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If you are not located in the United States, you -will have to check the laws of the country where you are located before -using this eBook. - -Title: Los Apóstoles - -Author: Ernesto Renán - -Translator: Enrique L. de Verneuill - -Release Date: May 22, 2021 [eBook #65410] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading - Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from - images generously made available by The Internet - Archive/American Libraries.) - -*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS APÓSTOLES *** - -NOTA DE TRANSCRIPCIÓN - - * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se - han convertido a MAYÚSCULAS. - - * Los errores de imprenta, muy abundantes en este libro, han sido - corregidos, así como los errores de traducción detectados. - - * La ortografía del original ha sido respetada, normalizándose las - variantes a la grafía más frecuente. - - * Para facilitar la lectura, se han añadido tildes a las mayúsculas - que las necesitan, se han actualizado los nombres propios antiguos - que cuentan con grafía más moderna consolidada, y se ha actualizado - también la ortografía de las expresiones que ahora utilizan la - secuencia «ex-» en su raíz (así, «espresion» o «esclamacion» se han - escrito como «expresion» y «exclamacion»). - - * Se ha restaurado el contenido de las notas, con sus citas y - referencias insertas, de modo que concuerden con el original - francés. También se han añadido las notas, completas o parciales, - y las citas en griego que el traductor eliminó de su traducción. - - * Las notas han sido renumeradas y ubicadas al final del libro. - - * Los años de la datación, que en el original aparecen en el - encabezado de cada página, se han limitado a una sola aparición - marginal al principio de capítulo o de periodo. - - * Las páginas en blanco han sido eliminadas. - - - - - LOS - APÓSTOLES. - - - - - LOS - APÓSTOLES, - - OBRA ESCRITA EN FRANCÉS - - POR - - ERNESTO RENÁN, - MIEMBRO DEL INSTITUTO. - - TRADUCCION DE - D. ENRIQUE L. DE VERNEUILL. - - [Ilustracion] - - BARCELONA. - —— - CENTRO DE SUSCRICIONES, LA ILUSTRACION, - CALLE DE MENDIZÁBAL, NÚM. 4. - 1868. - - - - -INTRODUCCION. - -Crítica de los documentos originales. - - -El primer libro de nuestra _Historia de los orígenes del cristianismo_, -refiere los acontecimientos hasta la muerte y enterramiento de Jesús, -y es preciso ahora reanudar el hilo de la narracion desde el punto -en que la dejamos, es decir, desde el sábado 4 de Abril del año 33, -lo cual será continuar en parte la vida de Jesús. Pasados los meses -de alegre embriaguez durante los cuales asentó el gran fundador las -bases de un nuevo órden de cosas para la humanidad, fueron los años -siguientes los más decisivos en la historia del mundo; y de nuevo -encontramos á Jesús, quien por el fuego sagrado, cuya chispa depositó -en el corazon de algunos amigos, crea instituciones de la más elevada -originalidad, y conmueve y transforma las almas, imprimiendo en -todas las cosas un sello divino. Ahora nos toca demostrar como bajo -aquella influencia siempre creciente y victoriosa de la muerte, se -propagó por la resurreccion, la fé, la influencia del Espíritu Santo, -el don de las lenguas y el poder de la Iglesia; daremos á conocer -la organizacion de la Iglesia de Jerusalem, sus primeras pruebas, -sus primeras conquistas, las más antiguas misiones que salieron de -su seno, y seguiremos en fin al cristianismo en su rápido progreso -desde Siria hasta Antioquía, donde se forma una segunda capital, más -importante en cierto modo que Jerusalem, á la cual debia reemplazar más -tarde. En aquel nuevo centro donde los paganos convertidos forman la -mayoría, veremos al cristianismo separarse definitivamente del judaismo -y recibir un nombre; veremos nacer la idea de las grandes misiones -lejanas, cuyo objeto era dar á conocer el nombre de Jesús en el mundo -de los gentiles; nos detendremos en el momento solemne en que Pablo, -Bernabé y Juan Márcos parten para llevar á cabo su elevado designio, -é interrumpiendo entonces nuestra narracion á fin de echar una ojeada -sobre el mundo que tratan de conquistar los atrevidos misioneros, -trataremos de darnos cuenta del estado intelectual, político, moral, -religioso y social del imperio romano, hácia el año 45, fecha probable -de la partida de San Pablo á su primera mision. - -Tal es el objeto de este segundo libro, que titularemos _Los -Apóstoles_, porque expone el período de la accion comun durante el cual -la pequeña familia creada por Jesús marcha de concierto y se agrupa -moralmente al rededor de un punto único, de Jerusalem. En nuestro -próximo libro, que será el tercero, saldremos de este cenáculo para -ver presentarse casi solo en escena al hombre que representa mejor que -otro ninguno al cristianismo conquistador y viajero, es decir á San -Pablo. - -Aun cuando éste se haya dado desde cierta época el título de Apóstol, -no lo era con el mismo título que los Doce,[1] y solo debe considerarse -como un obrero de segundo órden, y hasta puede decirse como un intruso. - -Segun se desprende de los documentos históricos que han llegado hasta -nosotros, y como sabemos muchas más cosas de San Pablo que de los Doce, -y tenemos sus escritos auténticos, y memorias originales de notable -precision sobre algunas épocas de su vida, se ha incurrido en el -error de darle una importancia de primer órden, casi superior á la de -Jesús. Pablo es ciertamente un gran hombre y desempeñó en la fundacion -del cristianismo un papel de los más importantes, pero no se le debe -comparar ni á Jesús ni aun á los discípulos de éste. Pablo no vió á -Jesús ni probó la ambrosía de la predicacion de Galilea, y siendo así, -el hombre más insignificante que tuvo su parte en el maná celestial, -era por esto mismo superior al que apenas lo habia probado. Nada más -falso que la opinion que está en boga en nuestros dias, segun la que se -supone que Pablo fué el primer fundador del cristianismo. Esto no es -exacto: el verdadero fundador del cristianismo es Jesús, y despues de -éste deben figurar en primer término sus fieles y apasionados amigos, -esos grandes hombres que fueron los oscuros compañeros de Jesús y -que creyeron en él aun despues de su muerte. En el primer siglo pudo -considerarse á Pablo como una especie de fenómeno aislado, pues en vez -de una escuela organizada, solo dejó ardientes adversarios que despues -de su muerte quisieron desterrarle en cierto modo de la Iglesia, -comparándoles con Simon el Mágico.[2] Se le negó que hubiese llevado á -cabo la conversion de los gentiles,[3] que es lo que consideramos como -su propia obra; la Iglesia de Corinto, que él solo habia fundado,[4] -dijo que debia tambien su orígen á San Pedro;[5] en el siglo II, -Papias y San Justino no pronuncian su nombre, y solo más tarde, cuando -la tradicion oral ya no fué nada y tuvo que ceder su puesto á la -Escritura, llegó Pablo á ocupar un lugar preferente en la teología -cristiana. Pablo en efecto fué teólogo, lo cual no puede decirse de -Pedro y María de Magdala; Pablo ha dejado obras considerables, y los -escritos de los demás Apóstoles no pueden competir con los suyos ni en -importancia ni en autenticidad. - -Á primera vista, los documentos referentes al período que comprende -este volúmen, son escasos y de todo punto insuficientes, pues los -testimonios directos se reducen á los primeros capítulos de las _Actas -de los Apóstoles_, capítulos cuyo valor histórico da lugar á graves -objeciones. Pero la luz que proyectan en este oscuro intervalo los -capítulos de los Evangelios, y sobre todo las epístolas de San Pablo, -disipan en cierto modo las tinieblas. Un escrito antiguo, no solo -sirve para dar á conocer la época en que se redactó sino tambien la -anterior, y sugiere seguramente inducciones retrospectivas acerca de -la sociedad que lo produjo. Las epístolas de San Pablo compuestas -en el período comprendido desde el año 53 al 62, poco más ó menos, -contienen infinitos datos sobre los primeros años del cristianismo -y como se trata aquí principalmente de las grandes fundaciones sin -fechas precisas, lo esencial es demostrar en qué condiciones se -formaron aquellas. Debo pues advertir una vez para siempre que la fecha -corriente inscrita al principio de cada página solo es aproximada, -pues en la cronología de los primeros años no se cuenta sino un escaso -número de datos fijos. Sin embargo, gracias al cuidado que ha tenido -el autor de las _Actas_ de no alterar la série de los hechos; gracias -á la epístola de los Galatas, donde se encuentran algunas indicaciones -numéricas de inestimable precio, y merced en fin á Josefo que nos da -la fecha de los acontecimientos de la historia profana, enlazados -con algunos hechos referentes á los Apóstoles, se llega á crear para -la historia de estos últimos un conjunto muy verosímil donde las -probabilidades del error flotan entre los límites de la exactitud. - -Repetiré nuevamente al empezar este libro lo que ya he dicho al -principio de mi _Vida de Jesús_: en historias como esta, donde solo -el conjunto es cierto, y donde los detalles se prestan más ó menos -á la duda, á causa del carácter legendario de los documentos, la -hipótesis es indispensable. Tratándose de épocas de que no sabemos -nada, no hay hipótesis posible. Intentar reproducir tal ó cual grupo -de la escultura antigua, que ha existido ciertamente pero del cual no -se conserva resto alguno, ni la menor noticia escrita, es ciertamente -hacer una obra arbitraria; pero ¿no será acaso legítimo é indispensable -tratar de reedificar los frontis del Parthenon con los restos que se -encuentren, consultando además los textos antiguos, los dibujos hechos -en el siglo XVII, todos los datos en fin con que pueda uno inspirarse -en el estilo de aquellas inimitables obras, tratando de reproducir su -alma y su vida? No diremos por esto que se ha encontrado la obra del -escultor antiguo, pero se ha hecho lo posible por imitarla; y á fé que -este procedimiento es tanto más legítimo en la historia, cuanto que -el lenguaje permite las formas dubitativas, que no admite el mármol. -Nada impide además al lector elegir entre diversas suposiciones. La -conciencia del escritor, debe quedar tranquila desde el momento en -que ha presentado como cierto lo que es cierto, como probable lo que -es probable, como posible lo que es posible, y en los puntos en que -el pensamiento se desliza entre la historia y la leyenda, lo que debe -buscarse es el efecto general. Nuestro tercer libro, para la confeccion -del cual contamos con documentos absolutamente históricos, y en el que -debemos describir los caractéres con precision, refiriendo los hechos -con claridad, ofrecerá una narracion más exacta, aun cuando se vea -que la historia de aquel período no se conoce más á fondo. Los hechos -consumados hablan más alto que todos los detalles biográficos: sabemos -muy poco de los artistas inimitables que crearon las obras maestras del -arte griego, pero esas obras nos dicen más acerca de sus autores y del -público que las apreció, que lo que pudieran decirnos las narraciones -más circunstanciadas, los textos más auténticos. - -Para el conocimiento de los hechos decisivos que pasaron en los -primeros dias despues de la muerte de Jesús, los documentos son los -últimos capítulos de los Evangelios, que dan cuenta de las apariciones -de Cristo resucitado[6]; y no es necesario repetir aquí lo que he -dicho en la introduccion de mi _Vida de Jesús_ acerca del valor de -tales documentos. Para este libro tenemos felizmente un comprobante -de que careciamos en nuestra primera obra, y al decir esto, me -refiero á un pasaje capital de San Pablo (I Cor., XV, 5-8), que -establece: 1.º la realidad de las apariciones; 2.º la larga duracion -de estas, contrariamente á lo que refieren los evangelios sinópticos, -y 3.º la variedad de los lugares, donde tuvieron lugar aquellas, en -contraposicion á lo que dicen Márcos y Lucas. El estudio de este texto -fundamental, y otras muchas razones, nos confirman en las opiniones que -habiamos anunciado acerca de la relacion recíproca de los sinópticos -y del 4.º Evangelio, y en lo que se refiere á la resurreccion y á las -apariciones, es notoria la superioridad del último, por lo que hace á -la vida de Jesús. Si se quiere encontrar una narracion seguida, lógica, -que permita conjeturar con verosimilitud lo que se ocultó tras las -ilusiones, allí es donde es preciso buscarlo, y aquí vengo á tocar -la más difícil de las cuestiones que se refieren á los orígenes del -cristianismo: ¿Cuál es el valor histórico del cuarto Evangelio? El uso -que de este he hecho en mi _Vida de Jesús_, es precisamente lo que ha -dado lugar á que me dirijan más objeciones los críticos ilustrados, -pues todos los sabios que aplican á la historia de la teología el -método racional, rechazan el cuarto Evangelio como apócrifo en todos -conceptos. He reflexionado mucho nuevamente en este problema, y apenas -he podido modificar mi primera opinion, mas como en este punto no soy -del parecer de la generalidad, creo un deber mio exponer en detalle los -motivos de mi persistencia, y lo haré en un Apéndice que aparecerá al -fin de una edicion revisada y corregida de la _Vida de Jesús_, que ha -de ver la luz pública próximamente. - -Las _Actas de los Apóstoles_, constituyen el documento más importante -para la historia que vamos á referir, y por lo tanto debo dar algunas -explicaciones acerca del carácter de esa obra y de su valor histórico, -así como tambien del uso que de ella hice. - -No cabe la menor duda que el autor de las _Actas_ es el mismo que -el del tercer Evangelio, y que aquellos son la continuacion de este -último. Nadie se detendrá á probar esta proposicion, que por lo demás -no se ha discutido sériamente[7] pero los prefacios que encabezan -ambos escritos, la dedicatoria de uno y otro á Teófilo y la perfecta -semejanza del estilo y de las ideas, ofrecen sobre este punto -abundantes demostraciones. - -Hay una segunda proposicion que aunque no ofrece la misma seguridad, -puede considerarse sin embargo como muy probable, y es que el autor de -las _Actas_ es un discípulo de Pablo que le acompañó en muchos de sus -viajes. Á primera vista, esta proposicion no admite duda. En muchos -párrafos á partir del versículo 10 del capítulo XVI, el autor de las -_Actas_, emplea en la narracion el pronombre _nosotros_, indicando así -que por entonces formaba parte de la compañía apostólica que rodeaba á -San Pablo. Esto es evidente; y en efecto; solo queda una salida para -rebatir tan fuerte argumento, y esta es, suponer que los pasajes donde -se halla el pronombre _nosotros_, han sido copiados por el último -redactor de las _Actas_ de un escrito anterior, de memorias originales -de un discípulo de Pablo, por ejemplo, de Timoteo, y que el redactor -habrá olvidado, por inadvertencia, sustituir al _nosotros_ el nombre -del narrador. Esta explicacion, sin embargo, no es muy admisible, pues -si bien se comprenderia semejante descuido en una recopilacion vulgar, -no así en el tercer Evangelio y en las _Actas_, que forman una obra muy -bien redactada, escrita con reflexion y hasta con arte por una misma -mano y segun un plan.[8] Ambos libros reunidos forman un conjunto donde -se observa exactamente el mismo estilo, las mismas locuciones favoritas -y hasta el mismo modo de citar la Escritura. Una falta tan chocante -como la que queriamos suponer seria inexplicable, y por lo tanto todo -nos induce poderosamente á creer que uno mismo es el que ha escrito el -fin de la obra y el principio, y que el narrador de todo es el que dice -_nosotros_ en los pasajes precitados. - -Todo esto llama aún más la atencion si se observa en qué circunstancias -aparece el narrador en compañía de Pablo: el uso del _nosotros_ -comienza en el momento en que este último marcha á Macedonia por la -primera vez (XVI, 10) y cesa cuando Pablo sale de Filipos; repitiéndose -la frase cuando aquel hace el segundo viaje á los mismos puntos (XX, -5, 6). Desde entonces el narrador no se separa de Pablo hasta el fin, -y si se observa además que los capítulos en que el primero acompaña -al segundo tienen un carácter particular de precision, no puede -ponerse ya en duda que el narrador no fuera un macedonio ó más bien -un filipense[9] que sale al encuentro de Pablo en Troas, durante la -segunda mision; que permanece en Filipos despues de la partida del -Apóstol, y que al pasar éste por última vez por dicha ciudad (tercera -mision), se une á él para no abandonarle nunca. ¿Cómo se explica que -un hombre que escribió sobre una época lejana se dejase dominar de -tal modo por los recuerdos de otra? Estos recuerdos perjudicarian al -conjunto: el narrador que dice _nosotros_ tendria su estilo, sus frases -especiales[10] y seria más Pauliniano que el redactor principal, y esto -no es así, puesto que en la obra hay una perfecta homogeneidad. - -Se extrañará acaso que una tésis en apariencia tan evidente haya -encontrado contradictores, pero la crítica de los escritos del Nuevo -Testamento, ofrece muchos puntos, que claros en un principio, presentan -numerosas dudas al proceder á su exámen. Por lo que hace al estilo, -á los pensamientos y á las doctrinas, las _Actas_, no son lo que -podria esperarse de un discípulo de Pablo, ni se parecen en nada á las -epístolas de este último, pues no se encuentra ni el menor vestigio de -las atrevidas doctrinas que constituyen la originalidad del Apóstol -de los gentiles. El carácter de Pablo parece ser el de un protestante -brusco y severo; el autor de las _Actas_ se nos presenta como un buen -católico, dócil, optimista, que no habla de un sacerdote sin usar el -adjetivo _santo_, ni de un obispo sin llamarle _grande_, y que se halla -dispuesto á aceptar todas las ficciones, antes que reconocer que esos -santos sacerdotes y grandes obispos, disputan entre sí, haciéndose -á veces la más cruda guerra. Sin dejar de admirar á Pablo, el autor -de las _Actas_ evita en lo posible darle el título de Apóstol[11] y -quiere que la iniciativa de la conversion de los gentiles sea de Pedro, -lo cual podria hacer creer que dicho autor es en suma un discípulo de -Pedro más bien que de Pablo. Bien pronto demostraremos que en dos ó -tres circunstancias sus principios de conciliacion le han inducido á -falsear gravemente la biografía de Pablo, cometiendo inexactitudes[12] -y sobre todo omisiones verdaderamente extrañas en un discípulo de este -último[13] puesto que no habla de una sola de las epístolas, y reduce -de una manera sorprendente relatos de la mayor importancia.[14] Aun en -las partes en que debe aparecer como compañero de Pablo, el autor de -las _Actas_, usa un lenguaje muy seco y no da pruebas de hallarse muy -bien informado.[15] Por último, la dejadez y vaguedad que se notan en -ciertas narraciones, la parte convencional que se descubre, darian que -pensar á un escritor que no hubiese tenido relacion alguna directa ó -indirecta con los Apóstoles, y que escribiese hácia el año 100 ó 120. - -¿Podrán tener estas objecciones alguna importancia? Á mí me parece que -no, y persisto en creer que el último redactor de las _Actas_ no es -otro sino el discípulo de Pablo que dice _nosotros_ en los últimos -capítulos. Por difíciles de resolver que parezcan todas las dudas, -debemos suspender nuestro juicio en el caso de no resolverse aquellas -ante un argumento tan decisivo como el que resulta de la palabra -_nosotros_; y á esto añadiremos que atribuyendo las _Actas_ á un -compañero de Pablo, se explican dos particularidades importantes: por -un lado la desproporcion de las partes de la obra, en la que se habla -preferentemente de Pablo, y por otro la desproporcion que se nota en la -biografía misma de éste, de cuya primera mision se habla muy poco en -tanto que de la segunda y tercera, sobre todo en los últimos viajes, se -da cuenta con minuciosos detalles. Un hombre completamente extraño á la -historia apostólica no habria incurrido en estas faltas, y á no dudarlo -estaria mejor concebido el conjunto de su obra. Uno de los caractéres -que distingue la historia compuesta con documentos, de la historia -original, es precisamente la desproporcion; el historiador de gabinete, -toma por cuadro los sucesos mismos, en tanto que el autor de memorias -solo se sirve de sus recuerdos ó cuando menos de sus relaciones -personales. Un historiador eclesiástico, una especie de Eusebio, -escribiendo hácia el año 120, nos hubiera legado un libro distribuido -de otro modo á partir del capítulo XIII. La manera extraña con que las -_Actas_ salen despues de la órbita donde giraban hasta entonces, no se -explica, en mi concepto, sino por la situacion particular del autor y -sus relaciones con Pablo. Este resultado se confirmará naturalmente si -encontramos entre los colaboradores conocidos del Apóstol el nombre del -autor á quien la tradicion atribuye nuestra historia. - -Esto es precisamente lo que sucede: los manuscritos y la tradicion -nos dan como autor del tercer Evangelio, á un tal Lucanus,[16] ó -_Lucas_, y de lo dicho resulta que si _Lucas_ es verdaderamente el -autor del tercer Evangelio, lo es igualmente de las _Actas_. Ahora -bien, el nombre de Lucas aparece precisamente como el de un compañero -de Pablo en la epístola de los Colosenses, IV, 14; la de Filemon, 24, -y en la segunda de Timoteo, IV, 11. La autenticidad de esta última es -muy dudosa, y aunque no lo sea tanto la de las dos últimas, no puede -afirmarse, sin embargo, con toda seguridad que sean de San Pablo. De -todos modos, los tales escritos son del primer siglo, y esto basta -para probar evidentemente que entre los discípulos de Pablo existió un -Lucas. El que confeccionó las epístolas de Timoteo, no es en efecto -el mismo que compuso las de los Colosenses y Filemon, (suponiendo -contrariamente á nuestra opinion que estas sean apócrifas). Admitir -que un falsario hubiese atribuido á Pablo un compañero ficticio, -seria ya poco verosímil; pero menos lo es aún que falsarios distintos -hubieran elegido el mismo nombre. Dos observaciones pueden hacerse que -dan á este razonamiento una fuerza particular: la primera es que el -nombre de Lucas ó Lucanus es entre los primeros cristianos un nombre -raro que no se presta á confusiones anónimas, y es la segunda que -el Lucas de las epístolas no adquirió nunca celebridad. Inscribir un -nombre célebre al principio de un escrito, como se hizo para la segunda -epístola de Pedro, y muy probablemente para las de Pablo, en Tito y -Timoteo, no era en nada contrario á las costumbres de la época; pero -encabezar un escrito con un nombre falso y oscuro, es una cosa que no -se concibe. ¿Seria la intencion del falsario patrocinar el libro con -la autoridad de Pablo? Pero si es así ¿por qué no tomaba el nombre -mismo de Pablo, ó cuando menos el de Timoteo ó de Tito, discípulos -más conocidos del Apóstol de los gentiles? Lucas no ocupaba ningun -lugar en la tradicion, en la leyenda, ni en la historia, y los tres -pasajes precitados de las epístolas no podian bastar para reconocer en -aquel una garantía admitida, pues todas las epístolas á Timoteo se han -escrito probablemente despues de las _Actas_, y las citas de Lucas en -las epístolas á los Colosenses y Filemon equivalen á una sola, de tal -modo, que estos dos escritos forman un solo cuerpo. Creemos pues que -el autor del tercer Evangelio y las _Actas_, es real y efectivamente -Lucas, discípulo de Pablo. - -El nombre de Lucas y la profesion de médico que ejercia el llamado -discípulo de Pablo,[17] convienen bien con las indicaciones que dan -ambos libros sobre su autor. Hemos demostrado en efecto que el autor -del tercer Evangelio y de las _Actas_ era probablemente natural de -Filipos,[18] colonia romana donde dominaba el latin[19] y además de -esto debe notarse que el autor del tercer Evangelio y de las _Actas_ -no conoce bien el judaismo[20] ni la historia de Palestina[21] ni sabe -tampoco el Hebreo[22] pero está muy al corriente de las ideas del mundo -pagano[23] y escribe el griego de una manera bastante correcta. La -obra se ha compuesto lejos de la Judea por personas poco entendidas en -geografía[24] que no se cuidaban ni de poseer la ciencia rabinica á -fondo, ni de los nombres Hebreos;[25] reduciéndose la idea dominante -del autor á que si se hubiera permitido al pueblo seguir su inclinacion -habria abrazado la fé de Jesús, á lo cual se opuso la aristocracia -judía.[26] La palabra _Judío_ se toma siempre en la obra en sentido -despreciativo y como sinónimo de enemigo de los cristianos;[27] por el -contrario se habla muy favorablemente de los herejes samaritanos.[28] - -¿En qué época podrá haberse compuesto aquel escrito notable? Lucas -aparece por primera vez en compañía de Pablo cuando éste hizo su primer -viaje á Macedonia hácia el año 52. Supongamos que contara entonces -veinte y cinco años, y en este caso nada más natural que hubiese vivido -hasta el año 100, pero la historia de las _Actas_ no llega más que -hasta el año 63[29] y como quiera que su redaccion es evidentemente -posterior á la del tercer Evangelio, y la fecha de la composicion de -este se fija de una manera bastante precisa en los años inmediatos que -siguieron á la ruina de Jerusalem (año 70)[30], no se puede suponer que -se redactaran las _Actas_ antes del 71 ó 72. - -Si fuera seguro que esta obra se compuso seguidamente al Evangelio, -podriamos detenernos aquí, mas en este punto está permitida la duda: -algunos hechos inducen á creer que ha transcurrido un intervalo entre -la composicion del tercer Evangelio y la de las _Actas_, y esto es -tanto más verosímil cuanto que se nota entre los últimos capítulos del -Evangelio y el primero de las _Actas_ una singular contradiccion. Segun -el último capítulo de los Evangelios parece que la ascension tuvo -lugar el mismo dia de la resurreccion[31], y el primer capítulo de las -_Actas_[32] dice que aquella no ocurrió sino al cabo de cuarenta dias. -Claro es que esta segunda version nos presenta una forma más avanzada -que la leyenda, forma adoptada cuando se vió que era necesario dejar -un intervalo para las diversas apariciones, y dar á la vida de Jesús -despues de salir de la tumba un cuadro completo y lógico. Podria pues -suponerse que al autor no le ocurrió interpretar así las cosas sino en -el intervalo que medió entre la redaccion de ambas obras; y de todos -modos es muy extraño que aquel se crea obligado á pocas líneas de -distancia á desarrollar su primera historia aumentando el número de -datos. Si aún tenia entre manos su primer libro ¿por qué no hacia las -adiciones, que separadas como aparecen luego, causan tan mal efecto? -Esto no es sin embargo una prueba decisiva, y hay una circunstancia -grave que induce á creer que Lucas concibió al mismo tiempo el plan y -el conjunto. El prefacio que encabeza el Evangelio es el que parece -comun á los dos libros[33]. La contradiccion que acabamos de indicar -se explica acaso por el poco cuidado que se tuvo de dar una cuenta -exacta del empleo del tiempo, y á esto se debe seguramente que todas -las relaciones de la vida de Jesús, despues de salir de la tumba, -estén en un completo desacuerdo acerca de la duracion de esta vida. -Importaba tan poco ser histórico, que el mismo narrador no tenia el -menor escrúpulo en proponer sucesivamente dos sistemas inconciliables: -las tres relaciones que acerca de la conversion de Pablo se encuentran -en las _Actas_[34] ofrecen tambien pequeñas diferencias que prueban -igualmente cuán poco se ocupaba el autor de la exactitud de los -detalles. - -Parece pues que nos aproximariamos á la verdad suponiendo que las -_Actas_ se escribieron hácia el año 80, pues por una parte el espíritu -del libro conviene muy bien con la primera época de los Flavios, y por -la otra, el autor parece evitar todo aquello que hubiera podido ofender -á los romanos. En efecto, vemos que se complace en demostrar que los -funcionarios de Roma no solo eran favorables á la nueva secta sino que -la abrazaron algunas veces[35] que la defendieron contra los judíos, -y que la justicia imperial era equitativa y superior á las pasiones -locales.[36] El autor insiste particularmente en enumerar las ventajas -que obtuvo Pablo merced á su título de ciudadano romano[37] y corta -justamente su narracion en el momento de la llegada de Pablo á Roma, -quizá para no verse obligado á referir las crueldades de Neron contra -los cristianos.[38] El contraste entre las _Actas_ y el Apocalipsis -es en extremo notable: escrito este en el año 68, recuerda á cada -paso las infamias de Neron, rebosando un ódio profundo contra Roma, y -en la primera obra aparece el tirano como un hombre afable que vive -en una época tranquila. Desde el año 70, poco más ó menos, hasta los -últimos años del primer siglo, la situacion fué bastante buena para -los cristianos, pues hasta hubo personajes de la familia Flaviana que -pertenecieron al cristianismo. ¿Quién sabe si Lucas no conoció á Flavio -Clemente, si no fué de su _familia_, y si las _Actas_ no se escribieron -por este poderoso personaje cuya posicion oficial exigia ciertas -consideraciones? Algunos indicios dan lugar á suponer que el libro se -compuso en Roma, y diríase en efecto que los principios de la iglesia -romana dominaban al autor. Esta iglesia tuvo desde los primeros siglos -el carácter político y gerárquico que la distinguió siempre, y el buen -Lucas pudo dejarse llevar de este espíritu, pues sus ideas sobre la -autoridad eclesiástica son muy avanzadas, y en ella se descubre el -gérmen del episcopado. Lucas escribió la historia como apologista, -imitando á los escritores oficiales de la corte de Roma, é hizo lo que -hacia un historiador ultramontano de Clemente XIV, que ensalzando á la -vez al Papa y á los jesuitas, trataba de persuadirnos en un discurso -lleno de compuncion que por ambas partes se observaban las reglas de -la caridad. Dentro de doscientos años se consignará tambien que el -cardenal Antonelli y el señor de Mérode se amaban como dos hermanos. El -autor de las _Actas_, fué el primero de esos narradores complacientes -que con una ingenuidad sin igual y una beatitud que revela su -satisfaccion se empeñan en demostrar que todo se hace en la Iglesia -de una manera evangélica. Demasiado leal para condenar á su maestro -Pablo, ortodoxo en exceso para no participar de la opinion oficial que -prevalecia, prescindió de las diferencias de doctrina para no dejar ver -sino el objeto comun que todos aquellos grandes fundadores prosiguieron -en efecto por vias tan opuestas y á través de tan enérgicas rivalidades. - -Fácilmente se comprenderá que un hombre que se coloca por sistema -en semejante situacion, es el menos á propósito para referir los -hechos tal como pasaron: la fidelidad histórica es para él una cosa -indiferente; todo lo que le importa es la edificacion, y Lucas no lo -oculta, pues escribe _para que Teófilo reconozca la verdad de lo que -le han enseñado_ sus catequistas.[39] Se habia pues convenido en un -sistema de historia eclesiástica que se enseñaba oficialmente y cuyo -cuadro, así como el de la misma historia evangélica[40] es probable -estuviera ya fijado. El carácter dominante de las _Actas_, así como el -del tercer Evangelio[41] es una tierna piedad, una viva simpatía hácia -los gentiles,[42] su espíritu conciliador, una preocupacion extrema -acerca de lo sobrenatural, el amor á los pequeños y los humildes, un -gran sentimiento democrático, ó más bien, la persuasion de que el -pueblo es naturalmente cristiano y que son los grandes los que le -impiden seguir sus buenos instintos.[43] Además predomina una idea -exaltada del poder de la Iglesia y de sus jefes, un gusto muy marcado -por la vida en comun.[44] Los métodos de composicion son iguales en -ambas obras, de tal modo que lo mismo nos sucederia con la historia de -los Apóstoles, que con la historia Evangélica, si para analizar esta -última no tuviéramos más texto que el Evangelio de Lucas. - -Fácil es comprender las desventajas de semejante situacion: la vida -de Jesús, compuesta por el tercer Evangelio solamente, seria en -extremo defectuosa é incompleta, y nosotros lo sabemos porque para la -vida de Jesús, la comparacion es posible. Al mismo tiempo que Lucas, -tenemos (sin hablar del cuarto Evangelio) á Mateo y á Márcos, quienes -relativamente á Lucas, son al menos en partes originales. Damos á -conocer los medios violentos por medio de los cuales Lucas desfigura ó -mezcla las anécdotas; la manera con que modifica el colorido de ciertos -hechos segun sus miras personales, y vemos en fin las piadosas leyendas -que añade á las tradiciones más auténticas. ¿No es evidente que si -pudiéramos hacer semejante comparacion para las _Actas_ llegariamos á -encontrar defectos de un género análogo? Las _Actas_ nos parecerian, á -juzgar por los primeros capítulos, inferiores al tercer Evangelio, sin -duda porque estos capítulos se compusieron probablemente con documentos -menos numerosos y menos universalmente aceptados. - -Aquí debe hacerse en efecto una distincion fundamental: bajo el punto -de vista del valor histórico, el libro de las _Actas_ se divide en dos -partes: la una que comprende los doce primeros capítulos y refiere los -hechos principales de la historia de la Iglesia primitiva, y la otra -que contiene los diez y seis capítulos restantes consagrados todos á -las misiones de San Pablo. En esta segunda parte hay dos clases de -relatos; uno en que el narrador aparece como testigo ocular y otro -en que no hace más que referir lo que le han dicho, pero aun en este -último caso, claro está que su autoridad es grande. Con frecuencia -se vé que las conversaciones de Pablo son las que han facilitado las -noticias, y hácia el fin, sobre todo, la narracion adquiere un carácter -de precision notable. Las últimas páginas de las _Actas_ son las únicas -históricas que tenemos sobre los originales cristianos; las primeras -por el contrario son las más atacables de todo el Nuevo Testamento. -Al hablar de los primeros años, es particularmente cuando el autor -obedece á ideas preconcebidas semejantes á las que le preocuparon en -la composicion de su Evangelio. Su sistema de los cuarenta dias, su -modo de referir la ascension, terminando con una especie de rapto final -y de solemnidad dramática la vida fantástica de Jesús; su manera de -contar la bajada del Espíritu Santo y las predicaciones milagrosas, y -su modo en fin de comprender el don de las lenguas, tan diferente del -de San Pablo[45] revelan las preocupaciones de una época relativamente -atrasada, en que predomina la leyenda sin oposicion. Todo se representa -con un gran aparato escénico, desplegando las formas de lo maravilloso, -y es preciso recordar que el autor escribe medio siglo despues de -ocurrir los acontecimientos, lejos del país donde tuvieron lugar, -y fundándose en hechos que no ha visto, ni él, ni su maestro, y en -tradiciones en parte fabulosas ó desfiguradas. No solamente Lucas es -de otra generacion que la de los primeros fundadores del cristianismo, -sino que es de otro mundo, es Helenista, muy poco judío, casi extraño á -Jerusalem y á los secretos de la vida judaica, y apenas ha conocido de -la primitiva sociedad cristiana más que á los primeros representantes. -En los milagros que él refiere, se ven más bien invenciones _á priori_, -que hechos transformados; los milagros de Pedro y de Pablo forman dos -séries que se relacionan:[46] sus personajes se asemejan; Pedro y Pablo -no difieren en nada y por último los discursos que pone en boca de sus -héroes, aunque hábilmente apropiados á las circunstancias, son todos -del mismo estilo, y pertenecen más bien al autor que á las personas á -que los atribuye: acabaremos diciendo que hasta se encuentran errores -fáciles de reconocer.[47] Las _Actas_ en una palabra, constituyen una -historia dogmática, arreglada para apoyar las doctrinas ortodoxas de -la época ó inculcar las ideas que más sonreian á la piedad del autor. -Añadamos á esto que no podia ser de otro modo: no se conoce el orígen -de cada religion sino por las relaciones de los creyentes; solo el -escéptico escribe la historia _ad narrandum_. - -Estas no son simples sospechas, conjeturas de un crítico desconfiado -en extremo; son sólidas inducciones, y siempre que nos sea permitido -comprobar la narracion de las _Actas_, la encontraremos defectuosa y -sistemática. En efecto, aunque no podamos hacer la comprobacion con los -textos sinópticos, tenemos para ello las Epístolas de San Pablo, sobre -todo la de los Galatas y claro es que en el caso en que las _Actas_ y -las epístolas no estén acordes, debe darse siempre la preferencia á las -últimas que son textos de una autenticidad absoluta y más antiguas; de -una sinceridad completa y sin leyendas. Tratándose de historia, los -documentos son de tanta más autoridad, cuanto menos afectan la forma -histórica: la autoridad de todas las crónicas debe ceder ante la de una -inscripcion, de una medalla, de un mapa, de una carta auténtica. Bajo -este punto de vista, las epístolas de autores verdaderos y de fechas -fijas, son la base de toda la historia de los orígenes cristianos; sin -ellas, la duda alcanzaria á todo, dejando en la oscuridad hasta la -misma vida de Jesús. Ahora bien, en dos circunstancias muy importantes, -las epístolas ponen en relieve las tendencias particulares del autor -de las _Actas_ y su deseo de borrar la huella de las divisiones que -habian existido entre Pablo y los Apóstoles de Jerusalem.[48] - -Además de esto, el autor de las _Actas_, quiere que Pablo, despues -del incidente de Damasco (IX, 19 y sig.; XXII, 17 y sig.), haya ido -á Jerusalem en una época en que apenas se conocia su conversion; que -le presentaran á los Apóstoles y viviera con ellos y los fieles en -la más afectuosa cordialidad, que haya disputado públicamente contra -los judíos Helenistas, y por último, que un complot de estos y una -revelacion del cielo, le hayan inducido á marcharse de Jerusalem. Ahora -bien, Pablo nos dice que las cosas pasaron de muy distinto modo, y para -probar que no habia tomado nada de los Doce y que debe al mismo Jesús -su mision y su doctrina, asegura (Gal., I, 11 y sig.) que despues de -su conversion evitó tomar consejo de ninguno[49] y de presentarse en -Jerusalem á los que eran Apóstoles antes que él; que fué á predicar al -Haurán por su propia voluntad y sin encargo de nadie; que es cierto que -tres años más tarde hizo un viaje á Jerusalem para conocer á Céfas con -quien permaneció quince dias, pero que no vió á ningun Apóstol como -no fuera á Jacobo, hermano del Señor, y que esto es tan cierto que su -semblante no era conocido en las iglesias de Judea. El esfuerzo que -se hace para dulcificar el estilo brusco del rudo Apóstol, á fin de -presentarle como colaborador de los Doce, trabajando de concierto con -ellos en Jerusalem, aparece aquí de una manera evidente. En efecto, se -quiere que Jerusalem sea su capital y punto de partida, que su doctrina -sea tan idéntica á la de los Apóstoles, que haya podido reemplazarla -ó sustituirla con la de aquellos en la predicacion; se reduce su -primer Apostolado á las sinagogas de Damasco; se quiere que haya sido -discípulo y oyente, lo cual no es cierto;[50] se reduce el tiempo -que trascurrió entre su conversion y su primer viaje á Jerusalem, -se prolonga su permanencia en esta ciudad; se supone que predicó á -satisfaccion de todos; se sostiene que vivió íntimamente con todos los -Apóstoles, aunque él mismo asegura que no ha visto más que á dos, y se -asegura, en fin, que los hermanos de Jerusalem velaban sobre él, siendo -así que Pablo declara que su semblante les era desconocido. - -El deseo de hacer creer que Pablo visitaba continuamente á Jerusalem, -es lo que ha inducido á nuestro autor á prolongar su permanencia en -aquella ciudad despues de su conversion, suponiendo con esto, que hizo -un viaje más. Segun él, Pablo fué con Bernabé á Jerusalem á llevar -la ofrenda de los fieles cuando se experimentó el hambre del año 44 -(Act., XI, 30; XII, 25), pero Pablo declara terminantemente que en -el intervalo que medió entre el viaje que hizo tres años despues de -convertirse, y el que verificó para el asunto de la circuncision, -no fué á Jerusalem (Gal., I y II). En otros términos; Pablo excluye -formalmente todo viaje entre Act., IX, 26 y Act., XV, 2. Si se negara, -contra toda razon, la identidad del viaje que se refiere en Gal., II, -1 y sig., con el de que se da cuenta en Act., XV, 2 y sig., no se -opondria seguramente la menor contradiccion. «Tres años despues de -mi conversion, dice San Pablo, fuí á Jerusalem para conocer á Céfas, -y volví catorce años despues...» Se ha podido dudar si el punto de -partida de esos catorce años es la conversion ó el viaje que tuvo -lugar tres años más tarde: tomemos la primera hipótesis, que es la más -favorable al que defiende la narracion de las _Actas_, y tendremos que -segun San Pablo, trascurrieron lo menos doce años entre su primer y -segundo viaje á Jerusalem, siendo así que no mediaron ni once, segun -lo que dice el Act., IX, 26 y sig., y el Act., XI, 30. Aun cuando se -sostuviera lo contrario, vendriamos á caer en otra imposibilidad: en -efecto, lo que se refiere en el Act., XI, 30, es contemporáneo de la -muerte de Jacobo, hijo del Zebedeo,[51] la cual nos da la única fecha -fija de las _Actas de los Apóstoles_, puesto que precede en muy poco -tiempo á la muerte de Herodes Agrippa I, acaecida en el año 44.[52] -Habiendo hecho Pablo su segundo viaje lo menos catorce años despues -de su conversion, y suponiendo que aquel tuvo lugar en el año 44, la -conversion debió ser en el año 30, lo cual es absurdo. Es imposible -pues creer en el viaje á que se refiere _Act._, XI, 30 y XII, 35. - -El autor incurre en una grave inexactitud al dar cuenta de estas idas -y venidas, pues comparando _Act._, XVII, 14-16; XVIII, 5 con _I Tes._, -III, 1-2 se encuentra otra contradiccion, pero como no se relaciona con -puntos dogmáticos, no hablaremos aquí de ella. - -La que es muy principal para el asunto que nos ocupa, lo que arroja un -rayo de luz para la crítica en esta cuestion del valor histórico de las -_Actas_, es la comparacion de los pasajes relativos á la circuncision, -que se encuentran en dicha obra (Cap. XV.) y en la epístola de los -Galatas (Cap. II.). Segun las _Actas_, habiendo llegado á Antioquía -varios hermanos de Judea, los cuales sostuvieron que era necesaria la -circuncision para los paganos convertidos, nombróse una diputacion -compuesta de Pablo, de Bernabé, y otros varios para que pasaran á -Jerusalem á fin de consultar con los Apóstoles y los ancianos sobre -este punto. Una vez llegados allí son recibidos por todo el mundo con -la mayor alegría; reúnese una gran asamblea donde si hay algun parecer -contrario, se pierde entre las efusiones de una caridad recíproca y de -la felicidad de que se sienten todos poseidos al verse juntos; Pedro -enuncia la opinion que se esperaba emitiria Pablo: á saber, que los -paganos convertidos no están sujetos á la ley de Moisés; Jacobo no hace -más que una ligera restriccion;[53] Pablo no habla, y á decir verdad, -no necesita hacerlo, puesto que su doctrina se pone aquí en boca de -Pedro; la opinion de los hermanos de Judea no es apoyada por nadie; y -por último, conforme al parecer de Jacobo, se expide un decreto solemne -el cual se comunica á las iglesias por medio de diputados elegidos al -efecto. - -Comparemos ahora la narracion de Pablo en la epístola á los Galatas: -Pablo quiere que el viaje que hizo aquella vez á Jerusalem sea la -consecuencia de un movimiento espontáneo, y hasta el resultado de una -revelacion. Llegado á dicha ciudad, comunica su Evangelio á quien -corresponde de derecho; celebra conferencias particulares con personas -que parecen ser de consideracion; no se le critica ni se le comunica -nada, y solo se le pide que se acuerde de los pobres de Jerusalem. Si -Tito, que le acompañó, consiente en dejarse circuncidar,[54] es por -consideracion á _falsos hermanos intrusos_, y aunque Pablo les hace -esta concesion pasajera, no se somete á ellos. En cuanto á los hombres -importantes, Pablo no habla de ellos sino con cierto viso de amargura -é ironía, y dice que no le han enseñado nada. Además de esto, habiendo -llegado más tarde Céfas á Antioquía, Pablo _se indispone con él porque -no obra bien_; y en efecto, Céfas comia con todos indistintamente. -Llegan luego emisarios de Jacobo, y Pedro se oculta para no ver á los -incircuncidados. _Viendo que no marchaba por la senda de la verdad -del Evangelio_, Pablo apostrofa á Céfas delante de todo el mundo y le -reprende amargamente su conducta. - -Vemos, pues, cuanta es la diferencia: por una parte, una solemne -concordia, una especie de concilio, un decreto formal expedido por -una autoridad reconocida; y por la otra, arranques de cólera mal -contenida, susceptibilidades extremas, nada que se parezca á un -concilio, y por último, pareceres contrarios que no se convienen -sino para guardar las formas. Inútil es decir qué version merece la -preferencia: la narracion de las _Actas_ es apenas verosímil, puesto -que segun ella, el concilio tiene por objeto ventilar una disputa de -que ya no queda recuerdo una vez terminado aquel; los dos oradores -pronuncian discursos muy contrarios á lo que de ellos podia esperarse, -y por lo tanto, el decreto que se supone expedido por el concilio es -seguramente una ficcion. Si este decreto, cuya redaccion se atribuye -á Jacobo, se hubiera promulgado realmente, ¿á qué venian esos apuros -del bueno y tímido Pedro ante las gentes enviadas por Jacobo? ¿por qué -se ocultaba, puesto que él y los cristianos de Antioquía, cumplian -religiosamente con las disposiciones fijadas por el mismo Jacobo en el -decreto? La cuestion relativa á la circuncision ocurrió hácia el año -51, y vemos que algun tiempo despues, hácia el año 56, la disputa que -debió quedar ventilada en virtud del decreto, es más viva que nunca, -y que la iglesia de Galacia se vé agitada por nuevos emisarios del -partido judío de Jerusalem.[55] Pablo contesta á este nuevo ataque -de sus enemigos con su furibunda epístola: si el decreto á que se -refiere el Act., XV, hubiese existido en realidad, Pablo tenia medio -muy sencillo de terminar el debate, pues le bastaba citarlo, pero vemos -que todo lo que dice supone la no existencia de aquel. En el año 57, -al escribir Pablo á los Corintios, no parece tener conocimiento de tal -decreto, y hasta infringe sus prescripciones por una de las cuales -se manda á todos abstenerse de las carnes inmoladas á los ídolos. -Pablo por el contrario, opina que se pueden comer dichas carnes, si -con ello no se escandaliza nadie, mas que es preciso abstenerse en el -caso contrario.[56] En el año 58, cuando Pablo hizo su último viaje á -Jerusalem, Jacobo se muestra más obstinado que nunca.[57] Uno de los -rasgos característicos de las _Actas_, rasgo que prueba claramente que -el autor se propone menos presentar la verdad histórica ó satisfacer -la lógica, que edificar á los lectores piadosos, es el decir siempre -que la admision de los incircuncidados es cuestion resuelta. Esto no -es verdad sino por lo que toca al bautismo del eunuco y del centurion -Cornelio, ambos milagrosamente ordenados, por la fundacion de la -Iglesia de Antioquía (XI, 19 y sig.) y por el pretendido concilio de -Jerusalem, lo cual no impide que en las últimas páginas del libro -(XXI, 20-21) quede aún la cuestion en suspenso. Á decir verdad, la -cuestion permaneció siempre en ese estado, pues las dos fracciones -del cristianismo naciente no se fusionaron jamás; solamente una de -ellas, la que conservó las prácticas del judaismo, fué infecunda y -se extinguió oscuramente. Tan lejos estuvo Pablo de ser admitido por -todos, que despues de su muerte, una gran parte del cristianismo le -anatematiza[58] y le persigue con sus calumnias. - -En nuestro libro tercero es donde tendremos que tratar en detalle la -cuestion de fondo enlazada con estos curiosos incidentes; solo hemos -querido dar aquí algunos ejemplos de la manera con que el autor de -las _Actas_ entiende la historia, de su sistema de conciliacion y de -sus ideas preconcebidas. ¿Deduciremos de aquí en conclusion que los -primeros capítulos de las _Actas_ carecen de autoridad, como lo piensan -algunos críticos célebres y que la ficcion llega hasta crear toda clase -de personajes, tales como el eunuco y el centurion Cornelio, y hasta el -diácono Estéban y la piadosa Tabitha? Yo no lo creo de ningun modo. Es -probable que el autor de las _Actas_ no haya inventando personajes[59] -pero es un abogado hábil que escribe para probar y que trata de sacar -partido de los hechos de que oyó hablar para demostrar sus tésis -favoritas, que son la legitimidad de la vocacion de los gentiles y la -institucion divina de la gerarquía. Al hacer uso de semejante documento -se debe tener mucha precaucion, pero rechazarlo en absoluto es tan poco -razonable, como fiarse de él ciegamente. Hay algunos párrafos, sin -embargo, aun en esta primera parte, cuyo valor es conocido de todos, y -que constituyen memorias auténticas extractadas por el último redactor. -El capítulo XII, en particular, es muy bueno y procede al parecer de -Juan Márcos. - -Se comprenderá pues en qué apuro nos veriamos si no tuviéramos para -formar esta historia más documentos que un libro tan legendario. -Felizmente poseemos otros, que se refieren, es verdad, directamente -al período que será el objeto de nuestro libro tercero, pero que -arrojan ya sobre este mucha luz. Nos referimos á las Epístolas de -Pablo: la Epístola de los Galatas sobre todo es un verdadero tesoro, -la base de toda la cronología de aquella edad, la llave que lo abre -todo, el testimonio, en fin, que debe bastar á los más escépticos -para creer en la realidad de las cosas que pudieran ponerse en duda. -Á los lectores que me juzguen demasiado atrevido ó demasiado crédulo, -yo les ruego que vuelvan á leer los dos primeros capítulos de este -libro singular, pues son seguramente las dos páginas más importantes -para el estudio del cristianismo naciente. Las Epístolas de San Pablo -tienen en efecto una ventaja sin igual en esta historia, y esta es -su autenticidad absoluta. La crítica más grave no ha puesto jamás en -duda la autenticidad de la epístola á los Galatas, de las dos á los -Corintios y de la dirigida á los Romanos. Las razones que se han tenido -para atacar las dos epístolas á los Tesalonicenses y la epístola á los -Filipenses, no tienen valor alguno. Al principio de nuestro libro -tercero tendremos que discutir las objeciones más especiosas, aunque -poco decisivas, que se han elevado contra la epístola á los Colosenses -y la carta á Filemon; el problema particular que ofrece la epístola á -los Efesios, y las fuertes pruebas en fin que inducen á desechar las -dos epístolas á Timoteo y la dirigida á Tito. La autenticidad de las -epístolas de que haremos uso en este volúmen es indudable, ó cuando -menos las inducciones que sacaremos de las otras son independientes de -la cuestion de saber si se han dictado ó no por San Pablo. - -No es necesario sujetarnos aquí á las reglas de la crítica que hemos -observado para la composicion de esta obra, pues ya lo hicimos en -la introduccion de la _Vida de Jesús_. Los doce primeros capítulos -de las _Actas_, son en efecto un documento análogo á los Evangelios -sinópticos, con el cual es preciso proceder del mismo modo, porque esta -clase de documentos medio históricos y medio legendarios no pueden -tomarse ni como historia ni como leyenda, atendido que todo es falso -en el detalle y no pueden inducirse preciosas verdades. Traducir pura -y simplemente estas narraciones, no es hacer historia, puesto que con -frecuencia se encuentran textos más autorizados que contradicen lo que -se refiere en aquellas, y por consiguiente, aun dado el caso de que no -tuviéramos más que un solo texto, hay motivos para creer que si hubiese -otros resultaria la contradiccion. En la Vida de Jesús, la narracion de -Lucas difiere á cada paso de las de los otros dos Evangelios sinópticos -y la del cuarto: ¿no es por lo tanto probable que si tuviéramos para -las _Actas_ un término de comparacion análogo, encontrariamos en dicha -obra notables diferencias ó faltas en una infinidad de puntos sobre -los cuales no tenemos ahora más testimonio que el suyo? En nuestro -libro tercero, observaremos otras reglas, pues allí vamos á entrar en -plena historia positiva y tendremos entre manos noticias originales á -veces autobiográficas. Cuando San Pablo nos dé él mismo el relato de un -episodio de su vida, que no tenia interés en presentar tal ó cual dia, -claro es que nos bastará copiar sus palabras una á una, segun el método -de Tillemont; pero cuando se trate de un narrador preocupado por un -sistema, que escribe para hacer prevalecer ciertas ideas con ese estilo -infantil de contornos vagos y suaves y marcado colorido, propio tan -solo de la leyenda, el deber del crítico no es sujetarse al texto, sino -tratar de descubrir lo que puede haber en este de verdad sin creerse -jamás seguro de haberla encontrado. Prohibir á la crítica semejantes -interpretaciones seria tan poco razonable como mandar al astrónomo -que no se ocupase sino del aspecto del cielo: ¿no consiste acaso la -astronomía en conseguir que el paralaje formado por la posicion del -observador, llegue á crear una situacion real y verdadera por otra -aparente y engañosa? - -¿Y quién pretenderia que se deben copiar á la letra documentos donde -se encuentran imposibilidades? Los doce primeros capítulos de las -_Actas_ son un tejido de milagros; y una regla absoluta de la crítica, -es no citar en las relaciones históricas hechos milagrosos. Esta no -es la consecuencia de un sistema metafísico; es sencillamente una -observacion. Todos los hechos que se suponen milagrosos y que pueden -estudiarse de cerca, se convierten en ilusion ó en impostura: si se -hubiera probado un solo milagro, no se podrian desechar en masa todos -los de las historias antiguas, porque despues de todo, admitiendo que -un gran número de estos fueran falsos, se podria creer que algunos -son verdaderos. Pero no es así: todos los milagros discutibles se -desvanecen, y en este caso, ¿no estaremos autorizados para deducir de -aquí que los milagros que ocurrieron hace muchos siglos, y sobre los -cuales no hay medio de provocar un debate contradictorio, no son reales -y verdaderos? En otros términos; no hay milagro sino cuando se cree -en él; lo que constituye lo sobrenatural es la fé. El catolicismo que -pretende que no se ha extinguido aún en su seno la fuerza milagrosa, -está sujeto él mismo á la influencia de esta ley: los milagros que -pretende hacer no se ven en los sitios donde debieran ocurrir, y si se -tiene un medio tan sencillo de probarlos ¿por qué no se hace uso de él -á la luz del dia? ¡Un milagro en París, ante sabios competentes pondria -fin á todas las dudas! Pero ¡ay! ¡esto no sucede nunca! Jamás se ha -verificado un milagro ante el público á quien convendria convertir, es -decir, ante los incrédulos. La condicion del milagro es la credulidad -del testigo. No ha ocurrido ningun milagro ante aquellos que podrian -discutirlo y criticarlo, y de esto no hay una excepcion. Ciceron lo -dijo muy bien con su buen criterio y acostumbrada sutileza: «¿Desde -cuándo ha desaparecido esa fuerza secreta? ¿Será acaso desde que los -hombres han llegado á ser menos crédulos?»[60] - -«Pero, se dice, si es imposible probar que haya ocurrido nunca un hecho -sobrenatural, tambien lo es probar que no haya ocurrido; luego el -sabio positivista que niega lo sobrenatural procede, tan gratuitamente -como el creyente que admite.» Esto no es exacto: el que afirma una -proposicion es quien debe probarla; el que la escucha no tiene que -hacer más que esperar la prueba, y ceder si esta es buena. Si hubieran -ido á exigir á Buffon que asignara un lugar en su _Historia natural_ -á las sirenas y á los centauros, Buffon habria respondido: «Mostradme -uno de esos séres y los admitiré; hasta entonces no existirán para -mí.--Pero probadme que no existen.--Probadme á mí lo contrario.» En -la ciencia, corresponde dar la prueba á los que alegan un hecho. -¿Por qué no se cree en los ángeles y en los demonios, siendo así -que innumerables textos históricos suponen su existencia? Porque la -existencia de un ángel ó de un demonio, no se ha probado jamás. - -Para sostener la realidad del milagro, se apela á fenómenos que -se pretende no pueden ocurrir segun el curso de las leyes de la -naturaleza. «La creacion del hombre, dicen, no ha podido llevarse á -cabo sino por una intervencion directa de la Divinidad; ¿por qué no -habia de producirse esa intervencion en los otros momentos decisivos -del desarrollo del universo?» No insistiré sobre la extraña filosofía -y la mezquina idea de la divinidad que razona de tal modo, pues la -historia debe tener su método, independiente de toda filosofía, y sin -entrar para nada en el terreno de la teodicea: fácil es demostrar cuán -defectuosa es semejante argumentacion. Equivale á decir que todo lo -que no sucede en el estado actual del mundo, que todo aquello que no -podemos explicar en el estado actual de la ciencia, es milagroso. De -este modo tendremos que el sol es un milagro, porque la ciencia está -muy lejos de haber explicado el sol; la concepcion de cada hombre es un -milagro, porque la fisiología se calla sobre este punto; la conciencia -es un milagro, porque es un misterio absoluto, y todo animal, en fin, -es un milagro, porque el orígen de la vida es un problema sobre el -cual apenas tenemos dato alguno. Si se responde que toda vida, que -toda alma, es en efecto de un órden superior á la naturaleza, esto -equivale á un juego de palabras. Aun cuando lo admitamos así, preciso -es explicarnos la palabra milagro. ¿Qué es un milagro que ocurre -todos los dias y á todas horas? El milagro no es lo inexplicable; es -una derogacion formal, en nombre de una voluntad particular, á leyes -conocidas. Lo que nosotros negamos es el milagro por excepcion, son -las intervenciones particulares, como la de un relojero que hubiese -hecho un reloj, muy hermoso en verdad, pero al que tendria que tocar -de vez en cuando para suplir la insuficiencia de las ruedas. Que Dios -esté en todas las cosas de una manera permanente, sobre todo en lo -que vive, es precisamente nuestra teoría; nosotros solo decimos que -nunca se ha probado ninguna intervencion particular de una fuerza -sobrenatural, y negaremos la realidad de lo sobrenatural hasta que un -hecho venga á probarnos lo contrario. Buscar este hecho antes de la -creacion del hombre, alejarse de la historia, remontándose á épocas en -que toda comprobacion es imposible para no tener que citar milagros -históricos, es lo mismo que refugiarse detrás de la nube, es probar una -cosa oscura con otra más oscura aún, es establecer una ley conocida, -en virtud de un hecho que no conocemos. Se citan milagros que tuvieron -lugar antes de que existiese ningun testigo para presenciarlos, y no se -habla de uno solo que pueda probarse con buenos testimonios. - -No cabe duda que en épocas remotas han ocurrido en el universo -fenómenos que no se han vuelto á presentar, al menos en la misma -escala, en la actualidad; pero esos fenómenos tuvieron su razon de ser -cuando se manifestaron. En las formaciones geológicas, por ejemplo, -se encuentra un gran número de minerales y piedras preciosas que -segun parece no se producen hoy en la naturaleza; y sin embargo, los -Sres. Mitscherlich, Ebelmen, de Sénarmont y Daubrée, han compuesto -artificialmente la mayor parte de esos minerales y piedras preciosas. -Si es dudoso que se consiga jamás producir artificialmente la vida, -esto consiste en que la reproduccion de las circunstancias en que -aquella comenzó no está al alcance de los medios humanos. ¿Cómo -clasificar un planeta que ha desaparecido hace miles de años? ¿Cómo -verificar un experimento para el cual se necesitan siglos enteros? Hé -aquí lo que se olvida cuando se llama milagros á los fenómenos que han -ocurrido en otro tiempo y que no se verifican ya hoy. La formacion -de la humanidad es seguramente la cosa más absurda y más extraña del -mundo si se la supone súbita é instantánea, pero entra en las analogías -generales (sin dejar de ser misteriosa), si se vé en ella el resultado -de un progreso lento y continuado durante períodos incalculables. No -deben aplicarse á la vida del embrion, las leyes de la vida de la edad -madura; pues el embrion desarrolla unos tras otros todos sus órganos, y -el hombre adulto por el contrario no los crea porque ya no está en la -edad de crearlos; así como el lenguaje no se inventa porque ya no se -puede inventar. ¿Pero á qué seguir á unos adversarios que se salen de -la cuestion? Nosotros pedimos un milagro histórico probado, y se nos -contesta que este debió ocurrir antes de la historia. Ciertamente que -si hubiera que probar que son necesarias las creencias sobrenaturales -para ciertos estados del alma, bastaria, para hacerlo, el hecho de que -espíritus dotados en todas las demás cosas de cierta penetracion, han -fundado el edificio de su fé en un argumento tan desesperado. - -Hay otros, que abandonando el milagro del órden físico, se parapetan -en el milagro del órden moral, sin el cual pretenden que no pueden -explicarse estos acontecimientos. No cabe duda que la formacion del -cristianismo es el hecho más grande de la historia religiosa del -mundo, mas no por esto es un milagro. El budismo y el babismo han -tenido mártires tan numerosos, tan exaltados, tan resignados, como los -tuvo el cristianismo. Los milagros de la fundacion del islamismo son de -una naturaleza muy distinta, y confieso que no me conmueven, pero es -preciso observar, sin embargo, que al hablar los doctores musulmanes -del establecimiento de aquel, de su difusion como por un rastro de -fuego, de sus rápidas conquistas y de la fuerza que le da en todas -partes un reinado tan absoluto, hacen los mismos razonamientos que -los apologistas cristianos sobre el establecimiento del cristianismo. -Concedamos si se quiere que la fundacion de este sea un hecho único: -tambien lo es en absoluto el helenismo, si se entiende por esta -palabra el ideal de la perfeccion en la literatura, en el arte, en la -filosofía, ideal que la Grecia ha realizado. El arte griego sobrepuja -á todos los demás artes, así como el cristianismo sobresale sobre -todas las demás religiones, y el Acropolis de Atenas, coleccion de -obras maestras, al lado de las cuales todas las demás no son sino una -imitacion más ó menos perfecta, es acaso el que mejor puede someterse -á la comparacion. En otras palabras: el helenismo es un prodigio de -belleza, así como el cristianismo es un prodigio de santidad. - -Espero que un intervalo de dos años y medio trascurridos desde la -publicacion de la _vida de Jesús_, inducirá á ciertos lectores á -ocuparse de estos problemas con más calma. - -La controversia religiosa es siempre de mala ley sin quererlo y sin -saberlo: no se trata de discutirla con independencia, de buscar con -ansiedad; se trata de defender una doctrina establecida, de probar -que el disidente es un ignorante ó un hombre de mala fé. Calumnias, -contrasentidos, ideas y textos falsos, razonamientos triunfantes sobre -cosas que el adversario no ha dicho, gritos de victoria por errores -que no se han cometido; nada de esto es ilegal para aquel que cree -tener en sus manos los intereses de la verdad absoluta. Preciso era que -yo hubiese conocido poco la historia para no esperar semejante cosa, -pero tengo suficiente sangre fria para no disgustarme por esto y una -aficion bastante decidida á las cosas de la fé, para que me sea dable -apreciar debidamente lo que hay á veces de sensible en el sentimiento -que pueda inspirar á mis detractores. Con mucha frecuencia, al ver -tanta ingenuidad, tan piadosa firmeza; al comprender cuanta cólera -rebosa en esas hermosas y buenas almas, he dicho como Juan Huss, al ver -una anciana que sudaba para llevar un madero á su leñera: _¡O sancta -simplicitas!_ Segun la hermosa frase de la Escritura, «Dios no está en -la tormenta.» ¡Ah! sin duda; si todas estas tribulaciones ayudasen á -descubrir la verdad, podria uno consolarse al menos; pero no es así; la -verdad no se ha hecho para el hombre apasionado; se reserva para los -espíritus que buscan con imparcialidad, sin una opinion persistente, -sin un sentimiento de ódio, con una libertad absoluta y sin una -segunda intencion. Estos problemas no son sino una de las innumerables -cuestiones que se suscitan en el mundo y que los curiosos examinan: -no se ofende á nadie enunciando una opinion teórica; los que profesan -una fé y la guardan como un tesoro, tienen un medio muy sencillo de -defenderla, y este consiste en no hacer aprecio de las obras escritas -en un sentido que difiere de sus opiniones. Lo mejor que pueden hacer -los tímidos es no leerlas. - -Hay personas prácticas, que tratándose de una obra científica, -preguntan qué objeto político se ha propuesto el autor, y quieren que -una obra de poesía encierre una leccion de moral. Esas personas no -admiten que escriba más que para una propaganda: la idea del arte y -de la ciencia, que no aspira sino á encontrar la verdad y á realizar -lo bello, prescindiendo de todo asunto político, es para ellas una -cosa extraña, y por lo tanto, entre nosotros y esas personas, no puede -haber conformidad. «Esas gentes, como decia un filósofo griego, toman -con la mano izquierda lo que les damos con la derecha.» Ya he recibido -una porcion de cartas, dictadas por un sentimiento de honradez, cuyo -contenido puede resumirse en estas palabras: «¿Qué habeis querido? -¿Qué objeto os habeis propuesto?» ¡Dios mio! el mismo que uno se -propone al escribir cualquiera historia. Si yo dispusiera de varias -vidas, emplearia una en escribir una historia de Alejandro, otra -en escribir una historia de Atenas, y una tercera en escribir, ya -una historia de la Revolucion francesa, ya una historia de la órden -de San Francisco. ¿Y qué objeto me propondria yo al escribir esas -obras? Uno solo: hallar la verdad y darle vida; trabajar para que -los grandes acontecimientos del pasado sean conocidos con la mayor -exactitud posible y expuestos de una manera digna. Lejos de mí la idea -de combatir la fé que cada uno profesa: estas obras deben componerse -con una indiferencia suprema; como si se escribiese para un planeta -desierto. Toda concesion á los escrúpulos de un órden inferior, -constituyen una falta al culto del arte y de la verdad. ¿Quién no vé -que la ausencia del proselitismo es la cualidad y el defecto de las -obras compuestas bajo semejante espíritu? - -El primer principio de la escuela crítica en efecto, es que cada uno -admita en materia de fé lo que necesita admitir, y establezca sus -creencias segun su propia opinion. ¿Cómo nos atreveriamos nosotros -á intervenir en lo que depende de circunstancias contra las cuales -nadie puede hacer nada? Si alguno se adhiere á nuestros principios -será porque tiene suficiente talento y educacion para hacerlo, y á -fé que todos nuestros esfuerzos no podrian dar ni la una ni el otro -al que no posea esas cualidades. La filosofía difiere de la fé, en -que esta obra por sí misma, independientemente del conocimiento que -se tiene de los dogmas. Nosotros por el contrario creemos, que una -verdad no tiene valor sino cuando uno la descubre por sí mismo; cuando -se vé todo el órden de ideas que con ella se enlaza: nosotros no nos -creemos obligados á no emitir las opiniones que no estén de acuerdo -con la creencia de una porcion de nuestros semejantes; nosotros no nos -sacrificamos á las exigencias de las diversas ortodoxias, y lejos -en fin de atacarlas ó provocarlas, procedemos como si no existiesen. -En cuanto á mí, el dia que comprendiese que se habia hecho el menor -esfuerzo para inducir á cualquiera á que participase de mis ideas, -tendria un gran sentimiento; y me pareceria, ó que mi espíritu se -hallaba turbado al escribir este libro, ó que pesaba sobre mí alguna -cosa que me impedia regocijarme ante la alegre contemplacion del -universo. - -¿Quién no vé por otra parte, que si mi objeto fuese hacer la guerra á -los cultos establecidos, deberia proceder de otro modo, limitándome -únicamente á demostrar las imposibilidades y las contradicciones de -los textos y de los dogmas que se tienen por sagrados? Esta penosa -tarea se ha hecho mil veces y se ha hecho muy bien. En 1856[61] -escribia ya lo que sigue: - - «Protesto para siempre contra la falsa interpretacion que se dé á - mis trabajos, si se consideran como obras de polémica los diversos - ensayos que he publicado, ó que pudiera publicar en lo sucesivo, - sobre la historia de las religiones. Soy el primero en reconocer que - tomados como obras de polémica, esos ensayos serian muy pobres, pues - la polémica exige una estratégia á la que soy completamente extraño, - porque es preciso saber elegir el lado débil de sus adversarios, no - tocar jamás las cuestiones inciertas, y abstenerse de toda concesion, - es decir, renunciar á lo que constituye la esencia misma del espíritu - científico. Ese no es mi método: la cuestion fundamental sobre - la que debe girar la discusion religiosa, es decir, la cuestion - de la revelacion y de lo natural, yo no la toco nunca; no porque - esta cuestion no se haya resuelto por mí con entera certeza, sino - porque la discusion de ella no es científica, ó mejor dicho, porque - la ciencia independiente la supone resuelta con anterioridad. Á - no dudarlo, si yo me propusiese entablar una polémica sobre un - punto cualquiera, incurriria en un defecto capital al trasladar al - terreno de los problemas delicados y oscuros una cuestion que se - puede discutir con más claridad en los términos vulgares que para - ello emplean por lo general los amantes de la controversia y los - apologistas. Aun cuando conozca cuantas son las ventajas que al decir - esto concedo á mis enemigos, me complazco en darlas si con ello - consigo convencer á los teólogos que mis escritos tienen un carácter - muy distinto de los suyos, y que no se debe ver en ellos sino puras - investigaciones de erudicion, atacables como tales, y en las que se - trata de aplicar á la religion judía y á la religion cristiana los - principios de crítica que se siguen en los demás ramos de la historia - y de la filología. En cuanto á la discusion de las cuestiones - puramente teológicas, no tomaré en ella parte alguna, siguiendo en - esto el ejemplo de los Sres. Burnouf, Creuzer, Guigniaut y otros - tantos historiadores críticos de las religiones de la antigüedad, que - no se han creido obligados á encargarse de la refutacion ó apología - de los cultos de que se ocupaban. La historia de la humanidad es - para mí un vasto conjunto donde todo es esencialmente desigual y - diverso, pero donde todo es del mismo órden: sale de las mismas - causas y obedece á las mismas leyes. Estas son las que yo busco sin - más objeto que descubrir cuando menos la aproximacion de la verdad. - Nada me hará dejar mi papel oscuro, aunque útil para la ciencia, por - el de controversista, cargo fácil de desempeñar, porque asegura al - escritor el apoyo de las personas que creen deber oponer la guerra á - la guerra. En esta polémica, cuya necesidad no trataré de negar, pero - que no está ni en mis gustos ni en mis principios, basta Voltaire. - No se puede ser á la vez buen controversista y buen historiador; - Voltaire, tan débil como erudito, Voltaire, que nos parece tan poco - iniciado en la escuela de la antigüedad á nosotros que observamos - un método mejor, Voltaire alcanzaria siempre la victoria sobre - adversarios que se juzgaran tan fuertes como él. Seria necesaria una - nueva edicion de las obras de aquel grande hombre para satisfacer la - necesidad del momento y contestar á los ataques de la teología de - la manera conveniente á la que se trata de discutir. Pero hagamos - una cosa mejor, nosotros que somos tan amantes de lo verdadero como - de satisfacer la curiosidad, dejemos estos debates á los que se - complacen en ellos; trabajemos para ese pequeño número que marcha - por la gran senda del espíritu humano. Ya sé que la popularidad se - inclina en favor de los escritores que en vez de seguir la forma más - elevada de la verdad, se consagran á luchar contra las opiniones de - su tiempo, pero en justa compensacion, aquellos quedan oscurecidos - cuando la opinion que combatieron deja de existir. Los que han - refutado la mágia y la astrología en los siglos XVI y XVII, han - prestado un servicio inmenso á la razon; y sin embargo, sus escritos - son desconocidos hoy; su victoria misma es causa de que se les haya - olvidado.» - -Yo me atendré invariablemente á esta regla de conducta, la única -conforme con la dignidad del sabio. Yo sé que las investigaciones de -la historia religiosa se ponen en contacto con ciertas cuestiones que -parecen exigir una solucion; las personas poco familiarizadas con la -libre especulacion no comprenden la calma y lentitud del pensamiento; -los hombres prácticos se impacientan contra la ciencia que no satisface -pronto sus deseos. No nos dejemos dominar por esa inútil impaciencia; -guardémonos bien de fundar nada; permanezcamos en nuestras iglesias -respectivas aprovechándonos de su culto secular y de su tradicion de -virtud, tomando parte en sus buenas obras y disfrutando de la poesía -de su pasado. No rechacemos sino su intolerancia, mas sin dejar de -perdonarla, porque es, como el egoismo, una necesidad de la naturaleza -humana. Suponer que se pueden fundar en lo sucesivo nuevas familias -religiosas ó que la proporcion de las que existen hoy cambie mucho, -es ir contra las apariencias: el catolicismo se verá bien pronto -minado por grandes cismas; los tiempos de Avignon, de los antipapas, -de los clementes y de los urbanos van á volver; la Iglesia católica -podrá reconstruir su siglo XIV, mas á pesar de sus divisiones, siempre -será la Iglesia católica. Es probable que dentro de cien años no haya -variado sensiblemente la relacion entre el número de protestantes, -de católicos y de judíos, pero se habrá verificado un gran cambio, -sensible á la vista de todos; cada una de esas familias religiosas -tendrá dos clases de fieles, los unos creyentes absolutos como en la -Edad media, los otros que prescindirán de la letra para no fijarse -sino en el espíritu. Este segundo grupo, se irá aumentando poco á -poco, y atendido á que el espíritu enlaza tanto como la letra divide, -los espiritualistas de cada comunion irán reuniéndose insensiblemente -sin intentarlo siquiera. El fanatismo se perderá en una tolerancia -general; el dogma llegará á ser un arca misteriosa que convendrá no -abrir jamás si bien esto no seria necesario estando aquella vacía. Yo -temo que solo una religion resistirá á este movimiento dogmático; me -refiero al islamismo. Entre algunos musulmanes y hombres eminentes de -Constantinopla, se conserva la escuela antigua, y en Persia sobre todo, -se encuentran gérmenes de un espíritu conciliador, pero si estos se -ven ahogados por el fanatismo de los Ulemas, el islamismo perecerá, y -para creerlo así, tenemos dos razones evidentes; la primera es que la -civilizacion moderna no desea que los antiguos cultos mueran del todo; -la segunda es que no tolerará que entorpezcan su marcha las antiguas -instituciones religiosas. Á estas no les queda más recurso sino ceder ó -morir. - -En cuanto á la religion pura, que pretende precisamente no ser una -secta ni una iglesia aparte, ¿por qué se ha de colocar en una posicion -que puede ofrecerle muchos inconvenientes y ninguna ventaja? ¿Por qué -ha de enarbolar bandera contra bandera, sabiendo que la salvacion -es posible á todos y por todas partes, y que depende del grado de -virtud de cada uno? No es extraño que el protestantismo provocara una -encarnizada guerra en el siglo XVI: el protestantismo partia de una fé -muy absoluta, y lejos de debilitar el dogmatismo, la reforma señaló -un renacimiento del espíritu cristiano, el más rígido que pudiera -conocerse. El movimiento del siglo XIX, por el contrario, parte de -un sentimiento que es la inversa del dogmatismo, y conducirá, no á -formar sectas ó iglesias separadas, sino á dulcificar aquellas. Las -divisiones aumentan el fanatismo de la ortodoxia provocando reacciones: -los Luteros y los Calvinos produjeron los Caraffa; los Ghislieri dieron -ejemplo á los Loyolas y á Felipe II. Si nuestra iglesia nos rechaza, no -hagamos recriminaciones; sepamos apreciar la dulzura de las costumbres -modernas que ha hecho impotentes esos ódios; consolémonos al pensar -en esa iglesia invisible que encierra los santos excomulgados, las -más hermosas almas de cada siglo. Los desterrados de una iglesia, son -siempre los elegidos porque se anticipan á los tiempos; el hereje de -hoy es el ortodoxo del porvenir. ¿Y qué es por otra parte la excomunion -de los hombres? El Padre celestial no excomulga más que á los corazones -duros y mezquinos: si el sacerdote rehusa admitirnos en su cementerio, -prohibamos á nuestras familias reclamar; Dios es quien juzga; la tierra -es una buena madre que no establece diferencias; el cadáver del hombre -honrado que se entierra en un rincon no bendecido, lleva la bendicion -consigo. - -Á no dudarlo hay situaciones en que es difícil la aplicacion de estos -principios: hay personas adictas en cierto modo á la fé absoluta, y al -decir esto, quiero hablar de los hombres sujetos á las órdenes sagradas -ó revestidos de un órden sacerdotal, pero aun en este caso, un alma -noble y hermosa puede salir de apuro. Si un digno cura de aldea llega á -comprender, merced á sus estudios solitarios ó á la pureza de su vida, -las imposibilidades del dogmatismo literal ¿por qué ha de contristar á -los que ha consolado hasta entonces, explicando á las gentes sencillas -cambios que estas no pueden comprender? ¡No quiera Dios que así -suceda! No hay dos hombres en el mundo que tengan precisamente los -mismos deberes que cumplir. El buen obispo Colenso dió una prueba de -honradez, sin ejemplo en la iglesia, al escribir sus dudas tan pronto -como le ocurrieron; pero el humilde sacerdote católico que se halla en -un país donde predomina un espíritu apocado y tímido, debe callarse. -¡Oh, cuántas tumbas discretas de las que se encuentran al rededor de -las iglesias de un pueblo, ocultan poéticos secretos y angelicales -silencios! - -La teoría no es la práctica: lo ideal debe ser siempre lo ideal; debe -temer contaminarse al contacto de la realidad. No se hacen grandes -cosas sino teniendo ideas estrictamente fijas, pues la capacidad humana -es una cosa limitada; el hombre que no tuviese ninguna preocupacion -seria impotente. Disfrutemos de la libertad de los hijos de Dios, -pero no seamos cómplices de la disminucion de virtud que amenazaria -á nuestras sociedades si el cristianismo llegara á debilitarse. ¿Qué -seriamos sin esto? ¿Quién reemplazaria á esas grandes escuelas tales -como la de San Sulpicio; á ese ministerio de abnegacion de las Hijas -de la Caridad? ¿Cómo no temer la ceguedad del corazon y los males que -invadirian el mundo? Nuestra disidencia con las personas que creen -en las religiones positivas, no es, despues de todo, sino puramente -científica; por el corazon, estamos con ellas; solo tenemos un enemigo -que tambien es el suyo, y al decir esto, me refiero al materialismo -vulgar, á la bajeza del hombre interesado. - -Así pues, ¡paz en el nombre de Dios! Que vivan el uno al lado del -otro los diversos órdenes de la humanidad, no falseando su propio -genio para hacerse concesiones recíprocas, que los debilitarian, sino -apoyándose mútuamente. Nada debe reinar aquí bajo exclusivamente; -ninguna fuerza debe hallarse en estado de suprimir las demás. La -armonía de la humanidad resulta de la libre emision de las notas -más discordantes; que la ortodoxia consiga matar á la ciencia, y ya -sabemos lo que sucederá; el mundo musulman y la España mueren por haber -contribuido harto concienzudamente á la realizacion de este hecho. Si -el mundo se dejara gobernar por el racionalismo, sin consideracion á -las necesidades religiosas del alma, ahí está la experiencia de la -Revolucion francesa para decirnos cuáles serian las consecuencias -de semejante falta. El instinto del arte llevado al último extremo, -pero sin honradez, convirtió á la Italia del renacimiento en un lugar -peligroso. El fastidio, la vanidad y el atraso, son el castigo de -ciertos países protestantes donde, bajo el pretexto del buen sentido -y del espíritu cristiano, se ha suprimido el arte y reducido la -ciencia de una manera mezquina. Lucrecia y Santa Teresa, Aristófanes -y Sócrates, Voltaire y Francisco de Asís, Rafael y Vicente de Paul, -tienen igualmente su razon de ser, y la humanidad seria defectuosa si -faltara uno solo de los elementos que la componen. - - - - -LOS APÓSTOLES. - -CAPÍTULO I. - -Formacion de las creencias relativas á la resurreccion de Jesús. -- Las -apariciones de Jerusalem. - - -[Marginal: Año 33] - -Aunque Jesús hablaba continuamente de resurreccion y nueva vida, no -habia dicho nunca claramente que resucitaria en su carne[62]. Durante -las primeras horas que siguieron á su muerte, sus discípulos no sabian -á qué atenerse fijamente sobre este punto, pero segun la opinion que -ingénuamente emitieron, suponian que todo estaba acabado. Lloran y -entierran á su amigo, si no como á un muerto vulgar, al menos como á -una persona cuya pérdida es irreparable[63]; están tristes y abatidos; -pierden la esperanza que tenian de que su maestro redimiese á Israel, -y diríase en fin, que se desvanecia la más querida ilusion de aquellos -hombres. - -Pero el entusiasmo y el amor no conocen las situaciones sin salida: se -burlan de la impostura, y antes que renunciar á la esperanza, violentan -la realidad. Algunas palabras que se recordaba habia dicho el maestro, -sobre todo, aquellas por las cuales predijo su futuro advenimiento, -podian interpretarse en el sentido de que saldria de la tumba,[64] y -semejante creencia era por otra parte tan natural, que la fé de los -discípulos hubiera bastado para confirmarla en todas sus partes. Segun -la opinion general, Enoc y Elías no habian muerto, y ya se empezaba á -creer que los patriarcas y los hombres de primer órden de la antigua -ley, no habian muerto tampoco realmente, y que sus cuerpos se hallaban -en sus sepulcros, en Hebron, vivos y animados.[65] Debia suceder con -Jesús lo que con todos los hombres que han cautivado la atencion de sus -semejantes; acostumbrado el mundo á suponerles virtudes sobrehumanas, -no puede admitir que se hallen sujetos á la ley injusta é inícua de la -muerte comun. En el momento de expirar Mahoma, Omar salió de la tienda -sable en mano y declaró que cortaria la cabeza al que se atreviese -á decir que el profeta ya no existia.[66] La muerte es una cosa tan -absurda cuando hiere al hombre de genio ó de gran corazon, que el -pueblo no cree en la posibilidad de semejante error de la naturaleza. -Los héroes no mueren: ¿no es acaso la verdadera existencia la memoria -que se conserva en el corazon de los que nos aman? Aquel adorado -maestro habia llenado de alegría y de esperanza durante algunos años -al pequeño mundo que se agrupaba á su alrededor. ¿Habria de dejársele -pudrir en su tumba? No; habia vivido demasiado en el recuerdo de sus -oyentes, para que no se afirmase despues de su muerte que vivia aún[67]. - -El dia que siguió al enterramiento de Jesús (sábado, 15 de nisan) -todos se entregaron á estas reflexiones, y nadie trabajó porque era -dia de sábado, pero jamás el descanso pudo ser tan fecundo, pues -el pensamiento cristiano no tuvo que ocuparse aquel dia sino del -maestro depositado en la tumba. Las mujeres, sobre todo, le prodigaban -mentalmente sus más tiernas caricias, sin poder olvidar por un instante -al dulce amigo que reposaba sobre su mirra, despues de haber sido -muerto por los malos. ¡Ah! ¡sin duda los ángeles que le rodeaban, se -cubrian la faz con su sudario! Bien decia él que iba á morir, que -su muerte seria la salvacion del pecador, y que resucitaria en el -reino de su Padre. Sí, él resucitará. ¡Dios no puede permitir que su -hijo sea presa de los infiernos; no consentirá que su hijo vea la -corrupcion![68] ¿Qué importa que le cubra la losa de la tumba? Él la -levantará; él subirá á la diestra de Dios Padre de donde ha bajado; le -volveremos á ver, oiremos su voz deliciosa y su palabra divina, y en -vano le habrán dado muerte. - -La creencia en la inmortalidad del alma, que por la influencia de la -filosofía griega ha llegado á ser un dogma del cristianismo, permite -consolarse fácilmente ante la idea de la muerte, puesto que con la -destruccion del cuerpo, en esta hipótesis, queda el alma en libertad -y no está ya sujeta por los lazos sin los cuales puede existir. -Pero esta teoría, que considera al hombre como un compuesto de dos -sustancias, no era muy clara para los judíos. El reinado de Dios y -el del espíritu, consistia para ellos en una completa transformacion -del mundo y en el aniquilamiento de la muerte.[69] Reconocer que la -muerte podia vencer á Jesús, al que venia á suprimir su imperio, era -el colmo del absurdo: solo la idea de que el maestro pudiera sufrir, -habia indignado á sus discípulos[70], los cuales no pudieron luego -elegir entre la desesperacion ó una afirmacion heróica. Á un hombre -penetrante le hubiera sido dable anunciar desde el sábado que Jesús -resucitaria, y en efecto, la pequeña sociedad cristiana hizo aquel dia -el verdadero milagro; al resucitar á Jesús en su corazon, por el amor -intenso que le profesaban, resolvió que Jesús no muriera: el amor en -aquellas almas apasionadas fué en verdad más fuerte que la muerte,[71] -y como la cualidad de la pasion es ser comunicativa, encendiendo cual -una antorcha un sentimiento que se le asemeja, y se propaga luego -indefinidamente, Jesús ha resucitado ya bajo cierto punto de vista. -Que un hecho material é insignificante nos permita creer que su -cuerpo no está aquí abajo, y se funda para la eternidad el dogma de la -resurreccion. - -Esto fué precisamente lo que sucedió, en circunstancias, que aunque en -parte oscuras, á causa de la incoherencia de las tradiciones, se pueden -apreciar con un grado suficiente de probabilidad[72]. - -El domingo por la mañana muy temprano, las mujeres galileas, que -el viernes por la noche habian embalsamado apresuradamente el -cuerpo, se dirigieron al sepulcro donde se habia depositado aquel -provisionalmente. Entre aquellas mujeres, iban María Magdalena, María -Cleofas, Salomé, Juana, mujer de Kouza, y otras varias[73], siendo -probable que llegasen cada una por su lado, pues es difícil poner en -duda la tradicion de los tres Evangelios sinópticos, segun la cual -llegaron al sepulcro varias mujeres[74], aunque es cierto, por otra -parte, que en los dos relatos más auténticos[75] que tenemos de la -resurreccion, María Magdalena desempeña por sí sola un papel importante -en aquel momento solemne. Á ella pues, debemos seguir paso á paso, -porque aquel dia, y durante una hora, cargó con todo el peso de la -conciencia cristiana: su testimonio decidió la fé del porvenir. - -Recordemos que el sepulcro donde se habia encerrado el cuerpo de -Jesús, se acababa de abrir en la roca, y estaba situado en un jardin -cerca del lugar de la ejecucion[76] por cuya circunstancia se eligió -con preferencia este sitio en vista de que era sábado[77] y no se -queria infringir la ley que mandaba no trabajar en este dia. El primer -Evangelio, no obstante, añade una circunstancia, y es que el sepulcro -pertenecia á José de Arimatea, pero en general las circunstancias -anecdóticas que nos da el primer Evangelio para el fondo comun de -la tradicion, no tienen valor alguno, sobre todo al tratarse de los -últimos dias de la vida de Jesús[78]. El mismo Evangelio nos dice -tambien que se puso una guardia en el sepulcro[79], pero atendiendo -al silencio que guardan los demás, este dato no tiene visos de -probabilidad.--Recordemos tambien que las tumbas funerarias, eran una -especie de habitaciones bajas, abiertas en una roca inclinada, cortada -verticalmente, y que la puerta, por lo general, se formaba con una -piedra muy grande y pesada que encajaba en un hueco[80]. Estos recintos -no se cerraban con llave ni cerradura; el peso de la piedra era la -única garantía de seguridad contra los ladrones ó profanadores de las -tumbas, y por esto se hacia de modo que fuera necesaria una máquina -para mover la piedra ó los esfuerzos reunidos de varios hombres.--Todas -las tradiciones están conformes en que la piedra se habia colocado en -el orificio del sepulcro el viernes por la noche. - -Ahora bien; cuando llegó María Magdalena el domingo por la mañana, la -piedra no se encontraba en su sitio; hallábase el sepulcro abierto y -el cuerpo ya no estaba allí. María Magdalena aún no tenia una idea muy -clara acerca de la resurreccion; lo que llenaba su alma era un tierno -sentimiento y el deseo de hacer las honras fúnebres á su divino amigo, -y así es que sus primeras impresiones fueron la sorpresa y el dolor. La -desaparicion de aquel cuerpo querido, le arrebataba su último consuelo -y alegría; ¡ya no le tocaria más con sus manos!... ¿Y qué habria sido -de él?... La idea de una profanacion cruzó por su mente, pero al mismo -tiempo, concibió una vaga esperanza. Sin perder momento, corre á una -casa donde se hallaban reunidos Pedro y Juan[81] y les dice: «Se han -llevado el cuerpo del maestro y no sabemos dónde le han puesto.» - -Los dos discípulos se levantan apresuradamente y echan á correr: Juan, -el más jóven, llega primero y se inclina para mirar en el interior del -sepulcro; María tenia razon: el sepulcro estaba vacío, y los lienzos -que sirvieron para amortajar el cuerpo, se hallaban diseminados por -el suelo. Poco despues llega Pedro, entra con su compañero, examina -los lienzos, manchados sin duda de sangre, y observan que el sudario -que rodeara la cabeza de Jesús está tirado en un rincon[82]. Pedro -y Juan se retiran á su casa muy agitados; si no pronuncian aún la -palabra decisiva «ha resucitado,» bien puede decirse que deducian -esta consecuencia y que estaba ya fundado el dogma generador del -cristianismo. - -Cuando Pedro y Juan hubieron salido del jardin, María permaneció -sola al borde del sepulcro llorando amargamente. Un solo pensamiento -la preocupaba: ¿dónde habrian puesto el cuerpo? Su corazon de mujer -solo anhelaba tener una vez más en sus brazos el cadáver querido. De -pronto oye un ligero rumor á su espalda: un hombre está de pié delante -de ella: María cree que es el jardinero y exclama: «¡Oh!, si eres tú -quien se le ha llevado, dime dónde le has puesto para ir á buscarle.» -Por toda respuesta oye que pronuncian su nombre «¡María!» Era la misma -voz que tantas veces la conmoviera: era el acento de Jesús. «¡Oh mi -maestro!» exclama ella tratando de tocarle; pero por un movimiento -instintivo se inclina como para besarle los piés[83]. Entonces la -vision se aparta con ligereza y dice: «¡No me toques!» Poco á poco -desaparece la sombra[84], pero el milagro de amor se ha consumado ya. -Lo que Céfas no habia podido hacer, lo ha hecho María: ha sabido sacar -del sepulcro vacío la vida y la dulce y penetrante palabra de Jesús. Ya -no se trata de deducir consecuencias ni de hacer conjeturas: María ha -visto y ha oido: la resurreccion tiene su primer testigo ocular. - -Loca de amor, embriagada de alegría, entra María en la ciudad y dice á -los primeros discípulos que encuentra[85] «Le he visto; me ha hablado.» -Su agitacion extremada[86], sus frases entrecortadas y sin hilacion, -hicieron creer á algunos que estaba loca[87]. Pedro y Juan por su -parte, cuentan lo que han visto; otros discípulos van al sepulcro -y ven lo mismo[88], y bien pronto todo aquel grupo conviene en que -Jesús ha resucitado. Aún quedaban muchas dudas, pero la seguridad de -María, Pedro y Juan, se comunicó á los demás, y más tarde se llamó á -esto _la vision de San Pedro_[89]. Pablo, particularmente, no habla -de la vision de María y hace recaer en Pedro el honor de la primera -aparicion, pero esto no es exacto, puesto que aquel solo vió el -sepulcro vacío, el lienzo y el sudario. Solo María amó lo bastante para -vencer las leyes de la naturaleza y resucitar el fantasma del maestro. -En esta especie de crísis maravillosas, ver despues de los otros, -no es nada: todo el mérito está en ser el primero, porque los otros -modelan despues la vision segun lo que se les ha dicho. Es condicion -de las organizaciones privilegiadas, concebir la imágen con precision -é inmediatamente, por una especie de intuicion del dibujo. La gloria -de la resurreccion pertenece pues á María Magdalena: despues de Jesús, -María es quien ha hecho más por la fundacion del cristianismo; la -sombra creada por los delicados sentidos de Magdalena se cierne aún -sobre el mundo; reina y patrona de los idealistas, Magdalena ha sabido -mejor que nadie realizar su sueño, é imponer á todos la santa vision -de su alma apasionada. Su firme resolucion al decir: «¡ha resucitado!» -ha sido la base de la fé de la humanidad. ¡Lejos de aquí razonamientos -impotentes! No apliquemos un frio análisis á esa obra maestra del -idealismo y del amor. Si la sabiduría renuncia á consolar á esa pobre -raza humana, dejad á la locura que lo intente. ¿Dónde está el sabio que -ha dado al mundo tanta alegría como la poseida María Magdalena? - -Sin embargo, las demás mujeres que habian ido al sepulcro, circularon -diversos rumores[90]: ellas no habian visto á Jesús[91], pero hablaban -de una figura blanca que divisaron en el sepulcro y que les dijo: -«Ya no está aquí: volved á Galilea, á donde os precederá[92].» Acaso -fueran los lienzos blancos la causa de esta alucinacion; puede ser -tambien que no vieran nada y que no hablasen de su vision sino cuando -María Magdalena hubo referido la suya. En efecto[93] segun uno de los -textos más auténticos, guardaron silencio por algun tiempo, silencio -que se atribuyó despues al terror. Como quiera que sea, estos relatos -iban aumentándose á cada momento y sufrian extrañas transformaciones: -se dijo que la figura blanca era el ángel de Dios; que su vestido -era deslumbrador como la nieve y que su semblante resplandecia como -un relámpago; otros hablaban de dos ángeles, uno de los cuales -apareció á la cabeza del sepulcro y otro á los piés[94], y por último -llegada la noche, muchas personas creian ya acaso que las mujeres -habian visto bajar un ángel del cielo, levantar la piedra, y á Jesús -lanzarse fuera con estrépito[95]. Ellas mismas variaban sin duda sus -declaraciones[96]; sometidas á la influencia de la imaginacion de los -otros, como sucede siempre á las gentes del pueblo, prestábanse á todos -los embellecimientos imaginables y contribuian á crear la naciente -leyenda. Aquel dia, en que reinó la mayor agitacion, puede decirse que -fué decisivo, pues la pequeña sociedad comenzó á dispersarse. Algunos -se habian marchado ya á Galilea, y otros se ocultaron por temor:[97] -la deplorable escena del viernes, el espectáculo desgarrador que -todos presenciaron al ver morir á aquel de quien tanto esperaban, -sin que su Padre fuera á salvarle, bastó para hacer vacilar la fé de -muchos. Las noticias dadas por las mujeres y por Pedro, fueron oidas -con una incredulidad mal disimulada;[98] circulaban rumores á cual -más diversos; las mujeres iban de un punto á otro refiriendo cuentos -extraños, y comenzaban á experimentarse diversos sentimientos. Los -unos lloraban aún el triste acontecimiento de la víspera; mostrábanse -otros triunfantes; todos estaban dispuestos á escuchar los relatos -más extraordinarios; y sin embargo, la desconfianza que inspiraba la -exaltacion de María Magdalena,[99] la poca autoridad que tenian los -asertos de las mujeres y la incoherencia de sus noticias, inspiraban -grandes dudas. Esperábanse nuevas visiones que no podian menos de -presentarse; el estado en que se hallaba la secta era completamente -favorable á la propagacion de los rumores extraños; si toda la pequeña -iglesia hubiese estado reunida, habria sido imposible la creacion -legendaria, pues los que sabian el secreto de la desaparicion del -cuerpo, hubieran protestado probablemente contra el error, si bien la -situacion de los ánimos era lo más á propósito para admitir toda clase -de noticias por inverosímiles que fuesen. - -Las almas en que se produce el éxtasis ó el sentimiento de las -apariencias, tienen el don de contagiar á las demás. La historia -de todas las grandes crísis religiosas, prueba que esta especie de -visiones se comunican:[100] en una reunion de personas que abundan en -las mismas creencias, basta que un individuo de la sociedad afirme ver -ú oir alguna cosa sobrenatural, para que los demás lo oigan y vean -tambien. Cuando entre los protestantes perseguidos circulaba el rumor -de que se habia oido á los ángeles cantar salmos en las ruinas de un -templo acabado de destruir, todos iban y oian el mismo salmo;[101] -en casos de este género, los más exaltados son los que hacen la ley -y regulan el grado de la atmósfera comun. La exaltacion de los unos -se comunica á los otros; nadie quiere quedarse atrás, ni creer que -es menos favorecido que sus compañeros, y los que no ven nada acaban -por creer, ó que son menos inteligentes ó que no se dan cuenta de sus -sensaciones, pero de todos modos se guardan muy bien de confesarlo, -pues turbarian la fiesta, y contristarian á los demás, poniéndose en -mal lugar. Cuando se produce una aparicion en semejantes reuniones, -es por lo tanto regular que todos la vean ó acepten, y aquí debemos -recordar cuál era el grado de instruccion de los discípulos de Jesús. -Ellos creian en los fantasmas;[102] imaginábanse estar rodeados de -milagros, y no participan en nada de la ciencia positiva de la época, -de esa ciencia que solo existia entonces entre algunos pocos hombres, -hijos del país donde habia penetrado la cultura griega. La Palestina -era en este concepto uno de los países más atrasados, pero aún lo era -más la Galilea, y los discípulos de Jesús podian considerarse como -los más ignorantes de todos y á su misma sencillez debieron ser los -elegidos. En semejante sociedad, era extraordinariamente fácil propagar -la creencia en los hechos maravillosos; una vez emitida la opinion de -que habia resucitado Jesús, debieron producirse numerosas visiones, y -se produjeron en efecto. - -El mismo dia del Domingo, á una hora bastante avanzada de la mañana, y -cuando ya habian circulado los relatos de las mujeres, dos discípulos -uno de los cuales se llamaba Cleofas, emprendieron un corto viaje á una -aldea llamada Emmaus,[103] situada á poca distancia de Jerusalem.[104] -Por el camino, hablaban de los últimos acontecimientos, poseidos de -tristeza cuando se les apareció un desconocido preguntándoles la causa -de su afliccion. «¿Has estado tan poco en Jerusalem, le dijeron, que -ignoras lo que acaba de suceder? ¿No has oido hablar de Jesús de -Nazaret, que fué un hombre profeta, poderoso en obras y palabras ante -Dios y el pueblo? ¿Ignoras por ventura de qué modo los sacerdotes y -los grandes le han hecho condenar y crucificar? Nosotros esperábamos -que él redimiria á Israel, y ahora ya hace tres dias que todo está -acabado. Algunas de nuestras mujeres nos han hecho concebir esta mañana -extrañas dudas, pues han ido al sepulcro antes de amanecer y no han -encontrado el cuerpo, si bien afirman haber visto ángeles que les -han dicho que vivia. Algunos de los nuestros fueron tambien luego al -sepulcro y hallaron ser así como las mujeres habian dicho, mas no le -vieron á él». El desconocido era un hombre piadoso, que versado en las -Escrituras citaba á Moisés y á los profetas, y aquellos tres hombres -comenzaron á departir amistosamente. Al aproximarse á Emmaus, y como -quiera que el desconocido se mostrase dispuesto á continuar su marcha, -suplicáronle los discípulos que se quedara á cenar con ellos. Declinaba -el dia y los recuerdos de Cleofas y su compañero iban siendo más -dolorosos, porque aquella hora de la noche era la que les inspiraba más -melancolía. ¡Cuántas veces habian visto en tales momentos al maestro -querido descansar de las tareas del dia y conversar agradablemente con -ellos, hablándoles del fruto de la viña que tomaria con ellos en el -reino de su Padre! El ademan que hacia al cortar el pan y ofrecérselo, -segun la costumbre del jefe de la casa entre los judíos, estaba -profundamente grabado en su memoria; poseidos de una dulce tristeza, -olvidaban al extranjero y no veian más que á Jesús ofreciéndoles el -pan que tenia en la mano. Preocupados con estos recuerdos, no se -aperciben que su compañero, que sin duda estaba de prisa, se habia -marchado, y cuando hubieron vuelto en sí de sus reflexiones se dijeron: -«¿No has experimentado alguna cosa extraña? ¿No recuerdas que nuestro -corazon parecia abrasarse cuando nos hablaba ese desconocido?»--«Y -las profecías que citaba, prueban bien que el Mesías debe padecer -para entrar en su gloria. ¿No le has reconocido tambien al partir el -pan?»--«Sí, nuestros ojos estaban cerrados, y se han abierto ahora que -acaba de desaparecer.» Los dos discípulos se convencieron de que habian -visto á Jesús y volvieron presurosos á Jerusalem. - -El grupo principal de los discípulos se hallaba precisamente reunido -en aquel momento al rededor de Pedro,[105] y era ya muy entrada la -noche. Cada uno comunicaba sus impresiones y lo que habia oido decir, -siendo la creencia general que Jesús habia resucitado. Al entrar -los dos discípulos, se les habló de lo que se llamaba _la vision de -Pedro_,[106] y ellos por su parte contaron lo que les sucediera en -el camino, y como acababan de reconocer al maestro al cortar el pan. -Entonces la imaginacion de todos se sobrescitó vivamente: las puertas -estaban cerradas porque se temia á los judíos, y como las ciudades -Orientales están mudas cual la tumba despues de la puesta del sol, -el silencio era cada vez más profundo en el interior y todos los más -leves rumores que se producian por casualidad, inducian á creer que -iba á realizarse la esperanza de todos. La ilusion crea por lo general -su objeto.[107] Durante un momento de silencio, pasó sin duda entre -los concurrentes un soplo de la brisa, pero en instantes como aquel, -una corriente de aire, una ventana que rechina, un murmullo fortuito, -bastan para fijar la creencia de los pueblos por espacio de varios -siglos. Al mismo tiempo de soplar la brisa, creyéronse oir ciertos -sonidos, y algunos dijeron que acababan de percibir entre aquellos -la palabra _schalom_ «felicidad ó paz», que era la frase que por lo -general empleaba Jesús para indicar su presencia. No cabia duda; -Jesús estaba presente entre la asamblea, aquella era su voz querida, -todos la reconocian[108] con tanta más razon cuanto que el maestro -les habia dicho que siempre que se reunieran en su nombre se hallaria -entre ellos. Quedó pues sentado que el Domingo por la noche, se habia -aparecido Jesús á sus discípulos; algunos aseguraban haber observado -en sus manos y piés la señal de los clavos, y en su costado la herida -de la lanza. Segun una tradicion muy conocida, aquella noche misma fué -cuando sus discípulos percibieron el soplo del Espíritu Santo,[109] -idea que fué generalmente admitida. - -Tales fueron los incidentes de aquel dia en que se fijó la suerte de -la humanidad: la opinion de que Jesús habia resucitado, quedó fundada -irrevocablemente, y la secta que se habia tratado de extinguir dando -muerte al maestro, dejó entonces asegurado un porvenir inmenso. - -Sin embargo, aún quedaban algunas dudas:[110] el apóstol Tomás, que -no asistió á la reunion que tuvo lugar el domingo por la noche, -confesó que envidiaba la suerte de los que habian visto la señal de la -lanzada y de los clavos, y aunque se dice que ocho dias despues quedó -satisfecho,[111] conservó un ligero á la par que dulce resentimiento. -Por una consideracion instintiva de exquisita precision, comprendíase -que el ideal no debe tocarse con las manos ni se le debe sujetar -tampoco á la experiencia. _Noli me tangere_, es la palabra de los -grandes amores. El tacto no es necesario para la fé; la vista, órgano -más puro y noble que la mano, la vista que no mancha nada ni se -mancha tampoco, llegó á ser bien pronto un testigo supérfluo; luego -dominó á todos un sentimiento particular; toda vacilacion pareció una -falta de lealtad y de amor, se tuvo vergüenza de quedarse atrás, y -ninguno, en fin, deseó ya ver. La frase «¡felices los que no han visto -y creen!»[112] se puso en boga; comprendióse que era más generoso -creer sin pruebas, y los verdaderos amigos de corazon no sentian no -haber tenido visiones,[113] así como más tarde San Luis rehusaba ser -testigo de un milagro eucarístico, para no rebajar el mérito de la -fé. En efecto, desde entonces se produjo á porfía una especie de -emulacion que rayaba en delirio: el mérito consistia en creer sin haber -visto; la fé á toda costa, la fé gratuita, la fé que llegaba hasta la -locura, se exaltó como el primero de los dones del alma. El _credo -quia absurdum_ está fundado; la ley de los dogmas cristianos será -una extraña progresion que no se detendrá ante ningun obstáculo; una -especie de sentimiento caballeresco, impedirá que se mire hácia atrás; -los dogmas más queridos de la piedad, aquellos á los cuales se enlazará -más estrechamente, serán los más repugnantes á la razon á causa de esa -idea sublime de que el valor moral de la fé aumenta en proporcion de la -dificultad de creer, y de que no se prueba el amor, admitiendo lo que -es claro y evidente. - -Así pues, los primeros dias fueron como un período de fiebre intensa -durante el cual los fieles, embriagados de alegría, se comunicaban -entre sí sus sueños dejándose dominar por las más exaltadas ideas. -Multiplicábanse las visiones que se producian regularmente durante las -reuniones de la noche:[114] cuando las puertas estaban cerradas, y se -hallaban todos poseidos de su idea fija, el primero que creia oir la -dulce palabra _schalom_ «Salud ó paz,» daba la señal, y entonces todos -escuchaban y oian bien pronto la misma cosa; y era de ver la alegría -de aquellas almas sencillas, que sabian que su maestro se hallaba -entre ellos. Cada uno saboreaba aquel dulce pensamiento, creyéndose -favorecido en particular con algun coloquio; producíanse tambien otras -visiones distintas recordando la de los viajeros de Emmaus, y á la -hora de la cena, se veia á Jesús aparecer, coger el pan, cortarle y -bendecirle, y ofrecerle despues al que favorecia con su vision[115]. -En pocos dias reunióse una coleccion de relatos, muy distintos en los -detalles, pero inspirados todos por un mismo espíritu de amor y fé -absoluta; es un grave error creer que la leyenda necesite mucho tiempo -para formarse; la leyenda se produce á veces en un solo dia. El domingo -por la noche (16 de nisan, 5 de Abril), teníase por una realidad la -resurreccion de Jesús: ocho dias despues la vida que se le suponia -despues de la tumba, se consideraba como un hecho evidente. - - - - -CAPÍTULO II. - -Salida de los discípulos de Jerusalem. -- Segunda vida galilea de Jesús. - - -[Marginal: Año 33] - -El más ardiente deseo de los que han perdido una persona querida, es -ver de nuevo los sitios donde vivieron con ella: este sentimiento -sin duda fué el que indujo á los discípulos algunos dias despues de -la Pascua á volver á Galilea. Desde el momento en que tuvo lugar -el arresto de Jesús, é inmediatamente despues de su muerte, es de -presumir que muchos se encaminaran á las provincias del Norte, mas al -verificarse la resurreccion circuló el rumor de que se le volveria -á ver en Galilea. Algunas de las mujeres que fueron al sepulcro, -volvieron diciendo que el ángel las dijo que Jesús las precederia -en Galilea;[116] otras manifestaron que era el maestro quien habia -mandado que fuesen allí,[117] y no faltó quien creyese recordar que -dijo lo mismo en vida.[118] De todos modos, es lo cierto que al cabo -de algunos dias, acaso despues de terminar completamente las fiestas -de Pascua, los discípulos creyeron recibir la órden de volver á su -patria, y volvieron en efecto.[119] Quizá comenzaban á disminuir las -visiones en Jerusalem; é iba predominando una especie de nostalgia; las -cortas apariciones de Jesús, no eran ya suficientes para compensar el -inmenso vacío que dejara su ausencia, y todos pensaban melancólicamente -en aquel lago y hermosas montañas, donde disfrutaron del reino de -Dios.[120] Las mujeres, sobre todo, querian volver á toda costa al -país donde habian sido tan felices, y aquí es preciso observar que la -órden de marcha procedia especialmente de ellas.[121] Aquella ciudad -odiosa les pesaba; ansiaban ver de nuevo la tierra donde disfrutaban de -continuo de la presencia de aquel á quien amaban, y estaban muy seguras -de encontrarle allí aún. - -La mayor parte de los discípulos marcharon pues llenos de alegría -y esperanza, quizás acompañados de la caravana que conducia á los -pelegrinos de la fiesta de Pascua. No solo esperaban encontrar en -Galilea las visiones, sino ver de continuo al mismo Jesús como sucedia -antes de su muerte. La duda llenaba sus almas: ¿iria acaso el maestro -á restablecer el reino de Israel, á fundar definitivamente el reino -de Dios, y segun se decia, á «revelar su justicia?»[122] Todo era -posible: representábanseles ya los risueños paisajes donde disfrutaban -de su compañía; creian muchos que les habia dado una cita en una -montaña,[123] probablemente la misma en que fijaban sus más dulces -recuerdos, y á no dudarlo nunca hicieron los discípulos un viaje más -alegre, pues todos eran sueños de felicidad en vísperas de realizarse. -¡Iban á ver á Jesús! - -Y le vieron en efecto: apenas entregados á sus pacíficas quimeras, -creyéronse en pleno período Evangélico. Era llegado entonces el mes -de abril: la tierra estaba sembrada de esos anémonas rojos, que son -probablemente esos «lises de los campos,» de los cuales gustábale -á Jesús sacar sus comparaciones. Á cada paso se encontraban sus -parábolas, como enlazadas con los mil accidentes del camino; aquí el -árbol, allí la flor, la semilla de donde sacó su parábola; más lejos, -la colina donde pronunció sus conmovedores discursos, y allá, en fin, -la barca donde enseñó. Aquello era como un hermoso sueño, era la -realizacion de una esperanza perdida; el encanto parecia renacer; el -dulce «reino de Dios» seguia su curso. Aquel aire trasparente, aquellas -mañanas pasadas en la orilla del rio ó en la montaña, aquellas noches -en el lago, guardando las redes, eran otras tantas visiones. Veíanle en -todos los sitios donde habian estado con él; sin duda no era aquella -alegría completa; acaso el lago les pareciese á veces solitario, -pero el verdadero amor se contenta con poca cosa; ¡si tuviéramos el -privilegio de ver todos los años á las personas queridas que hemos -perdido, con el tiempo suficiente para decirles tan solo dos palabras, -puede decirse que no existiria la muerte! - -Tal era el estado del alma de aquella tropa de fieles durante el corto -período en que el cristianismo pareció volver por un momento á su cuna, -á fin de despedirse luego para siempre. Los principales discípulos, -Pedro, Tomás, Natanael, y los hijos de Zebedeo, se volvieron á -encontrar en las orillas del lago donde vivieron en adelante -juntos,[124] trabajando en su antiguo oficio de pescadores en Betsaida -y en Capharnahum. Sin duda estaban con ellos las mujeres galileas, que -eran las que principalmente habian contribuido á esta vuelta, á fin -de satisfacer una necesidad de su corazon. Aquel fué su último acto -en la fundacion del cristianismo. Á partir de este momento, ya no se -las vé aparecer; fieles á su amor no quisieron abandonar el país donde -fueran en otro tiempo tan felices.[125] Bien pronto se las olvidó, y -como el cristianismo galileo no tuvo posteridad, perdióse su recuerdo -completamente en ciertas partes de la tradicion; aquellas pecadoras -convertidas, aquellas verdaderas fundadoras del cristianismo, María -Magdalena, María Cleofas, Juana y Susana, pasaron al estado de santas -retiradas. San Pablo no las conoce.[126] La fé que ellas habian creado -fué causa de que quedasen oscurecidas, y no se les hizo justicia hasta -la edad media; una de ellas, María Magdalena, ocupaba entonces un lugar -principal en el cielo cristiano. - -Parece que las visiones á orillas del lago, habian sido harto -frecuentes: ¿Cómo era posible que sobre aquellas ondas donde habian -tocado á Dios, no volviesen á ver los discípulos á su divino amigo? -Bastaban las más sencillas circunstancias para que se les presentase. -Una vez habian remado toda la noche sin coger un solo pescado, mas de -repente se llenan las redes; aquello fué un milagro. Parecióles que -alguno les habia dicho desde la orilla: «Echad vuestras redes á la -derecha.» Pedro y Juan se miraron, y como este último dijera: «Es el -Señor», el primero, que estaba desnudo, cubrióse apresuradamente con su -túnica y se lanzó al agua para ir á buscar al invisible consejero.[127] -Otras veces, Jesús tomaba parte en las colaciones de sus discípulos: -cierto dia, en que acababan de pescar, sorprendióles encontrar la -lumbre encendida y cerca de ella un pescado y un pedazo de pan; aquello -fué para los discípulos un dulce recuerdo, porque era este alimento el -que Jesús tenia la costumbre de ofrecerles. Despues de comer, quedaron -persuadidos que Jesús se habia sentado entre ellos para ofrecerles -aquel manjar que consideraban ya eucarístico y sagrado.[128] - -Juan y Pedro eran los que sobre todo se veian favorecidos por el -amado fantasma: cierto dia, Pedro, quizás soñando, (¡pero qué digo! -¿No era entonces acaso su vida un sueño perpétuo?), creyó oir á Jesús -preguntarle: «¿Me amas?» La pregunta se repitió tres veces, y Pedro -poseido á la vez de un sentimiento de ternura y tristeza, se imaginó -que respondia: «¡Oh! sí Señor, tú sabes que te amo»; y cada vez decia -la aparicion: «Apacienta á mis ovejas».[129] Otra vez, Pedro confió -á Juan un sueño extraño: habia soñado que se paseaba con el maestro, -seguido á corta distancia por Juan, y que Jesús, hablándole en términos -muy embozados, con los cuales parecia anunciarle la prision ó una -muerte violenta, le repitió varias veces: «Sígueme.» Entonces Pedro, -señalando con el dedo á Juan que le seguia, repuso: «Señor ¿y ese?--Si -yo quiero que se quede aquí hasta que tú vuelvas, replicó Jesús, ¿qué -te importa á tí? Sígueme.» Despues del suplicio de Pedro, Juan recordó -aquel sueño, viendo en él una prediccion de la muerte de su amigo: -refiriólo á sus discípulos, y estos creyeron ver en ello la seguridad -de que su maestro no moriria hasta el advenimiento final de Jesús.[130] - -Aquellos grandes sueños melancólicos, aquellos coloquios con el muerto -querido, interrumpidos de continuo y vueltos á empezar, ocupaban los -dias y los meses. La simpatía de Galilea hácia el Profeta, á quien -los Jerosolimitas habian dado muerte, se despertaba con más fuerza -que nunca: más de quinientas personas se habian agrupado ya alrededor -del recuerdo de Jesús,[131] y á falta del maestro perdido, obedecian -á sus discípulos más autorizados; sobre todo á Pedro. Cierto dia, que -siguiendo á sus jefes espirituales, habian subido los fieles galileos á -una de aquellas montañas donde Jesús acostumbraba á llevarlos creyeron -volverle á ver. Á cierta altura, la luz tiene extraños reflejos, y -la misma ilusion que se produjo entonces para los discípulos más -íntimos,[132] volvió á repetirse de nuevo; la multitud reunida creyó -ver dibujarse en el espacio etéreo el espectro divino, y entonces -todos cayeron de rodillas, la faz contra tierra y le adoraron.[133] -El despejado horizonte de aquellas montañas, inspira la idea de la -inmensidad del mundo, con el deseo de conquistarle: sobre uno de -aquellos picos, segun dicen, Satán mostrando con la mano á Jesús los -reinos de la tierra y toda su gloria, se los ofreció con la condicion -de que se inclinara ante él: pero esta vez fué Jesús quien desde lo -más alto de las elevadas cimas, mostró á sus discípulos toda la tierra -asegurándoles el porvenir. Todos bajaron de la montaña persuadidos de -que el hijo de Dios les habia ordenado convirtiesen al género humano, -prometiendo á la vez estar con ellos hasta la consumacion de los -siglos. Desde entonces, sintiéronse poseidos los fieles, de un ardor -extraño, de un fuego divino, y se consideraban como los misioneros -del mundo, capaces de hacer toda clase de prodigios. Despues de haber -transcurrido veinte y cinco años, San Pablo, vió á varios de los que -habian asistido á tan extraña escena, y sus impresiones eran tan vivas -y fuertes como el primer dia.[134] - -Observando aquella vida en que todos parecian hallarse suspendidos -entre el cielo y la tierra, pasó cerca de un año[135] y el encanto -lejos de disminuir aumentaba, que es propiedad de las cosas santas, -engrandecerse y purificarse siempre. El sentimiento que se tiene -por la pérdida de una persona amada, es mucho más fecundo al cabo -de cierto tiempo que al dia siguiente. Cuanto más tiempo pasa, más -poderoso es dicho sentimiento, pues á la primera tristeza, que en -cierto modo aminora el dolor, sucede una compasion tranquila; la -imágen del difunto se transfigura, se idealiza, llega á ser el alma de -la vida, el principio de toda accion, el orígen de toda alegría, el -oráculo que se consulta, el consuelo, en fin, que se busca en las horas -de abatimiento, en los dias de tribulacion. La muerte, es condicion -principal de toda apoteosis; Jesús, tan amado durante su vida, lo -fué así mucho más despues de exhalar el último aliento, ó más bien, -este fué el principio de su verdadera vida en el seno de la Iglesia, -pues llegó á ser el amigo íntimo, el confidente, el compañero de -viaje, el huésped, en fin, que se sienta á la mesa y se da á conocer -desapareciendo.[136] La falta absoluta de rigor científico en la -imaginacion de los nuevos creyentes, era causa de que no se entablase -discusion alguna sobre la naturaleza de su existencia: cada cual se -le representaba como un ser imposible dotado de un cuerpo sutil, que -atravesaba las paredes, tan pronto visible como invisible, pero siempre -vivo, y algunas veces se pensaba que su cuerpo carecia de materia, que -era una pura sombra en las apariencias.[137] Otras veces, suponíanle -materialidad, y por un ingénuo escrúpulo, y como si la alucinacion -hubiera querido tomar precauciones contra sí misma, se queria que -bebiese y comiese y que se dejara tocar.[138] En este punto, flotaban -las ideas en un completo vacío. - -Apenas nos hemos atrevido hasta aquí á plantear una cuestion espinosa -y de difícil resolucion. En tanto que Jesús resucitaba verdaderamente, -es decir, en el corazon de los que le amaban, mientras se robustecia -la conviccion de los Apóstoles para consolidar la fé del mundo, ¿en -qué punto consumian los gusanos el cuerpo inanimado que se depositó -la noche del sábado en el sepulcro? Siempre se ignorará este detalle, -porque naturalmente, nada pueden decirnos las tradiciones cristianas -sobre este punto. Lo que vivifica es el espíritu; la materia no es -nada[139]; la resurreccion fué el triunfo de la idea sobre la realidad; -una vez fijada la idea sobre la inmortalidad, ¿qué importa el cuerpo? - -Hácia el año 80 ú 85, al recibir el texto actual del primer Evangelio -sus primeras adiciones, los judíos habian fijado ya su idea sobre -este punto[140]. Á juzgar por lo que dijeron, los discípulos habian -robado el cuerpo durante la noche; la conciencia cristiana se alarmó -con tal rumor, y para rechazar semejante objecion, imaginóse la -circunstancia de los guardas y del sello puesto en el sepulcro[141]; -pero como este dato no se encuentra sino en el primer Evangelio -mezclado con leyendas de muy poca autoridad[142] no es de ningun modo -admisible[143]. La explicacion de los judíos sin embargo, aunque -irrefutable, está muy lejos de satisfacer todas las dudas, pues no -se puede admitir que aquellos que con tal conviccion creyeron en la -resurreccion de Jesús, sean los mismos que sustrajeron el cuerpo. Por -poco precisa que fuese la reflexion en semejantes hombres, apenas puede -imaginarse esta ilusion, y conviene recordar que en aquel momento la -pequeña iglesia se hallaba dispersada completamente. Las creencias -nacian aisladamente para reunirse despues como les era posible, y las -contradicciones que se encuentran en los relatos que conservamos acerca -de los incidentes del Domingo por la mañana, prueban que los rumores -se extendieron por conductos muy distintos, y que no hubo interés en -ponerse de acuerdo. Es muy posible que el cuerpo fuese sustraido por -algunos discípulos y trasladado á Galilea[144] en tanto que los otros -permanecian en Jerusalem sin tener conocimiento del hecho; y por otra -parte es de presumir que los discípulos que se llevaron el cuerpo, -no sabiendo lo que se contaba en Jerusalem, quedaron sorprendidos al -tener conocimiento de la creencia en la resurreccion. En este caso -no era probable que protestaran, y aun cuando lo hubiesen hecho nada -importaba, pues tratándose de milagros, toda rectificacion tardía -es inútil[145]. Jamás una dificultad material impide á una idea -desarrollarse y crear las ficciones que necesita[146]: en la reciente -historia del milagro de la Salette se ha demostrado el error hasta la -evidencia[147], lo cual no impide que se haya elevado la basílica y que -la fé crea en aquel. - -Es permitido suponer tambien que la desaparicion del cuerpo de Jesús -fuese obra de los judíos, pues acaso creyeron que con esto evitarian -las escenas tumultuosas que pudieran originarse sobre el cadáver de -un hombre tan popular como Jesús. Acaso quisieron impedir que se le -hicieran pomposos funerales ó que se elevara un monumento á su memoria; -y últimamente, ¿quién sabe si la desaparicion del cadáver no fué obra -del dueño del jardin ó del jardinero[148]? El propietario, á lo que -parece,[149] era extraño á la secta; se escogió aquel sepulcro, por ser -el que estaba más cerca del Gólgota y porque se tenia prisa[150]. Es -probable que no agradándole á dicho propietario que se tomara posesion -de su terreno, hiciese sustraer el cadáver, pero á decir verdad, los -detalles que da el cuarto Evangelio al hablar de los lienzos que se -encontraron en el sepulcro y del sudario doblado cuidadosamente en -un rincon[151], no se convienen con semejante hipótesis. Esta última -circunstancia haria suponer que habia intervenido en ella la mano de -una mujer[152]. Los únicos relatos acerca de la visita de las mujeres -al sepulcro son tan confusos y contradictorios, que nos autorizan -á suponer que encierran una falsa interpretacion. La conciencia -femenina, dominada por la pasion, puede experimentar las más extrañas -alucinaciones, y á veces es cómplice de sus propios sueños[153]. María -Magdalena se habia visto poseida, segun el lenguaje de la época, de -«siete demonios»[154], y al decir esto se comprenderá cuán escasa -era la inteligencia de las mujeres de Oriente, su falta absoluta de -educacion y su ingénua sinceridad. La conviccion exaltada no permite -mudar de parecer, ni admitir otras ideas que las que á uno le dominan. -Corramos un velo sobre estos misterios: en los estados de crísis -religiosa, en que todo se considera como divino, las causas más -pequeñas pueden producir los más grandes efectos. Si fuéramos testigos -de los extraños hechos de que tomaron su orígen todas las obras de la -fé, veriamos circunstancias que no nos parecerian proporcionadas con la -importancia de los resultados, en tanto que otros nos harian sonreir. -Nuestras antiguas catedrales se cuentan entre las cosas más hermosas -del mundo, y no se puede entrar en ellas sin sentirse dominado por la -divinidad; pero esas espléndidas maravillas tienen con frecuencia un -orígen profano. ¿Y qué importa esto en definitiva? Solo debe tenerse -en cuenta el resultado, la fé lo purifica todo. El incidente material -que ha hecho creer en la resurreccion, no ha sido la causa verdadera -de aquella; lo que ha resucitado á Jesús es el amor, y este fué tan -poderoso, que una pequeña casualidad bastó para levantar el edificio -de la fé universal. Si Jesús no hubiera sido tan amado, si la fé en -la resurreccion hubiese tenido menos motivos para fundarse, inútiles -habrian sido esta especie de casualidades. Un grano de arena basta -para que se derrumbe una montaña cuando ha llegado el momento de que -esto suceda. Los más importantes acontecimientos provienen á veces de -causas muy grandes ó muy pequeñas; las primeras son las únicas reales; -las segundas no hacen más que determinar la produccion de un efecto que -estaba preparado mucho tiempo antes. - - - - -CAPÍTULO III. - -Vuelta de los apóstoles á Jerusalem. -- Fin del período de las -apariciones. - - -[Marginal: Año 34] - -Las apariciones, sin embargo, como hijas que eran de un exceso de -entusiasta credulidad, comenzaron á disminuir; las imaginaciones -populares se asemejan á las enfermedades contagiosas; fermentan pronto -y cambian de forma; la actividad de las almas ardientes se inclinaba -ya en otro sentido; lo que se creia oir de boca del divino Resucitado, -era la órden de precederle, predicando su doctrina para convertir al -mundo. Mas, ¿por dónde empezar? Naturalmente por Jerusalem[155]. En -su consecuencia los jefes de la secta resolvieron la vuelta á dicha -ciudad, y como estos viajes se hacian comunmente en caravana, en la -época de las fiestas, es de suponer que la vuelta de que se trata tuvo -lugar por la fiesta de los Tabernáculos, á fines del año 33, ó por la -Pascua del 34. - -De este modo quedó abandonada la Galilea por el cristianismo, y acaso -para siempre, pues si bien es probable que la pequeña sociedad que -quedó allí se conservara aún algun tiempo, no se vuelve á oir hablar de -ella, y á no dudarlo, fué destruida, como todo lo demás, al ocurrir el -espantoso desastre que sufrió el país cuando la guerra de Vespasiano. -Los restos de la dispersa comunidad se refugiaron más allá del Jordan. -Despues de la guerra, no dominó pues en Galilea el cristianismo, sino -el judaismo; la Galilea era el centro judáico del país de Talmud[156]: -la Galilea no figuró pues sino por espacio de una hora en la historia -del cristianismo, pero fué la hora santa por excelencia, que dió á -la nueva religion lo que necesitaba para ser duradera, es decir, su -poesía, su encanto penetrante. «El Evangelio», así como los sinópticos, -fué una obra galilea, y nosotros trataremos de demostrar luego, que «el -Evangelio», así entendido, ha sido la causa principal del triunfo del -cristianismo y es la más segura garantía de su porvenir. - -Es probable que permaneciera en Jerusalem una fraccion de la pequeña -escuela que rodeaba á Jesús en sus últimos dias, y como en el momento -de la separacion se creia ya en la resurreccion de Jesús, no es -extraño que esta creencia se desarrollase por ambas partes bajo un -aspecto muy distinto, lo cual á no dudarlo dió lugar á las diferencias -que se notaban en el relato de las apariciones. Habíanse formado -dos tradiciones, una Galilea y otra Jerosolimita; segun la primera, -todas las apariciones, excepto las del primer momento, habian tenido -lugar en Galilea, y con arreglo á la segunda, todas se presentaron -en Jerusalem[157]; el acuerdo de las dos fracciones de la pequeña -secta sobre el dogma fundamental, confirmó naturalmente la creencia -humana; todos abrazaron la misma fé; todos repitieron con efusion «¡ha -resucitado!», y quizás la alegría y el entusiasmo produjeron otras -visiones. Puede suponerse que hácia esta época tuvo lugar la vision de -Jacobo, de que habla San Pablo[158]: Jacobo, era hermano, ó al menos -pariente de Jesús, y como no aparece que le haya acompañado durante -su última permanencia en Jerusalem, es probable que se fuera con los -apóstoles cuando estos marcharon de Galilea. Como todos los grandes -apóstoles tuvieron su vision, es difícil que á éste «hermano del -Señor» no se le presentase la suya, que debió ser una de las llamadas -eucarísticas, es decir, aquellas en que se aparecia Jesús cortando y -ofreciendo el pan[159]. Más tarde los grupos de la familia cristiana -que se unieron á Jacobo, y se llamaban los hebreos, supusieron que esta -vision tuvo lugar el dia mismo de la resurreccion, y quisieron que -fuese la primera de todas[160]. - -Es muy notable, en efecto, que la familia de Jesús, algunos de cuyos -miembros fueron durante su vida incrédulos y hostiles á la mision de -aquel[161], forme ahora parte de la iglesia, figurando en el puesto -más elevado. Debe suponerse que la reconciliacion se hizo durante la -permanencia de los apóstoles en Galilea; la celebridad que adquirió -bien pronto el nombre de su pariente, aquellas quinientas personas que -creian en él y aseguraban haberle visto resucitado, son circunstancias -que pudieron causar cierta impresion en el ánimo de los miembros de la -familia del divino Maestro[162]. Desde el establecimiento definitivo -de los apóstoles en Jerusalem, se vé con ellos á María, madre de Jesús -y á los hermanos de éste[163], y por lo que respecta á María, parece -ser que Juan, creyendo obedecer con esto á una recomendacion de su -Maestro, la habia adoptado y llevado consigo[164], siendo probable que -la condujera á Jerusalem. - -Esta mujer, de cuyo carácter y circunstancias no se sabia nada, -desempeña desde entonces un papel importante, y empezaban á ser -conocidas las palabras que el Evangelista pone en boca de una -desconocida: «¡Bendito sea el vientre que te ha llevado y los pechos -que te han alimentado!» Es probable que María sobreviviese pocos años á -su hijo[165]. - -En cuanto á los hermanos de Jesús, la cuestion es aún más oscura: -Jesús tuvo hermanos y hermanas[166], mas parece, no obstante, que -en la clase á que se daba el nombre de «hermanos del Señor» hubo -parientes en segundo grado, si bien esto no es de importancia por lo -que respecta á Jacobo. Este que se titula hermano del Señor, y á quien -vamos á ver figurar en primer término en los treinta primeros años del -cristianismo, ¿era Jacobo hijo de Alfeo, que parece haber sido primo -hermano de Jesús, ó un verdadero hermano de éste? Los datos que tenemos -para aclarar este punto, son tan inciertos como contradictorios, pues -lo que sabemos de Jacobo nos ofrece una imágen tan distinta de la de -Jesús, que se le resiste á uno creer sean tan distintos dos hombres -nacidos de la misma madre. Si Jesús es el verdadero fundador del -cristianismo, Jacobo fué un peligroso enemigo que estuvo á punto de -perderlo todo por su mezquino espíritu; más tarde se creyó ciertamente -que Jacobo el Justo, segun le llamaban, era un verdadero hermano de -Jesús[167], pero es probable que hubiese alguna confusion en este punto. - -Como quiera que sea, los apóstoles no se separaron en lo sucesivo sino -para emprender sus viajes; Jerusalem era su centro[168]; parecian temer -dispersarse, y ciertos hechos revelaban que era su deseo no volver á -Galilea, lo cual acaso hubiera ocasionado la disolucion de la pequeña -sociedad. Se supuso que una órden particular de Jesús les prohibia -abandonar á Jerusalem, al menos hasta que se hiciesen las grandes -manifestaciones que esperaban[169]; las apariciones iban siendo cada -vez más raras; se hablaba mucho menos de ellas, y empezábase á creer -que no se veria ya al Maestro hasta que apareciese solemnemente en las -nubes. El pensamiento de todos se preocupaba con una promesa que se -suponia hecha por Jesús: decíase que durante su vida, el divino Maestro -habia hablado con frecuencia del Espíritu Santo, concebido como una -personificacion de la sabiduría divina[170]; habia prometido á sus -discípulos que este espíritu seria su fuerza en la lucha que iban á -emprender, su inspiracion en las dificultades y su abogado, en fin, -si tuvieran que hablar ante el público. Cuando comenzaron á disminuir -las visiones, fijáronse todos en aquel espíritu considerándole como un -consuelo, como otro Jesús que el maestro enviaria á sus amigos; algunas -veces figurábanse los fieles que apareciendo Jesús repentinamente en -medio de sus discípulos, habia circulado entre ellos una corriente de -aire vivificador[171] salida de su propia boca, y otras se consideraba -la desaparicion del Maestro como precursora de la venida del -espíritu[172] prometida en sus apariciones[173]. Muchos establecian -una union íntima entre esta venida y la redencion de Israel[174]; toda -la actividad mental que la secta desplegara para crear la leyenda de -Jesús resucitado, iba ahora á consagrarse á la formacion de un conjunto -de creencias piadosas sobre la venida del espíritu y sus maravillosos -dones. - -Parece, no obstante, que aún tuvo lugar una gran aparicion de Jesús -en Betania ó en el monte de los Olivos[175], y ciertas tradiciones -aseguran que en aquella dió el Maestro á sus discípulos las últimas -instrucciones y reiteró la promesa de enviar al Espíritu Santo, -revistiéndoles al propio tiempo del poder de redimir los pecados[176]. -Los rasgos característicos de estas apariciones iban siendo cada vez -más vagos; confundíanse los unos con los otros; se acabó por no pensar -mucho en aquellas; y quedó sentado que Jesús estaba vivo[177], que se -habia aparecido suficiente número de veces para probar su existencia, y -que podia aparecerse aún en visiones parciales hasta la gran revelacion -final en que todo quedaria concluido[178]. La vision que tuvo San -Pablo en el camino de Damasco es del mismo género de las que ya hemos -hablado[179]. De todos modos admitíase en un sentido idealista que -el Maestro estaba con sus discípulos y estaria hasta el fin[180]. -En los primeros dias, cuando las apariciones eran muy frecuentes, -considerábase á Jesús como un habitante de la tierra que estaba en ella -continuamente, llenando más ó menos las funciones de la vida terrestre; -pero cuando aquellas disminuyeron, pensóse que Jesús habia entrado en -la gloria para sentarse á la diestra de su Padre, y todos decian: «Ha -subido al cielo.» - -Esta frase se redujo para la mayor parte á una imágen vaga ó de -induccion[181], pero para otros indicaba una escena material. Suponíase -que despues de la última vision, comun á todos los apóstoles, en -la cual les dió sus instrucciones supremas, Jesús habia subido al -cielo[182]; y más tarde se desarrolló la escena, transformándose en -una leyenda completa. Refirióse que ángeles celestiales, rodeados del -aparato de manifestaciones divinas, muy brillantes[183], aparecieron -entre una nube para consolar á los discípulos, asegurándoles que -volverian á verlos; la imaginacion popular, atribuia á la muerte de -Moisés las mismas circunstancias[184], y acaso se recordaba con este -motivo la ascension de Elías[185].--Una tradicion[186] supone que esta -escena tuvo lugar cerca de Betania en la cima del Monte de los Olivos, -sitio que era muy querido de los discípulos sin duda porque Jesús -habitó allí. - -La leyenda asegura que despues de aquella escena maravillosa entraron -los discípulos en Jerusalem «con alegría[187];» pero nosotros daremos -á Jesús el último adios poseidos de tristeza, y á fé que volver á -encontrarle vivo, aunque vagando como una sombra, nos sirve de gran -consuelo. ¡Esa segunda vida de Jesús, imágen pálida de la primera, -está aún llena de encanto, por más que se haya perdido su perfume en -el espacio y que al elevarse en la nube para sentarse á la diestra de -su Padre, nos haya dejado aquí entre los hombres! ¡El reinado de la -poesía ha concluido; María Magdalena vive retirada con sus recuerdos, -y por esa eterna injusticia por la que el hombre se apropia él solo la -obra en que la mujer tuvo tanta parte como él, Céfas la eclipsa y es -causa de que la olviden! No más sermones en la montaña, no más poseidas -curadas, no más cortesanas arrepentidas, no más mujeres extrañas á la -obra de redencion, pero que Jesús no rechazó. El Dios ha desaparecido -verdaderamente; la historia de la Iglesia será con frecuencia en -lo sucesivo la historia de las traiciones de que fué víctima Jesús; -pero tal como es, esta historia puede considerarse como un himno á -su gloria; las palabras y la imágen del ilustre Nazareno, vivirán en -medio de las miserias infinitas como un ideal sublime, y se comprenderá -mejor cuán grande fué; cuando se haya visto cuán pequeños eran sus -discípulos. - - - - -CAPÍTULO IV. - -Bajada del Espíritu Santo. -- Fenómenos extáticos y proféticos. - - -[Marginal: Año 34] - -Los discípulos de Jesús eran en efecto pequeños, mezquinos, ignorantes -é inespertos en alto grado; su sencillez de espíritu era extremada; su -credulidad no reconocia límites, pero tenian una cualidad buena: amaban -con delirio á su Maestro. El recuerdo de Jesús habia pasado á ser el -único móvil de su vida, una preocupacion perpétua, y era indudable que -solo pensaban en el que tanto habian querido y que de tal modo les -habia cautivado durante dos ó tres años. Para las almas vulgares que no -pueden amar á Dios directamente, esto es, hallar lo verdadero, crear -lo bello y hacer el bien por sí mismas, su salvacion consiste en amar -á alguien en quien se refleje lo verdadero, lo bello y el bien. La -mayoría de los hombres necesita dos cultos distintos. La multitud de -adoradores busca siempre un intermediario entre ellos y Dios. - -Cuando muere una persona que ha logrado reunir á su alrededor á varias -otras por un lazo moral elevado, sucede, casi generalmente, que los -que la sobreviven aunque hayan estado divididos por rivalidades y -resentimientos, se profesan más amistad que antes. Mil queridas -imágenes del pasado que echan de menos, forman entre ellos una especie -de tesoro comun. Es una manera de manifestar su cariño al muerto, el -querer á los que se han conocido por él, y procurar encontrarse juntos -para recordar los tiempos dichosos que ya no existen. En este caso se -confirma la verdad de las profundas palabras de Jesús[188] cuando dijo -que el muerto está presente entre los que se han reunido en memoria -suya. - -El afecto que los discípulos se tenian en vida de Jesús se multiplicó, -por decirlo así, despues de su muerte. Formaban una pequeña sociedad -muy retraida y vivian completamente aislados. En Jerusalem contábanse -ciento veinte[189]. Su piedad era grande y guardaba las formas de la -piedad judía. El Templo era el lugar preferido para consagrarse á sus -devociones[190]. Cierto es que trabajaban para vivir; pero el trabajo -manual, en la sociedad judía de entonces, ocupaba muy poco. Cada cual -tenia un oficio, lo que era obstáculo para ser un hombre instruido ó -bien educado. En nuestros dias, las necesidades materiales son tan -difíciles de satisfacer, que el que vive de sus manos ha de trabajar -doce ó quince horas diarias. Únicamente el hombre acomodado puede -ocuparse de las cuestiones del alma, porque la adquisicion de la -instruccion es rara y cara; pero en aquellas antiguas sociedades, de -las que el Oriente de nuestra época nos da todavía una idea, en donde -la naturaleza es tan pródiga para el hombre y tan poco exigente, la -vida de trabajador dejaba mucho tiempo libre. Cierta instruccion comun -ponia á todo el mundo al corriente de las ideas de aquel tiempo. Solo -debia atenderse al alimento y á vestirse[191], lo cual se proporcionaba -cada uno con pocas horas de trabajo, y así es que los hombres podian -dedicarse á la meditacion. Las pasiones habian alcanzado en aquellas -almas un grado de energía para nosotros inconcebible. Los judíos de -entonces[192] nos parecen unos verdaderos poseidos, obedeciendo cada -cual ciegamente á la idea que se habia apoderado de él. - -La idea dominante, en la comunidad cristiana, en el momento de que -hablamos y en que las apariciones habian cesado, era la venida -del Espíritu Santo. Creian recibirlo bajo la forma de un soplo -misterioso que pasaba sobre la concurrencia. Muchos eran los que -creian que era el aliento mismo de Jesús[193]. Todo consuelo interior, -cualquier movimiento de valor, todo impulso de entusiasmo ó el menor -sentimiento de alegría viva y dulce que se experimentase sin saber -de dónde procedia, era considerado como obra del Espíritu. Aquellas -buenas conciencias atribuian, como siempre, á una causa exterior los -delicados sentimientos que nacian en ellas. Estos extraños fenómenos de -iluminismo se presentaban más especialmente en las asambleas. Cuando -todos se hallaban reunidos aguardando en silencio la inspiracion de lo -alto, un murmullo ó cualquier ruido les hacia creer en la venida del -Espíritu. Así era como se producian las apariciones de Jesús durante -los primeros tiempos; mas luego cambió el curso de las ideas. Era el -soplo divino que se esparcia sobre la pequeña Iglesia y la llenaba de -emanaciones celestes. - -Estas creencias procedian de las concepciones sacadas del Antiguo -Testamento. Los libros hebreos suponen que el espíritu profético es un -soplo que penetra en el hombre y le exalta. En la hermosa vision de -Elías[194], Dios pasa bajo la figura de un viento ligero que produce un -zumbido apenas percibible. Estas antiguas imágenes habian originado, en -las primeras épocas, creencias muy análogas á las de los espiritistas -de nuestros dias. En la _Ascension de Isaías_[195] la venida del -Espíritu se anuncia por cierta frotacion en las puertas[196]. Sin -embargo, la mayor parte de las veces se concebia esta venida como -otro bautismo, á saber «el bautismo del Espíritu» superior en mucho -al de Juan[197]. Siendo muy frecuentes las alucinaciones del tacto -en sujetos tan nerviosos y exaltados, la menor corriente de aire, -acompañada de un estremecimiento en medio del silencio, era atribuido -á la presencia del Espíritu. Creia uno sentir, y al momento sentian -todos,[198] comunicándose el entusiasmo de uno á otro. Estos fenómenos -guardan la más completa analogía con los que han experimentado los -visionarios de todas épocas. Se presentan diariamente, en gran parte -bajo la influencia de la lectura de la obra «_las actas de los -Apóstoles_,» en las sectas inglesas ó americanas de los _quakeros_, -_jumpers_, _shakers_, é irvingianos[199], entre los mormones[200], _los -camp-meetings_ y los _revivals_ de América[201]. Han vuelto á aparecer -entre nosotros en la secta llamada de los «espiritistas;» pero debe -establecerse una gran diferencia entre aberraciones sin importancia ni -porvenir, y las ilusiones inherentes al establecimiento de un nuevo -código religioso para la humanidad. - -Entre todas aquellas _bajadas del Espíritu_ que se supone fueron -bastante frecuentes, hubo una que hizo una profunda impresion en la -naciente Iglesia.[202] Un dia estalló una tempestad cuando estaban -congregados los hermanos. Un viento muy fuerte abrió las ventanas -y el cielo parecia de fuego. En aquellos países las borrascas van -acompañadas de una cantidad prodigiosa de luz, porque la atmósfera -está continuamente surcada por relámpagos. Sea que el fluido eléctrico -hubiese penetrado en el mismo local, ó que un rayo deslumbrador hubiera -iluminado repentinamente el rostro de todos, lo cierto es que creyeron -que habia entrado el Espíritu y que se habia cernido sobre la cabeza -de todos en forma de lenguas de fuego.[203] Era opinion general en -las escuelas teúrgicas de Siria, que la insinuacion del Espíritu se -verificaba por medio de un fuego divino y bajo la forma de una luz -misteriosa.[204] Creyeron haber asistido á todos los esplendores del -Sinaí,[205] á una manifestacion divina análoga á la de los tiempos -antiguos. El bautismo del Espíritu fué tambien desde entonces un -bautismo de fuego, y este bautismo del Espíritu y del fuego, fué -opuesto y preferido al del agua, el único que Juan habia conocido.[206] -Raras veces se produjo el bautismo del fuego. Solo los apóstoles y los -discípulos del primer cenáculo se vanagloriaron de haberlo recibido; -pero la creencia de que el Espíritu habia bajado sobre ellos en forma -de llamas semejantes á lenguas ardientes, dió orígen á una multitud -de ideas singulares que ocuparon preferentemente las imaginaciones de -aquel tiempo. - -Se suponia que la lengua del hombre inspirado habia recibido una -especie de sacramento; que varios profetas habian sido tartamudos antes -de su mision[207]; que el ángel de Dios habia pasado por sus labios un -carbon que los purificaba y les conferia el don de elocuencia[208] y -que en la predicacion, el hombre no hablaba por sí mismo[209], siendo -considerada su lengua como el órgano de la Divinidad que lo inspiraba. -Esas lenguas de fuego parecieron un símbolo portentoso, creyendo -que Dios habia querido significar con ellas que derramaba sobre los -apóstoles sus dones más preciosos de elocuencia y de inspiracion. No -paró aquí esto. Jerusalem era, como casi todas las grandes ciudades -de Oriente, una poblacion muy poliglota. La diversidad de idiomas -era reputada una de las mayores dificultades que se oponian á una -propaganda de un carácter tan universal, y como una de las cosas -que más arredraba á los apóstoles, al principio de una predicacion -destinada á abarcar el mundo, era el número de lenguas que se hablaban -en él, no atinando en la manera de aprender tantos dialectos, el _don -de las lenguas_ llegó á ser con este motivo un privilegio maravilloso. -Desde aquel momento se consideró la predicacion del Evangelio libre -del obstáculo creado por la diversidad de idiomas, figurándose que -en algunas circunstancias solemnes cada uno de los concurrentes oia -la predicacion apostólica en su propia lengua, ó en otros términos, -que la palabra apostólica se traducia por sí misma á cada uno de los -concurrentes[210]. En otras ocasiones, se concebia esto de un modo algo -diferente. Se atribuia á los apóstoles el don de saber, por infusion -divina, todos los idiomas y de hablarlos cuando querian[211]. - -Habia en ello un pensamiento liberal; querian significar que el -Evangelio no tiene lengua propia, que puede traducirse en todos los -idiomas y que la traduccion vale tanto como el original. No era esta -la creencia del judaismo ortodoxo. El hebreo era para el judío de -Jerusalem la _lengua santa_, y en su opinion ningun idioma podia -comparársele. Las traducciones de la Biblia eran poco apreciadas porque -se permitian en ellas varios cambios y modificaciones, al paso que el -texto hebreo era escrupulosamente conservado. Bien es cierto que los -judíos de Egipto y los helenistas de Palestina practicaban un sistema -más tolerante, puesto que empleaban el griego para la oracion[212] y -acostumbraban á leer las traducciones griegas de la Biblia, pero la -primera idea cristiana fué todavía más lata; segun ella, la palabra de -Dios no tiene lengua propia; es libre de toda traba, pertenece á todos -los idiomas y no exige intérprete. La facilidad con que el cristianismo -se separó del dialecto semítico que hablaba Jesús, la libertad que -concedió á cada pueblo para crearse su liturgia y sus versiones de la -Biblia en dialecto nacional, procedia de esta especie de emancipacion -de lenguas. Generalmente se admitia que el Mesías reduciria los idiomas -y los pueblos á la unidad[213]. El uso comun y la promiscuidad de -los lenguajes eran el primer paso dado hácia aquella grande era de -pacificacion universal. - -Sin embargo, el don de las lenguas se transformó luego -considerablemente y produjo efectos muy extraños. La exaltacion de las -cabezas originó el éxtasis y la profecía. En los momentos de éxtasis, -el fiel, inspirado por el Espíritu, proferia sonidos inarticulados y -sin conexion, que se tomaban por palabras de un idioma extranjero y -que se procuraba interpretar con la mayor candidez[214]. Otras veces -se creia que el extático hablaba una lengua nueva y desconocida hasta -entonces[215] ó el lenguaje mismo de los ángeles[216]. Tan extrañas -escenas, que fueron causa de muchos abusos no se generalizaron sino -algun tiempo despues,[217] aunque es probable que ya tendrian lugar -desde los primeros tiempos del cristianismo. Las visiones de los -antiguos profetas habian ido acompañadas de fenómenos de excitacion -nerviosa[218]. El estado ditirámbico de los Griegos originaba hechos -de la misma clase; la Pitia empleaba con preferencia aquellas palabras -extranjeras ó inusitadas, llamadas como en el fenómeno apostólico, -_glosas_[219]. Muchas palabras empleadas como santo y seña por el -cristianismo primitivo, las cuales son justamente bilingües ó formadas -de anagramas, tales como _Abba pater_, _anathema Maranatha_[220] -procedian quizás de estos accesos extraños, mezclados de suspiros[221], -de gemidos ahogados, de jaculatorias, oraciones y de arrebatos que se -tenian por proféticos. Eran como una música vaga del alma, compuesta de -sonidos indistintos, que los oyentes procuraban traducir en imágenes -y en palabras determinadas[222] ó mejor dicho, plegarias del Espíritu -dirigidas á Dios en un lenguaje conocido de Dios solo, y que él sabia -interpretar[223]. El extático, efectivamente, ignoraba lo que decia sin -tener siquiera conciencia de ello.[224] Los concurrentes escuchaban -con avidez y atribuian á estas sílabas incoherentes pensamientos que -traducian en seguida. Cada cual las aplicaba á su dialecto y procuraba -comprender con la mayor candidez estos sonidos ininteligibles por lo -que sabia de los demás idiomas. El oyente siempre lograba explicárselo, -porque en último resultado, daba á estas palabras entrecortadas un -sentido conforme á lo que pensaba. - -La historia de las sectas de _iluminados_ abunda en hechos de la -misma clase. Los predicadores de las Cevenas ofrecieron varios casos -de «glosolalia»[225]; pero el más notable es el de los «leyentes» -suecos[226] ocurrido en los años de 1841 á 1843. Palabras sin sentido -para los que las pronunciaban y acompañadas de convulsiones y desmayos, -fueron durante largo tiempo el ejercicio diario de aquella pequeña -secta, lo que pasó á ser contagioso y originó un gran movimiento -popular. Entre los irvingianos, el fenómeno de las lenguas se -presentaba con caractéres que reproducian exactamente las relaciones -de las _Actas_ y de San Pablo[227]. Nuestro siglo ha visto escenas de -ilusion del mismo género que no creemos deber mencionar, porque no es -justo comparar la credulidad inherente á un gran movimiento religioso, -con la credulidad que únicamente reconoce por causa la torpeza de -imaginacion. - -En ciertos casos, estos fenómenos se verificaban en público. Algunos -extáticos, en el momento de sus extravagantes iluminaciones, se -atrevian á salir y á presentarse ante la gente, que los tomaba por -borrachos[228]. Aunque sóbrio en cuestion de misticismo, Jesús habia -ofrecido más de una vez los fenómenos ordinarios del éxtasis[229]. -Durante dos ó tres años, sus discípulos estuvieron embargados por estas -ideas. El profetismo era frecuente y considerado como un don análogo -al de las lenguas[230]. La oracion, mezclada de convulsiones, de -modulaciones cadenciosas, de suspiros místicos, de entusiasmo lírico, -de cantos en accion de gracias,[231] era un ejercicio cotidiano. Esto -dió nacimiento á un considerable número de «_cánticos_», «_salmos_» -é «_himnos_» imitados á los del antiguo testamento[232]. Unas veces -la boca y el corazon se acompañaban mútuamente, y otras el corazon -cantaba solo, acompañado interiormente por la gracia[233]. Como no -habia ninguna lengua que pudiese expresar las sensaciones nuevas -que se experimentaban, se usaba un tartamudeo indistinto, á la vez -sublime y pueril, en el que flotaba, en estado de embrion, lo que -podriamos llamar «la lengua cristiana». No encontrando el cristianismo -en las lenguas antiguas un instrumento adecuado á sus necesidades, -las eliminó; pero antes que la religion nueva se hubiese formado un -idioma para su uso, se pasaron algunos siglos de esfuerzos oscuros y -de gemidos. El estilo de San Pablo, y en general, de los escritores -del Nuevo Testamento, ¿qué es, bien considerado, sino la improvisacion -ahogada, jadeante é informe del «glosolalio»? Carecian de lengua. Lo -mismo que los profetas, principiaban con el _a a a_ del niño.[234] -No sabian hablar, ni producirse ni en griego ni en semítico. De ahí -provino la enorme violencia hecha al lenguaje por el cristianismo -naciente. Diríase que eran tartamudos, en cuya boca los sonidos -se chocaban, se ahogaban y producian una pantomima confusa, pero -soberanamente expresiva. - -Todo esto distaba mucho del sentimiento de Jesús; pero para unos -entendimientos penetrados de la creencia en lo sobrenatural, dichos -fenómenos tenian una grande importancia. El don de las lenguas, -particularmente, era considerado como un sello esencial de la nueva -religion y como una prueba de su verdad[235]. Sea como fuere, ello es -que producia abundantes frutos de edificacion, y hacia convertir á -muchos paganos[236]. Hasta el siglo III la «glosolalia» se manifestó -de una manera análoga á lo que describe San Pablo, y fué considerada -como un milagro permanente[237]. Algunas de las palabras sublimes del -cristianismo, han salido de aquellos suspiros entrecortados. El efecto -general era tierno y penetrante. Este modo de reunir sus inspiraciones -y de abandonarlas á la interpretacion de la comunidad, debia establecer -entre los fieles un profundo lazo de fraternidad. - -Conforme sucede con todos los místicos, los nuevos sectarios llevaban -una vida de ayuno y de austeridad[238]. La mayor parte de los -orientales comian muy poco, lo que contribuia á mantenerlos en la -exaltacion. La sobriedad del Sirio, causa de su debilidad física, -lo ponia en un estado perpétuo de calentura y de susceptibilidad -nerviosa. Nuestros grandes y continuos esfuerzos de imaginacion serian -imposibles con semejante régimen; pero esta debilidad cerebral y -muscular, les ocasionaban, sin causa aparente, vivas alternativas de -tristeza y de alegría, que hacian elevar su alma hácia Dios. Lo que -llamaban la «_tristeza de Dios_»[239] pasaba por un don del cielo. -Toda la doctrina de los Padres de la vida espiritual, de Juan Clímaco, -Basilio, Nilo y Arsenio, todos los secretos del grande arte de la -vida interior, una de las creaciones más gloriosas del cristianismo, -germinaban en la fantástica disposicion de ánimo que atravesaron -durante sus dias de expectacion extática, aquellos antepasados ilustres -de todos los «hombres de deseos». Su estado moral no era regular; -vivian en lo sobrenatural. Solo obraban por visiones; los sueños y las -circunstancias más insignificantes les parecian avisos del cielo[240]. - -Bajo el nombre de dones del Espíritu Santo, se ocultaban las más raras -y exquisitas efusiones del alma: amor, piedad, temor respetuoso, -suspiros sin objeto, languidez súbita, ternuras espontáneas. Todo lo -que nace bueno en el hombre, sin esfuerzo de éste, se atribuia á un -soplo divino. Las lágrimas, especialmente, eran consideradas como una -gracia del cielo. Este don precioso, privilegio únicamente de las almas -buenas y puras, se producia con dulzuras infinitas. Nadie ignora la -fuerza que sacan las naturalezas delicadas, sobre todo las mujeres, -de la divina facultad de poder llorar mucho: es su plegaria, sin duda -alguna, la más santa de las plegarias. Es preciso transportarse á -la edad media y considerar la piedad tan regada con lágrimas de San -Bruno, San Bernardo, y San Francisco de Asís, para volver á encontrar -las castas melancolías de aquellos primeros tiempos en los que -verdaderamente se sembraran lágrimas para recoger alegrías. Entonces, -llorar era un acto piadoso; los que no sabian predicar, hablar -idiomas, ni hacer milagros, lloraban.--Se lloraba orando, predicando, -amonestando[241]; en una palabra, aquella época era el advenimiento del -reino de las lágrimas. Hubiérase dicho que las almas se unian y querian -en ausencia de un lenguaje que pudiese traducir sus sentimientos, -manifestarse exteriormente por medio de una expresion viva y abreviada -de todo su ser interior. - - - - -CAPÍTULO V. - -Primera Iglesia de Jerusalem, enteramente cenobítica. - - -[Marginal: Año 35] - -La costumbre de vivir juntos, en una misma fé y una misma confianza, -creó naturalmente hábitos comunes. Pronto se adoptaron varias -reglas que dieron á esta Iglesia primitiva alguna analogía con los -establecimientos de vida cenobítica que el cristianismo instituyó más -adelante. Muchos preceptos de Jesús tendian á este fin; el verdadero -ideal de la vida evangélica es un monasterio: no un monasterio cerrado -con rejas, una cárcel al estilo de la edad media con separacion de -ambos sexos, sino un asilo en medio del mundo, un espacio reservado -para la vida del espíritu, una asociacion libre, ó pequeña congregacion -íntima, trazando á su alrededor un vallado para que no entren en ella -zozobras que perjudican á la libertad del reino de Dios. - -Todos vivian, por consiguiente, en comunidad, no formando más que un -cuerpo y un alma[242]. Nadie tenia nada suyo. Cuando entraban á ser -discípulos de Jesús, vendian sus bienes y hacian donacion de su importe -á la sociedad. Los jefes de esta distribuian luego el bien comun á -cada uno segun sus necesidades. Habitaban en un solo barrio;[243], -comian juntos y continuaban aplicando á la comida el sentido místico -que Jesús habia prescrito[244]. Pasaban muchas horas orando; sus -plegarias eran á veces improvisadas en alta voz, pero más á menudo -meditadas en silencio. Los éxtasis eran frecuentes y cada cual se -creia estar siempre favorecido por la inspiracion divina. La concordia -que reinaba entre ellos era perfecta; nunca tenian ninguna discusion -dogmática ni la menor disputa de amor propio, y la querida memoria -de Jesucristo borraba todos los resentimientos. La alegría estaba en -todos los corazones viva y profunda[245]. Su moral era austera, pero -penetrada de un sentimiento dulce y tierno. Se agrupaban por casas -para orar y entregarse á los ejercicios extáticos[246]. El recuerdo de -aquellos dos ó tres primeros años, fué como el de un paraiso terrestre -que nunca más volverá para el cristianismo, por más esfuerzos que -haga. Efectivamente, ¿quién no comprende que semejante organizacion -solo podia aplicarse á una pequeña Iglesia? Á pesar de esto, la vida -monástica persiguió más adelante por su cuenta este ideal primitivo, -que la Iglesia universal no se cuidó mucho de realizar. - -Posible es que el autor de las _Actas_, á quien debemos la descripcion -de esta primera cristiandad de Jerusalem, haya recargado algo los -colores y exagerado especialmente la comunidad de bienes que hemos -citado. El autor de las _Actas_, hace como el autor del tercer -Evangelio, que en la vida de Jesús, acostumbra á desfigurar los -hechos segun sus teorías[247] y que deja traslucir muy claramente -su tendencia á las doctrinas del _ebionismo_[248], es decir, de la -pobreza absoluta. No obstante, la relacion de las _Actas_ no puede -considerarse infundada respecto á este particular. Aun cuando Jesús no -hubiese pronunciado ninguno de los axiomas comunistas que se leen en el -tercer Evangelio, no hay duda que el renunciar á los bienes mundanales -y la práctica de la caridad llevada hasta el punto de despojarse de -todo lo que se poseyese, constituian el espíritu de su predicacion. -La creencia del fin del mundo ha producido siempre el desprecio de -los bienes terrenales y la vida en comunidad[249]. Por otra parte, lo -que manifiestan las _Actas_ está completamente de acuerdo con lo que -sabemos del orígen de las otras religiones ascéticas, por ejemplo, -del _budismo_. Esta clase de religiones principian siempre por la -vida cenobítica. Sus primeros adeptos son una especie de frailes -mendicantes. El seglar no figura entre ellos sino cuando estas -religiones han conquistado sociedades enteras en las que la vida -monástica solo puede existir por excepcion.[250] - -Admitimos, pues, en la Iglesia de Jerusalem, un período de vida -cenobítica. Dos siglos despues, los paganos todavía tenian al -cristianismo por una secta comunista[251]. Debe recordarse que los -esenios ó terapeutas habian dado ya el modelo de este género de -vida, el cual provenia del mosaismo. Como el código mosaico era -esencialmente moral y no político, su resultado natural era la utopia -social, la iglesia, la sinagoga, el convento y no el estado civil, la -nacion, ni la ciudad. El Egipto tenia, desde muchos siglos, reclusos -y reclusas mantenidos por el Estado, probablemente en ejecucion de -legados caritativos, cerca del Serapeo de Menfis[252]. Tambien debe -tenerse en cuenta que semejante vida no es en Oriente lo que ha sido -en nuestro Occidente. En Oriente, se puede disfrutar de la naturaleza -y de la existencia sin poseer nada. El hombre es siempre libre porque -tiene pocas necesidades y por lo tanto, la esclavitud del trabajo es -completamente desconocida. Aunque el comunismo de la Iglesia primitiva -no haya sido tan rígido ni tan universal como lo supone el autor de -las _Actas_, lo cierto es que en Jerusalem habia una gran comunidad -de pobres, gobernada por los apóstoles, á la que se hacian donativos -de todos los puntos de la cristiandad[253]. Esta comunidad se vió -obligada á establecer reglamentos bastante severos, y algunos años más -tarde, hasta hubo de emplearse el terror para gobernarla. Se contaban -de ella leyendas espantosas, segun las cuales el solo hecho de haberse -apropiado algo de lo que hubiese sido dado para la comunidad, era -señalado como un crímen capital y castigado con la muerte[254]. - -Los pórticos del templo, sobre todo el pórtico de Salomon, que dominaba -el valle de Cedron, eran el lugar en donde acostumbraban á reunirse los -discípulos durante el dia[255], recordando las horas que Jesús habia -pasado en dicho sitio. En medio de la extrema actividad que reinaba al -rededor del templo, debian ser estos muy poco notados. En las galerías -que formaban parte de aquel edificio, habia varias escuelas y sectas -y eran teatro de infinitas disputas. Además, los fieles de Jesús -pasaban por muy devotos, porque todavía observaban escrupulosamente -las prácticas judías, orando á las horas[256] fijadas y observando -todos los preceptos de la Ley. Eran judíos que únicamente diferian de -los demás en que creian que ya habia venido el Mesías. Los que no les -conocian mucho, y estos eran el mayor número, los miraban como una -secta de _hasidim_ ó gentes piadosas. Para afiliarse á ellos[257] no -era uno cismático ni griego, así como se puede ser discípulo de Spener -sin dejar de ser protestante, ó de la órden de San Francisco ó de -San Bruno, sin dejar de ser católico. El pueblo los amaba á causa de -su piedad, su sencillez y dulzura[258], si bien los aristócratas del -templo, los miraban quizás con desagrado. La secta, sin embargo, vivia -tranquila, merced á su poco deseo de brillar. - -Al volver por la noche los hermanos á su casa, cenaban, divididos en -grupos[259], en señal de fraternidad y en recuerdo de Jesús á quien -veian siempre entre ellos. El jefe de la mesa cortaba el pan, bendecia -la copa[260], y la circulaba como un símbolo de union con Jesús, y de -este modo, el acto más vulgar de la vida, convertíase en el más augusto -y más santo. En estas cenas en familia, á que eran muy aficionados los -judíos[261], rezábanse oraciones, reinaba una dulce alegría y todos -creian hallarse aún en el tiempo en que el divino Maestro les animaba -con su presencia, imaginándose verle, hasta el punto de que muy pronto -circuló el rumor de que Jesús habia dicho: «Cada vez que corteis el -pan hacedlo en memoria mia[262].» El mismo pan, llegó á ser en cierto -modo Jesús, concebido como orígen único de fortaleza para los que le -habian amado y vivian aún de él. Aquellas cenas, que fueron siempre -el símbolo principal del cristianismo y el alma de sus misterios[263] -se celebraban en un principio todas las noches, pero bien pronto la -costumbre se practicó solo el domingo[264] por la noche[265] y más -tarde, empezó á tomarse por la mañana la mística colacion[266]. Es -probable que en aquel período de la historia á que nos referimos fué -aún para los cristianos dia feriado el sábado[267]. - -Los apóstoles elegidos por Jesús y que se suponia habian recibido de -él una órden especial para anunciar al mundo el reino de Dios, gozaban -en la pequeña comunidad de una superioridad incontestable. Uno de los -primeros cuidados de la secta, tan pronto como se vió establecida -tranquilamente en Jerusalem, fué llenar el vacío que habia dejado Judas -en su seno[268]; la opinion de que este último vendiera á su Maestro -siendo la causa de su muerte, se iba generalizando cada vez más. El -hecho pasaba al dominio de la leyenda, y todos los dias se averiguaba -alguna nueva circunstancia que pintaba con más negros colores su -traicion. Judas habia comprado un campo cerca de la antigua necrópolis -de Hakeldama, al Sur de Jerusalem, y allí vivia retirado[269]. Tal era -la ingénua exaltacion de la pequeña Iglesia, que para reemplazar á -Judas se resolvió echar suertes: en las grandes emociones religiosas, -es general emplear este medio, pues se admite como principio que nada -es fortuito, que uno es el objeto principal de la atencion divina y que -la parte que Dios toma en un hecho, es tanto mayor cuanto que la del -hombre es más débil. Exigióse tan solo que los candidatos se eligieran -en el grupo de los discípulos más antiguos que habian sido testigos -de todos los acontecimientos desde el bautismo de Juan, y como esta -circunstancia reducia mucho el número de aquellos, solo quedaron dos -aspirantes, José Bar-sabá, por sobrenombre el _Justo_[270] y Matías, -sobre el cual recayó la suerte y fué contado desde entonces en el -número de los Doce. Pero ya no volvió á darse otro caso de semejante -sustitucion, pues se consideró que los apóstoles nombrados por Jesús no -debian tener sucesor. Evitóse tambien con sabia prudencia el peligro -que ofrecia establecer un colegio permanente, donde se conservara toda -la vida y la fuerza de la asociacion. La concentracion de la Iglesia en -una oligarquía, no vino hasta más tarde. - -Por lo demás, es necesario precaverse contra los errores á que ha dado -lugar y puede dar el nombre de _apóstol_. En una época muy remota, -por algunos pasajes de los Evangelios, y sobre todo por la analogía -de la vida de San Pablo, se supuso que los apóstoles eran una especie -de misioneros, especialmente viajantes, que se habian repartido el -mundo de antemano y recorrian como conquistadores todos los reinos -de la tierra[271]. Formóse sobre esta opinion una série de leyendas -para la historia eclesiástica[272], pero nada hay más contrario á -la verdad[273]. El cuerpo de los Doce permaneció por lo general en -Jerusalem hasta el año 60, poco más ó menos, y los apóstoles no -salieron de la ciudad santa sino para misiones temporales, lo cual -explica la oscuridad en que estuvieron la mayor parte de los miembros -del consejo central, pues muy pocos de ellos tuvieron representacion. -Formaban una especie de colegio sacro ó senado[274] destinado -únicamente á representar la tradicion y el espíritu conservador. -Como no desempeñaban funcion alguna, no tenian que hacer otra cosa -sino predicar y rogar[275]; apenas se conocian sus nombres fuera de -Jerusalem y hácia el año 70 ú 80, las listas que se daban de estos -Doce elegidos primitivos, no estaban de acuerdo sino en los nombres -principales[276]. - -Los «hermanos del Señor» aparecen con frecuencia al lado de los -«Apóstoles» aunque fuesen distintos[277], y su autoridad era inferior -á la de los segundos, pero estos dos grupos constituyen en la iglesia -naciente fundada tan solo en las relaciones más ó menos íntimas que -sus miembros tuvieron con el Maestro. Aquellos eran los hombres que -Pablo llamaba «las columnas de la Iglesia de Jerusalem[278],» y vemos, -por lo tanto, que las distinciones de la gerarquía eclesiástica no -existian aún. El título no era nada; la importancia personal lo era -todo; el principio del celibato eclesiástico estaba sentado[279], pero -necesitábase algun tiempo para el completo desarrollo de todos aquellos -gérmenes. Pedro y Felipe estaban casados y tenian hijos é hijas[280]. - -El término usado para designar la reunion de los fieles, era la -palabra del hebreo _kahal_ que se sustituyó por la frase esencialmente -democrática ἐκκλησία. _Ecclesia_ es la convocacion del pueblo en las -antiguas ciudades griegas, el llamamiento al _Pnyx_ ó al _ágora_. Á -partir del siglo II ó III antes de Jesucristo, las palabras de la -democracia ateniense pasaron en cierto modo al dominio de la lengua -helénica, y algunos de estos términos,[281] á consecuencia del uso -que hacian de ellos las cofradías griegas, se adoptaron en la lengua -cristiana. Esto era efecto del movimiento popular, que comprimido hacia -siglos, seguia de nuevo su curso bajo formas enteramente distintas -como querian serlo las antiguas repúblicas[282], pero menos exigente -y desconfiada que aquellas ciudades, la Iglesia delegaba con gusto su -autoridad: como toda sociedad teocrática trataba de abdicar en manos de -un clero y era fácil prever que no pasarian más de dos siglos sin que -toda aquella democracia se transformara en oligarquía. - -El poder que se suponia á la Iglesia reunida y á sus jefes era -inmenso, pues la primera conferia todas las misiones, guiándose -únicamente para su eleccion de los signos que daba el Espíritu[283], -llegando su autoridad hasta el punto de poder decretar la muerte. -Referíase que solo á la voz de Pedro, algunos delincuentes habian -caido en el suelo y expirado en el acto[284]; San Pablo no teme un -poco más tarde excomulgar á un incestuoso «entregándole á Satanás -para que muera su carne y se pueda salvar su alma en el gran dia del -Señor[285].» Considerábase la excomunion como el equivalente de una -sentencia de muerte, y no se dudaba que toda persona á quien los -apóstoles, ó los Jefes de la Iglesia, habian separado del gremio de los -santos, entregándole al espíritu maligno[286], no estuviese perdida. -Suponíase á Satanás autor de las enfermedades; abandonarle el miembro -gangrenado era como entregarlo al ejecutor natural de la sentencia; -una muerte prematura se tenia por el resultado de uno de esos decretos -ocultos, que segun la fuerte expresion hebráica, «extirpaba una -alma de Israel[287].» Los apóstoles se creian revestidos de poderes -sobrenaturales, y al pronunciar semejantes condenas, pensaban que sus -anatemas no dejarian de caer sobre los culpables. - -La terrible impresion producida por las excomuniones, y el ódio que -inspiraban á todos los cofrades los miembros así separados del gremio -de la Iglesia, podia en efecto en muchos casos producir la muerte ó al -menos obligar al culpable á expatriarse. El mismo terrible equívoco -se encontraba en la antigua Ley: «la extirpacion» implicaba á la vez -la muerte, la expulsion de la comunidad, el destierro, un retiro -solitario y misterioso;[288] y matar al apóstata ó al que blasfemaba, -herir el cuerpo para salvar el alma, era una cosa legítima. Debemos -recordar que hablamos de la época de los _zelotas_, que consideraban -como un acto de virtud dar de puñaladas al que faltase á la ley[289], -y es preciso tener en cuenta que algunos cristianos eran ó habian sido -_zelotas_[290]. Casos como el de la muerte de Ananías y de Safira[291], -no causaban el menor escrúpulo. La idea del poder civil era tan extraña -á todo aquel mundo, que no se hallaba al alcance del dominio romano, -ó estaba tan persuadida que la Iglesia era una sociedad completa que -se bastaba á sí misma, que ninguno consideraba que un milagro fuese -un atentado punible ante la ley civil por más que causara la muerte ó -la mutilacion de una persona. El entusiasmo es una fé ardiente que -lo cubre todo y todo lo excusa; pero comprendíase fácilmente cuán -grave era el peligro que indicaban para el porvenir aquellas máximas -teocráticas. La Iglesia está armada de un puñal; la excomunion será una -sentencia de muerte; en lo sucesivo habrá en el mundo además del Estado -otro poder que disponga de la vida de los ciudadanos; y á fé que si la -autoridad romana se hubiese limitado á reprimir entre los cristianos y -los judíos principios tan condenables, habria tenido mil veces razon. -Pero en su brutalidad confundia la más legítima de las libertades, la -de adorar cada uno á su modo, con abusos que ninguna sociedad ha podido -jamás tolerar impunemente. - -Pedro gozaba entre los apóstoles de cierta superioridad debida -principalmente á su actividad y celo[292]: en los primeros años, apenas -se separa de Juan, hijo de Zebedeo; ambos van casi siempre juntos[293], -y su buena armonía fué á no dudarlo la piedra angular de la nueva fé. -Jacobo, hermano del Señor, les igualaba casi en autoridad, al menos en -una fraccion de la Iglesia, y en cuanto á ciertos amigos íntimos de -Jesús, tal como las mujeres galileas y la familia de Betania, ya hemos -dicho que no hay para que hablar de ellos. Menos deseosas de organizar -y de fundar, las fieles compañeras de Jesús se contentaban con amar -muerto al que adoraran en vida; alimentándose con su esperanza, -las nobles mujeres que fundaron la fé del mundo, permanecian casi -desconocidas de los hombres notables de Jerusalem, y cuando murieron, -quedaron enterradas en el sepulcro con ellas los caractéres más -importantes de la historia del cristianismo naciente. Los que -desempeñan un papel activo son los que se llevan la fama; aquellos que -se contentan con amar en secreto permanecen oscuros, pero seguramente -les corresponde la mejor parte. - -Inútil es decir que aquel pequeño grupo de gente sencilla, no tenia -la menor idea de la teología especulativa, pues Jesús rehuyó siempre -con la mayor prudencia toda cuestion metafísica, y no tuvo más que -un dogma, su propia filiacion divina y la divinidad de su mision. -Todo el símbolo de la Iglesia primitiva podia encerrarse en esta -sola línea: «Jesús es el Mesías, hijo de Dios.» Esta creencia se -fundaba en un argumento perentorio, en el hecho de la resurreccion, -de la que figuraban como testigos los discípulos, por más que ninguno -en realidad, ni aun las mujeres galileas, asegurará haber visto la -resurreccion[294]; pero la ausencia del cuerpo y las apariciones que se -siguieron despues, parece que equivalen al hecho mismo. Atestiguar la -resurreccion de Jesús, era la mision que todos creian deber llevar á -cabo ante todos[295], é imagináronse bien pronto que el Maestro habia -pronosticado este acontecimiento. Recordábanse algunas de sus palabras -que se creyó no haberse comprendido bien, y esto indujo á suponer que -se habia anunciado la resurreccion[296]. La creencia en la próxima -manifestacion gloriosa de Jesús era universal[297]; la palabra secreta -que los cofrades se decian entre sí para reconocerse y fortificarse, -era _Maran atha_, «el Señor va á venir»[298]. Creíase tambien recordar -una declaracion de Jesús, segun la cual, no habia tiempo para que la -predicacion alcanzara á todas las ciudades de Israel, antes que el -hijo del hombre apareciese en su majestad[299]; pero entre tanto Jesús -resucitado está sentado á la diestra de su Padre, y allí descansa hasta -el dia solemne en que vendrá envuelto entre las nubes á juzgar á los -vivos y á los muertos[300]. - -La idea que tenian de Jesús era la misma que aquel les diera: Jesús -habia sido un profeta poderoso en obras y en palabras[301], un -hombre elegido de Dios que recibiera una mision especial para la -humanidad[302], mision que probó por sus milagros y su resurreccion. -Dios le ungió del Espíritu Santo revistiéndole de fuerza; ha pasado -haciendo bien y curando á los que estaban poseidos del demonio[303], -porque Dios era con él[304]; es el Hijo de Dios, un representante de -Dios en la tierra; es el Mesías, el salvador de Israel anunciado por -los profetas[305]. La lectura de los libros del Antiguo Testamento, -especialmente el de los Profetas y de los Salmos, era habitual en la -secta, y al proceder á dicha lectura, fijábanse todos en la idea de -encontrar siempre el tipo de Jesús; y persuadidos de que los antiguos -libros hebreos estaban llenos de él, formóse desde los primeros años -una coleccion de textos, sacados de los Profetas, de los Salmos y de -ciertos libros apócrifos en los cuales, segun conviccion general, se -predecia y describia de antemano la Vida de Jesús[306]. Este método de -interpretacion arbitraria estaba adoptado en todas las escuelas judías; -las alusiones mesiánicas eran una especie de juego de imaginacion, -análogo al que hacian antiguos predicadores con los pasajes de la -Biblia, trastornando su sentido natural y tomándolos como simples -adornos de retórica sagrada. - -Jesús, merced á su tacto exquisito de las cosas religiosas, no habia -instituido ningun nuevo ritual, y por lo tanto, la nueva secta no -tenia aún ceremonias especiales[307]. Las prácticas de piedad eran -las prácticas judías; las reuniones no tenian nada de litúrgicas -en el sentido preciso; eran sesiones de cofrades donde se rezaba, -practicándose tambien los ejercicios de la profecía[308] y la lectura -de la correspondencia. Allí no habia nada de sacerdotal: no hay -sacerdote (_cohen_ ó ἱερεύς); el _presbyteros_, es el _anciano_ de -la comunidad y nada más; el único sacerdote es Jesús[309]; ó en otro -sentido, todos los fieles lo son.[310] Considerábase el ayuno como -una práctica muy meritoria[311]; el bautismo era la señal de entrada -en la secta[312] siendo su rito el mismo observado con Juan, pero se -administraba en nombre de Jesús[313]. - -De todos modos, el bautismo no se creia una iniciacion suficiente si no -era seguido de la colacion de los dones del Espíritu Santo[314], que se -hacia prévia una oracion pronunciada por los apóstoles sobre la cabeza -del neófito con la imposicion de las manos. - -Esta imposicion ya tan familiar á Jesús[315], era el acto sacramental -por excelencia[316]; conferia la inspiracion, la iluminacion interior, -el poder de hacer prodigios, de profetizar y de hablar las lenguas, -era lo que se llamaba el bautismo del Espíritu. Creíase recordar las -siguientes palabras de Jesús: «Juan os ha bautizado por el agua, pero -vosotros os habeis bautizado por el espíritu»[317]. Poco á poco -formóse un conjunto de todas estas ideas y el bautismo se confirió, «en -el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo;[318]» pero no es -probable que esta fórmula se emplease en los primeros dias de la época -á que nos referimos. Vemos, pues, cuanta era la sencillez del primitivo -culto cristiano, que no habian inventado ni Jesús ni los apóstoles, -toda vez que fueron adoptadas antes por ciertas sectas judías estas -graves y solemnes ceremonias que proceden al parecer de la Caldea, -donde se practican aun con liturgias especiales para los Sabianos ó -Mendaitas[319]. En la religion de Persia se encuentran tambien muchos -ritos del mismo género[320]. - -Las creencias en la medicina popular, que tanto prestigio dieron á -Jesús, se continuaban en sus discípulos: el don de curar era una de -las gracias maravillosas que concedia el Espíritu[321]. Los primeros -cristianos, así como casi todos los judíos de aquel tiempo, veian en -las enfermedades el castigo de una falta[322] ó la obra de un demonio -maligno,[323] y los apóstoles eran considerados del mismo modo que -Jesús, como poderosos exorcistas.[324] Creíase que las oleaciones que -hacian con la imposicion de las manos, invocando el nombre de Jesús, -redimian los pecados, causa de la enfermedad y curaban estas[325]; el -aceite ha sido siempre en Oriente el medicamento por excelencia[326], -pero de todos modos, creíase que solo la imposicion de las manos de -los apóstoles bastaba para producir los mismos efectos[327]. Esta -imposicion se hacia por el contacto inmediato, y no es imposible que -en ciertos casos, el calor de las manos, comunicándose vivamente á la -cabeza, proporcionase algun alivio al enfermo. - -Siendo jóven y poco numerosa la secta, no se entabló sino más adelante -la cuestion de los muertos. Los primeros fallecimientos que ocurrieron -entre los cofrades causaron un efecto extraño[328]. Preocupáronse de -la suerte de los difuntos; pues deseaban saber si aquellos serian más -favorecidos que los que sobrevivieran para ver por sus propios ojos -el advenimiento del Hijo del hombre. Llegóse por fin á considerar -generalmente el intervalo entre la muerte y la resurreccion como una -especie de vacío en la conciencia del difunto.[329] La idea presentada -en el _Phedon_, de que existe el alma, antes y despues de la muerte, -de que la muerte es un bien, y aun de que es el estado filosófico por -excelencia, pues entonces se encuentra el alma totalmente libre y -desprendida, esta idea, repito, no era opinion decididamente admitida -en los primeros cristianos; siendo lo más frecuente que considerasen -no podia existir el hombre sin cuerpo. Y este modo de ver subsistió -mucho tiempo sin que cambiara, hasta que la doctrina de la inmortalidad -del alma, en el sentido de la filosofía griega, fué acogida en la -Iglesia y se combinó bien ó mal con el dogma de la resurreccion y de -la renovacion universal. Empero en la época á que nos referimos ahora, -la creencia en la resurreccion reinaba casi exclusivamente[330]. El -rito de los funerales era segun las apariencias el rito judío. No se le -daba importancia alguna, y ninguna inscripcion indicaba el nombre del -difunto, considerando tal vez que habia de ser pronta la resurreccion y -que el cuerpo de aquel fiel cristiano habia de permanecer poco tiempo -en la roca donde le depositaron. Cuidáronse muy poco de avenirse en -cuanto á la cuestion de saber si la resurreccion seria universal, es -decir, si comprenderia á los buenos y á los malos, ó si se aplicaria -únicamente á los elegidos[331]. - -Uno de los fenómenos más notables de la nueva religion fué la -reaparicion del profetismo. Hacia ya mucho tiempo que casi no se -hablaba más de profetas en Israel; pero este género particular de -inspiracion pareció renacer en la pequeña secta. La Iglesia primitiva -tuvo muchos profetas, y tambien profetisas[332] análogos á los del -Antiguo Testamento. Aparecieron igualmente los salmistas; y el modelo -de los salmos cristianos lo encontramos seguramente en los cánticos -que Lucas se complace en esparcir por su Evangelio[333], y que están -basados sobre los cánticos del Antiguo Testamento. Estos salmos y estas -profecías carecen de originalidad en cuanto á su forma; pero están -animados y henchidos de un admirable espíritu de dulzura y de piedad; -vienen siendo un eco amortiguado de las últimas melodías que produjo la -sagrada lira de Israel; y no parece sino que fueron los salmos el cáliz -de la flor, donde la abeja cristiana hizo presa de su primer jugo. El -Pentateuco, era segun las apariencias, poco leido y poco meditado, -sustituyéndolo con alegorías, á estilo de los _midraschim_ judíos, en -que se suprimia todo el sentido histórico de los libros. - -El canto con que se acompañaban los himnos nuevos[334] era -probablemente esa especie de sollozo sin notas bien marcadas y -perceptibles, que continúa siendo el canto de los griegos, de los -maronitas y de los cristianos de Oriente en general[335]. No es -debido á modulaciones musicales, sino á un modo peculiar de forzar -la voz, emitiendo por la nariz una especie de gemido en que todas -las inflexiones se suceden con rapidez unas á otras. Ejecútase esta -singular melopea, en pié, con la vista fija, la frente arrugada, las -cejas fruncidas y con un esfuerzo aparente. Pronúnciase sobre todo -con voz temblorosa la palabra _amen_, la cual hacia gran papel en la -liturgia. Á imitacion de los judíos[336] usábanla los nuevos cristianos -para manifestar la adhesion de la muchedumbre á la palabra del profeta -ó del sochantre[337]. Acaso atribuíanse ya virtudes secretas á esta -palabra, y por eso la pronunciaban con cierto énfasis. Ignoramos si -este canto eclesiástico primitivo iba acompañado de instrumentos[338]. -Respecto al canto íntimo, el que los fieles «cantaban en el fondo de su -corazon[339],» y que no era más que la expansion y desahogo de aquellas -almas tiernas, fervorosas y contemplativas, es de presumir que lo -ejecutaban á media voz como las cantilenas de los lolardos de la edad -media[340]. Por lo general aquellos himnos eran la manifestacion de la -alegría que rebosaba en sus corazones. Una de las máximas de los sabios -de la secta era: «Si estás triste, ora; si estás alegre, canta[341].» - -Por lo demás, destinada simplemente á la edificacion de los fieles -congregados, aquella primera literatura cristiana no se escribia. -Componer ó escribir libros era una idea que á nadie se le ocurria, -pues que Jesús habia hablado y recordaban sus palabras. ¿No habia -prometido que la generacion de sus oyentes no pasaria antes que él -reapareciera?