y principian a reprocharle las -tropas esta pérdida de tiempo; pero cuando les hace salir de la ciudad, -se hallan llenos de ardor para seguirle dondequiera los conduzca y para -atacar los muros contra los que se dirija.</p> - -<p>En cuanto a Lacedemonia, los enemigos que devastaban su territorio, -arcadios, argivos y eleos, sus fronterizos, habían ya partido en gran -número, llevándose con ellos el botín que habían hecho. Los tebanos y -los demás enemigos deciden abandonar la comarca, porque ven disminuir -cada día más su ejército y porque cada vez se hacen más raros los -víveres, pues todo había sido consumido, arrebatado, dilapidado o -quemado, a lo cual se une la presencia del invierno, que contribuye -a que todos<span class="pagenum" id="Page_297">p. 297</span> deseen -partir. Cuando todas estas tropas se alejaron de Lacedemonia, Ifícrates -condujo igualmente a sus atenienses de Arcadia a Corinto.</p> - -<p>No pretendo criticar lo bueno que puede haber hecho durante el -conjunto de su mandato, pero respecto a su conducta en esta época, -paréceme que todos sus actos pecaron de inútiles o de imprudentes. -Efectivamente decide apoderarse del monte Oneo<a id="FNanchor_247" -href="#Footnote_247" class="fnanchor">[247]</a>, a fin de que no puedan -los beocios regresar a su patria, y deja libre el paso más fácil, junto -a Céncreas. Más tarde, queriendo saber si los tebanos han pasado el -monte Oneo, envía en exploración a la caballería ateniense y a todos -los corintios; y sin embargo, un pequeño destacamento de hombres puede -ver lo mismo que una gran sección, pero en cambio, en caso de una -retirada, es mucho más fácil que puedan aquellos realizarla, hallando -mayores facilidades en los caminos que una gran división. Pero ¿no -es el colmo de la locura el hacer avanzar contra el enemigo muchas -tropas, no siendo bastante fuertes para rechazarle? Por esto aquella -caballería, cuya extensa línea ocupaba grande espacio, halló a causa de -su número muchos pasos difíciles, de manera que perdieron a lo menos -veinte hombres; y en cuanto a los tebanos, se retiraron como y por -donde quisieron.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch7_1"> - <p><span class="pagenum" id="Page_299">p. 299</span></p> - <h2 class="nobreak g1 mt15">LIBRO SÉPTIMO.</h2> - <hr class="tir" /> - <h3 title="CAPÍTULO PRIMERO.">CAPÍTULO PRIMERO.<a id="FNanchor_248" - href="#Footnote_248" class="fnanchor">[248]</a></h3> -</div> - -<p>Al año siguiente llega a Atenas una comisión de lacedemonios -y aliados, con plenos poderes para negociar las condiciones de -una alianza entre Esparta y Atenas. Diciendo muchos extranjeros -y atenienses que la alianza debía tener lugar bajo el pie de la -más perfecta igualdad, el fliasio Procles pronuncia el siguiente -discurso:</p> - -<p class="mt1">«Atenienses: ya que os ha parecido bien aceptar la -amistad de los lacedemonios, considero conveniente procuréis, por -todos los medios posibles, que esta amistad sea duradera: esto lo -conseguiréis estableciendo como bases del tratado las condiciones -que sean más ventajosas a los dos partidos, y de este modo podremos -permanecer largo tiempo unidos.<span class="pagenum" id="Page_300">p. -300</span> Estamos de acuerdo sobre todos los puntos, a excepción del -referente a la hegemonía<a id="FNanchor_249" href="#Footnote_249" -class="fnanchor">[249]</a>, de que ahora se está tratando; vuestro -consejo ha propuesto que el mando en la mar pertenezca a los -atenienses, y en tierra a los lacedemonios, y me parece a mi también -que este reparto de atribuciones está indicado, no solo por la -prudencia humana, sino por la naturaleza y providencia divinas. En -primer lugar, vuestra situación es lo más favorable que imaginarse -pueda para el imperio del mar, pues la mayor parte de las ciudades -que necesitan de él se hallan construidas en los alrededores de la -vuestra, y todas ellas son más débiles que vosotros; además poseéis -varios puertos, sin los cuales es imposible todo poder marítimo. Tenéis -asimismo muchas trirremes, y habéis heredado de vuestros mayores el -afán de aumentar sin cesar su número.</p> - -<p>»Además, todas las artes necesarias para este poderío las tenéis -aclimatadas en vuestra ciudad; y respecto a la habilidad en la -profesión marítima, dejáis atrás a todos los pueblos, pues la mayor -parte de vosotros no vive, efectivamente, más que por el mar; de -manera que, mientras cuidáis de vuestros particulares asuntos, no -descuidáis el sobrepujar a los demás en las maniobras navales. Pero -aún hay más: no hay puerto alguno que pudiese proporcionar reunidas -tantas naves como el vuestro, lo cual no es poco para la hegemonía, -pues todos prefieren agruparse alrededor del que desde el principio y -por sí mismo, les supera en fuerzas. Los dioses mismos os han concedido -el poder sobresalir en esto;<span class="pagenum" id="Page_301">p. -301</span> habéis librado los más importantes combates navales, y con -poquísimos reveses habéis conseguido el mayor número de victorias, -por lo cual es muy natural que los aliados prefieran correr junto a -vosotros las penalidades de estos combates. Comprenderéis asimismo -la necesidad y el deber que os están impuestos respecto al cuidado -y vigilancia de vuestras fuerzas navales, por lo que voy a deciros. -Os hacían la guerra los lacedemonios desde largos años, y aunque -vencedores por tierra, no conseguían gran cosa para vuestra ruina; pero -así que la divinidad les concedió poder dominar por mar, inmediatamente -consiguieron subyugaros por completo. ¿No hay, pues, en esto una prueba -evidente de que vuestra salvación depende de vuestro poder marítimo? -Siendo esto así, ¿cómo podríais abandonar a los lacedemonios el mando -en el mar, una vez convienen ellos mismos en la inferioridad de su -marina, sobre todo si consideráis que no hay paridad entre ellos y -vosotros en las luchas navales, pues que ellos exponen únicamente los -hombres que tienen en sus trirremes, y vosotros exponéis a vuestros -hijos, a vuestras mujeres y a vuestra ciudad entera?</p> - -<p>»Eso por lo que hace a vuestra ciudad. Pongámonos ahora en el punto -de vista lacedemonio: en primer lugar tienen su morada lejos de la -costa; de manera que, mientras sean dueños de su comarca, su existencia -no está comprometida, aunque sean inferiores en el mar. Por esto, desde -su más tierna infancia se entregan a los ejercicios necesarios para los -ejércitos terrestres: poseen en tierra, como vosotros en el mar, y en -el más alto grado, la obediencia<span class="pagenum" id="Page_302">p. -302</span> a los jefes, cosa la más esencial a todo ejército. Además -pueden poner en pie de guerra un numeroso ejército con la misma -prontitud con que podéis vosotros equipar una poderosa flota; de donde -resulta que los aliados se unen también a ellos con la mayor confianza. -También la divinidad les ha concedido en tierra igual beneficio que a -vosotros por mar: han sostenido en tierra el mayor número de luchas, -habiendo experimentado muy pocas derrotas y obtenido innumerables -triunfos. De ahí la necesidad en que se hallan de fijar toda su -actividad del lado de la tierra, como vosotros en el mar, resultando -asimismo de los hechos pasados, pues aunque les hayáis ganado a menudo -combates marítimos, sin embargo, no habíais conseguido nada importante -para dominarles; pero así que les derrotasteis una sola vez en combates -terrestres, vieron comprometida la existencia de sus hijos, de sus -mujeres y de su misma ciudad<a id="FNanchor_250" href="#Footnote_250" -class="fnanchor">[250]</a>. ¿Cómo, pues, dejaría de serles penoso el -confiar a otros la supremacía de los ejércitos de tierra, cuando ellos -son los primeros en este elemento? He aquí por qué he hablado en apoyo -del proyecto del consejo, pues, a mi modo de ver, ofrece las mayores -ventajas a ambas partes. Ojalá seáis todos felices por haberos decidido -conforme al general interés de todos.»</p> - -<p class="mt1">Tal fue su discurso. Los atenienses y lacedemonios -presentes aprobaban vivamente sus palabras, pero levantándose -Cefisódoto, les dice:</p> - -<p class="mt1">«Atenienses: estad alerta, que os quieren engañar; -escuchadme, que voy a daros inmediatamente las pruebas de<span -class="pagenum" id="Page_303">p. 303</span> ello<a id="FNanchor_251" -href="#Footnote_251" class="fnanchor">[251]</a>. Ciertamente mandaréis -en el mar, pero al hacerse aliados vuestros los lacedemonios, es -natural que os envíen jefes y marinos espartanos, aunque los marineros -serán únicamente hilotas o mercenarios; he aquí los hombres que -pondrán a vuestras órdenes; por el contrario, cuando os anuncien los -lacedemonios una expedición terrestre, es natural que les mandéis -vuestros hoplitas y vuestra caballería. He aquí, pues, que vosotros os -pondréis bajo sus órdenes y en cambio vosotros no tendréis bajo las -vuestras más que esclavos y gente de ningún valer.</p> - -<p>»Dime, Timócrates lacedemonio, ¿no has dicho hace poco que venías -para concertar la alianza, partiendo de la base de la más perfecta -igualdad?</p> - -<p>»—Así lo dije.</p> - -<p>»¿Puede haber, pues, una igualdad más perfecta que si cada uno a -su vez ejerce el mando de la flota y del ejército, y si participáis -vosotros de las ventajas que puede presentar el mando marítimo, y -nosotros del terrestre?»</p> - -<p class="mt1">Al oír estas palabras, cambian los atenienses de -opinión, y decretan que cada uno de los dos estados ejerza el mando -durante cinco días.</p> - -<p>Dirígense las tropas de ambos estados y las de sus aliados a -Corinto, donde deciden guardar todos juntos el monte Oneo, y cuando -llegan los tebanos con sus aliados, distribúyense los pasos que cada -uno debe defender. Los lacedemonios y peleneos se colocan en el lugar -de más peligro. Así que los tebanos y sus<span class="pagenum" -id="Page_304">p. 304</span> aliados se hallan a unos treinta estadios<a -id="FNanchor_252" href="#Footnote_252" class="fnanchor">[252]</a> de -estos pasos, acampan en la llanura, y calculando entonces el tiempo -que necesitan para franquear esta distancia, salen con el alba contra -el destacamento lacedemonio: su cálculo no les engaña, pues caen sobre -los lacedemonios y peleneos cuando acababan de relevarse las guardias -nocturnas, mientras los soldados se levantaban de sus lechos para -ir cada cual a sus quehaceres. Arrójanse sobre ellos los tebanos en -correcta formación, y los derrotan por completo, pues no habían tomado -precaución alguna y se hallaban en desorden. Al refugiarse los que se -habían salvado de este combate a la colina más próxima, hubiera podido -el polemarca lacedemonio conservar su posición tomando el número que -le hubiese parecido conveniente de peltastas y de hoplitas aliados, -pues le era fácil recibir en completa seguridad las provisiones desde -Céncreas; pero no lo hizo, y mientras los tebanos vacilan sobre si -bajarán por el lado de Sición o si volverán sobre sus pasos, concierta -una tregua que consideran casi todos más ventajosa para los tebanos que -para los suyos, y se retira con sus tropas.</p> - -<p>Los tebanos bajan con la seguridad más completa, reúnense a todos -sus aliados arcadios, argivos y eleos, y principian por atacar a Sición -y Pelene, dirigiéndose después sobre Epidauro y devastando todo su -territorio. Retíranse después sin preocuparse del enemigo, y cuando -se hallan junto a la ciudad de Corinto se arrojan a la carrera por la -cuesta que conduce a Fliunte a fin de penetrar en<span class="pagenum" -id="Page_305">p. 305</span> ella si se encuentran abiertas sus -puertas. Algunas tropas ligeras de la ciudad se dirigen en armas -contra los soldados escogidos de los tebanos que no se hallaban ya más -que a unos cuatro pletros<a id="FNanchor_253" href="#Footnote_253" -class="fnanchor">[253]</a> de las murallas, y subiendo sobre los -túmulos sepulcrales y sobre las eminencias del terreno, arrojan gran -número de dardos y flechas sobre los enemigos, a quienes matan gran -número de los que se hallan en los puntos más avanzados, y después -de haberles puesto en fuga, les persiguen hasta la distancia de -tres o cuatro estadios<a id="FNanchor_254" href="#Footnote_254" -class="fnanchor">[254]</a>, después de lo cual, los corintios se llevan -los muertos hasta junto a las murallas; concédese al enemigo una tregua -para recogerlos y levantan los trofeos. Esta victoria consigue dar -algún ánimo a los aliados de los espartanos.</p> - -<p>Al mismo tiempo que tenían lugar estos sucesos, reciben los -lacedemonios un refuerzo de más de veinte trirremes que les manda -Dionisio, consistente en celtas e iberos y unos cincuenta soldados -de caballería. Al día siguiente, los tebanos y todos sus aliados, -formándose en la llanura, que llenan por completo hasta el mar y las -colinas que rodean a la ciudad, destruyen en ellas todo cuanto puede -prestar alguna utilidad. La caballería ateniense y corintia no se -atreve a aproximarse a un ejército enemigo tan fuerte y numeroso; pero -los caballos de Dionisio, a pesar de su pequeño número, esparciéndose -por una y otra parte, se acercan a las líneas enemigas y les arrojan -sus dardos, retirándose así que son perseguidos, y comenzando de nuevo -cuando<span class="pagenum" id="Page_306">p. 306</span> ya no les -persiguen: al mismo tiempo bajan del caballo para descansar, y así -que el enemigo quiere aprovecharse de esta maniobra, saltan de nuevo -ligeramente sobre sus corceles y se baten en retirada. Si algunos -enemigos se abandonan en su persecución a gran distancia del ejército, -persíguenles al retirarse y les arrojan sus dardos, causándoles grandes -bajas: de este modo obligan a todo el ejército a que avance o se retire -a causa de ellos.</p> - -<p>Los tebanos permanecen allí, sin embargo, solo unos días, después -de los cuales regresan a sus hogares y hacen lo mismo sus aliados. -Entonces las tropas de Dionisio marchan contra Sición, derrotan a los -sicionios en la llanura, y en combate regular, haciéndoles unos setenta -muertos: toman después por asalto el fuerte de Deras, y realizadas -estas proezas hácense a la vela para Siracusa los primeros socorros de -Dionisio. Hasta entonces los tebanos y los demás pueblos que se habían -apartado de los lacedemonios, habían obrado de consuno y guerreado -bajo el mando de los tebanos; <span id="licomedes">pero</span> cierto -Licomedes de Mantinea, hombre de esclarecido linaje y poseedor de -grandes riquezas, comenzó a alimentar inmensa ambición y a excitar -orgullosas aspiraciones entre los arcadios, diciendo que ellos solos -pueden considerar como a su patria al Peloponeso, puesto que son ellos -los únicos autóctonos del mismo y les asegura que la nación arcadia -es la más numerosa de todas las griegas y que sus habitantes son los -más robustos de toda Grecia. Añade que ellos son los más valientes, -dándoles como prueba, que cuando hay necesidad de mercenarios siempre -son preferidos los arcadios, afirmando además<span class="pagenum" -id="Page_307">p. 307</span> que los lacedemonios no hubieran podido -atacar el territorio ateniense si ellos no les hubiesen auxiliado, ni -los tebanos hubieran tampoco podido llegar sin ellos a Esparta.</p> - -<p>—«Si, pues —dice—, tenéis el buen sentido necesario, rehusaréis -acudir adonde se os llama, pues del propio modo que antes habéis -acrecido en gran manera el poder lacedemonio poniéndoos a sus órdenes, -también ahora, si seguís ciegamente a los tebanos, sin reclamar -la parte que os corresponda en el mando, hallaréis pronto otros -lacedemonios en ellos.»</p> - -<p>Hinchados de orgullo los arcadios con estos discursos, y apreciando -a Licomedes, a quien consideran como el único varón esforzado de quien -deban seguir los consejos, eligen por jefes a cuantos él les propone. -Los sucesos contribuyen a aumentar aún el alto concepto que de sí -mismos tenían formado, pues habiendo invadido los argivos el territorio -de Epidauro, su retirada es cortada por los mercenarios de Cabrias -con los atenienses y corintios: entonces los arcadios les socorren y -libran a aquellos argivos sitiados por todas partes, a pesar de tener -que luchar para ello, no solo con los hombres, sí que también con las -condiciones topográficas del territorio.</p> - -<p>En otra expedición hecha contra Ásine en Laconia, derrotan a la -guarnición lacedemonia, matan al polemarca espartano Geranor, y saquean -los extramuros de Ásine<a id="FNanchor_255" href="#Footnote_255" -class="fnanchor">[255]</a>. Nada les detiene cuando deciden alguna -expedición; ni la noche, ni el mal tiempo, ni la distancia, ni los -montes impracticables; de manera<span class="pagenum" id="Page_308">p. -308</span> que en aquel tiempo se consideraban mucho más poderosos -que todos. De ahí que los tebanos desconfíen de los arcadios y no se -hallen ya amigablemente dispuestos a su favor. Por su parte, los eleos -piden a los arcadios las ciudades de que habían sido despojados por los -lacedemonios; pero viendo el poco caso que se hace de su petición y en -cambio las consideraciones que se tienen con los trifilios y con los -demás estados apartados de ellos y que se llaman arcadios, comienzan -también a mirar a estos con malos ojos.</p> - -<p>Mientras cada uno de los aliados exagera así su importancia, -llega el abideno Filisco, portador de grandes sumas por parte de -Ariobarzanes. Reúne primeramente a los tebanos, a sus aliados y a los -lacedemonios para tratar de la paz. Después de reunidos no comunican -con el dios sobre la manera como puede hacerse la paz, si no que, por -el contrario, deliberan únicamente entre sí; pero rehusando los tebanos -consentir en que se deje Mesenia sujeta a los lacedemonios, recluta -Filisco gran número de mercenarios a fin de hacer la guerra de consuno -con los espartanos.</p> - -<p>Durante este tiempo, llegan los segundos auxilios mandados por -Dionisio: los atenienses pretenden debe mandárseles a Tesalia -contra los tebanos y los lacedemonios a Laconia, parecer que -prevalece entre los aliados. Cuando la flota de Dionisio llegó a -Laconia, Arquidamo une a las tropas de Esparta los soldados que la -formaban y entra inmediatamente en campaña. Apodérase por asalto de -Carias, donde degüella a todos los prisioneros; al frente de sus -tropas dirígese inmediatamente contra los<span class="pagenum" -id="Page_309">p. 309</span> parrasios de Arcadia y saquea su comarca; -pero a la aproximación de los arcadios y argivos, se retira y acampa -sobre las colinas que se hallan junto a Midea<a id="FNanchor_256" -href="#Footnote_256" class="fnanchor">[256]</a>. Hallábase en este -lugar cuando Císidas, jefe de los socorros mandados por Dionisio, -declara haber terminado ya el tiempo que se le había prescrito para -permanecer allí, y marcha para regresar a Esparta; pero apenas se ha -separado del ejército, es detenido por los mesenios en un desfiladero -y pide socorros a Arquidamo, quien se dispone a proporcionárselos; -cuando llega a la encrucijada que conduce a Eutresia, los arcadios y -argivos avanzan en dirección a Laconia para cortarle la retirada; pero -Arquidamo baja a una llanura en el cruce de los caminos de Eutresia con -los de Midea, y allí forma en orden de batalla a sus tropas.</p> - -<p>Cuentan que pasando por delante de sus compañías las exhortó en -estos términos:</p> - -<p class="mt1">«Ciudadanos: procuremos que hoy nuestro valor nos -dé derecho a ir con la cabeza erguida. Entreguemos a nuestros -descendientes la patria, tal como la hemos recibido de nuestros -mayores: cesemos de tener que avergonzarnos ante nuestros hijos, -nuestras mujeres, los ancianos y los mismos extranjeros, que tenían -antes los ojos fijos en nosotros más que en ningún otro pueblo -griego.»