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If you are not located in the United States, you -will have to check the laws of the country where you are located before -using this eBook. - -Title: Dramas (1 de 2) - Hernani; El Rey se divierte; Los Burgraves - -Author: Víctor Hugo - -Translator: Cecilio Navarro - -Release Date: June 1, 2021 [eBook #65486] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading - Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from - images generously made available by Biblioteca Digital de - Castilla y León) - -*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK DRAMAS (1 DE 2) *** - -NOTA DE TRANSCRIPCIÓN - - * Las cursivas se muestran entre _subrayados_, y las versalitas se - han convertido a MAYÚSCULAS. - - * Los errores de imprenta han sido corregidos. - - * La ortografía del original ha sido respetada, normalizándose las - variantes a la grafía más frecuente. - - * Se han añadido tildes a las mayúsculas que las necesitan y se - ha completado el emparejamiento de los signos de interrogación y - exclamación. - - * Las notas han sido renumeradas y ubicadas al final del párrafo que - contiene la llamada. - - * Se ha ampliado el Índice para que mencione los Actos o Partes de - cada drama. - - * Algunas ilustraciones se han desplazado ligeramente para no - interrumpir un párrafo. - - * Las páginas en blanco han sido eliminadas. - - - - -DRAMAS DE VÍCTOR HUGO - - - - -ES PROPIEDAD - - - - - DRAMAS - DE - VÍCTOR HUGO - - - HERNANI--EL REY SE DIVIERTE--LOS BURGRAVES - - - VERSIÓN CASTELLANA POR - CECILIO NAVARRO - - ILUSTRACIÓN DE - M. O. Delgado y F. Gómez Soler - - Grabados de GÓMEZ POLO - - - BARCELONA - BIBLIOTECA «ARTE Y LETRAS» - DANIEL CORTEZO Y C.ª--_Ausias-March, 95_ - 1884 - - - - -[Ilustración] - -Establecimiento tipográfico-editorial de DANIEL CORTEZO Y C.ª - - - - -[Ilustración: Víctor Hugo] - - - - - HERNANI - - Drama en 5 actos, con un prólogo de su autor - - - - -[Ilustración] - -PRÓLOGO - - -El autor de este drama escribía, hace algunas semanas, á propósito de -la prematura muerte de un poeta: - -«En estos momentos de lucha y tormenta literaria ¿á quién hemos de -compadecer, á los que mueren ó á los que combaten? Triste es sin duda -ver á un poeta de veinte años que se va, una lira que se rompe, un -porvenir que se desvanece; pero ¿no es algo también el reposo? Á los -hombres sobre cuya cabeza se acumulan sin cesar calumnias, injurias, -odios, celos, malos manejos, sordas intrigas, bajas traiciones; hombres -leales á los que se hace una guerra desleal; hombres de abnegación -que sólo querrían dotar al país de una libertad más, la libertad del -arte, la libertad de la inteligencia; hombres laboriosos que persiguen -pacíficamente su obra de conciencia, víctimas, por una parte, de viles -maquinaciones de censura y policía, y por otra, de la ingratitud hasta -de los mismos para quienes trabajan, ¿no les es permitido volver á -veces la cabeza con envidia hacia los que han caído detrás de ellos -y duermen en el sepulcro? _Invideo_, decía Lutero en el cementerio de -Worms, _invideo quia quiescunt_. - -»Sin embargo ¿qué importa? ¡Jóvenes, valor! Por rudo que se nos quiera -hacer el presente, el porvenir será bello. El romanticismo tantas veces -mal definido, no es en suma, y esta es su definición real, mirándolo -sólo por su aspecto militante, sino la libertad en literatura. La -mayoría de los hombres pensadores empieza á comprenderlo así, y muy en -breve, porque la obra está ya muy adelantada, muy en breve la libertad -literaria será tan popular como la libertad política. La libertad en -el arte, la libertad en la sociedad, he aquí el doble objeto á que -deben aspirar igualmente los espíritus consecuentes y lógicos; he aquí -la doble bandera que reune, á excepción de muy pocos ingenios (que se -iluminarán también) toda la juventud tan fuerte y paciente hoy; después -con la juventud, y á su frente, lo más selecto de la generación que -nos ha precedido, todos esos sabios ancianos, que después del primer -momento de desconfianza y de examen, han reconocido que lo que hacen -sus hijos es consecuencia de lo que ellos mismos hicieron, y que la -libertad literaria es hija de la libertad política. Este principio -es el del siglo y prevalecerá á buen seguro. Los _ultras_ de todo -género, clásicos ó monárquicos, se prestarán en vano mutuo auxilio -para reconstruir con todas sus piezas el antiguo régimen, sociedad -y literatura: cada progreso del país, cada desenvolvimiento de las -inteligencias, cada paso de la libertad dará en tierra con su obra. -Y, en definitiva, sus esfuerzos de reacción habrán sido útiles. En -revolución todo movimiento hace adelantar. La verdad y la libertad -tienen la excelencia de que todo lo que se hace por ellas y todo lo -que contra ellas se hace les sirve igualmente. Ahora bien, después -de tantas y tan grandes cosas como hicieron nuestros padres y -nosotros hemos visto, hemos salido de la antigua forma social. ¿Cómo -no saldríamos de la antigua forma poética? Á pueblo nuevo arte nuevo. -Admirando y todo la literatura de Luís XIV, tan bien adaptada á su -monarquía, sabrá tener su literatura propia y personal y nacional, esta -Francia de hoy, esta Francia del siglo XIX, á quien Mirabeau forjó su -libertad y Napoleón su poder[1].» - - [1] _Carta á los editores de las Poesías de M. Dovalle._ - -Perdónese al autor de este drama citarse á sí mismo aquí: sus palabras -tienen tan escasamente el dón de grabarse en los espíritus que muy -á menudo tendrá necesidad de repetirlas. Por lo demás, no está hoy -fuera de propósito exponer de nuevo á la vista de los lectores las -dos páginas que acaban de transcribirse. No es decir que este drama -pueda en manera alguna merecer el bello nombre de arte nuevo, de nueva -poesía; lejos de eso; consigno tan sólo que el principio de la libertad -en literatura acaba de dar un paso y de realizar un progreso, no en el -arte, pues este drama vale poco, sino en el público; en este concepto -á lo menos, una parte de los pronósticos hechos más arriba acaban de -cumplirse. - -Había peligro, efectivamente, en cambiar así de repente el público, en -arriesgar en el teatro tentativas confiadas hasta ahora sólo al papel -_que lo sufre todo_; el público de los libros es muy diferente del -público de los espectáculos y se podía temer que el segundo rechazara -lo que el primero había aceptado. No ha sido así. El principio de la -libertad literaria, ya comprendido por la gente que lee y medita, no -ha sido menos completamente adoptado por la inmensa multitud ávida de -las puras emociones del arte, que inunda todas las noches los teatros -de París. Esa alta y poderosa voz del pueblo, que semeja la de Dios, -quiere que de hoy más la poesía tenga la misma divisa que la política: -_tolerancia y libertad_. - -Ahora venga el poeta: ya hay público. - -Y el público quiere esta libertad, tal como debe ser, conciliándose con -el orden en el Estado, con el arte en la literatura. La libertad tiene -una prudencia que le es propia y sin la cual no es completa. Bueno es -que las antiguas reglas de Aubignac mueran con las antiguas costumbres -de Cujas, y todavía mejor que á una literatura cortesana suceda una -literatura popular, pero sobre todo que se encuentre una razón interior -en el fondo de todas estas novedades. Que el principio de la libertad -haga su negocio pero que lo haga bien. En literatura como en sociedad, -nada de etiqueta, nada de anarquía: leyes. Ni talones rojos, ni gorros -rojos. - -Eso es lo que quiere el público y quiere bien. En cuanto á nosotros, -por deferencia á ese público, que con tanta indulgencia ha recibido -un ensayo tan poco meritorio, le damos este drama hoy tal como se ha -representado. Acaso llegue el día de publicarlo tal como lo concibió el -autor, indicando y discutiendo las modificaciones que la escena le ha -hecho sufrir. Estos pormenores de crítica quizá no carezcan de interés -ni de enseñanza, pero hoy parecerían minuciosos. La libertad en el arte -está admitida; la cuestión principal está resuelta. ¿Á qué detenerse -en cuestiones secundarias? Algún día volveremos al asunto y hablaremos -también muy detalladamente combatiendo con la fuerza del raciocinio -y de los hechos, la censura dramática que es el único obstáculo -á la libertad del teatro ahora que no lo hay ya en el público. -Procuraremos, á nuestro cargo y riesgo, y por devoción á las cosas del -arte, caracterizar los mil abusos de esa especie de inquisición del -espíritu, que tiene como el otro Santo Oficio, sus jueces secretos, -sus enmascarados verdugos, sus torturas, sus mutilaciones y su pena de -muerte. Y, á ser posible, desgarraremos los tenebrosos velos de esa -policía que con vergüenza nuestra amordaza al teatro en el siglo XIX. - -Hoy no debe haber lugar sino para el reconocimiento y la gratitud, y -al público se dirige el autor de este drama dándole las gracias desde -lo hondo de su corazón. Esta obra, no de talento, sino de conciencia -y libertad, ha sido generosamente protegida por el público contra -muchas enemistades, porque el público es también concienzudo y libre. -Gracias, pues, le sean dadas, é igualmente á esa potente juventud que -ha prestado ayuda y favor á la obra de un joven sincero é independiente -como ella. Para ella principalmente trabaja, porque sería altísima -gloria merecer los aplausos de esa escogida reunión de jóvenes, -entendidos, consecuentes, lógicos, verdaderamente liberales, así en -literatura como en política, noble generación que no rehusa abrir ambos -ojos á la verdad y recibir la luz por los dos lados. - -De su obra en sí misma, no hablará: acepta las críticas que de ella se -han hecho, así las más severas, como las más benévolas, porque de todas -se puede sacar provecho. No se atreve á creer que todo el mundo haya -comprendido de pronto ese drama cuya verdadera clave es el _Romancero -General_, y rogaría de buen grado á las personas á quienes haya podido -chocar la obra que vuelvan á leer el _Cid_, _Don Sancho_, _Nicomedes_, -ó más bien todo Corneille y todo Molière, grandes y admirables poetas. -Esta lectura los hará menos severos al juzgar ciertas cosas que hayan -podido extrañar en el fondo ó en la forma de _Hernani_. En fin, acaso -no ha llegado el momento de juzgarlo. _Hernani_ no es hasta aquí más -que la primera piedra de un edificio que existe del todo construído -en la mente de su autor, y cuyo conjunto puede sólo dar valor á este -drama. Tal vez no parezca mal un día la idea que le ha pasado por la -cabeza de poner, como el arquitecto de Bourges, una puerta morisca á su -catedral gótica. - -Entre tanto, lo que ha hecho es bien poco, harto lo sabe. ¡Pluguiera á -Dios que no le faltaran las fuerzas para rematar su obra, que no valdrá -hasta que esté concluída! No pertenece el autor al número de aquellos -privilegiados poetas que pueden morir ó interrumpir la suya antes de -haber acabado, sin peligro para su memoria; no es de los que permanecen -grandes, aun sin haberla completado, hombres dichosos de quienes puede -decirse lo que de Cartago bosquejada decía Virgilio: - - _Pendent opera, interrupta, minæque_ - _Murorum ingentes!_ - -9 Marzo 1830. - - - - -HERNANI - - - - -PERSONAJES - - - HERNANI. - DON CARLOS. - DON RUY GÓMEZ DE SILVA. - DOÑA SOL DE SILVA. - EL REY DE BOHEMIA. - EL DUQUE DE BAVIERA. - EL DUQUE DE GOTHA. - EL BARÓN DE HOHEMBURGO. - EL DUQUE DE LUTZELBURGO. - YÁGUEZ. - DON SANCHO. - DON MATÍAS. - DON RICARDO. - DON GARCI SUÁREZ. - DON FRANCISCO. - DON JUAN DE HARO. - DON PEDRO GUZMÁN DE LARA. - DON GIL TÉLLEZ GIRÓN. - DOÑA JOSEFA DUARTE. - UN MONTAÑÉS. - UNA DAMA. - PRIMER CONJURADO. - SEGUNDO CONJURADO. - TERCER CONJURADO. - Conjurados de la Liga Sacrosanta, alemanes y españoles, montañeses, - señores, soldados, pajes, pueblo, etc. - - -España, 1519 - - - - -[Ilustración] - -ACTO PRIMERO - -EL REY - - -ZARAGOZA - - Cuarto dormitorio.--Es de noche.--Una lámpara sobre una mesa - -PERSONAJES - - HERNANI. - DON CARLOS. - DON RUY GÓMEZ DE SILVA. - DOÑA SOL DE SILVA. - DOÑA JOSEFA DUARTE. - - -ESCENA I - -DOÑA JOSEFA DUARTE, vieja, vestida de negro con adornos de azabache á -lo Isabel la Católica; DON CARLOS - - (_Llaman dando un golpe á una puertecita secreta á la derecha. La - dueña, que está corriendo una cortina carmín, escucha. Dan un segundo - golpe._) - -D.ª JOSEFA.--Será él ya. (_Otro golpe._) Es sin duda en la escalera -secreta. (_Otro golpe._) Abramos sin más demora. (_Abre y entra -don Carlos arrebujado hasta los ojos y con el sombrero calado._) -Buenas noches, caballero. (_Se desemboza y deja ver un rico traje de -terciopelo á la moda castellana de 1519. Retrocede con espanto._) ¡Ah! -¿No sois el señor Hernani? ¡Dios mío! ¡Socorro! - -D. CARLOS (_Asiéndola del brazo._)--Dos palabras más y sois muerta, -dueña. (_La mira fijamente y calla espantada la vieja._) ¿Estoy en el -aposento de doña Sol, prometida al viejo duque de Pastrana, su tío, -señor tan venerable como celoso? Decid. La hermosa ama á un caballero -imberbe aún y recibe todas las noches al caballero imberbe y al viejo -de luengas barbas. ¿No es eso? (_La dueña calla y él la sacude del -brazo._) ¿Contestaréis? - -D.ª JOSEFA.--Me habéis prohibido bajo pena de la vida decir dos -palabras, señor. - -D. CARLOS.--Por eso no quiero más que una: sí ó no. ¿Es tu señora doña -Sol de Silva? - -D.ª JOSEFA.--Sí. - -D. CARLOS.--El duque, su futuro, ¿está ahora fuera de casa? - -D.ª JOSEFA.--Sí. - -D. CARLOS.--¿Espera ella al galán? - -D.ª JOSEFA.--Sí. - -D. CARLOS.--¡Muerto me caiga! - -D.ª JOSEFA.--Sí. - -D. CARLOS.--¿Se ven aquí mismo? - -D.ª JOSEFA.--Sí. - -D. CARLOS.--Escóndeme. - -D.ª JOSEFA.--¿Á vos? - -D. CARLOS.--Á mí. - -D.ª JOSEFA.--¿Para qué? - -D. CARLOS.--Para... estar escondido. - -D.ª JOSEFA.--¡Pero esconderos yo! - -D. CARLOS.--Aquí mismo. - -D.ª JOSEFA.--Jamás. - -D. CARLOS (_Sacando un bolsillo y un puñal._)--Escoged. - -D.ª JOSEFA.--Sois el mismo diablo. (_Escogiendo el bolsillo._) - -D. CARLOS.--Ya lo veis. - -D.ª JOSEFA (_Abriendo un estrecho armario, disimulado en la -pared._)--Entrad aquí. - -D. CARLOS (_Examinándolo._)--¿En esta caja? - -D.ª JOSEFA.--Idos, si no queréis. - -D. CARLOS.--Sí quiero. (_Examinándolo más._) ¿Será acaso la covacha -de la escoba en cuyo mango cabalga esta bruja? (_Se introduce -difícilmente._) ¡Uf! - -D.ª JOSEFA (_Juntando las manos con escándalo._)--¡Un hombre aquí! - -D. CARLOS.--¿Es por ventura mujer el galán que espera tu ama? - -D.ª JOSEFA.--¡Oh Dios! Oigo sus pasos. Señor, cerrad pronto la puerta. -(_La empuja y queda cerrada._) - -D. CARLOS.--Si decís una palabra, sois muerta. - -D.ª JOSEFA.--¿Quién es este hombre? ¡Jesús, Dios mío! Voy á llamar... -¿Y á quién, si todos duermen en la casa, excepto las dos? En fin, esto -le atañe á ella y á él que tiene buena espada; á mí... guárdeme Dios -de todo mal. (_Pesando el bolsillo._) Al cabo no es ningún ladrón. -(_Oculta el bolsillo al entrar doña Sol._) - - -ESCENA II - -DOÑA JOSEFA, DON CARLOS, oculto, DOÑA SOL, luégo HERNANI - -D.ª SOL.--¿Josefa? - -D.ª JOSEFA.--Señora mía. - -D.ª SOL.--¡Ah! Temo una desgracia. - -D.ª JOSEFA.--¿Y por qué? - -D.ª SOL.--Hernani debería estar ya aquí. - - (_Óyense pasos hacia la puerta secreta._) - -D.ª JOSEFA.--Aquí está ya. - -D.ª SOL.--Abre antes que llame. - - (_La dueña abre la puerta y entra Hernani con capa y sombrero. Debajo - de la capa, un traje de montañés de Aragón, pardo, con coraza de - cuero. Al cinto un puñal, una espada y un cuerno de caza._) - -D.ª SOL (_Corriendo á él._)--¡Hernani! - -HERNANI.--¡Sol de mi vida! ¡Ah! por fin te veo y la voz que me habla -es tu voz. ¿Por qué me tiene la suerte tan alejado de ti? ¡Tengo tanta -necesidad de verte para olvidar á los demás!... - -D.ª SOL (_Tocando su capa._)--¡Jesús! ¡Qué mojado! ¿Llueve mucho? - -HERNANI.--No lo sé. - -D.ª SOL.--Tendrás frío. - -HERNANI.--No. - -D.ª SOL.--Quítate la capa. - -HERNANI.--Sol de mi vida, dime, cuando inocente y pura reposas por la -noche, y plácido y tranquilo entorna tus ojos el sueño entreabriendo la -rosa de tus labios, ¿no te dice un ángel, alma mía, cuán dulce es tu -amor para el infeliz á quien todos abandonan y rechazan? - -D.ª SOL.--¡Ah!... ¡Cuánto has tardado! Dime ¿tienes frío? - -HERNANI.--¿Á tu lado? ¡Ah! Cuando el amor celoso hierve en nuestras -cabezas, cuando hierven en el corazón mil tempestades, ¿qué importa lo -que una nube del aire puede arrojar á nuestro paso? - -D.ª SOL.--Dame, dame la capa y la espada. - -HERNANI (_Llevando la mano al pomo._)--No; es la otra amiga mía, -inocente y fiel también. Sol de mis ojos, ¿está ausente tu tío, y -futuro esposo? - -D.ª SOL.--Sí, esta hora nos pertenece. - -HERNANI.--¡Esta hora nada más! Para nosotros sólo una hora. ¿Qué -importa? Fuerza es olvidar ó morir. ¡Una hora contigo! ¡Una hora para -quien querría toda la vida y después la eternidad! - -D.ª SOL.--Hernani... - -HERNANI (_Con despecho._)--¡Cuán feliz soy cuando el duque sale! Como -un ladrón que tiembla forzando una puerta, así entro yo á verte y -robo al anciano una hora de dicha. ¡Oh! ¡Soy muy dichoso! ¡Y sin duda -llevaría á mal que le robe yo una hora, cuando me roba él á mí la vida! - -D.ª SOL.--Cálmate. (_Entregando la capa á la dueña._) Josefa, ponla á -secar. (_Haciendo á Hernani una seña mientras la dueña se va._) Ven á -mi lado. - -HERNANI (_Sin oirla._)--¿El duque está ausente? - -D.ª SOL.--Bien mío, no pienses más en él. - -HERNANI.--¡Ah! No; fuerza es recordarle. El anciano te ama... es tu -futuro esposo. ¡Cómo! ¡Te dió el otro día un beso y no pensaré en él! - -D.ª SOL (_Riendo._)--¿Y eso te desespera? Un beso de tío, casi de padre. - -HERNANI.--No, un beso de amante, de futuro esposo. ¡Ah! ¡Viejo -insensato que, teniendo necesidad de una mujer para acabar de morirse, -va como fiero y frío espectro á tomar una joven! ¡Insensato viejo! -Mientras con una mano se agarra á la tuya, ¿no ve á la muerte que le -agarra la otra? Ha venido á interponerse temerariamente entre nosotros. -¡Pobre hombre! Más le valiera haber muerto de una vez. ¿Quién diablos -pensó en semejante matrimonio? - -D.ª SOL.--Dicen que el rey lo quiere. - -HERNANI.--¡El rey! Mi padre murió en el cadalso, condenado por el -suyo, y aunque haya envejecido después de aquella inmolación, para la -sombra del difunto rey, para su hijo vivo, para su viuda, para todos -los suyos, mi odio es siempre nuevo. Muy niño aún hice el juramento -de vengar en el hijo la muerte de mi padre. Por todas partes, rey de -las Castillas, por todas partes te busco, porque el odio es eterno -entre ambas familias. Nuestros padres lucharon sin tregua ni piedad -por espacio de treinta años. Y es en vano que los padres hayan muerto: -su odio vive. Para ellos no ha venido la paz, porque los hijos viven -y continúa el duelo á muerte. ¡Y es él quien quiere ese execrable -himeneo! ¡Mejor que mejor! Yo le buscaba y viene él á ponerse en mi -camino. - -D.ª SOL.--Hernani, me espantas. - -HERNANI.--Cargado con el peso de un anatema, preciso es que llegue -hasta á espantarme á mí mismo. Escucha: el hombre á que tan joven te -han destinado, Ruy de Silva, tu tío, es duque de Pastrana, rico hombre -de Aragón, conde y grande de España. Á falta de juventud, puede traerte -tanto oro y joyas que reluzca tu frente entre las frentes reales, y -por la gloria, la opulencia y el orgullo, más de una reina envidiará á -su duquesa. Yo, por mí, soy pobre, y no tuve en mi niñez más que los -bosques, á donde huía descalzo. Acaso tengo algún rico blasón que una -mancha de sangre ahora deslustra; acaso tengo derechos, sepultados -en las sombras, que un negro paño de patíbulo oculta aún entre sus -pliegues, y que si mi esperanza no se engaña, podrán brillar un día -con mi espada, pero hasta ahora no he recibido del avaro cielo más que -el aire, la luz y el agua, que es el dón común á todos. Permite que te -libre del duque ó de mí; has de elegir entre los dos: ó ser su esposa ó -seguirme. - -D.ª SOL.--¡Seguirte! - -HERNANI.--Entre nuestros rudos compañeros, como yo proscritos, cuyos -nombres conoce ya el verdugo, hombres de corazón y de hierro que nunca -se enmohecen, teniendo todos ellos agravios de sangre que vengar, -vendrás tú á ser la reina de mi banda, porque has de saber que yo -no soy más que un bandolero. Cuando todos me perseguían en ambas -Castillas, solo, en sus bosques y montañas, tuve que buscar seguro -asilo y Cataluña me acogió como una madre. Allí entre sus montañeses, -pobres, pero altivos y libres, fuí creciendo, y mañana, si mi aliento -hace resonar esta bocina, acudirán en són de guerra tres mil de sus -valientes. ¡Te estremeces! Aún puedes reflexionarlo bien. Seguirme -por bosques y montes y arenales, entre hombres parecidos á los -demonios de tus pavorosos sueños; sospechar de todo, de las miradas, -de las palabras, de los pasos, del ruido; oir silbar las balas de los -mosquetes persiguiendo vidas, anunciando muertes; estar proscrita como -yo y conmigo andar errante, y si es preciso, seguirme adonde seguiré yo -á mi padre, al patíbulo... esta será tu suerte. - -D.ª SOL.--Te seguiré. - -HERNANI.--El duque es rico, grande, honrado, sin sombra ninguna en el -escudo de su casa; el duque lo puede todo y te ofrece, con su mano, -tesoros, títulos, esplendor, dicha... - -D.ª SOL.--Partiremos mañana. ¡Oh mi Hernani! no me vituperes por mi -extraña audacia. ¿Eres mi demonio ó mi ángel? No lo sé; pero soy tu -esclava. Vé adonde quieras: contigo iré; que partas ó te quedes, tuya, -tuya soy. Y ¿por qué así? Lo ignoro; pero tengo necesidad de verte, -y de verte más y de verte siempre. Cuando se pierde el ruido de tus -pasos, creo que no late ya mi corazón; me faltas tú y me siento ausente -de mí misma; pero cuando esos pasos vuelven de nuevo á sonar en mis -oídos ansiosos, entonces recuerdo que existo y siento volver á mí el -alma fugitiva. - -HERNANI (_Estrechándola en sus brazos._)--¡Ángel mío! - -D.ª SOL.--Mañana á media noche ¿eh? Trae tu gente debajo de mi ventana. -Darás tres golpes y... descuida, seré osada y fuerte. - -HERNANI.--Ya sabes quien soy. - -D.ª SOL.--¿Qué importa? Te seguiré. - -HERNANI.--No: ya que quieres seguirme, débil mujer, bueno es que sepas -qué nombre, qué título, qué alma, qué destino hay oculto en el pastor -Hernani... - -D. CARLOS (_Abriendo con estrépito la puerta del armario._)--¿Cuándo -vais á acabar de referir vuestra historia? ¿Creéis que está uno -cómodamente en este armario? - - (_Retrocede sorprendido Hernani, á la vez que Sol da un grito y se - refugia en sus brazos mirando con espanto á don Carlos._) - -HERNANI (_Echando mano á su espada._)--¿Qué hombre es ese? - -D.ª SOL.--¡Cielos! ¡Socorro! - -HERNANI.--Callad, doña Sol. Cuando estoy yo á vuestro lado, suceda lo -que quiera, no tenéis que reclamar más defensa que la mía. (_Á don -Carlos._) ¿Qué hacíais ahí? - -D. CARLOS.--¿Yo? Pues á lo que parece no cabalgaba por el bosque. - -HERNANI.--Quien se chancea, después de la afrenta, se expone á dar qué -reir también á su heredero. - -D. CARLOS.--Á cada cual le llega su vez. Señor mío, hablemos en plata. -Vos amáis á doña Sol y venís todas las noches á miraros en el espejo de -sus ojos: está muy bien. Pero yo amo también á la dama y quiero conocer -á quién he visto entrar tantas veces por la ventana, mientras yo estaba -á la puerta. - -HERNANI.--Pues, por mi honor, os he de hacer salir por donde yo entro. - -D. CARLOS.--Lo veremos. Yo ofrezco mi amor á la dama: compartamos. He -visto en su bella alma tal y tanta ternura que á buen seguro tiene -harto para los dos. Esta noche quise acabar mi empeño, y sorprendido -por vos, á lo que pude entender, me escondo aquí y escucho, para no -ocultaros nada; pero oía muy mal y me ahogaba muy bien. Fuera de que -estaba echando á perder mi traje á la francesa; conque... he salido. - -HERNANI.--Mi daga tampoco está á su gusto y rabia por salir también. - -D. CARLOS (_Saludando._)--Como queráis, caballero. - -HERNANI (_Sacando su espada._)--¡En guardia! - -D. CARLOS (_Desnudando también la suya._)--En guardia, pues. - -D.ª SOL (_Interponiéndose._)--¡Dios mío! ¡Hernani! - -D. CARLOS.--Tranquilizaos, señora. - -HERNANI (_Á don Carlos._)--¿Vuestro nombre? - -D. CARLOS.--¡Bah! Dadme el vuestro. - -HERNANI.--¡Secreto fatal! Lo guardo para otro, que ha de sentir un día -á mis plantas vencedoras mi nombre en su oído y mi daga en su corazón. - -D. CARLOS.--¿Y cuál es el nombre de ese otro? - -HERNANI.--¿Qué os importa? Defendeos. - - (_Cruzan las espadas. Doña Sol cae desfallecida. Al mismo tiempo - llaman á la puerta._) - -D.ª SOL (_Levantándose con espanto._)--¡Dios mío! ¡Llaman á la puerta! - - (_Detiénense los combatientes. Entra Josefa por la puerta secreta._) - -HERNANI (_Á Josefa._)--¿Quién llama así? - -D.ª JOSEFA.--¡Virgen de las Angustias! ¡Qué conflicto! ¡El duque que -regresa! - -D.ª SOL.--¡Cielos! ¡Estoy perdida! ¡Infeliz de mí! - -D.ª JOSEFA (_Reconociendo el campo._)--¡Jesús! ¡El desconocido! ¡Las -espadas desnudas! ¡Se estaban batiendo! ¡Qué apuros! - - (_Los dos adversarios envainan sus aceros. Don Carlos se cala el - sombrero y se emboza hasta los ojos. Siguen llamando._) - -HERNANI.--¿Qué hacemos? - -UNA VOZ (_Por fuera._)--¡Sol, abre esta puerta! - - (_La dueña da un paso hacia la puerta y Hernani la detiene._) - -HERNANI.--No abráis. - -D.ª JOSEFA (_Sacando su rosario._)--¡Santiago apóstol! ¡Sacadnos en -bien de este mal paso! (_Siguen llamando._) - -HERNANI (_Indicando el armario á don Carlos._)--Ocultémonos ahí. - -D. CARLOS.--¿En el armario? - -HERNANI.--Entrad, yo me encargo de que los dos quepamos. - -D. CARLOS.--¡Pardiez! Es demasiado ancho. - -HERNANI.--Huyamos por allí. (_Por la puerta secreta._) - -D. CARLOS.--Huid vos; yo me quedo aquí. - -HERNANI.--¡Ah! Me pagaréis esta jugada. - -D. CARLOS (_Á Josefa._)--Abrid la puerta. - -HERNANI.--¿Qué dice? - -D. CARLOS (_Á la dueña indecisa._)--Que abráis, os mando. - - (_Siguen llamando. La dueña va á abrir temblando._) - -D.ª SOL.--¡Estoy muerta! - - -ESCENA III - -Los mismos, DON RUY GÓMEZ DE SILVA (barba y cabellos blancos, traje -negro).--Criados con antorchas. - -D. RUY.--¡Hombres á estas horas en el cuarto de mi sobrina! Venid -todos, que es cosa de ver. ¡Por San Juan de Ávila! Doña Sol ¿qué -es esto? ¿Qué hacen aquí estos caballeros? En tiempos del Cid y de -Bernardo, aquellos gigantes de España y del mundo, iban ellos por ambas -Castillas honrando á los ancianos y protegiendo á las doncellas. Eran -hombres fuertes que tenían por menos pesado el hierro de sus armas que -vosotros el terciopelo de vuestros vestidos. - -[Ilustración] - -Aquellos hombres tenían en respeto las canas, santificaban su amor en -las iglesias, no hacían traición á nadie y sabían muy bien guardar el -honor de sus casas. Si querían mujer, tomábanla á la clara luz del -día, delante de todo el mundo, con la espada, el hacha ó la lanza en -la mano. Y en cuanto á estos traidores que, fiando sólo á la noche sus -infames fechorías, á espaldas de los esposos roban el honor de las -mujeres, yo afirmo que el Cid los hubiera tenido por viles y degradando -su usurpada nobleza, hubiera abofeteado sus blasones con la vaina de -su espada. He aquí lo que harían los hombres de otro tiempo con los -hombres de hoy... ¿Qué habéis venido á hacer aquí? ¿Acaso á decir que -soy un viejo de que los jóvenes se ríen? ¿Se van á reir de mí, antiguo -soldado de Zamora? Y cuando pase con mis honradas canas, ¿se reirán -también de mí? ¡Ira de Dios! Pues á lo menos vosotros no habéis de ser -quienes se rían. - -HERNANI.--Señor duque... - -D. RUY.--¡Silencio! ¡Cómo se entiende! Disponéis de la espada y la -daga y la lanza, la caza, los festines, las jaurías, los halcones, los -cantares de amor, las plumas en el fieltro, las danzas, las corridas y -cañas, la juventud, la alegría; y á toda costa queréis tener un juguete -y tomáis á un anciano. ¡Ah! romped, romped el juguete; pero ¡plegue á -Dios que os salte en astillas al rostro! Seguidme. - -HERNANI.--Señor duque... - -D. RUY.--¡Seguidme! ¡Cómo! Hay en mi casa un tesoro, que es el honor de -una doncella, el honor de toda una familia. Esta doncella, á quien amo, -es de mi sangre, sobrina mía, que en breve ha de ser mi esposa. Yo la -creo casta y pura y sagrada para todos los hombres; y si yo, don Ruy -Gómez de Silva, tengo que salir una hora, no puedo hacerlo sin peligro -de que un ladrón de honras se deslice en mi hogar. ¡Atrás, hombres -desalmados! lavaos las manos... que mancháis á nuestras mujeres sólo -con tocarlas. Está bien. Continuad... ¿Tengo algo más? (_Se arranca -el collar._) Tomad, pisotead mi Toisón de oro. (_Tira su sombrero._) -Deshonrad mis canas... - -D.ª SOL.--¡Ah! señor... - -D. RUY (_Á sus criados._)--¡Venid en mi ayuda! ¡Mi hacha, mi puñal, mi -daga de Toledo! (_Á los intrusos._) Seguidme los dos. - -D. CARLOS (_Dando un paso._)--Duque, no se trata precisamente de eso -ahora; trátase, ante todo, de la muerte de Maximiliano, emperador de -Alemania. - - (_Descubriéndose._) - -D. RUY.--¡Aún os burláis!... ¡Ah! ¡Santo Dios! ¡El Rey! - -D.ª SOL.--¡El Rey! - -HERNANI.--¡El Rey de España! - - (_Clavándole los ojos vengativo._) - -D. CARLOS (_Con gravedad._)--Sí, Carlos primero. Mi augusto abuelo, el -emperador, ha muerto, según he sabido esta misma noche, y he venido en -persona y sin demora á darte la noticia, á ti, mi leal súbdito, y á -pedirte consejo, de noche y de incógnito. Ya ves si el negocio era para -tanto ruido. - - (_Ruy Gómez despide á sus criados con una seña y se acerca al Rey, á - quien Sol examina con sorpresa y temor, mientras Hernani permanece - aislado mirándole también con ojos fulgurantes._) - -D. RUY.--Pero ¿cómo tardar tanto en abrirme la puerta? - -D. CARLOS.--Venías tan acompañado... Cuando un secreto de Estado me -trae á tu palacio, no era cosa de ir á decirlo á todos tus sirvientes. - -D. RUY.--Perdonad, señor. Las apariencias... - -D. CARLOS.--Bien, duque, te hice gobernador del castillo de Figueras; -pero ¿á quién debo hacer ahora tu gobernador? - -D. RUY.--Señor, perdonad. - -D. CARLOS.--Basta: no hablemos más de esto. Pues, como decía, el -emperador ha muerto. - -D. RUY.--¡Ha muerto vuestro augusto abuelo! - -D. CARLOS.--Ya me ves, duque, poseído de tristeza. - -D. RUY.--¿Y quién ha de sucederle? - -D. CARLOS.--Un duque de Sajonia está en la lista, y Francisco primero -de Francia es otro de los pretendientes. - -D. RUY.--¿Dónde van á reunirse los electores del imperio? - -D. CARLOS.--Han elegido, según creo, Aquisgrán... ó Spira... ó -Francfort. - -D. RUY.--Y nuestro Rey y señor, que Dios guarde, ¿no ha pensado nunca -en el imperio? - -D. CARLOS.--Siempre. - -D. RUY.--Á nadie sino á vos pertenece. - -D. CARLOS.--Bien lo sé. - -D. RUY.--Vuestro augusto padre, señor, fué archiduque de Austria, y -creo que el imperio tendrá presente que era abuelo vuestro quien acaba -de morir. - -D. CARLOS.--Además soy ciudadano de Gante. - -D. RUY.--En mis primeros años tuve el honor de ver á vuestro ilustre -abuelo. ¡Ah! ¡Cuán viejo soy! ¡todo ha muerto ya! Era un emperador -poderoso y magnánimo. - -D. CARLOS.--Roma también está por mí. - -D. RUY.--Valiente, enérgico, pero nada despótico... ¡Oh! aquella corona -sentaba muy bien al viejo cuerpo germánico. (_Se inclina y besa la real -mano._) ¡Cuánto os compadezco señor! ¡Tan mozo y hundido ya en tanto -duelo! - -D. CARLOS.--El papa desea recobrar la Sicilia, que un emperador no -puede poseer. Me apoya para que como hijo agradecido y sumiso, le -entregue luégo su presa. Tengamos el águila y después... veremos si he -de darle á roer los alones. - -D. RUY.--¡Con qué gusto vería aquel veterano del trono ciñendo su -corona á su ilustre nieto! ¡Ah! ¡Con vos hemos de llorar todos á aquel -pío y máximo emperador! - -D. CARLOS.--El Padre Santo es hábil. ¿Qué es la Sicilia? Una isla que -pende de mi reino, una pieza, un girón, que apenas conviene á España y -á su lado se arrastra. «¿Qué harías, hijo mío, de esa isla, atada al -cabo de un hilo? Tu imperio está mal hecho. Pronto, venid aquí. Unas -tijeras y cortemos.» Gracias, Santísimo Padre, porque de esos girones, -como tenga yo fortuna, he de coser más de uno al sacro imperio, y si -otros me arrancaran, remendaría mis estados con islas y ducados. - -D. RUY.--Consolaos: hay otro reino de justicia, donde parecen los -muertos más santos y augustos. - -D. CARLOS.--El rey Francisco I es un ambicioso. Muerto el viejo -emperador, al punto ha puesto los ojos en el imperio. ¿No tiene á la -Francia Cristianísima? ¡Ah! la herencia es pingüe y bien merece que le -tenga apego. Decía al rey Luís el emperador mi abuelo: «Si yo fuera -Dios Padre y tuviera dos hijos, haría Dios al primogénito y al segundo, -rey de Francia.» ¿Crees que Francisco pueda tener algunas esperanzas? - -D. RUY.--Es un rey victorioso. - -D. CARLOS.--Sería preciso cambiarlo todo. La bula de oro prohibe elegir -á un extranjero. - -D. RUY.--Según eso, señor, sois rey de España. - -D. CARLOS.--Soy ciudadano de Gante. - -D. RUY.--La última campaña ha ensalzado mucho al rey Francisco. - -D. CARLOS.--El águila que va á nacer en mi cimera puede también -desplegar sus alas. - -D. RUY.--¿Entendéis el latín? - -D. CARLOS.--Mal. - -D. RUY.--Es lástima. La nobleza alemana gusta mucho de que le hablen en -latín. - -D. CARLOS.--Ya se contentará con castellano altivo, pues, creedme á -fe de Carlos, cuando la voz habla alto, poco importa la lengua que se -habla. Ahora voy á Flandes, y es menester, mi querido Silva, que vuelva -emperador. El rey de Francia va á removerlo todo; quiero anticiparme á -él y partiré dentro de poco. - -D. RUY.--¿Nos dejáis, señor, sin purgar antes á Aragón de esos nuevos -bandidos que al abrigo de sus montañas levantan sus audaces frentes? - -D. CARLOS.--Ya he dispuesto que el duque de Arcos acabe con ellos. - -D. RUY.--¿Dais también orden al capitán de la gavilla para que se deje -exterminar? - -D. CARLOS.--¿Quién es ese bandolero? ¿Su nombre? - -D. RUY.--Lo ignoro; pero dicen que es audaz. - -D. CARLOS.--Yo sólo sé que por ahora está en Galicia y ya enviaré -alguna fuerza para que dé cuenta de él. - -D. RUY.--Entonces son falsas las noticias que por aquí lo suponen. - -D. CARLOS.--Falsas serán... esta noche me hospedo en tu casa. - -D. RUY.--¡Ah! ¡Señor! ¡tanta honra!... (_Inclinándose profundamente._) -¡Hola! (_Acuden los criados._) Honrad todos al Rey mi huésped. - - (_El duque forma en dos filas á los criados con antorchas hasta la - puerta del fondo. Mientras, se acerca Sol á Hernani. El rey los - cela._) - -D.ª SOL (_Á Hernani._)--Mañana á media noche, bajo mi ventana, sin -falta. Darás tres palmadas. - -HERNANI.--Mañana. - -D. CARLOS (_Aparte._)--¡Mañana! (_Á Sol con galantería._) Permitidme -que para salir os ofrezca la mano. (_La conduce hasta la puerta._) - -HERNANI (_Con la mano en el pecho._)--¡Ay, puñal mío! ¿cuándo saltarás? - -D. CARLOS (_Volviendo. Aparte._)--¡Qué cara pone! (_Á Hernani._) Os -concedí el honor de chocar vuestra espada con la mía, caballero. -Por cien razones me sois sospechoso; pero el rey don Carlos odia la -traición. Idos, pues. Todavía me digno proteger vuestra fuga. - -D. RUY (_Volviendo._)--¿Quién es este caballero? (_Indicando á -Hernani._) - -[Ilustración: D. CARLOS.--_...Permitidme que para salir os ofrezca la -mano._] -D. CARLOS.--Es de mi séquito y parte. - - (_Salen con los criados, precediendo al rey el duque con una antorcha - en la mano._) - - -ESCENA IV - -HERNANI - -Sí, de tu séquito ¡oh rey! de tu séquito soy. De noche y de día, en -efecto, y paso á paso te sigo, con el puñal en la mano y los ojos -fijos en tu huella. En mí persigue en ti mi raza á tu raza. Y como -si no fuera bastante, has venido también á ser mi rival. Hubo un -momento en que me quedé indeciso entre amar y aborrecer. Mi corazón -no era bastante ancho para ella y para ti, y amándola olvidé el odio -que te tengo; pero una vez que tú lo quieres, una vez que vienes tú -á recordármelo, en buen hora, lo recuerdo. Mi amor hace inclinar la -incierta balanza y cae del lado de mi odio. Sí, soy de tu séquito; tú -lo has dicho. ¡Oh! ningún cortesano de tu maldita elevación, ningún -señor de los que lamen tus manos y besan tus piés, ningún perro de -palacio adiestrado en seguir á un rey seguirán jamás tus huellas más -tenaces y asiduos que yo. Lo que quieren de ti todos esos cortesanos es -algún título ó juguete de relumbrón; para querer tan poco, no querría -yo nada; lo que yo quiero de ti no es un vano favor, es el alma de -tu cuerpo, la sangre de tus venas, lo que un puñal ansioso hurgando -largo tiempo puede arrebatar á un corazón. Vé delante; yo te seguiré. -Mi vigilante venganza me acompaña siempre y me habla al oído. Vé, -aquí estoy yo; yo espío y escucho, y sin ruido mi paso busca el tuyo -y lo sigue y persigue. De día ¡oh rey! no podrás volver la cabeza sin -verme inmóvil y sombrío en tus solemnidades; ni de noche podrás tampoco -volverla sin encontrar mis ojos fulgurantes detrás de ti. - - (_Vase._) - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -ACTO II - -EL BANDIDO - - -ZARAGOZA - - Un patio del palacio de Silva.--Á la izquierda los grandes - muros del palacio con una ventana con balcón. Por debajo de la - ventana una puerta pequeña. Á la derecha y en el fondo casas y - calles.--Noche.--En las fachadas de los edificios algunas ventanas - iluminadas. - -PERSONAJES - - DON CARLOS. - HERNANI. - DOÑA SOL. - DON SANCHO. - DON MATÍAS. - DON RICARDO. - UN MONTAÑÉS. - - -ESCENA I - -DON CARLOS, DON SANCHO SÁNCHEZ DE ZÚÑIGA, conde de Monterey, DON MATÍAS -CENTURIÓN, marqués de Almunan, DON RICARDO DE ROJAS, señor de Casapalma - - (_Llegan los cuatro siguiendo á don Carlos, con los sombreros gachos - y embozados en sendas capas que dejan ver por debajo las puntas de - las espadas._) - -D. CARLOS (_Examinando el balcón._)--He aquí el balcón, la puerta... Me -hierve la sangre. (_Mirando la ventana._) Todavía no hay luz. Y la hay -en todas partes donde no me conviene, menos en esta ventana, donde me -convendría. - -D. SANCHO.--Señor, y volviendo á ese traidor, ¿le dejasteis partir? - -D. CARLOS.--Así es la verdad. - -D. SANCHO.--Y acaso fuera el jefe de la banda. - -D. CARLOS.--Jefe ó capitán, yo no he visto jamás testa coronada con más -altivez. - -D. SANCHO.--¿Y se llama?... - -D. CARLOS.--Muñoz... Fernan... No, un nombre que acaba en i. - -D. SANCHO.--¿Hernani tal vez? - -D. CARLOS.--Eso, Hernani. - -D. SANCHO.--Es él. - -D. MATÍAS.--Hernani es. - -D. SANCHO.--¿Y no recordáis su conversación? - -D. CARLOS (_Sin dejar de mirar á la ventana._)--¡Pardiez! No oía nada -en aquel maldito armario. - -D. SANCHO.--Pero, señor, ¿cómo lo soltasteis, teniéndolo ya en vuestras -manos? - -D. CARLOS (_Mirándolo fijamente._)--Conde de Monterey, ¿me interrogáis? -(_Los dos señores retroceden y callan._) Y por otra parte, no es eso -lo que más me interesa. Yo voy tras de su amada, no tras él. Estoy -verdaderamente enamorado. ¡Qué ojos negros tan hermosos, amigos míos! -¡dos espejos! ¡dos antorchas! De todo el coloquio no oí más que estas -palabras: Hasta mañana á la noche. Pero es lo esencial. Ahora mientras -ese bandido con cara de galán se entretiene en alguna fechoría, me -anticipo yo y le robo la paloma. - -D. RICARDO.--Hubiera sido un golpe completo matar á la vez el buitre. - -D. CARLOS.--¡Buen consejo! Tenéis la mano muy ligera, conde. - -D. RICARDO.--Señor ¿con qué título os place que sea conde? - -D. SANCHO.--Ha sido una equivocación. - -D. RICARDO.--El Rey me ha nombrado conde. - -D. CARLOS.--Basta. He dejado caer ese título; recogedlo y en paz. - -D. RICARDO (_Inclinándose._)--Gracias, señor. - -D. SANCHO.--¡Gran título! Conde por equivocación. - - (_El Rey se pasea por el fondo mirando con impaciencia hacia las - ventanas iluminadas. Los otros hablan entre sí en el proscenio._) - -D. MATÍAS (_á D. Sancho_).--Pero ¿qué hará el rey, una vez sorprendida -la dama? - -D. SANCHO.--La hará condesa, después dama de honor, y cuando tenga un -hijo de ella, lo hará rey. - -D. MATÍAS.--¡Pardiez! ¡Á un bastardo! Conde, enhorabuena; pero no así -como quiera se puede sacar un rey de una condesa. - -D. SANCHO.--Entonces la hará marquesa, mi querido marqués. - -D. MATÍAS.--Los bastardos se guardan para los países conquistados, y se -les hace virreyes, única cosa para que sirven. - -D. CARLOS (_Mirando con cólera las ventanas iluminadas._)--¡Pardiez! -Diríase que son ojos celosos que nos espían. Ahora se oscurecen dos. -¡Sea enhorabuena! ¡Qué largos son los momentos de espera! ¿Quién hará -adelantar la hora? - -D. SANCHO.--Eso es lo que decimos muchas veces en palacio. - -D. CARLOS.--Mientras en los vuestros mi pueblo lo repite. La última -ventana se oscurece. (_Mirando á la de Sol._) ¡Maldita vidriera! -¿Cuándo te iluminarás tú? ¡Oh doña Sol! Ven pronto á brillar como un -astro en las sombras de esta noche. (_Á don Ricardo._) ¿Es ya media -noche? - -D. RICARDO.--Muy pronto será. - -D. CARLOS.--Es preciso acabar cuanto antes. Á cada momento puede llegar -el otro. (_Se ilumina la ventana de Sol._) ¡Por fin, amigos míos, sale -el sol! Ved la sombra de la dama á través de los cristales. No perdamos -tiempo y hagamos la señal que espera. Hay que dar tres palmadas. Pero -acaso se alarme viendo aquí tanta gente. Retiraos allá á la sombra á -guardarme las espaldas. Compartamos estos amoríos: la dama para mí; -para vosotros el bandido. - -D. RICARDO.--Muchas gracias, señor. - -D. CARLOS.--Si viene á estorbarme, dadle bonitamente una estocada, y -mientras se recobra, me llevaré yo la dama. Pero ¡cuenta con matarlo! -Al cabo es un valiente, y la muerte de un hombre, cosa grave. - - (_Los tres caballeros se inclinan y salen. Don Carlos hace luégo la - señal dando las tres palmadas, y á la última se asoma Sol al balcón, - vestida de blanco._) - - -ESCENA II - -DON CARLOS, DOÑA SOL - -D.ª SOL.--¡Eres tú, Hernani! - -D. CARLOS (_Aparte._)--¡Pardiez! No hablemos. - - (_Vuelve á hacer la señal._) - -[Ilustración] - -D.ª SOL.--Bajo al momento. - - (_Cierra la ventana y muy luégo se abre la puerta pequeña apareciendo - Sol con una lamparilla en la mano y un manto al hombro._) - -D.ª SOL.--¿Hernani? - - (_Don Carlos se cala el sombrero y se le acerca precipitadamente._) - -D.ª SOL (_Dejando caer la lámpara._)--¡Dios mío! ¡No es su paso! - - (_Quiere retroceder, pero el rey la detiene por el brazo._) - -D. CARLOS.--¡Doña Sol! - -D.ª SOL.--¡Cielos! ¡No es su voz! ¡Desdichada de mí! - -D. CARLOS.--¿Qué voz quieres más amorosa? Siempre es la voz de un -amante y de un amante real. - -D.ª SOL.--¡El Rey! - -D. CARLOS.--Pide, manda... un reino te ofrezco; porque éste, cuyo amor -desdeñas, es el rey, tu señor; es Carlos, tu esclavo. - -D.ª SOL (_Pugnando por desasirse._)--¡Socorro! ¡Hernani! - -D. CARLOS.--No te espantes: es el rey quien te tiene, no el bandido. - -D.ª SOL.--No, el bandido sois vos. ¿No os da vergüenza? ¿Son estas las -hazañas que han de daros fama? ¡Venir de noche y por fuerza á robar -una doncella! ¡Ah, mi bandido vale cien veces más que vos! Oíd, rey -de Castilla. Si el hombre naciera donde lo eleva su alma, si Dios -concediera la jerarquía á la altura del corazón, el rey sería él, y el -bandido vos. - -D. CARLOS.--Señora... - -D.ª SOL.--¿Olvidáis que mi padre era conde? - -D. CARLOS.--Yo os haré duquesa. - -D.ª SOL.--Basta. ¡Qué vergüenza! (_Retrocediendo algunos pasos._) Nada, -nada puede haber entre nosotros, don Carlos. Mi padre derramó por -vos su sangre y yo soy doncella noble, y celosa de mi sangre y de mi -honor;... soy mucho para manceba y muy poco para esposa. - -D. CARLOS.--¿Princesa? - -D.ª SOL.--Rey don Carlos, id con vuestros amoríos á mujerzuelas dignas -de ellos, pues si os atrevéis á tratarme á mí con tal infamia, podré -muy bien demostraros que soy dama y que soy mujer. - -D. CARLOS.--Pues bien, venid á compartir mi trono: seréis reina, -emperatriz... - -D.ª SOL.--Comprendo la añagaza. Concluyamos: prefiero con mi Hernani -vivir errante fuera del mundo y de la ley, con hambre y sed, -compartiendo su destino, abandono, guerra, destierro, persecución, -miseria, á ser emperatriz con un emperador. - -D. CARLOS.--¡Cuán dichoso es ese hombre! - -D.ª SOL.--Es pobre y hasta proscrito. - -D. CARLOS.--Hace bien en ser pobre y hasta proscrito, puesto que es tan -amado. Yo estoy solo y un ángel le acompaña á él. En fin, ¿me odiáis? - -D.ª SOL.--No os amo. - -D. CARLOS (_Asiéndola con violencia._)--Pues bien, me améis ó no, -vendréis conmigo; mi mano es más fuerte que la vuestra. Vendréis. Yo lo -quiero así. ¡Pardiez! Vamos á ver si soy rey de España y de las Indias -para nada. - -D.ª SOL (_Forcejeando._)--¡Ah! ¡Señor, por piedad! Pues sois el rey, -duquesa, marquesa ó condesa, no tenéis más que escoger: las damas de -la corte tienen siempre amor para vuestro amor. Pero mi proscrito ¿qué -ha recibido del avaro cielo? Vos tenéis á Castilla, Aragón, Navarra, -Murcia, León y diez reinos más, y Flandes y las Indias con sus minas -de oro; tenéis un imperio en que nunca se pone el sol; y con todo esto -¿habréis de quitarle á él lo único que tiene... yo? - - (_Se hinca de rodillas á los piés del rey._) - -D. CARLOS.--Ven, no escucho nada. Ven; si correspondes á mi amor te doy -á elegir entre mis Españas. - -D.ª SOL.--No quiero más de vos que este puñal. (_Se lo arranca del -cinto y el rey la suelta y retrocede._) Atreveos ahora. Dad un paso no -más. - -D. CARLOS.--¡Qué hermosa está! No extraño ya que ame á un rebelde. - - (_Va á dar un paso y Sol alza el puñal._) - -D.ª SOL.--Un paso hacia mí y os mato y me mato. (_El rey retrocede más. -Sol se desvía y grita._) ¡Hernani! ¡Hernani! - -D. CARLOS.--¡Callad! - -D.ª SOL.--Un paso y todo acaba. - -D. CARLOS.--Señora, ya que á tal extremo reducís mi bondad, sabed que -para obligaros tengo ahí tres hombres de mi séquito. - -HERNANI (_Surgiendo á su espalda._)--Habéis olvidado uno. - - (_Vuélvese el rey y ve á Hernani con los brazos cruzados bajo su - larga capa y con el ala del sombrero levantada. Sol da un grito y - corre á abrazarle._) - - -ESCENA III - -DON CARLOS, DOÑA SOL, HERNANI - -HERNANI.--¡Oh! El cielo me es testigo que hubiera ido de buen grado á -buscarlo más lejos. - -D.ª SOL.--Hernani, sálvame. - -HERNANI.--Cálmate, vida mía. - -D. CARLOS.--¿Qué diablos hacen mis amigos por allá? ¡Haber dejado pasar -á este capitán de bandoleros! (_Llamando._) ¡Monterey! - -HERNANI.--Vuestros amigos están en poder de los míos. No reclaméis la -ayuda de sus espadas impotentes: para tres que vinieran á ayudaros, -vendrían á ayudarme á mí sesenta, y vale cualquiera de ellos por -vosotros cuatro. Así, arreglemos los dos solos nuestras cuentas. -¡Conque pusisteis la mano en esta doncella! Ha sido una imprudencia, -señor rey de Castilla, y una cobardía. - -D. CARLOS (_Con desdén._)--Señor bandido, de vos á mí no hay reproche. - -HERNANI.--¡Se chancea! ¡Oh! Yo no soy rey; pero cuando un rey me -agravia y se chancea además, se me sube á mí la cólera á la altura de -su orgullo. Y cuenta que en afrentándome se teme más al rubor de mi -frente que á la púrpura de un rey. Sois un insensato, si abrigáis la -más mínima esperanza. (_Agarrándolo del brazo._) ¿Conocéis bien la mano -que os aprieta? Escuchad. Vuestro padre hizo morir al mío, y os odio. -Me habéis quitado mis bienes y mis títulos, y os odio. Amáis á la mujer -que yo amo, y os odio, os odio, os odio con toda mi alma. - -D. CARLOS.--Bien está. - -HERNANI.--Esta noche, sin embargo, ni me acordaba de vos: sólo sentía -un anhelo, un ardor, una necesidad: doña Sol. Y anheloso y ardiente -de amor vengo y... ¡por vida mía! os encuentro en vías de robármela. -¡Cuando ya os había olvidado, os interponéis vos mismo en mi camino! -Señor rey de Castilla, os repito que sois un insensato. Caísteis en -vuestras propias redes: ni fuga, ni socorro. ¡Oh te tengo asediado! -Solo, rodeado por todas partes de encarnizados enemigos ¿qué has de -hacer? - -D. CARLOS (_Con altivez._)--¿También me interrogáis? - -HERNANI.--¡Bah! ¡bah! No quiero que un brazo oscuro te hiera. Ni quiero -que se me escape mi venganza. Nadie te tocará, sino yo. Defiéndete. -(_Saca su espada._) - -D. CARLOS.--Yo soy vuestro rey y señor. Matadme, sea; pero sin duelo. - -HERNANI.--Pronto has olvidado que anoche tu espada se cruzó con la mía. - -D. CARLOS.--Anoche ignoraba yo vuestro nombre, y vos ignorabais también -mi jerarquía. Hoy vos sabéis quién soy yo, y yo quién sois vos. - -HERNANI.--Enhorabuena. Defiéndete. - -D. CARLOS.--No acepto el duelo. Asesinadme. - -HERNANI.--Pero ¿crees tú que los reyes son para mí sagrados? ¡Á ver si -te defiendes! - -D. CARLOS.--Asesinadme: no me defiendo. ¡Ah! ¿Creéis, bandidos, que -vuestras viles gavillas pueden extenderse impunemente por las ciudades? -(_Hernani retrocede. Don Carlos le mira con ojos de águila._) ¿Creéis -que manchados de sangre y cargados de crímenes, podréis, después de -todo, pasar por generosos? ¿Creéis que nosotros, víctimas de vuestras -violencias, hemos de ennoblecer vuestros puñales con el choque de -nuestras espadas? No; el crimen os posee y por donde quiera lo -arrastráis. ¡Duelos con vosotros! No, no: asesinad. - - (_Hernani, sombrío y pensativo, vacila un momento en herir. De - repente quiebra la espada contra el suelo y se vuelve hacia el rey._) - -HERNANI.--Vete. Mejores encuentros tendremos. Vete, pues. - -D. CARLOS.--Está bien. Dentro de algunas horas, yo vuestro rey, volveré -al palacio ducal y mi primer cuidado será llamar al juez. ¿Han puesto á -precio vuestra cabeza? - -HERNANI.--Sí. - -D. CARLOS.--Bien. Desde hoy os tengo por rebelde y traidor. Por todas -partes he de perseguiros. Estáis avisado. Voy á decretar vuestra -proscripción del reino. - -HERNANI.--Ya está decretada. - -D. CARLOS.--Otra vez más. - -HERNANI.--Por fortuna, Francia está cerca y me servirá de asilo. - -D. CARLOS.--Voy á ser emperador de Alemania y quedaréis proscrito del -imperio. - -HERNANI.--Me queda el resto del mundo, para seguir odiándote. - -D. CARLOS.--¿Y si fuera mío el mundo? - -HERNANI.--Entonces... entonces me quedaría la tumba. - -D. CARLOS.--Bien, yo sabré desbaratar tus maquinaciones insolentes y -rebeldes. - -HERNANI.--La venganza es coja y llega á paso lento; pero llega. - -D. CARLOS (_Con desdén._)--¡Tocar á la dama que adora á un bandido! - -HERNANI.--Recuerda que aún estás en mi poder, y piensa, futuro César, -piensa que si apretara esta mano harto generosa, aplastaría en el huevo -tu águila imperial. - -D. CARLOS.--¡Á ver si os atrevéis! - -HERNANI.--¡Vete! ¡vete!... Huye de aquí; pero toma antes mi capa. (_Se -quita la capa y la echa á los hombros del rey._) Sin ella, te caería -encima algún puñal. (_Envuélvese el rey en la capa del bandido._) Ahora -parte sin temor. Mi sedienta venganza hace sagrada tu cabeza para otro -que yo. - -D. CARLOS.--Ya que me habláis así, no me pidáis nunca gracia ni perdón. - - (_Vase._) - - -ESCENA IV - -HERNANI, DOÑA SOL - -D.ª SOL.--Ahora, huyamos sin tardanza. - -HERNANI.--¿Estás resuelta á aceptar mi desgracia y acompañarme hasta el -fin? Noble propósito, digno de un fiel corazón. Pero ya lo ves, bien -mío; para llevarme gozoso á mi retiro un tesoro de belleza que codicia -un rey, para que mi Sol me siga y me pertenezca, para tomar su vida y -unirla á la mía, para arrastrarte conmigo sin vergüenza y sin pesar, no -es tiempo, no es tiempo aún: veo el cadalso demasiado cerca. - -[Ilustración] - -D.ª SOL.--¿Qué dices? - -HERNANI.--El rey á quien he mirado cara á cara, va á castigarme por -haberle perdonado. Huyo; acaso esté ya en su palacio llamando á sus -guardias, á sus criados, á sus caballeros y verdugos. - -D.ª SOL.--¡Ah! Estoy temblando, Hernani. Pues bien, démonos prisa; -huyamos juntos. - -HERNANI.--¡Juntos! No, no. La hora ha pasado. ¡Ah! Doña Sol, cuando te -revelaste á mis ojos, tan buena y aun piadosa, dignándote poner tu amor -en mí, yo ¡desdichado! pude ofrecerte lo que tenía, mis montañas, mis -bosques, mis torrentes, mi negro pan de proscrito, la mitad del lecho -de musgo en que reposo; pero ofrecerte la mitad del cadalso... perdona -¡oh Sol! el cadalso es para mí solo. - -D.ª SOL.--Me lo prometiste también. - -HERNANI (_De rodillas á sus piés._)--¡Ángel mío! en este instante -en que acaso se acerca la muerte entre las sombras, declaro aquí, -proscrito, con mi dolor profundo de haber nacido en cuna ensangrentada, -que por negro que sea el duelo que envuelve mi vida, soy un hombre -feliz; y quiero que me envidien porque me has amado, porque tú me lo -has dicho, porque en voz baja has bendecido tú mi frente maldita. - -D.ª SOL.--¡Hernani mío! - -HERNANI.--¡Bendita mil veces la suerte que puso para mí esta flor al -borde del abismo! (_Levantándose._) Y no hablo ahora á ti en este -lugar; hablo al cielo, á Dios, que me está oyendo. - -D.ª SOL.--Permíteme que te siga. - -HERNANI.--¡Oh! Sería un crimen arrancar la flor al caer en el abismo. -Vete, ya he respirado su perfume: basta. Reanuda á otros días tus días -por mí ajados; sé esposa del anciano; yo te desligo de tu palabra y -vuelvo á mis sombras. Olvida y sé dichosa. - -D.ª SOL.--No, te seguiré: quiero compartir tu suerte y no me apartaré -de ti. - -HERNANI (_Abrazándola._)--¡Oh! Déjame huir solo. Estoy desterrado, -proscrito, soy funesto. - - (_Se aparta de golpe._) - -D.ª SOL (_Con desesperación._)--¡Hernani! ¡Me abandonas! - -HERNANI (_Volviendo._)--¡Oh! no, me quedo: tú lo quieres y aquí me -tienes. Ven ¡oh! ven á mis brazos. Me quedo, y estaré á tu lado cuanto -quieras. Olvidémoslo todo. Siéntate aquí. (_Siéntase Sol en un banco -de piedra y él se coloca á sus piés._) La luz de tus ojos inunda los -míos. Cántame algún cantar como otras noches mientras en tus pestañas -temblaban para caer en mis labios las blandas perlas de tus lágrimas; -¡seamos felices! bebamos... la copa está llena... esta hora es nuestra, -y lo demás es locura. Háblame, embriágame. ¿No es verdad, sol de mi -cielo, que es dulce amar y saber que se nos ama de rodillas? ¿Y ser -dos, y estar solos, y hablar de amor entre los velos de la noche, -cuando todo duerme, sueña y calla? ¡Oh! Déjame dormir y soñar en tu -seno, sol de mi alma, alma mía... - - (_Tañido de campanas._) - -D.ª SOL (_Levantándose asustada._)--¿Oyes? ¡Tocan á rebato! - -HERNANI (_Aún á sus piés._)--No; tocan á nuestras bodas. - - (_Arrecia el campaneo. Gritos confusos. Antorchas en las calles, - luces en las ventanas._) - -D.ª SOL.--Levántate y ponte en salvo. ¡Gran Dios! Se incendia la ciudad. - -HERNANI.--Tendremos boda con antorchas. - - (_Choque de espadas y gritos._) - -D.ª SOL.--Es la boda de los muertos. - -HERNANI (_Reclinándose en el banco._)--Volvamos á soñar. - -UN MONTAÑÉS (_Corriendo, espada en mano._)--Señor, los esbirros, los -alcaldes, desembocan en la plaza en tropel. ¡Alerta, señor! - -D.ª SOL.--¡Ah! ¡Bien decías! - - (_Hernani se levanta._) - -EL MONTAÑÉS.--¡Socorro! - -HERNANI.--Aquí estoy. No temas. - -GRITOS CONFUSOS (_fuera_).--¡Muera el bandido! - -HERNANI (_Al montañés._)--Tu espada. (_Á Sol._) Adiós, pues. - -D.ª SOL.--¡Yo causé tu perdición! ¿Adónde vas? (_Indicándole la puerta -pequeña._) Ven, huyamos por esta puerta. - -[Ilustración: D.ª SOL.--_Ven, huyamos..._] - -HERNANI.--¿Qué dices? ¡Abandonar á mis amigos! - - (_Tumulto._) - -D.ª SOL.--¡Esos clamores me espantan! (_Reteniendo á Hernani._) No -olvides que si tú mueres, muero yo. - -HERNANI (_Teniéndola abrazada._)--Un beso... - -D.ª SOL.--¡Hernani, esposo mío, dueño mío! - -HERNANI (_Besándole la frente._)--El primero. - -D.ª SOL.--Acaso el último. - - (_Parte Hernani, y Sol cae sobre el banco._) - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -ACTO III - -EL ANCIANO - - -EL CASTILLO DE SILVA - -EN LAS MONTAÑAS DE ARAGÓN - - Galería de retratos de la familia de Silva; salón cuyo decorado - forman estos retratos encuadrados con preciosas molduras que - coronan emblemas y escudos ducales.--En el fondo, una alta puerta - gótica.--Entre los retratos sendas panoplias de diversos siglos. - -PERSONAJES - - DON CARLOS. - HERNANI. - DON RUY GÓMEZ DE SILVA. - DOÑA SOL. - YÁGUEZ. - - -ESCENA I - -DOÑA SOL, de blanco y en pié junto á una mesa. DON RUY GÓMEZ DE SILVA, -sentado en su gran sitial de roble. - -D. RUY.--¡Por fin llegó el día! Dentro de una hora serás mi duquesa. -Nada ya de tío ni sobrina: ya podré abrazarte y... Pero ¿me has -perdonado? No tuve razón, lo confieso: hice que palidecieran tus -mejillas y se ruborizara tu frente, con harto pronta sorpresa, y no -debí haberte condenado sin oirte. ¡Cómo engañan las apariencias y -qué injustos somos! Verdaderamente, allí estaban los dos mozos, muy -gentiles de persona ambos á dos. No debí dar crédito á mis propios -ojos; pero ¿qué quieres, niña? cuando uno es viejo... - -D.ª SOL.--Siempre me habláis de ello, y nunca os lo eché en cara. - -D. RUY.--Pues yo sí. Yo debía saber que con un alma como la tuya, no -puede tener galanes quien se llama doña Sol de Silva, y tiene en sus -venas pura sangre castellana. - -D.ª SOL.--Ciertamente; es pura y buena, y acaso se vea muy pronto. - -D. RUY (_yendo hacia ella_).--Escucha: nadie es dueño de sí mismo, -cuando está enamorado, como yo lo estoy de ti, y es además viejo. -Cualquiera se vuelve celoso y malo en ciertas condiciones. ¿Por -qué? ¡La vejez! Porque la belleza, la gracia, la juventud en otro, -todo espanta y hace temblar; porque está uno celoso de los demás y -avergonzado de sí mismo. ¡Qué irrisión que este hombre cojo ó tullido, -con el corazón ardiente y embriagado de amor, haya olvidado el cuerpo -al rejuvenecer el alma! Cuando pasa un joven pastor, muchas veces, -mientras vamos, cantando él por su verde prado, yo soñando por mis -negras avenidas, muchas veces digo para mí: «¡Oh, de qué buena gana -daría yo mis almenadas torres, mi antiguo palacio ducal, mis bosques -y sembrados, mis rebaños, mis títulos, todas mis ruinas por su cabaña -nueva y por su frente juvenil!» Porque sus cabellos son negros, porque -sus ojos brillan como los tuyos. Tú puedes verlo y decir: «¡Qué mozo!» -Y después pensar en mí, que soy viejo. Verdad que soy Gómez de Silva; -pero esto no basta. Sí, esto digo para mí. Ya ves hasta qué punto te -amo: todo lo daría por ser joven y hermoso como tú. Pero ¿á qué viene -delirar así? ¡Yo joven y bello, cuando debo precederte en la tumba! - -D.ª SOL.--¿Quién sabe? - -D. RUY.--Pero créeme, esos caballeros frívolos no aman tan inmensamente -que no se gaste su amor en palabras. Si una doncella ama á uno de -esos mozalbetes, ella se muere por él y él se ríe de ella. Todos esos -pajarillos de alas ligeras y vistosas tienen tan mudable el amor como -el plumaje. Los viejos, sin alas tan vistosas ni ligeras, amamos -mejor. ¡Que nuestro paso es pesado, que nuestra frente está arrugada, -y áridos nuestros ojos! Verdad, pero el corazón no se agosta ni se -arruga jamás. ¡Ah! cuando un viejo ama, hay que considerarlo mucho; -el corazón siempre es joven y puede lastimársele. ¡Oh! mi amor no es -como un juguete de cristal que brilla y tiembla, no; es un amor severo, -profundo, sólido, seguro, paternal, amistoso, de madera de roble, como -mi silla ducal. He aquí cómo yo te amo, y de otras cien maneras más: -como se ama á la aurora, como se ama á las flores, como se ama á los -cielos. De verte todos los días con tu gracioso paso, con tu frente -pura y tus brillantes ojos, me río con todo el júbilo del alma y en el -alma llevo una eterna fiesta. - -D.ª SOL.--¡Ah! - -D. RUY.--Y luégo el mundo ve con buenos ojos que cuando un hombre se -extingue y poco á poco se va, hasta tropezar en la piedra del sepulcro, -una mujer, ángel puro, vele por él, lo abrigue y se digne sufrir al -inútil anciano que no es bueno ya sino para morir. Excelente obra que -con razón se alaba, el supremo esfuerzo de un corazón que se sacrifica, -que consuela á un moribundo hasta el fin y sin amar acaso tiene -dulzuras de amor. ¡Oh! tú serás para mí un ángel con corazón de mujer -que regocije aún el alma del pobre anciano y soporte la mitad de sus -últimos años, hija por el respeto y hermana por la piedad. - -D.ª SOL.