[342] - - - - -CAPÍTULO VI. - -Conversion de judíos helenistas y prosélitos. - - -[Marginal: Año 36] - -Hasta aquí, se ha presentado á nuestra vista la Iglesia de Jerusalem -como una pequeña colonia galilea. Los amigos que habia adquirido Jesús -en Jerusalem y en las cercanías, tales como Lázaro, Marta, María de -Betania, José de Arimatea y Nicodemo, habian desaparecido de la escena. -El grupo galileo, estrechado en derredor de los doce, fué el único que -subsistió compacto y activo. Más adelante, despues de la destruccion de -Jerusalem, y lejos de la Judea, imagináronse que los sermones de los -apóstoles eran escenas públicas que se representaban en las plazas y á -presencia del gentío que en ellas se reunia.[343] Semejante pensamiento -debiera relegarse entre las supuestas imágenes que tanto abundan en las -leyendas. Las autoridades que condenaron á muerte á Jesús, no hubieran -consentido que semejantes escándalos se renovasen. El proselitismo de -los fieles se comunicaba de uno á otro.[344] Sus predicaciones bajo el -pórtico de Salomon, habian de dirigirse á muy pocos oyentes; pero su -efecto, por lo mismo, no habia de ser sino más profundo. Consistian -principalmente sus discursos en citas del Antiguo Testamento con las -cuales creian probar que Jesús era el Mesías.[345] Su razonamiento era -sutil y débil; pero todos los comentarios de los Judíos de aquella -época eran por el mismo estilo, y las consecuencias que deducen de la -Biblia los doce de la _Mischna_, no son tampoco satisfactorias. - -Mucho más débil aún era la prueba invocada para sostener sus -argumentos, deducida de los pretendidos prodigios. Imposible fuera -dudar que los apóstoles hayan creido hacer milagros. Estos eran -considerados como la señal de toda mision divina,[346] y San Pablo, -cuyo entendimiento era ciertamente el más claro y adelantado de la -primitiva escuela cristiana, creyó obrar milagros.[347] Se consideraba -como indudable que Jesús los habia hecho, y era natural que se -continuase la série de las manifestaciones divinas. Efectivamente, -la taumaturgia aparece como un privilegio de los apóstoles hasta -el fin del siglo primero.[348] Los milagros de los apóstoles son -de igual índole que los de Jesús, y consisten sobre todo, aunque -no exclusivamente, en curas de enfermedades y en exorcismos de -poseidos.[349] Así es que se pretendia que bastaba la sombra para -operar curas maravillosas.[350] Reputábanse estos prodigios por dones -del Espíritu Santo, y eran justipreciados de igual valor que el don de -ciencia, de predicacion ó de profeta.[351] En el siglo III, la Iglesia -creia todavía poseer los mismos privilegios y ejercer como por una -especie de derecho permanente, el poder de curar las enfermedades, -echar fuera á los demonios y predecir el porvenir;[352] siendo todo -esto posible para los ignorantes. ¿No vemos en la actualidad personas -honradas y de probidad, pero que carecen de espíritu científico, -firmemente engañadas con las quiméricas ideas del magnetismo y por -otras ilusiones?[353] - -Empero no debemos valernos de esos errores candorosos, ni de los -mezquinos discursos que vemos en las _Actas_, para calificar los medios -de conversion de que pudieran disponer los fundadores del cristianismo. -La verdadera predicacion estribaba en las conversaciones de aquellos -hombres buenos y convencidos; consistia en el reflejo, todavía -sensible en sus discursos, de la palabra de Jesús, y sobre todo en su -piedad y dulzura. El atractivo de la vida en comun que llevaban tenia -tambien mucha influencia, siendo su casa como un hospicio en que todos -los pobres, todos los que se vieran abandonados, encontraban asilo y -auxilios. - -Uno de los primeros que se afiliaron en aquella sociedad naciente, fué -un chipriota llamado José Hallévi ó el Levita. Este vendió su campo -como los demás, y fué á postrarse á los piés de los Doce ofreciéndoles -el precio de la venta. Era un hombre inteligente, de un afecto á -toda prueba y que usaba fácilmente de la palabra; así que uniéronse -estrechamente con él los apóstoles, y le llamaron _Bar-naba_, es -decir «el hijo de la profecía» ó «de la predicacion;»[354] pues se le -contaba efectivamente en el número de los Profetas[355], es decir, de -los predicadores inspirados. Verémosle más tarde figurar en primera -línea, porque despues de San Pablo, fué el misionero más activo del -primer siglo. Un tal Mnason, su compatriota, se convirtió por aquel -mismo tiempo.[356] Los judíos ocupaban muchos barrios de Chipre,[357] -y Bernabé y Mnason eran sin duda judíos de raza.[358] Las relaciones -íntimas y prolongadas de Bernabé con la Iglesia de Jerusalem hacen -creer que el siro-caldeo le era familiar. - -Una conquista casi tan importante como la de Bernabé, fué la de cierto -Juan que llevaba el sobrenombre romano de _Marcus_. Era primo de -Bernabé, y circunciso[359]. Su madre, María, debia gozar de cierto -bienestar y comodidades: convirtióse del propio modo que su hijo, y su -morada fué más de una vez el sitio donde se reunian los apóstoles.[360] -Parece que estas dos conversiones fueron obra de Pedro.[361] En todo -caso, Pedro mantenia estrechas relaciones de amistad con la madre -y con el hijo, de tal modo, que en casa de ellos se consideraba -como en la suya propia[362]. Y aun admitiendo la hipótesis de que -Juan Márcos no fuera idéntico al autor verdadero ó supuesto del -segundo Evangelio,[363] el papel que desempeñó seria siempre de suma -importancia; pues le veremos más tarde acompañar en sus excursiones -apostólicas á Pablo, Bernabé, y probablemente al mismo Pedro. - -Propagóse así el primer fuego con gran rapidez. Los hombres más -célebres del siglo apostólico se sintieron casi todos arrastrados en -dos ó tres años por una especie de impulso simultáneo. Fué una segunda -generacion cristiana paralela á la que se habia formado, cinco ó seis -años antes, á orillas del lago de Tiberiade. Esta segunda generacion -no habia visto á Jesús y no podia igualar á la primera en autoridad; -pero habia de sobrepujarla por su actividad y por su aficion á las -misiones lejanas. Uno de los más conocidos entre los nuevos adeptos, -era Stephanus ó Estéban, que no fué, segun parece, más que un simple -prosélito, antes de su conversion[364]. Era un hombre ardiente y -apasionado; su fé, de las más vivas; y creíasele favorecido de todos -los dones del Espíritu Santo[365]. Felipe, quien como Stephanus, -fué diácono y evangelista celoso, se agregó á la comunidad hácia el -mismo tiempo[366], y confundiósele frecuentemente con su homónimo el -apóstol[367]. Por último, en aquella época, convirtiéronse Andrónico y -Junía[368], dos esposos, probablemente, que ofrecieron, como más tarde -Aquila y Priscila, el modelo de una pareja apostólica, consagrada á -todos los afanes y cuidados del misionero. Eran de la sangre de Israel, -y tuvieron estrechísimas relaciones con los apóstoles[369]. - -Los nuevos convertidos eran todos judíos por su religion, cuando les -tocó la gracia; pero pertenecian á dos clases de judíos muy distintas. -Eran los unos «hebreos»[370], es decir, judíos de Palestina, que -hablaban hebreo ó más bien arameo, y leian la Biblia en el texto -hebreo; los otros eran «helenistas», es decir, judíos que hablaban -griego y leian la Biblia en griego. Subdividíanse todavía estos -últimos en dos clases; los unos eran de sangre judía y los otros -eran prosélitos; es decir, gentes que no eran de orígen israelita, -pero afiliados al judaismo en distintos grados. Estos helenistas, -procedentes casi todos de Siria, del Asia Menor, de Egipto ó de -Cirene[371], habitaban en distintos barrios en Jerusalem. Tenian sus -sinagogas separadas y formaban aparte pequeñas comunidades. Contaba -Jerusalem gran número de estas sinagogas particulares[372]; y allí es -donde la palabra de Jesús encontró preparado el terreno para recibirla -y hacer que fructificara. - -Todo el núcleo primitivo de la Iglesia se componia de «hebreos»; el -dialecto arameo, que fué la lengua de Jesús, era el único que se usaba -entonces. Empero, se vé que desde el segundo ó el tercer año, despues -de la muerte de Jesús, invadió el griego aquella pequeña comunidad, -donde debia enseñorearse y predominar. Á consecuencia de sus relaciones -cotidianas con aquellos nuevos hermanos, Pedro, Juan, Jacobo, Judas, y -generalmente todos los discípulos galileos, aprendieron el griego tanto -más fácilmente, cuanto que probablemente ya sabian algo de aquella -lengua. Un incidente del que hablaremos muy en breve, acredita que -esa diversidad de idiomas introdujo en un principio cierta division -en la comunidad, y que no se entablaban muy fácilmente las relaciones -entre ambos bandos[373]. Consumada la ruina de Jerusalem, veremos á -los «hebreos» retirados más allá del Jordan, á la altura del lago de -Tiberiade, formando una Iglesia separada, que tuvo distinta suerte; -pero en el intervalo de estos dos hechos no parece que la diversidad de -lenguaje produjera consecuencia alguna en la Iglesia. Los Orientales -tienen gran facilidad para aprender las lenguas; así que, en las -ciudades cada uno habla habitualmente dos ó tres idiomas. Es por lo -tanto probable que aquellos de los apóstoles galileos que desempeñaron -algun papel importante, adquirieran la práctica del griego[374], y -aun llegaran á servirse de él con preferencia al siro-caldeo, cuando -aumentó mucho el número de los fieles que hablaban en griego. Fué -pues preciso renunciar al dialecto palestino, desde el dia en que se -proyectó una propaganda que habia de extenderse á lo lejos; y además, -como dialecto provincial, que apenas se usaba por escrito[375] y -que no se hablaba fuera de la Siria, era tambien poco á propósito -para semejante empresa. El griego, por lo contrario, fué impuesto en -cierto modo al cristianismo. Era la lengua universal de la época, la -que se hablaba al menos en todas las poblaciones situadas en la parte -oriental del Mediterráneo. Era, con especialidad, la lengua de los -judíos dispersos por todo el imperio romano; pues entonces, como ahora, -los judíos adoptaban muy fácilmente los idiomas de los países que -habitaban. No se picaban de purismo, y por eso aparece tan defectuoso -el griego del cristianismo primitivo. Los judíos, aun aquellos más -instruidos, pronunciaban mal la lengua clásica[376]. Calcaban su frase -sobre el siriaco, y nunca se deshicieron de los dialectos groseros que -les llevó la conquista alcanzada por los macedonios.[377] - -Las conversiones al cristianismo tardaron poco en ser más numerosas -entre los «helenistas» que entre los «hebreos». Los viejos judíos de -Jerusalem sentian poco atractivo hácia una secta de provinciales, -medianamente versados en la única ciencia que un fariseo apreciara, la -ciencia de la Ley[378]. La posicion de la pequeña Iglesia respecto al -judaismo, era algo equívoca, cual lo fué la del mismo Jesús. Empero, -todo partido religioso ó político lleva en sí mismo una fuerza que le -domina y le obliga, á pesar suyo, á recorrer su órbita. Los primeros -cristianos, cualquiera que fuese su aparente respeto al judaismo, -no eran realmente judíos sino por su nacimiento ó por sus hábitos -exteriores; el verdadero espíritu de la secta traia otro orígen. El -Talmud era el que germinaba en el judaismo oficial, y el cristianismo -no tenia afinidad alguna con la escuela talmúdica. Hé ahí por qué -encontraba favorable acogida el cristianismo en las partes menos judías -del judaismo. Los ortodoxos rígidos adheríanse poco á él; los recien -llegados, gentes apenas catequizadas, que no habian cursado en las -grandes escuelas, exentos de la rutina y que no estaban iniciados en -la lengua santa, eran los que prestaban atento oido á los apóstoles -y á sus discípulos. Medianamente considerados por la aristocracia de -Jerusalem, estos advenedizos del judaismo tomaban así una especie de -desquite, y siempre son las partes más jóvenes, y nuevamente adquiridas -en una comunidad, las que menos se cuidan de la tradicion y más se -inclinan á las novedades. - -En estas clases, poco sujetas á los Doctores de la Ley, la credulidad -era tambien, segun parece, más candorosa y más completa y firme. Lo que -choca en el judío talmudista, no es la credulidad. El judío crédulo y -afecto á lo maravilloso, que conocieron los satíricos latinos, no era -el judío de Jerusalem, sino el judío helenista, muy religioso, á la par -que poco instruido y por consiguiente muy supersticioso. Ni el saduceo -medio incrédulo, ni el fariseo rigorista, se conmovian sensiblemente -con la teurgia, que tan grande boga alcanzaba en el círculo apostólico; -pero que el _Judæus Apella_, del cual se sonreia Horacio[379], estaba -allí para creer. Por otra parte, las cuestiones sociales interesaban -particularmente á los que no sacaban provecho alguno de las riquezas -que el templo y las instituciones centrales de la nacion atraian -con afluencia á Jerusalem, y por eso sucedió que, combinándose con -necesidades análogas á la que actualmente se llama «Socialismo», la -nueva secta echó los sólidos cimientos en que habia de asentar el -edificio de su porvenir. - - - - -CAPÍTULO VII. - -La Iglesia considerada como una asociacion de pobres. -- Institucion -del diaconato. -- Las diaconesas y las viudas. - - -[Marginal: Año 36] - -La historia comparada de las religiones, nos revela una verdad general; -todas las que han tenido un principio y que no son contemporáneas del -lenguaje mismo, se han establecido más bien por razones sociales que -teológicas. Así sucedió seguramente con el budismo; pues, la suerte -prodigiosa de esta religion, no fué debida á la filosofía nihilista -en que se basaba, sino á su parte social. Proclamando la abolicion -de las castas, y estableciendo segun su expresion «una ley de gracia -para todos», es como Çakya-Mouni y sus discípulos arrastraron en pos -de ellos, á la India primero, y luego á la mayor parte del Asia[380]. -Del propio modo que el cristianismo, fué el budismo un movimiento -de pobres. El grande atractivo que les hizo adherirse á él, fué la -facilidad que se ofreciera á las clases desheredadas de rehabilitarse, -profesando un culto que les enaltecia y les presentaba infinitos -recursos de asistencia y de compasion. - -En el primer siglo de nuestra era, abundaban muchísimo los pobres en -Judea, careciendo aquella comarca, por su naturaleza, de los recursos -que proporciona el bienestar. En aquel país sin industria, casi todas -las fortunas debian su orígen á instituciones religiosas ricamente -dotadas, ó á los favores del gobierno. Las riquezas del templo eran -desde luengos años herencia exclusiva de un corto número de nobles. -Los Asmoneos habian constituido en derredor de su dinastía un grupo -de familias ricas; así como los Herodes aumentaron muchísimo el lujo -y el bienestar en determinada clase de la sociedad; pero el verdadero -judío teócrata, al volver la espalda á la civilizacion romana, hízose -cada vez más pobre. Formóse entonces una clase numerosa de hombres -santos, piadosos, fanáticos, y rígidos observadores de la Ley, pero -totalmente miserables en su exterioridad, y en aquella clase fué donde -se reclutaron las sectas y los partidos fanáticos tan considerables -en aquella época. El delirio universal era conseguir el predominio -del judío proletario que habia permanecido fiel, y la humillacion del -rico, considerado como un tránsfuga, como un traidor que habia pasado -á la vida profana y á la civilizacion en la exterioridad. Jamás hubo -ódio alguno que igualara al de los pobres de Dios, en contra de las -espléndidas construcciones con que el país empezaba á cubrirse, no -menos que contra las obras de los Romanos[381]. Precisados, para no -perecer de hambre, á trabajar en aquellos edificios que les parecian -monumentos de orgullo y de lujo prohibido, creíanse víctimas de ricos -malvados, corrompidos é infieles á la Ley. - -Concíbese con cuanto apresuramiento seria acogida una asociacion -de socorros mútuos, en semejante estado social. La pequeña Iglesia -debió parecerles un paraiso; así fué que aquella familia de hermanos, -sencillos y unidos, de todas partes se atrajo afiliados. En cambio -de lo que llevaban á la comunidad; aseguraban su porvenir, una -confraternidad dulcísima y lisonjeras esperanzas. Era costumbre general -que convirtieran sus bienes de fortuna en dinero antes de entrar en la -secta[382], consistiendo comunmente esos bienes en pequeñas haciendas -rurales poco productivas y cuya explotacion era incómoda. Las gentes -solteras no encontraban sino ventajas en cambiar aquellos terrones por -una colocacion de su valor en una sociedad de seguros, con pérdida del -capital, pero con la esperanza de alcanzar el reino de los cielos. -Algunos matrimonios solicitaron igualmente su participacion en este -órden de cosas; pero tomáronse precauciones para que los asociados -llevasen real y verdaderamente todo su haber á la comunidad, y no -guardasen nada para sí, fuera del fondo comun[383]. Efectivamente, -como cada cual no recibia en razon de la apuesta que habia hecho, sino -proporcionalmente á sus necesidades[384], toda reserva de propiedad -hubiera sido en realidad un robo hecho á la comunidad. En esto se -vé la sorprendente semejanza de los tales ensayos de organizacion -del proletariado con ciertas utopias que surgieron en una época no -muy distante de nosotros. Empero nótase una profunda diferencia, que -consiste en que el comunismo cristiano estribaba en una base religiosa, -mientras que el socialismo moderno carece de ella. Claro está que una -asociacion en que el dividendo se hace en razon de las necesidades de -cada uno, y no en proporcion del capital abonado al fondo comun, no -puede apoyarse sino en un sentimiento exaltadísimo de abnegacion, en -una ardiente fé y en un ideal religioso. - -Con semejante constitucion social, las dificultades administrativas -habian de ser numerosísimas, cualquiera que fuese el grado de -fraternidad que reinara en la asociacion. Entre las dos fracciones -de la comunidad, cuyo idioma era distinto, los malentendidos eran -inevitables. Difícil era que los judíos de raza no se mostrasen algo -desdeñosos con aquellos de sus correligionarios, que eran menos -nobles. Efectivamente no tardaron en oirse quejas y murmuraciones; -lamentábanse los «helenistas,» cuyo número iba aumentando diariamente, -de que sus viudas fuesen menos bien tratadas en las distribuciones -que las de los «hebreos»[385]. Hasta entonces habian cuidado -los apóstoles de la administracion de caudales; pero en vista de -semejantes reclamaciones, conocieron les era preciso delegar esta -parte de sus poderes. Propusieron por lo tanto á la comunidad, que -confiase el cuidado de la administracion á siete hombres entendidos -y considerados; y habiendo sido aceptada la proposicion, procedióse -á elegirlos. Los siete nombrados para aquel cargo fueron Stephano ó -Estéban, Felipe, Prócoro, Nicanor, Timon, Pármenas y Nicolás. Este -último era natural de Antioquía y simple prosélito, y Estéban era tal -vez de igual condicion[386]. Parece que procediendo inversamente de la -práctica observada en la eleccion del apóstol Matías, se impusieron -la obligacion de elegir los siete administradores, no ya en el grupo -de los discípulos primitivos, sino entre los nuevos convertidos y -especialmente entre los helenistas; así es que todos ellos tienen -nombres puramente griegos. Estéban era el más importante de los siete, -y en cierto modo su jefe. Los presentaron á los apóstoles, quienes, -segun mérito consagrado ya, oraron sobre sus cabezas, posando sus manos -en ellas. - -Dióse á los administradores así designados el nombre sirio de -_Schammaschin_, en griego Διάκονοι. Llamábanlos á veces «los Siete» -para oponerlos á los «Doce»[387]. Tal fué pues el orígen del diaconato, -que viene siendo el empleo eclesiástico más antiguo en las sagradas -órdenes. Todas las iglesias que con el tiempo se organizaron, -tuvieron sus diáconos, á imitacion de la de Jerusalem. La fecundidad -de esta institucion fué maravillosa: representaba la asistencia del -pobre elevada al nivel de un servicio religioso; era la proclamacion -de esta verdad, que las cuestiones sociales son las primeras de -que hay que preocuparse; viniendo á ser tambien la fundacion de la -economía política en cosas religiosas. Los diáconos fueron los mejores -predicadores del cristianismo, y pronto veremos cuál fué su oficio como -evangelistas; siendo mucho más importante todavía el que les cupo como -organizadores, ecónomos y administradores. Aquellos hombres prácticos, -que se hallaban en perpétuo contacto con los pobres, los enfermos y -las mujeres, penetraban en todas partes, todo lo veian, y exhortaban y -convertian con la mayor eficacia[388]. Hicieron más que los apóstoles, -inmóviles en Jerusalem, en su puesto de honor. Ellos fueron los -verdaderos creadores del cristianismo en su parte más sólida y duradera. - -Admitióse desde luego á las mujeres en este empleo[389]; llevando -como en la actualidad el nombre de «hermanas»[390]. Al principio lo -desempeñaban las viudas[391]; pero dióse más adelante la preferencia á -las vírgenes para este oficio[392]. El tacto que guió en todo esto á la -primitiva Iglesia fué admirable. Aquellos hombres buenos y sencillos -asentaron con profunda ciencia, porque emanaba del corazon, las bases -de la gran cosa cristiana por excelencia; la caridad. En ninguna parte -hubieron de encontrar el modelo de estas instituciones, y sin embargo, -de aquellos dos ó tres primeros años de afanes y trabajo, surgió una -santa creacion, un vasto ministerio de beneficencia y de socorros -mútuos, en el que empleando los dos sexos sus diversas cualidades, -concertaban sus esfuerzos para aliviar las miserias humanas. Aquellos -fueron los años más fecundos en la historia del cristianismo. Concíbese -que el pensamiento todavía palpitante de Jesús inspirara á sus -discípulos y los dirigiera en todos sus actos con maravillosa lucidez. -Obrando en justicia, es efectivamente á Jesús á quien debemos tributar -el honor de cuanto bueno y grande hicieron los apóstoles, siendo muy -probable que durante su vida asentara las bases de los establecimientos -que surgieron y se desarrollaron con tan feliz éxito, poco tiempo -despues de su muerte. - -Las mujeres acudian naturalmente presurosas á una comunidad en que el -débil se encontraba amparado con tantas garantías, pues la posicion -que venian ocupando en la sociedad de aquella época era harto humilde -y precaria[393]; la viuda, sobre todo, á pesar de algunas leyes -protectoras, veíase frecuentemente entregada á la miseria y poco -respetada. Muchos doctores pretendian que no habia de darse á la mujer -ninguna educacion religiosa[394]. El Talmud pone al mismo nivel, entre -las calamidades públicas, á la viuda habladora y curiosa que pasa su -vida chismeando y murmurando con la vecindad, así como á la vírgen -que malgasta su tiempo en oraciones[395]. La nueva religion creó para -aquellas pobres desheredadas un asilo honroso y seguro[396]. Algunas -mujeres ocupaban un rango muy elevado en la Iglesia, sirviendo su -casa de punto de reunion[397]. En cuanto á las que no tenian casa, -las constituyeron en una especie de órden, ó de cuerpo presbiteral -femenino[398], que comprendia tambien, probablemente, á las vírgenes, -y cuyo oficio fué de la mayor importancia en la organizacion de la -limosna. Las instituciones que se consideran como el fruto tardío del -cristianismo, como son las congregaciones de mujeres, ciertas beatas -(_beguines_), y las hermanas de la caridad, fueron una de sus primeras -creaciones, el principio de su fuerza y la más perfecta expresion de -su espíritu. Observaremos aquí particularmente que es completamente -cristiana la admirable idea de consagrar con una especie de carácter -religioso, y de sujetar á una disciplina regular á las mujeres que no -están sujetas por los lazos del matrimonio. La palabra «viuda» vino á -ser sinónima de persona religiosa, entregada á Dios, y por consiguiente -«Diaconesa»[399]. En aquellos países donde la esposa de veinticuatro -años está ya ajada, donde no hay casi intermedio entre la niña y -la vieja, era como una nueva vida que se creaba para la mitad de la -especie humana más capaz de afecto. - -El tiempo de los Seleúcidas habia sido una época terrible de desenfreno -femenino. Jamás se habian visto tantos dramas domésticos, tantas -envenenadoras y adúlteras. Los sabios de entonces debieron considerar -á la mujer como un azote de la humanidad, como un principio de bajeza -y de vergüenza, como un genio malévolo cuyo oficio era únicamente -combatir todas las nobles aspiraciones del otro sexo[400]. Empero el -cristianismo lo cambió todo; pues en la edad que para nosotros es -todavía la juventud, y que en la vida de la mujer de Oriente es tan -triste, tan fatalmente entregada á las sugestiones del mal, sin más que -rodear su cabeza con un chal negro[401], podia la viuda convertirse -en una persona respetable, dignamente ocupada, una diaconesa, que -igualaba á los hombres más estimados. El cristianismo elevó, é hizo -santa[402] la posicion tan espinosa de la viuda sin hijos, pues esta -vino á ser casi igual á la de la vírgen. Fué la _calogría_ ó «bella -anciana»[403], venerada, útil, tratada como madre. Esa clase de mujeres -que iban y venian incesantemente[404], eran admirables misioneras para -el nuevo culto, y los protestantes se equivocan, queriendo apreciar -estos hechos con nuestro espíritu moderno de individualidad. Cuando se -trata de historia cristiana, ha de reconocerse que el socialismo y el -cenobitismo fueron primitivos. - -El obispo y el sacerdote, tales como el tiempo los ha hecho, no -existian todavía; pero, el ministerio pastoral, esa íntima familiaridad -de las almas, independiente de los lazos de la sangre, estaba ya -fundado. Ese ha sido siempre el don especial de Jesús, y como una -herencia legada por él. Jesús repitió frecuentemente que él era para -cada uno más que su padre, más que su madre, y que era preciso para -seguirle, separarse de los séres más queridos. Por encima de la familia -colocaba el cristianismo una cosa, creaba la fraternidad y el consorcio -espirituales. El matrimonio antiguo, que entregaba la esposa al esposo, -sin contrapeso alguno, era una verdadera esclavitud. La libertad de -la mujer data del dia en que la Iglesia le dió un confidente, un guia -en Jesús, quien la dirige y la consuela, quien la escucha siempre y -á veces la invita á la resistencia. La mujer necesita ser gobernada, -y no es dichosa sino cuando está gobernada; pero, es preciso que -ame á quien la gobierna. Hé aquí lo que las sociedades antiguas, el -judaismo, y el islamismo, nunca han podido conseguir. La mujer no ha -tenido hasta ahora una conciencia religiosa, una individualidad moral, -una opinion suya propia, sino profesando el cristianismo. Gracias á -los obispos y á la vida monástica, una Radegunda sabrá encontrar los -medios de sustraerse de los brazos de un esposo bárbaro. Siendo lo más -importante la vida del alma, es justo y racional que el sacerdote que -sabe hacer vibrar las cuerdas divinas, el consejero secreto que tiene -la llave de las conciencias, sea más que el padre, más que el esposo. - -En cierto modo, el cristianismo fué una reaccion contra la constitucion -demasiado mezquina de la familia en la raza ariana. No solamente las -viejas sociedades arianas no admitian casi más que al hombre casado, -sino que comprendian el matrimonio en el sentido más estricto. Era -una cosa análoga á la familia inglesa, un círculo estrecho, cerrado, -sofocante, un egoismo entre varios, que desecaba tanto el alma, -como el egoismo de uno solo. El cristianismo, con su divina nocion -de la libertad del reino de Dios, corrigió esas exageraciones, y en -primer lugar se guardó bien de hacer pesar sobre todos los deberes -de la generalidad de los hombres. Comprendió que la familia no es -el marco absoluto de la vida, ó por lo menos el marco en que han de -encerrarse todos, que el deber de reproducir la especie humana, no -habrá de imponerse á todos, que ha de haber personas exentas de esos -deberes, bien que sean sagrados, pero no convenientes para todos. -La excepcion que hizo la sociedad griega en favor de las _héteras_, -á la manera de Aspasia; que la sociedad italiana admitió para la -_cortigiana_, á la manera de Imperia, para satisfacer las necesidades -de la sociedad culta; hízola el cristianismo para el sacerdote, la -religiosa y la diaconesa, proponiéndose el bien general, admitiendo -diversos estados en la sociedad; pues hay almas que encuentran más -dulzura y satisfaccion en amarse entre quinientos, que entre cinco -ó seis, y para las cuales la familia, en sus condiciones ordinarias, -seria insuficiente, fria y fastidiosa. ¿Por qué pues aplicar á todos -las exigencias de nuestras empañadas y medianas sociedades? La familia -temporal no satisface completamente al hombre; necesita hermanos y -hermanas fuera de los lazos carnales. - -Con su gerarquía de los diferentes empleos sociales[405], la Iglesia -primitiva pareció conciliar por el pronto estas exigencias opuestas. -Nunca podremos comprender cuán felices fueron los que se sujetaron á -aquellas reglas santas, que sostenian la libertad sin restringirla, -haciendo posibles á la vez las dulzuras de la vida en comunidad y las -de la vida privada. Era lo contrario de la mezcolanza de nuestras -sociedades artificiales y destituidas de amor, en las que el alma -sensible se encuentra á veces tan cruelmente aislada. La atmósfera -era cálida y suave en aquellos pequeños asilos que se llamaban -iglesias. Vivíase en comunidad, animados de la misma fé y de las mismas -esperanzas; pero claro es tambien que semejantes condiciones no eran -aplicables á una gran sociedad. Cuando países enteros se hicieron -cristianos, convirtióse la regla de las primeras iglesias en una -utopia, refugiándose en los monasterios. La vida monástica no es en -este sentido sino la continuacion de las iglesias primitivas[406]. -El convento es la consecuencia necesaria del espíritu cristiano, y no -hay cristianismo perfecto sin convento, puesto que solo allí puede -realizarse el ideal evangélico. - -Habrá de concederse seguramente una gran participacion al judaismo -en estas magnas creaciones; pues cada una de las comunidades judías, -dispersas en las costas del Mediterráneo, era ya una especie de Iglesia -con su caja de socorros mútuos. La limosna recomendada siempre por -los hombres caritativos y virtuosos y por los sabios,[407] se habia -convertido en precepto y se levantaba un templo en las sinagogas[408] -y era considerada como el primer deber del prosélito[409]. En todos -tiempos el judaismo se distinguió por el cuidado de sus pobres y por el -sentimiento de caridad fraternal que inspira. - -Es una suprema injusticia oponer el cristianismo al judaismo, puesto -que todo lo que está dentro del cristianismo primitivo ha sido como -complemento del judaismo. Examinando el mundo romano, es cuando se -notan los milagros de caridad y de asociacion libre operados por la -Iglesia. Jamás sociedad humana que solo haya reconocido por base la -razon, ha producido efectos tan admirables. La ley filosófica de toda -sociedad profana, en lo antiguo, ha sido la libertad y perfecta -igualdad, pero jamás la fraternidad. La caridad, bajo el aspecto del -derecho, nada tiene obligatorio; no mira á los individuos, encuentra -en ellos ciertos inconvenientes y se deshace de los mismos. Toda -tentativa para aplicar los fondos públicos al bienestar de los -proletarios, parece el comunismo. Cuando un hombre muere de hambre, -cuando clases enteras languidecen en la miseria, la política declara -que es inevitable; que no puede existir estado civil ni político -sin la libertad y que consecuencia de la libertad es que aquel que -nada tiene y que nada puede ganar, muera de hambre: esto es lógico -y nadie puede atentar contra los abusos de la lógica. Los deseos de -las clases numerosas acaban siempre por sofocarlos, y demuestran que -las aspiraciones sociales y religiosas tienen tambien derecho á una -legítima satisfaccion, ya que las instituciones puramente políticas y -civiles no son suficientes. - -La gloria del pueblo judío, es haber proclamado este principio con -toda energía, saliendo de la postracion en que se hallaban los Estados -antiguos. La ley judía es social y no política; los profetas, los -autores del Apocalipsis son promovedores de las revoluciones sociales, -no motores de revoluciones políticas. En la primera mitad del primer -siglo, colocados en presencia de la civilizacion profana, veremos que -los judíos no tienen más que una idea, esto es, la de rehusar los -beneficios del derecho romano, de este derecho filosófico, ateo, igual -para todos y proclamado por la excelencia de su ley teocrática, que -forma una sociedad religiosa y moral. La ley constituye la felicidad; -hé aquí la idea de todos los pensadores judíos tales como Philon y -Josefo. Las leyes de los otros pueblos procuran que se cumpla la -justicia; poco les importa que los hombres sean buenos y felices: la -ley judía desciende á los últimos detalles de la educacion moral. El -cristianismo no es más que el desarrollo de esta misma idea. Cada -iglesia es un monasterio y todos tienen derecho sobre todos, no -pudiendo haber pobres ni malos ya que todos velan los unos por los -otros. El cristianismo primitivo puede definirse diciendo que es una -grande asociacion de pobres, un esfuerzo heróico contra el egoismo -fundado sobre la idea de que cada uno solo tiene derecho sobre lo que -necesita y que lo supérfluo pertenece á los que no tienen. Se vé sin -dificultad, que entre semejante espíritu y el espíritu romano, se -establecerá una lucha á muerte y que el cristianismo, por su lado, no -llegará á reinar, á dominar el mundo más que á condicion de modificar -profundamente sus tendencias naturales y su programa original. Sin -embargo, los deseos que representa durarán eternamente. La vida comun, -desde la segunda mitad de la edad media, ha servido para los abusos -de una Iglesia intolerante, y habiéndose transformado con frecuencia -el monasterio en un castillo feudal donde existia la guardia de una -milicia perjudicial y fanática, el espíritu moderno se ha demostrado -demasiado severo al aspecto del cenobitismo. Nosotros hemos olvidado -que en la vida comun es donde encuentra el alma humana el más grato -placer. Aquel cántico que dice «¡oh qué bueno y agradable es á los -hermanos vivir juntos!»[410] ha dejado de ser el nuestro; mas cuando -el individualismo moderno haya dado sus últimos frutos, cuando la -humanidad entristecida y pisoteada sea impotente, renacerán las grandes -instituciones y las estrechas disciplinas; cuando nuestra mezquina -sociedad, digo mal, nuestro mundo de pigmeos haya sido dispersado á -latigazos por los individuos heróicos é idealistas de la humanidad, -entonces recobrará todo su valor la vida comun. Una multitud de grandes -cosas, tales como la ciencia, se reorganizarán bajo la forma monástica, -recobrada en una herencia de sangre: la importancia que nuestro siglo -atribuye á la familia disminuirá; el egoismo, ley esencial de la -sociedad civil, no ahogará á las grandes almas: todas desde puntos -opuestos se unirán contra la vulgaridad: se encontrará el verdadero -sentido á las palabras de Jesús y á las ideas de la edad media acerca -de la pobreza; se comprenderá, en fin, que poseer cualquier cosa, ha -podido considerarse como una inferioridad, ya que los fundadores de la -vida mística, han disputado varios siglos para saber si Jesús poseia, -al menos, «las cosas que se consumen por el uso». Estas sutilezas -franciscanas volverán á ser grandes problemas sociales. La espléndida -idea trazada por el autor de las _Actas_, será inscrita, como una -revelacion profética, á la entrada del paraiso de la humanidad: «¡La -multitud de los fieles solo poseia un corazon y un alma y ninguno de -ellos miraba lo que poseia como propiedad suya ya que de ello gozaban -todos en comun. No habia pobres entre ellos; los que tenian campos y -casas las vendian y llevaban el precio á los piés de los apóstoles -y despues se distribuian segun las necesidades de cada uno, y cada -dia comian el pan en medio de la mayor tranquilidad y sencillez de -corazon[411]!» - -No adelantemos el tiempo: hemos llegado, poco más ó menos, al año 36. -Tiberio en Capri no apercibia al enemigo del imperio. En dos ó tres -años la nueva secta habia hecho sorprendentes progresos. Contaba ya -muchos miles de fieles[412]. Era fácil preveer que sus conquistas -se efectuarian sobre todo entre los helenistas y prosélitos. El -grupo galileo que habia oido al Maestro, guardando su primacia, era -incomprensible y podia fácilmente preveerse que la victoria pertenecia -á los últimos. Á la hora en que estamos, ningun pagano, es decir, -ningun hombre sin lazo anterior con el judaismo, habia entrado en -la Iglesia, pero desempeñaban en ella papeles importantes varios -prosélitos[413]. El círculo de los discípulos se habia tambien alargado -y no era ya un simple colegio de Palestinos, sino que habia varios -hijos de Chipre, Antioquía y Cirene[414] y en general de casi todos -los puntos de las costas orientales del Mediterráneo, donde se habian -establecido colonias judías. El Egipto solo faltaba á esta primitiva -Iglesia, y es probable le falte mucho tiempo. Los judíos de este país -estaban en lucha con la Judea. Vivian de su vida propia, superior bajo -todos conceptos á la de Palestina, y les afectaba débilmente el impulso -de los movimientos religiosos de Jerusalem. - - - - -CAPÍTULO VIII. - -Primera persecucion. -- Muerte de Estéban. -- Destruccion de la primera -Iglesia de Jerusalem. - - -[Marginal: Año 36] - -Era inevitable que las predicaciones de la nueva secta, aunque se -verificaran con toda reserva, despertasen los ódios que se habia -conquistado su fundador, y acabaron por amenazarle con la muerte. -Reinaba todavía la familia de Hanan que habia hecho matar á Jesús. -José Kaiapha ocupó, hasta el 36, el soberano pontificado, cuyo -poder efectivo abandonó á su abuelo Hanan y á sus parientes Juan -y Alejandro[415]. Estos hombres altivos y sin piedad, veian con -impaciencia un cuerpo de personas buenas y santas ganar, sin título -oficial, el favor de la multitud[416]. Una ó dos veces, Pedro, Juan y -los principales miembros del colegio apostólico, fueron puestos en la -cárcel y condenados á ser azotados. Este era el castigo que se imponia -á los herejes[417], para el cual no era necesaria autorizacion de -los romanos. Estas brutalidades no hacian más que excitar el ardor -de los apóstoles, saliendo de aquellos lugares llenos de gloria por -haber sido juzgados y sufrido una afrenta por aquel al cual amaban y -defendian[418]. ¡Eterna puerilidad de las represiones penales aplicadas -á las cosas del alma! Eran tenidos por hombres de órden, sabios y -prudentes, y sin embargo, los alborotadores del 36, creyeron acabar á -latigazos con el cristianismo. - -Estas violencias provenian principalmente de los saduceos[419], es -decir, del alto clero, que rodeaba el templo y sacaba de ello inmensos -beneficios[420]. Los fariseos no desplegaron tanta animosidad contra la -secta como la habian desplegado contra Jesús. Los nuevos creyentes eran -gentes piadosas, rígidas, de un género de vida análogo al de los mismos -fariseos. - -La rabia que estos últimos sintieron contra el fundador, provenia de -la superioridad de Jesús, superioridad que éste no tenia cuidado de -disimular. Sus finas atenciones, su espíritu, su talento, su aversion -contra los falsos devotos, habian alimentado ódios crueles. Por el -contrario, los apóstoles estaban limpios de corazon y jamás emplearon -la ironía. Los fariseos les fueron favorables por momentos, y hubo -muchos que hasta se hicieron cristianos[421]. Los terribles anatemas de -Jesús contra el fariseismo no estaban escritos todavía, y la tradicion -de las palabras del Maestro no era ni general ni uniforme[422]. - -Estos primeros cristianos eran entonces tan inofensivos que muchas -personas de la aristocracia judía, sin formar precisamente parte de -la secta, estaban bien dispuestos en su favor. Nicodemo y José de -Arimatea, que habian conocido á Jesús, permanecieron unidos á la -iglesia con lazos fraternales. El doctor judío más célebre de aquel -tiempo, Rabino Gamaliel el Viejo, nieto de Hillel, hombre de ideas -avanzadas y tolerantes, dícese que en el sanhedrin opinó en favor de la -libertad de los predicadores evangélicos[423]. El mismo autor de las -_Actas_, presenta un raciocinio que deberia ser la regla de conducta -de todos los gobiernos, siempre que se encuentran en presencia de -novedades en el órden intelectual ó moral. «Si esta obra es frívola, -dejadla, que ya caerá por sí sola; si es seria ¿cómo os atreveis -á oponeros á la obra de Dios? En todo caso no podreis detenerla». -Gamaliel no fué escuchado. Los espíritus libres colocados en medio de -fanatismos opuestos son siempre rechazados. - -[Marginal: Año 37] - -El diácono Estéban[424] con su predicacion, que obtuvo inmenso -éxito, dió lugar á un hecho terrible. La multitud se agrupaba á su -alrededor y sus contrarios entablaban vivas discusiones. Sobre todo -los helenistas y los prosélitos acostumbrados á la sinagoga llamada -de los _Libertini_[425], gentes de Alejandría, Cilicia y Éfeso, se -animaban con estas disputas. Estéban sostenia con pasion que Jesús era -el Mesías, que los sacerdotes habian cometido un crímen condenándole á -muerte, que los judíos eran rebeldes, hijos de rebeldes y personas que -negaban la evidencia. Las autoridades resolvieron perder á este audaz -predicador: fueron apostados testigos para coger en su discurso alguna -palabra contra Moisés y naturalmente encontraron lo que buscaban. -Estéban fué arrestado y se le llevó á presencia del sanhedrin. La -palabra de que se le acusó era casi la misma que condenó á Jesús[426]. -Se le acusó de decir que Jesús de Nazaret destruiria el templo y -cambiaria las tradiciones que se atribuian á Moisés. Es efectivamente -posible que Estéban usara semejante lenguaje, por más que un cristiano -de esta época no hubiese tenido idea de hablar directamente contra la -ley, ya que todos la observan todavía; pero en cuanto á las tradiciones -podia muy bien combatirlas, como lo habia hecho el mismo Jesús, ya que -estas tradiciones se referian con entusiasmo á Moisés por los ortodoxos -y se las atribuia igual valor que á la ley escrita[427]. - -Estéban se defendió exponiendo la tésis cristiana con gran lujo de -citas de la Ley y salmos de los profetas, y terminó echando en cara -á los miembros del Sanhedrin el homicidio de Jesús. «Cabezas duras, -corazones insensibles, les dijo, ¿resistireis todavía el Espíritu -Santo, como lo hicieron vuestros padres? ¿Á cuál de los profetas no han -perseguido vuestros antecesores? Han castigado á los que anunciaron la -venida del Justo, que vosotros habeis librado y del cual habeis sido -despues los verdugos. ¡Esta ley que vosotros habeis recibido de la boca -de los ángeles,[428] y no la habeis guardado!...» Al oir estas palabras -interrumpiéronle con un grito de rabia, y Estéban exaltándose más, -entró en uno de esos accesos de entusiasmo que llamaban la inspiracion -del Espíritu Santo. Sus ojos se fijaron en el cielo; vió la gloria de -Dios y á Jesús al lado de su Padre y exclamó: «¡Yo veo el cielo abierto -y al Hijo del hombre á la derecha de Dios!» Todos los asistentes -taparon sus oidos y se lanzaron sobre él rechinando los dientes: -atáronle, condujéronle lejos de la poblacion y empezó el martirio. Los -testigos que segun la ley[429] debian arrojarle las primeras piedras, -arrancáronle los vestidos y los pusieron á los piés de un jóven -fanático llamado Saulo ó Pablo, el cual consideró con una especie de -secreta alegría los méritos que adquiria contribuyendo á la muerte de -un blasfemador[430]. - -En todo esto se observaron las prescripciones del Deuteronomio, c. -XIII; pero mirado bajo el aspecto civil, esta tumultuoria ejecucion -llevada á cabo sin el concurso de los romanos, no era regular[431]. -Para Jesús, hemos visto que era necesaria la aprobacion del -procurador. Tal vez tambien se obtuvo esta rectificacion para Estéban -y la sentencia no tuvo lugar tan pronto como dice el autor de las -_Actas_, ó quizás la autoridad romana se habia relajado en Judea. -Pilatos habia sido ó iba á ser suspendido en sus funciones. La causa -de su desgracia fué casualmente la firmeza que habia mostrado en su -administracion[432]. El fanatismo judío le habia hecho insoportable la -vida: tal vez habia rehusado á esos frenéticos las violencias que le -pedian, y la familia de Hanan habia llegado á no tener necesidad de -permiso para pronunciar sentencias de muerte. Lucio Vitelio, el padre -de aquel que fué emperador, era entonces legado imperial de Siria. -Procuraba ganar la gracia de las poblaciones, é hizo devolver á los -judíos los vestidos pontificales que desde Herodes el Grande, estaban -guardados en la torre Antonia[433]. Lejos de apoyar á Pilatos en sus -actos de rigor, atendió á las quejas de los indígenas y mandó á Pilatos -á Roma para contestar á las acusaciones de sus administrados (principio -del año 36.) La queja principal era que el procurador no se prestaba -de buena gana á sus deseos de intolerancia[434]. Vitelio le reemplazó -provisionalmente con su amigo Marcelo, que tuvo sin duda más cuidado -de no descontentar á los judíos y por consiguiente no se opuso á -concederles muertes religiosas. La muerte de Tiberio (16 marzo del año -37) comunicó nuevo valor á Vitelio para proseguir esta política. Los -dos primeros años del reinado de Calígula solo sirvieron para disminuir -el poder de la autoridad romana en Siria. La política de este príncipe, -antes de perder su razon, fué devolver á los pueblos de Oriente su -autonomía y sus jefes indígenas. Por esto estableció los reinados de -Antíoco, Comagena, Herodes Agrippa, de Soheym, de Cotys, y de Polemon -II, permitiendo que se engrandeciese el de Hareth[435]. Cuando Pilatos -llegó á Roma, acababa de empezar el nuevo reinado. Es probable que -Calígula le dejara burlado, puesto que confió el gobierno de Jerusalem -á un nuevo funcionario llamado Marulo, el cual parece que no excitó -por parte de los judíos las violentas recriminaciones que pusieron en -apuros al pobre Pilatos y le colmaron de disgustos[436]. - -En todo caso, lo que importa hacer notar, en la época en que estamos, -es que los perseguidores del cristianismo, no eran los romanos, -sino los judíos ortodoxos. Los romanos, en medio de su fanatismo, -conservaban un principio de tolerancia y de razon. Si se puede censurar -algo á la autoridad imperial, es haber sido demasiado débil y no haber -limitado las consecuencias civiles de una ley sanguinaria, ordenando -la pena de muerte por delitos religiosos. Sin embargo, la dominacion -romana no era todavía un poder completo como lo fué más tarde; era solo -una especie de protectorado ó de soberanía. Llevóse la condescendencia -de no poner el busto del emperador en las monedas acuñadas bajo el -poder de los procuradores á fin de no chocar con las ideas judías[437]. -Roma, al menos en Oriente, no intentaba todavía imponer sus leyes, sus -dioses y sus costumbres, á los pueblos vencidos, sino que les dejaba -con sus prácticas locales prescindiendo del derecho romano. Su media -independencia probaba su inferioridad. El poder imperial de Oriente en -aquella época, se asemejaba bastante á la autoridad turca; y el estado -de las poblaciones indígenas al de los _raias_. La idea de los derechos -y garantías iguales para todos, no existia. Cada grupo provincial tenia -su jurisdiccion como la tienen hoy las diversas iglesias cristianas -y los judíos en el imperio otomano. Hace pocos años que en Turquía -los patriarcas de diversas comunidades de _raias_, por poco que se -entendieran con la Puerta, eran soberanos delante de sus subordinados y -podian pronunciar contra ellos las más crueles penas. - -Habiendo ocurrido la muerte de Estéban por los años 36, 37 ó 38, -no sabemos si Kaiapha debe ser el responsable de la misma. Kaiapha -fué depuesto por Lucio Vitelio el año 36, poco tiempo despues de -Pilatos,[438] pero el cambio fué poco considerable. Tuvo por sucesor -á su buen hermano Jonatán, hijo de Hanan. Este á su vez tuvo por -sucesor á su hermano Teófilo, hijo de Hanan[439], el cual continuó el -pontificado en la casa de Hanan hasta el año 42. Hanan vivia todavía -y dueño del poder, mantenia contra los innovadores los principios de -orgullo, de dureza y de ódio que eran bajo cierto aspecto hereditarios -en la familia. - -La muerte de Estéban produjo una grande impresion. Los prosélitos le -hicieron funerales acompañados de llanto y gemidos[440]. La separacion -entre los nuevos sectarios y el judaismo, no era todavía absoluta. Los -prosélitos y los helenistas, menos severos en cuanto á la ortodoxia -que los judíos puros, creyeron su deber rendir público testimonio á un -hombre que honraba su corporacion y que sus particulares creencias no -habian colocado lejos de la ley. - -De esta manera se abrió la era de los mártires del cristianismo. El -mártir no era una cosa enteramente nueva. Sin hablar de Juan Bautista y -de Jesús, el judaismo en la época de Antíoco Epifano, tuvo sus testigos -fieles hasta la muerte; pero la série de animosas víctimas, que -empiezan en San Estéban, ha ejercido una influencia particular sobre la -historia del espíritu humano: ha introducido en el mundo occidental un -elemento que le faltaba, la fé exclusiva y absoluta: la idea de que hay -una sola religion buena y verdadera. Bajo este supuesto los mártires -empezaron la era de la intolerancia. Puede afirmarse que aquel que da -la vida por su fé, seria intolerante si fuera jefe. El cristianismo que -habia atravesado trescientos años de persecuciones, fué dominador á su -vez y fué más perseguidor que no lo habia sido religion alguna. Cuando -se ha derramado la sangre por una causa, se vé uno inclinado á hacer -derramar la de los otros para conservar el tesoro que se ha conquistado. - -La muerte de Estéban no fué un hecho aislado, sino que aprovechándose -los judíos de la debilidad de los funcionarios romanos, hicieron -pesar sobre la Iglesia una verdadera persecucion[441]. Parece que las -vejaciones se dirigieron principalmente sobre los helenistas y los -prosélitos cuyos libres actos exasperaban á los ortodoxos. La Iglesia -de Jerusalem, fuertemente organizada, tuvo necesidad de dispersarse. -Los apóstoles segun un principio que parece grabaron profundamente -en su espíritu[442] no abandonaron la poblacion, y lo mismo haria el -grupo puramente judío, es decir, el que llamaban los _hebreos_[443], -pero la gran comunidad, con sus comidas en compañía, sus servicios -de diáconos y sus ejercicios variados, cesó desde entonces y no se -volvió á formar bajo su primer modelo. Habia durado tres ó cuatro -años y fué una fortuna sin igual para el cristianismo naciente que -sus primeros ensayos de asociacion esencialmente comunista fracasaran -tan pronto. Los ensayos de este género, engendran tan extraños abusos -que los establecimientos comunistas están condenados á hundirse en -poco tiempo[444] si no quieren desconocer pronto el principio que -los ha creado[445]. Gracias á la persecucion del año 37, la Iglesia -cenobítica de Jerusalem no tuvo que sufrir tan ruda prueba, pues murió -en flor antes de que la hubiesen minado los contratiempos interiores, -convirtiéndose en un espléndido sueño cuyo recuerdo animó la vida -de todos aquellos que formaron parte de ella, en un ideal al que -aspirará volver el cristianismo sin conseguirlo jamás[446]. Aquellos -que comprenden el inapreciable tesoro que es todavía para los miembros -existentes de la Iglesia Sansimoniana, el recuerdo de Ménilmontant, qué -amistad ha criado entre ellos, qué alegría brilla en sus ojos cuando -hablan del mismo, comprenderán cuán poderoso fué el lazo que se creó -entre los nuevos hermanos por haber amado y sufrido juntos. Las grandes -vidas han tenido casi siempre por principio algunos meses durante los -cuales se ha sentido á Dios y cuyo perfume ha bastado para llenar años -enteros de fuerza y de suavidad. - -El primer papel en la persecucion de que acabamos de hablar pertenece -al jóven Saul, que hemos encontrado ya tomando parte, tanto como -podia, en la muerte de Estéban. Este furioso, provisto de un permiso -de los sacerdotes, entraba en las casas donde se sospechaba que habia -cristianos, se apoderaba violentamente de las mujeres y de los hombres -y les reducia á prision presentándolos al tribunal[447]. Saul se -vanagloriaba de que ninguno de su generacion habia sido tan celoso como -él de las tradiciones[448]. Es verdad que con frecuencia la dulzura -y la resignacion de sus víctimas le espantaban y sentia terribles -remordimientos, imaginándose oir á las mujeres piadosas que esperaban -el reino de Dios, repetirle durante la noche con voz dulce: «¿Por qué -nos persigues?» La sangre de Estéban que habia casi caido sobre él, -empañaba su vista: varias cosas que habia oido decir de Jesús herian -directamente su corazon. Este sér humano que al parecer abandonaba la -region eterna algunas veces para presentársele en cortas apariciones, -le espantaba como un espectro. Sin embargo, Saul rechazaba con horror -tales pensamientos y se afirmaba con una especie de frenesí en la fé -de sus tradiciones y soñaba nuevas crueldades contra aquellos que la -atacaban. Su nombre era el terror de los fieles; temíanse por su parte -las más duras violencias, las perfidias más repugnantes[449]. - - - - -CAPÍTULO IX. - -Primeras misiones. -- El diácono Felipe. - - -[Marginal: Año 38] - -Como sucede siempre, la persecucion del año 37 dió por resultado que se -propagara la doctrina que se queria suprimir. Hasta aquí la predicacion -cristiana no se habia oido lejos de Jerusalem; no se habia emprendido -mision alguna; encerrado en su comunismo más estrecho, la Iglesia madre -no habia esparcido sus rayos ni formado sucursales. La dispersion del -buen cenáculo lanzó á los cuatro vientos la santa semilla. Los miembros -de la Iglesia de Jerusalem, arrojados de su casa, se extendieron por -todas las partes de la Judea y de Samaria[450] y predicaron el reinado -de Dios. Los diáconos particularmente, libres de sus ocupaciones -administrativas á causa de la ruina de la comunidad, se convirtieron en -excelentes evangelistas. Fueron el elemento activo y jóven de la secta -contra el elemento un poco rudo constituido por los apóstoles y los -_hebreos_. Una sola circunstancia, la del lenguaje, era suficiente para -que se considerasen estos últimos como inferiores con respecto á la -predicacion. Como lengua habitual, hablaban un dialecto que ni siquiera -los judíos distantes á algunas leguas de Jerusalem podian entenderlo. -Por eso fué á los helenistas á los que se debió el éxito de la gran -conquista cuyo relato va á ser objeto de este capítulo. - -El teatro de estas primeras misiones, que pronto debian abrazar todas -las costas del Mediterráneo, fué la vecina region de Jerusalem en -un espacio que podia recorrerse en dos ó tres jornadas. El diácono -Felipe[451] fué el héroe de esta primera y santa expedicion. Evangelizó -con grande éxito la Samaria, aunque los samaritanos eran cismáticos, -pero á imitacion de su jóven maestro, la nueva secta era menos -rigorista que los judíos con respecto á la ortodoxia. Jesús, decian que -se habia mostrado distintas veces favorable á los samaritanos[452]. - -Parece que Felipe era uno de los hombres apostólicos que más se -ocupaban de la teurgia[453]. Las relaciones que tenemos sobre esto, -nos trasportan á un mundo extraño y fantástico, pues se explicó -mediante prodigios las conversiones que hizo entre los samaritanos y -particularmente en Sebastia, su capital. Este país estaba lleno de -supersticiones sobre la mágia. El año 36, es decir dos ó tres años -antes de la llegada de los predicadores cristianos, un fanático habia -causado á los samaritanos una profunda emocion predicando la necesidad -de profesar el primitivo mosaismo del cual pretendia haber encontrado -los sagrados atributos[454]. Cierto Simon, de la poblacion de Gitta, -ó Gitton[455] que adquirió más tarde una gran reputacion, empezó por -entonces á hacerse conocer por sus prestigios[456]. Es sensible ver que -el Evangelio encuentre un apoyo en tales quimeras. Una inmensa multitud -se hizo bautizar en nombre de Jesús, Felipe tenia el poder de bautizar -pero no de conferir el Espíritu Santo: este privilegio se reserva para -los apóstoles. Cuando en Jerusalem se supo la formacion de un grupo -de fieles en Sebastia, se resolvió mandar allí á Pedro y Juan para -completar su iniciacion. Llegaron los dos apóstoles; impusieron sus -manos á los nuevos conversos: oraron sobre su cabeza y á esto fueron -debidos sus poderes animados por el Santo Espíritu. Los milagros, -la profecía, todos los fenómenos del iluminismo se produjeron y la -Iglesia de Sebastia no tuvo bajo este aspecto nada que envidiar á la de -Jerusalem[457]. - -Si ha de creerse en la tradicion, encontrábase entonces en relacion -con los cristianos Simon de Gitta. Convertido, á lo que parece, por -la predicacion y los milagros de Felipe, se hizo bautizar y se unió á -este evangelista. Despues, cuando los apóstoles Pedro y Juan llegaron -y vió los poderes sobrenaturales que procuraba la imposicion de sus -manos, les ofreció dinero para que le dieran tambien la facultad de -conferir el Espíritu Santo. Pedro le dirigió entonces esta admirable -contestacion: «¡Perezca tu dinero contigo ya que has creido que se -compran los dones de Dios! Tú no tienes parte ni herencia en todo esto, -pues tu corazon no es puro delante de Dios[458].» - -Que fueran ó no pronunciadas, estas palabras trazan exactamente la -situacion de Simon ante la secta naciente. Veremos efectivamente -que, segun todas las apariencias, Simon de Gitton fué el jefe de un -movimiento religioso paralelo al del cristianismo que puede mirarse -como una especie de adulteracion samaritana de la obra de Jesús. -¿Habia ya Simon empezado á dogmatizar y á hacer prodigios cuando Felipe -entró en Sebastia? ¿Entró desde luego en relacion con la Iglesia -cristiana? La anécdota que le ha convertido en padre de toda _simonia_ -¿tiene alguna realidad? ¿Puede admitirse que el mundo estuvo un dia -frente á frente de los dos taumaturgos, de los cuales era el uno un -charlatan y el otro la _piedra_ que ha servido de base á la fé de la -humanidad? ¿Habrá podido un embaucador balancear los destinos del -cristianismo? Hé ahí lo que ignoramos por falta de documentos, ya que -la reseña de las _Actas_ es aquí demasiado débil, ya que Simon fué -desde los primeros siglos de la Iglesia el héroe de las leyendas. En -la historia solo es pura la idea general y seria injusto detenerse -en lo que tiene de chocante esta triste página de los orígenes del -cristianismo. Para los auditorios ignorantes el milagro prueba la -doctrina; para nosotros la doctrina hace olvidar el milagro. Cuando una -creencia ha consolado y mejorado la humanidad, es excusable que haya -empleado pruebas proporcionadas á la debilidad del público al cual se -ha dirigido, pero cuando se ha probado el error por el error mismo, -¿qué excusa puede oponerse? Esto no es una condena que profiramos -contra Simon de Gitton, nos explicaremos más tarde sobre su doctrina y -el papel que se desempeñó bajo el reinado de Claudio[459]. Solamente -conviene hacer constar aquí que un principio importante parece haberse -introducido desde entonces en la teurgia cristiana. Obligados á admitir -que los impostores hicieran tantos milagros, la teología ortodoxa -los atribuyó al demonio. Para conservar á los prodigios algun valor -demostrativo, fué necesario dictar reglas para discernir los milagros -verdaderos de los falsos: para esto se descendió á un órden de materias -muy trivial[460]. - -Pedro y Juan despues de haber confirmado la Iglesia de Sebastia, -regresaron á Jerusalem, evangelizando las poblaciones del país de -los samaritanos[461]. El diácono Felipe, continuó sus excursiones -evangélicas dirigiéndose por el Sur, hácia el antiguo país de los -Filisteos[462]. Este país despues del advenimiento de los Macabeos, se -vió fuertemente oprimido por los judíos[463]; debe por esto tenerse -en cuenta que dominaba allí el judaismo. Durante su viaje, Felipe -realizó una conversion que hizo algun ruido y de la cual se habló -mucho á causa de una circunstancia particular. Un dia que se dirigia -hácia Jerusalem, viniendo de Gaza, cuyo camino es muy desierto[464], -encontró á un rico viajero, evidentemente extranjero, pues iba en una -especie de carro vehículo desconocido entonces en la Syria y Palestina. -Regresaba de Jerusalem y segun costumbre entonces bastante general[465] -leia la Biblia en alta voz. Felipe que en todo queria descubrir la -inspiracion de Dios creyóse atraido hácia el desconocido; le saludó -y entró en conversacion con el opulento personaje ofreciéndose á -explicarle los pasajes que no comprendia. Esta fué para el evangelista -una oportuna ocasion para desarrollar la tésis cristiana bajo las -figuras del Antiguo Testamento. Probó que en los libros proféticos todo -se referia á Jesús, que Jesús era la palabra enigmática, y que era de -él particularmente de quien se hablaba en aquel bello pasaje: «Ha sido -conducido á la muerte como una res; como un manso cordero delante de -aquel que le guia sin abrir la boca[466].» Creyóle el viajero y á la -primera agua que encontraron le dijo: «Hé aquí el agua, ¿podré ya ser -bautizado?» Hizo detener el carro; bajaron Felipe y el viajero y éste -fué bautizado. - -El viajero era un personaje poderoso; era un eunuco de la reina de -Etiopía; era su ministro de hacienda, guardian de sus tesoros, que -habiendo ido á adorar á Jerusalem, volvia entonces á Napata[467] por -el camino de Egipto. _Candace_ ó _candaoce_ era el título que se -daba á las reinas de Etiopía hácia el tiempo de que hablamos[468]. -El judaismo habia ya entonces penetrado en Nubia y en Abisinia;[469] -muchos indígenas se habian convertido ó á lo menos contaban entre -sus prosélitos á algunos que sin ser circuncidados adoraban al Dios -único[470]. Tal vez el eunuco era de esta última clase, un simple -pagano piadoso como el centurion Cornelio que figurará bien pronto en -esta historia. Es imposible en todo caso suponer que estuviese iniciado -en el judaismo de una manera completa[471]. Hasta entonces no se habia -oido hablar del eunuco; pero Felipe contó el incidente y más tarde se -le dió importancia. Cuando á la admision de los paganos en la Iglesia -cristiana llegó á ser una cuestion capital, consideróse el incidente -referido como un precedente grave. Felipe creia haber obrado en todo -por inspiracion divina[472]. Este bautismo suministrado por órden del -Espíritu Santo á un hombre apenas judío, notoriamente incircunciso, que -solo creia en el cristianismo hacia pocas horas, tuvo un alto valor -dogmático. Esto fué un argumento para los que creian que las puertas de -la nueva Iglesia debian estar abiertas para todos[473]. - -Felipe despues de esta aventura volvióse á Aschdod ó Azote. Era tal -el nuevo estado de entusiasmo en que vivian los misioneros que á cada -paso creian oir la voz del cielo, recibir direcciones del Espíritu -Santo[474]. Cada uno de ellos creia obrar por una voluntad superior -y al ir de una poblacion á otra, pensaban obedecer á una inspiracion -sobrenatural. Varias veces creian hacer viajes aéreos y Felipe era con -respecto á este particular uno de los más exaltados. Por indicacion -de un ángel creia haber venido de Samaria y haber pasado por el sitio -donde encontró al eunuco; despues del bautismo de éste, se imaginaba -que el Espíritu Santo, le habia trasladado en un momento á Azote[475]. - -Azote y el camino de Gaza fueron el término de la primera predicacion -evangélica hacia el Sur. Al otro lado estaban el desierto y la vida -nómada en la cual no adelantó mucho el cristianismo. Desde Azote, el -diácono Felipe se volvió hácia el Norte y evangelizó toda la costa -hasta Cesarea. Tal vez las iglesias de Joppe y de Lydda, que veremos -pronto florecientes[476] fueron tambien fundadas por él. Fijóse en -Cesarea y fundó una iglesia importante[477]. Nosotros le volveremos á -encontrar veinte años más tarde[478]. Cesarea era una ciudad nueva, la -más considerable de Judea[479], que se habia construido en el sitio que -antes ocupara una fortaleza sidoniana llamada «torre de Abdastarté, -ó de Straton,» por Herodes el Grande, el cual la dió, en honor de -Augusto, el nombre que aún llevan hoy sus ruinas. Cesarea era por todos -conceptos el mejor puerto de Palestina, y por sus rápidos adelantos -comprendíase que deseaba convertirse en capital, y no es extraño, por -lo tanto, que las personas notables de Judea pensaran en fijar allí -su residencia habitual[480]. Era sobre todo un pueblo pagano[481]; -sin embargo, abundaban en él los judíos, entablándose con frecuencia -crueles rivalidades entre las dos clases de la poblacion[482]. -Hablábase únicamente la lengua griega, y hasta los judíos recitaban -en griego varios trozos de la liturgia[483]. Los austeros rabinos de -Jerusalem pintaban á Cesarea como una morada profana, perjudicial, -donde el individuo se volvia casi pagano[484]. Por todas las razones -que se acaban de exponer, dicha poblacion representará un papel -importante en el transcurso de nuestra historia. Ella fué, bajo cierto -aspecto, el puerto del cristianismo, el punto desde el cual la Iglesia -de Jerusalem se comunicó con todo el Mediterráneo. - -Otras muchas misiones, cuya historia nos es desconocida, se hicieron -paralelamente á la de Felipe[485]. La misma rapidez con que se llevó á -cabo esta primera predicacion, fué la causa de su éxito. En el año 38, -cinco años despues de la muerte de Jesús y uno poco más ó menos de la -de Estéban, toda la Palestina, al otro lado del Jordan, habia escuchado -la buena nueva de boca de los misioneros salidos de Jerusalem. La -Galilea por su parte guardaba la santa semilla y probablemente la -extendia á su alrededor, aunque nada se sepa de las misiones salidas -de aquel país. Tal vez la poblacion de Damasco, que en la época á que -nos referimos contenia varios cristianos[486], recibia la fé de los -predicadores galileos. - - - - -CAPÍTULO X. - -Conversion de San Pablo. - - -[Marginal: Año 38] - -El año 38 valió á la Iglesia naciente una conquista notable. Fué en -efecto en el transcurso de este año[487] cuando debió tener lugar, -poco más ó menos, la conversion de aquel Saulo que hemos encontrado -como cómplice de la lapidacion de Estéban, agente principal de la -persecucion del año 37, y que acababa de transformarse, por un -misterioso efecto de la gracia, en el más ardiente de los discípulos de -Jesús. - -Saulo, nació en Tarso, en Cilicia[488] el año 10 ó 12 de nuestra -era[489]. Segun la moda del tiempo se habia latinizado su nombre con el -de _Paulo_[490] y no llevó este nombre de una manera continua, hasta -que hubo tomado el calificativo de apóstol de los gentiles[491]. Pablo -era de la más pura sangre judía[492]. Oriunda su familia, tal vez de la -poblacion de Giscala, en Galilea[493], pretendia pertenecer á la tribu -de Benjamin[494]. Su padre poseia el título de ciudadano romano[495]. -Sin duda alguno de sus antecesores habia comprado este título, ó -lo habia adquirido con sus servicios. Puede suponerse que lo habia -obtenido su abuelo por haber ayudado á Pompeyo cuando la conquista -romana (63 años antes de J.-C.); su familia, como todas las buenas y -antiguas casas judías, pertenecia al partido de los fariseos[496]. -Pablo fué educado en los principios más severos de esta secta[497] y -si repudió más tarde sus rígidos dogmas, guardó su ardiente fé y su -entusiasta exaltacion. - -Tarso era en la época de Augusto, una poblacion muy floreciente. Los -habitantes pertenecian en su gran parte á la raza griega y armenia, -pero los judíos abundaban mucho como en todas las poblaciones -mercantiles.[498] Era muy extendida la aficion á las ciencias y á -las letras y ninguna poblacion del mundo, sin exceptuar Atenas y -Alejandría, poseia tantas escuelas é institutos científicos[499]. El -número de los sabios que produjo ó que hicieron sus estudios en Tarso, -es verdaderamente notable[500]. De esto no debe deducirse que Pablo -recibiera una educacion helénica señalada. Los judíos frecuentaban -raras veces los establecimientos de instruccion profana[501]. Las -escuelas más célebres de Tarso eran las escuelas de retórica[502]. Lo -primero que se aprendia en ellas era el griego clásico, y no es creible -que un hombre que hubiese aprendido aunque fuese elementalmente la -gramática y retórica de una lengua tan elegante, hubiese escrito tan -incorrectamente como lo hizo bajo el aspecto helénico las epístolas -de San Pablo. Él habla habitualmente y con facilidad en griego[503]; -él escribe, ó mejor dicho, dicta[504] en esta lengua, pero su griego -es el de los judíos helenistas; un griego cargado de hebraismos y de -siriacismos que apenas debe ser inteligible para un literato de la -época y que no se comprende más que haciéndose cargo de la construccion -siriaca que Pablo, al dictar, formaba en su espíritu. Él mismo reconoce -el carácter popular y grosero de su lengua[505]. Cuando podia hablaba -el hebreo, es decir, el siro-caldeo de aquel tiempo[506]. En esta -lengua pensaba; en esta lengua le habló la voz íntima del camino de -Damasco[507]. - -Su doctrina no tiene ninguna relacion directa, ni copia nada de la -filosofía griega. La cita de un verso de _Thais_ de Menandro que se -encuentra en sus escritos[508], es uno de los proverbios monósticos -que sabia todo el mundo y que podian citarse muy bien sin haber leido -los originales. Otras dos citas, una de Epiménides y otra de Arato, -que figuran bajo su nombre[509] aunque seguramente no son suyas, se -explican tambien como copiadas de segunda mano[510]. La cultura de -Pablo es casi exclusivamente judía[511]; es más bien en el Talmud, que -en la Grecia clásica donde deben buscarse sus análogos. Algunas ideas -generales que la filosofía habia extendido por todas partes, y que -podian conocerse sin haber abierto un solo libro de los filósofos[512], -las hace tambien suyas. Su manera de raciocinar es de las más extrañas. -Ciertamente ignora por completo la lógica peripatética. Su silogismo no -es como el de Aristóteles, y por el contrario, su dialéctica tiene la -mayor semejanza con la del Talmud. En general, se deja Pablo conducir -más bien por las palabras, que por las ideas. Una palabra que tenga -en su espíritu le domina y le lleva á un órden de ideas distintas -del punto principal. Sus transiciones son bruscas; sus demostraciones -interrumpidas; sus períodos con frecuencia cortados. Ningun escritor -ha sido más desigual. Inútilmente se buscaria en todas las literaturas -un fenómeno tan notable como el capítulo 13 de la primera epístola á -los Corintios, página sublime, al lado de débiles argumentos de penosas -reticencias, de fastidiosas sutilezas. - -Su padre le destinó desde muy jóven á ser rabino, pero segun la -costumbre general[513], dióle una profesion. Pablo fué tapicero[514], -ó si se quiere trabajador en aquellas telas ordinarias de Cilicia -que se llamaban _cilicium_. En distintas épocas dedicóse á este -trabajo[515], pues carecia de fortuna patrimonial y tuvo una hermana, -cuyo hijos vivieron en Jerusalem[516]. Los indicios que se tienen de un -hermano[517] y de otros parientes[518] que abrazaron el cristianismo, -son muy vagos y muy inciertos. - -Si hemos de creer que los buenos modales y la finura están en relacion -con la fortuna de cada uno, debemos figurarnos á Pablo como un -hombre del pueblo mal educado y sin distincion. No obstante, esta -apreciacion no es exacta, porque era extremada su finura y sus manos -delicadas cuando él queria. Á pesar de su incorreccion de estilo, sus -epístolas revelan un hombre de grande imaginacion,[519] encontrándose -en sus elevados pensamientos expresiones muy felices. Jamás -correspondencia alguna, ha revelado atenciones más rebuscadas, maneras -más finas, reconvenciones más amables. Una ó dos de sus fórmulas -nos desagradan[520], pero ¡qué facilidad! ¡qué riqueza de frases -deliciosas! ¡qué naturalidad! Se comprende bien que su carácter en los -momentos en que la pasion no le volvia irascible y duro, debia ser el -de un hombre fino, emprendedor, afectuoso, perfectamente susceptible y -un poco celoso. Inferiores ante el público[521], estos hombres tienen, -en el seno de las pequeñas iglesias, inmensas ventajas por el respeto -que inspiran por su aptitud y su práctica y por su hábil manera de -salir de las más grandes dificultades. - -El aspecto de Pablo era repugnante y su semblante no correspondia á -la grandeza de su alma. Era feo, de baja estatura y medio jorobado. -Sus fuertes hombros sostenian una cabeza pequeña y calva; su semblante -ostentaba una barba poblada y espesa; tenia la nariz aguileña; los ojos -penetrantes y eran negras las cejas que delineaban su frente[522]. Su -palabra no ofrecia nada de particular ni imponia[523]: una especie -de temor, de embarazo, de incorreccion, daba frecuentemente una pobre -idea de su elocuencia[524]. Como hombre de tacto, insistia él mismo -sobre sus defectos exteriores, sacando de ellos ventajas[525]. La raza -judía tiene de notable que presenta tipos de la más grande belleza y de -una fealdad completa; pero la fealdad judía es una cosa completamente -especial. Unas facciones extrañas, que con frecuencia excitan la -sonrisa, y toman, cuando se iluminan, una especie de resplandor -profundo y de majestad. - -El temperamento de Pablo, no era menos singular que su exterior. Su -contextura vigorosa y fuerte, se hallaba alterada por una vida llena -de fatigas y de sufrimientos. Sin cesar alude él mismo á su debilidad -corporal y se presenta como un hombre demacrado, enfermo, tímido, sin -esperanza, sin prestigio, sin nada de lo que hace efecto, si bien tiene -el mérito de no hacer aprecio de estas miserias[526]. Á veces habla con -misterio de una prueba secreta, «de una espina clavada en su carne,» -que compara á un ángel de Satán, ocupado en molestarle y al cual Dios -ha permitido que se le uniera para que no se enorgulleciese[527]. Tres -veces ha pedido al Señor que le librara de esta pena; tres veces el -Señor le ha contestado: «Mi gracia te basta.» Esta era sin duda una -debilidad suya, pues el atractivo de las voluptuosidades carnales no -pareció agitarle nunca puesto que él mismo nos enseña á ser insensible -á las mismas[528]. Parece que no se casó[529]; la frialdad de su -temperamento, consecuencia de los ardores espirituales de su cerebro, -se muestra durante toda su vida; se envanece de ello con tanta -seguridad que es probable no esté exenta de cierta afectacion y que en -todo caso tiene para nosotros algo repugnante[530]. - -Fué muy jóven á Jerusalem[531] y dícese que entró en la escuela -de Gamaliel el Viejo[532]. Gamaliel era el hombre más ilustre de -Jerusalem. Como el nombre de fariseo se aplicaba á todo judío notable -que no era de familia sacerdotal, Gamaliel pasaba por un miembro de -esta secta, pero no era exclusivista ni pobre de espíritu como aquella. -Era un hombre liberal, ilustre, que comprendia á los paganos y sabia -el griego[533]. Tal vez las grandes ideas que profesó San Pablo al -convertirse, fueron una reminiscencia de lo que le enseñó su primer -maestro; es necesario, sin embargo, confesar que no fué la moderacion -lo que del mismo aprendió. En la atmósfera cálida de Jerusalem llegó á -un grado extremo de fanatismo. Figuraba á la cabeza del jóven partido -fariseo, rigorista y exaltado que estaba unido á su pasado nacional -hasta el último extremo[534]. Él no conoció á Jesús[535] ni asistió á -la escena sangrienta del Gólgota, pero le hemos visto tomando una parte -activa en la muerte de Estéban y figurar en primera línea entre los -perseguidores de la Iglesia. Solo respiraba muerte y amenazas y corrió -á Jerusalem escudado de una órden que autorizaba todos sus excesos. Iba -de sinagoga en sinagoga, forzando á los tímidos para que renegaran del -nombre de Jesús, y haciendo apalear ó encerrar á los otros[536]. Cuando -la Iglesia de Jerusalem se dispersó, las poblaciones vecinas fueron -víctimas de su rabia[537], desesperándole los progresos de la nueva fé, -hasta que habiendo sabido que un grupo de fieles se habia constituido -en Damasco, pidió al gran sacerdote Teófilo, hijo de Hanan[538], cartas -para la sinagoga de esta poblacion, que le confiriesen el poder de -prender á las personas creyentes y de llevarlas atadas á Jerusalem[539]. - -El desórden de la autoridad romana en Judea, despues de la muerte de -Tiberio, explica estas arbitrarias vejaciones que tenian lugar bajo el -mando del insensato Calígula. La administracion estaba desarreglada -en todas partes, y el fanatismo habia ganado lo que habia perdido el -poder civil. Despues del mando de Pilatos, y las concesiones hechas á -los indígenas por Lucio Vitelio, se adoptó el principio de dejar al -país abandonado á sus leyes especiales, y entonces se ejercieron mil -tiranías locales aprovechando la debilidad de un poder insuficiente. -Por aquella época Damasco habia pasado al poder del rey Hartat ó Hareth -cuya capital era Petra[540]. - -Este príncipe poderoso y valiente, despues de haber derrotado á -Herodes Antipas y puéstose al frente de las fuerzas romanas mandadas -por el legado imperial Lucio Vitelio, se habia visto maravillosamente -favorecido por la fortuna. La noticia de la muerte de Tiberio (16 marzo -37) habia detenido repentinamente á Vitelio[541]. Hareth, aprovechando -esta oportunidad se apoderó de Damasco, estableciendo en esta poblacion -un _etnarca_ ó gobernador.[542] Cuando tuvo lugar esta conquista, la -mayor parte de los habitantes de dicha ciudad eran judíos que ejercian -el proselitismo y muy particularmente las mujeres[543]. El modo de -contentarles, el medio de ganarles, era hacer siempre concesiones á -su autonomía; y toda concesion á su autonomía era un permiso para -entregarse á violencias religiosas[544]. Castigar y matar á los que no -pensaban como ellos: hé aquí lo que llamaban independencia y libertad. - -Pablo salió de Jerusalem, siguiendo sin duda el camino ordinario y -pasó el Jordan por el puente llamado de las _Hijas de Jacob_. No -tenia límites la exaltacion de su cerebro y por momentos parecia -estar loco y desvanecido. La pasion no puede ser una regla de fé: -el hombre apasionado va de una creencia á otra distinta llevando á -ella únicamente el mismo fuego. Como todas las almas fuertes, Pablo -estaba muy cerca de amar lo que odiaba. Por otra parte, ¿estaba -seguro de no contrariar la obra de Dios? Las ideas mesuradas y justas -de su maestro Gamaliel[545], le venian sin duda á la memoria y es -de advertir que almas ardientes como la de Pablo sienten á veces -terribles remordimientos. Debia tener presentes las lágrimas de los -que torturaba;[546] el cariño de sus buenos sectarios, quienes le -amaban tanto más á medida que iban conociéndole; y sin embargo, nadie -les conocia tanto á ellos como su perseguidor. Por momentos creia -ver la figura de su Maestro, que tanta paciencia inspiraba á sus -discípulos, mirarle con aire de piedad y reconvenirle dulcemente. Lo -que se explicaba de las apariciones de Jesús, concebido como un sér -aéreo y perfectamente visible, le afectaba mucho, pues en las épocas -y en los países en que se cree lo maravilloso, las narraciones de -milagros imponen igualmente á los de partidos opuestos, teniendo por -ejemplo, miedo los musulmanes de los milagros de Elías y pidiendo como -los cristianos curaciones sobrenaturales á San Jorge y á San Antonio. -Pablo, despues de haber atravesado la Iturea, entró en la llanura de -Damasco, aproximóse á la poblacion y estaba ya probablemente á la -entrada de los jardines que la rodean. Era medio dia[547] y viajaba -á pié en union de varios compañeros[548]. - -El camino de Jerusalem á Damasco no ha cambiado todavía: es el que -partiendo de esta última ciudad en la direccion del Sud-oeste, -atraviesa la hermosa llanura regada á la vez por los rios afluyentes -del Abana y de Farfar y sobre la cual se extienden hoy las poblaciones -de Dareya, Kaukab y Sasa. No puede buscarse el punto de que hablamos, -y que fué teatro de uno de los hechos más importantes de la historia -de la humanidad, sino cerca de Kaukab á cuatro horas de Damasco[549]. -Tambien es probable que el punto en cuestion fuera más cercano á la -poblacion y en este caso se estaria en lo cierto colocándolo cerca de -Dareya, hora y media de Damasco, ó entre Dareya y el último confin de -Meidan[550]. Pablo tenia delante de sí la poblacion cuyos edificios -debian ya divisarse por entre los árboles; detrás la majestuosa -altura del Hermon con sus nevadas crestas que le asemejaban á la -cabeza de un anciano; á su derecha el Haurán, las dos pequeñas -cordilleras paralelas que cierran el camino inferior de Farfar[551] -y los túmulos[552] de la region de los lagos; á su izquierda los -contrafuertes del Ante-Líbano que se unen al Hermon. La impresion -que se siente al divisar aquellos campos ricamente cultivados, y -aquellas deliciosas vegas separadas unas de otras por frondosos -árboles, cargados de sabrosos frutos, es la de la calma y la felicidad. -Figuraos un camino sombrío abriéndose paso entre la enramada, cruzado -sin cesar por canales de riego, serpenteando al través de olivares, -nogales, albaricoques, y otros árboles unidos entre sí por las ramas -de espesas cepas, y tendreis una idea del lugar donde aconteció el -hecho extraño que ha ejercido tanta influencia sobre la fé del mundo. -Apenas se cree el viajero estar en Oriente al cruzar los alrededores de -Damasco,[553] y sobre todo al salir de las ásperas y cálidas regiones -de la Gaulanítide y de la Iturea lo que más satisface al alma es la -alegría de encontrar los trabajos del hombre y las bendiciones del -cielo. Desde la más remota antigüedad hasta nuestros dias, toda aquella -zona que rodea á Damasco de frescura y bienestar, no ha tenido más que -un nombre, no ha inspirado más que un sueño, el de _paraiso de Dios_. - -Si Pablo encontró allí visiones terribles, es que las llevaba en -su espíritu. Cada paso que dirigia hácia Damasco despertaba en -él curiosas incertidumbres. El odioso papel de verdugo que iba á -representar se le hacia insufrible: las casas que empezaba á divisar -eran tal vez morada de sus víctimas y este pensamiento le detenia, le -agitaba; queria no avanzar, le parecia resistir á un aguijon que le -oprimia[554]. La fatiga del camino[555] uniéndose á esta preocupacion -le venció: tenia segun parece los ojos inflamados[556], tal vez -un principio de oftalmia. En las marchas prolongadas, las últimas -horas son las más penosas, ya que se acumulan en ellas todas las -causas debilitantes de los dias pasados y las fuerzas nerviosas se -extinguen, verificándose una sensible reaccion. Tal vez tambien la -brusca transicion de pasar de una llanura caldeada por el sol, á las -frescas sombras de los jardines, determinó un acceso en su organismo -enfermo[557] y quebrantado por su fanático viaje. Las calenturas -perniciosas acompañadas de ataques cerebrales, aparecen de una manera -rápida en aquellos lugares. En pocos minutos se encuentra el viajero -delirando: cuando ha pasado el ataque se conserva la impresion de una -noche oscura y parece que se han visto dibujarse imágenes en su negro -fondo[558]. Lo cierto es que una conmocion terrible quitó á Pablo lo -que le restaba de conciencia distinta y le derribó por tierra privado -de conocimiento. - -Es imposible conocer, por las narraciones que tenemos de este hecho -singular[559], si alguna otra causa exterior dió lugar á la crísis que -valió al cristianismo su más ardiente apóstol; sin embargo, el hecho -exterior significa aquí poca cosa. El estado del alma de san Pablo, -sus remordimientos, el acercarse á la poblacion donde iba á cometer -sus abusos, fueron las verdaderas causas de su conversion[560]. Por mi -parte prefiero la hipótesis de un hecho personal á Pablo; de una cosa -sentida por él solo[561]. No es por esto inverosímil que estallara -de repente una tempestad:[562] las faldas del Hermon son el punto de -formacion de los temporales cuya violencia nada puede igualar. Las -almas más frias, no atraviesan sin terror esas espantosas lluvias de -fuego. En la antigüedad, los accidentes de este género se consideraban -como revelaciones divinas, toda vez que por la idea que se formaban -entonces de la Providencia, nada era fortuito, y cada individuo debia -atribuir como dirigidos á él los fenómenos naturales que tenian lugar -á su alrededor. Para los judíos en particular, los truenos eran la -voz de Dios, el rayo, el fuego de Dios. Pablo estaba dominado por la -mayor agitacion y era natural que prestara oido á la voz de la tormenta -y á la de su propio corazon. Que un delirio febril, causado por el -sol ó por una oftalmia se apoderó de repente de Pablo; que una luz -produjera su desvanecimiento; que un rayo le derribara y le causara una -conmocion cerebral que le hiciera olvidar por un momento el sentido -de la vida, poco importa. Los recuerdos del Apóstol, acerca de este -particular, parecen estar algo confusos; estaba persuadido de que el -hecho habia sido sobrenatural, y semejante opinion no le permitia tener -conciencia plena de las circunstancias materiales. Estas conmociones -cerebrales producen á veces una especie de efecto retroactivo y turban -completamente los recuerdos de los momentos que han precedido á la -crísis[563]. Desde luego el mismo Pablo nos dice que estaba sujeto á -visiones[564] y cualquiera circunstancia insignificante á los ojos de -otro, debe bastar para que él la dé importancia. - -En medio de las alucinaciones contrarias á todo buen sentido, ¿qué vió? -¿qué oyó? Vió la figura que le perseguia hacia dias, vió el fantasma -acerca del cual se explicaban varias historias, vió á Jesús mismo[565] -que le decia en hebreo: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» Las -naturalezas impetuosas pasan violentamente de un extremo á otro[566]. -Para ellas hay lo que no existe para las naturalezas frias, momentos -solemnes, minutos que deciden todo el resto de su vida. Los hombres -reflexivos no cambian jamás y solo se transforman. Por el contrario los -hombres ardientes cambian y no se transforman nunca. El dogmatismo es -como un vestido de Nesso que no puede arrancarse. Les falta pretexto -para amar y odiar: solo nuestras razas occidentales han podido producir -estos espíritus delicados, fuertes y flexibles que ninguna ilusion -momentánea tiraniza, que ninguna vana afirmacion seduce. El Oriente -no ha producido jamás hombres de esta especie. En pocos segundos -se agolparon á la imaginacion de Pablo todos sus más profundos -pensamientos. Se le mostró vivamente el horror de su conducta: se vió -cubierto con la sangre de Estéban, mártir que se le apareció como su -padre, su iniciador: conmovióse su fibra más sensible y se operó en él -un cambio, pero este cambio no fué más que para abrazar otro fanatismo. -Su sinceridad, su deseo de fé absoluta le privaban de aceptar el -término medio y es claro que debia desplegar algun dia en la defensa de -Jesús el celo ardiente que empleara antes para perseguirle. - -Pablo entró en Damasco con la ayuda de sus compañeros que le llevaban -de la mano[567], y le dejaron en casa de un tal Judas que vivia en la -calle Derecha, grande via de columnas de más de una milla de largo y -cien piés de ancho, que cruzaba la poblacion de este á oeste y cuyo -trazado forma todavía hoy, salvo algunas desviaciones, la principal -arteria de Damasco[568]. El desvanecimiento[569] y la agitacion -cerebral no disminuian de intensidad. Durante tres dias, abatido por -la fiebre, Pablo no comió ni bebió. Lo que pasó durante esta crísis -en una cabeza ardiente, agitada por una violenta conmocion se adivina -fácilmente. Hablóse delante de él de los cristianos de Damasco y -particularmente, de cierto Hanania que parecia haber sido el jefe de -la comunidad[570]. Pablo habia oido hablar del poder milagroso de -los nuevos creyentes, para curar las enfermedades, y la idea de que -la imposicion de las manos de aquel, le sacaria del estado en que -se hallaba se apoderó de su espíritu. Sus ojos estaban siempre muy -inflamados, y entre las imágenes que se sucedian en su cerebro[571] -creyó ver á Hanania que entraba y le saludaba familiarmente segun -costumbre de los cristianos, y se persuadió que á él solo deberia su -curacion. Hanania fué llamado y fué á hablar cariñosamente al enfermo; -le llamó hermano suyo y le impuso las manos. Desde este momento renació -la calma en el alma de Pablo, creyóse curado, y la enfermedad, siendo -principalmente nerviosa, desapareció. Algunas lágrimas cayeron de sus -ojos[572], comió y recobró sus fuerzas. - -Casi al momento recibió el bautismo[573] y eran tan sencillas las -doctrinas de la Iglesia que nada nuevo tuvo que aprender: marchó al -campo cristiano perfectamente convertido. ¿De quién habia entonces de -recibir lecciones? Jesús mismo se le apareció: tuvo la vision de Jesús -resucitado, como Jacobo, como Pedro. Todo lo aprendió por revelacion -inmediata: la ruda é indomable naturaleza de Pablo reaparece aquí. -Abatido en medio del camino, quiso someterse, pero someterse á Jesús -solo, á Jesús, que habia abandonado la derecha de su padre para venir -á convertirle é instruirle. Tal es la base de su fé; tal será un dia -el punto de partida de sus pretensiones. Él sostendrá que no tuvo -intencion de ir á Jerusalem despues de su conversion para entrar -en relaciones con aquellos que eran apóstoles antes que él; que ha -recibido su revelacion particular y que nada debe á persona alguna; -que es apóstol como los Doce por institucion divina y por intervencion -directa de Jesús, y que su doctrina es la buena sin que un ángel -siquiera pueda decir lo contrario[574]. Al oir á este orgulloso, un -inmenso temor se apoderó de la pequeña sociedad de pobres de espíritu -que ha constituido hasta aquí el cristianismo. Será un verdadero -milagro si sus violencias y su inflexibilidad personal no lo destruyen -todo; pero tambien su atrevimiento, su fuerza de iniciativa, su -decision, van á ser un elemento precioso al lado del espíritu mezquino, -tímido, é indeciso de los santos de Jerusalem. Seguramente que si -el cristianismo no hubiera salido de entre aquellas buenas gentes, -permaneciendo encerrado en un círculo de iluminados, que vivian en -comunidad, se hubiera extinguido sin dejar apenas recuerdo. - -Pero el indómito san Pablo es quien contribuirá á su engrandecimiento y -desafiando todos los peligros se dirigirá atrevidamente á través de los -mares para propagar su doctrina. Al lado del fiel sumiso, recibiendo su -fé del superior sin decir una palabra, estará el cristiano desprovisto -de toda autoridad que solo creerá por conviccion personal. El -protestantismo existió ya cinco años despues de la muerte de Jesús. San -Pablo fué su ilustre fundador. Jesús, sin duda no habia previsto tales -discípulos que son tal vez los que más contribuyeron á dar vida á su -obra y le aseguraron la eternidad. - -Las naturalezas violentas conducidas al proselitismo no cambian más que -el objeto de su pasion. Tan entusiasta por la nueva fé como lo habia -sido por la antigua, san Pablo, lo mismo que Omar, trocó en un dia -el papel de perseguidor por el de apóstol. No volvió á Jerusalem[575] -donde su posicion cerca de los Doce hubiera sido muy delicada, sino -que permaneció en Damasco y en el Haurán[576] predicando durante -tres años (38-41) que Jesús era hijo de Dios[577]. Herodes Agrippa -I era soberano de Haurán y de los países vecinos, pero su poder era -inferior en varias partes al del rey nabateano Hareth. La decadencia -del poder romano habia cedido al ambicioso árabe la grande y rica -poblacion de Damasco, así como una parte de las orillas del Jordan y -del Hermon que nacian entonces á la civilizacion[578]. Soheym[579], -otro emir y tal vez pariente ú oficial de Hareth, se hacia dar por -Calígula la investidura de la Iturea. En medio de aquella grande -efervescencia de la raza árabe[580] en aquel extraño suelo, donde una -raza enérgica desplegaba su actividad febril, Pablo dió á conocer la -fogosidad de su alma de apóstol[581]. Tal vez el movimiento material y -brillante que transformaba al país se debia al éxito de una predicacion -completamente idealista y fundada sobre la creencia de un cercano fin -del mundo. No se encuentra en la Arabia vestigio alguno de Iglesia -fundada por san Pablo. Si la region de Haurán fué hácia el año 70 -uno de los centros más importantes del cristianismo, lo debe á la -emigracion de cristianos de la Palestina, que son justamente los -enemigos de san Pablo, los ebionitas que tienen en aquella comarca su -principal establecimiento. - -En Damasco donde habia muchos judíos[582], Pablo era más escuchado: -entraba en las sinagogas presentando vigorosas argumentaciones -para probar que Jesús era el Cristo. La sorpresa de los fieles era -extremada al ver que el que habia perseguido á sus hermanos y que iba á -encadenarles, acababa de convertirse en su primer apologista[583]. Su -audacia y su singularidad tenian algo que les espantaba: estaba solo y -no se aconsejaba de nadie[584]; no formaba escuela y le miraban con más -curiosidad que simpatía: conocian que era un hermano pero un hermano -de una especie particular. Creíasele incapaz de una traicion, pero las -tímidas naturalezas experimentan todavía un sentimiento de desconfianza -y de temor al lado de las naturalezas poderosas y originales porque -conocen que algun dia dejarán de tenerlas á su lado. - - - - -CAPÍTULO XI. - -Paz y desarrollos interiores de la Iglesia de Judea. - - -[Marginal: Año 38] - -Desde el año 38 al 44 parece que no sufrió persecucion alguna la -Iglesia[585]. Tomaron los fieles precauciones que sin duda descuidaran -antes de la muerte de Estéban y evitaron hablar en público. Tal vez -tambien las desgracias de los judíos, que durante todo el segundo -período del reinado de Calígula, estuvieron en lucha con este príncipe, -contribuyeron á favorecer la secta naciente. Efectivamente, los judíos -perseguían más cuanto mayor era la armonía que reinaba entre ellos -y los romanos. Para asegurar ó recompensar su tranquilidad, estos -les aumentaron sus privilegios y en particular el que más querian, -el derecho de castigar á las personas que miraban como infieles á la -Ley.[586] Ahora bien, los años á que hemos llegado fueron de los más -tempestuosos para la historia, siempre turbulenta de aquel pueblo -singular. - -La antipatía que los judíos por su superioridad moral, por sus nobles -costumbres y tambien por su dureza, excitaban en las poblaciones en -medio de las cuales vivian, habia llegado á su colmo, sobre todo en -Alejandría[587], y estos ódios acumulados pudieron al fin satisfacerse -al subir al imperio uno de los mayores locos que hayan reinado. -Calígula, despues de la enfermedad que alteró sus facultades mentales -(octubre, 37) daba el espantoso espectáculo de un furioso gobernando -el mundo con el poder más enorme que jamás hombre alguno ha tenido en -sus manos. La desastrosa ley del cesarismo hacia posibles é incurables -semejantes horrores, que duraron tres años y tres meses. Dá vergüenza -narrar en una historia séria lo que vamos á decir: antes de entrar -en la reseña de estas saturnales, es necesario repetir con Suetonio: -_Reliqua ut de monstro narranda sunt_. - -El más inofensivo pasatiempo de aquel insensato, era ocuparse de su -propia divinidad[588], demostrando una especie de amarga ironía, una -mezcla de gravedad cómica (pues al mónstruo no le faltaba talento), -y de irrision profunda al hablar del género humano. Los enemigos de -los judíos comprendieron la inmensa ventaja que podian sacar de esta -manía. Era tal el estado religioso del mundo, que no se levantaba una -sola protesta contra los actos sacrílegos del César; y cada culto -se apresuró á conferirle los títulos y honores reservados á sus -dioses. La eterna gloria de los judíos es haber levantado el grito -de la conciencia indignada en medio de esta innoble idolatría. El -principio de intolerancia que les dominaba y que les conducia á tantas -crueldades aparecia aquí bajo su verdadero aspecto. Afirmando que era -absoluta su religion no se humillaron ante el odioso capricho del -tirano y esto fué el orígen de tantas persecuciones sin fin. Bastaba -que hubiese en una poblacion un solo hombre descontento de la sinagoga, -malvado ó simplemente espía, para sentir espantosas consecuencias. -Un día se encontraba un altar en honor de Calígula en sitio donde no -podian tolerarlo los judíos[589]: otro una multitud de chiquillos -escandalizaban porque sólo los judíos rehusaban colocar la estátua del -emperador en sus lugares de oracion; corríase entonces á las sinagogas -y á los oratorios; poníase en ellas el busto de Calígula[590] y -colocaban á los infelices en la alternativa de renunciar á su religion -ó de cometer un crímen de lesa majestad. De ahí originábanse espantosas -vejaciones. - -Habíanse renovado varias veces semejantes actos, cuando se le sugirió -al emperador una idea todavía más diabólica, y fué la de colocar una -colosal estátua de oro en el santuario del templo de Jerusalem y hacer -dedicar el templo mismo á su divinidad[591]. Esta odiosa intriga -aumentó por treinta años la revolucion y ruina de la nacion judaica. - -La moderacion del legado imperial, Publio Petronio y la intervencion -del rey Herodes Agrippa, favorito de Calígula, previnieron la -catástrofe; pero hasta el momento en que la espada de Querea libró á la -tierra del tirano más execrable que habia sufrido, los judíos vivieron -por todas partes bajo el terror. Philon ha conservado los detalles de -la inaudita escena que tuvo lugar, cuando una diputacion, de la cual -aquel era presidente, fué admitida á presencia del emperador[592]. -Calígula les recibió mientras visitaba las poblaciones de Mecenas y -de Lamia, cerca del mar en los alrededores de Pozzuoli. Era un dia en -que estaba de buen humor: Helicon su primer bufon acababa de contarle -toda clase de bufonadas sobre los judíos. «¡Ah! ¿sois vosotros, les -dijo con amarga sonrisa y enseñándoles los dientes, los únicos que no -quereis reconocerme por Dios y preferís adorar á uno que ni siquiera -os atreveis á nombrar?» y acompañó estas palabras con una horrible -blasfemia. Los judíos temblaron y sus adversarios alejandrinos tomaron -la palabra: «Vos aborreceriais más, señor, á toda esa gente y á su -nacion si supierais la aversion que os profesan, pues son los únicos -que no han sacrificado por vuestra salud, cuando todos los demás -pueblos lo han hecho.» Á estas palabras, contestaron los judíos que -aquello era una calumnia y que ellos habian ofrecido tres veces para -la prosperidad del emperador los sacrificios más solemnes que les -permitia su religion. «Sí, dijo Calígula con seriedad cómica, habeis -sacrificado muy bien pero no es á mí á quien habeis sacrificado; ¿qué -ventaja he sacado yo?» y en seguida volvióles la espalda, empezó á -recorrer las habitaciones, dando órdenes para su reparacion, subiendo y -bajando sin cesar. Los desdichados diputados (entre los cuales figuraba -Philon, de ochenta años de edad, el más venerable de aquel tiempo -despues de la muerte de Jesús), le seguian por todas partes jadeantes, -temblando, ridiculizados por los criados. Calígula volvióse de repente -y dijo: «Á propósito, ¿por qué no comeis cerdo?» Los bufones se echaron -á reir y los oficiales con tono severo les advirtieron que faltaban -á la majestad del emperador con sus risas inmoderadas. Los judíos -balbucearon y uno de ellos dijo sencillamente: «Pero hay personas -que no comen cordero.--¡Ah! en esto, repuso el emperador, tienen -razon, pues es manjar que no tiene gusto alguno.» Fingió entonces -querer enterarse de su negocio, mas apenas empezaron la explicacion -interrumpióles su discurso, se fué á dar órdenes para la decoracion de -una sala que queria adornar con piedra lapidaria. Regresó afectando -cierta moderacion, preguntó á los enviados si tenian algo que añadir y -como estos reanudaran el discurso interrumpido, volvióles de nuevo la -espalda para ir á ver otra sala que hacia adornar con pinturas. Este -juego del tigre que se divierte con su víctima, duró horas: los judíos -solo esperaban la muerte, pero en el último momento la fiera escondió -sus garras: «¡Vamos! dijo Calígula decididamente, estas gentes son -más dignas de compasion que culpables por no creer en mi divinidad.» -Véase pues cómo se trataban las cuestiones más graves bajo el horrible -régimen que la humillacion del mundo habia creado, que una soldadesca -y una poblacion igualmente viles querian, y que la bajeza de todos -sostenia. - -[Marginal: Año 39] - -Se comprende que esta situacion tirante hubiese hecho perder á los -judíos del tiempo de Marulo mucha audacia de aquella que les hacia -hablar tan atrevidamente de Pilatos. Los cristianos, arrojados del -templo, debian estar menos espantados que los judíos de los proyectos -sacrílegos de Calígula ya que eran entonces poco numerosos para -que Roma pudiera conocer su existencia. La tempestad del tiempo de -Calígula, como la que precedió á la toma de Jerusalem por Tito, pasó -sobre su cabeza sin tocarles y aun á muchos de ellos les favoreció. -Todo lo que debilitaba la independencia judía les era favorable, puesto -que les libraba del poder de una ortodoxia supuesta apoyando sus -pretensiones con severas penas. - -Este período de paz, fué fecundo en desarrollos interiores. La Iglesia -naciente se dividia en tres provincias: Judea, Samaria y Galilea[593], -á la cual sin duda pertenecia Damasco. Jerusalem tenia su primacia, -absolutamente incontestable. La Iglesia de esta ciudad cuyos habitantes -se habian dispersado despues de la muerte de Estéban se reconstituyó -pronto: los apóstoles no abandonaron jamás la poblacion y los hermanos -del Señor continuaban ejerciendo y gozando grande autoridad[594]. -Parece que esta segunda Iglesia de Jerusalem no se organizó de una -manera tan rigurosa como la primera; la comunidad de bienes no fué -estrictamente restablecida y solamente se fundó una gran caja para -los pobres, donde debian depositarse las limosnas que las iglesias -particulares remitian á la Iglesia madre orígen y fin permanente de su -fé[595]. - -[Marginal: Año 40] - -Pedro verificaba distintos viajes apostólicos alrededor de -Jerusalem[596] y gozaba todavía de una grande reputacion de milagrero. -En Lydda[597] sobre todo, pasaba por haber curado á un paralítico -nombrado Eneas, milagro que le valió numerosas conversiones en la -llanura de Saron[598]. De Lydda se volvió á Joppe[599] poblacion que -parece haber sido un centro para el cristianismo. Las poblaciones de -obreros, de marinos, de gente pobre, donde los judíos ortodoxos no -dominaban[600] eran los que ofrecian mejores disposiciones para la -nueva secta. Pedro permaneció mucho tiempo en Joppe en casa de un -curtidor llamado Simon que vivia cerca del mar[601]. La industria del -cuero era demasiado impura y no se visitaba á los que la ejercian, -aunque los blanqueadores estaban ya reducidos á vivir en un barrio -separado[602]. Escogiendo Pedro semejante morada, da una prueba de su -indiferencia por las preocupaciones de los judíos y trabaja para el -ennoblecimiento de las pequeñas industrias que entran por mucho en la -obra del espíritu cristiano. - -La organizacion de las obras de caridad se proseguia con ardor. -La Iglesia de Joppe poseia una mujer admirable llamada en armenio -_Tabitha_ (señorita) y en griego _Dorcas_[603], que consagraba todos -sus cuidados á los pobres[604]. Parece que era rica y distribuia -sus bienes en limosnas. Esta respetable señora habia formado una -sociedad de viudas piadosas que se dedicaban[605] á tejer vestidos -para los pobres. Como la excision del cristianismo y judaismo no se -habia consumado, es probable que los judíos bendijeran estos actos de -caridad. «Los santos y las viudas»[606] eran piadosas personas que -hacian bien á todos, especie de mendicantes que solo eran sospechosos -á los rigoristas de una ortodoxia pedantesca, unos _fraticelli_ amados -del pueblo, devotos, caritativos y llenos de piedad. - -El gérmen de estas asociaciones de mujeres que son una de las glorias -del cristianismo, existió de esta suerte en las primeras iglesias de -Judea. En Jaffa empezó la generacion de estas mujeres vestidas de -lino, que al través de los siglos debian continuar la tradicion de la -caridad secreta. Tabitha fué la madre de una familia que no acabará -mientras existan miserias que consolar, buenos deseos de mujer que -deban satisfacerse. Más tarde se dijo que Pedro la habia resucitado. -¡Ah! la muerte por insensata que sea, por injusta que fuese en este -caso, es inflexible. Cuando el alma más sublime se ha exhalado, el -decreto permanece irrevocable; la mujer más excelente, como la más -vulgar, no responde á las voces amigas que la llaman. Pero la idea no -está sujeta á las condiciones de la materia. La virtud y la bondad -escapan de las garras de la muerte: Tabitha no tenia necesidad de -resucitar. Por pasar algunos dias más en esta triste vida, ¿habia -necesidad de hacerla salir de su dulce é inmutable eternidad? Dejadla -descansar en paz, ya llegará el dia de los justos. - -En aquellas poblaciones tan mezcladas, el problema de la admision de -paganos al bautismo se ofrecia á cada momento y convenia resolverlo -con urgencia. Esto preocupaba mucho á Pedro. Estaba un dia orando -sobre el terrado de la casa del curtidor, viendo ante él aquel mar -que iba á llevar pronto la fé nueva á todo el imperio y tuvo un -éxtasis profético. En medio de aquel débil sueño á que se hallaba -entregado, creyó experimentar una sensacion de hambre y pidió alguna -cosa. Mientras se lo estaban preparando, vió el cielo abierto y una -canasta atada por sus cuatro lados que descendia. Habiendo mirado -al interior de la canasta, vió animales de toda especie y creyó oir -una voz que le decia: «Mata y come.» Objetando que varios de estos -animales eran impuros, le repuso la voz: «No llames impuro lo que Dios -ha purificado.» Esto le fué repetido tres veces seguidas. Pedro se -persuadió de que estos animales representaban simbólicamente la masa de -los gentiles, que Dios mismo acababa de declarar aptos para la comunion -de su santo reino[607]. - -Pronto se presentó la ocasion de aplicar estos principios. Desde Joppe, -Pedro se volvió á Cesarea, donde se puso en relacion con un centurion -llamado Cornelio[608]. La guarnicion de Cesarea estaba formada en gran -parte por una de aquellas cohortes compuestas de voluntarios italianos -que se llamaban _Italicæ_[609]. El nombre completo de esta ha podido -ser _cohors prima Augusta Italica civium romanorum_[610]. Cornelio -era centurion de esta cohorte y por consiguiente italiano y ciudadano -romano. Era un buen hombre, que despues de largo tiempo se sentia -atraido por el culto monoteista de los judíos, oraba, hacia limosnas, y -en una palabra, practicaba todos los preceptos de la religion natural -que supone el judaismo; pero no habia sido circuncidado y por esto no -era prosélito de grado alguno; era solo un pagano piadoso, un israelita -de corazon, y nada más[611]. Toda su casa y algunos soldados de su -compañía estaban, segun se decia, en las mismas disposiciones[612]. -Cornelio quiso entrar en la nueva Iglesia, y Pedro cuyo carácter -era franco y bondadoso acordóle lo que deseaba, y el centurion fué -bautizado[613]. - -Tal vez Pedro no encontró de pronto dificultad alguna; sin embargo, á -su regreso á Jerusalem se le dirigieron graves cargos. Habia faltado -abiertamente á la ley, habia estado entre los incircuncisos y habia -comido con ellos. La cuestion era efectivamente capital; se trataba -de saber si la ley estaba abolida, si era permitido violarla por -proselitismo y si los gentiles podian ser recibidos de hecho en la -Iglesia. Para defenderse contó Pedro su vision de Joppe y más tarde -el hecho del centurion sirvió de argumento para el bautismo de los -incircuncisos. Á fin de darle más fuerza se supuso que en este grave -asunto mediaba la intervencion del cielo; se explicó que Cornelio, -despues de fervientes oraciones, habia visto á un ángel que le habia -ordenado fuese á Joppe á llamar á Pedro; que la vision simbólica de -Pedro, tuvo lugar á la misma hora en que llegaban los emisarios de -Cornelio, y que desde entonces se habia encargado Dios de legitimar -todo lo que se habia hecho, puesto que el Espíritu Santo, habiendo -descendido sobre Cornelio y sobre las personas de su casa, estos habian -hablado la lengua, y recitado los salmos á la usanza de los otros -fieles. Y ¿era natural rehusar el bautismo á las personas que habian -recibido el Espíritu Santo? - -La Iglesia de Jerusalem estaba todavía compuesta de judíos y de -prosélitos: que el Espíritu Santo descendiera sobre los incircuncisos, -antes del bautismo, parecia un hecho muy extraordinario y es probable -que desde entonces existiera un partido opuesto, en principio, á -la admision de los gentiles, y que no todo el mundo aceptara las -explicaciones de Pedro. El autor de las _Actas_[614] quiere que la -aprobacion haya sido unánime; pero dentro de algunos años, veremos -renacer la cuestion con mayor empeño[615]. Tal vez se acepta el hecho -del buen centurion como el del eunuco de Etiopía, á título de hecho -excepcional justificado por una revelacion y una órden expresa de Dios, -pero el asunto está lejos de quedar resuelto. Esta fué la primera -controversia en el seno de la Iglesia; el paraiso de la paz interior -habia durado seis ó siete años. - -Desde el año 40, poco más ó menos, la grande cuestion, de la cual -dependia el porvenir del cristianismo, parece haber quedado resuelta. -Pedro y Felipe con su buen juicio, entrevieron la verdadera solucion y -bautizaron á los paganos. Sin duda en las dos reseñas que el autor de -las _Actas_ nos da sobre este asunto y que están en parte calcadas la -una sobre la otra, es difícil desconocer su sistema. El autor de las -_Actas_ pertenece á un partido de conciliacion favorable á la entrada -de los paganos en la Iglesia y no quiere confesar las divisiones que -la violencia de la cuestion ha producido. Se conoce perfectamente que -este autor, al narrar los episodios del eunuco, del centurion y de las -conversiones de los samaritanos, no quiere dar más que los detalles -referentes á una sola opinion; y por otro lado tampoco podemos admitir -que invente los hechos que explica. Las conversiones del eunuco y del -centurion Cornelio, son probablemente hechos reales presentados y -transformados segun las exigencias de la tésis, en vista de la cual ha -sido compuesto el libro de las _Actas_. - -[Marginal: Año 41] - -Aquel que diez ú once años más tarde debia dar á este debate un golpe -decisivo era Pablo, el cual no se habia mezclado en ello todavía ya -que se hallaba predicando en Haurán y en Damasco, refutando á los -judíos y defendiendo á la nueva fé con tanto entusiasmo cuanto mayor -era el que habia desplegado para combatirla. El fanatismo del cual -habia sido instrumento, á su vez, no tardó en perseguirle. Los judíos -resolvieron perderle obteniendo del _etnarca_ que gobernaba en Damasco -en nombre de Hareth, una órden para prenderle. Pablo se escondió: al -saberse que habia de salir de la poblacion, el gobernador que queria -complacer á los judíos, puso guardias en todas las puertas con órden de -arrestarle, pero los hermanos le hicieron escapar de noche bajándole -por una ventana que caia al otro lado de la muralla[616]. Libre de este -peligro, Pablo dirigió sus pasos hácia Jerusalem. Hacia tres años[617] -que era cristiano y aún no habia visto á los apóstoles. Su carácter -duro, poco expansivo, y retraido, le habia hecho volver la espalda, -bajo cierto aspecto, á la grande familia en la cual á su pesar acababa -de entrar, y prefirió para su apostolado un país nuevo donde no pudiese -encontrar colega alguno. Sin embargo, el deseo de ver á Pedro se habia -apoderado de él[618], reconocia su autoridad, y como todo el mundo, le -designaba con el nombre _Kepha_, «la piedra». Regresó pues á Jerusalem -siguiendo en sentido contrario el camino que tres años antes habia -recorrido bajo disposiciones muy distintas. - -Su posicion en Jerusalem fué extremadamente falsa y embarazosa. Habíase -dicho en esta poblacion que el perseguidor se habia convertido en -el más celoso de los evangelistas y en el primer defensor de la fé -que intentara antes combatir[619], pero existian contra él notables -prevenciones: muchos le suponian algun horrible proyecto. Se le habia -visto tan encolerizado y tan cruel penetrar en las casas, violando -los secretos de familia para encontrar alguna víctima, que se le -creia capaz de representar semejante papel para perder mejor á los -que odiaba[620]. Parece que vivió en casa de Pedro[621]: pero varios -discípulos permanecian sordos á su voz y se separaban de él[622]. -Bernabé, hombre de corazon y de voluntad, desempeñó en aquella ocasion -un papel importante. - -En su calidad de chipriota y de nuevo convertido comprendió mejor que -los discípulos galileos la posicion de Pablo. Presentósele delante; -cogióle la mano de algun modo, le presentó á los más reticentes y -salió garante de él[623]. Por este acto de sabiduría y de penetracion, -Bernabé mereció el más elevado puesto en el cristianismo. Él fué -el que comprendió á Pablo; á él es á quien la Iglesia debe el más -extraordinario de sus fundadores. La fecunda amistad de estos dos -hombres apostólicos, amistad que no empañó nube alguna, á pesar de -sus divergencias, fué más tarde causa de la asociacion para las -misiones contra los gentiles. Esta grande asociacion data de la primera -permanencia de Pablo en Jerusalem. Entre las causas de la fé del mundo -es necesario contar el generoso movimiento de Bernabé tendiendo la mano -á Pablo sospechoso y despreciado; la profunda intuicion que le hizo -descubrir un alma de apóstol bajo aquel aspecto humilde, la energía con -que venció los obstáculos que presentaban los repugnantes antecedentes -del converso, y tal vez ciertos rasgos de su carácter, que se habian -interpuesto entre él y sus nuevos hermanos. - -Por otra parte, Pablo evitaba sistemáticamente ver á los apóstoles. -Él mismo dice, y lo afirma bajo juramento, que solo veia á Pedro y á -Jacobo, hermano del Señor[624]. Su permanencia allí, solo duró dos -semanas[625]. Es posible que cuando Pablo escribió la epístola á los -Galatas (vers. 56) se hubiese encontrado, por las circunstancias del -momento, obligado á falsear un poco el carácter de sus relaciones con -los apóstoles y les presentara más secos, más imperiosos de lo que -fueron en realidad; pero el versículo 56 tiende esencialmente á probar -que nada habia recibido de Jerusalem y que en manera alguna era el -mandatario del consejo de los Doce establecido en aquella poblacion. -Su actitud en Jerusalem era la de un maestro altivo que evita las -relaciones con los otros maestros para no estar subordinado á ellos, -y no la actitud humilde de un culpable arrepentido de su pasado, como -supone el autor de las _Actas_. Nosotros no podemos creer que desde el -año 41 estuviera Pablo animado de esta especie de celo de conservar su -propia originalidad que mostró más tarde. La rareza de sus entrevistas -con los apóstoles y la brevedad de su permanencia en Jerusalem, -reconocian por causa probablemente la cortedad que experimentaba -delante de personas de naturaleza distinta á la suya y llenas de -prejuicios contra de él, más bien que una política sagaz que le hubiese -hecho comprender con quince años de anticipacion los inconvenientes que -podia encontrar en sus relaciones. - -En realidad lo que debia levantar una barrera entre los apóstoles -y Pablo, era sobre todo la diferencia de carácter y de educacion. -Los apóstoles eran todos Galileos y no habian estado en las grandes -escuelas judías; habian visto á Jesús y se acordaban de sus palabras; -eran de naturaleza buena y piadosa, y á veces ingénuos y graves. -Pablo era un hombre de accion, lleno de fuego, medianamente místico, -impulsado como por una fuerza superior á formar parte de una secta que -no era en manera alguna la de su primitiva adopcion. La revolucion, la -protesta, eran sus habituales sentimientos[626]. Su instruccion judía -era mucho más profunda que la de todos sus nuevos hermanos; pero no -habiendo oido á Jesús, no habia sido instituido por él; en esto era -muy inferior, segun las doctrinas cristianas, y sin embargo, Pablo no -habia nacido para aceptar un lugar secundario: su altiva individualidad -exigia un sitio á parte. Probablemente por aquel tiempo concibió la -atrevida idea de que despues de todo nada tenia que envidiar á aquellos -que habian conocido á Jesús y que habian sido elegidos por él, puesto -que tambien él mismo habia visto á Jesús, habia recibido una revelacion -directa y el mandato de su apostolado. Aun aquellos que fueron honrados -con una aparicion personal de Cristo resucitado, podian suponerse más -privilegiados que él, pues por haber sido su vision la última, no por -eso valia menos, puesto que se produjo en circunstancias que le daban -un carácter particular de importancia y de distincion[627]. ¡Oh error! -el eco de la voz de Jesús se encontraba en el discurso del más humilde -de sus discípulos. Con toda su ciencia judía, Pablo no podia salvar -la inmensa desventaja que resultaba para él de su tardía iniciacion. -El Cristo que habia visto en el camino de Damasco no era, como decia, -el Cristo de Galilea; era el Cristo de su imaginacion, de su propio -sentido. Aunque estuviera atento para recoger las palabras de su -Maestro[628], es evidente que no era más que un discípulo de segundo -órden. Si Pablo hubiese encontrado á Jesús en vida, puede dudarse que -se le hubiese unido. Su doctrina será la suya propia, no la de Jesús; -las revelaciones de que habla con entusiasmo son el fruto de su cerebro. - -Estas ideas que aún no se atreve á propagar le hacen incómoda su -estancia en Jerusalem. Á los quince dias se despide de Pedro y parte. -Habia visto tan poca gente que se atreve á decir que nadie en las -iglesias de Judea habia visto su semblante y que lo que sabian de él, -era solo de oidas[629]. Más tarde atribuyó él mismo á una revelacion -esta brusca partida. Contó que un dia orando en el templo, tuvo un -éxtasis y que vió á Jesús en persona y recibió la órden de abandonar -pronto á Jerusalem «puesto que no estaban dispuestos á recibir su -testimonio.» En cambio de la ciudad, Jesús le prometia el apostolado -de las naciones lejanas y un auditorio sumiso á su voz[630]. Los -que quieren ahogar el recuerdo de las disensiones y disgustos que la -entrada de este indócil discípulo causó en la Iglesia, aseguran que -Pablo pasó largo tiempo en Jerusalem viviendo con los hermanos bajo la -más completa libertad, pero que habiendo querido predicar á los judíos -helenistas, fué amenazado de muerte por ellos, y los hermanos que -velaban por su seguridad le hicieron conducir á Cesarea[631]. - -Es probable que de Jerusalem fuese á Cesarea, pero estuvo allí poco, -pues marchó á recorrer en seguida la Siria y despues la Cilicia[632]. -Sin duda desde entonces empezó á predicar, pero solo por cuenta -propia y sin acuerdo de persona alguna. Tarso, su patria, fué su -morada habitual durante este período de su vida apostólica, que puede -graduarse en dos años[633]. Es posible que las iglesias de Cilicia le -deban sus primicias[634]; sin embargo, la vida de Pablo no fué en esta -época tal como la vemos más tarde. Él no tomó el título de apóstol, -reservado únicamente á los _Doce_[635]. Á partir de su asociacion con -Bernabé (año 45) es cuando entra en esta carrera de peregrinaciones -sagradas y de predicaciones, que le convierten en un tipo del misionero -viajante. - - - - -CAPÍTULO XII. - -Fundacion de la Iglesia de Antioquía. - - -[Marginal: Año 41] - -Poco á poco la fé nueva realizaba sorprendentes progresos. Los miembros -de la Iglesia de Jerusalem que se habian dispersado despues de la -muerte de Estéban, llevando sus conquistas á lo largo de la costa -Fenicia, dominaron en Chipre y Antioquía: tenian entonces por principio -inconcuso predicar tan solo á los judíos[636]. - -Antioquía, «la metrópoli del Oriente», la tercera poblacion del -mundo[637] fué el centro de la cristiandad de la Syria del Norte. Esta -era una poblacion de unas quinientas mil almas, casi más grande que -París antes de que se le diera más extension,[638] residencia del -legado imperial de Syria. Merced á los Seleúcidas que habian sabido -aprovechar la ocupacion romana, Antioquía habia alcanzado el más -alto grado de esplendor, pues en general los Seleúcidas estaban más -adelantados que los romanos en punto á decoraciones teatrales aplicadas -á las grandes poblaciones. Templos, acueductos, baños, basílicas, nada -faltaba á Antioquía de lo que constituia una poblacion siria de aquella -época. Adornadas las calles con columnatas y los recodos con estátuas, -habia allí más simetría y regularidad que en otras partes[639]. Un -_Corso_ adornado de cuatro líneas de columnas formando dos galerías -cubiertas con una larga avenida en medio, atravesaba la poblacion[640] -en una línea de treinta y seis _estadios_ (más de una legua)[641]. -Pero Antioquía no tenia solamente inmensas construcciones de utilidad -pública[642]; tenia tambien lo que poseian pocas poblaciones sirias, -obras maestras del arte griego, admirables estátuas[643], obras -clásicas de una delicadeza que el siglo no sabe todavía imitar. Desde -su fundacion habia sido Antioquía una poblacion completamente helénica. -Los Macedonios de Antígono y de Seleuco habian llevado á esta region -del bajo Oronte los recuerdos más vivos, los cultos y los nombres de -su país[644]. La mitología griega se habia entronizado allá como su -segunda patria; habia en el país el afan de enseñar _lugares santos_ -relacionados con esta mitología. La poblacion se entregaba al culto de -Apolo y de las ninfas. Dafne, lugar encantador á dos horas de distancia -de la poblacion, recordaba á los viajeros las más risueñas ficciones. - -Era una especie de imitacion de los mitos de la madre patria, análoga á -esos transportes atrevidos por los cuales las tribus primitivas hacian -viajar consigo su geografía mítica, su Berecinto, su Arvanda, su Ida, -su Olimpo. Estas fábulas griegas constituyen una religion muy antigua -y apenas más formal que las _Metamórfosis_ de Ovidio. Las antiguas -religiones del país, y especialmente la del monte Casio[645], la daban -cierto carácter de gravedad; pero la ligereza siria, el charlatanismo -babilónico, todas las imposturas del Asia, se confunden en este límite -de los dos mundos, y prueban que era Antioquía la capital de la -mentira, la sentina de todas las infamias. - -Al lado de la poblacion griega que (exceptuando Alejandría) en ninguna -parte del Oriente fué tan densa como allí, Antioquía contó siempre en -su seno un número considerable de indígenas sirios, que hablaban el -siriaco[646]. Estos indígenas que constituian la clase baja, habitaban -los barrios de la gran ciudad y los pueblos populosos que formaban -á su alrededor un vasto extrarradio[647], tales como Charandama, -Ghisira, Gandigura y Apate (nombres sirios la mayor parte)[648]. Los -matrimonios entre los sirios y griegos eran comunes, pues habiendo -establecido Seleuco por una ley que el extranjero que se estableciera -en la poblacion seria considerado como ciudadano, Antioquía, despues -de tres siglos y medio de existencia, fué uno de los puntos donde la -raza estaba más mezclada. El envilecimiento de las almas era espantoso. -La propiedad de esos focos de corrupcion moral, es nivelar todas las -clases. La ignominia de ciertas poblaciones tumultuosas, dominadas -por la intriga y entregadas á los más viles pensamientos, apenas -puede darnos una idea de la degradacion moral y de la corrupcion á -que en Antioquía habia llegado la especie humana. Era una reunion -de marineros, de charlatanes, de ladrones[649], de almacenistas, -de embaucadores[650], de sacerdotes impostores: una poblacion que -solo pensaba en carreras, en juegos, en bailes, en procesiones, en -fiestas y bacanales: desplegábase un lujo desenfrenado; dábase cabida -á todas las locuras del Oriente; predominaban las supersticiones -más malvadas y el fanatismo de la orgía[651]. Á la vez serviles é -ingratos, altivos é insolentes, eran los naturales de Antioquía el -modelo completo de esas turbas adictas al cesarismo, sin patria, sin -nacionalidad, sin honor de familia, sin nombre que guardar. El gran -_Corso_ que atravesaba la poblacion era una especie de teatro, donde -representaban todo el dia los grupos de un populacho locuaz, variable, -levantisco[652], ingenioso á veces,[653] ocupado de los cantos, de -las parodias, de las diversiones, de las impertinencias de toda -especie[654]. La ciudad era muy letrada[655], pero de pura literatura -de retores[656]. Los espectáculos eran de lo más extraño; habia juegos -en los cuales tomaban parte coros de jóvenes desnudas que llevaban -solo una sencilla banda[657]; en la célebre fiesta de Maïouma, veíase -una tropa de cortesanas nadando en público en unos estanques[658] -llenos de agua cristalina[659]. Esto era una especie de embriaguez, -un sueño de Sardanápalo, donde se desarrollaban poco á poco todas las -voluptuosidades, todos los delirios, sin excluir por esto ciertas -delicadezas. El torrente de lodo que, saliendo por la embocadura del -Oronte, iba á inundar á Roma[660], tenia allí su foco principal. -Doscientos _decuriones_ estaban ocupados en arreglar las fiestas[661]. -La municipalidad poseia vastos dominios públicos, de los cuales los -_duumviros_ compartian el usufructo con los ciudadanos pobres[662]. -Antioquía, como todas las poblaciones del placer, tenia una plebe -ínfima, que vivia á costa del público ó de sórdidas especulaciones. - -La belleza de las obras de arte y el infinito atractivo de la -naturaleza[663] hacian que este abatimiento moral degenerara en -vulgaridad. La posicion de Antioquía es una de las más bellas del -mundo, pues ocupa el intervalo que media entre el Oronte y las faldas -del monte Silpio, uno de los agregados al monte Casio. - -Nada iguala á la abundancia y á la claridad de sus aguas[664]. Rodeada -á una altura considerable por una muralla de elevadas rocas que la -fuerza de la arquitectura militar[665] ha cortado á pico, aparece -coronada con un cerco labrado de efecto maravilloso. Esta clase de -fortificaciones fué la preferida por los gobernadores de Alejandría -como se vé en Seleucia, en Éfeso, en Esmirna y en Tesalónica: de esto -resultan magníficas perspectivas. Antioquía tenia dentro de sus muros -montes de más de setecientos piés de elevacion, peñascos escarpados, -torrentes, precipicios, hondonadas y cascadas, grutas inaccesibles y -en medio de todo esto, hermosos jardines[666]. Una espesura de mirtos, -de bojes, de laureles, de plantas siempre verdes, de rocas tapizadas -de yedra, y de jacintos, daban á estas salvajes alturas el aspecto de -_parterres_ suspendidos. La variedad de flores, la frescura de sus -praderas, cubiertas de pequeñas gramíneas, la belleza de las plantas -que rodean el Oronte, respiran la poesía y suave perfume con el cual -se animaron los génios de Juan Crisóstomo, Libanio y Juliano. Sobre la -orilla derecha del rio extiéndese una vasta llanura adornada por un -lado por el Amano y otros montes, y por el otro por la llanura de la -Cirréstica[667], detrás de la cual está la peligrosa poblacion de la -Arabia y del desierto. El valle de Oronte, que se descubre al oeste, -pone en comunicacion al lago con el mar, ó mejor dicho, con el vasto -mundo, en cuyo seno el Mediterráneo ha constituido en todo tiempo una -especie de camino neutral y de enlace federal. - -Entre las diversas colonias á quienes las leyes liberales de los -seleúcidas atraen á la capital de la Syria, la de los judíos fué la más -numerosa[668]; data de Seleuco Nicator y poseia los mismos derechos que -los griegos[669]. Aun cuando los judíos tenian su etnarca particular, -sus relaciones con los paganos eran muy frecuentes. Allí, como en -Alejandría, estas relaciones degeneraban muchas veces en riñas y en -agresiones[670], y por otro lado daban lugar á una activa propaganda -religiosa. Siendo cada dia más insuficiente para los espíritus graves -el politeismo oficial, la filosofía griega y el judaismo atrajeron -á todos aquellos á los cuales no satisfacian las vanas pompas del -paganismo. El número de los prosélitos era considerable. Desde los -primeros dias del cristianismo, Antioquía habia dado á la iglesia de -Jerusalem uno de sus hombres más influyentes, á uno de sus diáconos, á -Nicolás[671]. Allí habia gérmenes excelentes que solo esperaban un rayo -de la gracia para dar los buenos frutos que hemos visto. - -La iglesia de Antioquía debe su fundacion á algunos creyentes oriundos -de Chipre y de Cirene que habian predicado mucho[672]. Hasta entonces -solo se habian dirigido á los judíos; pero en una poblacion donde los -judíos puros, los judíos prosélitos, las «gentes temerosas de Dios» -ó paganos medio judíos, y los paganos puros, vivian juntos[673], -las predicaciones dirigidas á un solo grupo eran imposibles. El -sentimiento de la aristocracia religiosa que llenaba de orgullo á -los judíos de Jerusalem, no existia en aquellas grandes ciudades -donde la civilizacion era profana y estaban menos arraigadas las -preocupaciones. Los misioneros chipriotas y cirineos tuvieron pues que -apartarse de su regla, y predicaron indiferentemente á los griegos y á -los judíos[674]. - -Las disposiciones recíprocas de la poblacion judía y de la pagana eran, -por lo visto, muy malas en aquel entonces[675], pero circunstancias de -un órden distinto favorecieron acaso las nuevas ideas. El temblor de -tierra que maltrató la ciudad el 23 de marzo del año 37 daba mucho que -pensar á los habitantes, y no se hablaba sino de un charlatan llamado -Deborio que pretendia impedir la repeticion de semejantes accidentes, -valiéndose para ello de talismanes ridículos[676]. Esta circunstancia -inclinaba á muchos á creer en las cosas sobrenaturales; pero sea como -fuere, ello es que la predicacion cristiana obtuvo un éxito notable, y -que se fundó en poco tiempo una jóven Iglesia, ardiente, innovadora, -y llena de porvenir, porque se componia de elementos muy diversos. -Extendiéronse todos los dones del Espíritu Santo, y desde entonces -fué fácil preveer que aquella nueva Iglesia, libre ya del estrecho -mosaismo que rodeaba á Jerusalem como una barrera inespugnable, seria -la segunda cuna del cristianismo. Jerusalem será siempre seguramente -la capital religiosa del mundo, pero el punto de partida de la Iglesia -de los gentiles, el foco primordial de las misiones cristianas, fué -verdaderamente Antioquía. Allí es donde se constituye por la primera -vez una Iglesia cristiana libre de los lazos del judaismo; allí es -donde se establece la gran propaganda de la edad apostólica; allí donde -se forma definitivamente San Pablo; Antioquía marca la segunda etapa -de los progresos del cristianismo; tratándose de nobleza cristiana, ni -Roma, ni Alejandría, ni Constantinopla, podrian tomarse como puntos de -comparacion. - -La topografía de la vieja Antioquía está ya tan confusa, que en -vano se buscaria sobre aquel suelo algun vestigio de la antigüedad, -algun punto donde evocar tan grandes recuerdos. Allí, como en todas -partes, el cristianismo debió establecerse en los barrios más pobres, -entre la gente del pueblo. La basílica que llamaban «Antigua» y -«Apostólica»[677] en el siglo IV, estaba situada en la calle titulada -Singon, cerca del Panteon,[678] pero no se sabe dónde se hallaba este: -la tradicion y ciertas vagas analogías inducirian á buscar el barrio -cristiano primitivo hácia la puerta que conserva aún hoy el nombre de -Pablo, _Bab Bolos_[679], y al pié de la montaña que Procopio llamó -_Stavrin_, situada hácia el sudeste de las murallas de Antioquía[680]. -Era aquella una de las partes de la ciudad menos rica en monumentos -paganos, y aún se ven allí los restos de santuarios antiguos dedicados -á San Pedro, San Pablo y á San Juan; aquel parece haber sido el punto -donde se mantuvo más tiempo el cristianismo despues de la conquista -musulmana; aquel fué tambien al parecer el barrio de los «Santos,» -pues se encuentran las rocas taladradas y como formando una especie de -grutas que sin duda sirvieron para los anacoretas. Cuando se camina por -aquellas escarpadas pendientes, desde donde en el siglo IV, los buenos -stylitas, discípulos á la vez de la India y de la Galilea, de Jesús y -de Çakya-Mouni, contemplaban con desden la ciudad voluptuosa al salir -de sus cavernas floridas[681], de creer es que no se esté muy lejos de -los sitios donde vivieron Pedro y Pablo. La _Historia de la Iglesia de -Antioquía_ es la que mejor puede estudiarse y contiene menos fábulas: -la tradicion cristiana en una ciudad donde el cristianismo tuvo tan -vigorosa continuidad puede ser de algun valor. - -La lengua dominante de la Iglesia de Antioquía era el griego, mas no -obstante es problable que los distritos que hablaban sirio diesen á la -secta numerosos adeptos. En su consecuencia, Antioquía contenia ya el -gérmen de dos iglesias rivales y más tarde enemigas; una que hablaba -el griego, representada ahora por los griegos de Siria, ya ortodoxos -ó ya católicos; y la otra cuyos representantes actuales son los -maronitas, que hablaban en otro tiempo el sirio y le conservan aún como -lengua sagrada. Los maronitas, que á pesar de su catolicismo moderno, -tienen una remota antigüedad, son acaso los últimos descendientes de -aquellos sirios anteriores á Seleuco, de aquellos _pagani_ de Ghisira, -Charandama, etc.,[682] que formaron desde los primeros siglos Iglesia -á parte, y que viéndose perseguidos como herejes por los emperadores -ortodoxos huyeron al Líbano[683], donde, á causa de su aversion á la -Iglesia griega y por otras afinidades más profundas, hicieron alianza -con los latinos. - -En cuanto á los judíos convertidos de Antioquía fueron tambien muy -numerosos[684], pero debe creerse que se unieron fraternalmente con -los gentiles[685]. En las orillas del Oronte fué donde llegó á ser una -realidad la fusion religiosa de las razas, soñada por Jesús, ó mejor -dicho por seis siglos de profetas. - - - - -CAPÍTULO XIII. - -Idea de un apostolado de los gentiles. -- San Bernabé. - - -[Marginal: Año 42] - -Cuando se supo en Jerusalem lo que habia pasado en Antioquía, fué -grande la emocion de todos.[686] Á pesar de la buena voluntad de -algunos de los principales miembros de la Iglesia de Jerusalem, en -particular de Pedro, dominaban en el colegio apostólico las más -mezquinas ideas y cada vez que se sabia que se habia anunciado á los -paganos la buena nueva, notábanse en algunos ancianos muestras de -descontento. El hombre que en aquella ocasion triunfó de tan miserable -envidia impidiendo que las máximas exclusivas de los «hebreos» -arruinaran el porvenir del cristianismo, fué Bernabé, el hombre más -ilustrado de la iglesia de Jerusalem; Bernabé, que era jefe del -partido liberal y queria el progreso de la Iglesia, habia contribuido -ya poderosamente á desterrar la desconfianza que inspiraba Pablo; -y esta vez ejercia todavía una gran influencia, pues habiendo ido á -Antioquía como delegado del cuerpo apostólico, vió y aprobó cuanto se -habia hecho, declarando que la nueva Iglesia no tenia más que continuar -por la senda que se habia trazado. Las conversiones se multiplicaban -diariamente[687]: la fuerza vivificante y creatriz del cristianismo -parecia haberse concentrado en Antioquía, en cuyo punto permaneció -Bernabé, cuyo celo le impulsaba á estar allí donde la accion fuese más -viva. Antioquía pues será su Iglesia en lo sucesivo; desde allí va á -ejercer el ministerio más fecundo; el cristianismo ha sido injusto -con ese grande hombre al no colocarle en primera línea entre sus -fundadores; todas las buenas y grandes ideas fueron patrocinadas por -Bernabé, y su inteligente osadía fué el contrapeso contra las funestas -consecuencias que hubiera podido producir la obstinacion de los judíos -que formaban parte del partido conservador de Jerusalem. - -Hallándose Bernabé en Antioquía concibió una magnífica idea: Pablo -estaba en Tarso sumido en una inaccion que para un hombre tan activo -debia ser un suplicio; su falsa posicion, su rudeza y sus pretensiones -exageradas hacian olvidar sus buenas cualidades, y se consumia sin -ser útil á nadie. Bernabé supo aplicar á su obra esta fuerza que se -aniquilaba en una soledad peligrosa por su clima, y por segunda vez -tendió la mano á Pablo, y despues de domeñar su salvaje carácter -hízole presentarse de nuevo en la sociedad de los hermanos de quienes -trataba de alejarse. - -El mismo Bernabé fué á Tarso, le buscó y le condujo á Antioquía:[688] -esto ciertamente no lo hubieran hecho los obstinados judíos de -Jerusalem; apoderarse de aquella grande alma tan indomable como -susceptible; doblegarse ante las debilidades y rarezas de un hombre -lleno de fuego, suponerse inferior á él y preparar el campo del modo -más favorable para que se desarrollara la actividad de aquel hombre, -olvidándose de sí mismo, es indudablemente llegar al colmo de la -virtud, y esto es lo que Bernabé hizo por San Pablo. La mayor parte de -la gloria de éste recae en el hombre que se anticipó á él en todas las -cosas, que le hizo figurar en primer término descubriendo lo que valia, -que le dió á conocer, impidiendo en más de una ocasion que sus defectos -perjudicasen á la santa causa y que las mezquinas ideas de otros le -indujesen á obrar mal. Todo esto lo hizo Bernabé en beneficio de la -obra de Dios. - -[Marginal: Año 43] - -Durante un año entero, Bernabé y Pablo estuvieron unidos por una activa -colaboracion[689], y este fué el período más brillante, y sin duda más -feliz de la vida de Pablo. La fecunda originalidad de aquellos dos -grandes hombres elevó á la Iglesia de Antioquía á una altura á que no -habia llegado ninguna otra hasta entonces, y la capital de Siria era -uno de los puntos del mundo donde habia más movimiento; las cuestiones -religiosas y sociales, así en la época romana como en nuestro tiempo, -se discutian principalmente entre las grandes aglomeraciones de -hombres, y ya iba observándose una especie de reaccion contra la -inmoralidad general, á cuyas circunstancias se debió que más tarde -fuese Antioquía la patria de los stilitas y solitarios[690]. Así pues, -la buena doctrina contaba en aquella ciudad con las mejores condiciones -de éxito. - -Una circunstancia principal prueba por lo demás que la secta tuvo por -primera vez en Antioquía plena conciencia de lo que hacia. En dicha -ciudad recibió por primera vez un nombre distinto: hasta entonces los -agregados se habian llamado entre sí los «creyentes», los «fieles», -los «santos», los «hermanos», ó los «discípulos», y como no tenian -un nombre oficial y público para designarles, se les dió el de -_christianus_[691]. La terminacion es latina y no griega, lo cual -parece indicar que se creó por la autoridad romana[692], así como -_herodiani_, _pompeiani_, _cæsariani_[693]. De todos modos, es lo -cierto que la poblacion pagana formó este nombre que indica un error, -pues suponia que _Christus_, traduccion del hebreo _Maschiah_ (el -Mesías), era un nombre propio[694]. Aun muchos de aquellos que estaban -poco al corriente de las ideas judías ó cristianas, debian creer al ver -aquel nombre que _Christus_ ó _Chrestus_ era un jefe de partido que aún -vivia[695]. La pronunciacion vulgar en efecto era _chrestiani_[696]. - -En todo caso los judíos no adoptaron, al menos de una manera -continuada[697], el nombre dado por los romanos á sus correligionarios -cismáticos, y siguieron llamando á los nuevos sectarios «Nazarenos» ó -«Nazorenos,»[698] sin duda porque tenian costumbre de llamar á Jesús -_Han-nasri_ ó _Han-nosri_, el Nazareno. Este nombre se ha conservado -hasta nuestros dias en todo el Oriente[699]. Llegamos á un punto -importante: la hora en que una creacion nueva recibe un nombre es -solemne, porque el nombre es el signo definitivo de la existencia. La -formacion de la palabra «cristiano» señala tambien la fecha precisa en -que la Iglesia de Jesús se separó del judaismo. Por mucho tiempo se -confundirán aún las dos religiones, mas esta confusion no ocurrirá -sino en los países donde el crecimiento del cristianismo, si así -puede decirse, esté muy atrasado. Por lo demás, la secta aceptó al -momento el nuevo dictado que se la daba, considerándolo como un título -honroso[700]. Cuando se piensa que diez años despues de la muerte de -Jesús adquirió su religion un nombre en las lenguas griega y latina en -la capital de Syria, asombra el progreso alcanzado en tan poco tiempo. -El cristianismo se ha desprendido completamente del seno de su madre; -el verdadero pensamiento de Jesús ha triunfado de la indecision de sus -primeros discípulos; la Iglesia de Jerusalem, que apenas conoce el -arameo, el lenguaje de Jesús, queda oscurecida; el cristianismo habla -griego, y se ha lanzado decisivamente en el gran torbellino del mundo -griego y romano, de donde ya no saldrá más. - -La actividad, la fiebre de ideas que se produjo en aquella jóven -Iglesia debió ser extraordinaria; las grandes manifestaciones -_espiritistas_ eran muy frecuentes[701]; todos se creian inspirados de -distinto modo; los unos eran «profetas,» los otros «doctores,»[702] -y Bernabé, como lo indica su nombre[703], pertenecia sin duda á la -clase de los primeros. Pablo no tenia título especial. Citábanse -tambien entre los notables de la Iglesia de Antioquía, á Simon, llamado -_Niger_, Lucio Cirineo, y Manahem, que habia sido hermano de leche -de Herodes Antipas y que por consecuencia debia ser de edad muy -avanzada[704]. Todos estos personajes eran judíos. Entre los paganos -convertidos se contaba acaso ya aquel Evodio que, segun parece, figuró -en primer término en cierta época en la Iglesia de Antioquía[705]. Es -indudable que los paganos que acudieron á la primera predicacion serian -en cierto modo inferiores á los demás, y debieron brillar poco en la -predicacion y la profecía. - -En medio de aquella sociedad tan activa y animada, Pablo se dejó -arrastrar por la corriente. Más tarde se mostró contrario á la -glosolalia[706], y es probable que nunca la practicara. Pero tuvo -muchas visiones y revelaciones inmediatas[707], y probablemente fué -en Antioquía[708] donde cayó en aquel éxtasis profundo que refiere -en estos términos: «Yo conozco un hombre en Cristo que hace catorce -años, (¿la cosa pasó corporalmente ó fuera del cuerpo? No lo sé. Dios -lo sabe), fué arrebatado hasta el tercer cielo[709]; y yo sé que este -hombre (si en el cuerpo ó fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), -fué arrebatado al paraiso,[710] donde oyó palabras inefables que no es -permitido decir á un mortal[711]». Sóbrio y práctico, en lo general, -Pablo participaba sin embargo de las ideas de su época acerca de lo -sobrenatural; creia hacer milagros[712] como todo el mundo, y era -imposible que los dones del Espíritu Santo, considerados como un -privilegio comun á la Iglesia[713], le fueran negados á él. - -[Marginal: Año 44] - -Pero almas poseidas de una llama tan ardiente no podian satisfacerse -con las quimeras de una exuberante piedad: bien pronto se pensó en los -medios de accion, y apoderóse de todos la idea de las grandes misiones -destinadas á convertir á los paganos, empezando por el Asia Menor, idea -que seguramente no se habria realizado si hubiese nacido en Jerusalem, -porque aquella Iglesia no contaba con recursos pecuniarios. Para -establecer convenientemente la propaganda necesitábanse suficientes -fondos, y como toda la caja comun de Jerusalem servia para alimentar -á los pobres, y á veces no bastaba, hacíase preciso que de todas las -partes del mundo se enviaran socorros para que aquellos nobles mendigos -no muriesen de hambre[714]. El comunismo habia producido en Jerusalem -una miseria irremediable hasta el punto de que no era posible emprender -empresa alguna, pero la Iglesia de Antioquía se hallaba libre de -semejante azote. En estas ciudades profanas, los judíos, que vivian por -lo general en comodidad, habian llegado á poseer grandes fortunas[715]; -los fieles ingresaban en la Iglesia á veces con bienes considerables, -y Antioquía fué la que facilitó los capitales para la fundacion del -cristianismo. Fácil es comprender la completa diferencia de costumbres -y de ideas que semejante circunstancia debió establecer entre las dos -iglesias: Jerusalem siguió siendo la ciudad de los pobres de Dios, -que soñando con las promesas del reino de los cielos[716], estaban -como embriagados y aturdidos; Antioquía, casi extraña á la palabra de -Jesús, que nunca oyera, fué la Iglesia de la accion y del progreso. -Antioquía fué tambien la ciudad de Pablo; Jerusalem, la antigua ciudad -del colegio apostólico, sumida en sus sueños, impotente ante los nuevos -problemas que se presentaban, pero deslumbrada por su incomparable -privilegio, rica por sus inapreciables recuerdos. - -Una circunstancia dió á conocer á poco tiempo el verdadero carácter -y situacion de esta última: tal era la imprevision de aquella pobre -Iglesia famélica de Jerusalem, que el menor accidente trastornaba á -toda la comunidad; y en un país donde no hay organizacion económica, -donde el comercio se hacia en pequeña escala, y donde los recursos -eran muy escasos, no podia menos de declararse el hambre, que es -precisamente lo que sucedió en el cuarto año del reinado de Claudio, -año 44[717]. Cuando se dejaron sentir los primeros síntomas, los -ancianos de Jerusalem acordaron recurrir á sus hermanos de las iglesias -más ricas de Siria, y en su consecuencia marchó á Antioquía[718] una -embajada compuesta de profetas hierosolimitas. Uno de ellos, llamado -Agab, que pasaba por hombre muy ilustrado, se sintió de pronto poseido -del espíritu y anunció lo que iba á suceder. Los fieles de Antioquía se -mostraban muy sensibles á los males que amenazaban á la madre Iglesia, -de la que se consideraban aún tributarios, é hicieron una colecta, en -la que cada uno contribuyó segun sus alcances, encargando á Bernabé -fuese á llevar el producto á los hermanos de Judea[719]. Jerusalem -será aún por mucho tiempo la capital del cristianismo; las cosas -únicas están allí centralizadas; no hay apóstoles más que allí[720]; -pero se ha dado un gran paso, pues si durante varios años no ha habido -más que una Iglesia completamente organizada, que es la de Jerusalem, -centro absoluto de la fé, de donde toda vida emana y á donde toda vida -refluye, ya no es así, pues contamos con Antioquía que es una Iglesia -perfecta con toda la gerarquía de los dones del Espíritu Santo. Las -misiones salen de ella[721] y á ella vuelven[722], es una segunda -capital, ó mejor dicho, un segundo corazon, que tiene su accion propia -y cuya fuerza se ejercita en todas direcciones. - -Por lo demás, fácil es preveer desde ahora que la segunda capital -eclipsará á la primera: la decadencia de la Iglesia de Jerusalem fué -en efecto rápida, que es condicion de las instituciones fundadas sobre -el comunismo tener un período brillante, pues el comunismo supone -siempre una gran exaltacion; pero degenerará muy pronto porque aquel -es contrario á la naturaleza humana. En sus arranques de virtud, el -hombre cree poder dispensarse por completo del egoismo y del interés -propio; pero el egoismo tomará la revancha probando que el absoluto -desinterés engendra males mucho más graves que los que se creyeron -evitar suprimiendo la propiedad. - - - - -CAPÍTULO XIV. - -Persecucion de Herodes Agrippa I. - - -[Marginal: Año 44] - -Bernabé encontró la Iglesia de Jerusalem sumida en el mayor desórden. -El año 44 le fué fatal, porque además del hambre, vió encenderse de -nuevo el fuego de la persecucion, que se habia amortiguado á la muerte -de Estéban. - -Herodes Agrippa, nieto de Herodes el Grande, habia logrado, desde -el año 41, reconstituir el reino de su abuelo. Merced al favor de -Calígula, habia podido reunir bajo su dominacion la Batanea, la -Traconítide, una parte del Haurán, la Abilene, la Galilea y la -Perea[723]. El ignoble papel que desempeñó en la tragicomedia que elevó -á Claudio al imperio[724], culminó su fortuna. Ese vil oriental, en -recompensa de las lecciones de bajeza y de perfidia que habia dado á -Roma, obtuvo para él la Samaria y la Judea, y para su hermano Herodes -el pequeño reino de Calcis[725]. Habia dejado en Roma los más tristes -recuerdos, y se atribuian en gran parte á sus consejos las crueldades -de Calígula[726]. Era muy poco querido de su ejército y de las ciudades -paganas de Sebastia y Cesarea, que sacrificaba á Jerusalem[727]. Pero -los judíos lo encontraban generoso, magnífico y deseoso de aliviar sus -males. Procuraba hacerse popular entre ellos, y seguia una política -enteramente diferente de la de Herodes el Grande, que se habia -inclinado más á favor de los griegos y romanos que de los judíos. -Herodes Agrippa, al contrario, amaba á Jerusalem, observaba exactamente -la religion judía, afectaba ser muy escrupuloso, y ni un solo dia -dejaba de hacer sus devociones[728]. Hasta escuchaba con dulzura las -observaciones de los rigoristas, y se tomaba el trabajo de justificarse -de sus reprehensiones[729]. Perdonó á los Jerosolimitas el tributo que -le debia cada casa[730] y, en una palabra, los ortodoxos tuvieron en él -un rey á su gusto. - -Era inevitable que un príncipe con semejante carácter habia de -perseguir á los cristianos. Sincero ó no, Herodes Agrippa, era un -soberano judío en toda la extension de la palabra[731]. La casa -de Herodes, á medida que se debilitaba, se hacia más devota y se -separaba más y más de la elevada idea profana del fundador de su -dinastía, aspirando á que viviesen juntos, bajo el imperio comun de -la civilizacion, los cultos más opuestos. Cuando Herodes Agrippa, -proclamado rey, entró por primera vez en Alejandría fué recibido -como rey de los judíos, cuyo título irritó al pueblo y dió lugar -á muchas burlas[732]. Ahora bien, ¿qué habia de ser un rey de los -judíos, sino un guardian de la ley y de las tradiciones, un soberano -teócrata y perseguidor? Desde Herodes el Grande, durante cuyo reinado -se reprimió enteramente el fanatismo, hasta estallar la guerra que -originó la ruina de Jerusalem, hubo siempre una progresion creciente -de ardor religioso. La muerte de Calígula (24 de Enero de 41) habia -producido una reaccion favorable á los judíos. En general Claudio fué -muy benévolo para ellos[733] á causa de la influencia que tenian con -él Herodes Agrippa y Herodes, rey de Calcis. No solo dió la razon -á los judíos de Alejandría en sus disensiones con los habitantes de -dicho país, otorgándoles el derecho de elegir un etnarca, sino que -hasta publicó, segun parece, un edicto por el que concedia á los -judíos, en toda la extension del imperio, como lo habia hecho en favor -de los de Alejandría, la libertad de vivir segun sus leyes, con la -única condicion de no ultrajar los demás cultos. Algunas tentativas -de vejaciones análogas á las que habian tenido lugar en tiempo de -Calígula, fueron reprimidas[734]. Jerusalem se ensanchó mucho, -uniéndose con la ciudad el barrio de Bezetha[735]. Apenas se hacia -sentir allí la autoridad romana, por más que Vibius Marsus, hombre -prudente, de mucha experiencia, adquirida en los elevados cargos que -desempeñara, de un talento muy cultivado[736], y que habia sucedido -á Publio Petronio en las funciones de legado imperial en Siria, -advertia de cuando en cuando á Roma que eran peligrosos aquellos reinos -semi-independientes de Oriente[737]. La especie de feudalismo que desde -la muerte de Tiberio tendia á establecerse en Siria y en las comarcas -vecinas[738], debilitaba en efecto la política imperial, y casi siempre -dió malos resultados. Los «reyes» cuando iban á Roma eran personajes -que ejercian allí una influencia detestable. La corrupcion y la -desmoralizacion del pueblo, sobre todo en el reinado de Calígula, eran -debidas en gran parte al ejemplo dado por aquellos miserables á quienes -se veia arrastrar la púrpura en el teatro, en el palacio del César, y -en las cárceles[739]. En cuanto á los judíos, ya hemos visto[740] que -para ellos _autonomía_ significaba intolerancia. El pontificado supremo -pasaba únicamente y aún por cortos períodos de la familia de Hanan -á la de Boethus, no menos altanera y cruel. El soberano que queria -complacer á los judíos no podia dejar de decretar lo que más deseaban, -es decir, severidades contra todo lo que se separase de la más rigurosa -ortodoxia[741]. - -Herodes Agrippa fué por la misma razon al fin de su reinado un -perseguidor violento[742]. Algun tiempo antes de la Pascua del año -44, hizo cortar la cabeza á uno de los principales miembros del -Colegio Apostólico, á Jacobo, hijo del Zebedeo y hermano de Juan. Este -asunto no se consideró como religioso, y por lo tanto no hubo proceso -inquisitorial ante el Sanhedrin; la sentencia fué dictada en virtud del -poder arbitrario del soberano, como sucedió con Juan Bautista[743]. -Animado por el buen efecto que dicha muerte produjo entre los -judíos[744], Herodes Agrippa no quiso detenerse en tan fácil via de -popularidad. Eran los primeros dias de la fiesta de Pascua, época -ordinaria del acrecentamiento de fanatismo, y aprovechando la ocasion, -Agrippa hizo encerrar á Pedro en la torre Antonia, á fin de que se le -juzgara y ejecutara con grande aparato ante la masa de pueblo que se -reunia con motivo de las fiestas. - -Una circunstancia que ignoramos, y que fué considerada como milagrosa, -puso á Pedro en libertad. Una tarde en la que varios fieles se habian -reunido en casa de María, madre de Juan Márcos, en donde acostumbraba -á vivir Pedro, se oyó llamar de repente á la puerta. La criada, llamada -Rhodé, fué á ver quién era y reconoció la voz de Pedro. Embargada por -la alegría, en vez de abrir, corre á anunciar que Pedro estaba allí. -La tratan de loca, pero ella jura y vuelve á asegurar que es él. «Es -su ángel,» dicen algunos. Vuelve á oirse llamar varias veces; era él. -La alegría fué infinita. Pedro hizo participar enseguida su libertad á -Jacobo, hermano del Señor, y á los demás fieles. Se creyó que el ángel -del Señor habia entrado en el calabozo del apóstol y habia hecho caer -las cadenas y cerrojos. Pedro contaba que todo esto habia sucedido -mientras estaba en una especie de éxtasis; que despues de haber pasado -la primera y segunda guardia y atravesado la puerta de hierro que -daba á la ciudad, el ángel lo acompañó hasta una calle y lo dejó: que -entonces volvió en sí y reconoció la mano de Dios, que habia enviado un -mensajero celeste para libertarlo[745]. - -Agrippa sobrevivió poco á estas violencias[746]. Á mediados del año -44, pasó á Cesarea para celebrar juegos en honor de Claudio. La -concurrencia fué extraordinaria; los habitantes de Tiro y de Sidon, -que tenian algunas disensiones con él, fueron á pedirle gracia. Estas -fiestas disgustaban mucho á los judíos, tanto porque se efectuaban en -la ciudad impura de Cesarea, como porque se daban en el teatro. Una vez -que el rey habia salido de Jerusalem con igual motivo, cierto rabino -Simeon habia propuesto que se declarase que dejaba de pertenecer al -judaismo y que se le excluia del templo; mas entonces el rey llevó -su condescendencia hasta el punto de colocar al rabino á su lado en -el teatro, á fin de probarle que allí nada se hacia contrario á la -Ley[747]. Creyendo haber satisfecho de este modo á los rigoristas, -Herodes Agrippa se dejó arrastrar por su aficion á las pompas profanas. -El segundo dia de la fiesta, entró muy de mañana en el teatro, vestido -con una túnica de tejido de plata, de un brillo incomparable. Fué -extraordinario el efecto causado por esta túnica que resplandecia -á los rayos del sol saliente y los fenicios que rodeaban al rey le -prodigaron adulaciones imbuidas de paganismo. «Es un Dios, decian, y no -un hombre.» El rey no manifestó indignacion ni vituperó esta palabra, -pero falleció cinco dias despues. Judíos y cristianos atribuyeron su -muerte al no haber rechazado con horror una lisonja tan blasfematoria. -La tradicion cristiana supuso que este era el castigo reservado á los -enemigos de Dios, puesto que murió de una enfermedad vermicular[748]. -Sin embargo, los síntomas de que habla Josefo harian creer más bien -en un envenenamiento, y viene á confirmar esta opinion lo que dicen -las _Actas_ de la conducta equívoca de los fenicios y del cuidado que -tuvieron en ganar á Blastus, ayuda de cámara del rey. - -Con la muerte de Herodes Agrippa I desapareció la independencia -de Jerusalem, que volvió á ser gobernada por procuradores. Este -régimen duró hasta la gran sublevacion, lo que fué un bien para el -cristianismo, porque debe observarse que esta religion que debia -sostener más tarde una lucha tan terrible contra el imperio romano, -creció á la sombra del principio de aquel y bajo su proteccion. Roma -era, conforme lo hemos dicho repetidas veces, quien impedia que el -judaismo se entregase completamente á sus instintos de intolerancia -y de destruccion de los gérmenes de libertad que se producian en su -seno. Toda restriccion de la autoridad judía era un beneficio para -la secta naciente: Cuspius Fadus, el primero de esta nueva série de -procuradores, fué otro Pilatos, de mucha firmeza ó por lo menos de -buena voluntad; pero Claudio continuaba mostrándose favorable á las -pretensiones judías, á causa sobre todo de las instigaciones del jóven -Herodes Agrippa, hijo de Herodes Agrippa I, que vivia á su lado y á -quien amaba mucho[749]. Despues de la corta administracion de Cuspius -Fadus, las funciones de procurador fueron confiadas á un judío, á aquel -Tiberio Alejandro, sobrino de Philon é hijo del alabarca de los judíos -de Alejandría, que tuvo grandes empleos y desempeñó un papel importante -en los asuntos políticos de su siglo. Verdad es que no era amado de los -judíos, que lo miraban, no sin razon, como un apóstata[750]. - -Para poner fin á estas continuas disputas, se recurrió al medio más -conforme con los buenos principios. Se hizo una especie de separacion -entre lo espiritual y lo temporal, y se dejó el poder político á los -procuradores; pero Herodes, rey de Calcis y hermano de Agrippa I, fué -nombrado Prefecto del templo, guardian de los vestidos pontificales, -y tesorero de la caja sagrada, revistiéndose del derecho de nombrar -los grandes sacerdotes[751]. Á su muerte (año 48), Herodes Agrippa -II, hijo de Herodes Agrippa I, sucedió á su tio en dichos cargos, que -conservó hasta la gran guerra. Claudio continuaba mostrándose en todo -esto lleno de bondad. Los altos funcionarios romanos en Siria, bien -que menos inclinados á las concesiones que el emperador, emplearon -tambien mucha moderacion. El procurador Ventidius Cumanus llevó su -condescendencia hasta el caso de hacer decapitar, en medio de los -judíos que formaban el cuadro, á un soldado que habia destrozado un -ejemplar del Pentateuco[752]. Todo fué inútil; Josefo achaca con razon -á la administracion de Cumanus los desórdenes que solo concluyeron con -la destruccion de Jerusalem. - -El cristianismo no tomaba la menor parte en estos disturbios[753], que -eran, como el mismo cristianismo, uno de los síntomas de la fiebre -extraordinaria que devoraba al pueblo judío y del trabajo divino -que se verificaba en él. Nunca habia hecho tantos progresos la fé -judía[754]. El templo de Jerusalem era uno de los santuarios del mundo -cuya fama se extendia más y al que más donativos se hacian[755]. El -judaismo habia llegado á ser la religion dominante de la mayor parte -de la Siria. Los príncipes asmoneos habian convertido violentamente -á poblaciones enteras (Idumeos, Itureos, etc.)[756]. Hubo al mismo -tiempo muchos ejemplos de circuncision impuesta por la fuerza[757], -porque se tenia un grande empeño en hacer prosélitos[758]. La misma -casa de Herodes contribuia poderosamente á la propaganda judía. Para -casarse con princesas de esta familia, cuyas riquezas eran inmensas, -se hacian judíos[759] los príncipes de las pequeñas dinastías vasallas -de los romanos, de Emesa, de Ponte, y de Cilicia. La Arabia y la -Etiopía poseian tambien un gran número de convertidos, entre los que -se contaban, sobre todo por parte de las mujeres[760], las familias -reales de Meseno y de Adiabene, tributarias de los Partos. Se creia -que se hallaba la dicha conociendo y practicando la Ley[761], y aun -cuando no se hiciesen circuncidar, modificaban su religion en sentido -judío; el espíritu general de la religion en Siria era una especie -de monoteismo. En Damasco, ciudad que nada tenia de israelita, casi -todas las mujeres habian adoptado la religion judaica.[762] Detrás del -judaismo farisaico, se formaba así una clase de judaismo libre, menos -violento, que ignoraba algunos secretos de la secta[763], pero que -tenia más porvenir y en el que únicamente se llevaba buena voluntad y -puro corazon. La situacion era, á corta diferencia, la del catolicismo -de nuestros dias, en donde vemos, por una parte, teólogos ignorantes y -orgullosos que por sí solos no convertirian más almas al catolicismo -que las que ganaron los fariseos para el judaismo; y por otra, piadosos -seglares, heréticos mil veces sin saberlo, pero llenos de tierno celo, -ricos en buenas obras y en sentimientos poéticos, ocupados siempre en -disimular ó en atenuar con complacientes explicaciones las faltas de -sus doctores. - -Uno de los ejemplos más extraordinarios de la corriente que -arrastraba hácia el judaismo á las almas religiosas, fué el que dió -la familia real de Adiabene en el Tigris[764]. Esta casa, en su -orígen y costumbres[765], bien que iniciada en parte en la cultura -griega[766], se hizo judía casi toda y se distinguió por su extrema -devocion; porque, conforme hemos manifestado, estos prosélitos eran -regularmente más piadosos que los judíos de nacimiento. Izate, jefe -de la familia, abrazó el judaismo á consecuencia de las predicaciones -de un mercader judío llamado Ananías, que al entrar, para su pequeño -comercio en el serrallo de Abennerig, rey de Meseno, habia convertido -á todas las mujeres y se habia constituido su director espiritual. -Las mujeres pusieron á Izate en relaciones con él. En la misma época, -Elena, su madre, se hacia instruir en la verdadera religion por otro -judío. Izate, en su celo de nuevo convertido, queria tambien hacerse -circuncidar, pero su madre y Ananías lo disuadieron de ello. Ananías -le demostró que más importante era la observacion de los mandamientos -de Dios que la circuncision, y que se podia ser muy buen judío sin -esta ceremonia. Semejante tolerancia era debida á un corto número de -inteligencias superiores. Algun tiempo despues, un judío de Galilea -llamado Eleazar, encontró al rey que leia el Pentateuco y le probó con -el texto, que no podia observar la Ley sin ser circunciso. Izate quedó -persuadido de ello y mandó que le hicieran en seguida la operacion[767]. - -La conversion de Izate fué seguida de la de su hermano Monobaze y de -casi toda la familia. En el año 44, Elena pasó á fijarse en Jerusalem, -en donde hizo construir para la casa real de Adiabene un palacio y un -mausoleo de familia que todavía existe[768]. Se hizo querer de los -judíos por su afabilidad y sus limosnas. Daba gozo verla, como una -piadosa judía, frecuentar el templo, consultar á los Doctores, leer la -Ley, y enseñarla á sus hijos. En la peste del año 44, aquella santa -mujer fué la providencia de la ciudad, pues mandó comprar una gran -cantidad de trigo en Egipto, y de higos secos en Chipre. Izate, por -su parte, envió sumas considerables para ser distribuidas entre los -pobres. Las riquezas del Adiabene se gastaban en parte en Jerusalem, -donde vinieron los hijos de Izate para aprender los usos y la lengua -de los judíos. La familia citada fué un gran recurso para aquel pueblo -de mendigos. Habian tomado como un derecho de ciudadanía en Jerusalem, -en donde se encontraron varios de sus miembros durante el sitio de -Tito[769], al paso que otros figuran en los escritos talmúdicos como -modelos de piedad y de desprendimiento[770]. - -Así es como la familia real de Adiabene vino á figurar en la -historia del cristianismo. Sin ser cristiana, como han supuesto -varias tradiciones[771], esta familia representó bajo diferentes -conceptos las primicias de los gentiles. Abrazando el judaismo, -obedeció al sentimiento que debia llevar al cristianismo al mundo -pagano entero. Los verdaderos israelitas para con Dios lo eran más -bien aquellos extranjeros, animados por un sentimiento religioso tan -profundamente sincero, que no el fariseo soberbio y perverso, para -quien la religion no era más que un pretexto de ódios y desdenes. -Aquellos buenos prosélitos no eran fanáticos en lo más mínimo porque -eran verdaderamente santos. Admitian que la verdadera religion -podia practicarse con los códigos civiles más diversos; separaban -completamente la religion de la política. La distincion entre los -sectarios sediciosos que se proponian defender rabiosamente á -Jerusalem, y los pacíficos devotos que, al primer rumor de guerra, -habian de refugiarse en las montañas[772], se manifestaba cada dia más. - -Vemos, pues, que la cuestion de los prosélitos se presentaba del -mismo modo en el judaismo que en el cristianismo. De una y otra -parte, se sentia la necesidad de tener más tolerancia, y para los que -consideraban la cuestion bajo este punto de vista, la circuncision era -una práctica inútil ó perjudicial, y las observancias mosáistas una -simple señal de raza, que solo tenia valor para los hijos de Abraham. -Antes de ser una religion universal, el judaismo se veia obligado á -limitarse á una especie de deismo, que únicamente imponia los deberes -de la religion natural. Habia de cumplirse con ello una mision sublime, -y una parte del judaismo, en la primera mitad del siglo I, lo hizo -de una manera muy inteligente. Por un lado, el judaismo era uno de -los innumerables cultos nacionales[773] que llenaban el mundo y cuya -santidad no reconocia otra causa que la de haber sido practicado -por sus antepasados; por otro, el judaismo era la religion absoluta, -hecha para todos, y destinada á ser adoptada por todos. El espantoso -desbordamiento de fanatismo que se desarrolló en Judea y que originó -la guerra de exterminio, destruyó este porvenir. El cristianismo fué -el que se encargó de proseguir por su cuenta la tarea que la sinagoga -no habia sabido llevar á cabo. Dejando aparte las cuestiones rituales, -el cristianismo continuó la propaganda monoteista del judaismo. Lo que -favoreciera el éxito del judaismo con las mujeres de Damasco, en el -serrallo de Abennerig, con Elena y otros tantos prosélitos piadosos, -fortaleció al cristianismo en el mundo entero. En tal concepto, la -gloria del último se confunde verdaderamente con la del primero. Una -generacion de fanáticos privó al judaismo de su recompensa, y le -impidió recoger la cosecha que habia preparado. - - - - -CAPÍTULO XV. - -Movimientos paralelos al cristianismo ó imitadores del cristianismo. -- -Simon de Gitton. - - -[Marginal: Año 45] - -El cristianismo está ahora realmente fundado. En la historia de todas -las religiones, solo se encuentran obstáculos durante los primeros -años; mas cuando una creencia ha resistido las duras pruebas por que -ha de pasar toda nueva fundacion, está asegurado su porvenir. Los -fundadores del cristianismo, más hábiles que los otros sectarios del -mismo tiempo, esenianos, baptistas y partidarios de Judas el Gaulonita, -que no salieron del mundo judío y perecieron con él, se lanzaron -bien pronto al mundo con la mayor resolucion y ocuparon en aquel su -puesto. Las pocas citas que sobre cristianos encontramos en Josefo, en -el Talmud, y en todas las obras de los autores griegos y latinos, no -debe sorprendernos. Josefo ha llegado hasta nosotros por los copistas -cristianos que han sabido suprimir todo lo que era contrario á su -creencia; pero podemos suponer que hablaba con más extension de Jesús -y de los cristianos, que la edicion que ha llegado hasta nosotros. -El Talmud sufrió tambien durante la edad media[774] y despues de su -primera publicacion, varias supresiones y alteraciones, pues se ejerció -la censura cristiana sobre el texto con mucha severidad, y fueron -quemados una multitud de desdichados judíos por haber tenido en su -poder un libro conteniendo páginas consideradas como blasfematorias. -No es tampoco sorprendente que los escritores griegos y latinos se -preocupen poco de un movimiento que no pueden comprender y que tuvo -lugar en un pequeño mundo cerrado para ellos. El cristianismo se pierde -á sus ojos sobre el oscuro fondo del judaismo; esto fué una querella de -familia en el fondo de una nacion abyecta; ¿á qué ocuparse de ello? - -Los dos ó tres pasajes en que Tácito y Suetonio hablan de los -cristianos, prueban que algo extraordinaria debia ser la secta nueva, -cuando traspasó el círculo ordinario de la publicidad, y al poco -tiempo, á través de las nubes de la indiferencia general, comenzó á -destacarse vigorosamente. - -Por lo demás, lo que contribuyó á borrar un poco las formas del -cristianismo en la historia del mundo judío en el primer siglo de -nuestra era, es que no fué un hecho aislado. Philon, en la hora á que -hemos llegado, habia concluido su carrera, consagrada enteramente al -amor del bien. La secta de Judas el Gaulonita dura todavía: el agitador -tuvo como continuadores de su pensamiento á sus hijos Jacobo, Simon -y Menahem: pero los dos primeros fueron crucificados por órden del -procurador Tiberio Alejandro[775]. En cuanto al tercero, desempeñará -en la catástrofe final de la nacion un importante papel[776]. El año -44, un entusiasta llamado Teudas[777] se presentó anunciando una -próxima libertad, é invitó á la multitud á que le siguiera al desierto, -prometiendo, cual otro Josué, hacerle pasar el Jordan á pié enjuto; -ya que este pasaje era segun él el verdadero bautismo que debia -iniciar á cada uno de sus fieles en el reino de Dios. Siguiéronle más -de cuatrocientas personas; pero el procurador Fado, mandó contra él -á la caballería, dispersólos y le hirió[778]. Algunos años antes se -habia levantado toda la Samaria á la voz de un iluminado que pretendia -haber tenido una revelacion en el lugar de Garissim, donde Moisés -habia ocultado los instrumentos sagrados del culto. Pilatos habia -reprimido con gran rigor este movimiento[779]. En cuanto á Jerusalem, -la paz habia acabado para ella, pues á contar desde la llegada del -procurador Ventidio Cumano (año 48), los trastornos no cesaron; la -excitacion habia llegado á tal punto, que la vida era insufrible y -las circunstancias más insignificantes producian estallidos[780]. -Sentíase una extraña fermentacion, una especie de turbacion -misteriosa; por todas partes se multiplicaban los impostores[781]; -los terribles _zelotas_ (_Kenaïm_) ó sicarios, empezaban á aparecer; -y varios miserables armados de puñales se metian entre la multitud, -herian á sus víctimas, y eran los primeros que gritaban al asesino. -No se pasaba dia sin que se cometiera alguno de estos asesinatos; -extendiéndose el terror de una manera extraordinaria. Josefo presenta -los crímenes de estos sicarios como cometidos por bribones[782], pero -no es dudoso que el fanatismo se mezclaba en ello[783]: para defender -la ley aquellos miserables se armaron del puñal: el que faltaba segun -ellos á las prescripciones legales, veia pronto pronunciada y ejecutada -su sentencia. Con ello creian llevar á cabo la obra más meritoria y más -agradable á Dios. - -Escenas análogas á las de Teudas, renovábanse por todas partes. -Varios personajes pretendiéndose inspirados sublevaban el pueblo y -le arrastraban consigo al desierto, bajo el pretexto de hacerle ver -por signos manifiestos que Dios iba á librarles. La autoridad romana -deseaba exterminar á estos agitadores[784] que reunian las gentes á -millares, en términos de que en el año 56, un judío que vino de Egipto -á Jerusalem, con su prestigio consiguió atraer más de treinta mil -personas, entre las que habia cuatro mil sicarios. Desde el desierto, -queria llevarles al monte Olivete, para ver desde allí, segun decia, -caer las murallas de Jerusalem á su solo mandato. Félix, que era -entonces procurador, marchó contra él y dispersó á su gente, pero el -egipcio se salvó y no pareció más[785]. Sin embargo, así como en un -cuerpo enfermizo los males se suceden unos á otros, viéronse pronto -partidas mandadas por mágicos y ladrones que conducian claramente al -pueblo á revolucionarse contra los romanos, amenazando de muerte á los -que continuaran obedeciéndoles. Bajo este pretexto maltrataban á los -ricos, decomisaban sus bienes, quemaban sus casas, dejando en toda -la Judea huellas de su furor[786]. Anunciábase una guerra espantosa: -reinaba fuerte agitacion por do quier, y las imaginaciones se mantenian -en un estado cercano á la más completa locura. - -No era imposible que Teudas se inspirara en el espíritu de imitacion -á la vista de Jesús y de Juan Bautista. Á lo menos esta imitacion se -evidenció con Simon de Gitton, si merecen alguna fé las tradiciones -cristianas acerca de este personaje[787]. Le hemos visto ya en -relacion con los apóstoles á propósito de la primera mision de -Felipe en Samaria. Bajo el reinado de Claudio es cuando conquistó su -celebridad[788]. Sus milagros eran considerados como permanentes, y en -Samaria le miraba todo el mundo como un personaje sobrenatural[789]. - -No eran solo sus milagros los únicos fundamentos de su reputacion. -Segun parece usaba una doctrina que nos es imposible juzgar, ya que -la obra intitulada _La Grande Exposicion_ que se le atribuye, y que -ha llegado hasta nosotros por extracto, no es tal vez otra cosa más -que una síntesis modificada de sus ideas[790]. Simon, durante su -permanencia en Alejandría[791], parece haber fomentado en sus estudios -de filosofía griega un sistema de teosofía sincrética y de exégesis -alegórica semejante á la de Philon. Este sistema tiene su grandeza: -pues tan pronto recuerda la cábala judía, como las teorías panteistas -de la filosofía indiana; y bajo cierto punto de vista parece una -imitacion del budismo y del parsismo[792]. Al frente de todas las -cosas está «Aquel que es, que ha sido y que será[793],» es decir el -_Jahveh_ samaritano, entendido segun la fuerza etimológica de su -nombre, el Sér eterno, único engendrado por sí mismo, aumentando por -sí mismo, encontrándose á sí mismo, padre, madre, hermana, esposo, é -hijo de sí mismo[794]. En el seno de este infinito, todo poder existe -eternamente; todo pasa á la accion y á la realidad por la conciencia -del hombre, por la razon, la lengua y la ciencia[795]. El mundo se -explica ya por una gerarquía de principios abstractos, análogos á los -Eones del gnosticismo y al árbol sefirótico de la cábala, ya por un -sistema de ángeles que parece tomado de las creencias de la Persia. -Estas abstracciones se presentan algunas veces como traducciones de -hechos físicos y psicológicos: otras veces, los _poderes divinos_, -considerados como sustancias separadas, se realizan en encarnaciones -sucesivas, ya masculinas, ya femeninas, cuyo fin es el libertar á -los séres encadenados por los lazos de la materia. El primero de -estos poderes es el que por excelencia se llama «el Grande,» y que -es la inteligencia de este mundo, la Providencia universal[796]. Es -masculina y se considera á Simon como su encarnacion. Al lado de ella -está la _syzigia_ femenina, «el Gran Pensamiento.» Habituado Simon á -revestir sus teorías de un extraño simbolismo, imagina interpretaciones -alegóricas para los antiguos textos sagrados y profanos, á los -cuales el autor de la _Grande Exposicion_, da el nombre de _Helena_, -significando con esto que era el objeto del deseo universal, la eterna -causa de discusion entre los hombres, la que se venga de sus enemigos y -les ciega, hasta el momento en que consienten cantar la palinodia[797]; -teme que mal comprendido é interpretado torcidamente por los padres -de la Iglesia da lugar á cuentos pueriles[798]. El conocimiento de -la literatura griega que posee el autor de la _Grande Exposicion_, es -en todo caso, muy notable. Él sostiene que cuando se saben comprender -los escritos de los paganos bastan para el conocimiento de todas las -cosas[799]; su eclectismo abraza todas las revelaciones y procura -refundirlas en un solo órden de verdades. - -En cuanto al fondo de su sistema, hay mucha analogía con el de -Valentin y con las doctrinas sobre las personas divinas que se -encuentran en el cuarto Evangelio, en Philon, y en los Targums[800]. -Este «_Metatrono_[801]» es el que los judíos colocaban al lado de la -Divinidad y hasta en su sentido se parece mucho al «_Gran poder_.» En -la teología de los samaritanos se vé figurar un Gran ángel, jefe de los -demás, y una especie de manifestaciones, ó _virtudes divinas_[802], -análogas á las que la cábala judía se figuraba por su parte. Por esto -parece que Simon de Gitton fué una especie de teósofo en el mismo -género de Philon y de los cabalistas. Tal vez se acercó alguna vez al -cristianismo, pero no se acercó á él de una manera decisiva. - -Si tomó algo de los discípulos de Jesús, es muy difícil probarlo. Si la -_Grande Exposicion_ es suya, vemos que en algunos pasajes se adelanta -á las ideas cristianas, y en otros se relaciona mucho con ellas[803]. -Lo que parece es que ensayó un eclecticismo análogo al que practicó -más tarde Mahoma, y que intentó fundar su religion aceptando la mision -divina de Juan[804] y de Jesús, á fin de ponerse en mística relacion -con ellos. Él sostuvo que el mismo Simon se habia aparecido á los -samaritanos, como Pedro á los judíos, para la crucifixion visible del -Hijo, y á los gentiles para la infusion del Santo Espíritu[805]. Segun -parece, preparó tambien el terreno para la doctrina de los _Docetas_, -pues decia que era él quien habia sufrido en Judea en la persona de -Jesús, pero que este sufrimiento fué solo aparente.