</p> - -<p class="mt1">Terminaba de decir esto, cuando, según se dice, viose -algún relámpago seguido de truenos, a pesar de que el cielo estaba -completamente despejado, lo cual se consideró como un feliz presagio; -llegó también a su conocimiento que junto a su ala derecha se hallaba -un bosque sagrado y<span class="pagenum" id="Page_310">p. 310</span> -una imagen de Hércules a quien considera como uno de sus antepasados. -Todas estas circunstancias inspiran tal ardor y una confianza tal a -los soldados, que no tienen poco que hacer sus jefes para impedir se -arrojen sin previo mandato contra los enemigos. De ahí que cuando -Arquidamo se pone a su cabeza, los enemigos, que se mantienen firmes -hasta llegar al alcance de las lanzas, son muertos, y los demás se -declaran en fuga o caen bajo los golpes de la caballería o de los -celtas. Terminado el combate, Arquidamo levanta un trofeo y manda a -Esparta al heraldo Demóteles para anunciar la magnitud de la victoria, -pues los lacedemonios no han tenido una sola baja, mientras los -enemigos han perecido en gran número. Dícese que al saber esta nueva -los senadores espartanos y el mismo Agesilao y los éforos, todos -derraman lágrimas: de tal modo son estas comunes al placer y al dolor. -Este revés de los arcadios no regocija, sin embargo, menos a los -tebanos y a los eleos que a los mismos lacedemonios: de tal manera se -hallaban heridos a causa de su orgullo.</p> - -<p>Los tebanos, que pensaban constantemente en la manera cómo podrían -apoderarse de la hegemonía de Grecia, creen que algún resultado -práctico alcanzarán para su poder enviando embajadores al rey de -Persia. Después de haber excitado a sus demás aliados para que se les -unan con este objeto, bajo el pretexto de que el lacedemonio Euticles -se hallaba junto al rey, envían como diputados a Pelópidas como tebano, -al pancratiasta Antíoco como arcadio, y Arquidamo, a quien acompaña -Argeo, como eleo. Por su parte, los atenienses al saberlo<span -class="pagenum" id="Page_311">p. 311</span> mandan a Timágoras y a -León. Una vez llegados a Persia los diputados, Pelópidas es quien -consigue mayor influjo con el rey, pues era quien podía decirle que -entre todos los griegos, los tebanos habían sido los únicos que se -habían batido por el rey en Platea, y que nunca habían peleado contra -él, mientras los lacedemonios les hacían la guerra únicamente por no -haber querido acompañar a Agesilao en su expedición contra los persas, -y por no haberle querido dejar sacrificar en Áulide a Ártemis Diana, -en aquel mismo lugar donde sacrificó Agamenón antes de emprender su -expedición a Asia y de apoderarse de Troya. Contribuye asimismo a dar -a Pelópidas gran crédito junto al rey, la reciente victoria obtenida -por los tebanos en Leuctra y el haber visto todos las devastaciones que -han realizado en las comarcas lacedemonias. Dijo asimismo Pelópidas, -que los argivos y arcadios han sido derrotados por los lacedemonios en -un combate cuando no se hallaban entre ellos los tebanos. Cuanto dice -se halla confirmado por el testimonio del ateniense Timágoras, que es -quien goza de mayor consideración con el rey después de Pelópidas.</p> - -<p>Pidiendo el rey a este la clase de edicto que deseaba, manifiesta -Pelópidas desea se consigne la independencia de Mesenia respecto a los -lacedemonios y que los atenienses pongan en seco sus naves, añadiendo -que si rehúsan cumplimentarlo, les sea declarada la guerra, y que si -una ciudad rehúsa tomar parte en la expedición, deban dirigirse en -primer término contra ella.</p> - -<p>Redactadas y leídas estas condiciones a los diputados, León dice de -manera que pueda oírlo el rey:<span class="pagenum" id="Page_312">p. -312</span> «¡Por Zeus, oh atenienses! paréceme es ya tiempo para -nosotros de acudir buscando otro amigo fuera del rey.» Habiendo el -secretario repetido al rey las palabras que dijo el ateniense, hace -aquel añadir al decreto, que si los atenienses saben algo que sea más -justo, pueden participárselo al rey.</p> - -<p>Cuando los diputados han regresado cada cual a su patria, los -atenienses condenan a muerte a Timágoras, acusado por León de no haber -querido habitar con él y por haber constantemente obrado de concierto -con Pelópidas. Respecto a los otros enviados, Arquidamo de Élide -alaba al rey por haber este manifestado mayor aprecio a los eleos -que a los arcadios; pero Antíoco, lastimado de que la confederación -arcadia haya sido tratada con cierto menosprecio, rehúsa los presentes -y anuncia a los diez mil<a id="FNanchor_257" href="#Footnote_257" -class="fnanchor">[257]</a> que el rey tiene gran número de panaderos, -cocineros, coperos y reposteros; pero que a pesar de todas sus -investigaciones, no ha podido ver hombre alguno capaz de combatir -contra los griegos. Añade, además, que respecto al gran número de -riquezas que se le atribuyen, parécele es también una baladronada, -puesto que aquel plátano de oro tan ensalzado no podría siquiera -dar sombra a una cigarra<a id="FNanchor_258" href="#Footnote_258" -class="fnanchor">[258]</a>.</p> - -<p>Cuando los tebanos han convocado todos los estados para dar lectura -a la carta del rey, y cuando el persa portador del decreto, después -de haber<span class="pagenum" id="Page_313">p. 313</span> mostrado -el sello del rey, lo verifica, los tebanos invitan a cuantos quieran -ser amigos del rey y suyos, a que presten juramento de observar sus -condiciones; pero los diputados de las ciudades objetan que han sido -enviados únicamente para oír la lectura de aquella carta y no para -jurar su contenido, para lo cual es preciso manden nuevos mensajeros -a cada ciudad. Añade, sin embargo, el arcadio Licomedes, que la -reunión debe tener lugar en el teatro de la guerra y no en Tebas. -Encolerizándose a consecuencia de esto los tebanos, y diciendo que -procura destruir la alianza, no quiere ya seguir tomando asiento en el -consejo, y levantándose sale de Tebas y con él los restantes arcadios. -No queriendo, pues, prestar juramento los enviados reunidos en Tebas, -envían los tebanos mensajeros a las distintas ciudades para recibir el -juramento a los edictos del rey, figurándose que todas las ciudades -temerán atraerse su enemistad y la del rey. Pero los corintios, que son -los primeros a quien se dirigen, les manifiestan su oposición y les -contestan que de nada ha de servirles la alianza del rey, por lo cual, -muchas otras ciudades siguen su ejemplo y les dan igual contestación. -Tal es el resultado de las intrigas de Pelópidas y de los tebanos para -alcanzar el mando.</p> - -<p>Epaminondas, por otra parte, queriendo unir a los aqueos a su -causa, a fin de que los arcadios y los demás aliados concediesen -mayores consideraciones a Tebas, decide una campaña contra Acaya. -Persuade, pues, al argivo Pisias, general de los de su población, -para que se adelante y ocupe militarmente el monte Oneo. Habiendo -averiguado Pisias que las<span class="pagenum" id="Page_314">p. -314</span> tropas que le custodiaban bajo el mando de Naucles, jefe -de los mercenarios lacedemonios, y del ateniense Timómaco, hacían el -servicio muy negligentemente, se apodera durante la noche, con unos dos -mil hoplitas, de la colina que está más allá de Céncreas, habiéndose -aprovisionado primeramente para una semana. Llegan durante este tiempo -los tebanos franqueando el monte Oneo, y se dirigen, bajo el mando -de Epaminondas y con todos los aliados, contra Acaya. Habiéndole -implorado gracia los principales de esta, consigue Epaminondas que no -sean desterrados los oligarcas, ni se cambie la forma de gobierno, -y después de haber recibido los aqueos garantías suficientes a su -promesa de ser aliados de los tebanos y de seguirles donde quiera -que vayan, regresa a su patria. Siendo acusado, sin embargo, por los -arcadios y sus enemigos de haber abandonado Acaya, después de haberla -organizado convenientemente para los lacedemonios, deciden los tebanos -enviar gobernadores a las ciudades aqueas. Arrojan estos al llegar a -los oligarcas con ayuda de la plebe y establecen en Acaya el gobierno -democrático; pero los desterrados se coaligan con prontitud, dirígense -aisladamente contra cada una de las ciudades, entran en ellas por su -gran número y las retienen bajo su dependencia. Restablecidos ya, no se -mantienen neutrales, sino que apoyan vigorosamente a los lacedemonios, -con lo cual los arcadios se hallan acosados de una parte por los -lacedemonios y de otra por los aqueos.</p> - -<p>En Sición, sin embargo, el gobierno se había conservado según -las antiguas leyes; pero Eufrón, que bajo la dominación lacedemonia -era el ciudadano<span class="pagenum" id="Page_315">p. 315</span> -más poderoso, quiere conservar también su rango bajo el mando de -sus adversarios, por lo cual dice a los argivos y arcadios que -es evidente que si los ricos conservan el gobierno de Sición, se -declarará la ciudad a la primera ocasión en favor de los lacedemonios. -«Por el contrario —les dice—, debéis considerar que si se establece -la democracia, la ciudad siempre quedará a su favor. Si, pues, me -secundáis, yo mismo me encargo de reunir al pueblo, y a la vez os daré -esta garantía de mi fidelidad y una aliada segura a vuestra ciudad. -Debéis saber, además, que el motivo de obrar así, es que estoy, como -vosotros, cansado desde largo tiempo del orgullo lacedemonio, deseando -escapar de la esclavitud.»</p> - -<p>Los arcadios y argivos escúchanle con placer y le secundan en -sus deseos. Eufrón, entonces, aprovechándose de la presencia de los -arcadios y argivos, convoca al pueblo en la plaza pública, declarándole -que desde entonces el gobierno se apoyará en la base de la más perfecta -igualdad, y después le exhorta a que elija los generales que quiera, -resultando elegidos el mismo Eufrón, Hipódamo, Cleandro, Acrisio y -Lisandro. Hecho esto, pone Eufrón al frente de los mercenarios a su -hijo Adeas después de haber quitado el mando a Lisímenes, que era -quien antes lo tenía. Luego se asegura el reconocimiento de algunos -de dichos mercenarios por medio de favores, y toma a sueldo a muchos -otros sin economizar para esto ni el tesoro público ni los fondos -generales. Emplea asimismo para sus designios los bienes de cuantos -destierra por su afecto a Esparta, y con astucia hace dar la muerte, -o destierra a todos sus colegas, reduciéndolo así todo a su poder -y convirtiéndose<span class="pagenum" id="Page_316">p. 316</span> -claramente en un tirano. A fin de obtener el consentimiento de los -aliados, les prodiga su dinero y sus bienes y les acompaña siempre en -sus expediciones con los mercenarios.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch7_2"> - <h3 title="CAPÍTULO II.">CAPÍTULO II.<a id="FNanchor_259" - href="#Footnote_259" class="fnanchor">[259]</a></h3> -</div> - -<p>Así las cosas, los argivos habían ya fortificado contra Fliunte<a -id="FNanchor_260" href="#Footnote_260" class="fnanchor">[260]</a> el -fuerte de Tricárano, cerca del templo de Juno, cuando los sicionios -rodearon también con muros a Tiamia, que se halla en la frontera de -los fliasios, con lo cual estos se encontraron vivamente acosados y -privados de víveres, pero no por esto perseveran menos en la fidelidad -de su alianza. Cuando las grandes ciudades realizan algo glorioso, -menciónanlo todos los historiadores; mas paréceme a mí que cuando una -pequeña ciudad se manifiesta como autora de gran número de gloriosas -acciones, merece aún más que sean estas publicadas.</p> - -<p>Habían sido los fliasios amigos de los lacedemonios cuando estos -se hallaban en la prosperidad; después de sus reveses en la batalla -de Leuctra, a raíz de la sublevación de gran número de periecos y de -la de casi todos los hilotas, a pesar de la defección de los aliados -y cuando los griegos todos les abandonaban,<span class="pagenum" -id="Page_317">p. 317</span> no solo permanecieron fieles a ellos, sino -que teniendo por enemigos los pueblos más poderosos del Peloponeso, -los argivos y los arcadios, vinieron a socorrerles. Designados por la -suerte para pasar a Prasias<a id="FNanchor_261" href="#Footnote_261" -class="fnanchor">[261]</a> como último cuerpo de los auxiliares -(corintios, epidaurios, trecenios, hermioneos, halieos, sicionios y -peleneos), no solo no les hicieron traición, sino que abandonados por -su jefe, que a la cabeza de la vanguardia se retiró, sin acobardarse y -tomando un guía de Prasias por estar los enemigos alrededor de Amiclas, -consiguieron abrirse paso por entre mil obstáculos y llegar finalmente -a Esparta, donde los lacedemonios les dieron varias muestras de -admiración y les enviaron un buey como presente de hospitalidad.</p> - -<p>Cuando los enemigos se retiraron de Lacedemonia, irritados los -argivos por el celo excesivo de los fliasios, invadieron en masa el -territorio de Fliunte y lo devastaron por completo; pero ellos no -cedieron tampoco, sino que, por el contrario, en el momento en que los -enemigos se retiraban después de haber saqueado cuanto a mano habían -hallado, la caballería fliasia verifica una salida, y poniéndose a -sus alcances, a pesar de tener en contra toda la de los argivos y -las compañías se hallen desplegadas junto a su retaguardia, cargan -sobre ellos en número de sesenta, consiguiendo derrotarlos, y si bien -dan muerte solo a unos pocos, levantan a la vista de los enemigos un -trofeo, del mismo modo que si los hubiesen muerto a todos.</p> - -<p>En otra ocasión custodiaban los lacedemonios y<span class="pagenum" -id="Page_318">p. 318</span> sus aliados el monte Oneo, mientras se -aproximaban los tebanos para atravesarle; pasaban por Nemea los -arcadios y eleos para reunirse a los tebanos, cuando los desterrados -de Fliunte les indican que con solo mostrarse pueden apoderarse de -la ciudad. Concertada la empresa, los desterrados, seguidos de unos -seiscientos hombres, se colocan durante la noche junto a los muros, -después de haberse procurado escalas para el asalto, y cuando los -centinelas de Tricárano señalan la presencia del enemigo, los traidores -aprovechan los momentos en que la atención toda de la ciudad se dirige -hacia aquella parte, y dan la señal de subir a los que se hallan -apostados al pie de los muros. Una vez han conseguido subir, apodéranse -de las armas abandonadas por los centinelas, persiguen a los guardas -diurnos, que eran únicamente uno por cada diez, y dan muerte a uno que -se hallaba durmiendo y a otro que se había refugiado en el Hereo<a -id="FNanchor_262" href="#Footnote_262" class="fnanchor">[262]</a>. -Cuando los centinelas fugitivos se arrojan desde lo alto de los muros -por la parte que mira a la ciudad, se cree, sin ninguna clase de duda, -que la ciudadela se halla en poder de los enemigos; pero cuando los -gritos de alarma llegan a la población, acuden los ciudadanos después -de haberse armado, saliendo entonces los enemigos de la acrópolis -peleando frente a la puerta que conduce a la ciudad, y allí, viéndose -rodeados por la incesante multitud, que cada vez más en aumento -les ataca, tienen que retirarse de nuevo a la acrópolis, donde se -precipitan con ellos los ciudadanos. Pronto queda desierto el centro -de la acrópolis,<span class="pagenum" id="Page_319">p. 319</span> -pero súbense los enemigos a la muralla y a las torres, desde donde -arrojan sus proyectiles y sus dardos sobre cuantos se hallan dentro de -su recinto: defiéndense estos desde abajo y combaten a lo largo de las -rampas y escaleras por las que se sube a la muralla. Una vez dueños los -ciudadanos de algunas de las torres, avanzan desesperadamente sobre sus -enemigos, a los que por su audacia acosan y acorralan en un pequeño -espacio. Al mismo tiempo, los arcadios y argivos rodean la ciudad, y en -su parte superior principian a minar el muro de la acrópolis.</p> - -<p>Los de dentro<a id="FNanchor_263" href="#Footnote_263" -class="fnanchor">[263]</a>, entonces, mandan proyectiles a diestro y -a siniestro a los que se hallan sobre los muros, a los que están en -las escalas procurando escalarlo, y a los que han conseguido subir a -las torres; habiendo hallado fuego en las tiendas, las incendian, y -para este objeto sírvense de los haces de heno que encuentran a mano -por haber sido segado en la misma acrópolis. Arrójanse desde lo alto -de las torres cuantos en ellas se hallaban, por temor a las llamas, -los que se encuentran en la muralla perecen bajo los golpes de los -ciudadanos, y así que principian a ceder desaparecen los enemigos de la -ciudadela. Verifica también la caballería una salida, al ver lo cual, -los enemigos se retiran abandonando las escalas y los muertos, así como -los heridos de gravedad. Sus bajas, contando así los que perecieron -combatiendo en el interior de la acrópolis cómo los que se arrojaron de -ella, no bajaron de ochenta hombres. Era de ver entonces los abrazos -y las felicitaciones que se daban mutuamente cuantos se habían<span -class="pagenum" id="Page_320">p. 320</span> librado de aquel peligro, y -a las mujeres darles de beber, derramando al mismo tiempo lágrimas de -alegría, y era de ver también a todos los presentes llorar y reír a la -vez.</p> - -<p>Al año siguiente, los argivos y todos los arcadios invaden -nuevamente el territorio de Fliunte: la causa de esas continuas -luchas consistía en la animadversión que contra los fliasios -sentían por hallarse situados dentro de sus fronteras y por la -esperanza que abrigaban siempre de que la falta de víveres les -obligaría a entregarse. En esta invasión, la caballería y las tropas -escogidas de los fliasios, reunidas a los caballos atenienses que -se hallaban en ella casualmente, caen de improviso sobre el enemigo -mientras atravesaba el río<a id="FNanchor_264" href="#Footnote_264" -class="fnanchor">[264]</a>, y después de derrotarle, le obligan a -retirarse a las colinas cercanas durante el resto del día, como si -temiese pisotear en la llanura las mieses de pueblos amigos.</p> - -<p>En otra ocasión, dirígese contra Fliunte otra expedición mandada -por el gobernador tebano de Sición, al frente de la guarnición de esta -ciudad y de las tropas de sicionios y peleneos, pues en aquella época -obedecían ya a los tebanos; Eufrón tomó parte en la expedición con sus -mercenarios en número de unos dos mil hombres. Bajaron todos hacia -Tricárano junto al Hereo, con objeto de saquear la campiña, a excepción -de los sicionios y peleneos, que se hallaban apostados en las alturas -junto a los desfiladeros que conducen a Corinto, a fin de que no -pudiesen los fliasios, circunvalándoles, hacer frente a su vanguardia, -que se hallaba junto al Hereo.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_321">p. 321</span>Luego que saben -los de la ciudad que los enemigos ocupan la llanura, verifican la -caballería y las tropas escogidas de los fliasios una salida, y -librando combate, impiden a los enemigos apoderarse de los alrededores: -pasan en dicho lugar la mayor parte del día en escaramuza, persiguiendo -Eufrón y sus tropas al enemigo hasta los lugares accesibles a la -caballería, y los de la ciudad hasta el Hereo. Cuando creen los -enemigos que ya es tiempo de partir, rodean a Tricárano, pues el foso -que se halla delante de esta fortaleza les impedía dirigirse en línea -recta hacia los peleneos. Después de haberles seguido durante algunos -momentos en su marcha hacia las alturas, los fliasios se inclinan -hacia uno de sus lados, y pasando por el camino que existe junto a los -muros, se dirigen a atacar la división pelenea; observando el jefe -tebano la rápida marcha de los fliasios procura con todas sus fuerzas -llegar antes que ellos en socorro de los peleneos; pero alcanzándoles -la caballería fliasia, carga contra ellos, y si bien son rechazados en -el primer choque, vuelven después a cargar apoyados por la infantería -que había ya podido juntárseles, y se generaliza el combate. Principian -a ceder entonces los enemigos y perecen algunos sicionios y muchos -peleneos, soldados esforzados, y los fliasios elevan un magnífico -trofeo y cantan un peán, como era natural, mientras los tebanos y -Eufrón hacen de espectadores como si hubiesen acudido a una función -teatral. Después se retiran ambos bandos, el uno a Sición y el otro a -la ciudad.