--Lejos de precederme, bien pudiérais seguirme, señor. No es -razón para vivir ser joven. ¡Ah! muchas veces los viejos se retardan, y -van delante los jóvenes. - -D. RUY.--¡Qué ideas tan sombrías! He de reñirte, niña: un día como este -es alegre y sagrado. Y á propósito ¿cómo no estás vestida ya para la -ceremonia? La hora se acerca. Vé, corre á vestirte, mientras yo cuento -los instantes. - -D.ª SOL.--Siempre será tiempo. - -D. RUY.--No tal. (_Entra un paje._) ¿Qué quiere, Yáguez? - -EL PAJE.--Señor, un peregrino espera á la puerta pidiendo hospitalidad. - -D. RUY.--Quien quiera que sea, la ventura entra en la casa con el -forastero que en ella se recibe. Que éntre, pues. ¿Hay algunas noticias -de afuera? ¿Qué se dice del capitán de bandoleros proscrito? - -EL PAJE.--Todo acabó para Hernani, el león de la montaña. - -D.ª SOL (_Aparte._)--¡Dios mío! - -D. RUY.--¿Cómo? - -EL PAJE.--La partida ha sido derrotada. Dicen que el mismo rey se puso -al frente de la tropa que salió en persecución de los bandidos. La -cabeza de Hernani vale por el momento mil escudos; pero se dice que ha -muerto en la refriega. - -D.ª SOL (_Aparte._)--¡Sin mí! ¡Pobre Hernani! - -D. RUY.--¡Gracias á Dios! Por fin murió el rebelde. Ahora podemos -alegrarnos sin peligro, hija mía. El bandido murió. Ea, vé á ataviarte, -amor mío, mi orgullo. ¡Hoy doble fiesta! Vé, vé á vestirte. - -D.ª SOL (_Aparte._)--De luto, ¡ay de mí! - - (_Sale._) - -D. RUY.--Que le lleven pronto el cofrecito de joyas, que yo le regalo. -(_Siéntase._) Quiero verla adornada como una Virgen, ante la cual caiga -de rodillas el peregrino. Á propósito. ¿Y ese que pedía hospitalidad? -Corre, vé y dile que éntre, y guíalo aquí. (_Sale el paje._) Hacer -esperar á un peregrino raya en impiedad. - - (_Ábrese la puerta del fondo y aparece Hernani disfrazado de - peregrino. El duque se levanta._) - - -ESCENA II - -DON RUY GÓMEZ, HERNANI - -HERNANI.--¡Paz y ventura al generoso duque! - - (_Avanza._) - -D. RUY.--¡Ventura y paz al peregrino mi bien venido huésped! -(_Siéntase._) ¿No eres peregrino? - -HERNANI.--Sí. - -D. RUY.--Sin duda vendrás de Armillas. - -HERNANI.--No; he tomado otro camino... se batían por allá. - -D. RUY.--La partida del proscrito ¿eh? - -HERNANI.--Lo ignoro. - -D. RUY.--Y ese Hernani ¿sabes qué ha sido de él? - -HERNANI.--¿Quién es ese hombre, señor? - -D. RUY.--¿No le conoces? Peor para ti, que has malogrado la ocasión de -ganar la gruesa suma en que se puso á precio su cabeza. Ese Hernani es -un rebelde al Rey, nuestro señor; un capitán de bandoleros que andaba -suelto é impune há mucho tiempo. Si vas á Madrid le verás ahorcar. - -HERNANI.--No, no voy allá. - -D. RUY.--Su cabeza es de quien quiera cortársela. - -HERNANI (_Aparte._)--Que vengan por ella. - -D. RUY.--Pues ¿adónde vas, buen peregrino? - -HERNANI.--Á Zaragoza, señor. - -D. RUY.--¿Á cumplir algún voto á la Virgen? - -HERNANI.--Sí, á la Virgen del Pilar. - -D. RUY.--¡Madre y Señora mía! Menester es no tener alma para olvidar -los votos hechos á los santos. Pero una vez cumplido el tuyo ¿no llevas -otros designios? ¿Ver el Pilar es todo lo que deseas? - -HERNANI.--Todo. - -D. RUY.--Bien. Y ¿cómo te llamas, hermano? Yo soy Ruy Gómez de Silva. - -HERNANI.--Yo... - -D. RUY.--Puedes callar tu nombre, si quieres; nadie tiene aquí el -derecho de saberlo. ¿Vienes á pedir hospitalidad? - -HERNANI.--Sí, ilustre Silva. - -D. RUY.--¡Muy bien venido! Quédate en mi casa y dispón de todo. En -cuanto á tu nombre, te llamas mi huésped y basta. Quienquiera que seas, -te acojo, que al mismo Satanás recibiría, si Dios me lo enviara. - - (_Ábrese de par en par la puerta del fondo y entra doña Sol en traje - nupcial, seguida de pajes, criados y dos doncellas que traen sobre - un cogín de terciopelo un cofrecito cincelado, que dejan sobre una - mesa. El cofrecito encierra una corona ducal, brazaletes, collares, - perlas y brillantes en confusión. Hernani, jadeante y azorado, mira - con fulgurantes ojos á la novia sin escuchar ya al duque._) - -[Ilustración: HERNANI.--_...Yo soy Hernani._] - - -ESCENA III - -Los mismos, DOÑA SOL, pajes, criados, doncellas - -D. RUY.--¡He aquí á mi Virgen del Pilar! Orar ante ella, te traerá -felicidad. (_Va á ofrecer la mano á Sol._) Futura esposa mía, venid, -venid. Pero ¡cómo estáis todavía sin el anillo nupcial ni la corona! - -HERNANI (_Con voz de trueno._)--¿Quién quiere ganarse aquí mil carlos -de oro? ¡Yo soy Hernani! - - (_Todos se vuelven sorprendidos. Hernani desgarra su hábito de - peregrino, lo pisotea y queda en su traje ordinario._) - -D.ª SOL (_Aparte, con júbilo._)--¡Aún vive! ¡Gracias, Dios mío! - -HERNANI (_Á los criados._)--Yo soy el proscrito á quien se busca. (_Al -duque._) ¿No queríais saber si me llamaba Pedro ó Diego? No, me llamo -Hernani. Aquí tenéis la cabeza puesta á precio. Vale bastante oro para -pagar vuestras bodas. Á todos os la ofrezco. Tomadla. Atadme de piés y -manos... Pero es inútil: me liga una cadena que no puedo romper. - -D.ª SOL (_Aparte._)--¡Infeliz de mí! - -D. RUY.--¡Qué locura! Estáis sin duda loco, huésped mío. - -HERNANI.--Vuestro huésped es un bandido. - -D.ª SOL.--No, no le escuchéis. - -HERNANI.--Dicho está. - -D. RUY.--¡Mil carlos de oro! Tan fuerte es la suma que no respondo de -todos mis criados. - -HERNANI.--Me basta uno solo. Delatadme, entregadme. - -D. RUY.--Callad, callad, no sea que os cojan la palabra. - -HERNANI.--La ocasión es propicia. Os aseguro que soy el proscrito, el -rebelde Hernani. - -D. RUY.--Callad. - -HERNANI.--¡Hernani! - -D.ª SOL (_Á su oído._)--¡Oh! ¡calla, por Dios! - -HERNANI.--Aquí por lo visto estáis de bodas. Yo también quiero celebrar -una fiesta imperial. Mi esposa me espera: no es tan bella como la -vuestra, señor duque, pero no es menos fiel... es la muerte. (_Á los -criados._) ¡Ninguno de vosotros da un paso todavía! - -D.ª SOL (_Bajo._)--¡Por piedad! - -HERNANI.--¡Hernani! ¡Mil escudos de oro! - -D. RUY.--Es el mismo demonio. - -HERNANI (_Á un paje joven._)--Ven, ven tú; tú ganarás los mil carlos, -y rico entonces, el paje será un hombre. (_Á los criados._) Pero ¿qué -hacéis vosotros? ¡Temblar! ¿Hay peor suerte? - -D. RUY.--Tocando á tu cabeza arriesgarían la suya. Aunque fueras -Hernani ú otro cien veces peor, y así en lugar de oro ofrecieran un -imperio, en mi casa debo protegerte contra todos, contra el mismo rey, -porque al huésped lo envía Dios. ¡Muera yo, antes que nadie toque á un -cabello de tu cabeza! Sobrina mía, dentro de una hora serás mi esposa. -Vuelve á tu aposento. Voy á poner en armas el castillo y á cerrar sus -puertas. - - (_Sale seguido de sus criados._) - -HERNANI (_Mirando con desesperación su cinto desarmado._)--¡Ah! ¡ni un -puñal! - - (_Luégo que ha desaparecido el duque, da Sol algunos pasos como para - seguir á sus doncellas; después se detiene, y cuando salen, vuelve - con ansiedad hacia Hernani._) - - -ESCENA IV - -HERNANI, DOÑA SOL - - (_Contempla Hernani con mirada fría y como distraída el cofrecillo - nupcial de encima la mesa y fulguran sus ojos._) - -HERNANI.--Os doy el parabién. Me encanta el adorno... me encanta... -(_Acercándose al cofrecillo._) El anillo nupcial es de buen gusto... -la corona ducal admirable... el collar, precioso... los brazaletes, -bellísimos; pero cien veces, cien veces menos que la mujer que en -seno tan blanco oculta un corazón tan negro. Y ¿qué habéis dado por -todo esto? Un poco de vuestro amor. ¡Gran Dios! ¡Engañar así, no -tener vergüenza y vivir! Pero al cabo, al cabo tal vez sean falsas -estas perlas, cobre el oro, vidrio y plomo los diamantes, y falsos -los zafiros y falso todo. ¡Ah! Si es así, duquesa, como estas joyas, -es falso tu corazón y no eres más que oropel. Pero no, todo es fino -y bueno y bello. Collar, brillantes, pendientes, corona, anillo -nupcial... nada falta. ¡Magnífico regalo! Y á fe que lo merece amor tan -seguro, tan fiel, tan profundo. - -D.ª SOL.--No has llegado al fondo. (_Registra ella misma y saca un -puñal._) Es el puñal que arrebaté al rey cuando me ofrecía un trono, -que desprecié yo por quien ahora me ultraja. - -HERNANI (_Cayendo á sus piés._)--¡Oh! Deja que de rodillas recoja las -lágrimas que lloran tus tristes cuanto bellos ojos. Después, por esas -lágrimas, toma tú toda mi sangre. - -D.ª SOL.--Te perdono, Hernani; pero no olvides nunca que todo mi amor -es tuyo. - -HERNANI.--¡Me ha perdonado y me ama! ¡Oh! Quisiera saber dónde pisas -para besar el suelo. - -D.ª SOL.--¡Oh! - -HERNANI.--No, yo debo serte odioso; pero escucha, dime otra vez que me -amas; calma un corazón que duda: dímelo por piedad, porque muchas veces -con tan pocas palabras han curado hondas heridas los labios de una -mujer. - -D.ª SOL.--¡Creer que fuera tan olvidadizo mi amor! ¡No recordar, no -saber que nunca jamás ninguno de esos hombres sin gloria podría ocupar -un corazón lleno de Hernani! - -HERNANI.--He blasfemado. Cualquiera en tu lugar se hubiera cansado ya -de este loco furioso, que no sabe acariciar, sino después de haber -ofendido, y le hubiera dicho: _¡Basta! ¡Vete!_ Recházame, recházame. Yo -te bendeciré, porque has sido bondadosa y dulce siempre conmigo, porque -me has sufrido demasiado tiempo, porque soy un malvado oscureciendo, -manchando tu luz con mis sombras. Sí, es demasiado ya: tu alma es -bella y noble y pura, y si yo soy malo, ¿acaso es tuya la culpa? Sé -esposa del duque; es bueno y rico: sé feliz con él. No olvides lo que -esta mano puede ofrecerte: un dote de dolores. La proscripción, los -hierros, la muerte, el espanto que me cerca: tal sería tu collar, tal -tu corona. Sé esposa del anciano, te repito. Y él lo merece más. ¿Cómo -casar tu pura frente con mi cabeza proscrita? ¿Quién, viéndonos unidos, -á ti tranquila y bella, á mí violento y fiero, á ti apacible, limpia -como blanca azucena, á mí, á mí airado, sombrío, azotado por tantas -tempestades; quién diría que nuestra suerte sigue la misma ley? No, -Dios que lo hace bien todo, no te hizo á ti para mí. No me concedió el -cielo derecho ninguno sobre ti; me resigno: poseer tu corazón sería -un robo, y se lo restituyo al más digno. Jamás consintió el cielo en -nuestro amor; y mentí, si te dije que era nuestro destino, mentí. -Amor, venganza, ¡adiós! Se acabó todo: me voy avergonzado de no haber -podido vengarme ni ser feliz. ¡Y que naciera para odiar yo que no he -sabido más que amar! Perdóname, huye de mí: es ya mi único ruego; no lo -desoigas, porque es también el último. Tú vives y yo muero. No veo por -qué razón habrías tú de enterrarte conmigo. - -D.ª SOL.--¡Ingrato! - -HERNANI.--¡Montes de Aragón! ¡Galicia! ¡Extremadura! ¡Oh! Yo llevo la -desgracia á todo lo que me rodea. Os quité vuestros mejores hijos; sin -remordimiento les hice pelear por mis derechos y murieron. Eran los -más bravos de la heróica España. Y cayeron, cayeron todos heridos en -el pecho. He aquí lo que hago yo con todo lo que se me une. No, no es -para ti unión esta de que debas tener celos. Cásate con el duque, con -el diablo del Rey... enhorabuena: todo lo que no sea yo vale más que -yo. Ni un amigo tengo que se acuerde de mí; todos me abandonan: tiempo -es ya de que te llegue tu vez, porque debo quedar solo. Huye de mi -contagio. ¡Oh! por piedad de ti huye de él. Acaso me creas un hombre -como son los demás, un sér inteligente, que corre derecho al fin que se -propuso. Desengáñate. Soy una fuerza que va, un agente ciego y sordo de -fúnebres misterios, un alma formada de tinieblas. ¿Adónde voy? No lo -sé. Pero me siento empujado por soplo impetuoso, por un loco destino, -y bajo y bajo sin detenerme nunca. Si jadeante á veces vuelvo la cara -atrás, oigo una voz que me grita: _¡Adelante!_ Y el abismo es profundo; -y de fuego ó de sangre, lo veo todo rojo allá en lo hondo. Entre tanto, -á una y otra mano de mi vertiginoso camino, todo se rompe, y muere -todo. ¡Ay, del que me toca! ¡Oh! huye, aléjate de mi fatal camino, pues -sin querer, doña Sol, te haría daño. - -D.ª SOL.--¡Dios mío! - -HERNANI.--El ángel de mi guarda ha de ser un demonio poderoso; mi -felicidad es el único prodigio que le es imposible. Y tú eres la -felicidad; no eres para mí. Toma otro esposo; y si algún día el cielo -se aplacara... ¡Qué ironía! No, no lo esperes. Cásate con el duque. - -D.ª SOL.--No era bastante haberme desgarrado el corazón y ahora me lo -arrancas. ¡Ah! no me amas. - -HERNANI.--¡Oh! mi corazón eres tú, mi alma eres tú, el ardiente foco -que á mí me da luz y calor eres tú; pero no he debido hablarte así: no -me quieras mal por eso. - -D.ª SOL.--No, pero moriré. - -HERNANI.--¡Morir tú! ¿Por quién? ¿Por mí? ¿Habrías de morir por tan -poco? - -D.ª SOL (_Rompiendo á llorar._)--Moriré. - - (_Cae en una silla._) - -HERNANI (_Acudiendo._)--¡Oh! ¡Lloras! Y siempre por culpa mía. ¿Quién -me castigará, ya que tú siempre me perdonas? ¿Quién, á lo menos, -pudiera hacerte ver lo que yo sufro, cuando una lágrima extingue la -luz de tus ojos, que es la única luz del alma mía? Pero han muerto mis -amigos; estoy loco... perdóname otra vez. Quisiera amar y no sé; y, sin -embargo, me estoy muriendo de amor. No llores: muramos antes. ¡Que no -tuviera yo un mundo que poner á tus piés! ¡Pero soy tan pobre!... - -D.ª SOL (_Abrazándole._)--¡Oh! tú eres mi león soberbio y generoso, y -yo... yo amo á mi león. - -HERNANI.--¡Oh! El amor sería un bien supremo, si pudiéramos morirnos á -fuerza de amar. ¿Quién de los dos se hubiera muerto antes? - -LOS DOS Á LA VEZ.--Yo. - -HERNANI (_Con desesperación._)--¡Oh, cuán dulce me sería una puñalada -tuya! - -D.ª SOL.--¡Ah! ¿No temes que te castigue Dios? - -HERNANI (_Apoyando la frente en su seno._)--Pues bien, que Dios nos -una. Tú lo quieres así, así sea. Yo he resistido. - - (_Se contemplan extasiados sin ver ni oir nada en torno. Entra don - Ruy por el fondo, los ve y se detiene como petrificado._) - - -ESCENA V - -HERNANI, DOÑA SOL, DON RUY GÓMEZ - -D. RUY (_Inmóvil y con los brazos cruzados._)--He aquí el pago de mi -buena hospitalidad. - -D.ª SOL.--¡Dios mío! ¡El duque! - - (_Se aparta con sobresalto._) - -[Ilustración] - -D. RUY.--¿Es este el pago, señor huésped?--Buen señor, id á ver si -la muralla es segura, si están las puertas cerradas y el arquero en -su torre. Revisa tu castillo, busca en tu arsenal una armadura á tu -medida; requiere á los sesenta años tu arnés de batalla: he aquí la -lealtad con que pagaremos la tuya.--¡Santos del cielo! He vivido más -de sesenta años, he encontrado á veces gentes desalmadas; muchas veces -al sacar mi espada de la vaina he levantado caza de verdugo; he visto -asesinos, traidores, monederos falsos, criados infieles que envenenan -á sus amos; he visto á Sforza, á Borgia, á Lutero; pero nunca he visto -perversidad tan grande que no hubiera temido el rayo de Dios haciendo -traición á su huésped. Esto no es de mi tiempo: tan negra traición -petrifica á un anciano en el umbral de su casa, como si fuera la -estatua de su misma tumba. ¿Quién es este hombre? ¡Oh vosotros, todos -los Silvas que aquí me escucháis! (_Á los retratos._) perdonad si -ante vosotros, perdonad si en mi cólera, llamo á la hospitalidad mala -consejera. - -HERNANI.--Señor duque... - -D. RUY.--¡Silencio! (_Adelanta unos pasos._) ¡Muertos sagrados! -¡Mayores míos! ¡hombres de hierro, que veis lo que viene del cielo -y del infierno! decidme quién es este hombre. ¿Es Hernani ó Judas -Iscariote? Hablad, decidme su nombre. (_Crúzase de brazos._) ¿Visteis -en vuestros días nada semejante? - -HERNANI.--Señor duque... - -D. RUY (_Á los retratos._)--¿Veis? ¡Quiere hablar el infame! Pero mejor -que yo veis vosotros su alma. ¡Oh, no le escuchéis, es un trapacero! -Prevé sin duda que mi brazo va á ensangrentar mis lares, que mi corazón -acaso engendra en sus tempestades una venganza, hermana del festín de -las Siete cabezas, y os dirá que es proscrito, que se hablará de Silva -como se habla de Lara, y... que es mi huésped, y que también lo es -vuestro... ¡Antepasados míos! ya lo veis: suya es la culpa, mía no. -Juzgad entre los dos. - -HERNANI.--Ruy Gómez de Silva, si jamás se elevó al cielo una frente -noble, si hay un corazón hidalgo, un alma grande en el mundo, es -vuestra alma, señor; es la tuya, huésped mío. Soy culpable y no tengo -que decir nada en mi abono, sino que soy digno de tu cólera. Sí, he -querido robar á tu esposa, y hasta manchar tu lecho: es una infamia. -Pero sangre tengo: derrámala, limpia luégo tu espada y en paz. - -D.ª SOL.--Señor, yo sola soy la culpable; castigadme á mí sola. - -HERNANI.--Callad, doña Sol, porque esta hora es suprema y me pertenece -á mí: no tengo ya nada más. Así, dejad que á solas me explique aquí con -el duque. Duque, cree en mis últimas palabras. Soy culpable; pero no -te inquietes: te juro que es pura. Así, para ella, pura, tu amor y tu -fe; para mí, culpable, tu espada ó tu hacha ó tu puñal; después mandas -tirar afuera mi cadáver, y lavar el suelo, manchado con mi sangre y... -en paz. - -D.ª SOL.--¡Ah! Yo soy la causa de todo, porque le amo. (_Don Ruy -retrocede sorprendido y mira á la novia con fulgurantes ojos. Sol cae -de rodillas y añade._) ¡Oh! Perdonad, señor; pero le amo. - -D. RUY (_Con escándalo._)--¿Le amáis? (_Á Hernani._) ¡Tiembla pues! -(_Són de trompetas fuera. Entra un paje._) ¿Qué es eso? - -EL PAJE.--El Rey; señor duque, el Rey que viene en persona con un -cuerpo de arqueros; toca su heraldo. - -D.ª SOL.--¡Gran Dios! ¡El Rey! ¡Esto faltaba! - -EL PAJE.--Pregunta el Rey por qué está cerrado el castillo y manda -abrir la puerta. - -D. RUY.--Abrid al Rey. (_Sale el paje._) - -D.ª SOL.--¡Está perdido! - - (_Don Ruy va á un cuadro, que es su propio retrato y el último á - la izquierda, toca un resorte, y se abre una puerta dejando ver un - escondrijo practicado en el muro. Luégo se vuelve á Hernani._) - -D. RUY.--Entrad aquí. - -HERNANI.--Mi cabeza es vuestra. Entregádsela, señor: estoy dispuesto á -morir. - - (_Entra en el escondrijo y vuelve á cerrar don Ruy._) - -D.ª SOL (_Al duque._)--¡Señor, piedad para él! - -EL PAJE (_Volviendo._)--¡El Rey! - - (_Sol se baja precipitadamente el velo. Ábrese de par en par la - puerta del fondo, y entra don Carlos de punta en blanco, seguido de - multitud de caballeros y demás gente de guerra._) - - -ESCENA VI - -DON RUY GÓMEZ, DOÑA SOL, DON CARLOS, séquito - - (_Avanza don Carlos á paso lento, con la mano izquierda en el pomo de - su espada y la derecha en el pecho, mirando al duque con expresión de - desconfianza y cólera. Don Ruy sale á recibir al rey y lo saluda con - extremada zalema. Silencio pavoroso._) - -D. CARLOS.--¿Á qué se debe, amado primo, que esté hoy tan bien cerrada -la puerta de tu castillo? ¡Por Santiago! Yo suponía más enmohecida tu -espada. Ni sabía que estuviera tan ganosa de relucir en tu mano, cuando -venimos á verte. (_Va á hablar el duque y él prosigue con imperio._) Es -empeñarse algo tarde en echársela de mozo. ¿Hay acaso moros en campaña? -¿Acaso me llaman Boabdil ó Mahoma y no Carlos de Austria? Contesta -ahora. - -D. RUY.--Señor... - -D. CARLOS (_Á sus caballeros._)--Tomad vosotros las llaves y apoderaos -de las puertas. (_Salen dos caballeros, otros ordenan en triple fila -á los soldados desde el rey hasta la puerta. Don Carlos se encara con -el duque._) ¡Ah! Vosotros despertáis las rebeliones muertas. ¡Pardiez! -Señores duques, si pretendéis hombrear con el rey, tened por cierto que -el rey sabrá ser lo que es: vuestro amo y señor. Y á las crestas más -altas de los montes donde tenéis vuestros nidos, iré personalmente á -destruir con mis propias manos vuestros altivos señoríos. - -D. RUY (_Irguiéndose._)--Los Silvas fueron siempre leales, y... - -D. CARLOS (_Interrumpiéndole._)--Sin rodeos, duque, contéstame, ó mando -arrasar tus once torres. Del incendio apagado, queda una chispa aún; -de los rebeldes, muertos en la refriega, quedó ileso el caudillo, que -se puso á buen recaudo. ¿Quién lo encubre? ¡Tú! ¡tú ocultas aquí en tu -castillo á Hernani, cuya cabeza he puesto á precio por sus crímenes! - -D. RUY.--Es verdad. - -D. CARLOS.--Muy bien. Quiero su cabeza... ó la tuya. ¿Oyes? - -D. RUY (_Inclinándose._)--Seréis satisfecho. - - (_Doña Sol se deja caer en un sillón con la cabeza entre las manos._) - -D. CARLOS.--En buen hora. Vé á traer á mi prisionero. - - (_El duque cruza los brazos, baja la cabeza y queda un momento - pensativo. El Rey y doña Sol esperan en silencio agitados por - contrarias emociones. Por fin levanta la cabeza el anciano, toma de - la mano al Rey y lo lleva lentamente al primer retrato, á la derecha - del espectador._) - -D. RUY (_Indicándole el retrato._)--Este es el mayor de los Silvas, el -abuelo, el grande hombre; Silvio, el que fué tres veces cónsul de Roma. -(_Pasando al segundo._) Don Galcerán de Silva, otro Cid, cuyos sagrados -restos se guardan en Toro, en dorado féretro alumbrado por mil cirios. -Él libró á León del tributo de las cien doncellas. (_Al tercero._) Don -Blas de Silva, que por sí mismo se desterró viendo mal aconsejado á su -rey. (_Al cuarto._) Cristóbal. En el combate de Escalona, el rey don -Sancho huía á pié y á su blanco penacho se asestaban todos los golpes. -¡Cristóbal! gritó el rey llamándolo en su ayuda. Cristóbal tomó la -blanca pluma y le dió su caballo. (_Al quinto._) Don Jorge, el que pagó -el rescate de Ramiro, rey de Aragón. - -[Ilustración] - -D. CARLOS (_Cruzando los brazos y mirando al duque de piés á cabeza._) -¡Pardiez! Ruy Gómez de Silva, os admiro. Continuad. - -D. RUY (_Pasando al sexto._)--Ved aquí á Ruy Gómez de Silva, gran -maestre de Santiago y de Calatrava. Su armadura, sólo vendría bien á un -cuerpo de gigante. Tomó trescientas banderas, ganó treinta batallas, -reconquistó para el rey á Motril, Antequera, Suez, Níjar... y murió -pobre. Saludadle, señor. (_Se inclina y descubre y pasa al séptimo, -haciéndose visible la impaciencia y cólera del rey._) Á su lado, don -Gil de Silva, su hijo, espejo de lealtad: su mano, para un juramento, -valía lo que la del rey. (_Al octavo._) Don Gaspar de Mendoza y de -Silva, honor de su progenie. Todas las casas nobles tienen algo que -ver con la de Silva. Sandoval sucesivamente nos teme y se nos enlaza; -Manrique nos envidia; Lara nos respeta; Alencastro nos odia. Tocamos á -la vez con el pié á todos los duques, con la frente á todos los reyes. - -D. CARLOS.--¡Pardiez! - -D. RUY.--Este es don Vasco, llamado el Sabio. Éste don Jaime el Tuerto, -que atajó un día él solo á Zanut y otros cien moros. (_Á un gesto de -impaciencia del rey pasa de largo y va á los tres últimos retratos de -la izquierda._) He aquí á mi noble abuelo. Vivió sesenta años guardando -la fe jurada aun á los judíos. (_Al penúltimo._) Este anciano de -sagrada cabeza es mi padre. Fué grande aunque fué el último que vino. -Los moros de Granada habían hecho prisionero al conde Álvar Girón, su -amigo; pero mi padre tomó para ir á rescatarlo seiscientos hombres de -guerra; hizo labrar en piedra un conde Álvar Girón que llevó consigo y -juró por su santo patrono que no desistiría de su empeño hasta que el -conde de piedra volviera de suyo la cabeza. Combatió, y luégo fué al -conde y le salvó. - -D. CARLOS.--Muy bien... Venga mi prisionero. - -D. RUY.--«Era un Gómez de Silva». Esto dicen cuando en esta mansión ven -tantos héroes. - -D. CARLOS.--Mi prisionero, sin más demora. - - (_El duque se inclina ante el rey y lo lleva de la mano al último - retrato, que sirve de puerta al escondrijo de Hernani, Sol le sigue - ansiosa con la vista._) - -D. RUY.--Este retrato es el mío. ¡Gracias, Rey de Castilla! pues -queréis que digan al verlo aquí: «Este último, hijo de una raza -nobilísima, fué un traidor á su fe, pues vendió la cabeza de su -huésped». - - (_Alegría de Sol. Movimiento de estupor en los circunstantes. - Desconcertado el rey se aparta con ira permaneciendo en silencio buen - espacio._) - -D. CARLOS.--Duque, tu castillo me estorba y voy á derribarlo. - -D. RUY.--¿Porque me vengaría tal vez? - -D. CARLOS.--Arrasaré tus torres por tanta audacia, y cáñamo he de -sembrar en tus solares. - -D. RUY.--Señor, más vale ver el cáñamo en el solar de mis torres, que -una mancha en el blasón de los Silvas. ¡Sombras de mis mayores! (_Á los -retratos._) ¿no es verdad? - -D. CARLOS.--En conclusión, duque, esa cabeza es nuestra y tú me has -prometido... - -D. RUY.--Yo he prometido la una ó la otra. (_Á los retratos._) ¿No es -verdad? Os doy esta (_la suya_): tomadla, pues. - -D. CARLOS.--Muy bien, duque. Pero pierdo en el cambio. La cabeza que -necesito es la de un joven: muerta, hay que cogerla de los cabellos, y -en vano lo intentaría el verdugo con la tuya, que no tiene un puñado -por donde asirla. - -D. RUY.--No me afrentéis, señor. Mi cabeza bien vale todavía por la de -un rebelde. ¿No es de vuestro real agrado la cabeza de un Silva? - -D. CARLOS.--Entréganos á Hernani. - -D. RUY.--Señor, ya he dicho en verdad cuanto tenía que decir. - -D. CARLOS (_Á los suyos._)--Registrad todo el castillo sin que os quede -por ver torre, rincón ni agujero. - -D. RUY.--Mi castillo es tan leal como yo: sólo él sabe mi secreto y los -dos lo guardaremos bien. - -D. CARLOS.--¡Cuenta que soy el rey! - -D. RUY.--Como de mi castillo, demolido piedra á piedra, no se haga mi -sepulcro, no encontraréis lo que buscáis. - -D. CARLOS.--Ruegos, amenazas, todo es en vano. Duque, entrégame el -bandido, ó cabeza y castillo, todo lo derribaré. - -D. RUY.--He dicho. - -D. CARLOS.--Pues bien: en lugar de una, dos cabezas tendré. (_Al duque -de Alcalá._) ¡Hola! Prended al duque. - -D.ª SOL (_Arrancándose el velo é interponiéndose._)--Don Carlos de -Austria, sois un mal rey. - -D. CARLOS (_Turbado._)--¡Gran Dios! ¿Qué veo? - -D.ª SOL.--No tenéis corazón ó no es el corazón de un español. - -D. CARLOS.--Señora, sois muy severa con el rey. (_Acercándose. Bajo._) -Vos sois la causa de mi cólera. Un hombre se vuelve ángel ó demonio -al llegar á vos. ¡Ah! ¡cuán presto se malea el aborrecido! ¡Oh! Si -hubiérais querido, acaso habría sido yo, que era grande, el león de -Castilla: con vuestro enojo me hicisteis un tigre. ¿No lo oís rugir? -(_Sol le echa una mirada y él se inclina._) Sin embargo, señora, -obedeceré. (_Volviéndose al duque._) Mucho te estimo, primo Silva. Al -cabo, al cabo, tus escrúpulos pueden parecer legítimos. Sé fiel á tu -huésped, infiel á tu rey. En buen hora. Te perdono y soy mejor que tú: -pero me llevo en rehenes á tu sobrina. - -D. RUY.--¡Esto solo! - -D.ª SOL (_Indecisa._)--¿Á mí, señor? - -D. CARLOS.--Sí, á vos. - -D. RUY.--¿Nada más? ¡Oh clemencia! ¡Oh generoso vencedor, que perdona -la cabeza y tortura el corazón! - -D. CARLOS.--Elige: tu sobrina ó el rebelde. Necesito uno de los dos. - -D. RUY.--¡Oh! Sois el dueño. - - (_El Rey se acerca á Sol para llevársela, y la doncella se ampara de - su tío._) - -D.ª SOL.--Salvadme, señor. (_Deteniéndose. Aparte._) ¡Desdichada de mí! - -D. CARLOS.--Forzoso es. Ó la cabeza de vuestro tío ó la de Hernani. - -D.ª SOL.--Antes la mía. (_Al rey._) Os seguiré. - -D. CARLOS (_Aparte._)--¡Pardiez! ¡Gran idea! Al fin tienes que -ablandarte, hija mía. - - (_Sol va con paso firme al cofrecito de las joyas y toma el puñal, - que esconde en su seno. Don Carlos se le acerca y le ofrece la mano._) - -D. CARLOS.--¿Qué tomáis? - -D.ª SOL.--Nada, señor. - -D. CARLOS.--¿Alguna joya? - -D.ª SOL.--Sí. - -D. CARLOS.--Veamos. - -D.ª SOL.--Ya la veréis después. - - (_Le da la mano y se apresta á seguirle. Don Ruy que quedó inmóvil y - como asombrado, da algunos pasos gritando_:) - -D. RUY.--¡Sol! ¡Sobrina! ¡Esposa mía! ¡Ira de Dios! ¡Pues que el -hombre no tiene entrañas aquí, derrumbaos en mi ayuda, piedras de mis -murallas! (_Corre tras del Rey._) ¡Dejadme á mi sobrina! ¡á mi esposa! -¡á mi hija! ¡No tengo más que á ella! - -D. CARLOS (_Soltando la mano de Sol._)--Entonces entregadme el -prisionero. - - (_El duque baja la cabeza y parece que sostiene una lucha dolorosa. - Yérguese al fin y mira á los retratos juntando las manos en actitud - de súplica._) - -D. RUY.--¡Tened vosotros todos piedad de mí! (_Da un paso hacia -el escondrijo._) ¡Oh! velaos; vuestra mirada me detiene. (_Avanza -vacilante hasta su retrato y después se vuelve al rey._) ¿Así lo -queréis? - -D. CARLOS.--Sí. - - (_El duque temblando lleva la mano al resorte._) - -D.ª SOL. (_Aparte._)--¡Dios mío! - -D. RUY.--¡No! (_Echándose á los piés del rey._) Por piedad, señor, -tomad mi cabeza. - -D. CARLOS.--Tu sobrina. - -D. RUY.--Llévatela y déjame el honor. - -D. CARLOS (_Tomando la mano de Sol._)--Adiós, duque. - -D. RUY.--Adiós. (_Sigue al rey con la vista y luégo crispa la diestra -sobre su puñal._) ¡Dios... Dios te guarde, señor! (_Vuelve al proscenio -y queda inmóvil, jadeante, sin ver ni oir. Entre tanto sale con el -rey su séquito, hablando entre sí dos á dos._) ¡Oh Rey! Mientras tú -abandonas gozoso mi noble casa, sale de mi afligido corazón mi vieja -lealtad. - - (_Alza los ojos y mira en torno de sí viendo que está solo. Corre á - una panoplia, descuelga dos espadas, las mide y las deja sobre una - mesa. Hecho esto, va á la puerta del retrato y la abre._) - - -ESCENA VII - -RUY GÓMEZ, HERNANI - -D. RUY.--Sal. (_Sale Hernani, á quien indica el duque las dos -espadas._) Elige. El rey está fuera del castillo. Ajustemos, pues, la -cuenta pendiente. Elige, pues, y despachemos pronto. ¡Vamos! ¡Tiembla -tu mano! - -HERNANI.--¡Un duelo! No, no podemos batirnos. - -D. RUY.--¿Por qué? ¿Tienes miedo? ¿No eres noble? Noble ó no, para -cruzar las espadas, el hombre que me ultraja es harto caballero. - -HERNANI.--Anciano... - -D. RUY.--Ven á matarme ó á morir, joven. - -HERNANI.--Á morir sí. Me habéis salvado á pesar mío, y os pertenece mi -vida: tomadla pues. - -D. RUY.--¿Tú lo quieres? (_Á los retratos._) Ya veis que él lo quiere. -(_Á Hernani._) Está bien. Ponte bien con tu conciencia y dirige á Dios -tus ruegos. - -HERNANI.--Á vos, señor, dirijo el último. - -D. RUY.--Habla al otro Señor. - -HERNANI.--No, no, á vos. Anciano, matadme: daga, espada ó puñal, todo -es bueno para mí. Mas por piedad, dignaos concederme una gracia -suprema. Señor duque, antes de morir permitidme que la vea. - -D. RUY.--¡Verla! - -HERNANI.--Á lo menos permitidme que la oiga por la última vez. - -D. RUY.--¡Oirla! - -HERNANI.--¡Oh! Comprendo, señor, vuestros celos; pero ya en manos de la -muerte ¿qué podéis temer de mí? ¿Queréis que la oiga, aunque no la vea -siquiera? Y luégo moriré. ¡Oh! ¡Con cuánta dulzura exhalaría el último -suspiro de mi vida, si antes de volar al cielo pudiera ver mi alma la -suya en sus ojos! No le diré nada: vos estaréis presente y después me -mataréis. - -D. RUY (_Indicando el escondrijo aún abierto._)--¡Santo Dios! ¿tan -profundo es ese albergue, tan sordo y tan perdido que no haya oído nada? - -HERNANI.--Nada he oído. - -D. RUY.--Ha sido preciso entregar á doña Sol ó á ti. - -HERNANI.--¿Á quién? - -D. RUY.--Al rey. - -HERNANI.--¡Estúpido viejo! ¡El rey la ama! - -D. RUY.--¿La ama? - -HERNANI.--¡Es nuestro rival y nos la ha robado! - -D. RUY.--¡Maldición! ¡Á mí mis vasallos! ¡Á caballo! ¡Persigamos al -raptor! - -HERNANI.--Escuchad: la venganza á pié firme hace menos ruido en -el camino. Yo os pertenezco y podéis matarme. Pero antes ¿queréis -emplearme en vengar á vuestra sobrina? Voy á la parte en la venganza -y os juro que he de ayudaros... ¡Oh! Concededme esta gracia, que os -pediré de rodillas si es preciso. Sigamos al Rey los dos. Vamos; yo -seré vuestro brazo; yo os vengaré, señor duque. Después me mataréis á -mí. - -D. RUY.--¿Y entonces como ahora me estarás sumiso? - -HERNANI.--Os lo juro. - -D. RUY.--¿Por quién? - -HERNANI.--Por la memoria de mi padre. - -D. RUY.--¿Te acordarás de esto un día de tu propia voluntad? - -HERNANI (_Presentándole una bocina que se quita del cinto._)--Guardad -esta bocina. Suceda lo que quiera, siempre que á bien lo tengáis, en -cualquier lugar y á cualquier hora, si creéis que es llegada la de mi -muerte, no tenéis más que tocar el cuerno y yo mismo acudiré á ponerme -en vuestro poder. - -D. RUY.--La mano. (_Se la estrecha._) Todos vosotros sois testigos. (_Á -los retratos de sus mayores._) - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -ACTO IV - -EL SEPULCRO - - -AQUISGRÁN - - El subterráneo que encierra el sepulcro de Carlomagno en - Aquisgrán.--Grandes bóvedas de arquitectura lombarda; gruesos pilares - bajos, arcos, capiteles con relieves de pájaros y flores.--Á la - derecha el sepulcro de Carlomagno con una puertecita de bronce baja - y cimbrada.--Una sola lámpara, suspendida de una clave, alumbra - la inscripción: CAROLUS MAGNUS.--Noche. No se ve el fondo del - subterráneo, perdiéndose la vista en las arcadas, las escaleras y los - pilares. - -PERSONAJES - - DON CARLOS. - HERNANI. - DON RUY GÓMEZ DE SILVA. - DOÑA SOL. - DON RICARDO. - EL REY DE BOHEMIA. - EL DUQUE DE BAVIERA. - LOS CONJURADOS. - - -ESCENA I - -DON CARLOS, DON RICARDO DE ROJAS, conde de Casapalma, con una linterna -en la mano - -D. RICARDO (_Sombrero en mano._)--Aquí es. - -D. CARLOS.--¡Aquí se reune la Liga! Voy á tenerlos á todos juntos en mi -mano. ¡Ah! Señor elector de Tréveris, aquí es. Le habéis ofrecido este -lugar y... ciertamente está bien elegido. Negra maquinación prospera á -la sombra de las catacumbas. Bueno es aguzar los puñales en la piedra -de los sepulcros. Pero este es juego muy arriesgado; va en ello la -cabeza, señores asesinos. En fin, ya veremos. Desde luego hicieron bien -en elegir un sepulcro para tal empeño: así tendrán que andar menos, si -pierden. (_Á Rojas._) ¿Se extienden mucho estos subterráneos? - -D. RICARDO.--Hasta la fortaleza. - -D. CARLOS.--Más de lo que se necesita. - -D. RICARDO.--Otros por este lado corren hasta el monasterio de -Altenheim. - -D. CARLOS.--Donde Rodolfo exterminó á Lotario. Repíteme, conde, -repíteme nombres y agravios, dónde, cómo y por qué. - -D. RICARDO.--Gotha... - -D. CARLOS.--Sé por qué el buen duque conspira: quiere un alemán de -Alemania en el imperio. - -D. RICARDO.--Hohemburgo... - -D. CARLOS.--Ese, según entiendo, preferiría el infierno con Francisco -al cielo conmigo. - -D. RICARDO.--Don Gil Téllez Girón. - -D. CARLOS.--¡Ira de Dios! El infame conspira contra su rey. - -D. RICARDO.--Dicen que os encontró una noche en su casa, cuando lo -hicisteis barón y quiere vengar el honor de su cara mitad. - -D. CARLOS.--Entonces que se rebele contra España entera. ¿Quién más? - -D. RICARDO.--Cítase también al reverendo Vázquez, obispo de Ávila. - -D. CARLOS.--¿También para vengar la virtud de su mujer? - -D. RICARDO.--Después Guzmán de Lara, descontento, porque desea el -collar de vuestra orden. - -D. CARLOS.--¡Oh! Si sólo se trata de un collar... lo tendrá. - -D. RICARDO.--El duque de Lutzelburgo. En cuanto á los designios que se -le suponen... - -D. CARLOS.--¡Gran cabeza! - -D. RICARDO.--Juan de Haro, que quiere á Astorga. - -D. CARLOS.--Esos Haros han dado siempre mucho que hacer al verdugo. - -D. RICARDO.--No hay más. - -D. CARLOS.--No están todos, conde. No has citado más que siete y son -más, según mi cuenta. - -D. RICARDO.--No miento á algunos bandidos pagados por Tréveris y -Francia. - -D. CARLOS.--Hombres sin escrúpulos, cuyo puñal se inclina siempre al -oro, como la aguja al polo. - -D. RICARDO.--Sin embargo, entre ellos ví á dos audaces compañeros, -recién llegados, un mozo y un viejo... - -D. CARLOS.--Sus nombres, su edad... - -D. RICARDO.--Ignoro sus nombres; en cuanto á la edad, el uno tendrá -unos veinte años... - -D. CARLOS.--¡Qué lástima! - -D. RICARDO.--Y el otro sesenta á lo menos. - -D. CARLOS.--El uno no tiene aún edad para conspirador, y el otro no la -tiene ya. Peor para los dos. Cuidaré de ellos. El verdugo puede contar -con mi ayuda, en caso necesario. ¡Oh! Si su hacha se embota contra los -traidores, yo le prestaré mi espada, enemiga de las facciones. Si se me -obliga, he de coser al paño del cadalso mi púrpura imperial. Pero ¿seré -emperador? - -D. RICARDO.--El colegio, reunido ya, delibera á estas horas. - -D. CARLOS.--¿Qué sé yo? Nombrarán á Francisco primero ó al sajón, su -Federico el Sabio. Lutero tiene razón; todo va mal. ¡Buenos fautores -de majestades, que no aceptan sino razones doradas! Un sajón hereje, -un conde Palatino imbécil, un primado de Tréveris libertino. En cuanto -al rey de Bohemia, ese está por mí. Príncipes de Hesse, más pequeños -aún que sus Estados, mozos idiotas, viejos libertinos, coronas; pero -cabezas... que vayan por ellas. Enanos, que podría yo, ¡ridículo -concilio! llevar como Hércules en mi piel de león. Me faltan tres -votos, conde ¡todo me falta! Por esos tres votos daría yo á Gante, -Toledo y Salamanca, tres ciudades á su elección, conde; tres de mis -mejores ciudades de Castilla ó de Flandes... para recobrarlas más -tarde, por supuesto. Ya lo oyes. (_Don Ricardo se inclina profundamente -y se pone el sombrero._) ¿Os cubrís? - -D. RICARDO.--Señor, me habéis tuteado y soy ya grande de España. - -D. CARLOS (_Aparte._)--Le compadezco. ¡Ambicioso de nada! ¡Qué -interesada amistad! ¡Cómo al través del nuestro siguen sus -pensamientos! ¡Viles y famélicos mendigos de la corte á quienes el rey -echa á migajas la grandeza! Sólo Dios y el emperador son grandes... y -el Padre Santo; los demás reyes y duques... ¡Pardiez! - -D. RICARDO.--Yo espero que proclamen á Vuestra Alteza. - -D. CARLOS (_Aparte._)--¡Alteza, alteza á mí! Tengo desgracia en todo... -¡Si no pudiera pasar de rey!... - -D. RICARDO (_Aparte._)--Sea ó no emperador, yo soy ya grande de España. - -D. CARLOS.--Luégo que hayan elegido el emperador de Alemania ¿qué señal -anunciará su nombre á la ciudad? - -D. RICARDO.--Un cañonazo, si es el duque de Sajonia; dos, si es el rey -Francisco; tres, si es don Carlos de Austria, rey de España. - -D. CARLOS.--¡Y esa doña Sol!... Todo me irrita y me ofende. Conde, si -por casualidad soy yo el emperador, corre á traerla... Acaso quiera un -César... - -D. RICARDO (_Sonriendo._)--Vuestra Alteza es demasiado bueno, y... - -D. CARLOS (_Interrumpiéndole._)--Sobre eso, ni una palabra. Todavía no -he dicho yo lo que quiero que se piense. ¿Y cuándo se sabrá el nombre -del elegido? - -D. RICARDO.--Dentro de una hora, á lo más. - -D. CARLOS.--¡Oh, tres votos, nada más que tres votos! Pero aplastemos -antes esa turba que conspira y veremos después de quién será el -imperio. Ese Cornelio Agripa, sin embargo, alcanza mucho con la vista. -En el celeste océano ha visto trece estrellas venir del Norte hacia la -mía. ¡Bah! También dicen que el abad Juan Tritemo le ha prometido el -imperio al rey Francisco. Para asegurar más mi suerte, hubiera debido -ayudar yo la predicción con algunos armamentos. Las predicciones del -hechicero más listo vienen siempre á mejor término, cuando un buen -ejército con cañones y picas, peones y caballos, se presta á mostrar el -camino á la fortuna. ¿Quién vale más, Cornelio Agripa ó Juan Tritemo? -Sin duda aquel cuyo sistema apoya un buen ejército, y pone la punta de -una lanza al cabo de lo que dice, y el tajo de una espada sobre toda -dificultad para cortar á gusto del profeta. ¡Pobres locos que alta la -frente fijan la vista en el imperio del mundo y dicen: «Es mi derecho»! -Muchos cañones tienen cuyo abrasado aliento devoraría las ciudades; -tienen barcos, ejércitos, caballos y parece que van á ir hasta el fin -sobre los pueblos triturados... ¡Cá! En la gran encrucijada de la -fortuna humana, que, antes que al trono, nos conduce al abismo, apenas -dan un paso, cuando indecisos é inciertos, procurando en vano leer en -el libro del destino, vacilan mal seguros y en la duda preguntan por su -camino al nigromante de la esquina. (_Á don Ricardo._) Vete. Es la hora -en que han de venir los conjurados... ¡Ah! ¿La llave del sepulcro? - -D. RICARDO (_Entregándola._)--Señor, pensaréis en el conde de Limburgo, -custodio capitular, que me la ha confiado y se ofrece á todo por -complaceros. - -D. CARLOS (_Despidiéndole._)--Haz cuanto te dije... todo. - -D. RICARDO (_Inclinándose._)--Sin demora, señor. - -D. CARLOS.--Tres cañonazos ¿eh? - -D. RICARDO.--Tres. - - (_Se inclina y sale. Don Carlos, solo ya, se abisma en meditación - profunda. Después levanta la cabeza y se vuelve hacia el sepulcro._) - - -ESCENA II - -DON CARLOS, solo - -¡Carlomagno, perdona! Estas solitarias bóvedas sólo deberían repetir -austeras palabras, y sin duda te indignas del rumor que hacen nuestras -ambiciones en tu sagrada mansión... ¡Aquí está Carlomagno! ¿Cómo, -oscuro sepulcro, cómo puedes contenerlo sin estallar? Gigante de un -mundo creador ¿estás ahí bien hallado? ¿Puede estar ahí tendida toda -tu grandeza? ¡Ah! ¡Magnífico espectáculo, la Europa así forjada por -su mano y como él la dejó! Un edificio con dos hombres en la cúspide; -dos jefes elegidos, á los cuales todo rey legítimo se somete. Casi -todos los Estados, ducados, feudos militares, reinos, marquesados, -todos son hereditarios; pero el pueblo suele tener su papa y su césar; -todo marcha y el azar corrige el azar. De aquí proviene el equilibrio -y siempre el orden se impone. Electores revestidos de tisú de oro, -cardenales envueltos en mantos de escarlata, doble sacro senado que -conmueve la tierra, no son más que ostentación y Dios quiere lo que -quiere. Surge una idea, según las necesidades de los tiempos, brilla -una luz, y se agranda, va, corre, se mezcla en todo, se hace hombre, -posee los corazones, labra un surco... Muchos reyes la pisotean ó -amordazan; pero entra un día en la dieta, en el cónclave, y todos ven -surgir de repente sobre sus cabezas la idea esclava, con el globo en -la mano y la tiara en la frente. El papa y el emperador lo son todo. -Nada existe en la tierra sino por ellos y para ellos. En ellos vive -un misterio supremo; y el cielo, cuyos derechos asumen, les da un -gran banquete de pueblos y de reyes, y bajo sus nubes donde brama el -trueno, los tiene á ellos solos sentados á la mesa, en que Dios les -sirve el mundo. Frente á frente están allí arreglando, recortando, -ordenando el universo y todo se hace entre los dos. Los reyes están á -la puerta respirando el vapor de los manjares y empinándose para ver -por las vidrieras. Por debajo se agrupa y escalona el mundo. Ellos -hacen y deshacen: el uno desata, y el otro corta; el uno es la verdad, -el otro la fuerza. Llevan su razón en sí mismos, y son porque son. -Cuando salen del santuario, iguales los dos, el uno con su púrpura y -el otro con sus blancas vestiduras, el universo contempla deslumbrado -y con asombro esas dos mitades de Dios, el papa y el emperador... ¡El -emperador!... ¡Ser emperador! ¡Oh rabia! ¡No serlo, no serlo y sentir -lleno de aliento el corazón! ¡Cuán dichoso fué el que duerme en este -sepulcro! Y ¡cuán grande! En sus tiempos aún era esto mejor. El papa -y el emperador no eran ya dos hombres; eran Pedro y César uniendo las -dos Romas, fecundando una y otra en místico himeneo, dando nueva forma, -nueva alma al género humano, fundiendo pueblos y reinos para hacer una -Europa nueva y los dos poniendo en el molde por sí mismos el bronce -que quedaba del viejo mundo romano. ¡Oh! ¡qué destino! Y este sepulcro -es el suyo. ¿Tan poco es todo que venga á parar en esto? ¡Cómo! ¡Haber -sido príncipe, rey, emperador; haber sido la espada, haber sido la -ley; como gigante, tener por pedestal Alemania, por título César, por -nombre Carlomagno; haber sido más grande que Aníbal, más que Atila, tan -grande como el mundo... y que todo pare aquí! ¡Ah! Pretender el imperio -para ver luégo el polvo que levanta un emperador; llenar la tierra de -tumulto y ruido; construir, edificar sin decir nunca: _basta_; hacer -un edificio inmenso, y luégo... ¡qué! todo se reduce á esta piedra; -y del título y la fama quedan algunas letras para que deletreen los -niños; y por alto que sea el fin á que aspire el orgullo, todo para -en esto. ¡Oh demencia! Sin embargo, el imperio... el imperio... Estoy -tocándolo ya y es cosa de mi gusto. Algo me dice «¡Lo tendrás, lo -tendrás!» ¡Lo tendré!... Si lo tuviera... ¡Oh cielos! ¡Ser el origen de -todo, solo, de pié, en lo más alto de esa inmensa espiral!... la clave -de una multitud de Estados escalonados unos sobre otros; y ver por -debajo á los reyes, y por debajo de los reyes, á los señores feudales, -margraves, cardenales, duques; y luégo á los obispos, abades, barones; -y luégo clérigos, soldados; y luégo, lejos de la cima en que estamos, -en las sombras, en lo hondo del abismo, los hombres; es decir un mar -de gente, de ruido, de llantos, de gritos, de amargas risas á veces; -queja que despertando la tierra, llega á nuestros oídos, al través de -tantos ecos, como bulliciosa música. ¡Los hombres! ciudades, torres, -altos campanarios para tocar á rebato... - - (_Soñando._) - -Base de naciones que lleva sobre sus hombros la pirámide enorme apoyada -en los dos polos, oleadas vivas que siempre la balancean, mudan de -sitio las cosas y sobre sus altas crestas mecen los tronos, de tal -modo que los reyes, dando tregua á sus querellas, alzan los ojos al -cielo... Reyes, mirad abajo.--¡Oh! ¡el pueblo! ¡Qué océano! onda sin -cesar movida, donde no puede echarse nada sin que todo se remueva y que -derriba un trono y mece una tumba; espejo en que rara vez se ve bien -parecido un rey. ¡Ah! cuántas veces al contemplar ese sombrío océano, -se verían en su fondo grandes imperios, grandes bajeles náufragos, que -su flujo y reflujo hace rodar, que lo molestaban y que ya no conoce. -¡Gobernar todo esto; subir á esta cúspide, y subir sintiéndose al cabo -simple mortal; tener á los piés el abismo!... Con tal que no me vaya -á dar ahora un vértigo... ¡Oh, móvil pirámide de Estados y de reyes! -¡Cuán estrecha es tu puerta! ¡Ay del pié tímido! ¿En quién me apoyaré? -¡Si desfalleciera sintiendo estremecerse el mundo bajo mis piés y -moverse y palpitar la tierra! Después, cuando tenga en mis manos este -globo ¿qué haré de él? ¿Podré siquiera llevarlo? ¿Qué hay en mí? ¡Ser -emperador, Dios mío, cuando es demasiado ser rey! ¡Ciertamente sólo el -mortal de raza extraordinaria puede ensanchar el ánimo con la fortuna! -¡Pero yo!... ¿Quién me hará grande? ¿quién será mi guía, quién me -aconsejará? - - (_Cae de rodillas ante el sepulcro._) - -¡Tú, Carlomagno, tú! Ya que Dios, para quien no hay obstáculos, toma -nuestras dos majestades y las pone cara á cara, vierte en mi corazón -desde tu almo sepulcro algo de grande y sublime. ¡Oh! hazme ver las -cosas por todas sus fases; muéstrame que el mundo es pequeño, porque yo -no me atrevo á tocar á él; muéstrame que sobre esa Babel que desde el -pastor al César va subiendo hasta el cielo, cada cual en su clase se -complace y admira, ve al otro por debajo y reprime la risa. Enséñame -tus secretos de vencer y de regir y dime que más vale castigar que -perdonar. ¿No es así? Si es verdad que en su tumba solitaria despierta -á veces al ruido del mundo una gran sombra, y se entreabre el sepulcro -y alumbra como con un relámpago la oscuridad del universo; si esto -es verdad, emperador de Alemania, dime, ¡oh! dime qué puede hacerse -después de Carlomagno. Habla, aunque al hablar tu aliento soberano -rompa en mi frente esta puerta. Oh, déjame entrar en tu santuario; -déjame ver tu faz, incorporado sobre tu marmóreo lecho. Aunque con -voz fatídica me digas cosas que hagan temblar, habla y no me ciegues, -porque tu sepulcro está sin duda lleno de claridad. Ó si no dices nada, -deja que en tu paz profunda estudie Carlos de Austria tu cabeza como un -mundo; deja ¡oh gigante! que te mida á su sabor... nada existe en la -tierra comparable á tu no sér. Aconséjeme, si no tu sombra, tu ceniza. -Entremos. - - (_Va á abrir y retrocede._) - -¡Gran Dios! ¡Si me hablara al oído! ¡Si estuviera ahí de pié andando -lentamente! ¡Si saliera yo encanecido! - - (_Ruido de pasos._) - -Alguien llega. ¿Quién se atreve, como no sea yo, á turbar á estas horas -la paz de tan augusto muerto? - - (_Se acerca el ruido._) - -¡Ah! Lo había olvidado: son mis asesinos. Entremos, pues. - - (_Abre la puerta del sepulcro que vuelve á cerrar tras sí. Aparecen - luégo algunos encubiertos._) - - -ESCENA III - -LOS CONJURADOS - - (_Se acercan unos á otros y se dan las manos cambiando algunas - palabras en voz baja._) - -1.er CONJURADO (_Con una antorcha en la mano._)--_Ad augusta._ - -2.º CONJURADO.--_Per angusta._ - -1.er CONJURADO.--Los Santos nos protegen. - -3.er CONJURADO.--Los muertos nos sirven. - -1.er CONJURADO.--Dios nos guarde. - - (_Ruido de pasos en la oscuridad._) - -2.º CONJURADO.--¿Quién vive? - -UNA VOZ.--_Ad augusta._ - -2.º CONJURADO.--_Per angusta._ - - (_Entran nuevos conjurados. Ruido de pasos._) - -1.er CONJURADO AL 3.º--Mira; aún vienen algunos. - -3.er CONJURADO.--¿Quién vive? - -VOZ EN LA SOMBRA.--_Ad augusta._ - -3.er CONJURADO.--_Per angusta._ - - (_Entran nuevos conjurados que saludan por señas á los demás._) - -1.er CONJURADO.--Muy bien. Todos estamos aquí; habla, Gotha. Amigos, la -sombra espera la luz. - - (_Todos los conjurados se sientan en semicírculo en los sepulcros. El - primer conjurado va de uno en otro y todos encienden en su antorcha - sendos cirios. Después el primer conjurado va á sentarse en otro - sepulcro más alto que todos en el centro del círculo._) - -EL DUQUE DE GOTHA (_Levantándose._)--Amigos, Carlos de España, -extranjero por su madre, aspira al sacro imperio. - -1.er CONJURADO.--¡Mal haya, amén! - -GOTHA (_Tirando al suelo su antorcha y pisándola._)--Hagan con su -frente lo que yo con esta antorcha. - -TODOS.--Así sea. - -1.er CONJURADO.--¡Muera Carlos de España! - -GOTHA.--¡Muera! - -TODOS.--¡Muera! - -D. JUAN DE HARO.--Su padre era alemán. - -EL DUQUE DE LUTZELBURGO.--Su madre es española. - -GOTHA.--Ni es español ni alemán. Muera. - -UN CONJURADO.--¿Y si los electores le nombraran emperador? - -1.er CONJURADO.--¿Á él? ¡Jamás! - -D. GIL TÉLLEZ GIRÓN.--¿Qué importa? Matándole, queda anulado el -nombramiento. - -1.er CONJURADO.--Si obtiene el sacro imperio, viene á ser inviolable y -sólo Dios puede tocarle. - -GOTHA.--Lo más seguro es que muera antes de ser emperador. - -1.er CONJURADO.--No le elegirán. - -TODOS.--No obtendrá el imperio. - -1.er CONJURADO.--¿Cuántos brazos se necesitan para echarlo á la tumba? - -TODOS.--Uno solo. - -1.er CONJURADO.--¿Cuántos golpes en el corazón? - -TODOS.--Solo uno. - -1.er CONJURADO.--¿Quién ha de darlo? - -TODOS JUNTOS.--Yo. - -1.er CONJURADO.--La víctima es un traidor; ellos hacen un emperador: -hagamos nosotros un gran sacerdote. Echemos suertes. - - (_Todos los conjurados escriben sus nombres en sendas hojas, que - arrollan y depositan uno tras otro en la urna de un sepulcro._) - -1.er CONJURADO.--Oremos. (_Todos se arrodillan._) Que el elegido crea -en Dios, hiera como un romano, muera como un hebreo. Ha de arrostrar -la rueda y las tenazas, cantar en el potro, reir en el fuego; ha de -hacerlo todo, en fin, resignado á matar y morir. - - (_Saca de la urna uno de los pergaminos._) - -TODOS.--¿Qué nombre? - -1.er CONJURADO.--Hernani. - -HERNANI (_Saliendo de entre los conjurados._)--He ganado. ¡Ya eres mío, -tú á quien he perseguido tanto tiempo! ¡Venganza! - -D. RUY GÓMEZ (_Aparta á Hernani._)--¡Oh! Cédeme la suerte. - -HERNANI.--No por mi vida. ¡Oh! no me envidiéis mi buena fortuna; es la -primera vez que me halaga. - -D. RUY.--Tú no tienes nada. Pues bien, feudos, castillos, vasallaje, -cien mil siervos en mis trescientas villas, todo lo que tengo te doy -por este golpe. - -HERNANI.--No. - -EL DUQUE DE GOTHA.--Tu brazo no daría un golpe tan fuerte, anciano. - -D. RUY.--¡Bah! Si el brazo me faltara, me sobraría alma. Por la -herrumbre de la vaina no se ha de juzgar la hoja. (_Á Hernani._) -Recuerda que me perteneces. - -HERNANI.--Mi vida es vuestra; la suya es mía. - -D. RUY.--Te daré la mano de ella y te devolveré esta prenda. - - (_La bocina._) - -HERNANI (_Vacilando._)--¡Pardiez! ¡Doña Sol y la vida!... No, no; antes -mi venganza. En esto voy de acuerdo con el mismo Dios. Tengo que vengar -á mi padre... y acaso algo más. - -D. RUY.--¡Ella y la vida! - -HERNANI.--No. - -D. RUY.--Reflexiónalo bien, insensato. - -HERNANI.--Señor duque, dejadme mi presa. - -D. RUY.--¡Mal haya tu tenacidad! - - (_Desviándose._) - -1.er CONJURADO (_Á Hernani._)--Hermano, antes que hayan podido elegirlo, -bueno sería esperar á Carlos esta misma noche. - -HERNANI.--No temas: sé yo muy bien cómo se despacha á un hombre y en -cuidado me lo tengo. - -1.er CONJURADO.--¡Que toda traición recaiga sobre el traidor y Dios -te guarde! Nosotros, condes y barones, si éste perece sin matar, -continuaremos. Juraremos todos herir á nuestra vez, sin excusa ninguna, -á Carlos, condenado á muerte. - -[Ilustración] - -TODOS (_Sacando las espadas._)--¡Juremos! - -GOTHA (_Al 1.er conjurado._)--¿Por qué, hermano? - -D. RUY.--Por esta cruz. - - (_Tomando su espada por la punta y levantándola._) - -TODOS (_Levantando sus espadas._)--¡Que muera impenitente! - - (_Se oye un cañonazo lejano. Todos se detienen en silencio. - Entreábrese la puerta del sepulcro y aparece don Carlos pálido y - presta atento oído. Suena otro cañonazo y luégo otro. Abre de par en - par la puerta del sepulcro, pero sin dar un paso, de pié é inmóvil en - el dintel._) - - - - -ESCENA IV - -LOS CONJURADOS, DON CARLOS, luégo DON RICARDO; Señores, Guardias; el -REY DE BOHEMIA, el DUQUE DE BAVIERA, DOÑA SOL - - -D. CARLOS.--Señores, retiraos un poco. El emperador os oye. (_Todas -las antorchas se apagan á la vez. Profundo silencio. Da un paso en -las tinieblas tan densas que apenas se distinguen los conjurados -inmóviles y mudos._) ¡Silencio y sombras! El enjambre sale de ellas -y á ellas vuelve. ¿Creéis que esto va á pasar como un sueño, y que -en la oscuridad os he de tomar por hombres de piedra sentados en sus -sepulcros? Hace poco hablabais bastante alto, estatuas. Ea, levantad -las abatidas frentes porque aquí está Carlos Quinto. Heridme, dad un -paso... Vamos ¿os atreveríais? No, no os atrevéis. Vuestras antorchas -llameaban sanguinarias bajo estas bóvedas y ha bastado mi aliento para -apagarlas todas. Pero ved: si yo apago muchas, enciendo aún más. (_Da -con la llave en la puerta de bronce del sepulcro, y á esta señal todas -las profundidades del subterráneo se pueblan de soldados con antorchas -y partesanas. Á su frente el duque de Alcalá, el marqués de Almunan, -etc._) ¡Acudid, halcones míos! He descubierto el nido; tengo la presa. -(_Á los conjurados._) También yo alumbro: el sepulcro llamea. ¡Ved! (_Á -los soldados._) Venid todos, que el crimen es flagrante. - -HERNANI (_Mirando á los soldados._)--En buen hora. Solo, me parecía muy -grande: creí que era Carlomagno y no es más que Carlos Quinto. - -D. CARLOS (_al duque de Alcalá_).--Condestable de Castilla, (_Al -marqués de Almunan._) Almirante, aquí. Desarmadlos. - - (_Cercan á los conjurados y los desarman._) - -D. RICARDO.--Augusto Emperador... - - (_Inclinándose hasta tierra._) - -D. CARLOS.--Te nombro alcalde de palacio. - -D. RICARDO.--Dos electores, en nombre de la cámara dorada, vienen á -cumplimentar á la sacra Majestad. - -D. CARLOS.--Que entren. (_Bajo._) ¡Doña Sol! - - (_Don Ricardo saluda y sale. Entran con antorchas y músicas el rey de - Bohemia y el duque de Baviera, ceñida la corona. Numeroso cortejo de - señores alemanes con la bandera del imperio, el águila bicéfala con - el escudo de España en medio. Los soldados forman calle y dan paso á - los dos electores hasta el emperador á quien saludan profundamente._) - -EL DUQUE DE BAVIERA.--Carlos, rey de los romanos. Majestad sacratísima, -Emperador, el mundo está ahora en vuestras manos, porque tenéis el -imperio. Vuestro es ese trono á que todo monarca aspira. Federico, -duque de Sajonia, fué primero el elegido; pero juzgándoos más digno, -no ha querido aceptarlo. Venid, pues, á recibir la corona y el globo. -El sacro imperio os reviste de la púrpura, os ciñe la espada y os hace -Máximo. - -D. CARLOS.--Iré á mi vuelta á dar las gracias al colegio. Gracias, -hermano de Bohemia; primo de Baviera, adiós. Yo mismo iré. - -EL REY DE BOHEMIA.--Carlos, nuestros abuelos se llamaban amigos, -nuestros padres lo eran igualmente; Carlos, ¿quieres que seamos -hermanos? Te he visto pequeñuelo, y no puedo olvidar... - -D. CARLOS (_Interrumpiéndole._)--Rey de Bohemia, vos sois familiar -nuestro. (_Les da la mano á besar y los despide._) Adiós. - - (_Salen los dos electores con su cortejo._) - -LA MULTITUD.--¡Viva! - -D. CARLOS (_Aparte._)--Estoy en ello. Todo me abre paso. ¡Emperador!... -por renuncia de Federico el Sabio. - - (_Sale doña Sol._) - -[Ilustración: EL DUQUE DE BAVIERA.--_... El sacro imperio os reviste -de la púrpura..._] - -D.ª SOL.--¡Soldados! ¡El Emperador! ¡Dios mío! ¡Qué golpe tan -imprevisto! ¡Hernani! - -HERNANI.--¡Doña Sol! - -D. RUY (_Al lado de Hernani. Aparte._)--No me ha visto Sol. - -(_Doña Sol corre á Hernani y retrocede ante su mirada._) - -HERNANI.--Señora... - -D.ª SOL (_Sacándose del seno el puñal._)--Aún guardo su puñal. - -HERNANI (_Tendiéndole los brazos._)--¡Amada mía! - -D. CARLOS.--¡Silencio! (_Á los conjurados._) ¿Estáis ya más alentados? -Conviene que dé una lección al mundo. Lara el de Castilla y Gotha el -Sajón, todos vosotros ¿qué hacíais aquí? Hablad. - -HERNANI (_Dando un paso._)--Señor, es muy sencillo y puede decirse en -alta voz. Estábamos grabando en la pared la sentencia de Baltasar. -(_Alzando el puñal._) Dábamos al César lo que es del César. - -D. CARLOS.--En buen hora. ¿Y vos, traidor Silva? - -D. RUY.--¿Quién de nosotros dos? - -HERNANI (_Á los conjurados._)--Nuestras cabezas y el imperio. Tiene lo -que desea. (_Al emperador._) El manto azul de los reyes podía embarazar -vuestros pasos. La púrpura os conviene más: en ella no se ve la sangre. - -D. CARLOS (_Á Ruy Gómez._)--Primo Silva, has cometido una felonía que -bien merece borrar del blasón tus títulos. Eres reo de alta traición, -Ruy, bien lo reconocerás. - -D. RUY.--El rey Rodrigo hizo al conde don Julián. - -D. CARLOS (_Al duque de Alcalá._)--No prendáis sino á los títulos: los -demás... - - (_Don Ruy Gómez, el duque de Lutzelburgo, el de Gotha, don Juan de - Haro, don Guzmán de Lara, Téllez Girón y el barón de Hohemburgo se - separan del grupo de los conjurados entre los que queda Hernani. El - duque de Alcalá los rodea estrechamente de guardias._) - -D.ª SOL.--¡Se ha salvado! - -HERNANI (_Saliendo del grupo._)--Pretendo que se me cuente entre ellos. -(_Á don Carlos._) Pues que se trata aquí de subir al cadalso y Hernani, -como oscuro pastor, quedaría impune; pues que su frente no está al -nivel de tu cuchilla; pues que es preciso ser grande para morir, me -levanto. Dios que da los cetros, me hizo á mí duque de Segorbe, y duque -de Cardona, y marqués de Monroy, y conde de Albatera, y vizconde de -Gor, y señor de lugares cuyo número no recuerdo ahora. Soy Juan de -Aragón, gran maestre de Aviz, nacido en el destierro, hijo proscrito -de un padre asesinado por sentencia del tuyo, rey de Castilla. El -asesinato es negocio de familia entre nosotros: vosotros usáis el -cadalso; nosotros el puñal. El cielo me hizo duque y el destino -montañés. Pero una vez que, sin fruto, he afilado mi hierro en las -peñas de los torrentes, cubrámonos, grandes de España. (_Se cubre y lo -imitan todos los españoles._) Sí, nuestras cabezas, oh rey, tienen el -derecho de caer cubiertas delante de ti. ¡Silva! ¡Haro! ¡Lara! ¡Señores -de título y de raza, pido mi lugar entre vosotros! (_Á los cortesanos y -á los guardias._) Criados y verdugos, ¡paso á don Juan de Aragón! - - (_Se mete en el grupo de los señores presos._) - -D.ª SOL.--¡Dios mío! - -D. CARLOS.--En efecto, había olvidado esa historia. - -HERNANI.--La afrenta que el ofensor olvida insensato, vive y se -revuelve siempre en el corazón del ofendido. - -D. CARLOS.--¡Conque yo soy hijo de padres que decapitaron á los -vuestros! Este título basta. - -D.ª SOL (_Arrodillándose á sus piés._)--¡Piedad, señor! Sed clemente -con él, ó heridnos á los dos, porque es mi amante, es mi esposo, y -sólo por él y para él vivo. ¡Piedad, señor, os lo ruego de rodillas -á vuestras sagradas plantas! Le amo y es mío, como el imperio es -vuestro. ¡Oh! ¡perdón! (_Don Carlos la mira inmóvil._) ¿Qué idea -siniestra os absorbe? - -D. CARLOS.