[806] Su pretension -de ser la misma Divinidad y de hacerse adorar ha sido probablemente -exagerada por los cristianos que solo han procurado hacerle odioso. - -Por lo demás se vé que la doctrina de la _Grande Exposicion_ es casi la -de todos los escritos gnósticos, y si verdaderamente Simon ha profesado -estas doctrinas, han tenido mucha razon los padres de la Iglesia en -considerarle como un fundador del gnosticismo[807]. Nosotros creemos -que la _Grande Exposicion_ no tiene más que una autenticidad relativa, -y es poco más ó menos á la doctrina de Simon, lo que el cuarto -Evangelio al pensamiento de Jesús; que se refiere á los primeros años -del siglo II, es decir, á la época en que las ideas teosóficas de -_Logos_ dejaron de predominar. Estas ideas que encontramos en gérmen en -la Iglesia cristiana el año 60[808], pudieron ser conocidas de Simon -cuya vida acaso se prolongara hasta fines del siglo. - -En nuestro concepto, este enigmático personaje es una especie de -plagiario del cristianismo. La imitacion parece ser una costumbre -constante entre los samaritanos[809]. De la misma manera que habian -imitado siempre el judaismo de Jerusalem, estos sectarios copiaron -tambien del cristianismo, hicieron sus especulaciones teosóficas y su -cábala. Pero Simon ¿fué un imitador respetable á quien no se pueda -calificar de prestidigitador inmoral y ridículo[810], que explotaba en -su favor una doctrina formada de trozos recogidos aquí y allá? Hé aquí -lo que probablemente se ignorará siempre. Simon ocupaba en la historia -una posicion muy falsa; marcha sobre una cuerda tirante donde no es -permitida oscilacion alguna; en este punto no hay más que elegir entre -una caida ridícula ó un éxito maravilloso. - -Todavía nos ocuparemos más de Simon y veremos si las leyendas durante -su permanencia en Roma que al mismo se refieren, tienen alguna -verosimilitud. Lo cierto es que la secta simoniana duró hasta el -siglo III[811]; que tuvo dos iglesias en Antioquía, y tal vez hasta -en Roma mismo; que Menandro de Caparetea y Clobio[812] continuaron la -doctrina de Simon, ó mejor imitaron su papel de teurgo, con un recuerdo -más ó menos vivo de Jesús y de sus apóstoles. Simon y sus discípulos -fueron muy estimados entre sus correligionarios. Las sectas del mismo -género, paralelas al cristianismo[813], y más ó menos impregnadas de -_gnosticismo_, no cesaron de producirse entre los samaritanos hasta su -destruccion por Justiniano. El destino de este pequeño grupo fué sufrir -las consecuencias de todo lo que pasaba á su alrededor, sin producir -nada completamente original. - -En cuanto á los cristianos, la memoria de Simon de Gitton les era -aborrecible. Esos prestigios, que tanto se parecían a los suyos, les -irritaban, y haber alcanzado el éxito de los apóstoles fué el más -imperdonable de los crímenes. Pretendióse que los prodigios de Simon -y de sus discípulos eran obra del diablo y se denigró al teósofo -samaritano con el nombre de _Mágico_[814], que los fieles tomaban -en muy mal sentido. Toda la leyenda cristiana de Simon revelaba una -cólera reconcentrada: se le atribuyeron las máximas del quietismo y -los excesos que se suponen ser su consecuencia[815]; se le consideró -como padre de todo error, como el primer heresiarca: se contaron -sus aventuras ridículas, sus hechos con referencia á Pedro[816], y -se atribuyó á otro motivo distinto el impulso que le llevó hácia el -cristianismo. Tan preocupados estaban con su nombre, que creian leerle -al través de las páginas donde no estaba escrito[817]. El simbolismo de -que ha revestido sus ideas fué interpretado de la manera más grotesca. -La _Helena_ que él identificaba con la _primera inteligencia_, se -consideró como una mujer pública que habia comprado en el mercado de -Tiro[818]: su nombre, en fin, se colocó al lado del de Judas y se -tomó como sinónimo de _antiapóstol_[819], última injuria y palabra -proverbial para designar un impostor de profesion, un adversario de -la verdad que quisiera presentarse con misterio[820]. Este fué el -primer enemigo del cristianismo, ó mejor dicho, el primer personaje -que el cristianismo trató como enemigo, no escaseándose los piadosos -fraudes ni calumnias para disfamarle[821]. La crítica no puede, en -este caso, revindicarle porque le faltan los documentos auténticos -y contradictorios; lo único que puede hacer es retratarle tal como -aparece en las tradiciones poniendo en relieve el estilo despreciativo -que en ellas se nota. - -Á lo menos no debe acusarse al teurgo samaritano de una imitacion que -acaso no hiciera. En una reseña del historiador Josefo, un mágico judío -llamado Simon, nacido en Chipre, desempeñaba por parte del procurador -Félix el papel de _proxeneto_[822]. Las circunstancias de esta reseña -no convienen con Simon de Gitton y no debe hacérsele responsable de -los hechos de un personaje que solo puede tener de comun con él su -nombre, que llevaban entonces millares de hombres, ni de la pretension -de hacer obras sobrenaturales que tenia entonces una multitud de sus -contemporáneos. - - - - -CAPÍTULO XVI. - -Marcha general de las misiones cristianas. - - -[Marginal: Año 45] - -Hemos visto á Bernabé partir de Antioquía para remitir á los fieles -de Jerusalem la colecta de sus hermanos de Siria. Le hemos visto -presenciar alguno de los disturbios que la persecucion de Herodes -Agrippa I causó á la Iglesia de Jerusalem[823]; volvamos con él á -Antioquía, donde parece haberse concentrado en este momento toda la -actividad creadora de la secta. - -Bernabé llevó consigo á un celoso colaborador: este era su primo Juan -Márcos, el discípulo querido de Pedro[824], el hijo de aquella María -en casa de la cual el primero de los apóstoles deseaba permanecer. Sin -duda, tomando este nuevo colaborador, pensaba ya en la grande empresa -á la cual iba á asociarle. Tal vez preveia las divisiones que la misma -obra suscitaria, y tenia cuidado de tomar por compañero un hombre que -sabia era el brazo derecho de Pedro, es decir, del apóstol que en los -asuntos generales tendria mayor autoridad. - -Esta empresa no fué más que una série de grandes misiones que debian -partir de Antioquía, teniendo por programa la conversion del mundo -entero. Como todas las grandes resoluciones que se tomaban en la -Iglesia, fué tambien atribuida aquella al Espíritu Santo. Se creyó ser -obra de un llamamiento especial, de una eleccion sobrenatural, que se -supuso haber sido comunicada á la Iglesia de Antioquía mientras ayunaba -y oraba. Tal vez alguno de los profetas de la Iglesia, Menahem ó Lucio, -en uno de sus accesos de glosolalia pronunció algunas palabras de las -cuales pudo deducirse que Pablo y Bernabé estaban predestinados á esta -mision[825]. En cuanto á Pablo, estaba convencido que Dios le habia -elegido desde el vientre de su madre para la obra á la cual iba á -consagrarse enteramente[826]. - -Los dos apóstoles se agregaron á título de subordinado para secundarles -en la parte material de su empresa, al Juan Márcos que Bernabé habia -llevado consigo á Jerusalem[827]. Cuando terminaron los preparativos, -hubo ayunos y oraciones, y se impusieron las manos á los dos apóstoles -para indicar que la mision era conferida por la misma Iglesia[828]; se -les recomendó á la gracia de Dios y partieron[829]. ¿Por qué lado se -dirigieron? ¿Qué mundo iban á evangelizar? Esto es lo que importa saber. - -Todas las grandes misiones cristianas primitivas, se dirigieron hácia -el oeste, ó en otros términos, tomaron por teatro ó cuadro el imperio -Romano. Si se exceptúa alguna pequeña parte del territorio de los -Arsácidas, comprendido entre el Éufrates y el Tigris, el imperio de los -Partos no tuvo durante el primer siglo misiones cristianas[830]. El -Tigris fué por el Oriente una barrera que el cristianismo solo traspasó -en las Sasanidas. Dos grandes causas, el Mediterráneo y el imperio -Romano, determinaron este hecho capital. - -El Mediterráneo era hacia mil años el gran camino por donde habian -cruzado todas las civilizaciones y todas las ideas. Los romanos habian -ahuyentado de él la piratería, convirtiéndole en una magnífica via -de comunicacion. Una numerosa marina de cabotaje hacia más fáciles -los viajes por la costa de este gran lago. La seguridad relativa que -ofrecian los caminos del imperio, las garantías que se encontraban -en los poderes públicos, la difusion de los judíos sobre todo el -litoral del Mediterráneo, el uso de la lengua griega en toda la parte -oriental de este mar[831], la unidad de civilizacion que los griegos -tenian con los romanos, hicieron del mapa del imperio el mapa mismo de -los países reservados á las misiones cristianas y destinados á ser -cristianos. El _orbis_ romano llegó á ser el _orbis_ cristiano, y en -este sentido puede afirmarse que los fundadores del imperio fueron -tambien los fundadores de la monarquía cristiana, ó al menos diseñaron -sus contornos. Toda provincia conquistada por el imperio romano, era -una provincia conquistada al cristianismo. Cuando uno se figura á los -apóstoles ante una Asia Menor, una Grecia, una Italia dividida en cien -pequeñas repúblicas, una Galia, una España, un África ó un Egipto -denominadas por antiguas instituciones nacionales, no se puede esperar -un buen éxito y mucho menos que haya podido nacer el proyecto. La union -del imperio era la condicion prévia de todo proselitismo religioso, -haciéndose superior de las nacionalidades. El imperio lo comprendió -en el siglo XIV y se hizo cristiano: vió que el cristianismo era la -religion que él habia creado sin saberlo, la religion limitada por -sus fronteras, identificada con él, capaz de procurarle una segunda -vida. La Iglesia por su parte se hizo romana y se ha conservado hasta -nuestros dias como un recuerdo del imperio. Decid á Pablo que Claudio -será su primer auxiliar; decid á Claudio que aquel judío que parte de -Antioquía va á fundar la parte más sólida del edificio imperial, y -asombrareis al uno y al otro, y sin embargo, esto fué una verdad. - -De todos los países extraños á la Judea, el primero donde se estableció -el cristianismo fué naturalmente en Syria. Los naturales de Palestina y -el gran número de judíos establecidos en aquella comarca[832], hacian -inevitable este hecho. Chipre, el Asia Menor, la Macedonia, la Grecia -y la Italia, fueron visitadas por los hombres apostólicos con algunos -años de intervalo. El Mediodía de la Galia, la España, y la costa de -África, aunque se evangelizaron bien pronto, fueron los últimos puntos -que invadió el cristianismo. - -Lo propio sucedió en Egipto. El Egipto no figura apenas en la -historia apostólica; parece que los misioneros apostólicos le vuelven -sistemáticamente la espalda. Este país, que á partir del siglo III, -se convierte en teatro de los acontecimientos más importantes de la -historia de la religion, fué entonces un atraso para el cristianismo. -Apolo es el único doctor cristiano salido de la escuela de la -Alejandría, y aun éste aprendió el cristianismo en sus viajes[833]. -Es necesario atribuir la causa de este notable fenómeno á las pocas -relaciones que existian entre los judíos de Egipto y los de Palestina, -y sobre todo al hecho de que el Egipto judío tuvo bajo cierto aspecto -su especial desarrollo religioso. El Egipto tenia á Philon y los -terapeutas, este era su cristianismo[834], el cual le dispensaba -de escuchar al otro con atencion. En cuanto al Egipto pagano, -poseia instituciones religiosas más sólidas que las del paganismo -greco-romano[835]; la religion egipciaca estaba todavía en toda su -fuerza y cercano el momento en que iban á bautizarse los enormes -templos de Esneh, y de Ombos, en los cuales la esperanza de tener en el -pequeño Cesarion un último rey Ptolomeo, ó un Mesías nacional, hacia -salir como de la tierra los santuarios de Dendera, y de Hermontis, -comparables á las más bellas obras faraónicas. El cristianismo se -establecia por todas partes sobre las ruinas del sentimiento nacional y -de los cultos locales. La degradacion de las almas era rara en Egipto, -y hacia raras las aspiraciones que abrieron al cristianismo tan fáciles -caminos. - -Un relámpago que parte de la Syria, ilumina casi simultáneamente las -tres grandes penínsulas del Asia Menor, de Grecia y de Italia, y -que bien pronto seguido de un segundo reflejo abraza casi todas las -costas del Mediterráneo, hé aquí lo que fué la primera aparicion del -cristianismo: la marcha de las naves apostólicas es casi siempre la -misma. La predicacion cristiana parece seguir una huella anterior que -no es otra que la de la emigracion judía. Como un contagio que teniendo -su foco en el fondo del Mediterráneo, aparece de repente sobre cierto -número de puntos del litoral, donde se comunica por una correspondencia -secreta, el cristianismo tuvo sus puertos de arribada designados en -cierto modo de antemano. Estos puertos se reconocian casi todos por las -colonias judías; una sinagoga precedió, en general, al establecimiento -de la Iglesia: diríase que era una cadena eléctrica por cuya extension -la idea nueva corria de una manera casi instantánea. - -En efecto, despues de ciento cincuenta años el judaismo extendido -por el Oriente y Egipto, habia tomado su vuelo hácia el Occidente. -Cirene, Chipre, el Asia Menor, ciertas poblaciones de Macedonia y de -Grecia, y la Italia tenian juderías importantes[836]. Los judíos daban -el primer ejemplo de este género de patriotismo que los Partos, los -Armenios, y hasta cierto punto los Griegos modernos debian mostrar -más tarde; patriotismo extremadamente enérgico porque no se refiere -á un determinado suelo; patriotismo de comerciantes extendidos por -todas partes, reconociéndose por todo como hermanos; patriotismo que -no conduce á formar estados compactos, pero sí pequeñas comunidades -autónomas en el seno de los demás Estados. Estos judíos dispersos -unidos estrechamente entre sí, constituyen en las poblaciones, -congregaciones casi independientes, teniendo sus magistrados y -consejos. En ciertas poblaciones tenian su _etnarca_ ó _alabarca_, -revestido de derechos casi soberanos. Habitaban barrios separados y -fuera de la jurisdiccion ordinaria, muy despreciados de todo el mundo, -pero donde reinaba la felicidad. Eran más pobres que ricos, pues no -habia llegado aún la época de las grandes fortunas judías que empezaron -en España bajo los Visigodos[837]. El acaparamiento de los negocios -por los judíos fué el efecto de la incapacidad administrativa de los -bárbaros, de la repugnancia que inspiró á la Iglesia la ciencia del -dinero y de sus ideas superficiales sobre el préstamo á interés. En -el imperio romano nada hay semejante, pues cuando el judío no poseia -riquezas, era muy pobre, ya que no era aficionado á la agricultura. -En todo caso sabia sufrir muy bien la pobreza, pero lo que sabia -más aún era aunar la preocupacion religiosa más exaltada con la más -rara habilidad comercial. Las excentricidades teológicas no excluyen -en manera alguna el buen sentido en los negocios. En Inglaterra, en -América, en Rusia, los sectarios más entusiastas (_irvingianos_, santos -de los últimos dias, _raskolniks_) son buenos comerciantes. - -La propiedad de la vida judía piadosamente practicada ha sido siempre -la de producir mucha alegría y cordialidad. En aquel pequeño mundo -todos se amaban; se amaba hasta el mismo pasado; las ceremonias -religiosas iban adquiriendo poco á poco nueva vida. Habia alguna -analogía con las distintas comunidades que existen todavía en las -grandes ciudades turcas, como por ejemplo la griega, armenia, y judía, -de Esmirna, reducidas cofradías donde se conoce todo el mundo, donde -todos viven juntos y conspiran juntos. En estas pequeñas repúblicas, -las cuestiones religiosas dominan siempre á las cuestiones políticas, ó -más bien aquellas suplen y completan á estas. Una herejía es en ellas -un asunto de Estado; un cisma tiene siempre por orígen una cuestion de -personas. Los romanos, salvo raras excepciones, no penetraban jamás -en aquellos círculos reservados. Las sinagogas promulgaban decretos, -daban honores[838], y hacian las veces de verdaderas municipalidades. -Era grande la influencia de estas corporaciones: en Alejandría llegó -á ser de primer órden, y dominó todo el recinto interior de la -ciudad[839]. En Roma eran numerosos los judíos[840], y constituian -un apoyo que nadie desdeñaba. Ciceron presenta como un acto de valor -haber intentado resistirse á los mismos judíos[841]. César les -favoreció y les encontró fieles[842]; Tiberio para contenerles tomó -las más enérgicas medidas[843]; Calígula, cuyo reinado fué para ellos -nefasto en Oriente, les concedió permiso para asociarse, en Roma[844]. -Claudio que les favorecia en Judea, se vió obligado á echarles de la -ciudad[845]. Encontrábaseles por todas partes[846] y podia decirse de -ellos como de los griegos, que vencidos, habian impuesto sus leyes á -los vencedores[847]. - -Las disposiciones de las poblaciones indígenas hácia estos extranjeros -eran muy diversas. Por una parte el sentimiento de repulsion y -antipatía que producian los judíos por su espíritu de aislamiento -constante, por su carácter rencoroso, y por sus hábitos insociables, -se manifestaban de una manera decisiva donde eran más numerosos y -estaban más organizados[848]. Cuando libres, eran realmente séres -privilegiados porque gozaban de ciertos beneficios de la sociedad, -sin sufrir sus gravámenes[849]. Algunos charlatanes explotaban el -sentimiento de curiosidad que inspiraba su culto, y bajo el pretexto de -explicar sus secretos cometian toda clase de pillerías[850]. Algunos -folletos violentos y satíricos, como el de Apion, de los cuales los -escritores profanos han dado frecuentemente reseñas[851], circulaban -sirviendo de alimento para excitar la cólera del público pagano. Los -judíos parecen haber sido en general séres mezquinos, que de todo se -quejaban. Veíase en ellos á una sociedad secreta, mal intencionada -para el resto de los hombres, cuyos miembros se vendian á cualquier -precio en detrimento de los otros[852]. Sus costumbres, su aversion -á ciertos alimentos, su dejadez, su falta de distincion, el mal olor -que exhalaban[853], sus escrúpulos religiosos, sus minuciosidades en -la observancia del sábado, se consideraban como ridiculeces[854]. Una -vez introducido en la sociedad, el judío por una consecuencia natural, -no tenia cuidado alguno en parecer fino. Por eso se les encontraba -por todas partes con sus trajes sucios, aire tosco, andar fatigado, -cara pálida, ojos enfermizos[855], y cierta expresion de beatitud, -formando sus mujeres grupo á parte, con sus hijas, sus paquetes de -mercancías y sus canastos que constituian todo su mobiliario[856]. En -las poblaciones ejercian los tráficos más despreciables: mendigos,[857] -ropavejeros, ó vendedores de fósforos[858]. Despreciábase injustamente -su ley y su historia. Tan pronto se les creia supersticiosos[859], -y crueles[860]; como ateos, ó contentadores de los dioses[861]. -Su aversion hácia las imágenes era una prueba de su impiedad. La -circuncision sobre todo ofrecia asunto para las interminables burlas -que se les dirigian[862]. - -Pero estos juicios superficiales no eran los de todos; los judíos -tenian tantos amigos como detractores; su formalidad, sus buenas -costumbres, la sencillez de su culto gustaban á mucha gente. Veíase en -ellos algo de superior. Organizábase una vasta propaganda monoteista y -mosaica[863]; y una especie de torbellino poderoso se iba formando al -rededor de aquel pequeño pueblo. El pobre judío de Trastévere[864], -que salia por la mañana con sus mercancías, entraba con frecuencia -por la noche enriquecido con las limosnas procedentes de manos -piadosas[865]. Sobre todo las mujeres iban en grupos á buscar á estos -misioneros[866]. Juvenal[867] califica de vicio la inclinacion de -las damas de aquella época hácia la religion judía y las critica por -esto. Las que se habian convertido aseguraban que eran completamente -felices[868] pero el antiguo espíritu helénico y romano resistia -enérgicamente; el desprecio y el ódio hácia los judíos se revela en -todos los hombres ilustrados tales como Ciceron, Horacio, Séneca, -Juvenal, Tácito, Quintiliano y Suetonio[869]. Por el contrario, aquella -enorme masa de poblaciones mezcladas que el imperio habia sometido, -á las cuales era extraño el espíritu romano y la sabiduría helénica, -corrian en tropel hácia una sociedad en que encontraban ejemplos -interesantes de concordia, de caridad, de socorros mútuos[870], -de simpatía, de aficion al trabajo[871] y de altiva pobreza. La -mendicidad, que fué más tarde enteramente cristiana, era entonces -completamente judía. El mendigo de profesion, _formado por su madre_, -se presentaba á la imaginacion de los poetas de aquel tiempo como un -judío[872]. - -La exencion de ciertas cargas civiles y en particular de la milicia -hacia en cierto modo envidiable la suerte de los judíos[873]. El Estado -entonces pedia muchos sacrificios y daba pocas alegrías morales; todo -estaba frio y desanimado y la vida tan triste en el seno del paganismo, -adquiria todo su encanto en la tibia atmósfera de la sinagoga y de -la iglesia. Allí, sin embargo, no se encontraba libertad puesto que -los correligionarios se espiaban sin cesar los unos á los otros; -pero aunque la vida interior de estas pequeñas comunidades fuese muy -agitada, se gozaba infinitamente: nadie las abandonaba y no habia -apóstatas. El pobre estaba contento en ellas; miraba sin envidia -la riqueza y con la tranquilidad de una buena conciencia[874]. El -sentimiento verdaderamente democrático de la locura mundana, de la -vanidad de las riquezas y de las grandezas profanas, expresábase allí -claramente. Se ha comprendido poco el mundo pagano y se le ha juzgado -con demasiada severidad; la civilizacion romana se ha presentado como -foco de todas las inmoralidades y de vicios odiosos[875], de la misma -manera que un obrero de nuestros tiempos, imbuido en las doctrinas -socialistas, se representa á los _aristócratas_ bajo los más negros -colores. Pero allí habia animacion, alegría é interés, como sucede hoy -dia en las más pobres sinagogas de Polonia y de Galitzia. La falta de -elegancia y delicadeza en las costumbres se compensaba por un agradable -espíritu de familia y de honradez patriarcal. En la sociedad elevada, -por el contrario, el egoismo y el aislamiento de las almas habian dado -su último fruto. - -La parábola de Zacarías[876] se realizaba: el mundo iba á cogerse de -los vestidos de los judíos para decirles: «Llevadnos á Jerusalem.» No -habia poblacion grande donde no se celebrara el sábado, el ayuno y las -demás ceremonias del judaismo[877]. Josefo[878] se atreve á invitar á -los que duden á que consideren el estado de su patria y hasta su propia -casa, y vean si no se encuentra en ellas la confirmacion de lo que -dice. La presencia en Roma y cerca del emperador de varios miembros de -la familia de los Herodes, los cuales practicaban su culto delante de -todo el mundo[879], contribuia mucho á esta publicidad. El sábado, se -imponia como una necesidad á las clases menesterosas en los barrios -donde habia judíos. Su obstinada resistencia en no abrir las tiendas -en semejante dia obligaba á los vecinos á modificar sus costumbres, y -á esto se debe sin duda que en Salónica se observe el sábado aún en la -actualidad, tanto más cuanto que la poblacion judía es allí demasiado -numerosa y rica para dejar de imponer la ley y regular el dia del -descanso cerrando sus despachos. - -Así como el judío, á quien con frecuencia acompañaba, el sirio era un -instrumento activo de la conquista del Occidente por el Oriente[880]; -se le confundia con frecuencia, y Ciceron creia haber encontrado -el retrato comun á entrambos, llamándoles _naciones nacidas para -la esclavitud_[881]. Esto era lo que les aseguraba el porvenir, ya -que el porvenir era entonces de los esclavos. El carácter del sirio -se distinguia principalmente por su volubilidad, su ligereza, y el -despejo superficial de su espíritu. La naturaleza siria es como una -imágen fugitiva en las nubes del cielo; por momentos suele trazar -ciertas líneas con gracia, pero estas líneas, no llegan á formar jamás -un dibujo completo. En la sombra, á la pálida luz de una lámpara, la -mujer siria, cubierta con sus velos, con sus miradas vagas y languidez -infinita, produce alguna ilusion; pero al analizar esta belleza todo se -evapora, todo es ficticio. - -Lo único que la raza siria tiene de agradable, es el niño de cinco ó -seis años; en la raza griega, por el contrario, el niño es inferior al -jóven adulto, y éste inferior al anciano[882]. La inteligencia siria -halaga por su prontitud y ligereza; pero le falta fijeza, solidez; es -como ese _vino de oro_ del Líbano, que causa un transporte agradable -pero del cual nos cansamos pronto. Los verdaderos dones de Dios deben -tener algo á la vez de delicados y de fuertes, de embriagadores y de -durables. La Grecia es hoy más apreciada que nunca y lo será cada dia -más y más. - -Muchos emigrados sirios á quienes el deseo de hacer fortuna llevaba -al Occidente estaban más ó menos unidos al judaismo, y los que no, -permanecian fieles al culto de su ciudad[883], es decir, al recuerdo de -algun templo dedicado á un _Júpiter_ local[884], que era generalmente -su Dios supremo, á quien daban algun título particular[885]. Esto era -en el fondo una especie de monoteismo que los sirios encubrian con el -culto de sus extraños dioses. - -Comparados con las personalidades divinas completamente distintas -entre sí que ofrecia el politeismo griego y romano, los dioses de que -se trata, en su mayor parte sinónimos del Sol, eran casi hermanos -del Dios único[886]. Semejantes á ciertas melopeas enervantes, los -cultos sirios podian parecer menos áridos, más expresivos que el culto -griego, y las mujeres de Siria la observaban con cierta exaltacion y -voluptuosidad. Estas mujeres fueron en todo tiempo séres extraños que -fluctuaban entre el demonio y Dios, entre la santa y poseida; la santa -de virtudes severas, de heróicos sacrificios y de firme resolucion, -pertenece á otras razas y otros climas; la santa de imaginacion -ardiente, de arrebatos absolutos y de súbitos amores, es la santa -de Siria. La poseida de nuestra edad media es la esclava de Satanás -por su humillacion ó sus pecados; la poseida de Siria es la loca por -idealismo, la mujer que se siente herida en sus sentimientos, que se -venga con frenesí ó se encierra en el mutismo[887] que no espera para -curarse más que una palabra dulce ó una dulce mirada. Trasportadas al -mundo occidental, estas Sirias adquirian influencia, algunas veces -por malas artes de mujer, y otras por cierta superioridad moral y una -verdadera disposicion. Esto se vió ciento cincuenta años despues, -cuando los personajes más importantes de Roma se casaron con Sirias, -las cuales tomaron un gran ascendiente en los asuntos públicos. -La mujer musulmana de nuestros dias, especie de comadre chillona, -estúpidamente fanática, que no existiendo sino para el mal, es incapaz -de virtud alguna, no debe hacernos olvidar á las Julia Domna, á las -Julia Mæsa, Julia Mamæa y Julia Soemia, que introdujeron en Roma, -en punto á religion, una tolerancia y unas tendencias místicas -desconocidas hasta entonces. Lo más notable es, que la dinastía siria -se mostró favorable al cristianismo, y que Mameo, y más tarde el -emperador Felipe el Árabe[888], se consideraron como cristianos. En -los siglos III y IV, el cristianismo fué por excelencia la religion -de Siria; despues de Palestina, Siria fué la que tuvo más parte en la -fundacion de aquel. - -En Roma sobre todo, y durante el primer siglo, fué donde el sirio -comenzó á desplegar su infatigable actividad: dedicado á los más -humildes oficios, tales como lacayo, mozo de cuerda, cochero etc., -el _Syrus_[889] entraba por todas partes, introduciendo consigo la -lengua y las costumbres de su país[890]. No tenia la altivez ni los -conocimientos filosóficos de los Europeos, y mucho menos su vigor, pues -débil de cuerpo, pálido, atacado con frecuencia por la fiebre, sin -observar método en las horas de comer y dormir, como hacen nuestras -robustas razas, alimentándose solo de cebollas y otros vegetales, y -dedicando muy pocas horas al sueño, el Sirio moria jóven y estaba -generalmente enfermo[891]. Sus cualidades dominantes eran la humildad, -la dulzura, la afabilidad, poca solidez de espíritu y no muy buen -sentido, excepto cuando se trataba de sus negocios; pero en cambio -era muy ardiente, aunque algo afeminado. Como el Sirio no ha tomado -nunca parte en la vida política, tiene una aptitud especial para todos -los asuntos religiosos, y bien puede decirse que ese pobre Maronita, -afeminado, humilde y andrajoso, ha llevado á cabo la más grande de -las revoluciones. Su antecesor, el _Syrus_ de Roma, fué el que mostró -más celo para llevar la buena nueva á los afligidos; todos los años -iban á Grecia, á Italia y á la Galia, colonias enteras de estos Sirios -impulsados por su aficion natural á los pequeños negocios[892], y -era fácil reconocerles en los buques por sus numerosas familias, -que siempre les seguian, siendo de notar en aquellas, sus hermosos -niños, sus jóvenes madres, de aspecto infantil, siempre risueñas y -sumisas al lado de sus esposos[893]. Las cabezas que se destacan en -estos tranquilos cuadros de familia, son poco acentuadas, no pueden -compararse con las de Arquímedes, de Platon, ó de Fidias; pero en -cambio, el mercader Sirio al llegar á Roma, es un hombre bueno y -misericordioso, caritativo con sus compatriotas y amante de los -pobres; habla con los esclavos y les indica un asilo donde estos -infelices, reducidos por la dureza de los Romanos al más desconsolador -aislamiento, puedan encontrar alivio y consuelo. Las razas griegas y -latinas, razas de señores, que han nacido para lo grande, no saben -sacar partido de tan humilde posicion[894]; el esclavo de estas razas -pasaba su vida en la insubordinacion y el deseo de hacer mal; el -esclavo ideal de la antigüedad tiene todos los defectos imaginables; es -goloso, embustero, malo y enemigo natural de su dueño,[895] y con esto, -probaba en cierto modo su nobleza, protestando contra una ley opuesta á -la naturaleza. El buen Sirio no protestaba; aceptaba su ignominia, y á -fin de sacar el mejor partido posible, captábase la buena voluntad de -su amo, se atrevia á hablarle y procuraba complacer á su señora. Este -gran agente de la democracia iba así deshaciendo malla por malla la red -de la civilizacion antigua; las viejas sociedades, fundadas sobre el -desprecio, sobre la desigualdad de las razas, sobre el valor militar, -estaban perdidas para siempre. La debilidad y la humillacion, van á ser -una ventaja para el perfeccionamiento de la virtud[896]; la nobleza -romana y la sabiduría griega, lucharán aún tres siglos; á Tácito le -parecerá bien deportar á millares de esos infelices; _si interissent, -vile damnum_[897]! y la aristocracia romana se irritará, llevando á -mal tengan sus dioses y sus instituciones. Está sin embargo escrito -de antemano quién ha de alcanzar la victoria; será el Sirio, el pobre -hombre que ama á sus semejantes, que comparte con ellos lo que tiene y -que se asocia con ellos; la aristocracia romana tiene que perecer por -su impiedad. - -Para explicarnos la revolucion que va á realizarse, es necesario darnos -cuenta del estado político, social, moral, intelectual y religioso -del país donde el proselitismo judío habia abierto surcos que debia -cubrir la predicacion cristiana. Espero que este estudio demostrará -evidentemente que la conversion del mundo á las ideas judías y -cristianas, era inevitable, y que no es de extrañar más que una cosa: -que esa conversion se haya verificado con tanta lentitud y tan tarde. - - - - -CAPÍTULO XVII. - -Estado del mundo hácia mediados del primer siglo. - - -[Marginal: Año 45] - -El estado político del mundo era de los más tristes: toda la autoridad -se hallaba concentrada en Roma y en las legiones, y allí tenian lugar -las escenas más vergonzosas y degradantes que puedan imaginarse. La -aristocracia romana que habia conquistado el mundo y que al fin se -quedó sola al frente de los negocios públicos bajo los Césares, se -entregaba á una saturnal de crímenes, la más desenfrenada que pueda -recordar el género humano. César y Augusto comprendieron perfectamente -al establecer el principado las necesidades de su época; el mundo -era tan mezquino bajo el punto de vista político, que no era posible -ningun otro gobierno, y desde que Roma habia conquistado provincias sin -número, la antigua constitucion fundada sobre el privilegio de familias -patricias, especie de _tories_ obstinados y malévolos, no podia -subsistir[898]. Pero Augusto habia faltado á todos los deberes del -verdadero político, confiando el porvenir á la casualidad. Sin reglas -fijas de adopcion, sin ley electoral, sin límites constitucionales, el -cesarismo era como un peso colosal en el puente de un navío sin lastre. -Hacíanse inevitables las más terribles sacudidas: tres veces en un -siglo, bajo Calígula, Neron y Domiciano, recayó en manos de hombres -execrables y extravagantes el más grande poder que haya existido jamás, -y de ahí la série de horrores que casi excedieron á los cometidos por -los mónstruos de las dinastías mongolas. - -Entre esos fatales soberanos, se vé uno reducido casi á dispensar un -Tiberio, que no fué completamente malo sino hácia el fin de su vida, -y á un Claudio, que solo fué extravagante y se dejó guiar de malos -consejos: Roma llegó á ser una escuela de corrupcion y crueldad, mas -es preciso añadir que el mal venia sobre todo de Oriente, de esos -cortesanos de baja estofa, de esos hombres infames que el Egipto y -la Siria enviaban á Roma[899], donde aprovechándose de la opresion -que ejercian los verdaderos romanos, creíanse todos poderosos al lado -de los bribones que gobernaban. Las más extravagantes ignominias del -imperio, tales como la apoteosis del emperador y su divinizacion cuando -aún vivia, procedian del Oriente y sobre todo de Egipto, que era -entonces uno de los países más corrompidos del Universo[900]. - -En efecto el verdadero espíritu romano dominaba aún: la nobleza -romana estaba muy lejos de extinguirse; el orgullo y la virtud se -conservaban todavía en algunas familias que subieron al poder con -Nerva, contribuyendo al esplendor del siglo del que Tácito ha sido tan -elocuente intérprete. No se debia desesperar de una época en que iban -á producirse hombres tan rectos como Quintiliano, Plinio el Jóven, y -Tácito; el desbordamiento de la superficie no alcanzó al gran fondo de -honradez de la buena sociedad romana; algunas familias ofrecian aún -ejemplos de abnegacion, de órden de concordia y sólida virtud, y aún -se encontraban admirables esposas y hermanas[901]. ¿Puede darse caso -más sublime que el de aquella jóven y casta Octavia, hija de Claudia, -esposa de Neron, que conservándose pura al través de todas infamias, -fué muerta á los veinte y dos años sin haber experimentado jamás un -momento de alegría? Las mujeres calificadas en las inscripciones de -_castissimæ_, _univiræ_ no son raras[902]: muchas esposas acompañaron -á sus maridos al destierro[903]; otras compartieron su noble -muerte[904]; conservábase la antigua sencillez romana; era esmerada la -educacion de los hijos, y las más nobles mujeres trabajaban en toda -clase de labores[905]. Los cuidados del tocador eran casi desconocidos -en algunas familias[906]. - -Los excelentes hombres de Estado, que por decirlo así, salieron de -la tierra en tiempo de Trajano, no se improvisaron, habian servido -en los reinados anteriores, solo que tuvieron poca influencia para -ponerse en pugna con los favoritos del emperador. Tambien bajo Neron -ocuparon los más elevados cargos hombres de gran valía, pero con -aquellos malos emperadores no era dable cambiar la marcha general de -los negocios ni los principios del Estado. El imperio no obstante -lejos de haber entrado en el período de la decadencia, ostentábase -en toda la fuerza de la más robusta juventud; la decadencia no debia -venir hasta doscientos años más tarde, y ¡cosa extraña! con soberanos -mucho mejores. Bajo el punto de vista político, la situacion era -análoga á la de Francia, que careciendo desde la Revolucion de una -regla constantemente seguida en la sucesion de los poderes, puede -atravesar críticos períodos sin que su organizacion interior y su -fuerza nacional se resientan demasiado. Bajo el punto de vista moral, -se puede comparar el tiempo de que hablamos con el siglo XVIII, época -que se creeria del todo corrompida si se la juzgase por las memorias, -la literatura manuscrita y las colecciones de anécdotas, y en que sin -embargo ciertas familias son tan austeras en sus costumbres[907]. - -La filosofía haciendo alianza con las familias romanas más honradas se -resistia noblemente; la escuela estóica producia personajes notables -como Cremucio Cordo, Trásea, Arria, Helvidio Prisco, Anneo Cornuto y -Musonio Rufo, maestros admirables de aristocrática virtud. La rigidez y -exageraciones de aquella escuela provenian de la horrible crueldad del -gobierno de los Césares; el sentimiento perpétuo del hombre de bien era -endurecerse en los suplicios y prepararse á la muerte[908]. Lucano, con -mal gusto, Persio, con un talento superior, expresaban los más altos -sentimientos de un alma grande; Séneca el Filósofo, Plinio el Viejo -y Papirio Fabiano, eran modelo de ciencia y filosofía. Habia hombres -sabios, pero con frecuencia no les quedaba más recurso que morir; los -miembros más innobles de la humanidad dominaban á veces la situacion; -el vértigo de la crueldad más refinada se desbordaba en ciertas -ocasiones, convirtiendo á Roma en un verdadero infierno[909]. - -Aquel gobierno, tan notablemente desigual en Roma, era mucho mejor -en las provincias donde se notaban poco las sacudidas que conmovian -la capital. Á pesar de sus defectos, la administracion romana valia -más que las monarquías y las repúblicas suprimidas por la conquista; -la época de las municipalidades soberanas habia pasado hacia siglos, -pues los pequeños Estados fueron destruyéndose á sí mismos por su -egoismo, su ignorancia y su envidia. La antigua vida griega, reducida -á continuas luchas, no satisfacia ya á nadie, pues si bien fué en un -tiempo deliciosa, aquel brillante olimpo formado de una democracia -de semidioses, habia perdido su frescura y lozanía convirtiéndose -en un conjunto seco, insignificante, vano y superficial. Esto es lo -que constituyó la legitimidad de la dominacion macedoniana y luego -de la administracion romana: el imperio no conocia los efectos de la -centralizacion, y hasta el tiempo de Diocleciano dejó á las provincias -y á las ciudades mucha libertad. En Palestina, en Siria, en el -Asia Menor, en la pequeña Armenia y en la Tracia, existian bajo la -proteccion de Roma reinos casi independientes que no fueron un peligro -desde Calígula, sino porque no se tuvo cuidado de observar con ellos -las reglas trazadas por la grande y profunda política de Augusto[910]. -Las ciudades libres, que eran muy numerosas, se gobernaban segun sus -leyes, disponiendo del poder legislativo y de todas las magistraturas -de un Estado autónomo, y hasta el siglo tercero los decretos -municipales se expedian con la siguiente fórmula: _El senado y el -pueblo_[911]. Los teatros no servian solo para recrearse en la escena, -sino que eran focos de política y de movimiento; la mayor parte de -las ciudades podian considerarse por varios conceptos como pequeñas -repúblicas, y no habian perdido sino el derecho de declararse la -guerra,[912] derecho funesto que habia convertido el mundo en un campo -de batalla. Los beneficios del pueblo romano hácia la humanidad, -constituian el tema de aduladoras declamaciones que no carecian sin -embargo de sinceridad[913]. El culto de la «paz romana»[914], la idea -de una gran democracia, organizada bajo la tutela de Roma, constituian -el fondo de todos los pensamientos[915] y discusiones, y un orador -griego desplegó una vasta erudicion para probar que la gloria de Roma, -debia ser acogida por todas las ramas de la raza Helénica, como una -especie de patrimonio comun[916]. Por lo que hace á la Siria, al Asia -Menor y al Egipto, puede decirse que la conquista romana no destruyó su -libertad, porque estos países estaban muertos hacia mucho tiempo para -la vida política ó no la habian conocido nunca. - -En suma, á pesar de las exacciones de los gobernadores, y las -violencias inseparables de un gobierno absoluto, el mundo no habia -sido nunca tan feliz como hasta entonces bajo muchos conceptos. Era tan -ventajosa una administracion que procediese de un centro lejano, que -aun las rapiñas de los pretores de los últimos tiempos de la república -no bastaron para hacerla odiosa. - -Por otra parte, la ley _Julia_, habia limitado mucho los abusos y las -concusiones; las locuras ó crueldades del emperador, exceptuando á -Neron, no contagiaron sino á la aristocracia romana y á la camarilla -del príncipe, y jamás vivieron más á gusto los hombres que no querian -ocuparse de la política. Las repúblicas de la antigüedad, en que -cada uno se veia obligado á ocuparse de las disensiones de los -partidos[917], no eran nada convenientes para la vida tranquila, pues á -cada momento se encontraba uno comprometido ó proscripto; pero la época -de que vamos hablando era la más á propósito para el proselitismo ó las -rivalidades de la dinastía. Los atentados contra la libertad provenian -de un resto de independencia en las provincias, más bien que de la -administracion romana[918]. Ya hemos tenido y tendremos aún ocasion de -demostrar esto en nuestra historia. - -En aquellos países donde no existian hacia siglos las necesidades -políticas y que solo se veian privadas del derecho de desgarrarse en -continuas guerras, el imperio fué una era de prosperidad y bienestar -como jamás se ha conocido[919], y aun puede decirse de libertad. -Por una parte, llegó á ser posible la libertad del comercio y de la -industria, de que no tenian idea las repúblicas griegas; por otra, la -libertad del pensamiento se estableció bajo un nuevo régimen; libertad -que puede aplicar mejor un rey ó un príncipe, que no la gente ignorante -y envidiosa, y que no tuvieron las antiguas repúblicas. Los griegos -hicieron sin esto grandes cosas merced á su incomparable genio, pero -no debe olvidarse que Atenas tenia su inquisicion[920]. El inquisidor -era el arconte-rey; el santo oficio el pórtico real, de donde salian -las acusaciones de «impiedad,» por cierto muy numerosas. No solo los -delitos filosóficos, tales como negar á Dios ó á la Providencia, -sino tambien los más insignificantes atentados contra los cultos, -la predicacion de las religiones extranjeras y las más pueriles -infracciones contra la escrupulosa legislacion de los misterios, eran -crímenes que llevaban consigo la muerte. Los dioses que Aristófanes -ridiculizaba en la escena, mataban algunas veces, y la prueba es -que quitaron la vida á Sócrates y que Alcibiades estuvo á punto de -perder la suya. Anaxágoras, Protágoras, Teodoro el Ateo, Diágoras de -Melos, Pródico de Céos, Estilpon, Aristóteles, Theophrasto, Aspasia y -Eurípides[921], se vieron tambien perseguidos. La libertad de pensar -fué en suma el fruto de las soberanías salidas de la conquista -macedoniana; los Atales y Ptolomeos fueron los primeros que facilitaron -á los hombres pensadores las ventajas que nunca les ofrecieran las -antiguas repúblicas; el imperio romano seguia la misma tradicion; y -si es cierto que bajo él se cometió contra los filósofos más de un -acto arbitrario, esto era debido á que se ocupaban de política[922]. -Inútilmente se buscaria en la coleccion de las leyes romanas anteriores -á Constantino, un texto contra la libertad de pensar; y en la historia -de los emperadores, un proceso de doctrina abstracta; no se molestó -á ningun sabio, y hombres que la edad media hubiese quemado, tales -como Galeno, Luciano y Plotino, vivieron tranquilos protegidos por la -ley. El imperio inauguró tal período de libertad en este sentido, que -destruyó la soberanía absoluta de la familia, de la sociedad y de la -tribu, reemplazando todas estas con la del Estado. Ahora bien, un poder -absoluto es tanto más vejatorio cuanto que se ejerce en un círculo -más limitado; las repúblicas antiguas y el feudalismo, tiranizaron al -individuo mucho más que el Estado, y si bien es cierto que el imperio -romano persiguió sin tregua en ciertas épocas al cristianismo[923], -al menos no le contuvo en su carrera, lo cual no hubiera sucedido -seguramente con las repúblicas. Á no ser por la opresion de la -autoridad romana, el judaismo hubiera bastado para ahogarle; los -magistrados romanos[924] fueron los que impidieron á los fariseos -matar al cristianismo. - -Elevadas ideas de fraternidad universal, hijas en su mayor parte del -estoicismo[925], y una especie de sentimiento humanitario, eran el -fruto del régimen menos limitado y de la educacion menos exclusiva á -que se sometia al individuo[926]. Soñábase con una nueva era y nuevos -mundos[927]: la riqueza pública era grande y á pesar de la imperfeccion -de las doctrinas económicas de la época, habia poca miseria; las -costumbres no eran lo que se cree con frecuencia, si bien es cierto -que en Roma reinaba el vicio con un cinismo repugnante[928], siendo -principalmente los espectáculos un foco de espantosa corrupcion. -Ciertos países como el Egipto habian descendido tambien al último grado -de abyeccion; pero hallábase en la mayor parte de las provincias una -clase media, modelo de bondad, de fé conyugal, de virtud doméstica y de -honradez[929]. ¿Existe en alguna parte un ideal de la vida de familia, -más encantador que el que Plutarco nos ha dejado? ¡Qué buena fé, qué -dulzura de costumbres, qué castidad y amable sencillez[930]! Queronea -no era seguramente el único punto donde fuese tan ejemplar é inocente -la vida. - -Por lo demás, las costumbres, aun fuera de Roma, tenian algo de -crueles, ya por efecto de las costumbres antiguas tan sanguinarias en -todas partes, ó bien por la influencia especial de la dureza romana; -pero ya se iba progresando en este punto. ¿Qué sentimiento dulce y -puro, qué impresion de melancólica ternura no hallaron bajo la pluma de -Virgilio ó de Tíbulo su expresion más delicada? El mundo iba perdiendo -su dureza y su primitivo rigor, adquiriendo en cambio sensibilidad y -buenos sentimientos; las máximas humanitarias se propagaban[931] por -todas partes; el estoicismo[932] predicaba por do quiera la igualdad, -y la idea abstracta de los derechos del hombre; la mujer, gracias al -sistema dotal del derecho romano, iba siendo cada vez más dueña de -sí misma, y los preceptos acerca del modo de tratar á los esclavos -se elevaban[933]. Séneca comia con los suyos[934]; el esclavo no -es ya ese sér grotesco y malo que la comedia latina introduce para -excitar la risa, y que Caton recomienda sea tratado como una bestia -de carga[935]. Ahora los tiempos han cambiado mucho: el esclavo es -moralmente igual á su amo; se admite que sea capaz de tener virtud, -fidelidad y abnegacion, y da pruebas de ello[936]; las preocupaciones -sobre la nobleza de nacimiento desaparecen[937], estableciéndose -leyes muy humanas y equitativas aun en tiempos de los emperadores más -malos[938]. Tiberio, que era un hábil hacendista, fundó bajo excelentes -bases un establecimiento de crédito[939]. - -Neron introdujo en el sistema de los impuestos, hasta entonces inícuo -y bárbaro, perfeccionamientos que envidiaria nuestra época[940]; y por -último, el progreso de la legislacion era notable por más que la pena -de muerte se prodigara aún estúpidamente. El amor al pobre, la simpatía -hácia todos, y la caridad, constituian las principales virtudes[941]. - -El teatro era uno de los escándalos más insoportables para las gentes -honradas, y una de las primeras causas que excitaron la antipatía de -los judíos y de los judaizantes de toda especie contra la civilizacion -profana de la época. Parecíales el teatro una cloaca inmunda donde se -desarrollaban todos los vicios, y en tanto que en las primeras filas -se aplaudia frenéticamente, los espectadores de las gradas no podian -menos de dar á conocer su repugnancia. En las provincias tenian lugar -las luchas de gladiadores, pero inspiraban cierta aversion, y los -países helénicos que las reprobaban, continuaron celebrando con más -frecuencia los antiguos ejercicios griegos[942]; los juegos sangrientos -tuvieron siempre en Oriente un carácter romano muy pronunciado[943], y -dícese que habiendo querido los atenienses, por emulacion contra los -corintios[944], imitar estos juegos bárbaros, levantóse un filósofo y -pidió que se derribase el altar de la Piedad[945]. El horror al teatro, -al estadio y al gimnasio, es decir, á los sitios públicos, y á todo lo -que constituia esencialmente una vida griega y romana, fué por estas -razones uno de los sentimientos más profundos de los cristianos, y uno -de los que produjeron consecuencias de más importancia. La civilizacion -antigua era una civilizacion pública; las cosas pasaban al aire libre -ante los ciudadanos reunidos, sucedia lo contrario que en nuestras -sociedades donde la vida es privada y todo se hace de puertas adentro. -El teatro habia heredado del _ágora_ y del _forum_; el anatema lanzado -sobre el teatro cayó sobre toda la sociedad; establecióse una rivalidad -profunda entre la Iglesia por una parte y los juegos públicos por la -otra, y expulsados de estos el esclavo, se refugió en el templo. No -me he sentado nunca en aquellas solitarias arenas, que son siempre -los restos mejor conservados de una ciudad antigua, sin haber visto -mentalmente la lucha de dos mundos; aquí el hombre honrado, medio -cristiano, sentado en la última grada de un teatro y tapándose el -rostro para ocultar su vergüenza é indignacion, y allí un filósofo -levantándose de pronto para echar en cara á la multitud su bajeza[946]. -Estos ejemplos eran raros en el primer siglo, mas no obstante, las -protestas[947] iban produciendo su efecto y el teatro empezaba á ser -muy mal visto[948]. - -La legislacion y las reglas administrativas del imperio eran todavía un -verdadero caos: el despotismo central, las franquicias municipales y -provinciales, el capricho de los gobernadores, y las violencias de las -comunidades independientes chocaban entre sí de una manera extraña, -pero la libertad religiosa dominaba estos conflictos, si bien la -perfecta administracion unitaria que se estableció desde Trajano, habia -de ser mucho más fatal para el culto naciente que el estado irregular -desordenado y sin rigurosa política del tiempo de los Césares. - -Las instituciones benéficas, fundadas bajo el principio de que -el Estado tiene deberes paternales para con sus miembros, no se -desarrollaron en grande escala sino desde Nerva y Trajano[949], -aun cuando se encuentran algunos vestigios de aquellas en el siglo -primero[950], puesto que ya se facilitaban socorros á los niños[951] -y alimento á los indigentes, y se tomaban precauciones para asegurar -el abastecimiento, facilitándose tambien bonos de pan que permitian -comprar el trigo á un precio reducido[952]. Todos los emperadores, -sin excepcion, demostraron la mayor solicitud en aquellas cuestiones, -secundarias si se quiere, pero que en ciertas épocas se anteponen á -las demás. En la remota antigüedad, puede decirse que el mundo no -necesitaba caridad; pues siendo entonces jóven y valiente hacíase -inútil el hospital; la buena y sencilla moral homérica, segun la -que, el huésped y el mendigo vienen de parte de Júpiter[953], es la -moral de los robustos y alegres adolescentes. En su edad clásica, la -Grecia anunció las más exquisitas máximas de piedad, de humanidad -y beneficencia para que desapareciese la inquietud social ó la -melancolía[954], y en aquella época el hombre disfrutaba aún de -felicidad y salud. Respecto á las instituciones de socorros mútuos, -los griegos las tuvieron mucho antes que los romanos[955]; bien es -verdad que de aquella cruel nobleza que ejerció durante la república -tan indigna opresion, no salió nunca ninguna disposicion liberal ó -benévola. En aquel tiempo las colosales fortunas de la aristocracia, -el lujo, las grandes aglomeraciones de hombres en ciertos puntos, -y sobre todo la dureza de corazon particular de los Romanos, y su -aversion á la piedad[956], dieron orígen al «pauperismo»; y mientras -las complacencias de ciertos emperadores hácia la canalla de Roma no -hacia más que agravar el mal, los _tesserae frumentariae_ estimulaban -el vicio y la ociosidad, en vez de buscar un remedio para la miseria. -En esto, como en otras muchas cosas, el Oriente tenia sobre el mundo -occidental una superioridad real y efectiva; los judíos poseian -verdaderas instituciones caritativas; parece que los templos de Egipto -habian tenido algunas veces una caja para los pobres[957]; la casa de -reclusos y reclusas del Serapeo de Menfis[958], era tambien en cierto -modo un establecimiento de caridad, y en fin, puede decirse que la -crísis terrible que atravesaba la capital del Imperio, se dejaba sentir -poco en los países lejanos, donde la vida era más tranquila. Roma -merecia por muchos conceptos que se la acusara de haber envenenado la -tierra, comparándola con una cortesana que habia escandalizado al mundo -con su inmoralidad[959]. La provincia valia más que Roma, ó más bien, -los elementos impuros que de todas partes afluian á la gran ciudad, -habíanla convertido en un foco infecto donde se ahogaban las antiguas -virtudes romanas, mientras las buenas semillas se iban desarrollando -muy lentamente. - -El estado intelectual de las diversas partes del Imperio era asimismo -muy poco satisfactorio: bajo este punto de vista reinaba una verdadera -decadencia. Cultivar el talento, no es tan independiente de las -circunstancias políticas como lo es cultivar la moral privada: Marco -Aurelio fué ciertamente un hombre más de bien que todos los antiguos -filósofos griegos, y sin embargo sus nociones positivas sobre las -variedades del universo son inferiores á las de Aristóteles y Epicuro, -pues cree por momentos en los Dioses, en los sueños y en los presagios, -figurándose que los primeros son personajes completos y distintos. -En la época romana, hubo en el mundo un progreso de moralidad á la -vez que un período de decadencia científica: decadencia muy notable -particularmente entre Tiberio y Nerva. El genio griego, con una -originalidad, una fuerza, una riqueza á que nada igualó jamás, habia -creado hacia siglos la enciclopedia racional y la disciplina normal -del espíritu, movimiento maravilloso, que datando de Thales y de las -primeras escuelas de Jonia, (seiscientos años antes de Jesucristo), -se detuvo en su carrera hácia el año 120 antes de Jesucristo. Los -últimos personajes de estos últimos cinco siglos en que tanto brilló -el genio, Apolonio, Eratóstenes, Aristarco, Heron, Arquímedes, -Heppareo, Crisipo, Carnéades y Panecio, habian muerto sin dejar -sucesores, y no veo sino Posidonio y algunos astrónomos que continúan -aún las antiguas tradiciones de Alejandría, de Rodas y de Pérgamo. -La Grecia, tan hábil para crear, no supo establecer, á pesar de su -ciencia y de su filosofía, una enseñanza popular como remedio contra -las supersticiones, y poseyendo en su seno admirables institutos -científicos, el Egipto, el Asia Menor y la Grecia, dejábanse dominar -por las más absurdas creencias. Ahora bien, cuando la ciencia no llega -á dominar á la supersticion, la supersticion ahoga á la ciencia; entre -estas dos fuerzas opuestas el duelo es á muerte. - -Al adoptar Italia la ciencia griega, supo por un momento darle -nueva expresion: Lucrecio dió el modelo del gran poema filosófico, -á la vez himno y blasfemia inspirando á un tiempo la serenidad y la -desesperacion, penetrada de ese sentimiento profundo del destino humano -que siempre faltó á los griegos, los cuales como verdaderos niños que -eran, tomaban la vida tan alegremente que nunca pensaron en maldecir -á los Dioses, ni juzgaron á la naturaleza injusta y pérfida hácia el -hombre. Los filósofos latinos se entregaron á más graves reflexiones, -pero así como la Grecia, Roma no supo sacar de la ciencia la base de -una educacion popular. En tanto que Ciceron perfeccionaba con exquisito -tacto las ideas que tomara de los Helenos, mientras que Lucrecio -escribia su asombroso poema, mientras que Horacio confesaba á Augusto -su franca incredulidad, y que Ovidio, uno de los poetas más galanes -de la época, criticaba á guisa de elegante libertino las fábulas más -respetables; y por último, en tanto que los grandes históricos deducian -las consecuencias prácticas de la filosofía griega, dábase crédito -á las más locas quimeras, y la fé en lo maravilloso no reconocia -límites. En ninguna época se ocuparon más de las profecías y de los -prodigios[960]: el bello deismo ecléctico de Ciceron[961], continuado y -perfeccionado por Séneca[962], era la creencia de un escaso número de -inteligencias elevadas que no ejercieron accion alguna en su siglo. - -El imperio, hasta Vespasiano, no tuvo nada que pudiera llamarse -instruccion pública[963]; lo que hubo más tarde en este género se -limitó á simples conocimientos gramaticales, y bien pronto reinó un -período de general decadencia. En las últimas épocas del gobierno -republicano y en el reinado de Augusto brilló como nunca la literatura, -pero despues de la muerte del gran emperador, la decadencia es rápida ó -mejor dicho súbita. La sociedad inteligente y culta de los Cicerones, -de los Áticos, de los Césares, de los Mecenas, de los Agrippas y de los -Poliones, habia desaparecido cual fantástica vision, si bien es cierto -que aún quedaban hombres ilustrados, hombres entendidos en la ciencia -de su época, que ocupaban elevadas posiciones sociales, tales como los -Sénecas y la sociedad literaria de que eran el centro y en la cual se -contaban Lucilio, Galion y Plinio. El cuerpo del derecho romano, que -es la filosofía misma en código, y la aplicacion en la práctica del -racionalismo griego, continuaban su magestuoso progreso y las grandes -familias romanas habian conservado un fondo de religion y los más -nobles sentimientos, inspirándoles horror las supersticiones[964]. -Los geógrafos Estrabon y Pomponio Mela, el médico y enciclopedista -Celso, el botánico Dioscórides y el jurisconsulto Sempronio Próculo, -eran cabezas muy bien organizadas, pero estas podian considerarse como -excepciones, y fuera de algunos hombres de reconocida ilustracion, -hallábase el mundo sumido en la más completa ignorancia de las leyes -de la naturaleza[965]. La credulidad era una enfermedad general[966]; -los conocimientos literarios se reducian á una retórica hueca que -nada enseñaba, y la direccion esencialmente moral y práctica que la -filosofía habia tomado, oponíase á las grandes especulaciones. Los -conocimientos humanos, si se exceptúa la geografía, no adelantaban -nada. El hombre instruido por aficion reemplazaba al sabio creador, -y el supremo defecto de los romanos influia fatalmente en todas las -cosas. Aquel pueblo, tan grande para el imperio, era secundario por el -espíritu; los romanos más instruidos, tales como Lucrecio, Vitruvio, -Celso, Plinio y Séneca, á pesar de sus conocimientos positivos, -podian considerarse como discípulos de los griegos[967]. Roma no -tuvo nunca ninguna gran escuela científica; el charlatanismo reinaba -sin oposicion, y por último la literatura latina que seguramente -tuvo períodos admirables, floreció poco tiempo y no salió del mundo -occidental[968]. - -Felizmente la Grecia conservó su genio; el prodigioso brillo del poder -de los romanos la habia deslumbrado y aturdido, pero no aniquilado, y -dentro de cincuenta años habrá reconquistado el mundo, será de nuevo -la reina de todos los que piensan y podrá sentarse en el trono con los -Antoninos. Por ahora la Grecia se halla entregada á una de sus horas -de abandono y de cansancio; el genio es raro y la ciencia original -é inferior á lo que habia sido en los siglos precedentes la escuela -de Alejandría, que hacia dos siglos habia entrado en el período de -decadencia, aun cuando en la época de César poseia á Sosígenes, ha -enmudecido completamente. - -Así pues desde la muerte de Augusto hasta el advenimiento de Trajano, -nos encontramos con un período de abatimiento momentáneo para el -espíritu humano; el mundo antiguo estaba muy lejos de haber dicho -su última palabra de despedida, pero las pruebas crueles por que -atravesaba privábanle de voz y corazon. Luego vienen dias mejores, y -libre el espíritu del régimen desconsolador de los Césares, adquiere -nueva vida: Epicteto, Plutarco, Dion Crisóstomo, Quintiliano, Tácito, -Plinio el Jóven, Juvenal, Rufo de Éfeso, Areteo, Galeno, Ptolomeo, -Hipsicles, Theon y Luciano, reprodujeron los más hermosos dias de la -Grecia; no de esa Grecia inimitable que solo ha existido una vez para -desesperacion y encanto de los que aman lo bello, sino de otra, que -confundiendo sus dones con los del espíritu romano, producirá frutos -nuevos llenos de originalidad. - -Por lo general se tenia muy mal gusto; los grandes escritores griegos -escaseaban, y los latinos que conocemos, á excepcion del satírico -Persio, son medianos y sin genio, pues la declamacion lo echaba todo -á perder. El principio por el cual juzgaba el público las obras del -entendimiento era poco más ó menos el mismo que en nuestra época; -buscábanse tan solo los golpes de efecto; la palabra no era ya la -expresion sencilla del pensamiento, ni consistia la elegancia de la -frase en su perfecta proporcion con la idea que se queria expresar; -cultivábase la palabra por sí misma, y el objeto de un autor al -escribir era demostrar su talento. Apreciábase la excelencia de un -recitado ó lectura pública por el número de palabras aplaudidas, y -olvidábase completamente el gran principio segun el cual, en puntos -de arte todo debe servir para el adorno, siendo malo lo que se busca -para él expresamente. En resúmen, puede decirse que era aquella una -época literaria, si se atiende á que todos hablaban de elocuencia ó -de buen estilo, aunque en el fondo todos escribian mal; no habia un -solo orador, pues los buenos oradores y escritores, son gentes que no -hacen un oficio de lo uno ni de lo otro. En el teatro, absorbia la -atencion el primer actor; suprimíanse muchas piezas para no recitar -sino los trozos de gran efecto que eran las _cantica_; el espíritu de -la literatura era un «diletantismo» que dominaba hasta á los mismos -emperadores, una necia vanidad que excitaba á todos á probar que tenian -talento, y de ahí las insustanciales é interminables «Teseidas,» -los dramas compuestos para ser leidos en sociedad y toda esa vana -ostentacion poética que no puede compararse sino con las epopeyas y las -tragedias clásicas de hace sesenta años. - -Los mismos estoicos no pudieron evitar el contagio, ó al menos no -supieron, antes de Epicteto y Marco Aurelio, hallar bellas formas -para revestir sus doctrinas. Las tragedias de Séneca son monumentos -verdaderamente extraños donde se expresan los más elevados sentimientos -con el tono de un charlatanismo literario por demás fatigoso, indicio -á la vez de un progreso moral y de una irremediable decadencia en -el buen gusto. Lo mismo podemos decir de Lucano: la tension de alma, -efecto natural de una situacion eminentemente trágica, se expresaba -por un género pomposo en que el único objeto era brillar por hermosas -sentencias, y sucedia en esto algo semejante á lo que pasó cuando la -revolucion; es decir, que la crísis más fuerte no daba lugar sino á -una literatura llena de formas retóricas y golpes de efecto para la -declamacion. Mas es preciso no detenerse en esto: los pensamientos -nuevos se expresan á veces con muchas pretensiones; el estilo de -Séneca es sóbrio, sencillo y puro comparado con el de San Agustin, -pero nosotros perdonamos á éste su estilo á veces detestable, y sus -conceptos insípidos, por sus buenos sentimientos. - -De todos modos, aquella educacion noble y distinguida por muchos -conceptos, no llegaba hasta el pueblo, lo cual podia haber sido en -cierto modo inconveniente si el pueblo hubiera contado con un alimento -religioso análogo al que recibe en la Iglesia la clase más despreciable -de nuestra sociedad. Pero en todos los puntos del imperio cuidábanse -por lo general muy poco de la religion, pues Roma creyó oportuno por -ciertas razones dejar en pié los antiguos cultos, no modificándolos -sino en lo que tenian de inhumano[969] ó injurioso para los demás[970], -y extendiendo sobre todos una especie de barniz oficial que les hacia -asemejarse unos á otros, formando un solo conjunto. Desgraciadamente, -los cultos antiguos, de orígen muy diverso, participaban de un -carácter comun que consistia en serles imposible establecer la -enseñanza teológica, introduciendo una moral aplicada, una predicacion -edificante, un ministerio pastoral verdaderamente beneficioso para -el pueblo. El templo pagano no era de ningun modo lo que fueron -en sus buenos tiempos la Sinagoga y la Iglesia; es decir, la casa -comun, la escuela, el hospicio, el retiro donde el pobre va á buscar -un refugio[971]; era una cosa fria que de nada servia y donde no se -aprendia nada. Quizá era el culto romano el menos malo aún de los que -se observaban, pues considerábase la pureza del corazon y del cuerpo -como una parte de la religion[972]. Por su gravedad, su decencia y su -austeridad, era este culto, prescindiendo de algunas farsas que solo se -ven en nuestro Carnaval, superior á las extrañas y ridículas ceremonias -que introducian secretamente algunas personas dominadas por manías -orientales. El empeño que tenian los patricios romanos en distinguir -«la religion,» es decir, su propio culto, de la supersticion, es -decir, de los cultos extranjeros[973], nos parece sin embargo bastante -pueril. Todos los cultos paganos eran esencialmente supersticiosos: -el campesino que en nuestros dias echa una moneda en la caja de una -capilla milagrosa, que invoca á tal ó cual santo para que cuide de sus -bueyes ó de sus caballos, ó que bebe de cierta agua para determinadas -enfermedades, es en esto pagano; casi todas nuestras supersticiones son -restos de una religion anterior al cristianismo, que este no ha podido -desarraigar completamente; y si se quisiera buscar en nuestros dias -la imágen del paganismo, fácil seria encontrarla en algun pueblecillo -perdido ó en las más lejanas campiñas. - -No teniendo por guardianes más que una tradicion popular y vacilante, -y sacristanes interesados, los cultos paganos no pueden menos de -degenerar en adulacion[974]. Augusto, aunque con mucha reserva, aceptó -que se le adorase en vida en las provincias[975]; Tiberio, permitió -que se juzgara á su vista en el ignoble concurso de las ciudades de -Asia, que se disputaban el honor de elevarle un templo[976]; las -extravagantes impiedades de Calígula no produjeron ninguna reaccion, -y fuera del judaismo, no se encontró un solo sacerdote que resistiera -á semejantes locuras. Salidos en su mayor parte de un culto primitivo -de las fuerzas naturales, diez veces transformados por toda clase de -mezcolanzas y por la imaginacion de los pueblos, los cultos paganos -se limitaban por su pasado, y no se podia sacar de ellos lo que no -tuvieron nunca, es decir, el deismo y la edificacion. Los Padres de -la Iglesia nos hacen sonreir cuando ponen de relieve las maldades -de Saturno como padre de familia, y de Júpiter como marido, pues -ciertamente era mucho más ridículo aún considerar á este último, es -decir, á la atmósfera, como un dios moral que ordena, recompensa y -castiga. En un mundo que aspiraba á poseer un catecismo, ¿qué podia -hacerse con un culto como el de Venus, nacido de una necesidad social, -en las primeras navegaciones fenicias en el Mediterráneo, pero que fué -luego con el tiempo un ultraje contra lo que se consideraba la esencia -de la religion? - -Por todas partes, en efecto, manifestábase enérgicamente la necesidad -de una religion monoteista, dando por base á la moral prescripciones -divinas, y así viene una época en que las religiones naturalistas -reducidas á puras niñadas, á prácticas de hechiceras, no pueden -satisfacer á sociedades en que la humanidad quiere una religion moral -filosófica. El budismo y el zoroastrismo, satisfacieron esta necesidad -en la India y en la Persia; con el orfismo y los misterios, se trató -de obtener el mismo resultado en el mundo griego, sin conseguirlo de -una manera durable, y en la época de que hablamos, enunciábase el -problema para el conjunto del mundo con una especie de unanimidad -solemne y de imperiosa grandeza. - -Cierto es que la Grecia hacia una excepcion en este punto: el helenismo -se usaba mucho menos que las demás religiones del Imperio, pero -Plutarco lo observaba en su pequeña villa de Beocia, donde vivió -tranquilo, feliz y contento como un niño, con su conciencia religiosa -satisfecha, y sin dar nunca la menor señal de inquietud, de pena ó de -malestar. Pero solo el espíritu era capaz de una calma tan infantil: -siempre satisfecha de sí misma, orgullosa de su pasado y de aquella -brillante mitología de la que poseia todos los santos lugares, Grecia -no participaba de los tormentos interiores que trabajaban al resto -del mundo, y entregada á sí misma, no llamó al cristianismo, quiso -prescindir de él y pensó hacer alguna cosa mejor[977]. Esto era -debido á su eterna juventud, á su patriotismo, á esa alegría que ha -caracterizado siempre al verdadero heleno, y la cual es causa de que -aún hoy sea el griego extraño á las amargas tribulaciones que nos -minan. El helenismo, pues, se halló así en disposicion de crear un -renacimiento que no hubiera podido intentar siquiera ningun otro de -los cultos del imperio. En los siglos II, III y IV de nuestra era, -se continuará el helenismo en religion organizada, por una especie -de fusion entre la mitología y la filosofía griegas, y con sus -filósofos taumaturgos, sus antiguos sabios convertidos en profetas, -y sus leyendas de Pitágoras y de Apolonio, hará al cristianismo una -competencia, que no por ser impotente fué el obstáculo menos peligroso -que la religion de Jesús encontró en su camino. - -Sin embargo, esto no se intentó aún en tiempo de los Césares, pues -los primeros filósofos que ensayaron una especie de alianza entre -la filosofía y el paganismo, Eufrates de Tiro, Apolonio de Tiana y -Plutarco, son del fin del siglo. No conocemos bien á Eufrates de Tiro: -la leyenda ha disfrazado de tal modo la trama de la biografía verdadera -de Apolonio, que no se sabe si contarle entre los sabios, entre los -fundadores religiosos, ó entre los charlatanes; en cuanto á Plutarco, -menos que un pensador, ó un innovador, es un espíritu moderado que -quiere poner de acuerdo á todo el mundo, haciendo que la filosofía sea -tímida y la religion medio razonable; no hay nada en él de Porfirio ni -de Juliano; los ensayos de exégesis alegórica de los estoicos[978] son -muy pobres; los misterios como los de Baco, con los cuales se enseñaba -la inmortalidad del alma bajo graciosos símbolos[979], se limitan á -ciertos países y no han extendido su influencia. La incredulidad en la -religion oficial era general en la clase ilustrada[980]; los hombres -políticos que más afectaban sostener el culto del Estado se burlaban de -él con muy buenas palabras[981], proclamando abiertamente la inmoral -idea de que las fábulas religiosas no son buenas sino para el pueblo y -deben ser conservadas por él[982]; precaucion inútil porque la fé de -aquel era ya muy vacilante[983]. - -Cierto es que á partir del advenimiento de Tiberio, se nota una -sensible reaccion religiosa, pues parece que el mundo se espanta -de la incredulidad de los tiempos de César y de Augusto; condena -la desgraciada tentativa de Juliano, y todas las supersticiones se -rehabilitan por razon de Estado[984]. Valerio Máximo da el primer -caso de un escritor de baja esfera convirtiéndose en auxiliar de los -teólogos, en una pluma venal ó manchada que se pone al servicio de la -religion: pero los cultos extranjeros son los que más se aprovechan -de este cambio; la reaccion formal en favor del culto griego ó romano -no se producirá sino en el siglo segundo. Ahora las clases á quienes -domina la inquietud religiosa se vuelven hácia los cultos que vienen -de Oriente[985]; Isis y Serapis se ven más favorecidos que nunca[986]; -los impostores de toda especie, taumaturgos y mágicos se aprovechan de -esta necesidad, y como sucede comunmente en las épocas y en los países, -en que la religion del Estado es débil, pululan por todas partes[987]. -Recuérdense los tipos reales ó ficticios de Apolonio de Tiana, de -Alejandro de Abonutico, de Peregrino, de Simon de Gitton[988]. Estos -mismos errores y estas quimeras eran como una oracion de la tierra, -como los ensayos infructuosos de un mundo que trata de mejorarse y no -consigue á veces en sus esfuerzos convulsivos sino producir monstruosas -creaciones que se legan luego al olvido. - -En una palabra, la mitad del siglo primero es una de las peores -épocas de la Historia antigua; la sociedad griega y romana se muestra -en un período de decadencia en lo que precede y muy atrasada para -el porvenir; pero la grandeza misma de la crísis indicaba alguna -forma extraña y secreta. La vida parecia haber perdido sus móviles, -los suicidios se multiplicaban[989]; jamás habia ofrecido el mundo -una lucha semejante entre el bien y el mal; era este un despotismo -temible que ponia al mundo entre las manos de hombres atroces y -locos; era la corrupcion de las costumbres que resultaba de haber -introducido en Roma los vicios de Oriente; era en fin la ausencia de -una religion buena y de una formal instruccion pública. El bien era, -por una parte, la filosofía combatiendo á pecho descubierto contra -los tiranos, desafiando á los mónstruos, y proscrita tres ó cuatro -veces en medio siglo (bajo Neron, Vespasiano y Domiciano)[990]; y por -otra, los esfuerzos de la virtud popular, las legítimas aspiraciones -á un estado religioso mejor, aquella tendencia hácia las cofradías -y los cultos monoteistas, aquella rehabilitacion en fin del pobre, -que se produjeron principalmente bajo el amparo del judaismo y del -cristianismo. Estas dos grandes protestas estaban muy lejos de ponerse -de acuerdo, pues el partido filosófico y el cristiano no se conocian, -é ignoraban de tal modo sus comunes esfuerzos que al llegar al poder -el partido filosófico, por el advenimiento de Nerva, perjudicó al -cristianismo lejos de favorecerle. Á decir verdad, el objeto de los -cristianos era mucho más radical: los estoicos, dueños del Imperio, le -reformaron, presidiendo los cien años más hermosos de la Historia de -la humanidad; mientras que los cristianos, dueños del Imperio á partir -de Constantino, acabaron de arruinarle. El heroismo de los unos no -debe hacer olvidar el de los otros: el cristianismo tan injusto con -las virtudes paganas, se consagró á rebajar á los que habian combatido -los mismos enemigos que él. En la resistencia que opuso la filosofía -en el primer siglo, hubo tanta grandeza como en la del cristianismo; -pero ¡qué desigual fué la recompensa por una parte y otra! El mártir -que derribó con el pié los ídolos tiene su leyenda: ¿por qué Annacus -Cornutus, que declaró ante Neron que los libros de éste no podrian -nunca competir con los de Crisipo[991]; por qué Elvidio Prisco -que dijo cara á cara á Vespasiano: «á tí te toca matarme y á mí -morir[992]»; por qué Demetrio el Cínico que contestó á Neron irritado: -«me amenazais con la muerte, pero la naturaleza os amenaza[993]»; por -qué todos esos no tienen su imágen entre los héroes populares á quienes -todos aman y saludan? ¿Dispone acaso la humanidad de tantas fuerzas -contra el vicio y la abyeccion que sea permitido á cada escuela de -virtud rechazar el auxilio de las otras, sosteniendo que ella sola -tiene el derecho de ser valerosa y resignada? - - - - -CAPÍTULO XVIII. - -Legislacion religiosa de aquel tiempo. - - -[Marginal: Año 45] - -En el primer siglo, aunque se mostraba hostil el Imperio á las -innovaciones religiosas que provenian de Oriente, no las combatia -todavía de un modo constante. Sosteníase débilmente el principio de -la religion de Estado; y bajo la república se proscribieron repetidas -veces los ritos extranjeros, particularmente los de Sabazius, Isis y -Serapis[994]; pero todo fué inútil, porque el pueblo se sentia atraido -hácia aquellos cultos por una inclinacion irresistible[995]. Cuando en -el año de Roma 535, se decretó la demolicion del templo de Isis y de -Serapis, no se encontró ni un solo obrero que quisiera poner manos á la -obra, y vióse precisado el cónsul á romper á hachazos la puerta[996]; -claro está que no bastaba ya para el pueblo el culto latino; y -supónese, no sin razon, que si César restableció los cultos de Isis y -de Serapis, fué para halagar los instintos populares[997]. - -Con la profunda y liberal instruccion que le caracterizaba, aquel -grande hombre se mostró favorable á una completa libertad de -conciencia[998]. Augusto fué más apegado á la religion nacional[999]. -Era tal su antipatía por los cultos orientales[1000], que prohibió -hasta la propagacion de las ceremonias egipcias en Italia[1001]; pero -quiso que cada culto, y particularmente el judío, fuera dueño de sí -mismo interiormente[1002]. Eximió á los judíos de todo lo que hubiera -podido herir su conciencia, especialmente de toda accion civil el dia -del sábado, que ellos celebran[1003]. Algunas personas de su séquito -mostraban menos tolerancia, y de buena gana le hubieran convertido en -un perseguidor religioso para servir al culto latino[1004]; empero, -parece que no hubo de ceder á aquellos consejos funestos; y aún -pretende Josefo, á quien se sospecha exagerado en este punto, que hizo -donacion de vasos sagrados al templo de Jerusalem[1005]. - -Tiberio fué el primero que sentó con fijeza el principio de la religion -de Estado, y tomó sérias precauciones contra la propaganda judía y -oriental[1006]. Ha de tenerse presente que el emperador era «gran -pontífice», y que protegiendo el viejo culto romano, parecia cumplir un -deber de su incumbencia. Calígula revocó los edictos de Tiberio[1007]; -pero su locura no le permitia ser consecuente en sus obras. Claudio -parece haber imitado la política de Augusto. Fortificó en Roma el culto -latino, mostróse preocupado de los progresos que hacian las religiones -extranjeras[1008], fué riguroso con los judíos[1009], y persiguió con -encarnizamiento á las cofradías[1010]; usando, por lo contrario, la -benevolencia con los indígenas en Judea[1011]. El favor de que gozaron -en Roma los Agrippa bajo estos dos últimos reinados aseguraba á sus -correligionarios poderosa proteccion, salvo el caso en que la policía -de Roma reclamara medidas de seguridad. - -En cuanto á Neron, ocupóse poco en religion[1012]. Sus actos odiosos -con los cristianos, fueron actos de ferocidad, y no disposiciones -legislativas[1013]; pues los ejemplos de persecucion que se citan en -la sociedad romana de aquel tiempo, emanan más bien de la autoridad -de la familia que de la autoridad pública[1014]; y aun así no se -observaban semejantes ejemplos sino en las casas nobles de Roma, que -conservaban las antiguas tradiciones[1015]. Las provincias gozaban -de plena libertad para practicar su culto, con la única condicion de -no ultrajar á los de los otros países[1016]. Los provinciales[1017] -disfrutaban del mismo derecho en Roma, con tal que no dieran escándalo. -Las dos únicas religiones que combatió el Imperio en el primer siglo, -el druidismo y el judaismo, eran como fortalezas donde se defendian -nacionalidades. Todo el mundo estaba convencido de que la profesion del -judaismo implicaba el desprecio de las leyes civiles y la indiferencia -por la prosperidad del Estado[1018]; pues en tanto que el judaismo se -circunscribia á no ser más que una simple religion individual, no se -le perseguia[1019]. Los rigores contra el culto de Serapis procedieron -tal vez del carácter monoteista que presentaba[1020], y que hacia le -confundieran ya con el culto judío y con el cristiano[1021]. - -Ninguna ley terminante[1022] prohibia pues, en tiempo de los -apóstoles, la profesion de las religiones monoteistas; y si estas -fueron siempre vigiladas hasta el advenimiento de los emperadores -sirios, únicamente desde Trajano se vió al imperio perseguirlas -sistemáticamente como intolerantes, é implicando la negacion del -Estado. En suma, la única cosa á la cual haya declarado la guerra el -imperio romano, en materia de religion, es la teocracia. Su principio -era el del Estado laico; no admitiendo que una religion pudiera tener -en grado alguno consecuencias civiles ó políticas; y sobre todo -no consintiendo en el Estado ninguna asociacion con independencia -del mismo Estado. Este último punto es muy esencial; porque ha de -considerarse, verdaderamente, como la raíz de todas las persecuciones. - -La ley relativa á las cofradías, mucho más que la intolerancia -religiosa, fué la causa fatal de las violencias que deshonraron los -reinados de los mejores soberanos. - -En materia de asociacion, igualmente que en todas las cosas buenas -y delicadas, tuvieron los países griegos la prioridad sobre los -Romanos. Las _eranas_ ó _thiasas_ griegas de Atenas, de Rodas y de -las islas del Archipiélago fueron hermosas sociedades de socorros -mútuos, de crédito, de seguros en casos de incendio, de piedad y -de placeres honestos[1023]. Cada erana grababa sobre columnas sus -decisiones, tenia sus archivos y su caja comun, que se llenaba con -donativos voluntarios y con las cuotas de los sócios. Juntábanse los -eranistas ó thiasitas para celebrar ciertas festividades, y reuníanse -en banquetes, donde reinaba la mayor cordialidad[1024]. El sócio -que se viera apurado de dinero, tenia la facultad de sacarlo de la -caja, á título de empréstito en calidad de reintegro. Las mujeres -formaban parte de aquellas eranas, y tenian su presidenta especial -(_proeranistia_). Las juntas que celebraban eran absolutamente -secretas; un reglamento severo mantenia en ellas el órden, y se -efectuaban, segun parece, en jardines cerrados, rodeados de pórticos -ó de pequeñas construcciones, en cuyo centro se ostentaba el altar -de los sacrificios[1025]. Por último, cada congregacion tenia un -cuerpo de dignatarios, nombrados por sorteo que se hacia anualmente -(_clerotas_)[1026], á usanza de las antiguas democracias griegas, -de donde el «clero» cristiano[1027] ha tomado tal vez su nombre. El -presidente era el único elegido. Estos funcionarios oficiales sometian -á un exámen al nuevo electo, debiendo certificar que era «santo, -piadoso y bueno»[1028]. Hubo en aquellas pequeñas cofradías, durante -los dos ó tres siglos que precedieron á nuestra era, un movimiento -casi tan variado como el que produjo en la edad media tantas órdenes -religiosas. Contáronse en la isla de Rodas solamente, hasta diez y -nueve[1029]; llevando muchas de ellas los nombres de sus fundadores -y reformadores. Alguna de aquellas _thiasas_, particularmente las de -Baco[1030], profesaban elevadas doctrinas, y trataban de consolar á los -hombres bien intencionados. Si todavía subsistia en el mundo griego un -resto de amor, de piedad y de moral religiosa, era debido á la libertad -de tales cultos privados. Estos competian con la religion oficial, cuyo -abandono hacíase de dia en dia más notable. - -Empero, las asociaciones de igual género tropezaban con mayores -obstáculos en Roma[1031] sin que por eso disminuyera su prestigio entre -las clases desheredadas. Los principios de la política romana respecto -á las cofradías se promulgaron por la vez primera bajo la república -(186 años antes de J.-C.), con motivo de las bacanales. Por aficion -natural, eran muy propensos los Romanos á las asociaciones[1032], -particularmente á las religiosas[1033]; pero estas congregaciones, -en cierto modo permanentes, disgustaban á los patricios[1034], -conservadores de los poderes públicos, quienes á impulso de la mezquina -y árida idea que de la vida concibieran, no admitian como grupos -sociales más que la familia y el Estado. Tomáronse las precauciones más -minuciosas para conseguir su intento: necesidad de autorizacion prévia, -limitacion del número de asistentes, prohibicion de que tuvieran -un _magister sacrorum_ permanente y de que constituyeran mediante -suscripciones un fondo comun[1035]. La misma solicitud se manifestó -repetidas veces en la historia del imperio, y el arsenal de las leyes -contenia textos para todas las represiones[1036]. Empero dependia de -la autoridad el hacer ó no aplicacion de ellas. En cuanto á los cultos -proscritos, reaparecian frecuentemente muy pocos años despues de su -proscripcion[1037]. Por otra parte, la emigracion extranjera, sobre -todo la de los Sirios, renovaba incesantemente el fondo con que se -alimentaban las creencias que en vano trataban de extirpar. - -Admírase uno de ver hasta qué grado preocupaba á los hombres más -pensadores un tema tan secundario en apariencia. Una de las -preferentes atenciones de César y de Augusto fué la de impedir -la formacion de nuevos _colegios_ y destruir los que ya estaban -establecidos[1038]. Un decreto expedido, segun parece, bajo el reinado -de Augusto trató de definir fijamente los límites del derecho de -reunion y de asociacion. Esos límites eran muy reducidos; pues los -_colegios_ habian de ser únicamente funerarios. No les era permitido -reunirse sino una vez al mes, y no podian ocuparse más que en dar -sepultura á los miembros difuntos, no debiendo salirse bajo ningun -pretexto del círculo de sus atribuciones[1039]. Sobrepuja á toda -ponderacion el encarnizamiento del imperio, pues á consecuencia de -su idea exagerada respecto al Estado, pretendia aislar al individuo, -destruir todo lazo moral entre los hombres, y combatir un deseo -legítimo de los pobres, el de apiñarse unos contra otros en un asilo -reducido para tener así más calor. Ciertamente que en la antigua Grecia -era muy tiránica la ciudad; pero proporcionaba tantos placeres en -cambio de su despotismo, de tal modo deslumbraba con sus luces y con -su gloria, que nadie pensaba en quejarse. Morian contentos por ella, y -sufrian sin rebelarse sus más injustos caprichos. En cuanto al Imperio -romano, era demasiado vasto para considerarlo como patria. Ofrecia á -todos grandes ventajas materiales; pero no proporcionaba cosa alguna -que mereciera afecto; así que la inaguantable tristeza compañera de -semejante existencia parecia peor que la muerte. - -Por eso, y á pesar de todos los esfuerzos que hicieron los hombres -políticos, tomaron tan inmenso desarrollo las cofradías. Sucedió -exactamente una cosa análoga á lo que á nuestras cofradías de la edad -media, con su Santo patron y sus comidas en gremio. Cuidábanse las -grandes familias de su nombre, de la patria y de la tradicion; pero -los humildes, la gente de pocos recursos no tenian más cuidado que -el del _Collegium_, por el cual se afanaban. Todos los textos nos -representan esos _collegia_ ó _cœtus_ como formados de esclavos[1040], -veteranos[1041], y gente pobre _tenuiores_[1042]. Reinaba la igualdad -entre los hombres libres, los libertos y las personas serviles[1043], -siendo numerosas las mujeres[1044]. Á riesgo de mil vejaciones, y á -pesar de las severas penas que á veces se imponian, aspiraban muchos á -ser miembros de uno de esas _collegia_, donde vivian unidos por lazos -de agradable confraternidad, se disfrutaba de los socorros mútuos y -se contraian afectos que se conservaban despues de la muerte[1045]. -El sitio de reunion, ó _schola collegii_, tenia comunmente un -_tetrástilo_ (pórtico de cuatro fachadas)[1046] donde se publicaba -en carteles el reglamento del colegio, al lado del dios protector, y -un _triclinium_ para los banquetes de la corporacion reunida. Estos -eran, en efecto, vivamente deseados; celebrábanse en las fiestas -patronales y en los aniversarios de ciertos cofrades que habian hecho -fundaciones[1047]. Cada cual llevaba allí su regalo; y uno de los -cofrades, por turno, suministraba los accesorios de la comida; á saber, -los manteles, la vajilla para la mesa, el pan, el vino, las sardinas y -el agua caliente[1048]. El esclavo que acababa de libertarse habia de -obsequiar á sus camaradas con una ánfora de buen vino[1049]. Una dulce -alegría animaba el festin; y era cosa expresamente convenida que no -habia de tratarse de asunto alguno relativo al colegio; para que nada -pudiera turbar el cuarto de hora de regocijo y de descanso que aquellas -pobres gentes se proporcionaban[1050]. Todo acto de turbulencia ó toda -palabra desagradable eran castigados con una multa[1051]. - -Si hubiera uno de atenerse á las apariencias, creeria que aquellos -colegios no eran más que asociaciones de entierro mútuo[1052]. Empero, -eso solo hubiera bastado para darle un carácter moral. En la época -romana, como en nuestro tiempo y en todas las épocas en que la religion -se halla sin fuerzas, la piedad de las tumbas era casi la única que el -pueblo conservaba. Complacíanse en pensar que no serian arrojados á los -fosos comunes[1053], que el colegio haria el gasto de los funerales, -y que los cofrades que hubieran ido á pié hasta la pira, recibirian -un pequeño honorario[1054] de veinte céntimos[1055]. Los esclavos, -especialmente, necesitaban creer que si su amo hiciera arrojar su -cuerpo al foso comun, no faltarian allí algunos amigos para hacerles -«funerales imaginarios[1056].» El hombre pobre echaba todos los meses -dos cuartos en el cepillo á ese uso destinado, para proporcionarse -despues de su muerte una urnita en un _columbarium_, con una lápida -de mármol en que estuviera grabado su nombre. Como la sepultura entre -los romanos, estaba íntimamente ligada con los _sacra gentilicia_ ó -ritos de familia, tenia suma importancia, contrayendo las personas -que se enterraban juntas una especie de fraternidad íntima y de -parentesco[1057]. - -Hé aquí por qué, durante largo tiempo, se presentó el cristianismo en -Roma como una especie de _collegium_ fúnebre y por qué los primeros -santuarios cristianos fueron las tumbas de los mártires[1058]. Si -no hubiera sido más que eso el cristianismo, no hubiese provocado -tantos rigores; pero era tambien otra cosa; tenia un fondo ó caja de -comunidad[1059]; jactábase de constituir una poblacion completa; y -se creia asegurado de que habia de dominar en el porvenir. Cuando se -entra un sábado por la noche en el recinto de una iglesia griega en -Turquía, en la de Santa Photini, en Esmirna, por ejemplo, le extraña á -uno el poderío de esas religiones de comité, en el seno de una sociedad -perseguidora ó malévola. Ese hacinamiento irregular de construcciones -(iglesia, presbiterio, escuelas, cárcel,) esos fieles que van y vienen -en medio de su poblacion cerrada, esas tumbas nuevamente abiertas en -las cuales arde una lámpara, ese olor cadavérico, esa atmósfera húmeda, -ese murmullo de oraciones, esas invocaciones para pedir limosna, todo -ello forma un conjunto lánguido, que á veces á un extranjero podrá -parecerle insulso, pero que debe ser muy grato y suave para el afiliado. - -Las sociedades, que estaban ya provistas de una autorizacion especial, -gozaban en Roma de todos los derechos de personas civiles[1060]; -pero no se concedia esa autorizacion sino con infinitas condiciones, -desde el momento en que las sociedades tenian una caja ó fondo de -comunidad, ó se trataba de otra cosa que de hacerse enterrar[1061]. -El pretexto de la religion ó de cumplir votos en comunidad, estaba -previsto y formalmente señalado entre las circunstancias que daban -á una reunion el carácter de delito[1062]; y este no era otro que -el de lesa majestad, al menos para el individuo que habia provocado -la reunion[1063]. Claudio llegó hasta mandar cerrar las tabernas en -que se reunian los cofrades, así como tambien las hosterías donde -la gente pobre encontraba por poco precio agua caliente y carne del -puchero[1064]. Trajano y los mejores emperadores romanos vieron con -desconfianza todas las asociaciones[1065]. La extrema humildad de -las personas era una cualidad esencial para que se les concediera -el derecho de reunion; y aun así no se les otorgaba sino con muchas -condiciones[1066]. Los legistas que constituyeron el derecho romano, -tan eminentes como jurisconsultos, mostraron hasta dónde llegaba -su ignorancia de la naturaleza humana persiguiendo de todos modos, -hasta con la amenaza de muerte, y restringiendo con toda clase de -precauciones odiosas ó pueriles, una eterna necesidad del alma[1067]. -Á semejanza de los autores de nuestro «Código civil,» miraban la vida -con mortal frialdad, como si esta consistiese solo en divertirse por -órden superior, en comer su pedazo de pan y en disfrutar del placer -segun la clase y rango. El castigo de las sociedades que se abandonan -á este sistema falso y limitado, es primeramente el fastidio, y -despues el triunfo violento de los partidos religiosos. El hombre -no consentirá jamás en respirar ese aire glacial; necesita el hogar -tranquilo, la cofradía donde los buenos mueren y viven juntos; nuestras -grandes sociedades abstractas no son bastantes para satisfacer todos -los instintos de sociabilidad que hay en el hombre; dejadle que -ocupe su corazon con alguna cosa, que busque su consuelo donde pueda -encontrarle, que busque los hermanos que necesite, que dé cabida en -su alma á los más tiernos vínculos. La fria mano del Estado no debe -intervenir en ese reino del alma que es el reino de la libertad; la -vida y la alegría no renacerán en el mundo hasta que haya desaparecido -nuestra desconfianza hácia los _collegia_, esa triste herencia del -derecho romano. Formar una asociacion fuera del Estado, sin destruir -á éste, es la cuestion capital del porvenir; la ley futura sobre las -asociaciones decidirá si la sociedad moderna ha de sufrir ó no la -suerte de la antigua. Un ejemplo debe bastar: el Imperio romano habia -enlazado su destino con la ley sobre los _cœtus illiciti_ y los -_illicita collegia_; los cristianos y los bárbaros, terminando con esto -la obra de la conciencia humana, destruyeron la ley, y el Imperio se -hundió con ella. - -El mundo griego y romano, mundo laico, mundo profano, que no sabia lo -que es un sacerdote, que no tenia ni ley divina, ni libro revelado, -tocaba aquí con problemas que no le era posible resolver. Añadamos -á esto que si hubiese tenido sacerdotes, una teología severa, una -religion vigorosamente organizada, no habria creado el Estado laico, ni -inaugurado tampoco la idea de una sociedad racional, de una sociedad -fundada sobre las simples necesidades de la humanidad y sobre las -relaciones naturales de los individuos. La inferioridad religiosa de -los griegos y de los romanos era la consecuencia de su superioridad -política é intelectual; la superioridad religiosa del pueblo judío, -por el contrario, ha sido la causa de su inferioridad política -y filosófica; el judaismo y el cristianismo primitivo contenian -la negacion ó más bien la tutela del Estado civil, y así como el -islamismo, establecieron la sociedad sobre la religion. Cuando se -toman las cosas humanas por este lado, se fundan grandes proselitismos -universales, se tienen Apóstoles que corren de un extremo á otro del -mundo para convertirlo; pero no se fundan instituciones políticas, una -independencia nacional, una dinastía, un código, un pueblo. - - - - -CAPÍTULO XIX. - -Porvenir de las misiones. - - -[Marginal: Año 45] - -Tal era el mundo que los misioneros cristianos se encargaron de -convertir; y bien podemos ver que semejante empresa no fué una -locura, ni tampoco el llevarla á cabo un milagro. El mundo carecia -moralmente de muchos cosas que la nueva religion le podia facilitar -de una manera admirable; las costumbres se dulcificaban; queríase un -culto más puro; y las nociones sobre los derechos del hombre y las -ideas acerca de los amejoramientos sociales iban ganando terreno por -todas partes. La credulidad, por otro lado, era extremada, el número -de personas instruidas muy escaso, y si ante semejante sociedad se -hubiesen presentado ardientes apóstoles, judíos, es decir, monoteistas, -discípulos de Jesús, penetrados de la más dulce predicacion moral -que jamás pudiera oirse, no hay para que dudar que se les hubiera -escuchado. Los sueños é ilusiones que contiene su enseñanza, no serán -un obstáculo para que obtengan buen éxito; el número de los que no -creen en lo sobrenatural y en el milagro es muy corto; si son humildes -y pobres tanto mejor, porque la humanidad en el punto que se halla, no -puede salvarse sino por un esfuerzo del pueblo. Las antiguas religiones -paganas no son reformables; el Estado romano es lo que será siempre -el Estado; es decir, una cosa rígida, seca, y dura; en ese mundo que -parece por falta de amor, el porvenir es de aquel que toque la fibra -sensible de la piedad popular. El liberalismo griego y la antigua -gravedad romana son impotentes para conseguirlo. - -La fundacion del cristianismo es bajo este punto de vista la obra -más grande que han hecho jamás los hombres del pueblo, y muy pronto -quizás, los hombres y mujeres de la alta nobleza romana, se afiliarán -á la Iglesia. Desde fines del primer siglo, Flavio Clemente y Flavia -Domitila nos muestran casi al cristianismo penetrando en el palacio -de los Césares[1068]. Á partir de los primeros Antoninos, cuéntanse -personas ricas en la comunidad, y á fines del segundo siglo algunos de -los personajes más considerables del Imperio[1069], si bien en general -todos ó casi todos eran humildes[1070]. En las iglesias más antiguas, -así como en Galilea al rededor de Jesús no habia nobles ni poderosos: -ahora bien en esas grandes creaciones, la primera hora es la decisiva; -la gloria de las religiones pertenece por completo á sus fundadores, -pues aquellas, en efecto, se reducen á una cuestion de fé; creer es una -cosa vulgar; la obra maestra es saber inspirar la fé. - -Cuando uno trata de figurarse aquellos maravillosos orígenes, se le -representan por lo regular las cosas segun el modelo de nuestra época, -lo cual induce á graves errores. El hombre del pueblo, en el primer -siglo de nuestra era, sobre todo en los países griegos y orientales, -no se asemejaba en nada de lo que es hoy; la educacion no levantaba -entonces en las clases una barrera tan inespugnable como ahora, y -aquellas razas del Mediterráneo, si se exceptúan las poblaciones de -Lacio, las cuales habian desaparecido ó perdido toda su importancia -desde que el imperio romano habia llegado á ser la cosa de los -pueblos vencidos al conquistar el mundo, aquellas razas, digo, eran -menos sólidas que las nuestras, pero más vivas, más espirituales, -más idealistas. El pesado materialismo, esa cosa triste y apagada, -efecto de nuestros climas y legado fatal de la edad media, que da á -nuestros pobres un aspecto tan desconsolador, no era el defecto de -los de aquella época. Sin embargo, aun cuando fuesen muy ignorantes -y crédulos, no lo eran más que los ricos poderosos, y no hay que -representarse el establecimiento del cristianismo como análogo á lo -que seria entre nosotros un movimiento que, partiendo de las clases -populares, acabara (cosa imposible á nuestros ojos,) por obtener el -asentimiento de los hombres instruidos. Los fundadores del cristianismo -pertenecian al pueblo en el sentido de que iban mal vestidos, vivian -sencillamente y hablaban mal, ó más bien solo se proponian expresar sus -ideas con vivacidad; mas en punto á inteligencia no eran inferiores -sino á un corto número de hombres que aún quedaban de la gran sociedad -de César y de Augusto. Comparados con los principales filósofos que -enlazaban el siglo de Augusto con el de los Antoninos, los primeros -cristianos podian considerarse como espíritus pobres, mas comparados -con la masa de los súbditos del Imperio eran ilustrados. Tratábaseles -á veces de pensadores libres; el grito del populacho contra ellos era -«¡Muerte á los Ateos!»[1071] y esto no es de extrañar si se atiende á -que el mundo hacia espantosos progresos en punto á supersticion. Las -dos primeras capitales del cristianismo de los gentiles, Antioquía y -Éfeso, eran las dos ciudades del Imperio más dadas á las creencias -sobrenaturales, los siglos segundo y tercero llevaron hasta la demencia -el espíritu de lo maravilloso y de la credulidad. - -El cristianismo nació fuera del mundo oficial, mas no era precisamente -inferior á él: solo en apariencia y segun las preocupaciones mundanas, -eran los discípulos de Jesús unas pobres gentes. El hombre mundano ama -lo que es orgulloso y fuerte; habla con dureza al humilde; entiende que -el honor consiste en no dejarse insultar, y desprecia en fin al que -se reconoce débil, que lo sufre todo, que cede su túnica y presenta -el rostro para recibir un bofeton. Aquí está el error, pues el débil -á quien desprecia es superior por lo general; la virtud reside en los -que obedecen (sirvientes, obreros, soldados, etc.,) más bien que en los -que mandan y gozan; y esto está casi en el órden, puesto que mandar y -disfrutar, lejos de contribuir á la virtud, ofrece una dificultad para -ser virtuoso. - -Jesús comprendió maravillosamente que en el seno del pueblo se halla -la resignacion y abnegacion que salva al mundo. Hé ahí porque proclamó -felices á los pobres, juzgando que á ellos les era más fácil que á los -otros ser buenos; los cristianos primitivos fueron por esencia pobres; -«pobres» se les llamó[1072] y aun cuando el cristiano fuese rico en los -siglos segundo y tercero, en punto á espíritu se le podia considerar -como un _tenuior_[1073] y se salvó gracias á la ley sobre los _collegia -tenuiorum_. No eran ciertamente todos los cristianos esclavos y gentes -de baja condicion, mas el equivalente social de un cristiano era un -esclavo, y lo mismo se decia de aquel que de este, reconociéndose en -ambos las mismas virtudes de bondad, humildad, resignacion y dulzura. -Todos los autores paganos opinan unánimemente de este modo; todos sin -excepcion reconocen en el cristiano los rasgos del carácter servil, la -indiferencia hácia las grandes cuestiones y ese aire triste y contrito, -esa aversion hácia los juegos, los teatros, los gimnasios y los -baños[1074], característica en ellos. - -En una palabra, los paganos eran el mundo, no los cristianos: estos -constituian un pequeño grupo separado, aborrecido del mundo, que ellos -por su parte encontraban malo[1075] procurando «conservarse inmaculados -del mundo»[1076]. El ideal del cristianismo será lo contrario del -ideal mundano[1077]; al perfecto cristiano le gustarán las objeciones; -tendrá las virtudes del pobre, del hombre sencillo, de aquel que no -trata de hacerse valer, mas no carecerá tampoco de los defectos de sus -virtudes, pues considerará vanas y frívolas muchas cosas que no lo son, -declarándose enemigo de la belleza. Un sistema en que la Venus de Milo -no aparece sino como un ídolo, es un sistema falso ó al menos parcial, -pues la belleza vale casi tanto como lo bueno y lo verdadero. Con -semejantes ideas, es en todo caso inevitable una decadencia en el arte, -pues el cristiano no querrá ni edificar, ni esculpir, ni dibujar; será -demasiado idealista, y le importará poco saber, porque la curiosidad -le parece una cosa vana. Confundiendo la gran voluptuosidad del alma, -que es uno de los modos de tocar lo infinito, con el placer vulgar, no -querrá disfrutar porque es demasiado virtuoso. - -Desde ahora se presenta otra ley que debe dominar en esta historia; -el establecimiento del cristianismo corresponde á la supresion de la -vida política en el mundo del Mediterráneo; el cristianismo nace y se -extiende en una época en que ya no hay patria; si alguna cosa falta á -los fundadores de la Iglesia, es el patriotismo. No son cosmopolitas -porque todo planeta es para ellos un lugar de destierro; son idealistas -en el sentido más absoluto. La patria es un compuesto del cuerpo y -del alma; esta última, constituye los recuerdos, las costumbres, las -leyendas, las desgracias, las esperanzas y los sentimientos comunes; el -cuerpo, es el suelo, la raza, el idioma, las montañas, los rios, los -productos característicos, y en tal caso, nadie prescindió tanto de -todo esto como los verdaderos cristianos. Ellos no tomaron cariño á la -Judea, y al cabo de algunos años olvidaron la Galilea completamente; la -gloria de Grecia y de Roma solo les inspiró indiferencia; los países -en que el cristianismo se estableció desde luego, es decir, la Siria, -Chipre y el Asia Menor, no se acordaron ya de la época en que fueron -libres; en Grecia y Roma dominaba aún el sentimiento nacional, pero -en esta última el patriotismo residia en el ejército y en algunas -familias, mientras que en la primera el cristianismo no fructifica -sino en Corinto, ciudad que desde su destruccion por Mummio y su -reconstruccion por César, era un conjunto de gente de todas clases. -Los verdaderos países griegos, entonces como hoy, muy poseidos por el -recuerdo de su pasado, se prestaron muy poco á la nueva predicacion y -fueron siempre medianamente cristianos. Por el contrario, aquellos -países mudos, alegres, voluptuosos, tales como el Asia y la Siria, -países de placer, de costumbres libres y de abandono, acostumbrados -á recibir de extraños la vida y el gobierno, no tenian nada á que -renunciar tratándose de orgullo y tradiciones. Las más antiguas -metrópolis del cristianismo, como Antioquía, Éfeso, Tesalónica, Corinto -y Roma, fueron ciudades comunes, si así puede decirse, ciudades -semejantes á la moderna Alejandría, donde afluian todas las razas, y -donde la union entre el hombre y el suelo, que es lo que constituye la -nacionalidad, era absolutamente nula. - -La importancia que se da á las cuestiones sociales está en sentido -inverso á las preocupaciones políticas: el socialismo adquiere la -superioridad, cuando el patriotismo se debilita; el cristianismo fué -la explosion de las ideas sociales y religiosas, que debia esperarse -desde el momento en que Augusto puso fin á las luchas políticas. -Culto universal, como el islamismo, el cristianismo será en el fondo -el enemigo de las nacionalidades, y serán necesarios muchos siglos y -muchos cismas para que lleguen á formarse iglesias nacionales con una -religion que fuese desde luego la negacion de toda patria terrestre, -que naciere en una época en que no hubiera en el mundo ni ciudad -ni ciudadanos. Es indudable que las antiguas y severas repúblicas -de Italia y de Grecia como un veneno mortal habian rechazado estas -iglesias para el Estado. - -Y esta es una de las causas que contribuyen á la grandeza del culto -nuevo: la humanidad es cosa diversa, cambiante, agitada por deseos -contradictorios; grande es la patria y santos son los héroes de -Maraton, de las Termópilas, de Valmy y de Fleurus; pero la patria no -está aquí abajo, porque uno es hombre é hijo de Dios antes que francés -ó aleman. - -El reino de Dios, sueño eterno que no se arrancará del corazon del -hombre, es la protesta contra lo que el patriotismo tiene de exclusivo; -el pensamiento de una organizacion de la humanidad para su dicha más -grande y su amejoramiento moral, es cristiano y legítimo; el Estado -no sabe ni puede saber más que una cosa: organizar el egoismo, y esto -no es indiferente, porque el egoismo es el más poderoso y el más -perceptible de los móviles de la humanidad. Pero esto no basta: los -gobiernos que suponen que el hombre solo tiene instintos de egoismo, se -equivocan de medio á medio, porque la abnegacion es tan natural como -el egoismo para los hijos de las grandes razas; la organizacion de -la abnegacion es la religion, y no se espere pues prescindir de esta -última ni de sus asociaciones, porque el progreso de las sociedades -modernas, hará que esta necesidad sea cada vez más imperiosa. - -Hé ahí de qué modo esos relatos de extraños sucesos pueden encerrar -para nosotros una gran enseñanza, pero es preciso no detenerse -en ciertos rasgos que por la diferencia de épocas puedan parecer -extravagantes. Cuando se trata de creencias populares hay siempre una -inmensa desproporcion entre la grandeza del objeto ideal que prosigue -la fé y la pequeñez de las circunstancias materiales que inducen á -creer. De ahí la particularidad que en la historia religiosa, los -detalles extraños y los actos que se asemejan á la locura, puedan -mezclarse con lo que hay de más sublime. El fraile que inventó la santa -ampolla ha sido uno de los fundadores del reino de Francia: ¿quién no -querria borrar de la vida de Jesús el episodio de los demoniacos de -Gergesia? Ningun hombre de sangre fria ha hecho nunca lo que hicieron -Francisco de Asís, Juana de Arco, Pedro el Ermitaño, é Ignacio de -Loyola; nada es más relativo que la palabra locura aplicada al pasado -del espíritu de la humanidad; y si se siguieran las ideas extendidas en -nuestros dias, no hay profeta, ni apóstol, ni santo, que no se hubiese -visto encerrado. La conciencia humana es poco estable en las épocas en -que la reflexion no ha avanzado mucho y cuando es tal el estado del -alma, se llega insensiblemente del bien al mal y del mal al bien, dando -lugar á que lo bello se convierta, en feo ó vice-versa. No hay justicia -posible para lo pasado si no se admite este principio. Un mismo soplo -divino penetra en toda la historia y forma una union admirable; pero la -variedad de combinaciones que pueden producir las facultades humanas es -infinita. Los apóstoles difieren menos de nosotros que los fundadores -del budismo, los cuales, sin embargo, se aproximaban más á nosotros -por el idioma, y probablemente por la raza. Nuestro siglo ha visto -movimientos religiosos tan extraordinarios como los de otras épocas, -movimientos que han provocado tanto entusiasmo como los anteriores, -que cuentan ya relativamente, mayor número de mártires, y cuyo porvenir -es aún incierto. - -No hablo de los Mormones, secta por ciertos conceptos tan estúpida y -abyecta, que se le resiste á uno creer en ella formalmente, por más -que sea instructivo ver en pleno siglo XIX á millares de hombres de -nuestra raza vivir creyendo en los milagros y en las maravillas en que -tienen una fé ciega y que segun dicen han visto y tocado. Ya contamos -con toda una literatura para demostrar el acuerdo que existe entre el -mormonismo y la ciencia, pero lo más admirable es, que esta religion, -fundada en necedades é imposturas, ha sabido llevar á cabo prodigios -de paciencia y abnegacion, y dentro de quinientos años, habrá doctores -que probarán su divinidad por las maravillas de su establecimiento. El -babismo en Persia, ha sido un fenómeno notable por otro estilo[1078]: -un hombre pacífico y sin pretension alguna, una especie de Spinoza, -modesto y piadoso, se ha visto casi á pesar suyo, elevado al rango de -taumaturgo, de encarnacion divina, llegando á ser el jefe de una secta -numerosa, ardiente y fanática, que estuvo á punto de producir una -revolucion semejante á la de Islam. Millares de mártires recibieron -por él la muerte con la mayor alegría; el dia de la matanza de los -_babis_ en Teheran, no tiene acaso igual en la historia del mundo, -pues segun dice un narrador, testigo ocular,[1079] «vióse en dicho dia -en las calles y bazares de Teheran, un espectáculo que la poblacion -no olvidará acaso nunca. Aún hoy dia, cuando se habla de aquella -catástrofe, puede comprenderse cuánta fué la admiracion mezclada de -horror que experimentó la multitud, y que los años no han disminuido. -Vióse avanzar entre los verdugos una porcion de niños y mujeres con -las carnes del cuerpo desgarradas y llevando sujetas alrededor de éste -mechas encendidas cuya llama les abrasaba la piel; las víctimas, que -iban atadas con cuerdas, recibian continuos latigazos, mas á pesar de -esto, niños y mujeres avanzaban entonando un versículo que decia: «En -verdad venimos de Dios y volvemos á él» y elevábanse sus voces sonoras -en medio del silencio de la multitud. Cuando uno de los condenados -caia al suelo hacíanle levantar á fuerza de golpes, y entonces, por -agotadas que estuviesen las fuerzas de la víctima á causa de la pérdida -de sangre que corria de sus heridas, poníase á bailar gritando con -creciente entusiasmo: «En verdad que somos de Dios y volvemos á él.» -Algunos niños caian muertos sobre el camino, y los verdugos cogian sus -cuerpos y los arrojaban á los piés de los padres y de sus hermanos, que -pisaban orgullosamente aquellos cadáveres sin lanzarles siquiera una -mirada. Al llegar al lugar de la ejecucion se propuso á las víctimas -que abjurasen: á un verdugo se le ocurrió decir á un padre que si no -cedia iba á cortar el cuello á sus dos hijos sobre su mismo pecho; los -dos muchachos, de los cuales el mayor tendria catorce años, enrojecidos -con su propia sangre, y calcinadas las carnes, escuchaban friamente -el diálogo: el padre contestó tendiéndose en el suelo que estaba -dispuesto, y entonces el mayor de sus hijos, reclamando con instancia -su derecho de primogenitura, pidió que le degollase antes á él[1080]. -Por último se acabó todo: las sombras de la noche cubrieron una masa -informe de carne humana; las cabezas estaban atadas á los postes del -cadalso y los perros de los arrabales se dirigian en bandadas hácia -aquel punto.» - -Esto ocurria en 1852: la secta de Mazdak, en tiempo de Cosroes -Nouschirvan, se ahogó en un baño de sangre semejante; la abnegacion -absoluta es para las almas sencillas el más exquisito de los goces -y una especie de necesidad; en la ejecucion de los Babis, algunas -personas que eran de la secta, corrian á denunciarse á sí mismas -deseosas de obtener la muerte y el martirio. ¡Es tan dulce para el -hombre sufrir por alguna cosa, que muchas veces la indiferencia del -mártir basta para hacer creer! Un discípulo que fué compañero de -suplicio de Bab, hallándose suspendido al lado da éste en las murallas -de Tabriz, esperando la muerte, no decia más que estas palabras: -«¿Estais contento de mí, maestro?» - -Las personas que suponen milagroso ó quimérico lo que en la historia -excede á los cálculos de un buen sentido vulgar, no podrán seguramente -explicarse tales hechos. La condicion fundamental de la crítica, es -saber comprender los estados diversos del espíritu humano; la fé -absoluta es para nosotros una cosa completamente extraña; y fuera de -las ciencias positivas, de una seguridad en cierto modo material, toda -opinion no es á nuestros ojos más que una probabilidad que implica -una parte de verdad y una parte de error; esta última puede ser tan -pequeña como se quiera, pero no se reduce nunca á cero cuando se trata -de cosas morales sobre una cuestion de arte, lenguaje, forma literaria -ó personas. Esta, sin embargo, no es la manera de ver de los espíritus -pobres y obstinados, tal como los Orientales; los ojos de esas gentes -no son como los nuestros; son una especie de ojos de esmalte como -los de los personajes que figuran en los mosaicos con su mirada fija -y que no saben ver sino una sola cosa á la vez, cosa que al fin les -preocupa, se apodera de ellos, é impidiéndoles que sean dueños de -creer ó de no creer, no les permite reflexionar. Cuando se profesa -una opinion de este modo, se deja uno matar por ella: el mártir es en -religion lo que el hombre de partido en política: no ha habido muchos -mártires inteligentes; los confesores del tiempo de Diocleciano debian -ser, despues de la paz de la Iglesia, personajes impertinentes é -imperiosos, pues nunca es uno tolerante cuando cree que siempre tiene -razon y que los otros no la tienen nunca. - -Los grandes entusiasmos religiosos, que son la consecuencia de fijarse -demasiado en las cosas, se convierten así en enigmas para un siglo -como el nuestro, en que el rigor de las convicciones se ha debilitado -mucho. Entre nosotros, el hombre sincero modifica sin cesar sus -opiniones; en primer lugar, porque el mundo cambia, y en segundo porque -el apreciador cambia tambien. Nosotros creemos varias cosas á la vez; -amamos la justicia y la verdad y por ellas expondriamos nuestra vida, -pero no admitimos que lo justo y lo verdadero sean solo del dominio -de una secta ó de un partido. Somos buenos franceses, mas reconocemos -que los alemanes y los ingleses son superiores por muchos conceptos, -lo cual no se hace en las épocas y en los países en que cada cual es -de su comunion, de su raza, de su escuela política. Hé aquí por qué -todas las grandes creaciones religiosas se han producido en sociedades -cuyo espíritu general era más ó menos análogo al del Oriente. Hasta -aquí, en efecto, la fé absoluta es la única que ha conseguido imponerse -á las demás. Una buena criada de Lyon, llamada Blandine, que se hizo -matar por su fé, hace mil setecientos años, y un brutal jefe de banda, -llamado Clovis, que creyó conveniente, hace catorce siglos, convertirse -al catolicismo, son los que nos imponen aún la ley. - -¿Quién no se ha detenido al recorrer nuestras antiguas ciudades, ahora -modernas, al pié de los gigantescos monumentos de la fé de las edades -antiguas? Todo se ha renovado ya en ellos; no queda un solo vestigio -de las costumbres de otros tiempos; solo permanece en pié la catedral, -un poco mutilada acaso por la mano del hombre, pero profundamente -arraigada en el suelo; _¡Mole sua stat!_ Su masa es su derecho. Ha -resistido al diluvio que todo lo destruyó á su alrededor; ni uno solo -de los hombres de otra época que fuera á visitar los sitios donde -vivió, podria encontrar su casa; solo el cuervo que hizo su nido en las -alturas del edificio sagrado no ha visto destruir su morada, ¡Extraña -prescripcion! Aquellos honrados mártires, aquellos rudos convertidos, -aquellos piratas que construyeron iglesias, nos dominan todavía. Somos -cristianos porque ellos quisieron serlo; así como en política solo -las fundaciones bárbaras son duraderas, en religion las afirmaciones -espontáneas, y si me atrevo á decirlo, fanáticas, son contagiosas. Y -esto consiste en que las religiones son obras enteramente populares; su -éxito no depende sino de las pruebas más ó menos buenas que producen de -su divinidad; su éxito está en proporcion de lo que dicen al corazon -del pueblo. - -¿Se sigue acaso de aquí que la religion esté destinada á disminuir poco -á poco y á desaparecer como los errores populares sobre la mágia, la -brujería y los espíritus? Seguramente no: la religion no es un error -popular; es una gran verdad de instinto entrevista y expresada por el -pueblo. Todos los símbolos que sirven para dar una forma al sentimiento -religioso son incompletos, y su destino es ser rechazados unos despues -de otros; pero nada es más falso que el sueño ó la ilusion de varias -personas, que tratando de concebir la humanidad perfecta, la conciben -sin religion. Debe decirse lo inverso. La China, que es una humanidad -inferior, no tiene apenas religion: supongamos por el contrario un -planeta habitado por una humanidad cuya fuerza intelectual, moral -y física, sea doble que la de la humanidad terrestre, y tendremos -que la primera seria cuando menos dos veces más religiosa que la -nuestra; y digo _cuando menos_, porque es probable que el aumento de -facultades religiosas tuviese lugar en una progresion más rápida que -el aumento de la capacidad intelectual, y no se haria segun la simple -proporcion directa. Supongamos una humanidad diez veces más fuerte que -la nuestra; esa seria infinitamente más religiosa, y aún es probable, -que en semejante grado de sublimidad, desprendido de toda preocupacion -material y de todo egoismo, dotado de un tacto perfecto y de un gusto -divinamente delicado, viendo la bajeza y el vacío de todo lo que no -es lo verdadero, lo bueno ó lo bello, el hombre seria únicamente -religioso, y estaria continuamente sumido en una perpétua adoracion, -pasando de éxtasis en éxtasis, naciendo, viviendo y muriendo en un -torrente de voluptuosidad. El egoismo, en efecto, que da la medida de -la inferioridad de los séres, decrece segun se aleja de lo animal; -un ser perfecto no seria ya egoista, sino religioso; el progreso -pues tendrá por efecto engrandecer la religion, y no destruirla ó -disminuirla. - -Pero tiempo es ya de volver á los tres misioneros, Pablo, Bernabé y -Juan Márcos, que hemos dejado en el momento que salian de Antioquía por -la puerta que conduce á Seleucia. En mi tercer libro trataré de seguir -las huellas de esos mensajeros de buenas nuevas por tierra y por mar, -lo mismo en la calma que en la tormenta, así en los buenos como en los -malos dias. Ya me urge referir la historia de esa epopeya sin igual, -recorrer esos caminos infinitos del Asia y de Europa, á lo largo de -los cuales sembraron el grano del Evangelio, y tengo en fin deseos de -surcar esas ondas que ellos atravesaran tantas veces en situaciones -diversas. La gran odisea cristiana va á comenzar; ya la barca -apostólica ha desplegado sus velas, y sopla la brisa que no aspira sino -á llevar en sus alas las palabras de Jesús. - - -FIN DE LOS APÓSTOLES. - - - - -NOTAS - - -[1] El autor de las _Actas_ no da directamente á San Pablo el título de -Apóstol, que solo aplica en general á los miembros del colegio central -de Jerusalem. - -[2] Homilias seudo-clementinas, XVII, 13-19. - -[3] Justino, _Apol. I_, 39. En las _Actas_ predomina tambien la idea de -que Pedro fué el Apóstol de los gentiles. Véase sobre todo el Cap. X y -compárese I Petri, I, 1. - -[4] I Cor., III, 6, 10; IV, 14, 15; IX, 1, 2; II Cor., XI, 2, etc. - -[5] Carta de Dionisio de Corinto, en Eusebio, _Hist. eccl._, II, 25. - -[6] Los lectores franceses que deseen obtener más ámplios detalles -sobre la discusion y comparacion de las cuatro narraciones, pueden -consultar los siguientes escritos: Strauss, _Vie de Jésus_, 3.ª sec., -cap. IV y V (traduccion Littré); _Nouvelle Vie de Jésus_, l. I, § 46 y -siguientes; l. II, § 97 y siguientes (Traduccion Nefftzer y Dollfus). - -[7] La Iglesia la admite desde luego como evidente. Véase el cánon -de Muratori (_Antiq. Ital._, III, 854), colacionado por Wieseler y -restituido por Laurent (_Neutestamentliche Studien_, Gotha, 1866), lin. -33 y siguientes. - -[8] Luc., I, 1-4, _Act._, I, 1. - -[9] Véase sobre todo _Act._, XVI, 12. - -[10] Sabido es que entre los escritores del Nuevo Testamento es muy -pobre la manera de expresarse, si bien cada uno tiene su pequeño -diccionario, y esto nos proporciona una regla precisa para determinar -quién es el autor de los escritos, aun de los más cortos. - -[11] El empleo de esta palabra, _Act._, XIV, 4, 14, es muy indirecto. - -[12] Compárese por ejemplo, _Act._, XVII, 14-16; XVIII, 5, á I Tes., -III, 1-2. - -[13] I Cor., XV, 32; II Cor., I, 8; XI, 23 y siguientes. Rom., XV, 19; -XVI, 3 y siguientes. - -[14] _Act._, XVI, 6; XVIII, 22-23, comparando la epístola á los Galatas. - -[15] Por ejemplo, la estancia en Cesarea queda en la oscuridad. - -[16] Mabillon, _Museum Italicum_, I, 1.ª pars, pág 109. - -[17] Col., IV, 14. - -[18] Véase más arriba, pág. XIV. - -[19] Casi todas las inscripciones son latinas, así como en Neapolis -(Cavala) el puerto de Filipos. Véase Heuzey, _Mission de Macédoine_, -pág. 11 y sig. Los notables conocimientos náuticos del autor de las -_Actas_ (véase sobre todo cap. XXVII-XXVIII) dan lugar á creer que era -de Neapolis. - -[20] Por ejemplo, _Act._, X, 28. - -[21] _Act._, V, 36-37. - -[22] Los hebraismos de su estilo pueden ser resultado de una lectura -asídua de las traducciones griegas del Antiguo Testamento, y sobre todo -de la lectura de los escritos compuestos por sus correligionarios de -Palestina, que copia con frecuencia textualmente. Sus citas del Antiguo -Testamento se han hecho sin ningun conocimiento del texto original (por -ejemplo, cap. XV, pág. 16 y sig.). - -[23] _Act._, XVII, 22 y sig. - -[24] Luc., I, 26; IV, 31; XXIV, 13. Compárese más abajo, página 73, -nota. - -[25] Luc., I, 31, comparado con Mateo, I, 21. El nombre de _Juana_ que -solo Lucas conoce, es sospechoso, pues no parece probable que _Juan_ -tuviese entonces correspondencia femenina. Sin embargo, véase Talm. de -Bab., _Sota_, 22 _a_. - -[26] _Act._, II, 47; IV, 33; V, 13, 26. - -[27] _Act._, IX, 22, 23; XII, 3, 11; XIII, 45, 50 y otros muchos -pasajes. Lo mismo sucede con el cuarto Evangelio porque tambien fué -redactado fuera de Siria. - -[28] Luc., X, 33 y sig.; XVII, 16; _Act._, VIII, 5 y sig. y lo mismo en -el cuarto Evangelio: Juan, IV, 5 y sig. Comp. Mat., X, 5-6. - -[29] _Act._, XXVIII, 30. - -[30] Véase _Vida de Jesús_, pág. XVII. - -[31] Luc., XXIV, 50. Marc., XVI, 19, viene á decir lo mismo. - -[32] _Act._, I, 3, 9. - -[33] Véase sobre todo Luc., I, 1, la expresion τῶν πεπληροφορημένων ἐν -ἡμῖν πραγμάτων. - -[34] Cap. X, XXII, XXVI. - -[35] El centurion Cornelio y el procónsul Sergio Paulo. - -[36] _Act._, XIII, 7 y sig.; XVIII, 12 y sig.; XIX, 35 y sig.; XXIV, 7, -17; XXV, 9, 16, 25; XXVII, 2; XXVIII, 17-18. - -[37] _Ibid._, XVI, 37 y sig.; XXII, 26 y sig. - -[38] Semejantes precauciones no eran raras: el Apocalipsis y la -epístola de Pedro designan á Roma con palabras embozadas. - -[39] Luc., I, 4. - -[40] _Act._, I, 22. - -[41] Véase la _Vida de Jesús_, pág. XXXIX y sig. - -[42] Esto se nota principalmente en la historia del Centurion Cornelio. - -[43] _Act._, II, 47; IV, 33; V, 13, 26. Cf. Luc., XXIV, 19-20. - -[44] _Act._, II, 44-45; IV, 34 y sig.; V, 1 y sig. - -[45] I Cor., XII-XIV. Comp. Marc., XVI, 17, y _Act._, II, 4, 13; X, 46; -XI 15; XIX, 6. - -[46] Compárese _Act._, III, 2 y sig. á XIV, 8 y sig.; IX, 36 y sig. á -XX, 9 y sig.; V, 1 y sig. á XIII, 9 y sig.; V, 15-16 á XIX, 12; XII, 7 -y sig. á XVI, 26 y sig.; X, 44 á XIX, 6. - -[47] En un discurso que el autor pone en boca de Gamaliel, allá por el -año 36, se trata de Teudas cuya empresa se declara fijamente que fué -anterior á la de Judas el Gaulonita (_Act._, V, 36-37). Ahora bien, la -rebelion de Teudas es del año 44 (Jos., _Ant._, XX, V, 1), y en todo -caso muy posterior á la del Gaulonita (Jos., _Ant._, XVIII, I, 1; B. -J., II, VIII, 1). - -[48] Las personas que no puedan leer sobre este punto los escritos -alemanes de Baur, Schneckenburger, de Wette, Schwegler y Zeller, donde -se conducen á una solucion definitiva las cuestiones críticas relativas -á las _Actas_, pueden consultar con fruto los _Études historiques et -critiques sur les origines du christianisme_, por A. Stap (París, -Lacroix, 1864), p. 116 y sig.; Michel Nicolas, _Études critiques sur la -Bible. Nouveau Testament_ (París, Lévy, 1864), p. 223 y sig.; Reuss, -_Histoire de la théologie chrétienne au siècle apostolique_, l. VI, ch. -V; diversos trabajos de los señores Kayser, Scherer, Reuss en la _Revue -de théologie_ de Strasburgo, 1.ª serie, t. II y III; 2.ª serie, t. II y -III. - -[49] Para el matiz de οὐ προσανεθέμην σαρκὶ καὶ αἵματι, compárese Mat., -XVI, 17. - -[50] Él mismo lo declara así bajo juramento: léase sobre todo los Cap. -I y II de la epístola de los Galatas. - -[51] Act., XII, 1. - -[52] Jos., _Ant._, XIX, VIII, 2; _B. J._, II, XII, 6. - -[53] La cita de Amos (XV, 16-17), hecha por Jacobo conforme á la -version griega, y que está en desacuerdo con el hebreo, demuestra -claramente que este discurso es una ficcion del autor. - -[54] Demostraremos luego que este es el verdadero sentido: en todo caso -la duda sobre la cuestion de saber si Tito se circuncidó ó no, importa -poco para nuestro razonamiento. - -[55] Comp. _Act._, XV, 1; Gal., I, 7; II, 12. - -[56] I Cor., VIII, 4, 9; X, 25-29. - -[57] _Act._, XXI, 20 y sig. - -[58] Los ebionitas sobre todo. Véanse las Homilias seudo-clementinas; -Ireneo, _Adv. hær._, I, XXVI, 2; Epifanio, _Adv. hær._, hær. XXX; San -Gerónimo, _In Matth._, XII, init. - -[59] Á mi parecer, sin embargo, Ananías y Safira son personajes -imaginarios. - -[60] _De divinatione_, II, 57. - -[61] Prefacio de los _Études d’histoire religieuse_. - -[62] Marc., XVI, 11; Luc., XVIII, 34; XXIV, 11; Juan, XX, 9, 24 y -sig. La opinion contraria expresada en Mat., XII, 40; XVI, 4, 21; -XVII, 9, 23; XX, 19; XXVI, 32; Marc., VIII, 31; IX, 9-10, 31; X, 34; -Luc., IX, 22; XI, 29-30; XVIII, 31 y sig.; XXIV, 6-8; Justino, _Dial. -cum Tryph._, 106, proviene de que á partir de cierta época, se tiene -gran empeño en demostrar que Jesús anunció su resurreccion. Por lo -demás, los sinópticos reconocen que si Jesús habló, los Apóstoles no -comprendieron nada. (Marc., IX, 10, 32; Luc., XVIII, 34; compárese -Luc., XXIV, 8, y Juan, II, 21-22.) - -[63] Marc., XVI, 10; Luc., XXIV, 17, 21. - -[64] Pasajes precitados, sobre todo Luc., XVII, 24-25; XVIII, 31-34. - -[65] Talmud de Babilonia, _Baba Bathra_, 58 _a_, y el extracto árabe -que da el abate Bargés en el _Bulletin de l’Œuvre des pélerinages en -terre sainte_, febrero 1863. - -[66] Ibn-Hischam, _Sirat errasoul_, edic. Wüstenfeld, pág. 1012 y sig. - -[67] Luc., XXIV, 23; _Act._, XXV, 19; Jos., _Ant._, XVIII, III, 3. - -[68] Salmo XVI, 10. El sentido del original es un poco diferente pero -así es como las versiones recibidas traducen el pasaje. - -[69] I Tes., IV, 12 y sig.; I Cor., XV entero; Apoc., XX-XXII. - -[70] Mat., XVI, 21 y sig.; Marc., VIII, 31 y sig. - -[71] Josefo, _Ant._, XVIII, III, 3. - -[72] Leer con cuidado los cuatro relatos de los Evangelios y el pasaje -I Cor., XV, 4-8. - -[73] Mat., XXVIII, 1; Marc., XVI, 1; Luc., XXIV, 1; Juan, XX, 1. - -[74] Juan, XX, 2, parece suponer que María no estaba siempre sola. - -[75] Juan, XX, 1 sig., y Marc., XVI, 9 y sig. Es preciso notar que -el Evangelio de Márcos tiene, en nuestros textos impresos del Nuevo -Testamento, dos finales: Marc., XVI, 1-8; Marc., XVI, 9-20, sin hablar -de otros dos, uno de los cuales ha sido conservado por el manuscrito -L de París y el margen de la version filoxeniana (_Nov. Test._ edic. -Griesbach-Schultz, I, pág. 291, nota), el otro por San Gerónimo, _Adv. -Pelag._, l. II (t. IV, 2.ª parte, col. 520, edic. Martianay). El final -XVI, 9 y sig. falta en el manuscrito B del Vaticano, en el _Codex -Sinaiticus_ y en los más importantes manuscritos griegos, pero es de -una remota antigüedad y concuerda con el cuarto Evangelio de una manera -admirable. - -[76] Mat., XXVII, 60; Marc., XV, 46; Luc., XXIII, 53. - -[77] Juan, XIX, 41-42. - -[78] Véase _Vida de Jesús_, p. XXXVIII. - -[79] El Evangelio de los hebreos contenia acaso algun dato análogo (en -San Gerónimo, _De viris illustribus_, 2). - -[80] M. de Vogüé, _Les Églises de la terre sainte_, pág. 125-126. El -verbo ἀποκυλίω (Mat., XXVIII, 2; Marc., XVI, 3, 4; Luc., XXIV, 2) -prueba suficientemente que tal era la disposicion del sepulcro de Jesús. - -[81] El relato del cuarto Evangelio tiene en este punto una gran -superioridad y nos sirve de guia principal. Segun Lucas, XXIV, 12, solo -Pedro va al sepulcro. En el final de Márcos que nos da el manuscrito L -y el margen de la version filoxeniana (Griesbach, _l. c._), se menciona -τοῖς περὶ τὸν Πέτρον. San Pablo (I Cor., XV, 5) tampoco hace figurar -más que á Pedro en esta primera vision. Más lejos, Lucas (XXIV, 24) -supone que varios discípulos han ido al sepulcro con lo cual se indica -probablemente las visitas que se hicieron luego. Es posible que Juan, -cediendo á una segunda intencion, que se revela más de una vez en su -Evangelio, quisiera demostrar que desempeñó en la historia de Jesús -un papel tan importante como el de Pedro. Acaso tambien las repetidas -declaraciones de Juan de haber sido testigo ocular de los hechos -fundamentales de la fé cristiana (Evang., I, 14; XXI, 24; I Juan, I, -1-3; IV, 14), deben aplicarse á esta visita. - -[82] Juan, XX, 1-10. Compar. Luc., XXIV, 12, 34; I Cor., XV, 5 y el -final de Márcos en el manuscrito L. - -[83] Mat., XXVIII, 9, observando que Mateo, XXVIII, 9-10, contesta á -Juan, XX, 16-17. - -[84] Juan, XX, 11-17, conforme con Márcos, XVI, 9-10. Compárese el -relato paralelo, aun cuando menos satisfactorio, de Mat., XXVIII, 1-10; -Luc., XXIV, 1-10. - -[85] Juan, XX, 18. - -[86] Compárese Marc., XVI, 9; Luc., VIII, 2. - -[87] Luc., XXIV, 11. - -[88] _Ibid._, XXIV, 24. - -[89] _Ibid._, XXIV, 34; I Cor., XV, 5; el final de Márcos en el -manuscrito L. El fragmento del Evangelio de los hebreos en San Ignacio, -_Epist. ad Smyrn._, 3, y en San Gerónimo, _De viris ill._, 16 parece -situar la «vision de Pedro» por la noche, y la fusiona con la de los -apóstoles reunidos. Pero San Pablo distingue expresamente las dos -visiones. - -[90] Luc., XXIV, 22-24, 34. Resulta de estos pasajes que las noticias -se extendieron separadamente. - -[91] Marc., XVI, 1-8.--Mat., XXVIII, 9-10 dice lo contrario, pero -esto desentona con el sistema sinóptico en el cual las mujeres no ven -sino un ángel. Parece que el primer Evangelio ha querido conciliar el -sistema sinóptico con el cuarto, donde una sola mujer vé á Jesús. - -[92] Mat., XXVIII, 2 y sig.; Marc., XVI, 5 y sig.; Luc., XXIV, 4 y -sig., 23. Esta aparicion de los ángeles se ha introducido en el relato -del cuarto Evangelio (XX, 12-13), trastornándolo completamente, puesto -que se atribuye á María Magdalena. El autor no ha querido prescindir de -este hecho referido por la tradicion. - -[93] Marc., XVI, 8. - -[94] Luc., XXIV, 4-7; Juan, XX, 12-13. - -[95] Mat., XXVIII, 1 y sig. En el relato de Mateo es donde más se -han exagerado estas circunstancias. El temblor de tierra y lo de los -guardias son probablemente adiciones tardías. - -[96] Los seis ó siete relatos que tenemos de la escena de la mañana, -(Márcos tiene dos ó tres, y Pablo tiene tambien el suyo, sin hablar del -Evangelio de los hebreos) están en completo desacuerdo unos con otros. - -[97] Mat., XXVI, 31; Marc., XIV, 27; Juan, XVI, 32; Justino, _Apol._, -I, 50; _Dial. cum Tryph._, 53, 106. Justino opina que en el momento de -la muerte de Jesús, cundió una completa apostasía entre los discípulos. - -[98] Mat., XXVIII, 17; Marc., XVI, 11; Luc., XXIV, 11. - -[99] Marc., XVI, 9; Luc., VIII, 2. - -[100] Véase, por ejemplo, Calmeil, _De la folie au point de vue -pathologique, philosophique, historique et judiciaire_. París, 1845, 2 -volúmenes en 8.º - -[101] Véanse las _Lettres pastorales_ de Jurieu, primer año, séptima -carta; tercer año, cuarta carta; Misson, _Le Théâtre sacré des -Cévennes_ (Lóndres, 1707), págs. 28, 34, 38, 102, 103, 104, 107; -Memorias de Court, en Sayous, _Hist. de la littér. française à -l’étranger_, siglo XVII, I, pág. 303; _Bulletin de la Société de -l’hist. du protest. franç._, 1862, página 174. - -[102] Mat., XIV, 26; Marc., VI, 49; Luc., XXIV, 37; Juan, IV, 19. - -[103] Marc., XVI, 12-13; Luc., XXIV, 13-33. - -[104] Compárese Josefo, _B. J._, VII, VI, 6. Lucas dice que esta -aldea se hallaba á sesenta estadios de Jerusalem, y Josefo á treinta. -Ἑξήκοντα, que aparece en algunos manuscritos y algunas ediciones de -Josefo, es una correccion cristiana. Véase la edicion de G. Dindorf. -La situacion más probable de Emmaus es Kulonié, lugar muy bonito -que se halla en el fondo de un valle en el camino de Jerusalem á -Jaffa. Véase Sepp, _Jerusalem und das heilige Land_ (1863), I, p. 56; -Bourquenoud, en los _Études rel. hist. et litt._ des PP. de la Soc. de -Jésus, 1863, núm. 9, y para las distancias exactas, H. Zschokke, _Das -neutestamentliche Emmaus_ (Schaffhausen, 1865). - -[105] Marc., XVI, 14; Luc., XXIV, 33 y sig.; Juan, XX, 19 y sig.; -Evangelio de los hebreos en san Ignacio, _Epist. ad Smyrn._, 3, y en -san Gerónimo, _De viris ill._, 16; I Cor., XV, 5; Justino, _Dial. cum -Tryph._, 106. - -[106] Luc., XXIV, 34. - -[107] En una isla que hay frente á Rotterdam, cuya poblacion es -calvinista y de las más austeras, los aldeanos están persuadidos que -Jesús va á su lecho de muerte para confirmar á sus elegidos de su -justificacion; muchos le ven en efecto. - -[108] Para concebir la posibilidad de semejantes ilusiones, basta -recordar las escenas de nuestros dias, en que varias personas reunidas -reconocen unánimemente que han oido rumores imaginarios, y esto con -la mejor buena fé. La expectativa, el esfuerzo de la imaginacion, la -disposicion á creer, á veces bromas inocentes, explican esos fenómenos -cuando no son hijos del engaño. Esas bromas provienen en lo general -de personas convencidas, animadas de un sentimiento benévolo que no -desean que una reunion languidezca y que tratan de sacar de apuro á -los dueños de la casa. La duda y la negacion son imposibles en esa -clase de reuniones, porque se disgustaria á las personas que os han -invitado y creen en tales milagros. Hé aquí por qué esas experiencias -que dan buen resultado en pequeños grupos, hacen fiasco por lo general -ante un público que paga, y no pueden verificarse ante las comisiones -científicas. - -[109] Juan, XX, 22-23, que resuena en Lucas, XXIV, 49. - -[110] Mat., XXVIII, 17; Marc., XVI, 14; Luc., XXIV, 39-40. - -[111] Juan, XX, 24-29; compárese Márcos, XVI, 14; Luc., XXIV, 39-40, -y el final de Márcos conservado por San Gerónimo, _Adv. Pelag._, II -(véase más arriba, p. 63). - -[112] Juan, XX, 29. - -[113] Es muy notable en efecto que Juan, bajo cuyo nombre se nos ha -trasmitido dicha frase, no tenga vision particular para él solo. Cf. I -Cor., XV, 5-8. - -[114] Juan, XX, 26. El pasaje XXI, 14, supone, es cierto, que no se -produjeron en Jerusalem más que dos apariciones ante los discípulos -reunidos; pero los pasajes XX, 30, y XXI, 25 dejan mucha más latitud. -Compárese _Act._, I, 3. - -[115] Luc., XXIV, 41-43; Evangelio de los hebreos, en San Gerónimo, _De -viris illustribus_, 2; final de Márcos, en San Gerónimo, _Adv. Pelag._, -II. - -[116] Mat., XXVIII, 7; Marc., XVI, 7. - -[117] Mat., XXVIII, 10. - -[118] _Ibid._, XXVI, 32; Marc., XIV, 28. - -[119] Mat., XXVIII, 16; Juan, XXI.--Luc., XXIV, 49, 50, 52 y las -_Actas_, I, 3-4, están aquí en contradiccion manifiesta con Marc., XVI, -1-8, y Mateo. El segundo final de Márcos (XVI, 9 y sig.) y aun los dos -otros que no forman parte del texto recibido (véase más arriba, p. 63), -parecen arreglados al sistema de Lucas, pero esto no puede prevalecer -contra el acuerdo de una parte de la tradicion sinóptica con el cuarto -Evangelio, y aun indirectamente con lo que dice Pablo (I Cor., XV, 5-8) -sobre este punto. - -[120] Mat., XXVIII, 16. - -[121] _Ibid._, XXVIII, 7; Marc., XVI, 7. - -[122] Final de Márcos, en San Gerónimo, _Adv. Pelag._, II. - -[123] Mat., XXVIII, 16. - -[124] Juan, XXI, 2 y sig. - -[125] El autor de las _Actas_, I, 14, las supone en Jerusalem desde -la Ascension, pero esto depende de su plan sistemático (Luc., XXIV, -49; _Actas_, 1-4) de no admitir el viaje á Galilea despues de la -resurreccion, (sistema opuesto al de Mateo y de Juan). Para sostener -esta opinion, se vé precisado á suponer la ascension en Betania, lo -cual contradicen todas las tradiciones. - -[126] I Cor., XV, 5 y sig. - -[127] Juan, XXI, 1 y sig. Este capítulo se adicionó al Evangelio, ya -concluido, como un _post-scriptum_, pero tiene el mismo orígen que los -demás. - -[128] Juan, XXI, 9-14; comp. Luc., XXIV, 41-43. Juan reunió en una sola -las dos escenas de la pesca y de la comida; pero Lucas no hace esta -agrupacion. De todos modos si se estudian atentamente los versículos -Juan, XXI, 14-15, podrá uno reconocer que los enlaces de Juan son aquí -un poco artificiales. Las alucinaciones son aisladas en el momento que -se producen; solo despues se forman anécdotas continuadas. Este sistema -de unir dos hechos separados es por demás sorprendente comparando -entre sí dos pasajes del mismo escritor, Lucas, _Evang._, XXIV, final, -y _Act._, I, inicio. Segun el primer pasaje, Jesús subió al cielo -el mismo dia de la resurreccion, pero el segundo dice que hubo un -intervalo de cuarenta dias. Tomando al pié de la letra lo que refiere -Marc., XVI, 9-20, la ascension hubiera tenido lugar la misma noche de -la resurreccion. Nada prueba mejor que la contradiccion de Lucas en -estos dos pasajes cuán poco se cuidaban de la exactitud de sus relatos -los redactores de escritos evangélicos. - -[129] Juan, XXI, 15 y sig. - -[130] _Ibid._, XXI, 18 y sig. - -[131] I Cor., XV, 6. - -[132] Transfiguracion. - -[133] Mat., XXVIII, 16-20; I Cor., XV, 6. Comp. Marc., XVI, 15 y sig.; -Luc., XXIV, 44 y sig. - -[134] I Cor., XV, 6. - -[135] Juan no limita la duracion de la segunda vida de Jesús, pero -supone que fué bastante larga. Segun Mateo, no duró sino el tiempo -necesario para hacer el viaje á Galilea, é ir á la montaña indicada -por Jesús. Segun el primer final no concluido de Márcos (XVI, 1-8), -las cosas pasaron como dice Mateo. Segun el segundo final (XVI, 9-20), -otros varios (véase p. 63, nota 4) y conforme al Evangelio de Lucas, -parece que la segunda vida no duró más que un dia. Pablo (I Cor., XV, -5-8), de acuerdo con el cuarto Evangelio, la prolonga durante algunos -años, y produce despues su vision, que tuvo lugar al menos cinco ó seis -años despues de la vida de Jesús, y fué la última de las apariciones. -La circunstancia de los «quinientos hermanos», induce á la misma -suposicion, pues no parece verosímil que al siguiente dia de la muerte -de Jesús, fuera tan considerable el grupo de sus amigos. (_Act._, I, -15). Varias sectas gnósticas, evaluaban la duracion de las apariciones -en diez y ocho meses, fundando sobre esto teorías místicas (Ireneo, -_Adv. hær._, I, III, 2; XXX, 14). Solo el autor de las _Actas_ (I, 3) -fija la duracion de la segunda vida de Jesús en cuarenta dias, pero es -una autoridad de poco valor, sobre todo si se observa que procede de un -sistema erróneo (Luc., XXIV, 49, 50, 52; _Act._, I, 4, 12), segun el -cual toda la segunda vida se pasó en Jerusalem ó en sus alrededores. -El número _cuarenta_ es simbólico: (el pueblo pasa cuarenta dias en -el desierto; Moisés cuarenta dias en el Sinaí; Elías y Jesús ayunan -cuarenta dias, etc.). En cuanto á la forma del relato adoptado por el -autor de los doce últimos versículos del segundo Evangelio, y por el -del tercero, véase p. 84, nota. La autoridad de Pablo, la más antigua -y la más autorizada de todas, que corroborando la del cuarto Evangelio -ofrece para esta parte de la historia Evangélica más verosimilitud, nos -parece ofrecer un argumento decisivo. - -[136] Luc., XXIV, 31. - -[137] Juan, XX, 19-26. - -[138] Mat., XXVIII, 9; Luc., XXIV, 37 y sig.; Juan, XX, 27 y sig.; XXI, -5 y sig.; Evangelio de los hebreos en san Ignacio, epístola de los -Esmirnos, 3, y en san Gerónimo, _De viris illustribus_, 16. - -[139] Juan, VI, 64. - -[140] Mat., XXVIII, 11-15; Justino, _Dial. cum Tryph._, 17, 108. - -[141] Mat., XXVII, 62-66; XXVIII, 4, 11-15. - -[142] _Ibid._, XXVIII, 2 y sig. - -[143] Segun Mat., XXVII, 63, parece que los judíos sabian que Jesús -habia predicho que resucitaria, pero los mismos discípulos de Jesús no -tenian ninguna idea precisa sobre este punto. Véase pág. 59, nota. - -[144] En Mat., XXVI, 32; XXVIII, 7, 10; y en Marc., XIV, 28; XVI, 7 se -indica vagamente esta opinion. - -[145] Esto se ha visto por los milagros de la Salette y de Lourdes.--Hé -aquí por qué medios se forma comunmente la leyenda milagrosa. Un santo -hombre, adquiere la fama de hacer curaciones; se le trae un enfermo que -á causa de la emocion se siente aliviado, y al dia siguiente se refiere -en diez leguas á la redonda que se ha verificado un milagro. El enfermo -muere cinco ó seis dias despues, y nadie habla de ello, mas en el -momento de enterrar al difunto, se habla con asombro de su curacion en -un espacio de cuarenta leguas.--La palabra atribuida al filósofo griego -delante de los _ex-votos_ de Samotracia (Diog. Laerc., VI, II, 59) es -asimismo perfectamente apropiada. - -[146] En Jerusalem ocurre todos los años un fenómeno de este género y -de los más extraordinarios que puedan citarse. Los griegos ortodoxos -pretenden que el fuego que se enciende espontáneamente en el Santo -Sepulcro el sábado santo de su Pascua, borra los pecados de aquellos -que se lo pasan por el semblante sin quemarse. Millares de peregrinos -hacen esta prueba, pero se convencen de que aquel fuego quema (y esto -lo prueban las contorsiones y gestos que hacen, así como tambien el -olor que se percibe). Á pesar de esto, ninguno ha contradicho la -creencia de la iglesia ortodoxa, porque esto seria confesar que no se -tiene fé, que uno es indigno del milagro, y reconocer ¡oh cielos! que -los latinos son la verdadera iglesia, pues los griegos suponen que este -milagro es la mejor prueba de que su iglesia es la única buena. - -[147] Esta causa se vió ante el tribunal de Grenoble (sentencia del 2 -de Mayo de 1855 y 6 Mayo 1847) defensas de los letrados Jules Fabre y -Bethmont, etc., coleccionadas por J. Sabbatier (Grenoble, Vellot, 1857). - -[148] ¿No se trasluce nada de esto en Juan, XX, 15? - -[149] Véase más arriba, p. 64-65. - -[150] Juan lo dice expresamente en XIX, 41-42. - -[151] Juan, XX, 6-7. - -[152] Involuntariamente se piensa en María de Betania, que en efecto -no desempeña un papel marcado en la mañana del Domingo. Véase _Vida de -Jesús_, p. 341 y sig.; 359 y sig. - -[153] Celso hacia sobre este punto excelentes observaciones críticas -(en Orígenes, _Contra Celsum_, II, 55). - -[154] Marc., XVI, 9; Luc., VIII, 2. - -[155] Luc., XXIV, 47. - -[156] Sobre el apelativo de «galileos» dado á los cristianos, véase más -abajo, p. 252, nota 699. - -[157] Mateo es exclusivamente Galileo; Lucas y el segundo Márcos, XVI, -9-20 son exclusivamente Jerosolimitas. Juan reune ambas tradiciones. -Pablo (I Cor., XV, 5-8.) admite tambien visiones llegadas de puntos muy -lejanos, y es posible que la vision de los «quinientos hermanos» de -Pablo, que hemos identificado por conjetura con la de la «montaña de -Galilea,» de Mateo, sea una vision Jerosolimita. - -[158] I Cor., XV, 7. No se explica el silencio de los cuatro Evangelios -canónicos acerca de esta vision, sino suponiéndola en una época más -lejana que aquella á que se refiere su relato. El órden cronológico de -las visiones, sobre el cual insiste Pablo con tanta precision, induce á -creer lo mismo. - -[159] Evangelio de los hebreos citado por San Gerónimo, _De viris -illustribus_, 2. Compárese Luc., XXIV, 41-43. - -[160] Evangelio de los hebreos, _loc. cit._ - -[161] Juan, VII, 5. - -[162] ¿Se aludirá á este brusco cambio en Gal., II, 6? - -[163] _Act._, I, 14 no es un testimonio muy autorizado. Se reconoce en -Lucas una tendencia á engrandecer á María. Luc., cap. I y II. - -[164] Juan, XIX, 25-27. - -[165] La tradicion que habla de su permanencia en Éfeso es moderna y no -tiene valor alguno. Véase Epifanio, _Adv. hær._, hær. LXXVIII, 11. - -[166] Véase, _Vida de Jesús_, págs. 23 y sig. - -[167] Evangelio segun los hebreos, véase lugar citado en la pág. 97, -nota 159. - -[168] _Act._, VIII, 1; Galat., I, 17-19; II, 1 y sig. - -[169] Luc., XXIV, 49; _Act._, I, 4. - -[170] Es cierto que esta idea no está desarrollada sino en el cuarto -Evangelio, (cap. XIV, XV, XVI), pero se indica en Mat., III, 11; Marc., -I, 8; Luc., III, 16; XII, 11-12; XXIV, 49. - -[171] Juan, XX, 22-23. - -[172] _Ibid._, XVI, 7. - -[173] Luc., XXIV, 49; _Act._, I, 4 y sig. - -[174] _Act._, I, 5-8. - -[175] I Cor., XV, 7; Luc., XXIV, 50 y sig.; _Act._, I, 2 y sig. -Ciertamente seria muy admisible que la vision de Betania referida -por Lucas fuese semejante á la de la montaña de que nos habla Mat., -XXVIII, 16 y sig. Sin embargo, á la vision de que hablaba Mateo no -siguió la ascension. En el segundo final de Márcos, la vision de -las instrucciones finales, seguida de la ascension, tuvo lugar en -Jerusalem. Finalmente, Pablo presenta la vision de todos los apóstoles -como distinta de la de los quinientos hermanos. - -[176] Otras tradiciones aseguran que Jesús confirió este poder en -visiones anteriores (Juan, XX, 23) - -[177] Luc., XXIV, 23; _Act._, XXV, 19. - -[178] _Act._, I, 11. - -[179] I Cor., XV, 8. - -[180] Mat., XXVIII, 20. - -[181] Juan, III, 13; VI, 62; XVI, 7; XX, 17; Efes., IV, 10; I Petri, -III, 22. Ni Mateo ni Juan dan el relato de la ascension. Pablo (I Cor., -XV, 7-8), ni siquiera incluye semejante idea. - -[182] Marc., XVI, 19; Luc., XXIV, 50-52; _Act._, 2-12; Justino, _Apol. -I_, 50; _Ascension de Isaías_, version etíope, XI, 22; version latina -(Venecia, 1522), _sub fin._ - -[183] Compárese el relato de la transfiguracion. - -[184] Jos., _Antiq._, IV, VIII, 48. - -[185] II Reg., II, 11 y sig. - -[186] Luc., último capítulo del Evangelio y primero de las _Actas_. - -[187] Luc., XXIV, 52. - -[188] Mateo, XVIII, 20. - -[189] _Act._, I, 15. La mayor parte de los «quinientos hermanos» se -habian quedado en Galilea; por consiguiente, lo que dice _Act._, II, 41 -es una exageracion ó por lo menos una anticipacion. - -[190] Luc., XXIV, 53; _Act._, II, 46. Comp. Luc., II, 37; Hegesipo, en -Eusebio, _Historia eclesiástica_, II, 23. - -[191] Deuter., X, 18; I Tim., VI, 8. - -[192] Léase la _Guerra de los judíos_ de Josefo. - -[193] Juan, XX, 22. - -[194] I Reg., XIX, 11-12. - -[195] Esta obra parece haber sido escrita á principios del siglo II de -nuestra era. - -[196] _Ascension de Isaías_, VI, 6 y sig. (Version etíope). - -[197] Mat., III, 11; Marc., I, 8; Luc., III, 16; _Act._, I, 5; XI, 16; -XIX, 4; I Juan, V, 6 y sig. - -[198] Compárese á Misson, en su _Le Théâtre sacré des Cévennes_ -(Lóndres, 1707), pág. 103. - -[199] _Revue des Deux Mondes_, setiembre de 1853, pág. 966 y sig. - -[200] Jules Remy, _Voyage au pays des Mormons_, (París, 1860), libros -II y III; por ejemplo, tomo I, pág. 259-260; tomo II, 470 y sig. - -[201] Astié, _Le Réveil religieux des États-Unis_ (Lausanne, 1859). - -[202] _Act._, II, 1-3; Justino, _Apol. I_, 50. - -[203] La expresion _lengua de fuego_, significa simplemente, en hebreo, -una llama (Isaías V, 24). Comp. Virgilio, _Æn._, II, 682-84. - -[204] Jámblico (_De myst._, sect. III, cap. 6) expone toda la teoría de -esas bajadas luminosas del Espíritu. - -[205] Compárese Talmud de Babilonia, _Chagiga_, 14 _b_; Midrachim, -_Schir hasschirin rabba_, fol. 10 _b_; _Ruth rabba_, fol. 42 _a_; -_Koheleth rabba_, 87, _a_. - -[206] Mat., III, 11; Luc., III, 16. - -[207] Éxodo, IV, 10; comp. Jeremías, I, 6. - -[208] Isaías, VI, 5 y sig; comp. Jeremías, I, 9. - -[209] Luc., XI, 12; Juan, XIV, 26. - -[210] _Act._, II, 5 y sig. Este es el sentido más probable, aunque -tambien puede significar que cada predicador hablaba uno de los -diferentes idiomas. - -[211] _Act._, II, 4. Comp. I Cor., XII, 10, 28; XIV, 21-22. Para -imaginaciones análogas véase Calmeil, _De la folie_, I, p. 9, 262; II, -p. 357 y sig. - -[212] Talmud de Jerusalem, _Sota_, 21 _b_. - -[213] _Testamento de los doce patriarcas._, Judá, 25. - -[214] _Act._, II, 4; X, 44 y sig. XI, 15; XIX, 6; I Cor., XII-XIV. - -[215] Marc., XVI, 17. Debe recordarse que en el antiguo hebreo, como -en todas las lenguas antiguas, (véase mi _Orig. du langage_, pág. 177 -y sig.) las palabras «extranjero», «lengua extranjera», se derivaban -de palabras que significaban «tartamudear», «balbucear», porque -los pueblos sencillos tomaban siempre un idioma desconocido por un -tartamudeo indistinto. Véase Isaías, XXVIII, 11; XXXIII, 19; I Cor., -XIV, 21. - -[216] I Cor., XIII, 1. (Véase la nota anterior). - -[217] I Cor., XII, 28, 30; XIV, 2 y sig. - -[218] I Sam., XIX, 23 y sig. - -[219] Plutarco, _De Pythiæ oraculis_, 24. Véase tambien la prediccion -de Casandra en el _Agamemnon_ de Esquilo. - -[220] I Cor., XII, 3; XVI, 22; Rom., VIII, 15. - -[221] Rom., VIII, 23, 26, 27. - -[222] I Cor., XIII, 1; XIV, 7 y sig. - -[223] Rom., VIII, 26-27. - -[224] I Cor., XIV, 13, 14, 27 y sig. - -[225] Jurieu, _Lettres pastorales_; tercer año, carta 3.ª; Misson, _Le -Théâtre sacré des Cévennes_, p. 10, 14, 15, 18, 19, 22, 31, 32, 36, 37, -65, 66, 68, 70, 94, 104, 109, 126, 140; Brueys, _Histoire du fanatisme_ -(Montpellier, 1709), I, páginas 145 y sig.; Fléchier, _Lettres -choisies_ (Lyon 1734), I, pág. 353 y sig. - -[226] Karl Hase, _Hist. de l’Église_, párrafo 439 y 458, 5; el -periódico protestante _L’Espérance_, 1.º de abril de 1847. - -[227] M. Hohl, _Bruchstücke aus dem Leben und den Schriften Ed. -Irving’s_ (Saint-Gall, 1839), p. 145, 149 y sig.; Karl Hase, _Hist. -de l’Église_, párrafo 458, 4.--Respecto á los Mormones, véase Remy, -_Voyage_, I, pág. 176-177, nota; 259-260; II, pág. 55 y sig.--En cuanto -á los convulsionarios de Saint-Médard, véase sobre todo Carré de -Montgeron, _La Vérité des miracles_, etc. (París 1737-1741), II, p. 18, -19, 49, 54, 55, 63, 64, 80, etc. - -[228] _Act._, II, 13, 15. - -[229] Marc., III, 21 y sig; Juan, X, 20 y sig; XII, 27 y sig. - -[230] _Act._, XIX, 6; I Cor., XIV, 3 y sig. - -[231] _Act._, X, 46; I Cor., XIV, 15, 16, 26. - -[232] Col., III, 16; Efes., V, 19 (Ψαλμοί, ὕμνοί, ᾠδαὶ πνευματικαί). -Véase los primeros capítulos del Evangelio de Lucas. Compárese, en -particular, Luc., I, 46 á _Act._, X, 46. - -[233] I Cor., XIV, 15; Col., III, 16; Efes., V, 19. - -[234] Jeremías, I, 6. - -[235] Marc., XVI, 17. - -[236] I Cor., XIV, 22. Πνεῦμα, en las epístolas de San Pablo, está -usado muy á menudo como δύναμις. Los fenómenos espiritistas se -consideran como δυνάμεις, es decir, milagros. - -[237] Ireneo, _Adv. hær._, V, VI, 1; Tertuliano, _Adv. Marcion._, V, 8; -_Constit. Apost._, VIII, 1. - -[238] Luc., II, 37; II Cor., VI, 5; XI, 27. - -[239] II Cor., VII, 10. - -[240] _Act._, VIII, 26 y sig.; X entero; XVI, 6, 7, 9 y sig. Compárese -Luc., II, 27, etc. - -[241] _Act._, XX, 19, 31; Rom., VIII, 23, 26. - -[242] _Act._, II, 42-47; IV, 32-37; V, 1-11; VI, 1 y sig. - -[243] _Ibid._, II, 44, 46, 47. - -[244] _Ibid._, II, 46; XX, 7, 11. - -[245] No ha habido literatura alguna que haya referido con tanta -frecuencia la palabra «_alegría_» como la del Nuevo Testamento. Véase -I Tes., I, 6; V, 16; Rom., XIV, 17; XV, 13; Galat., V, 22; Philip., I, -25; III, 1; IV, 4; I Juan, I, 4, etc. - -[246] _Act._, XII, 12. - -[247] Véase _Vida de Jesús_, p. XXXIX y sig. - -[248] _Ebionim_ significa «pobres.» Véase _Vida de Jesús_, p. 182-183. - -[249] Recuérdese el año 1000. Todos los documentos encabezados con la -fórmula: _adventante mundi vespera_, ú otras parecidas, son donaciones -hechas á monasterios. - -[250] Hodgson, en el _Journal Asiat. Soc. of Bengal_, t. V, p. 33 y -sig. Eugène Burnouf, _Introd. à l’histoire du buddhisme indien_, I, p. -278 y sig. - -[251] Luciano, _Muerte de Peregrino_, 13. - -[252] Papiros de Turin, de Lóndres, de París, coleccionados por Brunet -de Presle, _Mém. sur le Sérapéum de Memphis_ (París, 1852); Egger, -_Mém. d’hist. anc. et de philologie_, p. 151 y sig. y en las _Notices -et extraits_, t. XVIII, 2.ª parte, p. 264-359. Obsérvese que la vida -eremítica cristiana tuvo su orígen en Egipto. - -[253] _Act._, XI, 29-30; XXIV, 17; Galat., II, 10; Rom., XV, 26 y sig. -I Cor., XVI, 1-4; II Cor., VIII y IX. - -[254] _Act._, V, 1-11. - -[255] _Ibid._, II, 46; V, 12. - -[256] _Ibid._, III, 1. - -[257] Jacobo, por ejemplo, fué toda su vida judío puro. - -[258] _Act._, II, 47, IV, 33, V, 13, 26. - -[259] _Ibid._, II, 46. - -[260] I Cor., X, 16; Justino, _Apol. I_, 65-67. - -[261] Συνδεῖπνα. Jos., _Antiq._, XIV, X, 8, 12. - -[262] Luc., XXII, 19; I Cor., XI, 24 y sig.; Justino, _loc. cit_. - -[263] En el año 57 la eucaristía era ya una institucion llena de abusos -(I Cor., XI, 17 y sig.) y por lo tanto antigua. - -[264] _Act._, XX, 7; Plinio, _Epist._ X, 97; Justino, _Apol. I_, 67. - -[265] _Act._, XX, 7, 11. - -[266] Plinio, _Epist._ X, 97. - -[267] Juan, XX, 26, no basta para probar lo contrario: los ebionitas -hacian siempre fiesta el sábado. San Gerónimo, _In Matth._, XII, inicio. - -[268] _Act._, I, 15-26. - -[269] Véase _Vida de Jesús_, p. 437 y sig. - -[270] Compárese Eusebio, _H. E._, III, 39 (segun Papias.) - -[271] Justino, _Apol I_, 39, 50. - -[272] Pseudo-Abdias, etc. - -[273] Compárese I Cor., XV, 10 y Rom., XV, 19. - -[274] Gal., I, 17-19. - -[275] _Act._, VI, 4. - -[276] Comp. Mat., X, 2-4; Marc., III, 16-19; Luc., VI, 14-16; _Act._, -I, 13. - -[277] _Act._, I, 14; Gal., I, 19; I Cor., IX, 5. - -[278] Gal., II, 9. - -[279] Véase _Vida de Jesús_, pág. 307. - -[280] Véase _Vida de Jesús_, pág. 150. Cf. Papias, en Eusebio, _H. E._, -III, 39; Polícrates, _ibid._, V, 24; Clemente de Alej., _Strom._, III, -6; VII, 11. - -[281] Por ejemplo, ἐπίσκοπος, quizá κλῆρος. Véase Wescher, en la _Revue -archéol._, abril 1866, y más abajo p. 352-353. - -[282] _Act._, I, 26. Véase más abajo, p. 353. - -[283] _Act._, XIII, 1 y sig.; Clem. de Alej., en Eusebio, _H. E._, III, -23. - -[284] _Act._, V, 1-11. - -[285] I Cor., V, 1 y sig. - -[286] I Tim., I, 20. - -[287] Gen., XVII, 14 y otros pasajes numerosos del código mosaico; -Mischna, _Kerithouth_, I, 1; Talmud de Bab., _Moëd katon_, 28 _a_. -Comp. Tertuliano, _De anima_, 57. - -[288] Véase, en los diccionarios hebreos y _rabínicos_, la voz כרת. -Compárese la palabra _exterminare_. - -[289] Mischna, _Sanhedrin_, IX, 6; Juan, XVI, 2; Jos., _B. J._; VII, -VIII, 1; III Macab. (apocr.), VII, 8, 12-13. - -[290] Luc., VI, 15; _Act._, I, 13. Comp. Mat., X, 4; Marc., III, 18. - -[291] _Act._, V, 1-11. Comp. _Act._, XIII, 9-11. - -[292] _Act._, I, 15; II, 14, 37; V, 3, 29; Gal., I, 18; II, 8. - -[293] _Act._, III, 1 y sig.; VIII, 14; Gal., II, 9. Comp. Juan, XX, 2 y -sig.; XXI, 20 y sig. - -[294] Segun Mat., XXVIII, 1 y sig., los guardias fueron testigos de -la bajada del ángel que levantó la piedra. Este relato, bastante -confuso, quiere dar á entender tambien que las mujeres presenciaron -el hecho; pero no se indica terminantemente. En todo caso, lo que los -guardias y las mujeres verian, segun el mismo relato, no seria á Jesús -resucitando, sino al ángel. La redaccion de tal escrito, aislada é -inconsistente, es á no dudarlo la más moderna de todas. - -[295] Luc., XXIV, 48; _Act._, I, 22; II, 32; III, 15; IV, 33; V, 32; X, -41; XIII, 30-31. - -[296] Véase más arriba, pág. 59, nota 62. - -[297] Véase _Vida de Jesús_, p. 275 y sig. - -[298] I Cor., XVI, 22. Estas dos palabras son siro-caldaicas. - -[299] Mat., X, 23. - -[300] _Act._, II, 33 y sig.; X, 42. - -[301] Luc., XXIV, 19. - -[302] _Act._, II, 22. - -[303] Las enfermedades se consideraban en general como obras del -demonio. - -[304] _Act._, X, 38. - -[305] _Ibid._, II, 36; VIII, 37; IX, 22; XVII, 3, etc. - -[306] _Ibid._, II, 14 y sig.; III, 12 y sig.; IV, 8 y sig., 25 y sig.; -VII, 2 y sig.; X, 43, y la epístola atribuida á San Bernabé, entera. - -[307] Jac., I, 26-27. - -[308] Más tarde la llamaron λειτουργεῖν. _Act._, XIII, 2. - -[309] Hebr., V, 6; VI, 20; VIII, 4; X, 11. - -[310] Apoc., I, 6; V, 10; XX, 6. - -[311] _Act._, XIII, 2; Luc., II, 37. - -[312] Rom., VI, 4 y sig. - -[313] _Act._, VIII, 12, 16; X, 48. - -[314] _Act._, VIII, 16; X, 47. - -[315] Mat., IX, 18; XIX, 13, 15; Marc., V, 23; VI, 5; VII, 32; VIII, -23, 25; X, 16; Luc., IV, 40; XIII, 13. - -[316] _Act._, VI, 6; VIII, 17, 19; IX, 12, 17; XIII, 3; XIV, 6; XXVIII, -8; I Tim., IV, 14; V, 22; II Tim., I, 6; Hebr., VI, 2; Jac., V, 13. - -[317] Mat., III, 11; Marc., I, 8; Luc., III, 16; Juan, I, 26; _Act._, -I, 5; XI, 16; XIX, 4. - -[318] Mat., XXVIII, 19. - -[319] Véase el _Cholasté_ (Manuscritos Sabianos de la Biblioteca -imperial, núms. 8, 10, 11, 13). - -[320] _Vendidad-Sadé_, VIII, 296 y sig.; IX, 1-145; XVI, 18-19; -Spiegel, _Avesta_, II, p., LXXXIII y sig. - -[321] I Cor., XII, 9, 28, 30. - -[322] Mat., IX, 2; Marc., II, 5; Juan, V, 14, IX, 2; Jac., V, 15; -Mischna, _Schabbath_, II, 6; Talm. de Bab., _Nedarim_, fol. 41 _a_. - -[323] Mat., IX, 33; XII, 22; Marc., IX, 16-24; Luc., XI, 14; _Act._, -XIX, 12. Tertuliano, _Apol._, 22; _Adv. Marc._, IV, 8. - -[324] _Act._, V, 16; XIX, 12-16. - -[325] Jac., V, 14-15; Marc., VI, 13. - -[326] Luc., X, 34. - -[327] Marc., XVI, 18; _Act._, XXVIII, 8. - -[328] I Tes., IV, 13 y sig.; I Cor., XV, 12 y sig. - -[329] Fil., I, 23, parece ofrecer un ligero matiz algo distinto. Esto -no obstante, compárese I Tes., IV, 14-17. Véase sobre todo Apoc., XX, -4-6. - -[330] Pablo, obras ya citadas y Fil., III, 11; Apoc., XX entero; -Papias en Eusebio, _H. E._, III, 39. Véase despuntar algunas veces la -creencia contraria, sobre todo en Lucas (Evang., XVI, 22 y sig.; XXIII -43, 46). Empero es de poco peso su autoridad, tratándose de un punto -de filosofía judía. Véase lo que precede, Introd., pág. XIX-XX. Los -esenios habian adoptado ya el dogma griego de la inmortalidad del alma. - -[331] Compárese _Act_., XXIV, 15 á I Tes., IV, 13 y sig.; Fil., III, -11. Cf. Apoc., XX, 5. Véase Leblant, _Inscr. chrét. de la Gaule_, II, -pág. 81 y sig. - -[332] _Act._, XI, 27 y sig.; XIII, 1; XV, 32; XXI, 9, 10 y sig.; I -Cor., XII, 28 y sig.; XIV, 29-37. Efes., III, 5; IV, 11; Apoc., I, 3; -XVI, 6; XVIII, 20, 24; XXII, 9. - -[333] Luc., I, 46 y sig.; 68 y sig.; II, 29 y sig. - -[334] _Act._, XVI, 25; I Cor., XIV, 15; Col., III, 16; Efes., V, 19; -Jac., V, 13. - -[335] La identidad de este canto entre comunidades religiosas separadas -desde los primeros siglos, acredita que es muy antiguo. - -[336] Num., V, 22; Deuter., XXVII, 15 y sig.; Salmo CVI, 48; I Paral., -XVI, 36; Nehem., V, 13; VIII, 6. - -[337] I Cor., XIV, 16; Justino, _Apol. I_, 65, 67. - -[338] I Cor., XIV, 7, 8, no lo demuestra. El uso del verbo ψάλλω no -lo prueba tampoco. Este verbo implicaba originariamente el uso de un -instrumento de cuerdas, pero con el tiempo vino á ser sinónimo de -«cantar salmos.» - -[339] Col., III, 16; Efes., V, 19. - -[340] Véase Du Cange, en la voz _Lollardi_ (edic. Didot). Compárense -las cantinelas de Cevenols. _Avertissemens prophétiques d’Elie Marion_ -(Lóndres 1707), págs. 10, 12, 14, etc. - -[341] Jac., V, 13. - -[342] Mat., XVI, 28; XXIV, 34; Marc., VIII, 39; XIII, 30; Luc., IX, 27; -XXI, 32. - -[343] _Act._, primeros capítulos. - -[344] _Act._, V, 42. - -[345] Véase, por ejemplo, _Act._, II, 34 y sig., y en general todos los -discursos de los primeros capítulos. - -[346] I Cor., I, 22; II, 4-5; II Cor., XII, 12; I Tes., I, 5; II Tes., -II, 9; Gal., III, 5; Rom., XV, 18-19. - -[347] Rom., XV, 19; II Cor., XII, 12; I Thess, I, 5. - -[348] _Act._, V, 12-16. Las _Act._ abundan en milagros. El de Eutico -(_Act._, XX, 7-12) lo cuenta con toda seguridad un testigo ocular. Lo -mismo sucede en cuanto á _Act._, XXVIII. Comp. Papias, en Eusebio, _H. -E._, III, 39. - -[349] Los exorcismos judíos y cristianos fueron considerados como los -más eficaces, aun por los mismos paganos. Damascio, _Vida de Isidoro_, -56. - -[350] _Act._, V, 15. - -[351] I Cor., XII, 9 y sig., 28 y sig.; _Constit. apost._, VIII, I. - -[352] Ireneo, _Adv. hær._, II, XXXII, 4; V, VI, 1; Tertuliano, _Apol._, -23, 43; _Ad Scapulam_, 2; _De corona_, 11; _De spectaculis_, 24; _De -anima_, 57; _Constit. apost._, capítulo citado, el cual parece sacado -de la obra de san Hipólito sobre los _Charismata_. - -[353] En cuanto á los Mormones, los milagros son cosa cotidiana; cada -cual tiene los suyos. Jules Remy, _Voy. au pays des Mormons_, I, p. -140, 192, 259-260; II, 53 y sig. - -[354] _Act._, IV, 36-37. Cf. _ibid._, XV, 32. - -[355] _Ibid._, XIII, 1. - -[356] _Ibid._, XXI, 16. - -[357] Jos., _Ant._, XIII, X, 4; XVII, XII, 1, 2; Philon, _Leg. ad -Caium_, párrafo 36. - -[358] Esto resulta en cuanto á Bernabé de su nombre _Hallévi_ y de -Col., IV, 10-11. _Mnason_ parece ser la traduccion de algun nombre -hebreo en el que entraba la raíz _zacar_, como Zacarías. - -[359] Col., IV, 10-11. - -[360] _Act._, XII, 12. - -[361] I Petri, V, 13; _Act._, XII, 12; Papias, en Eusebio, _H. E._, -III, 39. - -[362] _Act._, XII, 12-14. Todo este capítulo en que se cuentan tan -íntimamente cuanto guarda relacion con Pedro, parece haber sido -redactado por Juan Márcos ó segun sus informes. - -[363] No siendo comun el nombre de _Marcus_ entre los judíos de aquel -tiempo, no parece que deban referirse á individuos distintos los -pasajes en que se trata de un personaje de este nombre. - -[364] Compárese _Act._, VIII, 2 con _Act._, II, 5. - -[365] _Act._, VI, 5. - -[366] _Ibid._ - -[367] Compárese _Act._, XXI, 8-9 con Papias, en Eusebio, _Hist. eccl._ -III, 39. - -[368] Rom., XVI, 7. Es dudoso si Ἰουνίαν proviene de Ἰουνία ó de -Ἰουνίας = _Junianus_. - -[369] Pablo los llama sus συγγενεῖς; pero seria difícil decir si esto -significa que eran judíos, ó de la tribu de Benjamin, ó de Tarso, ó -realmente parientes de Pablo. La primera interpretacion parece con -mucho la más probable. Comp. Rom., IX, 3; XI, 14. En todo caso esta -palabra implica que eran judíos. - -[370] _Act._, VI, 1, 5; II Cor., XI, 22; Fil., III, 5. - -[371] _Act._, II, 9-11; VI, 9. - -[372] El Talmud de Jerusalem, _Megilla_, fol. 73 _d_, hace subir el -número á cuatrocientos ochenta. Comp. Midrasch _Eka_, 52 _b_, 70 _d_. -Esta cifra no debe extrañar á los que han visto esas pequeñas mezquitas -de familia que se encuentran á cada paso en las ciudades musulmanas; -pero los datos talmúdicos sobre Jerusalem no merecen mucho crédito. - -[373] _Act._, VI, 1. - -[374] La epístola de Jacobo está escrita en griego bastante puro; -aunque es cierto que la autenticidad de esta epístola no es segura. - -[375] Los sabios escribian en hebreo antiguo, un poco modificado: -trozos como se encuentran en el Talmud de Babilonia _Kidduschin_ fol. -66 _a_, acaso se hayan escrito hácia aquella época. - -[376] Jos., _Ant._, último párrafo. - -[377] Esto es lo que prueban las transcripciones del griego en siriaco; -yo lo he desarrollado en mis _Éclaircissements tirés des langues -sémitiques sur quelques points de la prononciation grecque_. (París, -1849.) La lengua de las inscripciones griegas de Siria es muy mala. - -[378] Jos., _Ant._, loc. cit. - -[379] _Sat._, I, V, 105. - -[380] Véanse los textos reunidos traducidos por Eugenio Burnouf. -_Introd. à l’hist. du buddhisme indien_, I, p. 137 y sig. y sobre todo -p. 198-199. - -[381] Véase _Vida de Jesús_, p. 181 y 211. - -[382] _Act._, II, 45; IV, 34, 37; V, 1. - -[383] _Act._, V, 1 y sig. - -[384] _Ibid._, II, 45; IV, 35. - -[385] _Act._, VI, 1 y sig. - -[386] Véase más arriba, p. 148. - -[387] _Act._, XXI, 8. - -[388] Fil., I, 1; I Tim., III, 8 y sig. - -[389] Rom., XVI, 1, 12; I Tim. III, 11; V, 9 y sig.; Plinio, _Epist._, -X, 97. Las epístolas á Timoteo no son probablemente de San Pablo; pero -tienen mucha antigüedad. - -[390] Rom., XVI, 1; I Cor, IX, 5; Filem., 2. - -[391] I Tim., V, 9 y sig. - -[392] _Constit. apost._, VI, 17. - -[393] Sap., II, 10; Eccli., XXXVII, 17; Mat., XXIII, 14; Marc., XII, -40; Luc., XX, 47; Jac., I, 27. - -[394] Mischna, _Sota_, III, 4. - -[395] Talm. de Bab., _Sota_, 22 _a_; comp. I Tim., V, 13; Buxtorf, _Lex -chald. talm. rabb._, en las voces צלינית y שובבית. - -[396] _Act._, VI, 1. - -[397] _Ibid._, XII, 12. - -[398] I Tim., V, 9 y sig. Comp. _Act._, IX, 39, 41. - -[399] I Tim., V, 3 y sig. - -[400] _Eclesiastés_, VII, 27; _Eclesiástico_, VII, 26 y sig.; IX, 1 y -sig.; XXV, 22 y sig.; XXVI, 1 y sig.; XLII, 9 y sig. - -[401] Véase el manuscrito griego n.º 64 de la Biblioteca imperial -(fondo antiguo), fol. 11, donde se habla de los trajes de las viudas -en la Iglesia oriental. El traje de las calogrías es hoy dia poco más -ó menos el mismo; el tipo de la religiosa oriental es el de la viuda, -mientras que el de la monja latina es el de la vírgen. - -[402] Comp. el _Pastor de Hermas_, vis. II, ch. 4. - -[403] Καλογρία, nombre de las religiosas en la Iglesia oriental. Καλός -reune aquí los dos sentidos de «bello» y «bueno». - -[404] Véase más arriba, p. 161, nota 395. - -[405] I Cor., XII entero. - -[406] Las congregaciones pietistas de América, que son, en el -protestantismo, el equivalente á los conventos católicos, recuerdan -tambien por muchos rasgos las iglesias primitivas. Véase L. Bridel, -_Récits américains_ (Lausanne, 1861.) - -[407] Prov., III, 27 y sig.; X, 2; XI, 4; XXII, 9; XXVIII, 27; Eccli., -III, 23 y sig.; VII, 36; XII, 1 y sig.; XVIII, 14; XX, 13 y sig.; XXXI, -11; Tobías, II, 15, 22; IV, 11; XII, 9; XIV, 11; Daniel, IV, 24; Talm. -de Jerus., _Peah_, 15 _b_. - -[408] Mat., VI, 2; Mischna, _Schekalim_, V, 6; Talm. de Jerus., -_Demai_, fol. 23 _b_. - -[409] _Act._, X, 2, 4, 31. - -[410] Salmo CXXXIII. - -[411] _Act._, II, 44-47; IV, 32-35. - -[412] _Ibid._, II, 41. - -[413] Véase, más arriba, p. 148, 158-159. - -[414] _Act._, VI, 5; XI, 20. - -[415] _Act._, IV, 6. Véase _Vida de Jesús_, p. 364 y sig. - -[416] _Act._, IV, 1-31; V, 17-41. - -[417] Véase _Vida de Jesús_, p. 137. - -[418] _Act._, V, 41. - -[419] _Ibid._, IV, 5-6; V, 17; Comp. Jac., II, 6. - -[420] Γένος ἀρχιερατικόν, en las _Actas_, l. c.; ἀρχιερεῖς, en Josefo, -_Ant._, XX, VIII, 8. - -[421] _Act._, XV, 5; XXI, 20. - -[422] Añadamos que la antipatía de Jesús y de los fariseos parece haber -sido exagerada por los evangelistas sinópticos, tal vez á causa de los -acontecimientos que causaron la huida de los cristianos al otro lado -del Jordan. No puede negarse que Jacobo, hermano del Señor, no fuera -casi un fariseo. - -[423] _Act._, V, 34 y sig. Véase _Vida de Jesús_, p. 220-221. - -[424] _Act._, VI, 8-VII, 59. - -[425] Probablemente los descendientes de los judíos que habian sido -llevados á Roma como esclavos, y fueron libertados más tarde. Philon, -_Leg. ad Caium_, § 23; Tácito. _Ann._, II, 85. - -[426] Véase _Vida de Jesús_, pág. 354, 396, 424. - -[427] Mat., XV, 2 y sig.; Marc., VII, 3; Gal. I, 14. - -[428] Compárese Gal., III, 19; Hebr., II, 2; Jos., _Ant._, XV, V, 3. -Se figuraban que Dios mismo no se habia manifestado en las teofanías -de la antigua ley, pero que habia colocado en su lugar una especie de -intermediario el _maleak Jehovah_. Véase en los diccionarios hebreos la -voz מלאך. - -[429] Deuter., XVII, 7. - -[430] _Act._, VII, 59; XXII, 20; XXVI, 10. - -[431] Juan, XVIII, 31. - -[432] Jos., _Ant._, XVIII, IV, 2. - -[433] Jos., _Ant._, XV, XI, 4; XVIII, IV, 2. Comp. XX, I, 1, 2. - -[434] Todo el proceso de Jesús lo demuestra. Compárese _Act._, XXIV, -27; XXV, 9. - -[435] Suetonio, _Caius_, 16; Dion Casio, LIX, 8, 12; Jos., _Ant._, -XVIII, V, 3; VI, 10; II Cor., XI, 32. - -[436] Ventidius Cumanus experimentó aventuras semejantes. Es verdad -que Josefo exagera las desgracias de cuantos fueron adversarios de su -nacion. - -[437] Madden, _History of Jewish Coinage_, pág. 134 y sig. - -[438] Jos., _Ant._, XVIII, IV, 3. - -[439] _Ibid._, XVIII, V, 3. - -[440] _Act._, VIII, 2. Las palabras ἀνὴρ εὐλαβὴς designan un prosélito, -no un judío puro. Cf. _Act._, II, 5. - -[441] _Act._, VIII, 1 y sig.; XI, 19. _Act._, XXVI, 10, hace creer que -hubo otras muertes además de la de Estéban. Pero no es necesario abusar -de las palabras en las redacciones de un estilo tan variado. Comp. -_Act._, IX, 1-2 á XXII, 5 y XXVI, 12. - -[442] Compárese _Act._, I, 4; VIII, 1, 14; Gal., I, 17 y sig. - -[443] _Act._, IX, 26-30 prueba que, en el pensamiento del autor, las -expresiones de VIII, 1 no tienen un sentido tan absoluto como podria -creerse. - -[444] Lo que sucedió á los esenios. - -[445] Lo que sucedió á los franciscanos. - -[446] I Tes., II, 14. - -[447] _Act._, VIII, 3; IX, 13, 14, 21, 26; XXII, 4, 19; XXVI, 9 y sig.; -Gal., I, 13, 23; I Cor., XV, 9; Fil., III, 6; I Tim., I, 13. - -[448] Gal., I, 14; _Act._, XXVI, 5; Fil., III, 5. - -[449] _Act._, IX, 13, 21, 26. - -[450] _Act._, VIII, 1, 4; XI, 19. - -[451] _Act._, VIII, 5 y sig. Que no era el apóstol resulta de los -pasajes _Act._, VIII, 1, 5, 12, 14, 40; XXI, 8 comparados entre ellos. -Es verdad que el versículo _Act._, XXI, 9 comparado con lo que dicen -Papias (en Eusebio, _H. E._, III, 39), Polícrates (_ibid._, V, 24), -Clemente de Alejandría (_Strom._, III, 6) hacen identificar al apóstol -Felipe de que hablan estos tres escritores eclesiásticos, con el Felipe -que desempeña un papel importante en las _Actas_, pero es más natural -admitir que el versículo en cuestion contiene un error y ha sido -interpolado que contradecir la tradicion de las iglesias de Asia y aun -de Hierápolis, donde se retiró Felipe. Los datos particulares que posee -el autor del cuarto Evangelio (escrito, segun parece, en el Asia menor) -acerca del apóstol Felipe se encuentran así explicados. - -[452] Véase _Vida de Jesús_, c. XIV. La tendencia especial del autor de -las _Actas_ tambien se encuentra aquí. Véase Introd., p. XX, XXXVIII y, -más abajo, p. 191, 228. - -[453] _Act._, VIII, 5-40. - -[454] Jos., _Ant._, XVIII, IV, 1, 2. - -[455] Hoy dia _Jit_ sobre el camino de Nablus á Jaffa, á una hora y -media de Nablus y de Sebastia. Véase Robinson, _Biblical researches_, -II, p. 308, nota; III, 134 (segunda ed.) y su mapa. - -[456] Las noticias que relativas á este personaje nos dan los -escritores Cristianos, son tan fabulosas, que naturalmente se han -suscitado dudas sobre la realidad de su existencia; dudas tanto más de -tener en cuenta, cuanto que en la literatura pseudo-clementina, Simon -el Mágico, es con frecuencia un sinónimo de San Pablo. Nosotros no -podemos admitir, sin embargo, que la leyenda de Simon se apoye bajo -esta única base. ¿Cómo es posible que el autor de las _Actas_, tan -favorable á San Pablo, hubiese aceptado un dato cuyo sentido hostil no -podia ocultársele? La continuacion cronológica de la escuela Simoniana, -los escritos que de ella nos quedan, los caractéres precisos de -topografía y cronología que nos da San Justino, compatriota de nuestro -taumaturgo, no se explican, por lo demás, ni aun en la hipótesis de que -la persona de Simon fuera imaginaria. (Véase sobre todo Justino, _Apol. -II_, 15, y _Dial. cum. Tryph._, 120.) - -[457] _Act._, VIII, 5 y sig. - -[458] _Ibid._, VIII, 9 y sig. - -[459] Justino, _Apol. I_, 26, 56. - -[460] Homil. pseudo-clem., XVII, 15, 17; Quadratus, en Eusebio, _H. -E._, IV, 3. - -[461] _Act._, VIII, 25. - -[462] _Ibid._, VIII, 26-40. - -[463] I Macab., X, 86, 89; XI, 60 y sig. Jos., _Ant._, XIII, XIII, 3; -XV, VII, 3; XVIII, XI, 5; _B. J._, I, IV, 2. - -[464] Robinson, _Bibl. researches_, II, p. 41 y 514-515 (2.ª ed.) - -[465] Talm. de Bab., _Erubin_, 53 _b_ y 54 _a_; _Sota_ 46 _b_. - -[466] Isaías, LIII, 7. - -[467] Hoy Merawi, cerca de Gebel-Barkal (Lepsius, _Denkmæler_, I, pl. 1 -y 2 _bis_.) Estrabon, XVII, I, 54. - -[468] Estrabon, XVII, I, 54; Plinio, VI, XXXV, 8; _Dion Casio_, LIV, 5; -Eusebio, _H. E._, II, 1. - -[469] Los descendientes de estos judíos existen todavía bajo el nombre -de _Falasyán_. Los misioneros que les convirtieron vinieron de Egipto. -La version de la Biblia ha sido hecha sobre la version griega. Los -_Falasyán_ no son israelitas de sangre. - -[470] Juan, XII, 20; _Act._, X, 2. - -[471] Véase Deuter., XXIII, 1. Es verdad que εὐνοῦχος puede tomarse -como calificativo designando un ayuda de cámara ó funcionario de la -corte oriental; pero δυνάστης basta á dar esta idea; εὐνοῦχος debe ser -tomado aquí en sentido propio. - -[472] _Act._, VIII, 26, 29. - -[473] Deducir de ahí que toda esta historia ha sido inventada por el -autor de las _Actas_ nos parece temerario. El autor de las _Actas_ -insiste sobre los hechos que apoyan sus teorías; pero no creemos -introduzca en sus reseñas hechos puramente simbólicos ó imaginarios á -su placer. Véase la Introd., p. XXXVI-XXXVII. - -[474] Para el estado análogo de los primeros Mormones, véase Jules -Remy, _Voyage au pays des Mormons_ (París, 1860), I, p. 195 y sig. - -[475] _Act._, VIII, 39-40. Comp. Luc., IV, 14. - -[476] _Act._, IX, 32, 38. - -[477] _Ibid._, VIII, 40; XI, 11. - -[478] _Act._, XXI, 8. - -[479] Jos., _B. J._, III, IX, 1. - -[480] _Act._, XXIII, 33 y sig.; XXV, 1, 5; Tácito, _Hist._, II, 79. - -[481] Jos., _B. J._, III, IX, 1. - -[482] Jos., _Ant._, XX, VIII, 7; _B. J._, II, XIII, 5,--XIV, 5; XVIII, -1. - -[483] Talm. de Jerusalem, _Sota_, 21, _b_. - -[484] Jos., _Ant._, XIX, VII, 3-4; VIII, 2. - -[485] _Act._, XI, 19. - -[486] _Ibid._, IX, 2, 10, 19. - -[487] Esta fecha resulta de la comparacion de los capítulos IX, XI, XII -de las _Actas_ con Gal., I, 18; II, 1, y del sincronismo que presenta -el capítulo XII de las _Actas_ con la historia profana, sincronismo -que fija al año 44 la fecha de los hechos explicados en este capítulo. - -[488] _Act._, IX, 11; XXI, 39; XXII, 3. - -[489] En la epístola á Filemon, escrita hácia el año 61, él se califica -de _anciano_ (v. 9). En _Act._, VII, 57 es calificado de jóven por un -hecho relativo al año 37, poco más ó menos. - -[490] De la misma manera que los _Jesús_ se hacian llamar _Jason_; los -_José_, _Hegesipo_; los _Eliacim_, _Alcimo_, etc. San Gerónimo (_De -viris ill._, 5) supone que Pablo tomó su nombre del procónsul Sergio -Paulo (_Act._, XIII, 9). Semejante version no parece admisible. Si las -_Actas_ no dan á Saulo el nombre de Pablo hasta que entra en relaciones -con este personaje, será tal vez porque la supuesta conversion de -Sergio fué el primer acto notable de Pablo como apóstol de los gentiles. - -[491] _Act._, XIII, 9 y siguientes; la atribucion de todas las -epístolas; II Petri, III, 15. - -[492] Las calumnias ebionitas no deben tomarse en serio (Epifanio, -_Adv. hær._, hær. XXX, 16 y 25). - -[493] San Gerónimo, _loc. cit._ Inadmisible como la presenta San -Gerónimo, esta tradicion parece no obstante tener algun fundamento. - -[494] Rom., XI, 1; Fil., III, 5. - -[495] _Act._, XXII, 28. - -[496] _Act._, XXIII, 6. - -[497] Fil., III, 5; _Act._, XXVI, 5. - -[498] _Act._, VI, 9; Philon, _Leg. ad Caium_, § 36. - -[499] Estrabon, XIV, X, 13. - -[500] _Ibid._, XIV, X, 14-15; Philostrato, _Vida de Apolonio_, I, 7. - -[501] Jos., _Ant._, último párrafo. Cf. _Vida de Jesús_, p. 33-34. - -[502] Philostrato, _loc. cit._ - -[503] _Act._, XXVII, 22 y sig.; XXI, 37. - -[504] Gal., VI, 11; Rom., XVI, 22. - -[505] II Cor., XI, 6. - -[506] _Act._, XXI, 40. He explicado antes el sentido de la palabra -ἑβραιστί. _Hist. des lang. sémit._, II, I, 5; III, I, 2. - -[507] _Act._, XXVI, 14. - -[508] I Cor., XV, 33. Cf. Meinecke, _Menandri fragm._, p. 75. - -[509] Tit., I, 12; _Act._, XVII, 28. La autenticidad de la carta á Tito -es muy dudosa. En cuanto al discurso relativo al capítulo XVII de las -_Actas_, es obra más bien del autor de las _Actas_ que de San Pablo. - -[510] El verso citado de Arato (_Phænom._, 5) se encuentra -efectivamente en Cleantes (_Himno á Júpiter_, 5.) Los dos lo tomaron -sin duda de algun himno religioso anónimo. - -[511] Gal., I, 14. - -[512] _Act._, XVII, 22 y sig., teniendo en cuenta la nota 509 de esta -página. - -[513] Véase _Vida de Jesús_, pág. 72. - -[514] _Act._, XVIII, 3. - -[515] _Ibid._, XVIII, 3; I Cor., IV, 12; I Tes., II, 9; II Tes., III, 8. - -[516] _Act._, XXIII, 16. - -[517] II Cor., VIII, 18, 22; XII, 18. - -[518] Rom., XVI, 7, 11, 21. Sobre el sentido de συγγενής en estos -pasajes, véase más arriba, p. 148, nota 369. - -[519] Véase sobre todo la epístola á Filemon. - -[520] Gal., V, 12; Fil., III, 2. - -[521] II Cor., X, 10. - -[522] _Acta Pauli et Theclæ_, 3, en Tischendorf, _Acta Apost. apocr._ -(Leipzig 1851), p. 41 y las notas (texto antiguo, aunque no debe ser el -original de que habla Tertuliano); el _Philopatris_, 12 (obra compuesta -hácia el año 363); Malala, _Chonogr._, p. 257, edit. por Bonn; -Nicéforo, _Hist. eccl._, II, 37. Todos estos pasajes, sobre todo el de -Philopatris, suponen bastante antigüedad en sus retratos. Esto les da -cierta autoridad, á pesar de todo, Malala, Nicéforo y hasta el mismo -autor de las _Actas de Santa Tecla_ quieren hacer de Pablo un hombre -bello. - -[523] I Cor., II, 1 y sig.; II Cor., X, 1-2, 10; XI, 6. - -[524] I Cor., II. 3; II Cor., X, 10. - -[525] II Cor., XI, 30; XII, 5, 9, 10. - -[526] I Cor., II, 3; II Cor., I, 8-9; X, 10; XI, 30; XII, 5, 9-10; -Gal., IV, 13-14. - -[527] II Cor., XII, 7-10. - -[528] I Cor., VII, 7-8 y el contexto. - -[529] I Cor., VII, 7-8; IX, 5. Este segundo pasaje está lejos de -tener peso. Fil., IV, 3, hace suponer lo contrario. Comp. Clemente de -Alejandría, _Strom._, III, 6, y Eusebio, _Hist. eccl._, III, 30. Solo -el pasaje I Cor., VII 7-8 es el único que tiene aquí peso. - -[530] I Cor., VII, 7-9. - -[531] _Act._, XXII, 3; XXVI, 4. - -[532] _Ibid._, XXII, 3. Pablo no habla de este maestro en los pasajes -de sus epístolas donde seria natural que le nombrara (Fil., III, 5). -No es imposible que el autor de las _Actas_ hubiese puesto á su héroe -en relacion con el más célebre doctor de Jerusalem del cual sabia el -nombre. Hay absoluta contradiccion entre los principios de Gamaliel -(_Act._, V, 34 y sig.) y la conducta de Pablo antes de su conversion. - -[533] Véase la _Vida de Jesús_, p. 220-221. - -[534] Gal., I, 13-14; _Act._ XXII, 3; XXVI, 5. - -[535] II Cor., V, 16, no lo implica en manera alguna. Los pasajes -_Act._, XXII, 3; XXVI, 4 inducen á creer que Pablo se encontró en -Jerusalem al mismo tiempo que Jesús. Pero esto no es una razon que -pruebe que los dos se vieron. - -[536] _Act._, XXII, 4, 19; XXVI, 10-11. - -[537] _Ibid._, XXVI, 11. - -[538] Gran sacerdote de 37 á 42. Jos., _Ant._, XVIII, V, 3; XIX, VI, 2. - -[539] _Act._, IX, 1-2, 14; XXII, 5; XXVI, 12. - -[540] Véase _Revue numismatique_, nueva série, t. III (1858), p. 296 y -sig., 362 y sig., _Revue archéol._, abril de 1864, p. 284 y sig. - -[541] Jos., _B. J._, II, XX, 2. - -[542] II Cor., XI, 32. La série de monedas romanas de Damasco ofrece -una interrupcion para los reinados de Calígula y de Claudio. Eckhel, -_Doctrina num. vet._ primera parte, vol. III, p. 330. En la moneda -damasquina el tipo de «_Aretas filheleno_» _ibid._ parece ser de -nuestro Hareth (comunicacion del Sr. Waddington.) - -[543] Jos., _Ant._, XVIII, V, 1, 3. - -[544] Comp. _Act._, XII, 3; XXIV, 27; XXV, 9. - -[545] _Act._, V, 34 y sig. - -[546] Véase un rasgo análogo en la conversion de Omar. Ibn-Hischam, -_Sirat errasoul_, p. 226 (edicion Wüstenfeld). - -[547] _Act._, IX, 3; XXII, 6; XXVI, 13. - -[548] _Act._, IX, 4, 8; XXII, 7, 11; XXVI, 14, 16. - -[549] Ahí es donde la tradicion de la edad media fija el lugar del -milagro. - -[550] Esto resulta de _Act._, IX, 3, 8; XXII, 6, 11. - -[551] _Nahr el-Awadj_. - -[552] _Tuleil_. - -[553] La llanura está en efecto á más de mil setecientos metros sobre -el nivel del mar. - -[554] _Act._, XXVI, 14. - -[555] De Jerusalem á Damasco hay ocho dias largos. - -[556] _Act._, IX, 8, 9, 18; XXII, 11, 13. - -[557] Véase más arriba, p. 201, y II Cor., XII, 1 y sig. - -[558] He experimentado un acceso de este género en Byblos; con otras -creencias hubiera ciertamente tomado por visiones las alucinaciones que -entonces tuve. - -[559] Poseemos tres relatos de este episodio capital: _Act._, IX, 1 -y sig.; XXII, 5 y sig.; XXVI, 12 y sig. Las diferencias que se notan -en estos pasajes prueban que el Apóstol mismo explicaba de distinta -manera su conversion. El relato _Actas_, IX, no es homogéneo, como lo -demostraremos pronto. Compárese Gal., I, 15-17; I Cor., IX, 1; XV, 8; -_Act._, IX, 27. - -[560] Entre los _Mormones_ y en los _sueños_ americanos, casi todas las -conversiones son tambien promovidas por una grande tension del alma, -produciendo alucinaciones. - -[561] La circunstancia de que los compañeros de Pablo vieron y oyeron -como él puede muy bien ser puramente propia de la leyenda, tanto -más en cuanto los relatos sobre este particular están en manifiesta -contradiccion. Comp. _Act._, IX, 7; XXII, 9; XXVI, 13. La hipótesis de -una caida de caballo se rechaza en todos los relatos. En cuanto á la -opinion que rechaza toda la narracion de las _Actas_, fundándose sobre -la palabra ἐν ἐμοί, de Gal., I, 16, es exagerada. Ἐν ἐμοί, en dicho -pasaje, tiene el sentido de «_para mí_», «_á mí mismo_». Comp. Gal., I, -24. Seguramente tuvo Pablo en un momento dado una vision que determinó -su conversion. - -[562] _Act._, IX, 3, 7; XXII, 6, 9, 11; XXVI, 13. - -[563] Esto es lo que yo experimenté en mi acceso de Byblos. Los -recuerdos del dia anterior al en que caí sin conocimiento, se -desvanecieron totalmente de mi espíritu. - -[564] II Cor., XII, 1 y sig. - -[565] _Act._, IX, 27; Gal., I, 16; I Cor., IX, 1; XV, 8; Homilias -pseudo-clementinas, XVII, 13-19. - -[566] Compárese lo que pasó á Omar _Sirat errasoul_, p. 226 y sig. - -[567] _Act._, IX, 8; XXII, 11. - -[568] Su antiguo nombre árabe era _Tarik el-Adhwa_. Aún se le llama -hoy _Tarik el-Mustekim_, que corresponde á Ῥύμη εὐθεῖα. La puerta -oriental (_Bab Scharki_) y algunos vestigios de las columnatas -subsisten todavía. Véanse los textos árabes dados por Wüstenfeld en -la _Zeitschrift für vergleichende Erdkunde_ de Lüdde, año 1842, p. -168; Porter, _Syria and Palestine_, p. 477; Wilson, _The Lands of the -Bible_, II, 345, 351-52. - -[569] _Act._, XXII, 11. - -[570] El relato del capítulo IX de las _Actas_ parece aquí compuesta de -dos textos mezclados; el uno, más original, comprende los versículos -9, 12 y 18; el otro, más desarrollado, más dialogado, más legendario, -comprende los versículos 9, 10, 11, 13, 14, 15, 16, 17 y 18. El v. 12 -ni se refiere á los que preceden ni á los que siguen. El relato XXII, -12-16, es más conforme con el segundo de los textos antes mencionados -que con el primero. - -[571] _Act._, IX, 12. Es necesario leer ἄνδρα ἐν ὁράματι, como lleva el -manuscrito B del Vaticano. Comp. vers. 10. - -[572] _Act._, IX, 18; comp. _Tobías_, II, 9; VI, 10; XI, 13. - -[573] _Act._, IX, 18; XXII, 16. - -[574] Gal., I, 1; 8-9, 11 y sig.; I Cor., IX, 1; XI, 23; XV, 8, 9; -Col., I, 25; Efes., I, 19; III, 3, 7, 8; _Act._, XX, 24; XXII, 14-15, -21; XXVI, 16; Homiliæ pseudo-clem., XVII, 13-19. - -[575] Gal., I, 17. - -[576] Ἀραβία es la provincia de Arabia, teniendo por parte principal la -Auranítide (Haurán). - -[577] Gal., I, 17 y sig.; _Act._, IX, 19 y sig.; XXVI, 20. El autor de -las _Actas_ cree que su primera permanencia en Damasco fué corta y que -Pablo, despues de su conversion, fué á Jerusalem donde predicó (Comp. -XXII, 17). Pero el pasaje de la epístola á los Galatas es concluyente. - -[578] Véanse las inscripciones descubiertas por los Sres. Waddington y -de Vogüé (_Revue archéol._, abril de 1864, págs. 284 y sig.; _Comptes -rendus de l’Acad. des Inscr. et B.-L._, 1865, págs. 106-108). Compárese -más arriba, p. 174-175. - -[579] Dion Casio, LIX, 12. - -[580] He desarrollado esto en el _Bulletin archéologique_ de los Sres. -Longperier y de Witte, setiembre de 1856. - -[581] El sentido del versículo Gal., I, 16 con los siguientes prueba -que Pablo predicó inmediatamente despues de su conversion. - -[582] Jos., _B. J._, I, II, 25; II, XX, 2. - -[583] _Act._, IX, 21-22. - -[584] Gal., I, 16. Es el sentido de οὐ προσανεθέμην σαρκὶ καὶ αἵματι. -Comp. Mat., XVI, 17. - -[585] _Act._, IX, 31. - -[586] Véase la confesión atrozmente ingénua de III Macab., VII, 12-13. - -[587] Léase el libro III (apócrifo) de los Macabeos, entero, y -compáresele con el de Ester. - -[588] Suetonio, _Caius_, 22, 52; Dion Casio, LIX, 26-28; Philon, -_Legatio ad Caium_, párrafo 25, etc.; Josefo, _Ant._, XVIII, VIII; XIX, -I, 1-2; _B. J._, II, X. - -[589] Philon, _Leg. ad Caium_, párrafo 30. - -[590] Philon, _In Flaccum_, párrafo 7; _Leg. ad Caium_, párrafos 18, -20, 26, 43. - -[591] Philon, _Leg. ad Caium_, § 29; Josefo, _Ant._, XVIII, VIII; _B. -J._, II, X; Tácito, _Ann._, XII, 54; _Hist._, V, 9, completando el -pasaje primero con el segundo. - -[592] Philon, _Leg. ad Caium_, § 27, 30, 44 y sig. - -[593] _Act._, IX, 31. - -[594] Gal, I, 18-19; II, 9. - -[595] _Act._, XI, 29-30. Véase, más arriba, p. 124. - -[596] _Act._, IX, 32. - -[597] Hoy Ludd. - -[598] _Act._, IX, 32-35. - -[599] Jaffa. - -[600] Jos., _Ant._, XIV, X, 6. - -[601] _Act._, IX, 43; X, 6, 17, 32. - -[602] Mischna, _Ketuboth_, VII, 10. - -[603] Comp. Gruter, p. 891, 4; Reinesius, _Inscript._, XIV, 61; -Mommsen, _Inscr. regni Neap._, 622, 2034, 3092, 4985; Pape, _Wört. der -griech. Eigenn._, á esta voz. Cf. Jos., _B. J._, IV, III, 6. - -[604] _Act._, IX, 36 y sig. - -[605] _Ibid._, IX, 39. El griego dice: ὅσα ἐποίει μετ’ αὐτῶν οὖσα. - -[606] _Ibid._, IX, 32, 41. - -[607] _Act._, X, 9-16; XI, 5-10. - -[608] _Ibid._, X, 1-XI, 18. - -[609] Habia al menos treinta y dos (Orelli y Henzen, _Inscr. lat._, -números 90, 512, 6756). - -[610] Comp. _Act._, XXVII, 1 y Henzen, núm. 6709. - -[611] Compárese Luc., VII, 2 y sig. Lucas se complace en esta idea de -los centuriones virtuosos y judíos por el alma sin la circuncision -(véase la Introd., p. XXIII). Pero el ejemplo de Izate (Jos., _Ant._, -XX, II, 5) prueba que tales situaciones eran posibles. Comp. Jos., _B. -J._, II, XXVIII, 2; Orelli, _Inscr._, número 2523. - -[612] _Act._, X, 2, 7. - -[613] Esto parece en contradiccion con Gal., II, 7-9. Pero la conducta -de Pedro por lo que respecta á la admision de los gentiles fué siempre -poco consistente. Gal., II, 12. - -[614] _Act._, XI, 18. - -[615] _Ibid._, XV, 1 y sig. - -[616] II Cor., II, 32-33; _Act._, IX, 23-25. - -[617] Gal., I, 18. - -[618] Gal., I, 48. - -[619] _Ibid._, I, 23. - -[620] _Act._, IX, 26. - -[621] Gal., I, 18. - -[622] _Act._, IX, 26. - -[623] _Act._, IX, 27. Toda esta parte de las _Actas_ tiene poco valor -histórico para poder afirmar que la generosa accion de Bernabé tuviera -lugar durante los quince primeros dias que Pablo pasó en Jerusalem; -pero hay sin duda, atendida la forma con que las _Actas_ presentan el -hecho, un sentimiento verdadero de las relaciones entre Pablo y Bernabé. - -[624] Gal., I, 19-20. - -[625] _Ibid._, I, 18. Por consiguiente, es imposible admitir como -exactos los versículos 28-29 del c. IX de las _Actas_. El autor de las -_Actas_ abusa de estas emboscadas y proyectos homicidas. Las _Actas_ -difieren de la epístola á los Galatas en suponer que la primera -estancia de San Pablo en Jerusalem duró más y fué más cercana á su -conversion. Naturalmente la epístola merece más crédito aunque no sea -más que por la cronología y las circunstancias materiales. - -[626] Véase sobre todo la epístola á los Galatas. - -[627] Epístola á los Galatas, I, 11-12 y casi todo el resto; I Cor., -IX, 1 y sig.; XV, 1 y sig.; II Cor., XI, 21 y sig. - -[628] Se encuentra el sentimiento más ó menos directo: Rom., XII, 14; I -Cor., XIII, 2; II Cor., III, 6; I Tes., IV, 8; V, 2, 6. - -[629] Gal., I, 22-23. - -[630] _Act._, XXII, 17-21. - -[631] _Act._, IX, 29-30. - -[632] Gal., I, 21. - -[633] _Act._, IX, 30; XI, 25. El dato cronológico capital de esta época -de la vida de San Pablo es Gal., I, 18; II, 1. - -[634] La Cilicia tenia una Iglesia en el año 51. _Act._, XV, 23, 41. - -[635] En la epístola á los Galatas (vers. 56) es donde Pablo se coloca -por primera vez en el rango de los apóstoles (I, 1 y el siguiente). -Segun Gal., II, 7-10, recibiria este título en 51. Sin embargo, no lo -usa aún en la firma de las dos epístolas á los Tesalonicenses, que son -del año 53. I Tes., II, 6 no implica un título oficial. El autor de las -_Actas_ no da jamás á Pablo el título de _apóstol_. Los _apóstoles_ -para el autor de las _Actas_ son _los Doce_. _Act._, XIV, 4, 14 es una -excepcion. - -[636] _Act._, XI, 19. - -[637] Jos., _B. J._, III, II, 4. Roma y Alejandría eran las dos -primeras. Comp. Estrabon, XVI, II, 5. - -[638] C. Otfried Müller, _Antiquit. Antiochenæ_ (Gœttingæ 1839), p. 68. -Juan Crisóstomo, _In sanct. Ignatium_, 4 (Opp. t. II, p. 597, edic. -Montfaucon); _In Matth._ homilia LXXXV, 4 (t. VII, p. 810) evalúa -la poblacion de Antioquía en doscientas mil almas, sin contar los -esclavos, los niños y los inmensos suburbios. La poblacion actual no -cuenta más de siete mil habitantes. - -[639] Las calles análogas de Palmira, Gerasa, Gadara, Sebastia eran -probablemente imitaciones del gran _Corso_ de Antioquía. - -[640] Se encuentran algunos restos en la direccion de _Bab Bolos_. - -[641] Dion Crisóstomo, Orat. XLVII (t. II, p. 229, edic. de Reiske); -Libanio, _Antiochicus_, p. 337, 340, 342, 356 (edic. Reiske); Malala, -p. 232 y sig., 276, 280 y sig., (edic. de Bonn). El constructor de -estas grandes obras fué Antíoco Epifano. - -[642] Libanio, _Antioch._, 342, 344. - -[643] Pausanias, VI, II, 7; Malala, p. 201; Visconti, _Mus. Pio-Clem._, -t. III, 46. Véanse sobre todo las medallas de Antíoco. - -[644] Pieria, Bottia, Penea, Tempe, Castalia, juegos olímpicos, Iopolis -(que se refiere á Io). La ciudad pretendia deber su celebridad á Inaco, -á Orestes, á Dafne, á Triptolemo. - -[645] Véase Malala, p. 199; Espartiano, _Vida de Adriano_, 14; Juliano, -_Misopogon_, p. 361-362; Am. Marcelino, XXII, 14; Eckhel, _Doct. -num. vet._, pars 1.