</p> - -<p>He aquí asimismo otro bello rasgo de los fliasios. Logran apoderarse -del peleneo Próxeno, y aunque<span class="pagenum" id="Page_322">p. -322</span> se hallasen faltos de todo, le sueltan sin rescate -alguno. ¿Cómo dejar de llamar generosos y valientes a los que así se -conducen?</p> - -<p>Es proverbial, además, su constancia en guardar fidelidad a sus -amigos; como no recolectaban nada en sus tierras, vivían así de lo que -tomaban al enemigo, como de lo que compraban en Corinto, a cuyo mercado -se dirigían a través de mil peligros, procurándose difícilmente fondos -para sus compras y hallando la misma dificultad para encontrar quien -les procurase víveres o quien les garantizara las cabezas de ganado que -les traen. Hallábanse ya en verdadero apuro, cuando consiguieron que -Cares escoltase un convoy. Después de llegar a Fliunte, persuádenle -a que se lleve las bocas inútiles a Pelene: allí les deja, compran -provisiones, preparan tantos animales de carga como pueden, y vuelven a -marchar durante la noche. No ignoraban que los enemigos les espiaban; -pero juzgaban menos terrible el combatir, que el no tener que comer. -Iban en la vanguardia los fliasios con Cares cuando dan con los -enemigos: excitándose recíprocamente y sin pensarlo un momento, se -arrojan sobre ellos mientras gritan a Cares que les socorra. Queda para -ellos la victoria, y limpiando de enemigos el camino, llegan sanos y -salvos a Fliunte con todo lo que traían. Como habían velado toda la -noche, duermen hasta una hora avanzada del día. Cuando Cares se ha -levantado ya, dirígense a él los de la caballería y los más escogidos -de los hoplitas, diciéndole:</p> - -<p>—«Cares, hoy puedes obtener un triunfo de los más notables: los -sicionios están fortificando una de sus plazas fronterizas, tienen -gran número de operarios,<span class="pagenum" id="Page_323">p. -323</span> pero no tienen muchos hoplitas; vamos, pues, a dirigirnos -contra ellos todos los de a caballo, y los más distinguidos hoplitas; -si quieres seguirnos con tus mercenarios, acaso cuando vengas hallarás -el trabajo ya hecho, o podrás decidir, como en Pelene, el resultado de -la acción. Si te parece cosa demasiado difícil lo que te proponemos, -ofrece un sacrificio a los dioses para consultarles, pues creemos que -te exhortarán aún con mayor fuerza que nosotros para que hagas lo que -te pedimos. Importa también que sepas, oh Cares, que si realizas lo que -te suplicamos, no solo adquirirás un fuerte contra el enemigo, sino -que también conservarás una ciudad amiga y adquirirás gran fama en tu -patria y gran renombre entre los aliados y entre los enemigos.»</p> - -<p>Persuadido Cares, ofrece el sacrificio, y la caballería fliasia, -sin perder un momento, se arma con sus corazas y enjaeza sus caballos, -mientras los hoplitas realizan los preparativos peculiares a la -infantería. Después de haberse armado se dirigen adonde se verificaba -el sacrificio, y les anuncian Cares y el adivino que las víctimas -son favorables; «pero, aguardad —añaden—, pues vamos a salir todos -juntos». Se da a toda prisa la señal de marcha y acuden los mercenarios -inmediatamente, como arrastrados por un ardor divino. Cuando se pone -en marcha Cares, forma la vanguardia la caballería y la infantería -de Fliunte; primero marchan con rapidez y después a la carrera, y -finalmente, la caballería avanza al galope y la infantería a paso de -carga procurando conservar apretadas sus filas: a todos ellos sigue -Cares marchando con bastante velocidad. Era poco antes de la puesta del -sol, mientras los enemigos se<span class="pagenum" id="Page_324">p. -324</span> hallaban ocupados unos en bañarse, otros en arreglar su -comida, en la elaboración del pan o en preparar sus camas: todos ellos -se sobrecogen de terror al ver la impetuosidad del ataque, huyen a la -desbandada abandonando a los valientes enemigos todas sus provisiones. -Después de haber cenado los fliasios con estos víveres y con otros -llegados de Fliunte, haciendo libaciones por la victoria y entonando -el peán, colocan centinelas y se entregan al descanso. Los corintios, -a la llegada del mensajero que durante la noche les trae noticia de lo -ocurrido en Tiamia, muestran amistosa actividad en reunir, por medio de -pregón, vehículos y animales que cargados de trigo envían a Fliunte. -Estos convoyes se renuevan cada día mientras dura la construcción del -fuerte.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch7_3"> - <h3>CAPÍTULO III.</h3> -</div> - -<p>He aquí cuanto quería decir respecto al valor de los fliasios en -la guerra, de su fidelidad y constancia hacia los aliados aun en sus -momentos más difíciles. Casi al mismo tiempo<a id="FNanchor_265" -href="#Footnote_265" class="fnanchor">[265]</a> Eneas de Estínfalo, -general de los arcadios, cree que no debe soportarse ya más -tiempo lo que sucede en Sición. Sube con su<span class="pagenum" -id="Page_325">p. 325</span> ejército a la acrópolis, convoca a los -notables de la ciudad y envía a buscar a cuantos han sido desterrados -sin decreto. Temiendo el resultado de estas medidas, Eufrón huye al -puerto de Sición, y haciendo venir de Corinto a Pasimelo, entrega por -su mediación a los lacedemonios aquel puerto y entra de nuevo en su -alianza declarándoles les ha sido siempre fiel. Pretende que cuando se -puso a votación en la ciudad la proposición que decidió la defección, -él votó contra ella con pequeño número de senadores, y que después -había establecido la democracia para vengarse de los que le habían -hecho traición.</p> - -<p>—«Yo soy —añade— la causa del actual destierro de cuantos os han -abandonado. Si hubiese podido hacerlo, hubiera tomado vuestro partido -cuando me hallaba dueño de toda la ciudad; pero ya que no puedo más, os -entrego ahora el puerto de que me he apoderado.»</p> - -<p>Muchos fueron los que le oyeron pronunciar estas palabras, pero no -se ha averiguado aún el número de los que las creyeron. Ya que la he -principiado, voy a concluir la historia de Eufrón. Aprovechándose de -las disensiones que tenían lugar en Sición entre los notables y la -plebe, consigue Eufrón entrar de nuevo en esta ciudad, con ayuda de un -cuerpo de mercenarios que había alistado en Atenas. Auxiliado por la -plebe se apodera de la población; pero el gobernador tebano conserva -en su poder la acrópolis. Comprendiendo entonces que no podría ser -dueño de Sición mientras los tebanos posean la ciudadela, reúne grandes -cantidades de dinero y sale a fin de persuadir por este medio a los -tebanos para que arrojen de la ciudad a los notables y se la entreguen -nuevamente. Pero habiendo averiguado los<span class="pagenum" -id="Page_326">p. 326</span> antiguos desterrados su viaje y el objeto -del mismo, dirígense también a Tebas; y viéndole en intimidad con los -magistrados, temen se salga con la suya, y algunos, sin hacerse cargo -del peligro que corren, asesinan a Eufrón en la acrópolis, en el mismo -instante en que los arcontes y senadores se hallaban en sesión. Los -arcontes conducen a los autores de aquella muerte ante el senado y se -expresan en estos términos:</p> - -<p class="mt1">«Ciudadanos: reclamamos la pena de muerte contra los -matadores de Eufrón, considerando que jamás los hombres honrados -cometen acciones criminales e impías, y que los mismos malvados, al -llevarlas a cabo, procuran ocultarlas en la sombra; pero estos que -aquí veis dejan de tal modo atrás a todos los hombres en osadía y en -maldad, que con pleno conocimiento de causa, y por su sola voluntad, -han dado muerte a ese hombre en presencia de vuestros magistrados y de -vosotros mismos, que sois dueños de castigar y de absolver. ¿Quién se -atreverá, pues, a venir aquí si no reciben estos culpables el último -castigo? ¿Cuál será la suerte de nuestra ciudad, si está permitido a -todo el mundo hacerse justicia por sí mismo, sin haber siquiera dado a -conocer el motivo de su venida? Acusamos, pues, a estos hombres y les -perseguimos como culpables de la más grande impiedad y del crimen más -horrendo, como individuos que se han atrevido indignamente contra esta -ciudad. A vosotros os toca ahora, después de habernos oído, darles el -castigo que a vuestro juicio merezcan.»</p> - -<p class="mt1">Así dijeron los arcontes; en cuanto a los culpables, -todos niegan haber cometido el crimen, fuera de<span class="pagenum" id="Page_327">p. 327</span> -uno solo que después de confesarlo se defendió poco -más o menos en estos términos<a id="FNanchor_266" href="#Footnote_266" class="fnanchor">[266]</a>:</p> - -<p class="mt1">«Tebanos: es imposible que se atreva nadie a afrontar -vuestro poder, puesto que todos sabemos que tenéis la fuerza necesaria -para tratar como mejor os parezca al que os insulte. ¿Qué sentimiento, -pues, de confianza ha podido llevarme a dar muerte aquí a este hombre? -Sabedlo bien: en primer lugar, el de que obraba justamente; y en -segundo, el de que juzgaréis mi acción del modo que se merece. Sabía, -en efecto, que no habíais esperado a juzgar a Arquias y a Hípates, a -quienes habíais hallado culpables del mismo crimen que Eufrón, pues sin -aguardar a la votación les castigasteis así que pudisteis, convencidos -de que el mundo entero tendría que condenar a los que no procuraban -siquiera ocultar su impiedad, sus traiciones y su deseo de ejercer -la tiranía. Pues bien; ¿no era acaso Eufrón culpable de esos mismos -crímenes? Después de haber hallado el tesoro sagrado lleno de ofrendas -de oro y plata, lo dejó completamente vacío. ¿Quién podría haberse -mostrado más evidentemente traidor que Eufrón, el cual, siendo amigo -íntimo de los lacedemonios, les ha abandonado por vosotros, y que -después de haberos dado las garantías más evidentes de fidelidad, os -ha hecho nuevamente traición por aquellos, después de haber entregado -el puerto de nuestra ciudad a vuestros enemigos? Y ¿cómo poder negar -que fuese un tirano quien reducía a la esclavitud no solo a los -hombres libres, sino a los ciudadanos, quien no<span class="pagenum" -id="Page_328">p. 328</span> cesaba de matar, desterrar y despojar de -sus bienes, no a los culpables, sino a cuantos quería, a pesar de ser -los mejores ciudadanos?</p> - -<p>»Reúnese después a los atenienses, vuestros enemigos más tenaces, -vuelve a entrar en Sición, haciendo armas contra el gobernador que -vosotros habíais nombrado, y no habiendo podido arrojarle de la -acrópolis, dirígese aquí después de reunir todo el dinero que puede. -Bien sé que si hubiese abiertamente levantado tropas contra vosotros, -tendríais que mostraros agradecidos por haberle dado muerte, pero ¿cómo -os hallaríais animados por la equidad, al castigarme a muerte por haber -hecho justicia con un hombre que llegaba con el dinero recogido para -corromperos y persuadiros a que le restablecieseis como tirano de su -patria? Y en efecto, aquellos contra quienes se emplea la fuerza de -las armas, experimentan una desgracia, pero no aparecen nunca como -criminales, mientras que, por el contrario, los que por dinero se dejan -corromper, caen en la desgracia y se llenan de infamia.</p> - -<p>»Sin embargo, si Eufrón hubiese sido mi enemigo personal o vuestro -amigo particular, reconozco que no hubiera debido matarle dentro de -vuestro territorio; pero una vez que os había hecho traición, ¿dejaría -acaso de ser tan enemigo vuestro como mío? Y ¡por Zeus! se dirá: ha -venido libremente. ¡Pero qué! Hubiera merecido vuestros elogios el -que le hubiese muerto lejos de vuestra ciudad, y ahora que volvía -nuevamente para aumentar el número de las maldades que os ha hecho, ¿ha -de poder decirse que no ha merecido su suerte? ¿Dónde podréis enseñarme -entre los griegos tratado alguno que favorezca<span class="pagenum" -id="Page_329">p. 329</span> a los traidores, a los desertores o a los -tiranos? Recordad, además, que habéis votado la extradición de los -desterrados de todos los estados aliados. En cuanto a mí, ciudadanos, -pretendo que si me condenáis a muerte conseguiréis únicamente vengar -a vuestro mayor enemigo, pero que si proclamáis la justicia de mi -conducta, habréis vengado a la vista de todos, vuestras propias -injurias y las de vuestros aliados.»</p> - -<p class="mt1">Los tebanos, después de haber oído esta defensa, -decretan que Eufrón ha sufrido el castigo que merecía. Sus -conciudadanos<a id="FNanchor_267" href="#Footnote_267" -class="fnanchor">[267]</a>, sin embargo, recogen su cuerpo como el de -un hombre honrado y le dan sepultura en la plaza pública, donde le -honran como uno de los jefes supremos o fundadores de la población<a -id="FNanchor_268" href="#Footnote_268" class="fnanchor">[268]</a>. De -este modo, según parece, la mayor parte de la gente trata como hombres -honrados a sus bienhechores.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch7_4"> - <h3 title="CAPÍTULO IV.">CAPÍTULO IV.<a id="FNanchor_269" - href="#Footnote_269" class="fnanchor">[269]</a></h3> -</div> - -<p>He aquí lo que debíamos decir de Eufrón: volvamos ahora a -nuestro relato. Ocupábanse aún los fliasios en fortificar Tiamia, y -Cares se hallaba<span class="pagenum" id="Page_330">p. 330</span> -todavía entre ellos, cuando la ciudad de Oropo<a id="FNanchor_270" -href="#Footnote_270" class="fnanchor">[270]</a> cae en poder de los -ciudadanos que habían sido desterrados. Todos los atenienses dirígense -entonces contra esta plaza y llaman a Cares desde Tiamia, con lo cual -este puerto de los sicionios vuelve a caer en poder de estos y de -los arcadios; y en cuanto a los atenienses, como no están auxiliados -por ninguno de sus aliados, tienen que dejar a Oropo en poder de los -tebanos hasta que puedan hacer valer sus derechos<a id="FNanchor_271" -href="#Footnote_271" class="fnanchor">[271]</a>.</p> - -<p>Comprendiendo Licomedes<a id="FNanchor_272" href="#Footnote_272" -class="fnanchor">[272]</a> que los atenienses se hallan quejosos -de sus aliados, que les ocasionan grandes contratiempos sin que a -su vez les presten el más mínimo apoyo, persuade a los diez mil<a -id="FNanchor_273" href="#Footnote_273" class="fnanchor">[273]</a> -para que negocien con ellos una alianza. En los primeros momentos -hay algunos atenienses que ven con malos ojos que Atenas, amiga de -Lacedemonia, se alíe con sus adversarios; pero reflexionando más tarde -que son las ventajas tan grandes para los lacedemonios como para los -atenienses, por aislar de los tebanos a los arcadios, aceptan la -alianza de<span class="pagenum" id="Page_331">p. 331</span> estos. -Licomedes, encargado de estas negociaciones, muere al regresar de -Atenas por un azar del destino, pues escogiendo de entre el gran número -de buques de transporte el que más le place, bajo condición de que él -mismo fijaría el lugar del desembarco, elige casualmente el sitio donde -se encuentran los desterrados. Así es como perece; pero la alianza no -por esto deja de ratificarse.</p> - -<p>Democión manifiesta en la asamblea popular de Atenas que la -alianza con los arcadios, si bien es verdad que parece ser una feliz -negociación, no obsta, sin embargo, para mandar a los generales órdenes -terminantes a fin de conserven Corinto a la dominación ateniense. A -esta nueva envían los corintios con todo apresuramiento suficientes -guarniciones de tropas propias, a todos las plazas donde han puesto los -atenienses guarnición, y dicen a estos últimos que pueden retirarse, -pues no tienen ya necesidad de sus tropas. Obedecen los atenienses, y -cuando las tropas de estos que custodiaban las fortalezas se hallan -reunidas en la ciudad, hacen pregonar los corintios que todo ateniense -que tenga que reclamar de alguna injusticia por ellos causada, no tiene -más que anunciarse y se le hará justicia. Durante este tiempo llega -Cares con la flota delante de Céncreas: cuando averigua lo que ocurre, -manifiesta que ha venido a socorrer a la ciudad, sabiendo que se -hallaba amenazada; pero los corintios le agradecen su cuidado, sin que -por eso abran el puerto a sus naves; le suplican que se vaya y despiden -también a los hoplitas después de haberles hecho justicia. De este modo -evacuaron los atenienses a Corinto; en virtud de la alianza, debían, -sin embargo, poner<span class="pagenum" id="Page_332">p. 332</span> su -caballería a disposición de los arcadios, cuando se hallasen amenazados -de una invasión, pero no llevar la guerra a Laconia.</p> - -<p>Los corintios, considerando que tienen pocas probabilidades de -éxito, sobre todo después de haberse atraído la malevolencia de los -atenienses y habiendo anteriormente sido vencidos, deciden formar un -cuerpo mercenario de infantería y otro de caballería, que emplean -en defender la ciudad y en llevar la devastación a los enemigos más -cercanos. Sin embargo, envían a Tebas una diputación para saber si -podrían fácilmente alcanzar la paz, y obtenida la venia de los tebanos, -que se la garantizan, suplícanles los corintios les permitan dirigirse -a los demás aliados a fin de hacer la paz con los que quieran hacerla -y continuar en guerra únicamente con los que la prefieran. Siéndoles -igualmente concedida por los tebanos esta petición, los corintios se -dirigen a Lacedemonia, donde se expresan de esta manera:</p> - -<p class="mt1">«Lacedemonios: venimos a vosotros como amigos y -reclamamos de vuestra parte nos descubráis, si las veis, las -probabilidades de salvación que tenemos perseverando en la guerra, pero -que si reconocéis las pocas esperanzas de nuestra situación, hagáis -con nosotros la paz, si eso entra igualmente en vuestras intenciones, -pues con nadie preferimos participar nuestra prosperidad más que con -vosotros. Sin embargo, si la reflexión os convence de que está en -vuestro interés el hacer la guerra, os suplicamos nos concedáis la -paz, pues si conservamos nuestra ciudad, algún día acaso podamos seros -de alguna utilidad; pero si perecemos ahora, es completamente<span -class="pagenum" id="Page_333">p. 333</span> evidente que jamás podremos -acudir en vuestro auxilio.»</p> - -<p class="mt1">Oyendo esto los lacedemonios, aconsejan a los corintios -que hagan la paz, y al mismo tiempo permiten también a todos los -aliados que la hagan si no quieren guerrear concertadamente con -ellos. Declaran al mismo tiempo que continuarán la guerra y se -someterán a los designios providenciales, pero que jamás consentirán -en dejarse tomar Mesenia<a id="FNanchor_274" href="#Footnote_274" -class="fnanchor">[274]</a>, que habían recibido de sus mayores. Los -corintios, obtenida esta declaración, se dirigen a Tebas para negociar -la paz: pretenden los tebanos que les juren también alianza, a lo cual -contestan los diputados que la alianza no es una paz, sino un cambio en -el lugar de la guerra, y añaden que, si quieren, de ellos solos depende -el establecer una paz completamente informada por los principios de la -justicia. Llenos de admiración los tebanos por esos hombres, que aunque -en peligro rehúsan enemistarse con sus bienhechores, les conceden la -paz, del mismo modo que a los fliasios y demás estados que con ellos -han venido a Tebas, y aseguran por medio de juramento la posesión de su -territorio a cada cual.</p> - -<p>Según la convención, los fliasios evacúan inmediatamente Tiamia; -pero los fliasios que habían jurado la paz bajo estas mismas -condiciones, viendo que no pueden conseguir que los desterrados -fliasios habiten en Tricárano, dentro del mismo territorio de Fliunte, -se apoderan de aquella plaza y establecen en ella una guarnición -después de dar el nombre de propiedad a un territorio que poco antes -habían devastado<span class="pagenum" id="Page_334">p. 334</span> como -enemigos, y sin querer hacer justicia a los fliasios.