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-The Project Gutenberg eBook of Los Apóstoles, by Ernesto Renán
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you
-will have to check the laws of the country where you are located before
-using this eBook.
-
-Title: Los Apóstoles
-
-Author: Ernesto Renán
-
-Translator: Enrique L. de Verneuill
-
-Release Date: May 22, 2021 [eBook #65410]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading
- Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from
- images generously made available by The Internet
- Archive/American Libraries.)
-
-*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS APÓSTOLES ***
-
-NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
-
- * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se
- han convertido a MAYÚSCULAS.
-
- * Los errores de imprenta, muy abundantes en este libro, han sido
- corregidos, así como los errores de traducción detectados.
-
- * La ortografía del original ha sido respetada, normalizándose las
- variantes a la grafía más frecuente.
-
- * Para facilitar la lectura, se han añadido tildes a las mayúsculas
- que las necesitan, se han actualizado los nombres propios antiguos
- que cuentan con grafía más moderna consolidada, y se ha actualizado
- también la ortografía de las expresiones que ahora utilizan la
- secuencia «ex-» en su raíz (así, «espresion» o «esclamacion» se han
- escrito como «expresion» y «exclamacion»).
-
- * Se ha restaurado el contenido de las notas, con sus citas y
- referencias insertas, de modo que concuerden con el original
- francés. También se han añadido las notas, completas o parciales,
- y las citas en griego que el traductor eliminó de su traducción.
-
- * Las notas han sido renumeradas y ubicadas al final del libro.
-
- * Los años de la datación, que en el original aparecen en el
- encabezado de cada página, se han limitado a una sola aparición
- marginal al principio de capítulo o de periodo.
-
- * Las páginas en blanco han sido eliminadas.
-
-
-
-
- LOS
- APÓSTOLES.
-
-
-
-
- LOS
- APÓSTOLES,
-
- OBRA ESCRITA EN FRANCÉS
-
- POR
-
- ERNESTO RENÁN,
- MIEMBRO DEL INSTITUTO.
-
- TRADUCCION DE
- D. ENRIQUE L. DE VERNEUILL.
-
- [Ilustracion]
-
- BARCELONA.
- ——
- CENTRO DE SUSCRICIONES, LA ILUSTRACION,
- CALLE DE MENDIZÁBAL, NÚM. 4.
- 1868.
-
-
-
-
-INTRODUCCION.
-
-Crítica de los documentos originales.
-
-
-El primer libro de nuestra _Historia de los orígenes del cristianismo_,
-refiere los acontecimientos hasta la muerte y enterramiento de Jesús,
-y es preciso ahora reanudar el hilo de la narracion desde el punto
-en que la dejamos, es decir, desde el sábado 4 de Abril del año 33,
-lo cual será continuar en parte la vida de Jesús. Pasados los meses
-de alegre embriaguez durante los cuales asentó el gran fundador las
-bases de un nuevo órden de cosas para la humanidad, fueron los años
-siguientes los más decisivos en la historia del mundo; y de nuevo
-encontramos á Jesús, quien por el fuego sagrado, cuya chispa depositó
-en el corazon de algunos amigos, crea instituciones de la más elevada
-originalidad, y conmueve y transforma las almas, imprimiendo en
-todas las cosas un sello divino. Ahora nos toca demostrar como bajo
-aquella influencia siempre creciente y victoriosa de la muerte, se
-propagó por la resurreccion, la fé, la influencia del Espíritu Santo,
-el don de las lenguas y el poder de la Iglesia; daremos á conocer
-la organizacion de la Iglesia de Jerusalem, sus primeras pruebas,
-sus primeras conquistas, las más antiguas misiones que salieron de
-su seno, y seguiremos en fin al cristianismo en su rápido progreso
-desde Siria hasta Antioquía, donde se forma una segunda capital, más
-importante en cierto modo que Jerusalem, á la cual debia reemplazar más
-tarde. En aquel nuevo centro donde los paganos convertidos forman la
-mayoría, veremos al cristianismo separarse definitivamente del judaismo
-y recibir un nombre; veremos nacer la idea de las grandes misiones
-lejanas, cuyo objeto era dar á conocer el nombre de Jesús en el mundo
-de los gentiles; nos detendremos en el momento solemne en que Pablo,
-Bernabé y Juan Márcos parten para llevar á cabo su elevado designio,
-é interrumpiendo entonces nuestra narracion á fin de echar una ojeada
-sobre el mundo que tratan de conquistar los atrevidos misioneros,
-trataremos de darnos cuenta del estado intelectual, político, moral,
-religioso y social del imperio romano, hácia el año 45, fecha probable
-de la partida de San Pablo á su primera mision.
-
-Tal es el objeto de este segundo libro, que titularemos _Los
-Apóstoles_, porque expone el período de la accion comun durante el cual
-la pequeña familia creada por Jesús marcha de concierto y se agrupa
-moralmente al rededor de un punto único, de Jerusalem. En nuestro
-próximo libro, que será el tercero, saldremos de este cenáculo para
-ver presentarse casi solo en escena al hombre que representa mejor que
-otro ninguno al cristianismo conquistador y viajero, es decir á San
-Pablo.
-
-Aun cuando éste se haya dado desde cierta época el título de Apóstol,
-no lo era con el mismo título que los Doce,[1] y solo debe considerarse
-como un obrero de segundo órden, y hasta puede decirse como un intruso.
-
-Segun se desprende de los documentos históricos que han llegado hasta
-nosotros, y como sabemos muchas más cosas de San Pablo que de los Doce,
-y tenemos sus escritos auténticos, y memorias originales de notable
-precision sobre algunas épocas de su vida, se ha incurrido en el
-error de darle una importancia de primer órden, casi superior á la de
-Jesús. Pablo es ciertamente un gran hombre y desempeñó en la fundacion
-del cristianismo un papel de los más importantes, pero no se le debe
-comparar ni á Jesús ni aun á los discípulos de éste. Pablo no vió á
-Jesús ni probó la ambrosía de la predicacion de Galilea, y siendo así,
-el hombre más insignificante que tuvo su parte en el maná celestial,
-era por esto mismo superior al que apenas lo habia probado. Nada más
-falso que la opinion que está en boga en nuestros dias, segun la que se
-supone que Pablo fué el primer fundador del cristianismo. Esto no es
-exacto: el verdadero fundador del cristianismo es Jesús, y despues de
-éste deben figurar en primer término sus fieles y apasionados amigos,
-esos grandes hombres que fueron los oscuros compañeros de Jesús y
-que creyeron en él aun despues de su muerte. En el primer siglo pudo
-considerarse á Pablo como una especie de fenómeno aislado, pues en vez
-de una escuela organizada, solo dejó ardientes adversarios que despues
-de su muerte quisieron desterrarle en cierto modo de la Iglesia,
-comparándoles con Simon el Mágico.[2] Se le negó que hubiese llevado á
-cabo la conversion de los gentiles,[3] que es lo que consideramos como
-su propia obra; la Iglesia de Corinto, que él solo habia fundado,[4]
-dijo que debia tambien su orígen á San Pedro;[5] en el siglo II,
-Papias y San Justino no pronuncian su nombre, y solo más tarde, cuando
-la tradicion oral ya no fué nada y tuvo que ceder su puesto á la
-Escritura, llegó Pablo á ocupar un lugar preferente en la teología
-cristiana. Pablo en efecto fué teólogo, lo cual no puede decirse de
-Pedro y María de Magdala; Pablo ha dejado obras considerables, y los
-escritos de los demás Apóstoles no pueden competir con los suyos ni en
-importancia ni en autenticidad.
-
-Á primera vista, los documentos referentes al período que comprende
-este volúmen, son escasos y de todo punto insuficientes, pues los
-testimonios directos se reducen á los primeros capítulos de las _Actas
-de los Apóstoles_, capítulos cuyo valor histórico da lugar á graves
-objeciones. Pero la luz que proyectan en este oscuro intervalo los
-capítulos de los Evangelios, y sobre todo las epístolas de San Pablo,
-disipan en cierto modo las tinieblas. Un escrito antiguo, no solo
-sirve para dar á conocer la época en que se redactó sino tambien la
-anterior, y sugiere seguramente inducciones retrospectivas acerca de
-la sociedad que lo produjo. Las epístolas de San Pablo compuestas
-en el período comprendido desde el año 53 al 62, poco más ó menos,
-contienen infinitos datos sobre los primeros años del cristianismo
-y como se trata aquí principalmente de las grandes fundaciones sin
-fechas precisas, lo esencial es demostrar en qué condiciones se
-formaron aquellas. Debo pues advertir una vez para siempre que la fecha
-corriente inscrita al principio de cada página solo es aproximada,
-pues en la cronología de los primeros años no se cuenta sino un escaso
-número de datos fijos. Sin embargo, gracias al cuidado que ha tenido
-el autor de las _Actas_ de no alterar la série de los hechos; gracias
-á la epístola de los Galatas, donde se encuentran algunas indicaciones
-numéricas de inestimable precio, y merced en fin á Josefo que nos da
-la fecha de los acontecimientos de la historia profana, enlazados
-con algunos hechos referentes á los Apóstoles, se llega á crear para
-la historia de estos últimos un conjunto muy verosímil donde las
-probabilidades del error flotan entre los límites de la exactitud.
-
-Repetiré nuevamente al empezar este libro lo que ya he dicho al
-principio de mi _Vida de Jesús_: en historias como esta, donde solo
-el conjunto es cierto, y donde los detalles se prestan más ó menos
-á la duda, á causa del carácter legendario de los documentos, la
-hipótesis es indispensable. Tratándose de épocas de que no sabemos
-nada, no hay hipótesis posible. Intentar reproducir tal ó cual grupo
-de la escultura antigua, que ha existido ciertamente pero del cual no
-se conserva resto alguno, ni la menor noticia escrita, es ciertamente
-hacer una obra arbitraria; pero ¿no será acaso legítimo é indispensable
-tratar de reedificar los frontis del Parthenon con los restos que se
-encuentren, consultando además los textos antiguos, los dibujos hechos
-en el siglo XVII, todos los datos en fin con que pueda uno inspirarse
-en el estilo de aquellas inimitables obras, tratando de reproducir su
-alma y su vida? No diremos por esto que se ha encontrado la obra del
-escultor antiguo, pero se ha hecho lo posible por imitarla; y á fé que
-este procedimiento es tanto más legítimo en la historia, cuanto que
-el lenguaje permite las formas dubitativas, que no admite el mármol.
-Nada impide además al lector elegir entre diversas suposiciones. La
-conciencia del escritor, debe quedar tranquila desde el momento en
-que ha presentado como cierto lo que es cierto, como probable lo que
-es probable, como posible lo que es posible, y en los puntos en que
-el pensamiento se desliza entre la historia y la leyenda, lo que debe
-buscarse es el efecto general. Nuestro tercer libro, para la confeccion
-del cual contamos con documentos absolutamente históricos, y en el que
-debemos describir los caractéres con precision, refiriendo los hechos
-con claridad, ofrecerá una narracion más exacta, aun cuando se vea
-que la historia de aquel período no se conoce más á fondo. Los hechos
-consumados hablan más alto que todos los detalles biográficos: sabemos
-muy poco de los artistas inimitables que crearon las obras maestras del
-arte griego, pero esas obras nos dicen más acerca de sus autores y del
-público que las apreció, que lo que pudieran decirnos las narraciones
-más circunstanciadas, los textos más auténticos.
-
-Para el conocimiento de los hechos decisivos que pasaron en los
-primeros dias despues de la muerte de Jesús, los documentos son los
-últimos capítulos de los Evangelios, que dan cuenta de las apariciones
-de Cristo resucitado[6]; y no es necesario repetir aquí lo que he
-dicho en la introduccion de mi _Vida de Jesús_ acerca del valor de
-tales documentos. Para este libro tenemos felizmente un comprobante
-de que careciamos en nuestra primera obra, y al decir esto, me
-refiero á un pasaje capital de San Pablo (I Cor., XV, 5-8), que
-establece: 1.º la realidad de las apariciones; 2.º la larga duracion
-de estas, contrariamente á lo que refieren los evangelios sinópticos,
-y 3.º la variedad de los lugares, donde tuvieron lugar aquellas, en
-contraposicion á lo que dicen Márcos y Lucas. El estudio de este texto
-fundamental, y otras muchas razones, nos confirman en las opiniones que
-habiamos anunciado acerca de la relacion recíproca de los sinópticos
-y del 4.º Evangelio, y en lo que se refiere á la resurreccion y á las
-apariciones, es notoria la superioridad del último, por lo que hace á
-la vida de Jesús. Si se quiere encontrar una narracion seguida, lógica,
-que permita conjeturar con verosimilitud lo que se ocultó tras las
-ilusiones, allí es donde es preciso buscarlo, y aquí vengo á tocar
-la más difícil de las cuestiones que se refieren á los orígenes del
-cristianismo: ¿Cuál es el valor histórico del cuarto Evangelio? El uso
-que de este he hecho en mi _Vida de Jesús_, es precisamente lo que ha
-dado lugar á que me dirijan más objeciones los críticos ilustrados,
-pues todos los sabios que aplican á la historia de la teología el
-método racional, rechazan el cuarto Evangelio como apócrifo en todos
-conceptos. He reflexionado mucho nuevamente en este problema, y apenas
-he podido modificar mi primera opinion, mas como en este punto no soy
-del parecer de la generalidad, creo un deber mio exponer en detalle los
-motivos de mi persistencia, y lo haré en un Apéndice que aparecerá al
-fin de una edicion revisada y corregida de la _Vida de Jesús_, que ha
-de ver la luz pública próximamente.
-
-Las _Actas de los Apóstoles_, constituyen el documento más importante
-para la historia que vamos á referir, y por lo tanto debo dar algunas
-explicaciones acerca del carácter de esa obra y de su valor histórico,
-así como tambien del uso que de ella hice.
-
-No cabe la menor duda que el autor de las _Actas_ es el mismo que
-el del tercer Evangelio, y que aquellos son la continuacion de este
-último. Nadie se detendrá á probar esta proposicion, que por lo demás
-no se ha discutido sériamente[7] pero los prefacios que encabezan
-ambos escritos, la dedicatoria de uno y otro á Teófilo y la perfecta
-semejanza del estilo y de las ideas, ofrecen sobre este punto
-abundantes demostraciones.
-
-Hay una segunda proposicion que aunque no ofrece la misma seguridad,
-puede considerarse sin embargo como muy probable, y es que el autor de
-las _Actas_ es un discípulo de Pablo que le acompañó en muchos de sus
-viajes. Á primera vista, esta proposicion no admite duda. En muchos
-párrafos á partir del versículo 10 del capítulo XVI, el autor de las
-_Actas_, emplea en la narracion el pronombre _nosotros_, indicando así
-que por entonces formaba parte de la compañía apostólica que rodeaba á
-San Pablo. Esto es evidente; y en efecto; solo queda una salida para
-rebatir tan fuerte argumento, y esta es, suponer que los pasajes donde
-se halla el pronombre _nosotros_, han sido copiados por el último
-redactor de las _Actas_ de un escrito anterior, de memorias originales
-de un discípulo de Pablo, por ejemplo, de Timoteo, y que el redactor
-habrá olvidado, por inadvertencia, sustituir al _nosotros_ el nombre
-del narrador. Esta explicacion, sin embargo, no es muy admisible, pues
-si bien se comprenderia semejante descuido en una recopilacion vulgar,
-no así en el tercer Evangelio y en las _Actas_, que forman una obra muy
-bien redactada, escrita con reflexion y hasta con arte por una misma
-mano y segun un plan.[8] Ambos libros reunidos forman un conjunto donde
-se observa exactamente el mismo estilo, las mismas locuciones favoritas
-y hasta el mismo modo de citar la Escritura. Una falta tan chocante
-como la que queriamos suponer seria inexplicable, y por lo tanto todo
-nos induce poderosamente á creer que uno mismo es el que ha escrito el
-fin de la obra y el principio, y que el narrador de todo es el que dice
-_nosotros_ en los pasajes precitados.
-
-Todo esto llama aún más la atencion si se observa en qué circunstancias
-aparece el narrador en compañía de Pablo: el uso del _nosotros_
-comienza en el momento en que este último marcha á Macedonia por la
-primera vez (XVI, 10) y cesa cuando Pablo sale de Filipos; repitiéndose
-la frase cuando aquel hace el segundo viaje á los mismos puntos (XX,
-5, 6). Desde entonces el narrador no se separa de Pablo hasta el fin,
-y si se observa además que los capítulos en que el primero acompaña
-al segundo tienen un carácter particular de precision, no puede
-ponerse ya en duda que el narrador no fuera un macedonio ó más bien
-un filipense[9] que sale al encuentro de Pablo en Troas, durante la
-segunda mision; que permanece en Filipos despues de la partida del
-Apóstol, y que al pasar éste por última vez por dicha ciudad (tercera
-mision), se une á él para no abandonarle nunca. ¿Cómo se explica que
-un hombre que escribió sobre una época lejana se dejase dominar de
-tal modo por los recuerdos de otra? Estos recuerdos perjudicarian al
-conjunto: el narrador que dice _nosotros_ tendria su estilo, sus frases
-especiales[10] y seria más Pauliniano que el redactor principal, y esto
-no es así, puesto que en la obra hay una perfecta homogeneidad.
-
-Se extrañará acaso que una tésis en apariencia tan evidente haya
-encontrado contradictores, pero la crítica de los escritos del Nuevo
-Testamento, ofrece muchos puntos, que claros en un principio, presentan
-numerosas dudas al proceder á su exámen. Por lo que hace al estilo,
-á los pensamientos y á las doctrinas, las _Actas_, no son lo que
-podria esperarse de un discípulo de Pablo, ni se parecen en nada á las
-epístolas de este último, pues no se encuentra ni el menor vestigio de
-las atrevidas doctrinas que constituyen la originalidad del Apóstol
-de los gentiles. El carácter de Pablo parece ser el de un protestante
-brusco y severo; el autor de las _Actas_ se nos presenta como un buen
-católico, dócil, optimista, que no habla de un sacerdote sin usar el
-adjetivo _santo_, ni de un obispo sin llamarle _grande_, y que se halla
-dispuesto á aceptar todas las ficciones, antes que reconocer que esos
-santos sacerdotes y grandes obispos, disputan entre sí, haciéndose
-á veces la más cruda guerra. Sin dejar de admirar á Pablo, el autor
-de las _Actas_ evita en lo posible darle el título de Apóstol[11] y
-quiere que la iniciativa de la conversion de los gentiles sea de Pedro,
-lo cual podria hacer creer que dicho autor es en suma un discípulo de
-Pedro más bien que de Pablo. Bien pronto demostraremos que en dos ó
-tres circunstancias sus principios de conciliacion le han inducido á
-falsear gravemente la biografía de Pablo, cometiendo inexactitudes[12]
-y sobre todo omisiones verdaderamente extrañas en un discípulo de este
-último[13] puesto que no habla de una sola de las epístolas, y reduce
-de una manera sorprendente relatos de la mayor importancia.[14] Aun en
-las partes en que debe aparecer como compañero de Pablo, el autor de
-las _Actas_, usa un lenguaje muy seco y no da pruebas de hallarse muy
-bien informado.[15] Por último, la dejadez y vaguedad que se notan en
-ciertas narraciones, la parte convencional que se descubre, darian que
-pensar á un escritor que no hubiese tenido relacion alguna directa ó
-indirecta con los Apóstoles, y que escribiese hácia el año 100 ó 120.
-
-¿Podrán tener estas objecciones alguna importancia? Á mí me parece que
-no, y persisto en creer que el último redactor de las _Actas_ no es
-otro sino el discípulo de Pablo que dice _nosotros_ en los últimos
-capítulos. Por difíciles de resolver que parezcan todas las dudas,
-debemos suspender nuestro juicio en el caso de no resolverse aquellas
-ante un argumento tan decisivo como el que resulta de la palabra
-_nosotros_; y á esto añadiremos que atribuyendo las _Actas_ á un
-compañero de Pablo, se explican dos particularidades importantes: por
-un lado la desproporcion de las partes de la obra, en la que se habla
-preferentemente de Pablo, y por otro la desproporcion que se nota en la
-biografía misma de éste, de cuya primera mision se habla muy poco en
-tanto que de la segunda y tercera, sobre todo en los últimos viajes, se
-da cuenta con minuciosos detalles. Un hombre completamente extraño á la
-historia apostólica no habria incurrido en estas faltas, y á no dudarlo
-estaria mejor concebido el conjunto de su obra. Uno de los caractéres
-que distingue la historia compuesta con documentos, de la historia
-original, es precisamente la desproporcion; el historiador de gabinete,
-toma por cuadro los sucesos mismos, en tanto que el autor de memorias
-solo se sirve de sus recuerdos ó cuando menos de sus relaciones
-personales. Un historiador eclesiástico, una especie de Eusebio,
-escribiendo hácia el año 120, nos hubiera legado un libro distribuido
-de otro modo á partir del capítulo XIII. La manera extraña con que las
-_Actas_ salen despues de la órbita donde giraban hasta entonces, no se
-explica, en mi concepto, sino por la situacion particular del autor y
-sus relaciones con Pablo. Este resultado se confirmará naturalmente si
-encontramos entre los colaboradores conocidos del Apóstol el nombre del
-autor á quien la tradicion atribuye nuestra historia.
-
-Esto es precisamente lo que sucede: los manuscritos y la tradicion
-nos dan como autor del tercer Evangelio, á un tal Lucanus,[16] ó
-_Lucas_, y de lo dicho resulta que si _Lucas_ es verdaderamente el
-autor del tercer Evangelio, lo es igualmente de las _Actas_. Ahora
-bien, el nombre de Lucas aparece precisamente como el de un compañero
-de Pablo en la epístola de los Colosenses, IV, 14; la de Filemon, 24,
-y en la segunda de Timoteo, IV, 11. La autenticidad de esta última es
-muy dudosa, y aunque no lo sea tanto la de las dos últimas, no puede
-afirmarse, sin embargo, con toda seguridad que sean de San Pablo. De
-todos modos, los tales escritos son del primer siglo, y esto basta
-para probar evidentemente que entre los discípulos de Pablo existió un
-Lucas. El que confeccionó las epístolas de Timoteo, no es en efecto
-el mismo que compuso las de los Colosenses y Filemon, (suponiendo
-contrariamente á nuestra opinion que estas sean apócrifas). Admitir
-que un falsario hubiese atribuido á Pablo un compañero ficticio,
-seria ya poco verosímil; pero menos lo es aún que falsarios distintos
-hubieran elegido el mismo nombre. Dos observaciones pueden hacerse que
-dan á este razonamiento una fuerza particular: la primera es que el
-nombre de Lucas ó Lucanus es entre los primeros cristianos un nombre
-raro que no se presta á confusiones anónimas, y es la segunda que
-el Lucas de las epístolas no adquirió nunca celebridad. Inscribir un
-nombre célebre al principio de un escrito, como se hizo para la segunda
-epístola de Pedro, y muy probablemente para las de Pablo, en Tito y
-Timoteo, no era en nada contrario á las costumbres de la época; pero
-encabezar un escrito con un nombre falso y oscuro, es una cosa que no
-se concibe. ¿Seria la intencion del falsario patrocinar el libro con
-la autoridad de Pablo? Pero si es así ¿por qué no tomaba el nombre
-mismo de Pablo, ó cuando menos el de Timoteo ó de Tito, discípulos
-más conocidos del Apóstol de los gentiles? Lucas no ocupaba ningun
-lugar en la tradicion, en la leyenda, ni en la historia, y los tres
-pasajes precitados de las epístolas no podian bastar para reconocer en
-aquel una garantía admitida, pues todas las epístolas á Timoteo se han
-escrito probablemente despues de las _Actas_, y las citas de Lucas en
-las epístolas á los Colosenses y Filemon equivalen á una sola, de tal
-modo, que estos dos escritos forman un solo cuerpo. Creemos pues que
-el autor del tercer Evangelio y las _Actas_, es real y efectivamente
-Lucas, discípulo de Pablo.
-
-El nombre de Lucas y la profesion de médico que ejercia el llamado
-discípulo de Pablo,[17] convienen bien con las indicaciones que dan
-ambos libros sobre su autor. Hemos demostrado en efecto que el autor
-del tercer Evangelio y de las _Actas_ era probablemente natural de
-Filipos,[18] colonia romana donde dominaba el latin[19] y además de
-esto debe notarse que el autor del tercer Evangelio y de las _Actas_
-no conoce bien el judaismo[20] ni la historia de Palestina[21] ni sabe
-tampoco el Hebreo[22] pero está muy al corriente de las ideas del mundo
-pagano[23] y escribe el griego de una manera bastante correcta. La
-obra se ha compuesto lejos de la Judea por personas poco entendidas en
-geografía[24] que no se cuidaban ni de poseer la ciencia rabinica á
-fondo, ni de los nombres Hebreos;[25] reduciéndose la idea dominante
-del autor á que si se hubiera permitido al pueblo seguir su inclinacion
-habria abrazado la fé de Jesús, á lo cual se opuso la aristocracia
-judía.[26] La palabra _Judío_ se toma siempre en la obra en sentido
-despreciativo y como sinónimo de enemigo de los cristianos;[27] por el
-contrario se habla muy favorablemente de los herejes samaritanos.[28]
-
-¿En qué época podrá haberse compuesto aquel escrito notable? Lucas
-aparece por primera vez en compañía de Pablo cuando éste hizo su primer
-viaje á Macedonia hácia el año 52. Supongamos que contara entonces
-veinte y cinco años, y en este caso nada más natural que hubiese vivido
-hasta el año 100, pero la historia de las _Actas_ no llega más que
-hasta el año 63[29] y como quiera que su redaccion es evidentemente
-posterior á la del tercer Evangelio, y la fecha de la composicion de
-este se fija de una manera bastante precisa en los años inmediatos que
-siguieron á la ruina de Jerusalem (año 70)[30], no se puede suponer que
-se redactaran las _Actas_ antes del 71 ó 72.
-
-Si fuera seguro que esta obra se compuso seguidamente al Evangelio,
-podriamos detenernos aquí, mas en este punto está permitida la duda:
-algunos hechos inducen á creer que ha transcurrido un intervalo entre
-la composicion del tercer Evangelio y la de las _Actas_, y esto es
-tanto más verosímil cuanto que se nota entre los últimos capítulos del
-Evangelio y el primero de las _Actas_ una singular contradiccion. Segun
-el último capítulo de los Evangelios parece que la ascension tuvo
-lugar el mismo dia de la resurreccion[31], y el primer capítulo de las
-_Actas_[32] dice que aquella no ocurrió sino al cabo de cuarenta dias.
-Claro es que esta segunda version nos presenta una forma más avanzada
-que la leyenda, forma adoptada cuando se vió que era necesario dejar
-un intervalo para las diversas apariciones, y dar á la vida de Jesús
-despues de salir de la tumba un cuadro completo y lógico. Podria pues
-suponerse que al autor no le ocurrió interpretar así las cosas sino en
-el intervalo que medió entre la redaccion de ambas obras; y de todos
-modos es muy extraño que aquel se crea obligado á pocas líneas de
-distancia á desarrollar su primera historia aumentando el número de
-datos. Si aún tenia entre manos su primer libro ¿por qué no hacia las
-adiciones, que separadas como aparecen luego, causan tan mal efecto?
-Esto no es sin embargo una prueba decisiva, y hay una circunstancia
-grave que induce á creer que Lucas concibió al mismo tiempo el plan y
-el conjunto. El prefacio que encabeza el Evangelio es el que parece
-comun á los dos libros[33]. La contradiccion que acabamos de indicar
-se explica acaso por el poco cuidado que se tuvo de dar una cuenta
-exacta del empleo del tiempo, y á esto se debe seguramente que todas
-las relaciones de la vida de Jesús, despues de salir de la tumba,
-estén en un completo desacuerdo acerca de la duracion de esta vida.
-Importaba tan poco ser histórico, que el mismo narrador no tenia el
-menor escrúpulo en proponer sucesivamente dos sistemas inconciliables:
-las tres relaciones que acerca de la conversion de Pablo se encuentran
-en las _Actas_[34] ofrecen tambien pequeñas diferencias que prueban
-igualmente cuán poco se ocupaba el autor de la exactitud de los
-detalles.
-
-Parece pues que nos aproximariamos á la verdad suponiendo que las
-_Actas_ se escribieron hácia el año 80, pues por una parte el espíritu
-del libro conviene muy bien con la primera época de los Flavios, y por
-la otra, el autor parece evitar todo aquello que hubiera podido ofender
-á los romanos. En efecto, vemos que se complace en demostrar que los
-funcionarios de Roma no solo eran favorables á la nueva secta sino que
-la abrazaron algunas veces[35] que la defendieron contra los judíos,
-y que la justicia imperial era equitativa y superior á las pasiones
-locales.[36] El autor insiste particularmente en enumerar las ventajas
-que obtuvo Pablo merced á su título de ciudadano romano[37] y corta
-justamente su narracion en el momento de la llegada de Pablo á Roma,
-quizá para no verse obligado á referir las crueldades de Neron contra
-los cristianos.[38] El contraste entre las _Actas_ y el Apocalipsis
-es en extremo notable: escrito este en el año 68, recuerda á cada
-paso las infamias de Neron, rebosando un ódio profundo contra Roma, y
-en la primera obra aparece el tirano como un hombre afable que vive
-en una época tranquila. Desde el año 70, poco más ó menos, hasta los
-últimos años del primer siglo, la situacion fué bastante buena para
-los cristianos, pues hasta hubo personajes de la familia Flaviana que
-pertenecieron al cristianismo. ¿Quién sabe si Lucas no conoció á Flavio
-Clemente, si no fué de su _familia_, y si las _Actas_ no se escribieron
-por este poderoso personaje cuya posicion oficial exigia ciertas
-consideraciones? Algunos indicios dan lugar á suponer que el libro se
-compuso en Roma, y diríase en efecto que los principios de la iglesia
-romana dominaban al autor. Esta iglesia tuvo desde los primeros siglos
-el carácter político y gerárquico que la distinguió siempre, y el buen
-Lucas pudo dejarse llevar de este espíritu, pues sus ideas sobre la
-autoridad eclesiástica son muy avanzadas, y en ella se descubre el
-gérmen del episcopado. Lucas escribió la historia como apologista,
-imitando á los escritores oficiales de la corte de Roma, é hizo lo que
-hacia un historiador ultramontano de Clemente XIV, que ensalzando á la
-vez al Papa y á los jesuitas, trataba de persuadirnos en un discurso
-lleno de compuncion que por ambas partes se observaban las reglas de
-la caridad. Dentro de doscientos años se consignará tambien que el
-cardenal Antonelli y el señor de Mérode se amaban como dos hermanos. El
-autor de las _Actas_, fué el primero de esos narradores complacientes
-que con una ingenuidad sin igual y una beatitud que revela su
-satisfaccion se empeñan en demostrar que todo se hace en la Iglesia
-de una manera evangélica. Demasiado leal para condenar á su maestro
-Pablo, ortodoxo en exceso para no participar de la opinion oficial que
-prevalecia, prescindió de las diferencias de doctrina para no dejar ver
-sino el objeto comun que todos aquellos grandes fundadores prosiguieron
-en efecto por vias tan opuestas y á través de tan enérgicas rivalidades.
-
-Fácilmente se comprenderá que un hombre que se coloca por sistema
-en semejante situacion, es el menos á propósito para referir los
-hechos tal como pasaron: la fidelidad histórica es para él una cosa
-indiferente; todo lo que le importa es la edificacion, y Lucas no lo
-oculta, pues escribe _para que Teófilo reconozca la verdad de lo que
-le han enseñado_ sus catequistas.[39] Se habia pues convenido en un
-sistema de historia eclesiástica que se enseñaba oficialmente y cuyo
-cuadro, así como el de la misma historia evangélica[40] es probable
-estuviera ya fijado. El carácter dominante de las _Actas_, así como el
-del tercer Evangelio[41] es una tierna piedad, una viva simpatía hácia
-los gentiles,[42] su espíritu conciliador, una preocupacion extrema
-acerca de lo sobrenatural, el amor á los pequeños y los humildes, un
-gran sentimiento democrático, ó más bien, la persuasion de que el
-pueblo es naturalmente cristiano y que son los grandes los que le
-impiden seguir sus buenos instintos.[43] Además predomina una idea
-exaltada del poder de la Iglesia y de sus jefes, un gusto muy marcado
-por la vida en comun.[44] Los métodos de composicion son iguales en
-ambas obras, de tal modo que lo mismo nos sucederia con la historia de
-los Apóstoles, que con la historia Evangélica, si para analizar esta
-última no tuviéramos más texto que el Evangelio de Lucas.
-
-Fácil es comprender las desventajas de semejante situacion: la vida
-de Jesús, compuesta por el tercer Evangelio solamente, seria en
-extremo defectuosa é incompleta, y nosotros lo sabemos porque para la
-vida de Jesús, la comparacion es posible. Al mismo tiempo que Lucas,
-tenemos (sin hablar del cuarto Evangelio) á Mateo y á Márcos, quienes
-relativamente á Lucas, son al menos en partes originales. Damos á
-conocer los medios violentos por medio de los cuales Lucas desfigura ó
-mezcla las anécdotas; la manera con que modifica el colorido de ciertos
-hechos segun sus miras personales, y vemos en fin las piadosas leyendas
-que añade á las tradiciones más auténticas. ¿No es evidente que si
-pudiéramos hacer semejante comparacion para las _Actas_ llegariamos á
-encontrar defectos de un género análogo? Las _Actas_ nos parecerian, á
-juzgar por los primeros capítulos, inferiores al tercer Evangelio, sin
-duda porque estos capítulos se compusieron probablemente con documentos
-menos numerosos y menos universalmente aceptados.
-
-Aquí debe hacerse en efecto una distincion fundamental: bajo el punto
-de vista del valor histórico, el libro de las _Actas_ se divide en dos
-partes: la una que comprende los doce primeros capítulos y refiere los
-hechos principales de la historia de la Iglesia primitiva, y la otra
-que contiene los diez y seis capítulos restantes consagrados todos á
-las misiones de San Pablo. En esta segunda parte hay dos clases de
-relatos; uno en que el narrador aparece como testigo ocular y otro
-en que no hace más que referir lo que le han dicho, pero aun en este
-último caso, claro está que su autoridad es grande. Con frecuencia
-se vé que las conversaciones de Pablo son las que han facilitado las
-noticias, y hácia el fin, sobre todo, la narracion adquiere un carácter
-de precision notable. Las últimas páginas de las _Actas_ son las únicas
-históricas que tenemos sobre los originales cristianos; las primeras
-por el contrario son las más atacables de todo el Nuevo Testamento.
-Al hablar de los primeros años, es particularmente cuando el autor
-obedece á ideas preconcebidas semejantes á las que le preocuparon en
-la composicion de su Evangelio. Su sistema de los cuarenta dias, su
-modo de referir la ascension, terminando con una especie de rapto final
-y de solemnidad dramática la vida fantástica de Jesús; su manera de
-contar la bajada del Espíritu Santo y las predicaciones milagrosas, y
-su modo en fin de comprender el don de las lenguas, tan diferente del
-de San Pablo[45] revelan las preocupaciones de una época relativamente
-atrasada, en que predomina la leyenda sin oposicion. Todo se representa
-con un gran aparato escénico, desplegando las formas de lo maravilloso,
-y es preciso recordar que el autor escribe medio siglo despues de
-ocurrir los acontecimientos, lejos del país donde tuvieron lugar,
-y fundándose en hechos que no ha visto, ni él, ni su maestro, y en
-tradiciones en parte fabulosas ó desfiguradas. No solamente Lucas es
-de otra generacion que la de los primeros fundadores del cristianismo,
-sino que es de otro mundo, es Helenista, muy poco judío, casi extraño á
-Jerusalem y á los secretos de la vida judaica, y apenas ha conocido de
-la primitiva sociedad cristiana más que á los primeros representantes.
-En los milagros que él refiere, se ven más bien invenciones _á priori_,
-que hechos transformados; los milagros de Pedro y de Pablo forman dos
-séries que se relacionan:[46] sus personajes se asemejan; Pedro y Pablo
-no difieren en nada y por último los discursos que pone en boca de sus
-héroes, aunque hábilmente apropiados á las circunstancias, son todos
-del mismo estilo, y pertenecen más bien al autor que á las personas á
-que los atribuye: acabaremos diciendo que hasta se encuentran errores
-fáciles de reconocer.[47] Las _Actas_ en una palabra, constituyen una
-historia dogmática, arreglada para apoyar las doctrinas ortodoxas de
-la época ó inculcar las ideas que más sonreian á la piedad del autor.
-Añadamos á esto que no podia ser de otro modo: no se conoce el orígen
-de cada religion sino por las relaciones de los creyentes; solo el
-escéptico escribe la historia _ad narrandum_.
-
-Estas no son simples sospechas, conjeturas de un crítico desconfiado
-en extremo; son sólidas inducciones, y siempre que nos sea permitido
-comprobar la narracion de las _Actas_, la encontraremos defectuosa y
-sistemática. En efecto, aunque no podamos hacer la comprobacion con los
-textos sinópticos, tenemos para ello las Epístolas de San Pablo, sobre
-todo la de los Galatas y claro es que en el caso en que las _Actas_ y
-las epístolas no estén acordes, debe darse siempre la preferencia á las
-últimas que son textos de una autenticidad absoluta y más antiguas; de
-una sinceridad completa y sin leyendas. Tratándose de historia, los
-documentos son de tanta más autoridad, cuanto menos afectan la forma
-histórica: la autoridad de todas las crónicas debe ceder ante la de una
-inscripcion, de una medalla, de un mapa, de una carta auténtica. Bajo
-este punto de vista, las epístolas de autores verdaderos y de fechas
-fijas, son la base de toda la historia de los orígenes cristianos; sin
-ellas, la duda alcanzaria á todo, dejando en la oscuridad hasta la
-misma vida de Jesús. Ahora bien, en dos circunstancias muy importantes,
-las epístolas ponen en relieve las tendencias particulares del autor
-de las _Actas_ y su deseo de borrar la huella de las divisiones que
-habian existido entre Pablo y los Apóstoles de Jerusalem.[48]
-
-Además de esto, el autor de las _Actas_, quiere que Pablo, despues
-del incidente de Damasco (IX, 19 y sig.; XXII, 17 y sig.), haya ido
-á Jerusalem en una época en que apenas se conocia su conversion; que
-le presentaran á los Apóstoles y viviera con ellos y los fieles en
-la más afectuosa cordialidad, que haya disputado públicamente contra
-los judíos Helenistas, y por último, que un complot de estos y una
-revelacion del cielo, le hayan inducido á marcharse de Jerusalem. Ahora
-bien, Pablo nos dice que las cosas pasaron de muy distinto modo, y para
-probar que no habia tomado nada de los Doce y que debe al mismo Jesús
-su mision y su doctrina, asegura (Gal., I, 11 y sig.) que despues de
-su conversion evitó tomar consejo de ninguno[49] y de presentarse en
-Jerusalem á los que eran Apóstoles antes que él; que fué á predicar al
-Haurán por su propia voluntad y sin encargo de nadie; que es cierto que
-tres años más tarde hizo un viaje á Jerusalem para conocer á Céfas con
-quien permaneció quince dias, pero que no vió á ningun Apóstol como
-no fuera á Jacobo, hermano del Señor, y que esto es tan cierto que su
-semblante no era conocido en las iglesias de Judea. El esfuerzo que
-se hace para dulcificar el estilo brusco del rudo Apóstol, á fin de
-presentarle como colaborador de los Doce, trabajando de concierto con
-ellos en Jerusalem, aparece aquí de una manera evidente. En efecto, se
-quiere que Jerusalem sea su capital y punto de partida, que su doctrina
-sea tan idéntica á la de los Apóstoles, que haya podido reemplazarla
-ó sustituirla con la de aquellos en la predicacion; se reduce su
-primer Apostolado á las sinagogas de Damasco; se quiere que haya sido
-discípulo y oyente, lo cual no es cierto;[50] se reduce el tiempo
-que trascurrió entre su conversion y su primer viaje á Jerusalem,
-se prolonga su permanencia en esta ciudad; se supone que predicó á
-satisfaccion de todos; se sostiene que vivió íntimamente con todos los
-Apóstoles, aunque él mismo asegura que no ha visto más que á dos, y se
-asegura, en fin, que los hermanos de Jerusalem velaban sobre él, siendo
-así que Pablo declara que su semblante les era desconocido.
-
-El deseo de hacer creer que Pablo visitaba continuamente á Jerusalem,
-es lo que ha inducido á nuestro autor á prolongar su permanencia en
-aquella ciudad despues de su conversion, suponiendo con esto, que hizo
-un viaje más. Segun él, Pablo fué con Bernabé á Jerusalem á llevar
-la ofrenda de los fieles cuando se experimentó el hambre del año 44
-(Act., XI, 30; XII, 25), pero Pablo declara terminantemente que en
-el intervalo que medió entre el viaje que hizo tres años despues de
-convertirse, y el que verificó para el asunto de la circuncision,
-no fué á Jerusalem (Gal., I y II). En otros términos; Pablo excluye
-formalmente todo viaje entre Act., IX, 26 y Act., XV, 2. Si se negara,
-contra toda razon, la identidad del viaje que se refiere en Gal., II,
-1 y sig., con el de que se da cuenta en Act., XV, 2 y sig., no se
-opondria seguramente la menor contradiccion. «Tres años despues de
-mi conversion, dice San Pablo, fuí á Jerusalem para conocer á Céfas,
-y volví catorce años despues...» Se ha podido dudar si el punto de
-partida de esos catorce años es la conversion ó el viaje que tuvo
-lugar tres años más tarde: tomemos la primera hipótesis, que es la más
-favorable al que defiende la narracion de las _Actas_, y tendremos que
-segun San Pablo, trascurrieron lo menos doce años entre su primer y
-segundo viaje á Jerusalem, siendo así que no mediaron ni once, segun
-lo que dice el Act., IX, 26 y sig., y el Act., XI, 30. Aun cuando se
-sostuviera lo contrario, vendriamos á caer en otra imposibilidad: en
-efecto, lo que se refiere en el Act., XI, 30, es contemporáneo de la
-muerte de Jacobo, hijo del Zebedeo,[51] la cual nos da la única fecha
-fija de las _Actas de los Apóstoles_, puesto que precede en muy poco
-tiempo á la muerte de Herodes Agrippa I, acaecida en el año 44.[52]
-Habiendo hecho Pablo su segundo viaje lo menos catorce años despues
-de su conversion, y suponiendo que aquel tuvo lugar en el año 44, la
-conversion debió ser en el año 30, lo cual es absurdo. Es imposible
-pues creer en el viaje á que se refiere _Act._, XI, 30 y XII, 35.
-
-El autor incurre en una grave inexactitud al dar cuenta de estas idas
-y venidas, pues comparando _Act._, XVII, 14-16; XVIII, 5 con _I Tes._,
-III, 1-2 se encuentra otra contradiccion, pero como no se relaciona con
-puntos dogmáticos, no hablaremos aquí de ella.
-
-La que es muy principal para el asunto que nos ocupa, lo que arroja un
-rayo de luz para la crítica en esta cuestion del valor histórico de las
-_Actas_, es la comparacion de los pasajes relativos á la circuncision,
-que se encuentran en dicha obra (Cap. XV.) y en la epístola de los
-Galatas (Cap. II.). Segun las _Actas_, habiendo llegado á Antioquía
-varios hermanos de Judea, los cuales sostuvieron que era necesaria la
-circuncision para los paganos convertidos, nombróse una diputacion
-compuesta de Pablo, de Bernabé, y otros varios para que pasaran á
-Jerusalem á fin de consultar con los Apóstoles y los ancianos sobre
-este punto. Una vez llegados allí son recibidos por todo el mundo con
-la mayor alegría; reúnese una gran asamblea donde si hay algun parecer
-contrario, se pierde entre las efusiones de una caridad recíproca y de
-la felicidad de que se sienten todos poseidos al verse juntos; Pedro
-enuncia la opinion que se esperaba emitiria Pablo: á saber, que los
-paganos convertidos no están sujetos á la ley de Moisés; Jacobo no hace
-más que una ligera restriccion;[53] Pablo no habla, y á decir verdad,
-no necesita hacerlo, puesto que su doctrina se pone aquí en boca de
-Pedro; la opinion de los hermanos de Judea no es apoyada por nadie; y
-por último, conforme al parecer de Jacobo, se expide un decreto solemne
-el cual se comunica á las iglesias por medio de diputados elegidos al
-efecto.
-
-Comparemos ahora la narracion de Pablo en la epístola á los Galatas:
-Pablo quiere que el viaje que hizo aquella vez á Jerusalem sea la
-consecuencia de un movimiento espontáneo, y hasta el resultado de una
-revelacion. Llegado á dicha ciudad, comunica su Evangelio á quien
-corresponde de derecho; celebra conferencias particulares con personas
-que parecen ser de consideracion; no se le critica ni se le comunica
-nada, y solo se le pide que se acuerde de los pobres de Jerusalem. Si
-Tito, que le acompañó, consiente en dejarse circuncidar,[54] es por
-consideracion á _falsos hermanos intrusos_, y aunque Pablo les hace
-esta concesion pasajera, no se somete á ellos. En cuanto á los hombres
-importantes, Pablo no habla de ellos sino con cierto viso de amargura
-é ironía, y dice que no le han enseñado nada. Además de esto, habiendo
-llegado más tarde Céfas á Antioquía, Pablo _se indispone con él porque
-no obra bien_; y en efecto, Céfas comia con todos indistintamente.
-Llegan luego emisarios de Jacobo, y Pedro se oculta para no ver á los
-incircuncidados. _Viendo que no marchaba por la senda de la verdad
-del Evangelio_, Pablo apostrofa á Céfas delante de todo el mundo y le
-reprende amargamente su conducta.
-
-Vemos, pues, cuanta es la diferencia: por una parte, una solemne
-concordia, una especie de concilio, un decreto formal expedido por
-una autoridad reconocida; y por la otra, arranques de cólera mal
-contenida, susceptibilidades extremas, nada que se parezca á un
-concilio, y por último, pareceres contrarios que no se convienen
-sino para guardar las formas. Inútil es decir qué version merece la
-preferencia: la narracion de las _Actas_ es apenas verosímil, puesto
-que segun ella, el concilio tiene por objeto ventilar una disputa de
-que ya no queda recuerdo una vez terminado aquel; los dos oradores
-pronuncian discursos muy contrarios á lo que de ellos podia esperarse,
-y por lo tanto, el decreto que se supone expedido por el concilio es
-seguramente una ficcion. Si este decreto, cuya redaccion se atribuye
-á Jacobo, se hubiera promulgado realmente, ¿á qué venian esos apuros
-del bueno y tímido Pedro ante las gentes enviadas por Jacobo? ¿por qué
-se ocultaba, puesto que él y los cristianos de Antioquía, cumplian
-religiosamente con las disposiciones fijadas por el mismo Jacobo en el
-decreto? La cuestion relativa á la circuncision ocurrió hácia el año
-51, y vemos que algun tiempo despues, hácia el año 56, la disputa que
-debió quedar ventilada en virtud del decreto, es más viva que nunca,
-y que la iglesia de Galacia se vé agitada por nuevos emisarios del
-partido judío de Jerusalem.[55] Pablo contesta á este nuevo ataque
-de sus enemigos con su furibunda epístola: si el decreto á que se
-refiere el Act., XV, hubiese existido en realidad, Pablo tenia medio
-muy sencillo de terminar el debate, pues le bastaba citarlo, pero vemos
-que todo lo que dice supone la no existencia de aquel. En el año 57,
-al escribir Pablo á los Corintios, no parece tener conocimiento de tal
-decreto, y hasta infringe sus prescripciones por una de las cuales
-se manda á todos abstenerse de las carnes inmoladas á los ídolos.
-Pablo por el contrario, opina que se pueden comer dichas carnes, si
-con ello no se escandaliza nadie, mas que es preciso abstenerse en el
-caso contrario.[56] En el año 58, cuando Pablo hizo su último viaje á
-Jerusalem, Jacobo se muestra más obstinado que nunca.[57] Uno de los
-rasgos característicos de las _Actas_, rasgo que prueba claramente que
-el autor se propone menos presentar la verdad histórica ó satisfacer
-la lógica, que edificar á los lectores piadosos, es el decir siempre
-que la admision de los incircuncidados es cuestion resuelta. Esto no
-es verdad sino por lo que toca al bautismo del eunuco y del centurion
-Cornelio, ambos milagrosamente ordenados, por la fundacion de la
-Iglesia de Antioquía (XI, 19 y sig.) y por el pretendido concilio de
-Jerusalem, lo cual no impide que en las últimas páginas del libro
-(XXI, 20-21) quede aún la cuestion en suspenso. Á decir verdad, la
-cuestion permaneció siempre en ese estado, pues las dos fracciones
-del cristianismo naciente no se fusionaron jamás; solamente una de
-ellas, la que conservó las prácticas del judaismo, fué infecunda y
-se extinguió oscuramente. Tan lejos estuvo Pablo de ser admitido por
-todos, que despues de su muerte, una gran parte del cristianismo le
-anatematiza[58] y le persigue con sus calumnias.
-
-En nuestro libro tercero es donde tendremos que tratar en detalle la
-cuestion de fondo enlazada con estos curiosos incidentes; solo hemos
-querido dar aquí algunos ejemplos de la manera con que el autor de
-las _Actas_ entiende la historia, de su sistema de conciliacion y de
-sus ideas preconcebidas. ¿Deduciremos de aquí en conclusion que los
-primeros capítulos de las _Actas_ carecen de autoridad, como lo piensan
-algunos críticos célebres y que la ficcion llega hasta crear toda clase
-de personajes, tales como el eunuco y el centurion Cornelio, y hasta el
-diácono Estéban y la piadosa Tabitha? Yo no lo creo de ningun modo. Es
-probable que el autor de las _Actas_ no haya inventando personajes[59]
-pero es un abogado hábil que escribe para probar y que trata de sacar
-partido de los hechos de que oyó hablar para demostrar sus tésis
-favoritas, que son la legitimidad de la vocacion de los gentiles y la
-institucion divina de la gerarquía. Al hacer uso de semejante documento
-se debe tener mucha precaucion, pero rechazarlo en absoluto es tan poco
-razonable, como fiarse de él ciegamente. Hay algunos párrafos, sin
-embargo, aun en esta primera parte, cuyo valor es conocido de todos, y
-que constituyen memorias auténticas extractadas por el último redactor.
-El capítulo XII, en particular, es muy bueno y procede al parecer de
-Juan Márcos.
-
-Se comprenderá pues en qué apuro nos veriamos si no tuviéramos para
-formar esta historia más documentos que un libro tan legendario.
-Felizmente poseemos otros, que se refieren, es verdad, directamente
-al período que será el objeto de nuestro libro tercero, pero que
-arrojan ya sobre este mucha luz. Nos referimos á las Epístolas de
-Pablo: la Epístola de los Galatas sobre todo es un verdadero tesoro,
-la base de toda la cronología de aquella edad, la llave que lo abre
-todo, el testimonio, en fin, que debe bastar á los más escépticos
-para creer en la realidad de las cosas que pudieran ponerse en duda.
-Á los lectores que me juzguen demasiado atrevido ó demasiado crédulo,
-yo les ruego que vuelvan á leer los dos primeros capítulos de este
-libro singular, pues son seguramente las dos páginas más importantes
-para el estudio del cristianismo naciente. Las Epístolas de San Pablo
-tienen en efecto una ventaja sin igual en esta historia, y esta es
-su autenticidad absoluta. La crítica más grave no ha puesto jamás en
-duda la autenticidad de la epístola á los Galatas, de las dos á los
-Corintios y de la dirigida á los Romanos. Las razones que se han tenido
-para atacar las dos epístolas á los Tesalonicenses y la epístola á los
-Filipenses, no tienen valor alguno. Al principio de nuestro libro
-tercero tendremos que discutir las objeciones más especiosas, aunque
-poco decisivas, que se han elevado contra la epístola á los Colosenses
-y la carta á Filemon; el problema particular que ofrece la epístola á
-los Efesios, y las fuertes pruebas en fin que inducen á desechar las
-dos epístolas á Timoteo y la dirigida á Tito. La autenticidad de las
-epístolas de que haremos uso en este volúmen es indudable, ó cuando
-menos las inducciones que sacaremos de las otras son independientes de
-la cuestion de saber si se han dictado ó no por San Pablo.
-
-No es necesario sujetarnos aquí á las reglas de la crítica que hemos
-observado para la composicion de esta obra, pues ya lo hicimos en
-la introduccion de la _Vida de Jesús_. Los doce primeros capítulos
-de las _Actas_, son en efecto un documento análogo á los Evangelios
-sinópticos, con el cual es preciso proceder del mismo modo, porque esta
-clase de documentos medio históricos y medio legendarios no pueden
-tomarse ni como historia ni como leyenda, atendido que todo es falso
-en el detalle y no pueden inducirse preciosas verdades. Traducir pura
-y simplemente estas narraciones, no es hacer historia, puesto que con
-frecuencia se encuentran textos más autorizados que contradicen lo que
-se refiere en aquellas, y por consiguiente, aun dado el caso de que no
-tuviéramos más que un solo texto, hay motivos para creer que si hubiese
-otros resultaria la contradiccion. En la Vida de Jesús, la narracion de
-Lucas difiere á cada paso de las de los otros dos Evangelios sinópticos
-y la del cuarto: ¿no es por lo tanto probable que si tuviéramos para
-las _Actas_ un término de comparacion análogo, encontrariamos en dicha
-obra notables diferencias ó faltas en una infinidad de puntos sobre
-los cuales no tenemos ahora más testimonio que el suyo? En nuestro
-libro tercero, observaremos otras reglas, pues allí vamos á entrar en
-plena historia positiva y tendremos entre manos noticias originales á
-veces autobiográficas. Cuando San Pablo nos dé él mismo el relato de un
-episodio de su vida, que no tenia interés en presentar tal ó cual dia,
-claro es que nos bastará copiar sus palabras una á una, segun el método
-de Tillemont; pero cuando se trate de un narrador preocupado por un
-sistema, que escribe para hacer prevalecer ciertas ideas con ese estilo
-infantil de contornos vagos y suaves y marcado colorido, propio tan
-solo de la leyenda, el deber del crítico no es sujetarse al texto, sino
-tratar de descubrir lo que puede haber en este de verdad sin creerse
-jamás seguro de haberla encontrado. Prohibir á la crítica semejantes
-interpretaciones seria tan poco razonable como mandar al astrónomo
-que no se ocupase sino del aspecto del cielo: ¿no consiste acaso la
-astronomía en conseguir que el paralaje formado por la posicion del
-observador, llegue á crear una situacion real y verdadera por otra
-aparente y engañosa?
-
-¿Y quién pretenderia que se deben copiar á la letra documentos donde
-se encuentran imposibilidades? Los doce primeros capítulos de las
-_Actas_ son un tejido de milagros; y una regla absoluta de la crítica,
-es no citar en las relaciones históricas hechos milagrosos. Esta no
-es la consecuencia de un sistema metafísico; es sencillamente una
-observacion. Todos los hechos que se suponen milagrosos y que pueden
-estudiarse de cerca, se convierten en ilusion ó en impostura: si se
-hubiera probado un solo milagro, no se podrian desechar en masa todos
-los de las historias antiguas, porque despues de todo, admitiendo que
-un gran número de estos fueran falsos, se podria creer que algunos
-son verdaderos. Pero no es así: todos los milagros discutibles se
-desvanecen, y en este caso, ¿no estaremos autorizados para deducir de
-aquí que los milagros que ocurrieron hace muchos siglos, y sobre los
-cuales no hay medio de provocar un debate contradictorio, no son reales
-y verdaderos? En otros términos; no hay milagro sino cuando se cree
-en él; lo que constituye lo sobrenatural es la fé. El catolicismo que
-pretende que no se ha extinguido aún en su seno la fuerza milagrosa,
-está sujeto él mismo á la influencia de esta ley: los milagros que
-pretende hacer no se ven en los sitios donde debieran ocurrir, y si se
-tiene un medio tan sencillo de probarlos ¿por qué no se hace uso de él
-á la luz del dia? ¡Un milagro en París, ante sabios competentes pondria
-fin á todas las dudas! Pero ¡ay! ¡esto no sucede nunca! Jamás se ha
-verificado un milagro ante el público á quien convendria convertir, es
-decir, ante los incrédulos. La condicion del milagro es la credulidad
-del testigo. No ha ocurrido ningun milagro ante aquellos que podrian
-discutirlo y criticarlo, y de esto no hay una excepcion. Ciceron lo
-dijo muy bien con su buen criterio y acostumbrada sutileza: «¿Desde
-cuándo ha desaparecido esa fuerza secreta? ¿Será acaso desde que los
-hombres han llegado á ser menos crédulos?»[60]
-
-«Pero, se dice, si es imposible probar que haya ocurrido nunca un hecho
-sobrenatural, tambien lo es probar que no haya ocurrido; luego el
-sabio positivista que niega lo sobrenatural procede, tan gratuitamente
-como el creyente que admite.» Esto no es exacto: el que afirma una
-proposicion es quien debe probarla; el que la escucha no tiene que
-hacer más que esperar la prueba, y ceder si esta es buena. Si hubieran
-ido á exigir á Buffon que asignara un lugar en su _Historia natural_
-á las sirenas y á los centauros, Buffon habria respondido: «Mostradme
-uno de esos séres y los admitiré; hasta entonces no existirán para
-mí.--Pero probadme que no existen.--Probadme á mí lo contrario.» En
-la ciencia, corresponde dar la prueba á los que alegan un hecho.
-¿Por qué no se cree en los ángeles y en los demonios, siendo así
-que innumerables textos históricos suponen su existencia? Porque la
-existencia de un ángel ó de un demonio, no se ha probado jamás.
-
-Para sostener la realidad del milagro, se apela á fenómenos que
-se pretende no pueden ocurrir segun el curso de las leyes de la
-naturaleza. «La creacion del hombre, dicen, no ha podido llevarse á
-cabo sino por una intervencion directa de la Divinidad; ¿por qué no
-habia de producirse esa intervencion en los otros momentos decisivos
-del desarrollo del universo?» No insistiré sobre la extraña filosofía
-y la mezquina idea de la divinidad que razona de tal modo, pues la
-historia debe tener su método, independiente de toda filosofía, y sin
-entrar para nada en el terreno de la teodicea: fácil es demostrar cuán
-defectuosa es semejante argumentacion. Equivale á decir que todo lo
-que no sucede en el estado actual del mundo, que todo aquello que no
-podemos explicar en el estado actual de la ciencia, es milagroso. De
-este modo tendremos que el sol es un milagro, porque la ciencia está
-muy lejos de haber explicado el sol; la concepcion de cada hombre es un
-milagro, porque la fisiología se calla sobre este punto; la conciencia
-es un milagro, porque es un misterio absoluto, y todo animal, en fin,
-es un milagro, porque el orígen de la vida es un problema sobre el
-cual apenas tenemos dato alguno. Si se responde que toda vida, que
-toda alma, es en efecto de un órden superior á la naturaleza, esto
-equivale á un juego de palabras. Aun cuando lo admitamos así, preciso
-es explicarnos la palabra milagro. ¿Qué es un milagro que ocurre
-todos los dias y á todas horas? El milagro no es lo inexplicable; es
-una derogacion formal, en nombre de una voluntad particular, á leyes
-conocidas. Lo que nosotros negamos es el milagro por excepcion, son
-las intervenciones particulares, como la de un relojero que hubiese
-hecho un reloj, muy hermoso en verdad, pero al que tendria que tocar
-de vez en cuando para suplir la insuficiencia de las ruedas. Que Dios
-esté en todas las cosas de una manera permanente, sobre todo en lo
-que vive, es precisamente nuestra teoría; nosotros solo decimos que
-nunca se ha probado ninguna intervencion particular de una fuerza
-sobrenatural, y negaremos la realidad de lo sobrenatural hasta que un
-hecho venga á probarnos lo contrario. Buscar este hecho antes de la
-creacion del hombre, alejarse de la historia, remontándose á épocas en
-que toda comprobacion es imposible para no tener que citar milagros
-históricos, es lo mismo que refugiarse detrás de la nube, es probar una
-cosa oscura con otra más oscura aún, es establecer una ley conocida,
-en virtud de un hecho que no conocemos. Se citan milagros que tuvieron
-lugar antes de que existiese ningun testigo para presenciarlos, y no se
-habla de uno solo que pueda probarse con buenos testimonios.
-
-No cabe duda que en épocas remotas han ocurrido en el universo
-fenómenos que no se han vuelto á presentar, al menos en la misma
-escala, en la actualidad; pero esos fenómenos tuvieron su razon de ser
-cuando se manifestaron. En las formaciones geológicas, por ejemplo,
-se encuentra un gran número de minerales y piedras preciosas que
-segun parece no se producen hoy en la naturaleza; y sin embargo, los
-Sres. Mitscherlich, Ebelmen, de Sénarmont y Daubrée, han compuesto
-artificialmente la mayor parte de esos minerales y piedras preciosas.
-Si es dudoso que se consiga jamás producir artificialmente la vida,
-esto consiste en que la reproduccion de las circunstancias en que
-aquella comenzó no está al alcance de los medios humanos. ¿Cómo
-clasificar un planeta que ha desaparecido hace miles de años? ¿Cómo
-verificar un experimento para el cual se necesitan siglos enteros? Hé
-aquí lo que se olvida cuando se llama milagros á los fenómenos que han
-ocurrido en otro tiempo y que no se verifican ya hoy. La formacion
-de la humanidad es seguramente la cosa más absurda y más extraña del
-mundo si se la supone súbita é instantánea, pero entra en las analogías
-generales (sin dejar de ser misteriosa), si se vé en ella el resultado
-de un progreso lento y continuado durante períodos incalculables. No
-deben aplicarse á la vida del embrion, las leyes de la vida de la edad
-madura; pues el embrion desarrolla unos tras otros todos sus órganos, y
-el hombre adulto por el contrario no los crea porque ya no está en la
-edad de crearlos; así como el lenguaje no se inventa porque ya no se
-puede inventar. ¿Pero á qué seguir á unos adversarios que se salen de
-la cuestion? Nosotros pedimos un milagro histórico probado, y se nos
-contesta que este debió ocurrir antes de la historia. Ciertamente que
-si hubiera que probar que son necesarias las creencias sobrenaturales
-para ciertos estados del alma, bastaria, para hacerlo, el hecho de que
-espíritus dotados en todas las demás cosas de cierta penetracion, han
-fundado el edificio de su fé en un argumento tan desesperado.
-
-Hay otros, que abandonando el milagro del órden físico, se parapetan
-en el milagro del órden moral, sin el cual pretenden que no pueden
-explicarse estos acontecimientos. No cabe duda que la formacion del
-cristianismo es el hecho más grande de la historia religiosa del
-mundo, mas no por esto es un milagro. El budismo y el babismo han
-tenido mártires tan numerosos, tan exaltados, tan resignados, como los
-tuvo el cristianismo. Los milagros de la fundacion del islamismo son de
-una naturaleza muy distinta, y confieso que no me conmueven, pero es
-preciso observar, sin embargo, que al hablar los doctores musulmanes
-del establecimiento de aquel, de su difusion como por un rastro de
-fuego, de sus rápidas conquistas y de la fuerza que le da en todas
-partes un reinado tan absoluto, hacen los mismos razonamientos que
-los apologistas cristianos sobre el establecimiento del cristianismo.
-Concedamos si se quiere que la fundacion de este sea un hecho único:
-tambien lo es en absoluto el helenismo, si se entiende por esta
-palabra el ideal de la perfeccion en la literatura, en el arte, en la
-filosofía, ideal que la Grecia ha realizado. El arte griego sobrepuja
-á todos los demás artes, así como el cristianismo sobresale sobre
-todas las demás religiones, y el Acropolis de Atenas, coleccion de
-obras maestras, al lado de las cuales todas las demás no son sino una
-imitacion más ó menos perfecta, es acaso el que mejor puede someterse
-á la comparacion. En otras palabras: el helenismo es un prodigio de
-belleza, así como el cristianismo es un prodigio de santidad.
-
-Espero que un intervalo de dos años y medio trascurridos desde la
-publicacion de la _vida de Jesús_, inducirá á ciertos lectores á
-ocuparse de estos problemas con más calma.
-
-La controversia religiosa es siempre de mala ley sin quererlo y sin
-saberlo: no se trata de discutirla con independencia, de buscar con
-ansiedad; se trata de defender una doctrina establecida, de probar
-que el disidente es un ignorante ó un hombre de mala fé. Calumnias,
-contrasentidos, ideas y textos falsos, razonamientos triunfantes sobre
-cosas que el adversario no ha dicho, gritos de victoria por errores
-que no se han cometido; nada de esto es ilegal para aquel que cree
-tener en sus manos los intereses de la verdad absoluta. Preciso era que
-yo hubiese conocido poco la historia para no esperar semejante cosa,
-pero tengo suficiente sangre fria para no disgustarme por esto y una
-aficion bastante decidida á las cosas de la fé, para que me sea dable
-apreciar debidamente lo que hay á veces de sensible en el sentimiento
-que pueda inspirar á mis detractores. Con mucha frecuencia, al ver
-tanta ingenuidad, tan piadosa firmeza; al comprender cuanta cólera
-rebosa en esas hermosas y buenas almas, he dicho como Juan Huss, al ver
-una anciana que sudaba para llevar un madero á su leñera: _¡O sancta
-simplicitas!_ Segun la hermosa frase de la Escritura, «Dios no está en
-la tormenta.» ¡Ah! sin duda; si todas estas tribulaciones ayudasen á
-descubrir la verdad, podria uno consolarse al menos; pero no es así; la
-verdad no se ha hecho para el hombre apasionado; se reserva para los
-espíritus que buscan con imparcialidad, sin una opinion persistente,
-sin un sentimiento de ódio, con una libertad absoluta y sin una
-segunda intencion. Estos problemas no son sino una de las innumerables
-cuestiones que se suscitan en el mundo y que los curiosos examinan:
-no se ofende á nadie enunciando una opinion teórica; los que profesan
-una fé y la guardan como un tesoro, tienen un medio muy sencillo de
-defenderla, y este consiste en no hacer aprecio de las obras escritas
-en un sentido que difiere de sus opiniones. Lo mejor que pueden hacer
-los tímidos es no leerlas.
-
-Hay personas prácticas, que tratándose de una obra científica,
-preguntan qué objeto político se ha propuesto el autor, y quieren que
-una obra de poesía encierre una leccion de moral. Esas personas no
-admiten que escriba más que para una propaganda: la idea del arte y
-de la ciencia, que no aspira sino á encontrar la verdad y á realizar
-lo bello, prescindiendo de todo asunto político, es para ellas una
-cosa extraña, y por lo tanto, entre nosotros y esas personas, no puede
-haber conformidad. «Esas gentes, como decia un filósofo griego, toman
-con la mano izquierda lo que les damos con la derecha.» Ya he recibido
-una porcion de cartas, dictadas por un sentimiento de honradez, cuyo
-contenido puede resumirse en estas palabras: «¿Qué habeis querido?
-¿Qué objeto os habeis propuesto?» ¡Dios mio! el mismo que uno se
-propone al escribir cualquiera historia. Si yo dispusiera de varias
-vidas, emplearia una en escribir una historia de Alejandro, otra
-en escribir una historia de Atenas, y una tercera en escribir, ya
-una historia de la Revolucion francesa, ya una historia de la órden
-de San Francisco. ¿Y qué objeto me propondria yo al escribir esas
-obras? Uno solo: hallar la verdad y darle vida; trabajar para que
-los grandes acontecimientos del pasado sean conocidos con la mayor
-exactitud posible y expuestos de una manera digna. Lejos de mí la idea
-de combatir la fé que cada uno profesa: estas obras deben componerse
-con una indiferencia suprema; como si se escribiese para un planeta
-desierto. Toda concesion á los escrúpulos de un órden inferior,
-constituyen una falta al culto del arte y de la verdad. ¿Quién no vé
-que la ausencia del proselitismo es la cualidad y el defecto de las
-obras compuestas bajo semejante espíritu?
-
-El primer principio de la escuela crítica en efecto, es que cada uno
-admita en materia de fé lo que necesita admitir, y establezca sus
-creencias segun su propia opinion. ¿Cómo nos atreveriamos nosotros
-á intervenir en lo que depende de circunstancias contra las cuales
-nadie puede hacer nada? Si alguno se adhiere á nuestros principios
-será porque tiene suficiente talento y educacion para hacerlo, y á
-fé que todos nuestros esfuerzos no podrian dar ni la una ni el otro
-al que no posea esas cualidades. La filosofía difiere de la fé, en
-que esta obra por sí misma, independientemente del conocimiento que
-se tiene de los dogmas. Nosotros por el contrario creemos, que una
-verdad no tiene valor sino cuando uno la descubre por sí mismo; cuando
-se vé todo el órden de ideas que con ella se enlaza: nosotros no nos
-creemos obligados á no emitir las opiniones que no estén de acuerdo
-con la creencia de una porcion de nuestros semejantes; nosotros no nos
-sacrificamos á las exigencias de las diversas ortodoxias, y lejos
-en fin de atacarlas ó provocarlas, procedemos como si no existiesen.
-En cuanto á mí, el dia que comprendiese que se habia hecho el menor
-esfuerzo para inducir á cualquiera á que participase de mis ideas,
-tendria un gran sentimiento; y me pareceria, ó que mi espíritu se
-hallaba turbado al escribir este libro, ó que pesaba sobre mí alguna
-cosa que me impedia regocijarme ante la alegre contemplacion del
-universo.
-
-¿Quién no vé por otra parte, que si mi objeto fuese hacer la guerra á
-los cultos establecidos, deberia proceder de otro modo, limitándome
-únicamente á demostrar las imposibilidades y las contradicciones de
-los textos y de los dogmas que se tienen por sagrados? Esta penosa
-tarea se ha hecho mil veces y se ha hecho muy bien. En 1856[61]
-escribia ya lo que sigue:
-
- «Protesto para siempre contra la falsa interpretacion que se dé á
- mis trabajos, si se consideran como obras de polémica los diversos
- ensayos que he publicado, ó que pudiera publicar en lo sucesivo,
- sobre la historia de las religiones. Soy el primero en reconocer que
- tomados como obras de polémica, esos ensayos serian muy pobres, pues
- la polémica exige una estratégia á la que soy completamente extraño,
- porque es preciso saber elegir el lado débil de sus adversarios, no
- tocar jamás las cuestiones inciertas, y abstenerse de toda concesion,
- es decir, renunciar á lo que constituye la esencia misma del espíritu
- científico. Ese no es mi método: la cuestion fundamental sobre
- la que debe girar la discusion religiosa, es decir, la cuestion
- de la revelacion y de lo natural, yo no la toco nunca; no porque
- esta cuestion no se haya resuelto por mí con entera certeza, sino
- porque la discusion de ella no es científica, ó mejor dicho, porque
- la ciencia independiente la supone resuelta con anterioridad. Á
- no dudarlo, si yo me propusiese entablar una polémica sobre un
- punto cualquiera, incurriria en un defecto capital al trasladar al
- terreno de los problemas delicados y oscuros una cuestion que se
- puede discutir con más claridad en los términos vulgares que para
- ello emplean por lo general los amantes de la controversia y los
- apologistas. Aun cuando conozca cuantas son las ventajas que al decir
- esto concedo á mis enemigos, me complazco en darlas si con ello
- consigo convencer á los teólogos que mis escritos tienen un carácter
- muy distinto de los suyos, y que no se debe ver en ellos sino puras
- investigaciones de erudicion, atacables como tales, y en las que se
- trata de aplicar á la religion judía y á la religion cristiana los
- principios de crítica que se siguen en los demás ramos de la historia
- y de la filología. En cuanto á la discusion de las cuestiones
- puramente teológicas, no tomaré en ella parte alguna, siguiendo en
- esto el ejemplo de los Sres. Burnouf, Creuzer, Guigniaut y otros
- tantos historiadores críticos de las religiones de la antigüedad, que
- no se han creido obligados á encargarse de la refutacion ó apología
- de los cultos de que se ocupaban. La historia de la humanidad es
- para mí un vasto conjunto donde todo es esencialmente desigual y
- diverso, pero donde todo es del mismo órden: sale de las mismas
- causas y obedece á las mismas leyes. Estas son las que yo busco sin
- más objeto que descubrir cuando menos la aproximacion de la verdad.
- Nada me hará dejar mi papel oscuro, aunque útil para la ciencia, por
- el de controversista, cargo fácil de desempeñar, porque asegura al
- escritor el apoyo de las personas que creen deber oponer la guerra á
- la guerra. En esta polémica, cuya necesidad no trataré de negar, pero
- que no está ni en mis gustos ni en mis principios, basta Voltaire.
- No se puede ser á la vez buen controversista y buen historiador;
- Voltaire, tan débil como erudito, Voltaire, que nos parece tan poco
- iniciado en la escuela de la antigüedad á nosotros que observamos
- un método mejor, Voltaire alcanzaria siempre la victoria sobre
- adversarios que se juzgaran tan fuertes como él. Seria necesaria una
- nueva edicion de las obras de aquel grande hombre para satisfacer la
- necesidad del momento y contestar á los ataques de la teología de
- la manera conveniente á la que se trata de discutir. Pero hagamos
- una cosa mejor, nosotros que somos tan amantes de lo verdadero como
- de satisfacer la curiosidad, dejemos estos debates á los que se
- complacen en ellos; trabajemos para ese pequeño número que marcha
- por la gran senda del espíritu humano. Ya sé que la popularidad se
- inclina en favor de los escritores que en vez de seguir la forma más
- elevada de la verdad, se consagran á luchar contra las opiniones de
- su tiempo, pero en justa compensacion, aquellos quedan oscurecidos
- cuando la opinion que combatieron deja de existir. Los que han
- refutado la mágia y la astrología en los siglos XVI y XVII, han
- prestado un servicio inmenso á la razon; y sin embargo, sus escritos
- son desconocidos hoy; su victoria misma es causa de que se les haya
- olvidado.»
-
-Yo me atendré invariablemente á esta regla de conducta, la única
-conforme con la dignidad del sabio. Yo sé que las investigaciones de
-la historia religiosa se ponen en contacto con ciertas cuestiones que
-parecen exigir una solucion; las personas poco familiarizadas con la
-libre especulacion no comprenden la calma y lentitud del pensamiento;
-los hombres prácticos se impacientan contra la ciencia que no satisface
-pronto sus deseos. No nos dejemos dominar por esa inútil impaciencia;
-guardémonos bien de fundar nada; permanezcamos en nuestras iglesias
-respectivas aprovechándonos de su culto secular y de su tradicion de
-virtud, tomando parte en sus buenas obras y disfrutando de la poesía
-de su pasado. No rechacemos sino su intolerancia, mas sin dejar de
-perdonarla, porque es, como el egoismo, una necesidad de la naturaleza
-humana. Suponer que se pueden fundar en lo sucesivo nuevas familias
-religiosas ó que la proporcion de las que existen hoy cambie mucho,
-es ir contra las apariencias: el catolicismo se verá bien pronto
-minado por grandes cismas; los tiempos de Avignon, de los antipapas,
-de los clementes y de los urbanos van á volver; la Iglesia católica
-podrá reconstruir su siglo XIV, mas á pesar de sus divisiones, siempre
-será la Iglesia católica. Es probable que dentro de cien años no haya
-variado sensiblemente la relacion entre el número de protestantes,
-de católicos y de judíos, pero se habrá verificado un gran cambio,
-sensible á la vista de todos; cada una de esas familias religiosas
-tendrá dos clases de fieles, los unos creyentes absolutos como en la
-Edad media, los otros que prescindirán de la letra para no fijarse
-sino en el espíritu. Este segundo grupo, se irá aumentando poco á
-poco, y atendido á que el espíritu enlaza tanto como la letra divide,
-los espiritualistas de cada comunion irán reuniéndose insensiblemente
-sin intentarlo siquiera. El fanatismo se perderá en una tolerancia
-general; el dogma llegará á ser un arca misteriosa que convendrá no
-abrir jamás si bien esto no seria necesario estando aquella vacía. Yo
-temo que solo una religion resistirá á este movimiento dogmático; me
-refiero al islamismo. Entre algunos musulmanes y hombres eminentes de
-Constantinopla, se conserva la escuela antigua, y en Persia sobre todo,
-se encuentran gérmenes de un espíritu conciliador, pero si estos se
-ven ahogados por el fanatismo de los Ulemas, el islamismo perecerá, y
-para creerlo así, tenemos dos razones evidentes; la primera es que la
-civilizacion moderna no desea que los antiguos cultos mueran del todo;
-la segunda es que no tolerará que entorpezcan su marcha las antiguas
-instituciones religiosas. Á estas no les queda más recurso sino ceder ó
-morir.
-
-En cuanto á la religion pura, que pretende precisamente no ser una
-secta ni una iglesia aparte, ¿por qué se ha de colocar en una posicion
-que puede ofrecerle muchos inconvenientes y ninguna ventaja? ¿Por qué
-ha de enarbolar bandera contra bandera, sabiendo que la salvacion
-es posible á todos y por todas partes, y que depende del grado de
-virtud de cada uno? No es extraño que el protestantismo provocara una
-encarnizada guerra en el siglo XVI: el protestantismo partia de una fé
-muy absoluta, y lejos de debilitar el dogmatismo, la reforma señaló
-un renacimiento del espíritu cristiano, el más rígido que pudiera
-conocerse. El movimiento del siglo XIX, por el contrario, parte de
-un sentimiento que es la inversa del dogmatismo, y conducirá, no á
-formar sectas ó iglesias separadas, sino á dulcificar aquellas. Las
-divisiones aumentan el fanatismo de la ortodoxia provocando reacciones:
-los Luteros y los Calvinos produjeron los Caraffa; los Ghislieri dieron
-ejemplo á los Loyolas y á Felipe II. Si nuestra iglesia nos rechaza, no
-hagamos recriminaciones; sepamos apreciar la dulzura de las costumbres
-modernas que ha hecho impotentes esos ódios; consolémonos al pensar
-en esa iglesia invisible que encierra los santos excomulgados, las
-más hermosas almas de cada siglo. Los desterrados de una iglesia, son
-siempre los elegidos porque se anticipan á los tiempos; el hereje de
-hoy es el ortodoxo del porvenir. ¿Y qué es por otra parte la excomunion
-de los hombres? El Padre celestial no excomulga más que á los corazones
-duros y mezquinos: si el sacerdote rehusa admitirnos en su cementerio,
-prohibamos á nuestras familias reclamar; Dios es quien juzga; la tierra
-es una buena madre que no establece diferencias; el cadáver del hombre
-honrado que se entierra en un rincon no bendecido, lleva la bendicion
-consigo.
-
-Á no dudarlo hay situaciones en que es difícil la aplicacion de estos
-principios: hay personas adictas en cierto modo á la fé absoluta, y al
-decir esto, quiero hablar de los hombres sujetos á las órdenes sagradas
-ó revestidos de un órden sacerdotal, pero aun en este caso, un alma
-noble y hermosa puede salir de apuro. Si un digno cura de aldea llega á
-comprender, merced á sus estudios solitarios ó á la pureza de su vida,
-las imposibilidades del dogmatismo literal ¿por qué ha de contristar á
-los que ha consolado hasta entonces, explicando á las gentes sencillas
-cambios que estas no pueden comprender? ¡No quiera Dios que así
-suceda! No hay dos hombres en el mundo que tengan precisamente los
-mismos deberes que cumplir. El buen obispo Colenso dió una prueba de
-honradez, sin ejemplo en la iglesia, al escribir sus dudas tan pronto
-como le ocurrieron; pero el humilde sacerdote católico que se halla en
-un país donde predomina un espíritu apocado y tímido, debe callarse.
-¡Oh, cuántas tumbas discretas de las que se encuentran al rededor de
-las iglesias de un pueblo, ocultan poéticos secretos y angelicales
-silencios!
-
-La teoría no es la práctica: lo ideal debe ser siempre lo ideal; debe
-temer contaminarse al contacto de la realidad. No se hacen grandes
-cosas sino teniendo ideas estrictamente fijas, pues la capacidad humana
-es una cosa limitada; el hombre que no tuviese ninguna preocupacion
-seria impotente. Disfrutemos de la libertad de los hijos de Dios,
-pero no seamos cómplices de la disminucion de virtud que amenazaria
-á nuestras sociedades si el cristianismo llegara á debilitarse. ¿Qué
-seriamos sin esto? ¿Quién reemplazaria á esas grandes escuelas tales
-como la de San Sulpicio; á ese ministerio de abnegacion de las Hijas
-de la Caridad? ¿Cómo no temer la ceguedad del corazon y los males que
-invadirian el mundo? Nuestra disidencia con las personas que creen
-en las religiones positivas, no es, despues de todo, sino puramente
-científica; por el corazon, estamos con ellas; solo tenemos un enemigo
-que tambien es el suyo, y al decir esto, me refiero al materialismo
-vulgar, á la bajeza del hombre interesado.
-
-Así pues, ¡paz en el nombre de Dios! Que vivan el uno al lado del
-otro los diversos órdenes de la humanidad, no falseando su propio
-genio para hacerse concesiones recíprocas, que los debilitarian, sino
-apoyándose mútuamente. Nada debe reinar aquí bajo exclusivamente;
-ninguna fuerza debe hallarse en estado de suprimir las demás. La
-armonía de la humanidad resulta de la libre emision de las notas
-más discordantes; que la ortodoxia consiga matar á la ciencia, y ya
-sabemos lo que sucederá; el mundo musulman y la España mueren por haber
-contribuido harto concienzudamente á la realizacion de este hecho. Si
-el mundo se dejara gobernar por el racionalismo, sin consideracion á
-las necesidades religiosas del alma, ahí está la experiencia de la
-Revolucion francesa para decirnos cuáles serian las consecuencias
-de semejante falta. El instinto del arte llevado al último extremo,
-pero sin honradez, convirtió á la Italia del renacimiento en un lugar
-peligroso. El fastidio, la vanidad y el atraso, son el castigo de
-ciertos países protestantes donde, bajo el pretexto del buen sentido
-y del espíritu cristiano, se ha suprimido el arte y reducido la
-ciencia de una manera mezquina. Lucrecia y Santa Teresa, Aristófanes
-y Sócrates, Voltaire y Francisco de Asís, Rafael y Vicente de Paul,
-tienen igualmente su razon de ser, y la humanidad seria defectuosa si
-faltara uno solo de los elementos que la componen.
-
-
-
-
-LOS APÓSTOLES.
-
-CAPÍTULO I.
-
-Formacion de las creencias relativas á la resurreccion de Jesús. -- Las
-apariciones de Jerusalem.
-
-
-[Marginal: Año 33]
-
-Aunque Jesús hablaba continuamente de resurreccion y nueva vida, no
-habia dicho nunca claramente que resucitaria en su carne[62]. Durante
-las primeras horas que siguieron á su muerte, sus discípulos no sabian
-á qué atenerse fijamente sobre este punto, pero segun la opinion que
-ingénuamente emitieron, suponian que todo estaba acabado. Lloran y
-entierran á su amigo, si no como á un muerto vulgar, al menos como á
-una persona cuya pérdida es irreparable[63]; están tristes y abatidos;
-pierden la esperanza que tenian de que su maestro redimiese á Israel,
-y diríase en fin, que se desvanecia la más querida ilusion de aquellos
-hombres.
-
-Pero el entusiasmo y el amor no conocen las situaciones sin salida: se
-burlan de la impostura, y antes que renunciar á la esperanza, violentan
-la realidad. Algunas palabras que se recordaba habia dicho el maestro,
-sobre todo, aquellas por las cuales predijo su futuro advenimiento,
-podian interpretarse en el sentido de que saldria de la tumba,[64] y
-semejante creencia era por otra parte tan natural, que la fé de los
-discípulos hubiera bastado para confirmarla en todas sus partes. Segun
-la opinion general, Enoc y Elías no habian muerto, y ya se empezaba á
-creer que los patriarcas y los hombres de primer órden de la antigua
-ley, no habian muerto tampoco realmente, y que sus cuerpos se hallaban
-en sus sepulcros, en Hebron, vivos y animados.[65] Debia suceder con
-Jesús lo que con todos los hombres que han cautivado la atencion de sus
-semejantes; acostumbrado el mundo á suponerles virtudes sobrehumanas,
-no puede admitir que se hallen sujetos á la ley injusta é inícua de la
-muerte comun. En el momento de expirar Mahoma, Omar salió de la tienda
-sable en mano y declaró que cortaria la cabeza al que se atreviese
-á decir que el profeta ya no existia.[66] La muerte es una cosa tan
-absurda cuando hiere al hombre de genio ó de gran corazon, que el
-pueblo no cree en la posibilidad de semejante error de la naturaleza.
-Los héroes no mueren: ¿no es acaso la verdadera existencia la memoria
-que se conserva en el corazon de los que nos aman? Aquel adorado
-maestro habia llenado de alegría y de esperanza durante algunos años
-al pequeño mundo que se agrupaba á su alrededor. ¿Habria de dejársele
-pudrir en su tumba? No; habia vivido demasiado en el recuerdo de sus
-oyentes, para que no se afirmase despues de su muerte que vivia aún[67].
-
-El dia que siguió al enterramiento de Jesús (sábado, 15 de nisan)
-todos se entregaron á estas reflexiones, y nadie trabajó porque era
-dia de sábado, pero jamás el descanso pudo ser tan fecundo, pues
-el pensamiento cristiano no tuvo que ocuparse aquel dia sino del
-maestro depositado en la tumba. Las mujeres, sobre todo, le prodigaban
-mentalmente sus más tiernas caricias, sin poder olvidar por un instante
-al dulce amigo que reposaba sobre su mirra, despues de haber sido
-muerto por los malos. ¡Ah! ¡sin duda los ángeles que le rodeaban, se
-cubrian la faz con su sudario! Bien decia él que iba á morir, que
-su muerte seria la salvacion del pecador, y que resucitaria en el
-reino de su Padre. Sí, él resucitará. ¡Dios no puede permitir que su
-hijo sea presa de los infiernos; no consentirá que su hijo vea la
-corrupcion![68] ¿Qué importa que le cubra la losa de la tumba? Él la
-levantará; él subirá á la diestra de Dios Padre de donde ha bajado; le
-volveremos á ver, oiremos su voz deliciosa y su palabra divina, y en
-vano le habrán dado muerte.
-
-La creencia en la inmortalidad del alma, que por la influencia de la
-filosofía griega ha llegado á ser un dogma del cristianismo, permite
-consolarse fácilmente ante la idea de la muerte, puesto que con la
-destruccion del cuerpo, en esta hipótesis, queda el alma en libertad
-y no está ya sujeta por los lazos sin los cuales puede existir.
-Pero esta teoría, que considera al hombre como un compuesto de dos
-sustancias, no era muy clara para los judíos. El reinado de Dios y
-el del espíritu, consistia para ellos en una completa transformacion
-del mundo y en el aniquilamiento de la muerte.[69] Reconocer que la
-muerte podia vencer á Jesús, al que venia á suprimir su imperio, era
-el colmo del absurdo: solo la idea de que el maestro pudiera sufrir,
-habia indignado á sus discípulos[70], los cuales no pudieron luego
-elegir entre la desesperacion ó una afirmacion heróica. Á un hombre
-penetrante le hubiera sido dable anunciar desde el sábado que Jesús
-resucitaria, y en efecto, la pequeña sociedad cristiana hizo aquel dia
-el verdadero milagro; al resucitar á Jesús en su corazon, por el amor
-intenso que le profesaban, resolvió que Jesús no muriera: el amor en
-aquellas almas apasionadas fué en verdad más fuerte que la muerte,[71]
-y como la cualidad de la pasion es ser comunicativa, encendiendo cual
-una antorcha un sentimiento que se le asemeja, y se propaga luego
-indefinidamente, Jesús ha resucitado ya bajo cierto punto de vista.
-Que un hecho material é insignificante nos permita creer que su
-cuerpo no está aquí abajo, y se funda para la eternidad el dogma de la
-resurreccion.
-
-Esto fué precisamente lo que sucedió, en circunstancias, que aunque en
-parte oscuras, á causa de la incoherencia de las tradiciones, se pueden
-apreciar con un grado suficiente de probabilidad[72].
-
-El domingo por la mañana muy temprano, las mujeres galileas, que
-el viernes por la noche habian embalsamado apresuradamente el
-cuerpo, se dirigieron al sepulcro donde se habia depositado aquel
-provisionalmente. Entre aquellas mujeres, iban María Magdalena, María
-Cleofas, Salomé, Juana, mujer de Kouza, y otras varias[73], siendo
-probable que llegasen cada una por su lado, pues es difícil poner en
-duda la tradicion de los tres Evangelios sinópticos, segun la cual
-llegaron al sepulcro varias mujeres[74], aunque es cierto, por otra
-parte, que en los dos relatos más auténticos[75] que tenemos de la
-resurreccion, María Magdalena desempeña por sí sola un papel importante
-en aquel momento solemne. Á ella pues, debemos seguir paso á paso,
-porque aquel dia, y durante una hora, cargó con todo el peso de la
-conciencia cristiana: su testimonio decidió la fé del porvenir.
-
-Recordemos que el sepulcro donde se habia encerrado el cuerpo de
-Jesús, se acababa de abrir en la roca, y estaba situado en un jardin
-cerca del lugar de la ejecucion[76] por cuya circunstancia se eligió
-con preferencia este sitio en vista de que era sábado[77] y no se
-queria infringir la ley que mandaba no trabajar en este dia. El primer
-Evangelio, no obstante, añade una circunstancia, y es que el sepulcro
-pertenecia á José de Arimatea, pero en general las circunstancias
-anecdóticas que nos da el primer Evangelio para el fondo comun de
-la tradicion, no tienen valor alguno, sobre todo al tratarse de los
-últimos dias de la vida de Jesús[78]. El mismo Evangelio nos dice
-tambien que se puso una guardia en el sepulcro[79], pero atendiendo
-al silencio que guardan los demás, este dato no tiene visos de
-probabilidad.--Recordemos tambien que las tumbas funerarias, eran una
-especie de habitaciones bajas, abiertas en una roca inclinada, cortada
-verticalmente, y que la puerta, por lo general, se formaba con una
-piedra muy grande y pesada que encajaba en un hueco[80]. Estos recintos
-no se cerraban con llave ni cerradura; el peso de la piedra era la
-única garantía de seguridad contra los ladrones ó profanadores de las
-tumbas, y por esto se hacia de modo que fuera necesaria una máquina
-para mover la piedra ó los esfuerzos reunidos de varios hombres.--Todas
-las tradiciones están conformes en que la piedra se habia colocado en
-el orificio del sepulcro el viernes por la noche.
-
-Ahora bien; cuando llegó María Magdalena el domingo por la mañana, la
-piedra no se encontraba en su sitio; hallábase el sepulcro abierto y
-el cuerpo ya no estaba allí. María Magdalena aún no tenia una idea muy
-clara acerca de la resurreccion; lo que llenaba su alma era un tierno
-sentimiento y el deseo de hacer las honras fúnebres á su divino amigo,
-y así es que sus primeras impresiones fueron la sorpresa y el dolor. La
-desaparicion de aquel cuerpo querido, le arrebataba su último consuelo
-y alegría; ¡ya no le tocaria más con sus manos!... ¿Y qué habria sido
-de él?... La idea de una profanacion cruzó por su mente, pero al mismo
-tiempo, concibió una vaga esperanza. Sin perder momento, corre á una
-casa donde se hallaban reunidos Pedro y Juan[81] y les dice: «Se han
-llevado el cuerpo del maestro y no sabemos dónde le han puesto.»
-
-Los dos discípulos se levantan apresuradamente y echan á correr: Juan,
-el más jóven, llega primero y se inclina para mirar en el interior del
-sepulcro; María tenia razon: el sepulcro estaba vacío, y los lienzos
-que sirvieron para amortajar el cuerpo, se hallaban diseminados por
-el suelo. Poco despues llega Pedro, entra con su compañero, examina
-los lienzos, manchados sin duda de sangre, y observan que el sudario
-que rodeara la cabeza de Jesús está tirado en un rincon[82]. Pedro
-y Juan se retiran á su casa muy agitados; si no pronuncian aún la
-palabra decisiva «ha resucitado,» bien puede decirse que deducian
-esta consecuencia y que estaba ya fundado el dogma generador del
-cristianismo.
-
-Cuando Pedro y Juan hubieron salido del jardin, María permaneció
-sola al borde del sepulcro llorando amargamente. Un solo pensamiento
-la preocupaba: ¿dónde habrian puesto el cuerpo? Su corazon de mujer
-solo anhelaba tener una vez más en sus brazos el cadáver querido. De
-pronto oye un ligero rumor á su espalda: un hombre está de pié delante
-de ella: María cree que es el jardinero y exclama: «¡Oh!, si eres tú
-quien se le ha llevado, dime dónde le has puesto para ir á buscarle.»
-Por toda respuesta oye que pronuncian su nombre «¡María!» Era la misma
-voz que tantas veces la conmoviera: era el acento de Jesús. «¡Oh mi
-maestro!» exclama ella tratando de tocarle; pero por un movimiento
-instintivo se inclina como para besarle los piés[83]. Entonces la
-vision se aparta con ligereza y dice: «¡No me toques!» Poco á poco
-desaparece la sombra[84], pero el milagro de amor se ha consumado ya.
-Lo que Céfas no habia podido hacer, lo ha hecho María: ha sabido sacar
-del sepulcro vacío la vida y la dulce y penetrante palabra de Jesús. Ya
-no se trata de deducir consecuencias ni de hacer conjeturas: María ha
-visto y ha oido: la resurreccion tiene su primer testigo ocular.
-
-Loca de amor, embriagada de alegría, entra María en la ciudad y dice á
-los primeros discípulos que encuentra[85] «Le he visto; me ha hablado.»
-Su agitacion extremada[86], sus frases entrecortadas y sin hilacion,
-hicieron creer á algunos que estaba loca[87]. Pedro y Juan por su
-parte, cuentan lo que han visto; otros discípulos van al sepulcro
-y ven lo mismo[88], y bien pronto todo aquel grupo conviene en que
-Jesús ha resucitado. Aún quedaban muchas dudas, pero la seguridad de
-María, Pedro y Juan, se comunicó á los demás, y más tarde se llamó á
-esto _la vision de San Pedro_[89]. Pablo, particularmente, no habla
-de la vision de María y hace recaer en Pedro el honor de la primera
-aparicion, pero esto no es exacto, puesto que aquel solo vió el
-sepulcro vacío, el lienzo y el sudario. Solo María amó lo bastante para
-vencer las leyes de la naturaleza y resucitar el fantasma del maestro.
-En esta especie de crísis maravillosas, ver despues de los otros,
-no es nada: todo el mérito está en ser el primero, porque los otros
-modelan despues la vision segun lo que se les ha dicho. Es condicion
-de las organizaciones privilegiadas, concebir la imágen con precision
-é inmediatamente, por una especie de intuicion del dibujo. La gloria
-de la resurreccion pertenece pues á María Magdalena: despues de Jesús,
-María es quien ha hecho más por la fundacion del cristianismo; la
-sombra creada por los delicados sentidos de Magdalena se cierne aún
-sobre el mundo; reina y patrona de los idealistas, Magdalena ha sabido
-mejor que nadie realizar su sueño, é imponer á todos la santa vision
-de su alma apasionada. Su firme resolucion al decir: «¡ha resucitado!»
-ha sido la base de la fé de la humanidad. ¡Lejos de aquí razonamientos
-impotentes! No apliquemos un frio análisis á esa obra maestra del
-idealismo y del amor. Si la sabiduría renuncia á consolar á esa pobre
-raza humana, dejad á la locura que lo intente. ¿Dónde está el sabio que
-ha dado al mundo tanta alegría como la poseida María Magdalena?
-
-Sin embargo, las demás mujeres que habian ido al sepulcro, circularon
-diversos rumores[90]: ellas no habian visto á Jesús[91], pero hablaban
-de una figura blanca que divisaron en el sepulcro y que les dijo:
-«Ya no está aquí: volved á Galilea, á donde os precederá[92].» Acaso
-fueran los lienzos blancos la causa de esta alucinacion; puede ser
-tambien que no vieran nada y que no hablasen de su vision sino cuando
-María Magdalena hubo referido la suya. En efecto[93] segun uno de los
-textos más auténticos, guardaron silencio por algun tiempo, silencio
-que se atribuyó despues al terror. Como quiera que sea, estos relatos
-iban aumentándose á cada momento y sufrian extrañas transformaciones:
-se dijo que la figura blanca era el ángel de Dios; que su vestido
-era deslumbrador como la nieve y que su semblante resplandecia como
-un relámpago; otros hablaban de dos ángeles, uno de los cuales
-apareció á la cabeza del sepulcro y otro á los piés[94], y por último
-llegada la noche, muchas personas creian ya acaso que las mujeres
-habian visto bajar un ángel del cielo, levantar la piedra, y á Jesús
-lanzarse fuera con estrépito[95]. Ellas mismas variaban sin duda sus
-declaraciones[96]; sometidas á la influencia de la imaginacion de los
-otros, como sucede siempre á las gentes del pueblo, prestábanse á todos
-los embellecimientos imaginables y contribuian á crear la naciente
-leyenda. Aquel dia, en que reinó la mayor agitacion, puede decirse que
-fué decisivo, pues la pequeña sociedad comenzó á dispersarse. Algunos
-se habian marchado ya á Galilea, y otros se ocultaron por temor:[97]
-la deplorable escena del viernes, el espectáculo desgarrador que
-todos presenciaron al ver morir á aquel de quien tanto esperaban,
-sin que su Padre fuera á salvarle, bastó para hacer vacilar la fé de
-muchos. Las noticias dadas por las mujeres y por Pedro, fueron oidas
-con una incredulidad mal disimulada;[98] circulaban rumores á cual
-más diversos; las mujeres iban de un punto á otro refiriendo cuentos
-extraños, y comenzaban á experimentarse diversos sentimientos. Los
-unos lloraban aún el triste acontecimiento de la víspera; mostrábanse
-otros triunfantes; todos estaban dispuestos á escuchar los relatos
-más extraordinarios; y sin embargo, la desconfianza que inspiraba la
-exaltacion de María Magdalena,[99] la poca autoridad que tenian los
-asertos de las mujeres y la incoherencia de sus noticias, inspiraban
-grandes dudas. Esperábanse nuevas visiones que no podian menos de
-presentarse; el estado en que se hallaba la secta era completamente
-favorable á la propagacion de los rumores extraños; si toda la pequeña
-iglesia hubiese estado reunida, habria sido imposible la creacion
-legendaria, pues los que sabian el secreto de la desaparicion del
-cuerpo, hubieran protestado probablemente contra el error, si bien la
-situacion de los ánimos era lo más á propósito para admitir toda clase
-de noticias por inverosímiles que fuesen.
-
-Las almas en que se produce el éxtasis ó el sentimiento de las
-apariencias, tienen el don de contagiar á las demás. La historia
-de todas las grandes crísis religiosas, prueba que esta especie de
-visiones se comunican:[100] en una reunion de personas que abundan en
-las mismas creencias, basta que un individuo de la sociedad afirme ver
-ú oir alguna cosa sobrenatural, para que los demás lo oigan y vean
-tambien. Cuando entre los protestantes perseguidos circulaba el rumor
-de que se habia oido á los ángeles cantar salmos en las ruinas de un
-templo acabado de destruir, todos iban y oian el mismo salmo;[101]
-en casos de este género, los más exaltados son los que hacen la ley
-y regulan el grado de la atmósfera comun. La exaltacion de los unos
-se comunica á los otros; nadie quiere quedarse atrás, ni creer que
-es menos favorecido que sus compañeros, y los que no ven nada acaban
-por creer, ó que son menos inteligentes ó que no se dan cuenta de sus
-sensaciones, pero de todos modos se guardan muy bien de confesarlo,
-pues turbarian la fiesta, y contristarian á los demás, poniéndose en
-mal lugar. Cuando se produce una aparicion en semejantes reuniones,
-es por lo tanto regular que todos la vean ó acepten, y aquí debemos
-recordar cuál era el grado de instruccion de los discípulos de Jesús.
-Ellos creian en los fantasmas;[102] imaginábanse estar rodeados de
-milagros, y no participan en nada de la ciencia positiva de la época,
-de esa ciencia que solo existia entonces entre algunos pocos hombres,
-hijos del país donde habia penetrado la cultura griega. La Palestina
-era en este concepto uno de los países más atrasados, pero aún lo era
-más la Galilea, y los discípulos de Jesús podian considerarse como
-los más ignorantes de todos y á su misma sencillez debieron ser los
-elegidos. En semejante sociedad, era extraordinariamente fácil propagar
-la creencia en los hechos maravillosos; una vez emitida la opinion de
-que habia resucitado Jesús, debieron producirse numerosas visiones, y
-se produjeron en efecto.