--Ea, levantaos, duquesa de Segorbe, condesa de Albatera, -marquesa de Monroy... ¿Tus otros títulos, don Juan? - -HERNANI (_Con delirio._)--¿Habla así el Rey? - -D. CARLOS.--No; el Emperador. - -D.ª SOL (_Levantándose._)--¡Gran Dios! - -D. CARLOS (_Á Hernani._)--Duque, he aquí tu esposa. - -HERNANI (_Recibiéndola en los brazos._)--¡Dios justo! - -D. CARLOS (_Á Ruy Gómez._)--Primo Silva, tu nobleza es celosa, bien lo -sé; pero un Aragón bien vale lo que un Silva. - -D. RUY.--¡Ah! no es mi nobleza la celosa. - -HERNANI.--¡Oh! Mi odio se extingue. (_Tira el puñal._) - -D. RUY (_Mirándolos abrazados. Aparte._)--¡Qué hacer! ¡Oh amor loco, -insufrible dolor! Les darías lástima. Anciano, arde sin llama, ama y -sufre en secreto, ó se reirían de ti. - -D.ª SOL.--¡Duque, duque mío! - -HERNANI.--Ya no tengo más que amor en el alma. - -D.ª SOL.--¡Oh dicha! - -D. CARLOS (_Con la mano en el pecho. Aparte._)--¡Extínguete, corazón -ardiente y juvenil! Deja reinar al espíritu que siempre turbaste. De -hoy más, tus amores, serán Alemania, España, Flandes. (_Mirando una -bandera imperial._) El emperador es como el águila, su compañera: en el -sitio del corazón no tiene más que un escudo. - -HERNANI.--¡Ah! Sois César. - -D. CARLOS.--Don Juan, tu corazón es digno de tu noble casa. (_Indicando -á doña Sol._) Eres también digno de ella. De rodillas, duque. (_Hernani -se arrodilla. Don Carlos se quita el Toisón y se lo pone á él._) Recibe -este collar. Sé fiel. Por San Esteban, duque, te hago caballero de -esta orden. (_Lo levanta y abraza._) Pero tú tienes el más bello y -precioso collar... el que yo no tengo, el que falta al poder: los -brazos de una mujer amada y amante. Vas á ser muy feliz. Yo... yo soy -emperador. (_Á los conjurados._) Ignoro vuestros nombres, señores. Odio -y rencor, todo quiero olvidarlo. Idos en paz: os perdono. Esta lección -me cumple dar al mundo. - -LOS CONJURADOS (_Cayendo de rodillas._)--¡Gloria al Emperador! - -D. RUY (_Á don Carlos._)--Yo solo quedo condenado. - -D. CARLOS.--Y yo. - -HERNANI.--Yo no odio ya. ¿Á quién se debe esta mudanza? - -TODOS.--¡Honor á Carlos Quinto! - -D. CARLOS (_Volviéndose hacia el sepulcro._)--¡Honor á Carlomagno!... -Dejadnos solos á los dos. - - (_Salen todos._) - - -ESCENA V - -DON CARLOS, solo - -(_Se inclina ante el sepulcro._) - -¿Estás satisfecho de mí? ¿He sabido despojarme de las miserias del rey? -¿Soy ya otro hombre? ¿Puedo ceñir mi yelmo de batalla con la tiara -papal? ¿Tengo derecho á gobernar el mundo? ¿Mi pié es ya bastante firme -y seguro para andar por ese camino sembrado de vandálicas ruinas que -tú hollaste con tus anchas sandalias? ¿Encendí mi antorcha en tu llama -inextinguible? ¿He comprendido la voz que habla en tu sepulcro?... -¡Ah! Estaba solo, perdido ante un imperio. Todo un mundo que aúlla, y -amenaza y conspira; el danés á quien tener á raya, el Padre Santo á -quien pagar; Venecia, Solimán, Lutero, Francisco primero; mil puñales -conjurados centelleando en las sombras; asechanzas, escollos, enemigos -por doquiera; veinte pueblos que harían temblar á cien reyes; todo -premioso, urgente, pidiendo simultánea solución... Y te llamé diciendo: -¡Carlomagno! ¿por dónde empezaré? Y tú me respondiste: ¡Hijo, por la -clemencia! - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -ACTO V - -LAS BODAS - - -ZARAGOZA - - Galería del palacio de Aragón.--En el fondo una escalera que - desciende hasta el jardín.--Á derecha é izquierda dos puertas.--Dos - arcadas moriscas sobrepuestas cierran el fondo, dejando ver por - sus claros los jardines con luces que van y vienen, y en último - término los remates góticos y árabes del palacio iluminado.--Música - lejana.--Máscaras de dominó, aisladas ó en grupos, pasean por el - fondo.--En el proscenio, un grupo de jóvenes, que, con los antifaces - en la mano, hablan y ríen ruidosamente. - -PERSONAJES - - HERNANI. - DOÑA SOL. - DON RUY GÓMEZ DE SILVA. - DON SANCHO. - DON MATÍAS. - DON RICARDO. - DON FRANCISCO. - DON GARCI SUÁREZ. - - -ESCENA I - -DON SANCHO SÁNCHEZ DE ZÚÑIGA, conde de Monterey; DON MATÍAS CENTURIÓN, -marqués de Almunan; DON RICARDO DE ROJAS, conde de Casapalma; DON -FRANCISCO DE SOTOMAYOR, conde de Belalcázar; DON GARCI SUÁREZ DE -CARVAJAL, conde de Peñalver. - -D. GARCÍA.--¡Viva la novia y viva la alegría! - -D. MATÍAS.--Zaragoza se asoma esta noche á los balcones. - -D. GARCÍA.--Y hace bien, porque jamás se vió boda más alegre, ni más -gallardos novios, ni noche más serena. - -D. MATÍAS.--¡Buen emperador! - -D. SANCHO.--Marqués, cierta noche en que íbamos los dos con él en busca -de aventuras ¿quién nos hubiera dicho que aquello había de acabar así? - -D. RICARDO.--Yo era de la partida. (_Á los otros._) Escuchad la -historia. Tres galanes y un bandido, un duque y un rey ponen sitio á la -vez al corazón de una mujer. Dado el asalto ¿quién la gana? El bandido. - -D. FRANCISCO.--Nada más natural: el amor y la fortuna, lo mismo aquí -que en Francia, son dados falsos: el fullero es el que gana. - -D. RICARDO.--Yo hice mi fortuna viendo cortejos: primero conde, luégo -grande, después alcalde de corte. Indudablemente he empleado bien el -tiempo. - -D. SANCHO.--El secreto de este alcalde consiste en hallarse siempre en -el camino del rey. - -D. RICARDO.--Haciendo valer mis derechos y mis servicios. - -D. GARCÍA.--Y hasta sus distracciones. - -D. MATÍAS.--¿Qué ha sido del viejo duque? ¿Está disponiendo el ataúd? - -D. SANCHO.--Dejémonos de chanzas, marqués; el viejo es hombre de temple -y amaba á doña Sol. Sesenta años tardó en encanecer: un día ha bastado -para que encaneciera del todo. - -D. GARCÍA.--Dícese que se ha ido á Zaragoza. - -D. SANCHO.--¿Querías que trajera á la boda su despecho? - -D. FRANCISCO.--¿Y qué hace el emperador? - -D. SANCHO.--El emperador está hoy triste. Lutero le da en qué pensar. - -D. RICARDO.--¡Lutero! ¡Buen asunto de cuidados y penas, que yo acabaría -muy pronto con cuatro soldados! - -D. MATÍAS.--Solimán también le hace sombra. - -D. GARCÍA.--¡Lutero, Solimán, Neptuno, el diablo y Júpiter! ¿Qué nos -importa eso? Las mujeres, las máscaras, la broma... - -D. SANCHO.--Esto es lo esencial. - -D. RICARDO.--Tiene razón Garci Suárez. Yo no soy el mismo en día de -fiesta... en poniéndome una máscara, parece que me pongo otra cabeza. - -D. SANCHO (_Bajo á don Matías._)--¿Por qué no serán todos días de -fiesta? - -D. FRANCISCO (_Indicando la puerta de la derecha._)--¿No es esa la -habitación de los desposados? - -D. GARCÍA.--Sí. Y pronto los veremos venir. - -D. FRANCISCO.--¿Vendrán? - -D. GARCÍA.--Sin duda. - -D. FRANCISCO.--Tanto mejor. La novia es bellísima. - -D. RICARDO.--Y el emperador, muy bondadoso; perdonar á ese rebelde -de Hernani, cargarle de títulos y unirle en matrimonio con doña Sol. -¡Pardiez! Si el emperador hubiera seguido mi consejo, dábale á él un -lecho de piedra y á ella un lecho de pluma. - -D. SANCHO (_Bajo á don Matías._)--De buena gana le daría una estocada á -este señor de oropel. - -D. RICARDO.--¿Qué estáis diciendo ahí? - - (_Acercándose._) - -D. MATÍAS (_Bajo á Sancho._)--No arméis contienda ahora. (_Á don -Ricardo._) Me recita unos versos del Petrarca á su amada. - -D. GARCÍA.--Señores ¿habéis observado entre las flores, las mujeres y -los trajes de colorines, un espectro, que de pié junto á una columna, -manchaba la mascarada con su negro dominó? - -D. RICARDO.--Sí, pardiez. - -D. GARCÍA.--¿Quién será? - -D. RICARDO.--Su estatura, su porte... Sin duda don Pancracio, general -de mar. - -D. FRANCISCO.--No. - -D. GARCÍA.--No se ha quitado la máscara. - -D. FRANCISCO.--Ni tenía guardia. Es el duque de Soma, que quiere que lo -miren y nada más. - -D. RICARDO.--Tampoco, porque el duque habló conmigo. - -D. GARCÍA.--Entonces ¿quién diablos es? ¡Pardiez! Helo allí. - - (_Entra un enmascarado con dominó negro, y cruza lentamente el fondo. - Todos se vuelven á mirarle y le siguen con la vista, sin que él haga - caso._) - -D. SANCHO.--Si los muertos andan, así han de andar. - -D. GARCÍA (_Corriendo á él._)--¡Máscara! (_El dominó negro se detiene. -García retrocede._) ¡Por vida mía! señores, he visto fulgurar sus ojos. - -D. SANCHO.--Si es el diablo, ha encontrado á quien hablar. (_Se le -acerca._) Mala sombra, ¿vienes del infierno? - -EL MÁSCARA.--No vengo, voy... - - (_Sigue su camino y desaparece por la escalera del fondo. Todos le - siguen con la vista con cierto espanto._) - -D. MATÍAS.--Su voz es verdaderamente sepulcral. - -[Ilustración: _Bodas de Hernani y Doña Sol_] - -D. GARCÍA.--Sea: lo que da espanto en otra parte, hace reir en un baile. - -D. SANCHO.--Algún chusco de mal género. - -D. GARCÍA.--Y si es Lucifer que viene á vernos bailar, mientras llega -la hora del infierno, bailemos. - -D. SANCHO.--Alguna bufonada, á buen seguro. - -D. MATÍAS.--Mañana lo sabremos. - -D. SANCHO (_á don Matías._)--Mirad adónde ha ido. - -D. MATÍAS (_Mirando._)--Ha bajado la escalera y... ¿Quién sabe? - -D. SANCHO.--Es singular. - -D. GARCÍA (_Á una dama que pasa._)--Marquesa ¿seréis tan bondadosa...? - - (_La saluda y le ofrece la mano._) - -LA DAMA.--Mi querido conde, bien sabéis que con vos mi marido las -cuenta. - -D. GARCÍA.--Mejor que mejor, pues se divierte con eso. Él contará y -nosotros bailaremos. - - (_La dama le da la mano y salen._) - -D. SANCHO (_Pensativo._)--Es singular. - -D. MATÍAS.--¡Los novios! ¡Silencio! - - (_Entran Hernani y Sol de la mano; ella en magnífico traje nupcial; - él de terciopelo negro y el Toisón al cuello. Detrás de ellos - multitud de damas y caballeros de máscara, que les dan cortejo. - Cuatro pajes les preceden y dos alabarderos les siguen._) - - -ESCENA II - -Los mismos, HERNANI, DOÑA SOL, séquito - -HERNANI (_Saludando._)--¡Amigos míos! - -D. RICARDO (_Lisonjeándole._)--Tu felicidad hace la nuestra, ilustre -Aragón. - -D. FRANCISCO.--¡Por Santiago Apóstol! ¡Es la misma Venus! - -D. MATÍAS.--¿Hay nada más feliz que un día de bodas? - -D. FRANCISCO.--Sí... la noche. - -D. SANCHO (_á don Matías_).--Ya es tarde. ¿Nos retiramos? - - (_Todos van á saludar á los recién casados, y salen, unos por la - puerta, otros por la escalera del fondo._) - -HERNANI (_Despidiéndolos._)--Dios os guarde. - -D. SANCHO (_Estrechándole la mano._)--¡Sed felices! - - (_Quedan solos Hernani y Sol. Las luces se van apagando y muy luégo - reina la oscuridad y el silencio._) - - -ESCENA III - -HERNANI, DOÑA SOL - -D.ª SOL.--Por fin se van todos. - -HERNANI (_Atrayéndola á sí._)--¡Amor mío! - -D.ª SOL (_Esquivándole ruborizada._)--Es que... ya es tarde. - -HERNANI.--¡Ángel mío! Siempre es tarde para estar á solas juntos. - -D.ª SOL.--Ya me fatigaba ese ruido. ¿No es verdad que toda esa alegría -aturde y ahuyenta la felicidad? - -HERNANI.--Dices bien. La felicidad, vida mía, es cosa grave; quiere -corazones de bronce y lentamente se graba en ellos. El placer la -espanta echándole flores; su sonrisa dista menos de llorar que de reir. - -D.ª SOL.--Es verdad. (_Resistiéndose á seguir á Hernani que quiere -llevársela hacia la puerta._) Luégo, luégo. - -HERNANI.--¡Oh! No soy más que tu esclavo. Bien, permanece aquí; haz -lo que quieras... yo no pido nada. Tú sabes lo que haces y para mí -aciertas siempre. Reiré ó cantaré, si quieres. El alma se me abrasa... -¡Oh! Dile al volcán que apague sus llamas, y el volcán cerrará su -cráter y cubrirá su falda de flores y verde musgo. Porque el gigante -está vencido, el Vesubio es esclavo y ¿qué te importa á ti su corazón -candente? ¿Quieres flores? Sea: forzoso será que el volcán, ardiendo y -todo, se engalane á tus ojos. - -D.ª SOL.--¡Qué bondadoso eres con esta pobre mujer, Hernani de mi alma! - -HERNANI.--¿Qué nombre has pronunciado? ¡Oh! por favor, no me dés ya ese -nombre, pues me haces recordar que lo he olvidado todo. Sé que en otro -tiempo existía como en sueño un Hernani, cuyos ojos fulguraban como un -puñal; un hombre de las sombras y los montes, un proscrito que sólo -respiraba odio y venganza, un infeliz que arrastraba por todas partes -su anatema; pero yo no conozco á ese Hernani. Yo amo los prados, las -flores, los bosques, el canto del ruiseñor; soy don Juan de Aragón, -esposo de doña Sol. Soy feliz. - -D.ª SOL.--Y yo, y yo. ¡Cuán feliz soy! - -HERNANI.--¿Qué importan los andrajos que dejé á la puerta? Vuelvo á mi -luctuoso palacio y un ángel del Señor me esperaba en el umbral. Entro y -pongo en pié sus derribadas columnas, vuelvo á encender el hogar, abro -las ventanas, arraso la yerba del pavés del patio; yo no soy ya más que -alegría y amor. Que me devuelvan mis torres y castillos, mi penacho, mi -asiento en el consejo de Castilla; venga mi doña Sol, honesta y pura, -déjennos solos, y demos por pasado lo demás. Nada he visto, nada he -dicho, nada he hecho; vuelvo á empezar, lo borro todo, todo lo olvido. -Oh prudencia, oh locura, te tengo á ti, te amo y basta á mi felicidad. - -D.ª SOL.--¡Qué bien sienta ese collar de oro sobre el terciopelo negro! - -HERNANI.--Antes que á mí viste al rey con igual traje. - -D.ª SOL.--No lo he notado. ¿Ni qué me importa otro hombre? Y luégo -si no es el terciopelo ó el raso... No, duque mío; es tu cuello el -que sienta bien al collar de oro. (_Resistiéndose aún._) Luégo, -luégo... Un momento no más. ¿No ves? Estoy alegre y lloro. ¡Cuán -feliz soy! Ven á ver tan hermosa noche. (_Van á la arcada._) Sólo un -instante, duque mío; el tiempo de respirar y ver solamente. Todo se -ha extinguido: antorchas y música. Nada más que la noche y nosotros. -¡Felicidad perfecta! ¿No lo crees tú así? Mientras todo duerme, vela -amorosamente sobre nosotros la naturaleza: la luna sola en el cielo -reposa como nosotros y como nosotros respira el aire embalsamado de -las flores. Mira: ni una luz, ni un rumor... todo calla. Há poco, -mientras hablabas, el trémulo brillo de la luna y el timbre de tu voz, -me llegaban juntos al corazón. Sentíame alegre y tranquila, amor mío, y -hubiera querido espirar en aquel momento. - -HERNANI.--¡Ah! ¿Quién no lo olvidaría todo al encanto de tu voz? Tu -palabra es un canto angelical; como á la luz crepuscular de una tarde -de verano, ve deslizarse el viajero las márgenes floridas de un río, -vaga mi pensamiento por tus melancolías. - -D.ª SOL.--Este silencio es harto lúgubre, y demasiado profundo este -sosiego. Dime, amor mío, ¿no querrías ver en el fondo una estrella? ¿No -quisieras que una voz de la noche tierna y amorosa se alzara de repente -y cantara? - -HERNANI.--¡Ah caprichosa! Ahora mismo huías de la luz y de los cantos. - -D.ª SOL.--Del baile. Pero un pájaro que cantara en el campo, un -ruiseñor perdido en las sombras, allá en una enramada, ó alguna flauta -á lo lejos... La música es dulce, desliza en el alma armonía y amor... -despierta mil voces que resuenan en el alma. ¡Oh! Sería delicioso. - - (_Óyese el són lejano de un cuerno._) - -HERNANI.--¡Ah! - -D.ª SOL.--¡Mi deseo fué oído! - -HERNANI (_Aparte; estremeciéndose._)--¡Desdichada! - -D.ª SOL.--Un ángel me ha oído; sin duda tu ángel bueno. - -HERNANI.--Sí, mi ángel bueno. (_Con amargura.--Aparte._) ¡Todavía! - -D.ª SOL.--Don Juan, he reconocido el són de esa bocina. - -HERNANI.--¿Sí? - -D.ª SOL.--Esta serenata, la has dispuesto tú ¿verdad? - -HERNANI.--Tú lo has dicho. - -D.ª SOL.--¡Qué baile tan fastidioso! ¡Oh! ¡Cuánto le prefiero el toque -de una bocina en el fondo de los bosques! Y más siendo la tuya... es -como tu voz. - - (_Óyese otra vez el mismo són._) - -HERNANI (_Aparte._)--¡Ah! El tigre aúlla y reclama su presa. - -D.ª SOL.--Don Juan, ese sonido llena de alegría el corazón. - -HERNANI.--¡Llámame Hernani; llámame Hernani! ¡Aún me persigue ese -nombre fatal! - -D.ª SOL (_Temblando._)--¿Qué tienes? - -HERNANI.--¡El viejo! - -D.ª SOL.--¡Dios mío! Me espanta tu mirada. ¿Qué tienes? - -HERNANI.--El viejo que se ríe en las tinieblas. ¿No lo ves? - -D.ª SOL.--¿Desvarías, bien mío? ¿Quién es ese viejo? - -HERNANI.--¡El viejo! - -D.ª SOL.--Te ruego de rodillas que calmes mi inquietud. ¿Qué secreto es -ese que te turba? ¿Qué tienes? - -HERNANI.--¡Se lo juré! - -D.ª SOL.--¿Se lo juraste? - - (_Sigue todos sus movimientos con ansiedad. Detiénese él de golpe y - se pasa la mano por la frente._) - -HERNANI (_Aparte._)--¿Qué le iba á decir? (_Alto._) ¿Yo? Nada. ¿De qué -te hablaba? - -D.ª SOL.--Me has dicho... - -HERNANI.--No, no... estaba turbado... Me siento mal... pero no te -inquietes. - -D.ª SOL.--¿Necesitas algo? ¿Qué traigo? Ordéname. - - (_Vuelve á sonar el cuerno._) - -HERNANI (_Aparte._)--No desiste... ¡mi juramento! (_Buscándose el -puñal._) Nada. ¡Ah! - -D.ª SOL.--¿Te sientes peor? ¿Qué tienes? - -HERNANI.--Una... una herida antigua, que parecía cerrada y se renueva. -(_Aparte._) Alejémosla de aquí. (_Alto._) Sol de mi vida, escucha: -aquella cajita, que en días menos felices llevaba yo conmigo... - -D.ª SOL.--Ya sé. ¿Qué quieres que haga? - -HERNANI.--En ella encontrarás un pomo de elixir, que podrá poner -término al mal que preveo. Vé y tráemelo. - - (_Sale doña Sol por la puerta de la cámara nupcial._) - - -ESCENA IV - -HERNANI, solo - -¡He aquí lo que viene á hacer con mi felicidad! ¡He aquí el dedo fatal -que brilla en la pared! ¡Oh! ¡Con qué crueldad se burla de mí el -destino! (_Cae en profunda y tormentosa reflexión. Después se desvía -bruscamente._) ¡Y bien!... Pero todo calla... No veo venir á nadie... -¡Si me hubiera engañado!... - - (_El máscara del dominó negro aparece en el fondo. Hernani se detiene - petrificado._) - - -ESCENA V - -HERNANI, el MÁSCARA - -EL MÁSCARA.--«Suceda lo que quiera, siempre que á bien lo tengáis, en -cualquier lugar y á cualquiera hora, si creéis que es llegada la de mi -muerte, no tenéis más que tocar el cuerno y yo mismo acudiré á ponerme -en vuestro poder.» Este pacto tuvo á los muertos por testigos. Ahora -bien. ¿Estás dispuesto? - -HERNANI (_Aparte._)--¡Es él! - -EL MÁSCARA.--Vengo á tu palacio á decirte que ha llegado la hora y veo -que acudes tarde. - -HERNANI.--Bien. ¿Qué quieres? ¿Qué vas á hacer de mí? Habla. - -EL MÁSCARA.--Puedes elegir entre el puñal y el veneno. Traigo lo -necesario. Partiremos los dos. - -HERNANI.--En buen hora. - -EL MÁSCARA.--Oremos antes. - -HERNANI.--¿Para qué? - -EL MÁSCARA.--¿Qué eliges tú? - -HERNANI.--El veneno. - -EL MÁSCARA.--Bien. Dame la mano. (_Le presenta un pomo, que Hernani -toma temblando._) Bebe y acabemos. - -HERNANI (_Se lleva el pomo á los labios, y luégo lo aparta._)--¡Oh! Por -piedad, déjalo para mañana. ¡Oh! si tienes corazón, ó alma siquiera; -si no eres un espectro escapado de las llamas, un réprobo, un fantasma -ó un demonio; si sabes lo que es la dicha suprema de amar, de tener -veinte años y estar recién casado; si alguna vez ha palpitado en tus -brazos una mujer amante y amada, espera, espera hasta mañana. Mañana -puedes volver. - -EL MÁSCARA.--¡Mañana! ¡Mañana! ¡Necio! ¿Y qué haría yo esta noche? -Morirme. Y ¿quién vendría mañana por ti? No, no; joven, es preciso -despachar ahora. - -HERNANI.--Pues bien, no. Sabré librarme de ti, demonio. No, no te -obedezco. - -EL MÁSCARA.--¡Bien me lo temía! Muy bien. ¿Por qué sagrado juramento -te obligaste? ¡Ah! por nada... por la memoria de tu padre. Bien puedes -olvidarlo: la juventud es ligera. - -HERNANI.--¡Ah! ¡Padre, padre mío! Voy á perder el juicio. - -EL MÁSCARA.--No, no es más que un perjurio, un sacrilegio. - -HERNANI.--¡Señor duque! - -EL MÁSCARA.--Puesto que los primogénitos de las familias castellanas -toman á juego el juramento, y faltan á él tan livianamente, adiós. (_Da -un paso para retirarse._) - -HERNANI.--Espera; no te vayas tan pronto. - -EL MÁSCARA.--Entonces... - -HERNANI.--¡Viejo desalmado! (_Toma el pomo._) ¡Perseguirme así hasta -las puertas del cielo!... - - (_Vuelve Sol sin ver al encubierto, de pié junto á la escalera del - fondo._) - - -ESCENA VI - -Los mismos, DOÑA SOL - -D.ª SOL.--No he podido encontrar la caja. - -HERNANI.--¡Ella! ¡En qué momento! - -D.ª SOL.--¿Qué tiene? ¡Se espanta de mí y vacila á mi voz! ¿Qué tienes -en la mano? ¡Horrible sospecha! ¿Qué tienes en la mano? Contesta. (_El -encubierto se quita el antifaz. Sol reconoce á don Ruy Gómez y da un -grito._) ¡Veneno! - -HERNANI.--¡Gran Dios! - -D.ª SOL.--¿Qué te he hecho yo? ¡Qué horrible misterio! Me engañabas, -don Juan. - -HERNANI.--¡Ah! He debido ocultártelo. Había jurado morir al duque á -quien debí mi salvación un día: Aragón debe pagar esta deuda á Silva. - -[Ilustración] - -D.ª SOL.--Pero tú no te perteneces, tú eres mío. ¿Qué me importan á -mí los demás juramentos? Duque, el amor me hace fuerte y contra vos y -contra el mundo entero sabré defenderlo. - -D. RUY.--Defiéndelo, si puedes, contra un sagrado juramento. - -D.ª SOL.--¿Cuál? - -HERNANI.--Sí, juré... - -D.ª SOL.--No, nada te obliga á morir. No, no puede ser. Es un crimen, -un atentado, una locura. - -D. RUY.--Vamos, don Juan de Aragón. - - (_Hernani va á obedecer. Sol se lo impide._) - -HERNANI.--Dejadme, doña Sol, es preciso. El duque tiene mi palabra y mi -padre me mira desde el cielo. - -D.ª SOL (_Á don Ruy._)--Antes arrancaríais á una tigre sus cachorros -que á mí el amante de mi alma. Todavía no sabéis bien lo que es -esta mujer. Por mucho tiempo, compadecida de vuestros sesenta años -y respetando vuestras canas, he sido sumisa, mansa y tímida; pero -ahora... ahora, ved estos ojos encendidos y fulgurantes de rabia -(_Sácase del seno un puñal_), y ved este puñal. ¡Viejo insensato! -Temed cuando los ojos amagan... Soy de la familia, tío...; y así fuera -hija vuestra ¡ay de ti, si atentas contra mi esposo! (_Tira el puñal -y cae de rodillas ante el duque._) ¡Ah! Vedme de hinojos á vuestros -piés, y tened piedad de nosotros. ¡Perdón, señor, perdón! Sólo soy una -débil mujer; mi fuerza aborta en mi alma y fácilmente flaqueo. ¡Ah! de -rodillas os lo ruego; ¡tened piedad de nosotros! - -D. RUY.--¡Doña Sol! - -D.ª SOL.--¡Perdonad! El dolor me ha inducido á proferir duras palabras. -Perdonad. Vos no sois malo, tío. Compadeceos de nosotros, porque al -tocarle á él, me matáis á mí. ¡Le amo tanto!... - -D. RUY.--Tanto le amáis ¿eh? - -HERNANI.--¡Lloras! - -D.ª SOL.--No quiero que mueras, amor mío; no, no lo quiero. (_Á don -Ruy._) Perdonadle, señor, y yo os amaré á vos también. - -D. RUY.--¡En segundo lugar! Con esos restos de amor... de amistad... -menos aún ¿crees apagar la sed que me devora? (_Indicando á Hernani._) -Él lo es todo; pero yo... ¡brava compasión! ¿Qué he de hacer yo con tu -amistad? ¡Oh! él poseería el alma, el amor, el trono, y sólo tendría yo -la limosna de una mirada. ¡Vergüenza é irrisión! No; es preciso acabar. -Bebe. - -HERNANI.--Tiene mi palabra y debo cumplirla. - -D. RUY.--¡Vamos! - - (_Hernani lleva el pomo á los labios. Sol le detiene el brazo._) - -D.ª SOL.--¡Aún no..., aún no! Dignaos oirme los dos. - -D. RUY.--El sepulcro está abierto y no puedo esperar. - -D.ª SOL.--Un instante, señor; un instante, don Juan. ¡Ah! ¡Cuán crueles -sois los dos! ¿Qué es lo que os pido? Un instante no más... es todo -cuanto deseo. Permitidme que diga esta pobre mujer lo que tiene en el -corazón; permitídmelo por piedad. - -D. RUY (_á Hernani_).--Tengo prisa. - -D.ª SOL.--Pero, me hacéis temblar. ¿Qué os he hecho yo? - -HERNANI.--¡Ah! Su voz me desgarra el corazón. - -D.ª SOL (_Reteniéndole aún el brazo._)--Comprended que tengo mil cosas -que decir. - -D. RUY.--¡Acabemos! - -D.ª SOL.--Don Juan, en cuanto haya hablado, puedes hacer lo que tengas -á bien. (_Le arrebata el pomo._) ¡Mío, mío es ya! (_Lo presenta á vista -de los dos sorprendidos._) - -D. RUY.--Puesto que he de habérmelas aquí con dos mujeres, don Juan, -preciso es que vaya á otra parte á buscar almas. Tú te atreves á jurar -por la memoria de tu padre y no cumples; yo voy á hablar de ello á tu -padre entre los muertos. Adiós. - - (_Da algunos pasos y Hernani lo detiene. Á Sol._) - -HERNANI.--Deteneos, duque, deteneos. (_Á Sol._) ¡Ah! ¿Quieres que sea -pérfido, perjuro, sacrílego? ¿Quieres que lleve por el mundo escrito el -crimen en mi frente? ¡Ah! Por piedad, devuélveme ese pomo. ¡Por nuestro -amor, por nuestra alma inmortal! - -D.ª SOL.--¡Insistís! - -HERNANI.--Sí. - -D.ª SOL.--Bien. (_Bebe._) Tómalo. - -D. RUY.--¡Ah! Era para ella. - -D.ª SOL (_Ofreciendo el pomo á Hernani._)--Tómalo ahora, te digo. - -HERNANI.--¿Ves, viejo miserable? - -D.ª SOL.--No te quejes de mí: te guardo tu parte. - -HERNANI (_Tomando el pomo._)--¡Oh Dios! - -D.ª SOL.--Tú no me hubieras guardado la mía. ¡Oh! no tienes tú el -corazón de una esposa cristiana, ni sabes amar como ama una Silva. Pero -he bebido primero y estoy tranquila. Ahora tú, si quieres. - -HERNANI.--¿Qué has hecho, desdichada? - -D.ª SOL.--Tú lo has querido. - -HERNANI.--¡Muerte espantosa! - -D.ª SOL.--No. ¿Por qué? - -HERNANI.--Ese licor lleva al sepulcro. - -D.ª SOL.--¿No debíamos dormir juntos esta noche? ¿Qué importa en qué -lecho? - -HERNANI.--¡Padre mío! Te vengas en mí que te olvidaba. - - (_Se lleva el pomo á la boca. Sol lo detiene otra vez._) - -D.ª SOL.--¡Cielos! ¡Qué dolores tan extraños! ¡Ah! Tira lejos de ti ese -licor funesto... ¡Se extravía mi razón! Detente ¡ay! detente, don Juan -mío; ese veneno es vivísimo y engendra en el corazón una hidra de mil -dientes que lo roen y devoran. ¡Oh! yo no sabía que se padeciera tanto. -¿Qué es? ¡Ah! fuego. ¡No bebas! ¡Oh! no; padecerías mucho. - -HERNANI (_á don Ruy_).--¡Ah! ¡Cuán cruel eres! ¿No podías haber elegido -otro veneno para ella? - - (_Bebe y tira el pomo._) - -D.ª SOL.--¿Qué has hecho? - -HERNANI.--¿Qué has hecho tú? - -D.ª SOL.--Ven, ven, amor mío, á mis brazos. (_Siéntanse juntos._) ¿No -es verdad que se padece horriblemente? - -HERNANI.--No. - -D.ª SOL.--He aquí nuestra noche de bodas. He de estar muy pálida para -novia. - -HERNANI.--¡Ah! - -D. RUY.--La fatalidad se cumple. - -HERNANI.--¡Qué desesperación! ¡Verla yo morir en este tormento! - -D.ª SOL.--Cálmate: me siento mejor. Ahora mismo vamos á abrir nuestras -alas hacia nuevos iluminados espacios. Partamos con vuelo igual á un -mundo mejor. ¡Un beso! ¡Sólo uno! - -D. RUY.--¡Oh dolor! - -HERNANI (_Con voz débil._)--¡Bendito sea el cielo que me dió una -vida rodeada de abismos y seguida de espectros; pero que me permitió -dormirme, cansado de tan rudo camino, besando tu mano! - -D. RUY.--¡Cuán felices son! - -HERNANI (_Desfalleciendo._)--Ven... ven... Sol de mi alma. ¡Qué oscuro -está todo!... ¿Padeces mucho? - -D.ª SOL (_Con voz igualmente desfallecida._)--Nada... nada ya. - -[Ilustración] - -HERNANI.--¿Ves dos luces en las sombras? - -D.ª SOL.--Todavía no. - -HERNANI.--Yo sí... - - (_Da un suspiro y cae._) - -D. RUY (_Levantándole la cabeza, que vuelve á caer._)--¡Muerto! - -D.ª SOL (_Desgreñada é incorporándose un poco._)--¡Muerto! No... -dormimos... Duerme... es mi esposo. ¿Ves? Nos amamos y... dormimos -aquí... Esta es nuestra noche de bodas. No le despertéis, señor duque -de Mendoza... está cansado... (_Vuelve la cara de Hernani._) Amor mío, -vuelve á mí tus ojos... Más cerca... más aún... - - (_Cae._) - -D. RUY.--¡Muerta! ¡Oh! ¡estoy condenado! - - (_Se mata._) - - -FIN DEL DRAMA - - - - -EL REY SE DIVIERTE - -DRAMA EN CINCO ACTOS - - _Con un prólogo de su autor, el discurso pronunciado - por el mismo ante los tribunales en la causa - á que dió lugar su prohibición - y la relación de la vista celebrada con este motivo - en 19 Diciembre 1832._ - - - - -[Ilustración] - -PRÓLOGO - - -El estreno de este drama motivó un acto ministerial inaudito. - -El día siguiente á la primera representación, recibió el autor de parte -de Mr. Jouslin de la Salle, director de escena del _Teatro-Francés_ el -siguiente oficio, cuyo original conserva cuidadosamente: - - «En este momento, que son las diez y media, acabo de recibir la orden - de suspender las representaciones de _El Rey se divierte_, comunicada - por Mr. Taylor en nombre del ministro. - - »Hoy 23 de noviembre.» - -Lo primero que se le ocurrió al autor fué dudar de lo que leía: el acto -era arbitrario hasta lo increíble. - -En efecto, lo que han llamado _Constitución-Verdad_ dice: «Los -franceses tienen el derecho de publicar...» Nótese que el texto no -dice solamente _el derecho de imprimir_, sino amplia y claramente -_el derecho de publicar_. Ahora bien, el teatro no es más que un -medio de publicación como la prensa, como el grabado, como la -litografía. La libertad del teatro está pues implícitamente consignada -en la Constitución con las demás libertades del pensamiento. La ley -fundamental añade: «La censura no podrá ser restablecida nunca.» No -dice el texto _la censura de los periódicos, la censura de los libros_; -dice sólo _la censura_, la censura en general, toda censura, la del -teatro, como la de los escritos. Las obras dramáticas, pues, no podrán -en adelante ser legalmente censuradas. - -Fuera de esto dice la Constitución: «Queda abolida la confiscación.» -Pues la supresión de una obra, después de ser representada, no es -sólo un acto monstruoso de censura y arbitrariedad, sino también una -verdadera confiscación, es usurpar violentamente al autor y al teatro -su legítima propiedad. - -Finalmente, para que todo sea neto y claro, para que los cuatro ó -cinco grandes principios sociales que la Revolución francesa grabó -en bronce queden intactos en sus pedestales de granito, para que no -pueda vulnerarse maliciosamente el derecho común de los franceses con -esas cuarenta mil armas viejas que enmohece el orín y el desuso en el -arsenal de nuestras leyes, la Constitución deja abolido expresamente en -su último artículo todo lo que sea contrario á su letra y espíritu en -nuestras leyes anteriores. - -Esto es lo formal. El decreto ministerial que prohibe la representación -de una obra dramática atenta á la libertad con la censura, á la -propiedad con la confiscación. Todo nuestro derecho público se subleva -contra semejante hecho de fuerza. - -Como el autor no se decidía á creer tamaña insolencia, tamaña locura, -corrió al teatro, donde le confirmaron ya el hecho por todas partes. -El ministro había efectivamente intimado, por sí, ante sí, y armado -de su derecho divino de ministro, la susodicha orden. El ministro no -tenía razón que dar. El ministro le había usurpado su obra, le había -usurpado su derecho, le había usurpado su propiedad: ya sólo faltaba -poner al poeta en la Bastilla. - -Lo repetimos: en los tiempos que corren, cuando un acto como éste viene -á cortarnos el paso, la primera impresión es de asombro. Mil preguntas -se ofrecen á la mente. ¿Dónde está la ley? ¿Dónde está el derecho? ¿Ha -habido, en efecto, algo que se ha llamado la revolución de Julio? Sin -duda no estamos ya en París. ¿En qué bajalato vivimos? - -La _Comedia-Francesa_, estupefacta y consternada, quiso dar todavía -algunos pasos cerca del ministro para obtener la revocación de tan -extraña orden, pero fué en vano. El diván, digo, el consejo de -ministros se había reunido aquel día: y la que el 23 no era más que -una orden del ministro, el 24 era ya una orden del ministerio. El 23 -sólo estaba _suspendida_ la representación de la obra; el 24 quedó -ya definitivamente _prohibida_. Hasta se conminó á la empresa para -que borrara de sus carteles estas pavorosas palabras: _El Rey se -divierte_. Y se le intimó además al malhadado _Teatro-Francés_ que se -abstuviera de quejarse. Acaso fuera bueno, leal y noble, resistirse á -este despotismo asiático; pero no se atreven á tanto los teatros: el -temor de que les retiren sus privilegios los convierte en súbditos, en -siervos resignados á todo, eunucos y mudos. - -En cuanto al autor, permaneció y debió permanecer extraño á estos -manejos del teatro, pues como poeta no depende de ningún ministro. -Estos ruegos y solicitaciones, que acaso le aconsejaba su interés, -mezquinamente consultado, se los prohibía su deber de escritor libre. -Pedir favor al poder era reconocerlo: la libertad y la propiedad no -son cosas de antesala, ni un derecho se regatea como un favor. Para un -favor se acude al ministro; para un derecho se acude al país. - -Al país pues se dirige el autor. Dos vías hay para obtener justicia: -la opinión pública y los tribunales. El autor elige ambas á dos. - -Ante la opinión pública está ya juzgada y aun ganada la causa. Y aquí -debe el autor dar en alta voz las gracias á todas las personas graves -é independientes de la literatura y de las artes que en esta ocasión -le han dado tantas pruebas de simpatía y cordialidad. Bien contaba con -este apoyo, sabiendo, como sabe, que cuando se trata de luchar por la -libertad de la inteligencia y del pensamiento, no irá solo al combate. - -Digámoslo de paso; por un cálculo harto mezquino, el gobierno se -lisonjeaba de contar por auxiliares, hasta en las filas de la -oposición, las pasiones literarias sublevadas, tiempo há, en torno del -autor; había imaginado que los odios literarios serían más tenaces aún -que los odios políticos, fundándose en que los primeros tienen sus -raíces en el amor propio, y los segundos sólo en los intereses. El -poder se engañó: su acto brutal ha indignado á los hombres honrados -de todas las opiniones. El autor ha visto unirse á él para hacer -frente á la arbitrariedad y á la injusticia hasta á los mismos que le -atacaban con más viveza la víspera. Si por casualidad algunos odios -inveterados han persistido, sienten á estas horas el momentáneo auxilio -que allegaran al poder. Cuantos enemigos honrados y leales cuenta el -autor han venido á tenderle la mano, sin perjuicio de volver al combate -literario tan luégo como acabe el combate político. En Francia, el -perseguido no tiene más enemigo que el perseguidor. - -Si ahora, después de haber sentado que el acto ministerial es odioso, -incalificable, imposible en derecho, queremos descender por un momento -á discutirlo como un hecho material y á inquirir los elementos de que -parece componerse, la primera pregunta que ocurre, y que todos se han -hecho, es esta: ¿cuál puede ser el motivo de semejante medida? - -Hay que decirlo, porque así es, y porque si el porvenir se ocupa -un día en la pequeñez de nuestros hombres y cosas, no será éste el -detalle menos curioso de este curioso hecho. Parece ser que nuestros -fautores de censuras se sienten como escandalizados y heridos en su -moralidad por _El Rey se divierte_. Este drama ha ofendido el pudor -de los gendarmes: la brigada Léotaud ha visto la representación y la -encuentra obscena; la oficina de las costumbres se ha tapado la cara; -Mr. Vidocq se ha ruborizado... En fin, la consigna que la censura dió -á la policía, según se susurra hace algunos días á nuestro alrededor, -es en resumen que _el drama es inmoral_. ¡Cómo! Señores míos, punto en -boca. - -Expliquémonos, sin embargo, no con la policía, á la cual, yo, como -hombre honrado, prohibo hablar de estas materias; sino con el escaso -número de personas respetables y concienzudas, que por lo que han oído -decir ó por lo que han entrevisto malamente en la representación, se -han dejado arrastrar á tan injusto juicio, al cual acaso hubiera podido -servir de suficiente refutación sólo el nombre del inculpado poeta. - -El drama corre ya impreso: si no habéis visto su representación, -leedlo; y si la habéis visto, leedlo también. Recordad que su -representación fué más bien una batalla, una especie de batalla de -Montlhéry (y pase la comparación un tanto ambiciosa), batalla en que -los parisienses y los borgoñones pretendieron cada cual por su parte, -_haberse embolsado la victoria_, como dice Matthieu. - -¡Que la obra es inmoral! ¿Lo es acaso en su fondo? He aquí su fondo: -Triboulet es deforme, Triboulet está enfermo, Triboulet es bufón de -palacio, triple miseria que lo vuelve malvado. Triboulet odia al rey, -porque es el rey, á los señores porque son los señores, á los hombres -porque no tienen todos como él una joroba en la espalda. Su único -pasatiempo es hacer que choquen sin cesar los señores con el rey, y -que perezca el más débil víctima del más fuerte. Deprava al rey, lo -corrompe, lo embrutece, lo empuja á la tiranía, á la ignorancia, al -vicio; suéltalo en medio de las familias de los nobles mostrándole -con el dedo la esposa que seducir, la hermana que robar, la hija que -deshonrar. El rey, en manos de Triboulet no es más que un Juan de las -Viñas todopoderoso que diezma las vidas, entre las cuales le hace mover -el bufón. Un día, en medio de una fiesta y cuando Triboulet induce al -rey á robar á la mujer de Mr. de Cossé, llega hasta él Saint-Vallier -y le reprocha en alta voz la deshonra de Diana de Poitiers. Este -padre á quien el rey ha robado la hija, es insultado y escarnecido -por Triboulet. De aquí arranca todo el drama: su verdadero asunto es -la maldición de Saint-Vallier. Sigamos. Estamos en el segundo acto. -¿Sobre quién recae esta maldición? ¿Sobre Triboulet, bufón del rey? -No; Triboulet es hombre, es padre, tiene corazón, tiene una hija. Sí, -Triboulet tiene una hija: todo el interés está aquí. Triboulet no tiene -en el mundo más que una hija, que oculta á todos los ojos en un barrio -desierto, en una casa solitaria. Cuanto más hace correr por la ciudad -el contagio del escándalo y del vicio, tanto más aislada y recluída -tiene á su hija, á quien educa en la inocencia, en la fe y en el pudor: -su mayor cuidado es evitar que caiga en el mal, porque conoce él, -malo y todo, lo que con el mal se padece. Pues bien, la maldición del -anciano alcanzará á Triboulet en la única cosa que ama en el mundo, -en su hija. El mismo rey, á quien Triboulet induce al rapto, robará -su hija al bufón, el cual será así castigado por la Providencia de la -misma manera exactamente que Saint-Vallier. Y luégo, una vez deshonrada -y perdida, tenderá al rey un lazo para vengarla; pero será también su -hija quien caiga en él. Así Triboulet tiene dos discípulos, el rey y -su hija; el rey, á quien arrastra al vicio, y su hija á quien endereza -hacia la virtud. El uno perderá al otro: quiere robar para el rey la -esposa de Mr. de Cossé, y roba su propia hija; quiere asesinar al rey -para vengarla, y á su hija es á quien asesina. El castigo no se detiene -en mitad del camino: la maldición del padre de Diana se cumple en el -padre de Blanca. - -Sin duda no nos toca á nosotros decidir si hay aquí interés dramático; -pero es evidente que hay aquí una idea moral. - -En el fondo de una de las obras del autor hay fatalidad; en el fondo de -ésta hay Providencia. - -Lo repetimos expresamente; no discutimos con la policía, á quien no -queremos hacer tanto honor, sino con la parte del público á quien puede -parecer necesaria esta discusión. Continuemos. - -Si la obra es moral en su invención ¿sería inmoral en su forma? -Propuesta así la cuestión nos parece que se destruye por sí misma; -pero veamos. Probablemente nada inmoral hay en los actos primero y -segundo. ¿Será la situación del tercero la que os choca? Leed ese -tercer acto y decidnos con toda probidad si la impresión resultante no -es profundamente honesta, casta, moral. - -¿Será el cuarto acto? Pero ¿desde cuándo no es permitido á un rey -cortejar en la escena á una moza de posada? Esto no es nuevo en la -historia ni en el teatro. Hay más aún: la historia nos permitía -presentaros á Francisco I ebrio en los tabucos de la calle del -Pelícano. Llevar á un rey á una casa pública no sería tampoco nuevo. -El teatro griego, que es el teatro clásico, lo ha hecho; Shakspeare, -que es el teatro romántico, lo ha hecho. Pues bien, el autor de este -drama, no lo ha hecho. Sabe todo lo que se ha escrito de la casa de -Saltabadil; pero ¿por qué se le hace decir lo que no ha dicho? ¿por qué -se le hace traspasar por fuerza un límite que está en el mismo caso -y que en verdad no ha traspasado? Esa Magdalena tan calumniada no es -seguramente más descarada que todas las Lisetas y Martas del teatro -antiguo. La cabaña de Saltabadil es una hostería, un bodegón, una -taberna, la taberna de la Piña, una taberna sospechosa, una madriguera, -en buen hora; pero no un lupanar. Es un lugar siniestro, terrorífico, -horrendo, todo lo que queráis; pero no un lugar obsceno. - -Quedan, pues, los detalles del estilo. Leed. El autor acepta por -jueces de la austera severidad de su estilo á las personas mismas -que se espantan de la nodriza de Julieta y del padre de Ofelia, -de Beaumarchais y de Regnard, de la _Escuela de las mujeres_ y de -_Anfitrión_, de Dandin y de Sganarelle y de la magna escena del -_Tartufo_, del Tartufo acusado también de inmoral en su tiempo. Pero -allí donde era menester ser franco, ha creído que debía serlo de su -cuenta y riesgo, pero siempre con gravedad y mesura, pues quiere el -arte casto y no el arte gazmoño. - -He aquí, pues, esa obra contra la cual intenta el ministerio sublevar -tantas prevenciones; he aquí puesta al descubierto esa inmoralidad, -esa obscenidad. ¡Qué lástima! El gobierno tenía sus razones secretas -para concitar contra _El Rey se divierte_ el mayor número posible de -preocupaciones, y hubiera querido de muy buena gana que viniera el -público á ahogar esta obra, sin conocerla, por un agravio imaginario, -como Otelo ahoga á Desdémona. _¡Honest Iago!_ - -Pero como resulta que Otelo no ha ahogado á Desdémona, Iago es quien -arroja la máscara y se encarga de ello. Al día siguiente de la -representación se prohibe la obra de orden superior. - -Ciertamente, si nos dignamos descender un instante más á aceptar por -un minuto la ficción ridícula de que, en esta ocasión, sólo el celo -por la moral pública mueve á nuestros gobernantes, que, escandalizados -del estado de licencia en que ciertos teatros han caído de dos años -acá, han querido al fin hacer un escarmiento contra toda ley y todo -derecho, con una obra y con un escritor, ciertamente la elección de -la obra sería singular, hay que confesarlo, pero la elección del -escritor no lo sería menos. Y en efecto, ¿quién es el hombre á quien -ese gobierno miope se agarra tan extrañamente? Es un escritor á quien -puede negársele talento, pero no carácter; es un hombre de bien á -toda prueba, cosa rara y venerable en estos tiempos; es un poeta á -quien esa misma licencia de los teatros indignaría como al primero, -y que hace diez y ocho meses, al rumor de que iba á restablecerse la -inquisición de los teatros, fué personalmente en compañía de muchos -otros poetas dramáticos, á advertir al ministro que se lo tuviera en -cuidado, reclamando allí en alta voz una ley represiva para los excesos -del teatro, á la vez que protestaba contra la censura con palabras cuya -severidad no habrá olvidado á buen seguro el ministro. Es un artista -consagrado al arte, que no ha buscado nunca el éxito por mezquinos -medios, acostumbrado como está toda su vida á mirar al público -fijamente y cara á cara; es un hombre sincero y moderado, que ha dado -ya más de un combate por toda libertad y contra toda arbitrariedad; -que en 1829, el último año de la restauración, rechazó todo lo que el -gobierno de entonces le ofrecía para indemnizarle de la prohibición -lanzada contra _Marion de Lorme_, y que un año después, en 1830, hecha -la revolución de Julio, se negó contra su interés material, á permitir -la representación del mismo drama, en cuanto hubiera podido ser ocasión -de insulto contra el rey caído, que la prohibió; conducta bien sencilla -sin duda, que todo hombre de honor hubiera observado en su lugar; -pero que acaso hubiera debido hacerle inviolable desde entonces á toda -censura, á propósito de la cual, escribía en 1831: - -«Las ovaciones de escándalo buscado y de alusiones políticas no le son -gratas, lo confiesa. Esos triunfos valen poco y poco duran. Y luégo, -precisamente cuando no hay censura, deben los autores censurarse á -sí mismos, honrada, concienzuda y severamente. Así ensalzarán la -dignidad del arte. Cuando se tiene toda libertad conviene guardar toda -mesura»[2]. - - [2] Prólogo de _Marion de Lorme_. - -Juzgad ahora. Tenéis por una parte al hombre y su obra, y por otra al -ministerio y sus actos. - -Ahora que la supuesta inmoralidad de este drama está reducida á la -nada, ahora que todo el armazón de las malas y vergonzosas razones -está por tierra á nuestros piés, será tiempo de señalar el verdadero -motivo de la medida, motivo de antecámara, motivo de corte, motivo -secreto, motivo que no se dice por pudor, motivo que se había guardado -tan bien bajo un pretexto. Este motivo ha transpirado ya hasta el -público, y el público ha sabido adivinarlo. No diremos más. Acaso sea -útil á nuestra causa que seamos nosotros los que demos á nuestros -adversarios ejemplo de cortesía y moderación, y bueno es siempre que -la lección de dignidad y de prudencia se dé por el particular al -gobierno, por el perseguido al que persigue. Fuera de esto, no somos de -los que pretenden curar las propias heridas emponzoñando las agenas. -Realmente hay en el tercer acto de este drama un verso en que la torpe -sagacidad de algunos familiares de palacio ha descubierto una alusión -en que ni el público ni el autor habían pensado hasta aquí, pero que -una vez denunciado de esta manera, viene á ser la más sangrienta y -cruel injuria. Realmente ese verso ha bastado para que el desconcertado -_Teatro-Francés_ reciba la orden de no ofrecer otra vez á la curiosidad -del público la frasecilla sediciosa de _El Rey se divierte_. No -citaremos aquí ese verso, que es un hierro candente; ni lo señalaremos -en otra parte sino en último extremo, si se llega á la imprudencia de -estrechar así nuestra defensa. No haremos revivir antiguos escándalos -históricos, ahorrando en lo posible á una persona de tan alta jerarquía -las consecuencias de aturdimientos palaciegos. Puede hacerse una guerra -generosa hasta á un rey, y entendemos hacérsela así. Pero mediten los -poderosos sobre el inconveniente de tener por amigo á quien no puede -aplastar las imperceptibles alusiones que vienen á posarse en su -frente, sino con la piedra de la censura. - -No sabemos aún si tendremos en la lucha alguna indulgencia para con el -ministerio mismo. Todo esto, á decir verdad, nos inspira lástima. El -gobierno de Julio es un recién nacido, apenas cuenta treinta meses, -está en la cuna, por decirlo así, y tiene rabietas infantiles. ¿Merece -que se gaste con él mucha cólera viril? Cuando sea grande, veremos. - -Sin embargo, á mirar la cuestión sólo desde el punto de vista privado, -la confiscación censorial de que se trata, causa aún más lástima quizás -al autor de este drama que á cualquiera otro. En efecto, catorce años -há que escribe y no hay obra suya que no haya merecido el malhadado -honor de ser escogida para campo de batalla á su aparición, ni que no -haya desaparecido desde luégo por más ó menos tiempo bajo el polvo, -el humo y el ruido. Con esto, cuando da una obra al teatro, lo que le -importa ante todo, no pudiendo esperar un público tranquilo desde el -estreno, es la serie de representaciones. Si sucede que el primer día -ahoga su voz el tumulto ó que no es bien comprendido su pensamiento, -los días siguientes pueden rectificar la impresión del primer día. -_Hernani_ tuvo cincuenta y tres representaciones; _Marion de Lorme_, -sesenta y una; _El Rey se divierte_, á causa del atropello oficial, no -habrá tenido más que una. Ciertamente el perjuicio causado al autor es -considerable. ¿Quién le dará intacta y en el punto en que estaba esta -tercera experiencia tan importante para él? ¿Quién le dirá qué hubiera -seguido á esta primera representación? ¿Quién le dará el público del -día siguiente, ese público por lo común imparcial, ese público sin -amigos ni enemigos, ese público que enseña al poeta y que el poeta -enseña? - -El momento de transición política en que estamos es curioso. Es uno -de aquellos instantes de fatiga general en que son posibles todos -los actos despóticos aun en la sociedad más infiltrada de ideas de -emancipación y libertad. Francia corrió mucho y deprisa en julio de -1830: hizo tres buenas jornadas, tres grandes etapas en el campo de -la civilización y del progreso. Ahora ya son muchos los que están -cansados, muchos los que sin aliento piden que se haga alto. Y quieren -detener á los espíritus generosos que no se cansan y se empeñan en -seguir adelante. Quieren esperar á los rezagados que quedaron atrás -y darles tiempo para que se incorporen. De aquí ese temor singular, -ese miedo á todo lo que marcha, á todo lo que se mueve, á todo lo que -habla, á todo lo que piensa. ¡Extraña situación, fácil de comprender, -difícil de definir! Miedo de todas las existencias á todas las ideas; -liga de los intereses contra el movimiento de las teorías; el comercio -que se asusta de los sistemas; el comerciante que quiere vender; la -calle que espanta al mostrador; la tienda armada que se defiende. - -Á nuestro parecer el gobierno abusa de esta disposición al reposo y de -este miedo á nuevas revoluciones. Ha venido á tiranizar en pequeño y -se lastima á sí propio y nos lastima á nosotros. Si cree que hay ahora -en los espíritus indiferencia por las ideas de libertad se engaña; lo -que hay es cansancio. Un día se le pedirá estrecha cuenta de todos -los actos ilegales que vemos acumularse de algún tiempo á esta parte. -¡Cuánto camino nos ha obligado á hacer! Dos años há se podía temer -por el orden; hoy hay que temer por la libertad. Asuntos de libre -pensamiento, de inteligencia y de arte se resuelven autoritariamente -por los visires del rey de las barricadas. Y en verdad causa profunda -pena ver cómo acaba la revolución de Julio: _mulier formosa superne_. - -Verdaderamente, si sólo se considera la poca importancia de la obra y -del autor de que se trata, la medida ministerial que los alcanza no es -cosa mayor, no es más que un travieso golpecito de estado literario, -que no tiene otro mérito que no desemparejar la colección de actos -arbitrarios que le han precedido. Pero si nos elevamos un poco, -veremos que no se trata aquí solamente de un drama y un poeta, sino -que, según dijimos al comienzo, la libertad y la propiedad, íntegras -ambas á dos, están interesadas en esta cuestión. Son, pues, muy altos -y serios intereses los que entran en juego, y aunque el autor esté -obligado á entablar este importante litigio por un simple procedimiento -mercantil contra el _Teatro-Francés_, no pudiendo atacar directamente -al ministerio parapetado detrás de los altos fines del _no ha lugar_ -del Consejo de Estado, espera que su causa será á los ojos de todos una -gran causa el día en que se presente en la barra del tribunal consular -con la libertad en la mano derecha y la propiedad en la izquierda. -Él en persona abogará por la independencia de su arte y defenderá -enérgicamente su derecho, con gravedad y sencillez, sin odio á las -personas, pero sin temor tampoco. Cuenta con el concurso de todos, con -el apoyo franco y cordial de la prensa, con la justicia de la opinión, -con la equidad de los tribunales. Y triunfará sin duda. Y el estado de -sitio se levantará en la ciudad literaria, lo mismo que en la ciudad -política. - -Cuando esto suceda, cuando el autor reivindique intacta, inviolable y -sagrada su libertad de poeta y ciudadano, volverá pacíficamente á la -obra de su vida de que se le arranca violentamente, y de que no hubiera -querido separarse un momento. Tiene que llevar á cabo su tarea, bien lo -sabe él, y nada lo distraerá de ella. Por de pronto le toca representar -un papel político: él no lo ha buscado; lo acepta. En realidad el poder -que nos atropella no habrá ganado mucho con que nosotros, hombres -de arte, dejemos nuestro trabajo, concienzudo, tranquilo, sincero, -profundo, trabajo santo, trabajo de lo pasado y lo por venir, para ir á -mezclarnos, indignados, ofendidos y severos con ese público irreverente -y burlón que hace quince años ve pasar entre silbidos algunos pobres -diablos políticos, que se imaginan que levantan un edificio social, -porque á duras penas van todos los días, sudando y jadeando, á llevar y -traer montones de proyectos de ley, de las Tullerías al Palacio Borbón -y del Palacio Borbón al Luxemburgo. - - 30 Noviembre 1832. - - * * * * * - -El autor, como había prometido, llevó el acto arbitrario del gobierno á -los tribunales. La causa se vió el 19 de Diciembre en audiencia pública -ante el Tribunal de comercio. Á la hora en que escribimos no se ha -dictado aún la sentencia; pero el autor cuenta con jueces íntegros, que -son jurados al mismo tiempo que jueces, y no querrán desmentir sus -honrados antecedentes. - -El autor tiene el gusto de insertar en esta edición del drama prohibido -su defensa íntegra, tal como la ha pronunciado, y celebra la ocasión -que se le ofrece para dar las gracias y felicitar otra vez más en voz -alta á Mr. Odilon Barrot, cuya hermosa improvisación, lúcida y grave -en la exposición de hechos, vehemente y magnífica en la réplica, -causó en el Tribunal y en el público aquella profunda impresión que -la palabra del célebre orador produce donde quiera que resuena. El -autor se complace también en dar las gracias al público, al público -inmenso que llenaba las vastas salas de la Bolsa; público que había -acudido en tropel, no á un simple debate comercial y privado, sino -á presenciar la causa de la libertad contra la opresión; público al -que algunos periódicos, muy dignos por otra parte, han reprochado, -sin razón á nuestro juicio, tumultos inseparables de toda multitud, -siempre mal hallada cuando es demasiado numerosa, y que han ocurrido -siempre en ocasiones semejantes y muy especialmente en las últimas -causas políticas y célebres de la restauración; público desinteresado -y leal, á quien ciertos periódicos mercenarios han insultado por haber -recibido con murmullos de reprobación la apología oficial del acto -atentatorio del gobierno, y con aplausos las declaraciones del autor -cuando reclamaba firmemente en presencia de todos la emancipación del -pensamiento. En general es de desear sin duda que la justicia de los -tribunales sea lo menos posible turbada por manifestaciones exteriores -de aprobación ó desaprobación; sin embargo, acaso no hay causa -política en que se haya podido guardar esta reserva; y en la ocasión -actual, como se trataba de un acto importante en la carrera de un -ciudadano, el autor pone entre los más preciosos recuerdos de su vida -las entusiastas muestras de simpatía que prestaron tanta autoridad á -su palabra, tan poco valiosa de suyo, dándole el pavoroso carácter de -una reclamación general. Nunca olvidará los testimonios de afecto y de -favor que esa multitud inteligente y amiga de todas las ideas de honor -é independencia, le prodigó generosamente antes y después del acto y en -la misma audiencia. Con semejantes estímulos, imposible es que el arte -no se mantenga imperturbable en la doble vía de la libertad literaria y -de la libertad política. - - París, 21 de Diciembre de 1832. - - - - -[Ilustración] - - DISCURSO - PRONUNCIADO - POR VÍCTOR HUGO - EL 19 DICIEMBRE 1832 - ANTE EL TRIBUNAL DE COMERCIO - para obligar - al Teatro-Francés á representar su drama _El Rey se divierte_ - y al gobierno á permitir esta representación - - - SEÑORES: - -Después del elocuente orador que tan generosamente me presta la valiosa -asistencia de su palabra, nada tendría que decir si no creyera deber -mío no dejar pasar sin una solemne y severa protesta el acto audaz y -culpable que ha violado en mi persona todo nuestro derecho público. - -Esta causa, señores, no es una causa ordinaria. Á muchos parecerá á -primera vista que es sólo una acción mercantil, una reclamación de -intereses perjudicados, una indemnización por la infracción de un -contrato privado, en una palabra, el litigio de un autor contra una -empresa teatral. No, señores; es más que esto, es la acusación dirigida -al gobierno por un ciudadano. En el fondo de este asunto hay una obra -prohibida de orden superior. Ahora bien, la prohibición de una obra de -orden superior es la censura y la constitución ha abolido la censura; -la prohibición de una obra de orden superior es la confiscación y por -la misma constitución está abolida la confiscación. Vuestro juicio, -si me es favorable, y me parece que os agraviaría si dudara de ello, -será manifiesta, aunque indirecta condenación de la confiscación y -de la censura. Ya veis, señores, cómo se eleva y aclara el horizonte -de la causa. Yo abogo aquí por algo más alto que mi interés propio; -abogo por mis derechos generales, por mi derecho de pensar y por mi -derecho de poseer, es decir, por el derecho de todos. La mía es una -causa general, como es absoluta vuestra equidad. Los pormenores del -procedimiento desaparecen ante la cuestión así propuesta. Yo no soy ya -sólo un escritor, ni vosotros sois ya simplemente jueces consulares: -vuestra conciencia está frente á frente de la mía. En este tribunal -representáis una idea augusta y yo en esta tribuna represento otra: en -vuestro asiento está la justicia; en el mío, la libertad. - -Ahora bien, la justicia y la libertad existen para entenderse: la -libertad es justa y la justicia libre. - -No es la primera vez, como os ha dicho antes que yo Mr. Odilon Barrot, -que el tribunal de comercio ha sido llamado á condenar, sin salir de -su competencia, los actos arbitrarios del poder. El primer tribunal -que declaró ilegales las ordenanzas del 25 de Julio, nadie lo ha -olvidado, fué el tribunal de comercio. Vosotros, señores, seguiréis -estos memorables antecedentes, y aunque la cuestión sea menos -importante, sabréis mantener el derecho de hoy, como lo mantuvisteis -entonces; escucharéis, así lo espero, escucharéis con simpatía lo que -tengo que deciros; advertiréis con vuestra sentencia al gobierno que -ha entrado en mal camino y que ha hecho mal en embrutecer el arte y el -pensamiento; me devolveréis mi derecho y mi hacienda, y condenaréis la -policía y la censura que fueron á mi hogar en las sombras de la noche á -robarme mi libertad y mi propiedad con infracción de la ley fundamental. - -Y lo que digo aquí dígolo sin cólera; esa reparación que os pido, os la -pido con gravedad y moderación. ¡Líbreme Dios de desvirtuar la belleza -y bondad de mi causa con palabras violentas! Quien tiene el derecho -tiene la fuerza, y quien tiene la fuerza desdeña la violencia. - -Sí, señores, el derecho está de mi parte. La admirable peroración de -Mr. Odilon Barrot os ha probado victoriosamente que todo es arbitrario, -ilegal, atentatorio á la Constitución en el acto ministerial que -ha prohibido la representación del _Rey se divierte_. En vano se -intentaría resucitar, para conceder la censura al poder, una ley del -Terror, la ley que ordena textualmente á las empresas de teatros -hacer tres veces por semana las tragedias de _Bruto_ y de _Guillermo -Tell_, no representar más que _obras republicanas_, y suspender las -representaciones de toda obra dramática que tendiera _á depravar -el espíritu público y á despertar la vergonzosa superstición de la -monarquía_. ¿Se atreverían, señores, los mantenedores de la nueva -monarquía á invocar esta ley, é invocarla contra _El Rey se divierte_? -¿No está evidentemente derogada así en su letra como en su espíritu? -Hecha por el Terror, con el Terror murió. ¿No sucede lo mismo con todos -esos decretos autoritarios, en cuya virtud, por ejemplo, tendría el -poder el derecho no sólo de censurar las obras dramáticas, sino también -la facultad de enviar á la cárcel á un autor? ¿Á estas fechas existe -algo de eso? ¿No está solemnemente abolida por la constitución de -1830 toda esa legislación de excepción y de azar? Apelamos al solemne -juramento del 9 de Agosto. La Francia de Julio no tiene que contar -ni con el despotismo convencional ni con el despotismo imperial: la -Constitución de 1830 no se deja amordazar ni por 1807 ni por 1793. - -La libertad del pensamiento en todas sus formas de publicación, en -el teatro, en la prensa, en la cátedra, en la tribuna, es una de las -bases de nuestro derecho público. Sin duda se necesita para cada una -de esas formas de publicación una ley orgánica, una ley represiva y no -preventiva, una ley de buena fe, de acuerdo con la ley fundamental, -que dejando á la libertad todo su vuelo