</p> - -<p>En esa misma época, poco después de haber muerto Dionisio el -antiguo, envió su hijo a los lacedemonios doce trirremes bajo -el mando de Timócrates. Después de haber llegado, ayúdanle a -apoderarse de Selasia<a id="FNanchor_275" href="#Footnote_275" -class="fnanchor">[275]</a>, y después de este hecho de armas vuelven a -hacerse a la vela para Siracusa.</p> - -<p>Algún tiempo después apodéranse los eleos de Lasión, que les había -antiguamente pertenecido, pero que dependía ahora de la confederación -de los arcadios. Estos no permanecen indiferentes a la ofensa, pues -reúnen inmediatamente sus tropas y se dirigen contra ellos; los eleos -ponen en pie de guerra sus cuatrocientos, y además otros trescientos -hombres. Durante la noche, los arcadios, que habían estado durante el -día acampados frente a frente a los eleos en un terreno llano e igual, -por la noche se apoderan de unas alturas que dominaban a sus contrarios -y se arrojan sobre ellos al apuntar el día. Viendo los eleos bajar de -las alturas, y en tan gran número, a los enemigos, se avergüenzan de -tener que retirarse hallándose aún a tan larga distancia, y viniendo a -las manos, se declaran en fuga a los primeros embates, perdiendo muchos -hombres y gran número de armas en su retirada por caminos difíciles de -atravesar.</p> - -<p>Después de esta victoria, los arcadios marchan contra las ciudades -de los acroreos. Apodéranse de<span class="pagenum" id="Page_335">p. -335</span> todas ellas, a excepción de Tresto, y llegan a Olimpia, -donde, después de haber rodeado el Cronión<a id="FNanchor_276" -href="#Footnote_276" class="fnanchor">[276]</a> con una empalizada, -establecen en él una guarnición y se apoderan del monte Olímpico y -de Margana, que les es entregada. Esta serie de reveses entrega a -los eleos a la desesperación más completa; pero los arcadios marchan -contra su ciudad y llegan a penetrar hasta la plaza pública, donde, -sin embargo, la caballería elea y los demás ciudadanos les hacen -cara, les arrojan de la ciudad y después de matarles algunos hombres -levantan un trofeo. Anteriormente habían tenido lugar en Élide ciertas -disensiones públicas. El partido de Cáropo, Trasónidas y Argeo tendía -a la democracia mientras que la facción de Estalquias, Hipias y -Estrátola deseaban la oligarquía; como los arcadios, al frente de -considerables fuerzas, pasaban por los aliados del partido que quería -la democracia, Cáropo y los suyos se hacen más audaces, y concertándose -con los arcadios para que le ayuden, se apoderan de la acrópolis; -pero la caballería elea y los trescientos, sin perder un momento, se -arrojan a la ciudadela y les echan de allí, después de lo cual Argeo, -Cáropo y cerca de cuatrocientos ciudadanos son desterrados. Consiguen -estos apoderarse poco tiempo después de Pilos<a id="FNanchor_277" -href="#Footnote_277" class="fnanchor">[277]</a> con ayuda de algunos -arcadios; y muchos del partido popular abandonan entonces su ciudad -natal, yendo a juntarse a los desterrados que se ven en posesión de -una hermosa plaza fuerte y sostenidos por considerables fuerzas de -arcadios.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_336">p. 336</span>Más tarde, invaden -estos igualmente el territorio eleo después de haberles asegurado los -desterrados que la ciudad se les rendiría. Sin embargo, los aqueos, -que se hallaban nuevamente en amistad con los eleos, defienden la -población de manera que tienen que retirarse los arcadios sin haber -hecho más que devastar el país; pero apenas salen, noticiosos de que -los peleneos se hallan en Élide, verificando durante la noche una -larga marcha, se apoderan de Oluro, ciudad de los peleneos, que desde -largo tiempo permanecían aliados a los lacedemonios. Así que saben -aquellos la toma de Oluro<a id="FNanchor_278" href="#Footnote_278" -class="fnanchor">[278]</a>, verifican una contramarcha y se dirigen a -Pelene, su patria, y desde entonces, a pesar de su pequeño número, se -hallan constantemente en guerra con los arcadios establecidos en Oluro -y con el partido popular, sin tener un punto de reposo hasta haber -rescatado esa población.</p> - -<p>Los arcadios, por el contrario, verifican una nueva expedición -contra los eleos. Mientras acampan entre Élide y Cilene, asáltanles -los eleos; pero los arcadios se defienden con valor y los rechazan; -Andrómaco, jefe de la caballería elea, a quien se acusa de haber -promovido este ataque, se da la muerte, y el resto de los vencidos -se refugian en la ciudad. En el mismo combate pereció el espartano -Soclides, quien había tomado parte en él en virtud de la alianza que -ya se había establecido entre los espartanos y los eleos; estos, en -efecto, viéndose acosados por sus enemigos en su propio territorio, -envían a Lacedemonia una comisión que reclame su auxilio<span -class="pagenum" id="Page_337">p. 337</span> y les exhorte a que -realicen una expedición en el territorio arcadio, pues consideraban -el mejor medio para librarse de sus enemigos, el atacarles por -ambas partes. Arquidamo parte, pues, con un ejército de ciudadanos -y se apodera de Cromno<a id="FNanchor_279" href="#Footnote_279" -class="fnanchor">[279]</a>, donde deja en guarnición a tres de las doce -cohortes que llevaba, y regresa a su país. Hallándose, sin embargo, -los arcadios reunidos todos a su regreso de la expedición a Élide, -llegan a Cromno y la rodean con dos filas de empalizadas, con lo -cual, hallándose en seguridad, asedian a la guarnición; pero Esparta, -indignándose al saber se hallan sitiados sus ciudadanos, envía un -ejército, también al mando de Arquidamo, que a su llegada hace cuantos -destrozos puede en Arcadia y Escirítide y procura con todas sus fuerzas -hacer levantar el sitio; pero los arcadios no se mueven y nada les -importa cuanto hace.</p> - -<p>Había notado Arquidamo una colina por el centro de la cual pasaba el -atrincheramiento exterior de los arcadios; cree que podrá apoderarse -de ella y que una vez en su dominio será imposible a los enemigos -sostener su posición. Mientras hacía dar un rodeo a sus tropas para -llegar a aquel lugar, los peltastas y su vanguardia, viendo fuera de -las trincheras a los eparitas<a id="FNanchor_280" href="#Footnote_280" -class="fnanchor">[280]</a>, caen sobre ellos al propio tiempo que la -caballería procura cargarles. No ceden los eparitas, sino que<span -class="pagenum" id="Page_338">p. 338</span> se conservan inmóviles en -correcta formación; vuelven los enemigos a la carga, pero aquellos, en -vez de ceder en este segundo ataque, llegan a avanzar algún terreno. -El tumulto era ya muy grande, cuando llega Arquidamo, que había dado -la vuelta por la carretera que conduce a Cromno y guiaba sus tropas, -que iban de dos en dos, tal como se hallaban al recibir la orden de -marcha. Los dos ejércitos se aproximan, el de Arquidamo en larga fila -a causa del camino que había seguido y los arcadios formando un tupido -cuerpo de escudos; los lacedemonios no pueden resistir al empuje de los -arcadios y pronto Arquidamo es herido en el muslo, que le atraviesan -con una lanza, sucumbiendo junto a él Poliénidas y Quilón, que se había -casado con la hermana de Arquidamo, elevándose a más de treinta el -número de los que allí perecen.</p> - -<p>Emprenden, pues, los lacedemonios su retirada por el mismo camino -por el que habían venido, y así que salen a más ancho terreno, se -despliegan y hacen cara al enemigo; pero los arcadios conservan su -misma formación, y aunque inferiores en número, hállanse animados del -mismo entusiasmo, puesto que persiguen tropas que se baten en retirada -y a las que han ocasionado gran número de bajas. En cuanto a los -lacedemonios, habían perdido todo su valor al ver herido a Arquidamo -y al saber los nombres de los que han muerto, quienes formaban todos -entre los más valientes y más ilustres ciudadanos. Al hallarse los dos -ejércitos uno junto a otro, grita uno de los más ancianos:</p> - -<p>—«Soldados: ¿quién nos obliga a combatir, y por qué no podemos pedir -una tregua y hacer cesar la<span class="pagenum" id="Page_339">p. -339</span> guerra?»</p> - -<p>Los dos bandos acogen con placer estas palabras y se hace la tregua: -retíranse los lacedemonios después de haber recogido sus muertos, y los -arcadios levantan un trofeo en el lugar en que habían comenzado a dar -las primeras cargas.</p> - -<p>Mientras los arcadios se hallan ocupados en Cromno, los eleos -dirígense primeramente contra Pilos y se encuentran con los -pilios que habían sido rechazados de Tálamas<a id="FNanchor_281" -href="#Footnote_281" class="fnanchor">[281]</a>. Al verles, la -caballería elea carga sobre ellos matándoles mucha gente, y los -restantes se refugian en una eminencia; pero al llegar la infantería -los derrota por completo, matando a unos y haciendo prisioneros a los -otros en número de unos doscientos: todos los mercenarios son vendidos -y los desterrados degollados. Después de esto subyugan a los pilios, -que no recibían ya auxilios de nadie, se apoderan de su ciudad y -recobran Marganea.</p> - -<p>Algún tiempo después, sin embargo, habiéndose los lacedemonios -durante la noche aproximado a Cromno, apodéranse de la trinchera y -llaman a los argivos y lacedemonios sitiados. Cuantos se hallaban -cerca y supieron aprovecharse de esta ocasión, consiguieron escaparse; -pero los que dieron tiempo a los arcadios para que acudiesen en gran -número, fueron encerrados en el interior de la ciudad y después presos -y distribuidos entre los vencedores. Una parte de ellos tocó a los -argivos, otra a los tebanos, otra a los arcadios y otra a los mesenios; -el número de espartanos y periecos hechos prisioneros elevose a más de -ciento.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_340">p. 340</span>Los arcadios, -no teniendo ya que ocuparse de Cromno, vuelven a dirigirse contra -los eleos, refuerzan la guarnición de Olimpia, y cuando se acerca -el año olímpico prepáranse para celebrar los juegos en compañía de -los pisatas, que pretenden haber sido los primeros que tuvieron en -otro tiempo el cuidado del templo. Ya en el mes<a id="FNanchor_282" -href="#Footnote_282" class="fnanchor">[282]</a> en que se celebran los -juegos olímpicos, y durante los días en que se reúne la Panegiria, -los eleos hacen sus preparativos abiertamente, llaman a los aqueos y -toman el camino de Olimpia. Nunca se hubieran figurado los arcadios que -vinieran los eleos a atacarles, y lejos de este pensamiento, hallábanse -organizando las fiestas con los pisatas y habían terminado ya las -carreras de caballos y el pentatlón; pero cuando llegó el turno de la -lucha, no tuvo esta lugar en el estadio sino entre este y el altar, -pues los eleos en armas ya estaban junto al recinto sagrado. Sin ir más -lejos a su encuentro, los arcadios despliegan sus fuerzas a orillas del -Cládeo, riachuelo que corre a lo largo del Altis<a id="FNanchor_283" -href="#Footnote_283" class="fnanchor">[283]</a> y que desemboca en -el Alfeo: tenían como aliados unos dos mil hoplitas argivos y unos -cuatrocientos caballos atenienses.</p> - -<p>Los eleos, que se habían formado en batalla al otro lado del -riachuelo, inmolan las víctimas y avanzan inmediatamente contra -los enemigos. Hasta esta época habían sido considerados siempre -como guerreros de segundo orden por los arcadios y argivos,<span -class="pagenum" id="Page_341">p. 341</span> así como por los aqueos y -atenienses, pero aquel día fueron considerados como los más valientes -de entre todos los aliados. Ponen en fuga a los arcadios, contra los -cuales primero se dirigen, y hacen lo mismo, después de rechazarlos -valientemente, con los argivos. Persiguen los eleos a los fugitivos -hasta el espacio situado entre el senado, el templo de Vesta y el -teatro, que se halla junto a aquel edificio: allí combaten con igual -denuedo y rechazan al enemigo hasta el altar, pero alcanzados por los -proyectiles que se les arrojan desde lo alto de los pórticos de la sala -del consejo y del gran templo, mientras que ellos combaten en un suelo -completamente llano, pierden a muchos de sus soldados, y entre otros al -mismo Estrátola, jefe de los trescientos.</p> - -<p>Después de esta acción se retiran a su campamento, pero los -arcadios y sus aliados quedan atemorizados de tal modo, en previsión -de lo que ocurrirá al día siguiente, que no se dan punto de reposo -durante toda la noche, derribando las tiendas elevadas a gran coste, -y fortificándose con trincheras. Al otro día, cuando se aproximan los -eleos y ven una fuerte empalizada y gran número de individuos subidos -a los templos, se retiran a su ciudad, pues el valor que habían -desplegado el día anterior había sido tal que solo un dios podía -haberlo inspirado y hacerle aparecer en un solo día, pues no está en -el poder de los hombres, aun en un largo espacio de tiempo, volver -valientes a los que se hallan privados de valor.</p> - -<p>Habiendo los arcontes arcadios hecho uso de los fondos sagrados para -el sostenimiento de los eparitas, los mantineos prohíben por un decreto -hacer<span class="pagenum" id="Page_342">p. 342</span> uso de los -fondos sagrados, y recogida en su ciudad la parte que les toca pagar -para los eparitas, la envían a los arcontes. Pretenden entonces los -jefes arcadios que los arcontes mantineos atentan a la confederación -arcadia, y les citan ante los diez mil; pero no compareciendo, se -pronuncia sentencia y mandan a los eparitas que conduzcan a los -condenados. Cierran los mantineos sus puertas y no les admiten dentro -de sus muros: al mismo tiempo levántanse otras voces entre los diez -mil, diciendo que no debe gastarse el dinero sagrado y legar a sus -descendientes este crimen contra los dioses, por lo cual, así que se ha -decretado en la asamblea común que no se pueden tocar aquellos fondos, -los eparitas que no pueden servir sin sueldo se retiran, mientras por -el contrario, los que poseen medios abundantes, se exhortan mutuamente -y ocupan el lugar de los que se han marchado, a fin de no hallarse más -bajo su dependencia y tenerles, por el contrario, bajo la suya.</p> - -<p>Los jefes arcadios, que habían gastado el dinero sagrado, conociendo -que pronto se les obligará a dar cuenta de él, y con el temor de ser -ahorcados, hacen decir a los tebanos que si no se ponen en marcha -inmediatamente, corren peligro de ver nuevamente amigos de los -lacedemonios a los arcadios, por lo cual, los tebanos se preparan -para ponerse en camino; pero cuantos sinceramente se preocupan de los -verdaderos intereses del Peloponeso, persuaden a la asamblea arcadia -para que mande embajadores a los tebanos, que les digan no vayan en -armas a Arcadia entretanto no se les llame, y mientras hacen decirles -esto, reflexionan que de nada ha de servirles<span class="pagenum" -id="Page_343">p. 343</span> la guerra y que, en efecto, ninguna -necesidad tienen de correr con el cuidado del templo de Júpiter, y que, -por el contrario, al renunciar a él realizarán una acción más justa y -piadosa y se harán más agradables a la divinidad. Como los eleos no -tenían ninguna otra pretensión, ambos partidos se deciden por la paz y -firman el tratado.</p> - -<p>Jurado este por todas las ciudades, del propio modo que por los -tegeatas y por su mismo gobernador tebano, quien se hallaba en Tegea -con trescientos hoplitas beocios, todos los arcadios permanecen en -dicha población, entregándose a la alegría y a las fiestas y júbilo -con libaciones y cantos en honor de la paz. Pero el tebano y los -arcontes que temían la rendición de cuentas, uniéndose a los beocios y -a los eparitas, que hacían causa común con ellos, cierran las puertas -de Tegea y hacen prender a los primeros ciudadanos en medio de los -banquetes. Como se encontraban allí arcadios de todas las ciudades, -pues todos deseaban la paz, el número de los que prendieron fue muy -considerable: pronto queda llena la cárcel y aun la casa del consejo. -Siendo muchos los presos, algunos saltaron desde lo alto de los muros, -y aun permitiose a otros evadirse por las puertas, pues solo se estaba -quejoso de los que eran considerados como causantes de su perdición; -y lo que enoja más al tebano y a sus cómplices, es que solo tienen en -su poder un pequeño número de mantineos, cuando casualmente contra -ellos era contra quienes se tenía una enemiga mayor; pero gracias a la -proximidad de su población, casi todos habían podido escapar.</p> - -<p>Cuando viene el día y saben los mantineos lo<span class="pagenum" -id="Page_344">p. 344</span> que ha ocurrido, recomiendan inmediatamente -a todas las ciudades de Arcadia se pongan a la defensiva y vigilen -sus murallas: hacen ellos lo mismo y envían al mismo tiempo a Tegea -pidiendo la libertad de todos los mantineos que se hallan detenidos, -exigiendo al mismo tiempo que ninguno de los otros arcadios sea -encarcelado o condenado a muerte sin someterle previamente a juicio, -ofreciendo la garantía de la ciudad de Mantinea para el caso de que -contra ellos hubiese motivo de acusación y prometiendo llevar ante la -asamblea arcadia a cuantos sean citados ante ella. El tebano no sabe -qué resolver ante esta embajada y da libertad a todos. Al día siguiente -reúne a cuantos arcadios quieren acudir a su llamamiento, y procura -justificarse con ellos, asegurando ha sido engañado y pretendiendo, -en efecto, haber sabido que los lacedemonios se hallaban en armas en -las fronteras y que algunos arcadios querían entregarles la ciudad -de Tegea. Después de oírle, le dejan libre, a pesar de saber bien -que había mentido en cuanto les había dicho, pero envían diputados a -Tebas para acusarle y para pedir se le condene a muerte. Cuéntase, sin -embargo, que Epaminondas, entonces uno de los generales en mando, dijo -que se había tenido más razón al detener a aquellos hombres que al -devolverles la libertad.</p> - -<p>—«Pues —dijo—, ¿cómo no os acusaríamos de traición con justicia -después que nos habéis hecho la guerra y sin nuestro consentimiento -ajustáis la paz? En cuanto a nosotros, sabed, añadió, que marcharemos -a Arcadia, y allí haremos la guerra concertadamente con aquellos que -pertenecen aún a nuestro partido.»</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch7_5"> - <p><span class="pagenum" id="Page_345">p. 345</span></p> - <h3>CAPÍTULO V.</h3> -</div> - -<p>Habiendo sido llevada esta contestación a la asamblea arcadia y a -las diferentes ciudades, los mantineos y cuantos arcadios se interesan -por el Peloponeso, del mismo modo que los eleos y aqueos, se convencen -desde entonces de que los tebanos no ocultan ya su deseo de ver al -Peloponeso lo más débil posible para subyugarlo después con mayor -facilidad.</p> - -<p>—«¿Por qué, en efecto, dicen, quieren que estemos siempre en guerra, -si no es para que nos hagamos todo el mal que podamos unos a otros -y para que los dos partidos beligerantes tengan ambos necesidad de -sus auxilios? ¿Por qué contestan que se hallan dispuestos a marchar -cuando les decimos que por el momento no tenemos necesidad de ellos? -¿No es evidente que si preparan esta expedición es para hacernos algún -daño?»</p> - -<p>Envían igualmente a Atenas en demanda de socorro y dirígese también -a Lacedemonia una comisión de eparitas, encargada de exhortar a los -lacedemonios para rechazar todos juntos a cuantos quisieran subyugar -el Peloponeso. En cuanto a la hegemonía, convínose desde entonces en -que cada pueblo ejercería en su territorio el mando supremo. Durante -estas negociaciones, Epaminondas había salido<a id="FNanchor_284" -href="#Footnote_284" class="fnanchor">[284]</a> en expedición con todos -los beocios y con<span class="pagenum" id="Page_346">p. 346</span> -gran número de eubeos y tesalios, enviados unos por Alejandro<a -id="FNanchor_285" href="#Footnote_285" class="fnanchor">[285]</a> y -otros por los adversarios de este tirano. Los focidios no van con él, -sin embargo, alegando los tratados, que, según dicen, les obligan a -socorrer a Tebas cuando se halle atacada, pero no a formar parte de -ninguna expedición contra otros estados. Epaminondas no duda de que, -una vez en el Peloponeso, se le juntarán los argivos y mesenios, del -propio modo que los arcadios que permanecen en su amistad y que eran -los tegeatas, megalopolitas, aseatas, palantieos y todas aquellas -ciudades a las que su pequeñez y su situación, en medio de dichos -estados, no les dejaban otro remedio.