-
-El mismo dia del Domingo, á una hora bastante avanzada de la mañana, y
-cuando ya habian circulado los relatos de las mujeres, dos discípulos
-uno de los cuales se llamaba Cleofas, emprendieron un corto viaje á una
-aldea llamada Emmaus,[103] situada á poca distancia de Jerusalem.[104]
-Por el camino, hablaban de los últimos acontecimientos, poseidos de
-tristeza cuando se les apareció un desconocido preguntándoles la causa
-de su afliccion. «¿Has estado tan poco en Jerusalem, le dijeron, que
-ignoras lo que acaba de suceder? ¿No has oido hablar de Jesús de
-Nazaret, que fué un hombre profeta, poderoso en obras y palabras ante
-Dios y el pueblo? ¿Ignoras por ventura de qué modo los sacerdotes y
-los grandes le han hecho condenar y crucificar? Nosotros esperábamos
-que él redimiria á Israel, y ahora ya hace tres dias que todo está
-acabado. Algunas de nuestras mujeres nos han hecho concebir esta mañana
-extrañas dudas, pues han ido al sepulcro antes de amanecer y no han
-encontrado el cuerpo, si bien afirman haber visto ángeles que les
-han dicho que vivia. Algunos de los nuestros fueron tambien luego al
-sepulcro y hallaron ser así como las mujeres habian dicho, mas no le
-vieron á él». El desconocido era un hombre piadoso, que versado en las
-Escrituras citaba á Moisés y á los profetas, y aquellos tres hombres
-comenzaron á departir amistosamente. Al aproximarse á Emmaus, y como
-quiera que el desconocido se mostrase dispuesto á continuar su marcha,
-suplicáronle los discípulos que se quedara á cenar con ellos. Declinaba
-el dia y los recuerdos de Cleofas y su compañero iban siendo más
-dolorosos, porque aquella hora de la noche era la que les inspiraba más
-melancolía. ¡Cuántas veces habian visto en tales momentos al maestro
-querido descansar de las tareas del dia y conversar agradablemente con
-ellos, hablándoles del fruto de la viña que tomaria con ellos en el
-reino de su Padre! El ademan que hacia al cortar el pan y ofrecérselo,
-segun la costumbre del jefe de la casa entre los judíos, estaba
-profundamente grabado en su memoria; poseidos de una dulce tristeza,
-olvidaban al extranjero y no veian más que á Jesús ofreciéndoles el
-pan que tenia en la mano. Preocupados con estos recuerdos, no se
-aperciben que su compañero, que sin duda estaba de prisa, se habia
-marchado, y cuando hubieron vuelto en sí de sus reflexiones se dijeron:
-«¿No has experimentado alguna cosa extraña? ¿No recuerdas que nuestro
-corazon parecia abrasarse cuando nos hablaba ese desconocido?»--«Y
-las profecías que citaba, prueban bien que el Mesías debe padecer
-para entrar en su gloria. ¿No le has reconocido tambien al partir el
-pan?»--«Sí, nuestros ojos estaban cerrados, y se han abierto ahora que
-acaba de desaparecer.» Los dos discípulos se convencieron de que habian
-visto á Jesús y volvieron presurosos á Jerusalem.
-
-El grupo principal de los discípulos se hallaba precisamente reunido
-en aquel momento al rededor de Pedro,[105] y era ya muy entrada la
-noche. Cada uno comunicaba sus impresiones y lo que habia oido decir,
-siendo la creencia general que Jesús habia resucitado. Al entrar
-los dos discípulos, se les habló de lo que se llamaba _la vision de
-Pedro_,[106] y ellos por su parte contaron lo que les sucediera en
-el camino, y como acababan de reconocer al maestro al cortar el pan.
-Entonces la imaginacion de todos se sobrescitó vivamente: las puertas
-estaban cerradas porque se temia á los judíos, y como las ciudades
-Orientales están mudas cual la tumba despues de la puesta del sol,
-el silencio era cada vez más profundo en el interior y todos los más
-leves rumores que se producian por casualidad, inducian á creer que
-iba á realizarse la esperanza de todos. La ilusion crea por lo general
-su objeto.[107] Durante un momento de silencio, pasó sin duda entre
-los concurrentes un soplo de la brisa, pero en instantes como aquel,
-una corriente de aire, una ventana que rechina, un murmullo fortuito,
-bastan para fijar la creencia de los pueblos por espacio de varios
-siglos. Al mismo tiempo de soplar la brisa, creyéronse oir ciertos
-sonidos, y algunos dijeron que acababan de percibir entre aquellos
-la palabra _schalom_ «felicidad ó paz», que era la frase que por lo
-general empleaba Jesús para indicar su presencia. No cabia duda;
-Jesús estaba presente entre la asamblea, aquella era su voz querida,
-todos la reconocian[108] con tanta más razon cuanto que el maestro
-les habia dicho que siempre que se reunieran en su nombre se hallaria
-entre ellos. Quedó pues sentado que el Domingo por la noche, se habia
-aparecido Jesús á sus discípulos; algunos aseguraban haber observado
-en sus manos y piés la señal de los clavos, y en su costado la herida
-de la lanza. Segun una tradicion muy conocida, aquella noche misma fué
-cuando sus discípulos percibieron el soplo del Espíritu Santo,[109]
-idea que fué generalmente admitida.
-
-Tales fueron los incidentes de aquel dia en que se fijó la suerte de
-la humanidad: la opinion de que Jesús habia resucitado, quedó fundada
-irrevocablemente, y la secta que se habia tratado de extinguir dando
-muerte al maestro, dejó entonces asegurado un porvenir inmenso.
-
-Sin embargo, aún quedaban algunas dudas:[110] el apóstol Tomás, que
-no asistió á la reunion que tuvo lugar el domingo por la noche,
-confesó que envidiaba la suerte de los que habian visto la señal de la
-lanzada y de los clavos, y aunque se dice que ocho dias despues quedó
-satisfecho,[111] conservó un ligero á la par que dulce resentimiento.
-Por una consideracion instintiva de exquisita precision, comprendíase
-que el ideal no debe tocarse con las manos ni se le debe sujetar
-tampoco á la experiencia. _Noli me tangere_, es la palabra de los
-grandes amores. El tacto no es necesario para la fé; la vista, órgano
-más puro y noble que la mano, la vista que no mancha nada ni se
-mancha tampoco, llegó á ser bien pronto un testigo supérfluo; luego
-dominó á todos un sentimiento particular; toda vacilacion pareció una
-falta de lealtad y de amor, se tuvo vergüenza de quedarse atrás, y
-ninguno, en fin, deseó ya ver. La frase «¡felices los que no han visto
-y creen!»[112] se puso en boga; comprendióse que era más generoso
-creer sin pruebas, y los verdaderos amigos de corazon no sentian no
-haber tenido visiones,[113] así como más tarde San Luis rehusaba ser
-testigo de un milagro eucarístico, para no rebajar el mérito de la
-fé. En efecto, desde entonces se produjo á porfía una especie de
-emulacion que rayaba en delirio: el mérito consistia en creer sin haber
-visto; la fé á toda costa, la fé gratuita, la fé que llegaba hasta la
-locura, se exaltó como el primero de los dones del alma. El _credo
-quia absurdum_ está fundado; la ley de los dogmas cristianos será
-una extraña progresion que no se detendrá ante ningun obstáculo; una
-especie de sentimiento caballeresco, impedirá que se mire hácia atrás;
-los dogmas más queridos de la piedad, aquellos á los cuales se enlazará
-más estrechamente, serán los más repugnantes á la razon á causa de esa
-idea sublime de que el valor moral de la fé aumenta en proporcion de la
-dificultad de creer, y de que no se prueba el amor, admitiendo lo que
-es claro y evidente.
-
-Así pues, los primeros dias fueron como un período de fiebre intensa
-durante el cual los fieles, embriagados de alegría, se comunicaban
-entre sí sus sueños dejándose dominar por las más exaltadas ideas.
-Multiplicábanse las visiones que se producian regularmente durante las
-reuniones de la noche:[114] cuando las puertas estaban cerradas, y se
-hallaban todos poseidos de su idea fija, el primero que creia oir la
-dulce palabra _schalom_ «Salud ó paz,» daba la señal, y entonces todos
-escuchaban y oian bien pronto la misma cosa; y era de ver la alegría
-de aquellas almas sencillas, que sabian que su maestro se hallaba
-entre ellos. Cada uno saboreaba aquel dulce pensamiento, creyéndose
-favorecido en particular con algun coloquio; producíanse tambien otras
-visiones distintas recordando la de los viajeros de Emmaus, y á la
-hora de la cena, se veia á Jesús aparecer, coger el pan, cortarle y
-bendecirle, y ofrecerle despues al que favorecia con su vision[115].
-En pocos dias reunióse una coleccion de relatos, muy distintos en los
-detalles, pero inspirados todos por un mismo espíritu de amor y fé
-absoluta; es un grave error creer que la leyenda necesite mucho tiempo
-para formarse; la leyenda se produce á veces en un solo dia. El domingo
-por la noche (16 de nisan, 5 de Abril), teníase por una realidad la
-resurreccion de Jesús: ocho dias despues la vida que se le suponia
-despues de la tumba, se consideraba como un hecho evidente.
-
-
-
-
-CAPÍTULO II.
-
-Salida de los discípulos de Jerusalem. -- Segunda vida galilea de Jesús.
-
-
-[Marginal: Año 33]
-
-El más ardiente deseo de los que han perdido una persona querida, es
-ver de nuevo los sitios donde vivieron con ella: este sentimiento
-sin duda fué el que indujo á los discípulos algunos dias despues de
-la Pascua á volver á Galilea. Desde el momento en que tuvo lugar
-el arresto de Jesús, é inmediatamente despues de su muerte, es de
-presumir que muchos se encaminaran á las provincias del Norte, mas al
-verificarse la resurreccion circuló el rumor de que se le volveria
-á ver en Galilea. Algunas de las mujeres que fueron al sepulcro,
-volvieron diciendo que el ángel las dijo que Jesús las precederia
-en Galilea;[116] otras manifestaron que era el maestro quien habia
-mandado que fuesen allí,[117] y no faltó quien creyese recordar que
-dijo lo mismo en vida.[118] De todos modos, es lo cierto que al cabo
-de algunos dias, acaso despues de terminar completamente las fiestas
-de Pascua, los discípulos creyeron recibir la órden de volver á su
-patria, y volvieron en efecto.[119] Quizá comenzaban á disminuir las
-visiones en Jerusalem; é iba predominando una especie de nostalgia; las
-cortas apariciones de Jesús, no eran ya suficientes para compensar el
-inmenso vacío que dejara su ausencia, y todos pensaban melancólicamente
-en aquel lago y hermosas montañas, donde disfrutaron del reino de
-Dios.[120] Las mujeres, sobre todo, querian volver á toda costa al
-país donde habian sido tan felices, y aquí es preciso observar que la
-órden de marcha procedia especialmente de ellas.[121] Aquella ciudad
-odiosa les pesaba; ansiaban ver de nuevo la tierra donde disfrutaban de
-continuo de la presencia de aquel á quien amaban, y estaban muy seguras
-de encontrarle allí aún.
-
-La mayor parte de los discípulos marcharon pues llenos de alegría
-y esperanza, quizás acompañados de la caravana que conducia á los
-pelegrinos de la fiesta de Pascua. No solo esperaban encontrar en
-Galilea las visiones, sino ver de continuo al mismo Jesús como sucedia
-antes de su muerte. La duda llenaba sus almas: ¿iria acaso el maestro
-á restablecer el reino de Israel, á fundar definitivamente el reino
-de Dios, y segun se decia, á «revelar su justicia?»[122] Todo era
-posible: representábanseles ya los risueños paisajes donde disfrutaban
-de su compañía; creian muchos que les habia dado una cita en una
-montaña,[123] probablemente la misma en que fijaban sus más dulces
-recuerdos, y á no dudarlo nunca hicieron los discípulos un viaje más
-alegre, pues todos eran sueños de felicidad en vísperas de realizarse.
-¡Iban á ver á Jesús!
-
-Y le vieron en efecto: apenas entregados á sus pacíficas quimeras,
-creyéronse en pleno período Evangélico. Era llegado entonces el mes
-de abril: la tierra estaba sembrada de esos anémonas rojos, que son
-probablemente esos «lises de los campos,» de los cuales gustábale
-á Jesús sacar sus comparaciones. Á cada paso se encontraban sus
-parábolas, como enlazadas con los mil accidentes del camino; aquí el
-árbol, allí la flor, la semilla de donde sacó su parábola; más lejos,
-la colina donde pronunció sus conmovedores discursos, y allá, en fin,
-la barca donde enseñó. Aquello era como un hermoso sueño, era la
-realizacion de una esperanza perdida; el encanto parecia renacer; el
-dulce «reino de Dios» seguia su curso. Aquel aire trasparente, aquellas
-mañanas pasadas en la orilla del rio ó en la montaña, aquellas noches
-en el lago, guardando las redes, eran otras tantas visiones. Veíanle en
-todos los sitios donde habian estado con él; sin duda no era aquella
-alegría completa; acaso el lago les pareciese á veces solitario,
-pero el verdadero amor se contenta con poca cosa; ¡si tuviéramos el
-privilegio de ver todos los años á las personas queridas que hemos
-perdido, con el tiempo suficiente para decirles tan solo dos palabras,
-puede decirse que no existiria la muerte!
-
-Tal era el estado del alma de aquella tropa de fieles durante el corto
-período en que el cristianismo pareció volver por un momento á su cuna,
-á fin de despedirse luego para siempre. Los principales discípulos,
-Pedro, Tomás, Natanael, y los hijos de Zebedeo, se volvieron á
-encontrar en las orillas del lago donde vivieron en adelante
-juntos,[124] trabajando en su antiguo oficio de pescadores en Betsaida
-y en Capharnahum. Sin duda estaban con ellos las mujeres galileas, que
-eran las que principalmente habian contribuido á esta vuelta, á fin
-de satisfacer una necesidad de su corazon. Aquel fué su último acto
-en la fundacion del cristianismo. Á partir de este momento, ya no se
-las vé aparecer; fieles á su amor no quisieron abandonar el país donde
-fueran en otro tiempo tan felices.[125] Bien pronto se las olvidó, y
-como el cristianismo galileo no tuvo posteridad, perdióse su recuerdo
-completamente en ciertas partes de la tradicion; aquellas pecadoras
-convertidas, aquellas verdaderas fundadoras del cristianismo, María
-Magdalena, María Cleofas, Juana y Susana, pasaron al estado de santas
-retiradas. San Pablo no las conoce.[126] La fé que ellas habian creado
-fué causa de que quedasen oscurecidas, y no se les hizo justicia hasta
-la edad media; una de ellas, María Magdalena, ocupaba entonces un lugar
-principal en el cielo cristiano.
-
-Parece que las visiones á orillas del lago, habian sido harto
-frecuentes: ¿Cómo era posible que sobre aquellas ondas donde habian
-tocado á Dios, no volviesen á ver los discípulos á su divino amigo?
-Bastaban las más sencillas circunstancias para que se les presentase.
-Una vez habian remado toda la noche sin coger un solo pescado, mas de
-repente se llenan las redes; aquello fué un milagro. Parecióles que
-alguno les habia dicho desde la orilla: «Echad vuestras redes á la
-derecha.» Pedro y Juan se miraron, y como este último dijera: «Es el
-Señor», el primero, que estaba desnudo, cubrióse apresuradamente con su
-túnica y se lanzó al agua para ir á buscar al invisible consejero.[127]
-Otras veces, Jesús tomaba parte en las colaciones de sus discípulos:
-cierto dia, en que acababan de pescar, sorprendióles encontrar la
-lumbre encendida y cerca de ella un pescado y un pedazo de pan; aquello
-fué para los discípulos un dulce recuerdo, porque era este alimento el
-que Jesús tenia la costumbre de ofrecerles. Despues de comer, quedaron
-persuadidos que Jesús se habia sentado entre ellos para ofrecerles
-aquel manjar que consideraban ya eucarístico y sagrado.[128]
-
-Juan y Pedro eran los que sobre todo se veian favorecidos por el
-amado fantasma: cierto dia, Pedro, quizás soñando, (¡pero qué digo!
-¿No era entonces acaso su vida un sueño perpétuo?), creyó oir á Jesús
-preguntarle: «¿Me amas?» La pregunta se repitió tres veces, y Pedro
-poseido á la vez de un sentimiento de ternura y tristeza, se imaginó
-que respondia: «¡Oh! sí Señor, tú sabes que te amo»; y cada vez decia
-la aparicion: «Apacienta á mis ovejas».[129] Otra vez, Pedro confió
-á Juan un sueño extraño: habia soñado que se paseaba con el maestro,
-seguido á corta distancia por Juan, y que Jesús, hablándole en términos
-muy embozados, con los cuales parecia anunciarle la prision ó una
-muerte violenta, le repitió varias veces: «Sígueme.» Entonces Pedro,
-señalando con el dedo á Juan que le seguia, repuso: «Señor ¿y ese?--Si
-yo quiero que se quede aquí hasta que tú vuelvas, replicó Jesús, ¿qué
-te importa á tí? Sígueme.» Despues del suplicio de Pedro, Juan recordó
-aquel sueño, viendo en él una prediccion de la muerte de su amigo:
-refiriólo á sus discípulos, y estos creyeron ver en ello la seguridad
-de que su maestro no moriria hasta el advenimiento final de Jesús.[130]
-
-Aquellos grandes sueños melancólicos, aquellos coloquios con el muerto
-querido, interrumpidos de continuo y vueltos á empezar, ocupaban los
-dias y los meses. La simpatía de Galilea hácia el Profeta, á quien
-los Jerosolimitas habian dado muerte, se despertaba con más fuerza
-que nunca: más de quinientas personas se habian agrupado ya alrededor
-del recuerdo de Jesús,[131] y á falta del maestro perdido, obedecian
-á sus discípulos más autorizados; sobre todo á Pedro. Cierto dia, que
-siguiendo á sus jefes espirituales, habian subido los fieles galileos á
-una de aquellas montañas donde Jesús acostumbraba á llevarlos creyeron
-volverle á ver. Á cierta altura, la luz tiene extraños reflejos, y
-la misma ilusion que se produjo entonces para los discípulos más
-íntimos,[132] volvió á repetirse de nuevo; la multitud reunida creyó
-ver dibujarse en el espacio etéreo el espectro divino, y entonces
-todos cayeron de rodillas, la faz contra tierra y le adoraron.[133]
-El despejado horizonte de aquellas montañas, inspira la idea de la
-inmensidad del mundo, con el deseo de conquistarle: sobre uno de
-aquellos picos, segun dicen, Satán mostrando con la mano á Jesús los
-reinos de la tierra y toda su gloria, se los ofreció con la condicion
-de que se inclinara ante él: pero esta vez fué Jesús quien desde lo
-más alto de las elevadas cimas, mostró á sus discípulos toda la tierra
-asegurándoles el porvenir. Todos bajaron de la montaña persuadidos de
-que el hijo de Dios les habia ordenado convirtiesen al género humano,
-prometiendo á la vez estar con ellos hasta la consumacion de los
-siglos. Desde entonces, sintiéronse poseidos los fieles, de un ardor
-extraño, de un fuego divino, y se consideraban como los misioneros
-del mundo, capaces de hacer toda clase de prodigios. Despues de haber
-transcurrido veinte y cinco años, San Pablo, vió á varios de los que
-habian asistido á tan extraña escena, y sus impresiones eran tan vivas
-y fuertes como el primer dia.[134]
-
-Observando aquella vida en que todos parecian hallarse suspendidos
-entre el cielo y la tierra, pasó cerca de un año[135] y el encanto
-lejos de disminuir aumentaba, que es propiedad de las cosas santas,
-engrandecerse y purificarse siempre. El sentimiento que se tiene
-por la pérdida de una persona amada, es mucho más fecundo al cabo
-de cierto tiempo que al dia siguiente. Cuanto más tiempo pasa, más
-poderoso es dicho sentimiento, pues á la primera tristeza, que en
-cierto modo aminora el dolor, sucede una compasion tranquila; la
-imágen del difunto se transfigura, se idealiza, llega á ser el alma de
-la vida, el principio de toda accion, el orígen de toda alegría, el
-oráculo que se consulta, el consuelo, en fin, que se busca en las horas
-de abatimiento, en los dias de tribulacion. La muerte, es condicion
-principal de toda apoteosis; Jesús, tan amado durante su vida, lo
-fué así mucho más despues de exhalar el último aliento, ó más bien,
-este fué el principio de su verdadera vida en el seno de la Iglesia,
-pues llegó á ser el amigo íntimo, el confidente, el compañero de
-viaje, el huésped, en fin, que se sienta á la mesa y se da á conocer
-desapareciendo.[136] La falta absoluta de rigor científico en la
-imaginacion de los nuevos creyentes, era causa de que no se entablase
-discusion alguna sobre la naturaleza de su existencia: cada cual se
-le representaba como un ser imposible dotado de un cuerpo sutil, que
-atravesaba las paredes, tan pronto visible como invisible, pero siempre
-vivo, y algunas veces se pensaba que su cuerpo carecia de materia, que
-era una pura sombra en las apariencias.[137] Otras veces, suponíanle
-materialidad, y por un ingénuo escrúpulo, y como si la alucinacion
-hubiera querido tomar precauciones contra sí misma, se queria que
-bebiese y comiese y que se dejara tocar.[138] En este punto, flotaban
-las ideas en un completo vacío.
-
-Apenas nos hemos atrevido hasta aquí á plantear una cuestion espinosa
-y de difícil resolucion. En tanto que Jesús resucitaba verdaderamente,
-es decir, en el corazon de los que le amaban, mientras se robustecia
-la conviccion de los Apóstoles para consolidar la fé del mundo, ¿en
-qué punto consumian los gusanos el cuerpo inanimado que se depositó
-la noche del sábado en el sepulcro? Siempre se ignorará este detalle,
-porque naturalmente, nada pueden decirnos las tradiciones cristianas
-sobre este punto. Lo que vivifica es el espíritu; la materia no es
-nada[139]; la resurreccion fué el triunfo de la idea sobre la realidad;
-una vez fijada la idea sobre la inmortalidad, ¿qué importa el cuerpo?
-
-Hácia el año 80 ú 85, al recibir el texto actual del primer Evangelio
-sus primeras adiciones, los judíos habian fijado ya su idea sobre
-este punto[140]. Á juzgar por lo que dijeron, los discípulos habian
-robado el cuerpo durante la noche; la conciencia cristiana se alarmó
-con tal rumor, y para rechazar semejante objecion, imaginóse la
-circunstancia de los guardas y del sello puesto en el sepulcro[141];
-pero como este dato no se encuentra sino en el primer Evangelio
-mezclado con leyendas de muy poca autoridad[142] no es de ningun modo
-admisible[143]. La explicacion de los judíos sin embargo, aunque
-irrefutable, está muy lejos de satisfacer todas las dudas, pues no
-se puede admitir que aquellos que con tal conviccion creyeron en la
-resurreccion de Jesús, sean los mismos que sustrajeron el cuerpo. Por
-poco precisa que fuese la reflexion en semejantes hombres, apenas puede
-imaginarse esta ilusion, y conviene recordar que en aquel momento la
-pequeña iglesia se hallaba dispersada completamente. Las creencias
-nacian aisladamente para reunirse despues como les era posible, y las
-contradicciones que se encuentran en los relatos que conservamos acerca
-de los incidentes del Domingo por la mañana, prueban que los rumores
-se extendieron por conductos muy distintos, y que no hubo interés en
-ponerse de acuerdo. Es muy posible que el cuerpo fuese sustraido por
-algunos discípulos y trasladado á Galilea[144] en tanto que los otros
-permanecian en Jerusalem sin tener conocimiento del hecho; y por otra
-parte es de presumir que los discípulos que se llevaron el cuerpo,
-no sabiendo lo que se contaba en Jerusalem, quedaron sorprendidos al
-tener conocimiento de la creencia en la resurreccion. En este caso
-no era probable que protestaran, y aun cuando lo hubiesen hecho nada
-importaba, pues tratándose de milagros, toda rectificacion tardía
-es inútil[145]. Jamás una dificultad material impide á una idea
-desarrollarse y crear las ficciones que necesita[146]: en la reciente
-historia del milagro de la Salette se ha demostrado el error hasta la
-evidencia[147], lo cual no impide que se haya elevado la basílica y que
-la fé crea en aquel.
-
-Es permitido suponer tambien que la desaparicion del cuerpo de Jesús
-fuese obra de los judíos, pues acaso creyeron que con esto evitarian
-las escenas tumultuosas que pudieran originarse sobre el cadáver de
-un hombre tan popular como Jesús. Acaso quisieron impedir que se le
-hicieran pomposos funerales ó que se elevara un monumento á su memoria;
-y últimamente, ¿quién sabe si la desaparicion del cadáver no fué obra
-del dueño del jardin ó del jardinero[148]? El propietario, á lo que
-parece,[149] era extraño á la secta; se escogió aquel sepulcro, por ser
-el que estaba más cerca del Gólgota y porque se tenia prisa[150]. Es
-probable que no agradándole á dicho propietario que se tomara posesion
-de su terreno, hiciese sustraer el cadáver, pero á decir verdad, los
-detalles que da el cuarto Evangelio al hablar de los lienzos que se
-encontraron en el sepulcro y del sudario doblado cuidadosamente en
-un rincon[151], no se convienen con semejante hipótesis. Esta última
-circunstancia haria suponer que habia intervenido en ella la mano de
-una mujer[152]. Los únicos relatos acerca de la visita de las mujeres
-al sepulcro son tan confusos y contradictorios, que nos autorizan
-á suponer que encierran una falsa interpretacion. La conciencia
-femenina, dominada por la pasion, puede experimentar las más extrañas
-alucinaciones, y á veces es cómplice de sus propios sueños[153]. María
-Magdalena se habia visto poseida, segun el lenguaje de la época, de
-«siete demonios»[154], y al decir esto se comprenderá cuán escasa
-era la inteligencia de las mujeres de Oriente, su falta absoluta de
-educacion y su ingénua sinceridad. La conviccion exaltada no permite
-mudar de parecer, ni admitir otras ideas que las que á uno le dominan.
-Corramos un velo sobre estos misterios: en los estados de crísis
-religiosa, en que todo se considera como divino, las causas más
-pequeñas pueden producir los más grandes efectos. Si fuéramos testigos
-de los extraños hechos de que tomaron su orígen todas las obras de la
-fé, veriamos circunstancias que no nos parecerian proporcionadas con la
-importancia de los resultados, en tanto que otros nos harian sonreir.
-Nuestras antiguas catedrales se cuentan entre las cosas más hermosas
-del mundo, y no se puede entrar en ellas sin sentirse dominado por la
-divinidad; pero esas espléndidas maravillas tienen con frecuencia un
-orígen profano. ¿Y qué importa esto en definitiva? Solo debe tenerse
-en cuenta el resultado, la fé lo purifica todo. El incidente material
-que ha hecho creer en la resurreccion, no ha sido la causa verdadera
-de aquella; lo que ha resucitado á Jesús es el amor, y este fué tan
-poderoso, que una pequeña casualidad bastó para levantar el edificio
-de la fé universal. Si Jesús no hubiera sido tan amado, si la fé en
-la resurreccion hubiese tenido menos motivos para fundarse, inútiles
-habrian sido esta especie de casualidades. Un grano de arena basta
-para que se derrumbe una montaña cuando ha llegado el momento de que
-esto suceda. Los más importantes acontecimientos provienen á veces de
-causas muy grandes ó muy pequeñas; las primeras son las únicas reales;
-las segundas no hacen más que determinar la produccion de un efecto que
-estaba preparado mucho tiempo antes.
-
-
-
-
-CAPÍTULO III.
-
-Vuelta de los apóstoles á Jerusalem. -- Fin del período de las
-apariciones.
-
-
-[Marginal: Año 34]
-
-Las apariciones, sin embargo, como hijas que eran de un exceso de
-entusiasta credulidad, comenzaron á disminuir; las imaginaciones
-populares se asemejan á las enfermedades contagiosas; fermentan pronto
-y cambian de forma; la actividad de las almas ardientes se inclinaba
-ya en otro sentido; lo que se creia oir de boca del divino Resucitado,
-era la órden de precederle, predicando su doctrina para convertir al
-mundo. Mas, ¿por dónde empezar? Naturalmente por Jerusalem[155]. En
-su consecuencia los jefes de la secta resolvieron la vuelta á dicha
-ciudad, y como estos viajes se hacian comunmente en caravana, en la
-época de las fiestas, es de suponer que la vuelta de que se trata tuvo
-lugar por la fiesta de los Tabernáculos, á fines del año 33, ó por la
-Pascua del 34.
-
-De este modo quedó abandonada la Galilea por el cristianismo, y acaso
-para siempre, pues si bien es probable que la pequeña sociedad que
-quedó allí se conservara aún algun tiempo, no se vuelve á oir hablar de
-ella, y á no dudarlo, fué destruida, como todo lo demás, al ocurrir el
-espantoso desastre que sufrió el país cuando la guerra de Vespasiano.
-Los restos de la dispersa comunidad se refugiaron más allá del Jordan.
-Despues de la guerra, no dominó pues en Galilea el cristianismo, sino
-el judaismo; la Galilea era el centro judáico del país de Talmud[156]:
-la Galilea no figuró pues sino por espacio de una hora en la historia
-del cristianismo, pero fué la hora santa por excelencia, que dió á
-la nueva religion lo que necesitaba para ser duradera, es decir, su
-poesía, su encanto penetrante. «El Evangelio», así como los sinópticos,
-fué una obra galilea, y nosotros trataremos de demostrar luego, que «el
-Evangelio», así entendido, ha sido la causa principal del triunfo del
-cristianismo y es la más segura garantía de su porvenir.
-
-Es probable que permaneciera en Jerusalem una fraccion de la pequeña
-escuela que rodeaba á Jesús en sus últimos dias, y como en el momento
-de la separacion se creia ya en la resurreccion de Jesús, no es
-extraño que esta creencia se desarrollase por ambas partes bajo un
-aspecto muy distinto, lo cual á no dudarlo dió lugar á las diferencias
-que se notaban en el relato de las apariciones. Habíanse formado
-dos tradiciones, una Galilea y otra Jerosolimita; segun la primera,
-todas las apariciones, excepto las del primer momento, habian tenido
-lugar en Galilea, y con arreglo á la segunda, todas se presentaron
-en Jerusalem[157]; el acuerdo de las dos fracciones de la pequeña
-secta sobre el dogma fundamental, confirmó naturalmente la creencia
-humana; todos abrazaron la misma fé; todos repitieron con efusion «¡ha
-resucitado!», y quizás la alegría y el entusiasmo produjeron otras
-visiones. Puede suponerse que hácia esta época tuvo lugar la vision de
-Jacobo, de que habla San Pablo[158]: Jacobo, era hermano, ó al menos
-pariente de Jesús, y como no aparece que le haya acompañado durante
-su última permanencia en Jerusalem, es probable que se fuera con los
-apóstoles cuando estos marcharon de Galilea. Como todos los grandes
-apóstoles tuvieron su vision, es difícil que á éste «hermano del
-Señor» no se le presentase la suya, que debió ser una de las llamadas
-eucarísticas, es decir, aquellas en que se aparecia Jesús cortando y
-ofreciendo el pan[159]. Más tarde los grupos de la familia cristiana
-que se unieron á Jacobo, y se llamaban los hebreos, supusieron que esta
-vision tuvo lugar el dia mismo de la resurreccion, y quisieron que
-fuese la primera de todas[160].
-
-Es muy notable, en efecto, que la familia de Jesús, algunos de cuyos
-miembros fueron durante su vida incrédulos y hostiles á la mision de
-aquel[161], forme ahora parte de la iglesia, figurando en el puesto
-más elevado. Debe suponerse que la reconciliacion se hizo durante la
-permanencia de los apóstoles en Galilea; la celebridad que adquirió
-bien pronto el nombre de su pariente, aquellas quinientas personas que
-creian en él y aseguraban haberle visto resucitado, son circunstancias
-que pudieron causar cierta impresion en el ánimo de los miembros de la
-familia del divino Maestro[162]. Desde el establecimiento definitivo
-de los apóstoles en Jerusalem, se vé con ellos á María, madre de Jesús
-y á los hermanos de éste[163], y por lo que respecta á María, parece
-ser que Juan, creyendo obedecer con esto á una recomendacion de su
-Maestro, la habia adoptado y llevado consigo[164], siendo probable que
-la condujera á Jerusalem.
-
-Esta mujer, de cuyo carácter y circunstancias no se sabia nada,
-desempeña desde entonces un papel importante, y empezaban á ser
-conocidas las palabras que el Evangelista pone en boca de una
-desconocida: «¡Bendito sea el vientre que te ha llevado y los pechos
-que te han alimentado!» Es probable que María sobreviviese pocos años á
-su hijo[165].
-
-En cuanto á los hermanos de Jesús, la cuestion es aún más oscura:
-Jesús tuvo hermanos y hermanas[166], mas parece, no obstante, que
-en la clase á que se daba el nombre de «hermanos del Señor» hubo
-parientes en segundo grado, si bien esto no es de importancia por lo
-que respecta á Jacobo. Este que se titula hermano del Señor, y á quien
-vamos á ver figurar en primer término en los treinta primeros años del
-cristianismo, ¿era Jacobo hijo de Alfeo, que parece haber sido primo
-hermano de Jesús, ó un verdadero hermano de éste? Los datos que tenemos
-para aclarar este punto, son tan inciertos como contradictorios, pues
-lo que sabemos de Jacobo nos ofrece una imágen tan distinta de la de
-Jesús, que se le resiste á uno creer sean tan distintos dos hombres
-nacidos de la misma madre. Si Jesús es el verdadero fundador del
-cristianismo, Jacobo fué un peligroso enemigo que estuvo á punto de
-perderlo todo por su mezquino espíritu; más tarde se creyó ciertamente
-que Jacobo el Justo, segun le llamaban, era un verdadero hermano de
-Jesús[167], pero es probable que hubiese alguna confusion en este punto.
-
-Como quiera que sea, los apóstoles no se separaron en lo sucesivo sino
-para emprender sus viajes; Jerusalem era su centro[168]; parecian temer
-dispersarse, y ciertos hechos revelaban que era su deseo no volver á
-Galilea, lo cual acaso hubiera ocasionado la disolucion de la pequeña
-sociedad. Se supuso que una órden particular de Jesús les prohibia
-abandonar á Jerusalem, al menos hasta que se hiciesen las grandes
-manifestaciones que esperaban[169]; las apariciones iban siendo cada
-vez más raras; se hablaba mucho menos de ellas, y empezábase á creer
-que no se veria ya al Maestro hasta que apareciese solemnemente en las
-nubes. El pensamiento de todos se preocupaba con una promesa que se
-suponia hecha por Jesús: decíase que durante su vida, el divino Maestro
-habia hablado con frecuencia del Espíritu Santo, concebido como una
-personificacion de la sabiduría divina[170]; habia prometido á sus
-discípulos que este espíritu seria su fuerza en la lucha que iban á
-emprender, su inspiracion en las dificultades y su abogado, en fin,
-si tuvieran que hablar ante el público. Cuando comenzaron á disminuir
-las visiones, fijáronse todos en aquel espíritu considerándole como un
-consuelo, como otro Jesús que el maestro enviaria á sus amigos; algunas
-veces figurábanse los fieles que apareciendo Jesús repentinamente en
-medio de sus discípulos, habia circulado entre ellos una corriente de
-aire vivificador[171] salida de su propia boca, y otras se consideraba
-la desaparicion del Maestro como precursora de la venida del
-espíritu[172] prometida en sus apariciones[173]. Muchos establecian
-una union íntima entre esta venida y la redencion de Israel[174]; toda
-la actividad mental que la secta desplegara para crear la leyenda de
-Jesús resucitado, iba ahora á consagrarse á la formacion de un conjunto
-de creencias piadosas sobre la venida del espíritu y sus maravillosos
-dones.
-
-Parece, no obstante, que aún tuvo lugar una gran aparicion de Jesús
-en Betania ó en el monte de los Olivos[175], y ciertas tradiciones
-aseguran que en aquella dió el Maestro á sus discípulos las últimas
-instrucciones y reiteró la promesa de enviar al Espíritu Santo,
-revistiéndoles al propio tiempo del poder de redimir los pecados[176].
-Los rasgos característicos de estas apariciones iban siendo cada vez
-más vagos; confundíanse los unos con los otros; se acabó por no pensar
-mucho en aquellas; y quedó sentado que Jesús estaba vivo[177], que se
-habia aparecido suficiente número de veces para probar su existencia, y
-que podia aparecerse aún en visiones parciales hasta la gran revelacion
-final en que todo quedaria concluido[178]. La vision que tuvo San
-Pablo en el camino de Damasco es del mismo género de las que ya hemos
-hablado[179]. De todos modos admitíase en un sentido idealista que
-el Maestro estaba con sus discípulos y estaria hasta el fin[180].
-En los primeros dias, cuando las apariciones eran muy frecuentes,
-considerábase á Jesús como un habitante de la tierra que estaba en ella
-continuamente, llenando más ó menos las funciones de la vida terrestre;
-pero cuando aquellas disminuyeron, pensóse que Jesús habia entrado en
-la gloria para sentarse á la diestra de su Padre, y todos decian: «Ha
-subido al cielo.»
-
-Esta frase se redujo para la mayor parte á una imágen vaga ó de
-induccion[181], pero para otros indicaba una escena material. Suponíase
-que despues de la última vision, comun á todos los apóstoles, en
-la cual les dió sus instrucciones supremas, Jesús habia subido al
-cielo[182]; y más tarde se desarrolló la escena, transformándose en
-una leyenda completa. Refirióse que ángeles celestiales, rodeados del
-aparato de manifestaciones divinas, muy brillantes[183], aparecieron
-entre una nube para consolar á los discípulos, asegurándoles que
-volverian á verlos; la imaginacion popular, atribuia á la muerte de
-Moisés las mismas circunstancias[184], y acaso se recordaba con este
-motivo la ascension de Elías[185].--Una tradicion[186] supone que esta
-escena tuvo lugar cerca de Betania en la cima del Monte de los Olivos,
-sitio que era muy querido de los discípulos sin duda porque Jesús
-habitó allí.
-
-La leyenda asegura que despues de aquella escena maravillosa entraron
-los discípulos en Jerusalem «con alegría[187];» pero nosotros daremos
-á Jesús el último adios poseidos de tristeza, y á fé que volver á
-encontrarle vivo, aunque vagando como una sombra, nos sirve de gran
-consuelo. ¡Esa segunda vida de Jesús, imágen pálida de la primera,
-está aún llena de encanto, por más que se haya perdido su perfume en
-el espacio y que al elevarse en la nube para sentarse á la diestra de
-su Padre, nos haya dejado aquí entre los hombres! ¡El reinado de la
-poesía ha concluido; María Magdalena vive retirada con sus recuerdos,
-y por esa eterna injusticia por la que el hombre se apropia él solo la
-obra en que la mujer tuvo tanta parte como él, Céfas la eclipsa y es
-causa de que la olviden! No más sermones en la montaña, no más poseidas
-curadas, no más cortesanas arrepentidas, no más mujeres extrañas á la
-obra de redencion, pero que Jesús no rechazó. El Dios ha desaparecido
-verdaderamente; la historia de la Iglesia será con frecuencia en
-lo sucesivo la historia de las traiciones de que fué víctima Jesús;
-pero tal como es, esta historia puede considerarse como un himno á
-su gloria; las palabras y la imágen del ilustre Nazareno, vivirán en
-medio de las miserias infinitas como un ideal sublime, y se comprenderá
-mejor cuán grande fué; cuando se haya visto cuán pequeños eran sus
-discípulos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO IV.
-
-Bajada del Espíritu Santo. -- Fenómenos extáticos y proféticos.
-
-
-[Marginal: Año 34]
-
-Los discípulos de Jesús eran en efecto pequeños, mezquinos, ignorantes
-é inespertos en alto grado; su sencillez de espíritu era extremada; su
-credulidad no reconocia límites, pero tenian una cualidad buena: amaban
-con delirio á su Maestro. El recuerdo de Jesús habia pasado á ser el
-único móvil de su vida, una preocupacion perpétua, y era indudable que
-solo pensaban en el que tanto habian querido y que de tal modo les
-habia cautivado durante dos ó tres años. Para las almas vulgares que no
-pueden amar á Dios directamente, esto es, hallar lo verdadero, crear
-lo bello y hacer el bien por sí mismas, su salvacion consiste en amar
-á alguien en quien se refleje lo verdadero, lo bello y el bien. La
-mayoría de los hombres necesita dos cultos distintos. La multitud de
-adoradores busca siempre un intermediario entre ellos y Dios.
-
-Cuando muere una persona que ha logrado reunir á su alrededor á varias
-otras por un lazo moral elevado, sucede, casi generalmente, que los
-que la sobreviven aunque hayan estado divididos por rivalidades y
-resentimientos, se profesan más amistad que antes. Mil queridas
-imágenes del pasado que echan de menos, forman entre ellos una especie
-de tesoro comun. Es una manera de manifestar su cariño al muerto, el
-querer á los que se han conocido por él, y procurar encontrarse juntos
-para recordar los tiempos dichosos que ya no existen. En este caso se
-confirma la verdad de las profundas palabras de Jesús[188] cuando dijo
-que el muerto está presente entre los que se han reunido en memoria
-suya.
-
-El afecto que los discípulos se tenian en vida de Jesús se multiplicó,
-por decirlo así, despues de su muerte. Formaban una pequeña sociedad
-muy retraida y vivian completamente aislados. En Jerusalem contábanse
-ciento veinte[189]. Su piedad era grande y guardaba las formas de la
-piedad judía. El Templo era el lugar preferido para consagrarse á sus
-devociones[190]. Cierto es que trabajaban para vivir; pero el trabajo
-manual, en la sociedad judía de entonces, ocupaba muy poco. Cada cual
-tenia un oficio, lo que era obstáculo para ser un hombre instruido ó
-bien educado. En nuestros dias, las necesidades materiales son tan
-difíciles de satisfacer, que el que vive de sus manos ha de trabajar
-doce ó quince horas diarias. Únicamente el hombre acomodado puede
-ocuparse de las cuestiones del alma, porque la adquisicion de la
-instruccion es rara y cara; pero en aquellas antiguas sociedades, de
-las que el Oriente de nuestra época nos da todavía una idea, en donde
-la naturaleza es tan pródiga para el hombre y tan poco exigente, la
-vida de trabajador dejaba mucho tiempo libre. Cierta instruccion comun
-ponia á todo el mundo al corriente de las ideas de aquel tiempo. Solo
-debia atenderse al alimento y á vestirse[191], lo cual se proporcionaba
-cada uno con pocas horas de trabajo, y así es que los hombres podian
-dedicarse á la meditacion. Las pasiones habian alcanzado en aquellas
-almas un grado de energía para nosotros inconcebible. Los judíos de
-entonces[192] nos parecen unos verdaderos poseidos, obedeciendo cada
-cual ciegamente á la idea que se habia apoderado de él.
-
-La idea dominante, en la comunidad cristiana, en el momento de que
-hablamos y en que las apariciones habian cesado, era la venida
-del Espíritu Santo. Creian recibirlo bajo la forma de un soplo
-misterioso que pasaba sobre la concurrencia. Muchos eran los que
-creian que era el aliento mismo de Jesús[193]. Todo consuelo interior,
-cualquier movimiento de valor, todo impulso de entusiasmo ó el menor
-sentimiento de alegría viva y dulce que se experimentase sin saber
-de dónde procedia, era considerado como obra del Espíritu. Aquellas
-buenas conciencias atribuian, como siempre, á una causa exterior los
-delicados sentimientos que nacian en ellas. Estos extraños fenómenos de
-iluminismo se presentaban más especialmente en las asambleas. Cuando
-todos se hallaban reunidos aguardando en silencio la inspiracion de lo
-alto, un murmullo ó cualquier ruido les hacia creer en la venida del
-Espíritu. Así era como se producian las apariciones de Jesús durante
-los primeros tiempos; mas luego cambió el curso de las ideas. Era el
-soplo divino que se esparcia sobre la pequeña Iglesia y la llenaba de
-emanaciones celestes.
-
-Estas creencias procedian de las concepciones sacadas del Antiguo
-Testamento. Los libros hebreos suponen que el espíritu profético es un
-soplo que penetra en el hombre y le exalta. En la hermosa vision de
-Elías[194], Dios pasa bajo la figura de un viento ligero que produce un
-zumbido apenas percibible. Estas antiguas imágenes habian originado, en
-las primeras épocas, creencias muy análogas á las de los espiritistas
-de nuestros dias. En la _Ascension de Isaías_[195] la venida del
-Espíritu se anuncia por cierta frotacion en las puertas[196]. Sin
-embargo, la mayor parte de las veces se concebia esta venida como
-otro bautismo, á saber «el bautismo del Espíritu» superior en mucho
-al de Juan[197]. Siendo muy frecuentes las alucinaciones del tacto
-en sujetos tan nerviosos y exaltados, la menor corriente de aire,
-acompañada de un estremecimiento en medio del silencio, era atribuido
-á la presencia del Espíritu. Creia uno sentir, y al momento sentian
-todos,[198] comunicándose el entusiasmo de uno á otro. Estos fenómenos
-guardan la más completa analogía con los que han experimentado los
-visionarios de todas épocas. Se presentan diariamente, en gran parte
-bajo la influencia de la lectura de la obra «_las actas de los
-Apóstoles_,» en las sectas inglesas ó americanas de los _quakeros_,
-_jumpers_, _shakers_, é irvingianos[199], entre los mormones[200], _los
-camp-meetings_ y los _revivals_ de América[201]. Han vuelto á aparecer
-entre nosotros en la secta llamada de los «espiritistas;» pero debe
-establecerse una gran diferencia entre aberraciones sin importancia ni
-porvenir, y las ilusiones inherentes al establecimiento de un nuevo
-código religioso para la humanidad.
-
-Entre todas aquellas _bajadas del Espíritu_ que se supone fueron
-bastante frecuentes, hubo una que hizo una profunda impresion en la
-naciente Iglesia.[202] Un dia estalló una tempestad cuando estaban
-congregados los hermanos. Un viento muy fuerte abrió las ventanas
-y el cielo parecia de fuego. En aquellos países las borrascas van
-acompañadas de una cantidad prodigiosa de luz, porque la atmósfera
-está continuamente surcada por relámpagos. Sea que el fluido eléctrico
-hubiese penetrado en el mismo local, ó que un rayo deslumbrador hubiera
-iluminado repentinamente el rostro de todos, lo cierto es que creyeron
-que habia entrado el Espíritu y que se habia cernido sobre la cabeza
-de todos en forma de lenguas de fuego.[203] Era opinion general en
-las escuelas teúrgicas de Siria, que la insinuacion del Espíritu se
-verificaba por medio de un fuego divino y bajo la forma de una luz
-misteriosa.[204] Creyeron haber asistido á todos los esplendores del
-Sinaí,[205] á una manifestacion divina análoga á la de los tiempos
-antiguos. El bautismo del Espíritu fué tambien desde entonces un
-bautismo de fuego, y este bautismo del Espíritu y del fuego, fué
-opuesto y preferido al del agua, el único que Juan habia conocido.[206]
-Raras veces se produjo el bautismo del fuego. Solo los apóstoles y los
-discípulos del primer cenáculo se vanagloriaron de haberlo recibido;
-pero la creencia de que el Espíritu habia bajado sobre ellos en forma
-de llamas semejantes á lenguas ardientes, dió orígen á una multitud
-de ideas singulares que ocuparon preferentemente las imaginaciones de
-aquel tiempo.
-
-Se suponia que la lengua del hombre inspirado habia recibido una
-especie de sacramento; que varios profetas habian sido tartamudos antes
-de su mision[207]; que el ángel de Dios habia pasado por sus labios un
-carbon que los purificaba y les conferia el don de elocuencia[208] y
-que en la predicacion, el hombre no hablaba por sí mismo[209], siendo
-considerada su lengua como el órgano de la Divinidad que lo inspiraba.
-Esas lenguas de fuego parecieron un símbolo portentoso, creyendo
-que Dios habia querido significar con ellas que derramaba sobre los
-apóstoles sus dones más preciosos de elocuencia y de inspiracion. No
-paró aquí esto. Jerusalem era, como casi todas las grandes ciudades
-de Oriente, una poblacion muy poliglota. La diversidad de idiomas
-era reputada una de las mayores dificultades que se oponian á una
-propaganda de un carácter tan universal, y como una de las cosas
-que más arredraba á los apóstoles, al principio de una predicacion
-destinada á abarcar el mundo, era el número de lenguas que se hablaban
-en él, no atinando en la manera de aprender tantos dialectos, el _don
-de las lenguas_ llegó á ser con este motivo un privilegio maravilloso.
-Desde aquel momento se consideró la predicacion del Evangelio libre
-del obstáculo creado por la diversidad de idiomas, figurándose que
-en algunas circunstancias solemnes cada uno de los concurrentes oia
-la predicacion apostólica en su propia lengua, ó en otros términos,
-que la palabra apostólica se traducia por sí misma á cada uno de los
-concurrentes[210]. En otras ocasiones, se concebia esto de un modo algo
-diferente. Se atribuia á los apóstoles el don de saber, por infusion
-divina, todos los idiomas y de hablarlos cuando querian[211].
-
-Habia en ello un pensamiento liberal; querian significar que el
-Evangelio no tiene lengua propia, que puede traducirse en todos los
-idiomas y que la traduccion vale tanto como el original. No era esta
-la creencia del judaismo ortodoxo. El hebreo era para el judío de
-Jerusalem la _lengua santa_, y en su opinion ningun idioma podia
-comparársele. Las traducciones de la Biblia eran poco apreciadas porque
-se permitian en ellas varios cambios y modificaciones, al paso que el
-texto hebreo era escrupulosamente conservado. Bien es cierto que los
-judíos de Egipto y los helenistas de Palestina practicaban un sistema
-más tolerante, puesto que empleaban el griego para la oracion[212] y
-acostumbraban á leer las traducciones griegas de la Biblia, pero la
-primera idea cristiana fué todavía más lata; segun ella, la palabra de
-Dios no tiene lengua propia; es libre de toda traba, pertenece á todos
-los idiomas y no exige intérprete. La facilidad con que el cristianismo
-se separó del dialecto semítico que hablaba Jesús, la libertad que
-concedió á cada pueblo para crearse su liturgia y sus versiones de la
-Biblia en dialecto nacional, procedia de esta especie de emancipacion
-de lenguas. Generalmente se admitia que el Mesías reduciria los idiomas
-y los pueblos á la unidad[213]. El uso comun y la promiscuidad de
-los lenguajes eran el primer paso dado hácia aquella grande era de
-pacificacion universal.
-
-Sin embargo, el don de las lenguas se transformó luego
-considerablemente y produjo efectos muy extraños. La exaltacion de las
-cabezas originó el éxtasis y la profecía. En los momentos de éxtasis,
-el fiel, inspirado por el Espíritu, proferia sonidos inarticulados y
-sin conexion, que se tomaban por palabras de un idioma extranjero y
-que se procuraba interpretar con la mayor candidez[214]. Otras veces
-se creia que el extático hablaba una lengua nueva y desconocida hasta
-entonces[215] ó el lenguaje mismo de los ángeles[216]. Tan extrañas
-escenas, que fueron causa de muchos abusos no se generalizaron sino
-algun tiempo despues,[217] aunque es probable que ya tendrian lugar
-desde los primeros tiempos del cristianismo. Las visiones de los
-antiguos profetas habian ido acompañadas de fenómenos de excitacion
-nerviosa[218]. El estado ditirámbico de los Griegos originaba hechos
-de la misma clase; la Pitia empleaba con preferencia aquellas palabras
-extranjeras ó inusitadas, llamadas como en el fenómeno apostólico,
-_glosas_[219]. Muchas palabras empleadas como santo y seña por el
-cristianismo primitivo, las cuales son justamente bilingües ó formadas
-de anagramas, tales como _Abba pater_, _anathema Maranatha_[220]
-procedian quizás de estos accesos extraños, mezclados de suspiros[221],
-de gemidos ahogados, de jaculatorias, oraciones y de arrebatos que se
-tenian por proféticos. Eran como una música vaga del alma, compuesta de
-sonidos indistintos, que los oyentes procuraban traducir en imágenes
-y en palabras determinadas[222] ó mejor dicho, plegarias del Espíritu
-dirigidas á Dios en un lenguaje conocido de Dios solo, y que él sabia
-interpretar[223]. El extático, efectivamente, ignoraba lo que decia sin
-tener siquiera conciencia de ello.[224] Los concurrentes escuchaban
-con avidez y atribuian á estas sílabas incoherentes pensamientos que
-traducian en seguida. Cada cual las aplicaba á su dialecto y procuraba
-comprender con la mayor candidez estos sonidos ininteligibles por lo
-que sabia de los demás idiomas. El oyente siempre lograba explicárselo,
-porque en último resultado, daba á estas palabras entrecortadas un
-sentido conforme á lo que pensaba.
-
-La historia de las sectas de _iluminados_ abunda en hechos de la
-misma clase. Los predicadores de las Cevenas ofrecieron varios casos
-de «glosolalia»[225]; pero el más notable es el de los «leyentes»
-suecos[226] ocurrido en los años de 1841 á 1843. Palabras sin sentido
-para los que las pronunciaban y acompañadas de convulsiones y desmayos,
-fueron durante largo tiempo el ejercicio diario de aquella pequeña
-secta, lo que pasó á ser contagioso y originó un gran movimiento
-popular. Entre los irvingianos, el fenómeno de las lenguas se
-presentaba con caractéres que reproducian exactamente las relaciones
-de las _Actas_ y de San Pablo[227]. Nuestro siglo ha visto escenas de
-ilusion del mismo género que no creemos deber mencionar, porque no es
-justo comparar la credulidad inherente á un gran movimiento religioso,
-con la credulidad que únicamente reconoce por causa la torpeza de
-imaginacion.
-
-En ciertos casos, estos fenómenos se verificaban en público. Algunos
-extáticos, en el momento de sus extravagantes iluminaciones, se
-atrevian á salir y á presentarse ante la gente, que los tomaba por
-borrachos[228]. Aunque sóbrio en cuestion de misticismo, Jesús habia
-ofrecido más de una vez los fenómenos ordinarios del éxtasis[229].
-Durante dos ó tres años, sus discípulos estuvieron embargados por estas
-ideas. El profetismo era frecuente y considerado como un don análogo
-al de las lenguas[230]. La oracion, mezclada de convulsiones, de
-modulaciones cadenciosas, de suspiros místicos, de entusiasmo lírico,
-de cantos en accion de gracias,[231] era un ejercicio cotidiano. Esto
-dió nacimiento á un considerable número de «_cánticos_», «_salmos_»
-é «_himnos_» imitados á los del antiguo testamento[232]. Unas veces
-la boca y el corazon se acompañaban mútuamente, y otras el corazon
-cantaba solo, acompañado interiormente por la gracia[233]. Como no
-habia ninguna lengua que pudiese expresar las sensaciones nuevas
-que se experimentaban, se usaba un tartamudeo indistinto, á la vez
-sublime y pueril, en el que flotaba, en estado de embrion, lo que
-podriamos llamar «la lengua cristiana». No encontrando el cristianismo
-en las lenguas antiguas un instrumento adecuado á sus necesidades,
-las eliminó; pero antes que la religion nueva se hubiese formado un
-idioma para su uso, se pasaron algunos siglos de esfuerzos oscuros y
-de gemidos. El estilo de San Pablo, y en general, de los escritores
-del Nuevo Testamento, ¿qué es, bien considerado, sino la improvisacion
-ahogada, jadeante é informe del «glosolalio»? Carecian de lengua. Lo
-mismo que los profetas, principiaban con el _a a a_ del niño.[234]
-No sabian hablar, ni producirse ni en griego ni en semítico. De ahí
-provino la enorme violencia hecha al lenguaje por el cristianismo
-naciente. Diríase que eran tartamudos, en cuya boca los sonidos
-se chocaban, se ahogaban y producian una pantomima confusa, pero
-soberanamente expresiva.
-
-Todo esto distaba mucho del sentimiento de Jesús; pero para unos
-entendimientos penetrados de la creencia en lo sobrenatural, dichos
-fenómenos tenian una grande importancia. El don de las lenguas,
-particularmente, era considerado como un sello esencial de la nueva
-religion y como una prueba de su verdad[235]. Sea como fuere, ello es
-que producia abundantes frutos de edificacion, y hacia convertir á
-muchos paganos[236]. Hasta el siglo III la «glosolalia» se manifestó
-de una manera análoga á lo que describe San Pablo, y fué considerada
-como un milagro permanente[237]. Algunas de las palabras sublimes del
-cristianismo, han salido de aquellos suspiros entrecortados. El efecto
-general era tierno y penetrante. Este modo de reunir sus inspiraciones
-y de abandonarlas á la interpretacion de la comunidad, debia establecer
-entre los fieles un profundo lazo de fraternidad.
-
-Conforme sucede con todos los místicos, los nuevos sectarios llevaban
-una vida de ayuno y de austeridad[238]. La mayor parte de los
-orientales comian muy poco, lo que contribuia á mantenerlos en la
-exaltacion. La sobriedad del Sirio, causa de su debilidad física,
-lo ponia en un estado perpétuo de calentura y de susceptibilidad
-nerviosa. Nuestros grandes y continuos esfuerzos de imaginacion serian
-imposibles con semejante régimen; pero esta debilidad cerebral y
-muscular, les ocasionaban, sin causa aparente, vivas alternativas de
-tristeza y de alegría, que hacian elevar su alma hácia Dios. Lo que
-llamaban la «_tristeza de Dios_»[239] pasaba por un don del cielo.
-Toda la doctrina de los Padres de la vida espiritual, de Juan Clímaco,
-Basilio, Nilo y Arsenio, todos los secretos del grande arte de la
-vida interior, una de las creaciones más gloriosas del cristianismo,
-germinaban en la fantástica disposicion de ánimo que atravesaron
-durante sus dias de expectacion extática, aquellos antepasados ilustres
-de todos los «hombres de deseos». Su estado moral no era regular;
-vivian en lo sobrenatural. Solo obraban por visiones; los sueños y las
-circunstancias más insignificantes les parecian avisos del cielo[240].
-
-Bajo el nombre de dones del Espíritu Santo, se ocultaban las más raras
-y exquisitas efusiones del alma: amor, piedad, temor respetuoso,
-suspiros sin objeto, languidez súbita, ternuras espontáneas. Todo lo
-que nace bueno en el hombre, sin esfuerzo de éste, se atribuia á un
-soplo divino. Las lágrimas, especialmente, eran consideradas como una
-gracia del cielo. Este don precioso, privilegio únicamente de las almas
-buenas y puras, se producia con dulzuras infinitas. Nadie ignora la
-fuerza que sacan las naturalezas delicadas, sobre todo las mujeres,
-de la divina facultad de poder llorar mucho: es su plegaria, sin duda
-alguna, la más santa de las plegarias. Es preciso transportarse á
-la edad media y considerar la piedad tan regada con lágrimas de San
-Bruno, San Bernardo, y San Francisco de Asís, para volver á encontrar
-las castas melancolías de aquellos primeros tiempos en los que
-verdaderamente se sembraran lágrimas para recoger alegrías. Entonces,
-llorar era un acto piadoso; los que no sabian predicar, hablar
-idiomas, ni hacer milagros, lloraban.--Se lloraba orando, predicando,
-amonestando[241]; en una palabra, aquella época era el advenimiento del
-reino de las lágrimas. Hubiérase dicho que las almas se unian y querian
-en ausencia de un lenguaje que pudiese traducir sus sentimientos,
-manifestarse exteriormente por medio de una expresion viva y abreviada
-de todo su ser interior.
-
-
-
-
-CAPÍTULO V.
-
-Primera Iglesia de Jerusalem, enteramente cenobítica.
-
-
-[Marginal: Año 35]
-
-La costumbre de vivir juntos, en una misma fé y una misma confianza,
-creó naturalmente hábitos comunes. Pronto se adoptaron varias
-reglas que dieron á esta Iglesia primitiva alguna analogía con los
-establecimientos de vida cenobítica que el cristianismo instituyó más
-adelante. Muchos preceptos de Jesús tendian á este fin; el verdadero
-ideal de la vida evangélica es un monasterio: no un monasterio cerrado
-con rejas, una cárcel al estilo de la edad media con separacion de
-ambos sexos, sino un asilo en medio del mundo, un espacio reservado
-para la vida del espíritu, una asociacion libre, ó pequeña congregacion
-íntima, trazando á su alrededor un vallado para que no entren en ella
-zozobras que perjudican á la libertad del reino de Dios.
-
-Todos vivian, por consiguiente, en comunidad, no formando más que un
-cuerpo y un alma[242]. Nadie tenia nada suyo. Cuando entraban á ser
-discípulos de Jesús, vendian sus bienes y hacian donacion de su importe
-á la sociedad. Los jefes de esta distribuian luego el bien comun á
-cada uno segun sus necesidades. Habitaban en un solo barrio;[243],
-comian juntos y continuaban aplicando á la comida el sentido místico
-que Jesús habia prescrito[244]. Pasaban muchas horas orando; sus
-plegarias eran á veces improvisadas en alta voz, pero más á menudo
-meditadas en silencio. Los éxtasis eran frecuentes y cada cual se
-creia estar siempre favorecido por la inspiracion divina. La concordia
-que reinaba entre ellos era perfecta; nunca tenian ninguna discusion
-dogmática ni la menor disputa de amor propio, y la querida memoria
-de Jesucristo borraba todos los resentimientos. La alegría estaba en
-todos los corazones viva y profunda[245]. Su moral era austera, pero
-penetrada de un sentimiento dulce y tierno. Se agrupaban por casas
-para orar y entregarse á los ejercicios extáticos[246]. El recuerdo de
-aquellos dos ó tres primeros años, fué como el de un paraiso terrestre
-que nunca más volverá para el cristianismo, por más esfuerzos que
-haga. Efectivamente, ¿quién no comprende que semejante organizacion
-solo podia aplicarse á una pequeña Iglesia? Á pesar de esto, la vida
-monástica persiguió más adelante por su cuenta este ideal primitivo,
-que la Iglesia universal no se cuidó mucho de realizar.
-
-Posible es que el autor de las _Actas_, á quien debemos la descripcion
-de esta primera cristiandad de Jerusalem, haya recargado algo los
-colores y exagerado especialmente la comunidad de bienes que hemos
-citado. El autor de las _Actas_, hace como el autor del tercer
-Evangelio, que en la vida de Jesús, acostumbra á desfigurar los
-hechos segun sus teorías[247] y que deja traslucir muy claramente
-su tendencia á las doctrinas del _ebionismo_[248], es decir, de la
-pobreza absoluta. No obstante, la relacion de las _Actas_ no puede
-considerarse infundada respecto á este particular. Aun cuando Jesús no
-hubiese pronunciado ninguno de los axiomas comunistas que se leen en el
-tercer Evangelio, no hay duda que el renunciar á los bienes mundanales
-y la práctica de la caridad llevada hasta el punto de despojarse de
-todo lo que se poseyese, constituian el espíritu de su predicacion.
-La creencia del fin del mundo ha producido siempre el desprecio de
-los bienes terrenales y la vida en comunidad[249]. Por otra parte, lo
-que manifiestan las _Actas_ está completamente de acuerdo con lo que
-sabemos del orígen de las otras religiones ascéticas, por ejemplo,
-del _budismo_. Esta clase de religiones principian siempre por la
-vida cenobítica. Sus primeros adeptos son una especie de frailes
-mendicantes. El seglar no figura entre ellos sino cuando estas
-religiones han conquistado sociedades enteras en las que la vida
-monástica solo puede existir por excepcion.[250]
-
-Admitimos, pues, en la Iglesia de Jerusalem, un período de vida
-cenobítica. Dos siglos despues, los paganos todavía tenian al
-cristianismo por una secta comunista[251]. Debe recordarse que los
-esenios ó terapeutas habian dado ya el modelo de este género de
-vida, el cual provenia del mosaismo. Como el código mosaico era
-esencialmente moral y no político, su resultado natural era la utopia
-social, la iglesia, la sinagoga, el convento y no el estado civil, la
-nacion, ni la ciudad. El Egipto tenia, desde muchos siglos, reclusos
-y reclusas mantenidos por el Estado, probablemente en ejecucion de
-legados caritativos, cerca del Serapeo de Menfis[252]. Tambien debe
-tenerse en cuenta que semejante vida no es en Oriente lo que ha sido
-en nuestro Occidente. En Oriente, se puede disfrutar de la naturaleza
-y de la existencia sin poseer nada. El hombre es siempre libre porque
-tiene pocas necesidades y por lo tanto, la esclavitud del trabajo es
-completamente desconocida. Aunque el comunismo de la Iglesia primitiva
-no haya sido tan rígido ni tan universal como lo supone el autor de
-las _Actas_, lo cierto es que en Jerusalem habia una gran comunidad
-de pobres, gobernada por los apóstoles, á la que se hacian donativos
-de todos los puntos de la cristiandad[253]. Esta comunidad se vió
-obligada á establecer reglamentos bastante severos, y algunos años más
-tarde, hasta hubo de emplearse el terror para gobernarla. Se contaban
-de ella leyendas espantosas, segun las cuales el solo hecho de haberse
-apropiado algo de lo que hubiese sido dado para la comunidad, era
-señalado como un crímen capital y castigado con la muerte[254].
-
-Los pórticos del templo, sobre todo el pórtico de Salomon, que dominaba
-el valle de Cedron, eran el lugar en donde acostumbraban á reunirse los
-discípulos durante el dia[255], recordando las horas que Jesús habia
-pasado en dicho sitio. En medio de la extrema actividad que reinaba al
-rededor del templo, debian ser estos muy poco notados. En las galerías
-que formaban parte de aquel edificio, habia varias escuelas y sectas
-y eran teatro de infinitas disputas. Además, los fieles de Jesús
-pasaban por muy devotos, porque todavía observaban escrupulosamente
-las prácticas judías, orando á las horas[256] fijadas y observando
-todos los preceptos de la Ley. Eran judíos que únicamente diferian de
-los demás en que creian que ya habia venido el Mesías. Los que no les
-conocian mucho, y estos eran el mayor número, los miraban como una
-secta de _hasidim_ ó gentes piadosas. Para afiliarse á ellos[257] no
-era uno cismático ni griego, así como se puede ser discípulo de Spener
-sin dejar de ser protestante, ó de la órden de San Francisco ó de
-San Bruno, sin dejar de ser católico. El pueblo los amaba á causa de
-su piedad, su sencillez y dulzura[258], si bien los aristócratas del
-templo, los miraban quizás con desagrado. La secta, sin embargo, vivia
-tranquila, merced á su poco deseo de brillar.
-
-Al volver por la noche los hermanos á su casa, cenaban, divididos en
-grupos[259], en señal de fraternidad y en recuerdo de Jesús á quien
-veian siempre entre ellos. El jefe de la mesa cortaba el pan, bendecia
-la copa[260], y la circulaba como un símbolo de union con Jesús, y de
-este modo, el acto más vulgar de la vida, convertíase en el más augusto
-y más santo. En estas cenas en familia, á que eran muy aficionados los
-judíos[261], rezábanse oraciones, reinaba una dulce alegría y todos
-creian hallarse aún en el tiempo en que el divino Maestro les animaba
-con su presencia, imaginándose verle, hasta el punto de que muy pronto
-circuló el rumor de que Jesús habia dicho: «Cada vez que corteis el
-pan hacedlo en memoria mia[262].» El mismo pan, llegó á ser en cierto
-modo Jesús, concebido como orígen único de fortaleza para los que le
-habian amado y vivian aún de él. Aquellas cenas, que fueron siempre
-el símbolo principal del cristianismo y el alma de sus misterios[263]
-se celebraban en un principio todas las noches, pero bien pronto la
-costumbre se practicó solo el domingo[264] por la noche[265] y más
-tarde, empezó á tomarse por la mañana la mística colacion[266]. Es
-probable que en aquel período de la historia á que nos referimos fué
-aún para los cristianos dia feriado el sábado[267].
-
-Los apóstoles elegidos por Jesús y que se suponia habian recibido de
-él una órden especial para anunciar al mundo el reino de Dios, gozaban
-en la pequeña comunidad de una superioridad incontestable. Uno de los
-primeros cuidados de la secta, tan pronto como se vió establecida
-tranquilamente en Jerusalem, fué llenar el vacío que habia dejado Judas
-en su seno[268]; la opinion de que este último vendiera á su Maestro
-siendo la causa de su muerte, se iba generalizando cada vez más. El
-hecho pasaba al dominio de la leyenda, y todos los dias se averiguaba
-alguna nueva circunstancia que pintaba con más negros colores su
-traicion. Judas habia comprado un campo cerca de la antigua necrópolis
-de Hakeldama, al Sur de Jerusalem, y allí vivia retirado[269]. Tal era
-la ingénua exaltacion de la pequeña Iglesia, que para reemplazar á
-Judas se resolvió echar suertes: en las grandes emociones religiosas,
-es general emplear este medio, pues se admite como principio que nada
-es fortuito, que uno es el objeto principal de la atencion divina y que
-la parte que Dios toma en un hecho, es tanto mayor cuanto que la del
-hombre es más débil. Exigióse tan solo que los candidatos se eligieran
-en el grupo de los discípulos más antiguos que habian sido testigos
-de todos los acontecimientos desde el bautismo de Juan, y como esta
-circunstancia reducia mucho el número de aquellos, solo quedaron dos
-aspirantes, José Bar-sabá, por sobrenombre el _Justo_[270] y Matías,
-sobre el cual recayó la suerte y fué contado desde entonces en el
-número de los Doce. Pero ya no volvió á darse otro caso de semejante
-sustitucion, pues se consideró que los apóstoles nombrados por Jesús no
-debian tener sucesor. Evitóse tambien con sabia prudencia el peligro
-que ofrecia establecer un colegio permanente, donde se conservara toda
-la vida y la fuerza de la asociacion. La concentracion de la Iglesia en
-una oligarquía, no vino hasta más tarde.
-
-Por lo demás, es necesario precaverse contra los errores á que ha dado
-lugar y puede dar el nombre de _apóstol_. En una época muy remota,
-por algunos pasajes de los Evangelios, y sobre todo por la analogía
-de la vida de San Pablo, se supuso que los apóstoles eran una especie
-de misioneros, especialmente viajantes, que se habian repartido el
-mundo de antemano y recorrian como conquistadores todos los reinos
-de la tierra[271]. Formóse sobre esta opinion una série de leyendas
-para la historia eclesiástica[272], pero nada hay más contrario á
-la verdad[273]. El cuerpo de los Doce permaneció por lo general en
-Jerusalem hasta el año 60, poco más ó menos, y los apóstoles no
-salieron de la ciudad santa sino para misiones temporales, lo cual
-explica la oscuridad en que estuvieron la mayor parte de los miembros
-del consejo central, pues muy pocos de ellos tuvieron representacion.
-Formaban una especie de colegio sacro ó senado[274] destinado
-únicamente á representar la tradicion y el espíritu conservador.
-Como no desempeñaban funcion alguna, no tenian que hacer otra cosa
-sino predicar y rogar[275]; apenas se conocian sus nombres fuera de
-Jerusalem y hácia el año 70 ú 80, las listas que se daban de estos
-Doce elegidos primitivos, no estaban de acuerdo sino en los nombres
-principales[276].
-
-Los «hermanos del Señor» aparecen con frecuencia al lado de los
-«Apóstoles» aunque fuesen distintos[277], y su autoridad era inferior
-á la de los segundos, pero estos dos grupos constituyen en la iglesia
-naciente fundada tan solo en las relaciones más ó menos íntimas que
-sus miembros tuvieron con el Maestro. Aquellos eran los hombres que
-Pablo llamaba «las columnas de la Iglesia de Jerusalem[278],» y vemos,
-por lo tanto, que las distinciones de la gerarquía eclesiástica no
-existian aún. El título no era nada; la importancia personal lo era
-todo; el principio del celibato eclesiástico estaba sentado[279], pero
-necesitábase algun tiempo para el completo desarrollo de todos aquellos
-gérmenes. Pedro y Felipe estaban casados y tenian hijos é hijas[280].
-
-El término usado para designar la reunion de los fieles, era la
-palabra del hebreo _kahal_ que se sustituyó por la frase esencialmente
-democrática ἐκκλησία. _Ecclesia_ es la convocacion del pueblo en las
-antiguas ciudades griegas, el llamamiento al _Pnyx_ ó al _ágora_. Á
-partir del siglo II ó III antes de Jesucristo, las palabras de la
-democracia ateniense pasaron en cierto modo al dominio de la lengua
-helénica, y algunos de estos términos,[281] á consecuencia del uso
-que hacian de ellos las cofradías griegas, se adoptaron en la lengua
-cristiana. Esto era efecto del movimiento popular, que comprimido hacia
-siglos, seguia de nuevo su curso bajo formas enteramente distintas
-como querian serlo las antiguas repúblicas[282], pero menos exigente
-y desconfiada que aquellas ciudades, la Iglesia delegaba con gusto su
-autoridad: como toda sociedad teocrática trataba de abdicar en manos de
-un clero y era fácil prever que no pasarian más de dos siglos sin que
-toda aquella democracia se transformara en oligarquía.
-
-El poder que se suponia á la Iglesia reunida y á sus jefes era
-inmenso, pues la primera conferia todas las misiones, guiándose
-únicamente para su eleccion de los signos que daba el Espíritu[283],
-llegando su autoridad hasta el punto de poder decretar la muerte.
-Referíase que solo á la voz de Pedro, algunos delincuentes habian
-caido en el suelo y expirado en el acto[284]; San Pablo no teme un
-poco más tarde excomulgar á un incestuoso «entregándole á Satanás
-para que muera su carne y se pueda salvar su alma en el gran dia del
-Señor[285].» Considerábase la excomunion como el equivalente de una
-sentencia de muerte, y no se dudaba que toda persona á quien los
-apóstoles, ó los Jefes de la Iglesia, habian separado del gremio de los
-santos, entregándole al espíritu maligno[286], no estuviese perdida.
-Suponíase á Satanás autor de las enfermedades; abandonarle el miembro
-gangrenado era como entregarlo al ejecutor natural de la sentencia;
-una muerte prematura se tenia por el resultado de uno de esos decretos
-ocultos, que segun la fuerte expresion hebráica, «extirpaba una
-alma de Israel[287].» Los apóstoles se creian revestidos de poderes
-sobrenaturales, y al pronunciar semejantes condenas, pensaban que sus
-anatemas no dejarian de caer sobre los culpables.
-
-La terrible impresion producida por las excomuniones, y el ódio que
-inspiraban á todos los cofrades los miembros así separados del gremio
-de la Iglesia, podia en efecto en muchos casos producir la muerte ó al
-menos obligar al culpable á expatriarse. El mismo terrible equívoco
-se encontraba en la antigua Ley: «la extirpacion» implicaba á la vez
-la muerte, la expulsion de la comunidad, el destierro, un retiro
-solitario y misterioso;[288] y matar al apóstata ó al que blasfemaba,
-herir el cuerpo para salvar el alma, era una cosa legítima. Debemos
-recordar que hablamos de la época de los _zelotas_, que consideraban
-como un acto de virtud dar de puñaladas al que faltase á la ley[289],
-y es preciso tener en cuenta que algunos cristianos eran ó habian sido
-_zelotas_[290]. Casos como el de la muerte de Ananías y de Safira[291],
-no causaban el menor escrúpulo. La idea del poder civil era tan extraña
-á todo aquel mundo, que no se hallaba al alcance del dominio romano,
-ó estaba tan persuadida que la Iglesia era una sociedad completa que
-se bastaba á sí misma, que ninguno consideraba que un milagro fuese
-un atentado punible ante la ley civil por más que causara la muerte ó
-la mutilacion de una persona. El entusiasmo es una fé ardiente que
-lo cubre todo y todo lo excusa; pero comprendíase fácilmente cuán
-grave era el peligro que indicaban para el porvenir aquellas máximas
-teocráticas. La Iglesia está armada de un puñal; la excomunion será una
-sentencia de muerte; en lo sucesivo habrá en el mundo además del Estado
-otro poder que disponga de la vida de los ciudadanos; y á fé que si la
-autoridad romana se hubiese limitado á reprimir entre los cristianos y
-los judíos principios tan condenables, habria tenido mil veces razon.
-Pero en su brutalidad confundia la más legítima de las libertades, la
-de adorar cada uno á su modo, con abusos que ninguna sociedad ha podido
-jamás tolerar impunemente.
-
-Pedro gozaba entre los apóstoles de cierta superioridad debida
-principalmente á su actividad y celo[292]: en los primeros años, apenas
-se separa de Juan, hijo de Zebedeo; ambos van casi siempre juntos[293],
-y su buena armonía fué á no dudarlo la piedra angular de la nueva fé.
-Jacobo, hermano del Señor, les igualaba casi en autoridad, al menos en
-una fraccion de la Iglesia, y en cuanto á ciertos amigos íntimos de
-Jesús, tal como las mujeres galileas y la familia de Betania, ya hemos
-dicho que no hay para que hablar de ellos. Menos deseosas de organizar
-y de fundar, las fieles compañeras de Jesús se contentaban con amar
-muerto al que adoraran en vida; alimentándose con su esperanza,
-las nobles mujeres que fundaron la fé del mundo, permanecian casi
-desconocidas de los hombres notables de Jerusalem, y cuando murieron,
-quedaron enterradas en el sepulcro con ellas los caractéres más
-importantes de la historia del cristianismo naciente. Los que
-desempeñan un papel activo son los que se llevan la fama; aquellos que
-se contentan con amar en secreto permanecen oscuros, pero seguramente
-les corresponde la mejor parte.
-
-Inútil es decir que aquel pequeño grupo de gente sencilla, no tenia
-la menor idea de la teología especulativa, pues Jesús rehuyó siempre
-con la mayor prudencia toda cuestion metafísica, y no tuvo más que
-un dogma, su propia filiacion divina y la divinidad de su mision.
-Todo el símbolo de la Iglesia primitiva podia encerrarse en esta
-sola línea: «Jesús es el Mesías, hijo de Dios.» Esta creencia se
-fundaba en un argumento perentorio, en el hecho de la resurreccion,
-de la que figuraban como testigos los discípulos, por más que ninguno
-en realidad, ni aun las mujeres galileas, asegurará haber visto la
-resurreccion[294]; pero la ausencia del cuerpo y las apariciones que se
-siguieron despues, parece que equivalen al hecho mismo. Atestiguar la
-resurreccion de Jesús, era la mision que todos creian deber llevar á
-cabo ante todos[295], é imagináronse bien pronto que el Maestro habia
-pronosticado este acontecimiento. Recordábanse algunas de sus palabras
-que se creyó no haberse comprendido bien, y esto indujo á suponer que
-se habia anunciado la resurreccion[296]. La creencia en la próxima
-manifestacion gloriosa de Jesús era universal[297]; la palabra secreta
-que los cofrades se decian entre sí para reconocerse y fortificarse,
-era _Maran atha_, «el Señor va á venir»[298]. Creíase tambien recordar
-una declaracion de Jesús, segun la cual, no habia tiempo para que la
-predicacion alcanzara á todas las ciudades de Israel, antes que el
-hijo del hombre apareciese en su majestad[299]; pero entre tanto Jesús
-resucitado está sentado á la diestra de su Padre, y allí descansa hasta
-el dia solemne en que vendrá envuelto entre las nubes á juzgar á los
-vivos y á los muertos[300].
-
-La idea que tenian de Jesús era la misma que aquel les diera: Jesús
-habia sido un profeta poderoso en obras y en palabras[301], un
-hombre elegido de Dios que recibiera una mision especial para la
-humanidad[302], mision que probó por sus milagros y su resurreccion.
-Dios le ungió del Espíritu Santo revistiéndole de fuerza; ha pasado
-haciendo bien y curando á los que estaban poseidos del demonio[303],
-porque Dios era con él[304]; es el Hijo de Dios, un representante de
-Dios en la tierra; es el Mesías, el salvador de Israel anunciado por
-los profetas[305]. La lectura de los libros del Antiguo Testamento,
-especialmente el de los Profetas y de los Salmos, era habitual en la
-secta, y al proceder á dicha lectura, fijábanse todos en la idea de
-encontrar siempre el tipo de Jesús; y persuadidos de que los antiguos
-libros hebreos estaban llenos de él, formóse desde los primeros años
-una coleccion de textos, sacados de los Profetas, de los Salmos y de
-ciertos libros apócrifos en los cuales, segun conviccion general, se
-predecia y describia de antemano la Vida de Jesús[306]. Este método de
-interpretacion arbitraria estaba adoptado en todas las escuelas judías;
-las alusiones mesiánicas eran una especie de juego de imaginacion,
-análogo al que hacian antiguos predicadores con los pasajes de la
-Biblia, trastornando su sentido natural y tomándolos como simples
-adornos de retórica sagrada.
-
-Jesús, merced á su tacto exquisito de las cosas religiosas, no habia
-instituido ningun nuevo ritual, y por lo tanto, la nueva secta no
-tenia aún ceremonias especiales[307]. Las prácticas de piedad eran
-las prácticas judías; las reuniones no tenian nada de litúrgicas
-en el sentido preciso; eran sesiones de cofrades donde se rezaba,
-practicándose tambien los ejercicios de la profecía[308] y la lectura
-de la correspondencia. Allí no habia nada de sacerdotal: no hay
-sacerdote (_cohen_ ó ἱερεύς); el _presbyteros_, es el _anciano_ de
-la comunidad y nada más; el único sacerdote es Jesús[309]; ó en otro
-sentido, todos los fieles lo son.[310] Considerábase el ayuno como
-una práctica muy meritoria[311]; el bautismo era la señal de entrada
-en la secta[312] siendo su rito el mismo observado con Juan, pero se
-administraba en nombre de Jesús[313].
-
-De todos modos, el bautismo no se creia una iniciacion suficiente si no
-era seguido de la colacion de los dones del Espíritu Santo[314], que se
-hacia prévia una oracion pronunciada por los apóstoles sobre la cabeza
-del neófito con la imposicion de las manos.
-
-Esta imposicion ya tan familiar á Jesús[315], era el acto sacramental
-por excelencia[316]; conferia la inspiracion, la iluminacion interior,
-el poder de hacer prodigios, de profetizar y de hablar las lenguas,
-era lo que se llamaba el bautismo del Espíritu. Creíase recordar las
-siguientes palabras de Jesús: «Juan os ha bautizado por el agua, pero
-vosotros os habeis bautizado por el espíritu»[317]. Poco á poco
-formóse un conjunto de todas estas ideas y el bautismo se confirió, «en
-el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo;[318]» pero no es
-probable que esta fórmula se emplease en los primeros dias de la época
-á que nos referimos. Vemos, pues, cuanta era la sencillez del primitivo
-culto cristiano, que no habian inventado ni Jesús ni los apóstoles,
-toda vez que fueron adoptadas antes por ciertas sectas judías estas
-graves y solemnes ceremonias que proceden al parecer de la Caldea,
-donde se practican aun con liturgias especiales para los Sabianos ó
-Mendaitas[319]. En la religion de Persia se encuentran tambien muchos
-ritos del mismo género[320].
-
-Las creencias en la medicina popular, que tanto prestigio dieron á
-Jesús, se continuaban en sus discípulos: el don de curar era una de
-las gracias maravillosas que concedia el Espíritu[321]. Los primeros
-cristianos, así como casi todos los judíos de aquel tiempo, veian en
-las enfermedades el castigo de una falta[322] ó la obra de un demonio
-maligno,[323] y los apóstoles eran considerados del mismo modo que
-Jesús, como poderosos exorcistas.[324] Creíase que las oleaciones que
-hacian con la imposicion de las manos, invocando el nombre de Jesús,
-redimian los pecados, causa de la enfermedad y curaban estas[325]; el
-aceite ha sido siempre en Oriente el medicamento por excelencia[326],
-pero de todos modos, creíase que solo la imposicion de las manos de
-los apóstoles bastaba para producir los mismos efectos[327]. Esta
-imposicion se hacia por el contacto inmediato, y no es imposible que
-en ciertos casos, el calor de las manos, comunicándose vivamente á la
-cabeza, proporcionase algun alivio al enfermo.
-
-Siendo jóven y poco numerosa la secta, no se entabló sino más adelante
-la cuestion de los muertos. Los primeros fallecimientos que ocurrieron
-entre los cofrades causaron un efecto extraño[328]. Preocupáronse de
-la suerte de los difuntos; pues deseaban saber si aquellos serian más
-favorecidos que los que sobrevivieran para ver por sus propios ojos
-el advenimiento del Hijo del hombre. Llegóse por fin á considerar
-generalmente el intervalo entre la muerte y la resurreccion como una
-especie de vacío en la conciencia del difunto.[329] La idea presentada
-en el _Phedon_, de que existe el alma, antes y despues de la muerte,
-de que la muerte es un bien, y aun de que es el estado filosófico por
-excelencia, pues entonces se encuentra el alma totalmente libre y
-desprendida, esta idea, repito, no era opinion decididamente admitida
-en los primeros cristianos; siendo lo más frecuente que considerasen
-no podia existir el hombre sin cuerpo. Y este modo de ver subsistió
-mucho tiempo sin que cambiara, hasta que la doctrina de la inmortalidad
-del alma, en el sentido de la filosofía griega, fué acogida en la
-Iglesia y se combinó bien ó mal con el dogma de la resurreccion y de
-la renovacion universal. Empero en la época á que nos referimos ahora,
-la creencia en la resurreccion reinaba casi exclusivamente[330]. El
-rito de los funerales era segun las apariencias el rito judío. No se le
-daba importancia alguna, y ninguna inscripcion indicaba el nombre del
-difunto, considerando tal vez que habia de ser pronta la resurreccion y
-que el cuerpo de aquel fiel cristiano habia de permanecer poco tiempo
-en la roca donde le depositaron. Cuidáronse muy poco de avenirse en
-cuanto á la cuestion de saber si la resurreccion seria universal, es
-decir, si comprenderia á los buenos y á los malos, ó si se aplicaria
-únicamente á los elegidos[331].
-
-Uno de los fenómenos más notables de la nueva religion fué la
-reaparicion del profetismo. Hacia ya mucho tiempo que casi no se
-hablaba más de profetas en Israel; pero este género particular de
-inspiracion pareció renacer en la pequeña secta. La Iglesia primitiva
-tuvo muchos profetas, y tambien profetisas[332] análogos á los del
-Antiguo Testamento. Aparecieron igualmente los salmistas; y el modelo
-de los salmos cristianos lo encontramos seguramente en los cánticos
-que Lucas se complace en esparcir por su Evangelio[333], y que están
-basados sobre los cánticos del Antiguo Testamento. Estos salmos y estas
-profecías carecen de originalidad en cuanto á su forma; pero están
-animados y henchidos de un admirable espíritu de dulzura y de piedad;
-vienen siendo un eco amortiguado de las últimas melodías que produjo la
-sagrada lira de Israel; y no parece sino que fueron los salmos el cáliz
-de la flor, donde la abeja cristiana hizo presa de su primer jugo. El
-Pentateuco, era segun las apariencias, poco leido y poco meditado,
-sustituyéndolo con alegorías, á estilo de los _midraschim_ judíos, en
-que se suprimia todo el sentido histórico de los libros.
-
-El canto con que se acompañaban los himnos nuevos[334] era
-probablemente esa especie de sollozo sin notas bien marcadas y
-perceptibles, que continúa siendo el canto de los griegos, de los
-maronitas y de los cristianos de Oriente en general[335]. No es
-debido á modulaciones musicales, sino á un modo peculiar de forzar
-la voz, emitiendo por la nariz una especie de gemido en que todas
-las inflexiones se suceden con rapidez unas á otras. Ejecútase esta
-singular melopea, en pié, con la vista fija, la frente arrugada, las
-cejas fruncidas y con un esfuerzo aparente. Pronúnciase sobre todo
-con voz temblorosa la palabra _amen_, la cual hacia gran papel en la
-liturgia. Á imitacion de los judíos[336] usábanla los nuevos cristianos
-para manifestar la adhesion de la muchedumbre á la palabra del profeta
-ó del sochantre[337]. Acaso atribuíanse ya virtudes secretas á esta
-palabra, y por eso la pronunciaban con cierto énfasis. Ignoramos si
-este canto eclesiástico primitivo iba acompañado de instrumentos[338].
-Respecto al canto íntimo, el que los fieles «cantaban en el fondo de su
-corazon[339],» y que no era más que la expansion y desahogo de aquellas
-almas tiernas, fervorosas y contemplativas, es de presumir que lo
-ejecutaban á media voz como las cantilenas de los lolardos de la edad
-media[340]. Por lo general aquellos himnos eran la manifestacion de la
-alegría que rebosaba en sus corazones. Una de las máximas de los sabios
-de la secta era: «Si estás triste, ora; si estás alegre, canta[341].»
-
-Por lo demás, destinada simplemente á la edificacion de los fieles
-congregados, aquella primera literatura cristiana no se escribia.
-Componer ó escribir libros era una idea que á nadie se le ocurria,
-pues que Jesús habia hablado y recordaban sus palabras. ¿No habia
-prometido que la generacion de sus oyentes no pasaria antes que él
-reapareciera?[342]
-
-
-
-
-CAPÍTULO VI.
-
-Conversion de judíos helenistas y prosélitos.
-
-
-[Marginal: Año 36]
-
-Hasta aquí, se ha presentado á nuestra vista la Iglesia de Jerusalem
-como una pequeña colonia galilea. Los amigos que habia adquirido Jesús
-en Jerusalem y en las cercanías, tales como Lázaro, Marta, María de
-Betania, José de Arimatea y Nicodemo, habian desaparecido de la escena.
-El grupo galileo, estrechado en derredor de los doce, fué el único que
-subsistió compacto y activo. Más adelante, despues de la destruccion de
-Jerusalem, y lejos de la Judea, imagináronse que los sermones de los
-apóstoles eran escenas públicas que se representaban en las plazas y á
-presencia del gentío que en ellas se reunia.[343] Semejante pensamiento
-debiera relegarse entre las supuestas imágenes que tanto abundan en las
-leyendas. Las autoridades que condenaron á muerte á Jesús, no hubieran
-consentido que semejantes escándalos se renovasen. El proselitismo de
-los fieles se comunicaba de uno á otro.[344] Sus predicaciones bajo el
-pórtico de Salomon, habian de dirigirse á muy pocos oyentes; pero su
-efecto, por lo mismo, no habia de ser sino más profundo. Consistian
-principalmente sus discursos en citas del Antiguo Testamento con las
-cuales creian probar que Jesús era el Mesías.[345] Su razonamiento era
-sutil y débil; pero todos los comentarios de los Judíos de aquella
-época eran por el mismo estilo, y las consecuencias que deducen de la
-Biblia los doce de la _Mischna_, no son tampoco satisfactorias.
-
-Mucho más débil aún era la prueba invocada para sostener sus
-argumentos, deducida de los pretendidos prodigios. Imposible fuera
-dudar que los apóstoles hayan creido hacer milagros. Estos eran
-considerados como la señal de toda mision divina,[346] y San Pablo,
-cuyo entendimiento era ciertamente el más claro y adelantado de la
-primitiva escuela cristiana, creyó obrar milagros.[347] Se consideraba
-como indudable que Jesús los habia hecho, y era natural que se
-continuase la série de las manifestaciones divinas. Efectivamente,
-la taumaturgia aparece como un privilegio de los apóstoles hasta
-el fin del siglo primero.[348] Los milagros de los apóstoles son
-de igual índole que los de Jesús, y consisten sobre todo, aunque
-no exclusivamente, en curas de enfermedades y en exorcismos de
-poseidos.[349] Así es que se pretendia que bastaba la sombra para
-operar curas maravillosas.[350] Reputábanse estos prodigios por dones
-del Espíritu Santo, y eran justipreciados de igual valor que el don de
-ciencia, de predicacion ó de profeta.[351] En el siglo III, la Iglesia
-creia todavía poseer los mismos privilegios y ejercer como por una
-especie de derecho permanente, el poder de curar las enfermedades,
-echar fuera á los demonios y predecir el porvenir;[352] siendo todo
-esto posible para los ignorantes. ¿No vemos en la actualidad personas
-honradas y de probidad, pero que carecen de espíritu científico,
-firmemente engañadas con las quiméricas ideas del magnetismo y por
-otras ilusiones?[353]
-
-Empero no debemos valernos de esos errores candorosos, ni de los
-mezquinos discursos que vemos en las _Actas_, para calificar los medios
-de conversion de que pudieran disponer los fundadores del cristianismo.
-La verdadera predicacion estribaba en las conversaciones de aquellos
-hombres buenos y convencidos; consistia en el reflejo, todavía
-sensible en sus discursos, de la palabra de Jesús, y sobre todo en su
-piedad y dulzura. El atractivo de la vida en comun que llevaban tenia
-tambien mucha influencia, siendo su casa como un hospicio en que todos
-los pobres, todos los que se vieran abandonados, encontraban asilo y
-auxilios.
-
-Uno de los primeros que se afiliaron en aquella sociedad naciente, fué
-un chipriota llamado José Hallévi ó el Levita. Este vendió su campo
-como los demás, y fué á postrarse á los piés de los Doce ofreciéndoles
-el precio de la venta. Era un hombre inteligente, de un afecto á
-toda prueba y que usaba fácilmente de la palabra; así que uniéronse
-estrechamente con él los apóstoles, y le llamaron _Bar-naba_, es
-decir «el hijo de la profecía» ó «de la predicacion;»[354] pues se le
-contaba efectivamente en el número de los Profetas[355], es decir, de
-los predicadores inspirados. Verémosle más tarde figurar en primera
-línea, porque despues de San Pablo, fué el misionero más activo del
-primer siglo. Un tal Mnason, su compatriota, se convirtió por aquel
-mismo tiempo.[356] Los judíos ocupaban muchos barrios de Chipre,[357]
-y Bernabé y Mnason eran sin duda judíos de raza.[358] Las relaciones
-íntimas y prolongadas de Bernabé con la Iglesia de Jerusalem hacen
-creer que el siro-caldeo le era familiar.
-
-Una conquista casi tan importante como la de Bernabé, fué la de cierto
-Juan que llevaba el sobrenombre romano de _Marcus_. Era primo de
-Bernabé, y circunciso[359]. Su madre, María, debia gozar de cierto
-bienestar y comodidades: convirtióse del propio modo que su hijo, y su
-morada fué más de una vez el sitio donde se reunian los apóstoles.[360]
-Parece que estas dos conversiones fueron obra de Pedro.[361] En todo
-caso, Pedro mantenia estrechas relaciones de amistad con la madre
-y con el hijo, de tal modo, que en casa de ellos se consideraba
-como en la suya propia[362]. Y aun admitiendo la hipótesis de que
-Juan Márcos no fuera idéntico al autor verdadero ó supuesto del
-segundo Evangelio,[363] el papel que desempeñó seria siempre de suma
-importancia; pues le veremos más tarde acompañar en sus excursiones
-apostólicas á Pablo, Bernabé, y probablemente al mismo Pedro.
-
-Propagóse así el primer fuego con gran rapidez. Los hombres más
-célebres del siglo apostólico se sintieron casi todos arrastrados en
-dos ó tres años por una especie de impulso simultáneo. Fué una segunda
-generacion cristiana paralela á la que se habia formado, cinco ó seis
-años antes, á orillas del lago de Tiberiade. Esta segunda generacion
-no habia visto á Jesús y no podia igualar á la primera en autoridad;
-pero habia de sobrepujarla por su actividad y por su aficion á las
-misiones lejanas. Uno de los más conocidos entre los nuevos adeptos,
-era Stephanus ó Estéban, que no fué, segun parece, más que un simple
-prosélito, antes de su conversion[364]. Era un hombre ardiente y
-apasionado; su fé, de las más vivas; y creíasele favorecido de todos
-los dones del Espíritu Santo[365]. Felipe, quien como Stephanus,
-fué diácono y evangelista celoso, se agregó á la comunidad hácia el
-mismo tiempo[366], y confundiósele frecuentemente con su homónimo el
-apóstol[367]. Por último, en aquella época, convirtiéronse Andrónico y
-Junía[368], dos esposos, probablemente, que ofrecieron, como más tarde
-Aquila y Priscila, el modelo de una pareja apostólica, consagrada á
-todos los afanes y cuidados del misionero. Eran de la sangre de Israel,
-y tuvieron estrechísimas relaciones con los apóstoles[369].
-
-Los nuevos convertidos eran todos judíos por su religion, cuando les
-tocó la gracia; pero pertenecian á dos clases de judíos muy distintas.
-Eran los unos «hebreos»[370], es decir, judíos de Palestina, que
-hablaban hebreo ó más bien arameo, y leian la Biblia en el texto
-hebreo; los otros eran «helenistas», es decir, judíos que hablaban
-griego y leian la Biblia en griego. Subdividíanse todavía estos
-últimos en dos clases; los unos eran de sangre judía y los otros
-eran prosélitos; es decir, gentes que no eran de orígen israelita,
-pero afiliados al judaismo en distintos grados. Estos helenistas,
-procedentes casi todos de Siria, del Asia Menor, de Egipto ó de
-Cirene[371], habitaban en distintos barrios en Jerusalem. Tenian sus
-sinagogas separadas y formaban aparte pequeñas comunidades. Contaba
-Jerusalem gran número de estas sinagogas particulares[372]; y allí es
-donde la palabra de Jesús encontró preparado el terreno para recibirla
-y hacer que fructificara.
-
-Todo el núcleo primitivo de la Iglesia se componia de «hebreos»; el
-dialecto arameo, que fué la lengua de Jesús, era el único que se usaba
-entonces. Empero, se vé que desde el segundo ó el tercer año, despues
-de la muerte de Jesús, invadió el griego aquella pequeña comunidad,
-donde debia enseñorearse y predominar. Á consecuencia de sus relaciones
-cotidianas con aquellos nuevos hermanos, Pedro, Juan, Jacobo, Judas, y
-generalmente todos los discípulos galileos, aprendieron el griego tanto
-más fácilmente, cuanto que probablemente ya sabian algo de aquella
-lengua. Un incidente del que hablaremos muy en breve, acredita que
-esa diversidad de idiomas introdujo en un principio cierta division
-en la comunidad, y que no se entablaban muy fácilmente las relaciones
-entre ambos bandos[373]. Consumada la ruina de Jerusalem, veremos á
-los «hebreos» retirados más allá del Jordan, á la altura del lago de
-Tiberiade, formando una Iglesia separada, que tuvo distinta suerte;
-pero en el intervalo de estos dos hechos no parece que la diversidad de
-lenguaje produjera consecuencia alguna en la Iglesia. Los Orientales
-tienen gran facilidad para aprender las lenguas; así que, en las
-ciudades cada uno habla habitualmente dos ó tres idiomas. Es por lo
-tanto probable que aquellos de los apóstoles galileos que desempeñaron
-algun papel importante, adquirieran la práctica del griego[374], y
-aun llegaran á servirse de él con preferencia al siro-caldeo, cuando
-aumentó mucho el número de los fieles que hablaban en griego. Fué
-pues preciso renunciar al dialecto palestino, desde el dia en que se
-proyectó una propaganda que habia de extenderse á lo lejos; y además,
-como dialecto provincial, que apenas se usaba por escrito[375] y
-que no se hablaba fuera de la Siria, era tambien poco á propósito
-para semejante empresa. El griego, por lo contrario, fué impuesto en
-cierto modo al cristianismo. Era la lengua universal de la época, la
-que se hablaba al menos en todas las poblaciones situadas en la parte
-oriental del Mediterráneo. Era, con especialidad, la lengua de los
-judíos dispersos por todo el imperio romano; pues entonces, como ahora,
-los judíos adoptaban muy fácilmente los idiomas de los países que
-habitaban. No se picaban de purismo, y por eso aparece tan defectuoso
-el griego del cristianismo primitivo. Los judíos, aun aquellos más
-instruidos, pronunciaban mal la lengua clásica[376]. Calcaban su frase
-sobre el siriaco, y nunca se deshicieron de los dialectos groseros que
-les llevó la conquista alcanzada por los macedonios.[377]
-
-Las conversiones al cristianismo tardaron poco en ser más numerosas
-entre los «helenistas» que entre los «hebreos». Los viejos judíos de
-Jerusalem sentian poco atractivo hácia una secta de provinciales,
-medianamente versados en la única ciencia que un fariseo apreciara, la
-ciencia de la Ley[378]. La posicion de la pequeña Iglesia respecto al
-judaismo, era algo equívoca, cual lo fué la del mismo Jesús. Empero,
-todo partido religioso ó político lleva en sí mismo una fuerza que le
-domina y le obliga, á pesar suyo, á recorrer su órbita. Los primeros
-cristianos, cualquiera que fuese su aparente respeto al judaismo,
-no eran realmente judíos sino por su nacimiento ó por sus hábitos
-exteriores; el verdadero espíritu de la secta traia otro orígen. El
-Talmud era el que germinaba en el judaismo oficial, y el cristianismo
-no tenia afinidad alguna con la escuela talmúdica. Hé ahí por qué
-encontraba favorable acogida el cristianismo en las partes menos judías
-del judaismo. Los ortodoxos rígidos adheríanse poco á él; los recien
-llegados, gentes apenas catequizadas, que no habian cursado en las
-grandes escuelas, exentos de la rutina y que no estaban iniciados en
-la lengua santa, eran los que prestaban atento oido á los apóstoles
-y á sus discípulos. Medianamente considerados por la aristocracia de
-Jerusalem, estos advenedizos del judaismo tomaban así una especie de
-desquite, y siempre son las partes más jóvenes, y nuevamente adquiridas
-en una comunidad, las que menos se cuidan de la tradicion y más se
-inclinan á las novedades.