ª, III, p. 326; Guigniaut, _Religions de l’ant._, -planchas n.º 268. - -[646] Juan Crisóstomo, _Ad. pop. Antioch._ homil. XIX, 1 (t. II, p. -189); _De sanctis martyr._, 1, (t. II, p. 651.) - -[647] Libanio, _Antioch._, p. 348. - -[648] _Act. SS. Maii_, V, p. 383, 409, 414, 415, 416; Assemani, _Bib. -Or._, II, 323. - -[649] Juvenal, Sat., III, 62 y sig.; Estacio, _Silvas_, I, VI, 72. - -[650] Tácito, _Ann._, II, 69. - -[651] Malala, p. 284, 287, y sig.; Libanio, _De angariis_, p. 555 y -sig.; _De carcere vinctis_, p. 455 y sig.; _Ad Timocratem_, p. 385; -_Antioch._, p. 323; Philostr., _Vida de Apol._, I, 16; Luciano, _De -saltatione_, 76; Diod. Sic., frag. l. XXXIV, n.º 34 (p. 538, ed. -Dindorf); Juan Cris., Homil. VII _in Matth._, 5 (t. VII, p. 113); -LXXIII _in Matth._, 3 (_ibid._, p. 712); _De consubst. contra Anom._, 1 -(t. I, p. 501); _De Anna_, 1 (t. IV, p. 730); _De Dav. et Saule_, III, -1 (t. IV, 768-770); Juliano, _Misopogon_, p. 343, 350, ed. Spanheim; -_Actos de Santa Tecla_ atribuidos á Basilio de Seleucia, publicados por -P. Pantinus (Amberes, 1608.), p. 70. - -[652] Philostr., _Apol._, III, 58; Ausonio, _Clar. Urb._, 2; J. -Capitolin, _Verus_, 7; _Marco Aur._, 25; Herodiano, II, 10; Juan de -Antioquía en las _Excerpta Valesiana_, p. 844; Suidas, en la voz -Ἰοβιανός. - -[653] Juliano, _Misopogon_, p. 344, 365, etc.; Eunapio, _Vidas de los -Sofistas_, p. 496, ed. Boissonade (Didot); Amiano Marcelino, XXII, 14. - -[654] Juan Cris., _De Lazaro_, II, 11 (t. I, p. 722-723). - -[655] Cic., _Pro Archia_, 3, teniendo en cuenta la exageracion típica -de un abogado. - -[656] Philostrato, _Vida de Apolonio_, III, 58. - -[657] Malala, p. 287-289. - -[658] Juan Crisóst., Homil. VII _in Matth._, 5, 6 (t. VII, p. 113). -Véase O. Müller, _Antiquit. Antioch._, p. 33, nota. - -[659] Libanio, _Antiochicus_, p. 355-356. - -[660] Juvenal, III, 62 y sig., y Forcellini, en la voz _ambubaja_, -observando que la palabra _ambuba_ es siriaca. - -[661] Libanio, _Antioch._, p. 315; _De carcere vinctis_, p. 455, etc.; -Juliano, _Misopogon_, p. 367, edic. Spanheim. - -[662] Libanio, _Pro rhetoribus_, p. 211. - -[663] Libanio, _Antiochicus_, p. 363. - -[664] Libanio, _Antiochicus_, p. 354 y sig. - -[665] La muralla actual, que es del tiempo de Justiniano, presenta las -mismas particularidades. - -[666] Libanio, _Antioch._, p. 337, 338, 339. - -[667] El lago _Ak-Deniz_, que forma por este lado el límite actual del -territorio de Antakieh, no existia, á lo que parece, en la antigüedad. -Véase Ritter, _Erdkunde_, XVII, p. 1149, 1613 y sig. - -[668] Jos., _Ant._, XII, III, 1; XIV, XII, 6; _B. J._, II, XVIII, 5; -VII, III, 2-4. - -[669] Jos., _Contra Apion._, II, 4; _B. J._, VII, III, 3-4; V, 2. - -[670] Malala, p. 244-245; Jos., _B. J._, VII, V, 2. - -[671] _Act._, VI, 5. - -[672] _Ibid._, XI, 19 y sig. - -[673] Compárese Jos., _B. J._, II, XVIII, 2. - -[674] _Act._, XI, 20-21. La lectura correcta es Ἕλληνας. Ἕλληνιστάς -proviene de una falsa cercanía con IX, 29. - -[675] Malala, p. 245. El relato de Malala no puede ser exacto, pues -Josefo no dice una palabra de la invasion de que habla el cronista. - -[676] _Ibid._, p. 243, 265-266. Comp. _Comptes rendus de l’Acad. des -Inscr. et B.-L._, sesion del 17 Agosto 1865. - -[677] S. Atanasio, _Tomus ad Antioch._ (Opp. t. I, p. 771, edic. -Montfaucon); san Juan Crisóstomo, _Ad. pop. Ant._ homil. I y II, inicio -(t. II, p. 1 y 20); _In Inscr. Act._, II, inicio (t. III, 60); _Chron. -Pasch._, p. 296 (París); Teodoreto, _Hist. eccl._, II, 27; III, 2, 8, -9. La aproximacion de estos pasajes no permite traducir ἐν τῇ καλουμένῃ -Παλαιᾷ por «en lo que se llamaba la ciudad antigua», como han hecho -alguna vez los editores. - -[678] Malala, p. 242. - -[679] Pococke, _Descript. of the East_, vol. II, parte I, p. 192 -(Lóndres, 1745); Chesney, _Expedition for the survey of the rivers -Euphr. and Tigris_, I, 425 y sig. - -[680] Es decir á la parte opuesta de la ciudad antigua que todavía está -habitada. - -[681] Véase, más abajo, la pág. 251, nota 690. - -[682] El tipo de los Maronitas se encuentra de una manera notable en -toda la region de Antakieh, de Soueidieh y de Beylan. - -[683] F. Naironi, _Evoplia fidei cathol._ (Romæ, 1694), p. 58 y sig., y -la obra de S. Em. Paul-Pierre Masad, patriarca actual de los Maronitas, -titulada _Kitab ed-durr el-manzoum_ (en árabe, impreso en el convento -de Tamisch en el Kesrouan, 1863). - -[684] _Act._, XI, 19-20; XIII, 1. - -[685] Gal., II, 11 y sig. lo supone así. - -[686] _Act._, XI, 22 y sig. - -[687] _Act._, XI, 22-24. - -[688] _Act._, XI, 25. - -[689] _Act._, XI, 26. - -[690] Libanio, _Pro templis_, p. 164 y sig.; _De carcere vinctis_, p. -458; Teodoreto, _Hist. eccl._, IV, 28; Juan Crisóst., Homil. LXXII -_in Matth._, 3 (t. VII, p. 705); _In Epist. ad Ephes._ hom. VI, 4 (t. -XI, p. 44); _In I Tim._ hom. XIV, 3 y sig. (_ibid._, p. 628 y sig.); -Nicéforo, XII, 44; Glicas, p. 257 (ed. Paris). - -[691] _Act._, XI, 26. - -[692] Los pasajes I Petri, IV, 16, y Jac., II, 7, comparados con -Suetonio _Neron_, 16, y con Tácito, _Ann._, XV, 44, confirman esta -idea. Véase tambien _Act._, XXVI, 28. - -[693] Es cierto que se encuentra Ἀσιανός (_Act._, XX, 4; Philon, -_Legatio_, 36; Estrabon, etc.). Pero parece tratarse de un latinismo, -al igual que Δαλδιανοί, y los nombre de secta Σιμωνιανοί, Κηρινθιανοί, -Σηθιανοί, etc. La derivacion helénica de χριστός hubiera sido -χρίστειος. No sirve decir que la terminacion _anus_ es una forma dórica -del griego ηνος; ya no se recordaba nada de esto en el siglo primero. - -[694] Tácito (_loc. cit._) lo interpreta así. - -[695] Suetonio, _Claudio_, 25. Discutiremos este pasaje en nuestro -próximo libro. - -[696] _Corpus inscr. gr._, números 2883 _d_, 3857 _g_, 3857 _p_, -3865 _l_; Tertuliano, _Apol._, 3; Lactancio, _Divin. Inst._, IV, 7. -Compárese la forma francesa _chrestien_. - -[697] Jac., II, 7 supone que fué una costumbre momentánea é incierta. - -[698] _Act._, XXIV, 5; Tertuliano, _Adv. Marcionem_, IV, 8. - -[699] _Nesara_. Los nombres de _meschihoio_ en siriaco, _mesihi_ en -árabe, son relativamente modernos y calcados sobre χριστιανός. El -nombre de «Galileos» es mucho más reciente, y fué Juliano quien lo -puso de moda y aun le declaró oficial, dándole cierto color de ironía -y desprecio. Juliano, _Epist._, VII; Gregorio de Nacianzo, Orat. IV -(invect. I), 76; S. Cirilo de Alej., _Contra Juliano_ II, p. 39 (edic. -Spanheim); _Philopatris_, diálogo atribuido falsamente á Luciano y que -es en realidad de la época de Juliano, § 12; Teodoreto, _Hist. eccl._, -III, 4. Yo creo que, en Epicteto (Arriano, _Dissert._, IV, VII, 6) -y en Marco Aurelio (_Pensamientos_, XI, 3), no designa este nombre -á los cristianos, sino que debe entenderse como sicarios ó zelotas, -discípulos fanáticos de Judas el Galileo ó el Gaulonita y de Juan de -Giscala. - -[700] I Petri, IV, 16; Jac., II, 7. - -[701] _Act._, XIII, 2. - -[702] _Ibid._, XIII, 1. - -[703] Véase más arriba, p. 146-147. - -[704] _Act._, XIII, 1. - -[705] Eusebio, _Chron._, en el año 43; _Hist. eccl._, III, 22; Ignacio, -_Epist. ad Antioch._ (apocr.), 7. - -[706] I Cor., XIV entero. - -[707] II Cor., XII, 1-5. - -[708] Supone en efecto que tuvo lugar esta vision catorce años antes -de escribir la segunda Epístola de los Corintios, que fué por el año -57, poco más ó menos. No es imposible sin embargo que estuviese aún en -Tarso. - -[709] Sobre las ideas que tenian los judíos acerca de los cielos -superpuestos, véase _Testam. de los 12 patr._, Leví, 3; _Ascension de -Isaías_, VI, 13; VII, 8 y todo el resto del libro; Talm. de Babil., -_Chagiga_, 12 _b_; Midraschim, _Bereschith rabba_, sect. XIX, fol. 19 -_c_; _Schemoth rabba_, sect. XV, fol. 115 _d_; _Bammidbar rabba_, sect. -XIII, fol. 218 _a_; _Debarim rabba_, sect. II, fol. 253 _a_; _Schir -hasschirim rabba_, fol. 24 _d_. - -[710] Compárese Talmud de Babil., _Chagiga_, 14 _b_. - -[711] Compárese _Ascension de Isaías_, VI, 15; VII, 3 y sig. - -[712] II Cor., XII, 12; Rom., XV, 19. - -[713] I Cor., XII entero. - -[714] _Act._, XI, 29; XXIV, 17; Gal., II, 10; Rom., XV, 26; I Cor., -XVI, 1; II Cor., VIII, 4, 14; IX, 1, 12. - -[715] Jos., _Ant._, XVIII, VI, 3, 4; XX, V, 2. - -[716] Jac., II, 5 y sig. - -[717] _Act._, XI, 28; Jos., _Ant._, XX, II, 6; V, 2; Eusebio, _Hist. -eccl._, II, 8 y 12. Compárese _Act._, XII, 20; Tác. _Ann._, XII, 43; -Suetonio, _Claudio_, 18; _Dion Casio_, LX, 11. Aurelio Victor, _Cæs._, -4; Eusebio, _Chron._, años 43 y sig. El reinado de Claudio se vió -afligido casi todos los años por hambres parciales en todo el Imperio. - -[718] _Act._, XI, 27 y sig. - -[719] El libro de las _Actas_ (XI, 30; XII, 25) dice que Pablo hizo -aquel viaje, pero aquel declara que entre su primera permanencia de -dos semanas y su viaje para el asunto de la circuncision, no fué á -Jerusalem (Gal., II 1, teniendo en cuenta la argumentacion general de -Pablo sobre este punto). Véase más arriba, Introd., p. XXXI-XXXII. - -[720] Gal., I, 17-19. - -[721] _Act._, XIII, 3; XV, 36; XVIII, 23. - -[722] _Ibid._, XIV, 25; XVIII, 22. - -[723] Las inscripciones de dichas comarcas confirman plenamente las -indicaciones de Josefo (_Comptes rendus de l’Acad. des Inscr. et -B.-L._, 1865, pág. 106-109). - -[724] Josefo, _Ant._, XIX, IV; _B. J._, II, XI. - -[725] Jos., _Ant._, XIX, V, 1; VI, 1; _B. J._, II, XI, 5; Dion Casio, -LX, 8. - -[726] Dion Casio, LIX, 24. - -[727] Jos., _Ant._, XIX, IX, 1. - -[728] _Ibid._, XIX, VI, 1, 3; VII, 3, 4; VIII, 2; IX, 1. - -[729] _Ibid._, XIX, VII, 4. - -[730] Jos., _Ant._, XIX, VI, 3. - -[731] Juvenal, Sat. VI, 158-159; Persio, Sat. V, 180. - -[732] Philon, _In Flaccum_, § 5 y sig. - -[733] Jos., _Ant._, XIX, V, 2 y sig.; XX, VI, 3; _B. J._, II, XII, 7. -Las medidas restrictivas que tomó contra los judíos de Roma (_Act._, -XVIII, 2; Suetonio, _Claudio_, 25; Dion Casio, LX, 6) dependieron de -circunstancias locales. - -[734] Jos., _Ant._, XIX, VI, 3. - -[735] Jos., _Ant._, XIX, VII, 2; _B. J._, II, XI, 6; V, IV, 2; Tácito, -_Hist._, V, 12. - -[736] Tácito, _Ann._, VI, 47. - -[737] Jos., _Ant._, XIX, VII, 2; VIII, 1; XX, I, 1. - -[738] Jos., _Ant._, XIX, VIII, 1. - -[739] Suetonio, _Caius_, 22, 26, 35; Dion Casio, LIX, 24; LX, 8; -Tácito, _Ann._, XI, 8. Como tipo de aquellos reyezuelos de Oriente, -véase la carrera de Herodes Agrippa I por Josefo (_Ant._, XVIII y XIX). -Comp. Horacio, _Sat._, I, VII. - -[740] Véase más arriba, p. 178-179, 203-204, 217-218. - -[741] _Act._, XII, 3. - -[742] _Act._, XII, 1 y sig. - -[743] Efectivamente Jacobo fué decapitado y no lapidado. - -[744] _Act._, XII, 3 y sig. - -[745] _Act._, XII, 9-11. El relato de las _Actas_ es tan conciso, que -es difícil se encuentre lugar en ella para una elaboracion legendaria -prolongada. - -[746] Jos., _Ant._, XIX, VIII, 2; _Act._, XII, 18-23. - -[747] Jos., _Ant._, XIX, VII, 4. - -[748] _Act._, XII, 23. Comp. II Macab., IX, 9; Jos., _B. J._, I, -XXXIII, 5; Talm. de Bab., _Sota_, 35 _a_. - -[749] Jos., _Ant._, XIX, VI, 1; XX, I, 1, 2. - -[750] Jos., _Ant._, XX, V, 2; _B. J._, II, XV, 1; XVIII, 7 y sig.; -IV, X, 6; V, I, 6; Tácito, _Ann._, XV, 28; _Hist._, I, 11; II, 79; -Suetonio, _Vesp._, 6; _Corpus inscr. græc._, n.º 4957 (cf. _ibid._, -III, p. 311). - -[751] Jos., _Ant._, XX, I, 3. - -[752] Jos., _Ant._, XX, V, 4; _B. J._, II, XII, 2. - -[753] Josefo, que describe con tanta minuciosidad la historia de estas -agitaciones, no mezcla nunca en ellas á los cristianos. - -[754] Jos., _Contra Apion._, II, 39; Dion Casio, LXVI, 4. - -[755] Jos., _B. J._, IV, IV, 3; V, XIII, 6; Suet., _Aug._, 93; -Estrabon, XVI, II, 34, 37; Tácito, _Hist._, V, 5. - -[756] Jos., _Ant._, XIII, IX, 1; XI, 3; XV, 4; XV, VII, 9. - -[757] Jos., _B. J._, II, XVII, 10; _Vita_, 23. - -[758] Mat., XXIII, 13. - -[759] Jos., _Ant._, XX, VII, 1, 3; Comp. XVI, VII, 6. - -[760] _Ibid._, XX, II, 4. - -[761] _Ibid._, XX, II, 5, 6; IV, 1. - -[762] Jos., _B. J._, II, XX, 2. - -[763] Séneca, fragm. en San Aug., _De civ. Dei_, VI, 11. - -[764] Jos., _Ant._, XX, II-IV. - -[765] Tácito, _Ann._, XII, 13, 14. La mayor parte de los nombres de -esta familia son persas. - -[766] El nombre de «Elena» lo prueba, á pesar de que es extraño que no -figure el griego en la inscripcion bilingüe (siriaco y siro-caldaico) -del sepulcro de una princesa de dicha familia, descubierto y llevado -á París por el Sr. de Saulcy. Véase _Journal Asiatique_, Diciembre de -1855. - -[767] Cf. _Bereschith rabba_, XLVI, 51 _d_. - -[768] Segun todas las apariencias, es el monumento conocido en el dia -con el nombre de «Sepulcros de los reyes». Véase _Journal Asiatique_, -en el lugar citado. - -[769] Jos., _B. J._, II, XIX, 2; VI, VI, 4. - -[770] Talm. de Jerus., _Peah_, 15 _b_, en donde se atribuyen á uno -de los Monobaze algunas máximas que recuerdan enteramente las del -Evangelio (Mateo, VI, 19 y siguientes); Talm. de Bab., _Baba Bathra_, -11 _a_; _Joma_, 37 _a_; _Nazir_, 19 _b_; _Schabbath_, 68 _b_; Sifra, 70 -_a_; Bereschith rabba, XLVI, fol. 51 _d_. - -[771] Moisés de Corene, II, 35; Orosio, VII, 6. - -[772] Lucas, XXI, 21. - -[773] Τὰ πάτρια ἔθη, expresion muy familiar en Josefo, cuando defiende -la posicion de los judíos en el mundo pagano. - -[774] Se sabe que no existe ningun manuscrito del Talmud para comprobar -las ediciones impresas. - -[775] Jos., _Ant._, XX, V, 2. - -[776] Jos., _B. J._, II, XVII, 8-10; _Vita_, 5. - -[777] La relacion del cristianismo con los dos movimientos de Judas y -de Teudas es hecho por el autor mismo de las _Actas_ (V, 36-37.) - -[778] Jos., _Ant._, XX, V, 1; _Act._, V, 36. Se notará el anacronismo -cometido por el autor de las _Actas_. - -[779] Jos., _Ant._, XVIII, IV, 1-2. - -[780] Jos., _Ant._, XX, V, 3-4; _B. J._, II, XII, 1-2; Tácito, _Ann._, -XII, 54. - -[781] Jos., _Ant._, XX, VIII, 5. - -[782] Jos., _Ant._, XX, VIII, 5; _B. J._, II, XIII, 3. - -[783] Jos., _B. J._, VII, VIII, 1; Mischna, _Sanhedrin_, IX, 6. - -[784] Jos., _Ant._, XX, VIII, 6, 10; _B. J._, II, XIII, 4. - -[785] Jos., _Ant._, XX, VIII, 6; _B. J._, II, XIII, 5; _Act._, XXI, 38. - -[786] Jos., _Ant._, XX, VIII, 6; _B. J._, II, XIII, 6. - -[787] Véase más arriba, p. 186, nota 456. - -[788] Justino, _Apol. I_, 26, 56. Es singular que Josefo, aunque hable -de las cosas samaritanas, no hable de él. - -[789] _Act._, VIII, 9 y sig. - -[790] Puede tenerse por una composicion completamente apócrifa: véase -el acuerdo que existe entre el sistema anunciado en este libro y lo -poco que nos enseñan las _Actas_ sobre la doctrina de Simon y sus -_poderes divinos_. - -[791] Homil. pseudo-clem., II, 22, 24. - -[792] Justino, _Apol. I_ 26, 56; _II_, 15; _Dial. cum Tryph._, 120; -Ireneo, _Adv. hær._, I, XXIII, 2-5; XXVII, 4; II, præf.; III, præf.; -Homil. pseudo-clementinæ, I, 15; II, 22, 25, etc.; _Recogn._, I, -72; II, 7 y sig.; III, 47; _Philosophumena_, IV, VII; VI, I; X, IV; -Epifanio, _Adv. hær_. hær. XXI; Orígenes, _Contra Celsum_, V, 62; -VI, 11; Tertuliano, _De anima_, 34; _Constit. apost._, VI, 16; San -Gerónimo, _In Matth._, XXIV, 5; Teodoreto, _Hæret. fab._, I, 1. Es -en los extractos textuales que dan los _Philosophumena_ y no en los -relatos de otros padres de la Iglesia donde debe buscarse una idea de -_La Grande Exposicion_. - -[793] _Philosophum._, IV, VII; VI, I, 9, 12, 13, 17, 18. Compárese -Apocalipsis, I, 4, 8; IV, 8; XI, 17. - -[794] _Philosophum._, VI, I, 17. - -[795] _Ibid._, VI, I, 16. - -[796] Act., VIII, 10; _Philosophum._, VI, I, 18; Homil. pseudo-clemen., -II. 22. - -[797] Alusion á la aventura del poeta Estesícoro. - -[798] Ireneo, _Adv. hær._, I, XXIII, 2-4; Homil. pseudo-clemen., II, -23, 25; _Philosophumena_, VI, I, 19. - -[799] _Philosophum._, VI, I, 16. - -[800] Véase _Vida de Jesús_, p. 247-249. - -[801] _Ibid._, p. 247, nota 4. - -[802] _Chron. samarit._, c. 10 (ed. Juynboll, Leiden, 1848). Cf. -Reland, _De Sam._, § 7; en sus _Dissertat. miscell._, parte II; -Gesenius, _Comment. de Sam. Theol._ (Halle, 1824), p. 21 y sig. - -[803] En el extracto dado por los _Philosophumena_, VI, I, 16 _sub -finem_, se lee una cita debida á los Evangelios sinópticos, la cual -parece ser presentada como encontrándose en el texto de _La Grande -Exposicion_: pero puede tratarse de alguna inadvertencia. - -[804] Homil. pseudo-clem., II, 23-24. - -[805] Ireneo, _Adv. hær._, I, XXIII, 3; _Philosophum._, VI, I, 19. - -[806] Homil. pseudo-clem., II, 22; _Recogn._, II, 14. - -[807] Ireneo, _Adv. hær._, II, præf.; III, præf. - -[808] Véase la epístola, probablemente auténtica, de San Pablo á los -Colosenses, I, 15 y sig. - -[809] Epif., _Adv. hær._, hær. LXXX, 1. - -[810] Lo que hace inclinar á esta segunda hipótesis es que la secta de -Simon se cambió pronto en una escuela de prestidigitacion, fábrica de -filtros y de encantamientos. _Philosophumena_, VI, I, 20; Tertuliano, -_De anima_, 57. - -[811] _Philosophum._, VI, I, 20. Cf. Orig., _Contra Cels._, I, 57; VI, -11. - -[812] Hegesipo, en Eusebio, _Hist. eccl._, IV, 22; Clem. de Alej., -_Strom._, VII, 17; _Constit. apost._, VI, 8, 16; XVIII, 1 y sig.; -Justino, _Apol. I_, 26, 56; Ireneo, _Adv. hær._, I, XXIII, 5; -_Philosoph._, VII, 28; Epif., _Adv. hær._, XXII y XXIII, init.; -Teodoreto, _Hær. fab._, I, 1, 2; Tertuliano, _De præscr._, 46; _De -anima_, 50. - -[813] La más célebre es la de Dositeo. - -[814] _Act._, VIII, 9; Ireneo, _Adv. hær._ I, XXIII, 1. - -[815] _Philosophumena_, VI, I, 19, 20. El autor solo atribuye estas -perversas doctrinas á los discípulos de Simon. Pero si la escuela tenia -esta fisonomía, el maestro debió tambien tener algo de ello. - -[816] Examinaremos más tarde lo que encierran estos relatos. - -[817] La inscripcion SIMONI·DEO·SANCTO, transmitida por Justino (_Apol. -I_, 26), como hallada en la isla del Tíber y mencionada despues de él -por otros padres de la Iglesia, era una inscripcion latina del dios -sabino _Semo Sancus_, SEMONI·DEO·SANCO. Encontróse, en efecto, bajo -Gregorio XIII, en la isla de San Bartolomé, una inscripcion, guardada -en el Vaticano, que tiene grabada esta dedicatoria. Véase Baronius, -_Ann. eccl._, ad annum 44; Orelli, _Inscr. lat._, n.º 1860. Habia por -aquella época en la isla del Tíber un colegio de _bidentales_ en honor -de Semo Sancus, conteniendo varias inscripciones del mismo género. -Orelli, n.º 1861 (Mommsen, _Inscr. lat. regni Neapol._, n.º 6770). -Comp. Orelli, n.º 1859; Henzen, n.º 6999; Mabillon, _Museum Ital._, -I, primera parte, p. 84. El n.º 1862 de Orelli no debe tomarse en -consideracion (véase _Corp. inscr. lat._, I, n.º 542). - -[818] Este grosero malentendido no se hubiera deshecho sin descubrir -antes las _Philosophumena_, que da extractos textuales de la _Apophasis -magna_ (véase VI, I, 19). Tiro fué célebre por sus cortesanas. - -[819] Ἐχθρὸς ἄνθρωπος, ἀντικείμενος. Véanse Homil. pseudo-clem., hom. -XVII toda entera. - -[820] Así, en la literatura pseudo-clementina, el nombre de Simon el -Mágico designa por momentos al apóstol San Pablo, á quien el autor -quiere mucho. - -[821] Es necesario notar que en las _Actas_ no es todavía tratado -como enemigo. Solo se le atribuye un sentimiento bajo y se deja creer -se arrepentió (VIII, 24). Tal vez todavía vivia Simon cuando fueron -escritas estas líneas y sus relaciones con el cristianismo no habian -todavía llegado á ser malas. - -[822] Jos., _Ant._, XX, VII, 1. - -[823] _Act._, XII, 1, 25. Nótese toda la contextura de este capítulo. - -[824] I Petri, V, 13; Papias, en Eusebio, _Hist. eccl._, III, 39. - -[825] _Act._, XIII, 2. - -[826] _Gal._, I, 15-16; _Act._, XXII, 15, 21; XXVI, 17-18; I Cor., I, -1; Rom., I, 1, 5; XV, 15 y sig. - -[827] _Act._, XIII, 5. - -[828] El autor de las _Actas_, partidario de la gerarquía y del poder -de la Iglesia, ha podido introducir esta circunstancia. Pablo nada sabe -de semejante ordenacion ó consagracion. Él tiene conferida su mision -por Jesús y no se cree más ser el enviado por la Iglesia de Antioquía -que por la de Jerusalem. - -[829] _Act._, XIII, 3; XIV, 25. - -[830] En I Petri, V, 13, Babilonia designa Roma. - -[831] Ciceron, _Pro Archia_, 10. - -[832] Jos., _B. J._, II, XX, 2; VII, III, 3. - -[833] _Act._, XVIII, 24 y sig. - -[834] Véase Philon, _De vita contemplativa_, entero. - -[835] Pseudo Hermes, _Asclepius_, fol. 158 v., 159 r. (Florencia, -Juntes 1512). - -[836] Ciceron, _Pro Flacco_, 28; Philon, _In Flaccum_, § 7; _Leg. ad -Caium_, § 36; _Act._, II, 5-11; VI, 9; _Corp. inscr. gr._, n.º 5361. - -[837] _Lex Wisigoth._, libro XII, tít. II y III, en Walter, _Corpus -juris germanici antiqui_, t. I, p. 630 y siguientes. - -[838] Véase _Vida de Jesús_, p. 137. - -[839] Philon, _In Flacc._, § 5 y 6; Jos., _Ant._, XVIII, VIII, 1; XIX, -V, 2; _B. J._, II, XVIII, 7 y sig.; VII, X, 1; Papiro publicado en las -_Notices et extraits_, XVIII, 2.ª parte, p. 383 y sig. - -[840] Dion Casio, XXXVII, 17; LX, 6; Philon, _Leg. ad Caium_, § 23; -Josefo, _Ant._, XIV, X, 8; XVII, XI, 1; XVIII, III, 5; Hor., _Sat._, -I, IV, 142-143; V, 100; IX, 69 y sig.; Persio, V, 179-184; Suetonio, -_Tib._, 36; _Claud._, 25; _Domit._, 12; Juvenal, III, 14; VI, 542 y sig. - -[841] _Pro Flacco_, 28. - -[842] Jos., _Ant._, XIV, X; Suetonio, _Julius_, 84. - -[843] Suet., _Tib._, 36; Tác., _Ann._, II, 85; Jos., _Ant._, XVIII, -III, 4, 5. - -[844] Dion Casio, LX, 6. - -[845] Suetonio, _Claudio_, 25; _Act._, XVIII, 2; Dion Casio, LX, 6. - -[846] Josefo, _B. J._, VII, III, 3. - -[847] Séneca, fragmento en San Agust., _De civ. Dei_, VI, 11; Rutilius -Numatianus, I, 395 y sig.; Jos., _Contra Apion._, II, 39; Juvenal, Sat. -VI, 544; XIV, 96 y sig. - -[848] Philon, _In Flacc._, § 5; Tác., _Hist._, V, 4, 5, 8; Dion Casio, -XLIX, 22; Juvenal, XIV, 103; Diod. Sic., fragm. I del libro XXXIV y III -del libro XL; Philostrato, _Vida de Apol._, V, 33; I Tes., II, 15. - -[849] Jos., _Ant._, XIV, X; XVI, VI; XX, VIII, 7; Philon, _In Flaccum -et Legatio ad Caium_. - -[850] Jos., _Ant._, XVIII, III, 4, 5; Juvenal, VI, 543 y sig. - -[851] Jos., _Contra Apion._, entero; pasajes precitados de Tácito y -de Diodoro de Sicilia; Pompeyo Trogo (Justino), XXXVI, II; Ptolomeo -Hefesto ó Queno, en las _Script. poet. hist. græci_ de Westermann, p. -194. Cf. Quintiliano III, VII, 2. - -[852] Cic., _Pro Flacco_, 28; Tácito, _Hist._, V, 5; Juvenal, XIV, -103-104; Diodoro de Sicilia y Philostrato, lugares citados; Rutilius -Numatianus, I, 383 y sig. - -[853] Marcial, IV, 4; Am. Marcel., XXII, 5. - -[854] Suetonio, _Aug._, 76; Horacio, _Sat._, I, IX, 69 y sig.; Juvenal, -III, 13-16, 296; VI, 156-160, 542-547; XIV, 96-107; Marcial, _Epigr._, -IV, 4; VII, 29, 34, 54; XI, 95; XII, 57; Rutilius Numat., _l. c._, y -sobre todo Josefo, _Contra Apion._, II, 13; Philon, _Leg. ad Caium_, § -26-28. - -[855] Marcial, _Epigr._, XII, 57. - -[856] Juvenal, _Sat._, III, 14; VI, 542. - -[857] Juvenal, _Sat._, III, 296; VI, 543 y sig.; Marcial, _Epigr._, I, -42; XII, 57. - -[858] Marcial, _Epigr._, I, 42; XII, 57; Estacio, _Silvas_, I, VI, -73-74. Véase Forcellini, en la voz _sulphuratum_. - -[859] Horacio, _Sat._, I, V, 100; Juvenal, _Sat._ VI, 544 y sig.; XIV, -96 y sig.; Apuleyo, _Florida_, I, 6. - -[860] Dion Casio, LXVIII, 32. - -[861] Tácito, _Hist._, V, 5, 9; Dion Casio, LXVII, 14. - -[862] Horacio, _Sat._, I, IX, 70; _Judæus Apella_ parece encerrar una -broma del mismo género (véanse los escoliastas Acron y Porfirion, sobre -Hor., _Sat._, I, V, 100; compárese el pasaje de S. Avito, _Poemata_, V, -364, citada por Forcellini en la voz _Apella_, pero que yo no encuentro -ni en las ediciones de este Padre, ni en el antiguo manuscrito latino, -Bibl. Imp., n.º 11320, tal como la da el sabio lexicógrafo); Juvenal, -_Sat._, XIV, 99 y sig.; Marcial, _Epigr._, VII, 29, 34, 54; XI, 95. - -[863] Josefo, _Contra Apion._, II, 39; Tác., _Ann._, II, 85; _Hist._, -V, 5; Hor., _Sat._, I, IV, 142-143; Juvenal, XIV, 96 y sig.; Dion -Casio, XXXVII, 17; LXVII, 14. - -[864] Marcial, _Epigr._, I, 42; XVII, 57. - -[865] Juvenal, _Sat._, VI, 546 y sig. - -[866] Josefo, _Ant._, XVIII, III, 5; XX, II, 4; _B. J._, II, XX, 2; -_Act._, XIII, 50; XVI, 14. - -[867] _Loc. cit._ - -[868] Josefo, _Ant._, XX, II, 5; IV, 1. - -[869] Pasajes citados. Estrabon demuestran más justicia y penetracion -(XVI, II, 34 y sig.). Comp. Dion Casio, XXXVII, 17 y siguientes. - -[870] Tác., _Hist._, V, 5. - -[871] Josefo, _Contra Apion._, II, 39. - -[872] Marcial, XII, 57. - -[873] Jos., _Ant._, XIV, X, 6, 11-14. - -[874] Ecclesiástico, X, 25, 26, 27. - -[875] Rom., I, 24 y sig. - -[876] Zac., VIII, 23. - -[877] Hor., _Sat._, I, IX, 69; Persio, V, 179 y sig.; Juvenal, _Sat._, -VI, 159; XIV, 96 y sig. - -[878] _Contra Apion._, II, 39. - -[879] Aulo Persio, V, 179-184; Juvenal, VI, 157-160. La grave -preocupacion del judaismo que se observa en los escritores romanos -del primer siglo, sobre todo en los satíricos, proviene de esta -circunstancia. - -[880] Juvenal, _Sat._, III, 62 y sig. - -[881] Cic., _De prov. consul._, 5. - -[882] Los niños que me habian parecido bonitos en mi primer viaje los -encontré, cuatro años más tarde, feos, comunes y vulgares. - -[883] Πατρῴοις θεοῖς, fórmula muy frecuente en las inscripciones sirias -(_Corpus inscr. græc._, números 4449, 4450, 4451, 4463, 4479, 4480, -6015). - -[884] _Corpus inscr. græc._, números 4474, 4475, 5936; _Mission de -Phénicie_, l. II, c. II, inscripcion de Abedat. Comp. _Corpus_, números -2271, 5853. - -[885] Ζεὺς οὐράνιος, ἐπουράνιος, ὕψιστος, μέγιστος, θεὸς σατράπης. -_Corpus inscr. græc._, números 4500, 4501, 4502, 4503, 6012; Lepsius, -_Denkmæler_, t. XII, fol. 100, n.º 590; _Mission de Phénicie_, p. 103, -104 y sig. - -[886] He desarrollado esto en el _Journal Asiatique_, febrero y marzo -de 1859, p. 259 y sig., y en la _Mission de Phénicie_, l. II, c. II. - -[887] Código sirio, en Land, _Anecdota Syriaca_, I, p. 152; hechos -diversos de los cuales he sido testigo. - -[888] Nacido en el Haurán. - -[889] Véase Forcellini, en la palabra _Syrus_. Esta palabra designaba -en general á _los orientales_. Leblant, _Inscript. chrét. de la Gaule_, -I, p. 207, 328-329. - -[890] Juvenal, III, 62, 63. - -[891] Tal es hoy el temperamento del Sirio cristiano. - -[892] Inscripciones en las _Mém. de la Soc. des Antiquaires de Fr._, -t. XXVIII, 4 y sig.; en Leblant, _Inscript. chrét. de la Gaule_, I, p. -CXLIV, 207, 324 y sig., 353 y sig., 375 y sig.; II, 259, 459 y sig. - -[893] Los Maronitas colonizan todavía casi todo el Levante á la manera -de los Judíos, de los Armenios, y de los Griegos, aunque en menor -escala. - -[894] Léase Ciceron, _De offic._, I, 42; Dionisio de Halicarnaso, II, -28; IX, 25. - -[895] Véanse los tipos de esclavos en Plauto y Terencio. - -[896] II Cor., XII, 9. - -[897] Tácito, _Ann._, II, 85. - -[898] Tácito, _Ann._, I, 2; Floro, IV, 3; Pomponio, en el Digesto, l. -I, tít. II, fr. 2. - -[899] Helicon, Apeles, Eucéres, etc. Los reyes de Oriente eran -considerados por los romanos como los maestros en tiranía de sus malos -emperadores. Dion Casio, LIX, 24. - -[900] Véase la inscripcion del parásito de Antonio, en los _Comptes -rendus de l’Acad. des Inscr. et B.-L._, 1864, p. 166 y sig. Compárese -Tácito, _Ann._, IV, 55-56. - -[901] Véase como ejemplo, la oracion fúnebre de Turia por su esposo Q. -Lucrecio Vespillo; texto epigráfico publicado por la primera vez de una -manera completa por Mommsen en las _Mémoires de l’Academie de Berlin_ -de 1863, p. 455 y sig. Compárese la oracion fúnebre de Murdia (Orelli, -_Inscr. lat._, núm. 4860) y la de Matidia por el emperador Adriano -(_Mém. de l’Academie de Berlin_, vol. citado, p. 483 y sig.) Suelen -preocuparse muchos por los pasajes de los satíricos latinos donde se -ponen en relieve los vicios de las mujeres muy severamente. Pero esto -es como si se tratara el cuadro de las costumbres generales del siglo -XVII, segun Mathurin Regnier y Boileau. - -[902] Orelli, números 2647 y sig., sobre todo 2677, 2742, 4530, 4860. -Henzen, números 7382 y sig., sobre todo núm. 7406; Renier, _Inscr. de -l’Algerie_, núm. 1987. Estos epítetos pueden haber sido con frecuencia -engañosos, pero prueban al menos la importancia que se daba á la virtud. - -[903] Plinio, _Epist._, VII, 19; IX, 13; Apiano, _Guerras civiles_, IV, -36. Fannia siguió dos veces al destierro á su esposo Helvidio Prisco; y -fué desterrada por tercera vez despues de su muerte. - -[904] El heroismo de Arria es conocido de todos. - -[905] Suetonio, _Aug._, 73; Oracion fúnebre de Turia, I, línea 30. - -[906] Oracion fúnebre de Turia, I, línea 31. - -[907] La opinion mucho más severa de San Pablo (Rom. I, 24 y sig.) se -explica del mismo modo. San Pablo no conocia á la alta sociedad romana, -y sus invectivas son esas de que hacen uso los predicadores y que no -deben nunca tomarse al pié de la letra. - -[908] Séneca, _Epist._, XII, XXIV, XXVI, LVIII, LXX; _De ira_, III, 15; -_De tranquillitate animi_, 10. - -[909] Apocal., XVII. Cf. Séneca, _Epist._, XCV, 16 y sig. - -[910] Suetonio, _Aug._ 48. - -[911] Los ejemplos son innumerables en las inscripciones. - -[912] Plutarco, _Præc. ger. reipubl._, XV, 3-4; _An seni sit ger. -resp._, entero. - -[913] Jos., _Ant._, XIV, X, 22, 23. Comp. Tácito, _Ann._, IV, 55-56; -Rutilius Numatianus, _Itin._, I, 63 y sig. - -[914] «Inmensa romanæ pacis majestas.» Plinio, _Hist. nat._, XXVII, 1. - -[915] Elio Arístides, _Elogio de Roma_; Plutarco, tratado de la -_Fortuna de los Romanos_, comienzo; Philon, _Leg. ad Caium_, § 21, 22, -39, 40. - -[916] Dionisio de Halicarnaso, _Antigüedades romanas_, I, principio. - -[917] Plutarco, _Vida de Solon_, 20. - -[918] Véase Ateneo, XII, 68; Eliano, _Var. Hist._, IX, 12; Suidas, en -la voz Ἐπίκουρος. - -[919] Tácito, _Ann._, I, 2. - -[920] Estúdiese el carácter de Euthyphron, en Platon. - -[921] Diog. Laercio, II, 101, 116; V, 5, 6, 37, 38; IX, 52; Ateneo -XIII, 92; XV, 52; Eliano, _Var. Hist._, II, 23; III, 36; Plutarco, -_Pericles_, 32; _De plac. philos._, I, VII, 2; Diod. Sic., XIII, VI, 7; -Escol. de Aristófanes, en _Aves_, 1073. - -[922] En particular, bajo Vespasiano; caso de Helvidio Prisco. - -[923] Trataremos sin embargo de demostrar más adelante que estas -persecuciones, cuando menos hasta la de Decio, se han exagerado. - -[924] Los primeros cristianos son, en efecto, muy respetuosos para con -la autoridad romana. Rom., XIII, 1 y sig.; I Petri, IV, 14-16. Para San -Lucas, véase más arriba, Introd., p. XXIII-XXIV. - -[925] Diógenes Laercio, VII, I, 32, 33; Eusebio, _Prepar. Evang._ XV, -15; y, en general, el _De legibus_ y el _De officiis_ de Ciceron. - -[926] Terencio, _Heautont._, I, I, 77; Cic. _De finibus bon. et mal._, -V, 23; _Partit. orat._, 16, 24; Ovidio, _Fastos_, II, 684; Lucano, VI, -54 y sig.; Séneca, _Epist._, XLVIII, XCV, 51 y sig.; _De ira_, I, 5; -III, 43; Arriano, _Dissert de Epict._, I, IX, 6; II, V, 26; Plutarco, -_De la fort. de los Rom._, 2; _De la fort. de Alejandro_, I, 8, 9. - -[927] Virgilio, _Egl._, IV; Séneca, _Medea_, 375 y sig. - -[928] Tác., _Ann._, II, 85; Suetonio, _Tib._, 35; Ovidio, _Fast._, II, -497-514. - -[929] Las inscripciones de mujeres contienen frases sublimes. «Mater -omnium hominum, parens omnibus subveniens,» en Renier, _Inscr. de -l’Algerie_ n.º 1987. Comp. _ibid._, n.º 2756; Mommsen, _Inscr. R. N._, -n.º 1431, «Duobus virtutis et castitatis exemplis,» _Not. et mém. -de la Soc. de Constantine_, 1865, pág. 158. Véase la inscripcion de -Urbanille, en Guérin, _Voy. archéol. dans la rég. de Tunis_, I, 289 y -la deliciosa inscripcion, Orelli, núm. 4648. Muchos de estos textos son -posteriores al primer siglo, pero no eran nuevos los sentimientos que -expresaban cuando se escribieron. - -[930] _Propos de table_, I, V, 1; _Vida de Demóst._, 2; el diálogo _Del -amor_, 2; y sobre todo el _Consuelo_ á su esposa. - -[931] «Caritas generis humani,» Cic., _De finibus_, V, 23. «Homo sacra -res homini,» Séneca, _Epist._., XCV, 33. - -[932] Séneca, _Epist._, XXXI, XLVII; _De benef._, III, 18 y sig. - -[933] Tácito, _Ann._, XIV, 42 y sig.; Suetonio, _Claudio_, 25; Dion -Casio, LX, 29; Plinio, _Epist._, VIII, 16; Inscrip., de Lanuvium, col. -2, líneas 1-4 (en Mommsen, _De coll. et sodal. Rom._, ad calcem); -Séneca el Orador, _Controv._, III, 21; VII, 6; Séneca el Filós., -_Epist._, XLVII; _De benef._, III, 18 y sig.; Columela, _De re -rustica_, I, 8; Plutarco, _Vida de Caton el Viejo_, 5; _De ira_, 11. - -[934] _Epist._, XLVII, 13. - -[935] Caton, _De re rustica_, 58, 59, 104; Plutarco, _Vida de Caton_, -4, 5. Compárense las máximas casi tan duras del _Eclesiástico_, XXXIII, -25 y sig. - -[936] Tácito, _Ann._, XIV, 60; Dion Casio, XLVII, 10; LX, 16; LXII, 13; -LXVI, 14; Suetonio, _Caius_, 16; Apiano, _Guerras civiles_, IV, desde -el capítulo XVII (sobre todo el cap. XXXVI y sig.) hasta el cap. LI. -Juvenal, VI, 476 y sig., describe las costumbres de la peor sociedad. - -[937] Horacio, _Sat._, I, VI, 1 y sig.; Cic., _Epist._, III, 7; Séneca -el Orador, _Controv._, I, 6. - -[938] Suetonio, _Caius_, 15, 16; _Claudio_, 19, 23, 25; _Neron_, 16; -Dion Casio, LX, 25, 29. - -[939] Tácito, _Ann._, VI, 17; comp. IV, 6. - -[940] Tácito, _Ann._, XIII, 50-51; Suetonio, _Neron_, 10. - -[941] Epitafio del joyero Evodio (hominis boni, misericordis, amantis -pauperes), _Corpus inscr. lat._, n.º 1027, inscripcion del siglo -de Augusto. (Cf. Egger, _Mém. d’hist. anc. et de phil._, p. 351 y -sig.); Perrot, _Exploration de la Galatie_, etc., p. 118-119, πτωχοὺς -φιλέοντα; _Oracion fúnebre de Matidia_, por Adriano (_Mém. de l’Acad. -de Berlin_ para 1863, p. 489); Mommsen, _Inscr. regni Neap._, n.º 1431, -2868, 4880; Séneca el Orador, _Controv._, I, 1; III, 19; IV, 27; VIII, -6; Séneca el Filósofo, _De clem._, II, 5, 6; _De benef._, I, 1; II, 11; -IV, 14; VII, 31. Compárese Leblant, _Inscr. chrét. de la Gaule_, II, p. -23 y sig.; Orelli, n.º 4657; Fea, _Framm. de’ fasti consol._, p. 90; R. -Garrucci, _Cimitero degli ant. Ebrei_, p. 44. - -[942] _Corpus inscr. græc._, n.º 2758. - -[943] _Ibid._, n.º 2194 _b_, 2511, 2759 _b_. - -[944] Es preciso recordar que Corinto en la época romana era una -colonia de extranjeros, establecida, en el mismo lugar que ocupaba la -antigua ciudad, por César y por Augusto. - -[945] Luciano, _Demonax_, 57. - -[946] Dion Casio, LXVI, 15. - -[947] Véase sobre todo Elio Arístides, tratado contra la comedia, (I, -p. 751 y sig., edic. Dindorf). - -[948] Es notable que en varias ciudades del Asia Menor los restos -de los teatros antiguos son todavía hoy otros tantos focos de -prostitucion. Comp. Ovidio, _Arte de Amar_, I, 89 y sig. - -[949] Orelli-Henzen, núms. 1172, 3362 y sig., 6669; Guérin, _Voy. en -Tunisie_, II, p. 59; Borghesi, _Obras completas_, IV, p. 269 y sig.; -E. Desjardins, _De tabulis alimentariis_ (París 1854); Aurelio Victor, -_Epítome_, Nerva; Plinio, _Epist._, I, 8; VII, 18. - -[950] Inscripcion en Desjardins, _op. cit._, parte II, cap. I. - -[951] Suetonio, _Aug._, 41, 46; Dion Casio, LI, 21; LVIII, 2. - -[952] Tácito, _Ann._, II, 87; VI, 13; XV, 18, 39; Suetonio, _Aug._, 41, -42; _Claudio_, 18. Comp. Dion Casio, LXII, 18; Orelli, n.º 3358 y sig.; -Henzen, 6662 y sig.; Forcellini, en el artículo _Tessera frumentaria_. - -[953] _Odisea_, VI, 207. - -[954] Eurípides, _Suppl._, v. 773 y sig.; Aristóteles, _Retór._, II, -VIII; _Ética á Nicómaco_, VIII, I; IX, X. Véase Estobeo, _Florilegio_, -XXXVII y CXIII, y, en general, los fragmentos de Menandro y de los -cómicos griegos. - -[955] Aristóteles, _Política_, VI, III, 4 y 5. - -[956] Ciceron, _Tusculanas_, IV, 7, 8; Séneca, _De clem._, II, 5, 6. - -[957] Papiro del Louvre, n.º 37, col. 1, ligne 21, en las _Notices et -extraits_, t. XVIII, 2.ª parte, p. 298. - -[958] Véase más arriba, p. 123. - -[959] Apoc., XVII y sig. - -[960] Virgilio, _Egl._ IV; _Georg._ I, 463 y sig.; Horacio, _Od._, I, -II; Tácito, _Ann._, VI, 12; Suetonio, _Aug._, 31. - -[961] Véase, por ejemplo, _De republ._, III, 22, citado y conservado -por Lactancio, _Instit. div._, VI, 8. - -[962] Véase, por ejemplo, la admirable carta XXXI á Lucilio. - -[963] Suetonio, _Vesp._, 18; Dion Casio, t. VI, pág. 558 (edic. Sturz); -Eusebio, _Chron._, en el año 89; Plinio, _Epist._, I, 8; Henzen, -_Suppl. à Orelli_, p. 124, núm. 1172. - -[964] Oracion fúnebre de Turia, I, líneas 30-31. - -[965] Véase sobre todo el primer libro de Valerio Máximo, la obra de -Julius Obsequens sobre los Prodigios y los _Discursos sagrados_ de Elio -Arístides. - -[966] Augusto (Suetonio, _Aug._, 90-92), César mismo, segun se -dice (Plinio _Hist. nat._, XXVIII, IV, 7, pero tengo mis dudas), -participaban de ella. - -[967] Manilio, Higino, traducciones de Arato. - -[968] Ciceron, _Pro Archia_, 10. - -[969] Suetonio, _Claudio_, 25. - -[970] Josefo, _Ant._, XIX, V, 3. - -[971] _Bereschith rabba_, cap. LXV, fol. 65 _b_; du Cange, en la voz -_matricularius_. - -[972] Ciceron, _De legibus_, II, 8; Vopiscus, _Aureliano_, 19. - -[973] «Religio sine superstitione.» Oracion fúnebre de Turia, I, líneas -30-31. Véase el _Tratado de la supersticion_ de Plutarco. - -[974] Véase Meliton, Περὶ ἀληθείας, en el _Spicilegium syriacum_ de -Cureton, p. 43 ó en el _Spicil. Solesmense_ de dom Pitra, t. II, p. -XLI, para darse cuenta de la impresion que esto producia en los judíos -y cristianos. - -[975] Suetonio, _Aug._, 52; Dion Casio, LI, 20; Tácito, _Ann._, I, 10; -Aurelio Victor, _Cæs._, 1; Apiano, _Bell. Civ._, V, 132; Jos., _B. -J._, I, XXI, 2, 3, 4, 7; Noris, _Cenotaphia Pisana_, dissert. I, cap. -4; _Kalendarium Cumanum_, en _Corpus inscr. lat._, I, p. 310, Eckhel, -_Doctrina num. vet._, parte 2.ª, vol. VI, p. 100, 124 y sig. - -[976] Tácito, _Ann._, IV, 55-56. Comp. Valerio Máximo, pról. - -[977] Corinto; la única ciudad de Grecia que contó en los primeros -siglos con un cristianismo considerable, no era ya en aquella época una -ciudad helénica. - -[978] Heráclides, Cornutus. Comp. Cic., _De natura deorum_, III, 23-25, -60, 62-64. - -[979] Plutarco, _Consolatio ad uxorem_, 10; _De sera numinis vindicta_, -22. Heuzey, _Mission de Macédoine_, p. 128; _Revue archéologique_, -Abril 1864 p. 282. - -[980] Lucrecio, I, 63 y sig.; Salustio, _Catil._, 52; Cic., _De nat. -deorum_, II, 24, 28; _De divinat._, II, 33, 35, 57; _De haruspicum -responsis_, casi entero; _Tuscul._, I, 16; Juvenal, Sat. II, 149-152; -Séneca, _Epist._, XXIV, 17. - -[981] «Sua cuique civitati religio est, nostra nobis.» Cic., _Pro -Flacco_, 28. - -[982] Cic., _De nat. deorum_, I, 30, 42; _De divinat._, II, 12, 33, -35, 72; _De harusp. resp._, 6, etc.; Tito Livio, I, 19; Quinto Curcio, -IV, 10; Plutarco, _De plac. phil._, I, VII, 2; Diod. Sic., I, II, 2; -Varron, en S. Agust., _De civit. Dei_, IV, 31, 32; VI, 6; Dionisio de -Halic., II, 20; VIII, 5; Valerio Máximo, I, II. - -[983] Cic., _De divinat._, II, 15; Juvenal, II, 149 y sig. - -[984] Tác., _Ann._, XI, 15; Plinio, _Epist._, X, 97, _sub fin._ -Estúdiese el personaje de Serapio en Plutarco, _De Pythiæ oraculis_. -Comp. _De EI apud Delphos_, init. Véase sobre todo Valerio Máximo, -libro I entero. - -[985] Juv., Sat. VI, 489, 527 y sig.; Tácito, _Ann._, XI, 15. Comp. -Luciano _Asamblea de los dioses_; Tertuliano, _Apolog._, 6. - -[986] Jos., _Ant._, XVIII, III, 4; Tácito, _Ann._, II, 85; Le Bas, -_Inscrip._, parte V, n.º 395. - -[987] Plutarco, _De Pyth. orac._, 25. - -[988] Véase Luciano, _Alexander seu pseudomantis_ y _De morte -Peregrini_. - -[989] Séneca, _Epist._, XII, XXIV, LXX; Inscripcion de Lanuvium, 2.ª -col., líneas 5-6; Orelli, 4404. - -[990] Dion Casio, LXVI, 13; LXVII, 13; Suetonio, _Domit._, 10; Tácito, -_Agrícola_, 2, 45; Plinio, _Epist._, III, 11; Philostrato, _Vida de -Apolonio_, I, VII, entero; Eusebio, _Chron._, ad ann. Chr. 90. - -[991] Dion Casio, LXII, 29. - -[992] Arriano, _Dissert. de Epicteto_, I, II, 21. - -[993] _Ibid._, I, XXV, 22. - -[994] Valerio Máximo., I, III; Tito Livio, XXXIX, 8-18; Ciceron, _De -legibus_, II, 8; Dionis. de Halic., II, 20; Dion Casio, XL, 47; XLII, -26; Tertuliano, _Apol._, 6; _Adv. nationes_, I, 10. - -[995] Propercio, IV, I, 17; Lucano, VIII, 831; Dion Casio, XLVII, 15; -Arnobio, II, 73. - -[996] Valerio Máximo, I, III, 3. - -[997] Dion Casio, XLVII, 15. - -[998] Jos., XIV, X. Comp. Ciceron, _Pro Flacco_, 28. - -[999] Suet., _Aug._, 31, 93; Dion Casio, LII, 36. - -[1000] Suet., _Aug._, 93. - -[1001] Dion Casio, LIV, 6. - -[1002] Jos., _Ant._, XVI, VI. - -[1003] _Ibid._, XVI, VI, 2. - -[1004] Dion. Casio, LII, 36. - -[1005] Jos., _B. J._, V, XIII, 6. Comp. Suetonio, _Aug._, 93. - -[1006] Suetonio, _Tib._, 36; Tác., _Ann._, II, 85; Jos., _Ant._, -XVIII, III, 4, 5; Philon, _In Flaccum_, § 1; _Leg. ad Caium_, § 24; -Séneca, _Epist._, CVIII, 22. El aserto de Tertuliano (_Apolog._, 5), -reproducido por otros escritores eclesiásticos, acerca de cuál seria la -intencion de Tiberio al colocar á Jesucristo en el rango de los dioses, -no merece ser discutida. - -[1007] Dion Casio, LX, 6. - -[1008] Tácito, _Ann._, XI, 15. - -[1009] Dion Casio, LX, 6; Suetonio, _Claudio_, 25; _Act._, XVIII, 2. - -[1010] Dion Casio, LX, 6. - -[1011] Jos., _Ant._, XIX, V, 2; XX, VI, 3; _B. J._, II, XII, 7. - -[1012] Suet., _Neron_, 56. - -[1013] Tácito, _Ann._, XV, 44; Suetonio, _Neron_, 16. Esto se -desarrollará más tarde. - -[1014] Tácito, _Ann._, XIII, 32. - -[1015] Comp. Dion Casio (Xiphilin), _Domit._, sub fin.; Suetonio, -_Domit._, 15. Esta distincion se hace formalmente en el Digesto, l. -XLVII, tít. XXII, _de Coll. et Corp._, 1 y 3. - -[1016] Cic., _Pro Flacco_, 28. - -[1017] Esta distincion se indica en las _Actas_, XVI, 20-21. Cf. XVIII, -13. - -[1018] Cic., _Pro Flacco_, 28; Juvenal, XIV, 100 y sig.; Tácito, -_Hist._, V, 4, 5; Plinio, _Epist._, X, 97; Dion Casio, LII, 30. - -[1019] Jos., _B. J._, VII, V, 2. - -[1020] Elio Arístides, _Pro Serapide_, 53; Juliano, Orat. IV, p. 136 de -la edicion de Spanheim, y las planchas grabadas recogidas por Leblant -en el _Bulletin de la Soc. des Antiq. de Fr._, 1859, p. 191-195. - -[1021] Tác., _Ann._, II, 85; Suet., _Tib._, 36; Jos., _Ant._, XVIII, -III 4-5; carta de Adriano, en Vopiscus, _Vita Saturnini_, 8. - -[1022] Dion Casio, XXXVII, 17. - -[1023] Véanse las inscripciones publicadas ó corregidas en la _Revue -archéol._, nov. 1864, 397 y sig.; dic. 1864, p. 460 y sig.; junio 1865, -p. 451-452 y p. 497 y sig.; sept. 1865, p. 214 y sig.; abril 1866; -Ross, _Inscr. græc. ined._, fasc. II, n.º 282, 291, 292; Hamilton, -_Researches in Asia Minor_, vol. II, n.º 301; _Corpus insc. græc._, -núms. 120, 126, 2525 _b_, 2562; Rhangabé, _Antiq. hellen._, n.º 811; -Henzen n.º 6082; Virgilio, _Egl._, V, 30. Comp. Harpocracion, _Lex._, -en la palabra ἐρανιστής; Festus, en la palabra _Thiasitas_; Digesto, -XLVII, XXII, _de Coll. et Corp._, 4; Plinio, _Epist._, X, 93, 94. - -[1024] Aristóteles, _Étic. á Nicom._, VIII, IX, 5; Plut., _Cuest. -griegas_, 44. - -[1025] Wescher, en los _Archives des missions scientif._, 2.ª série, t. -I, p. 432, y _Rev. arch._ Setiembre 1865, p. 221-222. Cf. Aristóteles, -_Œeconom._, II, 3; Estrabon, IX, I, 15; _Corpus inscr. gr._ n.º 2271, -líneas 13-14. - -[1026] Κληρωτοί. - -[1027] Κλῆρος. La Etimología eclesiástica de κλῆρος es distinta y alude -á la situacion de la tribu de Leví en Israel, pero no es imposible -que la palabra se haya tomado primitivamente de las cofradías griegas -(cf. _Act._, I, 25-26; I Petri, V, 3; Clem. de Alej., en Eusebio, _H. -E._, III, 23.) Wescher ha encontrado entre los dignatarios de estas -cofradías un ἐπίσκοπος (_Rev. arch._, Abril 1866). Véase, más arriba, -p. 129. La asamblea se titulaba algunas veces συναγωγή (_Rev. arch._, -Setiembre 1865, p. 216; Pollux, IX, VIII, 143.) - -[1028] _Corp. inscr. gr._, n.º 126. Comp. _Rev. arch._, Setiembre 1865, -p. 216. - -[1029] Wescher, en la _Revue archéol._, Diciembre 1864, p. 460 y sig. - -[1030] Véase más arriba, p. 348, nota 979. - -[1031] Á las cofradías griegas les sucedia tambien algo de esto. -Inscrip. en la _Rev. arch._, Diciembre 1864, p. 462 y sig. - -[1032] Digesto, XLVII, XXII, _de Coll. et Corp._, 4. - -[1033] Tito Livio, XXIX, 10 y sig.; Orelli y Henzen, _Inscr. lat._, c. -V. § 21. - -[1034] Dion Casio, LII, 36; LX, 6. - -[1035] Tito Livio, XXXIX, 8-18. Comp. el decreto epigráfico en el -_Corpus inscr. latinarum_, I, p. 43-44. Cf. Cic., _De legibus_, II, 8. - -[1036] Cic., _Pro Sext._, 25; _In Pis._, 4; Asconio, _In Cornelianam_, -75, (edic. Orelli); _In Pisonianam_, p. 7-8; Dion Casio, XXXVIII, 13, -14; Digesto, III, IV, _Quod cujusc._, 1; XLVII, XXII, _de Coll. et -Corp._, entero. - -[1037] Suetonio, _Domit._, 1; Dion Casio, XLVII, 15; LX, 6; LXVI, 24., -pasajes de Tertuliano y de Arnobio precitados. - -[1038] Suetonio, _César_, 42; _Aug._, 32; Jos., _Ant._, XIV, X, 8; Dion -Casio, LII, 36. - -[1039] «Kaput ex S. C. P. R. Quibus coire, convenire, collegiumque -habere liceat. Qui stipem menstruam conferre volent in funera, ii in -collegium coeant, neque sub specie ejus collegi nisi semel in mense -coeant conferendi causa unde defuncti sepeliantur.» Inscripcion -de Lanuvium, 1.ª col., líneas 10-13, en Mommsen, _De collegiis et -sodaliciis Romanorum_ (Kiliæ, 1843), p. 81-82 y _ad calcem_. Cf. -Digesto, XLVII, XXII, _de Coll. et Corp._, 1; Tertuliano, _Apolog._, 39. - -[1040] Inscrip. de Lanuvium, 2.ª col., líneas 3, 7; Digesto, XLVII, -XXII, _de Coll. et Corp._, 3. - -[1041] Digesto XLVII, XI, _de Extr. crim._, 2. - -[1042] _Ibid._, XLVII, XXII, _de Coll. et Corp._, 1 y 3. - -[1043] Heuzey, _Mission de Macédoine_, p. 71 y sig.; Orelli, _Inscr._, -n.º 4093. - -[1044] Orelli, 2409; Melchiorri y P. Visconti, _Silloge d’iscrizioni -antiche_, p. 6. - -[1045] Véanse las piezas relativas á los colegios de Esculapio é Higia, -de Júpiter Cernenus y de Diana y Antínoo, en Mommsen, _op. cit._, p. 93 -y sig. Comp. Orelli, _Inscr. lat._, n.º 1710 y sig., 2394, 2395, 2413, -4075, 4079, 4107, 4207, 4938, 5044; Mommsen, _op. cit._, p. 96, 113, -114; de Rossi, _Bullettino di archeol. cristiana_, 2.º año, n.º 8. - -[1046] Inscripcion de Lanuvium, 1.ª col., línea 6-7; Orelli, 2270; de -Rossi, _Bullett. di archeol. crist._, 2.º año, n.º 8. - -[1047] Inscripcion de Lanuvium, 2.ª col., líneas 11-13; Orelli, 4420. - -[1048] Inscripcion de Lanuvium, 1.ª col., líneas 3-9, 21; 2.ª col., -líneas 7-17; Mommsen, _Inscr. regni Neap._, 2559; Marini, _Atti_, p. -398; Muratori, 491, 7; Mommsen, _De coll. et sod._, p. 109 y sig., 113. -Comp. I Cor., XI, 20 y sig. El presidente de las iglesias cristianas es -llamado por los paganos θιασάρχης. Luciano, _Peregrinus_, 11. - -[1049] Inscrip. de Lanuvium, 2.ª col., línea 7. - -[1050] Inscripcion de Lanuvium, 2.ª col., líneas 24-25. - -[1051] _Ibid._, 2.ª col., líneas 26-29. Cf. _Corpus inscr. gr._, n.º -126. - -[1052] Orelli, _Inscr. lat._, n.º 2399, 2400, 2405, 4093, 4103; -Mommsen, _De coll. et sod. Rom._, p. 97; Heuzey, _l. c._ Compárense aún -hoy los pequeños cementerios de las cofradías en Roma. - -[1053] Hor., _Sat._, I, VIII, 8 y sig. - -[1054] _Funeraticium._ - -[1055] Inscrip. de Lanuvium, 1.ª col., líneas 24, 25, 32. - -[1056] Inscrip. de Lanuvium, 2.ª col., líneas 3-5. - -[1057] Ciceron, _De offic._, I, 17; Schol. Bobb. ad Cic., _Pro Archia_, -X, 1. Comp. Plutarco, _De frat. amore_, 7; Digesto, XLVII, XXII, _de -Coll. et Corp._, 4. En una inscripcion de Roma el fundador de una -sepultura estipula que todos cuantos se depositen allí han de ser de su -religion, _ad religionem pertinentes meam_ (de Rossi, _Bullettino di -archeol. crist._, tercer año, n.º 7, p. 54). - -[1058] Tertuliano, _Ad Scapulam_, 3; de Rossi, _op. cit._, tercer año, -n.º 12. - -[1059] S. Justino, _Apol. I_, 67; Tertuliano, _Apolog._, 39. - -[1060] Ulpiano, _Fragm._, XXII, 6; Digesto, III, IV, _Quod cujusc._, -1; XLVI, I, _de Fid. et Mand._, 22; XLVII, II, _de Furtis_, 31; XLVII, -XXII, _de Coll. et Corp._, 1 y 3; Gruter, 322, 3 y 4; 424, 12; Orelli, -4080; Marini, _Atti_, p. 95; Muratori, 516, 1; _Mém. de la Soc. des -Antiq. de Fr._, XX, p. 78. - -[1061] Dig., XLVII, XXII, _de Coll. et Corp._, entero; Inscr. de -Lanuvium, 1.ª col., líneas 10-13; Marini, _Atti_, p. 552; Muratori, -520, 3; Orelli, 4075, 4115, 1567, 2797, 3140, 3913; Henzen, 6633, 6745; -y otras más en Mommsen, _op. cit._, p. 80 y sig. - -[1062] Digesto, XLVII, XI, _de Extr. crim._, 2. - -[1063] _Ibid._, XLVII, XXII, _de Coll. et Corp._, 2; XLVIII, IV, _ad -Leg. Jul. majest._, 1. - -[1064] Dion Casio, LX, 6. Comp. Suetonio, _Neron_, 16. - -[1065] Véase la correspondencia administrativa de Plinio y de Trajano. -Plinio, _Epist._, X, 43, 93, 94, 97 y 98. - -[1066] «Permittitur tenuioribus stipem menstruam conferre, dum tamen -semel in mense coeant, ne sub prætextu hujusmodi illicitum collegium -coeant (Dig., XLVII, XXII, _de Coll. et Corp._, 1).» «Servos quoque -licet in collegio tenuiorum recipi volentibus dominis (_ibid._, 3).» -Cf. Plinio, _Epist._, X, 94; Tertuliano, _Apol._, 39. - -[1067] Digesto, I, XII, _de Off. præf. urbi_, 1, § 14 (cf. Mommsen, -_op. cit._, p. 127); III, IV, _Quod cujusc._, 1; XLVII, XX, _de Coll. -et Corp._, 3. Es preciso notar que el excelente Marco Aurelio extendió -cuanto pudo el derecho de asociacion. Dig. XXXIV, V, _de Rebus dubiis_, -20; XL, III, _de Manumissionibus_, 1; y XLVII, XXII, _de Coll. et -Corp._, 1. - -[1068] Véase de Rossi, _Bullettino di archeol. cristiana_, tercer año, -núms. 3, 5, 6, 12. El caso de Pomponia Græcina (Tác., _Ann._, XIII, -32.) bajo Neron, es ya muy característico, pero no hay seguridad que -ella fuese cristiana. - -[1069] Véase de Rossi, _Roma sotterranea_, I, p. 309; y pl. XXI, núm. -12; y las aproximaciones epigráficas hechas por Léon Renier, _Comptes -rendus de l’Acad. des Inscr. et B.-L._, 1865, p. 289 y sig., y por el -general Creuly, _Rev. arch._, Enero 1866, p. 63-64. Comp. de Rossi, -_Bull._, tercer año, núm. 10, p. 77-79. - -[1070] I Cor., I, 26 y sig.; Jac., II, 5 y sig. - -[1071] Αἶρε τοὺς ἀθέους. Véase la relacion del martirio de S. -Policarpo, § 3, 9, 12, en Ruinart, _Acta sincera_, p. 31 y sig. - -[1072] _Ebionim_. Véase _Vida de Jesús_, p. 179 y sig., y Jac. II, 5 y -sig., Comp. los πτωχοὶ τῷ πνεύματι. Mat., V, 3. - -[1073] Véase más arriba, p. 351, 355. - -[1074] Tácito, _Ann._, XV, 44; Plinio, _Epist._, X, 97; Suetonio, -_Neron_, 16; _Domit._, 15; el _Philopatris_, entero; Rutilius -Numatianus, I, 389 y sig.; 440 y sig. - -[1075] Juan, XV, 17 y sig.; XVI, 8 y sig., 33; XVII, 15 y sig. - -[1076] Jac., I, 27. - -[1077] Hablo aquí de las tendencias esenciales y primitivas del -cristianismo, y no del cristianismo completamente transformado, sobre -todo por los jesuitas de nuestros dias. - -[1078] Véase la historia de los orígenes del babismo, referida por -Gobineau, _Les relig. et les Philos. dans l’Asie centrale_ (París -1865), p. 141 y sig.; y por Mirza Kazem-beg, en el _Journal Asiatique_. -Yo mismo he tomado de dos personas que conocian muy bien la historia -del babismo, datos que confirman el relato de estos dos sabios. - -[1079] Gobineau, obra cit. p. 301 y sig. - -[1080] Tengo en mi poder otro detalle muy autorizado que dice lo -siguiente: algunos sectarios á quienes se queria obligar á que se -retractasen fueron atados á la boca de un cañon con una mecha muy -larga que ardia lentamente. Entonces se les dijo que se cortaria esta -si querian renegar de Bab, pero ellos, tendiendo los brazos hácia el -fuego, suplicábanles se apresurasen á consumar su felicidad. - - - - -ÍNDICE - -DE LOS CAPÍTULOS CONTENIDOS EN ESTE TOMO. - - - PÁG. - - INTRODUCCION. -- Crítica de los documentos originales. V - - CAP. - - I Formacion de las creencias relativas á la resurreccion de - Jesús. -- Las apariciones de Jerusalem. 59 - - II Salida de los discípulos de Jerusalem. -- Segunda vida - galilea de Jesús. 80 - - III Vuelta de los apóstoles á Jerusalem. -- Fin del período - de las apariciones. 95 - - IV Bajada del Espíritu Santo. -- Fenómenos extáticos y - proféticos. 105 - - V Primera Iglesia de Jerusalem, enteramente cenobítica. 120 - - VI Conversion de judíos helenistas y prosélitos. 143 - - VII La Iglesia considerada como una asociacion de pobres. -- - Institucion del diaconato. -- Las diaconesas y las viudas. 154 - - VIII Primera persecucion. -- Muerte de Estéban. -- Destruccion - de la primera Iglesia de Jerusalem. 172 - - IX Primeras misiones. -- El diácono Felipe. 184 - - X Conversion de San Pablo. 195 - - XI Paz y desarrollos interiores de la Iglesia de Judea. 217 - - XII Fundacion de la Iglesia de Antioquía. 236 - - XIII Idea de un apostolado de los gentiles. -- San Bernabé. 248 - - XIV Persecucion de Herodes Agrippa I. 259 - - XV Movimientos paralelos al cristianismo ó imitadores del - cristianismo. -- Simon de Gitton. 274 - - XVI Marcha general de las misiones cristianas. 287 - - XVII Estado del mundo hácia mediados del primer siglo. 308 - - XVIII Legislacion religiosa de aquel tiempo. 342 - - XIX Porvenir de las misiones. 358 - - -*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS APÓSTOLES *** - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the -United States without permission and without paying copyright -royalties. 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Redistribution is subject to the trademark -license, especially commercial redistribution. - -START: FULL LICENSE - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK - -To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full -Project Gutenberg-tm License available with this file or online at -www.gutenberg.org/license. - -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project -Gutenberg-tm electronic works - -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. 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You may copy it, give it away or re-use it under the terms -of the Project Gutenberg License included with this eBook or online -at <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. If you -are not located in the United States, you will have to check the laws of the -country where you are located before using this eBook. -</div> - -<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Title: Los Apóstoles</div> - -<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Author: Ernesto Renán</div> - -<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Translator: Enrique L. de Verneuill</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'>Release Date: May 22, 2021 [eBook #65410]</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'>Language: Spanish</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'>Character set encoding: UTF-8</div> - -<div style='display:block; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from images generously made available by The Internet Archive/American Libraries.)</div> - -<div style='margin-top:2em; margin-bottom:4em'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS APÓSTOLES ***</div> - -<div class="front"> - <hr class="full" /> - <p><a href="#ToC">Índice</a></p> - <p><a href="#Notas">Notas</a></p> -</div> - -<div class="transnote" id="tnote"> - <p class="tnotetit">Nota de transcripción</p> - <ul> - <li>Los errores de imprenta, muy abundantes en este libro, han sido - corregidos, así como los errores de traducción detectados.</li> - - <li>La ortografía del original ha sido respetada, normalizándose - las variantes a la grafía más frecuente.</li> - - <li>Para facilitar la lectura, se han añadido tildes a las mayúsculas - que las necesitan, se han actualizado los nombres propios antiguos - que cuentan con grafía más moderna consolidada, y se ha actualizado - también la ortografía de las expresiones que ahora utilizan la - secuencia «ex-» en su raíz (así, «espresion» o «esclamacion» se han - escrito como «expresion» y «exclamacion»)</li> - - <li>Se ha restaurado el contenido de las notas, con sus citas y - referencias insertas, de modo que concuerden con el original - francés. También se han añadido las notas, completas o parciales, - y las citas en griego que el traductor eliminó de su traducción.</li> - - <li>Las notas han sido renumeradas y ubicadas al final del libro.</li> - - <li>Los años de la datación, que en el original aparecen en el - encabezado de cada página, se han limitado a una sola aparición - marginal al principio de capítulo o de periodo.</li> - - <li>Las páginas en blanco han sido eliminadas.</li> - </ul> -</div> - - -<div class="screenonly x-ebookmaker-drop"> - <hr class="chap" /> - <div class="figcenter"> - <img class="thin" - style="width: 28em; height: auto;" - src="images/cover.jpg" - alt="Cubierta del libro" /> - </div> -</div> - - -<div class="tit pt6"> - <hr class="chap" /> - <p><span class="pagenum" id="Page_i">p. i</span></p> - <h1 class="lh150 g0 ws1"><small>LOS</small><br /> - <big>APÓSTOLES.</big></h1> - <hr class="chap" /> -</div> - - -<div class="tit"> - <p><span class="pagenum" id="Page_iii">p. iii</span></p> - <p class="fs250 g0"><small>LOS</small><br /><big>APÓSTOLES,</big></p> - - <p class="fs75 ws1 mt2">OBRA ESCRITA EN FRANCÉS</p> - <p class="fs60 mt15">POR</p> - <p class="fs200 ws1 g1 ws1 mt05">ERNESTO RENÁN,</p> - <p class="fs60 ws1 mt15">MIEMBRO DEL INSTITUTO.</p> - <p class="fs60 mt15 ws1 mt3">TRADUCCION DE</p> - <p class="fs110 mt15 ws1 mt05">D. ENRIQUE L. DE VERNEUILL.</p> - - <div class="figcenter mt3"> - <img src="images/logo.jpg" - style="width: 5em; height: auto;" - alt="Logotipo del editor" /> - </div> - - <p class="fs110 g0 mt2">BARCELONA.</p> - <p>——</p> - <p class="fs90 ws1">CENTRO DE SUSCRICIONES, LA ILUSTRACION,</p> - <p class="fs75 ws1 mt05">CALLE DE MENDIZÁBAL, NÚM. 4.</p> - <p class="g0 mt05">1868.</p> -</div> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_0"> - <p><span class="pagenum" id="Page_v">p. v</span></p> - <h2 class="nobreak">INTRODUCCION.</h2> - <p class="subh2">Crítica de los documentos originales.</p> -</div> - -<p>El primer libro de nuestra <i>Historia de los orígenes del -cristianismo</i>, refiere los acontecimientos hasta la muerte y -enterramiento de Jesús, y es preciso ahora reanudar el hilo de la -narracion desde el punto en que la dejamos, es decir, desde el sábado 4 -de Abril del año 33, lo cual será continuar en parte la vida de Jesús. -Pasados los meses de alegre embriaguez durante los cuales asentó el -gran fundador las bases de un nuevo órden de cosas para la humanidad, -fueron los años siguientes los más decisivos en la historia del mundo; -y de nuevo encontramos á Jesús, quien por el fuego sagrado, cuya chispa -depositó en el corazon de algunos amigos, crea instituciones de la más -elevada originalidad, y conmueve y transforma las almas, imprimiendo -en todas las cosas un sello divino. Ahora nos toca demostrar como -bajo aquella influencia siempre creciente y victoriosa de la muerte, -se<span class="pagenum" id="Page_vi">p. vi</span> propagó por la -resurreccion, la fé, la influencia del Espíritu Santo, el don de las -lenguas y el poder de la Iglesia; daremos á conocer la organizacion -de la Iglesia de Jerusalem, sus primeras pruebas, sus primeras -conquistas, las más antiguas misiones que salieron de su seno, y -seguiremos en fin al cristianismo en su rápido progreso desde Siria -hasta Antioquía, donde se forma una segunda capital, más importante en -cierto modo que Jerusalem, á la cual debia reemplazar más tarde. En -aquel nuevo centro donde los paganos convertidos forman la mayoría, -veremos al cristianismo separarse definitivamente del judaismo y -recibir un nombre; veremos nacer la idea de las grandes misiones -lejanas, cuyo objeto era dar á conocer el nombre de Jesús en el mundo -de los gentiles; nos detendremos en el momento solemne en que Pablo, -Bernabé y Juan Márcos parten para llevar á cabo su elevado designio, -é interrumpiendo entonces nuestra narracion á fin de echar una ojeada -sobre el mundo que tratan de conquistar los atrevidos misioneros, -trataremos de darnos cuenta del estado intelectual, político, moral, -religioso y social del imperio romano, hácia el año 45, fecha probable -de la partida de San Pablo á su primera mision.</p> - -<p>Tal es el objeto de este segundo libro, que titularemos <i>Los -Apóstoles</i>, porque expone el período de la accion comun durante -el cual la pequeña familia creada por Jesús marcha de concierto y -se agrupa moralmente al rededor de un punto único, de Jerusalem. -En nuestro próximo libro, que será el tercero, saldremos<span -class="pagenum" id="Page_vii">p. vii</span> de este cenáculo para ver -presentarse casi solo en escena al hombre que representa mejor que -otro ninguno al cristianismo conquistador y viajero, es decir á San -Pablo.</p> - -<p>Aun cuando éste se haya dado desde cierta época el título de -Apóstol, no lo era con el mismo título que los Doce,<a id="FNanchor_1" -href="#Footnote_1" class="fnanchor">[1]</a> y solo debe considerarse -como un obrero de segundo órden, y hasta puede decirse como un -intruso.</p> - -<p>Segun se desprende de los documentos históricos que han llegado -hasta nosotros, y como sabemos muchas más cosas de San Pablo que de -los Doce, y tenemos sus escritos auténticos, y memorias originales de -notable precision sobre algunas épocas de su vida, se ha incurrido -en el error de darle una importancia de primer órden, casi superior -á la de Jesús. Pablo es ciertamente un gran hombre y desempeñó en la -fundacion del cristianismo un papel de los más importantes, pero no -se le debe comparar ni á Jesús ni aun á los discípulos de éste. Pablo -no vió á Jesús ni probó la ambrosía de la predicacion de Galilea, y -siendo así, el hombre más insignificante que tuvo su parte en el maná -celestial, era por esto mismo superior al que apenas lo habia probado. -Nada más falso que la opinion que está en boga en nuestros dias, segun -la que se supone que Pablo fué el primer fundador del cristianismo. -Esto no es exacto: el verdadero fundador<span class="pagenum" -id="Page_viii">p. viii</span> del cristianismo es Jesús, y despues -de éste deben figurar en primer término sus fieles y apasionados -amigos, esos grandes hombres que fueron los oscuros compañeros de -Jesús y que creyeron en él aun despues de su muerte. En el primer -siglo pudo considerarse á Pablo como una especie de fenómeno aislado, -pues en vez de una escuela organizada, solo dejó ardientes adversarios -que despues de su muerte quisieron desterrarle en cierto modo de -la Iglesia, comparándoles con Simon el Mágico.<a id="FNanchor_2" -href="#Footnote_2" class="fnanchor">[2]</a> Se le negó que hubiese -llevado á cabo la conversion de los gentiles,<a id="FNanchor_3" -href="#Footnote_3" class="fnanchor">[3]</a> que es lo que consideramos -como su propia obra; la Iglesia de Corinto, que él solo habia -fundado,<a id="FNanchor_4" href="#Footnote_4" class="fnanchor">[4]</a> -dijo que debia tambien su orígen á San Pedro;<a id="FNanchor_5" -href="#Footnote_5" class="fnanchor">[5]</a> en el siglo <span -class="asc">II</span>, Papias y San Justino no pronuncian su nombre, -y solo más tarde, cuando la tradicion oral ya no fué nada y tuvo -que ceder su puesto á la Escritura, llegó Pablo á ocupar un lugar -preferente en la teología cristiana. Pablo en efecto fué teólogo, lo -cual no puede decirse de Pedro y María de Magdala; Pablo ha dejado -obras considerables, y los escritos de los demás Apóstoles no pueden -competir con los suyos ni en importancia ni en autenticidad.</p> - -<p>Á primera vista, los documentos referentes al período que comprende -este volúmen, son escasos y<span class="pagenum" id="Page_ix">p. -ix</span> de todo punto insuficientes, pues los testimonios directos se -reducen á los primeros capítulos de las <i>Actas de los Apóstoles</i>, -capítulos cuyo valor histórico da lugar á graves objeciones. Pero -la luz que proyectan en este oscuro intervalo los capítulos de los -Evangelios, y sobre todo las epístolas de San Pablo, disipan en -cierto modo las tinieblas. Un escrito antiguo, no solo sirve para -dar á conocer la época en que se redactó sino tambien la anterior, y -sugiere seguramente inducciones retrospectivas acerca de la sociedad -que lo produjo. Las epístolas de San Pablo compuestas en el período -comprendido desde el año 53 al 62, poco más ó menos, contienen -infinitos datos sobre los primeros años del cristianismo y como se -trata aquí principalmente de las grandes fundaciones sin fechas -precisas, lo esencial es demostrar en qué condiciones se formaron -aquellas. Debo pues advertir una vez para siempre que la fecha -corriente inscrita al principio de cada página solo es aproximada, -pues en la cronología de los primeros años no se cuenta sino un escaso -número de datos fijos. Sin embargo, gracias al cuidado que ha tenido el -autor de las <i>Actas</i> de no alterar la série de los hechos; gracias -á la epístola de los Galatas, donde se encuentran algunas indicaciones -numéricas de inestimable precio, y merced en fin á Josefo que nos da -la fecha de los acontecimientos de la historia profana, enlazados -con algunos hechos referentes á los Apóstoles, se llega á crear para -la historia de estos últimos un conjunto muy verosímil donde las -probabilidades del error flotan entre los límites de la exactitud.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_x">p. x</span>Repetiré nuevamente al -empezar este libro lo que ya he dicho al principio de mi <i>Vida de -Jesús</i>: en historias como esta, donde solo el conjunto es cierto, -y donde los detalles se prestan más ó menos á la duda, á causa del -carácter legendario de los documentos, la hipótesis es indispensable. -Tratándose de épocas de que no sabemos nada, no hay hipótesis posible. -Intentar reproducir tal ó cual grupo de la escultura antigua, que ha -existido ciertamente pero del cual no se conserva resto alguno, ni -la menor noticia escrita, es ciertamente hacer una obra arbitraria; -pero ¿no será acaso legítimo é indispensable tratar de reedificar los -frontis del Parthenon con los restos que se encuentren, consultando -además los textos antiguos, los dibujos hechos en el siglo <span -class="asc">XVII</span>, todos los datos en fin con que pueda uno -inspirarse en el estilo de aquellas inimitables obras, tratando de -reproducir su alma y su vida? No diremos por esto que se ha encontrado -la obra del escultor antiguo, pero se ha hecho lo posible por imitarla; -y á fé que este procedimiento es tanto más legítimo en la historia, -cuanto que el lenguaje permite las formas dubitativas, que no admite -el mármol. Nada impide además al lector elegir entre diversas -suposiciones. La conciencia del escritor, debe quedar tranquila desde -el momento en que ha presentado como cierto lo que es cierto, como -probable lo que es probable, como posible lo que es posible, y en los -puntos en que el pensamiento se desliza entre la historia y la leyenda, -lo que debe buscarse es el efecto general. Nuestro tercer libro, -para la confeccion del cual contamos con docu<span class="pagenum" -id="Page_xi">p. xi</span>mentos absolutamente históricos, y en el que -debemos describir los caractéres con precision, refiriendo los hechos -con claridad, ofrecerá una narracion más exacta, aun cuando se vea -que la historia de aquel período no se conoce más á fondo. Los hechos -consumados hablan más alto que todos los detalles biográficos: sabemos -muy poco de los artistas inimitables que crearon las obras maestras del -arte griego, pero esas obras nos dicen más acerca de sus autores y del -público que las apreció, que lo que pudieran decirnos las narraciones -más circunstanciadas, los textos más auténticos.</p> - -<p>Para el conocimiento de los hechos decisivos que pasaron en los -primeros dias despues de la muerte de Jesús, los documentos son -los últimos capítulos de los Evangelios, que dan cuenta de las -apariciones de Cristo resucitado<a id="FNanchor_6" href="#Footnote_6" -class="fnanchor">[6]</a>; y no es necesario repetir aquí lo que he -dicho en la introduccion de mi <i>Vida de Jesús</i> acerca del valor -de tales documentos. Para este libro tenemos felizmente un comprobante -de que careciamos en nuestra primera obra, y al decir esto, me refiero -á un pasaje capital de San Pablo (I Cor., <span class="asc">XV</span>, -5-8), que establece: 1.º la realidad de las apariciones; 2.º la larga -duracion de estas, contrariamente á lo que refieren los evangelios -sinópticos, y 3.º la variedad de los lugares, donde tuvieron lugar -aquellas, en contraposicion á lo que dicen Márcos y Lucas. El estudio -de este<span class="pagenum" id="Page_xii">p. xii</span> texto -fundamental, y otras muchas razones, nos confirman en las opiniones que -habiamos anunciado acerca de la relacion recíproca de los sinópticos -y del 4.º Evangelio, y en lo que se refiere á la resurreccion y á las -apariciones, es notoria la superioridad del último, por lo que hace á -la vida de Jesús. Si se quiere encontrar una narracion seguida, lógica, -que permita conjeturar con verosimilitud lo que se ocultó tras las -ilusiones, allí es donde es preciso buscarlo, y aquí vengo á tocar -la más difícil de las cuestiones que se refieren á los orígenes del -cristianismo: ¿Cuál es el valor histórico del cuarto Evangelio? El uso -que de este he hecho en mi <i>Vida de Jesús</i>, es precisamente lo que -ha dado lugar á que me dirijan más objeciones los críticos ilustrados, -pues todos los sabios que aplican á la historia de la teología el -método racional, rechazan el cuarto Evangelio como apócrifo en todos -conceptos. He reflexionado mucho nuevamente en este problema, y apenas -he podido modificar mi primera opinion, mas como en este punto no soy -del parecer de la generalidad, creo un deber mio exponer en detalle los -motivos de mi persistencia, y lo haré en un Apéndice que aparecerá al -fin de una edicion revisada y corregida de la <i>Vida de Jesús</i>, que -ha de ver la luz pública próximamente.</p> - -<p>Las <i>Actas de los Apóstoles</i>, constituyen el documento más -importante para la historia que vamos á referir, y por lo tanto debo -dar algunas explicaciones acerca del carácter de esa obra y de su valor -histórico, así como tambien del uso que de ella hice.</p> - -<p>No cabe la menor duda que el autor de las <i>Actas</i><span -class="pagenum" id="Page_xiii">p. xiii</span> es el mismo que el -del tercer Evangelio, y que aquellos son la continuacion de este -último. Nadie se detendrá á probar esta proposicion, que por lo demás -no se ha discutido sériamente<a id="FNanchor_7" href="#Footnote_7" -class="fnanchor">[7]</a> pero los prefacios que encabezan ambos -escritos, la dedicatoria de uno y otro á Teófilo y la perfecta -semejanza del estilo y de las ideas, ofrecen sobre este punto -abundantes demostraciones.</p> - -<p>Hay una segunda proposicion que aunque no ofrece la misma seguridad, -puede considerarse sin embargo como muy probable, y es que el autor -de las <i>Actas</i> es un discípulo de Pablo que le acompañó en -muchos de sus viajes. Á primera vista, esta proposicion no admite -duda. En muchos párrafos á partir del versículo 10 del capítulo <span -class="asc">XVI</span>, el autor de las <i>Actas</i>, emplea en la -narracion el pronombre <i>nosotros</i>, indicando así que por entonces -formaba parte de la compañía apostólica que rodeaba á San Pablo. Esto -es evidente; y en efecto; solo queda una salida para rebatir tan -fuerte argumento, y esta es, suponer que los pasajes donde se halla el -pronombre <i>nosotros</i>, han sido copiados por el último redactor de -las <i>Actas</i> de un escrito anterior, de memorias originales de un -discípulo de Pablo, por ejemplo, de Timoteo, y que el redactor habrá -olvidado, por inadvertencia, sustituir al <i>nosotros</i> el nombre -del narrador. Esta explicacion, sin embargo, no es muy admisible, -pues si bien se<span class="pagenum" id="Page_xiv">p. xiv</span> -comprenderia semejante descuido en una recopilacion vulgar, no así -en el tercer Evangelio y en las <i>Actas</i>, que forman una obra -muy bien redactada, escrita con reflexion y hasta con arte por una -misma mano y segun un plan.<a id="FNanchor_8" href="#Footnote_8" -class="fnanchor">[8]</a> Ambos libros reunidos forman un conjunto donde -se observa exactamente el mismo estilo, las mismas locuciones favoritas -y hasta el mismo modo de citar la Escritura. Una falta tan chocante -como la que queriamos suponer seria inexplicable, y por lo tanto todo -nos induce poderosamente á creer que uno mismo es el que ha escrito el -fin de la obra y el principio, y que el narrador de todo es el que dice -<i>nosotros</i> en los pasajes precitados.</p> - -<p>Todo esto llama aún más la atencion si se observa en qué -circunstancias aparece el narrador en compañía de Pablo: el uso del -<i>nosotros</i> comienza en el momento en que este último marcha á -Macedonia por la primera vez (<span class="asc">XVI</span>, 10) y cesa -cuando Pablo sale de Filipos; repitiéndose la frase cuando aquel hace -el segundo viaje á los mismos puntos (<span class="asc">XX</span>, 5, -6). Desde entonces el narrador no se separa de Pablo hasta el fin, y -si se observa además que los capítulos en que el primero acompaña al -segundo tienen un carácter particular de precision, no puede ponerse ya -en duda que el narrador no fuera un macedonio ó más bien un filipense<a -id="FNanchor_9" href="#Footnote_9" class="fnanchor">[9]</a> que -sale al encuentro de Pablo en Troas, durante la segunda mision; que -permanece en Filipos despues de la partida del Apóstol, y que al<span -class="pagenum" id="Page_xv">p. xv</span> pasar éste por última vez por -dicha ciudad (tercera mision), se une á él para no abandonarle nunca. -¿Cómo se explica que un hombre que escribió sobre una época lejana se -dejase dominar de tal modo por los recuerdos de otra? Estos recuerdos -perjudicarian al conjunto: el narrador que dice <i>nosotros</i> tendria -su estilo, sus frases especiales<a id="FNanchor_10" href="#Footnote_10" -class="fnanchor">[10]</a> y seria más Pauliniano que el redactor -principal, y esto no es así, puesto que en la obra hay una perfecta -homogeneidad.</p> - -<p>Se extrañará acaso que una tésis en apariencia tan evidente haya -encontrado contradictores, pero la crítica de los escritos del Nuevo -Testamento, ofrece muchos puntos, que claros en un principio, presentan -numerosas dudas al proceder á su exámen. Por lo que hace al estilo, á -los pensamientos y á las doctrinas, las <i>Actas</i>, no son lo que -podria esperarse de un discípulo de Pablo, ni se parecen en nada á las -epístolas de este último, pues no se encuentra ni el menor vestigio de -las atrevidas doctrinas que constituyen la originalidad del Apóstol -de los gentiles. El carácter de Pablo parece ser el de un protestante -brusco y severo; el autor de las <i>Actas</i> se nos presenta como un -buen católico, dócil, optimista, que no habla de un sacerdote sin usar -el adjetivo <i>santo</i>, ni de un obispo sin llamarle <i>grande</i>, -y que se halla dispuesto á aceptar todas las ficciones, antes que -reconocer que esos santos sacerdotes y grandes obispos, disputan -entre<span class="pagenum" id="Page_xvi">p. xvi</span> sí, haciéndose -á veces la más cruda guerra. Sin dejar de admirar á Pablo, el autor -de las <i>Actas</i> evita en lo posible darle el título de Apóstol<a -id="FNanchor_11" href="#Footnote_11" class="fnanchor">[11]</a> y quiere -que la iniciativa de la conversion de los gentiles sea de Pedro, lo -cual podria hacer creer que dicho autor es en suma un discípulo de -Pedro más bien que de Pablo. Bien pronto demostraremos que en dos ó -tres circunstancias sus principios de conciliacion le han inducido á -falsear gravemente la biografía de Pablo, cometiendo inexactitudes<a -id="FNanchor_12" href="#Footnote_12" class="fnanchor">[12]</a> y -sobre todo omisiones verdaderamente extrañas en un discípulo de este -último<a id="FNanchor_13" href="#Footnote_13" class="fnanchor">[13]</a> -puesto que no habla de una sola de las epístolas, y reduce de -una manera sorprendente relatos de la mayor importancia.<a -id="FNanchor_14" href="#Footnote_14" class="fnanchor">[14]</a> Aun -en las partes en que debe aparecer como compañero de Pablo, el autor -de las <i>Actas</i>, usa un lenguaje muy seco y no da pruebas de -hallarse muy bien informado.<a id="FNanchor_15" href="#Footnote_15" -class="fnanchor">[15]</a> Por último, la dejadez y vaguedad que se -notan en ciertas narraciones, la parte convencional que se descubre, -darian que pensar á un escritor que no hubiese tenido relacion alguna -directa ó indirecta con los Apóstoles, y que escribiese hácia el año -100 ó 120.</p> - -<p>¿Podrán tener estas objecciones alguna importancia? Á mí me parece -que no, y persisto en creer que el último redactor de las <i>Actas</i> -no es otro sino el dis<span class="pagenum" id="Page_xvii">p. -xvii</span>cípulo de Pablo que dice <i>nosotros</i> en los últimos -capítulos. Por difíciles de resolver que parezcan todas las dudas, -debemos suspender nuestro juicio en el caso de no resolverse aquellas -ante un argumento tan decisivo como el que resulta de la palabra -<i>nosotros</i>; y á esto añadiremos que atribuyendo las <i>Actas</i> -á un compañero de Pablo, se explican dos particularidades importantes: -por un lado la desproporcion de las partes de la obra, en la que -se habla preferentemente de Pablo, y por otro la desproporcion que -se nota en la biografía misma de éste, de cuya primera mision se -habla muy poco en tanto que de la segunda y tercera, sobre todo en -los últimos viajes, se da cuenta con minuciosos detalles. Un hombre -completamente extraño á la historia apostólica no habria incurrido en -estas faltas, y á no dudarlo estaria mejor concebido el conjunto de su -obra. Uno de los caractéres que distingue la historia compuesta con -documentos, de la historia original, es precisamente la desproporcion; -el historiador de gabinete, toma por cuadro los sucesos mismos, en -tanto que el autor de memorias solo se sirve de sus recuerdos ó cuando -menos de sus relaciones personales. Un historiador eclesiástico, -una especie de Eusebio, escribiendo hácia el año 120, nos hubiera -legado un libro distribuido de otro modo á partir del capítulo <span -class="asc">XIII</span>. La manera extraña con que las <i>Actas</i> -salen despues de la órbita donde giraban hasta entonces, no se -explica, en mi concepto, sino por la situacion particular del autor y -sus relaciones con Pablo. Este resultado se confirmará naturalmente -si<span class="pagenum" id="Page_xviii">p. xviii</span> encontramos -entre los colaboradores conocidos del Apóstol el nombre del autor á -quien la tradicion atribuye nuestra historia.</p> - -<p>Esto es precisamente lo que sucede: los manuscritos y la tradicion -nos dan como autor del tercer Evangelio, á un tal Lucanus,<a -id="FNanchor_16" href="#Footnote_16" class="fnanchor">[16]</a> -ó <i>Lucas</i>, y de lo dicho resulta que si <i>Lucas</i> es -verdaderamente el autor del tercer Evangelio, lo es igualmente de las -<i>Actas</i>. Ahora bien, el nombre de Lucas aparece precisamente -como el de un compañero de Pablo en la epístola de los Colosenses, -<span class="asc">IV</span>, 14; la de Filemon, 24, y en la segunda -de Timoteo, <span class="asc">IV</span>, 11. La autenticidad de esta -última es muy dudosa, y aunque no lo sea tanto la de las dos últimas, -no puede afirmarse, sin embargo, con toda seguridad que sean de San -Pablo. De todos modos, los tales escritos son del primer siglo, y esto -basta para probar evidentemente que entre los discípulos de Pablo -existió un Lucas. El que confeccionó las epístolas de Timoteo, no -es en efecto el mismo que compuso las de los Colosenses y Filemon, -(suponiendo contrariamente á nuestra opinion que estas sean apócrifas). -Admitir que un falsario hubiese atribuido á Pablo un compañero -ficticio, seria ya poco verosímil; pero menos lo es aún que falsarios -distintos hubieran elegido el mismo nombre. Dos observaciones pueden -hacerse que dan á este razonamiento una fuerza particular: la primera -es que el nombre de Lucas ó Lucanus es entre los primeros cristianos un -nombre raro que no se presta á<span class="pagenum" id="Page_xix">p. -xix</span> confusiones anónimas, y es la segunda que el Lucas de las -epístolas no adquirió nunca celebridad. Inscribir un nombre célebre -al principio de un escrito, como se hizo para la segunda epístola de -Pedro, y muy probablemente para las de Pablo, en Tito y Timoteo, no -era en nada contrario á las costumbres de la época; pero encabezar un -escrito con un nombre falso y oscuro, es una cosa que no se concibe. -¿Seria la intencion del falsario patrocinar el libro con la autoridad -de Pablo? Pero si es así ¿por qué no tomaba el nombre mismo de Pablo, -ó cuando menos el de Timoteo ó de Tito, discípulos más conocidos del -Apóstol de los gentiles? Lucas no ocupaba ningun lugar en la tradicion, -en la leyenda, ni en la historia, y los tres pasajes precitados -de las epístolas no podian bastar para reconocer en aquel una -garantía admitida, pues todas las epístolas á Timoteo se han escrito -probablemente despues de las <i>Actas</i>, y las citas de Lucas en las -epístolas á los Colosenses y Filemon equivalen á una sola, de tal modo, -que estos dos escritos forman un solo cuerpo. Creemos pues que el autor -del tercer Evangelio y las <i>Actas</i>, es real y efectivamente Lucas, -discípulo de Pablo.</p> - -<p id="nombLucas">El nombre de Lucas y la profesion de médico -que ejercia el llamado discípulo de Pablo,<a id="FNanchor_17" -href="#Footnote_17" class="fnanchor">[17]</a> convienen bien -con las indicaciones que dan ambos libros sobre su autor. Hemos -demostrado en efecto<span class="pagenum" id="Page_xx">p. -xx</span> que el autor del tercer Evangelio y de las <i>Actas</i> -era probablemente natural de Filipos,<a id="FNanchor_18" -href="#Footnote_18" class="fnanchor">[18]</a> colonia romana -donde dominaba el latin<a id="FNanchor_19" href="#Footnote_19" -class="fnanchor">[19]</a> y además de esto debe notarse que el autor -del tercer Evangelio y de las <i>Actas</i> no conoce bien el judaismo<a -id="FNanchor_20" href="#Footnote_20" class="fnanchor">[20]</a> ni -la historia de Palestina<a id="FNanchor_21" href="#Footnote_21" -class="fnanchor">[21]</a> ni sabe tampoco el Hebreo<a id="FNanchor_22" -href="#Footnote_22" class="fnanchor">[22]</a> pero está muy -al corriente de las ideas del mundo pagano<a id="FNanchor_23" -href="#Footnote_23" class="fnanchor">[23]</a> y escribe el griego de -una manera bastante correcta. La obra se ha compuesto lejos de la -Judea por personas poco entendidas en geografía<a id="FNanchor_24" -href="#Footnote_24" class="fnanchor">[24]</a> que no se cuidaban ni -de poseer la ciencia rabinica á fondo, ni de los nombres Hebreos;<a -id="FNanchor_25" href="#Footnote_25" class="fnanchor">[25]</a> -reduciéndose la idea dominante del autor á que si se hubiera -permitido al pueblo seguir su inclinacion habria abrazado la fé de -Jesús, á lo cual se opuso la aristocracia judía.<a id="FNanchor_26" -href="#Footnote_26" class="fnanchor">[26]</a> La palabra <i>Judío</i> -se toma siempre en la obra en sentido despreciativo y<span -class="pagenum" id="Page_xxi">p. xxi</span> como sinónimo de -enemigo de los cristianos;<a id="FNanchor_27" href="#Footnote_27" -class="fnanchor">[27]</a> por el contrario se habla muy favorablemente -de los herejes samaritanos.<a id="FNanchor_28" href="#Footnote_28" -class="fnanchor">[28]</a></p> - -<p>¿En qué época podrá haberse compuesto aquel escrito notable? Lucas -aparece por primera vez en compañía de Pablo cuando éste hizo su primer -viaje á Macedonia hácia el año 52. Supongamos que contara entonces -veinte y cinco años, y en este caso nada más natural que hubiese -vivido hasta el año 100, pero la historia de las <i>Actas</i> no -llega más que hasta el año 63<a id="FNanchor_29" href="#Footnote_29" -class="fnanchor">[29]</a> y como quiera que su redaccion es -evidentemente posterior á la del tercer Evangelio, y la fecha de la -composicion de este se fija de una manera bastante precisa en los -años inmediatos que siguieron á la ruina de Jerusalem (año 70)<a -id="FNanchor_30" href="#Footnote_30" class="fnanchor">[30]</a>, no se -puede suponer que se redactaran las <i>Actas</i> antes del 71 ó 72.</p> - -<p>Si fuera seguro que esta obra se compuso seguidamente al Evangelio, -podriamos detenernos aquí, mas en este punto está permitida la duda: -algunos hechos inducen á creer que ha transcurrido un intervalo entre -la composicion del tercer Evangelio y la de las <i>Actas</i>, y esto es -tanto más verosímil cuanto que se nota entre los últimos capítulos del -Evangelio y el primero de las <i>Actas</i> una singular contradiccion. -Segun el último capítulo de los Evangelios parece que la<span -class="pagenum" id="Page_xxii">p. xxii</span> ascension tuvo lugar el -mismo dia de la resurreccion<a id="FNanchor_31" href="#Footnote_31" -class="fnanchor">[31]</a>, y el primer capítulo de las <i>Actas</i><a -id="FNanchor_32" href="#Footnote_32" class="fnanchor">[32]</a> dice que -aquella no ocurrió sino al cabo de cuarenta dias. Claro es que esta -segunda version nos presenta una forma más avanzada que la leyenda, -forma adoptada cuando se vió que era necesario dejar un intervalo -para las diversas apariciones, y dar á la vida de Jesús despues de -salir de la tumba un cuadro completo y lógico. Podria pues suponerse -que al autor no le ocurrió interpretar así las cosas sino en el -intervalo que medió entre la redaccion de ambas obras; y de todos -modos es muy extraño que aquel se crea obligado á pocas líneas de -distancia á desarrollar su primera historia aumentando el número de -datos. Si aún tenia entre manos su primer libro ¿por qué no hacia las -adiciones, que separadas como aparecen luego, causan tan mal efecto? -Esto no es sin embargo una prueba decisiva, y hay una circunstancia -grave que induce á creer que Lucas concibió al mismo tiempo el plan -y el conjunto. El prefacio que encabeza el Evangelio es el que -parece comun á los dos libros<a id="FNanchor_33" href="#Footnote_33" -class="fnanchor">[33]</a>. La contradiccion que acabamos de indicar -se explica acaso por el poco cuidado que se tuvo de dar una cuenta -exacta del empleo del tiempo, y á esto se debe seguramente que -todas las relaciones de la vida de Jesús, despues de salir de la -tumba, estén en un completo desacuerdo acerca de la duracion de esta -vida. Importaba tan poco<span class="pagenum" id="Page_xxiii">p. -xxiii</span> ser histórico, que el mismo narrador no tenia el menor -escrúpulo en proponer sucesivamente dos sistemas inconciliables: -las tres relaciones que acerca de la conversion de Pablo se -encuentran en las <i>Actas</i><a id="FNanchor_34" href="#Footnote_34" -class="fnanchor">[34]</a> ofrecen tambien pequeñas diferencias que -prueban igualmente cuán poco se ocupaba el autor de la exactitud de los -detalles.</p> - -<p>Parece pues que nos aproximariamos á la verdad suponiendo que -las <i>Actas</i> se escribieron hácia el año 80, pues por una parte -el espíritu del libro conviene muy bien con la primera época de los -Flavios, y por la otra, el autor parece evitar todo aquello que hubiera -podido ofender á los romanos. En efecto, vemos que se complace en -demostrar que los funcionarios de Roma no solo eran favorables á la -nueva secta sino que la abrazaron algunas veces<a id="FNanchor_35" -href="#Footnote_35" class="fnanchor">[35]</a> que la defendieron contra -los judíos, y que la justicia imperial era equitativa y superior -á las pasiones locales.<a id="FNanchor_36" href="#Footnote_36" -class="fnanchor">[36]</a> El autor insiste particularmente en enumerar -las ventajas que obtuvo Pablo merced á su título de ciudadano romano<a -id="FNanchor_37" href="#Footnote_37" class="fnanchor">[37]</a> y -corta justamente su narracion en el momento de la llegada de Pablo -á Roma, quizá para no verse obligado á referir las crueldades de -Neron contra los cristianos.<a id="FNanchor_38" href="#Footnote_38" -class="fnanchor">[38]</a> El contraste entre las <i>Actas</i> y -el Apocalipsis es en extremo notable: escrito este en el<span -class="pagenum" id="Page_xxiv">p. xxiv</span> año 68, recuerda á cada -paso las infamias de Neron, rebosando un ódio profundo contra Roma, y -en la primera obra aparece el tirano como un hombre afable que vive -en una época tranquila. Desde el año 70, poco más ó menos, hasta los -últimos años del primer siglo, la situacion fué bastante buena para -los cristianos, pues hasta hubo personajes de la familia Flaviana que -pertenecieron al cristianismo. ¿Quién sabe si Lucas no conoció á Flavio -Clemente, si no fué de su <i>familia</i>, y si las <i>Actas</i> no se -escribieron por este poderoso personaje cuya posicion oficial exigia -ciertas consideraciones? Algunos indicios dan lugar á suponer que el -libro se compuso en Roma, y diríase en efecto que los principios de -la iglesia romana dominaban al autor. Esta iglesia tuvo desde los -primeros siglos el carácter político y gerárquico que la distinguió -siempre, y el buen Lucas pudo dejarse llevar de este espíritu, pues -sus ideas sobre la autoridad eclesiástica son muy avanzadas, y en -ella se descubre el gérmen del episcopado. Lucas escribió la historia -como apologista, imitando á los escritores oficiales de la corte de -Roma, é hizo lo que hacia un historiador ultramontano de Clemente -<span class="asc">XIV</span>, que ensalzando á la vez al Papa y á los -jesuitas, trataba de persuadirnos en un discurso lleno de compuncion -que por ambas partes se observaban las reglas de la caridad. Dentro -de doscientos años se consignará tambien que el cardenal Antonelli -y el señor de Mérode se amaban como dos hermanos. El autor de las -<i>Actas</i>, fué el primero de esos narradores complacientes -que con una ingenuidad sin igual y una bea<span class="pagenum" -id="Page_xxv">p. xxv</span>titud que revela su satisfaccion se empeñan -en demostrar que todo se hace en la Iglesia de una manera evangélica. -Demasiado leal para condenar á su maestro Pablo, ortodoxo en exceso -para no participar de la opinion oficial que prevalecia, prescindió de -las diferencias de doctrina para no dejar ver sino el objeto comun que -todos aquellos grandes fundadores prosiguieron en efecto por vias tan -opuestas y á través de tan enérgicas rivalidades.</p> - -<p>Fácilmente se comprenderá que un hombre que se coloca por sistema -en semejante situacion, es el menos á propósito para referir los -hechos tal como pasaron: la fidelidad histórica es para él una cosa -indiferente; todo lo que le importa es la edificacion, y Lucas no -lo oculta, pues escribe <i>para que Teófilo reconozca la verdad -de lo que le han enseñado</i> sus catequistas.<a id="FNanchor_39" -href="#Footnote_39" class="fnanchor">[39]</a> Se habia pues convenido -en un sistema de historia eclesiástica que se enseñaba oficialmente -y cuyo cuadro, así como el de la misma historia evangélica<a -id="FNanchor_40" href="#Footnote_40" class="fnanchor">[40]</a> -es probable estuviera ya fijado. El carácter dominante de las -<i>Actas</i>, así como el del tercer Evangelio<a id="FNanchor_41" -href="#Footnote_41" class="fnanchor">[41]</a> es una tierna -piedad, una viva simpatía hácia los gentiles,<a id="FNanchor_42" -href="#Footnote_42" class="fnanchor">[42]</a> su espíritu conciliador, -una preocupacion extrema acerca de lo sobrenatural, el amor á los -pequeños y los humildes, un gran sentimiento democrático, ó más -bien, la persuasion de que el pueblo es naturalmente cristiano y que -son los grandes los que le<span class="pagenum" id="Page_xxvi">p. -xxvi</span> impiden seguir sus buenos instintos.<a id="FNanchor_43" -href="#Footnote_43" class="fnanchor">[43]</a> Además predomina una -idea exaltada del poder de la Iglesia y de sus jefes, un gusto muy -marcado por la vida en comun.<a id="FNanchor_44" href="#Footnote_44" -class="fnanchor">[44]</a> Los métodos de composicion son iguales en -ambas obras, de tal modo que lo mismo nos sucederia con la historia de -los Apóstoles, que con la historia Evangélica, si para analizar esta -última no tuviéramos más texto que el Evangelio de Lucas.</p> - -<p>Fácil es comprender las desventajas de semejante situacion: la -vida de Jesús, compuesta por el tercer Evangelio solamente, seria en -extremo defectuosa é incompleta, y nosotros lo sabemos porque para la -vida de Jesús, la comparacion es posible. Al mismo tiempo que Lucas, -tenemos (sin hablar del cuarto Evangelio) á Mateo y á Márcos, quienes -relativamente á Lucas, son al menos en partes originales. Damos á -conocer los medios violentos por medio de los cuales Lucas desfigura -ó mezcla las anécdotas; la manera con que modifica el colorido de -ciertos hechos segun sus miras personales, y vemos en fin las piadosas -leyendas que añade á las tradiciones más auténticas. ¿No es evidente -que si pudiéramos hacer semejante comparacion para las <i>Actas</i> -llegariamos á encontrar defectos de un género análogo? Las <i>Actas</i> -nos parecerian, á juzgar por los primeros capítulos, inferiores al -tercer Evangelio, sin duda porque estos capítulos se compusieron -probablemente con documentos menos numerosos y menos universalmente -aceptados.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_xxvii">p. xxvii</span>Aquí debe -hacerse en efecto una distincion fundamental: bajo el punto de vista -del valor histórico, el libro de las <i>Actas</i> se divide en dos -partes: la una que comprende los doce primeros capítulos y refiere los -hechos principales de la historia de la Iglesia primitiva, y la otra -que contiene los diez y seis capítulos restantes consagrados todos á -las misiones de San Pablo. En esta segunda parte hay dos clases de -relatos; uno en que el narrador aparece como testigo ocular y otro -en que no hace más que referir lo que le han dicho, pero aun en este -último caso, claro está que su autoridad es grande. Con frecuencia -se vé que las conversaciones de Pablo son las que han facilitado las -noticias, y hácia el fin, sobre todo, la narracion adquiere un carácter -de precision notable. Las últimas páginas de las <i>Actas</i> son -las únicas históricas que tenemos sobre los originales cristianos; -las primeras por el contrario son las más atacables de todo el Nuevo -Testamento. Al hablar de los primeros años, es particularmente -cuando el autor obedece á ideas preconcebidas semejantes á las que -le preocuparon en la composicion de su Evangelio. Su sistema de los -cuarenta dias, su modo de referir la ascension, terminando con una -especie de rapto final y de solemnidad dramática la vida fantástica -de Jesús; su manera de contar la bajada del Espíritu Santo y las -predicaciones milagrosas, y su modo en fin de comprender el don -de las lenguas, tan diferente del de San Pablo<a id="FNanchor_45" -href="#Footnote_45" class="fnanchor">[45]</a> revelan las -preocupa<span class="pagenum" id="Page_xxviii">p. xxviii</span>ciones -de una época relativamente atrasada, en que predomina la leyenda -sin oposicion. Todo se representa con un gran aparato escénico, -desplegando las formas de lo maravilloso, y es preciso recordar que -el autor escribe medio siglo despues de ocurrir los acontecimientos, -lejos del país donde tuvieron lugar, y fundándose en hechos que no ha -visto, ni él, ni su maestro, y en tradiciones en parte fabulosas ó -desfiguradas. No solamente Lucas es de otra generacion que la de los -primeros fundadores del cristianismo, sino que es de otro mundo, es -Helenista, muy poco judío, casi extraño á Jerusalem y á los secretos -de la vida judaica, y apenas ha conocido de la primitiva sociedad -cristiana más que á los primeros representantes. En los milagros -que él refiere, se ven más bien invenciones <i>á priori</i>, que -hechos transformados; los milagros de Pedro y de Pablo forman dos -séries que se relacionan:<a id="FNanchor_46" href="#Footnote_46" -class="fnanchor">[46]</a> sus personajes se asemejan; Pedro y Pablo no -difieren en nada y por último los discursos que pone en boca de sus -héroes, aunque hábilmente apropiados á las circunstancias, son todos -del mismo estilo, y pertenecen más bien al autor que á las personas -á que los atribuye: acabaremos diciendo que hasta se encuentran -errores fáciles de reconocer.<a id="FNanchor_47" href="#Footnote_47" -class="fnanchor">[47]</a> Las <i>Actas</i><span class="pagenum" -id="Page_xxix">p. xxix</span> en una palabra, constituyen una historia -dogmática, arreglada para apoyar las doctrinas ortodoxas de la época -ó inculcar las ideas que más sonreian á la piedad del autor. Añadamos -á esto que no podia ser de otro modo: no se conoce el orígen de cada -religion sino por las relaciones de los creyentes; solo el escéptico -escribe la historia <i>ad narrandum</i>.</p> - -<p>Estas no son simples sospechas, conjeturas de un crítico desconfiado -en extremo; son sólidas inducciones, y siempre que nos sea permitido -comprobar la narracion de las <i>Actas</i>, la encontraremos defectuosa -y sistemática. En efecto, aunque no podamos hacer la comprobacion con -los textos sinópticos, tenemos para ello las Epístolas de San Pablo, -sobre todo la de los Galatas y claro es que en el caso en que las -<i>Actas</i> y las epístolas no estén acordes, debe darse siempre -la preferencia á las últimas que son textos de una autenticidad -absoluta y más antiguas; de una sinceridad completa y sin leyendas. -Tratándose de historia, los documentos son de tanta más autoridad, -cuanto menos afectan la forma histórica: la autoridad de todas las -crónicas debe ceder ante la de una inscripcion, de una medalla, de un -mapa, de una carta auténtica. Bajo este punto de vista, las epístolas -de autores verdaderos y de fechas fijas, son la base de toda la -historia de los orígenes cristianos; sin ellas, la duda alcanzaria -á todo, dejando en la oscuridad hasta la misma vida de Jesús. Ahora -bien, en dos circunstancias muy importantes, las epístolas ponen en -relieve las tendencias particulares del autor de las <i>Actas</i> y -su deseo de borrar la huella<span class="pagenum" id="Page_xxx">p. -xxx</span> de las divisiones que habian existido entre Pablo y los -Apóstoles de Jerusalem.<a id="FNanchor_48" href="#Footnote_48" -class="fnanchor">[48]</a></p> - -<p>Además de esto, el autor de las <i>Actas</i>, quiere que Pablo, -despues del incidente de Damasco (<span class="asc">IX</span>, 19 y -sig.; <span class="asc">XXII</span>, 17 y sig.), haya ido á Jerusalem -en una época en que apenas se conocia su conversion; que le presentaran -á los Apóstoles y viviera con ellos y los fieles en la más afectuosa -cordialidad, que haya disputado públicamente contra los judíos -Helenistas, y por último, que un complot de estos y una revelacion del -cielo, le hayan inducido á marcharse de Jerusalem. Ahora bien, Pablo -nos dice que las cosas pasaron de muy distinto modo, y para probar -que no habia tomado nada de los Doce y que debe al mismo Jesús su -mision y su doctrina, asegura (Gal., <span class="asc">I</span>, 11 y -sig.) que despues de su conversion evitó tomar consejo de ninguno<a -id="FNanchor_49" href="#Footnote_49" class="fnanchor">[49]</a> y de -presentarse en Jerusalem á los que eran Apóstoles antes que él; que fué -á predicar al Haurán por su propia voluntad y sin encargo de nadie; -que es cierto que tres años más tarde hizo un viaje á Jerusalem para -conocer á Céfas con quien permaneció quince dias, pero que no vió á -ningun Apóstol como no fuera á Jacobo, hermano del Señor, y que esto -es tan cierto que su sem<span class="pagenum" id="Page_xxxi">p. -xxxi</span>blante no era conocido en las iglesias de Judea. El esfuerzo -que se hace para dulcificar el estilo brusco del rudo Apóstol, á fin -de presentarle como colaborador de los Doce, trabajando de concierto -con ellos en Jerusalem, aparece aquí de una manera evidente. En -efecto, se quiere que Jerusalem sea su capital y punto de partida, que -su doctrina sea tan idéntica á la de los Apóstoles, que haya podido -reemplazarla ó sustituirla con la de aquellos en la predicacion; se -reduce su primer Apostolado á las sinagogas de Damasco; se quiere que -haya sido discípulo y oyente, lo cual no es cierto;<a id="FNanchor_50" -href="#Footnote_50" class="fnanchor">[50]</a> se reduce el tiempo -que trascurrió entre su conversion y su primer viaje á Jerusalem, -se prolonga su permanencia en esta ciudad; se supone que predicó á -satisfaccion de todos; se sostiene que vivió íntimamente con todos los -Apóstoles, aunque él mismo asegura que no ha visto más que á dos, y se -asegura, en fin, que los hermanos de Jerusalem velaban sobre él, siendo -así que Pablo declara que su semblante les era desconocido.</p> - -<p>El deseo de hacer creer que Pablo visitaba continuamente á -Jerusalem, es lo que ha inducido á nuestro autor á prolongar su -permanencia en aquella ciudad despues de su conversion, suponiendo -con esto, que hizo un viaje más. Segun él, Pablo fué con Bernabé á -Jerusalem á llevar la ofrenda de los fieles cuando se experimentó -el hambre del año 44 (Act., <span class="asc">XI</span>, 30; <span -class="asc">XII</span>, 25), pero Pablo declara terminantemente que -en el in<span class="pagenum" id="Page_xxxii">p. xxxii</span>tervalo -que medió entre el viaje que hizo tres años despues de convertirse, y -el que verificó para el asunto de la circuncision, no fué á Jerusalem -(Gal., <span class="asc">I</span> y <span class="asc">II</span>). En -otros términos; Pablo excluye formalmente todo viaje entre Act., -<span class="asc">IX</span>, 26 y Act., <span class="asc">XV</span>, -2. Si se negara, contra toda razon, la identidad del viaje que se -refiere en Gal., <span class="asc">II</span>, 1 y sig., con el de que -se da cuenta en Act., <span class="asc">XV</span>, 2 y sig., no se -opondria seguramente la menor contradiccion. «Tres años despues de -mi conversion, dice San Pablo, fuí á Jerusalem para conocer á Céfas, -y volví catorce años despues...» Se ha podido dudar si el punto de -partida de esos catorce años es la conversion ó el viaje que tuvo -lugar tres años más tarde: tomemos la primera hipótesis, que es la más -favorable al que defiende la narracion de las <i>Actas</i>, y tendremos -que segun San Pablo, trascurrieron lo menos doce años entre su primer -y segundo viaje á Jerusalem, siendo así que no mediaron ni once, segun -lo que dice el Act., <span class="asc">IX</span>, 26 y sig., y el Act., -<span class="asc">XI</span>, 30. Aun cuando se sostuviera lo contrario, -vendriamos á caer en otra imposibilidad: en efecto, lo que se refiere -en el Act., <span class="asc">XI</span>, 30, es contemporáneo -de la muerte de Jacobo, hijo del Zebedeo,<a id="FNanchor_51" -href="#Footnote_51" class="fnanchor">[51]</a> la cual nos da la única -fecha fija de las <i>Actas de los Apóstoles</i>, puesto que precede en -muy poco tiempo á la muerte de Herodes Agrippa I, acaecida en el año -44.<a id="FNanchor_52" href="#Footnote_52" class="fnanchor">[52]</a> -Habiendo hecho Pablo su segundo viaje lo menos catorce años despues de -su conversion, y suponiendo que aquel tuvo lugar en el año 44, la<span -class="pagenum" id="Page_xxxiii">p. xxxiii</span> conversion debió ser -en el año 30, lo cual es absurdo. Es imposible pues creer en el viaje -á que se refiere <i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 30 y <span -class="asc">XII</span>, 35.</p> - -<p>El autor incurre en una grave inexactitud al dar cuenta -de estas idas y venidas, pues comparando <i>Act.</i>, <span -class="asc">XVII</span>, 14-16; <span class="asc">XVIII</span>, 5 con -<i>I Tes.</i>, <span class="asc">III</span>, 1-2 se encuentra otra -contradiccion, pero como no se relaciona con puntos dogmáticos, no -hablaremos aquí de ella.</p> - -<p>La que es muy principal para el asunto que nos ocupa, lo que arroja -un rayo de luz para la crítica en esta cuestion del valor histórico -de las <i>Actas</i>, es la comparacion de los pasajes relativos -á la circuncision, que se encuentran en dicha obra (Cap. <span -class="asc">XV</span>.) y en la epístola de los Galatas (Cap. <span -class="asc">II</span>.). Segun las <i>Actas</i>, habiendo llegado á -Antioquía varios hermanos de Judea, los cuales sostuvieron que era -necesaria la circuncision para los paganos convertidos, nombróse una -diputacion compuesta de Pablo, de Bernabé, y otros varios para que -pasaran á Jerusalem á fin de consultar con los Apóstoles y los ancianos -sobre este punto. Una vez llegados allí son recibidos por todo el -mundo con la mayor alegría; reúnese una gran asamblea donde si hay -algun parecer contrario, se pierde entre las efusiones de una caridad -recíproca y de la felicidad de que se sienten todos poseidos al verse -juntos; Pedro enuncia la opinion que se esperaba emitiria Pablo: á -saber, que los paganos convertidos no están sujetos á la ley de Moisés; -Jacobo no hace más que una ligera restriccion;<a id="FNanchor_53" -href="#Footnote_53" class="fnanchor">[53]</a> Pablo no habla, y á -decir verdad, no<span class="pagenum" id="Page_xxxiv">p. xxxiv</span> -necesita hacerlo, puesto que su doctrina se pone aquí en boca de Pedro; -la opinion de los hermanos de Judea no es apoyada por nadie; y por -último, conforme al parecer de Jacobo, se expide un decreto solemne -el cual se comunica á las iglesias por medio de diputados elegidos al -efecto.</p> - -<p>Comparemos ahora la narracion de Pablo en la epístola á los Galatas: -Pablo quiere que el viaje que hizo aquella vez á Jerusalem sea la -consecuencia de un movimiento espontáneo, y hasta el resultado de una -revelacion. Llegado á dicha ciudad, comunica su Evangelio á quien -corresponde de derecho; celebra conferencias particulares con personas -que parecen ser de consideracion; no se le critica ni se le comunica -nada, y solo se le pide que se acuerde de los pobres de Jerusalem. -Si Tito, que le acompañó, consiente en dejarse circuncidar,<a -id="FNanchor_54" href="#Footnote_54" class="fnanchor">[54]</a> es por -consideracion á <i>falsos hermanos intrusos</i>, y aunque Pablo les -hace esta concesion pasajera, no se somete á ellos. En cuanto á los -hombres importantes, Pablo no habla de ellos sino con cierto viso de -amargura é ironía, y dice que no le han enseñado nada. Además de esto, -habiendo llegado más tarde Céfas á Antioquía, Pablo <i>se indispone -con él porque no obra bien</i>; y en efecto, Céfas comia con todos -indistintamente. Llegan luego emisarios de Jacobo, y Pedro se oculta -para no ver á los incircuncida<span class="pagenum" id="Page_xxxv">p. -xxxv</span>dos. <i>Viendo que no marchaba por la senda de la verdad del -Evangelio</i>, Pablo apostrofa á Céfas delante de todo el mundo y le -reprende amargamente su conducta.</p> - -<p>Vemos, pues, cuanta es la diferencia: por una parte, una solemne -concordia, una especie de concilio, un decreto formal expedido por -una autoridad reconocida; y por la otra, arranques de cólera mal -contenida, susceptibilidades extremas, nada que se parezca á un -concilio, y por último, pareceres contrarios que no se convienen -sino para guardar las formas. Inútil es decir qué version merece la -preferencia: la narracion de las <i>Actas</i> es apenas verosímil, -puesto que segun ella, el concilio tiene por objeto ventilar una -disputa de que ya no queda recuerdo una vez terminado aquel; los dos -oradores pronuncian discursos muy contrarios á lo que de ellos podia -esperarse, y por lo tanto, el decreto que se supone expedido por el -concilio es seguramente una ficcion. Si este decreto, cuya redaccion -se atribuye á Jacobo, se hubiera promulgado realmente, ¿á qué venian -esos apuros del bueno y tímido Pedro ante las gentes enviadas por -Jacobo? ¿por qué se ocultaba, puesto que él y los cristianos de -Antioquía, cumplian religiosamente con las disposiciones fijadas por -el mismo Jacobo en el decreto? La cuestion relativa á la circuncision -ocurrió hácia el año 51, y vemos que algun tiempo despues, hácia el -año 56, la disputa que debió quedar ventilada en virtud del decreto, -es más viva que nunca, y que la iglesia de Galacia se vé agitada por -nuevos emisarios del partido judío de Jerusalem.<a id="FNanchor_55" -href="#Footnote_55" class="fnanchor">[55]</a><span class="pagenum" -id="Page_xxxvi">p. xxxvi</span> Pablo contesta á este nuevo ataque de -sus enemigos con su furibunda epístola: si el decreto á que se refiere -el Act., <span class="asc">XV</span>, hubiese existido en realidad, -Pablo tenia medio muy sencillo de terminar el debate, pues le bastaba -citarlo, pero vemos que todo lo que dice supone la no existencia de -aquel. En el año 57, al escribir Pablo á los Corintios, no parece tener -conocimiento de tal decreto, y hasta infringe sus prescripciones por -una de las cuales se manda á todos abstenerse de las carnes inmoladas -á los ídolos. Pablo por el contrario, opina que se pueden comer dichas -carnes, si con ello no se escandaliza nadie, mas que es preciso -abstenerse en el caso contrario.<a id="FNanchor_56" href="#Footnote_56" -class="fnanchor">[56]</a> En el año 58, cuando Pablo hizo su último -viaje á Jerusalem, Jacobo se muestra más obstinado que nunca.<a -id="FNanchor_57" href="#Footnote_57" class="fnanchor">[57]</a> Uno -de los rasgos característicos de las <i>Actas</i>, rasgo que prueba -claramente que el autor se propone menos presentar la verdad histórica -ó satisfacer la lógica, que edificar á los lectores piadosos, es el -decir siempre que la admision de los incircuncidados es cuestion -resuelta. Esto no es verdad sino por lo que toca al bautismo del eunuco -y del centurion Cornelio, ambos milagrosamente ordenados, por la -fundacion de la Iglesia de Antioquía (<span class="asc">XI</span>, 19 -y sig.) y por el pretendido concilio de Jerusalem, lo cual no impide -que en las últimas páginas del libro (<span class="asc">XXI</span>, -20-21) quede aún la cuestion en suspenso. Á decir verdad, la -cuestion permaneció siempre en ese estado, pues las dos fracciones -del cristianismo naciente no se fusiona<span class="pagenum" -id="Page_xxxvii">p. xxxvii</span>ron jamás; solamente una de ellas, la -que conservó las prácticas del judaismo, fué infecunda y se extinguió -oscuramente. Tan lejos estuvo Pablo de ser admitido por todos, que -despues de su muerte, una gran parte del cristianismo le anatematiza<a -id="FNanchor_58" href="#Footnote_58" class="fnanchor">[58]</a> y le -persigue con sus calumnias.</p> - -<p>En nuestro libro tercero es donde tendremos que tratar en detalle -la cuestion de fondo enlazada con estos curiosos incidentes; solo -hemos querido dar aquí algunos ejemplos de la manera con que el -autor de las <i>Actas</i> entiende la historia, de su sistema de -conciliacion y de sus ideas preconcebidas. ¿Deduciremos de aquí en -conclusion que los primeros capítulos de las <i>Actas</i> carecen de -autoridad, como lo piensan algunos críticos célebres y que la ficcion -llega hasta crear toda clase de personajes, tales como el eunuco -y el centurion Cornelio, y hasta el diácono Estéban y la piadosa -Tabitha? Yo no lo creo de ningun modo. Es probable que el autor de -las <i>Actas</i> no haya inventando personajes<a id="FNanchor_59" -href="#Footnote_59" class="fnanchor">[59]</a> pero es un abogado -hábil que escribe para probar y que trata de sacar partido de los -hechos de que oyó hablar para demostrar sus tésis favoritas, que son -la legitimidad de la vocacion de los gentiles y la institucion divina -de la gerarquía. Al hacer uso de semejante documento se debe tener -mucha precaucion, pero rechazarlo en absoluto es tan poco razonable, -como<span class="pagenum" id="Page_xxxviii">p. xxxviii</span> fiarse -de él ciegamente. Hay algunos párrafos, sin embargo, aun en esta -primera parte, cuyo valor es conocido de todos, y que constituyen -memorias auténticas extractadas por el último redactor. El capítulo -<span class="asc">XII</span>, en particular, es muy bueno y procede al -parecer de Juan Márcos.</p> - -<p>Se comprenderá pues en qué apuro nos veriamos si no tuviéramos -para formar esta historia más documentos que un libro tan legendario. -Felizmente poseemos otros, que se refieren, es verdad, directamente -al período que será el objeto de nuestro libro tercero, pero que -arrojan ya sobre este mucha luz. Nos referimos á las Epístolas de -Pablo: la Epístola de los Galatas sobre todo es un verdadero tesoro, -la base de toda la cronología de aquella edad, la llave que lo abre -todo, el testimonio, en fin, que debe bastar á los más escépticos -para creer en la realidad de las cosas que pudieran ponerse en duda. -Á los lectores que me juzguen demasiado atrevido ó demasiado crédulo, -yo les ruego que vuelvan á leer los dos primeros capítulos de este -libro singular, pues son seguramente las dos páginas más importantes -para el estudio del cristianismo naciente. Las Epístolas de San Pablo -tienen en efecto una ventaja sin igual en esta historia, y esta es -su autenticidad absoluta. La crítica más grave no ha puesto jamás -en duda la autenticidad de la epístola á los Galatas, de las dos á -los Corintios y de la dirigida á los Romanos. Las razones que se han -tenido para atacar las dos epístolas á los Tesalonicenses y la epístola -á los Filipenses, no tienen valor alguno. Al principio de nuestro -libro<span class="pagenum" id="Page_xxxix">p. xxxix</span> tercero -tendremos que discutir las objeciones más especiosas, aunque poco -decisivas, que se han elevado contra la epístola á los Colosenses y -la carta á Filemon; el problema particular que ofrece la epístola á -los Efesios, y las fuertes pruebas en fin que inducen á desechar las -dos epístolas á Timoteo y la dirigida á Tito. La autenticidad de las -epístolas de que haremos uso en este volúmen es indudable, ó cuando -menos las inducciones que sacaremos de las otras son independientes de -la cuestion de saber si se han dictado ó no por San Pablo.</p> - -<p>No es necesario sujetarnos aquí á las reglas de la crítica que hemos -observado para la composicion de esta obra, pues ya lo hicimos en la -introduccion de la <i>Vida de Jesús</i>. Los doce primeros capítulos de -las <i>Actas</i>, son en efecto un documento análogo á los Evangelios -sinópticos, con el cual es preciso proceder del mismo modo, porque esta -clase de documentos medio históricos y medio legendarios no pueden -tomarse ni como historia ni como leyenda, atendido que todo es falso -en el detalle y no pueden inducirse preciosas verdades. Traducir pura -y simplemente estas narraciones, no es hacer historia, puesto que con -frecuencia se encuentran textos más autorizados que contradicen lo que -se refiere en aquellas, y por consiguiente, aun dado el caso de que no -tuviéramos más que un solo texto, hay motivos para creer que si hubiese -otros resultaria la contradiccion. En la Vida de Jesús, la narracion -de Lucas difiere á cada paso de las de los otros dos Evangelios -sinópticos y la del cuarto: ¿no es por lo tanto<span class="pagenum" -id="Page_xl">p. xl</span> probable que si tuviéramos para las -<i>Actas</i> un término de comparacion análogo, encontrariamos en dicha -obra notables diferencias ó faltas en una infinidad de puntos sobre -los cuales no tenemos ahora más testimonio que el suyo? En nuestro -libro tercero, observaremos otras reglas, pues allí vamos á entrar en -plena historia positiva y tendremos entre manos noticias originales á -veces autobiográficas. Cuando San Pablo nos dé él mismo el relato de un -episodio de su vida, que no tenia interés en presentar tal ó cual dia, -claro es que nos bastará copiar sus palabras una á una, segun el método -de Tillemont; pero cuando se trate de un narrador preocupado por un -sistema, que escribe para hacer prevalecer ciertas ideas con ese estilo -infantil de contornos vagos y suaves y marcado colorido, propio tan -solo de la leyenda, el deber del crítico no es sujetarse al texto, sino -tratar de descubrir lo que puede haber en este de verdad sin creerse -jamás seguro de haberla encontrado. Prohibir á la crítica semejantes -interpretaciones seria tan poco razonable como mandar al astrónomo -que no se ocupase sino del aspecto del cielo: ¿no consiste acaso la -astronomía en conseguir que el paralaje formado por la posicion del -observador, llegue á crear una situacion real y verdadera por otra -aparente y engañosa?</p> - -<p>¿Y quién pretenderia que se deben copiar á la letra documentos -donde se encuentran imposibilidades? Los doce primeros capítulos de -las <i>Actas</i> son un tejido de milagros; y una regla absoluta -de la crítica, es no citar en las relaciones históricas hechos -milagro<span class="pagenum" id="Page_xli">p. xli</span>sos. Esta -no es la consecuencia de un sistema metafísico; es sencillamente una -observacion. Todos los hechos que se suponen milagrosos y que pueden -estudiarse de cerca, se convierten en ilusion ó en impostura: si se -hubiera probado un solo milagro, no se podrian desechar en masa todos -los de las historias antiguas, porque despues de todo, admitiendo que -un gran número de estos fueran falsos, se podria creer que algunos -son verdaderos. Pero no es así: todos los milagros discutibles se -desvanecen, y en este caso, ¿no estaremos autorizados para deducir de -aquí que los milagros que ocurrieron hace muchos siglos, y sobre los -cuales no hay medio de provocar un debate contradictorio, no son reales -y verdaderos? En otros términos; no hay milagro sino cuando se cree -en él; lo que constituye lo sobrenatural es la fé. El catolicismo que -pretende que no se ha extinguido aún en su seno la fuerza milagrosa, -está sujeto él mismo á la influencia de esta ley: los milagros que -pretende hacer no se ven en los sitios donde debieran ocurrir, y si se -tiene un medio tan sencillo de probarlos ¿por qué no se hace uso de él -á la luz del dia? ¡Un milagro en París, ante sabios competentes pondria -fin á todas las dudas! Pero ¡ay! ¡esto no sucede nunca! Jamás se ha -verificado un milagro ante el público á quien convendria convertir, es -decir, ante los incrédulos. La condicion del milagro es la credulidad -del testigo. No ha ocurrido ningun milagro ante aquellos que podrian -discutirlo y criticarlo, y de esto no hay una excepcion. Ciceron lo -dijo muy bien con su buen<span class="pagenum" id="Page_xlii">p. -xlii</span> criterio y acostumbrada sutileza: «¿Desde cuándo ha -desaparecido esa fuerza secreta? ¿Será acaso desde que los hombres han -llegado á ser menos crédulos?»<a id="FNanchor_60" href="#Footnote_60" -class="fnanchor">[60]</a></p> - -<p>«Pero, se dice, si es imposible probar que haya ocurrido nunca -un hecho sobrenatural, tambien lo es probar que no haya ocurrido; -luego el sabio positivista que niega lo sobrenatural procede, tan -gratuitamente como el creyente que admite.» Esto no es exacto: el -que afirma una proposicion es quien debe probarla; el que la escucha -no tiene que hacer más que esperar la prueba, y ceder si esta es -buena. Si hubieran ido á exigir á Buffon que asignara un lugar en su -<i>Historia natural</i> á las sirenas y á los centauros, Buffon habria -respondido: «Mostradme uno de esos séres y los admitiré; hasta entonces -no existirán para mí.—Pero probadme que no existen.—Probadme á mí lo -contrario.» En la ciencia, corresponde dar la prueba á los que alegan -un hecho. ¿Por qué no se cree en los ángeles y en los demonios, siendo -así que innumerables textos históricos suponen su existencia? Porque la -existencia de un ángel ó de un demonio, no se ha probado jamás.</p> - -<p>Para sostener la realidad del milagro, se apela á fenómenos que -se pretende no pueden ocurrir segun el curso de las leyes de la -naturaleza. «La creacion del hombre, dicen, no ha podido llevarse -á cabo sino por una intervencion directa de la Divinidad; ¿por qué -no<span class="pagenum" id="Page_xliii">p. xliii</span> habia de -producirse esa intervencion en los otros momentos decisivos del -desarrollo del universo?» No insistiré sobre la extraña filosofía -y la mezquina idea de la divinidad que razona de tal modo, pues la -historia debe tener su método, independiente de toda filosofía, y sin -entrar para nada en el terreno de la teodicea: fácil es demostrar cuán -defectuosa es semejante argumentacion. Equivale á decir que todo lo -que no sucede en el estado actual del mundo, que todo aquello que no -podemos explicar en el estado actual de la ciencia, es milagroso. De -este modo tendremos que el sol es un milagro, porque la ciencia está -muy lejos de haber explicado el sol; la concepcion de cada hombre es un -milagro, porque la fisiología se calla sobre este punto; la conciencia -es un milagro, porque es un misterio absoluto, y todo animal, en fin, -es un milagro, porque el orígen de la vida es un problema sobre el -cual apenas tenemos dato alguno. Si se responde que toda vida, que -toda alma, es en efecto de un órden superior á la naturaleza, esto -equivale á un juego de palabras. Aun cuando lo admitamos así, preciso -es explicarnos la palabra milagro. ¿Qué es un milagro que ocurre -todos los dias y á todas horas? El milagro no es lo inexplicable; es -una derogacion formal, en nombre de una voluntad particular, á leyes -conocidas. Lo que nosotros negamos es el milagro por excepcion, son -las intervenciones particulares, como la de un relojero que hubiese -hecho un reloj, muy hermoso en verdad, pero al que tendria que tocar de -vez en cuando para suplir la insuficiencia de las ruedas. Que Dios esté -en<span class="pagenum" id="Page_xliv">p. xliv</span> todas las cosas -de una manera permanente, sobre todo en lo que vive, es precisamente -nuestra teoría; nosotros solo decimos que nunca se ha probado ninguna -intervencion particular de una fuerza sobrenatural, y negaremos la -realidad de lo sobrenatural hasta que un hecho venga á probarnos lo -contrario. Buscar este hecho antes de la creacion del hombre, alejarse -de la historia, remontándose á épocas en que toda comprobacion es -imposible para no tener que citar milagros históricos, es lo mismo -que refugiarse detrás de la nube, es probar una cosa oscura con otra -más oscura aún, es establecer una ley conocida, en virtud de un hecho -que no conocemos. Se citan milagros que tuvieron lugar antes de que -existiese ningun testigo para presenciarlos, y no se habla de uno solo -que pueda probarse con buenos testimonios.</p> - -<p>No cabe duda que en épocas remotas han ocurrido en el universo -fenómenos que no se han vuelto á presentar, al menos en la misma -escala, en la actualidad; pero esos fenómenos tuvieron su razon de ser -cuando se manifestaron. En las formaciones geológicas, por ejemplo, -se encuentra un gran número de minerales y piedras preciosas que -segun parece no se producen hoy en la naturaleza; y sin embargo, los -Sres. Mitscherlich, Ebelmen, de Sénarmont y Daubrée, han compuesto -artificialmente la mayor parte de esos minerales y piedras preciosas. -Si es dudoso que se consiga jamás producir artificialmente la -vida, esto consiste en que la reproduccion de las circunstancias -en que aquella comenzó no está al alcance de los medios hu<span -class="pagenum" id="Page_xlv">p. xlv</span>manos. ¿Cómo clasificar un -planeta que ha desaparecido hace miles de años? ¿Cómo verificar un -experimento para el cual se necesitan siglos enteros? Hé aquí lo que -se olvida cuando se llama milagros á los fenómenos que han ocurrido en -otro tiempo y que no se verifican ya hoy. La formacion de la humanidad -es seguramente la cosa más absurda y más extraña del mundo si se la -supone súbita é instantánea, pero entra en las analogías generales (sin -dejar de ser misteriosa), si se vé en ella el resultado de un progreso -lento y continuado durante períodos incalculables. No deben aplicarse -á la vida del embrion, las leyes de la vida de la edad madura; pues -el embrion desarrolla unos tras otros todos sus órganos, y el hombre -adulto por el contrario no los crea porque ya no está en la edad de -crearlos; así como el lenguaje no se inventa porque ya no se puede -inventar. ¿Pero á qué seguir á unos adversarios que se salen de la -cuestion? Nosotros pedimos un milagro histórico probado, y se nos -contesta que este debió ocurrir antes de la historia. Ciertamente que -si hubiera que probar que son necesarias las creencias sobrenaturales -para ciertos estados del alma, bastaria, para hacerlo, el hecho de que -espíritus dotados en todas las demás cosas de cierta penetracion, han -fundado el edificio de su fé en un argumento tan desesperado.</p> - -<p>Hay otros, que abandonando el milagro del órden físico, se parapetan -en el milagro del órden moral, sin el cual pretenden que no pueden -explicarse estos acontecimientos. No cabe duda que la formacion del -cristia<span class="pagenum" id="Page_xlvi">p. xlvi</span>nismo es el -hecho más grande de la historia religiosa del mundo, mas no por esto es -un milagro. El budismo y el babismo han tenido mártires tan numerosos, -tan exaltados, tan resignados, como los tuvo el cristianismo. Los -milagros de la fundacion del islamismo son de una naturaleza muy -distinta, y confieso que no me conmueven, pero es preciso observar, -sin embargo, que al hablar los doctores musulmanes del establecimiento -de aquel, de su difusion como por un rastro de fuego, de sus rápidas -conquistas y de la fuerza que le da en todas partes un reinado tan -absoluto, hacen los mismos razonamientos que los apologistas cristianos -sobre el establecimiento del cristianismo. Concedamos si se quiere que -la fundacion de este sea un hecho único: tambien lo es en absoluto el -helenismo, si se entiende por esta palabra el ideal de la perfeccion -en la literatura, en el arte, en la filosofía, ideal que la Grecia -ha realizado. El arte griego sobrepuja á todos los demás artes, así -como el cristianismo sobresale sobre todas las demás religiones, y el -Acropolis de Atenas, coleccion de obras maestras, al lado de las cuales -todas las demás no son sino una imitacion más ó menos perfecta, es -acaso el que mejor puede someterse á la comparacion. En otras palabras: -el helenismo es un prodigio de belleza, así como el cristianismo es un -prodigio de santidad.</p> - -<p>Espero que un intervalo de dos años y medio trascurridos desde la -publicacion de la <i>vida de Jesús</i>, inducirá á ciertos lectores á -ocuparse de estos problemas con más calma.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_xlvii">p. xlvii</span>La controversia -religiosa es siempre de mala ley sin quererlo y sin saberlo: no se -trata de discutirla con independencia, de buscar con ansiedad; se -trata de defender una doctrina establecida, de probar que el disidente -es un ignorante ó un hombre de mala fé. Calumnias, contrasentidos, -ideas y textos falsos, razonamientos triunfantes sobre cosas que el -adversario no ha dicho, gritos de victoria por errores que no se han -cometido; nada de esto es ilegal para aquel que cree tener en sus -manos los intereses de la verdad absoluta. Preciso era que yo hubiese -conocido poco la historia para no esperar semejante cosa, pero tengo -suficiente sangre fria para no disgustarme por esto y una aficion -bastante decidida á las cosas de la fé, para que me sea dable apreciar -debidamente lo que hay á veces de sensible en el sentimiento que -pueda inspirar á mis detractores. Con mucha frecuencia, al ver tanta -ingenuidad, tan piadosa firmeza; al comprender cuanta cólera rebosa -en esas hermosas y buenas almas, he dicho como Juan Huss, al ver una -anciana que sudaba para llevar un madero á su leñera: <i>¡O sancta -simplicitas!</i> Segun la hermosa frase de la Escritura, «Dios no está -en la tormenta.» ¡Ah! sin duda; si todas estas tribulaciones ayudasen -á descubrir la verdad, podria uno consolarse al menos; pero no es así; -la verdad no se ha hecho para el hombre apasionado; se reserva para los -espíritus que buscan con imparcialidad, sin una opinion persistente, -sin un sentimiento de ódio, con una libertad absoluta y sin una -segunda intencion. Estos problemas no son sino una de las innumerables -cues<span class="pagenum" id="Page_xlviii">p. xlviii</span>tiones -que se suscitan en el mundo y que los curiosos examinan: no se ofende -á nadie enunciando una opinion teórica; los que profesan una fé y la -guardan como un tesoro, tienen un medio muy sencillo de defenderla, y -este consiste en no hacer aprecio de las obras escritas en un sentido -que difiere de sus opiniones. Lo mejor que pueden hacer los tímidos es -no leerlas.</p> - -<p>Hay personas prácticas, que tratándose de una obra científica, -preguntan qué objeto político se ha propuesto el autor, y quieren que -una obra de poesía encierre una leccion de moral. Esas personas no -admiten que escriba más que para una propaganda: la idea del arte y -de la ciencia, que no aspira sino á encontrar la verdad y á realizar -lo bello, prescindiendo de todo asunto político, es para ellas una -cosa extraña, y por lo tanto, entre nosotros y esas personas, no puede -haber conformidad. «Esas gentes, como decia un filósofo griego, toman -con la mano izquierda lo que les damos con la derecha.» Ya he recibido -una porcion de cartas, dictadas por un sentimiento de honradez, cuyo -contenido puede resumirse en estas palabras: «¿Qué habeis querido? -¿Qué objeto os habeis propuesto?» ¡Dios mio! el mismo que uno se -propone al escribir cualquiera historia. Si yo dispusiera de varias -vidas, emplearia una en escribir una historia de Alejandro, otra en -escribir una historia de Atenas, y una tercera en escribir, ya una -historia de la Revolucion francesa, ya una historia de la órden de -San Francisco. ¿Y qué objeto me propondria yo al escribir esas obras? -Uno<span class="pagenum" id="Page_xlix">p. xlix</span> solo: hallar -la verdad y darle vida; trabajar para que los grandes acontecimientos -del pasado sean conocidos con la mayor exactitud posible y expuestos de -una manera digna. Lejos de mí la idea de combatir la fé que cada uno -profesa: estas obras deben componerse con una indiferencia suprema; -como si se escribiese para un planeta desierto. Toda concesion á los -escrúpulos de un órden inferior, constituyen una falta al culto del -arte y de la verdad. ¿Quién no vé que la ausencia del proselitismo -es la cualidad y el defecto de las obras compuestas bajo semejante -espíritu?</p> - -<p>El primer principio de la escuela crítica en efecto, es que cada -uno admita en materia de fé lo que necesita admitir, y establezca sus -creencias segun su propia opinion. ¿Cómo nos atreveriamos nosotros -á intervenir en lo que depende de circunstancias contra las cuales -nadie puede hacer nada? Si alguno se adhiere á nuestros principios -será porque tiene suficiente talento y educacion para hacerlo, y á -fé que todos nuestros esfuerzos no podrian dar ni la una ni el otro -al que no posea esas cualidades. La filosofía difiere de la fé, en -que esta obra por sí misma, independientemente del conocimiento que -se tiene de los dogmas. Nosotros por el contrario creemos, que una -verdad no tiene valor sino cuando uno la descubre por sí mismo; cuando -se vé todo el órden de ideas que con ella se enlaza: nosotros no nos -creemos obligados á no emitir las opiniones que no estén de acuerdo -con la creencia de una porcion de nuestros semejantes; nosotros no -nos sacrificamos á las exigencias de las diversas ortodoxias,<span -class="pagenum" id="Page_l">p. l</span> y lejos en fin de atacarlas ó -provocarlas, procedemos como si no existiesen. En cuanto á mí, el dia -que comprendiese que se habia hecho el menor esfuerzo para inducir á -cualquiera á que participase de mis ideas, tendria un gran sentimiento; -y me pareceria, ó que mi espíritu se hallaba turbado al escribir este -libro, ó que pesaba sobre mí alguna cosa que me impedia regocijarme -ante la alegre contemplacion del universo.</p> - -<p>¿Quién no vé por otra parte, que si mi objeto fuese hacer la guerra -á los cultos establecidos, deberia proceder de otro modo, limitándome -únicamente á demostrar las imposibilidades y las contradicciones de los -textos y de los dogmas que se tienen por sagrados? Esta penosa tarea se -ha hecho mil veces y se ha hecho muy bien. En 1856<a id="FNanchor_61" -href="#Footnote_61" class="fnanchor">[61]</a> escribia ya lo que -sigue:</p> - -<blockquote> - - <p>«Protesto para siempre contra la falsa interpretacion que se dé á - mis trabajos, si se consideran como obras de polémica los diversos - ensayos que he publicado, ó que pudiera publicar en lo sucesivo, - sobre la historia de las religiones. Soy el primero en reconocer que - tomados como obras de polémica, esos ensayos serian muy pobres, pues - la polémica exige una estratégia á la que soy completamente extraño, - porque es preciso saber elegir el lado débil de sus adversarios, no - tocar jamás las cuestiones inciertas, y abstenerse de toda concesion, - es decir, renunciar á lo que constituye la esencia misma del espíritu - científico. Ese no es mi método: la cuestion fundamental sobre - la que debe girar la discu<span class="pagenum" id="Page_li">p. - li</span>sion religiosa, es decir, la cuestion de la revelacion y de - lo natural, yo no la toco nunca; no porque esta cuestion no se haya - resuelto por mí con entera certeza, sino porque la discusion de ella - no es científica, ó mejor dicho, porque la ciencia independiente la - supone resuelta con anterioridad. Á no dudarlo, si yo me propusiese - entablar una polémica sobre un punto cualquiera, incurriria en un - defecto capital al trasladar al terreno de los problemas delicados y - oscuros una cuestion que se puede discutir con más claridad en los - términos vulgares que para ello emplean por lo general los amantes de - la controversia y los apologistas. Aun cuando conozca cuantas son las - ventajas que al decir esto concedo á mis enemigos, me complazco en - darlas si con ello consigo convencer á los teólogos que mis escritos - tienen un carácter muy distinto de los suyos, y que no se debe ver en - ellos sino puras investigaciones de erudicion, atacables como tales, - y en las que se trata de aplicar á la religion judía y á la religion - cristiana los principios de crítica que se siguen en los demás - ramos de la historia y de la filología. En cuanto á la discusion - de las cuestiones puramente teológicas, no tomaré en ella parte - alguna, siguiendo en esto el ejemplo de los Sres. Burnouf, Creuzer, - Guigniaut y otros tantos historiadores críticos de las religiones - de la antigüedad, que no se han creido obligados á encargarse de - la refutacion ó apología de los cultos de que se ocupaban. La - historia de la humanidad es para mí un vasto conjunto donde todo - es esencialmente desigual y diverso, pero donde todo es del mismo - órden: sale de<span class="pagenum" id="Page_lii">p. lii</span> las - mismas causas y obedece á las mismas leyes. Estas son las que yo - busco sin más objeto que descubrir cuando menos la aproximacion de - la verdad. Nada me hará dejar mi papel oscuro, aunque útil para la - ciencia, por el de controversista, cargo fácil de desempeñar, porque - asegura al escritor el apoyo de las personas que creen deber oponer - la guerra á la guerra. En esta polémica, cuya necesidad no trataré - de negar, pero que no está ni en mis gustos ni en mis principios, - basta Voltaire. No se puede ser á la vez buen controversista y buen - historiador; Voltaire, tan débil como erudito, Voltaire, que nos - parece tan poco iniciado en la escuela de la antigüedad á nosotros - que observamos un método mejor, Voltaire alcanzaria siempre la - victoria sobre adversarios que se juzgaran tan fuertes como él. - Seria necesaria una nueva edicion de las obras de aquel grande - hombre para satisfacer la necesidad del momento y contestar á los - ataques de la teología de la manera conveniente á la que se trata - de discutir. Pero hagamos una cosa mejor, nosotros que somos tan - amantes de lo verdadero como de satisfacer la curiosidad, dejemos - estos debates á los que se complacen en ellos; trabajemos para ese - pequeño número que marcha por la gran senda del espíritu humano. - Ya sé que la popularidad se inclina en favor de los escritores que - en vez de seguir la forma más elevada de la verdad, se consagran á - luchar contra las opiniones de su tiempo, pero en justa compensacion, - aquellos quedan oscurecidos cuando la opinion que combatieron deja - de existir. Los que han refutado la mágia y la astrología<span - class="pagenum" id="Page_liii">p. liii</span> en los siglos <span - class="asc">XVI</span> y <span class="asc">XVII</span>, han prestado - un servicio inmenso á la razon; y sin embargo, sus escritos son - desconocidos hoy; su victoria misma es causa de que se les haya - olvidado.»</p> - -</blockquote> - -<p>Yo me atendré invariablemente á esta regla de conducta, la única -conforme con la dignidad del sabio. Yo sé que las investigaciones de -la historia religiosa se ponen en contacto con ciertas cuestiones que -parecen exigir una solucion; las personas poco familiarizadas con la -libre especulacion no comprenden la calma y lentitud del pensamiento; -los hombres prácticos se impacientan contra la ciencia que no satisface -pronto sus deseos. No nos dejemos dominar por esa inútil impaciencia; -guardémonos bien de fundar nada; permanezcamos en nuestras iglesias -respectivas aprovechándonos de su culto secular y de su tradicion de -virtud, tomando parte en sus buenas obras y disfrutando de la poesía -de su pasado. No rechacemos sino su intolerancia, mas sin dejar de -perdonarla, porque es, como el egoismo, una necesidad de la naturaleza -humana. Suponer que se pueden fundar en lo sucesivo nuevas familias -religiosas ó que la proporcion de las que existen hoy cambie mucho, es -ir contra las apariencias: el catolicismo se verá bien pronto minado -por grandes cismas; los tiempos de Avignon, de los antipapas, de los -clementes y de los urbanos van á volver; la Iglesia católica podrá -reconstruir su siglo <span class="asc">XIV</span>, mas á pesar de sus -divisiones, siempre será la Iglesia católica. Es probable que dentro -de cien años no haya variado sensiblemente la relacion entre el número -de protestantes,<span class="pagenum" id="Page_liv">p. liv</span> -de católicos y de judíos, pero se habrá verificado un gran cambio, -sensible á la vista de todos; cada una de esas familias religiosas -tendrá dos clases de fieles, los unos creyentes absolutos como en la -Edad media, los otros que prescindirán de la letra para no fijarse -sino en el espíritu. Este segundo grupo, se irá aumentando poco á -poco, y atendido á que el espíritu enlaza tanto como la letra divide, -los espiritualistas de cada comunion irán reuniéndose insensiblemente -sin intentarlo siquiera. El fanatismo se perderá en una tolerancia -general; el dogma llegará á ser un arca misteriosa que convendrá no -abrir jamás si bien esto no seria necesario estando aquella vacía. Yo -temo que solo una religion resistirá á este movimiento dogmático; me -refiero al islamismo. Entre algunos musulmanes y hombres eminentes de -Constantinopla, se conserva la escuela antigua, y en Persia sobre todo, -se encuentran gérmenes de un espíritu conciliador, pero si estos se -ven ahogados por el fanatismo de los Ulemas, el islamismo perecerá, y -para creerlo así, tenemos dos razones evidentes; la primera es que la -civilizacion moderna no desea que los antiguos cultos mueran del todo; -la segunda es que no tolerará que entorpezcan su marcha las antiguas -instituciones religiosas. Á estas no les queda más recurso sino ceder ó -morir.</p> - -<p>En cuanto á la religion pura, que pretende precisamente no ser una -secta ni una iglesia aparte, ¿por qué se ha de colocar en una posicion -que puede ofrecerle muchos inconvenientes y ninguna ventaja? ¿Por qué -ha de enarbolar bandera contra bandera, sabiendo que la sal<span -class="pagenum" id="Page_lv">p. lv</span>vacion es posible á todos y -por todas partes, y que depende del grado de virtud de cada uno? No es -extraño que el protestantismo provocara una encarnizada guerra en el -siglo <span class="asc">XVI</span>: el protestantismo partia de una fé -muy absoluta, y lejos de debilitar el dogmatismo, la reforma señaló -un renacimiento del espíritu cristiano, el más rígido que pudiera -conocerse. El movimiento del siglo <span class="asc">XIX</span>, -por el contrario, parte de un sentimiento que es la inversa del -dogmatismo, y conducirá, no á formar sectas ó iglesias separadas, -sino á dulcificar aquellas. Las divisiones aumentan el fanatismo -de la ortodoxia provocando reacciones: los Luteros y los Calvinos -produjeron los Caraffa; los Ghislieri dieron ejemplo á los Loyolas y á -Felipe <span class="asc">II</span>. Si nuestra iglesia nos rechaza, no -hagamos recriminaciones; sepamos apreciar la dulzura de las costumbres -modernas que ha hecho impotentes esos ódios; consolémonos al pensar -en esa iglesia invisible que encierra los santos excomulgados, las -más hermosas almas de cada siglo. Los desterrados de una iglesia, son -siempre los elegidos porque se anticipan á los tiempos; el hereje de -hoy es el ortodoxo del porvenir. ¿Y qué es por otra parte la excomunion -de los hombres? El Padre celestial no excomulga más que á los corazones -duros y mezquinos: si el sacerdote rehusa admitirnos en su cementerio, -prohibamos á nuestras familias reclamar; Dios es quien juzga; la tierra -es una buena madre que no establece diferencias; el cadáver del hombre -honrado que se entierra en un rincon no bendecido, lleva la bendicion -consigo.</p> - -<p>Á no dudarlo hay situaciones en que es difícil la<span -class="pagenum" id="Page_lvi">p. lvi</span> aplicacion de estos -principios: hay personas adictas en cierto modo á la fé absoluta, y al -decir esto, quiero hablar de los hombres sujetos á las órdenes sagradas -ó revestidos de un órden sacerdotal, pero aun en este caso, un alma -noble y hermosa puede salir de apuro. Si un digno cura de aldea llega á -comprender, merced á sus estudios solitarios ó á la pureza de su vida, -las imposibilidades del dogmatismo literal ¿por qué ha de contristar á -los que ha consolado hasta entonces, explicando á las gentes sencillas -cambios que estas no pueden comprender? ¡No quiera Dios que así -suceda! No hay dos hombres en el mundo que tengan precisamente los -mismos deberes que cumplir. El buen obispo Colenso dió una prueba de -honradez, sin ejemplo en la iglesia, al escribir sus dudas tan pronto -como le ocurrieron; pero el humilde sacerdote católico que se halla en -un país donde predomina un espíritu apocado y tímido, debe callarse. -¡Oh, cuántas tumbas discretas de las que se encuentran al rededor de -las iglesias de un pueblo, ocultan poéticos secretos y angelicales -silencios!</p> - -<p>La teoría no es la práctica: lo ideal debe ser siempre lo ideal; -debe temer contaminarse al contacto de la realidad. No se hacen grandes -cosas sino teniendo ideas estrictamente fijas, pues la capacidad humana -es una cosa limitada; el hombre que no tuviese ninguna preocupacion -seria impotente. Disfrutemos de la libertad de los hijos de Dios, -pero no seamos cómplices de la disminucion de virtud que amenazaria -á nuestras sociedades si el cristianismo llegara á debilitarse. -¿Qué seriamos sin esto? ¿Quién reemplazaria á esas grandes<span -class="pagenum" id="Page_lvii">p. lvii</span> escuelas tales como -la de San Sulpicio; á ese ministerio de abnegacion de las Hijas de -la Caridad? ¿Cómo no temer la ceguedad del corazon y los males que -invadirian el mundo? Nuestra disidencia con las personas que creen -en las religiones positivas, no es, despues de todo, sino puramente -científica; por el corazon, estamos con ellas; solo tenemos un enemigo -que tambien es el suyo, y al decir esto, me refiero al materialismo -vulgar, á la bajeza del hombre interesado.</p> - -<p>Así pues, ¡paz en el nombre de Dios! Que vivan el uno al lado del -otro los diversos órdenes de la humanidad, no falseando su propio -genio para hacerse concesiones recíprocas, que los debilitarian, sino -apoyándose mútuamente. Nada debe reinar aquí bajo exclusivamente; -ninguna fuerza debe hallarse en estado de suprimir las demás. La -armonía de la humanidad resulta de la libre emision de las notas -más discordantes; que la ortodoxia consiga matar á la ciencia, y ya -sabemos lo que sucederá; el mundo musulman y la España mueren por haber -contribuido harto concienzudamente á la realizacion de este hecho. Si -el mundo se dejara gobernar por el racionalismo, sin consideracion á -las necesidades religiosas del alma, ahí está la experiencia de la -Revolucion francesa para decirnos cuáles serian las consecuencias -de semejante falta. El instinto del arte llevado al último extremo, -pero sin honradez, convirtió á la Italia del renacimiento en un lugar -peligroso. El fastidio, la vanidad y el atraso, son el castigo de -ciertos países protestantes donde, bajo el pretexto del buen sentido -y del espíritu cristiano, se ha suprimido<span class="pagenum" -id="Page_lviii">p. lviii</span> el arte y reducido la ciencia de una -manera mezquina. Lucrecia y Santa Teresa, Aristófanes y Sócrates, -Voltaire y Francisco de Asís, Rafael y Vicente de Paul, tienen -igualmente su razon de ser, y la humanidad seria defectuosa si faltara -uno solo de los elementos que la componen.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_1"> - <p><span class="pagenum" id="Page_59">p. 59</span></p> - <p class="centra g0 ws1 fs200">LOS APÓSTOLES.</p> - <hr class="tir" /> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO I.</h2> - <p class="subh2">Formacion de las creencias relativas á la - resurreccion de Jesús. — Las apariciones de Jerusalem.</p> -</div> - -<div class="sidenote">Año 33</div> - -<p>Aunque Jesús hablaba continuamente de resurreccion y nueva vida, -no habia dicho nunca claramente que resucitaria en su carne<a -id="FNanchor_62" href="#Footnote_62" class="fnanchor">[62]</a>. -Durante las primeras horas que siguieron á su muerte, sus discípulos -no sabian á qué atenerse fijamente sobre este punto, pero segun la -opinion que ingénuamente emitieron, suponian que todo estaba acabado. -Lloran y entierran á su amigo, si no como á un muerto vulgar, al menos -como á una persona cuya pérdida es irreparable<a id="FNanchor_63" -href="#Footnote_63" class="fnanchor">[63]</a>; están tristes y -abatidos; pierden la esperanza que tenian de que su maestro redimiese á -Israel, y diríase en fin, que se desvanecia la más querida ilusion de -aquellos hombres.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_60">p. 60</span>Pero el entusiasmo -y el amor no conocen las situaciones sin salida: se burlan de la -impostura, y antes que renunciar á la esperanza, violentan la -realidad. Algunas palabras que se recordaba habia dicho el maestro, -sobre todo, aquellas por las cuales predijo su futuro advenimiento, -podian interpretarse en el sentido de que saldria de la tumba,<a -id="FNanchor_64" href="#Footnote_64" class="fnanchor">[64]</a> y -semejante creencia era por otra parte tan natural, que la fé de los -discípulos hubiera bastado para confirmarla en todas sus partes. Segun -la opinion general, Enoc y Elías no habian muerto, y ya se empezaba á -creer que los patriarcas y los hombres de primer órden de la antigua -ley, no habian muerto tampoco realmente, y que sus cuerpos se hallaban -en sus sepulcros, en Hebron, vivos y animados.<a id="FNanchor_65" -href="#Footnote_65" class="fnanchor">[65]</a> Debia suceder con Jesús -lo que con todos los hombres que han cautivado la atencion de sus -semejantes; acostumbrado el mundo á suponerles virtudes sobrehumanas, -no puede admitir que se hallen sujetos á la ley injusta é inícua -de la muerte comun. En el momento de expirar Mahoma, Omar salió de -la tienda sable en mano y declaró que cortaria la cabeza al que se -atreviese á decir que el profeta ya no existia.<a id="FNanchor_66" -href="#Footnote_66" class="fnanchor">[66]</a> La muerte es una cosa -tan absurda cuando hiere al hombre de genio ó de gran corazon, que el -pueblo no cree en la posibilidad de semejante error de la naturaleza. -Los héroes no mueren: ¿no es<span class="pagenum" id="Page_61">p. -61</span> acaso la verdadera existencia la memoria que se conserva en -el corazon de los que nos aman? Aquel adorado maestro habia llenado -de alegría y de esperanza durante algunos años al pequeño mundo que -se agrupaba á su alrededor. ¿Habria de dejársele pudrir en su tumba? -No; habia vivido demasiado en el recuerdo de sus oyentes, para que -no se afirmase despues de su muerte que vivia aún<a id="FNanchor_67" -href="#Footnote_67" class="fnanchor">[67]</a>.</p> - -<p>El dia que siguió al enterramiento de Jesús (sábado, 15 de nisan) -todos se entregaron á estas reflexiones, y nadie trabajó porque era -dia de sábado, pero jamás el descanso pudo ser tan fecundo, pues -el pensamiento cristiano no tuvo que ocuparse aquel dia sino del -maestro depositado en la tumba. Las mujeres, sobre todo, le prodigaban -mentalmente sus más tiernas caricias, sin poder olvidar por un instante -al dulce amigo que reposaba sobre su mirra, despues de haber sido -muerto por los malos. ¡Ah! ¡sin duda los ángeles que le rodeaban, se -cubrian la faz con su sudario! Bien decia él que iba á morir, que su -muerte seria la salvacion del pecador, y que resucitaria en el reino de -su Padre. Sí, él resucitará. ¡Dios no puede permitir que su hijo sea -presa de los infiernos; no consentirá que su hijo vea la corrupcion!<a -id="FNanchor_68" href="#Footnote_68" class="fnanchor">[68]</a> ¿Qué -importa que le cubra la losa de la tumba? Él la levantará; él subirá -á la diestra de Dios Padre de donde ha bajado; le volveremos á ver, -oiremos su voz deliciosa y su palabra divina, y en vano le habrán dado -muerte.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_62">p. 62</span>La creencia en la -inmortalidad del alma, que por la influencia de la filosofía griega -ha llegado á ser un dogma del cristianismo, permite consolarse -fácilmente ante la idea de la muerte, puesto que con la destruccion -del cuerpo, en esta hipótesis, queda el alma en libertad y no está -ya sujeta por los lazos sin los cuales puede existir. Pero esta -teoría, que considera al hombre como un compuesto de dos sustancias, -no era muy clara para los judíos. El reinado de Dios y el del -espíritu, consistia para ellos en una completa transformacion del -mundo y en el aniquilamiento de la muerte.<a id="FNanchor_69" -href="#Footnote_69" class="fnanchor">[69]</a> Reconocer que la muerte -podia vencer á Jesús, al que venia á suprimir su imperio, era el colmo -del absurdo: solo la idea de que el maestro pudiera sufrir, habia -indignado á sus discípulos<a id="FNanchor_70" href="#Footnote_70" -class="fnanchor">[70]</a>, los cuales no pudieron luego elegir entre -la desesperacion ó una afirmacion heróica. Á un hombre penetrante le -hubiera sido dable anunciar desde el sábado que Jesús resucitaria, y -en efecto, la pequeña sociedad cristiana hizo aquel dia el verdadero -milagro; al resucitar á Jesús en su corazon, por el amor intenso que le -profesaban, resolvió que Jesús no muriera: el amor en aquellas almas -apasionadas fué en verdad más fuerte que la muerte,<a id="FNanchor_71" -href="#Footnote_71" class="fnanchor">[71]</a> y como la cualidad -de la pasion es ser comunicativa, encendiendo cual una antorcha un -sentimiento que se le asemeja, y se propaga luego indefinidamente, -Jesús ha resucitado ya bajo cierto punto de vista. Que un hecho<span -class="pagenum" id="Page_63">p. 63</span> material é insignificante -nos permita creer que su cuerpo no está aquí abajo, y se funda para la -eternidad el dogma de la resurreccion.</p> - -<p>Esto fué precisamente lo que sucedió, en circunstancias, que aunque -en parte oscuras, á causa de la incoherencia de las tradiciones, -se pueden apreciar con un grado suficiente de probabilidad<a -id="FNanchor_72" href="#Footnote_72" class="fnanchor">[72]</a>.</p> - -<p>El domingo por la mañana muy temprano, las mujeres galileas, -que el viernes por la noche habian embalsamado apresuradamente el -cuerpo, se dirigieron al sepulcro donde se habia depositado aquel -provisionalmente. Entre aquellas mujeres, iban María Magdalena, -María Cleofas, Salomé, Juana, mujer de Kouza, y otras varias<a -id="FNanchor_73" href="#Footnote_73" class="fnanchor">[73]</a>, -siendo probable que llegasen cada una por su lado, pues es difícil -poner en duda la tradicion de los tres Evangelios sinópticos, segun -la cual llegaron al sepulcro varias mujeres<a id="FNanchor_74" -href="#Footnote_74" class="fnanchor">[74]</a>, aunque es cierto, por -otra parte, que en los dos relatos más auténticos<a id="FNanchor_75" -href="#Footnote_75" class="fnanchor">[75]</a> que tenemos de la -resurreccion, María Magdalena desempeña por sí sola un papel importante -en aquel momento solemne. Á ella pues, debemos<span class="pagenum" -id="Page_64">p. 64</span> seguir paso á paso, porque aquel dia, y -durante una hora, cargó con todo el peso de la conciencia cristiana: su -testimonio decidió la fé del porvenir.</p> - -<p id="Caveau">Recordemos que el sepulcro donde se habia encerrado -el cuerpo de Jesús, se acababa de abrir en la roca, y estaba situado -en un jardin cerca del lugar de la ejecucion<a id="FNanchor_76" -href="#Footnote_76" class="fnanchor">[76]</a> por cuya circunstancia -se eligió con preferencia este sitio en vista de que era sábado<a -id="FNanchor_77" href="#Footnote_77" class="fnanchor">[77]</a> y no se -queria infringir la ley que mandaba no trabajar en este dia. El primer -Evangelio, no obstante, añade una circunstancia, y es que el sepulcro -pertenecia á José de Arimatea, pero en general las circunstancias -anecdóticas que nos da el primer Evangelio para el fondo comun de -la tradicion, no tienen valor alguno, sobre todo al tratarse de los -últimos dias de la vida de Jesús<a id="FNanchor_78" href="#Footnote_78" -class="fnanchor">[78]</a>. El mismo Evangelio nos dice tambien que se -puso una guardia en el sepulcro<a id="FNanchor_79" href="#Footnote_79" -class="fnanchor">[79]</a>, pero atendiendo al silencio que guardan -los demás, este dato no tiene visos de probabilidad.—Recordemos -tambien que las tumbas funerarias, eran una especie de habitaciones -bajas, abiertas en una roca inclinada, cortada verticalmente, y que -la puerta, por lo general, se formaba con una piedra muy grande y -pesada que encajaba en un hueco<a id="FNanchor_80" href="#Footnote_80" -class="fnanchor">[80]</a>. Estos recintos no se cerraban con llave -ni<span class="pagenum" id="Page_65">p. 65</span> cerradura; el peso -de la piedra era la única garantía de seguridad contra los ladrones -ó profanadores de las tumbas, y por esto se hacia de modo que fuera -necesaria una máquina para mover la piedra ó los esfuerzos reunidos -de varios hombres.—Todas las tradiciones están conformes en que la -piedra se habia colocado en el orificio del sepulcro el viernes por la -noche.</p> - -<p>Ahora bien; cuando llegó María Magdalena el domingo por la mañana, -la piedra no se encontraba en su sitio; hallábase el sepulcro abierto y -el cuerpo ya no estaba allí. María Magdalena aún no tenia una idea muy -clara acerca de la resurreccion; lo que llenaba su alma era un tierno -sentimiento y el deseo de hacer las honras fúnebres á su divino amigo, -y así es que sus primeras impresiones fueron la sorpresa y el dolor. La -desaparicion de aquel cuerpo querido, le arrebataba su último consuelo -y alegría; ¡ya no le tocaria más con sus manos!... ¿Y qué habria sido -de él?... La idea de una profanacion cruzó por su mente, pero al -mismo tiempo, concibió una vaga esperanza. Sin perder momento, corre -á una casa donde se hallaban reunidos Pedro y Juan<a id="FNanchor_81" -href="#Footnote_81" class="fnanchor">[81]</a> y les dice: «Se<span -class="pagenum" id="Page_66">p. 66</span> han llevado el cuerpo del -maestro y no sabemos dónde le han puesto.»</p> - -<p>Los dos discípulos se levantan apresuradamente y echan á correr: -Juan, el más jóven, llega primero y se inclina para mirar en el -interior del sepulcro; María tenia razon: el sepulcro estaba -vacío, y los lienzos que sirvieron para amortajar el cuerpo, se -hallaban diseminados por el suelo. Poco despues llega Pedro, entra -con su compañero, examina los lienzos, manchados sin duda de -sangre, y observan que el sudario que rodeara la cabeza de Jesús -está tirado en un rincon<a id="FNanchor_82" href="#Footnote_82" -class="fnanchor">[82]</a>. Pedro y Juan se retiran á su casa muy -agitados; si no pronuncian aún la palabra decisiva «ha resucitado,» -bien puede decirse que deducian esta consecuencia y que estaba ya -fundado el dogma generador del cristianismo.</p> - -<p>Cuando Pedro y Juan hubieron salido del jardin, María permaneció -sola al borde del sepulcro llorando amargamente. Un solo pensamiento -la preocupaba: ¿dónde habrian puesto el cuerpo? Su corazon de mujer -solo anhelaba tener una vez más en sus brazos el cadáver querido. De -pronto oye un ligero rumor á su espalda: un hombre está de pié delante -de ella: María cree que es el jardinero y exclama: «¡Oh!, si eres tú -quien se le ha llevado, dime dónde le has puesto para ir á buscarle.» -Por toda respuesta oye que pronuncian su nombre «¡María!» Era la misma -voz que tantas veces la conmoviera: era el acento de Jesús. «¡Oh<span -class="pagenum" id="Page_67">p. 67</span> mi maestro!» exclama ella -tratando de tocarle; pero por un movimiento instintivo se inclina -como para besarle los piés<a id="FNanchor_83" href="#Footnote_83" -class="fnanchor">[83]</a>. Entonces la vision se aparta con ligereza -y dice: «¡No me toques!» Poco á poco desaparece la sombra<a -id="FNanchor_84" href="#Footnote_84" class="fnanchor">[84]</a>, pero -el milagro de amor se ha consumado ya. Lo que Céfas no habia podido -hacer, lo ha hecho María: ha sabido sacar del sepulcro vacío la vida -y la dulce y penetrante palabra de Jesús. Ya no se trata de deducir -consecuencias ni de hacer conjeturas: María ha visto y ha oido: la -resurreccion tiene su primer testigo ocular.</p> - -<p>Loca de amor, embriagada de alegría, entra María en la ciudad -y dice á los primeros discípulos que encuentra<a id="FNanchor_85" -href="#Footnote_85" class="fnanchor">[85]</a> «Le he visto; me ha -hablado.» Su agitacion extremada<a id="FNanchor_86" href="#Footnote_86" -class="fnanchor">[86]</a>, sus frases entrecortadas y sin hilacion, -hicieron creer á algunos que estaba loca<a id="FNanchor_87" -href="#Footnote_87" class="fnanchor">[87]</a>. Pedro y Juan por -su parte, cuentan lo que han visto; otros discípulos van al -sepulcro y ven lo mismo<a id="FNanchor_88" href="#Footnote_88" -class="fnanchor">[88]</a>, y bien pronto todo aquel grupo conviene -en que Jesús ha resucitado. Aún quedaban muchas dudas, pero la -seguridad de María, Pedro y Juan, se comunicó á los demás, y más tarde -se llamó á esto <i>la vision de San Pedro</i><a id="FNanchor_89" -href="#Footnote_89" class="fnanchor">[89]</a>. Pablo, particularmente, -no habla de la vi<span class="pagenum" id="Page_68">p. 68</span>sion -de María y hace recaer en Pedro el honor de la primera aparicion, pero -esto no es exacto, puesto que aquel solo vió el sepulcro vacío, el -lienzo y el sudario. Solo María amó lo bastante para vencer las leyes -de la naturaleza y resucitar el fantasma del maestro. En esta especie -de crísis maravillosas, ver despues de los otros, no es nada: todo el -mérito está en ser el primero, porque los otros modelan despues la -vision segun lo que se les ha dicho. Es condicion de las organizaciones -privilegiadas, concebir la imágen con precision é inmediatamente, por -una especie de intuicion del dibujo. La gloria de la resurreccion -pertenece pues á María Magdalena: despues de Jesús, María es quien ha -hecho más por la fundacion del cristianismo; la sombra creada por los -delicados sentidos de Magdalena se cierne aún sobre el mundo; reina y -patrona de los idealistas, Magdalena ha sabido mejor que nadie realizar -su sueño, é imponer á todos la santa vision de su alma apasionada. Su -firme resolucion al decir: «¡ha resucitado!» ha sido la base de la fé -de la humanidad. ¡Lejos de aquí razonamientos impotentes! No apliquemos -un frio análisis á esa obra maestra del idealismo y del amor. Si la -sabiduría renuncia á consolar á esa pobre raza humana, dejad á la -locura que lo intente. ¿Dónde está el sabio que ha dado al mundo tanta -alegría como la poseida María Magdalena?</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_69">p. 69</span>Sin embargo, las -demás mujeres que habian ido al sepulcro, circularon diversos rumores<a -id="FNanchor_90" href="#Footnote_90" class="fnanchor">[90]</a>: -ellas no habian visto á Jesús<a id="FNanchor_91" href="#Footnote_91" -class="fnanchor">[91]</a>, pero hablaban de una figura blanca que -divisaron en el sepulcro y que les dijo: «Ya no está aquí: volved á -Galilea, á donde os precederá<a id="FNanchor_92" href="#Footnote_92" -class="fnanchor">[92]</a>.» Acaso fueran los lienzos blancos la -causa de esta alucinacion; puede ser tambien que no vieran nada -y que no hablasen de su vision sino cuando María Magdalena hubo -referido la suya. En efecto<a id="FNanchor_93" href="#Footnote_93" -class="fnanchor">[93]</a> segun uno de los textos más auténticos, -guardaron silencio por algun tiempo, silencio que se atribuyó despues -al terror. Como quiera que sea, estos relatos iban aumentándose á cada -momento y sufrian extrañas transformaciones: se dijo que la figura -blanca era el ángel de Dios; que su vestido era deslumbrador como -la nieve y que su semblante resplandecia como un relámpago; otros -hablaban de dos ángeles, uno de los cuales apareció á la cabeza del -sepulcro y otro á los piés<a id="FNanchor_94" href="#Footnote_94" -class="fnanchor">[94]</a>, y por último llegada la noche, muchas -personas creian ya acaso que las mujeres habian visto bajar un ángel -del cielo, levantar la piedra, y á Jesús lanzarse fuera con<span -class="pagenum" id="Page_70">p. 70</span> estrépito<a id="FNanchor_95" -href="#Footnote_95" class="fnanchor">[95]</a>. Ellas mismas variaban -sin duda sus declaraciones<a id="FNanchor_96" href="#Footnote_96" -class="fnanchor">[96]</a>; sometidas á la influencia de la imaginacion -de los otros, como sucede siempre á las gentes del pueblo, prestábanse -á todos los embellecimientos imaginables y contribuian á crear -la naciente leyenda. Aquel dia, en que reinó la mayor agitacion, -puede decirse que fué decisivo, pues la pequeña sociedad comenzó -á dispersarse. Algunos se habian marchado ya á Galilea, y otros -se ocultaron por temor:<a id="FNanchor_97" href="#Footnote_97" -class="fnanchor">[97]</a> la deplorable escena del viernes, el -espectáculo desgarrador que todos presenciaron al ver morir á aquel -de quien tanto esperaban, sin que su Padre fuera á salvarle, bastó -para hacer vacilar la fé de muchos. Las noticias dadas por las mujeres -y por Pedro, fueron oidas con una incredulidad mal disimulada;<a -id="FNanchor_98" href="#Footnote_98" class="fnanchor">[98]</a> -circulaban rumores á cual más diversos; las mujeres iban de un punto -á otro refiriendo cuentos extraños, y comenzaban á experimentarse -diversos sentimientos. Los unos lloraban aún el triste acontecimiento -de la víspera; mostrábanse otros triunfantes; todos estaban dispuestos -á escuchar los relatos más extraordinarios; y sin embargo, la -desconfianza que inspiraba la exaltacion de María Magdalena,<a -id="FNanchor_99" href="#Footnote_99" class="fnanchor">[99]</a> la -poca autoridad que tenian los asertos de las<span class="pagenum" -id="Page_71">p. 71</span> mujeres y la incoherencia de sus noticias, -inspiraban grandes dudas. Esperábanse nuevas visiones que no podian -menos de presentarse; el estado en que se hallaba la secta era -completamente favorable á la propagacion de los rumores extraños; -si toda la pequeña iglesia hubiese estado reunida, habria sido -imposible la creacion legendaria, pues los que sabian el secreto de la -desaparicion del cuerpo, hubieran protestado probablemente contra el -error, si bien la situacion de los ánimos era lo más á propósito para -admitir toda clase de noticias por inverosímiles que fuesen.</p> - -<p>Las almas en que se produce el éxtasis ó el sentimiento de las -apariencias, tienen el don de contagiar á las demás. La historia -de todas las grandes crísis religiosas, prueba que esta especie de -visiones se comunican:<a id="FNanchor_100" href="#Footnote_100" -class="fnanchor">[100]</a> en una reunion de personas que abundan en -las mismas creencias, basta que un individuo de la sociedad afirme -ver ú oir alguna cosa sobrenatural, para que los demás lo oigan y -vean tambien. Cuando entre los protestantes perseguidos circulaba el -rumor de que se habia oido á los ángeles cantar salmos en las ruinas -de un templo acabado de destruir, todos iban y oian el mismo salmo;<a -id="FNanchor_101" href="#Footnote_101" class="fnanchor">[101]</a> en -casos de este género,<span class="pagenum" id="Page_72">p. 72</span> -los más exaltados son los que hacen la ley y regulan el grado de la -atmósfera comun. La exaltacion de los unos se comunica á los otros; -nadie quiere quedarse atrás, ni creer que es menos favorecido que -sus compañeros, y los que no ven nada acaban por creer, ó que son -menos inteligentes ó que no se dan cuenta de sus sensaciones, pero -de todos modos se guardan muy bien de confesarlo, pues turbarian -la fiesta, y contristarian á los demás, poniéndose en mal lugar. -Cuando se produce una aparicion en semejantes reuniones, es por lo -tanto regular que todos la vean ó acepten, y aquí debemos recordar -cuál era el grado de instruccion de los discípulos de Jesús. Ellos -creian en los fantasmas;<a id="FNanchor_102" href="#Footnote_102" -class="fnanchor">[102]</a> imaginábanse estar rodeados de milagros, -y no participan en nada de la ciencia positiva de la época, de esa -ciencia que solo existia entonces entre algunos pocos hombres, hijos -del país donde habia penetrado la cultura griega. La Palestina era en -este concepto uno de los países más atrasados, pero aún lo era más la -Galilea, y los discípulos de Jesús podian considerarse como los más -ignorantes de todos y á su misma sencillez debieron ser los elegidos. -En semejante sociedad, era extraordinariamente fácil propagar la -creencia en los hechos maravillosos; una vez emitida la opinion de que -habia resucitado Jesús, debieron producirse numerosas visiones, y se -produjeron en efecto.</p> - -<p>El mismo dia del Domingo, á una hora bastante avanzada de la mañana, -y cuando ya habian circula<span class="pagenum" id="Page_73">p. -73</span>do los relatos de las mujeres, dos discípulos uno de -los cuales se llamaba Cleofas, emprendieron un corto viaje á una -aldea llamada Emmaus,<a id="FNanchor_103" href="#Footnote_103" -class="fnanchor">[103]</a> situada á poca distancia de Jerusalem.<a -id="FNanchor_104" href="#Footnote_104" class="fnanchor">[104]</a> -Por el camino, hablaban de los últimos acontecimientos, poseidos de -tristeza cuando se les apareció un desconocido preguntándoles la causa -de su afliccion. «¿Has estado tan poco en Jerusalem, le dijeron, que -ignoras lo que acaba de suceder? ¿No has oido hablar de Jesús de -Nazaret, que fué un hombre profeta, poderoso en obras y palabras ante -Dios y el pueblo? ¿Ignoras por ventura de qué modo los sacerdotes y -los grandes le han hecho condenar y crucificar? Nosotros esperábamos -que él redimiria á Israel, y ahora ya hace tres dias que todo está -acabado. Algunas de nuestras mujeres nos han hecho concebir esta -mañana extrañas dudas, pues han ido al sepulcro antes de amanecer y -no han encontrado el cuerpo, si bien afirman haber visto ángeles que -les han dicho que vivia. Algunos de los nuestros fueron tambien luego -al sepulcro y hallaron ser así como las mujeres habian dicho, mas no -le vieron á él». El desconocido era un hombre piadoso, que versado -en las Escrituras citaba á Moisés y á los profetas, y aquellos<span -class="pagenum" id="Page_74">p. 74</span> tres hombres comenzaron á -departir amistosamente. Al aproximarse á Emmaus, y como quiera que el -desconocido se mostrase dispuesto á continuar su marcha, suplicáronle -los discípulos que se quedara á cenar con ellos. Declinaba el dia y los -recuerdos de Cleofas y su compañero iban siendo más dolorosos, porque -aquella hora de la noche era la que les inspiraba más melancolía. -¡Cuántas veces habian visto en tales momentos al maestro querido -descansar de las tareas del dia y conversar agradablemente con ellos, -hablándoles del fruto de la viña que tomaria con ellos en el reino de -su Padre! El ademan que hacia al cortar el pan y ofrecérselo, segun la -costumbre del jefe de la casa entre los judíos, estaba profundamente -grabado en su memoria; poseidos de una dulce tristeza, olvidaban -al extranjero y no veian más que á Jesús ofreciéndoles el pan que -tenia en la mano. Preocupados con estos recuerdos, no se aperciben -que su compañero, que sin duda estaba de prisa, se habia marchado, y -cuando hubieron vuelto en sí de sus reflexiones se dijeron: «¿No has -experimentado alguna cosa extraña? ¿No recuerdas que nuestro corazon -parecia abrasarse cuando nos hablaba ese desconocido?»—«Y las profecías -que citaba, prueban bien que el Mesías debe padecer para entrar en -su gloria. ¿No le has reconocido tambien al partir el pan?»—«Sí, -nuestros ojos estaban cerrados, y se han abierto ahora que acaba de -desaparecer.» Los dos discípulos se convencieron de que habian visto á -Jesús y volvieron presurosos á Jerusalem.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_75">p. 75</span>El grupo principal -de los discípulos se hallaba precisamente reunido en aquel momento -al rededor de Pedro,<a id="FNanchor_105" href="#Footnote_105" -class="fnanchor">[105]</a> y era ya muy entrada la noche. Cada -uno comunicaba sus impresiones y lo que habia oido decir, siendo -la creencia general que Jesús habia resucitado. Al entrar -los dos discípulos, se les habló de lo que se llamaba <i>la -vision de Pedro</i>,<a id="FNanchor_106" href="#Footnote_106" -class="fnanchor">[106]</a> y ellos por su parte contaron lo que les -sucediera en el camino, y como acababan de reconocer al maestro -al cortar el pan. Entonces la imaginacion de todos se sobrescitó -vivamente: las puertas estaban cerradas porque se temia á los -judíos, y como las ciudades Orientales están mudas cual la tumba -despues de la puesta del sol, el silencio era cada vez más profundo -en el interior y todos los más leves rumores que se producian por -casualidad, inducian á creer que iba á realizarse la esperanza de -todos. La ilusion crea por lo general su objeto.<a id="FNanchor_107" -href="#Footnote_107" class="fnanchor">[107]</a> Durante un momento de -silencio, pasó sin duda entre los concurrentes un soplo de la brisa, -pero en instantes como aquel, una corriente de aire, una ventana que -rechina, un murmullo fortuito, bastan para fijar la creencia de los -pueblos por espacio de varios siglos. Al mismo tiempo de soplar la -brisa, creyéronse oir ciertos sonidos, y algunos dijeron que<span -class="pagenum" id="Page_76">p. 76</span> acababan de percibir entre -aquellos la palabra <i>schalom</i> «felicidad ó paz», que era la frase -que por lo general empleaba Jesús para indicar su presencia. No cabia -duda; Jesús estaba presente entre la asamblea, aquella era su voz -querida, todos la reconocian<a id="FNanchor_108" href="#Footnote_108" -class="fnanchor">[108]</a> con tanta más razon cuanto que el maestro -les habia dicho que siempre que se reunieran en su nombre se hallaria -entre ellos. Quedó pues sentado que el Domingo por la noche, se habia -aparecido Jesús á sus discípulos; algunos aseguraban haber observado -en sus manos y piés la señal de los clavos, y en su costado la herida -de la lanza. Segun una tradicion muy conocida, aquella noche misma -fué cuando sus discípulos percibieron el soplo del Espíritu Santo,<a -id="FNanchor_109" href="#Footnote_109" class="fnanchor">[109]</a> idea -que fué generalmente admitida.</p> - -<p>Tales fueron los incidentes de aquel dia en que se fijó la suerte de -la humanidad: la opinion de que Jesús habia resucitado, quedó fundada -irrevocablemente, y la secta que se habia tratado de extinguir dando -muerte al maestro, dejó entonces asegurado un porvenir inmenso.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_77">p. 77</span>Sin embargo, aún -quedaban algunas dudas:<a id="FNanchor_110" href="#Footnote_110" -class="fnanchor">[110]</a> el apóstol Tomás, que no asistió á la -reunion que tuvo lugar el domingo por la noche, confesó que envidiaba -la suerte de los que habian visto la señal de la lanzada y de los -clavos, y aunque se dice que ocho dias despues quedó satisfecho,<a -id="FNanchor_111" href="#Footnote_111" class="fnanchor">[111]</a> -conservó un ligero á la par que dulce resentimiento. Por una -consideracion instintiva de exquisita precision, comprendíase que el -ideal no debe tocarse con las manos ni se le debe sujetar tampoco á -la experiencia. <i>Noli me tangere</i>, es la palabra de los grandes -amores. El tacto no es necesario para la fé; la vista, órgano más -puro y noble que la mano, la vista que no mancha nada ni se mancha -tampoco, llegó á ser bien pronto un testigo supérfluo; luego dominó á -todos un sentimiento particular; toda vacilacion pareció una falta de -lealtad y de amor, se tuvo vergüenza de quedarse atrás, y ninguno, en -fin, deseó ya ver. La frase «¡felices los que no han visto y creen!»<a -id="FNanchor_112" href="#Footnote_112" class="fnanchor">[112]</a> se -puso en boga; comprendióse que era más generoso creer sin pruebas, y -los verdaderos amigos de corazon no sentian no haber tenido visiones,<a -id="FNanchor_113" href="#Footnote_113" class="fnanchor">[113]</a> así -como más tarde San Luis rehusaba ser testigo de un milagro eucarístico, -para no rebajar el mérito de la fé. En efecto, desde entonces se -produjo á porfía una<span class="pagenum" id="Page_78">p. 78</span> -especie de emulacion que rayaba en delirio: el mérito consistia en -creer sin haber visto; la fé á toda costa, la fé gratuita, la fé que -llegaba hasta la locura, se exaltó como el primero de los dones del -alma. El <i>credo quia absurdum</i> está fundado; la ley de los dogmas -cristianos será una extraña progresion que no se detendrá ante ningun -obstáculo; una especie de sentimiento caballeresco, impedirá que se -mire hácia atrás; los dogmas más queridos de la piedad, aquellos á -los cuales se enlazará más estrechamente, serán los más repugnantes á -la razon á causa de esa idea sublime de que el valor moral de la fé -aumenta en proporcion de la dificultad de creer, y de que no se prueba -el amor, admitiendo lo que es claro y evidente.</p> - -<p>Así pues, los primeros dias fueron como un período de fiebre intensa -durante el cual los fieles, embriagados de alegría, se comunicaban -entre sí sus sueños dejándose dominar por las más exaltadas ideas. -Multiplicábanse las visiones que se producian regularmente durante -las reuniones de la noche:<a id="FNanchor_114" href="#Footnote_114" -class="fnanchor">[114]</a> cuando las puertas estaban cerradas, y -se hallaban todos poseidos de su idea fija, el primero que creia -oir la dulce palabra <i>schalom</i> «Salud ó paz,» daba la señal, y -entonces todos escuchaban y oian bien pronto la misma cosa; y era de -ver la alegría de aquellas almas sencillas, que sabian que su maestro -se hallaba entre ellos. Cada uno saboreaba aquel dulce pensamiento, -creyéndose<span class="pagenum" id="Page_79">p. 79</span> favorecido -en particular con algun coloquio; producíanse tambien otras visiones -distintas recordando la de los viajeros de Emmaus, y á la hora de la -cena, se veia á Jesús aparecer, coger el pan, cortarle y bendecirle, y -ofrecerle despues al que favorecia con su vision<a id="FNanchor_115" -href="#Footnote_115" class="fnanchor">[115]</a>. En pocos dias -reunióse una coleccion de relatos, muy distintos en los detalles, pero -inspirados todos por un mismo espíritu de amor y fé absoluta; es un -grave error creer que la leyenda necesite mucho tiempo para formarse; -la leyenda se produce á veces en un solo dia. El domingo por la noche -(16 de nisan, 5 de Abril), teníase por una realidad la resurreccion de -Jesús: ocho dias despues la vida que se le suponia despues de la tumba, -se consideraba como un hecho evidente.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_2"> - <p><span class="pagenum" id="Page_80">p. 80</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO II.</h2> - <p class="subh2">Salida de los discípulos de Jerusalem. — Segunda - vida galilea de Jesús.</p> -</div> - -<div class="sidenote">Año 33</div> - -<p>El más ardiente deseo de los que han perdido una persona querida, -es ver de nuevo los sitios donde vivieron con ella: este sentimiento -sin duda fué el que indujo á los discípulos algunos dias despues de -la Pascua á volver á Galilea. Desde el momento en que tuvo lugar -el arresto de Jesús, é inmediatamente despues de su muerte, es de -presumir que muchos se encaminaran á las provincias del Norte, -mas al verificarse la resurreccion circuló el rumor de que se le -volveria á ver en Galilea. Algunas de las mujeres que fueron al -sepulcro, volvieron diciendo que el ángel las dijo que Jesús las -precederia en Galilea;<a id="FNanchor_116" href="#Footnote_116" -class="fnanchor">[116]</a> otras manifestaron que era el maestro quien -habia mandado que fuesen allí,<a id="FNanchor_117" href="#Footnote_117" -class="fnanchor">[117]</a> y no faltó quien creyese recordar que -dijo lo mismo en vida.<a id="FNanchor_118" href="#Footnote_118" -class="fnanchor">[118]</a> De todos modos, es lo<span class="pagenum" -id="Page_81">p. 81</span> cierto que al cabo de algunos dias, -acaso despues de terminar completamente las fiestas de Pascua, -los discípulos creyeron recibir la órden de volver á su patria, -y volvieron en efecto.<a id="FNanchor_119" href="#Footnote_119" -class="fnanchor">[119]</a> Quizá comenzaban á disminuir las visiones -en Jerusalem; é iba predominando una especie de nostalgia; las cortas -apariciones de Jesús, no eran ya suficientes para compensar el inmenso -vacío que dejara su ausencia, y todos pensaban melancólicamente en -aquel lago y hermosas montañas, donde disfrutaron del reino de Dios.<a -id="FNanchor_120" href="#Footnote_120" class="fnanchor">[120]</a> -Las mujeres, sobre todo, querian volver á toda costa al país donde -habian sido tan felices, y aquí es preciso observar que la órden -de marcha procedia especialmente de ellas.<a id="FNanchor_121" -href="#Footnote_121" class="fnanchor">[121]</a> Aquella ciudad odiosa -les pesaba; ansiaban ver de nuevo la tierra donde disfrutaban de -continuo de la presencia de aquel á quien amaban, y estaban muy seguras -de encontrarle allí aún.</p> - -<p>La mayor parte de los discípulos marcharon pues llenos de alegría -y esperanza, quizás acompañados de la caravana que conducia á los -pelegrinos de la fiesta de Pascua. No solo esperaban encontrar en -Galilea las visiones, sino ver de continuo al mismo Jesús como sucedia -antes de su muerte. La duda llenaba sus almas: ¿iria acaso el maestro -á restablecer el reino<span class="pagenum" id="Page_82">p. 82</span> -de Israel, á fundar definitivamente el reino de Dios, y segun se decia, -á «revelar su justicia?»<a id="FNanchor_122" href="#Footnote_122" -class="fnanchor">[122]</a> Todo era posible: representábanseles ya -los risueños paisajes donde disfrutaban de su compañía; creian muchos -que les habia dado una cita en una montaña,<a id="FNanchor_123" -href="#Footnote_123" class="fnanchor">[123]</a> probablemente la misma -en que fijaban sus más dulces recuerdos, y á no dudarlo nunca hicieron -los discípulos un viaje más alegre, pues todos eran sueños de felicidad -en vísperas de realizarse. ¡Iban á ver á Jesús!</p> - -<p>Y le vieron en efecto: apenas entregados á sus pacíficas quimeras, -creyéronse en pleno período Evangélico. Era llegado entonces el mes -de abril: la tierra estaba sembrada de esos anémonas rojos, que son -probablemente esos «lises de los campos,» de los cuales gustábale -á Jesús sacar sus comparaciones. Á cada paso se encontraban sus -parábolas, como enlazadas con los mil accidentes del camino; aquí el -árbol, allí la flor, la semilla de donde sacó su parábola; más lejos, -la colina donde pronunció sus conmovedores discursos, y allá, en fin, -la barca donde enseñó. Aquello era como un hermoso sueño, era la -realizacion de una esperanza perdida; el encanto parecia renacer; el -dulce «reino de Dios» seguia su curso. Aquel aire trasparente, aquellas -mañanas pasadas en la orilla del rio ó en la montaña, aquellas noches -en el lago, guardando las redes, eran otras tantas visiones. Veíanle en -todos los sitios donde habian estado con él; sin duda no era aquella -alegría completa; acaso el lago les pareciese á<span class="pagenum" -id="Page_83">p. 83</span> veces solitario, pero el verdadero amor se -contenta con poca cosa; ¡si tuviéramos el privilegio de ver todos -los años á las personas queridas que hemos perdido, con el tiempo -suficiente para decirles tan solo dos palabras, puede decirse que no -existiria la muerte!</p> - -<p>Tal era el estado del alma de aquella tropa de fieles durante -el corto período en que el cristianismo pareció volver por un -momento á su cuna, á fin de despedirse luego para siempre. Los -principales discípulos, Pedro, Tomás, Natanael, y los hijos de -Zebedeo, se volvieron á encontrar en las orillas del lago donde -vivieron en adelante juntos,<a id="FNanchor_124" href="#Footnote_124" -class="fnanchor">[124]</a> trabajando en su antiguo oficio de -pescadores en Betsaida y en Capharnahum. Sin duda estaban con -ellos las mujeres galileas, que eran las que principalmente habian -contribuido á esta vuelta, á fin de satisfacer una necesidad de su -corazon. Aquel fué su último acto en la fundacion del cristianismo. Á -partir de este momento, ya no se las vé aparecer; fieles á su amor no -quisieron abandonar el país donde fueran en otro tiempo tan felices.<a -id="FNanchor_125" href="#Footnote_125" class="fnanchor">[125]</a> -Bien pronto se las olvidó, y como el cristianismo galileo no tuvo -posteridad, perdióse su recuerdo completamente en ciertas partes de -la tradicion; aquellas pecadoras convertidas, aquellas verdaderas -fundadoras del cristianismo, María Magdalena, María Cleofas, Juana -y Susana, pa<span class="pagenum" id="Page_84">p. 84</span>saron -al estado de santas retiradas. San Pablo no las conoce.<a -id="FNanchor_126" href="#Footnote_126" class="fnanchor">[126]</a> La fé -que ellas habian creado fué causa de que quedasen oscurecidas, y no se -les hizo justicia hasta la edad media; una de ellas, María Magdalena, -ocupaba entonces un lugar principal en el cielo cristiano.</p> - -<p>Parece que las visiones á orillas del lago, habian sido harto -frecuentes: ¿Cómo era posible que sobre aquellas ondas donde habian -tocado á Dios, no volviesen á ver los discípulos á su divino amigo? -Bastaban las más sencillas circunstancias para que se les presentase. -Una vez habian remado toda la noche sin coger un solo pescado, mas de -repente se llenan las redes; aquello fué un milagro. Parecióles que -alguno les habia dicho desde la orilla: «Echad vuestras redes á la -derecha.» Pedro y Juan se miraron, y como este último dijera: «Es el -Señor», el primero, que estaba desnudo, cubrióse apresuradamente con su -túnica y se lanzó al agua para ir á buscar al invisible consejero.<a -id="FNanchor_127" href="#Footnote_127" class="fnanchor">[127]</a> -Otras veces, Jesús tomaba parte en las colaciones de sus discípulos: -cierto dia, en que acababan de pescar, sorprendióles encontrar la -lumbre encendida y cerca de ella un pescado y un pedazo de pan; aquello -fué para los discípulos un dulce recuerdo, porque era este alimento -el que Jesús tenia la costumbre de ofrecerles. Despues de comer, -quedaron persuadidos que Jesús se habia sentado entre ellos para -ofrecerles aquel manjar que consideraban ya eucarístico y sagrado.<a -id="FNanchor_128" href="#Footnote_128" class="fnanchor">[128]</a></p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_85">p. 85</span>Juan y Pedro eran -los que sobre todo se veian favorecidos por el amado fantasma: cierto -dia, Pedro, quizás soñando, (¡pero qué digo! ¿No era entonces acaso -su vida un sueño perpétuo?), creyó oir á Jesús preguntarle: «¿Me -amas?» La pregunta se repitió tres veces, y Pedro poseido á la vez -de un sentimiento de ternura y tristeza, se imaginó que respondia: -«¡Oh! sí Señor, tú sabes que te amo»; y cada vez decia la aparicion: -«Apacienta á mis ovejas».