</p> - -<p>Parte Epaminondas a toda prisa, y llegado a Nemea, permanece allí -con la esperanza de sorprender a los atenienses a su paso, contando -que sería un gran motivo de animar a sus tropas y aliados y desanimar -a sus adversarios, pues, para decirlo en una palabra, creía que todo -revés para los atenienses era una ventaja para los tebanos. Durante -esta detención reúnense los estados confederados en Mantinea, y cuando -Epaminondas sabe que han renunciado los atenienses a pasar por tierra -y se preparan a enviar por mar, y a través de Laconia, sus refuerzos a -los arcadios, sale de Nemea y llega a Tegea. No puedo decir que este -hombre haya sido afortunado en la época de su mando, pero creo que nada -dejó que desear de cuanto es obra de la prudencia y de la audacia. -En primer lugar, debo alabarle por haber instalado su campamento -dentro<span class="pagenum" id="Page_347">p. 347</span> de los muros -de Tegea, pues esto le daba una posición más segura que si acampaba al -aire libre, le permitía al mismo tiempo ocultar mejor sus designios -al enemigo y proveerse más fácilmente en la ciudad de cuanto podía -necesitar. Podía también además ver a los enemigos acampados fuera y -juzgar de la bondad de todos sus actos, así como, a pesar de creerse -más fuerte que el enemigo, podía dejar de atacarle si creía que tenía -este ventajas por las condiciones del terreno.</p> - -<p>Viendo, sin embargo, que ninguna ciudad se declara a su favor, -y juzgando que pasa el tiempo, se determina a obrar, pues de lo -contrario, cuanto mayor ha sido su gloria anterior, mayor será su -consiguiente deshonra. Habiendo, pues, sabido que los enemigos se han -fortificado en los alrededores de Mantinea y han venido a buscar a -Agesilao y a todos los lacedemonios, quienes, según le refieren, se -hallan ya en camino y han llegado a Pelene, hace cenar a sus tropas, -y dando la orden de marcha, se dirige directamente a Esparta. Si -un cretense, por inspiración divina no hubiera venido a anunciar a -Agesilao la aproximación del ejército enemigo, la ciudad entera hubiera -caído en poder de Epaminondas, que la hubiese hallado como un nido -y completamente desguarnecida; pero Agesilao, informado a tiempo de -este golpe de mano, llega antes que él a la ciudad, y los espartanos -se reparten los distintos puntos de peligro, a pesar de hallarse en -pequeño número, pues su caballería estaba en Arcadia, del mismo modo -que los mercenarios y tres de las doce cohortes.</p> - -<p>Cuando Epaminondas llega a los alrededores de<span class="pagenum" -id="Page_348">p. 348</span> Esparta, evita entrar en lugares en que -las tropas tengan que pelear a descubierto y ofreciendo blanco a los -proyectiles que se les arrojarán desde las casas y en situación en que -el mayor número no pueda dar ninguna superioridad; pero apoderándose -de una posición que cree ventajosa, en lugar de atacar subiendo, -dirígese contra la ciudad partiendo de una altura. En cuanto a lo que -después sucedió, puede verse en ello la intervención de un dios; pero -puede decirse también con razón que nadie puede resistir a los que se -hallan en estado de completa desesperación; en efecto, cuando llega -Arquidamo con menos de cien hombres después de una marcha que se reputa -muy difícil, dirígese en línea recta hacia los enemigos, y he aquí que -estas tropas que se hallaban arrojando fuego, que estos vencedores -de los lacedemonios superiores en número y en posiciones ventajosas, -no resisten el choque de Arquidamo, y ceden, pereciendo las primeras -filas de los de Epaminondas; pero como los de Esparta, orgullosos por -su victoria, continuaran la persecución más lejos de lo que debían, -reciben a su vez el justo castigo, pues sin duda estaba escrito por -una mano divina hasta qué límite les estaba concedida la victoria. -Arquidamo levanta, pues, un trofeo y devuelve, bajo la fe de una -tregua, a los enemigos los cuerpos de los que allí han muerto.</p> - -<p>Epaminondas, por su parte, previendo que los arcadios vendrán en -auxilio de los lacedemonios, no quiere tener que combatir con todos los -lacedemonios reunidos con ellos, sobre todo después de haber alcanzado -los enemigos una ventaja y sufrido sus tropas un revés, por lo cual se -dirige a toda<span class="pagenum" id="Page_349">p. 349</span> prisa a -Tegea, donde deja descansar a sus hoplitas, aunque mande su caballería -a Mantinea, exhortándoles a no dejarse abatir y manifestándoles que a -causa de la estación probablemente encontrarán fuera de los muros de -Mantinea a todos sus rebaños y a todos sus habitantes. Partió, pues, -la caballería tebana, pero saliendo la ateniense de Eleusis, había -cenado en el Istmo, y después de atravesar Cleonas, había llegado -al territorio mantineo acantonándose dentro de los muros. Cuando se -sabe en Mantinea que se aproximan los enemigos, ruegan los habitantes -de dicha población a los atenienses que les socorran con todas sus -fuerzas; muéstranles en los campos sus rebaños, sus obreros y gran -número de ancianos y niños de libre condición, y los atenienses al -oírles, se ponen en campaña a pesar de hallarse en ayunas ellos y -sus caballos. ¿Quién no admirará el valor que desplegaron en estas -circunstancias? Aunque inferiores en número, y a pesar de haber -experimentado su caballería un desastre en Corinto, no se dejan dominar -por estas consideraciones ni se detienen pensando que van a combatir -a los tebanos y tesalios, que siempre han sido reputados como los -mejores caballos, sino que, sonrojándose a la idea de que su presencia -no preste utilidad alguna a sus aliados, se arrojan sobre los enemigos -así que les distinguen, deseosos de poner en buen lugar a su patria, -y a su valor debieron los mantineos el poder salvar cuanto tenían en -los campos. Pierden los atenienses algunos valientes y los enemigos -pierden también algunos evidentemente, pues no había armas bastante -cortas para que los dos partidos no pudiesen alcanzarse recíprocamente. -Recogen<span class="pagenum" id="Page_350">p. 350</span> sus muertos, -y por medio de convención entregan a los enemigos los suyos.</p> - -<p>Epaminondas, sin embargo, considerando que va a verse obligado -dentro de pocos días a partir, pues terminaba ya el tiempo fijado -para la expedición, conoce que si deja sin defensa los estados que -ha venido a socorrer, serán atacados por sus adversarios y que él -mismo verá completamente perdida su reputación por haber sido vencido -en Lacedemonia con su numerosa infantería por un puñado de hombres, -y junto a Mantinea en un combate de caballería, siendo causa con su -expedición al Peloponeso de la liga formada por los lacedemonios, -arcadios, aqueos, eleos y atenienses. Por esto le parece vergonzoso -marchar sin combatir, sobre todo reflexionando que si vence terminará -todo en bien, y que si muere combatiendo, será un fin muy glorioso -perecer procurando dejar a su patria el dominio del Peloponeso.</p> - -<p>No son, sin embargo, estos sentimientos los que le hacen más -admirable a mis ojos, puesto que tales son los pensamientos de todos -los hombres generosos; lo que me parece más digno de admiración es el -haber formado un ejército que no teme ninguna penalidad ni de día ni de -noche, que no retrocede ante ningún peligro y que no rehúsa jamás su -obediencia aun cuando carezca de todo. Cuando manda por la última vez -a sus tropas que se preparen para el combate, la caballería se pone a -dar brillo a sus cascos, y los hoplitas arcadios graban en sus escudos -marcas que indican son tebanos<a id="FNanchor_286" href="#Footnote_286" -class="fnanchor">[286]</a>, afilando todos<span class="pagenum" -id="Page_351">p. 351</span> las espadas y sables y pulimentando sus -escudos. El orden de combate que emplea después de haberse puesto -al frente de sus tropas es también digno de alabanza. Así que manda -alinear filas, como era natural parece indicar se dispone para el -combate; pero cuando su ejército se halla en completa formación, no -se dirige hacia el enemigo por el camino más corto, sino que marcha -en dirección a las montañas situadas al occidente y frente a frente -de Tegea, de manera que hace creer al enemigo que no quiere aquel -día librar el combate. Efectivamente, llegado al pie de la montaña, -despliega su falange y hace deponer las armas en las alturas como si -quisiese acampar allí. Con esta maniobra debilita el ardor del enemigo -que se había dispuesto para el combate y que entonces rompe filas; -pero después de haber hecho converger a la vanguardia las compañías -que marchaban por filas y formar alrededor de él un fuerte cuerpo de -ataque, hace repartir nuevamente las armas y avanzar contra el enemigo. -Sus tropas le siguen inmediatamente.</p> - -<p>Cuando los enemigos, contra sus esperanzas, le ven llegar, nadie -sostiene el ataque; unos corren a sus filas o se alinean, ensillan -otros los caballos mientras los restantes revisten sus corazas, y -todos, en fin, tienen que rechazar al enemigo, más bien que atacarle. -Epaminondas guiaba su ejército como una trirreme con la proa hacia -adelante, contando con hacer retroceder al enemigo allí donde atacase y -aniquilar así todo el ejército. Preparábanse, en efecto, a combatir con -las tropas más vigorosas, habiendo colocado todo lo más lejos posible y -en la retaguardia a los soldados más débiles, comprendiendo bien<span -class="pagenum" id="Page_352">p. 352</span> que la derrota de estos -produciría a los suyos el desaliento y entusiasmaría al enemigo. Este -había ordenado su caballería como un cuerpo de hoplitas, sin mezclar -con ella la infantería; pero Epaminondas forma también la suya en un -compacto cuerpo de ataque, mezclando con ella a los infantes para que -una vez deshecha la caballería sea completa la derrota de los enemigos, -pues, en efecto, difícilmente se halla quien sostenga el ataque del -enemigo una vez emprende la fuga una parte de su ejército; y a fin de -impedir asimismo a los atenienses del ala izquierda vayan en auxilio de -sus vecinos, coloca frente a ellos, en las alturas, algunos caballos e -infantes para inspirarles el temor de ser cogidos por la retaguardia -así que se dirijan a auxiliar a los demás. Tal fue su orden de batalla, -y sus esperanzas no salieran fallidas, pues, vencedor allí donde atacó, -puso en fuga a todo el ejército enemigo.</p> - -<p>Sin embargo, así que cae herido<a id="FNanchor_287" -href="#Footnote_287" class="fnanchor">[287]</a>, no saben los suyos -aprovecharse de la victoria, y aunque los hoplitas ven derrotados a -los enemigos, no matan a nadie y se quedan inmóviles en el punto en -que había tenido lugar el primer choque. La caballería, por su parte, -aunque ve huyendo a la del enemigo, no mata tampoco ni infantes ni -caballos, pues sobrecogidos de terror se arrojan, como lo hubieran -hecho unos vencidos, a través de las filas enemigas en derrota; sin -embargo, la infantería que había sido mezclada con la caballería, y los -peltastas, habían participado de la victoria de la caballería, y<span -class="pagenum" id="Page_353">p. 353</span> llegaban vencedores al ala -izquierda; pero allí son casi todos deshechos por los atenienses.</p> - -<p>Terminada la batalla, sucedió lo contrario de lo que todos creían, -pues al ver reunido el contingente de toda Grecia<a id="FNanchor_288" -href="#Footnote_288" class="fnanchor">[288]</a> formado en batalla, -nadie podía prever que los resultados del combate no fuesen la -dominación de los vencedores ni la sujeción de los vencidos; pero la -divinidad hizo que cada bando elevase un trofeo como vencedor sin -oponerse el contrario; ambos recogen sus muertos por una tregua, -concediéndola como vencedores y suplicándola como vencidos, y más -tarde, aunque ambos pretenden haber quedado dueños de la victoria, no -se vio a ninguno de ellos poseer comarca, ciudad o mando que no tuviese -antes del combate. Después de este, la confusión y la turbulencia -dominan con mayor insistencia que antes en toda Grecia.</p> - -<p>En cuanto a mí, no me he propuesto escribir de esta historia más que -lo que llevo referido: la narración de lo que siguió a este combate, -queda para otro escritor.</p> - - -<p class="centra ws1 mt3">FIN.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="ToC"> - <h2 class="nobreak g0">ÍNDICE.</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<table class="toc" summary=""> - <tr> - <td colspan="2" class="tdl"><a href="#Ch01">Dedicatoria.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_v">V</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="2" class="tdl"><a href="#Ch02">Prólogo.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_vii">VII</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="3" class="tdl pt05">Libro primero.</td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch1_1">Capítulo primero.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_1">1</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch1_2">Capítulo II.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_9">9</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch1_3">Capítulo III.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_13">13</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch1_4">Capítulo IV.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_17">17</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch1_5">Capítulo V.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_22">22</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch1_6">Capítulo VI.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_26">26</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch1_7">Capítulo VII.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_34">34</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="3" class="tdl pt05">Libro segundo.</td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch2_1">Capítulo primero.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_43">43</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch2_2">Capítulo II.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_50">50</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch2_3">Capítulo III.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_55">55</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch2_4">Capítulo IV.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_70">70</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="3" class="tdl pt05">Libro tercero.</td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch3_1">Capítulo primero.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_87">87</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch3_2">Capítulo II.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_96">96</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch3_3">Capítulo III.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_106">106</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch3_4">Capítulo IV.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_111">111</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch3_5">Capítulo V.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_121">121</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="3" class="tdl pt05">Libro cuarto.</td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch4_1">Capítulo primero.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_131">131</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch4_2">Capítulo II.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_139">139</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch4_3">Capítulo III.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_145">145</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch4_4">Capítulo IV.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_151">151</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch4_5">Capítulo V.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_159">159</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch4_6">Capítulo VI.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_167">167</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch4_7">Capítulo VII.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_171">171</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch4_8">Capítulo VIII.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_174">174</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="3" class="tdl pt05">Libro quinto.</td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch5_1">Capítulo primero.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_189">189</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch5_2">Capítulo II.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_200">200</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch5_3">Capítulo III.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_214">214</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch5_4">Capítulo IV.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_222">222</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="3" class="tdl pt05">Libro sexto.</td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch6_1">Capítulo primero.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_243">243</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch6_2">Capítulo II.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_250">250</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch6_3">Capítulo III.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_260">260</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch6_4">Capítulo IV.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_267">267</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch6_5">Capítulo V.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_279">279</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="3" class="tdl pt05">Libro séptimo.</td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch7_1">Capítulo primero.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_299">299</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch7_2">Capítulo II.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_316">316</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch7_3">Capítulo III.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_324">324</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch7_4">Capítulo IV.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_329">329</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch7_5">Capítulo V.</a></td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_345">345</a></td> - </tr> -</table> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Notas"> - <h2 class="nobreak g0">NOTAS.</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1" href="#FNanchor_1" class="label">[1]</a> Es -decir, después que los atenienses, obtenida una victoria naval, -se apoderaron de Cícico. (Véase <i>Tucídides</i>, lib. <span -class="asc">VIII</span>, § 107.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_2" href="#FNanchor_2" class="label">[2]</a> Los -sucesos relatados en este capítulo corresponden a los años 411 y 410 -antes de Jesucristo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_3" href="#FNanchor_3" class="label">[3]</a> Comp. -<i>Tucídides</i>, lib. VIII, §§ 35 y 84.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_4" href="#FNanchor_4" class="label">[4]</a> -Promontorio y ciudad de la Tróade.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_5" href="#FNanchor_5" class="label">[5]</a> Ciudad -del Quersoneso.