-
-En estas clases, poco sujetas á los Doctores de la Ley, la credulidad
-era tambien, segun parece, más candorosa y más completa y firme. Lo que
-choca en el judío talmudista, no es la credulidad. El judío crédulo y
-afecto á lo maravilloso, que conocieron los satíricos latinos, no era
-el judío de Jerusalem, sino el judío helenista, muy religioso, á la par
-que poco instruido y por consiguiente muy supersticioso. Ni el saduceo
-medio incrédulo, ni el fariseo rigorista, se conmovian sensiblemente
-con la teurgia, que tan grande boga alcanzaba en el círculo apostólico;
-pero que el _Judæus Apella_, del cual se sonreia Horacio[379], estaba
-allí para creer. Por otra parte, las cuestiones sociales interesaban
-particularmente á los que no sacaban provecho alguno de las riquezas
-que el templo y las instituciones centrales de la nacion atraian
-con afluencia á Jerusalem, y por eso sucedió que, combinándose con
-necesidades análogas á la que actualmente se llama «Socialismo», la
-nueva secta echó los sólidos cimientos en que habia de asentar el
-edificio de su porvenir.
-
-
-
-
-CAPÍTULO VII.
-
-La Iglesia considerada como una asociacion de pobres. -- Institucion
-del diaconato. -- Las diaconesas y las viudas.
-
-
-[Marginal: Año 36]
-
-La historia comparada de las religiones, nos revela una verdad general;
-todas las que han tenido un principio y que no son contemporáneas del
-lenguaje mismo, se han establecido más bien por razones sociales que
-teológicas. Así sucedió seguramente con el budismo; pues, la suerte
-prodigiosa de esta religion, no fué debida á la filosofía nihilista
-en que se basaba, sino á su parte social. Proclamando la abolicion
-de las castas, y estableciendo segun su expresion «una ley de gracia
-para todos», es como Çakya-Mouni y sus discípulos arrastraron en pos
-de ellos, á la India primero, y luego á la mayor parte del Asia[380].
-Del propio modo que el cristianismo, fué el budismo un movimiento
-de pobres. El grande atractivo que les hizo adherirse á él, fué la
-facilidad que se ofreciera á las clases desheredadas de rehabilitarse,
-profesando un culto que les enaltecia y les presentaba infinitos
-recursos de asistencia y de compasion.
-
-En el primer siglo de nuestra era, abundaban muchísimo los pobres en
-Judea, careciendo aquella comarca, por su naturaleza, de los recursos
-que proporciona el bienestar. En aquel país sin industria, casi todas
-las fortunas debian su orígen á instituciones religiosas ricamente
-dotadas, ó á los favores del gobierno. Las riquezas del templo eran
-desde luengos años herencia exclusiva de un corto número de nobles.
-Los Asmoneos habian constituido en derredor de su dinastía un grupo
-de familias ricas; así como los Herodes aumentaron muchísimo el lujo
-y el bienestar en determinada clase de la sociedad; pero el verdadero
-judío teócrata, al volver la espalda á la civilizacion romana, hízose
-cada vez más pobre. Formóse entonces una clase numerosa de hombres
-santos, piadosos, fanáticos, y rígidos observadores de la Ley, pero
-totalmente miserables en su exterioridad, y en aquella clase fué donde
-se reclutaron las sectas y los partidos fanáticos tan considerables
-en aquella época. El delirio universal era conseguir el predominio
-del judío proletario que habia permanecido fiel, y la humillacion del
-rico, considerado como un tránsfuga, como un traidor que habia pasado
-á la vida profana y á la civilizacion en la exterioridad. Jamás hubo
-ódio alguno que igualara al de los pobres de Dios, en contra de las
-espléndidas construcciones con que el país empezaba á cubrirse, no
-menos que contra las obras de los Romanos[381]. Precisados, para no
-perecer de hambre, á trabajar en aquellos edificios que les parecian
-monumentos de orgullo y de lujo prohibido, creíanse víctimas de ricos
-malvados, corrompidos é infieles á la Ley.
-
-Concíbese con cuanto apresuramiento seria acogida una asociacion
-de socorros mútuos, en semejante estado social. La pequeña Iglesia
-debió parecerles un paraiso; así fué que aquella familia de hermanos,
-sencillos y unidos, de todas partes se atrajo afiliados. En cambio
-de lo que llevaban á la comunidad; aseguraban su porvenir, una
-confraternidad dulcísima y lisonjeras esperanzas. Era costumbre general
-que convirtieran sus bienes de fortuna en dinero antes de entrar en la
-secta[382], consistiendo comunmente esos bienes en pequeñas haciendas
-rurales poco productivas y cuya explotacion era incómoda. Las gentes
-solteras no encontraban sino ventajas en cambiar aquellos terrones por
-una colocacion de su valor en una sociedad de seguros, con pérdida del
-capital, pero con la esperanza de alcanzar el reino de los cielos.
-Algunos matrimonios solicitaron igualmente su participacion en este
-órden de cosas; pero tomáronse precauciones para que los asociados
-llevasen real y verdaderamente todo su haber á la comunidad, y no
-guardasen nada para sí, fuera del fondo comun[383]. Efectivamente,
-como cada cual no recibia en razon de la apuesta que habia hecho, sino
-proporcionalmente á sus necesidades[384], toda reserva de propiedad
-hubiera sido en realidad un robo hecho á la comunidad. En esto se
-vé la sorprendente semejanza de los tales ensayos de organizacion
-del proletariado con ciertas utopias que surgieron en una época no
-muy distante de nosotros. Empero nótase una profunda diferencia, que
-consiste en que el comunismo cristiano estribaba en una base religiosa,
-mientras que el socialismo moderno carece de ella. Claro está que una
-asociacion en que el dividendo se hace en razon de las necesidades de
-cada uno, y no en proporcion del capital abonado al fondo comun, no
-puede apoyarse sino en un sentimiento exaltadísimo de abnegacion, en
-una ardiente fé y en un ideal religioso.
-
-Con semejante constitucion social, las dificultades administrativas
-habian de ser numerosísimas, cualquiera que fuese el grado de
-fraternidad que reinara en la asociacion. Entre las dos fracciones
-de la comunidad, cuyo idioma era distinto, los malentendidos eran
-inevitables. Difícil era que los judíos de raza no se mostrasen algo
-desdeñosos con aquellos de sus correligionarios, que eran menos
-nobles. Efectivamente no tardaron en oirse quejas y murmuraciones;
-lamentábanse los «helenistas,» cuyo número iba aumentando diariamente,
-de que sus viudas fuesen menos bien tratadas en las distribuciones
-que las de los «hebreos»[385]. Hasta entonces habian cuidado
-los apóstoles de la administracion de caudales; pero en vista de
-semejantes reclamaciones, conocieron les era preciso delegar esta
-parte de sus poderes. Propusieron por lo tanto á la comunidad, que
-confiase el cuidado de la administracion á siete hombres entendidos
-y considerados; y habiendo sido aceptada la proposicion, procedióse
-á elegirlos. Los siete nombrados para aquel cargo fueron Stephano ó
-Estéban, Felipe, Prócoro, Nicanor, Timon, Pármenas y Nicolás. Este
-último era natural de Antioquía y simple prosélito, y Estéban era tal
-vez de igual condicion[386]. Parece que procediendo inversamente de la
-práctica observada en la eleccion del apóstol Matías, se impusieron
-la obligacion de elegir los siete administradores, no ya en el grupo
-de los discípulos primitivos, sino entre los nuevos convertidos y
-especialmente entre los helenistas; así es que todos ellos tienen
-nombres puramente griegos. Estéban era el más importante de los siete,
-y en cierto modo su jefe. Los presentaron á los apóstoles, quienes,
-segun mérito consagrado ya, oraron sobre sus cabezas, posando sus manos
-en ellas.
-
-Dióse á los administradores así designados el nombre sirio de
-_Schammaschin_, en griego Διάκονοι. Llamábanlos á veces «los Siete»
-para oponerlos á los «Doce»[387]. Tal fué pues el orígen del diaconato,
-que viene siendo el empleo eclesiástico más antiguo en las sagradas
-órdenes. Todas las iglesias que con el tiempo se organizaron,
-tuvieron sus diáconos, á imitacion de la de Jerusalem. La fecundidad
-de esta institucion fué maravillosa: representaba la asistencia del
-pobre elevada al nivel de un servicio religioso; era la proclamacion
-de esta verdad, que las cuestiones sociales son las primeras de
-que hay que preocuparse; viniendo á ser tambien la fundacion de la
-economía política en cosas religiosas. Los diáconos fueron los mejores
-predicadores del cristianismo, y pronto veremos cuál fué su oficio como
-evangelistas; siendo mucho más importante todavía el que les cupo como
-organizadores, ecónomos y administradores. Aquellos hombres prácticos,
-que se hallaban en perpétuo contacto con los pobres, los enfermos y
-las mujeres, penetraban en todas partes, todo lo veian, y exhortaban y
-convertian con la mayor eficacia[388]. Hicieron más que los apóstoles,
-inmóviles en Jerusalem, en su puesto de honor. Ellos fueron los
-verdaderos creadores del cristianismo en su parte más sólida y duradera.
-
-Admitióse desde luego á las mujeres en este empleo[389]; llevando
-como en la actualidad el nombre de «hermanas»[390]. Al principio lo
-desempeñaban las viudas[391]; pero dióse más adelante la preferencia á
-las vírgenes para este oficio[392]. El tacto que guió en todo esto á la
-primitiva Iglesia fué admirable. Aquellos hombres buenos y sencillos
-asentaron con profunda ciencia, porque emanaba del corazon, las bases
-de la gran cosa cristiana por excelencia; la caridad. En ninguna parte
-hubieron de encontrar el modelo de estas instituciones, y sin embargo,
-de aquellos dos ó tres primeros años de afanes y trabajo, surgió una
-santa creacion, un vasto ministerio de beneficencia y de socorros
-mútuos, en el que empleando los dos sexos sus diversas cualidades,
-concertaban sus esfuerzos para aliviar las miserias humanas. Aquellos
-fueron los años más fecundos en la historia del cristianismo. Concíbese
-que el pensamiento todavía palpitante de Jesús inspirara á sus
-discípulos y los dirigiera en todos sus actos con maravillosa lucidez.
-Obrando en justicia, es efectivamente á Jesús á quien debemos tributar
-el honor de cuanto bueno y grande hicieron los apóstoles, siendo muy
-probable que durante su vida asentara las bases de los establecimientos
-que surgieron y se desarrollaron con tan feliz éxito, poco tiempo
-despues de su muerte.
-
-Las mujeres acudian naturalmente presurosas á una comunidad en que el
-débil se encontraba amparado con tantas garantías, pues la posicion
-que venian ocupando en la sociedad de aquella época era harto humilde
-y precaria[393]; la viuda, sobre todo, á pesar de algunas leyes
-protectoras, veíase frecuentemente entregada á la miseria y poco
-respetada. Muchos doctores pretendian que no habia de darse á la mujer
-ninguna educacion religiosa[394]. El Talmud pone al mismo nivel, entre
-las calamidades públicas, á la viuda habladora y curiosa que pasa su
-vida chismeando y murmurando con la vecindad, así como á la vírgen
-que malgasta su tiempo en oraciones[395]. La nueva religion creó para
-aquellas pobres desheredadas un asilo honroso y seguro[396]. Algunas
-mujeres ocupaban un rango muy elevado en la Iglesia, sirviendo su
-casa de punto de reunion[397]. En cuanto á las que no tenian casa,
-las constituyeron en una especie de órden, ó de cuerpo presbiteral
-femenino[398], que comprendia tambien, probablemente, á las vírgenes,
-y cuyo oficio fué de la mayor importancia en la organizacion de la
-limosna. Las instituciones que se consideran como el fruto tardío del
-cristianismo, como son las congregaciones de mujeres, ciertas beatas
-(_beguines_), y las hermanas de la caridad, fueron una de sus primeras
-creaciones, el principio de su fuerza y la más perfecta expresion de
-su espíritu. Observaremos aquí particularmente que es completamente
-cristiana la admirable idea de consagrar con una especie de carácter
-religioso, y de sujetar á una disciplina regular á las mujeres que no
-están sujetas por los lazos del matrimonio. La palabra «viuda» vino á
-ser sinónima de persona religiosa, entregada á Dios, y por consiguiente
-«Diaconesa»[399]. En aquellos países donde la esposa de veinticuatro
-años está ya ajada, donde no hay casi intermedio entre la niña y
-la vieja, era como una nueva vida que se creaba para la mitad de la
-especie humana más capaz de afecto.
-
-El tiempo de los Seleúcidas habia sido una época terrible de desenfreno
-femenino. Jamás se habian visto tantos dramas domésticos, tantas
-envenenadoras y adúlteras. Los sabios de entonces debieron considerar
-á la mujer como un azote de la humanidad, como un principio de bajeza
-y de vergüenza, como un genio malévolo cuyo oficio era únicamente
-combatir todas las nobles aspiraciones del otro sexo[400]. Empero el
-cristianismo lo cambió todo; pues en la edad que para nosotros es
-todavía la juventud, y que en la vida de la mujer de Oriente es tan
-triste, tan fatalmente entregada á las sugestiones del mal, sin más que
-rodear su cabeza con un chal negro[401], podia la viuda convertirse
-en una persona respetable, dignamente ocupada, una diaconesa, que
-igualaba á los hombres más estimados. El cristianismo elevó, é hizo
-santa[402] la posicion tan espinosa de la viuda sin hijos, pues esta
-vino á ser casi igual á la de la vírgen. Fué la _calogría_ ó «bella
-anciana»[403], venerada, útil, tratada como madre. Esa clase de mujeres
-que iban y venian incesantemente[404], eran admirables misioneras para
-el nuevo culto, y los protestantes se equivocan, queriendo apreciar
-estos hechos con nuestro espíritu moderno de individualidad. Cuando se
-trata de historia cristiana, ha de reconocerse que el socialismo y el
-cenobitismo fueron primitivos.
-
-El obispo y el sacerdote, tales como el tiempo los ha hecho, no
-existian todavía; pero, el ministerio pastoral, esa íntima familiaridad
-de las almas, independiente de los lazos de la sangre, estaba ya
-fundado. Ese ha sido siempre el don especial de Jesús, y como una
-herencia legada por él. Jesús repitió frecuentemente que él era para
-cada uno más que su padre, más que su madre, y que era preciso para
-seguirle, separarse de los séres más queridos. Por encima de la familia
-colocaba el cristianismo una cosa, creaba la fraternidad y el consorcio
-espirituales. El matrimonio antiguo, que entregaba la esposa al esposo,
-sin contrapeso alguno, era una verdadera esclavitud. La libertad de
-la mujer data del dia en que la Iglesia le dió un confidente, un guia
-en Jesús, quien la dirige y la consuela, quien la escucha siempre y
-á veces la invita á la resistencia. La mujer necesita ser gobernada,
-y no es dichosa sino cuando está gobernada; pero, es preciso que
-ame á quien la gobierna. Hé aquí lo que las sociedades antiguas, el
-judaismo, y el islamismo, nunca han podido conseguir. La mujer no ha
-tenido hasta ahora una conciencia religiosa, una individualidad moral,
-una opinion suya propia, sino profesando el cristianismo. Gracias á
-los obispos y á la vida monástica, una Radegunda sabrá encontrar los
-medios de sustraerse de los brazos de un esposo bárbaro. Siendo lo más
-importante la vida del alma, es justo y racional que el sacerdote que
-sabe hacer vibrar las cuerdas divinas, el consejero secreto que tiene
-la llave de las conciencias, sea más que el padre, más que el esposo.
-
-En cierto modo, el cristianismo fué una reaccion contra la constitucion
-demasiado mezquina de la familia en la raza ariana. No solamente las
-viejas sociedades arianas no admitian casi más que al hombre casado,
-sino que comprendian el matrimonio en el sentido más estricto. Era
-una cosa análoga á la familia inglesa, un círculo estrecho, cerrado,
-sofocante, un egoismo entre varios, que desecaba tanto el alma,
-como el egoismo de uno solo. El cristianismo, con su divina nocion
-de la libertad del reino de Dios, corrigió esas exageraciones, y en
-primer lugar se guardó bien de hacer pesar sobre todos los deberes
-de la generalidad de los hombres. Comprendió que la familia no es
-el marco absoluto de la vida, ó por lo menos el marco en que han de
-encerrarse todos, que el deber de reproducir la especie humana, no
-habrá de imponerse á todos, que ha de haber personas exentas de esos
-deberes, bien que sean sagrados, pero no convenientes para todos.
-La excepcion que hizo la sociedad griega en favor de las _héteras_,
-á la manera de Aspasia; que la sociedad italiana admitió para la
-_cortigiana_, á la manera de Imperia, para satisfacer las necesidades
-de la sociedad culta; hízola el cristianismo para el sacerdote, la
-religiosa y la diaconesa, proponiéndose el bien general, admitiendo
-diversos estados en la sociedad; pues hay almas que encuentran más
-dulzura y satisfaccion en amarse entre quinientos, que entre cinco
-ó seis, y para las cuales la familia, en sus condiciones ordinarias,
-seria insuficiente, fria y fastidiosa. ¿Por qué pues aplicar á todos
-las exigencias de nuestras empañadas y medianas sociedades? La familia
-temporal no satisface completamente al hombre; necesita hermanos y
-hermanas fuera de los lazos carnales.
-
-Con su gerarquía de los diferentes empleos sociales[405], la Iglesia
-primitiva pareció conciliar por el pronto estas exigencias opuestas.
-Nunca podremos comprender cuán felices fueron los que se sujetaron á
-aquellas reglas santas, que sostenian la libertad sin restringirla,
-haciendo posibles á la vez las dulzuras de la vida en comunidad y las
-de la vida privada. Era lo contrario de la mezcolanza de nuestras
-sociedades artificiales y destituidas de amor, en las que el alma
-sensible se encuentra á veces tan cruelmente aislada. La atmósfera
-era cálida y suave en aquellos pequeños asilos que se llamaban
-iglesias. Vivíase en comunidad, animados de la misma fé y de las mismas
-esperanzas; pero claro es tambien que semejantes condiciones no eran
-aplicables á una gran sociedad. Cuando países enteros se hicieron
-cristianos, convirtióse la regla de las primeras iglesias en una
-utopia, refugiándose en los monasterios. La vida monástica no es en
-este sentido sino la continuacion de las iglesias primitivas[406].
-El convento es la consecuencia necesaria del espíritu cristiano, y no
-hay cristianismo perfecto sin convento, puesto que solo allí puede
-realizarse el ideal evangélico.
-
-Habrá de concederse seguramente una gran participacion al judaismo
-en estas magnas creaciones; pues cada una de las comunidades judías,
-dispersas en las costas del Mediterráneo, era ya una especie de Iglesia
-con su caja de socorros mútuos. La limosna recomendada siempre por
-los hombres caritativos y virtuosos y por los sabios,[407] se habia
-convertido en precepto y se levantaba un templo en las sinagogas[408]
-y era considerada como el primer deber del prosélito[409]. En todos
-tiempos el judaismo se distinguió por el cuidado de sus pobres y por el
-sentimiento de caridad fraternal que inspira.
-
-Es una suprema injusticia oponer el cristianismo al judaismo, puesto
-que todo lo que está dentro del cristianismo primitivo ha sido como
-complemento del judaismo. Examinando el mundo romano, es cuando se
-notan los milagros de caridad y de asociacion libre operados por la
-Iglesia. Jamás sociedad humana que solo haya reconocido por base la
-razon, ha producido efectos tan admirables. La ley filosófica de toda
-sociedad profana, en lo antiguo, ha sido la libertad y perfecta
-igualdad, pero jamás la fraternidad. La caridad, bajo el aspecto del
-derecho, nada tiene obligatorio; no mira á los individuos, encuentra
-en ellos ciertos inconvenientes y se deshace de los mismos. Toda
-tentativa para aplicar los fondos públicos al bienestar de los
-proletarios, parece el comunismo. Cuando un hombre muere de hambre,
-cuando clases enteras languidecen en la miseria, la política declara
-que es inevitable; que no puede existir estado civil ni político
-sin la libertad y que consecuencia de la libertad es que aquel que
-nada tiene y que nada puede ganar, muera de hambre: esto es lógico
-y nadie puede atentar contra los abusos de la lógica. Los deseos de
-las clases numerosas acaban siempre por sofocarlos, y demuestran que
-las aspiraciones sociales y religiosas tienen tambien derecho á una
-legítima satisfaccion, ya que las instituciones puramente políticas y
-civiles no son suficientes.
-
-La gloria del pueblo judío, es haber proclamado este principio con
-toda energía, saliendo de la postracion en que se hallaban los Estados
-antiguos. La ley judía es social y no política; los profetas, los
-autores del Apocalipsis son promovedores de las revoluciones sociales,
-no motores de revoluciones políticas. En la primera mitad del primer
-siglo, colocados en presencia de la civilizacion profana, veremos que
-los judíos no tienen más que una idea, esto es, la de rehusar los
-beneficios del derecho romano, de este derecho filosófico, ateo, igual
-para todos y proclamado por la excelencia de su ley teocrática, que
-forma una sociedad religiosa y moral. La ley constituye la felicidad;
-hé aquí la idea de todos los pensadores judíos tales como Philon y
-Josefo. Las leyes de los otros pueblos procuran que se cumpla la
-justicia; poco les importa que los hombres sean buenos y felices: la
-ley judía desciende á los últimos detalles de la educacion moral. El
-cristianismo no es más que el desarrollo de esta misma idea. Cada
-iglesia es un monasterio y todos tienen derecho sobre todos, no
-pudiendo haber pobres ni malos ya que todos velan los unos por los
-otros. El cristianismo primitivo puede definirse diciendo que es una
-grande asociacion de pobres, un esfuerzo heróico contra el egoismo
-fundado sobre la idea de que cada uno solo tiene derecho sobre lo que
-necesita y que lo supérfluo pertenece á los que no tienen. Se vé sin
-dificultad, que entre semejante espíritu y el espíritu romano, se
-establecerá una lucha á muerte y que el cristianismo, por su lado, no
-llegará á reinar, á dominar el mundo más que á condicion de modificar
-profundamente sus tendencias naturales y su programa original. Sin
-embargo, los deseos que representa durarán eternamente. La vida comun,
-desde la segunda mitad de la edad media, ha servido para los abusos
-de una Iglesia intolerante, y habiéndose transformado con frecuencia
-el monasterio en un castillo feudal donde existia la guardia de una
-milicia perjudicial y fanática, el espíritu moderno se ha demostrado
-demasiado severo al aspecto del cenobitismo. Nosotros hemos olvidado
-que en la vida comun es donde encuentra el alma humana el más grato
-placer. Aquel cántico que dice «¡oh qué bueno y agradable es á los
-hermanos vivir juntos!»[410] ha dejado de ser el nuestro; mas cuando
-el individualismo moderno haya dado sus últimos frutos, cuando la
-humanidad entristecida y pisoteada sea impotente, renacerán las grandes
-instituciones y las estrechas disciplinas; cuando nuestra mezquina
-sociedad, digo mal, nuestro mundo de pigmeos haya sido dispersado á
-latigazos por los individuos heróicos é idealistas de la humanidad,
-entonces recobrará todo su valor la vida comun. Una multitud de grandes
-cosas, tales como la ciencia, se reorganizarán bajo la forma monástica,
-recobrada en una herencia de sangre: la importancia que nuestro siglo
-atribuye á la familia disminuirá; el egoismo, ley esencial de la
-sociedad civil, no ahogará á las grandes almas: todas desde puntos
-opuestos se unirán contra la vulgaridad: se encontrará el verdadero
-sentido á las palabras de Jesús y á las ideas de la edad media acerca
-de la pobreza; se comprenderá, en fin, que poseer cualquier cosa, ha
-podido considerarse como una inferioridad, ya que los fundadores de la
-vida mística, han disputado varios siglos para saber si Jesús poseia,
-al menos, «las cosas que se consumen por el uso». Estas sutilezas
-franciscanas volverán á ser grandes problemas sociales. La espléndida
-idea trazada por el autor de las _Actas_, será inscrita, como una
-revelacion profética, á la entrada del paraiso de la humanidad: «¡La
-multitud de los fieles solo poseia un corazon y un alma y ninguno de
-ellos miraba lo que poseia como propiedad suya ya que de ello gozaban
-todos en comun. No habia pobres entre ellos; los que tenian campos y
-casas las vendian y llevaban el precio á los piés de los apóstoles
-y despues se distribuian segun las necesidades de cada uno, y cada
-dia comian el pan en medio de la mayor tranquilidad y sencillez de
-corazon[411]!»
-
-No adelantemos el tiempo: hemos llegado, poco más ó menos, al año 36.
-Tiberio en Capri no apercibia al enemigo del imperio. En dos ó tres
-años la nueva secta habia hecho sorprendentes progresos. Contaba ya
-muchos miles de fieles[412]. Era fácil preveer que sus conquistas
-se efectuarian sobre todo entre los helenistas y prosélitos. El
-grupo galileo que habia oido al Maestro, guardando su primacia, era
-incomprensible y podia fácilmente preveerse que la victoria pertenecia
-á los últimos. Á la hora en que estamos, ningun pagano, es decir,
-ningun hombre sin lazo anterior con el judaismo, habia entrado en
-la Iglesia, pero desempeñaban en ella papeles importantes varios
-prosélitos[413]. El círculo de los discípulos se habia tambien alargado
-y no era ya un simple colegio de Palestinos, sino que habia varios
-hijos de Chipre, Antioquía y Cirene[414] y en general de casi todos
-los puntos de las costas orientales del Mediterráneo, donde se habian
-establecido colonias judías. El Egipto solo faltaba á esta primitiva
-Iglesia, y es probable le falte mucho tiempo. Los judíos de este país
-estaban en lucha con la Judea. Vivian de su vida propia, superior bajo
-todos conceptos á la de Palestina, y les afectaba débilmente el impulso
-de los movimientos religiosos de Jerusalem.
-
-
-
-
-CAPÍTULO VIII.
-
-Primera persecucion. -- Muerte de Estéban. -- Destruccion de la primera
-Iglesia de Jerusalem.
-
-
-[Marginal: Año 36]
-
-Era inevitable que las predicaciones de la nueva secta, aunque se
-verificaran con toda reserva, despertasen los ódios que se habia
-conquistado su fundador, y acabaron por amenazarle con la muerte.
-Reinaba todavía la familia de Hanan que habia hecho matar á Jesús.
-José Kaiapha ocupó, hasta el 36, el soberano pontificado, cuyo
-poder efectivo abandonó á su abuelo Hanan y á sus parientes Juan
-y Alejandro[415]. Estos hombres altivos y sin piedad, veian con
-impaciencia un cuerpo de personas buenas y santas ganar, sin título
-oficial, el favor de la multitud[416]. Una ó dos veces, Pedro, Juan y
-los principales miembros del colegio apostólico, fueron puestos en la
-cárcel y condenados á ser azotados. Este era el castigo que se imponia
-á los herejes[417], para el cual no era necesaria autorizacion de
-los romanos. Estas brutalidades no hacian más que excitar el ardor
-de los apóstoles, saliendo de aquellos lugares llenos de gloria por
-haber sido juzgados y sufrido una afrenta por aquel al cual amaban y
-defendian[418]. ¡Eterna puerilidad de las represiones penales aplicadas
-á las cosas del alma! Eran tenidos por hombres de órden, sabios y
-prudentes, y sin embargo, los alborotadores del 36, creyeron acabar á
-latigazos con el cristianismo.
-
-Estas violencias provenian principalmente de los saduceos[419], es
-decir, del alto clero, que rodeaba el templo y sacaba de ello inmensos
-beneficios[420]. Los fariseos no desplegaron tanta animosidad contra la
-secta como la habian desplegado contra Jesús. Los nuevos creyentes eran
-gentes piadosas, rígidas, de un género de vida análogo al de los mismos
-fariseos.
-
-La rabia que estos últimos sintieron contra el fundador, provenia de
-la superioridad de Jesús, superioridad que éste no tenia cuidado de
-disimular. Sus finas atenciones, su espíritu, su talento, su aversion
-contra los falsos devotos, habian alimentado ódios crueles. Por el
-contrario, los apóstoles estaban limpios de corazon y jamás emplearon
-la ironía. Los fariseos les fueron favorables por momentos, y hubo
-muchos que hasta se hicieron cristianos[421]. Los terribles anatemas de
-Jesús contra el fariseismo no estaban escritos todavía, y la tradicion
-de las palabras del Maestro no era ni general ni uniforme[422].
-
-Estos primeros cristianos eran entonces tan inofensivos que muchas
-personas de la aristocracia judía, sin formar precisamente parte de
-la secta, estaban bien dispuestos en su favor. Nicodemo y José de
-Arimatea, que habian conocido á Jesús, permanecieron unidos á la
-iglesia con lazos fraternales. El doctor judío más célebre de aquel
-tiempo, Rabino Gamaliel el Viejo, nieto de Hillel, hombre de ideas
-avanzadas y tolerantes, dícese que en el sanhedrin opinó en favor de la
-libertad de los predicadores evangélicos[423]. El mismo autor de las
-_Actas_, presenta un raciocinio que deberia ser la regla de conducta
-de todos los gobiernos, siempre que se encuentran en presencia de
-novedades en el órden intelectual ó moral. «Si esta obra es frívola,
-dejadla, que ya caerá por sí sola; si es seria ¿cómo os atreveis
-á oponeros á la obra de Dios? En todo caso no podreis detenerla».
-Gamaliel no fué escuchado. Los espíritus libres colocados en medio de
-fanatismos opuestos son siempre rechazados.
-
-[Marginal: Año 37]
-
-El diácono Estéban[424] con su predicacion, que obtuvo inmenso
-éxito, dió lugar á un hecho terrible. La multitud se agrupaba á su
-alrededor y sus contrarios entablaban vivas discusiones. Sobre todo
-los helenistas y los prosélitos acostumbrados á la sinagoga llamada
-de los _Libertini_[425], gentes de Alejandría, Cilicia y Éfeso, se
-animaban con estas disputas. Estéban sostenia con pasion que Jesús era
-el Mesías, que los sacerdotes habian cometido un crímen condenándole á
-muerte, que los judíos eran rebeldes, hijos de rebeldes y personas que
-negaban la evidencia. Las autoridades resolvieron perder á este audaz
-predicador: fueron apostados testigos para coger en su discurso alguna
-palabra contra Moisés y naturalmente encontraron lo que buscaban.
-Estéban fué arrestado y se le llevó á presencia del sanhedrin. La
-palabra de que se le acusó era casi la misma que condenó á Jesús[426].
-Se le acusó de decir que Jesús de Nazaret destruiria el templo y
-cambiaria las tradiciones que se atribuian á Moisés. Es efectivamente
-posible que Estéban usara semejante lenguaje, por más que un cristiano
-de esta época no hubiese tenido idea de hablar directamente contra la
-ley, ya que todos la observan todavía; pero en cuanto á las tradiciones
-podia muy bien combatirlas, como lo habia hecho el mismo Jesús, ya que
-estas tradiciones se referian con entusiasmo á Moisés por los ortodoxos
-y se las atribuia igual valor que á la ley escrita[427].
-
-Estéban se defendió exponiendo la tésis cristiana con gran lujo de
-citas de la Ley y salmos de los profetas, y terminó echando en cara
-á los miembros del Sanhedrin el homicidio de Jesús. «Cabezas duras,
-corazones insensibles, les dijo, ¿resistireis todavía el Espíritu
-Santo, como lo hicieron vuestros padres? ¿Á cuál de los profetas no han
-perseguido vuestros antecesores? Han castigado á los que anunciaron la
-venida del Justo, que vosotros habeis librado y del cual habeis sido
-despues los verdugos. ¡Esta ley que vosotros habeis recibido de la boca
-de los ángeles,[428] y no la habeis guardado!...» Al oir estas palabras
-interrumpiéronle con un grito de rabia, y Estéban exaltándose más,
-entró en uno de esos accesos de entusiasmo que llamaban la inspiracion
-del Espíritu Santo. Sus ojos se fijaron en el cielo; vió la gloria de
-Dios y á Jesús al lado de su Padre y exclamó: «¡Yo veo el cielo abierto
-y al Hijo del hombre á la derecha de Dios!» Todos los asistentes
-taparon sus oidos y se lanzaron sobre él rechinando los dientes:
-atáronle, condujéronle lejos de la poblacion y empezó el martirio. Los
-testigos que segun la ley[429] debian arrojarle las primeras piedras,
-arrancáronle los vestidos y los pusieron á los piés de un jóven
-fanático llamado Saulo ó Pablo, el cual consideró con una especie de
-secreta alegría los méritos que adquiria contribuyendo á la muerte de
-un blasfemador[430].
-
-En todo esto se observaron las prescripciones del Deuteronomio, c.
-XIII; pero mirado bajo el aspecto civil, esta tumultuoria ejecucion
-llevada á cabo sin el concurso de los romanos, no era regular[431].
-Para Jesús, hemos visto que era necesaria la aprobacion del
-procurador. Tal vez tambien se obtuvo esta rectificacion para Estéban
-y la sentencia no tuvo lugar tan pronto como dice el autor de las
-_Actas_, ó quizás la autoridad romana se habia relajado en Judea.
-Pilatos habia sido ó iba á ser suspendido en sus funciones. La causa
-de su desgracia fué casualmente la firmeza que habia mostrado en su
-administracion[432]. El fanatismo judío le habia hecho insoportable la
-vida: tal vez habia rehusado á esos frenéticos las violencias que le
-pedian, y la familia de Hanan habia llegado á no tener necesidad de
-permiso para pronunciar sentencias de muerte. Lucio Vitelio, el padre
-de aquel que fué emperador, era entonces legado imperial de Siria.
-Procuraba ganar la gracia de las poblaciones, é hizo devolver á los
-judíos los vestidos pontificales que desde Herodes el Grande, estaban
-guardados en la torre Antonia[433]. Lejos de apoyar á Pilatos en sus
-actos de rigor, atendió á las quejas de los indígenas y mandó á Pilatos
-á Roma para contestar á las acusaciones de sus administrados (principio
-del año 36.) La queja principal era que el procurador no se prestaba
-de buena gana á sus deseos de intolerancia[434]. Vitelio le reemplazó
-provisionalmente con su amigo Marcelo, que tuvo sin duda más cuidado
-de no descontentar á los judíos y por consiguiente no se opuso á
-concederles muertes religiosas. La muerte de Tiberio (16 marzo del año
-37) comunicó nuevo valor á Vitelio para proseguir esta política. Los
-dos primeros años del reinado de Calígula solo sirvieron para disminuir
-el poder de la autoridad romana en Siria. La política de este príncipe,
-antes de perder su razon, fué devolver á los pueblos de Oriente su
-autonomía y sus jefes indígenas. Por esto estableció los reinados de
-Antíoco, Comagena, Herodes Agrippa, de Soheym, de Cotys, y de Polemon
-II, permitiendo que se engrandeciese el de Hareth[435]. Cuando Pilatos
-llegó á Roma, acababa de empezar el nuevo reinado. Es probable que
-Calígula le dejara burlado, puesto que confió el gobierno de Jerusalem
-á un nuevo funcionario llamado Marulo, el cual parece que no excitó
-por parte de los judíos las violentas recriminaciones que pusieron en
-apuros al pobre Pilatos y le colmaron de disgustos[436].
-
-En todo caso, lo que importa hacer notar, en la época en que estamos,
-es que los perseguidores del cristianismo, no eran los romanos,
-sino los judíos ortodoxos. Los romanos, en medio de su fanatismo,
-conservaban un principio de tolerancia y de razon. Si se puede censurar
-algo á la autoridad imperial, es haber sido demasiado débil y no haber
-limitado las consecuencias civiles de una ley sanguinaria, ordenando
-la pena de muerte por delitos religiosos. Sin embargo, la dominacion
-romana no era todavía un poder completo como lo fué más tarde; era solo
-una especie de protectorado ó de soberanía. Llevóse la condescendencia
-de no poner el busto del emperador en las monedas acuñadas bajo el
-poder de los procuradores á fin de no chocar con las ideas judías[437].
-Roma, al menos en Oriente, no intentaba todavía imponer sus leyes, sus
-dioses y sus costumbres, á los pueblos vencidos, sino que les dejaba
-con sus prácticas locales prescindiendo del derecho romano. Su media
-independencia probaba su inferioridad. El poder imperial de Oriente en
-aquella época, se asemejaba bastante á la autoridad turca; y el estado
-de las poblaciones indígenas al de los _raias_. La idea de los derechos
-y garantías iguales para todos, no existia. Cada grupo provincial tenia
-su jurisdiccion como la tienen hoy las diversas iglesias cristianas
-y los judíos en el imperio otomano. Hace pocos años que en Turquía
-los patriarcas de diversas comunidades de _raias_, por poco que se
-entendieran con la Puerta, eran soberanos delante de sus subordinados y
-podian pronunciar contra ellos las más crueles penas.
-
-Habiendo ocurrido la muerte de Estéban por los años 36, 37 ó 38,
-no sabemos si Kaiapha debe ser el responsable de la misma. Kaiapha
-fué depuesto por Lucio Vitelio el año 36, poco tiempo despues de
-Pilatos,[438] pero el cambio fué poco considerable. Tuvo por sucesor
-á su buen hermano Jonatán, hijo de Hanan. Este á su vez tuvo por
-sucesor á su hermano Teófilo, hijo de Hanan[439], el cual continuó el
-pontificado en la casa de Hanan hasta el año 42. Hanan vivia todavía
-y dueño del poder, mantenia contra los innovadores los principios de
-orgullo, de dureza y de ódio que eran bajo cierto aspecto hereditarios
-en la familia.
-
-La muerte de Estéban produjo una grande impresion. Los prosélitos le
-hicieron funerales acompañados de llanto y gemidos[440]. La separacion
-entre los nuevos sectarios y el judaismo, no era todavía absoluta. Los
-prosélitos y los helenistas, menos severos en cuanto á la ortodoxia
-que los judíos puros, creyeron su deber rendir público testimonio á un
-hombre que honraba su corporacion y que sus particulares creencias no
-habian colocado lejos de la ley.
-
-De esta manera se abrió la era de los mártires del cristianismo. El
-mártir no era una cosa enteramente nueva. Sin hablar de Juan Bautista y
-de Jesús, el judaismo en la época de Antíoco Epifano, tuvo sus testigos
-fieles hasta la muerte; pero la série de animosas víctimas, que
-empiezan en San Estéban, ha ejercido una influencia particular sobre la
-historia del espíritu humano: ha introducido en el mundo occidental un
-elemento que le faltaba, la fé exclusiva y absoluta: la idea de que hay
-una sola religion buena y verdadera. Bajo este supuesto los mártires
-empezaron la era de la intolerancia. Puede afirmarse que aquel que da
-la vida por su fé, seria intolerante si fuera jefe. El cristianismo que
-habia atravesado trescientos años de persecuciones, fué dominador á su
-vez y fué más perseguidor que no lo habia sido religion alguna. Cuando
-se ha derramado la sangre por una causa, se vé uno inclinado á hacer
-derramar la de los otros para conservar el tesoro que se ha conquistado.
-
-La muerte de Estéban no fué un hecho aislado, sino que aprovechándose
-los judíos de la debilidad de los funcionarios romanos, hicieron
-pesar sobre la Iglesia una verdadera persecucion[441]. Parece que las
-vejaciones se dirigieron principalmente sobre los helenistas y los
-prosélitos cuyos libres actos exasperaban á los ortodoxos. La Iglesia
-de Jerusalem, fuertemente organizada, tuvo necesidad de dispersarse.
-Los apóstoles segun un principio que parece grabaron profundamente
-en su espíritu[442] no abandonaron la poblacion, y lo mismo haria el
-grupo puramente judío, es decir, el que llamaban los _hebreos_[443],
-pero la gran comunidad, con sus comidas en compañía, sus servicios
-de diáconos y sus ejercicios variados, cesó desde entonces y no se
-volvió á formar bajo su primer modelo. Habia durado tres ó cuatro
-años y fué una fortuna sin igual para el cristianismo naciente que
-sus primeros ensayos de asociacion esencialmente comunista fracasaran
-tan pronto. Los ensayos de este género, engendran tan extraños abusos
-que los establecimientos comunistas están condenados á hundirse en
-poco tiempo[444] si no quieren desconocer pronto el principio que
-los ha creado[445]. Gracias á la persecucion del año 37, la Iglesia
-cenobítica de Jerusalem no tuvo que sufrir tan ruda prueba, pues murió
-en flor antes de que la hubiesen minado los contratiempos interiores,
-convirtiéndose en un espléndido sueño cuyo recuerdo animó la vida
-de todos aquellos que formaron parte de ella, en un ideal al que
-aspirará volver el cristianismo sin conseguirlo jamás[446]. Aquellos
-que comprenden el inapreciable tesoro que es todavía para los miembros
-existentes de la Iglesia Sansimoniana, el recuerdo de Ménilmontant, qué
-amistad ha criado entre ellos, qué alegría brilla en sus ojos cuando
-hablan del mismo, comprenderán cuán poderoso fué el lazo que se creó
-entre los nuevos hermanos por haber amado y sufrido juntos. Las grandes
-vidas han tenido casi siempre por principio algunos meses durante los
-cuales se ha sentido á Dios y cuyo perfume ha bastado para llenar años
-enteros de fuerza y de suavidad.
-
-El primer papel en la persecucion de que acabamos de hablar pertenece
-al jóven Saul, que hemos encontrado ya tomando parte, tanto como
-podia, en la muerte de Estéban. Este furioso, provisto de un permiso
-de los sacerdotes, entraba en las casas donde se sospechaba que habia
-cristianos, se apoderaba violentamente de las mujeres y de los hombres
-y les reducia á prision presentándolos al tribunal[447]. Saul se
-vanagloriaba de que ninguno de su generacion habia sido tan celoso como
-él de las tradiciones[448]. Es verdad que con frecuencia la dulzura
-y la resignacion de sus víctimas le espantaban y sentia terribles
-remordimientos, imaginándose oir á las mujeres piadosas que esperaban
-el reino de Dios, repetirle durante la noche con voz dulce: «¿Por qué
-nos persigues?» La sangre de Estéban que habia casi caido sobre él,
-empañaba su vista: varias cosas que habia oido decir de Jesús herian
-directamente su corazon. Este sér humano que al parecer abandonaba la
-region eterna algunas veces para presentársele en cortas apariciones,
-le espantaba como un espectro. Sin embargo, Saul rechazaba con horror
-tales pensamientos y se afirmaba con una especie de frenesí en la fé
-de sus tradiciones y soñaba nuevas crueldades contra aquellos que la
-atacaban. Su nombre era el terror de los fieles; temíanse por su parte
-las más duras violencias, las perfidias más repugnantes[449].
-
-
-
-
-CAPÍTULO IX.
-
-Primeras misiones. -- El diácono Felipe.
-
-
-[Marginal: Año 38]
-
-Como sucede siempre, la persecucion del año 37 dió por resultado que se
-propagara la doctrina que se queria suprimir. Hasta aquí la predicacion
-cristiana no se habia oido lejos de Jerusalem; no se habia emprendido
-mision alguna; encerrado en su comunismo más estrecho, la Iglesia madre
-no habia esparcido sus rayos ni formado sucursales. La dispersion del
-buen cenáculo lanzó á los cuatro vientos la santa semilla. Los miembros
-de la Iglesia de Jerusalem, arrojados de su casa, se extendieron por
-todas las partes de la Judea y de Samaria[450] y predicaron el reinado
-de Dios. Los diáconos particularmente, libres de sus ocupaciones
-administrativas á causa de la ruina de la comunidad, se convirtieron en
-excelentes evangelistas. Fueron el elemento activo y jóven de la secta
-contra el elemento un poco rudo constituido por los apóstoles y los
-_hebreos_. Una sola circunstancia, la del lenguaje, era suficiente para
-que se considerasen estos últimos como inferiores con respecto á la
-predicacion. Como lengua habitual, hablaban un dialecto que ni siquiera
-los judíos distantes á algunas leguas de Jerusalem podian entenderlo.
-Por eso fué á los helenistas á los que se debió el éxito de la gran
-conquista cuyo relato va á ser objeto de este capítulo.
-
-El teatro de estas primeras misiones, que pronto debian abrazar todas
-las costas del Mediterráneo, fué la vecina region de Jerusalem en
-un espacio que podia recorrerse en dos ó tres jornadas. El diácono
-Felipe[451] fué el héroe de esta primera y santa expedicion. Evangelizó
-con grande éxito la Samaria, aunque los samaritanos eran cismáticos,
-pero á imitacion de su jóven maestro, la nueva secta era menos
-rigorista que los judíos con respecto á la ortodoxia. Jesús, decian que
-se habia mostrado distintas veces favorable á los samaritanos[452].
-
-Parece que Felipe era uno de los hombres apostólicos que más se
-ocupaban de la teurgia[453]. Las relaciones que tenemos sobre esto,
-nos trasportan á un mundo extraño y fantástico, pues se explicó
-mediante prodigios las conversiones que hizo entre los samaritanos y
-particularmente en Sebastia, su capital. Este país estaba lleno de
-supersticiones sobre la mágia. El año 36, es decir dos ó tres años
-antes de la llegada de los predicadores cristianos, un fanático habia
-causado á los samaritanos una profunda emocion predicando la necesidad
-de profesar el primitivo mosaismo del cual pretendia haber encontrado
-los sagrados atributos[454]. Cierto Simon, de la poblacion de Gitta,
-ó Gitton[455] que adquirió más tarde una gran reputacion, empezó por
-entonces á hacerse conocer por sus prestigios[456]. Es sensible ver que
-el Evangelio encuentre un apoyo en tales quimeras. Una inmensa multitud
-se hizo bautizar en nombre de Jesús, Felipe tenia el poder de bautizar
-pero no de conferir el Espíritu Santo: este privilegio se reserva para
-los apóstoles. Cuando en Jerusalem se supo la formacion de un grupo
-de fieles en Sebastia, se resolvió mandar allí á Pedro y Juan para
-completar su iniciacion. Llegaron los dos apóstoles; impusieron sus
-manos á los nuevos conversos: oraron sobre su cabeza y á esto fueron
-debidos sus poderes animados por el Santo Espíritu. Los milagros,
-la profecía, todos los fenómenos del iluminismo se produjeron y la
-Iglesia de Sebastia no tuvo bajo este aspecto nada que envidiar á la de
-Jerusalem[457].
-
-Si ha de creerse en la tradicion, encontrábase entonces en relacion
-con los cristianos Simon de Gitta. Convertido, á lo que parece, por
-la predicacion y los milagros de Felipe, se hizo bautizar y se unió á
-este evangelista. Despues, cuando los apóstoles Pedro y Juan llegaron
-y vió los poderes sobrenaturales que procuraba la imposicion de sus
-manos, les ofreció dinero para que le dieran tambien la facultad de
-conferir el Espíritu Santo. Pedro le dirigió entonces esta admirable
-contestacion: «¡Perezca tu dinero contigo ya que has creido que se
-compran los dones de Dios! Tú no tienes parte ni herencia en todo esto,
-pues tu corazon no es puro delante de Dios[458].»
-
-Que fueran ó no pronunciadas, estas palabras trazan exactamente la
-situacion de Simon ante la secta naciente. Veremos efectivamente
-que, segun todas las apariencias, Simon de Gitton fué el jefe de un
-movimiento religioso paralelo al del cristianismo que puede mirarse
-como una especie de adulteracion samaritana de la obra de Jesús.
-¿Habia ya Simon empezado á dogmatizar y á hacer prodigios cuando Felipe
-entró en Sebastia? ¿Entró desde luego en relacion con la Iglesia
-cristiana? La anécdota que le ha convertido en padre de toda _simonia_
-¿tiene alguna realidad? ¿Puede admitirse que el mundo estuvo un dia
-frente á frente de los dos taumaturgos, de los cuales era el uno un
-charlatan y el otro la _piedra_ que ha servido de base á la fé de la
-humanidad? ¿Habrá podido un embaucador balancear los destinos del
-cristianismo? Hé ahí lo que ignoramos por falta de documentos, ya que
-la reseña de las _Actas_ es aquí demasiado débil, ya que Simon fué
-desde los primeros siglos de la Iglesia el héroe de las leyendas. En
-la historia solo es pura la idea general y seria injusto detenerse
-en lo que tiene de chocante esta triste página de los orígenes del
-cristianismo. Para los auditorios ignorantes el milagro prueba la
-doctrina; para nosotros la doctrina hace olvidar el milagro. Cuando una
-creencia ha consolado y mejorado la humanidad, es excusable que haya
-empleado pruebas proporcionadas á la debilidad del público al cual se
-ha dirigido, pero cuando se ha probado el error por el error mismo,
-¿qué excusa puede oponerse? Esto no es una condena que profiramos
-contra Simon de Gitton, nos explicaremos más tarde sobre su doctrina y
-el papel que se desempeñó bajo el reinado de Claudio[459]. Solamente
-conviene hacer constar aquí que un principio importante parece haberse
-introducido desde entonces en la teurgia cristiana. Obligados á admitir
-que los impostores hicieran tantos milagros, la teología ortodoxa
-los atribuyó al demonio. Para conservar á los prodigios algun valor
-demostrativo, fué necesario dictar reglas para discernir los milagros
-verdaderos de los falsos: para esto se descendió á un órden de materias
-muy trivial[460].
-
-Pedro y Juan despues de haber confirmado la Iglesia de Sebastia,
-regresaron á Jerusalem, evangelizando las poblaciones del país de
-los samaritanos[461]. El diácono Felipe, continuó sus excursiones
-evangélicas dirigiéndose por el Sur, hácia el antiguo país de los
-Filisteos[462]. Este país despues del advenimiento de los Macabeos, se
-vió fuertemente oprimido por los judíos[463]; debe por esto tenerse
-en cuenta que dominaba allí el judaismo. Durante su viaje, Felipe
-realizó una conversion que hizo algun ruido y de la cual se habló
-mucho á causa de una circunstancia particular. Un dia que se dirigia
-hácia Jerusalem, viniendo de Gaza, cuyo camino es muy desierto[464],
-encontró á un rico viajero, evidentemente extranjero, pues iba en una
-especie de carro vehículo desconocido entonces en la Syria y Palestina.
-Regresaba de Jerusalem y segun costumbre entonces bastante general[465]
-leia la Biblia en alta voz. Felipe que en todo queria descubrir la
-inspiracion de Dios creyóse atraido hácia el desconocido; le saludó
-y entró en conversacion con el opulento personaje ofreciéndose á
-explicarle los pasajes que no comprendia. Esta fué para el evangelista
-una oportuna ocasion para desarrollar la tésis cristiana bajo las
-figuras del Antiguo Testamento. Probó que en los libros proféticos todo
-se referia á Jesús, que Jesús era la palabra enigmática, y que era de
-él particularmente de quien se hablaba en aquel bello pasaje: «Ha sido
-conducido á la muerte como una res; como un manso cordero delante de
-aquel que le guia sin abrir la boca[466].» Creyóle el viajero y á la
-primera agua que encontraron le dijo: «Hé aquí el agua, ¿podré ya ser
-bautizado?» Hizo detener el carro; bajaron Felipe y el viajero y éste
-fué bautizado.
-
-El viajero era un personaje poderoso; era un eunuco de la reina de
-Etiopía; era su ministro de hacienda, guardian de sus tesoros, que
-habiendo ido á adorar á Jerusalem, volvia entonces á Napata[467] por
-el camino de Egipto. _Candace_ ó _candaoce_ era el título que se
-daba á las reinas de Etiopía hácia el tiempo de que hablamos[468].
-El judaismo habia ya entonces penetrado en Nubia y en Abisinia;[469]
-muchos indígenas se habian convertido ó á lo menos contaban entre
-sus prosélitos á algunos que sin ser circuncidados adoraban al Dios
-único[470]. Tal vez el eunuco era de esta última clase, un simple
-pagano piadoso como el centurion Cornelio que figurará bien pronto en
-esta historia. Es imposible en todo caso suponer que estuviese iniciado
-en el judaismo de una manera completa[471]. Hasta entonces no se habia
-oido hablar del eunuco; pero Felipe contó el incidente y más tarde se
-le dió importancia. Cuando á la admision de los paganos en la Iglesia
-cristiana llegó á ser una cuestion capital, consideróse el incidente
-referido como un precedente grave. Felipe creia haber obrado en todo
-por inspiracion divina[472]. Este bautismo suministrado por órden del
-Espíritu Santo á un hombre apenas judío, notoriamente incircunciso, que
-solo creia en el cristianismo hacia pocas horas, tuvo un alto valor
-dogmático. Esto fué un argumento para los que creian que las puertas de
-la nueva Iglesia debian estar abiertas para todos[473].
-
-Felipe despues de esta aventura volvióse á Aschdod ó Azote. Era tal
-el nuevo estado de entusiasmo en que vivian los misioneros que á cada
-paso creian oir la voz del cielo, recibir direcciones del Espíritu
-Santo[474]. Cada uno de ellos creia obrar por una voluntad superior
-y al ir de una poblacion á otra, pensaban obedecer á una inspiracion
-sobrenatural. Varias veces creian hacer viajes aéreos y Felipe era con
-respecto á este particular uno de los más exaltados. Por indicacion
-de un ángel creia haber venido de Samaria y haber pasado por el sitio
-donde encontró al eunuco; despues del bautismo de éste, se imaginaba
-que el Espíritu Santo, le habia trasladado en un momento á Azote[475].
-
-Azote y el camino de Gaza fueron el término de la primera predicacion
-evangélica hacia el Sur. Al otro lado estaban el desierto y la vida
-nómada en la cual no adelantó mucho el cristianismo. Desde Azote, el
-diácono Felipe se volvió hácia el Norte y evangelizó toda la costa
-hasta Cesarea. Tal vez las iglesias de Joppe y de Lydda, que veremos
-pronto florecientes[476] fueron tambien fundadas por él. Fijóse en
-Cesarea y fundó una iglesia importante[477]. Nosotros le volveremos á
-encontrar veinte años más tarde[478]. Cesarea era una ciudad nueva, la
-más considerable de Judea[479], que se habia construido en el sitio que
-antes ocupara una fortaleza sidoniana llamada «torre de Abdastarté,
-ó de Straton,» por Herodes el Grande, el cual la dió, en honor de
-Augusto, el nombre que aún llevan hoy sus ruinas. Cesarea era por todos
-conceptos el mejor puerto de Palestina, y por sus rápidos adelantos
-comprendíase que deseaba convertirse en capital, y no es extraño, por
-lo tanto, que las personas notables de Judea pensaran en fijar allí
-su residencia habitual[480]. Era sobre todo un pueblo pagano[481];
-sin embargo, abundaban en él los judíos, entablándose con frecuencia
-crueles rivalidades entre las dos clases de la poblacion[482].
-Hablábase únicamente la lengua griega, y hasta los judíos recitaban
-en griego varios trozos de la liturgia[483]. Los austeros rabinos de
-Jerusalem pintaban á Cesarea como una morada profana, perjudicial,
-donde el individuo se volvia casi pagano[484]. Por todas las razones
-que se acaban de exponer, dicha poblacion representará un papel
-importante en el transcurso de nuestra historia. Ella fué, bajo cierto
-aspecto, el puerto del cristianismo, el punto desde el cual la Iglesia
-de Jerusalem se comunicó con todo el Mediterráneo.
-
-Otras muchas misiones, cuya historia nos es desconocida, se hicieron
-paralelamente á la de Felipe[485]. La misma rapidez con que se llevó á
-cabo esta primera predicacion, fué la causa de su éxito. En el año 38,
-cinco años despues de la muerte de Jesús y uno poco más ó menos de la
-de Estéban, toda la Palestina, al otro lado del Jordan, habia escuchado
-la buena nueva de boca de los misioneros salidos de Jerusalem. La
-Galilea por su parte guardaba la santa semilla y probablemente la
-extendia á su alrededor, aunque nada se sepa de las misiones salidas
-de aquel país. Tal vez la poblacion de Damasco, que en la época á que
-nos referimos contenia varios cristianos[486], recibia la fé de los
-predicadores galileos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO X.
-
-Conversion de San Pablo.
-
-
-[Marginal: Año 38]
-
-El año 38 valió á la Iglesia naciente una conquista notable. Fué en
-efecto en el transcurso de este año[487] cuando debió tener lugar,
-poco más ó menos, la conversion de aquel Saulo que hemos encontrado
-como cómplice de la lapidacion de Estéban, agente principal de la
-persecucion del año 37, y que acababa de transformarse, por un
-misterioso efecto de la gracia, en el más ardiente de los discípulos de
-Jesús.
-
-Saulo, nació en Tarso, en Cilicia[488] el año 10 ó 12 de nuestra
-era[489]. Segun la moda del tiempo se habia latinizado su nombre con el
-de _Paulo_[490] y no llevó este nombre de una manera continua, hasta
-que hubo tomado el calificativo de apóstol de los gentiles[491]. Pablo
-era de la más pura sangre judía[492]. Oriunda su familia, tal vez de la
-poblacion de Giscala, en Galilea[493], pretendia pertenecer á la tribu
-de Benjamin[494]. Su padre poseia el título de ciudadano romano[495].
-Sin duda alguno de sus antecesores habia comprado este título, ó
-lo habia adquirido con sus servicios. Puede suponerse que lo habia
-obtenido su abuelo por haber ayudado á Pompeyo cuando la conquista
-romana (63 años antes de J.-C.); su familia, como todas las buenas y
-antiguas casas judías, pertenecia al partido de los fariseos[496].
-Pablo fué educado en los principios más severos de esta secta[497] y
-si repudió más tarde sus rígidos dogmas, guardó su ardiente fé y su
-entusiasta exaltacion.
-
-Tarso era en la época de Augusto, una poblacion muy floreciente. Los
-habitantes pertenecian en su gran parte á la raza griega y armenia,
-pero los judíos abundaban mucho como en todas las poblaciones
-mercantiles.[498] Era muy extendida la aficion á las ciencias y á
-las letras y ninguna poblacion del mundo, sin exceptuar Atenas y
-Alejandría, poseia tantas escuelas é institutos científicos[499]. El
-número de los sabios que produjo ó que hicieron sus estudios en Tarso,
-es verdaderamente notable[500]. De esto no debe deducirse que Pablo
-recibiera una educacion helénica señalada. Los judíos frecuentaban
-raras veces los establecimientos de instruccion profana[501]. Las
-escuelas más célebres de Tarso eran las escuelas de retórica[502]. Lo
-primero que se aprendia en ellas era el griego clásico, y no es creible
-que un hombre que hubiese aprendido aunque fuese elementalmente la
-gramática y retórica de una lengua tan elegante, hubiese escrito tan
-incorrectamente como lo hizo bajo el aspecto helénico las epístolas
-de San Pablo. Él habla habitualmente y con facilidad en griego[503];
-él escribe, ó mejor dicho, dicta[504] en esta lengua, pero su griego
-es el de los judíos helenistas; un griego cargado de hebraismos y de
-siriacismos que apenas debe ser inteligible para un literato de la
-época y que no se comprende más que haciéndose cargo de la construccion
-siriaca que Pablo, al dictar, formaba en su espíritu. Él mismo reconoce
-el carácter popular y grosero de su lengua[505]. Cuando podia hablaba
-el hebreo, es decir, el siro-caldeo de aquel tiempo[506]. En esta
-lengua pensaba; en esta lengua le habló la voz íntima del camino de
-Damasco[507].
-
-Su doctrina no tiene ninguna relacion directa, ni copia nada de la
-filosofía griega. La cita de un verso de _Thais_ de Menandro que se
-encuentra en sus escritos[508], es uno de los proverbios monósticos
-que sabia todo el mundo y que podian citarse muy bien sin haber leido
-los originales. Otras dos citas, una de Epiménides y otra de Arato,
-que figuran bajo su nombre[509] aunque seguramente no son suyas, se
-explican tambien como copiadas de segunda mano[510]. La cultura de
-Pablo es casi exclusivamente judía[511]; es más bien en el Talmud, que
-en la Grecia clásica donde deben buscarse sus análogos. Algunas ideas
-generales que la filosofía habia extendido por todas partes, y que
-podian conocerse sin haber abierto un solo libro de los filósofos[512],
-las hace tambien suyas. Su manera de raciocinar es de las más extrañas.
-Ciertamente ignora por completo la lógica peripatética. Su silogismo no
-es como el de Aristóteles, y por el contrario, su dialéctica tiene la
-mayor semejanza con la del Talmud. En general, se deja Pablo conducir
-más bien por las palabras, que por las ideas. Una palabra que tenga
-en su espíritu le domina y le lleva á un órden de ideas distintas
-del punto principal. Sus transiciones son bruscas; sus demostraciones
-interrumpidas; sus períodos con frecuencia cortados. Ningun escritor
-ha sido más desigual. Inútilmente se buscaria en todas las literaturas
-un fenómeno tan notable como el capítulo 13 de la primera epístola á
-los Corintios, página sublime, al lado de débiles argumentos de penosas
-reticencias, de fastidiosas sutilezas.
-
-Su padre le destinó desde muy jóven á ser rabino, pero segun la
-costumbre general[513], dióle una profesion. Pablo fué tapicero[514],
-ó si se quiere trabajador en aquellas telas ordinarias de Cilicia
-que se llamaban _cilicium_. En distintas épocas dedicóse á este
-trabajo[515], pues carecia de fortuna patrimonial y tuvo una hermana,
-cuyo hijos vivieron en Jerusalem[516]. Los indicios que se tienen de un
-hermano[517] y de otros parientes[518] que abrazaron el cristianismo,
-son muy vagos y muy inciertos.
-
-Si hemos de creer que los buenos modales y la finura están en relacion
-con la fortuna de cada uno, debemos figurarnos á Pablo como un
-hombre del pueblo mal educado y sin distincion. No obstante, esta
-apreciacion no es exacta, porque era extremada su finura y sus manos
-delicadas cuando él queria. Á pesar de su incorreccion de estilo, sus
-epístolas revelan un hombre de grande imaginacion,[519] encontrándose
-en sus elevados pensamientos expresiones muy felices. Jamás
-correspondencia alguna, ha revelado atenciones más rebuscadas, maneras
-más finas, reconvenciones más amables. Una ó dos de sus fórmulas
-nos desagradan[520], pero ¡qué facilidad! ¡qué riqueza de frases
-deliciosas! ¡qué naturalidad! Se comprende bien que su carácter en los
-momentos en que la pasion no le volvia irascible y duro, debia ser el
-de un hombre fino, emprendedor, afectuoso, perfectamente susceptible y
-un poco celoso. Inferiores ante el público[521], estos hombres tienen,
-en el seno de las pequeñas iglesias, inmensas ventajas por el respeto
-que inspiran por su aptitud y su práctica y por su hábil manera de
-salir de las más grandes dificultades.
-
-El aspecto de Pablo era repugnante y su semblante no correspondia á
-la grandeza de su alma. Era feo, de baja estatura y medio jorobado.
-Sus fuertes hombros sostenian una cabeza pequeña y calva; su semblante
-ostentaba una barba poblada y espesa; tenia la nariz aguileña; los ojos
-penetrantes y eran negras las cejas que delineaban su frente[522]. Su
-palabra no ofrecia nada de particular ni imponia[523]: una especie
-de temor, de embarazo, de incorreccion, daba frecuentemente una pobre
-idea de su elocuencia[524]. Como hombre de tacto, insistia él mismo
-sobre sus defectos exteriores, sacando de ellos ventajas[525]. La raza
-judía tiene de notable que presenta tipos de la más grande belleza y de
-una fealdad completa; pero la fealdad judía es una cosa completamente
-especial. Unas facciones extrañas, que con frecuencia excitan la
-sonrisa, y toman, cuando se iluminan, una especie de resplandor
-profundo y de majestad.
-
-El temperamento de Pablo, no era menos singular que su exterior. Su
-contextura vigorosa y fuerte, se hallaba alterada por una vida llena
-de fatigas y de sufrimientos. Sin cesar alude él mismo á su debilidad
-corporal y se presenta como un hombre demacrado, enfermo, tímido, sin
-esperanza, sin prestigio, sin nada de lo que hace efecto, si bien tiene
-el mérito de no hacer aprecio de estas miserias[526]. Á veces habla con
-misterio de una prueba secreta, «de una espina clavada en su carne,»
-que compara á un ángel de Satán, ocupado en molestarle y al cual Dios
-ha permitido que se le uniera para que no se enorgulleciese[527]. Tres
-veces ha pedido al Señor que le librara de esta pena; tres veces el
-Señor le ha contestado: «Mi gracia te basta.» Esta era sin duda una
-debilidad suya, pues el atractivo de las voluptuosidades carnales no
-pareció agitarle nunca puesto que él mismo nos enseña á ser insensible
-á las mismas[528]. Parece que no se casó[529]; la frialdad de su
-temperamento, consecuencia de los ardores espirituales de su cerebro,
-se muestra durante toda su vida; se envanece de ello con tanta
-seguridad que es probable no esté exenta de cierta afectacion y que en
-todo caso tiene para nosotros algo repugnante[530].
-
-Fué muy jóven á Jerusalem[531] y dícese que entró en la escuela
-de Gamaliel el Viejo[532]. Gamaliel era el hombre más ilustre de
-Jerusalem. Como el nombre de fariseo se aplicaba á todo judío notable
-que no era de familia sacerdotal, Gamaliel pasaba por un miembro de
-esta secta, pero no era exclusivista ni pobre de espíritu como aquella.
-Era un hombre liberal, ilustre, que comprendia á los paganos y sabia
-el griego[533]. Tal vez las grandes ideas que profesó San Pablo al
-convertirse, fueron una reminiscencia de lo que le enseñó su primer
-maestro; es necesario, sin embargo, confesar que no fué la moderacion
-lo que del mismo aprendió. En la atmósfera cálida de Jerusalem llegó á
-un grado extremo de fanatismo. Figuraba á la cabeza del jóven partido
-fariseo, rigorista y exaltado que estaba unido á su pasado nacional
-hasta el último extremo[534]. Él no conoció á Jesús[535] ni asistió á
-la escena sangrienta del Gólgota, pero le hemos visto tomando una parte
-activa en la muerte de Estéban y figurar en primera línea entre los
-perseguidores de la Iglesia. Solo respiraba muerte y amenazas y corrió
-á Jerusalem escudado de una órden que autorizaba todos sus excesos. Iba
-de sinagoga en sinagoga, forzando á los tímidos para que renegaran del
-nombre de Jesús, y haciendo apalear ó encerrar á los otros[536]. Cuando
-la Iglesia de Jerusalem se dispersó, las poblaciones vecinas fueron
-víctimas de su rabia[537], desesperándole los progresos de la nueva fé,
-hasta que habiendo sabido que un grupo de fieles se habia constituido
-en Damasco, pidió al gran sacerdote Teófilo, hijo de Hanan[538], cartas
-para la sinagoga de esta poblacion, que le confiriesen el poder de
-prender á las personas creyentes y de llevarlas atadas á Jerusalem[539].
-
-El desórden de la autoridad romana en Judea, despues de la muerte de
-Tiberio, explica estas arbitrarias vejaciones que tenian lugar bajo el
-mando del insensato Calígula. La administracion estaba desarreglada
-en todas partes, y el fanatismo habia ganado lo que habia perdido el
-poder civil. Despues del mando de Pilatos, y las concesiones hechas á
-los indígenas por Lucio Vitelio, se adoptó el principio de dejar al
-país abandonado á sus leyes especiales, y entonces se ejercieron mil
-tiranías locales aprovechando la debilidad de un poder insuficiente.
-Por aquella época Damasco habia pasado al poder del rey Hartat ó Hareth
-cuya capital era Petra[540].
-
-Este príncipe poderoso y valiente, despues de haber derrotado á
-Herodes Antipas y puéstose al frente de las fuerzas romanas mandadas
-por el legado imperial Lucio Vitelio, se habia visto maravillosamente
-favorecido por la fortuna. La noticia de la muerte de Tiberio (16 marzo
-37) habia detenido repentinamente á Vitelio[541]. Hareth, aprovechando
-esta oportunidad se apoderó de Damasco, estableciendo en esta poblacion
-un _etnarca_ ó gobernador.[542] Cuando tuvo lugar esta conquista, la
-mayor parte de los habitantes de dicha ciudad eran judíos que ejercian
-el proselitismo y muy particularmente las mujeres[543]. El modo de
-contentarles, el medio de ganarles, era hacer siempre concesiones á
-su autonomía; y toda concesion á su autonomía era un permiso para
-entregarse á violencias religiosas[544]. Castigar y matar á los que no
-pensaban como ellos: hé aquí lo que llamaban independencia y libertad.
-
-Pablo salió de Jerusalem, siguiendo sin duda el camino ordinario y
-pasó el Jordan por el puente llamado de las _Hijas de Jacob_. No
-tenia límites la exaltacion de su cerebro y por momentos parecia
-estar loco y desvanecido. La pasion no puede ser una regla de fé:
-el hombre apasionado va de una creencia á otra distinta llevando á
-ella únicamente el mismo fuego. Como todas las almas fuertes, Pablo
-estaba muy cerca de amar lo que odiaba. Por otra parte, ¿estaba
-seguro de no contrariar la obra de Dios? Las ideas mesuradas y justas
-de su maestro Gamaliel[545], le venian sin duda á la memoria y es
-de advertir que almas ardientes como la de Pablo sienten á veces
-terribles remordimientos. Debia tener presentes las lágrimas de los
-que torturaba;[546] el cariño de sus buenos sectarios, quienes le
-amaban tanto más á medida que iban conociéndole; y sin embargo, nadie
-les conocia tanto á ellos como su perseguidor. Por momentos creia
-ver la figura de su Maestro, que tanta paciencia inspiraba á sus
-discípulos, mirarle con aire de piedad y reconvenirle dulcemente. Lo
-que se explicaba de las apariciones de Jesús, concebido como un sér
-aéreo y perfectamente visible, le afectaba mucho, pues en las épocas
-y en los países en que se cree lo maravilloso, las narraciones de
-milagros imponen igualmente á los de partidos opuestos, teniendo por
-ejemplo, miedo los musulmanes de los milagros de Elías y pidiendo como
-los cristianos curaciones sobrenaturales á San Jorge y á San Antonio.
-Pablo, despues de haber atravesado la Iturea, entró en la llanura de
-Damasco, aproximóse á la poblacion y estaba ya probablemente á la
-entrada de los jardines que la rodean. Era medio dia[547] y viajaba
-á pié en union de varios compañeros[548].
-
-El camino de Jerusalem á Damasco no ha cambiado todavía: es el que
-partiendo de esta última ciudad en la direccion del Sud-oeste,
-atraviesa la hermosa llanura regada á la vez por los rios afluyentes
-del Abana y de Farfar y sobre la cual se extienden hoy las poblaciones
-de Dareya, Kaukab y Sasa. No puede buscarse el punto de que hablamos,
-y que fué teatro de uno de los hechos más importantes de la historia
-de la humanidad, sino cerca de Kaukab á cuatro horas de Damasco[549].
-Tambien es probable que el punto en cuestion fuera más cercano á la
-poblacion y en este caso se estaria en lo cierto colocándolo cerca de
-Dareya, hora y media de Damasco, ó entre Dareya y el último confin de
-Meidan[550]. Pablo tenia delante de sí la poblacion cuyos edificios
-debian ya divisarse por entre los árboles; detrás la majestuosa
-altura del Hermon con sus nevadas crestas que le asemejaban á la
-cabeza de un anciano; á su derecha el Haurán, las dos pequeñas
-cordilleras paralelas que cierran el camino inferior de Farfar[551]
-y los túmulos[552] de la region de los lagos; á su izquierda los
-contrafuertes del Ante-Líbano que se unen al Hermon. La impresion
-que se siente al divisar aquellos campos ricamente cultivados, y
-aquellas deliciosas vegas separadas unas de otras por frondosos
-árboles, cargados de sabrosos frutos, es la de la calma y la felicidad.
-Figuraos un camino sombrío abriéndose paso entre la enramada, cruzado
-sin cesar por canales de riego, serpenteando al través de olivares,
-nogales, albaricoques, y otros árboles unidos entre sí por las ramas
-de espesas cepas, y tendreis una idea del lugar donde aconteció el
-hecho extraño que ha ejercido tanta influencia sobre la fé del mundo.
-Apenas se cree el viajero estar en Oriente al cruzar los alrededores de
-Damasco,[553] y sobre todo al salir de las ásperas y cálidas regiones
-de la Gaulanítide y de la Iturea lo que más satisface al alma es la
-alegría de encontrar los trabajos del hombre y las bendiciones del
-cielo. Desde la más remota antigüedad hasta nuestros dias, toda aquella
-zona que rodea á Damasco de frescura y bienestar, no ha tenido más que
-un nombre, no ha inspirado más que un sueño, el de _paraiso de Dios_.
-
-Si Pablo encontró allí visiones terribles, es que las llevaba en
-su espíritu. Cada paso que dirigia hácia Damasco despertaba en
-él curiosas incertidumbres. El odioso papel de verdugo que iba á
-representar se le hacia insufrible: las casas que empezaba á divisar
-eran tal vez morada de sus víctimas y este pensamiento le detenia, le
-agitaba; queria no avanzar, le parecia resistir á un aguijon que le
-oprimia[554]. La fatiga del camino[555] uniéndose á esta preocupacion
-le venció: tenia segun parece los ojos inflamados[556], tal vez
-un principio de oftalmia. En las marchas prolongadas, las últimas
-horas son las más penosas, ya que se acumulan en ellas todas las
-causas debilitantes de los dias pasados y las fuerzas nerviosas se
-extinguen, verificándose una sensible reaccion. Tal vez tambien la
-brusca transicion de pasar de una llanura caldeada por el sol, á las
-frescas sombras de los jardines, determinó un acceso en su organismo
-enfermo[557] y quebrantado por su fanático viaje. Las calenturas
-perniciosas acompañadas de ataques cerebrales, aparecen de una manera
-rápida en aquellos lugares. En pocos minutos se encuentra el viajero
-delirando: cuando ha pasado el ataque se conserva la impresion de una
-noche oscura y parece que se han visto dibujarse imágenes en su negro
-fondo[558]. Lo cierto es que una conmocion terrible quitó á Pablo lo
-que le restaba de conciencia distinta y le derribó por tierra privado
-de conocimiento.
-
-Es imposible conocer, por las narraciones que tenemos de este hecho
-singular[559], si alguna otra causa exterior dió lugar á la crísis que
-valió al cristianismo su más ardiente apóstol; sin embargo, el hecho
-exterior significa aquí poca cosa. El estado del alma de san Pablo,
-sus remordimientos, el acercarse á la poblacion donde iba á cometer
-sus abusos, fueron las verdaderas causas de su conversion[560]. Por mi
-parte prefiero la hipótesis de un hecho personal á Pablo; de una cosa
-sentida por él solo[561]. No es por esto inverosímil que estallara
-de repente una tempestad:[562] las faldas del Hermon son el punto de
-formacion de los temporales cuya violencia nada puede igualar. Las
-almas más frias, no atraviesan sin terror esas espantosas lluvias de
-fuego. En la antigüedad, los accidentes de este género se consideraban
-como revelaciones divinas, toda vez que por la idea que se formaban
-entonces de la Providencia, nada era fortuito, y cada individuo debia
-atribuir como dirigidos á él los fenómenos naturales que tenian lugar
-á su alrededor. Para los judíos en particular, los truenos eran la
-voz de Dios, el rayo, el fuego de Dios. Pablo estaba dominado por la
-mayor agitacion y era natural que prestara oido á la voz de la tormenta
-y á la de su propio corazon. Que un delirio febril, causado por el
-sol ó por una oftalmia se apoderó de repente de Pablo; que una luz
-produjera su desvanecimiento; que un rayo le derribara y le causara una
-conmocion cerebral que le hiciera olvidar por un momento el sentido
-de la vida, poco importa. Los recuerdos del Apóstol, acerca de este
-particular, parecen estar algo confusos; estaba persuadido de que el
-hecho habia sido sobrenatural, y semejante opinion no le permitia tener
-conciencia plena de las circunstancias materiales. Estas conmociones
-cerebrales producen á veces una especie de efecto retroactivo y turban
-completamente los recuerdos de los momentos que han precedido á la
-crísis[563]. Desde luego el mismo Pablo nos dice que estaba sujeto á
-visiones[564] y cualquiera circunstancia insignificante á los ojos de
-otro, debe bastar para que él la dé importancia.
-
-En medio de las alucinaciones contrarias á todo buen sentido, ¿qué vió?
-¿qué oyó? Vió la figura que le perseguia hacia dias, vió el fantasma
-acerca del cual se explicaban varias historias, vió á Jesús mismo[565]
-que le decia en hebreo: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» Las
-naturalezas impetuosas pasan violentamente de un extremo á otro[566].
-Para ellas hay lo que no existe para las naturalezas frias, momentos
-solemnes, minutos que deciden todo el resto de su vida. Los hombres
-reflexivos no cambian jamás y solo se transforman. Por el contrario los
-hombres ardientes cambian y no se transforman nunca. El dogmatismo es
-como un vestido de Nesso que no puede arrancarse. Les falta pretexto
-para amar y odiar: solo nuestras razas occidentales han podido producir
-estos espíritus delicados, fuertes y flexibles que ninguna ilusion
-momentánea tiraniza, que ninguna vana afirmacion seduce. El Oriente
-no ha producido jamás hombres de esta especie. En pocos segundos
-se agolparon á la imaginacion de Pablo todos sus más profundos
-pensamientos. Se le mostró vivamente el horror de su conducta: se vió
-cubierto con la sangre de Estéban, mártir que se le apareció como su
-padre, su iniciador: conmovióse su fibra más sensible y se operó en él
-un cambio, pero este cambio no fué más que para abrazar otro fanatismo.
-Su sinceridad, su deseo de fé absoluta le privaban de aceptar el
-término medio y es claro que debia desplegar algun dia en la defensa de
-Jesús el celo ardiente que empleara antes para perseguirle.
-
-Pablo entró en Damasco con la ayuda de sus compañeros que le llevaban
-de la mano[567], y le dejaron en casa de un tal Judas que vivia en la
-calle Derecha, grande via de columnas de más de una milla de largo y
-cien piés de ancho, que cruzaba la poblacion de este á oeste y cuyo
-trazado forma todavía hoy, salvo algunas desviaciones, la principal
-arteria de Damasco[568]. El desvanecimiento[569] y la agitacion
-cerebral no disminuian de intensidad. Durante tres dias, abatido por
-la fiebre, Pablo no comió ni bebió. Lo que pasó durante esta crísis
-en una cabeza ardiente, agitada por una violenta conmocion se adivina
-fácilmente. Hablóse delante de él de los cristianos de Damasco y
-particularmente, de cierto Hanania que parecia haber sido el jefe de
-la comunidad[570]. Pablo habia oido hablar del poder milagroso de
-los nuevos creyentes, para curar las enfermedades, y la idea de que
-la imposicion de las manos de aquel, le sacaria del estado en que
-se hallaba se apoderó de su espíritu. Sus ojos estaban siempre muy
-inflamados, y entre las imágenes que se sucedian en su cerebro[571]
-creyó ver á Hanania que entraba y le saludaba familiarmente segun
-costumbre de los cristianos, y se persuadió que á él solo deberia su
-curacion. Hanania fué llamado y fué á hablar cariñosamente al enfermo;
-le llamó hermano suyo y le impuso las manos. Desde este momento renació
-la calma en el alma de Pablo, creyóse curado, y la enfermedad, siendo
-principalmente nerviosa, desapareció. Algunas lágrimas cayeron de sus
-ojos[572], comió y recobró sus fuerzas.
-
-Casi al momento recibió el bautismo[573] y eran tan sencillas las
-doctrinas de la Iglesia que nada nuevo tuvo que aprender: marchó al
-campo cristiano perfectamente convertido. ¿De quién habia entonces de
-recibir lecciones? Jesús mismo se le apareció: tuvo la vision de Jesús
-resucitado, como Jacobo, como Pedro. Todo lo aprendió por revelacion
-inmediata: la ruda é indomable naturaleza de Pablo reaparece aquí.
-Abatido en medio del camino, quiso someterse, pero someterse á Jesús
-solo, á Jesús, que habia abandonado la derecha de su padre para venir
-á convertirle é instruirle. Tal es la base de su fé; tal será un dia
-el punto de partida de sus pretensiones. Él sostendrá que no tuvo
-intencion de ir á Jerusalem despues de su conversion para entrar
-en relaciones con aquellos que eran apóstoles antes que él; que ha
-recibido su revelacion particular y que nada debe á persona alguna;
-que es apóstol como los Doce por institucion divina y por intervencion
-directa de Jesús, y que su doctrina es la buena sin que un ángel
-siquiera pueda decir lo contrario[574]. Al oir á este orgulloso, un
-inmenso temor se apoderó de la pequeña sociedad de pobres de espíritu
-que ha constituido hasta aquí el cristianismo. Será un verdadero
-milagro si sus violencias y su inflexibilidad personal no lo destruyen
-todo; pero tambien su atrevimiento, su fuerza de iniciativa, su
-decision, van á ser un elemento precioso al lado del espíritu mezquino,
-tímido, é indeciso de los santos de Jerusalem. Seguramente que si
-el cristianismo no hubiera salido de entre aquellas buenas gentes,
-permaneciendo encerrado en un círculo de iluminados, que vivian en
-comunidad, se hubiera extinguido sin dejar apenas recuerdo.
-
-Pero el indómito san Pablo es quien contribuirá á su engrandecimiento y
-desafiando todos los peligros se dirigirá atrevidamente á través de los
-mares para propagar su doctrina. Al lado del fiel sumiso, recibiendo su
-fé del superior sin decir una palabra, estará el cristiano desprovisto
-de toda autoridad que solo creerá por conviccion personal. El
-protestantismo existió ya cinco años despues de la muerte de Jesús. San
-Pablo fué su ilustre fundador. Jesús, sin duda no habia previsto tales
-discípulos que son tal vez los que más contribuyeron á dar vida á su
-obra y le aseguraron la eternidad.
-
-Las naturalezas violentas conducidas al proselitismo no cambian más que
-el objeto de su pasion. Tan entusiasta por la nueva fé como lo habia
-sido por la antigua, san Pablo, lo mismo que Omar, trocó en un dia
-el papel de perseguidor por el de apóstol. No volvió á Jerusalem[575]
-donde su posicion cerca de los Doce hubiera sido muy delicada, sino
-que permaneció en Damasco y en el Haurán[576] predicando durante
-tres años (38-41) que Jesús era hijo de Dios[577]. Herodes Agrippa
-I era soberano de Haurán y de los países vecinos, pero su poder era
-inferior en varias partes al del rey nabateano Hareth. La decadencia
-del poder romano habia cedido al ambicioso árabe la grande y rica
-poblacion de Damasco, así como una parte de las orillas del Jordan y
-del Hermon que nacian entonces á la civilizacion[578]. Soheym[579],
-otro emir y tal vez pariente ú oficial de Hareth, se hacia dar por
-Calígula la investidura de la Iturea. En medio de aquella grande
-efervescencia de la raza árabe[580] en aquel extraño suelo, donde una
-raza enérgica desplegaba su actividad febril, Pablo dió á conocer la
-fogosidad de su alma de apóstol[581]. Tal vez el movimiento material y
-brillante que transformaba al país se debia al éxito de una predicacion
-completamente idealista y fundada sobre la creencia de un cercano fin
-del mundo. No se encuentra en la Arabia vestigio alguno de Iglesia
-fundada por san Pablo. Si la region de Haurán fué hácia el año 70
-uno de los centros más importantes del cristianismo, lo debe á la
-emigracion de cristianos de la Palestina, que son justamente los
-enemigos de san Pablo, los ebionitas que tienen en aquella comarca su
-principal establecimiento.
-
-En Damasco donde habia muchos judíos[582], Pablo era más escuchado:
-entraba en las sinagogas presentando vigorosas argumentaciones
-para probar que Jesús era el Cristo. La sorpresa de los fieles era
-extremada al ver que el que habia perseguido á sus hermanos y que iba á
-encadenarles, acababa de convertirse en su primer apologista[583]. Su
-audacia y su singularidad tenian algo que les espantaba: estaba solo y
-no se aconsejaba de nadie[584]; no formaba escuela y le miraban con más
-curiosidad que simpatía: conocian que era un hermano pero un hermano
-de una especie particular. Creíasele incapaz de una traicion, pero las
-tímidas naturalezas experimentan todavía un sentimiento de desconfianza
-y de temor al lado de las naturalezas poderosas y originales porque
-conocen que algun dia dejarán de tenerlas á su lado.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XI.
-
-Paz y desarrollos interiores de la Iglesia de Judea.
-
-
-[Marginal: Año 38]
-
-Desde el año 38 al 44 parece que no sufrió persecucion alguna la
-Iglesia[585]. Tomaron los fieles precauciones que sin duda descuidaran
-antes de la muerte de Estéban y evitaron hablar en público. Tal vez
-tambien las desgracias de los judíos, que durante todo el segundo
-período del reinado de Calígula, estuvieron en lucha con este príncipe,
-contribuyeron á favorecer la secta naciente. Efectivamente, los judíos
-perseguían más cuanto mayor era la armonía que reinaba entre ellos
-y los romanos. Para asegurar ó recompensar su tranquilidad, estos
-les aumentaron sus privilegios y en particular el que más querian,
-el derecho de castigar á las personas que miraban como infieles á la
-Ley.[586] Ahora bien, los años á que hemos llegado fueron de los más
-tempestuosos para la historia, siempre turbulenta de aquel pueblo
-singular.
-
-La antipatía que los judíos por su superioridad moral, por sus nobles
-costumbres y tambien por su dureza, excitaban en las poblaciones en
-medio de las cuales vivian, habia llegado á su colmo, sobre todo en
-Alejandría[587], y estos ódios acumulados pudieron al fin satisfacerse
-al subir al imperio uno de los mayores locos que hayan reinado.
-Calígula, despues de la enfermedad que alteró sus facultades mentales
-(octubre, 37) daba el espantoso espectáculo de un furioso gobernando
-el mundo con el poder más enorme que jamás hombre alguno ha tenido en
-sus manos. La desastrosa ley del cesarismo hacia posibles é incurables
-semejantes horrores, que duraron tres años y tres meses. Dá vergüenza
-narrar en una historia séria lo que vamos á decir: antes de entrar
-en la reseña de estas saturnales, es necesario repetir con Suetonio:
-_Reliqua ut de monstro narranda sunt_.
-
-El más inofensivo pasatiempo de aquel insensato, era ocuparse de su
-propia divinidad[588], demostrando una especie de amarga ironía, una
-mezcla de gravedad cómica (pues al mónstruo no le faltaba talento),
-y de irrision profunda al hablar del género humano. Los enemigos de
-los judíos comprendieron la inmensa ventaja que podian sacar de esta
-manía. Era tal el estado religioso del mundo, que no se levantaba una
-sola protesta contra los actos sacrílegos del César; y cada culto
-se apresuró á conferirle los títulos y honores reservados á sus
-dioses. La eterna gloria de los judíos es haber levantado el grito
-de la conciencia indignada en medio de esta innoble idolatría. El
-principio de intolerancia que les dominaba y que les conducia á tantas
-crueldades aparecia aquí bajo su verdadero aspecto. Afirmando que era
-absoluta su religion no se humillaron ante el odioso capricho del
-tirano y esto fué el orígen de tantas persecuciones sin fin. Bastaba
-que hubiese en una poblacion un solo hombre descontento de la sinagoga,
-malvado ó simplemente espía, para sentir espantosas consecuencias.
-Un día se encontraba un altar en honor de Calígula en sitio donde no
-podian tolerarlo los judíos[589]: otro una multitud de chiquillos
-escandalizaban porque sólo los judíos rehusaban colocar la estátua del
-emperador en sus lugares de oracion; corríase entonces á las sinagogas
-y á los oratorios; poníase en ellas el busto de Calígula[590] y
-colocaban á los infelices en la alternativa de renunciar á su religion
-ó de cometer un crímen de lesa majestad. De ahí originábanse espantosas
-vejaciones.
-
-Habíanse renovado varias veces semejantes actos, cuando se le sugirió
-al emperador una idea todavía más diabólica, y fué la de colocar una
-colosal estátua de oro en el santuario del templo de Jerusalem y hacer
-dedicar el templo mismo á su divinidad[591]. Esta odiosa intriga
-aumentó por treinta años la revolucion y ruina de la nacion judaica.
-
-La moderacion del legado imperial, Publio Petronio y la intervencion
-del rey Herodes Agrippa, favorito de Calígula, previnieron la
-catástrofe; pero hasta el momento en que la espada de Querea libró á la
-tierra del tirano más execrable que habia sufrido, los judíos vivieron
-por todas partes bajo el terror. Philon ha conservado los detalles de
-la inaudita escena que tuvo lugar, cuando una diputacion, de la cual
-aquel era presidente, fué admitida á presencia del emperador[592].
-Calígula les recibió mientras visitaba las poblaciones de Mecenas y
-de Lamia, cerca del mar en los alrededores de Pozzuoli. Era un dia en
-que estaba de buen humor: Helicon su primer bufon acababa de contarle
-toda clase de bufonadas sobre los judíos. «¡Ah! ¿sois vosotros, les
-dijo con amarga sonrisa y enseñándoles los dientes, los únicos que no
-quereis reconocerme por Dios y preferís adorar á uno que ni siquiera
-os atreveis á nombrar?» y acompañó estas palabras con una horrible
-blasfemia. Los judíos temblaron y sus adversarios alejandrinos tomaron
-la palabra: «Vos aborreceriais más, señor, á toda esa gente y á su
-nacion si supierais la aversion que os profesan, pues son los únicos
-que no han sacrificado por vuestra salud, cuando todos los demás
-pueblos lo han hecho.» Á estas palabras, contestaron los judíos que
-aquello era una calumnia y que ellos habian ofrecido tres veces para
-la prosperidad del emperador los sacrificios más solemnes que les
-permitia su religion. «Sí, dijo Calígula con seriedad cómica, habeis
-sacrificado muy bien pero no es á mí á quien habeis sacrificado; ¿qué
-ventaja he sacado yo?» y en seguida volvióles la espalda, empezó á
-recorrer las habitaciones, dando órdenes para su reparacion, subiendo y
-bajando sin cesar. Los desdichados diputados (entre los cuales figuraba
-Philon, de ochenta años de edad, el más venerable de aquel tiempo
-despues de la muerte de Jesús), le seguian por todas partes jadeantes,
-temblando, ridiculizados por los criados. Calígula volvióse de repente
-y dijo: «Á propósito, ¿por qué no comeis cerdo?» Los bufones se echaron
-á reir y los oficiales con tono severo les advirtieron que faltaban
-á la majestad del emperador con sus risas inmoderadas. Los judíos
-balbucearon y uno de ellos dijo sencillamente: «Pero hay personas
-que no comen cordero.--¡Ah! en esto, repuso el emperador, tienen
-razon, pues es manjar que no tiene gusto alguno.» Fingió entonces
-querer enterarse de su negocio, mas apenas empezaron la explicacion
-interrumpióles su discurso, se fué á dar órdenes para la decoracion de
-una sala que queria adornar con piedra lapidaria. Regresó afectando
-cierta moderacion, preguntó á los enviados si tenian algo que añadir y
-como estos reanudaran el discurso interrumpido, volvióles de nuevo la
-espalda para ir á ver otra sala que hacia adornar con pinturas. Este
-juego del tigre que se divierte con su víctima, duró horas: los judíos
-solo esperaban la muerte, pero en el último momento la fiera escondió
-sus garras: «¡Vamos! dijo Calígula decididamente, estas gentes son
-más dignas de compasion que culpables por no creer en mi divinidad.»
-Véase pues cómo se trataban las cuestiones más graves bajo el horrible
-régimen que la humillacion del mundo habia creado, que una soldadesca
-y una poblacion igualmente viles querian, y que la bajeza de todos
-sostenia.
-
-[Marginal: Año 39]
-
-Se comprende que esta situacion tirante hubiese hecho perder á los
-judíos del tiempo de Marulo mucha audacia de aquella que les hacia
-hablar tan atrevidamente de Pilatos. Los cristianos, arrojados del
-templo, debian estar menos espantados que los judíos de los proyectos
-sacrílegos de Calígula ya que eran entonces poco numerosos para
-que Roma pudiera conocer su existencia. La tempestad del tiempo de
-Calígula, como la que precedió á la toma de Jerusalem por Tito, pasó
-sobre su cabeza sin tocarles y aun á muchos de ellos les favoreció.
-Todo lo que debilitaba la independencia judía les era favorable, puesto
-que les libraba del poder de una ortodoxia supuesta apoyando sus
-pretensiones con severas penas.
-
-Este período de paz, fué fecundo en desarrollos interiores. La Iglesia
-naciente se dividia en tres provincias: Judea, Samaria y Galilea[593],
-á la cual sin duda pertenecia Damasco. Jerusalem tenia su primacia,
-absolutamente incontestable. La Iglesia de esta ciudad cuyos habitantes
-se habian dispersado despues de la muerte de Estéban se reconstituyó
-pronto: los apóstoles no abandonaron jamás la poblacion y los hermanos
-del Señor continuaban ejerciendo y gozando grande autoridad[594].
-Parece que esta segunda Iglesia de Jerusalem no se organizó de una
-manera tan rigurosa como la primera; la comunidad de bienes no fué
-estrictamente restablecida y solamente se fundó una gran caja para
-los pobres, donde debian depositarse las limosnas que las iglesias
-particulares remitian á la Iglesia madre orígen y fin permanente de su
-fé[595].
-
-[Marginal: Año 40]
-
-Pedro verificaba distintos viajes apostólicos alrededor de
-Jerusalem[596] y gozaba todavía de una grande reputacion de milagrero.
-En Lydda[597] sobre todo, pasaba por haber curado á un paralítico
-nombrado Eneas, milagro que le valió numerosas conversiones en la
-llanura de Saron[598]. De Lydda se volvió á Joppe[599] poblacion que
-parece haber sido un centro para el cristianismo. Las poblaciones de
-obreros, de marinos, de gente pobre, donde los judíos ortodoxos no
-dominaban[600] eran los que ofrecian mejores disposiciones para la
-nueva secta. Pedro permaneció mucho tiempo en Joppe en casa de un
-curtidor llamado Simon que vivia cerca del mar[601]. La industria del
-cuero era demasiado impura y no se visitaba á los que la ejercian,
-aunque los blanqueadores estaban ya reducidos á vivir en un barrio
-separado[602]. Escogiendo Pedro semejante morada, da una prueba de su
-indiferencia por las preocupaciones de los judíos y trabaja para el
-ennoblecimiento de las pequeñas industrias que entran por mucho en la
-obra del espíritu cristiano.
-
-La organizacion de las obras de caridad se proseguia con ardor.
-La Iglesia de Joppe poseia una mujer admirable llamada en armenio
-_Tabitha_ (señorita) y en griego _Dorcas_[603], que consagraba todos
-sus cuidados á los pobres[604]. Parece que era rica y distribuia
-sus bienes en limosnas. Esta respetable señora habia formado una
-sociedad de viudas piadosas que se dedicaban[605] á tejer vestidos
-para los pobres. Como la excision del cristianismo y judaismo no se
-habia consumado, es probable que los judíos bendijeran estos actos de
-caridad. «Los santos y las viudas»[606] eran piadosas personas que
-hacian bien á todos, especie de mendicantes que solo eran sospechosos
-á los rigoristas de una ortodoxia pedantesca, unos _fraticelli_ amados
-del pueblo, devotos, caritativos y llenos de piedad.
-
-El gérmen de estas asociaciones de mujeres que son una de las glorias
-del cristianismo, existió de esta suerte en las primeras iglesias de
-Judea. En Jaffa empezó la generacion de estas mujeres vestidas de
-lino, que al través de los siglos debian continuar la tradicion de la
-caridad secreta. Tabitha fué la madre de una familia que no acabará
-mientras existan miserias que consolar, buenos deseos de mujer que
-deban satisfacerse. Más tarde se dijo que Pedro la habia resucitado.
-¡Ah! la muerte por insensata que sea, por injusta que fuese en este
-caso, es inflexible. Cuando el alma más sublime se ha exhalado, el
-decreto permanece irrevocable; la mujer más excelente, como la más
-vulgar, no responde á las voces amigas que la llaman. Pero la idea no
-está sujeta á las condiciones de la materia. La virtud y la bondad
-escapan de las garras de la muerte: Tabitha no tenia necesidad de
-resucitar. Por pasar algunos dias más en esta triste vida, ¿habia
-necesidad de hacerla salir de su dulce é inmutable eternidad? Dejadla
-descansar en paz, ya llegará el dia de los justos.
-
-En aquellas poblaciones tan mezcladas, el problema de la admision de
-paganos al bautismo se ofrecia á cada momento y convenia resolverlo
-con urgencia. Esto preocupaba mucho á Pedro. Estaba un dia orando
-sobre el terrado de la casa del curtidor, viendo ante él aquel mar
-que iba á llevar pronto la fé nueva á todo el imperio y tuvo un
-éxtasis profético. En medio de aquel débil sueño á que se hallaba
-entregado, creyó experimentar una sensacion de hambre y pidió alguna
-cosa. Mientras se lo estaban preparando, vió el cielo abierto y una
-canasta atada por sus cuatro lados que descendia. Habiendo mirado
-al interior de la canasta, vió animales de toda especie y creyó oir
-una voz que le decia: «Mata y come.» Objetando que varios de estos
-animales eran impuros, le repuso la voz: «No llames impuro lo que Dios
-ha purificado.» Esto le fué repetido tres veces seguidas. Pedro se
-persuadió de que estos animales representaban simbólicamente la masa de
-los gentiles, que Dios mismo acababa de declarar aptos para la comunion
-de su santo reino[607].
-
-Pronto se presentó la ocasion de aplicar estos principios. Desde Joppe,
-Pedro se volvió á Cesarea, donde se puso en relacion con un centurion
-llamado Cornelio[608]. La guarnicion de Cesarea estaba formada en gran
-parte por una de aquellas cohortes compuestas de voluntarios italianos
-que se llamaban _Italicæ_[609]. El nombre completo de esta ha podido
-ser _cohors prima Augusta Italica civium romanorum_[610]. Cornelio
-era centurion de esta cohorte y por consiguiente italiano y ciudadano
-romano. Era un buen hombre, que despues de largo tiempo se sentia
-atraido por el culto monoteista de los judíos, oraba, hacia limosnas, y
-en una palabra, practicaba todos los preceptos de la religion natural
-que supone el judaismo; pero no habia sido circuncidado y por esto no
-era prosélito de grado alguno; era solo un pagano piadoso, un israelita
-de corazon, y nada más[611]. Toda su casa y algunos soldados de su
-compañía estaban, segun se decia, en las mismas disposiciones[612].
-Cornelio quiso entrar en la nueva Iglesia, y Pedro cuyo carácter
-era franco y bondadoso acordóle lo que deseaba, y el centurion fué
-bautizado[613].