tenga á raya la licencia con -severa penalidad. El teatro en particular, como sitio público, lo -declaramos sin rebozo, no puede sustraerse á la legítima vigilancia de -la autoridad municipal. Pues bien, señores, esta ley sobre teatros, -esta ley más fácil de hacer acaso de lo que se cree comúnmente, esta -ley que cada uno de nosotros, los poetas dramáticos, habrá hecho -probablemente más de una vez en su mente, esta ley no existe. Nuestros -ministros, que producen, un año con otro, de setenta á ochenta leyes -por sesión, no han creído oportuno producir ésta. Una ley sobre teatros -les habrá parecido cosa poco urgente. Cosa poco urgente, en efecto, que -no interesa más que á la libertad del pensamiento, al progreso de la -civilización, á la moral pública, al nombre de las familias, al honor -de los particulares, y en ciertos momentos á la tranquilidad de París, -es decir, á la tranquilidad de Francia, esto es, á la tranquilidad de -Europa. - -Esa ley de la libertad del teatro, que debiera haberse formulado -desde 1830 en el espíritu de la nueva Constitución; esa ley falta, -lo repito, y falta por culpa del gobierno. La legislación anterior ha -venido á tierra, y todos los sofismas que se inventen para repellar -sus ruinas, no podrían reconstruirla. Así, pues, entre una ley que no -existe ya y otra ley que no existe aún, el gobierno no tiene derecho -para prohibir una obra de teatro. No he de insistir en lo que Odilon -Barrot ha demostrado tan soberanamente. - -Aquí se ofrece una cuestión de orden secundario que voy sin embargo á -discutir. La ley no existe, se dirá; pero á falta de legislación ¿ha -de quedar el gobierno completamente desarmado? ¿No puede aparecer en -escena uno de esos dramas infames, hechos evidentemente con un fin de -escándalo y lucro, donde se escarnezca desvergonzadamente todo lo que -hay de santo, de religioso y moral en el corazón del hombre, y donde -se ponga en tela de juicio todo lo que constituye la paz de la familia -y la paz de la ciudad, y hasta se saquen á la vergüenza personas -conocidas? ¿No impone la razón de estado al gobierno el deber de cerrar -el teatro á obras tan monstruosas, á pesar del silencio de la ley? - -No sé, señores, si se han hecho jamás semejantes obras; no quiero -saberlo; no lo creo ni lo quiero creer, ni aceptaría en ninguna ocasión -el cargo de denunciarlas aquí; pero aun en este caso, deplorando el -escándalo causado, comprendiendo que otros aconsejan al poder prohibir -sin demora una obra de este género é ir inmediatamente á pedir á las -cámaras una declaración de indemnidad, aun en este caso, repito y -declaro en alta voz, que yo no condenaría el rigor del principio. Diría -al gobierno: he aquí las consecuencias de vuestro descuido en presentar -una ley tan premiosa como la de libertad de teatro; estáis en un error, -apresuraos á repararlo pidiendo á las cámaras una legislación penal, y -entre tanto perseguid el drama culpable con la ley de imprenta, que, -hasta que se hagan las leyes especiales, rige á mi entender para todas -las formas de publicidad. Mi ilustre defensor, bien lo sé, no admite -sino con más restricciones que yo la libertad de teatros; yo hablo aquí -no con las luces del jurisconsulto, sino con el simple buen sentido del -ciudadano; si me equivoco, que no se tengan en cuenta mis palabras, -ó tómense contra mí, no contra mi defensor. Lo repito, señores, yo -no condenaría el rigor del principio; yo no concedería al poder la -facultad de confiscar la libertad, aun en un caso en apariencia -legítimo, temiendo que se llegara un día á la confiscación en todos -los casos; creería que reprimir el escándalo con la arbitrariedad -es cometer otro escándalo, dos en vez de uno, y diría con un hombre -elocuente y respetable que debe de lamentarse hoy de cómo aplican sus -doctrinas sus mismos discípulos: _No hay derecho contra el derecho_. - -Por consiguiente, señores, si aun recayendo semejante abuso de poder -en una obra de licencia, de cinismo y difamación, sería ya inexcusable -¿cuánto más lo será, inútil es decirlo, recayendo en una obra de arte -puro, cuando se va á buscar, para proscribirla entre todas las obras -que se han representado en dos años, precisamente una composición -seria, austera y moral? Esto, sin embargo, es lo que ha hecho el -torpe gobierno que nos rige prohibiendo la representación del _Rey se -divierte_. Mr. Odilon Barrot os ha probado que ha obrado sin derecho; -yo voy á probaros que ha obrado sin razón. - -Los motivos que los familiares de la policía han murmurado, durante -algunos días al rededor nuestro, son de tres especies: la razón moral, -la razón política, y, hay que decirlo, aunque sea ridículo, la razón -literaria. Refiere Virgilio que entraban muchos ingredientes en los -rayos que forjaba Vulcano para Júpiter. El mezquino rayo ministerial -que ha herido mi obra y que la censura había forjado para la policía, -se compone de tres malas razones torcidas y amalgamadas juntamente: -_tres imbris torti radios_. Examinémoslas una á una. - -Hay en primer lugar, ó más bien, había la razón moral. Sí, señores, -lo afirmo porque es increíble: la policía ha dicho textualmente que -_El Rey se divierte_ es una obra inmoral. Sobre este punto ya he -impuesto silencio á la policía, la cual se ha mordido los labios y ha -hecho bien. Al publicar mi obra he declarado solemnemente, no para la -policía, sino para las gentes honradas que quieran leerla, que el drama -_El Rey se divierte_ es una obra profundamente moral y severa. Nadie -me ha desmentido ni nadie me desmentirá, tengo la íntima convicción de -ello en lo hondo de mi honrada conciencia. Todas las prevenciones que -algunos habían logrado sublevar momentáneamente contra la moralidad de -la obra, se han desvanecido á la hora de esta. Tres mil ejemplares del -drama esparcidos entre el público han defendido la razón cada cual por -su lado, y estos tres mil abogados han ganado la causa. Fuera de esto, -en semejante materia bastaba mi afirmación. No entraré, pues, en una -discusión superflua. Mas para el porvenir como para lo pasado, sepa -la policía de una vez para siempre que yo no escribo obras inmorales. -Téngaselo en cuidado y no digo más. - -Después de la razón moral, viene la política. Aquí señores, como no -podría repetir las mismas ideas en otros términos, séame permitido -citar una página del prólogo que he puesto al drama[3]. - - [3] Véase el prólogo, pág. 134 y 135. - - · · · · · · · · · · · · · · · - -Guardaré pues los miramientos que me he comprometido á guardar, -señores. Las dignas personas interesadas en que esta discusión sea -decorosa y decente nada tienen que temer de mí. No siento cólera ni -odio; pero eso de que la policía haya dado á uno de mis versos un -sentido que no tiene, que no ha tenido nunca en mi pensamiento, es en -verdad insolente, no menos insolente para el rey que para el poeta. -Sepa la policía de una vez para siempre que yo no hago obras de -alusiones. Y téngaselo por dicho también. No diré más sobre esto. - -Tras la razón moral y la política, hay la razón literaria. Un gobierno -prohibiendo una obra por motivos literarios, es cosa bien extraña, y -sin embargo, es positivo. Recordad, si vale la pena de recordarlo, -que en 1829, época en que aparecieron en el teatro las primeras obras -llamadas _románticas_ y cuando la _Comedia-Francesa_ recibía la -_Marion de Lorme_, fué firmada por siete personas y presentada al rey -Carlos X una petición para obtener que se cerrara de real orden el -_Teatro-Francés_ á las obras que llamaban de la _nueva escuela_. La -petición murió bajo el peso de su misma ridiculez. Pues bien, señores, -hoy algunos de los signatarios de aquella petición son diputados, -diputados influyentes de la mayoría, que tienen parte en el poder y -votan el presupuesto. Lo que tímidamente pedían en 1829 han podido -hacerlo en 1832, omnipotentes como son. La voz pública refiere, en -efecto, que ellos fueron los que, el día siguiente de la primera -representación, se acercaron al ministro en la cámara de los diputados -y obtuvieron de él, bajo todos los pretextos morales y políticos -posibles, la prohibición del _Rey se divierte_. El ministro, hombre -ingenuo, inocente y cándido, se dejó buenamente seducir, no supo -descubrir bajo todas estas envolturas la animosidad directa y personal, -creyó hacer una proscripción política, que siento por él, y no hizo -sino una proscripción literaria. No insistiré sobre este asunto. Es -para mí una regla de conducta abstenerme de personalidades y nombres -propios tomados en mala parte, aunque haya lugar á represalias. Fuera -de que esa pobre artimaña literaria me inspira infinitamente menos -cólera que lástima. Es curiosa y nada más. ¡El gobierno prestando -ayuda á la Academia en 1832! ¡Aristóteles hecho ley del Estado! ¡Una -imperceptible contrarrevolución literaria maniobrando á flor de agua -en medio de nuestras grandes revoluciones políticas! ¡Diputados que -destronaron á Carlos X trabajando en un rincón para restaurar á -Boileau!... ¡Qué miseria! - -Así, señores, admitiendo por un instante lo que absolutamente negamos, -esto es que el ministerio haya tenido el derecho de prohibir las -representaciones del _Rey se divierte_, no tiene una razón _racional_ -que alegar para haberlo hecho. Razones morales, nulas; razones -políticas, inadmisibles; razones literarias, ridículas. Pero ¿hay -algunas razones personales? ¿Soy yo de los que viven de la difamación -y del desorden, en quienes puede suponerse siempre mala intención, -y que á todas horas pueden ser sorprendidos en flagrante delito de -escándalo, de esos hombres, en fin, contra los cuales se defiende como -puede la sociedad? Señores, la arbitrariedad no es permitida contra -nadie, ni aun siquiera contra esos hombres, puesto caso que existan. -No descenderé á probaros que yo no pertenezco á su número. Hay ideas -que no dejo que á mí se acerquen. Sólo afirmaré que el poder ha hecho -mal en venir á chocar con el que os habla en este momento, y sin entrar -en una apología inútil, y que nadie tiene el derecho de pedirme, os -pido permiso para repetir aquí lo que decía no hace muchos días al -público[4]. - - [4] Véase el prólogo, pág. 132 y siguientes. - - · · · · · · · · · · · · · · · - -Resumiendo, señores. Prohibiendo mi obra, no tiene el gobierno ni un -texto de ley válida que citar, por una parte; y por otra, ni una razón -aceptable que exponer. Esta medida tiene dos aspectos igualmente malos: -según la ley, es arbitraria; según la razón, es absurda. ¿Qué puede -alegar en este asunto el poder que no tiene en su favor ni la razón ni -el derecho? Su capricho, su fantasía, su voluntad, es decir nada. - -Aplicad, pues, señores, aplicad la justicia á esta voluntad, á esta -fantasía, á este capricho. Vuestro fallo, si es para mí absolutorio, -hará saber al país en este asunto, que es pequeño, como en el de las -ordenanzas de Julio, que era grande, que no hay en Francia _fuerza -mayor_ que la fuerza de la ley y que en el fondo de esta causa hay una -orden ilegal que el ministro ha hecho mal en dar, y el teatro no ha -hecho bien en cumplir. - -Vuestro veredicto enseñará al poder que sus mismos amigos le censuran -lealmente en esta ocasión; que el derecho de todo ciudadano es sagrado -para todo ministro; que una vez cumplidas las condiciones de orden y de -seguridad general, debe ser respetado el teatro como una de las voces -con que habla el pensamiento público, y en fin, que ya sea la prensa, -ya la tribuna ó el teatro, ninguna de las lumbreras que irradian la -libertad de la inteligencia puede extinguirse sin peligro. Me dirijo -á vosotros con profunda fe en la excelencia de mi causa. Yo no temeré -nunca en semejantes circunstancias luchar con un ministerio cuerpo -á cuerpo; los tribunales son los jueces naturales de estos honrosos -duelos del derecho contra la arbitrariedad; duelos menos desiguales -de lo que se piensa, pues si por una parte hay todo un gobierno, y -por otra no más que un simple ciudadano, este simple ciudadano es -bien fuerte, cuando puede arrastrar á vuestra barra un acto ilegal, -avergonzado de ser así expuesto á la luz, y abofetearlo públicamente -delante de vosotros, como lo he hecho yo, con cuatro artículos de la -Constitución. - -No olvido, sin embargo, que la hora en que estamos no se parece ya -á aquellos últimos años de la restauración, en que la resistencia á -las usurpaciones del gobierno era tan aplaudida, tan alentada, tan -popular. Las ideas de inmovilidad y de poder gozan momentáneamente -de más favor que las ideas de progreso y de emancipación: reacción -natural, después de aquel brusco movimiento de libertad á paso de carga -que han llamado la revolución de 1830. Pero esta reacción durará poco. -Nuestros ministros se asombrarán un día de la implacable memoria con -que los mismos hombres que componen hoy la mayoría les recordarán todos -los agravios que aparentan olvidar tan pronto ahora. Por lo demás, -venga tarde ó temprano ese día, me tiene sin cuidado. En esta ocasión -no busco más el aplauso que temo la invectiva: sólo he seguido la -inspiración de mi derecho y de mi deber. - -Y debo decirlo aquí, sospecho con fundadas razones que el gobierno -se aprovechará del pasajero abatimiento del espíritu público para -restablecer formalmente la censura, y que este atentado no es sino un -preludio, un ensayo encaminado á poner fuera de la ley común todas -las libertades del teatro. No haciendo una ley represiva, dejando -exprofeso que se desborde la licencia en la escena por espacio de dos -años, se imagina el gobierno que ha creado en la opinión de los hombres -honrados, á quienes puede indignar esta licencia, una preocupación -favorable á la censura dramática. Mi sentir es que se engaña y -que nunca será en Francia la censura otra cosa que una ilegalidad -impopular. De mí sé decir que, ya se restablezca por un decreto, que -sería ilegal, ya por una ley, que sería inconstitucional, no me -someteré jamás á ella, sino como nos sometemos á un poder de hecho, á -un hecho de fuerza, protestando; y hago aquí esta protesta solemne hoy -y para lo porvenir. - -Y observad además cómo en esta serie de actos arbitrarios que se -suceden de algún tiempo á esta parte, carece el gobierno de grandeza, -de sinceridad, de valor. Aquel edificio, bello aunque incompleto, que -había improvisado la revolución de Julio, lo va minando el gobierno -lenta, subterránea, sorda, oblicua, tortuosamente. Nos toma siempre -por traidores y nos hiere por la espalda en el momento en que menos lo -esperábamos. No se atreve á censurar mi obra antes de la representación -y la prohibe el día siguiente. Niéganos nuestras franquicias más -esenciales; nos regatea nuestras facultades mejor adquiridas; ostenta -su arbitrariedad sobre un cúmulo de leyes viejas, carcomidas, -derogadas; se esconde para arrebatarnos nuestros derechos en ese bosque -de Bondy de los decretos imperiales, por cuyo acecho no puede nunca -pasar la libertad sin ser desvalijada. - -Debo, señores, haceros notar aquí de paso que no entiendo traspasar -con mi lenguaje ninguno de los respetos parlamentarios. Cumple á mi -lealtad que se sepa bien cuál es el alcance exacto de mis palabras, -cuando ataco al gobierno, uno de cuyos miembros ha dicho: _El rey reina -y no gobierna_. No hay segunda intención en mi polémica. El día en que -creyera que debía quejarme de una testa coronada, le dirigiría mi queja -á ella misma, la miraría de frente y le diría: «Señor...» Entre tanto -sólo á sus ministros me dirijo, sólo en los ministros recae mi palabra, -por más que pueda parecer singular en un tiempo en que los ministros -son inviolables y los reyes responsables. - -Insisto y digo que el gobierno nos va quitando poco á poco todos los -derechos y franquicias que nuestros cuarenta años de revolución nos -habían dado, y cumple á la probidad de los tribunales detenerlo en esta -vía fatal en beneficio suyo y en el nuestro. El poder actual carece -especialmente de grandeza y valor en la manera mezquina con que hace -esa peligrosa operación, que todos los gobiernos intentan á su vez con -ceguedad extraña, y que consiste en reemplazar más ó menos rápidamente -la constitución con la arbitrariedad, la libertad con el despotismo. - -Cuando Bonaparte fué cónsul y cuando fué emperador quiso también el -despotismo; pero obró de otra manera; entró en él de frente y á pié -llano, sin emplear ninguna de las miserables precauciones con que hoy -se escamotean una á una todas nuestras libertades, así las primogénitas -como las segundonas, lo mismo las de 1789 como las de 1830. Napoleón no -fué disimulado ni hipócrita; Napoleón no nos usurpó nuestros derechos -uno tras otro prevaliéndose de nuestro abatimiento como ahora se hace; -Napoleón nos lo usurpó todo de una vez, de un solo golpe, y con sólo -una mano: el león no tiene las costumbres del zorro. - -Á lo menos, señores, esto era grande. Como gobierno y como -administración, el imperio fué ciertamente una época de intolerable -tiranía; pero recordemos que nuestra libertad fué compensada largamente -con gloria. La Francia de entonces, como la Roma de César, guardaba -una actitud á la vez sumisa y soberbia. No era la Francia que nosotros -queremos, libre, soberana dueña de sí misma; era la Francia esclava de -un hombre y señora del mundo. - -Entonces se nos quitaba la libertad, es cierto; pero se nos daba el más -espléndido espectáculo. Napoleón decía: «Tal día á tal hora entraré -en tal capital.» Y entraba el mismo día á la hora señalada. Los reyes -se veían obligados á hacerle antesala; se derribaba una dinastía con -un decreto del _Monitor_. Si se tenía el antojo de una columna se le -hacía suministrar el bronce al emperador de Austria. Se arreglaba un -poco arbitrariamente, lo confieso, la suerte de los cómicos franceses, -pero databa el reglamento de Moscú. Se nos quitaban todas nuestras -libertades, digo, existía la censura, se ponían nuestros libros en el -majadero, se borraban nuestras obras dramáticas del cartel; pero á -todas nuestras quejas se podían dar magníficas respuestas con una sola -palabra; podían respondernos: _¡Marengo! ¡Jena! ¡Austerlitz!_ - -Aquello era grande, lo repito; pero hoy todo es pequeño. Vamos á la -arbitrariedad como entonces; pero no somos colosos. Nuestro gobierno -no es de los que pueden consolar á una gran nación de la pérdida de -su libertad: en materia de arte deformamos las Tullerías; en materia -de gloria dejamos que perezca Polonia. Esto no impide que nuestros -hombrezuelos de Estado traten la libertad como si estuvieran tallados -para déspotas, y pongan á Francia bajo sus plantas, como si tuvieran -hombros poderosos á soportar el mundo. Á poco que esto continúe, á -poco que rijan las leyes en proyecto, será completa la confiscación -de todos nuestros derechos: hoy me quita mi libertad de poeta un -censor; mañana me quitará un gendarme mi libertad de ciudadano: hoy se -me destierra del teatro; mañana se me desterrará del país: hoy se me -amordaza; mañana se me deportará: hoy se pone en estado de sitio la -literatura; mañana se pondrá en estado de sitio la ciudad. De libertad, -de garantías, de Constitución, de derecho público, nadie trata ya. - -Si mejor aconsejado el gobierno no se detiene en esta pendiente, -mientras es tiempo aún, antes de poco tendremos todo el despotismo de -1807, menos la gloria; tendremos el imperio, sin el emperador. - -Sólo me quedan que decir cuatro palabras, señores, y deseo que las -tengáis presentes para deliberar. No ha habido en este siglo más que -un grande hombre, Napoleón, ni más que una gran cosa, la libertad. Ya -no tenemos al grande hombre; procuremos conservar la gran cosa. - - - - -EL REY SE DIVIERTE - - - - -PERSONAJES - - - FRANCISCO I. - TRIBOULET. - BLANCA. - M. DE SAINT-VALLIER. - SALTABADIL. - MAGDALENA. - CLEMENTE MAROT. - M. DE PIENNE. - M. DE GORDES. - M. DE PARDAILLAN. - M. DE BRION. - M. DE MONTCHENU. - M. DE MONTMORENCY. - M. DE COSSÉ. - M. DE LA TOUR-LANDRY. - M.me DE COSSÉ. - M.me BERARDA. - UN GENTIL HOMBRE DE LA REINA. - UN PAJE DEL REY. - UN MÉDICO. - Señores, pajes, gente del pueblo. - - -París, 152... - - - - -[Ilustración] - -ACTO I - -M. DE SAINT-VALLIER - - -Una fiesta nocturna en el Louvre. Sala magnífica llena de caballeros -y damas engalanados. Antorchas, música, danzas, carcajadas.--Algunos -sirvientes trayendo platos de oro y vajilla de esmalte; grupos de -caballeros y damas yendo y viniendo por la escena.--La fiesta toca á su -fin.--El alba blanquea ya las vidrieras. Reina cierta libertad que da á -la fiesta carácter de orgía.--La arquitectura, los muebles y los trajes -son del gusto del Renacimiento. - -PERSONAJES - - FRANCISCO I. - TRIBOULET. - M. DE SAINT-VALLIER. - CLEMENTE MAROT. - M. DE PIENNE. - M. DE GORDES. - M. DE BRION. - M. DE MONTCHENU. - M. DE MONTMORENCY. - M. DE COSSÉ. - M. DE LA TOUR-LANDRY. - M.me DE COSSÉ. - M. DE PARDAILLAN. - - -ESCENA I - -EL REY, como lo pintó el Tiziano, M. DE LA TOUR-LANDRY - -EL REY.--Conde, quiero terminar esta aventura. Sin duda que es mujer de -oscuro linaje, de la clase media, pero encantadora. - -LA TOUR.--¿Y soléis verla en la Iglesia? - -EL REY.--En San Germán adonde voy todos los domingos. - -LA TOUR.--Pues á estas horas, ya hará dos meses que eso dura. - -EL REY.--Sí. - -LA TOUR.--¿Y dónde vive? - -EL REY.--En el callejón sin salida que llaman de Buci. - -LA TOUR.--¿Cerca del palacio de Cossé? - -EL REY (_con una señal afirmativa_).--Donde hay un gran muro. - -LA TOUR.--¡Ah! Ya sé. ¿Y la perseguís, señor? - -EL REY.--Sí, pero está siempre allí una vieja adusta que le guarda los -ojos, la boca y hasta los oídos. - -LA TOUR.--¿De veras? - -EL REY.--Y lo más curioso es que por la noche entra en la casa un -hombre misterioso, muy arrebujado en su capa, tan negra como las -sombras. - -LA TOUR.--¡Bah! Pues haced vos lo mismo. - -EL REY.--¡Oh! La casa está muy bien cerrada para el prójimo. - -LA TOUR.--Pero, cuando seguís á la dama ¿no hace seña alguna? - -EL REY.--Sin presunción, comprendo por ciertas miradas que no le -inspiro odio. - -LA TOUR.--¿Sabe que la ama el rey? - -EL REY.--No... voy disfrazado con una ropilla gris. - -LA TOUR (_riendo_).--Estoy viendo que á la postre saldremos con que -amáis con amor purísimo á alguna augusta Antonia, ama de cura. - - (_Entran Triboulet y muchos señores._) - -EL REY (_á La Tour_).--Silencio, que vienen. En amor hay que saber -callar para conseguir. (_Á Triboulet que se acerca y oye estas últimas -palabras._) ¿No es verdad? - -TRIBOULET.--El misterio es el único asilo de las intrigas de amor, -frágiles de suyo. - - -ESCENA II - -EL REY, TRIBOULET, M. DE GORDES.--Muchos señores lujosamente vestidos. -Triboulet con su traje de bufón, como lo pintó Boniface. El rey -contempla un grupo de damas que pasan. - -LA TOUR.--¡Qué preciosa es M.me de Vendosme! - -GORDES.--No lo son menos la de Alba y la de Montchevreuil. - -EL REY.--Pero la de Cossé las aventaja á todas. - -GORDES.--Bajad la voz, señor... que oye el marido. - - (_Indicándole á Mr. de Cossé, que pasa por el fondo.--Mr. de Cossé, - bajo y ventrudo, uno de los cuatro gentiles hombres más gordos de - Francia, dice Brantôme._) - -EL REY.--¿Y á mí qué?... - -GORDES.--Iría á decirlo á Diana. - -EL REY.--¿Y á mí qué...? - - (_Va al fondo á hablar con otras damas que pasan._) - -TRIBOULET (_á Gordes_).--Va á enojar á Diana de Poitiers, á quien no -habla hace ocho días. - -GORDES.--¿Si irá á enviársela á su marido? - -TRIBOULET.--Creo que no. - -GORDES.--Ha pagado el perdón de su padre y en paz. - -TRIBOULET.--Á propósito de Saint-Vallier. ¿Qué capricho tuvo ese viejo -estrafalario de casar á su hija Diana, tan hermosa y angelical, con un -senescal jorobado? - -GORDES.--Es un loco. Me hallé en el mismo cadalso, cuando recibió el -perdón; estaba más cerca de él que de ti ahora, y no le oí decir más -que estas palabras. «¡Dios guarde al rey!» Es loco de remate. - -EL REY (_pasando con la de Cossé_).--¡Cruel! ¿Os vais? - -MAD. DE COSSÉ (_suspirando_).--Á Soissons, adonde me lleva mi esposo. - -EL REY.--¿No es una mengua que cuando vuestros bellos ojos inflaman -todos los corazones, y fuerzan á las damas á que vigilen celosas á sus -amantes; cuando príncipes y señores, todos os miran con amoroso anhelo, -cuando deslumbráis á la corte con el esplendor de vuestra hermosura, -vayáis como astro humilde á lucir en un cielo de provincia despreciando -señores y príncipes? - -MAD. DE COSSÉ.--Calmaos. - -EL REY.--Ah, no. ¡Capricho original!... ¡apagar la luz en medio del -baile! - - (_Entra Mr. de Cossé._) - -MAD. DE COSSÉ.--Aquí viene mi celoso, señor. - - (_Se aparta del rey._) - -EL REY.--¡Mal demonio se lo lleve! (_Á Triboulet._) No por eso he -dejado de echarle á su mujer una tirada de versos. ¿Te ha enseñado -Marot los últimos que he compuesto? - -TRIBOULET.--Yo no leo versos vuestros, señor. Los versos de los reyes -son siempre muy malos. - -EL REY.--¡Qué chusco! - -TRIBOULET.--Pase que los haga la plebe; pero un rey... Á las hermosas -cortejadlas vos y que haga Marot los versos. Un rey que versifica -abdica. - -EL REY (_con entusiasmo_).--¡Ah! Rimar para las hermosas exalta el -corazón. He de poner alas á mi torreón real. - -TRIBOULET.--Sería convertirle en molino de viento. - -EL REY.--Si no viera allí á M.me de Coislin, te mandaba azotar. - - (_Corre hacia la de Coislin á quien dirige algunas galanterías._) - -TRIBOULET (_aparte_).--Sigue, sigue el viento que te lleva hacia esa -también. - -GORDES (_acercándose á Triboulet y haciéndole notar lo que pasa en el -fondo_).--Mira en la otra puerta á la de Cossé. Apuesto lo que quieras -á que va á dejar caer un guante para que el rey lo recoja. - -TRIBOULET.--Estemos á la mira. - - (_M.me de Cossé, que ve con despecho las atenciones del rey á la de - Coislin, deja caer en efecto su ramo, que el rey corre á recoger, y - luégo entabla con la dama un coloquio al parecer muy tierno._) - -GORDES (_á Triboulet_).--¿No lo dije? - -TRIBOULET.--¡Magnífico! - -GORDES.--¡Ya le cogió otra vez! - -TRIBOULET.--La mujer es un diablo perfeccionado. - - (_El rey estrecha el talle de la dama y le besa la mano, y mientras - ella ríe y departe con él alegremente, entra su esposo por la puerta - del fondo. Gordes se lo indica á Triboulet. Mr. de Cossé se detiene - mirando el grupo de su esposa y del rey._) - -GORDES (_á Triboulet_).--¡El marido! - -MAD. DE COSSÉ.--Separémonos. (_Se deshace de los brazos del rey y -huye._) - -TRIBOULET.--¿Qué viene á hacer aquí ese barrigudo? - - (_El rey se acerca á un aparador del fondo y pide de beber._) - -MR. DE COSSÉ (_Adelantándose pensativo. Aparte._)--¿Qué se dirían? - - (_Se acerca con viveza á La Tour que le hace una seña._) - -LA TOUR (_misteriosamente_).--¿Sabéis que vuestra esposa es bellísima? - -(_Mr. de Cossé se desvía de repente y se dirige á Gordes que parece -quiere decirle algo._) - -GORDES.--¿En qué estáis pensando? ¿Por qué miráis de reojo tantas veces? - - (_Desvíase otra vez el interpelado y se encuentra cara á cara con - Triboulet, quien se lo lleva con reservado ademán á un extremo del - fondo, mientras Gordes y La Tour se desternillan de risa._) - -TRIBOULET (_bajo á Cossé_).--¡Cómo andáis tan cariacontecido, señor -mío! (_Suelta una carcajada y vuelve la espalda al desdichado marido, -que sale furioso._) - -EL REY (_volviendo_).--¡Oh! ¡Cuán feliz soy! Á mi lado, Hércules y aun -el mismo Júpiter Olímpico no son sino fatuos ridículos. Estas mujeres -están encantadoras y yo... soy dichoso. ¿Y tú? - -TRIBOULET.--¿Yo?... Yo me río al paño del baile, de los juegos y de los -amoríos. Yo critico y vos gozáis; vos sois dichoso como un rey, y yo -como un jorobado. - -EL REY.--¡Día de júbilo el día en que mi madre me concibió riendo! -(_Mirando á Mr. de Cossé que sale._) Sólo ése agua la fiesta. ¿Qué te -parece? - -TRIBOULET.--¡Necio y ofensivo! - -EL REY.--No importa. Excepto ese celoso, todo me agrada. ¡Poderlo todo, -quererlo todo, poseerlo todo!... ¡Triboulet, Triboulet! ¡Qué gusto -estar en el mundo y qué bueno es vivir! ¡Oh dicha! - -TRIBOULET.--Ya lo creo, señor; ¡estáis ebrio! - -EL REY.--Pero allá descubro... ¡Ah! ¡Qué ojos, qué brazos tan hermosos! - -TRIBOULET.--¿Los de M.me de Cossé? - -EL REY.--Ven á hacernos pantalla. - - (_Cantando._) - - ¡Vivan los domingos - de mi buen París, - las mujeres rubias... - -TRIBOULET.--...y los hombres chispos! - - -ESCENA III - -M. DE GORDES, M. DE PARDAILLAN, joven paje rubio, M. DE VIC, CLEMENTE -MAROT, en traje de ayuda de cámara del rey. Después M. DE PIENNE; uno ó -dos caballeros más. De vez en cuando M. DE COSSÉ, que se pasea serio y -pensativo. - -MAROT (_saludando á Gordes_).--¿Qué se miente esta noche? - -GORDES.--Nada... que la fiesta es magnífica y que el rey se divierte. - -MAROT.--¡Ah! ¡Gran noticia! ¿El rey se divierte? ¡Diablo! - -MR. DE COSSÉ (_á espaldas de ellos_).--Gran desgracia, digo yo, porque -un rey que se divierte es un rey peligroso. (_Pasa adelante._) - -GORDES.--Ese pobre gordinflón lleva la muerte en el alma. - -MAROT.--Parece que el rey asedia mucho á su esposa. - - (_Gordes se da por entendido; entra Mr. de Pienne._) - -GORDES.--Aquí está nuestro caro duque. (_Se saludan._) - -PIENNE (_con misterio_).--Noticia, amigos míos. Oíd una cosa capaz de -turbar al más prudente; una cosa admirable, risible, inverosímil... - -GORDES.--Sepamos. - -PIENNE (_agrupándolos en torno de sí_).--¡Silencio! Venid, maese -Clemente. (_Á Marot que ha ido á hablar con otros._) - -MAROT (_acercándose_).--¿Qué hay, señor? - -PIENNE.--Sois un gran necio. - -MAROT.--Grande no me creía yo de ningún modo. - -PIENNE.--He leído en vuestra composición sobre el sitio de Peschière -estos versos relativos á Triboulet: - - _Un loco de cabeza desmochada_ - _tan cuerdo á treinta años, á fe mía,_ - _como el en que nació dichoso día._ - -Repito que sois un gran necio. - -MAROT.--Lléveme Cupido, si os comprendo. - -PIENNE.--En buen hora. Amigos míos... adivinadlo, si podéis. Caso -extraordinario el que ocurre á Triboulet. - -PARDAILLAN.--¡Qué! ¿se le ha caído la joroba? - -COSSÉ.--¿Le han hecho condestable? - -MAROT.--Á dicha ¿lo han servido asado á la mesa? - -PIENNE.--No, es cosa más chusca todavía. Triboulet tiene... Adivinad lo -que tiene. Es increíble. - -GORDES.--¿Un duelo con Gargantúa? - -PIENNE.--No. - -PARDAILLAN.--¿Un mono más feo que él? - -PIENNE.--No. - -MAROT.--¿El bolsillo repleto de escudos? - -COSSÉ.--¿Un empleo de perro de asador? - -GORDES.--¿Un alma por ventura? - -PIENNE.--Apuesto ciento contra diez á que no lo adivináis. Triboulet el -bufón, Triboulet el deforme, Triboulet... ¡á ver quién acierta!... algo -exorbitante es... - -MAROT.--Su joroba. - -PIENNE.--No. Apuesto mil contra diez. Está amancebado. - - (_Todos se echan á reir._) - -MAROT.--¡Qué chistoso está el duque! - -PARDAILLAN.--¡Vaya un cuento! - -PIENNE.--Señores, lo juro por mi honor; he de enseñaros la casa de la -dama. Todas las noches va allá, arrebujado en negra capa, con aspecto -sombrío y altivo como un poeta en ayunas. Rondando no lejos del palacio -de Cossé, he descubierto el secreto y suplico que lo guardéis, que -quiero darle un chasco. - -MAROT.--¡Asunto de rondó! ¡Triboulet transformado por la noche en -Cupido! - -PARDAILLAN (_riendo_).--¡Una mujer para Triboulet! - -MAROT (_riendo_).--Yo creo que, si algún otro Bedfort desembarcara en -Calais, tendría la doncella todo lo que es menester para echar á los -ingleses. - - (_Ríen. Viene Mr. de Vic. Mr. de Pienne se pone el dedo en los labios - con ademán de reserva._) - -PARDAILLAN (_á Pienne_).--¿Por qué el rey sale también todos los días -al oscurecer y solo, como buscando aventuras? - -PIENNE.--Vic nos dirá eso. - -VIC.--Lo que puedo afirmar desde luego, es que el rey se divierte mucho. - -COSSÉ.--¡Ah! ¡No me habléis de eso! - -VIC.--Pero ¿qué me importa á mí de qué lado empuja el viento sus -caprichos, y si sale de noche disfrazado, ó si entra ó no por alguna -ventana? - -COSSÉ (_moviendo la cabeza_).--Los viejos cortesanos, señores, saben -que un rey toma siempre en casa agena cuanto le place. ¡Ay del que -tiene hermana, esposa ó hija que le agrade! Un poderoso de buen humor -no piensa más que en hacer daño. Motivos hay para temer. Boca que se -ríe, enseña los dientes. - -VIC (_bajo á los otros_).--¡Qué miedo le tiene al rey! - -PARDAILLAN.--No le teme tanto su mujer. - -MAROT.--Eso es lo que le espanta. - -GORDES.--No tenéis razón, Cossé. Conviene que el rey se mantenga -alegre, pródigo y contento. - -PIENNE (_á Gordes_).--Soy de tu opinión, conde: un rey aburrido es como -un verano de lluvias. - -PARDAILLAN.--Ó un amor sin querellas. - -VIC.--Un jarro lleno de agua. - -MAROT (_bajo_).--El rey vuelve con el Cupido de Triboulet. - - (_Entran el rey y Triboulet. Los cortesanos se retiran - respetuosamente._) - - -ESCENA IV - -Los mismos, el REY, TRIBOULET - -TRIBOULET (_como continuando una conversación_).--¡Sabios en la corte! -¡Rara monstruosidad! - -EL REY.--Vé á decir eso á mi hermana de Navarra, que quiere rodearme de -sabios. - -TRIBOULET.--Acá para _inter nos_, yo he bebido menos que Vuestra -Majestad. Por consiguiente, señor, para juzgar bien de las cosas en -todas sus causas y efectos, tengo sobre vos una ventaja inmensa, y aun -dos: no estar alegre, ni ser rey. Antes que sabios, señor, traed aquí -la peste, la fiebre... etcétera. - -EL REY.--El consejo es un poco ligero. Mi hermana quiere rodearme de -sabios. - -TRIBOULET.--Pues para ser vuestra hermana, muy mal os quiere. No hay -animal, ni cuervo, ni lobo, ni pájaro, ni buey, ni aun poeta, ni -mahometano, ni teólogo, ni regidor flamenco, ni oso, ni perro, más -feo, más desgreñado, más repulsivo, más encaperuzado de absurdos, más -arisco, más sucio y más lleno de viento que ese asno enalbardado que -llaman un sabio. ¿Os faltan placeres, poder, conquistas, mujeres en -flor para perfumar vuestros festines? - -EL REY.--¡Ah! Mi hermana Margarita me dijo una noche en voz baja -que las mujeres no iban á satisfacerme eternamente, y que cuando me -hastiara... - -TRIBOULET.--¡Absurda medicina! ¡Recetar sabios á quien se hastía! -La reina Margarita, bien lo sabéis, está siempre por los remedios -radicales. - -EL REY.--Pues bien, ¡fuera sabios!; pero cinco ó seis poetas... - -TRIBOULET.--Señor, siendo vos lo que sois, temería más á un poeta -emborronado de rimas, que Belcebú un hisopo empapado en agua bendita. - -EL REY.--Cinco ó seis no más. - -TRIBOULET.--No más ¿eh? Pues si esto es toda una recua, una academia, -un corral... ¿No tenemos harto y más con Marot, aquí presente, para -envenenarnos con otros? - -MAROT.--Muchas gracias. (_Aparte._) Callárase el bufón y le tendría más -cuenta. - -TRIBOULET.--Las mujeres, señor, son el cielo, la tierra, todo. Y vos -tenéis mujeres. Dejadme en paz y no penséis en los sabios. - -EL REY.--No creas tampoco que esa idea me quite el sueño. (_Carcajadas -en un grupo del fondo._) ¡Hola! Aquellos galanes se burlan de ti. - -TRIBOULET.--No, sino de otro loco. (_Se les acerca el bufón y vuelve._) - -EL REY.--¡Bah! ¿De quién? - -TRIBOULET.--Del rey. - -EL REY.--¿De veras? ¿Y qué dicen? - -TRIBOULET.--Pues dicen que sois un avaro; que no se hace nada por -ellos, porque dinero y favores van á parar á Navarra. - -EL REY.--Sí, veo allá á Montchenu, Brion y Montmorency. - -TRIBOULET.--Exactamente. - -EL REY.--Son insaciables estos cortesanos: he hecho al uno almirante, -al otro condestable, á Montchenu mayordomo de palacio. ¿Qué más quieren? - -TRIBOULET.--Todavía, y es muy justo, podríais hacerles algo. - -EL REY.--¿Qué? - -TRIBOULET.--Hacedlos ahorcar. - -PIENNE (_Á los tres señores que están aún en el fondo. -Riendo._)--Señores, ¿habéis oído lo que dice Triboulet? - -BRION.--Sí, por cierto. (_Mirando al bufón con ira._) - -MONTMORENCY.--Me la pagará. - -MONTCHENU.--¡Miserable! - -TRIBOULET (_al Rey_).--Pero, señor, á veces tendréis vacío el corazón, -sin la compañía de una mujer, cuyos ojos os digan que no, mientras su -corazón os dice que sí. - -EL REY.--¿Qué sabes tú de eso? - -TRIBOULET.--Ser amado sólo por corazones deslumbrados y desvanecidos, -tanto es como no ser amado. - -EL REY.--¿Qué sabes tú si hay en este mundo quien me ame por mí mismo? - -TRIBOULET.--¿Sin conoceros? - -EL REY.--Sin conocerme. (_Aparte._) Con esto no comprometo á mi beldad -del callejón sin salida. - -TRIBOULET.--¿Es villana? - -EL REY.--¿Por qué no? - -TRIBOULET (_con viveza_).--¡Cuidado con ello! Mucho arriesgáis. Los -hombres de esta clase suelen ser altivos romanos; cuando se toca á lo -suyo quedan en las manos las señales. ¡Cuidado con ello! Contentémonos, -locos y reyes, como somos, con las esposas y hermanas de los cortesanos. - -EL REY.--Sí, yo me contentaría con la mujer de Cossé. - -TRIBOULET.--Tomáosla. - -EL REY.--Fácil es decirlo, pero no hacerlo. - -TRIBOULET.--Robémosla esta misma noche. - -EL REY.--¿Y el conde? (_Indicando á Mr. Cossé._) - -TRIBOULET.--Á la Bastilla. - -EL REY.--¡Oh! no. - -TRIBOULET.--Pues para arreglar vuestras cuentas, hacedlo duque. - -EL REY.--Es celoso como un plebeyo, y negándose á todo se lamentaría á -voz en grito. - -TRIBOULET (_pensativo_).--¡Qué hombre tan embarazoso!... No hay más que -pagarle ó desterrarlo. (_Mr. de Cossé que se ha acercado por detrás -escucha la conversación. Triboulet se da una palmada en la frente y -dice con alegría:_) Hay un medio sencillo, cómodo, facilísimo en que -debiera ya haber pensado. - -EL REY.--¿Qué hemos de hacer con Cossé? - -TRIBOULET.--Pues... cortarle la cabeza. (_El interesado retrocede con -espanto._) ¡Fingimos una conspiración con España ó Roma!... - -COSSÉ.--¡Ah! ¡Satanás! - -EL REY (_riendo y halagando á Cossé_).--¡Por mi fe de caballero! ¿Qué -has dicho? ¡Cortar esta cabeza! Mírala bien y dime de qué nacen tus -malos pensamientos. - -TRIBOULET.--No son malos ni buenos los que nacen ahí. - -COSSÉ.--¡Cortarme la cabeza! - -TRIBOULET.--¡Y qué!... no hay para alarmarse tanto. - -EL REY.--No le desesperes. - -TRIBOULET.--¡Qué diablos! Para qué es ser rey si hay que tropezar á -cada paso con algún obstáculo, sin satisfacer el menor capricho. - -COSSÉ.--¡Cortarme la cabeza! Estoy consternado. - -TRIBOULET.--Pero es muy sencillo. ¿Por qué no? - -COSSÉ.--¿De veras? ¡Ah! Yo te castigaré, gran pícaro. - -TRIBOULET.--No os temo. Rodeado de poderosos á quienes hago la guerra, -nada temo, caballero, porque no tengo sobre los hombros otra cosa que -arriesgar que la cabeza de un loco. Lo único que puedo temer es que mi -joroba me éntre en el cuerpo y como á vos me caiga en la barriga, lo -cual me afearía mucho. - -[Ilustración] - -COSSÉ (_echando mano á la espada_).--¡Miserable! - -EL REY.--Deteneos, conde. Vente, loco. (_Se aleja riendo con -Triboulet._) - -GORDES.--El rey se desternilla de risa. - -PARDAILLAN.--Poco necesita para eso. - -MAROT.--Es curioso un rey que se divierte en persona. - - (_En cuanto se alejan el rey y el bufón se acercan los cortesanos - otra vez y persiguen á Triboulet con miradas de odio._) - -BRION.--Venguémonos del bufón. - -TODOS.--¡Hum! - -MAROT.--Está acorazado. ¿Por dónde lo heriríamos? - -PIENNE.--Bien lo sé yo. Todos tenemos con él algún resentimiento y -podemos vengarnos todos. Esta tarde, entre dos luces, acudid bien -armados al callejón sin salida de Buci, junto al palacio de Cossé. Ni -una palabra más de esto. - -MAROT.--Ya caigo. - -PIENNE.--¿Estamos de acuerdo? - -TODOS.--Sí. - -PIENNE.--Que vienen. ¡Silencio! - - (_Vuelven Triboulet y el rey rodeado de damas._) - -TRIBOULET (_solo y aparte_).--¿Á quién haré ahora una mala jugada? ¿Al -rey?... ¡Pardiez! - -UN HUJIER (_Entrando. Bajo á Triboulet._)--El señor de Saint-Vallier, -un anciano vestido todo de negro, quiere ver al rey. - -TRIBOULET.--¡Pardiez! Dejadnos ver al señor de Saint-Vallier. (_Sale el -hujier._) ¡Á mi gusto! Pero va á dar un escándalo espantoso. - - (_Ruido, tumulto en la puerta principal del fondo._) - -UNA VOZ (_dentro_).--¡Quiero hablar al rey! - -EL REY (_interrumpiendo su conversación_).--¡Cómo! ¿Quién se atreve á -tanto? - -LA MISMA VOZ.--¡He de hablar con el rey! - -EL REY.--¡No, no! - - (_Un anciano vestido de luto se abre paso y viene á ponerse delante - del rey, quien le mira fijamente. Los cortesanos se apartan - sorprendidos._) - - -ESCENA V - -Los mismos, SAINT-VALLIER (_Barba y cabellos blancos._) - -SAINT-VALLIER (_al Rey_).--Sí, vengo á hablaros y os hablaré. - -EL REY.--¡Señor de Saint-Vallier!... - -SAINT-VALLIER (_inmóvil_).--Así me llamo. - -(_El rey da un paso hacia él colérico. El bufón le detiene._) - -TRIBOULET.--Permitidme, señor, que arengue yo á este buen hombre. -(_Tomando una actitud dramática._) Monseñor de Saint-Vallier, habéis -conspirado contra Nos, y Nos, como rey bondadoso y clemente, os hemos -perdonado. ¿Qué mal deseo os viene ahora de tener nietos de vuestro -señor yerno, feo, mal conformado, con una verruga en la nariz, tuerto -al decir de algunos, velludo, ruín, descolorido, barrigudo como este -caballero (_indicando á Mr. Cossé, que se indigna_) y hasta jorobado -como yo? Quien viera á su lado á vuestra hija, se reiría á buen -seguro, á costa de él. Si el rey no pusiera orden en esto, claro es -que tendríais nietos tuertos, feos, deformes, horribles, ridículos, -barrigudos como este caballero y aun jorobados como yo. - - (_La indignación de Cossé sube de punto. Los cortesanos aplauden al - bufón riendo á carcajadas._) - -[Ilustración: SAINT-VALLIER.--_Escuchadme vos, señor..._] - -SAINT-VALLIER (_sin mirar al bufón_).--Un ultraje más. Escuchadme -vos, señor, como debéis, puesto que sois el rey. Un día me hicisteis -conducir descalzo á la Grève, y ya en el suplicio me enviasteis el -perdón. Yo, pobre de mí, os bendije, sin saber lo que esconde un rey -dentro de sus gracias. En la que á mí me hicisteis escondíais mi -deshonra. Sí, sin respeto á una antiquísima raza, á la sangre de los -Poitiers, noble desde hace mil años, mientras volvía yo lentamente de -la Grève rogando á Dios que os diera mis muchos años de vida en días -de gloria, vos, Francisco de Valois, sin temor, sin piedad, sin pudor, -sin amor, deshonrasteis, envilecisteis á Diana de Poitiers, condesa -de Brezé. ¡Oh mi casta Diana! ¡Conque, cuando yo esperaba la muerte, -corrías tú al Louvre á comprar mi perdón, y el rey, el caballero -consagrado por Bayardo, puso en precio tu honor, y aquel tablado -horrible--que una mañana levantó el verdugo, antes de espirar el -día--había de ser ó el lecho de la hija ó el patíbulo del padre! ¡Oh -Dios que nos juzgáis! ¿Qué dijisteis desde el cielo, cuando en el mismo -patíbulo veíais revolcarse triste y hosca, ensangrentada y sucia, la -lujuria real disfrazada de clemencia?... ¡Mal hicisteis, señor! En buen -hora que sacrificarais á un anciano, que siendo de los del condestable, -merecía vuestro castigo; pero que por el anciano tomarais á la hija -desolada y tímida, es una impiedad de que tendréis que dar cuenta. -Habéis traspasado vuestro derecho: el padre os pertenecía, pero la hija -no. ¿Soy acaso ingrato porque no acepto en silencio vuestro perdón, -vuestra gracia, que así la llamáis? En vez de abusar de mi hija ¿por -qué no fuisteis á mi calabozo? Allí os hubiera yo dicho: «Matadme, -señor, matadme, pero respetad á mi hija, respetad mi honor. La muerte -antes que la afrenta. ¡Oh rey y señor mío! ¿Creéis que no es también -decapitar á un cristiano, á un conde, á un caballero arrebatarle el -honor?» Esto os hubiera dicho; y aquella noche, en la iglesia, sobre mi -ensangrentado féretro, mi honrada hija Diana hubiera podido orar por -su padre honrado. No vengo á pediros á mi hija: el que no tiene honor -no tiene ya familia. Que os ame ó no con insensato amor, nada tengo -que recobrar donde pasó la vergüenza. Retenedla, pues. Me propongo, no -obstante, venir á turbar así vuestros festejos; y hasta que un padre, -un hermano ó un marido me vengue de vos, lo que tarde ó temprano ha de -suceder, vendré á todos vuestros banquetes á deciros: ¡Mal hicisteis, -señor! Y me escucharéis sin levantar la frente hasta que yo haya -acabado. Para obligarme á callar, querréis entregarme al verdugo. No, -no os atreveréis á hacerlo, temiendo que venga á hablaros mi espectro -con esta cabeza en la mano. - -EL REY (_sofocado de cólera_).--¡Que hasta este extremo se lleve la -audacia y el delirio! (_Á Pienne._) Duque, prended á ese lenguaraz. - - (_El duque hace una seña y dos alabarderos se colocan á uno y otro - lado de Saint-Vallier._) - -TRIBOULET (_riendo_).--El pobre hombre está loco, señor. - -SAINT-VALLIER (_levantando los brazos_).--¡Malditos seáis los dos! (_Al -rey._) ¡Mal hacéis, señor! Contra el león moribundo soltáis á vuestro -perro. (_Á Triboulet._) Quienquiera que seas, hombre viperino, que así -escarneces el dolor de un padre ¡maldito, maldito seas! (_Al rey._) -Tenía derecho á ser tratado por vos de majestad á majestad: vos sois -rey, yo padre, y mi edad vale lo que un trono. Los dos ceñimos una -corona, adonde nadie debe alzar miradas insolentes; vos de flores de -lis, yo de canas. Cuando un sacrílego se atreve á la vuestra, el rey es -quien la venga; Dios es quien venga la otra. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -ACTO II - -SALTABADIL - - - El rincón más desierto del callejón sin salida de Buci. Á la derecha - una casita de reservada apariencia con su patinillo rodeado de un - muro que ocupa parte del teatro. En este patio hay algunos árboles y - un banco de piedra. En el muro una puerta que da á la calle, y por - encima del muro una galería con arcadas del Renacimiento.--La puerta - del primer piso da al terrazo que se comunica con el patio por una - escalera.--Á la izquierda los altos muros del jardín del palacio - Cossé.--En el fondo, casas lejanas, y el campanario de San Severo. - -PERSONAJES - - FRANCISCO I. - TRIBOULET. - BLANCA. - SALTABADIL. - M. DE PARDAILLAN. - M. DE BRION. - M. DE MONTCHENU. - CLEMENTE MAROT. - M. DE PIENNE. - M. DE GORDES. - M. DE MONTMORENCY. - M. DE COSSÉ. - M.me BERARDA. - - -ESCENA I - -TRIBOULET, SALTABADIL.--Á su tiempo, PIENNE y GORDES por el foro. - - (_Triboulet, envuelto en oscura capa y sin ninguna de las insignias - de bufón, parece en la calle y se dirige hacia la puerta del muro. Un - hombre vestido de negro é igualmente arrebujado en su capa, y armado - de espada, cuya punta asoma por debajo, viene siguiéndole los pasos._) - -TRIBOULET (_pensativo_).--¡Cómo me maldijo el anciano! - -EL HOMBRE (_saludándolo_).--Caballero... - -TRIBOULET.--¡Ah! (_Requiriéndose los bolsillos._) No llevo nada. - -EL HOMBRE.--Tampoco os pido yo nada. ¡Qué diablo! - -TRIBOULET.--En hora buena. - - (_Hace un gráfico ademán para que se retire y lo deje en paz, á - la vez que entran Pienne y Gordes que se detienen acechando en el - fondo._) - -EL HOMBRE.--Mal me juzgáis, caballero; yo soy hombre de espada. - -TRIBOULET (_retrocediendo y aparte_).--¿Será un ladrón? - -EL HOMBRE (_acercándose y con voz dulzona_).--No temáis. Os veo rondar -por aquí todas las noches y presumo que tenéis alguna mujer que guardar. - -TRIBOULET (_aparte_).--¡Diablo! (_Alto._) Yo no acostumbro á decir á -nadie mis secretos. - - (_Quiere pasar adelante y el otro le detiene._) - -EL HOMBRE.--No lo digo, por tanto, sino por vuestro bien. Si me -conociérais me trataríais mejor. (_Acercándose más._) ¿Ha puesto acaso -algún fatuo sus atrevidos ojos en los de vuestra mujer? ¿Estáis celoso? - -TRIBOULET.--Acabemos: ¿qué queréis? (_Con impaciencia._) - -EL HOMBRE (_bajo y pronto_).--Con sólo una buena propina mataremos al -rival. - -TRIBOULET.--¡Ah! ¡Muy bien! - -EL HOMBRE.--Ya veis que soy un hombre honrado. - -TRIBOULET.--¡Pardiez! Ya lo veo. - -EL HOMBRE.--Y que os sigo con buenas intenciones. - -TRIBOULET.--Sí, por cierto. Sois un hombre útil. - -EL HOMBRE (_con modestia_).--El guardián del honor de las damas de la -ciudad. - -TRIBOULET.--¿Y cuánto lleváis por matar á un rival? - -EL HOMBRE.--Según sea éste y la habilidad que uno tiene. - -TRIBOULET.--Por despachar á un gran señor. - -EL HOMBRE.--¡Pardiez! Esos no son hembras y van muy bien armados: por -consiguiente hay que dar y recibir y arriesga uno el pellejo. Un gran -señor es caro. - -TRIBOULET.--¡Caro eh! ¿Acaso los villanos se permiten matarse entre sí? - -EL HOMBRE.--Ellos se arreglan. Esto es cosa de lujo, sin embargo, lujo -que en general sólo se permiten los hombres bien nacidos. Hay quien por -una buena suma quiere echársela de caballero y se vale de mí, dándome -la mitad antes, y después la otra mitad. - -TRIBOULET (_meneando la cabeza_).--Sí, os exponéis á la horca. - -EL HOMBRE (_sonriendo_).--No tanto, porque pagamos derechos á la -policía. - -TRIBOULET.--Á tanto por hombre ¿eh? - -EL HOMBRE.--Pues... Á menos que... ¿qué os diré? que no mate uno... al -mismo rey. - -TRIBOULET.--¿Y cómo te las compones? - -EL HOMBRE.--Caballero, yo mato en la ciudad ó en mi casa, como quieran. - -TRIBOULET.--Tu procedimiento es muy urbano. - -EL HOMBRE.--Para trabajar fuera de casa, tengo un estoque tan agudo -como bien templado; acecho apostado á la víctima y... - -TRIBOULET.--¿Y dentro de casa? - -EL HOMBRE.--¡Oh! Allí tengo á mi hermana Magdalena, moza tan bella como -osada y fuerte, que baila por calles y plazas con que atrae á casa al -galán y... - -TRIBOULET.--Comprendo. - -EL HOMBRE.--Esto se hace sin ruido ni voces, decentemente. Dadme, pues, -el encargo y os juro que quedaréis contento. No he puesto tienda y -todo se hace sin escándalo, á la sordina. Sobre todo, no soy hombre de -puñal, como esos bandidos que se juntan á ocho y diez para el menor -empeño; tan corto su valor como su acero. Mirad mi herramienta. - - (_Saca una espada desmesuradamente larga. Triboulet retrocede con - espanto._) - -TRIBOULET.--¡Grande es! Pero no tengo por ahora necesidad de ella; mil -gracias. - -EL HOMBRE (_envainando su hierro_).--Pues cuando me necesitéis, me -encontraréis todos los días á eso de las doce paseándome por delante -del hotel del Maine. Me llamo Saltabadil. - -TRIBOULET.--¿Sois gitano? - -EL HOMBRE.--Y borgoñón. - -GORDES (_Tomando nota.--Aparte á Pienne._)--Es un hombre precioso, y -apunto su nombre. - -EL HOMBRE.--No por eso penséis mal de mí, caballero. - -TRIBOULET.--No. ¡Qué diablos! de algo hay que comer. - -EL HOMBRE.--Á no ser un mendigo, un holgazán, un miserable. Tengo -cuatro hijos. - -TRIBOULET.--Que debéis educar... Ea, Dios os bendiga. - - (_Despidiéndole._) - -PIENNE (_á Gordes_).--Todavía no ha oscurecido y temo que nos vea -Triboulet. - - (_Salen._) - -TRIBOULET.--Buenas tardes. - -EL HOMBRE.--Siempre á vuestras órdenes. - - (_Retirándose._) - -TRIBOULET (_mirándole_).--Mucho nos parecemos los dos: lengua acerada, -espada puntiaguda. Yo soy el hombre que ríe; él el hombre que mata. - - -ESCENA II - -TRIBOULET, solo - - (_El bufón abre cautelosamente la puerta del patio, y después de - observar por fuera, quita la llave y vuelve á cerrar por dentro, - dando algunos pasos por el patio con preocupación é inquietud._) - -¡Cómo me maldijo el anciano!... Mientras me maldecía, me burlaba yo -de su dolor, como un infame, y me reía; pero llevaba el espanto en el -alma. (_Siéntase en el banco junto á la mesa de piedra._) ¡Maldito!... -¡Ah! La naturaleza y los hombres me han hecho muy malo, cruel, é -infame en efecto. ¡Oh rabia! ¡Ser bufón, ser deforme! ¡Siempre este -pensamiento! Y ya vele, ya duerma, cuando con él he dado la vuelta -al mundo, ¡venir á parar siempre á esto! ¡Soy bufón de la corte! ¡No -querer, no poder, no deber, y no hacer más que reir! ¡Qué exceso de -oprobio y de miseria! Lo que tienen los soldados reunidos en rebaño -al rededor de ese harapo que llaman bandera; lo que queda al mendigo -español, al esclavo de Túnez, al forzado en su galera, á todo hombre -que respira y se mueve, el derecho de no reir, de llorar, si quiere; -ese derecho me falta... ¡Oh Dios! Triste y despechado, lleno siempre -del disgusto de mi deformidad, celoso de toda fuerza y belleza, rodeado -de esplendores que me vuelven más sombrío, adusto y solo, si quiero -á veces recoger y calmar por un momento mi alma que solloza y llora -amargamente, viene de pronto mi amo, mi alegre amo, que omnipotente, -adorado de las mujeres, contento de vivir, de puro dichoso olvidado de -la muerte, joven, gallardo, hermoso, rey de Francia, me da un puntapié -y me dice bostezando: Bufón, hazme reir... ¡Pobre bufón! Y es un -hombre, con todo. Pero la pasión que hierve en su alma, el rencor, el -orgullo, la cólera, la envidia, el furor, la eterna cavilación de algún -mal designio... cuantos sentimientos le roen el pecho desaparecen á una -señal de su amo, y para quien su amo quiere se muestra el juglar jovial -y chispeante. ¡Qué abyección! Si se sienta, si se levanta, si anda, -siempre siente el hilo que le tira del pié. Por todas partes desprecio -y humillación. Así, señores míos, altivos caballeros ¡cuánto os odia -el bufón! ¡Qué caros os hace pagar vuestros desdenes! ¡Qué bien sabe -buscar sus desquites! Es el demonio familiar que aconseja, que tienta -á su amo y en cuanto puede agarrar entre sus uñas un alma la destroza -á placer. Vosotros le habéis vuelto malo y se venga. Pero ¡oh dolor! -¿es esto vivir? Mezclar hiel en el vino con que otros se embriagan, -borrar todo buen instinto que germina en ellos, aturdir con cascabeles -todo espíritu que quiere pensar, pasar como un genio maléfico por los -festines, turbar la dicha de los que gozan, ansiar tan sólo el mal -ageno, y contra todos y por donde quiera, llevar en sí y derramar -en todo, y guardar y esconder bajo burlona risa el odio eterno que -envenena el corazón... ¡Oh! ¡Cuán desgraciado soy! (_Levantándose._) -Pero aquí ¿qué me importa eso? ¿No soy otro hombre al pasar esa puerta? -Olvidemos por un momento el mundo de que salgo. Aquí no debo traer nada -de afuera. (_Volviendo á su despecho._) ¡Cómo me maldijo el anciano!... -¿Por qué diablos me persigue con tal insistencia este pavoroso -recuerdo? Con tal que no me suceda nada malo... ¡Bah! Soy un necio. - - (_Se acerca á la puerta de la casa y llama. Ábrese y sale de ella una - joven vestida de blanco, que se echa alegremente en sus brazos._) - - -ESCENA III - -TRIBOULET, BLANCA, luégo M.me BERARDA - -TRIBOULET.--¡Hija mía! (_La estrecha con pasión._) ¡Oh! Pon tus manos -sobre mi corazón. Á tu lado, bien mío, todo sonríe, nada me pesa. -¡Qué bien respiro á tu lado! ¡Cuán feliz soy contigo! (_Mirándola con -embriaguez._) Más bella cada día. Nada te falta ¿verdad? ¿Estás bien -aquí? Blanca mía, abrázame otra vez. - -BLANCA.--¡Qué bueno sois, padre mío! - -TRIBOULET (_sentándose_).--No, es que te amo. ¿No eres mi vida y aun mi -sangre? Si no te tuviera á ti, ¿qué haría yo, Dios mío? - -BLANCA.--¡Suspiráis! ¿Qué pesares tenéis? Decídselos á vuestra hija. -¡Ah! Aún no sé quién es mi familia. - -TRIBOULET.--¡Familia! Tú no la tienes, hija mía. - -BLANCA.--Hasta ignoro vuestro nombre. - -TRIBOULET.--¿Qué te importa mi nombre? - -BLANCA.--Nuestros vecinos de Chinón, la aldea en que me crié, me creían -huérfana, antes de vuestra llegada. - -TRIBOULET.--Allá debía dejarte; sin duda hubiera sido lo más prudente. -Pero yo no podía ya vivir así tampoco: tenía necesidad de ti, tenía -necesidad de un corazón que me amara. - - (_Abrazándola otra vez._) - -BLANCA.--Si no queréis hablarme de vos... - -TRIBOULET.--Mira, no salgas jamás. - -BLANCA.--En los dos meses que hace que estoy aquí, apenas he ido ocho -veces á la iglesia. - -TRIBOULET.--Bien. - -BLANCA.--Padre mío, habladme á lo menos de mi madre. - -TRIBOULET.--¡Oh! no despiertes en mí tan amargo pensamiento, no me -recuerdes que en otro tiempo encontré una mujer diferente de las -demás mujeres, que viéndome solo, enfermo, pobre y aun aborrecido, -me amó por mi miseria y mi deformidad. Murió llevándose consigo á la -tumba el angelical secreto de su fiel amor, amor que pasó por mí como -un relámpago, como un rayo de luz del paraíso que se apagara en mi -infierno. ¡Ah! ¡Séale la tierra ligera! Tú sola me quedas en el mundo. -¡Gracias, Dios mío! - - (_Levanta los ojos al cielo y llora luégo ocultando la frente entre - las manos._) - -BLANCA.--¡Cuánto debéis padecer! Padre mío, no, no quiero que lloréis, -porque se me parte el corazón. - -TRIBOULET.--¿Y qué dirías si me vieras reir? - -BLANCA.--¿Qué tenéis, padre mío? Decidme vuestro nombre. ¡Oh! Derramad -en mi seno la amargura de todas vuestras penas. - -TRIBOULET.--No. ¿Á qué nombrarme? Soy tu padre y basta. Escucha. Fuera -de aquí acaso me temen. ¿Quién sabe? El uno me desprecia, el otro me -maldice. ¡Mi nombre! ¿Qué harías después de saberlo? Quiero, aquí á -lo menos, á tu lado, en este rincón del mundo donde todo es inocencia, -quiero ser para ti sólo un padre, algo santo, augusto, sagrado. - -BLANCA.--¡Padre mío! - -TRIBOULET.--¿Hay un solo corazón que responda al mío? (_Abrazándola._) -¡Oh! Te amo por todo lo que odio al mundo. Siéntate á mi lado y -hablemos de esto. Dime ¿amas mucho á tu padre? Y pues estamos aquí -juntos, mano á mano, ¿qué nos obliga á hablar de otra cosa? Hija mía, -única felicidad que el cielo me ha permitido, otros tienen padres, -hermanos, amigos, esposas, vasallos, cortejo, aliados, muchos hijos... -¿qué sé yo? Yo no tengo más que á mi hija. Otros son ricos; tú sola -eres mi tesoro, tú sola mi riqueza. Otros creen en Dios; yo no creo más -que en tu alma. Otros son jóvenes y el amor y el placer les brindan sus -delicias; para ellos orgullo, esplendor, gracia, salud; yo, como ves, -no tengo más que tu belleza. ¡Hija mía! Mi ciudad, mi país, mi familia, -mi esposa, mi madre, y mi hermana y mi hija, mi dicha, mi fortuna, mi -culto, mi ley, mi universo, eres tú, siempre tú y nada más que tú... -¡Oh, si llegara á perderte!... No, no; no podría soportarlo. Mírame y -sonríe: ¡qué graciosa tu sonrisa! toda á tu madre. Ella también era -bella. Como ella, sueles pasarte la mano por la frente como si te la -enjugaras, porque á un corazón inocente, corresponde una frente pura y -ojos azules. Para mí irradias angelical resplandor, y al través de tu -cuerpo, mi alma está viendo tu alma. Aun con los ojos cerrados, te veo: -la luz me viene de ti. Á veces quisiera estar ciego para no tener otro -sol en el mundo. - -BLANCA.--¡Oh! ¡Cuánto anhelo haceros feliz! - -TRIBOULET.--Si soy feliz contigo. ¡Oh! ¡Qué hermosos cabellos negros! -(_Acariciándolos._) Cuando niña eras rubia. ¿Quién lo creyera? - -BLANCA (_con mimo_).--Un día, antes de oscurecer, quisiera salir para -ver un poco á París. - -TRIBOULET (_impetuosamente_).--¡Nunca, jamás! ¿Has salido alguna vez -con Berarda? - -BLANCA (_temblando_).--¡Oh! no. - -TRIBOULET.--¡Cuidado! - -BLANCA.--Sólo he ido á la iglesia. - -TRIBOULET (_aparte_).--¡Cielos! Si la vieran, la seguirían y acaso... -acaso me la robaran. La hija de un bufón no inspiraría ningún -respeto y sería cosa de risa deshonrarla (_Alto._) Te lo ruego, hija -mía; permanece aquí encerrada. ¡Si supieras qué malo es el aire de -París para las mujeres!... ¡Si vieras cómo corren por la ciudad los -libertinos, sobre todo los señores! ¡Oh Dios! ¡Preserva del tempestuoso -viento que marchita y aun troncha otras flores, esta flor graciosa -y virginal, para que un padre infeliz pueda en sus horas de tregua -aspirar su pura esencia! - - (_Deja caer la cabeza entre las manos y llora._) - -BLANCA.--No os hablaré más de salir. No lloréis, padre mío. - -TRIBOULET.--Esto me alivia. ¡He reído tanto anoche!... -(_Levantándose._) Pero ya anochece y es tiempo de ir á tomar mi collar. -Adiós. - -BLANCA.--¿Volveréis pronto? - -TRIBOULET.--Acaso. Ya ves, niña, cómo no soy dueño de mí. (_Llamando._) -¡Berarda! - - (_Aparece en la puerta una dueña._) - -BERARDA.--Señor... - -TRIBOULET.--¿Habéis notado si cuando vengo me ve alguien entrar? - -BERARDA.--Nadie, señor. ¡Si esto es un desierto! - - (_En la calle, á la otra parte de la tapia, aparece el rey disfrazado - con traje oscuro y sencillo, y examina la altura del muro y la puerta - cerrada con muestras de impaciencia y despecho._) - -TRIBOULET.