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_6" href="#FNanchor_6" class="label">[6]</a> Había -sido recientemente vencido por los atenienses entre Sesto y Abido.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_7" href="#FNanchor_7" class="label">[7]</a> -Desterrado de Atenas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_8" href="#FNanchor_8" class="label">[8]</a> -Comp. <i>Justino</i>, lib. <span class="asc">V</span>, cap. <span -class="asc">IV</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_9" href="#FNanchor_9" class="label">[9]</a> Siempre -que los griegos hablan del <i>rey</i> o del <i>Gran rey</i> (<span -xml:lang="grc" lang="grc">μέγας βασιλεύς</span>), se entiende del de -Persia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_10" href="#FNanchor_10" class="label">[10]</a> No se -le conoce más que por este pasaje.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_11" href="#FNanchor_11" class="label">[11]</a> -Ciudad de Tracia en el golfo de Melas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_12" href="#FNanchor_12" class="label">[12]</a> El -texto de esta carta está en dialecto vulgar lacedemonio.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_13" href="#FNanchor_13" class="label">[13]</a> En -griego, <span xml:lang="grc" lang="grc">ἐπιβάτης</span> (soldado de -marina).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_14" href="#FNanchor_14" class="label">[14]</a> -El año anterior. (Véase <i>Tucídides</i>, lib. <span -class="asc">VIII</span>, § 85.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_15" href="#FNanchor_15" class="label">[15]</a> El -<span xml:lang="grc" lang="grc">ἁρμοστής</span> era el gobernador o -magistrado superior de una colonia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_16" href="#FNanchor_16" class="label">[16]</a> Entre -Atenas y las fronteras de Beocia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_17" href="#FNanchor_17" class="label">[17]</a> En -griego <span xml:lang="grc" lang="grc">πρόξενος</span> (unido por la -hospitalidad).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_18" href="#FNanchor_18" class="label">[18]</a> Este -no es el grande Aníbal, hijo de Amílcar, sino el de Giscón. (Véase -<i>Diodoro Sículo</i>, lib. <span class="asc">XIII</span>, cap. <span -class="asc">XLIII</span>.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_19" href="#FNanchor_19" class="label">[19]</a> -Correspondiente al 409 antes de la era cristiana.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_20" href="#FNanchor_20" class="label">[20]</a> -Tropas ligeras.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_21" href="#FNanchor_21" class="label">[21]</a> -Ciudad de Jonia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_22" href="#FNanchor_22" class="label">[22]</a> -Tropas pesadamente armadas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_23" href="#FNanchor_23" class="label">[23]</a> -Ciudad importante en tiempo de Heródoto, pero en el de Jenofonte puerto -y promontorio completamente deshabitado.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_24" href="#FNanchor_24" class="label">[24]</a> -Montaña situada a 40 estadios de aquella ciudad.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_25" href="#FNanchor_25" class="label">[25]</a> Comp. -<i>Tucídides</i>, lib. <span class="asc">VIII</span>, § 26.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_26" href="#FNanchor_26" class="label">[26]</a> Por -los cartagineses.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_27" href="#FNanchor_27" class="label">[27]</a> -Ciudad y promontorio de Mesenia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_28" href="#FNanchor_28" class="label">[28]</a> -Véase <i>Tucídides</i>, lib. <span class="asc">III</span>, y -<i>Diodoro Sículo</i>, lib. <span class="asc">XII</span>, cap. <span -class="asc">LIX</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_29" href="#FNanchor_29" class="label">[29]</a> -Corresponde al 408 antes de Cristo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_30" href="#FNanchor_30" class="label">[30]</a> -Los calcedonios habían abandonado el partido ateniense y recibido un -gobernador lacedemonio.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_31" href="#FNanchor_31" class="label">[31]</a> -Templo de Hércules.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_32" href="#FNanchor_32" class="label">[32]</a> -Terámenes, Trasilo y Trasíbulo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_33" href="#FNanchor_33" class="label">[33]</a> -Habitantes de las cercanías de Esparta.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_34" href="#FNanchor_34" class="label">[34]</a> -Nuevamente admitidos como ciudadanos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_35" href="#FNanchor_35" class="label">[35]</a> -Célebre por el Nudo gordiano.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_36" href="#FNanchor_36" class="label">[36]</a> Del -año 407 antes de la era vulgar.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_37" href="#FNanchor_37" class="label">[37]</a> En -griego <span xml:lang="grc" lang="grc">κάρανος</span>, palabra que se -encuentra poquísimas veces en los autores, pues es de origen persa.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_38" href="#FNanchor_38" class="label">[38]</a> -Llanura cercana a una ciudad de la Lidia, del mismo nombre.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_39" href="#FNanchor_39" class="label">[39]</a> -Sátrapa de Frigia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_40" href="#FNanchor_40" class="label">[40]</a> -Ciudad de Laconia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_41" href="#FNanchor_41" class="label">[41]</a> Comp. -<i>Plutarco</i>, Alcibíades, 34.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_42" href="#FNanchor_42" class="label">[42]</a> -Sobre la vuelta de Alcibíades, además de su biografía en Plutarco, -véase <i>Justino</i>, lib. <span class="asc">V</span>, cap. <span -class="asc">IV</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_43" href="#FNanchor_43" class="label">[43]</a> Comp. -<i>Plutarco</i>, Alcibíades, 34.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_44" href="#FNanchor_44" class="label">[44]</a> Poco -antes de que partiese Alcibíades de Atenas para Andros.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_45" href="#FNanchor_45" class="label">[45]</a> En el -mismo año 407 antes de nuestra era.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_46" href="#FNanchor_46" class="label">[46]</a> Comp. -<i>Tucídides</i>, lib. <span class="asc">VIII</span>, § 48.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_47" href="#FNanchor_47" class="label">[47]</a> Cerca -de una peseta diaria.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_48" href="#FNanchor_48" class="label">[48]</a> -Valiendo la mina 100 dracmas, eran unas 3000 pesetas al mes.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_49" href="#FNanchor_49" class="label">[49]</a> -Aproximadamente quince céntimos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_50" href="#FNanchor_50" class="label">[50]</a> -Ciudad cercana a Colofón.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_51" href="#FNanchor_51" class="label">[51]</a> En la -isla de Quíos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_52" href="#FNanchor_52" class="label">[52]</a> Lugar -desconocido.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_53" href="#FNanchor_53" class="label">[53]</a> Comp. -<i>Diodoro Sículo</i>, lib. <span class="asc">XIII</span>, cap. <span -class="asc">LXXIV</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_54" href="#FNanchor_54" class="label">[54]</a> El de -406 antes de Cristo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_55" href="#FNanchor_55" class="label">[55]</a> -Dodwel, según sus cálculos astronómicos, señala a este eclipse la fecha -del 15 de abril del año 406 antes de Jesucristo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_56" href="#FNanchor_56" class="label">[56]</a> En -griego <span xml:lang="grc" lang="grc">θαλασσοκράτωρ</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_57" href="#FNanchor_57" class="label">[57]</a> Hay -que añadir otros dos generales.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_58" href="#FNanchor_58" class="label">[58]</a> -Como las embarcaciones eran muy bajas, la cubierta se cubría con unas -telas que protegían de la intemperie y de los ardores del sol a la -tripulación.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_59" href="#FNanchor_59" class="label">[59]</a> -Hoy el cabo del Santo Ángel (<span xml:lang="grc" lang="grc">Ἄγιος -Ἄγγελος</span>).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_60" href="#FNanchor_60" class="label">[60]</a> Era -un hijo natural del gran Pericles.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_61" href="#FNanchor_61" class="label">[61]</a> En el -año 406 antes de la era cristiana.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_62" href="#FNanchor_62" class="label">[62]</a> Es -decir, el encargado de dar a cada ciudadano pobre dos óbolos tomados -del tesoro público, para acreditar el derecho a entrar en el teatro.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_63" href="#FNanchor_63" class="label">[63]</a> -Fiestas de Minerva Atenea: duraban tres días y se inauguraban con un -gran banquete de las fratrias atenienses.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_64" href="#FNanchor_64" class="label">[64]</a> Este -rasgo de la entereza de Sócrates es verdaderamente admirable, pues fue -el único que no se dejó intimidar por las medidas revolucionarias de la -plebe.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_65" href="#FNanchor_65" class="label">[65]</a> -Canono había hecho decretar que cuando varias personas fuesen -acusadas todas de un mismo crimen, se instruyese una causa especial e -independiente para cada una de ellas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_66" href="#FNanchor_66" class="label">[66]</a> -Divinidad superior de la mitología griega correspondiente al Júpiter de -la romana.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_67" href="#FNanchor_67" class="label">[67]</a> -Si se hubiese adoptado esta proposición, hábilmente presentada y -elocuentemente defendida por Euriptólemo, indudablemente se hubieran -salvado los acusados, pues era imposible probar contra ellos cargo -alguno individual.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_68" href="#FNanchor_68" class="label">[68]</a> Véase -<i>Tucídides</i>, lib. <span class="asc">VIII</span>, §§ 67 y 98.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_69" href="#FNanchor_69" class="label">[69]</a> La -dignidad de navarco (<span xml:lang="grc" lang="grc">ναύαρχος</span>) -era una de las superiores en la marina.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_70" href="#FNanchor_70" class="label">[70]</a> Del -año 406 antes de Cristo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_71" href="#FNanchor_71" class="label">[71]</a> -Los que se hallaban en Eólida, en Jonia y en las Islas. (Véase -<i>Diodoro Sículo</i>, lib. <span class="asc">XII</span>, cap. <span -class="asc">C</span>.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_72" href="#FNanchor_72" class="label">[72]</a> -Véase esta genealogía en la edición de Jenofonte de Weiske, t. <span -class="asc">IV</span>, pág. 58.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_73" href="#FNanchor_73" class="label">[73]</a> El -405 antes de nuestra era.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_74" href="#FNanchor_74" class="label">[74]</a> Hoy -los gelos o pueblos de la provincia persa del Ghilán.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_75" href="#FNanchor_75" class="label">[75]</a> -Se había retirado a su castillo del Quersoneso. (Véase <a -href="#Page_25">lib. <span class="asc">I</span>, cap. <span -class="asc">V</span></a>.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_76" href="#FNanchor_76" class="label">[76]</a> -Los atenienses enviaban a Delos cada año una embajada sagrada o -<i>teoría</i> (<span xml:lang="grc" lang="grc">θεωρία</span>), sobre la -famosa nave de Teseo, con un coro de jóvenes y doncellas para entonar -las alabanzas de Apolo. El navío en que se embarcaba esta <i>teoría</i> -se llamaba <i>Páralos</i>, de Páralo, héroe ateniense y amigo de Teseo, -que por primera vez había equipado una nave de grandes dimensiones. -La muerte de Sócrates se retardó durante treinta días, pues estaba -prohibido ejecutar a ningún sentenciado a muerte mientras se hallaba la -<i>Páralos</i> conduciendo la <i>teoría</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_77" href="#FNanchor_77" class="label">[77]</a> En el -mismo año 405 antes de la era cristiana.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_78" href="#FNanchor_78" class="label">[78]</a> Se -sabe, por el testimonio de Tucídides y de Diodoro Sículo, que sus -habitantes habían sido degollados o reducidos a la esclavitud por los -atenienses vencedores.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_79" href="#FNanchor_79" class="label">[79]</a> -Correspondiente al 404 antes de Jesucristo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_80" href="#FNanchor_80" class="label">[80]</a> -Véase para este sobrenombre, una nota de M. Artaud a un pasaje de -Aristófanes, en la traducción de Luciano por Eugenio Talbot, t. <span -class="asc">I</span>, pág. 562.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_81" href="#FNanchor_81" class="label">[81]</a> -En griego <span xml:lang="grc" lang="grc">πενέστης</span> (criado, -siervo).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_82" href="#FNanchor_82" class="label">[82]</a> -Compárense las <i>Memorias socráticas</i>, Lib. <span -class="asc">IV</span>, cap. <span class="asc">IV</span>, y -<i>Libanio</i>, Apología de Sócrates.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_83" href="#FNanchor_83" class="label">[83]</a> Véase -<i>Lisias</i>, contra Eratóstenes, 17.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_84" href="#FNanchor_84" class="label">[84]</a> Nada -se sabe positivamente sobre estos delegados de Esparta.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_85" href="#FNanchor_85" class="label">[85]</a> En -griego <span xml:lang="grc" lang="grc">προστάτης</span> (el que dirige -las deliberaciones), que viene a ser lo mismo que en la Cámara de los -Comunes de Inglaterra el <i>speaker</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_86" href="#FNanchor_86" class="label">[86]</a> -Pequeño vaso que se colocaba en el agua y en que se echaban algunas -gotas de líquido para hacerle sumergir.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_87" href="#FNanchor_87" class="label">[87]</a> Véase -asimismo sobre la muerte de Terámenes, <i>Cicerón</i>, Tusculanæ, lib. -<span class="asc">I</span>, cap. <span class="asc">XI</span>, § 95.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_88" href="#FNanchor_88" class="label">[88]</a> -Los <span xml:lang="grc" lang="grc">σκευοφόροι</span> eran los que -conducían los vasos, instrumentos y utensilios de toda clase para el -ejército.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_89" href="#FNanchor_89" class="label">[89]</a> Uno -de los teatros de Atenas, comprendiendo en él el circuito que a su -alrededor se extendía.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_90" href="#FNanchor_90" class="label">[90]</a> -Templo de Bendis, que es la misma divinidad que la Luna. (V. dicha -palabra en el Diccionario de Jacobi.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_91" href="#FNanchor_91" class="label">[91]</a> -Sobrenombre de Ares o Marte.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_92" href="#FNanchor_92" class="label">[92]</a> -De él se trata en las <i>Memorias socráticas</i>, lib. <span -class="asc">III</span>, cap. <span class="asc">VII</span>. Este -capítulo es de una belleza tal y tiene tanta importancia bajo el punto -de vista de la educación política de los ciudadanos, que no podemos -resistir al deseo de darlo en nota.</p> - -<blockquote> - - <p class="ti1">«Viendo Sócrates que Cármides, hijo de Glauco, hombre - adornado de toda clase de méritos y superior en mucho a todos los - políticos de su época, no se atrevía a presentarse ante el pueblo ni - a ocuparse en los negocios del estado, le dijo:</p> - - <p class="ti1">—Oye, Cármides, ¿cómo juzgarías a un hombre que siendo - capaz de ganar coronas y premios en los juegos y conquistar de esto - modo un nombre glorioso y hacer en Grecia más ilustre a su patria, - rehusara el combatir?</p> - - <p class="ti1">—Claro es que sería un hombre afeminado y cobarde.</p> - - <p class="ti1">—Y si un ciudadano capaz de engrandecer a su patria y - de llenarse de gloria dedicándose a los negocios públicos, rehusase - hacerlo, ¿no estaríamos en nuestro derecho llamándole también - cobarde?</p> - - <p class="ti1">—Acaso; pero ¿por qué me diriges esta pregunta?</p> - - <p class="ti1">—Porque me parece que a pesar de tu mérito, retrocedes - ante los negocios, cuando por tu calidad de ciudadano, tienes el - deber de tomar parte en ellos.</p> - - <p class="ti1">—Pero este mérito —dijo Cármides—, ¿en qué ocasión has - podido reconocerlo para que tengas de mí opinión tan favorable?</p> - - <p class="ti1">—En tus conversaciones con nuestros políticos, pues - si te comunican algún asunto, veo que les das buenos consejos, y si - cometen alguna falta les reprendes con justicia.</p> - - <p class="ti1">—Pero no es lo mismo, Sócrates, conversar con los - amigos que discutir en público.</p> - - <p class="ti1">—Sin embargo, los que saben contar con prontitud, - cuentan tan bien públicamente como cuando se hallan solos, y los - que tocan bien la cítara en su casa, conservan esta superioridad en - público.</p> - - <p class="ti1">—Sí, es verdad; ¿pero no ves tú mismo que la vergüenza - y la timidez son innatas en algunos hombres y que se manifiestan - mucho más en las asambleas tumultuosas que en las conversaciones - privadas?</p> - - <p class="ti1">—Pues bien; voy a demostrarte que no son los más - sabios los que te causan vergüenza, ni los más poderosos los que - te hacen miedo, sino que te avergüenzas de hablar ante los menos - ilustrados y los más débiles. En efecto, ¿no es ante los tintoreros, - zapateros, albañiles, caldereros, labradores, comerciantes y - revendedores, gentes todas que procuran vender caro lo que han - comprado a bajo precio, ante quienes sientes timidez? porque de - todos estos se compone la asamblea popular. ¿En qué se diferencia, - pues, tu conducta de la de un hombre que, siendo superior a los - artistas, tuviese miedo a la crítica de los ignorantes? ¿No es verdad - que a pesar de tu facilidad en expresarte ante los ciudadanos más - ilustres, algunos de los cuales, sin embargo, te tienen en menos de - lo que mereces, y a pesar de tu manifiesta superioridad sobre los - que procuran hablar en público, vacilas en tomar la palabra ante una - multitud que jamás se ha ocupado de negocios y que no tiene hacia - ti la más pequeña prevención, solo por el temor de que te pongan en - ridículo?</p> - - <p class="ti1">—¿Por qué no? ¿Acaso no ves, Sócrates, que en las - asambleas se burlan a menudo de los que hablan bien?</p> - - <p class="ti1">—Pero a los demás les pasa lo mismo; de ahí que te - admire a ti que sabes hacerles enmudecer en la conversación, porque - te crees incapaz de dominar a la multitud. No te desconozcas, - querido, ni cometas el mismo yerro que casi todos los hombres - cometen: la mayor parte tienen sin cesar fija la vista en las - acciones de los demás, ¡y no vuelven su examen hacia sí mismos! - Defiéndete de una indolencia tal y concentra, por el contrario, en ti - mismo todos tus esfuerzos; no te olvides del estado, si puedes con - tus cuidados hacerle conseguir algún adelanto. Considera, sobre todo, - que para la prosperidad de los negocios, no solo habrás prestado - inmensos servicios a los demás ciudadanos, sino también a tus amigos - y a ti mismo.»