-
-Tal vez Pedro no encontró de pronto dificultad alguna; sin embargo, á
-su regreso á Jerusalem se le dirigieron graves cargos. Habia faltado
-abiertamente á la ley, habia estado entre los incircuncisos y habia
-comido con ellos. La cuestion era efectivamente capital; se trataba
-de saber si la ley estaba abolida, si era permitido violarla por
-proselitismo y si los gentiles podian ser recibidos de hecho en la
-Iglesia. Para defenderse contó Pedro su vision de Joppe y más tarde
-el hecho del centurion sirvió de argumento para el bautismo de los
-incircuncisos. Á fin de darle más fuerza se supuso que en este grave
-asunto mediaba la intervencion del cielo; se explicó que Cornelio,
-despues de fervientes oraciones, habia visto á un ángel que le habia
-ordenado fuese á Joppe á llamar á Pedro; que la vision simbólica de
-Pedro, tuvo lugar á la misma hora en que llegaban los emisarios de
-Cornelio, y que desde entonces se habia encargado Dios de legitimar
-todo lo que se habia hecho, puesto que el Espíritu Santo, habiendo
-descendido sobre Cornelio y sobre las personas de su casa, estos habian
-hablado la lengua, y recitado los salmos á la usanza de los otros
-fieles. Y ¿era natural rehusar el bautismo á las personas que habian
-recibido el Espíritu Santo?
-
-La Iglesia de Jerusalem estaba todavía compuesta de judíos y de
-prosélitos: que el Espíritu Santo descendiera sobre los incircuncisos,
-antes del bautismo, parecia un hecho muy extraordinario y es probable
-que desde entonces existiera un partido opuesto, en principio, á
-la admision de los gentiles, y que no todo el mundo aceptara las
-explicaciones de Pedro. El autor de las _Actas_[614] quiere que la
-aprobacion haya sido unánime; pero dentro de algunos años, veremos
-renacer la cuestion con mayor empeño[615]. Tal vez se acepta el hecho
-del buen centurion como el del eunuco de Etiopía, á título de hecho
-excepcional justificado por una revelacion y una órden expresa de Dios,
-pero el asunto está lejos de quedar resuelto. Esta fué la primera
-controversia en el seno de la Iglesia; el paraiso de la paz interior
-habia durado seis ó siete años.
-
-Desde el año 40, poco más ó menos, la grande cuestion, de la cual
-dependia el porvenir del cristianismo, parece haber quedado resuelta.
-Pedro y Felipe con su buen juicio, entrevieron la verdadera solucion y
-bautizaron á los paganos. Sin duda en las dos reseñas que el autor de
-las _Actas_ nos da sobre este asunto y que están en parte calcadas la
-una sobre la otra, es difícil desconocer su sistema. El autor de las
-_Actas_ pertenece á un partido de conciliacion favorable á la entrada
-de los paganos en la Iglesia y no quiere confesar las divisiones que
-la violencia de la cuestion ha producido. Se conoce perfectamente que
-este autor, al narrar los episodios del eunuco, del centurion y de las
-conversiones de los samaritanos, no quiere dar más que los detalles
-referentes á una sola opinion; y por otro lado tampoco podemos admitir
-que invente los hechos que explica. Las conversiones del eunuco y del
-centurion Cornelio, son probablemente hechos reales presentados y
-transformados segun las exigencias de la tésis, en vista de la cual ha
-sido compuesto el libro de las _Actas_.
-
-[Marginal: Año 41]
-
-Aquel que diez ú once años más tarde debia dar á este debate un golpe
-decisivo era Pablo, el cual no se habia mezclado en ello todavía ya
-que se hallaba predicando en Haurán y en Damasco, refutando á los
-judíos y defendiendo á la nueva fé con tanto entusiasmo cuanto mayor
-era el que habia desplegado para combatirla. El fanatismo del cual
-habia sido instrumento, á su vez, no tardó en perseguirle. Los judíos
-resolvieron perderle obteniendo del _etnarca_ que gobernaba en Damasco
-en nombre de Hareth, una órden para prenderle. Pablo se escondió: al
-saberse que habia de salir de la poblacion, el gobernador que queria
-complacer á los judíos, puso guardias en todas las puertas con órden de
-arrestarle, pero los hermanos le hicieron escapar de noche bajándole
-por una ventana que caia al otro lado de la muralla[616]. Libre de este
-peligro, Pablo dirigió sus pasos hácia Jerusalem. Hacia tres años[617]
-que era cristiano y aún no habia visto á los apóstoles. Su carácter
-duro, poco expansivo, y retraido, le habia hecho volver la espalda,
-bajo cierto aspecto, á la grande familia en la cual á su pesar acababa
-de entrar, y prefirió para su apostolado un país nuevo donde no pudiese
-encontrar colega alguno. Sin embargo, el deseo de ver á Pedro se habia
-apoderado de él[618], reconocia su autoridad, y como todo el mundo, le
-designaba con el nombre _Kepha_, «la piedra». Regresó pues á Jerusalem
-siguiendo en sentido contrario el camino que tres años antes habia
-recorrido bajo disposiciones muy distintas.
-
-Su posicion en Jerusalem fué extremadamente falsa y embarazosa. Habíase
-dicho en esta poblacion que el perseguidor se habia convertido en
-el más celoso de los evangelistas y en el primer defensor de la fé
-que intentara antes combatir[619], pero existian contra él notables
-prevenciones: muchos le suponian algun horrible proyecto. Se le habia
-visto tan encolerizado y tan cruel penetrar en las casas, violando
-los secretos de familia para encontrar alguna víctima, que se le
-creia capaz de representar semejante papel para perder mejor á los
-que odiaba[620]. Parece que vivió en casa de Pedro[621]: pero varios
-discípulos permanecian sordos á su voz y se separaban de él[622].
-Bernabé, hombre de corazon y de voluntad, desempeñó en aquella ocasion
-un papel importante.
-
-En su calidad de chipriota y de nuevo convertido comprendió mejor que
-los discípulos galileos la posicion de Pablo. Presentósele delante;
-cogióle la mano de algun modo, le presentó á los más reticentes y
-salió garante de él[623]. Por este acto de sabiduría y de penetracion,
-Bernabé mereció el más elevado puesto en el cristianismo. Él fué
-el que comprendió á Pablo; á él es á quien la Iglesia debe el más
-extraordinario de sus fundadores. La fecunda amistad de estos dos
-hombres apostólicos, amistad que no empañó nube alguna, á pesar de
-sus divergencias, fué más tarde causa de la asociacion para las
-misiones contra los gentiles. Esta grande asociacion data de la primera
-permanencia de Pablo en Jerusalem. Entre las causas de la fé del mundo
-es necesario contar el generoso movimiento de Bernabé tendiendo la mano
-á Pablo sospechoso y despreciado; la profunda intuicion que le hizo
-descubrir un alma de apóstol bajo aquel aspecto humilde, la energía con
-que venció los obstáculos que presentaban los repugnantes antecedentes
-del converso, y tal vez ciertos rasgos de su carácter, que se habian
-interpuesto entre él y sus nuevos hermanos.
-
-Por otra parte, Pablo evitaba sistemáticamente ver á los apóstoles.
-Él mismo dice, y lo afirma bajo juramento, que solo veia á Pedro y á
-Jacobo, hermano del Señor[624]. Su permanencia allí, solo duró dos
-semanas[625]. Es posible que cuando Pablo escribió la epístola á los
-Galatas (vers. 56) se hubiese encontrado, por las circunstancias del
-momento, obligado á falsear un poco el carácter de sus relaciones con
-los apóstoles y les presentara más secos, más imperiosos de lo que
-fueron en realidad; pero el versículo 56 tiende esencialmente á probar
-que nada habia recibido de Jerusalem y que en manera alguna era el
-mandatario del consejo de los Doce establecido en aquella poblacion.
-Su actitud en Jerusalem era la de un maestro altivo que evita las
-relaciones con los otros maestros para no estar subordinado á ellos,
-y no la actitud humilde de un culpable arrepentido de su pasado, como
-supone el autor de las _Actas_. Nosotros no podemos creer que desde el
-año 41 estuviera Pablo animado de esta especie de celo de conservar su
-propia originalidad que mostró más tarde. La rareza de sus entrevistas
-con los apóstoles y la brevedad de su permanencia en Jerusalem,
-reconocian por causa probablemente la cortedad que experimentaba
-delante de personas de naturaleza distinta á la suya y llenas de
-prejuicios contra de él, más bien que una política sagaz que le hubiese
-hecho comprender con quince años de anticipacion los inconvenientes que
-podia encontrar en sus relaciones.
-
-En realidad lo que debia levantar una barrera entre los apóstoles
-y Pablo, era sobre todo la diferencia de carácter y de educacion.
-Los apóstoles eran todos Galileos y no habian estado en las grandes
-escuelas judías; habian visto á Jesús y se acordaban de sus palabras;
-eran de naturaleza buena y piadosa, y á veces ingénuos y graves.
-Pablo era un hombre de accion, lleno de fuego, medianamente místico,
-impulsado como por una fuerza superior á formar parte de una secta que
-no era en manera alguna la de su primitiva adopcion. La revolucion, la
-protesta, eran sus habituales sentimientos[626]. Su instruccion judía
-era mucho más profunda que la de todos sus nuevos hermanos; pero no
-habiendo oido á Jesús, no habia sido instituido por él; en esto era
-muy inferior, segun las doctrinas cristianas, y sin embargo, Pablo no
-habia nacido para aceptar un lugar secundario: su altiva individualidad
-exigia un sitio á parte. Probablemente por aquel tiempo concibió la
-atrevida idea de que despues de todo nada tenia que envidiar á aquellos
-que habian conocido á Jesús y que habian sido elegidos por él, puesto
-que tambien él mismo habia visto á Jesús, habia recibido una revelacion
-directa y el mandato de su apostolado. Aun aquellos que fueron honrados
-con una aparicion personal de Cristo resucitado, podian suponerse más
-privilegiados que él, pues por haber sido su vision la última, no por
-eso valia menos, puesto que se produjo en circunstancias que le daban
-un carácter particular de importancia y de distincion[627]. ¡Oh error!
-el eco de la voz de Jesús se encontraba en el discurso del más humilde
-de sus discípulos. Con toda su ciencia judía, Pablo no podia salvar
-la inmensa desventaja que resultaba para él de su tardía iniciacion.
-El Cristo que habia visto en el camino de Damasco no era, como decia,
-el Cristo de Galilea; era el Cristo de su imaginacion, de su propio
-sentido. Aunque estuviera atento para recoger las palabras de su
-Maestro[628], es evidente que no era más que un discípulo de segundo
-órden. Si Pablo hubiese encontrado á Jesús en vida, puede dudarse que
-se le hubiese unido. Su doctrina será la suya propia, no la de Jesús;
-las revelaciones de que habla con entusiasmo son el fruto de su cerebro.
-
-Estas ideas que aún no se atreve á propagar le hacen incómoda su
-estancia en Jerusalem. Á los quince dias se despide de Pedro y parte.
-Habia visto tan poca gente que se atreve á decir que nadie en las
-iglesias de Judea habia visto su semblante y que lo que sabian de él,
-era solo de oidas[629]. Más tarde atribuyó él mismo á una revelacion
-esta brusca partida. Contó que un dia orando en el templo, tuvo un
-éxtasis y que vió á Jesús en persona y recibió la órden de abandonar
-pronto á Jerusalem «puesto que no estaban dispuestos á recibir su
-testimonio.» En cambio de la ciudad, Jesús le prometia el apostolado
-de las naciones lejanas y un auditorio sumiso á su voz[630]. Los
-que quieren ahogar el recuerdo de las disensiones y disgustos que la
-entrada de este indócil discípulo causó en la Iglesia, aseguran que
-Pablo pasó largo tiempo en Jerusalem viviendo con los hermanos bajo la
-más completa libertad, pero que habiendo querido predicar á los judíos
-helenistas, fué amenazado de muerte por ellos, y los hermanos que
-velaban por su seguridad le hicieron conducir á Cesarea[631].
-
-Es probable que de Jerusalem fuese á Cesarea, pero estuvo allí poco,
-pues marchó á recorrer en seguida la Siria y despues la Cilicia[632].
-Sin duda desde entonces empezó á predicar, pero solo por cuenta
-propia y sin acuerdo de persona alguna. Tarso, su patria, fué su
-morada habitual durante este período de su vida apostólica, que puede
-graduarse en dos años[633]. Es posible que las iglesias de Cilicia le
-deban sus primicias[634]; sin embargo, la vida de Pablo no fué en esta
-época tal como la vemos más tarde. Él no tomó el título de apóstol,
-reservado únicamente á los _Doce_[635]. Á partir de su asociacion con
-Bernabé (año 45) es cuando entra en esta carrera de peregrinaciones
-sagradas y de predicaciones, que le convierten en un tipo del misionero
-viajante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XII.
-
-Fundacion de la Iglesia de Antioquía.
-
-
-[Marginal: Año 41]
-
-Poco á poco la fé nueva realizaba sorprendentes progresos. Los miembros
-de la Iglesia de Jerusalem que se habian dispersado despues de la
-muerte de Estéban, llevando sus conquistas á lo largo de la costa
-Fenicia, dominaron en Chipre y Antioquía: tenian entonces por principio
-inconcuso predicar tan solo á los judíos[636].
-
-Antioquía, «la metrópoli del Oriente», la tercera poblacion del
-mundo[637] fué el centro de la cristiandad de la Syria del Norte. Esta
-era una poblacion de unas quinientas mil almas, casi más grande que
-París antes de que se le diera más extension,[638] residencia del
-legado imperial de Syria. Merced á los Seleúcidas que habian sabido
-aprovechar la ocupacion romana, Antioquía habia alcanzado el más
-alto grado de esplendor, pues en general los Seleúcidas estaban más
-adelantados que los romanos en punto á decoraciones teatrales aplicadas
-á las grandes poblaciones. Templos, acueductos, baños, basílicas, nada
-faltaba á Antioquía de lo que constituia una poblacion siria de aquella
-época. Adornadas las calles con columnatas y los recodos con estátuas,
-habia allí más simetría y regularidad que en otras partes[639]. Un
-_Corso_ adornado de cuatro líneas de columnas formando dos galerías
-cubiertas con una larga avenida en medio, atravesaba la poblacion[640]
-en una línea de treinta y seis _estadios_ (más de una legua)[641].
-Pero Antioquía no tenia solamente inmensas construcciones de utilidad
-pública[642]; tenia tambien lo que poseian pocas poblaciones sirias,
-obras maestras del arte griego, admirables estátuas[643], obras
-clásicas de una delicadeza que el siglo no sabe todavía imitar. Desde
-su fundacion habia sido Antioquía una poblacion completamente helénica.
-Los Macedonios de Antígono y de Seleuco habian llevado á esta region
-del bajo Oronte los recuerdos más vivos, los cultos y los nombres de
-su país[644]. La mitología griega se habia entronizado allá como su
-segunda patria; habia en el país el afan de enseñar _lugares santos_
-relacionados con esta mitología. La poblacion se entregaba al culto de
-Apolo y de las ninfas. Dafne, lugar encantador á dos horas de distancia
-de la poblacion, recordaba á los viajeros las más risueñas ficciones.
-
-Era una especie de imitacion de los mitos de la madre patria, análoga á
-esos transportes atrevidos por los cuales las tribus primitivas hacian
-viajar consigo su geografía mítica, su Berecinto, su Arvanda, su Ida,
-su Olimpo. Estas fábulas griegas constituyen una religion muy antigua
-y apenas más formal que las _Metamórfosis_ de Ovidio. Las antiguas
-religiones del país, y especialmente la del monte Casio[645], la daban
-cierto carácter de gravedad; pero la ligereza siria, el charlatanismo
-babilónico, todas las imposturas del Asia, se confunden en este límite
-de los dos mundos, y prueban que era Antioquía la capital de la
-mentira, la sentina de todas las infamias.
-
-Al lado de la poblacion griega que (exceptuando Alejandría) en ninguna
-parte del Oriente fué tan densa como allí, Antioquía contó siempre en
-su seno un número considerable de indígenas sirios, que hablaban el
-siriaco[646]. Estos indígenas que constituian la clase baja, habitaban
-los barrios de la gran ciudad y los pueblos populosos que formaban
-á su alrededor un vasto extrarradio[647], tales como Charandama,
-Ghisira, Gandigura y Apate (nombres sirios la mayor parte)[648]. Los
-matrimonios entre los sirios y griegos eran comunes, pues habiendo
-establecido Seleuco por una ley que el extranjero que se estableciera
-en la poblacion seria considerado como ciudadano, Antioquía, despues
-de tres siglos y medio de existencia, fué uno de los puntos donde la
-raza estaba más mezclada. El envilecimiento de las almas era espantoso.
-La propiedad de esos focos de corrupcion moral, es nivelar todas las
-clases. La ignominia de ciertas poblaciones tumultuosas, dominadas
-por la intriga y entregadas á los más viles pensamientos, apenas
-puede darnos una idea de la degradacion moral y de la corrupcion á
-que en Antioquía habia llegado la especie humana. Era una reunion
-de marineros, de charlatanes, de ladrones[649], de almacenistas,
-de embaucadores[650], de sacerdotes impostores: una poblacion que
-solo pensaba en carreras, en juegos, en bailes, en procesiones, en
-fiestas y bacanales: desplegábase un lujo desenfrenado; dábase cabida
-á todas las locuras del Oriente; predominaban las supersticiones
-más malvadas y el fanatismo de la orgía[651]. Á la vez serviles é
-ingratos, altivos é insolentes, eran los naturales de Antioquía el
-modelo completo de esas turbas adictas al cesarismo, sin patria, sin
-nacionalidad, sin honor de familia, sin nombre que guardar. El gran
-_Corso_ que atravesaba la poblacion era una especie de teatro, donde
-representaban todo el dia los grupos de un populacho locuaz, variable,
-levantisco[652], ingenioso á veces,[653] ocupado de los cantos, de
-las parodias, de las diversiones, de las impertinencias de toda
-especie[654]. La ciudad era muy letrada[655], pero de pura literatura
-de retores[656]. Los espectáculos eran de lo más extraño; habia juegos
-en los cuales tomaban parte coros de jóvenes desnudas que llevaban
-solo una sencilla banda[657]; en la célebre fiesta de Maïouma, veíase
-una tropa de cortesanas nadando en público en unos estanques[658]
-llenos de agua cristalina[659]. Esto era una especie de embriaguez,
-un sueño de Sardanápalo, donde se desarrollaban poco á poco todas las
-voluptuosidades, todos los delirios, sin excluir por esto ciertas
-delicadezas. El torrente de lodo que, saliendo por la embocadura del
-Oronte, iba á inundar á Roma[660], tenia allí su foco principal.
-Doscientos _decuriones_ estaban ocupados en arreglar las fiestas[661].
-La municipalidad poseia vastos dominios públicos, de los cuales los
-_duumviros_ compartian el usufructo con los ciudadanos pobres[662].
-Antioquía, como todas las poblaciones del placer, tenia una plebe
-ínfima, que vivia á costa del público ó de sórdidas especulaciones.
-
-La belleza de las obras de arte y el infinito atractivo de la
-naturaleza[663] hacian que este abatimiento moral degenerara en
-vulgaridad. La posicion de Antioquía es una de las más bellas del
-mundo, pues ocupa el intervalo que media entre el Oronte y las faldas
-del monte Silpio, uno de los agregados al monte Casio.
-
-Nada iguala á la abundancia y á la claridad de sus aguas[664]. Rodeada
-á una altura considerable por una muralla de elevadas rocas que la
-fuerza de la arquitectura militar[665] ha cortado á pico, aparece
-coronada con un cerco labrado de efecto maravilloso. Esta clase de
-fortificaciones fué la preferida por los gobernadores de Alejandría
-como se vé en Seleucia, en Éfeso, en Esmirna y en Tesalónica: de esto
-resultan magníficas perspectivas. Antioquía tenia dentro de sus muros
-montes de más de setecientos piés de elevacion, peñascos escarpados,
-torrentes, precipicios, hondonadas y cascadas, grutas inaccesibles y
-en medio de todo esto, hermosos jardines[666]. Una espesura de mirtos,
-de bojes, de laureles, de plantas siempre verdes, de rocas tapizadas
-de yedra, y de jacintos, daban á estas salvajes alturas el aspecto de
-_parterres_ suspendidos. La variedad de flores, la frescura de sus
-praderas, cubiertas de pequeñas gramíneas, la belleza de las plantas
-que rodean el Oronte, respiran la poesía y suave perfume con el cual
-se animaron los génios de Juan Crisóstomo, Libanio y Juliano. Sobre la
-orilla derecha del rio extiéndese una vasta llanura adornada por un
-lado por el Amano y otros montes, y por el otro por la llanura de la
-Cirréstica[667], detrás de la cual está la peligrosa poblacion de la
-Arabia y del desierto. El valle de Oronte, que se descubre al oeste,
-pone en comunicacion al lago con el mar, ó mejor dicho, con el vasto
-mundo, en cuyo seno el Mediterráneo ha constituido en todo tiempo una
-especie de camino neutral y de enlace federal.
-
-Entre las diversas colonias á quienes las leyes liberales de los
-seleúcidas atraen á la capital de la Syria, la de los judíos fué la más
-numerosa[668]; data de Seleuco Nicator y poseia los mismos derechos que
-los griegos[669]. Aun cuando los judíos tenian su etnarca particular,
-sus relaciones con los paganos eran muy frecuentes. Allí, como en
-Alejandría, estas relaciones degeneraban muchas veces en riñas y en
-agresiones[670], y por otro lado daban lugar á una activa propaganda
-religiosa. Siendo cada dia más insuficiente para los espíritus graves
-el politeismo oficial, la filosofía griega y el judaismo atrajeron
-á todos aquellos á los cuales no satisfacian las vanas pompas del
-paganismo. El número de los prosélitos era considerable. Desde los
-primeros dias del cristianismo, Antioquía habia dado á la iglesia de
-Jerusalem uno de sus hombres más influyentes, á uno de sus diáconos, á
-Nicolás[671]. Allí habia gérmenes excelentes que solo esperaban un rayo
-de la gracia para dar los buenos frutos que hemos visto.
-
-La iglesia de Antioquía debe su fundacion á algunos creyentes oriundos
-de Chipre y de Cirene que habian predicado mucho[672]. Hasta entonces
-solo se habian dirigido á los judíos; pero en una poblacion donde los
-judíos puros, los judíos prosélitos, las «gentes temerosas de Dios»
-ó paganos medio judíos, y los paganos puros, vivian juntos[673],
-las predicaciones dirigidas á un solo grupo eran imposibles. El
-sentimiento de la aristocracia religiosa que llenaba de orgullo á
-los judíos de Jerusalem, no existia en aquellas grandes ciudades
-donde la civilizacion era profana y estaban menos arraigadas las
-preocupaciones. Los misioneros chipriotas y cirineos tuvieron pues que
-apartarse de su regla, y predicaron indiferentemente á los griegos y á
-los judíos[674].
-
-Las disposiciones recíprocas de la poblacion judía y de la pagana eran,
-por lo visto, muy malas en aquel entonces[675], pero circunstancias de
-un órden distinto favorecieron acaso las nuevas ideas. El temblor de
-tierra que maltrató la ciudad el 23 de marzo del año 37 daba mucho que
-pensar á los habitantes, y no se hablaba sino de un charlatan llamado
-Deborio que pretendia impedir la repeticion de semejantes accidentes,
-valiéndose para ello de talismanes ridículos[676]. Esta circunstancia
-inclinaba á muchos á creer en las cosas sobrenaturales; pero sea como
-fuere, ello es que la predicacion cristiana obtuvo un éxito notable, y
-que se fundó en poco tiempo una jóven Iglesia, ardiente, innovadora,
-y llena de porvenir, porque se componia de elementos muy diversos.
-Extendiéronse todos los dones del Espíritu Santo, y desde entonces
-fué fácil preveer que aquella nueva Iglesia, libre ya del estrecho
-mosaismo que rodeaba á Jerusalem como una barrera inespugnable, seria
-la segunda cuna del cristianismo. Jerusalem será siempre seguramente
-la capital religiosa del mundo, pero el punto de partida de la Iglesia
-de los gentiles, el foco primordial de las misiones cristianas, fué
-verdaderamente Antioquía. Allí es donde se constituye por la primera
-vez una Iglesia cristiana libre de los lazos del judaismo; allí es
-donde se establece la gran propaganda de la edad apostólica; allí donde
-se forma definitivamente San Pablo; Antioquía marca la segunda etapa
-de los progresos del cristianismo; tratándose de nobleza cristiana, ni
-Roma, ni Alejandría, ni Constantinopla, podrian tomarse como puntos de
-comparacion.
-
-La topografía de la vieja Antioquía está ya tan confusa, que en
-vano se buscaria sobre aquel suelo algun vestigio de la antigüedad,
-algun punto donde evocar tan grandes recuerdos. Allí, como en todas
-partes, el cristianismo debió establecerse en los barrios más pobres,
-entre la gente del pueblo. La basílica que llamaban «Antigua» y
-«Apostólica»[677] en el siglo IV, estaba situada en la calle titulada
-Singon, cerca del Panteon,[678] pero no se sabe dónde se hallaba este:
-la tradicion y ciertas vagas analogías inducirian á buscar el barrio
-cristiano primitivo hácia la puerta que conserva aún hoy el nombre de
-Pablo, _Bab Bolos_[679], y al pié de la montaña que Procopio llamó
-_Stavrin_, situada hácia el sudeste de las murallas de Antioquía[680].
-Era aquella una de las partes de la ciudad menos rica en monumentos
-paganos, y aún se ven allí los restos de santuarios antiguos dedicados
-á San Pedro, San Pablo y á San Juan; aquel parece haber sido el punto
-donde se mantuvo más tiempo el cristianismo despues de la conquista
-musulmana; aquel fué tambien al parecer el barrio de los «Santos,»
-pues se encuentran las rocas taladradas y como formando una especie de
-grutas que sin duda sirvieron para los anacoretas. Cuando se camina por
-aquellas escarpadas pendientes, desde donde en el siglo IV, los buenos
-stylitas, discípulos á la vez de la India y de la Galilea, de Jesús y
-de Çakya-Mouni, contemplaban con desden la ciudad voluptuosa al salir
-de sus cavernas floridas[681], de creer es que no se esté muy lejos de
-los sitios donde vivieron Pedro y Pablo. La _Historia de la Iglesia de
-Antioquía_ es la que mejor puede estudiarse y contiene menos fábulas:
-la tradicion cristiana en una ciudad donde el cristianismo tuvo tan
-vigorosa continuidad puede ser de algun valor.
-
-La lengua dominante de la Iglesia de Antioquía era el griego, mas no
-obstante es problable que los distritos que hablaban sirio diesen á la
-secta numerosos adeptos. En su consecuencia, Antioquía contenia ya el
-gérmen de dos iglesias rivales y más tarde enemigas; una que hablaba
-el griego, representada ahora por los griegos de Siria, ya ortodoxos
-ó ya católicos; y la otra cuyos representantes actuales son los
-maronitas, que hablaban en otro tiempo el sirio y le conservan aún como
-lengua sagrada. Los maronitas, que á pesar de su catolicismo moderno,
-tienen una remota antigüedad, son acaso los últimos descendientes de
-aquellos sirios anteriores á Seleuco, de aquellos _pagani_ de Ghisira,
-Charandama, etc.,[682] que formaron desde los primeros siglos Iglesia
-á parte, y que viéndose perseguidos como herejes por los emperadores
-ortodoxos huyeron al Líbano[683], donde, á causa de su aversion á la
-Iglesia griega y por otras afinidades más profundas, hicieron alianza
-con los latinos.
-
-En cuanto á los judíos convertidos de Antioquía fueron tambien muy
-numerosos[684], pero debe creerse que se unieron fraternalmente con
-los gentiles[685]. En las orillas del Oronte fué donde llegó á ser una
-realidad la fusion religiosa de las razas, soñada por Jesús, ó mejor
-dicho por seis siglos de profetas.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XIII.
-
-Idea de un apostolado de los gentiles. -- San Bernabé.
-
-
-[Marginal: Año 42]
-
-Cuando se supo en Jerusalem lo que habia pasado en Antioquía, fué
-grande la emocion de todos.[686] Á pesar de la buena voluntad de
-algunos de los principales miembros de la Iglesia de Jerusalem, en
-particular de Pedro, dominaban en el colegio apostólico las más
-mezquinas ideas y cada vez que se sabia que se habia anunciado á los
-paganos la buena nueva, notábanse en algunos ancianos muestras de
-descontento. El hombre que en aquella ocasion triunfó de tan miserable
-envidia impidiendo que las máximas exclusivas de los «hebreos»
-arruinaran el porvenir del cristianismo, fué Bernabé, el hombre más
-ilustrado de la iglesia de Jerusalem; Bernabé, que era jefe del
-partido liberal y queria el progreso de la Iglesia, habia contribuido
-ya poderosamente á desterrar la desconfianza que inspiraba Pablo;
-y esta vez ejercia todavía una gran influencia, pues habiendo ido á
-Antioquía como delegado del cuerpo apostólico, vió y aprobó cuanto se
-habia hecho, declarando que la nueva Iglesia no tenia más que continuar
-por la senda que se habia trazado. Las conversiones se multiplicaban
-diariamente[687]: la fuerza vivificante y creatriz del cristianismo
-parecia haberse concentrado en Antioquía, en cuyo punto permaneció
-Bernabé, cuyo celo le impulsaba á estar allí donde la accion fuese más
-viva. Antioquía pues será su Iglesia en lo sucesivo; desde allí va á
-ejercer el ministerio más fecundo; el cristianismo ha sido injusto
-con ese grande hombre al no colocarle en primera línea entre sus
-fundadores; todas las buenas y grandes ideas fueron patrocinadas por
-Bernabé, y su inteligente osadía fué el contrapeso contra las funestas
-consecuencias que hubiera podido producir la obstinacion de los judíos
-que formaban parte del partido conservador de Jerusalem.
-
-Hallándose Bernabé en Antioquía concibió una magnífica idea: Pablo
-estaba en Tarso sumido en una inaccion que para un hombre tan activo
-debia ser un suplicio; su falsa posicion, su rudeza y sus pretensiones
-exageradas hacian olvidar sus buenas cualidades, y se consumia sin
-ser útil á nadie. Bernabé supo aplicar á su obra esta fuerza que se
-aniquilaba en una soledad peligrosa por su clima, y por segunda vez
-tendió la mano á Pablo, y despues de domeñar su salvaje carácter
-hízole presentarse de nuevo en la sociedad de los hermanos de quienes
-trataba de alejarse.
-
-El mismo Bernabé fué á Tarso, le buscó y le condujo á Antioquía:[688]
-esto ciertamente no lo hubieran hecho los obstinados judíos de
-Jerusalem; apoderarse de aquella grande alma tan indomable como
-susceptible; doblegarse ante las debilidades y rarezas de un hombre
-lleno de fuego, suponerse inferior á él y preparar el campo del modo
-más favorable para que se desarrollara la actividad de aquel hombre,
-olvidándose de sí mismo, es indudablemente llegar al colmo de la
-virtud, y esto es lo que Bernabé hizo por San Pablo. La mayor parte de
-la gloria de éste recae en el hombre que se anticipó á él en todas las
-cosas, que le hizo figurar en primer término descubriendo lo que valia,
-que le dió á conocer, impidiendo en más de una ocasion que sus defectos
-perjudicasen á la santa causa y que las mezquinas ideas de otros le
-indujesen á obrar mal. Todo esto lo hizo Bernabé en beneficio de la
-obra de Dios.
-
-[Marginal: Año 43]
-
-Durante un año entero, Bernabé y Pablo estuvieron unidos por una activa
-colaboracion[689], y este fué el período más brillante, y sin duda más
-feliz de la vida de Pablo. La fecunda originalidad de aquellos dos
-grandes hombres elevó á la Iglesia de Antioquía á una altura á que no
-habia llegado ninguna otra hasta entonces, y la capital de Siria era
-uno de los puntos del mundo donde habia más movimiento; las cuestiones
-religiosas y sociales, así en la época romana como en nuestro tiempo,
-se discutian principalmente entre las grandes aglomeraciones de
-hombres, y ya iba observándose una especie de reaccion contra la
-inmoralidad general, á cuyas circunstancias se debió que más tarde
-fuese Antioquía la patria de los stilitas y solitarios[690]. Así pues,
-la buena doctrina contaba en aquella ciudad con las mejores condiciones
-de éxito.
-
-Una circunstancia principal prueba por lo demás que la secta tuvo por
-primera vez en Antioquía plena conciencia de lo que hacia. En dicha
-ciudad recibió por primera vez un nombre distinto: hasta entonces los
-agregados se habian llamado entre sí los «creyentes», los «fieles»,
-los «santos», los «hermanos», ó los «discípulos», y como no tenian
-un nombre oficial y público para designarles, se les dió el de
-_christianus_[691]. La terminacion es latina y no griega, lo cual
-parece indicar que se creó por la autoridad romana[692], así como
-_herodiani_, _pompeiani_, _cæsariani_[693]. De todos modos, es lo
-cierto que la poblacion pagana formó este nombre que indica un error,
-pues suponia que _Christus_, traduccion del hebreo _Maschiah_ (el
-Mesías), era un nombre propio[694]. Aun muchos de aquellos que estaban
-poco al corriente de las ideas judías ó cristianas, debian creer al ver
-aquel nombre que _Christus_ ó _Chrestus_ era un jefe de partido que aún
-vivia[695]. La pronunciacion vulgar en efecto era _chrestiani_[696].
-
-En todo caso los judíos no adoptaron, al menos de una manera
-continuada[697], el nombre dado por los romanos á sus correligionarios
-cismáticos, y siguieron llamando á los nuevos sectarios «Nazarenos» ó
-«Nazorenos,»[698] sin duda porque tenian costumbre de llamar á Jesús
-_Han-nasri_ ó _Han-nosri_, el Nazareno. Este nombre se ha conservado
-hasta nuestros dias en todo el Oriente[699]. Llegamos á un punto
-importante: la hora en que una creacion nueva recibe un nombre es
-solemne, porque el nombre es el signo definitivo de la existencia. La
-formacion de la palabra «cristiano» señala tambien la fecha precisa en
-que la Iglesia de Jesús se separó del judaismo. Por mucho tiempo se
-confundirán aún las dos religiones, mas esta confusion no ocurrirá
-sino en los países donde el crecimiento del cristianismo, si así
-puede decirse, esté muy atrasado. Por lo demás, la secta aceptó al
-momento el nuevo dictado que se la daba, considerándolo como un título
-honroso[700]. Cuando se piensa que diez años despues de la muerte de
-Jesús adquirió su religion un nombre en las lenguas griega y latina en
-la capital de Syria, asombra el progreso alcanzado en tan poco tiempo.
-El cristianismo se ha desprendido completamente del seno de su madre;
-el verdadero pensamiento de Jesús ha triunfado de la indecision de sus
-primeros discípulos; la Iglesia de Jerusalem, que apenas conoce el
-arameo, el lenguaje de Jesús, queda oscurecida; el cristianismo habla
-griego, y se ha lanzado decisivamente en el gran torbellino del mundo
-griego y romano, de donde ya no saldrá más.
-
-La actividad, la fiebre de ideas que se produjo en aquella jóven
-Iglesia debió ser extraordinaria; las grandes manifestaciones
-_espiritistas_ eran muy frecuentes[701]; todos se creian inspirados de
-distinto modo; los unos eran «profetas,» los otros «doctores,»[702]
-y Bernabé, como lo indica su nombre[703], pertenecia sin duda á la
-clase de los primeros. Pablo no tenia título especial. Citábanse
-tambien entre los notables de la Iglesia de Antioquía, á Simon, llamado
-_Niger_, Lucio Cirineo, y Manahem, que habia sido hermano de leche
-de Herodes Antipas y que por consecuencia debia ser de edad muy
-avanzada[704]. Todos estos personajes eran judíos. Entre los paganos
-convertidos se contaba acaso ya aquel Evodio que, segun parece, figuró
-en primer término en cierta época en la Iglesia de Antioquía[705]. Es
-indudable que los paganos que acudieron á la primera predicacion serian
-en cierto modo inferiores á los demás, y debieron brillar poco en la
-predicacion y la profecía.
-
-En medio de aquella sociedad tan activa y animada, Pablo se dejó
-arrastrar por la corriente. Más tarde se mostró contrario á la
-glosolalia[706], y es probable que nunca la practicara. Pero tuvo
-muchas visiones y revelaciones inmediatas[707], y probablemente fué
-en Antioquía[708] donde cayó en aquel éxtasis profundo que refiere
-en estos términos: «Yo conozco un hombre en Cristo que hace catorce
-años, (¿la cosa pasó corporalmente ó fuera del cuerpo? No lo sé. Dios
-lo sabe), fué arrebatado hasta el tercer cielo[709]; y yo sé que este
-hombre (si en el cuerpo ó fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe),
-fué arrebatado al paraiso,[710] donde oyó palabras inefables que no es
-permitido decir á un mortal[711]». Sóbrio y práctico, en lo general,
-Pablo participaba sin embargo de las ideas de su época acerca de lo
-sobrenatural; creia hacer milagros[712] como todo el mundo, y era
-imposible que los dones del Espíritu Santo, considerados como un
-privilegio comun á la Iglesia[713], le fueran negados á él.
-
-[Marginal: Año 44]
-
-Pero almas poseidas de una llama tan ardiente no podian satisfacerse
-con las quimeras de una exuberante piedad: bien pronto se pensó en los
-medios de accion, y apoderóse de todos la idea de las grandes misiones
-destinadas á convertir á los paganos, empezando por el Asia Menor, idea
-que seguramente no se habria realizado si hubiese nacido en Jerusalem,
-porque aquella Iglesia no contaba con recursos pecuniarios. Para
-establecer convenientemente la propaganda necesitábanse suficientes
-fondos, y como toda la caja comun de Jerusalem servia para alimentar
-á los pobres, y á veces no bastaba, hacíase preciso que de todas las
-partes del mundo se enviaran socorros para que aquellos nobles mendigos
-no muriesen de hambre[714]. El comunismo habia producido en Jerusalem
-una miseria irremediable hasta el punto de que no era posible emprender
-empresa alguna, pero la Iglesia de Antioquía se hallaba libre de
-semejante azote. En estas ciudades profanas, los judíos, que vivian por
-lo general en comodidad, habian llegado á poseer grandes fortunas[715];
-los fieles ingresaban en la Iglesia á veces con bienes considerables,
-y Antioquía fué la que facilitó los capitales para la fundacion del
-cristianismo. Fácil es comprender la completa diferencia de costumbres
-y de ideas que semejante circunstancia debió establecer entre las dos
-iglesias: Jerusalem siguió siendo la ciudad de los pobres de Dios,
-que soñando con las promesas del reino de los cielos[716], estaban
-como embriagados y aturdidos; Antioquía, casi extraña á la palabra de
-Jesús, que nunca oyera, fué la Iglesia de la accion y del progreso.
-Antioquía fué tambien la ciudad de Pablo; Jerusalem, la antigua ciudad
-del colegio apostólico, sumida en sus sueños, impotente ante los nuevos
-problemas que se presentaban, pero deslumbrada por su incomparable
-privilegio, rica por sus inapreciables recuerdos.
-
-Una circunstancia dió á conocer á poco tiempo el verdadero carácter
-y situacion de esta última: tal era la imprevision de aquella pobre
-Iglesia famélica de Jerusalem, que el menor accidente trastornaba á
-toda la comunidad; y en un país donde no hay organizacion económica,
-donde el comercio se hacia en pequeña escala, y donde los recursos
-eran muy escasos, no podia menos de declararse el hambre, que es
-precisamente lo que sucedió en el cuarto año del reinado de Claudio,
-año 44[717]. Cuando se dejaron sentir los primeros síntomas, los
-ancianos de Jerusalem acordaron recurrir á sus hermanos de las iglesias
-más ricas de Siria, y en su consecuencia marchó á Antioquía[718] una
-embajada compuesta de profetas hierosolimitas. Uno de ellos, llamado
-Agab, que pasaba por hombre muy ilustrado, se sintió de pronto poseido
-del espíritu y anunció lo que iba á suceder. Los fieles de Antioquía se
-mostraban muy sensibles á los males que amenazaban á la madre Iglesia,
-de la que se consideraban aún tributarios, é hicieron una colecta, en
-la que cada uno contribuyó segun sus alcances, encargando á Bernabé
-fuese á llevar el producto á los hermanos de Judea[719]. Jerusalem
-será aún por mucho tiempo la capital del cristianismo; las cosas
-únicas están allí centralizadas; no hay apóstoles más que allí[720];
-pero se ha dado un gran paso, pues si durante varios años no ha habido
-más que una Iglesia completamente organizada, que es la de Jerusalem,
-centro absoluto de la fé, de donde toda vida emana y á donde toda vida
-refluye, ya no es así, pues contamos con Antioquía que es una Iglesia
-perfecta con toda la gerarquía de los dones del Espíritu Santo. Las
-misiones salen de ella[721] y á ella vuelven[722], es una segunda
-capital, ó mejor dicho, un segundo corazon, que tiene su accion propia
-y cuya fuerza se ejercita en todas direcciones.
-
-Por lo demás, fácil es preveer desde ahora que la segunda capital
-eclipsará á la primera: la decadencia de la Iglesia de Jerusalem fué
-en efecto rápida, que es condicion de las instituciones fundadas sobre
-el comunismo tener un período brillante, pues el comunismo supone
-siempre una gran exaltacion; pero degenerará muy pronto porque aquel
-es contrario á la naturaleza humana. En sus arranques de virtud, el
-hombre cree poder dispensarse por completo del egoismo y del interés
-propio; pero el egoismo tomará la revancha probando que el absoluto
-desinterés engendra males mucho más graves que los que se creyeron
-evitar suprimiendo la propiedad.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XIV.
-
-Persecucion de Herodes Agrippa I.
-
-
-[Marginal: Año 44]
-
-Bernabé encontró la Iglesia de Jerusalem sumida en el mayor desórden.
-El año 44 le fué fatal, porque además del hambre, vió encenderse de
-nuevo el fuego de la persecucion, que se habia amortiguado á la muerte
-de Estéban.
-
-Herodes Agrippa, nieto de Herodes el Grande, habia logrado, desde
-el año 41, reconstituir el reino de su abuelo. Merced al favor de
-Calígula, habia podido reunir bajo su dominacion la Batanea, la
-Traconítide, una parte del Haurán, la Abilene, la Galilea y la
-Perea[723]. El ignoble papel que desempeñó en la tragicomedia que elevó
-á Claudio al imperio[724], culminó su fortuna. Ese vil oriental, en
-recompensa de las lecciones de bajeza y de perfidia que habia dado á
-Roma, obtuvo para él la Samaria y la Judea, y para su hermano Herodes
-el pequeño reino de Calcis[725]. Habia dejado en Roma los más tristes
-recuerdos, y se atribuian en gran parte á sus consejos las crueldades
-de Calígula[726]. Era muy poco querido de su ejército y de las ciudades
-paganas de Sebastia y Cesarea, que sacrificaba á Jerusalem[727]. Pero
-los judíos lo encontraban generoso, magnífico y deseoso de aliviar sus
-males. Procuraba hacerse popular entre ellos, y seguia una política
-enteramente diferente de la de Herodes el Grande, que se habia
-inclinado más á favor de los griegos y romanos que de los judíos.
-Herodes Agrippa, al contrario, amaba á Jerusalem, observaba exactamente
-la religion judía, afectaba ser muy escrupuloso, y ni un solo dia
-dejaba de hacer sus devociones[728]. Hasta escuchaba con dulzura las
-observaciones de los rigoristas, y se tomaba el trabajo de justificarse
-de sus reprehensiones[729]. Perdonó á los Jerosolimitas el tributo que
-le debia cada casa[730] y, en una palabra, los ortodoxos tuvieron en él
-un rey á su gusto.
-
-Era inevitable que un príncipe con semejante carácter habia de
-perseguir á los cristianos. Sincero ó no, Herodes Agrippa, era un
-soberano judío en toda la extension de la palabra[731]. La casa
-de Herodes, á medida que se debilitaba, se hacia más devota y se
-separaba más y más de la elevada idea profana del fundador de su
-dinastía, aspirando á que viviesen juntos, bajo el imperio comun de
-la civilizacion, los cultos más opuestos. Cuando Herodes Agrippa,
-proclamado rey, entró por primera vez en Alejandría fué recibido
-como rey de los judíos, cuyo título irritó al pueblo y dió lugar
-á muchas burlas[732]. Ahora bien, ¿qué habia de ser un rey de los
-judíos, sino un guardian de la ley y de las tradiciones, un soberano
-teócrata y perseguidor? Desde Herodes el Grande, durante cuyo reinado
-se reprimió enteramente el fanatismo, hasta estallar la guerra que
-originó la ruina de Jerusalem, hubo siempre una progresion creciente
-de ardor religioso. La muerte de Calígula (24 de Enero de 41) habia
-producido una reaccion favorable á los judíos. En general Claudio fué
-muy benévolo para ellos[733] á causa de la influencia que tenian con
-él Herodes Agrippa y Herodes, rey de Calcis. No solo dió la razon
-á los judíos de Alejandría en sus disensiones con los habitantes de
-dicho país, otorgándoles el derecho de elegir un etnarca, sino que
-hasta publicó, segun parece, un edicto por el que concedia á los
-judíos, en toda la extension del imperio, como lo habia hecho en favor
-de los de Alejandría, la libertad de vivir segun sus leyes, con la
-única condicion de no ultrajar los demás cultos. Algunas tentativas
-de vejaciones análogas á las que habian tenido lugar en tiempo de
-Calígula, fueron reprimidas[734]. Jerusalem se ensanchó mucho,
-uniéndose con la ciudad el barrio de Bezetha[735]. Apenas se hacia
-sentir allí la autoridad romana, por más que Vibius Marsus, hombre
-prudente, de mucha experiencia, adquirida en los elevados cargos que
-desempeñara, de un talento muy cultivado[736], y que habia sucedido
-á Publio Petronio en las funciones de legado imperial en Siria,
-advertia de cuando en cuando á Roma que eran peligrosos aquellos reinos
-semi-independientes de Oriente[737]. La especie de feudalismo que desde
-la muerte de Tiberio tendia á establecerse en Siria y en las comarcas
-vecinas[738], debilitaba en efecto la política imperial, y casi siempre
-dió malos resultados. Los «reyes» cuando iban á Roma eran personajes
-que ejercian allí una influencia detestable. La corrupcion y la
-desmoralizacion del pueblo, sobre todo en el reinado de Calígula, eran
-debidas en gran parte al ejemplo dado por aquellos miserables á quienes
-se veia arrastrar la púrpura en el teatro, en el palacio del César, y
-en las cárceles[739]. En cuanto á los judíos, ya hemos visto[740] que
-para ellos _autonomía_ significaba intolerancia. El pontificado supremo
-pasaba únicamente y aún por cortos períodos de la familia de Hanan
-á la de Boethus, no menos altanera y cruel. El soberano que queria
-complacer á los judíos no podia dejar de decretar lo que más deseaban,
-es decir, severidades contra todo lo que se separase de la más rigurosa
-ortodoxia[741].
-
-Herodes Agrippa fué por la misma razon al fin de su reinado un
-perseguidor violento[742]. Algun tiempo antes de la Pascua del año
-44, hizo cortar la cabeza á uno de los principales miembros del
-Colegio Apostólico, á Jacobo, hijo del Zebedeo y hermano de Juan. Este
-asunto no se consideró como religioso, y por lo tanto no hubo proceso
-inquisitorial ante el Sanhedrin; la sentencia fué dictada en virtud del
-poder arbitrario del soberano, como sucedió con Juan Bautista[743].
-Animado por el buen efecto que dicha muerte produjo entre los
-judíos[744], Herodes Agrippa no quiso detenerse en tan fácil via de
-popularidad. Eran los primeros dias de la fiesta de Pascua, época
-ordinaria del acrecentamiento de fanatismo, y aprovechando la ocasion,
-Agrippa hizo encerrar á Pedro en la torre Antonia, á fin de que se le
-juzgara y ejecutara con grande aparato ante la masa de pueblo que se
-reunia con motivo de las fiestas.
-
-Una circunstancia que ignoramos, y que fué considerada como milagrosa,
-puso á Pedro en libertad. Una tarde en la que varios fieles se habian
-reunido en casa de María, madre de Juan Márcos, en donde acostumbraba
-á vivir Pedro, se oyó llamar de repente á la puerta. La criada, llamada
-Rhodé, fué á ver quién era y reconoció la voz de Pedro. Embargada por
-la alegría, en vez de abrir, corre á anunciar que Pedro estaba allí.
-La tratan de loca, pero ella jura y vuelve á asegurar que es él. «Es
-su ángel,» dicen algunos. Vuelve á oirse llamar varias veces; era él.
-La alegría fué infinita. Pedro hizo participar enseguida su libertad á
-Jacobo, hermano del Señor, y á los demás fieles. Se creyó que el ángel
-del Señor habia entrado en el calabozo del apóstol y habia hecho caer
-las cadenas y cerrojos. Pedro contaba que todo esto habia sucedido
-mientras estaba en una especie de éxtasis; que despues de haber pasado
-la primera y segunda guardia y atravesado la puerta de hierro que
-daba á la ciudad, el ángel lo acompañó hasta una calle y lo dejó: que
-entonces volvió en sí y reconoció la mano de Dios, que habia enviado un
-mensajero celeste para libertarlo[745].
-
-Agrippa sobrevivió poco á estas violencias[746]. Á mediados del año
-44, pasó á Cesarea para celebrar juegos en honor de Claudio. La
-concurrencia fué extraordinaria; los habitantes de Tiro y de Sidon,
-que tenian algunas disensiones con él, fueron á pedirle gracia. Estas
-fiestas disgustaban mucho á los judíos, tanto porque se efectuaban en
-la ciudad impura de Cesarea, como porque se daban en el teatro. Una vez
-que el rey habia salido de Jerusalem con igual motivo, cierto rabino
-Simeon habia propuesto que se declarase que dejaba de pertenecer al
-judaismo y que se le excluia del templo; mas entonces el rey llevó
-su condescendencia hasta el punto de colocar al rabino á su lado en
-el teatro, á fin de probarle que allí nada se hacia contrario á la
-Ley[747]. Creyendo haber satisfecho de este modo á los rigoristas,
-Herodes Agrippa se dejó arrastrar por su aficion á las pompas profanas.
-El segundo dia de la fiesta, entró muy de mañana en el teatro, vestido
-con una túnica de tejido de plata, de un brillo incomparable. Fué
-extraordinario el efecto causado por esta túnica que resplandecia
-á los rayos del sol saliente y los fenicios que rodeaban al rey le
-prodigaron adulaciones imbuidas de paganismo. «Es un Dios, decian, y no
-un hombre.» El rey no manifestó indignacion ni vituperó esta palabra,
-pero falleció cinco dias despues. Judíos y cristianos atribuyeron su
-muerte al no haber rechazado con horror una lisonja tan blasfematoria.
-La tradicion cristiana supuso que este era el castigo reservado á los
-enemigos de Dios, puesto que murió de una enfermedad vermicular[748].
-Sin embargo, los síntomas de que habla Josefo harian creer más bien
-en un envenenamiento, y viene á confirmar esta opinion lo que dicen
-las _Actas_ de la conducta equívoca de los fenicios y del cuidado que
-tuvieron en ganar á Blastus, ayuda de cámara del rey.
-
-Con la muerte de Herodes Agrippa I desapareció la independencia
-de Jerusalem, que volvió á ser gobernada por procuradores. Este
-régimen duró hasta la gran sublevacion, lo que fué un bien para el
-cristianismo, porque debe observarse que esta religion que debia
-sostener más tarde una lucha tan terrible contra el imperio romano,
-creció á la sombra del principio de aquel y bajo su proteccion. Roma
-era, conforme lo hemos dicho repetidas veces, quien impedia que el
-judaismo se entregase completamente á sus instintos de intolerancia
-y de destruccion de los gérmenes de libertad que se producian en su
-seno. Toda restriccion de la autoridad judía era un beneficio para
-la secta naciente: Cuspius Fadus, el primero de esta nueva série de
-procuradores, fué otro Pilatos, de mucha firmeza ó por lo menos de
-buena voluntad; pero Claudio continuaba mostrándose favorable á las
-pretensiones judías, á causa sobre todo de las instigaciones del jóven
-Herodes Agrippa, hijo de Herodes Agrippa I, que vivia á su lado y á
-quien amaba mucho[749]. Despues de la corta administracion de Cuspius
-Fadus, las funciones de procurador fueron confiadas á un judío, á aquel
-Tiberio Alejandro, sobrino de Philon é hijo del alabarca de los judíos
-de Alejandría, que tuvo grandes empleos y desempeñó un papel importante
-en los asuntos políticos de su siglo. Verdad es que no era amado de los
-judíos, que lo miraban, no sin razon, como un apóstata[750].
-
-Para poner fin á estas continuas disputas, se recurrió al medio más
-conforme con los buenos principios. Se hizo una especie de separacion
-entre lo espiritual y lo temporal, y se dejó el poder político á los
-procuradores; pero Herodes, rey de Calcis y hermano de Agrippa I, fué
-nombrado Prefecto del templo, guardian de los vestidos pontificales,
-y tesorero de la caja sagrada, revistiéndose del derecho de nombrar
-los grandes sacerdotes[751]. Á su muerte (año 48), Herodes Agrippa
-II, hijo de Herodes Agrippa I, sucedió á su tio en dichos cargos, que
-conservó hasta la gran guerra. Claudio continuaba mostrándose en todo
-esto lleno de bondad. Los altos funcionarios romanos en Siria, bien
-que menos inclinados á las concesiones que el emperador, emplearon
-tambien mucha moderacion. El procurador Ventidius Cumanus llevó su
-condescendencia hasta el caso de hacer decapitar, en medio de los
-judíos que formaban el cuadro, á un soldado que habia destrozado un
-ejemplar del Pentateuco[752]. Todo fué inútil; Josefo achaca con razon
-á la administracion de Cumanus los desórdenes que solo concluyeron con
-la destruccion de Jerusalem.
-
-El cristianismo no tomaba la menor parte en estos disturbios[753], que
-eran, como el mismo cristianismo, uno de los síntomas de la fiebre
-extraordinaria que devoraba al pueblo judío y del trabajo divino
-que se verificaba en él. Nunca habia hecho tantos progresos la fé
-judía[754]. El templo de Jerusalem era uno de los santuarios del mundo
-cuya fama se extendia más y al que más donativos se hacian[755]. El
-judaismo habia llegado á ser la religion dominante de la mayor parte
-de la Siria. Los príncipes asmoneos habian convertido violentamente
-á poblaciones enteras (Idumeos, Itureos, etc.)[756]. Hubo al mismo
-tiempo muchos ejemplos de circuncision impuesta por la fuerza[757],
-porque se tenia un grande empeño en hacer prosélitos[758]. La misma
-casa de Herodes contribuia poderosamente á la propaganda judía. Para
-casarse con princesas de esta familia, cuyas riquezas eran inmensas,
-se hacian judíos[759] los príncipes de las pequeñas dinastías vasallas
-de los romanos, de Emesa, de Ponte, y de Cilicia. La Arabia y la
-Etiopía poseian tambien un gran número de convertidos, entre los que
-se contaban, sobre todo por parte de las mujeres[760], las familias
-reales de Meseno y de Adiabene, tributarias de los Partos. Se creia
-que se hallaba la dicha conociendo y practicando la Ley[761], y aun
-cuando no se hiciesen circuncidar, modificaban su religion en sentido
-judío; el espíritu general de la religion en Siria era una especie
-de monoteismo. En Damasco, ciudad que nada tenia de israelita, casi
-todas las mujeres habian adoptado la religion judaica.[762] Detrás del
-judaismo farisaico, se formaba así una clase de judaismo libre, menos
-violento, que ignoraba algunos secretos de la secta[763], pero que
-tenia más porvenir y en el que únicamente se llevaba buena voluntad y
-puro corazon. La situacion era, á corta diferencia, la del catolicismo
-de nuestros dias, en donde vemos, por una parte, teólogos ignorantes y
-orgullosos que por sí solos no convertirian más almas al catolicismo
-que las que ganaron los fariseos para el judaismo; y por otra, piadosos
-seglares, heréticos mil veces sin saberlo, pero llenos de tierno celo,
-ricos en buenas obras y en sentimientos poéticos, ocupados siempre en
-disimular ó en atenuar con complacientes explicaciones las faltas de
-sus doctores.
-
-Uno de los ejemplos más extraordinarios de la corriente que
-arrastraba hácia el judaismo á las almas religiosas, fué el que dió
-la familia real de Adiabene en el Tigris[764]. Esta casa, en su
-orígen y costumbres[765], bien que iniciada en parte en la cultura
-griega[766], se hizo judía casi toda y se distinguió por su extrema
-devocion; porque, conforme hemos manifestado, estos prosélitos eran
-regularmente más piadosos que los judíos de nacimiento. Izate, jefe
-de la familia, abrazó el judaismo á consecuencia de las predicaciones
-de un mercader judío llamado Ananías, que al entrar, para su pequeño
-comercio en el serrallo de Abennerig, rey de Meseno, habia convertido
-á todas las mujeres y se habia constituido su director espiritual.
-Las mujeres pusieron á Izate en relaciones con él. En la misma época,
-Elena, su madre, se hacia instruir en la verdadera religion por otro
-judío. Izate, en su celo de nuevo convertido, queria tambien hacerse
-circuncidar, pero su madre y Ananías lo disuadieron de ello. Ananías
-le demostró que más importante era la observacion de los mandamientos
-de Dios que la circuncision, y que se podia ser muy buen judío sin
-esta ceremonia. Semejante tolerancia era debida á un corto número de
-inteligencias superiores. Algun tiempo despues, un judío de Galilea
-llamado Eleazar, encontró al rey que leia el Pentateuco y le probó con
-el texto, que no podia observar la Ley sin ser circunciso. Izate quedó
-persuadido de ello y mandó que le hicieran en seguida la operacion[767].
-
-La conversion de Izate fué seguida de la de su hermano Monobaze y de
-casi toda la familia. En el año 44, Elena pasó á fijarse en Jerusalem,
-en donde hizo construir para la casa real de Adiabene un palacio y un
-mausoleo de familia que todavía existe[768]. Se hizo querer de los
-judíos por su afabilidad y sus limosnas. Daba gozo verla, como una
-piadosa judía, frecuentar el templo, consultar á los Doctores, leer la
-Ley, y enseñarla á sus hijos. En la peste del año 44, aquella santa
-mujer fué la providencia de la ciudad, pues mandó comprar una gran
-cantidad de trigo en Egipto, y de higos secos en Chipre. Izate, por
-su parte, envió sumas considerables para ser distribuidas entre los
-pobres. Las riquezas del Adiabene se gastaban en parte en Jerusalem,
-donde vinieron los hijos de Izate para aprender los usos y la lengua
-de los judíos. La familia citada fué un gran recurso para aquel pueblo
-de mendigos. Habian tomado como un derecho de ciudadanía en Jerusalem,
-en donde se encontraron varios de sus miembros durante el sitio de
-Tito[769], al paso que otros figuran en los escritos talmúdicos como
-modelos de piedad y de desprendimiento[770].
-
-Así es como la familia real de Adiabene vino á figurar en la
-historia del cristianismo. Sin ser cristiana, como han supuesto
-varias tradiciones[771], esta familia representó bajo diferentes
-conceptos las primicias de los gentiles. Abrazando el judaismo,
-obedeció al sentimiento que debia llevar al cristianismo al mundo
-pagano entero. Los verdaderos israelitas para con Dios lo eran más
-bien aquellos extranjeros, animados por un sentimiento religioso tan
-profundamente sincero, que no el fariseo soberbio y perverso, para
-quien la religion no era más que un pretexto de ódios y desdenes.
-Aquellos buenos prosélitos no eran fanáticos en lo más mínimo porque
-eran verdaderamente santos. Admitian que la verdadera religion
-podia practicarse con los códigos civiles más diversos; separaban
-completamente la religion de la política. La distincion entre los
-sectarios sediciosos que se proponian defender rabiosamente á
-Jerusalem, y los pacíficos devotos que, al primer rumor de guerra,
-habian de refugiarse en las montañas[772], se manifestaba cada dia más.
-
-Vemos, pues, que la cuestion de los prosélitos se presentaba del
-mismo modo en el judaismo que en el cristianismo. De una y otra
-parte, se sentia la necesidad de tener más tolerancia, y para los que
-consideraban la cuestion bajo este punto de vista, la circuncision era
-una práctica inútil ó perjudicial, y las observancias mosáistas una
-simple señal de raza, que solo tenia valor para los hijos de Abraham.
-Antes de ser una religion universal, el judaismo se veia obligado á
-limitarse á una especie de deismo, que únicamente imponia los deberes
-de la religion natural. Habia de cumplirse con ello una mision sublime,
-y una parte del judaismo, en la primera mitad del siglo I, lo hizo
-de una manera muy inteligente. Por un lado, el judaismo era uno de
-los innumerables cultos nacionales[773] que llenaban el mundo y cuya
-santidad no reconocia otra causa que la de haber sido practicado
-por sus antepasados; por otro, el judaismo era la religion absoluta,
-hecha para todos, y destinada á ser adoptada por todos. El espantoso
-desbordamiento de fanatismo que se desarrolló en Judea y que originó
-la guerra de exterminio, destruyó este porvenir. El cristianismo fué
-el que se encargó de proseguir por su cuenta la tarea que la sinagoga
-no habia sabido llevar á cabo. Dejando aparte las cuestiones rituales,
-el cristianismo continuó la propaganda monoteista del judaismo. Lo que
-favoreciera el éxito del judaismo con las mujeres de Damasco, en el
-serrallo de Abennerig, con Elena y otros tantos prosélitos piadosos,
-fortaleció al cristianismo en el mundo entero. En tal concepto, la
-gloria del último se confunde verdaderamente con la del primero. Una
-generacion de fanáticos privó al judaismo de su recompensa, y le
-impidió recoger la cosecha que habia preparado.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XV.
-
-Movimientos paralelos al cristianismo ó imitadores del cristianismo. --
-Simon de Gitton.
-
-
-[Marginal: Año 45]
-
-El cristianismo está ahora realmente fundado. En la historia de todas
-las religiones, solo se encuentran obstáculos durante los primeros
-años; mas cuando una creencia ha resistido las duras pruebas por que
-ha de pasar toda nueva fundacion, está asegurado su porvenir. Los
-fundadores del cristianismo, más hábiles que los otros sectarios del
-mismo tiempo, esenianos, baptistas y partidarios de Judas el Gaulonita,
-que no salieron del mundo judío y perecieron con él, se lanzaron
-bien pronto al mundo con la mayor resolucion y ocuparon en aquel su
-puesto. Las pocas citas que sobre cristianos encontramos en Josefo, en
-el Talmud, y en todas las obras de los autores griegos y latinos, no
-debe sorprendernos. Josefo ha llegado hasta nosotros por los copistas
-cristianos que han sabido suprimir todo lo que era contrario á su
-creencia; pero podemos suponer que hablaba con más extension de Jesús
-y de los cristianos, que la edicion que ha llegado hasta nosotros.
-El Talmud sufrió tambien durante la edad media[774] y despues de su
-primera publicacion, varias supresiones y alteraciones, pues se ejerció
-la censura cristiana sobre el texto con mucha severidad, y fueron
-quemados una multitud de desdichados judíos por haber tenido en su
-poder un libro conteniendo páginas consideradas como blasfematorias.
-No es tampoco sorprendente que los escritores griegos y latinos se
-preocupen poco de un movimiento que no pueden comprender y que tuvo
-lugar en un pequeño mundo cerrado para ellos. El cristianismo se pierde
-á sus ojos sobre el oscuro fondo del judaismo; esto fué una querella de
-familia en el fondo de una nacion abyecta; ¿á qué ocuparse de ello?
-
-Los dos ó tres pasajes en que Tácito y Suetonio hablan de los
-cristianos, prueban que algo extraordinaria debia ser la secta nueva,
-cuando traspasó el círculo ordinario de la publicidad, y al poco
-tiempo, á través de las nubes de la indiferencia general, comenzó á
-destacarse vigorosamente.
-
-Por lo demás, lo que contribuyó á borrar un poco las formas del
-cristianismo en la historia del mundo judío en el primer siglo de
-nuestra era, es que no fué un hecho aislado. Philon, en la hora á que
-hemos llegado, habia concluido su carrera, consagrada enteramente al
-amor del bien. La secta de Judas el Gaulonita dura todavía: el agitador
-tuvo como continuadores de su pensamiento á sus hijos Jacobo, Simon
-y Menahem: pero los dos primeros fueron crucificados por órden del
-procurador Tiberio Alejandro[775]. En cuanto al tercero, desempeñará
-en la catástrofe final de la nacion un importante papel[776]. El año
-44, un entusiasta llamado Teudas[777] se presentó anunciando una
-próxima libertad, é invitó á la multitud á que le siguiera al desierto,
-prometiendo, cual otro Josué, hacerle pasar el Jordan á pié enjuto;
-ya que este pasaje era segun él el verdadero bautismo que debia
-iniciar á cada uno de sus fieles en el reino de Dios. Siguiéronle más
-de cuatrocientas personas; pero el procurador Fado, mandó contra él
-á la caballería, dispersólos y le hirió[778]. Algunos años antes se
-habia levantado toda la Samaria á la voz de un iluminado que pretendia
-haber tenido una revelacion en el lugar de Garissim, donde Moisés
-habia ocultado los instrumentos sagrados del culto. Pilatos habia
-reprimido con gran rigor este movimiento[779]. En cuanto á Jerusalem,
-la paz habia acabado para ella, pues á contar desde la llegada del
-procurador Ventidio Cumano (año 48), los trastornos no cesaron; la
-excitacion habia llegado á tal punto, que la vida era insufrible y
-las circunstancias más insignificantes producian estallidos[780].
-Sentíase una extraña fermentacion, una especie de turbacion
-misteriosa; por todas partes se multiplicaban los impostores[781];
-los terribles _zelotas_ (_Kenaïm_) ó sicarios, empezaban á aparecer;
-y varios miserables armados de puñales se metian entre la multitud,
-herian á sus víctimas, y eran los primeros que gritaban al asesino.
-No se pasaba dia sin que se cometiera alguno de estos asesinatos;
-extendiéndose el terror de una manera extraordinaria. Josefo presenta
-los crímenes de estos sicarios como cometidos por bribones[782], pero
-no es dudoso que el fanatismo se mezclaba en ello[783]: para defender
-la ley aquellos miserables se armaron del puñal: el que faltaba segun
-ellos á las prescripciones legales, veia pronto pronunciada y ejecutada
-su sentencia. Con ello creian llevar á cabo la obra más meritoria y más
-agradable á Dios.
-
-Escenas análogas á las de Teudas, renovábanse por todas partes.
-Varios personajes pretendiéndose inspirados sublevaban el pueblo y
-le arrastraban consigo al desierto, bajo el pretexto de hacerle ver
-por signos manifiestos que Dios iba á librarles. La autoridad romana
-deseaba exterminar á estos agitadores[784] que reunian las gentes á
-millares, en términos de que en el año 56, un judío que vino de Egipto
-á Jerusalem, con su prestigio consiguió atraer más de treinta mil
-personas, entre las que habia cuatro mil sicarios. Desde el desierto,
-queria llevarles al monte Olivete, para ver desde allí, segun decia,
-caer las murallas de Jerusalem á su solo mandato. Félix, que era
-entonces procurador, marchó contra él y dispersó á su gente, pero el
-egipcio se salvó y no pareció más[785]. Sin embargo, así como en un
-cuerpo enfermizo los males se suceden unos á otros, viéronse pronto
-partidas mandadas por mágicos y ladrones que conducian claramente al
-pueblo á revolucionarse contra los romanos, amenazando de muerte á los
-que continuaran obedeciéndoles. Bajo este pretexto maltrataban á los
-ricos, decomisaban sus bienes, quemaban sus casas, dejando en toda
-la Judea huellas de su furor[786]. Anunciábase una guerra espantosa:
-reinaba fuerte agitacion por do quier, y las imaginaciones se mantenian
-en un estado cercano á la más completa locura.
-
-No era imposible que Teudas se inspirara en el espíritu de imitacion
-á la vista de Jesús y de Juan Bautista. Á lo menos esta imitacion se
-evidenció con Simon de Gitton, si merecen alguna fé las tradiciones
-cristianas acerca de este personaje[787]. Le hemos visto ya en
-relacion con los apóstoles á propósito de la primera mision de
-Felipe en Samaria. Bajo el reinado de Claudio es cuando conquistó su
-celebridad[788]. Sus milagros eran considerados como permanentes, y en
-Samaria le miraba todo el mundo como un personaje sobrenatural[789].
-
-No eran solo sus milagros los únicos fundamentos de su reputacion.
-Segun parece usaba una doctrina que nos es imposible juzgar, ya que
-la obra intitulada _La Grande Exposicion_ que se le atribuye, y que
-ha llegado hasta nosotros por extracto, no es tal vez otra cosa más
-que una síntesis modificada de sus ideas[790]. Simon, durante su
-permanencia en Alejandría[791], parece haber fomentado en sus estudios
-de filosofía griega un sistema de teosofía sincrética y de exégesis
-alegórica semejante á la de Philon. Este sistema tiene su grandeza:
-pues tan pronto recuerda la cábala judía, como las teorías panteistas
-de la filosofía indiana; y bajo cierto punto de vista parece una
-imitacion del budismo y del parsismo[792]. Al frente de todas las
-cosas está «Aquel que es, que ha sido y que será[793],» es decir el
-_Jahveh_ samaritano, entendido segun la fuerza etimológica de su
-nombre, el Sér eterno, único engendrado por sí mismo, aumentando por
-sí mismo, encontrándose á sí mismo, padre, madre, hermana, esposo, é
-hijo de sí mismo[794]. En el seno de este infinito, todo poder existe
-eternamente; todo pasa á la accion y á la realidad por la conciencia
-del hombre, por la razon, la lengua y la ciencia[795]. El mundo se
-explica ya por una gerarquía de principios abstractos, análogos á los
-Eones del gnosticismo y al árbol sefirótico de la cábala, ya por un
-sistema de ángeles que parece tomado de las creencias de la Persia.
-Estas abstracciones se presentan algunas veces como traducciones de
-hechos físicos y psicológicos: otras veces, los _poderes divinos_,
-considerados como sustancias separadas, se realizan en encarnaciones
-sucesivas, ya masculinas, ya femeninas, cuyo fin es el libertar á
-los séres encadenados por los lazos de la materia. El primero de
-estos poderes es el que por excelencia se llama «el Grande,» y que
-es la inteligencia de este mundo, la Providencia universal[796]. Es
-masculina y se considera á Simon como su encarnacion. Al lado de ella
-está la _syzigia_ femenina, «el Gran Pensamiento.» Habituado Simon á
-revestir sus teorías de un extraño simbolismo, imagina interpretaciones
-alegóricas para los antiguos textos sagrados y profanos, á los
-cuales el autor de la _Grande Exposicion_, da el nombre de _Helena_,
-significando con esto que era el objeto del deseo universal, la eterna
-causa de discusion entre los hombres, la que se venga de sus enemigos y
-les ciega, hasta el momento en que consienten cantar la palinodia[797];
-teme que mal comprendido é interpretado torcidamente por los padres
-de la Iglesia da lugar á cuentos pueriles[798]. El conocimiento de
-la literatura griega que posee el autor de la _Grande Exposicion_, es
-en todo caso, muy notable. Él sostiene que cuando se saben comprender
-los escritos de los paganos bastan para el conocimiento de todas las
-cosas[799]; su eclectismo abraza todas las revelaciones y procura
-refundirlas en un solo órden de verdades.
-
-En cuanto al fondo de su sistema, hay mucha analogía con el de
-Valentin y con las doctrinas sobre las personas divinas que se
-encuentran en el cuarto Evangelio, en Philon, y en los Targums[800].
-Este «_Metatrono_[801]» es el que los judíos colocaban al lado de la
-Divinidad y hasta en su sentido se parece mucho al «_Gran poder_.» En
-la teología de los samaritanos se vé figurar un Gran ángel, jefe de los
-demás, y una especie de manifestaciones, ó _virtudes divinas_[802],
-análogas á las que la cábala judía se figuraba por su parte. Por esto
-parece que Simon de Gitton fué una especie de teósofo en el mismo
-género de Philon y de los cabalistas. Tal vez se acercó alguna vez al
-cristianismo, pero no se acercó á él de una manera decisiva.
-
-Si tomó algo de los discípulos de Jesús, es muy difícil probarlo. Si la
-_Grande Exposicion_ es suya, vemos que en algunos pasajes se adelanta
-á las ideas cristianas, y en otros se relaciona mucho con ellas[803].
-Lo que parece es que ensayó un eclecticismo análogo al que practicó
-más tarde Mahoma, y que intentó fundar su religion aceptando la mision
-divina de Juan[804] y de Jesús, á fin de ponerse en mística relacion
-con ellos. Él sostuvo que el mismo Simon se habia aparecido á los
-samaritanos, como Pedro á los judíos, para la crucifixion visible del
-Hijo, y á los gentiles para la infusion del Santo Espíritu[805]. Segun
-parece, preparó tambien el terreno para la doctrina de los _Docetas_,
-pues decia que era él quien habia sufrido en Judea en la persona de
-Jesús, pero que este sufrimiento fué solo aparente.[806] Su pretension
-de ser la misma Divinidad y de hacerse adorar ha sido probablemente
-exagerada por los cristianos que solo han procurado hacerle odioso.
-
-Por lo demás se vé que la doctrina de la _Grande Exposicion_ es casi la
-de todos los escritos gnósticos, y si verdaderamente Simon ha profesado
-estas doctrinas, han tenido mucha razon los padres de la Iglesia en
-considerarle como un fundador del gnosticismo[807]. Nosotros creemos
-que la _Grande Exposicion_ no tiene más que una autenticidad relativa,
-y es poco más ó menos á la doctrina de Simon, lo que el cuarto
-Evangelio al pensamiento de Jesús; que se refiere á los primeros años
-del siglo II, es decir, á la época en que las ideas teosóficas de
-_Logos_ dejaron de predominar. Estas ideas que encontramos en gérmen en
-la Iglesia cristiana el año 60[808], pudieron ser conocidas de Simon
-cuya vida acaso se prolongara hasta fines del siglo.
-
-En nuestro concepto, este enigmático personaje es una especie de
-plagiario del cristianismo. La imitacion parece ser una costumbre
-constante entre los samaritanos[809]. De la misma manera que habian
-imitado siempre el judaismo de Jerusalem, estos sectarios copiaron
-tambien del cristianismo, hicieron sus especulaciones teosóficas y su
-cábala. Pero Simon ¿fué un imitador respetable á quien no se pueda
-calificar de prestidigitador inmoral y ridículo[810], que explotaba en
-su favor una doctrina formada de trozos recogidos aquí y allá? Hé aquí
-lo que probablemente se ignorará siempre. Simon ocupaba en la historia
-una posicion muy falsa; marcha sobre una cuerda tirante donde no es
-permitida oscilacion alguna; en este punto no hay más que elegir entre
-una caida ridícula ó un éxito maravilloso.
-
-Todavía nos ocuparemos más de Simon y veremos si las leyendas durante
-su permanencia en Roma que al mismo se refieren, tienen alguna
-verosimilitud. Lo cierto es que la secta simoniana duró hasta el
-siglo III[811]; que tuvo dos iglesias en Antioquía, y tal vez hasta
-en Roma mismo; que Menandro de Caparetea y Clobio[812] continuaron la
-doctrina de Simon, ó mejor imitaron su papel de teurgo, con un recuerdo
-más ó menos vivo de Jesús y de sus apóstoles. Simon y sus discípulos
-fueron muy estimados entre sus correligionarios. Las sectas del mismo
-género, paralelas al cristianismo[813], y más ó menos impregnadas de
-_gnosticismo_, no cesaron de producirse entre los samaritanos hasta su
-destruccion por Justiniano. El destino de este pequeño grupo fué sufrir
-las consecuencias de todo lo que pasaba á su alrededor, sin producir
-nada completamente original.
-
-En cuanto á los cristianos, la memoria de Simon de Gitton les era
-aborrecible. Esos prestigios, que tanto se parecían a los suyos, les
-irritaban, y haber alcanzado el éxito de los apóstoles fué el más
-imperdonable de los crímenes. Pretendióse que los prodigios de Simon
-y de sus discípulos eran obra del diablo y se denigró al teósofo
-samaritano con el nombre de _Mágico_[814], que los fieles tomaban
-en muy mal sentido. Toda la leyenda cristiana de Simon revelaba una
-cólera reconcentrada: se le atribuyeron las máximas del quietismo y
-los excesos que se suponen ser su consecuencia[815]; se le consideró
-como padre de todo error, como el primer heresiarca: se contaron
-sus aventuras ridículas, sus hechos con referencia á Pedro[816], y
-se atribuyó á otro motivo distinto el impulso que le llevó hácia el
-cristianismo. Tan preocupados estaban con su nombre, que creian leerle
-al través de las páginas donde no estaba escrito[817]. El simbolismo de
-que ha revestido sus ideas fué interpretado de la manera más grotesca.
-La _Helena_ que él identificaba con la _primera inteligencia_, se
-consideró como una mujer pública que habia comprado en el mercado de
-Tiro[818]: su nombre, en fin, se colocó al lado del de Judas y se
-tomó como sinónimo de _antiapóstol_[819], última injuria y palabra
-proverbial para designar un impostor de profesion, un adversario de
-la verdad que quisiera presentarse con misterio[820]. Este fué el
-primer enemigo del cristianismo, ó mejor dicho, el primer personaje
-que el cristianismo trató como enemigo, no escaseándose los piadosos
-fraudes ni calumnias para disfamarle[821]. La crítica no puede, en
-este caso, revindicarle porque le faltan los documentos auténticos
-y contradictorios; lo único que puede hacer es retratarle tal como
-aparece en las tradiciones poniendo en relieve el estilo despreciativo
-que en ellas se nota.
-
-Á lo menos no debe acusarse al teurgo samaritano de una imitacion que
-acaso no hiciera. En una reseña del historiador Josefo, un mágico judío
-llamado Simon, nacido en Chipre, desempeñaba por parte del procurador
-Félix el papel de _proxeneto_[822]. Las circunstancias de esta reseña
-no convienen con Simon de Gitton y no debe hacérsele responsable de
-los hechos de un personaje que solo puede tener de comun con él su
-nombre, que llevaban entonces millares de hombres, ni de la pretension
-de hacer obras sobrenaturales que tenia entonces una multitud de sus
-contemporáneos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XVI.
-
-Marcha general de las misiones cristianas.
-
-
-[Marginal: Año 45]
-
-Hemos visto á Bernabé partir de Antioquía para remitir á los fieles
-de Jerusalem la colecta de sus hermanos de Siria. Le hemos visto
-presenciar alguno de los disturbios que la persecucion de Herodes
-Agrippa I causó á la Iglesia de Jerusalem[823]; volvamos con él á
-Antioquía, donde parece haberse concentrado en este momento toda la
-actividad creadora de la secta.
-
-Bernabé llevó consigo á un celoso colaborador: este era su primo Juan
-Márcos, el discípulo querido de Pedro[824], el hijo de aquella María
-en casa de la cual el primero de los apóstoles deseaba permanecer. Sin
-duda, tomando este nuevo colaborador, pensaba ya en la grande empresa
-á la cual iba á asociarle. Tal vez preveia las divisiones que la misma
-obra suscitaria, y tenia cuidado de tomar por compañero un hombre que
-sabia era el brazo derecho de Pedro, es decir, del apóstol que en los
-asuntos generales tendria mayor autoridad.
-
-Esta empresa no fué más que una série de grandes misiones que debian
-partir de Antioquía, teniendo por programa la conversion del mundo
-entero. Como todas las grandes resoluciones que se tomaban en la
-Iglesia, fué tambien atribuida aquella al Espíritu Santo. Se creyó ser
-obra de un llamamiento especial, de una eleccion sobrenatural, que se
-supuso haber sido comunicada á la Iglesia de Antioquía mientras ayunaba
-y oraba. Tal vez alguno de los profetas de la Iglesia, Menahem ó Lucio,
-en uno de sus accesos de glosolalia pronunció algunas palabras de las
-cuales pudo deducirse que Pablo y Bernabé estaban predestinados á esta
-mision[825]. En cuanto á Pablo, estaba convencido que Dios le habia
-elegido desde el vientre de su madre para la obra á la cual iba á
-consagrarse enteramente[826].
-
-Los dos apóstoles se agregaron á título de subordinado para secundarles
-en la parte material de su empresa, al Juan Márcos que Bernabé habia
-llevado consigo á Jerusalem[827]. Cuando terminaron los preparativos,
-hubo ayunos y oraciones, y se impusieron las manos á los dos apóstoles
-para indicar que la mision era conferida por la misma Iglesia[828]; se
-les recomendó á la gracia de Dios y partieron[829]. ¿Por qué lado se
-dirigieron? ¿Qué mundo iban á evangelizar? Esto es lo que importa saber.
-
-Todas las grandes misiones cristianas primitivas, se dirigieron hácia
-el oeste, ó en otros términos, tomaron por teatro ó cuadro el imperio
-Romano. Si se exceptúa alguna pequeña parte del territorio de los
-Arsácidas, comprendido entre el Éufrates y el Tigris, el imperio de los
-Partos no tuvo durante el primer siglo misiones cristianas[830]. El
-Tigris fué por el Oriente una barrera que el cristianismo solo traspasó
-en las Sasanidas. Dos grandes causas, el Mediterráneo y el imperio
-Romano, determinaron este hecho capital.
-
-El Mediterráneo era hacia mil años el gran camino por donde habian
-cruzado todas las civilizaciones y todas las ideas. Los romanos habian
-ahuyentado de él la piratería, convirtiéndole en una magnífica via
-de comunicacion. Una numerosa marina de cabotaje hacia más fáciles
-los viajes por la costa de este gran lago. La seguridad relativa que
-ofrecian los caminos del imperio, las garantías que se encontraban
-en los poderes públicos, la difusion de los judíos sobre todo el
-litoral del Mediterráneo, el uso de la lengua griega en toda la parte
-oriental de este mar[831], la unidad de civilizacion que los griegos
-tenian con los romanos, hicieron del mapa del imperio el mapa mismo de
-los países reservados á las misiones cristianas y destinados á ser
-cristianos. El _orbis_ romano llegó á ser el _orbis_ cristiano, y en
-este sentido puede afirmarse que los fundadores del imperio fueron
-tambien los fundadores de la monarquía cristiana, ó al menos diseñaron
-sus contornos. Toda provincia conquistada por el imperio romano, era
-una provincia conquistada al cristianismo. Cuando uno se figura á los
-apóstoles ante una Asia Menor, una Grecia, una Italia dividida en cien
-pequeñas repúblicas, una Galia, una España, un África ó un Egipto
-denominadas por antiguas instituciones nacionales, no se puede esperar
-un buen éxito y mucho menos que haya podido nacer el proyecto. La union
-del imperio era la condicion prévia de todo proselitismo religioso,
-haciéndose superior de las nacionalidades. El imperio lo comprendió
-en el siglo XIV y se hizo cristiano: vió que el cristianismo era la
-religion que él habia creado sin saberlo, la religion limitada por
-sus fronteras, identificada con él, capaz de procurarle una segunda
-vida. La Iglesia por su parte se hizo romana y se ha conservado hasta
-nuestros dias como un recuerdo del imperio. Decid á Pablo que Claudio
-será su primer auxiliar; decid á Claudio que aquel judío que parte de
-Antioquía va á fundar la parte más sólida del edificio imperial, y
-asombrareis al uno y al otro, y sin embargo, esto fué una verdad.
-
-De todos los países extraños á la Judea, el primero donde se estableció
-el cristianismo fué naturalmente en Syria. Los naturales de Palestina y
-el gran número de judíos establecidos en aquella comarca[832], hacian
-inevitable este hecho. Chipre, el Asia Menor, la Macedonia, la Grecia
-y la Italia, fueron visitadas por los hombres apostólicos con algunos
-años de intervalo. El Mediodía de la Galia, la España, y la costa de
-África, aunque se evangelizaron bien pronto, fueron los últimos puntos
-que invadió el cristianismo.
-
-Lo propio sucedió en Egipto. El Egipto no figura apenas en la
-historia apostólica; parece que los misioneros apostólicos le vuelven
-sistemáticamente la espalda. Este país, que á partir del siglo III,
-se convierte en teatro de los acontecimientos más importantes de la
-historia de la religion, fué entonces un atraso para el cristianismo.
-Apolo es el único doctor cristiano salido de la escuela de la
-Alejandría, y aun éste aprendió el cristianismo en sus viajes[833].
-Es necesario atribuir la causa de este notable fenómeno á las pocas
-relaciones que existian entre los judíos de Egipto y los de Palestina,
-y sobre todo al hecho de que el Egipto judío tuvo bajo cierto aspecto
-su especial desarrollo religioso. El Egipto tenia á Philon y los
-terapeutas, este era su cristianismo[834], el cual le dispensaba
-de escuchar al otro con atencion. En cuanto al Egipto pagano,
-poseia instituciones religiosas más sólidas que las del paganismo
-greco-romano[835]; la religion egipciaca estaba todavía en toda su
-fuerza y cercano el momento en que iban á bautizarse los enormes
-templos de Esneh, y de Ombos, en los cuales la esperanza de tener en el
-pequeño Cesarion un último rey Ptolomeo, ó un Mesías nacional, hacia
-salir como de la tierra los santuarios de Dendera, y de Hermontis,
-comparables á las más bellas obras faraónicas. El cristianismo se
-establecia por todas partes sobre las ruinas del sentimiento nacional y
-de los cultos locales. La degradacion de las almas era rara en Egipto,
-y hacia raras las aspiraciones que abrieron al cristianismo tan fáciles
-caminos.
-
-Un relámpago que parte de la Syria, ilumina casi simultáneamente las
-tres grandes penínsulas del Asia Menor, de Grecia y de Italia, y
-que bien pronto seguido de un segundo reflejo abraza casi todas las
-costas del Mediterráneo, hé aquí lo que fué la primera aparicion del
-cristianismo: la marcha de las naves apostólicas es casi siempre la
-misma. La predicacion cristiana parece seguir una huella anterior que
-no es otra que la de la emigracion judía. Como un contagio que teniendo
-su foco en el fondo del Mediterráneo, aparece de repente sobre cierto
-número de puntos del litoral, donde se comunica por una correspondencia
-secreta, el cristianismo tuvo sus puertos de arribada designados en
-cierto modo de antemano. Estos puertos se reconocian casi todos por las
-colonias judías; una sinagoga precedió, en general, al establecimiento
-de la Iglesia: diríase que era una cadena eléctrica por cuya extension
-la idea nueva corria de una manera casi instantánea.
-
-En efecto, despues de ciento cincuenta años el judaismo extendido
-por el Oriente y Egipto, habia tomado su vuelo hácia el Occidente.
-Cirene, Chipre, el Asia Menor, ciertas poblaciones de Macedonia y de
-Grecia, y la Italia tenian juderías importantes[836]. Los judíos daban
-el primer ejemplo de este género de patriotismo que los Partos, los
-Armenios, y hasta cierto punto los Griegos modernos debian mostrar
-más tarde; patriotismo extremadamente enérgico porque no se refiere
-á un determinado suelo; patriotismo de comerciantes extendidos por
-todas partes, reconociéndose por todo como hermanos; patriotismo que
-no conduce á formar estados compactos, pero sí pequeñas comunidades
-autónomas en el seno de los demás Estados. Estos judíos dispersos
-unidos estrechamente entre sí, constituyen en las poblaciones,
-congregaciones casi independientes, teniendo sus magistrados y
-consejos. En ciertas poblaciones tenian su _etnarca_ ó _alabarca_,
-revestido de derechos casi soberanos. Habitaban barrios separados y
-fuera de la jurisdiccion ordinaria, muy despreciados de todo el mundo,
-pero donde reinaba la felicidad. Eran más pobres que ricos, pues no
-habia llegado aún la época de las grandes fortunas judías que empezaron
-en España bajo los Visigodos[837]. El acaparamiento de los negocios
-por los judíos fué el efecto de la incapacidad administrativa de los
-bárbaros, de la repugnancia que inspiró á la Iglesia la ciencia del
-dinero y de sus ideas superficiales sobre el préstamo á interés. En
-el imperio romano nada hay semejante, pues cuando el judío no poseia
-riquezas, era muy pobre, ya que no era aficionado á la agricultura.
-En todo caso sabia sufrir muy bien la pobreza, pero lo que sabia
-más aún era aunar la preocupacion religiosa más exaltada con la más
-rara habilidad comercial. Las excentricidades teológicas no excluyen
-en manera alguna el buen sentido en los negocios. En Inglaterra, en
-América, en Rusia, los sectarios más entusiastas (_irvingianos_, santos
-de los últimos dias, _raskolniks_) son buenos comerciantes.
-
-La propiedad de la vida judía piadosamente practicada ha sido siempre
-la de producir mucha alegría y cordialidad. En aquel pequeño mundo
-todos se amaban; se amaba hasta el mismo pasado; las ceremonias
-religiosas iban adquiriendo poco á poco nueva vida. Habia alguna
-analogía con las distintas comunidades que existen todavía en las
-grandes ciudades turcas, como por ejemplo la griega, armenia, y judía,
-de Esmirna, reducidas cofradías donde se conoce todo el mundo, donde
-todos viven juntos y conspiran juntos. En estas pequeñas repúblicas,
-las cuestiones religiosas dominan siempre á las cuestiones políticas, ó
-más bien aquellas suplen y completan á estas. Una herejía es en ellas
-un asunto de Estado; un cisma tiene siempre por orígen una cuestion de
-personas. Los romanos, salvo raras excepciones, no penetraban jamás
-en aquellos círculos reservados. Las sinagogas promulgaban decretos,
-daban honores[838], y hacian las veces de verdaderas municipalidades.
-Era grande la influencia de estas corporaciones: en Alejandría llegó
-á ser de primer órden, y dominó todo el recinto interior de la
-ciudad[839]. En Roma eran numerosos los judíos[840], y constituian
-un apoyo que nadie desdeñaba. Ciceron presenta como un acto de valor
-haber intentado resistirse á los mismos judíos[841]. César les
-favoreció y les encontró fieles[842]; Tiberio para contenerles tomó
-las más enérgicas medidas[843]; Calígula, cuyo reinado fué para ellos
-nefasto en Oriente, les concedió permiso para asociarse, en Roma[844].
-Claudio que les favorecia en Judea, se vió obligado á echarles de la
-ciudad[845]. Encontrábaseles por todas partes[846] y podia decirse de
-ellos como de los griegos, que vencidos, habian impuesto sus leyes á
-los vencedores[847].
-
-Las disposiciones de las poblaciones indígenas hácia estos extranjeros
-eran muy diversas. Por una parte el sentimiento de repulsion y
-antipatía que producian los judíos por su espíritu de aislamiento
-constante, por su carácter rencoroso, y por sus hábitos insociables,
-se manifestaban de una manera decisiva donde eran más numerosos y
-estaban más organizados[848]. Cuando libres, eran realmente séres
-privilegiados porque gozaban de ciertos beneficios de la sociedad,
-sin sufrir sus gravámenes[849]. Algunos charlatanes explotaban el
-sentimiento de curiosidad que inspiraba su culto, y bajo el pretexto de
-explicar sus secretos cometian toda clase de pillerías[850]. Algunos
-folletos violentos y satíricos, como el de Apion, de los cuales los
-escritores profanos han dado frecuentemente reseñas[851], circulaban
-sirviendo de alimento para excitar la cólera del público pagano. Los
-judíos parecen haber sido en general séres mezquinos, que de todo se
-quejaban. Veíase en ellos á una sociedad secreta, mal intencionada
-para el resto de los hombres, cuyos miembros se vendian á cualquier
-precio en detrimento de los otros[852]. Sus costumbres, su aversion
-á ciertos alimentos, su dejadez, su falta de distincion, el mal olor
-que exhalaban[853], sus escrúpulos religiosos, sus minuciosidades en
-la observancia del sábado, se consideraban como ridiculeces[854]. Una
-vez introducido en la sociedad, el judío por una consecuencia natural,
-no tenia cuidado alguno en parecer fino. Por eso se les encontraba
-por todas partes con sus trajes sucios, aire tosco, andar fatigado,
-cara pálida, ojos enfermizos[855], y cierta expresion de beatitud,
-formando sus mujeres grupo á parte, con sus hijas, sus paquetes de
-mercancías y sus canastos que constituian todo su mobiliario[856]. En
-las poblaciones ejercian los tráficos más despreciables: mendigos,[857]
-ropavejeros, ó vendedores de fósforos[858]. Despreciábase injustamente
-su ley y su historia. Tan pronto se les creia supersticiosos[859],
-y crueles[860]; como ateos, ó contentadores de los dioses[861].
-Su aversion hácia las imágenes era una prueba de su impiedad. La
-circuncision sobre todo ofrecia asunto para las interminables burlas
-que se les dirigian[862].
-
-Pero estos juicios superficiales no eran los de todos; los judíos
-tenian tantos amigos como detractores; su formalidad, sus buenas
-costumbres, la sencillez de su culto gustaban á mucha gente. Veíase en
-ellos algo de superior. Organizábase una vasta propaganda monoteista y
-mosaica[863]; y una especie de torbellino poderoso se iba formando al
-rededor de aquel pequeño pueblo. El pobre judío de Trastévere[864],
-que salia por la mañana con sus mercancías, entraba con frecuencia
-por la noche enriquecido con las limosnas procedentes de manos
-piadosas[865]. Sobre todo las mujeres iban en grupos á buscar á estos
-misioneros[866]. Juvenal[867] califica de vicio la inclinacion de
-las damas de aquella época hácia la religion judía y las critica por
-esto. Las que se habian convertido aseguraban que eran completamente
-felices[868] pero el antiguo espíritu helénico y romano resistia
-enérgicamente; el desprecio y el ódio hácia los judíos se revela en
-todos los hombres ilustrados tales como Ciceron, Horacio, Séneca,
-Juvenal, Tácito, Quintiliano y Suetonio[869]. Por el contrario, aquella
-enorme masa de poblaciones mezcladas que el imperio habia sometido,
-á las cuales era extraño el espíritu romano y la sabiduría helénica,
-corrian en tropel hácia una sociedad en que encontraban ejemplos
-interesantes de concordia, de caridad, de socorros mútuos[870],
-de simpatía, de aficion al trabajo[871] y de altiva pobreza. La
-mendicidad, que fué más tarde enteramente cristiana, era entonces
-completamente judía. El mendigo de profesion, _formado por su madre_,
-se presentaba á la imaginacion de los poetas de aquel tiempo como un
-judío[872].
-
-La exencion de ciertas cargas civiles y en particular de la milicia
-hacia en cierto modo envidiable la suerte de los judíos[873]. El Estado
-entonces pedia muchos sacrificios y daba pocas alegrías morales; todo
-estaba frio y desanimado y la vida tan triste en el seno del paganismo,
-adquiria todo su encanto en la tibia atmósfera de la sinagoga y de
-la iglesia. Allí, sin embargo, no se encontraba libertad puesto que
-los correligionarios se espiaban sin cesar los unos á los otros;
-pero aunque la vida interior de estas pequeñas comunidades fuese muy
-agitada, se gozaba infinitamente: nadie las abandonaba y no habia
-apóstatas. El pobre estaba contento en ellas; miraba sin envidia
-la riqueza y con la tranquilidad de una buena conciencia[874]. El
-sentimiento verdaderamente democrático de la locura mundana, de la
-vanidad de las riquezas y de las grandezas profanas, expresábase allí
-claramente. Se ha comprendido poco el mundo pagano y se le ha juzgado
-con demasiada severidad; la civilizacion romana se ha presentado como
-foco de todas las inmoralidades y de vicios odiosos[875], de la misma
-manera que un obrero de nuestros tiempos, imbuido en las doctrinas
-socialistas, se representa á los _aristócratas_ bajo los más negros
-colores. Pero allí habia animacion, alegría é interés, como sucede hoy
-dia en las más pobres sinagogas de Polonia y de Galitzia. La falta de
-elegancia y delicadeza en las costumbres se compensaba por un agradable
-espíritu de familia y de honradez patriarcal. En la sociedad elevada,
-por el contrario, el egoismo y el aislamiento de las almas habian dado
-su último fruto.
-
-La parábola de Zacarías[876] se realizaba: el mundo iba á cogerse de
-los vestidos de los judíos para decirles: «Llevadnos á Jerusalem.» No
-habia poblacion grande donde no se celebrara el sábado, el ayuno y las
-demás ceremonias del judaismo[877]. Josefo[878] se atreve á invitar á
-los que duden á que consideren el estado de su patria y hasta su propia
-casa, y vean si no se encuentra en ellas la confirmacion de lo que
-dice. La presencia en Roma y cerca del emperador de varios miembros de
-la familia de los Herodes, los cuales practicaban su culto delante de
-todo el mundo[879], contribuia mucho á esta publicidad. El sábado, se
-imponia como una necesidad á las clases menesterosas en los barrios
-donde habia judíos. Su obstinada resistencia en no abrir las tiendas
-en semejante dia obligaba á los vecinos á modificar sus costumbres, y
-á esto se debe sin duda que en Salónica se observe el sábado aún en la
-actualidad, tanto más cuanto que la poblacion judía es allí demasiado
-numerosa y rica para dejar de imponer la ley y regular el dia del
-descanso cerrando sus despachos.
-
-Así como el judío, á quien con frecuencia acompañaba, el sirio era un
-instrumento activo de la conquista del Occidente por el Oriente[880];
-se le confundia con frecuencia, y Ciceron creia haber encontrado
-el retrato comun á entrambos, llamándoles _naciones nacidas para
-la esclavitud_[881]. Esto era lo que les aseguraba el porvenir, ya
-que el porvenir era entonces de los esclavos. El carácter del sirio
-se distinguia principalmente por su volubilidad, su ligereza, y el
-despejo superficial de su espíritu. La naturaleza siria es como una
-imágen fugitiva en las nubes del cielo; por momentos suele trazar
-ciertas líneas con gracia, pero estas líneas, no llegan á formar jamás
-un dibujo completo. En la sombra, á la pálida luz de una lámpara, la
-mujer siria, cubierta con sus velos, con sus miradas vagas y languidez
-infinita, produce alguna ilusion; pero al analizar esta belleza todo se
-evapora, todo es ficticio.
-
-Lo único que la raza siria tiene de agradable, es el niño de cinco ó
-seis años; en la raza griega, por el contrario, el niño es inferior al
-jóven adulto, y éste inferior al anciano[882]. La inteligencia siria
-halaga por su prontitud y ligereza; pero le falta fijeza, solidez; es
-como ese _vino de oro_ del Líbano, que causa un transporte agradable
-pero del cual nos cansamos pronto. Los verdaderos dones de Dios deben
-tener algo á la vez de delicados y de fuertes, de embriagadores y de
-durables. La Grecia es hoy más apreciada que nunca y lo será cada dia
-más y más.
-
-Muchos emigrados sirios á quienes el deseo de hacer fortuna llevaba
-al Occidente estaban más ó menos unidos al judaismo, y los que no,
-permanecian fieles al culto de su ciudad[883], es decir, al recuerdo de
-algun templo dedicado á un _Júpiter_ local[884], que era generalmente
-su Dios supremo, á quien daban algun título particular[885]. Esto era
-en el fondo una especie de monoteismo que los sirios encubrian con el
-culto de sus extraños dioses.
-
-Comparados con las personalidades divinas completamente distintas
-entre sí que ofrecia el politeismo griego y romano, los dioses de que
-se trata, en su mayor parte sinónimos del Sol, eran casi hermanos
-del Dios único[886]. Semejantes á ciertas melopeas enervantes, los
-cultos sirios podian parecer menos áridos, más expresivos que el culto
-griego, y las mujeres de Siria la observaban con cierta exaltacion y
-voluptuosidad. Estas mujeres fueron en todo tiempo séres extraños que
-fluctuaban entre el demonio y Dios, entre la santa y poseida; la santa
-de virtudes severas, de heróicos sacrificios y de firme resolucion,
-pertenece á otras razas y otros climas; la santa de imaginacion
-ardiente, de arrebatos absolutos y de súbitos amores, es la santa
-de Siria. La poseida de nuestra edad media es la esclava de Satanás
-por su humillacion ó sus pecados; la poseida de Siria es la loca por
-idealismo, la mujer que se siente herida en sus sentimientos, que se
-venga con frenesí ó se encierra en el mutismo[887] que no espera para
-curarse más que una palabra dulce ó una dulce mirada. Trasportadas al
-mundo occidental, estas Sirias adquirian influencia, algunas veces
-por malas artes de mujer, y otras por cierta superioridad moral y una
-verdadera disposicion. Esto se vió ciento cincuenta años despues,
-cuando los personajes más importantes de Roma se casaron con Sirias,
-las cuales tomaron un gran ascendiente en los asuntos públicos.