<a id="FNanchor_129" href="#Footnote_129" -class="fnanchor">[129]</a> Otra vez, Pedro confió á Juan un sueño -extraño: habia soñado que se paseaba con el maestro, seguido á corta -distancia por Juan, y que Jesús, hablándole en términos muy embozados, -con los cuales parecia anunciarle la prision ó una muerte violenta, -le repitió varias veces: «Sígueme.» Entonces Pedro, señalando con el -dedo á Juan que le seguia, repuso: «Señor ¿y ese?—Si yo quiero que se -quede aquí hasta que tú vuelvas, replicó Jesús, ¿qué te importa á tí? -Sígueme.» Despues del suplicio de Pedro, Juan recordó aquel sueño, -viendo en él una prediccion de la muerte de su amigo: refiriólo á -sus<span class="pagenum" id="Page_86">p. 86</span> discípulos, y estos -creyeron ver en ello la seguridad de que su maestro no moriria hasta el -advenimiento final de Jesús.<a id="FNanchor_130" href="#Footnote_130" -class="fnanchor">[130]</a></p> - -<p>Aquellos grandes sueños melancólicos, aquellos coloquios con -el muerto querido, interrumpidos de continuo y vueltos á empezar, -ocupaban los dias y los meses. La simpatía de Galilea hácia el -Profeta, á quien los Jerosolimitas habian dado muerte, se despertaba -con más fuerza que nunca: más de quinientas personas se habian -agrupado ya alrededor del recuerdo de Jesús,<a id="FNanchor_131" -href="#Footnote_131" class="fnanchor">[131]</a> y á falta del maestro -perdido, obedecian á sus discípulos más autorizados; sobre todo á -Pedro. Cierto dia, que siguiendo á sus jefes espirituales, habian -subido los fieles galileos á una de aquellas montañas donde Jesús -acostumbraba á llevarlos creyeron volverle á ver. Á cierta altura, -la luz tiene extraños reflejos, y la misma ilusion que se produjo -entonces para los discípulos más íntimos,<a id="FNanchor_132" -href="#Footnote_132" class="fnanchor">[132]</a> volvió á repetirse de -nuevo; la multitud reunida creyó ver dibujarse en el espacio etéreo -el espectro divino, y entonces todos cayeron de rodillas, la faz -contra tierra y le adoraron.<a id="FNanchor_133" href="#Footnote_133" -class="fnanchor">[133]</a> El despejado horizonte de aquellas -montañas, inspira la idea de la inmensidad del mundo, con el deseo de -conquistarle: sobre uno de aquellos picos, segun dicen, Satán mostrando -con la mano á Jesús los reinos de la tierra y toda su gloria, se -los ofreció con la condicion<span class="pagenum" id="Page_87">p. -87</span> de que se inclinara ante él: pero esta vez fué Jesús quien -desde lo más alto de las elevadas cimas, mostró á sus discípulos toda -la tierra asegurándoles el porvenir. Todos bajaron de la montaña -persuadidos de que el hijo de Dios les habia ordenado convirtiesen -al género humano, prometiendo á la vez estar con ellos hasta la -consumacion de los siglos. Desde entonces, sintiéronse poseidos los -fieles, de un ardor extraño, de un fuego divino, y se consideraban -como los misioneros del mundo, capaces de hacer toda clase de -prodigios. Despues de haber transcurrido veinte y cinco años, San -Pablo, vió á varios de los que habian asistido á tan extraña escena, -y sus impresiones eran tan vivas y fuertes como el primer dia.<a -id="FNanchor_134" href="#Footnote_134" class="fnanchor">[134]</a></p> - -<p>Observando aquella vida en que todos parecian hallarse suspendidos -entre el cielo y la tierra, pasó cerca de un año<a id="FNanchor_135" -href="#Footnote_135" class="fnanchor">[135]</a> y el encanto lejos -de disminuir aumentaba, que es propiedad de las cosas santas, -engrandecerse y purificarse siempre. El sentimiento que se<span -class="pagenum" id="Page_88">p. 88</span> tiene por la pérdida de -una persona amada, es mucho más fecundo al cabo de cierto tiempo -que al dia siguiente. Cuanto más tiempo pasa, más poderoso es dicho -sentimiento, pues á la primera tristeza, que en cierto modo aminora -el dolor, sucede una compasion tranquila; la imágen del difunto se -transfigura, se idealiza, llega á ser el alma de la vida, el principio -de toda accion, el orígen de toda alegría, el oráculo que se consulta, -el consuelo, en fin, que se busca en las horas de abatimiento, en -los dias de tribulacion. La muerte, es condicion principal de toda -apoteosis; Jesús, tan amado durante su vida, lo fué así mucho más -despues de exhalar el último aliento, ó más bien, este fué el principio -de su verdadera vida en el seno de la Iglesia, pues llegó á ser el -amigo íntimo, el confidente, el compañero de viaje, el huésped, en -fin, que se sienta á la mesa y se da á conocer desapareciendo.<a -id="FNanchor_136" href="#Footnote_136" class="fnanchor">[136]</a> La -falta absoluta de rigor científico en la imaginacion de los nuevos -creyentes, era causa de que no se entablase discusion alguna sobre la -naturaleza de su existencia:<span class="pagenum" id="Page_89">p. -89</span> cada cual se le representaba como un ser imposible dotado de -un cuerpo sutil, que atravesaba las paredes, tan pronto visible como -invisible, pero siempre vivo, y algunas veces se pensaba que su cuerpo -carecia de materia, que era una pura sombra en las apariencias.<a -id="FNanchor_137" href="#Footnote_137" class="fnanchor">[137]</a> Otras -veces, suponíanle materialidad, y por un ingénuo escrúpulo, y como si -la alucinacion hubiera querido tomar precauciones contra sí misma, se -queria que bebiese y comiese y que se dejara tocar.<a id="FNanchor_138" -href="#Footnote_138" class="fnanchor">[138]</a> En este punto, flotaban -las ideas en un completo vacío.</p> - -<p>Apenas nos hemos atrevido hasta aquí á plantear una cuestion -espinosa y de difícil resolucion. En tanto que Jesús resucitaba -verdaderamente, es decir, en el corazon de los que le amaban, mientras -se robustecia la conviccion de los Apóstoles para consolidar la fé del -mundo, ¿en qué punto consumian los gusanos el cuerpo inanimado que se -depositó la noche del sábado en el sepulcro? Siempre se ignorará este -detalle, porque naturalmente, nada pueden decirnos las tradiciones -cristianas sobre este punto. Lo que vivifica es el espíritu; -la materia no es nada<a id="FNanchor_139" href="#Footnote_139" -class="fnanchor">[139]</a>; la resurreccion fué el triunfo de la idea -sobre la realidad; una vez fijada la idea sobre la inmortalidad, ¿qué -importa el cuerpo?</p> - -<p>Hácia el año 80 ú 85, al recibir el texto actual del primer -Evangelio sus primeras adiciones, los judíos habian fijado ya su -idea sobre este punto<a id="FNanchor_140" href="#Footnote_140" -class="fnanchor">[140]</a>. Á juz<span class="pagenum" id="Page_90">p. -90</span>gar por lo que dijeron, los discípulos habian robado el -cuerpo durante la noche; la conciencia cristiana se alarmó con tal -rumor, y para rechazar semejante objecion, imaginóse la circunstancia -de los guardas y del sello puesto en el sepulcro<a id="FNanchor_141" -href="#Footnote_141" class="fnanchor">[141]</a>; pero como este dato -no se encuentra sino en el primer Evangelio mezclado con leyendas -de muy poca autoridad<a id="FNanchor_142" href="#Footnote_142" -class="fnanchor">[142]</a> no es de ningun modo admisible<a -id="FNanchor_143" href="#Footnote_143" class="fnanchor">[143]</a>. -La explicacion de los judíos sin embargo, aunque irrefutable, está -muy lejos de satisfacer todas las dudas, pues no se puede admitir que -aquellos que con tal conviccion creyeron en la resurreccion de Jesús, -sean los mismos que sustrajeron el cuerpo. Por poco precisa que fuese -la reflexion en semejantes hombres, apenas puede imaginarse esta -ilusion, y conviene recordar que en aquel momento la pequeña iglesia -se hallaba dispersada completamente. Las creencias nacian aisladamente -para reunirse despues como les era posible, y las contradicciones que -se encuentran en los relatos que conservamos acerca de los incidentes -del Domingo por la mañana, prueban que los rumores se extendieron por -conductos muy distintos, y que no hubo interés en ponerse de acuerdo. -Es muy posible que el cuerpo fuese sustraido por algunos discípulos -y trasladado á Galilea<a id="FNanchor_144" href="#Footnote_144" -class="fnanchor">[144]</a> en tanto que los otros permanecian en -Jerusa<span class="pagenum" id="Page_91">p. 91</span>lem sin -tener conocimiento del hecho; y por otra parte es de presumir que -los discípulos que se llevaron el cuerpo, no sabiendo lo que se -contaba en Jerusalem, quedaron sorprendidos al tener conocimiento -de la creencia en la resurreccion. En este caso no era probable -que protestaran, y aun cuando lo hubiesen hecho nada importaba, -pues tratándose de milagros, toda rectificacion tardía es inútil<a -id="FNanchor_145" href="#Footnote_145" class="fnanchor">[145]</a>. -Jamás una dificultad material impide á una idea desarrollarse y crear -las ficciones que necesita<a id="FNanchor_146" href="#Footnote_146" -class="fnanchor">[146]</a>: en la reciente historia del milagro -de la Salette se ha demostrado el error hasta la evidencia<a -id="FNanchor_147" href="#Footnote_147" class="fnanchor">[147]</a>, lo -cual no impide que se haya elevado la basílica y que la fé crea en -aquel.</p> - -<p>Es permitido suponer tambien que la desaparicion del cuerpo de -Jesús fuese obra de los judíos, pues aca<span class="pagenum" -id="Page_92">p. 92</span>so creyeron que con esto evitarian las escenas -tumultuosas que pudieran originarse sobre el cadáver de un hombre tan -popular como Jesús. Acaso quisieron impedir que se le hicieran pomposos -funerales ó que se elevara un monumento á su memoria; y últimamente, -¿quién sabe si la desaparicion del cadáver no fué obra del dueño -del jardin ó del jardinero<a id="FNanchor_148" href="#Footnote_148" -class="fnanchor">[148]</a>? El propietario, á lo que parece,<a -id="FNanchor_149" href="#Footnote_149" class="fnanchor">[149]</a> era -extraño á la secta; se escogió aquel sepulcro, por ser el que estaba -más cerca del Gólgota y porque se tenia prisa<a id="FNanchor_150" -href="#Footnote_150" class="fnanchor">[150]</a>. Es probable que no -agradándole á dicho propietario que se tomara posesion de su terreno, -hiciese sustraer el cadáver, pero á decir verdad, los detalles que -da el cuarto Evangelio al hablar de los lienzos que se encontraron -en el sepulcro y del sudario doblado cuidadosamente en un rincon<a -id="FNanchor_151" href="#Footnote_151" class="fnanchor">[151]</a>, -no se convienen con semejante hipótesis. Esta última circunstancia -haria suponer que habia intervenido en ella la mano de una mujer<a -id="FNanchor_152" href="#Footnote_152" class="fnanchor">[152]</a>. -Los únicos relatos acerca de la visita de las mujeres al sepulcro -son tan confusos y contradictorios, que nos autorizan á suponer que -encierran una falsa interpretacion. La conciencia femenina, dominada -por la pasion, puede experimentar las más extrañas alucinaciones, -y á veces es cómplice de sus propios sueños<a id="FNanchor_153" -href="#Footnote_153" class="fnanchor">[153]</a>. María Mag<span -class="pagenum" id="Page_93">p. 93</span>dalena se habia visto poseida, -segun el lenguaje de la época, de «siete demonios»<a id="FNanchor_154" -href="#Footnote_154" class="fnanchor">[154]</a>, y al decir esto se -comprenderá cuán escasa era la inteligencia de las mujeres de Oriente, -su falta absoluta de educacion y su ingénua sinceridad. La conviccion -exaltada no permite mudar de parecer, ni admitir otras ideas que las -que á uno le dominan. Corramos un velo sobre estos misterios: en los -estados de crísis religiosa, en que todo se considera como divino, -las causas más pequeñas pueden producir los más grandes efectos. Si -fuéramos testigos de los extraños hechos de que tomaron su orígen todas -las obras de la fé, veriamos circunstancias que no nos parecerian -proporcionadas con la importancia de los resultados, en tanto que otros -nos harian sonreir. Nuestras antiguas catedrales se cuentan entre -las cosas más hermosas del mundo, y no se puede entrar en ellas sin -sentirse dominado por la divinidad; pero esas espléndidas maravillas -tienen con frecuencia un orígen profano. ¿Y qué importa esto en -definitiva? Solo debe tenerse en cuenta el resultado, la fé lo purifica -todo. El incidente material que ha hecho creer en la resurreccion, no -ha sido la causa verdadera de aquella; lo que ha resucitado á Jesús -es el amor, y este fué tan poderoso, que una pequeña casualidad bastó -para levantar el edificio de la fé universal. Si Jesús no hubiera sido -tan amado, si la fé en la resurreccion hubiese tenido menos motivos -para fundarse, inútiles habrian sido esta especie de casualidades. Un -grano de<span class="pagenum" id="Page_94">p. 94</span> arena basta -para que se derrumbe una montaña cuando ha llegado el momento de que -esto suceda. Los más importantes acontecimientos provienen á veces de -causas muy grandes ó muy pequeñas; las primeras son las únicas reales; -las segundas no hacen más que determinar la produccion de un efecto que -estaba preparado mucho tiempo antes.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_3"> - <p><span class="pagenum" id="Page_95">p. 95</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO III.</h2> - <p class="subh2">Vuelta de los apóstoles á Jerusalem. — Fin del - período de las apariciones.</p> -</div> - -<div class="sidenote">Año 34</div> - -<p>Las apariciones, sin embargo, como hijas que eran de un exceso -de entusiasta credulidad, comenzaron á disminuir; las imaginaciones -populares se asemejan á las enfermedades contagiosas; fermentan pronto -y cambian de forma; la actividad de las almas ardientes se inclinaba ya -en otro sentido; lo que se creia oir de boca del divino Resucitado, era -la órden de precederle, predicando su doctrina para convertir al mundo. -Mas, ¿por dónde empezar? Naturalmente por Jerusalem<a id="FNanchor_155" -href="#Footnote_155" class="fnanchor">[155]</a>. En su consecuencia los -jefes de la secta resolvieron la vuelta á dicha ciudad, y como estos -viajes se hacian comunmente en caravana, en la época de las fiestas, es -de suponer que la vuelta de que se trata tuvo lugar por la fiesta de -los Tabernáculos, á fines del año 33, ó por la Pascua del 34.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_96">p. 96</span>De este modo quedó -abandonada la Galilea por el cristianismo, y acaso para siempre, -pues si bien es probable que la pequeña sociedad que quedó allí se -conservara aún algun tiempo, no se vuelve á oir hablar de ella, y á no -dudarlo, fué destruida, como todo lo demás, al ocurrir el espantoso -desastre que sufrió el país cuando la guerra de Vespasiano. Los restos -de la dispersa comunidad se refugiaron más allá del Jordan. Despues de -la guerra, no dominó pues en Galilea el cristianismo, sino el judaismo; -la Galilea era el centro judáico del país de Talmud<a id="FNanchor_156" -href="#Footnote_156" class="fnanchor">[156]</a>: la Galilea no figuró -pues sino por espacio de una hora en la historia del cristianismo, -pero fué la hora santa por excelencia, que dió á la nueva religion -lo que necesitaba para ser duradera, es decir, su poesía, su encanto -penetrante. «El Evangelio», así como los sinópticos, fué una obra -galilea, y nosotros trataremos de demostrar luego, que «el Evangelio», -así entendido, ha sido la causa principal del triunfo del cristianismo -y es la más segura garantía de su porvenir.</p> - -<p>Es probable que permaneciera en Jerusalem una fraccion de la -pequeña escuela que rodeaba á Jesús en sus últimos dias, y como en el -momento de la separacion se creia ya en la resurreccion de Jesús, no -es extraño que esta creencia se desarrollase por ambas partes bajo un -aspecto muy distinto, lo cual á no dudarlo dió lugar á las diferencias -que se notaban en el relato de las apariciones. Habíanse formado dos -tradiciones, una Galilea y otra Jerosolimita; segun la primera, todas -las aparicio<span class="pagenum" id="Page_97">p. 97</span>nes, -excepto las del primer momento, habian tenido lugar en Galilea, -y con arreglo á la segunda, todas se presentaron en Jerusalem<a -id="FNanchor_157" href="#Footnote_157" class="fnanchor">[157]</a>; -el acuerdo de las dos fracciones de la pequeña secta sobre el dogma -fundamental, confirmó naturalmente la creencia humana; todos abrazaron -la misma fé; todos repitieron con efusion «¡ha resucitado!», y -quizás la alegría y el entusiasmo produjeron otras visiones. Puede -suponerse que hácia esta época tuvo lugar la vision de Jacobo, -de que habla San Pablo<a id="FNanchor_158" href="#Footnote_158" -class="fnanchor">[158]</a>: Jacobo, era hermano, ó al menos pariente -de Jesús, y como no aparece que le haya acompañado durante su última -permanencia en Jerusalem, es probable que se fuera con los apóstoles -cuando estos marcharon de Galilea. Como todos los grandes apóstoles -tuvieron su vision, es difícil que á éste «hermano del Señor» no se le -presentase la suya, que debió ser una de las llamadas eucarísticas, es -decir, aquellas en que se aparecia Jesús cortando y ofreciendo el pan<a -id="FNanchor_159" href="#Footnote_159" class="fnanchor">[159]</a>. -Más tarde los grupos de la familia cristiana que se unieron á -Jacobo, y se llamaban los hebreos, supusieron que esta vision tuvo -lugar el dia<span class="pagenum" id="Page_98">p. 98</span> mismo -de la resurreccion, y quisieron que fuese la primera de todas<a -id="FNanchor_160" href="#Footnote_160" class="fnanchor">[160]</a>.</p> - -<p>Es muy notable, en efecto, que la familia de Jesús, algunos -de cuyos miembros fueron durante su vida incrédulos y hostiles -á la mision de aquel<a id="FNanchor_161" href="#Footnote_161" -class="fnanchor">[161]</a>, forme ahora parte de la iglesia, figurando -en el puesto más elevado. Debe suponerse que la reconciliacion -se hizo durante la permanencia de los apóstoles en Galilea; la -celebridad que adquirió bien pronto el nombre de su pariente, aquellas -quinientas personas que creian en él y aseguraban haberle visto -resucitado, son circunstancias que pudieron causar cierta impresion -en el ánimo de los miembros de la familia del divino Maestro<a -id="FNanchor_162" href="#Footnote_162" class="fnanchor">[162]</a>. -Desde el establecimiento definitivo de los apóstoles en Jerusalem, -se vé con ellos á María, madre de Jesús y á los hermanos de éste<a -id="FNanchor_163" href="#Footnote_163" class="fnanchor">[163]</a>, -y por lo que respecta á María, parece ser que Juan, creyendo -obedecer con esto á una recomendacion de su Maestro, la habia -adoptado y llevado consigo<a id="FNanchor_164" href="#Footnote_164" -class="fnanchor">[164]</a>, siendo probable que la condujera á -Jerusalem.</p> - -<p>Esta mujer, de cuyo carácter y circunstancias no se sabia -nada, desempeña desde entonces un papel importante, y empezaban -á ser conocidas las palabras que el Evangelista pone en boca de -una desconocida: «¡Bendito sea el vientre que te ha llevado y los -pechos<span class="pagenum" id="Page_99">p. 99</span> que te han -alimentado!» Es probable que María sobreviviese pocos años á su hijo<a -id="FNanchor_165" href="#Footnote_165" class="fnanchor">[165]</a>.</p> - -<p>En cuanto á los hermanos de Jesús, la cuestion es aún más oscura: -Jesús tuvo hermanos y hermanas<a id="FNanchor_166" href="#Footnote_166" -class="fnanchor">[166]</a>, mas parece, no obstante, que en la clase á -que se daba el nombre de «hermanos del Señor» hubo parientes en segundo -grado, si bien esto no es de importancia por lo que respecta á Jacobo. -Este que se titula hermano del Señor, y á quien vamos á ver figurar -en primer término en los treinta primeros años del cristianismo, ¿era -Jacobo hijo de Alfeo, que parece haber sido primo hermano de Jesús, ó -un verdadero hermano de éste? Los datos que tenemos para aclarar este -punto, son tan inciertos como contradictorios, pues lo que sabemos -de Jacobo nos ofrece una imágen tan distinta de la de Jesús, que se -le resiste á uno creer sean tan distintos dos hombres nacidos de la -misma madre. Si Jesús es el verdadero fundador del cristianismo, -Jacobo fué un peligroso enemigo que estuvo á punto de perderlo todo -por su mezquino espíritu; más tarde se creyó ciertamente que Jacobo -el Justo, segun le llamaban, era un verdadero hermano de Jesús<a -id="FNanchor_167" href="#Footnote_167" class="fnanchor">[167]</a>, pero -es probable que hubiese alguna confusion en este punto.</p> - -<p>Como quiera que sea, los apóstoles no se separaron en lo -sucesivo sino para emprender sus viajes; Jerusalem era su centro<a -id="FNanchor_168" href="#Footnote_168" class="fnanchor">[168]</a>; -parecian temer dispersarse, y<span class="pagenum" id="Page_100">p. -100</span> ciertos hechos revelaban que era su deseo no volver á -Galilea, lo cual acaso hubiera ocasionado la disolucion de la pequeña -sociedad. Se supuso que una órden particular de Jesús les prohibia -abandonar á Jerusalem, al menos hasta que se hiciesen las grandes -manifestaciones que esperaban<a id="FNanchor_169" href="#Footnote_169" -class="fnanchor">[169]</a>; las apariciones iban siendo cada vez más -raras; se hablaba mucho menos de ellas, y empezábase á creer que -no se veria ya al Maestro hasta que apareciese solemnemente en las -nubes. El pensamiento de todos se preocupaba con una promesa que -se suponia hecha por Jesús: decíase que durante su vida, el divino -Maestro habia hablado con frecuencia del Espíritu Santo, concebido -como una personificacion de la sabiduría divina<a id="FNanchor_170" -href="#Footnote_170" class="fnanchor">[170]</a>; habia prometido á sus -discípulos que este espíritu seria su fuerza en la lucha que iban á -emprender, su inspiracion en las dificultades y su abogado, en fin, -si tuvieran que hablar ante el público. Cuando comenzaron á disminuir -las visiones, fijáronse todos en aquel espíritu considerándole como un -consuelo, como otro Jesús que el maestro enviaria á sus amigos; algunas -veces figurábanse los fieles que apareciendo Jesús repentinamente en -medio de sus discípulos, habia circulado entre ellos una corriente -de aire vivificador<a id="FNanchor_171" href="#Footnote_171" -class="fnanchor">[171]</a> salida de su propia boca, y otras se -consideraba la desaparicion del Maestro como precursora de la -venida del espíritu<a id="FNanchor_172" href="#Footnote_172" -class="fnanchor">[172]</a><span class="pagenum" id="Page_101">p. -101</span> prometida en sus apariciones<a id="FNanchor_173" -href="#Footnote_173" class="fnanchor">[173]</a>. Muchos establecian -una union íntima entre esta venida y la redencion de Israel<a -id="FNanchor_174" href="#Footnote_174" class="fnanchor">[174]</a>; toda -la actividad mental que la secta desplegara para crear la leyenda de -Jesús resucitado, iba ahora á consagrarse á la formacion de un conjunto -de creencias piadosas sobre la venida del espíritu y sus maravillosos -dones.</p> - -<p>Parece, no obstante, que aún tuvo lugar una gran aparicion de -Jesús en Betania ó en el monte de los Olivos<a id="FNanchor_175" -href="#Footnote_175" class="fnanchor">[175]</a>, y ciertas tradiciones -aseguran que en aquella dió el Maestro á sus discípulos las últimas -instrucciones y reiteró la promesa de enviar al Espíritu Santo, -revistiéndoles al propio tiempo del poder de redimir los pecados<a -id="FNanchor_176" href="#Footnote_176" class="fnanchor">[176]</a>. -Los rasgos característicos de estas apariciones iban siendo cada -vez más vagos; confundíanse los unos con los otros; se acabó por no -pensar mucho en aquellas; y quedó sentado que Jesús estaba vivo<a -id="FNanchor_177" href="#Footnote_177" class="fnanchor">[177]</a>, -que se habia aparecido suficiente número de veces para probar -su existencia, y que podia aparecerse aún en visiones parciales -hasta la gran revelacion final en que todo quedaria concluido<a -id="FNanchor_178" href="#Footnote_178" class="fnanchor">[178]</a>. -La vision que <span class="pagenum" id="Page_102">p. 102</span>tuvo -San Pablo en el camino de Damasco es del mismo género de las -que ya hemos hablado<a id="FNanchor_179" href="#Footnote_179" -class="fnanchor">[179]</a>. De todos modos admitíase en un -sentido idealista que el Maestro estaba con sus discípulos y -estaria hasta el fin<a id="FNanchor_180" href="#Footnote_180" -class="fnanchor">[180]</a>. En los primeros dias, cuando las -apariciones eran muy frecuentes, considerábase á Jesús como un -habitante de la tierra que estaba en ella continuamente, llenando -más ó menos las funciones de la vida terrestre; pero cuando aquellas -disminuyeron, pensóse que Jesús habia entrado en la gloria para -sentarse á la diestra de su Padre, y todos decian: «Ha subido al -cielo.»</p> - -<p>Esta frase se redujo para la mayor parte á una imágen -vaga ó de induccion<a id="FNanchor_181" href="#Footnote_181" -class="fnanchor">[181]</a>, pero para otros indicaba una escena -material. Suponíase que despues de la última vision, comun á todos -los apóstoles, en la cual les dió sus instrucciones supremas, Jesús -habia subido al cielo<a id="FNanchor_182" href="#Footnote_182" -class="fnanchor">[182]</a>; y más tarde se desarrolló la -escena, transformándose en una leyenda completa. Refirióse que -ángeles celestiales, rodeados del aparato de manifestaciones -divinas, muy brillantes<a id="FNanchor_183" href="#Footnote_183" -class="fnanchor">[183]</a>, aparecieron entre una nube para -consolar á los discípulos, asegurándoles que volverian á verlos; -la imaginacion<span class="pagenum" id="Page_103">p. 103</span> -popular, atribuia á la muerte de Moisés las mismas circunstancias<a -id="FNanchor_184" href="#Footnote_184" class="fnanchor">[184]</a>, -y acaso se recordaba con este motivo la ascension de Elías<a -id="FNanchor_185" href="#Footnote_185" class="fnanchor">[185]</a>.—Una -tradicion<a id="FNanchor_186" href="#Footnote_186" -class="fnanchor">[186]</a> supone que esta escena tuvo lugar cerca de -Betania en la cima del Monte de los Olivos, sitio que era muy querido -de los discípulos sin duda porque Jesús habitó allí.</p> - -<p>La leyenda asegura que despues de aquella escena maravillosa -entraron los discípulos en Jerusalem «con alegría<a id="FNanchor_187" -href="#Footnote_187" class="fnanchor">[187]</a>;» pero nosotros daremos -á Jesús el último adios poseidos de tristeza, y á fé que volver á -encontrarle vivo, aunque vagando como una sombra, nos sirve de gran -consuelo. ¡Esa segunda vida de Jesús, imágen pálida de la primera, -está aún llena de encanto, por más que se haya perdido su perfume en -el espacio y que al elevarse en la nube para sentarse á la diestra de -su Padre, nos haya dejado aquí entre los hombres! ¡El reinado de la -poesía ha concluido; María Magdalena vive retirada con sus recuerdos, -y por esa eterna injusticia por la que el hombre se apropia él solo la -obra en que la mujer tuvo tanta parte como él, Céfas la eclipsa y es -causa de que la olviden! No más sermones en la montaña, no más poseidas -curadas, no más cortesanas arrepentidas, no más mujeres extrañas á la -obra de redencion, pero que Jesús no rechazó. El Dios ha desaparecido -verdaderamente; la<span class="pagenum" id="Page_104">p. 104</span> -historia de la Iglesia será con frecuencia en lo sucesivo la historia -de las traiciones de que fué víctima Jesús; pero tal como es, esta -historia puede considerarse como un himno á su gloria; las palabras -y la imágen del ilustre Nazareno, vivirán en medio de las miserias -infinitas como un ideal sublime, y se comprenderá mejor cuán grande -fué; cuando se haya visto cuán pequeños eran sus discípulos.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_4"> - <p><span class="pagenum" id="Page_105">p. 105</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO IV.</h2> - <p class="subh2">Bajada del Espíritu Santo. — Fenómenos extáticos - y proféticos.</p> -</div> - -<div class="sidenote">Año 34</div> - -<p>Los discípulos de Jesús eran en efecto pequeños, mezquinos, -ignorantes é inespertos en alto grado; su sencillez de espíritu era -extremada; su credulidad no reconocia límites, pero tenian una cualidad -buena: amaban con delirio á su Maestro. El recuerdo de Jesús habia -pasado á ser el único móvil de su vida, una preocupacion perpétua, y -era indudable que solo pensaban en el que tanto habian querido y que de -tal modo les habia cautivado durante dos ó tres años. Para las almas -vulgares que no pueden amar á Dios directamente, esto es, hallar lo -verdadero, crear lo bello y hacer el bien por sí mismas, su salvacion -consiste en amar á alguien en quien se refleje lo verdadero, lo bello -y el bien. La mayoría de los hombres necesita dos cultos distintos. La -multitud de adoradores busca siempre un intermediario entre ellos y -Dios.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_106">p. 106</span>Cuando muere una -persona que ha logrado reunir á su alrededor á varias otras por un lazo -moral elevado, sucede, casi generalmente, que los que la sobreviven -aunque hayan estado divididos por rivalidades y resentimientos, se -profesan más amistad que antes. Mil queridas imágenes del pasado que -echan de menos, forman entre ellos una especie de tesoro comun. Es -una manera de manifestar su cariño al muerto, el querer á los que -se han conocido por él, y procurar encontrarse juntos para recordar -los tiempos dichosos que ya no existen. En este caso se confirma -la verdad de las profundas palabras de Jesús<a id="FNanchor_188" -href="#Footnote_188" class="fnanchor">[188]</a> cuando dijo que el -muerto está presente entre los que se han reunido en memoria suya.</p> - -<p>El afecto que los discípulos se tenian en vida de Jesús se -multiplicó, por decirlo así, despues de su muerte. Formaban una pequeña -sociedad muy retraida y vivian completamente aislados. En Jerusalem -contábanse ciento veinte<a id="FNanchor_189" href="#Footnote_189" -class="fnanchor">[189]</a>. Su piedad era grande y guardaba las -formas de la piedad judía. El Templo era el lugar preferido para -consagrarse á sus devociones<a id="FNanchor_190" href="#Footnote_190" -class="fnanchor">[190]</a>. Cierto es que trabajaban para vivir; pero -el trabajo manual, en la sociedad judía de entonces, ocupaba muy poco. -Cada cual tenia un oficio, lo que era obstáculo para ser un hombre -instruido ó bien educado.<span class="pagenum" id="Page_107">p. -107</span> En nuestros dias, las necesidades materiales son tan -difíciles de satisfacer, que el que vive de sus manos ha de trabajar -doce ó quince horas diarias. Únicamente el hombre acomodado puede -ocuparse de las cuestiones del alma, porque la adquisicion de la -instruccion es rara y cara; pero en aquellas antiguas sociedades, de -las que el Oriente de nuestra época nos da todavía una idea, en donde -la naturaleza es tan pródiga para el hombre y tan poco exigente, la -vida de trabajador dejaba mucho tiempo libre. Cierta instruccion comun -ponia á todo el mundo al corriente de las ideas de aquel tiempo. -Solo debia atenderse al alimento y á vestirse<a id="FNanchor_191" -href="#Footnote_191" class="fnanchor">[191]</a>, lo cual se -proporcionaba cada uno con pocas horas de trabajo, y así es que los -hombres podian dedicarse á la meditacion. Las pasiones habian alcanzado -en aquellas almas un grado de energía para nosotros inconcebible. -Los judíos de entonces<a id="FNanchor_192" href="#Footnote_192" -class="fnanchor">[192]</a> nos parecen unos verdaderos poseidos, -obedeciendo cada cual ciegamente á la idea que se habia apoderado de -él.</p> - -<p>La idea dominante, en la comunidad cristiana, en el momento -de que hablamos y en que las apariciones habian cesado, era la -venida del Espíritu Santo. Creian recibirlo bajo la forma de un -soplo misterioso que pasaba sobre la concurrencia. Muchos eran los -que creian que era el aliento mismo de Jesús<a id="FNanchor_193" -href="#Footnote_193" class="fnanchor">[193]</a>. Todo consuelo -interior, cualquier movimiento de valor, todo impulso<span -class="pagenum" id="Page_108">p. 108</span> de entusiasmo ó el menor -sentimiento de alegría viva y dulce que se experimentase sin saber -de dónde procedia, era considerado como obra del Espíritu. Aquellas -buenas conciencias atribuian, como siempre, á una causa exterior los -delicados sentimientos que nacian en ellas. Estos extraños fenómenos de -iluminismo se presentaban más especialmente en las asambleas. Cuando -todos se hallaban reunidos aguardando en silencio la inspiracion de lo -alto, un murmullo ó cualquier ruido les hacia creer en la venida del -Espíritu. Así era como se producian las apariciones de Jesús durante -los primeros tiempos; mas luego cambió el curso de las ideas. Era el -soplo divino que se esparcia sobre la pequeña Iglesia y la llenaba de -emanaciones celestes.</p> - -<p>Estas creencias procedian de las concepciones sacadas del -Antiguo Testamento. Los libros hebreos suponen que el espíritu -profético es un soplo que penetra en el hombre y le exalta. En la -hermosa vision de Elías<a id="FNanchor_194" href="#Footnote_194" -class="fnanchor">[194]</a>, Dios pasa bajo la figura de un viento -ligero que produce un zumbido apenas percibible. Estas antiguas -imágenes habian originado, en las primeras épocas, creencias -muy análogas á las de los espiritistas de nuestros dias. En la -<i>Ascension de Isaías</i><a id="FNanchor_195" href="#Footnote_195" -class="fnanchor">[195]</a> la venida del Espíritu se anuncia por cierta -frotacion en las puertas<a id="FNanchor_196" href="#Footnote_196" -class="fnanchor">[196]</a>. Sin embargo, la mayor parte de las -veces se con<span class="pagenum" id="Page_109">p. 109</span>cebia -esta venida como otro bautismo, á saber «el bautismo del Espíritu» -superior en mucho al de Juan<a id="FNanchor_197" href="#Footnote_197" -class="fnanchor">[197]</a>. Siendo muy frecuentes las alucinaciones -del tacto en sujetos tan nerviosos y exaltados, la menor corriente -de aire, acompañada de un estremecimiento en medio del silencio, -era atribuido á la presencia del Espíritu. Creia uno sentir, y al -momento sentian todos,<a id="FNanchor_198" href="#Footnote_198" -class="fnanchor">[198]</a> comunicándose el entusiasmo de uno á -otro. Estos fenómenos guardan la más completa analogía con los que -han experimentado los visionarios de todas épocas. Se presentan -diariamente, en gran parte bajo la influencia de la lectura -de la obra «<i>las actas de los Apóstoles</i>,» en las sectas -inglesas ó americanas de los <i>quakeros</i>, <i>jumpers</i>, -<i>shakers</i>, é irvingianos<a id="FNanchor_199" href="#Footnote_199" -class="fnanchor">[199]</a>, entre los mormones<a id="FNanchor_200" -href="#Footnote_200" class="fnanchor">[200]</a>, <i>los -camp-meetings</i> y los <i>revivals</i> de América<a id="FNanchor_201" -href="#Footnote_201" class="fnanchor">[201]</a>. Han vuelto á aparecer -entre nosotros en la secta llamada de los «espiritistas;» pero debe -establecerse una gran diferencia entre aberraciones sin importancia ni -porvenir, y las ilusiones inherentes al establecimiento de un nuevo -código religioso para la humanidad.</p> - -<p>Entre todas aquellas <i>bajadas del Espíritu</i> que se -supone fueron bastante frecuentes, hubo una que hizo<span -class="pagenum" id="Page_110">p. 110</span> una profunda impresion -en la naciente Iglesia.<a id="FNanchor_202" href="#Footnote_202" -class="fnanchor">[202]</a> Un dia estalló una tempestad cuando -estaban congregados los hermanos. Un viento muy fuerte abrió las -ventanas y el cielo parecia de fuego. En aquellos países las -borrascas van acompañadas de una cantidad prodigiosa de luz, porque -la atmósfera está continuamente surcada por relámpagos. Sea que el -fluido eléctrico hubiese penetrado en el mismo local, ó que un rayo -deslumbrador hubiera iluminado repentinamente el rostro de todos, lo -cierto es que creyeron que habia entrado el Espíritu y que se habia -cernido sobre la cabeza de todos en forma de lenguas de fuego.<a -id="FNanchor_203" href="#Footnote_203" class="fnanchor">[203]</a> -Era opinion general en las escuelas teúrgicas de Siria, que la -insinuacion del Espíritu se verificaba por medio de un fuego -divino y bajo la forma de una luz misteriosa.<a id="FNanchor_204" -href="#Footnote_204" class="fnanchor">[204]</a> Creyeron haber -asistido á todos los esplendores del Sinaí,<a id="FNanchor_205" -href="#Footnote_205" class="fnanchor">[205]</a> á una manifestacion -divina análoga á la de los tiempos antiguos. El bautismo del Espíritu -fué tambien desde entonces un bautismo de fuego, y este bautismo del -Espíritu y del fuego, fué opuesto y preferido al del agua, el único -que Juan habia conocido.<a id="FNanchor_206" href="#Footnote_206" -class="fnanchor">[206]</a> Raras veces se produjo el bautismo del -fuego. Solo los apóstoles y los discípulos del primer cenáculo se -vanagloriaron de haberlo recibido; pero la creencia de que<span -class="pagenum" id="Page_111">p. 111</span> el Espíritu habia bajado -sobre ellos en forma de llamas semejantes á lenguas ardientes, dió -orígen á una multitud de ideas singulares que ocuparon preferentemente -las imaginaciones de aquel tiempo.</p> - -<p>Se suponia que la lengua del hombre inspirado habia recibido una -especie de sacramento; que varios profetas habian sido tartamudos -antes de su mision<a id="FNanchor_207" href="#Footnote_207" -class="fnanchor">[207]</a>; que el ángel de Dios habia pasado -por sus labios un carbon que los purificaba y les conferia el -don de elocuencia<a id="FNanchor_208" href="#Footnote_208" -class="fnanchor">[208]</a> y que en la predicacion, el hombre no -hablaba por sí mismo<a id="FNanchor_209" href="#Footnote_209" -class="fnanchor">[209]</a>, siendo considerada su lengua como el órgano -de la Divinidad que lo inspiraba. Esas lenguas de fuego parecieron -un símbolo portentoso, creyendo que Dios habia querido significar -con ellas que derramaba sobre los apóstoles sus dones más preciosos -de elocuencia y de inspiracion. No paró aquí esto. Jerusalem era, -como casi todas las grandes ciudades de Oriente, una poblacion muy -poliglota. La diversidad de idiomas era reputada una de las mayores -dificultades que se oponian á una propaganda de un carácter tan -universal, y como una de las cosas que más arredraba á los apóstoles, -al principio de una predicacion destinada á abarcar el mundo, era el -número de lenguas que se hablaban en él, no atinando en la manera de -aprender tantos dialectos, el <i>don de las lenguas</i> llegó á ser con -este motivo un privilegio maravilloso. Desde aquel momento se consideró -la predicacion del<span class="pagenum" id="Page_112">p. 112</span> -Evangelio libre del obstáculo creado por la diversidad de idiomas, -figurándose que en algunas circunstancias solemnes cada uno de los -concurrentes oia la predicacion apostólica en su propia lengua, ó en -otros términos, que la palabra apostólica se traducia por sí misma á -cada uno de los concurrentes<a id="FNanchor_210" href="#Footnote_210" -class="fnanchor">[210]</a>. En otras ocasiones, se concebia esto de -un modo algo diferente. Se atribuia á los apóstoles el don de saber, -por infusion divina, todos los idiomas y de hablarlos cuando querian<a -id="FNanchor_211" href="#Footnote_211" class="fnanchor">[211]</a>.</p> - -<p>Habia en ello un pensamiento liberal; querian significar que el -Evangelio no tiene lengua propia, que puede traducirse en todos los -idiomas y que la traduccion vale tanto como el original. No era esta -la creencia del judaismo ortodoxo. El hebreo era para el judío de -Jerusalem la <i>lengua santa</i>, y en su opinion ningun idioma podia -comparársele. Las traducciones de la Biblia eran poco apreciadas -porque se permitian en ellas varios cambios y modificaciones, al paso -que el texto hebreo era escrupulosamente conservado. Bien es cierto -que los judíos de Egipto y los helenistas de Palestina practicaban un -sistema más tolerante, puesto que empleaban el griego para la oracion<a -id="FNanchor_212" href="#Footnote_212" class="fnanchor">[212]</a> y -acostumbraban á leer las traducciones griegas de la Biblia, pero la -primera idea cristiana fué todavía más lata; segun ella, la palabra -de Dios no tiene lengua propia; es libre de<span class="pagenum" -id="Page_113">p. 113</span> toda traba, pertenece á todos los idiomas -y no exige intérprete. La facilidad con que el cristianismo se separó -del dialecto semítico que hablaba Jesús, la libertad que concedió á -cada pueblo para crearse su liturgia y sus versiones de la Biblia -en dialecto nacional, procedia de esta especie de emancipacion de -lenguas. Generalmente se admitia que el Mesías reduciria los idiomas -y los pueblos á la unidad<a id="FNanchor_213" href="#Footnote_213" -class="fnanchor">[213]</a>. El uso comun y la promiscuidad de los -lenguajes eran el primer paso dado hácia aquella grande era de -pacificacion universal.</p> - -<p>Sin embargo, el don de las lenguas se transformó luego -considerablemente y produjo efectos muy extraños. La exaltacion -de las cabezas originó el éxtasis y la profecía. En los momentos -de éxtasis, el fiel, inspirado por el Espíritu, proferia sonidos -inarticulados y sin conexion, que se tomaban por palabras de un idioma -extranjero y que se procuraba interpretar con la mayor candidez<a -id="FNanchor_214" href="#Footnote_214" class="fnanchor">[214]</a>. -Otras veces se creia que el extático hablaba una lengua nueva y -desconocida hasta entonces<a id="FNanchor_215" href="#Footnote_215" -class="fnanchor">[215]</a> ó el lenguaje mismo de los ángeles<a -id="FNanchor_216" href="#Footnote_216" class="fnanchor">[216]</a>. Tan -extrañas escenas, que fueron causa de muchos abusos no se generalizaron -sino algun tiempo despues,<a id="FNanchor_217" href="#Footnote_217" -class="fnanchor">[217]</a> aunque es probable que ya tendrian lugar -desde los<span class="pagenum" id="Page_114">p. 114</span> primeros -tiempos del cristianismo. Las visiones de los antiguos profetas habian -ido acompañadas de fenómenos de excitacion nerviosa<a id="FNanchor_218" -href="#Footnote_218" class="fnanchor">[218]</a>. El estado ditirámbico -de los Griegos originaba hechos de la misma clase; la Pitia empleaba -con preferencia aquellas palabras extranjeras ó inusitadas, llamadas -como en el fenómeno apostólico, <i>glosas</i><a id="FNanchor_219" -href="#Footnote_219" class="fnanchor">[219]</a>. Muchas palabras -empleadas como santo y seña por el cristianismo primitivo, las -cuales son justamente bilingües ó formadas de anagramas, tales como -<i>Abba pater</i>, <i>anathema Maranatha</i><a id="FNanchor_220" -href="#Footnote_220" class="fnanchor">[220]</a> procedian quizás de -estos accesos extraños, mezclados de suspiros<a id="FNanchor_221" -href="#Footnote_221" class="fnanchor">[221]</a>, de gemidos -ahogados, de jaculatorias, oraciones y de arrebatos que se tenian -por proféticos. Eran como una música vaga del alma, compuesta de -sonidos indistintos, que los oyentes procuraban traducir en imágenes -y en palabras determinadas<a id="FNanchor_222" href="#Footnote_222" -class="fnanchor">[222]</a> ó mejor dicho, plegarias del Espíritu -dirigidas á Dios en un lenguaje conocido de Dios solo, y que -él sabia interpretar<a id="FNanchor_223" href="#Footnote_223" -class="fnanchor">[223]</a>. El extático, efectivamente, ignoraba lo -que decia sin tener siquiera conciencia de ello.<a id="FNanchor_224" -href="#Footnote_224" class="fnanchor">[224]</a> Los concurrentes -escuchaban con avidez y atribuian á estas sílabas incoherentes -pensamientos que traducian en seguida. Cada cual las aplicaba -á su dialecto y procuraba comprender con la mayor candidez -estos sonidos<span class="pagenum" id="Page_115">p. 115</span> -ininteligibles por lo que sabia de los demás idiomas. El oyente siempre -lograba explicárselo, porque en último resultado, daba á estas palabras -entrecortadas un sentido conforme á lo que pensaba.</p> - -<p>La historia de las sectas de <i>iluminados</i> abunda en hechos -de la misma clase. Los predicadores de las Cevenas ofrecieron varios -casos de «glosolalia»<a id="FNanchor_225" href="#Footnote_225" -class="fnanchor">[225]</a>; pero el más notable es el de los -«leyentes» suecos<a id="FNanchor_226" href="#Footnote_226" -class="fnanchor">[226]</a> ocurrido en los años de 1841 á 1843. -Palabras sin sentido para los que las pronunciaban y acompañadas de -convulsiones y desmayos, fueron durante largo tiempo el ejercicio -diario de aquella pequeña secta, lo que pasó á ser contagioso y originó -un gran movimiento popular. Entre los irvingianos, el fenómeno de las -lenguas se presentaba con caractéres que reproducian exactamente las -relaciones de las <i>Actas</i> y de San Pablo<a id="FNanchor_227" -href="#Footnote_227" class="fnanchor">[227]</a>. Nuestro siglo ha visto -escenas de ilusion del mismo género que no creemos deber mencionar, -porque no es justo comparar la credulidad inherente á un gran -movimiento religioso, con la credulidad que únicamente reconoce por -causa la torpeza de imaginacion.</p> - -<p>En ciertos casos, estos fenómenos se verificaban<span -class="pagenum" id="Page_116">p. 116</span> en público. Algunos -extáticos, en el momento de sus extravagantes iluminaciones, -se atrevian á salir y á presentarse ante la gente, que los -tomaba por borrachos<a id="FNanchor_228" href="#Footnote_228" -class="fnanchor">[228]</a>. Aunque sóbrio en cuestion de -misticismo, Jesús habia ofrecido más de una vez los fenómenos -ordinarios del éxtasis<a id="FNanchor_229" href="#Footnote_229" -class="fnanchor">[229]</a>. Durante dos ó tres años, sus discípulos -estuvieron embargados por estas ideas. El profetismo era frecuente y -considerado como un don análogo al de las lenguas<a id="FNanchor_230" -href="#Footnote_230" class="fnanchor">[230]</a>. La oracion, -mezclada de convulsiones, de modulaciones cadenciosas, de suspiros -místicos, de entusiasmo lírico, de cantos en accion de gracias,<a -id="FNanchor_231" href="#Footnote_231" class="fnanchor">[231]</a> era -un ejercicio cotidiano. Esto dió nacimiento á un considerable número -de «<i>cánticos</i>», «<i>salmos</i>» é «<i>himnos</i>» imitados á -los del antiguo testamento<a id="FNanchor_232" href="#Footnote_232" -class="fnanchor">[232]</a>. Unas veces la boca y el corazon se -acompañaban mútuamente, y otras el corazon cantaba solo, acompañado -interiormente por la gracia<a id="FNanchor_233" href="#Footnote_233" -class="fnanchor">[233]</a>. Como no habia ninguna lengua que pudiese -expresar las sensaciones nuevas que se experimentaban, se usaba -un tartamudeo indistinto, á la vez sublime y pueril, en el que -flotaba, en estado de embrion, lo que podriamos llamar «la lengua -cristiana». No encontrando el cristianismo en las lenguas antiguas un -instrumento adecuado á sus necesidades, las eliminó; pero antes que la -religion<span class="pagenum" id="Page_117">p. 117</span> nueva se -hubiese formado un idioma para su uso, se pasaron algunos siglos de -esfuerzos oscuros y de gemidos. El estilo de San Pablo, y en general, -de los escritores del Nuevo Testamento, ¿qué es, bien considerado, -sino la improvisacion ahogada, jadeante é informe del «glosolalio»? -Carecian de lengua. Lo mismo que los profetas, principiaban con el -<i>a a a</i> del niño.<a id="FNanchor_234" href="#Footnote_234" -class="fnanchor">[234]</a> No sabian hablar, ni producirse ni en griego -ni en semítico. De ahí provino la enorme violencia hecha al lenguaje -por el cristianismo naciente. Diríase que eran tartamudos, en cuya boca -los sonidos se chocaban, se ahogaban y producian una pantomima confusa, -pero soberanamente expresiva.</p> - -<p>Todo esto distaba mucho del sentimiento de Jesús; pero para unos -entendimientos penetrados de la creencia en lo sobrenatural, dichos -fenómenos tenian una grande importancia. El don de las lenguas, -particularmente, era considerado como un sello esencial de la -nueva religion y como una prueba de su verdad<a id="FNanchor_235" -href="#Footnote_235" class="fnanchor">[235]</a>. Sea como fuere, -ello es que producia abundantes frutos de edificacion, y hacia -convertir á muchos paganos<a id="FNanchor_236" href="#Footnote_236" -class="fnanchor">[236]</a>. Hasta el siglo <span class="asc">III</span> -la «glosolalia» se manifestó de una manera análoga á lo que -describe San Pablo, y fué considerada como un milagro permanente<a -id="FNanchor_237" href="#Footnote_237" class="fnanchor">[237]</a>. -Al<span class="pagenum" id="Page_118">p. 118</span>gunas de las -palabras sublimes del cristianismo, han salido de aquellos suspiros -entrecortados. El efecto general era tierno y penetrante. Este modo -de reunir sus inspiraciones y de abandonarlas á la interpretacion de -la comunidad, debia establecer entre los fieles un profundo lazo de -fraternidad.</p> - -<p>Conforme sucede con todos los místicos, los nuevos sectarios -llevaban una vida de ayuno y de austeridad<a id="FNanchor_238" -href="#Footnote_238" class="fnanchor">[238]</a>. La mayor parte de -los orientales comian muy poco, lo que contribuia á mantenerlos en la -exaltacion. La sobriedad del Sirio, causa de su debilidad física, lo -ponia en un estado perpétuo de calentura y de susceptibilidad nerviosa. -Nuestros grandes y continuos esfuerzos de imaginacion serian imposibles -con semejante régimen; pero esta debilidad cerebral y muscular, les -ocasionaban, sin causa aparente, vivas alternativas de tristeza y de -alegría, que hacian elevar su alma hácia Dios. Lo que llamaban la -«<i>tristeza de Dios</i>»<a id="FNanchor_239" href="#Footnote_239" -class="fnanchor">[239]</a> pasaba por un don del cielo. Toda la -doctrina de los Padres de la vida espiritual, de Juan Clímaco, -Basilio, Nilo y Arsenio, todos los secretos del grande arte de la -vida interior, una de las creaciones más gloriosas del cristianismo, -germinaban en la fantástica disposicion de ánimo que atravesaron -durante sus dias de expectacion extática, aquellos antepasados ilustres -de todos los «hombres de deseos». Su estado moral no era regular; -vivian en lo sobrenatural. Solo obraban por visiones; los sueños y -las circunstancias<span class="pagenum" id="Page_119">p. 119</span> -más insignificantes les parecian avisos del cielo<a id="FNanchor_240" -href="#Footnote_240" class="fnanchor">[240]</a>.</p> - -<p>Bajo el nombre de dones del Espíritu Santo, se ocultaban las más -raras y exquisitas efusiones del alma: amor, piedad, temor respetuoso, -suspiros sin objeto, languidez súbita, ternuras espontáneas. Todo -lo que nace bueno en el hombre, sin esfuerzo de éste, se atribuia -á un soplo divino. Las lágrimas, especialmente, eran consideradas -como una gracia del cielo. Este don precioso, privilegio únicamente -de las almas buenas y puras, se producia con dulzuras infinitas. -Nadie ignora la fuerza que sacan las naturalezas delicadas, sobre -todo las mujeres, de la divina facultad de poder llorar mucho: es su -plegaria, sin duda alguna, la más santa de las plegarias. Es preciso -transportarse á la edad media y considerar la piedad tan regada con -lágrimas de San Bruno, San Bernardo, y San Francisco de Asís, para -volver á encontrar las castas melancolías de aquellos primeros tiempos -en los que verdaderamente se sembraran lágrimas para recoger alegrías. -Entonces, llorar era un acto piadoso; los que no sabian predicar, -hablar idiomas, ni hacer milagros, lloraban.—Se lloraba orando, -predicando, amonestando<a id="FNanchor_241" href="#Footnote_241" -class="fnanchor">[241]</a>; en una palabra, aquella época era el -advenimiento del reino de las lágrimas. Hubiérase dicho que las almas -se unian y querian en ausencia de un lenguaje que pudiese traducir sus -sentimientos, manifestarse exteriormente por medio de una expresion -viva y abreviada de todo su ser interior.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_5"> - <p><span class="pagenum" id="Page_120">p. 120</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO V.</h2> - <p class="subh2">Primera Iglesia de Jerusalem, enteramente - cenobítica.</p> -</div> - -<div class="sidenote">Año 35</div> - -<p>La costumbre de vivir juntos, en una misma fé y una misma confianza, -creó naturalmente hábitos comunes. Pronto se adoptaron varias -reglas que dieron á esta Iglesia primitiva alguna analogía con los -establecimientos de vida cenobítica que el cristianismo instituyó más -adelante. Muchos preceptos de Jesús tendian á este fin; el verdadero -ideal de la vida evangélica es un monasterio: no un monasterio cerrado -con rejas, una cárcel al estilo de la edad media con separacion de -ambos sexos, sino un asilo en medio del mundo, un espacio reservado -para la vida del espíritu, una asociacion libre, ó pequeña congregacion -íntima, trazando á su alrededor un vallado para que no entren en ella -zozobras que perjudican á la libertad del reino de Dios.</p> - -<p>Todos vivian, por consiguiente, en comunidad, no formando más -que un cuerpo y un alma<a id="FNanchor_242" href="#Footnote_242" -class="fnanchor">[242]</a>. Nadie te<span class="pagenum" -id="Page_121">p. 121</span>nia nada suyo. Cuando entraban á ser -discípulos de Jesús, vendian sus bienes y hacian donacion de su -importe á la sociedad. Los jefes de esta distribuian luego el bien -comun á cada uno segun sus necesidades. Habitaban en un solo barrio;<a -id="FNanchor_243" href="#Footnote_243" class="fnanchor">[243]</a>, -comian juntos y continuaban aplicando á la comida el sentido místico -que Jesús habia prescrito<a id="FNanchor_244" href="#Footnote_244" -class="fnanchor">[244]</a>. Pasaban muchas horas orando; sus plegarias -eran á veces improvisadas en alta voz, pero más á menudo meditadas -en silencio. Los éxtasis eran frecuentes y cada cual se creia estar -siempre favorecido por la inspiracion divina. La concordia que reinaba -entre ellos era perfecta; nunca tenian ninguna discusion dogmática ni -la menor disputa de amor propio, y la querida memoria de Jesucristo -borraba todos los resentimientos. La alegría estaba en todos los -corazones viva y profunda<a id="FNanchor_245" href="#Footnote_245" -class="fnanchor">[245]</a>. Su moral era austera, pero penetrada -de un sentimiento dulce y tierno. Se agrupaban por casas para -orar y entregarse á los ejercicios extáticos<a id="FNanchor_246" -href="#Footnote_246" class="fnanchor">[246]</a>. El recuerdo de -aquellos dos ó tres primeros años, fué como el de un paraiso terrestre -que nunca más volverá para el cristianismo, por más esfuerzos que -haga. Efectivamente, ¿quién no comprende que semejante organizacion -solo podia aplicarse á una pequeña Iglesia? Á pesar de esto, la vida -monástica persiguió más adelante por su cuenta es<span class="pagenum" -id="Page_122">p. 122</span>te ideal primitivo, que la Iglesia universal -no se cuidó mucho de realizar.</p> - -<p>Posible es que el autor de las <i>Actas</i>, á quien debemos la -descripcion de esta primera cristiandad de Jerusalem, haya recargado -algo los colores y exagerado especialmente la comunidad de bienes que -hemos citado. El autor de las <i>Actas</i>, hace como el autor del -tercer Evangelio, que en la vida de Jesús, acostumbra á desfigurar -los hechos segun sus teorías<a id="FNanchor_247" href="#Footnote_247" -class="fnanchor">[247]</a> y que deja traslucir muy claramente su -tendencia á las doctrinas del <i>ebionismo</i><a id="FNanchor_248" -href="#Footnote_248" class="fnanchor">[248]</a>, es decir, de la -pobreza absoluta. No obstante, la relacion de las <i>Actas</i> no -puede considerarse infundada respecto á este particular. Aun cuando -Jesús no hubiese pronunciado ninguno de los axiomas comunistas que -se leen en el tercer Evangelio, no hay duda que el renunciar á los -bienes mundanales y la práctica de la caridad llevada hasta el punto -de despojarse de todo lo que se poseyese, constituian el espíritu de -su predicacion. La creencia del fin del mundo ha producido siempre -el desprecio de los bienes terrenales y la vida en comunidad<a -id="FNanchor_249" href="#Footnote_249" class="fnanchor">[249]</a>. Por -otra parte, lo que manifiestan las <i>Actas</i> está completamente -de acuerdo con lo que sabemos del orígen de las otras religiones -ascéticas, por ejemplo, del <i>budismo</i>. Esta clase de religiones -principian siempre por la vida cenobítica. Sus primeros adeptos son una -especie de frailes mendicantes.<span class="pagenum" id="Page_123">p. -123</span> El seglar no figura entre ellos sino cuando estas religiones -han conquistado sociedades enteras en las que la vida monástica solo -puede existir por excepcion.<a id="FNanchor_250" href="#Footnote_250" -class="fnanchor">[250]</a></p> - -<p>Admitimos, pues, en la Iglesia de Jerusalem, un período de -vida cenobítica. Dos siglos despues, los paganos todavía tenian -al cristianismo por una secta comunista<a id="FNanchor_251" -href="#Footnote_251" class="fnanchor">[251]</a>. Debe recordarse que -los esenios ó terapeutas habian dado ya el modelo de este género -de vida, el cual provenia del mosaismo. Como el código mosaico era -esencialmente moral y no político, su resultado natural era la utopia -social, la iglesia, la sinagoga, el convento y no el estado civil, la -nacion, ni la ciudad. El Egipto tenia, desde muchos siglos, reclusos -y reclusas mantenidos por el Estado, probablemente en ejecucion de -legados caritativos, cerca del Serapeo de Menfis<a id="FNanchor_252" -href="#Footnote_252" class="fnanchor">[252]</a>. Tambien debe tenerse -en cuenta que semejante vida no es en Oriente lo que ha sido en -nuestro Occidente. En Oriente, se puede disfrutar de la naturaleza y -de la existencia sin poseer nada. El hombre es siempre libre porque -tiene pocas necesidades y por lo tanto, la esclavitud del trabajo es -completamente desconocida. Aunque el comunismo de la Iglesia primitiva -no haya sido tan rígido ni tan universal como lo supone el autor de -las <i>Actas</i>, lo cierto es que en Jeru<span class="pagenum" -id="Page_124">p. 124</span>salem habia una gran comunidad de pobres, -gobernada por los apóstoles, á la que se hacian donativos de todos -los puntos de la cristiandad<a id="FNanchor_253" href="#Footnote_253" -class="fnanchor">[253]</a>. Esta comunidad se vió obligada á establecer -reglamentos bastante severos, y algunos años más tarde, hasta hubo -de emplearse el terror para gobernarla. Se contaban de ella leyendas -espantosas, segun las cuales el solo hecho de haberse apropiado algo -de lo que hubiese sido dado para la comunidad, era señalado como -un crímen capital y castigado con la muerte<a id="FNanchor_254" -href="#Footnote_254" class="fnanchor">[254]</a>.</p> - -<p>Los pórticos del templo, sobre todo el pórtico de Salomon, que -dominaba el valle de Cedron, eran el lugar en donde acostumbraban -á reunirse los discípulos durante el dia<a id="FNanchor_255" -href="#Footnote_255" class="fnanchor">[255]</a>, recordando las -horas que Jesús habia pasado en dicho sitio. En medio de la extrema -actividad que reinaba al rededor del templo, debian ser estos muy -poco notados. En las galerías que formaban parte de aquel edificio, -habia varias escuelas y sectas y eran teatro de infinitas disputas. -Además, los fieles de Jesús pasaban por muy devotos, porque todavía -observaban escrupulosamente las prácticas judías, orando á las horas<a -id="FNanchor_256" href="#Footnote_256" class="fnanchor">[256]</a> -fijadas y observando todos los preceptos de la Ley. Eran judíos que -únicamente diferian de los demás en que creian que ya habia venido -el Mesías. Los que no les conocian mucho, y estos eran el mayor -número, los miraban como una secta de <i>ha<span class="pagenum" -id="Page_125">p. 125</span>sidim</i> ó gentes piadosas. Para -afiliarse á ellos<a id="FNanchor_257" href="#Footnote_257" -class="fnanchor">[257]</a> no era uno cismático ni griego, así como -se puede ser discípulo de Spener sin dejar de ser protestante, ó de -la órden de San Francisco ó de San Bruno, sin dejar de ser católico. -El pueblo los amaba á causa de su piedad, su sencillez y dulzura<a -id="FNanchor_258" href="#Footnote_258" class="fnanchor">[258]</a>, si -bien los aristócratas del templo, los miraban quizás con desagrado. -La secta, sin embargo, vivia tranquila, merced á su poco deseo de -brillar.</p> - -<p>Al volver por la noche los hermanos á su casa, cenaban, -divididos en grupos<a id="FNanchor_259" href="#Footnote_259" -class="fnanchor">[259]</a>, en señal de fraternidad y en recuerdo de -Jesús á quien veian siempre entre ellos. El jefe de la mesa cortaba -el pan, bendecia la copa<a id="FNanchor_260" href="#Footnote_260" -class="fnanchor">[260]</a>, y la circulaba como un símbolo de union -con Jesús, y de este modo, el acto más vulgar de la vida, convertíase -en el más augusto y más santo. En estas cenas en familia, á que eran -muy aficionados los judíos<a id="FNanchor_261" href="#Footnote_261" -class="fnanchor">[261]</a>, rezábanse oraciones, reinaba una dulce -alegría y todos creian hallarse aún en el tiempo en que el divino -Maestro les animaba con su presencia, imaginándose verle, hasta el -punto de que muy pronto circuló el rumor de que Jesús habia dicho: -«Cada vez que corteis el pan hacedlo en memoria mia<a id="FNanchor_262" -href="#Footnote_262" class="fnanchor">[262]</a>.» El mismo pan, llegó -á ser en cierto modo Jesús, concebido como orígen único de fortaleza -para los que le habian amado y<span class="pagenum" id="Page_126">p. -126</span> vivian aún de él. Aquellas cenas, que fueron siempre el -símbolo principal del cristianismo y el alma de sus misterios<a -id="FNanchor_263" href="#Footnote_263" class="fnanchor">[263]</a> -se celebraban en un principio todas las noches, pero bien pronto -la costumbre se practicó solo el domingo<a id="FNanchor_264" -href="#Footnote_264" class="fnanchor">[264]</a> por la noche<a -id="FNanchor_265" href="#Footnote_265" class="fnanchor">[265]</a> -y más tarde, empezó á tomarse por la mañana la mística colacion<a -id="FNanchor_266" href="#Footnote_266" class="fnanchor">[266]</a>. -Es probable que en aquel período de la historia á que nos referimos -fué aún para los cristianos dia feriado el sábado<a id="FNanchor_267" -href="#Footnote_267" class="fnanchor">[267]</a>.</p> - -<p>Los apóstoles elegidos por Jesús y que se suponia habian recibido -de él una órden especial para anunciar al mundo el reino de Dios, -gozaban en la pequeña comunidad de una superioridad incontestable. -Uno de los primeros cuidados de la secta, tan pronto como se vió -establecida tranquilamente en Jerusalem, fué llenar el vacío que habia -dejado Judas en su seno<a id="FNanchor_268" href="#Footnote_268" -class="fnanchor">[268]</a>; la opinion de que este último vendiera á -su Maestro siendo la causa de su muerte, se iba generalizando cada -vez más. El hecho pasaba al dominio de la leyenda, y todos los dias -se averiguaba alguna nueva circunstancia que pintaba con más negros -colores su traicion. Judas habia comprado un campo cerca de la antigua -necrópolis de Hakeldama, al Sur de Jerusalem, y allí vivia retirado<a -id="FNanchor_269" href="#Footnote_269" class="fnanchor">[269]</a>. Tal -era la ingénua exaltacion de la pequeña Iglesia, que para reemplazar -á Judas se resolvió<span class="pagenum" id="Page_127">p. 127</span> -echar suertes: en las grandes emociones religiosas, es general emplear -este medio, pues se admite como principio que nada es fortuito, que -uno es el objeto principal de la atencion divina y que la parte que -Dios toma en un hecho, es tanto mayor cuanto que la del hombre es más -débil. Exigióse tan solo que los candidatos se eligieran en el grupo -de los discípulos más antiguos que habian sido testigos de todos los -acontecimientos desde el bautismo de Juan, y como esta circunstancia -reducia mucho el número de aquellos, solo quedaron dos aspirantes, -José Bar-sabá, por sobrenombre el <i>Justo</i><a id="FNanchor_270" -href="#Footnote_270" class="fnanchor">[270]</a> y Matías, sobre el -cual recayó la suerte y fué contado desde entonces en el número de los -Doce. Pero ya no volvió á darse otro caso de semejante sustitucion, -pues se consideró que los apóstoles nombrados por Jesús no debian tener -sucesor. Evitóse tambien con sabia prudencia el peligro que ofrecia -establecer un colegio permanente, donde se conservara toda la vida -y la fuerza de la asociacion. La concentracion de la Iglesia en una -oligarquía, no vino hasta más tarde.</p> - -<p>Por lo demás, es necesario precaverse contra los errores á que ha -dado lugar y puede dar el nombre de <i>apóstol</i>. En una época muy -remota, por algunos pasajes de los Evangelios, y sobre todo por la -analogía de la vida de San Pablo, se supuso que los apóstoles eran una -especie de misioneros, especialmente viajantes, que se habian repartido -el mundo de antemano y recorrian como conquistadores todos<span -class="pagenum" id="Page_128">p. 128</span> los reinos de la tierra<a -id="FNanchor_271" href="#Footnote_271" class="fnanchor">[271]</a>. -Formóse sobre esta opinion una série de leyendas para la -historia eclesiástica<a id="FNanchor_272" href="#Footnote_272" -class="fnanchor">[272]</a>, pero nada hay más contrario á la verdad<a -id="FNanchor_273" href="#Footnote_273" class="fnanchor">[273]</a>. El -cuerpo de los Doce permaneció por lo general en Jerusalem hasta el -año 60, poco más ó menos, y los apóstoles no salieron de la ciudad -santa sino para misiones temporales, lo cual explica la oscuridad en -que estuvieron la mayor parte de los miembros del consejo central, -pues muy pocos de ellos tuvieron representacion. Formaban una especie -de colegio sacro ó senado<a id="FNanchor_274" href="#Footnote_274" -class="fnanchor">[274]</a> destinado únicamente á representar la -tradicion y el espíritu conservador. Como no desempeñaban funcion -alguna, no tenian que hacer otra cosa sino predicar y rogar<a -id="FNanchor_275" href="#Footnote_275" class="fnanchor">[275]</a>; -apenas se conocian sus nombres fuera de Jerusalem y hácia el año 70 -ú 80, las listas que se daban de estos Doce elegidos primitivos, no -estaban de acuerdo sino en los nombres principales<a id="FNanchor_276" -href="#Footnote_276" class="fnanchor">[276]</a>.</p> - -<p>Los «hermanos del Señor» aparecen con frecuencia al lado de -los «Apóstoles» aunque fuesen distintos<a id="FNanchor_277" -href="#Footnote_277" class="fnanchor">[277]</a>, y su autoridad era -inferior á la de los segundos, pero estos dos grupos constituyen en -la iglesia naciente fundada tan solo en las relaciones más ó menos -íntimas que sus miembros tuvieron con el Maestro. Aquellos eran los -hombres que Pablo llamaba «las<span class="pagenum" id="Page_129">p. -129</span> columnas de la Iglesia de Jerusalem<a id="FNanchor_278" -href="#Footnote_278" class="fnanchor">[278]</a>,» y vemos, por lo -tanto, que las distinciones de la gerarquía eclesiástica no existian -aún. El título no era nada; la importancia personal lo era todo; el -principio del celibato eclesiástico estaba sentado<a id="FNanchor_279" -href="#Footnote_279" class="fnanchor">[279]</a>, pero necesitábase -algun tiempo para el completo desarrollo de todos aquellos -gérmenes. Pedro y Felipe estaban casados y tenian hijos é hijas<a -id="FNanchor_280" href="#Footnote_280" class="fnanchor">[280]</a>.</p> - -<p>El término usado para designar la reunion de los fieles, -era la palabra del hebreo <i>kahal</i> que se sustituyó por -la frase esencialmente democrática <span xml:lang="grc" -lang="grc">ἐκκλησία</span>. <i>Ecclesia</i> es la convocacion del -pueblo en las antiguas ciudades griegas, el llamamiento al <i>Pnyx</i> -ó al <i>ágora</i>. Á partir del siglo <span class="asc">II</span> -ó <span class="asc">III</span> antes de Jesucristo, las palabras -de la democracia ateniense pasaron en cierto modo al dominio de la -lengua helénica, y algunos de estos términos,<a id="FNanchor_281" -href="#Footnote_281" class="fnanchor">[281]</a> á consecuencia del uso -que hacian de ellos las cofradías griegas, se adoptaron en la lengua -cristiana. Esto era efecto del movimiento popular, que comprimido hacia -siglos, seguia de nuevo su curso bajo formas enteramente distintas -como querian serlo las antiguas repúblicas<a id="FNanchor_282" -href="#Footnote_282" class="fnanchor">[282]</a>, pero menos exigente -y desconfiada que aquellas ciudades, la Iglesia delegaba con gusto su -autoridad: como toda sociedad teocrática trataba de abdicar en manos de -un clero y era fácil<span class="pagenum" id="Page_130">p. 130</span> -prever que no pasarian más de dos siglos sin que toda aquella -democracia se transformara en oligarquía.</p> - -<p>El poder que se suponia á la Iglesia reunida y á sus jefes era -inmenso, pues la primera conferia todas las misiones, guiándose -únicamente para su eleccion de los signos que daba el Espíritu<a -id="FNanchor_283" href="#Footnote_283" class="fnanchor">[283]</a>, -llegando su autoridad hasta el punto de poder decretar la muerte. -Referíase que solo á la voz de Pedro, algunos delincuentes habian -caido en el suelo y expirado en el acto<a id="FNanchor_284" -href="#Footnote_284" class="fnanchor">[284]</a>; San Pablo no teme un -poco más tarde excomulgar á un incestuoso «entregándole á Satanás para -que muera su carne y se pueda salvar su alma en el gran dia del Señor<a -id="FNanchor_285" href="#Footnote_285" class="fnanchor">[285]</a>.» -Considerábase la excomunion como el equivalente de una sentencia -de muerte, y no se dudaba que toda persona á quien los apóstoles, -ó los Jefes de la Iglesia, habian separado del gremio de los -santos, entregándole al espíritu maligno<a id="FNanchor_286" -href="#Footnote_286" class="fnanchor">[286]</a>, no estuviese -perdida. Suponíase á Satanás autor de las enfermedades; abandonarle -el miembro gangrenado era como entregarlo al ejecutor natural de la -sentencia; una muerte prematura se tenia por el resultado de uno -de esos decretos ocultos, que segun la fuerte expresion hebráica, -«extirpaba una alma de Israel<a id="FNanchor_287" href="#Footnote_287" -class="fnanchor">[287]</a>.» Los apóstoles se creian revestidos de -poderes sobrenaturales, y<span class="pagenum" id="Page_131">p. -131</span> al pronunciar semejantes condenas, pensaban que sus anatemas -no dejarian de caer sobre los culpables.</p> - -<p>La terrible impresion producida por las excomuniones, y el ódio -que inspiraban á todos los cofrades los miembros así separados del -gremio de la Iglesia, podia en efecto en muchos casos producir la -muerte ó al menos obligar al culpable á expatriarse. El mismo terrible -equívoco se encontraba en la antigua Ley: «la extirpacion» implicaba -á la vez la muerte, la expulsion de la comunidad, el destierro, un -retiro solitario y misterioso;<a id="FNanchor_288" href="#Footnote_288" -class="fnanchor">[288]</a> y matar al apóstata ó al que blasfemaba, -herir el cuerpo para salvar el alma, era una cosa legítima. -Debemos recordar que hablamos de la época de los <i>zelotas</i>, -que consideraban como un acto de virtud dar de puñaladas al -que faltase á la ley<a id="FNanchor_289" href="#Footnote_289" -class="fnanchor">[289]</a>, y es preciso tener en cuenta que algunos -cristianos eran ó habian sido <i>zelotas</i><a id="FNanchor_290" -href="#Footnote_290" class="fnanchor">[290]</a>. Casos como el de la -muerte de Ananías y de Safira<a id="FNanchor_291" href="#Footnote_291" -class="fnanchor">[291]</a>, no causaban el menor escrúpulo. La idea -del poder civil era tan extraña á todo aquel mundo, que no se hallaba -al alcance del dominio romano, ó estaba tan persuadida que la Iglesia -era una sociedad completa que se bastaba á sí misma, que ninguno -consideraba que un milagro fuese un atentado punible ante la ley -civil por más que causara la muerte ó la mutilacion de una persona. -El entusiasmo es<span class="pagenum" id="Page_132">p. 132</span> -una fé ardiente que lo cubre todo y todo lo excusa; pero comprendíase -fácilmente cuán grave era el peligro que indicaban para el porvenir -aquellas máximas teocráticas. La Iglesia está armada de un puñal; la -excomunion será una sentencia de muerte; en lo sucesivo habrá en el -mundo además del Estado otro poder que disponga de la vida de los -ciudadanos; y á fé que si la autoridad romana se hubiese limitado á -reprimir entre los cristianos y los judíos principios tan condenables, -habria tenido mil veces razon. Pero en su brutalidad confundia la más -legítima de las libertades, la de adorar cada uno á su modo, con abusos -que ninguna sociedad ha podido jamás tolerar impunemente.</p> - -<p>Pedro gozaba entre los apóstoles de cierta superioridad -debida principalmente á su actividad y celo<a id="FNanchor_292" -href="#Footnote_292" class="fnanchor">[292]</a>: en los primeros -años, apenas se separa de Juan, hijo de Zebedeo; ambos van -casi siempre juntos<a id="FNanchor_293" href="#Footnote_293" -class="fnanchor">[293]</a>, y su buena armonía fué á no dudarlo la -piedra angular de la nueva fé. Jacobo, hermano del Señor, les igualaba -casi en autoridad, al menos en una fraccion de la Iglesia, y en cuanto -á ciertos amigos íntimos de Jesús, tal como las mujeres galileas y -la familia de Betania, ya hemos dicho que no hay para que hablar de -ellos. Menos deseosas de organizar y de fundar, las fieles compañeras -de Jesús se contentaban con amar muerto al que adoraran en vida; -alimentándose con su esperanza,<span class="pagenum" id="Page_133">p. -133</span> las nobles mujeres que fundaron la fé del mundo, permanecian -casi desconocidas de los hombres notables de Jerusalem, y cuando -murieron, quedaron enterradas en el sepulcro con ellas los caractéres -más importantes de la historia del cristianismo naciente. Los que -desempeñan un papel activo son los que se llevan la fama; aquellos que -se contentan con amar en secreto permanecen oscuros, pero seguramente -les corresponde la mejor parte.</p> - -<p>Inútil es decir que aquel pequeño grupo de gente sencilla, no -tenia la menor idea de la teología especulativa, pues Jesús rehuyó -siempre con la mayor prudencia toda cuestion metafísica, y no tuvo -más que un dogma, su propia filiacion divina y la divinidad de su -mision. Todo el símbolo de la Iglesia primitiva podia encerrarse -en esta sola línea: «Jesús es el Mesías, hijo de Dios.» Esta -creencia se fundaba en un argumento perentorio, en el hecho de la -resurreccion, de la que figuraban como testigos los discípulos, por -más que ninguno en realidad, ni aun las mujeres galileas, asegurará -haber visto la resurreccion<a id="FNanchor_294" href="#Footnote_294" -class="fnanchor">[294]</a>; pero la ausencia del cuerpo y las -apariciones que se siguieron despues, parece que equivalen al hecho -mismo. Atestiguar la resurreccion de Jesús, era la mision que todos -creian<span class="pagenum" id="Page_134">p. 134</span> deber -llevar á cabo ante todos<a id="FNanchor_295" href="#Footnote_295" -class="fnanchor">[295]</a>, é imagináronse bien pronto que el Maestro -habia pronosticado este acontecimiento. Recordábanse algunas de sus -palabras que se creyó no haberse comprendido bien, y esto indujo á -suponer que se habia anunciado la resurreccion<a id="FNanchor_296" -href="#Footnote_296" class="fnanchor">[296]</a>. La creencia -en la próxima manifestacion gloriosa de Jesús era universal<a -id="FNanchor_297" href="#Footnote_297" class="fnanchor">[297]</a>; la -palabra secreta que los cofrades se decian entre sí para reconocerse -y fortificarse, era <i>Maran atha</i>, «el Señor va á venir»<a -id="FNanchor_298" href="#Footnote_298" class="fnanchor">[298]</a>. -Creíase tambien recordar una declaracion de Jesús, segun la cual, no -habia tiempo para que la predicacion alcanzara á todas las ciudades -de Israel, antes que el hijo del hombre apareciese en su majestad<a -id="FNanchor_299" href="#Footnote_299" class="fnanchor">[299]</a>; pero -entre tanto Jesús resucitado está sentado á la diestra de su Padre, -y allí descansa hasta el dia solemne en que vendrá envuelto entre -las nubes á juzgar á los vivos y á los muertos<a id="FNanchor_300" -href="#Footnote_300" class="fnanchor">[300]</a>.</p> - -<p>La idea que tenian de Jesús era la misma que aquel les diera: -Jesús habia sido un profeta poderoso en obras y en palabras<a -id="FNanchor_301" href="#Footnote_301" class="fnanchor">[301]</a>, -un hombre elegido de Dios que recibiera una mision especial -para la humanidad<a id="FNanchor_302" href="#Footnote_302" -class="fnanchor">[302]</a>, mision que probó por sus milagros y su -resurreccion. Dios le ungió del Espíritu Santo revistiéndole de fuerza; -ha pasado haciendo bien y curando á los que esta<span class="pagenum" -id="Page_135">p. 135</span>ban poseidos del demonio<a id="FNanchor_303" -href="#Footnote_303" class="fnanchor">[303]</a>, porque Dios era con -él<a id="FNanchor_304" href="#Footnote_304" class="fnanchor">[304]</a>; -es el Hijo de Dios, un representante de Dios en la tierra; es -el Mesías, el salvador de Israel anunciado por los profetas<a -id="FNanchor_305" href="#Footnote_305" class="fnanchor">[305]</a>. La -lectura de los libros del Antiguo Testamento, especialmente el de los -Profetas y de los Salmos, era habitual en la secta, y al proceder á -dicha lectura, fijábanse todos en la idea de encontrar siempre el tipo -de Jesús; y persuadidos de que los antiguos libros hebreos estaban -llenos de él, formóse desde los primeros años una coleccion de textos, -sacados de los Profetas, de los Salmos y de ciertos libros apócrifos -en los cuales, segun conviccion general, se predecia y describia de -antemano la Vida de Jesús<a id="FNanchor_306" href="#Footnote_306" -class="fnanchor">[306]</a>. Este método de interpretacion arbitraria -estaba adoptado en todas las escuelas judías; las alusiones mesiánicas -eran una especie de juego de imaginacion, análogo al que hacian -antiguos predicadores con los pasajes de la Biblia, trastornando -su sentido natural y tomándolos como simples adornos de retórica -sagrada.</p> - -<p>Jesús, merced á su tacto exquisito de las cosas religiosas, no -habia instituido ningun nuevo ritual, y por lo tanto, la nueva -secta no tenia aún ceremonias especiales<a id="FNanchor_307" -href="#Footnote_307" class="fnanchor">[307]</a>. Las prácticas de -piedad eran las prácticas judías; las reuniones no tenian nada -de litúrgicas en el sentido preciso; eran sesiones de cofrades -donde se<span class="pagenum" id="Page_136">p. 136</span> -rezaba, practicándose tambien los ejercicios de la profecía<a -id="FNanchor_308" href="#Footnote_308" class="fnanchor">[308]</a> -y la lectura de la correspondencia. Allí no habia nada de -sacerdotal: no hay sacerdote (<i>cohen</i> ó <span xml:lang="grc" -lang="grc">ἱερεύς</span>); el <i>presbyteros</i>, es el <i>anciano</i> -de la comunidad y nada más; el único sacerdote es Jesús<a -id="FNanchor_309" href="#Footnote_309" class="fnanchor">[309]</a>; -ó en otro sentido, todos los fieles lo son.<a id="FNanchor_310" -href="#Footnote_310" class="fnanchor">[310]</a> Considerábase -el ayuno como una práctica muy meritoria<a id="FNanchor_311" -href="#Footnote_311" class="fnanchor">[311]</a>; el bautismo era la -señal de entrada en la secta<a id="FNanchor_312" href="#Footnote_312" -class="fnanchor">[312]</a> siendo su rito el mismo observado con -Juan, pero se administraba en nombre de Jesús<a id="FNanchor_313" -href="#Footnote_313" class="fnanchor">[313]</a>.</p> - -<p>De todos modos, el bautismo no se creia una iniciacion suficiente -si no era seguido de la colacion de los dones del Espíritu Santo<a -id="FNanchor_314" href="#Footnote_314" class="fnanchor">[314]</a>, que -se hacia prévia una oracion pronunciada por los apóstoles sobre la -cabeza del neófito con la imposicion de las manos.</p> - -<p>Esta imposicion ya tan familiar á Jesús<a id="FNanchor_315" -href="#Footnote_315" class="fnanchor">[315]</a>, era el acto -sacramental por excelencia<a id="FNanchor_316" href="#Footnote_316" -class="fnanchor">[316]</a>; conferia la inspiracion, la iluminacion -interior, el poder de hacer prodigios, de profetizar y de hablar las -lenguas, era lo que se llamaba el bautismo del Espíritu. Creíase -recordar las siguientes palabras de Jesús: «Juan os ha bautizado -por el agua, pero vosotros os habeis bauti<span class="pagenum" -id="Page_137">p. 137</span>zado por el espíritu»<a id="FNanchor_317" -href="#Footnote_317" class="fnanchor">[317]</a>. Poco á poco formóse -un conjunto de todas estas ideas y el bautismo se confirió, «en el -nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo;<a id="FNanchor_318" -href="#Footnote_318" class="fnanchor">[318]</a>» pero no es probable -que esta fórmula se emplease en los primeros dias de la época á que nos -referimos. Vemos, pues, cuanta era la sencillez del primitivo culto -cristiano, que no habian inventado ni Jesús ni los apóstoles, toda -vez que fueron adoptadas antes por ciertas sectas judías estas graves -y solemnes ceremonias que proceden al parecer de la Caldea, donde se -practican aun con liturgias especiales para los Sabianos ó Mendaitas<a -id="FNanchor_319" href="#Footnote_319" class="fnanchor">[319]</a>. -En la religion de Persia se encuentran tambien muchos ritos -del mismo género<a id="FNanchor_320" href="#Footnote_320" -class="fnanchor">[320]</a>.</p> - -<p>Las creencias en la medicina popular, que tanto prestigio dieron á -Jesús, se continuaban en sus discípulos: el don de curar era una de -las gracias maravillosas que concedia el Espíritu<a id="FNanchor_321" -href="#Footnote_321" class="fnanchor">[321]</a>. Los primeros -cristianos, así como casi todos los judíos de aquel tiempo, veian -en las enfermedades el castigo de una falta<a id="FNanchor_322" -href="#Footnote_322" class="fnanchor">[322]</a> ó la obra de -un demonio maligno,<a id="FNanchor_323" href="#Footnote_323" -class="fnanchor">[323]</a> y los apóstoles eran considerados del -mismo modo que Jesús, como poderosos exorcistas.<a id="FNanchor_324" -href="#Footnote_324" class="fnanchor">[324]</a> Creíase que las -oleacio<span class="pagenum" id="Page_138">p. 138</span>nes que -hacian con la imposicion de las manos, invocando el nombre de Jesús, -redimian los pecados, causa de la enfermedad y curaban estas<a -id="FNanchor_325" href="#Footnote_325" class="fnanchor">[325]</a>; -el aceite ha sido siempre en Oriente el medicamento por excelencia<a -id="FNanchor_326" href="#Footnote_326" class="fnanchor">[326]</a>, pero -de todos modos, creíase que solo la imposicion de las manos de los -apóstoles bastaba para producir los mismos efectos<a id="FNanchor_327" -href="#Footnote_327" class="fnanchor">[327]</a>. Esta imposicion se -hacia por el contacto inmediato, y no es imposible que en ciertos -casos, el calor de las manos, comunicándose vivamente á la cabeza, -proporcionase algun alivio al enfermo.</p> - -<p>Siendo jóven y poco numerosa la secta, no se entabló sino más -adelante la cuestion de los muertos. Los primeros fallecimientos -que ocurrieron entre los cofrades causaron un efecto extraño<a -id="FNanchor_328" href="#Footnote_328" class="fnanchor">[328]</a>. -Preocupáronse de la suerte de los difuntos; pues deseaban saber si -aquellos serian más favorecidos que los que sobrevivieran para ver -por sus propios ojos el advenimiento del Hijo del hombre. Llegóse -por fin á considerar generalmente el intervalo entre la muerte y la -resurreccion como una especie de vacío en la conciencia del difunto.<a -id="FNanchor_329" href="#Footnote_329" class="fnanchor">[329]</a> La -idea presentada en el <i>Phedon</i>, de que existe el alma, antes -y despues de la muerte, de que la muerte es un bien, y aun de que -es el estado filosófico por excelencia, pues entonces se encuentra -el alma totalmente libre y desprendida, esta idea, repito,<span -class="pagenum" id="Page_139">p. 139</span> no era opinion -decididamente admitida en los primeros cristianos; siendo lo más -frecuente que considerasen no podia existir el hombre sin cuerpo. -Y este modo de ver subsistió mucho tiempo sin que cambiara, hasta -que la doctrina de la inmortalidad del alma, en el sentido de la -filosofía griega, fué acogida en la Iglesia y se combinó bien ó mal -con el dogma de la resurreccion y de la renovacion universal. Empero -en la época á que nos referimos ahora, la creencia en la resurreccion -reinaba casi exclusivamente<a id="FNanchor_330" href="#Footnote_330" -class="fnanchor">[330]</a>. El rito de los funerales era segun las -apariencias el rito judío. No se le daba importancia alguna, y ninguna -inscripcion indicaba el nombre del difunto, considerando tal vez -que habia de ser pronta la resurreccion y que el cuerpo de aquel -fiel cristiano habia de permanecer poco tiempo en la roca donde le -depositaron. Cuidáronse muy poco de avenirse en cuanto á la cuestion de -saber si la resurreccion seria universal, es decir, si comprenderia á -los buenos y á los malos, ó si se aplicaria únicamente á los elegidos<a -id="FNanchor_331" href="#Footnote_331" class="fnanchor">[331]</a>.</p> - -<p>Uno de los fenómenos más notables de la nueva religion fué la -reaparicion del profetismo. Hacia ya mucho tiempo que casi no se -hablaba más de profetas en Israel; pero este género particular -de inspiracion<span class="pagenum" id="Page_140">p. 140</span> -pareció renacer en la pequeña secta. La Iglesia primitiva tuvo muchos -profetas, y tambien profetisas<a id="FNanchor_332" href="#Footnote_332" -class="fnanchor">[332]</a> análogos á los del Antiguo Testamento. -Aparecieron igualmente los salmistas; y el modelo de los salmos -cristianos lo encontramos seguramente en los cánticos que Lucas -se complace en esparcir por su Evangelio<a id="FNanchor_333" -href="#Footnote_333" class="fnanchor">[333]</a>, y que están basados -sobre los cánticos del Antiguo Testamento. Estos salmos y estas -profecías carecen de originalidad en cuanto á su forma; pero están -animados y henchidos de un admirable espíritu de dulzura y de piedad; -vienen siendo un eco amortiguado de las últimas melodías que produjo la -sagrada lira de Israel; y no parece sino que fueron los salmos el cáliz -de la flor, donde la abeja cristiana hizo presa de su primer jugo. El -Pentateuco, era segun las apariencias, poco leido y poco meditado, -sustituyéndolo con alegorías, á estilo de los <i>midraschim</i> judíos, -en que se suprimia todo el sentido histórico de los libros.</p> - -<p>El canto con que se acompañaban los himnos nuevos<a -id="FNanchor_334" href="#Footnote_334" class="fnanchor">[334]</a> -era probablemente esa especie de sollozo sin notas bien marcadas -y perceptibles, que continúa siendo el canto de los griegos, -de los maronitas y de los cristianos de Oriente en general<a -id="FNanchor_335" href="#Footnote_335" class="fnanchor">[335]</a>. -No es debido á modulaciones musicales, sino á un modo peculiar de -forzar la voz, emitiendo por la nariz una especie de gemido<span -class="pagenum" id="Page_141">p. 141</span> en que todas las -inflexiones se suceden con rapidez unas á otras. Ejecútase esta -singular melopea, en pié, con la vista fija, la frente arrugada, -las cejas fruncidas y con un esfuerzo aparente. Pronúnciase sobre -todo con voz temblorosa la palabra <i>amen</i>, la cual hacia gran -papel en la liturgia. Á imitacion de los judíos<a id="FNanchor_336" -href="#Footnote_336" class="fnanchor">[336]</a> usábanla los nuevos -cristianos para manifestar la adhesion de la muchedumbre á la palabra -del profeta ó del sochantre<a id="FNanchor_337" href="#Footnote_337" -class="fnanchor">[337]</a>. Acaso atribuíanse ya virtudes secretas á -esta palabra, y por eso la pronunciaban con cierto énfasis. Ignoramos -si este canto eclesiástico primitivo iba acompañado de instrumentos<a -id="FNanchor_338" href="#Footnote_338" class="fnanchor">[338]</a>. -Respecto al canto íntimo, el que los fieles «cantaban en el -fondo de su corazon<a id="FNanchor_339" href="#Footnote_339" -class="fnanchor">[339]</a>,» y que no era más que la expansion y -desahogo de aquellas almas tiernas, fervorosas y contemplativas, es -de presumir que lo ejecutaban á media voz como las cantilenas de los -lolardos de la edad media<a id="FNanchor_340" href="#Footnote_340" -class="fnanchor">[340]</a>. Por lo general aquellos himnos eran la -manifestacion de la alegría que rebosaba en sus corazones. Una de -las máximas de los sabios de la secta era: «Si estás triste, ora; -si estás alegre, canta<a id="FNanchor_341" href="#Footnote_341" -class="fnanchor">[341]</a>.»</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_142">p. 142</span>Por lo demás, -destinada simplemente á la edificacion de los fieles congregados, -aquella primera literatura cristiana no se escribia. Componer ó -escribir libros era una idea que á nadie se le ocurria, pues que Jesús -habia hablado y recordaban sus palabras. ¿No habia prometido que la -generacion de sus oyentes no pasaria antes que él reapareciera?<a -id="FNanchor_342" href="#Footnote_342" class="fnanchor">[342]</a></p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_6"> - <p><span class="pagenum" id="Page_143">p. 143</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO VI.</h2> - <p class="subh2">Conversion de judíos helenistas y prosélitos.</p> -</div> - -<div class="sidenote">Año 36</div> - -<p>Hasta aquí, se ha presentado á nuestra vista la Iglesia de Jerusalem -como una pequeña colonia galilea. Los amigos que habia adquirido Jesús -en Jerusalem y en las cercanías, tales como Lázaro, Marta, María de -Betania, José de Arimatea y Nicodemo, habian desaparecido de la escena. -El grupo galileo, estrechado en derredor de los doce, fué el único que -subsistió compacto y activo. Más adelante, despues de la destruccion -de Jerusalem, y lejos de la Judea, imagináronse que los sermones de -los apóstoles eran escenas públicas que se representaban en las plazas -y á presencia del gentío que en ellas se reunia.<a id="FNanchor_343" -href="#Footnote_343" class="fnanchor">[343]</a> Semejante pensamiento -debiera relegarse entre las supuestas imágenes que tanto abundan -en las leyendas. Las autoridades que condenaron á muerte á Jesús, -no hubieran consentido que semejantes escándalos se renovasen. El -pro<span class="pagenum" id="Page_144">p. 144</span>selitismo -de los fieles se comunicaba de uno á otro.<a id="FNanchor_344" -href="#Footnote_344" class="fnanchor">[344]</a> Sus predicaciones bajo -el pórtico de Salomon, habian de dirigirse á muy pocos oyentes; pero -su efecto, por lo mismo, no habia de ser sino más profundo. Consistian -principalmente sus discursos en citas del Antiguo Testamento con las -cuales creian probar que Jesús era el Mesías.<a id="FNanchor_345" -href="#Footnote_345" class="fnanchor">[345]</a> Su razonamiento era -sutil y débil; pero todos los comentarios de los Judíos de aquella -época eran por el mismo estilo, y las consecuencias que deducen de la -Biblia los doce de la <i>Mischna</i>, no son tampoco satisfactorias.</p> - -<p>Mucho más débil aún era la prueba invocada para sostener sus -argumentos, deducida de los pretendidos prodigios. Imposible fuera -dudar que los apóstoles hayan creido hacer milagros. Estos eran -considerados como la señal de toda mision divina,<a id="FNanchor_346" -href="#Footnote_346" class="fnanchor">[346]</a> y San Pablo, cuyo -entendimiento era ciertamente el más claro y adelantado de la -primitiva escuela cristiana, creyó obrar milagros.<a id="FNanchor_347" -href="#Footnote_347" class="fnanchor">[347]</a> Se consideraba -como indudable que Jesús los habia hecho, y era natural que se -continuase la série de las manifestaciones divinas. Efectivamente, -la taumaturgia aparece como un privilegio de los apóstoles hasta -el fin del siglo primero.<a id="FNanchor_348" href="#Footnote_348" -class="fnanchor">[348]</a> Los milagros de los apóstoles son de igual -índole que los de<span class="pagenum" id="Page_145">p. 145</span> -Jesús, y consisten sobre todo, aunque no exclusivamente, en curas -de enfermedades y en exorcismos de poseidos.<a id="FNanchor_349" -href="#Footnote_349" class="fnanchor">[349]</a> Así es que se -pretendia que bastaba la sombra para operar curas maravillosas.<a -id="FNanchor_350" href="#Footnote_350" class="fnanchor">[350]</a> -Reputábanse estos prodigios por dones del Espíritu Santo, y -eran justipreciados de igual valor que el don de ciencia, de -predicacion ó de profeta.<a id="FNanchor_351" href="#Footnote_351" -class="fnanchor">[351]</a> En el siglo <span class="asc">III</span>, la -Iglesia creia todavía poseer los mismos privilegios y ejercer como por -una especie de derecho permanente, el poder de curar las enfermedades, -echar fuera á los demonios y predecir el porvenir;<a id="FNanchor_352" -href="#Footnote_352" class="fnanchor">[352]</a> siendo todo esto -posible para los ignorantes. ¿No vemos en la actualidad personas -honradas y de probidad, pero que carecen de espíritu científico, -firmemente engañadas con las quiméricas ideas del magnetismo y -por otras ilusiones?<a id="FNanchor_353" href="#Footnote_353" -class="fnanchor">[353]</a></p> - -<p>Empero no debemos valernos de esos errores candorosos, ni de los -mezquinos discursos que vemos en las <i>Actas</i>, para calificar -los medios de conversion de que pudieran disponer los fundadores del -cristianismo. La verdadera predicacion estribaba en las conversaciones -de aquellos hombres buenos y convencidos; consistia en el reflejo, -todavía sensible<span class="pagenum" id="Page_146">p. 146</span> en -sus discursos, de la palabra de Jesús, y sobre todo en su piedad y -dulzura. El atractivo de la vida en comun que llevaban tenia tambien -mucha influencia, siendo su casa como un hospicio en que todos los -pobres, todos los que se vieran abandonados, encontraban asilo y -auxilios.</p> - -<p>Uno de los primeros que se afiliaron en aquella sociedad -naciente, fué un chipriota llamado José Hallévi ó el Levita. Este -vendió su campo como los demás, y fué á postrarse á los piés -de los Doce ofreciéndoles el precio de la venta. Era un hombre -inteligente, de un afecto á toda prueba y que usaba fácilmente de -la palabra; así que uniéronse estrechamente con él los apóstoles, -y le llamaron <i>Bar-naba</i>, es decir «el hijo de la profecía» -ó «de la predicacion;»<a id="FNanchor_354" href="#Footnote_354" -class="fnanchor">[354]</a> pues se le contaba efectivamente en el -número de los Profetas<a id="FNanchor_355" href="#Footnote_355" -class="fnanchor">[355]</a>, es decir, de los predicadores inspirados. -Verémosle más tarde figurar en primera línea, porque despues de -San Pablo, fué el misionero más activo del primer siglo. Un tal -Mnason, su compatriota, se convirtió por aquel mismo tiempo.<a -id="FNanchor_356" href="#Footnote_356" class="fnanchor">[356]</a> -Los judíos ocupaban muchos barrios de Chipre,<a id="FNanchor_357" -href="#Footnote_357" class="fnanchor">[357]</a> y Bernabé y Mnason -eran sin duda judíos de raza.<a id="FNanchor_358" href="#Footnote_358" -class="fnanchor">[358]</a> Las relaciones íntimas y prolongadas de -Bernabé con la Iglesia de Jerusalem hacen creer que el siro-caldeo le -era familiar.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_147">p. 147</span>Una conquista -casi tan importante como la de Bernabé, fué la de cierto Juan -que llevaba el sobrenombre romano de <i>Marcus</i>. Era primo de -Bernabé, y circunciso<a id="FNanchor_359" href="#Footnote_359" -class="fnanchor">[359]</a>. Su madre, María, debia gozar de cierto -bienestar y comodidades: convirtióse del propio modo que su hijo, y su -morada fué más de una vez el sitio donde se reunian los apóstoles.<a -id="FNanchor_360" href="#Footnote_360" class="fnanchor">[360]</a> -Parece que estas dos conversiones fueron obra de Pedro.<a -id="FNanchor_361" href="#Footnote_361" class="fnanchor">[361]</a> -En todo caso, Pedro mantenia estrechas relaciones de amistad con la -madre y con el hijo, de tal modo, que en casa de ellos se consideraba -como en la suya propia<a id="FNanchor_362" href="#Footnote_362" -class="fnanchor">[362]</a>. Y aun admitiendo la hipótesis de -que Juan Márcos no fuera idéntico al autor verdadero ó supuesto -del segundo Evangelio,<a id="FNanchor_363" href="#Footnote_363" -class="fnanchor">[363]</a> el papel que desempeñó seria siempre de suma -importancia; pues le veremos más tarde acompañar en sus excursiones -apostólicas á Pablo, Bernabé, y probablemente al mismo Pedro.</p> - -<p>Propagóse así el primer fuego con gran rapidez. Los hombres más -célebres del siglo apostólico se sintieron casi todos arrastrados en -dos ó tres años por una especie de impulso simultáneo. Fué una segunda -generacion cristiana paralela á la que se habia formado, cin<span -class="pagenum" id="Page_148">p. 148</span>co ó seis años antes, á -orillas del lago de Tiberiade. Esta segunda generacion no habia visto -á Jesús y no podia igualar á la primera en autoridad; pero habia -de sobrepujarla por su actividad y por su aficion á las misiones -lejanas. <span id="Steph">Uno</span> de los más conocidos entre los -nuevos adeptos, era Stephanus ó Estéban, que no fué, segun parece, más -que un simple prosélito, antes de su conversion<a id="FNanchor_364" -href="#Footnote_364" class="fnanchor">[364]</a>. Era un hombre ardiente -y apasionado; su fé, de las más vivas; y creíasele favorecido de todos -los dones del Espíritu Santo<a id="FNanchor_365" href="#Footnote_365" -class="fnanchor">[365]</a>. Felipe, quien como Stephanus, fué diácono -y evangelista celoso, se agregó á la comunidad hácia el mismo tiempo<a -id="FNanchor_366" href="#Footnote_366" class="fnanchor">[366]</a>, -y confundiósele frecuentemente con su homónimo el apóstol<a -id="FNanchor_367" href="#Footnote_367" class="fnanchor">[367]</a>. -Por último, en aquella época, convirtiéronse Andrónico y Junía<a -id="FNanchor_368" href="#Footnote_368" class="fnanchor">[368]</a>, -dos esposos, probablemente, que ofrecieron, como más tarde Aquila y -Priscila, el modelo de una pareja apostólica, consagrada á todos -los afanes y cuidados del misionero. Eran de la sangre de Israel, y -tuvieron estrechísimas relaciones con los apóstoles<a id="FNanchor_369" -href="#Footnote_369" class="fnanchor">[369]</a>.</p> - -<p>Los nuevos convertidos eran todos judíos por su religion, -cuando les tocó la gracia; pero pertenecian<span class="pagenum" -id="Page_149">p. 149</span> á dos clases de judíos muy distintas. -Eran los unos «hebreos»<a id="FNanchor_370" href="#Footnote_370" -class="fnanchor">[370]</a>, es decir, judíos de Palestina, que hablaban -hebreo ó más bien arameo, y leian la Biblia en el texto hebreo; los -otros eran «helenistas», es decir, judíos que hablaban griego y leian -la Biblia en griego. Subdividíanse todavía estos últimos en dos -clases; los unos eran de sangre judía y los otros eran prosélitos; -es decir, gentes que no eran de orígen israelita, pero afiliados -al judaismo en distintos grados. Estos helenistas, procedentes -casi todos de Siria, del Asia Menor, de Egipto ó de Cirene<a -id="FNanchor_371" href="#Footnote_371" class="fnanchor">[371]</a>, -habitaban en distintos barrios en Jerusalem. Tenian sus sinagogas -separadas y formaban aparte pequeñas comunidades. Contaba Jerusalem -gran número de estas sinagogas particulares<a id="FNanchor_372" -href="#Footnote_372" class="fnanchor">[372]</a>; y allí es donde la -palabra de Jesús encontró preparado el terreno para recibirla y hacer -que fructificara.</p> - -<p>Todo el núcleo primitivo de la Iglesia se componia de «hebreos»; -el dialecto arameo, que fué la lengua de Jesús, era el único que se -usaba entonces. Empero, se vé que desde el segundo ó el tercer año, -despues de la muerte de Jesús, invadió el griego aquella pequeña -comunidad, donde debia enseñorearse y predominar. Á consecuencia de -sus relaciones cotidianas con aquellos nuevos hermanos, Pedro, Juan, -Jacobo, Judas,<span class="pagenum" id="Page_150">p. 150</span> y -generalmente todos los discípulos galileos, aprendieron el griego -tanto más fácilmente, cuanto que probablemente ya sabian algo de -aquella lengua. Un incidente del que hablaremos muy en breve, acredita -que esa diversidad de idiomas introdujo en un principio cierta -division en la comunidad, y que no se entablaban muy fácilmente las -relaciones entre ambos bandos<a id="FNanchor_373" href="#Footnote_373" -class="fnanchor">[373]</a>. Consumada la ruina de Jerusalem, veremos á -los «hebreos» retirados más allá del Jordan, á la altura del lago de -Tiberiade, formando una Iglesia separada, que tuvo distinta suerte; -pero en el intervalo de estos dos hechos no parece que la diversidad de -lenguaje produjera consecuencia alguna en la Iglesia. Los Orientales -tienen gran facilidad para aprender las lenguas; así que, en las -ciudades cada uno habla habitualmente dos ó tres idiomas. Es por lo -tanto probable que aquellos de los apóstoles galileos que desempeñaron -algun papel importante, adquirieran la práctica del griego<a -id="FNanchor_374" href="#Footnote_374" class="fnanchor">[374]</a>, y -aun llegaran á servirse de él con preferencia al siro-caldeo, cuando -aumentó mucho el número de los fieles que hablaban en griego. Fué -pues preciso renunciar al dialecto palestino, desde el dia en que -se proyectó una propaganda que habia de extenderse á lo lejos; y -además, como dialecto provincial, que apenas se usaba por escrito<a -id="FNanchor_375" href="#Footnote_375" class="fnanchor">[375]</a> y que -no se<span class="pagenum" id="Page_151">p. 151</span> hablaba fuera -de la Siria, era tambien poco á propósito para semejante empresa. El -griego, por lo contrario, fué impuesto en cierto modo al cristianismo. -Era la lengua universal de la época, la que se hablaba al menos en -todas las poblaciones situadas en la parte oriental del Mediterráneo. -Era, con especialidad, la lengua de los judíos dispersos por todo el -imperio romano; pues entonces, como ahora, los judíos adoptaban muy -fácilmente los idiomas de los países que habitaban. No se picaban de -purismo, y por eso aparece tan defectuoso el griego del cristianismo -primitivo. Los judíos, aun aquellos más instruidos, pronunciaban -mal la lengua clásica<a id="FNanchor_376" href="#Footnote_376" -class="fnanchor">[376]</a>. Calcaban su frase sobre el siriaco, y nunca -se deshicieron de los dialectos groseros que les llevó la conquista -alcanzada por los macedonios.<a id="FNanchor_377" href="#Footnote_377" -class="fnanchor">[377]</a></p> - -<p>Las conversiones al cristianismo tardaron poco en ser más numerosas -entre los «helenistas» que entre los «hebreos». Los viejos judíos de -Jerusalem sentian poco atractivo hácia una secta de provinciales, -medianamente versados en la única ciencia que un fariseo apreciara, -la ciencia de la Ley<a id="FNanchor_378" href="#Footnote_378" -class="fnanchor">[378]</a>. La posicion de la pequeña Iglesia respecto -al judaismo, era algo equívoca, cual lo fué la del mismo Jesús. Empero, -todo partido religioso ó político lleva en sí mismo una fuerza que -le domina y le obliga, á pesar suyo, á recorrer su órbita.<span -class="pagenum" id="Page_152">p. 152</span> Los primeros cristianos, -cualquiera que fuese su aparente respeto al judaismo, no eran realmente -judíos sino por su nacimiento ó por sus hábitos exteriores; el -verdadero espíritu de la secta traia otro orígen. El Talmud era el que -germinaba en el judaismo oficial, y el cristianismo no tenia afinidad -alguna con la escuela talmúdica. Hé ahí por qué encontraba favorable -acogida el cristianismo en las partes menos judías del judaismo. Los -ortodoxos rígidos adheríanse poco á él; los recien llegados, gentes -apenas catequizadas, que no habian cursado en las grandes escuelas, -exentos de la rutina y que no estaban iniciados en la lengua santa, -eran los que prestaban atento oido á los apóstoles y á sus discípulos. -Medianamente considerados por la aristocracia de Jerusalem, estos -advenedizos del judaismo tomaban así una especie de desquite, y siempre -son las partes más jóvenes, y nuevamente adquiridas en una comunidad, -las que menos se cuidan de la tradicion y más se inclinan á las -novedades.</p> - -<p>En estas clases, poco sujetas á los Doctores de la Ley, la -credulidad era tambien, segun parece, más candorosa y más completa -y firme. Lo que choca en el judío talmudista, no es la credulidad. -El judío crédulo y afecto á lo maravilloso, que conocieron los -satíricos latinos, no era el judío de Jerusalem, sino el judío -helenista, muy religioso, á la par que poco instruido y por -consiguiente muy supersticioso. Ni el saduceo medio incrédulo, ni -el fariseo rigorista, se conmovian sensiblemente con la teurgia, -que tan grande boga alcanzaba en el círculo apostólico; pero que el -<i>Judæus<span class="pagenum" id="Page_153">p. 153</span> Apella</i>, -del cual se sonreia Horacio<a id="FNanchor_379" href="#Footnote_379" -class="fnanchor">[379]</a>, estaba allí para creer. Por otra parte, las -cuestiones sociales interesaban particularmente á los que no sacaban -provecho alguno de las riquezas que el templo y las instituciones -centrales de la nacion atraian con afluencia á Jerusalem, y por eso -sucedió que, combinándose con necesidades análogas á la que actualmente -se llama «Socialismo», la nueva secta echó los sólidos cimientos en que -habia de asentar el edificio de su porvenir.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_7"> - <p><span class="pagenum" id="Page_154">p. 154</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO VII.</h2> - <p class="subh2">La Iglesia considerada como una asociacion de - pobres. — Institucion del diaconato. — Las diaconesas y las - viudas.</p> -</div> - -<div class="sidenote">Año 36</div> - -<p>La historia comparada de las religiones, nos revela una verdad -general; todas las que han tenido un principio y que no son -contemporáneas del lenguaje mismo, se han establecido más bien por -razones sociales que teológicas. Así sucedió seguramente con el -budismo; pues, la suerte prodigiosa de esta religion, no fué debida -á la filosofía nihilista en que se basaba, sino á su parte social. -Proclamando la abolicion de las castas, y estableciendo segun su -expresion «una ley de gracia para todos», es como Çakya-Mouni y sus -discípulos arrastraron en pos de ellos, á la India primero, y luego -á la mayor parte del Asia<a id="FNanchor_380" href="#Footnote_380" -class="fnanchor">[380]</a>. Del propio modo que el cristianismo, fué el -budismo un movimiento de pobres. El grande atractivo que les hizo<span -class="pagenum" id="Page_155">p. 155</span> adherirse á él, fué la -facilidad que se ofreciera á las clases desheredadas de rehabilitarse, -profesando un culto que les enaltecia y les presentaba infinitos -recursos de asistencia y de compasion.</p> - -<p>En el primer siglo de nuestra era, abundaban muchísimo los pobres en -Judea, careciendo aquella comarca, por su naturaleza, de los recursos -que proporciona el bienestar. En aquel país sin industria, casi todas -las fortunas debian su orígen á instituciones religiosas ricamente -dotadas, ó á los favores del gobierno. Las riquezas del templo eran -desde luengos años herencia exclusiva de un corto número de nobles. -Los Asmoneos habian constituido en derredor de su dinastía un grupo -de familias ricas; así como los Herodes aumentaron muchísimo el lujo -y el bienestar en determinada clase de la sociedad; pero el verdadero -judío teócrata, al volver la espalda á la civilizacion romana, hízose -cada vez más pobre. Formóse entonces una clase numerosa de hombres -santos, piadosos, fanáticos, y rígidos observadores de la Ley, pero -totalmente miserables en su exterioridad, y en aquella clase fué donde -se reclutaron las sectas y los partidos fanáticos tan considerables -en aquella época. El delirio universal era conseguir el predominio -del judío proletario que habia permanecido fiel, y la humillacion del -rico, considerado como un tránsfuga, como un traidor que habia pasado -á la vida profana y á la civilizacion en la exterioridad. Jamás hubo -ódio alguno que igualara al de los pobres de Dios, en contra de las -espléndidas construcciones con que el país empe<span class="pagenum" -id="Page_156">p. 156</span>zaba á cubrirse, no menos que contra -las obras de los Romanos<a id="FNanchor_381" href="#Footnote_381" -class="fnanchor">[381]</a>. Precisados, para no perecer de hambre, á -trabajar en aquellos edificios que les parecian monumentos de orgullo y -de lujo prohibido, creíanse víctimas de ricos malvados, corrompidos é -infieles á la Ley.</p> - -<p>Concíbese con cuanto apresuramiento seria acogida una asociacion -de socorros mútuos, en semejante estado social. La pequeña Iglesia -debió parecerles un paraiso; así fué que aquella familia de hermanos, -sencillos y unidos, de todas partes se atrajo afiliados. En cambio -de lo que llevaban á la comunidad; aseguraban su porvenir, una -confraternidad dulcísima y lisonjeras esperanzas. Era costumbre -general que convirtieran sus bienes de fortuna en dinero antes -de entrar en la secta<a id="FNanchor_382" href="#Footnote_382" -class="fnanchor">[382]</a>, consistiendo comunmente esos bienes en -pequeñas haciendas rurales poco productivas y cuya explotacion era -incómoda. Las gentes solteras no encontraban sino ventajas en cambiar -aquellos terrones por una colocacion de su valor en una sociedad de -seguros, con pérdida del capital, pero con la esperanza de alcanzar -el reino de los cielos. Algunos matrimonios solicitaron igualmente -su participacion en este órden de cosas; pero tomáronse precauciones -para que los asociados llevasen real y verdaderamente todo su haber -á la comunidad, y no guardasen nada para sí, fuera del fondo comun<a -id="FNanchor_383" href="#Footnote_383" class="fnanchor">[383]</a>. -Efectiva<span class="pagenum" id="Page_157">p. 157</span>mente, -como cada cual no recibia en razon de la apuesta que habia hecho, -sino proporcionalmente á sus necesidades<a id="FNanchor_384" -href="#Footnote_384" class="fnanchor">[384]</a>, toda reserva de -propiedad hubiera sido en realidad un robo hecho á la comunidad. -En esto se vé la sorprendente semejanza de los tales ensayos de -organizacion del proletariado con ciertas utopias que surgieron en -una época no muy distante de nosotros. Empero nótase una profunda -diferencia, que consiste en que el comunismo cristiano estribaba en -una base religiosa, mientras que el socialismo moderno carece de ella. -Claro está que una asociacion en que el dividendo se hace en razon de -las necesidades de cada uno, y no en proporcion del capital abonado al -fondo comun, no puede apoyarse sino en un sentimiento exaltadísimo de -abnegacion, en una ardiente fé y en un ideal religioso.</p> - -<p>Con semejante constitucion social, las dificultades administrativas -habian de ser numerosísimas, cualquiera que fuese el grado de -fraternidad que reinara en la asociacion. Entre las dos fracciones -de la comunidad, cuyo idioma era distinto, los malentendidos eran -inevitables. Difícil era que los judíos de raza no se mostrasen algo -desdeñosos con aquellos de sus correligionarios, que eran menos -nobles. Efectivamente no tardaron en oirse quejas y murmuraciones; -lamentábanse los «helenistas,» cuyo número iba aumentando diariamente, -de que sus viudas fuesen menos bien tratadas en las distribuciones -que las de los «hebreos»<a id="FNanchor_385" href="#Footnote_385" -class="fnanchor">[385]</a>.<span class="pagenum" id="Page_158">p. -158</span> Hasta entonces habian cuidado los apóstoles de la -administracion de caudales; pero en vista de semejantes reclamaciones, -conocieron les era preciso delegar esta parte de sus poderes. -Propusieron por lo tanto á la comunidad, que confiase el cuidado -de la administracion á siete hombres entendidos y considerados; -y habiendo sido aceptada la proposicion, procedióse á elegirlos. -Los siete nombrados para aquel cargo fueron Stephano ó Estéban, -Felipe, Prócoro, Nicanor, Timon, Pármenas y Nicolás. Este último -era natural de Antioquía y simple prosélito, y Estéban era tal -vez de igual condicion<a id="FNanchor_386" href="#Footnote_386" -class="fnanchor">[386]</a>. Parece que procediendo inversamente de la -práctica observada en la eleccion del apóstol Matías, se impusieron -la obligacion de elegir los siete administradores, no ya en el grupo -de los discípulos primitivos, sino entre los nuevos convertidos y -especialmente entre los helenistas; así es que todos ellos tienen -nombres puramente griegos. Estéban era el más importante de los siete, -y en cierto modo su jefe. Los presentaron á los apóstoles, quienes, -segun mérito consagrado ya, oraron sobre sus cabezas, posando sus manos -en ellas.</p> - -<p>Dióse á los administradores así designados el nombre -sirio de <i>Schammaschin</i>, en griego <span xml:lang="grc" -lang="grc">Διάκονοι</span>. Llamábanlos á veces «los Siete» para -oponerlos á los «Doce»<a id="FNanchor_387" href="#Footnote_387" -class="fnanchor">[387]</a>. Tal fué pues el orígen del diaconato, -que viene siendo el empleo eclesiástico más antiguo en las sagradas -órdenes. Todas las iglesias que con el tiem<span class="pagenum" -id="Page_159">p. 159</span>po se organizaron, tuvieron sus diáconos, -á imitacion de la de Jerusalem. La fecundidad de esta institucion fué -maravillosa: representaba la asistencia del pobre elevada al nivel -de un servicio religioso; era la proclamacion de esta verdad, que -las cuestiones sociales son las primeras de que hay que preocuparse; -viniendo á ser tambien la fundacion de la economía política en -cosas religiosas. Los diáconos fueron los mejores predicadores del -cristianismo, y pronto veremos cuál fué su oficio como evangelistas; -siendo mucho más importante todavía el que les cupo como organizadores, -ecónomos y administradores. Aquellos hombres prácticos, que se hallaban -en perpétuo contacto con los pobres, los enfermos y las mujeres, -penetraban en todas partes, todo lo veian, y exhortaban y convertian -con la mayor eficacia<a id="FNanchor_388" href="#Footnote_388" -class="fnanchor">[388]</a>. Hicieron más que los apóstoles, inmóviles -en Jerusalem, en su puesto de honor. Ellos fueron los verdaderos -creadores del cristianismo en su parte más sólida y duradera.</p> - -<p>Admitióse desde luego á las mujeres en este empleo<a -id="FNanchor_389" href="#Footnote_389" class="fnanchor">[389]</a>; -llevando como en la actualidad el nombre de «hermanas»<a -id="FNanchor_390" href="#Footnote_390" class="fnanchor">[390]</a>. -Al principio lo desempeñaban las viudas<a id="FNanchor_391" -href="#Footnote_391" class="fnanchor">[391]</a>; pero dióse -más adelante la preferencia á las vírgenes para este oficio<a -id="FNanchor_392" href="#Footnote_392" class="fnanchor">[392]</a>. -El tacto que guió en todo esto á la primitiva Iglesia fué admirable. -Aquellos hom<span class="pagenum" id="Page_160">p. 160</span>bres -buenos y sencillos asentaron con profunda ciencia, porque emanaba -del corazon, las bases de la gran cosa cristiana por excelencia; la -caridad. En ninguna parte hubieron de encontrar el modelo de estas -instituciones, y sin embargo, de aquellos dos ó tres primeros años de -afanes y trabajo, surgió una santa creacion, un vasto ministerio de -beneficencia y de socorros mútuos, en el que empleando los dos sexos -sus diversas cualidades, concertaban sus esfuerzos para aliviar las -miserias humanas. Aquellos fueron los años más fecundos en la historia -del cristianismo. Concíbese que el pensamiento todavía palpitante de -Jesús inspirara á sus discípulos y los dirigiera en todos sus actos con -maravillosa lucidez. Obrando en justicia, es efectivamente á Jesús á -quien debemos tributar el honor de cuanto bueno y grande hicieron los -apóstoles, siendo muy probable que durante su vida asentara las bases -de los establecimientos que surgieron y se desarrollaron con tan feliz -éxito, poco tiempo despues de su muerte.</p> - -<p>Las mujeres acudian naturalmente presurosas á una comunidad en -que el débil se encontraba amparado con tantas garantías, pues la -posicion que venian ocupando en la sociedad de aquella época era -harto humilde y precaria<a id="FNanchor_393" href="#Footnote_393" -class="fnanchor">[393]</a>; la viuda, sobre todo, á pesar de -algunas leyes protectoras, veíase frecuentemente entregada á la -miseria y poco respetada. Muchos doctores pretendian que no habia -de darse á la mujer ninguna educacion religiosa<a id="FNanchor_394" -href="#Footnote_394" class="fnanchor">[394]</a>. El Talmud pone -al mismo nivel, entre las<span class="pagenum" id="Page_161">p. -161</span> calamidades públicas, á la viuda habladora y curiosa que -pasa su vida chismeando y murmurando con la vecindad, así como á -la vírgen que malgasta su tiempo en oraciones<a id="FNanchor_395" -href="#Footnote_395" class="fnanchor">[395]</a>. La nueva religion -creó para aquellas pobres desheredadas un asilo honroso y seguro<a -id="FNanchor_396" href="#Footnote_396" class="fnanchor">[396]</a>. -Algunas mujeres ocupaban un rango muy elevado en la Iglesia, -sirviendo su casa de punto de reunion<a id="FNanchor_397" -href="#Footnote_397" class="fnanchor">[397]</a>. En cuanto á las -que no tenian casa, las constituyeron en una especie de órden, ó de -cuerpo presbiteral femenino<a id="FNanchor_398" href="#Footnote_398" -class="fnanchor">[398]</a>, que comprendia tambien, probablemente, -á las vírgenes, y cuyo oficio fué de la mayor importancia en la -organizacion de la limosna. Las instituciones que se consideran como el -fruto tardío del cristianismo, como son las congregaciones de mujeres, -ciertas beatas (<i>beguines</i>), y las hermanas de la caridad, fueron -una de sus primeras creaciones, el principio de su fuerza y la más -perfecta expresion de su espíritu. Observaremos aquí particularmente -que es completamente cristiana la admirable idea de consagrar con una -especie de carácter religioso, y de sujetar á una disciplina regular -á las mujeres que no están sujetas por los lazos del matrimonio. -La palabra «viuda» vino á ser sinónima de persona religiosa, -entregada á Dios, y por consiguiente «Diaconesa»<a id="FNanchor_399" -href="#Footnote_399" class="fnanchor">[399]</a>. En aquellos países -donde la esposa de veinticuatro años está ya ajada, donde no hay casi -in<span class="pagenum" id="Page_162">p. 162</span>termedio entre la -niña y la vieja, era como una nueva vida que se creaba para la mitad de -la especie humana más capaz de afecto.</p> - -<p>El tiempo de los Seleúcidas habia sido una época terrible de -desenfreno femenino. Jamás se habian visto tantos dramas domésticos, -tantas envenenadoras y adúlteras. Los sabios de entonces debieron -considerar á la mujer como un azote de la humanidad, como un principio -de bajeza y de vergüenza, como un genio malévolo cuyo oficio era -únicamente combatir todas las nobles aspiraciones del otro sexo<a -id="FNanchor_400" href="#Footnote_400" class="fnanchor">[400]</a>. -Empero el cristianismo lo cambió todo; pues en la edad que para -nosotros es todavía la juventud, y que en la vida de la mujer de -Oriente es tan triste, tan fatalmente entregada á las sugestiones -del mal, sin más que rodear su cabeza con un chal negro<a -id="FNanchor_401" href="#Footnote_401" class="fnanchor">[401]</a>, -podia la viuda convertirse en una persona respetable, dignamente -ocupada, una diaconesa, que igualaba á los hombres más estimados. -El cristianismo elevó, é hizo santa<a id="FNanchor_402" -href="#Footnote_402" class="fnanchor">[402]</a> la posicion tan -espinosa de la viuda sin hijos, pues esta vino á ser casi igual -á la de la vírgen. Fué la <i>calogría</i> ó «bella anciana»<a -id="FNanchor_403" href="#Footnote_403" class="fnanchor">[403]</a>, -venerada, útil, tratada como madre. Esa clase de mujeres que iban -y venian incesantemente<a id="FNanchor_404" href="#Footnote_404" -class="fnanchor">[404]</a>, eran admirables misioneras para el -nuevo culto, y los protestantes se equi<span class="pagenum" -id="Page_163">p. 163</span>vocan, queriendo apreciar estos hechos con -nuestro espíritu moderno de individualidad. Cuando se trata de historia -cristiana, ha de reconocerse que el socialismo y el cenobitismo fueron -primitivos.</p> - -<p>El obispo y el sacerdote, tales como el tiempo los ha hecho, no -existian todavía; pero, el ministerio pastoral, esa íntima familiaridad -de las almas, independiente de los lazos de la sangre, estaba ya -fundado. Ese ha sido siempre el don especial de Jesús, y como una -herencia legada por él. Jesús repitió frecuentemente que él era para -cada uno más que su padre, más que su madre, y que era preciso para -seguirle, separarse de los séres más queridos. Por encima de la familia -colocaba el cristianismo una cosa, creaba la fraternidad y el consorcio -espirituales. El matrimonio antiguo, que entregaba la esposa al esposo, -sin contrapeso alguno, era una verdadera esclavitud. La libertad de -la mujer data del dia en que la Iglesia le dió un confidente, un guia -en Jesús, quien la dirige y la consuela, quien la escucha siempre y á -veces la invita á la resistencia. La mujer necesita ser gobernada, y -no es dichosa sino cuando está gobernada; pero, es preciso que ame á -quien la gobierna. Hé aquí lo que las sociedades antiguas, el judaismo, -y el islamismo, nunca han podido conseguir. La mujer no ha tenido hasta -ahora una conciencia religiosa, una individualidad moral, una opinion -suya propia, sino profesando el cristianismo. Gracias á los obispos -y á la vida monástica, una Radegunda sabrá encontrar los medios de -sustraerse de los brazos de un esposo bárbaro. Siendo lo más im<span -class="pagenum" id="Page_164">p. 164</span>portante la vida del alma, -es justo y racional que el sacerdote que sabe hacer vibrar las cuerdas -divinas, el consejero secreto que tiene la llave de las conciencias, -sea más que el padre, más que el esposo.</p> - -<p>En cierto modo, el cristianismo fué una reaccion contra la -constitucion demasiado mezquina de la familia en la raza ariana. No -solamente las viejas sociedades arianas no admitian casi más que -al hombre casado, sino que comprendian el matrimonio en el sentido -más estricto. Era una cosa análoga á la familia inglesa, un círculo -estrecho, cerrado, sofocante, un egoismo entre varios, que desecaba -tanto el alma, como el egoismo de uno solo. El cristianismo, con -su divina nocion de la libertad del reino de Dios, corrigió esas -exageraciones, y en primer lugar se guardó bien de hacer pesar sobre -todos los deberes de la generalidad de los hombres. Comprendió que la -familia no es el marco absoluto de la vida, ó por lo menos el marco -en que han de encerrarse todos, que el deber de reproducir la especie -humana, no habrá de imponerse á todos, que ha de haber personas -exentas de esos deberes, bien que sean sagrados, pero no convenientes -para todos. La excepcion que hizo la sociedad griega en favor de las -<i>héteras</i>, á la manera de Aspasia; que la sociedad italiana -admitió para la <i>cortigiana</i>, á la manera de Imperia, para -satisfacer las necesidades de la sociedad culta; hízola el cristianismo -para el sacerdote, la religiosa y la diaconesa, proponiéndose el bien -general, admitiendo diversos estados en la sociedad; pues hay almas que -encuentran más dulzura y satis<span class="pagenum" id="Page_165">p. -165</span>faccion en amarse entre quinientos, que entre cinco ó seis, -y para las cuales la familia, en sus condiciones ordinarias, seria -insuficiente, fria y fastidiosa. ¿Por qué pues aplicar á todos las -exigencias de nuestras empañadas y medianas sociedades? La familia -temporal no satisface completamente al hombre; necesita hermanos y -hermanas fuera de los lazos carnales.</p> - -<p>Con su gerarquía de los diferentes empleos sociales<a -id="FNanchor_405" href="#Footnote_405" class="fnanchor">[405]</a>, la -Iglesia primitiva pareció conciliar por el pronto estas exigencias -opuestas. Nunca podremos comprender cuán felices fueron los que se -sujetaron á aquellas reglas santas, que sostenian la libertad sin -restringirla, haciendo posibles á la vez las dulzuras de la vida en -comunidad y las de la vida privada. Era lo contrario de la mezcolanza -de nuestras sociedades artificiales y destituidas de amor, en las -que el alma sensible se encuentra á veces tan cruelmente aislada. -La atmósfera era cálida y suave en aquellos pequeños asilos que se -llamaban iglesias. Vivíase en comunidad, animados de la misma fé -y de las mismas esperanzas; pero claro es tambien que semejantes -condiciones no eran aplicables á una gran sociedad. Cuando países -enteros se hicieron cristianos, convirtióse la regla de las -primeras iglesias en una utopia, refugiándose en los monasterios. -La vida monástica no es en este sentido sino la continuacion de -las iglesias primitivas<a id="FNanchor_406" href="#Footnote_406" -class="fnanchor">[406]</a>.<span class="pagenum" id="Page_166">p. -166</span> El convento es la consecuencia necesaria del espíritu -cristiano, y no hay cristianismo perfecto sin convento, puesto que solo -allí puede realizarse el ideal evangélico.</p> - -<p>Habrá de concederse seguramente una gran participacion al judaismo -en estas magnas creaciones; pues cada una de las comunidades judías, -dispersas en las costas del Mediterráneo, era ya una especie de Iglesia -con su caja de socorros mútuos. La limosna recomendada siempre por los -hombres caritativos y virtuosos y por los sabios,<a id="FNanchor_407" -href="#Footnote_407" class="fnanchor">[407]</a> se habia convertido en -precepto y se levantaba un templo en las sinagogas<a id="FNanchor_408" -href="#Footnote_408" class="fnanchor">[408]</a> y era considerada como -el primer deber del prosélito<a id="FNanchor_409" href="#Footnote_409" -class="fnanchor">[409]</a>. En todos tiempos el judaismo se distinguió -por el cuidado de sus pobres y por el sentimiento de caridad fraternal -que inspira.</p> - -<p>Es una suprema injusticia oponer el cristianismo al judaismo, -puesto que todo lo que está dentro del cristianismo primitivo ha sido -como complemento del judaismo. Examinando el mundo romano, es cuando -se notan los milagros de caridad y de asociacion libre operados por -la Iglesia. Jamás sociedad humana que solo haya reconocido por base -la razon, ha producido efectos tan admirables. La ley filosófica de -toda sociedad profana, en lo antiguo, ha sido la libertad y<span -class="pagenum" id="Page_167">p. 167</span> perfecta igualdad, pero -jamás la fraternidad. La caridad, bajo el aspecto del derecho, nada -tiene obligatorio; no mira á los individuos, encuentra en ellos -ciertos inconvenientes y se deshace de los mismos. Toda tentativa para -aplicar los fondos públicos al bienestar de los proletarios, parece -el comunismo. Cuando un hombre muere de hambre, cuando clases enteras -languidecen en la miseria, la política declara que es inevitable; -que no puede existir estado civil ni político sin la libertad y que -consecuencia de la libertad es que aquel que nada tiene y que nada -puede ganar, muera de hambre: esto es lógico y nadie puede atentar -contra los abusos de la lógica. Los deseos de las clases numerosas -acaban siempre por sofocarlos, y demuestran que las aspiraciones -sociales y religiosas tienen tambien derecho á una legítima -satisfaccion, ya que las instituciones puramente políticas y civiles no -son suficientes.</p> - -<p>La gloria del pueblo judío, es haber proclamado este principio con -toda energía, saliendo de la postracion en que se hallaban los Estados -antiguos. La ley judía es social y no política; los profetas, los -autores del Apocalipsis son promovedores de las revoluciones sociales, -no motores de revoluciones políticas. En la primera mitad del primer -siglo, colocados en presencia de la civilizacion profana, veremos que -los judíos no tienen más que una idea, esto es, la de rehusar los -beneficios del derecho romano, de este derecho filosófico, ateo, igual -para todos y proclamado por la excelencia de su ley teocrática, que -forma una sociedad<span class="pagenum" id="Page_168">p. 168</span> -religiosa y moral. La ley constituye la felicidad; hé aquí la idea de -todos los pensadores judíos tales como Philon y Josefo. Las leyes de -los otros pueblos procuran que se cumpla la justicia; poco les importa -que los hombres sean buenos y felices: la ley judía desciende á los -últimos detalles de la educacion moral. El cristianismo no es más que -el desarrollo de esta misma idea. Cada iglesia es un monasterio y todos -tienen derecho sobre todos, no pudiendo haber pobres ni malos ya que -todos velan los unos por los otros. El cristianismo primitivo puede -definirse diciendo que es una grande asociacion de pobres, un esfuerzo -heróico contra el egoismo fundado sobre la idea de que cada uno solo -tiene derecho sobre lo que necesita y que lo supérfluo pertenece á -los que no tienen. Se vé sin dificultad, que entre semejante espíritu -y el espíritu romano, se establecerá una lucha á muerte y que el -cristianismo, por su lado, no llegará á reinar, á dominar el mundo más -que á condicion de modificar profundamente sus tendencias naturales y -su programa original. Sin embargo, los deseos que representa durarán -eternamente. La vida comun, desde la segunda mitad de la edad media, -ha servido para los abusos de una Iglesia intolerante, y habiéndose -transformado con frecuencia el monasterio en un castillo feudal donde -existia la guardia de una milicia perjudicial y fanática, el espíritu -moderno se ha demostrado demasiado severo al aspecto del cenobitismo. -Nosotros hemos olvidado que en la vida comun es donde encuentra el -alma humana el más grato placer. Aquel cántico que dice «¡oh qué bueno -y<span class="pagenum" id="Page_169">p. 169</span> agradable es á -los hermanos vivir juntos!»<a id="FNanchor_410" href="#Footnote_410" -class="fnanchor">[410]</a> ha dejado de ser el nuestro; mas cuando -el individualismo moderno haya dado sus últimos frutos, cuando la -humanidad entristecida y pisoteada sea impotente, renacerán las grandes -instituciones y las estrechas disciplinas; cuando nuestra mezquina -sociedad, digo mal, nuestro mundo de pigmeos haya sido dispersado á -latigazos por los individuos heróicos é idealistas de la humanidad, -entonces recobrará todo su valor la vida comun. Una multitud de grandes -cosas, tales como la ciencia, se reorganizarán bajo la forma monástica, -recobrada en una herencia de sangre: la importancia que nuestro siglo -atribuye á la familia disminuirá; el egoismo, ley esencial de la -sociedad civil, no ahogará á las grandes almas: todas desde puntos -opuestos se unirán contra la vulgaridad: se encontrará el verdadero -sentido á las palabras de Jesús y á las ideas de la edad media acerca -de la pobreza; se comprenderá, en fin, que poseer cualquier cosa, ha -podido considerarse como una inferioridad, ya que los fundadores de la -vida mística, han disputado varios siglos para saber si Jesús poseia, -al menos, «las cosas que se consumen por el uso». Estas sutilezas -franciscanas volverán á ser grandes problemas sociales. La espléndida -idea trazada por el autor de las <i>Actas</i>, será inscrita, como una -revelacion profética, á la entrada del paraiso de la humanidad: «¡La -multitud de los fieles solo poseia un corazon y un alma y ningu<span -class="pagenum" id="Page_170">p. 170</span>no de ellos miraba lo que -poseia como propiedad suya ya que de ello gozaban todos en comun. No -habia pobres entre ellos; los que tenian campos y casas las vendian y -llevaban el precio á los piés de los apóstoles y despues se distribuian -segun las necesidades de cada uno, y cada dia comian el pan en medio -de la mayor tranquilidad y sencillez de corazon<a id="FNanchor_411" -href="#Footnote_411" class="fnanchor">[411]</a>!»</p> - -<p>No adelantemos el tiempo: hemos llegado, poco más ó menos, al año -36. Tiberio en Capri no apercibia al enemigo del imperio. En dos ó -tres años la nueva secta habia hecho sorprendentes progresos. Contaba -ya muchos miles de fieles<a id="FNanchor_412" href="#Footnote_412" -class="fnanchor">[412]</a>. Era fácil preveer que sus conquistas -se efectuarian sobre todo entre los helenistas y prosélitos. El -grupo galileo que habia oido al Maestro, guardando su primacia, -era incomprensible y podia fácilmente preveerse que la victoria -pertenecia á los últimos. Á la hora en que estamos, ningun pagano, -es decir, ningun hombre sin lazo anterior con el judaismo, habia -entrado en la Iglesia, pero desempeñaban en ella papeles importantes -varios prosélitos<a id="FNanchor_413" href="#Footnote_413" -class="fnanchor">[413]</a>. El círculo de los discípulos se habia -tambien alargado y no era ya un simple colegio de Palestinos, sino que -habia varios hijos de Chipre, Antioquía y Cirene<a id="FNanchor_414" -href="#Footnote_414" class="fnanchor">[414]</a> y en general de casi -todos los puntos de las costas orientales del Mediterráneo, donde se -habian establecido colonias judías. El Egipto solo faltaba á esta -primitiva Iglesia, y es probable le falte mucho tiempo. Los judíos de -este<span class="pagenum" id="Page_171">p. 171</span> país estaban -en lucha con la Judea. Vivian de su vida propia, superior bajo todos -conceptos á la de Palestina, y les afectaba débilmente el impulso de -los movimientos religiosos de Jerusalem.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_8"> - <p><span class="pagenum" id="Page_172">p. 172</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO VIII.</h2> - <p class="subh2">Primera persecucion. — Muerte de Estéban. — - Destruccion de la primera Iglesia de Jerusalem.</p> -</div> - -<div class="sidenote">Año 36</div> - -<p>Era inevitable que las predicaciones de la nueva secta, aunque -se verificaran con toda reserva, despertasen los ódios que se -habia conquistado su fundador, y acabaron por amenazarle con la -muerte. Reinaba todavía la familia de Hanan que habia hecho matar -á Jesús. José Kaiapha ocupó, hasta el 36, el soberano pontificado, -cuyo poder efectivo abandonó á su abuelo Hanan y á sus parientes -Juan y Alejandro<a id="FNanchor_415" href="#Footnote_415" -class="fnanchor">[415]</a>. Estos hombres altivos y sin piedad, -veian con impaciencia un cuerpo de personas buenas y santas ganar, -sin título oficial, el favor de la multitud<a id="FNanchor_416" -href="#Footnote_416" class="fnanchor">[416]</a>. Una ó dos veces, -Pedro, Juan y los principales miembros del colegio apostólico, fueron -puestos en la cárcel y condenados á ser azotados. Este era el castigo -que se imponia á los he<span class="pagenum" id="Page_173">p. -173</span>rejes<a id="FNanchor_417" href="#Footnote_417" -class="fnanchor">[417]</a>, para el cual no era necesaria autorizacion -de los romanos. Estas brutalidades no hacian más que excitar el -ardor de los apóstoles, saliendo de aquellos lugares llenos de -gloria por haber sido juzgados y sufrido una afrenta por aquel al -cual amaban y defendian<a id="FNanchor_418" href="#Footnote_418" -class="fnanchor">[418]</a>. ¡Eterna puerilidad de las represiones -penales aplicadas á las cosas del alma! Eran tenidos por hombres de -órden, sabios y prudentes, y sin embargo, los alborotadores del 36, -creyeron acabar á latigazos con el cristianismo.</p> - -<p>Estas violencias provenian principalmente de los saduceos<a -id="FNanchor_419" href="#Footnote_419" class="fnanchor">[419]</a>, -es decir, del alto clero, que rodeaba el templo y sacaba de ello -inmensos beneficios<a id="FNanchor_420" href="#Footnote_420" -class="fnanchor">[420]</a>. Los fariseos no desplegaron tanta -animosidad contra la secta como la habian desplegado contra Jesús. Los -nuevos creyentes eran gentes piadosas, rígidas, de un género de vida -análogo al de los mismos fariseos.</p> - -<p>La rabia que estos últimos sintieron contra el fundador, provenia -de la superioridad de Jesús, superioridad que éste no tenia cuidado -de disimular. Sus finas atenciones, su espíritu, su talento, su -aversion contra los falsos devotos, habian alimentado ódios crueles. -Por el contrario, los apóstoles estaban limpios de corazon y jamás -emplearon la ironía. Los fariseos les fueron favorables por momentos, -y hubo muchos que hasta se hicieron cristianos<a id="FNanchor_421" -href="#Footnote_421" class="fnanchor">[421]</a>. Los terribles anatemas -de Jesús contra el fariseismo no estaban escritos todavía, y<span -class="pagenum" id="Page_174">p. 174</span> la tradicion de las -palabras del Maestro no era ni general ni uniforme<a id="FNanchor_422" -href="#Footnote_422" class="fnanchor">[422]</a>.</p> - -<p>Estos primeros cristianos eran entonces tan inofensivos que muchas -personas de la aristocracia judía, sin formar precisamente parte de -la secta, estaban bien dispuestos en su favor. Nicodemo y José de -Arimatea, que habian conocido á Jesús, permanecieron unidos á la -iglesia con lazos fraternales. El doctor judío más célebre de aquel -tiempo, Rabino Gamaliel el Viejo, nieto de Hillel, hombre de ideas -avanzadas y tolerantes, dícese que en el sanhedrin opinó en favor -de la libertad de los predicadores evangélicos<a id="FNanchor_423" -href="#Footnote_423" class="fnanchor">[423]</a>. El mismo autor de -las <i>Actas</i>, presenta un raciocinio que deberia ser la regla de -conducta de todos los gobiernos, siempre que se encuentran en presencia -de novedades en el órden intelectual ó moral. «Si esta obra es frívola, -dejadla, que ya caerá por sí sola; si es seria ¿cómo os atreveis -á oponeros á la obra de Dios? En todo caso no podreis detenerla». -Gamaliel no fué escuchado. Los espíritus libres colocados en medio de -fanatismos opuestos son siempre rechazados.</p> - -<div class="sidenote">Año 37</div> - -<p>El diácono Estéban<a id="FNanchor_424" href="#Footnote_424" -class="fnanchor">[424]</a> con su predicacion, que obtuvo inmenso -éxito, dió lugar á un hecho terrible. La multitud se agrupaba á -su alrededor y sus contrarios entablaban vivas discusiones. Sobre -todo los helenistas y<span class="pagenum" id="Page_175">p. -175</span> los prosélitos acostumbrados á la sinagoga llamada de -los <i>Libertini</i><a id="FNanchor_425" href="#Footnote_425" -class="fnanchor">[425]</a>, gentes de Alejandría, Cilicia y Éfeso, se -animaban con estas disputas. Estéban sostenia con pasion que Jesús era -el Mesías, que los sacerdotes habian cometido un crímen condenándole á -muerte, que los judíos eran rebeldes, hijos de rebeldes y personas que -negaban la evidencia. Las autoridades resolvieron perder á este audaz -predicador: fueron apostados testigos para coger en su discurso alguna -palabra contra Moisés y naturalmente encontraron lo que buscaban. -Estéban fué arrestado y se le llevó á presencia del sanhedrin. La -palabra de que se le acusó era casi la misma que condenó á Jesús<a -id="FNanchor_426" href="#Footnote_426" class="fnanchor">[426]</a>. Se -le acusó de decir que Jesús de Nazaret destruiria el templo y cambiaria -las tradiciones que se atribuian á Moisés. Es efectivamente posible -que Estéban usara semejante lenguaje, por más que un cristiano de esta -época no hubiese tenido idea de hablar directamente contra la ley, ya -que todos la observan todavía; pero en cuanto á las tradiciones podia -muy bien combatirlas, como lo habia hecho el mismo Jesús, ya que estas -tradiciones se referian con entusiasmo á Moisés por los ortodoxos y -se las atribuia igual valor que á la ley escrita<a id="FNanchor_427" -href="#Footnote_427" class="fnanchor">[427]</a>.</p> - -<p>Estéban se defendió exponiendo la tésis cristiana con gran lujo -de citas de la Ley y salmos de los profetas, y terminó echando en -cara á los miembros del San<span class="pagenum" id="Page_176">p. -176</span>hedrin el homicidio de Jesús. «Cabezas duras, corazones -insensibles, les dijo, ¿resistireis todavía el Espíritu Santo, -como lo hicieron vuestros padres? ¿Á cuál de los profetas no han -perseguido vuestros antecesores? Han castigado á los que anunciaron -la venida del Justo, que vosotros habeis librado y del cual habeis -sido despues los verdugos. ¡Esta ley que vosotros habeis recibido -de la boca de los ángeles,<a id="FNanchor_428" href="#Footnote_428" -class="fnanchor">[428]</a> y no la habeis guardado!...» Al oir estas -palabras interrumpiéronle con un grito de rabia, y Estéban exaltándose -más, entró en uno de esos accesos de entusiasmo que llamaban la -inspiracion del Espíritu Santo. Sus ojos se fijaron en el cielo; vió -la gloria de Dios y á Jesús al lado de su Padre y exclamó: «¡Yo veo -el cielo abierto y al Hijo del hombre á la derecha de Dios!» Todos -los asistentes taparon sus oidos y se lanzaron sobre él rechinando -los dientes: atáronle, condujéronle lejos de la poblacion y empezó -el martirio. Los testigos que segun la ley<a id="FNanchor_429" -href="#Footnote_429" class="fnanchor">[429]</a> debian arrojarle las -primeras piedras, arrancáronle los vestidos y los pusieron á los piés -de un jóven fanático llamado Saulo ó Pablo, el cual consideró con una -especie de secreta alegría los méritos que adquiria contribuyendo á -la muerte de un blasfemador<a id="FNanchor_430" href="#Footnote_430" -class="fnanchor">[430]</a>.</p> - -<p>En todo esto se observaron las prescripciones del Deuteronomio, -c. <span class="asc">XIII</span>; pero mirado bajo el aspecto civil, -esta tumultuoria ejecucion llevada á cabo sin el<span class="pagenum" -id="Page_177">p. 177</span> concurso de los romanos, no era regular<a -id="FNanchor_431" href="#Footnote_431" class="fnanchor">[431]</a>. Para -Jesús, hemos visto que era necesaria la aprobacion del procurador. Tal -vez tambien se obtuvo esta rectificacion para Estéban y la sentencia -no tuvo lugar tan pronto como dice el autor de las <i>Actas</i>, ó -quizás la autoridad romana se habia relajado en Judea. Pilatos habia -sido ó iba á ser suspendido en sus funciones. La causa de su desgracia -fué casualmente la firmeza que habia mostrado en su administracion<a -id="FNanchor_432" href="#Footnote_432" class="fnanchor">[432]</a>. -El fanatismo judío le habia hecho insoportable la vida: tal vez -habia rehusado á esos frenéticos las violencias que le pedian, y la -familia de Hanan habia llegado á no tener necesidad de permiso para -pronunciar sentencias de muerte. Lucio Vitelio, el padre de aquel -que fué emperador, era entonces legado imperial de Siria. Procuraba -ganar la gracia de las poblaciones, é hizo devolver á los judíos -los vestidos pontificales que desde Herodes el Grande, estaban -guardados en la torre Antonia<a id="FNanchor_433" href="#Footnote_433" -class="fnanchor">[433]</a>. Lejos de apoyar á Pilatos en sus actos -de rigor, atendió á las quejas de los indígenas y mandó á Pilatos á -Roma para contestar á las acusaciones de sus administrados (principio -del año 36.) La queja principal era que el procurador no se prestaba -de buena gana á sus deseos de intolerancia<a id="FNanchor_434" -href="#Footnote_434" class="fnanchor">[434]</a>. Vitelio le reemplazó -provisionalmente con su amigo Marcelo, que tuvo sin duda más cuidado -de no descontentar á los<span class="pagenum" id="Page_178">p. -178</span> judíos y por consiguiente no se opuso á concederles muertes -religiosas. La muerte de Tiberio (16 marzo del año 37) comunicó nuevo -valor á Vitelio para proseguir esta política. Los dos primeros años -del reinado de Calígula solo sirvieron para disminuir el poder de la -autoridad romana en Siria. La política de este príncipe, antes de -perder su razon, fué devolver á los pueblos de Oriente su autonomía -y sus jefes indígenas. Por esto estableció los reinados de Antíoco, -Comagena, Herodes Agrippa, de Soheym, de Cotys, y de Polemon <span -class="asc">II</span>, permitiendo que se engrandeciese el de Hareth<a -id="FNanchor_435" href="#Footnote_435" class="fnanchor">[435]</a>. -Cuando Pilatos llegó á Roma, acababa de empezar el nuevo reinado. Es -probable que Calígula le dejara burlado, puesto que confió el gobierno -de Jerusalem á un nuevo funcionario llamado Marulo, el cual parece -que no excitó por parte de los judíos las violentas recriminaciones -que pusieron en apuros al pobre Pilatos y le colmaron de disgustos<a -id="FNanchor_436" href="#Footnote_436" class="fnanchor">[436]</a>.</p> - -<p>En todo caso, lo que importa hacer notar, en la época en que -estamos, es que los perseguidores del cristianismo, no eran los -romanos, sino los judíos ortodoxos. Los romanos, en medio de su -fanatismo, conservaban un principio de tolerancia y de razon. Si se -puede censurar algo á la autoridad imperial, es haber sido demasiado -débil y no haber limitado las consecuencias civiles de una ley -sanguinaria, ordenando la<span class="pagenum" id="Page_179">p. -179</span> pena de muerte por delitos religiosos. Sin embargo, la -dominacion romana no era todavía un poder completo como lo fué -más tarde; era solo una especie de protectorado ó de soberanía. -Llevóse la condescendencia de no poner el busto del emperador en -las monedas acuñadas bajo el poder de los procuradores á fin de no -chocar con las ideas judías<a id="FNanchor_437" href="#Footnote_437" -class="fnanchor">[437]</a>. Roma, al menos en Oriente, no intentaba -todavía imponer sus leyes, sus dioses y sus costumbres, á los pueblos -vencidos, sino que les dejaba con sus prácticas locales prescindiendo -del derecho romano. Su media independencia probaba su inferioridad. -El poder imperial de Oriente en aquella época, se asemejaba bastante -á la autoridad turca; y el estado de las poblaciones indígenas al de -los <i>raias</i>. La idea de los derechos y garantías iguales para -todos, no existia. Cada grupo provincial tenia su jurisdiccion como la -tienen hoy las diversas iglesias cristianas y los judíos en el imperio -otomano. Hace pocos años que en Turquía los patriarcas de diversas -comunidades de <i>raias</i>, por poco que se entendieran con la Puerta, -eran soberanos delante de sus subordinados y podian pronunciar contra -ellos las más crueles penas.</p> - -<p>Habiendo ocurrido la muerte de Estéban por los años 36, 37 ó 38, no -sabemos si Kaiapha debe ser el responsable de la misma. Kaiapha fué -depuesto por Lucio Vitelio el año 36, poco tiempo despues de Pilatos,<a -id="FNanchor_438" href="#Footnote_438" class="fnanchor">[438]</a> -pero el cambio fué poco considerable. Tuvo<span class="pagenum" -id="Page_180">p. 180</span> por sucesor á su buen hermano Jonatán, -hijo de Hanan. Este á su vez tuvo por sucesor á su hermano -Teófilo, hijo de Hanan<a id="FNanchor_439" href="#Footnote_439" -class="fnanchor">[439]</a>, el cual continuó el pontificado en la -casa de Hanan hasta el año 42. Hanan vivia todavía y dueño del poder, -mantenia contra los innovadores los principios de orgullo, de dureza y -de ódio que eran bajo cierto aspecto hereditarios en la familia.</p> - -<p>La muerte de Estéban produjo una grande impresion. Los prosélitos le -hicieron funerales acompañados de llanto y gemidos<a id="FNanchor_440" -href="#Footnote_440" class="fnanchor">[440]</a>. La separacion entre -los nuevos sectarios y el judaismo, no era todavía absoluta. Los -prosélitos y los helenistas, menos severos en cuanto á la ortodoxia -que los judíos puros, creyeron su deber rendir público testimonio á un -hombre que honraba su corporacion y que sus particulares creencias no -habian colocado lejos de la ley.</p> - -<p>De esta manera se abrió la era de los mártires del cristianismo. El -mártir no era una cosa enteramente nueva. Sin hablar de Juan Bautista y -de Jesús, el judaismo en la época de Antíoco Epifano, tuvo sus testigos -fieles hasta la muerte; pero la série de animosas víctimas, que -empiezan en San Estéban, ha ejercido una influencia particular sobre la -historia del espíritu humano: ha introducido en el mundo occidental un -elemento que le faltaba, la fé exclusiva y absoluta: la idea de que hay -una sola religion buena y ver<span class="pagenum" id="Page_181">p. -181</span>dadera. Bajo este supuesto los mártires empezaron la era de -la intolerancia. Puede afirmarse que aquel que da la vida por su fé, -seria intolerante si fuera jefe. El cristianismo que habia atravesado -trescientos años de persecuciones, fué dominador á su vez y fué -más perseguidor que no lo habia sido religion alguna. Cuando se ha -derramado la sangre por una causa, se vé uno inclinado á hacer derramar -la de los otros para conservar el tesoro que se ha conquistado.</p> - -<p>La muerte de Estéban no fué un hecho aislado, sino que -aprovechándose los judíos de la debilidad de los funcionarios -romanos, hicieron pesar sobre la Iglesia una verdadera persecucion<a -id="FNanchor_441" href="#Footnote_441" class="fnanchor">[441]</a>. -Parece que las vejaciones se dirigieron principalmente sobre los -helenistas y los prosélitos cuyos libres actos exasperaban á los -ortodoxos. La Iglesia de Jerusalem, fuertemente organizada, tuvo -necesidad de dispersarse. Los apóstoles segun un principio que -parece grabaron profundamente en su espíritu<a id="FNanchor_442" -href="#Footnote_442" class="fnanchor">[442]</a> no abandonaron la -poblacion, y lo mismo haria el grupo puramente judío, es decir, el que -llamaban los <i>hebreos</i><a id="FNanchor_443" href="#Footnote_443" -class="fnanchor">[443]</a>, pero la gran comunidad, con sus comidas -en compañía, sus servicios de diáconos y sus ejercicios variados, -cesó desde entonces y no se volvió á formar bajo su primer modelo. -Habia durado tres ó cuatro años<span class="pagenum" id="Page_182">p. -182</span> y fué una fortuna sin igual para el cristianismo naciente -que sus primeros ensayos de asociacion esencialmente comunista -fracasaran tan pronto. Los ensayos de este género, engendran tan -extraños abusos que los establecimientos comunistas están condenados -á hundirse en poco tiempo<a id="FNanchor_444" href="#Footnote_444" -class="fnanchor">[444]</a> si no quieren desconocer pronto el -principio que los ha creado<a id="FNanchor_445" href="#Footnote_445" -class="fnanchor">[445]</a>. Gracias á la persecucion del año 37, la -Iglesia cenobítica de Jerusalem no tuvo que sufrir tan ruda prueba, -pues murió en flor antes de que la hubiesen minado los contratiempos -interiores, convirtiéndose en un espléndido sueño cuyo recuerdo -animó la vida de todos aquellos que formaron parte de ella, en un -ideal al que aspirará volver el cristianismo sin conseguirlo jamás<a -id="FNanchor_446" href="#Footnote_446" class="fnanchor">[446]</a>. -Aquellos que comprenden el inapreciable tesoro que es todavía para -los miembros existentes de la Iglesia Sansimoniana, el recuerdo de -Ménilmontant, qué amistad ha criado entre ellos, qué alegría brilla en -sus ojos cuando hablan del mismo, comprenderán cuán poderoso fué el -lazo que se creó entre los nuevos hermanos por haber amado y sufrido -juntos. Las grandes vidas han tenido casi siempre por principio algunos -meses durante los cuales se ha sentido á Dios y cuyo perfume ha bastado -para llenar años enteros de fuerza y de suavidad.</p> - -<p>El primer papel en la persecucion de que acabamos de hablar -pertenece al jóven Saul, que hemos encontrado ya tomando parte, -tanto como podia, en la muer<span class="pagenum" id="Page_183">p. -183</span>te de Estéban. Este furioso, provisto de un permiso -de los sacerdotes, entraba en las casas donde se sospechaba que -habia cristianos, se apoderaba violentamente de las mujeres y de -los hombres y les reducia á prision presentándolos al tribunal<a -id="FNanchor_447" href="#Footnote_447" class="fnanchor">[447]</a>. Saul -se vanagloriaba de que ninguno de su generacion habia sido tan celoso -como él de las tradiciones<a id="FNanchor_448" href="#Footnote_448" -class="fnanchor">[448]</a>. Es verdad que con frecuencia la dulzura -y la resignacion de sus víctimas le espantaban y sentia terribles -remordimientos, imaginándose oir á las mujeres piadosas que esperaban -el reino de Dios, repetirle durante la noche con voz dulce: «¿Por qué -nos persigues?» La sangre de Estéban que habia casi caido sobre él, -empañaba su vista: varias cosas que habia oido decir de Jesús herian -directamente su corazon. Este sér humano que al parecer abandonaba la -region eterna algunas veces para presentársele en cortas apariciones, -le espantaba como un espectro. Sin embargo, Saul rechazaba con horror -tales pensamientos y se afirmaba con una especie de frenesí en la fé -de sus tradiciones y soñaba nuevas crueldades contra aquellos que -la atacaban. Su nombre era el terror de los fieles; temíanse por -su parte las más duras violencias, las perfidias más repugnantes<a -id="FNanchor_449" href="#Footnote_449" class="fnanchor">[449]</a>.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_9"> - <p><span class="pagenum" id="Page_184">p. 184</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO IX.</h2> - <p class="subh2">Primeras misiones. — El diácono Felipe.</p> -</div> - -<div class="sidenote">Año 38</div> - -<p>Como sucede siempre, la persecucion del año 37 dió por resultado -que se propagara la doctrina que se queria suprimir. Hasta aquí la -predicacion cristiana no se habia oido lejos de Jerusalem; no se habia -emprendido mision alguna; encerrado en su comunismo más estrecho, la -Iglesia madre no habia esparcido sus rayos ni formado sucursales. -La dispersion del buen cenáculo lanzó á los cuatro vientos la santa -semilla. Los miembros de la Iglesia de Jerusalem, arrojados de su -casa, se extendieron por todas las partes de la Judea y de Samaria<a -id="FNanchor_450" href="#Footnote_450" class="fnanchor">[450]</a> -y predicaron el reinado de Dios. Los diáconos particularmente, -libres de sus ocupaciones administrativas á causa de la ruina de -la comunidad, se convirtieron en excelentes evangelistas. Fueron -el elemento activo y jóven de la secta contra el elemen<span -class="pagenum" id="Page_185">p. 185</span>to un poco rudo constituido -por los apóstoles y los <i>hebreos</i>. Una sola circunstancia, la -del lenguaje, era suficiente para que se considerasen estos últimos -como inferiores con respecto á la predicacion. Como lengua habitual, -hablaban un dialecto que ni siquiera los judíos distantes á algunas -leguas de Jerusalem podian entenderlo. Por eso fué á los helenistas á -los que se debió el éxito de la gran conquista cuyo relato va á ser -objeto de este capítulo.</p> - -<p>El teatro de estas primeras misiones, que pronto debian -abrazar todas las costas del Mediterráneo, fué la vecina region -de Jerusalem en un espacio que podia recorrerse en dos ó tres -jornadas. El diácono Felipe<a id="FNanchor_451" href="#Footnote_451" -class="fnanchor">[451]</a> fué el héroe de esta primera y santa -expedicion. Evangelizó con grande éxito la Samaria, aunque los -samaritanos eran cismáticos, pero á imitacion de su jóven maestro, -la nueva secta era menos rigorista que los judíos con respecto á -la ortodoxia. Jesús, decian que se habia mostrado distintas veces -favorable á los samaritanos<a id="FNanchor_452" href="#Footnote_452" -class="fnanchor">[452]</a>.</p> - -<p>Parece que Felipe era uno de los hombres apostó<span -class="pagenum" id="Page_186">p. 186</span>licos que más se -ocupaban de la teurgia<a id="FNanchor_453" href="#Footnote_453" -class="fnanchor">[453]</a>. Las relaciones que tenemos sobre esto, -nos trasportan á un mundo extraño y fantástico, pues se explicó -mediante prodigios las conversiones que hizo entre los samaritanos -y particularmente en Sebastia, su capital. Este país estaba lleno -de supersticiones sobre la mágia. El año 36, es decir dos ó tres -años antes de la llegada de los predicadores cristianos, un fanático -habia causado á los samaritanos una profunda emocion predicando -la necesidad de profesar el primitivo mosaismo del cual pretendia -haber encontrado los sagrados atributos<a id="FNanchor_454" -href="#Footnote_454" class="fnanchor">[454]</a>. Cierto Simon, de la -poblacion de Gitta, ó Gitton<a id="FNanchor_455" href="#Footnote_455" -class="fnanchor">[455]</a> que adquirió más tarde una gran reputacion, -empezó por entonces á hacerse conocer por sus prestigios<a -id="FNanchor_456" href="#Footnote_456" class="fnanchor">[456]</a>. Es -sensible ver que el Evangelio encuentre un apoyo en tales quimeras. -Una inmensa multitud se hizo bautizar en nombre de Jesús, Felipe tenia -el poder de bautizar pero no de conferir el Espíritu Santo: este -privilegio se reserva para los<span class="pagenum" id="Page_187">p. -187</span> apóstoles. Cuando en Jerusalem se supo la formacion de -un grupo de fieles en Sebastia, se resolvió mandar allí á Pedro -y Juan para completar su iniciacion. Llegaron los dos apóstoles; -impusieron sus manos á los nuevos conversos: oraron sobre su cabeza -y á esto fueron debidos sus poderes animados por el Santo Espíritu. -Los milagros, la profecía, todos los fenómenos del iluminismo se -produjeron y la Iglesia de Sebastia no tuvo bajo este aspecto nada que -envidiar á la de Jerusalem<a id="FNanchor_457" href="#Footnote_457" -class="fnanchor">[457]</a>.</p> - -<p>Si ha de creerse en la tradicion, encontrábase entonces en relacion -con los cristianos Simon de Gitta. Convertido, á lo que parece, por -la predicacion y los milagros de Felipe, se hizo bautizar y se unió á -este evangelista. Despues, cuando los apóstoles Pedro y Juan llegaron -y vió los poderes sobrenaturales que procuraba la imposicion de sus -manos, les ofreció dinero para que le dieran tambien la facultad de -conferir el Espíritu Santo. Pedro le dirigió entonces esta admirable -contestacion: «¡Perezca tu dinero contigo ya que has creido que se -compran los dones de Dios! Tú no tienes parte ni herencia en todo -esto, pues tu corazon no es puro delante de Dios<a id="FNanchor_458" -href="#Footnote_458" class="fnanchor">[458]</a>.»</p> - -<p>Que fueran ó no pronunciadas, estas palabras trazan exactamente -la situacion de Simon ante la secta naciente. Veremos efectivamente -que, segun todas las apariencias, Simon de Gitton fué el jefe de un -movimiento religioso paralelo al del cristianismo que puede mirarse -como una especie de adulteracion samari<span class="pagenum" -id="Page_188">p. 188</span>tana de la obra de Jesús. ¿Habia ya Simon -empezado á dogmatizar y á hacer prodigios cuando Felipe entró en -Sebastia? ¿Entró desde luego en relacion con la Iglesia cristiana? -La anécdota que le ha convertido en padre de toda <i>simonia</i> -¿tiene alguna realidad? ¿Puede admitirse que el mundo estuvo un dia -frente á frente de los dos taumaturgos, de los cuales era el uno un -charlatan y el otro la <i>piedra</i> que ha servido de base á la fé de -la humanidad? ¿Habrá podido un embaucador balancear los destinos del -cristianismo? Hé ahí lo que ignoramos por falta de documentos, ya que -la reseña de las <i>Actas</i> es aquí demasiado débil, ya que Simon -fué desde los primeros siglos de la Iglesia el héroe de las leyendas. -En la historia solo es pura la idea general y seria injusto detenerse -en lo que tiene de chocante esta triste página de los orígenes del -cristianismo. Para los auditorios ignorantes el milagro prueba la -doctrina; para nosotros la doctrina hace olvidar el milagro. Cuando -una creencia ha consolado y mejorado la humanidad, es excusable que -haya empleado pruebas proporcionadas á la debilidad del público -al cual se ha dirigido, pero cuando se ha probado el error por el -error mismo, ¿qué excusa puede oponerse? Esto no es una condena que -profiramos contra Simon de Gitton, nos explicaremos más tarde sobre -su doctrina y el papel que se desempeñó bajo el reinado de Claudio<a -id="FNanchor_459" href="#Footnote_459" class="fnanchor">[459]</a>. -Solamente conviene hacer constar aquí que un principio importante -parece haberse introducido desde entonces en la teurgia cristiana. -Obligados á admitir que los<span class="pagenum" id="Page_189">p. -189</span> impostores hicieran tantos milagros, la teología ortodoxa -los atribuyó al demonio. Para conservar á los prodigios algun -valor demostrativo, fué necesario dictar reglas para discernir los -milagros verdaderos de los falsos: para esto se descendió á un órden -de materias muy trivial<a id="FNanchor_460" href="#Footnote_460" -class="fnanchor">[460]</a>.</p> - -<p>Pedro y Juan despues de haber confirmado la Iglesia de Sebastia, -regresaron á Jerusalem, evangelizando las poblaciones del país -de los samaritanos<a id="FNanchor_461" href="#Footnote_461" -class="fnanchor">[461]</a>. El diácono Felipe, continuó sus -excursiones evangélicas dirigiéndose por el Sur, hácia el antiguo -país de los Filisteos<a id="FNanchor_462" href="#Footnote_462" -class="fnanchor">[462]</a>. Este país despues del advenimiento -de los Macabeos, se vió fuertemente oprimido por los judíos<a -id="FNanchor_463" href="#Footnote_463" class="fnanchor">[463]</a>; -debe por esto tenerse en cuenta que dominaba allí el judaismo. -Durante su viaje, Felipe realizó una conversion que hizo algun -ruido y de la cual se habló mucho á causa de una circunstancia -particular. Un dia que se dirigia hácia Jerusalem, viniendo de Gaza, -cuyo camino es muy desierto<a id="FNanchor_464" href="#Footnote_464" -class="fnanchor">[464]</a>, encontró á un rico viajero, evidentemente -extranjero, pues iba en una especie de carro vehículo desconocido -entonces en la Syria y Palestina. Regresaba de Jerusalem y -segun costumbre entonces bastante general<a id="FNanchor_465" -href="#Footnote_465" class="fnanchor">[465]</a> leia la Biblia en -alta voz. Felipe que en todo queria descubrir la inspiracion de Dios -creyóse atraido hácia el desconocido; le saludó y<span class="pagenum" -id="Page_190">p. 190</span> entró en conversacion con el opulento -personaje ofreciéndose á explicarle los pasajes que no comprendia. -Esta fué para el evangelista una oportuna ocasion para desarrollar la -tésis cristiana bajo las figuras del Antiguo Testamento. Probó que -en los libros proféticos todo se referia á Jesús, que Jesús era la -palabra enigmática, y que era de él particularmente de quien se hablaba -en aquel bello pasaje: «Ha sido conducido á la muerte como una res; -como un manso cordero delante de aquel que le guia sin abrir la boca<a -id="FNanchor_466" href="#Footnote_466" class="fnanchor">[466]</a>.» -Creyóle el viajero y á la primera agua que encontraron le dijo: «Hé -aquí el agua, ¿podré ya ser bautizado?» Hizo detener el carro; bajaron -Felipe y el viajero y éste fué bautizado.</p> - -<p>El viajero era un personaje poderoso; era un eunuco de la reina -de Etiopía; era su ministro de hacienda, guardian de sus tesoros, -que habiendo ido á adorar á Jerusalem, volvia entonces á Napata<a -id="FNanchor_467" href="#Footnote_467" class="fnanchor">[467]</a> por -el camino de Egipto. <i>Candace</i> ó <i>candaoce</i> era el título -que se daba á las reinas de Etiopía hácia el tiempo de que hablamos<a -id="FNanchor_468" href="#Footnote_468" class="fnanchor">[468]</a>. -El judaismo habia ya entonces penetrado en Nubia y en Abisinia;<a -id="FNanchor_469" href="#Footnote_469" class="fnanchor">[469]</a> -muchos indígenas se habian convertido ó á lo menos contaban entre -sus prosélitos á algunos<span class="pagenum" id="Page_191">p. -191</span> que sin ser circuncidados adoraban al Dios único<a -id="FNanchor_470" href="#Footnote_470" class="fnanchor">[470]</a>. Tal -vez el eunuco era de esta última clase, un simple pagano piadoso como -el centurion Cornelio que figurará bien pronto en esta historia. Es -imposible en todo caso suponer que estuviese iniciado en el judaismo -de una manera completa<a id="FNanchor_471" href="#Footnote_471" -class="fnanchor">[471]</a>. Hasta entonces no se habia oido hablar -del eunuco; pero Felipe contó el incidente y más tarde se le dió -importancia. Cuando á la admision de los paganos en la Iglesia -cristiana llegó á ser una cuestion capital, consideróse el incidente -referido como un precedente grave. Felipe creia haber obrado en todo -por inspiracion divina<a id="FNanchor_472" href="#Footnote_472" -class="fnanchor">[472]</a>. Este bautismo suministrado por órden del -Espíritu Santo á un hombre apenas judío, notoriamente incircunciso, que -solo creia en el cristianismo hacia pocas horas, tuvo un alto valor -dogmático. Esto fué un argumento para los que creian que las puertas de -la nueva Iglesia debian estar abiertas para todos<a id="FNanchor_473" -href="#Footnote_473" class="fnanchor">[473]</a>.</p> - -<p>Felipe despues de esta aventura volvióse á Aschdod ó Azote. Era -tal el nuevo estado de entusiasmo en que vivian los misioneros -que á cada paso creian oir la voz del cielo, recibir direcciones -del Espíritu Santo<a id="FNanchor_474" href="#Footnote_474" -class="fnanchor">[474]</a>.<span class="pagenum" id="Page_192">p. -192</span> Cada uno de ellos creia obrar por una voluntad superior y -al ir de una poblacion á otra, pensaban obedecer á una inspiracion -sobrenatural. Varias veces creian hacer viajes aéreos y Felipe era con -respecto á este particular uno de los más exaltados. Por indicacion -de un ángel creia haber venido de Samaria y haber pasado por el sitio -donde encontró al eunuco; despues del bautismo de éste, se imaginaba -que el Espíritu Santo, le habia trasladado en un momento á Azote<a -id="FNanchor_475" href="#Footnote_475" class="fnanchor">[475]</a>.</p> - -<p>Azote y el camino de Gaza fueron el término de la primera -predicacion evangélica hacia el Sur. Al otro lado estaban el desierto -y la vida nómada en la cual no adelantó mucho el cristianismo. Desde -Azote, el diácono Felipe se volvió hácia el Norte y evangelizó toda -la costa hasta Cesarea. Tal vez las iglesias de Joppe y de Lydda, que -veremos pronto florecientes<a id="FNanchor_476" href="#Footnote_476" -class="fnanchor">[476]</a> fueron tambien fundadas por él. Fijóse -en Cesarea y fundó una iglesia importante<a id="FNanchor_477" -href="#Footnote_477" class="fnanchor">[477]</a>. Nosotros le -volveremos á encontrar veinte años más tarde<a id="FNanchor_478" -href="#Footnote_478" class="fnanchor">[478]</a>. Cesarea era una -ciudad nueva, la más considerable de Judea<a id="FNanchor_479" -href="#Footnote_479" class="fnanchor">[479]</a>, que se habia -construido en el sitio que antes ocupara una fortaleza sidoniana -llamada «torre de Abdastarté, ó de Straton,» por Herodes el Grande, -el cual la dió, en honor de Augusto, el nombre que aún llevan hoy -sus ruinas. Cesarea era por todos conceptos el mejor puerto de -Palestina, y por sus rápidos <span class="pagenum" id="Page_193">p. -193</span>adelantos comprendíase que deseaba convertirse en capital, -y no es extraño, por lo tanto, que las personas notables de Judea -pensaran en fijar allí su residencia habitual<a id="FNanchor_480" -href="#Footnote_480" class="fnanchor">[480]</a>. Era sobre -todo un pueblo pagano<a id="FNanchor_481" href="#Footnote_481" -class="fnanchor">[481]</a>; sin embargo, abundaban en él los judíos, -entablándose con frecuencia crueles rivalidades entre las dos -clases de la poblacion<a id="FNanchor_482" href="#Footnote_482" -class="fnanchor">[482]</a>. Hablábase únicamente la lengua griega, y -hasta los judíos recitaban en griego varios trozos de la liturgia<a -id="FNanchor_483" href="#Footnote_483" class="fnanchor">[483]</a>. -Los austeros rabinos de Jerusalem pintaban á Cesarea como una morada -profana, perjudicial, donde el individuo se volvia casi pagano<a -id="FNanchor_484" href="#Footnote_484" class="fnanchor">[484]</a>. -Por todas las razones que se acaban de exponer, dicha poblacion -representará un papel importante en el transcurso de nuestra historia. -Ella fué, bajo cierto aspecto, el puerto del cristianismo, el punto -desde el cual la Iglesia de Jerusalem se comunicó con todo el -Mediterráneo.</p> - -<p>Otras muchas misiones, cuya historia nos es desconocida, se hicieron -paralelamente á la de Felipe<a id="FNanchor_485" href="#Footnote_485" -class="fnanchor">[485]</a>. La misma rapidez con que se llevó á cabo -esta primera predicacion, fué la causa de su éxito. En el año 38, cinco -años despues de la muerte de Jesús y uno poco más ó menos de la de -Estéban, toda la Palestina, al otro lado del Jordan, habia escuchado -la buena nueva de boca de los misioneros salidos de Jerusalem. -La Galilea por su parte guardaba la santa<span class="pagenum" -id="Page_194">p. 194</span> semilla y probablemente la extendia á su -alrededor, aunque nada se sepa de las misiones salidas de aquel país. -Tal vez la poblacion de Damasco, que en la época á que nos referimos -contenia varios cristianos<a id="FNanchor_486" href="#Footnote_486" -class="fnanchor">[486]</a>, recibia la fé de los predicadores -galileos.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_10"> - <p><span class="pagenum" id="Page_195">p. 195</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO X.</h2> - <p class="subh2">Conversion de San Pablo.</p> -</div> - -<div class="sidenote">Año 38</div> - -<p>El año 38 valió á la Iglesia naciente una conquista notable. -Fué en efecto en el transcurso de este año<a id="FNanchor_487" -href="#Footnote_487" class="fnanchor">[487]</a> cuando debió tener -lugar, poco más ó menos, la conversion de aquel Saulo que hemos -encontrado como cómplice de la lapidacion de Estéban, agente principal -de la persecucion del año 37, y que acababa de transformarse, por un -misterioso efecto de la gracia, en el más ardiente de los discípulos de -Jesús.</p> - -<p>Saulo, nació en Tarso, en Cilicia<a id="FNanchor_488" -href="#Footnote_488" class="fnanchor">[488]</a> el año 10 ó -12 de nuestra era<a id="FNanchor_489" href="#Footnote_489" -class="fnanchor">[489]</a>. Segun la moda del tiempo se habia -latinizado su nombre con el de <i>Paulo</i><a id="FNanchor_490" -href="#Footnote_490" class="fnanchor">[490]</a> y no llevó -este<span class="pagenum" id="Page_196">p. 196</span> nombre de -una manera continua, hasta que hubo tomado el calificativo de -apóstol de los gentiles<a id="FNanchor_491" href="#Footnote_491" -class="fnanchor">[491]</a>. Pablo era de la más pura sangre judía<a -id="FNanchor_492" href="#Footnote_492" class="fnanchor">[492]</a>. -Oriunda su familia, tal vez de la poblacion de Giscala, en Galilea<a -id="FNanchor_493" href="#Footnote_493" class="fnanchor">[493]</a>, -pretendia pertenecer á la tribu de Benjamin<a id="FNanchor_494" -href="#Footnote_494" class="fnanchor">[494]</a>. Su padre poseia el -título de ciudadano romano<a id="FNanchor_495" href="#Footnote_495" -class="fnanchor">[495]</a>. Sin duda alguno de sus antecesores -habia comprado este título, ó lo habia adquirido con sus servicios. -Puede suponerse que lo habia obtenido su abuelo por haber ayudado -á Pompeyo cuando la conquista romana (63 años antes de J.-<span -class="asc">C</span>.); su familia, como todas las buenas y antiguas -casas judías, pertenecia al partido de los fariseos<a id="FNanchor_496" -href="#Footnote_496" class="fnanchor">[496]</a>. Pablo fué educado -en los principios más severos de esta secta<a id="FNanchor_497" -href="#Footnote_497" class="fnanchor">[497]</a> y si repudió más -tarde sus rígidos dogmas, guardó su ardiente fé y su entusiasta -exaltacion.</p> - -<p>Tarso era en la época de Augusto, una poblacion muy floreciente. -Los habitantes pertenecian en su gran parte á la raza griega -y armenia, pero los judíos abundaban mucho como en todas las -poblaciones mercantiles.<a id="FNanchor_498" href="#Footnote_498" -class="fnanchor">[498]</a><span class="pagenum" id="Page_197">p. -197</span> Era muy extendida la aficion á las ciencias y á las letras -y ninguna poblacion del mundo, sin exceptuar Atenas y Alejandría, -poseia tantas escuelas é institutos científicos<a id="FNanchor_499" -href="#Footnote_499" class="fnanchor">[499]</a>. El número de -los sabios que produjo ó que hicieron sus estudios en Tarso, es -verdaderamente notable<a id="FNanchor_500" href="#Footnote_500" -class="fnanchor">[500]</a>. De esto no debe deducirse que Pablo -recibiera una educacion helénica señalada. Los judíos frecuentaban -raras veces los establecimientos de instruccion profana<a -id="FNanchor_501" href="#Footnote_501" class="fnanchor">[501]</a>. -Las escuelas más célebres de Tarso eran las escuelas de retórica<a -id="FNanchor_502" href="#Footnote_502" class="fnanchor">[502]</a>. Lo -primero que se aprendia en ellas era el griego clásico, y no es creible -que un hombre que hubiese aprendido aunque fuese elementalmente la -gramática y retórica de una lengua tan elegante, hubiese escrito tan -incorrectamente como lo hizo bajo el aspecto helénico las epístolas -de San Pablo. Él habla habitualmente y con facilidad en griego<a -id="FNanchor_503" href="#Footnote_503" class="fnanchor">[503]</a>; él -escribe, ó mejor dicho, dicta<a id="FNanchor_504" href="#Footnote_504" -class="fnanchor">[504]</a> en esta lengua, pero su griego es el de los -judíos helenistas; un griego cargado de hebraismos y de siriacismos -que apenas debe ser inteligible para un literato de la época y que no -se comprende más que haciéndose cargo de la construccion siriaca que -Pablo, al dictar, formaba en su espíritu. Él mismo reconoce el carácter -popular y grosero de su lengua<a id="FNanchor_505" href="#Footnote_505" -class="fnanchor">[505]</a>. Cuando podia hablaba el hebreo, es decir, -el siro-caldeo de aquel tiempo<a id="FNanchor_506" href="#Footnote_506" -class="fnanchor">[506]</a>. En<span class="pagenum" id="Page_198">p. -198</span> esta lengua pensaba; en esta lengua le habló la voz íntima -del camino de Damasco<a id="FNanchor_507" href="#Footnote_507" -class="fnanchor">[507]</a>.</p> - -<p>Su doctrina no tiene ninguna relacion directa, ni copia nada de la -filosofía griega. La cita de un verso de <i>Thais</i> de Menandro que -se encuentra en sus escritos<a id="FNanchor_508" href="#Footnote_508" -class="fnanchor">[508]</a>, es uno de los proverbios monósticos que -sabia todo el mundo y que podian citarse muy bien sin haber leido -los originales. Otras dos citas, una de Epiménides y otra de Arato, -que figuran bajo su nombre<a id="FNanchor_509" href="#Footnote_509" -class="fnanchor">[509]</a> aunque seguramente no son suyas, se -explican tambien como copiadas de segunda mano<a id="FNanchor_510" -href="#Footnote_510" class="fnanchor">[510]</a>. La cultura de Pablo -es casi exclusivamente judía<a id="FNanchor_511" href="#Footnote_511" -class="fnanchor">[511]</a>; es más bien en el Talmud, que en la Grecia -clásica donde deben buscarse sus análogos. Algunas ideas generales que -la filosofía habia extendido por todas partes, y que podian conocerse -sin haber abierto un solo libro de los filósofos<a id="FNanchor_512" -href="#Footnote_512" class="fnanchor">[512]</a>, las hace tambien -suyas. Su manera de raciocinar es de las más extrañas. Ciertamente -ignora por completo la lógica peripatética. Su silogismo no es como -el de Aristóteles, y por el contrario, su dialéctica tiene la mayor -semejanza con la del Talmud. En general, se deja Pablo conducir más -bien por las palabras, que por las ideas. Una palabra que tenga en -su<span class="pagenum" id="Page_199">p. 199</span> espíritu le -domina y le lleva á un órden de ideas distintas del punto principal. -Sus transiciones son bruscas; sus demostraciones interrumpidas; sus -períodos con frecuencia cortados. Ningun escritor ha sido más desigual. -Inútilmente se buscaria en todas las literaturas un fenómeno tan -notable como el capítulo 13 de la primera epístola á los Corintios, -página sublime, al lado de débiles argumentos de penosas reticencias, -de fastidiosas sutilezas.</p> - -<p>Su padre le destinó desde muy jóven á ser rabino, pero segun -la costumbre general<a id="FNanchor_513" href="#Footnote_513" -class="fnanchor">[513]</a>, dióle una profesion. Pablo fué tapicero<a -id="FNanchor_514" href="#Footnote_514" class="fnanchor">[514]</a>, ó -si se quiere trabajador en aquellas telas ordinarias de Cilicia que se -llamaban <i>cilicium</i>. En distintas épocas dedicóse á este trabajo<a -id="FNanchor_515" href="#Footnote_515" class="fnanchor">[515]</a>, -pues carecia de fortuna patrimonial y tuvo una hermana, cuyo hijos -vivieron en Jerusalem<a id="FNanchor_516" href="#Footnote_516" -class="fnanchor">[516]</a>. Los indicios que se tienen de un hermano<a -id="FNanchor_517" href="#Footnote_517" class="fnanchor">[517]</a> -y de otros parientes<a id="FNanchor_518" href="#Footnote_518" -class="fnanchor">[518]</a> que abrazaron el cristianismo, son muy vagos -y muy inciertos.</p> - -<p>Si hemos de creer que los buenos modales y la finura están en -relacion con la fortuna de cada uno, debemos figurarnos á Pablo como -un hombre del pueblo mal educado y sin distincion. No obstante, esta -apreciacion no es exacta, porque era extremada su finura y sus manos -delicadas cuando él queria. Á pesar de su<span class="pagenum" -id="Page_200">p. 200</span> incorreccion de estilo, sus epístolas -revelan un hombre de grande imaginacion,<a id="FNanchor_519" -href="#Footnote_519" class="fnanchor">[519]</a> encontrándose en sus -elevados pensamientos expresiones muy felices. Jamás correspondencia -alguna, ha revelado atenciones más rebuscadas, maneras más finas, -reconvenciones más amables. Una ó dos de sus fórmulas nos desagradan<a -id="FNanchor_520" href="#Footnote_520" class="fnanchor">[520]</a>, pero -¡qué facilidad! ¡qué riqueza de frases deliciosas! ¡qué naturalidad! -Se comprende bien que su carácter en los momentos en que la pasion -no le volvia irascible y duro, debia ser el de un hombre fino, -emprendedor, afectuoso, perfectamente susceptible y un poco celoso. -Inferiores ante el público<a id="FNanchor_521" href="#Footnote_521" -class="fnanchor">[521]</a>, estos hombres tienen, en el seno de las -pequeñas iglesias, inmensas ventajas por el respeto que inspiran por su -aptitud y su práctica y por su hábil manera de salir de las más grandes -dificultades.</p> - -<p>El aspecto de Pablo era repugnante y su semblante no correspondia -á la grandeza de su alma. Era feo, de baja estatura y medio jorobado. -Sus fuertes hombros sostenian una cabeza pequeña y calva; su semblante -ostentaba una barba poblada y espesa; tenia la nariz aguileña; los -ojos penetrantes y eran negras las cejas que delineaban su frente<a -id="FNanchor_522" href="#Footnote_522" class="fnanchor">[522]</a>. Su -palabra no ofrecia<span class="pagenum" id="Page_201">p. 201</span> -nada de particular ni imponia<a id="FNanchor_523" href="#Footnote_523" -class="fnanchor">[523]</a>: una especie de temor, de embarazo, de -incorreccion, daba frecuentemente una pobre idea de su elocuencia<a -id="FNanchor_524" href="#Footnote_524" class="fnanchor">[524]</a>. -Como hombre de tacto, insistia él mismo sobre sus defectos exteriores, -sacando de ellos ventajas<a id="FNanchor_525" href="#Footnote_525" -class="fnanchor">[525]</a>. La raza judía tiene de notable que presenta -tipos de la más grande belleza y de una fealdad completa; pero la -fealdad judía es una cosa completamente especial. Unas facciones -extrañas, que con frecuencia excitan la sonrisa, y toman, cuando se -iluminan, una especie de resplandor profundo y de majestad.</p> - -<p>El temperamento de Pablo, no era menos singular que su exterior. Su -contextura vigorosa y fuerte, se hallaba alterada por una vida llena -de fatigas y de sufrimientos. Sin cesar alude él mismo á su debilidad -corporal y se presenta como un hombre demacrado, enfermo, tímido, sin -esperanza, sin prestigio, sin nada de lo que hace efecto, si bien tiene -el mérito de no hacer aprecio de estas miserias<a id="FNanchor_526" -href="#Footnote_526" class="fnanchor">[526]</a>. Á veces habla con -misterio de una prueba secreta, «de una espina clavada en su carne,» -que compara á un ángel de Satán, ocupado en molestarle y al cual -Dios ha permitido que se le uniera para que no se enorgulleciese<a -id="FNanchor_527" href="#Footnote_527" class="fnanchor">[527]</a>. -Tres veces ha pedido al Señor que le librara de esta pena; tres veces -el Señor le ha contestado: «Mi gracia te basta.» Esta era sin duda -una<span class="pagenum" id="Page_202">p. 202</span> debilidad suya, -pues el atractivo de las voluptuosidades carnales no pareció agitarle -nunca puesto que él mismo nos enseña á ser insensible á las mismas<a -id="FNanchor_528" href="#Footnote_528" class="fnanchor">[528]</a>. -Parece que no se casó<a id="FNanchor_529" href="#Footnote_529" -class="fnanchor">[529]</a>; la frialdad de su temperamento, -consecuencia de los ardores espirituales de su cerebro, se muestra -durante toda su vida; se envanece de ello con tanta seguridad que es -probable no esté exenta de cierta afectacion y que en todo caso tiene -para nosotros algo repugnante<a id="FNanchor_530" href="#Footnote_530" -class="fnanchor">[530]</a>.</p> - -<p>Fué muy jóven á Jerusalem<a id="FNanchor_531" href="#Footnote_531" -class="fnanchor">[531]</a> y dícese que entró en la escuela -de Gamaliel el Viejo<a id="FNanchor_532" href="#Footnote_532" -class="fnanchor">[532]</a>. Gamaliel era el hombre más ilustre -de Jerusalem. Como el nombre de fariseo se aplicaba á todo judío -notable que no era de familia sacerdotal, Gamaliel pasaba por un -miembro de esta secta, pero no era exclusivista ni pobre de espíritu -como aquella. Era un hombre liberal, ilustre, que comprendia á los -paganos y sabia el griego<a id="FNanchor_533" href="#Footnote_533" -class="fnanchor">[533]</a>. Tal vez las grandes ideas que profesó -San Pablo al convertirse, fueron una reminiscencia de lo que le -enseñó su primer maestro; es necesario, sin embargo, confesar que no -fué la moderacion lo que del mismo aprendió.<span class="pagenum" -id="Page_203">p. 203</span> En la atmósfera cálida de Jerusalem llegó á -un grado extremo de fanatismo. Figuraba á la cabeza del jóven partido -fariseo, rigorista y exaltado que estaba unido á su pasado nacional -hasta el último extremo<a id="FNanchor_534" href="#Footnote_534" -class="fnanchor">[534]</a>. Él no conoció á Jesús<a id="FNanchor_535" -href="#Footnote_535" class="fnanchor">[535]</a> ni asistió á la -escena sangrienta del Gólgota, pero le hemos visto tomando una -parte activa en la muerte de Estéban y figurar en primera línea -entre los perseguidores de la Iglesia. Solo respiraba muerte y -amenazas y corrió á Jerusalem escudado de una órden que autorizaba -todos sus excesos. Iba de sinagoga en sinagoga, forzando á los -tímidos para que renegaran del nombre de Jesús, y haciendo apalear -ó encerrar á los otros<a id="FNanchor_536" href="#Footnote_536" -class="fnanchor">[536]</a>. Cuando la Iglesia de Jerusalem se dispersó, -las poblaciones vecinas fueron víctimas de su rabia<a id="FNanchor_537" -href="#Footnote_537" class="fnanchor">[537]</a>, desesperándole los -progresos de la nueva fé, hasta que habiendo sabido que un grupo -de fieles se habia constituido en Damasco, pidió al gran sacerdote -Teófilo, hijo de Hanan<a id="FNanchor_538" href="#Footnote_538" -class="fnanchor">[538]</a>, cartas para la sinagoga de esta poblacion, -que le confiriesen el poder de prender á las personas creyentes y de -llevarlas atadas á Jerusalem<a id="FNanchor_539" href="#Footnote_539" -class="fnanchor">[539]</a>.</p> - -<p>El desórden de la autoridad romana en Judea, despues de la muerte de -Tiberio, explica estas arbitrarias vejaciones que tenian lugar bajo el -mando del in<span class="pagenum" id="Page_204">p. 204</span>sensato -Calígula. La administracion estaba desarreglada en todas partes, y el -fanatismo habia ganado lo que habia perdido el poder civil. Despues del -mando de Pilatos, y las concesiones hechas á los indígenas por Lucio -Vitelio, se adoptó el principio de dejar al país abandonado á sus leyes -especiales, y entonces se ejercieron mil tiranías locales aprovechando -la debilidad de un poder insuficiente. Por aquella época Damasco habia -pasado al poder del rey Hartat ó Hareth cuya capital era Petra<a -id="FNanchor_540" href="#Footnote_540" class="fnanchor">[540]</a>.</p> - -<p>Este príncipe poderoso y valiente, despues de haber derrotado á -Herodes Antipas y puéstose al frente de las fuerzas romanas mandadas -por el legado imperial Lucio Vitelio, se habia visto maravillosamente -favorecido por la fortuna. La noticia de la muerte de Tiberio (16 -marzo 37) habia detenido repentinamente á Vitelio<a id="FNanchor_541" -href="#Footnote_541" class="fnanchor">[541]</a>. Hareth, aprovechando -esta oportunidad se apoderó de Damasco, estableciendo en esta -poblacion un <i>etnarca</i> ó gobernador.<a id="FNanchor_542" -href="#Footnote_542" class="fnanchor">[542]</a> Cuando tuvo lugar -esta conquista, la mayor parte de los habitantes de dicha ciudad eran -judíos que ejercian el proselitismo y muy particularmente las mujeres<a -id="FNanchor_543" href="#Footnote_543" class="fnanchor">[543]</a>. -El modo de contentarles, el medio de ganarles, era hacer siempre -concesiones á su autonomía; y toda concesion á su autono<span -class="pagenum" id="Page_205">p. 205</span>mía era un permiso -para entregarse á violencias religiosas<a id="FNanchor_544" -href="#Footnote_544" class="fnanchor">[544]</a>. Castigar y matar á los -que no pensaban como ellos: hé aquí lo que llamaban independencia y -libertad.