</p> - -</blockquote> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_93" href="#FNanchor_93" class="label">[93]</a> Los -<span xml:lang="grc" lang="grc">γυμνήται</span> constituían la mayor -parte de la infantería ligera entre los griegos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_94" href="#FNanchor_94" class="label">[94]</a> <span -xml:lang="grc" lang="grc">Ἁλίπεδον</span> (llanura salada).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_95" href="#FNanchor_95" class="label">[95]</a> -Literalmente <span xml:lang="grc" lang="grc">κωφὸν λιμένα</span> -(puerto mudo o inútil): según algunos, el puerto de Muniquia, que con -el Pireo y Falera, formaban los tres puertos de Atenas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_96" href="#FNanchor_96" class="label">[96]</a> En -400 antes de Jesucristo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_97" href="#FNanchor_97" class="label">[97]</a> -Los críticos consideran este nombre como un pseudónimo tomado por -Jenofonte. (Véase <i>Historiadores griegos</i>, de <i>Vosio</i>, -edición de Westermann, pág. 53.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_98" href="#FNanchor_98" class="label">[98]</a> Del -año 398 antes de la era vulgar.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_99" href="#FNanchor_99" class="label">[99]</a> Este -parece ser el sentido más probable de la palabra <span xml:lang="grc" -lang="grc">μνημεῖα</span>. Estos túmulos sepulcrales serían, sin duda, -semejantes a los <i>barrows</i> y <i>galgals</i> de la Armórica y a -los montículos del Ohio, del Yucatán, del Báltico y de las estepas -de Rusia. (Véase también más adelante lib. <a href="#Ch6_2"><span -class="asc">VI</span>, cap. <span class="asc">II</span></a>.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_100" href="#FNanchor_100" class="label">[100]</a> -En la campiña del Meandro. Compárese <i>Ateneo</i>, libro <span -class="asc">XV</span>, cap. <span class="asc">IX</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_101" href="#FNanchor_101" class="label">[101]</a> -Esta población no es la ciudad de Larisa de Tesalia; ni en Acaya ni en -Élide existe población alguna de este nombre. Sin duda sería un pueblo -de poca importancia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_102" href="#FNanchor_102" class="label">[102]</a> El -398 antes de Cristo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_103" href="#FNanchor_103" class="label">[103]</a> -Aulón era a la vez una ciudad marítima y un valle situado en los -límites de Mesenia y de Élide.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_104" href="#FNanchor_104" class="label">[104]</a> El -Alfeo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_105" href="#FNanchor_105" class="label">[105]</a> En -el año 397 antes de nuestra era.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_106" href="#FNanchor_106" class="label">[106]</a> -Esta conversación está en dialecto vulgar lacedemonio.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_107" href="#FNanchor_107" class="label">[107]</a> El -dios del mar, Neptuno.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_108" href="#FNanchor_108" class="label">[108]</a> -Los eupátridas o nobles.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_109" href="#FNanchor_109" class="label">[109]</a> La -<span xml:lang="grc" lang="grc">σκυτάλη</span> era un bastón liso sobre -el cual los generales lacedemonios arrollaban para poder leerlos, las -órdenes que se les enviaban escritas en unas tiras de tela que habían -sido arrolladas en otro palo del mismo grueso, y que como era natural, -solo arrollándolas a otro igual al que cubrían cuando habían sido -escritas, podían leerse fácilmente.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_110" href="#FNanchor_110" class="label">[110]</a> -Nombre de tres magistrados encargados de vigilar los ejercicios de los -jóvenes. (Véase la obra del mismo autor de la presente, <i>Gobierno de -los lacedemonios</i>, cap. IV, que trata de la educación de los hombres -en la edad viril.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_111" href="#FNanchor_111" class="label">[111]</a> -Gobierno aristocrático de los diez ciudadanos más ricos de la -ciudad.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_112" href="#FNanchor_112" class="label">[112]</a> En -396 antes de Jesucristo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_113" href="#FNanchor_113" class="label">[113]</a> -Consejo de once tebanos encargados de la dirección de los asuntos en -Beocia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_114" href="#FNanchor_114" class="label">[114]</a> -Ciudad y promontorio de Eubea.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_115" href="#FNanchor_115" class="label">[115]</a> -El pletro (<span xml:lang="grc" lang="grc">πλέθρον</span>) era la 6.ª -parte del estadio, y su equivalencia es de 31 metros.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_116" href="#FNanchor_116" class="label">[116]</a> -Compárense las biografías de Agesilao en Plutarco y Cornelio Nepos, la -obra de Jenofonte, <i>Agesilao</i>, cap. <span class="asc">I</span>, -y en especial el libro de Carlos Gustavo Heiland: <i>Xenophontis -Agesilaus cum adnotatione et prolegomenis de auctore et indole -libri</i>, edit. nova. Leipzig, 1857. En esta obra hallará el lector -estudioso el resumen de las discusiones habidas entre los filólogos -Walkenaër, Lennep, Wyttenbach, Wolf, Bernhardy y Sievers, que niegan -la autenticidad de aquel tratado histórico, y Zeun, Weiske, Schneider, -Dindorf, Delbrück, Manson Kühn y Baumgarten que la afirman, a cuyo -parecer se une el citado autor, aportando nuevas razones a esta última -opinión y dándole casi el valor de la más decisiva certeza.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_117" href="#FNanchor_117" class="label">[117]</a> En -395 antes de Jesucristo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_118" href="#FNanchor_118" class="label">[118]</a> -Sobre la orilla meridional del lago Copais.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_119" href="#FNanchor_119" class="label">[119]</a> Se -llamaba Erianto. (Véase Plutarco, <i>Vida de Lisandro</i>, cap. <span -class="asc">XV</span>.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_120" href="#FNanchor_120" class="label">[120]</a> -Comandantes de cincuenta hombres.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_121" href="#FNanchor_121" class="label">[121]</a> -Del año 395 antes de la era vulgar.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_122" href="#FNanchor_122" class="label">[122]</a> -Estos empleados eran una especie de comisarios que se cuidaban de -vender en pública subasta el botín tomado a los enemigos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_123" href="#FNanchor_123" class="label">[123]</a> De -Astira, ciudad de Misia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_124" href="#FNanchor_124" class="label">[124]</a> En -dicho año 395 antes de Cristo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_125" href="#FNanchor_125" class="label">[125]</a> -Los griegos de Asia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_126" href="#FNanchor_126" class="label">[126]</a> -Jerjes.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_127" href="#FNanchor_127" class="label">[127]</a> -Desfiladero de que se habla también más adelante, en el cap. IV de este -mismo libro.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_128" href="#FNanchor_128" class="label">[128]</a> Es -decir, de los corintios y de sus aliados.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_129" href="#FNanchor_129" class="label">[129]</a> -Según las conjeturas de Schneider, en un lugar cubierto de bosque.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_130" href="#FNanchor_130" class="label">[130]</a> -Hallábanse los atenienses divididos en diez tribus para los asuntos -civiles, y esta división se conservaba también en el ejército.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_131" href="#FNanchor_131" class="label">[131]</a> -Cazadora.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_132" href="#FNanchor_132" class="label">[132]</a> De -Corinto.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_133" href="#FNanchor_133" class="label">[133]</a> En -el año 394 antes de nuestra era.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_134" href="#FNanchor_134" class="label">[134]</a> -Había vuelto a Europa después de haber llevado a cabo su misión junto -a Tisafernes. Compárese, lib. <span class="asc">III</span>, capítulo -<span class="asc">IV</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_135" href="#FNanchor_135" class="label">[135]</a> -Dice Schneider que eran 300 caballeros escogidos, que desempeñaban las -funciones de estado Mayor con los reyes de Lacedemonia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_136" href="#FNanchor_136" class="label">[136]</a> -Weiske le llama Polímaco.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_137" href="#FNanchor_137" class="label">[137]</a> A -causa de un eclipse anular.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_138" href="#FNanchor_138" class="label">[138]</a> -Conón, después de la batalla de Egospótamos, había huido al lado de -Evágoras, y más tarde junto al rey de Persia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_139" href="#FNanchor_139" class="label">[139]</a> -Ozolia y Opuntia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_140" href="#FNanchor_140" class="label">[140]</a> -Compárese <i>Agesilao</i>, cap. <span class="asc">II</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_141" href="#FNanchor_141" class="label">[141]</a> -Leemos, con A. Turretini y L. Dindorf, <span xml:lang="grc" -lang="grc">πολλοὶ</span>, a pesar de la autoridad de Weiske, quien lee -<span xml:lang="grc" lang="grc">Πελλεῖς</span>, opinión que siguen -asimismo otros doctos editores, pero que a nuestro parecer no le da -sentido completo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_142" href="#FNanchor_142" class="label">[142]</a> En -el año 393 antes de Jesucristo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_143" href="#FNanchor_143" class="label">[143]</a> -Fiestas en honor de Ártemis o Diana, que era adorada en Tebas en el -templo que le edificó Hércules después de la victoria que alcanzó sobre -los orcomenios.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_144" href="#FNanchor_144" class="label">[144]</a> -Gimnasio situado en la cumbre de una colina cercana a Corinto y rodeado -de un bosque sagrado.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_145" href="#FNanchor_145" class="label">[145]</a> -Montaña coronada de una ciudadela que dominaba a Corinto.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_146" href="#FNanchor_146" class="label">[146]</a> -Era una columna consagrada a Cibeles, madre de los dioses.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_147" href="#FNanchor_147" class="label">[147]</a> -Puerto de Corinto.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_148" href="#FNanchor_148" class="label">[148]</a> -Véase el <a href="#Page_145">final del cap. <span -class="asc">II</span></a> de este mismo libro.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_149" href="#FNanchor_149" class="label">[149]</a> -Para la inteligencia de estos movimientos, será bueno recurrir al mapa -que inserta Weiske en la pág. 189 del tomo <span class="asc">IV</span> -de su edición de las obras de Jenofonte.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_150" href="#FNanchor_150" class="label">[150]</a> -<span xml:lang="grc" lang="grc">Ἱππαρμοστής</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_151" href="#FNanchor_151" class="label">[151]</a> -Es la primera letra de la palabra <span xml:lang="grc" -lang="grc">Σικυώνιοι</span> (sicionios).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_152" href="#FNanchor_152" class="label">[152]</a> -<span xml:lang="grc" lang="grc">Ναὶ τὼ σιώ</span>, literalmente, -¡por los dos dioses! Fórmula de juramento especial a los dorios; los -Dióscuros son Cástor y Pólux.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_153" href="#FNanchor_153" class="label">[153]</a> -Población situada en la campiña de Corinto.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_154" href="#FNanchor_154" class="label">[154]</a> -Puerto de Corinto.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_155" href="#FNanchor_155" class="label">[155]</a> -Véase <i>Agesilao</i>, cap. <span class="asc">II</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_156" href="#FNanchor_156" class="label">[156]</a> En -el año 392 antes de la era vulgar.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_157" href="#FNanchor_157" class="label">[157]</a> -Poseidón o Neptuno.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_158" href="#FNanchor_158" class="label">[158]</a> -Véase <i>Tito Livio</i>, lib. <span class="asc">XXXI</span>, cap. <span -class="asc">XXIII</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_159" href="#FNanchor_159" class="label">[159]</a> -Huésped público.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_160" href="#FNanchor_160" class="label">[160]</a> -Lanceros.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_161" href="#FNanchor_161" class="label">[161]</a> -Ciudad del golfo de Corinto.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_162" href="#FNanchor_162" class="label">[162]</a> En -el año 391 antes de Cristo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_163" href="#FNanchor_163" class="label">[163]</a> La -ciudad más populosa e importante de la Acarnania.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_164" href="#FNanchor_164" class="label">[164]</a> -Ciudad de la Acarnania en la embocadura del Aqueloo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_165" href="#FNanchor_165" class="label">[165]</a> -Del año 390 antes de nuestra era.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_166" href="#FNanchor_166" class="label">[166]</a> -Rey de Esparta, hijo de Pausanias.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_167" href="#FNanchor_167" class="label">[167]</a> -Zeus o Júpiter.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_168" href="#FNanchor_168" class="label">[168]</a> -Estaría mejor: el mes sagrado. Era el Carneo (<span xml:lang="grc" -lang="grc">Καρνεῖον</span>) de los dorios y el Metagitnio (<span -xml:lang="grc" lang="grc">Μεταγίτνιον</span>) de los atenienses, -correspondiente a una parte de agosto y de septiembre.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_169" href="#FNanchor_169" class="label">[169]</a> -Poseidón o Neptuno.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_170" href="#FNanchor_170" class="label">[170]</a> -Llamábase pentatlo al atleta que disputaba el premio o lo -había conseguido en el quíntuple combate (<span xml:lang="grc" -lang="grc">πένταθλον</span>) del salto, la carrera, la lucha, la pica y -el disco.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_171" href="#FNanchor_171" class="label">[171]</a> En -los años 394 a 390 antes de Cristo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_172" href="#FNanchor_172" class="label">[172]</a> En -Mesenia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_173" href="#FNanchor_173" class="label">[173]</a> -Estrecho y promontorio de Etolia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_174" href="#FNanchor_174" class="label">[174]</a> Al -comenzar el año 388 antes de Jesucristo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_175" href="#FNanchor_175" class="label">[175]</a> -Las <i>ínfulas</i> eran unas tiras de tela con que se coronaban los -sacerdotes y magistrados al ejercer sus funciones.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_176" href="#FNanchor_176" class="label">[176]</a> El -<span xml:lang="grc" lang="grc">κελευστῆς</span> era el que daba las -órdenes a los remeros.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_177" href="#FNanchor_177" class="label">[177]</a> -Templo consagrado a Heracles o Hércules.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_178" href="#FNanchor_178" class="label">[178]</a> -Sin duda se llamaría así por haber allí tres torres.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_179" href="#FNanchor_179" class="label">[179]</a> -Zeus o Júpiter.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_180" href="#FNanchor_180" class="label">[180]</a> -Bazar del Pireo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_181" href="#FNanchor_181" class="label">[181]</a> No -debe confundírsele con Trasíbulo de Estiria, el libertador de Atenas. -Colito era un demo del Ática.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_182" href="#FNanchor_182" class="label">[182]</a> -Los griegos de Europa.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_183" href="#FNanchor_183" class="label">[183]</a> En -el año 386 antes de nuestra era.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_184" href="#FNanchor_184" class="label">[184]</a> En -el año 385 antes de Cristo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_185" href="#FNanchor_185" class="label">[185]</a> -Unos 50 céntimos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_186" href="#FNanchor_186" class="label">[186]</a> -Casi 20 pesetas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_187" href="#FNanchor_187" class="label">[187]</a> -Tropas escogidas de Esparta, reclutadas entre los arcadios.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_188" href="#FNanchor_188" class="label">[188]</a> -Véase más arriba, <a href="#Page_110">lib. <span -class="asc">III</span>, cap. <span class="asc">III</span></a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_189" href="#FNanchor_189" class="label">[189]</a> -Del año 382 antes de Cristo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_190" href="#FNanchor_190" class="label">[190]</a> -Unos dos kilómetros.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_191" href="#FNanchor_191" class="label">[191]</a> En -las cercanías de Palene, ciudad del Quersoneso de Tracia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_192" href="#FNanchor_192" class="label">[192]</a> En -el año 379 antes de nuestra era.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_193" href="#FNanchor_193" class="label">[193]</a> -Fiestas de Afrodita o Venus.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_194" href="#FNanchor_194" class="label">[194]</a> -Cortesanas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_195" href="#FNanchor_195" class="label">[195]</a> -Hermano y sucesor de Agesípolis.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_196" href="#FNanchor_196" class="label">[196]</a> -Léese también el nombre de esta localidad en unas ediciones -<i>Reasedos</i> (templo de Rea), y en otras <i>Greasedos</i> (asiento -de Grea). Este nombre se supone deriva de la tradición relativa a la -esposa de Pemandro, fundador de Tanagra, que por su mucha edad había -recibido el nombre de <span xml:lang="grc" lang="grc">Γραῖα</span> (la -anciana): asegúrase que entre Tebas y Tanagra habíale sido levantada -una estatua, y de ahí el nombre de Greasedos. Nosotros, sin embargo, -hemos seguido la variante más generalmente adoptada.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_197" href="#FNanchor_197" class="label">[197]</a> -Importante ciudad del litoral de la Tesalia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_198" href="#FNanchor_198" class="label">[198]</a> -Ciudad de Eubea, llamada también Histiea.