-La mujer musulmana de nuestros dias, especie de comadre chillona,
-estúpidamente fanática, que no existiendo sino para el mal, es incapaz
-de virtud alguna, no debe hacernos olvidar á las Julia Domna, á las
-Julia Mæsa, Julia Mamæa y Julia Soemia, que introdujeron en Roma,
-en punto á religion, una tolerancia y unas tendencias místicas
-desconocidas hasta entonces. Lo más notable es, que la dinastía siria
-se mostró favorable al cristianismo, y que Mameo, y más tarde el
-emperador Felipe el Árabe[888], se consideraron como cristianos. En
-los siglos III y IV, el cristianismo fué por excelencia la religion
-de Siria; despues de Palestina, Siria fué la que tuvo más parte en la
-fundacion de aquel.
-
-En Roma sobre todo, y durante el primer siglo, fué donde el sirio
-comenzó á desplegar su infatigable actividad: dedicado á los más
-humildes oficios, tales como lacayo, mozo de cuerda, cochero etc.,
-el _Syrus_[889] entraba por todas partes, introduciendo consigo la
-lengua y las costumbres de su país[890]. No tenia la altivez ni los
-conocimientos filosóficos de los Europeos, y mucho menos su vigor, pues
-débil de cuerpo, pálido, atacado con frecuencia por la fiebre, sin
-observar método en las horas de comer y dormir, como hacen nuestras
-robustas razas, alimentándose solo de cebollas y otros vegetales, y
-dedicando muy pocas horas al sueño, el Sirio moria jóven y estaba
-generalmente enfermo[891]. Sus cualidades dominantes eran la humildad,
-la dulzura, la afabilidad, poca solidez de espíritu y no muy buen
-sentido, excepto cuando se trataba de sus negocios; pero en cambio
-era muy ardiente, aunque algo afeminado. Como el Sirio no ha tomado
-nunca parte en la vida política, tiene una aptitud especial para todos
-los asuntos religiosos, y bien puede decirse que ese pobre Maronita,
-afeminado, humilde y andrajoso, ha llevado á cabo la más grande de
-las revoluciones. Su antecesor, el _Syrus_ de Roma, fué el que mostró
-más celo para llevar la buena nueva á los afligidos; todos los años
-iban á Grecia, á Italia y á la Galia, colonias enteras de estos Sirios
-impulsados por su aficion natural á los pequeños negocios[892], y
-era fácil reconocerles en los buques por sus numerosas familias,
-que siempre les seguian, siendo de notar en aquellas, sus hermosos
-niños, sus jóvenes madres, de aspecto infantil, siempre risueñas y
-sumisas al lado de sus esposos[893]. Las cabezas que se destacan en
-estos tranquilos cuadros de familia, son poco acentuadas, no pueden
-compararse con las de Arquímedes, de Platon, ó de Fidias; pero en
-cambio, el mercader Sirio al llegar á Roma, es un hombre bueno y
-misericordioso, caritativo con sus compatriotas y amante de los
-pobres; habla con los esclavos y les indica un asilo donde estos
-infelices, reducidos por la dureza de los Romanos al más desconsolador
-aislamiento, puedan encontrar alivio y consuelo. Las razas griegas y
-latinas, razas de señores, que han nacido para lo grande, no saben
-sacar partido de tan humilde posicion[894]; el esclavo de estas razas
-pasaba su vida en la insubordinacion y el deseo de hacer mal; el
-esclavo ideal de la antigüedad tiene todos los defectos imaginables; es
-goloso, embustero, malo y enemigo natural de su dueño,[895] y con esto,
-probaba en cierto modo su nobleza, protestando contra una ley opuesta á
-la naturaleza. El buen Sirio no protestaba; aceptaba su ignominia, y á
-fin de sacar el mejor partido posible, captábase la buena voluntad de
-su amo, se atrevia á hablarle y procuraba complacer á su señora. Este
-gran agente de la democracia iba así deshaciendo malla por malla la red
-de la civilizacion antigua; las viejas sociedades, fundadas sobre el
-desprecio, sobre la desigualdad de las razas, sobre el valor militar,
-estaban perdidas para siempre. La debilidad y la humillacion, van á ser
-una ventaja para el perfeccionamiento de la virtud[896]; la nobleza
-romana y la sabiduría griega, lucharán aún tres siglos; á Tácito le
-parecerá bien deportar á millares de esos infelices; _si interissent,
-vile damnum_[897]! y la aristocracia romana se irritará, llevando á
-mal tengan sus dioses y sus instituciones. Está sin embargo escrito
-de antemano quién ha de alcanzar la victoria; será el Sirio, el pobre
-hombre que ama á sus semejantes, que comparte con ellos lo que tiene y
-que se asocia con ellos; la aristocracia romana tiene que perecer por
-su impiedad.
-
-Para explicarnos la revolucion que va á realizarse, es necesario darnos
-cuenta del estado político, social, moral, intelectual y religioso
-del país donde el proselitismo judío habia abierto surcos que debia
-cubrir la predicacion cristiana. Espero que este estudio demostrará
-evidentemente que la conversion del mundo á las ideas judías y
-cristianas, era inevitable, y que no es de extrañar más que una cosa:
-que esa conversion se haya verificado con tanta lentitud y tan tarde.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XVII.
-
-Estado del mundo hácia mediados del primer siglo.
-
-
-[Marginal: Año 45]
-
-El estado político del mundo era de los más tristes: toda la autoridad
-se hallaba concentrada en Roma y en las legiones, y allí tenian lugar
-las escenas más vergonzosas y degradantes que puedan imaginarse. La
-aristocracia romana que habia conquistado el mundo y que al fin se
-quedó sola al frente de los negocios públicos bajo los Césares, se
-entregaba á una saturnal de crímenes, la más desenfrenada que pueda
-recordar el género humano. César y Augusto comprendieron perfectamente
-al establecer el principado las necesidades de su época; el mundo
-era tan mezquino bajo el punto de vista político, que no era posible
-ningun otro gobierno, y desde que Roma habia conquistado provincias sin
-número, la antigua constitucion fundada sobre el privilegio de familias
-patricias, especie de _tories_ obstinados y malévolos, no podia
-subsistir[898]. Pero Augusto habia faltado á todos los deberes del
-verdadero político, confiando el porvenir á la casualidad. Sin reglas
-fijas de adopcion, sin ley electoral, sin límites constitucionales, el
-cesarismo era como un peso colosal en el puente de un navío sin lastre.
-Hacíanse inevitables las más terribles sacudidas: tres veces en un
-siglo, bajo Calígula, Neron y Domiciano, recayó en manos de hombres
-execrables y extravagantes el más grande poder que haya existido jamás,
-y de ahí la série de horrores que casi excedieron á los cometidos por
-los mónstruos de las dinastías mongolas.
-
-Entre esos fatales soberanos, se vé uno reducido casi á dispensar un
-Tiberio, que no fué completamente malo sino hácia el fin de su vida,
-y á un Claudio, que solo fué extravagante y se dejó guiar de malos
-consejos: Roma llegó á ser una escuela de corrupcion y crueldad, mas
-es preciso añadir que el mal venia sobre todo de Oriente, de esos
-cortesanos de baja estofa, de esos hombres infames que el Egipto y
-la Siria enviaban á Roma[899], donde aprovechándose de la opresion
-que ejercian los verdaderos romanos, creíanse todos poderosos al lado
-de los bribones que gobernaban. Las más extravagantes ignominias del
-imperio, tales como la apoteosis del emperador y su divinizacion cuando
-aún vivia, procedian del Oriente y sobre todo de Egipto, que era
-entonces uno de los países más corrompidos del Universo[900].
-
-En efecto el verdadero espíritu romano dominaba aún: la nobleza
-romana estaba muy lejos de extinguirse; el orgullo y la virtud se
-conservaban todavía en algunas familias que subieron al poder con
-Nerva, contribuyendo al esplendor del siglo del que Tácito ha sido tan
-elocuente intérprete. No se debia desesperar de una época en que iban
-á producirse hombres tan rectos como Quintiliano, Plinio el Jóven, y
-Tácito; el desbordamiento de la superficie no alcanzó al gran fondo de
-honradez de la buena sociedad romana; algunas familias ofrecian aún
-ejemplos de abnegacion, de órden de concordia y sólida virtud, y aún
-se encontraban admirables esposas y hermanas[901]. ¿Puede darse caso
-más sublime que el de aquella jóven y casta Octavia, hija de Claudia,
-esposa de Neron, que conservándose pura al través de todas infamias,
-fué muerta á los veinte y dos años sin haber experimentado jamás un
-momento de alegría? Las mujeres calificadas en las inscripciones de
-_castissimæ_, _univiræ_ no son raras[902]: muchas esposas acompañaron
-á sus maridos al destierro[903]; otras compartieron su noble
-muerte[904]; conservábase la antigua sencillez romana; era esmerada la
-educacion de los hijos, y las más nobles mujeres trabajaban en toda
-clase de labores[905]. Los cuidados del tocador eran casi desconocidos
-en algunas familias[906].
-
-Los excelentes hombres de Estado, que por decirlo así, salieron de
-la tierra en tiempo de Trajano, no se improvisaron, habian servido
-en los reinados anteriores, solo que tuvieron poca influencia para
-ponerse en pugna con los favoritos del emperador. Tambien bajo Neron
-ocuparon los más elevados cargos hombres de gran valía, pero con
-aquellos malos emperadores no era dable cambiar la marcha general de
-los negocios ni los principios del Estado. El imperio no obstante
-lejos de haber entrado en el período de la decadencia, ostentábase
-en toda la fuerza de la más robusta juventud; la decadencia no debia
-venir hasta doscientos años más tarde, y ¡cosa extraña! con soberanos
-mucho mejores. Bajo el punto de vista político, la situacion era
-análoga á la de Francia, que careciendo desde la Revolucion de una
-regla constantemente seguida en la sucesion de los poderes, puede
-atravesar críticos períodos sin que su organizacion interior y su
-fuerza nacional se resientan demasiado. Bajo el punto de vista moral,
-se puede comparar el tiempo de que hablamos con el siglo XVIII, época
-que se creeria del todo corrompida si se la juzgase por las memorias,
-la literatura manuscrita y las colecciones de anécdotas, y en que sin
-embargo ciertas familias son tan austeras en sus costumbres[907].
-
-La filosofía haciendo alianza con las familias romanas más honradas se
-resistia noblemente; la escuela estóica producia personajes notables
-como Cremucio Cordo, Trásea, Arria, Helvidio Prisco, Anneo Cornuto y
-Musonio Rufo, maestros admirables de aristocrática virtud. La rigidez y
-exageraciones de aquella escuela provenian de la horrible crueldad del
-gobierno de los Césares; el sentimiento perpétuo del hombre de bien era
-endurecerse en los suplicios y prepararse á la muerte[908]. Lucano, con
-mal gusto, Persio, con un talento superior, expresaban los más altos
-sentimientos de un alma grande; Séneca el Filósofo, Plinio el Viejo
-y Papirio Fabiano, eran modelo de ciencia y filosofía. Habia hombres
-sabios, pero con frecuencia no les quedaba más recurso que morir; los
-miembros más innobles de la humanidad dominaban á veces la situacion;
-el vértigo de la crueldad más refinada se desbordaba en ciertas
-ocasiones, convirtiendo á Roma en un verdadero infierno[909].
-
-Aquel gobierno, tan notablemente desigual en Roma, era mucho mejor
-en las provincias donde se notaban poco las sacudidas que conmovian
-la capital. Á pesar de sus defectos, la administracion romana valia
-más que las monarquías y las repúblicas suprimidas por la conquista;
-la época de las municipalidades soberanas habia pasado hacia siglos,
-pues los pequeños Estados fueron destruyéndose á sí mismos por su
-egoismo, su ignorancia y su envidia. La antigua vida griega, reducida
-á continuas luchas, no satisfacia ya á nadie, pues si bien fué en un
-tiempo deliciosa, aquel brillante olimpo formado de una democracia
-de semidioses, habia perdido su frescura y lozanía convirtiéndose
-en un conjunto seco, insignificante, vano y superficial. Esto es lo
-que constituyó la legitimidad de la dominacion macedoniana y luego
-de la administracion romana: el imperio no conocia los efectos de la
-centralizacion, y hasta el tiempo de Diocleciano dejó á las provincias
-y á las ciudades mucha libertad. En Palestina, en Siria, en el
-Asia Menor, en la pequeña Armenia y en la Tracia, existian bajo la
-proteccion de Roma reinos casi independientes que no fueron un peligro
-desde Calígula, sino porque no se tuvo cuidado de observar con ellos
-las reglas trazadas por la grande y profunda política de Augusto[910].
-Las ciudades libres, que eran muy numerosas, se gobernaban segun sus
-leyes, disponiendo del poder legislativo y de todas las magistraturas
-de un Estado autónomo, y hasta el siglo tercero los decretos
-municipales se expedian con la siguiente fórmula: _El senado y el
-pueblo_[911]. Los teatros no servian solo para recrearse en la escena,
-sino que eran focos de política y de movimiento; la mayor parte de
-las ciudades podian considerarse por varios conceptos como pequeñas
-repúblicas, y no habian perdido sino el derecho de declararse la
-guerra,[912] derecho funesto que habia convertido el mundo en un campo
-de batalla. Los beneficios del pueblo romano hácia la humanidad,
-constituian el tema de aduladoras declamaciones que no carecian sin
-embargo de sinceridad[913]. El culto de la «paz romana»[914], la idea
-de una gran democracia, organizada bajo la tutela de Roma, constituian
-el fondo de todos los pensamientos[915] y discusiones, y un orador
-griego desplegó una vasta erudicion para probar que la gloria de Roma,
-debia ser acogida por todas las ramas de la raza Helénica, como una
-especie de patrimonio comun[916]. Por lo que hace á la Siria, al Asia
-Menor y al Egipto, puede decirse que la conquista romana no destruyó su
-libertad, porque estos países estaban muertos hacia mucho tiempo para
-la vida política ó no la habian conocido nunca.
-
-En suma, á pesar de las exacciones de los gobernadores, y las
-violencias inseparables de un gobierno absoluto, el mundo no habia
-sido nunca tan feliz como hasta entonces bajo muchos conceptos. Era tan
-ventajosa una administracion que procediese de un centro lejano, que
-aun las rapiñas de los pretores de los últimos tiempos de la república
-no bastaron para hacerla odiosa.
-
-Por otra parte, la ley _Julia_, habia limitado mucho los abusos y las
-concusiones; las locuras ó crueldades del emperador, exceptuando á
-Neron, no contagiaron sino á la aristocracia romana y á la camarilla
-del príncipe, y jamás vivieron más á gusto los hombres que no querian
-ocuparse de la política. Las repúblicas de la antigüedad, en que
-cada uno se veia obligado á ocuparse de las disensiones de los
-partidos[917], no eran nada convenientes para la vida tranquila, pues á
-cada momento se encontraba uno comprometido ó proscripto; pero la época
-de que vamos hablando era la más á propósito para el proselitismo ó las
-rivalidades de la dinastía. Los atentados contra la libertad provenian
-de un resto de independencia en las provincias, más bien que de la
-administracion romana[918]. Ya hemos tenido y tendremos aún ocasion de
-demostrar esto en nuestra historia.
-
-En aquellos países donde no existian hacia siglos las necesidades
-políticas y que solo se veian privadas del derecho de desgarrarse en
-continuas guerras, el imperio fué una era de prosperidad y bienestar
-como jamás se ha conocido[919], y aun puede decirse de libertad.
-Por una parte, llegó á ser posible la libertad del comercio y de la
-industria, de que no tenian idea las repúblicas griegas; por otra, la
-libertad del pensamiento se estableció bajo un nuevo régimen; libertad
-que puede aplicar mejor un rey ó un príncipe, que no la gente ignorante
-y envidiosa, y que no tuvieron las antiguas repúblicas. Los griegos
-hicieron sin esto grandes cosas merced á su incomparable genio, pero
-no debe olvidarse que Atenas tenia su inquisicion[920]. El inquisidor
-era el arconte-rey; el santo oficio el pórtico real, de donde salian
-las acusaciones de «impiedad,» por cierto muy numerosas. No solo los
-delitos filosóficos, tales como negar á Dios ó á la Providencia,
-sino tambien los más insignificantes atentados contra los cultos,
-la predicacion de las religiones extranjeras y las más pueriles
-infracciones contra la escrupulosa legislacion de los misterios, eran
-crímenes que llevaban consigo la muerte. Los dioses que Aristófanes
-ridiculizaba en la escena, mataban algunas veces, y la prueba es
-que quitaron la vida á Sócrates y que Alcibiades estuvo á punto de
-perder la suya. Anaxágoras, Protágoras, Teodoro el Ateo, Diágoras de
-Melos, Pródico de Céos, Estilpon, Aristóteles, Theophrasto, Aspasia y
-Eurípides[921], se vieron tambien perseguidos. La libertad de pensar
-fué en suma el fruto de las soberanías salidas de la conquista
-macedoniana; los Atales y Ptolomeos fueron los primeros que facilitaron
-á los hombres pensadores las ventajas que nunca les ofrecieran las
-antiguas repúblicas; el imperio romano seguia la misma tradicion; y
-si es cierto que bajo él se cometió contra los filósofos más de un
-acto arbitrario, esto era debido á que se ocupaban de política[922].
-Inútilmente se buscaria en la coleccion de las leyes romanas anteriores
-á Constantino, un texto contra la libertad de pensar; y en la historia
-de los emperadores, un proceso de doctrina abstracta; no se molestó
-á ningun sabio, y hombres que la edad media hubiese quemado, tales
-como Galeno, Luciano y Plotino, vivieron tranquilos protegidos por la
-ley. El imperio inauguró tal período de libertad en este sentido, que
-destruyó la soberanía absoluta de la familia, de la sociedad y de la
-tribu, reemplazando todas estas con la del Estado. Ahora bien, un poder
-absoluto es tanto más vejatorio cuanto que se ejerce en un círculo
-más limitado; las repúblicas antiguas y el feudalismo, tiranizaron al
-individuo mucho más que el Estado, y si bien es cierto que el imperio
-romano persiguió sin tregua en ciertas épocas al cristianismo[923],
-al menos no le contuvo en su carrera, lo cual no hubiera sucedido
-seguramente con las repúblicas. Á no ser por la opresion de la
-autoridad romana, el judaismo hubiera bastado para ahogarle; los
-magistrados romanos[924] fueron los que impidieron á los fariseos
-matar al cristianismo.
-
-Elevadas ideas de fraternidad universal, hijas en su mayor parte del
-estoicismo[925], y una especie de sentimiento humanitario, eran el
-fruto del régimen menos limitado y de la educacion menos exclusiva á
-que se sometia al individuo[926]. Soñábase con una nueva era y nuevos
-mundos[927]: la riqueza pública era grande y á pesar de la imperfeccion
-de las doctrinas económicas de la época, habia poca miseria; las
-costumbres no eran lo que se cree con frecuencia, si bien es cierto
-que en Roma reinaba el vicio con un cinismo repugnante[928], siendo
-principalmente los espectáculos un foco de espantosa corrupcion.
-Ciertos países como el Egipto habian descendido tambien al último grado
-de abyeccion; pero hallábase en la mayor parte de las provincias una
-clase media, modelo de bondad, de fé conyugal, de virtud doméstica y de
-honradez[929]. ¿Existe en alguna parte un ideal de la vida de familia,
-más encantador que el que Plutarco nos ha dejado? ¡Qué buena fé, qué
-dulzura de costumbres, qué castidad y amable sencillez[930]! Queronea
-no era seguramente el único punto donde fuese tan ejemplar é inocente
-la vida.
-
-Por lo demás, las costumbres, aun fuera de Roma, tenian algo de
-crueles, ya por efecto de las costumbres antiguas tan sanguinarias en
-todas partes, ó bien por la influencia especial de la dureza romana;
-pero ya se iba progresando en este punto. ¿Qué sentimiento dulce y
-puro, qué impresion de melancólica ternura no hallaron bajo la pluma de
-Virgilio ó de Tíbulo su expresion más delicada? El mundo iba perdiendo
-su dureza y su primitivo rigor, adquiriendo en cambio sensibilidad y
-buenos sentimientos; las máximas humanitarias se propagaban[931] por
-todas partes; el estoicismo[932] predicaba por do quiera la igualdad,
-y la idea abstracta de los derechos del hombre; la mujer, gracias al
-sistema dotal del derecho romano, iba siendo cada vez más dueña de
-sí misma, y los preceptos acerca del modo de tratar á los esclavos
-se elevaban[933]. Séneca comia con los suyos[934]; el esclavo no
-es ya ese sér grotesco y malo que la comedia latina introduce para
-excitar la risa, y que Caton recomienda sea tratado como una bestia
-de carga[935]. Ahora los tiempos han cambiado mucho: el esclavo es
-moralmente igual á su amo; se admite que sea capaz de tener virtud,
-fidelidad y abnegacion, y da pruebas de ello[936]; las preocupaciones
-sobre la nobleza de nacimiento desaparecen[937], estableciéndose
-leyes muy humanas y equitativas aun en tiempos de los emperadores más
-malos[938]. Tiberio, que era un hábil hacendista, fundó bajo excelentes
-bases un establecimiento de crédito[939].
-
-Neron introdujo en el sistema de los impuestos, hasta entonces inícuo
-y bárbaro, perfeccionamientos que envidiaria nuestra época[940]; y por
-último, el progreso de la legislacion era notable por más que la pena
-de muerte se prodigara aún estúpidamente. El amor al pobre, la simpatía
-hácia todos, y la caridad, constituian las principales virtudes[941].
-
-El teatro era uno de los escándalos más insoportables para las gentes
-honradas, y una de las primeras causas que excitaron la antipatía de
-los judíos y de los judaizantes de toda especie contra la civilizacion
-profana de la época. Parecíales el teatro una cloaca inmunda donde se
-desarrollaban todos los vicios, y en tanto que en las primeras filas
-se aplaudia frenéticamente, los espectadores de las gradas no podian
-menos de dar á conocer su repugnancia. En las provincias tenian lugar
-las luchas de gladiadores, pero inspiraban cierta aversion, y los
-países helénicos que las reprobaban, continuaron celebrando con más
-frecuencia los antiguos ejercicios griegos[942]; los juegos sangrientos
-tuvieron siempre en Oriente un carácter romano muy pronunciado[943], y
-dícese que habiendo querido los atenienses, por emulacion contra los
-corintios[944], imitar estos juegos bárbaros, levantóse un filósofo y
-pidió que se derribase el altar de la Piedad[945]. El horror al teatro,
-al estadio y al gimnasio, es decir, á los sitios públicos, y á todo lo
-que constituia esencialmente una vida griega y romana, fué por estas
-razones uno de los sentimientos más profundos de los cristianos, y uno
-de los que produjeron consecuencias de más importancia. La civilizacion
-antigua era una civilizacion pública; las cosas pasaban al aire libre
-ante los ciudadanos reunidos, sucedia lo contrario que en nuestras
-sociedades donde la vida es privada y todo se hace de puertas adentro.
-El teatro habia heredado del _ágora_ y del _forum_; el anatema lanzado
-sobre el teatro cayó sobre toda la sociedad; establecióse una rivalidad
-profunda entre la Iglesia por una parte y los juegos públicos por la
-otra, y expulsados de estos el esclavo, se refugió en el templo. No
-me he sentado nunca en aquellas solitarias arenas, que son siempre
-los restos mejor conservados de una ciudad antigua, sin haber visto
-mentalmente la lucha de dos mundos; aquí el hombre honrado, medio
-cristiano, sentado en la última grada de un teatro y tapándose el
-rostro para ocultar su vergüenza é indignacion, y allí un filósofo
-levantándose de pronto para echar en cara á la multitud su bajeza[946].
-Estos ejemplos eran raros en el primer siglo, mas no obstante, las
-protestas[947] iban produciendo su efecto y el teatro empezaba á ser
-muy mal visto[948].
-
-La legislacion y las reglas administrativas del imperio eran todavía un
-verdadero caos: el despotismo central, las franquicias municipales y
-provinciales, el capricho de los gobernadores, y las violencias de las
-comunidades independientes chocaban entre sí de una manera extraña,
-pero la libertad religiosa dominaba estos conflictos, si bien la
-perfecta administracion unitaria que se estableció desde Trajano, habia
-de ser mucho más fatal para el culto naciente que el estado irregular
-desordenado y sin rigurosa política del tiempo de los Césares.
-
-Las instituciones benéficas, fundadas bajo el principio de que
-el Estado tiene deberes paternales para con sus miembros, no se
-desarrollaron en grande escala sino desde Nerva y Trajano[949],
-aun cuando se encuentran algunos vestigios de aquellas en el siglo
-primero[950], puesto que ya se facilitaban socorros á los niños[951]
-y alimento á los indigentes, y se tomaban precauciones para asegurar
-el abastecimiento, facilitándose tambien bonos de pan que permitian
-comprar el trigo á un precio reducido[952]. Todos los emperadores,
-sin excepcion, demostraron la mayor solicitud en aquellas cuestiones,
-secundarias si se quiere, pero que en ciertas épocas se anteponen á
-las demás. En la remota antigüedad, puede decirse que el mundo no
-necesitaba caridad; pues siendo entonces jóven y valiente hacíase
-inútil el hospital; la buena y sencilla moral homérica, segun la
-que, el huésped y el mendigo vienen de parte de Júpiter[953], es la
-moral de los robustos y alegres adolescentes. En su edad clásica, la
-Grecia anunció las más exquisitas máximas de piedad, de humanidad
-y beneficencia para que desapareciese la inquietud social ó la
-melancolía[954], y en aquella época el hombre disfrutaba aún de
-felicidad y salud. Respecto á las instituciones de socorros mútuos,
-los griegos las tuvieron mucho antes que los romanos[955]; bien es
-verdad que de aquella cruel nobleza que ejerció durante la república
-tan indigna opresion, no salió nunca ninguna disposicion liberal ó
-benévola. En aquel tiempo las colosales fortunas de la aristocracia,
-el lujo, las grandes aglomeraciones de hombres en ciertos puntos,
-y sobre todo la dureza de corazon particular de los Romanos, y su
-aversion á la piedad[956], dieron orígen al «pauperismo»; y mientras
-las complacencias de ciertos emperadores hácia la canalla de Roma no
-hacia más que agravar el mal, los _tesserae frumentariae_ estimulaban
-el vicio y la ociosidad, en vez de buscar un remedio para la miseria.
-En esto, como en otras muchas cosas, el Oriente tenia sobre el mundo
-occidental una superioridad real y efectiva; los judíos poseian
-verdaderas instituciones caritativas; parece que los templos de Egipto
-habian tenido algunas veces una caja para los pobres[957]; la casa de
-reclusos y reclusas del Serapeo de Menfis[958], era tambien en cierto
-modo un establecimiento de caridad, y en fin, puede decirse que la
-crísis terrible que atravesaba la capital del Imperio, se dejaba sentir
-poco en los países lejanos, donde la vida era más tranquila. Roma
-merecia por muchos conceptos que se la acusara de haber envenenado la
-tierra, comparándola con una cortesana que habia escandalizado al mundo
-con su inmoralidad[959]. La provincia valia más que Roma, ó más bien,
-los elementos impuros que de todas partes afluian á la gran ciudad,
-habíanla convertido en un foco infecto donde se ahogaban las antiguas
-virtudes romanas, mientras las buenas semillas se iban desarrollando
-muy lentamente.
-
-El estado intelectual de las diversas partes del Imperio era asimismo
-muy poco satisfactorio: bajo este punto de vista reinaba una verdadera
-decadencia. Cultivar el talento, no es tan independiente de las
-circunstancias políticas como lo es cultivar la moral privada: Marco
-Aurelio fué ciertamente un hombre más de bien que todos los antiguos
-filósofos griegos, y sin embargo sus nociones positivas sobre las
-variedades del universo son inferiores á las de Aristóteles y Epicuro,
-pues cree por momentos en los Dioses, en los sueños y en los presagios,
-figurándose que los primeros son personajes completos y distintos.
-En la época romana, hubo en el mundo un progreso de moralidad á la
-vez que un período de decadencia científica: decadencia muy notable
-particularmente entre Tiberio y Nerva. El genio griego, con una
-originalidad, una fuerza, una riqueza á que nada igualó jamás, habia
-creado hacia siglos la enciclopedia racional y la disciplina normal
-del espíritu, movimiento maravilloso, que datando de Thales y de las
-primeras escuelas de Jonia, (seiscientos años antes de Jesucristo),
-se detuvo en su carrera hácia el año 120 antes de Jesucristo. Los
-últimos personajes de estos últimos cinco siglos en que tanto brilló
-el genio, Apolonio, Eratóstenes, Aristarco, Heron, Arquímedes,
-Heppareo, Crisipo, Carnéades y Panecio, habian muerto sin dejar
-sucesores, y no veo sino Posidonio y algunos astrónomos que continúan
-aún las antiguas tradiciones de Alejandría, de Rodas y de Pérgamo.
-La Grecia, tan hábil para crear, no supo establecer, á pesar de su
-ciencia y de su filosofía, una enseñanza popular como remedio contra
-las supersticiones, y poseyendo en su seno admirables institutos
-científicos, el Egipto, el Asia Menor y la Grecia, dejábanse dominar
-por las más absurdas creencias. Ahora bien, cuando la ciencia no llega
-á dominar á la supersticion, la supersticion ahoga á la ciencia; entre
-estas dos fuerzas opuestas el duelo es á muerte.
-
-Al adoptar Italia la ciencia griega, supo por un momento darle
-nueva expresion: Lucrecio dió el modelo del gran poema filosófico,
-á la vez himno y blasfemia inspirando á un tiempo la serenidad y la
-desesperacion, penetrada de ese sentimiento profundo del destino humano
-que siempre faltó á los griegos, los cuales como verdaderos niños que
-eran, tomaban la vida tan alegremente que nunca pensaron en maldecir
-á los Dioses, ni juzgaron á la naturaleza injusta y pérfida hácia el
-hombre. Los filósofos latinos se entregaron á más graves reflexiones,
-pero así como la Grecia, Roma no supo sacar de la ciencia la base de
-una educacion popular. En tanto que Ciceron perfeccionaba con exquisito
-tacto las ideas que tomara de los Helenos, mientras que Lucrecio
-escribia su asombroso poema, mientras que Horacio confesaba á Augusto
-su franca incredulidad, y que Ovidio, uno de los poetas más galanes
-de la época, criticaba á guisa de elegante libertino las fábulas más
-respetables; y por último, en tanto que los grandes históricos deducian
-las consecuencias prácticas de la filosofía griega, dábase crédito
-á las más locas quimeras, y la fé en lo maravilloso no reconocia
-límites. En ninguna época se ocuparon más de las profecías y de los
-prodigios[960]: el bello deismo ecléctico de Ciceron[961], continuado y
-perfeccionado por Séneca[962], era la creencia de un escaso número de
-inteligencias elevadas que no ejercieron accion alguna en su siglo.
-
-El imperio, hasta Vespasiano, no tuvo nada que pudiera llamarse
-instruccion pública[963]; lo que hubo más tarde en este género se
-limitó á simples conocimientos gramaticales, y bien pronto reinó un
-período de general decadencia. En las últimas épocas del gobierno
-republicano y en el reinado de Augusto brilló como nunca la literatura,
-pero despues de la muerte del gran emperador, la decadencia es rápida ó
-mejor dicho súbita. La sociedad inteligente y culta de los Cicerones,
-de los Áticos, de los Césares, de los Mecenas, de los Agrippas y de los
-Poliones, habia desaparecido cual fantástica vision, si bien es cierto
-que aún quedaban hombres ilustrados, hombres entendidos en la ciencia
-de su época, que ocupaban elevadas posiciones sociales, tales como los
-Sénecas y la sociedad literaria de que eran el centro y en la cual se
-contaban Lucilio, Galion y Plinio. El cuerpo del derecho romano, que
-es la filosofía misma en código, y la aplicacion en la práctica del
-racionalismo griego, continuaban su magestuoso progreso y las grandes
-familias romanas habian conservado un fondo de religion y los más
-nobles sentimientos, inspirándoles horror las supersticiones[964].
-Los geógrafos Estrabon y Pomponio Mela, el médico y enciclopedista
-Celso, el botánico Dioscórides y el jurisconsulto Sempronio Próculo,
-eran cabezas muy bien organizadas, pero estas podian considerarse como
-excepciones, y fuera de algunos hombres de reconocida ilustracion,
-hallábase el mundo sumido en la más completa ignorancia de las leyes
-de la naturaleza[965]. La credulidad era una enfermedad general[966];
-los conocimientos literarios se reducian á una retórica hueca que
-nada enseñaba, y la direccion esencialmente moral y práctica que la
-filosofía habia tomado, oponíase á las grandes especulaciones. Los
-conocimientos humanos, si se exceptúa la geografía, no adelantaban
-nada. El hombre instruido por aficion reemplazaba al sabio creador,
-y el supremo defecto de los romanos influia fatalmente en todas las
-cosas. Aquel pueblo, tan grande para el imperio, era secundario por el
-espíritu; los romanos más instruidos, tales como Lucrecio, Vitruvio,
-Celso, Plinio y Séneca, á pesar de sus conocimientos positivos,
-podian considerarse como discípulos de los griegos[967]. Roma no
-tuvo nunca ninguna gran escuela científica; el charlatanismo reinaba
-sin oposicion, y por último la literatura latina que seguramente
-tuvo períodos admirables, floreció poco tiempo y no salió del mundo
-occidental[968].
-
-Felizmente la Grecia conservó su genio; el prodigioso brillo del poder
-de los romanos la habia deslumbrado y aturdido, pero no aniquilado, y
-dentro de cincuenta años habrá reconquistado el mundo, será de nuevo
-la reina de todos los que piensan y podrá sentarse en el trono con los
-Antoninos. Por ahora la Grecia se halla entregada á una de sus horas
-de abandono y de cansancio; el genio es raro y la ciencia original
-é inferior á lo que habia sido en los siglos precedentes la escuela
-de Alejandría, que hacia dos siglos habia entrado en el período de
-decadencia, aun cuando en la época de César poseia á Sosígenes, ha
-enmudecido completamente.
-
-Así pues desde la muerte de Augusto hasta el advenimiento de Trajano,
-nos encontramos con un período de abatimiento momentáneo para el
-espíritu humano; el mundo antiguo estaba muy lejos de haber dicho
-su última palabra de despedida, pero las pruebas crueles por que
-atravesaba privábanle de voz y corazon. Luego vienen dias mejores, y
-libre el espíritu del régimen desconsolador de los Césares, adquiere
-nueva vida: Epicteto, Plutarco, Dion Crisóstomo, Quintiliano, Tácito,
-Plinio el Jóven, Juvenal, Rufo de Éfeso, Areteo, Galeno, Ptolomeo,
-Hipsicles, Theon y Luciano, reprodujeron los más hermosos dias de la
-Grecia; no de esa Grecia inimitable que solo ha existido una vez para
-desesperacion y encanto de los que aman lo bello, sino de otra, que
-confundiendo sus dones con los del espíritu romano, producirá frutos
-nuevos llenos de originalidad.
-
-Por lo general se tenia muy mal gusto; los grandes escritores griegos
-escaseaban, y los latinos que conocemos, á excepcion del satírico
-Persio, son medianos y sin genio, pues la declamacion lo echaba todo
-á perder. El principio por el cual juzgaba el público las obras del
-entendimiento era poco más ó menos el mismo que en nuestra época;
-buscábanse tan solo los golpes de efecto; la palabra no era ya la
-expresion sencilla del pensamiento, ni consistia la elegancia de la
-frase en su perfecta proporcion con la idea que se queria expresar;
-cultivábase la palabra por sí misma, y el objeto de un autor al
-escribir era demostrar su talento. Apreciábase la excelencia de un
-recitado ó lectura pública por el número de palabras aplaudidas, y
-olvidábase completamente el gran principio segun el cual, en puntos
-de arte todo debe servir para el adorno, siendo malo lo que se busca
-para él expresamente. En resúmen, puede decirse que era aquella una
-época literaria, si se atiende á que todos hablaban de elocuencia ó
-de buen estilo, aunque en el fondo todos escribian mal; no habia un
-solo orador, pues los buenos oradores y escritores, son gentes que no
-hacen un oficio de lo uno ni de lo otro. En el teatro, absorbia la
-atencion el primer actor; suprimíanse muchas piezas para no recitar
-sino los trozos de gran efecto que eran las _cantica_; el espíritu de
-la literatura era un «diletantismo» que dominaba hasta á los mismos
-emperadores, una necia vanidad que excitaba á todos á probar que tenian
-talento, y de ahí las insustanciales é interminables «Teseidas,»
-los dramas compuestos para ser leidos en sociedad y toda esa vana
-ostentacion poética que no puede compararse sino con las epopeyas y las
-tragedias clásicas de hace sesenta años.
-
-Los mismos estoicos no pudieron evitar el contagio, ó al menos no
-supieron, antes de Epicteto y Marco Aurelio, hallar bellas formas
-para revestir sus doctrinas. Las tragedias de Séneca son monumentos
-verdaderamente extraños donde se expresan los más elevados sentimientos
-con el tono de un charlatanismo literario por demás fatigoso, indicio
-á la vez de un progreso moral y de una irremediable decadencia en
-el buen gusto. Lo mismo podemos decir de Lucano: la tension de alma,
-efecto natural de una situacion eminentemente trágica, se expresaba
-por un género pomposo en que el único objeto era brillar por hermosas
-sentencias, y sucedia en esto algo semejante á lo que pasó cuando la
-revolucion; es decir, que la crísis más fuerte no daba lugar sino á
-una literatura llena de formas retóricas y golpes de efecto para la
-declamacion. Mas es preciso no detenerse en esto: los pensamientos
-nuevos se expresan á veces con muchas pretensiones; el estilo de
-Séneca es sóbrio, sencillo y puro comparado con el de San Agustin,
-pero nosotros perdonamos á éste su estilo á veces detestable, y sus
-conceptos insípidos, por sus buenos sentimientos.
-
-De todos modos, aquella educacion noble y distinguida por muchos
-conceptos, no llegaba hasta el pueblo, lo cual podia haber sido en
-cierto modo inconveniente si el pueblo hubiera contado con un alimento
-religioso análogo al que recibe en la Iglesia la clase más despreciable
-de nuestra sociedad. Pero en todos los puntos del imperio cuidábanse
-por lo general muy poco de la religion, pues Roma creyó oportuno por
-ciertas razones dejar en pié los antiguos cultos, no modificándolos
-sino en lo que tenian de inhumano[969] ó injurioso para los demás[970],
-y extendiendo sobre todos una especie de barniz oficial que les hacia
-asemejarse unos á otros, formando un solo conjunto. Desgraciadamente,
-los cultos antiguos, de orígen muy diverso, participaban de un
-carácter comun que consistia en serles imposible establecer la
-enseñanza teológica, introduciendo una moral aplicada, una predicacion
-edificante, un ministerio pastoral verdaderamente beneficioso para
-el pueblo. El templo pagano no era de ningun modo lo que fueron
-en sus buenos tiempos la Sinagoga y la Iglesia; es decir, la casa
-comun, la escuela, el hospicio, el retiro donde el pobre va á buscar
-un refugio[971]; era una cosa fria que de nada servia y donde no se
-aprendia nada. Quizá era el culto romano el menos malo aún de los que
-se observaban, pues considerábase la pureza del corazon y del cuerpo
-como una parte de la religion[972]. Por su gravedad, su decencia y su
-austeridad, era este culto, prescindiendo de algunas farsas que solo se
-ven en nuestro Carnaval, superior á las extrañas y ridículas ceremonias
-que introducian secretamente algunas personas dominadas por manías
-orientales. El empeño que tenian los patricios romanos en distinguir
-«la religion,» es decir, su propio culto, de la supersticion, es
-decir, de los cultos extranjeros[973], nos parece sin embargo bastante
-pueril. Todos los cultos paganos eran esencialmente supersticiosos:
-el campesino que en nuestros dias echa una moneda en la caja de una
-capilla milagrosa, que invoca á tal ó cual santo para que cuide de sus
-bueyes ó de sus caballos, ó que bebe de cierta agua para determinadas
-enfermedades, es en esto pagano; casi todas nuestras supersticiones son
-restos de una religion anterior al cristianismo, que este no ha podido
-desarraigar completamente; y si se quisiera buscar en nuestros dias
-la imágen del paganismo, fácil seria encontrarla en algun pueblecillo
-perdido ó en las más lejanas campiñas.
-
-No teniendo por guardianes más que una tradicion popular y vacilante,
-y sacristanes interesados, los cultos paganos no pueden menos de
-degenerar en adulacion[974]. Augusto, aunque con mucha reserva, aceptó
-que se le adorase en vida en las provincias[975]; Tiberio, permitió
-que se juzgara á su vista en el ignoble concurso de las ciudades de
-Asia, que se disputaban el honor de elevarle un templo[976]; las
-extravagantes impiedades de Calígula no produjeron ninguna reaccion,
-y fuera del judaismo, no se encontró un solo sacerdote que resistiera
-á semejantes locuras. Salidos en su mayor parte de un culto primitivo
-de las fuerzas naturales, diez veces transformados por toda clase de
-mezcolanzas y por la imaginacion de los pueblos, los cultos paganos
-se limitaban por su pasado, y no se podia sacar de ellos lo que no
-tuvieron nunca, es decir, el deismo y la edificacion. Los Padres de
-la Iglesia nos hacen sonreir cuando ponen de relieve las maldades
-de Saturno como padre de familia, y de Júpiter como marido, pues
-ciertamente era mucho más ridículo aún considerar á este último, es
-decir, á la atmósfera, como un dios moral que ordena, recompensa y
-castiga. En un mundo que aspiraba á poseer un catecismo, ¿qué podia
-hacerse con un culto como el de Venus, nacido de una necesidad social,
-en las primeras navegaciones fenicias en el Mediterráneo, pero que fué
-luego con el tiempo un ultraje contra lo que se consideraba la esencia
-de la religion?
-
-Por todas partes, en efecto, manifestábase enérgicamente la necesidad
-de una religion monoteista, dando por base á la moral prescripciones
-divinas, y así viene una época en que las religiones naturalistas
-reducidas á puras niñadas, á prácticas de hechiceras, no pueden
-satisfacer á sociedades en que la humanidad quiere una religion moral
-filosófica. El budismo y el zoroastrismo, satisfacieron esta necesidad
-en la India y en la Persia; con el orfismo y los misterios, se trató
-de obtener el mismo resultado en el mundo griego, sin conseguirlo de
-una manera durable, y en la época de que hablamos, enunciábase el
-problema para el conjunto del mundo con una especie de unanimidad
-solemne y de imperiosa grandeza.
-
-Cierto es que la Grecia hacia una excepcion en este punto: el helenismo
-se usaba mucho menos que las demás religiones del Imperio, pero
-Plutarco lo observaba en su pequeña villa de Beocia, donde vivió
-tranquilo, feliz y contento como un niño, con su conciencia religiosa
-satisfecha, y sin dar nunca la menor señal de inquietud, de pena ó de
-malestar. Pero solo el espíritu era capaz de una calma tan infantil:
-siempre satisfecha de sí misma, orgullosa de su pasado y de aquella
-brillante mitología de la que poseia todos los santos lugares, Grecia
-no participaba de los tormentos interiores que trabajaban al resto
-del mundo, y entregada á sí misma, no llamó al cristianismo, quiso
-prescindir de él y pensó hacer alguna cosa mejor[977]. Esto era
-debido á su eterna juventud, á su patriotismo, á esa alegría que ha
-caracterizado siempre al verdadero heleno, y la cual es causa de que
-aún hoy sea el griego extraño á las amargas tribulaciones que nos
-minan. El helenismo, pues, se halló así en disposicion de crear un
-renacimiento que no hubiera podido intentar siquiera ningun otro de
-los cultos del imperio. En los siglos II, III y IV de nuestra era,
-se continuará el helenismo en religion organizada, por una especie
-de fusion entre la mitología y la filosofía griegas, y con sus
-filósofos taumaturgos, sus antiguos sabios convertidos en profetas,
-y sus leyendas de Pitágoras y de Apolonio, hará al cristianismo una
-competencia, que no por ser impotente fué el obstáculo menos peligroso
-que la religion de Jesús encontró en su camino.
-
-Sin embargo, esto no se intentó aún en tiempo de los Césares, pues
-los primeros filósofos que ensayaron una especie de alianza entre
-la filosofía y el paganismo, Eufrates de Tiro, Apolonio de Tiana y
-Plutarco, son del fin del siglo. No conocemos bien á Eufrates de Tiro:
-la leyenda ha disfrazado de tal modo la trama de la biografía verdadera
-de Apolonio, que no se sabe si contarle entre los sabios, entre los
-fundadores religiosos, ó entre los charlatanes; en cuanto á Plutarco,
-menos que un pensador, ó un innovador, es un espíritu moderado que
-quiere poner de acuerdo á todo el mundo, haciendo que la filosofía sea
-tímida y la religion medio razonable; no hay nada en él de Porfirio ni
-de Juliano; los ensayos de exégesis alegórica de los estoicos[978] son
-muy pobres; los misterios como los de Baco, con los cuales se enseñaba
-la inmortalidad del alma bajo graciosos símbolos[979], se limitan á
-ciertos países y no han extendido su influencia. La incredulidad en la
-religion oficial era general en la clase ilustrada[980]; los hombres
-políticos que más afectaban sostener el culto del Estado se burlaban de
-él con muy buenas palabras[981], proclamando abiertamente la inmoral
-idea de que las fábulas religiosas no son buenas sino para el pueblo y
-deben ser conservadas por él[982]; precaucion inútil porque la fé de
-aquel era ya muy vacilante[983].
-
-Cierto es que á partir del advenimiento de Tiberio, se nota una
-sensible reaccion religiosa, pues parece que el mundo se espanta
-de la incredulidad de los tiempos de César y de Augusto; condena
-la desgraciada tentativa de Juliano, y todas las supersticiones se
-rehabilitan por razon de Estado[984]. Valerio Máximo da el primer
-caso de un escritor de baja esfera convirtiéndose en auxiliar de los
-teólogos, en una pluma venal ó manchada que se pone al servicio de la
-religion: pero los cultos extranjeros son los que más se aprovechan
-de este cambio; la reaccion formal en favor del culto griego ó romano
-no se producirá sino en el siglo segundo. Ahora las clases á quienes
-domina la inquietud religiosa se vuelven hácia los cultos que vienen
-de Oriente[985]; Isis y Serapis se ven más favorecidos que nunca[986];
-los impostores de toda especie, taumaturgos y mágicos se aprovechan de
-esta necesidad, y como sucede comunmente en las épocas y en los países,
-en que la religion del Estado es débil, pululan por todas partes[987].
-Recuérdense los tipos reales ó ficticios de Apolonio de Tiana, de
-Alejandro de Abonutico, de Peregrino, de Simon de Gitton[988]. Estos
-mismos errores y estas quimeras eran como una oracion de la tierra,
-como los ensayos infructuosos de un mundo que trata de mejorarse y no
-consigue á veces en sus esfuerzos convulsivos sino producir monstruosas
-creaciones que se legan luego al olvido.
-
-En una palabra, la mitad del siglo primero es una de las peores
-épocas de la Historia antigua; la sociedad griega y romana se muestra
-en un período de decadencia en lo que precede y muy atrasada para
-el porvenir; pero la grandeza misma de la crísis indicaba alguna
-forma extraña y secreta. La vida parecia haber perdido sus móviles,
-los suicidios se multiplicaban[989]; jamás habia ofrecido el mundo
-una lucha semejante entre el bien y el mal; era este un despotismo
-temible que ponia al mundo entre las manos de hombres atroces y
-locos; era la corrupcion de las costumbres que resultaba de haber
-introducido en Roma los vicios de Oriente; era en fin la ausencia de
-una religion buena y de una formal instruccion pública. El bien era,
-por una parte, la filosofía combatiendo á pecho descubierto contra
-los tiranos, desafiando á los mónstruos, y proscrita tres ó cuatro
-veces en medio siglo (bajo Neron, Vespasiano y Domiciano)[990]; y por
-otra, los esfuerzos de la virtud popular, las legítimas aspiraciones
-á un estado religioso mejor, aquella tendencia hácia las cofradías
-y los cultos monoteistas, aquella rehabilitacion en fin del pobre,
-que se produjeron principalmente bajo el amparo del judaismo y del
-cristianismo. Estas dos grandes protestas estaban muy lejos de ponerse
-de acuerdo, pues el partido filosófico y el cristiano no se conocian,
-é ignoraban de tal modo sus comunes esfuerzos que al llegar al poder
-el partido filosófico, por el advenimiento de Nerva, perjudicó al
-cristianismo lejos de favorecerle. Á decir verdad, el objeto de los
-cristianos era mucho más radical: los estoicos, dueños del Imperio, le
-reformaron, presidiendo los cien años más hermosos de la Historia de
-la humanidad; mientras que los cristianos, dueños del Imperio á partir
-de Constantino, acabaron de arruinarle. El heroismo de los unos no
-debe hacer olvidar el de los otros: el cristianismo tan injusto con
-las virtudes paganas, se consagró á rebajar á los que habian combatido
-los mismos enemigos que él. En la resistencia que opuso la filosofía
-en el primer siglo, hubo tanta grandeza como en la del cristianismo;
-pero ¡qué desigual fué la recompensa por una parte y otra! El mártir
-que derribó con el pié los ídolos tiene su leyenda: ¿por qué Annacus
-Cornutus, que declaró ante Neron que los libros de éste no podrian
-nunca competir con los de Crisipo[991]; por qué Elvidio Prisco
-que dijo cara á cara á Vespasiano: «á tí te toca matarme y á mí
-morir[992]»; por qué Demetrio el Cínico que contestó á Neron irritado:
-«me amenazais con la muerte, pero la naturaleza os amenaza[993]»; por
-qué todos esos no tienen su imágen entre los héroes populares á quienes
-todos aman y saludan? ¿Dispone acaso la humanidad de tantas fuerzas
-contra el vicio y la abyeccion que sea permitido á cada escuela de
-virtud rechazar el auxilio de las otras, sosteniendo que ella sola
-tiene el derecho de ser valerosa y resignada?
-
-
-
-
-CAPÍTULO XVIII.
-
-Legislacion religiosa de aquel tiempo.
-
-
-[Marginal: Año 45]
-
-En el primer siglo, aunque se mostraba hostil el Imperio á las
-innovaciones religiosas que provenian de Oriente, no las combatia
-todavía de un modo constante. Sosteníase débilmente el principio de
-la religion de Estado; y bajo la república se proscribieron repetidas
-veces los ritos extranjeros, particularmente los de Sabazius, Isis y
-Serapis[994]; pero todo fué inútil, porque el pueblo se sentia atraido
-hácia aquellos cultos por una inclinacion irresistible[995]. Cuando en
-el año de Roma 535, se decretó la demolicion del templo de Isis y de
-Serapis, no se encontró ni un solo obrero que quisiera poner manos á la
-obra, y vióse precisado el cónsul á romper á hachazos la puerta[996];
-claro está que no bastaba ya para el pueblo el culto latino; y
-supónese, no sin razon, que si César restableció los cultos de Isis y
-de Serapis, fué para halagar los instintos populares[997].
-
-Con la profunda y liberal instruccion que le caracterizaba, aquel
-grande hombre se mostró favorable á una completa libertad de
-conciencia[998]. Augusto fué más apegado á la religion nacional[999].
-Era tal su antipatía por los cultos orientales[1000], que prohibió
-hasta la propagacion de las ceremonias egipcias en Italia[1001]; pero
-quiso que cada culto, y particularmente el judío, fuera dueño de sí
-mismo interiormente[1002]. Eximió á los judíos de todo lo que hubiera
-podido herir su conciencia, especialmente de toda accion civil el dia
-del sábado, que ellos celebran[1003]. Algunas personas de su séquito
-mostraban menos tolerancia, y de buena gana le hubieran convertido en
-un perseguidor religioso para servir al culto latino[1004]; empero,
-parece que no hubo de ceder á aquellos consejos funestos; y aún
-pretende Josefo, á quien se sospecha exagerado en este punto, que hizo
-donacion de vasos sagrados al templo de Jerusalem[1005].
-
-Tiberio fué el primero que sentó con fijeza el principio de la religion
-de Estado, y tomó sérias precauciones contra la propaganda judía y
-oriental[1006]. Ha de tenerse presente que el emperador era «gran
-pontífice», y que protegiendo el viejo culto romano, parecia cumplir un
-deber de su incumbencia. Calígula revocó los edictos de Tiberio[1007];
-pero su locura no le permitia ser consecuente en sus obras. Claudio
-parece haber imitado la política de Augusto. Fortificó en Roma el culto
-latino, mostróse preocupado de los progresos que hacian las religiones
-extranjeras[1008], fué riguroso con los judíos[1009], y persiguió con
-encarnizamiento á las cofradías[1010]; usando, por lo contrario, la
-benevolencia con los indígenas en Judea[1011]. El favor de que gozaron
-en Roma los Agrippa bajo estos dos últimos reinados aseguraba á sus
-correligionarios poderosa proteccion, salvo el caso en que la policía
-de Roma reclamara medidas de seguridad.
-
-En cuanto á Neron, ocupóse poco en religion[1012]. Sus actos odiosos
-con los cristianos, fueron actos de ferocidad, y no disposiciones
-legislativas[1013]; pues los ejemplos de persecucion que se citan en
-la sociedad romana de aquel tiempo, emanan más bien de la autoridad
-de la familia que de la autoridad pública[1014]; y aun así no se
-observaban semejantes ejemplos sino en las casas nobles de Roma, que
-conservaban las antiguas tradiciones[1015]. Las provincias gozaban
-de plena libertad para practicar su culto, con la única condicion de
-no ultrajar á los de los otros países[1016]. Los provinciales[1017]
-disfrutaban del mismo derecho en Roma, con tal que no dieran escándalo.
-Las dos únicas religiones que combatió el Imperio en el primer siglo,
-el druidismo y el judaismo, eran como fortalezas donde se defendian
-nacionalidades. Todo el mundo estaba convencido de que la profesion del
-judaismo implicaba el desprecio de las leyes civiles y la indiferencia
-por la prosperidad del Estado[1018]; pues en tanto que el judaismo se
-circunscribia á no ser más que una simple religion individual, no se
-le perseguia[1019]. Los rigores contra el culto de Serapis procedieron
-tal vez del carácter monoteista que presentaba[1020], y que hacia le
-confundieran ya con el culto judío y con el cristiano[1021].
-
-Ninguna ley terminante[1022] prohibia pues, en tiempo de los
-apóstoles, la profesion de las religiones monoteistas; y si estas
-fueron siempre vigiladas hasta el advenimiento de los emperadores
-sirios, únicamente desde Trajano se vió al imperio perseguirlas
-sistemáticamente como intolerantes, é implicando la negacion del
-Estado. En suma, la única cosa á la cual haya declarado la guerra el
-imperio romano, en materia de religion, es la teocracia. Su principio
-era el del Estado laico; no admitiendo que una religion pudiera tener
-en grado alguno consecuencias civiles ó políticas; y sobre todo
-no consintiendo en el Estado ninguna asociacion con independencia
-del mismo Estado. Este último punto es muy esencial; porque ha de
-considerarse, verdaderamente, como la raíz de todas las persecuciones.
-
-La ley relativa á las cofradías, mucho más que la intolerancia
-religiosa, fué la causa fatal de las violencias que deshonraron los
-reinados de los mejores soberanos.
-
-En materia de asociacion, igualmente que en todas las cosas buenas
-y delicadas, tuvieron los países griegos la prioridad sobre los
-Romanos. Las _eranas_ ó _thiasas_ griegas de Atenas, de Rodas y de
-las islas del Archipiélago fueron hermosas sociedades de socorros
-mútuos, de crédito, de seguros en casos de incendio, de piedad y
-de placeres honestos[1023]. Cada erana grababa sobre columnas sus
-decisiones, tenia sus archivos y su caja comun, que se llenaba con
-donativos voluntarios y con las cuotas de los sócios. Juntábanse los
-eranistas ó thiasitas para celebrar ciertas festividades, y reuníanse
-en banquetes, donde reinaba la mayor cordialidad[1024]. El sócio
-que se viera apurado de dinero, tenia la facultad de sacarlo de la
-caja, á título de empréstito en calidad de reintegro. Las mujeres
-formaban parte de aquellas eranas, y tenian su presidenta especial
-(_proeranistia_). Las juntas que celebraban eran absolutamente
-secretas; un reglamento severo mantenia en ellas el órden, y se
-efectuaban, segun parece, en jardines cerrados, rodeados de pórticos
-ó de pequeñas construcciones, en cuyo centro se ostentaba el altar
-de los sacrificios[1025]. Por último, cada congregacion tenia un
-cuerpo de dignatarios, nombrados por sorteo que se hacia anualmente
-(_clerotas_)[1026], á usanza de las antiguas democracias griegas,
-de donde el «clero» cristiano[1027] ha tomado tal vez su nombre. El
-presidente era el único elegido. Estos funcionarios oficiales sometian
-á un exámen al nuevo electo, debiendo certificar que era «santo,
-piadoso y bueno»[1028]. Hubo en aquellas pequeñas cofradías, durante
-los dos ó tres siglos que precedieron á nuestra era, un movimiento
-casi tan variado como el que produjo en la edad media tantas órdenes
-religiosas. Contáronse en la isla de Rodas solamente, hasta diez y
-nueve[1029]; llevando muchas de ellas los nombres de sus fundadores
-y reformadores. Alguna de aquellas _thiasas_, particularmente las de
-Baco[1030], profesaban elevadas doctrinas, y trataban de consolar á los
-hombres bien intencionados. Si todavía subsistia en el mundo griego un
-resto de amor, de piedad y de moral religiosa, era debido á la libertad
-de tales cultos privados. Estos competian con la religion oficial, cuyo
-abandono hacíase de dia en dia más notable.
-
-Empero, las asociaciones de igual género tropezaban con mayores
-obstáculos en Roma[1031] sin que por eso disminuyera su prestigio entre
-las clases desheredadas. Los principios de la política romana respecto
-á las cofradías se promulgaron por la vez primera bajo la república
-(186 años antes de J.-C.), con motivo de las bacanales. Por aficion
-natural, eran muy propensos los Romanos á las asociaciones[1032],
-particularmente á las religiosas[1033]; pero estas congregaciones,
-en cierto modo permanentes, disgustaban á los patricios[1034],
-conservadores de los poderes públicos, quienes á impulso de la mezquina
-y árida idea que de la vida concibieran, no admitian como grupos
-sociales más que la familia y el Estado. Tomáronse las precauciones más
-minuciosas para conseguir su intento: necesidad de autorizacion prévia,
-limitacion del número de asistentes, prohibicion de que tuvieran
-un _magister sacrorum_ permanente y de que constituyeran mediante
-suscripciones un fondo comun[1035]. La misma solicitud se manifestó
-repetidas veces en la historia del imperio, y el arsenal de las leyes
-contenia textos para todas las represiones[1036]. Empero dependia de
-la autoridad el hacer ó no aplicacion de ellas. En cuanto á los cultos
-proscritos, reaparecian frecuentemente muy pocos años despues de su
-proscripcion[1037]. Por otra parte, la emigracion extranjera, sobre
-todo la de los Sirios, renovaba incesantemente el fondo con que se
-alimentaban las creencias que en vano trataban de extirpar.
-
-Admírase uno de ver hasta qué grado preocupaba á los hombres más
-pensadores un tema tan secundario en apariencia. Una de las
-preferentes atenciones de César y de Augusto fué la de impedir
-la formacion de nuevos _colegios_ y destruir los que ya estaban
-establecidos[1038]. Un decreto expedido, segun parece, bajo el reinado
-de Augusto trató de definir fijamente los límites del derecho de
-reunion y de asociacion. Esos límites eran muy reducidos; pues los
-_colegios_ habian de ser únicamente funerarios. No les era permitido
-reunirse sino una vez al mes, y no podian ocuparse más que en dar
-sepultura á los miembros difuntos, no debiendo salirse bajo ningun
-pretexto del círculo de sus atribuciones[1039]. Sobrepuja á toda
-ponderacion el encarnizamiento del imperio, pues á consecuencia de
-su idea exagerada respecto al Estado, pretendia aislar al individuo,
-destruir todo lazo moral entre los hombres, y combatir un deseo
-legítimo de los pobres, el de apiñarse unos contra otros en un asilo
-reducido para tener así más calor. Ciertamente que en la antigua Grecia
-era muy tiránica la ciudad; pero proporcionaba tantos placeres en
-cambio de su despotismo, de tal modo deslumbraba con sus luces y con
-su gloria, que nadie pensaba en quejarse. Morian contentos por ella, y
-sufrian sin rebelarse sus más injustos caprichos. En cuanto al Imperio
-romano, era demasiado vasto para considerarlo como patria. Ofrecia á
-todos grandes ventajas materiales; pero no proporcionaba cosa alguna
-que mereciera afecto; así que la inaguantable tristeza compañera de
-semejante existencia parecia peor que la muerte.
-
-Por eso, y á pesar de todos los esfuerzos que hicieron los hombres
-políticos, tomaron tan inmenso desarrollo las cofradías. Sucedió
-exactamente una cosa análoga á lo que á nuestras cofradías de la edad
-media, con su Santo patron y sus comidas en gremio. Cuidábanse las
-grandes familias de su nombre, de la patria y de la tradicion; pero
-los humildes, la gente de pocos recursos no tenian más cuidado que
-el del _Collegium_, por el cual se afanaban. Todos los textos nos
-representan esos _collegia_ ó _cœtus_ como formados de esclavos[1040],
-veteranos[1041], y gente pobre _tenuiores_[1042]. Reinaba la igualdad
-entre los hombres libres, los libertos y las personas serviles[1043],
-siendo numerosas las mujeres[1044]. Á riesgo de mil vejaciones, y á
-pesar de las severas penas que á veces se imponian, aspiraban muchos á
-ser miembros de uno de esas _collegia_, donde vivian unidos por lazos
-de agradable confraternidad, se disfrutaba de los socorros mútuos y
-se contraian afectos que se conservaban despues de la muerte[1045].
-El sitio de reunion, ó _schola collegii_, tenia comunmente un
-_tetrástilo_ (pórtico de cuatro fachadas)[1046] donde se publicaba
-en carteles el reglamento del colegio, al lado del dios protector, y
-un _triclinium_ para los banquetes de la corporacion reunida. Estos
-eran, en efecto, vivamente deseados; celebrábanse en las fiestas
-patronales y en los aniversarios de ciertos cofrades que habian hecho
-fundaciones[1047]. Cada cual llevaba allí su regalo; y uno de los
-cofrades, por turno, suministraba los accesorios de la comida; á saber,
-los manteles, la vajilla para la mesa, el pan, el vino, las sardinas y
-el agua caliente[1048]. El esclavo que acababa de libertarse habia de
-obsequiar á sus camaradas con una ánfora de buen vino[1049]. Una dulce
-alegría animaba el festin; y era cosa expresamente convenida que no
-habia de tratarse de asunto alguno relativo al colegio; para que nada
-pudiera turbar el cuarto de hora de regocijo y de descanso que aquellas
-pobres gentes se proporcionaban[1050]. Todo acto de turbulencia ó toda
-palabra desagradable eran castigados con una multa[1051].
-
-Si hubiera uno de atenerse á las apariencias, creeria que aquellos
-colegios no eran más que asociaciones de entierro mútuo[1052]. Empero,
-eso solo hubiera bastado para darle un carácter moral. En la época
-romana, como en nuestro tiempo y en todas las épocas en que la religion
-se halla sin fuerzas, la piedad de las tumbas era casi la única que el
-pueblo conservaba. Complacíanse en pensar que no serian arrojados á los
-fosos comunes[1053], que el colegio haria el gasto de los funerales,
-y que los cofrades que hubieran ido á pié hasta la pira, recibirian
-un pequeño honorario[1054] de veinte céntimos[1055]. Los esclavos,
-especialmente, necesitaban creer que si su amo hiciera arrojar su
-cuerpo al foso comun, no faltarian allí algunos amigos para hacerles
-«funerales imaginarios[1056].» El hombre pobre echaba todos los meses
-dos cuartos en el cepillo á ese uso destinado, para proporcionarse
-despues de su muerte una urnita en un _columbarium_, con una lápida
-de mármol en que estuviera grabado su nombre. Como la sepultura entre
-los romanos, estaba íntimamente ligada con los _sacra gentilicia_ ó
-ritos de familia, tenia suma importancia, contrayendo las personas
-que se enterraban juntas una especie de fraternidad íntima y de
-parentesco[1057].
-
-Hé aquí por qué, durante largo tiempo, se presentó el cristianismo en
-Roma como una especie de _collegium_ fúnebre y por qué los primeros
-santuarios cristianos fueron las tumbas de los mártires[1058]. Si
-no hubiera sido más que eso el cristianismo, no hubiese provocado
-tantos rigores; pero era tambien otra cosa; tenia un fondo ó caja de
-comunidad[1059]; jactábase de constituir una poblacion completa; y
-se creia asegurado de que habia de dominar en el porvenir. Cuando se
-entra un sábado por la noche en el recinto de una iglesia griega en
-Turquía, en la de Santa Photini, en Esmirna, por ejemplo, le extraña á
-uno el poderío de esas religiones de comité, en el seno de una sociedad
-perseguidora ó malévola. Ese hacinamiento irregular de construcciones
-(iglesia, presbiterio, escuelas, cárcel,) esos fieles que van y vienen
-en medio de su poblacion cerrada, esas tumbas nuevamente abiertas en
-las cuales arde una lámpara, ese olor cadavérico, esa atmósfera húmeda,
-ese murmullo de oraciones, esas invocaciones para pedir limosna, todo
-ello forma un conjunto lánguido, que á veces á un extranjero podrá
-parecerle insulso, pero que debe ser muy grato y suave para el afiliado.
-
-Las sociedades, que estaban ya provistas de una autorizacion especial,
-gozaban en Roma de todos los derechos de personas civiles[1060];
-pero no se concedia esa autorizacion sino con infinitas condiciones,
-desde el momento en que las sociedades tenian una caja ó fondo de
-comunidad, ó se trataba de otra cosa que de hacerse enterrar[1061].
-El pretexto de la religion ó de cumplir votos en comunidad, estaba
-previsto y formalmente señalado entre las circunstancias que daban
-á una reunion el carácter de delito[1062]; y este no era otro que
-el de lesa majestad, al menos para el individuo que habia provocado
-la reunion[1063]. Claudio llegó hasta mandar cerrar las tabernas en
-que se reunian los cofrades, así como tambien las hosterías donde
-la gente pobre encontraba por poco precio agua caliente y carne del
-puchero[1064]. Trajano y los mejores emperadores romanos vieron con
-desconfianza todas las asociaciones[1065]. La extrema humildad de
-las personas era una cualidad esencial para que se les concediera
-el derecho de reunion; y aun así no se les otorgaba sino con muchas
-condiciones[1066]. Los legistas que constituyeron el derecho romano,
-tan eminentes como jurisconsultos, mostraron hasta dónde llegaba
-su ignorancia de la naturaleza humana persiguiendo de todos modos,
-hasta con la amenaza de muerte, y restringiendo con toda clase de
-precauciones odiosas ó pueriles, una eterna necesidad del alma[1067].
-Á semejanza de los autores de nuestro «Código civil,» miraban la vida
-con mortal frialdad, como si esta consistiese solo en divertirse por
-órden superior, en comer su pedazo de pan y en disfrutar del placer
-segun la clase y rango. El castigo de las sociedades que se abandonan
-á este sistema falso y limitado, es primeramente el fastidio, y
-despues el triunfo violento de los partidos religiosos. El hombre
-no consentirá jamás en respirar ese aire glacial; necesita el hogar
-tranquilo, la cofradía donde los buenos mueren y viven juntos; nuestras
-grandes sociedades abstractas no son bastantes para satisfacer todos
-los instintos de sociabilidad que hay en el hombre; dejadle que
-ocupe su corazon con alguna cosa, que busque su consuelo donde pueda
-encontrarle, que busque los hermanos que necesite, que dé cabida en
-su alma á los más tiernos vínculos. La fria mano del Estado no debe
-intervenir en ese reino del alma que es el reino de la libertad; la
-vida y la alegría no renacerán en el mundo hasta que haya desaparecido
-nuestra desconfianza hácia los _collegia_, esa triste herencia del
-derecho romano. Formar una asociacion fuera del Estado, sin destruir
-á éste, es la cuestion capital del porvenir; la ley futura sobre las
-asociaciones decidirá si la sociedad moderna ha de sufrir ó no la
-suerte de la antigua. Un ejemplo debe bastar: el Imperio romano habia
-enlazado su destino con la ley sobre los _cœtus illiciti_ y los
-_illicita collegia_; los cristianos y los bárbaros, terminando con esto
-la obra de la conciencia humana, destruyeron la ley, y el Imperio se
-hundió con ella.
-
-El mundo griego y romano, mundo laico, mundo profano, que no sabia lo
-que es un sacerdote, que no tenia ni ley divina, ni libro revelado,
-tocaba aquí con problemas que no le era posible resolver. Añadamos
-á esto que si hubiese tenido sacerdotes, una teología severa, una
-religion vigorosamente organizada, no habria creado el Estado laico, ni
-inaugurado tampoco la idea de una sociedad racional, de una sociedad
-fundada sobre las simples necesidades de la humanidad y sobre las
-relaciones naturales de los individuos. La inferioridad religiosa de
-los griegos y de los romanos era la consecuencia de su superioridad
-política é intelectual; la superioridad religiosa del pueblo judío,
-por el contrario, ha sido la causa de su inferioridad política
-y filosófica; el judaismo y el cristianismo primitivo contenian
-la negacion ó más bien la tutela del Estado civil, y así como el
-islamismo, establecieron la sociedad sobre la religion. Cuando se
-toman las cosas humanas por este lado, se fundan grandes proselitismos
-universales, se tienen Apóstoles que corren de un extremo á otro del
-mundo para convertirlo; pero no se fundan instituciones políticas, una
-independencia nacional, una dinastía, un código, un pueblo.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XIX.
-
-Porvenir de las misiones.
-
-
-[Marginal: Año 45]
-
-Tal era el mundo que los misioneros cristianos se encargaron de
-convertir; y bien podemos ver que semejante empresa no fué una
-locura, ni tampoco el llevarla á cabo un milagro. El mundo carecia
-moralmente de muchos cosas que la nueva religion le podia facilitar
-de una manera admirable; las costumbres se dulcificaban; queríase un
-culto más puro; y las nociones sobre los derechos del hombre y las
-ideas acerca de los amejoramientos sociales iban ganando terreno por
-todas partes. La credulidad, por otro lado, era extremada, el número
-de personas instruidas muy escaso, y si ante semejante sociedad se
-hubiesen presentado ardientes apóstoles, judíos, es decir, monoteistas,
-discípulos de Jesús, penetrados de la más dulce predicacion moral
-que jamás pudiera oirse, no hay para que dudar que se les hubiera
-escuchado. Los sueños é ilusiones que contiene su enseñanza, no serán
-un obstáculo para que obtengan buen éxito; el número de los que no
-creen en lo sobrenatural y en el milagro es muy corto; si son humildes
-y pobres tanto mejor, porque la humanidad en el punto que se halla, no
-puede salvarse sino por un esfuerzo del pueblo. Las antiguas religiones
-paganas no son reformables; el Estado romano es lo que será siempre
-el Estado; es decir, una cosa rígida, seca, y dura; en ese mundo que
-parece por falta de amor, el porvenir es de aquel que toque la fibra
-sensible de la piedad popular. El liberalismo griego y la antigua
-gravedad romana son impotentes para conseguirlo.
-
-La fundacion del cristianismo es bajo este punto de vista la obra
-más grande que han hecho jamás los hombres del pueblo, y muy pronto
-quizás, los hombres y mujeres de la alta nobleza romana, se afiliarán
-á la Iglesia. Desde fines del primer siglo, Flavio Clemente y Flavia
-Domitila nos muestran casi al cristianismo penetrando en el palacio
-de los Césares[1068]. Á partir de los primeros Antoninos, cuéntanse
-personas ricas en la comunidad, y á fines del segundo siglo algunos de
-los personajes más considerables del Imperio[1069], si bien en general
-todos ó casi todos eran humildes[1070]. En las iglesias más antiguas,
-así como en Galilea al rededor de Jesús no habia nobles ni poderosos:
-ahora bien en esas grandes creaciones, la primera hora es la decisiva;
-la gloria de las religiones pertenece por completo á sus fundadores,
-pues aquellas, en efecto, se reducen á una cuestion de fé; creer es una
-cosa vulgar; la obra maestra es saber inspirar la fé.
-
-Cuando uno trata de figurarse aquellos maravillosos orígenes, se le
-representan por lo regular las cosas segun el modelo de nuestra época,
-lo cual induce á graves errores. El hombre del pueblo, en el primer
-siglo de nuestra era, sobre todo en los países griegos y orientales,
-no se asemejaba en nada de lo que es hoy; la educacion no levantaba
-entonces en las clases una barrera tan inespugnable como ahora, y
-aquellas razas del Mediterráneo, si se exceptúan las poblaciones de
-Lacio, las cuales habian desaparecido ó perdido toda su importancia
-desde que el imperio romano habia llegado á ser la cosa de los
-pueblos vencidos al conquistar el mundo, aquellas razas, digo, eran
-menos sólidas que las nuestras, pero más vivas, más espirituales,
-más idealistas. El pesado materialismo, esa cosa triste y apagada,
-efecto de nuestros climas y legado fatal de la edad media, que da á
-nuestros pobres un aspecto tan desconsolador, no era el defecto de
-los de aquella época. Sin embargo, aun cuando fuesen muy ignorantes
-y crédulos, no lo eran más que los ricos poderosos, y no hay que
-representarse el establecimiento del cristianismo como análogo á lo
-que seria entre nosotros un movimiento que, partiendo de las clases
-populares, acabara (cosa imposible á nuestros ojos,) por obtener el
-asentimiento de los hombres instruidos. Los fundadores del cristianismo
-pertenecian al pueblo en el sentido de que iban mal vestidos, vivian
-sencillamente y hablaban mal, ó más bien solo se proponian expresar sus
-ideas con vivacidad; mas en punto á inteligencia no eran inferiores
-sino á un corto número de hombres que aún quedaban de la gran sociedad
-de César y de Augusto. Comparados con los principales filósofos que
-enlazaban el siglo de Augusto con el de los Antoninos, los primeros
-cristianos podian considerarse como espíritus pobres, mas comparados
-con la masa de los súbditos del Imperio eran ilustrados. Tratábaseles
-á veces de pensadores libres; el grito del populacho contra ellos era
-«¡Muerte á los Ateos!»[1071] y esto no es de extrañar si se atiende á
-que el mundo hacia espantosos progresos en punto á supersticion. Las
-dos primeras capitales del cristianismo de los gentiles, Antioquía y
-Éfeso, eran las dos ciudades del Imperio más dadas á las creencias
-sobrenaturales, los siglos segundo y tercero llevaron hasta la demencia
-el espíritu de lo maravilloso y de la credulidad.
-
-El cristianismo nació fuera del mundo oficial, mas no era precisamente
-inferior á él: solo en apariencia y segun las preocupaciones mundanas,
-eran los discípulos de Jesús unas pobres gentes. El hombre mundano ama
-lo que es orgulloso y fuerte; habla con dureza al humilde; entiende que
-el honor consiste en no dejarse insultar, y desprecia en fin al que
-se reconoce débil, que lo sufre todo, que cede su túnica y presenta
-el rostro para recibir un bofeton. Aquí está el error, pues el débil
-á quien desprecia es superior por lo general; la virtud reside en los
-que obedecen (sirvientes, obreros, soldados, etc.,) más bien que en los
-que mandan y gozan; y esto está casi en el órden, puesto que mandar y
-disfrutar, lejos de contribuir á la virtud, ofrece una dificultad para
-ser virtuoso.
-
-Jesús comprendió maravillosamente que en el seno del pueblo se halla
-la resignacion y abnegacion que salva al mundo. Hé ahí porque proclamó
-felices á los pobres, juzgando que á ellos les era más fácil que á los
-otros ser buenos; los cristianos primitivos fueron por esencia pobres;
-«pobres» se les llamó[1072] y aun cuando el cristiano fuese rico en los
-siglos segundo y tercero, en punto á espíritu se le podia considerar
-como un _tenuior_[1073] y se salvó gracias á la ley sobre los _collegia
-tenuiorum_. No eran ciertamente todos los cristianos esclavos y gentes
-de baja condicion, mas el equivalente social de un cristiano era un
-esclavo, y lo mismo se decia de aquel que de este, reconociéndose en
-ambos las mismas virtudes de bondad, humildad, resignacion y dulzura.
-Todos los autores paganos opinan unánimemente de este modo; todos sin
-excepcion reconocen en el cristiano los rasgos del carácter servil, la
-indiferencia hácia las grandes cuestiones y ese aire triste y contrito,
-esa aversion hácia los juegos, los teatros, los gimnasios y los
-baños[1074], característica en ellos.
-
-En una palabra, los paganos eran el mundo, no los cristianos: estos
-constituian un pequeño grupo separado, aborrecido del mundo, que ellos
-por su parte encontraban malo[1075] procurando «conservarse inmaculados
-del mundo»[1076]. El ideal del cristianismo será lo contrario del
-ideal mundano[1077]; al perfecto cristiano le gustarán las objeciones;
-tendrá las virtudes del pobre, del hombre sencillo, de aquel que no
-trata de hacerse valer, mas no carecerá tampoco de los defectos de sus
-virtudes, pues considerará vanas y frívolas muchas cosas que no lo son,
-declarándose enemigo de la belleza. Un sistema en que la Venus de Milo
-no aparece sino como un ídolo, es un sistema falso ó al menos parcial,
-pues la belleza vale casi tanto como lo bueno y lo verdadero. Con
-semejantes ideas, es en todo caso inevitable una decadencia en el arte,
-pues el cristiano no querrá ni edificar, ni esculpir, ni dibujar; será
-demasiado idealista, y le importará poco saber, porque la curiosidad
-le parece una cosa vana. Confundiendo la gran voluptuosidad del alma,
-que es uno de los modos de tocar lo infinito, con el placer vulgar, no
-querrá disfrutar porque es demasiado virtuoso.
-
-Desde ahora se presenta otra ley que debe dominar en esta historia;
-el establecimiento del cristianismo corresponde á la supresion de la
-vida política en el mundo del Mediterráneo; el cristianismo nace y se
-extiende en una época en que ya no hay patria; si alguna cosa falta á
-los fundadores de la Iglesia, es el patriotismo. No son cosmopolitas
-porque todo planeta es para ellos un lugar de destierro; son idealistas
-en el sentido más absoluto. La patria es un compuesto del cuerpo y
-del alma; esta última, constituye los recuerdos, las costumbres, las
-leyendas, las desgracias, las esperanzas y los sentimientos comunes; el
-cuerpo, es el suelo, la raza, el idioma, las montañas, los rios, los
-productos característicos, y en tal caso, nadie prescindió tanto de
-todo esto como los verdaderos cristianos. Ellos no tomaron cariño á la
-Judea, y al cabo de algunos años olvidaron la Galilea completamente; la
-gloria de Grecia y de Roma solo les inspiró indiferencia; los países
-en que el cristianismo se estableció desde luego, es decir, la Siria,
-Chipre y el Asia Menor, no se acordaron ya de la época en que fueron
-libres; en Grecia y Roma dominaba aún el sentimiento nacional, pero
-en esta última el patriotismo residia en el ejército y en algunas
-familias, mientras que en la primera el cristianismo no fructifica
-sino en Corinto, ciudad que desde su destruccion por Mummio y su
-reconstruccion por César, era un conjunto de gente de todas clases.
-Los verdaderos países griegos, entonces como hoy, muy poseidos por el
-recuerdo de su pasado, se prestaron muy poco á la nueva predicacion y
-fueron siempre medianamente cristianos. Por el contrario, aquellos
-países mudos, alegres, voluptuosos, tales como el Asia y la Siria,
-países de placer, de costumbres libres y de abandono, acostumbrados
-á recibir de extraños la vida y el gobierno, no tenian nada á que
-renunciar tratándose de orgullo y tradiciones. Las más antiguas
-metrópolis del cristianismo, como Antioquía, Éfeso, Tesalónica, Corinto
-y Roma, fueron ciudades comunes, si así puede decirse, ciudades
-semejantes á la moderna Alejandría, donde afluian todas las razas, y
-donde la union entre el hombre y el suelo, que es lo que constituye la
-nacionalidad, era absolutamente nula.
-
-La importancia que se da á las cuestiones sociales está en sentido
-inverso á las preocupaciones políticas: el socialismo adquiere la
-superioridad, cuando el patriotismo se debilita; el cristianismo fué
-la explosion de las ideas sociales y religiosas, que debia esperarse
-desde el momento en que Augusto puso fin á las luchas políticas.
-Culto universal, como el islamismo, el cristianismo será en el fondo
-el enemigo de las nacionalidades, y serán necesarios muchos siglos y
-muchos cismas para que lleguen á formarse iglesias nacionales con una
-religion que fuese desde luego la negacion de toda patria terrestre,
-que naciere en una época en que no hubiera en el mundo ni ciudad
-ni ciudadanos. Es indudable que las antiguas y severas repúblicas
-de Italia y de Grecia como un veneno mortal habian rechazado estas
-iglesias para el Estado.
-
-Y esta es una de las causas que contribuyen á la grandeza del culto
-nuevo: la humanidad es cosa diversa, cambiante, agitada por deseos
-contradictorios; grande es la patria y santos son los héroes de
-Maraton, de las Termópilas, de Valmy y de Fleurus; pero la patria no
-está aquí abajo, porque uno es hombre é hijo de Dios antes que francés
-ó aleman.
-
-El reino de Dios, sueño eterno que no se arrancará del corazon del
-hombre, es la protesta contra lo que el patriotismo tiene de exclusivo;
-el pensamiento de una organizacion de la humanidad para su dicha más
-grande y su amejoramiento moral, es cristiano y legítimo; el Estado
-no sabe ni puede saber más que una cosa: organizar el egoismo, y esto
-no es indiferente, porque el egoismo es el más poderoso y el más
-perceptible de los móviles de la humanidad. Pero esto no basta: los
-gobiernos que suponen que el hombre solo tiene instintos de egoismo, se
-equivocan de medio á medio, porque la abnegacion es tan natural como
-el egoismo para los hijos de las grandes razas; la organizacion de
-la abnegacion es la religion, y no se espere pues prescindir de esta
-última ni de sus asociaciones, porque el progreso de las sociedades
-modernas, hará que esta necesidad sea cada vez más imperiosa.
-
-Hé ahí de qué modo esos relatos de extraños sucesos pueden encerrar
-para nosotros una gran enseñanza, pero es preciso no detenerse
-en ciertos rasgos que por la diferencia de épocas puedan parecer
-extravagantes. Cuando se trata de creencias populares hay siempre una
-inmensa desproporcion entre la grandeza del objeto ideal que prosigue
-la fé y la pequeñez de las circunstancias materiales que inducen á
-creer. De ahí la particularidad que en la historia religiosa, los
-detalles extraños y los actos que se asemejan á la locura, puedan
-mezclarse con lo que hay de más sublime. El fraile que inventó la santa
-ampolla ha sido uno de los fundadores del reino de Francia: ¿quién no
-querria borrar de la vida de Jesús el episodio de los demoniacos de
-Gergesia? Ningun hombre de sangre fria ha hecho nunca lo que hicieron
-Francisco de Asís, Juana de Arco, Pedro el Ermitaño, é Ignacio de
-Loyola; nada es más relativo que la palabra locura aplicada al pasado
-del espíritu de la humanidad; y si se siguieran las ideas extendidas en
-nuestros dias, no hay profeta, ni apóstol, ni santo, que no se hubiese
-visto encerrado. La conciencia humana es poco estable en las épocas en
-que la reflexion no ha avanzado mucho y cuando es tal el estado del
-alma, se llega insensiblemente del bien al mal y del mal al bien, dando
-lugar á que lo bello se convierta, en feo ó vice-versa. No hay justicia
-posible para lo pasado si no se admite este principio. Un mismo soplo
-divino penetra en toda la historia y forma una union admirable; pero la
-variedad de combinaciones que pueden producir las facultades humanas es
-infinita. Los apóstoles difieren menos de nosotros que los fundadores
-del budismo, los cuales, sin embargo, se aproximaban más á nosotros
-por el idioma, y probablemente por la raza. Nuestro siglo ha visto
-movimientos religiosos tan extraordinarios como los de otras épocas,
-movimientos que han provocado tanto entusiasmo como los anteriores,
-que cuentan ya relativamente, mayor número de mártires, y cuyo porvenir
-es aún incierto.
-
-No hablo de los Mormones, secta por ciertos conceptos tan estúpida y
-abyecta, que se le resiste á uno creer en ella formalmente, por más
-que sea instructivo ver en pleno siglo XIX á millares de hombres de
-nuestra raza vivir creyendo en los milagros y en las maravillas en que
-tienen una fé ciega y que segun dicen han visto y tocado. Ya contamos
-con toda una literatura para demostrar el acuerdo que existe entre el
-mormonismo y la ciencia, pero lo más admirable es, que esta religion,
-fundada en necedades é imposturas, ha sabido llevar á cabo prodigios
-de paciencia y abnegacion, y dentro de quinientos años, habrá doctores
-que probarán su divinidad por las maravillas de su establecimiento. El
-babismo en Persia, ha sido un fenómeno notable por otro estilo[1078]:
-un hombre pacífico y sin pretension alguna, una especie de Spinoza,
-modesto y piadoso, se ha visto casi á pesar suyo, elevado al rango de
-taumaturgo, de encarnacion divina, llegando á ser el jefe de una secta
-numerosa, ardiente y fanática, que estuvo á punto de producir una
-revolucion semejante á la de Islam. Millares de mártires recibieron
-por él la muerte con la mayor alegría; el dia de la matanza de los
-_babis_ en Teheran, no tiene acaso igual en la historia del mundo,
-pues segun dice un narrador, testigo ocular,[1079] «vióse en dicho dia
-en las calles y bazares de Teheran, un espectáculo que la poblacion
-no olvidará acaso nunca. Aún hoy dia, cuando se habla de aquella
-catástrofe, puede comprenderse cuánta fué la admiracion mezclada de
-horror que experimentó la multitud, y que los años no han disminuido.
-Vióse avanzar entre los verdugos una porcion de niños y mujeres con
-las carnes del cuerpo desgarradas y llevando sujetas alrededor de éste
-mechas encendidas cuya llama les abrasaba la piel; las víctimas, que
-iban atadas con cuerdas, recibian continuos latigazos, mas á pesar de
-esto, niños y mujeres avanzaban entonando un versículo que decia: «En
-verdad venimos de Dios y volvemos á él» y elevábanse sus voces sonoras
-en medio del silencio de la multitud. Cuando uno de los condenados
-caia al suelo hacíanle levantar á fuerza de golpes, y entonces, por
-agotadas que estuviesen las fuerzas de la víctima á causa de la pérdida
-de sangre que corria de sus heridas, poníase á bailar gritando con
-creciente entusiasmo: «En verdad que somos de Dios y volvemos á él.»
-Algunos niños caian muertos sobre el camino, y los verdugos cogian sus
-cuerpos y los arrojaban á los piés de los padres y de sus hermanos, que
-pisaban orgullosamente aquellos cadáveres sin lanzarles siquiera una
-mirada. Al llegar al lugar de la ejecucion se propuso á las víctimas
-que abjurasen: á un verdugo se le ocurrió decir á un padre que si no
-cedia iba á cortar el cuello á sus dos hijos sobre su mismo pecho; los
-dos muchachos, de los cuales el mayor tendria catorce años, enrojecidos
-con su propia sangre, y calcinadas las carnes, escuchaban friamente
-el diálogo: el padre contestó tendiéndose en el suelo que estaba
-dispuesto, y entonces el mayor de sus hijos, reclamando con instancia
-su derecho de primogenitura, pidió que le degollase antes á él[1080].
-Por último se acabó todo: las sombras de la noche cubrieron una masa
-informe de carne humana; las cabezas estaban atadas á los postes del
-cadalso y los perros de los arrabales se dirigian en bandadas hácia
-aquel punto.»
-
-Esto ocurria en 1852: la secta de Mazdak, en tiempo de Cosroes
-Nouschirvan, se ahogó en un baño de sangre semejante; la abnegacion
-absoluta es para las almas sencillas el más exquisito de los goces
-y una especie de necesidad; en la ejecucion de los Babis, algunas
-personas que eran de la secta, corrian á denunciarse á sí mismas
-deseosas de obtener la muerte y el martirio. ¡Es tan dulce para el
-hombre sufrir por alguna cosa, que muchas veces la indiferencia del
-mártir basta para hacer creer! Un discípulo que fué compañero de
-suplicio de Bab, hallándose suspendido al lado da éste en las murallas
-de Tabriz, esperando la muerte, no decia más que estas palabras:
-«¿Estais contento de mí, maestro?»
-
-Las personas que suponen milagroso ó quimérico lo que en la historia
-excede á los cálculos de un buen sentido vulgar, no podrán seguramente
-explicarse tales hechos. La condicion fundamental de la crítica, es
-saber comprender los estados diversos del espíritu humano; la fé
-absoluta es para nosotros una cosa completamente extraña; y fuera de
-las ciencias positivas, de una seguridad en cierto modo material, toda
-opinion no es á nuestros ojos más que una probabilidad que implica
-una parte de verdad y una parte de error; esta última puede ser tan
-pequeña como se quiera, pero no se reduce nunca á cero cuando se trata
-de cosas morales sobre una cuestion de arte, lenguaje, forma literaria
-ó personas. Esta, sin embargo, no es la manera de ver de los espíritus
-pobres y obstinados, tal como los Orientales; los ojos de esas gentes
-no son como los nuestros; son una especie de ojos de esmalte como
-los de los personajes que figuran en los mosaicos con su mirada fija
-y que no saben ver sino una sola cosa á la vez, cosa que al fin les
-preocupa, se apodera de ellos, é impidiéndoles que sean dueños de
-creer ó de no creer, no les permite reflexionar. Cuando se profesa
-una opinion de este modo, se deja uno matar por ella: el mártir es en
-religion lo que el hombre de partido en política: no ha habido muchos
-mártires inteligentes; los confesores del tiempo de Diocleciano debian
-ser, despues de la paz de la Iglesia, personajes impertinentes é
-imperiosos, pues nunca es uno tolerante cuando cree que siempre tiene
-razon y que los otros no la tienen nunca.
-
-Los grandes entusiasmos religiosos, que son la consecuencia de fijarse
-demasiado en las cosas, se convierten así en enigmas para un siglo
-como el nuestro, en que el rigor de las convicciones se ha debilitado
-mucho. Entre nosotros, el hombre sincero modifica sin cesar sus
-opiniones; en primer lugar, porque el mundo cambia, y en segundo porque
-el apreciador cambia tambien. Nosotros creemos varias cosas á la vez;
-amamos la justicia y la verdad y por ellas expondriamos nuestra vida,
-pero no admitimos que lo justo y lo verdadero sean solo del dominio
-de una secta ó de un partido. Somos buenos franceses, mas reconocemos
-que los alemanes y los ingleses son superiores por muchos conceptos,
-lo cual no se hace en las épocas y en los países en que cada cual es
-de su comunion, de su raza, de su escuela política. Hé aquí por qué
-todas las grandes creaciones religiosas se han producido en sociedades
-cuyo espíritu general era más ó menos análogo al del Oriente. Hasta
-aquí, en efecto, la fé absoluta es la única que ha conseguido imponerse
-á las demás. Una buena criada de Lyon, llamada Blandine, que se hizo
-matar por su fé, hace mil setecientos años, y un brutal jefe de banda,
-llamado Clovis, que creyó conveniente, hace catorce siglos, convertirse
-al catolicismo, son los que nos imponen aún la ley.
-
-¿Quién no se ha detenido al recorrer nuestras antiguas ciudades, ahora
-modernas, al pié de los gigantescos monumentos de la fé de las edades
-antiguas? Todo se ha renovado ya en ellos; no queda un solo vestigio
-de las costumbres de otros tiempos; solo permanece en pié la catedral,
-un poco mutilada acaso por la mano del hombre, pero profundamente
-arraigada en el suelo; _¡Mole sua stat!_ Su masa es su derecho. Ha
-resistido al diluvio que todo lo destruyó á su alrededor; ni uno solo
-de los hombres de otra época que fuera á visitar los sitios donde
-vivió, podria encontrar su casa; solo el cuervo que hizo su nido en las
-alturas del edificio sagrado no ha visto destruir su morada, ¡Extraña
-prescripcion! Aquellos honrados mártires, aquellos rudos convertidos,
-aquellos piratas que construyeron iglesias, nos dominan todavía. Somos
-cristianos porque ellos quisieron serlo; así como en política solo
-las fundaciones bárbaras son duraderas, en religion las afirmaciones
-espontáneas, y si me atrevo á decirlo, fanáticas, son contagiosas. Y
-esto consiste en que las religiones son obras enteramente populares; su
-éxito no depende sino de las pruebas más ó menos buenas que producen de
-su divinidad; su éxito está en proporcion de lo que dicen al corazon
-del pueblo.
-
-¿Se sigue acaso de aquí que la religion esté destinada á disminuir poco
-á poco y á desaparecer como los errores populares sobre la mágia, la
-brujería y los espíritus? Seguramente no: la religion no es un error
-popular; es una gran verdad de instinto entrevista y expresada por el
-pueblo. Todos los símbolos que sirven para dar una forma al sentimiento
-religioso son incompletos, y su destino es ser rechazados unos despues
-de otros; pero nada es más falso que el sueño ó la ilusion de varias
-personas, que tratando de concebir la humanidad perfecta, la conciben
-sin religion. Debe decirse lo inverso. La China, que es una humanidad
-inferior, no tiene apenas religion: supongamos por el contrario un
-planeta habitado por una humanidad cuya fuerza intelectual, moral
-y física, sea doble que la de la humanidad terrestre, y tendremos
-que la primera seria cuando menos dos veces más religiosa que la
-nuestra; y digo _cuando menos_, porque es probable que el aumento de
-facultades religiosas tuviese lugar en una progresion más rápida que
-el aumento de la capacidad intelectual, y no se haria segun la simple
-proporcion directa. Supongamos una humanidad diez veces más fuerte que
-la nuestra; esa seria infinitamente más religiosa, y aún es probable,
-que en semejante grado de sublimidad, desprendido de toda preocupacion
-material y de todo egoismo, dotado de un tacto perfecto y de un gusto
-divinamente delicado, viendo la bajeza y el vacío de todo lo que no
-es lo verdadero, lo bueno ó lo bello, el hombre seria únicamente
-religioso, y estaria continuamente sumido en una perpétua adoracion,
-pasando de éxtasis en éxtasis, naciendo, viviendo y muriendo en un
-torrente de voluptuosidad. El egoismo, en efecto, que da la medida de
-la inferioridad de los séres, decrece segun se aleja de lo animal;
-un ser perfecto no seria ya egoista, sino religioso; el progreso
-pues tendrá por efecto engrandecer la religion, y no destruirla ó
-disminuirla.
-
-Pero tiempo es ya de volver á los tres misioneros, Pablo, Bernabé y
-Juan Márcos, que hemos dejado en el momento que salian de Antioquía por
-la puerta que conduce á Seleucia. En mi tercer libro trataré de seguir
-las huellas de esos mensajeros de buenas nuevas por tierra y por mar,
-lo mismo en la calma que en la tormenta, así en los buenos como en los
-malos dias. Ya me urge referir la historia de esa epopeya sin igual,
-recorrer esos caminos infinitos del Asia y de Europa, á lo largo de
-los cuales sembraron el grano del Evangelio, y tengo en fin deseos de
-surcar esas ondas que ellos atravesaran tantas veces en situaciones
-diversas. La gran odisea cristiana va á comenzar; ya la barca
-apostólica ha desplegado sus velas, y sopla la brisa que no aspira sino
-á llevar en sus alas las palabras de Jesús.
-
-
-FIN DE LOS APÓSTOLES.
-
-
-
-
-NOTAS
-
-
-[1] El autor de las _Actas_ no da directamente á San Pablo el título de
-Apóstol, que solo aplica en general á los miembros del colegio central
-de Jerusalem.
-
-[2] Homilias seudo-clementinas, XVII, 13-19.
-
-[3] Justino, _Apol. I_, 39. En las _Actas_ predomina tambien la idea de
-que Pedro fué el Apóstol de los gentiles. Véase sobre todo el Cap. X y
-compárese I Petri, I, 1.
-
-[4] I Cor., III, 6, 10; IV, 14, 15; IX, 1, 2; II Cor., XI, 2, etc.
-
-[5] Carta de Dionisio de Corinto, en Eusebio, _Hist. eccl._, II, 25.
-
-[6] Los lectores franceses que deseen obtener más ámplios detalles
-sobre la discusion y comparacion de las cuatro narraciones, pueden
-consultar los siguientes escritos: Strauss, _Vie de Jésus_, 3.ª sec.,
-cap. IV y V (traduccion Littré); _Nouvelle Vie de Jésus_, l. I, § 46 y
-siguientes; l. II, § 97 y siguientes (Traduccion Nefftzer y Dollfus).
-
-[7] La Iglesia la admite desde luego como evidente. Véase el cánon
-de Muratori (_Antiq. Ital._, III, 854), colacionado por Wieseler y
-restituido por Laurent (_Neutestamentliche Studien_, Gotha, 1866), lin.
-33 y siguientes.
-
-[8] Luc., I, 1-4, _Act._, I, 1.
-
-[9] Véase sobre todo _Act._, XVI, 12.
-
-[10] Sabido es que entre los escritores del Nuevo Testamento es muy
-pobre la manera de expresarse, si bien cada uno tiene su pequeño
-diccionario, y esto nos proporciona una regla precisa para determinar
-quién es el autor de los escritos, aun de los más cortos.
-
-[11] El empleo de esta palabra, _Act._, XIV, 4, 14, es muy indirecto.
-
-[12] Compárese por ejemplo, _Act._, XVII, 14-16; XVIII, 5, á I Tes.,
-III, 1-2.
-
-[13] I Cor., XV, 32; II Cor., I, 8; XI, 23 y siguientes. Rom., XV, 19;
-XVI, 3 y siguientes.
-
-[14] _Act._, XVI, 6; XVIII, 22-23, comparando la epístola á los Galatas.
-
-[15] Por ejemplo, la estancia en Cesarea queda en la oscuridad.
-
-[16] Mabillon, _Museum Italicum_, I, 1.ª pars, pág 109.
-
-[17] Col., IV, 14.
-
-[18] Véase más arriba, pág. XIV.
-
-[19] Casi todas las inscripciones son latinas, así como en Neapolis
-(Cavala) el puerto de Filipos. Véase Heuzey, _Mission de Macédoine_,
-pág. 11 y sig. Los notables conocimientos náuticos del autor de las
-_Actas_ (véase sobre todo cap. XXVII-XXVIII) dan lugar á creer que era
-de Neapolis.
-
-[20] Por ejemplo, _Act._, X, 28.
-
-[21] _Act._, V, 36-37.
-
-[22] Los hebraismos de su estilo pueden ser resultado de una lectura
-asídua de las traducciones griegas del Antiguo Testamento, y sobre todo
-de la lectura de los escritos compuestos por sus correligionarios de
-Palestina, que copia con frecuencia textualmente. Sus citas del Antiguo
-Testamento se han hecho sin ningun conocimiento del texto original (por
-ejemplo, cap. XV, pág. 16 y sig.).
-
-[23] _Act._, XVII, 22 y sig.
-
-[24] Luc., I, 26; IV, 31; XXIV, 13. Compárese más abajo, página 73,
-nota.
-
-[25] Luc., I, 31, comparado con Mateo, I, 21. El nombre de _Juana_ que
-solo Lucas conoce, es sospechoso, pues no parece probable que _Juan_
-tuviese entonces correspondencia femenina. Sin embargo, véase Talm. de
-Bab., _Sota_, 22 _a_.
-
-[26] _Act._, II, 47; IV, 33; V, 13, 26.
-
-[27] _Act._, IX, 22, 23; XII, 3, 11; XIII, 45, 50 y otros muchos
-pasajes. Lo mismo sucede con el cuarto Evangelio porque tambien fué
-redactado fuera de Siria.
-
-[28] Luc., X, 33 y sig.; XVII, 16; _Act._, VIII, 5 y sig. y lo mismo en
-el cuarto Evangelio: Juan, IV, 5 y sig. Comp. Mat., X, 5-6.
-
-[29] _Act._, XXVIII, 30.
-
-[30] Véase _Vida de Jesús_, pág. XVII.
-
-[31] Luc., XXIV, 50. Marc., XVI, 19, viene á decir lo mismo.
-
-[32] _Act._, I, 3, 9.
-
-[33] Véase sobre todo Luc., I, 1, la expresion τῶν πεπληροφορημένων ἐν
-ἡμῖν πραγμάτων.