--Adiós, hija mía. (_Abrazándola._) ¿Tenéis bien cerrada -la puerta que da al terraplén? (_Á la dueña, que hace una señal -afirmativa._) Á espaldas de San Germán sé que hay una casa más retirada -todavía. Mañana he de verla. - -BLANCA.--Padre, esta me gusta por el terrazo, desde donde se ven -jardines. - -TRIBOULET.--No subas al terrazo por Dios. (_Escuchando._) ¿Andan por -fuera? - - (_Va á la puerta del patio, la abre y mira á la calle con inquietud. - El rey se ha ocultado en un hueco cerca de la puerta, que deja - entreabierta Triboulet._) - -BLANCA.--¿Cómo? ¿No puedo por las tardes subir á respirar al terrazo? - -TRIBOULET (_volviendo_).--¡Cuidado que te podrían ver! (_Á Berarda._) -Tampoco pondréis nunca luz en la ventana ¿eh? - - (_El rey á espaldas del bufón se desliza en el patio y se esconde - tras de un árbol._) - -BERARDA.--¡Virgen Santísima! ¿Cómo queréis que éntre aquí ningún hombre? - - (_Vuélvese y descubre al rey tras del árbol. Pero al ir á gritar le - echa el galán en la gorguera un bolsillo, que la dueña toma suspensa - y calla._) - -BLANCA (_á su padre que ha ido á reconocer el terrazo con una -linterna_).--¡Qué precauciones! ¿Qué teméis, padre mío? - -TRIBOULET.--Por mí nada; todo por ti. ¡Vaya! Adiós, Blanca... hija mía. - - (_Un rayo de luz de la linterna, que tiene la dueña, alumbra al padre - y á la hija._) - -EL REY (_aparte_).--¡Triboulet! (_Ríe._) ¿Qué diablos es esto? ¡La hija -de Triboulet! ¡Preciosa historia! - -TRIBOULET (_Volviendo desde la puerta._)--Ahora que me acuerdo, ¿cuándo -vais á la iglesia os sigue alguien? - - (_Blanca baja los ojos con embarazo._) - -BERARDA.--¡Jesús!... Nadie. - -TRIBOULET.--Si os siguiera alguien alguna vez, gritad. - -BERARDA.--Sin duda; pediría socorro. - -TRIBOULET.--Y si llaman á la puerta, no abráis jamás. - -BERARDA.--¿Aunque fuera el rey? - -TRIBOULET.--Sobre todo, si es el rey. - - (_Abraza por última vez á su hija y sale cerrando tras sí la puerta._) - - -ESCENA IV - -BLANCA, BERARDA, EL REY.--(_Que permanece escondido tras el árbol._) - -BLANCA (_escuchando pensativa los pasos de su padre que se -aleja_).--Siento remordimientos. - -BERARDA.--¡Remordimientos! ¿Y por qué? - -BLANCA.--¡Como á la menor cosa se espanta y alarma! Y sin embargo, -he visto una lágrima en sus ojos. ¡Pobre padre, tan bondadoso! Debía -haberlo prevenido de que el domingo á la hora en que salimos nos sigue -un galán. ¿No recuerdas? Aquel gallardo mozo. - -BERARDA.--¿Y á qué contarle esas cosas, niña? En resumidas cuentas lo -que hay es que vuestro padre es muy huraño y raro. Y vos ¿odiáis mucho -á ese apuesto galán? - -BLANCA.--¡Odiarle yo! ¡Oh! no... muy al contrario; desde que le -ví, nada puede distraerme de él. ¡Ah! desde el día en que sus ojos -hablaron á los míos, lo ven siempre aquí, soy suya... ya ves, me forjé -la ilusión... Me parece un codo más alto que todos. ¡Qué arrogante y -amable es! ¡qué altivo y noble!... - -BERARDA.--Un buen mozo, realmente. - - (_Pasa cerca del rey que le da un puñado de monedas de oro._) - -BLANCA.--Un hombre así debe ser... - -BERARDA.--Un cumplido caballero. - -(_Tendiendo la mano al rey, que vuelve á darle dinero._) - -BLANCA.--Vese asomar á sus ojos su gran corazón. - -BERARDA.--Cierto, un corazón inmenso. - - (_Á cada palabra que dice tiende la mano al rey que se la llena de - oro._) - -BLANCA.--Valiente. - -BERARDA.--Extraordinario. - -BLANCA.--Y sin embargo, bondadoso. - -BERARDA.--Tierno. - -BLANCA.--Generoso. - -BERARDA.--Magnífico. - -BLANCA (_suspirando_).--Me gusta mucho. - -BERARDA.--Su estatura es sin igual. ¿Y sus ojos?... ¿Y su frente? ¿Y su -nariz? - - (_Alargando la mano á cada palabra._) - -EL REY (_aparte_).--¡Pardiez! Como la vieja me admira al por menor, me -ha dejado exhausto. - -BLANCA.--Te agradezco que tanto le alabes. - -BERARDA.--¡Pues no! Un corazón inmenso... bondadoso... tierno... -valiente... generoso. - -EL REY (_Vaciándose los bolsillos. Aparte._)--¡El diablo que te lleve! -¡Y vuelve á empezar! - -BERARDA.--Es un gran señor... elegantísimo... brillante como el oro... - - (_Tiende otra vez la mano, y el rey le da á entender que no le queda - ya nada._) - -BLANCA.--Pues yo no quisiera que fuera señor ni príncipe; sino un pobre -estudiante de provincia... me amaría más. - -BERARDA.--Es posible, después de todo, si así lo preferís. (_Aparte._) -¡Qué mal gusto! Al fin muchacha; no sabe lo que quiere. (_Vuelve á -alargar la mano._) Ese gentil galán os ama locamente. (_Aparte._) -Parece que se ha quedado sin blanca. Pues si no hay dinero, basta de -elogios. - -BLANCA.--¡Cuánto tardan en venir los domingos! Cuando no le veo, estoy -triste. ¡Oh! Creí el otro día en el momento del ofertorio que me iba á -hablar, y el corazón me saltaba en el pecho. De día y de noche pienso -en ello. Por su parte, el amor que me tiene le absorbe... Estoy cierta -de que lleva mi imagen grabada en su alma. Es un hombre así, y bien se -le conoce: las demás mujeres le son indiferentes; para él no hay juegos -ni diversiones... no piensa más que en mí. - -BERARDA.--Lo juraría por mi cabeza. - - (_Tendiendo la mano._) - -EL REY (_aparte_).--Mi anillo por tu cabeza. - - (_Le da su anillo._) - -BLANCA.--Muchas veces, pensando en él de día y con él soñando de -noche, quisiera verlo aquí, delante de mis ojos... (_Sale el rey de su -escondrijo y va á arrodillarse á sus piés mientras ella mira á otro -lado._) ...para decirle á él mismo: Sé feliz; está contento... ¡oh! sí, -yo te am... (_Se vuelve, ve al rey y se detiene petrificada._) - -EL REY (_tendiéndole los brazos_).--¡Te amo! Acaba, acaba. ¡Oh! dí -_¡Yo te amo!_ No temas nada. ¡Suenan tan bien estas palabras en tan -graciosos labios!... - -BLANCA (_buscando espantada con la vista á la dueña, que ha -desaparecido_).--¡Berarda! Nadie me responde ¡oh Dios! - -EL REY.--Dos amantes felices son un mundo. - -BLANCA (_temblando_).--Caballero ¿de dónde salís? - -EL REY.--Del infierno ó del cielo. Que sea yo Satanás ó Gabriel, ¿qué -os importa, si os amo? - -BLANCA.--¡Oh Dios! ¡Piedad! Supongo que no os habrán visto entrar. -¡Dios mío! Si mi padre... Salid. - -EL REY.--¡Salir! ¡Cuando te tengo entre mis brazos, cuando te -pertenezco y me perteneces! Me has dicho que me amas. - -BLANCA (_confusa_).--¡Me escuchaba! - -EL REY.--Sin duda. ¿Qué concierto más divino quieres que escuche? - -BLANCA (_suplicante_).--¡Ah! Ya me habéis hablado. Ahora por piedad, -salid. - -EL REY.--¡Salir, cuando mi suerte está ligada á la tuya, cuando tu -estrella y la mía brillan en el mismo horizonte, cuando vengo á -despertar tu corazón de niña... el cielo me ha elegido para abrir al -amor tu alma virginal, y tus ojos á la luz! Ven, escucha... el amor es -el sol del alma. ¿No te sientes enardecida á su dulce llama? El cetro -que da y quita la muerte, la gloria que se adquiere con la guerra, -tener un nombre famoso, ganar muchos dominios, ser rey ó emperador son -cosas humanas; no hay nada en la tierra donde todo pasa, sino una cosa -divina, el amor. ¡Oh Blanca! tu rendido amante te trae la felicidad que -tímida esperaba en tu puerta. La vida es una flor y el amor su miel, es -la paloma unida al águila en el cielo, es la trémula gracia apoyada en -la fuerza, es tu mano dulcemente olvidada en mi mano... ¡Oh! amémonos, -amémonos. - - (_Quiere abrazarla y ella lo rehuye._) - -BLANCA.--No, no; dejadme, por Dios. - - (_El rey la estrecha al fin en sus brazos y la besa._) - -BERARDA (_Oculta en el fondo. Aparte._)--Esto va viento en popa. - -EL REY.--¡Ah! Dime que me amas. - -BERARDA.--¡Truhán! - -EL REY.--Soy feliz. - -BLANCA.--Estoy perdida. - -EL REY.--Al contrario, amor mío. - -BLANCA.--Sois un extraño para mí. Decidme vuestro nombre. - -BERARDA (_aparte_).--Tiempo es ya de pensar en ello. - -BLANCA.--Á lo menos no seréis gran señor. ¡Les teme tanto mi padre!... - -EL REY.--Yo me llamo... (_Aparte._) ¿Cómo me llamo yo? (_Alto._) -Gaucher Mahiet, y soy... un pobre estudiante. - -BERARDA (_contando su dinero_).--¡Qué trapalón! - - (_Entran en la calle M. de Pienne y Pardaillan envueltos en sendas - capas y con una linterna sorda en la mano._) - -PIENNE (_al otro_).--Aquí es, caballero. - -BERARDA (_baja precipitadamente del terrazo y avisa en voz baja -diciendo:_)--Gente oí fuera. - -BLANCA (_con espanto_).--Acaso mi padre. - -BERARDA.--Partid, caballero. - -EL REY.--¡Que no tuviera entre mis manos al que así me estorba! - -BLANCA (_á la dueña_).--Acompáñalo sin demora y que salga por la puerta -del malecón. - -EL REY.--¡Oh! ¡Dejarte ya...! - -BLANCA.--Es preciso. - -EL REY.--¿Me amarás mañana? - -BLANCA.--¿Y vos? - -EL REY.--Toda la vida. - -BLANCA.--¡Ah! Me engañaréis, porque engaño yo á mi padre. - -EL REY.--Nunca. Ahora, Blanca, un beso de despedida. - -BERARDA (_aparte_).--Es un besucón de mil demonios. - -BLANCA.--No, no. - - (_El rey la besa y sigue á la dueña. Blanca queda un momento con los - ojos fijos en la puerta por donde han salido, y después los sigue. - Entre tanto puéblase la calle de caballeros armados, cubiertos y - enmascarados. Ha cerrado la noche. Los caballeros, que han tapado la - linterna sorda, se entienden por señas. Un criado los sigue con una - escala._) - - -ESCENA V - -Los caballeros, luégo TRIBOULET, después BLANCA - - (_Blanca aparece en el terrazo por la puerta del primer piso con una - luz en la mano._) - -BLANCA.--¡Gaucher Mahiet! nombre de mi amado, grábate en mi corazón. - -PIENNE.--Caballeros, es ella; la misma. - -PARDAILLAN.--Veamos. - -GORDES (_con desdén_).--Alguna beldad vulgar. Te compadezco, duque, si -te contentas con mujeres de villanos. - - (_Vuélvese Blanca de modo que la pueden ver bien._) - -PIENNE.--¿Qué te parece, conde? - -MAROT.--No es fea la villana. - -GORDES.--Es un hada, un ángel, una diosa. - -PARDAILLAN.--¿Y es la manceba del bufón? ¡Qué hipócrita! - -GORDES.--¡Qué pícaro! - -MAROT.--La más hermosa para el más feo. Júpiter se complace en cruzar -las razas. - - (_Retírase Blanca por donde ha salido, viéndose ya sólo luz por una - ventana._) - -PIENNE.--Señores, no perdamos tiempo. Hemos resuelto castigar á -Triboulet, y aquí estamos todos con nuestro agravio y además con una -escala. Escalemos, pues, el muro y robémosle la hembra, para que al -levantarse el rey mañana, la encuentre en palacio. - -COSSÉ.--Si el rey pone aquí la mano... - -MAROT.--El diablo desenredará la trama. - -PIENNE.--¡Bien dicho! Manos á la obra. - -GORDES.--En verdad, es bocado de rey. - - (_Entra Triboulet._) - -TRIBOULET (_pensativo, en el fondo_).--Vuelvo... no sé á qué... ¡Ah! - -COSSÉ (_á los otros_).--Pero, señores, ¿os parece bien que el rey le -sople así la dama á todo el mundo? Querría saber yo lo que diría el -rey, si alguien le usurpara la suya. - -TRIBOULET (_adelantándose_).--¡Cómo me maldijo el anciano! Siento -así... como una turbación. (_La oscuridad es tan densa que no ve á -Gordes con quien se roza al pasar._) ¿Quién va? - -GORDES (_volviendo á los otros_).--¡Triboulet, señores! - -COSSÉ.--¡Victoria doble! Matemos al traidor. - -PIENNE.--Eso no. - -COSSÉ.--Está en nuestras manos. - -PIENNE.--Pero ¿quién nos divertirá mañana? - -GORDES.--Va á estorbarnos. - -MAROT.--Dejad que yo le hable: voy á arreglarlo todo. - -TRIBOULET (_prestando atento oído_).--Parece que hablan bajo. - -MAROT (_acercándose_).--¿Triboulet? - -TRIBOULET (_con voz ruda_).--¿Quién va? - -MAROT.--¡Pardiez! No vayas á tragarme: soy yo. - -TRIBOULET.--¿Quién eres tú? - -MAROT.--Marot. - -TRIBOULET.--¡Ah! ¡Está tan oscuro!... Y ¿qué ocurre? - -MAROT.--Venimos... ¿No lo adivinas? - -TRIBOULET.--No. - -MAROT.--Pues venimos á robar para el rey la esposa de Cossé. - -TRIBOULET (_respirando_).--¡Ah!... ¡Magnífica idea! - -COSSÉ (_aparte_).--Estoy por romperle un hueso. - -TRIBOULET.--¿Y cómo os las compondréis para llegar hasta ella? - -MAROT (_bajo á Cossé_).--Dadme vuestra llave. - -[Ilustración: BLANCA.--_¡Padre! ¡Padre mío! ¡Socorro!_] - - (_Se la da. Toma, y tienta la llave y reconoce el cincelado blasón - del conde._) - -TRIBOULET.--Sí, las tres hojas de sierra: es su blasón. (_Aparte._) -¡Pardiez! ¡Qué necio soy! No sé lo que me había imaginado. (_Alto._) -Pues ahí está el palacio de Cossé. ¡Conque venís á robar su mujer! -¡Bravo! - -MAROT.--Todos venimos enmascarados. - -TRIBOULET.--Pues bien, venga una máscara. (_Marot le pone una máscara y -añade una venda que le ata sobre los ojos y las orejas._) ¿Y ahora? - -MAROT.--Ahora nos tendrás la escala. - - (_Los caballeros suben por la escala, fuerzan la puerta del primer - piso del terrazo y penetran en la casa. Un momento después, uno de - ellos aparece en el patio, cuya puerta abre. Después entra todo el - grupo, trayendo á Blanca desceñida y amordazada, que se resiste como - puede._) - -BLANCA (_á lo lejos_).--¡Padre! ¡Padre mío! ¡Socorro! - -LOS CABALLEROS.--¡Victoria! - - (_Desaparecen con la joven._) - -TRIBOULET (_solo al pié de la escalera_).--¿Me hacen pasar aquí mi -purgatorio? ¿Han acabado ya? ¡Qué irrisión! (_Suelta la escala, se -lleva la mano á la máscara y encuentra la venda._) ¡Ah, tengo los ojos -vendados! (_Se arranca la venda y la máscara. Á la luz de la linterna -sorda, que se han dejado olvidada en el suelo, ve algo blanco, lo -recoge y reconoce el velo de su hija. Vuélvese y ve apoyada la escala -en el muro de su terrazo y la puerta de su casa abierta. Entra en ella -como un loco y reaparece un momento después arrastrando á la dueña -amordazada y medio vestida. Mírala con estupor y luégo se mesa los -cabellos dando gritos inarticulados. Al fin recobra la palabra y grita -sordamente:_) ¡Oh! ¡la maldición, la maldición! - - (_Cae sin sentido._) - - - - -[Ilustración] - -ACTO III - -EL REY - - - La antecámara del rey en el Louvre. Dorados, molduras, muebles, - tapicería del Renacimiento.--Una mesa, una silla de brazos y otra de - tijera en primer término.--Una gran puerta dorada en el fondo.--Á la - izquierda la puerta del dormitorio del rey. Á la derecha un aparador - cargado de vajilla de oro y esmalte. - -PERSONAJES - - FRANCISCO I. - TRIBOULET. - BLANCA. - SAINT-VALLIER. - CLEMENTE MAROT. - M. DE PIENNE. - M. DE GORDES. - M. DE PARDAILLAN. - M. DE MONTCHENU. - M. DE COSSÉ. - PAJES. - CABALLEROS. - - -ESCENA I - -LOS CABALLEROS - -GORDES.--Ahora debemos tratar del desenlace de la aventura. Es preciso -que Triboulet se atormente y desespere, sin sospechar que está aquí su -amada. - -COSSÉ.--Que se desespere buscándola... está muy bien... pero si los -porteros la han visto entrar. - -MONTCHENU.--Todos los ujieres de palacio tienen orden de decirle que no -han visto aquí esta noche á mujer alguna. - -PARDAILLAN.--Además un criado mío muy hábil en burlerías, ha ido á -desorientarle diciendo en casa del bufón que había visto por sus ojos -llevar por fuerza una mujer al palacio de Hautefort, á eso de la media -noche. - -COSSÉ (_riendo_).--Pues Hautefort le aleja mucho del Louvre. - -GORDES.--Apretémosle la venda que le ciega. - -MAROT.--Yo le he escrito esta esquela esta mañana. (_Saca un papel -y lee:_) «Acabo de robarte tu beldad, amigo Triboulet, y por darte -noticias de ella, te participo que me la llevo fuera de Francia.» - - (_Ríen todos._) - -GORDES (_á Marot_).--¿Firmado? - -MAROT.--Juan de Nivelles. - - (_Nuevas carcajadas._) - -PARDAILLAN.--Va á correr el mundo buscándola. - -COSSÉ.--Gozo ya viéndolo. - -GORDES.--El desdichado, con su desesperación, sus crispados puños y sus -dientes apretados, nos va á pagar en un día todas sus deudas atrasadas. - - (_Ábrese la puerta lateral y entra el rey en lujoso traje de mañana - y en compañía de Pienne. Todos los cortesanos se descubren y abren - paso. El rey y M. de Pienne ríen á carcajadas._) - -EL REY (_indicando la puerta del fondo_).--¿Está allí la hermosa? - -PIENNE.--¡La manceba de Triboulet! - -EL REY.--En verdad que soplarle la dama á mi bufón es cosa de risa. - -PIENNE.--¿Pero es su manceba ó su esposa? - -EL REY (_Aparte._)--¡Una mujer, una hija! No le suponía tan buen padre -de familia. - -PIENNE.--¿Quiere verla Vuestra Majestad? - -EL REY.--¡Pardiez! - - (_Sale el duque y vuelve sosteniendo á Blanca velada y vacilante. - Siéntase el rey con negligencia._) - -PIENNE (_á Blanca_).--Entrad, hermosa. Después temblaréis cuanto -queráis. Estáis en presencia del rey. - -BLANCA.--¡Ah! ¡Aquel galán es el rey! - - (_Corre á postrarse á sus piés. El rey con un gesto despide á los - cortesanos._) - - -ESCENA II - -EL REY, BLANCA - - (_Á solas ya el rey con Blanca, le quita el velo que la envuelve._) - -EL REY.--¡Blanca! - -BLANCA.--¡Gaucher Mahiet! ¡Cielos! - -EL REY (_riendo_).--¡Á fe de caballero, que me encanta la treta, sea -engaño ó deliberación! ¡Vive Dios! Blanca, hermosa mía, ven á mis -brazos. - -BLANCA (_retrocediendo_).--¡El rey! Dejadme, señor. ¡Dios mío! Yo -¡pobre de mí! no sé cómo hablar... ni qué decir. ¡Señor Gaucher -Mahiet!... ¡Ah, no; sois el rey! ¡Oh! Quienquiera que seáis, tened -piedad de mí. - - (_Cayendo otra vez de rodillas._) - -EL REY.--¡Tener piedad de ti! ¡Yo que te adoro! Lo que dijo Gaucher, lo -repite Francisco. Me amas, te amo y somos felices. Ser rey no es nada -contrario al amor. ¡Inocente! Me creías comerciante, escolar, menos -acaso. Porque la casualidad ha hecho que naciera un poco mejor, porque -soy rey, no debes odiarme tan pronto. No tengo la dicha de ser un -patán... ¿pero qué más da? - - (_Riendo._) - -BLANCA (_aparte_).--Se ríe. ¡Oh Dios! Quisiera morirme. - -EL REY.--¡Oh! Las fiestas, los juegos, las danzas, los torneos, los -dulces coloquios de amor en el fondo de los bosques, cien y cien -placeres que las sombras cubrirán con sus alas, he aquí tu porvenir, -al cual no será extraño el mío. Seamos dos amantes, dos esposos, -dos seres felices. Hay que envejecer un día, y la vida, acá para -nosotros, ese tejido en que, á pesar de los años que la ajan, brillan -algunos instantes de amor, no sería más que un triste harapo sin esas -lentejuelas. Blanca, he reflexionado muchas veces en esto; toda la -sabiduría se reduce á honrar á Dios padre, amar, comer, beber, gozar. - -BLANCA (_retrocediendo aterrada_).--¡Ay de mis ilusiones! ¡Qué -diferencia! - -EL REY.--Pues ¿qué? ¿Me suponías un amante tímido y tembloroso, uno de -esos pazguatos lúgubres y fríos que creen que basta para cautivar los -corazones exhalar suspiros y querellas? - -BLANCA.--Dejadme. ¡Desdichada de mí! - -EL REY.--¡Oh! ¿Sabes bien quién soy yo? Francia entera, quince millones -de almas, riquezas, honores, placeres, poder sin cortapisa, todo es -para mí, todo es mío, yo soy el rey. Pues bien, Blanca, tú serás la -reina. - -BLANCA.--¡La reina! ¿Y vuestra esposa? - -EL REY.--¡Inocente! Mi esposa... no es mi manceba. ¿Comprendes? - -BLANCA.--¡Ah! ¡Qué vergüenza! - -EL REY.--¡Qué orgullosa! - -BLANCA.--No, no soy vuestra; soy de mi padre. - -EL REY.--¡Tu padre!... Tu padre es mi bufón, tu padre es mío y hago de -él lo que me place, sin que pueda querer él sino lo que yo quiera. - -BLANCA (_llorando amargamente con la cabeza entre las manos_).--¡Oh -Dios! ¡Pobre padre! ¡Conque todo es vuestro! - - (_Sollozando._) - -EL REY (_echándose á sus piés para consolarla_).--Blanca, te juro que -te amo y que me interesas mucho. No llores más; ven á mis brazos, á mi -corazón. - -BLANCA (_resistiéndose_).--¡Jamás! - -EL REY.--Aún no me has repetido, ingrata, que me amas. - -BLANCA.--Todo se acabó. - -EL REY.--Sin querer te he ofendido; perdóname. No te aflijas, Blanca -mía. Oh, antes que arrancar lágrimas á tus bellos ojos quisiera morir y -aun pasar en mi reino y señorío por un rey débil y sin honor. - -BLANCA.--¿No es verdad que todo esto es un juego? Si vos sois el rey, -yo tengo á mi padre. Mandad que me lleven á su lado. Vivimos junto al -palacio Cossé. Pero harto lo sabéis. ¡Oh! ¿Quién sois? No comprendo -nada de esto. ¿Cómo me han traído con la gritería de un festejo? Todo -esto se ha confundido en mi cabeza como un sueño. Ni siquiera sé ya -si os amo. (_Retrocediendo con terror._) ¡Ah! ¡El rey! ¡Piedad! Tengo -miedo de vos. - -EL REY (_queriendo tomarla en brazos_).--¡Miedo de mí, ingrata! - -BLANCA (_rechazándole_).--¡Dejadme! ¡Dejadme! - -EL REY (_estrechándola más_).--Un beso de perdón. - -BLANCA.--¡No! ¡No! - -EL REY.--¡Qué extraña niña! - -BLANCA (_desasiéndose_).--¡Dejadme! ¡Dejadme! Esta puerta... - - (_Se precipita en la cámara real y se encierra._) - -EL REY.--¡Oh! Traigo la llave encima. - - (_Saca de su cinturón una llavecita de oro, abre y entra cerrando - tras sí la puerta. Marot que estaba en acecho junto á la puerta del - fondo, se adelanta riendo._) - -MAROT.--¡Se ha refugiado en la misma cámara del rey! ¡Pobre muchacha! -(_Llamando á Mr. Gordes_) ¡Eh! ¡Conde! - - -ESCENA III - -MAROT, luégo los CABALLEROS, después TRIBOULET - -GORDES.--¿Han entrado? - -MAROT.--El león ha arrastrado á la oveja á su madriguera. - -PARDAILLAN (_Saltando de alegría._)--¡Oh! ¡Pobre Triboulet! - -PIENNE (_que ha quedado en la puerta mirando afuera._) ¡Silencio! ¡Aquí -viene! - -GORDES.--¡Disimulo! - -MAROT.--Yo soy el único á quien puede reconocer, pues sólo habló -conmigo. - -PIENNE.--No nos demos por entendidos. - - (_Entra Triboulet. Nada ha cambiado en él. Trae su traje y su - indiferencia de bufón; sólo que está muy pálido._) - -PIENNE (_como continuando una conversación y haciendo una seña á los -otros, que apenas pueden reprimir la risa_).--Sí, señores, entonces... -¡Hola! ¡Triboulet! Buenos días... entonces sacaron esta copla: - - (_Cantando._) - - _Cuando Borbón fué á Marsella_ - _dicen que dijo á su séquito:_ - _¿Qué capitán, Dios bendito,_ - _encontraremos ahí dentro?_ - -TRIBOULET (_continuando la canción_): - - _Del monte de la Colomba_ - _es el paso muy estrecho_ - _y subieron todos juntos_ - _soplándose bien los dedos._ - - (_Risas y aplausos irónicos._) - -TODOS.--¡Bravo! - -TRIBOULET (_Adelantándose al proscenio lentamente. Aparte._)--¡Hija -mía!... ¿Dónde estará?... - - (_Cantando._) - - _y subieron todos juntos_ - _soplándose bien los dedos._ - -GORDES (_aplaudiendo_).--¡Bravo, Triboulet! - -TRIBOULET (_Examinando las caras de los que se ríen al rededor. -Aparte._)--Todos ellos dieron el golpe; no hay que dudarlo. - -COSSÉ (_riendo y dándole una palmada en el hombro_).--¿Qué hay de -nuevo, bufón? - -TRIBOULET.--Observad qué sombrío está este caballero cuando se ríe. -(_Remedándolo._) ¿Qué hay de nuevo, bufón? - -COSSÉ (_riendo aún_).--Sí, ¿qué nos cuentas? - -TRIBOULET (_mirándole de arriba abajo_).--Que no la echéis de gracioso, -porque sois desgraciado siempre. - - (_Durante la primera parte de esta escena, Triboulet, preocupado - siempre, á pesar suyo, va como registrándolo todo. Á veces, cuando - cree que nadie le mira, quita un mueble de su sitio, ó tantea - el botón de una puerta para ver si está cerrada. Fuera de esto, - habla con todos, según su costumbre, con desenfado y burlando. - Los caballeros por su parte bromean entre sí, haciéndose señas de - inteligencia._) - -TRIBOULET (_Mirando de reojo.--Aparte._) ¿Dónde la habrán escondido? -¡Oh! Si les pido mi hija, se burlarán más de mí. (_Acercándose á -Marot con semblante risueño._) Celebro mucho, Marot, que no te hayas -constipado esta noche. - -MAROT (_fingiendo sorpresa_).--¡Esta noche! - -TRIBOULET (_guiñándole el ojo_).--¡Buena jugada! - -MAROT.--¿Qué jugada? - -TRIBOULET.--¡Bah! - -MAROT.--Te aseguro que al toque de ánimas estaba ya en la cama y el sol -muy alto cuando desperté. - -TRIBOULET.--¡Cómo! ¿No has salido esta noche? Entonces lo he soñado. - - (_Ve un pañuelo en una mesa y se echa encima de él._) - -PARDAILLAN (_á Pienne_).--Mira, duque, cómo registra la marca de mi -pañuelo. - -TRIBOULET (_Dejando el pañuelo. Aparte._)--No, no es el suyo. - -PIENNE (_á algunos jóvenes que ríen en el fondo_).--¡Señores! - -TRIBOULET (_aparte_).--¿Dónde puede estar? - -PIENNE (_á Gordes_).--¿De qué os reís así? - -GORDES (_indicando á Marot_).--¡Pardiez! Marot nos hace reir. - -TRIBOULET (_aparte_).--Están todos muy risueños hoy. - -GORDES (_á Marot, riendo_).--No me mires de esa manera ó te tiro el -bufón á la cabeza. - -TRIBOULET (_á Pienne_).--¿No se ha levantado el rey aún? - -PIENNE.--No á fe. - -TRIBOULET.--Parece que se siente algo dentro. - - (_Va á acercarse á la puerta y Pardaillan lo detiene._) - -PARDAILLAN.--No vayas á turbar su real sueño. - -GORDES (_á Pardaillan_).--Vizconde, este truhán de Marot nos cuenta un -cuento gracioso. Al volver, no sé de dónde, los tres Guys, hubieron de -encontrar á sus tres mujeres... - -MAROT.--Con otros tres que no eran ellos. - -TRIBOULET.--Anda tan perdida en estos tiempos la moral... - -COSSÉ.--¡Son tan traidoras las mujeres! - -TRIBOULET.--¡Cuidado! - -COSSÉ.--¿Eh? - -TRIBOULET.--Cuenta con lo que se dice, caballero Cossé. - -COSSÉ.--¿Y eso?... - -TRIBOULET.--Dicen que no hay que mentar la soga... - -COSSÉ.--No entiendo. - -TRIBOULET.--Pues no puedo explicarme más. - -COSSÉ.--¡Hum! - -TRIBOULET.--Señores, acertad qué animal dice cuando está furioso: -(_Remedando á Cossé_) ¡Hum! - - (_Todos ríen. Entra un gentil hombre de la reina._) - -PIENNE.--¿Qué ocurre, Vaudragon? - -VAUDRAGON.--La reina, mi señora, desea ver al rey para asunto urgente. -(_El duque le da á entender por señas que es imposible. El gentil -hombre insiste._) M.me de Brezé no está con él, sin embargo. - -PIENNE (_con impaciencia_).--El rey no se ha levantado aún. - -VAUDRAGON.--Pero, duque, si hace un instante que estaba con vos... - -PIENNE (_haciéndole señas que el otro no entiende y que no se le -escapan á Triboulet_).--El rey está de caza. - -VAUDRAGON.--Sin pajes ni monteros, porque todos están aquí. - -PIENNE (_con cólera_).--¡Diablo! Os digo, y á ver si lo comprendéis, -que el rey no puede ver á nadie ahora. - -TRIBOULET (_con voz de trueno_).--¡Ella, ella está aquí! ¡Está con el -rey! - - (_Asombro general._) - -GORDES.--¿Qué quiere decir eso? ¡Ella! Sin duda delira. - -TRIBOULET.--Bien sabéis todos de qué hablo. La mujer que todos -vosotros, Cossé, Pienne, Brion, Montmorency, Marot, Satanás; la mujer -que anoche robasteis de mi casa, está aquí, y la recobraré. - -PIENNE (_riendo_).--¡Triboulet ha perdido á su manceba! Hermosa ó fea, -que la busque en otra parte. - -TRIBOULET (_con espantoso enojo_).--¡Quiero á mi hija! - -TODOS.--¡Su hija! - - (_Movimiento de sorpresa._) - -TRIBOULET (_cruzando los brazos_).--Mi hija. Reíd ahora... ¡Ah! Os -habéis quedado mudos. ¿Tenéis por cosa extraña que este bufón sea -padre y que tenga una hija? Pues ¿no tienen también su familia los -lobos y los señores? ¡Ea, basta de burlas! Quiero á mi hija. (_Los -cortesanos cuchichean entre sí._) Repito, señores, que quiero á mi -hija. (_Corriendo á la puerta del rey._) Aquí está. - - (_Todos los cortesanos corren tras él y se interponen._) - -MAROT.--Está loco de atar. - -TRIBOULET (_retrocediendo con desesperación_).--¡Cortesanos! -¡Cortesanos! ¡Demonios! ¡Raza maldita! No hay duda: me han robado á -mi hija estos bandidos. Para ellos una mujer no vale nada cuando el -rey, por fortuna, es un crapuloso. Las mujeres de los señores, si son -diestras, les sirven mucho. El honor de una doncella es un lujo inútil, -un oneroso tesoro. Una mujer es un campo que produce, un fundo cuyo -real colono paga á cada plazo, y de aquí los favores que llueven no -se sabe de dónde, hoy un gobierno, mañana una venera, una multitud de -gracias que aumenta sin cesar. (_Mirándolos á todos cara á cara._) -¿Hay entre vosotros uno solo que me desmienta? ¿No es verdad lo que -digo, señores? (_Yendo de uno á otro._) Todo se lo venderíais, si -ya no lo habéis hecho, por un nombre, por un título, por cualquiera -otra vanidad. Tú, Brion, tu mujer; tú, Gordes, tu hermana; tú, joven -Pardaillan, tu madre. - - (_Un paje se escancia en el aparador un vaso de vino, bebe, y canta - entre dientes:_) - - _Cuando Borbón vió á Marsella_ - _dicen que dijo á su séquito..._ - -TRIBOULET (_volviéndose_).--No sé qué me contiene, vizconde de -Aubusson, que no te rompo en los dientes la copa y el cantar. (_Á -todos._) ¡Quién lo creyera! Duques y pares, grandes de España, ¡oh -vergüenza! Un Vermandois que desciende de Carlomagno, un Brion, cuyo -abuelo era duque de Milán, un Gordes, un Pienne, un Pardaillan, un -Montmorency... los más ilustres personajes, ¡haber ido á robar su hija -á este pobre hombre! No, no son dignos de tan nobles razas corazones -tan viles bajo tan altos blasones. No, sin duda vuestras madres se -prostituyeron á infames lacayos; sois todos bastardos. - -GORDES.--Es chusco. - -TRIBOULET.--¿Cuánto os ha dado el rey por mi hija? (_Mesándose los -cabellos._) ¡Y no tenía yo más tesoro que ella! ¡Oh! si yo quisiera... -sin duda... Es joven y bella... Ciertamente me la pagaría bien. -(_Mirándolos á todos._) ¿Creerá vuestro rey que puede hacer algo -por mí? ¿Puede cubrir mi nombre con otro como los vuestros? ¿Puede -hacerme hermoso, gallardo, igual á los demás? ¡Infierno! ¡Todo me -lo ha quitado! ¡Oh! esta jugada es vil, infame, horrible, y se ha -hecho cobardemente. ¡Malvados! ¡Asesinos! ¡Todos, todos sois infames, -ladrones, bandidos!... Señores... quiero á mi hija... devolvédmela al -momento. ¡Oh! Ved esta mano... no tiene nada de ilustre, es la mano -de un plebeyo, de un palurdo, de un siervo; pero esta mano que parece -desarmada á los burladores, si no tiene espada tiene uñas. Harto esperé -ya. Devolvedme mi tesoro. Abrid esa puerta. (_Corre de nuevo á la -puerta, que defienden todos los cortesanos. Lucha porfiadamente con -ellos hasta que falto de fuerzas y jadeante viene á caer de rodillas -en el proscenio._) ¡Todos juntos contra mí! ¡Diez contra uno solo! -(_Sollozando._) Y bien, sí, lloro. (_Á Marot._) Marot, bastante te -has divertido conmigo; si tienes alma, inspiración, corazón plebeyo, -bajo esa librea, dime qué es de mi hija. Está ahí, ¿no es verdad? ¡Oh! -Contra esos malditos hagamos causa común los dos, como buenos hermanos. -Entre todos ellos, tú eres el único que piensas... Marot... amigo -Marot... ¡Callas! (_Arrastrándose hacia los señores._) ¡Oh! ¡Ved cómo -me arrastro á vuestros piés pidiéndoos perdón!... ¡Estoy enfermo!... -Tened piedad de mí. Otro día hubiera tomado mejor la travesura; pero -con frecuencia siento, al andar, dolores de que no hablo nunca, y como -contrahecho, suelo tener malos días. Hace muchos años que soy vuestro -juglar; no rompáis así vuestro juguete, el pobre Triboulet que tanto os -ha hecho reir. No sé ya cómo hablaros, ni qué deciros. Señores, señores -míos, devolvedme mi hija que está encerrada en la cámara real. Es mi -único tesoro: devolvédmela por piedad. ¿Qué haría sin mi hija? ¡Es ya -tan mala mi suerte!... (_Todos guardan silencio. Triboulet se levanta -desesperado._) ¡Oh Dios! No sabéis más que reir ó callar. Qué gusto, -¿verdad? ver á un pobre padre golpearse el pecho y arrancarse los -cabellos de desesperación. - - (_Ábrese de repente la puerta de la real cámara y sale Blanca - despavorida y desgreñada._) - -BLANCA.--¡Ah! ¡Padre! - -TRIBOULET.--¡Hija! ¡Hija mía! (_Recibiéndola en sus brazos._) Sí, ella -es... mi hija... ¡Ah! señores... (_Llorando y riendo._) ¿Lo veis? Es -toda mi familia, mi ángel tutelar. Sin ella ¡qué duelo en mi casa! ¿No -es verdad que tenía razón en dolerme de su pérdida y que eran legítimos -mis arrebatos y justas mis lágrimas? (_Á Blanca._) No temas ya nada... -Fué sólo una chanza... Te habrán asustado mucho, pero son buenos, ya lo -ves: han visto cuánto te amo y en adelante nos dejarán en paz. ¿No es -verdad, señores? ¡Qué dicha volver á verte y abrazarte, hija mía! -Tanta es la alegría de mi corazón que ignoro si es un bien perderte un -momento para encontrarte después. (_Mirándola con inquietud._) Pero -¿por qué lloras así? - -[Ilustración: TRIBOULET.--_Tened piedad de mí._] - -BLANCA (_tapándose la cara con las manos_).--¡Desdichados de nosotros! -¡Qué vergüenza! - -TRIBOULET (_estremeciéndose_).--¿Qué dices?... Habla. - -BLANCA.--Delante de tantos hombres, no; á solas los dos. - -TRIBOULET (_volviéndose hacia las puertas del rey_).--¡Infame! - -BLANCA.--Quiero estar sola con vos. - - (_Sollozando y cayendo á sus piés._) - -TRIBOULET (_dando tres pasos y barriendo con el ademán á todos los -desconcertados cortesanos_).--Idos de aquí. Y si el rey de Francia -se arriesga á venir... (_Á Vermandois._) Vos que sois de su guardia, -decidle que se detenga, que estoy aquí yo. - -PIENNE.--Jamás se ha visto un loco como éste. - -GORDES (_haciéndole una seña para que se retire_).--Con los locos y los -niños, hay que ceder algo. Estemos, sin embargo, á la mira, por lo que -pueda suceder. - - (_Salen._) - -TRIBOULET (_sentándose en la silla del rey y levantando á su hija._) -Ea, habla pues. Dímelo todo. (_Vuélvese y viendo á Mr. Cossé rezagado, -se levanta y le dice indicándole la puerta._) ¿No habéis oído, -caballero? - -COSSÉ (_retirándose subyugado_).--Estos bufones reales creen que todo -les es permitido. - - -ESCENA IV - -BLANCA, TRIBOULET - -TRIBOULET (_con gravedad_).--Habla ahora. - -BLANCA (_entre sollozos_).--Padre mío... tengo que deciros que ayer... -se deslizó en casa... ¡Qué vergüenza!... Hace mucho tiempo--yo debía -habéroslo dicho antes--hace mucho tiempo que me seguía... No... debo -empezar por el principio... Ese joven... - -TRIBOULET.--Sí, el rey. - -BLANCA.--Iba todos los domingos á la iglesia... - -TRIBOULET.--Sí, á oir misa. - -BLANCA.--Y sin hablarme nunca, para llamarme la atención, movía una -silla al pasar. Anoche se dió maña para introducirse en casa y... - -TRIBOULET.--Ahórrate á lo menos la angustia de decirme lo demás: ya -lo adivino. (_Levantándose._) ¡Oh dolor! ¡El oprobio y la vergüenza -en una frente tan pura!... Blanca, velo de dignidad echado sobre mi -deshonra, único asilo del maldito á quien todos desprecian, ángel -olvidado en mi casa por la piedad de Dios, cielo perdido en este sucio -lodo, única cosa santa en que creía en este mundo ¿qué va á ser de -mí después de esta desgracia? ¿Qué voy ahora á hacer yo, que en esta -corte prostituída, fuera de mí como en mí mismo, no veía más que vicio, -desvergüenza, impudor, infamia, escándalo, y sólo tu virginal virtud -para consolar mi alma? Ya me había resignado y aceptaba mi miseria. -Las lágrimas, la abyección, el orgullo que destila sangre en lo hondo -de este roto corazón, la risa del desprecio que mis males aguzaban, -todos esos dolores mezclados con la vergüenza, todos los quería yo para -mí, mas para ella no. Cuanto más bajo había caído, más alta la quería -á ella, que bien está un altar junto á un patíbulo. ¡Y han derribado -el altar!... Esconde la frente... Sí, llora, hija querida... Te hice -hablar demasiado poco hace ¿no es verdad? Llora, llora mucho: á tu edad -suele correr con las lágrimas parte del dolor. Viértelas todas, si -puedes, en el corazón de tu padre. (_Pensando._) Blanca, cuando haya -hecho lo que me queda que hacer, nos iremos de París... si escapo bien -del empeño. (_Pausa._) ¿Quién dijera que basta un día para que todo se -mude así? (_Levantándose con furor._) ¡Maldición! ¿Quién me hubiera -dicho que esta corte infame que va desenfrenada contra todo lo que Dios -manda, y corre salpicando de sangre y lodo á las gentes, iría hasta las -sombras de mi casa á manchar esta frente casta y piadosa? (_Volviéndose -hacia la puerta del rey._) ¡Oh rey Francisco primero! ¡Plegue á Dios -que me escucha, que tropieces pronto en ese camino! ¡que tropieces y -caigas y no veas el día de mañana! - -BLANCA (_Levantando los ojos al cielo. Aparte._)--¡Oh Dios! ¡no -escuchéis esa maldición! - - (_Ruido de pasos hacia el fondo. Aparece en la galería exterior un - grupo de soldados y palaciegos, á cuyo frente va Mr. de Pienne._) - -PIENNE.--Caballero Montchenu, mandad que abran la verja al señor de -Saint-Vallier, á quien llevan á la Bastilla. - - (_El grupo de soldados desfila á dos de fondo, y al pasar - Saint-Vallier, á quien custodian, se detiene en la puerta._) - -SAINT-VALLIER.--Pues que á mi maldición no ha respondido todavía ni un -rayo en el cielo ni un brazo varonil en la tierra, no espero ya nada. -Seguirá el rey engrandeciéndose. - -TRIBOULET (_Mirándolo de frente._)--Conde, os engañáis. Alguien os -vengará. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -ACTO IV - -BLANCA - - - La Grève desierta cerca de la Tournelle (antigua puerta de París.)--Á - la derecha una casucha miserablemente amueblada en cuyo primer piso - á teja vana se ve por la ventana un mal lecho. La fachada, que mira - al público, está horadada y se distingue su interior. Hay una mesa, - una chimenea y en el fondo una escalera. La fachada de la izquierda - del actor tiene una puerta que se abre por dentro. Las grietas de las - paredes permiten ver desde fuera lo que pasa interiormente. Hay en la - puerta un postigo enrejado y encima una muestra de posada.--Lo demás - del teatro representa la Grève. Á la izquierda un parapeto arruinado - á cuyo pié corre el Sena, y en que está asegurado el sustentáculo de - la campana de aguas.--En el fondo y río allende, el antiguo París. - -PERSONAJES - - FRANCISCO I. - TRIBOULET. - BLANCA. - SALTABADIL. - MAGDALENA. - - -ESCENA I - -TRIBOULET, BLANCA afuera; SALTABADIL, dentro de la casa - - (_Durante esta escena, Triboulet debe estar inquieto y preocupado, - como quien teme ser sorprendido. Saltabadil, sentado junto á la mesa - dentro de casa, se ocupa en limpiar su tahalí sin cuidarse de lo - demás._) - -TRIBOULET.--¿Y le amas? - -BLANCA.--Siempre. - -TRIBOULET.--Y eso que dejé correr el tiempo para que te cures de amor -tan insensato. - -BLANCA.--Pero ¿qué queréis que haga si le amo? - -TRIBOULET.--¡Pobre corazón de mujer! Explícame á lo menos las razones -de tu amor. - -BLANCA.--No sé. - -TRIBOULET.--¡Cosa rara! - -BLANCA.--¡Oh! no... eso es precisamente lo que hace que le ame. Hay -hombres que salvan la vida á las mujeres; maridos que las hacen ricas -y dignas de envidia. ¿Les aman siempre? Él no me ha hecho á mí más que -daño, y yo le amo sin saber por qué. ¡Y ved qué locura!... le amo de -tal modo, que con ser él tan cruel y vos tan tierno para mí, lo mismo, -padre, lo mismo moriría por él que por vos. - -TRIBOULET.--Eres una niña y te perdono. - -BLANCA.--Y si él también me ama... - -TRIBOULET.--No, loca, no. - -BLANCA.--Él mismo me lo dijo y aun me lo juró. Y luégo dice las cosas -de un modo que vence y avasalla el corazón. Y es tan gallardo y -hermoso... - -TRIBOULET.--¡Es un infame! Y no ha de decir el vil burlador que me robó -impunemente mi tesoro. - -BLANCA.--Le habíais perdonado, padre mío. - -TRIBOULET.--Nunca: necesitaba tiempo para tenderle el lazo y ya está -tendido. - -BLANCA.--Ha pasado un mes y estabais tranquilo é indulgente. - -TRIBOULET.--Lo aparentaba. ¡Oh! Te vengaré, Blanca, te vengaré. - -BLANCA.--Me afligís, padre mío. - -TRIBOULET.--¿Se indignaría tu blando corazón, si supieras que te engaña -el libertino? - -BLANCA.--¡Engañarme! No, no lo creo. - -TRIBOULET.--Y si lo vieras por tus ojos; si te convencieras de que no -te ama, ¿le amarías aún? - -BLANCA.--No sé... Ayer mismo me dijo que me adora. - -TRIBOULET (_con amargura_).--¿Te dijo ayer?... ¿Á qué hora? - -BLANCA.--Por la noche. - -TRIBOULET.--Pues bien, mira y ve, si puedes ver. - - (_Indícale una grieta de la pared, y Blanca atisba por ella._) - -BLANCA (_bajo_).--No veo más que un hombre. - -TRIBOULET.--Espera un poco. - - (_Vestido el Rey de simple oficial aparece en la sala baja de la - hostería saliendo por una puertecita de un aposento inmediato._) - -BLANCA (_estremeciéndose_).--¡Padre... él! - - (_Durante la escena segunda sigue observando por la abertura con - visible agitación._) - - -ESCENA II - -Los mismos, EL REY, MAGDALENA - - (_El rey le da en el hombro una palmada á Saltabadil, que se vuelve - de repente._) - -SALTABADIL.--¿Qué se ofrece? - -EL REY.--Dos cosas sin demora. - -SALTABADIL.--¿Qué? - -EL REY.--Tu hermana y un vaso. - -TRIBOULET (_fuera_).--Ya ves sus costumbres. Ese rey por la gracia de -Dios, se arriesga á menudo solo en inmundos tugurios, y el vino que más -le alegra y gusta es, como vas á ver, el que le escancia impúdica Hebe -de taberna. - -EL REY. (_Cantando._) - - _La mujer, pluma al viento,_ - _pronto varía..._ - - (_Saltabadil ha ido en silencio á la pieza inmediata por una botella - y un vaso que trae y pone sobre la mesa. Después da un par de golpes - en el techo con el pomo de su luenga espada, á cuya señal, una moza - vestida de gitana, lista y risueña, baja á saltos la escalera. Apenas - aparece, cuando ya el rey quiere abrazarla; pero ella lo rehuye._) - -EL REY (_á Saltabadil que ha vuelto á su tarea de limpiar el -tahalí_).--Amigo mío, si limpiaras al aire libre el tahalí, quedaría de -perlas. - -SALTABADIL.--Comprendo. - - (_Se levanta, saluda, abre la puerta de la calle y sale volviendo - á cerrar tras sí. Reconoce á Triboulet y se dirige á él - misteriosamente. Mientras cambian algunas palabras, Magdalena hace al - rey algunas zalamerías, que Blanca observa con terror._) - -SALTABADIL (_indicando la casa_).--El hombre está en nuestras manos. -¿Queréis que viva ó que muera? - -TRIBOULET.--Vuelve dentro de poco. - - (_Saltabadil desaparece lentamente por detrás del parapeto._) - -MAGDALENA.--Digo que no. - -EL REY.--Ya hemos adelantado algo. Hace un momento, por abrazarte, -me golpeaste de recio. Decir que no, es ya un gran paso. No huyas; -hablemos. (_Se acerca Magdalena._) Hace ocho días que en la posada de -Hércules... ¿Quién me llevó allí? ¡Ah! Triboulet me llevó... pues, como -iba diciendo, ocho días hace que ví allí tus ojos por la primera vez, y -desde entonces te adoro, hermosa mía. Y no amo ni quiero amar á nadie, -sino á ti. - -MAGDALENA (_riendo_).--Después de veinte más. ¡Tenéis un aire de -libertino!... - -EL REY (_riendo también_).--Hasta ahora, sí, he perdido á más de una; -pero... - -MAGDALENA.--Sois un fatuo. - -EL REY.--Te digo la verdad. Pero en fin, tú me has traído esta mañana á -tu casa, maldita hostería en que se come muy mal y se bebe peor un vino -que debe de hacer tu hermano, que es malísimo. Sea como quiera, deseo -pasar la noche aquí, contigo. - -MAGDALENA.--¡Claro está! Pero dejadme. Os digo que no. - -EL REY.--¡Qué esquiva! - -MAGDALENA.--Sed prudente. - -EL REY.--He aquí la prudencia y toda la sabiduría de Salomón: Amar, -comer, beber, gozar. - -MAGDALENA.--Me parece que no vais al sermón tanto como á la taberna. - -EL REY (_tendiéndole los brazos_).--¡Magdalena!... - -MAGDALENA (_rehuyendo_).--Mañana. - -EL REY.--Echo á rodar la mesa, si repites esta majadería. Una mujer -hermosa no debe decir nunca mañana. - -MAGDALENA (_sentándose al fin al lado del rey_).--Pues bien, hagamos -las paces. - -EL REY (_cogiéndole una mano_).--¡Oh Dios! ¡Qué bella mano! Con más -gusto recibiría bofetones de ésta, que halagos de otra. - -MAGDALENA.--¿No os burláis? - -EL REY.--De veras hablo. - -MAGDALENA.--¡Si soy fea! - -EL REY.--¡Pardiez! No digas eso; haz más justicia á tus divinos -encantos. ¡Ardo como un volcán! ¿Ignoras, reina de las desdeñosas, cómo -el amor nos abrasa á nosotros, los militares, y si nos aceptan por -suyos las bellas, somos vivo fuego hasta con las suecas? - -MAGDALENA (_riendo_).--Eso lo habéis leído en algún libro. - -EL REY (_aparte_).--Es muy posible. (_Alto._) Ea, déjate querer. - -MAGDALENA.--¿Estáis ebrio? - -EL REY.--Sí, pero de amor. - -MAGDALENA.--Bonitamente os estáis burlando de mí. - -EL REY.--¡Oh! no. - -MAGDALENA.--Basta, basta. - -EL REY.--Si he de casarme contigo... - -MAGDALENA (_riendo_).--¿Palabra de honor? - -EL REY (_aparte_).--¡Qué damisela tan loca y deliciosa! - - (_La sienta en sus rodillas y hablan bajo. Blanca no pudiendo - soportarlo, se retira pálida y temblorosa._) - -TRIBOULET (_después de mirarla un instante en silencio_).--Y bien ¿qué -piensas de la venganza, niña? - -BLANCA (_esforzándose por hablar_).--¡Oh! ¡Qué traición! ¡Ingrato!... -¡Dios mío! El corazón se me parte... ¡Cómo me engañaba! Pero ese hombre -no tiene alma. Le dice á esa mujer cosas que me había dicho á mí. -Eso es abominable. ¡Dios mío!... (_Oculta la frente en el seno de su -padre._) ¡Y á una mujer tan desvergonzada!... ¡Oh! - -TRIBOULET.--Déjate ahora de llantos. Ahora no hay sino vengarse. Te -vengaré... me vengaré. - -BLANCA.--Haced lo que queráis. - -TRIBOULET.--Así te quiero. - -BLANCA.--Pero estáis terrible. ¿Qué pensáis hacer? - -TRIBOULET.--Todo está dispuesto. Escucha. Vé á casa, disfrázate de -hombre, toma dinero y un caballo y parte, sin detenerte hasta Evreux, -á donde te alcanzaré yo mañana. En el cofre que hay bajo el retrato de -tu madre, está el traje de hombre que hice para ti. El caballo está -ensillado. Hazlo todo como te lo digo y Dios te guarde. Para nada -tienes que volver aquí: guárdate de volver porque va á pasar algo -horrible. Vé. - -BLANCA.--Venid conmigo, padre mío. - -TRIBOULET.--Imposible. - -BLANCA.--¡Ah! Estoy temblando. - -TRIBOULET.--Hasta mañana, pues. Haz lo que te he dicho. - - (_Blanca se aleja con paso vacilante. Triboulet va al parapeto, hace - una seña y acude Saltabadil. Oscurece. El rey y Magdalena siguen - retozando._) - - -ESCENA III - -TRIBOULET, SALTABADIL (fuera).--MAGDALENA y EL REY (dentro). - -TRIBOULET (_Contando escudos de oro. Á Saltabadil._)--Veinte escudos -¿eh? Aquí tienes los diez del anticipo, según lo estipulado. Sin duda -pasará aquí la noche. - -SALTABADIL (_mirando el horizonte_).--Muy nublado está. - -TRIBOULET (_aparte_).--No siempre duerme en palacio. - -SALTABADIL.--Descuidad; no tardará una hora en llover. La tempestad, el -vino y el amor lo retendrán en casa, á buen seguro. - -TRIBOULET.--Á media noche volveré. - -SALTABADIL.--No os toméis esa molestia; me basto y me sobro para echar -al Sena un cadáver. - -TRIBOULET.--No, no; quiero echarlo yo mismo. - -SALTABADIL.--¡Como queráis! Os lo entregaré bien cosido en un saco. - -TRIBOULET (_dándole ahora el dinero_).--Muy bien. Luégo os daré el -resto. Hasta la vista. - -SALTABADIL.--Todo irá á pedir de boca. ¿Cómo se llama el galán? - -TRIBOULET.--¿Quieres saber su nombre? - -SALTABADIL.--Si no hay inconveniente. - -TRIBOULET.--Ninguno; te diré el mío también. Se llama el _Crimen_, y yo -el _Castigo_. - - -ESCENA IV - -Los mismos, menos TRIBOULET - -SALTABADIL (_mirando al cielo que se carga de nubes y -relampaguea_).--La tempestad se acerca: ya está sobre París. Mejor: así -se hallará más desierta la ribera. (_Reflexionando._) Toda esta gente -tiene aire de no sé qué. No adivino nada más. - -EL REY.--Magdalena... - -MAGDALENA.--Esperad. - - (_Se le escapa._) - -EL REY.--¡Maldita! - -MAGDALENA (_cantando._) - - _Sarmiento que brota,_ - _que brota en Abril,_ - _poco vino echa,_ - _echa en el barril._ - -EL REY.--¡Qué hombros! ¡qué brazos! ¡Pardiez! No sé por qué quien hizo -tan bellos brazos puso un corazón de turco en ese cuerpo de Venus. - -MAGDALENA.--_¡Larari lararán!_ ¡Formalidad, que viene mi hermano! - -EL REY.--¿Qué importa? (_Se oye un trueno lejano._) - -MAGDALENA.--¡Ay, qué miedo! - -SALTABADIL.--Va á llover á cántaros. - -EL REY.--En buen hora. ¡Ni que lluevan chuzos de punta! Yo ya estoy -bajo techado, y no me disgusta pasar aquí la noche. - -MAGDALENA (_aparte_).--¿No os disgusta? ¡Qué tono de rey! (_Alto._) -Pero, señor, vuestra familia estará cuidadosa. - - (_Saltabadil le tira de la falda y le hace señas._) - -EL REY.--Ni tengo abuela ni hijas, ni apego á nada. - -SALTABADIL (_aparte_).--Tanto mejor. - - (_Comienza á llover. Oscuridad completa._) - -EL REY.--Amigo mío, tendrás que acostarte en la caballeriza ó en el -infierno, donde quieras. - -SALTABADIL (_saludando_).--Muchas gracias. - -MAGDALENA (_al Rey en voz baja y rápidamente mientras enciende una -luz_).--Vete. - -EL REY (_riendo y en alta voz_).--Está lloviendo. ¿Á dónde quieres que -vaya con este tiempo en que ni á un poeta se podría negar hospitalidad? - - (_Va á mirar por la ventana._) - -SALTABADIL (_á Magdalena, enseñándole el dinero recibido_).--Déjalo -que se quede aquí. ¡Diez escudos de oro! Y muy luégo otros diez. (_Al -Rey._) Tengo el mayor gusto en ofreceros para esta noche mi aposento. - -EL REY (_riendo_).--Donde en julio se podrá tostar el pan y en -diciembre se helarán las palabras ¿eh? - -SALTABADIL.--Si queréis verlo... - -EL REY.--Veámoslo. - - (_Saltabadil toma la luz. El Rey dice riendo algunas palabras al oído - á Magdalena y sigue al asesino al piso superior, quedando abajo la - moza._) - -MAGDALENA.--¡Pobre galán! (_Va á la ventana._) ¡Oh Dios! ¡Qué oscuridad! - -SALTABADIL.--He aquí, señor, la cama, la silla y la mesa. - -EL REY.--¿Cuántos piés en total? Tres... seis... nueve. ¡Magnífico! -Pero, amigo, tus muebles estuvieron sin duda en la batalla de Marignan, -según están de lisiados. (_Acercándose á la ventana cuyos vidrios -están rotos._) Y aquí se duerme al aire libre. Ni puertas ni vidrios -en la ventana. Imposible que se trate al viento que quiera entrar con -atención más hospitalaria. En fin, buenas noches. - -SALTABADIL.--Dios os guarde. - - (_Deja la luz y baja._) - -EL REY (_quitándose el tahalí_).--¡Pardiez! ¡Qué cansado estoy! Voy á -dormir un poco para esperar mejor. (_Deja sobre la silla el sombrero -y la espada, se descalza las botas y se echa sobre la cama._) ¡Qué -frescota y alegre es la tal Magdalena!... Sin duda ha dejado abierta la -puerta. Esperemos durmiendo. - - (_Se recoge y un momento después se le ve profundamente dormido. - Entre tanto Saltabadil y su hermana departen abajo. La tempestad - ha estallado. Magdalena sentada á la mesa se entretiene con alguna - labor, mientras su hermano apura la botella que ha dejado el Rey. - Ambos guardan silencio por algún tiempo como preocupados de una idea - grave._) - -MAGDALENA.--¡Es un buen mozo el militar! - -SALTABADIL.--No me disgusta á mí tampoco: me hace ganar veinte -escudos... - -MAGDALENA.--¿Cuánto? - -SALTABADIL.--Veinte escudos. - -MAGDALENA.--Valía mucho más. - -SALTABADIL.--¡Muñeca!... Vé, vé allá á ver si duerme y bájate de camino -su espada. - - (_Obedece Magdalena. La tempestad arrecia. Aparece en el fondo Blanca - vestida de hombre en traje negro de montar, y avanza hacia la casa, - mientras Saltabadil bebe y Magdalena contempla al rey dormido._) - -MAGDALENA (_con pesar_).--¡Qué lástima! ¡Qué confiado duerme! (_Toma su -espada._) ¡Pobre mozo! - - -ESCENA V - -EL REY dormido arriba; SALTABADIL y MAGDALENA departiendo en la planta -baja; BLANCA observando, afuera - -BLANCA.--¡Cosa terrible! ¡Ah! Voy á perder la razón. Atraído á esta -casa, va á pasar aquí la noche y... ¡Ah! Siento que se acerca un -supremo instante. Perdonadme, padre mío, si os desobedezco; pero no he -podido resistir. (_Se acerca á la casa._) ¿Qué irán á hacer? ¿Cómo va -á acabar esto?... ¡Ah! ¡yo que antes de ahora, ignorando el porvenir, -el mundo y sus azares, vivía escondida con mis flores, verme tan de -repente lanzada por tan sombríos caminos!... ¡Ay de mí! Mi virtud, mi -felicidad, todo lo perdí, todo es dolor y luto. ¿Sólo esto deja el amor -en los corazones que inflama? De todo su incendio ¿no quedan más que -cenizas? Nada, el ingrato no me ama ya. (_Levantando la cabeza._) Me -parecía haber oído al través de mis ideas un pavoroso ruido... Algún -trueno. ¡Qué horrible noche! No hay nada á que no se arriesgue una -mujer desesperada. ¡Y yo que me asustaba de mi sombra! ¿Qué pasa ahí -dentro? (_Avanza y retrocede._) ¡Ah! ¡tengo oprimido el corazón!... -¡Como no maten á alguien!... - -SALTABADIL.--¡Qué tiempo! - -MAGDALENA.--¡Mala noche! ¡Qué llover! ¡Qué tronar! - -SALTABADIL.--Sin duda riñe el matrimonio en el cielo: el uno rabia y la -otra llora. - -BLANCA.--¡Si mi padre supiera dónde estoy!... - -MAGDALENA.--Hermano. - -BLANCA.--Creo que hablan. - - (_Se acerca á la casa y aplica los ojos y los oídos á las hendiduras - de la pared._) - -MAGDALENA.--Hermano. - -SALTABADIL.--Habla. - -MAGDALENA.--¿Sabes en qué estoy pensando? - -SALTABADIL.--No. - -MAGDALENA.--Á ver si lo aciertas. - -SALTABADIL.--No estoy ahora para acertijos. - -MAGDALENA.--Pues oye. Ese mozo es un buen mozo, galante y bien hablado, -aunque audaz y... la verdad, me ama con todas las ansias de su gran -corazón. Y confiando en nuestra hospitalidad, duerme como un bendito. -No le matemos, hermano. - -BLANCA.--¡Cielos! - -SALTABADIL (_sacando de un baúl un saco de lona y dándoselo á su -hermana_).--Recose cuanto antes este saco. - -MAGDALENA.--¿Para qué? - -SALTABADIL.--Para meter un cadáver y echarlo al río. - -MAGDALENA.--Pero... - -SALTABADIL.--No me repliques, Magdalena. Si te escuchara, no mataríamos -á nadie. Compón el saco y no te metas en lo demás. - -BLANCA.--¡Qué pareja! ¿No es el infierno lo que veo? - -MAGDALENA.--Obedezco... Pero hablemos como buenos hermanos. - -SALTABADIL.--Enhorabuena. - -MAGDALENA.--¿Le tienes algún odio á ese caballero? - -SALTABADIL.--¿Yo? Al contrario; es un capitán, y estimo á los hombres -de espada... ¡como soy uno de tantos!... - -MAGDALENA.--Pues matar á un real mozo por dar gusto á un maldito -jorobado es una necedad. - -SALTABADIL.--Yo he recibido de un jorobado por matar á un buen mozo, lo -cual me importa poco á mí, diez escudos de oro á toca-teja, y recibiré -otros diez al entregar el cadáver. - -[Ilustración: _Magdalena y Saltabadil._] - -MAGDALENA.--Puedes matar al jorobado, cuando vuelva á traerte los -diez escudos restantes y te hace la misma cuenta. - -BLANCA.--¡Padre mío! - -MAGDALENA.--¿No te parece? - -SALTABADIL.--¿Por quién me tomas tú, hermana? ¿Soy yo algún bandido? -¿Soy algún ladrón? ¡Matar á un cliente que me paga! - -MAGDALENA (_indicándole un hacecillo_).--Pues bien, mete en el saco ese -haz de leña, que en la oscuridad pasará por su víctima. - -SALTABADIL.--¡Qué disparate! ¿Cómo quieres que se tome el hacecillo por -un muerto? - -BLANCA.--¡Qué frío! - -MAGDALENA.--Te pido gracia por él. - -SALTABADIL.--Déjate de cosas... - -MAGDALENA.--Buen hermano mío... - -SALTABADIL.--Habla más bajo, ó cállate. Es preciso que muera. - -MAGDALENA.--No quiero que muera. Le despertaré y se pondrá en salvo. - -BLANCA.--¡Buen corazón! - -SALTABADIL.--Pero ¿y los diez escudos de oro? - -MAGDALENA.--Es verdad. - -SALTABADIL.--No seas niña; cree y déjame hacer. - -MAGDALENA.--Quiero salvarle. - - (_Se planta resueltamente al pié de la escalera para cerrar el paso á - su hermano, el cual vencido por la resistencia, vuelve al proscenio y - busca al parecer en su espíritu un medio de conciliarlo todo._) - -SALTABADIL.--Veamos. El otro vendrá á media noche á buscarme. Si de -aquí á entonces, viene un viajero cualquiera á pedir posada, le mato y -le meto en el saco en vez del militar. El jorobado no echará de ver el -engaño en la oscuridad de la noche y se dará por satisfecho con echar -al río un cuerpo muerto. Es cuanto puedo hacer por ti. - -MAGDALENA.--Te lo agradezco. Pero ¿quién ha de venir acaso á estas -horas? - -SALTABADIL.--Pues no hay otro medio de salvar á tu oficial. - -BLANCA.--¡Oh Dios! Sin duda queréis que yo muera. ¿Y he de hacer -este sacrificio por un ingrato? ¡Oh! no; soy demasiado joven. ¡No me -impulséis, Dios mío! - - (_Truena._) - -MAGDALENA.--Si viene alguien en semejante noche, me obligo á traer el -mar en mi canasta. - -SALTABADIL.--Pues si nadie viene, yo no puedo faltar á mi palabra: tu -hombre es muerto. - -BLANCA.--¡Horror! Estoy por avisar á la ronda... Pero todos estarán -durmiendo. Además ese hombre denunciaría á mi padre. No quiero morir: -tengo que asistir y consolar á mi padre... luégo morir á los diez y -seis años es horrible. - - (_Suenan las doce menos cuarto._) - -SALTABADIL.--Las doce menos cuarto, hermana. Nadie vendrá ya en tan -breve espacio. ¿Oyes afuera algún ruido?... Hay que acabar: sólo me -queda un cuarto de hora. - - (_Pone el pié en la escalera._) - -MAGDALENA (_Deteniéndole._)--Hermano, un momento más. - -BLANCA.--¡Cómo! ¡Esa mujer llora, y yo que puedo salvarle permanezco -aquí! Puesto que él no me ama, no quiero ya vivir. Muramos por él. -(_Vacilando aún._) ¿Qué me importa?... Voy... ¡Qué horror! - -SALTABADIL.--No puedo esperar más. ¡Imposible! - -BLANCA.--¡Si á lo menos supiera cómo me han de herir!... ¡Si no me -hicieran padecer!... Pero si me hieren en la frente, en la cara... ¡Oh, -Dios mío! - -SALTABADIL.--Ea, ¿qué quieres que haga? No esperes ya que nadie venga á -ocupar su puesto. - -BLANCA (_tiritando_).--¡Estoy yerta! ¡Vamos! (_Dirigiéndose á la -puerta._) ¡Qué frío! (_Deteniéndose._) ¡Vamos! - - (_Llama dando una débil palmada._) - -MAGDALENA.--¡Ah! - -SALTABADIL.--¿Qué? - -MAGDALENA.--Han llamado. - -SALTABADIL.--Sin duda el viento que hace crugir el techo. - - (_Vuelve á llamar Blanca._) - -MAGDALENA.--¿Lo oyes? Llaman. - - (_Corre á abrir el postigo y mira afuera._) - -SALTABADIL.--¡Es raro! - -MAGDALENA.--¡Hola! ¿Quién va? (_Á Saltabadil._) Un joven viajero. - -BLANCA.--¿Hay posada? - -MAGDALENA.--Sí. - -BLANCA.--Abrid. - -SALTABADIL.--Espera ¡vive Dios! Dame mi cuchillo para afilarlo un poco. - - (_Le da el cuchillo que se pone á afilar._) - -BLANCA.--¡Cielos! ¡Siento afilar el cuchillo! - -MAGDALENA.--¡Pobre joven! Llama á su tumba. - -BLANCA.--Estoy temblando. Voy á morir. (_Cayendo de rodillas._) ¡Oh -Dios! Perdono á cuantos me han ofendido; perdónalos tú también; al -rey, á quien compadezco y amo, á todos, hasta á ese réprobo que me -espera ahí en la sombra con el hierro levantado. Ofrezco en sacrificio -mi vida por un ingrato. Si es más dichoso, ¡que me olvide!, y -viva en su prosperidad mucho tiempo... él... ¡por quien muero!... -(_Levantándose._) El verdugo debe estar ya dispuesto. - - (_Va á llamar otra vez._) - -MAGDALENA (_á Saltabadil_).--¡Acaba, que se impacienta! - -SALTABADIL (_probando el filo en la mesa_).--Bien. Espera; me escondo -detrás de la puerta. - -BLANCA.--Oigo todo lo que dicen. - -MAGDALENA.--Espero la señal. - -SALTABADIL (_detrás de la puerta, cuchillo en mano_).--¡Ya! - -MAGDALENA (_abriendo_).--¡Adelante! - -BLANCA (_aparte_).--¡Cielos! ¡Me va á hacer mucho mal! - - (_Retrocede._) - -MAGDALENA.--Adelante, pues. - -BLANCA (_aparte_).--La hermana ayuda al hermano á matar. ¡Oh Dios, -perdónalos!... ¡Perdóname, padre mío! - - (_Entra. Al pasar el umbral se ve á Saltabadil alzar el cuchillo. - Telón rápido._) - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -ACTO V - -TRIBOULET - - - La misma decoración del acto anterior, pero cuando se levante el - telón, la casa de Saltabadil estará completamente cerrada á la vista. - No se ve ninguna luz: oscuridad completa. - -PERSONAJES - - FRANCISCO I. - TRIBOULET. - BLANCA. - SALTABADIL. - UN MÉDICO. - HOMBRES Y MUJERES DEL PUEBLO - - -ESCENA I - -TRIBOULET - - (_Se adelanta lentamente por el fondo envuelto en su capa. Ha cesado - la lluvia y va alejándose la tempestad. De vez en cuando relampaguea - y truena._) - -Por fin voy á vengarme. Ya acaso esté vengado. Pronto hará un mes -que espero, que espío, aun haciendo reir como juglar, ocultando mi -turbación, llorando lágrimas de sangre bajo mi máscara de indiferencia. -(_Examinando una puerta baja de la casa._) Esta puerta... ¡Oh! ¡Tocar -ya mi venganza! Por aquí ha de sacarlo, según creo. Aún no es la -hora... Entre tanto miraré la puerta (_Truena._) ¡Qué tiempo! ¡Noche -de misterio! Una tempestad en el cielo... un asesinato en la tierra... -¡Qué grande soy aquí! Mi cólera de fuego es esta noche como la de Dios. -¡Qué rey inmolo! Un rey de quien dependen veinte reyes; un rey que -soporta ahora el peso del mundo entero y de cuyas manos pende la paz -ó la guerra. ¡Cómo va á conmoverse todo cuando deje de existir! ¡Cómo -va á estremecerse la Europa, precisada á buscar su equilibrio en otra -parte, cuando eche al río su cadáver! Pensar que si mañana dijera Dios -á la tierra: ¡Oh tierra! ¿qué volcán acaba de abrir su cráter? ¿Quién -agita así al cristiano y al turco, á Clemente, á Doria, á Carlos V, á -Solimán? ¿Qué César, qué Cristo, qué guerrero, qué apóstol mueve las -naciones á la lucha? ¿Quién te hace así temblar, oh tierra? La tierra -contestaría con terror: «_¡Triboulet!_» ¡Oh! goza, vil bufón, goza en -tu satánica soberbia: la venganza de un loco hace oscilar el mundo. -(_Óyese la hora en un reloj lejano._) ¡Las doce! - - (_Corre á la puerta y llama._) - -UNA VOZ (_dentro_).--¿Quién va? - -TRIBOULET.