</p> - -<p>Pablo salió de Jerusalem, siguiendo sin duda el camino ordinario -y pasó el Jordan por el puente llamado de las <i>Hijas de Jacob</i>. -No tenia límites la exaltacion de su cerebro y por momentos parecia -estar loco y desvanecido. La pasion no puede ser una regla de fé: -el hombre apasionado va de una creencia á otra distinta llevando á -ella únicamente el mismo fuego. Como todas las almas fuertes, Pablo -estaba muy cerca de amar lo que odiaba. Por otra parte, ¿estaba -seguro de no contrariar la obra de Dios? Las ideas mesuradas y justas -de su maestro Gamaliel<a id="FNanchor_545" href="#Footnote_545" -class="fnanchor">[545]</a>, le venian sin duda á la memoria y es -de advertir que almas ardientes como la de Pablo sienten á veces -terribles remordimientos. Debia tener presentes las lágrimas -de los que torturaba;<a id="FNanchor_546" href="#Footnote_546" -class="fnanchor">[546]</a> el cariño de sus buenos sectarios, quienes -le amaban tanto más á medida que iban conociéndole; y sin embargo, -nadie les conocia tanto á ellos como su perseguidor. Por momentos -creia ver la figura de su Maestro, que tanta paciencia inspiraba á sus -discípulos, mirarle con aire de piedad y reconvenirle dulcemente. Lo -que se explicaba de las apariciones de Jesús, concebido como un sér -aéreo y perfectamente visible, le afectaba mucho, pues en las épocas -y en los países en que se cree lo maravilloso, las narracio<span -class="pagenum" id="Page_206">p. 206</span>nes de milagros imponen -igualmente á los de partidos opuestos, teniendo por ejemplo, miedo los -musulmanes de los milagros de Elías y pidiendo como los cristianos -curaciones sobrenaturales á San Jorge y á San Antonio. Pablo, despues -de haber atravesado la Iturea, entró en la llanura de Damasco, -aproximóse á la poblacion y estaba ya probablemente á la entrada de -los jardines que la rodean. Era medio dia<a id="FNanchor_547" -href="#Footnote_547" class="fnanchor">[547]</a> y viajaba á pié en -union de varios compañeros<a id="FNanchor_548" href="#Footnote_548" -class="fnanchor">[548]</a>.</p> - -<p>El camino de Jerusalem á Damasco no ha cambiado todavía: es el -que partiendo de esta última ciudad en la direccion del Sud-oeste, -atraviesa la hermosa llanura regada á la vez por los rios afluyentes -del Abana y de Farfar y sobre la cual se extienden hoy las poblaciones -de Dareya, Kaukab y Sasa. No puede buscarse el punto de que hablamos, -y que fué teatro de uno de los hechos más importantes de la historia -de la humanidad, sino cerca de Kaukab á cuatro horas de Damasco<a -id="FNanchor_549" href="#Footnote_549" class="fnanchor">[549]</a>. -Tambien es probable que el punto en cuestion fuera más cercano á -la poblacion y en este caso se estaria en lo cierto colocándolo -cerca de Dareya, hora y media de Damasco, ó entre Dareya y el -último confin de Meidan<a id="FNanchor_550" href="#Footnote_550" -class="fnanchor">[550]</a>. Pablo tenia delante de sí la poblacion -cuyos edificios debian ya divisarse por entre los árboles; detrás -la majestuosa altura del Hermon con sus nevadas crestas que le -asemejaban á la cabeza de un an<span class="pagenum" id="Page_207">p. -207</span>ciano; á su derecha el Haurán, las dos pequeñas cordilleras -paralelas que cierran el camino inferior de Farfar<a id="FNanchor_551" -href="#Footnote_551" class="fnanchor">[551]</a> y los túmulos<a -id="FNanchor_552" href="#Footnote_552" class="fnanchor">[552]</a> de la -region de los lagos; á su izquierda los contrafuertes del Ante-Líbano -que se unen al Hermon. La impresion que se siente al divisar aquellos -campos ricamente cultivados, y aquellas deliciosas vegas separadas unas -de otras por frondosos árboles, cargados de sabrosos frutos, es la de -la calma y la felicidad. Figuraos un camino sombrío abriéndose paso -entre la enramada, cruzado sin cesar por canales de riego, serpenteando -al través de olivares, nogales, albaricoques, y otros árboles unidos -entre sí por las ramas de espesas cepas, y tendreis una idea del lugar -donde aconteció el hecho extraño que ha ejercido tanta influencia sobre -la fé del mundo. Apenas se cree el viajero estar en Oriente al cruzar -los alrededores de Damasco,<a id="FNanchor_553" href="#Footnote_553" -class="fnanchor">[553]</a> y sobre todo al salir de las ásperas y -cálidas regiones de la Gaulanítide y de la Iturea lo que más satisface -al alma es la alegría de encontrar los trabajos del hombre y las -bendiciones del cielo. Desde la más remota antigüedad hasta nuestros -dias, toda aquella zona que rodea á Damasco de frescura y bienestar, no -ha tenido más que un nombre, no ha inspirado más que un sueño, el de -<i>paraiso de Dios</i>.</p> - -<p>Si Pablo encontró allí visiones terribles, es que las llevaba -en su espíritu. Cada paso que dirigia hácia<span class="pagenum" -id="Page_208">p. 208</span> Damasco despertaba en él curiosas -incertidumbres. El odioso papel de verdugo que iba á representar se -le hacia insufrible: las casas que empezaba á divisar eran tal vez -morada de sus víctimas y este pensamiento le detenia, le agitaba; -queria no avanzar, le parecia resistir á un aguijon que le oprimia<a -id="FNanchor_554" href="#Footnote_554" class="fnanchor">[554]</a>. -La fatiga del camino<a id="FNanchor_555" href="#Footnote_555" -class="fnanchor">[555]</a> uniéndose á esta preocupacion le -venció: tenia segun parece los ojos inflamados<a id="FNanchor_556" -href="#Footnote_556" class="fnanchor">[556]</a>, tal vez un principio -de oftalmia. En las marchas prolongadas, las últimas horas son las más -penosas, ya que se acumulan en ellas todas las causas debilitantes de -los dias pasados y las fuerzas nerviosas se extinguen, verificándose -una sensible reaccion. Tal vez tambien la brusca transicion de pasar de -una llanura caldeada por el sol, á las frescas sombras de los jardines, -determinó un acceso en su organismo enfermo<a id="FNanchor_557" -href="#Footnote_557" class="fnanchor">[557]</a> y quebrantado por su -fanático viaje. Las calenturas perniciosas acompañadas de ataques -cerebrales, aparecen de una manera rápida en aquellos lugares. En -pocos minutos se encuentra el viajero delirando: cuando ha pasado el -ataque se conserva la impresion de una noche oscura y parece que se -han visto dibujarse imágenes en su negro fondo<a id="FNanchor_558" -href="#Footnote_558" class="fnanchor">[558]</a>. Lo cierto es que -una conmocion terrible quitó á Pablo lo que le restaba de conciencia -distinta y le derribó por tierra privado de conocimiento.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_209">p. 209</span>Es imposible -conocer, por las narraciones que tenemos de este hecho singular<a -id="FNanchor_559" href="#Footnote_559" class="fnanchor">[559]</a>, -si alguna otra causa exterior dió lugar á la crísis que valió -al cristianismo su más ardiente apóstol; sin embargo, el hecho -exterior significa aquí poca cosa. El estado del alma de san -Pablo, sus remordimientos, el acercarse á la poblacion donde iba á -cometer sus abusos, fueron las verdaderas causas de su conversion<a -id="FNanchor_560" href="#Footnote_560" class="fnanchor">[560]</a>. -Por mi parte prefiero la hipótesis de un hecho personal á Pablo; de -una cosa sentida por él solo<a id="FNanchor_561" href="#Footnote_561" -class="fnanchor">[561]</a>. No es por esto inverosímil que estallara -de repente una tempestad:<a id="FNanchor_562" href="#Footnote_562" -class="fnanchor">[562]</a> las faldas del Hermon son el punto de -formacion de los temporales cuya violencia nada puede igualar. Las -almas más frias, no atraviesan sin terror esas espantosas lluvias -de fuego. En la antigüedad, los accidentes de este género se -consideraban como revelaciones divinas, toda vez que por la idea que -se formaban entonces de la Providencia, nada<span class="pagenum" -id="Page_210">p. 210</span> era fortuito, y cada individuo debia -atribuir como dirigidos á él los fenómenos naturales que tenian lugar -á su alrededor. Para los judíos en particular, los truenos eran la -voz de Dios, el rayo, el fuego de Dios. Pablo estaba dominado por -la mayor agitacion y era natural que prestara oido á la voz de la -tormenta y á la de su propio corazon. Que un delirio febril, causado -por el sol ó por una oftalmia se apoderó de repente de Pablo; que -una luz produjera su desvanecimiento; que un rayo le derribara y le -causara una conmocion cerebral que le hiciera olvidar por un momento -el sentido de la vida, poco importa. Los recuerdos del Apóstol, acerca -de este particular, parecen estar algo confusos; estaba persuadido -de que el hecho habia sido sobrenatural, y semejante opinion no le -permitia tener conciencia plena de las circunstancias materiales. -Estas conmociones cerebrales producen á veces una especie de efecto -retroactivo y turban completamente los recuerdos de los momentos que -han precedido á la crísis<a id="FNanchor_563" href="#Footnote_563" -class="fnanchor">[563]</a>. Desde luego el mismo Pablo nos dice que -estaba sujeto á visiones<a id="FNanchor_564" href="#Footnote_564" -class="fnanchor">[564]</a> y cualquiera circunstancia insignificante á -los ojos de otro, debe bastar para que él la dé importancia.</p> - -<p>En medio de las alucinaciones contrarias á todo buen sentido, -¿qué vió? ¿qué oyó? Vió la figura que le perseguia hacia dias, -vió el fantasma acerca del cual se explicaban varias historias, -vió á Jesús mismo<a id="FNanchor_565" href="#Footnote_565" -class="fnanchor">[565]</a> que<span class="pagenum" id="Page_211">p. -211</span> le decia en hebreo: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» -Las naturalezas impetuosas pasan violentamente de un extremo á otro<a -id="FNanchor_566" href="#Footnote_566" class="fnanchor">[566]</a>. -Para ellas hay lo que no existe para las naturalezas frias, momentos -solemnes, minutos que deciden todo el resto de su vida. Los hombres -reflexivos no cambian jamás y solo se transforman. Por el contrario los -hombres ardientes cambian y no se transforman nunca. El dogmatismo es -como un vestido de Nesso que no puede arrancarse. Les falta pretexto -para amar y odiar: solo nuestras razas occidentales han podido producir -estos espíritus delicados, fuertes y flexibles que ninguna ilusion -momentánea tiraniza, que ninguna vana afirmacion seduce. El Oriente -no ha producido jamás hombres de esta especie. En pocos segundos -se agolparon á la imaginacion de Pablo todos sus más profundos -pensamientos. Se le mostró vivamente el horror de su conducta: se vió -cubierto con la sangre de Estéban, mártir que se le apareció como su -padre, su iniciador: conmovióse su fibra más sensible y se operó en él -un cambio, pero este cambio no fué más que para abrazar otro fanatismo. -Su sinceridad, su deseo de fé absoluta le privaban de aceptar el -término medio y es claro que debia desplegar algun dia en la defensa de -Jesús el celo ardiente que empleara antes para perseguirle.</p> - -<p>Pablo entró en Damasco con la ayuda de sus compañeros que le -llevaban de la mano<a id="FNanchor_567" href="#Footnote_567" -class="fnanchor">[567]</a>, y le dejaron en casa de un tal Judas que -vivia en la calle Derecha,<span class="pagenum" id="Page_212">p. -212</span> grande via de columnas de más de una milla de largo y -cien piés de ancho, que cruzaba la poblacion de este á oeste y -cuyo trazado forma todavía hoy, salvo algunas desviaciones, la -principal arteria de Damasco<a id="FNanchor_568" href="#Footnote_568" -class="fnanchor">[568]</a>. El desvanecimiento<a id="FNanchor_569" -href="#Footnote_569" class="fnanchor">[569]</a> y la agitacion cerebral -no disminuian de intensidad. Durante tres dias, abatido por la fiebre, -Pablo no comió ni bebió. Lo que pasó durante esta crísis en una cabeza -ardiente, agitada por una violenta conmocion se adivina fácilmente. -Hablóse delante de él de los cristianos de Damasco y particularmente, -de cierto Hanania que parecia haber sido el jefe de la comunidad<a -id="FNanchor_570" href="#Footnote_570" class="fnanchor">[570]</a>. -Pablo habia oido hablar del poder milagroso de los nuevos creyentes, -para curar las enfermedades, y la idea de que la imposicion de las -manos de aquel, le sacaria del estado en que se hallaba se apoderó -de su espíritu. Sus ojos estaban siempre muy inflamados, y entre -las imágenes que se sucedian en su cerebro<a id="FNanchor_571" -href="#Footnote_571" class="fnanchor">[571]</a> creyó ver á Hanania -que entraba y le saludaba familiarmente segun costumbre de los -cristianos, y se persuadió que á él solo deberia su curacion.<span -class="pagenum" id="Page_213">p. 213</span> Hanania fué llamado y fué -á hablar cariñosamente al enfermo; le llamó hermano suyo y le impuso -las manos. Desde este momento renació la calma en el alma de Pablo, -creyóse curado, y la enfermedad, siendo principalmente nerviosa, -desapareció. Algunas lágrimas cayeron de sus ojos<a id="FNanchor_572" -href="#Footnote_572" class="fnanchor">[572]</a>, comió y recobró sus -fuerzas.</p> - -<p>Casi al momento recibió el bautismo<a id="FNanchor_573" -href="#Footnote_573" class="fnanchor">[573]</a> y eran tan sencillas -las doctrinas de la Iglesia que nada nuevo tuvo que aprender: marchó -al campo cristiano perfectamente convertido. ¿De quién habia entonces -de recibir lecciones? Jesús mismo se le apareció: tuvo la vision -de Jesús resucitado, como Jacobo, como Pedro. Todo lo aprendió por -revelacion inmediata: la ruda é indomable naturaleza de Pablo reaparece -aquí. Abatido en medio del camino, quiso someterse, pero someterse -á Jesús solo, á Jesús, que habia abandonado la derecha de su padre -para venir á convertirle é instruirle. Tal es la base de su fé; tal -será un dia el punto de partida de sus pretensiones. Él sostendrá que -no tuvo intencion de ir á Jerusalem despues de su conversion para -entrar en relaciones con aquellos que eran apóstoles antes que él; -que ha recibido su revelacion particular y que nada debe á persona -alguna; que es apóstol como los Doce por institucion divina y por -intervencion directa de Jesús, y que su doctrina es la buena sin -que un ángel siquiera pueda decir lo contrario<a id="FNanchor_574" -href="#Footnote_574" class="fnanchor">[574]</a>. Al oir á este -orgulloso, un inmenso te<span class="pagenum" id="Page_214">p. -214</span>mor se apoderó de la pequeña sociedad de pobres de espíritu -que ha constituido hasta aquí el cristianismo. Será un verdadero -milagro si sus violencias y su inflexibilidad personal no lo destruyen -todo; pero tambien su atrevimiento, su fuerza de iniciativa, su -decision, van á ser un elemento precioso al lado del espíritu mezquino, -tímido, é indeciso de los santos de Jerusalem. Seguramente que si -el cristianismo no hubiera salido de entre aquellas buenas gentes, -permaneciendo encerrado en un círculo de iluminados, que vivian en -comunidad, se hubiera extinguido sin dejar apenas recuerdo.</p> - -<p>Pero el indómito san Pablo es quien contribuirá á su -engrandecimiento y desafiando todos los peligros se dirigirá -atrevidamente á través de los mares para propagar su doctrina. Al lado -del fiel sumiso, recibiendo su fé del superior sin decir una palabra, -estará el cristiano desprovisto de toda autoridad que solo creerá por -conviccion personal. El protestantismo existió ya cinco años despues -de la muerte de Jesús. San Pablo fué su ilustre fundador. Jesús, sin -duda no habia previsto tales discípulos que son tal vez los que más -contribuyeron á dar vida á su obra y le aseguraron la eternidad.</p> - -<p>Las naturalezas violentas conducidas al proselitismo no cambian -más que el objeto de su pasion. Tan entusiasta por la nueva fé -como lo habia sido por la antigua, san Pablo, lo mismo que Omar, -tro<span class="pagenum" id="Page_215">p. 215</span>có en un dia -el papel de perseguidor por el de apóstol. No volvió á Jerusalem<a -id="FNanchor_575" href="#Footnote_575" class="fnanchor">[575]</a> -donde su posicion cerca de los Doce hubiera sido muy delicada, -sino que permaneció en Damasco y en el Haurán<a id="FNanchor_576" -href="#Footnote_576" class="fnanchor">[576]</a> predicando durante -tres años (38-41) que Jesús era hijo de Dios<a id="FNanchor_577" -href="#Footnote_577" class="fnanchor">[577]</a>. Herodes Agrippa I -era soberano de Haurán y de los países vecinos, pero su poder era -inferior en varias partes al del rey nabateano Hareth. La decadencia -del poder romano habia cedido al ambicioso árabe la grande y rica -poblacion de Damasco, así como una parte de las orillas del Jordan y -del Hermon que nacian entonces á la civilizacion<a id="FNanchor_578" -href="#Footnote_578" class="fnanchor">[578]</a>. Soheym<a -id="FNanchor_579" href="#Footnote_579" class="fnanchor">[579]</a>, -otro emir y tal vez pariente ú oficial de Hareth, se hacia dar -por Calígula la investidura de la Iturea. En medio de aquella -grande efervescencia de la raza árabe<a id="FNanchor_580" -href="#Footnote_580" class="fnanchor">[580]</a> en aquel extraño -suelo, donde una raza enérgica desplegaba su actividad febril, Pablo -dió á conocer la fogosidad de su alma de apóstol<a id="FNanchor_581" -href="#Footnote_581" class="fnanchor">[581]</a>. Tal vez el movimiento -material y brillante que transformaba al país se debia al éxito -de una predicacion com<span class="pagenum" id="Page_216">p. -216</span>pletamente idealista y fundada sobre la creencia de un -cercano fin del mundo. No se encuentra en la Arabia vestigio alguno -de Iglesia fundada por san Pablo. Si la region de Haurán fué hácia el -año 70 uno de los centros más importantes del cristianismo, lo debe á -la emigracion de cristianos de la Palestina, que son justamente los -enemigos de san Pablo, los ebionitas que tienen en aquella comarca su -principal establecimiento.</p> - -<p>En Damasco donde habia muchos judíos<a id="FNanchor_582" -href="#Footnote_582" class="fnanchor">[582]</a>, Pablo era -más escuchado: entraba en las sinagogas presentando vigorosas -argumentaciones para probar que Jesús era el Cristo. La sorpresa -de los fieles era extremada al ver que el que habia perseguido -á sus hermanos y que iba á encadenarles, acababa de convertirse -en su primer apologista<a id="FNanchor_583" href="#Footnote_583" -class="fnanchor">[583]</a>. Su audacia y su singularidad tenian -algo que les espantaba: estaba solo y no se aconsejaba de nadie<a -id="FNanchor_584" href="#Footnote_584" class="fnanchor">[584]</a>; no -formaba escuela y le miraban con más curiosidad que simpatía: conocian -que era un hermano pero un hermano de una especie particular. Creíasele -incapaz de una traicion, pero las tímidas naturalezas experimentan -todavía un sentimiento de desconfianza y de temor al lado de las -naturalezas poderosas y originales porque conocen que algun dia dejarán -de tenerlas á su lado.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_11"> - <p><span class="pagenum" id="Page_217">p. 217</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XI.</h2> - <p class="subh2">Paz y desarrollos interiores de la Iglesia de - Judea.</p> -</div> - -<div class="sidenote">Año 38</div> - -<p>Desde el año 38 al 44 parece que no sufrió persecucion -alguna la Iglesia<a id="FNanchor_585" href="#Footnote_585" -class="fnanchor">[585]</a>. Tomaron los fieles precauciones que sin -duda descuidaran antes de la muerte de Estéban y evitaron hablar en -público. Tal vez tambien las desgracias de los judíos, que durante -todo el segundo período del reinado de Calígula, estuvieron en lucha -con este príncipe, contribuyeron á favorecer la secta naciente. -Efectivamente, los judíos perseguían más cuanto mayor era la armonía -que reinaba entre ellos y los romanos. Para asegurar ó recompensar su -tranquilidad, estos les aumentaron sus privilegios y en particular el -que más querian, el derecho de castigar á las personas que miraban -como infieles á la Ley.<a id="FNanchor_586" href="#Footnote_586" -class="fnanchor">[586]</a> Ahora bien, los años á que hemos llegado -fueron de los más tempestuosos para la historia, siempre turbulenta de -aquel pueblo singular.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_218">p. 218</span>La antipatía que -los judíos por su superioridad moral, por sus nobles costumbres y -tambien por su dureza, excitaban en las poblaciones en medio de las -cuales vivian, habia llegado á su colmo, sobre todo en Alejandría<a -id="FNanchor_587" href="#Footnote_587" class="fnanchor">[587]</a>, -y estos ódios acumulados pudieron al fin satisfacerse al subir al -imperio uno de los mayores locos que hayan reinado. Calígula, despues -de la enfermedad que alteró sus facultades mentales (octubre, 37) daba -el espantoso espectáculo de un furioso gobernando el mundo con el -poder más enorme que jamás hombre alguno ha tenido en sus manos. La -desastrosa ley del cesarismo hacia posibles é incurables semejantes -horrores, que duraron tres años y tres meses. Dá vergüenza narrar en -una historia séria lo que vamos á decir: antes de entrar en la reseña -de estas saturnales, es necesario repetir con Suetonio: <i>Reliqua ut -de monstro narranda sunt</i>.</p> - -<p>El más inofensivo pasatiempo de aquel insensato, era ocuparse -de su propia divinidad<a id="FNanchor_588" href="#Footnote_588" -class="fnanchor">[588]</a>, demostrando una especie de amarga ironía, -una mezcla de gravedad cómica (pues al mónstruo no le faltaba -talento), y de irrision profunda al hablar del género humano. Los -enemigos de los judíos comprendieron la inmensa ventaja que podian -sacar de esta manía. Era tal el estado religioso del mundo, que -no se levantaba una sola protesta contra los actos sacrílegos del -César; y cada culto se apresuró á conferirle los títulos y honores -reserva<span class="pagenum" id="Page_219">p. 219</span>dos á sus -dioses. La eterna gloria de los judíos es haber levantado el grito -de la conciencia indignada en medio de esta innoble idolatría. El -principio de intolerancia que les dominaba y que les conducia á tantas -crueldades aparecia aquí bajo su verdadero aspecto. Afirmando que era -absoluta su religion no se humillaron ante el odioso capricho del -tirano y esto fué el orígen de tantas persecuciones sin fin. Bastaba -que hubiese en una poblacion un solo hombre descontento de la sinagoga, -malvado ó simplemente espía, para sentir espantosas consecuencias. -Un día se encontraba un altar en honor de Calígula en sitio donde no -podian tolerarlo los judíos<a id="FNanchor_589" href="#Footnote_589" -class="fnanchor">[589]</a>: otro una multitud de chiquillos -escandalizaban porque sólo los judíos rehusaban colocar la estátua -del emperador en sus lugares de oracion; corríase entonces á las -sinagogas y á los oratorios; poníase en ellas el busto de Calígula<a -id="FNanchor_590" href="#Footnote_590" class="fnanchor">[590]</a> y -colocaban á los infelices en la alternativa de renunciar á su religion -ó de cometer un crímen de lesa majestad. De ahí originábanse espantosas -vejaciones.</p> - -<p>Habíanse renovado varias veces semejantes actos, cuando se le -sugirió al emperador una idea todavía más diabólica, y fué la de -colocar una colosal estátua de oro en el santuario del templo -de Jerusalem y hacer dedicar el templo mismo á su divinidad<a -id="FNanchor_591" href="#Footnote_591" class="fnanchor">[591]</a>. -Esta odiosa in<span class="pagenum" id="Page_220">p. 220</span>triga -aumentó por treinta años la revolucion y ruina de la nacion judaica.</p> - -<p>La moderacion del legado imperial, Publio Petronio y la intervencion -del rey Herodes Agrippa, favorito de Calígula, previnieron la -catástrofe; pero hasta el momento en que la espada de Querea libró á la -tierra del tirano más execrable que habia sufrido, los judíos vivieron -por todas partes bajo el terror. Philon ha conservado los detalles -de la inaudita escena que tuvo lugar, cuando una diputacion, de la -cual aquel era presidente, fué admitida á presencia del emperador<a -id="FNanchor_592" href="#Footnote_592" class="fnanchor">[592]</a>. -Calígula les recibió mientras visitaba las poblaciones de Mecenas y de -Lamia, cerca del mar en los alrededores de Pozzuoli. Era un dia en -que estaba de buen humor: Helicon su primer bufon acababa de contarle -toda clase de bufonadas sobre los judíos. «¡Ah! ¿sois vosotros, les -dijo con amarga sonrisa y enseñándoles los dientes, los únicos que no -quereis reconocerme por Dios y preferís adorar á uno que ni siquiera -os atreveis á nombrar?» y acompañó estas palabras con una horrible -blasfemia. Los judíos temblaron y sus adversarios alejandrinos tomaron -la palabra: «Vos aborreceriais más, señor, á toda esa gente y á su -nacion si supierais la aversion que os profesan, pues son los únicos -que no han sacrificado por vuestra salud, cuando todos los demás -pueblos lo han hecho.» Á estas palabras, contestaron los judíos que -aquello era una calumnia y que ellos habian ofrecido tres veces para -la<span class="pagenum" id="Page_221">p. 221</span> prosperidad del -emperador los sacrificios más solemnes que les permitia su religion. -«Sí, dijo Calígula con seriedad cómica, habeis sacrificado muy -bien pero no es á mí á quien habeis sacrificado; ¿qué ventaja he -sacado yo?» y en seguida volvióles la espalda, empezó á recorrer las -habitaciones, dando órdenes para su reparacion, subiendo y bajando sin -cesar. Los desdichados diputados (entre los cuales figuraba Philon, de -ochenta años de edad, el más venerable de aquel tiempo despues de la -muerte de Jesús), le seguian por todas partes jadeantes, temblando, -ridiculizados por los criados. Calígula volvióse de repente y dijo: -«Á propósito, ¿por qué no comeis cerdo?» Los bufones se echaron á -reir y los oficiales con tono severo les advirtieron que faltaban -á la majestad del emperador con sus risas inmoderadas. Los judíos -balbucearon y uno de ellos dijo sencillamente: «Pero hay personas -que no comen cordero.—¡Ah! en esto, repuso el emperador, tienen -razon, pues es manjar que no tiene gusto alguno.» Fingió entonces -querer enterarse de su negocio, mas apenas empezaron la explicacion -interrumpióles su discurso, se fué á dar órdenes para la decoracion de -una sala que queria adornar con piedra lapidaria. Regresó afectando -cierta moderacion, preguntó á los enviados si tenian algo que añadir -y como estos reanudaran el discurso interrumpido, volvióles de nuevo -la espalda para ir á ver otra sala que hacia adornar con pinturas. -Este juego del tigre que se divierte con su víctima, duró horas: los -judíos solo esperaban la muerte, pero en el último momento la<span -class="pagenum" id="Page_222">p. 222</span> fiera escondió sus garras: -«¡Vamos! dijo Calígula decididamente, estas gentes son más dignas de -compasion que culpables por no creer en mi divinidad.» Véase pues cómo -se trataban las cuestiones más graves bajo el horrible régimen que la -humillacion del mundo habia creado, que una soldadesca y una poblacion -igualmente viles querian, y que la bajeza de todos sostenia.</p> - -<div class="sidenote">Año 39</div> - -<p>Se comprende que esta situacion tirante hubiese hecho perder á los -judíos del tiempo de Marulo mucha audacia de aquella que les hacia -hablar tan atrevidamente de Pilatos. Los cristianos, arrojados del -templo, debian estar menos espantados que los judíos de los proyectos -sacrílegos de Calígula ya que eran entonces poco numerosos para -que Roma pudiera conocer su existencia. La tempestad del tiempo de -Calígula, como la que precedió á la toma de Jerusalem por Tito, pasó -sobre su cabeza sin tocarles y aun á muchos de ellos les favoreció. -Todo lo que debilitaba la independencia judía les era favorable, puesto -que les libraba del poder de una ortodoxia supuesta apoyando sus -pretensiones con severas penas.</p> - -<p>Este período de paz, fué fecundo en desarrollos interiores. -La Iglesia naciente se dividia en tres provincias: Judea, -Samaria y Galilea<a id="FNanchor_593" href="#Footnote_593" -class="fnanchor">[593]</a>, á la cual sin duda pertenecia Damasco. -Jerusalem tenia su primacia, absolutamente incontestable. La Iglesia de -esta ciudad cuyos habitantes se habian dispersado despues de la muerte -de Estéban se reconstituyó pronto: los apósto<span class="pagenum" -id="Page_223">p. 223</span>les no abandonaron jamás la poblacion y los -hermanos del Señor continuaban ejerciendo y gozando grande autoridad<a -id="FNanchor_594" href="#Footnote_594" class="fnanchor">[594]</a>. -Parece que esta segunda Iglesia de Jerusalem no se organizó de -una manera tan rigurosa como la primera; la comunidad de bienes -no fué estrictamente restablecida y solamente se fundó una gran -caja para los pobres, donde debian depositarse las limosnas que -las iglesias particulares remitian á la Iglesia madre orígen y -fin permanente de su fé<a id="FNanchor_595" href="#Footnote_595" -class="fnanchor">[595]</a>.</p> - -<div class="sidenote">Año 40</div> - -<p>Pedro verificaba distintos viajes apostólicos alrededor -de Jerusalem<a id="FNanchor_596" href="#Footnote_596" -class="fnanchor">[596]</a> y gozaba todavía de una grande reputacion -de milagrero. En Lydda<a id="FNanchor_597" href="#Footnote_597" -class="fnanchor">[597]</a> sobre todo, pasaba por haber curado á un -paralítico nombrado Eneas, milagro que le valió numerosas conversiones -en la llanura de Saron<a id="FNanchor_598" href="#Footnote_598" -class="fnanchor">[598]</a>. De Lydda se volvió á Joppe<a -id="FNanchor_599" href="#Footnote_599" class="fnanchor">[599]</a> -poblacion que parece haber sido un centro para el cristianismo. Las -poblaciones de obreros, de marinos, de gente pobre, donde los judíos -ortodoxos no dominaban<a id="FNanchor_600" href="#Footnote_600" -class="fnanchor">[600]</a> eran los que ofrecian mejores disposiciones -para la nueva secta. Pedro permaneció mucho tiempo en Joppe en casa de -un curtidor llamado Simon que vivia cerca del mar<a id="FNanchor_601" -href="#Footnote_601" class="fnanchor">[601]</a>. La industria del -cuero era demasiado impura y no se visitaba á los que la ejercian, -aunque los blanqueadores estaban ya reducidos á vivir en un -barrio<span class="pagenum" id="Page_224">p. 224</span> separado<a -id="FNanchor_602" href="#Footnote_602" class="fnanchor">[602]</a>. -Escogiendo Pedro semejante morada, da una prueba de su indiferencia por -las preocupaciones de los judíos y trabaja para el ennoblecimiento de -las pequeñas industrias que entran por mucho en la obra del espíritu -cristiano.</p> - -<p>La organizacion de las obras de caridad se proseguia con ardor. -La Iglesia de Joppe poseia una mujer admirable llamada en armenio -<i>Tabitha</i> (señorita) y en griego <i>Dorcas</i><a id="FNanchor_603" -href="#Footnote_603" class="fnanchor">[603]</a>, que consagraba todos -sus cuidados á los pobres<a id="FNanchor_604" href="#Footnote_604" -class="fnanchor">[604]</a>. Parece que era rica y distribuia sus -bienes en limosnas. Esta respetable señora habia formado una -sociedad de viudas piadosas que se dedicaban<a id="FNanchor_605" -href="#Footnote_605" class="fnanchor">[605]</a> á tejer vestidos -para los pobres. Como la excision del cristianismo y judaismo no -se habia consumado, es probable que los judíos bendijeran estos -actos de caridad. «Los santos y las viudas»<a id="FNanchor_606" -href="#Footnote_606" class="fnanchor">[606]</a> eran piadosas -personas que hacian bien á todos, especie de mendicantes que solo -eran sospechosos á los rigoristas de una ortodoxia pedantesca, unos -<i>fraticelli</i> amados del pueblo, devotos, caritativos y llenos de -piedad.</p> - -<p>El gérmen de estas asociaciones de mujeres que son una de las -glorias del cristianismo, existió de esta suerte en las primeras -iglesias de Judea. En Jaffa empezó la generacion de estas mujeres -vestidas de lino, que al través de los siglos debian continuar la -tradi<span class="pagenum" id="Page_225">p. 225</span>cion de la -caridad secreta. Tabitha fué la madre de una familia que no acabará -mientras existan miserias que consolar, buenos deseos de mujer que -deban satisfacerse. Más tarde se dijo que Pedro la habia resucitado. -¡Ah! la muerte por insensata que sea, por injusta que fuese en este -caso, es inflexible. Cuando el alma más sublime se ha exhalado, el -decreto permanece irrevocable; la mujer más excelente, como la más -vulgar, no responde á las voces amigas que la llaman. Pero la idea no -está sujeta á las condiciones de la materia. La virtud y la bondad -escapan de las garras de la muerte: Tabitha no tenia necesidad de -resucitar. Por pasar algunos dias más en esta triste vida, ¿habia -necesidad de hacerla salir de su dulce é inmutable eternidad? Dejadla -descansar en paz, ya llegará el dia de los justos.</p> - -<p>En aquellas poblaciones tan mezcladas, el problema de la admision -de paganos al bautismo se ofrecia á cada momento y convenia resolverlo -con urgencia. Esto preocupaba mucho á Pedro. Estaba un dia orando -sobre el terrado de la casa del curtidor, viendo ante él aquel mar -que iba á llevar pronto la fé nueva á todo el imperio y tuvo un -éxtasis profético. En medio de aquel débil sueño á que se hallaba -entregado, creyó experimentar una sensacion de hambre y pidió alguna -cosa. Mientras se lo estaban preparando, vió el cielo abierto y una -canasta atada por sus cuatro lados que descendia. Habiendo mirado al -interior de la canasta, vió animales de toda especie y creyó oir una -voz que le decia: «Mata y come.» Objetando que<span class="pagenum" -id="Page_226">p. 226</span> varios de estos animales eran impuros, -le repuso la voz: «No llames impuro lo que Dios ha purificado.» Esto -le fué repetido tres veces seguidas. Pedro se persuadió de que estos -animales representaban simbólicamente la masa de los gentiles, que Dios -mismo acababa de declarar aptos para la comunion de su santo reino<a -id="FNanchor_607" href="#Footnote_607" class="fnanchor">[607]</a>.</p> - -<p>Pronto se presentó la ocasion de aplicar estos principios. Desde -Joppe, Pedro se volvió á Cesarea, donde se puso en relacion con un -centurion llamado Cornelio<a id="FNanchor_608" href="#Footnote_608" -class="fnanchor">[608]</a>. La guarnicion de Cesarea estaba formada -en gran parte por una de aquellas cohortes compuestas de voluntarios -italianos que se llamaban <i>Italicæ</i><a id="FNanchor_609" -href="#Footnote_609" class="fnanchor">[609]</a>. El nombre -completo de esta ha podido ser <i>cohors prima Augusta Italica -civium romanorum</i><a id="FNanchor_610" href="#Footnote_610" -class="fnanchor">[610]</a>. Cornelio era centurion de esta cohorte y -por consiguiente italiano y ciudadano romano. Era un buen hombre, que -despues de largo tiempo se sentia atraido por el culto monoteista de -los judíos, oraba, hacia limosnas, y en una palabra, practicaba todos -los preceptos de la religion natural que supone el judaismo; pero no -habia sido circuncidado y por esto no era prosélito de grado alguno; -era solo un pagano piadoso, un israelita de corazon, y nada más<a -id="FNanchor_611" href="#Footnote_611" class="fnanchor">[611]</a>. -Toda su casa y algunos soldados de<span class="pagenum" -id="Page_227">p. 227</span> su compañía estaban, segun se decia, en -las mismas disposiciones<a id="FNanchor_612" href="#Footnote_612" -class="fnanchor">[612]</a>. Cornelio quiso entrar en la nueva Iglesia, -y Pedro cuyo carácter era franco y bondadoso acordóle lo que deseaba, -y el centurion fué bautizado<a id="FNanchor_613" href="#Footnote_613" -class="fnanchor">[613]</a>.</p> - -<p>Tal vez Pedro no encontró de pronto dificultad alguna; sin embargo, -á su regreso á Jerusalem se le dirigieron graves cargos. Habia faltado -abiertamente á la ley, habia estado entre los incircuncisos y habia -comido con ellos. La cuestion era efectivamente capital; se trataba -de saber si la ley estaba abolida, si era permitido violarla por -proselitismo y si los gentiles podian ser recibidos de hecho en la -Iglesia. Para defenderse contó Pedro su vision de Joppe y más tarde -el hecho del centurion sirvió de argumento para el bautismo de los -incircuncisos. Á fin de darle más fuerza se supuso que en este grave -asunto mediaba la intervencion del cielo; se explicó que Cornelio, -despues de fervientes oraciones, habia visto á un ángel que le habia -ordenado fuese á Joppe á llamar á Pedro; que la vision simbólica de -Pedro, tuvo lugar á la misma hora en que llegaban los emisarios de -Cornelio, y que desde entonces se habia encargado Dios de legitimar -todo lo que se habia hecho, puesto que el Espíritu Santo, habiendo -descendido sobre Cornelio y sobre las personas de su casa, estos habian -hablado la lengua, y recitado los salmos á la usanza de los otros<span -class="pagenum" id="Page_228">p. 228</span> fieles. Y ¿era natural -rehusar el bautismo á las personas que habian recibido el Espíritu -Santo?</p> - -<p>La Iglesia de Jerusalem estaba todavía compuesta de judíos -y de prosélitos: que el Espíritu Santo descendiera sobre los -incircuncisos, antes del bautismo, parecia un hecho muy extraordinario -y es probable que desde entonces existiera un partido opuesto, en -principio, á la admision de los gentiles, y que no todo el mundo -aceptara las explicaciones de Pedro. El autor de las <i>Actas</i><a -id="FNanchor_614" href="#Footnote_614" class="fnanchor">[614]</a> -quiere que la aprobacion haya sido unánime; pero dentro de algunos -años, veremos renacer la cuestion con mayor empeño<a id="FNanchor_615" -href="#Footnote_615" class="fnanchor">[615]</a>. Tal vez se acepta el -hecho del buen centurion como el del eunuco de Etiopía, á título de -hecho excepcional justificado por una revelacion y una órden expresa de -Dios, pero el asunto está lejos de quedar resuelto. Esta fué la primera -controversia en el seno de la Iglesia; el paraiso de la paz interior -habia durado seis ó siete años.</p> - -<p>Desde el año 40, poco más ó menos, la grande cuestion, de la cual -dependia el porvenir del cristianismo, parece haber quedado resuelta. -Pedro y Felipe con su buen juicio, entrevieron la verdadera solucion y -bautizaron á los paganos. Sin duda en las dos reseñas que el autor de -las <i>Actas</i> nos da sobre este asunto y que están en parte calcadas -la una sobre la otra, es difícil desconocer su sistema. El autor de -las <i>Actas</i> pertenece á un partido de conciliacion favorable -á la entrada de los paganos en la Iglesia y no quiere confesar las -divi<span class="pagenum" id="Page_229">p. 229</span>siones que la -violencia de la cuestion ha producido. Se conoce perfectamente que -este autor, al narrar los episodios del eunuco, del centurion y de las -conversiones de los samaritanos, no quiere dar más que los detalles -referentes á una sola opinion; y por otro lado tampoco podemos admitir -que invente los hechos que explica. Las conversiones del eunuco y del -centurion Cornelio, son probablemente hechos reales presentados y -transformados segun las exigencias de la tésis, en vista de la cual ha -sido compuesto el libro de las <i>Actas</i>.</p> - -<div class="sidenote">Año 41</div> - -<p>Aquel que diez ú once años más tarde debia dar á este debate un -golpe decisivo era Pablo, el cual no se habia mezclado en ello todavía -ya que se hallaba predicando en Haurán y en Damasco, refutando á los -judíos y defendiendo á la nueva fé con tanto entusiasmo cuanto mayor -era el que habia desplegado para combatirla. El fanatismo del cual -habia sido instrumento, á su vez, no tardó en perseguirle. Los judíos -resolvieron perderle obteniendo del <i>etnarca</i> que gobernaba -en Damasco en nombre de Hareth, una órden para prenderle. Pablo se -escondió: al saberse que habia de salir de la poblacion, el gobernador -que queria complacer á los judíos, puso guardias en todas las puertas -con órden de arrestarle, pero los hermanos le hicieron escapar de -noche bajándole por una ventana que caia al otro lado de la muralla<a -id="FNanchor_616" href="#Footnote_616" class="fnanchor">[616]</a>. -Libre de este peligro, Pablo dirigió sus pasos hácia Jerusalem. -Hacia tres años<a id="FNanchor_617" href="#Footnote_617" -class="fnanchor">[617]</a> que era cristiano y aún no habia visto á -los apóstoles. Su carácter duro, poco expansivo, y retraido,<span -class="pagenum" id="Page_230">p. 230</span> le habia hecho volver la -espalda, bajo cierto aspecto, á la grande familia en la cual á su pesar -acababa de entrar, y prefirió para su apostolado un país nuevo donde -no pudiese encontrar colega alguno. Sin embargo, el deseo de ver á -Pedro se habia apoderado de él<a id="FNanchor_618" href="#Footnote_618" -class="fnanchor">[618]</a>, reconocia su autoridad, y como todo el -mundo, le designaba con el nombre <i>Kepha</i>, «la piedra». Regresó -pues á Jerusalem siguiendo en sentido contrario el camino que tres años -antes habia recorrido bajo disposiciones muy distintas.</p> - -<p>Su posicion en Jerusalem fué extremadamente falsa y embarazosa. -Habíase dicho en esta poblacion que el perseguidor se habia -convertido en el más celoso de los evangelistas y en el primer -defensor de la fé que intentara antes combatir<a id="FNanchor_619" -href="#Footnote_619" class="fnanchor">[619]</a>, pero existian -contra él notables prevenciones: muchos le suponian algun horrible -proyecto. Se le habia visto tan encolerizado y tan cruel penetrar en -las casas, violando los secretos de familia para encontrar alguna -víctima, que se le creia capaz de representar semejante papel para -perder mejor á los que odiaba<a id="FNanchor_620" href="#Footnote_620" -class="fnanchor">[620]</a>. Parece que vivió en casa de Pedro<a -id="FNanchor_621" href="#Footnote_621" class="fnanchor">[621]</a>: pero -varios discípulos permanecian sordos á su voz y se separaban de él<a -id="FNanchor_622" href="#Footnote_622" class="fnanchor">[622]</a>. -Bernabé, hombre de corazon y de voluntad, desempeñó en aquella ocasion -un papel importante.</p> - -<p>En su calidad de chipriota y de nuevo convertido<span -class="pagenum" id="Page_231">p. 231</span> comprendió mejor que -los discípulos galileos la posicion de Pablo. Presentósele delante; -cogióle la mano de algun modo, le presentó á los más reticentes -y salió garante de él<a id="FNanchor_623" href="#Footnote_623" -class="fnanchor">[623]</a>. Por este acto de sabiduría y de -penetracion, Bernabé mereció el más elevado puesto en el cristianismo. -Él fué el que comprendió á Pablo; á él es á quien la Iglesia debe el -más extraordinario de sus fundadores. La fecunda amistad de estos -dos hombres apostólicos, amistad que no empañó nube alguna, á pesar -de sus divergencias, fué más tarde causa de la asociacion para las -misiones contra los gentiles. Esta grande asociacion data de la primera -permanencia de Pablo en Jerusalem. Entre las causas de la fé del mundo -es necesario contar el generoso movimiento de Bernabé tendiendo la mano -á Pablo sospechoso y despreciado; la profunda intuicion que le hizo -descubrir un alma de apóstol bajo aquel aspecto humilde, la energía con -que venció los obstáculos que presentaban los repugnantes antecedentes -del converso, y tal vez ciertos rasgos de su carácter, que se habian -interpuesto entre él y sus nuevos hermanos.</p> - -<p>Por otra parte, Pablo evitaba sistemáticamente ver á los -apóstoles. Él mismo dice, y lo afirma bajo juramento, que solo -veia á Pedro y á Jacobo, hermano del Señor<a id="FNanchor_624" -href="#Footnote_624" class="fnanchor">[624]</a>. Su permanencia -allí, solo duró dos semanas<a id="FNanchor_625" href="#Footnote_625" -class="fnanchor">[625]</a>.<span class="pagenum" id="Page_232">p. -232</span> Es posible que cuando Pablo escribió la epístola á los -Galatas (vers. 56) se hubiese encontrado, por las circunstancias del -momento, obligado á falsear un poco el carácter de sus relaciones con -los apóstoles y les presentara más secos, más imperiosos de lo que -fueron en realidad; pero el versículo 56 tiende esencialmente á probar -que nada habia recibido de Jerusalem y que en manera alguna era el -mandatario del consejo de los Doce establecido en aquella poblacion. -Su actitud en Jerusalem era la de un maestro altivo que evita las -relaciones con los otros maestros para no estar subordinado á ellos, -y no la actitud humilde de un culpable arrepentido de su pasado, como -supone el autor de las <i>Actas</i>. Nosotros no podemos creer que -desde el año 41 estuviera Pablo animado de esta especie de celo de -conservar su propia originalidad que mostró más tarde. La rareza de -sus entrevistas con los apóstoles y la brevedad de su permanencia -en Jerusalem, reconocian por causa probablemente la cortedad que -experimentaba delante de personas de naturaleza distinta á la suya y -llenas de prejuicios contra de él, más bien que una política sagaz -que le hubiese hecho comprender con quince años de anticipacion los -inconvenientes que podia encontrar en sus relaciones.</p> - -<p>En realidad lo que debia levantar una barrera en<span -class="pagenum" id="Page_233">p. 233</span>tre los apóstoles y Pablo, -era sobre todo la diferencia de carácter y de educacion. Los apóstoles -eran todos Galileos y no habian estado en las grandes escuelas judías; -habian visto á Jesús y se acordaban de sus palabras; eran de naturaleza -buena y piadosa, y á veces ingénuos y graves. Pablo era un hombre -de accion, lleno de fuego, medianamente místico, impulsado como por -una fuerza superior á formar parte de una secta que no era en manera -alguna la de su primitiva adopcion. La revolucion, la protesta, eran -sus habituales sentimientos<a id="FNanchor_626" href="#Footnote_626" -class="fnanchor">[626]</a>. Su instruccion judía era mucho más profunda -que la de todos sus nuevos hermanos; pero no habiendo oido á Jesús, -no habia sido instituido por él; en esto era muy inferior, segun las -doctrinas cristianas, y sin embargo, Pablo no habia nacido para aceptar -un lugar secundario: su altiva individualidad exigia un sitio á parte. -Probablemente por aquel tiempo concibió la atrevida idea de que despues -de todo nada tenia que envidiar á aquellos que habian conocido á Jesús -y que habian sido elegidos por él, puesto que tambien él mismo habia -visto á Jesús, habia recibido una revelacion directa y el mandato de -su apostolado. Aun aquellos que fueron honrados con una aparicion -personal de Cristo resucitado, podian suponerse más privilegiados que -él, pues por haber sido su vision la última, no por eso valia menos, -puesto que se produjo en circunstancias que le daban un carácter -particular de importancia<span class="pagenum" id="Page_234">p. -234</span> y de distincion<a id="FNanchor_627" href="#Footnote_627" -class="fnanchor">[627]</a>. ¡Oh error! el eco de la voz de Jesús se -encontraba en el discurso del más humilde de sus discípulos. Con toda -su ciencia judía, Pablo no podia salvar la inmensa desventaja que -resultaba para él de su tardía iniciacion. El Cristo que habia visto -en el camino de Damasco no era, como decia, el Cristo de Galilea; era -el Cristo de su imaginacion, de su propio sentido. Aunque estuviera -atento para recoger las palabras de su Maestro<a id="FNanchor_628" -href="#Footnote_628" class="fnanchor">[628]</a>, es evidente que no -era más que un discípulo de segundo órden. Si Pablo hubiese encontrado -á Jesús en vida, puede dudarse que se le hubiese unido. Su doctrina -será la suya propia, no la de Jesús; las revelaciones de que habla con -entusiasmo son el fruto de su cerebro.</p> - -<p>Estas ideas que aún no se atreve á propagar le hacen incómoda -su estancia en Jerusalem. Á los quince dias se despide de Pedro y -parte. Habia visto tan poca gente que se atreve á decir que nadie en -las iglesias de Judea habia visto su semblante y que lo que sabian -de él, era solo de oidas<a id="FNanchor_629" href="#Footnote_629" -class="fnanchor">[629]</a>. Más tarde atribuyó él mismo á una -revelacion esta brusca partida. Contó que un dia orando en el templo, -tuvo un éxtasis y que vió á Jesús en persona y recibió la órden de -abandonar pronto á Jerusalem «puesto que no estaban dispuestos á -recibir su testimonio.» En cambio de la ciudad, Jesús le prometia el -apostolado de las naciones lejanas y un audito<span class="pagenum" -id="Page_235">p. 235</span>rio sumiso á su voz<a id="FNanchor_630" -href="#Footnote_630" class="fnanchor">[630]</a>. Los que quieren ahogar -el recuerdo de las disensiones y disgustos que la entrada de este -indócil discípulo causó en la Iglesia, aseguran que Pablo pasó largo -tiempo en Jerusalem viviendo con los hermanos bajo la más completa -libertad, pero que habiendo querido predicar á los judíos helenistas, -fué amenazado de muerte por ellos, y los hermanos que velaban por -su seguridad le hicieron conducir á Cesarea<a id="FNanchor_631" -href="#Footnote_631" class="fnanchor">[631]</a>.</p> - -<p>Es probable que de Jerusalem fuese á Cesarea, pero estuvo allí poco, -pues marchó á recorrer en seguida la Siria y despues la Cilicia<a -id="FNanchor_632" href="#Footnote_632" class="fnanchor">[632]</a>. -Sin duda desde entonces empezó á predicar, pero solo por cuenta -propia y sin acuerdo de persona alguna. Tarso, su patria, fué su -morada habitual durante este período de su vida apostólica, que -puede graduarse en dos años<a id="FNanchor_633" href="#Footnote_633" -class="fnanchor">[633]</a>. Es posible que las iglesias de Cilicia -le deban sus primicias<a id="FNanchor_634" href="#Footnote_634" -class="fnanchor">[634]</a>; sin embargo, la vida de Pablo no fué -en esta época tal como la vemos más tarde. Él no tomó el título de -apóstol, reservado únicamente á los <i>Doce</i><a id="FNanchor_635" -href="#Footnote_635" class="fnanchor">[635]</a>. Á partir de su -asociacion con Bernabé (año 45) es cuando entra en esta carrera de -peregrinaciones sagradas y de predicaciones, que le convierten en un -tipo del misionero viajante.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_12"> - <p><span class="pagenum" id="Page_236">p. 236</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XII.</h2> - <p class="subh2">Fundacion de la Iglesia de Antioquía.</p> -</div> - -<div class="sidenote">Año 41</div> - -<p>Poco á poco la fé nueva realizaba sorprendentes progresos. Los -miembros de la Iglesia de Jerusalem que se habian dispersado despues -de la muerte de Estéban, llevando sus conquistas á lo largo de la -costa Fenicia, dominaron en Chipre y Antioquía: tenian entonces por -principio inconcuso predicar tan solo á los judíos<a id="FNanchor_636" -href="#Footnote_636" class="fnanchor">[636]</a>.</p> - -<p>Antioquía, «la metrópoli del Oriente», la tercera -poblacion del mundo<a id="FNanchor_637" href="#Footnote_637" -class="fnanchor">[637]</a> fué el centro de la cristiandad de la -Syria del Norte. Esta era una poblacion de unas quinientas mil almas, -casi más grande que París antes de que se le diera más extension,<a -id="FNanchor_638" href="#Footnote_638" class="fnanchor">[638]</a> -residencia del<span class="pagenum" id="Page_237">p. 237</span> legado -imperial de Syria. Merced á los Seleúcidas que habian sabido aprovechar -la ocupacion romana, Antioquía habia alcanzado el más alto grado de -esplendor, pues en general los Seleúcidas estaban más adelantados que -los romanos en punto á decoraciones teatrales aplicadas á las grandes -poblaciones. Templos, acueductos, baños, basílicas, nada faltaba á -Antioquía de lo que constituia una poblacion siria de aquella época. -Adornadas las calles con columnatas y los recodos con estátuas, habia -allí más simetría y regularidad que en otras partes<a id="FNanchor_639" -href="#Footnote_639" class="fnanchor">[639]</a>. Un <i>Corso</i> -adornado de cuatro líneas de columnas formando dos galerías -cubiertas con una larga avenida en medio, atravesaba la poblacion<a -id="FNanchor_640" href="#Footnote_640" class="fnanchor">[640]</a> -en una línea de treinta y seis <i>estadios</i> (más de una legua)<a -id="FNanchor_641" href="#Footnote_641" class="fnanchor">[641]</a>. -Pero Antioquía no tenia solamente inmensas construcciones de -utilidad pública<a id="FNanchor_642" href="#Footnote_642" -class="fnanchor">[642]</a>; tenia tambien lo que poseian -pocas poblaciones sirias, obras maestras del arte griego, -admirables estátuas<a id="FNanchor_643" href="#Footnote_643" -class="fnanchor">[643]</a>, obras clásicas de una delicadeza que el -siglo no sabe todavía imitar. Desde su fundacion habia sido Antioquía -una poblacion completamente helénica. Los Macedonios de Antígono y -de Seleuco habian llevado á esta region del bajo Oronte los recuerdos -más vivos, los cultos y los<span class="pagenum" id="Page_238">p. -238</span> nombres de su país<a id="FNanchor_644" href="#Footnote_644" -class="fnanchor">[644]</a>. La mitología griega se habia entronizado -allá como su segunda patria; habia en el país el afan de enseñar -<i>lugares santos</i> relacionados con esta mitología. La poblacion se -entregaba al culto de Apolo y de las ninfas. Dafne, lugar encantador á -dos horas de distancia de la poblacion, recordaba á los viajeros las -más risueñas ficciones.</p> - -<p>Era una especie de imitacion de los mitos de la madre patria, -análoga á esos transportes atrevidos por los cuales las tribus -primitivas hacian viajar consigo su geografía mítica, su Berecinto, -su Arvanda, su Ida, su Olimpo. Estas fábulas griegas constituyen una -religion muy antigua y apenas más formal que las <i>Metamórfosis</i> -de Ovidio. Las antiguas religiones del país, y especialmente -la del monte Casio<a id="FNanchor_645" href="#Footnote_645" -class="fnanchor">[645]</a>, la daban cierto carácter de gravedad; pero -la ligereza siria, el charlatanismo babilónico, todas las imposturas -del Asia, se confunden en este límite de los dos mundos, y prueban -que era Antioquía la capital de la mentira, la sentina de todas las -infamias.</p> - -<p>Al lado de la poblacion griega que (exceptuando Alejandría) en -ninguna parte del Oriente fué tan densa como allí, Antioquía contó -siempre en su seno un número considerable de indígenas sirios, -que hablaban el siriaco<a id="FNanchor_646" href="#Footnote_646" -class="fnanchor">[646]</a>. Estos indígenas que constituian la clase -baja,<span class="pagenum" id="Page_239">p. 239</span> habitaban los -barrios de la gran ciudad y los pueblos populosos que formaban á su -alrededor un vasto extrarradio<a id="FNanchor_647" href="#Footnote_647" -class="fnanchor">[647]</a>, tales como Charandama, Ghisira, Gandigura -y Apate (nombres sirios la mayor parte)<a id="FNanchor_648" -href="#Footnote_648" class="fnanchor">[648]</a>. Los matrimonios entre -los sirios y griegos eran comunes, pues habiendo establecido Seleuco -por una ley que el extranjero que se estableciera en la poblacion -seria considerado como ciudadano, Antioquía, despues de tres siglos y -medio de existencia, fué uno de los puntos donde la raza estaba más -mezclada. El envilecimiento de las almas era espantoso. La propiedad -de esos focos de corrupcion moral, es nivelar todas las clases. La -ignominia de ciertas poblaciones tumultuosas, dominadas por la intriga -y entregadas á los más viles pensamientos, apenas puede darnos una -idea de la degradacion moral y de la corrupcion á que en Antioquía -habia llegado la especie humana. Era una reunion de marineros, de -charlatanes, de ladrones<a id="FNanchor_649" href="#Footnote_649" -class="fnanchor">[649]</a>, de almacenistas, de embaucadores<a -id="FNanchor_650" href="#Footnote_650" class="fnanchor">[650]</a>, de -sacerdotes impostores: una poblacion que solo pensaba en carreras, -en juegos, en bailes, en procesiones, en fiestas y bacanales: -desplegábase un lujo desenfrenado; dábase cabida á todas las locuras -del Oriente; predominaban las supersticiones más malvadas y el -fanatismo de la orgía<a id="FNanchor_651" href="#Footnote_651" -class="fnanchor">[651]</a>. Á la vez serviles é ingratos, al<span -class="pagenum" id="Page_240">p. 240</span>tivos é insolentes, -eran los naturales de Antioquía el modelo completo de esas turbas -adictas al cesarismo, sin patria, sin nacionalidad, sin honor de -familia, sin nombre que guardar. El gran <i>Corso</i> que atravesaba -la poblacion era una especie de teatro, donde representaban todo -el dia los grupos de un populacho locuaz, variable, levantisco<a -id="FNanchor_652" href="#Footnote_652" class="fnanchor">[652]</a>, -ingenioso á veces,<a id="FNanchor_653" href="#Footnote_653" -class="fnanchor">[653]</a> ocupado de los cantos, de las parodias, -de las diversiones, de las impertinencias de toda especie<a -id="FNanchor_654" href="#Footnote_654" class="fnanchor">[654]</a>. -La ciudad era muy letrada<a id="FNanchor_655" href="#Footnote_655" -class="fnanchor">[655]</a>, pero de pura literatura de retores<a -id="FNanchor_656" href="#Footnote_656" class="fnanchor">[656]</a>. Los -espectáculos eran de lo más extraño; habia juegos en los cuales tomaban -parte coros de jóvenes desnudas que llevaban solo una sencilla banda<a -id="FNanchor_657" href="#Footnote_657" class="fnanchor">[657]</a>; en -la célebre fiesta de Maïouma, veíase una tropa de cortesanas nadando -en público en unos estanques<a id="FNanchor_658" href="#Footnote_658" -class="fnanchor">[658]</a> llenos de agua cristalina<a -id="FNanchor_659" href="#Footnote_659" class="fnanchor">[659]</a>. -Esto era una especie de embriaguez, un sueño de Sardanápalo, donde -se desarrollaban poco á poco todas las voluptuosidades, todos los -delirios, sin excluir por<span class="pagenum" id="Page_241">p. -241</span> esto ciertas delicadezas. El torrente de lodo que, saliendo -por la embocadura del Oronte, iba á inundar á Roma<a id="FNanchor_660" -href="#Footnote_660" class="fnanchor">[660]</a>, tenia allí su -foco principal. Doscientos <i>decuriones</i> estaban ocupados en -arreglar las fiestas<a id="FNanchor_661" href="#Footnote_661" -class="fnanchor">[661]</a>. La municipalidad poseia vastos dominios -públicos, de los cuales los <i>duumviros</i> compartian el usufructo -con los ciudadanos pobres<a id="FNanchor_662" href="#Footnote_662" -class="fnanchor">[662]</a>. Antioquía, como todas las poblaciones del -placer, tenia una plebe ínfima, que vivia á costa del público ó de -sórdidas especulaciones.</p> - -<p>La belleza de las obras de arte y el infinito atractivo -de la naturaleza<a id="FNanchor_663" href="#Footnote_663" -class="fnanchor">[663]</a> hacian que este abatimiento moral degenerara -en vulgaridad. La posicion de Antioquía es una de las más bellas del -mundo, pues ocupa el intervalo que media entre el Oronte y las faldas -del monte Silpio, uno de los agregados al monte Casio.</p> - -<p>Nada iguala á la abundancia y á la claridad de sus aguas<a -id="FNanchor_664" href="#Footnote_664" class="fnanchor">[664]</a>. -Rodeada á una altura considerable por una muralla de elevadas -rocas que la fuerza de la arquitectura militar<a id="FNanchor_665" -href="#Footnote_665" class="fnanchor">[665]</a> ha cortado á pico, -aparece coronada con un cerco labrado de efecto maravilloso. Esta clase -de fortificaciones fué la preferida por los gobernadores de Alejandría -como se vé en Seleucia, en Éfeso, en Esmirna y en Tesalónica: de -esto resultan magníficas<span class="pagenum" id="Page_242">p. -242</span> perspectivas. Antioquía tenia dentro de sus muros montes -de más de setecientos piés de elevacion, peñascos escarpados, -torrentes, precipicios, hondonadas y cascadas, grutas inaccesibles -y en medio de todo esto, hermosos jardines<a id="FNanchor_666" -href="#Footnote_666" class="fnanchor">[666]</a>. Una espesura de -mirtos, de bojes, de laureles, de plantas siempre verdes, de rocas -tapizadas de yedra, y de jacintos, daban á estas salvajes alturas el -aspecto de <i>parterres</i> suspendidos. La variedad de flores, la -frescura de sus praderas, cubiertas de pequeñas gramíneas, la belleza -de las plantas que rodean el Oronte, respiran la poesía y suave perfume -con el cual se animaron los génios de Juan Crisóstomo, Libanio y -Juliano. Sobre la orilla derecha del rio extiéndese una vasta llanura -adornada por un lado por el Amano y otros montes, y por el otro por -la llanura de la Cirréstica<a id="FNanchor_667" href="#Footnote_667" -class="fnanchor">[667]</a>, detrás de la cual está la peligrosa -poblacion de la Arabia y del desierto. El valle de Oronte, que se -descubre al oeste, pone en comunicacion al lago con el mar, ó mejor -dicho, con el vasto mundo, en cuyo seno el Mediterráneo ha constituido -en todo tiempo una especie de camino neutral y de enlace federal.</p> - -<p>Entre las diversas colonias á quienes las leyes liberales de -los seleúcidas atraen á la capital de la Syria, la de los judíos -fué la más numerosa<a id="FNanchor_668" href="#Footnote_668" -class="fnanchor">[668]</a>; data de Seleuco Nicator y poseia los -mismos derechos que los grie<span class="pagenum" id="Page_243">p. -243</span>gos<a id="FNanchor_669" href="#Footnote_669" -class="fnanchor">[669]</a>. Aun cuando los judíos tenian su etnarca -particular, sus relaciones con los paganos eran muy frecuentes. -Allí, como en Alejandría, estas relaciones degeneraban muchas veces -en riñas y en agresiones<a id="FNanchor_670" href="#Footnote_670" -class="fnanchor">[670]</a>, y por otro lado daban lugar á una activa -propaganda religiosa. Siendo cada dia más insuficiente para los -espíritus graves el politeismo oficial, la filosofía griega y el -judaismo atrajeron á todos aquellos á los cuales no satisfacian -las vanas pompas del paganismo. El número de los prosélitos era -considerable. Desde los primeros dias del cristianismo, Antioquía habia -dado á la iglesia de Jerusalem uno de sus hombres más influyentes, á -uno de sus diáconos, á Nicolás<a id="FNanchor_671" href="#Footnote_671" -class="fnanchor">[671]</a>. Allí habia gérmenes excelentes que solo -esperaban un rayo de la gracia para dar los buenos frutos que hemos -visto.</p> - -<p>La iglesia de Antioquía debe su fundacion á algunos creyentes -oriundos de Chipre y de Cirene que habian predicado mucho<a -id="FNanchor_672" href="#Footnote_672" class="fnanchor">[672]</a>. -Hasta entonces solo se habian dirigido á los judíos; pero en una -poblacion donde los judíos puros, los judíos prosélitos, las -«gentes temerosas de Dios» ó paganos medio judíos, y los paganos -puros, vivian juntos<a id="FNanchor_673" href="#Footnote_673" -class="fnanchor">[673]</a>, las predicaciones dirigidas á un solo -grupo eran imposibles. El sentimiento de la aristocracia religiosa que -llenaba de orgullo á los judíos de Jerusalem, no existia en aquellas -grandes ciudades donde la civilizacion era profana y estaban<span -class="pagenum" id="Page_244">p. 244</span> menos arraigadas las -preocupaciones. Los misioneros chipriotas y cirineos tuvieron pues -que apartarse de su regla, y predicaron indiferentemente á los -griegos y á los judíos<a id="FNanchor_674" href="#Footnote_674" -class="fnanchor">[674]</a>.</p> - -<p>Las disposiciones recíprocas de la poblacion judía y de la pagana -eran, por lo visto, muy malas en aquel entonces<a id="FNanchor_675" -href="#Footnote_675" class="fnanchor">[675]</a>, pero circunstancias de -un órden distinto favorecieron acaso las nuevas ideas. El temblor de -tierra que maltrató la ciudad el 23 de marzo del año 37 daba mucho que -pensar á los habitantes, y no se hablaba sino de un charlatan llamado -Deborio que pretendia impedir la repeticion de semejantes accidentes, -valiéndose para ello de talismanes ridículos<a id="FNanchor_676" -href="#Footnote_676" class="fnanchor">[676]</a>. Esta circunstancia -inclinaba á muchos á creer en las cosas sobrenaturales; pero sea como -fuere, ello es que la predicacion cristiana obtuvo un éxito notable, y -que se fundó en poco tiempo una jóven Iglesia, ardiente, innovadora, -y llena de porvenir, porque se componia de elementos muy diversos. -Extendiéronse todos los dones del Espíritu Santo, y desde entonces -fué fácil preveer que aquella nueva Iglesia, libre ya del estrecho -mosaismo que rodeaba á Jerusalem como una barrera inespugnable, -seria la segunda cuna del cristianismo. Jerusalem será siempre -seguramente la capital religiosa del mundo, pero el punto de partida -de la Iglesia de los gentiles, el foco primordial de las misio<span -class="pagenum" id="Page_245">p. 245</span>nes cristianas, fué -verdaderamente Antioquía. Allí es donde se constituye por la primera -vez una Iglesia cristiana libre de los lazos del judaismo; allí es -donde se establece la gran propaganda de la edad apostólica; allí donde -se forma definitivamente San Pablo; Antioquía marca la segunda etapa -de los progresos del cristianismo; tratándose de nobleza cristiana, ni -Roma, ni Alejandría, ni Constantinopla, podrian tomarse como puntos de -comparacion.</p> - -<p>La topografía de la vieja Antioquía está ya tan confusa, que en vano -se buscaria sobre aquel suelo algun vestigio de la antigüedad, algun -punto donde evocar tan grandes recuerdos. Allí, como en todas partes, -el cristianismo debió establecerse en los barrios más pobres, entre la -gente del pueblo. La basílica que llamaban «Antigua» y «Apostólica»<a -id="FNanchor_677" href="#Footnote_677" class="fnanchor">[677]</a> en el -siglo <span class="asc">IV</span>, estaba situada en la calle titulada -Singon, cerca del Panteon,<a id="FNanchor_678" href="#Footnote_678" -class="fnanchor">[678]</a> pero no se sabe dónde se hallaba este: la -tradicion y ciertas vagas analogías inducirian á buscar el barrio -cristiano primitivo hácia la puerta que conserva aún hoy el nombre -de Pablo, <i>Bab Bolos</i><a id="FNanchor_679" href="#Footnote_679" -class="fnanchor">[679]</a>, y al pié de la montaña que Procopio llamó -<i>Stavrin</i>, situada hácia el sudeste de las murallas de Antioquía<a -id="FNanchor_680" href="#Footnote_680" class="fnanchor">[680]</a>. Era -aquella<span class="pagenum" id="Page_246">p. 246</span> una de las -partes de la ciudad menos rica en monumentos paganos, y aún se ven allí -los restos de santuarios antiguos dedicados á San Pedro, San Pablo -y á San Juan; aquel parece haber sido el punto donde se mantuvo más -tiempo el cristianismo despues de la conquista musulmana; aquel fué -tambien al parecer el barrio de los «Santos,» pues se encuentran las -rocas taladradas y como formando una especie de grutas que sin duda -sirvieron para los anacoretas. Cuando se camina por aquellas escarpadas -pendientes, desde donde en el siglo <span class="asc">IV</span>, los -buenos stylitas, discípulos á la vez de la India y de la Galilea, de -Jesús y de Çakya-Mouni, contemplaban con desden la ciudad voluptuosa al -salir de sus cavernas floridas<a id="FNanchor_681" href="#Footnote_681" -class="fnanchor">[681]</a>, de creer es que no se esté muy lejos de -los sitios donde vivieron Pedro y Pablo. La <i>Historia de la Iglesia -de Antioquía</i> es la que mejor puede estudiarse y contiene menos -fábulas: la tradicion cristiana en una ciudad donde el cristianismo -tuvo tan vigorosa continuidad puede ser de algun valor.</p> - -<p>La lengua dominante de la Iglesia de Antioquía era el griego, mas -no obstante es problable que los distritos que hablaban sirio diesen -á la secta numerosos adeptos. En su consecuencia, Antioquía contenia -ya el gérmen de dos iglesias rivales y más tarde enemigas; una que -hablaba el griego, representada ahora por los griegos de Siria, ya -ortodoxos ó ya católicos; y la otra cuyos representantes actuales son -los maronitas, que hablaban en otro tiempo el sirio y le conservan -aún como lengua sagrada. Los maronitas, que<span class="pagenum" -id="Page_247">p. 247</span> á pesar de su catolicismo moderno, -tienen una remota antigüedad, son acaso los últimos descendientes de -aquellos sirios anteriores á Seleuco, de aquellos <i>pagani</i> de -Ghisira, Charandama, etc.,<a id="FNanchor_682" href="#Footnote_682" -class="fnanchor">[682]</a> que formaron desde los primeros siglos -Iglesia á parte, y que viéndose perseguidos como herejes por -los emperadores ortodoxos huyeron al Líbano<a id="FNanchor_683" -href="#Footnote_683" class="fnanchor">[683]</a>, donde, á causa de su -aversion á la Iglesia griega y por otras afinidades más profundas, -hicieron alianza con los latinos.</p> - -<p>En cuanto á los judíos convertidos de Antioquía fueron -tambien muy numerosos<a id="FNanchor_684" href="#Footnote_684" -class="fnanchor">[684]</a>, pero debe creerse que se -unieron fraternalmente con los gentiles<a id="FNanchor_685" -href="#Footnote_685" class="fnanchor">[685]</a>. En las orillas del -Oronte fué donde llegó á ser una realidad la fusion religiosa de las -razas, soñada por Jesús, ó mejor dicho por seis siglos de profetas.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_13"> - <p><span class="pagenum" id="Page_248">p. 248</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XIII.</h2> - <p class="subh2">Idea de un apostolado de los gentiles. — San - Bernabé.</p> -</div> - -<div class="sidenote">Año 42</div> - -<p>Cuando se supo en Jerusalem lo que habia pasado en Antioquía, fué -grande la emocion de todos.<a id="FNanchor_686" href="#Footnote_686" -class="fnanchor">[686]</a> Á pesar de la buena voluntad de algunos de -los principales miembros de la Iglesia de Jerusalem, en particular de -Pedro, dominaban en el colegio apostólico las más mezquinas ideas y -cada vez que se sabia que se habia anunciado á los paganos la buena -nueva, notábanse en algunos ancianos muestras de descontento. El hombre -que en aquella ocasion triunfó de tan miserable envidia impidiendo -que las máximas exclusivas de los «hebreos» arruinaran el porvenir -del cristianismo, fué Bernabé, el hombre más ilustrado de la iglesia -de Jerusalem; Bernabé, que era jefe del partido liberal y queria el -progreso de la Iglesia, habia contribuido ya poderosamente á desterrar -la desconfianza que inspira<span class="pagenum" id="Page_249">p. -249</span>ba Pablo; y esta vez ejercia todavía una gran influencia, -pues habiendo ido á Antioquía como delegado del cuerpo apostólico, -vió y aprobó cuanto se habia hecho, declarando que la nueva Iglesia -no tenia más que continuar por la senda que se habia trazado. Las -conversiones se multiplicaban diariamente<a id="FNanchor_687" -href="#Footnote_687" class="fnanchor">[687]</a>: la fuerza vivificante -y creatriz del cristianismo parecia haberse concentrado en Antioquía, -en cuyo punto permaneció Bernabé, cuyo celo le impulsaba á estar allí -donde la accion fuese más viva. Antioquía pues será su Iglesia en -lo sucesivo; desde allí va á ejercer el ministerio más fecundo; el -cristianismo ha sido injusto con ese grande hombre al no colocarle -en primera línea entre sus fundadores; todas las buenas y grandes -ideas fueron patrocinadas por Bernabé, y su inteligente osadía fué -el contrapeso contra las funestas consecuencias que hubiera podido -producir la obstinacion de los judíos que formaban parte del partido -conservador de Jerusalem.</p> - -<p>Hallándose Bernabé en Antioquía concibió una magnífica idea: Pablo -estaba en Tarso sumido en una inaccion que para un hombre tan activo -debia ser un suplicio; su falsa posicion, su rudeza y sus pretensiones -exageradas hacian olvidar sus buenas cualidades, y se consumia sin -ser útil á nadie. Bernabé supo aplicar á su obra esta fuerza que se -aniquilaba en una soledad peligrosa por su clima, y por segunda vez -tendió la mano á Pablo, y despues de domeñar su<span class="pagenum" -id="Page_250">p. 250</span> salvaje carácter hízole presentarse de -nuevo en la sociedad de los hermanos de quienes trataba de alejarse.</p> - -<p>El mismo Bernabé fué á Tarso, le buscó y le condujo á Antioquía:<a -id="FNanchor_688" href="#Footnote_688" class="fnanchor">[688]</a> esto -ciertamente no lo hubieran hecho los obstinados judíos de Jerusalem; -apoderarse de aquella grande alma tan indomable como susceptible; -doblegarse ante las debilidades y rarezas de un hombre lleno de fuego, -suponerse inferior á él y preparar el campo del modo más favorable -para que se desarrollara la actividad de aquel hombre, olvidándose de -sí mismo, es indudablemente llegar al colmo de la virtud, y esto es lo -que Bernabé hizo por San Pablo. La mayor parte de la gloria de éste -recae en el hombre que se anticipó á él en todas las cosas, que le -hizo figurar en primer término descubriendo lo que valia, que le dió á -conocer, impidiendo en más de una ocasion que sus defectos perjudicasen -á la santa causa y que las mezquinas ideas de otros le indujesen -á obrar mal. Todo esto lo hizo Bernabé en beneficio de la obra de -Dios.</p> - -<div class="sidenote">Año 43</div> - -<p>Durante un año entero, Bernabé y Pablo estuvieron unidos por -una activa colaboracion<a id="FNanchor_689" href="#Footnote_689" -class="fnanchor">[689]</a>, y este fué el período más brillante, y sin -duda más feliz de la vida de Pablo. La fecunda originalidad de aquellos -dos grandes hombres elevó á la Iglesia de Antioquía á una altura á -que no habia llegado ninguna otra hasta entonces, y la capital de -Siria era uno de los puntos del mundo donde habia más movimiento; las -cuestiones<span class="pagenum" id="Page_251">p. 251</span> religiosas -y sociales, así en la época romana como en nuestro tiempo, se discutian -principalmente entre las grandes aglomeraciones de hombres, y ya iba -observándose una especie de reaccion contra la inmoralidad general, á -cuyas circunstancias se debió que más tarde fuese Antioquía la patria -de los stilitas y solitarios<a id="FNanchor_690" href="#Footnote_690" -class="fnanchor">[690]</a>. Así pues, la buena doctrina contaba en -aquella ciudad con las mejores condiciones de éxito.</p> - -<p>Una circunstancia principal prueba por lo demás que la secta -tuvo por primera vez en Antioquía plena conciencia de lo que hacia. -En dicha ciudad recibió por primera vez un nombre distinto: hasta -entonces los agregados se habian llamado entre sí los «creyentes», -los «fieles», los «santos», los «hermanos», ó los «discípulos», y -como no tenian un nombre oficial y público para designarles, se les -dió el de <i>christianus</i><a id="FNanchor_691" href="#Footnote_691" -class="fnanchor">[691]</a>. La terminacion es latina y no griega, -lo cual parece indicar que se creó por la autoridad romana<a -id="FNanchor_692" href="#Footnote_692" class="fnanchor">[692]</a>, -así como <i>herodiani</i>, <i>pompeiani</i>, <i>cæsariani</i><a -id="FNanchor_693" href="#Footnote_693" class="fnanchor">[693]</a>. De -todos modos, es lo cierto que la poblacion pagana formó este nombre -que indica un error, pues suponia que <i>Christus</i>, traduccion -del hebreo <i>Maschiah</i> (el Mesías), era un nombre propio<a -id="FNanchor_694" href="#Footnote_694" class="fnanchor">[694]</a>. -Aun muchos de aquellos que es<span class="pagenum" id="Page_252">p. -252</span>taban poco al corriente de las ideas judías ó cristianas, -debian creer al ver aquel nombre que <i>Christus</i> ó <i>Chrestus</i> -era un jefe de partido que aún vivia<a id="FNanchor_695" -href="#Footnote_695" class="fnanchor">[695]</a>. La pronunciacion -vulgar en efecto era <i>chrestiani</i><a id="FNanchor_696" -href="#Footnote_696" class="fnanchor">[696]</a>.</p> - -<p>En todo caso los judíos no adoptaron, al menos de una -manera continuada<a id="FNanchor_697" href="#Footnote_697" -class="fnanchor">[697]</a>, el nombre dado por los romanos á -sus correligionarios cismáticos, y siguieron llamando á los -nuevos sectarios «Nazarenos» ó «Nazorenos,»<a id="FNanchor_698" -href="#Footnote_698" class="fnanchor">[698]</a> sin duda porque tenian -costumbre de llamar á Jesús <i>Han-nasri</i> ó <i>Han-nosri</i>, -el Nazareno. Este nombre se ha conservado hasta nuestros dias -en todo el Oriente<a id="FNanchor_699" href="#Footnote_699" -class="fnanchor">[699]</a>. Llegamos á un punto importante: la hora -en que una creacion nueva recibe un nombre es solemne, porque el -nombre es el signo definitivo de la existencia. La formacion de la -palabra «cristiano» señala tambien la fecha precisa en que la Iglesia -de Jesús se separó del judaismo. Por mucho tiempo se confundirán -aún las dos religiones, mas esta confusion no<span class="pagenum" -id="Page_253">p. 253</span> ocurrirá sino en los países donde el -crecimiento del cristianismo, si así puede decirse, esté muy atrasado. -Por lo demás, la secta aceptó al momento el nuevo dictado que se -la daba, considerándolo como un título honroso<a id="FNanchor_700" -href="#Footnote_700" class="fnanchor">[700]</a>. Cuando se piensa -que diez años despues de la muerte de Jesús adquirió su religion -un nombre en las lenguas griega y latina en la capital de Syria, -asombra el progreso alcanzado en tan poco tiempo. El cristianismo -se ha desprendido completamente del seno de su madre; el verdadero -pensamiento de Jesús ha triunfado de la indecision de sus primeros -discípulos; la Iglesia de Jerusalem, que apenas conoce el arameo, el -lenguaje de Jesús, queda oscurecida; el cristianismo habla griego, y -se ha lanzado decisivamente en el gran torbellino del mundo griego y -romano, de donde ya no saldrá más.</p> - -<p>La actividad, la fiebre de ideas que se produjo en aquella jóven -Iglesia debió ser extraordinaria; las grandes manifestaciones -<i>espiritistas</i> eran muy frecuentes<a id="FNanchor_701" -href="#Footnote_701" class="fnanchor">[701]</a>; todos se -creian inspirados de distinto modo; los unos eran «profetas,» -los otros «doctores,»<a id="FNanchor_702" href="#Footnote_702" -class="fnanchor">[702]</a> y Bernabé, como lo indica su nombre<a -id="FNanchor_703" href="#Footnote_703" class="fnanchor">[703]</a>, -pertenecia sin duda á la clase de los primeros. Pablo no tenia -título especial. Citábanse tambien entre los notables de la Iglesia -de Antioquía, á Simon, llamado <i>Niger</i>, Lucio Cirineo, y -Manahem, que habia sido hermano de leche de Herodes Antipas y que por -consecuencia debia<span class="pagenum" id="Page_254">p. 254</span> -ser de edad muy avanzada<a id="FNanchor_704" href="#Footnote_704" -class="fnanchor">[704]</a>. Todos estos personajes eran judíos. -Entre los paganos convertidos se contaba acaso ya aquel Evodio -que, segun parece, figuró en primer término en cierta época en -la Iglesia de Antioquía<a id="FNanchor_705" href="#Footnote_705" -class="fnanchor">[705]</a>. Es indudable que los paganos que acudieron -á la primera predicacion serian en cierto modo inferiores á los demás, -y debieron brillar poco en la predicacion y la profecía.</p> - -<p>En medio de aquella sociedad tan activa y animada, Pablo se -dejó arrastrar por la corriente. Más tarde se mostró contrario -á la glosolalia<a id="FNanchor_706" href="#Footnote_706" -class="fnanchor">[706]</a>, y es probable que nunca la practicara. Pero -tuvo muchas visiones y revelaciones inmediatas<a id="FNanchor_707" -href="#Footnote_707" class="fnanchor">[707]</a>, y probablemente -fué en Antioquía<a id="FNanchor_708" href="#Footnote_708" -class="fnanchor">[708]</a> donde cayó en aquel éxtasis profundo -que refiere en estos términos: «Yo conozco un hombre en Cristo que -hace catorce años, (¿la cosa pasó corporalmente ó fuera del cuerpo? -No lo sé. Dios lo sabe), fué arrebatado hasta el tercer cielo<a -id="FNanchor_709" href="#Footnote_709" class="fnanchor">[709]</a>; -y yo sé que este hombre (si en el cuerpo ó fuera del cuerpo, no lo -sé; Dios lo sabe), fué arrebatado al paraiso,<a id="FNanchor_710" -href="#Footnote_710" class="fnanchor">[710]</a> donde oyó palabras -inefables que no es permitido decir á un mortal<a id="FNanchor_711" -href="#Footnote_711" class="fnanchor">[711]</a>». Sóbrio y práctico, -en lo ge<span class="pagenum" id="Page_255">p. 255</span>neral, -Pablo participaba sin embargo de las ideas de su época acerca -de lo sobrenatural; creia hacer milagros<a id="FNanchor_712" -href="#Footnote_712" class="fnanchor">[712]</a> como todo el mundo, y -era imposible que los dones del Espíritu Santo, considerados como un -privilegio comun á la Iglesia<a id="FNanchor_713" href="#Footnote_713" -class="fnanchor">[713]</a>, le fueran negados á él.</p> - -<div class="sidenote">Año 44</div> - -<p>Pero almas poseidas de una llama tan ardiente no podian satisfacerse -con las quimeras de una exuberante piedad: bien pronto se pensó en los -medios de accion, y apoderóse de todos la idea de las grandes misiones -destinadas á convertir á los paganos, empezando por el Asia Menor, idea -que seguramente no se habria realizado si hubiese nacido en Jerusalem, -porque aquella Iglesia no contaba con recursos pecuniarios. Para -establecer convenientemente la propaganda necesitábanse suficientes -fondos, y como toda la caja comun de Jerusalem servia para alimentar -á los pobres, y á veces no bastaba, hacíase preciso que de todas -las partes del mundo se enviaran socorros para que aquellos nobles -mendigos no muriesen de hambre<a id="FNanchor_714" href="#Footnote_714" -class="fnanchor">[714]</a>. El comunismo habia producido en Jerusalem -una miseria irremediable hasta el punto de que no era posible emprender -empresa alguna, pero la Iglesia de Antioquía se hallaba libre de -semejante azote. En estas ciudades profanas, los judíos, que vivian por -lo general en comodidad, habian llegado á poseer grandes fortunas<a -id="FNanchor_715" href="#Footnote_715" class="fnanchor">[715]</a>; los -fieles ingresaban en la Igle<span class="pagenum" id="Page_256">p. -256</span>sia á veces con bienes considerables, y Antioquía fué la -que facilitó los capitales para la fundacion del cristianismo. Fácil -es comprender la completa diferencia de costumbres y de ideas que -semejante circunstancia debió establecer entre las dos iglesias: -Jerusalem siguió siendo la ciudad de los pobres de Dios, que soñando -con las promesas del reino de los cielos<a id="FNanchor_716" -href="#Footnote_716" class="fnanchor">[716]</a>, estaban como -embriagados y aturdidos; Antioquía, casi extraña á la palabra de Jesús, -que nunca oyera, fué la Iglesia de la accion y del progreso. Antioquía -fué tambien la ciudad de Pablo; Jerusalem, la antigua ciudad del -colegio apostólico, sumida en sus sueños, impotente ante los nuevos -problemas que se presentaban, pero deslumbrada por su incomparable -privilegio, rica por sus inapreciables recuerdos.</p> - -<p>Una circunstancia dió á conocer á poco tiempo el verdadero carácter -y situacion de esta última: tal era la imprevision de aquella pobre -Iglesia famélica de Jerusalem, que el menor accidente trastornaba -á toda la comunidad; y en un país donde no hay organizacion -económica, donde el comercio se hacia en pequeña escala, y donde -los recursos eran muy escasos, no podia menos de declararse el -hambre, que es precisamente lo que sucedió en el cuarto año del -reinado de Claudio, año 44<a id="FNanchor_717" href="#Footnote_717" -class="fnanchor">[717]</a>. Cuando se dejaron<span class="pagenum" -id="Page_257">p. 257</span> sentir los primeros síntomas, los ancianos -de Jerusalem acordaron recurrir á sus hermanos de las iglesias -más ricas de Siria, y en su consecuencia marchó á Antioquía<a -id="FNanchor_718" href="#Footnote_718" class="fnanchor">[718]</a> una -embajada compuesta de profetas hierosolimitas. Uno de ellos, llamado -Agab, que pasaba por hombre muy ilustrado, se sintió de pronto poseido -del espíritu y anunció lo que iba á suceder. Los fieles de Antioquía se -mostraban muy sensibles á los males que amenazaban á la madre Iglesia, -de la que se consideraban aún tributarios, é hicieron una colecta, en -la que cada uno contribuyó segun sus alcances, encargando á Bernabé -fuese á llevar el producto á los hermanos de Judea<a id="FNanchor_719" -href="#Footnote_719" class="fnanchor">[719]</a>. Jerusalem será aún -por mucho tiempo la capital del cristianismo; las cosas únicas están -allí centralizadas; no hay apóstoles más que allí<a id="FNanchor_720" -href="#Footnote_720" class="fnanchor">[720]</a>; pero se ha dado un -gran paso, pues si durante varios años no ha habido más que una Iglesia -completamente organizada, que es la de Jerusalem, centro absoluto de la -fé, de donde toda vida emana y á donde toda vida refluye, ya no es así, -pues contamos con Antioquía que es una Iglesia perfecta con toda la -gerarquía de los dones del Espíritu Santo. Las misiones salen de ella<a -id="FNanchor_721" href="#Footnote_721" class="fnanchor">[721]</a> -y á ella vuelven<a id="FNanchor_722" href="#Footnote_722" -class="fnanchor">[722]</a>, es una segunda ca<span class="pagenum" -id="Page_258">p. 258</span>pital, ó mejor dicho, un segundo corazon, -que tiene su accion propia y cuya fuerza se ejercita en todas -direcciones.</p> - -<p>Por lo demás, fácil es preveer desde ahora que la segunda capital -eclipsará á la primera: la decadencia de la Iglesia de Jerusalem fué -en efecto rápida, que es condicion de las instituciones fundadas sobre -el comunismo tener un período brillante, pues el comunismo supone -siempre una gran exaltacion; pero degenerará muy pronto porque aquel -es contrario á la naturaleza humana. En sus arranques de virtud, el -hombre cree poder dispensarse por completo del egoismo y del interés -propio; pero el egoismo tomará la revancha probando que el absoluto -desinterés engendra males mucho más graves que los que se creyeron -evitar suprimiendo la propiedad.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_14"> - <p><span class="pagenum" id="Page_259">p. 259</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XIV.</h2> - <p class="subh2">Persecucion de Herodes Agrippa I.</p> -</div> - -<div class="sidenote">Año 44</div> - -<p>Bernabé encontró la Iglesia de Jerusalem sumida en el mayor -desórden. El año 44 le fué fatal, porque además del hambre, vió -encenderse de nuevo el fuego de la persecucion, que se habia -amortiguado á la muerte de Estéban.</p> - -<p>Herodes Agrippa, nieto de Herodes el Grande, habia logrado, -desde el año 41, reconstituir el reino de su abuelo. Merced al -favor de Calígula, habia podido reunir bajo su dominacion la -Batanea, la Traconítide, una parte del Haurán, la Abilene, la -Galilea y la Perea<a id="FNanchor_723" href="#Footnote_723" -class="fnanchor">[723]</a>. El ignoble papel que desempeñó en la -tragicomedia que elevó á Claudio al imperio<a id="FNanchor_724" -href="#Footnote_724" class="fnanchor">[724]</a>, culminó su -fortuna. Ese vil oriental, en recompensa de las lecciones de bajeza -y de perfidia que habia dado á Roma, obtuvo para él la Samaria y -la Judea, y para su her<span class="pagenum" id="Page_260">p. -260</span>mano Herodes el pequeño reino de Calcis<a id="FNanchor_725" -href="#Footnote_725" class="fnanchor">[725]</a>. Habia dejado -en Roma los más tristes recuerdos, y se atribuian en gran parte -á sus consejos las crueldades de Calígula<a id="FNanchor_726" -href="#Footnote_726" class="fnanchor">[726]</a>. Era muy poco querido -de su ejército y de las ciudades paganas de Sebastia y Cesarea, que -sacrificaba á Jerusalem<a id="FNanchor_727" href="#Footnote_727" -class="fnanchor">[727]</a>. Pero los judíos lo encontraban generoso, -magnífico y deseoso de aliviar sus males. Procuraba hacerse popular -entre ellos, y seguia una política enteramente diferente de la de -Herodes el Grande, que se habia inclinado más á favor de los griegos -y romanos que de los judíos. Herodes Agrippa, al contrario, amaba -á Jerusalem, observaba exactamente la religion judía, afectaba ser -muy escrupuloso, y ni un solo dia dejaba de hacer sus devociones<a -id="FNanchor_728" href="#Footnote_728" class="fnanchor">[728]</a>. -Hasta escuchaba con dulzura las observaciones de los rigoristas, -y se tomaba el trabajo de justificarse de sus reprehensiones<a -id="FNanchor_729" href="#Footnote_729" class="fnanchor">[729]</a>. -Perdonó á los Jerosolimitas el tributo que le debia cada casa<a -id="FNanchor_730" href="#Footnote_730" class="fnanchor">[730]</a> y, en -una palabra, los ortodoxos tuvieron en él un rey á su gusto.</p> - -<p>Era inevitable que un príncipe con semejante carácter habia de -perseguir á los cristianos. Sincero ó no, Herodes Agrippa, era un -soberano judío en toda la extension de la palabra<a id="FNanchor_731" -href="#Footnote_731" class="fnanchor">[731]</a>. La casa de Herodes, -á medida que se debilitaba, se hacia más devota y se separaba más y -más de la elevada idea profana del fundador de<span class="pagenum" -id="Page_261">p. 261</span> su dinastía, aspirando á que viviesen -juntos, bajo el imperio comun de la civilizacion, los cultos más -opuestos. Cuando Herodes Agrippa, proclamado rey, entró por primera -vez en Alejandría fué recibido como rey de los judíos, cuyo título -irritó al pueblo y dió lugar á muchas burlas<a id="FNanchor_732" -href="#Footnote_732" class="fnanchor">[732]</a>. Ahora bien, ¿qué -habia de ser un rey de los judíos, sino un guardian de la ley y de -las tradiciones, un soberano teócrata y perseguidor? Desde Herodes el -Grande, durante cuyo reinado se reprimió enteramente el fanatismo, -hasta estallar la guerra que originó la ruina de Jerusalem, hubo -siempre una progresion creciente de ardor religioso. La muerte de -Calígula (24 de Enero de 41) habia producido una reaccion favorable -á los judíos. En general Claudio fué muy benévolo para ellos<a -id="FNanchor_733" href="#Footnote_733" class="fnanchor">[733]</a> á -causa de la influencia que tenian con él Herodes Agrippa y Herodes, -rey de Calcis. No solo dió la razon á los judíos de Alejandría en -sus disensiones con los habitantes de dicho país, otorgándoles el -derecho de elegir un etnarca, sino que hasta publicó, segun parece, -un edicto por el que concedia á los judíos, en toda la extension del -imperio, como lo habia hecho en favor de los de Alejandría, la libertad -de vivir segun sus leyes, con la única condicion de no ultrajar -los demás cultos. Algunas tentativas de vejaciones análogas á las -que habian tenido lugar en tiempo de Calígula, fueron reprimidas<a -id="FNanchor_734" href="#Footnote_734" class="fnanchor">[734]</a>. -Je<span class="pagenum" id="Page_262">p. 262</span>rusalem se -ensanchó mucho, uniéndose con la ciudad el barrio de Bezetha<a -id="FNanchor_735" href="#Footnote_735" class="fnanchor">[735]</a>. -Apenas se hacia sentir allí la autoridad romana, por más que Vibius -Marsus, hombre prudente, de mucha experiencia, adquirida en los -elevados cargos que desempeñara, de un talento muy cultivado<a -id="FNanchor_736" href="#Footnote_736" class="fnanchor">[736]</a>, -y que habia sucedido á Publio Petronio en las funciones de legado -imperial en Siria, advertia de cuando en cuando á Roma que eran -peligrosos aquellos reinos semi-independientes de Oriente<a -id="FNanchor_737" href="#Footnote_737" class="fnanchor">[737]</a>. -La especie de feudalismo que desde la muerte de Tiberio tendia á -establecerse en Siria y en las comarcas vecinas<a id="FNanchor_738" -href="#Footnote_738" class="fnanchor">[738]</a>, debilitaba en efecto -la política imperial, y casi siempre dió malos resultados. Los «reyes» -cuando iban á Roma eran personajes que ejercian allí una influencia -detestable. La corrupcion y la desmoralizacion del pueblo, sobre todo -en el reinado de Calígula, eran debidas en gran parte al ejemplo dado -por aquellos miserables á quienes se veia arrastrar la púrpura en el -teatro, en el palacio del César, y en las cárceles<a id="FNanchor_739" -href="#Footnote_739" class="fnanchor">[739]</a>. En cuanto á los -judíos, ya hemos visto<a id="FNanchor_740" href="#Footnote_740" -class="fnanchor">[740]</a> que para ellos <i>autonomía</i> significaba -intolerancia. El pontificado supremo pasaba únicamente y aún por cortos -períodos de la familia de Hanan á la de Boethus, no menos altanera y -cruel. El<span class="pagenum" id="Page_263">p. 263</span> soberano -que queria complacer á los judíos no podia dejar de decretar lo que -más deseaban, es decir, severidades contra todo lo que se separase de -la más rigurosa ortodoxia<a id="FNanchor_741" href="#Footnote_741" -class="fnanchor">[741]</a>.</p> - -<p>Herodes Agrippa fué por la misma razon al fin de su reinado -un perseguidor violento<a id="FNanchor_742" href="#Footnote_742" -class="fnanchor">[742]</a>. Algun tiempo antes de la Pascua del año -44, hizo cortar la cabeza á uno de los principales miembros del -Colegio Apostólico, á Jacobo, hijo del Zebedeo y hermano de Juan. Este -asunto no se consideró como religioso, y por lo tanto no hubo proceso -inquisitorial ante el Sanhedrin; la sentencia fué dictada en virtud -del poder arbitrario del soberano, como sucedió con Juan Bautista<a -id="FNanchor_743" href="#Footnote_743" class="fnanchor">[743]</a>. -Animado por el buen efecto que dicha muerte produjo entre los judíos<a -id="FNanchor_744" href="#Footnote_744" class="fnanchor">[744]</a>, -Herodes Agrippa no quiso detenerse en tan fácil via de popularidad. -Eran los primeros dias de la fiesta de Pascua, época ordinaria del -acrecentamiento de fanatismo, y aprovechando la ocasion, Agrippa hizo -encerrar á Pedro en la torre Antonia, á fin de que se le juzgara y -ejecutara con grande aparato ante la masa de pueblo que se reunia con -motivo de las fiestas.</p> - -<p>Una circunstancia que ignoramos, y que fué considerada como -milagrosa, puso á Pedro en libertad. Una tarde en la que varios fieles -se habian reunido en casa de María, madre de Juan Márcos, en donde -acos<span class="pagenum" id="Page_264">p. 264</span>tumbraba á -vivir Pedro, se oyó llamar de repente á la puerta. La criada, llamada -Rhodé, fué á ver quién era y reconoció la voz de Pedro. Embargada por -la alegría, en vez de abrir, corre á anunciar que Pedro estaba allí. -La tratan de loca, pero ella jura y vuelve á asegurar que es él. «Es -su ángel,» dicen algunos. Vuelve á oirse llamar varias veces; era él. -La alegría fué infinita. Pedro hizo participar enseguida su libertad -á Jacobo, hermano del Señor, y á los demás fieles. Se creyó que el -ángel del Señor habia entrado en el calabozo del apóstol y habia -hecho caer las cadenas y cerrojos. Pedro contaba que todo esto habia -sucedido mientras estaba en una especie de éxtasis; que despues de -haber pasado la primera y segunda guardia y atravesado la puerta de -hierro que daba á la ciudad, el ángel lo acompañó hasta una calle y -lo dejó: que entonces volvió en sí y reconoció la mano de Dios, que -habia enviado un mensajero celeste para libertarlo<a id="FNanchor_745" -href="#Footnote_745" class="fnanchor">[745]</a>.</p> - -<p>Agrippa sobrevivió poco á estas violencias<a id="FNanchor_746" -href="#Footnote_746" class="fnanchor">[746]</a>. Á mediados del año -44, pasó á Cesarea para celebrar juegos en honor de Claudio. La -concurrencia fué extraordinaria; los habitantes de Tiro y de Sidon, -que tenian algunas disensiones con él, fueron á pedirle gracia. Estas -fiestas disgustaban mucho á los judíos, tanto porque se efectuaban -en la ciudad impura de Cesarea, como porque se daban en el teatro. -Una vez que el rey habia salido de Jerusalem con igual motivo, -cierto<span class="pagenum" id="Page_265">p. 265</span> rabino -Simeon habia propuesto que se declarase que dejaba de pertenecer al -judaismo y que se le excluia del templo; mas entonces el rey llevó su -condescendencia hasta el punto de colocar al rabino á su lado en el -teatro, á fin de probarle que allí nada se hacia contrario á la Ley<a -id="FNanchor_747" href="#Footnote_747" class="fnanchor">[747]</a>. -Creyendo haber satisfecho de este modo á los rigoristas, Herodes -Agrippa se dejó arrastrar por su aficion á las pompas profanas. El -segundo dia de la fiesta, entró muy de mañana en el teatro, vestido -con una túnica de tejido de plata, de un brillo incomparable. Fué -extraordinario el efecto causado por esta túnica que resplandecia -á los rayos del sol saliente y los fenicios que rodeaban al rey le -prodigaron adulaciones imbuidas de paganismo. «Es un Dios, decian, y no -un hombre.» El rey no manifestó indignacion ni vituperó esta palabra, -pero falleció cinco dias despues. Judíos y cristianos atribuyeron su -muerte al no haber rechazado con horror una lisonja tan blasfematoria. -La tradicion cristiana supuso que este era el castigo reservado á los -enemigos de Dios, puesto que murió de una enfermedad vermicular<a -id="FNanchor_748" href="#Footnote_748" class="fnanchor">[748]</a>. Sin -embargo, los síntomas de que habla Josefo harian creer más bien en -un envenenamiento, y viene á confirmar esta opinion lo que dicen las -<i>Actas</i> de la conducta equívoca de los fenicios y del cuidado que -tuvieron en ganar á Blastus, ayuda de cámara del rey.</p> - -<p>Con la muerte de Herodes Agrippa I desapareció la<span -class="pagenum" id="Page_266">p. 266</span> independencia de Jerusalem, -que volvió á ser gobernada por procuradores. Este régimen duró hasta la -gran sublevacion, lo que fué un bien para el cristianismo, porque debe -observarse que esta religion que debia sostener más tarde una lucha tan -terrible contra el imperio romano, creció á la sombra del principio de -aquel y bajo su proteccion. Roma era, conforme lo hemos dicho repetidas -veces, quien impedia que el judaismo se entregase completamente á sus -instintos de intolerancia y de destruccion de los gérmenes de libertad -que se producian en su seno. Toda restriccion de la autoridad judía -era un beneficio para la secta naciente: Cuspius Fadus, el primero -de esta nueva série de procuradores, fué otro Pilatos, de mucha -firmeza ó por lo menos de buena voluntad; pero Claudio continuaba -mostrándose favorable á las pretensiones judías, á causa sobre todo de -las instigaciones del jóven Herodes Agrippa, hijo de Herodes Agrippa -I, que vivia á su lado y á quien amaba mucho<a id="FNanchor_749" -href="#Footnote_749" class="fnanchor">[749]</a>. Despues de la corta -administracion de Cuspius Fadus, las funciones de procurador fueron -confiadas á un judío, á aquel Tiberio Alejandro, sobrino de Philon -é hijo del alabarca de los judíos de Alejandría, que tuvo grandes -empleos y desempeñó un papel importante en los asuntos políticos de su -siglo. Verdad es que no era amado de los judíos, que lo miraban, no -sin razon, como un apóstata<a id="FNanchor_750" href="#Footnote_750" -class="fnanchor">[750]</a>.</p> - -<p>Para poner fin á estas continuas disputas, se recur<span -class="pagenum" id="Page_267">p. 267</span>rió al medio más conforme -con los buenos principios. Se hizo una especie de separacion entre -lo espiritual y lo temporal, y se dejó el poder político á los -procuradores; pero Herodes, rey de Calcis y hermano de Agrippa I, fué -nombrado Prefecto del templo, guardian de los vestidos pontificales, -y tesorero de la caja sagrada, revistiéndose del derecho de nombrar -los grandes sacerdotes<a id="FNanchor_751" href="#Footnote_751" -class="fnanchor">[751]</a>. Á su muerte (año 48), Herodes Agrippa II, -hijo de Herodes Agrippa I, sucedió á su tio en dichos cargos, que -conservó hasta la gran guerra. Claudio continuaba mostrándose en todo -esto lleno de bondad. Los altos funcionarios romanos en Siria, bien -que menos inclinados á las concesiones que el emperador, emplearon -tambien mucha moderacion. El procurador Ventidius Cumanus llevó su -condescendencia hasta el caso de hacer decapitar, en medio de los -judíos que formaban el cuadro, á un soldado que habia destrozado un -ejemplar del Pentateuco<a id="FNanchor_752" href="#Footnote_752" -class="fnanchor">[752]</a>. Todo fué inútil; Josefo achaca con razon á -la administracion de Cumanus los desórdenes que solo concluyeron con la -destruccion de Jerusalem.</p> - -<p>El cristianismo no tomaba la menor parte en estos disturbios<a -id="FNanchor_753" href="#Footnote_753" class="fnanchor">[753]</a>, -que eran, como el mismo cristianismo, uno de los síntomas de la -fiebre extraordinaria que devoraba al pueblo judío y del trabajo -divino que se verificaba en él. Nunca habia hecho tantos progresos -la fé<span class="pagenum" id="Page_268">p. 268</span> judía<a -id="FNanchor_754" href="#Footnote_754" class="fnanchor">[754]</a>. -El templo de Jerusalem era uno de los santuarios del mundo cuya fama -se extendia más y al que más donativos se hacian<a id="FNanchor_755" -href="#Footnote_755" class="fnanchor">[755]</a>. El judaismo -habia llegado á ser la religion dominante de la mayor parte de la -Siria. Los príncipes asmoneos habian convertido violentamente á -poblaciones enteras (Idumeos, Itureos, etc.)<a id="FNanchor_756" -href="#Footnote_756" class="fnanchor">[756]</a>. Hubo al mismo -tiempo muchos ejemplos de circuncision impuesta por la fuerza<a -id="FNanchor_757" href="#Footnote_757" class="fnanchor">[757]</a>, -porque se tenia un grande empeño en hacer prosélitos<a -id="FNanchor_758" href="#Footnote_758" class="fnanchor">[758]</a>. -La misma casa de Herodes contribuia poderosamente á la propaganda -judía. Para casarse con princesas de esta familia, cuyas riquezas eran -inmensas, se hacian judíos<a id="FNanchor_759" href="#Footnote_759" -class="fnanchor">[759]</a> los príncipes de las pequeñas dinastías -vasallas de los romanos, de Emesa, de Ponte, y de Cilicia. La Arabia y -la Etiopía poseian tambien un gran número de convertidos, entre los que -se contaban, sobre todo por parte de las mujeres<a id="FNanchor_760" -href="#Footnote_760" class="fnanchor">[760]</a>, las familias reales -de Meseno y de Adiabene, tributarias de los Partos. Se creia que se -hallaba la dicha conociendo y practicando la Ley<a id="FNanchor_761" -href="#Footnote_761" class="fnanchor">[761]</a>, y aun cuando no se -hiciesen circuncidar, modificaban su religion en sentido judío; el -espíritu general de la religion en Siria era una especie de monoteismo. -En Damasco, ciudad que nada tenia de israelita, casi todas<span -class="pagenum" id="Page_269">p. 269</span> las mujeres habian -adoptado la religion judaica.<a id="FNanchor_762" href="#Footnote_762" -class="fnanchor">[762]</a> Detrás del judaismo farisaico, se formaba -así una clase de judaismo libre, menos violento, que ignoraba algunos -secretos de la secta<a id="FNanchor_763" href="#Footnote_763" -class="fnanchor">[763]</a>, pero que tenia más porvenir y en el que -únicamente se llevaba buena voluntad y puro corazon. La situacion era, -á corta diferencia, la del catolicismo de nuestros dias, en donde -vemos, por una parte, teólogos ignorantes y orgullosos que por sí -solos no convertirian más almas al catolicismo que las que ganaron los -fariseos para el judaismo; y por otra, piadosos seglares, heréticos mil -veces sin saberlo, pero llenos de tierno celo, ricos en buenas obras y -en sentimientos poéticos, ocupados siempre en disimular ó en atenuar -con complacientes explicaciones las faltas de sus doctores.</p> - -<p>Uno de los ejemplos más extraordinarios de la corriente que -arrastraba hácia el judaismo á las almas religiosas, fué el que -dió la familia real de Adiabene en el Tigris<a id="FNanchor_764" -href="#Footnote_764" class="fnanchor">[764]</a>. Esta casa, en -su orígen y costumbres<a id="FNanchor_765" href="#Footnote_765" -class="fnanchor">[765]</a>, bien que iniciada en parte en -la cultura griega<a id="FNanchor_766" href="#Footnote_766" -class="fnanchor">[766]</a>, se hizo judía casi toda y se distinguió -por su extrema devocion; porque, conforme hemos manifestado, estos -prosélitos eran regularmente más piadosos que los judíos de na<span -class="pagenum" id="Page_270">p. 270</span>cimiento. Izate, jefe de -la familia, abrazó el judaismo á consecuencia de las predicaciones -de un mercader judío llamado Ananías, que al entrar, para su pequeño -comercio en el serrallo de Abennerig, rey de Meseno, habia convertido -á todas las mujeres y se habia constituido su director espiritual. -Las mujeres pusieron á Izate en relaciones con él. En la misma época, -Elena, su madre, se hacia instruir en la verdadera religion por otro -judío. Izate, en su celo de nuevo convertido, queria tambien hacerse -circuncidar, pero su madre y Ananías lo disuadieron de ello. Ananías -le demostró que más importante era la observacion de los mandamientos -de Dios que la circuncision, y que se podia ser muy buen judío sin -esta ceremonia. Semejante tolerancia era debida á un corto número de -inteligencias superiores. Algun tiempo despues, un judío de Galilea -llamado Eleazar, encontró al rey que leia el Pentateuco y le probó con -el texto, que no podia observar la Ley sin ser circunciso. Izate quedó -persuadido de ello y mandó que le hicieran en seguida la operacion<a -id="FNanchor_767" href="#Footnote_767" class="fnanchor">[767]</a>.</p> - -<p>La conversion de Izate fué seguida de la de su hermano Monobaze -y de casi toda la familia. En el año 44, Elena pasó á fijarse en -Jerusalem, en donde hizo construir para la casa real de Adiabene un -palacio y un mausoleo de familia que todavía existe<a id="FNanchor_768" -href="#Footnote_768" class="fnanchor">[768]</a>. Se hizo querer de -los judíos por su afabilidad y sus limosnas.<span class="pagenum" -id="Page_271">p. 271</span> Daba gozo verla, como una piadosa judía, -frecuentar el templo, consultar á los Doctores, leer la Ley, y -enseñarla á sus hijos. En la peste del año 44, aquella santa mujer -fué la providencia de la ciudad, pues mandó comprar una gran cantidad -de trigo en Egipto, y de higos secos en Chipre. Izate, por su parte, -envió sumas considerables para ser distribuidas entre los pobres. -Las riquezas del Adiabene se gastaban en parte en Jerusalem, donde -vinieron los hijos de Izate para aprender los usos y la lengua de los -judíos. La familia citada fué un gran recurso para aquel pueblo de -mendigos. Habian tomado como un derecho de ciudadanía en Jerusalem, en -donde se encontraron varios de sus miembros durante el sitio de Tito<a -id="FNanchor_769" href="#Footnote_769" class="fnanchor">[769]</a>, -al paso que otros figuran en los escritos talmúdicos como modelos de -piedad y de desprendimiento<a id="FNanchor_770" href="#Footnote_770" -class="fnanchor">[770]</a>.</p> - -<p>Así es como la familia real de Adiabene vino á figurar en la -historia del cristianismo. Sin ser cristiana, como han supuesto -varias tradiciones<a id="FNanchor_771" href="#Footnote_771" -class="fnanchor">[771]</a>, esta familia representó bajo diferentes -conceptos las primicias de los gentiles. Abrazando el judaismo, -obedeció al sentimiento que debia llevar al cristianismo al mundo -pagano entero. Los verdaderos israelitas para con Dios lo eran más -bien aquellos extranjeros, animados por un sentimiento religioso -tan profundamente sincero,<span class="pagenum" id="Page_272">p. -272</span> que no el fariseo soberbio y perverso, para quien la -religion no era más que un pretexto de ódios y desdenes. Aquellos -buenos prosélitos no eran fanáticos en lo más mínimo porque eran -verdaderamente santos. Admitian que la verdadera religion podia -practicarse con los códigos civiles más diversos; separaban -completamente la religion de la política. La distincion entre -los sectarios sediciosos que se proponian defender rabiosamente -á Jerusalem, y los pacíficos devotos que, al primer rumor de -guerra, habian de refugiarse en las montañas<a id="FNanchor_772" -href="#Footnote_772" class="fnanchor">[772]</a>, se manifestaba cada -dia más.</p> - -<p>Vemos, pues, que la cuestion de los prosélitos se presentaba del -mismo modo en el judaismo que en el cristianismo. De una y otra -parte, se sentia la necesidad de tener más tolerancia, y para los que -consideraban la cuestion bajo este punto de vista, la circuncision -era una práctica inútil ó perjudicial, y las observancias mosáistas -una simple señal de raza, que solo tenia valor para los hijos de -Abraham. Antes de ser una religion universal, el judaismo se veia -obligado á limitarse á una especie de deismo, que únicamente imponia -los deberes de la religion natural. Habia de cumplirse con ello una -mision sublime, y una parte del judaismo, en la primera mitad del siglo -<span class="asc">I</span>, lo hizo de una manera muy inteligente. Por -un lado, el judaismo era uno de los innumerables cultos nacionales<a -id="FNanchor_773" href="#Footnote_773" class="fnanchor">[773]</a> -que llenaban el mundo y cuya santidad no reconocia otra causa que -la de<span class="pagenum" id="Page_273">p. 273</span> haber sido -practicado por sus antepasados; por otro, el judaismo era la religion -absoluta, hecha para todos, y destinada á ser adoptada por todos. -El espantoso desbordamiento de fanatismo que se desarrolló en Judea -y que originó la guerra de exterminio, destruyó este porvenir. El -cristianismo fué el que se encargó de proseguir por su cuenta la tarea -que la sinagoga no habia sabido llevar á cabo. Dejando aparte las -cuestiones rituales, el cristianismo continuó la propaganda monoteista -del judaismo. Lo que favoreciera el éxito del judaismo con las mujeres -de Damasco, en el serrallo de Abennerig, con Elena y otros tantos -prosélitos piadosos, fortaleció al cristianismo en el mundo entero. -En tal concepto, la gloria del último se confunde verdaderamente con -la del primero. Una generacion de fanáticos privó al judaismo de su -recompensa, y le impidió recoger la cosecha que habia preparado.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_15"> - <p><span class="pagenum" id="Page_274">p. 274</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XV.</h2> - <p class="subh2">Movimientos paralelos al cristianismo ó imitadores - del cristianismo. — Simon de Gitton.</p> -</div> - -<div class="sidenote">Año 45</div> - -<p>El cristianismo está ahora realmente fundado. En la historia de -todas las religiones, solo se encuentran obstáculos durante los -primeros años; mas cuando una creencia ha resistido las duras pruebas -por que ha de pasar toda nueva fundacion, está asegurado su porvenir. -Los fundadores del cristianismo, más hábiles que los otros sectarios -del mismo tiempo, esenianos, baptistas y partidarios de Judas el -Gaulonita, que no salieron del mundo judío y perecieron con él, se -lanzaron bien pronto al mundo con la mayor resolucion y ocuparon en -aquel su puesto. Las pocas citas que sobre cristianos encontramos en -Josefo, en el Talmud, y en todas las obras de los autores griegos -y latinos, no debe sorprendernos. Josefo ha llegado hasta nosotros -por los copistas cristianos que han sabido suprimir todo lo que -era contrario á su creencia; pero podemos suponer que hablaba con -más extension de Jesús y de los cristianos,<span class="pagenum" -id="Page_275">p. 275</span> que la edicion que ha llegado hasta -nosotros. El Talmud sufrió tambien durante la edad media<a -id="FNanchor_774" href="#Footnote_774" class="fnanchor">[774]</a> y -despues de su primera publicacion, varias supresiones y alteraciones, -pues se ejerció la censura cristiana sobre el texto con mucha -severidad, y fueron quemados una multitud de desdichados judíos por -haber tenido en su poder un libro conteniendo páginas consideradas como -blasfematorias. No es tampoco sorprendente que los escritores griegos y -latinos se preocupen poco de un movimiento que no pueden comprender y -que tuvo lugar en un pequeño mundo cerrado para ellos. El cristianismo -se pierde á sus ojos sobre el oscuro fondo del judaismo; esto fué una -querella de familia en el fondo de una nacion abyecta; ¿á qué ocuparse -de ello?</p> - -<p>Los dos ó tres pasajes en que Tácito y Suetonio hablan de los -cristianos, prueban que algo extraordinaria debia ser la secta nueva, -cuando traspasó el círculo ordinario de la publicidad, y al poco -tiempo, á través de las nubes de la indiferencia general, comenzó á -destacarse vigorosamente.</p> - -<p>Por lo demás, lo que contribuyó á borrar un poco las formas del -cristianismo en la historia del mundo judío en el primer siglo de -nuestra era, es que no fué un hecho aislado. Philon, en la hora á que -hemos llegado, habia concluido su carrera, consagrada enteramente -al amor del bien. La secta de Judas el Gaulonita dura todavía: el -agitador tuvo como continuadores de su pensamiento á sus hijos -Jacobo, Simon y<span class="pagenum" id="Page_276">p. 276</span> -Menahem: pero los dos primeros fueron crucificados por órden del -procurador Tiberio Alejandro<a id="FNanchor_775" href="#Footnote_775" -class="fnanchor">[775]</a>. En cuanto al tercero, desempeñará en la -catástrofe final de la nacion un importante papel<a id="FNanchor_776" -href="#Footnote_776" class="fnanchor">[776]</a>. El año 44, un -entusiasta llamado Teudas<a id="FNanchor_777" href="#Footnote_777" -class="fnanchor">[777]</a> se presentó anunciando una próxima -libertad, é invitó á la multitud á que le siguiera al desierto, -prometiendo, cual otro Josué, hacerle pasar el Jordan á pié enjuto; -ya que este pasaje era segun él el verdadero bautismo que debia -iniciar á cada uno de sus fieles en el reino de Dios. Siguiéronle -más de cuatrocientas personas; pero el procurador Fado, mandó contra -él á la caballería, dispersólos y le hirió<a id="FNanchor_778" -href="#Footnote_778" class="fnanchor">[778]</a>. Algunos años antes -se habia levantado toda la Samaria á la voz de un iluminado que -pretendia haber tenido una revelacion en el lugar de Garissim, donde -Moisés habia ocultado los instrumentos sagrados del culto. Pilatos -habia reprimido con gran rigor este movimiento<a id="FNanchor_779" -href="#Footnote_779" class="fnanchor">[779]</a>. En cuanto á Jerusalem, -la paz habia acabado para ella, pues á contar desde la llegada del -procurador Ventidio Cumano (año 48), los trastornos no cesaron; la -excitacion habia llegado á tal punto, que la vida era insufrible -y las circunstancias más insignificantes producian estallidos<a -id="FNanchor_780" href="#Footnote_780" class="fnanchor">[780]</a>. -Sentíase una extraña fermentacion, una especie de turbacion mis<span -class="pagenum" id="Page_277">p. 277</span>teriosa; por todas partes se -multiplicaban los impostores<a id="FNanchor_781" href="#Footnote_781" -class="fnanchor">[781]</a>; los terribles <i>zelotas</i> -(<i>Kenaïm</i>) ó sicarios, empezaban á aparecer; y varios miserables -armados de puñales se metian entre la multitud, herian á sus víctimas, -y eran los primeros que gritaban al asesino. No se pasaba dia sin que -se cometiera alguno de estos asesinatos; extendiéndose el terror de una -manera extraordinaria. Josefo presenta los crímenes de estos sicarios -como cometidos por bribones<a id="FNanchor_782" href="#Footnote_782" -class="fnanchor">[782]</a>, pero no es dudoso que el fanatismo -se mezclaba en ello<a id="FNanchor_783" href="#Footnote_783" -class="fnanchor">[783]</a>: para defender la ley aquellos miserables -se armaron del puñal: el que faltaba segun ellos á las prescripciones -legales, veia pronto pronunciada y ejecutada su sentencia. Con ello -creian llevar á cabo la obra más meritoria y más agradable á Dios.</p> - -<p>Escenas análogas á las de Teudas, renovábanse por todas partes. -Varios personajes pretendiéndose inspirados sublevaban el pueblo -y le arrastraban consigo al desierto, bajo el pretexto de hacerle -ver por signos manifiestos que Dios iba á librarles. La autoridad -romana deseaba exterminar á estos agitadores<a id="FNanchor_784" -href="#Footnote_784" class="fnanchor">[784]</a> que reunian las gentes -á millares, en términos de que en el año 56, un judío que vino de -Egipto á Jerusalem, con su prestigio consiguió atraer más de treinta -mil personas, entre las que habia cuatro mil sicarios. Desde el -desierto, queria llevarles al monte Olivete,<span class="pagenum" -id="Page_278">p. 278</span> para ver desde allí, segun decia, caer -las murallas de Jerusalem á su solo mandato. Félix, que era entonces -procurador, marchó contra él y dispersó á su gente, pero el egipcio -se salvó y no pareció más<a id="FNanchor_785" href="#Footnote_785" -class="fnanchor">[785]</a>. Sin embargo, así como en un cuerpo -enfermizo los males se suceden unos á otros, viéronse pronto partidas -mandadas por mágicos y ladrones que conducian claramente al pueblo -á revolucionarse contra los romanos, amenazando de muerte á los que -continuaran obedeciéndoles. Bajo este pretexto maltrataban á los -ricos, decomisaban sus bienes, quemaban sus casas, dejando en toda la -Judea huellas de su furor<a id="FNanchor_786" href="#Footnote_786" -class="fnanchor">[786]</a>. Anunciábase una guerra espantosa: reinaba -fuerte agitacion por do quier, y las imaginaciones se mantenian en un -estado cercano á la más completa locura.</p> - -<p>No era imposible que Teudas se inspirara en el espíritu de -imitacion á la vista de Jesús y de Juan Bautista. Á lo menos esta -imitacion se evidenció con Simon de Gitton, si merecen alguna fé las -tradiciones cristianas acerca de este personaje<a id="FNanchor_787" -href="#Footnote_787" class="fnanchor">[787]</a>. Le hemos visto -ya en relacion con los apóstoles á propósito de la primera mision -de Felipe en Samaria. Bajo el reinado de Claudio es cuando -conquistó su celebridad<a id="FNanchor_788" href="#Footnote_788" -class="fnanchor">[788]</a>. Sus milagros eran considerados -como permanentes, y en Samaria le miraba todo el mundo como un -personaje sobrenatural<a id="FNanchor_789" href="#Footnote_789" -class="fnanchor">[789]</a>.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_279">p. 279</span>No eran solo -sus milagros los únicos fundamentos de su reputacion. Segun parece -usaba una doctrina que nos es imposible juzgar, ya que la obra -intitulada <i>La Grande Exposicion</i> que se le atribuye, y que -ha llegado hasta nosotros por extracto, no es tal vez otra cosa -más que una síntesis modificada de sus ideas<a id="FNanchor_790" -href="#Footnote_790" class="fnanchor">[790]</a>. Simon, durante su -permanencia en Alejandría<a id="FNanchor_791" href="#Footnote_791" -class="fnanchor">[791]</a>, parece haber fomentado en sus estudios -de filosofía griega un sistema de teosofía sincrética y de exégesis -alegórica semejante á la de Philon. Este sistema tiene su grandeza: -pues tan pronto recuerda la cábala judía, como las teorías -panteistas de la filosofía indiana; y bajo cierto punto de vista -parece una imitacion del budismo y del parsismo<a id="FNanchor_792" -href="#Footnote_792" class="fnanchor">[792]</a>. Al frente de -todas las cosas está «Aquel que es, que ha sido y que será<a -id="FNanchor_793" href="#Footnote_793" class="fnanchor">[793]</a>,» -es decir el <i>Jahveh</i> samaritano, entendido segun la fuerza -etimológica de su nombre, el Sér eterno, único engendrado por sí -mismo, aumentando por sí mismo, encontrándose á sí mismo, padre, -madre, hermana, esposo, é hijo de sí mismo<a id="FNanchor_794" -href="#Footnote_794" class="fnanchor">[794]</a>. En el seno de este -infinito, todo<span class="pagenum" id="Page_280">p. 280</span> -poder existe eternamente; todo pasa á la accion y á la realidad por -la conciencia del hombre, por la razon, la lengua y la ciencia<a -id="FNanchor_795" href="#Footnote_795" class="fnanchor">[795]</a>. -El mundo se explica ya por una gerarquía de principios abstractos, -análogos á los Eones del gnosticismo y al árbol sefirótico de la -cábala, ya por un sistema de ángeles que parece tomado de las creencias -de la Persia. Estas abstracciones se presentan algunas veces como -traducciones de hechos físicos y psicológicos: otras veces, los -<i>poderes divinos</i>, considerados como sustancias separadas, se -realizan en encarnaciones sucesivas, ya masculinas, ya femeninas, -cuyo fin es el libertar á los séres encadenados por los lazos de -la materia. El primero de estos poderes es el que por excelencia -se llama «el Grande,» y que es la inteligencia de este mundo, la -Providencia universal<a id="FNanchor_796" href="#Footnote_796" -class="fnanchor">[796]</a>. Es masculina y se considera á Simon como -su encarnacion. Al lado de ella está la <i>syzigia</i> femenina, -«el Gran Pensamiento.» Habituado Simon á revestir sus teorías de un -extraño simbolismo, imagina interpretaciones alegóricas para los -antiguos textos sagrados y profanos, á los cuales el autor de la -<i>Grande Exposicion</i>, da el nombre de <i>Helena</i>, significando -con esto que era el objeto del deseo universal, la eterna causa de -discusion entre los hombres, la que se venga de sus enemigos y les -ciega, hasta el momento en que consienten cantar la palinodia<a -id="FNanchor_797" href="#Footnote_797" class="fnanchor">[797]</a>; -teme que mal comprendido é interpretado torcidamente por los padres -de la Igle<span class="pagenum" id="Page_281">p. 281</span>sia da -lugar á cuentos pueriles<a id="FNanchor_798" href="#Footnote_798" -class="fnanchor">[798]</a>. El conocimiento de la literatura griega -que posee el autor de la <i>Grande Exposicion</i>, es en todo caso, -muy notable. Él sostiene que cuando se saben comprender los escritos -de los paganos bastan para el conocimiento de todas las cosas<a -id="FNanchor_799" href="#Footnote_799" class="fnanchor">[799]</a>; su -eclectismo abraza todas las revelaciones y procura refundirlas en un -solo órden de verdades.</p> - -<p>En cuanto al fondo de su sistema, hay mucha analogía con el de -Valentin y con las doctrinas sobre las personas divinas que se -encuentran en el cuarto Evangelio, en Philon, y en los Targums<a -id="FNanchor_800" href="#Footnote_800" class="fnanchor">[800]</a>. -Este «<i>Metatrono</i><a id="FNanchor_801" href="#Footnote_801" -class="fnanchor">[801]</a>» es el que los judíos colocaban al lado -de la Divinidad y hasta en su sentido se parece mucho al «<i>Gran -poder</i>.» En la teología de los samaritanos se vé figurar un -Gran ángel, jefe de los demás, y una especie de manifestaciones, ó -<i>virtudes divinas</i><a id="FNanchor_802" href="#Footnote_802" -class="fnanchor">[802]</a>, análogas á las que la cábala judía se -figuraba por su parte. Por esto parece que Simon de Gitton fué una -especie de teósofo en el mismo género de Philon y de los cabalistas. -Tal vez se acercó alguna vez al cristianismo, pero no se acercó á él de -una manera decisiva.</p> - -<p>Si tomó algo de los discípulos de Jesús, es muy difícil probarlo. Si -la <i>Grande Exposicion</i> es suya, vemos que en algunos pasajes se -adelanta á las ideas<span class="pagenum" id="Page_282">p. 282</span> -cristianas, y en otros se relaciona mucho con ellas<a id="FNanchor_803" -href="#Footnote_803" class="fnanchor">[803]</a>. Lo que parece es que -ensayó un eclecticismo análogo al que practicó más tarde Mahoma, y -que intentó fundar su religion aceptando la mision divina de Juan<a -id="FNanchor_804" href="#Footnote_804" class="fnanchor">[804]</a> y de -Jesús, á fin de ponerse en mística relacion con ellos. Él sostuvo que -el mismo Simon se habia aparecido á los samaritanos, como Pedro á los -judíos, para la crucifixion visible del Hijo, y á los gentiles para la -infusion del Santo Espíritu<a id="FNanchor_805" href="#Footnote_805" -class="fnanchor">[805]</a>. Segun parece, preparó tambien el terreno -para la doctrina de los <i>Docetas</i>, pues decia que era él -quien habia sufrido en Judea en la persona de Jesús, pero que este -sufrimiento fué solo aparente.<a id="FNanchor_806" href="#Footnote_806" -class="fnanchor">[806]</a> Su pretension de ser la misma Divinidad y de -hacerse adorar ha sido probablemente exagerada por los cristianos que -solo han procurado hacerle odioso.</p> - -<p>Por lo demás se vé que la doctrina de la <i>Grande Exposicion</i> -es casi la de todos los escritos gnósticos, y si verdaderamente Simon -ha profesado estas doctrinas, han tenido mucha razon los padres -de la Iglesia en considerarle como un fundador del gnosticismo<a -id="FNanchor_807" href="#Footnote_807" class="fnanchor">[807]</a>. -Nosotros creemos que la <i>Grande Exposicion</i> no tiene más que una -autenticidad relativa, y es poco más ó menos á la doctrina de Simon, -lo que el cuarto Evangelio al pensamiento de Jesús; que se refiere á -los primeros<span class="pagenum" id="Page_283">p. 283</span> años -del siglo <span class="asc">II</span>, es decir, á la época en que -las ideas teosóficas de <i>Logos</i> dejaron de predominar. Estas -ideas que encontramos en gérmen en la Iglesia cristiana el año 60<a -id="FNanchor_808" href="#Footnote_808" class="fnanchor">[808]</a>, -pudieron ser conocidas de Simon cuya vida acaso se prolongara hasta -fines del siglo.</p> - -<p>En nuestro concepto, este enigmático personaje es una especie -de plagiario del cristianismo. La imitacion parece ser una -costumbre constante entre los samaritanos<a id="FNanchor_809" -href="#Footnote_809" class="fnanchor">[809]</a>. De la misma manera -que habian imitado siempre el judaismo de Jerusalem, estos sectarios -copiaron tambien del cristianismo, hicieron sus especulaciones -teosóficas y su cábala. Pero Simon ¿fué un imitador respetable á -quien no se pueda calificar de prestidigitador inmoral y ridículo<a -id="FNanchor_810" href="#Footnote_810" class="fnanchor">[810]</a>, que -explotaba en su favor una doctrina formada de trozos recogidos aquí y -allá? Hé aquí lo que probablemente se ignorará siempre. Simon ocupaba -en la historia una posicion muy falsa; marcha sobre una cuerda tirante -donde no es permitida oscilacion alguna; en este punto no hay más que -elegir entre una caida ridícula ó un éxito maravilloso.</p> - -<p>Todavía nos ocuparemos más de Simon y veremos si las leyendas -durante su permanencia en Roma que al mismo se refieren, tienen alguna -verosimili<span class="pagenum" id="Page_284">p. 284</span>tud. -Lo cierto es que la secta simoniana duró hasta el siglo <span -class="asc">III</span><a id="FNanchor_811" href="#Footnote_811" -class="fnanchor">[811]</a>; que tuvo dos iglesias en Antioquía, y -tal vez hasta en Roma mismo; que Menandro de Caparetea y Clobio<a -id="FNanchor_812" href="#Footnote_812" class="fnanchor">[812]</a> -continuaron la doctrina de Simon, ó mejor imitaron su papel de teurgo, -con un recuerdo más ó menos vivo de Jesús y de sus apóstoles. Simon y -sus discípulos fueron muy estimados entre sus correligionarios. Las -sectas del mismo género, paralelas al cristianismo<a id="FNanchor_813" -href="#Footnote_813" class="fnanchor">[813]</a>, y más ó menos -impregnadas de <i>gnosticismo</i>, no cesaron de producirse entre los -samaritanos hasta su destruccion por Justiniano. El destino de este -pequeño grupo fué sufrir las consecuencias de todo lo que pasaba á su -alrededor, sin producir nada completamente original.</p> - -<p>En cuanto á los cristianos, la memoria de Simon de Gitton les era -aborrecible. Esos prestigios, que tanto se parecían a los suyos, -les irritaban, y haber alcanzado el éxito de los apóstoles fué el -más imperdonable de los crímenes. Pretendióse que los prodigios -de Simon y de sus discípulos eran obra del diablo y se denigró al -teósofo samaritano con el nombre de <i>Mágico</i><a id="FNanchor_814" -href="#Footnote_814" class="fnanchor">[814]</a>, que los fieles tomaban -en muy mal sentido. Toda la leyenda cristiana de Simon revelaba una -cólera reconcentrada: se le atribuyeron las máximas del quietismo y -los excesos que se suponen ser su consecuencia<a id="FNanchor_815" -href="#Footnote_815" class="fnanchor">[815]</a>; se le consideró -como<span class="pagenum" id="Page_285">p. 285</span> padre de -todo error, como el primer heresiarca: se contaron sus aventuras -ridículas, sus hechos con referencia á Pedro<a id="FNanchor_816" -href="#Footnote_816" class="fnanchor">[816]</a>, y se atribuyó á -otro motivo distinto el impulso que le llevó hácia el cristianismo. -Tan preocupados estaban con su nombre, que creian leerle al -través de las páginas donde no estaba escrito<a id="FNanchor_817" -href="#Footnote_817" class="fnanchor">[817]</a>. El simbolismo -de que ha revestido sus ideas fué interpretado de la manera más -grotesca. La <i>Helena</i> que él identificaba con la <i>primera -inteligencia</i>, se consideró como una mujer pública que habia -comprado en el mercado de Tiro<a id="FNanchor_818" href="#Footnote_818" -class="fnanchor">[818]</a>: su nombre, en fin, se colocó al lado del de -Judas y se tomó como sinónimo de <i>antiapóstol</i><a id="FNanchor_819" -href="#Footnote_819" class="fnanchor">[819]</a>, última injuria -y palabra proverbial para designar un impostor de profesion, un -adversario de la verdad que quisiera presentarse con misterio<a -id="FNanchor_820" href="#Footnote_820" class="fnanchor">[820]</a>. -Este fué el pri<span class="pagenum" id="Page_286">p. 286</span>mer -enemigo del cristianismo, ó mejor dicho, el primer personaje -que el cristianismo trató como enemigo, no escaseándose los -piadosos fraudes ni calumnias para disfamarle<a id="FNanchor_821" -href="#Footnote_821" class="fnanchor">[821]</a>. La crítica no puede, -en este caso, revindicarle porque le faltan los documentos auténticos -y contradictorios; lo único que puede hacer es retratarle tal como -aparece en las tradiciones poniendo en relieve el estilo despreciativo -que en ellas se nota.</p> - -<p>Á lo menos no debe acusarse al teurgo samaritano de una imitacion -que acaso no hiciera. En una reseña del historiador Josefo, un mágico -judío llamado Simon, nacido en Chipre, desempeñaba por parte del -procurador Félix el papel de <i>proxeneto</i><a id="FNanchor_822" -href="#Footnote_822" class="fnanchor">[822]</a>. Las circunstancias -de esta reseña no convienen con Simon de Gitton y no debe hacérsele -responsable de los hechos de un personaje que solo puede tener de -comun con él su nombre, que llevaban entonces millares de hombres, ni -de la pretension de hacer obras sobrenaturales que tenia entonces una -multitud de sus contemporáneos.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_16"> - <p><span class="pagenum" id="Page_287">p. 287</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XVI.</h2> - <p class="subh2">Marcha general de las misiones cristianas.</p> -</div> - -<div class="sidenote">Año 45</div> - -<p>Hemos visto á Bernabé partir de Antioquía para remitir á los -fieles de Jerusalem la colecta de sus hermanos de Siria. Le hemos -visto presenciar alguno de los disturbios que la persecucion de -Herodes Agrippa I causó á la Iglesia de Jerusalem<a id="FNanchor_823" -href="#Footnote_823" class="fnanchor">[823]</a>; volvamos con él á -Antioquía, donde parece haberse concentrado en este momento toda la -actividad creadora de la secta.</p> - -<p>Bernabé llevó consigo á un celoso colaborador: este era su primo -Juan Márcos, el discípulo querido de Pedro<a id="FNanchor_824" -href="#Footnote_824" class="fnanchor">[824]</a>, el hijo de aquella -María en casa de la cual el primero de los apóstoles deseaba -permanecer. Sin duda, tomando este nuevo colaborador, pensaba ya en -la grande empresa á la cual iba á asociarle. Tal vez preveia las -divisiones que la misma obra suscitaria, y tenia cuidado de tomar -por compañero un hombre que<span class="pagenum" id="Page_288">p. -288</span> sabia era el brazo derecho de Pedro, es decir, del apóstol -que en los asuntos generales tendria mayor autoridad.</p> - -<p>Esta empresa no fué más que una série de grandes misiones que -debian partir de Antioquía, teniendo por programa la conversion del -mundo entero. Como todas las grandes resoluciones que se tomaban en -la Iglesia, fué tambien atribuida aquella al Espíritu Santo. Se creyó -ser obra de un llamamiento especial, de una eleccion sobrenatural, que -se supuso haber sido comunicada á la Iglesia de Antioquía mientras -ayunaba y oraba. Tal vez alguno de los profetas de la Iglesia, Menahem -ó Lucio, en uno de sus accesos de glosolalia pronunció algunas -palabras de las cuales pudo deducirse que Pablo y Bernabé estaban -predestinados á esta mision<a id="FNanchor_825" href="#Footnote_825" -class="fnanchor">[825]</a>. En cuanto á Pablo, estaba convencido -que Dios le habia elegido desde el vientre de su madre para la -obra á la cual iba á consagrarse enteramente<a id="FNanchor_826" -href="#Footnote_826" class="fnanchor">[826]</a>.</p> - -<p>Los dos apóstoles se agregaron á título de subordinado para -secundarles en la parte material de su empresa, al Juan Márcos -que Bernabé habia llevado consigo á Jerusalem<a id="FNanchor_827" -href="#Footnote_827" class="fnanchor">[827]</a>. Cuando terminaron -los preparativos, hubo ayunos y oraciones, y se impusieron las -manos á los dos apóstoles para indicar que la mision era conferida -por la misma Iglesia<a id="FNanchor_828" href="#Footnote_828" -class="fnanchor">[828]</a>; se les recomendó<span class="pagenum" -id="Page_289">p. 289</span> á la gracia de Dios y partieron<a -id="FNanchor_829" href="#Footnote_829" class="fnanchor">[829]</a>. ¿Por -qué lado se dirigieron? ¿Qué mundo iban á evangelizar? Esto es lo que -importa saber.</p> - -<p>Todas las grandes misiones cristianas primitivas, se dirigieron -hácia el oeste, ó en otros términos, tomaron por teatro ó cuadro el -imperio Romano. Si se exceptúa alguna pequeña parte del territorio de -los Arsácidas, comprendido entre el Éufrates y el Tigris, el imperio -de los Partos no tuvo durante el primer siglo misiones cristianas<a -id="FNanchor_830" href="#Footnote_830" class="fnanchor">[830]</a>. El -Tigris fué por el Oriente una barrera que el cristianismo solo traspasó -en las Sasanidas. Dos grandes causas, el Mediterráneo y el imperio -Romano, determinaron este hecho capital.</p> - -<p>El Mediterráneo era hacia mil años el gran camino por donde habian -cruzado todas las civilizaciones y todas las ideas. Los romanos habian -ahuyentado de él la piratería, convirtiéndole en una magnífica via -de comunicacion. Una numerosa marina de cabotaje hacia más fáciles -los viajes por la costa de este gran lago. La seguridad relativa que -ofrecian los caminos del imperio, las garantías que se encontraban -en los poderes públicos, la difusion de los judíos sobre todo el -litoral del Mediterráneo, el uso de la lengua griega en toda la -parte oriental de este mar<a id="FNanchor_831" href="#Footnote_831" -class="fnanchor">[831]</a>, la unidad de civilizacion que los griegos -tenian con los romanos, hicieron del mapa del imperio el mapa mismo -de los países reservados á las misiones cristianas y destinados á -ser<span class="pagenum" id="Page_290">p. 290</span> cristianos. El -<i>orbis</i> romano llegó á ser el <i>orbis</i> cristiano, y en este -sentido puede afirmarse que los fundadores del imperio fueron tambien -los fundadores de la monarquía cristiana, ó al menos diseñaron sus -contornos. Toda provincia conquistada por el imperio romano, era una -provincia conquistada al cristianismo. Cuando uno se figura á los -apóstoles ante una Asia Menor, una Grecia, una Italia dividida en cien -pequeñas repúblicas, una Galia, una España, un África ó un Egipto -denominadas por antiguas instituciones nacionales, no se puede esperar -un buen éxito y mucho menos que haya podido nacer el proyecto. La union -del imperio era la condicion prévia de todo proselitismo religioso, -haciéndose superior de las nacionalidades. El imperio lo comprendió -en el siglo <span class="asc">XIV</span> y se hizo cristiano: vió que -el cristianismo era la religion que él habia creado sin saberlo, la -religion limitada por sus fronteras, identificada con él, capaz de -procurarle una segunda vida. La Iglesia por su parte se hizo romana -y se ha conservado hasta nuestros dias como un recuerdo del imperio. -Decid á Pablo que Claudio será su primer auxiliar; decid á Claudio que -aquel judío que parte de Antioquía va á fundar la parte más sólida del -edificio imperial, y asombrareis al uno y al otro, y sin embargo, esto -fué una verdad.</p> - -<p>De todos los países extraños á la Judea, el primero donde se -estableció el cristianismo fué naturalmente en Syria. Los naturales de -Palestina y el gran número de judíos establecidos en aquella comarca<a -id="FNanchor_832" href="#Footnote_832" class="fnanchor">[832]</a>, -hacian<span class="pagenum" id="Page_291">p. 291</span> inevitable -este hecho. Chipre, el Asia Menor, la Macedonia, la Grecia y la Italia, -fueron visitadas por los hombres apostólicos con algunos años de -intervalo. El Mediodía de la Galia, la España, y la costa de África, -aunque se evangelizaron bien pronto, fueron los últimos puntos que -invadió el cristianismo.</p> - -<p>Lo propio sucedió en Egipto. El Egipto no figura apenas en la -historia apostólica; parece que los misioneros apostólicos le -vuelven sistemáticamente la espalda. Este país, que á partir del -siglo <span class="asc">III</span>, se convierte en teatro de los -acontecimientos más importantes de la historia de la religion, fué -entonces un atraso para el cristianismo. Apolo es el único doctor -cristiano salido de la escuela de la Alejandría, y aun éste aprendió -el cristianismo en sus viajes<a id="FNanchor_833" href="#Footnote_833" -class="fnanchor">[833]</a>. Es necesario atribuir la causa de este -notable fenómeno á las pocas relaciones que existian entre los judíos -de Egipto y los de Palestina, y sobre todo al hecho de que el Egipto -judío tuvo bajo cierto aspecto su especial desarrollo religioso. El -Egipto tenia á Philon y los terapeutas, este era su cristianismo<a -id="FNanchor_834" href="#Footnote_834" class="fnanchor">[834]</a>, -el cual le dispensaba de escuchar al otro con atencion. En cuanto al -Egipto pagano, poseia instituciones religiosas más sólidas que las -del paganismo greco-romano<a id="FNanchor_835" href="#Footnote_835" -class="fnanchor">[835]</a>; la religion egipciaca estaba todavía en -toda su fuerza y cercano el momento en que iban á bautizarse los -enor<span class="pagenum" id="Page_292">p. 292</span>mes templos de -Esneh, y de Ombos, en los cuales la esperanza de tener en el pequeño -Cesarion un último rey Ptolomeo, ó un Mesías nacional, hacia salir como -de la tierra los santuarios de Dendera, y de Hermontis, comparables -á las más bellas obras faraónicas. El cristianismo se establecia por -todas partes sobre las ruinas del sentimiento nacional y de los cultos -locales. La degradacion de las almas era rara en Egipto, y hacia raras -las aspiraciones que abrieron al cristianismo tan fáciles caminos.</p> - -<p>Un relámpago que parte de la Syria, ilumina casi simultáneamente -las tres grandes penínsulas del Asia Menor, de Grecia y de Italia, y -que bien pronto seguido de un segundo reflejo abraza casi todas las -costas del Mediterráneo, hé aquí lo que fué la primera aparicion del -cristianismo: la marcha de las naves apostólicas es casi siempre la -misma. La predicacion cristiana parece seguir una huella anterior que -no es otra que la de la emigracion judía. Como un contagio que teniendo -su foco en el fondo del Mediterráneo, aparece de repente sobre cierto -número de puntos del litoral, donde se comunica por una correspondencia -secreta, el cristianismo tuvo sus puertos de arribada designados en -cierto modo de antemano. Estos puertos se reconocian casi todos por las -colonias judías; una sinagoga precedió, en general, al establecimiento -de la Iglesia: diríase que era una cadena eléctrica por cuya extension -la idea nueva corria de una manera casi instantánea.</p> - -<p>En efecto, despues de ciento cincuenta años el judaismo -extendido por el Oriente y Egipto, habia toma<span class="pagenum" -id="Page_293">p. 293</span>do su vuelo hácia el Occidente. Cirene, -Chipre, el Asia Menor, ciertas poblaciones de Macedonia y de -Grecia, y la Italia tenian juderías importantes<a id="FNanchor_836" -href="#Footnote_836" class="fnanchor">[836]</a>. Los judíos daban -el primer ejemplo de este género de patriotismo que los Partos, -los Armenios, y hasta cierto punto los Griegos modernos debian -mostrar más tarde; patriotismo extremadamente enérgico porque no -se refiere á un determinado suelo; patriotismo de comerciantes -extendidos por todas partes, reconociéndose por todo como hermanos; -patriotismo que no conduce á formar estados compactos, pero sí -pequeñas comunidades autónomas en el seno de los demás Estados. -Estos judíos dispersos unidos estrechamente entre sí, constituyen -en las poblaciones, congregaciones casi independientes, teniendo -sus magistrados y consejos. En ciertas poblaciones tenian su -<i>etnarca</i> ó <i>alabarca</i>, revestido de derechos casi soberanos. -Habitaban barrios separados y fuera de la jurisdiccion ordinaria, -muy despreciados de todo el mundo, pero donde reinaba la felicidad. -Eran más pobres que ricos, pues no habia llegado aún la época de las -grandes fortunas judías que empezaron en España bajo los Visigodos<a -id="FNanchor_837" href="#Footnote_837" class="fnanchor">[837]</a>. -El acaparamiento de los negocios por los judíos fué el efecto de la -incapacidad administrativa de los bárbaros, de la repugnancia que -inspiró á la Iglesia la ciencia del dinero y de sus ideas superficiales -sobre el<span class="pagenum" id="Page_294">p. 294</span> préstamo -á interés. En el imperio romano nada hay semejante, pues cuando el -judío no poseia riquezas, era muy pobre, ya que no era aficionado á -la agricultura. En todo caso sabia sufrir muy bien la pobreza, pero -lo que sabia más aún era aunar la preocupacion religiosa más exaltada -con la más rara habilidad comercial. Las excentricidades teológicas -no excluyen en manera alguna el buen sentido en los negocios. En -Inglaterra, en América, en Rusia, los sectarios más entusiastas -(<i>irvingianos</i>, santos de los últimos dias, <i>raskolniks</i>) son -buenos comerciantes.</p> - -<p>La propiedad de la vida judía piadosamente practicada ha sido -siempre la de producir mucha alegría y cordialidad. En aquel pequeño -mundo todos se amaban; se amaba hasta el mismo pasado; las ceremonias -religiosas iban adquiriendo poco á poco nueva vida. Habia alguna -analogía con las distintas comunidades que existen todavía en las -grandes ciudades turcas, como por ejemplo la griega, armenia, y judía, -de Esmirna, reducidas cofradías donde se conoce todo el mundo, donde -todos viven juntos y conspiran juntos. En estas pequeñas repúblicas, -las cuestiones religiosas dominan siempre á las cuestiones políticas, ó -más bien aquellas suplen y completan á estas. Una herejía es en ellas -un asunto de Estado; un cisma tiene siempre por orígen una cuestion -de personas. Los romanos, salvo raras excepciones, no penetraban -jamás en aquellos círculos reservados. Las sinagogas promulgaban -decretos, daban honores<a id="FNanchor_838" href="#Footnote_838" -class="fnanchor">[838]</a>, y hacian las veces de verdaderas<span -class="pagenum" id="Page_295">p. 295</span> municipalidades. Era -grande la influencia de estas corporaciones: en Alejandría llegó á -ser de primer órden, y dominó todo el recinto interior de la ciudad<a -id="FNanchor_839" href="#Footnote_839" class="fnanchor">[839]</a>. En -Roma eran numerosos los judíos<a id="FNanchor_840" href="#Footnote_840" -class="fnanchor">[840]</a>, y constituian un apoyo que nadie desdeñaba. -Ciceron presenta como un acto de valor haber intentado resistirse -á los mismos judíos<a id="FNanchor_841" href="#Footnote_841" -class="fnanchor">[841]</a>. César les favoreció y les encontró fieles<a -id="FNanchor_842" href="#Footnote_842" class="fnanchor">[842]</a>; -Tiberio para contenerles tomó las más enérgicas medidas<a -id="FNanchor_843" href="#Footnote_843" class="fnanchor">[843]</a>; -Calígula, cuyo reinado fué para ellos nefasto en Oriente, les -concedió permiso para asociarse, en Roma<a id="FNanchor_844" -href="#Footnote_844" class="fnanchor">[844]</a>. Claudio que les -favorecia en Judea, se vió obligado á echarles de la ciudad<a -id="FNanchor_845" href="#Footnote_845" class="fnanchor">[845]</a>. -Encontrábaseles por todas partes<a id="FNanchor_846" -href="#Footnote_846" class="fnanchor">[846]</a> y podia decirse -de ellos como de los griegos, que vencidos, habian impuesto sus -leyes á los vencedores<a id="FNanchor_847" href="#Footnote_847" -class="fnanchor">[847]</a>.</p> - -<p>Las disposiciones de las poblaciones indígenas hácia estos -extranjeros eran muy diversas. Por una parte el sentimiento de -repulsion y antipatía que producian los judíos por su espíritu de -aislamiento constante, por<span class="pagenum" id="Page_296">p. -296</span> su carácter rencoroso, y por sus hábitos insociables, -se manifestaban de una manera decisiva donde eran más numerosos y -estaban más organizados<a id="FNanchor_848" href="#Footnote_848" -class="fnanchor">[848]</a>. Cuando libres, eran realmente séres -privilegiados porque gozaban de ciertos beneficios de la sociedad, -sin sufrir sus gravámenes<a id="FNanchor_849" href="#Footnote_849" -class="fnanchor">[849]</a>. Algunos charlatanes explotaban el -sentimiento de curiosidad que inspiraba su culto, y bajo el pretexto -de explicar sus secretos cometian toda clase de pillerías<a -id="FNanchor_850" href="#Footnote_850" class="fnanchor">[850]</a>. -Algunos folletos violentos y satíricos, como el de Apion, de los -cuales los escritores profanos han dado frecuentemente reseñas<a -id="FNanchor_851" href="#Footnote_851" class="fnanchor">[851]</a>, -circulaban sirviendo de alimento para excitar la cólera del público -pagano. Los judíos parecen haber sido en general séres mezquinos, que -de todo se quejaban. Veíase en ellos á una sociedad secreta, mal -intencionada para el resto de los hombres, cuyos miembros se vendian -á cualquier precio en detrimento de los otros<a id="FNanchor_852" -href="#Footnote_852" class="fnanchor">[852]</a>. Sus costumbres, su -aversion á ciertos alimentos, su dejadez, su falta de distincion, -el mal olor que exhalaban<a id="FNanchor_853" href="#Footnote_853" -class="fnanchor">[853]</a>, sus escrúpulos religiosos, sus -minuciosidades en la observancia del sábado, se consideraban como -ridicule<span class="pagenum" id="Page_297">p. 297</span>ces<a -id="FNanchor_854" href="#Footnote_854" class="fnanchor">[854]</a>. Una -vez introducido en la sociedad, el judío por una consecuencia natural, -no tenia cuidado alguno en parecer fino. Por eso se les encontraba -por todas partes con sus trajes sucios, aire tosco, andar fatigado, -cara pálida, ojos enfermizos<a id="FNanchor_855" href="#Footnote_855" -class="fnanchor">[855]</a>, y cierta expresion de beatitud, formando -sus mujeres grupo á parte, con sus hijas, sus paquetes de mercancías -y sus canastos que constituian todo su mobiliario<a id="FNanchor_856" -href="#Footnote_856" class="fnanchor">[856]</a>. En las poblaciones -ejercian los tráficos más despreciables: mendigos,<a id="FNanchor_857" -href="#Footnote_857" class="fnanchor">[857]</a> ropavejeros, ó -vendedores de fósforos<a id="FNanchor_858" href="#Footnote_858" -class="fnanchor">[858]</a>. Despreciábase injustamente su ley y su -historia. Tan pronto se les creia supersticiosos<a id="FNanchor_859" -href="#Footnote_859" class="fnanchor">[859]</a>, y crueles<a -id="FNanchor_860" href="#Footnote_860" class="fnanchor">[860]</a>; -como ateos, ó contentadores de los dioses<a id="FNanchor_861" -href="#Footnote_861" class="fnanchor">[861]</a>. Su aversion hácia las -imágenes era una prueba de su impiedad. La circuncision sobre todo -ofrecia asunto para las interminables burlas que se les dirigian<a -id="FNanchor_862" href="#Footnote_862" class="fnanchor">[862]</a>.</p> - -<p>Pero estos juicios superficiales no eran los de to<span -class="pagenum" id="Page_298">p. 298</span>dos; los judíos -tenian tantos amigos como detractores; su formalidad, sus buenas -costumbres, la sencillez de su culto gustaban á mucha gente. Veíase -en ellos algo de superior. Organizábase una vasta propaganda -monoteista y mosaica<a id="FNanchor_863" href="#Footnote_863" -class="fnanchor">[863]</a>; y una especie de torbellino poderoso -se iba formando al rededor de aquel pequeño pueblo. El pobre -judío de Trastévere<a id="FNanchor_864" href="#Footnote_864" -class="fnanchor">[864]</a>, que salia por la mañana con sus mercancías, -entraba con frecuencia por la noche enriquecido con las limosnas -procedentes de manos piadosas<a id="FNanchor_865" href="#Footnote_865" -class="fnanchor">[865]</a>. Sobre todo las mujeres iban en grupos á -buscar á estos misioneros<a id="FNanchor_866" href="#Footnote_866" -class="fnanchor">[866]</a>. Juvenal<a id="FNanchor_867" -href="#Footnote_867" class="fnanchor">[867]</a> califica de vicio la -inclinacion de las damas de aquella época hácia la religion judía y -las critica por esto. Las que se habian convertido aseguraban que -eran completamente felices<a id="FNanchor_868" href="#Footnote_868" -class="fnanchor">[868]</a> pero el antiguo espíritu helénico y romano -resistia enérgicamente; el desprecio y el ódio hácia los judíos se -revela en todos los hombres ilustrados tales como Ciceron, Horacio, -Séneca, Juvenal, Tácito, Quintiliano y Suetonio<a id="FNanchor_869" -href="#Footnote_869" class="fnanchor">[869]</a>. Por el contrario, -aquella enorme masa de poblaciones mezcladas que el imperio habia -sometido, á las cuales era extraño el espíritu romano y la sabiduría -helénica, corrian en tropel hácia una sociedad en que encontraban -ejemplos interesan<span class="pagenum" id="Page_299">p. 299</span>tes -de concordia, de caridad, de socorros mútuos<a id="FNanchor_870" -href="#Footnote_870" class="fnanchor">[870]</a>, de simpatía, -de aficion al trabajo<a id="FNanchor_871" href="#Footnote_871" -class="fnanchor">[871]</a> y de altiva pobreza. La mendicidad, que fué -más tarde enteramente cristiana, era entonces completamente judía. -El mendigo de profesion, <i>formado por su madre</i>, se presentaba -á la imaginacion de los poetas de aquel tiempo como un judío<a -id="FNanchor_872" href="#Footnote_872" class="fnanchor">[872]</a>.</p> - -<p>La exencion de ciertas cargas civiles y en particular de la -milicia hacia en cierto modo envidiable la suerte de los judíos<a -id="FNanchor_873" href="#Footnote_873" class="fnanchor">[873]</a>. -El Estado entonces pedia muchos sacrificios y daba pocas alegrías -morales; todo estaba frio y desanimado y la vida tan triste en el seno -del paganismo, adquiria todo su encanto en la tibia atmósfera de la -sinagoga y de la iglesia. Allí, sin embargo, no se encontraba libertad -puesto que los correligionarios se espiaban sin cesar los unos á los -otros; pero aunque la vida interior de estas pequeñas comunidades -fuese muy agitada, se gozaba infinitamente: nadie las abandonaba y -no habia apóstatas. El pobre estaba contento en ellas; miraba sin -envidia la riqueza y con la tranquilidad de una buena conciencia<a -id="FNanchor_874" href="#Footnote_874" class="fnanchor">[874]</a>. -El sentimiento verdaderamente democrático de la locura mundana, de -la vanidad de las riquezas y de las grandezas profanas, expresábase -allí claramente. Se ha comprendido poco el mundo pagano y se le -ha juzgado con demasiada severidad; la civilizacion romana se ha -presentado como foco de todas las inmoralidades y de vicios<span -class="pagenum" id="Page_300">p. 300</span> odiosos<a id="FNanchor_875" -href="#Footnote_875" class="fnanchor">[875]</a>, de la misma manera que -un obrero de nuestros tiempos, imbuido en las doctrinas socialistas, se -representa á los <i>aristócratas</i> bajo los más negros colores. Pero -allí habia animacion, alegría é interés, como sucede hoy dia en las -más pobres sinagogas de Polonia y de Galitzia. La falta de elegancia y -delicadeza en las costumbres se compensaba por un agradable espíritu -de familia y de honradez patriarcal. En la sociedad elevada, por el -contrario, el egoismo y el aislamiento de las almas habian dado su -último fruto.</p> - -<p>La parábola de Zacarías<a id="FNanchor_876" href="#Footnote_876" -class="fnanchor">[876]</a> se realizaba: el mundo iba á cogerse de -los vestidos de los judíos para decirles: «Llevadnos á Jerusalem.» No -habia poblacion grande donde no se celebrara el sábado, el ayuno y las -demás ceremonias del judaismo<a id="FNanchor_877" href="#Footnote_877" -class="fnanchor">[877]</a>. Josefo<a id="FNanchor_878" -href="#Footnote_878" class="fnanchor">[878]</a> se atreve á invitar -á los que duden á que consideren el estado de su patria y hasta su -propia casa, y vean si no se encuentra en ellas la confirmacion de -lo que dice. La presencia en Roma y cerca del emperador de varios -miembros de la familia de los Herodes, los cuales practicaban su culto -delante de todo el mundo<a id="FNanchor_879" href="#Footnote_879" -class="fnanchor">[879]</a>, contribuia mucho á esta publicidad. El -sábado, se imponia como una necesidad á las clases menesterosas en -los barrios donde habia judíos. Su obstinada resistencia en no<span -class="pagenum" id="Page_301">p. 301</span> abrir las tiendas en -semejante dia obligaba á los vecinos á modificar sus costumbres, y á -esto se debe sin duda que en Salónica se observe el sábado aún en la -actualidad, tanto más cuanto que la poblacion judía es allí demasiado -numerosa y rica para dejar de imponer la ley y regular el dia del -descanso cerrando sus despachos.</p> - -<p>Así como el judío, á quien con frecuencia acompañaba, el sirio era -un instrumento activo de la conquista del Occidente por el Oriente<a -id="FNanchor_880" href="#Footnote_880" class="fnanchor">[880]</a>; -se le confundia con frecuencia, y Ciceron creia haber encontrado -el retrato comun á entrambos, llamándoles <i>naciones nacidas -para la esclavitud</i><a id="FNanchor_881" href="#Footnote_881" -class="fnanchor">[881]</a>. Esto era lo que les aseguraba el porvenir, -ya que el porvenir era entonces de los esclavos. El carácter del sirio -se distinguia principalmente por su volubilidad, su ligereza, y el -despejo superficial de su espíritu. La naturaleza siria es como una -imágen fugitiva en las nubes del cielo; por momentos suele trazar -ciertas líneas con gracia, pero estas líneas, no llegan á formar jamás -un dibujo completo. En la sombra, á la pálida luz de una lámpara, la -mujer siria, cubierta con sus velos, con sus miradas vagas y languidez -infinita, produce alguna ilusion; pero al analizar esta belleza todo se -evapora, todo es ficticio.</p> - -<p>Lo único que la raza siria tiene de agradable, es el niño de cinco -ó seis años; en la raza griega, por el contrario, el niño es inferior -al jóven adulto, y éste in<span class="pagenum" id="Page_302">p. -302</span>ferior al anciano<a id="FNanchor_882" href="#Footnote_882" -class="fnanchor">[882]</a>. La inteligencia siria halaga por su -prontitud y ligereza; pero le falta fijeza, solidez; es como ese -<i>vino de oro</i> del Líbano, que causa un transporte agradable pero -del cual nos cansamos pronto. Los verdaderos dones de Dios deben -tener algo á la vez de delicados y de fuertes, de embriagadores y de -durables. La Grecia es hoy más apreciada que nunca y lo será cada dia -más y más.</p> - -<p>Muchos emigrados sirios á quienes el deseo de hacer fortuna -llevaba al Occidente estaban más ó menos unidos al judaismo, y los -que no, permanecian fieles al culto de su ciudad<a id="FNanchor_883" -href="#Footnote_883" class="fnanchor">[883]</a>, es decir, al recuerdo -de algun templo dedicado á un <i>Júpiter</i> local<a id="FNanchor_884" -href="#Footnote_884" class="fnanchor">[884]</a>, que era generalmente -su Dios supremo, á quien daban algun título particular<a -id="FNanchor_885" href="#Footnote_885" class="fnanchor">[885]</a>. Esto -era en el fondo una especie de monoteismo que los sirios encubrian con -el culto de sus extraños dioses.</p> - -<p>Comparados con las personalidades divinas completamente distintas -entre sí que ofrecia el politeismo griego y romano, los dioses -de que se trata, en su mayor parte sinónimos del Sol, eran casi -hermanos del Dios único<a id="FNanchor_886" href="#Footnote_886" -class="fnanchor">[886]</a>. Semejantes á ciertas melopeas enervan<span -class="pagenum" id="Page_303">p. 303</span>tes, los cultos sirios -podian parecer menos áridos, más expresivos que el culto griego, y las -mujeres de Siria la observaban con cierta exaltacion y voluptuosidad. -Estas mujeres fueron en todo tiempo séres extraños que fluctuaban -entre el demonio y Dios, entre la santa y poseida; la santa de -virtudes severas, de heróicos sacrificios y de firme resolucion, -pertenece á otras razas y otros climas; la santa de imaginacion -ardiente, de arrebatos absolutos y de súbitos amores, es la santa -de Siria. La poseida de nuestra edad media es la esclava de Satanás -por su humillacion ó sus pecados; la poseida de Siria es la loca por -idealismo, la mujer que se siente herida en sus sentimientos, que se -venga con frenesí ó se encierra en el mutismo<a id="FNanchor_887" -href="#Footnote_887" class="fnanchor">[887]</a> que no espera para -curarse más que una palabra dulce ó una dulce mirada. Trasportadas al -mundo occidental, estas Sirias adquirian influencia, algunas veces -por malas artes de mujer, y otras por cierta superioridad moral y una -verdadera disposicion. Esto se vió ciento cincuenta años despues, -cuando los personajes más importantes de Roma se casaron con Sirias, -las cuales tomaron un gran ascendiente en los asuntos públicos. -La mujer musulmana de nuestros dias, especie de comadre chillona, -estúpidamente fanática, que no existiendo sino para el mal, es incapaz -de virtud alguna, no debe hacernos olvidar á las Julia Domna, á las -Julia Mæsa, Julia Mamæa y Julia Soemia, que introdujeron en Roma, en -punto á religion, una toleran<span class="pagenum" id="Page_304">p. -304</span>cia y unas tendencias místicas desconocidas hasta entonces. -Lo más notable es, que la dinastía siria se mostró favorable al -cristianismo, y que Mameo, y más tarde el emperador Felipe el Árabe<a -id="FNanchor_888" href="#Footnote_888" class="fnanchor">[888]</a>, -se consideraron como cristianos. En los siglos <span -class="asc">III</span> y <span class="asc">IV</span>, el cristianismo -fué por excelencia la religion de Siria; despues de Palestina, Siria -fué la que tuvo más parte en la fundacion de aquel.</p> - -<p>En Roma sobre todo, y durante el primer siglo, fué donde el -sirio comenzó á desplegar su infatigable actividad: dedicado á los -más humildes oficios, tales como lacayo, mozo de cuerda, cochero -etc., el <i>Syrus</i><a id="FNanchor_889" href="#Footnote_889" -class="fnanchor">[889]</a> entraba por todas partes, introduciendo -consigo la lengua y las costumbres de su país<a id="FNanchor_890" -href="#Footnote_890" class="fnanchor">[890]</a>. No tenia la altivez -ni los conocimientos filosóficos de los Europeos, y mucho menos su -vigor, pues débil de cuerpo, pálido, atacado con frecuencia por la -fiebre, sin observar método en las horas de comer y dormir, como -hacen nuestras robustas razas, alimentándose solo de cebollas y -otros vegetales, y dedicando muy pocas horas al sueño, el Sirio -moria jóven y estaba generalmente enfermo<a id="FNanchor_891" -href="#Footnote_891" class="fnanchor">[891]</a>. Sus cualidades -dominantes eran la humildad, la dulzura, la afabilidad, poca solidez -de espíritu y no muy buen sentido, excepto cuando se trataba de sus -negocios; pero en cambio era muy ardiente, aunque algo afe<span -class="pagenum" id="Page_305">p. 305</span>minado. Como el Sirio no -ha tomado nunca parte en la vida política, tiene una aptitud especial -para todos los asuntos religiosos, y bien puede decirse que ese -pobre Maronita, afeminado, humilde y andrajoso, ha llevado á cabo -la más grande de las revoluciones. Su antecesor, el <i>Syrus</i> -de Roma, fué el que mostró más celo para llevar la buena nueva á -los afligidos; todos los años iban á Grecia, á Italia y á la Galia, -colonias enteras de estos Sirios impulsados por su aficion natural -á los pequeños negocios<a id="FNanchor_892" href="#Footnote_892" -class="fnanchor">[892]</a>, y era fácil reconocerles en los buques -por sus numerosas familias, que siempre les seguian, siendo de notar -en aquellas, sus hermosos niños, sus jóvenes madres, de aspecto -infantil, siempre risueñas y sumisas al lado de sus esposos<a -id="FNanchor_893" href="#Footnote_893" class="fnanchor">[893]</a>. -Las cabezas que se destacan en estos tranquilos cuadros de familia, -son poco acentuadas, no pueden compararse con las de Arquímedes, de -Platon, ó de Fidias; pero en cambio, el mercader Sirio al llegar -á Roma, es un hombre bueno y misericordioso, caritativo con sus -compatriotas y amante de los pobres; habla con los esclavos y les -indica un asilo donde estos infelices, reducidos por la dureza de los -Romanos al más desconsolador aislamiento, puedan encontrar alivio -y consuelo. Las razas griegas y latinas, razas de señores, que han -nacido para lo grande, no saben sacar partido de tan humilde posi<span -class="pagenum" id="Page_306">p. 306</span>cion<a id="FNanchor_894" -href="#Footnote_894" class="fnanchor">[894]</a>; el esclavo de estas -razas pasaba su vida en la insubordinacion y el deseo de hacer mal; el -esclavo ideal de la antigüedad tiene todos los defectos imaginables; -es goloso, embustero, malo y enemigo natural de su dueño,<a -id="FNanchor_895" href="#Footnote_895" class="fnanchor">[895]</a> y -con esto, probaba en cierto modo su nobleza, protestando contra una -ley opuesta á la naturaleza. El buen Sirio no protestaba; aceptaba -su ignominia, y á fin de sacar el mejor partido posible, captábase -la buena voluntad de su amo, se atrevia á hablarle y procuraba -complacer á su señora. Este gran agente de la democracia iba así -deshaciendo malla por malla la red de la civilizacion antigua; las -viejas sociedades, fundadas sobre el desprecio, sobre la desigualdad -de las razas, sobre el valor militar, estaban perdidas para siempre. -La debilidad y la humillacion, van á ser una ventaja para el -perfeccionamiento de la virtud<a id="FNanchor_896" href="#Footnote_896" -class="fnanchor">[896]</a>; la nobleza romana y la sabiduría griega, -lucharán aún tres siglos; á Tácito le parecerá bien deportar á -millares de esos infelices; <i>si interissent, vile damnum</i><a -id="FNanchor_897" href="#Footnote_897" class="fnanchor">[897]</a>! y -la aristocracia romana se irritará, llevando á mal tengan sus dioses -y sus instituciones. Está sin embargo escrito de antemano quién ha de -alcanzar la victoria; será el Sirio, el pobre hombre que ama á sus -semejantes, que comparte con ellos lo que tiene y que se asocia con -ellos; la aristocracia romana tiene que perecer por su impiedad.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_307">p. 307</span>Para explicarnos -la revolucion que va á realizarse, es necesario darnos cuenta del -estado político, social, moral, intelectual y religioso del país -donde el proselitismo judío habia abierto surcos que debia cubrir la -predicacion cristiana. Espero que este estudio demostrará evidentemente -que la conversion del mundo á las ideas judías y cristianas, era -inevitable, y que no es de extrañar más que una cosa: que esa -conversion se haya verificado con tanta lentitud y tan tarde.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_17"> - <p><span class="pagenum" id="Page_308">p. 308</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XVII.</h2> - <p class="subh2">Estado del mundo hácia mediados del primer siglo.</p> -</div> - -<div class="sidenote">Año 45</div> - -<p>El estado político del mundo era de los más tristes: toda la -autoridad se hallaba concentrada en Roma y en las legiones, y allí -tenian lugar las escenas más vergonzosas y degradantes que puedan -imaginarse. La aristocracia romana que habia conquistado el mundo y -que al fin se quedó sola al frente de los negocios públicos bajo los -Césares, se entregaba á una saturnal de crímenes, la más desenfrenada -que pueda recordar el género humano. César y Augusto comprendieron -perfectamente al establecer el principado las necesidades de su época; -el mundo era tan mezquino bajo el punto de vista político, que no -era posible ningun otro gobierno, y desde que Roma habia conquistado -provincias sin número, la antigua constitucion fundada sobre el -privilegio de familias patricias, especie de <i>tories</i> obstinados y -malévolos, no podia subsistir<a id="FNanchor_898" href="#Footnote_898" -class="fnanchor">[898]</a>. Pe<span class="pagenum" id="Page_309">p. -309</span>ro Augusto habia faltado á todos los deberes del verdadero -político, confiando el porvenir á la casualidad. Sin reglas fijas de -adopcion, sin ley electoral, sin límites constitucionales, el cesarismo -era como un peso colosal en el puente de un navío sin lastre. Hacíanse -inevitables las más terribles sacudidas: tres veces en un siglo, bajo -Calígula, Neron y Domiciano, recayó en manos de hombres execrables y -extravagantes el más grande poder que haya existido jamás, y de ahí la -série de horrores que casi excedieron á los cometidos por los mónstruos -de las dinastías mongolas.</p> - -<p>Entre esos fatales soberanos, se vé uno reducido casi á dispensar -un Tiberio, que no fué completamente malo sino hácia el fin de su -vida, y á un Claudio, que solo fué extravagante y se dejó guiar de -malos consejos: Roma llegó á ser una escuela de corrupcion y crueldad, -mas es preciso añadir que el mal venia sobre todo de Oriente, de esos -cortesanos de baja estofa, de esos hombres infames que el Egipto y -la Siria enviaban á Roma<a id="FNanchor_899" href="#Footnote_899" -class="fnanchor">[899]</a>, donde aprovechándose de la opresion que -ejercian los verdaderos romanos, creíanse todos poderosos al lado de -los bribones que gobernaban. Las más extravagantes ignominias del -imperio, tales como la apoteosis del emperador y su divinizacion -cuando aún vivia, procedian del Oriente y sobre todo de Egipto, -que era entonces uno de los países más corrompidos del Universo<a -id="FNanchor_900" href="#Footnote_900" class="fnanchor">[900]</a>.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_310">p. 310</span>En efecto el -verdadero espíritu romano dominaba aún: la nobleza romana estaba muy -lejos de extinguirse; el orgullo y la virtud se conservaban todavía -en algunas familias que subieron al poder con Nerva, contribuyendo al -esplendor del siglo del que Tácito ha sido tan elocuente intérprete. -No se debia desesperar de una época en que iban á producirse -hombres tan rectos como Quintiliano, Plinio el Jóven, y Tácito; el -desbordamiento de la superficie no alcanzó al gran fondo de honradez -de la buena sociedad romana; algunas familias ofrecian aún ejemplos de -abnegacion, de órden de concordia y sólida virtud, y aún se encontraban -admirables esposas y hermanas<a id="FNanchor_901" href="#Footnote_901" -class="fnanchor">[901]</a>. ¿Puede darse caso más sublime que el de -aquella jóven y casta Octavia, hija de Claudia, esposa de Neron, que -conservándose pura al través de todas infamias, fué muerta á los -veinte y dos años sin haber experimentado jamás un momento de alegría? -Las mujeres calificadas en las inscripciones de <i>castissimæ</i>, -<i>univiræ</i> no son raras<a id="FNanchor_902" href="#Footnote_902" -class="fnanchor">[902]</a>:<span class="pagenum" id="Page_311">p. -311</span> muchas esposas acompañaron á sus maridos al destierro<a -id="FNanchor_903" href="#Footnote_903" class="fnanchor">[903]</a>; -otras compartieron su noble muerte<a id="FNanchor_904" -href="#Footnote_904" class="fnanchor">[904]</a>; conservábase la -antigua sencillez romana; era esmerada la educacion de los hijos, -y las más nobles mujeres trabajaban en toda clase de labores<a -id="FNanchor_905" href="#Footnote_905" class="fnanchor">[905]</a>. -Los cuidados del tocador eran casi desconocidos en algunas familias<a -id="FNanchor_906" href="#Footnote_906" class="fnanchor">[906]</a>.</p> - -<p>Los excelentes hombres de Estado, que por decirlo así, salieron de -la tierra en tiempo de Trajano, no se improvisaron, habian servido -en los reinados anteriores, solo que tuvieron poca influencia para -ponerse en pugna con los favoritos del emperador. Tambien bajo Neron -ocuparon los más elevados cargos hombres de gran valía, pero con -aquellos malos emperadores no era dable cambiar la marcha general de -los negocios ni los principios del Estado. El imperio no obstante lejos -de haber entrado en el período de la decadencia, ostentábase en toda -la fuerza de la más robusta juventud; la decadencia no debia venir -hasta doscientos años más tarde, y ¡cosa extraña! con soberanos mucho -mejores. Bajo el punto de vista político, la situacion era análoga -á la de Francia, que careciendo desde la Revolucion de una regla -constantemente seguida en la sucesion de los poderes, puede atravesar -críticos períodos sin que su organizacion interior y su fuerza nacional -se resientan demasiado.<span class="pagenum" id="Page_312">p. -312</span> Bajo el punto de vista moral, se puede comparar el tiempo -de que hablamos con el siglo <span class="asc">XVIII</span>, época -que se creeria del todo corrompida si se la juzgase por las memorias, -la literatura manuscrita y las colecciones de anécdotas, y en que -sin embargo ciertas familias son tan austeras en sus costumbres<a -id="FNanchor_907" href="#Footnote_907" class="fnanchor">[907]</a>.</p> - -<p>La filosofía haciendo alianza con las familias romanas más honradas -se resistia noblemente; la escuela estóica producia personajes notables -como Cremucio Cordo, Trásea, Arria, Helvidio Prisco, Anneo Cornuto y -Musonio Rufo, maestros admirables de aristocrática virtud. La rigidez -y exageraciones de aquella escuela provenian de la horrible crueldad -del gobierno de los Césares; el sentimiento perpétuo del hombre de -bien era endurecerse en los suplicios y prepararse á la muerte<a -id="FNanchor_908" href="#Footnote_908" class="fnanchor">[908]</a>. -Lucano, con mal gusto, Persio, con un talento superior, expresaban los -más altos sentimientos de un alma grande; Séneca el Filósofo, Plinio -el Viejo y Papirio Fabiano, eran modelo de ciencia y filosofía. Habia -hombres sabios, pero con frecuencia no les quedaba más recurso que -morir; los miembros más innobles de la humanidad dominaban á veces -la situacion; el vértigo de la crueldad más refinada se desbordaba -en ciertas ocasiones, convirtiendo á Roma en un verdadero infierno<a -id="FNanchor_909" href="#Footnote_909" class="fnanchor">[909]</a>.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_313">p. 313</span>Aquel gobierno, -tan notablemente desigual en Roma, era mucho mejor en las provincias -donde se notaban poco las sacudidas que conmovian la capital. Á pesar -de sus defectos, la administracion romana valia más que las monarquías -y las repúblicas suprimidas por la conquista; la época de las -municipalidades soberanas habia pasado hacia siglos, pues los pequeños -Estados fueron destruyéndose á sí mismos por su egoismo, su ignorancia -y su envidia. La antigua vida griega, reducida á continuas luchas, -no satisfacia ya á nadie, pues si bien fué en un tiempo deliciosa, -aquel brillante olimpo formado de una democracia de semidioses, habia -perdido su frescura y lozanía convirtiéndose en un conjunto seco, -insignificante, vano y superficial. Esto es lo que constituyó la -legitimidad de la dominacion macedoniana y luego de la administracion -romana: el imperio no conocia los efectos de la centralizacion, y hasta -el tiempo de Diocleciano dejó á las provincias y á las ciudades mucha -libertad. En Palestina, en Siria, en el Asia Menor, en la pequeña -Armenia y en la Tracia, existian bajo la proteccion de Roma reinos -casi independientes que no fueron un peligro desde Calígula, sino -porque no se tuvo cuidado de observar con ellos las reglas trazadas -por la grande y profunda política de Augusto<a id="FNanchor_910" -href="#Footnote_910" class="fnanchor">[910]</a>. Las ciudades libres, -que eran muy numerosas, se gobernaban segun sus leyes, disponiendo -del poder legislativo y de todas las magistraturas de un Estado -autónomo, y hasta el siglo<span class="pagenum" id="Page_314">p. -314</span> tercero los decretos municipales se expedian con la -siguiente fórmula: <i>El senado y el pueblo</i><a id="FNanchor_911" -href="#Footnote_911" class="fnanchor">[911]</a>. Los teatros no -servian solo para recrearse en la escena, sino que eran focos de -política y de movimiento; la mayor parte de las ciudades podian -considerarse por varios conceptos como pequeñas repúblicas, y no habian -perdido sino el derecho de declararse la guerra,<a id="FNanchor_912" -href="#Footnote_912" class="fnanchor">[912]</a> derecho funesto que -habia convertido el mundo en un campo de batalla. Los beneficios -del pueblo romano hácia la humanidad, constituian el tema de -aduladoras declamaciones que no carecian sin embargo de sinceridad<a -id="FNanchor_913" href="#Footnote_913" class="fnanchor">[913]</a>. -El culto de la «paz romana»<a id="FNanchor_914" href="#Footnote_914" -class="fnanchor">[914]</a>, la idea de una gran democracia, -organizada bajo la tutela de Roma, constituian el fondo de -todos los pensamientos<a id="FNanchor_915" href="#Footnote_915" -class="fnanchor">[915]</a> y discusiones, y un orador griego desplegó -una vasta erudicion para probar que la gloria de Roma, debia ser -acogida por todas las ramas de la raza Helénica, como una especie -de patrimonio comun<a id="FNanchor_916" href="#Footnote_916" -class="fnanchor">[916]</a>. Por lo que hace á la Siria, al Asia Menor -y al Egipto, puede decirse que la conquista romana no destruyó su -libertad, porque estos países estaban muertos hacia mucho tiempo para -la vida política ó no la habian conocido nunca.</p> - -<p>En suma, á pesar de las exacciones de los gobernadores, y las -violencias inseparables de un gobierno ab<span class="pagenum" -id="Page_315">p. 315</span>soluto, el mundo no habia sido nunca tan -feliz como hasta entonces bajo muchos conceptos. Era tan ventajosa una -administracion que procediese de un centro lejano, que aun las rapiñas -de los pretores de los últimos tiempos de la república no bastaron para -hacerla odiosa.</p> - -<p>Por otra parte, la ley <i>Julia</i>, habia limitado mucho los abusos -y las concusiones; las locuras ó crueldades del emperador, exceptuando -á Neron, no contagiaron sino á la aristocracia romana y á la camarilla -del príncipe, y jamás vivieron más á gusto los hombres que no querian -ocuparse de la política. Las repúblicas de la antigüedad, en que cada -uno se veia obligado á ocuparse de las disensiones de los partidos<a -id="FNanchor_917" href="#Footnote_917" class="fnanchor">[917]</a>, no -eran nada convenientes para la vida tranquila, pues á cada momento -se encontraba uno comprometido ó proscripto; pero la época de que -vamos hablando era la más á propósito para el proselitismo ó las -rivalidades de la dinastía. Los atentados contra la libertad provenian -de un resto de independencia en las provincias, más bien que de -la administracion romana<a id="FNanchor_918" href="#Footnote_918" -class="fnanchor">[918]</a>. Ya hemos tenido y tendremos aún ocasion de -demostrar esto en nuestra historia.</p> - -<p>En aquellos países donde no existian hacia siglos las necesidades -políticas y que solo se veian privadas del derecho de desgarrarse -en continuas guerras, el imperio fué una era de prosperidad -y bienestar como ja<span class="pagenum" id="Page_316">p. -316</span>más se ha conocido<a id="FNanchor_919" href="#Footnote_919" -class="fnanchor">[919]</a>, y aun puede decirse de libertad. Por una -parte, llegó á ser posible la libertad del comercio y de la industria, -de que no tenian idea las repúblicas griegas; por otra, la libertad -del pensamiento se estableció bajo un nuevo régimen; libertad que -puede aplicar mejor un rey ó un príncipe, que no la gente ignorante -y envidiosa, y que no tuvieron las antiguas repúblicas. Los griegos -hicieron sin esto grandes cosas merced á su incomparable genio, pero -no debe olvidarse que Atenas tenia su inquisicion<a id="FNanchor_920" -href="#Footnote_920" class="fnanchor">[920]</a>. El inquisidor era -el arconte-rey; el santo oficio el pórtico real, de donde salian las -acusaciones de «impiedad,» por cierto muy numerosas. No solo los -delitos filosóficos, tales como negar á Dios ó á la Providencia, -sino tambien los más insignificantes atentados contra los cultos, -la predicacion de las religiones extranjeras y las más pueriles -infracciones contra la escrupulosa legislacion de los misterios, eran -crímenes que llevaban consigo la muerte. Los dioses que Aristófanes -ridiculizaba en la escena, mataban algunas veces, y la prueba es -que quitaron la vida á Sócrates y que Alcibiades estuvo á punto de -perder la suya. Anaxágoras, Protágoras, Teodoro el Ateo, Diágoras -de Melos, Pródico de Céos, Estilpon, Aristóteles, Theophrasto, -Aspasia y Eurípides<a id="FNanchor_921" href="#Footnote_921" -class="fnanchor">[921]</a>, se vieron tambien perseguidos. La -libertad de pensar fué en suma el fruto de las soberanías salidas -de la con<span class="pagenum" id="Page_317">p. 317</span>quista -macedoniana; los Atales y Ptolomeos fueron los primeros que facilitaron -á los hombres pensadores las ventajas que nunca les ofrecieran las -antiguas repúblicas; el imperio romano seguia la misma tradicion; -y si es cierto que bajo él se cometió contra los filósofos más de -un acto arbitrario, esto era debido á que se ocupaban de política<a -id="FNanchor_922" href="#Footnote_922" class="fnanchor">[922]</a>. -Inútilmente se buscaria en la coleccion de las leyes romanas -anteriores á Constantino, un texto contra la libertad de pensar; y -en la historia de los emperadores, un proceso de doctrina abstracta; -no se molestó á ningun sabio, y hombres que la edad media hubiese -quemado, tales como Galeno, Luciano y Plotino, vivieron tranquilos -protegidos por la ley. El imperio inauguró tal período de libertad -en este sentido, que destruyó la soberanía absoluta de la familia, -de la sociedad y de la tribu, reemplazando todas estas con la del -Estado. Ahora bien, un poder absoluto es tanto más vejatorio cuanto -que se ejerce en un círculo más limitado; las repúblicas antiguas y -el feudalismo, tiranizaron al individuo mucho más que el Estado, y si -bien es cierto que el imperio romano persiguió sin tregua en ciertas -épocas al cristianismo<a id="FNanchor_923" href="#Footnote_923" -class="fnanchor">[923]</a>, al menos no le contuvo en su carrera, -lo cual no hubiera sucedido seguramente con las repúblicas. Á no -ser por la opresion de la autoridad romana, el judaismo hubiera -bastado para ahogarle; los magistrados romanos<a id="FNanchor_924" -href="#Footnote_924" class="fnanchor">[924]</a> fueron<span -class="pagenum" id="Page_318">p. 318</span> los que impidieron á los -fariseos matar al cristianismo.</p> - -<p>Elevadas ideas de fraternidad universal, hijas en su mayor -parte del estoicismo<a id="FNanchor_925" href="#Footnote_925" -class="fnanchor">[925]</a>, y una especie de sentimiento humanitario, -eran el fruto del régimen menos limitado y de la educacion menos -exclusiva á que se sometia al individuo<a id="FNanchor_926" -href="#Footnote_926" class="fnanchor">[926]</a>. Soñábase con una -nueva era y nuevos mundos<a id="FNanchor_927" href="#Footnote_927" -class="fnanchor">[927]</a>: la riqueza pública era grande y á pesar de -la imperfeccion de las doctrinas económicas de la época, habia poca -miseria; las costumbres no eran lo que se cree con frecuencia, si bien -es cierto que en Roma reinaba el vicio con un cinismo repugnante<a -id="FNanchor_928" href="#Footnote_928" class="fnanchor">[928]</a>, -siendo principalmente los espectáculos un foco de espantosa -corrupcion. Ciertos países como el Egipto habian descendido tambien -al último grado de abyeccion; pero hallábase en la mayor parte de -las provincias una clase media, modelo de bondad, de fé conyugal, de -virtud doméstica y de honradez<a id="FNanchor_929" href="#Footnote_929" -class="fnanchor">[929]</a>. ¿Existe en alguna parte un ideal -de la vida de familia, <span class="pagenum" id="Page_319">p. -319</span>más encantador que el que Plutarco nos ha dejado? ¡Qué buena -fé, qué dulzura de costumbres, qué castidad y amable sencillez<a -id="FNanchor_930" href="#Footnote_930" class="fnanchor">[930]</a>! -Queronea no era seguramente el único punto donde fuese tan ejemplar é -inocente la vida.</p> - -<p>Por lo demás, las costumbres, aun fuera de Roma, tenian algo de -crueles, ya por efecto de las costumbres antiguas tan sanguinarias en -todas partes, ó bien por la influencia especial de la dureza romana; -pero ya se iba progresando en este punto. ¿Qué sentimiento dulce y -puro, qué impresion de melancólica ternura no hallaron bajo la pluma de -Virgilio ó de Tíbulo su expresion más delicada? El mundo iba perdiendo -su dureza y su primitivo rigor, adquiriendo en cambio sensibilidad -y buenos sentimientos; las máximas humanitarias se propagaban<a -id="FNanchor_931" href="#Footnote_931" class="fnanchor">[931]</a> por -todas partes; el estoicismo<a id="FNanchor_932" href="#Footnote_932" -class="fnanchor">[932]</a> predicaba por do quiera la igualdad, y la -idea abstracta de los derechos del hombre; la mujer, gracias al sistema -dotal del derecho romano, iba siendo cada vez más dueña de sí misma, y -los preceptos acerca del modo de tratar á los esclavos se elevaban<a -id="FNanchor_933" href="#Footnote_933" class="fnanchor">[933]</a>. -Séneca comia con los suyos<a id="FNanchor_934" href="#Footnote_934" -class="fnanchor">[934]</a>; el esclavo no es ya ese sér grotes<span -class="pagenum" id="Page_320">p. 320</span>co y malo que la -comedia latina introduce para excitar la risa, y que Caton -recomienda sea tratado como una bestia de carga<a id="FNanchor_935" -href="#Footnote_935" class="fnanchor">[935]</a>. Ahora los tiempos -han cambiado mucho: el esclavo es moralmente igual á su amo; se -admite que sea capaz de tener virtud, fidelidad y abnegacion, -y da pruebas de ello<a id="FNanchor_936" href="#Footnote_936" -class="fnanchor">[936]</a>; las preocupaciones sobre la nobleza de -nacimiento desaparecen<a id="FNanchor_937" href="#Footnote_937" -class="fnanchor">[937]</a>, estableciéndose leyes muy humanas -y equitativas aun en tiempos de los emperadores más malos<a -id="FNanchor_938" href="#Footnote_938" class="fnanchor">[938]</a>. -Tiberio, que era un hábil hacendista, fundó bajo excelentes bases un -establecimiento de crédito<a id="FNanchor_939" href="#Footnote_939" -class="fnanchor">[939]</a>.</p> - -<p>Neron introdujo en el sistema de los impuestos, hasta entonces -inícuo y bárbaro, perfeccionamientos que envidiaria nuestra época<a -id="FNanchor_940" href="#Footnote_940" class="fnanchor">[940]</a>; -y por último, el progreso de la legislacion era notable por más -que la pena de muerte se prodigara aún estúpidamente. El amor al -pobre, la simpatía hácia todos, y la caridad, constituian las -principales virtudes<a id="FNanchor_941" href="#Footnote_941" -class="fnanchor">[941]</a>.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_321">p. 321</span>El teatro era uno -de los escándalos más insoportables para las gentes honradas, y una -de las primeras causas que excitaron la antipatía de los judíos y de -los judaizantes de toda especie contra la civilizacion profana de la -época. Parecíales el teatro una cloaca inmunda donde se desarrollaban -todos los vicios, y en tanto que en las primeras filas se aplaudia -frenéticamente, los espectadores de las gradas no podian menos de dar -á conocer su repugnancia. En las provincias tenian lugar las luchas de -gladiadores, pero inspiraban cierta aversion, y los países helénicos -que las reprobaban, continuaron celebrando con más frecuencia los -antiguos ejercicios griegos<a id="FNanchor_942" href="#Footnote_942" -class="fnanchor">[942]</a>; los juegos sangrientos tuvieron siempre -en Oriente un carácter romano muy pronunciado<a id="FNanchor_943" -href="#Footnote_943" class="fnanchor">[943]</a>, y dícese que -habiendo querido los atenienses, por emulacion contra los corintios<a -id="FNanchor_944" href="#Footnote_944" class="fnanchor">[944]</a>, -imitar estos juegos bárbaros, levantóse un filósofo y pidió -que se derribase el altar de la Piedad<a id="FNanchor_945" -href="#Footnote_945" class="fnanchor">[945]</a>. El horror al teatro, -al estadio y al gimnasio, es decir, á los sitios públicos, y á todo lo -que constituia esencialmente una vida griega y romana, fué por estas -razones uno de los sentimientos más profundos de los cristianos, y uno -de los que produjeron consecuencias de más importancia. La civilizacion -antigua era una civilizacion<span class="pagenum" id="Page_322">p. -322</span> pública; las cosas pasaban al aire libre ante los ciudadanos -reunidos, sucedia lo contrario que en nuestras sociedades donde la vida -es privada y todo se hace de puertas adentro. El teatro habia heredado -del <i>ágora</i> y del <i>forum</i>; el anatema lanzado sobre el teatro -cayó sobre toda la sociedad; establecióse una rivalidad profunda -entre la Iglesia por una parte y los juegos públicos por la otra, y -expulsados de estos el esclavo, se refugió en el templo. No me he -sentado nunca en aquellas solitarias arenas, que son siempre los restos -mejor conservados de una ciudad antigua, sin haber visto mentalmente -la lucha de dos mundos; aquí el hombre honrado, medio cristiano, -sentado en la última grada de un teatro y tapándose el rostro para -ocultar su vergüenza é indignacion, y allí un filósofo levantándose de -pronto para echar en cara á la multitud su bajeza<a id="FNanchor_946" -href="#Footnote_946" class="fnanchor">[946]</a>. Estos ejemplos -eran raros en el primer siglo, mas no obstante, las protestas<a -id="FNanchor_947" href="#Footnote_947" class="fnanchor">[947]</a> -iban produciendo su efecto y el teatro empezaba á ser muy mal visto<a -id="FNanchor_948" href="#Footnote_948" class="fnanchor">[948]</a>.</p> - -<p>La legislacion y las reglas administrativas del imperio eran todavía -un verdadero caos: el despotismo central, las franquicias municipales -y provinciales, el capricho de los gobernadores, y las violencias -de las comunidades independientes chocaban entre sí de una<span -class="pagenum" id="Page_323">p. 323</span> manera extraña, pero la -libertad religiosa dominaba estos conflictos, si bien la perfecta -administracion unitaria que se estableció desde Trajano, habia de -ser mucho más fatal para el culto naciente que el estado irregular -desordenado y sin rigurosa política del tiempo de los Césares.