-
-[34] Cap. X, XXII, XXVI.
-
-[35] El centurion Cornelio y el procónsul Sergio Paulo.
-
-[36] _Act._, XIII, 7 y sig.; XVIII, 12 y sig.; XIX, 35 y sig.; XXIV, 7,
-17; XXV, 9, 16, 25; XXVII, 2; XXVIII, 17-18.
-
-[37] _Ibid._, XVI, 37 y sig.; XXII, 26 y sig.
-
-[38] Semejantes precauciones no eran raras: el Apocalipsis y la
-epístola de Pedro designan á Roma con palabras embozadas.
-
-[39] Luc., I, 4.
-
-[40] _Act._, I, 22.
-
-[41] Véase la _Vida de Jesús_, pág. XXXIX y sig.
-
-[42] Esto se nota principalmente en la historia del Centurion Cornelio.
-
-[43] _Act._, II, 47; IV, 33; V, 13, 26. Cf. Luc., XXIV, 19-20.
-
-[44] _Act._, II, 44-45; IV, 34 y sig.; V, 1 y sig.
-
-[45] I Cor., XII-XIV. Comp. Marc., XVI, 17, y _Act._, II, 4, 13; X, 46;
-XI 15; XIX, 6.
-
-[46] Compárese _Act._, III, 2 y sig. á XIV, 8 y sig.; IX, 36 y sig. á
-XX, 9 y sig.; V, 1 y sig. á XIII, 9 y sig.; V, 15-16 á XIX, 12; XII, 7
-y sig. á XVI, 26 y sig.; X, 44 á XIX, 6.
-
-[47] En un discurso que el autor pone en boca de Gamaliel, allá por el
-año 36, se trata de Teudas cuya empresa se declara fijamente que fué
-anterior á la de Judas el Gaulonita (_Act._, V, 36-37). Ahora bien, la
-rebelion de Teudas es del año 44 (Jos., _Ant._, XX, V, 1), y en todo
-caso muy posterior á la del Gaulonita (Jos., _Ant._, XVIII, I, 1; B.
-J., II, VIII, 1).
-
-[48] Las personas que no puedan leer sobre este punto los escritos
-alemanes de Baur, Schneckenburger, de Wette, Schwegler y Zeller, donde
-se conducen á una solucion definitiva las cuestiones críticas relativas
-á las _Actas_, pueden consultar con fruto los _Études historiques et
-critiques sur les origines du christianisme_, por A. Stap (París,
-Lacroix, 1864), p. 116 y sig.; Michel Nicolas, _Études critiques sur la
-Bible. Nouveau Testament_ (París, Lévy, 1864), p. 223 y sig.; Reuss,
-_Histoire de la théologie chrétienne au siècle apostolique_, l. VI, ch.
-V; diversos trabajos de los señores Kayser, Scherer, Reuss en la _Revue
-de théologie_ de Strasburgo, 1.ª serie, t. II y III; 2.ª serie, t. II y
-III.
-
-[49] Para el matiz de οὐ προσανεθέμην σαρκὶ καὶ αἵματι, compárese Mat.,
-XVI, 17.
-
-[50] Él mismo lo declara así bajo juramento: léase sobre todo los Cap.
-I y II de la epístola de los Galatas.
-
-[51] Act., XII, 1.
-
-[52] Jos., _Ant._, XIX, VIII, 2; _B. J._, II, XII, 6.
-
-[53] La cita de Amos (XV, 16-17), hecha por Jacobo conforme á la
-version griega, y que está en desacuerdo con el hebreo, demuestra
-claramente que este discurso es una ficcion del autor.
-
-[54] Demostraremos luego que este es el verdadero sentido: en todo caso
-la duda sobre la cuestion de saber si Tito se circuncidó ó no, importa
-poco para nuestro razonamiento.
-
-[55] Comp. _Act._, XV, 1; Gal., I, 7; II, 12.
-
-[56] I Cor., VIII, 4, 9; X, 25-29.
-
-[57] _Act._, XXI, 20 y sig.
-
-[58] Los ebionitas sobre todo. Véanse las Homilias seudo-clementinas;
-Ireneo, _Adv. hær._, I, XXVI, 2; Epifanio, _Adv. hær._, hær. XXX; San
-Gerónimo, _In Matth._, XII, init.
-
-[59] Á mi parecer, sin embargo, Ananías y Safira son personajes
-imaginarios.
-
-[60] _De divinatione_, II, 57.
-
-[61] Prefacio de los _Études d’histoire religieuse_.
-
-[62] Marc., XVI, 11; Luc., XVIII, 34; XXIV, 11; Juan, XX, 9, 24 y
-sig. La opinion contraria expresada en Mat., XII, 40; XVI, 4, 21;
-XVII, 9, 23; XX, 19; XXVI, 32; Marc., VIII, 31; IX, 9-10, 31; X, 34;
-Luc., IX, 22; XI, 29-30; XVIII, 31 y sig.; XXIV, 6-8; Justino, _Dial.
-cum Tryph._, 106, proviene de que á partir de cierta época, se tiene
-gran empeño en demostrar que Jesús anunció su resurreccion. Por lo
-demás, los sinópticos reconocen que si Jesús habló, los Apóstoles no
-comprendieron nada. (Marc., IX, 10, 32; Luc., XVIII, 34; compárese
-Luc., XXIV, 8, y Juan, II, 21-22.)
-
-[63] Marc., XVI, 10; Luc., XXIV, 17, 21.
-
-[64] Pasajes precitados, sobre todo Luc., XVII, 24-25; XVIII, 31-34.
-
-[65] Talmud de Babilonia, _Baba Bathra_, 58 _a_, y el extracto árabe
-que da el abate Bargés en el _Bulletin de l’Œuvre des pélerinages en
-terre sainte_, febrero 1863.
-
-[66] Ibn-Hischam, _Sirat errasoul_, edic. Wüstenfeld, pág. 1012 y sig.
-
-[67] Luc., XXIV, 23; _Act._, XXV, 19; Jos., _Ant._, XVIII, III, 3.
-
-[68] Salmo XVI, 10. El sentido del original es un poco diferente pero
-así es como las versiones recibidas traducen el pasaje.
-
-[69] I Tes., IV, 12 y sig.; I Cor., XV entero; Apoc., XX-XXII.
-
-[70] Mat., XVI, 21 y sig.; Marc., VIII, 31 y sig.
-
-[71] Josefo, _Ant._, XVIII, III, 3.
-
-[72] Leer con cuidado los cuatro relatos de los Evangelios y el pasaje
-I Cor., XV, 4-8.
-
-[73] Mat., XXVIII, 1; Marc., XVI, 1; Luc., XXIV, 1; Juan, XX, 1.
-
-[74] Juan, XX, 2, parece suponer que María no estaba siempre sola.
-
-[75] Juan, XX, 1 sig., y Marc., XVI, 9 y sig. Es preciso notar que
-el Evangelio de Márcos tiene, en nuestros textos impresos del Nuevo
-Testamento, dos finales: Marc., XVI, 1-8; Marc., XVI, 9-20, sin hablar
-de otros dos, uno de los cuales ha sido conservado por el manuscrito
-L de París y el margen de la version filoxeniana (_Nov. Test._ edic.
-Griesbach-Schultz, I, pág. 291, nota), el otro por San Gerónimo, _Adv.
-Pelag._, l. II (t. IV, 2.ª parte, col. 520, edic. Martianay). El final
-XVI, 9 y sig. falta en el manuscrito B del Vaticano, en el _Codex
-Sinaiticus_ y en los más importantes manuscritos griegos, pero es de
-una remota antigüedad y concuerda con el cuarto Evangelio de una manera
-admirable.
-
-[76] Mat., XXVII, 60; Marc., XV, 46; Luc., XXIII, 53.
-
-[77] Juan, XIX, 41-42.
-
-[78] Véase _Vida de Jesús_, p. XXXVIII.
-
-[79] El Evangelio de los hebreos contenia acaso algun dato análogo (en
-San Gerónimo, _De viris illustribus_, 2).
-
-[80] M. de Vogüé, _Les Églises de la terre sainte_, pág. 125-126. El
-verbo ἀποκυλίω (Mat., XXVIII, 2; Marc., XVI, 3, 4; Luc., XXIV, 2)
-prueba suficientemente que tal era la disposicion del sepulcro de Jesús.
-
-[81] El relato del cuarto Evangelio tiene en este punto una gran
-superioridad y nos sirve de guia principal. Segun Lucas, XXIV, 12, solo
-Pedro va al sepulcro. En el final de Márcos que nos da el manuscrito L
-y el margen de la version filoxeniana (Griesbach, _l. c._), se menciona
-τοῖς περὶ τὸν Πέτρον. San Pablo (I Cor., XV, 5) tampoco hace figurar
-más que á Pedro en esta primera vision. Más lejos, Lucas (XXIV, 24)
-supone que varios discípulos han ido al sepulcro con lo cual se indica
-probablemente las visitas que se hicieron luego. Es posible que Juan,
-cediendo á una segunda intencion, que se revela más de una vez en su
-Evangelio, quisiera demostrar que desempeñó en la historia de Jesús
-un papel tan importante como el de Pedro. Acaso tambien las repetidas
-declaraciones de Juan de haber sido testigo ocular de los hechos
-fundamentales de la fé cristiana (Evang., I, 14; XXI, 24; I Juan, I,
-1-3; IV, 14), deben aplicarse á esta visita.
-
-[82] Juan, XX, 1-10. Compar. Luc., XXIV, 12, 34; I Cor., XV, 5 y el
-final de Márcos en el manuscrito L.
-
-[83] Mat., XXVIII, 9, observando que Mateo, XXVIII, 9-10, contesta á
-Juan, XX, 16-17.
-
-[84] Juan, XX, 11-17, conforme con Márcos, XVI, 9-10. Compárese el
-relato paralelo, aun cuando menos satisfactorio, de Mat., XXVIII, 1-10;
-Luc., XXIV, 1-10.
-
-[85] Juan, XX, 18.
-
-[86] Compárese Marc., XVI, 9; Luc., VIII, 2.
-
-[87] Luc., XXIV, 11.
-
-[88] _Ibid._, XXIV, 24.
-
-[89] _Ibid._, XXIV, 34; I Cor., XV, 5; el final de Márcos en el
-manuscrito L. El fragmento del Evangelio de los hebreos en San Ignacio,
-_Epist. ad Smyrn._, 3, y en San Gerónimo, _De viris ill._, 16 parece
-situar la «vision de Pedro» por la noche, y la fusiona con la de los
-apóstoles reunidos. Pero San Pablo distingue expresamente las dos
-visiones.
-
-[90] Luc., XXIV, 22-24, 34. Resulta de estos pasajes que las noticias
-se extendieron separadamente.
-
-[91] Marc., XVI, 1-8.--Mat., XXVIII, 9-10 dice lo contrario, pero
-esto desentona con el sistema sinóptico en el cual las mujeres no ven
-sino un ángel. Parece que el primer Evangelio ha querido conciliar el
-sistema sinóptico con el cuarto, donde una sola mujer vé á Jesús.
-
-[92] Mat., XXVIII, 2 y sig.; Marc., XVI, 5 y sig.; Luc., XXIV, 4 y
-sig., 23. Esta aparicion de los ángeles se ha introducido en el relato
-del cuarto Evangelio (XX, 12-13), trastornándolo completamente, puesto
-que se atribuye á María Magdalena. El autor no ha querido prescindir de
-este hecho referido por la tradicion.
-
-[93] Marc., XVI, 8.
-
-[94] Luc., XXIV, 4-7; Juan, XX, 12-13.
-
-[95] Mat., XXVIII, 1 y sig. En el relato de Mateo es donde más se
-han exagerado estas circunstancias. El temblor de tierra y lo de los
-guardias son probablemente adiciones tardías.
-
-[96] Los seis ó siete relatos que tenemos de la escena de la mañana,
-(Márcos tiene dos ó tres, y Pablo tiene tambien el suyo, sin hablar del
-Evangelio de los hebreos) están en completo desacuerdo unos con otros.
-
-[97] Mat., XXVI, 31; Marc., XIV, 27; Juan, XVI, 32; Justino, _Apol._,
-I, 50; _Dial. cum Tryph._, 53, 106. Justino opina que en el momento de
-la muerte de Jesús, cundió una completa apostasía entre los discípulos.
-
-[98] Mat., XXVIII, 17; Marc., XVI, 11; Luc., XXIV, 11.
-
-[99] Marc., XVI, 9; Luc., VIII, 2.
-
-[100] Véase, por ejemplo, Calmeil, _De la folie au point de vue
-pathologique, philosophique, historique et judiciaire_. París, 1845, 2
-volúmenes en 8.º
-
-[101] Véanse las _Lettres pastorales_ de Jurieu, primer año, séptima
-carta; tercer año, cuarta carta; Misson, _Le Théâtre sacré des
-Cévennes_ (Lóndres, 1707), págs. 28, 34, 38, 102, 103, 104, 107;
-Memorias de Court, en Sayous, _Hist. de la littér. française à
-l’étranger_, siglo XVII, I, pág. 303; _Bulletin de la Société de
-l’hist. du protest. franç._, 1862, página 174.
-
-[102] Mat., XIV, 26; Marc., VI, 49; Luc., XXIV, 37; Juan, IV, 19.
-
-[103] Marc., XVI, 12-13; Luc., XXIV, 13-33.
-
-[104] Compárese Josefo, _B. J._, VII, VI, 6. Lucas dice que esta
-aldea se hallaba á sesenta estadios de Jerusalem, y Josefo á treinta.
-Ἑξήκοντα, que aparece en algunos manuscritos y algunas ediciones de
-Josefo, es una correccion cristiana. Véase la edicion de G. Dindorf.
-La situacion más probable de Emmaus es Kulonié, lugar muy bonito
-que se halla en el fondo de un valle en el camino de Jerusalem á
-Jaffa. Véase Sepp, _Jerusalem und das heilige Land_ (1863), I, p. 56;
-Bourquenoud, en los _Études rel. hist. et litt._ des PP. de la Soc. de
-Jésus, 1863, núm. 9, y para las distancias exactas, H. Zschokke, _Das
-neutestamentliche Emmaus_ (Schaffhausen, 1865).
-
-[105] Marc., XVI, 14; Luc., XXIV, 33 y sig.; Juan, XX, 19 y sig.;
-Evangelio de los hebreos en san Ignacio, _Epist. ad Smyrn._, 3, y en
-san Gerónimo, _De viris ill._, 16; I Cor., XV, 5; Justino, _Dial. cum
-Tryph._, 106.
-
-[106] Luc., XXIV, 34.
-
-[107] En una isla que hay frente á Rotterdam, cuya poblacion es
-calvinista y de las más austeras, los aldeanos están persuadidos que
-Jesús va á su lecho de muerte para confirmar á sus elegidos de su
-justificacion; muchos le ven en efecto.
-
-[108] Para concebir la posibilidad de semejantes ilusiones, basta
-recordar las escenas de nuestros dias, en que varias personas reunidas
-reconocen unánimemente que han oido rumores imaginarios, y esto con
-la mejor buena fé. La expectativa, el esfuerzo de la imaginacion, la
-disposicion á creer, á veces bromas inocentes, explican esos fenómenos
-cuando no son hijos del engaño. Esas bromas provienen en lo general
-de personas convencidas, animadas de un sentimiento benévolo que no
-desean que una reunion languidezca y que tratan de sacar de apuro á
-los dueños de la casa. La duda y la negacion son imposibles en esa
-clase de reuniones, porque se disgustaria á las personas que os han
-invitado y creen en tales milagros. Hé aquí por qué esas experiencias
-que dan buen resultado en pequeños grupos, hacen fiasco por lo general
-ante un público que paga, y no pueden verificarse ante las comisiones
-científicas.
-
-[109] Juan, XX, 22-23, que resuena en Lucas, XXIV, 49.
-
-[110] Mat., XXVIII, 17; Marc., XVI, 14; Luc., XXIV, 39-40.
-
-[111] Juan, XX, 24-29; compárese Márcos, XVI, 14; Luc., XXIV, 39-40,
-y el final de Márcos conservado por San Gerónimo, _Adv. Pelag._, II
-(véase más arriba, p. 63).
-
-[112] Juan, XX, 29.
-
-[113] Es muy notable en efecto que Juan, bajo cuyo nombre se nos ha
-trasmitido dicha frase, no tenga vision particular para él solo. Cf. I
-Cor., XV, 5-8.
-
-[114] Juan, XX, 26. El pasaje XXI, 14, supone, es cierto, que no se
-produjeron en Jerusalem más que dos apariciones ante los discípulos
-reunidos; pero los pasajes XX, 30, y XXI, 25 dejan mucha más latitud.
-Compárese _Act._, I, 3.
-
-[115] Luc., XXIV, 41-43; Evangelio de los hebreos, en San Gerónimo, _De
-viris illustribus_, 2; final de Márcos, en San Gerónimo, _Adv. Pelag._,
-II.
-
-[116] Mat., XXVIII, 7; Marc., XVI, 7.
-
-[117] Mat., XXVIII, 10.
-
-[118] _Ibid._, XXVI, 32; Marc., XIV, 28.
-
-[119] Mat., XXVIII, 16; Juan, XXI.--Luc., XXIV, 49, 50, 52 y las
-_Actas_, I, 3-4, están aquí en contradiccion manifiesta con Marc., XVI,
-1-8, y Mateo. El segundo final de Márcos (XVI, 9 y sig.) y aun los dos
-otros que no forman parte del texto recibido (véase más arriba, p. 63),
-parecen arreglados al sistema de Lucas, pero esto no puede prevalecer
-contra el acuerdo de una parte de la tradicion sinóptica con el cuarto
-Evangelio, y aun indirectamente con lo que dice Pablo (I Cor., XV, 5-8)
-sobre este punto.
-
-[120] Mat., XXVIII, 16.
-
-[121] _Ibid._, XXVIII, 7; Marc., XVI, 7.
-
-[122] Final de Márcos, en San Gerónimo, _Adv. Pelag._, II.
-
-[123] Mat., XXVIII, 16.
-
-[124] Juan, XXI, 2 y sig.
-
-[125] El autor de las _Actas_, I, 14, las supone en Jerusalem desde
-la Ascension, pero esto depende de su plan sistemático (Luc., XXIV,
-49; _Actas_, 1-4) de no admitir el viaje á Galilea despues de la
-resurreccion, (sistema opuesto al de Mateo y de Juan). Para sostener
-esta opinion, se vé precisado á suponer la ascension en Betania, lo
-cual contradicen todas las tradiciones.
-
-[126] I Cor., XV, 5 y sig.
-
-[127] Juan, XXI, 1 y sig. Este capítulo se adicionó al Evangelio, ya
-concluido, como un _post-scriptum_, pero tiene el mismo orígen que los
-demás.
-
-[128] Juan, XXI, 9-14; comp. Luc., XXIV, 41-43. Juan reunió en una sola
-las dos escenas de la pesca y de la comida; pero Lucas no hace esta
-agrupacion. De todos modos si se estudian atentamente los versículos
-Juan, XXI, 14-15, podrá uno reconocer que los enlaces de Juan son aquí
-un poco artificiales. Las alucinaciones son aisladas en el momento que
-se producen; solo despues se forman anécdotas continuadas. Este sistema
-de unir dos hechos separados es por demás sorprendente comparando
-entre sí dos pasajes del mismo escritor, Lucas, _Evang._, XXIV, final,
-y _Act._, I, inicio. Segun el primer pasaje, Jesús subió al cielo
-el mismo dia de la resurreccion, pero el segundo dice que hubo un
-intervalo de cuarenta dias. Tomando al pié de la letra lo que refiere
-Marc., XVI, 9-20, la ascension hubiera tenido lugar la misma noche de
-la resurreccion. Nada prueba mejor que la contradiccion de Lucas en
-estos dos pasajes cuán poco se cuidaban de la exactitud de sus relatos
-los redactores de escritos evangélicos.
-
-[129] Juan, XXI, 15 y sig.
-
-[130] _Ibid._, XXI, 18 y sig.
-
-[131] I Cor., XV, 6.
-
-[132] Transfiguracion.
-
-[133] Mat., XXVIII, 16-20; I Cor., XV, 6. Comp. Marc., XVI, 15 y sig.;
-Luc., XXIV, 44 y sig.
-
-[134] I Cor., XV, 6.
-
-[135] Juan no limita la duracion de la segunda vida de Jesús, pero
-supone que fué bastante larga. Segun Mateo, no duró sino el tiempo
-necesario para hacer el viaje á Galilea, é ir á la montaña indicada
-por Jesús. Segun el primer final no concluido de Márcos (XVI, 1-8),
-las cosas pasaron como dice Mateo. Segun el segundo final (XVI, 9-20),
-otros varios (véase p. 63, nota 4) y conforme al Evangelio de Lucas,
-parece que la segunda vida no duró más que un dia. Pablo (I Cor., XV,
-5-8), de acuerdo con el cuarto Evangelio, la prolonga durante algunos
-años, y produce despues su vision, que tuvo lugar al menos cinco ó seis
-años despues de la vida de Jesús, y fué la última de las apariciones.
-La circunstancia de los «quinientos hermanos», induce á la misma
-suposicion, pues no parece verosímil que al siguiente dia de la muerte
-de Jesús, fuera tan considerable el grupo de sus amigos. (_Act._, I,
-15). Varias sectas gnósticas, evaluaban la duracion de las apariciones
-en diez y ocho meses, fundando sobre esto teorías místicas (Ireneo,
-_Adv. hær._, I, III, 2; XXX, 14). Solo el autor de las _Actas_ (I, 3)
-fija la duracion de la segunda vida de Jesús en cuarenta dias, pero es
-una autoridad de poco valor, sobre todo si se observa que procede de un
-sistema erróneo (Luc., XXIV, 49, 50, 52; _Act._, I, 4, 12), segun el
-cual toda la segunda vida se pasó en Jerusalem ó en sus alrededores.
-El número _cuarenta_ es simbólico: (el pueblo pasa cuarenta dias en
-el desierto; Moisés cuarenta dias en el Sinaí; Elías y Jesús ayunan
-cuarenta dias, etc.). En cuanto á la forma del relato adoptado por el
-autor de los doce últimos versículos del segundo Evangelio, y por el
-del tercero, véase p. 84, nota. La autoridad de Pablo, la más antigua
-y la más autorizada de todas, que corroborando la del cuarto Evangelio
-ofrece para esta parte de la historia Evangélica más verosimilitud, nos
-parece ofrecer un argumento decisivo.
-
-[136] Luc., XXIV, 31.
-
-[137] Juan, XX, 19-26.
-
-[138] Mat., XXVIII, 9; Luc., XXIV, 37 y sig.; Juan, XX, 27 y sig.; XXI,
-5 y sig.; Evangelio de los hebreos en san Ignacio, epístola de los
-Esmirnos, 3, y en san Gerónimo, _De viris illustribus_, 16.
-
-[139] Juan, VI, 64.
-
-[140] Mat., XXVIII, 11-15; Justino, _Dial. cum Tryph._, 17, 108.
-
-[141] Mat., XXVII, 62-66; XXVIII, 4, 11-15.
-
-[142] _Ibid._, XXVIII, 2 y sig.
-
-[143] Segun Mat., XXVII, 63, parece que los judíos sabian que Jesús
-habia predicho que resucitaria, pero los mismos discípulos de Jesús no
-tenian ninguna idea precisa sobre este punto. Véase pág. 59, nota.
-
-[144] En Mat., XXVI, 32; XXVIII, 7, 10; y en Marc., XIV, 28; XVI, 7 se
-indica vagamente esta opinion.
-
-[145] Esto se ha visto por los milagros de la Salette y de Lourdes.--Hé
-aquí por qué medios se forma comunmente la leyenda milagrosa. Un santo
-hombre, adquiere la fama de hacer curaciones; se le trae un enfermo que
-á causa de la emocion se siente aliviado, y al dia siguiente se refiere
-en diez leguas á la redonda que se ha verificado un milagro. El enfermo
-muere cinco ó seis dias despues, y nadie habla de ello, mas en el
-momento de enterrar al difunto, se habla con asombro de su curacion en
-un espacio de cuarenta leguas.--La palabra atribuida al filósofo griego
-delante de los _ex-votos_ de Samotracia (Diog. Laerc., VI, II, 59) es
-asimismo perfectamente apropiada.
-
-[146] En Jerusalem ocurre todos los años un fenómeno de este género y
-de los más extraordinarios que puedan citarse. Los griegos ortodoxos
-pretenden que el fuego que se enciende espontáneamente en el Santo
-Sepulcro el sábado santo de su Pascua, borra los pecados de aquellos
-que se lo pasan por el semblante sin quemarse. Millares de peregrinos
-hacen esta prueba, pero se convencen de que aquel fuego quema (y esto
-lo prueban las contorsiones y gestos que hacen, así como tambien el
-olor que se percibe). Á pesar de esto, ninguno ha contradicho la
-creencia de la iglesia ortodoxa, porque esto seria confesar que no se
-tiene fé, que uno es indigno del milagro, y reconocer ¡oh cielos! que
-los latinos son la verdadera iglesia, pues los griegos suponen que este
-milagro es la mejor prueba de que su iglesia es la única buena.
-
-[147] Esta causa se vió ante el tribunal de Grenoble (sentencia del 2
-de Mayo de 1855 y 6 Mayo 1847) defensas de los letrados Jules Fabre y
-Bethmont, etc., coleccionadas por J. Sabbatier (Grenoble, Vellot, 1857).
-
-[148] ¿No se trasluce nada de esto en Juan, XX, 15?
-
-[149] Véase más arriba, p. 64-65.
-
-[150] Juan lo dice expresamente en XIX, 41-42.
-
-[151] Juan, XX, 6-7.
-
-[152] Involuntariamente se piensa en María de Betania, que en efecto
-no desempeña un papel marcado en la mañana del Domingo. Véase _Vida de
-Jesús_, p. 341 y sig.; 359 y sig.
-
-[153] Celso hacia sobre este punto excelentes observaciones críticas
-(en Orígenes, _Contra Celsum_, II, 55).
-
-[154] Marc., XVI, 9; Luc., VIII, 2.
-
-[155] Luc., XXIV, 47.
-
-[156] Sobre el apelativo de «galileos» dado á los cristianos, véase más
-abajo, p. 252, nota 699.
-
-[157] Mateo es exclusivamente Galileo; Lucas y el segundo Márcos, XVI,
-9-20 son exclusivamente Jerosolimitas. Juan reune ambas tradiciones.
-Pablo (I Cor., XV, 5-8.) admite tambien visiones llegadas de puntos muy
-lejanos, y es posible que la vision de los «quinientos hermanos» de
-Pablo, que hemos identificado por conjetura con la de la «montaña de
-Galilea,» de Mateo, sea una vision Jerosolimita.
-
-[158] I Cor., XV, 7. No se explica el silencio de los cuatro Evangelios
-canónicos acerca de esta vision, sino suponiéndola en una época más
-lejana que aquella á que se refiere su relato. El órden cronológico de
-las visiones, sobre el cual insiste Pablo con tanta precision, induce á
-creer lo mismo.
-
-[159] Evangelio de los hebreos citado por San Gerónimo, _De viris
-illustribus_, 2. Compárese Luc., XXIV, 41-43.
-
-[160] Evangelio de los hebreos, _loc. cit._
-
-[161] Juan, VII, 5.
-
-[162] ¿Se aludirá á este brusco cambio en Gal., II, 6?
-
-[163] _Act._, I, 14 no es un testimonio muy autorizado. Se reconoce en
-Lucas una tendencia á engrandecer á María. Luc., cap. I y II.
-
-[164] Juan, XIX, 25-27.
-
-[165] La tradicion que habla de su permanencia en Éfeso es moderna y no
-tiene valor alguno. Véase Epifanio, _Adv. hær._, hær. LXXVIII, 11.
-
-[166] Véase, _Vida de Jesús_, págs. 23 y sig.
-
-[167] Evangelio segun los hebreos, véase lugar citado en la pág. 97,
-nota 159.
-
-[168] _Act._, VIII, 1; Galat., I, 17-19; II, 1 y sig.
-
-[169] Luc., XXIV, 49; _Act._, I, 4.
-
-[170] Es cierto que esta idea no está desarrollada sino en el cuarto
-Evangelio, (cap. XIV, XV, XVI), pero se indica en Mat., III, 11; Marc.,
-I, 8; Luc., III, 16; XII, 11-12; XXIV, 49.
-
-[171] Juan, XX, 22-23.
-
-[172] _Ibid._, XVI, 7.
-
-[173] Luc., XXIV, 49; _Act._, I, 4 y sig.
-
-[174] _Act._, I, 5-8.
-
-[175] I Cor., XV, 7; Luc., XXIV, 50 y sig.; _Act._, I, 2 y sig.
-Ciertamente seria muy admisible que la vision de Betania referida
-por Lucas fuese semejante á la de la montaña de que nos habla Mat.,
-XXVIII, 16 y sig. Sin embargo, á la vision de que hablaba Mateo no
-siguió la ascension. En el segundo final de Márcos, la vision de
-las instrucciones finales, seguida de la ascension, tuvo lugar en
-Jerusalem. Finalmente, Pablo presenta la vision de todos los apóstoles
-como distinta de la de los quinientos hermanos.
-
-[176] Otras tradiciones aseguran que Jesús confirió este poder en
-visiones anteriores (Juan, XX, 23)
-
-[177] Luc., XXIV, 23; _Act._, XXV, 19.
-
-[178] _Act._, I, 11.
-
-[179] I Cor., XV, 8.
-
-[180] Mat., XXVIII, 20.
-
-[181] Juan, III, 13; VI, 62; XVI, 7; XX, 17; Efes., IV, 10; I Petri,
-III, 22. Ni Mateo ni Juan dan el relato de la ascension. Pablo (I Cor.,
-XV, 7-8), ni siquiera incluye semejante idea.
-
-[182] Marc., XVI, 19; Luc., XXIV, 50-52; _Act._, 2-12; Justino, _Apol.
-I_, 50; _Ascension de Isaías_, version etíope, XI, 22; version latina
-(Venecia, 1522), _sub fin._
-
-[183] Compárese el relato de la transfiguracion.
-
-[184] Jos., _Antiq._, IV, VIII, 48.
-
-[185] II Reg., II, 11 y sig.
-
-[186] Luc., último capítulo del Evangelio y primero de las _Actas_.
-
-[187] Luc., XXIV, 52.
-
-[188] Mateo, XVIII, 20.
-
-[189] _Act._, I, 15. La mayor parte de los «quinientos hermanos» se
-habian quedado en Galilea; por consiguiente, lo que dice _Act._, II, 41
-es una exageracion ó por lo menos una anticipacion.
-
-[190] Luc., XXIV, 53; _Act._, II, 46. Comp. Luc., II, 37; Hegesipo, en
-Eusebio, _Historia eclesiástica_, II, 23.
-
-[191] Deuter., X, 18; I Tim., VI, 8.
-
-[192] Léase la _Guerra de los judíos_ de Josefo.
-
-[193] Juan, XX, 22.
-
-[194] I Reg., XIX, 11-12.
-
-[195] Esta obra parece haber sido escrita á principios del siglo II de
-nuestra era.
-
-[196] _Ascension de Isaías_, VI, 6 y sig. (Version etíope).
-
-[197] Mat., III, 11; Marc., I, 8; Luc., III, 16; _Act._, I, 5; XI, 16;
-XIX, 4; I Juan, V, 6 y sig.
-
-[198] Compárese á Misson, en su _Le Théâtre sacré des Cévennes_
-(Lóndres, 1707), pág. 103.
-
-[199] _Revue des Deux Mondes_, setiembre de 1853, pág. 966 y sig.
-
-[200] Jules Remy, _Voyage au pays des Mormons_, (París, 1860), libros
-II y III; por ejemplo, tomo I, pág. 259-260; tomo II, 470 y sig.
-
-[201] Astié, _Le Réveil religieux des États-Unis_ (Lausanne, 1859).
-
-[202] _Act._, II, 1-3; Justino, _Apol. I_, 50.
-
-[203] La expresion _lengua de fuego_, significa simplemente, en hebreo,
-una llama (Isaías V, 24). Comp. Virgilio, _Æn._, II, 682-84.
-
-[204] Jámblico (_De myst._, sect. III, cap. 6) expone toda la teoría de
-esas bajadas luminosas del Espíritu.
-
-[205] Compárese Talmud de Babilonia, _Chagiga_, 14 _b_; Midrachim,
-_Schir hasschirin rabba_, fol. 10 _b_; _Ruth rabba_, fol. 42 _a_;
-_Koheleth rabba_, 87, _a_.
-
-[206] Mat., III, 11; Luc., III, 16.
-
-[207] Éxodo, IV, 10; comp. Jeremías, I, 6.
-
-[208] Isaías, VI, 5 y sig; comp. Jeremías, I, 9.
-
-[209] Luc., XI, 12; Juan, XIV, 26.
-
-[210] _Act._, II, 5 y sig. Este es el sentido más probable, aunque
-tambien puede significar que cada predicador hablaba uno de los
-diferentes idiomas.
-
-[211] _Act._, II, 4. Comp. I Cor., XII, 10, 28; XIV, 21-22. Para
-imaginaciones análogas véase Calmeil, _De la folie_, I, p. 9, 262; II,
-p. 357 y sig.
-
-[212] Talmud de Jerusalem, _Sota_, 21 _b_.
-
-[213] _Testamento de los doce patriarcas._, Judá, 25.
-
-[214] _Act._, II, 4; X, 44 y sig. XI, 15; XIX, 6; I Cor., XII-XIV.
-
-[215] Marc., XVI, 17. Debe recordarse que en el antiguo hebreo, como
-en todas las lenguas antiguas, (véase mi _Orig. du langage_, pág. 177
-y sig.) las palabras «extranjero», «lengua extranjera», se derivaban
-de palabras que significaban «tartamudear», «balbucear», porque
-los pueblos sencillos tomaban siempre un idioma desconocido por un
-tartamudeo indistinto. Véase Isaías, XXVIII, 11; XXXIII, 19; I Cor.,
-XIV, 21.
-
-[216] I Cor., XIII, 1. (Véase la nota anterior).
-
-[217] I Cor., XII, 28, 30; XIV, 2 y sig.
-
-[218] I Sam., XIX, 23 y sig.
-
-[219] Plutarco, _De Pythiæ oraculis_, 24. Véase tambien la prediccion
-de Casandra en el _Agamemnon_ de Esquilo.
-
-[220] I Cor., XII, 3; XVI, 22; Rom., VIII, 15.
-
-[221] Rom., VIII, 23, 26, 27.
-
-[222] I Cor., XIII, 1; XIV, 7 y sig.
-
-[223] Rom., VIII, 26-27.
-
-[224] I Cor., XIV, 13, 14, 27 y sig.
-
-[225] Jurieu, _Lettres pastorales_; tercer año, carta 3.ª; Misson, _Le
-Théâtre sacré des Cévennes_, p. 10, 14, 15, 18, 19, 22, 31, 32, 36, 37,
-65, 66, 68, 70, 94, 104, 109, 126, 140; Brueys, _Histoire du fanatisme_
-(Montpellier, 1709), I, páginas 145 y sig.; Fléchier, _Lettres
-choisies_ (Lyon 1734), I, pág. 353 y sig.
-
-[226] Karl Hase, _Hist. de l’Église_, párrafo 439 y 458, 5; el
-periódico protestante _L’Espérance_, 1.º de abril de 1847.
-
-[227] M. Hohl, _Bruchstücke aus dem Leben und den Schriften Ed.
-Irving’s_ (Saint-Gall, 1839), p. 145, 149 y sig.; Karl Hase, _Hist.
-de l’Église_, párrafo 458, 4.--Respecto á los Mormones, véase Remy,
-_Voyage_, I, pág. 176-177, nota; 259-260; II, pág. 55 y sig.--En cuanto
-á los convulsionarios de Saint-Médard, véase sobre todo Carré de
-Montgeron, _La Vérité des miracles_, etc. (París 1737-1741), II, p. 18,
-19, 49, 54, 55, 63, 64, 80, etc.
-
-[228] _Act._, II, 13, 15.
-
-[229] Marc., III, 21 y sig; Juan, X, 20 y sig; XII, 27 y sig.
-
-[230] _Act._, XIX, 6; I Cor., XIV, 3 y sig.
-
-[231] _Act._, X, 46; I Cor., XIV, 15, 16, 26.
-
-[232] Col., III, 16; Efes., V, 19 (Ψαλμοί, ὕμνοί, ᾠδαὶ πνευματικαί).
-Véase los primeros capítulos del Evangelio de Lucas. Compárese, en
-particular, Luc., I, 46 á _Act._, X, 46.
-
-[233] I Cor., XIV, 15; Col., III, 16; Efes., V, 19.
-
-[234] Jeremías, I, 6.
-
-[235] Marc., XVI, 17.
-
-[236] I Cor., XIV, 22. Πνεῦμα, en las epístolas de San Pablo, está
-usado muy á menudo como δύναμις. Los fenómenos espiritistas se
-consideran como δυνάμεις, es decir, milagros.
-
-[237] Ireneo, _Adv. hær._, V, VI, 1; Tertuliano, _Adv. Marcion._, V, 8;
-_Constit. Apost._, VIII, 1.
-
-[238] Luc., II, 37; II Cor., VI, 5; XI, 27.
-
-[239] II Cor., VII, 10.
-
-[240] _Act._, VIII, 26 y sig.; X entero; XVI, 6, 7, 9 y sig. Compárese
-Luc., II, 27, etc.
-
-[241] _Act._, XX, 19, 31; Rom., VIII, 23, 26.
-
-[242] _Act._, II, 42-47; IV, 32-37; V, 1-11; VI, 1 y sig.
-
-[243] _Ibid._, II, 44, 46, 47.
-
-[244] _Ibid._, II, 46; XX, 7, 11.
-
-[245] No ha habido literatura alguna que haya referido con tanta
-frecuencia la palabra «_alegría_» como la del Nuevo Testamento. Véase
-I Tes., I, 6; V, 16; Rom., XIV, 17; XV, 13; Galat., V, 22; Philip., I,
-25; III, 1; IV, 4; I Juan, I, 4, etc.
-
-[246] _Act._, XII, 12.
-
-[247] Véase _Vida de Jesús_, p. XXXIX y sig.
-
-[248] _Ebionim_ significa «pobres.» Véase _Vida de Jesús_, p. 182-183.
-
-[249] Recuérdese el año 1000. Todos los documentos encabezados con la
-fórmula: _adventante mundi vespera_, ú otras parecidas, son donaciones
-hechas á monasterios.
-
-[250] Hodgson, en el _Journal Asiat. Soc. of Bengal_, t. V, p. 33 y
-sig. Eugène Burnouf, _Introd. à l’histoire du buddhisme indien_, I, p.
-278 y sig.
-
-[251] Luciano, _Muerte de Peregrino_, 13.
-
-[252] Papiros de Turin, de Lóndres, de París, coleccionados por Brunet
-de Presle, _Mém. sur le Sérapéum de Memphis_ (París, 1852); Egger,
-_Mém. d’hist. anc. et de philologie_, p. 151 y sig. y en las _Notices
-et extraits_, t. XVIII, 2.ª parte, p. 264-359. Obsérvese que la vida
-eremítica cristiana tuvo su orígen en Egipto.
-
-[253] _Act._, XI, 29-30; XXIV, 17; Galat., II, 10; Rom., XV, 26 y sig.
-I Cor., XVI, 1-4; II Cor., VIII y IX.
-
-[254] _Act._, V, 1-11.
-
-[255] _Ibid._, II, 46; V, 12.
-
-[256] _Ibid._, III, 1.
-
-[257] Jacobo, por ejemplo, fué toda su vida judío puro.
-
-[258] _Act._, II, 47, IV, 33, V, 13, 26.
-
-[259] _Ibid._, II, 46.
-
-[260] I Cor., X, 16; Justino, _Apol. I_, 65-67.
-
-[261] Συνδεῖπνα. Jos., _Antiq._, XIV, X, 8, 12.
-
-[262] Luc., XXII, 19; I Cor., XI, 24 y sig.; Justino, _loc. cit_.
-
-[263] En el año 57 la eucaristía era ya una institucion llena de abusos
-(I Cor., XI, 17 y sig.) y por lo tanto antigua.
-
-[264] _Act._, XX, 7; Plinio, _Epist._ X, 97; Justino, _Apol. I_, 67.
-
-[265] _Act._, XX, 7, 11.
-
-[266] Plinio, _Epist._ X, 97.
-
-[267] Juan, XX, 26, no basta para probar lo contrario: los ebionitas
-hacian siempre fiesta el sábado. San Gerónimo, _In Matth._, XII, inicio.
-
-[268] _Act._, I, 15-26.
-
-[269] Véase _Vida de Jesús_, p. 437 y sig.
-
-[270] Compárese Eusebio, _H. E._, III, 39 (segun Papias.)
-
-[271] Justino, _Apol I_, 39, 50.
-
-[272] Pseudo-Abdias, etc.
-
-[273] Compárese I Cor., XV, 10 y Rom., XV, 19.
-
-[274] Gal., I, 17-19.
-
-[275] _Act._, VI, 4.
-
-[276] Comp. Mat., X, 2-4; Marc., III, 16-19; Luc., VI, 14-16; _Act._,
-I, 13.
-
-[277] _Act._, I, 14; Gal., I, 19; I Cor., IX, 5.
-
-[278] Gal., II, 9.
-
-[279] Véase _Vida de Jesús_, pág. 307.
-
-[280] Véase _Vida de Jesús_, pág. 150. Cf. Papias, en Eusebio, _H. E._,
-III, 39; Polícrates, _ibid._, V, 24; Clemente de Alej., _Strom._, III,
-6; VII, 11.
-
-[281] Por ejemplo, ἐπίσκοπος, quizá κλῆρος. Véase Wescher, en la _Revue
-archéol._, abril 1866, y más abajo p. 352-353.
-
-[282] _Act._, I, 26. Véase más abajo, p. 353.
-
-[283] _Act._, XIII, 1 y sig.; Clem. de Alej., en Eusebio, _H. E._, III,
-23.
-
-[284] _Act._, V, 1-11.
-
-[285] I Cor., V, 1 y sig.
-
-[286] I Tim., I, 20.
-
-[287] Gen., XVII, 14 y otros pasajes numerosos del código mosaico;
-Mischna, _Kerithouth_, I, 1; Talmud de Bab., _Moëd katon_, 28 _a_.
-Comp. Tertuliano, _De anima_, 57.
-
-[288] Véase, en los diccionarios hebreos y _rabínicos_, la voz כרת.
-Compárese la palabra _exterminare_.
-
-[289] Mischna, _Sanhedrin_, IX, 6; Juan, XVI, 2; Jos., _B. J._; VII,
-VIII, 1; III Macab. (apocr.), VII, 8, 12-13.
-
-[290] Luc., VI, 15; _Act._, I, 13. Comp. Mat., X, 4; Marc., III, 18.
-
-[291] _Act._, V, 1-11. Comp. _Act._, XIII, 9-11.
-
-[292] _Act._, I, 15; II, 14, 37; V, 3, 29; Gal., I, 18; II, 8.
-
-[293] _Act._, III, 1 y sig.; VIII, 14; Gal., II, 9. Comp. Juan, XX, 2 y
-sig.; XXI, 20 y sig.
-
-[294] Segun Mat., XXVIII, 1 y sig., los guardias fueron testigos de
-la bajada del ángel que levantó la piedra. Este relato, bastante
-confuso, quiere dar á entender tambien que las mujeres presenciaron
-el hecho; pero no se indica terminantemente. En todo caso, lo que los
-guardias y las mujeres verian, segun el mismo relato, no seria á Jesús
-resucitando, sino al ángel. La redaccion de tal escrito, aislada é
-inconsistente, es á no dudarlo la más moderna de todas.
-
-[295] Luc., XXIV, 48; _Act._, I, 22; II, 32; III, 15; IV, 33; V, 32; X,
-41; XIII, 30-31.
-
-[296] Véase más arriba, pág. 59, nota 62.
-
-[297] Véase _Vida de Jesús_, p. 275 y sig.
-
-[298] I Cor., XVI, 22. Estas dos palabras son siro-caldaicas.
-
-[299] Mat., X, 23.
-
-[300] _Act._, II, 33 y sig.; X, 42.
-
-[301] Luc., XXIV, 19.
-
-[302] _Act._, II, 22.
-
-[303] Las enfermedades se consideraban en general como obras del
-demonio.
-
-[304] _Act._, X, 38.
-
-[305] _Ibid._, II, 36; VIII, 37; IX, 22; XVII, 3, etc.
-
-[306] _Ibid._, II, 14 y sig.; III, 12 y sig.; IV, 8 y sig., 25 y sig.;
-VII, 2 y sig.; X, 43, y la epístola atribuida á San Bernabé, entera.
-
-[307] Jac., I, 26-27.
-
-[308] Más tarde la llamaron λειτουργεῖν. _Act._, XIII, 2.
-
-[309] Hebr., V, 6; VI, 20; VIII, 4; X, 11.
-
-[310] Apoc., I, 6; V, 10; XX, 6.
-
-[311] _Act._, XIII, 2; Luc., II, 37.
-
-[312] Rom., VI, 4 y sig.
-
-[313] _Act._, VIII, 12, 16; X, 48.
-
-[314] _Act._, VIII, 16; X, 47.
-
-[315] Mat., IX, 18; XIX, 13, 15; Marc., V, 23; VI, 5; VII, 32; VIII,
-23, 25; X, 16; Luc., IV, 40; XIII, 13.
-
-[316] _Act._, VI, 6; VIII, 17, 19; IX, 12, 17; XIII, 3; XIV, 6; XXVIII,
-8; I Tim., IV, 14; V, 22; II Tim., I, 6; Hebr., VI, 2; Jac., V, 13.
-
-[317] Mat., III, 11; Marc., I, 8; Luc., III, 16; Juan, I, 26; _Act._,
-I, 5; XI, 16; XIX, 4.
-
-[318] Mat., XXVIII, 19.
-
-[319] Véase el _Cholasté_ (Manuscritos Sabianos de la Biblioteca
-imperial, núms. 8, 10, 11, 13).
-
-[320] _Vendidad-Sadé_, VIII, 296 y sig.; IX, 1-145; XVI, 18-19;
-Spiegel, _Avesta_, II, p., LXXXIII y sig.
-
-[321] I Cor., XII, 9, 28, 30.
-
-[322] Mat., IX, 2; Marc., II, 5; Juan, V, 14, IX, 2; Jac., V, 15;
-Mischna, _Schabbath_, II, 6; Talm. de Bab., _Nedarim_, fol. 41 _a_.
-
-[323] Mat., IX, 33; XII, 22; Marc., IX, 16-24; Luc., XI, 14; _Act._,
-XIX, 12. Tertuliano, _Apol._, 22; _Adv. Marc._, IV, 8.
-
-[324] _Act._, V, 16; XIX, 12-16.
-
-[325] Jac., V, 14-15; Marc., VI, 13.
-
-[326] Luc., X, 34.
-
-[327] Marc., XVI, 18; _Act._, XXVIII, 8.
-
-[328] I Tes., IV, 13 y sig.; I Cor., XV, 12 y sig.
-
-[329] Fil., I, 23, parece ofrecer un ligero matiz algo distinto. Esto
-no obstante, compárese I Tes., IV, 14-17. Véase sobre todo Apoc., XX,
-4-6.
-
-[330] Pablo, obras ya citadas y Fil., III, 11; Apoc., XX entero;
-Papias en Eusebio, _H. E._, III, 39. Véase despuntar algunas veces la
-creencia contraria, sobre todo en Lucas (Evang., XVI, 22 y sig.; XXIII
-43, 46). Empero es de poco peso su autoridad, tratándose de un punto
-de filosofía judía. Véase lo que precede, Introd., pág. XIX-XX. Los
-esenios habian adoptado ya el dogma griego de la inmortalidad del alma.
-
-[331] Compárese _Act_., XXIV, 15 á I Tes., IV, 13 y sig.; Fil., III,
-11. Cf. Apoc., XX, 5. Véase Leblant, _Inscr. chrét. de la Gaule_, II,
-pág. 81 y sig.
-
-[332] _Act._, XI, 27 y sig.; XIII, 1; XV, 32; XXI, 9, 10 y sig.; I
-Cor., XII, 28 y sig.; XIV, 29-37. Efes., III, 5; IV, 11; Apoc., I, 3;
-XVI, 6; XVIII, 20, 24; XXII, 9.
-
-[333] Luc., I, 46 y sig.; 68 y sig.; II, 29 y sig.
-
-[334] _Act._, XVI, 25; I Cor., XIV, 15; Col., III, 16; Efes., V, 19;
-Jac., V, 13.
-
-[335] La identidad de este canto entre comunidades religiosas separadas
-desde los primeros siglos, acredita que es muy antiguo.
-
-[336] Num., V, 22; Deuter., XXVII, 15 y sig.; Salmo CVI, 48; I Paral.,
-XVI, 36; Nehem., V, 13; VIII, 6.
-
-[337] I Cor., XIV, 16; Justino, _Apol. I_, 65, 67.
-
-[338] I Cor., XIV, 7, 8, no lo demuestra. El uso del verbo ψάλλω no
-lo prueba tampoco. Este verbo implicaba originariamente el uso de un
-instrumento de cuerdas, pero con el tiempo vino á ser sinónimo de
-«cantar salmos.»
-
-[339] Col., III, 16; Efes., V, 19.
-
-[340] Véase Du Cange, en la voz _Lollardi_ (edic. Didot). Compárense
-las cantinelas de Cevenols. _Avertissemens prophétiques d’Elie Marion_
-(Lóndres 1707), págs. 10, 12, 14, etc.
-
-[341] Jac., V, 13.
-
-[342] Mat., XVI, 28; XXIV, 34; Marc., VIII, 39; XIII, 30; Luc., IX, 27;
-XXI, 32.
-
-[343] _Act._, primeros capítulos.
-
-[344] _Act._, V, 42.
-
-[345] Véase, por ejemplo, _Act._, II, 34 y sig., y en general todos los
-discursos de los primeros capítulos.
-
-[346] I Cor., I, 22; II, 4-5; II Cor., XII, 12; I Tes., I, 5; II Tes.,
-II, 9; Gal., III, 5; Rom., XV, 18-19.
-
-[347] Rom., XV, 19; II Cor., XII, 12; I Thess, I, 5.
-
-[348] _Act._, V, 12-16. Las _Act._ abundan en milagros. El de Eutico
-(_Act._, XX, 7-12) lo cuenta con toda seguridad un testigo ocular. Lo
-mismo sucede en cuanto á _Act._, XXVIII. Comp. Papias, en Eusebio, _H.
-E._, III, 39.
-
-[349] Los exorcismos judíos y cristianos fueron considerados como los
-más eficaces, aun por los mismos paganos. Damascio, _Vida de Isidoro_,
-56.
-
-[350] _Act._, V, 15.
-
-[351] I Cor., XII, 9 y sig., 28 y sig.; _Constit. apost._, VIII, I.
-
-[352] Ireneo, _Adv. hær._, II, XXXII, 4; V, VI, 1; Tertuliano, _Apol._,
-23, 43; _Ad Scapulam_, 2; _De corona_, 11; _De spectaculis_, 24; _De
-anima_, 57; _Constit. apost._, capítulo citado, el cual parece sacado
-de la obra de san Hipólito sobre los _Charismata_.
-
-[353] En cuanto á los Mormones, los milagros son cosa cotidiana; cada
-cual tiene los suyos. Jules Remy, _Voy. au pays des Mormons_, I, p.
-140, 192, 259-260; II, 53 y sig.
-
-[354] _Act._, IV, 36-37. Cf. _ibid._, XV, 32.
-
-[355] _Ibid._, XIII, 1.
-
-[356] _Ibid._, XXI, 16.
-
-[357] Jos., _Ant._, XIII, X, 4; XVII, XII, 1, 2; Philon, _Leg. ad
-Caium_, párrafo 36.
-
-[358] Esto resulta en cuanto á Bernabé de su nombre _Hallévi_ y de
-Col., IV, 10-11. _Mnason_ parece ser la traduccion de algun nombre
-hebreo en el que entraba la raíz _zacar_, como Zacarías.
-
-[359] Col., IV, 10-11.
-
-[360] _Act._, XII, 12.
-
-[361] I Petri, V, 13; _Act._, XII, 12; Papias, en Eusebio, _H. E._,
-III, 39.
-
-[362] _Act._, XII, 12-14. Todo este capítulo en que se cuentan tan
-íntimamente cuanto guarda relacion con Pedro, parece haber sido
-redactado por Juan Márcos ó segun sus informes.
-
-[363] No siendo comun el nombre de _Marcus_ entre los judíos de aquel
-tiempo, no parece que deban referirse á individuos distintos los
-pasajes en que se trata de un personaje de este nombre.
-
-[364] Compárese _Act._, VIII, 2 con _Act._, II, 5.
-
-[365] _Act._, VI, 5.
-
-[366] _Ibid._
-
-[367] Compárese _Act._, XXI, 8-9 con Papias, en Eusebio, _Hist. eccl._
-III, 39.
-
-[368] Rom., XVI, 7. Es dudoso si Ἰουνίαν proviene de Ἰουνία ó de
-Ἰουνίας = _Junianus_.
-
-[369] Pablo los llama sus συγγενεῖς; pero seria difícil decir si esto
-significa que eran judíos, ó de la tribu de Benjamin, ó de Tarso, ó
-realmente parientes de Pablo. La primera interpretacion parece con
-mucho la más probable. Comp. Rom., IX, 3; XI, 14. En todo caso esta
-palabra implica que eran judíos.
-
-[370] _Act._, VI, 1, 5; II Cor., XI, 22; Fil., III, 5.
-
-[371] _Act._, II, 9-11; VI, 9.
-
-[372] El Talmud de Jerusalem, _Megilla_, fol. 73 _d_, hace subir el
-número á cuatrocientos ochenta. Comp. Midrasch _Eka_, 52 _b_, 70 _d_.
-Esta cifra no debe extrañar á los que han visto esas pequeñas mezquitas
-de familia que se encuentran á cada paso en las ciudades musulmanas;
-pero los datos talmúdicos sobre Jerusalem no merecen mucho crédito.
-
-[373] _Act._, VI, 1.
-
-[374] La epístola de Jacobo está escrita en griego bastante puro;
-aunque es cierto que la autenticidad de esta epístola no es segura.
-
-[375] Los sabios escribian en hebreo antiguo, un poco modificado:
-trozos como se encuentran en el Talmud de Babilonia _Kidduschin_ fol.
-66 _a_, acaso se hayan escrito hácia aquella época.
-
-[376] Jos., _Ant._, último párrafo.
-
-[377] Esto es lo que prueban las transcripciones del griego en siriaco;
-yo lo he desarrollado en mis _Éclaircissements tirés des langues
-sémitiques sur quelques points de la prononciation grecque_. (París,
-1849.) La lengua de las inscripciones griegas de Siria es muy mala.
-
-[378] Jos., _Ant._, loc. cit.
-
-[379] _Sat._, I, V, 105.
-
-[380] Véanse los textos reunidos traducidos por Eugenio Burnouf.
-_Introd. à l’hist. du buddhisme indien_, I, p. 137 y sig. y sobre todo
-p. 198-199.
-
-[381] Véase _Vida de Jesús_, p. 181 y 211.
-
-[382] _Act._, II, 45; IV, 34, 37; V, 1.
-
-[383] _Act._, V, 1 y sig.
-
-[384] _Ibid._, II, 45; IV, 35.
-
-[385] _Act._, VI, 1 y sig.
-
-[386] Véase más arriba, p. 148.
-
-[387] _Act._, XXI, 8.
-
-[388] Fil., I, 1; I Tim., III, 8 y sig.
-
-[389] Rom., XVI, 1, 12; I Tim. III, 11; V, 9 y sig.; Plinio, _Epist._,
-X, 97. Las epístolas á Timoteo no son probablemente de San Pablo; pero
-tienen mucha antigüedad.
-
-[390] Rom., XVI, 1; I Cor, IX, 5; Filem., 2.
-
-[391] I Tim., V, 9 y sig.
-
-[392] _Constit. apost._, VI, 17.
-
-[393] Sap., II, 10; Eccli., XXXVII, 17; Mat., XXIII, 14; Marc., XII,
-40; Luc., XX, 47; Jac., I, 27.
-
-[394] Mischna, _Sota_, III, 4.
-
-[395] Talm. de Bab., _Sota_, 22 _a_; comp. I Tim., V, 13; Buxtorf, _Lex
-chald. talm. rabb._, en las voces צלינית y שובבית.
-
-[396] _Act._, VI, 1.
-
-[397] _Ibid._, XII, 12.
-
-[398] I Tim., V, 9 y sig. Comp. _Act._, IX, 39, 41.
-
-[399] I Tim., V, 3 y sig.
-
-[400] _Eclesiastés_, VII, 27; _Eclesiástico_, VII, 26 y sig.; IX, 1 y
-sig.; XXV, 22 y sig.; XXVI, 1 y sig.; XLII, 9 y sig.
-
-[401] Véase el manuscrito griego n.º 64 de la Biblioteca imperial
-(fondo antiguo), fol. 11, donde se habla de los trajes de las viudas
-en la Iglesia oriental. El traje de las calogrías es hoy dia poco más
-ó menos el mismo; el tipo de la religiosa oriental es el de la viuda,
-mientras que el de la monja latina es el de la vírgen.
-
-[402] Comp. el _Pastor de Hermas_, vis. II, ch. 4.
-
-[403] Καλογρία, nombre de las religiosas en la Iglesia oriental. Καλός
-reune aquí los dos sentidos de «bello» y «bueno».
-
-[404] Véase más arriba, p. 161, nota 395.
-
-[405] I Cor., XII entero.
-
-[406] Las congregaciones pietistas de América, que son, en el
-protestantismo, el equivalente á los conventos católicos, recuerdan
-tambien por muchos rasgos las iglesias primitivas. Véase L. Bridel,
-_Récits américains_ (Lausanne, 1861.)
-
-[407] Prov., III, 27 y sig.; X, 2; XI, 4; XXII, 9; XXVIII, 27; Eccli.,
-III, 23 y sig.; VII, 36; XII, 1 y sig.; XVIII, 14; XX, 13 y sig.; XXXI,
-11; Tobías, II, 15, 22; IV, 11; XII, 9; XIV, 11; Daniel, IV, 24; Talm.
-de Jerus., _Peah_, 15 _b_.
-
-[408] Mat., VI, 2; Mischna, _Schekalim_, V, 6; Talm. de Jerus.,
-_Demai_, fol. 23 _b_.
-
-[409] _Act._, X, 2, 4, 31.
-
-[410] Salmo CXXXIII.
-
-[411] _Act._, II, 44-47; IV, 32-35.
-
-[412] _Ibid._, II, 41.
-
-[413] Véase, más arriba, p. 148, 158-159.
-
-[414] _Act._, VI, 5; XI, 20.
-
-[415] _Act._, IV, 6. Véase _Vida de Jesús_, p. 364 y sig.
-
-[416] _Act._, IV, 1-31; V, 17-41.
-
-[417] Véase _Vida de Jesús_, p. 137.
-
-[418] _Act._, V, 41.
-
-[419] _Ibid._, IV, 5-6; V, 17; Comp. Jac., II, 6.
-
-[420] Γένος ἀρχιερατικόν, en las _Actas_, l. c.; ἀρχιερεῖς, en Josefo,
-_Ant._, XX, VIII, 8.
-
-[421] _Act._, XV, 5; XXI, 20.
-
-[422] Añadamos que la antipatía de Jesús y de los fariseos parece haber
-sido exagerada por los evangelistas sinópticos, tal vez á causa de los
-acontecimientos que causaron la huida de los cristianos al otro lado
-del Jordan. No puede negarse que Jacobo, hermano del Señor, no fuera
-casi un fariseo.
-
-[423] _Act._, V, 34 y sig. Véase _Vida de Jesús_, p. 220-221.
-
-[424] _Act._, VI, 8-VII, 59.
-
-[425] Probablemente los descendientes de los judíos que habian sido
-llevados á Roma como esclavos, y fueron libertados más tarde. Philon,
-_Leg. ad Caium_, § 23; Tácito. _Ann._, II, 85.
-
-[426] Véase _Vida de Jesús_, pág. 354, 396, 424.
-
-[427] Mat., XV, 2 y sig.; Marc., VII, 3; Gal. I, 14.
-
-[428] Compárese Gal., III, 19; Hebr., II, 2; Jos., _Ant._, XV, V, 3.
-Se figuraban que Dios mismo no se habia manifestado en las teofanías
-de la antigua ley, pero que habia colocado en su lugar una especie de
-intermediario el _maleak Jehovah_. Véase en los diccionarios hebreos la
-voz מלאך.
-
-[429] Deuter., XVII, 7.
-
-[430] _Act._, VII, 59; XXII, 20; XXVI, 10.
-
-[431] Juan, XVIII, 31.
-
-[432] Jos., _Ant._, XVIII, IV, 2.
-
-[433] Jos., _Ant._, XV, XI, 4; XVIII, IV, 2. Comp. XX, I, 1, 2.
-
-[434] Todo el proceso de Jesús lo demuestra. Compárese _Act._, XXIV,
-27; XXV, 9.
-
-[435] Suetonio, _Caius_, 16; Dion Casio, LIX, 8, 12; Jos., _Ant._,
-XVIII, V, 3; VI, 10; II Cor., XI, 32.
-
-[436] Ventidius Cumanus experimentó aventuras semejantes. Es verdad
-que Josefo exagera las desgracias de cuantos fueron adversarios de su
-nacion.
-
-[437] Madden, _History of Jewish Coinage_, pág. 134 y sig.
-
-[438] Jos., _Ant._, XVIII, IV, 3.
-
-[439] _Ibid._, XVIII, V, 3.
-
-[440] _Act._, VIII, 2. Las palabras ἀνὴρ εὐλαβὴς designan un prosélito,
-no un judío puro. Cf. _Act._, II, 5.
-
-[441] _Act._, VIII, 1 y sig.; XI, 19. _Act._, XXVI, 10, hace creer que
-hubo otras muertes además de la de Estéban. Pero no es necesario abusar
-de las palabras en las redacciones de un estilo tan variado. Comp.
-_Act._, IX, 1-2 á XXII, 5 y XXVI, 12.
-
-[442] Compárese _Act._, I, 4; VIII, 1, 14; Gal., I, 17 y sig.
-
-[443] _Act._, IX, 26-30 prueba que, en el pensamiento del autor, las
-expresiones de VIII, 1 no tienen un sentido tan absoluto como podria
-creerse.
-
-[444] Lo que sucedió á los esenios.
-
-[445] Lo que sucedió á los franciscanos.
-
-[446] I Tes., II, 14.
-
-[447] _Act._, VIII, 3; IX, 13, 14, 21, 26; XXII, 4, 19; XXVI, 9 y sig.;
-Gal., I, 13, 23; I Cor., XV, 9; Fil., III, 6; I Tim., I, 13.
-
-[448] Gal., I, 14; _Act._, XXVI, 5; Fil., III, 5.
-
-[449] _Act._, IX, 13, 21, 26.
-
-[450] _Act._, VIII, 1, 4; XI, 19.
-
-[451] _Act._, VIII, 5 y sig. Que no era el apóstol resulta de los
-pasajes _Act._, VIII, 1, 5, 12, 14, 40; XXI, 8 comparados entre ellos.
-Es verdad que el versículo _Act._, XXI, 9 comparado con lo que dicen
-Papias (en Eusebio, _H. E._, III, 39), Polícrates (_ibid._, V, 24),
-Clemente de Alejandría (_Strom._, III, 6) hacen identificar al apóstol
-Felipe de que hablan estos tres escritores eclesiásticos, con el Felipe
-que desempeña un papel importante en las _Actas_, pero es más natural
-admitir que el versículo en cuestion contiene un error y ha sido
-interpolado que contradecir la tradicion de las iglesias de Asia y aun
-de Hierápolis, donde se retiró Felipe. Los datos particulares que posee
-el autor del cuarto Evangelio (escrito, segun parece, en el Asia menor)
-acerca del apóstol Felipe se encuentran así explicados.
-
-[452] Véase _Vida de Jesús_, c. XIV. La tendencia especial del autor de
-las _Actas_ tambien se encuentra aquí. Véase Introd., p. XX, XXXVIII y,
-más abajo, p. 191, 228.
-
-[453] _Act._, VIII, 5-40.
-
-[454] Jos., _Ant._, XVIII, IV, 1, 2.
-
-[455] Hoy dia _Jit_ sobre el camino de Nablus á Jaffa, á una hora y
-media de Nablus y de Sebastia. Véase Robinson, _Biblical researches_,
-II, p. 308, nota; III, 134 (segunda ed.) y su mapa.
-
-[456] Las noticias que relativas á este personaje nos dan los
-escritores Cristianos, son tan fabulosas, que naturalmente se han
-suscitado dudas sobre la realidad de su existencia; dudas tanto más de
-tener en cuenta, cuanto que en la literatura pseudo-clementina, Simon
-el Mágico, es con frecuencia un sinónimo de San Pablo. Nosotros no
-podemos admitir, sin embargo, que la leyenda de Simon se apoye bajo
-esta única base. ¿Cómo es posible que el autor de las _Actas_, tan
-favorable á San Pablo, hubiese aceptado un dato cuyo sentido hostil no
-podia ocultársele? La continuacion cronológica de la escuela Simoniana,
-los escritos que de ella nos quedan, los caractéres precisos de
-topografía y cronología que nos da San Justino, compatriota de nuestro
-taumaturgo, no se explican, por lo demás, ni aun en la hipótesis de que
-la persona de Simon fuera imaginaria. (Véase sobre todo Justino, _Apol.
-II_, 15, y _Dial. cum. Tryph._, 120.)
-
-[457] _Act._, VIII, 5 y sig.
-
-[458] _Ibid._, VIII, 9 y sig.
-
-[459] Justino, _Apol. I_, 26, 56.
-
-[460] Homil. pseudo-clem., XVII, 15, 17; Quadratus, en Eusebio, _H.
-E._, IV, 3.
-
-[461] _Act._, VIII, 25.
-
-[462] _Ibid._, VIII, 26-40.
-
-[463] I Macab., X, 86, 89; XI, 60 y sig. Jos., _Ant._, XIII, XIII, 3;
-XV, VII, 3; XVIII, XI, 5; _B. J._, I, IV, 2.
-
-[464] Robinson, _Bibl. researches_, II, p. 41 y 514-515 (2.ª ed.)
-
-[465] Talm. de Bab., _Erubin_, 53 _b_ y 54 _a_; _Sota_ 46 _b_.
-
-[466] Isaías, LIII, 7.
-
-[467] Hoy Merawi, cerca de Gebel-Barkal (Lepsius, _Denkmæler_, I, pl. 1
-y 2 _bis_.) Estrabon, XVII, I, 54.
-
-[468] Estrabon, XVII, I, 54; Plinio, VI, XXXV, 8; _Dion Casio_, LIV, 5;
-Eusebio, _H. E._, II, 1.
-
-[469] Los descendientes de estos judíos existen todavía bajo el nombre
-de _Falasyán_. Los misioneros que les convirtieron vinieron de Egipto.
-La version de la Biblia ha sido hecha sobre la version griega. Los
-_Falasyán_ no son israelitas de sangre.
-
-[470] Juan, XII, 20; _Act._, X, 2.
-
-[471] Véase Deuter., XXIII, 1. Es verdad que εὐνοῦχος puede tomarse
-como calificativo designando un ayuda de cámara ó funcionario de la
-corte oriental; pero δυνάστης basta á dar esta idea; εὐνοῦχος debe ser
-tomado aquí en sentido propio.
-
-[472] _Act._, VIII, 26, 29.
-
-[473] Deducir de ahí que toda esta historia ha sido inventada por el
-autor de las _Actas_ nos parece temerario. El autor de las _Actas_
-insiste sobre los hechos que apoyan sus teorías; pero no creemos
-introduzca en sus reseñas hechos puramente simbólicos ó imaginarios á
-su placer. Véase la Introd., p. XXXVI-XXXVII.
-
-[474] Para el estado análogo de los primeros Mormones, véase Jules
-Remy, _Voyage au pays des Mormons_ (París, 1860), I, p. 195 y sig.
-
-[475] _Act._, VIII, 39-40. Comp. Luc., IV, 14.
-
-[476] _Act._, IX, 32, 38.
-
-[477] _Ibid._, VIII, 40; XI, 11.
-
-[478] _Act._, XXI, 8.
-
-[479] Jos., _B. J._, III, IX, 1.
-
-[480] _Act._, XXIII, 33 y sig.; XXV, 1, 5; Tácito, _Hist._, II, 79.
-
-[481] Jos., _B. J._, III, IX, 1.
-
-[482] Jos., _Ant._, XX, VIII, 7; _B. J._, II, XIII, 5,--XIV, 5; XVIII,
-1.
-
-[483] Talm. de Jerusalem, _Sota_, 21, _b_.
-
-[484] Jos., _Ant._, XIX, VII, 3-4; VIII, 2.
-
-[485] _Act._, XI, 19.
-
-[486] _Ibid._, IX, 2, 10, 19.
-
-[487] Esta fecha resulta de la comparacion de los capítulos IX, XI, XII
-de las _Actas_ con Gal., I, 18; II, 1, y del sincronismo que presenta
-el capítulo XII de las _Actas_ con la historia profana, sincronismo
-que fija al año 44 la fecha de los hechos explicados en este capítulo.
-
-[488] _Act._, IX, 11; XXI, 39; XXII, 3.
-
-[489] En la epístola á Filemon, escrita hácia el año 61, él se califica
-de _anciano_ (v. 9). En _Act._, VII, 57 es calificado de jóven por un
-hecho relativo al año 37, poco más ó menos.
-
-[490] De la misma manera que los _Jesús_ se hacian llamar _Jason_; los
-_José_, _Hegesipo_; los _Eliacim_, _Alcimo_, etc. San Gerónimo (_De
-viris ill._, 5) supone que Pablo tomó su nombre del procónsul Sergio
-Paulo (_Act._, XIII, 9). Semejante version no parece admisible. Si las
-_Actas_ no dan á Saulo el nombre de Pablo hasta que entra en relaciones
-con este personaje, será tal vez porque la supuesta conversion de
-Sergio fué el primer acto notable de Pablo como apóstol de los gentiles.
-
-[491] _Act._, XIII, 9 y siguientes; la atribucion de todas las
-epístolas; II Petri, III, 15.
-
-[492] Las calumnias ebionitas no deben tomarse en serio (Epifanio,
-_Adv. hær._, hær. XXX, 16 y 25).
-
-[493] San Gerónimo, _loc. cit._ Inadmisible como la presenta San
-Gerónimo, esta tradicion parece no obstante tener algun fundamento.
-
-[494] Rom., XI, 1; Fil., III, 5.
-
-[495] _Act._, XXII, 28.
-
-[496] _Act._, XXIII, 6.
-
-[497] Fil., III, 5; _Act._, XXVI, 5.
-
-[498] _Act._, VI, 9; Philon, _Leg. ad Caium_, § 36.
-
-[499] Estrabon, XIV, X, 13.
-
-[500] _Ibid._, XIV, X, 14-15; Philostrato, _Vida de Apolonio_, I, 7.
-
-[501] Jos., _Ant._, último párrafo. Cf. _Vida de Jesús_, p. 33-34.
-
-[502] Philostrato, _loc. cit._
-
-[503] _Act._, XXVII, 22 y sig.; XXI, 37.
-
-[504] Gal., VI, 11; Rom., XVI, 22.
-
-[505] II Cor., XI, 6.
-
-[506] _Act._, XXI, 40. He explicado antes el sentido de la palabra
-ἑβραιστί. _Hist. des lang. sémit._, II, I, 5; III, I, 2.
-
-[507] _Act._, XXVI, 14.
-
-[508] I Cor., XV, 33. Cf. Meinecke, _Menandri fragm._, p. 75.
-
-[509] Tit., I, 12; _Act._, XVII, 28. La autenticidad de la carta á Tito
-es muy dudosa. En cuanto al discurso relativo al capítulo XVII de las
-_Actas_, es obra más bien del autor de las _Actas_ que de San Pablo.
-
-[510] El verso citado de Arato (_Phænom._, 5) se encuentra
-efectivamente en Cleantes (_Himno á Júpiter_, 5.) Los dos lo tomaron
-sin duda de algun himno religioso anónimo.
-
-[511] Gal., I, 14.
-
-[512] _Act._, XVII, 22 y sig., teniendo en cuenta la nota 509 de esta
-página.
-
-[513] Véase _Vida de Jesús_, pág. 72.
-
-[514] _Act._, XVIII, 3.
-
-[515] _Ibid._, XVIII, 3; I Cor., IV, 12; I Tes., II, 9; II Tes., III, 8.
-
-[516] _Act._, XXIII, 16.
-
-[517] II Cor., VIII, 18, 22; XII, 18.
-
-[518] Rom., XVI, 7, 11, 21. Sobre el sentido de συγγενής en estos
-pasajes, véase más arriba, p. 148, nota 369.
-
-[519] Véase sobre todo la epístola á Filemon.
-
-[520] Gal., V, 12; Fil., III, 2.
-
-[521] II Cor., X, 10.
-
-[522] _Acta Pauli et Theclæ_, 3, en Tischendorf, _Acta Apost. apocr._
-(Leipzig 1851), p. 41 y las notas (texto antiguo, aunque no debe ser el
-original de que habla Tertuliano); el _Philopatris_, 12 (obra compuesta
-hácia el año 363); Malala, _Chonogr._, p. 257, edit. por Bonn;
-Nicéforo, _Hist. eccl._, II, 37. Todos estos pasajes, sobre todo el de
-Philopatris, suponen bastante antigüedad en sus retratos. Esto les da
-cierta autoridad, á pesar de todo, Malala, Nicéforo y hasta el mismo
-autor de las _Actas de Santa Tecla_ quieren hacer de Pablo un hombre
-bello.
-
-[523] I Cor., II, 1 y sig.; II Cor., X, 1-2, 10; XI, 6.
-
-[524] I Cor., II. 3; II Cor., X, 10.
-
-[525] II Cor., XI, 30; XII, 5, 9, 10.
-
-[526] I Cor., II, 3; II Cor., I, 8-9; X, 10; XI, 30; XII, 5, 9-10;
-Gal., IV, 13-14.
-
-[527] II Cor., XII, 7-10.
-
-[528] I Cor., VII, 7-8 y el contexto.
-
-[529] I Cor., VII, 7-8; IX, 5. Este segundo pasaje está lejos de
-tener peso. Fil., IV, 3, hace suponer lo contrario. Comp. Clemente de
-Alejandría, _Strom._, III, 6, y Eusebio, _Hist. eccl._, III, 30. Solo
-el pasaje I Cor., VII 7-8 es el único que tiene aquí peso.
-
-[530] I Cor., VII, 7-9.
-
-[531] _Act._, XXII, 3; XXVI, 4.
-
-[532] _Ibid._, XXII, 3. Pablo no habla de este maestro en los pasajes
-de sus epístolas donde seria natural que le nombrara (Fil., III, 5).
-No es imposible que el autor de las _Actas_ hubiese puesto á su héroe
-en relacion con el más célebre doctor de Jerusalem del cual sabia el
-nombre. Hay absoluta contradiccion entre los principios de Gamaliel
-(_Act._, V, 34 y sig.) y la conducta de Pablo antes de su conversion.
-
-[533] Véase la _Vida de Jesús_, p. 220-221.
-
-[534] Gal., I, 13-14; _Act._ XXII, 3; XXVI, 5.
-
-[535] II Cor., V, 16, no lo implica en manera alguna. Los pasajes
-_Act._, XXII, 3; XXVI, 4 inducen á creer que Pablo se encontró en
-Jerusalem al mismo tiempo que Jesús. Pero esto no es una razon que
-pruebe que los dos se vieron.
-
-[536] _Act._, XXII, 4, 19; XXVI, 10-11.
-
-[537] _Ibid._, XXVI, 11.
-
-[538] Gran sacerdote de 37 á 42. Jos., _Ant._, XVIII, V, 3; XIX, VI, 2.
-
-[539] _Act._, IX, 1-2, 14; XXII, 5; XXVI, 12.
-
-[540] Véase _Revue numismatique_, nueva série, t. III (1858), p. 296 y
-sig., 362 y sig., _Revue archéol._, abril de 1864, p. 284 y sig.
-
-[541] Jos., _B. J._, II, XX, 2.
-
-[542] II Cor., XI, 32. La série de monedas romanas de Damasco ofrece
-una interrupcion para los reinados de Calígula y de Claudio. Eckhel,
-_Doctrina num. vet._ primera parte, vol. III, p. 330. En la moneda
-damasquina el tipo de «_Aretas filheleno_» _ibid._ parece ser de
-nuestro Hareth (comunicacion del Sr. Waddington.)
-
-[543] Jos., _Ant._, XVIII, V, 1, 3.
-
-[544] Comp. _Act._, XII, 3; XXIV, 27; XXV, 9.
-
-[545] _Act._, V, 34 y sig.
-
-[546] Véase un rasgo análogo en la conversion de Omar. Ibn-Hischam,
-_Sirat errasoul_, p. 226 (edicion Wüstenfeld).
-
-[547] _Act._, IX, 3; XXII, 6; XXVI, 13.
-
-[548] _Act._, IX, 4, 8; XXII, 7, 11; XXVI, 14, 16.
-
-[549] Ahí es donde la tradicion de la edad media fija el lugar del
-milagro.
-
-[550] Esto resulta de _Act._, IX, 3, 8; XXII, 6, 11.
-
-[551] _Nahr el-Awadj_.
-
-[552] _Tuleil_.
-
-[553] La llanura está en efecto á más de mil setecientos metros sobre
-el nivel del mar.
-
-[554] _Act._, XXVI, 14.
-
-[555] De Jerusalem á Damasco hay ocho dias largos.
-
-[556] _Act._, IX, 8, 9, 18; XXII, 11, 13.
-
-[557] Véase más arriba, p. 201, y II Cor., XII, 1 y sig.
-
-[558] He experimentado un acceso de este género en Byblos; con otras
-creencias hubiera ciertamente tomado por visiones las alucinaciones que
-entonces tuve.
-
-[559] Poseemos tres relatos de este episodio capital: _Act._, IX, 1
-y sig.; XXII, 5 y sig.; XXVI, 12 y sig. Las diferencias que se notan
-en estos pasajes prueban que el Apóstol mismo explicaba de distinta
-manera su conversion. El relato _Actas_, IX, no es homogéneo, como lo
-demostraremos pronto. Compárese Gal., I, 15-17; I Cor., IX, 1; XV, 8;
-_Act._, IX, 27.
-
-[560] Entre los _Mormones_ y en los _sueños_ americanos, casi todas las
-conversiones son tambien promovidas por una grande tension del alma,
-produciendo alucinaciones.
-
-[561] La circunstancia de que los compañeros de Pablo vieron y oyeron
-como él puede muy bien ser puramente propia de la leyenda, tanto
-más en cuanto los relatos sobre este particular están en manifiesta
-contradiccion. Comp. _Act._, IX, 7; XXII, 9; XXVI, 13. La hipótesis de
-una caida de caballo se rechaza en todos los relatos. En cuanto á la
-opinion que rechaza toda la narracion de las _Actas_, fundándose sobre
-la palabra ἐν ἐμοί, de Gal., I, 16, es exagerada. Ἐν ἐμοί, en dicho
-pasaje, tiene el sentido de «_para mí_», «_á mí mismo_». Comp. Gal., I,
-24. Seguramente tuvo Pablo en un momento dado una vision que determinó
-su conversion.
-
-[562] _Act._, IX, 3, 7; XXII, 6, 9, 11; XXVI, 13.
-
-[563] Esto es lo que yo experimenté en mi acceso de Byblos. Los
-recuerdos del dia anterior al en que caí sin conocimiento, se
-desvanecieron totalmente de mi espíritu.
-
-[564] II Cor., XII, 1 y sig.
-
-[565] _Act._, IX, 27; Gal., I, 16; I Cor., IX, 1; XV, 8; Homilias
-pseudo-clementinas, XVII, 13-19.
-
-[566] Compárese lo que pasó á Omar _Sirat errasoul_, p. 226 y sig.
-
-[567] _Act._, IX, 8; XXII, 11.
-
-[568] Su antiguo nombre árabe era _Tarik el-Adhwa_. Aún se le llama
-hoy _Tarik el-Mustekim_, que corresponde á Ῥύμη εὐθεῖα. La puerta
-oriental (_Bab Scharki_) y algunos vestigios de las columnatas
-subsisten todavía. Véanse los textos árabes dados por Wüstenfeld en
-la _Zeitschrift für vergleichende Erdkunde_ de Lüdde, año 1842, p.
-168; Porter, _Syria and Palestine_, p. 477; Wilson, _The Lands of the
-Bible_, II, 345, 351-52.
-
-[569] _Act._, XXII, 11.
-
-[570] El relato del capítulo IX de las _Actas_ parece aquí compuesta de
-dos textos mezclados; el uno, más original, comprende los versículos
-9, 12 y 18; el otro, más desarrollado, más dialogado, más legendario,
-comprende los versículos 9, 10, 11, 13, 14, 15, 16, 17 y 18. El v. 12
-ni se refiere á los que preceden ni á los que siguen. El relato XXII,
-12-16, es más conforme con el segundo de los textos antes mencionados
-que con el primero.
-
-[571] _Act._, IX, 12. Es necesario leer ἄνδρα ἐν ὁράματι, como lleva el
-manuscrito B del Vaticano. Comp. vers. 10.
-
-[572] _Act._, IX, 18; comp. _Tobías_, II, 9; VI, 10; XI, 13.
-
-[573] _Act._, IX, 18; XXII, 16.
-
-[574] Gal., I, 1; 8-9, 11 y sig.; I Cor., IX, 1; XI, 23; XV, 8, 9;
-Col., I, 25; Efes., I, 19; III, 3, 7, 8; _Act._, XX, 24; XXII, 14-15,
-21; XXVI, 16; Homiliæ pseudo-clem., XVII, 13-19.
-
-[575] Gal., I, 17.
-
-[576] Ἀραβία es la provincia de Arabia, teniendo por parte principal la
-Auranítide (Haurán).
-
-[577] Gal., I, 17 y sig.; _Act._, IX, 19 y sig.; XXVI, 20. El autor de
-las _Actas_ cree que su primera permanencia en Damasco fué corta y que
-Pablo, despues de su conversion, fué á Jerusalem donde predicó (Comp.
-XXII, 17). Pero el pasaje de la epístola á los Galatas es concluyente.
-
-[578] Véanse las inscripciones descubiertas por los Sres. Waddington y
-de Vogüé (_Revue archéol._, abril de 1864, págs. 284 y sig.; _Comptes
-rendus de l’Acad. des Inscr. et B.-L._, 1865, págs. 106-108). Compárese
-más arriba, p. 174-175.
-
-[579] Dion Casio, LIX, 12.
-
-[580] He desarrollado esto en el _Bulletin archéologique_ de los Sres.
-Longperier y de Witte, setiembre de 1856.
-
-[581] El sentido del versículo Gal., I, 16 con los siguientes prueba
-que Pablo predicó inmediatamente despues de su conversion.
-
-[582] Jos., _B. J._, I, II, 25; II, XX, 2.
-
-[583] _Act._, IX, 21-22.
-
-[584] Gal., I, 16. Es el sentido de οὐ προσανεθέμην σαρκὶ καὶ αἵματι.
-Comp. Mat., XVI, 17.
-
-[585] _Act._, IX, 31.
-
-[586] Véase la confesión atrozmente ingénua de III Macab., VII, 12-13.
-
-[587] Léase el libro III (apócrifo) de los Macabeos, entero, y
-compáresele con el de Ester.
-
-[588] Suetonio, _Caius_, 22, 52; Dion Casio, LIX, 26-28; Philon,
-_Legatio ad Caium_, párrafo 25, etc.; Josefo, _Ant._, XVIII, VIII; XIX,
-I, 1-2; _B. J._, II, X.
-
-[589] Philon, _Leg. ad Caium_, párrafo 30.
-
-[590] Philon, _In Flaccum_, párrafo 7; _Leg. ad Caium_, párrafos 18,
-20, 26, 43.
-
-[591] Philon, _Leg. ad Caium_, § 29; Josefo, _Ant._, XVIII, VIII; _B.
-J._, II, X; Tácito, _Ann._, XII, 54; _Hist._, V, 9, completando el
-pasaje primero con el segundo.
-
-[592] Philon, _Leg. ad Caium_, § 27, 30, 44 y sig.
-
-[593] _Act._, IX, 31.
-
-[594] Gal, I, 18-19; II, 9.
-
-[595] _Act._, XI, 29-30. Véase, más arriba, p. 124.
-
-[596] _Act._, IX, 32.
-
-[597] Hoy Ludd.
-
-[598] _Act._, IX, 32-35.
-
-[599] Jaffa.
-
-[600] Jos., _Ant._, XIV, X, 6.
-
-[601] _Act._, IX, 43; X, 6, 17, 32.
-
-[602] Mischna, _Ketuboth_, VII, 10.
-
-[603] Comp. Gruter, p. 891, 4; Reinesius, _Inscript._, XIV, 61;
-Mommsen, _Inscr. regni Neap._, 622, 2034, 3092, 4985; Pape, _Wört. der
-griech. Eigenn._, á esta voz. Cf. Jos., _B. J._, IV, III, 6.
-
-[604] _Act._, IX, 36 y sig.
-
-[605] _Ibid._, IX, 39. El griego dice: ὅσα ἐποίει μετ’ αὐτῶν οὖσα.
-
-[606] _Ibid._, IX, 32, 41.
-
-[607] _Act._, X, 9-16; XI, 5-10.
-
-[608] _Ibid._, X, 1-XI, 18.
-
-[609] Habia al menos treinta y dos (Orelli y Henzen, _Inscr. lat._,
-números 90, 512, 6756).
-
-[610] Comp. _Act._, XXVII, 1 y Henzen, núm. 6709.
-
-[611] Compárese Luc., VII, 2 y sig. Lucas se complace en esta idea de
-los centuriones virtuosos y judíos por el alma sin la circuncision
-(véase la Introd., p. XXIII). Pero el ejemplo de Izate (Jos., _Ant._,
-XX, II, 5) prueba que tales situaciones eran posibles. Comp. Jos., _B.
-J._, II, XXVIII, 2; Orelli, _Inscr._, número 2523.
-
-[612] _Act._, X, 2, 7.
-
-[613] Esto parece en contradiccion con Gal., II, 7-9. Pero la conducta
-de Pedro por lo que respecta á la admision de los gentiles fué siempre
-poco consistente. Gal., II, 12.
-
-[614] _Act._, XI, 18.
-
-[615] _Ibid._, XV, 1 y sig.
-
-[616] II Cor., II, 32-33; _Act._, IX, 23-25.
-
-[617] Gal., I, 18.
-
-[618] Gal., I, 48.
-
-[619] _Ibid._, I, 23.
-
-[620] _Act._, IX, 26.
-
-[621] Gal., I, 18.
-
-[622] _Act._, IX, 26.
-
-[623] _Act._, IX, 27. Toda esta parte de las _Actas_ tiene poco valor
-histórico para poder afirmar que la generosa accion de Bernabé tuviera
-lugar durante los quince primeros dias que Pablo pasó en Jerusalem;
-pero hay sin duda, atendida la forma con que las _Actas_ presentan el
-hecho, un sentimiento verdadero de las relaciones entre Pablo y Bernabé.
-
-[624] Gal., I, 19-20.
-
-[625] _Ibid._, I, 18. Por consiguiente, es imposible admitir como
-exactos los versículos 28-29 del c. IX de las _Actas_. El autor de las
-_Actas_ abusa de estas emboscadas y proyectos homicidas. Las _Actas_
-difieren de la epístola á los Galatas en suponer que la primera
-estancia de San Pablo en Jerusalem duró más y fué más cercana á su
-conversion. Naturalmente la epístola merece más crédito aunque no sea
-más que por la cronología y las circunstancias materiales.
-
-[626] Véase sobre todo la epístola á los Galatas.
-
-[627] Epístola á los Galatas, I, 11-12 y casi todo el resto; I Cor.,
-IX, 1 y sig.; XV, 1 y sig.; II Cor., XI, 21 y sig.
-
-[628] Se encuentra el sentimiento más ó menos directo: Rom., XII, 14; I
-Cor., XIII, 2; II Cor., III, 6; I Tes., IV, 8; V, 2, 6.
-
-[629] Gal., I, 22-23.
-
-[630] _Act._, XXII, 17-21.
-
-[631] _Act._, IX, 29-30.
-
-[632] Gal., I, 21.
-
-[633] _Act._, IX, 30; XI, 25. El dato cronológico capital de esta época
-de la vida de San Pablo es Gal., I, 18; II, 1.
-
-[634] La Cilicia tenia una Iglesia en el año 51. _Act._, XV, 23, 41.
-
-[635] En la epístola á los Galatas (vers. 56) es donde Pablo se coloca
-por primera vez en el rango de los apóstoles (I, 1 y el siguiente).
-Segun Gal., II, 7-10, recibiria este título en 51. Sin embargo, no lo
-usa aún en la firma de las dos epístolas á los Tesalonicenses, que son
-del año 53. I Tes., II, 6 no implica un título oficial. El autor de las
-_Actas_ no da jamás á Pablo el título de _apóstol_. Los _apóstoles_
-para el autor de las _Actas_ son _los Doce_. _Act._, XIV, 4, 14 es una
-excepcion.
-
-[636] _Act._, XI, 19.
-
-[637] Jos., _B. J._, III, II, 4. Roma y Alejandría eran las dos
-primeras. Comp. Estrabon, XVI, II, 5.
-
-[638] C. Otfried Müller, _Antiquit. Antiochenæ_ (Gœttingæ 1839), p. 68.
-Juan Crisóstomo, _In sanct. Ignatium_, 4 (Opp. t. II, p. 597, edic.
-Montfaucon); _In Matth._ homilia LXXXV, 4 (t. VII, p. 810) evalúa
-la poblacion de Antioquía en doscientas mil almas, sin contar los
-esclavos, los niños y los inmensos suburbios. La poblacion actual no
-cuenta más de siete mil habitantes.
-
-[639] Las calles análogas de Palmira, Gerasa, Gadara, Sebastia eran
-probablemente imitaciones del gran _Corso_ de Antioquía.
-
-[640] Se encuentran algunos restos en la direccion de _Bab Bolos_.
-
-[641] Dion Crisóstomo, Orat. XLVII (t. II, p. 229, edic. de Reiske);
-Libanio, _Antiochicus_, p. 337, 340, 342, 356 (edic. Reiske); Malala,
-p. 232 y sig., 276, 280 y sig., (edic. de Bonn). El constructor de
-estas grandes obras fué Antíoco Epifano.
-
-[642] Libanio, _Antioch._, 342, 344.
-
-[643] Pausanias, VI, II, 7; Malala, p. 201; Visconti, _Mus. Pio-Clem._,
-t. III, 46. Véanse sobre todo las medallas de Antíoco.
-
-[644] Pieria, Bottia, Penea, Tempe, Castalia, juegos olímpicos, Iopolis
-(que se refiere á Io). La ciudad pretendia deber su celebridad á Inaco,
-á Orestes, á Dafne, á Triptolemo.
-
-[645] Véase Malala, p. 199; Espartiano, _Vida de Adriano_, 14; Juliano,
-_Misopogon_, p. 361-362; Am. Marcelino, XXII, 14; Eckhel, _Doct.
-num. vet._, pars 1.ª, III, p. 326; Guigniaut, _Religions de l’ant._,
-planchas n.º 268.
-
-[646] Juan Crisóstomo, _Ad. pop. Antioch._ homil. XIX, 1 (t. II, p.
-189); _De sanctis martyr._, 1, (t. II, p. 651.)
-
-[647] Libanio, _Antioch._, p. 348.
-
-[648] _Act. SS. Maii_, V, p. 383, 409, 414, 415, 416; Assemani, _Bib.
-Or._, II, 323.
-
-[649] Juvenal, Sat., III, 62 y sig.; Estacio, _Silvas_, I, VI, 72.
-
-[650] Tácito, _Ann._, II, 69.
-
-[651] Malala, p. 284, 287, y sig.; Libanio, _De angariis_, p. 555 y
-sig.; _De carcere vinctis_, p. 455 y sig.; _Ad Timocratem_, p. 385;
-_Antioch._, p. 323; Philostr., _Vida de Apol._, I, 16; Luciano, _De
-saltatione_, 76; Diod. Sic., frag. l. XXXIV, n.º 34 (p. 538, ed.
-Dindorf); Juan Cris., Homil. VII _in Matth._, 5 (t. VII, p. 113);
-LXXIII _in Matth._, 3 (_ibid._, p. 712); _De consubst. contra Anom._, 1
-(t. I, p. 501); _De Anna_, 1 (t. IV, p. 730); _De Dav. et Saule_, III,
-1 (t. IV, 768-770); Juliano, _Misopogon_, p. 343, 350, ed. Spanheim;
-_Actos de Santa Tecla_ atribuidos á Basilio de Seleucia, publicados por
-P. Pantinus (Amberes, 1608.), p. 70.
-
-[652] Philostr., _Apol._, III, 58; Ausonio, _Clar. Urb._, 2; J.
-Capitolin, _Verus_, 7; _Marco Aur._, 25; Herodiano, II, 10; Juan de
-Antioquía en las _Excerpta Valesiana_, p. 844; Suidas, en la voz
-Ἰοβιανός.
-
-[653] Juliano, _Misopogon_, p. 344, 365, etc.; Eunapio, _Vidas de los
-Sofistas_, p. 496, ed. Boissonade (Didot); Amiano Marcelino, XXII, 14.
-
-[654] Juan Cris., _De Lazaro_, II, 11 (t. I, p. 722-723).
-
-[655] Cic., _Pro Archia_, 3, teniendo en cuenta la exageracion típica
-de un abogado.
-
-[656] Philostrato, _Vida de Apolonio_, III, 58.
-
-[657] Malala, p. 287-289.
-
-[658] Juan Crisóst., Homil. VII _in Matth._, 5, 6 (t. VII, p. 113).
-Véase O. Müller, _Antiquit. Antioch._, p. 33, nota.
-
-[659] Libanio, _Antiochicus_, p. 355-356.
-
-[660] Juvenal, III, 62 y sig., y Forcellini, en la voz _ambubaja_,
-observando que la palabra _ambuba_ es siriaca.
-
-[661] Libanio, _Antioch._, p. 315; _De carcere vinctis_, p. 455, etc.;
-Juliano, _Misopogon_, p. 367, edic. Spanheim.
-
-[662] Libanio, _Pro rhetoribus_, p. 211.
-
-[663] Libanio, _Antiochicus_, p. 363.
-
-[664] Libanio, _Antiochicus_, p. 354 y sig.
-
-[665] La muralla actual, que es del tiempo de Justiniano, presenta las
-mismas particularidades.
-
-[666] Libanio, _Antioch._, p. 337, 338, 339.
-
-[667] El lago _Ak-Deniz_, que forma por este lado el límite actual del
-territorio de Antakieh, no existia, á lo que parece, en la antigüedad.
-Véase Ritter, _Erdkunde_, XVII, p. 1149, 1613 y sig.
-
-[668] Jos., _Ant._, XII, III, 1; XIV, XII, 6; _B. J._, II, XVIII, 5;
-VII, III, 2-4.
-
-[669] Jos., _Contra Apion._, II, 4; _B. J._, VII, III, 3-4; V, 2.
-
-[670] Malala, p. 244-245; Jos., _B. J._, VII, V, 2.
-
-[671] _Act._, VI, 5.
-
-[672] _Ibid._, XI, 19 y sig.
-
-[673] Compárese Jos., _B. J._, II, XVIII, 2.
-
-[674] _Act._, XI, 20-21. La lectura correcta es Ἕλληνας. Ἕλληνιστάς
-proviene de una falsa cercanía con IX, 29.
-
-[675] Malala, p. 245. El relato de Malala no puede ser exacto, pues
-Josefo no dice una palabra de la invasion de que habla el cronista.
-
-[676] _Ibid._, p. 243, 265-266. Comp. _Comptes rendus de l’Acad. des
-Inscr. et B.-L._, sesion del 17 Agosto 1865.
-
-[677] S. Atanasio, _Tomus ad Antioch._ (Opp. t. I, p. 771, edic.
-Montfaucon); san Juan Crisóstomo, _Ad. pop. Ant._ homil. I y II, inicio
-(t. II, p. 1 y 20); _In Inscr. Act._, II, inicio (t. III, 60); _Chron.
-Pasch._, p. 296 (París); Teodoreto, _Hist. eccl._, II, 27; III, 2, 8,
-9. La aproximacion de estos pasajes no permite traducir ἐν τῇ καλουμένῃ
-Παλαιᾷ por «en lo que se llamaba la ciudad antigua», como han hecho
-alguna vez los editores.
-
-[678] Malala, p. 242.
-
-[679] Pococke, _Descript. of the East_, vol. II, parte I, p. 192
-(Lóndres, 1745); Chesney, _Expedition for the survey of the rivers
-Euphr. and Tigris_, I, 425 y sig.
-
-[680] Es decir á la parte opuesta de la ciudad antigua que todavía está
-habitada.
-
-[681] Véase, más abajo, la pág. 251, nota 690.
-
-[682] El tipo de los Maronitas se encuentra de una manera notable en
-toda la region de Antakieh, de Soueidieh y de Beylan.
-
-[683] F. Naironi, _Evoplia fidei cathol._ (Romæ, 1694), p. 58 y sig., y
-la obra de S. Em. Paul-Pierre Masad, patriarca actual de los Maronitas,
-titulada _Kitab ed-durr el-manzoum_ (en árabe, impreso en el convento
-de Tamisch en el Kesrouan, 1863).
-
-[684] _Act._, XI, 19-20; XIII, 1.
-
-[685] Gal., II, 11 y sig. lo supone así.
-
-[686] _Act._, XI, 22 y sig.
-
-[687] _Act._, XI, 22-24.
-
-[688] _Act._, XI, 25.
-
-[689] _Act._, XI, 26.
-
-[690] Libanio, _Pro templis_, p. 164 y sig.; _De carcere vinctis_, p.
-458; Teodoreto, _Hist. eccl._, IV, 28; Juan Crisóst., Homil. LXXII
-_in Matth._, 3 (t. VII, p. 705); _In Epist. ad Ephes._ hom. VI, 4 (t.
-XI, p. 44); _In I Tim._ hom. XIV, 3 y sig. (_ibid._, p. 628 y sig.);
-Nicéforo, XII, 44; Glicas, p. 257 (ed. Paris).
-
-[691] _Act._, XI, 26.
-
-[692] Los pasajes I Petri, IV, 16, y Jac., II, 7, comparados con
-Suetonio _Neron_, 16, y con Tácito, _Ann._, XV, 44, confirman esta
-idea. Véase tambien _Act._, XXVI, 28.
-
-[693] Es cierto que se encuentra Ἀσιανός (_Act._, XX, 4; Philon,
-_Legatio_, 36; Estrabon, etc.). Pero parece tratarse de un latinismo,
-al igual que Δαλδιανοί, y los nombre de secta Σιμωνιανοί, Κηρινθιανοί,
-Σηθιανοί, etc. La derivacion helénica de χριστός hubiera sido
-χρίστειος. No sirve decir que la terminacion _anus_ es una forma dórica
-del griego ηνος; ya no se recordaba nada de esto en el siglo primero.
-
-[694] Tácito (_loc. cit._) lo interpreta así.
-
-[695] Suetonio, _Claudio_, 25. Discutiremos este pasaje en nuestro
-próximo libro.
-
-[696] _Corpus inscr. gr._, números 2883 _d_, 3857 _g_, 3857 _p_,
-3865 _l_; Tertuliano, _Apol._, 3; Lactancio, _Divin. Inst._, IV, 7.
-Compárese la forma francesa _chrestien_.
-
-[697] Jac., II, 7 supone que fué una costumbre momentánea é incierta.
-
-[698] _Act._, XXIV, 5; Tertuliano, _Adv. Marcionem_, IV, 8.
-
-[699] _Nesara_. Los nombres de _meschihoio_ en siriaco, _mesihi_ en
-árabe, son relativamente modernos y calcados sobre χριστιανός. El
-nombre de «Galileos» es mucho más reciente, y fué Juliano quien lo
-puso de moda y aun le declaró oficial, dándole cierto color de ironía
-y desprecio. Juliano, _Epist._, VII; Gregorio de Nacianzo, Orat. IV
-(invect. I), 76; S. Cirilo de Alej., _Contra Juliano_ II, p. 39 (edic.