--Yo. - -LA VOZ.--Bien. - - (_Ábrese el tablero inferior de la puerta._) - -[Ilustración] - -TRIBOULET.--Pronto. - -LA VOZ.--No entréis. - - (_Sale Saltabadil por la abertura y tira de algo pesado y metido en - un saco que apenas se distingue en la oscuridad._) - - -ESCENA II - -TRIBOULET, SALTABADIL - -SALTABADIL.--¡Pardiez! ¡Y cómo pesa! Ayudadme, señor mío, un poco. (_El -bufón, agitado de convulsiva alegría, le ayuda á llevar el saco, que al -parecer contiene un cadáver, hasta el proscenio._) Vuestro enemigo está -en este saco. - -TRIBOULET.--¡Qué gusto! Quiero verlo. ¡Una luz! - -SALTABADIL.--¡No, pardiez! - -TRIBOULET.--¿Quién teméis que nos vea? - -SALTABADIL.--Los arqueros y vigilantes nocturnos. Nada de luz ¡qué -diablo! Ya hacemos bastante ruido. Los diez escudos. - -TRIBOULET.--Toma. (_Entregándole un bolsillo._) Hay momentos de -verdadera fruición en la venganza. - - (_Examina el saco mientras el otro cuenta._) - -SALTABADIL.--¿No he de ayudaros á echarlo al río? - -TRIBOULET.--Para esto yo solo me basto. - -SALTABADIL.--Pero los dos lo haríamos más pronto. - -TRIBOULET.--Un enemigo muerto y arrastrando no pesa mucho. - -SALTABADIL.--¡Como queráis! (_Yendo á un punto del parapeto._) No lo -arrojéis por aquí. Este sitio es malo. (_Indicándole una brecha del -parapeto.)_ Por aquí hay más profundidad. Despachad pronto y... buenas -noches. - - (_Vuelve á su casa y cierra la puerta._) - - -ESCENA III - -TRIBOULET - -¡Aquí está!... ¡Muerto!... Quisiera verlo. (_Palpando el saco._) -¿Qué importa? Es él: lo reconozco al través del saco. He aquí sus -espuelas que atraviesan la lona: no hay duda, es él. (_Se endereza y -pone el pié encima del saco._) Ahora ¡oh mundo! mírame. Este es un -bufón y este es un rey. Y ¡qué rey! El primero de todos. Y míralo -á mis piés, con un saco por sudario, y por sepulcro el Sena que lo -aguarda. ¿Quién ha hecho esto? (_Cruzando los brazos._) Yo, yo solo. -Viéndola estoy y no creo en mi victoria, ni los pueblos la creerán -mañana. ¿Qué dirá la posteridad? ¡Qué asombro entre las naciones! ¡Oh -suerte! ¡Cómo juegas con los destinos de los hombres! Una de las más -altas majestades de la tierra, Francisco de Valois, rival de Carlos V, -un rey de Francia, un héroe, un dios sin la eternidad, el amigo de la -victoria, cuyo paso estremecía las murallas, el vencedor de Marignan, -el rey del universo iluminado por su gloria... ¡oh Dios! arrebatado de -repente en todo su poder, con su nombre y su fama y su corte aduladora; -arrebatado como un niño mal nacido, arrastrado en una noche tormentosa -por ignorada mano. ¡Cómo! ¡El rey que se elevaba ceñido de inflamada -aureola, vedlo aquí extinto, desvanecido, disipado en los aires, -apareciendo y desapareciendo como uno de esos relámpagos! Y acaso -mañana, pregoneros inútiles irán de pueblo en pueblo ofreciendo oro y -gritando á los pasajeros: ¿Quién se ha encontrado á Francisco primero, -que se ha perdido? ¡Qué maravilla! (_Pausa de silencio._) ¡Mi hija! -¡Pobre hija mía! Ya estás vengada. ¡Oh! ¡qué sed tenía de esta sangre! -(_Inclinándose sobre el cadáver._) ¡Malvado! ¿Puedes oirme aún? Tú me -robaste á mi hija, que vale más que tu corona y no había hecho mal -á nadie; me la devolviste, pero llena de vergüenza y llorando. Pues -bien, ahora, ¿me oyes, rey de la crápula? ahora yo soy quien se ríe -y se venga. Porque aparentaba haberlo olvidado todo, te adormeciste -y confiaste. Creías piedad el disimulo de un padre, á quien podías -abofetear. ¡Oh! no; en la lucha suscitada entre nosotros, lucha entre -el débil y el fuerte, el vencedor es el débil; el que te lamía los -piés, te roe el corazón. Ya eres mío, ya estás vencido. ¿Me oyes? Yo -soy, rey caballero, yo, el loco, el bufón, esta mitad de hombre, este -supuesto animal á quien tú llamabas perro. (_Dándole con el pié._) Y -es que, cuando la venganza está en nosotros, no hay nada que duerma en -el corazón por muerto que esté; el más pequeño crece, el más vil se -transforma, el esclavo desenvaina su odio, el gato se torna tigre, y -un verdugo el bufón. (_Irguiéndose._) ¡Oh, cómo gozaría yo si pudiera -oirme, sin poder moverse! (_Inclinándose otra vez._) ¿Me oyes? ¡Te -aborrezco! Vé á ver si en lo hondo del río en que acaban tus días, hay -alguna corriente que te lleve á Saint Denis. ¡Al agua, rey Francisco! - - (_Toma el saco por un extremo y lo arrastra á la orilla del río. Al - dejarlo en el parapeto, se entreabre la puerta baja de la casa y sale - Magdalena, observa con inquietud, hace una seña, dando á entender que - no se ve á nadie, entra y vuelve á salir con el rey, al cual induce - por señas á irse. Después se encierra en la casa y el rey atraviesa - el fondo en la dirección que le ha indicado._) - -TRIBOULET.--¡Al agua! - -EL REY (_cantando por el fondo._) - - _La mujer, pluma al viento,_ - _pronto varía..._ - -TRIBOULET (_estremeciéndose_).--¡Qué voz!... Ilusiones de la noche ¿os -queréis burlar de mí? - - (_Vuélvese y presta atento oído. El rey ha desaparecido, pero se le - oye á lo lejos._) - -EL REY (_cantando._) - - _loco y necio es el hombre_ - _que en ella fía._ - -TRIBOULET.--¡Maldición! No es él quien está en este saco. Alguien le ha -protegido y se pone en salvo. ¡Me han engañado! (_Corre á la casa donde -sólo hay abierta la ventana superior._) ¡Bandido!... ¡Si no estuviera -tan alta la ventana!... (_Volviendo al saco con furor._) ¿Á qué -inocente ha puesto en su lugar el traidor? Estoy temblando. (_Palpando -el saco._) Sí, es un cuerpo muerto. (_Desgarra el lienzo con su puñal -y mira ansiosamente._) No veo. ¡Qué oscuridad! Esperemos un relámpago. -(_Queda un instante con la vista fija en el saco entreabierto._) - - -ESCENA IV - -TRIBOULET, BLANCA - - (_Brilla un relámpago. Se levanta el bufón dando gritos frenéticos._) - -TRIBOULET.--¡Ah! ¡Mi hija! ¡Dios mío! ¡Mi hija! ¡Cielos! ¡Es mi hija! -(_Palpando su mano._) Tengo mojada la mano. ¡Oh Dios! ¡Sangre, sangre -de mi hija! ¡Oh! ¡Me vuelvo loco! ¡Prodigio horrible!... Pero no: -Blanca partió, está en camino de Evreux. (_Cayendo de rodillas junto -al cuerpo._) ¡Dios mío! ¿No es verdad que es un sueño horroroso? ¿No -es verdad que habéis guardado á mi hija bajo vuestras alas y que no -es ella? (_Brilla otro relámpago._) ¡Sí, ella, ella es! (_Arrojándose -sobre el cuerpo y sollozando._) Hija mía, hija, respóndeme. ¡Te han -asesinado! ¡Bandidos! ¡Y nadie aquí! ¡Qué siniestra familia! Háblame, -hija mía. ¡Oh dolor! ¡Mi hija! - -BLANCA (_Como reanimada á los gritos de su padre y con voz -desfallecida._)--¿Quién me llama? - -TRIBOULET.--¡Habla! ¡Se mueve! ¡Late aún! ¡Entreabre los ojos! ¡Vive, -oh Dios! ¡Vive! - -BLANCA (_incorporándose un poco_).--¿Dónde estoy? - -TRIBOULET (_abrazándola_).--¡Hija mía, mi único bien en la tierra! -¿reconoces mi voz? ¿Me oyes? Dí. - -BLANCA.--¡Padre mío! - -TRIBOULET.--Blanca mía, ¿qué te han hecho? ¿Qué infernal misterio es -este? Temo lastimarte... no veo. Hija, hija mía, ¿estás herida? Guía tú -mi mano. - -BLANCA.--El hierro... ha tocado sin duda... el corazón... lo he sentido. - -TRIBOULET.--Pero ¿quién, quién te ha dado golpe tan cruel? - -BLANCA.--¡Ah! Yo sola soy la culpable... Os he engañado... le amaba -y... muero... por él. - -TRIBOULET.--¡Suerte implacable! ¡Cogida en mi venganza! ¡Oh! Dios me -castiga. Pero ¿cómo ha sido esto? Explícate, hija mía. - -BLANCA (_moribunda_).--No me hagáis hablar... - -TRIBOULET.--Perdóname... Pero ¡perderte sin saber cómo!... - -BLANCA.--¡Me ahogo! - -TRIBOULET.--Blanca, hija mía, no te mueras. (_Con desesperación._) -¡Socorro! ¡Socorro! Nadie hay aquí. ¿He de dejar morir así á mi hija? -¡Ah! la campana de las aguas está ahí en el parapeto. ¿Puedes, hija -mía, esperar que vaya á traer agua y á tocar para que vengan en tu -auxilio? (_Blanca hace una seña negativa._) ¿No quieres? Pero fuerza es -que... (_Llamando sin dejarla._) ¡Socorro! ¡Socorro! ¡Esa casa, Dios -mío, es una tumba! (_Blanca agoniza._) ¡Se muere! No, no te mueras, -hija mía. ¡Tesoro mío! ¡paloma mía! Si tú me faltas ¿qué me quedará ya -en el mundo? - -BLANCA.--¡Oh! - -TRIBOULET.--Espera; te estoy lastimando con el brazo; déjame mudar de -postura. ¿Estás así mejor? Procura respirar hasta que venga alguien á -asistirnos... ¡Y no viene nadie! ¡Oh Dios!... ¡Nadie! - -[Ilustración: TRIBOULET.--_¡Blanca!... ¡Hija mía!_] - -BLANCA.--Padre mío... perdonadme... ¡Adiós! - -TRIBOULET (_mesándose los cabellos_).--¡Blanca! ¡Hija mía!... -¡Está espirando! (_Corre á la campana y toca á rebato._) ¡Socorro! -¡Asesinos! ¡Fuego! (_Volviendo á Blanca._) ¡Procura, hija mía, decirme -otra palabra, una sola por piedad! ¡Á los diez y seis años! ¡Oh! es -demasiado joven; no está muerta. Blanca ¿has podido dejar así á tu -padre? ¿No he de oir más tu dulce voz? (_Viene gente del pueblo con -hachas encendidas._) No tuvo el cielo piedad al darte á mí. ¿Por qué no -te llevó, á lo menos, antes de mostrarme la belleza de tu alma? ¿Por -qué me dejó conocer tesoro tan precioso? ¡Que no te hubieras muerto en -la infancia, cuando te heriste jugando con otros pequeñuelos! ¡Hija -mía! ¡Hija mía! - - -ESCENA V - -Los mismos, hombres y mujeres del pueblo - -UNA MUJER.--Sus palabras me parten el corazón. - -TRIBOULET (_volviéndose_).--¡Ah! ¿Ahora? Á buen tiempo. (_Agarrando del -cuello á un carretero que trae su fusta en la mano._) ¿Tienes caballos, -gaznápiro? ¿Tienes carro? - -CARRETERO.--Sí, señor. ¡Vaya si está furioso! - -TRIBOULET.--Pues bien, toma mi cabeza y ponla debajo de las ruedas. -(_Volviendo á Blanca._) ¡Hija, hija mía! - -UN HOMBRE DEL PUEBLO.--¡Un asesinato! ¡Un padre desesperado! Vamos á -separarlos. (_Quieren apartar á Triboulet que se resiste._) - -TRIBOULET.--¡Quiero aguardar aquí! ¡Quiero verla! Yo no os he hecho -ningún mal para que me la quitéis. No os conozco. (_Á una mujer._) -Señora, vos que sois buena, porque lloráis conmigo, decidles que no me -aparten de mi hija. (_Intercede la mujer, y vuelve él junto á Blanca._) -¡De rodillas! ¡De rodillas, miserable, y muere al lado de ella! (_Se -arrodilla._) - -LA MUJER.--Tranquilizaos, buen hombre. Si gritáis, os echarán de aquí. - -TRIBOULET.--No, no; dejadme. Creo que respira aún; tiene necesidad de -mí. Id á pedir socorro á la ciudad. Dejadla en mis brazos, sin temor -de que me mueva. (La toma en brazos como una madre á un niño.) No, no -está muerta: no lo querrá Dios, porque, en fin, bien sabe Dios que no -tengo en la tierra más que á mi hija. Todos odian al pobre deforme, y -á sus males todos son indiferentes. Ella me ama, sin embargo; es mi -alegría, mi apoyo, y cuando se ríen de su padre, llora con él. ¡Tan -hermosa y muerta! ¡Oh! no. Dadme un pañizuelo para enjugarme la frente. -(_Se la enjuga una mujer._) Sus labios están aún sonrosados. ¡Oh! ¡Si -la hubiérais visto! Parece que la veo yo aún, cuando era pequeñuela -con sus cabellos de oro... Era rubia entonces... (_Estrechándola con -delirio._) ¡Oh! ¡Pobre niña! Mi Blanca, mi dicha, mi hija adorada. -Cuando era pequeña, la tenía yo así. Ella se dormía en mis brazos -como ahora, y cuando se despertaba... ¡qué ángel del cielo! No le -parecía yo nada extraño; y se sonreía mirándome con sus ojos divinos, -mientras yo le besaba las dos manos. ¡Pobre paloma mía! ¡Muerta! Oh no; -está durmiendo, y pronto la veréis abrir los ojos. Ya veis, señores, -como hablo ahora con juicio, me estoy quieto y no ofendo á nadie; -ya veis... no hago nada, bien me podéis dejar que mire á mi hija. -(_Contemplándola._) ¡Ni una sombra en la frente! ¡ni uno de los dolores -antiguos! Ya he calentado sus manos entre las mías. Ved, tocadlas. -(_Llega un médico._) - -LA MUJER.--El cirujano. - -TRIBOULET (_al médico que se acerca_).--Venid, miradla. No me opondré -á nada. Está desmayada ¿no es verdad? - -EL MÉDICO (_después de reconocer á Blanca_).--Está muerta. - -TRIBOULET.--¡Muerta! - - (_Se levanta con un movimiento convulsivo._) - -EL MÉDICO (_continuando fríamente_).--Tiene en el costado izquierdo una -herida harto profunda, y la sangre ha causado su muerte sofocándola. - -TRIBOULET (_con desesperación_).--¡Yo, yo he matado á mi hija! ¡Yo he -matado á mi hija! - - (_Cae al suelo sin sentido._) - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -NOTA - - -Como documento biográfico interesante se incluye en esta edición la -reseña de la vista pública á que dió lugar la prohibición de _El Rey -se divierte_. Esta reseña está tomada del _Journal des Débats_, en su -número correspondiente al 20 de Diciembre de 1832. - - -TRIBUNAL DE COMERCIO - - Demanda de Mr. Víctor Hugo contra el TEATRO-FRANCÉS y acción en - garantía del TEATRO-FRANCÉS contra el ministro de obras públicas. - -El drama _El Rey se divierte_ no llevó proporcionalmente tanto público -á la _Comedia-Francesa_, como la demanda de que ha sido ocasión, ha -atraído hoy á la audiencia de la jurisdicción consular. - -Allí, como en la calle de Richelieu, se dividían los espectadores -en muchas y diversas clases. En el recinto del estrado personas -distinguidas y damas ricamente ataviadas; en la tribuna de abogados, -ilustres jurisconsultos entre los que se confundían los diputados Bryas -y Brigode; en fin, en la parte más retirada, donde el público está de -pié, lugar que puede compararse al paraíso de los teatros, se veía -apiñado un auditorio más impaciente, el cual desde las nueve de la -mañana había estado haciendo cola en las vastas galerías del palacio de -la Bolsa. Todavía detrás de este auditorio había otro público de más -modesto porte y tanto más impaciente y rumoroso, cuanto que se veía -relegado al último lugar. - -Á las doce del día, franqueadas las puertas á estas dos masas del -público, todo lo que estaba vacío fué inundado atropelladamente, y -hasta la sala de _Pas-perdus_, especie de vestíbulo separado de la -sala de audiencia por puertas vidrieras, fué invadida por multitud de -curiosos. - -Algunos de estos extrañaban que el Tribunal y los litigantes no -observasen la misma puntualidad con que ellos mismos acudieron, y -reclamaban pidiendo á voces que se diera comienzo á lo que suponían ni -más ni menos que un espectáculo. - -Cuando se vió llegar y sentarse en los bancos de la izquierda á Víctor -Hugo y sus abogados, muchos de los concurrentes se subieron sobre -las banquetas, y otros, á quienes los primeros tapaban la vista, les -gritaron que se sentaran. Fué aplaudido el autor por unos y otros. - -El Tribunal, presidido por Mr. Aubé, abrió, por fin, la sesión, y -no sin dificultad hubo de restablecerse el silencio. Los gritos de -¡fuera! se alzaron contra los que, no habiendo podido encontrar sitio, -causaban algún tumulto; y en medio de esta agitación, se pregonaron -las dos causas: 1.ª la demanda entablada por Mr. Víctor Hugo contra el -_Teatro-Francés_; 2.ª el recurso interpuesto por los cómicos contra el -ministro de Comercio y Obras Públicas. - -MR. CHAIX-D’EST-ANGE, abogado del ministro, deduce conclusiones -encaminadas á que el Tribunal se declare incompetente, considerando -respecto á la cuestión de legalidad ó ilegalidad de un acto -administrativo, que la ley del 24 de Agosto de 1791 prohibe á los -tribunales conocer de actos administrativos y de inmiscuirse en asuntos -de administración. - -«El texto de la ley, dice este abogado, es de tal modo terminante, que -á la incompetencia no puede oponerse la menor dificultad. Fuera de -esto, esperaré las objeciones para contestarlas.» - -MR. ODILON BARROT sienta por su parte las conclusiones siguientes: - -«Considerando que por contrato verbal del 22 de Agosto último entre -Mr. Víctor Hugo y la _Comedia-Francesa_, representada por Mr. -Desmousseaux, uno de los empresarios del _Teatro-Francés_, debidamente -autorizado, se obligó la administración á representar el drama -titulado _El Rey se divierte_ bajo las condiciones estipuladas; que -la primera representación tuvo lugar el 22 de Noviembre último; que -el día siguiente fué _oficiosamente_ advertido el autor de que las -representaciones de su drama estaban suspendidas de orden superior; -que de hecho, el anuncio de la segunda representación desapareció -de los carteles del _Teatro-Francés_ para no reaparecer; que los -contratos constituyen la ley de las partes; que nada puede modificar su -ejecución; ha de servirse el Tribunal condenar por todas las vías de -derecho, _aun por la fuerza_, á los empresarios del _Teatro-Francés_ á -representar el drama de que se trata, ó á pagar veinticinco mil francos -de indemnización; y en el caso de que consintieran en representar -el drama, condenarlos, por los perjuicios anteriores, á la suma que -parezca justa al Tribunal. - -»Señores, dice el defensor, la celebridad de mi cliente me dispensa -de dároslo á conocer. Su cargo, el que ha recibido de su talento y de -su genio es de traer la literatura á la verdad, no á esa verdad de -convención y artificio, sino á esa verdad que se saca de la realidad -de nuestra naturaleza, de nuestras costumbres, de nuestros hábitos; -tarea que ha emprendido con valor y prosigue con tanta constancia -como talento. Muchas tempestades ha levantado, y el público, tribunal -soberano ante el cual comparece, parece haber consagrado sus esfuerzos -con entusiastas y numerosos aplausos. - -»¿Por qué hoy está sentado en estos bancos ante un tribunal, teniendo -por apoyo, no el prestigio de su talento, sino mi severo ministerio y -la presencia de jurisconsultos que nada tienen de literario ni poético? -Porque Víctor Hugo no es solamente poeta, es ciudadano; sabe que hay -derechos que pueden renunciarse cuando llevan consigo perjuicios -exclusivamente personales, pero que hay otros que deben defenderse por -todos los medios y recursos posibles, porque no se puede abandonar -el derecho propio, sin entregar el derecho ageno, el derecho de la -libertad del pensamiento, de la libertad de las representaciones -teatrales. La resistencia á la censura, á actos arbitrarios, es derecho -y garantía que no se puede abandonar cuando se tiene conciencia de -estos derechos y de estas garantías y cuando se sabe en qué consiste el -deber de un ciudadano. - -»Ese deber es el que Mr. Víctor Hugo viene aquí á cumplir; y bien que -se haya reprochado á la república de las letras, con justicia á veces, -la facilidad con que entrega sus franquicias y privilegios al poder, el -ilustre poeta tiene la ventaja de haber dado noble y brillante mentís -á este reproche. Mucho tiempo há que Víctor Hugo probó lo contrario: -ya en tiempo de la Restauración se resistió á doblegarse ante la -arbitrariedad de la censura. Ni honores, ni pensiones, ni favor ninguno -fueron poderosos á tentarlo para dominar en su ánimo el sentimiento de -su derecho, la conciencia de su deber. Le admirábamos entonces dándole -entusiastas testimonios de nuestras simpatías. ¿Y sería acogido con -otros sentimientos hoy que viene á llenar ese mismo deber, hoy que, en -más favorables circunstancias, cuando una revolución había abolido al -parecer toda censura, viene á reclamar, no un derecho dudoso, incierto, -sino un derecho consagrado por la ley fundamental, fruto y conquista de -aquella revolución? - -»No, señores, no temo que el favor que acompañó hasta aquí á Mr. -Víctor Hugo, le abandone hoy: sus sentimientos son los mismos, ó acaso -han adquirido mayor energía en las circunstancias que después han -sobrevenido. Nunca olvidaré yo, ni Francia olvidará tampoco, que en -este mismo sitio, el 28 de Julio de 1830 se dió el primero, el más -solemne ejemplo de resistencia á la arbitrariedad. Aludo al memorable -juicio que condenó al impresor Chantpie á cumplir sus compromisos, -imprimiendo el _Diario del Comercio_, á pesar de las ordenanzas del 25 -de Julio. - -»Preveo que se me argüirá con otro juicio de este mismo Tribunal -con motivo de la interdicción que impuso la autoridad al teatro de -_Novedades_ de representar la obra titulada _Proceso de un mariscal -de Francia_. Los autores Mrs. Fontan y Dupeuty perdieron su causa; -pero la causa era muy diferente. Vuestro juicio hace constar que el -director del teatro de _Novedades_ había hecho todo lo posible por -que continuaran las representaciones, y que sólo había cedido á la -violencia, al uso de la fuerza armada, habiendo sido cercado su teatro -y cerrado por muchos días. Nada semejante hay en el caso actual. El -día siguiente al de la primera representación se escribe vagamente al -autor que existe una orden que prohibe su drama. Esta orden no se ha -producido, no la conocemos, y debiéramos saber si existe en efecto y -qué clase de orden es.» - -MR. LÉON DUVAL, abogado de la _Comedia-Francesa_, interrumpe á Odilon -Barrot, diciendo: - -«Las relaciones de Mr. Víctor Hugo con el _Teatro-Francés_ no son tan -raras que no pueda conocer la orden intimada por el ministro. Con todo, -hela aquí: - - «El Ministro secretario de Estado en el ramo de Comercio y obras - públicas, visto el artículo 14 del decreto de 9 de junio de 1806; - considerando que en algunos pasajes del drama representado en el - _Teatro-Francés_ el 22 de Noviembre de 1832, con el título _El Rey - se divierte_, se ultrajan las costumbres... (_Violentos murmullos - y risas irónicas en el fondo de la sala_) hemos debido decretar y - decretamos: - - »Quedan prohibidas en adelante las representaciones del drama - titulado _El Rey se divierte_. - - »Dado en París á 10 de Diciembre de 1832. - - »_Firmado_: CONDE DE ARGOUT.» - -(_Arrecian los clamores y hasta se oyen algunos silbidos._) - -MR. ODILON BARROT: «Celebro haber provocado esta explicación; por lo -menos tenemos ya una base en qué fundar el debate. - -»Señores, creo que hay aquí una confusión extraña, y que Mr. de Argout -se ha engañado lastimosamente sobre la naturaleza de sus facultades. -Tres especies de intervenciones puede ejercer la autoridad en los -teatros». - -(_Aquí llega á ser tal el tumulto en el vestíbulo que precede á la sala -de audiencia, que es imposible oir al abogado._) - -MR. CHAIX-D’EST-ANGE: «Ruego al tribunal se sirva tomar medidas para -que cese este ruido, que me impide seguir el hilo de la argumentación -de mi adversario, á quien igualmente estorba». - -EL PRESIDENTE: «Si no se restablece el orden, me veré obligado á hacer -evacuar la sala». - -MR. ODILON BARROT, dirigiéndose al público: - -«Es difícil continuar una discusión, de suyo árida, en medio de esa -agitación continua. Ruego al público se sirva escuchar, con paciencia -á lo menos, las deducciones legales que voy á sacar de la legislación -existente: - -EL PRESIDENTE: «¡Que se cierren las puertas!» - -VOCES DEL INTERIOR: «¡Nos estamos ahogando!» - -OTRAS VOCES: «Mejor sería abrir las ventanas». - -MR. ODILON BARROT: «La primera intervención es la de la policía -municipal. Si se turba el orden por la representación de una obra, si -se teme el mismo desorden en las representaciones siguientes, concibo -que la autoridad intervenga y tome sus medidas para que cese la causa -de la perturbación. - -»La segunda es la de la censura dictatorial que se ejercía en -tiempos de la Convención y del Imperio y que existía aún durante la -Restauración. - -»La tercera es la influencia de protección y de subvención. La -autoridad que subvenciona un teatro, bien puede intimarle órdenes de -suspensión de determinadas obras so pena de retirarle su favor. - -»Nosotros no estamos en ninguno de estos casos; por una anomalía que -sin duda hará cesar muy pronto la ley de organización municipal de -París, no hemos visto que el prefecto de policía, ejerciendo el poder -municipal, pusiera término á las representaciones del drama. Tampoco es -el ministro de Policía quien ha hecho uso de los derechos de censura; -el ministro de Obras Públicas, ha venido á usurpar las atribuciones de -su colega. Así, pues, ese pobre ministerio de la Gobernación... (_Risas -irónicas en la misma parte de la sala de que procede todo el ruido_) -ese pobre ministerio, ya tan mutilado, que hace incesantes esfuerzos -por cubrir su desnudez y ver de recobrar alguna de las facultades que -se le escapan, se ve desposeído de su derecho de policía en los teatros -por la intrusión del ministro de Obras Públicas. - -»Este ministro no ha podido intervenir sino de una manera: conminando -á la empresa del _Teatro-Francés_ con el sensible golpe de retirar la -subvención que la ley de presupuestos concede á los teatros reales. -Esta consideración no puede interesar al autor, ni menos influir en la -decisión del tribunal. El teatro debe cumplir sus compromisos, aun á -riesgo de perder la subvención. Al hacer el contrato debió medir todas -sus consecuencias. ¿Sería admisible, en buena doctrina, la resistencia -á cumplir un compromiso contraído á pretexto de que este compromiso no -es del agrado de un protector, de un pariente cuya herencia se espera, -ó cuya exheredación se teme? - -»Yo, por mi parte, no profeso la opinión de la libertad absoluta -del teatro: no es este lugar ni momento oportuno para entregarnos á -teorías absolutas, sobre todo cuando no son necesarias; pero, en fin, -la censura dramática, como toda otra censura, está abolida por la -Constitución de 1830, uno de cuyos artículos dice textualmente que _no -podrá ser restablecida la censura_. También hacia fines de aquel año, -al presentar Mr. de Montalivet, ministro de la Gobernación entonces, -un proyecto, que al fin no llegó á ser ley, sobre policía de teatros, -decía en la exposición de motivos: _La censura ha muerto_. - -»Pero lo que se querría restablecer no es la censura preventiva, sino -una censura mucho más peligrosa, la censura _à posteriori_, por decirlo -así. Con esto se dejaría á una empresa de teatros hacer cuantiosos -gastos en decoraciones y trajes, se dejaría también dar la primera -representación y luégo, _ex-abrupto_, se prohibiría la obra. He aquí -una disposición á que no hubiera debido someterse con tanta docilidad -el _Teatro-Francés_. Por eso nos asombramos viendo que no esperó el -24 de Noviembre la orden que no se firmó hasta el 10 de Diciembre -siguiente, contentándose con una simple intimación verbal, acaso con -algunas palabras escapadas al ministro. - -»La empresa del _Teatro-Francés_ debe, pues, sufrir la pena de su -conducta, de la infracción del contrato ajustado con nosotros, y esta -infracción no puede resolverse sino indemnizando al autor de daños y -perjuicios. - -»Vivimos, señores, en una época singular, época de transición y -confusión, como quiera que estamos bajo el imperio de cuatro ó cinco -legislaciones sucesivas que se cruzan y contradicen unas á otras. -Solamente los tribunales deben, en este arsenal de leyes, separar las -armas que aún pueden servir de aquellas cuyo uso no es ya permitido. -De esta manera os atendréis, señores magistrados, á la letra de la -Constitución que proscribe toda clase de censura, así la de obras -dramáticas, como la de obras impresas, y haciendo justicia á mi -cliente, serviréis los intereses de la libertad.» - -EL PRESIDENTE: «El abogado del _Teatro-Francés_ tiene la palabra.» - -MR. VÍCTOR HUGO: «Ruego al Señor presidente se sirva concedérmela para -después.» - -EL PRESIDENTE: «Podéis hacer uso de ella desde luégo.» - -MR. VÍCTOR HUGO: «Preferiría hablar después de mis dos adversarios.» - -MR. LÉON DUVAL, en nombre del _Teatro-Francés_ desarrolla conclusiones -encaminadas á probar la incompetencia del Tribunal de comercio. -Según él, la empresa no hubiera querido otra cosa que continuar las -representaciones de una obra que le prometía abundantes ingresos; -encender con las tempestades de la primera noche otras tempestades; -pero tuvo que ceder á una necesidad imperiosa. - -El tumulto llega á ser tan violento que es imposible continuar. Suenan -voces de «¡Nos estamos ahogando! ¡Abrid las ventanas! ¡Aire! ¡Aire! -¡Que se evacue la primera sala!» Muchas señoras se retiran asustadas. - -EL PRESIDENTE: «Ya es difícil oir. Si se abren las ventanas, no oiremos -una palabra.» - -MUCHAS VOCES: «No podemos salir ni respirar. ¡Nos ahogamos!» - -EL PRESIDENTE: «Se va á suspender la audiencia momentáneamente para -abrir las ventanas y evacuar la primera sala.» - -(_Aplausos en la parte del público más próxima al Tribunal. Murmullos -en el vestíbulo._) - -El tumulto sube de punto. Un piquete de guardias nacionales penetra -en el recinto. La mayoría del público aplaude, sobre todo cuando ve -que los guardias han tenido el cuidado de envainar bayoneta. La fuerza -armada evacua el vestíbulo y algunos de los expulsados tararean la -_Marsellesa_. - -Los agentes de cambio y los comerciantes, que estaban ocupados en -negocios de bolsa en la planta baja del edificio, pudieron creerse -sorprendidos por un motín. - -Por fin, se cierran las puertas vidrieras, como también las exteriores, -para evitar que éntre más gente y continúa la audiencia á las dos y -media. - -EL PRESIDENTE: «El Tribunal ha hecho cuanto le ha sido posible para -que el público estuviera cómodamente. Si se reproduce el ruido se -suspenderá la audiencia aplazando el acto para otro día.» - -MR. LÉON DUVAL acaba su defensa, demostrando que la empresa del -teatro ha cedido á fuerza mayor, y que aun sin tratar más que de la -subvención, no se habría empeñado en una lucha en que inevitablemente -hubiera sucumbido. - -Víctor Hugo, á quien el presidente concede la palabra, manifiesta que -desea ser el último. - -MR. CHAIX-D’EST-ANGE: «Sería lo más lógico acabar la defensa para -contestar yo luégo de una vez á todos mis adversarios. De lo contrario, -tendré necesariamente que replicar cansando dos veces al Tribunal y al -público.» - -MR. VÍCTOR HUGO: «Estoy dispuesto á hablar desde luégo.»[5]. - - [5] _Omitimos este discurso que va íntegro antes del drama._ - -El discurso de Víctor Hugo fué seguido de ruidosos y repetidos aplausos -procedentes del fondo de la sala y de afuera. - -EL PRESIDENTE: «Parte del público olvida que no es este un espectáculo.» - -MR. CHAIX-D’EST-ANGE: «Señores, dos cuestiones se agitan en este -juicio; la una de competencia: se trata de saber si podéis apreciar un -acto cuya regularidad os está conferida; la otra de fondo: trátase de -saber si este acto es legal, regular, conforme con la Constitución y -con la libertad que ésta consagra. - -»Sobre la primera cuestión suscitada por mí mismo, debo entrar en -algunos detalles. Debería prescindir de la segunda: incompetentes como -sois, no debería examinar ante la jurisdicción consular si el acto de -la autoridad administrativa es legal ó debe ser revocado. Pero ante -todo, señores, hay un deber de conciencia y de honor que el abogado -debe cumplir. No quiero dejar sin contestación los cargos que se han -hecho aquí; no quiero que permanezca esta vergüenza y la rechazaré; -porque la primera condición de mi presencia en la causa ha sido que si -se dirigían inculpaciones á la autoridad cuya representación y defensa -tomaba, tomaría la palabra sobre el fondo para probar ante los hombres -de honor que la autoridad ha cumplido con su deber. - -»Yo espero obtener de este público tan entusiasta por la causa de Mr. -Víctor Hugo y tan amigo de la libertad, esa libertad de discusión que -debe concederse á todos igualmente. Nadie se crea aquí con derecho á -interrumpir á un abogado cuya lealtad é independencia nunca jamás han -sido sospechosas. (_Movimiento general de aprobación en la mayor parte -del público._) - -»Entro en el examen de la primera cuestión ó sea la de competencia. -Hay principios que basta enunciar para que parezcan indiscutibles, y -cuya fuerza resiste á toda contradicción. Así la opinión general, la -experiencia de todos los tiempos, ha consagrado, de tal suerte que no -es posible rebatirlo, el principio de la división de los poderes en -todo gobierno bien ordenado. - -»Existe el poder legislativo, encargado de hacer las leyes; el poder -judicial, con la misión de aplicarlas, y el poder administrativo que -cuida de su ejecución. Esta división no es nueva: el principio ha sido -consagrado en leyes tan numerosas, en textos tan precisos que basta con -enunciarlos.» - -Después de haber citado las leyes de 1790 y 91, é invocado la autoridad -de un venerable magistrado, Mr. Henrion de Pensey, añade el defensor: - -«Todavía puedo oponer á mi adversario el testimonio de un colega -suyo, el vizconde de Cormenin, el defensor ardiente é intrépido de la -libertad. - -»No hay que separarse, decía el vizconde, cuando no era más que -barón... (_Risas seguidas de violentos rumores en el fondo de la sala_) -no hay que separarse de este principio tutelar de la división de los -poderes. - -»Mi adversario ha sido el primero que os ha citado un juicio de -este mismo Tribunal en la demanda relativa á Mrs. Fontan y Dupeuty -sobre _el Proceso del mariscal Ney_. El Tribunal no sólo apoyó la -desestimación de la demanda sobre el caso de fuerza mayor, resultante -de la intervención de los gendarmes, sino que reconoció también la -incompetencia de la jurisdicción comercial para pronunciar sobre un -acto de administración. En aquella causa, como en esta, se había visto -una especie de concierto entre los autores y la empresa teatral para -someter al ministro á un juicio público.» - -MR. ODILON BARROT: «No nos acuséis de falta de franqueza. Nosotros no -hemos sabido vuestra intervención hasta ahora, en la misma audiencia.» - -MR. CHAIX-D’EST-ANGE: «Os ruego que no me interrumpáis: bastante -dificultad he tenido en dominar otras interrupciones de parte del -público. Bien veis que no he podido pronunciar las palabras de _moral_ -y _ultrajes á las costumbres_ sin excitar inconcebibles murmullos. - -»Se ha invocado el juicio del 28 de Julio de 1830 en el asunto del -_Correo francés_. Un juicio celebrado en medio de los combates y de -los peligros, un juicio pronunciado desde lo alto de esa especie de -trono, proclamó la ilegalidad de las ordenanzas del 25 de Julio. Fué un -gran acto de valor, un acto de buenos ciudadanos; pero ¿vale citar en -momentos de calma lo que ha pasado en tiempos de desorden? Los jueces -que dictaron aquella providencia, eran como los guardias nacionales -que ilegalmente también vestían su uniforme é iban á combatir por la -libertad y por las leyes. - -»No estamos ya, por fortuna, en aquella época, y sin embargo, Mr. -Víctor Hugo tiene un pensamiento que no desampara: piensa Mr. Víctor -Hugo que la orden que ha prohibido su drama vale á lo menos lo que las -ordenanzas de Julio; piensa que para invalidar esa orden están las -gentes dispuestas, ahora como entonces, á hacer un motín ó más bien una -revolución. (_Grandes rumores en la misma parte del público._) El autor -mismo lo ha dicho en carta dirigida á los periódicos, y yo lo repito -porque toda libertad debe rodear aquí al abogado que habla inspirado -por su conciencia. (_Aplausos y bravos en la mayoría del público._) -Sí, Mr. Víctor Hugo ha escrito que quería ponerse entre el motín y el -gobierno; ha tenido, pues, la generosidad de recomendar á la generosa -juventud de los talleres y escuelas que no se subleven por él, que no -hagan una revolución por su drama. - -»En interés de la administración debería detenerme aquí; pero he -anunciado que trataría la cuestión legal. Aquí no están de acuerdo -mis adversarios: el cliente se revuelve contra toda clase de medidas -preventivas y quiere, á lo menos antes de la representación, una -libertad ilimitada; el defensor no es completamente de su opinión: la -censura teatral, le parece cuestión muy delicada, y nos ha velado sus -argumentos con esas nebulosidades de que su talento suele rodearse en -la discusión (_Risas_); se ha hecho, por decirlo así, incoercible; nos -ha rogado que le permitamos, á él, hombre político, no tomar partido, -no decirnos el fondo de su pensamiento porque su pensamiento no es -definitivo. - -»Ahora bien: poneos de acuerdo, debo decir á mis adversarios. Si no -queréis la censura, decidlo francamente; si la queréis, tened, hombres -populares, tened el valor de decirlo con la misma franqueza, porque -es dar pruebas de valor arrostrar las falsas opiniones del público y -proclamar siempre y en todas partes la verdad. - -»Por lo demás, no extraño esa vacilación de mi adversario. Cuando -Mr. Barrot fué llamado, como miembro del Consejo de Estado, á dar -su parecer sobre la libertad teatral, reconoció la necesidad de la -represión preventiva; sólo que no quería que quedara en manos de -la policía. Uno de los prefectos que se han sucedido en este ramo -desde la revolución, Mr. Vivien, era del mismo parecer. Que no se -nos venga ahora presentando la censura dramática como una violencia -_con fractura_ á la Constitución; que Mr. Víctor Hugo con su lenguaje -enérgico y pintoresco no se jacte de haber _abofeteado_ un acto del -poder con cuatro artículos de la Constitución. - -»Todas las leyes sobre teatros están vigentes: todas fueron aplicadas -bajo el régimen del Directorio, sin que se haya derogado una sola. Ni -podía ser de otra manera. Una obra dramática puede pasar sin peligro en -un punto y ofrecer en otros grandes inconvenientes. Suponed la tragedia -de Carlos IX, la matanza de san Bartolomé, representada en el teatro -de Nimes, en un país donde las pasiones, los odios entre católicos -y protestantes subsisten todavía tan vivos, y juzgad, juzgad de sus -efectos. - -»De las tres clases de intervención de la autoridad en los teatros, -de que os ha hablado mi adversario, la segunda, ó sea la censura, -subsiste. Hablando de la primera, de la autoridad municipal, el abogado -defensor ha incurrido en una contradicción, porque la ley de 1790 -prohibe á los municipios inmiscuirse en la policía de los teatros. La -influencia de las subvenciones no debiera haber sido tratada por un -autor dramático. - -»Sin embargo, insiste mi adversario; pretende que el ministro de la -Gobernación y no el ministro de Fomento, es quien debería cuidar de -la policía de los teatros, y ha llorado sobre ese pobre ministerio -desposeído de una de sus más importantes atribuciones. Pues bien, la -policía de los teatros está, como las subvenciones, en las atribuciones -del ministro de Fomento, y este ministro, no el de Gobernación, fué el -traído á juicio en el asunto del _Mariscal Ney_. - -»Pero se dice: ¿por qué no ha ejercido este ministro en la obra de -Víctor Hugo la censura preventiva, la _buena censura_, que dice mi -adversario? La razón es sencilla. El ministro se resistía á la censura, -y dijo á Víctor Hugo. «No os pido el manuscrito del drama; pero dadme -vuestra palabra de honor de que no contiene nada contrario á la moral.» -La palabra de honor fué empeñada, y he aquí por qué fué permitida sin -examen.» - -MR. VÍCTOR HUGO: «Pido la palabra para contestar á esa aserción.» -(_Diversos rumores._) - -MR. CHAIX-D’EST-ANGE: «Los censores, convengo en ello, los censores -matan la censura; á veces la hacen odiosa; pero tranquilizaos: la -opinión pública y las costumbres son omnipotentes en Francia, y no -estaría en el deseo ni en el poder del gobierno prohibir ni suspender -la representación de una obra que no ofreciera ningún peligro para -el orden ni para la moral. Haga Víctor Hugo una obra maestra (tiene -bastante talento para hacerla), hable en ella de los beneficios de -la libertad, como en otro tiempo hablaba de los beneficios de la -Restauración, y si se le oponen dificultades, se le hará justicia.» - -MR. ODILON BARROT replica inmediatamente y recuerda los diferentes -casos en que los tribunales han reconocido la ilegalidad de actos -administrativos. Tal fué el principio de la sentencia del Tribunal de -casación sobre las ordenanzas de policía que mandaba poner colgaduras -en las ventanas para la procesión del Corpus. - -Así, los tribunales tienen siempre el derecho de apreciar los actos -de que se hace derivar jurisprudencia, y el de decidir si estos actos -toman su fuerza de la ley y si se puede fundar un juicio en ellos. - -«Se ha tenido el valor y estaba por decir la audacia, añade Odilon -Barrot, de ver en el juicio relativo al impresor Chantpie y al editor -del _Diario del Comercio_ una especie de sedición. Como ciudadanos, -como hombres tenéis sin duda el deber de resistiros á los actos de -opresión; pero cuando vestimos la toga, cuando ejercemos una función -pública, cuando estamos instituídos para hacer respetar las leyes, nos -guardamos de violarlas, y es hacer una injuria al tribunal suponer -que á ojos vistas, á presencia del pueblo ha violado las leyes en -cualquiera ocasión. No, señores, el Tribunal de Comercio no ha violado -las leyes en el juicio de Chantpie y su gloria es tanto mayor cuanto -que ha tenido á raya la arbitrariedad del poder hasta el último límite -de sus facultades, manteniendo el respeto á las leyes con su propio -respeto.» - -Finalmente, el defensor calificó de orden póstuma la prohibición -notificada al _Teatro-Francés_, el 10 de Diciembre por el ministro de -Fomento. No es menos cierto que negándose el 24 de Noviembre anterior, -á seguir representando el drama, el _Teatro-Francés_ ha infringido el -convenio entre él y Víctor Hugo, por lo cual no puede alegar excepción -de fuerza mayor. - -MR. VÍCTOR HUGO: «Voy á decir solamente algunas palabras.» - -EL PRESIDENTE: «La cuestión ha sido bastante discutida.» - -MR. VÍCTOR HUGO: «Un pasaje del discurso de Mr. Chaix-d’Est-Ange me -proporciona la ocasión de hacer constar un hecho de que no he hablado -porque me es honroso, y no creo deber alegar ciertos hechos que me -honran. He aquí lo que pasó: - -»Antes de la representación de mi drama, advertido por la empresa -del _Teatro-Francés_ de que Mr. Argout quería censurarlo, fuí á -verle, y le dije entonces, como un ciudadano al ministro, que no -le reconocía el derecho de censurar una obra dramática, que este -derecho estaba abolido, á mi modo de ver, por la Constitución: añadí -que si pretendía censurar mi obra, la retiraría inmediatamente, y que -á él le correspondía ver si no habría en esto para la autoridad una -consecuencia más enojosa que en permitir la representación de mi obra -sin haberla censurado. - -»Me dijo entonces Mr. Argout que su opinión era muy distinta sobre -la materia, y que en su calidad de ministro se creía en el derecho -de censurar una obra dramática, pero que teniéndome por un hombre de -honor, incapaz de hacer obras de alusiones ó inmorales, consentía con -mucho gusto en que mi obra no fuese censurada. - -»Repliqué al ministro que yo no tenía nada que pedirle, que era un -derecho el que pretendía ejercer. Mr. de Argout no se opuso á que se -representara el drama y renunció á la facultad que en su sentir tenía. - -»Esto, ni más ni menos, es lo que ha pasado, é invoco aquí el -testimonio de un hombre de honor, presente en la audiencia, el cual no -me desmentirá. Si M. de Argout hubiera insistido en censurar mi obra, -luégo al punto la hubiera yo retirado del teatro. Declaro que una -comisión de la empresa fué á verme aquella misma mañana para rogarme -que no la retirara en el caso de que el ministro hubiera querido -censurarla. Insistí en mi resolución de no someterme á la censura y no -he querido nunca abandonar mi derecho. - -»Es un hecho que hubiera podido referir minuciosamente en mi discurso, -y tengo la certeza de haberme atraído las simpatías del Tribunal y del -público. Pero ya que el abogado de la parte contraria lo ha traído al -debate, puedo á lo menos jactarme ahora de él sin inmodestia.» - -MR. CHAIX-D’EST-ANGE: «Lo que yo he aducido, era necesario á la -defensa bajo el doble respecto del hecho y del derecho. No era inútil -contestar á la aserción de que el ministro no había cuidado de ejercer -la censura preventiva antes de la representación. He explicado por qué -no insistió en su derecho; no insistió porque tenía bastante confianza -en el honor y en la lealtad de Mr. Víctor Hugo para estar persuadido de -que no había en su drama ningún ultraje á las costumbres.» - -EL PRESIDENTE: «El tribunal pasa á deliberar para pronunciar su fallo -dentro de quince días.» - -Se levantó la sesión á las seis menos cuarto. - -La multitud, que llenaba el local y todas las avenidas, esperó á Víctor -Hugo para saludarle y le aplaudió ruidosamente á su paso. - -[Ilustración] - - - - - LOS BURGRAVES - - TRILOGÍA CON UN PRÓLOGO DE SU AUTOR - - - - -[Ilustración] - -PRÓLOGO - - -En tiempo de Esquilo, la Tesalia era un lugar siniestro. Antiguamente -existieron en ella gigantes, y había entonces fantasmas. El viajero -que se arriesgaba á pasar Delfos allende y salvaba los vertiginosos -bosques del monte Cnemis, creía ver por donde quiera, cerrada la -noche, abrirse y fulgurar los ojos de los cíclopes sepultados en las -lagunas del Esperquio; las tres mil llorosas oceánidas se le aparecían -en tropel en el nublado cielo del Pindo; en los cien valles del Eta -encontraba las profundas huellas y los horribles codos de los cien -brazos de los hecatónquiros que en otro tiempo cayeron en sus rocas; -contemplaba con religioso estupor la señal de las crispadas uñas de -Encélado en el costado de Polión. No veía en el horizonte al inmenso -Prometeo acostado, como una montaña en otra montaña, sobre cimas -rodeadas de tempestades, porque los dioses le habían hecho invisible; -pero al través del ramaje de las añosas encinas, llegaban á sus oídos -los lamentos del coloso, y oía á intervalos los duros picotazos -del monstruoso buitre en los sonoros granitos del monte Otris. Muy -á menudo salía del monte Olimpo un rumor de trueno y en aquellos -momentos veía el espantado viajero levantarse hacia el Norte, en los -resquebrajados montes Cambunios, la deforme cabeza del gigante Hades, -dios de las tinieblas interiores; al Oriente, más allá del monte Osa, -oía mugir á Ceto, la mujer-ballena; y al Occidente, por encima del -monte Calídromo, al través del mar de los Alciones, un viento lejano -procedente de Sicilia le traía el horrísono ladrido de la vorágine -Escila. Los geólogos no ven hoy en la trastornada y revuelta Tesalia, -más que el sacudimiento de un terremoto y el paso de las aguas -diluvianas; mas para Esquilo y sus contemporáneos, aquellas asoladas -llanuras, aquellos descuajados bosques, aquellos peñascos arrancados -y rotos, aquellos lagos trocados en pantanos, aquellas montañas -derribadas é informes, eran algo más formidable aún que una tierra -devastada por un diluvio ó removida por los volcanes; era el espantable -campo de batalla donde los Titanes habían luchado contra Júpiter. - -Lo que la fábula inventó, lo reproduce á las veces la historia. La -ficción y la realidad suelen sorprender nuestro espíritu con los -singulares paralelismos que en ellas descubre. Así,--á menos, sin -embargo, que no se busquen en países y en hechos que pertenecen á la -historia esas impresiones sobrenaturales, esas exageraciones quiméricas -que los ojos de los visionarios prestan á los hechos puramente -mitológicos; admitiendo el cuento y la leyenda, pero conservando el -fondo de realidad humana que falta á las gigantescas máquinas de la -antigua fábula;--hay en Europa hoy un paraje que, relativamente, es -para nosotros, desde el punto de vista poético, lo que era la Tesalia -para Esquilo, esto es, un campo de batalla memorable y prodigioso. Ya -se adivinará que aludimos á las orillas del Rhin. Allí, en efecto, como -en Tesalia, todo está herido del rayo, asolado, arrancado, destruído. -No hay una roca que no sea una fortaleza, ni una fortaleza que no sea -una ruina: el exterminio ha pasado por allí; pero este exterminio es -de tal manera grande, que se conoce que el combate ha sido colosal. -Allí, en efecto, seis siglos há, otros titanes lucharon contra otro -Júpiter. Estos titanes son los burgraves; este Júpiter es el emperador -de Alemania. - -El que escribe estas líneas, y perdónesele que explique aquí su -pensamiento, el cual ha sido por otra parte tan bien comprendido, que -se limita hoy á repetir lo que otros han dicho antes y mucho mejor que -él; el que escribe estas líneas había entrevisto, mucho tiempo há, -lo que hay de nuevo, extraordinario y profundamente interesante para -nosotros, pueblos nacidos de la Edad media, en la guerra de los titanes -modernos, menos fantástica, pero tan grandiosa acaso como la guerra de -los antiguos titanes. Los titanes son mitos; los burgraves son hombres. -Hay un abismo entre nosotros y los titanes hijos de Urano y de Gea; no -hay entre los burgraves y nosotros más que una serie de generaciones: -nosotros, naciones ribereñas del Rhin, venimos de ellos, son nuestros -padres. De aquí entre ellos y nosotros aquella cohesión íntima, aunque -lejana, que hace que, admirándolos porque son grandes, los comprendamos -porque son reales. Así, la realidad que despierta el interés, la -grandeza que da la poesía, la novedad que apasiona á la multitud -son las fases del triple aspecto bajo el cual podía ofrecerse á la -imaginación de un poeta la lucha de los burgraves contra el emperador. - -El autor de estas páginas estaba ya preocupado de este gran asunto, -que de mucho tiempo atrás, como hemos dicho, solicitaba interiormente -su pensamiento, cuando una casualidad le condujo, hace algunos años, á -las orillas del Rhin. La parte del público que tiene á bien seguir sus -trabajos con algún interés, habrá acaso leído el libro intitulado _El -Rhin_, y sabrá por consiguiente que este viaje de un oscuro pasajero no -fué más que un largo y fantástico paseo de anticuario y soñador. - -Sin dificultad puede adivinarse la vida que hacía el autor en aquellos -parajes, poblados de recuerdos. Vivía allí más bien entre las piedras -del tiempo pasado que entre los hombres del tiempo presente. Todos los -días, con aquella pasión que comprenderán los arqueólogos y los poetas, -estudiaba algún antiguo edificio arruinado; iba y venía, trepaba á las -montañas y á las ruinas, rompía los espinos con los piés, apartaba -con la mano las cortinas de yedra, escalaba los ruinosos muros, y -allí, solo, pensativo, olvidándolo todo, entre pájaros parleros, y -á los rayos del sol matinal, sentado en algún basalto enmohecido, -ó bien hundido hasta las rodillas en las altas yerbas cubiertas de -rocío, descifraba una inscripción romana ó medía el vuelo de una -ojiva, mientras la vegetación de las ruinas alegremente movida por el -viento sobre su cabeza, derramaba una lluvia de flores. Á las veces, -por la tarde, en el momento en que el crepúsculo robaba su forma á -las colinas y daba al Rhin la siniestra blancura del acero, tomaba el -sendero de la montaña, cortado á trechos por alguna escalera de lava -y pizarra y subía hasta el desmantelado burgo. Solo allí, como por la -mañana, más solo si cabe (porque ningún cabrero se hubiera atrevido á -andar por aquellos vericuetos á horas en que todas las supersticiones -son pavorosas), perdido en la oscuridad, se dejaba llevar de aquella -profunda tristeza que se desliza en el alma, cuando á la caída de la -tarde se halla uno en alguna altura desierta entre las estrellas de -Dios que se encienden espléndidamente sobre nuestras cabezas, y las -pobres estrellas del hombre, que se encienden también en las míseras -cabañas desparramadas á nuestros piés. Luégo, pasaban las horas, y -más de una vez dieron las doce de la noche en todos los campanarios -del valle, y él estaba aún allí, de pié en alguna brecha del castillo, -pensando, mirando, examinando la actitud de la ruina, estudiando, -testigo importuno acaso, lo que la naturaleza hace en la soledad y -en las tinieblas; escuchando, en medio del hormigueo de los animales -noctívagos, todos esos rumores singulares de que la leyenda ha hecho -voces; contemplando en el ángulo de las salas y en la profundidad de -los corredores todas esas formas vagamente dibujadas por la luna y por -la sombra de que ha hecho espectros la leyenda. Como se ve, sus días -como sus noches estaban llenos de la misma idea, y procuraba arrebatar -á las ruinas cuánto podían enseñar á un pensador. - -Fácilmente se comprenderá que en medio de sus contemplaciones y -melancolías se representaran en su espíritu los burgraves. Lo -repetimos, lo que hemos dicho de la Tesalia al principio puede decirse -del Rhin: en otro tiempo tuvo gigantes; hoy tiene fantasmas, y estos -fantasmas se le aparecieron al autor. De los castillos que hay en las -colinas, pasaron sus meditaciones á los castellanos que viven en la -crónica, en la leyenda y en la historia. Tenía á la vista los edificios -y hubo de figurarse á los hombres: por la concha se puede conocer el -molusco; por la casa el habitante. ¡Y qué casas los burgos del Rhin, -y qué habitantes los burgraves!... Aquellos grandes caballeros tenían -tres armaduras: la primera era de valor, era el corazón; la segunda, de -acero, era su vestido; la tercera, de granito, era su fortaleza. - -Un día, después de visitar el autor las derruídas ciudadelas que erizan -el Wisperthal, dijo para sí que había llegado el momento; díjose, sin -olvidar lo poco que es y lo poco que vale, que de aquel viaje había de -sacar una obra, que de aquella poesía había de salir un poema. La idea -que le vino en mientes no carecía de cierta grandeza, según cree. Hela -aquí pues: - -Reconstruir con el pensamiento en toda su amplitud y en todo su -poder uno de aquellos castillos en que los burgraves, iguales á los -príncipes, vivían una vida casi real. «_En los siglos_ XII _y_ XIII, -dice Kohlrausch, _el título de burgrave iba en categoría inmediatamente -después del título de rey_[6].» Presentar en el burgo las tres cosas -que contenía: una fortaleza, un palacio, una caverna; en este burgo, -así abierto en toda su realidad á la sorprendida vista del espectador, -instalar y hacer vivir juntas y de frente cuatro generaciones, el -abuelo, el padre, el hijo y el nieto; hacer de toda esta familia como -el símbolo palpitante y completo de la expiación; poner sobre la cabeza -del abuelo el crimen de Caín, en el corazón del padre los instintos -de Nemrod, en el alma del hijo los vicios de Sardanápalo, y dejar -entrever que el nieto pudiera muy bien un día cometer el crimen por -pasión á la vez como su bisabuelo, por ferocidad como su abuelo y por -corrupción como su padre; presentar al abuelo sumiso á Dios, y el padre -al abuelo; levantar al primero con el arrepentimiento, y al segundo -con la piedad filial, de modo que el abuelo pueda ser augusto, y el -padre grande, mientras las dos generaciones que les siguen, amenguadas -por sus crecientes vicios, van hundiéndose más y más en las tinieblas; -poner de esta manera delante de todos la inmensa escala moral de la -degradación de las razas, que debiera ser el ejemplo vivo eternamente -expuesto á la vista de todos los hombres, y que no ha sido hasta aquí -entrevisto desgraciadamente sino por los soñadores y poetas; dar forma -á esta lección de los sabios, hacer de esta abstracción filosófica una -realidad palpable, interesante, útil; he aquí la primera parte y, por -decirlo así, la primera fase de la idea que le ocurriera. Por lo demás, -no se le suponga la presunción de exponer en estas líneas lo que cree -haber hecho; limítase á explicar lo que ha querido hacer. Dicho esto de -una vez para siempre, continuemos. - - [6] Tomo I. Época 4.