</p> - -<p>Las instituciones benéficas, fundadas bajo el principio de -que el Estado tiene deberes paternales para con sus miembros, no -se desarrollaron en grande escala sino desde Nerva y Trajano<a -id="FNanchor_949" href="#Footnote_949" class="fnanchor">[949]</a>, -aun cuando se encuentran algunos vestigios de aquellas en -el siglo primero<a id="FNanchor_950" href="#Footnote_950" -class="fnanchor">[950]</a>, puesto que ya se facilitaban -socorros á los niños<a id="FNanchor_951" href="#Footnote_951" -class="fnanchor">[951]</a> y alimento á los indigentes, y se tomaban -precauciones para asegurar el abastecimiento, facilitándose tambien -bonos de pan que permitian comprar el trigo á un precio reducido<a -id="FNanchor_952" href="#Footnote_952" class="fnanchor">[952]</a>. -Todos los emperadores, sin excepcion, demostraron la mayor solicitud -en aquellas cuestiones, secundarias si se quiere, pero que en ciertas -épocas se anteponen á las demás. En la remota antigüedad, puede -decirse que el mundo no necesitaba caridad; pues siendo entonces -jóven y valiente hacíase inútil el hospital; la buena y sencilla -moral homérica, segun la que, el huésped y el mendigo vie<span -class="pagenum" id="Page_324">p. 324</span>nen de parte de Júpiter<a -id="FNanchor_953" href="#Footnote_953" class="fnanchor">[953]</a>, -es la moral de los robustos y alegres adolescentes. En su edad -clásica, la Grecia anunció las más exquisitas máximas de piedad, -de humanidad y beneficencia para que desapareciese la inquietud -social ó la melancolía<a id="FNanchor_954" href="#Footnote_954" -class="fnanchor">[954]</a>, y en aquella época el hombre disfrutaba -aún de felicidad y salud. Respecto á las instituciones de socorros -mútuos, los griegos las tuvieron mucho antes que los romanos<a -id="FNanchor_955" href="#Footnote_955" class="fnanchor">[955]</a>; -bien es verdad que de aquella cruel nobleza que ejerció durante la -república tan indigna opresion, no salió nunca ninguna disposicion -liberal ó benévola. En aquel tiempo las colosales fortunas de la -aristocracia, el lujo, las grandes aglomeraciones de hombres en ciertos -puntos, y sobre todo la dureza de corazon particular de los Romanos, -y su aversion á la piedad<a id="FNanchor_956" href="#Footnote_956" -class="fnanchor">[956]</a>, dieron orígen al «pauperismo»; y mientras -las complacencias de ciertos emperadores hácia la canalla de Roma -no hacia más que agravar el mal, los <i>tesserae frumentariae</i> -estimulaban el vicio y la ociosidad, en vez de buscar un remedio para -la miseria. En esto, como en otras muchas cosas, el Oriente tenia -sobre el mundo occidental una superioridad real y efectiva; los judíos -poseian verdaderas instituciones caritativas; parece que los templos -de Egipto habian tenido algunas veces una caja para los pobres<a -id="FNanchor_957" href="#Footnote_957" class="fnanchor">[957]</a>; -la casa de reclusos y reclusas del Se<span class="pagenum" -id="Page_325">p. 325</span>rapeo de Menfis<a id="FNanchor_958" -href="#Footnote_958" class="fnanchor">[958]</a>, era tambien en cierto -modo un establecimiento de caridad, y en fin, puede decirse que la -crísis terrible que atravesaba la capital del Imperio, se dejaba sentir -poco en los países lejanos, donde la vida era más tranquila. Roma -merecia por muchos conceptos que se la acusara de haber envenenado -la tierra, comparándola con una cortesana que habia escandalizado al -mundo con su inmoralidad<a id="FNanchor_959" href="#Footnote_959" -class="fnanchor">[959]</a>. La provincia valia más que Roma, ó más -bien, los elementos impuros que de todas partes afluian á la gran -ciudad, habíanla convertido en un foco infecto donde se ahogaban -las antiguas virtudes romanas, mientras las buenas semillas se iban -desarrollando muy lentamente.</p> - -<p>El estado intelectual de las diversas partes del Imperio era -asimismo muy poco satisfactorio: bajo este punto de vista reinaba una -verdadera decadencia. Cultivar el talento, no es tan independiente de -las circunstancias políticas como lo es cultivar la moral privada: -Marco Aurelio fué ciertamente un hombre más de bien que todos los -antiguos filósofos griegos, y sin embargo sus nociones positivas -sobre las variedades del universo son inferiores á las de Aristóteles -y Epicuro, pues cree por momentos en los Dioses, en los sueños y en -los presagios, figurándose que los primeros son personajes completos -y distintos. En la época romana, hubo en el mundo un progreso -de moralidad á la vez que un período de decadencia científica: -decadencia muy notable particularmente entre Tiberio y Nerva. El<span -class="pagenum" id="Page_326">p. 326</span> genio griego, con una -originalidad, una fuerza, una riqueza á que nada igualó jamás, habia -creado hacia siglos la enciclopedia racional y la disciplina normal -del espíritu, movimiento maravilloso, que datando de Thales y de las -primeras escuelas de Jonia, (seiscientos años antes de Jesucristo), -se detuvo en su carrera hácia el año 120 antes de Jesucristo. Los -últimos personajes de estos últimos cinco siglos en que tanto brilló -el genio, Apolonio, Eratóstenes, Aristarco, Heron, Arquímedes, -Heppareo, Crisipo, Carnéades y Panecio, habian muerto sin dejar -sucesores, y no veo sino Posidonio y algunos astrónomos que continúan -aún las antiguas tradiciones de Alejandría, de Rodas y de Pérgamo. -La Grecia, tan hábil para crear, no supo establecer, á pesar de su -ciencia y de su filosofía, una enseñanza popular como remedio contra -las supersticiones, y poseyendo en su seno admirables institutos -científicos, el Egipto, el Asia Menor y la Grecia, dejábanse dominar -por las más absurdas creencias. Ahora bien, cuando la ciencia no llega -á dominar á la supersticion, la supersticion ahoga á la ciencia; entre -estas dos fuerzas opuestas el duelo es á muerte.</p> - -<p>Al adoptar Italia la ciencia griega, supo por un momento darle -nueva expresion: Lucrecio dió el modelo del gran poema filosófico, -á la vez himno y blasfemia inspirando á un tiempo la serenidad y la -desesperacion, penetrada de ese sentimiento profundo del destino humano -que siempre faltó á los griegos, los cuales como verdaderos niños que -eran, tomaban la vida tan alegremente que nunca pensaron en maldecir -á los Dio<span class="pagenum" id="Page_327">p. 327</span>ses, ni -juzgaron á la naturaleza injusta y pérfida hácia el hombre. Los -filósofos latinos se entregaron á más graves reflexiones, pero así como -la Grecia, Roma no supo sacar de la ciencia la base de una educacion -popular. En tanto que Ciceron perfeccionaba con exquisito tacto las -ideas que tomara de los Helenos, mientras que Lucrecio escribia su -asombroso poema, mientras que Horacio confesaba á Augusto su franca -incredulidad, y que Ovidio, uno de los poetas más galanes de la época, -criticaba á guisa de elegante libertino las fábulas más respetables; -y por último, en tanto que los grandes históricos deducian las -consecuencias prácticas de la filosofía griega, dábase crédito á las -más locas quimeras, y la fé en lo maravilloso no reconocia límites. En -ninguna época se ocuparon más de las profecías y de los prodigios<a -id="FNanchor_960" href="#Footnote_960" class="fnanchor">[960]</a>: -el bello deismo ecléctico de Ciceron<a id="FNanchor_961" -href="#Footnote_961" class="fnanchor">[961]</a>, continuado y -perfeccionado por Séneca<a id="FNanchor_962" href="#Footnote_962" -class="fnanchor">[962]</a>, era la creencia de un escaso número de -inteligencias elevadas que no ejercieron accion alguna en su siglo.</p> - -<p>El imperio, hasta Vespasiano, no tuvo nada que pudiera llamarse -instruccion pública<a id="FNanchor_963" href="#Footnote_963" -class="fnanchor">[963]</a>; lo que hubo más tarde en este género se -limitó á simples conocimientos gramaticales, y bien pronto reinó un -período de gene<span class="pagenum" id="Page_328">p. 328</span>ral -decadencia. En las últimas épocas del gobierno republicano y en el -reinado de Augusto brilló como nunca la literatura, pero despues de -la muerte del gran emperador, la decadencia es rápida ó mejor dicho -súbita. La sociedad inteligente y culta de los Cicerones, de los -Áticos, de los Césares, de los Mecenas, de los Agrippas y de los -Poliones, habia desaparecido cual fantástica vision, si bien es cierto -que aún quedaban hombres ilustrados, hombres entendidos en la ciencia -de su época, que ocupaban elevadas posiciones sociales, tales como los -Sénecas y la sociedad literaria de que eran el centro y en la cual -se contaban Lucilio, Galion y Plinio. El cuerpo del derecho romano, -que es la filosofía misma en código, y la aplicacion en la práctica -del racionalismo griego, continuaban su magestuoso progreso y las -grandes familias romanas habian conservado un fondo de religion y los -más nobles sentimientos, inspirándoles horror las supersticiones<a -id="FNanchor_964" href="#Footnote_964" class="fnanchor">[964]</a>. -Los geógrafos Estrabon y Pomponio Mela, el médico y enciclopedista -Celso, el botánico Dioscórides y el jurisconsulto Sempronio Próculo, -eran cabezas muy bien organizadas, pero estas podian considerarse como -excepciones, y fuera de algunos hombres de reconocida ilustracion, -hallábase el mundo sumido en la más completa ignorancia de las -leyes de la naturaleza<a id="FNanchor_965" href="#Footnote_965" -class="fnanchor">[965]</a>. La credulidad era una enfermedad<span -class="pagenum" id="Page_329">p. 329</span> general<a id="FNanchor_966" -href="#Footnote_966" class="fnanchor">[966]</a>; los conocimientos -literarios se reducian á una retórica hueca que nada enseñaba, y la -direccion esencialmente moral y práctica que la filosofía habia tomado, -oponíase á las grandes especulaciones. Los conocimientos humanos, si -se exceptúa la geografía, no adelantaban nada. El hombre instruido -por aficion reemplazaba al sabio creador, y el supremo defecto de -los romanos influia fatalmente en todas las cosas. Aquel pueblo, tan -grande para el imperio, era secundario por el espíritu; los romanos -más instruidos, tales como Lucrecio, Vitruvio, Celso, Plinio y Séneca, -á pesar de sus conocimientos positivos, podian considerarse como -discípulos de los griegos<a id="FNanchor_967" href="#Footnote_967" -class="fnanchor">[967]</a>. Roma no tuvo nunca ninguna gran escuela -científica; el charlatanismo reinaba sin oposicion, y por último la -literatura latina que seguramente tuvo períodos admirables, floreció -poco tiempo y no salió del mundo occidental<a id="FNanchor_968" -href="#Footnote_968" class="fnanchor">[968]</a>.</p> - -<p>Felizmente la Grecia conservó su genio; el prodigioso brillo -del poder de los romanos la habia deslumbrado y aturdido, pero no -aniquilado, y dentro de cincuenta años habrá reconquistado el mundo, -será de nuevo la reina de todos los que piensan y podrá sentarse en el -trono con los Antoninos. Por ahora la Grecia se halla entregada á una -de sus horas de abandono y de cansancio; el genio es raro y la ciencia -original é inferior á lo que habia sido en los siglos precedentes la -escuela de Alejandría, que hacia dos siglos<span class="pagenum" -id="Page_330">p. 330</span> habia entrado en el período de decadencia, -aun cuando en la época de César poseia á Sosígenes, ha enmudecido -completamente.</p> - -<p>Así pues desde la muerte de Augusto hasta el advenimiento de -Trajano, nos encontramos con un período de abatimiento momentáneo -para el espíritu humano; el mundo antiguo estaba muy lejos de haber -dicho su última palabra de despedida, pero las pruebas crueles por que -atravesaba privábanle de voz y corazon. Luego vienen dias mejores, y -libre el espíritu del régimen desconsolador de los Césares, adquiere -nueva vida: Epicteto, Plutarco, Dion Crisóstomo, Quintiliano, Tácito, -Plinio el Jóven, Juvenal, Rufo de Éfeso, Areteo, Galeno, Ptolomeo, -Hipsicles, Theon y Luciano, reprodujeron los más hermosos dias de la -Grecia; no de esa Grecia inimitable que solo ha existido una vez para -desesperacion y encanto de los que aman lo bello, sino de otra, que -confundiendo sus dones con los del espíritu romano, producirá frutos -nuevos llenos de originalidad.</p> - -<p>Por lo general se tenia muy mal gusto; los grandes escritores -griegos escaseaban, y los latinos que conocemos, á excepcion del -satírico Persio, son medianos y sin genio, pues la declamacion lo -echaba todo á perder. El principio por el cual juzgaba el público -las obras del entendimiento era poco más ó menos el mismo que en -nuestra época; buscábanse tan solo los golpes de efecto; la palabra -no era ya la expresion sencilla del pensamiento, ni consistia la -elegancia de la frase en su perfecta proporcion con la idea que -se<span class="pagenum" id="Page_331">p. 331</span> queria expresar; -cultivábase la palabra por sí misma, y el objeto de un autor al -escribir era demostrar su talento. Apreciábase la excelencia de un -recitado ó lectura pública por el número de palabras aplaudidas, y -olvidábase completamente el gran principio segun el cual, en puntos -de arte todo debe servir para el adorno, siendo malo lo que se busca -para él expresamente. En resúmen, puede decirse que era aquella una -época literaria, si se atiende á que todos hablaban de elocuencia ó de -buen estilo, aunque en el fondo todos escribian mal; no habia un solo -orador, pues los buenos oradores y escritores, son gentes que no hacen -un oficio de lo uno ni de lo otro. En el teatro, absorbia la atencion -el primer actor; suprimíanse muchas piezas para no recitar sino los -trozos de gran efecto que eran las <i>cantica</i>; el espíritu de -la literatura era un «diletantismo» que dominaba hasta á los mismos -emperadores, una necia vanidad que excitaba á todos á probar que tenian -talento, y de ahí las insustanciales é interminables «Teseidas,» -los dramas compuestos para ser leidos en sociedad y toda esa vana -ostentacion poética que no puede compararse sino con las epopeyas y las -tragedias clásicas de hace sesenta años.</p> - -<p>Los mismos estoicos no pudieron evitar el contagio, ó al menos no -supieron, antes de Epicteto y Marco Aurelio, hallar bellas formas -para revestir sus doctrinas. Las tragedias de Séneca son monumentos -verdaderamente extraños donde se expresan los más elevados sentimientos -con el tono de un charlatanismo literario por demás fatigoso, indicio á -la vez de un progreso<span class="pagenum" id="Page_332">p. 332</span> -moral y de una irremediable decadencia en el buen gusto. Lo mismo -podemos decir de Lucano: la tension de alma, efecto natural de una -situacion eminentemente trágica, se expresaba por un género pomposo -en que el único objeto era brillar por hermosas sentencias, y sucedia -en esto algo semejante á lo que pasó cuando la revolucion; es decir, -que la crísis más fuerte no daba lugar sino á una literatura llena de -formas retóricas y golpes de efecto para la declamacion. Mas es preciso -no detenerse en esto: los pensamientos nuevos se expresan á veces con -muchas pretensiones; el estilo de Séneca es sóbrio, sencillo y puro -comparado con el de San Agustin, pero nosotros perdonamos á éste su -estilo á veces detestable, y sus conceptos insípidos, por sus buenos -sentimientos.</p> - -<p>De todos modos, aquella educacion noble y distinguida por muchos -conceptos, no llegaba hasta el pueblo, lo cual podia haber sido -en cierto modo inconveniente si el pueblo hubiera contado con un -alimento religioso análogo al que recibe en la Iglesia la clase -más despreciable de nuestra sociedad. Pero en todos los puntos del -imperio cuidábanse por lo general muy poco de la religion, pues -Roma creyó oportuno por ciertas razones dejar en pié los antiguos -cultos, no modificándolos sino en lo que tenian de inhumano<a -id="FNanchor_969" href="#Footnote_969" class="fnanchor">[969]</a> ó -injurioso para los demás<a id="FNanchor_970" href="#Footnote_970" -class="fnanchor">[970]</a>, y extendiendo sobre todos una especie de -barniz oficial que les hacia asemejarse unos á otros, formando un solo -conjunto. Desgraciadamente,<span class="pagenum" id="Page_333">p. -333</span> los cultos antiguos, de orígen muy diverso, participaban -de un carácter comun que consistia en serles imposible establecer la -enseñanza teológica, introduciendo una moral aplicada, una predicacion -edificante, un ministerio pastoral verdaderamente beneficioso para el -pueblo. El templo pagano no era de ningun modo lo que fueron en sus -buenos tiempos la Sinagoga y la Iglesia; es decir, la casa comun, la -escuela, el hospicio, el retiro donde el pobre va á buscar un refugio<a -id="FNanchor_971" href="#Footnote_971" class="fnanchor">[971]</a>; -era una cosa fria que de nada servia y donde no se aprendia nada. -Quizá era el culto romano el menos malo aún de los que se observaban, -pues considerábase la pureza del corazon y del cuerpo como una -parte de la religion<a id="FNanchor_972" href="#Footnote_972" -class="fnanchor">[972]</a>. Por su gravedad, su decencia y su -austeridad, era este culto, prescindiendo de algunas farsas que solo se -ven en nuestro Carnaval, superior á las extrañas y ridículas ceremonias -que introducian secretamente algunas personas dominadas por manías -orientales. El empeño que tenian los patricios romanos en distinguir -«la religion,» es decir, su propio culto, de la supersticion, es decir, -de los cultos extranjeros<a id="FNanchor_973" href="#Footnote_973" -class="fnanchor">[973]</a>, nos parece sin embargo bastante pueril. -Todos los cultos paganos eran esencialmente supersticiosos: el -campesino que en nuestros dias echa una moneda en la caja de una -capilla milagrosa, que invoca á tal ó cual santo para que cuide de sus -bueyes ó de sus caballos, ó<span class="pagenum" id="Page_334">p. -334</span> que bebe de cierta agua para determinadas enfermedades, es -en esto pagano; casi todas nuestras supersticiones son restos de una -religion anterior al cristianismo, que este no ha podido desarraigar -completamente; y si se quisiera buscar en nuestros dias la imágen del -paganismo, fácil seria encontrarla en algun pueblecillo perdido ó en -las más lejanas campiñas.</p> - -<p>No teniendo por guardianes más que una tradicion popular y -vacilante, y sacristanes interesados, los cultos paganos no -pueden menos de degenerar en adulacion<a id="FNanchor_974" -href="#Footnote_974" class="fnanchor">[974]</a>. Augusto, aunque con -mucha reserva, aceptó que se le adorase en vida en las provincias<a -id="FNanchor_975" href="#Footnote_975" class="fnanchor">[975]</a>; -Tiberio, permitió que se juzgara á su vista en el ignoble -concurso de las ciudades de Asia, que se disputaban el honor -de elevarle un templo<a id="FNanchor_976" href="#Footnote_976" -class="fnanchor">[976]</a>; las extravagantes impiedades de Calígula -no produjeron ninguna reaccion, y fuera del judaismo, no se encontró -un solo sacerdote que resistiera á semejantes locuras. Salidos en su -mayor parte de un culto primitivo de las fuerzas naturales, diez veces -transformados por toda clase de mezcolanzas y por la imaginacion de -los pueblos, los cultos paganos se limitaban por su pasado, y no se -podia sacar de ellos lo que no tuvieron nunca, es decir, el deismo -y la edificacion. Los Padres de la Iglesia<span class="pagenum" -id="Page_335">p. 335</span> nos hacen sonreir cuando ponen de -relieve las maldades de Saturno como padre de familia, y de Júpiter -como marido, pues ciertamente era mucho más ridículo aún considerar -á este último, es decir, á la atmósfera, como un dios moral que -ordena, recompensa y castiga. En un mundo que aspiraba á poseer un -catecismo, ¿qué podia hacerse con un culto como el de Venus, nacido -de una necesidad social, en las primeras navegaciones fenicias en el -Mediterráneo, pero que fué luego con el tiempo un ultraje contra lo que -se consideraba la esencia de la religion?</p> - -<p>Por todas partes, en efecto, manifestábase enérgicamente la -necesidad de una religion monoteista, dando por base á la moral -prescripciones divinas, y así viene una época en que las religiones -naturalistas reducidas á puras niñadas, á prácticas de hechiceras, -no pueden satisfacer á sociedades en que la humanidad quiere una -religion moral filosófica. El budismo y el zoroastrismo, satisfacieron -esta necesidad en la India y en la Persia; con el orfismo y los -misterios, se trató de obtener el mismo resultado en el mundo griego, -sin conseguirlo de una manera durable, y en la época de que hablamos, -enunciábase el problema para el conjunto del mundo con una especie de -unanimidad solemne y de imperiosa grandeza.</p> - -<p>Cierto es que la Grecia hacia una excepcion en este punto: el -helenismo se usaba mucho menos que las demás religiones del Imperio, -pero Plutarco lo observaba en su pequeña villa de Beocia, donde -vivió tranquilo, feliz y contento como un niño, con su con<span -class="pagenum" id="Page_336">p. 336</span>ciencia religiosa -satisfecha, y sin dar nunca la menor señal de inquietud, de pena ó de -malestar. Pero solo el espíritu era capaz de una calma tan infantil: -siempre satisfecha de sí misma, orgullosa de su pasado y de aquella -brillante mitología de la que poseia todos los santos lugares, Grecia -no participaba de los tormentos interiores que trabajaban al resto -del mundo, y entregada á sí misma, no llamó al cristianismo, quiso -prescindir de él y pensó hacer alguna cosa mejor<a id="FNanchor_977" -href="#Footnote_977" class="fnanchor">[977]</a>. Esto era debido á su -eterna juventud, á su patriotismo, á esa alegría que ha caracterizado -siempre al verdadero heleno, y la cual es causa de que aún hoy sea -el griego extraño á las amargas tribulaciones que nos minan. El -helenismo, pues, se halló así en disposicion de crear un renacimiento -que no hubiera podido intentar siquiera ningun otro de los cultos -del imperio. En los siglos <span class="asc">II, III</span> y <span -class="asc">IV</span> de nuestra era, se continuará el helenismo en -religion organizada, por una especie de fusion entre la mitología y la -filosofía griegas, y con sus filósofos taumaturgos, sus antiguos sabios -convertidos en profetas, y sus leyendas de Pitágoras y de Apolonio, -hará al cristianismo una competencia, que no por ser impotente fué -el obstáculo menos peligroso que la religion de Jesús encontró en su -camino.</p> - -<p>Sin embargo, esto no se intentó aún en tiempo de<span -class="pagenum" id="Page_337">p. 337</span> los Césares, pues los -primeros filósofos que ensayaron una especie de alianza entre la -filosofía y el paganismo, Eufrates de Tiro, Apolonio de Tiana y -Plutarco, son del fin del siglo. No conocemos bien á Eufrates de Tiro: -la leyenda ha disfrazado de tal modo la trama de la biografía verdadera -de Apolonio, que no se sabe si contarle entre los sabios, entre los -fundadores religiosos, ó entre los charlatanes; en cuanto á Plutarco, -menos que un pensador, ó un innovador, es un espíritu moderado que -quiere poner de acuerdo á todo el mundo, haciendo que la filosofía sea -tímida y la religion medio razonable; no hay nada en él de Porfirio -ni de Juliano; los ensayos de exégesis alegórica de los estoicos<a -id="FNanchor_978" href="#Footnote_978" class="fnanchor">[978]</a> son -muy pobres; los misterios como los de Baco, con los cuales se enseñaba -la inmortalidad del alma bajo graciosos símbolos<a id="FNanchor_979" -href="#Footnote_979" class="fnanchor">[979]</a>, se limitan á ciertos -países y no han extendido su influencia. La incredulidad en la -religion oficial era general en la clase ilustrada<a id="FNanchor_980" -href="#Footnote_980" class="fnanchor">[980]</a>; los hombres políticos -que más afectaban sostener el culto del Estado se burlaban de él -con muy buenas palabras<a id="FNanchor_981" href="#Footnote_981" -class="fnanchor">[981]</a>, proclamando abiertamente la inmoral -idea de que las fábulas religiosas no son buenas sino para el -pueblo y deben<span class="pagenum" id="Page_338">p. 338</span> -ser conservadas por él<a id="FNanchor_982" href="#Footnote_982" -class="fnanchor">[982]</a>; precaucion inútil porque la fé de aquel -era ya muy vacilante<a id="FNanchor_983" href="#Footnote_983" -class="fnanchor">[983]</a>.</p> - -<p>Cierto es que á partir del advenimiento de Tiberio, se nota una -sensible reaccion religiosa, pues parece que el mundo se espanta -de la incredulidad de los tiempos de César y de Augusto; condena -la desgraciada tentativa de Juliano, y todas las supersticiones -se rehabilitan por razon de Estado<a id="FNanchor_984" -href="#Footnote_984" class="fnanchor">[984]</a>. Valerio Máximo -da el primer caso de un escritor de baja esfera convirtiéndose en -auxiliar de los teólogos, en una pluma venal ó manchada que se -pone al servicio de la religion: pero los cultos extranjeros son -los que más se aprovechan de este cambio; la reaccion formal en -favor del culto griego ó romano no se producirá sino en el siglo -segundo. Ahora las clases á quienes domina la inquietud religiosa se -vuelven hácia los cultos que vienen de Oriente<a id="FNanchor_985" -href="#Footnote_985" class="fnanchor">[985]</a>; Isis y Serapis se ven -más favorecidos que nunca<a id="FNanchor_986" href="#Footnote_986" -class="fnanchor">[986]</a>; los impostores de toda especie, taumaturgos -y mágicos se aprovechan de esta necesidad, y como sucede comunmente -en las épocas y en los países, en que la religion del Estado es -débil, pululan por todas<span class="pagenum" id="Page_339">p. -339</span> partes<a id="FNanchor_987" href="#Footnote_987" -class="fnanchor">[987]</a>. Recuérdense los tipos reales ó ficticios -de Apolonio de Tiana, de Alejandro de Abonutico, de Peregrino, -de Simon de Gitton<a id="FNanchor_988" href="#Footnote_988" -class="fnanchor">[988]</a>. Estos mismos errores y estas quimeras eran -como una oracion de la tierra, como los ensayos infructuosos de un -mundo que trata de mejorarse y no consigue á veces en sus esfuerzos -convulsivos sino producir monstruosas creaciones que se legan luego al -olvido.</p> - -<p>En una palabra, la mitad del siglo primero es una de las peores -épocas de la Historia antigua; la sociedad griega y romana se muestra -en un período de decadencia en lo que precede y muy atrasada para el -porvenir; pero la grandeza misma de la crísis indicaba alguna forma -extraña y secreta. La vida parecia haber perdido sus móviles, los -suicidios se multiplicaban<a id="FNanchor_989" href="#Footnote_989" -class="fnanchor">[989]</a>; jamás habia ofrecido el mundo una lucha -semejante entre el bien y el mal; era este un despotismo temible que -ponia al mundo entre las manos de hombres atroces y locos; era la -corrupcion de las costumbres que resultaba de haber introducido en -Roma los vicios de Oriente; era en fin la ausencia de una religion -buena y de una formal instruccion pública. El bien era, por una parte, -la filosofía combatiendo á pecho descubierto contra los tiranos, -desafiando á los mónstruos, y proscrita tres ó cuatro veces en medio -siglo (bajo Neron, Vespasiano y Domiciano)<a id="FNanchor_990" -href="#Footnote_990" class="fnanchor">[990]</a>; y por otra, los -esfuerzos de la<span class="pagenum" id="Page_340">p. 340</span> -virtud popular, las legítimas aspiraciones á un estado religioso mejor, -aquella tendencia hácia las cofradías y los cultos monoteistas, aquella -rehabilitacion en fin del pobre, que se produjeron principalmente -bajo el amparo del judaismo y del cristianismo. Estas dos grandes -protestas estaban muy lejos de ponerse de acuerdo, pues el partido -filosófico y el cristiano no se conocian, é ignoraban de tal modo sus -comunes esfuerzos que al llegar al poder el partido filosófico, por el -advenimiento de Nerva, perjudicó al cristianismo lejos de favorecerle. -Á decir verdad, el objeto de los cristianos era mucho más radical: -los estoicos, dueños del Imperio, le reformaron, presidiendo los cien -años más hermosos de la Historia de la humanidad; mientras que los -cristianos, dueños del Imperio á partir de Constantino, acabaron -de arruinarle. El heroismo de los unos no debe hacer olvidar el de -los otros: el cristianismo tan injusto con las virtudes paganas, se -consagró á rebajar á los que habian combatido los mismos enemigos -que él. En la resistencia que opuso la filosofía en el primer siglo, -hubo tanta grandeza como en la del cristianismo; pero ¡qué desigual -fué la recompensa por una parte y otra! El mártir que derribó con -el pié los ídolos tiene su leyenda: ¿por qué Annacus Cornutus, que -declaró ante Neron que los libros de éste no podrian nunca competir -con los de Crisipo<a id="FNanchor_991" href="#Footnote_991" -class="fnanchor">[991]</a>; por qué Elvidio Prisco que dijo cara -á cara á Vespasiano: «á<span class="pagenum" id="Page_341">p. -341</span> tí te toca matarme y á mí morir<a id="FNanchor_992" -href="#Footnote_992" class="fnanchor">[992]</a>»; por qué Demetrio el -Cínico que contestó á Neron irritado: «me amenazais con la muerte, -pero la naturaleza os amenaza<a id="FNanchor_993" href="#Footnote_993" -class="fnanchor">[993]</a>»; por qué todos esos no tienen su imágen -entre los héroes populares á quienes todos aman y saludan? ¿Dispone -acaso la humanidad de tantas fuerzas contra el vicio y la abyeccion -que sea permitido á cada escuela de virtud rechazar el auxilio de las -otras, sosteniendo que ella sola tiene el derecho de ser valerosa y -resignada?</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_18"> - <p><span class="pagenum" id="Page_342">p. 342</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XVIII.</h2> - <p class="subh2">Legislacion religiosa de aquel tiempo.</p> -</div> - -<div class="sidenote">Año 45</div> - -<p>En el primer siglo, aunque se mostraba hostil el Imperio á las -innovaciones religiosas que provenian de Oriente, no las combatia -todavía de un modo constante. Sosteníase débilmente el principio -de la religion de Estado; y bajo la república se proscribieron -repetidas veces los ritos extranjeros, particularmente los de -Sabazius, Isis y Serapis<a id="FNanchor_994" href="#Footnote_994" -class="fnanchor">[994]</a>; pero todo fué inútil, porque el pueblo se -sentia atraido hácia aquellos cultos por una inclinacion irresistible<a -id="FNanchor_995" href="#Footnote_995" class="fnanchor">[995]</a>. -Cuando en el año de Roma 535, se decretó la demolicion del templo -de Isis y de Serapis, no se encontró ni un solo obrero que quisiera -poner manos á la obra, y vióse precisado el cónsul á romper á -hachazos la puerta<a id="FNanchor_996" href="#Footnote_996" -class="fnanchor">[996]</a>; claro está que no bastaba ya para el -pueblo el culto latino; y supó<span class="pagenum" id="Page_343">p. -343</span>nese, no sin razon, que si César restableció los cultos -de Isis y de Serapis, fué para halagar los instintos populares<a -id="FNanchor_997" href="#Footnote_997" class="fnanchor">[997]</a>.</p> - -<p>Con la profunda y liberal instruccion que le caracterizaba, -aquel grande hombre se mostró favorable á una completa libertad -de conciencia<a id="FNanchor_998" href="#Footnote_998" -class="fnanchor">[998]</a>. Augusto fué más apegado á la -religion nacional<a id="FNanchor_999" href="#Footnote_999" -class="fnanchor">[999]</a>. Era tal su antipatía por los -cultos orientales<a id="FNanchor_1000" href="#Footnote_1000" -class="fnanchor">[1000]</a>, que prohibió hasta la propagacion -de las ceremonias egipcias en Italia<a id="FNanchor_1001" -href="#Footnote_1001" class="fnanchor">[1001]</a>; pero quiso -que cada culto, y particularmente el judío, fuera dueño de sí -mismo interiormente<a id="FNanchor_1002" href="#Footnote_1002" -class="fnanchor">[1002]</a>. Eximió á los judíos de todo lo que -hubiera podido herir su conciencia, especialmente de toda accion -civil el dia del sábado, que ellos celebran<a id="FNanchor_1003" -href="#Footnote_1003" class="fnanchor">[1003]</a>. Algunas personas -de su séquito mostraban menos tolerancia, y de buena gana le hubieran -convertido en un perseguidor religioso para servir al culto latino<a -id="FNanchor_1004" href="#Footnote_1004" class="fnanchor">[1004]</a>; -empero, parece que no hubo de ceder á aquellos consejos funestos; y aún -pretende Josefo, á quien se sospecha exagerado en este punto, que hizo -donacion de vasos sagrados al templo de Jerusalem<a id="FNanchor_1005" -href="#Footnote_1005" class="fnanchor">[1005]</a>.</p> - -<p>Tiberio fué el primero que sentó con fijeza el principio de la -religion de Estado, y tomó sérias precau<span class="pagenum" -id="Page_344">p. 344</span>ciones contra la propaganda -judía y oriental<a id="FNanchor_1006" href="#Footnote_1006" -class="fnanchor">[1006]</a>. Ha de tenerse presente que el emperador -era «gran pontífice», y que protegiendo el viejo culto romano, -parecia cumplir un deber de su incumbencia. Calígula revocó los -edictos de Tiberio<a id="FNanchor_1007" href="#Footnote_1007" -class="fnanchor">[1007]</a>; pero su locura no le permitia -ser consecuente en sus obras. Claudio parece haber imitado la -política de Augusto. Fortificó en Roma el culto latino, mostróse -preocupado de los progresos que hacian las religiones extranjeras<a -id="FNanchor_1008" href="#Footnote_1008" class="fnanchor">[1008]</a>, -fué riguroso con los judíos<a id="FNanchor_1009" href="#Footnote_1009" -class="fnanchor">[1009]</a>, y persiguió con encarnizamiento -á las cofradías<a id="FNanchor_1010" href="#Footnote_1010" -class="fnanchor">[1010]</a>; usando, por lo contrario, la benevolencia -con los indígenas en Judea<a id="FNanchor_1011" href="#Footnote_1011" -class="fnanchor">[1011]</a>. El favor de que gozaron en Roma -los Agrippa bajo estos dos últimos reinados aseguraba á sus -correligionarios poderosa proteccion, salvo el caso en que la policía -de Roma reclamara medidas de seguridad.</p> - -<p>En cuanto á Neron, ocupóse poco en religion<a id="FNanchor_1012" -href="#Footnote_1012" class="fnanchor">[1012]</a>. Sus actos -odiosos con los cristianos, fueron actos de ferocidad, y no -disposiciones legislativas<a id="FNanchor_1013" href="#Footnote_1013" -class="fnanchor">[1013]</a>; pues los ejemplos de persecucion que -se citan en la sociedad romana de aquel tiempo, emanan más bien -de la au<span class="pagenum" id="Page_345">p. 345</span>toridad -de la familia que de la autoridad pública<a id="FNanchor_1014" -href="#Footnote_1014" class="fnanchor">[1014]</a>; y aun así no se -observaban semejantes ejemplos sino en las casas nobles de Roma, -que conservaban las antiguas tradiciones<a id="FNanchor_1015" -href="#Footnote_1015" class="fnanchor">[1015]</a>. Las provincias -gozaban de plena libertad para practicar su culto, con la única -condicion de no ultrajar á los de los otros países<a id="FNanchor_1016" -href="#Footnote_1016" class="fnanchor">[1016]</a>. Los provinciales<a -id="FNanchor_1017" href="#Footnote_1017" class="fnanchor">[1017]</a> -disfrutaban del mismo derecho en Roma, con tal que no dieran -escándalo. Las dos únicas religiones que combatió el Imperio en -el primer siglo, el druidismo y el judaismo, eran como fortalezas -donde se defendian nacionalidades. Todo el mundo estaba convencido -de que la profesion del judaismo implicaba el desprecio de las -leyes civiles y la indiferencia por la prosperidad del Estado<a -id="FNanchor_1018" href="#Footnote_1018" class="fnanchor">[1018]</a>; -pues en tanto que el judaismo se circunscribia á no ser más que una -simple religion individual, no se le perseguia<a id="FNanchor_1019" -href="#Footnote_1019" class="fnanchor">[1019]</a>. Los rigores -contra el culto de Serapis procedieron tal vez del carácter -monoteista que presentaba<a id="FNanchor_1020" href="#Footnote_1020" -class="fnanchor">[1020]</a>, y que hacia le confundieran ya -con el culto judío y con el cristiano<a id="FNanchor_1021" -href="#Footnote_1021" class="fnanchor">[1021]</a>.</p> - -<p>Ninguna ley terminante<a id="FNanchor_1022" href="#Footnote_1022" -class="fnanchor">[1022]</a> prohibia pues, en tiem<span -class="pagenum" id="Page_346">p. 346</span>po de los apóstoles, la -profesion de las religiones monoteistas; y si estas fueron siempre -vigiladas hasta el advenimiento de los emperadores sirios, únicamente -desde Trajano se vió al imperio perseguirlas sistemáticamente como -intolerantes, é implicando la negacion del Estado. En suma, la única -cosa á la cual haya declarado la guerra el imperio romano, en materia -de religion, es la teocracia. Su principio era el del Estado laico; no -admitiendo que una religion pudiera tener en grado alguno consecuencias -civiles ó políticas; y sobre todo no consintiendo en el Estado ninguna -asociacion con independencia del mismo Estado. Este último punto es muy -esencial; porque ha de considerarse, verdaderamente, como la raíz de -todas las persecuciones.</p> - -<p>La ley relativa á las cofradías, mucho más que la intolerancia -religiosa, fué la causa fatal de las violencias que deshonraron los -reinados de los mejores soberanos.</p> - -<p>En materia de asociacion, igualmente que en todas las cosas buenas -y delicadas, tuvieron los países griegos la prioridad sobre los -Romanos. Las <i>eranas</i> ó <i>thiasas</i> griegas de Atenas, de -Rodas y de las islas del Archipiélago fueron hermosas sociedades de -socorros mútuos, de crédito, de seguros en casos de incendio, de piedad -y de placeres honestos<a id="FNanchor_1023" href="#Footnote_1023" -class="fnanchor">[1023]</a>. Cada<span class="pagenum" -id="Page_347">p. 347</span> erana grababa sobre columnas sus -decisiones, tenia sus archivos y su caja comun, que se llenaba con -donativos voluntarios y con las cuotas de los sócios. Juntábanse los -eranistas ó thiasitas para celebrar ciertas festividades, y reuníanse -en banquetes, donde reinaba la mayor cordialidad<a id="FNanchor_1024" -href="#Footnote_1024" class="fnanchor">[1024]</a>. El sócio que -se viera apurado de dinero, tenia la facultad de sacarlo de la -caja, á título de empréstito en calidad de reintegro. Las mujeres -formaban parte de aquellas eranas, y tenian su presidenta especial -(<i>proeranistia</i>). Las juntas que celebraban eran absolutamente -secretas; un reglamento severo mantenia en ellas el órden, y se -efectuaban, segun parece, en jardines cerrados, rodeados de pórticos -ó de pequeñas construcciones, en cuyo centro se ostentaba el altar -de los sacrificios<a id="FNanchor_1025" href="#Footnote_1025" -class="fnanchor">[1025]</a>. Por último, cada congregacion tenia un -cuerpo de dignatarios, nombrados por sorteo que se hacia anualmente -(<i>clerotas</i>)<a id="FNanchor_1026" href="#Footnote_1026" -class="fnanchor">[1026]</a>, á usanza de las antiguas democracias -griegas, de donde el «clero» cristiano<a id="FNanchor_1027" -href="#Footnote_1027" class="fnanchor">[1027]</a> ha tomado tal vez su -nombre. El presidente<span class="pagenum" id="Page_348">p. 348</span> -era el único elegido. Estos funcionarios oficiales sometian á un exámen -al nuevo electo, debiendo certificar que era «santo, piadoso y bueno»<a -id="FNanchor_1028" href="#Footnote_1028" class="fnanchor">[1028]</a>. -Hubo en aquellas pequeñas cofradías, durante los dos ó tres siglos -que precedieron á nuestra era, un movimiento casi tan variado como el -que produjo en la edad media tantas órdenes religiosas. Contáronse en -la isla de Rodas solamente, hasta diez y nueve<a id="FNanchor_1029" -href="#Footnote_1029" class="fnanchor">[1029]</a>; llevando muchas de -ellas los nombres de sus fundadores y reformadores. Alguna de aquellas -<i>thiasas</i>, particularmente las de Baco<a id="FNanchor_1030" -href="#Footnote_1030" class="fnanchor">[1030]</a>, profesaban elevadas -doctrinas, y trataban de consolar á los hombres bien intencionados. Si -todavía subsistia en el mundo griego un resto de amor, de piedad y de -moral religiosa, era debido á la libertad de tales cultos privados. -Estos competian con la religion oficial, cuyo abandono hacíase de dia -en dia más notable.</p> - -<p>Empero, las asociaciones de igual género tropezaban con mayores -obstáculos en Roma<a id="FNanchor_1031" href="#Footnote_1031" -class="fnanchor">[1031]</a> sin que por eso disminuyera su prestigio -entre las clases desheredadas. Los principios de la política romana -respecto á las cofradías se promulgaron por la vez primera bajo la -república (186 años antes de J.-C.), con motivo de las bacanales. Por -aficion natural, eran muy propensos los Romanos á las asociaciones<a -id="FNanchor_1032" href="#Footnote_1032" class="fnanchor">[1032]</a>, -particularmen<span class="pagenum" id="Page_349">p. 349</span>te -á las religiosas<a id="FNanchor_1033" href="#Footnote_1033" -class="fnanchor">[1033]</a>; pero estas congregaciones, en cierto -modo permanentes, disgustaban á los patricios<a id="FNanchor_1034" -href="#Footnote_1034" class="fnanchor">[1034]</a>, conservadores de -los poderes públicos, quienes á impulso de la mezquina y árida idea -que de la vida concibieran, no admitian como grupos sociales más que -la familia y el Estado. Tomáronse las precauciones más minuciosas -para conseguir su intento: necesidad de autorizacion prévia, -limitacion del número de asistentes, prohibicion de que tuvieran un -<i>magister sacrorum</i> permanente y de que constituyeran mediante -suscripciones un fondo comun<a id="FNanchor_1035" href="#Footnote_1035" -class="fnanchor">[1035]</a>. La misma solicitud se manifestó -repetidas veces en la historia del imperio, y el arsenal de las leyes -contenia textos para todas las represiones<a id="FNanchor_1036" -href="#Footnote_1036" class="fnanchor">[1036]</a>. Empero dependia -de la autoridad el hacer ó no aplicacion de ellas. En cuanto á los -cultos proscritos, reaparecian frecuentemente muy pocos años despues -de su proscripcion<a id="FNanchor_1037" href="#Footnote_1037" -class="fnanchor">[1037]</a>. Por otra parte, la emigracion extranjera, -sobre todo la de los Sirios, renovaba incesantemente el fondo con que -se alimentaban las creencias que en vano trataban de extirpar.</p> - -<p>Admírase uno de ver hasta qué grado preocupaba á los hombres -más pensadores un tema tan secundario<span class="pagenum" -id="Page_350">p. 350</span> en apariencia. Una de las preferentes -atenciones de César y de Augusto fué la de impedir la formacion de -nuevos <i>colegios</i> y destruir los que ya estaban establecidos<a -id="FNanchor_1038" href="#Footnote_1038" class="fnanchor">[1038]</a>. -Un decreto expedido, segun parece, bajo el reinado de Augusto -trató de definir fijamente los límites del derecho de reunion y de -asociacion. Esos límites eran muy reducidos; pues los <i>colegios</i> -habian de ser únicamente funerarios. No les era permitido reunirse -sino una vez al mes, y no podian ocuparse más que en dar sepultura á -los miembros difuntos, no debiendo salirse bajo ningun pretexto del -círculo de sus atribuciones<a id="FNanchor_1039" href="#Footnote_1039" -class="fnanchor">[1039]</a>. Sobrepuja á toda ponderacion el -encarnizamiento del imperio, pues á consecuencia de su idea exagerada -respecto al Estado, pretendia aislar al individuo, destruir todo -lazo moral entre los hombres, y combatir un deseo legítimo de los -pobres, el de apiñarse unos contra otros en un asilo reducido para -tener así más calor. Ciertamente que en la antigua Grecia era muy -tiránica la ciudad; pero proporcionaba tantos placeres en cambio de su -despotismo, de tal modo deslumbraba con sus luces y con su gloria, que -nadie pensaba en quejarse. Morian contentos por ella, y sufrian sin -rebelarse sus más injustos caprichos. En cuanto al Imperio romano, era -demasiado vasto para considerarlo como patria. Ofrecia á todos grandes -ventajas materiales; pero no proporcionaba cosa alguna que mereciera -afecto; así<span class="pagenum" id="Page_351">p. 351</span> que la -inaguantable tristeza compañera de semejante existencia parecia peor -que la muerte.</p> - -<p>Por eso, y á pesar de todos los esfuerzos que hicieron los hombres -políticos, tomaron tan inmenso desarrollo las cofradías. Sucedió -exactamente una cosa análoga á lo que á nuestras cofradías de la -edad media, con su Santo patron y sus comidas en gremio. Cuidábanse -las grandes familias de su nombre, de la patria y de la tradicion; -pero los humildes, la gente de pocos recursos no tenian más cuidado -que el del <i>Collegium</i>, por el cual se afanaban. Todos los -textos nos representan esos <i>collegia</i> ó <i>cœtus</i> como -formados de esclavos<a id="FNanchor_1040" href="#Footnote_1040" -class="fnanchor">[1040]</a>, veteranos<a id="FNanchor_1041" -href="#Footnote_1041" class="fnanchor">[1041]</a>, y gente pobre -<i>tenuiores</i><a id="FNanchor_1042" href="#Footnote_1042" -class="fnanchor">[1042]</a>. Reinaba la igualdad entre los hombres -libres, los libertos y las personas serviles<a id="FNanchor_1043" -href="#Footnote_1043" class="fnanchor">[1043]</a>, siendo -numerosas las mujeres<a id="FNanchor_1044" href="#Footnote_1044" -class="fnanchor">[1044]</a>. Á riesgo de mil vejaciones, y á -pesar de las severas penas que á veces se imponian, aspiraban -muchos á ser miembros de uno de esas <i>collegia</i>, donde vivian -unidos por lazos de agradable confraternidad, se disfrutaba de -los socorros mútuos y se contraian afectos que se conservaban -despues de la muerte<a id="FNanchor_1045" href="#Footnote_1045" -class="fnanchor">[1045]</a>. El sitio de reunion, ó <i>schola -collegii</i>, tenia comunmente un <i>tetrás<span class="pagenum" -id="Page_352">p. 352</span>tilo</i> (pórtico de cuatro fachadas)<a -id="FNanchor_1046" href="#Footnote_1046" class="fnanchor">[1046]</a> -donde se publicaba en carteles el reglamento del colegio, al lado -del dios protector, y un <i>triclinium</i> para los banquetes de -la corporacion reunida. Estos eran, en efecto, vivamente deseados; -celebrábanse en las fiestas patronales y en los aniversarios de -ciertos cofrades que habian hecho fundaciones<a id="FNanchor_1047" -href="#Footnote_1047" class="fnanchor">[1047]</a>. Cada cual llevaba -allí su regalo; y uno de los cofrades, por turno, suministraba -los accesorios de la comida; á saber, los manteles, la vajilla -para la mesa, el pan, el vino, las sardinas y el agua caliente<a -id="FNanchor_1048" href="#Footnote_1048" class="fnanchor">[1048]</a>. -El esclavo que acababa de libertarse habia de obsequiar á sus camaradas -con una ánfora de buen vino<a id="FNanchor_1049" href="#Footnote_1049" -class="fnanchor">[1049]</a>. Una dulce alegría animaba el festin; y era -cosa expresamente convenida que no habia de tratarse de asunto alguno -relativo al colegio; para que nada pudiera turbar el cuarto de hora de -regocijo y de descanso que aquellas pobres gentes se proporcionaban<a -id="FNanchor_1050" href="#Footnote_1050" class="fnanchor">[1050]</a>. -Todo acto de turbulencia ó toda palabra desagradable eran -castigados con una multa<a id="FNanchor_1051" href="#Footnote_1051" -class="fnanchor">[1051]</a>.</p> - -<p>Si hubiera uno de atenerse á las apariencias, creeria que -aquellos colegios no eran más que asociaciones de entierro mútuo<a -id="FNanchor_1052" href="#Footnote_1052" class="fnanchor">[1052]</a>. -Empero, eso solo hubiera<span class="pagenum" id="Page_353">p. -353</span> bastado para darle un carácter moral. En la época romana, -como en nuestro tiempo y en todas las épocas en que la religion se -halla sin fuerzas, la piedad de las tumbas era casi la única que el -pueblo conservaba. Complacíanse en pensar que no serian arrojados -á los fosos comunes<a id="FNanchor_1053" href="#Footnote_1053" -class="fnanchor">[1053]</a>, que el colegio haria el gasto de -los funerales, y que los cofrades que hubieran ido á pié hasta -la pira, recibirian un pequeño honorario<a id="FNanchor_1054" -href="#Footnote_1054" class="fnanchor">[1054]</a> de veinte céntimos<a -id="FNanchor_1055" href="#Footnote_1055" class="fnanchor">[1055]</a>. -Los esclavos, especialmente, necesitaban creer que si su amo -hiciera arrojar su cuerpo al foso comun, no faltarian allí algunos -amigos para hacerles «funerales imaginarios<a id="FNanchor_1056" -href="#Footnote_1056" class="fnanchor">[1056]</a>.» El hombre -pobre echaba todos los meses dos cuartos en el cepillo á ese uso -destinado, para proporcionarse despues de su muerte una urnita en un -<i>columbarium</i>, con una lápida de mármol en que estuviera grabado -su nombre. Como la sepultura entre los romanos, estaba íntimamente -ligada con los <i>sacra gentilicia</i> ó ritos de familia, tenia suma -importancia, contrayendo las personas que se enterraban juntas una -especie de fraternidad íntima y de parentesco<a id="FNanchor_1057" -href="#Footnote_1057" class="fnanchor">[1057]</a>.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_354">p. 354</span>Hé aquí por qué, -durante largo tiempo, se presentó el cristianismo en Roma como una -especie de <i>collegium</i> fúnebre y por qué los primeros santuarios -cristianos fueron las tumbas de los mártires<a id="FNanchor_1058" -href="#Footnote_1058" class="fnanchor">[1058]</a>. Si no hubiera sido -más que eso el cristianismo, no hubiese provocado tantos rigores; -pero era tambien otra cosa; tenia un fondo ó caja de comunidad<a -id="FNanchor_1059" href="#Footnote_1059" class="fnanchor">[1059]</a>; -jactábase de constituir una poblacion completa; y se creia asegurado -de que habia de dominar en el porvenir. Cuando se entra un sábado por -la noche en el recinto de una iglesia griega en Turquía, en la de -Santa Photini, en Esmirna, por ejemplo, le extraña á uno el poderío -de esas religiones de comité, en el seno de una sociedad perseguidora -ó malévola. Ese hacinamiento irregular de construcciones (iglesia, -presbiterio, escuelas, cárcel,) esos fieles que van y vienen en medio -de su poblacion cerrada, esas tumbas nuevamente abiertas en las cuales -arde una lámpara, ese olor cadavérico, esa atmósfera húmeda, ese -murmullo de oraciones, esas invocaciones para pedir limosna, todo ello -forma un conjunto lánguido, que á veces á un extranjero podrá parecerle -insulso, pero que debe ser muy grato y suave para el afiliado.</p> - -<p>Las sociedades, que estaban ya provistas de una autorizacion -especial, gozaban en Roma de todos los derechos de personas civiles<a -id="FNanchor_1060" href="#Footnote_1060" class="fnanchor">[1060]</a>; -pero no se concedia esa autorizacion sino con infinitas condiciones, -desde el<span class="pagenum" id="Page_355">p. 355</span> momento -en que las sociedades tenian una caja ó fondo de comunidad, ó se -trataba de otra cosa que de hacerse enterrar<a id="FNanchor_1061" -href="#Footnote_1061" class="fnanchor">[1061]</a>. El pretexto de -la religion ó de cumplir votos en comunidad, estaba previsto y -formalmente señalado entre las circunstancias que daban á una reunion -el carácter de delito<a id="FNanchor_1062" href="#Footnote_1062" -class="fnanchor">[1062]</a>; y este no era otro que el de lesa -majestad, al menos para el individuo que habia provocado la reunion<a -id="FNanchor_1063" href="#Footnote_1063" class="fnanchor">[1063]</a>. -Claudio llegó hasta mandar cerrar las tabernas en que se reunian -los cofrades, así como tambien las hosterías donde la gente pobre -encontraba por poco precio agua caliente y carne del puchero<a -id="FNanchor_1064" href="#Footnote_1064" class="fnanchor">[1064]</a>. -Trajano y los mejores emperadores romanos vieron con desconfianza -todas las asociaciones<a id="FNanchor_1065" href="#Footnote_1065" -class="fnanchor">[1065]</a>. La extrema humildad de las personas -era una cualidad esencial para que se les concediera el derecho de -reunion; y aun así no se les otorgaba sino con muchas condiciones<a -id="FNanchor_1066" href="#Footnote_1066" class="fnanchor">[1066]</a>. -Los legistas que constituyeron el derecho romano, tan eminentes como -jurisconsultos, mostraron hasta dónde llegaba su ignorancia de la -naturaleza humana persiguiendo de todos modos, hasta con la amenaza -de muerte, y restringiendo con toda clase de precauciones odiosas -ó pueriles, una eterna ne<span class="pagenum" id="Page_356">p. -356</span>cesidad del alma<a id="FNanchor_1067" href="#Footnote_1067" -class="fnanchor">[1067]</a>. Á semejanza de los autores de nuestro -«Código civil,» miraban la vida con mortal frialdad, como si esta -consistiese solo en divertirse por órden superior, en comer su pedazo -de pan y en disfrutar del placer segun la clase y rango. El castigo de -las sociedades que se abandonan á este sistema falso y limitado, es -primeramente el fastidio, y despues el triunfo violento de los partidos -religiosos. El hombre no consentirá jamás en respirar ese aire glacial; -necesita el hogar tranquilo, la cofradía donde los buenos mueren y -viven juntos; nuestras grandes sociedades abstractas no son bastantes -para satisfacer todos los instintos de sociabilidad que hay en el -hombre; dejadle que ocupe su corazon con alguna cosa, que busque su -consuelo donde pueda encontrarle, que busque los hermanos que necesite, -que dé cabida en su alma á los más tiernos vínculos. La fria mano del -Estado no debe intervenir en ese reino del alma que es el reino de la -libertad; la vida y la alegría no renacerán en el mundo hasta que haya -desaparecido nuestra desconfianza hácia los <i>collegia</i>, esa triste -herencia del derecho romano. Formar una asociacion fuera del Estado, -sin destruir á éste, es la cuestion capital del porvenir; la ley futura -sobre las asociaciones decidirá si la sociedad moderna ha de sufrir ó -no la suerte de la antigua. Un ejemplo debe bastar: el Imperio romano -habia enla<span class="pagenum" id="Page_357">p. 357</span>zado su -destino con la ley sobre los <i>cœtus illiciti</i> y los <i>illicita -collegia</i>; los cristianos y los bárbaros, terminando con esto la -obra de la conciencia humana, destruyeron la ley, y el Imperio se -hundió con ella.</p> - -<p>El mundo griego y romano, mundo laico, mundo profano, que no -sabia lo que es un sacerdote, que no tenia ni ley divina, ni libro -revelado, tocaba aquí con problemas que no le era posible resolver. -Añadamos á esto que si hubiese tenido sacerdotes, una teología severa, -una religion vigorosamente organizada, no habria creado el Estado -laico, ni inaugurado tampoco la idea de una sociedad racional, de -una sociedad fundada sobre las simples necesidades de la humanidad -y sobre las relaciones naturales de los individuos. La inferioridad -religiosa de los griegos y de los romanos era la consecuencia de su -superioridad política é intelectual; la superioridad religiosa del -pueblo judío, por el contrario, ha sido la causa de su inferioridad -política y filosófica; el judaismo y el cristianismo primitivo -contenian la negacion ó más bien la tutela del Estado civil, y así como -el islamismo, establecieron la sociedad sobre la religion. Cuando se -toman las cosas humanas por este lado, se fundan grandes proselitismos -universales, se tienen Apóstoles que corren de un extremo á otro del -mundo para convertirlo; pero no se fundan instituciones políticas, una -independencia nacional, una dinastía, un código, un pueblo.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_19"> - <p><span class="pagenum" id="Page_358">p. 358</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XIX.</h2> - <p class="subh2">Porvenir de las misiones.</p> -</div> - -<div class="sidenote">Año 45</div> - -<p>Tal era el mundo que los misioneros cristianos se encargaron -de convertir; y bien podemos ver que semejante empresa no fué una -locura, ni tampoco el llevarla á cabo un milagro. El mundo carecia -moralmente de muchos cosas que la nueva religion le podia facilitar -de una manera admirable; las costumbres se dulcificaban; queríase un -culto más puro; y las nociones sobre los derechos del hombre y las -ideas acerca de los amejoramientos sociales iban ganando terreno por -todas partes. La credulidad, por otro lado, era extremada, el número -de personas instruidas muy escaso, y si ante semejante sociedad se -hubiesen presentado ardientes apóstoles, judíos, es decir, monoteistas, -discípulos de Jesús, penetrados de la más dulce predicacion moral -que jamás pudiera oirse, no hay para que dudar que se les hubiera -escuchado. Los sueños é ilusiones que contiene su enseñanza, no serán -un obstá<span class="pagenum" id="Page_359">p. 359</span>culo para que -obtengan buen éxito; el número de los que no creen en lo sobrenatural -y en el milagro es muy corto; si son humildes y pobres tanto mejor, -porque la humanidad en el punto que se halla, no puede salvarse sino -por un esfuerzo del pueblo. Las antiguas religiones paganas no son -reformables; el Estado romano es lo que será siempre el Estado; es -decir, una cosa rígida, seca, y dura; en ese mundo que parece por falta -de amor, el porvenir es de aquel que toque la fibra sensible de la -piedad popular. El liberalismo griego y la antigua gravedad romana son -impotentes para conseguirlo.</p> - -<p>La fundacion del cristianismo es bajo este punto de vista la -obra más grande que han hecho jamás los hombres del pueblo, y muy -pronto quizás, los hombres y mujeres de la alta nobleza romana, se -afiliarán á la Iglesia. Desde fines del primer siglo, Flavio Clemente -y Flavia Domitila nos muestran casi al cristianismo penetrando en el -palacio de los Césares<a id="FNanchor_1068" href="#Footnote_1068" -class="fnanchor">[1068]</a>. Á partir de los primeros Antoninos, -cuéntanse personas ricas en la comunidad, y á fines del segundo -siglo algunos de los personajes más considerables del Imperio<a -id="FNanchor_1069" href="#Footnote_1069" class="fnanchor">[1069]</a>, -si bien en general todos ó casi todos eran humildes<a -id="FNanchor_1070" href="#Footnote_1070" class="fnanchor">[1070]</a>. -En las iglesias más antiguas, así como en Galilea al re<span -class="pagenum" id="Page_360">p. 360</span>dedor de Jesús no habia -nobles ni poderosos: ahora bien en esas grandes creaciones, la primera -hora es la decisiva; la gloria de las religiones pertenece por completo -á sus fundadores, pues aquellas, en efecto, se reducen á una cuestion -de fé; creer es una cosa vulgar; la obra maestra es saber inspirar la -fé.</p> - -<p>Cuando uno trata de figurarse aquellos maravillosos orígenes, se -le representan por lo regular las cosas segun el modelo de nuestra -época, lo cual induce á graves errores. El hombre del pueblo, en -el primer siglo de nuestra era, sobre todo en los países griegos y -orientales, no se asemejaba en nada de lo que es hoy; la educacion -no levantaba entonces en las clases una barrera tan inespugnable -como ahora, y aquellas razas del Mediterráneo, si se exceptúan las -poblaciones de Lacio, las cuales habian desaparecido ó perdido toda -su importancia desde que el imperio romano habia llegado á ser -la cosa de los pueblos vencidos al conquistar el mundo, aquellas -razas, digo, eran menos sólidas que las nuestras, pero más vivas, -más espirituales, más idealistas. El pesado materialismo, esa cosa -triste y apagada, efecto de nuestros climas y legado fatal de la edad -media, que da á nuestros pobres un aspecto tan desconsolador, no era -el defecto de los de aquella época. Sin embargo, aun cuando fuesen -muy ignorantes y crédulos, no lo eran más que los ricos poderosos, -y no hay que representarse el establecimiento del cristianismo como -análogo á lo que seria entre nosotros un movimiento que, partiendo de -las clases populares, acabara (cosa imposible á nuestros ojos,)<span -class="pagenum" id="Page_361">p. 361</span> por obtener el asentimiento -de los hombres instruidos. Los fundadores del cristianismo pertenecian -al pueblo en el sentido de que iban mal vestidos, vivian sencillamente -y hablaban mal, ó más bien solo se proponian expresar sus ideas con -vivacidad; mas en punto á inteligencia no eran inferiores sino á un -corto número de hombres que aún quedaban de la gran sociedad de César -y de Augusto. Comparados con los principales filósofos que enlazaban -el siglo de Augusto con el de los Antoninos, los primeros cristianos -podian considerarse como espíritus pobres, mas comparados con la -masa de los súbditos del Imperio eran ilustrados. Tratábaseles á -veces de pensadores libres; el grito del populacho contra ellos era -«¡Muerte á los Ateos!»<a id="FNanchor_1071" href="#Footnote_1071" -class="fnanchor">[1071]</a> y esto no es de extrañar si se atiende á -que el mundo hacia espantosos progresos en punto á supersticion. Las -dos primeras capitales del cristianismo de los gentiles, Antioquía y -Éfeso, eran las dos ciudades del Imperio más dadas á las creencias -sobrenaturales, los siglos segundo y tercero llevaron hasta la demencia -el espíritu de lo maravilloso y de la credulidad.</p> - -<p>El cristianismo nació fuera del mundo oficial, mas no era -precisamente inferior á él: solo en apariencia y segun las -preocupaciones mundanas, eran los discípulos de Jesús unas pobres -gentes. El hombre mundano ama lo que es orgulloso y fuerte; habla -con dureza al humilde; entiende que el honor consiste en no -dejarse insultar, y desprecia en fin al que se reconoce dé<span -class="pagenum" id="Page_362">p. 362</span>bil, que lo sufre todo, que -cede su túnica y presenta el rostro para recibir un bofeton. Aquí está -el error, pues el débil á quien desprecia es superior por lo general; -la virtud reside en los que obedecen (sirvientes, obreros, soldados, -etc.,) más bien que en los que mandan y gozan; y esto está casi en el -órden, puesto que mandar y disfrutar, lejos de contribuir á la virtud, -ofrece una dificultad para ser virtuoso.</p> - -<p>Jesús comprendió maravillosamente que en el seno del pueblo se halla -la resignacion y abnegacion que salva al mundo. Hé ahí porque proclamó -felices á los pobres, juzgando que á ellos les era más fácil que á los -otros ser buenos; los cristianos primitivos fueron por esencia pobres; -«pobres» se les llamó<a id="FNanchor_1072" href="#Footnote_1072" -class="fnanchor">[1072]</a> y aun cuando el cristiano fuese rico en los -siglos segundo y tercero, en punto á espíritu se le podia considerar -como un <i>tenuior</i><a id="FNanchor_1073" href="#Footnote_1073" -class="fnanchor">[1073]</a> y se salvó gracias á la ley sobre los -<i>collegia tenuiorum</i>. No eran ciertamente todos los cristianos -esclavos y gentes de baja condicion, mas el equivalente social de un -cristiano era un esclavo, y lo mismo se decia de aquel que de este, -reconociéndose en ambos las mismas virtudes de bondad, humildad, -resignacion y dulzura. Todos los autores paganos opinan unánimemente -de este modo; todos sin excepcion reconocen en el cristiano los rasgos -del carácter servil, la indiferencia hácia las grandes cuestiones -y ese aire triste y contrito, esa aversion hácia los juegos,<span -class="pagenum" id="Page_363">p. 363</span> los teatros, los -gimnasios y los baños<a id="FNanchor_1074" href="#Footnote_1074" -class="fnanchor">[1074]</a>, característica en ellos.</p> - -<p>En una palabra, los paganos eran el mundo, no los cristianos: -estos constituian un pequeño grupo separado, aborrecido del mundo, -que ellos por su parte encontraban malo<a id="FNanchor_1075" -href="#Footnote_1075" class="fnanchor">[1075]</a> procurando -«conservarse inmaculados del mundo»<a id="FNanchor_1076" -href="#Footnote_1076" class="fnanchor">[1076]</a>. El ideal del -cristianismo será lo contrario del ideal mundano<a id="FNanchor_1077" -href="#Footnote_1077" class="fnanchor">[1077]</a>; al perfecto -cristiano le gustarán las objeciones; tendrá las virtudes del pobre, -del hombre sencillo, de aquel que no trata de hacerse valer, mas no -carecerá tampoco de los defectos de sus virtudes, pues considerará -vanas y frívolas muchas cosas que no lo son, declarándose enemigo de -la belleza. Un sistema en que la Venus de Milo no aparece sino como un -ídolo, es un sistema falso ó al menos parcial, pues la belleza vale -casi tanto como lo bueno y lo verdadero. Con semejantes ideas, es en -todo caso inevitable una decadencia en el arte, pues el cristiano no -querrá ni edificar, ni esculpir, ni dibujar; será demasiado idealista, -y le importará poco saber, porque la curiosidad le parece una cosa -vana. Confundiendo la gran voluptuosidad del alma, que es uno de los -modos de tocar lo infinito, con el placer vulgar, no querrá disfrutar -porque es demasiado virtuoso.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_364">p. 364</span>Desde ahora se -presenta otra ley que debe dominar en esta historia; el establecimiento -del cristianismo corresponde á la supresion de la vida política en el -mundo del Mediterráneo; el cristianismo nace y se extiende en una época -en que ya no hay patria; si alguna cosa falta á los fundadores de la -Iglesia, es el patriotismo. No son cosmopolitas porque todo planeta -es para ellos un lugar de destierro; son idealistas en el sentido -más absoluto. La patria es un compuesto del cuerpo y del alma; esta -última, constituye los recuerdos, las costumbres, las leyendas, las -desgracias, las esperanzas y los sentimientos comunes; el cuerpo, es -el suelo, la raza, el idioma, las montañas, los rios, los productos -característicos, y en tal caso, nadie prescindió tanto de todo esto -como los verdaderos cristianos. Ellos no tomaron cariño á la Judea, -y al cabo de algunos años olvidaron la Galilea completamente; la -gloria de Grecia y de Roma solo les inspiró indiferencia; los países -en que el cristianismo se estableció desde luego, es decir, la Siria, -Chipre y el Asia Menor, no se acordaron ya de la época en que fueron -libres; en Grecia y Roma dominaba aún el sentimiento nacional, pero -en esta última el patriotismo residia en el ejército y en algunas -familias, mientras que en la primera el cristianismo no fructifica -sino en Corinto, ciudad que desde su destruccion por Mummio y su -reconstruccion por César, era un conjunto de gente de todas clases. -Los verdaderos países griegos, entonces como hoy, muy poseidos por el -recuerdo de su pasado, se prestaron muy poco á la nueva predicacion -y fueron<span class="pagenum" id="Page_365">p. 365</span> siempre -medianamente cristianos. Por el contrario, aquellos países mudos, -alegres, voluptuosos, tales como el Asia y la Siria, países de placer, -de costumbres libres y de abandono, acostumbrados á recibir de extraños -la vida y el gobierno, no tenian nada á que renunciar tratándose de -orgullo y tradiciones. Las más antiguas metrópolis del cristianismo, -como Antioquía, Éfeso, Tesalónica, Corinto y Roma, fueron ciudades -comunes, si así puede decirse, ciudades semejantes á la moderna -Alejandría, donde afluian todas las razas, y donde la union entre -el hombre y el suelo, que es lo que constituye la nacionalidad, era -absolutamente nula.</p> - -<p>La importancia que se da á las cuestiones sociales está en sentido -inverso á las preocupaciones políticas: el socialismo adquiere la -superioridad, cuando el patriotismo se debilita; el cristianismo fué -la explosion de las ideas sociales y religiosas, que debia esperarse -desde el momento en que Augusto puso fin á las luchas políticas. -Culto universal, como el islamismo, el cristianismo será en el fondo -el enemigo de las nacionalidades, y serán necesarios muchos siglos y -muchos cismas para que lleguen á formarse iglesias nacionales con una -religion que fuese desde luego la negacion de toda patria terrestre, -que naciere en una época en que no hubiera en el mundo ni ciudad -ni ciudadanos. Es indudable que las antiguas y severas repúblicas -de Italia y de Grecia como un veneno mortal habian rechazado estas -iglesias para el Estado.</p> - -<p>Y esta es una de las causas que contribuyen á la<span -class="pagenum" id="Page_366">p. 366</span> grandeza del culto -nuevo: la humanidad es cosa diversa, cambiante, agitada por deseos -contradictorios; grande es la patria y santos son los héroes de -Maraton, de las Termópilas, de Valmy y de Fleurus; pero la patria no -está aquí abajo, porque uno es hombre é hijo de Dios antes que francés -ó aleman.</p> - -<p>El reino de Dios, sueño eterno que no se arrancará del corazon del -hombre, es la protesta contra lo que el patriotismo tiene de exclusivo; -el pensamiento de una organizacion de la humanidad para su dicha más -grande y su amejoramiento moral, es cristiano y legítimo; el Estado -no sabe ni puede saber más que una cosa: organizar el egoismo, y esto -no es indiferente, porque el egoismo es el más poderoso y el más -perceptible de los móviles de la humanidad. Pero esto no basta: los -gobiernos que suponen que el hombre solo tiene instintos de egoismo, se -equivocan de medio á medio, porque la abnegacion es tan natural como -el egoismo para los hijos de las grandes razas; la organizacion de -la abnegacion es la religion, y no se espere pues prescindir de esta -última ni de sus asociaciones, porque el progreso de las sociedades -modernas, hará que esta necesidad sea cada vez más imperiosa.</p> - -<p>Hé ahí de qué modo esos relatos de extraños sucesos pueden encerrar -para nosotros una gran enseñanza, pero es preciso no detenerse -en ciertos rasgos que por la diferencia de épocas puedan parecer -extravagantes. Cuando se trata de creencias populares hay siempre -una inmensa desproporcion entre la grandeza del objeto ideal que -prosigue la fé y la<span class="pagenum" id="Page_367">p. 367</span> -pequeñez de las circunstancias materiales que inducen á creer. De ahí -la particularidad que en la historia religiosa, los detalles extraños -y los actos que se asemejan á la locura, puedan mezclarse con lo que -hay de más sublime. El fraile que inventó la santa ampolla ha sido -uno de los fundadores del reino de Francia: ¿quién no querria borrar -de la vida de Jesús el episodio de los demoniacos de Gergesia? Ningun -hombre de sangre fria ha hecho nunca lo que hicieron Francisco de Asís, -Juana de Arco, Pedro el Ermitaño, é Ignacio de Loyola; nada es más -relativo que la palabra locura aplicada al pasado del espíritu de la -humanidad; y si se siguieran las ideas extendidas en nuestros dias, no -hay profeta, ni apóstol, ni santo, que no se hubiese visto encerrado. -La conciencia humana es poco estable en las épocas en que la reflexion -no ha avanzado mucho y cuando es tal el estado del alma, se llega -insensiblemente del bien al mal y del mal al bien, dando lugar á que lo -bello se convierta, en feo ó vice-versa. No hay justicia posible para -lo pasado si no se admite este principio. Un mismo soplo divino penetra -en toda la historia y forma una union admirable; pero la variedad de -combinaciones que pueden producir las facultades humanas es infinita. -Los apóstoles difieren menos de nosotros que los fundadores del -budismo, los cuales, sin embargo, se aproximaban más á nosotros por el -idioma, y probablemente por la raza. Nuestro siglo ha visto movimientos -religiosos tan extraordinarios como los de otras épocas, movimientos -que han provocado tanto entu<span class="pagenum" id="Page_368">p. -368</span>siasmo como los anteriores, que cuentan ya relativamente, -mayor número de mártires, y cuyo porvenir es aún incierto.</p> - -<p>No hablo de los Mormones, secta por ciertos conceptos tan estúpida -y abyecta, que se le resiste á uno creer en ella formalmente, por más -que sea instructivo ver en pleno siglo <span class="asc">XIX</span> á -millares de hombres de nuestra raza vivir creyendo en los milagros y en -las maravillas en que tienen una fé ciega y que segun dicen han visto y -tocado. Ya contamos con toda una literatura para demostrar el acuerdo -que existe entre el mormonismo y la ciencia, pero lo más admirable es, -que esta religion, fundada en necedades é imposturas, ha sabido llevar -á cabo prodigios de paciencia y abnegacion, y dentro de quinientos -años, habrá doctores que probarán su divinidad por las maravillas -de su establecimiento. El babismo en Persia, ha sido un fenómeno -notable por otro estilo<a id="FNanchor_1078" href="#Footnote_1078" -class="fnanchor">[1078]</a>: un hombre pacífico y sin pretension -alguna, una especie de Spinoza, modesto y piadoso, se ha visto casi -á pesar suyo, elevado al rango de taumaturgo, de encarnacion divina, -llegando á ser el jefe de una secta numerosa, ardiente y fanática, que -estuvo á punto de producir una revolucion semejante á la de Islam. -Millares de mártires recibieron por él la muerte con la mayor alegría; -el dia de la matanza de los <i>babis</i> en<span class="pagenum" -id="Page_369">p. 369</span> Teheran, no tiene acaso igual en la -historia del mundo, pues segun dice un narrador, testigo ocular,<a -id="FNanchor_1079" href="#Footnote_1079" class="fnanchor">[1079]</a> -«vióse en dicho dia en las calles y bazares de Teheran, un espectáculo -que la poblacion no olvidará acaso nunca. Aún hoy dia, cuando se habla -de aquella catástrofe, puede comprenderse cuánta fué la admiracion -mezclada de horror que experimentó la multitud, y que los años no han -disminuido. Vióse avanzar entre los verdugos una porcion de niños -y mujeres con las carnes del cuerpo desgarradas y llevando sujetas -alrededor de éste mechas encendidas cuya llama les abrasaba la -piel; las víctimas, que iban atadas con cuerdas, recibian continuos -latigazos, mas á pesar de esto, niños y mujeres avanzaban entonando -un versículo que decia: «En verdad venimos de Dios y volvemos á él» -y elevábanse sus voces sonoras en medio del silencio de la multitud. -Cuando uno de los condenados caia al suelo hacíanle levantar á fuerza -de golpes, y entonces, por agotadas que estuviesen las fuerzas de la -víctima á causa de la pérdida de sangre que corria de sus heridas, -poníase á bailar gritando con creciente entusiasmo: «En verdad que -somos de Dios y volvemos á él.» Algunos niños caian muertos sobre el -camino, y los verdugos cogian sus cuerpos y los arrojaban á los piés -de los padres y de sus hermanos, que pisaban orgullosamente aquellos -cadáveres sin lanzarles siquiera una mirada. Al llegar al lugar de la -ejecucion se propuso á las víctimas que abjurasen: á un verdugo<span -class="pagenum" id="Page_370">p. 370</span> se le ocurrió decir á un -padre que si no cedia iba á cortar el cuello á sus dos hijos sobre -su mismo pecho; los dos muchachos, de los cuales el mayor tendria -catorce años, enrojecidos con su propia sangre, y calcinadas las -carnes, escuchaban friamente el diálogo: el padre contestó tendiéndose -en el suelo que estaba dispuesto, y entonces el mayor de sus hijos, -reclamando con instancia su derecho de primogenitura, pidió que le -degollase antes á él<a id="FNanchor_1080" href="#Footnote_1080" -class="fnanchor">[1080]</a>. Por último se acabó todo: las sombras -de la noche cubrieron una masa informe de carne humana; las cabezas -estaban atadas á los postes del cadalso y los perros de los arrabales -se dirigian en bandadas hácia aquel punto.»</p> - -<p>Esto ocurria en 1852: la secta de Mazdak, en tiempo de Cosroes -Nouschirvan, se ahogó en un baño de sangre semejante; la abnegacion -absoluta es para las almas sencillas el más exquisito de los goces -y una especie de necesidad; en la ejecucion de los Babis, algunas -personas que eran de la secta, corrian á denunciarse á sí mismas -deseosas de obtener la muerte y el martirio. ¡Es tan dulce para el -hombre sufrir por alguna cosa, que muchas veces la indiferencia del -mártir basta para hacer creer! Un discípulo que fué compañero de -suplicio de Bab, hallándose suspendido al lado da éste en las murallas -de Tabriz, esperando la muerte, no decia más que estas palabras: -«¿Estais contento de mí, maestro?»</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_371">p. 371</span>Las personas que -suponen milagroso ó quimérico lo que en la historia excede á los -cálculos de un buen sentido vulgar, no podrán seguramente explicarse -tales hechos. La condicion fundamental de la crítica, es saber -comprender los estados diversos del espíritu humano; la fé absoluta es -para nosotros una cosa completamente extraña; y fuera de las ciencias -positivas, de una seguridad en cierto modo material, toda opinion no -es á nuestros ojos más que una probabilidad que implica una parte de -verdad y una parte de error; esta última puede ser tan pequeña como se -quiera, pero no se reduce nunca á cero cuando se trata de cosas morales -sobre una cuestion de arte, lenguaje, forma literaria ó personas. -Esta, sin embargo, no es la manera de ver de los espíritus pobres y -obstinados, tal como los Orientales; los ojos de esas gentes no son -como los nuestros; son una especie de ojos de esmalte como los de los -personajes que figuran en los mosaicos con su mirada fija y que no -saben ver sino una sola cosa á la vez, cosa que al fin les preocupa, -se apodera de ellos, é impidiéndoles que sean dueños de creer ó de no -creer, no les permite reflexionar. Cuando se profesa una opinion de -este modo, se deja uno matar por ella: el mártir es en religion lo -que el hombre de partido en política: no ha habido muchos mártires -inteligentes; los confesores del tiempo de Diocleciano debian ser, -despues de la paz de la Iglesia,<span class="pagenum" id="Page_372">p. -372</span> personajes impertinentes é imperiosos, pues nunca es uno -tolerante cuando cree que siempre tiene razon y que los otros no la -tienen nunca.</p> - -<p>Los grandes entusiasmos religiosos, que son la consecuencia de -fijarse demasiado en las cosas, se convierten así en enigmas para -un siglo como el nuestro, en que el rigor de las convicciones se ha -debilitado mucho. Entre nosotros, el hombre sincero modifica sin cesar -sus opiniones; en primer lugar, porque el mundo cambia, y en segundo -porque el apreciador cambia tambien. Nosotros creemos varias cosas -á la vez; amamos la justicia y la verdad y por ellas expondriamos -nuestra vida, pero no admitimos que lo justo y lo verdadero sean solo -del dominio de una secta ó de un partido. Somos buenos franceses, mas -reconocemos que los alemanes y los ingleses son superiores por muchos -conceptos, lo cual no se hace en las épocas y en los países en que -cada cual es de su comunion, de su raza, de su escuela política. Hé -aquí por qué todas las grandes creaciones religiosas se han producido -en sociedades cuyo espíritu general era más ó menos análogo al del -Oriente. Hasta aquí, en efecto, la fé absoluta es la única que ha -conseguido imponerse á las demás. Una buena criada de Lyon, llamada -Blandine, que se hizo matar por su fé, hace mil setecientos años, y -un brutal jefe de banda, llamado Clovis, que creyó conveniente, hace -catorce siglos, convertirse al catolicismo, son los que nos imponen aún -la ley.</p> - -<p>¿Quién no se ha detenido al recorrer nuestras antiguas ciudades, -ahora modernas, al pié de los gigan<span class="pagenum" -id="Page_373">p. 373</span>tescos monumentos de la fé de las edades -antiguas? Todo se ha renovado ya en ellos; no queda un solo vestigio -de las costumbres de otros tiempos; solo permanece en pié la catedral, -un poco mutilada acaso por la mano del hombre, pero profundamente -arraigada en el suelo; <i>¡Mole sua stat!</i> Su masa es su derecho. -Ha resistido al diluvio que todo lo destruyó á su alrededor; ni uno -solo de los hombres de otra época que fuera á visitar los sitios donde -vivió, podria encontrar su casa; solo el cuervo que hizo su nido en las -alturas del edificio sagrado no ha visto destruir su morada, ¡Extraña -prescripcion! Aquellos honrados mártires, aquellos rudos convertidos, -aquellos piratas que construyeron iglesias, nos dominan todavía. Somos -cristianos porque ellos quisieron serlo; así como en política solo -las fundaciones bárbaras son duraderas, en religion las afirmaciones -espontáneas, y si me atrevo á decirlo, fanáticas, son contagiosas. Y -esto consiste en que las religiones son obras enteramente populares; su -éxito no depende sino de las pruebas más ó menos buenas que producen de -su divinidad; su éxito está en proporcion de lo que dicen al corazon -del pueblo.</p> - -<p>¿Se sigue acaso de aquí que la religion esté destinada á disminuir -poco á poco y á desaparecer como los errores populares sobre la mágia, -la brujería y los espíritus? Seguramente no: la religion no es un -error popular; es una gran verdad de instinto entrevista y expresada -por el pueblo. Todos los símbolos que sirven para dar una forma al -sentimiento religioso son<span class="pagenum" id="Page_374">p. -374</span> incompletos, y su destino es ser rechazados unos despues -de otros; pero nada es más falso que el sueño ó la ilusion de varias -personas, que tratando de concebir la humanidad perfecta, la conciben -sin religion. Debe decirse lo inverso. La China, que es una humanidad -inferior, no tiene apenas religion: supongamos por el contrario un -planeta habitado por una humanidad cuya fuerza intelectual, moral y -física, sea doble que la de la humanidad terrestre, y tendremos que -la primera seria cuando menos dos veces más religiosa que la nuestra; -y digo <i>cuando menos</i>, porque es probable que el aumento de -facultades religiosas tuviese lugar en una progresion más rápida que -el aumento de la capacidad intelectual, y no se haria segun la simple -proporcion directa. Supongamos una humanidad diez veces más fuerte que -la nuestra; esa seria infinitamente más religiosa, y aún es probable, -que en semejante grado de sublimidad, desprendido de toda preocupacion -material y de todo egoismo, dotado de un tacto perfecto y de un gusto -divinamente delicado, viendo la bajeza y el vacío de todo lo que no -es lo verdadero, lo bueno ó lo bello, el hombre seria únicamente -religioso, y estaria continuamente sumido en una perpétua adoracion, -pasando de éxtasis en éxtasis, naciendo, viviendo y muriendo en un -torrente de voluptuosidad. El egoismo, en efecto, que da la medida de -la inferioridad de los séres, decrece segun se aleja de lo animal; -un ser perfecto no seria ya egoista, sino religioso; el progreso -pues tendrá por efecto engrandecer la religion, y no destruirla ó -disminuirla.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_375">p. 375</span>Pero tiempo es ya -de volver á los tres misioneros, Pablo, Bernabé y Juan Márcos, que -hemos dejado en el momento que salian de Antioquía por la puerta que -conduce á Seleucia. En mi tercer libro trataré de seguir las huellas -de esos mensajeros de buenas nuevas por tierra y por mar, lo mismo en -la calma que en la tormenta, así en los buenos como en los malos dias. -Ya me urge referir la historia de esa epopeya sin igual, recorrer -esos caminos infinitos del Asia y de Europa, á lo largo de los cuales -sembraron el grano del Evangelio, y tengo en fin deseos de surcar esas -ondas que ellos atravesaran tantas veces en situaciones diversas. -La gran odisea cristiana va á comenzar; ya la barca apostólica ha -desplegado sus velas, y sopla la brisa que no aspira sino á llevar en -sus alas las palabras de Jesús.</p> - - -<p class="centra fs90 ws1 mt3">FIN DE LOS APÓSTOLES.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Notas"> - <h2 class="nobreak g1">NOTAS</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1" href="#FNanchor_1" class="label">[1]</a> El -autor de las <i>Actas</i> no da directamente á San Pablo el título de -Apóstol, que solo aplica en general á los miembros del colegio central -de Jerusalem.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_2" href="#FNanchor_2" class="label">[2]</a> Homilias -seudo-clementinas, <span class="asc">XVII</span>, 13-19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_3" href="#FNanchor_3" class="label">[3]</a> -Justino, <i>Apol. I</i>, 39. En las <i>Actas</i> predomina tambien -la idea de que Pedro fué el Apóstol de los gentiles. Véase sobre -todo el Cap. <span class="asc">X</span> y compárese I Petri, <span -class="asc">I</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_4" href="#FNanchor_4" class="label">[4]</a> I Cor., -<span class="asc">III</span>, 6, 10; <span class="asc">IV</span>, -14, 15; <span class="asc">IX</span>, 1, 2; II Cor., <span -class="asc">XI</span>, 2, etc.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_5" href="#FNanchor_5" class="label">[5]</a> Carta de -Dionisio de Corinto, en Eusebio, <i>Hist. eccl.</i>, II, 25.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_6" href="#FNanchor_6" class="label">[6]</a> Los -lectores franceses que deseen obtener más ámplios detalles sobre la -discusion y comparacion de las cuatro narraciones, pueden consultar los -siguientes escritos: Strauss, <i>Vie de Jésus</i>, 3.ª sec., cap. <span -class="asc">IV</span> y <span class="asc">V</span> (traduccion Littré); -<i>Nouvelle Vie de Jésus</i>, l. I, § 46 y siguientes; l. II, § 97 y -siguientes (Traduccion Nefftzer y Dollfus).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_7" href="#FNanchor_7" class="label">[7]</a> La -Iglesia la admite desde luego como evidente. Véase el cánon de Muratori -(<i>Antiq. Ital.</i>, III, 854), colacionado por Wieseler y restituido -por Laurent (<i>Neutestamentliche Studien</i>, Gotha, 1866), lin. 33 y -siguientes.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_8" href="#FNanchor_8" class="label">[8]</a> -Luc., <span class="asc">I</span>, 1-4, <i>Act.</i>, <span -class="asc">I</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_9" href="#FNanchor_9" class="label">[9]</a> Véase -sobre todo <i>Act.</i>, <span class="asc">XVI</span>, 12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_10" href="#FNanchor_10" class="label">[10]</a> -Sabido es que entre los escritores del Nuevo Testamento es muy pobre la -manera de expresarse, si bien cada uno tiene su pequeño diccionario, -y esto nos proporciona una regla precisa para determinar quién es el -autor de los escritos, aun de los más cortos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_11" href="#FNanchor_11" class="label">[11]</a> El -empleo de esta palabra, <i>Act.</i>, <span class="asc">XIV</span>, 4, -14, es muy indirecto.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_12" href="#FNanchor_12" class="label">[12]</a> -Compárese por ejemplo, <i>Act.</i>, <span class="asc">XVII</span>, -14-16; <span class="asc">XVIII</span>, 5, á I Tes., <span -class="asc">III</span>, 1-2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_13" href="#FNanchor_13" class="label">[13]</a> -I Cor., <span class="asc">XV</span>, 32; II Cor., <span -class="asc">I</span>, 8; <span class="asc">XI</span>, 23 y siguientes. -Rom., <span class="asc">XV</span>, 19; <span class="asc">XVI</span>, 3 -y siguientes.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_14" href="#FNanchor_14" class="label">[14]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XVI</span>, 6; <span -class="asc">XVIII</span>, 22-23, comparando la epístola á los -Galatas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_15" href="#FNanchor_15" class="label">[15]</a> Por -ejemplo, la estancia en Cesarea queda en la oscuridad.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_16" href="#FNanchor_16" class="label">[16]</a> -Mabillon, <i>Museum Italicum</i>, <span class="asc">I</span>, 1.ª pars, -pág 109.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_17" href="#FNanchor_17" class="label">[17]</a> Col., -<span class="asc">IV</span>, 14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_18" href="#FNanchor_18" class="label">[18]</a> -Véase más arriba, <a href="#Page_xiv">pág. <span -class="asc">XIV</span></a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_19" href="#FNanchor_19" class="label">[19]</a> Casi -todas las inscripciones son latinas, así como en Neapolis (Cavala) el -puerto de Filipos. Véase Heuzey, <i>Mission de Macédoine</i>, pág. 11 y -sig. Los notables conocimientos náuticos del autor de las <i>Actas</i> -(véase sobre todo cap. <span class="asc">XXVII-XXVIII</span>) dan lugar -á creer que era de Neapolis.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_20" href="#FNanchor_20" class="label">[20]</a> Por -ejemplo, <i>Act.</i>, <span class="asc">X</span>, 28.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_21" href="#FNanchor_21" class="label">[21]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">V</span>, 36-37.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_22" href="#FNanchor_22" class="label">[22]</a> Los -hebraismos de su estilo pueden ser resultado de una lectura asídua -de las traducciones griegas del Antiguo Testamento, y sobre todo de -la lectura de los escritos compuestos por sus correligionarios de -Palestina, que copia con frecuencia textualmente. Sus citas del Antiguo -Testamento se han hecho sin ningun conocimiento del texto original (por -ejemplo, cap. <span class="asc">XV</span>, pág. 16 y sig.).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_23" href="#FNanchor_23" class="label">[23]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XVII</span>, 22 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_24" href="#FNanchor_24" class="label">[24]</a> -Luc., <span class="asc">I</span>, 26; <span class="asc">IV</span>, -31; <span class="asc">XXIV</span>, 13. Compárese más abajo, <a -href="#Footnote_104">página 73, nota</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_25" href="#FNanchor_25" class="label">[25]</a> -Luc., <span class="asc">I</span>, 31, comparado con Mateo, <span -class="asc">I</span>, 21. El nombre de <i>Juana</i> que solo Lucas -conoce, es sospechoso, pues no parece probable que <i>Juan</i> tuviese -entonces correspondencia femenina. Sin embargo, véase Talm. de Bab., -<i>Sota</i>, 22 <i>a</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_26" href="#FNanchor_26" class="label">[26]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 47; <span -class="asc">IV</span>, 33; <span class="asc">V</span>, 13, 26.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_27" href="#FNanchor_27" class="label">[27]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 22, 23; <span -class="asc">XII</span>, 3, 11; <span class="asc">XIII</span>, 45, 50 y -otros muchos pasajes. Lo mismo sucede con el cuarto Evangelio porque -tambien fué redactado fuera de Siria.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_28" href="#FNanchor_28" class="label">[28]</a> Luc., -<span class="asc">X</span>, 33 y sig.; <span class="asc">XVII</span>, -16; <i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 5 y sig. y lo mismo en -el cuarto Evangelio: Juan, <span class="asc">IV</span>, 5 y sig. Comp. -Mat., <span class="asc">X</span>, 5-6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_29" href="#FNanchor_29" class="label">[29]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XXVIII</span>, 30.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_30" href="#FNanchor_30" class="label">[30]</a> Véase -<i>Vida de Jesús</i>, pág. <span class="asc">XVII</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_31" href="#FNanchor_31" class="label">[31]</a> Luc., -<span class="asc">XXIV</span>, 50. Marc., <span class="asc">XVI</span>, -19, viene á decir lo mismo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_32" href="#FNanchor_32" class="label">[32]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 3, 9.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_33" href="#FNanchor_33" class="label">[33]</a> -Véase sobre todo Luc., <span class="asc">I</span>, 1, la expresion -<span xml:lang="grc" lang="grc">τῶν πεπληροφορημένων ἐν ἡμῖν -πραγμάτων</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_34" href="#FNanchor_34" class="label">[34]</a> -Cap. <span class="asc">X</span>, <span class="asc">XXII</span>, <span -class="asc">XXVI</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_35" href="#FNanchor_35" class="label">[35]</a> El -centurion Cornelio y el procónsul Sergio Paulo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_36" href="#FNanchor_36" class="label">[36]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 7 y sig.; <span -class="asc">XVIII</span>, 12 y sig.; <span class="asc">XIX</span>, -35 y sig.; <span class="asc">XXIV</span>, 7, 17; <span -class="asc">XXV</span>, 9, 16, 25; <span class="asc">XXVII</span>, 2; -<span class="asc">XXVIII</span>, 17-18.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_37" href="#FNanchor_37" class="label">[37]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XVI</span>, 37 y sig.; <span -class="asc">XXII</span>, 26 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_38" href="#FNanchor_38" class="label">[38]</a> -Semejantes precauciones no eran raras: el Apocalipsis y la epístola de -Pedro designan á Roma con palabras embozadas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_39" href="#FNanchor_39" class="label">[39]</a> Luc., -<span class="asc">I</span>, 4.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_40" href="#FNanchor_40" class="label">[40]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 22.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_41" href="#FNanchor_41" class="label">[41]</a> Véase -la <i>Vida de Jesús</i>, pág. <span class="asc">XXXIX</span> y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_42" href="#FNanchor_42" class="label">[42]</a> Esto -se nota principalmente en la historia del Centurion Cornelio.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_43" href="#FNanchor_43" class="label">[43]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 47; <span -class="asc">IV</span>, 33; <span class="asc">V</span>, 13, 26. Cf. -Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 19-20.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_44" href="#FNanchor_44" class="label">[44]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 44-45; <span -class="asc">IV</span>, 34 y sig.; <span class="asc">V</span>, 1 y -sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_45" href="#FNanchor_45" class="label">[45]</a> -I Cor., <span class="asc">XII-XIV</span>. Comp. Marc., <span -class="asc">XVI</span>, 17, y <i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, -4, 13; <span class="asc">X</span>, 46; <span class="asc">XI</span> 15; -<span class="asc">XIX</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_46" href="#FNanchor_46" class="label">[46]</a> -Compárese <i>Act.</i>, <span class="asc">III</span>, 2 y sig. á -<span class="asc">XIV</span>, 8 y sig.; <span class="asc">IX</span>, -36 y sig. á <span class="asc">XX</span>, 9 y sig.; <span -class="asc">V</span>, 1 y sig. á <span class="asc">XIII</span>, -9 y sig.; <span class="asc">V</span>, 15-16 á <span -class="asc">XIX</span>, 12; <span class="asc">XII</span>, 7 y sig. á -<span class="asc">XVI</span>, 26 y sig.; <span class="asc">X</span>, 44 -á <span class="asc">XIX</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_47" href="#FNanchor_47" class="label">[47]</a> En un -discurso que el autor pone en boca de Gamaliel, allá por el año 36, se -trata de Teudas cuya empresa se declara fijamente que fué anterior á la -de Judas el Gaulonita (<i>Act.</i>, <span class="asc">V</span>, 36-37). -Ahora bien, la rebelion de Teudas es del año 44 (Jos., <i>Ant.</i>, XX, -<span class="asc">V</span>, 1), y en todo caso muy posterior á la del -Gaulonita (Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">I</span>, 1; B. -J., II, <span class="asc">VIII</span>, 1).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_48" href="#FNanchor_48" class="label">[48]</a> Las -personas que no puedan leer sobre este punto los escritos alemanes de -Baur, Schneckenburger, de Wette, Schwegler y Zeller, donde se conducen -á una solucion definitiva las cuestiones críticas relativas á las -<i>Actas</i>, pueden consultar con fruto los <i>Études historiques -et critiques sur les origines du christianisme</i>, por A. Stap -(París, Lacroix, 1864), p. 116 y sig.; Michel Nicolas, <i>Études -critiques sur la Bible. Nouveau Testament</i> (París, Lévy, 1864), p. -223 y sig.; Reuss, <i>Histoire de la théologie chrétienne au siècle -apostolique</i>, l. VI, ch. <span class="asc">V</span>; diversos -trabajos de los señores Kayser, Scherer, Reuss en la <i>Revue de -théologie</i> de Strasburgo, 1.ª serie, t. II y III; 2.ª serie, t. II y -III.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_49" href="#FNanchor_49" class="label">[49]</a> Para -el matiz de <span xml:lang="grc" lang="grc">οὐ προσανεθέμην σαρκὶ καὶ -αἵματι</span>, compárese Mat., <span class="asc">XVI</span>, 17.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_50" href="#FNanchor_50" class="label">[50]</a> Él -mismo lo declara así bajo juramento: léase sobre todo los Cap. <span -class="asc">I</span> y <span class="asc">II</span> de la epístola de -los Galatas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_51" href="#FNanchor_51" class="label">[51]</a> Act., -<span class="asc">XII</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_52" href="#FNanchor_52" class="label">[52]</a> Jos., -<i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">VIII</span>, 2; <i>B. J.</i>, II, -<span class="asc">XII</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_53" href="#FNanchor_53" class="label">[53]</a> La -cita de Amos (<span class="asc">XV</span>, 16-17), hecha por Jacobo -conforme á la version griega, y que está en desacuerdo con el hebreo, -demuestra claramente que este discurso es una ficcion del autor.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_54" href="#FNanchor_54" class="label">[54]</a> -Demostraremos luego que este es el verdadero sentido: en todo caso la -duda sobre la cuestion de saber si Tito se circuncidó ó no, importa -poco para nuestro razonamiento.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_55" href="#FNanchor_55" class="label">[55]</a> -Comp. <i>Act.</i>, <span class="asc">XV</span>, 1; Gal., <span -class="asc">I</span>, 7; <span class="asc">II</span>, 12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_56" href="#FNanchor_56" class="label">[56]</a> I -Cor., <span class="asc">VIII</span>, 4, 9; <span class="asc">X</span>, -25-29.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_57" href="#FNanchor_57" class="label">[57]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XXI</span>, 20 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_58" href="#FNanchor_58" class="label">[58]</a> -Los ebionitas sobre todo. Véanse las Homilias seudo-clementinas; -Ireneo, <i>Adv. hær.</i>, <span class="asc">I</span>, <span -class="asc">XXVI</span>, 2; Epifanio, <i>Adv. hær.</i>, hær. <span -class="asc">XXX</span>; San Gerónimo, <i>In Matth.</i>, <span -class="asc">XII</span>, init.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_59" href="#FNanchor_59" class="label">[59]</a> Á mi -parecer, sin embargo, Ananías y Safira son personajes imaginarios.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_60" href="#FNanchor_60" class="label">[60]</a> <i>De -divinatione</i>, <span class="asc">II</span>, 57.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_61" href="#FNanchor_61" class="label">[61]</a> -Prefacio de los <i>Études d’histoire religieuse</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_62" href="#FNanchor_62" class="label">[62]</a> -Marc., <span class="asc">XVI</span>, 11; Luc., <span -class="asc">XVIII</span>, 34; <span class="asc">XXIV</span>, -11; Juan, <span class="asc">XX</span>, 9, 24 y sig. La opinion -contraria expresada en Mat., <span class="asc">XII</span>, 40; <span -class="asc">XVI</span>, 4, 21; <span class="asc">XVII</span>, 9, 23; -<span class="asc">XX</span>, 19; <span class="asc">XXVI</span>, 32; -Marc., <span class="asc">VIII</span>, 31; <span class="asc">IX</span>, -9-10, 31; <span class="asc">X</span>, 34; Luc., <span -class="asc">IX</span>, 22; <span class="asc">XI</span>, 29-30; <span -class="asc">XVIII</span>, 31 y sig.; <span class="asc">XXIV</span>, -6-8; Justino, <i>Dial. cum Tryph.</i>, 106, proviene de que á -partir de cierta época, se tiene gran empeño en demostrar que Jesús -anunció su resurreccion. Por lo demás, los sinópticos reconocen que -si Jesús habló, los Apóstoles no comprendieron nada. (Marc., <span -class="asc">IX</span>, 10, 32; Luc., <span class="asc">XVIII</span>, -34; compárese Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 8, y Juan, <span -class="asc">II</span>, 21-22.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_63" href="#FNanchor_63" class="label">[63]</a> -Marc., <span class="asc">XVI</span>, 10; Luc., <span -class="asc">XXIV</span>, 17, 21.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_64" href="#FNanchor_64" class="label">[64]</a> -Pasajes precitados, sobre todo Luc., <span class="asc">XVII</span>, -24-25; <span class="asc">XVIII</span>, 31-34.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_65" href="#FNanchor_65" class="label">[65]</a> -Talmud de Babilonia, <i>Baba Bathra</i>, 58 <i>a</i>, y el extracto -árabe que da el abate Bargés en el <i>Bulletin de l’Œuvre des -pélerinages en terre sainte</i>, febrero 1863.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_66" href="#FNanchor_66" class="label">[66]</a> -Ibn-Hischam, <i>Sirat errasoul</i>, edic. Wüstenfeld, pág. 1012 y -sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_67" href="#FNanchor_67" class="label">[67]</a> -Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 23; <i>Act.</i>, <span -class="asc">XXV</span>, 19; Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span -class="asc">III</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_68" href="#FNanchor_68" class="label">[68]</a> -Salmo <span class="asc">XVI</span>, 10. El sentido del original es un -poco diferente pero así es como las versiones recibidas traducen el -pasaje.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_69" href="#FNanchor_69" class="label">[69]</a> -I Tes., <span class="asc">IV</span>, 12 y sig.; I -Cor., <span class="asc">XV</span> entero; Apoc., <span -class="asc">XX-XXII</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_70" href="#FNanchor_70" class="label">[70]</a> -Mat., <span class="asc">XVI</span>, 21 y sig.; Marc., <span -class="asc">VIII</span>, 31 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_71" href="#FNanchor_71" class="label">[71]</a> -Josefo, <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">III</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_72" href="#FNanchor_72" class="label">[72]</a> Leer -con cuidado los cuatro relatos de los Evangelios y el pasaje I Cor., -<span class="asc">XV</span>, 4-8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_73" href="#FNanchor_73" class="label">[73]</a> -Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 1; Marc., <span -class="asc">XVI</span>, 1; Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 1; -Juan, <span class="asc">XX</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_74" href="#FNanchor_74" class="label">[74]</a> Juan, -<span class="asc">XX</span>, 2, parece suponer que María no estaba -siempre sola.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_75" href="#FNanchor_75" class="label">[75]</a> -Juan, <span class="asc">XX</span>, 1 sig., y Marc., <span -class="asc">XVI</span>, 9 y sig. Es preciso notar que el Evangelio -de Márcos tiene, en nuestros textos impresos del Nuevo Testamento, -dos finales: Marc., <span class="asc">XVI</span>, 1-8; Marc., <span -class="asc">XVI</span>, 9-20, sin hablar de otros dos, uno de los -cuales ha sido conservado por el manuscrito L de París y el margen de -la version filoxeniana (<i>Nov. Test.</i> edic. Griesbach-Schultz, -I, pág. 291, nota), el otro por San Gerónimo, <i>Adv. Pelag.</i>, -l. II (t. IV, 2.ª parte, col. 520, edic. Martianay). El final <span -class="asc">XVI</span>, 9 y sig. falta en el manuscrito B del Vaticano, -en el <i>Codex Sinaiticus</i> y en los más importantes manuscritos -griegos, pero es de una remota antigüedad y concuerda con el cuarto -Evangelio de una manera admirable.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_76" href="#FNanchor_76" class="label">[76]</a> Mat., -<span class="asc">XXVII</span>, 60; Marc., <span class="asc">XV</span>, -46; Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 53.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_77" href="#FNanchor_77" class="label">[77]</a> Juan, -<span class="asc">XIX</span>, 41-42.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_78" href="#FNanchor_78" class="label">[78]</a> Véase -<i>Vida de Jesús</i>, p. <span class="asc">XXXVIII</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_79" href="#FNanchor_79" class="label">[79]</a> El -Evangelio de los hebreos contenia acaso algun dato análogo (en San -Gerónimo, <i>De viris illustribus</i>, 2).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_80" href="#FNanchor_80" class="label">[80]</a> M. -de Vogüé, <i>Les Églises de la terre sainte</i>, pág. 125-126. El -verbo <span xml:lang="grc" lang="grc">ἀποκυλίω</span> (Mat., <span -class="asc">XXVIII</span>, 2; Marc., <span class="asc">XVI</span>, 3, -4; Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 2) prueba suficientemente que -tal era la disposicion del sepulcro de Jesús.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_81" href="#FNanchor_81" class="label">[81]</a> -El relato del cuarto Evangelio tiene en este punto una gran -superioridad y nos sirve de guia principal. Segun Lucas, <span -class="asc">XXIV</span>, 12, solo Pedro va al sepulcro. En el final -de Márcos que nos da el manuscrito L y el margen de la version -filoxeniana (Griesbach, <i>l. c.</i>), se menciona <span xml:lang="grc" -lang="grc">τοῖς περὶ τὸν Πέτρον</span>. San Pablo (I Cor., <span -class="asc">XV</span>, 5) tampoco hace figurar más que á Pedro en -esta primera vision. Más lejos, Lucas (<span class="asc">XXIV</span>, -24) supone que varios discípulos han ido al sepulcro con lo cual se -indica probablemente las visitas que se hicieron luego. Es posible -que Juan, cediendo á una segunda intencion, que se revela más de -una vez en su Evangelio, quisiera demostrar que desempeñó en la -historia de Jesús un papel tan importante como el de Pedro. Acaso -tambien las repetidas declaraciones de Juan de haber sido testigo -ocular de los hechos fundamentales de la fé cristiana (Evang., <span -class="asc">I</span>, 14; <span class="asc">XXI</span>, 24; I Juan, -<span class="asc">I</span>, 1-3; <span class="asc">IV</span>, 14), -deben aplicarse á esta visita.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_82" href="#FNanchor_82" class="label">[82]</a> -Juan, <span class="asc">XX</span>, 1-10. Compar. Luc., <span -class="asc">XXIV</span>, 12, 34; I Cor., <span class="asc">XV</span>, 5 -y el final de Márcos en el manuscrito L.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_83" href="#FNanchor_83" class="label">[83]</a> -Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 9, observando que Mateo, -<span class="asc">XXVIII</span>, 9-10, contesta á Juan, <span -class="asc">XX</span>, 16-17.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_84" href="#FNanchor_84" class="label">[84]</a> -Juan, <span class="asc">XX</span>, 11-17, conforme con Márcos, <span -class="asc">XVI</span>, 9-10. Compárese el relato paralelo, aun cuando -menos satisfactorio, de Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 1-10; -Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 1-10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_85" href="#FNanchor_85" class="label">[85]</a> Juan, -<span class="asc">XX</span>, 18.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_86" href="#FNanchor_86" class="label">[86]</a> -Compárese Marc., <span class="asc">XVI</span>, 9; Luc., <span -class="asc">VIII</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_87" href="#FNanchor_87" class="label">[87]</a> Luc., -<span class="asc">XXIV</span>, 11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_88" href="#FNanchor_88" class="label">[88]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XXIV</span>, 24.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_89" href="#FNanchor_89" class="label">[89]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XXIV</span>, 34; I Cor., <span -class="asc">XV</span>, 5; el final de Márcos en el manuscrito L. El -fragmento del Evangelio de los hebreos en San Ignacio, <i>Epist. ad -Smyrn.</i>, 3, y en San Gerónimo, <i>De viris ill.</i>, 16 parece -situar la «vision de Pedro» por la noche, y la fusiona con la de los -apóstoles reunidos. Pero San Pablo distingue expresamente las dos -visiones.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_90" href="#FNanchor_90" class="label">[90]</a> Luc., -<span class="asc">XXIV</span>, 22-24, 34. Resulta de estos pasajes que -las noticias se extendieron separadamente.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_91" href="#FNanchor_91" class="label">[91]</a> -Marc., <span class="asc">XVI</span>, 1-8.—Mat., <span -class="asc">XXVIII</span>, 9-10 dice lo contrario, pero esto desentona -con el sistema sinóptico en el cual las mujeres no ven sino un ángel. -Parece que el primer Evangelio ha querido conciliar el sistema -sinóptico con el cuarto, donde una sola mujer vé á Jesús.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_92" href="#FNanchor_92" class="label">[92]</a> -Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 2 y sig.; Marc., <span -class="asc">XVI</span>, 5 y sig.; Luc., <span class="asc">XXIV</span>, -4 y sig., 23. Esta aparicion de los ángeles se ha introducido en el -relato del cuarto Evangelio (<span class="asc">XX</span>, 12-13), -trastornándolo completamente, puesto que se atribuye á María Magdalena. -El autor no ha querido prescindir de este hecho referido por la -tradicion.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_93" href="#FNanchor_93" class="label">[93]</a> -Marc., <span class="asc">XVI</span>, 8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_94" href="#FNanchor_94" class="label">[94]</a> Luc., -<span class="asc">XXIV</span>, 4-7; Juan, <span class="asc">XX</span>, -12-13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_95" href="#FNanchor_95" class="label">[95]</a> Mat., -<span class="asc">XXVIII</span>, 1 y sig. En el relato de Mateo es -donde más se han exagerado estas circunstancias. El temblor de tierra y -lo de los guardias son probablemente adiciones tardías.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_96" href="#FNanchor_96" class="label">[96]</a> -Los seis ó siete relatos que tenemos de la escena de la mañana, -(Márcos tiene dos ó tres, y Pablo tiene tambien el suyo, sin hablar -del Evangelio de los hebreos) están en completo desacuerdo unos con -otros.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_97" href="#FNanchor_97" class="label">[97]</a> Mat., -<span class="asc">XXVI</span>, 31; Marc., <span class="asc">XIV</span>, -27; Juan, <span class="asc">XVI</span>, 32; Justino, <i>Apol.</i>, -I, 50; <i>Dial. cum Tryph.</i>, 53, 106. Justino opina que en el -momento de la muerte de Jesús, cundió una completa apostasía entre los -discípulos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_98" href="#FNanchor_98" class="label">[98]</a> -Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 17; Marc., <span -class="asc">XVI</span>, 11; Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_99" href="#FNanchor_99" class="label">[99]</a> -Marc., <span class="asc">XVI</span>, 9; Luc., <span -class="asc">VIII</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_100" href="#FNanchor_100" class="label">[100]</a> -Véase, por ejemplo, Calmeil, <i>De la folie au point de vue -pathologique, philosophique, historique et judiciaire</i>. París, 1845, -2 volúmenes en 8.º</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_101" href="#FNanchor_101" class="label">[101]</a> -Véanse las <i>Lettres pastorales</i> de Jurieu, primer año, séptima -carta; tercer año, cuarta carta; Misson, <i>Le Théâtre sacré des -Cévennes</i> (Lóndres, 1707), págs. 28, 34, 38, 102, 103, 104, 107; -Memorias de Court, en Sayous, <i>Hist. de la littér. française à -l’étranger</i>, siglo <span class="asc">XVII</span>, I, pág. 303; -<i>Bulletin de la Société de l’hist. du protest. franç.</i>, 1862, -página 174.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_102" href="#FNanchor_102" class="label">[102]</a> -Mat., <span class="asc">XIV</span>, 26; Marc., <span -class="asc">VI</span>, 49; Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 37; -Juan, <span class="asc">IV</span>, 19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_103" href="#FNanchor_103" class="label">[103]</a> -Marc., <span class="asc">XVI</span>, 12-13; Luc., <span -class="asc">XXIV</span>, 13-33.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_104" href="#FNanchor_104" class="label">[104]</a> -Compárese Josefo, <i>B. J.</i>, VII, <span class="asc">VI</span>, 6. -Lucas dice que esta aldea se hallaba á sesenta estadios de Jerusalem, -y Josefo á treinta. <span xml:lang="grc" lang="grc">Ἑξήκοντα</span>, -que aparece en algunos manuscritos y algunas ediciones de Josefo, es -una correccion cristiana. Véase la edicion de G. Dindorf. La situacion -más probable de Emmaus es Kulonié, lugar muy bonito que se halla en -el fondo de un valle en el camino de Jerusalem á Jaffa. Véase Sepp, -<i>Jerusalem und das heilige Land</i> (1863), I, p. 56; Bourquenoud, -en los <i>Études rel. hist. et litt.</i> des PP. de la Soc. de Jésus, -1863, núm. 9, y para las distancias exactas, H. Zschokke, <i>Das -neutestamentliche Emmaus</i> (Schaffhausen, 1865).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_105" href="#FNanchor_105" class="label">[105]</a> -Marc., <span class="asc">XVI</span>, 14; Luc., <span -class="asc">XXIV</span>, 33 y sig.; Juan, <span class="asc">XX</span>, -19 y sig.; Evangelio de los hebreos en san Ignacio, <i>Epist. ad -Smyrn.</i>, 3, y en san Gerónimo, <i>De viris ill.</i>, 16; I Cor., -<span class="asc">XV</span>, 5; Justino, <i>Dial. cum Tryph.</i>, -106.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_106" href="#FNanchor_106" class="label">[106]</a> -Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 34.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_107" href="#FNanchor_107" class="label">[107]</a> -En una isla que hay frente á Rotterdam, cuya poblacion es calvinista -y de las más austeras, los aldeanos están persuadidos que Jesús va á -su lecho de muerte para confirmar á sus elegidos de su justificacion; -muchos le ven en efecto.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_108" href="#FNanchor_108" class="label">[108]</a> -Para concebir la posibilidad de semejantes ilusiones, basta recordar -las escenas de nuestros dias, en que varias personas reunidas reconocen -unánimemente que han oido rumores imaginarios, y esto con la mejor -buena fé. La expectativa, el esfuerzo de la imaginacion, la disposicion -á creer, á veces bromas inocentes, explican esos fenómenos cuando no -son hijos del engaño. Esas bromas provienen en lo general de personas -convencidas, animadas de un sentimiento benévolo que no desean que -una reunion languidezca y que tratan de sacar de apuro á los dueños -de la casa. La duda y la negacion son imposibles en esa clase de -reuniones, porque se disgustaria á las personas que os han invitado -y creen en tales milagros. Hé aquí por qué esas experiencias que dan -buen resultado en pequeños grupos, hacen fiasco por lo general ante -un público que paga, y no pueden verificarse ante las comisiones -científicas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_109" href="#FNanchor_109" class="label">[109]</a> -Juan, <span class="asc">XX</span>, 22-23, que resuena en Lucas, <span -class="asc">XXIV</span>, 49.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_110" href="#FNanchor_110" class="label">[110]</a> -Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 17; Marc., <span -class="asc">XVI</span>, 14; Luc., <span class="asc">XXIV</span>, -39-40.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_111" href="#FNanchor_111" class="label">[111]</a> -Juan, <span class="asc">XX</span>, 24-29; compárese Márcos, <span -class="asc">XVI</span>, 14; Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 39-40, -y el final de Márcos conservado por San Gerónimo, <i>Adv. Pelag.</i>, -II (véase más arriba, <a href="#Page_63">p. 63</a>).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_112" href="#FNanchor_112" class="label">[112]</a> -Juan, <span class="asc">XX</span>, 29.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_113" href="#FNanchor_113" class="label">[113]</a> Es -muy notable en efecto que Juan, bajo cuyo nombre se nos ha trasmitido -dicha frase, no tenga vision particular para él solo. Cf. I Cor., <span -class="asc">XV</span>, 5-8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_114" href="#FNanchor_114" class="label">[114]</a> -Juan, <span class="asc">XX</span>, 26. El pasaje <span -class="asc">XXI</span>, 14, supone, es cierto, que no se produjeron -en Jerusalem más que dos apariciones ante los discípulos reunidos; -pero los pasajes <span class="asc">XX</span>, 30, y <span -class="asc">XXI</span>, 25 dejan mucha más latitud. Compárese -<i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_115" href="#FNanchor_115" class="label">[115]</a> -Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 41-43; Evangelio de los hebreos, -en San Gerónimo, <i>De viris illustribus</i>, 2; final de Márcos, en -San Gerónimo, <i>Adv. Pelag.</i>, II.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_116" href="#FNanchor_116" class="label">[116]</a> -Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 7; Marc., <span -class="asc">XVI</span>, 7.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_117" href="#FNanchor_117" class="label">[117]</a> -Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_118" href="#FNanchor_118" class="label">[118]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XXVI</span>, 32; Marc., <span -class="asc">XIV</span>, 28.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_119" href="#FNanchor_119" class="label">[119]</a> -Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 16; Juan, <span -class="asc">XXI</span>.—Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 49, 50, -52 y las <i>Actas</i>, <span class="asc">I</span>, 3-4, están aquí en -contradiccion manifiesta con Marc., <span class="asc">XVI</span>, 1-8, -y Mateo. El segundo final de Márcos (<span class="asc">XVI</span>, -9 y sig.) y aun los dos otros que no forman parte del texto -recibido (véase más arriba, <a href="#Page_63">p. 63</a>), parecen -arreglados al sistema de Lucas, pero esto no puede prevalecer contra -el acuerdo de una parte de la tradicion sinóptica con el cuarto -Evangelio, y aun indirectamente con lo que dice Pablo (I Cor., <span -class="asc">XV</span>, 5-8) sobre este punto.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_120" href="#FNanchor_120" class="label">[120]</a> -Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_121" href="#FNanchor_121" class="label">[121]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XXVIII</span>, 7; Marc., <span -class="asc">XVI</span>, 7.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_122" href="#FNanchor_122" class="label">[122]</a> -Final de Márcos, en San Gerónimo, <i>Adv. Pelag.</i>, II.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_123" href="#FNanchor_123" class="label">[123]</a> -Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_124" href="#FNanchor_124" class="label">[124]</a> -Juan, <span class="asc">XXI</span>, 2 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_125" href="#FNanchor_125" class="label">[125]</a> -El autor de las <i>Actas</i>, <span class="asc">I</span>, 14, las -supone en Jerusalem desde la Ascension, pero esto depende de su plan -sistemático (Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 49; <i>Actas</i>, -1-4) de no admitir el viaje á Galilea despues de la resurreccion, -(sistema opuesto al de Mateo y de Juan). Para sostener esta opinion, -se vé precisado á suponer la ascension en Betania, lo cual contradicen -todas las tradiciones.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_126" href="#FNanchor_126" class="label">[126]</a> I -Cor., <span class="asc">XV</span>, 5 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_127" href="#FNanchor_127" class="label">[127]</a> -Juan, <span class="asc">XXI</span>, 1 y sig. Este capítulo se adicionó -al Evangelio, ya concluido, como un <i>post-scriptum</i>, pero tiene el -mismo orígen que los demás.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_128" href="#FNanchor_128" class="label">[128]</a> -Juan, <span class="asc">XXI</span>, 9-14; comp. Luc., <span -class="asc">XXIV</span>, 41-43. Juan reunió en una sola las dos escenas -de la pesca y de la comida; pero Lucas no hace esta agrupacion. De -todos modos si se estudian atentamente los versículos Juan, <span -class="asc">XXI</span>, 14-15, podrá uno reconocer que los enlaces de -Juan son aquí un poco artificiales. Las alucinaciones son aisladas -en el momento que se producen; solo despues se forman anécdotas -continuadas. Este sistema de unir dos hechos separados es por demás -sorprendente comparando entre sí dos pasajes del mismo escritor, Lucas, -<i>Evang.</i>, <span class="asc">XXIV</span>, final, y <i>Act.</i>, -<span class="asc">I</span>, inicio. Segun el primer pasaje, Jesús subió -al cielo el mismo dia de la resurreccion, pero el segundo dice que -hubo un intervalo de cuarenta dias. Tomando al pié de la letra lo que -refiere Marc., <span class="asc">XVI</span>, 9-20, la ascension hubiera -tenido lugar la misma noche de la resurreccion. Nada prueba mejor que -la contradiccion de Lucas en estos dos pasajes cuán poco se cuidaban de -la exactitud de sus relatos los redactores de escritos evangélicos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_129" href="#FNanchor_129" class="label">[129]</a> -Juan, <span class="asc">XXI</span>, 15 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_130" href="#FNanchor_130" class="label">[130]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XXI</span>, 18 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_131" href="#FNanchor_131" class="label">[131]</a> I -Cor., <span class="asc">XV</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_132" href="#FNanchor_132" class="label">[132]</a> -Transfiguracion.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_133" href="#FNanchor_133" class="label">[133]</a> -Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 16-20; I Cor., <span -class="asc">XV</span>, 6. Comp. Marc., <span class="asc">XVI</span>, 15 -y sig.; Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 44 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_134" href="#FNanchor_134" class="label">[134]</a> I -Cor., <span class="asc">XV</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_135" href="#FNanchor_135" class="label">[135]</a> -Juan no limita la duracion de la segunda vida de Jesús, pero -supone que fué bastante larga. Segun Mateo, no duró sino el tiempo -necesario para hacer el viaje á Galilea, é ir á la montaña indicada -por Jesús. Segun el primer final no concluido de Márcos (<span -class="asc">XVI</span>, 1-8), las cosas pasaron como dice Mateo. -Segun el segundo final (<span class="asc">XVI</span>, 9-20), otros -varios (véase p. 63, <a href="#Footnote_75">nota 4</a>) y conforme -al Evangelio de Lucas, parece que la segunda vida no duró más -que un dia. Pablo (I Cor., <span class="asc">XV</span>, 5-8), de -acuerdo con el cuarto Evangelio, la prolonga durante algunos años, -y produce despues su vision, que tuvo lugar al menos cinco ó seis -años despues de la vida de Jesús, y fué la última de las apariciones. -La circunstancia de los «quinientos hermanos», induce á la misma -suposicion, pues no parece verosímil que al siguiente dia de la -muerte de Jesús, fuera tan considerable el grupo de sus amigos. -(<i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 15). Varias sectas gnósticas, -evaluaban la duracion de las apariciones en diez y ocho meses, -fundando sobre esto teorías místicas (Ireneo, <i>Adv. hær.</i>, I, -<span class="asc">III</span>, 2; <span class="asc">XXX</span>, 14). -Solo el autor de las <i>Actas</i> (<span class="asc">I</span>, 3) -fija la duracion de la segunda vida de Jesús en cuarenta dias, pero -es una autoridad de poco valor, sobre todo si se observa que procede -de un sistema erróneo (Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 49, 50, -52; <i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 4, 12), segun el cual -toda la segunda vida se pasó en Jerusalem ó en sus alrededores. El -número <i>cuarenta</i> es simbólico: (el pueblo pasa cuarenta dias en -el desierto; Moisés cuarenta dias en el Sinaí; Elías y Jesús ayunan -cuarenta dias, etc.). En cuanto á la forma del relato adoptado por -el autor de los doce últimos versículos del segundo Evangelio, y por -el del tercero, véase p. 84, <a href="#Footnote_128">nota</a>. La -autoridad de Pablo, la más antigua y la más autorizada de todas, que -corroborando la del cuarto Evangelio ofrece para esta parte de la -historia Evangélica más verosimilitud, nos parece ofrecer un argumento -decisivo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_136" href="#FNanchor_136" class="label">[136]</a> -Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 31.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_137" href="#FNanchor_137" class="label">[137]</a> -Juan, <span class="asc">XX</span>, 19-26.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_138" href="#FNanchor_138" class="label">[138]</a> -Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 9; Luc., <span -class="asc">XXIV</span>, 37 y sig.; Juan, <span class="asc">XX</span>, -27 y sig.; <span class="asc">XXI</span>, 5 y sig.; Evangelio de los -hebreos en san Ignacio, epístola de los Esmirnos, 3, y en san Gerónimo, -<i>De viris illustribus</i>, 16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_139" href="#FNanchor_139" class="label">[139]</a> -Juan, <span class="asc">VI</span>, 64.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_140" href="#FNanchor_140" class="label">[140]</a> -Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 11-15; Justino, <i>Dial. cum -Tryph.</i>, 17, 108.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_141" href="#FNanchor_141" class="label">[141]</a> -Mat., <span class="asc">XXVII</span>, 62-66; <span -class="asc">XXVIII</span>, 4, 11-15.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_142" href="#FNanchor_142" class="label">[142]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XXVIII</span>, 2 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_143" href="#FNanchor_143" class="label">[143]</a> -Segun Mat., <span class="asc">XXVII</span>, 63, parece que los judíos -sabian que Jesús habia predicho que resucitaria, pero los mismos -discípulos de Jesús no tenian ninguna idea precisa sobre este punto. -Véase pág. 59, <a href="#Footnote_62">nota</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_144" href="#FNanchor_144" class="label">[144]</a> -En Mat., <span class="asc">XXVI</span>, 32; <span -class="asc">XXVIII</span>, 7, 10; y en Marc., <span -class="asc">XIV</span>, 28; <span class="asc">XVI</span>, 7 se indica -vagamente esta opinion.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_145" href="#FNanchor_145" class="label">[145]</a> -Esto se ha visto por los milagros de la Salette y de Lourdes.—Hé aquí -por qué medios se forma comunmente la leyenda milagrosa. Un santo -hombre, adquiere la fama de hacer curaciones; se le trae un enfermo que -á causa de la emocion se siente aliviado, y al dia siguiente se refiere -en diez leguas á la redonda que se ha verificado un milagro. El enfermo -muere cinco ó seis dias despues, y nadie habla de ello, mas en el -momento de enterrar al difunto, se habla con asombro de su curacion en -un espacio de cuarenta leguas.—La palabra atribuida al filósofo griego -delante de los <i>ex-votos</i> de Samotracia (Diog. Laerc., VI, <span -class="asc">II</span>, 59) es asimismo perfectamente apropiada.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_146" href="#FNanchor_146" class="label">[146]</a> -En Jerusalem ocurre todos los años un fenómeno de este género y de los -más extraordinarios que puedan citarse. Los griegos ortodoxos pretenden -que el fuego que se enciende espontáneamente en el Santo Sepulcro el -sábado santo de su Pascua, borra los pecados de aquellos que se lo -pasan por el semblante sin quemarse. Millares de peregrinos hacen esta -prueba, pero se convencen de que aquel fuego quema (y esto lo prueban -las contorsiones y gestos que hacen, así como tambien el olor que se -percibe). Á pesar de esto, ninguno ha contradicho la creencia de la -iglesia ortodoxa, porque esto seria confesar que no se tiene fé, que -uno es indigno del milagro, y reconocer ¡oh cielos! que los latinos son -la verdadera iglesia, pues los griegos suponen que este milagro es la -mejor prueba de que su iglesia es la única buena.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_147" href="#FNanchor_147" class="label">[147]</a> -Esta causa se vió ante el tribunal de Grenoble (sentencia del 2 de Mayo -de 1855 y 6 Mayo 1847) defensas de los letrados Jules Fabre y Bethmont, -etc., coleccionadas por J. Sabbatier (Grenoble, Vellot, 1857).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_148" href="#FNanchor_148" class="label">[148]</a> -¿No se trasluce nada de esto en Juan, <span class="asc">XX</span>, -15?</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_149" href="#FNanchor_149" class="label">[149]</a> -Véase más arriba, <a href="#Caveau">p. 64-65</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_150" href="#FNanchor_150" class="label">[150]</a> -Juan lo dice expresamente en <span class="asc">XIX</span>, 41-42.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_151" href="#FNanchor_151" class="label">[151]</a> -Juan, <span class="asc">XX</span>, 6-7.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_152" href="#FNanchor_152" class="label">[152]</a> -Involuntariamente se piensa en María de Betania, que en efecto no -desempeña un papel marcado en la mañana del Domingo. Véase <i>Vida de -Jesús</i>, p. 341 y sig.; 359 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_153" href="#FNanchor_153" class="label">[153]</a> -Celso hacia sobre este punto excelentes observaciones críticas (en -Orígenes, <i>Contra Celsum</i>, II, 55).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_154" href="#FNanchor_154" class="label">[154]</a> -Marc., <span class="asc">XVI</span>, 9; Luc., <span -class="asc">VIII</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_155" href="#FNanchor_155" class="label">[155]</a> -Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 47.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_156" href="#FNanchor_156" class="label">[156]</a> -Sobre el apelativo de «galileos» dado á los cristianos, véase más -abajo, p. 252, <a href="#Footnote_699">nota 699</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_157" href="#FNanchor_157" class="label">[157]</a> -Mateo es exclusivamente Galileo; Lucas y el segundo Márcos, <span -class="asc">XVI</span>, 9-20 son exclusivamente Jerosolimitas. Juan -reune ambas tradiciones. Pablo (I Cor., <span class="asc">XV</span>, -5-8.) admite tambien visiones llegadas de puntos muy lejanos, y es -posible que la vision de los «quinientos hermanos» de Pablo, que hemos -identificado por conjetura con la de la «montaña de Galilea,» de Mateo, -sea una vision Jerosolimita.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_158" href="#FNanchor_158" class="label">[158]</a> I -Cor., <span class="asc">XV</span>, 7. No se explica el silencio de los -cuatro Evangelios canónicos acerca de esta vision, sino suponiéndola en -una época más lejana que aquella á que se refiere su relato. El órden -cronológico de las visiones, sobre el cual insiste Pablo con tanta -precision, induce á creer lo mismo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_159" href="#FNanchor_159" class="label">[159]</a> -Evangelio de los hebreos citado por San Gerónimo, <i>De viris -illustribus</i>, 2. Compárese Luc., <span class="asc">XXIV</span>, -41-43.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_160" href="#FNanchor_160" class="label">[160]</a> -Evangelio de los hebreos, <i>loc. cit.</i></p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_161" href="#FNanchor_161" class="label">[161]</a> -Juan, <span class="asc">VII</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_162" href="#FNanchor_162" class="label">[162]</a> -¿Se aludirá á este brusco cambio en Gal., <span class="asc">II</span>, -6?</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_163" href="#FNanchor_163" class="label">[163]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 14 no es un testimonio muy -autorizado. Se reconoce en Lucas una tendencia á engrandecer á María. -Luc., cap. <span class="asc">I</span> y <span class="asc">II</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_164" href="#FNanchor_164" class="label">[164]</a> -Juan, <span class="asc">XIX</span>, 25-27.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_165" href="#FNanchor_165" class="label">[165]</a> -La tradicion que habla de su permanencia en Éfeso es moderna y no -tiene valor alguno. Véase Epifanio, <i>Adv. hær.</i>, hær. <span -class="asc">LXXVIII</span>, 11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_166" href="#FNanchor_166" class="label">[166]</a> -Véase, <i>Vida de Jesús</i>, págs. 23 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_167" href="#FNanchor_167" class="label">[167]</a> -Evangelio segun los hebreos, véase lugar citado en la <a -href="#Footnote_159">pág. 97, nota 159</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_168" href="#FNanchor_168" class="label">[168]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 1; Galat., <span -class="asc">I</span>, 17-19; <span class="asc">II</span>, 1 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_169" href="#FNanchor_169" class="label">[169]</a> -Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 49; <i>Act.</i>, <span -class="asc">I</span>, 4.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_170" href="#FNanchor_170" class="label">[170]</a> Es -cierto que esta idea no está desarrollada sino en el cuarto Evangelio, -(cap. <span class="asc">XIV</span>, <span class="asc">XV</span>, -<span class="asc">XVI</span>), pero se indica en Mat., <span -class="asc">III</span>, 11; Marc., <span class="asc">I</span>, 8; Luc., -<span class="asc">III</span>, 16; <span class="asc">XII</span>, 11-12; -<span class="asc">XXIV</span>, 49.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_171" href="#FNanchor_171" class="label">[171]</a> -Juan, <span class="asc">XX</span>, 22-23.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_172" href="#FNanchor_172" class="label">[172]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XVI</span>, 7.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_173" href="#FNanchor_173" class="label">[173]</a> -Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 49; <i>Act.</i>, <span -class="asc">I</span>, 4 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_174" href="#FNanchor_174" class="label">[174]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 5-8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_175" href="#FNanchor_175" class="label">[175]</a> -I Cor., <span class="asc">XV</span>, 7; Luc., <span -class="asc">XXIV</span>, 50 y sig.; <i>Act.</i>, <span -class="asc">I</span>, 2 y sig. Ciertamente seria muy admisible que la -vision de Betania referida por Lucas fuese semejante á la de la montaña -de que nos habla Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 16 y sig. Sin -embargo, á la vision de que hablaba Mateo no siguió la ascension. En -el segundo final de Márcos, la vision de las instrucciones finales, -seguida de la ascension, tuvo lugar en Jerusalem. Finalmente, Pablo -presenta la vision de todos los apóstoles como distinta de la de los -quinientos hermanos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_176" href="#FNanchor_176" class="label">[176]</a> -Otras tradiciones aseguran que Jesús confirió este poder en visiones -anteriores (Juan, <span class="asc">XX</span>, 23)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_177" href="#FNanchor_177" class="label">[177]</a> -Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 23; <i>Act.</i>, <span -class="asc">XXV</span>, 19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_178" href="#FNanchor_178" class="label">[178]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_179" href="#FNanchor_179" class="label">[179]</a> I -Cor., <span class="asc">XV</span>, 8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_180" href="#FNanchor_180" class="label">[180]</a> -Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 20.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_181" href="#FNanchor_181" class="label">[181]</a> -Juan, <span class="asc">III</span>, 13; <span class="asc">VI</span>, -62; <span class="asc">XVI</span>, 7; <span class="asc">XX</span>, -17; Efes., <span class="asc">IV</span>, 10; I Petri, <span -class="asc">III</span>, 22. Ni Mateo ni Juan dan el relato de la -ascension. Pablo (I Cor., <span class="asc">XV</span>, 7-8), ni -siquiera incluye semejante idea.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_182" href="#FNanchor_182" class="label">[182]</a> -Marc., <span class="asc">XVI</span>, 19; Luc., <span -class="asc">XXIV</span>, 50-52; <i>Act.</i>, 2-12; Justino, <i>Apol. -I</i>, 50; <i>Ascension de Isaías</i>, version etíope, <span -class="asc">XI</span>, 22; version latina (Venecia, 1522), <i>sub -fin.</i></p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_183" href="#FNanchor_183" class="label">[183]</a> -Compárese el relato de la transfiguracion.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_184" href="#FNanchor_184" class="label">[184]</a> -Jos., <i>Antiq.</i>, IV, <span class="asc">VIII</span>, 48.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_185" href="#FNanchor_185" class="label">[185]</a> II -Reg., <span class="asc">II</span>, 11 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_186" href="#FNanchor_186" class="label">[186]</a> -Luc., último capítulo del Evangelio y primero de las <i>Actas</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_187" href="#FNanchor_187" class="label">[187]</a> -Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 52.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_188" href="#FNanchor_188" class="label">[188]</a> -Mateo, <span class="asc">XVIII</span>, 20.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_189" href="#FNanchor_189" class="label">[189]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 15. La mayor parte de los -«quinientos hermanos» se habian quedado en Galilea; por consiguiente, -lo que dice <i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 41 es una -exageracion ó por lo menos una anticipacion.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_190" href="#FNanchor_190" class="label">[190]</a> -Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 53; <i>Act.</i>, <span -class="asc">II</span>, 46. Comp. Luc., <span class="asc">II</span>, -37; Hegesipo, en Eusebio, <i>Historia eclesiástica</i>, <span -class="asc">II</span>, 23.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_191" href="#FNanchor_191" class="label">[191]</a> -Deuter., <span class="asc">X</span>, 18; I Tim., <span -class="asc">VI</span>, 8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_192" href="#FNanchor_192" class="label">[192]</a> -Léase la <i>Guerra de los judíos</i> de Josefo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_193" href="#FNanchor_193" class="label">[193]</a> -Juan, <span class="asc">XX</span>, 22.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_194" href="#FNanchor_194" class="label">[194]</a> I -Reg., <span class="asc">XIX</span>, 11-12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_195" href="#FNanchor_195" class="label">[195]</a> -Esta obra parece haber sido escrita á principios del siglo <span -class="asc">II</span> de nuestra era.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_196" href="#FNanchor_196" class="label">[196]</a> -<i>Ascension de Isaías</i>, <span class="asc">VI</span>, 6 y sig. -(Version etíope).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_197" href="#FNanchor_197" class="label">[197]</a> -Mat., <span class="asc">III</span>, 11; Marc., <span -class="asc">I</span>, 8; Luc., <span class="asc">III</span>, -16; <i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 5; <span -class="asc">XI</span>, 16; <span class="asc">XIX</span>, 4; I Juan, -<span class="asc">V</span>, 6 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_198" href="#FNanchor_198" class="label">[198]</a> -Compárese á Misson, en su <i>Le Théâtre sacré des Cévennes</i> -(Lóndres, 1707), pág. 103.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_199" href="#FNanchor_199" class="label">[199]</a> -<i>Revue des Deux Mondes</i>, setiembre de 1853, pág. 966 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_200" href="#FNanchor_200" class="label">[200]</a> -Jules Remy, <i>Voyage au pays des Mormons</i>, (París, 1860), libros -<span class="asc">II</span> y <span class="asc">III</span>; por -ejemplo, tomo I, pág. 259-260; tomo II, 470 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_201" href="#FNanchor_201" class="label">[201]</a> -Astié, <i>Le Réveil religieux des États-Unis</i> (Lausanne, 1859).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_202" href="#FNanchor_202" class="label">[202]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 1-3; Justino, <i>Apol. I</i>, -50.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_203" href="#FNanchor_203" class="label">[203]</a> -La expresion <i>lengua de fuego</i>, significa simplemente, en hebreo, -una llama (Isaías <span class="asc">V</span>, 24). Comp. Virgilio, -<i>Æn.</i>, II, 682-84.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_204" href="#FNanchor_204" class="label">[204]</a> -Jámblico (<i>De myst.</i>, sect. III, cap. 6) expone toda la teoría de -esas bajadas luminosas del Espíritu.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_205" href="#FNanchor_205" class="label">[205]</a> -Compárese Talmud de Babilonia, <i>Chagiga</i>, 14 <i>b</i>; Midrachim, -<i>Schir hasschirin rabba</i>, fol. 10 <i>b</i>; <i>Ruth rabba</i>, -fol. 42 <i>a</i>; <i>Koheleth rabba</i>, 87, <i>a</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_206" href="#FNanchor_206" class="label">[206]</a> -Mat., <span class="asc">III</span>, 11; Luc., <span -class="asc">III</span>, 16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_207" href="#FNanchor_207" class="label">[207]</a> -Éxodo, <span class="asc">IV</span>, 10; comp. Jeremías, <span -class="asc">I</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_208" href="#FNanchor_208" class="label">[208]</a> -Isaías, <span class="asc">VI</span>, 5 y sig; comp. Jeremías, <span -class="asc">I</span>, 9.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_209" href="#FNanchor_209" class="label">[209]</a> -Luc., <span class="asc">XI</span>, 12; Juan, <span -class="asc">XIV</span>, 26.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_210" href="#FNanchor_210" class="label">[210]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 5 y sig. Este es el sentido -más probable, aunque tambien puede significar que cada predicador -hablaba uno de los diferentes idiomas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_211" href="#FNanchor_211" class="label">[211]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 4. Comp. I Cor., <span -class="asc">XII</span>, 10, 28; <span class="asc">XIV</span>, 21-22. -Para imaginaciones análogas véase Calmeil, <i>De la folie</i>, I, p. 9, -262; II, p. 357 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_212" href="#FNanchor_212" class="label">[212]</a> -Talmud de Jerusalem, <i>Sota</i>, 21 <i>b</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_213" href="#FNanchor_213" class="label">[213]</a> -<i>Testamento de los doce patriarcas.</i>, Judá, 25.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_214" href="#FNanchor_214" class="label">[214]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 4; <span -class="asc">X</span>, 44 y sig. <span class="asc">XI</span>, 15; <span -class="asc">XIX</span>, 6; I Cor., <span class="asc">XII-XIV</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_215" href="#FNanchor_215" class="label">[215]</a> -Marc., <span class="asc">XVI</span>, 17. Debe recordarse que en el -antiguo hebreo, como en todas las lenguas antiguas, (véase mi <i>Orig. -du langage</i>, pág. 177 y sig.) las palabras «extranjero», «lengua -extranjera», se derivaban de palabras que significaban «tartamudear», -«balbucear», porque los pueblos sencillos tomaban siempre un idioma -desconocido por un tartamudeo indistinto. Véase Isaías, <span -class="asc">XXVIII</span>, 11; <span class="asc">XXXIII</span>, 19; I -Cor., <span class="asc">XIV</span>, 21.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_216" href="#FNanchor_216" class="label">[216]</a> I -Cor., <span class="asc">XIII</span>, 1. (Véase la nota anterior).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_217" href="#FNanchor_217" class="label">[217]</a> -I Cor., <span class="asc">XII</span>, 28, 30; <span -class="asc">XIV</span>, 2 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_218" href="#FNanchor_218" class="label">[218]</a> I -Sam., <span class="asc">XIX</span>, 23 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_219" href="#FNanchor_219" class="label">[219]</a> -Plutarco, <i>De Pythiæ oraculis</i>, 24. Véase tambien la prediccion de -Casandra en el <i>Agamemnon</i> de Esquilo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_220" href="#FNanchor_220" class="label">[220]</a> I -Cor., <span class="asc">XII</span>, 3; <span class="asc">XVI</span>, -22; Rom., <span class="asc">VIII</span>, 15.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_221" href="#FNanchor_221" class="label">[221]</a> -Rom., <span class="asc">VIII</span>, 23, 26, 27.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_222" href="#FNanchor_222" class="label">[222]</a> I -Cor., <span class="asc">XIII</span>, 1; <span class="asc">XIV</span>, 7 -y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_223" href="#FNanchor_223" class="label">[223]</a> -Rom., <span class="asc">VIII</span>, 26-27.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_224" href="#FNanchor_224" class="label">[224]</a> I -Cor., <span class="asc">XIV</span>, 13, 14, 27 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_225" href="#FNanchor_225" class="label">[225]</a> -Jurieu, <i>Lettres pastorales</i>; tercer año, carta 3.ª; Misson, <i>Le -Théâtre sacré des Cévennes</i>, p. 10, 14, 15, 18, 19, 22, 31, 32, 36, -37, 65, 66, 68, 70, 94, 104, 109, 126, 140; Brueys, <i>Histoire du -fanatisme</i> (Montpellier, 1709), I, páginas 145 y sig.; Fléchier, -<i>Lettres choisies</i> (Lyon 1734), I, pág. 353 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_226" href="#FNanchor_226" class="label">[226]</a> -Karl Hase, <i>Hist. de l’Église</i>, párrafo 439 y 458, 5; el periódico -protestante <i>L’Espérance</i>, 1.º de abril de 1847.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_227" href="#FNanchor_227" class="label">[227]</a> M. -Hohl, <i>Bruchstücke aus dem Leben und den Schriften Ed. Irving’s</i> -(Saint-Gall, 1839), p. 145, 149 y sig.; Karl Hase, <i>Hist. de -l’Église</i>, párrafo 458, 4.—Respecto á los Mormones, véase Remy, -<i>Voyage</i>, I, pág. 176-177, nota; 259-260; II, pág. 55 y sig.—En -cuanto á los convulsionarios de Saint-Médard, véase sobre todo Carré de -Montgeron, <i>La Vérité des miracles</i>, etc. (París 1737-1741), II, -p. 18, 19, 49, 54, 55, 63, 64, 80, etc.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_228" href="#FNanchor_228" class="label">[228]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 13, 15.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_229" href="#FNanchor_229" class="label">[229]</a> -Marc., <span class="asc">III</span>, 21 y sig; Juan, <span -class="asc">X</span>, 20 y sig; <span class="asc">XII</span>, 27 y -sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_230" href="#FNanchor_230" class="label">[230]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XIX</span>, 6; I Cor., <span -class="asc">XIV</span>, 3 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_231" href="#FNanchor_231" class="label">[231]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">X</span>, 46; I Cor., <span -class="asc">XIV</span>, 15, 16, 26.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_232" href="#FNanchor_232" class="label">[232]</a> -Col., <span class="asc">III</span>, 16; Efes., <span -class="asc">V</span>, 19 (<span xml:lang="grc" lang="grc">Ψαλμοί, -ὕμνοί, ᾠδαὶ πνευματικαί</span>). Véase los primeros capítulos -del Evangelio de Lucas. Compárese, en particular, Luc., <span -class="asc">I</span>, 46 á <i>Act.</i>, <span class="asc">X</span>, -46.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_233" href="#FNanchor_233" class="label">[233]</a> -I Cor., <span class="asc">XIV</span>, 15; Col., <span -class="asc">III</span>, 16; Efes., <span class="asc">V</span>, 19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_234" href="#FNanchor_234" class="label">[234]</a> -Jeremías, <span class="asc">I</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_235" href="#FNanchor_235" class="label">[235]</a> -Marc., <span class="asc">XVI</span>, 17.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_236" href="#FNanchor_236" class="label">[236]</a> -I Cor., <span class="asc">XIV</span>, 22. <span xml:lang="grc" -lang="grc">Πνεῦμα</span>, en las epístolas de San Pablo, está usado -muy á menudo como <span xml:lang="grc" lang="grc">δύναμις</span>. -Los fenómenos espiritistas se consideran como <span xml:lang="grc" -lang="grc">δυνάμεις</span>, es decir, milagros.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_237" href="#FNanchor_237" class="label">[237]</a> -Ireneo, <i>Adv. hær.</i>, V, <span class="asc">VI</span>, 1; -Tertuliano, <i>Adv. Marcion.</i>, V, 8; <i>Constit. Apost.</i>, VIII, -1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_238" href="#FNanchor_238" class="label">[238]</a> -Luc., <span class="asc">II</span>, 37; II Cor., <span -class="asc">VI</span>, 5; <span class="asc">XI</span>, 27.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_239" href="#FNanchor_239" class="label">[239]</a> II -Cor., <span class="asc">VII</span>, 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_240" href="#FNanchor_240" class="label">[240]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 26 y sig.; <span -class="asc">X</span> entero; <span class="asc">XVI</span>, 6, 7, 9 y -sig. Compárese Luc., <span class="asc">II</span>, 27, etc.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_241" href="#FNanchor_241" class="label">[241]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XX</span>, 19, 31; Rom., <span -class="asc">VIII</span>, 23, 26.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_242" href="#FNanchor_242" class="label">[242]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 42-47; <span -class="asc">IV</span>, 32-37; <span class="asc">V</span>, 1-11; <span -class="asc">VI</span>, 1 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_243" href="#FNanchor_243" class="label">[243]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">II</span>, 44, 46, 47.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_244" href="#FNanchor_244" class="label">[244]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">II</span>, 46; <span -class="asc">XX</span>, 7, 11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_245" href="#FNanchor_245" class="label">[245]</a> -No ha habido literatura alguna que haya referido con tanta frecuencia -la palabra «<i>alegría</i>» como la del Nuevo Testamento. Véase I -Tes., <span class="asc">I</span>, 6; <span class="asc">V</span>, 16; -Rom., <span class="asc">XIV</span>, 17; <span class="asc">XV</span>, -13; Galat., <span class="asc">V</span>, 22; Philip., <span -class="asc">I</span>, 25; <span class="asc">III</span>, 1; <span -class="asc">IV</span>, 4; I Juan, <span class="asc">I</span>, 4, -etc.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_246" href="#FNanchor_246" class="label">[246]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XII</span>, 12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_247" href="#FNanchor_247" class="label">[247]</a> -Véase <i>Vida de Jesús</i>, p. <span class="asc">XXXIX</span> y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_248" href="#FNanchor_248" class="label">[248]</a> -<i>Ebionim</i> significa «pobres.» Véase <i>Vida de Jesús</i>, p. -182-183.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_249" href="#FNanchor_249" class="label">[249]</a> -Recuérdese el año 1000. Todos los documentos encabezados con la -fórmula: <i>adventante mundi vespera</i>, ú otras parecidas, son -donaciones hechas á monasterios.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_250" href="#FNanchor_250" class="label">[250]</a> -Hodgson, en el <i>Journal Asiat. Soc. of Bengal</i>, t. V, p. 33 y sig. -Eugène Burnouf, <i>Introd. à l’histoire du buddhisme indien</i>, I, p. -278 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_251" href="#FNanchor_251" class="label">[251]</a> -Luciano, <i>Muerte de Peregrino</i>, 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_252" href="#FNanchor_252" class="label">[252]</a> -Papiros de Turin, de Lóndres, de París, coleccionados por Brunet de -Presle, <i>Mém. sur le Sérapéum de Memphis</i> (París, 1852); Egger, -<i>Mém. d’hist. anc. et de philologie</i>, p. 151 y sig. y en las -<i>Notices et extraits</i>, t. XVIII, 2.ª parte, p. 264-359. Obsérvese -que la vida eremítica cristiana tuvo su orígen en Egipto.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_253" href="#FNanchor_253" class="label">[253]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 29-30; <span -class="asc">XXIV</span>, 17; Galat., <span class="asc">II</span>, -10; Rom., <span class="asc">XV</span>, 26 y sig. I Cor., <span -class="asc">XVI</span>, 1-4; II Cor., <span class="asc">VIII</span> y -<span class="asc">IX</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_254" href="#FNanchor_254" class="label">[254]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">V</span>, 1-11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_255" href="#FNanchor_255" class="label">[255]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">II</span>, 46; <span -class="asc">V</span>, 12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_256" href="#FNanchor_256" class="label">[256]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">III</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_257" href="#FNanchor_257" class="label">[257]</a> -Jacobo, por ejemplo, fué toda su vida judío puro.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_258" href="#FNanchor_258" class="label">[258]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 47, <span -class="asc">IV</span>, 33, <span class="asc">V</span>, 13, 26.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_259" href="#FNanchor_259" class="label">[259]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">II</span>, 46.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_260" href="#FNanchor_260" class="label">[260]</a> -I Cor., <span class="asc">X</span>, 16; Justino, <i>Apol. I</i>, -65-67.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_261" href="#FNanchor_261" class="label">[261]</a> -<span xml:lang="grc" lang="grc">Συνδεῖπνα</span>. Jos., <i>Antiq.</i>, -XIV, <span class="asc">X</span>, 8, 12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_262" href="#FNanchor_262" class="label">[262]</a> -Luc., <span class="asc">XXII</span>, 19; I Cor., <span -class="asc">XI</span>, 24 y sig.; Justino, <i>loc. cit</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_263" href="#FNanchor_263" class="label">[263]</a> En -el año 57 la eucaristía era ya una institucion llena de abusos (I Cor., -<span class="asc">XI</span>, 17 y sig.) y por lo tanto antigua.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_264" href="#FNanchor_264" class="label">[264]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XX</span>, 7; Plinio, <i>Epist.</i> X, -97; Justino, <i>Apol. I</i>, 67.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_265" href="#FNanchor_265" class="label">[265]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XX</span>, 7, 11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_266" href="#FNanchor_266" class="label">[266]</a> -Plinio, <i>Epist.</i> X, 97.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_267" href="#FNanchor_267" class="label">[267]</a> -Juan, <span class="asc">XX</span>, 26, no basta para probar lo -contrario: los ebionitas hacian siempre fiesta el sábado. San Gerónimo, -<i>In Matth.</i>, <span class="asc">XII</span>, inicio.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_268" href="#FNanchor_268" class="label">[268]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 15-26.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_269" href="#FNanchor_269" class="label">[269]</a> -Véase <i>Vida de Jesús</i>, p. 437 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_270" href="#FNanchor_270" class="label">[270]</a> -Compárese Eusebio, <i>H. E.</i>, III, 39 (segun Papias.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_271" href="#FNanchor_271" class="label">[271]</a> -Justino, <i>Apol I</i>, 39, 50.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_272" href="#FNanchor_272" class="label">[272]</a> -Pseudo-Abdias, etc.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_273" href="#FNanchor_273" class="label">[273]</a> -Compárese I Cor., <span class="asc">XV</span>, 10 y Rom., <span -class="asc">XV</span>, 19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_274" href="#FNanchor_274" class="label">[274]</a> -Gal., <span class="asc">I</span>, 17-19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_275" href="#FNanchor_275" class="label">[275]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">VI</span>, 4.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_276" href="#FNanchor_276" class="label">[276]</a> -Comp. Mat., <span class="asc">X</span>, 2-4; Marc., <span -class="asc">III</span>, 16-19; Luc., <span class="asc">VI</span>, -14-16; <i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_277" href="#FNanchor_277" class="label">[277]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 14; Gal., <span -class="asc">I</span>, 19; I Cor., <span class="asc">IX</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_278" href="#FNanchor_278" class="label">[278]</a> -Gal., <span class="asc">II</span>, 9.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_279" href="#FNanchor_279" class="label">[279]</a> -Véase <i>Vida de Jesús</i>, pág. 307.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_280" href="#FNanchor_280" class="label">[280]</a> -Véase <i>Vida de Jesús</i>, pág. 150. Cf. Papias, en Eusebio, <i>H. -E.</i>, III, 39; Polícrates, <i>ibid.</i>, <span class="asc">V</span>, -24; Clemente de Alej., <i>Strom.</i>, III, 6; VII, 11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_281" href="#FNanchor_281" class="label">[281]</a> -Por ejemplo, <span xml:lang="grc" lang="grc">ἐπίσκοπος</span>, quizá -<span xml:lang="grc" lang="grc">κλῆρος</span>. Véase Wescher, en la -<i>Revue archéol.</i>, abril 1866, y más abajo p. 352-353.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_282" href="#FNanchor_282" class="label">[282]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 26. Véase más abajo, p. -353.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_283" href="#FNanchor_283" class="label">[283]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 1 y sig.; Clem. de Alej., -en Eusebio, <i>H. E.</i>, III, 23.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_284" href="#FNanchor_284" class="label">[284]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">V</span>, 1-11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_285" href="#FNanchor_285" class="label">[285]</a> I -Cor., <span class="asc">V</span>, 1 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_286" href="#FNanchor_286" class="label">[286]</a> I -Tim., <span class="asc">I</span>, 20.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_287" href="#FNanchor_287" class="label">[287]</a> -Gen., <span class="asc">XVII</span>, 14 y otros pasajes numerosos del -código mosaico; Mischna, <i>Kerithouth</i>, <span class="asc">I</span>, -1; Talmud de Bab., <i>Moëd katon</i>, 28 <i>a</i>. Comp. Tertuliano, -<i>De anima</i>, 57.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_288" href="#FNanchor_288" class="label">[288]</a> -Véase, en los diccionarios hebreos y <i>rabínicos</i>, la voz -<span xml:lang="hbo" lang="hbo">כרת</span>. Compárese la palabra -<i>exterminare</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_289" href="#FNanchor_289" class="label">[289]</a> -Mischna, <i>Sanhedrin</i>, <span class="asc">IX</span>, 6; -Juan, <span class="asc">XVI</span>, 2; Jos., <i>B. J.</i>; VII, -<span class="asc">VIII</span>, 1; III Macab. (apocr.), <span -class="asc">VII</span>, 8, 12-13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_290" href="#FNanchor_290" class="label">[290]</a> -Luc., <span class="asc">VI</span>, 15; <i>Act.</i>, <span -class="asc">I</span>, 13. Comp. Mat., <span class="asc">X</span>, 4; -Marc., <span class="asc">III</span>, 18.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_291" href="#FNanchor_291" class="label">[291]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">V</span>, 1-11. Comp. <i>Act.</i>, <span -class="asc">XIII</span>, 9-11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_292" href="#FNanchor_292" class="label">[292]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 15; <span -class="asc">II</span>, 14, 37; <span class="asc">V</span>, 3, 29; Gal., -<span class="asc">I</span>, 18; <span class="asc">II</span>, 8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_293" href="#FNanchor_293" class="label">[293]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">III</span>, 1 y sig.; <span -class="asc">VIII</span>, 14; Gal., <span class="asc">II</span>, -9. Comp. Juan, <span class="asc">XX</span>, 2 y sig.; <span -class="asc">XXI</span>, 20 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_294" href="#FNanchor_294" class="label">[294]</a> -Segun Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 1 y sig., los guardias -fueron testigos de la bajada del ángel que levantó la piedra. Este -relato, bastante confuso, quiere dar á entender tambien que las mujeres -presenciaron el hecho; pero no se indica terminantemente. En todo caso, -lo que los guardias y las mujeres verian, segun el mismo relato, no -seria á Jesús resucitando, sino al ángel. La redaccion de tal escrito, -aislada é inconsistente, es á no dudarlo la más moderna de todas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_295" href="#FNanchor_295" class="label">[295]</a> -Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 48; <i>Act.</i>, <span -class="asc">I</span>, 22; <span class="asc">II</span>, 32; <span -class="asc">III</span>, 15; <span class="asc">IV</span>, 33; <span -class="asc">V</span>, 32; <span class="asc">X</span>, 41; <span -class="asc">XIII</span>, 30-31.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_296" href="#FNanchor_296" class="label">[296]</a> -Véase más arriba, pág. 59, <a href="#Footnote_62">nota 62</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_297" href="#FNanchor_297" class="label">[297]</a> -Véase <i>Vida de Jesús</i>, p. 275 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_298" href="#FNanchor_298" class="label">[298]</a> -I Cor., <span class="asc">XVI</span>, 22. Estas dos palabras son -siro-caldaicas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_299" href="#FNanchor_299" class="label">[299]</a> -Mat., <span class="asc">X</span>, 23.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_300" href="#FNanchor_300" class="label">[300]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 33 y sig.; <span -class="asc">X</span>, 42.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_301" href="#FNanchor_301" class="label">[301]</a> -Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_302" href="#FNanchor_302" class="label">[302]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 22.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_303" href="#FNanchor_303" class="label">[303]</a> -Las enfermedades se consideraban en general como obras del demonio.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_304" href="#FNanchor_304" class="label">[304]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">X</span>, 38.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_305" href="#FNanchor_305" class="label">[305]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">II</span>, 36; <span -class="asc">VIII</span>, 37; <span class="asc">IX</span>, 22; <span -class="asc">XVII</span>, 3, etc.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_306" href="#FNanchor_306" class="label">[306]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">II</span>, 14 y sig.; <span -class="asc">III</span>, 12 y sig.; <span class="asc">IV</span>, 8 -y sig., 25 y sig.; <span class="asc">VII</span>, 2 y sig.; <span -class="asc">X</span>, 43, y la epístola atribuida á San Bernabé, -entera.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_307" href="#FNanchor_307" class="label">[307]</a> -Jac., <span class="asc">I</span>, 26-27.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_308" href="#FNanchor_308" -class="label">[308]</a> Más tarde la llamaron <span -xml:lang="grc" lang="grc">λειτουργεῖν</span>. <i>Act.</i>, <span -class="asc">XIII</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_309" href="#FNanchor_309" class="label">[309]</a> -Hebr., <span class="asc">V</span>, 6; <span class="asc">VI</span>, 20; -<span class="asc">VIII</span>, 4; <span class="asc">X</span>, 11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_310" href="#FNanchor_310" class="label">[310]</a> -Apoc., <span class="asc">I</span>, 6; <span class="asc">V</span>, 10; -<span class="asc">XX</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_311" href="#FNanchor_311" class="label">[311]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 2; Luc., <span -class="asc">II</span>, 37.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_312" href="#FNanchor_312" class="label">[312]</a> -Rom., <span class="asc">VI</span>, 4 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_313" href="#FNanchor_313" class="label">[313]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 12, 16; <span -class="asc">X</span>, 48.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_314" href="#FNanchor_314" class="label">[314]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 16; <span -class="asc">X</span>, 47.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_315" href="#FNanchor_315" class="label">[315]</a> -Mat., <span class="asc">IX</span>, 18; <span class="asc">XIX</span>, -13, 15; Marc., <span class="asc">V</span>, 23; <span -class="asc">VI</span>, 5; <span class="asc">VII</span>, 32; <span -class="asc">VIII</span>, 23, 25; <span class="asc">X</span>, 16; Luc., -<span class="asc">IV</span>, 40; <span class="asc">XIII</span>, 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_316" href="#FNanchor_316" class="label">[316]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">VI</span>, 6; <span -class="asc">VIII</span>, 17, 19; <span class="asc">IX</span>, 12, -17; <span class="asc">XIII</span>, 3; <span class="asc">XIV</span>, -6; <span class="asc">XXVIII</span>, 8; I Tim., <span -class="asc">IV</span>, 14; <span class="asc">V</span>, 22; II Tim., -<span class="asc">I</span>, 6; Hebr., <span class="asc">VI</span>, 2; -Jac., <span class="asc">V</span>, 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_317" href="#FNanchor_317" class="label">[317]</a> -Mat., <span class="asc">III</span>, 11; Marc., <span -class="asc">I</span>, 8; Luc., <span class="asc">III</span>, -16; Juan, <span class="asc">I</span>, 26; <i>Act.</i>, <span -class="asc">I</span>, 5; <span class="asc">XI</span>, 16; <span -class="asc">XIX</span>, 4.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_318" href="#FNanchor_318" class="label">[318]</a> -Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_319" href="#FNanchor_319" class="label">[319]</a> -Véase el <i>Cholasté</i> (Manuscritos Sabianos de la Biblioteca -imperial, núms. 8, 10, 11, 13).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_320" href="#FNanchor_320" class="label">[320]</a> -<i>Vendidad-Sadé</i>, <span class="asc">VIII</span>, 296 y sig.; <span -class="asc">IX</span>, 1-145; <span class="asc">XVI</span>, 18-19; -Spiegel, <i>Avesta</i>, II, p., <span class="asc">LXXXIII</span> y -sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_321" href="#FNanchor_321" class="label">[321]</a> I -Cor., <span class="asc">XII</span>, 9, 28, 30.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_322" href="#FNanchor_322" class="label">[322]</a> -Mat., <span class="asc">IX</span>, 2; Marc., <span -class="asc">II</span>, 5; Juan, <span class="asc">V</span>, 14, <span -class="asc">IX</span>, 2; Jac., <span class="asc">V</span>, 15; -Mischna, <i>Schabbath</i>, <span class="asc">II</span>, 6; Talm. de -Bab., <i>Nedarim</i>, fol. 41 <i>a</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_323" href="#FNanchor_323" class="label">[323]</a> -Mat., <span class="asc">IX</span>, 33; <span class="asc">XII</span>, -22; Marc., <span class="asc">IX</span>, 16-24; Luc., <span -class="asc">XI</span>, 14; <i>Act.</i>, <span class="asc">XIX</span>, -12. Tertuliano, <i>Apol.</i>, 22; <i>Adv. Marc.</i>, <span -class="asc">IV</span>, 8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_324" href="#FNanchor_324" class="label">[324]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">V</span>, 16; <span -class="asc">XIX</span>, 12-16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_325" href="#FNanchor_325" class="label">[325]</a> -Jac., <span class="asc">V</span>, 14-15; Marc., <span -class="asc">VI</span>, 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_326" href="#FNanchor_326" class="label">[326]</a> -Luc., <span class="asc">X</span>, 34.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_327" href="#FNanchor_327" class="label">[327]</a> -Marc., <span class="asc">XVI</span>, 18; <i>Act.</i>, <span -class="asc">XXVIII</span>, 8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_328" href="#FNanchor_328" class="label">[328]</a> -I Tes., <span class="asc">IV</span>, 13 y sig.; I Cor., <span -class="asc">XV</span>, 12 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_329" href="#FNanchor_329" class="label">[329]</a> -Fil., <span class="asc">I</span>, 23, parece ofrecer un ligero -matiz algo distinto. Esto no obstante, compárese I Tes., <span -class="asc">IV</span>, 14-17. Véase sobre todo Apoc., <span -class="asc">XX</span>, 4-6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_330" href="#FNanchor_330" class="label">[330]</a> -Pablo, obras ya citadas y Fil., <span class="asc">III</span>, 11; -Apoc., <span class="asc">XX</span> entero; Papias en Eusebio, -<i>H. E.</i>, III, 39. Véase despuntar algunas veces la creencia -contraria, sobre todo en Lucas (Evang., <span class="asc">XVI</span>, -22 y sig.; <span class="asc">XXIII</span> 43, 46). Empero es de -poco peso su autoridad, tratándose de un punto de filosofía judía. -Véase lo que precede, Introd., <a href="#nombLucas">pág. <span -class="asc">XIX-XX</span></a>. Los esenios habian adoptado ya el dogma -griego de la inmortalidad del alma.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_331" href="#FNanchor_331" class="label">[331]</a> -Compárese <i>Act</i>., <span class="asc">XXIV</span>, 15 á -I Tes., <span class="asc">IV</span>, 13 y sig.; Fil., <span -class="asc">III</span>, 11. Cf. Apoc., <span class="asc">XX</span>, 5. -Véase Leblant, <i>Inscr. chrét. de la Gaule</i>, II, pág. 81 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_332" href="#FNanchor_332" class="label">[332]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 27 y sig.; <span -class="asc">XIII</span>, 1; <span class="asc">XV</span>, 32; -<span class="asc">XXI</span>, 9, 10 y sig.; I Cor., <span -class="asc">XII</span>, 28 y sig.; <span class="asc">XIV</span>, -29-37. Efes., <span class="asc">III</span>, 5; <span -class="asc">IV</span>, 11; Apoc., <span class="asc">I</span>, 3; <span -class="asc">XVI</span>, 6; <span class="asc">XVIII</span>, 20, 24; -<span class="asc">XXII</span>, 9.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_333" href="#FNanchor_333" class="label">[333]</a> -Luc., <span class="asc">I</span>, 46 y sig.; 68 y sig.; <span -class="asc">II</span>, 29 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_334" href="#FNanchor_334" class="label">[334]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XVI</span>, 25; I Cor., <span -class="asc">XIV</span>, 15; Col., <span class="asc">III</span>, -16; Efes., <span class="asc">V</span>, 19; Jac., <span -class="asc">V</span>, 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_335" href="#FNanchor_335" class="label">[335]</a> La -identidad de este canto entre comunidades religiosas separadas desde -los primeros siglos, acredita que es muy antiguo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_336" href="#FNanchor_336" -class="label">[336]</a> Num., <span class="asc">V</span>, 22; -Deuter., <span class="asc">XXVII</span>, 15 y sig.; Salmo <span -class="asc">CVI</span>, 48; I Paral., <span class="asc">XVI</span>, 36; -Nehem., <span class="asc">V</span>, 13; <span class="asc">VIII</span>, -6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_337" href="#FNanchor_337" class="label">[337]</a> I -Cor., <span class="asc">XIV</span>, 16; Justino, <i>Apol. I</i>, 65, -67.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_338" href="#FNanchor_338" class="label">[338]</a> -I Cor., <span class="asc">XIV</span>, 7, 8, no lo demuestra. El uso -del verbo <span xml:lang="grc" lang="grc">ψάλλω</span> no lo prueba -tampoco. Este verbo implicaba originariamente el uso de un instrumento -de cuerdas, pero con el tiempo vino á ser sinónimo de «cantar -salmos.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_339" href="#FNanchor_339" class="label">[339]</a> -Col., <span class="asc">III</span>, 16; Efes., <span -class="asc">V</span>, 19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_340" href="#FNanchor_340" class="label">[340]</a> -Véase Du Cange, en la voz <i>Lollardi</i> (edic. Didot). Compárense las -cantinelas de Cevenols. <i>Avertissemens prophétiques d’Elie Marion</i> -(Lóndres 1707), págs. 10, 12, 14, etc.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_341" href="#FNanchor_341" class="label">[341]</a> -Jac., <span class="asc">V</span>, 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_342" href="#FNanchor_342" class="label">[342]</a> -Mat., <span class="asc">XVI</span>, 28; <span class="asc">XXIV</span>, -34; Marc., <span class="asc">VIII</span>, 39; <span -class="asc">XIII</span>, 30; Luc., <span class="asc">IX</span>, 27; -<span class="asc">XXI</span>, 32.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_343" href="#FNanchor_343" class="label">[343]</a> -<i>Act.</i>, primeros capítulos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_344" href="#FNanchor_344" class="label">[344]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">V</span>, 42.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_345" href="#FNanchor_345" class="label">[345]</a> -Véase, por ejemplo, <i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 34 y -sig., y en general todos los discursos de los primeros capítulos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_346" href="#FNanchor_346" class="label">[346]</a> -I Cor., <span class="asc">I</span>, 22; <span class="asc">II</span>, -4-5; II Cor., <span class="asc">XII</span>, 12; I Tes., <span -class="asc">I</span>, 5; II Tes., <span class="asc">II</span>, 9; Gal., -<span class="asc">III</span>, 5; Rom., <span class="asc">XV</span>, -18-19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_347" href="#FNanchor_347" class="label">[347]</a> -Rom., <span class="asc">XV</span>, 19; II Cor., <span -class="asc">XII</span>, 12; I Thess, <span class="asc">I</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_348" href="#FNanchor_348" class="label">[348]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">V</span>, 12-16. Las <i>Act.</i> abundan -en milagros. El de Eutico (<i>Act.</i>, <span class="asc">XX</span>, -7-12) lo cuenta con toda seguridad un testigo ocular. Lo mismo sucede -en cuanto á <i>Act.</i>, <span class="asc">XXVIII</span>. Comp. Papias, -en Eusebio, <i>H. E.</i>, III, 39.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_349" href="#FNanchor_349" class="label">[349]</a> -Los exorcismos judíos y cristianos fueron considerados como los más -eficaces, aun por los mismos paganos. Damascio, <i>Vida de Isidoro</i>, -56.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_350" href="#FNanchor_350" class="label">[350]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">V</span>, 15.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_351" href="#FNanchor_351" class="label">[351]</a> I -Cor., <span class="asc">XII</span>, 9 y sig., 28 y sig.; <i>Constit. -apost.</i>, VIII, <span class="asc">I</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_352" href="#FNanchor_352" class="label">[352]</a> -Ireneo, <i>Adv. hær.</i>, II, <span class="asc">XXXII</span>, 4; V, -<span class="asc">VI</span>, 1; Tertuliano, <i>Apol.</i>, 23, 43; <i>Ad -Scapulam</i>, 2; <i>De corona</i>, 11; <i>De spectaculis</i>, 24; <i>De -anima</i>, 57; <i>Constit. apost.</i>, capítulo citado, el cual parece -sacado de la obra de san Hipólito sobre los <i>Charismata</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_353" href="#FNanchor_353" class="label">[353]</a> En -cuanto á los Mormones, los milagros son cosa cotidiana; cada cual tiene -los suyos. Jules Remy, <i>Voy. au pays des Mormons</i>, I, p. 140, 192, -259-260; II, 53 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_354" href="#FNanchor_354" class="label">[354]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IV</span>, 36-37. Cf. <i>ibid.</i>, -<span class="asc">XV</span>, 32.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_355" href="#FNanchor_355" class="label">[355]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_356" href="#FNanchor_356" class="label">[356]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XXI</span>, 16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_357" href="#FNanchor_357" class="label">[357]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XIII, <span class="asc">X</span>, 4; XVII, <span -class="asc">XII</span>, 1, 2; Philon, <i>Leg. ad Caium</i>, párrafo -36.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_358" href="#FNanchor_358" class="label">[358]</a> -Esto resulta en cuanto á Bernabé de su nombre <i>Hallévi</i> y de -Col., <span class="asc">IV</span>, 10-11. <i>Mnason</i> parece ser -la traduccion de algun nombre hebreo en el que entraba la raíz -<i>zacar</i>, como Zacarías.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_359" href="#FNanchor_359" class="label">[359]</a> -Col., <span class="asc">IV</span>, 10-11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_360" href="#FNanchor_360" class="label">[360]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XII</span>, 12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_361" href="#FNanchor_361" class="label">[361]</a> -I Petri, <span class="asc">V</span>, 13; <i>Act.</i>, <span -class="asc">XII</span>, 12; Papias, en Eusebio, <i>H. E.</i>, III, -39.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_362" href="#FNanchor_362" class="label">[362]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XII</span>, 12-14. Todo este capítulo en -que se cuentan tan íntimamente cuanto guarda relacion con Pedro, parece -haber sido redactado por Juan Márcos ó segun sus informes.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_363" href="#FNanchor_363" class="label">[363]</a> -No siendo comun el nombre de <i>Marcus</i> entre los judíos de aquel -tiempo, no parece que deban referirse á individuos distintos los -pasajes en que se trata de un personaje de este nombre.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_364" href="#FNanchor_364" class="label">[364]</a> -Compárese <i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 2 con -<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_365" href="#FNanchor_365" class="label">[365]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">VI</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_366" href="#FNanchor_366" class="label">[366]</a> -<i>Ibid.</i></p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_367" href="#FNanchor_367" class="label">[367]</a> -Compárese <i>Act.</i>, <span class="asc">XXI</span>, 8-9 con Papias, en -Eusebio, <i>Hist. eccl.</i> III, 39.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_368" href="#FNanchor_368" class="label">[368]</a> -Rom., <span class="asc">XVI</span>, 7. Es dudoso si <span -xml:lang="grc" lang="grc">Ἰουνίαν</span> proviene de <span -xml:lang="grc" lang="grc">Ἰουνία</span> ó de <span xml:lang="grc" -lang="grc">Ἰουνίας</span> = <i>Junianus</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_369" href="#FNanchor_369" class="label">[369]</a> -Pablo los llama sus <span xml:lang="grc" lang="grc">συγγενεῖς</span>; -pero seria difícil decir si esto significa que eran judíos, ó de la -tribu de Benjamin, ó de Tarso, ó realmente parientes de Pablo. La -primera interpretacion parece con mucho la más probable. Comp. Rom., -<span class="asc">IX</span>, 3; <span class="asc">XI</span>, 14. En -todo caso esta palabra implica que eran judíos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_370" href="#FNanchor_370" class="label">[370]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">VI</span>, 1, 5; II Cor., <span -class="asc">XI</span>, 22; Fil., <span class="asc">III</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_371" href="#FNanchor_371" class="label">[371]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 9-11; <span -class="asc">VI</span>, 9.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_372" href="#FNanchor_372" class="label">[372]</a> -El Talmud de Jerusalem, <i>Megilla</i>, fol. 73 <i>d</i>, hace subir -el número á cuatrocientos ochenta. Comp. Midrasch <i>Eka</i>, 52 -<i>b</i>, 70 <i>d</i>. Esta cifra no debe extrañar á los que han visto -esas pequeñas mezquitas de familia que se encuentran á cada paso en -las ciudades musulmanas; pero los datos talmúdicos sobre Jerusalem no -merecen mucho crédito.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_373" href="#FNanchor_373" class="label">[373]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">VI</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_374" href="#FNanchor_374" class="label">[374]</a> -La epístola de Jacobo está escrita en griego bastante puro; aunque es -cierto que la autenticidad de esta epístola no es segura.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_375" href="#FNanchor_375" class="label">[375]</a> -Los sabios escribian en hebreo antiguo, un poco modificado: trozos -como se encuentran en el Talmud de Babilonia <i>Kidduschin</i> fol. 66 -<i>a</i>, acaso se hayan escrito hácia aquella época.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_376" href="#FNanchor_376" class="label">[376]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, último párrafo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_377" href="#FNanchor_377" class="label">[377]</a> -Esto es lo que prueban las transcripciones del griego en siriaco; yo lo -he desarrollado en mis <i>Éclaircissements tirés des langues sémitiques -sur quelques points de la prononciation grecque</i>. (París, 1849.) La -lengua de las inscripciones griegas de Siria es muy mala.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_378" href="#FNanchor_378" class="label">[378]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, loc. cit.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_379" href="#FNanchor_379" class="label">[379]</a> -<i>Sat.</i>, I, <span class="asc">V</span>, 105.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_380" href="#FNanchor_380" class="label">[380]</a> -Véanse los textos reunidos traducidos por Eugenio Burnouf. <i>Introd. -à l’hist. du buddhisme indien</i>, I, p. 137 y sig. y sobre todo p. -198-199.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_381" href="#FNanchor_381" class="label">[381]</a> -Véase <i>Vida de Jesús</i>, p. 181 y 211.