-Spanheim); _Philopatris_, diálogo atribuido falsamente á Luciano y que
-es en realidad de la época de Juliano, § 12; Teodoreto, _Hist. eccl._,
-III, 4. Yo creo que, en Epicteto (Arriano, _Dissert._, IV, VII, 6)
-y en Marco Aurelio (_Pensamientos_, XI, 3), no designa este nombre
-á los cristianos, sino que debe entenderse como sicarios ó zelotas,
-discípulos fanáticos de Judas el Galileo ó el Gaulonita y de Juan de
-Giscala.
-
-[700] I Petri, IV, 16; Jac., II, 7.
-
-[701] _Act._, XIII, 2.
-
-[702] _Ibid._, XIII, 1.
-
-[703] Véase más arriba, p. 146-147.
-
-[704] _Act._, XIII, 1.
-
-[705] Eusebio, _Chron._, en el año 43; _Hist. eccl._, III, 22; Ignacio,
-_Epist. ad Antioch._ (apocr.), 7.
-
-[706] I Cor., XIV entero.
-
-[707] II Cor., XII, 1-5.
-
-[708] Supone en efecto que tuvo lugar esta vision catorce años antes
-de escribir la segunda Epístola de los Corintios, que fué por el año
-57, poco más ó menos. No es imposible sin embargo que estuviese aún en
-Tarso.
-
-[709] Sobre las ideas que tenian los judíos acerca de los cielos
-superpuestos, véase _Testam. de los 12 patr._, Leví, 3; _Ascension de
-Isaías_, VI, 13; VII, 8 y todo el resto del libro; Talm. de Babil.,
-_Chagiga_, 12 _b_; Midraschim, _Bereschith rabba_, sect. XIX, fol. 19
-_c_; _Schemoth rabba_, sect. XV, fol. 115 _d_; _Bammidbar rabba_, sect.
-XIII, fol. 218 _a_; _Debarim rabba_, sect. II, fol. 253 _a_; _Schir
-hasschirim rabba_, fol. 24 _d_.
-
-[710] Compárese Talmud de Babil., _Chagiga_, 14 _b_.
-
-[711] Compárese _Ascension de Isaías_, VI, 15; VII, 3 y sig.
-
-[712] II Cor., XII, 12; Rom., XV, 19.
-
-[713] I Cor., XII entero.
-
-[714] _Act._, XI, 29; XXIV, 17; Gal., II, 10; Rom., XV, 26; I Cor.,
-XVI, 1; II Cor., VIII, 4, 14; IX, 1, 12.
-
-[715] Jos., _Ant._, XVIII, VI, 3, 4; XX, V, 2.
-
-[716] Jac., II, 5 y sig.
-
-[717] _Act._, XI, 28; Jos., _Ant._, XX, II, 6; V, 2; Eusebio, _Hist.
-eccl._, II, 8 y 12. Compárese _Act._, XII, 20; Tác. _Ann._, XII, 43;
-Suetonio, _Claudio_, 18; _Dion Casio_, LX, 11. Aurelio Victor, _Cæs._,
-4; Eusebio, _Chron._, años 43 y sig. El reinado de Claudio se vió
-afligido casi todos los años por hambres parciales en todo el Imperio.
-
-[718] _Act._, XI, 27 y sig.
-
-[719] El libro de las _Actas_ (XI, 30; XII, 25) dice que Pablo hizo
-aquel viaje, pero aquel declara que entre su primera permanencia de
-dos semanas y su viaje para el asunto de la circuncision, no fué á
-Jerusalem (Gal., II 1, teniendo en cuenta la argumentacion general de
-Pablo sobre este punto). Véase más arriba, Introd., p. XXXI-XXXII.
-
-[720] Gal., I, 17-19.
-
-[721] _Act._, XIII, 3; XV, 36; XVIII, 23.
-
-[722] _Ibid._, XIV, 25; XVIII, 22.
-
-[723] Las inscripciones de dichas comarcas confirman plenamente las
-indicaciones de Josefo (_Comptes rendus de l’Acad. des Inscr. et
-B.-L._, 1865, pág. 106-109).
-
-[724] Josefo, _Ant._, XIX, IV; _B. J._, II, XI.
-
-[725] Jos., _Ant._, XIX, V, 1; VI, 1; _B. J._, II, XI, 5; Dion Casio,
-LX, 8.
-
-[726] Dion Casio, LIX, 24.
-
-[727] Jos., _Ant._, XIX, IX, 1.
-
-[728] _Ibid._, XIX, VI, 1, 3; VII, 3, 4; VIII, 2; IX, 1.
-
-[729] _Ibid._, XIX, VII, 4.
-
-[730] Jos., _Ant._, XIX, VI, 3.
-
-[731] Juvenal, Sat. VI, 158-159; Persio, Sat. V, 180.
-
-[732] Philon, _In Flaccum_, § 5 y sig.
-
-[733] Jos., _Ant._, XIX, V, 2 y sig.; XX, VI, 3; _B. J._, II, XII, 7.
-Las medidas restrictivas que tomó contra los judíos de Roma (_Act._,
-XVIII, 2; Suetonio, _Claudio_, 25; Dion Casio, LX, 6) dependieron de
-circunstancias locales.
-
-[734] Jos., _Ant._, XIX, VI, 3.
-
-[735] Jos., _Ant._, XIX, VII, 2; _B. J._, II, XI, 6; V, IV, 2; Tácito,
-_Hist._, V, 12.
-
-[736] Tácito, _Ann._, VI, 47.
-
-[737] Jos., _Ant._, XIX, VII, 2; VIII, 1; XX, I, 1.
-
-[738] Jos., _Ant._, XIX, VIII, 1.
-
-[739] Suetonio, _Caius_, 22, 26, 35; Dion Casio, LIX, 24; LX, 8;
-Tácito, _Ann._, XI, 8. Como tipo de aquellos reyezuelos de Oriente,
-véase la carrera de Herodes Agrippa I por Josefo (_Ant._, XVIII y XIX).
-Comp. Horacio, _Sat._, I, VII.
-
-[740] Véase más arriba, p. 178-179, 203-204, 217-218.
-
-[741] _Act._, XII, 3.
-
-[742] _Act._, XII, 1 y sig.
-
-[743] Efectivamente Jacobo fué decapitado y no lapidado.
-
-[744] _Act._, XII, 3 y sig.
-
-[745] _Act._, XII, 9-11. El relato de las _Actas_ es tan conciso, que
-es difícil se encuentre lugar en ella para una elaboracion legendaria
-prolongada.
-
-[746] Jos., _Ant._, XIX, VIII, 2; _Act._, XII, 18-23.
-
-[747] Jos., _Ant._, XIX, VII, 4.
-
-[748] _Act._, XII, 23. Comp. II Macab., IX, 9; Jos., _B. J._, I,
-XXXIII, 5; Talm. de Bab., _Sota_, 35 _a_.
-
-[749] Jos., _Ant._, XIX, VI, 1; XX, I, 1, 2.
-
-[750] Jos., _Ant._, XX, V, 2; _B. J._, II, XV, 1; XVIII, 7 y sig.;
-IV, X, 6; V, I, 6; Tácito, _Ann._, XV, 28; _Hist._, I, 11; II, 79;
-Suetonio, _Vesp._, 6; _Corpus inscr. græc._, n.º 4957 (cf. _ibid._,
-III, p. 311).
-
-[751] Jos., _Ant._, XX, I, 3.
-
-[752] Jos., _Ant._, XX, V, 4; _B. J._, II, XII, 2.
-
-[753] Josefo, que describe con tanta minuciosidad la historia de estas
-agitaciones, no mezcla nunca en ellas á los cristianos.
-
-[754] Jos., _Contra Apion._, II, 39; Dion Casio, LXVI, 4.
-
-[755] Jos., _B. J._, IV, IV, 3; V, XIII, 6; Suet., _Aug._, 93;
-Estrabon, XVI, II, 34, 37; Tácito, _Hist._, V, 5.
-
-[756] Jos., _Ant._, XIII, IX, 1; XI, 3; XV, 4; XV, VII, 9.
-
-[757] Jos., _B. J._, II, XVII, 10; _Vita_, 23.
-
-[758] Mat., XXIII, 13.
-
-[759] Jos., _Ant._, XX, VII, 1, 3; Comp. XVI, VII, 6.
-
-[760] _Ibid._, XX, II, 4.
-
-[761] _Ibid._, XX, II, 5, 6; IV, 1.
-
-[762] Jos., _B. J._, II, XX, 2.
-
-[763] Séneca, fragm. en San Aug., _De civ. Dei_, VI, 11.
-
-[764] Jos., _Ant._, XX, II-IV.
-
-[765] Tácito, _Ann._, XII, 13, 14. La mayor parte de los nombres de
-esta familia son persas.
-
-[766] El nombre de «Elena» lo prueba, á pesar de que es extraño que no
-figure el griego en la inscripcion bilingüe (siriaco y siro-caldaico)
-del sepulcro de una princesa de dicha familia, descubierto y llevado
-á París por el Sr. de Saulcy. Véase _Journal Asiatique_, Diciembre de
-1855.
-
-[767] Cf. _Bereschith rabba_, XLVI, 51 _d_.
-
-[768] Segun todas las apariencias, es el monumento conocido en el dia
-con el nombre de «Sepulcros de los reyes». Véase _Journal Asiatique_,
-en el lugar citado.
-
-[769] Jos., _B. J._, II, XIX, 2; VI, VI, 4.
-
-[770] Talm. de Jerus., _Peah_, 15 _b_, en donde se atribuyen á uno
-de los Monobaze algunas máximas que recuerdan enteramente las del
-Evangelio (Mateo, VI, 19 y siguientes); Talm. de Bab., _Baba Bathra_,
-11 _a_; _Joma_, 37 _a_; _Nazir_, 19 _b_; _Schabbath_, 68 _b_; Sifra, 70
-_a_; Bereschith rabba, XLVI, fol. 51 _d_.
-
-[771] Moisés de Corene, II, 35; Orosio, VII, 6.
-
-[772] Lucas, XXI, 21.
-
-[773] Τὰ πάτρια ἔθη, expresion muy familiar en Josefo, cuando defiende
-la posicion de los judíos en el mundo pagano.
-
-[774] Se sabe que no existe ningun manuscrito del Talmud para comprobar
-las ediciones impresas.
-
-[775] Jos., _Ant._, XX, V, 2.
-
-[776] Jos., _B. J._, II, XVII, 8-10; _Vita_, 5.
-
-[777] La relacion del cristianismo con los dos movimientos de Judas y
-de Teudas es hecho por el autor mismo de las _Actas_ (V, 36-37.)
-
-[778] Jos., _Ant._, XX, V, 1; _Act._, V, 36. Se notará el anacronismo
-cometido por el autor de las _Actas_.
-
-[779] Jos., _Ant._, XVIII, IV, 1-2.
-
-[780] Jos., _Ant._, XX, V, 3-4; _B. J._, II, XII, 1-2; Tácito, _Ann._,
-XII, 54.
-
-[781] Jos., _Ant._, XX, VIII, 5.
-
-[782] Jos., _Ant._, XX, VIII, 5; _B. J._, II, XIII, 3.
-
-[783] Jos., _B. J._, VII, VIII, 1; Mischna, _Sanhedrin_, IX, 6.
-
-[784] Jos., _Ant._, XX, VIII, 6, 10; _B. J._, II, XIII, 4.
-
-[785] Jos., _Ant._, XX, VIII, 6; _B. J._, II, XIII, 5; _Act._, XXI, 38.
-
-[786] Jos., _Ant._, XX, VIII, 6; _B. J._, II, XIII, 6.
-
-[787] Véase más arriba, p. 186, nota 456.
-
-[788] Justino, _Apol. I_, 26, 56. Es singular que Josefo, aunque hable
-de las cosas samaritanas, no hable de él.
-
-[789] _Act._, VIII, 9 y sig.
-
-[790] Puede tenerse por una composicion completamente apócrifa: véase
-el acuerdo que existe entre el sistema anunciado en este libro y lo
-poco que nos enseñan las _Actas_ sobre la doctrina de Simon y sus
-_poderes divinos_.
-
-[791] Homil. pseudo-clem., II, 22, 24.
-
-[792] Justino, _Apol. I_ 26, 56; _II_, 15; _Dial. cum Tryph._, 120;
-Ireneo, _Adv. hær._, I, XXIII, 2-5; XXVII, 4; II, præf.; III, præf.;
-Homil. pseudo-clementinæ, I, 15; II, 22, 25, etc.; _Recogn._, I,
-72; II, 7 y sig.; III, 47; _Philosophumena_, IV, VII; VI, I; X, IV;
-Epifanio, _Adv. hær_. hær. XXI; Orígenes, _Contra Celsum_, V, 62;
-VI, 11; Tertuliano, _De anima_, 34; _Constit. apost._, VI, 16; San
-Gerónimo, _In Matth._, XXIV, 5; Teodoreto, _Hæret. fab._, I, 1. Es
-en los extractos textuales que dan los _Philosophumena_ y no en los
-relatos de otros padres de la Iglesia donde debe buscarse una idea de
-_La Grande Exposicion_.
-
-[793] _Philosophum._, IV, VII; VI, I, 9, 12, 13, 17, 18. Compárese
-Apocalipsis, I, 4, 8; IV, 8; XI, 17.
-
-[794] _Philosophum._, VI, I, 17.
-
-[795] _Ibid._, VI, I, 16.
-
-[796] Act., VIII, 10; _Philosophum._, VI, I, 18; Homil. pseudo-clemen.,
-II. 22.
-
-[797] Alusion á la aventura del poeta Estesícoro.
-
-[798] Ireneo, _Adv. hær._, I, XXIII, 2-4; Homil. pseudo-clemen., II,
-23, 25; _Philosophumena_, VI, I, 19.
-
-[799] _Philosophum._, VI, I, 16.
-
-[800] Véase _Vida de Jesús_, p. 247-249.
-
-[801] _Ibid._, p. 247, nota 4.
-
-[802] _Chron. samarit._, c. 10 (ed. Juynboll, Leiden, 1848). Cf.
-Reland, _De Sam._, § 7; en sus _Dissertat. miscell._, parte II;
-Gesenius, _Comment. de Sam. Theol._ (Halle, 1824), p. 21 y sig.
-
-[803] En el extracto dado por los _Philosophumena_, VI, I, 16 _sub
-finem_, se lee una cita debida á los Evangelios sinópticos, la cual
-parece ser presentada como encontrándose en el texto de _La Grande
-Exposicion_: pero puede tratarse de alguna inadvertencia.
-
-[804] Homil. pseudo-clem., II, 23-24.
-
-[805] Ireneo, _Adv. hær._, I, XXIII, 3; _Philosophum._, VI, I, 19.
-
-[806] Homil. pseudo-clem., II, 22; _Recogn._, II, 14.
-
-[807] Ireneo, _Adv. hær._, II, præf.; III, præf.
-
-[808] Véase la epístola, probablemente auténtica, de San Pablo á los
-Colosenses, I, 15 y sig.
-
-[809] Epif., _Adv. hær._, hær. LXXX, 1.
-
-[810] Lo que hace inclinar á esta segunda hipótesis es que la secta de
-Simon se cambió pronto en una escuela de prestidigitacion, fábrica de
-filtros y de encantamientos. _Philosophumena_, VI, I, 20; Tertuliano,
-_De anima_, 57.
-
-[811] _Philosophum._, VI, I, 20. Cf. Orig., _Contra Cels._, I, 57; VI,
-11.
-
-[812] Hegesipo, en Eusebio, _Hist. eccl._, IV, 22; Clem. de Alej.,
-_Strom._, VII, 17; _Constit. apost._, VI, 8, 16; XVIII, 1 y sig.;
-Justino, _Apol. I_, 26, 56; Ireneo, _Adv. hær._, I, XXIII, 5;
-_Philosoph._, VII, 28; Epif., _Adv. hær._, XXII y XXIII, init.;
-Teodoreto, _Hær. fab._, I, 1, 2; Tertuliano, _De præscr._, 46; _De
-anima_, 50.
-
-[813] La más célebre es la de Dositeo.
-
-[814] _Act._, VIII, 9; Ireneo, _Adv. hær._ I, XXIII, 1.
-
-[815] _Philosophumena_, VI, I, 19, 20. El autor solo atribuye estas
-perversas doctrinas á los discípulos de Simon. Pero si la escuela tenia
-esta fisonomía, el maestro debió tambien tener algo de ello.
-
-[816] Examinaremos más tarde lo que encierran estos relatos.
-
-[817] La inscripcion SIMONI·DEO·SANCTO, transmitida por Justino (_Apol.
-I_, 26), como hallada en la isla del Tíber y mencionada despues de él
-por otros padres de la Iglesia, era una inscripcion latina del dios
-sabino _Semo Sancus_, SEMONI·DEO·SANCO. Encontróse, en efecto, bajo
-Gregorio XIII, en la isla de San Bartolomé, una inscripcion, guardada
-en el Vaticano, que tiene grabada esta dedicatoria. Véase Baronius,
-_Ann. eccl._, ad annum 44; Orelli, _Inscr. lat._, n.º 1860. Habia por
-aquella época en la isla del Tíber un colegio de _bidentales_ en honor
-de Semo Sancus, conteniendo varias inscripciones del mismo género.
-Orelli, n.º 1861 (Mommsen, _Inscr. lat. regni Neapol._, n.º 6770).
-Comp. Orelli, n.º 1859; Henzen, n.º 6999; Mabillon, _Museum Ital._,
-I, primera parte, p. 84. El n.º 1862 de Orelli no debe tomarse en
-consideracion (véase _Corp. inscr. lat._, I, n.º 542).
-
-[818] Este grosero malentendido no se hubiera deshecho sin descubrir
-antes las _Philosophumena_, que da extractos textuales de la _Apophasis
-magna_ (véase VI, I, 19). Tiro fué célebre por sus cortesanas.
-
-[819] Ἐχθρὸς ἄνθρωπος, ἀντικείμενος. Véanse Homil. pseudo-clem., hom.
-XVII toda entera.
-
-[820] Así, en la literatura pseudo-clementina, el nombre de Simon el
-Mágico designa por momentos al apóstol San Pablo, á quien el autor
-quiere mucho.
-
-[821] Es necesario notar que en las _Actas_ no es todavía tratado
-como enemigo. Solo se le atribuye un sentimiento bajo y se deja creer
-se arrepentió (VIII, 24). Tal vez todavía vivia Simon cuando fueron
-escritas estas líneas y sus relaciones con el cristianismo no habian
-todavía llegado á ser malas.
-
-[822] Jos., _Ant._, XX, VII, 1.
-
-[823] _Act._, XII, 1, 25. Nótese toda la contextura de este capítulo.
-
-[824] I Petri, V, 13; Papias, en Eusebio, _Hist. eccl._, III, 39.
-
-[825] _Act._, XIII, 2.
-
-[826] _Gal._, I, 15-16; _Act._, XXII, 15, 21; XXVI, 17-18; I Cor., I,
-1; Rom., I, 1, 5; XV, 15 y sig.
-
-[827] _Act._, XIII, 5.
-
-[828] El autor de las _Actas_, partidario de la gerarquía y del poder
-de la Iglesia, ha podido introducir esta circunstancia. Pablo nada sabe
-de semejante ordenacion ó consagracion. Él tiene conferida su mision
-por Jesús y no se cree más ser el enviado por la Iglesia de Antioquía
-que por la de Jerusalem.
-
-[829] _Act._, XIII, 3; XIV, 25.
-
-[830] En I Petri, V, 13, Babilonia designa Roma.
-
-[831] Ciceron, _Pro Archia_, 10.
-
-[832] Jos., _B. J._, II, XX, 2; VII, III, 3.
-
-[833] _Act._, XVIII, 24 y sig.
-
-[834] Véase Philon, _De vita contemplativa_, entero.
-
-[835] Pseudo Hermes, _Asclepius_, fol. 158 v., 159 r. (Florencia,
-Juntes 1512).
-
-[836] Ciceron, _Pro Flacco_, 28; Philon, _In Flaccum_, § 7; _Leg. ad
-Caium_, § 36; _Act._, II, 5-11; VI, 9; _Corp. inscr. gr._, n.º 5361.
-
-[837] _Lex Wisigoth._, libro XII, tít. II y III, en Walter, _Corpus
-juris germanici antiqui_, t. I, p. 630 y siguientes.
-
-[838] Véase _Vida de Jesús_, p. 137.
-
-[839] Philon, _In Flacc._, § 5 y 6; Jos., _Ant._, XVIII, VIII, 1; XIX,
-V, 2; _B. J._, II, XVIII, 7 y sig.; VII, X, 1; Papiro publicado en las
-_Notices et extraits_, XVIII, 2.ª parte, p. 383 y sig.
-
-[840] Dion Casio, XXXVII, 17; LX, 6; Philon, _Leg. ad Caium_, § 23;
-Josefo, _Ant._, XIV, X, 8; XVII, XI, 1; XVIII, III, 5; Hor., _Sat._,
-I, IV, 142-143; V, 100; IX, 69 y sig.; Persio, V, 179-184; Suetonio,
-_Tib._, 36; _Claud._, 25; _Domit._, 12; Juvenal, III, 14; VI, 542 y sig.
-
-[841] _Pro Flacco_, 28.
-
-[842] Jos., _Ant._, XIV, X; Suetonio, _Julius_, 84.
-
-[843] Suet., _Tib._, 36; Tác., _Ann._, II, 85; Jos., _Ant._, XVIII,
-III, 4, 5.
-
-[844] Dion Casio, LX, 6.
-
-[845] Suetonio, _Claudio_, 25; _Act._, XVIII, 2; Dion Casio, LX, 6.
-
-[846] Josefo, _B. J._, VII, III, 3.
-
-[847] Séneca, fragmento en San Agust., _De civ. Dei_, VI, 11; Rutilius
-Numatianus, I, 395 y sig.; Jos., _Contra Apion._, II, 39; Juvenal, Sat.
-VI, 544; XIV, 96 y sig.
-
-[848] Philon, _In Flacc._, § 5; Tác., _Hist._, V, 4, 5, 8; Dion Casio,
-XLIX, 22; Juvenal, XIV, 103; Diod. Sic., fragm. I del libro XXXIV y III
-del libro XL; Philostrato, _Vida de Apol._, V, 33; I Tes., II, 15.
-
-[849] Jos., _Ant._, XIV, X; XVI, VI; XX, VIII, 7; Philon, _In Flaccum
-et Legatio ad Caium_.
-
-[850] Jos., _Ant._, XVIII, III, 4, 5; Juvenal, VI, 543 y sig.
-
-[851] Jos., _Contra Apion._, entero; pasajes precitados de Tácito y
-de Diodoro de Sicilia; Pompeyo Trogo (Justino), XXXVI, II; Ptolomeo
-Hefesto ó Queno, en las _Script. poet. hist. græci_ de Westermann, p.
-194. Cf. Quintiliano III, VII, 2.
-
-[852] Cic., _Pro Flacco_, 28; Tácito, _Hist._, V, 5; Juvenal, XIV,
-103-104; Diodoro de Sicilia y Philostrato, lugares citados; Rutilius
-Numatianus, I, 383 y sig.
-
-[853] Marcial, IV, 4; Am. Marcel., XXII, 5.
-
-[854] Suetonio, _Aug._, 76; Horacio, _Sat._, I, IX, 69 y sig.; Juvenal,
-III, 13-16, 296; VI, 156-160, 542-547; XIV, 96-107; Marcial, _Epigr._,
-IV, 4; VII, 29, 34, 54; XI, 95; XII, 57; Rutilius Numat., _l. c._, y
-sobre todo Josefo, _Contra Apion._, II, 13; Philon, _Leg. ad Caium_, §
-26-28.
-
-[855] Marcial, _Epigr._, XII, 57.
-
-[856] Juvenal, _Sat._, III, 14; VI, 542.
-
-[857] Juvenal, _Sat._, III, 296; VI, 543 y sig.; Marcial, _Epigr._, I,
-42; XII, 57.
-
-[858] Marcial, _Epigr._, I, 42; XII, 57; Estacio, _Silvas_, I, VI,
-73-74. Véase Forcellini, en la voz _sulphuratum_.
-
-[859] Horacio, _Sat._, I, V, 100; Juvenal, _Sat._ VI, 544 y sig.; XIV,
-96 y sig.; Apuleyo, _Florida_, I, 6.
-
-[860] Dion Casio, LXVIII, 32.
-
-[861] Tácito, _Hist._, V, 5, 9; Dion Casio, LXVII, 14.
-
-[862] Horacio, _Sat._, I, IX, 70; _Judæus Apella_ parece encerrar una
-broma del mismo género (véanse los escoliastas Acron y Porfirion, sobre
-Hor., _Sat._, I, V, 100; compárese el pasaje de S. Avito, _Poemata_, V,
-364, citada por Forcellini en la voz _Apella_, pero que yo no encuentro
-ni en las ediciones de este Padre, ni en el antiguo manuscrito latino,
-Bibl. Imp., n.º 11320, tal como la da el sabio lexicógrafo); Juvenal,
-_Sat._, XIV, 99 y sig.; Marcial, _Epigr._, VII, 29, 34, 54; XI, 95.
-
-[863] Josefo, _Contra Apion._, II, 39; Tác., _Ann._, II, 85; _Hist._,
-V, 5; Hor., _Sat._, I, IV, 142-143; Juvenal, XIV, 96 y sig.; Dion
-Casio, XXXVII, 17; LXVII, 14.
-
-[864] Marcial, _Epigr._, I, 42; XVII, 57.
-
-[865] Juvenal, _Sat._, VI, 546 y sig.
-
-[866] Josefo, _Ant._, XVIII, III, 5; XX, II, 4; _B. J._, II, XX, 2;
-_Act._, XIII, 50; XVI, 14.
-
-[867] _Loc. cit._
-
-[868] Josefo, _Ant._, XX, II, 5; IV, 1.
-
-[869] Pasajes citados. Estrabon demuestran más justicia y penetracion
-(XVI, II, 34 y sig.). Comp. Dion Casio, XXXVII, 17 y siguientes.
-
-[870] Tác., _Hist._, V, 5.
-
-[871] Josefo, _Contra Apion._, II, 39.
-
-[872] Marcial, XII, 57.
-
-[873] Jos., _Ant._, XIV, X, 6, 11-14.
-
-[874] Ecclesiástico, X, 25, 26, 27.
-
-[875] Rom., I, 24 y sig.
-
-[876] Zac., VIII, 23.
-
-[877] Hor., _Sat._, I, IX, 69; Persio, V, 179 y sig.; Juvenal, _Sat._,
-VI, 159; XIV, 96 y sig.
-
-[878] _Contra Apion._, II, 39.
-
-[879] Aulo Persio, V, 179-184; Juvenal, VI, 157-160. La grave
-preocupacion del judaismo que se observa en los escritores romanos
-del primer siglo, sobre todo en los satíricos, proviene de esta
-circunstancia.
-
-[880] Juvenal, _Sat._, III, 62 y sig.
-
-[881] Cic., _De prov. consul._, 5.
-
-[882] Los niños que me habian parecido bonitos en mi primer viaje los
-encontré, cuatro años más tarde, feos, comunes y vulgares.
-
-[883] Πατρῴοις θεοῖς, fórmula muy frecuente en las inscripciones sirias
-(_Corpus inscr. græc._, números 4449, 4450, 4451, 4463, 4479, 4480,
-6015).
-
-[884] _Corpus inscr. græc._, números 4474, 4475, 5936; _Mission de
-Phénicie_, l. II, c. II, inscripcion de Abedat. Comp. _Corpus_, números
-2271, 5853.
-
-[885] Ζεὺς οὐράνιος, ἐπουράνιος, ὕψιστος, μέγιστος, θεὸς σατράπης.
-_Corpus inscr. græc._, números 4500, 4501, 4502, 4503, 6012; Lepsius,
-_Denkmæler_, t. XII, fol. 100, n.º 590; _Mission de Phénicie_, p. 103,
-104 y sig.
-
-[886] He desarrollado esto en el _Journal Asiatique_, febrero y marzo
-de 1859, p. 259 y sig., y en la _Mission de Phénicie_, l. II, c. II.
-
-[887] Código sirio, en Land, _Anecdota Syriaca_, I, p. 152; hechos
-diversos de los cuales he sido testigo.
-
-[888] Nacido en el Haurán.
-
-[889] Véase Forcellini, en la palabra _Syrus_. Esta palabra designaba
-en general á _los orientales_. Leblant, _Inscript. chrét. de la Gaule_,
-I, p. 207, 328-329.
-
-[890] Juvenal, III, 62, 63.
-
-[891] Tal es hoy el temperamento del Sirio cristiano.
-
-[892] Inscripciones en las _Mém. de la Soc. des Antiquaires de Fr._,
-t. XXVIII, 4 y sig.; en Leblant, _Inscript. chrét. de la Gaule_, I, p.
-CXLIV, 207, 324 y sig., 353 y sig., 375 y sig.; II, 259, 459 y sig.
-
-[893] Los Maronitas colonizan todavía casi todo el Levante á la manera
-de los Judíos, de los Armenios, y de los Griegos, aunque en menor
-escala.
-
-[894] Léase Ciceron, _De offic._, I, 42; Dionisio de Halicarnaso, II,
-28; IX, 25.
-
-[895] Véanse los tipos de esclavos en Plauto y Terencio.
-
-[896] II Cor., XII, 9.
-
-[897] Tácito, _Ann._, II, 85.
-
-[898] Tácito, _Ann._, I, 2; Floro, IV, 3; Pomponio, en el Digesto, l.
-I, tít. II, fr. 2.
-
-[899] Helicon, Apeles, Eucéres, etc. Los reyes de Oriente eran
-considerados por los romanos como los maestros en tiranía de sus malos
-emperadores. Dion Casio, LIX, 24.
-
-[900] Véase la inscripcion del parásito de Antonio, en los _Comptes
-rendus de l’Acad. des Inscr. et B.-L._, 1864, p. 166 y sig. Compárese
-Tácito, _Ann._, IV, 55-56.
-
-[901] Véase como ejemplo, la oracion fúnebre de Turia por su esposo Q.
-Lucrecio Vespillo; texto epigráfico publicado por la primera vez de una
-manera completa por Mommsen en las _Mémoires de l’Academie de Berlin_
-de 1863, p. 455 y sig. Compárese la oracion fúnebre de Murdia (Orelli,
-_Inscr. lat._, núm. 4860) y la de Matidia por el emperador Adriano
-(_Mém. de l’Academie de Berlin_, vol. citado, p. 483 y sig.) Suelen
-preocuparse muchos por los pasajes de los satíricos latinos donde se
-ponen en relieve los vicios de las mujeres muy severamente. Pero esto
-es como si se tratara el cuadro de las costumbres generales del siglo
-XVII, segun Mathurin Regnier y Boileau.
-
-[902] Orelli, números 2647 y sig., sobre todo 2677, 2742, 4530, 4860.
-Henzen, números 7382 y sig., sobre todo núm. 7406; Renier, _Inscr. de
-l’Algerie_, núm. 1987. Estos epítetos pueden haber sido con frecuencia
-engañosos, pero prueban al menos la importancia que se daba á la virtud.
-
-[903] Plinio, _Epist._, VII, 19; IX, 13; Apiano, _Guerras civiles_, IV,
-36. Fannia siguió dos veces al destierro á su esposo Helvidio Prisco; y
-fué desterrada por tercera vez despues de su muerte.
-
-[904] El heroismo de Arria es conocido de todos.
-
-[905] Suetonio, _Aug._, 73; Oracion fúnebre de Turia, I, línea 30.
-
-[906] Oracion fúnebre de Turia, I, línea 31.
-
-[907] La opinion mucho más severa de San Pablo (Rom. I, 24 y sig.) se
-explica del mismo modo. San Pablo no conocia á la alta sociedad romana,
-y sus invectivas son esas de que hacen uso los predicadores y que no
-deben nunca tomarse al pié de la letra.
-
-[908] Séneca, _Epist._, XII, XXIV, XXVI, LVIII, LXX; _De ira_, III, 15;
-_De tranquillitate animi_, 10.
-
-[909] Apocal., XVII. Cf. Séneca, _Epist._, XCV, 16 y sig.
-
-[910] Suetonio, _Aug._ 48.
-
-[911] Los ejemplos son innumerables en las inscripciones.
-
-[912] Plutarco, _Præc. ger. reipubl._, XV, 3-4; _An seni sit ger.
-resp._, entero.
-
-[913] Jos., _Ant._, XIV, X, 22, 23. Comp. Tácito, _Ann._, IV, 55-56;
-Rutilius Numatianus, _Itin._, I, 63 y sig.
-
-[914] «Inmensa romanæ pacis majestas.» Plinio, _Hist. nat._, XXVII, 1.
-
-[915] Elio Arístides, _Elogio de Roma_; Plutarco, tratado de la
-_Fortuna de los Romanos_, comienzo; Philon, _Leg. ad Caium_, § 21, 22,
-39, 40.
-
-[916] Dionisio de Halicarnaso, _Antigüedades romanas_, I, principio.
-
-[917] Plutarco, _Vida de Solon_, 20.
-
-[918] Véase Ateneo, XII, 68; Eliano, _Var. Hist._, IX, 12; Suidas, en
-la voz Ἐπίκουρος.
-
-[919] Tácito, _Ann._, I, 2.
-
-[920] Estúdiese el carácter de Euthyphron, en Platon.
-
-[921] Diog. Laercio, II, 101, 116; V, 5, 6, 37, 38; IX, 52; Ateneo
-XIII, 92; XV, 52; Eliano, _Var. Hist._, II, 23; III, 36; Plutarco,
-_Pericles_, 32; _De plac. philos._, I, VII, 2; Diod. Sic., XIII, VI, 7;
-Escol. de Aristófanes, en _Aves_, 1073.
-
-[922] En particular, bajo Vespasiano; caso de Helvidio Prisco.
-
-[923] Trataremos sin embargo de demostrar más adelante que estas
-persecuciones, cuando menos hasta la de Decio, se han exagerado.
-
-[924] Los primeros cristianos son, en efecto, muy respetuosos para con
-la autoridad romana. Rom., XIII, 1 y sig.; I Petri, IV, 14-16. Para San
-Lucas, véase más arriba, Introd., p. XXIII-XXIV.
-
-[925] Diógenes Laercio, VII, I, 32, 33; Eusebio, _Prepar. Evang._ XV,
-15; y, en general, el _De legibus_ y el _De officiis_ de Ciceron.
-
-[926] Terencio, _Heautont._, I, I, 77; Cic. _De finibus bon. et mal._,
-V, 23; _Partit. orat._, 16, 24; Ovidio, _Fastos_, II, 684; Lucano, VI,
-54 y sig.; Séneca, _Epist._, XLVIII, XCV, 51 y sig.; _De ira_, I, 5;
-III, 43; Arriano, _Dissert de Epict._, I, IX, 6; II, V, 26; Plutarco,
-_De la fort. de los Rom._, 2; _De la fort. de Alejandro_, I, 8, 9.
-
-[927] Virgilio, _Egl._, IV; Séneca, _Medea_, 375 y sig.
-
-[928] Tác., _Ann._, II, 85; Suetonio, _Tib._, 35; Ovidio, _Fast._, II,
-497-514.
-
-[929] Las inscripciones de mujeres contienen frases sublimes. «Mater
-omnium hominum, parens omnibus subveniens,» en Renier, _Inscr. de
-l’Algerie_ n.º 1987. Comp. _ibid._, n.º 2756; Mommsen, _Inscr. R. N._,
-n.º 1431, «Duobus virtutis et castitatis exemplis,» _Not. et mém.
-de la Soc. de Constantine_, 1865, pág. 158. Véase la inscripcion de
-Urbanille, en Guérin, _Voy. archéol. dans la rég. de Tunis_, I, 289 y
-la deliciosa inscripcion, Orelli, núm. 4648. Muchos de estos textos son
-posteriores al primer siglo, pero no eran nuevos los sentimientos que
-expresaban cuando se escribieron.
-
-[930] _Propos de table_, I, V, 1; _Vida de Demóst._, 2; el diálogo _Del
-amor_, 2; y sobre todo el _Consuelo_ á su esposa.
-
-[931] «Caritas generis humani,» Cic., _De finibus_, V, 23. «Homo sacra
-res homini,» Séneca, _Epist._., XCV, 33.
-
-[932] Séneca, _Epist._, XXXI, XLVII; _De benef._, III, 18 y sig.
-
-[933] Tácito, _Ann._, XIV, 42 y sig.; Suetonio, _Claudio_, 25; Dion
-Casio, LX, 29; Plinio, _Epist._, VIII, 16; Inscrip., de Lanuvium, col.
-2, líneas 1-4 (en Mommsen, _De coll. et sodal. Rom._, ad calcem);
-Séneca el Orador, _Controv._, III, 21; VII, 6; Séneca el Filós.,
-_Epist._, XLVII; _De benef._, III, 18 y sig.; Columela, _De re
-rustica_, I, 8; Plutarco, _Vida de Caton el Viejo_, 5; _De ira_, 11.
-
-[934] _Epist._, XLVII, 13.
-
-[935] Caton, _De re rustica_, 58, 59, 104; Plutarco, _Vida de Caton_,
-4, 5. Compárense las máximas casi tan duras del _Eclesiástico_, XXXIII,
-25 y sig.
-
-[936] Tácito, _Ann._, XIV, 60; Dion Casio, XLVII, 10; LX, 16; LXII, 13;
-LXVI, 14; Suetonio, _Caius_, 16; Apiano, _Guerras civiles_, IV, desde
-el capítulo XVII (sobre todo el cap. XXXVI y sig.) hasta el cap. LI.
-Juvenal, VI, 476 y sig., describe las costumbres de la peor sociedad.
-
-[937] Horacio, _Sat._, I, VI, 1 y sig.; Cic., _Epist._, III, 7; Séneca
-el Orador, _Controv._, I, 6.
-
-[938] Suetonio, _Caius_, 15, 16; _Claudio_, 19, 23, 25; _Neron_, 16;
-Dion Casio, LX, 25, 29.
-
-[939] Tácito, _Ann._, VI, 17; comp. IV, 6.
-
-[940] Tácito, _Ann._, XIII, 50-51; Suetonio, _Neron_, 10.
-
-[941] Epitafio del joyero Evodio (hominis boni, misericordis, amantis
-pauperes), _Corpus inscr. lat._, n.º 1027, inscripcion del siglo
-de Augusto. (Cf. Egger, _Mém. d’hist. anc. et de phil._, p. 351 y
-sig.); Perrot, _Exploration de la Galatie_, etc., p. 118-119, πτωχοὺς
-φιλέοντα; _Oracion fúnebre de Matidia_, por Adriano (_Mém. de l’Acad.
-de Berlin_ para 1863, p. 489); Mommsen, _Inscr. regni Neap._, n.º 1431,
-2868, 4880; Séneca el Orador, _Controv._, I, 1; III, 19; IV, 27; VIII,
-6; Séneca el Filósofo, _De clem._, II, 5, 6; _De benef._, I, 1; II, 11;
-IV, 14; VII, 31. Compárese Leblant, _Inscr. chrét. de la Gaule_, II, p.
-23 y sig.; Orelli, n.º 4657; Fea, _Framm. de’ fasti consol._, p. 90; R.
-Garrucci, _Cimitero degli ant. Ebrei_, p. 44.
-
-[942] _Corpus inscr. græc._, n.º 2758.
-
-[943] _Ibid._, n.º 2194 _b_, 2511, 2759 _b_.
-
-[944] Es preciso recordar que Corinto en la época romana era una
-colonia de extranjeros, establecida, en el mismo lugar que ocupaba la
-antigua ciudad, por César y por Augusto.
-
-[945] Luciano, _Demonax_, 57.
-
-[946] Dion Casio, LXVI, 15.
-
-[947] Véase sobre todo Elio Arístides, tratado contra la comedia, (I,
-p. 751 y sig., edic. Dindorf).
-
-[948] Es notable que en varias ciudades del Asia Menor los restos
-de los teatros antiguos son todavía hoy otros tantos focos de
-prostitucion. Comp. Ovidio, _Arte de Amar_, I, 89 y sig.
-
-[949] Orelli-Henzen, núms. 1172, 3362 y sig., 6669; Guérin, _Voy. en
-Tunisie_, II, p. 59; Borghesi, _Obras completas_, IV, p. 269 y sig.;
-E. Desjardins, _De tabulis alimentariis_ (París 1854); Aurelio Victor,
-_Epítome_, Nerva; Plinio, _Epist._, I, 8; VII, 18.
-
-[950] Inscripcion en Desjardins, _op. cit._, parte II, cap. I.
-
-[951] Suetonio, _Aug._, 41, 46; Dion Casio, LI, 21; LVIII, 2.
-
-[952] Tácito, _Ann._, II, 87; VI, 13; XV, 18, 39; Suetonio, _Aug._, 41,
-42; _Claudio_, 18. Comp. Dion Casio, LXII, 18; Orelli, n.º 3358 y sig.;
-Henzen, 6662 y sig.; Forcellini, en el artículo _Tessera frumentaria_.
-
-[953] _Odisea_, VI, 207.
-
-[954] Eurípides, _Suppl._, v. 773 y sig.; Aristóteles, _Retór._, II,
-VIII; _Ética á Nicómaco_, VIII, I; IX, X. Véase Estobeo, _Florilegio_,
-XXXVII y CXIII, y, en general, los fragmentos de Menandro y de los
-cómicos griegos.
-
-[955] Aristóteles, _Política_, VI, III, 4 y 5.
-
-[956] Ciceron, _Tusculanas_, IV, 7, 8; Séneca, _De clem._, II, 5, 6.
-
-[957] Papiro del Louvre, n.º 37, col. 1, ligne 21, en las _Notices et
-extraits_, t. XVIII, 2.ª parte, p. 298.
-
-[958] Véase más arriba, p. 123.
-
-[959] Apoc., XVII y sig.
-
-[960] Virgilio, _Egl._ IV; _Georg._ I, 463 y sig.; Horacio, _Od._, I,
-II; Tácito, _Ann._, VI, 12; Suetonio, _Aug._, 31.
-
-[961] Véase, por ejemplo, _De republ._, III, 22, citado y conservado
-por Lactancio, _Instit. div._, VI, 8.
-
-[962] Véase, por ejemplo, la admirable carta XXXI á Lucilio.
-
-[963] Suetonio, _Vesp._, 18; Dion Casio, t. VI, pág. 558 (edic. Sturz);
-Eusebio, _Chron._, en el año 89; Plinio, _Epist._, I, 8; Henzen,
-_Suppl. à Orelli_, p. 124, núm. 1172.
-
-[964] Oracion fúnebre de Turia, I, líneas 30-31.
-
-[965] Véase sobre todo el primer libro de Valerio Máximo, la obra de
-Julius Obsequens sobre los Prodigios y los _Discursos sagrados_ de Elio
-Arístides.
-
-[966] Augusto (Suetonio, _Aug._, 90-92), César mismo, segun se
-dice (Plinio _Hist. nat._, XXVIII, IV, 7, pero tengo mis dudas),
-participaban de ella.
-
-[967] Manilio, Higino, traducciones de Arato.
-
-[968] Ciceron, _Pro Archia_, 10.
-
-[969] Suetonio, _Claudio_, 25.
-
-[970] Josefo, _Ant._, XIX, V, 3.
-
-[971] _Bereschith rabba_, cap. LXV, fol. 65 _b_; du Cange, en la voz
-_matricularius_.
-
-[972] Ciceron, _De legibus_, II, 8; Vopiscus, _Aureliano_, 19.
-
-[973] «Religio sine superstitione.» Oracion fúnebre de Turia, I, líneas
-30-31. Véase el _Tratado de la supersticion_ de Plutarco.
-
-[974] Véase Meliton, Περὶ ἀληθείας, en el _Spicilegium syriacum_ de
-Cureton, p. 43 ó en el _Spicil. Solesmense_ de dom Pitra, t. II, p.
-XLI, para darse cuenta de la impresion que esto producia en los judíos
-y cristianos.
-
-[975] Suetonio, _Aug._, 52; Dion Casio, LI, 20; Tácito, _Ann._, I, 10;
-Aurelio Victor, _Cæs._, 1; Apiano, _Bell. Civ._, V, 132; Jos., _B.
-J._, I, XXI, 2, 3, 4, 7; Noris, _Cenotaphia Pisana_, dissert. I, cap.
-4; _Kalendarium Cumanum_, en _Corpus inscr. lat._, I, p. 310, Eckhel,
-_Doctrina num. vet._, parte 2.ª, vol. VI, p. 100, 124 y sig.
-
-[976] Tácito, _Ann._, IV, 55-56. Comp. Valerio Máximo, pról.
-
-[977] Corinto; la única ciudad de Grecia que contó en los primeros
-siglos con un cristianismo considerable, no era ya en aquella época una
-ciudad helénica.
-
-[978] Heráclides, Cornutus. Comp. Cic., _De natura deorum_, III, 23-25,
-60, 62-64.
-
-[979] Plutarco, _Consolatio ad uxorem_, 10; _De sera numinis vindicta_,
-22. Heuzey, _Mission de Macédoine_, p. 128; _Revue archéologique_,
-Abril 1864 p. 282.
-
-[980] Lucrecio, I, 63 y sig.; Salustio, _Catil._, 52; Cic., _De nat.
-deorum_, II, 24, 28; _De divinat._, II, 33, 35, 57; _De haruspicum
-responsis_, casi entero; _Tuscul._, I, 16; Juvenal, Sat. II, 149-152;
-Séneca, _Epist._, XXIV, 17.
-
-[981] «Sua cuique civitati religio est, nostra nobis.» Cic., _Pro
-Flacco_, 28.
-
-[982] Cic., _De nat. deorum_, I, 30, 42; _De divinat._, II, 12, 33,
-35, 72; _De harusp. resp._, 6, etc.; Tito Livio, I, 19; Quinto Curcio,
-IV, 10; Plutarco, _De plac. phil._, I, VII, 2; Diod. Sic., I, II, 2;
-Varron, en S. Agust., _De civit. Dei_, IV, 31, 32; VI, 6; Dionisio de
-Halic., II, 20; VIII, 5; Valerio Máximo, I, II.
-
-[983] Cic., _De divinat._, II, 15; Juvenal, II, 149 y sig.
-
-[984] Tác., _Ann._, XI, 15; Plinio, _Epist._, X, 97, _sub fin._
-Estúdiese el personaje de Serapio en Plutarco, _De Pythiæ oraculis_.
-Comp. _De EI apud Delphos_, init. Véase sobre todo Valerio Máximo,
-libro I entero.
-
-[985] Juv., Sat. VI, 489, 527 y sig.; Tácito, _Ann._, XI, 15. Comp.
-Luciano _Asamblea de los dioses_; Tertuliano, _Apolog._, 6.
-
-[986] Jos., _Ant._, XVIII, III, 4; Tácito, _Ann._, II, 85; Le Bas,
-_Inscrip._, parte V, n.º 395.
-
-[987] Plutarco, _De Pyth. orac._, 25.
-
-[988] Véase Luciano, _Alexander seu pseudomantis_ y _De morte
-Peregrini_.
-
-[989] Séneca, _Epist._, XII, XXIV, LXX; Inscripcion de Lanuvium, 2.ª
-col., líneas 5-6; Orelli, 4404.
-
-[990] Dion Casio, LXVI, 13; LXVII, 13; Suetonio, _Domit._, 10; Tácito,
-_Agrícola_, 2, 45; Plinio, _Epist._, III, 11; Philostrato, _Vida de
-Apolonio_, I, VII, entero; Eusebio, _Chron._, ad ann. Chr. 90.
-
-[991] Dion Casio, LXII, 29.
-
-[992] Arriano, _Dissert. de Epicteto_, I, II, 21.
-
-[993] _Ibid._, I, XXV, 22.
-
-[994] Valerio Máximo., I, III; Tito Livio, XXXIX, 8-18; Ciceron, _De
-legibus_, II, 8; Dionis. de Halic., II, 20; Dion Casio, XL, 47; XLII,
-26; Tertuliano, _Apol._, 6; _Adv. nationes_, I, 10.
-
-[995] Propercio, IV, I, 17; Lucano, VIII, 831; Dion Casio, XLVII, 15;
-Arnobio, II, 73.
-
-[996] Valerio Máximo, I, III, 3.
-
-[997] Dion Casio, XLVII, 15.
-
-[998] Jos., XIV, X. Comp. Ciceron, _Pro Flacco_, 28.
-
-[999] Suet., _Aug._, 31, 93; Dion Casio, LII, 36.
-
-[1000] Suet., _Aug._, 93.
-
-[1001] Dion Casio, LIV, 6.
-
-[1002] Jos., _Ant._, XVI, VI.
-
-[1003] _Ibid._, XVI, VI, 2.
-
-[1004] Dion. Casio, LII, 36.
-
-[1005] Jos., _B. J._, V, XIII, 6. Comp. Suetonio, _Aug._, 93.
-
-[1006] Suetonio, _Tib._, 36; Tác., _Ann._, II, 85; Jos., _Ant._,
-XVIII, III, 4, 5; Philon, _In Flaccum_, § 1; _Leg. ad Caium_, § 24;
-Séneca, _Epist._, CVIII, 22. El aserto de Tertuliano (_Apolog._, 5),
-reproducido por otros escritores eclesiásticos, acerca de cuál seria la
-intencion de Tiberio al colocar á Jesucristo en el rango de los dioses,
-no merece ser discutida.
-
-[1007] Dion Casio, LX, 6.
-
-[1008] Tácito, _Ann._, XI, 15.
-
-[1009] Dion Casio, LX, 6; Suetonio, _Claudio_, 25; _Act._, XVIII, 2.
-
-[1010] Dion Casio, LX, 6.
-
-[1011] Jos., _Ant._, XIX, V, 2; XX, VI, 3; _B. J._, II, XII, 7.
-
-[1012] Suet., _Neron_, 56.
-
-[1013] Tácito, _Ann._, XV, 44; Suetonio, _Neron_, 16. Esto se
-desarrollará más tarde.
-
-[1014] Tácito, _Ann._, XIII, 32.
-
-[1015] Comp. Dion Casio (Xiphilin), _Domit._, sub fin.; Suetonio,
-_Domit._, 15. Esta distincion se hace formalmente en el Digesto, l.
-XLVII, tít. XXII, _de Coll. et Corp._, 1 y 3.
-
-[1016] Cic., _Pro Flacco_, 28.
-
-[1017] Esta distincion se indica en las _Actas_, XVI, 20-21. Cf. XVIII,
-13.
-
-[1018] Cic., _Pro Flacco_, 28; Juvenal, XIV, 100 y sig.; Tácito,
-_Hist._, V, 4, 5; Plinio, _Epist._, X, 97; Dion Casio, LII, 30.
-
-[1019] Jos., _B. J._, VII, V, 2.
-
-[1020] Elio Arístides, _Pro Serapide_, 53; Juliano, Orat. IV, p. 136 de
-la edicion de Spanheim, y las planchas grabadas recogidas por Leblant
-en el _Bulletin de la Soc. des Antiq. de Fr._, 1859, p. 191-195.
-
-[1021] Tác., _Ann._, II, 85; Suet., _Tib._, 36; Jos., _Ant._, XVIII,
-III 4-5; carta de Adriano, en Vopiscus, _Vita Saturnini_, 8.
-
-[1022] Dion Casio, XXXVII, 17.
-
-[1023] Véanse las inscripciones publicadas ó corregidas en la _Revue
-archéol._, nov. 1864, 397 y sig.; dic. 1864, p. 460 y sig.; junio 1865,
-p. 451-452 y p. 497 y sig.; sept. 1865, p. 214 y sig.; abril 1866;
-Ross, _Inscr. græc. ined._, fasc. II, n.º 282, 291, 292; Hamilton,
-_Researches in Asia Minor_, vol. II, n.º 301; _Corpus insc. græc._,
-núms. 120, 126, 2525 _b_, 2562; Rhangabé, _Antiq. hellen._, n.º 811;
-Henzen n.º 6082; Virgilio, _Egl._, V, 30. Comp. Harpocracion, _Lex._,
-en la palabra ἐρανιστής; Festus, en la palabra _Thiasitas_; Digesto,
-XLVII, XXII, _de Coll. et Corp._, 4; Plinio, _Epist._, X, 93, 94.
-
-[1024] Aristóteles, _Étic. á Nicom._, VIII, IX, 5; Plut., _Cuest.
-griegas_, 44.
-
-[1025] Wescher, en los _Archives des missions scientif._, 2.ª série, t.
-I, p. 432, y _Rev. arch._ Setiembre 1865, p. 221-222. Cf. Aristóteles,
-_Œeconom._, II, 3; Estrabon, IX, I, 15; _Corpus inscr. gr._ n.º 2271,
-líneas 13-14.
-
-[1026] Κληρωτοί.
-
-[1027] Κλῆρος. La Etimología eclesiástica de κλῆρος es distinta y alude
-á la situacion de la tribu de Leví en Israel, pero no es imposible
-que la palabra se haya tomado primitivamente de las cofradías griegas
-(cf. _Act._, I, 25-26; I Petri, V, 3; Clem. de Alej., en Eusebio, _H.
-E._, III, 23.) Wescher ha encontrado entre los dignatarios de estas
-cofradías un ἐπίσκοπος (_Rev. arch._, Abril 1866). Véase, más arriba,
-p. 129. La asamblea se titulaba algunas veces συναγωγή (_Rev. arch._,
-Setiembre 1865, p. 216; Pollux, IX, VIII, 143.)
-
-[1028] _Corp. inscr. gr._, n.º 126. Comp. _Rev. arch._, Setiembre 1865,
-p. 216.
-
-[1029] Wescher, en la _Revue archéol._, Diciembre 1864, p. 460 y sig.
-
-[1030] Véase más arriba, p. 348, nota 979.
-
-[1031] Á las cofradías griegas les sucedia tambien algo de esto.
-Inscrip. en la _Rev. arch._, Diciembre 1864, p. 462 y sig.
-
-[1032] Digesto, XLVII, XXII, _de Coll. et Corp._, 4.
-
-[1033] Tito Livio, XXIX, 10 y sig.; Orelli y Henzen, _Inscr. lat._, c.
-V. § 21.
-
-[1034] Dion Casio, LII, 36; LX, 6.
-
-[1035] Tito Livio, XXXIX, 8-18. Comp. el decreto epigráfico en el
-_Corpus inscr. latinarum_, I, p. 43-44. Cf. Cic., _De legibus_, II, 8.
-
-[1036] Cic., _Pro Sext._, 25; _In Pis._, 4; Asconio, _In Cornelianam_,
-75, (edic. Orelli); _In Pisonianam_, p. 7-8; Dion Casio, XXXVIII, 13,
-14; Digesto, III, IV, _Quod cujusc._, 1; XLVII, XXII, _de Coll. et
-Corp._, entero.
-
-[1037] Suetonio, _Domit._, 1; Dion Casio, XLVII, 15; LX, 6; LXVI, 24.,
-pasajes de Tertuliano y de Arnobio precitados.
-
-[1038] Suetonio, _César_, 42; _Aug._, 32; Jos., _Ant._, XIV, X, 8; Dion
-Casio, LII, 36.
-
-[1039] «Kaput ex S. C. P. R. Quibus coire, convenire, collegiumque
-habere liceat. Qui stipem menstruam conferre volent in funera, ii in
-collegium coeant, neque sub specie ejus collegi nisi semel in mense
-coeant conferendi causa unde defuncti sepeliantur.» Inscripcion
-de Lanuvium, 1.ª col., líneas 10-13, en Mommsen, _De collegiis et
-sodaliciis Romanorum_ (Kiliæ, 1843), p. 81-82 y _ad calcem_. Cf.
-Digesto, XLVII, XXII, _de Coll. et Corp._, 1; Tertuliano, _Apolog._, 39.
-
-[1040] Inscrip. de Lanuvium, 2.ª col., líneas 3, 7; Digesto, XLVII,
-XXII, _de Coll. et Corp._, 3.
-
-[1041] Digesto XLVII, XI, _de Extr. crim._, 2.
-
-[1042] _Ibid._, XLVII, XXII, _de Coll. et Corp._, 1 y 3.
-
-[1043] Heuzey, _Mission de Macédoine_, p. 71 y sig.; Orelli, _Inscr._,
-n.º 4093.
-
-[1044] Orelli, 2409; Melchiorri y P. Visconti, _Silloge d’iscrizioni
-antiche_, p. 6.
-
-[1045] Véanse las piezas relativas á los colegios de Esculapio é Higia,
-de Júpiter Cernenus y de Diana y Antínoo, en Mommsen, _op. cit._, p. 93
-y sig. Comp. Orelli, _Inscr. lat._, n.º 1710 y sig., 2394, 2395, 2413,
-4075, 4079, 4107, 4207, 4938, 5044; Mommsen, _op. cit._, p. 96, 113,
-114; de Rossi, _Bullettino di archeol. cristiana_, 2.º año, n.º 8.
-
-[1046] Inscripcion de Lanuvium, 1.ª col., línea 6-7; Orelli, 2270; de
-Rossi, _Bullett. di archeol. crist._, 2.º año, n.º 8.
-
-[1047] Inscripcion de Lanuvium, 2.ª col., líneas 11-13; Orelli, 4420.
-
-[1048] Inscripcion de Lanuvium, 1.ª col., líneas 3-9, 21; 2.ª col.,
-líneas 7-17; Mommsen, _Inscr. regni Neap._, 2559; Marini, _Atti_, p.
-398; Muratori, 491, 7; Mommsen, _De coll. et sod._, p. 109 y sig., 113.
-Comp. I Cor., XI, 20 y sig. El presidente de las iglesias cristianas es
-llamado por los paganos θιασάρχης. Luciano, _Peregrinus_, 11.
-
-[1049] Inscrip. de Lanuvium, 2.ª col., línea 7.
-
-[1050] Inscripcion de Lanuvium, 2.ª col., líneas 24-25.
-
-[1051] _Ibid._, 2.ª col., líneas 26-29. Cf. _Corpus inscr. gr._, n.º
-126.
-
-[1052] Orelli, _Inscr. lat._, n.º 2399, 2400, 2405, 4093, 4103;
-Mommsen, _De coll. et sod. Rom._, p. 97; Heuzey, _l. c._ Compárense aún
-hoy los pequeños cementerios de las cofradías en Roma.
-
-[1053] Hor., _Sat._, I, VIII, 8 y sig.
-
-[1054] _Funeraticium._
-
-[1055] Inscrip. de Lanuvium, 1.ª col., líneas 24, 25, 32.
-
-[1056] Inscrip. de Lanuvium, 2.ª col., líneas 3-5.
-
-[1057] Ciceron, _De offic._, I, 17; Schol. Bobb. ad Cic., _Pro Archia_,
-X, 1. Comp. Plutarco, _De frat. amore_, 7; Digesto, XLVII, XXII, _de
-Coll. et Corp._, 4. En una inscripcion de Roma el fundador de una
-sepultura estipula que todos cuantos se depositen allí han de ser de su
-religion, _ad religionem pertinentes meam_ (de Rossi, _Bullettino di
-archeol. crist._, tercer año, n.º 7, p. 54).
-
-[1058] Tertuliano, _Ad Scapulam_, 3; de Rossi, _op. cit._, tercer año,
-n.º 12.
-
-[1059] S. Justino, _Apol. I_, 67; Tertuliano, _Apolog._, 39.
-
-[1060] Ulpiano, _Fragm._, XXII, 6; Digesto, III, IV, _Quod cujusc._,
-1; XLVI, I, _de Fid. et Mand._, 22; XLVII, II, _de Furtis_, 31; XLVII,
-XXII, _de Coll. et Corp._, 1 y 3; Gruter, 322, 3 y 4; 424, 12; Orelli,
-4080; Marini, _Atti_, p. 95; Muratori, 516, 1; _Mém. de la Soc. des
-Antiq. de Fr._, XX, p. 78.
-
-[1061] Dig., XLVII, XXII, _de Coll. et Corp._, entero; Inscr. de
-Lanuvium, 1.ª col., líneas 10-13; Marini, _Atti_, p. 552; Muratori,
-520, 3; Orelli, 4075, 4115, 1567, 2797, 3140, 3913; Henzen, 6633, 6745;
-y otras más en Mommsen, _op. cit._, p. 80 y sig.
-
-[1062] Digesto, XLVII, XI, _de Extr. crim._, 2.
-
-[1063] _Ibid._, XLVII, XXII, _de Coll. et Corp._, 2; XLVIII, IV, _ad
-Leg. Jul. majest._, 1.
-
-[1064] Dion Casio, LX, 6. Comp. Suetonio, _Neron_, 16.
-
-[1065] Véase la correspondencia administrativa de Plinio y de Trajano.
-Plinio, _Epist._, X, 43, 93, 94, 97 y 98.
-
-[1066] «Permittitur tenuioribus stipem menstruam conferre, dum tamen
-semel in mense coeant, ne sub prætextu hujusmodi illicitum collegium
-coeant (Dig., XLVII, XXII, _de Coll. et Corp._, 1).» «Servos quoque
-licet in collegio tenuiorum recipi volentibus dominis (_ibid._, 3).»
-Cf. Plinio, _Epist._, X, 94; Tertuliano, _Apol._, 39.
-
-[1067] Digesto, I, XII, _de Off. præf. urbi_, 1, § 14 (cf. Mommsen,
-_op. cit._, p. 127); III, IV, _Quod cujusc._, 1; XLVII, XX, _de Coll.
-et Corp._, 3. Es preciso notar que el excelente Marco Aurelio extendió
-cuanto pudo el derecho de asociacion. Dig. XXXIV, V, _de Rebus dubiis_,
-20; XL, III, _de Manumissionibus_, 1; y XLVII, XXII, _de Coll. et
-Corp._, 1.
-
-[1068] Véase de Rossi, _Bullettino di archeol. cristiana_, tercer año,
-núms. 3, 5, 6, 12. El caso de Pomponia Græcina (Tác., _Ann._, XIII,
-32.) bajo Neron, es ya muy característico, pero no hay seguridad que
-ella fuese cristiana.
-
-[1069] Véase de Rossi, _Roma sotterranea_, I, p. 309; y pl. XXI, núm.
-12; y las aproximaciones epigráficas hechas por Léon Renier, _Comptes
-rendus de l’Acad. des Inscr. et B.-L._, 1865, p. 289 y sig., y por el
-general Creuly, _Rev. arch._, Enero 1866, p. 63-64. Comp. de Rossi,
-_Bull._, tercer año, núm. 10, p. 77-79.
-
-[1070] I Cor., I, 26 y sig.; Jac., II, 5 y sig.
-
-[1071] Αἶρε τοὺς ἀθέους. Véase la relacion del martirio de S.
-Policarpo, § 3, 9, 12, en Ruinart, _Acta sincera_, p. 31 y sig.
-
-[1072] _Ebionim_. Véase _Vida de Jesús_, p. 179 y sig., y Jac. II, 5 y
-sig., Comp. los πτωχοὶ τῷ πνεύματι. Mat., V, 3.
-
-[1073] Véase más arriba, p. 351, 355.
-
-[1074] Tácito, _Ann._, XV, 44; Plinio, _Epist._, X, 97; Suetonio,
-_Neron_, 16; _Domit._, 15; el _Philopatris_, entero; Rutilius
-Numatianus, I, 389 y sig.; 440 y sig.
-
-[1075] Juan, XV, 17 y sig.; XVI, 8 y sig., 33; XVII, 15 y sig.
-
-[1076] Jac., I, 27.
-
-[1077] Hablo aquí de las tendencias esenciales y primitivas del
-cristianismo, y no del cristianismo completamente transformado, sobre
-todo por los jesuitas de nuestros dias.
-
-[1078] Véase la historia de los orígenes del babismo, referida por
-Gobineau, _Les relig. et les Philos. dans l’Asie centrale_ (París
-1865), p. 141 y sig.; y por Mirza Kazem-beg, en el _Journal Asiatique_.
-Yo mismo he tomado de dos personas que conocian muy bien la historia
-del babismo, datos que confirman el relato de estos dos sabios.
-
-[1079] Gobineau, obra cit. p. 301 y sig.
-
-[1080] Tengo en mi poder otro detalle muy autorizado que dice lo
-siguiente: algunos sectarios á quienes se queria obligar á que se
-retractasen fueron atados á la boca de un cañon con una mecha muy
-larga que ardia lentamente. Entonces se les dijo que se cortaria esta
-si querian renegar de Bab, pero ellos, tendiendo los brazos hácia el
-fuego, suplicábanles se apresurasen á consumar su felicidad.
-
-
-
-
-ÍNDICE
-
-DE LOS CAPÍTULOS CONTENIDOS EN ESTE TOMO.
-
-
- PÁG.
-
- INTRODUCCION. -- Crítica de los documentos originales. V
-
- CAP.
-
- I Formacion de las creencias relativas á la resurreccion de
- Jesús. -- Las apariciones de Jerusalem. 59
-
- II Salida de los discípulos de Jerusalem. -- Segunda vida
- galilea de Jesús. 80
-
- III Vuelta de los apóstoles á Jerusalem. -- Fin del período
- de las apariciones. 95
-
- IV Bajada del Espíritu Santo. -- Fenómenos extáticos y
- proféticos. 105
-
- V Primera Iglesia de Jerusalem, enteramente cenobítica. 120
-
- VI Conversion de judíos helenistas y prosélitos. 143
-
- VII La Iglesia considerada como una asociacion de pobres. --
- Institucion del diaconato. -- Las diaconesas y las viudas. 154
-
- VIII Primera persecucion. -- Muerte de Estéban. -- Destruccion
- de la primera Iglesia de Jerusalem. 172
-
- IX Primeras misiones. -- El diácono Felipe. 184
-
- X Conversion de San Pablo. 195
-
- XI Paz y desarrollos interiores de la Iglesia de Judea. 217
-
- XII Fundacion de la Iglesia de Antioquía. 236
-
- XIII Idea de un apostolado de los gentiles. -- San Bernabé. 248
-
- XIV Persecucion de Herodes Agrippa I. 259
-
- XV Movimientos paralelos al cristianismo ó imitadores del
- cristianismo. -- Simon de Gitton. 274
-
- XVI Marcha general de las misiones cristianas. 287
-
- XVII Estado del mundo hácia mediados del primer siglo. 308
-
- XVIII Legislacion religiosa de aquel tiempo. 342
-
- XIX Porvenir de las misiones. 358
-
-
-*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS APÓSTOLES ***
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- Los apóstoles, by Ernesto Renán&mdash;A Project Gutenberg eBook
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-<div style='text-align:center; font-size:1.2em; font-weight:bold'>The Project Gutenberg eBook of Los Apóstoles, by Ernesto Renán</div>
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-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online
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-<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Title: Los Apóstoles</div>
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-<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Author: Ernesto Renán</div>
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-<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Translator: Enrique L. de Verneuill</div>
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-<div style='display:block; margin:1em 0'>Release Date: May 22, 2021 [eBook #65410]</div>
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-<div style='display:block; margin:1em 0'>Language: Spanish</div>
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-<div style='display:block; margin:1em 0'>Character set encoding: UTF-8</div>
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-<div style='display:block; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from images generously made available by The Internet Archive/American Libraries.)</div>
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-<div style='margin-top:2em; margin-bottom:4em'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS APÓSTOLES ***</div>
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-<div class="front">
- <hr class="full" />
- <p><a href="#ToC">Índice</a></p>
- <p><a href="#Notas">Notas</a></p>
-</div>
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-<div class="transnote" id="tnote">
- <p class="tnotetit">Nota de transcripción</p>
- <ul>
- <li>Los errores de imprenta, muy abundantes en este libro, han sido
- corregidos, así como los errores de traducción detectados.</li>
-
- <li>La ortografía del original ha sido respetada, normalizándose
- las variantes a la grafía más frecuente.</li>
-
- <li>Para facilitar la lectura, se han añadido tildes a las mayúsculas
- que las necesitan, se han actualizado los nombres propios antiguos
- que cuentan con grafía más moderna consolidada, y se ha actualizado
- también la ortografía de las expresiones que ahora utilizan la
- secuencia «ex-» en su raíz (así, «espresion» o «esclamacion» se han
- escrito como «expresion» y «exclamacion»)</li>
-
- <li>Se ha restaurado el contenido de las notas, con sus citas y
- referencias insertas, de modo que concuerden con el original
- francés. También se han añadido las notas, completas o parciales,
- y las citas en griego que el traductor eliminó de su traducción.</li>
-
- <li>Las notas han sido renumeradas y ubicadas al final del libro.</li>
-
- <li>Los años de la datación, que en el original aparecen en el
- encabezado de cada página, se han limitado a una sola aparición
- marginal al principio de capítulo o de periodo.</li>
-
- <li>Las páginas en blanco han sido eliminadas.</li>
- </ul>
-</div>
-
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-<div class="screenonly x-ebookmaker-drop">
- <hr class="chap" />
- <div class="figcenter">
- <img class="thin"
- style="width: 28em; height: auto;"
- src="images/cover.jpg"
- alt="Cubierta del libro" />
- </div>
-</div>
-
-
-<div class="tit pt6">
- <hr class="chap" />
- <p><span class="pagenum" id="Page_i">p. i</span></p>
- <h1 class="lh150 g0 ws1"><small>LOS</small><br />
- <big>APÓSTOLES.</big></h1>
- <hr class="chap" />
-</div>
-
-
-<div class="tit">
- <p><span class="pagenum" id="Page_iii">p. iii</span></p>
- <p class="fs250 g0"><small>LOS</small><br /><big>APÓSTOLES,</big></p>
-
- <p class="fs75 ws1 mt2">OBRA ESCRITA EN FRANCÉS</p>
- <p class="fs60 mt15">POR</p>
- <p class="fs200 ws1 g1 ws1 mt05">ERNESTO RENÁN,</p>
- <p class="fs60 ws1 mt15">MIEMBRO DEL INSTITUTO.</p>
- <p class="fs60 mt15 ws1 mt3">TRADUCCION DE</p>
- <p class="fs110 mt15 ws1 mt05">D. ENRIQUE L. DE VERNEUILL.</p>
-
- <div class="figcenter mt3">
- <img src="images/logo.jpg"
- style="width: 5em; height: auto;"
- alt="Logotipo del editor" />
- </div>
-
- <p class="fs110 g0 mt2">BARCELONA.</p>
- <p>——</p>
- <p class="fs90 ws1">CENTRO DE SUSCRICIONES, LA ILUSTRACION,</p>
- <p class="fs75 ws1 mt05">CALLE DE MENDIZÁBAL, NÚM. 4.</p>
- <p class="g0 mt05">1868.</p>
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_0">
- <p><span class="pagenum" id="Page_v">p. v</span></p>
- <h2 class="nobreak">INTRODUCCION.</h2>
- <p class="subh2">Crítica de los documentos originales.</p>
-</div>
-
-<p>El primer libro de nuestra <i>Historia de los orígenes del
-cristianismo</i>, refiere los acontecimientos hasta la muerte y
-enterramiento de Jesús, y es preciso ahora reanudar el hilo de la
-narracion desde el punto en que la dejamos, es decir, desde el sábado 4
-de Abril del año 33, lo cual será continuar en parte la vida de Jesús.
-Pasados los meses de alegre embriaguez durante los cuales asentó el
-gran fundador las bases de un nuevo órden de cosas para la humanidad,
-fueron los años siguientes los más decisivos en la historia del mundo;
-y de nuevo encontramos á Jesús, quien por el fuego sagrado, cuya chispa
-depositó en el corazon de algunos amigos, crea instituciones de la más
-elevada originalidad, y conmueve y transforma las almas, imprimiendo
-en todas las cosas un sello divino. Ahora nos toca demostrar como
-bajo aquella influencia siempre creciente y victoriosa de la muerte,
-se<span class="pagenum" id="Page_vi">p. vi</span> propagó por la
-resurreccion, la fé, la influencia del Espíritu Santo, el don de las
-lenguas y el poder de la Iglesia; daremos á conocer la organizacion
-de la Iglesia de Jerusalem, sus primeras pruebas, sus primeras
-conquistas, las más antiguas misiones que salieron de su seno, y
-seguiremos en fin al cristianismo en su rápido progreso desde Siria
-hasta Antioquía, donde se forma una segunda capital, más importante en
-cierto modo que Jerusalem, á la cual debia reemplazar más tarde. En
-aquel nuevo centro donde los paganos convertidos forman la mayoría,
-veremos al cristianismo separarse definitivamente del judaismo y
-recibir un nombre; veremos nacer la idea de las grandes misiones
-lejanas, cuyo objeto era dar á conocer el nombre de Jesús en el mundo
-de los gentiles; nos detendremos en el momento solemne en que Pablo,
-Bernabé y Juan Márcos parten para llevar á cabo su elevado designio,
-é interrumpiendo entonces nuestra narracion á fin de echar una ojeada
-sobre el mundo que tratan de conquistar los atrevidos misioneros,
-trataremos de darnos cuenta del estado intelectual, político, moral,
-religioso y social del imperio romano, hácia el año 45, fecha probable
-de la partida de San Pablo á su primera mision.</p>
-
-<p>Tal es el objeto de este segundo libro, que titularemos <i>Los
-Apóstoles</i>, porque expone el período de la accion comun durante
-el cual la pequeña familia creada por Jesús marcha de concierto y
-se agrupa moralmente al rededor de un punto único, de Jerusalem.
-En nuestro próximo libro, que será el tercero, saldremos<span
-class="pagenum" id="Page_vii">p. vii</span> de este cenáculo para ver
-presentarse casi solo en escena al hombre que representa mejor que
-otro ninguno al cristianismo conquistador y viajero, es decir á San
-Pablo.</p>
-
-<p>Aun cuando éste se haya dado desde cierta época el título de
-Apóstol, no lo era con el mismo título que los Doce,<a id="FNanchor_1"
-href="#Footnote_1" class="fnanchor">[1]</a> y solo debe considerarse
-como un obrero de segundo órden, y hasta puede decirse como un
-intruso.</p>
-
-<p>Segun se desprende de los documentos históricos que han llegado
-hasta nosotros, y como sabemos muchas más cosas de San Pablo que de
-los Doce, y tenemos sus escritos auténticos, y memorias originales de
-notable precision sobre algunas épocas de su vida, se ha incurrido
-en el error de darle una importancia de primer órden, casi superior
-á la de Jesús. Pablo es ciertamente un gran hombre y desempeñó en la
-fundacion del cristianismo un papel de los más importantes, pero no
-se le debe comparar ni á Jesús ni aun á los discípulos de éste. Pablo
-no vió á Jesús ni probó la ambrosía de la predicacion de Galilea, y
-siendo así, el hombre más insignificante que tuvo su parte en el maná
-celestial, era por esto mismo superior al que apenas lo habia probado.
-Nada más falso que la opinion que está en boga en nuestros dias, segun
-la que se supone que Pablo fué el primer fundador del cristianismo.
-Esto no es exacto: el verdadero fundador<span class="pagenum"
-id="Page_viii">p. viii</span> del cristianismo es Jesús, y despues
-de éste deben figurar en primer término sus fieles y apasionados
-amigos, esos grandes hombres que fueron los oscuros compañeros de
-Jesús y que creyeron en él aun despues de su muerte. En el primer
-siglo pudo considerarse á Pablo como una especie de fenómeno aislado,
-pues en vez de una escuela organizada, solo dejó ardientes adversarios
-que despues de su muerte quisieron desterrarle en cierto modo de
-la Iglesia, comparándoles con Simon el Mágico.<a id="FNanchor_2"
-href="#Footnote_2" class="fnanchor">[2]</a> Se le negó que hubiese
-llevado á cabo la conversion de los gentiles,<a id="FNanchor_3"
-href="#Footnote_3" class="fnanchor">[3]</a> que es lo que consideramos
-como su propia obra; la Iglesia de Corinto, que él solo habia
-fundado,<a id="FNanchor_4" href="#Footnote_4" class="fnanchor">[4]</a>
-dijo que debia tambien su orígen á San Pedro;<a id="FNanchor_5"
-href="#Footnote_5" class="fnanchor">[5]</a> en el siglo <span
-class="asc">II</span>, Papias y San Justino no pronuncian su nombre,
-y solo más tarde, cuando la tradicion oral ya no fué nada y tuvo
-que ceder su puesto á la Escritura, llegó Pablo á ocupar un lugar
-preferente en la teología cristiana. Pablo en efecto fué teólogo, lo
-cual no puede decirse de Pedro y María de Magdala; Pablo ha dejado
-obras considerables, y los escritos de los demás Apóstoles no pueden
-competir con los suyos ni en importancia ni en autenticidad.</p>
-
-<p>Á primera vista, los documentos referentes al período que comprende
-este volúmen, son escasos y<span class="pagenum" id="Page_ix">p.
-ix</span> de todo punto insuficientes, pues los testimonios directos se
-reducen á los primeros capítulos de las <i>Actas de los Apóstoles</i>,
-capítulos cuyo valor histórico da lugar á graves objeciones. Pero
-la luz que proyectan en este oscuro intervalo los capítulos de los
-Evangelios, y sobre todo las epístolas de San Pablo, disipan en
-cierto modo las tinieblas. Un escrito antiguo, no solo sirve para
-dar á conocer la época en que se redactó sino tambien la anterior, y
-sugiere seguramente inducciones retrospectivas acerca de la sociedad
-que lo produjo. Las epístolas de San Pablo compuestas en el período
-comprendido desde el año 53 al 62, poco más ó menos, contienen
-infinitos datos sobre los primeros años del cristianismo y como se
-trata aquí principalmente de las grandes fundaciones sin fechas
-precisas, lo esencial es demostrar en qué condiciones se formaron
-aquellas. Debo pues advertir una vez para siempre que la fecha
-corriente inscrita al principio de cada página solo es aproximada,
-pues en la cronología de los primeros años no se cuenta sino un escaso
-número de datos fijos. Sin embargo, gracias al cuidado que ha tenido el
-autor de las <i>Actas</i> de no alterar la série de los hechos; gracias
-á la epístola de los Galatas, donde se encuentran algunas indicaciones
-numéricas de inestimable precio, y merced en fin á Josefo que nos da
-la fecha de los acontecimientos de la historia profana, enlazados
-con algunos hechos referentes á los Apóstoles, se llega á crear para
-la historia de estos últimos un conjunto muy verosímil donde las
-probabilidades del error flotan entre los límites de la exactitud.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_x">p. x</span>Repetiré nuevamente al
-empezar este libro lo que ya he dicho al principio de mi <i>Vida de
-Jesús</i>: en historias como esta, donde solo el conjunto es cierto,
-y donde los detalles se prestan más ó menos á la duda, á causa del
-carácter legendario de los documentos, la hipótesis es indispensable.
-Tratándose de épocas de que no sabemos nada, no hay hipótesis posible.
-Intentar reproducir tal ó cual grupo de la escultura antigua, que ha
-existido ciertamente pero del cual no se conserva resto alguno, ni
-la menor noticia escrita, es ciertamente hacer una obra arbitraria;
-pero ¿no será acaso legítimo é indispensable tratar de reedificar los
-frontis del Parthenon con los restos que se encuentren, consultando
-además los textos antiguos, los dibujos hechos en el siglo <span
-class="asc">XVII</span>, todos los datos en fin con que pueda uno
-inspirarse en el estilo de aquellas inimitables obras, tratando de
-reproducir su alma y su vida? No diremos por esto que se ha encontrado
-la obra del escultor antiguo, pero se ha hecho lo posible por imitarla;
-y á fé que este procedimiento es tanto más legítimo en la historia,
-cuanto que el lenguaje permite las formas dubitativas, que no admite
-el mármol. Nada impide además al lector elegir entre diversas
-suposiciones. La conciencia del escritor, debe quedar tranquila desde
-el momento en que ha presentado como cierto lo que es cierto, como
-probable lo que es probable, como posible lo que es posible, y en los
-puntos en que el pensamiento se desliza entre la historia y la leyenda,
-lo que debe buscarse es el efecto general. Nuestro tercer libro,
-para la confeccion del cual contamos con docu<span class="pagenum"
-id="Page_xi">p. xi</span>mentos absolutamente históricos, y en el que
-debemos describir los caractéres con precision, refiriendo los hechos
-con claridad, ofrecerá una narracion más exacta, aun cuando se vea
-que la historia de aquel período no se conoce más á fondo. Los hechos
-consumados hablan más alto que todos los detalles biográficos: sabemos
-muy poco de los artistas inimitables que crearon las obras maestras del
-arte griego, pero esas obras nos dicen más acerca de sus autores y del
-público que las apreció, que lo que pudieran decirnos las narraciones
-más circunstanciadas, los textos más auténticos.</p>
-
-<p>Para el conocimiento de los hechos decisivos que pasaron en los
-primeros dias despues de la muerte de Jesús, los documentos son
-los últimos capítulos de los Evangelios, que dan cuenta de las
-apariciones de Cristo resucitado<a id="FNanchor_6" href="#Footnote_6"
-class="fnanchor">[6]</a>; y no es necesario repetir aquí lo que he
-dicho en la introduccion de mi <i>Vida de Jesús</i> acerca del valor
-de tales documentos. Para este libro tenemos felizmente un comprobante
-de que careciamos en nuestra primera obra, y al decir esto, me refiero
-á un pasaje capital de San Pablo (I Cor., <span class="asc">XV</span>,
-5-8), que establece: 1.º la realidad de las apariciones; 2.º la larga
-duracion de estas, contrariamente á lo que refieren los evangelios
-sinópticos, y 3.º la variedad de los lugares, donde tuvieron lugar
-aquellas, en contraposicion á lo que dicen Márcos y Lucas. El estudio
-de este<span class="pagenum" id="Page_xii">p. xii</span> texto
-fundamental, y otras muchas razones, nos confirman en las opiniones que
-habiamos anunciado acerca de la relacion recíproca de los sinópticos
-y del 4.º Evangelio, y en lo que se refiere á la resurreccion y á las
-apariciones, es notoria la superioridad del último, por lo que hace á
-la vida de Jesús. Si se quiere encontrar una narracion seguida, lógica,
-que permita conjeturar con verosimilitud lo que se ocultó tras las
-ilusiones, allí es donde es preciso buscarlo, y aquí vengo á tocar
-la más difícil de las cuestiones que se refieren á los orígenes del
-cristianismo: ¿Cuál es el valor histórico del cuarto Evangelio? El uso
-que de este he hecho en mi <i>Vida de Jesús</i>, es precisamente lo que
-ha dado lugar á que me dirijan más objeciones los críticos ilustrados,
-pues todos los sabios que aplican á la historia de la teología el
-método racional, rechazan el cuarto Evangelio como apócrifo en todos
-conceptos. He reflexionado mucho nuevamente en este problema, y apenas
-he podido modificar mi primera opinion, mas como en este punto no soy
-del parecer de la generalidad, creo un deber mio exponer en detalle los
-motivos de mi persistencia, y lo haré en un Apéndice que aparecerá al
-fin de una edicion revisada y corregida de la <i>Vida de Jesús</i>, que
-ha de ver la luz pública próximamente.</p>
-
-<p>Las <i>Actas de los Apóstoles</i>, constituyen el documento más
-importante para la historia que vamos á referir, y por lo tanto debo
-dar algunas explicaciones acerca del carácter de esa obra y de su valor
-histórico, así como tambien del uso que de ella hice.</p>
-
-<p>No cabe la menor duda que el autor de las <i>Actas</i><span
-class="pagenum" id="Page_xiii">p. xiii</span> es el mismo que el
-del tercer Evangelio, y que aquellos son la continuacion de este
-último. Nadie se detendrá á probar esta proposicion, que por lo demás
-no se ha discutido sériamente<a id="FNanchor_7" href="#Footnote_7"
-class="fnanchor">[7]</a> pero los prefacios que encabezan ambos
-escritos, la dedicatoria de uno y otro á Teófilo y la perfecta
-semejanza del estilo y de las ideas, ofrecen sobre este punto
-abundantes demostraciones.</p>
-
-<p>Hay una segunda proposicion que aunque no ofrece la misma seguridad,
-puede considerarse sin embargo como muy probable, y es que el autor
-de las <i>Actas</i> es un discípulo de Pablo que le acompañó en
-muchos de sus viajes. Á primera vista, esta proposicion no admite
-duda. En muchos párrafos á partir del versículo 10 del capítulo <span
-class="asc">XVI</span>, el autor de las <i>Actas</i>, emplea en la
-narracion el pronombre <i>nosotros</i>, indicando así que por entonces
-formaba parte de la compañía apostólica que rodeaba á San Pablo. Esto
-es evidente; y en efecto; solo queda una salida para rebatir tan
-fuerte argumento, y esta es, suponer que los pasajes donde se halla el
-pronombre <i>nosotros</i>, han sido copiados por el último redactor de
-las <i>Actas</i> de un escrito anterior, de memorias originales de un
-discípulo de Pablo, por ejemplo, de Timoteo, y que el redactor habrá
-olvidado, por inadvertencia, sustituir al <i>nosotros</i> el nombre
-del narrador. Esta explicacion, sin embargo, no es muy admisible,
-pues si bien se<span class="pagenum" id="Page_xiv">p. xiv</span>
-comprenderia semejante descuido en una recopilacion vulgar, no así
-en el tercer Evangelio y en las <i>Actas</i>, que forman una obra
-muy bien redactada, escrita con reflexion y hasta con arte por una
-misma mano y segun un plan.<a id="FNanchor_8" href="#Footnote_8"
-class="fnanchor">[8]</a> Ambos libros reunidos forman un conjunto donde
-se observa exactamente el mismo estilo, las mismas locuciones favoritas
-y hasta el mismo modo de citar la Escritura. Una falta tan chocante
-como la que queriamos suponer seria inexplicable, y por lo tanto todo
-nos induce poderosamente á creer que uno mismo es el que ha escrito el
-fin de la obra y el principio, y que el narrador de todo es el que dice
-<i>nosotros</i> en los pasajes precitados.</p>
-
-<p>Todo esto llama aún más la atencion si se observa en qué
-circunstancias aparece el narrador en compañía de Pablo: el uso del
-<i>nosotros</i> comienza en el momento en que este último marcha á
-Macedonia por la primera vez (<span class="asc">XVI</span>, 10) y cesa
-cuando Pablo sale de Filipos; repitiéndose la frase cuando aquel hace
-el segundo viaje á los mismos puntos (<span class="asc">XX</span>, 5,
-6). Desde entonces el narrador no se separa de Pablo hasta el fin, y
-si se observa además que los capítulos en que el primero acompaña al
-segundo tienen un carácter particular de precision, no puede ponerse ya
-en duda que el narrador no fuera un macedonio ó más bien un filipense<a
-id="FNanchor_9" href="#Footnote_9" class="fnanchor">[9]</a> que
-sale al encuentro de Pablo en Troas, durante la segunda mision; que
-permanece en Filipos despues de la partida del Apóstol, y que al<span
-class="pagenum" id="Page_xv">p. xv</span> pasar éste por última vez por
-dicha ciudad (tercera mision), se une á él para no abandonarle nunca.
-¿Cómo se explica que un hombre que escribió sobre una época lejana se
-dejase dominar de tal modo por los recuerdos de otra? Estos recuerdos
-perjudicarian al conjunto: el narrador que dice <i>nosotros</i> tendria
-su estilo, sus frases especiales<a id="FNanchor_10" href="#Footnote_10"
-class="fnanchor">[10]</a> y seria más Pauliniano que el redactor
-principal, y esto no es así, puesto que en la obra hay una perfecta
-homogeneidad.</p>
-
-<p>Se extrañará acaso que una tésis en apariencia tan evidente haya
-encontrado contradictores, pero la crítica de los escritos del Nuevo
-Testamento, ofrece muchos puntos, que claros en un principio, presentan
-numerosas dudas al proceder á su exámen. Por lo que hace al estilo, á
-los pensamientos y á las doctrinas, las <i>Actas</i>, no son lo que
-podria esperarse de un discípulo de Pablo, ni se parecen en nada á las
-epístolas de este último, pues no se encuentra ni el menor vestigio de
-las atrevidas doctrinas que constituyen la originalidad del Apóstol
-de los gentiles. El carácter de Pablo parece ser el de un protestante
-brusco y severo; el autor de las <i>Actas</i> se nos presenta como un
-buen católico, dócil, optimista, que no habla de un sacerdote sin usar
-el adjetivo <i>santo</i>, ni de un obispo sin llamarle <i>grande</i>,
-y que se halla dispuesto á aceptar todas las ficciones, antes que
-reconocer que esos santos sacerdotes y grandes obispos, disputan
-entre<span class="pagenum" id="Page_xvi">p. xvi</span> sí, haciéndose
-á veces la más cruda guerra. Sin dejar de admirar á Pablo, el autor
-de las <i>Actas</i> evita en lo posible darle el título de Apóstol<a
-id="FNanchor_11" href="#Footnote_11" class="fnanchor">[11]</a> y quiere
-que la iniciativa de la conversion de los gentiles sea de Pedro, lo
-cual podria hacer creer que dicho autor es en suma un discípulo de
-Pedro más bien que de Pablo. Bien pronto demostraremos que en dos ó
-tres circunstancias sus principios de conciliacion le han inducido á
-falsear gravemente la biografía de Pablo, cometiendo inexactitudes<a
-id="FNanchor_12" href="#Footnote_12" class="fnanchor">[12]</a> y
-sobre todo omisiones verdaderamente extrañas en un discípulo de este
-último<a id="FNanchor_13" href="#Footnote_13" class="fnanchor">[13]</a>
-puesto que no habla de una sola de las epístolas, y reduce de
-una manera sorprendente relatos de la mayor importancia.<a
-id="FNanchor_14" href="#Footnote_14" class="fnanchor">[14]</a> Aun
-en las partes en que debe aparecer como compañero de Pablo, el autor
-de las <i>Actas</i>, usa un lenguaje muy seco y no da pruebas de
-hallarse muy bien informado.<a id="FNanchor_15" href="#Footnote_15"
-class="fnanchor">[15]</a> Por último, la dejadez y vaguedad que se
-notan en ciertas narraciones, la parte convencional que se descubre,
-darian que pensar á un escritor que no hubiese tenido relacion alguna
-directa ó indirecta con los Apóstoles, y que escribiese hácia el año
-100 ó 120.</p>
-
-<p>¿Podrán tener estas objecciones alguna importancia? Á mí me parece
-que no, y persisto en creer que el último redactor de las <i>Actas</i>
-no es otro sino el dis<span class="pagenum" id="Page_xvii">p.
-xvii</span>cípulo de Pablo que dice <i>nosotros</i> en los últimos
-capítulos. Por difíciles de resolver que parezcan todas las dudas,
-debemos suspender nuestro juicio en el caso de no resolverse aquellas
-ante un argumento tan decisivo como el que resulta de la palabra
-<i>nosotros</i>; y á esto añadiremos que atribuyendo las <i>Actas</i>
-á un compañero de Pablo, se explican dos particularidades importantes:
-por un lado la desproporcion de las partes de la obra, en la que
-se habla preferentemente de Pablo, y por otro la desproporcion que
-se nota en la biografía misma de éste, de cuya primera mision se
-habla muy poco en tanto que de la segunda y tercera, sobre todo en
-los últimos viajes, se da cuenta con minuciosos detalles. Un hombre
-completamente extraño á la historia apostólica no habria incurrido en
-estas faltas, y á no dudarlo estaria mejor concebido el conjunto de su
-obra. Uno de los caractéres que distingue la historia compuesta con
-documentos, de la historia original, es precisamente la desproporcion;
-el historiador de gabinete, toma por cuadro los sucesos mismos, en
-tanto que el autor de memorias solo se sirve de sus recuerdos ó cuando
-menos de sus relaciones personales. Un historiador eclesiástico,
-una especie de Eusebio, escribiendo hácia el año 120, nos hubiera
-legado un libro distribuido de otro modo á partir del capítulo <span
-class="asc">XIII</span>. La manera extraña con que las <i>Actas</i>
-salen despues de la órbita donde giraban hasta entonces, no se
-explica, en mi concepto, sino por la situacion particular del autor y
-sus relaciones con Pablo. Este resultado se confirmará naturalmente
-si<span class="pagenum" id="Page_xviii">p. xviii</span> encontramos
-entre los colaboradores conocidos del Apóstol el nombre del autor á
-quien la tradicion atribuye nuestra historia.</p>
-
-<p>Esto es precisamente lo que sucede: los manuscritos y la tradicion
-nos dan como autor del tercer Evangelio, á un tal Lucanus,<a
-id="FNanchor_16" href="#Footnote_16" class="fnanchor">[16]</a>
-ó <i>Lucas</i>, y de lo dicho resulta que si <i>Lucas</i> es
-verdaderamente el autor del tercer Evangelio, lo es igualmente de las
-<i>Actas</i>. Ahora bien, el nombre de Lucas aparece precisamente
-como el de un compañero de Pablo en la epístola de los Colosenses,
-<span class="asc">IV</span>, 14; la de Filemon, 24, y en la segunda
-de Timoteo, <span class="asc">IV</span>, 11. La autenticidad de esta
-última es muy dudosa, y aunque no lo sea tanto la de las dos últimas,
-no puede afirmarse, sin embargo, con toda seguridad que sean de San
-Pablo. De todos modos, los tales escritos son del primer siglo, y esto
-basta para probar evidentemente que entre los discípulos de Pablo
-existió un Lucas. El que confeccionó las epístolas de Timoteo, no
-es en efecto el mismo que compuso las de los Colosenses y Filemon,
-(suponiendo contrariamente á nuestra opinion que estas sean apócrifas).
-Admitir que un falsario hubiese atribuido á Pablo un compañero
-ficticio, seria ya poco verosímil; pero menos lo es aún que falsarios
-distintos hubieran elegido el mismo nombre. Dos observaciones pueden
-hacerse que dan á este razonamiento una fuerza particular: la primera
-es que el nombre de Lucas ó Lucanus es entre los primeros cristianos un
-nombre raro que no se presta á<span class="pagenum" id="Page_xix">p.
-xix</span> confusiones anónimas, y es la segunda que el Lucas de las
-epístolas no adquirió nunca celebridad. Inscribir un nombre célebre
-al principio de un escrito, como se hizo para la segunda epístola de
-Pedro, y muy probablemente para las de Pablo, en Tito y Timoteo, no
-era en nada contrario á las costumbres de la época; pero encabezar un
-escrito con un nombre falso y oscuro, es una cosa que no se concibe.
-¿Seria la intencion del falsario patrocinar el libro con la autoridad
-de Pablo? Pero si es así ¿por qué no tomaba el nombre mismo de Pablo,
-ó cuando menos el de Timoteo ó de Tito, discípulos más conocidos del
-Apóstol de los gentiles? Lucas no ocupaba ningun lugar en la tradicion,
-en la leyenda, ni en la historia, y los tres pasajes precitados
-de las epístolas no podian bastar para reconocer en aquel una
-garantía admitida, pues todas las epístolas á Timoteo se han escrito
-probablemente despues de las <i>Actas</i>, y las citas de Lucas en las
-epístolas á los Colosenses y Filemon equivalen á una sola, de tal modo,
-que estos dos escritos forman un solo cuerpo. Creemos pues que el autor
-del tercer Evangelio y las <i>Actas</i>, es real y efectivamente Lucas,
-discípulo de Pablo.</p>
-
-<p id="nombLucas">El nombre de Lucas y la profesion de médico
-que ejercia el llamado discípulo de Pablo,<a id="FNanchor_17"
-href="#Footnote_17" class="fnanchor">[17]</a> convienen bien
-con las indicaciones que dan ambos libros sobre su autor. Hemos
-demostrado en efecto<span class="pagenum" id="Page_xx">p.
-xx</span> que el autor del tercer Evangelio y de las <i>Actas</i>
-era probablemente natural de Filipos,<a id="FNanchor_18"
-href="#Footnote_18" class="fnanchor">[18]</a> colonia romana
-donde dominaba el latin<a id="FNanchor_19" href="#Footnote_19"
-class="fnanchor">[19]</a> y además de esto debe notarse que el autor
-del tercer Evangelio y de las <i>Actas</i> no conoce bien el judaismo<a
-id="FNanchor_20" href="#Footnote_20" class="fnanchor">[20]</a> ni
-la historia de Palestina<a id="FNanchor_21" href="#Footnote_21"
-class="fnanchor">[21]</a> ni sabe tampoco el Hebreo<a id="FNanchor_22"
-href="#Footnote_22" class="fnanchor">[22]</a> pero está muy
-al corriente de las ideas del mundo pagano<a id="FNanchor_23"
-href="#Footnote_23" class="fnanchor">[23]</a> y escribe el griego de
-una manera bastante correcta. La obra se ha compuesto lejos de la
-Judea por personas poco entendidas en geografía<a id="FNanchor_24"
-href="#Footnote_24" class="fnanchor">[24]</a> que no se cuidaban ni
-de poseer la ciencia rabinica á fondo, ni de los nombres Hebreos;<a
-id="FNanchor_25" href="#Footnote_25" class="fnanchor">[25]</a>
-reduciéndose la idea dominante del autor á que si se hubiera
-permitido al pueblo seguir su inclinacion habria abrazado la fé de
-Jesús, á lo cual se opuso la aristocracia judía.<a id="FNanchor_26"
-href="#Footnote_26" class="fnanchor">[26]</a> La palabra <i>Judío</i>
-se toma siempre en la obra en sentido despreciativo y<span
-class="pagenum" id="Page_xxi">p. xxi</span> como sinónimo de
-enemigo de los cristianos;<a id="FNanchor_27" href="#Footnote_27"
-class="fnanchor">[27]</a> por el contrario se habla muy favorablemente
-de los herejes samaritanos.<a id="FNanchor_28" href="#Footnote_28"
-class="fnanchor">[28]</a></p>
-
-<p>¿En qué época podrá haberse compuesto aquel escrito notable? Lucas
-aparece por primera vez en compañía de Pablo cuando éste hizo su primer
-viaje á Macedonia hácia el año 52. Supongamos que contara entonces
-veinte y cinco años, y en este caso nada más natural que hubiese
-vivido hasta el año 100, pero la historia de las <i>Actas</i> no
-llega más que hasta el año 63<a id="FNanchor_29" href="#Footnote_29"
-class="fnanchor">[29]</a> y como quiera que su redaccion es
-evidentemente posterior á la del tercer Evangelio, y la fecha de la
-composicion de este se fija de una manera bastante precisa en los
-años inmediatos que siguieron á la ruina de Jerusalem (año 70)<a
-id="FNanchor_30" href="#Footnote_30" class="fnanchor">[30]</a>, no se
-puede suponer que se redactaran las <i>Actas</i> antes del 71 ó 72.</p>
-
-<p>Si fuera seguro que esta obra se compuso seguidamente al Evangelio,
-podriamos detenernos aquí, mas en este punto está permitida la duda:
-algunos hechos inducen á creer que ha transcurrido un intervalo entre
-la composicion del tercer Evangelio y la de las <i>Actas</i>, y esto es
-tanto más verosímil cuanto que se nota entre los últimos capítulos del
-Evangelio y el primero de las <i>Actas</i> una singular contradiccion.
-Segun el último capítulo de los Evangelios parece que la<span
-class="pagenum" id="Page_xxii">p. xxii</span> ascension tuvo lugar el
-mismo dia de la resurreccion<a id="FNanchor_31" href="#Footnote_31"
-class="fnanchor">[31]</a>, y el primer capítulo de las <i>Actas</i><a
-id="FNanchor_32" href="#Footnote_32" class="fnanchor">[32]</a> dice que
-aquella no ocurrió sino al cabo de cuarenta dias. Claro es que esta
-segunda version nos presenta una forma más avanzada que la leyenda,
-forma adoptada cuando se vió que era necesario dejar un intervalo
-para las diversas apariciones, y dar á la vida de Jesús despues de
-salir de la tumba un cuadro completo y lógico. Podria pues suponerse
-que al autor no le ocurrió interpretar así las cosas sino en el
-intervalo que medió entre la redaccion de ambas obras; y de todos
-modos es muy extraño que aquel se crea obligado á pocas líneas de
-distancia á desarrollar su primera historia aumentando el número de
-datos. Si aún tenia entre manos su primer libro ¿por qué no hacia las
-adiciones, que separadas como aparecen luego, causan tan mal efecto?
-Esto no es sin embargo una prueba decisiva, y hay una circunstancia
-grave que induce á creer que Lucas concibió al mismo tiempo el plan
-y el conjunto. El prefacio que encabeza el Evangelio es el que
-parece comun á los dos libros<a id="FNanchor_33" href="#Footnote_33"
-class="fnanchor">[33]</a>. La contradiccion que acabamos de indicar
-se explica acaso por el poco cuidado que se tuvo de dar una cuenta
-exacta del empleo del tiempo, y á esto se debe seguramente que
-todas las relaciones de la vida de Jesús, despues de salir de la
-tumba, estén en un completo desacuerdo acerca de la duracion de esta
-vida. Importaba tan poco<span class="pagenum" id="Page_xxiii">p.