ª. Casa de Suabia. - -En semejante familia, así expuesta á todas las miradas, deben -intervenir, para que la enseñanza sea completa, dos grandes y -misteriosos poderes, la fatalidad y la providencia: la fatalidad que -puede castigar, la providencia que puede perdonar. Cuando la idea que -acaba de desenvolver ocurrió al autor, pensó desde luego que esta doble -intervención era necesaria para la moralidad de la obra. Pensó que era -menester que en aquel palacio lúgubre, inexpugnable y omnipotente, -poblado de hombres de guerra, rebosando de príncipes y soldados, -se viera errante entre las orgías de la gente moza y las negras -melancolías de los ancianos, la gran figura de la servidumbre; que era -preciso que esta figura fuera una mujer, porque sólo la mujer, manchada -de cuerpo y alma, puede representar la esclavitud completa; y, en fin, -que era necesario que esta mujer, que esta esclava, vieja, lívida, -encadenada, salvaje, como la naturaleza que sin cesar contempla, fiera -como la venganza que día y noche medita, teniendo en el corazón la -pasión de las tinieblas, esto es, el odio, y en el espíritu la ciencia -de las tinieblas, es decir, la magia, personificara la Fatalidad. -Pensó por otra parte que, si era necesario que se viera la servidumbre -arrastrada á los piés de los burgraves, lo era también que brillara -por encima de ellos la soberanía; que era asimismo necesario que en -medio de aquellos príncipes bandidos, apareciera un emperador; que en -una obra de este género, si el poeta, para pintar una época, tenía -el derecho de tomar de la historia lo que la historia enseña, tenía -igualmente, para mover sus personajes, el de emplear lo que la leyenda -autoriza: que sería bueno acaso despertar por un momento y hacer salir -de las misteriosas profundidades en que está sepultado el glorioso -Mesías militar que aún está esperando Alemania, el héroe imperial de -Kaiserslautern, el Júpiter del siglo XII, Federico Barbaroja. Pensó, -en fin, que quizá hubiera alguna grandeza en que, mientras una esclava -representaba la Fatalidad, un emperador personificara la Providencia. -Estas ideas germinaron en su espíritu y pensó que disponiendo de esta -suerte las figuras que habían de encarnar su pensamiento, podría en el -desenlace, grande y moral conclusión, en su sentir á lo menos, hacer -que la Fatalidad fuera aniquilada por la Providencia, la esclava por el -emperador, el odio por el perdón. - -Como en toda obra, por sombría que sea, ha de haber un rayo de luz, -es decir, amor, todavía pensó que no era bastante bosquejar el -contraste de los padres y de los hijos, la lucha de los burgraves y -del emperador, el encuentro de la Fatalidad y la Providencia; que era -menester también pintar dos corazones que se amaran, y que una pareja -casta y llena de abnegación, puesta en el centro de la obra, irradiando -al través de todo el drama, debía ser el alma de la acción dramática. - -Porque esto es, en nuestro concepto, una condición suprema. Como quiera -que sea el drama, ahora contenga una leyenda, ahora una historia ó un -poema, preciso es ante todo que contenga la naturaleza y la humanidad. -Haced, si queréis, porque es derecho soberano del poeta, haced que -anden estatuas en vuestros dramas, haced que se arrastren en ellos -hasta tigres; pero entre estas estatuas y estos tigres poned hombres. -Inspiraos en el terror, pero inspiraos también en la piedad. Bajo estas -garras de acero, bajo estos piés de piedra, triturad el corazón humano. - -Con esto, la historia, la leyenda, el cuento, la realidad, la -naturaleza, la familia, el amor, las costumbres ingenuas, las -fisonomías salvajes, los príncipes, los soldados, los aventureros, -los reyes, patriarcas como en la Biblia, cazadores de hombres como -en Homero, titanes como en Esquilo, todo se ofrecía á la vez á la -deslumbrada imaginación del autor en el vasto cuadro que había que -pintar, y se sentía irresistiblemente arrastrado hacia la obra que -meditaba, deplorando sólo que tan grande asunto no hubiera encontrado -un gran poeta. Porque había aquí de cierto propicia ocasión para una -creación majestuosa; con semejante asunto se podía mezclar á la pintura -de una familia feudal la de una sociedad heróica, tocar á la vez con -ambas manos en lo sublime y en lo patético, comenzar por la epopeya y -concluir por el drama. - -Después de haber bosquejado este poema en su pensamiento, como acaba -de indicarlo y teniendo siempre á la vista su inferioridad subjetiva, -hubo de pensar el autor en la forma que había de darle. En su opinión, -el poema debe tener la misma forma del asunto. La regla: _Neve minor, -neu sit quinto_, etc., no tiene á sus ojos sino un valor relativo. Los -griegos no tenían idea de ello, y las más imponentes obras maestras -de la tragedia propiamente dicha están fuera de esta supuesta ley. La -verdadera ley es ésta: toda obra de ingenio ha de nacer con el corte -particular y las divisiones especiales que lógicamente le da la idea -que él mismo encierra. Aquí, lo que el autor quería pintar y poner en -el punto culminante de su obra, entre Barbaroja y Guanhumara, entre la -Providencia y la Fatalidad, era el alma del antiguo burgrave centenario -Job el Maldito, aquella alma que ya á las puertas del sepulcro, no -mezcla con su incurable melancolía más que un triple sentimiento: la -casa, la Alemania, la familia. Estos tres sentimientos daban á la obra -su división natural. El autor resolvió, pues, dividir su drama en tres -partes. Y, en efecto, si se quieren reemplazar por un momento en la -mente los títulos actuales de estos tres actos, los cuales no expresan -más que el hecho exterior, con títulos más metafísicos que revelen -el pensamiento interior, se verá que cada una de estas tres partes -corresponde á uno de los tres sentimientos fundamentales del antiguo -caballero alemán: la casa, la Alemania, la familia. La primera parte -podría intitularse _la Hospitalidad_, la segunda _la Patria_, y la -tercera _la Paternidad_. - -Una vez resuelta la división y forma del drama, propúsose el autor -escribir en la portada de la obra, cuando estuviera concluída, la -palabra _trilogía_. Aquí, como en cualquiera otra parte, trilogía -significa única y esencialmente poema en tres cantos, ó drama en tres -actos. Al emplearla sólo quería el autor despertar un gran recuerdo, -glorificar, en cuanto estaba de su parte, con este tácito homenaje, al -antiguo poeta de la _Orestiada_, que desconocido de sus contemporáneos, -decía con altiva tristeza: _Yo consagro mis obras al tiempo_; y también -acaso indicar al público con esta referencia, bien temible por otra -parte, que lo que el grande Esquilo había hecho por los titanes, se -atrevía él, poeta por desgracia muy inferior á tan grandioso empeño, -hacerlo ó procurarlo por los burgraves. - -Por lo demás, el público y la prensa (la voz del público) han tenido -generosamente en cuenta, no el talento, sino la intención. Todos los -días esa multitud inteligente y simpática que de tan buena voluntad -concurre al glorioso teatro de Corneille y de Molière, va á buscar en -esta obra, no lo que el autor ha puesto en ella, sino lo que á lo menos -ha intentado poner. Está orgulloso de la atención persistente y seria -de que el público tiene á bien rodear sus trabajos, por insuficientes -que sean, y sin repetir aquí lo que ha dicho ya en otra parte, -comprende que esta atención está para él llena de responsabilidad. -Hacer constantes esfuerzos por lo grande, dar á los espíritus lo -verdadero, á las almas lo bello, el amor á los corazones, no ofrecer -nunca á las multitudes un espectáculo que no sea una idea: he aquí lo -que el poeta debe al pueblo. La misma comedia, cuando se mezcla con el -drama, debe contener una lección y tener su filosofía. En nuestros días -el pueblo es grande, y para ser comprendido de él debe el poeta ser -sincero. Nada está más cerca de lo grande que lo honrado. - -El teatro debe hacer del pensamiento el pan de la multitud. - -Una palabra más para concluir. _Los Burgraves_ no son, como han creído -algunas personas, excelentes por otra parte, una obra de pura fantasía, -el producto de un caprichoso arranque de la imaginación. Lejos de esto: -si una obra tan incompleta valiera la pena de ser discutida desde -este punto de vista, se sorprenderían acaso muchas personas al saber -que en el pensamiento del autor ha habido otra cosa muy distinta de -un capricho de la imaginación en la elección de este asunto, como en -todos los que hasta el día ha elegido, si se le permite decirlo. En -efecto, existe hoy una nacionalidad europea, como había en tiempo de -Esquilo, Sófocles y Eurípides una nacionalidad griega. El grupo íntegro -de la civilización, cualquiera que fuese y cualquiera que sea, ha sido -siempre la patria del poeta. Para Esquilo era Grecia, para Virgilio el -mundo romano, para nosotros es la Europa. Allí donde está la luz se -siente la inteligencia en su centro y su centro está allí. Así, pues, -guardando la necesaria proporción, y suponiendo que sea permitido -comparar lo que de suyo es pequeño con lo que es grande esencialmente; -si refiriendo Esquilo la lucha de los Titanes, hacía en otro tiempo -para la Grecia una obra nacional, el poeta que refiere la lucha de los -Burgraves hace hoy para Europa una obra igualmente nacional, en el -mismo sentido y con la misma significación. Cualesquiera que sean las -antipatías momentáneas y los celos de fronteras, todas las naciones -cultas pertenecen al mismo centro y están indisolublemente ligadas -entre sí por una profunda y secreta unidad. La civilización nos concede -á todos unas mismas entrañas, el mismo espíritu, la misma tendencia, el -mismo porvenir. Fuera de esto, Francia, que presta á la civilización -misma su lengua universal y su soberana iniciativa; Francia, aun -cuando nos unimos á Europa en una especie de grande nacionalidad, no -deja de ser nuestra primera patria, como Atenas era la primera patria -de Esquilo y de Sófocles. Estos eran atenienses como nosotros somos -franceses, y nosotros somos europeos como ellos eran griegos. - -Esto merece la pena de ser desarrollado, y el autor acaso lo haga -un día. Cuando lo haya hecho, se comprenderá mejor el conjunto de -las obras que ha producido hasta aquí, se abarcará su pensamiento y -se comprenderá su cohesión. Entre tanto, lo dice y se complace en -repetirlo, la civilización entera es la patria del poeta. Esta patria -no tiene otra frontera que la línea sombría y fatal en que comienza la -barbarie. - -Esperemos que algún día el globo entero será civilizado, y á todos los -puntos de la mansión humana habrá llegado la luz; entonces se habrá -cumplido el magnífico ensueño de la inteligencia: tener por patria el -mundo y por nación la humanidad. - - 25 de Marzo de 1843. - - - - -LOS BURGRAVES - - - - -PERSONAJES - - - JOB, burgrave de Heppenheff. - MAGNO, hijo de Job, burgrave de Wardeck. - HATTO, hijo de Magno, marqués de Verona, burgrave de Nollig. - GORLOIS, hijo de Hatto (bastardo), burgrave de Sareck. - FEDERICO DE HOHENSTAUFEN. - OTBERTO. - EL DUQUE GERARDO de Turingia. - GILISA, margrave de Lusacia. - PLATÓN, margrave de Moravia. - LUPO, conde de Mons. - CADWALLA, burgrave de Okenfels. - DARÍO, burgrave de Lahneck. - LA CONDESA REGINA. - GUANHUMARA. - EDUVIGIS. - CARLOS } } - HERMAN } Estudiantes. } - CINULFO } } - } - HAQUIN } } - GONDICARIO } } Esclavos. - TEUDON } Mercaderes } - KUNZ } y } - SWAN } burgueses } - PÉREZ } } - JOSIO, soldado. - EL CAPITÁN del burgo. - UN SOLDADO. - - -Heppenheff.--120... - - - - -[Ilustración] - -PARTE PRIMERA - -EL ABUELO - - - La antigua galería de retratos señoriales del burgo de Heppenheff. - Esta galería, que era circular, se extendía al rededor del castillo - y se comunicaba con lo demás del edificio por cuatro grandes puertas - situadas á los cuatro puntos cardinales. Al levantarse el telón, se - descubre parte de esta galería que se pierde por detrás del muro - circular del castillo. Á la izquierda, una de las cuatro grandes - puertas de comunicación. Á la derecha, otra puerta alta y ancha que - da paso al interior, levantada sobre tres gradas é inmediata á una - puerta falsa. En el fondo, una galería romana abovedada con pilares - bajos y capiteles rasos que sostienen un segundo piso practicable - que se comunica con la galería por una gran escalera de seis gradas. - Al través de estas amplias arcadas, se ve el cielo y lo demás - del castillo en cuya más alta torre flota al viento una inmensa - bandera negra. Á la izquierda de la puerta grande de dos hojas, una - ventanilla cerrada con una vidriera de colores. Cerca de la ventana - una poltrona. Toda la galería tiene el aspecto ruinoso é inhabitable. - Las paredes y las bóvedas de piedra en las que se distinguen - algunos vestigios de frescor están verdosas y enmohecidas por las - filtraciones de las lluvias. Los retratos colgados en los muros de la - galería están todos vueltos del revés, es decir de cara á la pared. - - Al levantarse el telón, está anocheciendo. La parte del castillo que - se ve por las arquivoltas del fondo, parece iluminado interiormente, - bien que sea aún de día. Óyese hacia esta parte del burgo són de - trompetas y clarines, y á intervalos canciones entonadas por robustas - voces al sonsonete de los vasos. Más cerca suena ruido de hierros, - como si alguna gente encadenada fuera y viniera por la parte no - visible de la galería. - - Una mujer, sola, vieja, medio oculta bajo un largo velo negro, - vestida con un saco de pardo sayal en andrajos, sujeta con una cadena - que se agarra con doble anillo á su cintura y á su descalzo pié y un - collar de hierro á la garganta, se apoya en la puerta grande y parece - escuchar los cantos de la inmediata pieza. - - -ESCENA I - -GUANHUMARA, sola, escuchando. -(Canto dentro): - - _¡De tan crüentas guerras_ - _nuestro poder brotó!_ - _Á las ciudades... ¡fisga!_ - _y á los reyes... ¡mayor!_ - - _Prosperan los burgraves_ - _del exterminio en pos._ - _Barones, fisga al papa,_ - _fisga al emperador._ - - _Á hierro y fuego reine_ - _sólo nuestro pendón._ - _¡Fisga, burgraves, fisga_ - _á Satanás y á Dios!_ - -(_Trompetas y clarines._) - -GUANHUMARA.--Muy alegres están los príncipes. Todavía dura el festín. -(_Mirando á la otra parte del teatro._) Los cautivos trabajan bajo el -látigo desde el alba. Allá el ruido de la orgía; acá el ruido de los -hierros. (_Mirando hacia la puerta de la derecha._) Allí, el padre y el -abuelo, pensativos y cargados de años, buscando la sombría huella de -todo lo que han hecho, meditando en su vida y en su raza, contemplando -á solas y lejos de las triunfantes risas, sus maldades aún menos -horribles que sus hijos. En su prosperidad hasta hoy completa, ¡cuán -grandes son! Los marqueses de las fronteras, los condes soberanos, -los duques, hijos de los reyes godos, se inclinan ante ellos como si -fueran iguales. El burgo, henchido de tocatas, canciones y gritería, -se alza inaccesible hasta las nubes. Miles de soldados, bandidos de -fulgurantes ojos, vigilan por todas partes con el arco en una mano, la -lanza en otra y la espada entre los dientes. Todo protege y defiende -este antro aborrecible. Sola, en un desierto rincón de este formidable -castillo, vieja, desconocida, débil, con la cadena al pié y el collar á -la garganta, desarrapada y triste, se arrastra la pobre esclava... Pero -¡oh príncipes, temblad! ¡Esta esclava es el odio! - - (_Retírase al fondo y sube las gradas de la galería. Entra por la - derecha una cuadrilla de esclavos encadenados trayendo en la mano las - herramientas del trabajo. Apoyada en un pilar Guanhumara, los mira - pensativa. Por los vestidos sucios y desgarrados de los cautivos se - infieren aún sus antiguas profesiones._) - - -[Ilustración] - - -ESCENA II - -LOS ESCLAVOS - - (_Kunz, Teudon, Haquin, Gondicario, burgueses y mercaderes, con - barbas canosas; Josio, veterano; Herman, Cinulfo, Carlos, estudiantes - de la Universidad de Bolonia y de la escuela de Maguncia; Swan (ó - Suenon) negociante de Lubeck. Los cautivos se adelantan en grupos, - separados por clases, quedando solo el soldado. Los viejos, abrumados - de fatiga y de dolor. Durante esta escena y las dos siguientes, - continúan á intervalos los cantos de la sala inmediata._) - -TEUDON (_dejando su herramienta y sentándose en una grada_).--Por fin -llega la hora del descanso. ¡Oh! ¡Cuán fatigado estoy! - -KUNZ.--¡Ah! Yo era libre y rico y ahora... - - (_Agitando su cadena._) - -GONDICARIO (_apoyado en un pilar_).--¡Ah! - -CINULFO (_Mirando á Guanhumara que cruza la galería._)--Quisiera que -alguien me dijese á quién espía esta buena mujer. - -SWAN (_bajo á Cinulfo_).--Hace algún tiempo fué apresada con unos -mercaderes de San Galo por la gente del burgo. No sé nada más. - -CINULFO.--Me es indiferente. Pero mientras á nosotros se nos sujeta, á -ella la dejan andar libre. - -SWAN.--Ha curado de una fiebre maligna á Hatto, el mayor de los nietos. - -HAQUIN.--Al burgrave Rollon le mordió el otro día una sierpe en el pié -y ella también le curó. - -CINULFO.--¿De veras? - -HAQUIN.--Tengo para mí que es una hechicera. - -HERMAN.--¡Cá!... Una loca. - -SWAN.--La verdad es que posee mil secretos, y no sólo ha curado á -Rollon y Hatto, sino también á Elio, Knud y Azzo, los leprosos de que -huía todo el mundo. - -TEUDON.--Algo muy grave maquina esa mujer. Yo estoy, no lo dudéis, -en que trae algún negro proyecto entre cejas, de acuerdo con los -tres leprosos, que le son muy afectos. En todos los rincones se les -encuentra juntos, como tres perros que siguieran á una loba. - -HAQUIN.--Ayer, sin ir más lejos, estaban los cuatro en el cementerio -en la habitación de los leprosos. Ellos se ocupaban en hacer un -ataúd; ella, bien arremangada, agitaba un vaso, cantando bajo como si -arrullara y adormeciera á un niño, y componía un filtro con huesos de -muerto. - -SWAN.--Y esta noche pasada divagaban por ahí. La noche estaba clara y -daba en verdad miedo ver á los leprosos enmascarados y á la vieja con -su largo velo. Yo estaba desvelado y pude verlos. - -KUNZ.--Presumo que tienen algún escondrijo en los subterráneos. El otro -día se dirigían á un gran muro, taciturnos y malhumorados los cuatro; -desvié yo la vista por no estorbar, y cuando miré otra vez, habían -desaparecido: se habían deslizado por debajo del muro. - -HAQUIN.--Esos leprosos y hechizados me importunan. - -KUNZ.--Era junto á la Cueva Perdida. - -HERMAN.--Los leprosos sirven á la que los ha curado;... nada más -natural. - -SWAN.--Pero en vez de los leprosos y del perverso Hatto, á quien -debiera curar en el castillo sería á la amable niña, prometida de -Hatto, la sobrina del anciano Job. - -KUNZ.--¿Regina? ¡Dios la bendiga! Es un ángel. - -HERMAN.--Muriéndose está. - -KUNZ.--Es lástima. El horror á Hatto la mata. - -TEUDON.--¡Pobre niña! - - (_Guanhumara atraviesa el fondo del teatro._) - -HAQUIN.--Aquí está otra vez la vieja. Verdaderamente me espanta. Todo -en ella, su porte, su tristeza, su mirada penetrante, clara y repulsiva -á la vez, su ciencia sin fondo, en la que creo, en verdad me da miedo. - -GONDICARIO.--¡Maldito sea este burgo! - -TEUDON.--¡Cuidado! - -GONDICARIO.--Á esta galería no vienen nunca nuestros amos; y además -están de fiesta y lejos de nosotros. ¿Quién ha de oirnos? - -TEUDON (_bajando la voz é indicando la puerta del castillo_).--Allí -están los dos. - -GONDICARIO.--¿Quiénes? - -TEUDON.--Los ancianos, el padre y el hijo. Cuidado, te digo. Excepto -Regina, que reza con ellos alguna vez,--lo sé por la nodriza -Eduvigis,--excepto ese Otberto, joven aventurero que vino el año pasado -á prestar servicio en el castillo y á quien el abuelo, castigado en su -descendencia, estima por su lealtad, nadie abre esa puerta ni entra -nadie aquí. El anciano está allá solo en su antro. En otro tiempo -enviaba carteles de desafío al mundo entero; veinte condes y otros -tantos duques, sus hijos, sus nietos, cinco generaciones cuyo reino es -la montaña, rodeaban como á un rey al patriarca bandido. Pero ya la -edad le ha quebrantado y está fuera de combate. Allá está aislado y -triste bajo su dosel de brocado, si bien su hijo el viejo Magno, de pié -y respetuoso ante él, le tiene su antigua lanza. Se le pasan los meses -enteros en silencio, y por la noche se le ve entrar pálido y abrumado -de pesares en un corredor secreto cuya llave él mismo guarda. ¿Á dónde -va? - -SWAN.--Extraños pesares le atormentan. - -HAQUIN.--Sus hijos le pesan como ángeles malos. - -KUNZ.--Por algo le llaman el Maldito. - -GONDICARIO.--Tanto mejor. - -SWAN.--Tuvo el último hijo siendo ya muy viejo y amaba á este renuevo. -Dios hizo el mundo así: siempre las barbas blancas se inclinan á los -cabellos rubios. Apenas tenía el Benjamín un año, cuando le fué robado. - -KUNZ.--Por una egipcia. - -CINULFO.--Á orillas de un campo de trigo. - -HAQUIN.--Pero yo sé que este burgo construído sobre una cima, después -de haber abrigado un gran crimen, quedó muy grande espacio desierto y -fué luégo demolido por la Orden Teutónica. En fin, los años y el olvido -todo lo borran, y un día el dueño, hombre fantástico, cambió de nombre -y volvió. Desde entonces está enarbolada en el castillo esa triste -bandera negra. - -SWAN (_á Kunz_).--¿No has observado por debajo del torreón redondo que -domina el torrente, una ventana estrecha, abierta á pico sobre los -fosos, donde se ven tres barrotes torcidos y casi arrancados? - -KUNZ.--Es la Cueva Perdida, de que hablaba poco há. - -HAQUIN.--¡Qué albergue tan sombrío! Dicen que está habitado por un -fantasma. - -HERMAN.--¡Bah! - -CINULFO.--Diríase que en otro tiempo corrió por allí la sangre. - -KUNZ.--La verdad es que nadie podría entrar allí: el secreto de su -entrada se ha perdido; lo único que se ve es la ventana. - -SWAN.--Pues por la noche suelo ir al ángulo de la roca, y allí oigo -siempre pasos. - -KUNZ.--¿Estás seguro de ello? - -SWAN.--Segurísimo. - -TEUDON.--Variemos de conversación: lo más prudente es callar. - -HAQUIN.--Este burgo está envuelto en negro misterio. - -TEUDON.--Hablemos de otra cosa. Lo que ha de suceder sólo Dios lo sabe. -(_Vuélvese á un grupo que no ha tomado parte en esta conversación, -aunque presta atento oído á lo que más allá dice un estudiante._) -Carlos, acaba de contarnos tu historia. - - (_Viene Carlos al proscenio; todos los grupos le rodean y le prestan - atención._) - -CARLOS.--Sí, pero no olvidéis que el hecho es notorio, que la aventura -ocurrió el mes pasado y que han corrido... más de veinte años desde que -Barbaroja murió en la cruzada. - -HERMAN.--En hora buena. Tu Max estaba pues en un sitio muy desagradable -¿eh? - -CARLOS.--Muy lúgubre, Herman, hasta espantoso. Una multitud de -siniestros cuervos gira eternamente al rededor de la montaña. Por la -noche sus pavorosos graznidos ahuyentan hasta Lautern al cazador. Gotas -de agua caían de esta montaña abrupta como lágrimas de un horrible -rostro. Una sombría caverna de pavorosa forma se abría en el barranco. -El conde Max sin temor alguno á las tinieblas del viejo monte, se -arriesgó á entrar en la espantable gruta. Una luz siniestra iluminaba -las sombras y en esta media oscuridad andaba, cuando de súbito, bajo -una bóveda en lo hondo del subterráneo, vió sentado en un sitial de -bronce, con los piés envueltos entre los pliegues de sus ropas, y con -un cetro á la derecha y un globo á la izquierda, un anciano espantoso, -inmóvil, encorvado, vestido de púrpura, coronado y con espada al cinto. -Estábase de codos el anciano sobre una mesa hecha con un peñasco de -lava, y bien que Max fuera muy valiente, como que había guerreado al -mando de Juan el Batallador, palideció ante el anciano casi hundido -en el musgo y la yedra...: era el emperador Federico Barbaroja. -Estaba durmiendo á la sazón: su barba, de oro en otro tiempo, blanca -entonces, daba tres vueltas á la mesa de piedra; sus largas y también -blancas pestañas cerraban sus pesados párpados y su traspasado corazón -manaba sangre sobre el rojo escudo. Á veces, inquieto en medio de su -sueño, llevaba la mano vagamente á su espada. ¿Qué sueño era aquel que -embargaba su alma? Sólo Dios lo sabe. - -HERMAN.--¿Has acabado? - -CARLOS.--No, escuchad todavía. Á los pasos del conde Max en el sombrío -corredor, hubo de despertarse el dormido, levantó su calva frente y -fijando en el conde una mirada siniestra:--Caballero, le dijo, ¿se -han ido los cuervos?--Señor, no, le contestó el conde. Sin decir una -palabra más volvió el anciano á inclinar la cabeza, y Max poseído de -espanto vió dormirse otra vez al fantasma emperador. - - (_Todos los grupos le han escuchado con curiosidad creciente y en - particular Josio que se le acercó más que todos al oir el nombre de - Barbaroja._) - -HERMAN (_echándose á reir_).--¡El cuento es sabroso! - -HAQUIN (_á Carlos_).--Si ha de darse fe á la fama, Federico se ahogó -delante de todo el ejército en el Cidno. - -JOSIO.--Sí, se perdió en la corriente; yo lo ví. ¡Oh! Fué cosa -terrible y grande: nunca se borra de mi corazón este recuerdo. Otón -de Wittelsbach odiaba á Barbaroja; pero cuando vió á su príncipe á -discreción de la corriente y que los turcos además le arrojaban sus -azagayas, obligó á su caballo á entrar en el río y ofreciéndose solo -á las hostilidades: «¡Comencemos, gritó, comencemos por salvar al -emperador!» - -HERMAN.--Pero fué en vano. - -JOSIO.--En vano acudieron los mejores: sesenta y tres soldados y dos -condes perecieron en la inútil empresa. - -CARLOS.--Eso no prueba que su cetro no esté en el Valle de Malpas. - -SWAN.--La fábula es un campo sin límites. Hay quien dice que, salvado -milagrosamente, se había hecho eremita y que vivía aún. - -GONDICARIO.--¡Pluguiera á Dios que así fuera, y que viniera á libertar -á Alemania antes de 1220, año fatal en que, según se dice, ha de caer -el imperio! - -SWAN.--Ya por todas partes espira nuestro valor. - -HAQUIN.--¡Oh! Si Federico viviera, emprendería otra vez la guerra -contra los burgraves, para sacarnos de aquí á sus leales súbditos. - -KUNZ.--¡Bah! El mundo entero padece tanto como nosotros, pobres -esclavos. Alemania no tiene cabeza ni freno Europa. - -HAQUIN.--No hay pan. - -GONDICARIO.--Por todas partes se ve, á orillas del Rhin, el negro -hormiguero de los bandidos que renacen. - -KUNZ.--Los electores se mantienen de malos manejos. - -HERMAN.--Colonia está por Suabia. - -SWAN.--Erfurt por Brunswick. - -GONDICARIO.--Maguncia elige á Bertoldo. - -KUNZ.--Tréveris quiere á Federico. - -GONDICARIO.--Y entre tanto, todo muere. - -HAQUIN.--Las ciudades están cerradas. - -SWAN.--No se puede viajar sino en bandas y con armas. - -CARLOS.--Están los pueblos pisoteados por los tiranuelos. - -TEUDON.--¡Cuatro emperadores!... ¡Mucho es! Y sin embargo, no bastan: -tratándose de reyes, Carlos, uno vale más que cuatro. - -KUNZ.--Se necesita un brazo de hierro para luchar. Pero ¡ah! Barbaroja -está muerto, bien muerto, Suenon. - -SWAN (_á Josio_).--¿Se encontró su cuerpo en el Cidno? - -JOSIO.--No; lo arrastró la corriente. - -TEUDON.--Swan, ¿tienes tú idea de la predicción que se hizo á su -nacimiento: «Este niño cuya ley acatará el mundo un día, se tendrá por -muerto dos veces y dos veces resucitará»? Ahora bien, dígase lo que se -quiera, parece haberse cumplido una vez. - -HERMAN.--Barbaroja ha dado asunto á cien cuentos. - -TEUDON.--Yo digo lo que sé. Hacia el año noventa, ví en el hospital -de Praga, en una casamata, á un tal Sfrondati, caballero dálmata, muy -viejo, que había perdido el juicio, según decían. Aquel hombre refería -en voz alta en su prisión, que siendo joven había sido caballerizo -del gran Federico, padre de Barbaroja. Al duque hubo de consternarle -la predicción. Fuera de esto, el niño crecía para una doble guerra, -como quiera que, gibelino por su padre y güelfo por su madre, ambos -partidos podían reclamarlo un día. El padre le educó al principio en -una torre, lejos de la vista de todos, teniéndolo como invisible, como -para ocultarlo á la suerte cuanto pudiera. Más tarde, todavía hubo de -buscarle otro abrigo. Había tenido un bastardo de una dama nobilísima, -el cual nacido en el monte ignoraba que su padre fuera el duque de -Suabia, conociéndolo sólo por el nombre de Otón. El bueno del duque -le mantenía en este error temiendo que el bastardo aspirara un día al -principado y se alzara con alguna provincia. El bastardo tenía por -su madre, muy cerca del Rhin, un burgo de que era señor feudal, un -castillo de bandido, un nido de águilas, una madriguera, en fin. El -asilo hubo de parecer de perlas al padre y fué á ver al burgrave y le -confió el niño bajo un nombre supuesto diciéndole solamente: «Hijo -mío, este es hermano tuyo.» Y luégo partió.--Á su suerte no puede -sustraerse nadie. Ciertamente, el duque creía á su hijo y su secreto á -buen recaudo, tanto más cuanto que el niño se desconocía á sí mismo. -Así llegó el joven Barbaroja á la edad de veinte años bajo el techo del -burgrave. Y sucedió, aquí viene lo importante, que un día, en medio -de un jaral, al pié de una roca y á orillas del torrente que lamía -los cimientos del castillo, unos pastores que al amanecer pasaban por -allí encontraron dos cuerpos ensangrentados y desnudos, que palpitaban -todavía; ambos habían sido apuñalados sordamente en el castillo y -arrojados al torrente, al abismo, á las tinieblas; pero no estaban -muertos. Fué un milagro sin duda, y aquellos dos hombres milagrosamente -salvados eran Barbaroja y su compañero, aquel mismo Sfrondati, el -único que sabía su nombre. Los curaron á los dos, y después, con gran -misterio, llevó Sfrondati el joven príncipe al padre, el cual en -recompensa prendió al escudero. El duque retuvo á su hijo, y sólo se -cuidó de echar tierra al asunto. Pero no volvió á ver al bastardo. -Cuando se sintió próximo á la muerte, llamó el padre á su hijo y le -hizo besar de rodillas un Cristo, y Barbaroja juró solemnemente no -tomar venganza de su hermano, sino el día en que éste cumpliera cien -años, esto es, nunca. De manera que el bastardo morirá sin saber que su -padre era duque y su hermano emperador. Sfrondati se ponía pálido -y tembloroso de espanto, cuando se quería ahondar en este secreto de -familia. Los dos hermanos amaban á la misma joven: el mayor se creyó -agraviado, mató al otro y vendió la joven á no sé qué fiero bandido que -atándola al yugo sin piedad como á un hombre, la condenó al remo en -las galeras que van de Ostia á Roma. ¡Qué destino!--Sfrondati decía: -¡Todo se olvidó! Por lo demás lo había visto y sentido todo. Pero nada -flotaba ya en las sombras de su alma; ni el nombre del bastardo, ni el -de la mujer; no sabía cómo ni dónde habían ocurrido las cosas. En Praga -ví á este hombre encerrado como un loco; pero el pobre ha muerto ya. - -[Ilustración: _...unos pastores, que al amanecer pasaban por allí, -encontraron dos cuerpos ensangrentados y desnudos..._] - -HERMAN.--¿Y qué concluyes de ahí? - -TEUDON.--Concluyo que si todos estos hechos son ciertos, la predicción -merece fe; porque, en fin, esa esperanza no es infundada; cumplida ya -una vez, bien puede cumplirse otra. Barbaroja en sus primeros años fué -tenido por muerto y resucitó... ¿No podría resucitar otra vez? - -HERMAN (_riendo_).--En hora buena: espéralo de pié. - -KUNZ (_á Teudon_).--Ya me habían contado á mí ese cuento. En aquel -castillo tenía Federico Barbaroja el nombre de Donato, y el bastardo -se llamaba Fosco. Por lo que hace á la hembra, era corsa, si no me -es infiel la memoria. Los amantes se ocultaban en una cueva, cuya -desconocida entrada era su secreto... Allí fué donde Fosco con mano -celosa y atrevida hubo de sorprenderlos, acabando en tragedia el idilio. - -GONDICARIO.--Si creyera una palabra de ese cuento, sentiría por la -gloria de Federico que al llegar al trono imperial, no hubiera buscado -á la mujer que amara. - -TEUDON.--No lo sientas, amigo, porque la buscó, aunque en vano. Espacio -de treinta años anduvo registrando las madrigueras del Rhin. El -bastardo abandonó su burgo para servir en Bretaña, y no volvió hasta -mucho tiempo después. El emperador recorrió montes y bosques, sitió los -castillos, destruyó á los burgraves; pero no la encontró. - -GONDICARIO (_á Josio_).--¿Érais vos de los buenos? ¿Peleasteis contra -aquellos descreídos, si recordáis? - -JOSIO.--¡Guerras de gigantes! Los burgraves se prestaban mutua ayuda, -y era preciso ganar el terreno palmo á palmo y sostener un combate en -cada muro, en cada puerta. Arriba, abajo, acribillados de golpes y -bañados en sangre, peleaban los barones, y soltando ruidosas carcajadas -bajo sus horrendas máscaras, dejaban correr sobre sus cascos el aceite -y el plomo derretido. Era preciso cercar afuera, combatir dentro, herir -con la espada y morder con los dientes. ¡Qué asaltos! Á las veces, -tomado por fin un castillo entre el humo, el polvo y las sombras, se -derrumbaba sobre el ejército imperial. En aquellas guerras fué donde un -día Barbaroja, enmascarado, pero con la corona en la frente, solo, al -pié de un muro, luchó contra un bandido que forzado en su albergue, le -quemó el brazo derecho con un hierro candente. De tal manera, que dijo -el emperador al conde de Arau: «Yo le devolveré la marca por mano del -verdugo.» - -GONDICARIO.--¿Y cogieron al bandido? - -JOSIO.--No, que se abrió paso; su visera impidió verle el rostro, y el -emperador conservó la marca en el brazo. - -TEUDON (_á Swan_).--Yo creo que Barbaroja vive: ya lo verás. - -JOSIO.--Yo estoy cierto de que murió. - -CINULFO.--Pero ¿y el conde Max? - -HERMAN.--¡Quimera! - -TEUDON.--¡La gruta del Malpas! - -HERMAN.--Un cuento de vieja. - -CARLOS.--Sfrondati nos da ya alguna luz. - -HERMAN.--¡Bah! Cuentos de su mente febril, por donde pasan las visiones -como nubes. - - (_Entra un soldado con el látigo en la mano._) - -SOLDADO.--¡Esclavos, al trabajo! Los convidados quieren venir esta -noche á ver esta ala del edificio, y el señor Hatto, nuestro amo, ha de -acompañarlos. ¡Haced que no os encuentre aquí arrastrando la cadena! - - (_Los presos recogen sus herramientas y salen en silencio por - parejas. Guanhumara reaparece en la galería alta y los sigue con - la vista. Luégo que salen los presos, entran por la puerta grande - Regina, Eduvigis y Otberto; Regina, vestida de blanco; Eduvigis, - la nodriza, vieja, en traje negro; Otberto, vestido de capitán - aventurero. Regina, joven, pálida, pudiendo apenas sostenerse, como - enferma de mucho tiempo atrás. Se apoya en el brazo de Otberto, quien - la mira con amor y angustia. Eduvigis la sigue. Guanhumara, sin ser - vista, les observa y escucha algunos instantes y sale luégo por la - parte opuesta._) - -[Ilustración] - - -[Ilustración] - -ESCENA III - -OTBERTO, REGINA; á intervalos EDUVIGIS - -OTBERTO.--Apoyaos en mí. Andad despacio... despacio. Sentaos en esta -poltrona. (_Siéntase._) ¿Cómo os sentís? - -REGINA.--Mal... Me estremezco... siento frío... Ese banquete me ha -empeorado. (_Á Eduvigis._) Mirad si viene alguien. - - (_Sale la nodriza._) - -OTBERTO.--No temáis nada: van á beber hasta mañana. ¿Por qué habéis ido -á ese festín? - -REGINA.--Hatto... - -OTBERTO.--¡Hatto! - -REGINA.--Más bajo. Hubiera podido obligarme; soy su prometida. - -OTBERTO.--Debiérais haberos quejado al viejo señor: Hatto le teme. - -REGINA.--Si voy á morir, ¿para qué? - -OTBERTO.--¡Oh! No habléis así. - -REGINA.--Sufrir, soñar, desaparecer al fin... He aquí la suerte de la -mujer. - -OTBERTO (_indicándole la ventana_).--Ved qué hermoso sol. - -REGINA.--Sí. ¡Cómo se inflama en su ocaso! Estamos en otoño y muere la -tarde. Por donde quiera caen las hojas y el bosque se pone sombrío. - -OTBERTO.--Las hojas se renovarán. - -REGINA.--Sí... ¡Oh! Es triste ver huir á las golondrinas. Ellas también -se van al dorado y ardiente mediodía. - -OTBERTO.--Ya volverán. - -REGINA.--Sí, pero yo... yo no veré ni volver á las golondrinas ni -renacer las hojas. - -OTBERTO.--¡Regina! - -REGINA.--Acercaos más á la ventana. (_Dándole un bolsillo._) Otberto, -echad este bolsillo á los pobres presos. (_Obedece Otberto._) Bello -sol, realmente; sus últimos rayos ciñen con una corona la frente del -Tauno; el río brilla, el bosque se rodea de esplendores, las ventanas -de las cabañas se iluminan. ¡Qué bello y grande es todo eso, Dios mío! -La naturaleza toda es onda de vida y de luz. ¡Oh! Yo no tengo padre ni -madre; nadie puede salvarme, nadie me puede curar; estoy sola en el -mundo, y me siento morir. - -OTBERTO.--¿Sola en el mundo vos? ¿Y yo, que os amo? - -REGINA.--¡Sueño!... No, vos no me amáis, Otberto. La noche llega; yo -voy á caer en sus sombras y vos me olvidaréis muy pronto. - -OTBERTO.--Por vos moriría y me condenaría ¡y decís que no os amo!... -Me desespera. Desde hace un año, desde el día en que os ví en esta -guarida en medio de tantos bandidos, desde entonces os amo, señora -mía. Mis ojos se convertían á vos en este fiero castillo, manchado -de crímenes, como al único lirio de esta sima y astro único de estas -sombras. Sí, me atreví á amaros, á vos, condesa del Rhin, á vos, -prometida de Hatto, el conde de corazón de bronce. Ya os lo dije, soy -un pobre capitán, hombre de fuerte espada y de raza incierta, acaso -menos que un siervo, acaso tanto como un rey. Dejadme y muero. Á dos -personas amo en este castillo: vos en primer lugar, antes que á todo, -antes que á mi padre... si lo tuviera; luégo (_indicando la puerta del -castillo_) á ese anciano abrumado bajo el peso de un pasado espantoso. -Tierno y fuerte, triste abuelo de una familia horrible, en vos pone -toda su alegría; en vos su último culto y su última antorcha, estrella -que alborea en la puerta de su sepulcro. Yo, soldado, cuya frente se -inclina al peso de la suerte, os bendigo á los dos, porque á vuestro -lado lo olvido todo, y mi alma oprimida por una ley fatal, cerca de él -se siente grande, y pura cerca de vos. Ahora veis todo mi corazón. Sí, -lloro, y... estoy celoso. Poco há, Hatto os miraba y vos le mirabais -á él, y yo sentía hervir mi sangre á borbotones y subir del corazón á -la frente todo mi odio y cólera. Me contuve, pero debí haberlo echado -á rodar todo. ¡Que no os amo! ¡Ah! Por un beso vuestro os daría yo -toda mi sangre. Regina, decid al sacerdote que no ame á su Dios, al -toscano sin dueño que no ame su ciudad, al marino en el mar que no ame -la aurora después de las noches de invierno, al prisionero cansado de -vivir que no ame la mano que le da su libertad; pero no me digáis que -yo no os ame á vos, pues sois para mí más que la libertad y más que -la luz. Soy vuestro sin reserva... bien lo sabéis vos, Regina. ¡Oh! -las mujeres son siempre crueles y nada les agrada tanto como jugar con -el alma y el dolor de un hombre. Pero perdonad; estáis enferma, y os -hablo de mí, cuando debería acatar de rodillas vuestro febril delirio y -besaros las manos dejándoos decirlo todo. - -REGINA.--Mi suerte, como la vuestra, Otberto, está llena de pesar. ¿Qué -soy yo? Una huérfana. ¿Y vos? Un huérfano. Uniéndonos el cielo con -infortunios comunes, hubiera podido hacer una felicidad de nuestros dos -infortunios. Pero... - -OTBERTO (_cayendo de rodillas_).--Pero yo te amaré, yo te adoraré, yo -te serviré. Si tú mueres, yo moriré. Mataré á Hatto, si se atreve á -disgustarte, y reemplazaré á tu padre y á tu madre. Sí, á los dos; como -tu padre, tengo mi brazo; como tu madre, tengo mi corazón. - -REGINA.--¡Oh dulce amigo mío! Gracias. Veo toda vuestra alma que posee -la voluntad de un gigante, y la ternura de una mujer. Pues bien, -Otberto mío; con todo vuestro poder nada podéis hacer por mí. - -OTBERTO (_levantándose_).--Sí. - -REGINA.--No, nada. No debéis disputarme á Hatto, no; mi prometido se -apoderará de mí sin lucha ni querella, y vos, tan gallardo y bravo, no -le venceréis, porque mi verdadero prometido es... el sepulcro. ¡Ah! -Pues ya entro en esa profunda sombra, hago dos partes de lo mejor que -tengo en este mundo: la una para el Señor, la otra para vos. Quiero, -amigo mío, que pongáis la mano en mi frente y os digo cerca de mi hora -suprema: Otberto, mi alma es de Dios; mi corazón es vuestro... os amo. - -EDUVIGIS.--Alguien viene. - -REGINA.--Ven. (_Se apoya en la nodriza y en su amado y se dirige hacia -la puerta falsa. Allí se detiene y volviéndose dice:_) ¡Oh! ¡Morir -á los diez y seis años es horrible! Cuando hubiéramos podido vivir -juntos, amantes, dichosos. Otberto mío, ¡quiero vivir! Escucha mi -plegaria: no dejes que me hunda bajo esa fría piedra. Me causa horror -la muerte. Sálvame por mi amor. ¿Podrías tú salvarme? Dí. - -OTBERTO.--Vivirás. (_Sale Regina con Eduvigis._) ¡Morir tú tan joven, -tan bella y tan pura! Así hubiera de luchar con el demonio, vivirás, yo -te lo juro. (_Viendo á Guanhumara inmóvil en el fondo._) ¡Á propósito! - - -ESCENA IV - -OTBERTO, GUANHUMARA - -OTBERTO.--Guanhumara, tu mano... tengo necesidad de ti. Ven. - -GUANHUMARA.--¡Tú! ¡Déjame! - -OTBERTO.--Escúchame. - -GUANHUMARA.--¿Vas á preguntarme otra vez por tu tierra y tu familia? -Pues bien, lo ignoro. ¿Si tu nombre es Otberto? ¿si tu nombre es -Yorghi? ¿Por qué ha pasado tu vida en el destierro? ¿Si fué en -Córcega ó en Moldavia donde te encontré niño, desnudo, solo, en pos -del sustento? ¿Por qué te aconsejé que vinieras á este castillo -prohibiéndote que dijeras que me conocías? ¿Por qué, bien que Regina -haya seducido al amo, conservo yo mi cadena al cuello, y en todo -tiempo y lugar, como cumpliendo un voto, esta argolla en el pié? No -quiero contestarte, nada he de decirte. Delátame si quieres. Pero -no, tú no harás traición á la nodriza que te crió á sus pechos y te -sirvió de madre; después de todo, tampoco le temo yo á la muerte. -(_Retirándose._) - -OTBERTO (_deteniéndola_).--No es de mí de quien quiero hablarte. Dime, -tú que lo sabes todo, Regina... - -GUANHUMARA.--Morirá antes de un mes. (_Retirándose._) - -OTBERTO (_deteniéndola_).--¿Puedes salvarla? - -GUANHUMARA.--¿Qué me importa á mí eso? (_Como hablando consigo misma._) -Si... cuando yo estaba en la India,... espantosa hasta para los leones, -andaba errante por los bosques estudiando las yerbas, los venenos, los -filtros supremos que tienen la virtud de resucitar á un muerto y que -parezca muerto un vivo... - -OTBERTO.--Contéstame. ¿Puedes salvarla? - -GUANHUMARA.--Sí. - -OTBERTO.--Por piedad; por Dios que nos está oyendo ¡oh Guanhumara! -sálvala, cúrala. - -GUANHUMARA.--Si ahora mismo, cuando contemplabas aquí á Regina, de -repente hubiera entrado Hatto como una tempestad; si feroz y riéndose -de rabia, la hubiera asesinado á tu vista y arrojado su cuerpo al -torrente, que brama como un tigre ahí afuera; si agarrándote á ti con -sus manos homicidas te hubiera llevado á la ciudad inmediata, con la -argolla de esclavo al pié, desnudo y medio muerto, para venderte como -cosa vil en el mercado; si á ti, soldado y libre, te hubiera vendido -para que te condenaran al remo en los barcos del Tíber... Supón ahora -que después de este día nefasto, la muerte os olvidó á los dos por -muchos años;... si después de haberte arrastrado de playa en playa -volvieras viejo de tan larga y ruda esclavitud ¿qué quedaría en tu -corazón? - -OTBERTO.--La venganza, la sed de sangre. - -GUANHUMARA.--Pues bien: yo soy la venganza, el odio sanguinario, y -voy, como ciego fantasma, al fin propuesto: tengo sed de sangre. -¿Qué me pides tú? ¿Que tenga piedad, que salve á los vivos? Me río -pensando en ello. Dices que tienes necesidad de mí. ¡Qué imprudencia! -¿Y si helando de espanto tu corazón yo te dijera á mi vez que tengo -necesidad de ti? ¿Y si te dijera que te he criado para mis proyectos y -que retrocedo ante tu inocencia? Retrocede tú, pues, ante mi soledad -y desventura. Acabo de contarte mi historia. ¡Qué infamia! Pero sólo -mataron al amante; la mujer... era yo. El asesino vive aún, y tú puedes -servir á mi designio. ¡Oh! ¡cuánto tiempo he gemido! Toda el agua -de las nubes ha caído sobre mi cabeza y he llegado á ser horrible y -formidable á fuerza de sufrir. Sesenta años he vivido de lo que causa -la muerte, del dolor; hambre, miseria, destierro, abatían mi frente; -he visto el Nilo, el Indo, el Océano, la tempestad, y las inmensas -noches de los polos; se han marcado en mis carnes duras argollas de -hierro; veinte amos diferentes me han echado á latigazos, miserable, -enferma. Ahora todo acabó: ya no tengo nada de humano, ni siento nada -aquí. (_Llevándose la mano al corazón._) Soy una estatua y habito una -tumba. Un día del mes pasado llegué entre dos luces á este castillo -perdido y aún me admiro de que al rumor del huracán no oyeran mis piés -de mármol en este suelo fatal. Pues bien, yo, cuyo odio nunca duerme, -hoy, si quisiera, tendría en mis manos á mi enemigo: le tengo... basta -que marque su hora con una sola palabra para que vacile, y con un solo -paso, para que muera. ¿He de repetirlo? Tú eres el único que puedes -facilitarme la venganza que quiero. Pero al llegar á este momento -fatal me he dicho: No, no, sería horrible. Yo, próxima al infierno, me -siento vacilar. No vengas á tentarme; porque si entráramos en tratos -semejantes, te contaría cosas horribles. Dime ¿querrías sacar de la -vaina tu puñal? ¿Querrías ser asesino, verdugo? ¡Te estremeces! ¡Débil -corazón y débil brazo! Vete y déjame en paz. - -OTBERTO (_bajando la voz_).--¿Qué exigirás de mí? - -GUANHUMARA.--Guarda, guarda tu inocencia: márchate. - -OTBERTO.--Por salvarla daría toda mi sangre. - -GUANHUMARA.--Vete. - -OTBERTO.--Hasta cometería un crimen. - -GUANHUMARA.--Me tienta... ya veis que me tienta. Pues bien, te cojo -la palabra. Vas á pertenecerme. En adelante, suceda lo que quiera, no -pierdas el tiempo en rogarme. Mi alma está llena de sombras y el ruego -se pierde en estas tinieblas. Ya te lo he dicho: no tengo piedad ni -remordimiento, á no ver vivo al que ví muerto, á Donato á quien tanto -amé. Y ahora escucha, te advierto al principio de este horrible camino -por la última vez. Todo te lo he dicho. Es preciso matar á alguien, -matar como en el cadalso, sin piedad ni perdón, á quien yo quiera y -cuando quiera. - -OTBERTO.--Prosigue. - -GUANHUMARA.--Cada soplo que pasa empuja á Regina al sepulcro. Sin mí -moriría irremisiblemente: yo sola puedo salvarla. Toma este pomo. Beba -de él una gota cada noche y vivirá. - -OTBERTO.--¡Gran Dios! ¿No me engañas? ¿Vivirá? - -GUANHUMARA.--Escucha: si por virtud de este licor, la ves venir mañana -á ti, como un ángel resucitado, con la luz de la salud en los ojos y la -alegría en el corazón ¿me pertenecerás? - -OTBERTO.--Dicho está. - -GUANHUMARA.--Júralo. - -OTBERTO.--Te lo juro. - -GUANHUMARA.--La misma Regina me responderá de ti... ella pagaría tu -perjurio. Bien lo sabes; conozco de antiguo esta morada, sé todos sus -secretos y á todas horas puedo entrar en ella. - -OTBERTO.--¿Dices que con ese licor se salvará? - -GUANHUMARA.--Sí; piensa en tu juramento. - -OTBERTO.--¿Se salvará? - -GUANHUMARA.--Sí. Pero piensa en que ha de pertenecerme tu alma. - -OTBERTO.--Dame ese licor y tómala. - -GUANHUMARA (_Entregándole el pomo._)--Hasta mañana. - -OTBERTO.--Hasta mañana. (_Sale la vieja._) ¡Gracias, mujer! -Cualesquiera que sean tus proyectos, aceptados están, á trueque de -salvar á Regina. Pero huyamos de aquí. (_Deteniéndose en la puerta -falsa._) ¡Oh! ¡Trágueme el infierno; pero... viva ella! - - (_Entra precipitadamente por la puertecita que cierra tras sí. Entre - tanto óyense por el lado opuesto cantos y risas que al parecer se - acercan, y luégo se abre la puerta principal de par en par._) - - (_Entran con ruidosa alegría los príncipes y burgraves conducidos por - Hatto, coronados de flores, vestidos de seda y oro y con los vasos - del festín en la mano. Hablan, beben y ríen por grupos, por entre los - cuales circulan pajes con ánforas de vino, jarros de oro para el agua - y bandejas cargadas de fruta. En el fondo partesaneros silenciosos é - inmóviles. Músicos, trompetas, clarines, heraldos de armas._) - -[Ilustración] - - -[Ilustración] - -ESCENA V - -LOS BURGRAVES - -Hatto, Gorlois, el duque Gerardo de Turingia, Platón, Gilisa, Zoaglio -Giannilaro, noble genovés; Darío, Cadwalla; Lupo, muy joven, como -Gorlois. Otros burgraves y príncipes, personajes mudos; entre otros, -Uther, pendragón de los bretones, y los hermanos de Hatto y de Gorlois. -Algunas mujeres engalanadas. Pajes, oficiales, capitanes. - -EL CONDE LUPO (_Cantando._) - - _Frío es el invierno,_ - _fuerte el aquilón_, - _y el cielo en los montes_ - _la nieve cuajó._ - _Mas ¿qué importa el frío_ - _si es fuego el amor?_ - - _Estoy condenado,_ - _mi madre murió,_ - _y al cielo me llama_ - _del cura el sermón._ - _Mas ¿qué importa el cielo_ - _do reina el amor?_ - - _Llamando á mi puerta_ - _cerrada al temor,_ - _Satán con sus diablos_ - _también me llamó._ - _Los diablos me lleven_ - _con vino y amor._ - -GILISA (_mirando por la ventana lateral á Lupo_).--Conde, desde aquí se -ve la puerta del burgo y el camino que sube á él. - -PLATÓN (_examinando el local_).--¡Qué desolación y qué vetustez! - -GERARDO (_á Hatto_).--Diríase una habitación de espectros. - -HATTO (_Indicando la puerta._)--Allí está mi abuelo. - -GERARDO.--¿Solo? - -HATTO.--Con mi padre. - -PLATÓN.--¿Y qué has hecho para desembarazarte de ellos? - -HATTO.--Harto vivieron ya. Ambos están locos. Más de dos meses hace que -el abuelo no habla: preciso es que al fin la vejez lo acabe, pues tiene -ya más de cien años... Ellos se han retirado... yo he debido ponerme en -su lugar. - -GIANNILARO.--¿Pero lo cedieron de buen grado? - -HATTO.--Casi, casi. - - (_Entra un capitán._) - -CAPITÁN (_á Hatto_).--Señor... - -HATTO.--¿Qué ocurre? - -CAPITÁN.--El platero judío Pérez no ha pagado aún su rescate. - -HATTO.--Que lo ahorquen. - -CAPITÁN.--Además, los mercaderes de Linz, cuyo miedo es grande, os -piden cuartel. - -HATTO.--Saqueadlos. Es país conquistado. - -CAPITÁN.--¿Y los de Rhens? - -HATTO.--Saqueadlos también. - - (_Sale el capitán._) - -DARÍO (_á Hatto_).--Tu vino es excelente, marqués. - - (_Bebe._) - -HATTO.--¡Pardiez! Es de escarlata. La ciudad de Bingen, que me teme y -lisonjea, me envía todos los años dos toneles. - -GERARDO.--Pero es mejor tu novia Regina. - -HATTO.--¡Oh! Cada cual se contenta con lo que tiene. - -GERARDO.--¡Parece que está enferma! - -HATTO.--No es nada. - -GIANNILARO (_bajo á Gerardo_).--Se está muriendo. - - (_Entra un capitán._) - -CAPITÁN (_bajo á Hatto_).--Mañana han de pasar por aquí unos mercaderes. - -HATTO (_alto_).--¡Pues acechadlos! (_Sale el capitán. Hatto continúa -volviéndose á los príncipes._) Mi padre hubiera ido allá; yo me quedo -aquí. En otro tiempo se guerreaba; ahora nos divertimos; antes imperaba -la fuerza, ahora la astucia. El pasajero me maldecía, diciendo: -«Hatto y sus hermanos causan terror en ese sombrío castillo, palacio -misterioso rodeado de tempestades. Á los margraves y duques da festines -Hatto y hace que los príncipes convidados sean servidos por príncipes -cautivos.» Enhorabuena: la suerte es excelente. Me temen, me envidian, -me maldicen y yo me río. Mi castillo lo arrostra todo. De la vida, -hasta la hora de Satanás, hago yo un paraíso. ¡Como un cazador sus -perros, suelto yo mis bandidos y vivo tan contento! Es bella mi futura, -¿eh? Á propósito, ¿no te casas tú con la condesa Isabel? - -GERARDO.--No. - -HATTO.--Pues tú le tomaste su ciudad el año último prometiéndole tu -mano de esposo. - -GERARDO.--No recuerdo... (_Riendo._) ¡Ah! sí; me lo hicieron jurar por -los Evangelios y... nada más. Dejo en libertad á la dama y conservo la -ciudad. (Ríe.) - -HATTO (_Riendo._)--Y ¿qué dice á eso la dieta? - -GERARDO (_Id._)--La dieta calla, que es no decir nada. - -HATTO.--¿Y tu juramento? - -GERARDO.--¡Bah! - - (_Sigue riendo._) - - (_En esto la puerta de la derecha se ha abierto dejando ver los - primeros peldaños de una escalera en que han aparecido dos ancianos, - el uno de más de sesenta años y el otro mucho más viejo. Los dos - visten camisa de hierro, espada al cinto y encima una cimarra blanca, - forrada de rico tisú, el uno, y el otro una gran piel de lobo, - cuyas fauces se ajustan á su cabeza.--Detrás del más viejo, de pié - é inmóvil, un escudero de larga y blanca barba, vestido de hierro, - y alzando por encima del anciano una bandera negra sin escudo.--En - la sombra, más adentro, se vislumbran otros dos escuderos vestidos - también de hierro como sus señores, y con barbas igualmente largas y - blancas. Estos escuderos traen en coginetes de terciopelo rojo los - dos cascos de los ancianos, grandes morriones de forma extraordinaria - cuyas cimeras figuran fauces de animales fantásticos.--Los dos - ancianos escuchan en silencio: el menos viejo apoya la barba en ambas - manos y estas en el mango de una enorme hacha de Escocia.--Otberto, - con los ojos bajos, está cerca del más viejo que apoya el brazo en su - hombro.--Los convidados no echan de ver la presencia de los nuevos - personajes._) - - -ESCENA VI - -Los mismos, JOB, MAGNO, OTBERTO - -MAGNO.--En otro tiempo, los juramentos que se hacían en la noble -Alemania, eran de acero, recios y lucientes como nuestra armadura, que -no se mellaba sin lucha ni batalla; con ella se medía la estatura de -un hombre; colgábala el noble á la cabecera de su cama, y aun mohosa -era buena y servía. Muerto el valiente, dormía en su fosa humilde, -cubierto con su juramento como con su armadura, y el tiempo que roe los -vestidos de los muertos, consumía aquella, nunca el juramento. Pero hoy -la fe, el honor y las palabras han tomado el nuevo giro de las modas -españolas. ¡Oropel! ¡Seda!... Un juramento con testigos ó sin ellos, -dura lo que un jubón, y á veces menos; se rompe pronto y no es ya sino -un harapo incómodo que se tira diciendo: ¡Moda vieja! - - (_Todos se han vuelto con estupor al oir las palabras de Magno. Pausa - de imponente silencio._) - -HATTO.--Señor... - -MAGNO.--Mucho ruido estáis haciendo, muchachos. Dejad á los viejos -meditar en las sombras y el silencio. El resplandor de los festines -hiere nuestros severos ojos. Los viejos chocaban las espadas; vosotros, -gente moza, chocad los vasos; pero lejos de nosotros. - -HATTO.--Señor... (_Viendo vueltos los retratos._) Pero ¿qué veo? -¿Quién, padre, ha tenido la audacia de volver los retratos? - -MAGNO.--Yo. - -HATTO.--¿Vos? - -MAGNO.--Sí. - -HATTO.--Pero, padre... - -GERARDO (_á Hatto_).--Se chancea. - -MAGNO.--Los he vuelto para que no vieran la vergüenza de mis hijos. - -HATTO (_con cólera_).--Barbaroja castigó á su tío Luís por una afrenta -menos grave. Pues que se me tienta... - -MAGNO (_con desdeñoso tono_).--Me parece que se ha hablado de -Barbaroja; me parece que se le ha alabado... ¡Que delante de mí no se -vuelva á pronunciar ese nombre! - -LUPO (_riendo_).--¿Qué os ha hecho para proscribirle así? - -MAGNO.--¡Oh, mayores nuestros! Permaneced velados. ¡Qué me ha hecho! -¿Quién habló así? ¿el condesillo de Mons? Baja las orillas del Rhin, -desde el lago hasta los Siete Montes, y cuenta los castillos derruídos -á una y otra margen. ¡Qué me ha hecho! Nuestras hermanas y nuestras -hijas cautivas; patíbulos imperiales levantados para cuervos y buitres, -sobre nuestros peñascos y con las piedras de nuestras torres; asaltos, -pillaje y carnicería, todo lo hemos sufrido... argollas y cadenas de -esclavitud al cuello de nuestros mejores caballeros... He aquí lo que -me ha hecho y lo que os ha hecho á vosotros. Treinta años bajo el -poder del César que triunfaba siempre, el incendio y el destierro, los -hierros, los jueces, los calabozos, los tormentos... Sí, todo esto -padecimos nosotros; como judíos, ¡gran Dios!, como esclavones pasamos -por aquella grande afrenta, por aquella gran victoria suya, y nuestros -degenerados hijos no saben esa historia. Todo cedía ante él. Cuando -Federico primero, enmascarado, pero cubierto de oro desde la cabeza -hasta los piés, surgiendo sobre una brecha inflamada, arrojaba su -guantelete á nuestro ejército, todo temblaba y todo huía de espanto. -Sólo mi padre un día cortándole el paso en un estrecho patio, con un -hierro candente le marcó el brazo derecho. ¡Oh recuerdos! ¡Oh tiempos! -Todo pasa y se desvanece. El rayo se apagó en nuestros ojos, los -barones cayeron, los burgos cubren de ruinas las llanuras, de todo -el bosque no queda más que un roble, y ese roble sois vos, ¡oh padre -venerado! ¡Barbaroja! ¡Mal haya su nombre aborrecido! Nuestros blasones -están ocultos bajo la yerba; el Rhin corre deshonrado entre ruinas. -Pero yo os vengaré, y esta será mi grandeza; sin tregua, sin piedad, -sin perdón, en él, si no ha muerto, y si murió, en su raza. Plegue -á Dios que antes de caer en el sepulcro se alivie mi corazón, ¡y no -muera antes de haberme vengado! Porque para tener en fin esta suprema -alegría, para salir de la tumba y caer sobre mi presa, para volver á -la tierra después de mi muerte, creed que he de hacer algún esfuerzo -execrable. Sí, quiera ó no quiera Dios, con la frente alta y firme el -corazón, quiero romper la puerta que me encierre, sea la del paraíso, -sea la del infierno, con este puño de hierro. (_Pausa._) ¿Qué he dicho, -anciano solitario? - - (_Se abisma en su pensamiento. Poco á poco renace la alegría entre - los convidados, circula el vino y resuenan las risas. Los dos - ancianos parecen dos estatuas._) - -HATTO (_bajo á Gerardo_).--La edad les ha turbado la razón. - -GORLOIS (_bajo á Lupo_).--Un día estará mi padre como ellos y yo haré -lo que él. - -HATTO (_á Gerardo_).--Pero todos nuestros soldados le son afectos y... - - (_Gorlois y algunos pajes se han acercado á la ventana y miran - afuera._) - -GORLOIS.--¡Ah! Padre, ven á ver á ese viejo de blanca barba. - -LUPO (_corriendo á la ventana_).--¡Con qué lentitud sube la cuesta! - -GIANNILARO.--Viene muy fatigado. - -LUPO.--El viento silba en los agujeros de su capa. - -GORLOIS.--Parece que pide hospitalidad en el castillo. - -GILISA.--Algún mendigo. - -CADWALLA.--Ó algún espía. - -DARÍO.--¡Cuidado! - -HATTO (_en la ventana_).--Echadme lejos de aquí á pedradas á ese -miserable. - -LUPO, GORLOIS Y LOS PAJES (_tirando piedras_).--Afuera, perro, afuera. - -MAGNO (_Como despertándose._)--¡Dios poderoso! ¡En qué tiempos vivimos! -¡Se echa y apedrea á un anciano que suplica! (_Encarándose con todos._) -En mi tiempo teníamos también nuestras locuras, nuestros festines y -canciones. Éramos al fin jóvenes. Pero cuando un anciano vencido por -la edad y por el hambre, venía á tender su yerta mano en medio de un -banquete, cesaba el vaniloquio y luégo al punto se le daba una buena -moneda y un buen vaso de vino. Después volvíamos á nuestro júbilo, -porque el anciano seguía confortado y alegre su camino. Por lo que -hacíamos nosotros, juzgad de lo que vosotros hacéis. - -JOB (_enderezándose y tocando á Magno en el hombro_).--Callad, joven. -En mi tiempo, cuando bebíamos en nuestros festines cantando más recio -que vosotros al rededor de un buey entero puesto en una fuente de oro, -si sucedía que un anciano pasaba por la puerta, pobre, andrajoso y -suplicante, iba á buscarlo una escolta. Luégo que entraba, se tocaban -los clarines, se levantaban los barones, los mozos se inclinaban -sin hablar, sin cantar, sin sonreir siquiera, así fueran príncipes -del sacro Imperio; y los ancianos tendían la mano al desconocido -diciéndole: «¡Señor, bien venido seáis!» (_Á Gorlois._) Vé á buscar al -forastero. - -HATTO (_inclinándose_).--Pero... - -JOB.--¡Silencio! - -GERARDO.--Excelencia... - -JOB.--¿Quién se atreve á hablar, cuando yo he dicho «¡silencio!»? -(_Todos retroceden y callan. Gorlois obedece._) - -OTBERTO (_aparte_).--¡Bien, conde! ¡Oh viejo león! contempla con -asombro á estos odiosos tigres que descienden de ti; pero si al fin te -hacen algún agravio, sacude tu melena y estremézcanse todos. - -GORLOIS (_volviendo_).--Señor, ya sube. - -JOB (_á los príncipes que permanecen sentados_).--¡De pié! (_Á -sus hijos._) ¡Á mi lado! (_Á Gorlois._) ¡Aquí! (_Á los heraldos y -trompetas._) Tocad como si entrara un rey. - - (_Entra por la puerta del fondo un mendigo casi tan viejo como el - conde Job; su blanca barba le llega á la cintura. Viste túnica parda - con capucha y una capa también parda y derrotada. Trae descubierta la - cabeza, un rosario pendiente de la cuerda con que se ciñe, y calzado - de cáñamo, sin medias. Detiénese en el fondo apoyado en su nudoso - báculo. Los partesaneros le saludan y suenan de nuevo los clarines. - Guanhumara aparece en el piso superior y asiste á la escena._) - -[Ilustración] - - -[Ilustración] - -ESCENA VII - -Los mismos, UN MENDIGO - -JOB (_de pié en medio de sus hijos, al mendigo inmóvil_).--Quienquiera -que seáis ¿habéis oído decir que hay en el Tauno, entre Colonia y -Espira, sobre enormísima roca, un castillo, famoso entre todos los -castillos, y en él un burgrave, famoso entre todos los burgraves? -¿Sabéis que este príncipe sin leyes, cargado de atentados y de hazañas, -excluído del sacro Imperio por la dieta de Francfort, y de la santa -iglesia por el concilio de Pisa, aislado, excomulgado, pero de pié -todavía en su montaña y firme en su voluntad, persigue, provoca y bate -al conde palatino, al arzobispo de Tréveris, y que con pié seguro y -de sesenta años atrás, viene rechazando la escala del imperio puesta -en sus muros? ¿Sabéis que protege á todos los valientes, hace del -rico un pobre y del amo un esclavo y que por encima de los duques, -reyes y emperadores, á vista de Alemania, víctima y presa de ellos, -enarbola en su torre, como un reto de odio, cual fúnebre llamamiento á -los encadenados pueblos, una bandera negra, formidable girón siempre -agitado al soplo de las tempestades? ¿Sabéis que cuenta ya un siglo y -arrostrando la ira del cielo y del destino desde que se alzó sobre su -roca, ni la guerra arrancando los castillos, ni César furioso, ni Roma -omnipotente, ni el peso de los años, nada en fin, ha podido vencer, ni -domar al viejo titán del Rhin, Job el excomulgado? ¿Sabéis todo eso? - -MENDIGO.--Sí. - -JOB.--Pues estáis en casa de ese hombre. ¡Bien venido, señor! Yo soy -el que llaman Job el Maldito. Este es mi hijo... Estos los hijos de mi -hijo, que valen menos que nosotros. Así es engañada á menudo nuestra -esperanza. Ahora bien, tengo la vieja espada de mi difunto padre, por -mi espada un nombre terrible, y por parte de mi madre este castillo. -Nombre, espada y castillo, todo es vuestro, huésped mío. Ahora -habladnos libremente y en alta voz. - -MENDIGO.--Príncipes, condes, señores, yo os saludo, y á vosotros -también, esclavos. Escuchadme: si todo es reposo en lo hondo de -vuestras almas, si meditando en lo pasado nada turba vuestros -corazones, puros, como el cielo es azul, vivid, reíd, cantad... si no -pensad en Dios. Mozos, ancianos de grandes y altos destinos, vosotros -coronados de flores, vosotros coronados de canas, si hacéis mal á la -faz del cielo, mirad adelante y sed prudentes. Son breves y dudosos -nuestros instantes: la vejez amaga á los unos; el sepulcro á los otros. -Así pues, gente moza, orgullosa de vuestro poder y fuerza, pensad en -los ancianos; y vosotros, ancianos, pensad en los muertos; sed, sobre -todo, hospitalarios: la hospitalidad es la más dulce ley. Cuando se -rechaza á un pasajero ¿se sabe á quién se rechaza? ¿Se sabe de dónde -viene? Sea sagrado el pobre para vosotros, siquiera seáis reyes. Á las -veces, Dios, que de un soplo arranca y barre los centenarios robles, -llena de acontecimientos, de relámpagos y truenos la mano que un -mendigo oculta bajo sus andrajos. - - - - -[Ilustración] - -PARTE SEGUNDA - -EL MENDIGO - - -LA SALA DE LAS PANOPLIAS - - Á la izquierda una puerta. En el fondo una galería almenada que - permite ver el cielo. Paredes de basalto desnudas. Armaduras - completas en los pilares. Al levantarse el telón, el mendigo está de - pié en el proscenio, apoyado en su báculo y como poseído de dolorosos - pensamientos. - - -ESCENA I - -EL MENDIGO, solo - -Ha llegado el momento de dar este gran golpe. Todo podría salvarse; -pero es preciso arriesgarlo todo... ¿Qué importa, si Dios me ayuda? -¡Alemania! ¡oh patria mía! ¡cómo han degenerado tus hijos! y qué -maltratada te encuentras después de este largo destierro. Han matado á -Felipe, expulsado á Ladislao, envenenado á Enrique y vendido á Corazón -de León como hubieran vendido al mismo Aquiles. ¡Qué abatimiento tan -profundo! No hay ya unidad; se deshacen los nudos de los Estados. -Veo en este país, tierra de bravos cuando Dios quería, loreneses, -flamencos, sajones, moravos, franceses, bávaros... y... ni un solo -alemán. El oficio de cada uno es cómodo en verdad: el fraile canta, -predica el sacerdote, el paje lleva la lanza de su señor, el barón -saquea y el rey duerme. Los que no pillan no saben más que gemir, -y temblando como en tiempo de los emperadores sálicos, adorar un -relicario y besar santas reliquias. Son feroces, ó cobardes; viles ó -malvados. El conde palatino, como escudero trinchante tiene el primer -voto en el colegio de Tréveris, y lo vende; se desconoce la tregua -de Dios, y el rey de Bohemia, ¡un eslavo! es elector. Todos aspiran -á engrandecerse; por todas partes impera la fuerza, el horror, la -violencia. La reja del arado viéndose pisoteada, se transforma en -cuchilla; las hoces van á la guerra abandonando las mieses. El incendio -prende por doquiera: entonando sus cantares, todo gitano que pasa por -la puerta de una cabaña, oculta bajo su capa su pedernal y eslabón. Los -vándalos han tomado á Berlín. ¡Ah, qué cuadro! Los paganos en Dantzig, -los mogoles en Breslau... Todo esto invade mi espíritu en tropel. ¡Oh -vergüenza! Todo está muerto, país, ciudades, aldeas, recursos... ¿Cómo -se acabará la aguja de Strasburgo? ¿Quién llevará el pendón de las -ciudades? Alguno de los judíos enriquecidos en las guerras civiles. ¡Oh -abyección!... El imperio tenía grandes pilares, Holanda, Luxemburgo, -Cléveris, Gueldres, Juliers... y cayeron. ¿Qué fué de Polonia? ¿Qué -fué de Lombardía? para defendernos el día de una invasión atrevida, -sólo tenemos á Ulma y Augsburgo cerradas con malas estacas: la obra -de Carlomagno y de Otón el Piadoso no existe ya. Bórrase al occidente -nuestra frontera, porque la alta Lorena es de los condes de Alsacia y -la baja de los condes de Lovaina. La Orden Teutónica ha muerto: apenas -quedan á Gauvain veintiocho caballeros y cien escuderos de armas... -Á la vez, amenaza Dinamarca, agita Inglaterra á güelfos y gibelinos, -hace traición la Lorena, ruge el Brabante, se enciende Turín, Felipe -Augusto crece, Génova quiere dinero, continúa el entredicho, el Padre -Santo vacila... ¡Oh Dios! ¡Y ni un caudillo ante tales y tantas -complicaciones! Los electores dispersos, ahondando más y más la herida, -coronan cada cual por su lado, á quien le paga, y como el que muere -descuartizado por cuatro caballos, de Amberes á Ratisbona y de Lubeck á -Spira, tiran del imperio cuatro emperadores. ¡Alemania! ¡Alemania!... - - (_Inclina la cabeza y sale pausadamente por el fondo, perdiéndose - entre los arcos de la galería. Otberto que apareció algunos momentos - antes, le sigue con la vista. Regina, radiante de salud y de dicha, - entra por el fondo sin encontrarse con el mendigo._) - -[Ilustración] - - -[Ilustración] - -ESCENA II - -OTBERTO, REGINA - -OTBERTO (_con júbilo_).