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_199" href="#FNanchor_199" class="label">[199]</a> -Templo de Afrodita o Venus.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_200" href="#FNanchor_200" class="label">[200]</a> -Compárese <i>Plutarco</i>, <i>Vidas paralelas</i>, cap. <span -class="asc">XXVII</span> de la biografía de Agesilao.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_201" href="#FNanchor_201" class="label">[201]</a> -Véase el <a href="#Page_113">cap. <span class="asc">IV</span> del lib. -<span class="asc">III</span></a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_202" href="#FNanchor_202" class="label">[202]</a> Es -el mismo Timoteo de quien escribió la biografía Cornelio Nepos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_203" href="#FNanchor_203" class="label">[203]</a> -Ciudad de Acarnania.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_204" href="#FNanchor_204" class="label">[204]</a> En -el año 374 antes de Jesucristo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_205" href="#FNanchor_205" class="label">[205]</a> -Literalmente <span xml:lang="grc" lang="grc">τάγος</span>, palabra -tesalia que se encuentra, sin embargo, algunas veces usada por los -áticos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_206" href="#FNanchor_206" class="label">[206]</a> -<span xml:lang="grc" lang="grc">Πενήστης</span> (criado, doméstico), -palabra tesalia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_207" href="#FNanchor_207" class="label">[207]</a> En -el año 373 antes de nuestra era.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_208" href="#FNanchor_208" class="label">[208]</a> -Pequeña ciudad del litoral de Laconia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_209" href="#FNanchor_209" class="label">[209]</a> -Dionisio el antiguo, tirano de Siracusa.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_210" href="#FNanchor_210" class="label">[210]</a> -Más arriba hemos hablado de la <i>Páralos</i>. La <i>Salaminia</i> -era una trirreme pública en la que venían presos los que se hallaban -acusados de algún delito nacional ante los tribunales. (Véase el -diálogo <i>Critón</i>, de Platón.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_211" href="#FNanchor_211" class="label">[211]</a> -Véase más arriba, <a href="#tumulos">lib. <span class="asc">III</span>, -cap. 2.º</a></p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_212" href="#FNanchor_212" class="label">[212]</a> -Las grandes velas, <span xml:lang="grc" lang="grc">μεγάλα ἱστία</span>, -se empleaban solamente en las travesías, y las pequeñas velas, <span -xml:lang="grc" lang="grc">μικρὰ ἱστία</span>, en el combate.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_213" href="#FNanchor_213" class="label">[213]</a> -Las velas altas, <span xml:lang="grc" lang="grc">ἀκάτια</span>, eran -las velas enteras o latinas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_214" href="#FNanchor_214" class="label">[214]</a> -Jenofonte no ha hablado en ninguna otra parte de estas derrotas de los -plateenses y de los mesenios. Consúltese para esta parte de la Historia -de Grecia a Diodoro Sículo, libro <span class="asc">XV</span>, cap. -<span class="asc">XLVI</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_215" href="#FNanchor_215" class="label">[215]</a> En -el año 372 antes de Jesucristo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_216" href="#FNanchor_216" class="label">[216]</a> -Era el portador de la antorcha en las pompas sagradas de Eleusis, y -se consideraba como una de las magistraturas de la república que más -honraba a los ciudadanos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_217" href="#FNanchor_217" class="label">[217]</a> -Véase esta palabra en el <i>Diccionario mitológico</i> de Jacobi.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_218" href="#FNanchor_218" class="label">[218]</a> -Diosa de la agricultura, equivalente a Ceres.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_219" href="#FNanchor_219" class="label">[219]</a> La -Tierra, madre de los dioses, correspondiente a la Juno romana.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_220" href="#FNanchor_220" class="label">[220]</a> -Ciudadela cuya fundación se atribuía a Cadmo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_221" href="#FNanchor_221" class="label">[221]</a> -Los hechos de este capítulo corresponden a los años 371, 370 y 369 -antes de la era vulgar.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_222" href="#FNanchor_222" class="label">[222]</a> -Llamábanse estas dos doncellas Molpia e Hipo. (Véase -<i>Pausanias</i>, lib. <span class="asc">IX</span>, cap. <span -class="asc">XIII</span>.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_223" href="#FNanchor_223" class="label">[223]</a> -Templo de Heracles o Hércules.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_224" href="#FNanchor_224" class="label">[224]</a> -Principalmente de Epaminondas. (Véase <i>Diodoro Sículo</i>, lib. <span -class="asc">XV</span>, cap. <span class="asc">LIII</span>.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_225" href="#FNanchor_225" class="label">[225]</a> -<span xml:lang="grc" lang="grc">Ἐνωμότια</span>, compañía de -veinticinco hombres.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_226" href="#FNanchor_226" class="label">[226]</a> -Llamábase <span xml:lang="grc" lang="grc">συμφορεύς</span> el -<i>comes</i> o compañero de un jefe principal.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_227" href="#FNanchor_227" class="label">[227]</a> -Véase Luciano, <i>Del Baile</i>, cap. <span class="asc">XII</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_228" href="#FNanchor_228" class="label">[228]</a> -Lanceros.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_229" href="#FNanchor_229" class="label">[229]</a> -Llamábase Tebe.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_230" href="#FNanchor_230" class="label">[230]</a> -Corresponde a los mismos años que el anterior.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_231" href="#FNanchor_231" class="label">[231]</a> -Diana.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_232" href="#FNanchor_232" class="label">[232]</a> -Ciudad de su territorio.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_233" href="#FNanchor_233" class="label">[233]</a> -Ciudad de Arcadia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_234" href="#FNanchor_234" class="label">[234]</a> -Ozolia y Opuntia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_235" href="#FNanchor_235" class="label">[235]</a> -Llamada así por su proximidad a Esciros, ciudad de Arcadia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_236" href="#FNanchor_236" class="label">[236]</a> -Alrededores de Malea, población de Arcadia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_237" href="#FNanchor_237" class="label">[237]</a> -Ciudad de las fronteras de Laconia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_238" href="#FNanchor_238" class="label">[238]</a> -Sobrenombre de Minerva Atenea. (Véase la palabra <i>Alea</i> en el -<i>Diccionario</i> de Jacobi, y en el de Daremberg y Saglio.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_239" href="#FNanchor_239" class="label">[239]</a> -Hacía más de seiscientos años que no se había verificado ninguna -invasión en Laconia. Compárese Plutarco, <i>Agesilao</i>, cap. <span -class="asc">XXX</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_240" href="#FNanchor_240" class="label">[240]</a> -<span xml:lang="grc" lang="grc">Γαιήοχος</span> (que sostiene o rodea -la tierra), sobrenombre de Poseidón (Neptuno).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_241" href="#FNanchor_241" class="label">[241]</a> -Cástor y Pólux.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_242" href="#FNanchor_242" class="label">[242]</a> -Véase Cornelio Nepos, <i>Arístides</i>, cap. <span -class="asc">III</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_243" href="#FNanchor_243" class="label">[243]</a> -Este es, evidentemente, uno de los más admirables discursos de -Jenofonte.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_244" href="#FNanchor_244" class="label">[244]</a> -Los fliasios, orcomenios, etc.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_245" href="#FNanchor_245" class="label">[245]</a> A -los lacedemonios.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_246" href="#FNanchor_246" class="label">[246]</a> -Literalmente <span xml:lang="grc" lang="grc">Ἀρχηγέται</span> -(Arquegetas, Jefes del estado), refiriéndose a los individuos de la -familia de Hércules.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_247" href="#FNanchor_247" class="label">[247]</a> -Cordillera que se extiende desde las rocas Escironias hasta el monte -Citerón.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_248" href="#FNanchor_248" class="label">[248]</a> -Corresponden los sucesos de este capítulo a los años 368, 367 y 366 -antes de Cristo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_249" href="#FNanchor_249" class="label">[249]</a> -Supremacía o preponderancia en el dominio terrestre.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_250" href="#FNanchor_250" class="label">[250]</a> -Obsérvese el hermoso paralelismo de este discurso.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_251" href="#FNanchor_251" class="label">[251]</a> -Por la fuerza de expresión y lo contundente de los argumentos, este -discurso es uno de los más notables que pone Jenofonte en boca de sus -personajes.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_252" href="#FNanchor_252" class="label">[252]</a> -Unos dos kilómetros y medio.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_253" href="#FNanchor_253" class="label">[253]</a> -Unos 124 metros.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_254" href="#FNanchor_254" class="label">[254]</a> -Unos 650 metros.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_255" href="#FNanchor_255" class="label">[255]</a> -Hallábase situada esta ciudad en un territorio muy agreste y -escarpado.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_256" href="#FNanchor_256" class="label">[256]</a> -Ciudad de la Argólida.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_257" href="#FNanchor_257" class="label">[257]</a> -Más de la mitad del ejército de los diez mil, se componía de arcadios y -aqueos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_258" href="#FNanchor_258" class="label">[258]</a> -Sobre este plátano, véase la sátira de Luciano, <i>Sobre una -habitación</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_259" href="#FNanchor_259" class="label">[259]</a> -Corresponden estos sucesos a los años 371 al 366 antes de la era -vulgar.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_260" href="#FNanchor_260" class="label">[260]</a> -Capital de la Fliasia junto a las fuentes del Asopo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_261" href="#FNanchor_261" class="label">[261]</a> -Ciudad fortificada del litoral de Laconia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_262" href="#FNanchor_262" class="label">[262]</a> -Templo de Hera o Juno.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_263" href="#FNanchor_263" class="label">[263]</a> -Los fliasios.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_264" href="#FNanchor_264" class="label">[264]</a> Se -ignora cuál podía ser este río.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_265" href="#FNanchor_265" class="label">[265]</a> En -el año 366 antes de Cristo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_266" href="#FNanchor_266" class="label">[266]</a> -Este discurso de defensa, si bien algo paradójico, es verdaderamente -admirable por su vehemencia y naturalidad.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_267" href="#FNanchor_267" class="label">[267]</a> -Los sicionios.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_268" href="#FNanchor_268" class="label">[268]</a> -Literalmente <span xml:lang="grc" lang="grc">ἀρχηγέτης</span> (jefe -supremo). (Véase también el <a href="#FNanchor_246">cap. <span -class="asc">V</span> del lib. <span class="asc">VI</span></a>.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_269" href="#FNanchor_269" class="label">[269]</a> -Corresponde a los años 366 al 363 antes de nuestra era.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_270" href="#FNanchor_270" class="label">[270]</a> -Temison y Teodoro de Eubea se habían apoderado de Oropo, ciudad -aliada de los atenienses en las fronteras de Beocia y del Ática. Los -ciudadanos desterrados habían regresado entonces a su patria. Compárese -<i>Tucídides</i>, libro <span class="asc">VIII</span>, c.º 95.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_271" href="#FNanchor_271" class="label">[271]</a> -Más tarde, esta causa fue defendida por Calístrato con tan grande -habilidad y tan notable talento, que despertó el naciente genio de -Demóstenes, que se hallaba apenas en la pubertad. (Véase la vida de -Demóstenes en las <i>Vidas paralelas</i> de Plutarco).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_272" href="#FNanchor_272" class="label">[272]</a> -Véase también el cap. <span class="asc">I</span> de este mismo -libro.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_273" href="#FNanchor_273" class="label">[273]</a> -Tribunal de los arcadios sobre el cual puede verse el capítulo <span -class="asc">LII</span> del <i>Voyage du jeune Anacharsis en Grèce</i>, -del abate Barthélemy.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_274" href="#FNanchor_274" class="label">[274]</a> -Véase el <a href="#licomedes">cap. <span class="asc">I</span> de este -mismo libro</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_275" href="#FNanchor_275" class="label">[275]</a> -Hallándose situada en el interior la ciudad de Selasia, es de presumir -que las tropas de Dionisio no se limitarían únicamente a una empresa -marítima.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_276" href="#FNanchor_276" class="label">[276]</a> -Montaña consagrada a Cronos (Saturno).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_277" href="#FNanchor_277" class="label">[277]</a> -Ciudad de los eleos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_278" href="#FNanchor_278" class="label">[278]</a> En -Acaya.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_279" href="#FNanchor_279" class="label">[279]</a> -Ciudad de Arcadia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_280" href="#FNanchor_280" class="label">[280]</a> -Sobre esta milicia arcadia puede verse una disertación de F. -Béjot en las <i>Mémoires de l’Académie des Inscriptions et des -Belles-Lettres</i>, t. <span class="asc">LVII</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_281" href="#FNanchor_281" class="label">[281]</a> -Población próxima a Pilos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_282" href="#FNanchor_282" class="label">[282]</a> -El mes que llamaban los atenienses <span xml:lang="grc" -lang="grc">Ἑκατομβιών</span> (Hecatombeo). Corresponde a parte de los -meses de junio y julio.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_283" href="#FNanchor_283" class="label">[283]</a> -Bosque en que se celebraban los juegos. Su nombre viene acaso de <span -xml:lang="grc" lang="grc">ἄλσος</span> (luco o bosque Sagrado).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_284" href="#FNanchor_284" class="label">[284]</a> En -el año 362 antes de Cristo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_285" href="#FNanchor_285" class="label">[285]</a> -Tirano de Feras. (Véase el <a href="#alejandro">cap. <span -class="asc">IV</span> del lib. <span class="asc">VI</span></a>.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_286" href="#FNanchor_286" class="label">[286]</a> En -este pasaje tan controvertido, hemos seguido el texto de L. Dindorf.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_287" href="#FNanchor_287" class="label">[287]</a> -Herido mortalmente por mano de Grilo, hijo de Jenofonte. (Véase -<i>Pausanias</i>, lib. <span class="asc">VIII</span>, cap. <span -class="asc">IX</span>.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_288" href="#FNanchor_288" class="label">[288]</a> -Según Diodoro Sículo, el ejército espartano, con sus aliados, constaba -de más de 20.000 infantes y unos 2000 caballos, y el de los tebanos -y sus aliados subía a unos 30.000 hombres de infantería y a más de -3000 caballos. En esta batalla que tan justa celebridad ha alcanzado, -combatieron, pues, cerca de 60.000 hombres.</p> - -</div> - -<hr class="chap" /> - - -<hr class="full" /> - -<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LAS HELÉNICAS O HISTORIA GRIEGA ***</div> -<div style='text-align:left'> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Updated editions will replace the previous one—the old editions will -be renamed. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. Special rules, set forth in the General Terms of Use part -of this license, apply to copying and distributing Project -Gutenberg™ electronic works to protect the PROJECT GUTENBERG™ -concept and trademark. 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Redistribution is subject to the trademark -license, especially commercial redistribution. -</div> - -<div style='margin:0.83em 0; font-size:1.1em; text-align:center'>START: FULL LICENSE<br /> -<span style='font-size:smaller'>THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE<br /> -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK</span> -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -To protect the Project Gutenberg™ mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase “Project -Gutenberg”), you agree to comply with all the terms of the Full -Project Gutenberg™ License available with this file or online at -www.gutenberg.org/license. -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg™ electronic works -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -1.A. 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Information about the Mission of Project Gutenberg™ -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Project Gutenberg™ is synonymous with the free distribution of -electronic works in formats readable by the widest variety of -computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It -exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations -from people in all walks of life. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg™’s -goals and ensuring that the Project Gutenberg™ collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg™ and future -generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see -Sections 3 and 4 and the Foundation information page at www.gutenberg.org. -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non-profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation’s EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by -U.S. federal laws and your state’s laws. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Foundation’s business office is located at 809 North 1500 West, -Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up -to date contact information can be found at the Foundation’s website -and official page at www.gutenberg.org/contact -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Project Gutenberg™ depends upon and cannot survive without widespread -public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine-readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. 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