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_382" href="#FNanchor_382" class="label">[382]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 45; <span -class="asc">IV</span>, 34, 37; <span class="asc">V</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_383" href="#FNanchor_383" class="label">[383]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">V</span>, 1 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_384" href="#FNanchor_384" class="label">[384]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">II</span>, 45; <span -class="asc">IV</span>, 35.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_385" href="#FNanchor_385" class="label">[385]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">VI</span>, 1 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_386" href="#FNanchor_386" class="label">[386]</a> -Véase más arriba, <a href="#Steph">p. 148</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_387" href="#FNanchor_387" class="label">[387]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XXI</span>, 8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_388" href="#FNanchor_388" class="label">[388]</a> -Fil., <span class="asc">I</span>, 1; I Tim., <span -class="asc">III</span>, 8 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_389" href="#FNanchor_389" class="label">[389]</a> -Rom., <span class="asc">XVI</span>, 1, 12; I Tim. <span -class="asc">III</span>, 11; <span class="asc">V</span>, 9 y sig.; -Plinio, <i>Epist.</i>, <span class="asc">X</span>, 97. Las epístolas -á Timoteo no son probablemente de San Pablo; pero tienen mucha -antigüedad.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_390" href="#FNanchor_390" class="label">[390]</a> -Rom., <span class="asc">XVI</span>, 1; I Cor, <span -class="asc">IX</span>, 5; Filem., 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_391" href="#FNanchor_391" class="label">[391]</a> I -Tim., <span class="asc">V</span>, 9 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_392" href="#FNanchor_392" class="label">[392]</a> -<i>Constit. apost.</i>, <span class="asc">VI</span>, 17.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_393" href="#FNanchor_393" class="label">[393]</a> -Sap., <span class="asc">II</span>, 10; Eccli., <span -class="asc">XXXVII</span>, 17; Mat., <span class="asc">XXIII</span>, -14; Marc., <span class="asc">XII</span>, 40; Luc., <span -class="asc">XX</span>, 47; Jac., <span class="asc">I</span>, 27.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_394" href="#FNanchor_394" class="label">[394]</a> -Mischna, <i>Sota</i>, <span class="asc">III</span>, 4.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_395" href="#FNanchor_395" class="label">[395]</a> -Talm. de Bab., <i>Sota</i>, 22 <i>a</i>; comp. I Tim., <span -class="asc">V</span>, 13; Buxtorf, <i>Lex chald. talm. rabb.</i>, -en las voces <span xml:lang="hbo" lang="hbo">צלינית</span> y <span -xml:lang="hbo" lang="hbo">שובבית</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_396" href="#FNanchor_396" class="label">[396]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">VI</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_397" href="#FNanchor_397" class="label">[397]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XII</span>, 12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_398" href="#FNanchor_398" class="label">[398]</a> -I Tim., <span class="asc">V</span>, 9 y sig. Comp. <i>Act.</i>, <span -class="asc">IX</span>, 39, 41.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_399" href="#FNanchor_399" class="label">[399]</a> I -Tim., <span class="asc">V</span>, 3 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_400" href="#FNanchor_400" class="label">[400]</a> -<i>Eclesiastés</i>, <span class="asc">VII</span>, 27; -<i>Eclesiástico</i>, <span class="asc">VII</span>, 26 y sig.; <span -class="asc">IX</span>, 1 y sig.; <span class="asc">XXV</span>, -22 y sig.; <span class="asc">XXVI</span>, 1 y sig.; <span -class="asc">XLII</span>, 9 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_401" href="#FNanchor_401" class="label">[401]</a> -Véase el manuscrito griego n.º 64 de la Biblioteca imperial (fondo -antiguo), fol. 11, donde se habla de los trajes de las viudas en la -Iglesia oriental. El traje de las calogrías es hoy dia poco más ó menos -el mismo; el tipo de la religiosa oriental es el de la viuda, mientras -que el de la monja latina es el de la vírgen.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_402" href="#FNanchor_402" class="label">[402]</a> -Comp. el <i>Pastor de Hermas</i>, vis. <span class="asc">II</span>, ch. -4.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_403" href="#FNanchor_403" class="label">[403]</a> -<span xml:lang="grc" lang="grc">Καλογρία</span>, nombre de -las religiosas en la Iglesia oriental. <span xml:lang="grc" -lang="grc">Καλός</span> reune aquí los dos sentidos de «bello» y -«bueno».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_404" href="#FNanchor_404" class="label">[404]</a> -Véase más arriba, p. 161, <a href="#Footnote_395">nota 395</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_405" href="#FNanchor_405" class="label">[405]</a> I -Cor., <span class="asc">XII</span> entero.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_406" href="#FNanchor_406" class="label">[406]</a> -Las congregaciones pietistas de América, que son, en el protestantismo, -el equivalente á los conventos católicos, recuerdan tambien por -muchos rasgos las iglesias primitivas. Véase L. Bridel, <i>Récits -américains</i> (Lausanne, 1861.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_407" href="#FNanchor_407" class="label">[407]</a> -Prov., <span class="asc">III</span>, 27 y sig.; <span -class="asc">X</span>, 2; <span class="asc">XI</span>, 4; <span -class="asc">XXII</span>, 9; <span class="asc">XXVIII</span>, -27; Eccli., <span class="asc">III</span>, 23 y sig.; <span -class="asc">VII</span>, 36; <span class="asc">XII</span>, 1 y sig.; -<span class="asc">XVIII</span>, 14; <span class="asc">XX</span>, -13 y sig.; <span class="asc">XXXI</span>, 11; Tobías, <span -class="asc">II</span>, 15, 22; <span class="asc">IV</span>, 11; <span -class="asc">XII</span>, 9; <span class="asc">XIV</span>, 11; Daniel, -<span class="asc">IV</span>, 24; Talm. de Jerus., <i>Peah</i>, 15 -<i>b</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_408" href="#FNanchor_408" class="label">[408]</a> -Mat., <span class="asc">VI</span>, 2; Mischna, <i>Schekalim</i>, <span -class="asc">V</span>, 6; Talm. de Jerus., <i>Demai</i>, fol. 23 -<i>b</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_409" href="#FNanchor_409" class="label">[409]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">X</span>, 2, 4, 31.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_410" href="#FNanchor_410" class="label">[410]</a> -Salmo <span class="asc">CXXXIII</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_411" href="#FNanchor_411" class="label">[411]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 44-47; <span -class="asc">IV</span>, 32-35.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_412" href="#FNanchor_412" class="label">[412]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">II</span>, 41.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_413" href="#FNanchor_413" class="label">[413]</a> -Véase, más arriba, <a href="#Page_148">p. 148</a>, <a -href="#Page_158">158-159</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_414" href="#FNanchor_414" class="label">[414]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">VI</span>, 5; <span -class="asc">XI</span>, 20.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_415" href="#FNanchor_415" class="label">[415]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IV</span>, 6. Véase <i>Vida de -Jesús</i>, p. 364 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_416" href="#FNanchor_416" class="label">[416]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IV</span>, 1-31; <span -class="asc">V</span>, 17-41.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_417" href="#FNanchor_417" class="label">[417]</a> -Véase <i>Vida de Jesús</i>, p. 137.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_418" href="#FNanchor_418" class="label">[418]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">V</span>, 41.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_419" href="#FNanchor_419" class="label">[419]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">IV</span>, 5-6; <span -class="asc">V</span>, 17; Comp. Jac., <span class="asc">II</span>, -6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_420" href="#FNanchor_420" class="label">[420]</a> -<span xml:lang="grc" lang="grc">Γένος ἀρχιερατικόν</span>, en las -<i>Actas</i>, l. c.; <span xml:lang="grc" lang="grc">ἀρχιερεῖς</span>, -en Josefo, <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">VIII</span>, 8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_421" href="#FNanchor_421" class="label">[421]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XV</span>, 5; <span -class="asc">XXI</span>, 20.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_422" href="#FNanchor_422" class="label">[422]</a> -Añadamos que la antipatía de Jesús y de los fariseos parece haber sido -exagerada por los evangelistas sinópticos, tal vez á causa de los -acontecimientos que causaron la huida de los cristianos al otro lado -del Jordan. No puede negarse que Jacobo, hermano del Señor, no fuera -casi un fariseo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_423" href="#FNanchor_423" class="label">[423]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">V</span>, 34 y sig. Véase <i>Vida de -Jesús</i>, p. 220-221.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_424" href="#FNanchor_424" class="label">[424]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">VI</span>, 8-<span -class="asc">VII</span>, 59.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_425" href="#FNanchor_425" class="label">[425]</a> -Probablemente los descendientes de los judíos que habian sido llevados -á Roma como esclavos, y fueron libertados más tarde. Philon, <i>Leg. ad -Caium</i>, § 23; Tácito. <i>Ann.</i>, II, 85.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_426" href="#FNanchor_426" class="label">[426]</a> -Véase <i>Vida de Jesús</i>, pág. 354, 396, 424.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_427" href="#FNanchor_427" class="label">[427]</a> -Mat., <span class="asc">XV</span>, 2 y sig.; Marc., <span -class="asc">VII</span>, 3; Gal. <span class="asc">I</span>, 14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_428" href="#FNanchor_428" class="label">[428]</a> -Compárese Gal., <span class="asc">III</span>, 19; Hebr., -<span class="asc">II</span>, 2; Jos., <i>Ant.</i>, XV, <span -class="asc">V</span>, 3. Se figuraban que Dios mismo no se habia -manifestado en las teofanías de la antigua ley, pero que habia colocado -en su lugar una especie de intermediario el <i>maleak Jehovah</i>. -Véase en los diccionarios hebreos la voz <span xml:lang="hbo" -lang="hbo">מלאך</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_429" href="#FNanchor_429" class="label">[429]</a> -Deuter., <span class="asc">XVII</span>, 7.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_430" href="#FNanchor_430" class="label">[430]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">VII</span>, 59; <span -class="asc">XXII</span>, 20; <span class="asc">XXVI</span>, 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_431" href="#FNanchor_431" class="label">[431]</a> -Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 31.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_432" href="#FNanchor_432" class="label">[432]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">IV</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_433" href="#FNanchor_433" class="label">[433]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XV, <span class="asc">XI</span>, 4; XVIII, <span -class="asc">IV</span>, 2. Comp. XX, <span class="asc">I</span>, 1, -2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_434" href="#FNanchor_434" class="label">[434]</a> -Todo el proceso de Jesús lo demuestra. Compárese <i>Act.</i>, <span -class="asc">XXIV</span>, 27; <span class="asc">XXV</span>, 9.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_435" href="#FNanchor_435" class="label">[435]</a> -Suetonio, <i>Caius</i>, 16; Dion Casio, LIX, 8, 12; Jos., <i>Ant.</i>, -XVIII, <span class="asc">V</span>, 3; <span class="asc">VI</span>, 10; -II Cor., <span class="asc">XI</span>, 32.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_436" href="#FNanchor_436" class="label">[436]</a> -Ventidius Cumanus experimentó aventuras semejantes. Es verdad que -Josefo exagera las desgracias de cuantos fueron adversarios de su -nacion.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_437" href="#FNanchor_437" class="label">[437]</a> -Madden, <i>History of Jewish Coinage</i>, pág. 134 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_438" href="#FNanchor_438" class="label">[438]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">IV</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_439" href="#FNanchor_439" class="label">[439]</a> -<i>Ibid.</i>, XVIII, <span class="asc">V</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_440" href="#FNanchor_440" class="label">[440]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 2. Las palabras <span -xml:lang="grc" lang="grc">ἀνὴρ εὐλαβὴς</span> designan un prosélito, no -un judío puro. Cf. <i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_441" href="#FNanchor_441" class="label">[441]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 1 y sig.; <span -class="asc">XI</span>, 19. <i>Act.</i>, <span class="asc">XXVI</span>, -10, hace creer que hubo otras muertes además de la de Estéban. Pero no -es necesario abusar de las palabras en las redacciones de un estilo tan -variado. Comp. <i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 1-2 á <span -class="asc">XXII</span>, 5 y <span class="asc">XXVI</span>, 12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_442" href="#FNanchor_442" class="label">[442]</a> -Compárese <i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 4; <span -class="asc">VIII</span>, 1, 14; Gal., <span class="asc">I</span>, 17 y -sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_443" href="#FNanchor_443" class="label">[443]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 26-30 prueba -que, en el pensamiento del autor, las expresiones de <span -class="asc">VIII</span>, 1 no tienen un sentido tan absoluto como -podria creerse.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_444" href="#FNanchor_444" class="label">[444]</a> Lo -que sucedió á los esenios.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_445" href="#FNanchor_445" class="label">[445]</a> Lo -que sucedió á los franciscanos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_446" href="#FNanchor_446" class="label">[446]</a> I -Tes., <span class="asc">II</span>, 14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_447" href="#FNanchor_447" class="label">[447]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 3; <span -class="asc">IX</span>, 13, 14, 21, 26; <span class="asc">XXII</span>, -4, 19; <span class="asc">XXVI</span>, 9 y sig.; Gal., <span -class="asc">I</span>, 13, 23; I Cor., <span class="asc">XV</span>, -9; Fil., <span class="asc">III</span>, 6; I Tim., <span -class="asc">I</span>, 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_448" href="#FNanchor_448" class="label">[448]</a> -Gal., <span class="asc">I</span>, 14; <i>Act.</i>, <span -class="asc">XXVI</span>, 5; Fil., <span class="asc">III</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_449" href="#FNanchor_449" class="label">[449]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 13, 21, 26.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_450" href="#FNanchor_450" class="label">[450]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 1, 4; <span -class="asc">XI</span>, 19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_451" href="#FNanchor_451" class="label">[451]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 5 y sig. Que -no era el apóstol resulta de los pasajes <i>Act.</i>, -<span class="asc">VIII</span>, 1, 5, 12, 14, 40; <span -class="asc">XXI</span>, 8 comparados entre ellos. Es verdad que el -versículo <i>Act.</i>, <span class="asc">XXI</span>, 9 comparado con -lo que dicen Papias (en Eusebio, <i>H. E.</i>, III, 39), Polícrates -(<i>ibid.</i>, V, 24), Clemente de Alejandría (<i>Strom.</i>, III, 6) -hacen identificar al apóstol Felipe de que hablan estos tres escritores -eclesiásticos, con el Felipe que desempeña un papel importante en las -<i>Actas</i>, pero es más natural admitir que el versículo en cuestion -contiene un error y ha sido interpolado que contradecir la tradicion de -las iglesias de Asia y aun de Hierápolis, donde se retiró Felipe. Los -datos particulares que posee el autor del cuarto Evangelio (escrito, -segun parece, en el Asia menor) acerca del apóstol Felipe se encuentran -así explicados.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_452" href="#FNanchor_452" class="label">[452]</a> -Véase <i>Vida de Jesús</i>, c. <span class="asc">XIV</span>. -La tendencia especial del autor de las <i>Actas</i> tambien -se encuentra aquí. Véase Introd., <a href="#Page_xx">p. <span -class="asc">XX</span></a>, <a href="#Page_xxxviii"><span -class="asc">XXXVIII</span></a> y, más abajo, <a href="#Page_191">p. -191</a>, <a href="#Page_228">228</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_453" href="#FNanchor_453" class="label">[453]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 5-40.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_454" href="#FNanchor_454" class="label">[454]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">IV</span>, 1, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_455" href="#FNanchor_455" class="label">[455]</a> -Hoy dia <i>Jit</i> sobre el camino de Nablus á Jaffa, á una hora -y media de Nablus y de Sebastia. Véase Robinson, <i>Biblical -researches</i>, II, p. 308, nota; III, 134 (segunda ed.) y su mapa.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_456" href="#FNanchor_456" class="label">[456]</a> -Las noticias que relativas á este personaje nos dan los escritores -Cristianos, son tan fabulosas, que naturalmente se han suscitado dudas -sobre la realidad de su existencia; dudas tanto más de tener en cuenta, -cuanto que en la literatura pseudo-clementina, Simon el Mágico, es con -frecuencia un sinónimo de San Pablo. Nosotros no podemos admitir, sin -embargo, que la leyenda de Simon se apoye bajo esta única base. ¿Cómo -es posible que el autor de las <i>Actas</i>, tan favorable á San Pablo, -hubiese aceptado un dato cuyo sentido hostil no podia ocultársele? La -continuacion cronológica de la escuela Simoniana, los escritos que de -ella nos quedan, los caractéres precisos de topografía y cronología que -nos da San Justino, compatriota de nuestro taumaturgo, no se explican, -por lo demás, ni aun en la hipótesis de que la persona de Simon fuera -imaginaria. (Véase sobre todo Justino, <i>Apol. II</i>, 15, y <i>Dial. -cum. Tryph.</i>, 120.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_457" href="#FNanchor_457" class="label">[457]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 5 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_458" href="#FNanchor_458" class="label">[458]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 9 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_459" href="#FNanchor_459" class="label">[459]</a> -Justino, <i>Apol. I</i>, 26, 56.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_460" href="#FNanchor_460" class="label">[460]</a> -Homil. pseudo-clem., <span class="asc">XVII</span>, 15, 17; Quadratus, -en Eusebio, <i>H. E.</i>, IV, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_461" href="#FNanchor_461" class="label">[461]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 25.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_462" href="#FNanchor_462" class="label">[462]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 26-40.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_463" href="#FNanchor_463" class="label">[463]</a> -I Macab., <span class="asc">X</span>, 86, 89; <span -class="asc">XI</span>, 60 y sig. Jos., <i>Ant.</i>, XIII, <span -class="asc">XIII</span>, 3; XV, <span class="asc">VII</span>, 3; -XVIII, <span class="asc">XI</span>, 5; <i>B. J.</i>, I, <span -class="asc">IV</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_464" href="#FNanchor_464" class="label">[464]</a> -Robinson, <i>Bibl. researches</i>, II, p. 41 y 514-515 (2.ª ed.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_465" href="#FNanchor_465" class="label">[465]</a> -Talm. de Bab., <i>Erubin</i>, 53 <i>b</i> y 54 <i>a</i>; <i>Sota</i> 46 -<i>b</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_466" href="#FNanchor_466" class="label">[466]</a> -Isaías, <span class="asc">LIII</span>, 7.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_467" href="#FNanchor_467" class="label">[467]</a> -Hoy Merawi, cerca de Gebel-Barkal (Lepsius, <i>Denkmæler</i>, I, pl. 1 -y 2 <i>bis</i>.) Estrabon, XVII, <span class="asc">I</span>, 54.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_468" href="#FNanchor_468" class="label">[468]</a> -Estrabon, XVII, <span class="asc">I</span>, 54; Plinio, VI, <span -class="asc">XXXV</span>, 8; <i>Dion Casio</i>, LIV, 5; Eusebio, <i>H. -E.</i>, II, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_469" href="#FNanchor_469" class="label">[469]</a> -Los descendientes de estos judíos existen todavía bajo el nombre de -<i>Falasyán</i>. Los misioneros que les convirtieron vinieron de -Egipto. La version de la Biblia ha sido hecha sobre la version griega. -Los <i>Falasyán</i> no son israelitas de sangre.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_470" href="#FNanchor_470" class="label">[470]</a> -Juan, <span class="asc">XII</span>, 20; <i>Act.</i>, <span -class="asc">X</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_471" href="#FNanchor_471" class="label">[471]</a> -Véase Deuter., <span class="asc">XXIII</span>, 1. Es verdad que -<span xml:lang="grc" lang="grc">εὐνοῦχος</span> puede tomarse como -calificativo designando un ayuda de cámara ó funcionario de la corte -oriental; pero <span xml:lang="grc" lang="grc">δυνάστης</span> basta á -dar esta idea; <span xml:lang="grc" lang="grc">εὐνοῦχος</span> debe ser -tomado aquí en sentido propio.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_472" href="#FNanchor_472" class="label">[472]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 26, 29.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_473" href="#FNanchor_473" class="label">[473]</a> -Deducir de ahí que toda esta historia ha sido inventada por el autor -de las <i>Actas</i> nos parece temerario. El autor de las <i>Actas</i> -insiste sobre los hechos que apoyan sus teorías; pero no creemos -introduzca en sus reseñas hechos puramente simbólicos ó imaginarios -á su placer. Véase la Introd., <a href="#Page_xxxvi">p. <span -class="asc">XXXVI-XXXVII</span></a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_474" href="#FNanchor_474" class="label">[474]</a> -Para el estado análogo de los primeros Mormones, véase Jules Remy, -<i>Voyage au pays des Mormons</i> (París, 1860), I, p. 195 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_475" href="#FNanchor_475" class="label">[475]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 39-40. Comp. Luc., <span -class="asc">IV</span>, 14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_476" href="#FNanchor_476" class="label">[476]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 32, 38.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_477" href="#FNanchor_477" class="label">[477]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 40; <span -class="asc">XI</span>, 11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_478" href="#FNanchor_478" class="label">[478]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XXI</span>, 8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_479" href="#FNanchor_479" class="label">[479]</a> -Jos., <i>B. J.</i>, III, <span class="asc">IX</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_480" href="#FNanchor_480" class="label">[480]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XXIII</span>, 33 y sig.; <span -class="asc">XXV</span>, 1, 5; Tácito, <i>Hist.</i>, II, 79.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_481" href="#FNanchor_481" class="label">[481]</a> -Jos., <i>B. J.</i>, III, <span class="asc">IX</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_482" href="#FNanchor_482" class="label">[482]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">VIII</span>, 7; <i>B. J.</i>, -II, <span class="asc">XIII</span>, 5,—<span class="asc">XIV</span>, 5; -<span class="asc">XVIII</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_483" href="#FNanchor_483" class="label">[483]</a> -Talm. de Jerusalem, <i>Sota</i>, 21, <i>b</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_484" href="#FNanchor_484" class="label">[484]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">VII</span>, 3-4; <span -class="asc">VIII</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_485" href="#FNanchor_485" class="label">[485]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_486" href="#FNanchor_486" class="label">[486]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">IX</span>, 2, 10, 19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_487" href="#FNanchor_487" class="label">[487]</a> -Esta fecha resulta de la comparacion de los capítulos <span -class="asc">IX</span>, <span class="asc">XI</span>, <span -class="asc">XII</span> de las <i>Actas</i> con Gal., <span -class="asc">I</span>, 18; <span class="asc">II</span>, 1, y del -sincronismo que presenta el capítulo <span class="asc">XII</span> de -las <i>Actas</i> con la historia profana, sincronismo que fija al año -44 la fecha de los hechos explicados en este capítulo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_488" href="#FNanchor_488" class="label">[488]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 11; <span -class="asc">XXI</span>, 39; <span class="asc">XXII</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_489" href="#FNanchor_489" class="label">[489]</a> -En la epístola á Filemon, escrita hácia el año 61, él se califica de -<i>anciano</i> (v. 9). En <i>Act.</i>, <span class="asc">VII</span>, -57 es calificado de jóven por un hecho relativo al año 37, poco más ó -menos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_490" href="#FNanchor_490" class="label">[490]</a> De -la misma manera que los <i>Jesús</i> se hacian llamar <i>Jason</i>; los -<i>José</i>, <i>Hegesipo</i>; los <i>Eliacim</i>, <i>Alcimo</i>, etc. -San Gerónimo (<i>De viris ill.</i>, 5) supone que Pablo tomó su nombre -del procónsul Sergio Paulo (<i>Act.</i>, <span class="asc">XIII</span>, -9). Semejante version no parece admisible. Si las <i>Actas</i> no dan -á Saulo el nombre de Pablo hasta que entra en relaciones con este -personaje, será tal vez porque la supuesta conversion de Sergio fué el -primer acto notable de Pablo como apóstol de los gentiles.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_491" href="#FNanchor_491" class="label">[491]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 9 y siguientes; -la atribucion de todas las epístolas; II Petri, <span -class="asc">III</span>, 15.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_492" href="#FNanchor_492" class="label">[492]</a> -Las calumnias ebionitas no deben tomarse en serio (Epifanio, <i>Adv. -hær.</i>, hær. <span class="asc">XXX</span>, 16 y 25).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_493" href="#FNanchor_493" class="label">[493]</a> -San Gerónimo, <i>loc. cit.</i> Inadmisible como la presenta San -Gerónimo, esta tradicion parece no obstante tener algun fundamento.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_494" href="#FNanchor_494" class="label">[494]</a> -Rom., <span class="asc">XI</span>, 1; Fil., <span -class="asc">III</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_495" href="#FNanchor_495" class="label">[495]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XXII</span>, 28.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_496" href="#FNanchor_496" class="label">[496]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XXIII</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_497" href="#FNanchor_497" class="label">[497]</a> -Fil., <span class="asc">III</span>, 5; <i>Act.</i>, <span -class="asc">XXVI</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_498" href="#FNanchor_498" class="label">[498]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">VI</span>, 9; Philon, <i>Leg. ad -Caium</i>, § 36.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_499" href="#FNanchor_499" class="label">[499]</a> -Estrabon, XIV, <span class="asc">X</span>, 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_500" href="#FNanchor_500" class="label">[500]</a> -<i>Ibid.</i>, XIV, <span class="asc">X</span>, 14-15; Philostrato, -<i>Vida de Apolonio</i>, I, 7.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_501" href="#FNanchor_501" class="label">[501]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, último párrafo. Cf. <i>Vida de Jesús</i>, p. -33-34.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_502" href="#FNanchor_502" class="label">[502]</a> -Philostrato, <i>loc. cit.</i></p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_503" href="#FNanchor_503" class="label">[503]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XXVII</span>, 22 y sig.; <span -class="asc">XXI</span>, 37.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_504" href="#FNanchor_504" class="label">[504]</a> -Gal., <span class="asc">VI</span>, 11; Rom., <span -class="asc">XVI</span>, 22.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_505" href="#FNanchor_505" class="label">[505]</a> II -Cor., <span class="asc">XI</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_506" href="#FNanchor_506" class="label">[506]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XXI</span>, 40. He explicado antes el -sentido de la palabra <span xml:lang="grc" lang="grc">ἑβραιστί</span>. -<i>Hist. des lang. sémit.</i>, II, <span class="asc">I</span>, 5; III, -<span class="asc">I</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_507" href="#FNanchor_507" class="label">[507]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XXVI</span>, 14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_508" href="#FNanchor_508" class="label">[508]</a> -I Cor., <span class="asc">XV</span>, 33. Cf. Meinecke, <i>Menandri -fragm.</i>, p. 75.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_509" href="#FNanchor_509" class="label">[509]</a> -Tit., <span class="asc">I</span>, 12; <i>Act.</i>, <span -class="asc">XVII</span>, 28. La autenticidad de la carta á Tito -es muy dudosa. En cuanto al discurso relativo al capítulo <span -class="asc">XVII</span> de las <i>Actas</i>, es obra más bien del autor -de las <i>Actas</i> que de San Pablo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_510" href="#FNanchor_510" class="label">[510]</a> El -verso citado de Arato (<i>Phænom.</i>, 5) se encuentra efectivamente en -Cleantes (<i>Himno á Júpiter</i>, 5.) Los dos lo tomaron sin duda de -algun himno religioso anónimo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_511" href="#FNanchor_511" class="label">[511]</a> -Gal., <span class="asc">I</span>, 14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_512" href="#FNanchor_512" class="label">[512]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XVII</span>, 22 y sig., teniendo en -cuenta la <a href="#Footnote_509">nota 509</a> de esta página.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_513" href="#FNanchor_513" class="label">[513]</a> -Véase <i>Vida de Jesús</i>, pág. 72.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_514" href="#FNanchor_514" class="label">[514]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XVIII</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_515" href="#FNanchor_515" class="label">[515]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XVIII</span>, 3; I Cor., <span -class="asc">IV</span>, 12; I Tes., <span class="asc">II</span>, 9; II -Tes., <span class="asc">III</span>, 8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_516" href="#FNanchor_516" class="label">[516]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XXIII</span>, 16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_517" href="#FNanchor_517" class="label">[517]</a> -II Cor., <span class="asc">VIII</span>, 18, 22; <span -class="asc">XII</span>, 18.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_518" href="#FNanchor_518" class="label">[518]</a> -Rom., <span class="asc">XVI</span>, 7, 11, 21. Sobre el sentido de -<span xml:lang="grc" lang="grc">συγγενής</span> en estos pasajes, véase -más arriba, p. 148, <a href="#Footnote_369">nota 369</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_519" href="#FNanchor_519" class="label">[519]</a> -Véase sobre todo la epístola á Filemon.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_520" href="#FNanchor_520" class="label">[520]</a> -Gal., <span class="asc">V</span>, 12; Fil., <span -class="asc">III</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_521" href="#FNanchor_521" class="label">[521]</a> II -Cor., <span class="asc">X</span>, 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_522" href="#FNanchor_522" class="label">[522]</a> -<i>Acta Pauli et Theclæ</i>, 3, en Tischendorf, <i>Acta Apost. -apocr.</i> (Leipzig 1851), p. 41 y las notas (texto antiguo, aunque no -debe ser el original de que habla Tertuliano); el <i>Philopatris</i>, -12 (obra compuesta hácia el año 363); Malala, <i>Chonogr.</i>, p. 257, -edit. por Bonn; Nicéforo, <i>Hist. eccl.</i>, II, 37. Todos estos -pasajes, sobre todo el de Philopatris, suponen bastante antigüedad en -sus retratos. Esto les da cierta autoridad, á pesar de todo, Malala, -Nicéforo y hasta el mismo autor de las <i>Actas de Santa Tecla</i> -quieren hacer de Pablo un hombre bello.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_523" href="#FNanchor_523" class="label">[523]</a> -I Cor., <span class="asc">II</span>, 1 y sig.; II Cor., <span -class="asc">X</span>, 1-2, 10; <span class="asc">XI</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_524" href="#FNanchor_524" class="label">[524]</a> -I Cor., <span class="asc">II</span>. 3; II Cor., <span -class="asc">X</span>, 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_525" href="#FNanchor_525" class="label">[525]</a> II -Cor., <span class="asc">XI</span>, 30; <span class="asc">XII</span>, 5, -9, 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_526" href="#FNanchor_526" class="label">[526]</a> -I Cor., <span class="asc">II</span>, 3; II Cor., <span -class="asc">I</span>, 8-9; <span class="asc">X</span>, 10; <span -class="asc">XI</span>, 30; <span class="asc">XII</span>, 5, 9-10; Gal., -<span class="asc">IV</span>, 13-14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_527" href="#FNanchor_527" class="label">[527]</a> II -Cor., <span class="asc">XII</span>, 7-10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_528" href="#FNanchor_528" class="label">[528]</a> I -Cor., <span class="asc">VII</span>, 7-8 y el contexto.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_529" href="#FNanchor_529" class="label">[529]</a> I -Cor., <span class="asc">VII</span>, 7-8; <span class="asc">IX</span>, -5. Este segundo pasaje está lejos de tener peso. Fil., <span -class="asc">IV</span>, 3, hace suponer lo contrario. Comp. Clemente de -Alejandría, <i>Strom.</i>, <span class="asc">III</span>, 6, y Eusebio, -<i>Hist. eccl.</i>, <span class="asc">III</span>, 30. Solo el pasaje -I Cor., <span class="asc">VII</span> 7-8 es el único que tiene aquí -peso.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_530" href="#FNanchor_530" class="label">[530]</a> I -Cor., <span class="asc">VII</span>, 7-9.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_531" href="#FNanchor_531" class="label">[531]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XXII</span>, 3; <span -class="asc">XXVI</span>, 4.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_532" href="#FNanchor_532" class="label">[532]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XXII</span>, 3. Pablo no habla de este -maestro en los pasajes de sus epístolas donde seria natural que le -nombrara (Fil., <span class="asc">III</span>, 5). No es imposible que -el autor de las <i>Actas</i> hubiese puesto á su héroe en relacion -con el más célebre doctor de Jerusalem del cual sabia el nombre. Hay -absoluta contradiccion entre los principios de Gamaliel (<i>Act.</i>, -<span class="asc">V</span>, 34 y sig.) y la conducta de Pablo antes de -su conversion.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_533" href="#FNanchor_533" class="label">[533]</a> -Véase la <i>Vida de Jesús</i>, p. 220-221.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_534" href="#FNanchor_534" class="label">[534]</a> -Gal., <span class="asc">I</span>, 13-14; <i>Act.</i> <span -class="asc">XXII</span>, 3; <span class="asc">XXVI</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_535" href="#FNanchor_535" class="label">[535]</a> -II Cor., <span class="asc">V</span>, 16, no lo implica en manera -alguna. Los pasajes <i>Act.</i>, <span class="asc">XXII</span>, 3; -<span class="asc">XXVI</span>, 4 inducen á creer que Pablo se encontró -en Jerusalem al mismo tiempo que Jesús. Pero esto no es una razon que -pruebe que los dos se vieron.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_536" href="#FNanchor_536" class="label">[536]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XXII</span>, 4, 19; <span -class="asc">XXVI</span>, 10-11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_537" href="#FNanchor_537" class="label">[537]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XXVI</span>, 11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_538" href="#FNanchor_538" class="label">[538]</a> -Gran sacerdote de 37 á 42. Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span -class="asc">V</span>, 3; XIX, <span class="asc">VI</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_539" href="#FNanchor_539" class="label">[539]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 1-2, 14; <span -class="asc">XXII</span>, 5; <span class="asc">XXVI</span>, 12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_540" href="#FNanchor_540" class="label">[540]</a> -Véase <i>Revue numismatique</i>, nueva série, t. <span -class="asc">III</span> (1858), p. 296 y sig., 362 y sig., <i>Revue -archéol.</i>, abril de 1864, p. 284 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_541" href="#FNanchor_541" class="label">[541]</a> -Jos., <i>B. J.</i>, II, <span class="asc">XX</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_542" href="#FNanchor_542" class="label">[542]</a> -II Cor., <span class="asc">XI</span>, 32. La série de monedas romanas -de Damasco ofrece una interrupcion para los reinados de Calígula y de -Claudio. Eckhel, <i>Doctrina num. vet.</i> primera parte, vol. III, -p. 330. En la moneda damasquina el tipo de «<i>Aretas filheleno</i>» -<i>ibid.</i> parece ser de nuestro Hareth (comunicacion del Sr. -Waddington.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_543" href="#FNanchor_543" class="label">[543]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">V</span>, 1, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_544" href="#FNanchor_544" class="label">[544]</a> -Comp. <i>Act.</i>, <span class="asc">XII</span>, 3; <span -class="asc">XXIV</span>, 27; <span class="asc">XXV</span>, 9.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_545" href="#FNanchor_545" class="label">[545]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">V</span>, 34 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_546" href="#FNanchor_546" class="label">[546]</a> -Véase un rasgo análogo en la conversion de Omar. Ibn-Hischam, <i>Sirat -errasoul</i>, p. 226 (edicion Wüstenfeld).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_547" href="#FNanchor_547" class="label">[547]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 3; <span -class="asc">XXII</span>, 6; <span class="asc">XXVI</span>, 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_548" href="#FNanchor_548" class="label">[548]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 4, 8; <span -class="asc">XXII</span>, 7, 11; <span class="asc">XXVI</span>, 14, -16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_549" href="#FNanchor_549" class="label">[549]</a> -Ahí es donde la tradicion de la edad media fija el lugar del -milagro.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_550" href="#FNanchor_550" class="label">[550]</a> -Esto resulta de <i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 3, 8; <span -class="asc">XXII</span>, 6, 11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_551" href="#FNanchor_551" class="label">[551]</a> -<i>Nahr el-Awadj</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_552" href="#FNanchor_552" class="label">[552]</a> -<i>Tuleil</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_553" href="#FNanchor_553" class="label">[553]</a> La -llanura está en efecto á más de mil setecientos metros sobre el nivel -del mar.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_554" href="#FNanchor_554" class="label">[554]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XXVI</span>, 14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_555" href="#FNanchor_555" class="label">[555]</a> De -Jerusalem á Damasco hay ocho dias largos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_556" href="#FNanchor_556" class="label">[556]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 8, 9, 18; <span -class="asc">XXII</span>, 11, 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_557" href="#FNanchor_557" class="label">[557]</a> -Véase más arriba, <a href="#Page_201">p. 201</a>, y II Cor., <span -class="asc">XII</span>, 1 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_558" href="#FNanchor_558" class="label">[558]</a> He -experimentado un acceso de este género en Byblos; con otras creencias -hubiera ciertamente tomado por visiones las alucinaciones que entonces -tuve.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_559" href="#FNanchor_559" class="label">[559]</a> -Poseemos tres relatos de este episodio capital: <i>Act.</i>, <span -class="asc">IX</span>, 1 y sig.; <span class="asc">XXII</span>, 5 y -sig.; <span class="asc">XXVI</span>, 12 y sig. Las diferencias que -se notan en estos pasajes prueban que el Apóstol mismo explicaba -de distinta manera su conversion. El relato <i>Actas</i>, <span -class="asc">IX</span>, no es homogéneo, como lo demostraremos pronto. -Compárese Gal., <span class="asc">I</span>, 15-17; I Cor., <span -class="asc">IX</span>, 1; <span class="asc">XV</span>, 8; <i>Act.</i>, -<span class="asc">IX</span>, 27.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_560" href="#FNanchor_560" class="label">[560]</a> -Entre los <i>Mormones</i> y en los <i>sueños</i> americanos, casi todas -las conversiones son tambien promovidas por una grande tension del -alma, produciendo alucinaciones.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_561" href="#FNanchor_561" class="label">[561]</a> -La circunstancia de que los compañeros de Pablo vieron y oyeron -como él puede muy bien ser puramente propia de la leyenda, tanto -más en cuanto los relatos sobre este particular están en manifiesta -contradiccion. Comp. <i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 7; <span -class="asc">XXII</span>, 9; <span class="asc">XXVI</span>, 13. La -hipótesis de una caida de caballo se rechaza en todos los relatos. En -cuanto á la opinion que rechaza toda la narracion de las <i>Actas</i>, -fundándose sobre la palabra <span xml:lang="grc" lang="grc">ἐν -ἐμοί</span>, de Gal., <span class="asc">I</span>, 16, es exagerada. -<span xml:lang="grc" lang="grc">Ἐν ἐμοί</span>, en dicho pasaje, tiene -el sentido de «<i>para mí</i>», «<i>á mí mismo</i>». Comp. Gal., <span -class="asc">I</span>, 24. Seguramente tuvo Pablo en un momento dado una -vision que determinó su conversion.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_562" href="#FNanchor_562" class="label">[562]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 3, 7; <span -class="asc">XXII</span>, 6, 9, 11; <span class="asc">XXVI</span>, -13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_563" href="#FNanchor_563" class="label">[563]</a> -Esto es lo que yo experimenté en mi acceso de Byblos. Los recuerdos -del dia anterior al en que caí sin conocimiento, se desvanecieron -totalmente de mi espíritu.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_564" href="#FNanchor_564" class="label">[564]</a> II -Cor., <span class="asc">XII</span>, 1 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_565" href="#FNanchor_565" class="label">[565]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 27; Gal., <span -class="asc">I</span>, 16; I Cor., <span class="asc">IX</span>, 1; -<span class="asc">XV</span>, 8; Homilias pseudo-clementinas, <span -class="asc">XVII</span>, 13-19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_566" href="#FNanchor_566" class="label">[566]</a> -Compárese lo que pasó á Omar <i>Sirat errasoul</i>, p. 226 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_567" href="#FNanchor_567" class="label">[567]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 8; <span -class="asc">XXII</span>, 11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_568" href="#FNanchor_568" class="label">[568]</a> -Su antiguo nombre árabe era <i>Tarik el-Adhwa</i>. Aún se le llama -hoy <i>Tarik el-Mustekim</i>, que corresponde á <span xml:lang="grc" -lang="grc">Ῥύμη εὐθεῖα</span>. La puerta oriental (<i>Bab Scharki</i>) -y algunos vestigios de las columnatas subsisten todavía. Véanse -los textos árabes dados por Wüstenfeld en la <i>Zeitschrift für -vergleichende Erdkunde</i> de Lüdde, año 1842, p. 168; Porter, <i>Syria -and Palestine</i>, p. 477; Wilson, <i>The Lands of the Bible</i>, <span -class="asc">II</span>, 345, 351-52.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_569" href="#FNanchor_569" class="label">[569]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XXII</span>, 11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_570" href="#FNanchor_570" class="label">[570]</a> -El relato del capítulo <span class="asc">IX</span> de las <i>Actas</i> -parece aquí compuesta de dos textos mezclados; el uno, más original, -comprende los versículos 9, 12 y 18; el otro, más desarrollado, más -dialogado, más legendario, comprende los versículos 9, 10, 11, 13, 14, -15, 16, 17 y 18. El v. 12 ni se refiere á los que preceden ni á los que -siguen. El relato <span class="asc">XXII</span>, 12-16, es más conforme -con el segundo de los textos antes mencionados que con el primero.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_571" href="#FNanchor_571" class="label">[571]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 12. Es necesario leer <span -xml:lang="grc" lang="grc">ἄνδρα ἐν ὁράματι</span>, como lleva el -manuscrito B del Vaticano. Comp. vers. 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_572" href="#FNanchor_572" class="label">[572]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 18; comp. <i>Tobías</i>, -<span class="asc">II</span>, 9; <span class="asc">VI</span>, 10; <span -class="asc">XI</span>, 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_573" href="#FNanchor_573" class="label">[573]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 18; <span -class="asc">XXII</span>, 16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_574" href="#FNanchor_574" class="label">[574]</a> -Gal., <span class="asc">I</span>, 1; 8-9, 11 y sig.; I Cor., <span -class="asc">IX</span>, 1; <span class="asc">XI</span>, 23; <span -class="asc">XV</span>, 8, 9; Col., <span class="asc">I</span>, 25; -Efes., <span class="asc">I</span>, 19; <span class="asc">III</span>, -3, 7, 8; <i>Act.</i>, <span class="asc">XX</span>, 24; <span -class="asc">XXII</span>, 14-15, 21; <span class="asc">XXVI</span>, 16; -Homiliæ pseudo-clem., <span class="asc">XVII</span>, 13-19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_575" href="#FNanchor_575" class="label">[575]</a> -Gal., <span class="asc">I</span>, 17.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_576" href="#FNanchor_576" class="label">[576]</a> -<span xml:lang="grc" lang="grc">Ἀραβία</span> es la provincia de -Arabia, teniendo por parte principal la Auranítide (Haurán).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_577" href="#FNanchor_577" class="label">[577]</a> -Gal., <span class="asc">I</span>, 17 y sig.; <i>Act.</i>, <span -class="asc">IX</span>, 19 y sig.; <span class="asc">XXVI</span>, 20. El -autor de las <i>Actas</i> cree que su primera permanencia en Damasco -fué corta y que Pablo, despues de su conversion, fué á Jerusalem donde -predicó (Comp. <span class="asc">XXII</span>, 17). Pero el pasaje de la -epístola á los Galatas es concluyente.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_578" href="#FNanchor_578" class="label">[578]</a> -Véanse las inscripciones descubiertas por los Sres. Waddington y -de Vogüé (<i>Revue archéol.</i>, abril de 1864, págs. 284 y sig.; -<i>Comptes rendus de l’Acad. des Inscr. et B.-L.</i>, 1865, págs. -106-108). Compárese más arriba, p. 174-175.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_579" href="#FNanchor_579" class="label">[579]</a> -Dion Casio, <span class="asc">LIX</span>, 12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_580" href="#FNanchor_580" class="label">[580]</a> -He desarrollado esto en el <i>Bulletin archéologique</i> de los Sres. -Longperier y de Witte, setiembre de 1856.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_581" href="#FNanchor_581" class="label">[581]</a> -El sentido del versículo Gal., <span class="asc">I</span>, 16 con -los siguientes prueba que Pablo predicó inmediatamente despues de su -conversion.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_582" href="#FNanchor_582" class="label">[582]</a> -Jos., <i>B. J.</i>, I, <span class="asc">II</span>, 25; II, <span -class="asc">XX</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_583" href="#FNanchor_583" class="label">[583]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 21-22.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_584" href="#FNanchor_584" class="label">[584]</a> -Gal., <span class="asc">I</span>, 16. Es el sentido de <span -xml:lang="grc" lang="grc">οὐ προσανεθέμην σαρκὶ καὶ αἵματι</span>. -Comp. Mat., <span class="asc">XVI</span>, 17.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_585" href="#FNanchor_585" class="label">[585]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 31.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_586" href="#FNanchor_586" class="label">[586]</a> -Véase la confesión atrozmente ingénua de III Macab., <span -class="asc">VII</span>, 12-13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_587" href="#FNanchor_587" class="label">[587]</a> -Léase el libro III (apócrifo) de los Macabeos, entero, y compáresele -con el de Ester.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_588" href="#FNanchor_588" class="label">[588]</a> -Suetonio, <i>Caius</i>, 22, 52; Dion Casio, LIX, 26-28; Philon, -<i>Legatio ad Caium</i>, párrafo 25, etc.; Josefo, <i>Ant.</i>, XVIII, -<span class="asc">VIII</span>; XIX, <span class="asc">I</span>, 1-2; -<i>B. J.</i>, II, <span class="asc">X</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_589" href="#FNanchor_589" class="label">[589]</a> -Philon, <i>Leg. ad Caium</i>, párrafo 30.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_590" href="#FNanchor_590" class="label">[590]</a> -Philon, <i>In Flaccum</i>, párrafo 7; <i>Leg. ad Caium</i>, párrafos -18, 20, 26, 43.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_591" href="#FNanchor_591" class="label">[591]</a> -Philon, <i>Leg. ad Caium</i>, § 29; Josefo, <i>Ant.</i>, XVIII, <span -class="asc">VIII</span>; <i>B. J.</i>, II, <span class="asc">X</span>; -Tácito, <i>Ann.</i>, XII, 54; <i>Hist.</i>, V, 9, completando el pasaje -primero con el segundo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_592" href="#FNanchor_592" class="label">[592]</a> -Philon, <i>Leg. ad Caium</i>, § 27, 30, 44 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_593" href="#FNanchor_593" class="label">[593]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 31.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_594" href="#FNanchor_594" class="label">[594]</a> -Gal, <span class="asc">I</span>, 18-19; <span class="asc">II</span>, -9.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_595" href="#FNanchor_595" class="label">[595]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 29-30. Véase, más arriba, <a -href="#Page_124">p. 124</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_596" href="#FNanchor_596" class="label">[596]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 32.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_597" href="#FNanchor_597" class="label">[597]</a> -Hoy Ludd.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_598" href="#FNanchor_598" class="label">[598]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 32-35.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_599" href="#FNanchor_599" class="label">[599]</a> -Jaffa.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_600" href="#FNanchor_600" class="label">[600]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XIV, <span class="asc">X</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_601" href="#FNanchor_601" class="label">[601]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 43; <span -class="asc">X</span>, 6, 17, 32.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_602" href="#FNanchor_602" class="label">[602]</a> -Mischna, <i>Ketuboth</i>, <span class="asc">VII</span>, 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_603" href="#FNanchor_603" class="label">[603]</a> -Comp. Gruter, p. 891, 4; Reinesius, <i>Inscript.</i>, XIV, 61; Mommsen, -<i>Inscr. regni Neap.</i>, 622, 2034, 3092, 4985; Pape, <i>Wört. der -griech. Eigenn.</i>, á esta voz. Cf. Jos., <i>B. J.</i>, IV, <span -class="asc">III</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_604" href="#FNanchor_604" class="label">[604]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 36 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_605" href="#FNanchor_605" class="label">[605]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">IX</span>, 39. El griego dice: <span -xml:lang="grc" lang="grc">ὅσα ἐποίει μετ’ αὐτῶν οὖσα</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_606" href="#FNanchor_606" class="label">[606]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">IX</span>, 32, 41.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_607" href="#FNanchor_607" class="label">[607]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">X</span>, 9-16; <span -class="asc">XI</span>, 5-10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_608" href="#FNanchor_608" class="label">[608]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">X</span>, 1-<span -class="asc">XI</span>, 18.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_609" href="#FNanchor_609" class="label">[609]</a> -Habia al menos treinta y dos (Orelli y Henzen, <i>Inscr. lat.</i>, -números 90, 512, 6756).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_610" href="#FNanchor_610" class="label">[610]</a> -Comp. <i>Act.</i>, <span class="asc">XXVII</span>, 1 y Henzen, núm. -6709.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_611" href="#FNanchor_611" class="label">[611]</a> -Compárese Luc., <span class="asc">VII</span>, 2 y sig. Lucas se -complace en esta idea de los centuriones virtuosos y judíos por el -alma sin la circuncision (véase la Introd., <a href="#Page_xxiii">p. -<span class="asc">XXIII</span></a>). Pero el ejemplo de Izate (Jos., -<i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">II</span>, 5) prueba que tales -situaciones eran posibles. Comp. Jos., <i>B. J.</i>, II, <span -class="asc">XXVIII</span>, 2; Orelli, <i>Inscr.</i>, número 2523.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_612" href="#FNanchor_612" class="label">[612]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">X</span>, 2, 7.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_613" href="#FNanchor_613" class="label">[613]</a> -Esto parece en contradiccion con Gal., <span class="asc">II</span>, -7-9. Pero la conducta de Pedro por lo que respecta á la admision -de los gentiles fué siempre poco consistente. Gal., <span -class="asc">II</span>, 12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_614" href="#FNanchor_614" class="label">[614]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 18.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_615" href="#FNanchor_615" class="label">[615]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XV</span>, 1 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_616" href="#FNanchor_616" class="label">[616]</a> -II Cor., <span class="asc">II</span>, 32-33; <i>Act.</i>, <span -class="asc">IX</span>, 23-25.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_617" href="#FNanchor_617" class="label">[617]</a> -Gal., <span class="asc">I</span>, 18.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_618" href="#FNanchor_618" class="label">[618]</a> -Gal., <span class="asc">I</span>, 48.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_619" href="#FNanchor_619" class="label">[619]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">I</span>, 23.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_620" href="#FNanchor_620" class="label">[620]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 26.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_621" href="#FNanchor_621" class="label">[621]</a> -Gal., <span class="asc">I</span>, 18.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_622" href="#FNanchor_622" class="label">[622]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 26.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_623" href="#FNanchor_623" class="label">[623]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 27. Toda esta parte de las -<i>Actas</i> tiene poco valor histórico para poder afirmar que la -generosa accion de Bernabé tuviera lugar durante los quince primeros -dias que Pablo pasó en Jerusalem; pero hay sin duda, atendida la forma -con que las <i>Actas</i> presentan el hecho, un sentimiento verdadero -de las relaciones entre Pablo y Bernabé.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_624" href="#FNanchor_624" class="label">[624]</a> -Gal., <span class="asc">I</span>, 19-20.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_625" href="#FNanchor_625" class="label">[625]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">I</span>, 18. Por consiguiente, es -imposible admitir como exactos los versículos 28-29 del c. <span -class="asc">IX</span> de las <i>Actas</i>. El autor de las <i>Actas</i> -abusa de estas emboscadas y proyectos homicidas. Las <i>Actas</i> -difieren de la epístola á los Galatas en suponer que la primera -estancia de San Pablo en Jerusalem duró más y fué más cercana á su -conversion. Naturalmente la epístola merece más crédito aunque no sea -más que por la cronología y las circunstancias materiales.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_626" href="#FNanchor_626" class="label">[626]</a> -Véase sobre todo la epístola á los Galatas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_627" href="#FNanchor_627" class="label">[627]</a> -Epístola á los Galatas, <span class="asc">I</span>, 11-12 y casi -todo el resto; I Cor., <span class="asc">IX</span>, 1 y sig.; <span -class="asc">XV</span>, 1 y sig.; II Cor., <span class="asc">XI</span>, -21 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_628" href="#FNanchor_628" class="label">[628]</a> -Se encuentra el sentimiento más ó menos directo: Rom., <span -class="asc">XII</span>, 14; I Cor., <span class="asc">XIII</span>, -2; II Cor., <span class="asc">III</span>, 6; I Tes., <span -class="asc">IV</span>, 8; <span class="asc">V</span>, 2, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_629" href="#FNanchor_629" class="label">[629]</a> -Gal., <span class="asc">I</span>, 22-23.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_630" href="#FNanchor_630" class="label">[630]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XXII</span>, 17-21.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_631" href="#FNanchor_631" class="label">[631]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 29-30.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_632" href="#FNanchor_632" class="label">[632]</a> -Gal., <span class="asc">I</span>, 21.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_633" href="#FNanchor_633" class="label">[633]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 30; <span -class="asc">XI</span>, 25. El dato cronológico capital de esta época -de la vida de San Pablo es Gal., <span class="asc">I</span>, 18; <span -class="asc">II</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_634" href="#FNanchor_634" class="label">[634]</a> -La Cilicia tenia una Iglesia en el año 51. <i>Act.</i>, <span -class="asc">XV</span>, 23, 41.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_635" href="#FNanchor_635" class="label">[635]</a> -En la epístola á los Galatas (vers. 56) es donde Pablo se coloca por -primera vez en el rango de los apóstoles (<span class="asc">I</span>, -1 y el siguiente). Segun Gal., <span class="asc">II</span>, 7-10, -recibiria este título en 51. Sin embargo, no lo usa aún en la firma de -las dos epístolas á los Tesalonicenses, que son del año 53. I Tes., -<span class="asc">II</span>, 6 no implica un título oficial. El autor -de las <i>Actas</i> no da jamás á Pablo el título de <i>apóstol</i>. -Los <i>apóstoles</i> para el autor de las <i>Actas</i> son <i>los -Doce</i>. <i>Act.</i>, <span class="asc">XIV</span>, 4, 14 es una -excepcion.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_636" href="#FNanchor_636" class="label">[636]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_637" href="#FNanchor_637" class="label">[637]</a> -Jos., <i>B. J.</i>, III, <span class="asc">II</span>, 4. Roma -y Alejandría eran las dos primeras. Comp. Estrabon, <span -class="asc">XVI</span>, <span class="asc">II</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_638" href="#FNanchor_638" class="label">[638]</a> -C. Otfried Müller, <i>Antiquit. Antiochenæ</i> (Gœttingæ 1839), -p. 68. Juan Crisóstomo, <i>In sanct. Ignatium</i>, 4 (Opp. t. -II, p. 597, edic. Montfaucon); <i>In Matth.</i> homilia <span -class="asc">LXXXV</span>, 4 (t. VII, p. 810) evalúa la poblacion de -Antioquía en doscientas mil almas, sin contar los esclavos, los niños y -los inmensos suburbios. La poblacion actual no cuenta más de siete mil -habitantes.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_639" href="#FNanchor_639" class="label">[639]</a> -Las calles análogas de Palmira, Gerasa, Gadara, Sebastia eran -probablemente imitaciones del gran <i>Corso</i> de Antioquía.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_640" href="#FNanchor_640" class="label">[640]</a> Se -encuentran algunos restos en la direccion de <i>Bab Bolos</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_641" href="#FNanchor_641" class="label">[641]</a> -Dion Crisóstomo, Orat. <span class="asc">XLVII</span> (t. II, p. 229, -edic. de Reiske); Libanio, <i>Antiochicus</i>, p. 337, 340, 342, 356 -(edic. Reiske); Malala, p. 232 y sig., 276, 280 y sig., (edic. de -Bonn). El constructor de estas grandes obras fué Antíoco Epifano.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_642" href="#FNanchor_642" class="label">[642]</a> -Libanio, <i>Antioch.</i>, 342, 344.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_643" href="#FNanchor_643" class="label">[643]</a> -Pausanias, VI, <span class="asc">II</span>, 7; Malala, p. 201; -Visconti, <i>Mus. Pio-Clem.</i>, t. III, 46. Véanse sobre todo las -medallas de Antíoco.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_644" href="#FNanchor_644" class="label">[644]</a> -Pieria, Bottia, Penea, Tempe, Castalia, juegos olímpicos, Iopolis (que -se refiere á Io). La ciudad pretendia deber su celebridad á Inaco, á -Orestes, á Dafne, á Triptolemo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_645" href="#FNanchor_645" class="label">[645]</a> -Véase Malala, p. 199; Espartiano, <i>Vida de Adriano</i>, 14; -Juliano, <i>Misopogon</i>, p. 361-362; Am. Marcelino, <span -class="asc">XXII</span>, 14; Eckhel, <i>Doct. num. vet.</i>, pars -1.ª, <span class="asc">III</span>, p. 326; Guigniaut, <i>Religions de -l’ant.</i>, planchas n.º 268.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_646" href="#FNanchor_646" class="label">[646]</a> -Juan Crisóstomo, <i>Ad. pop. Antioch.</i> homil. <span -class="asc">XIX</span>, 1 (t. II, p. 189); <i>De sanctis martyr.</i>, -1, (t. II, p. 651.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_647" href="#FNanchor_647" class="label">[647]</a> -Libanio, <i>Antioch.</i>, p. 348.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_648" href="#FNanchor_648" class="label">[648]</a> -<i>Act. SS. Maii</i>, V, p. 383, 409, 414, 415, 416; Assemani, <i>Bib. -Or.</i>, II, 323.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_649" href="#FNanchor_649" class="label">[649]</a> -Juvenal, Sat., <span class="asc">III</span>, 62 y sig.; Estacio, -<i>Silvas</i>, I, <span class="asc">VI</span>, 72.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_650" href="#FNanchor_650" class="label">[650]</a> -Tácito, <i>Ann.</i>, <span class="asc">II</span>, 69.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_651" href="#FNanchor_651" class="label">[651]</a> -Malala, p. 284, 287, y sig.; Libanio, <i>De angariis</i>, p. 555 y -sig.; <i>De carcere vinctis</i>, p. 455 y sig.; <i>Ad Timocratem</i>, -p. 385; <i>Antioch.</i>, p. 323; Philostr., <i>Vida de Apol.</i>, -I, 16; Luciano, <i>De saltatione</i>, 76; Diod. Sic., frag. l. -<span class="asc">XXXIV</span>, n.º 34 (p. 538, ed. Dindorf); Juan -Cris., Homil. <span class="asc">VII</span> <i>in Matth.</i>, 5 (t. -VII, p. 113); <span class="asc">LXXIII</span> <i>in Matth.</i>, 3 -(<i>ibid.</i>, p. 712); <i>De consubst. contra Anom.</i>, 1 (t. I, p. -501); <i>De Anna</i>, 1 (t. IV, p. 730); <i>De Dav. et Saule</i>, <span -class="asc">III</span>, 1 (t. IV, 768-770); Juliano, <i>Misopogon</i>, -p. 343, 350, ed. Spanheim; <i>Actos de Santa Tecla</i> atribuidos á -Basilio de Seleucia, publicados por P. Pantinus (Amberes, 1608.), p. -70.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_652" href="#FNanchor_652" class="label">[652]</a> -Philostr., <i>Apol.</i>, III, 58; Ausonio, <i>Clar. Urb.</i>, 2; J. -Capitolin, <i>Verus</i>, 7; <i>Marco Aur.</i>, 25; Herodiano, II, 10; -Juan de Antioquía en las <i>Excerpta Valesiana</i>, p. 844; Suidas, en -la voz <span xml:lang="grc" lang="grc">Ἰοβιανός</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_653" href="#FNanchor_653" class="label">[653]</a> -Juliano, <i>Misopogon</i>, p. 344, 365, etc.; Eunapio, <i>Vidas de los -Sofistas</i>, p. 496, ed. Boissonade (Didot); Amiano Marcelino, XXII, -14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_654" href="#FNanchor_654" class="label">[654]</a> -Juan Cris., <i>De Lazaro</i>, <span class="asc">II</span>, 11 (t. I, p. -722-723).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_655" href="#FNanchor_655" class="label">[655]</a> -Cic., <i>Pro Archia</i>, 3, teniendo en cuenta la exageracion típica de -un abogado.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_656" href="#FNanchor_656" class="label">[656]</a> -Philostrato, <i>Vida de Apolonio</i>, <span class="asc">III</span>, -58.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_657" href="#FNanchor_657" class="label">[657]</a> -Malala, p. 287-289.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_658" href="#FNanchor_658" class="label">[658]</a> -Juan Crisóst., Homil. <span class="asc">VII</span> <i>in Matth.</i>, 5, -6 (t. VII, p. 113). Véase O. Müller, <i>Antiquit. Antioch.</i>, p. 33, -nota.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_659" href="#FNanchor_659" class="label">[659]</a> -Libanio, <i>Antiochicus</i>, p. 355-356.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_660" href="#FNanchor_660" class="label">[660]</a> -Juvenal, <span class="asc">III</span>, 62 y sig., y Forcellini, en -la voz <i>ambubaja</i>, observando que la palabra <i>ambuba</i> es -siriaca.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_661" href="#FNanchor_661" class="label">[661]</a> -Libanio, <i>Antioch.</i>, p. 315; <i>De carcere vinctis</i>, p. 455, -etc.; Juliano, <i>Misopogon</i>, p. 367, edic. Spanheim.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_662" href="#FNanchor_662" class="label">[662]</a> -Libanio, <i>Pro rhetoribus</i>, p. 211.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_663" href="#FNanchor_663" class="label">[663]</a> -Libanio, <i>Antiochicus</i>, p. 363.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_664" href="#FNanchor_664" class="label">[664]</a> -Libanio, <i>Antiochicus</i>, p. 354 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_665" href="#FNanchor_665" class="label">[665]</a> La -muralla actual, que es del tiempo de Justiniano, presenta las mismas -particularidades.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_666" href="#FNanchor_666" class="label">[666]</a> -Libanio, <i>Antioch.</i>, p. 337, 338, 339.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_667" href="#FNanchor_667" class="label">[667]</a> -El lago <i>Ak-Deniz</i>, que forma por este lado el límite actual del -territorio de Antakieh, no existia, á lo que parece, en la antigüedad. -Véase Ritter, <i>Erdkunde</i>, XVII, p. 1149, 1613 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_668" href="#FNanchor_668" class="label">[668]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XII, <span class="asc">III</span>, 1; XIV, -<span class="asc">XII</span>, 6; <i>B. J.</i>, II, <span -class="asc">XVIII</span>, 5; VII, <span class="asc">III</span>, 2-4.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_669" href="#FNanchor_669" class="label">[669]</a> -Jos., <i>Contra Apion.</i>, II, 4; <i>B. J.</i>, VII, <span -class="asc">III</span>, 3-4; <span class="asc">V</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_670" href="#FNanchor_670" class="label">[670]</a> -Malala, p. 244-245; Jos., <i>B. J.</i>, VII, <span -class="asc">V</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_671" href="#FNanchor_671" class="label">[671]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">VI</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_672" href="#FNanchor_672" class="label">[672]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XI</span>, 19 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_673" href="#FNanchor_673" class="label">[673]</a> -Compárese Jos., <i>B. J.</i>, II, <span class="asc">XVIII</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_674" href="#FNanchor_674" class="label">[674]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 20-21. La lectura correcta es -<span xml:lang="grc" lang="grc">Ἕλληνας</span>. <span xml:lang="grc" -lang="grc">Ἕλληνιστάς</span> proviene de una falsa cercanía con <span -class="asc">IX</span>, 29.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_675" href="#FNanchor_675" class="label">[675]</a> -Malala, p. 245. El relato de Malala no puede ser exacto, pues Josefo no -dice una palabra de la invasion de que habla el cronista.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_676" href="#FNanchor_676" class="label">[676]</a> -<i>Ibid.</i>, p. 243, 265-266. Comp. <i>Comptes rendus de l’Acad. des -Inscr. et B.-L.</i>, sesion del 17 Agosto 1865.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_677" href="#FNanchor_677" class="label">[677]</a> -S. Atanasio, <i>Tomus ad Antioch.</i> (Opp. t. I, p. 771, edic. -Montfaucon); san Juan Crisóstomo, <i>Ad. pop. Ant.</i> homil. I y -II, inicio (t. II, p. 1 y 20); <i>In Inscr. Act.</i>, II, inicio -(t. III, 60); <i>Chron. Pasch.</i>, p. 296 (París); Teodoreto, -<i>Hist. eccl.</i>, <span class="asc">II</span>, 27; <span -class="asc">III</span>, 2, 8, 9. La aproximacion de estos pasajes -no permite traducir <span xml:lang="grc" lang="grc">ἐν τῇ καλουμένῃ -Παλαιᾷ</span> por «en lo que se llamaba la ciudad antigua», como han -hecho alguna vez los editores.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_678" href="#FNanchor_678" class="label">[678]</a> -Malala, p. 242.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_679" href="#FNanchor_679" class="label">[679]</a> -Pococke, <i>Descript. of the East</i>, vol. II, parte <span -class="asc">I</span>, p. 192 (Lóndres, 1745); Chesney, <i>Expedition -for the survey of the rivers Euphr. and Tigris</i>, I, 425 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_680" href="#FNanchor_680" class="label">[680]</a> -Es decir á la parte opuesta de la ciudad antigua que todavía está -habitada.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_681" href="#FNanchor_681" class="label">[681]</a> -Véase, más abajo, la pág. 251, <a href="#Footnote_690">nota 690</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_682" href="#FNanchor_682" class="label">[682]</a> -El tipo de los Maronitas se encuentra de una manera notable en toda la -region de Antakieh, de Soueidieh y de Beylan.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_683" href="#FNanchor_683" class="label">[683]</a> F. -Naironi, <i>Evoplia fidei cathol.</i> (Romæ, 1694), p. 58 y sig., y la -obra de S. Em. Paul-Pierre Masad, patriarca actual de los Maronitas, -titulada <i>Kitab ed-durr el-manzoum</i> (en árabe, impreso en el -convento de Tamisch en el Kesrouan, 1863).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_684" href="#FNanchor_684" class="label">[684]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 19-20; <span -class="asc">XIII</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_685" href="#FNanchor_685" class="label">[685]</a> -Gal., <span class="asc">II</span>, 11 y sig. lo supone así.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_686" href="#FNanchor_686" class="label">[686]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 22 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_687" href="#FNanchor_687" class="label">[687]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 22-24.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_688" href="#FNanchor_688" class="label">[688]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 25.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_689" href="#FNanchor_689" class="label">[689]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 26.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_690" href="#FNanchor_690" class="label">[690]</a> -Libanio, <i>Pro templis</i>, p. 164 y sig.; <i>De carcere vinctis</i>, -p. 458; Teodoreto, <i>Hist. eccl.</i>, IV, 28; Juan Crisóst., Homil. -<span class="asc">LXXII</span> <i>in Matth.</i>, 3 (t. VII, p. 705); -<i>In Epist. ad Ephes.</i> hom. <span class="asc">VI</span>, 4 (t. XI, -p. 44); <i>In I Tim.</i> hom. <span class="asc">XIV</span>, 3 y sig. -(<i>ibid.</i>, p. 628 y sig.); Nicéforo, XII, 44; Glicas, p. 257 (ed. -Paris).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_691" href="#FNanchor_691" class="label">[691]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 26.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_692" href="#FNanchor_692" class="label">[692]</a> -Los pasajes I Petri, <span class="asc">IV</span>, 16, y Jac., <span -class="asc">II</span>, 7, comparados con Suetonio <i>Neron</i>, 16, y -con Tácito, <i>Ann.</i>, XV, 44, confirman esta idea. Véase tambien -<i>Act.</i>, <span class="asc">XXVI</span>, 28.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_693" href="#FNanchor_693" class="label">[693]</a> Es -cierto que se encuentra <span xml:lang="grc" lang="grc">Ἀσιανός</span> -(<i>Act.</i>, <span class="asc">XX</span>, 4; Philon, <i>Legatio</i>, -36; Estrabon, etc.). Pero parece tratarse de un latinismo, al igual -que <span xml:lang="grc" lang="grc">Δαλδιανοί</span>, y los nombre -de secta <span xml:lang="grc" lang="grc">Σιμωνιανοί, Κηρινθιανοί, -Σηθιανοί</span>, etc. La derivacion helénica de <span xml:lang="grc" -lang="grc">χριστός</span> hubiera sido <span xml:lang="grc" -lang="grc">χρίστειος</span>. No sirve decir que la terminacion -<i>anus</i> es una forma dórica del griego <span xml:lang="grc" -lang="grc">ηνος</span>; ya no se recordaba nada de esto en el siglo -primero.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_694" href="#FNanchor_694" class="label">[694]</a> -Tácito (<i>loc. cit.</i>) lo interpreta así.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_695" href="#FNanchor_695" class="label">[695]</a> -Suetonio, <i>Claudio</i>, 25. Discutiremos este pasaje en nuestro -próximo libro.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_696" href="#FNanchor_696" class="label">[696]</a> -<i>Corpus inscr. gr.</i>, números 2883 <i>d</i>, 3857 <i>g</i>, 3857 -<i>p</i>, 3865 <i>l</i>; Tertuliano, <i>Apol.</i>, 3; Lactancio, -<i>Divin. Inst.</i>, <span class="asc">IV</span>, 7. Compárese la forma -francesa <i>chrestien</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_697" href="#FNanchor_697" class="label">[697]</a> -Jac., <span class="asc">II</span>, 7 supone que fué una costumbre -momentánea é incierta.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_698" href="#FNanchor_698" class="label">[698]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XXIV</span>, 5; Tertuliano, <i>Adv. -Marcionem</i>, IV, 8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_699" href="#FNanchor_699" class="label">[699]</a> -<i>Nesara</i>. Los nombres de <i>meschihoio</i> en siriaco, -<i>mesihi</i> en árabe, son relativamente modernos y calcados sobre -<span xml:lang="grc" lang="grc">χριστιανός</span>. El nombre de -«Galileos» es mucho más reciente, y fué Juliano quien lo puso de moda -y aun le declaró oficial, dándole cierto color de ironía y desprecio. -Juliano, <i>Epist.</i>, <span class="asc">VII</span>; Gregorio de -Nacianzo, Orat. IV (invect. <span class="asc">I</span>), 76; S. -Cirilo de Alej., <i>Contra Juliano</i> II, p. 39 (edic. Spanheim); -<i>Philopatris</i>, diálogo atribuido falsamente á Luciano y que es en -realidad de la época de Juliano, § 12; Teodoreto, <i>Hist. eccl.</i>, -III, 4. Yo creo que, en Epicteto (Arriano, <i>Dissert.</i>, IV, <span -class="asc">VII</span>, 6) y en Marco Aurelio (<i>Pensamientos</i>, -<span class="asc">XI</span>, 3), no designa este nombre á los -cristianos, sino que debe entenderse como sicarios ó zelotas, -discípulos fanáticos de Judas el Galileo ó el Gaulonita y de Juan de -Giscala.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_700" href="#FNanchor_700" class="label">[700]</a> -I Petri, <span class="asc">IV</span>, 16; Jac., <span -class="asc">II</span>, 7.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_701" href="#FNanchor_701" class="label">[701]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_702" href="#FNanchor_702" class="label">[702]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_703" href="#FNanchor_703" class="label">[703]</a> -Véase más arriba, <a href="#Page_146">p. 146-147</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_704" href="#FNanchor_704" class="label">[704]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_705" href="#FNanchor_705" class="label">[705]</a> -Eusebio, <i>Chron.</i>, en el año 43; <i>Hist. eccl.</i>, III, 22; -Ignacio, <i>Epist. ad Antioch.</i> (apocr.), 7.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_706" href="#FNanchor_706" class="label">[706]</a> I -Cor., <span class="asc">XIV</span> entero.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_707" href="#FNanchor_707" class="label">[707]</a> II -Cor., <span class="asc">XII</span>, 1-5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_708" href="#FNanchor_708" class="label">[708]</a> -Supone en efecto que tuvo lugar esta vision catorce años antes de -escribir la segunda Epístola de los Corintios, que fué por el año 57, -poco más ó menos. No es imposible sin embargo que estuviese aún en -Tarso.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_709" href="#FNanchor_709" class="label">[709]</a> -Sobre las ideas que tenian los judíos acerca de los cielos -superpuestos, véase <i>Testam. de los 12 patr.</i>, Leví, 3; -<i>Ascension de Isaías</i>, <span class="asc">VI</span>, 13; <span -class="asc">VII</span>, 8 y todo el resto del libro; Talm. de Babil., -<i>Chagiga</i>, 12 <i>b</i>; Midraschim, <i>Bereschith rabba</i>, sect. -<span class="asc">XIX</span>, fol. 19 <i>c</i>; <i>Schemoth rabba</i>, -sect. <span class="asc">XV</span>, fol. 115 <i>d</i>; <i>Bammidbar -rabba</i>, sect. <span class="asc">XIII</span>, fol. 218 <i>a</i>; -<i>Debarim rabba</i>, sect. <span class="asc">II</span>, fol. 253 -<i>a</i>; <i>Schir hasschirim rabba</i>, fol. 24 <i>d</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_710" href="#FNanchor_710" class="label">[710]</a> -Compárese Talmud de Babil., <i>Chagiga</i>, 14 <i>b</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_711" href="#FNanchor_711" class="label">[711]</a> -Compárese <i>Ascension de Isaías</i>, <span class="asc">VI</span>, 15; -<span class="asc">VII</span>, 3 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_712" href="#FNanchor_712" class="label">[712]</a> -II Cor., <span class="asc">XII</span>, 12; Rom., <span -class="asc">XV</span>, 19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_713" href="#FNanchor_713" class="label">[713]</a> I -Cor., <span class="asc">XII</span> entero.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_714" href="#FNanchor_714" class="label">[714]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 29; <span -class="asc">XXIV</span>, 17; Gal., <span class="asc">II</span>, -10; Rom., <span class="asc">XV</span>, 26; I Cor., <span -class="asc">XVI</span>, 1; II Cor., <span class="asc">VIII</span>, 4, -14; <span class="asc">IX</span>, 1, 12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_715" href="#FNanchor_715" class="label">[715]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">VI</span>, 3, 4; XX, <span -class="asc">V</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_716" href="#FNanchor_716" class="label">[716]</a> -Jac., <span class="asc">II</span>, 5 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_717" href="#FNanchor_717" class="label">[717]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 28; Jos., <i>Ant.</i>, -XX, <span class="asc">II</span>, 6; <span class="asc">V</span>, 2; -Eusebio, <i>Hist. eccl.</i>, II, 8 y 12. Compárese <i>Act.</i>, -<span class="asc">XII</span>, 20; Tác. <i>Ann.</i>, <span -class="asc">XII</span>, 43; Suetonio, <i>Claudio</i>, 18; <i>Dion -Casio</i>, <span class="asc">LX</span>, 11. Aurelio Victor, -<i>Cæs.</i>, 4; Eusebio, <i>Chron.</i>, años 43 y sig. El reinado de -Claudio se vió afligido casi todos los años por hambres parciales en -todo el Imperio.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_718" href="#FNanchor_718" class="label">[718]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 27 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_719" href="#FNanchor_719" class="label">[719]</a> -El libro de las <i>Actas</i> (<span class="asc">XI</span>, 30; <span -class="asc">XII</span>, 25) dice que Pablo hizo aquel viaje, pero -aquel declara que entre su primera permanencia de dos semanas y su -viaje para el asunto de la circuncision, no fué á Jerusalem (Gal., -<span class="asc">II</span> 1, teniendo en cuenta la argumentacion -general de Pablo sobre este punto). Véase más arriba, Introd., <a -href="#Page_xxxi">p. <span class="asc">XXXI-XXXII</span></a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_720" href="#FNanchor_720" class="label">[720]</a> -Gal., <span class="asc">I</span>, 17-19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_721" href="#FNanchor_721" class="label">[721]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 3; <span -class="asc">XV</span>, 36; <span class="asc">XVIII</span>, 23.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_722" href="#FNanchor_722" class="label">[722]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XIV</span>, 25; <span -class="asc">XVIII</span>, 22.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_723" href="#FNanchor_723" class="label">[723]</a> -Las inscripciones de dichas comarcas confirman plenamente las -indicaciones de Josefo (<i>Comptes rendus de l’Acad. des Inscr. et -B.-L.</i>, 1865, pág. 106-109).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_724" href="#FNanchor_724" class="label">[724]</a> -Josefo, <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">IV</span>; <i>B. J.</i>, -II, <span class="asc">XI</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_725" href="#FNanchor_725" class="label">[725]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">V</span>, 1; -<span class="asc">VI</span>, 1; <i>B. J.</i>, II, <span -class="asc">XI</span>, 5; Dion Casio, LX, 8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_726" href="#FNanchor_726" class="label">[726]</a> -Dion Casio, LIX, 24.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_727" href="#FNanchor_727" class="label">[727]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">IX</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_728" href="#FNanchor_728" class="label">[728]</a> -<i>Ibid.</i>, XIX, <span class="asc">VI</span>, 1, 3; <span -class="asc">VII</span>, 3, 4; <span class="asc">VIII</span>, 2; <span -class="asc">IX</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_729" href="#FNanchor_729" class="label">[729]</a> -<i>Ibid.</i>, XIX, <span class="asc">VII</span>, 4.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_730" href="#FNanchor_730" class="label">[730]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">VI</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_731" href="#FNanchor_731" class="label">[731]</a> -Juvenal, Sat. <span class="asc">VI</span>, 158-159; Persio, Sat. <span -class="asc">V</span>, 180.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_732" href="#FNanchor_732" class="label">[732]</a> -Philon, <i>In Flaccum</i>, § 5 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_733" href="#FNanchor_733" class="label">[733]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">V</span>, 2 y sig.; -XX, <span class="asc">VI</span>, 3; <i>B. J.</i>, II, <span -class="asc">XII</span>, 7. Las medidas restrictivas que tomó contra -los judíos de Roma (<i>Act.</i>, <span class="asc">XVIII</span>, -2; Suetonio, <i>Claudio</i>, 25; Dion Casio, LX, 6) dependieron de -circunstancias locales.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_734" href="#FNanchor_734" class="label">[734]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">VI</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_735" href="#FNanchor_735" class="label">[735]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">VII</span>, 2; <i>B. J.</i>, -II, <span class="asc">XI</span>, 6; V, <span class="asc">IV</span>, 2; -Tácito, <i>Hist.</i>, V, 12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_736" href="#FNanchor_736" class="label">[736]</a> -Tácito, <i>Ann.</i>, VI, 47.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_737" href="#FNanchor_737" class="label">[737]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">VII</span>, 2; <span -class="asc">VIII</span>, 1; XX, <span class="asc">I</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_738" href="#FNanchor_738" class="label">[738]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">VIII</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_739" href="#FNanchor_739" class="label">[739]</a> -Suetonio, <i>Caius</i>, 22, 26, 35; Dion Casio, LIX, 24; LX, 8; Tácito, -<i>Ann.</i>, XI, 8. Como tipo de aquellos reyezuelos de Oriente, véase -la carrera de Herodes Agrippa I por Josefo (<i>Ant.</i>, XVIII y XIX). -Comp. Horacio, <i>Sat.</i>, I, <span class="asc">VII</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_740" href="#FNanchor_740" class="label">[740]</a> -Véase más arriba, <a href="#Page_178">p. 178-179</a>, <a -href="#Page_203">203-204</a>, <a href="#Page_217">217-218</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_741" href="#FNanchor_741" class="label">[741]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XII</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_742" href="#FNanchor_742" class="label">[742]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XII</span>, 1 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_743" href="#FNanchor_743" class="label">[743]</a> -Efectivamente Jacobo fué decapitado y no lapidado.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_744" href="#FNanchor_744" class="label">[744]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XII</span>, 3 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_745" href="#FNanchor_745" class="label">[745]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XII</span>, 9-11. El relato de las -<i>Actas</i> es tan conciso, que es difícil se encuentre lugar en ella -para una elaboracion legendaria prolongada.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_746" href="#FNanchor_746" class="label">[746]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">VIII</span>, 2; <i>Act.</i>, -<span class="asc">XII</span>, 18-23.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_747" href="#FNanchor_747" class="label">[747]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">VII</span>, 4.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_748" href="#FNanchor_748" class="label">[748]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XII</span>, 23. Comp. II Macab., -<span class="asc">IX</span>, 9; Jos., <i>B. J.</i>, I, <span -class="asc">XXXIII</span>, 5; Talm. de Bab., <i>Sota</i>, 35 -<i>a</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_749" href="#FNanchor_749" class="label">[749]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">VI</span>, 1; XX, <span -class="asc">I</span>, 1, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_750" href="#FNanchor_750" class="label">[750]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">V</span>, 2; <i>B. J.</i>, II, -<span class="asc">XV</span>, 1; <span class="asc">XVIII</span>, 7 y -sig.; IV, <span class="asc">X</span>, 6; V, <span class="asc">I</span>, -6; Tácito, <i>Ann.</i>, XV, 28; <i>Hist.</i>, I, 11; II, 79; -Suetonio, <i>Vesp.</i>, 6; <i>Corpus inscr. græc.</i>, n.º 4957 (cf. -<i>ibid.</i>, III, p. 311).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_751" href="#FNanchor_751" class="label">[751]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">I</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_752" href="#FNanchor_752" class="label">[752]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">V</span>, 4; <i>B. J.</i>, II, -<span class="asc">XII</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_753" href="#FNanchor_753" class="label">[753]</a> -Josefo, que describe con tanta minuciosidad la historia de estas -agitaciones, no mezcla nunca en ellas á los cristianos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_754" href="#FNanchor_754" class="label">[754]</a> -Jos., <i>Contra Apion.</i>, II, 39; Dion Casio, <span -class="asc">LXVI</span>, 4.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_755" href="#FNanchor_755" class="label">[755]</a> -Jos., <i>B. J.</i>, IV, <span class="asc">IV</span>, 3; V, <span -class="asc">XIII</span>, 6; Suet., <i>Aug.</i>, 93; Estrabon, XVI, -<span class="asc">II</span>, 34, 37; Tácito, <i>Hist.</i>, V, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_756" href="#FNanchor_756" class="label">[756]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XIII, <span class="asc">IX</span>, 1; <span -class="asc">XI</span>, 3; <span class="asc">XV</span>, 4; XV, <span -class="asc">VII</span>, 9.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_757" href="#FNanchor_757" class="label">[757]</a> -Jos., <i>B. J.</i>, II, <span class="asc">XVII</span>, 10; <i>Vita</i>, -23.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_758" href="#FNanchor_758" class="label">[758]</a> -Mat., <span class="asc">XXIII</span>, 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_759" href="#FNanchor_759" class="label">[759]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">VII</span>, 1, 3; Comp. XVI, -<span class="asc">VII</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_760" href="#FNanchor_760" class="label">[760]</a> -<i>Ibid.</i>, XX, <span class="asc">II</span>, 4.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_761" href="#FNanchor_761" class="label">[761]</a> -<i>Ibid.</i>, XX, <span class="asc">II</span>, 5, 6; <span -class="asc">IV</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_762" href="#FNanchor_762" class="label">[762]</a> -Jos., <i>B. J.</i>, <span class="asc">II</span>, <span -class="asc">XX</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_763" href="#FNanchor_763" class="label">[763]</a> -Séneca, fragm. en San Aug., <i>De civ. Dei</i>, VI, 11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_764" href="#FNanchor_764" class="label">[764]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">II-IV</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_765" href="#FNanchor_765" class="label">[765]</a> -Tácito, <i>Ann.</i>, XII, 13, 14. La mayor parte de los nombres de esta -familia son persas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_766" href="#FNanchor_766" class="label">[766]</a> El -nombre de «Elena» lo prueba, á pesar de que es extraño que no figure -el griego en la inscripcion bilingüe (siriaco y siro-caldaico) del -sepulcro de una princesa de dicha familia, descubierto y llevado á -París por el Sr. de Saulcy. Véase <i>Journal Asiatique</i>, Diciembre -de 1855.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_767" href="#FNanchor_767" class="label">[767]</a> -Cf. <i>Bereschith rabba</i>, <span class="asc">XLVI</span>, 51 -<i>d</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_768" href="#FNanchor_768" class="label">[768]</a> -Segun todas las apariencias, es el monumento conocido en el dia con el -nombre de «Sepulcros de los reyes». Véase <i>Journal Asiatique</i>, en -el lugar citado.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_769" href="#FNanchor_769" class="label">[769]</a> -Jos., <i>B. J.</i>, II, <span class="asc">XIX</span>, 2; VI, <span -class="asc">VI</span>, 4.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_770" href="#FNanchor_770" class="label">[770]</a> -Talm. de Jerus., <i>Peah</i>, 15 <i>b</i>, en donde se atribuyen á -uno de los Monobaze algunas máximas que recuerdan enteramente las del -Evangelio (Mateo, <span class="asc">VI</span>, 19 y siguientes); Talm. -de Bab., <i>Baba Bathra</i>, 11 <i>a</i>; <i>Joma</i>, 37 <i>a</i>; -<i>Nazir</i>, 19 <i>b</i>; <i>Schabbath</i>, 68 <i>b</i>; Sifra, 70 -<i>a</i>; Bereschith rabba, <span class="asc">XLVI</span>, fol. 51 -<i>d</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_771" href="#FNanchor_771" class="label">[771]</a> -Moisés de Corene, <span class="asc">II</span>, 35; Orosio, <span -class="asc">VII</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_772" href="#FNanchor_772" class="label">[772]</a> -Lucas, <span class="asc">XXI</span>, 21.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_773" href="#FNanchor_773" class="label">[773]</a> -<span xml:lang="grc" lang="grc">Τὰ πάτρια ἔθη</span>, expresion muy -familiar en Josefo, cuando defiende la posicion de los judíos en el -mundo pagano.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_774" href="#FNanchor_774" class="label">[774]</a> -Se sabe que no existe ningun manuscrito del Talmud para comprobar las -ediciones impresas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_775" href="#FNanchor_775" class="label">[775]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">V</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_776" href="#FNanchor_776" class="label">[776]</a> -Jos., <i>B. J.</i>, II, <span class="asc">XVII</span>, 8-10; -<i>Vita</i>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_777" href="#FNanchor_777" class="label">[777]</a> -La relacion del cristianismo con los dos movimientos de Judas y -de Teudas es hecho por el autor mismo de las <i>Actas</i> (<span -class="asc">V</span>, 36-37.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_778" href="#FNanchor_778" class="label">[778]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">V</span>, 1; <i>Act.</i>, -<span class="asc">V</span>, 36. Se notará el anacronismo cometido por -el autor de las <i>Actas</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_779" href="#FNanchor_779" class="label">[779]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">IV</span>, 1-2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_780" href="#FNanchor_780" class="label">[780]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">V</span>, 3-4; <i>B. J.</i>, -II, <span class="asc">XII</span>, 1-2; Tácito, <i>Ann.</i>, XII, 54.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_781" href="#FNanchor_781" class="label">[781]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">VIII</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_782" href="#FNanchor_782" class="label">[782]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">VIII</span>, 5; <i>B. J.</i>, -II, <span class="asc">XIII</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_783" href="#FNanchor_783" class="label">[783]</a> -Jos., <i>B. J.</i>, VII, <span class="asc">VIII</span>, 1; Mischna, -<i>Sanhedrin</i>, <span class="asc">IX</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_784" href="#FNanchor_784" class="label">[784]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">VIII</span>, 6, 10; <i>B. -J.</i>, II, <span class="asc">XIII</span>, 4.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_785" href="#FNanchor_785" class="label">[785]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">VIII</span>, 6; <i>B. -J.</i>, II, <span class="asc">XIII</span>, 5; <i>Act.</i>, <span -class="asc">XXI</span>, 38.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_786" href="#FNanchor_786" class="label">[786]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">VIII</span>, 6; <i>B. J.</i>, -II, <span class="asc">XIII</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_787" href="#FNanchor_787" class="label">[787]</a> -Véase más arriba, p. 186, <a href="#Footnote_456">nota 456</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_788" href="#FNanchor_788" class="label">[788]</a> -Justino, <i>Apol. I</i>, 26, 56. Es singular que Josefo, aunque hable -de las cosas samaritanas, no hable de él.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_789" href="#FNanchor_789" class="label">[789]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 9 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_790" href="#FNanchor_790" class="label">[790]</a> -Puede tenerse por una composicion completamente apócrifa: véase el -acuerdo que existe entre el sistema anunciado en este libro y lo poco -que nos enseñan las <i>Actas</i> sobre la doctrina de Simon y sus -<i>poderes divinos</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_791" href="#FNanchor_791" class="label">[791]</a> -Homil. pseudo-clem., <span class="asc">II</span>, 22, 24.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_792" href="#FNanchor_792" class="label">[792]</a> -Justino, <i>Apol. I</i> 26, 56; <i>II</i>, 15; <i>Dial. cum Tryph.</i>, -120; Ireneo, <i>Adv. hær.</i>, I, <span class="asc">XXIII</span>, -2-5; <span class="asc">XXVII</span>, 4; II, præf.; III, præf.; -Homil. pseudo-clementinæ, <span class="asc">I</span>, 15; <span -class="asc">II</span>, 22, 25, etc.; <i>Recogn.</i>, I, 72; II, 7 y -sig.; III, 47; <i>Philosophumena</i>, IV, <span class="asc">VII</span>; -VI, <span class="asc">I</span>; X, <span class="asc">IV</span>; -Epifanio, <i>Adv. hær</i>. hær. <span class="asc">XXI</span>; Orígenes, -<i>Contra Celsum</i>, V, 62; VI, 11; Tertuliano, <i>De anima</i>, 34; -<i>Constit. apost.</i>, VI, 16; San Gerónimo, <i>In Matth.</i>, <span -class="asc">XXIV</span>, 5; Teodoreto, <i>Hæret. fab.</i>, I, 1. Es en -los extractos textuales que dan los <i>Philosophumena</i> y no en los -relatos de otros padres de la Iglesia donde debe buscarse una idea de -<i>La Grande Exposicion</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_793" href="#FNanchor_793" class="label">[793]</a> -<i>Philosophum.</i>, IV, <span class="asc">VII</span>; VI, <span -class="asc">I</span>, 9, 12, 13, 17, 18. Compárese Apocalipsis, <span -class="asc">I</span>, 4, 8; <span class="asc">IV</span>, 8; <span -class="asc">XI</span>, 17.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_794" href="#FNanchor_794" class="label">[794]</a> -<i>Philosophum.</i>, VI, <span class="asc">I</span>, 17.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_795" href="#FNanchor_795" class="label">[795]</a> -<i>Ibid.</i>, <span class="asc">VI</span>, <span class="asc">I</span>, -16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_796" href="#FNanchor_796" class="label">[796]</a> -Act., <span class="asc">VIII</span>, 10; <i>Philosophum.</i>, -VI, <span class="asc">I</span>, 18; Homil. pseudo-clemen., <span -class="asc">II</span>. 22.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_797" href="#FNanchor_797" class="label">[797]</a> -Alusion á la aventura del poeta Estesícoro.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_798" href="#FNanchor_798" class="label">[798]</a> -Ireneo, <i>Adv. hær.</i>, I, <span class="asc">XXIII</span>, -2-4; Homil. pseudo-clemen., <span class="asc">II</span>, 23, 25; -<i>Philosophumena</i>, VI, <span class="asc">I</span>, 19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_799" href="#FNanchor_799" class="label">[799]</a> -<i>Philosophum.</i>, VI, <span class="asc">I</span>, 16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_800" href="#FNanchor_800" class="label">[800]</a> -Véase <i>Vida de Jesús</i>, p. 247-249.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_801" href="#FNanchor_801" class="label">[801]</a> -<i>Ibid.</i>, p. 247, nota 4.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_802" href="#FNanchor_802" class="label">[802]</a> -<i>Chron. samarit.</i>, c. 10 (ed. Juynboll, Leiden, 1848). Cf. Reland, -<i>De Sam.</i>, § 7; en sus <i>Dissertat. miscell.</i>, parte II; -Gesenius, <i>Comment. de Sam. Theol.</i> (Halle, 1824), p. 21 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_803" href="#FNanchor_803" class="label">[803]</a> -En el extracto dado por los <i>Philosophumena</i>, VI, <span -class="asc">I</span>, 16 <i>sub finem</i>, se lee una cita debida á los -Evangelios sinópticos, la cual parece ser presentada como encontrándose -en el texto de <i>La Grande Exposicion</i>: pero puede tratarse de -alguna inadvertencia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_804" href="#FNanchor_804" class="label">[804]</a> -Homil. pseudo-clem., <span class="asc">II</span>, 23-24.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_805" href="#FNanchor_805" class="label">[805]</a> -Ireneo, <i>Adv. hær.</i>, I, <span class="asc">XXIII</span>, 3; -<i>Philosophum.</i>, VI, <span class="asc">I</span>, 19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_806" href="#FNanchor_806" class="label">[806]</a> -Homil. pseudo-clem., <span class="asc">II</span>, 22; <i>Recogn.</i>, -II, 14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_807" href="#FNanchor_807" class="label">[807]</a> -Ireneo, <i>Adv. hær.</i>, II, præf.; III, præf.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_808" href="#FNanchor_808" class="label">[808]</a> -Véase la epístola, probablemente auténtica, de San Pablo á los -Colosenses, <span class="asc">I</span>, 15 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_809" href="#FNanchor_809" class="label">[809]</a> -Epif., <i>Adv. hær.</i>, hær. <span class="asc">LXXX</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_810" href="#FNanchor_810" class="label">[810]</a> -Lo que hace inclinar á esta segunda hipótesis es que la secta de -Simon se cambió pronto en una escuela de prestidigitacion, fábrica -de filtros y de encantamientos. <i>Philosophumena</i>, VI, <span -class="asc">I</span>, 20; Tertuliano, <i>De anima</i>, 57.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_811" href="#FNanchor_811" class="label">[811]</a> -<i>Philosophum.</i>, VI, <span class="asc">I</span>, 20. Cf. Orig., -<i>Contra Cels.</i>, I, 57; VI, 11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_812" href="#FNanchor_812" class="label">[812]</a> -Hegesipo, en Eusebio, <i>Hist. eccl.</i>, IV, 22; Clem. de Alej., -<i>Strom.</i>, VII, 17; <i>Constit. apost.</i>, VI, 8, 16; XVIII, 1 -y sig.; Justino, <i>Apol. I</i>, 26, 56; Ireneo, <i>Adv. hær.</i>, -I, <span class="asc">XXIII</span>, 5; <i>Philosoph.</i>, VII, 28; -Epif., <i>Adv. hær.</i>, <span class="asc">XXII</span> y <span -class="asc">XXIII</span>, init.; Teodoreto, <i>Hær. fab.</i>, I, 1, 2; -Tertuliano, <i>De præscr.</i>, 46; <i>De anima</i>, 50.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_813" href="#FNanchor_813" class="label">[813]</a> La -más célebre es la de Dositeo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_814" href="#FNanchor_814" class="label">[814]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 9; Ireneo, <i>Adv. hær.</i> -I, <span class="asc">XXIII</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_815" href="#FNanchor_815" class="label">[815]</a> -<i>Philosophumena</i>, VI, <span class="asc">I</span>, 19, 20. El autor -solo atribuye estas perversas doctrinas á los discípulos de Simon. Pero -si la escuela tenia esta fisonomía, el maestro debió tambien tener algo -de ello.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_816" href="#FNanchor_816" class="label">[816]</a> -Examinaremos más tarde lo que encierran estos relatos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_817" href="#FNanchor_817" class="label">[817]</a> -La inscripcion <span class="asc">SIMONI·DEO·SANCTO</span>, transmitida -por Justino (<i>Apol. I</i>, 26), como hallada en la isla del -Tíber y mencionada despues de él por otros padres de la Iglesia, -era una inscripcion latina del dios sabino <i>Semo Sancus</i>, -<span class="asc">SEMONI·DEO·SANCO</span>. Encontróse, en efecto, -bajo Gregorio XIII, en la isla de San Bartolomé, una inscripcion, -guardada en el Vaticano, que tiene grabada esta dedicatoria. Véase -Baronius, <i>Ann. eccl.</i>, ad annum 44; Orelli, <i>Inscr. lat.</i>, -n.º 1860. Habia por aquella época en la isla del Tíber un colegio -de <i>bidentales</i> en honor de Semo Sancus, conteniendo varias -inscripciones del mismo género. Orelli, n.º 1861 (Mommsen, <i>Inscr. -lat. regni Neapol.</i>, n.º 6770). Comp. Orelli, n.º 1859; Henzen, n.º -6999; Mabillon, <i>Museum Ital.</i>, I, primera parte, p. 84. El n.º -1862 de Orelli no debe tomarse en consideracion (véase <i>Corp. inscr. -lat.</i>, I, n.º 542).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_818" href="#FNanchor_818" class="label">[818]</a> -Este grosero malentendido no se hubiera deshecho sin descubrir -antes las <i>Philosophumena</i>, que da extractos textuales de la -<i>Apophasis magna</i> (véase VI, <span class="asc">I</span>, 19). Tiro -fué célebre por sus cortesanas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_819" href="#FNanchor_819" class="label">[819]</a> -<span xml:lang="grc" lang="grc">Ἐχθρὸς ἄνθρωπος, ἀντικείμενος</span>. -Véanse Homil. pseudo-clem., hom. <span class="asc">XVII</span> toda -entera.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_820" href="#FNanchor_820" class="label">[820]</a> -Así, en la literatura pseudo-clementina, el nombre de Simon el Mágico -designa por momentos al apóstol San Pablo, á quien el autor quiere -mucho.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_821" href="#FNanchor_821" class="label">[821]</a> -Es necesario notar que en las <i>Actas</i> no es todavía tratado como -enemigo. Solo se le atribuye un sentimiento bajo y se deja creer se -arrepentió (<span class="asc">VIII</span>, 24). Tal vez todavía vivia -Simon cuando fueron escritas estas líneas y sus relaciones con el -cristianismo no habian todavía llegado á ser malas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_822" href="#FNanchor_822" class="label">[822]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">VII</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_823" href="#FNanchor_823" class="label">[823]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XII</span>, 1, 25. Nótese toda la -contextura de este capítulo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_824" href="#FNanchor_824" class="label">[824]</a> -I Petri, <span class="asc">V</span>, 13; Papias, en Eusebio, <i>Hist. -eccl.</i>, III, 39.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_825" href="#FNanchor_825" class="label">[825]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_826" href="#FNanchor_826" class="label">[826]</a> -<i>Gal.</i>, <span class="asc">I</span>, 15-16; <i>Act.</i>, <span -class="asc">XXII</span>, 15, 21; <span class="asc">XXVI</span>, -17-18; I Cor., <span class="asc">I</span>, 1; Rom., <span -class="asc">I</span>, 1, 5; <span class="asc">XV</span>, 15 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_827" href="#FNanchor_827" class="label">[827]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_828" href="#FNanchor_828" class="label">[828]</a> El -autor de las <i>Actas</i>, partidario de la gerarquía y del poder de la -Iglesia, ha podido introducir esta circunstancia. Pablo nada sabe de -semejante ordenacion ó consagracion. Él tiene conferida su mision por -Jesús y no se cree más ser el enviado por la Iglesia de Antioquía que -por la de Jerusalem.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_829" href="#FNanchor_829" class="label">[829]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 3; <span -class="asc">XIV</span>, 25.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_830" href="#FNanchor_830" class="label">[830]</a> En -I Petri, <span class="asc">V</span>, 13, Babilonia designa Roma.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_831" href="#FNanchor_831" class="label">[831]</a> -Ciceron, <i>Pro Archia</i>, 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_832" href="#FNanchor_832" class="label">[832]</a> -Jos., <i>B. J.</i>, II, <span class="asc">XX</span>, 2; VII, <span -class="asc">III</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_833" href="#FNanchor_833" class="label">[833]</a> -<i>Act.</i>, <span class="asc">XVIII</span>, 24 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_834" href="#FNanchor_834" class="label">[834]</a> -Véase Philon, <i>De vita contemplativa</i>, entero.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_835" href="#FNanchor_835" class="label">[835]</a> -Pseudo Hermes, <i>Asclepius</i>, fol. 158 v., 159 r. (Florencia, Juntes -1512).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_836" href="#FNanchor_836" class="label">[836]</a> -Ciceron, <i>Pro Flacco</i>, 28; Philon, <i>In Flaccum</i>, § 7; <i>Leg. -ad Caium</i>, § 36; <i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 5-11; -<span class="asc">VI</span>, 9; <i>Corp. inscr. gr.</i>, n.º 5361.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_837" href="#FNanchor_837" class="label">[837]</a> -<i>Lex Wisigoth.</i>, libro XII, tít. <span class="asc">II</span> y -<span class="asc">III</span>, en Walter, <i>Corpus juris germanici -antiqui</i>, t. I, p. 630 y siguientes.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_838" href="#FNanchor_838" class="label">[838]</a> -Véase <i>Vida de Jesús</i>, p. 137.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_839" href="#FNanchor_839" class="label">[839]</a> -Philon, <i>In Flacc.</i>, § 5 y 6; Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span -class="asc">VIII</span>, 1; XIX, <span class="asc">V</span>, 2; -<i>B. J.</i>, II, <span class="asc">XVIII</span>, 7 y sig.; VII, -<span class="asc">X</span>, 1; Papiro publicado en las <i>Notices et -extraits</i>, XVIII, 2.ª parte, p. 383 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_840" href="#FNanchor_840" class="label">[840]</a> -Dion Casio, XXXVII, 17; LX, 6; Philon, <i>Leg. ad Caium</i>, § 23; -Josefo, <i>Ant.</i>, XIV, <span class="asc">X</span>, 8; XVII, -<span class="asc">XI</span>, 1; XVIII, <span class="asc">III</span>, -5; Hor., <i>Sat.</i>, I, <span class="asc">IV</span>, 142-143; -<span class="asc">V</span>, 100; <span class="asc">IX</span>, 69 -y sig.; Persio, <span class="asc">V</span>, 179-184; Suetonio, -<i>Tib.</i>, 36; <i>Claud.</i>, 25; <i>Domit.</i>, 12; Juvenal, <span -class="asc">III</span>, 14; <span class="asc">VI</span>, 542 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_841" href="#FNanchor_841" class="label">[841]</a> -<i>Pro Flacco</i>, 28.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_842" href="#FNanchor_842" class="label">[842]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XIV, <span class="asc">X</span>; Suetonio, -<i>Julius</i>, 84.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_843" href="#FNanchor_843" class="label">[843]</a> -Suet., <i>Tib.</i>, 36; Tác., <i>Ann.</i>, II, 85; Jos., <i>Ant.</i>, -XVIII, <span class="asc">III</span>, 4, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_844" href="#FNanchor_844" class="label">[844]</a> -Dion Casio, LX, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_845" href="#FNanchor_845" class="label">[845]</a> -Suetonio, <i>Claudio</i>, 25; <i>Act.</i>, <span -class="asc">XVIII</span>, 2; Dion Casio, LX, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_846" href="#FNanchor_846" class="label">[846]</a> -Josefo, <i>B. J.</i>, VII, <span class="asc">III</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_847" href="#FNanchor_847" class="label">[847]</a> -Séneca, fragmento en San Agust., <i>De civ. Dei</i>, VI, 11; Rutilius -Numatianus, I, 395 y sig.; Jos., <i>Contra Apion.</i>, II, 39; Juvenal, -Sat. <span class="asc">VI</span>, 544; <span class="asc">XIV</span>, 96 -y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_848" href="#FNanchor_848" class="label">[848]</a> -Philon, <i>In Flacc.</i>, § 5; Tác., <i>Hist.</i>, V, 4, 5, 8; -Dion Casio, XLIX, 22; Juvenal, <span class="asc">XIV</span>, 103; -Diod. Sic., fragm. <span class="asc">I</span> del libro XXXIV y -<span class="asc">III</span> del libro <span class="asc">XL</span>; -Philostrato, <i>Vida de Apol.</i>, V, 33; I Tes., <span -class="asc">II</span>, 15.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_849" href="#FNanchor_849" class="label">[849]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XIV, <span class="asc">X</span>; XVI, <span -class="asc">VI</span>; XX, <span class="asc">VIII</span>, 7; Philon, -<i>In Flaccum et Legatio ad Caium</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_850" href="#FNanchor_850" class="label">[850]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">III</span>, 4, 5; Juvenal, -<span class="asc">VI</span>, 543 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_851" href="#FNanchor_851" class="label">[851]</a> -Jos., <i>Contra Apion.</i>, entero; pasajes precitados de Tácito -y de Diodoro de Sicilia; Pompeyo Trogo (Justino), XXXVI, <span -class="asc">II</span>; Ptolomeo Hefesto ó Queno, en las <i>Script. -poet. hist. græci</i> de Westermann, p. 194. Cf. Quintiliano III, <span -class="asc">VII</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_852" href="#FNanchor_852" class="label">[852]</a> -Cic., <i>Pro Flacco</i>, 28; Tácito, <i>Hist.</i>, V, 5; Juvenal, <span -class="asc">XIV</span>, 103-104; Diodoro de Sicilia y Philostrato, -lugares citados; Rutilius Numatianus, I, 383 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_853" href="#FNanchor_853" class="label">[853]</a> -Marcial, IV, 4; Am. Marcel., XXII, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_854" href="#FNanchor_854" class="label">[854]</a> -Suetonio, <i>Aug.</i>, 76; Horacio, <i>Sat.</i>, I, -<span class="asc">IX</span>, 69 y sig.; Juvenal, <span -class="asc">III</span>, 13-16, 296; <span class="asc">VI</span>, -156-160, 542-547; <span class="asc">XIV</span>, 96-107; Marcial, -<i>Epigr.</i>, IV, 4; VII, 29, 34, 54; XI, 95; XII, 57; Rutilius -Numat., <i>l. c.</i>, y sobre todo Josefo, <i>Contra Apion.</i>, II, -13; Philon, <i>Leg. ad Caium</i>, § 26-28.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_855" href="#FNanchor_855" class="label">[855]</a> -Marcial, <i>Epigr.</i>, XII, 57.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_856" href="#FNanchor_856" class="label">[856]</a> -Juvenal, <i>Sat.</i>, <span class="asc">III</span>, 14; <span -class="asc">VI</span>, 542.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_857" href="#FNanchor_857" class="label">[857]</a> -Juvenal, <i>Sat.</i>, <span class="asc">III</span>, 296; <span -class="asc">VI</span>, 543 y sig.; Marcial, <i>Epigr.</i>, I, 42; XII, -57.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_858" href="#FNanchor_858" class="label">[858]</a> -Marcial, <i>Epigr.</i>, I, 42; XII, 57; Estacio, <i>Silvas</i>, I, -<span class="asc">VI</span>, 73-74. Véase Forcellini, en la voz -<i>sulphuratum</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_859" href="#FNanchor_859" class="label">[859]</a> -Horacio, <i>Sat.</i>, I, <span class="asc">V</span>, 100; Juvenal, -<i>Sat.</i> <span class="asc">VI</span>, 544 y sig.; <span -class="asc">XIV</span>, 96 y sig.; Apuleyo, <i>Florida</i>, I, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_860" href="#FNanchor_860" class="label">[860]</a> -Dion Casio, LXVIII, 32.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_861" href="#FNanchor_861" class="label">[861]</a> -Tácito, <i>Hist.</i>, V, 5, 9; Dion Casio, LXVII, 14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_862" href="#FNanchor_862" class="label">[862]</a> -Horacio, <i>Sat.</i>, I, <span class="asc">IX</span>, 70; <i>Judæus -Apella</i> parece encerrar una broma del mismo género (véanse -los escoliastas Acron y Porfirion, sobre Hor., <i>Sat.</i>, I, -<span class="asc">V</span>, 100; compárese el pasaje de S. Avito, -<i>Poemata</i>, V, 364, citada por Forcellini en la voz <i>Apella</i>, -pero que yo no encuentro ni en las ediciones de este Padre, ni en el -antiguo manuscrito latino, Bibl. Imp., n.º 11320, tal como la da el -sabio lexicógrafo); Juvenal, <i>Sat.</i>, <span class="asc">XIV</span>, -99 y sig.; Marcial, <i>Epigr.</i>, VII, 29, 34, 54; XI, 95.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_863" href="#FNanchor_863" class="label">[863]</a> -Josefo, <i>Contra Apion.</i>, II, 39; Tác., <i>Ann.</i>, II, 85; -<i>Hist.</i>, V, 5; Hor., <i>Sat.</i>, I, <span class="asc">IV</span>, -142-143; Juvenal, <span class="asc">XIV</span>, 96 y sig.; Dion Casio, -XXXVII, 17; LXVII, 14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_864" href="#FNanchor_864" class="label">[864]</a> -Marcial, <i>Epigr.</i>, I, 42; XVII, 57.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_865" href="#FNanchor_865" class="label">[865]</a> -Juvenal, <i>Sat.</i>, VI, 546 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_866" href="#FNanchor_866" class="label">[866]</a> -Josefo, <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">III</span>, 5; -XX, <span class="asc">II</span>, 4; <i>B. J.</i>, II, <span -class="asc">XX</span>, 2; <i>Act.</i>, <span class="asc">XIII</span>, -50; <span class="asc">XVI</span>, 14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_867" href="#FNanchor_867" class="label">[867]</a> -<i>Loc. cit.</i></p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_868" href="#FNanchor_868" class="label">[868]</a> -Josefo, <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">II</span>, 5; <span -class="asc">IV</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_869" href="#FNanchor_869" class="label">[869]</a> -Pasajes citados. Estrabon demuestran más justicia y penetracion (XVI, -<span class="asc">II</span>, 34 y sig.). Comp. Dion Casio, XXXVII, 17 y -siguientes.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_870" href="#FNanchor_870" class="label">[870]</a> -Tác., <i>Hist.</i>, <span class="asc">V</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_871" href="#FNanchor_871" class="label">[871]</a> -Josefo, <i>Contra Apion.</i>, <span class="asc">II</span>, 39.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_872" href="#FNanchor_872" class="label">[872]</a> -Marcial, <span class="asc">XII</span>, 57.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_873" href="#FNanchor_873" class="label">[873]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XIV, <span class="asc">X</span>, 6, 11-14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_874" href="#FNanchor_874" class="label">[874]</a> -Ecclesiástico, <span class="asc">X</span>, 25, 26, 27.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_875" href="#FNanchor_875" class="label">[875]</a> -Rom., <span class="asc">I</span>, 24 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_876" href="#FNanchor_876" class="label">[876]</a> -Zac., <span class="asc">VIII</span>, 23.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_877" href="#FNanchor_877" class="label">[877]</a> -Hor., <i>Sat.</i>, I, <span class="asc">IX</span>, 69; Persio, -<span class="asc">V</span>, 179 y sig.; Juvenal, <i>Sat.</i>, <span -class="asc">VI</span>, 159; <span class="asc">XIV</span>, 96 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_878" href="#FNanchor_878" class="label">[878]</a> -<i>Contra Apion.</i>, II, 39.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_879" href="#FNanchor_879" class="label">[879]</a> -Aulo Persio, <span class="asc">V</span>, 179-184; Juvenal, <span -class="asc">VI</span>, 157-160. La grave preocupacion del judaismo que -se observa en los escritores romanos del primer siglo, sobre todo en -los satíricos, proviene de esta circunstancia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_880" href="#FNanchor_880" class="label">[880]</a> -Juvenal, <i>Sat.</i>, <span class="asc">III</span>, 62 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_881" href="#FNanchor_881" class="label">[881]</a> -Cic., <i>De prov. consul.</i>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_882" href="#FNanchor_882" class="label">[882]</a> -Los niños que me habian parecido bonitos en mi primer viaje los -encontré, cuatro años más tarde, feos, comunes y vulgares.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_883" href="#FNanchor_883" class="label">[883]</a> -<span xml:lang="grc" lang="grc">Πατρῴοις θεοῖς</span>, fórmula muy -frecuente en las inscripciones sirias (<i>Corpus inscr. græc.</i>, -números 4449, 4450, 4451, 4463, 4479, 4480, 6015).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_884" href="#FNanchor_884" class="label">[884]</a> -<i>Corpus inscr. græc.</i>, números 4474, 4475, 5936; <i>Mission de -Phénicie</i>, l. II, c. <span class="asc">II</span>, inscripcion de -Abedat. Comp. <i>Corpus</i>, números 2271, 5853.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_885" href="#FNanchor_885" class="label">[885]</a> -<span xml:lang="grc" lang="grc">Ζεὺς οὐράνιος, ἐπουράνιος, ὕψιστος, -μέγιστος, θεὸς σατράπης</span>. <i>Corpus inscr. græc.</i>, números -4500, 4501, 4502, 4503, 6012; Lepsius, <i>Denkmæler</i>, t. XII, fol. -100, n.º 590; <i>Mission de Phénicie</i>, p. 103, 104 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_886" href="#FNanchor_886" class="label">[886]</a> -He desarrollado esto en el <i>Journal Asiatique</i>, febrero y marzo -de 1859, p. 259 y sig., y en la <i>Mission de Phénicie</i>, l. II, c. -<span class="asc">II</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_887" href="#FNanchor_887" class="label">[887]</a> -Código sirio, en Land, <i>Anecdota Syriaca</i>, I, p. 152; hechos -diversos de los cuales he sido testigo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_888" href="#FNanchor_888" class="label">[888]</a> -Nacido en el Haurán.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_889" href="#FNanchor_889" class="label">[889]</a> -Véase Forcellini, en la palabra <i>Syrus</i>. Esta palabra designaba -en general á <i>los orientales</i>. Leblant, <i>Inscript. chrét. de la -Gaule</i>, I, p. 207, 328-329.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_890" href="#FNanchor_890" class="label">[890]</a> -Juvenal, <span class="asc">III</span>, 62, 63.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_891" href="#FNanchor_891" class="label">[891]</a> -Tal es hoy el temperamento del Sirio cristiano.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_892" href="#FNanchor_892" class="label">[892]</a> -Inscripciones en las <i>Mém. de la Soc. des Antiquaires de Fr.</i>, t. -XXVIII, 4 y sig.; en Leblant, <i>Inscript. chrét. de la Gaule</i>, I, -p. <span class="asc">CXLIV</span>, 207, 324 y sig., 353 y sig., 375 y -sig.; II, 259, 459 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_893" href="#FNanchor_893" class="label">[893]</a> -Los Maronitas colonizan todavía casi todo el Levante á la manera de los -Judíos, de los Armenios, y de los Griegos, aunque en menor escala.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_894" href="#FNanchor_894" class="label">[894]</a> -Léase Ciceron, <i>De offic.</i>, I, 42; Dionisio de Halicarnaso, II, -28; IX, 25.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_895" href="#FNanchor_895" class="label">[895]</a> -Véanse los tipos de esclavos en Plauto y Terencio.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_896" href="#FNanchor_896" class="label">[896]</a> II -Cor., <span class="asc">XII</span>, 9.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_897" href="#FNanchor_897" class="label">[897]</a> -Tácito, <i>Ann.</i>, II, 85.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_898" href="#FNanchor_898" class="label">[898]</a> -Tácito, <i>Ann.</i>, I, 2; Floro, IV, 3; Pomponio, en el Digesto, l. I, -tít. <span class="asc">II</span>, fr. 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_899" href="#FNanchor_899" class="label">[899]</a> -Helicon, Apeles, Eucéres, etc. Los reyes de Oriente eran considerados -por los romanos como los maestros en tiranía de sus malos emperadores. -Dion Casio, LIX, 24.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_900" href="#FNanchor_900" class="label">[900]</a> -Véase la inscripcion del parásito de Antonio, en los <i>Comptes rendus -de l’Acad. des Inscr. et B.-L.</i>, 1864, p. 166 y sig. Compárese -Tácito, <i>Ann.</i>, IV, 55-56.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_901" href="#FNanchor_901" class="label">[901]</a> -Véase como ejemplo, la oracion fúnebre de Turia por su esposo Q. -Lucrecio Vespillo; texto epigráfico publicado por la primera vez de -una manera completa por Mommsen en las <i>Mémoires de l’Academie de -Berlin</i> de 1863, p. 455 y sig. Compárese la oracion fúnebre de -Murdia (Orelli, <i>Inscr. lat.</i>, núm. 4860) y la de Matidia por el -emperador Adriano (<i>Mém. de l’Academie de Berlin</i>, vol. citado, -p. 483 y sig.) Suelen preocuparse muchos por los pasajes de los -satíricos latinos donde se ponen en relieve los vicios de las mujeres -muy severamente. Pero esto es como si se tratara el cuadro de las -costumbres generales del siglo <span class="asc">XVII</span>, segun -Mathurin Regnier y Boileau.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_902" href="#FNanchor_902" class="label">[902]</a> -Orelli, números 2647 y sig., sobre todo 2677, 2742, 4530, 4860. -Henzen, números 7382 y sig., sobre todo núm. 7406; Renier, <i>Inscr. -de l’Algerie</i>, núm. 1987. Estos epítetos pueden haber sido con -frecuencia engañosos, pero prueban al menos la importancia que se daba -á la virtud.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_903" href="#FNanchor_903" class="label">[903]</a> -Plinio, <i>Epist.</i>, VII, 19; IX, 13; Apiano, <i>Guerras civiles</i>, -IV, 36. Fannia siguió dos veces al destierro á su esposo Helvidio -Prisco; y fué desterrada por tercera vez despues de su muerte.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_904" href="#FNanchor_904" class="label">[904]</a> El -heroismo de Arria es conocido de todos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_905" href="#FNanchor_905" class="label">[905]</a> -Suetonio, <i>Aug.</i>, 73; Oracion fúnebre de Turia, I, línea 30.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_906" href="#FNanchor_906" class="label">[906]</a> -Oracion fúnebre de Turia, I, línea 31.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_907" href="#FNanchor_907" class="label">[907]</a> -La opinion mucho más severa de San Pablo (Rom. <span -class="asc">I</span>, 24 y sig.) se explica del mismo modo. San Pablo -no conocia á la alta sociedad romana, y sus invectivas son esas de que -hacen uso los predicadores y que no deben nunca tomarse al pié de la -letra.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_908" href="#FNanchor_908" class="label">[908]</a> -Séneca, <i>Epist.</i>, <span class="asc">XII, XXIV, XXVI, LVIII, -LXX</span>; <i>De ira</i>, III, 15; <i>De tranquillitate animi</i>, -10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_909" href="#FNanchor_909" class="label">[909]</a> -Apocal., <span class="asc">XVII</span>. Cf. Séneca, <i>Epist.</i>, -<span class="asc">XCV</span>, 16 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_910" href="#FNanchor_910" class="label">[910]</a> -Suetonio, <i>Aug.</i> 48.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_911" href="#FNanchor_911" class="label">[911]</a> -Los ejemplos son innumerables en las inscripciones.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_912" href="#FNanchor_912" class="label">[912]</a> -Plutarco, <i>Præc. ger. reipubl.</i>, <span class="asc">XV</span>, 3-4; -<i>An seni sit ger. resp.</i>, entero.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_913" href="#FNanchor_913" class="label">[913]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XIV, <span class="asc">X</span>, 22, 23. Comp. -Tácito, <i>Ann.</i>, IV, 55-56; Rutilius Numatianus, <i>Itin.</i>, I, -63 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_914" href="#FNanchor_914" class="label">[914]</a> -«Inmensa romanæ pacis majestas.» Plinio, <i>Hist. nat.</i>, XXVII, -1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_915" href="#FNanchor_915" class="label">[915]</a> -Elio Arístides, <i>Elogio de Roma</i>; Plutarco, tratado de la -<i>Fortuna de los Romanos</i>, comienzo; Philon, <i>Leg. ad Caium</i>, -§ 21, 22, 39, 40.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_916" href="#FNanchor_916" class="label">[916]</a> -Dionisio de Halicarnaso, <i>Antigüedades romanas</i>, I, principio.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_917" href="#FNanchor_917" class="label">[917]</a> -Plutarco, <i>Vida de Solon</i>, 20.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_918" href="#FNanchor_918" class="label">[918]</a> -Véase Ateneo, XII, 68; Eliano, <i>Var. Hist.</i>, IX, 12; Suidas, en la -voz <span xml:lang="grc" lang="grc">Ἐπίκουρος</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_919" href="#FNanchor_919" class="label">[919]</a> -Tácito, <i>Ann.</i>, I, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_920" href="#FNanchor_920" class="label">[920]</a> -Estúdiese el carácter de Euthyphron, en Platon.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_921" href="#FNanchor_921" class="label">[921]</a> -Diog. Laercio, II, 101, 116; V, 5, 6, 37, 38; IX, 52; Ateneo -XIII, 92; XV, 52; Eliano, <i>Var. Hist.</i>, II, 23; III, -36; Plutarco, <i>Pericles</i>, 32; <i>De plac. philos.</i>, -I, <span class="asc">VII</span>, 2; Diod. Sic., XIII, <span -class="asc">VI</span>, 7; Escol. de Aristófanes, en <i>Aves</i>, -1073.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_922" href="#FNanchor_922" class="label">[922]</a> En -particular, bajo Vespasiano; caso de Helvidio Prisco.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_923" href="#FNanchor_923" class="label">[923]</a> -Trataremos sin embargo de demostrar más adelante que estas -persecuciones, cuando menos hasta la de Decio, se han exagerado.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_924" href="#FNanchor_924" class="label">[924]</a> -Los primeros cristianos son, en efecto, muy respetuosos para -con la autoridad romana. Rom., <span class="asc">XIII</span>, 1 -y sig.; I Petri, <span class="asc">IV</span>, 14-16. Para San -Lucas, véase más arriba, Introd., <a href="#Page_xxiii">p. <span -class="asc">XXIII-XXIV</span></a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_925" href="#FNanchor_925" class="label">[925]</a> -Diógenes Laercio, VII, <span class="asc">I</span>, 32, 33; Eusebio, -<i>Prepar. Evang.</i> XV, 15; y, en general, el <i>De legibus</i> y el -<i>De officiis</i> de Ciceron.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_926" href="#FNanchor_926" class="label">[926]</a> -Terencio, <i>Heautont.</i>, I, <span class="asc">I</span>, 77; -Cic. <i>De finibus bon. et mal.</i>, V, 23; <i>Partit. orat.</i>, -16, 24; Ovidio, <i>Fastos</i>, II, 684; Lucano, VI, 54 y sig.; -Séneca, <i>Epist.</i>, <span class="asc">XLVIII</span>, <span -class="asc">XCV</span>, 51 y sig.; <i>De ira</i>, I, 5; III, 43; -Arriano, <i>Dissert de Epict.</i>, I, <span class="asc">IX</span>, 6; -II, <span class="asc">V</span>, 26; Plutarco, <i>De la fort. de los -Rom.</i>, 2; <i>De la fort. de Alejandro</i>, I, 8, 9.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_927" href="#FNanchor_927" class="label">[927]</a> -Virgilio, <i>Egl.</i>, <span class="asc">IV</span>; Séneca, -<i>Medea</i>, 375 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_928" href="#FNanchor_928" class="label">[928]</a> -Tác., <i>Ann.</i>, II, 85; Suetonio, <i>Tib.</i>, 35; Ovidio, -<i>Fast.</i>, II, 497-514.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_929" href="#FNanchor_929" class="label">[929]</a> -Las inscripciones de mujeres contienen frases sublimes. «Mater -omnium hominum, parens omnibus subveniens,» en Renier, <i>Inscr. -de l’Algerie</i> n.º 1987. Comp. <i>ibid.</i>, n.º 2756; Mommsen, -<i>Inscr. R. N.</i>, n.º 1431, «Duobus virtutis et castitatis -exemplis,» <i>Not. et mém. de la Soc. de Constantine</i>, 1865, pág. -158. Véase la inscripcion de Urbanille, en Guérin, <i>Voy. archéol. -dans la rég. de Tunis</i>, I, 289 y la deliciosa inscripcion, -Orelli, núm. 4648. Muchos de estos textos son posteriores al primer -siglo, pero no eran nuevos los sentimientos que expresaban cuando se -escribieron.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_930" href="#FNanchor_930" class="label">[930]</a> -<i>Propos de table</i>, I, <span class="asc">V</span>, 1; <i>Vida -de Demóst.</i>, 2; el diálogo <i>Del amor</i>, 2; y sobre todo el -<i>Consuelo</i> á su esposa.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_931" href="#FNanchor_931" class="label">[931]</a> -«Caritas generis humani,» Cic., <i>De finibus</i>, V, 23. «Homo sacra -res homini,» Séneca, <i>Epist.</i>., <span class="asc">XCV</span>, -33.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_932" href="#FNanchor_932" class="label">[932]</a> -Séneca, <i>Epist.</i>, <span class="asc">XXXI</span>, <span -class="asc">XLVII</span>; <i>De benef.</i>, III, 18 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_933" href="#FNanchor_933" class="label">[933]</a> -Tácito, <i>Ann.</i>, XIV, 42 y sig.; Suetonio, <i>Claudio</i>, 25; -Dion Casio, <span class="asc">LX</span>, 29; Plinio, <i>Epist.</i>, -VIII, 16; Inscrip., de Lanuvium, col. 2, líneas 1-4 (en Mommsen, -<i>De coll. et sodal. Rom.</i>, ad calcem); Séneca el Orador, -<i>Controv.</i>, III, 21; VII, 6; Séneca el Filós., <i>Epist.</i>, -<span class="asc">XLVII</span>; <i>De benef.</i>, III, 18 y sig.; -Columela, <i>De re rustica</i>, I, 8; Plutarco, <i>Vida de Caton el -Viejo</i>, 5; <i>De ira</i>, 11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_934" href="#FNanchor_934" class="label">[934]</a> -<i>Epist.</i>, <span class="asc">XLVII</span>, 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_935" href="#FNanchor_935" class="label">[935]</a> -Caton, <i>De re rustica</i>, 58, 59, 104; Plutarco, <i>Vida -de Caton</i>, 4, 5. Compárense las máximas casi tan duras del -<i>Eclesiástico</i>, <span class="asc">XXXIII</span>, 25 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_936" href="#FNanchor_936" class="label">[936]</a> -Tácito, <i>Ann.</i>, XIV, 60; Dion Casio, XLVII, 10; LX, 16; LXII, 13; -LXVI, 14; Suetonio, <i>Caius</i>, 16; Apiano, <i>Guerras civiles</i>, -IV, desde el capítulo <span class="asc">XVII</span> (sobre todo el -cap. <span class="asc">XXXVI</span> y sig.) hasta el cap. <span -class="asc">LI</span>. Juvenal, <span class="asc">VI</span>, 476 y -sig., describe las costumbres de la peor sociedad.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_937" href="#FNanchor_937" class="label">[937]</a> -Horacio, <i>Sat.</i>, I, <span class="asc">VI</span>, 1 y sig.; Cic., -<i>Epist.</i>, III, 7; Séneca el Orador, <i>Controv.</i>, I, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_938" href="#FNanchor_938" class="label">[938]</a> -Suetonio, <i>Caius</i>, 15, 16; <i>Claudio</i>, 19, 23, 25; -<i>Neron</i>, 16; Dion Casio, LX, 25, 29.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_939" href="#FNanchor_939" class="label">[939]</a> -Tácito, <i>Ann.</i>, VI, 17; comp. <span class="asc">IV</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_940" href="#FNanchor_940" class="label">[940]</a> -Tácito, <i>Ann.</i>, XIII, 50-51; Suetonio, <i>Neron</i>, 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_941" href="#FNanchor_941" class="label">[941]</a> -Epitafio del joyero Evodio (hominis boni, misericordis, amantis -pauperes), <i>Corpus inscr. lat.</i>, n.º 1027, inscripcion del siglo -de Augusto. (Cf. Egger, <i>Mém. d’hist. anc. et de phil.</i>, p. 351 -y sig.); Perrot, <i>Exploration de la Galatie</i>, etc., p. 118-119, -<span xml:lang="grc" lang="grc">πτωχοὺς φιλέοντα</span>; <i>Oracion -fúnebre de Matidia</i>, por Adriano (<i>Mém. de l’Acad. de Berlin</i> -para 1863, p. 489); Mommsen, <i>Inscr. regni Neap.</i>, n.º 1431, 2868, -4880; Séneca el Orador, <i>Controv.</i>, I, 1; III, 19; IV, 27; VIII, -6; Séneca el Filósofo, <i>De clem.</i>, II, 5, 6; <i>De benef.</i>, I, -1; II, 11; IV, 14; VII, 31. Compárese Leblant, <i>Inscr. chrét. de la -Gaule</i>, II, p. 23 y sig.; Orelli, n.º 4657; Fea, <i>Framm. de’ fasti -consol.</i>, p. 90; R. Garrucci, <i>Cimitero degli ant. Ebrei</i>, p. -44.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_942" href="#FNanchor_942" class="label">[942]</a> -<i>Corpus inscr. græc.</i>, n.º 2758.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_943" href="#FNanchor_943" class="label">[943]</a> -<i>Ibid.</i>, n.º 2194 <i>b</i>, 2511, 2759 <i>b</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_944" href="#FNanchor_944" class="label">[944]</a> -Es preciso recordar que Corinto en la época romana era una colonia de -extranjeros, establecida, en el mismo lugar que ocupaba la antigua -ciudad, por César y por Augusto.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_945" href="#FNanchor_945" class="label">[945]</a> -Luciano, <i>Demonax</i>, 57.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_946" href="#FNanchor_946" class="label">[946]</a> -Dion Casio, LXVI, 15.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_947" href="#FNanchor_947" class="label">[947]</a> -Véase sobre todo Elio Arístides, tratado contra la comedia, (I, p. 751 -y sig., edic. Dindorf).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_948" href="#FNanchor_948" class="label">[948]</a> Es -notable que en varias ciudades del Asia Menor los restos de los teatros -antiguos son todavía hoy otros tantos focos de prostitucion. Comp. -Ovidio, <i>Arte de Amar</i>, I, 89 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_949" href="#FNanchor_949" class="label">[949]</a> -Orelli-Henzen, núms. 1172, 3362 y sig., 6669; Guérin, <i>Voy. en -Tunisie</i>, II, p. 59; Borghesi, <i>Obras completas</i>, <span -class="asc">IV</span>, p. 269 y sig.; E. Desjardins, <i>De tabulis -alimentariis</i> (París 1854); Aurelio Victor, <i>Epítome</i>, Nerva; -Plinio, <i>Epist.</i>, I, 8; VII, 18.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_950" href="#FNanchor_950" class="label">[950]</a> -Inscripcion en Desjardins, <i>op. cit.</i>, parte II, cap. <span -class="asc">I</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_951" href="#FNanchor_951" class="label">[951]</a> -Suetonio, <i>Aug.</i>, 41, 46; Dion Casio, LI, 21; LVIII, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_952" href="#FNanchor_952" class="label">[952]</a> -Tácito, <i>Ann.</i>, II, 87; VI, 13; XV, 18, 39; Suetonio, <i>Aug.</i>, -41, 42; <i>Claudio</i>, 18. Comp. Dion Casio, LXII, 18; Orelli, n.º -3358 y sig.; Henzen, 6662 y sig.; Forcellini, en el artículo <i>Tessera -frumentaria</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_953" href="#FNanchor_953" class="label">[953]</a> -<i>Odisea</i>, VI, 207.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_954" href="#FNanchor_954" class="label">[954]</a> -Eurípides, <i>Suppl.</i>, v. 773 y sig.; Aristóteles, <i>Retór.</i>, -II, <span class="asc">VIII</span>; <i>Ética á Nicómaco</i>, VIII, -<span class="asc">I</span>; IX, <span class="asc">X</span>. Véase -Estobeo, <i>Florilegio</i>, <span class="asc">XXXVII</span> y <span -class="asc">CXIII</span>, y, en general, los fragmentos de Menandro y -de los cómicos griegos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_955" href="#FNanchor_955" class="label">[955]</a> -Aristóteles, <i>Política</i>, VI, <span class="asc">III</span>, 4 y -5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_956" href="#FNanchor_956" class="label">[956]</a> -Ciceron, <i>Tusculanas</i>, IV, 7, 8; Séneca, <i>De clem.</i>, II, 5, -6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_957" href="#FNanchor_957" class="label">[957]</a> -Papiro del Louvre, n.º 37, col. 1, ligne 21, en las <i>Notices et -extraits</i>, t. XVIII, 2.ª parte, p. 298.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_958" href="#FNanchor_958" class="label">[958]</a> -Véase más arriba, <a href="#Page_123">p. 123</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_959" href="#FNanchor_959" class="label">[959]</a> -Apoc., <span class="asc">XVII</span> y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_960" href="#FNanchor_960" class="label">[960]</a> -Virgilio, <i>Egl.</i> <span class="asc">IV</span>; <i>Georg.</i> I, 463 -y sig.; Horacio, <i>Od.</i>, I, <span class="asc">II</span>; Tácito, -<i>Ann.</i>, VI, 12; Suetonio, <i>Aug.</i>, 31.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_961" href="#FNanchor_961" class="label">[961]</a> -Véase, por ejemplo, <i>De republ.</i>, III, 22, citado y conservado por -Lactancio, <i>Instit. div.</i>, VI, 8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_962" href="#FNanchor_962" class="label">[962]</a> -Véase, por ejemplo, la admirable carta <span class="asc">XXXI</span> á -Lucilio.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_963" href="#FNanchor_963" class="label">[963]</a> -Suetonio, <i>Vesp.</i>, 18; Dion Casio, t. VI, pág. 558 (edic. Sturz); -Eusebio, <i>Chron.</i>, en el año 89; Plinio, <i>Epist.</i>, I, 8; -Henzen, <i>Suppl. à Orelli</i>, p. 124, núm. 1172.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_964" href="#FNanchor_964" class="label">[964]</a> -Oracion fúnebre de Turia, I, líneas 30-31.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_965" href="#FNanchor_965" class="label">[965]</a> -Véase sobre todo el primer libro de Valerio Máximo, la obra de Julius -Obsequens sobre los Prodigios y los <i>Discursos sagrados</i> de Elio -Arístides.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_966" href="#FNanchor_966" class="label">[966]</a> -Augusto (Suetonio, <i>Aug.</i>, 90-92), César mismo, segun se dice -(Plinio <i>Hist. nat.</i>, XXVIII, <span class="asc">IV</span>, 7, pero -tengo mis dudas), participaban de ella.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_967" href="#FNanchor_967" class="label">[967]</a> -Manilio, Higino, traducciones de Arato.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_968" href="#FNanchor_968" class="label">[968]</a> -Ciceron, <i>Pro Archia</i>, 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_969" href="#FNanchor_969" class="label">[969]</a> -Suetonio, <i>Claudio</i>, 25.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_970" href="#FNanchor_970" class="label">[970]</a> -Josefo, <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">V</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_971" href="#FNanchor_971" class="label">[971]</a> -<i>Bereschith rabba</i>, cap. <span class="asc">LXV</span>, fol. 65 -<i>b</i>; du Cange, en la voz <i>matricularius</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_972" href="#FNanchor_972" class="label">[972]</a> -Ciceron, <i>De legibus</i>, II, 8; Vopiscus, <i>Aureliano</i>, 19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_973" href="#FNanchor_973" class="label">[973]</a> -«Religio sine superstitione.» Oracion fúnebre de Turia, I, líneas -30-31. Véase el <i>Tratado de la supersticion</i> de Plutarco.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_974" href="#FNanchor_974" class="label">[974]</a> -Véase Meliton, <span xml:lang="grc" lang="grc">Περὶ ἀληθείας</span>, -en el <i>Spicilegium syriacum</i> de Cureton, p. 43 ó en el <i>Spicil. -Solesmense</i> de dom Pitra, t. II, p. <span class="asc">XLI</span>, -para darse cuenta de la impresion que esto producia en los judíos y -cristianos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_975" href="#FNanchor_975" class="label">[975]</a> -Suetonio, <i>Aug.</i>, 52; Dion Casio, LI, 20; Tácito, <i>Ann.</i>, -I, 10; Aurelio Victor, <i>Cæs.</i>, 1; Apiano, <i>Bell. Civ.</i>, V, -132; Jos., <i>B. J.</i>, I, <span class="asc">XXI</span>, 2, 3, 4, 7; -Noris, <i>Cenotaphia Pisana</i>, dissert. I, cap. 4; <i>Kalendarium -Cumanum</i>, en <i>Corpus inscr. lat.</i>, I, p. 310, Eckhel, -<i>Doctrina num. vet.</i>, parte 2.ª, vol. VI, p. 100, 124 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_976" href="#FNanchor_976" class="label">[976]</a> -Tácito, <i>Ann.</i>, IV, 55-56. Comp. Valerio Máximo, pról.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_977" href="#FNanchor_977" class="label">[977]</a> -Corinto; la única ciudad de Grecia que contó en los primeros siglos con -un cristianismo considerable, no era ya en aquella época una ciudad -helénica.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_978" href="#FNanchor_978" class="label">[978]</a> -Heráclides, Cornutus. Comp. Cic., <i>De natura deorum</i>, III, 23-25, -60, 62-64.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_979" href="#FNanchor_979" class="label">[979]</a> -Plutarco, <i>Consolatio ad uxorem</i>, 10; <i>De sera numinis -vindicta</i>, 22. Heuzey, <i>Mission de Macédoine</i>, p. 128; <i>Revue -archéologique</i>, Abril 1864 p. 282.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_980" href="#FNanchor_980" class="label">[980]</a> -Lucrecio, I, 63 y sig.; Salustio, <i>Catil.</i>, 52; Cic., <i>De nat. -deorum</i>, II, 24, 28; <i>De divinat.</i>, II, 33, 35, 57; <i>De -haruspicum responsis</i>, casi entero; <i>Tuscul.</i>, I, 16; Juvenal, -Sat. <span class="asc">II</span>, 149-152; Séneca, <i>Epist.</i>, <span -class="asc">XXIV</span>, 17.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_981" href="#FNanchor_981" class="label">[981]</a> -«Sua cuique civitati religio est, nostra nobis.» Cic., <i>Pro -Flacco</i>, 28.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_982" href="#FNanchor_982" class="label">[982]</a> -Cic., <i>De nat. deorum</i>, I, 30, 42; <i>De divinat.</i>, II, 12, -33, 35, 72; <i>De harusp. resp.</i>, 6, etc.; Tito Livio, I, 19; -Quinto Curcio, IV, 10; Plutarco, <i>De plac. phil.</i>, I, <span -class="asc">VII</span>, 2; Diod. Sic., I, <span class="asc">II</span>, -2; Varron, en S. Agust., <i>De civit. Dei</i>, IV, 31, 32; VI, -6; Dionisio de Halic., II, 20; VIII, 5; Valerio Máximo, I, <span -class="asc">II</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_983" href="#FNanchor_983" class="label">[983]</a> -Cic., <i>De divinat.</i>, II, 15; Juvenal, <span class="asc">II</span>, -149 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_984" href="#FNanchor_984" class="label">[984]</a> -Tác., <i>Ann.</i>, XI, 15; Plinio, <i>Epist.</i>, X, 97, <i>sub -fin.</i> Estúdiese el personaje de Serapio en Plutarco, <i>De Pythiæ -oraculis</i>. Comp. <i>De EI apud Delphos</i>, init. Véase sobre todo -Valerio Máximo, libro I entero.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_985" href="#FNanchor_985" class="label">[985]</a> -Juv., Sat. <span class="asc">VI</span>, 489, 527 y sig.; Tácito, -<i>Ann.</i>, XI, 15. Comp. Luciano <i>Asamblea de los dioses</i>; -Tertuliano, <i>Apolog.</i>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_986" href="#FNanchor_986" class="label">[986]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">III</span>, 4; Tácito, -<i>Ann.</i>, II, 85; Le Bas, <i>Inscrip.</i>, parte V, n.º 395.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_987" href="#FNanchor_987" class="label">[987]</a> -Plutarco, <i>De Pyth. orac.</i>, 25.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_988" href="#FNanchor_988" class="label">[988]</a> -Véase Luciano, <i>Alexander seu pseudomantis</i> y <i>De morte -Peregrini</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_989" href="#FNanchor_989" class="label">[989]</a> -Séneca, <i>Epist.</i>, <span class="asc">XII, XXIV, LXX</span>; -Inscripcion de Lanuvium, 2.ª col., líneas 5-6; Orelli, 4404.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_990" href="#FNanchor_990" class="label">[990]</a> -Dion Casio, LXVI, 13; LXVII, 13; Suetonio, <i>Domit.</i>, 10; Tácito, -<i>Agrícola</i>, 2, 45; Plinio, <i>Epist.</i>, III, 11; Philostrato, -<i>Vida de Apolonio</i>, I, VII, entero; Eusebio, <i>Chron.</i>, ad -ann. Chr. 90.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_991" href="#FNanchor_991" class="label">[991]</a> -Dion Casio, LXII, 29.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_992" href="#FNanchor_992" class="label">[992]</a> -Arriano, <i>Dissert. de Epicteto</i>, I, <span class="asc">II</span>, -21.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_993" href="#FNanchor_993" class="label">[993]</a> -<i>Ibid.</i>, I, <span class="asc">XXV</span>, 22.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_994" href="#FNanchor_994" class="label">[994]</a> -Valerio Máximo., I, <span class="asc">III</span>; Tito Livio, XXXIX, -8-18; Ciceron, <i>De legibus</i>, II, 8; Dionis. de Halic., II, 20; -Dion Casio, XL, 47; XLII, 26; Tertuliano, <i>Apol.</i>, 6; <i>Adv. -nationes</i>, I, 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_995" href="#FNanchor_995" class="label">[995]</a> -Propercio, IV, <span class="asc">I</span>, 17; Lucano, VIII, 831; Dion -Casio, XLVII, 15; Arnobio, II, 73.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_996" href="#FNanchor_996" class="label">[996]</a> -Valerio Máximo, I, <span class="asc">III</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_997" href="#FNanchor_997" class="label">[997]</a> -Dion Casio, XLVII, 15.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_998" href="#FNanchor_998" class="label">[998]</a> -Jos., XIV, <span class="asc">X</span>. Comp. Ciceron, <i>Pro -Flacco</i>, 28.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_999" href="#FNanchor_999" class="label">[999]</a> -Suet., <i>Aug.</i>, 31, 93; Dion Casio, LII, 36.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1000" href="#FNanchor_1000" class="label">[1000]</a> -Suet., <i>Aug.</i>, 93.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1001" href="#FNanchor_1001" class="label">[1001]</a> -Dion Casio, LIV, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1002" href="#FNanchor_1002" class="label">[1002]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVI, <span class="asc">VI</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1003" href="#FNanchor_1003" class="label">[1003]</a> -<i>Ibid.</i>, XVI, <span class="asc">VI</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1004" href="#FNanchor_1004" class="label">[1004]</a> -Dion. Casio, LII, 36.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1005" href="#FNanchor_1005" class="label">[1005]</a> -Jos., <i>B. J.</i>, V, <span class="asc">XIII</span>, 6. Comp. -Suetonio, <i>Aug.</i>, 93.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1006" href="#FNanchor_1006" class="label">[1006]</a> -Suetonio, <i>Tib.</i>, 36; Tác., <i>Ann.</i>, II, 85; Jos., -<i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">III</span>, 4, 5; Philon, <i>In -Flaccum</i>, § 1; <i>Leg. ad Caium</i>, § 24; Séneca, <i>Epist.</i>, -<span class="asc">CVIII</span>, 22. El aserto de Tertuliano -(<i>Apolog.</i>, 5), reproducido por otros escritores eclesiásticos, -acerca de cuál seria la intencion de Tiberio al colocar á Jesucristo en -el rango de los dioses, no merece ser discutida.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1007" href="#FNanchor_1007" class="label">[1007]</a> -Dion Casio, LX, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1008" href="#FNanchor_1008" class="label">[1008]</a> -Tácito, <i>Ann.</i>, XI, 15.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1009" href="#FNanchor_1009" class="label">[1009]</a> -Dion Casio, LX, 6; Suetonio, <i>Claudio</i>, 25; <i>Act.</i>, <span -class="asc">XVIII</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1010" href="#FNanchor_1010" class="label">[1010]</a> -Dion Casio, LX, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1011" href="#FNanchor_1011" class="label">[1011]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">V</span>, 2; XX, -<span class="asc">VI</span>, 3; <i>B. J.</i>, II, <span -class="asc">XII</span>, 7.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1012" href="#FNanchor_1012" class="label">[1012]</a> -Suet., <i>Neron</i>, 56.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1013" href="#FNanchor_1013" class="label">[1013]</a> -Tácito, <i>Ann.</i>, XV, 44; Suetonio, <i>Neron</i>, 16. Esto se -desarrollará más tarde.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1014" href="#FNanchor_1014" class="label">[1014]</a> -Tácito, <i>Ann.</i>, XIII, 32.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1015" href="#FNanchor_1015" class="label">[1015]</a> -Comp. Dion Casio (Xiphilin), <i>Domit.</i>, sub fin.; Suetonio, -<i>Domit.</i>, 15. Esta distincion se hace formalmente en el Digesto, -l. XLVII, tít. <span class="asc">XXII</span>, <i>de Coll. et Corp.</i>, -1 y 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1016" href="#FNanchor_1016" class="label">[1016]</a> -Cic., <i>Pro Flacco</i>, 28.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1017" href="#FNanchor_1017" class="label">[1017]</a> -Esta distincion se indica en las <i>Actas</i>, <span -class="asc">XVI</span>, 20-21. Cf. <span class="asc">XVIII</span>, -13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1018" href="#FNanchor_1018" class="label">[1018]</a> -Cic., <i>Pro Flacco</i>, 28; Juvenal, <span class="asc">XIV</span>, 100 -y sig.; Tácito, <i>Hist.</i>, V, 4, 5; Plinio, <i>Epist.</i>, X, 97; -Dion Casio, LII, 30.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1019" href="#FNanchor_1019" class="label">[1019]</a> -Jos., <i>B. J.</i>, VII, <span class="asc">V</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1020" href="#FNanchor_1020" class="label">[1020]</a> -Elio Arístides, <i>Pro Serapide</i>, 53; Juliano, Orat. IV, p. 136 -de la edicion de Spanheim, y las planchas grabadas recogidas por -Leblant en el <i>Bulletin de la Soc. des Antiq. de Fr.</i>, 1859, p. -191-195.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1021" href="#FNanchor_1021" class="label">[1021]</a> -Tác., <i>Ann.</i>, II, 85; Suet., <i>Tib.</i>, 36; Jos., <i>Ant.</i>, -XVIII, <span class="asc">III</span> 4-5; carta de Adriano, en Vopiscus, -<i>Vita Saturnini</i>, 8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1022" href="#FNanchor_1022" class="label">[1022]</a> -Dion Casio, XXXVII, 17.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1023" href="#FNanchor_1023" class="label">[1023]</a> -Véanse las inscripciones publicadas ó corregidas en la <i>Revue -archéol.</i>, nov. 1864, 397 y sig.; dic. 1864, p. 460 y sig.; junio -1865, p. 451-452 y p. 497 y sig.; sept. 1865, p. 214 y sig.; abril -1866; Ross, <i>Inscr. græc. ined.</i>, fasc. II, n.º 282, 291, 292; -Hamilton, <i>Researches in Asia Minor</i>, vol. II, n.º 301; <i>Corpus -insc. græc.</i>, núms. 120, 126, 2525 <i>b</i>, 2562; Rhangabé, -<i>Antiq. hellen.</i>, n.º 811; Henzen n.º 6082; Virgilio, <i>Egl.</i>, -<span class="asc">V</span>, 30. Comp. Harpocracion, <i>Lex.</i>, -en la palabra <span xml:lang="grc" lang="grc">ἐρανιστής</span>; -Festus, en la palabra <i>Thiasitas</i>; Digesto, XLVII, <span -class="asc">XXII</span>, <i>de Coll. et Corp.</i>, 4; Plinio, -<i>Epist.</i>, X, 93, 94.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1024" href="#FNanchor_1024" class="label">[1024]</a> -Aristóteles, <i>Étic. á Nicom.</i>, VIII, <span class="asc">IX</span>, -5; Plut., <i>Cuest. griegas</i>, 44.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1025" href="#FNanchor_1025" class="label">[1025]</a> -Wescher, en los <i>Archives des missions scientif.</i>, 2.ª série, -t. I, p. 432, y <i>Rev. arch.</i> Setiembre 1865, p. 221-222. -Cf. Aristóteles, <i>Œeconom.</i>, II, 3; Estrabon, IX, <span -class="asc">I</span>, 15; <i>Corpus inscr. gr.</i> n.º 2271, líneas -13-14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1026" href="#FNanchor_1026" class="label">[1026]</a> -<span xml:lang="grc" lang="grc">Κληρωτοί</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1027" href="#FNanchor_1027" class="label">[1027]</a> -<span xml:lang="grc" lang="grc">Κλῆρος</span>. La Etimología -eclesiástica de <span xml:lang="grc" lang="grc">κλῆρος</span> es -distinta y alude á la situacion de la tribu de Leví en Israel, pero -no es imposible que la palabra se haya tomado primitivamente de las -cofradías griegas (cf. <i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 25-26; -I Petri, <span class="asc">V</span>, 3; Clem. de Alej., en Eusebio, -<i>H. E.</i>, III, 23.) Wescher ha encontrado entre los dignatarios de -estas cofradías un <span xml:lang="grc" lang="grc">ἐπίσκοπος</span> -(<i>Rev. arch.</i>, Abril 1866). Véase, más arriba, <a -href="#Page_129">p. 129</a>. La asamblea se titulaba algunas veces -<span xml:lang="grc" lang="grc">συναγωγή</span> (<i>Rev. arch.</i>, -Setiembre 1865, p. 216; Pollux, IX, <span class="asc">VIII</span>, -143.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1028" href="#FNanchor_1028" class="label">[1028]</a> -<i>Corp. inscr. gr.</i>, n.º 126. Comp. <i>Rev. arch.</i>, Setiembre -1865, p. 216.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1029" href="#FNanchor_1029" class="label">[1029]</a> -Wescher, en la <i>Revue archéol.</i>, Diciembre 1864, p. 460 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1030" href="#FNanchor_1030" class="label">[1030]</a> -Véase más arriba, p. 348, <a href="#Footnote_979">nota 979</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1031" href="#FNanchor_1031" class="label">[1031]</a> -Á las cofradías griegas les sucedia tambien algo de esto. Inscrip. en -la <i>Rev. arch.</i>, Diciembre 1864, p. 462 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1032" href="#FNanchor_1032" class="label">[1032]</a> -Digesto, XLVII, <span class="asc">XXII</span>, <i>de Coll. et -Corp.</i>, 4.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1033" href="#FNanchor_1033" class="label">[1033]</a> -Tito Livio, XXIX, 10 y sig.; Orelli y Henzen, <i>Inscr. lat.</i>, c. -<span class="asc">V</span>. § 21.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1034" href="#FNanchor_1034" class="label">[1034]</a> -Dion Casio, LII, 36; LX, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1035" href="#FNanchor_1035" class="label">[1035]</a> -Tito Livio, XXXIX, 8-18. Comp. el decreto epigráfico en el <i>Corpus -inscr. latinarum</i>, I, p. 43-44. Cf. Cic., <i>De legibus</i>, II, -8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1036" href="#FNanchor_1036" class="label">[1036]</a> -Cic., <i>Pro Sext.</i>, 25; <i>In Pis.</i>, 4; Asconio, <i>In -Cornelianam</i>, 75, (edic. Orelli); <i>In Pisonianam</i>, p. 7-8; Dion -Casio, XXXVIII, 13, 14; Digesto, III, <span class="asc">IV</span>, -<i>Quod cujusc.</i>, 1; XLVII, <span class="asc">XXII</span>, <i>de -Coll. et Corp.</i>, entero.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1037" href="#FNanchor_1037" class="label">[1037]</a> -Suetonio, <i>Domit.</i>, 1; Dion Casio, XLVII, 15; LX, 6; LXVI, 24., -pasajes de Tertuliano y de Arnobio precitados.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1038" href="#FNanchor_1038" class="label">[1038]</a> -Suetonio, <i>César</i>, 42; <i>Aug.</i>, 32; Jos., <i>Ant.</i>, XIV, -<span class="asc">X</span>, 8; Dion Casio, LII, 36.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1039" href="#FNanchor_1039" class="label">[1039]</a> -«<span xml:lang="la" lang="la">Kaput ex S. C. P. R. Quibus coire, -convenire, collegiumque habere liceat. Qui stipem menstruam conferre -volent in funera, ii in collegium coeant, neque sub specie ejus -collegi nisi semel in mense coeant conferendi causa unde defuncti -sepeliantur.</span>» Inscripcion de Lanuvium, 1.ª col., líneas -10-13, en Mommsen, <i>De collegiis et sodaliciis Romanorum</i> -(Kiliæ, 1843), p. 81-82 y <i>ad calcem</i>. Cf. Digesto, XLVII, <span -class="asc">XXII</span>, <i>de Coll. et Corp.</i>, 1; Tertuliano, -<i>Apolog.</i>, 39.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1040" href="#FNanchor_1040" class="label">[1040]</a> -Inscrip. de Lanuvium, 2.ª col., líneas 3, 7; Digesto, XLVII, <span -class="asc">XXII</span>, <i>de Coll. et Corp.</i>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1041" href="#FNanchor_1041" class="label">[1041]</a> -Digesto XLVII, <span class="asc">XI</span>, <i>de Extr. crim.</i>, -2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1042" href="#FNanchor_1042" class="label">[1042]</a> -<i>Ibid.</i>, XLVII, <span class="asc">XXII</span>, <i>de Coll. et -Corp.</i>, 1 y 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1043" href="#FNanchor_1043" class="label">[1043]</a> -Heuzey, <i>Mission de Macédoine</i>, p. 71 y sig.; Orelli, -<i>Inscr.</i>, n.º 4093.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1044" href="#FNanchor_1044" class="label">[1044]</a> -Orelli, 2409; Melchiorri y P. Visconti, <i>Silloge d’iscrizioni -antiche</i>, p. 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1045" href="#FNanchor_1045" class="label">[1045]</a> -Véanse las piezas relativas á los colegios de Esculapio é Higia, de -Júpiter Cernenus y de Diana y Antínoo, en Mommsen, <i>op. cit.</i>, -p. 93 y sig. Comp. Orelli, <i>Inscr. lat.</i>, n.º 1710 y sig., 2394, -2395, 2413, 4075, 4079, 4107, 4207, 4938, 5044; Mommsen, <i>op. -cit.</i>, p. 96, 113, 114; de Rossi, <i>Bullettino di archeol. -cristiana</i>, 2.º año, n.º 8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1046" href="#FNanchor_1046" class="label">[1046]</a> -Inscripcion de Lanuvium, 1.ª col., línea 6-7; Orelli, 2270; de Rossi, -<i>Bullett. di archeol. crist.</i>, 2.º año, n.º 8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1047" href="#FNanchor_1047" class="label">[1047]</a> -Inscripcion de Lanuvium, 2.ª col., líneas 11-13; Orelli, 4420.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1048" href="#FNanchor_1048" class="label">[1048]</a> -Inscripcion de Lanuvium, 1.ª col., líneas 3-9, 21; 2.ª col., líneas -7-17; Mommsen, <i>Inscr. regni Neap.</i>, 2559; Marini, <i>Atti</i>, -p. 398; Muratori, 491, 7; Mommsen, <i>De coll. et sod.</i>, p. 109 y -sig., 113. Comp. I Cor., <span class="asc">XI</span>, 20 y sig. El -presidente de las iglesias cristianas es llamado por los paganos <span -xml:lang="grc" lang="grc">θιασάρχης</span>. Luciano, <i>Peregrinus</i>, -11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1049" href="#FNanchor_1049" class="label">[1049]</a> -Inscrip. de Lanuvium, 2.ª col., línea 7.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1050" href="#FNanchor_1050" class="label">[1050]</a> -Inscripcion de Lanuvium, 2.ª col., líneas 24-25.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1051" href="#FNanchor_1051" class="label">[1051]</a> -<i>Ibid.</i>, 2.ª col., líneas 26-29. Cf. <i>Corpus inscr. gr.</i>, n.º -126.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1052" href="#FNanchor_1052" class="label">[1052]</a> -Orelli, <i>Inscr. lat.</i>, n.º 2399, 2400, 2405, 4093, 4103; Mommsen, -<i>De coll. et sod. Rom.</i>, p. 97; Heuzey, <i>l. c.</i> Compárense -aún hoy los pequeños cementerios de las cofradías en Roma.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1053" href="#FNanchor_1053" class="label">[1053]</a> -Hor., <i>Sat.</i>, I, <span class="asc">VIII</span>, 8 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1054" href="#FNanchor_1054" class="label">[1054]</a> -<i>Funeraticium.</i></p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1055" href="#FNanchor_1055" class="label">[1055]</a> -Inscrip. de Lanuvium, 1.ª col., líneas 24, 25, 32.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1056" href="#FNanchor_1056" class="label">[1056]</a> -Inscrip. de Lanuvium, 2.ª col., líneas 3-5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1057" href="#FNanchor_1057" class="label">[1057]</a> -Ciceron, <i>De offic.</i>, I, 17; Schol. Bobb. ad Cic., <i>Pro -Archia</i>, <span class="asc">X</span>, 1. Comp. Plutarco, <i>De -frat. amore</i>, 7; Digesto, XLVII, <span class="asc">XXII</span>, -<i>de Coll. et Corp.</i>, 4. En una inscripcion de Roma el fundador -de una sepultura estipula que todos cuantos se depositen allí han de -ser de su religion, <i>ad religionem pertinentes meam</i> (de Rossi, -<i>Bullettino di archeol. crist.</i>, tercer año, n.º 7, p. 54).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1058" href="#FNanchor_1058" class="label">[1058]</a> -Tertuliano, <i>Ad Scapulam</i>, 3; de Rossi, <i>op. cit.</i>, tercer -año, n.º 12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1059" href="#FNanchor_1059" class="label">[1059]</a> -S. Justino, <i>Apol. I</i>, 67; Tertuliano, <i>Apolog.</i>, 39.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1060" href="#FNanchor_1060" class="label">[1060]</a> -Ulpiano, <i>Fragm.</i>, <span class="asc">XXII</span>, 6; Digesto, -III, <span class="asc">IV</span>, <i>Quod cujusc.</i>, 1; XLVI, -<span class="asc">I</span>, <i>de Fid. et Mand.</i>, 22; XLVII, -<span class="asc">II</span>, <i>de Furtis</i>, 31; XLVII, <span -class="asc">XXII</span>, <i>de Coll. et Corp.</i>, 1 y 3; Gruter, 322, -3 y 4; 424, 12; Orelli, 4080; Marini, <i>Atti</i>, p. 95; Muratori, -516, 1; <i>Mém. de la Soc. des Antiq. de Fr.</i>, XX, p. 78.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1061" href="#FNanchor_1061" class="label">[1061]</a> -Dig., XLVII, <span class="asc">XXII</span>, <i>de Coll. et Corp.</i>, -entero; Inscr. de Lanuvium, 1.ª col., líneas 10-13; Marini, -<i>Atti</i>, p. 552; Muratori, 520, 3; Orelli, 4075, 4115, 1567, -2797, 3140, 3913; Henzen, 6633, 6745; y otras más en Mommsen, <i>op. -cit.</i>, p. 80 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1062" href="#FNanchor_1062" class="label">[1062]</a> -Digesto, XLVII, <span class="asc">XI</span>, <i>de Extr. crim.</i>, -2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1063" href="#FNanchor_1063" class="label">[1063]</a> -<i>Ibid.</i>, XLVII, <span class="asc">XXII</span>, <i>de Coll. et -Corp.</i>, 2; XLVIII, <span class="asc">IV</span>, <i>ad Leg. Jul. -majest.</i>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1064" href="#FNanchor_1064" class="label">[1064]</a> -Dion Casio, LX, 6. Comp. Suetonio, <i>Neron</i>, 16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1065" href="#FNanchor_1065" class="label">[1065]</a> -Véase la correspondencia administrativa de Plinio y de Trajano. Plinio, -<i>Epist.</i>, X, 43, 93, 94, 97 y 98.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1066" href="#FNanchor_1066" class="label">[1066]</a> -«<span xml:lang="la" lang="la">Permittitur tenuioribus stipem -menstruam conferre, dum tamen semel in mense coeant, ne sub prætextu -hujusmodi illicitum collegium coeant</span> (Dig., XLVII, <span -class="asc">XXII</span>, <i>de Coll. et Corp.</i>, 1).» «<span -xml:lang="la" lang="la">Servos quoque licet in collegio tenuiorum -recipi volentibus dominis</span> (<i>ibid.</i>, 3).» Cf. Plinio, -<i>Epist.</i>, X, 94; Tertuliano, <i>Apol.</i>, 39.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1067" href="#FNanchor_1067" class="label">[1067]</a> -Digesto, I, <span class="asc">XII</span>, <i>de Off. præf. -urbi</i>, 1, § 14 (cf. Mommsen, <i>op. cit.</i>, p. 127); III, -<span class="asc">IV</span>, <i>Quod cujusc.</i>, 1; XLVII, <span -class="asc">XX</span>, <i>de Coll. et Corp.</i>, 3. Es preciso -notar que el excelente Marco Aurelio extendió cuanto pudo el -derecho de asociacion. Dig. XXXIV, <span class="asc">V</span>, -<i>de Rebus dubiis</i>, 20; XL, <span class="asc">III</span>, <i>de -Manumissionibus</i>, 1; y XLVII, <span class="asc">XXII</span>, <i>de -Coll. et Corp.</i>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1068" href="#FNanchor_1068" class="label">[1068]</a> -Véase de Rossi, <i>Bullettino di archeol. cristiana</i>, tercer año, -núms. 3, 5, 6, 12. El caso de Pomponia Græcina (Tác., <i>Ann.</i>, -XIII, 32.) bajo Neron, es ya muy característico, pero no hay seguridad -que ella fuese cristiana.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1069" href="#FNanchor_1069" class="label">[1069]</a> -Véase de Rossi, <i>Roma sotterranea</i>, I, p. 309; y pl. <span -class="asc">XXI</span>, núm. 12; y las aproximaciones epigráficas -hechas por Léon Renier, <i>Comptes rendus de l’Acad. des Inscr. et -B.-L.</i>, 1865, p. 289 y sig., y por el general Creuly, <i>Rev. -arch.</i>, Enero 1866, p. 63-64. Comp. de Rossi, <i>Bull.</i>, tercer -año, núm. 10, p. 77-79.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1070" href="#FNanchor_1070" class="label">[1070]</a> -I Cor., <span class="asc">I</span>, 26 y sig.; Jac., <span -class="asc">II</span>, 5 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1071" href="#FNanchor_1071" class="label">[1071]</a> -<span xml:lang="grc" lang="grc">Αἶρε τοὺς ἀθέους</span>. Véase la -relacion del martirio de S. Policarpo, § 3, 9, 12, en Ruinart, <i>Acta -sincera</i>, p. 31 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1072" href="#FNanchor_1072" class="label">[1072]</a> -<i>Ebionim</i>. Véase <i>Vida de Jesús</i>, p. 179 y sig., y Jac. -<span class="asc">II</span>, 5 y sig., Comp. los <span xml:lang="grc" -lang="grc">πτωχοὶ τῷ πνεύματι</span>. Mat., <span class="asc">V</span>, -3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1073" href="#FNanchor_1073" class="label">[1073]</a> -Véase más arriba, <a href="#Page_351">p. 351</a>, <a -href="#Page_355">355</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1074" href="#FNanchor_1074" class="label">[1074]</a> -Tácito, <i>Ann.</i>, XV, 44; Plinio, <i>Epist.</i>, X, 97; Suetonio, -<i>Neron</i>, 16; <i>Domit.</i>, 15; el <i>Philopatris</i>, entero; -Rutilius Numatianus, I, 389 y sig.; 440 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1075" href="#FNanchor_1075" class="label">[1075]</a> -Juan, <span class="asc">XV</span>, 17 y sig.; <span -class="asc">XVI</span>, 8 y sig., 33; <span class="asc">XVII</span>, 15 -y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1076" href="#FNanchor_1076" class="label">[1076]</a> -Jac., <span class="asc">I</span>, 27.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1077" href="#FNanchor_1077" class="label">[1077]</a> -Hablo aquí de las tendencias esenciales y primitivas del cristianismo, -y no del cristianismo completamente transformado, sobre todo por los -jesuitas de nuestros dias.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1078" href="#FNanchor_1078" class="label">[1078]</a> -Véase la historia de los orígenes del babismo, referida por Gobineau, -<i>Les relig. et les Philos. dans l’Asie centrale</i> (París 1865), p. -141 y sig.; y por Mirza Kazem-beg, en el <i>Journal Asiatique</i>. Yo -mismo he tomado de dos personas que conocian muy bien la historia del -babismo, datos que confirman el relato de estos dos sabios.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1079" href="#FNanchor_1079" class="label">[1079]</a> -Gobineau, obra cit. p. 301 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1080" href="#FNanchor_1080" class="label">[1080]</a> -Tengo en mi poder otro detalle muy autorizado que dice lo siguiente: -algunos sectarios á quienes se queria obligar á que se retractasen -fueron atados á la boca de un cañon con una mecha muy larga que ardia -lentamente. Entonces se les dijo que se cortaria esta si querian -renegar de Bab, pero ellos, tendiendo los brazos hácia el fuego, -suplicábanles se apresurasen á consumar su felicidad.</p> - -</div> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter" id="ToC"> - <p><span class="pagenum" id="Page_376">p. 376</span></p> - <h2 class="nobreak" id="INDICE">ÍNDICE</h2> - <p class="subh2"><small>DE LOS CAPÍTULOS CONTENIDOS EN ESTE - TOMO.</small></p> -</div> - -<table summary="Índice de contenidos"> - <tr> - <td colspan="2"> </td> - <td class="tdrb asc bb">Pág.</td> - </tr> - <tr> - <td colspan="2" class="tdlh"><a href="#Ch_0"><span - class="smcap">Introduccion.</span></a> — Crítica de los documentos - originales.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Ch_0"><span class="asc">V</span></a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc asc bb">Cap.</td> - <td colspan="2"> </td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlu"><a href="#Ch_1">I</a></td> - <td class="tdlh">Formacion de las creencias relativas á la - resurreccion de Jesús. — Las apariciones de Jerusalem.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Ch_1">59</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlu"><a href="#Ch_2">II</a></td> - <td class="tdlh">Salida de los discípulos de Jerusalem. — Segunda - vida galilea de Jesús.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Ch_2">80</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlu"><a href="#Ch_3">III</a></td> - <td class="tdlh">Vuelta de los apóstoles á Jerusalem. — Fin del - período de las apariciones.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Ch_3">95</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlu"><a href="#Ch_4">IV</a></td> - <td class="tdlh">Bajada del Espíritu Santo. — Fenómenos extáticos y proféticos.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Ch_4">105</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlu"><a href="#Ch_5">V</a></td> - <td class="tdlh">Primera Iglesia de Jerusalem, enteramente cenobítica.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Ch_5">120</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlu"><a href="#Ch_6">VI</a></td> - <td class="tdlh">Conversion de judíos helenistas y prosélitos.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Ch_6">143</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlu"><a href="#Ch_7">VII</a></td> - <td class="tdlh">La Iglesia considerada como una asociacion de - pobres. — Institucion del diaconato. — Las diaconesas y las - viudas.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Ch_7">154</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlu"><a href="#Ch_8">VIII</a></td> - <td class="tdlh">Primera persecucion. — Muerte de Estéban. — - Destruccion de la primera Iglesia de Jerusalem.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Ch_8">172</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlu"><a href="#Ch_9">IX</a></td> - <td class="tdlh">Primeras misiones. — El diácono Felipe.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Ch_9">184</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlu"><a href="#Ch_10">X</a></td> - <td class="tdlh">Conversion de San Pablo.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Ch_10">195</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlu"><a href="#Ch_11">XI</a></td> - <td class="tdlh">Paz y desarrollos interiores de la Iglesia de Judea.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Ch_11">217</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlu"><a href="#Ch_12">XII</a></td> - <td class="tdlh">Fundacion de la Iglesia de Antioquía.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Ch_12">236</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlu"><a href="#Ch_13">XIII</a></td> - <td class="tdlh">Idea de un apostolado de los gentiles. — San Bernabé.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Ch_13">248</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlu"><a href="#Ch_14">XIV</a></td> - <td class="tdlh">Persecucion de Herodes Agrippa I.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Ch_14">259</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlu"><a href="#Ch_15">XV</a></td> - <td class="tdlh">Movimientos paralelos al cristianismo ó imitadores - del cristianismo. — Simon de Gitton.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Ch_15">274</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlu"><a href="#Ch_16">XVI</a></td> - <td class="tdlh">Marcha general de las misiones cristianas.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Ch_16">287</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlu"><a href="#Ch_17">XVII</a></td> - <td class="tdlh">Estado del mundo hácia mediados del primer siglo.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Ch_17">308</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlu"><a href="#Ch_18">XVIII</a></td> - <td class="tdlh">Legislacion religiosa de aquel tiempo.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Ch_18">342</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlu"><a href="#Ch_19">XIX</a></td> - <td class="tdlh">Porvenir de las misiones.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Ch_19">358</a></td> - </tr> -</table> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<hr class="full" /> - -<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS APÓSTOLES ***</div> -<div style='text-align:left'> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Updated editions will replace the previous one—the old editions will -be renamed. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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If any disclaimer or limitation set forth in this agreement -violates the law of the state applicable to this agreement, the -agreement shall be interpreted to make the maximum disclaimer or -limitation permitted by the applicable state law. The invalidity or -unenforceability of any provision of this agreement shall not void the -remaining provisions. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the -trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone -providing copies of Project Gutenberg™ electronic works in -accordance with this agreement, and any volunteers associated with the -production, promotion and distribution of Project Gutenberg™ -electronic works, harmless from all liability, costs and expenses, -including legal fees, that arise directly or indirectly from any of -the following which you do or cause to occur: (a) distribution of this -or any Project Gutenberg™ work, (b) alteration, modification, or -additions or deletions to any Project Gutenberg™ work, and (c) any -Defect you cause. -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg™ -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Project Gutenberg™ is synonymous with the free distribution of -electronic works in formats readable by the widest variety of -computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It -exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations -from people in all walks of life. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg™’s -goals and ensuring that the Project Gutenberg™ collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg™ and future -generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see -Sections 3 and 4 and the Foundation information page at www.gutenberg.org. -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non-profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation’s EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by -U.S. federal laws and your state’s laws. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Foundation’s business office is located at 809 North 1500 West, -Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up -to date contact information can be found at the Foundation’s website -and official page at www.gutenberg.org/contact -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Project Gutenberg™ depends upon and cannot survive without widespread -public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine-readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. We do not solicit donations in locations -where we have not received written confirmation of compliance. To SEND -DONATIONS or determine the status of compliance for any particular state -visit <a href="https://www.gutenberg.org/donate/">www.gutenberg.org/donate</a>. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -While we cannot and do not solicit contributions from states where we -have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition -against accepting unsolicited donations from donors in such states who -approach us with offers to donate. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -International donations are gratefully accepted, but we cannot make -any statements concerning tax treatment of donations received from -outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Please check the Project Gutenberg web pages for current donation -methods and addresses. Donations are accepted in a number of other -ways including checks, online payments and credit card donations. To -donate, please visit: www.gutenberg.org/donate -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 5. General Information About Project Gutenberg™ electronic works -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Professor Michael S. Hart was the originator of the Project -Gutenberg™ concept of a library of electronic works that could be -freely shared with anyone. For forty years, he produced and -distributed Project Gutenberg™ eBooks with only a loose network of -volunteer support. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Project Gutenberg™ eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in -the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not -necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper -edition. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Most people start at our website which has the main PG search -facility: <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -This website includes information about Project Gutenberg™, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. -</div> - -</div> - -</body> -</html> diff --git a/old/65410-h/images/cover.jpg b/old/65410-h/images/cover.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 5acf411..0000000 --- a/old/65410-h/images/cover.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/65410-h/images/logo.jpg b/old/65410-h/images/logo.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index a110001..0000000 --- a/old/65410-h/images/logo.jpg +++ /dev/null |