--¡Regina! ¿Es posible? ¿Sois vos? - -REGINA.--¡Otberto! ¡Ya vivo, ya hablo, ya respiro! Ya no padezco ni me -derrito, soy feliz y os pertenezco. - -OTBERTO (_contemplándola_).--¡Oh dicha! - -REGINA.--Esta noche he dormido y no he tenido fiebre. Si hablaba, sólo -vuestro nombre entreabría mis labios. ¡Qué sueño tan dulce! Cuando -la luz del sol me ha despertado, me pareció que nacía á nueva vida. -Los alegres pajarillos cantaban en mi ventana, las flores se abrían -enviando al cielo sus aromas, yo me sentía llena de júbilo, y buscaba -con la vista lo que me enviaba un aliento tan puro y llenaba mi alma -de tan dulces armonías, y arrasados de lágrimas los ojos decía para -mí: «Yo soy el canto de los pájaros, y el aroma de las flores, yo.» -Otberto, Otberto mío, te amo. (_Se echa en sus brazos sacándose del -seno el pomo._) Este licor es la vida. Tú me has dado la salud, tú me -has arrancado á la muerte. Ahora defiéndeme de Hatto. - -OTBERTO.--¡Regina, hermosa mía! ¡Oh! yo sabré acabar mi obra. Pero no -me admires; yo no tengo valor, no tengo virtud; sólo tengo amor. Vives -tú y veo ya nueva luz; vives, y siento en mí como una nueva alma. Pero -mírame. ¡Dios mío! ¡qué hermosa está! ¿No padeces?... ¿de veras? - -REGINA.--Nada absolutamente: estoy ya buena. - -OTBERTO.--¡Bendito seáis, Dios mío! - -REGINA.--¡Bendito tú también, Otberto! (_Permanecen abrazados y en -silencio. Luégo y de pronto se desase Regina y dice:)_ ¡Ah! El buen -conde Job me está esperando. Bien mío, adiós. Sólo quería decirte que -te amo. - -OTBERTO.--¿Volverás? - -REGINA.--Muy luégo. - -OTBERTO.--¡Gracias, Dios mío, gracias! Regina vive. - - (_Aparece en el fondo la siniestra figura de Guanhumara._) - - -ESCENA III - -OTBERTO, GUANHUMARA - -GUANHUMARA (_poniéndole la mano en el hombro_).--¿Estás contento? - -OTBERTO (_con espanto_).--¡Ah! ¡Guanhumara! - -GUANHUMARA.--Ya lo ves: te he cumplido mi promesa. - -OTBERTO.--Yo cumpliré mi juramento. - -GUANHUMARA.--¿Sin piedad? - -OTBERTO.--Sin flaqueza. (_Aparte._) Después... me suicidaré. - -GUANHUMARA.--Te esperaré á media noche. - -OTBERTO.--¿Dónde? - -GUANHUMARA.--Frente la torre de la bandera negra. - -OTBERTO.--Es un sitio pavoroso por donde nadie pasa. Dicen que la roca -conserva siniestra huella. - -GUANHUMARA.--Un rastro de sangre que desde una ventana desciende por el -muro hasta la orilla del torrente. - -OTBERTO (_con horror_).--¡Sangre!... Ya lo ves: la sangre mancha y -quema. - -GUANHUMARA.--La sangre lava también y apaga la sed. - -OTBERTO.--Ea, pues: manda á tu esclavo. ¿Á quién encontraré en el sitio -designado? - -GUANHUMARA.--Á un encubierto, solo. - -OTBERTO.--¿Qué más? - -GUANHUMARA.--No hay sino seguirle. - -OTBERTO.--En buen hora. - - (_Guanhumara le arrebata el puñal y mirándole con ojos fulgurantes - exclama_:) - -GUANHUMARA.--¡Oh Cielos! ¡oh profundidades sagradas! ¡triste serenidad -de las azules bóvedas! ¡Oh noche cuya tristeza tiene tanta majestad! -Y tú, que en mi largo destierro me acompañaste siempre, vieja argolla -de mi cadena, sedme testigos. Y vosotros, muros, torres, encinas que -derramáis sombras sobre los pasos del viajero, oídme: ¡Yo, yo condeno -á morir bajo este cuchillo vengador á Fosco, barón de los bosques, de -las rocas y de los llanos; sombrío como tú, noche; viejo como vosotras, -encinas! - -OTBERTO.--¿Quién es Fosco? - -GUANHUMARA.--El que ha de morir por tu mano. (_Le devuelve el puñal._) -Hasta media noche. - - (_Sale por la galería del fondo sin ver á Job ni á Regina que entran - por el lado opuesto._) - -OTBERTO.--¡Cielos! - - -ESCENA IV - -OTBERTO, REGINA, JOB - - (_Entra corriendo Regina y se vuelve luégo hacia Job, que la sigue - lentamente._) - -REGINA.--Sí, sí; ya puedo correr. Ved, señor. (_Á Otberto preocupado._) -Somos nosotros, Otberto. - -OTBERTO.--Condesa... Señor. - -JOB.--Esta mañana sentía aumentarse mi melancolía; lo que el mendigo -nos dijo ayer, pasaba por mi cabeza á cada instante como un relámpago. -(_Á Regina._) Después pensaba en ti, á quien veía moribunda; en tu -madre, sombra triste que vaga entre nosotros. (_Á Otberto._) Cuando -de pronto entra en mi aposento esta niña, fresca, sonrosada, alegre... -Pero ¡qué milagro! Yo, al verla, río y lloro y vacilo. Vamos á dar las -gracias á Otberto, me dice. Vamos, contesto yo. Y hemos atravesado el -desierto castillo y... - -REGINA.--Y vednos corriendo á los dos. - -JOB.--Pero ¿qué misterio es éste? ¿Cómo se ha curado mi Regina? No me -lo ocultes. ¿Qué has hecho para salvarla? - -OTBERTO.--Señor, todo se ha obrado por la virtud de un filtro, de un -secreto que me ha vendido una esclava de aquí. - -JOB.--Esa esclava es libre. Le doy además cien libras de oro... -campos... viñas. Perdono á los condenados á muerte que gimen en este -burgo y concedo la franquicia á mil campesinos á elección de Regina. -(_Tomándolos de las manos._) Mi corazón está henchido de júbilo. Me -gusta veros así. Pero... (_Da unos pasos y queda pensativo._) Es -verdad... estoy maldito y solo y... soy viejo. ¡Oh dolor! Oculto vivo -en el castillo que habitan mis mayores, y aquí, taciturno, inmóvil, -triste, sombrío, miro pensativo en torno de mí y... ¡ay! ¡qué negro -me parece todo!... Tiendo á lo lejos la vista sobre Alemania y no veo -más que envidiosos, tiranos, verdugos, compitiendo en insensatez é -iniquidad. ¡Pobre país, empujado hacia el abismo por cien brazos... -caerá al fin en él; caerá, si Dios no envía algún gigante que le tienda -la mano! Me aflijo en esta consideración. Miro mi raza, mi casa, á mis -hijos... Y ¿qué veo? Odio, bajeza, procacidad... Hatto contra Magno; -Gorlois contra Hatto; ya bajo el lobo enseña los dientes el lobezno. Mi -raza me da miedo. Miro en mí mismo, en mi vida, y ¡oh Dios! palidezco -y tiemblo, pues cada recuerdo que evoco espantado, se reviste de -horrible aspecto al pasar ante mis ojos. Sí, todo es negro. Demonios -en mi patria, monstruos en mi familia y espectros en mi alma. Por -eso, cuando mi turbada vista que sigue la triple visión de esta triple -sombra, buscando la luz y á Dios, se levanta al fin, tengo necesidad -de veros cerca de mí como dos puros rayos, como dos apariciones en la -puerta del infierno, á vosotros, niños cuya frente brilla con tanta -claridad; á ti, bravo mozo, y á ti, casta doncella, que parecéis, -cuando convertís á mí los ojos, dos ángeles indulgentes inclinados -sobre Satanás. - -OTBERTO.--Señor... - -REGINA.--¡Por Dios!... - -JOB.--Hijos, quiero estrecharos á los dos entre mis brazos. (_Á -Otberto._) Tu mirada es sincera; se reconoce en ti al caballero fiel á -su palabra, como el águila al sol, como el acero al imán... Todo lo que -este mozo ofrece, eso cumple. (_Á Regina._) ¿No es verdad? - -REGINA.--Le debo la vida. - -JOB.--Antes de mi caída, era yo como él: grave, puro, casto y bien -templado como una virgen, como una espada. (_Va á la ventana._) ¡Ah! -Este aire es grato, el cielo sonríe y el sol alienta. (_Volviendo._) -Regina mía, este noble semblante (_Indicando á Otberto_) me recuerda á -un niño... mi último hijo. Cuando Dios me lo dió, me creí perdonado. -Pronto hará veinte años. Un hijo en mi vejez. ¡Qué dón del cielo! Sin -cesar iba á su cuna y hasta cuando estaba durmiendo le hablaba muchas -veces, porque los viejos nos volvemos niños. Por la noche le sentaba -en mis rodillas y... te hablo de un tiempo... tú no habías nacido -aún. Aunque apenas tenía un año, balbuceaba ya graciosamente algunas -palabras; tenía mucha inteligencia y me conocía muy bien. Y reía; y -cuando le veía reir yo, ¡pobre anciano, sentía un sol en el corazón! Yo -quería hacer de él un valiente, un vencedor: habíale puesto el nombre -de Jorge. Un día... ¡amargo recuerdo! estaba el niño jugando en el -campo y... ¡Oh! cuando seas tú madre, no pierdas de vista nunca á tus -hijos... ¡Me lo robaron! Unos judíos, una gitana... ¿Para qué? ¡Horror! -¡Para degollarlo en sus aquelarres! Lloro desde hace veinte años, como -desde el primer día. ¡Ah! ¡Le amaba tanto!... Era mi reyezuelo; yo -estaba loco, ebrio con él, y sentía en mí todo lo que siente un alma -abierta al cielo, cuando sus manecicas tocaban mi blanca barba. No he -sabido más de él y... el corazón se me parte. Ahora tendría tu edad y -tu hermosa frente y sería inocente como tú. ¡Oh! sí. Á veces digo para -mí, cuando te miro: «¡Es él!» (_Le abraza. Guanhumara aparece en el -fondo y observa con cautela._) Por un milagro extraño y piadoso á la -vez, tu candor, tu porte, tus ojos, tu voz, todo en ti, recordándome -aquel hijo perdido, hace que lo tenga presente y que no lo olvide. Sé -tú mi hijo. - -OTBERTO.--Señor... - -JOB.--Sí, sé mi hijo. Tú, honrado mozo, de oscuro linaje, ya lo sé, -y huérfano, pero gran corazón que persigue una noble quimera, ¿sabes -lo que quiero decirte cuando te digo que seas mi hijo? Pues quiero -decirte... escuchad los dos... que pasar el día al lado de un pobre -anciano ya á las puertas del sepulcro, y vivir como en prisión desde la -mañana hasta la noche, cuando la moza es bella y buen mozo el galán, -sería odioso y hasta fuera del orden natural, si no pudieran por encima -del anciano, que bien comprende el juego, mirar y sonreir y hacerse -alguna seña. Y digo que el anciano es sensible á vuestro amor; que veo -con buenos ojos que os amáis, y os echo la bendición. - -REGINA y OTBERTO (_con júbilo_).--¡Ah! - -JOB.--Yo quiero acabar de curarte. Tu madre era sobrina mía, y al morir -te dejó bajo mi guarda y cuidado. ¡Ay! he visto desaparecer como ella -siete hijos, los más valientes acaso; Jorge mi último hijo, mi última -mujer y todo lo que amaba. Estos pesares guarda el tiempo á los que -viven mucho... Tú, á lo menos, sé feliz. Hijos, yo os uno en el amor, -porque Hatto... Hatto deshojaría mi pobre flor querida. Cuando estaba -para espirar tu madre, le dije: Muere en paz, tu hija es ya mi hija, y -si fuere menester daría mi sangre por ella. - -REGINA.--¡Oh! ¡Padre mío! - -JOB.--Se lo juré. (_Á Otberto._) Tú, hijo, vé, crece, pelea. No tienes -nada, pero yo te daré en dote mi feudo de Kammerberg, dependiente de mi -burgo de Heppenheff. Vé, pues, como fueron Nemrod, César, Pompeyo... -Yo de mí sé decir que tengo dos madres: mi madre natural y mi espada; -soy bastardo de un conde, pero hijo legítimo de mis hazañas. Hay que -hacer lo que yo hice... (_Aparte._) ¡Ah! Menos mi crimen. (_Alto._) -Hijo, sé valiente y honrado. Hace ya tiempo que llevo entre cejas este -casamiento. Bien puede emparentar el franco arquero Otberto, con Job, -franco caballero. Tú dirías para ti: Siempre he de ser ¡qué vergüenza! -el perro del viejo león, el paje del anciano conde, sujeto á su lado -mientras viva. No; te quiero mucho, hijo; mas por ti, no por mí. ¡Oh! -los viejos no son tan malos como se cree. Ea, arreglemos esto. Yo le -temo á Hatto. ¡Silencio! Nada de rompimiento aquí; saldría á relucir -el puñal. (_Bajando la voz._) Mi palacio se comunica con los fosos -del castillo, y yo tengo las llaves. Esta noche, con buena escolta, -partiréis los dos: lo demás te toca á ti. - -OTBERTO.--Pero... - -JOB (_sonriendo_).--¿Rehusas? - -OTBERTO.--¿Cómo he de rehusar, señor, si me ofrecéis el paraíso? - -JOB.--Entonces, haz lo que te digo. ¡Mucha reserva! Y luégo á la puesta -del sol huyes, y quedo yo al cuidado de evitar que te persiga Hatto, y -os casaréis en Caub. (_Guanhumara, que lo ha oído todo, sale._) Ahora, -hijos míos, decidme que sois felices. Yo voy á quedarme solo... - -REGINA.--¡Padre mío! - -JOB.--¿Qué será de mí cuando hayáis partido, cuando mis males me -abrumen otra vez? Porque, blanca paloma, después de un momento de -alivio, el peso recae sobre mí otra vez. (_Á Otberto._) Gunther, mi -capellán, os seguirá de cerca, y espero que todo salga á pedir de -boca. Después volveréis á verme un día. No lloréis... dejadme entero -mi valor. Sois felices y... cuando se ama á vuestra edad, ¿qué importa -un anciano? ¡Ah! Tenéis veinte años; yo... Dios no puede querer que yo -padezca ya mucho. (_Á Otberto._) Conque esperadme aquí. Tú conoces bien -la puerta ¿eh? Voy á traerte las llaves. - - (_Sale por la puerta de la izquierda._) - - -ESCENA V - -OTBERTO, REGINA - -OTBERTO.--¡Santo cielo! Todo se confunde en mi turbado espíritu. ¡Huir -con Regina, huir de este siniestro burgo!... ¡Oh! si estoy soñando, -no me despertéis, por piedad. ¿Conque es verdad, alma mía, que me -perteneces? Huyamos sin aguardar á la noche; huyamos desde luégo. ¡Ah! -¡Si pudieras tú saber!... Allá el edén radiante... detrás de mí el -abismo. Huyo hacia la felicidad; huyo delante del crimen... - -REGINA.--¿Qué estás diciendo? - -OTBERTO.--No, no temas nada; huiré... Pero mi juramento ¡gran Dios! -Regina, he jurado... ¿Qué importa? Huiré, me escaparé... Dios mío, -juzgadme. Ese anciano es tan bondadoso como augusto, y debo obedecerle -en todo. Ven, partamos: todo nos favorece y nada puede impedir nuestra -fuga. - - (_Durante estas últimas palabras Guanhumara ha vuelto por la galería - del fondo conduciendo á Hatto que ve á los amantes abrazados. Hatto - hace una seña y se acercan tras él los príncipes, burgraves y - soldados. El marqués les indica los amantes, los cuales no echan de - ver nada en su amoroso éxtasis. Al volverse Otberto para salir con - Regina, se alza el celoso Hatto ante él. Guanhumara ha desaparecido._) - - -[Ilustración] - -ESCENA VI - -OTBERTO, REGINA, HATTO, MAGNO, GORLOIS, los BURGRAVES, los PRÍNCIPES, -GIANNILARO, SOLDADOS, luégo el MENDIGO, luégo JOB - -REGINA.--¡Hatto! - -OTBERTO.--¡Ah! - -HATTO.--Arqueros, prended á este hombre y á esta mujer. - -OTBERTO (_sacando su espada y teniendo á raya á los -soldados_).--Marqués Hatto, sé que eres un infame, un traidor, un impío -abominable y bajo. Quiero saber ahora si se encuentra en tu corazón -el miedo, fango vil que deja siempre el vicio. Sospecho que eres un -cobarde, y que todos estos señores, mejores que tú, van á tener ocasión -de verlo. Yo represento aquí, por su elección soberana, á Regina, -doncella noble y condesa del Rhin, que á ti te rechaza y me ama á mí. -Hatto, yo te desafío á pié con toda suerte de armas, en campo cerrado, -sin dilación, sin cuartel, á cara descubierta, á la orilla del río, -á donde se arrojará al vencido. Mata ó muere. (_Regina cae desmayada -y se la llevan sus doncellas. Otberto corta el paso á los arqueros -que intentan acercársele otra vez._) ¡Cuenta con dar un paso! Hablo á -estos señores. Escuchad todos, duque de Turingia, pendragón de Bretaña, -barones y marqueses y burgraves, yo abofeteo á vuestra vista á este -barón é invoco aquí para castigarlo el derecho de franco arquero ante -vosotros. - - (_Tira su guante al rostro de Hatto. Entra el Mendigo y se confunde - con los circunstantes._) - -HATTO.--Te he dejado hablar, y sabe Dios que mi espada tiembla aún en -su vaina. Ahora te digo: ¿quién eres tú,... tan bravo? ¿Eres hijo de -rey, duque, conde ó margrave para que así te atrevas á retarme? Dime -siquiera tu nombre. Pero ¿lo sabes tú tampoco? Te llamas el arquero -Otberto. (_Á los señores._) Miente. (_Á Otberto._) Mientes. Tu nombre -no es Otberto. Yo voy á decirte de dónde vienes y lo que vales. Tu -nombre es Yorghi Spadaceli. No eres ni siquiera hidalgo. Tu abuelo era -corso y eslava tu madre. Mira si te conozco: eres un vil falsario, -esclavo é hijo de esclava. ¡Atrás! (_Á los otros._) Si alguno de -vosotros quiere batirse por él, acepto el desafío, á brazo partido, -aquí, en la avenida, puñal en mano y á pecho descubierto. Pero, tú, -vil aventurero, escapado de los hierros, vé á tirar tu guante á los -criados. - - (_Le da con el pié al guante de Otberto._) - -[Ilustración: OTBERTO.--_Marqués Hatto, sé que eres un infame, un -traidor, un impío..._] - -OTBERTO.--¡Miserable! - -EL MENDIGO (_á Hatto_).--Marqués, tengo noventa y dos años, pero yo os -haré frente. Una espada. - - (_Tira su báculo y toma una espada de una panoplia._) - -HATTO (_riéndose_).--Faltaba un bufón á este paso de comedia, y aquí -está ya, señores. ¿De dónde sale tan digno defensor? Hemos pasado del -gitano al mendigo. ¿Tu nombre? - -EL MENDIGO.--Federico de Suabia, emperador de Alemania. - -MAGNO.--¡Barbaroja! - - (_Asombro y estupor. Apártanse todos formando una especie de círculo - al rededor del Mendigo, que saca de entre sus andrajos una cruz - pendiente de su cuello y la levanta con la mano derecha teniendo la - otra sobre la espada hincada en el suelo._) - -MENDIGO.--He aquí la cruz de Carlomagno. (_Pausa._) Yo, Federico, señor -del monte en que nací, rey electo de los romanos, emperador coronado, -rey de Borgoña y de Arlés, portaestandarte de Dios, profané el sepulcro -en que duerme Carlomagno. Pero hice penitencia; he pasado veinte años -en el desierto orando y gimiendo de rodillas, viviendo del agua del -cielo y de las yerbas de las rocas. Fantasma de que huían con espanto -hasta los pastores, el mundo entero me ha creído entre los muertos. -Pero oigo la voz de mi patria que me llama y salgo de las sombras á -que voluntariamente me había desterrado. Tiempo es ya de levantar la -cabeza. ¿Me reconocéis? - -MAGNO (_acercándose_).--Tu brazo, César. - -MENDIGO.--¡Ah! ¿buscas la marca del hierro candente que me hizo uno de -vosotros? Hela aquí. - - (_Presenta el brazo á Magno, que lo examina atentamente._) - -MAGNO.--La verdad me obliga á declarar aquí que, en efecto, es el -emperador Federico Barbaroja. - - (_El estupor sube de punto; el círculo se ensancha. El emperador - apoyado en la espada les dirige á todos una mirada terrible._) - -EL EMPERADOR.--En otro tiempo me oíais andar por estos valles, cuando -la espuela de oro sonaba en mis talones. ¿Me reconocéis, burgraves? -Soy el que subyugó Europa é hizo renacer la Alemania de Otón; el que -eligieron por juez soberano como buen emperador y buen caballero tres -reyes en Marseburgo y dos papas en Roma, y dió, tocando sus frentes con -el cetro de oro, la corona á Suenon, á Víctor la tiara; el que derribó -el viejo trono de Herman y venció sucesivamente, en Tracia y en Icona, -al emperador Isaac y al califa Arslan; el que obligando á Pisa, á Milán -y á Génova, y ahogando guerras, gritos, furores, viles traiciones, tomó -en su amplia mano la Italia de cien ciudades... Él es quien os habla, -surgiendo ante vosotros. (_Da un paso y todos retroceden._) Yo supe -juzgar á los reyes y batir á los lobos; hice ahorcar á los jefes de las -siete ciudades de Lombardía, derrotando las diez mil alabardas que me -opuso Alberto el Oso; mis huellas están en todos los caminos; desmembré -con mis manos á Enrique el León, le arranqué sus ducados, le arranqué -sus provincias, y después hice con sus despojos catorce príncipes. En -fin, con mis dedos de bronce y por espacio de cuarenta años desmenucé -piedra á piedra vuestros castillos del Rhin. ¿Me reconocéis ahora, -bandidos? Vengo á deciros que veo con dolor los males del imperio; que -voy á borraros del número de los vivientes y á aventar vuestras infames -cenizas. (_Volviéndose á los arqueros._) Vuestros soldados me oirán. -Son míos y cuento con ellos, que antes de ser de la vergüenza, eran -de la gloria, y á mí me servían antes que llegaran tan desdichados -tiempos. Muchos de ellos se acordarán de su antiguo emperador. ¿No -es verdad, veteranos? ¿No es verdad, camaradas? (_Á los burgraves._) -¡Ah! ¡Incrédulos, traidores, opresores de pueblos! Mi muerte os hace -renacer. Pues bien, tocad, ved, oíd: soy yo. (_Anda á paso largo por -en medio de ellos, que se apartan ante él._) Sin duda creéis ser -caballeros. Nosotros, diréis, somos hijos de los grandes barones y -caballeros, y por consiguiente, lo somos. ¡Lo sois! Vuestros padres, -siempre orgullosos, luchaban con nobleza, se ponían en marcha, saltaban -los puentes cuyo arco se les destruía, arrostraban el ataque de los -piqueros, lo mismo que al escuadrón, hacían frente á todo un ejército, -sosteniendo la campaña, y para tomar un castillo sólo necesitaban una -escala ó una cuerda de nudos que balanceaba en el abismo á aquellos -guerreros más bien demonios que hombres. Si alguien condenaba tales -asaltos nocturnos los capitanes desafiaban al emperador á la luz del -día en la llanura y esperaban de pié, uno contra veinte, á que saliera -el sol y el emperador viniera. Así es cómo ganaban tierras, castillos, -ciudades; de tal modo que, después de treinta años de guerra, cuando -se buscaba con la vista á los que hicieran tales hazañas, los pequeños -eran duques y los grandes, reyes. Vosotros, como los chacales y -los quebrantahuesos, ocultos entre los matorrales, viles, mudos, -acurrucados, con el puñal en la mano, á orilla de un camino, temiendo -que un perro os muerda, espiáis en las sombras de la noche el paso de -un viajero ó el cascabel de una mula, y salís ciento para sorprender -á un hombre solo. Dado el golpe, huís apresuradamente á vuestras -madrigueras. ¡Y os atrevéis á nombrar á vuestros padres! Vuestros -padres, audaces entre los más fuertes, grandes entre los más nobles, -eran conquistadores; vosotros sois facinerosos. (_Los burgraves bajan -la cabeza con despecho._) Si tuviérais corazón, si tuviérais alma, os -dirían: Sois en verdad infames. ¿Qué momento elegís, señores barones, -para hacer tan cobardemente ese oficio de bandidos? ¡La hora en que -espira nuestra Alemania! ¡Oh ignominia! ¡Hijos malvados! saqueáis á la -madre en la agonía. Anegada en llanto, alza los brazos al cielo, y os -dice con voz débil: ¡Malditos seáis! Lo que ella os dice en voz baja, -yo os lo digo en alta voz: ¡Malditos seáis! Yo soy vuestro emperador, -no vuestro huésped, y entro desde hoy en el ejercicio de mis derechos -para castigaros. (_Ve á los burgraves Platón y Gilisa y se va derecho -á ellos._) Marqués de Moravia y marqués de Lusacia ¡vosotros á orillas -del Rhin! ¿Es este vuestro sitio? Mientras estos bandidos os festejan, -se oyen relinchar caballos hacia el Oriente, y las hordas de Levante -están á las puertas de Viena. ¡Á las fronteras, señores! Acordaos de -Enrique el Barbudo, y de Ernesto el Acorazado. Nosotros guardamos la -almena; guardad vosotros el foso. (_Á Giannilaro._) Y tú, Giannilaro, -¿qué vienes á hacer aquí? Tu cara me repugna. Vuelve á Génova, genovés. -(_Al pendragón de Bretaña._) ¡Cómo! ¡Bretones también! ¿Qué quiere el -señor Other? ¡Todos los aventureros del mundo se han dado cita aquí! -(_Á Platón y á Gilisa._) Los margraves pagarán cien mil marcos de -multa. (_Á Lupo._) Tan joven, como perverso. Tú no eres ya nada: queda -libre tu ciudad. (_Á Gerardo._) La condesa Isabel perdió su condado: el -ladrón eres tú, duque de Turingia. Vete á Basilea, donde convocaremos -la cámara imperial. Allí, públicamente, andarás camino de una legua -llevando á cuestas á un judío. (_Á los soldados._) Devolved la libertad -á los cautivos y que ellos con sus propias manos pongan sus cadenas -al cuello de los burgraves. (_Á estos._) ¡Ah! Vosotros no esperabais -este fin de fiesta. Con el vaso en la mano cantabais al amor, alegres y -dichosos, clavabais las uñas en vuestra presa, desgarrabais á mi pueblo -y os repartíais su carne y sangre... De repente, el vengador indignado -aparece en el antro inaccesible... el emperador pone el pié en vuestra -fortaleza y el águila viene á posarse en medio de los buitres. - - (_Todos parecen poseídos de terror. Job ha entrado y se ha confundido - silenciosamente entre los caballeros. Sólo Magno escucha al emperador - sin turbación, y mirándole ahora de arriba abajo dice con expresión - de alegría y furor_:) - -MAGNO.--Sí, es él... ¡Vivo! (_Ábrese paso con ademán formidable entre -caballeros y soldados y va al fondo, baja de un salto la escalera de -seis gradas y grita con voz tonante en las almenas de la galería_:) -¡Triplicad los centinelas! ¡Al torreón los arqueros! ¡Los honderos -á los muros! ¡Armad la catapulta! ¡Mil hombres á la quebrada! ¡Mil -hombres á las almenas! ¡Soldados! ¡Corred al bosque, arrancad granito -y árboles y en este monte que da terror al mundo haced un patíbulo -digno de un emperador! (_Bajando._) Él mismo se ha entregado, y queda -preso en sus mismas redes. (_Cruza los brazos y mira al emperador -con insolencia._) ¡Te admiro! Pero ¿dónde están los tuyos? ¿Dónde -los secuaces del imperio? ¿Oiremos sonar pronto tus clarines? ¿Vas á -sembrar en las ruinas de este castillo sal como en Lubeck, ó cáñamo -como en Pisa? Estás solo, César, no tienes ya ejército. Sé que sueles -hacerlo así, que solo y con la espada en la mano, rompiendo una -puerta y anunciando tu nombre, tomaste á Tarso y á Cori; y un paso, -un grito te bastó para forzar á Génova, á Utrecht y á Roma; Iconio -cedió á tu poder, y la Lombardía tembló cuando á tu soplo infernal -vió estremecerse en Milán el árbol de las hojas de hierro. Todo -esto sabemos; pero ¿sabes tú quiénes somos nosotros? (_Indicando -los soldados._) Hace poco hablabas á esos hombres y les decías: -_¡Veteranos! ¡Camaradas!_... Ni uno se ha movido. Y es que aquí no -tienes nada; á mi padre temen y aman y obedecen, porque son del conde -Job, antes que de Dios mismo. Sólo el huésped, César, sólo el huésped -es sagrado para el bandido; y tú no eres nuestro huésped: tú mismo lo -has dicho. (_Indicando á Job._) Escucha, este anciano que aquí ves, es -mi padre. Él fué quien te marcó con el hierro, y se te conoce mejor por -las marcas de la humillación que por el óleo sagrado que se borró ya en -tu frente. El odio entre los dos es tan viejo como vosotros mismos. Tú -pusiste á precio su cabeza y él puso á precio la tuya. Aquí la tiene -ya. Solo y desnudo estás entre nosotros. Federico de Hohenstaufen, -míranos bien á todos. ¡Eres digno de lástima! Antes de haber entrado en -este círculo de hierro, más te valiera entrar en una cueva de tigres y -leones, allá en África. - - (_Mientras ha hablado Magno, se ha ido estrechando el círculo de - burgraves en torno del emperador. Detrás de los burgraves, ha venido - á colocarse triple línea de soldados, armados hasta los dientes, por - encima de los cuales se alza la bandera del burgo, mitad roja y mitad - negra, con un hacha bordada de plata en campo de gules y esta leyenda - debajo_: MONTI COMAM, VIRO CAPUT. _El emperador, sin retroceder - un paso, los tiene á raya. De repente algunos burgraves sacan sus - espadas._) - -CADWALLA.--¡César! ¡Devuélvenos nuestras fortalezas! - -DARÍO.--¡Devuélvenos nuestros burgos, César! - -HATTO.--¡Nuestros amigos por ti sacrificados! - -MAGNO (_empuñando su hacha_).--¡Has salido del sepulcro! Pues bien, yo -te hundiré en él de nuevo. ¡Tiembla, tiembla, insensato, que amenazabas -nuestras cabezas! - - (_Los burgraves con las espadas levantadas dan gritos formidables. - Sale Job de entre ellos y levanta la mano. Todos callan._) - -JOB (_al emperador_).--Señor, mi hijo ha dicho la verdad. Sois mi -enemigo; yo, irritado en la pelea, os marqué en otro tiempo con un -hierro. Os odio ciertamente; pero deseo que Alemania sobreviva. La -patria se hunde. Señor, salvadla. Yo me postro de rodillas ante mi -emperador, que Dios me envía. (_Se arrodilla ante Barbaroja. Luégo se -vuelve á los príncipes._) ¡De rodillas todos! ¡Á tierra las espadas! -(_Todos tiran las espadas y se arrodillan, menos Magno._) Vos, señor, -sois necesario á las naciones quebrantadas; sólo vos; sin vos, el -Estado toca en sus últimos momentos. Todavía hay en Alemania dos -alemanes, vos y yo. Los dos bastamos, señor: reinad. En cuanto á -éstos, los he dejado hablar. Perdonadlos por sus pocos años. (_Ve á su -hijo aún de pié._) ¡Magno! ¡De rodillas! (_Magno vacila, pero al fin -obedece._) En todo tiempo, los barones y los siervos, los cazadores -y los labriegos, se han odiado; las montañas han hecho siempre la -guerra á las llanuras; bien lo sabéis. Sin embargo, convengo sin -esfuerzo en que los barones han hecho mal y las montañas no han tenido -razón. (_Levantándose. Á los soldados._) Poned en libertad á los -cautivos. (_Los soldados obedecen en silencio y quitan las cadenas -á los presos, que durante esta escena han venido á agruparse en la -galería._) Vosotros, burgraves, tomad sus hierros. César lo quiere -así. Yo el primero. (_Hace seña á un soldado para que le ponga una -cadena al cuello. El soldado baja la cadena y desvía los ojos. Job -insiste ofreciendo el cuello. El soldado obedece. Los demás burgraves -se dejan encadenar sin resistencia. Job, con la cadena al cuello, se -vuelve al emperador._) Augusto emperador, míranos como querías. En -su propio palacio el anciano Job es esclavo y te ofrece su cabeza. -Ahora, si frentes que han resistido la tempestad, merecen clemencia, -óyeme. Cuando vayas á combatir á las fronteras, permite que te sigamos; -haznos esta gracia. Como fuerza armada, y sin embargo prisionera, -conservaremos nuestros hierros; pero ponnos frente á frente de tus -enemigos ante los más audaces, los más bárbaros; y cualesquiera que -ellos sean, húngaros, vándalos, magiares, por grande que sea su número, -nos verás con ese amargo pesar que se trueca en odio, barrer á tu vista -esas hordas, sumisos por nuestros hierros, pero héroes por nuestras -espadas. - - (_Avanza hasta el conde Job el capitán de los arqueros del burgo para - recibir órdenes._) - -CAPITÁN.--Señor... (_Job mueve la cabeza con despecho y le indica al -emperador, inmóvil y silencioso en medio de la escena. El capitán se -inclina profundamente ante el emperador._) Señor... - -EL EMPERADOR (_designando á los burgraves_).--¡Á las prisiones! - - (_Los soldados se llevan á los barones, excepto Job, que permanece en - la escena á una seña del emperador. Cuando quedan solos, Federico se - acerca á Job y le quita la cadena. El anciano observa con estupor. - Silencio pavoroso._) - -EL EMPERADOR (_mirándole á la cara_).--¡Fosco! - -JOB (_estremeciéndose_).--¡Cielos! - -EL EMPERADOR (_con el dedo sobre los labios en expresión de -reserva_).--¡Silencio! - -JOB (_aparte_).--¡Tengo miedo! - -EL EMPERADOR.--Vé á esperarme hoy donde vas todas las noches. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -PARTE TERCERA - -LA CUEVA SUBTERRÁNEA - - - Una cueva sombría, cimbrada y baja, de aspecto húmedo y pavoroso. - Algunos girones de tapicería roída por el tiempo penden de las - paredes. Á la derecha una ventana, en cuya reja se distinguen tres - barrotes rotos y como violentamente separados. Á la izquierda una - mesa y un banco de piedra, groseramente labrados. En el fondo, á - lo oscuro, una especie de galería, cuyos pilares sostienen las - arquivoltas. Es de noche: un rayo de luna entra por la ventana y - dibuja una forma recta y blanca en la pared opuesta. Al levantarse - el telón, Job está solo en la cueva sentado en el banco de piedra, - y sumido en profunda meditación. Una linterna encendida á sus piés. - Viste un saco pardo. - - -ESCENA I - -JOB, solo - -¿Qué me dijo el emperador?... ¿Qué le contesté?... No, no lo -entendería... Sin duda lo comprendí mal... Desde ayer no siento en mí -más que dudas y sombra, ando vacilante y como á la ventura, bajo mis -plantas se borra mi camino, y los objetos reales, perdidos entre las -nieblas de mis turbados ojos, tiemblan detrás de un velo, como en un -sueño. (_Pausa._) El demonio juega con el espíritu de los desgraciados. -Sí, es sin duda un sueño... pero horrible. ¡Ah! cuando la virtud duerme -en nuestro herido corazón, el crimen forja los sueños. Cuando jóvenes, -soñamos con el triunfo; viejos, con el castigo. Dos sueños á los dos -extremos de la suerte. El primero miente. Y el segundo ¿dice la verdad? -(_Pausa._) Por de pronto, lo que sé es que todo se ha hundido en mi -alta mansión. Federico Barbaroja es el amo de mi casa. ¡Oh dolor!... En -fin, bien hice: he salvado mi país, he salvado el reino. (_Pausa._) ¡El -emperador! Éramos fantasmas el uno para el otro, y nos mirábamos con -ojos casi deslumbrados, como los dos gigantes de un mundo desvanecido. -Quedamos en efecto los dos solos sobre el abismo; somos de lo pasado -la doble y sombría cima; el nuevo siglo lo ha sumergido todo; pero -sus olas no han cubierto nuestras frentes, porque están muy altas... -El uno de los dos va á caer... yo soy... la sombra me envuelve. ¡Oh! -¡qué acontecimiento, la caída de mi montaña! Mañana, el Rhin mi padre, -contará al viejo mundo alemán este prodigio y este hundimiento, y cómo -acabó el gran duelo del anciano Job y Barbaroja. Mañana no tendré ya -hijos ni vasallos... ¡Adiós, inmensa lucha! ¡adiós, nocturnos asaltos! -¡adiós, gloria! Mañana oiré cómo se burlan y ríen de mí los pasajeros; -y todos verán á aquel Job que cien años soberanos defendió palmo á -palmo cada roca del Rhin, á Job que á pesar de César y de Roma respira, -vencido, roído vivo por el águila del imperio, y enclavado, último -burgrave, á su última roca. (_Se levanta._) ¡Cómo! El conde Job... -¿soy yo quien sucumbe?... ¡Silencio, orgullo! Calla á lo menos en esta -tumba... Aquí, bajo estas bóvedas que se diría palpitantes; aquí, una -noche igual á ésta... ¡Oh! cuánto tiempo hace... y siempre es ayer. -¡Horror! Bajo esta bóveda, desde aquel día, ha sudado mi crimen, gota -á gota, ese sudor de sangre que se llama remordimiento. Aquí hablo al -oído de los muertos. Desde entonces, Dios mío, el insomnio de noches -enteras depuso sus dedos de plomo sobre mis párpados, ó si he dormido, -dos sombras chorreando roja sangre atravesaban sin cesar mi sueño. El -mundo me ha creído grande; olvidado del rayo, estos montes han visto -encanecer á su centenario bandido; la Europa me admiraba de pié en -nuestras cumbres, pero por más que haga un asesino, su negra conciencia -no se deja engañar nunca por la gloria. Los pueblos me creían ebrio -con mis triunfos; pero de noche, durante sesenta años, aquí doblaba yo -mis rodillas penitentes, y estas paredes, negro pliegue de este burgo -tan famoso, veían la falsedad de mi grandeza. Los clarines resonaban -delante de mí; yo con mi bandera en alto era conde en el imperio, -y león en mis montañas, pero mientras á mis piés todo era nada, mi -crimen, odioso enano, vivía en mí como un gigante, se reía cuando me -alababan y mordiéndome el corazón gritaba: ¡Miserable! (_Alzando las -manos._) ¡Donato! ¡Ginebra! ¡Oh víctimas! ¿no perdonaréis á vuestro -verdugo, cuando Dios nos llame á todos? ¡Oh! no basta, no, golpearse -el pecho de rodillas, llorar, arrepentirse, orar. Nada me ha perdonado; -¡me siento maldito y condenado! (_Siéntase._) Tenía descendientes y -ascendientes, pero ya mi burgo está muerto: mi hijo es viejo; sus -hijos son viciosos; mi Benjamín, mi último tesoro, se perdió; Otberto -y Regina, á los que amaba aún... que el alma ama siempre porque es -divina... se dispersaron sin duda al viento de mi última caída. Vengo á -buscarlos y han desaparecido. Harto es: muramos. (_Se saca el puñal del -cinto._) Mi corazón ha creído que alguien me espera aquí. (_Vuélvese -hacia las profundidades del subterráneo._) Ea, yo te lo ruego en esta -hora suprema; perdóname, Donato, antes que muera. Job no existe ya. -¡Queda Fosco! ¡Perdón para Fosco! - -UNA VOZ.--¡Caín! - - (_Sordamente._) - -JOB (_con turbación_).--Creo que me hablan... No, es el eco. Si alguien -me hablara sería del otro mundo, porque nadie, sino yo, sabe hoy el -modo de entrar en esta cueva, en este corredor secreto en que jamás ha -brillado luz. Los que lo sabían, murieron hace más de sesenta años. -(_Da un paso hacia el fondo._) ¡Mártir, perdón para Fosco! - -LA VOZ.--¡Caín! - -JOB (_con espanto_).--¡Es singular! Han hablado, no hay duda. Pues -bien. ¡Sombra! ¡Fantasma! ¡Yo te imploro! ¡Hiéreme! Quiero morir -antes que oir otra vez cómo me llama el eco horrible de este oscuro -subterráneo, cada vez que nombro á Fosco. - -LA VOZ.--¡Caín! ¡Caín! ¡Caín! - -JOB.--¡Gran Dios! Me flaquean las rodillas... estoy soñando. El dolor, -trocándose en locura, acaba por embriagar como vino del infierno. Oigo -dentro de mí la amarga risa del remordimiento. Sí... ¡sueño pavoroso -que me sigue y abruma y más y más horrendo en este seno de tinieblas! -¡Oh voz que sales del sepulcro! ¡Aquí estoy, pues! ¿Á qué pregunta debo -contestar? ¿Qué explicación quieres? Habla: yo contestaré. - - (_Una mujer velada y vestida de negro sale por detrás del pilar de la - izquierda y aparece en el fondo con una lámpara en la mano._) - - -ESCENA II - -JOB, GUANHUMARA - -GUANHUMARA.--¿Qué has hecho de tu hermano? - -JOB.--¿Quién es esta mujer? - -GUANHUMARA.--Una esclava allá arriba; una reina aquí. Conde, á cada -cual le llega su vez. Sabes que este burgo es doble y sus colosales -torres tienen más de una caverna por debajo de sus cuadras; todo lo que -el sol alumbra está bajo tu ley; todo lo que llenan las tinieblas es -mío. (_Acercándose._) Me perteneces pues, y no puedes sustraerte á mi -tenebroso poder. - -JOB.--¿Quién eres? - -GUANHUMARA.--Voy á contarte una breve y triste historia. Érase el -año... ¡Cuánto tiempo ha pasado y cuántos han muerto desde entonces! -Los que tienen ahora cien años, tenían entonces treinta. Dos amantes -estaban allí. (_Indicando un ángulo de la cueva._) Era como ahora una -noche de Setiembre. Un rayo de luna dibujaba un sudario en la blancura -de la pared. (_Se vuelve y le indica la pared alumbrada por la luna._) -Así. De repente, con la espada en la mano... - -JOB.--¡Por favor, basta, basta! - -GUANHUMARA.--¿Sabes esta historia? Pues bien, Fosco, el sitio en que -Donato cayó muerto es éste. (_Indica el banco de piedra._) El brazo del -asesino este es. (_Le coge el brazo á Job._) - -JOB.--Mátame también; mátame, pero calla. - -GUANHUMARA.--Por esa ventana... Ven. (_Le arrastra á ella._) Por esta -ventana, fueron arrojados al torrente el escudero Sfrondati y Donato -su señor; y para que pudieran pasar los cuerpos, uno de los verdugos -rompió estos tres barrotes con su mano de acero. (_Cogiéndole la -mano._) Aquella dura mano, hoy impotente, es esta, conde. - -JOB.--¡Por piedad! - -GUANHUMARA.--Alguien también pedía piedad entonces; una mujer que se -retorcía de dolor, mientras sonriendo el asesino la hizo maniatar y -con su propia mano le puso al pié la férrea argolla de la esclavitud: -mírala. (_Se alza la túnica y enseña la anilla remachada á su pié._) - -JOB.--¡Ginebra! - -GUANHUMARA.--Frente muerta, mano fría, ojos hundidos, sí, mi nombre es -bello, en corso, Ginebra. Estos duros países del Norte, han hecho de él -Guanhumara; y la edad, ese otro Norte que nos hiela y arruga, convirtió -la hermosa joven en lívido espectro. (_Álzase el velo._) Vas á morir. - -JOB.--Gracias, ¡qué beneficio el tuyo! - -GUANHUMARA.--No me las dés todavía. Tu hijo menor, tu Jorge vive aún. - -JOB.--¡Cielos! ¿Qué has dicho? - -GUANHUMARA.--Yo soy quien te lo robó. - -JOB.--¡Ah! - -GUANHUMARA.--Llevaba puesto este collar. - - (_Se saca del seno y le tira un collar de oro y perlas que recoge el - anciano y besa muchas veces, cayendo luégo de rodillas á los piés de - la esclava._) - -JOB.--¡Piedad! ¡Véanle mis ojos antes de cerrarse á la luz! te lo -suplico de rodillas. - -GUANHUMARA.--Le verás. - -JOB.--¿Le veré? - -GUANHUMARA.--Sí; él es quien ha de venir á darte el golpe mortal. - -JOB (_levantándose horrorizado_).--¡Oh Dios! Pero ¿has hecho de él un -monstruo, en tu enojo impío, para creer que un hijo quiera matar á su -padre? - -GUANHUMARA.--Es Otberto. - -JOB (_juntando las manos en alto_).--¡Dios mío, bendito seas! Lo había -soñado yo. Pero en su corazón todo es noble; no hay una sombra de mal -en su alma inocente y pura. No cuentes con él; no me matará mi Otberto. - -GUANHUMARA.--Escucha. Gozabas tú de la luz del día, mientras yo hacía -en las sombras mi camino y no me has visto avanzar en mi rastrero paso. -Despierta, Fosco, preso en los anillos de la serpiente. Mientras el -emperador robaba tu atención, poco há, estaba yo con Regina, á quien he -dado á beber un filtro de poderosa virtud. Mira... - - (_Entran por el fondo de la galería, por la derecha, dos enmascarados - trayendo un ataúd cubierto con un paño negro. Job corre á ellos, que - se detienen._) - -JOB.--¡Un ataúd! (_Levanta el paño con temor y ve un rostro pálido._) -¡Regina! (_Á Guanhumara._) ¡Monstruo! ¡Tú le has dado la muerte! - -GUANHUMARA.--Aún no. Estoy acostumbrada á estos juegos. Está muerta -para todos; para mí sólo dormida. En cuanto yo quiera, despertará. - -JOB.--¿Qué quieres por despertarla? - -GUANHUMARA.--Tu vida. Otberto lo sabe y él será quien elija. -(_Extendiendo la mano derecha sobre el féretro._) ¡Juro por el eterno -enojo que nos deja el agravio, por la Córcega de cielo dorado y sol -devorador, por el frío esqueleto que yace en el torrente, por este seno -de sombras que se tragó su sangre... juro que este ataúd no saldrá de -aquí vacío! (_Los dos encubiertos que llevan el ataúd siguen su camino -hacia la izquierda. Á Job._) Él ha de elegir, ó á ti ó á ella. Si -quieres huir lejos de ellos, huye en buen hora: entonces morirán los -dos que están en mi poder. - -JOB (_tapándose el rostro con las manos_).--¡Qué horror! - -GUANHUMARA.--Muere tú, y entonces ellos vivirán. - -JOB.--Oye... un ruego. Morir es nada: toma mi sangre, toma mi vida; -pero no obligues á cometer un crimen á un inocente. Conténtate, mujer, -con una sola víctima. Un mundo extraño se revela en mí; ¡oh! mi crimen -ha hecho germinar aquí en la sombra, bajo estos montes, un infierno, -cuyos demonios voy á remover, horrible nido de serpientes, nacidas -de las gotas que de mi puñal cayeron. El asesino es un sembrador que -recoge el mal; lo sé. Tú me has cogido en un círculo de hierro. ¿Qué -más quieres? ¿No soy tu presa? Es justo, haces bien; te acojo con -alegría, maldito en mis hijos, maldito en mis nietos; pero respeta al -niño. ¿Quieres que éntre aquí puro, noble y sin mancha y que salga -marcado con la horrenda señal que yo, Caín, llevo en la frente? -Ginebra, pues que juzgaste bueno arrebatármelo á mí, anciano cuya -esperanza era él... No, no te hago aquí ningún reproche... En fin, te -lo llevaste y lo conservaste á tu lado, sin hacerle ningún daño al -pobre niño ¿no es verdad? Tú viste ¡oh dicha que yo envidio! viste -abrirse sus ojos de águila interrogando á la vida, viste cómo su frente -buscaba el calor de tu seno, viste nacer su bella alma... Pues bien, es -tu hijo también, tuyo como mío... ¡Oh! he sufrido mucho, te lo juro; -bien castigado estoy... El día en que me dijeron que el niño se había -perdido, creí que deliraba. No te exagero, ya te lo habrán dicho. No -pude decir más que estas palabras: «¡Perdido mi hijo!» Pero caí al -suelo como muerto. ¡Pobre niño! ¡Cuando pienso en ello!... Estaba -jugando entre las rosas. ¿No es verdad? ¡Oh recuerdos que atormentan! -Juzga si habré sufrido. Pues bien, no cometas una maldad peor que la -mía; no manches esa alma pura y divina. ¡Oh! si sientes latir en tu -pecho un corazón... - -GUANHUMARA.--No tengo corazón: me lo arrancaste tú. - -JOB.--Bien, quiero morir en este oculto sepulcro; pero no por su mano. - -[Ilustración: JOB.--_¡Regina!_] - -GUANHUMARA.--El hermano mató aquí al hermano: el hijo matará aquí al -padre. - -JOB (_arrastrándose de rodillas á los piés de su enemiga_).--Concede -por Dios otra muerte á mi miseria; te lo ruego. - -GUANHUMARA.--¡Ah! ¡maldito! Yo también te rogaba de rodillas, -golpeándome el desnudo seno, loca y desesperada. Recuérdalo bien: -al levantarme grité en mi despecho: ¡Soy corsa y me vengaré! Y tú -te reíste de mi amenaza, y rechazándome con el pié, me contestaste -fieramente: «Véngate si puedes.» Pues bien, puedo vengarme, me vengo. - -JOB.--Mi hijo no te ha agraviado en nada. ¡Perdón! (_Llorando._) Piensa -en que te amaba y estaba celoso. - -GUANHUMARA.--¡Calla! Es cosa impía que entre tantos crímenes te atrevas -á invocar el sagrado nombre de amor. Y bien, devuélveme mi amor, -fratricida. - -JOB (_levantándose con sombría resignación_).--¿Sabe Otberto que ha de -matar á su padre? - -GUANHUMARA.--No. Por salvar á Regina, sin saber tu verdadero nombre, -herirá en la sombra. - -JOB.--¡Otberto! ¡Oh lamentable noche! - -GUANHUMARA.--Sabe lo que un verdugo, que castiga á un criminal, y nada -más. Muere encubierto, no hables. Si lo quieres así, te lo permito. - - (_Se quita el negro velo y se lo tira._) - -JOB (_recogiéndolo_).--Gracias. - -GUANHUMARA.--Oigo pasos. Encomiéndate á Dios. Es él. Me retiro; pero lo -oiré todo. Tengo á Regina en mi poder. Daos prisa en acabar. - - (_Sale por el fondo en la dirección que llevó el ataúd._) - -JOB.--¡Dios justo! - - (_Cae de rodillas ante el banco de piedra, se cubre la cabeza con el - velo y permanece inmóvil en actitud de orar. Entra por la derecha - de la galería un hombre vestido de negro y enmascarado como los - otros, trayendo en la mano una antorcha. Hace una seña para que - éntre alguien que le sigue y aparece Otberto pálido, descompuesto, - extraviado. El guía se retira en silencio._) - - -ESCENA III - -JOB, OTBERTO - -OTBERTO.--¿Adónde me han conducido? ¿Qué sombrío lugar es este? -(_Mirando al rededor._) El enmascarado no está aquí ya. ¿Dónde estoy? -¿Será aquí? Me estremezco... Siento vértigo... (_Vislumbrando á -Job._) ¿Qué veo allá en la sombra?... Nada: la oscuridad me engaña. -(_Se adelanta y pone la mano en la cabeza de Job._) ¡Cielos! Es un -sér viviente. Me siento helado por el sudor del crimen. ¿Está aquí -el cadalso? ¿Es esta la víctima? Desgraciado Fosco, á quien he de -inmolar, ¿eres tú?... Contesta... Calla: es él. ¡Oh! Quienquiera que -seas, háblame. No te quiero mal, lo ignoro todo... ignoro por qué -permaneces inmóvil y por qué no te levantas airado y terrible ante mí. -Te soy desconocido como para mí lo eres tú. ¿Conoces á lo menos que mis -manos no se hicieron para esto? ¿Conoces que soy instrumento de fiera -venganza y de negro castigo? ¿Conoces á Regina, la amada mía, ángel que -es la luz de mi alma? Pues envuelta en un sudario, está aquí; muerta, -si flaqueo; viva, si mato. Tened piedad de mí, anciano. ¡Oh! habladme; -decidme que veis mi turbación y espanto y que me perdonáis vuestro -horroroso martirio. Una palabra de perdón, anciano, una sola. ¡Ah! se -me parte el corazón. - -JOB (_se levanta y quita el velo_).--¡Otberto! ¡Hijo! ¡Hijo mío! (_Le -abraza._) - -OTBERTO.--¡Ah! ¡Señor! - -JOB.--Todo mi sér se iba hacia él; era insufrible tortura el silencio. -Soy un pobre anciano, flaco, abatido, triste, y no quiero morir sin -haberle abrazado. Ven á mi corazón. (_Le besa._) Deja, deja que te -vea. No lo creerás; aunque he tenido el placer de verte todos los -días por espacio de seis meses, no te he visto bien. (_Mirándole con -embriaguez._) ¡Es la primera vez! ¡Tan mozo!... veinte años. ¡Qué -hermoso es! Déjame que bese tu frente y que te contemple á mi sabor. -Hablabas ahora y yo guardaba silencio; pero tú mismo ignoras hasta qué -punto removían mis entrañas tus palabras. Otberto, encontrarás colgada -en mi aposento mi espada: te la doy. Y mi casco y mi pendón tantas -veces triunfante, también te los doy, hijo. Quisiera que pudieras ver -mi corazón y entonces verías cuánto te amo. ¡Bendito seas! ¡Dios mío! -colmadle de beneficios y largos días como á mí, pero menos amargos. -Señor, haced que tenga una vida tranquila, ilustre y pomposa, y que -numerosos hijos, buenos como su padre, sean el báculo de su vejez. - -OTBERTO.--Señor... - -JOB (_imponiéndole las manos_).--¡Cielos y tierra! Yo bendigo á -este mancebo en todo lo que ha hecho y en lo que haya de hacer. ¡Sé -feliz!... Ahora, Otberto mío, escucha: yo no soy ya ni padre ni rey: mi -familia está cautiva y mi castillo cayó. He debido entregarlo todo por -salvar Alemania. Pero debo morir... y me tiembla la mano... es preciso -ayudarme. (_Saca de la vaina el puñal de Otberto y se lo ofrece._) De -ti espero este supremo servicio. - -OTBERTO (_horrorizado_).--¡De mí! ¿Sabéis que busco aquí mismo á -alguien? - -JOB.--Á Fosco: soy yo. - -OTBERTO.--¡Vos! (_Retrocediendo._) ¡Espectros que me rodeáis, demonios -que nos veis, es él! ¡es el anciano á quien yo amo, honro y respeto! -¡Piedad, compasión de los dos en esta hora suprema!... ¡Silencio -espantoso! ¡Dios mío, es el conde Job! ¡Oh! ¡Nunca, jamás levantaré la -mano contra ti, oh anciano venerable, semidiós del Rhin! tu cabeza es -sagrada. - -JOB.--¡Ah! Es preciso, Otberto, que me allanes la entrada del -sepulcro. ¿He de decírtelo todo? Pues oye: soy un gran criminal. Tu -esposa en este mundo y tu hermana en el cielo, Regina, está aquí, -pálida, fría, siempre bella. Le prometiste hacerlo todo por ella, -salvarla, aunque tuvieras que dar en cambio tu alma á Satanás: así lo -prometiste. Pues bien, la muerte tiene levantado su maldito brazo sobre -Regina, y cada instante que pasa se condensan más y más sobre su vida -las sombras de la muerte. Cumple tu promesa; sálvala. - -OTBERTO (_extraviado_).--¿Y creéis que debo salvarla á tanta costa? - -JOB.--¿Puedes dudarlo? Aquí, yo, viejo condenado, á quien todo convida -á morir, más bien bandido que héroe, más bien gavilán que águila, cuya -vida impura y sanguinaria ha hecho bramar con frecuencia la ira de -Dios en el seno de las nubes; allí, inocencia, virtud, juventud, amor, -belleza; una mujer que ama, una niña que espera en ti. ¡Qué insensato -es el que duda y vacila aún entre el andrajo manchado y sin honor, y -la blanca túnica del ángel! Ella quiere vivir y yo morir. ¿Vacilas -todavía, cuando de un solo golpe puedes librarnos á los dos? - -OTBERTO.--¡Santo cielo! - -JOB.--Si nos amas, no vaciles más; hiere, hiéreme. San Segismundo mató -á Boleslao para librarle de una úlcera maligna y asquerosa. Y ¿quién lo -condena? Otberto, el remordimiento es la úlcera del alma: líbrame del -remordimiento. - -OTBERTO (_tomando el puñal_).--Pero... - -JOB.--¿Qué te detiene? - -OTBERTO (_envainando el cuchillo_).--Me ocurre una idea espantosa. Vos -tuvisteis en vuestra vejez un hijo, que os robó una gitana. Lo habéis -dicho hoy... Y una mujer me robó siendo muy niño. ¡Si fuera yo aquel -hijo perdido! ¡Si fuérais vos mi padre! - -JOB (_aparte_).--¡Cielos! (_Alto._) El dolor te extravía, Otberto. No, -tú no eres aquel niño: te lo aseguro. - -OTBERTO.--Sin embargo, me llamáis hijo. - -JOB.--La costumbre... y luégo es tan dulce esta palabra, porque... bien -sabes cuánto te amo. - -OTBERTO.--Siento aquí una voz... (_En el corazón._) - -JOB.--No, no. - -OTBERTO.--Una voz que me dice... - -JOB.--Esa voz te engaña. - -OTBERTO.--¡Señor! ¡Señor! ¡Si fuera yo vuestro hijo!... - -JOB.--No lo creas. Puedo probarte... ¿Qué quieres que haga? Unos judíos -mataron al niño en un festín, y me fué presentado su cadáver. ¿No te lo -he dicho esta mañana? - -OTBERTO.--No. - -JOB.--Sí, repasa la memoria. No, no eres tú mi hijo, Otberto; créeme. -Sin las pruebas que de ello tengo, á mí también pudiera haberme -ocurrido la misma idea. Me alegro que la hayas suscitado ahora para -arrancarla de tu corazón. Si cuando yo esté muerto, algún impostor te -dijere, para turbar tu conciencia, que Job era tu padre, no le dés -crédito. ¡Oh sería una infamia en él! No, no eres mi hijo, Otberto mío. -En la vejez suele perderse la memoria; pero la noche del sábado, bien -lo sabes tú, degüellan algún niño. Así murió mi Jorge. Tengo pruebas -de ello; tranquilízate, hijo mío... ¿Ves? Otra vez te llamo hijo... -la costumbre... Créeme; la lucha á mi edad es muy ruda. No dudes ni -vaciles, obedece sin temor. Ve como beso tu frente y estrecho contra -mi corazón la mano que va á herirme, y, sin embargo, quedará pura. -Reflexiona, Otberto. ¿Me prestaría yo á tan horrible misterio? Sería -preciso suponer... No es posible. En fin, yo te lo aseguro y debes -estar convencido ya de ello: no, no eres mi hijo. - -LA VOZ (_en las sombras_).--Regina no puede esperar más de un cuarto de -hora. - -OTBERTO.--¡Regina! - -JOB.--¡Desgraciado! ¿Quieres que muera ella? - -OTBERTO.--¡Dios poderoso! También yo he luchado rudamente y me siento -ebrio, loco. En este lugar aborrecible en que los crímenes antiguos -se confunden con los nuevos, se me suben á la cabeza los vapores del -homicidio y siento que es maléfico el aire que aquí se respira. ¿Tendrá -aún sed de sangre este sombrío seno? - -JOB (_poniéndole otra vez el puñal en la mano_).--Sí. - -OTBERTO.--¡No me tentéis! Estoy deslizándome al abismo, y apenas puedo -detenerme al borde del crimen. Temo dar un paso más, porque caería en -él. No me tentéis. - -JOB.--Hay que salvar á una inocente y castigar á un culpable. - -OTBERTO (_tomando el cuchillo_).--Pero, ¿no veis que sería capaz de -hacerlo? No estoy en mi cabal juicio: me han dado á beber ahí esos -enmascarados no sé qué ponzoña para darme fuerza y se me abrasa el -corazón. ¡Y Regina se muere! ¡Y la loba está ahí en las tinieblas y -tiene hambre y sed! - -JOB.--Tiempo es ya de expiar mi crimen. Donato me imploraba aquí y fuí -impío con él. No tengas tú tampoco piedad de mí. ¡Soy Satanás! ¡Soy el -arcángel vencedor! - -OTBERTO (_levantando el puñal_).--¡Oh! ¡De mi mano, á pesar mío, se -escapa la muerte! - -JOB (_arrodillándose_).--Ve qué monstruo soy. Yo mismo le maté. ¡Le -maté y era mi hermano! - - (_Otberto, fuera de sí, va á descargar el golpe y alguien le detiene - el brazo. Vuélvese y reconoce al emperador._) - - -ESCENA ÚLTIMA - -Los mismos, EL EMPERADOR, GUANHUMARA Y REGINA á su vez - -EL EMPERADOR.--Era yo. - - (_Otberto deja caer el puñal. Job se levanta y contempla á - Barbaroja. Guanhumara desde un pilar del fondo á la izquierda, - observa en acecho._) - -JOB (_al emperador_).--¡Vos! - -OTBERTO.--¡El emperador! - -EL EMPERADOR.--El duque, nuestro padre y tu rey, me ocultó en tu -castillo no sé por qué razón. - -JOB.--¡Vos, mi hermano! - -EL EMPERADOR.--Ensangrentado, pero con vida aún, me tuviste suspendido -fuera de esos barrotes y me dijiste: «¡Tú á la tumba, yo al infierno!» -Sólo oí estas palabras pronunciadas sobre el abismo. Después caí. - -JOB (_juntando las manos_).--Es verdad. ¡El cielo desbarató mi crimen! - -EL EMPERADOR.--Unos pastores me salvaron. - -JOB (_cayendo de rodillas_).--Estoy á tus plantas, convicto y confeso -de mi iniquidad. Castígame; véngate. - -EL EMPERADOR.--No, hermano: abracémonos. Nada mejor que perdonar á las -puertas del sepulcro. Yo te perdono. - - (_Lo levanta y abraza._) - -JOB.--¡Dios misericordioso! - -GUANHUMARA (_avanzando_).--El puñal cae... Donato vive... Yo puedo -espirar á sus piés. Recobrad todos aquí todo lo que amáis, todo lo que -había tomado mi mano celosa y vengativa. Tú, Job, á tu hijo Jorge, y -tú, Jorge, á Regina, tu esposa. - - (_Hace una seña y Regina, vestida de blanco, aparece en el fondo de - la galería, por la derecha, sostenida por los dos encubiertos. Al ver - á Otberto da un grito y corre vacilante á caer en sus brazos._) - -REGINA.--¡Cielos! - -OTBERTO.--¡Regina! ¡Padre mío! - -JOB.--¡Dios clemente! - -GUANHUMARA (_en el fondo_).--Yo moriré. ¡Sepulcro, ábrete para mí! - - (_Se lleva un pomo á los labios. El emperador acude vivamente._) - -EL EMPERADOR.--¿Qué haces? - -GUANHUMARA.--Juré que este ataúd no saldría de aquí vacío. - -EL EMPERADOR.--¡Ginebra! - -GUANHUMARA (_cayendo á sus piés_).--¡Donato! este veneno es de rápida -virtud. Muero... ¡Adiós! - - (_Muere._) - -EL EMPERADOR.--Yo parto también. Job, reina en el Rhin. - -JOB.--Permaneced aquí, señor. - -EL EMPERADOR.--No. Doy al mundo un soberano. Ahora mismo, un heraldo -del imperio acaba de anunciar que al fin han elegido las provincias en -Espira á mi nieto Federico, emperador. Es un hombre prudente, y está -exento de odios y de errores. Le dejo libre el trono y vuelvo á mi -soledad. Adiós. Vive, reina y sufre: los tiempos son rudos. Job, sólo -he querido, antes de morir abrazado á la cruz, extender otra vez más -esta mano suprema y tutelar como rey sobre mi pueblo, y sobre ti como -hermano. Cualquiera que haya sido la suerte, cuando la última hora va á -sonar ¡dichoso quien puede bendecir! - - (_Todos caen de rodillas bajo la bendición del emperador._) - -JOB (_besándole la mano_).--¡Y cuán grande quien sabe perdonar! - - -EL POETA - -Sigue á Barbaroja ¡oh Job! Hermanos, id solos. De vuestros mantos -reales haceos dos sudarios. Juntos, apoyándoos uno en otro, sostened -los dos la bóveda de la vieja Alemania. ¡Oh colosos! el mundo es -demasiado pequeño para vosotros. Y tú, soledad de rumores profundos, -tristes y callados, deja que los dos gigantes se hundan en tus sombras, -y que toda la tierra vea con respeto y asombro, entrar al gran burgrave -y al gran emperador. - - - - -ÍNDICE - - - Páginas - - - HERNANI - - Prólogo. 7 - - HERNANI: drama en cinco actos. 13 - - Acto I -- El rey. 15 - - Acto II -- El bandido. 35 - - Acto III -- El anciano. 53 - - Acto IV -- El sepulcro. 81 - - Acto V -- Las bodas. 103 - - - EL REY SE DIVIERTE - - Prólogo. 125 - - Discurso pronunciado por Víctor Hugo el 19 Diciembre 1832 ante - el Tribunal de Comercio, para obligar al Teatro-Francés á - representar su drama _El Rey se divierte_ y al gobierno á - permitir esta representación. 141 - - EL REY SE DIVIERTE: drama en cinco actos. 157 - - Acto I -- M. de Saint-Vallier. 159 - - Acto II -- Saltabadil. 179 - - Acto III -- El rey. 201 - - Acto IV -- Blanca. 219 - - Acto V -- Triboulet. 237 - - Nota. 251 - - - LOS BURGRAVES - - Prólogo. 273 - - LOS BURGRAVES: trilogía. 285 - - Parte primera -- El abuelo. 287 - - Parte segunda -- El mendigo. 325 - - Parte tercera -- La cueva subterránea. 349 - -[Ilustración] - -*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK DRAMAS (1 DE 2) *** - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the -United States without permission and without paying copyright -royalties. 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Redistribution is subject to the trademark -license, especially commercial redistribution. - -START: FULL LICENSE - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK - -To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full -Project Gutenberg-tm License available with this file or online at -www.gutenberg.org/license. - -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project -Gutenberg-tm electronic works - -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. 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