-xxiii</span> ser histórico, que el mismo narrador no tenia el menor
-escrúpulo en proponer sucesivamente dos sistemas inconciliables:
-las tres relaciones que acerca de la conversion de Pablo se
-encuentran en las <i>Actas</i><a id="FNanchor_34" href="#Footnote_34"
-class="fnanchor">[34]</a> ofrecen tambien pequeñas diferencias que
-prueban igualmente cuán poco se ocupaba el autor de la exactitud de los
-detalles.</p>
-
-<p>Parece pues que nos aproximariamos á la verdad suponiendo que
-las <i>Actas</i> se escribieron hácia el año 80, pues por una parte
-el espíritu del libro conviene muy bien con la primera época de los
-Flavios, y por la otra, el autor parece evitar todo aquello que hubiera
-podido ofender á los romanos. En efecto, vemos que se complace en
-demostrar que los funcionarios de Roma no solo eran favorables á la
-nueva secta sino que la abrazaron algunas veces<a id="FNanchor_35"
-href="#Footnote_35" class="fnanchor">[35]</a> que la defendieron contra
-los judíos, y que la justicia imperial era equitativa y superior
-á las pasiones locales.<a id="FNanchor_36" href="#Footnote_36"
-class="fnanchor">[36]</a> El autor insiste particularmente en enumerar
-las ventajas que obtuvo Pablo merced á su título de ciudadano romano<a
-id="FNanchor_37" href="#Footnote_37" class="fnanchor">[37]</a> y
-corta justamente su narracion en el momento de la llegada de Pablo
-á Roma, quizá para no verse obligado á referir las crueldades de
-Neron contra los cristianos.<a id="FNanchor_38" href="#Footnote_38"
-class="fnanchor">[38]</a> El contraste entre las <i>Actas</i> y
-el Apocalipsis es en extremo notable: escrito este en el<span
-class="pagenum" id="Page_xxiv">p. xxiv</span> año 68, recuerda á cada
-paso las infamias de Neron, rebosando un ódio profundo contra Roma, y
-en la primera obra aparece el tirano como un hombre afable que vive
-en una época tranquila. Desde el año 70, poco más ó menos, hasta los
-últimos años del primer siglo, la situacion fué bastante buena para
-los cristianos, pues hasta hubo personajes de la familia Flaviana que
-pertenecieron al cristianismo. ¿Quién sabe si Lucas no conoció á Flavio
-Clemente, si no fué de su <i>familia</i>, y si las <i>Actas</i> no se
-escribieron por este poderoso personaje cuya posicion oficial exigia
-ciertas consideraciones? Algunos indicios dan lugar á suponer que el
-libro se compuso en Roma, y diríase en efecto que los principios de
-la iglesia romana dominaban al autor. Esta iglesia tuvo desde los
-primeros siglos el carácter político y gerárquico que la distinguió
-siempre, y el buen Lucas pudo dejarse llevar de este espíritu, pues
-sus ideas sobre la autoridad eclesiástica son muy avanzadas, y en
-ella se descubre el gérmen del episcopado. Lucas escribió la historia
-como apologista, imitando á los escritores oficiales de la corte de
-Roma, é hizo lo que hacia un historiador ultramontano de Clemente
-<span class="asc">XIV</span>, que ensalzando á la vez al Papa y á los
-jesuitas, trataba de persuadirnos en un discurso lleno de compuncion
-que por ambas partes se observaban las reglas de la caridad. Dentro
-de doscientos años se consignará tambien que el cardenal Antonelli
-y el señor de Mérode se amaban como dos hermanos. El autor de las
-<i>Actas</i>, fué el primero de esos narradores complacientes
-que con una ingenuidad sin igual y una bea<span class="pagenum"
-id="Page_xxv">p. xxv</span>titud que revela su satisfaccion se empeñan
-en demostrar que todo se hace en la Iglesia de una manera evangélica.
-Demasiado leal para condenar á su maestro Pablo, ortodoxo en exceso
-para no participar de la opinion oficial que prevalecia, prescindió de
-las diferencias de doctrina para no dejar ver sino el objeto comun que
-todos aquellos grandes fundadores prosiguieron en efecto por vias tan
-opuestas y á través de tan enérgicas rivalidades.</p>
-
-<p>Fácilmente se comprenderá que un hombre que se coloca por sistema
-en semejante situacion, es el menos á propósito para referir los
-hechos tal como pasaron: la fidelidad histórica es para él una cosa
-indiferente; todo lo que le importa es la edificacion, y Lucas no
-lo oculta, pues escribe <i>para que Teófilo reconozca la verdad
-de lo que le han enseñado</i> sus catequistas.<a id="FNanchor_39"
-href="#Footnote_39" class="fnanchor">[39]</a> Se habia pues convenido
-en un sistema de historia eclesiástica que se enseñaba oficialmente
-y cuyo cuadro, así como el de la misma historia evangélica<a
-id="FNanchor_40" href="#Footnote_40" class="fnanchor">[40]</a>
-es probable estuviera ya fijado. El carácter dominante de las
-<i>Actas</i>, así como el del tercer Evangelio<a id="FNanchor_41"
-href="#Footnote_41" class="fnanchor">[41]</a> es una tierna
-piedad, una viva simpatía hácia los gentiles,<a id="FNanchor_42"
-href="#Footnote_42" class="fnanchor">[42]</a> su espíritu conciliador,
-una preocupacion extrema acerca de lo sobrenatural, el amor á los
-pequeños y los humildes, un gran sentimiento democrático, ó más
-bien, la persuasion de que el pueblo es naturalmente cristiano y que
-son los grandes los que le<span class="pagenum" id="Page_xxvi">p.
-xxvi</span> impiden seguir sus buenos instintos.<a id="FNanchor_43"
-href="#Footnote_43" class="fnanchor">[43]</a> Además predomina una
-idea exaltada del poder de la Iglesia y de sus jefes, un gusto muy
-marcado por la vida en comun.<a id="FNanchor_44" href="#Footnote_44"
-class="fnanchor">[44]</a> Los métodos de composicion son iguales en
-ambas obras, de tal modo que lo mismo nos sucederia con la historia de
-los Apóstoles, que con la historia Evangélica, si para analizar esta
-última no tuviéramos más texto que el Evangelio de Lucas.</p>
-
-<p>Fácil es comprender las desventajas de semejante situacion: la
-vida de Jesús, compuesta por el tercer Evangelio solamente, seria en
-extremo defectuosa é incompleta, y nosotros lo sabemos porque para la
-vida de Jesús, la comparacion es posible. Al mismo tiempo que Lucas,
-tenemos (sin hablar del cuarto Evangelio) á Mateo y á Márcos, quienes
-relativamente á Lucas, son al menos en partes originales. Damos á
-conocer los medios violentos por medio de los cuales Lucas desfigura
-ó mezcla las anécdotas; la manera con que modifica el colorido de
-ciertos hechos segun sus miras personales, y vemos en fin las piadosas
-leyendas que añade á las tradiciones más auténticas. ¿No es evidente
-que si pudiéramos hacer semejante comparacion para las <i>Actas</i>
-llegariamos á encontrar defectos de un género análogo? Las <i>Actas</i>
-nos parecerian, á juzgar por los primeros capítulos, inferiores al
-tercer Evangelio, sin duda porque estos capítulos se compusieron
-probablemente con documentos menos numerosos y menos universalmente
-aceptados.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_xxvii">p. xxvii</span>Aquí debe
-hacerse en efecto una distincion fundamental: bajo el punto de vista
-del valor histórico, el libro de las <i>Actas</i> se divide en dos
-partes: la una que comprende los doce primeros capítulos y refiere los
-hechos principales de la historia de la Iglesia primitiva, y la otra
-que contiene los diez y seis capítulos restantes consagrados todos á
-las misiones de San Pablo. En esta segunda parte hay dos clases de
-relatos; uno en que el narrador aparece como testigo ocular y otro
-en que no hace más que referir lo que le han dicho, pero aun en este
-último caso, claro está que su autoridad es grande. Con frecuencia
-se vé que las conversaciones de Pablo son las que han facilitado las
-noticias, y hácia el fin, sobre todo, la narracion adquiere un carácter
-de precision notable. Las últimas páginas de las <i>Actas</i> son
-las únicas históricas que tenemos sobre los originales cristianos;
-las primeras por el contrario son las más atacables de todo el Nuevo
-Testamento. Al hablar de los primeros años, es particularmente
-cuando el autor obedece á ideas preconcebidas semejantes á las que
-le preocuparon en la composicion de su Evangelio. Su sistema de los
-cuarenta dias, su modo de referir la ascension, terminando con una
-especie de rapto final y de solemnidad dramática la vida fantástica
-de Jesús; su manera de contar la bajada del Espíritu Santo y las
-predicaciones milagrosas, y su modo en fin de comprender el don
-de las lenguas, tan diferente del de San Pablo<a id="FNanchor_45"
-href="#Footnote_45" class="fnanchor">[45]</a> revelan las
-preocupa<span class="pagenum" id="Page_xxviii">p. xxviii</span>ciones
-de una época relativamente atrasada, en que predomina la leyenda
-sin oposicion. Todo se representa con un gran aparato escénico,
-desplegando las formas de lo maravilloso, y es preciso recordar que
-el autor escribe medio siglo despues de ocurrir los acontecimientos,
-lejos del país donde tuvieron lugar, y fundándose en hechos que no ha
-visto, ni él, ni su maestro, y en tradiciones en parte fabulosas ó
-desfiguradas. No solamente Lucas es de otra generacion que la de los
-primeros fundadores del cristianismo, sino que es de otro mundo, es
-Helenista, muy poco judío, casi extraño á Jerusalem y á los secretos
-de la vida judaica, y apenas ha conocido de la primitiva sociedad
-cristiana más que á los primeros representantes. En los milagros
-que él refiere, se ven más bien invenciones <i>á priori</i>, que
-hechos transformados; los milagros de Pedro y de Pablo forman dos
-séries que se relacionan:<a id="FNanchor_46" href="#Footnote_46"
-class="fnanchor">[46]</a> sus personajes se asemejan; Pedro y Pablo no
-difieren en nada y por último los discursos que pone en boca de sus
-héroes, aunque hábilmente apropiados á las circunstancias, son todos
-del mismo estilo, y pertenecen más bien al autor que á las personas
-á que los atribuye: acabaremos diciendo que hasta se encuentran
-errores fáciles de reconocer.<a id="FNanchor_47" href="#Footnote_47"
-class="fnanchor">[47]</a> Las <i>Actas</i><span class="pagenum"
-id="Page_xxix">p. xxix</span> en una palabra, constituyen una historia
-dogmática, arreglada para apoyar las doctrinas ortodoxas de la época
-ó inculcar las ideas que más sonreian á la piedad del autor. Añadamos
-á esto que no podia ser de otro modo: no se conoce el orígen de cada
-religion sino por las relaciones de los creyentes; solo el escéptico
-escribe la historia <i>ad narrandum</i>.</p>
-
-<p>Estas no son simples sospechas, conjeturas de un crítico desconfiado
-en extremo; son sólidas inducciones, y siempre que nos sea permitido
-comprobar la narracion de las <i>Actas</i>, la encontraremos defectuosa
-y sistemática. En efecto, aunque no podamos hacer la comprobacion con
-los textos sinópticos, tenemos para ello las Epístolas de San Pablo,
-sobre todo la de los Galatas y claro es que en el caso en que las
-<i>Actas</i> y las epístolas no estén acordes, debe darse siempre
-la preferencia á las últimas que son textos de una autenticidad
-absoluta y más antiguas; de una sinceridad completa y sin leyendas.
-Tratándose de historia, los documentos son de tanta más autoridad,
-cuanto menos afectan la forma histórica: la autoridad de todas las
-crónicas debe ceder ante la de una inscripcion, de una medalla, de un
-mapa, de una carta auténtica. Bajo este punto de vista, las epístolas
-de autores verdaderos y de fechas fijas, son la base de toda la
-historia de los orígenes cristianos; sin ellas, la duda alcanzaria
-á todo, dejando en la oscuridad hasta la misma vida de Jesús. Ahora
-bien, en dos circunstancias muy importantes, las epístolas ponen en
-relieve las tendencias particulares del autor de las <i>Actas</i> y
-su deseo de borrar la huella<span class="pagenum" id="Page_xxx">p.
-xxx</span> de las divisiones que habian existido entre Pablo y los
-Apóstoles de Jerusalem.<a id="FNanchor_48" href="#Footnote_48"
-class="fnanchor">[48]</a></p>
-
-<p>Además de esto, el autor de las <i>Actas</i>, quiere que Pablo,
-despues del incidente de Damasco (<span class="asc">IX</span>, 19 y
-sig.; <span class="asc">XXII</span>, 17 y sig.), haya ido á Jerusalem
-en una época en que apenas se conocia su conversion; que le presentaran
-á los Apóstoles y viviera con ellos y los fieles en la más afectuosa
-cordialidad, que haya disputado públicamente contra los judíos
-Helenistas, y por último, que un complot de estos y una revelacion del
-cielo, le hayan inducido á marcharse de Jerusalem. Ahora bien, Pablo
-nos dice que las cosas pasaron de muy distinto modo, y para probar
-que no habia tomado nada de los Doce y que debe al mismo Jesús su
-mision y su doctrina, asegura (Gal., <span class="asc">I</span>, 11 y
-sig.) que despues de su conversion evitó tomar consejo de ninguno<a
-id="FNanchor_49" href="#Footnote_49" class="fnanchor">[49]</a> y de
-presentarse en Jerusalem á los que eran Apóstoles antes que él; que fué
-á predicar al Haurán por su propia voluntad y sin encargo de nadie;
-que es cierto que tres años más tarde hizo un viaje á Jerusalem para
-conocer á Céfas con quien permaneció quince dias, pero que no vió á
-ningun Apóstol como no fuera á Jacobo, hermano del Señor, y que esto
-es tan cierto que su sem<span class="pagenum" id="Page_xxxi">p.
-xxxi</span>blante no era conocido en las iglesias de Judea. El esfuerzo
-que se hace para dulcificar el estilo brusco del rudo Apóstol, á fin
-de presentarle como colaborador de los Doce, trabajando de concierto
-con ellos en Jerusalem, aparece aquí de una manera evidente. En
-efecto, se quiere que Jerusalem sea su capital y punto de partida, que
-su doctrina sea tan idéntica á la de los Apóstoles, que haya podido
-reemplazarla ó sustituirla con la de aquellos en la predicacion; se
-reduce su primer Apostolado á las sinagogas de Damasco; se quiere que
-haya sido discípulo y oyente, lo cual no es cierto;<a id="FNanchor_50"
-href="#Footnote_50" class="fnanchor">[50]</a> se reduce el tiempo
-que trascurrió entre su conversion y su primer viaje á Jerusalem,
-se prolonga su permanencia en esta ciudad; se supone que predicó á
-satisfaccion de todos; se sostiene que vivió íntimamente con todos los
-Apóstoles, aunque él mismo asegura que no ha visto más que á dos, y se
-asegura, en fin, que los hermanos de Jerusalem velaban sobre él, siendo
-así que Pablo declara que su semblante les era desconocido.</p>
-
-<p>El deseo de hacer creer que Pablo visitaba continuamente á
-Jerusalem, es lo que ha inducido á nuestro autor á prolongar su
-permanencia en aquella ciudad despues de su conversion, suponiendo
-con esto, que hizo un viaje más. Segun él, Pablo fué con Bernabé á
-Jerusalem á llevar la ofrenda de los fieles cuando se experimentó
-el hambre del año 44 (Act., <span class="asc">XI</span>, 30; <span
-class="asc">XII</span>, 25), pero Pablo declara terminantemente que
-en el in<span class="pagenum" id="Page_xxxii">p. xxxii</span>tervalo
-que medió entre el viaje que hizo tres años despues de convertirse, y
-el que verificó para el asunto de la circuncision, no fué á Jerusalem
-(Gal., <span class="asc">I</span> y <span class="asc">II</span>). En
-otros términos; Pablo excluye formalmente todo viaje entre Act.,
-<span class="asc">IX</span>, 26 y Act., <span class="asc">XV</span>,
-2. Si se negara, contra toda razon, la identidad del viaje que se
-refiere en Gal., <span class="asc">II</span>, 1 y sig., con el de que
-se da cuenta en Act., <span class="asc">XV</span>, 2 y sig., no se
-opondria seguramente la menor contradiccion. «Tres años despues de
-mi conversion, dice San Pablo, fuí á Jerusalem para conocer á Céfas,
-y volví catorce años despues...» Se ha podido dudar si el punto de
-partida de esos catorce años es la conversion ó el viaje que tuvo
-lugar tres años más tarde: tomemos la primera hipótesis, que es la más
-favorable al que defiende la narracion de las <i>Actas</i>, y tendremos
-que segun San Pablo, trascurrieron lo menos doce años entre su primer
-y segundo viaje á Jerusalem, siendo así que no mediaron ni once, segun
-lo que dice el Act., <span class="asc">IX</span>, 26 y sig., y el Act.,
-<span class="asc">XI</span>, 30. Aun cuando se sostuviera lo contrario,
-vendriamos á caer en otra imposibilidad: en efecto, lo que se refiere
-en el Act., <span class="asc">XI</span>, 30, es contemporáneo
-de la muerte de Jacobo, hijo del Zebedeo,<a id="FNanchor_51"
-href="#Footnote_51" class="fnanchor">[51]</a> la cual nos da la única
-fecha fija de las <i>Actas de los Apóstoles</i>, puesto que precede en
-muy poco tiempo á la muerte de Herodes Agrippa I, acaecida en el año
-44.<a id="FNanchor_52" href="#Footnote_52" class="fnanchor">[52]</a>
-Habiendo hecho Pablo su segundo viaje lo menos catorce años despues de
-su conversion, y suponiendo que aquel tuvo lugar en el año 44, la<span
-class="pagenum" id="Page_xxxiii">p. xxxiii</span> conversion debió ser
-en el año 30, lo cual es absurdo. Es imposible pues creer en el viaje
-á que se refiere <i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 30 y <span
-class="asc">XII</span>, 35.</p>
-
-<p>El autor incurre en una grave inexactitud al dar cuenta
-de estas idas y venidas, pues comparando <i>Act.</i>, <span
-class="asc">XVII</span>, 14-16; <span class="asc">XVIII</span>, 5 con
-<i>I Tes.</i>, <span class="asc">III</span>, 1-2 se encuentra otra
-contradiccion, pero como no se relaciona con puntos dogmáticos, no
-hablaremos aquí de ella.</p>
-
-<p>La que es muy principal para el asunto que nos ocupa, lo que arroja
-un rayo de luz para la crítica en esta cuestion del valor histórico
-de las <i>Actas</i>, es la comparacion de los pasajes relativos
-á la circuncision, que se encuentran en dicha obra (Cap. <span
-class="asc">XV</span>.) y en la epístola de los Galatas (Cap. <span
-class="asc">II</span>.). Segun las <i>Actas</i>, habiendo llegado á
-Antioquía varios hermanos de Judea, los cuales sostuvieron que era
-necesaria la circuncision para los paganos convertidos, nombróse una
-diputacion compuesta de Pablo, de Bernabé, y otros varios para que
-pasaran á Jerusalem á fin de consultar con los Apóstoles y los ancianos
-sobre este punto. Una vez llegados allí son recibidos por todo el
-mundo con la mayor alegría; reúnese una gran asamblea donde si hay
-algun parecer contrario, se pierde entre las efusiones de una caridad
-recíproca y de la felicidad de que se sienten todos poseidos al verse
-juntos; Pedro enuncia la opinion que se esperaba emitiria Pablo: á
-saber, que los paganos convertidos no están sujetos á la ley de Moisés;
-Jacobo no hace más que una ligera restriccion;<a id="FNanchor_53"
-href="#Footnote_53" class="fnanchor">[53]</a> Pablo no habla, y á
-decir verdad, no<span class="pagenum" id="Page_xxxiv">p. xxxiv</span>
-necesita hacerlo, puesto que su doctrina se pone aquí en boca de Pedro;
-la opinion de los hermanos de Judea no es apoyada por nadie; y por
-último, conforme al parecer de Jacobo, se expide un decreto solemne
-el cual se comunica á las iglesias por medio de diputados elegidos al
-efecto.</p>
-
-<p>Comparemos ahora la narracion de Pablo en la epístola á los Galatas:
-Pablo quiere que el viaje que hizo aquella vez á Jerusalem sea la
-consecuencia de un movimiento espontáneo, y hasta el resultado de una
-revelacion. Llegado á dicha ciudad, comunica su Evangelio á quien
-corresponde de derecho; celebra conferencias particulares con personas
-que parecen ser de consideracion; no se le critica ni se le comunica
-nada, y solo se le pide que se acuerde de los pobres de Jerusalem.
-Si Tito, que le acompañó, consiente en dejarse circuncidar,<a
-id="FNanchor_54" href="#Footnote_54" class="fnanchor">[54]</a> es por
-consideracion á <i>falsos hermanos intrusos</i>, y aunque Pablo les
-hace esta concesion pasajera, no se somete á ellos. En cuanto á los
-hombres importantes, Pablo no habla de ellos sino con cierto viso de
-amargura é ironía, y dice que no le han enseñado nada. Además de esto,
-habiendo llegado más tarde Céfas á Antioquía, Pablo <i>se indispone
-con él porque no obra bien</i>; y en efecto, Céfas comia con todos
-indistintamente. Llegan luego emisarios de Jacobo, y Pedro se oculta
-para no ver á los incircuncida<span class="pagenum" id="Page_xxxv">p.
-xxxv</span>dos. <i>Viendo que no marchaba por la senda de la verdad del
-Evangelio</i>, Pablo apostrofa á Céfas delante de todo el mundo y le
-reprende amargamente su conducta.</p>
-
-<p>Vemos, pues, cuanta es la diferencia: por una parte, una solemne
-concordia, una especie de concilio, un decreto formal expedido por
-una autoridad reconocida; y por la otra, arranques de cólera mal
-contenida, susceptibilidades extremas, nada que se parezca á un
-concilio, y por último, pareceres contrarios que no se convienen
-sino para guardar las formas. Inútil es decir qué version merece la
-preferencia: la narracion de las <i>Actas</i> es apenas verosímil,
-puesto que segun ella, el concilio tiene por objeto ventilar una
-disputa de que ya no queda recuerdo una vez terminado aquel; los dos
-oradores pronuncian discursos muy contrarios á lo que de ellos podia
-esperarse, y por lo tanto, el decreto que se supone expedido por el
-concilio es seguramente una ficcion. Si este decreto, cuya redaccion
-se atribuye á Jacobo, se hubiera promulgado realmente, ¿á qué venian
-esos apuros del bueno y tímido Pedro ante las gentes enviadas por
-Jacobo? ¿por qué se ocultaba, puesto que él y los cristianos de
-Antioquía, cumplian religiosamente con las disposiciones fijadas por
-el mismo Jacobo en el decreto? La cuestion relativa á la circuncision
-ocurrió hácia el año 51, y vemos que algun tiempo despues, hácia el
-año 56, la disputa que debió quedar ventilada en virtud del decreto,
-es más viva que nunca, y que la iglesia de Galacia se vé agitada por
-nuevos emisarios del partido judío de Jerusalem.<a id="FNanchor_55"
-href="#Footnote_55" class="fnanchor">[55]</a><span class="pagenum"
-id="Page_xxxvi">p. xxxvi</span> Pablo contesta á este nuevo ataque de
-sus enemigos con su furibunda epístola: si el decreto á que se refiere
-el Act., <span class="asc">XV</span>, hubiese existido en realidad,
-Pablo tenia medio muy sencillo de terminar el debate, pues le bastaba
-citarlo, pero vemos que todo lo que dice supone la no existencia de
-aquel. En el año 57, al escribir Pablo á los Corintios, no parece tener
-conocimiento de tal decreto, y hasta infringe sus prescripciones por
-una de las cuales se manda á todos abstenerse de las carnes inmoladas
-á los ídolos. Pablo por el contrario, opina que se pueden comer dichas
-carnes, si con ello no se escandaliza nadie, mas que es preciso
-abstenerse en el caso contrario.<a id="FNanchor_56" href="#Footnote_56"
-class="fnanchor">[56]</a> En el año 58, cuando Pablo hizo su último
-viaje á Jerusalem, Jacobo se muestra más obstinado que nunca.<a
-id="FNanchor_57" href="#Footnote_57" class="fnanchor">[57]</a> Uno
-de los rasgos característicos de las <i>Actas</i>, rasgo que prueba
-claramente que el autor se propone menos presentar la verdad histórica
-ó satisfacer la lógica, que edificar á los lectores piadosos, es el
-decir siempre que la admision de los incircuncidados es cuestion
-resuelta. Esto no es verdad sino por lo que toca al bautismo del eunuco
-y del centurion Cornelio, ambos milagrosamente ordenados, por la
-fundacion de la Iglesia de Antioquía (<span class="asc">XI</span>, 19
-y sig.) y por el pretendido concilio de Jerusalem, lo cual no impide
-que en las últimas páginas del libro (<span class="asc">XXI</span>,
-20-21) quede aún la cuestion en suspenso. Á decir verdad, la
-cuestion permaneció siempre en ese estado, pues las dos fracciones
-del cristianismo naciente no se fusiona<span class="pagenum"
-id="Page_xxxvii">p. xxxvii</span>ron jamás; solamente una de ellas, la
-que conservó las prácticas del judaismo, fué infecunda y se extinguió
-oscuramente. Tan lejos estuvo Pablo de ser admitido por todos, que
-despues de su muerte, una gran parte del cristianismo le anatematiza<a
-id="FNanchor_58" href="#Footnote_58" class="fnanchor">[58]</a> y le
-persigue con sus calumnias.</p>
-
-<p>En nuestro libro tercero es donde tendremos que tratar en detalle
-la cuestion de fondo enlazada con estos curiosos incidentes; solo
-hemos querido dar aquí algunos ejemplos de la manera con que el
-autor de las <i>Actas</i> entiende la historia, de su sistema de
-conciliacion y de sus ideas preconcebidas. ¿Deduciremos de aquí en
-conclusion que los primeros capítulos de las <i>Actas</i> carecen de
-autoridad, como lo piensan algunos críticos célebres y que la ficcion
-llega hasta crear toda clase de personajes, tales como el eunuco
-y el centurion Cornelio, y hasta el diácono Estéban y la piadosa
-Tabitha? Yo no lo creo de ningun modo. Es probable que el autor de
-las <i>Actas</i> no haya inventando personajes<a id="FNanchor_59"
-href="#Footnote_59" class="fnanchor">[59]</a> pero es un abogado
-hábil que escribe para probar y que trata de sacar partido de los
-hechos de que oyó hablar para demostrar sus tésis favoritas, que son
-la legitimidad de la vocacion de los gentiles y la institucion divina
-de la gerarquía. Al hacer uso de semejante documento se debe tener
-mucha precaucion, pero rechazarlo en absoluto es tan poco razonable,
-como<span class="pagenum" id="Page_xxxviii">p. xxxviii</span> fiarse
-de él ciegamente. Hay algunos párrafos, sin embargo, aun en esta
-primera parte, cuyo valor es conocido de todos, y que constituyen
-memorias auténticas extractadas por el último redactor. El capítulo
-<span class="asc">XII</span>, en particular, es muy bueno y procede al
-parecer de Juan Márcos.</p>
-
-<p>Se comprenderá pues en qué apuro nos veriamos si no tuviéramos
-para formar esta historia más documentos que un libro tan legendario.
-Felizmente poseemos otros, que se refieren, es verdad, directamente
-al período que será el objeto de nuestro libro tercero, pero que
-arrojan ya sobre este mucha luz. Nos referimos á las Epístolas de
-Pablo: la Epístola de los Galatas sobre todo es un verdadero tesoro,
-la base de toda la cronología de aquella edad, la llave que lo abre
-todo, el testimonio, en fin, que debe bastar á los más escépticos
-para creer en la realidad de las cosas que pudieran ponerse en duda.
-Á los lectores que me juzguen demasiado atrevido ó demasiado crédulo,
-yo les ruego que vuelvan á leer los dos primeros capítulos de este
-libro singular, pues son seguramente las dos páginas más importantes
-para el estudio del cristianismo naciente. Las Epístolas de San Pablo
-tienen en efecto una ventaja sin igual en esta historia, y esta es
-su autenticidad absoluta. La crítica más grave no ha puesto jamás
-en duda la autenticidad de la epístola á los Galatas, de las dos á
-los Corintios y de la dirigida á los Romanos. Las razones que se han
-tenido para atacar las dos epístolas á los Tesalonicenses y la epístola
-á los Filipenses, no tienen valor alguno. Al principio de nuestro
-libro<span class="pagenum" id="Page_xxxix">p. xxxix</span> tercero
-tendremos que discutir las objeciones más especiosas, aunque poco
-decisivas, que se han elevado contra la epístola á los Colosenses y
-la carta á Filemon; el problema particular que ofrece la epístola á
-los Efesios, y las fuertes pruebas en fin que inducen á desechar las
-dos epístolas á Timoteo y la dirigida á Tito. La autenticidad de las
-epístolas de que haremos uso en este volúmen es indudable, ó cuando
-menos las inducciones que sacaremos de las otras son independientes de
-la cuestion de saber si se han dictado ó no por San Pablo.</p>
-
-<p>No es necesario sujetarnos aquí á las reglas de la crítica que hemos
-observado para la composicion de esta obra, pues ya lo hicimos en la
-introduccion de la <i>Vida de Jesús</i>. Los doce primeros capítulos de
-las <i>Actas</i>, son en efecto un documento análogo á los Evangelios
-sinópticos, con el cual es preciso proceder del mismo modo, porque esta
-clase de documentos medio históricos y medio legendarios no pueden
-tomarse ni como historia ni como leyenda, atendido que todo es falso
-en el detalle y no pueden inducirse preciosas verdades. Traducir pura
-y simplemente estas narraciones, no es hacer historia, puesto que con
-frecuencia se encuentran textos más autorizados que contradicen lo que
-se refiere en aquellas, y por consiguiente, aun dado el caso de que no
-tuviéramos más que un solo texto, hay motivos para creer que si hubiese
-otros resultaria la contradiccion. En la Vida de Jesús, la narracion
-de Lucas difiere á cada paso de las de los otros dos Evangelios
-sinópticos y la del cuarto: ¿no es por lo tanto<span class="pagenum"
-id="Page_xl">p. xl</span> probable que si tuviéramos para las
-<i>Actas</i> un término de comparacion análogo, encontrariamos en dicha
-obra notables diferencias ó faltas en una infinidad de puntos sobre
-los cuales no tenemos ahora más testimonio que el suyo? En nuestro
-libro tercero, observaremos otras reglas, pues allí vamos á entrar en
-plena historia positiva y tendremos entre manos noticias originales á
-veces autobiográficas. Cuando San Pablo nos dé él mismo el relato de un
-episodio de su vida, que no tenia interés en presentar tal ó cual dia,
-claro es que nos bastará copiar sus palabras una á una, segun el método
-de Tillemont; pero cuando se trate de un narrador preocupado por un
-sistema, que escribe para hacer prevalecer ciertas ideas con ese estilo
-infantil de contornos vagos y suaves y marcado colorido, propio tan
-solo de la leyenda, el deber del crítico no es sujetarse al texto, sino
-tratar de descubrir lo que puede haber en este de verdad sin creerse
-jamás seguro de haberla encontrado. Prohibir á la crítica semejantes
-interpretaciones seria tan poco razonable como mandar al astrónomo
-que no se ocupase sino del aspecto del cielo: ¿no consiste acaso la
-astronomía en conseguir que el paralaje formado por la posicion del
-observador, llegue á crear una situacion real y verdadera por otra
-aparente y engañosa?</p>
-
-<p>¿Y quién pretenderia que se deben copiar á la letra documentos
-donde se encuentran imposibilidades? Los doce primeros capítulos de
-las <i>Actas</i> son un tejido de milagros; y una regla absoluta
-de la crítica, es no citar en las relaciones históricas hechos
-milagro<span class="pagenum" id="Page_xli">p. xli</span>sos. Esta
-no es la consecuencia de un sistema metafísico; es sencillamente una
-observacion. Todos los hechos que se suponen milagrosos y que pueden
-estudiarse de cerca, se convierten en ilusion ó en impostura: si se
-hubiera probado un solo milagro, no se podrian desechar en masa todos
-los de las historias antiguas, porque despues de todo, admitiendo que
-un gran número de estos fueran falsos, se podria creer que algunos
-son verdaderos. Pero no es así: todos los milagros discutibles se
-desvanecen, y en este caso, ¿no estaremos autorizados para deducir de
-aquí que los milagros que ocurrieron hace muchos siglos, y sobre los
-cuales no hay medio de provocar un debate contradictorio, no son reales
-y verdaderos? En otros términos; no hay milagro sino cuando se cree
-en él; lo que constituye lo sobrenatural es la fé. El catolicismo que
-pretende que no se ha extinguido aún en su seno la fuerza milagrosa,
-está sujeto él mismo á la influencia de esta ley: los milagros que
-pretende hacer no se ven en los sitios donde debieran ocurrir, y si se
-tiene un medio tan sencillo de probarlos ¿por qué no se hace uso de él
-á la luz del dia? ¡Un milagro en París, ante sabios competentes pondria
-fin á todas las dudas! Pero ¡ay! ¡esto no sucede nunca! Jamás se ha
-verificado un milagro ante el público á quien convendria convertir, es
-decir, ante los incrédulos. La condicion del milagro es la credulidad
-del testigo. No ha ocurrido ningun milagro ante aquellos que podrian
-discutirlo y criticarlo, y de esto no hay una excepcion. Ciceron lo
-dijo muy bien con su buen<span class="pagenum" id="Page_xlii">p.
-xlii</span> criterio y acostumbrada sutileza: «¿Desde cuándo ha
-desaparecido esa fuerza secreta? ¿Será acaso desde que los hombres han
-llegado á ser menos crédulos?»<a id="FNanchor_60" href="#Footnote_60"
-class="fnanchor">[60]</a></p>
-
-<p>«Pero, se dice, si es imposible probar que haya ocurrido nunca
-un hecho sobrenatural, tambien lo es probar que no haya ocurrido;
-luego el sabio positivista que niega lo sobrenatural procede, tan
-gratuitamente como el creyente que admite.» Esto no es exacto: el
-que afirma una proposicion es quien debe probarla; el que la escucha
-no tiene que hacer más que esperar la prueba, y ceder si esta es
-buena. Si hubieran ido á exigir á Buffon que asignara un lugar en su
-<i>Historia natural</i> á las sirenas y á los centauros, Buffon habria
-respondido: «Mostradme uno de esos séres y los admitiré; hasta entonces
-no existirán para mí.—Pero probadme que no existen.—Probadme á mí lo
-contrario.» En la ciencia, corresponde dar la prueba á los que alegan
-un hecho. ¿Por qué no se cree en los ángeles y en los demonios, siendo
-así que innumerables textos históricos suponen su existencia? Porque la
-existencia de un ángel ó de un demonio, no se ha probado jamás.</p>
-
-<p>Para sostener la realidad del milagro, se apela á fenómenos que
-se pretende no pueden ocurrir segun el curso de las leyes de la
-naturaleza. «La creacion del hombre, dicen, no ha podido llevarse
-á cabo sino por una intervencion directa de la Divinidad; ¿por qué
-no<span class="pagenum" id="Page_xliii">p. xliii</span> habia de
-producirse esa intervencion en los otros momentos decisivos del
-desarrollo del universo?» No insistiré sobre la extraña filosofía
-y la mezquina idea de la divinidad que razona de tal modo, pues la
-historia debe tener su método, independiente de toda filosofía, y sin
-entrar para nada en el terreno de la teodicea: fácil es demostrar cuán
-defectuosa es semejante argumentacion. Equivale á decir que todo lo
-que no sucede en el estado actual del mundo, que todo aquello que no
-podemos explicar en el estado actual de la ciencia, es milagroso. De
-este modo tendremos que el sol es un milagro, porque la ciencia está
-muy lejos de haber explicado el sol; la concepcion de cada hombre es un
-milagro, porque la fisiología se calla sobre este punto; la conciencia
-es un milagro, porque es un misterio absoluto, y todo animal, en fin,
-es un milagro, porque el orígen de la vida es un problema sobre el
-cual apenas tenemos dato alguno. Si se responde que toda vida, que
-toda alma, es en efecto de un órden superior á la naturaleza, esto
-equivale á un juego de palabras. Aun cuando lo admitamos así, preciso
-es explicarnos la palabra milagro. ¿Qué es un milagro que ocurre
-todos los dias y á todas horas? El milagro no es lo inexplicable; es
-una derogacion formal, en nombre de una voluntad particular, á leyes
-conocidas. Lo que nosotros negamos es el milagro por excepcion, son
-las intervenciones particulares, como la de un relojero que hubiese
-hecho un reloj, muy hermoso en verdad, pero al que tendria que tocar de
-vez en cuando para suplir la insuficiencia de las ruedas. Que Dios esté
-en<span class="pagenum" id="Page_xliv">p. xliv</span> todas las cosas
-de una manera permanente, sobre todo en lo que vive, es precisamente
-nuestra teoría; nosotros solo decimos que nunca se ha probado ninguna
-intervencion particular de una fuerza sobrenatural, y negaremos la
-realidad de lo sobrenatural hasta que un hecho venga á probarnos lo
-contrario. Buscar este hecho antes de la creacion del hombre, alejarse
-de la historia, remontándose á épocas en que toda comprobacion es
-imposible para no tener que citar milagros históricos, es lo mismo
-que refugiarse detrás de la nube, es probar una cosa oscura con otra
-más oscura aún, es establecer una ley conocida, en virtud de un hecho
-que no conocemos. Se citan milagros que tuvieron lugar antes de que
-existiese ningun testigo para presenciarlos, y no se habla de uno solo
-que pueda probarse con buenos testimonios.</p>
-
-<p>No cabe duda que en épocas remotas han ocurrido en el universo
-fenómenos que no se han vuelto á presentar, al menos en la misma
-escala, en la actualidad; pero esos fenómenos tuvieron su razon de ser
-cuando se manifestaron. En las formaciones geológicas, por ejemplo,
-se encuentra un gran número de minerales y piedras preciosas que
-segun parece no se producen hoy en la naturaleza; y sin embargo, los
-Sres. Mitscherlich, Ebelmen, de Sénarmont y Daubrée, han compuesto
-artificialmente la mayor parte de esos minerales y piedras preciosas.
-Si es dudoso que se consiga jamás producir artificialmente la
-vida, esto consiste en que la reproduccion de las circunstancias
-en que aquella comenzó no está al alcance de los medios hu<span
-class="pagenum" id="Page_xlv">p. xlv</span>manos. ¿Cómo clasificar un
-planeta que ha desaparecido hace miles de años? ¿Cómo verificar un
-experimento para el cual se necesitan siglos enteros? Hé aquí lo que
-se olvida cuando se llama milagros á los fenómenos que han ocurrido en
-otro tiempo y que no se verifican ya hoy. La formacion de la humanidad
-es seguramente la cosa más absurda y más extraña del mundo si se la
-supone súbita é instantánea, pero entra en las analogías generales (sin
-dejar de ser misteriosa), si se vé en ella el resultado de un progreso
-lento y continuado durante períodos incalculables. No deben aplicarse
-á la vida del embrion, las leyes de la vida de la edad madura; pues
-el embrion desarrolla unos tras otros todos sus órganos, y el hombre
-adulto por el contrario no los crea porque ya no está en la edad de
-crearlos; así como el lenguaje no se inventa porque ya no se puede
-inventar. ¿Pero á qué seguir á unos adversarios que se salen de la
-cuestion? Nosotros pedimos un milagro histórico probado, y se nos
-contesta que este debió ocurrir antes de la historia. Ciertamente que
-si hubiera que probar que son necesarias las creencias sobrenaturales
-para ciertos estados del alma, bastaria, para hacerlo, el hecho de que
-espíritus dotados en todas las demás cosas de cierta penetracion, han
-fundado el edificio de su fé en un argumento tan desesperado.</p>
-
-<p>Hay otros, que abandonando el milagro del órden físico, se parapetan
-en el milagro del órden moral, sin el cual pretenden que no pueden
-explicarse estos acontecimientos. No cabe duda que la formacion del
-cristia<span class="pagenum" id="Page_xlvi">p. xlvi</span>nismo es el
-hecho más grande de la historia religiosa del mundo, mas no por esto es
-un milagro. El budismo y el babismo han tenido mártires tan numerosos,
-tan exaltados, tan resignados, como los tuvo el cristianismo. Los
-milagros de la fundacion del islamismo son de una naturaleza muy
-distinta, y confieso que no me conmueven, pero es preciso observar,
-sin embargo, que al hablar los doctores musulmanes del establecimiento
-de aquel, de su difusion como por un rastro de fuego, de sus rápidas
-conquistas y de la fuerza que le da en todas partes un reinado tan
-absoluto, hacen los mismos razonamientos que los apologistas cristianos
-sobre el establecimiento del cristianismo. Concedamos si se quiere que
-la fundacion de este sea un hecho único: tambien lo es en absoluto el
-helenismo, si se entiende por esta palabra el ideal de la perfeccion
-en la literatura, en el arte, en la filosofía, ideal que la Grecia
-ha realizado. El arte griego sobrepuja á todos los demás artes, así
-como el cristianismo sobresale sobre todas las demás religiones, y el
-Acropolis de Atenas, coleccion de obras maestras, al lado de las cuales
-todas las demás no son sino una imitacion más ó menos perfecta, es
-acaso el que mejor puede someterse á la comparacion. En otras palabras:
-el helenismo es un prodigio de belleza, así como el cristianismo es un
-prodigio de santidad.</p>
-
-<p>Espero que un intervalo de dos años y medio trascurridos desde la
-publicacion de la <i>vida de Jesús</i>, inducirá á ciertos lectores á
-ocuparse de estos problemas con más calma.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_xlvii">p. xlvii</span>La controversia
-religiosa es siempre de mala ley sin quererlo y sin saberlo: no se
-trata de discutirla con independencia, de buscar con ansiedad; se
-trata de defender una doctrina establecida, de probar que el disidente
-es un ignorante ó un hombre de mala fé. Calumnias, contrasentidos,
-ideas y textos falsos, razonamientos triunfantes sobre cosas que el
-adversario no ha dicho, gritos de victoria por errores que no se han
-cometido; nada de esto es ilegal para aquel que cree tener en sus
-manos los intereses de la verdad absoluta. Preciso era que yo hubiese
-conocido poco la historia para no esperar semejante cosa, pero tengo
-suficiente sangre fria para no disgustarme por esto y una aficion
-bastante decidida á las cosas de la fé, para que me sea dable apreciar
-debidamente lo que hay á veces de sensible en el sentimiento que
-pueda inspirar á mis detractores. Con mucha frecuencia, al ver tanta
-ingenuidad, tan piadosa firmeza; al comprender cuanta cólera rebosa
-en esas hermosas y buenas almas, he dicho como Juan Huss, al ver una
-anciana que sudaba para llevar un madero á su leñera: <i>¡O sancta
-simplicitas!</i> Segun la hermosa frase de la Escritura, «Dios no está
-en la tormenta.» ¡Ah! sin duda; si todas estas tribulaciones ayudasen
-á descubrir la verdad, podria uno consolarse al menos; pero no es así;
-la verdad no se ha hecho para el hombre apasionado; se reserva para los
-espíritus que buscan con imparcialidad, sin una opinion persistente,
-sin un sentimiento de ódio, con una libertad absoluta y sin una
-segunda intencion. Estos problemas no son sino una de las innumerables
-cues<span class="pagenum" id="Page_xlviii">p. xlviii</span>tiones
-que se suscitan en el mundo y que los curiosos examinan: no se ofende
-á nadie enunciando una opinion teórica; los que profesan una fé y la
-guardan como un tesoro, tienen un medio muy sencillo de defenderla, y
-este consiste en no hacer aprecio de las obras escritas en un sentido
-que difiere de sus opiniones. Lo mejor que pueden hacer los tímidos es
-no leerlas.</p>
-
-<p>Hay personas prácticas, que tratándose de una obra científica,
-preguntan qué objeto político se ha propuesto el autor, y quieren que
-una obra de poesía encierre una leccion de moral. Esas personas no
-admiten que escriba más que para una propaganda: la idea del arte y
-de la ciencia, que no aspira sino á encontrar la verdad y á realizar
-lo bello, prescindiendo de todo asunto político, es para ellas una
-cosa extraña, y por lo tanto, entre nosotros y esas personas, no puede
-haber conformidad. «Esas gentes, como decia un filósofo griego, toman
-con la mano izquierda lo que les damos con la derecha.» Ya he recibido
-una porcion de cartas, dictadas por un sentimiento de honradez, cuyo
-contenido puede resumirse en estas palabras: «¿Qué habeis querido?
-¿Qué objeto os habeis propuesto?» ¡Dios mio! el mismo que uno se
-propone al escribir cualquiera historia. Si yo dispusiera de varias
-vidas, emplearia una en escribir una historia de Alejandro, otra en
-escribir una historia de Atenas, y una tercera en escribir, ya una
-historia de la Revolucion francesa, ya una historia de la órden de
-San Francisco. ¿Y qué objeto me propondria yo al escribir esas obras?
-Uno<span class="pagenum" id="Page_xlix">p. xlix</span> solo: hallar
-la verdad y darle vida; trabajar para que los grandes acontecimientos
-del pasado sean conocidos con la mayor exactitud posible y expuestos de
-una manera digna. Lejos de mí la idea de combatir la fé que cada uno
-profesa: estas obras deben componerse con una indiferencia suprema;
-como si se escribiese para un planeta desierto. Toda concesion á los
-escrúpulos de un órden inferior, constituyen una falta al culto del
-arte y de la verdad. ¿Quién no vé que la ausencia del proselitismo
-es la cualidad y el defecto de las obras compuestas bajo semejante
-espíritu?</p>
-
-<p>El primer principio de la escuela crítica en efecto, es que cada
-uno admita en materia de fé lo que necesita admitir, y establezca sus
-creencias segun su propia opinion. ¿Cómo nos atreveriamos nosotros
-á intervenir en lo que depende de circunstancias contra las cuales
-nadie puede hacer nada? Si alguno se adhiere á nuestros principios
-será porque tiene suficiente talento y educacion para hacerlo, y á
-fé que todos nuestros esfuerzos no podrian dar ni la una ni el otro
-al que no posea esas cualidades. La filosofía difiere de la fé, en
-que esta obra por sí misma, independientemente del conocimiento que
-se tiene de los dogmas. Nosotros por el contrario creemos, que una
-verdad no tiene valor sino cuando uno la descubre por sí mismo; cuando
-se vé todo el órden de ideas que con ella se enlaza: nosotros no nos
-creemos obligados á no emitir las opiniones que no estén de acuerdo
-con la creencia de una porcion de nuestros semejantes; nosotros no
-nos sacrificamos á las exigencias de las diversas ortodoxias,<span
-class="pagenum" id="Page_l">p. l</span> y lejos en fin de atacarlas ó
-provocarlas, procedemos como si no existiesen. En cuanto á mí, el dia
-que comprendiese que se habia hecho el menor esfuerzo para inducir á
-cualquiera á que participase de mis ideas, tendria un gran sentimiento;
-y me pareceria, ó que mi espíritu se hallaba turbado al escribir este
-libro, ó que pesaba sobre mí alguna cosa que me impedia regocijarme
-ante la alegre contemplacion del universo.</p>
-
-<p>¿Quién no vé por otra parte, que si mi objeto fuese hacer la guerra
-á los cultos establecidos, deberia proceder de otro modo, limitándome
-únicamente á demostrar las imposibilidades y las contradicciones de los
-textos y de los dogmas que se tienen por sagrados? Esta penosa tarea se
-ha hecho mil veces y se ha hecho muy bien. En 1856<a id="FNanchor_61"
-href="#Footnote_61" class="fnanchor">[61]</a> escribia ya lo que
-sigue:</p>
-
-<blockquote>
-
- <p>«Protesto para siempre contra la falsa interpretacion que se dé á
- mis trabajos, si se consideran como obras de polémica los diversos
- ensayos que he publicado, ó que pudiera publicar en lo sucesivo,
- sobre la historia de las religiones. Soy el primero en reconocer que
- tomados como obras de polémica, esos ensayos serian muy pobres, pues
- la polémica exige una estratégia á la que soy completamente extraño,
- porque es preciso saber elegir el lado débil de sus adversarios, no
- tocar jamás las cuestiones inciertas, y abstenerse de toda concesion,
- es decir, renunciar á lo que constituye la esencia misma del espíritu
- científico. Ese no es mi método: la cuestion fundamental sobre
- la que debe girar la discu<span class="pagenum" id="Page_li">p.
- li</span>sion religiosa, es decir, la cuestion de la revelacion y de
- lo natural, yo no la toco nunca; no porque esta cuestion no se haya
- resuelto por mí con entera certeza, sino porque la discusion de ella
- no es científica, ó mejor dicho, porque la ciencia independiente la
- supone resuelta con anterioridad. Á no dudarlo, si yo me propusiese
- entablar una polémica sobre un punto cualquiera, incurriria en un
- defecto capital al trasladar al terreno de los problemas delicados y
- oscuros una cuestion que se puede discutir con más claridad en los
- términos vulgares que para ello emplean por lo general los amantes de
- la controversia y los apologistas. Aun cuando conozca cuantas son las
- ventajas que al decir esto concedo á mis enemigos, me complazco en
- darlas si con ello consigo convencer á los teólogos que mis escritos
- tienen un carácter muy distinto de los suyos, y que no se debe ver en
- ellos sino puras investigaciones de erudicion, atacables como tales,
- y en las que se trata de aplicar á la religion judía y á la religion
- cristiana los principios de crítica que se siguen en los demás
- ramos de la historia y de la filología. En cuanto á la discusion
- de las cuestiones puramente teológicas, no tomaré en ella parte
- alguna, siguiendo en esto el ejemplo de los Sres. Burnouf, Creuzer,
- Guigniaut y otros tantos historiadores críticos de las religiones
- de la antigüedad, que no se han creido obligados á encargarse de
- la refutacion ó apología de los cultos de que se ocupaban. La
- historia de la humanidad es para mí un vasto conjunto donde todo
- es esencialmente desigual y diverso, pero donde todo es del mismo
- órden: sale de<span class="pagenum" id="Page_lii">p. lii</span> las
- mismas causas y obedece á las mismas leyes. Estas son las que yo
- busco sin más objeto que descubrir cuando menos la aproximacion de
- la verdad. Nada me hará dejar mi papel oscuro, aunque útil para la
- ciencia, por el de controversista, cargo fácil de desempeñar, porque
- asegura al escritor el apoyo de las personas que creen deber oponer
- la guerra á la guerra. En esta polémica, cuya necesidad no trataré
- de negar, pero que no está ni en mis gustos ni en mis principios,
- basta Voltaire. No se puede ser á la vez buen controversista y buen
- historiador; Voltaire, tan débil como erudito, Voltaire, que nos
- parece tan poco iniciado en la escuela de la antigüedad á nosotros
- que observamos un método mejor, Voltaire alcanzaria siempre la
- victoria sobre adversarios que se juzgaran tan fuertes como él.
- Seria necesaria una nueva edicion de las obras de aquel grande
- hombre para satisfacer la necesidad del momento y contestar á los
- ataques de la teología de la manera conveniente á la que se trata
- de discutir. Pero hagamos una cosa mejor, nosotros que somos tan
- amantes de lo verdadero como de satisfacer la curiosidad, dejemos
- estos debates á los que se complacen en ellos; trabajemos para ese
- pequeño número que marcha por la gran senda del espíritu humano.
- Ya sé que la popularidad se inclina en favor de los escritores que
- en vez de seguir la forma más elevada de la verdad, se consagran á
- luchar contra las opiniones de su tiempo, pero en justa compensacion,
- aquellos quedan oscurecidos cuando la opinion que combatieron deja
- de existir. Los que han refutado la mágia y la astrología<span
- class="pagenum" id="Page_liii">p. liii</span> en los siglos <span
- class="asc">XVI</span> y <span class="asc">XVII</span>, han prestado
- un servicio inmenso á la razon; y sin embargo, sus escritos son
- desconocidos hoy; su victoria misma es causa de que se les haya
- olvidado.»</p>
-
-</blockquote>
-
-<p>Yo me atendré invariablemente á esta regla de conducta, la única
-conforme con la dignidad del sabio. Yo sé que las investigaciones de
-la historia religiosa se ponen en contacto con ciertas cuestiones que
-parecen exigir una solucion; las personas poco familiarizadas con la
-libre especulacion no comprenden la calma y lentitud del pensamiento;
-los hombres prácticos se impacientan contra la ciencia que no satisface
-pronto sus deseos. No nos dejemos dominar por esa inútil impaciencia;
-guardémonos bien de fundar nada; permanezcamos en nuestras iglesias
-respectivas aprovechándonos de su culto secular y de su tradicion de
-virtud, tomando parte en sus buenas obras y disfrutando de la poesía
-de su pasado. No rechacemos sino su intolerancia, mas sin dejar de
-perdonarla, porque es, como el egoismo, una necesidad de la naturaleza
-humana. Suponer que se pueden fundar en lo sucesivo nuevas familias
-religiosas ó que la proporcion de las que existen hoy cambie mucho, es
-ir contra las apariencias: el catolicismo se verá bien pronto minado
-por grandes cismas; los tiempos de Avignon, de los antipapas, de los
-clementes y de los urbanos van á volver; la Iglesia católica podrá
-reconstruir su siglo <span class="asc">XIV</span>, mas á pesar de sus
-divisiones, siempre será la Iglesia católica. Es probable que dentro
-de cien años no haya variado sensiblemente la relacion entre el número
-de protestantes,<span class="pagenum" id="Page_liv">p. liv</span>
-de católicos y de judíos, pero se habrá verificado un gran cambio,
-sensible á la vista de todos; cada una de esas familias religiosas
-tendrá dos clases de fieles, los unos creyentes absolutos como en la
-Edad media, los otros que prescindirán de la letra para no fijarse
-sino en el espíritu. Este segundo grupo, se irá aumentando poco á
-poco, y atendido á que el espíritu enlaza tanto como la letra divide,
-los espiritualistas de cada comunion irán reuniéndose insensiblemente
-sin intentarlo siquiera. El fanatismo se perderá en una tolerancia
-general; el dogma llegará á ser un arca misteriosa que convendrá no
-abrir jamás si bien esto no seria necesario estando aquella vacía. Yo
-temo que solo una religion resistirá á este movimiento dogmático; me
-refiero al islamismo. Entre algunos musulmanes y hombres eminentes de
-Constantinopla, se conserva la escuela antigua, y en Persia sobre todo,
-se encuentran gérmenes de un espíritu conciliador, pero si estos se
-ven ahogados por el fanatismo de los Ulemas, el islamismo perecerá, y
-para creerlo así, tenemos dos razones evidentes; la primera es que la
-civilizacion moderna no desea que los antiguos cultos mueran del todo;
-la segunda es que no tolerará que entorpezcan su marcha las antiguas
-instituciones religiosas. Á estas no les queda más recurso sino ceder ó
-morir.</p>
-
-<p>En cuanto á la religion pura, que pretende precisamente no ser una
-secta ni una iglesia aparte, ¿por qué se ha de colocar en una posicion
-que puede ofrecerle muchos inconvenientes y ninguna ventaja? ¿Por qué
-ha de enarbolar bandera contra bandera, sabiendo que la sal<span
-class="pagenum" id="Page_lv">p. lv</span>vacion es posible á todos y
-por todas partes, y que depende del grado de virtud de cada uno? No es
-extraño que el protestantismo provocara una encarnizada guerra en el
-siglo <span class="asc">XVI</span>: el protestantismo partia de una fé
-muy absoluta, y lejos de debilitar el dogmatismo, la reforma señaló
-un renacimiento del espíritu cristiano, el más rígido que pudiera
-conocerse. El movimiento del siglo <span class="asc">XIX</span>,
-por el contrario, parte de un sentimiento que es la inversa del
-dogmatismo, y conducirá, no á formar sectas ó iglesias separadas,
-sino á dulcificar aquellas. Las divisiones aumentan el fanatismo
-de la ortodoxia provocando reacciones: los Luteros y los Calvinos
-produjeron los Caraffa; los Ghislieri dieron ejemplo á los Loyolas y á
-Felipe <span class="asc">II</span>. Si nuestra iglesia nos rechaza, no
-hagamos recriminaciones; sepamos apreciar la dulzura de las costumbres
-modernas que ha hecho impotentes esos ódios; consolémonos al pensar
-en esa iglesia invisible que encierra los santos excomulgados, las
-más hermosas almas de cada siglo. Los desterrados de una iglesia, son
-siempre los elegidos porque se anticipan á los tiempos; el hereje de
-hoy es el ortodoxo del porvenir. ¿Y qué es por otra parte la excomunion
-de los hombres? El Padre celestial no excomulga más que á los corazones
-duros y mezquinos: si el sacerdote rehusa admitirnos en su cementerio,
-prohibamos á nuestras familias reclamar; Dios es quien juzga; la tierra
-es una buena madre que no establece diferencias; el cadáver del hombre
-honrado que se entierra en un rincon no bendecido, lleva la bendicion
-consigo.</p>
-
-<p>Á no dudarlo hay situaciones en que es difícil la<span
-class="pagenum" id="Page_lvi">p. lvi</span> aplicacion de estos
-principios: hay personas adictas en cierto modo á la fé absoluta, y al
-decir esto, quiero hablar de los hombres sujetos á las órdenes sagradas
-ó revestidos de un órden sacerdotal, pero aun en este caso, un alma
-noble y hermosa puede salir de apuro. Si un digno cura de aldea llega á
-comprender, merced á sus estudios solitarios ó á la pureza de su vida,
-las imposibilidades del dogmatismo literal ¿por qué ha de contristar á
-los que ha consolado hasta entonces, explicando á las gentes sencillas
-cambios que estas no pueden comprender? ¡No quiera Dios que así
-suceda! No hay dos hombres en el mundo que tengan precisamente los
-mismos deberes que cumplir. El buen obispo Colenso dió una prueba de
-honradez, sin ejemplo en la iglesia, al escribir sus dudas tan pronto
-como le ocurrieron; pero el humilde sacerdote católico que se halla en
-un país donde predomina un espíritu apocado y tímido, debe callarse.
-¡Oh, cuántas tumbas discretas de las que se encuentran al rededor de
-las iglesias de un pueblo, ocultan poéticos secretos y angelicales
-silencios!</p>
-
-<p>La teoría no es la práctica: lo ideal debe ser siempre lo ideal;
-debe temer contaminarse al contacto de la realidad. No se hacen grandes
-cosas sino teniendo ideas estrictamente fijas, pues la capacidad humana
-es una cosa limitada; el hombre que no tuviese ninguna preocupacion
-seria impotente. Disfrutemos de la libertad de los hijos de Dios,
-pero no seamos cómplices de la disminucion de virtud que amenazaria
-á nuestras sociedades si el cristianismo llegara á debilitarse.
-¿Qué seriamos sin esto? ¿Quién reemplazaria á esas grandes<span
-class="pagenum" id="Page_lvii">p. lvii</span> escuelas tales como
-la de San Sulpicio; á ese ministerio de abnegacion de las Hijas de
-la Caridad? ¿Cómo no temer la ceguedad del corazon y los males que
-invadirian el mundo? Nuestra disidencia con las personas que creen
-en las religiones positivas, no es, despues de todo, sino puramente
-científica; por el corazon, estamos con ellas; solo tenemos un enemigo
-que tambien es el suyo, y al decir esto, me refiero al materialismo
-vulgar, á la bajeza del hombre interesado.</p>
-
-<p>Así pues, ¡paz en el nombre de Dios! Que vivan el uno al lado del
-otro los diversos órdenes de la humanidad, no falseando su propio
-genio para hacerse concesiones recíprocas, que los debilitarian, sino
-apoyándose mútuamente. Nada debe reinar aquí bajo exclusivamente;
-ninguna fuerza debe hallarse en estado de suprimir las demás. La
-armonía de la humanidad resulta de la libre emision de las notas
-más discordantes; que la ortodoxia consiga matar á la ciencia, y ya
-sabemos lo que sucederá; el mundo musulman y la España mueren por haber
-contribuido harto concienzudamente á la realizacion de este hecho. Si
-el mundo se dejara gobernar por el racionalismo, sin consideracion á
-las necesidades religiosas del alma, ahí está la experiencia de la
-Revolucion francesa para decirnos cuáles serian las consecuencias
-de semejante falta. El instinto del arte llevado al último extremo,
-pero sin honradez, convirtió á la Italia del renacimiento en un lugar
-peligroso. El fastidio, la vanidad y el atraso, son el castigo de
-ciertos países protestantes donde, bajo el pretexto del buen sentido
-y del espíritu cristiano, se ha suprimido<span class="pagenum"
-id="Page_lviii">p. lviii</span> el arte y reducido la ciencia de una
-manera mezquina. Lucrecia y Santa Teresa, Aristófanes y Sócrates,
-Voltaire y Francisco de Asís, Rafael y Vicente de Paul, tienen
-igualmente su razon de ser, y la humanidad seria defectuosa si faltara
-uno solo de los elementos que la componen.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_1">
- <p><span class="pagenum" id="Page_59">p. 59</span></p>
- <p class="centra g0 ws1 fs200">LOS APÓSTOLES.</p>
- <hr class="tir" />
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO I.</h2>
- <p class="subh2">Formacion de las creencias relativas á la
- resurreccion de Jesús. — Las apariciones de Jerusalem.</p>
-</div>
-
-<div class="sidenote">Año 33</div>
-
-<p>Aunque Jesús hablaba continuamente de resurreccion y nueva vida,
-no habia dicho nunca claramente que resucitaria en su carne<a
-id="FNanchor_62" href="#Footnote_62" class="fnanchor">[62]</a>.
-Durante las primeras horas que siguieron á su muerte, sus discípulos
-no sabian á qué atenerse fijamente sobre este punto, pero segun la
-opinion que ingénuamente emitieron, suponian que todo estaba acabado.
-Lloran y entierran á su amigo, si no como á un muerto vulgar, al menos
-como á una persona cuya pérdida es irreparable<a id="FNanchor_63"
-href="#Footnote_63" class="fnanchor">[63]</a>; están tristes y
-abatidos; pierden la esperanza que tenian de que su maestro redimiese á
-Israel, y diríase en fin, que se desvanecia la más querida ilusion de
-aquellos hombres.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_60">p. 60</span>Pero el entusiasmo
-y el amor no conocen las situaciones sin salida: se burlan de la
-impostura, y antes que renunciar á la esperanza, violentan la
-realidad. Algunas palabras que se recordaba habia dicho el maestro,
-sobre todo, aquellas por las cuales predijo su futuro advenimiento,
-podian interpretarse en el sentido de que saldria de la tumba,<a
-id="FNanchor_64" href="#Footnote_64" class="fnanchor">[64]</a> y
-semejante creencia era por otra parte tan natural, que la fé de los
-discípulos hubiera bastado para confirmarla en todas sus partes. Segun
-la opinion general, Enoc y Elías no habian muerto, y ya se empezaba á
-creer que los patriarcas y los hombres de primer órden de la antigua
-ley, no habian muerto tampoco realmente, y que sus cuerpos se hallaban
-en sus sepulcros, en Hebron, vivos y animados.<a id="FNanchor_65"
-href="#Footnote_65" class="fnanchor">[65]</a> Debia suceder con Jesús
-lo que con todos los hombres que han cautivado la atencion de sus
-semejantes; acostumbrado el mundo á suponerles virtudes sobrehumanas,
-no puede admitir que se hallen sujetos á la ley injusta é inícua
-de la muerte comun. En el momento de expirar Mahoma, Omar salió de
-la tienda sable en mano y declaró que cortaria la cabeza al que se
-atreviese á decir que el profeta ya no existia.<a id="FNanchor_66"
-href="#Footnote_66" class="fnanchor">[66]</a> La muerte es una cosa
-tan absurda cuando hiere al hombre de genio ó de gran corazon, que el
-pueblo no cree en la posibilidad de semejante error de la naturaleza.
-Los héroes no mueren: ¿no es<span class="pagenum" id="Page_61">p.
-61</span> acaso la verdadera existencia la memoria que se conserva en
-el corazon de los que nos aman? Aquel adorado maestro habia llenado
-de alegría y de esperanza durante algunos años al pequeño mundo que
-se agrupaba á su alrededor. ¿Habria de dejársele pudrir en su tumba?
-No; habia vivido demasiado en el recuerdo de sus oyentes, para que
-no se afirmase despues de su muerte que vivia aún<a id="FNanchor_67"
-href="#Footnote_67" class="fnanchor">[67]</a>.</p>
-
-<p>El dia que siguió al enterramiento de Jesús (sábado, 15 de nisan)
-todos se entregaron á estas reflexiones, y nadie trabajó porque era
-dia de sábado, pero jamás el descanso pudo ser tan fecundo, pues
-el pensamiento cristiano no tuvo que ocuparse aquel dia sino del
-maestro depositado en la tumba. Las mujeres, sobre todo, le prodigaban
-mentalmente sus más tiernas caricias, sin poder olvidar por un instante
-al dulce amigo que reposaba sobre su mirra, despues de haber sido
-muerto por los malos. ¡Ah! ¡sin duda los ángeles que le rodeaban, se
-cubrian la faz con su sudario! Bien decia él que iba á morir, que su
-muerte seria la salvacion del pecador, y que resucitaria en el reino de
-su Padre. Sí, él resucitará. ¡Dios no puede permitir que su hijo sea
-presa de los infiernos; no consentirá que su hijo vea la corrupcion!<a
-id="FNanchor_68" href="#Footnote_68" class="fnanchor">[68]</a> ¿Qué
-importa que le cubra la losa de la tumba? Él la levantará; él subirá
-á la diestra de Dios Padre de donde ha bajado; le volveremos á ver,
-oiremos su voz deliciosa y su palabra divina, y en vano le habrán dado
-muerte.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_62">p. 62</span>La creencia en la
-inmortalidad del alma, que por la influencia de la filosofía griega
-ha llegado á ser un dogma del cristianismo, permite consolarse
-fácilmente ante la idea de la muerte, puesto que con la destruccion
-del cuerpo, en esta hipótesis, queda el alma en libertad y no está
-ya sujeta por los lazos sin los cuales puede existir. Pero esta
-teoría, que considera al hombre como un compuesto de dos sustancias,
-no era muy clara para los judíos. El reinado de Dios y el del
-espíritu, consistia para ellos en una completa transformacion del
-mundo y en el aniquilamiento de la muerte.<a id="FNanchor_69"
-href="#Footnote_69" class="fnanchor">[69]</a> Reconocer que la muerte
-podia vencer á Jesús, al que venia á suprimir su imperio, era el colmo
-del absurdo: solo la idea de que el maestro pudiera sufrir, habia
-indignado á sus discípulos<a id="FNanchor_70" href="#Footnote_70"
-class="fnanchor">[70]</a>, los cuales no pudieron luego elegir entre
-la desesperacion ó una afirmacion heróica. Á un hombre penetrante le
-hubiera sido dable anunciar desde el sábado que Jesús resucitaria, y
-en efecto, la pequeña sociedad cristiana hizo aquel dia el verdadero
-milagro; al resucitar á Jesús en su corazon, por el amor intenso que le
-profesaban, resolvió que Jesús no muriera: el amor en aquellas almas
-apasionadas fué en verdad más fuerte que la muerte,<a id="FNanchor_71"
-href="#Footnote_71" class="fnanchor">[71]</a> y como la cualidad
-de la pasion es ser comunicativa, encendiendo cual una antorcha un
-sentimiento que se le asemeja, y se propaga luego indefinidamente,
-Jesús ha resucitado ya bajo cierto punto de vista. Que un hecho<span
-class="pagenum" id="Page_63">p. 63</span> material é insignificante
-nos permita creer que su cuerpo no está aquí abajo, y se funda para la
-eternidad el dogma de la resurreccion.</p>
-
-<p>Esto fué precisamente lo que sucedió, en circunstancias, que aunque
-en parte oscuras, á causa de la incoherencia de las tradiciones,
-se pueden apreciar con un grado suficiente de probabilidad<a
-id="FNanchor_72" href="#Footnote_72" class="fnanchor">[72]</a>.</p>
-
-<p>El domingo por la mañana muy temprano, las mujeres galileas,
-que el viernes por la noche habian embalsamado apresuradamente el
-cuerpo, se dirigieron al sepulcro donde se habia depositado aquel
-provisionalmente. Entre aquellas mujeres, iban María Magdalena,
-María Cleofas, Salomé, Juana, mujer de Kouza, y otras varias<a
-id="FNanchor_73" href="#Footnote_73" class="fnanchor">[73]</a>,
-siendo probable que llegasen cada una por su lado, pues es difícil
-poner en duda la tradicion de los tres Evangelios sinópticos, segun
-la cual llegaron al sepulcro varias mujeres<a id="FNanchor_74"
-href="#Footnote_74" class="fnanchor">[74]</a>, aunque es cierto, por
-otra parte, que en los dos relatos más auténticos<a id="FNanchor_75"
-href="#Footnote_75" class="fnanchor">[75]</a> que tenemos de la
-resurreccion, María Magdalena desempeña por sí sola un papel importante
-en aquel momento solemne. Á ella pues, debemos<span class="pagenum"
-id="Page_64">p. 64</span> seguir paso á paso, porque aquel dia, y
-durante una hora, cargó con todo el peso de la conciencia cristiana: su
-testimonio decidió la fé del porvenir.</p>
-
-<p id="Caveau">Recordemos que el sepulcro donde se habia encerrado
-el cuerpo de Jesús, se acababa de abrir en la roca, y estaba situado
-en un jardin cerca del lugar de la ejecucion<a id="FNanchor_76"
-href="#Footnote_76" class="fnanchor">[76]</a> por cuya circunstancia
-se eligió con preferencia este sitio en vista de que era sábado<a
-id="FNanchor_77" href="#Footnote_77" class="fnanchor">[77]</a> y no se
-queria infringir la ley que mandaba no trabajar en este dia. El primer
-Evangelio, no obstante, añade una circunstancia, y es que el sepulcro
-pertenecia á José de Arimatea, pero en general las circunstancias
-anecdóticas que nos da el primer Evangelio para el fondo comun de
-la tradicion, no tienen valor alguno, sobre todo al tratarse de los
-últimos dias de la vida de Jesús<a id="FNanchor_78" href="#Footnote_78"
-class="fnanchor">[78]</a>. El mismo Evangelio nos dice tambien que se
-puso una guardia en el sepulcro<a id="FNanchor_79" href="#Footnote_79"
-class="fnanchor">[79]</a>, pero atendiendo al silencio que guardan
-los demás, este dato no tiene visos de probabilidad.—Recordemos
-tambien que las tumbas funerarias, eran una especie de habitaciones
-bajas, abiertas en una roca inclinada, cortada verticalmente, y que
-la puerta, por lo general, se formaba con una piedra muy grande y
-pesada que encajaba en un hueco<a id="FNanchor_80" href="#Footnote_80"
-class="fnanchor">[80]</a>. Estos recintos no se cerraban con llave
-ni<span class="pagenum" id="Page_65">p. 65</span> cerradura; el peso
-de la piedra era la única garantía de seguridad contra los ladrones
-ó profanadores de las tumbas, y por esto se hacia de modo que fuera
-necesaria una máquina para mover la piedra ó los esfuerzos reunidos
-de varios hombres.—Todas las tradiciones están conformes en que la
-piedra se habia colocado en el orificio del sepulcro el viernes por la
-noche.</p>
-
-<p>Ahora bien; cuando llegó María Magdalena el domingo por la mañana,
-la piedra no se encontraba en su sitio; hallábase el sepulcro abierto y
-el cuerpo ya no estaba allí. María Magdalena aún no tenia una idea muy
-clara acerca de la resurreccion; lo que llenaba su alma era un tierno
-sentimiento y el deseo de hacer las honras fúnebres á su divino amigo,
-y así es que sus primeras impresiones fueron la sorpresa y el dolor. La
-desaparicion de aquel cuerpo querido, le arrebataba su último consuelo
-y alegría; ¡ya no le tocaria más con sus manos!... ¿Y qué habria sido
-de él?... La idea de una profanacion cruzó por su mente, pero al
-mismo tiempo, concibió una vaga esperanza. Sin perder momento, corre
-á una casa donde se hallaban reunidos Pedro y Juan<a id="FNanchor_81"
-href="#Footnote_81" class="fnanchor">[81]</a> y les dice: «Se<span
-class="pagenum" id="Page_66">p. 66</span> han llevado el cuerpo del
-maestro y no sabemos dónde le han puesto.»</p>
-
-<p>Los dos discípulos se levantan apresuradamente y echan á correr:
-Juan, el más jóven, llega primero y se inclina para mirar en el
-interior del sepulcro; María tenia razon: el sepulcro estaba
-vacío, y los lienzos que sirvieron para amortajar el cuerpo, se
-hallaban diseminados por el suelo. Poco despues llega Pedro, entra
-con su compañero, examina los lienzos, manchados sin duda de
-sangre, y observan que el sudario que rodeara la cabeza de Jesús
-está tirado en un rincon<a id="FNanchor_82" href="#Footnote_82"
-class="fnanchor">[82]</a>. Pedro y Juan se retiran á su casa muy
-agitados; si no pronuncian aún la palabra decisiva «ha resucitado,»
-bien puede decirse que deducian esta consecuencia y que estaba ya
-fundado el dogma generador del cristianismo.</p>
-
-<p>Cuando Pedro y Juan hubieron salido del jardin, María permaneció
-sola al borde del sepulcro llorando amargamente. Un solo pensamiento
-la preocupaba: ¿dónde habrian puesto el cuerpo? Su corazon de mujer
-solo anhelaba tener una vez más en sus brazos el cadáver querido. De
-pronto oye un ligero rumor á su espalda: un hombre está de pié delante
-de ella: María cree que es el jardinero y exclama: «¡Oh!, si eres tú
-quien se le ha llevado, dime dónde le has puesto para ir á buscarle.»
-Por toda respuesta oye que pronuncian su nombre «¡María!» Era la misma
-voz que tantas veces la conmoviera: era el acento de Jesús. «¡Oh<span
-class="pagenum" id="Page_67">p. 67</span> mi maestro!» exclama ella
-tratando de tocarle; pero por un movimiento instintivo se inclina
-como para besarle los piés<a id="FNanchor_83" href="#Footnote_83"
-class="fnanchor">[83]</a>. Entonces la vision se aparta con ligereza
-y dice: «¡No me toques!» Poco á poco desaparece la sombra<a
-id="FNanchor_84" href="#Footnote_84" class="fnanchor">[84]</a>, pero
-el milagro de amor se ha consumado ya. Lo que Céfas no habia podido
-hacer, lo ha hecho María: ha sabido sacar del sepulcro vacío la vida
-y la dulce y penetrante palabra de Jesús. Ya no se trata de deducir
-consecuencias ni de hacer conjeturas: María ha visto y ha oido: la
-resurreccion tiene su primer testigo ocular.</p>
-
-<p>Loca de amor, embriagada de alegría, entra María en la ciudad
-y dice á los primeros discípulos que encuentra<a id="FNanchor_85"
-href="#Footnote_85" class="fnanchor">[85]</a> «Le he visto; me ha
-hablado.» Su agitacion extremada<a id="FNanchor_86" href="#Footnote_86"
-class="fnanchor">[86]</a>, sus frases entrecortadas y sin hilacion,
-hicieron creer á algunos que estaba loca<a id="FNanchor_87"
-href="#Footnote_87" class="fnanchor">[87]</a>. Pedro y Juan por
-su parte, cuentan lo que han visto; otros discípulos van al
-sepulcro y ven lo mismo<a id="FNanchor_88" href="#Footnote_88"
-class="fnanchor">[88]</a>, y bien pronto todo aquel grupo conviene
-en que Jesús ha resucitado. Aún quedaban muchas dudas, pero la
-seguridad de María, Pedro y Juan, se comunicó á los demás, y más tarde
-se llamó á esto <i>la vision de San Pedro</i><a id="FNanchor_89"
-href="#Footnote_89" class="fnanchor">[89]</a>. Pablo, particularmente,
-no habla de la vi<span class="pagenum" id="Page_68">p. 68</span>sion
-de María y hace recaer en Pedro el honor de la primera aparicion, pero
-esto no es exacto, puesto que aquel solo vió el sepulcro vacío, el
-lienzo y el sudario. Solo María amó lo bastante para vencer las leyes
-de la naturaleza y resucitar el fantasma del maestro. En esta especie
-de crísis maravillosas, ver despues de los otros, no es nada: todo el
-mérito está en ser el primero, porque los otros modelan despues la
-vision segun lo que se les ha dicho. Es condicion de las organizaciones
-privilegiadas, concebir la imágen con precision é inmediatamente, por
-una especie de intuicion del dibujo. La gloria de la resurreccion
-pertenece pues á María Magdalena: despues de Jesús, María es quien ha
-hecho más por la fundacion del cristianismo; la sombra creada por los
-delicados sentidos de Magdalena se cierne aún sobre el mundo; reina y
-patrona de los idealistas, Magdalena ha sabido mejor que nadie realizar
-su sueño, é imponer á todos la santa vision de su alma apasionada. Su
-firme resolucion al decir: «¡ha resucitado!» ha sido la base de la fé
-de la humanidad. ¡Lejos de aquí razonamientos impotentes! No apliquemos
-un frio análisis á esa obra maestra del idealismo y del amor. Si la
-sabiduría renuncia á consolar á esa pobre raza humana, dejad á la
-locura que lo intente. ¿Dónde está el sabio que ha dado al mundo tanta
-alegría como la poseida María Magdalena?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_69">p. 69</span>Sin embargo, las
-demás mujeres que habian ido al sepulcro, circularon diversos rumores<a
-id="FNanchor_90" href="#Footnote_90" class="fnanchor">[90]</a>:
-ellas no habian visto á Jesús<a id="FNanchor_91" href="#Footnote_91"
-class="fnanchor">[91]</a>, pero hablaban de una figura blanca que
-divisaron en el sepulcro y que les dijo: «Ya no está aquí: volved á
-Galilea, á donde os precederá<a id="FNanchor_92" href="#Footnote_92"
-class="fnanchor">[92]</a>.» Acaso fueran los lienzos blancos la
-causa de esta alucinacion; puede ser tambien que no vieran nada
-y que no hablasen de su vision sino cuando María Magdalena hubo
-referido la suya. En efecto<a id="FNanchor_93" href="#Footnote_93"
-class="fnanchor">[93]</a> segun uno de los textos más auténticos,
-guardaron silencio por algun tiempo, silencio que se atribuyó despues
-al terror. Como quiera que sea, estos relatos iban aumentándose á cada
-momento y sufrian extrañas transformaciones: se dijo que la figura
-blanca era el ángel de Dios; que su vestido era deslumbrador como
-la nieve y que su semblante resplandecia como un relámpago; otros
-hablaban de dos ángeles, uno de los cuales apareció á la cabeza del
-sepulcro y otro á los piés<a id="FNanchor_94" href="#Footnote_94"
-class="fnanchor">[94]</a>, y por último llegada la noche, muchas
-personas creian ya acaso que las mujeres habian visto bajar un ángel
-del cielo, levantar la piedra, y á Jesús lanzarse fuera con<span
-class="pagenum" id="Page_70">p. 70</span> estrépito<a id="FNanchor_95"
-href="#Footnote_95" class="fnanchor">[95]</a>. Ellas mismas variaban
-sin duda sus declaraciones<a id="FNanchor_96" href="#Footnote_96"
-class="fnanchor">[96]</a>; sometidas á la influencia de la imaginacion
-de los otros, como sucede siempre á las gentes del pueblo, prestábanse
-á todos los embellecimientos imaginables y contribuian á crear
-la naciente leyenda. Aquel dia, en que reinó la mayor agitacion,
-puede decirse que fué decisivo, pues la pequeña sociedad comenzó
-á dispersarse. Algunos se habian marchado ya á Galilea, y otros
-se ocultaron por temor:<a id="FNanchor_97" href="#Footnote_97"
-class="fnanchor">[97]</a> la deplorable escena del viernes, el
-espectáculo desgarrador que todos presenciaron al ver morir á aquel
-de quien tanto esperaban, sin que su Padre fuera á salvarle, bastó
-para hacer vacilar la fé de muchos. Las noticias dadas por las mujeres
-y por Pedro, fueron oidas con una incredulidad mal disimulada;<a
-id="FNanchor_98" href="#Footnote_98" class="fnanchor">[98]</a>
-circulaban rumores á cual más diversos; las mujeres iban de un punto
-á otro refiriendo cuentos extraños, y comenzaban á experimentarse
-diversos sentimientos. Los unos lloraban aún el triste acontecimiento
-de la víspera; mostrábanse otros triunfantes; todos estaban dispuestos
-á escuchar los relatos más extraordinarios; y sin embargo, la
-desconfianza que inspiraba la exaltacion de María Magdalena,<a
-id="FNanchor_99" href="#Footnote_99" class="fnanchor">[99]</a> la
-poca autoridad que tenian los asertos de las<span class="pagenum"
-id="Page_71">p. 71</span> mujeres y la incoherencia de sus noticias,
-inspiraban grandes dudas. Esperábanse nuevas visiones que no podian
-menos de presentarse; el estado en que se hallaba la secta era
-completamente favorable á la propagacion de los rumores extraños;
-si toda la pequeña iglesia hubiese estado reunida, habria sido
-imposible la creacion legendaria, pues los que sabian el secreto de la
-desaparicion del cuerpo, hubieran protestado probablemente contra el
-error, si bien la situacion de los ánimos era lo más á propósito para
-admitir toda clase de noticias por inverosímiles que fuesen.</p>
-
-<p>Las almas en que se produce el éxtasis ó el sentimiento de las
-apariencias, tienen el don de contagiar á las demás. La historia
-de todas las grandes crísis religiosas, prueba que esta especie de
-visiones se comunican:<a id="FNanchor_100" href="#Footnote_100"
-class="fnanchor">[100]</a> en una reunion de personas que abundan en
-las mismas creencias, basta que un individuo de la sociedad afirme
-ver ú oir alguna cosa sobrenatural, para que los demás lo oigan y
-vean tambien. Cuando entre los protestantes perseguidos circulaba el
-rumor de que se habia oido á los ángeles cantar salmos en las ruinas
-de un templo acabado de destruir, todos iban y oian el mismo salmo;<a
-id="FNanchor_101" href="#Footnote_101" class="fnanchor">[101]</a> en
-casos de este género,<span class="pagenum" id="Page_72">p. 72</span>
-los más exaltados son los que hacen la ley y regulan el grado de la
-atmósfera comun. La exaltacion de los unos se comunica á los otros;
-nadie quiere quedarse atrás, ni creer que es menos favorecido que
-sus compañeros, y los que no ven nada acaban por creer, ó que son
-menos inteligentes ó que no se dan cuenta de sus sensaciones, pero
-de todos modos se guardan muy bien de confesarlo, pues turbarian
-la fiesta, y contristarian á los demás, poniéndose en mal lugar.
-Cuando se produce una aparicion en semejantes reuniones, es por lo
-tanto regular que todos la vean ó acepten, y aquí debemos recordar
-cuál era el grado de instruccion de los discípulos de Jesús. Ellos
-creian en los fantasmas;<a id="FNanchor_102" href="#Footnote_102"
-class="fnanchor">[102]</a> imaginábanse estar rodeados de milagros,
-y no participan en nada de la ciencia positiva de la época, de esa
-ciencia que solo existia entonces entre algunos pocos hombres, hijos
-del país donde habia penetrado la cultura griega. La Palestina era en
-este concepto uno de los países más atrasados, pero aún lo era más la
-Galilea, y los discípulos de Jesús podian considerarse como los más
-ignorantes de todos y á su misma sencillez debieron ser los elegidos.
-En semejante sociedad, era extraordinariamente fácil propagar la
-creencia en los hechos maravillosos; una vez emitida la opinion de que
-habia resucitado Jesús, debieron producirse numerosas visiones, y se
-produjeron en efecto.</p>
-
-<p>El mismo dia del Domingo, á una hora bastante avanzada de la mañana,
-y cuando ya habian circula<span class="pagenum" id="Page_73">p.
-73</span>do los relatos de las mujeres, dos discípulos uno de
-los cuales se llamaba Cleofas, emprendieron un corto viaje á una
-aldea llamada Emmaus,<a id="FNanchor_103" href="#Footnote_103"
-class="fnanchor">[103]</a> situada á poca distancia de Jerusalem.<a
-id="FNanchor_104" href="#Footnote_104" class="fnanchor">[104]</a>
-Por el camino, hablaban de los últimos acontecimientos, poseidos de
-tristeza cuando se les apareció un desconocido preguntándoles la causa
-de su afliccion. «¿Has estado tan poco en Jerusalem, le dijeron, que
-ignoras lo que acaba de suceder? ¿No has oido hablar de Jesús de
-Nazaret, que fué un hombre profeta, poderoso en obras y palabras ante
-Dios y el pueblo? ¿Ignoras por ventura de qué modo los sacerdotes y
-los grandes le han hecho condenar y crucificar? Nosotros esperábamos
-que él redimiria á Israel, y ahora ya hace tres dias que todo está
-acabado. Algunas de nuestras mujeres nos han hecho concebir esta
-mañana extrañas dudas, pues han ido al sepulcro antes de amanecer y
-no han encontrado el cuerpo, si bien afirman haber visto ángeles que
-les han dicho que vivia. Algunos de los nuestros fueron tambien luego
-al sepulcro y hallaron ser así como las mujeres habian dicho, mas no
-le vieron á él». El desconocido era un hombre piadoso, que versado
-en las Escrituras citaba á Moisés y á los profetas, y aquellos<span
-class="pagenum" id="Page_74">p. 74</span> tres hombres comenzaron á
-departir amistosamente. Al aproximarse á Emmaus, y como quiera que el
-desconocido se mostrase dispuesto á continuar su marcha, suplicáronle
-los discípulos que se quedara á cenar con ellos. Declinaba el dia y los
-recuerdos de Cleofas y su compañero iban siendo más dolorosos, porque
-aquella hora de la noche era la que les inspiraba más melancolía.
-¡Cuántas veces habian visto en tales momentos al maestro querido
-descansar de las tareas del dia y conversar agradablemente con ellos,
-hablándoles del fruto de la viña que tomaria con ellos en el reino de
-su Padre! El ademan que hacia al cortar el pan y ofrecérselo, segun la
-costumbre del jefe de la casa entre los judíos, estaba profundamente
-grabado en su memoria; poseidos de una dulce tristeza, olvidaban
-al extranjero y no veian más que á Jesús ofreciéndoles el pan que
-tenia en la mano. Preocupados con estos recuerdos, no se aperciben
-que su compañero, que sin duda estaba de prisa, se habia marchado, y
-cuando hubieron vuelto en sí de sus reflexiones se dijeron: «¿No has
-experimentado alguna cosa extraña? ¿No recuerdas que nuestro corazon
-parecia abrasarse cuando nos hablaba ese desconocido?»—«Y las profecías
-que citaba, prueban bien que el Mesías debe padecer para entrar en
-su gloria. ¿No le has reconocido tambien al partir el pan?»—«Sí,
-nuestros ojos estaban cerrados, y se han abierto ahora que acaba de
-desaparecer.» Los dos discípulos se convencieron de que habian visto á
-Jesús y volvieron presurosos á Jerusalem.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_75">p. 75</span>El grupo principal
-de los discípulos se hallaba precisamente reunido en aquel momento
-al rededor de Pedro,<a id="FNanchor_105" href="#Footnote_105"
-class="fnanchor">[105]</a> y era ya muy entrada la noche. Cada
-uno comunicaba sus impresiones y lo que habia oido decir, siendo
-la creencia general que Jesús habia resucitado. Al entrar
-los dos discípulos, se les habló de lo que se llamaba <i>la
-vision de Pedro</i>,<a id="FNanchor_106" href="#Footnote_106"
-class="fnanchor">[106]</a> y ellos por su parte contaron lo que les
-sucediera en el camino, y como acababan de reconocer al maestro
-al cortar el pan. Entonces la imaginacion de todos se sobrescitó
-vivamente: las puertas estaban cerradas porque se temia á los
-judíos, y como las ciudades Orientales están mudas cual la tumba
-despues de la puesta del sol, el silencio era cada vez más profundo
-en el interior y todos los más leves rumores que se producian por
-casualidad, inducian á creer que iba á realizarse la esperanza de
-todos. La ilusion crea por lo general su objeto.<a id="FNanchor_107"
-href="#Footnote_107" class="fnanchor">[107]</a> Durante un momento de
-silencio, pasó sin duda entre los concurrentes un soplo de la brisa,
-pero en instantes como aquel, una corriente de aire, una ventana que
-rechina, un murmullo fortuito, bastan para fijar la creencia de los
-pueblos por espacio de varios siglos. Al mismo tiempo de soplar la
-brisa, creyéronse oir ciertos sonidos, y algunos dijeron que<span
-class="pagenum" id="Page_76">p. 76</span> acababan de percibir entre
-aquellos la palabra <i>schalom</i> «felicidad ó paz», que era la frase
-que por lo general empleaba Jesús para indicar su presencia. No cabia
-duda; Jesús estaba presente entre la asamblea, aquella era su voz
-querida, todos la reconocian<a id="FNanchor_108" href="#Footnote_108"
-class="fnanchor">[108]</a> con tanta más razon cuanto que el maestro
-les habia dicho que siempre que se reunieran en su nombre se hallaria
-entre ellos. Quedó pues sentado que el Domingo por la noche, se habia
-aparecido Jesús á sus discípulos; algunos aseguraban haber observado
-en sus manos y piés la señal de los clavos, y en su costado la herida
-de la lanza. Segun una tradicion muy conocida, aquella noche misma
-fué cuando sus discípulos percibieron el soplo del Espíritu Santo,<a
-id="FNanchor_109" href="#Footnote_109" class="fnanchor">[109]</a> idea
-que fué generalmente admitida.</p>
-
-<p>Tales fueron los incidentes de aquel dia en que se fijó la suerte de
-la humanidad: la opinion de que Jesús habia resucitado, quedó fundada
-irrevocablemente, y la secta que se habia tratado de extinguir dando
-muerte al maestro, dejó entonces asegurado un porvenir inmenso.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_77">p. 77</span>Sin embargo, aún
-quedaban algunas dudas:<a id="FNanchor_110" href="#Footnote_110"
-class="fnanchor">[110]</a> el apóstol Tomás, que no asistió á la
-reunion que tuvo lugar el domingo por la noche, confesó que envidiaba
-la suerte de los que habian visto la señal de la lanzada y de los
-clavos, y aunque se dice que ocho dias despues quedó satisfecho,<a
-id="FNanchor_111" href="#Footnote_111" class="fnanchor">[111]</a>
-conservó un ligero á la par que dulce resentimiento. Por una
-consideracion instintiva de exquisita precision, comprendíase que el
-ideal no debe tocarse con las manos ni se le debe sujetar tampoco á
-la experiencia. <i>Noli me tangere</i>, es la palabra de los grandes
-amores. El tacto no es necesario para la fé; la vista, órgano más
-puro y noble que la mano, la vista que no mancha nada ni se mancha
-tampoco, llegó á ser bien pronto un testigo supérfluo; luego dominó á
-todos un sentimiento particular; toda vacilacion pareció una falta de
-lealtad y de amor, se tuvo vergüenza de quedarse atrás, y ninguno, en
-fin, deseó ya ver. La frase «¡felices los que no han visto y creen!»<a
-id="FNanchor_112" href="#Footnote_112" class="fnanchor">[112]</a> se
-puso en boga; comprendióse que era más generoso creer sin pruebas, y
-los verdaderos amigos de corazon no sentian no haber tenido visiones,<a
-id="FNanchor_113" href="#Footnote_113" class="fnanchor">[113]</a> así
-como más tarde San Luis rehusaba ser testigo de un milagro eucarístico,
-para no rebajar el mérito de la fé. En efecto, desde entonces se
-produjo á porfía una<span class="pagenum" id="Page_78">p. 78</span>
-especie de emulacion que rayaba en delirio: el mérito consistia en
-creer sin haber visto; la fé á toda costa, la fé gratuita, la fé que
-llegaba hasta la locura, se exaltó como el primero de los dones del
-alma. El <i>credo quia absurdum</i> está fundado; la ley de los dogmas
-cristianos será una extraña progresion que no se detendrá ante ningun
-obstáculo; una especie de sentimiento caballeresco, impedirá que se
-mire hácia atrás; los dogmas más queridos de la piedad, aquellos á
-los cuales se enlazará más estrechamente, serán los más repugnantes á
-la razon á causa de esa idea sublime de que el valor moral de la fé
-aumenta en proporcion de la dificultad de creer, y de que no se prueba
-el amor, admitiendo lo que es claro y evidente.</p>
-
-<p>Así pues, los primeros dias fueron como un período de fiebre intensa
-durante el cual los fieles, embriagados de alegría, se comunicaban
-entre sí sus sueños dejándose dominar por las más exaltadas ideas.
-Multiplicábanse las visiones que se producian regularmente durante
-las reuniones de la noche:<a id="FNanchor_114" href="#Footnote_114"
-class="fnanchor">[114]</a> cuando las puertas estaban cerradas, y
-se hallaban todos poseidos de su idea fija, el primero que creia
-oir la dulce palabra <i>schalom</i> «Salud ó paz,» daba la señal, y
-entonces todos escuchaban y oian bien pronto la misma cosa; y era de
-ver la alegría de aquellas almas sencillas, que sabian que su maestro
-se hallaba entre ellos. Cada uno saboreaba aquel dulce pensamiento,
-creyéndose<span class="pagenum" id="Page_79">p. 79</span> favorecido
-en particular con algun coloquio; producíanse tambien otras visiones
-distintas recordando la de los viajeros de Emmaus, y á la hora de la
-cena, se veia á Jesús aparecer, coger el pan, cortarle y bendecirle, y
-ofrecerle despues al que favorecia con su vision<a id="FNanchor_115"
-href="#Footnote_115" class="fnanchor">[115]</a>. En pocos dias
-reunióse una coleccion de relatos, muy distintos en los detalles, pero
-inspirados todos por un mismo espíritu de amor y fé absoluta; es un
-grave error creer que la leyenda necesite mucho tiempo para formarse;
-la leyenda se produce á veces en un solo dia. El domingo por la noche
-(16 de nisan, 5 de Abril), teníase por una realidad la resurreccion de
-Jesús: ocho dias despues la vida que se le suponia despues de la tumba,
-se consideraba como un hecho evidente.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_2">
- <p><span class="pagenum" id="Page_80">p. 80</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO II.</h2>
- <p class="subh2">Salida de los discípulos de Jerusalem. — Segunda
- vida galilea de&nbsp;Jesús.</p>
-</div>
-
-<div class="sidenote">Año 33</div>
-
-<p>El más ardiente deseo de los que han perdido una persona querida,
-es ver de nuevo los sitios donde vivieron con ella: este sentimiento
-sin duda fué el que indujo á los discípulos algunos dias despues de
-la Pascua á volver á Galilea. Desde el momento en que tuvo lugar
-el arresto de Jesús, é inmediatamente despues de su muerte, es de
-presumir que muchos se encaminaran á las provincias del Norte,
-mas al verificarse la resurreccion circuló el rumor de que se le
-volveria á ver en Galilea. Algunas de las mujeres que fueron al
-sepulcro, volvieron diciendo que el ángel las dijo que Jesús las
-precederia en Galilea;<a id="FNanchor_116" href="#Footnote_116"
-class="fnanchor">[116]</a> otras manifestaron que era el maestro quien
-habia mandado que fuesen allí,<a id="FNanchor_117" href="#Footnote_117"
-class="fnanchor">[117]</a> y no faltó quien creyese recordar que
-dijo lo mismo en vida.<a id="FNanchor_118" href="#Footnote_118"
-class="fnanchor">[118]</a> De todos modos, es lo<span class="pagenum"
-id="Page_81">p. 81</span> cierto que al cabo de algunos dias,
-acaso despues de terminar completamente las fiestas de Pascua,
-los discípulos creyeron recibir la órden de volver á su patria,
-y volvieron en efecto.<a id="FNanchor_119" href="#Footnote_119"
-class="fnanchor">[119]</a> Quizá comenzaban á disminuir las visiones
-en Jerusalem; é iba predominando una especie de nostalgia; las cortas
-apariciones de Jesús, no eran ya suficientes para compensar el inmenso
-vacío que dejara su ausencia, y todos pensaban melancólicamente en
-aquel lago y hermosas montañas, donde disfrutaron del reino de Dios.<a
-id="FNanchor_120" href="#Footnote_120" class="fnanchor">[120]</a>
-Las mujeres, sobre todo, querian volver á toda costa al país donde
-habian sido tan felices, y aquí es preciso observar que la órden
-de marcha procedia especialmente de ellas.<a id="FNanchor_121"
-href="#Footnote_121" class="fnanchor">[121]</a> Aquella ciudad odiosa
-les pesaba; ansiaban ver de nuevo la tierra donde disfrutaban de
-continuo de la presencia de aquel á quien amaban, y estaban muy seguras
-de encontrarle allí aún.</p>
-
-<p>La mayor parte de los discípulos marcharon pues llenos de alegría
-y esperanza, quizás acompañados de la caravana que conducia á los
-pelegrinos de la fiesta de Pascua. No solo esperaban encontrar en
-Galilea las visiones, sino ver de continuo al mismo Jesús como sucedia
-antes de su muerte. La duda llenaba sus almas: ¿iria acaso el maestro
-á restablecer el reino<span class="pagenum" id="Page_82">p. 82</span>
-de Israel, á fundar definitivamente el reino de Dios, y segun se decia,
-á «revelar su justicia?»<a id="FNanchor_122" href="#Footnote_122"
-class="fnanchor">[122]</a> Todo era posible: representábanseles ya
-los risueños paisajes donde disfrutaban de su compañía; creian muchos
-que les habia dado una cita en una montaña,<a id="FNanchor_123"
-href="#Footnote_123" class="fnanchor">[123]</a> probablemente la misma
-en que fijaban sus más dulces recuerdos, y á no dudarlo nunca hicieron
-los discípulos un viaje más alegre, pues todos eran sueños de felicidad
-en vísperas de realizarse. ¡Iban á ver á Jesús!</p>
-
-<p>Y le vieron en efecto: apenas entregados á sus pacíficas quimeras,
-creyéronse en pleno período Evangélico. Era llegado entonces el mes
-de abril: la tierra estaba sembrada de esos anémonas rojos, que son
-probablemente esos «lises de los campos,» de los cuales gustábale
-á Jesús sacar sus comparaciones. Á cada paso se encontraban sus
-parábolas, como enlazadas con los mil accidentes del camino; aquí el
-árbol, allí la flor, la semilla de donde sacó su parábola; más lejos,
-la colina donde pronunció sus conmovedores discursos, y allá, en fin,
-la barca donde enseñó. Aquello era como un hermoso sueño, era la
-realizacion de una esperanza perdida; el encanto parecia renacer; el
-dulce «reino de Dios» seguia su curso. Aquel aire trasparente, aquellas
-mañanas pasadas en la orilla del rio ó en la montaña, aquellas noches
-en el lago, guardando las redes, eran otras tantas visiones. Veíanle en
-todos los sitios donde habian estado con él; sin duda no era aquella
-alegría completa; acaso el lago les pareciese á<span class="pagenum"
-id="Page_83">p. 83</span> veces solitario, pero el verdadero amor se
-contenta con poca cosa; ¡si tuviéramos el privilegio de ver todos
-los años á las personas queridas que hemos perdido, con el tiempo
-suficiente para decirles tan solo dos palabras, puede decirse que no
-existiria la muerte!</p>
-
-<p>Tal era el estado del alma de aquella tropa de fieles durante
-el corto período en que el cristianismo pareció volver por un
-momento á su cuna, á fin de despedirse luego para siempre. Los
-principales discípulos, Pedro, Tomás, Natanael, y los hijos de
-Zebedeo, se volvieron á encontrar en las orillas del lago donde
-vivieron en adelante juntos,<a id="FNanchor_124" href="#Footnote_124"
-class="fnanchor">[124]</a> trabajando en su antiguo oficio de
-pescadores en Betsaida y en Capharnahum. Sin duda estaban con
-ellos las mujeres galileas, que eran las que principalmente habian
-contribuido á esta vuelta, á fin de satisfacer una necesidad de su
-corazon. Aquel fué su último acto en la fundacion del cristianismo. Á
-partir de este momento, ya no se las vé aparecer; fieles á su amor no
-quisieron abandonar el país donde fueran en otro tiempo tan felices.<a
-id="FNanchor_125" href="#Footnote_125" class="fnanchor">[125]</a>
-Bien pronto se las olvidó, y como el cristianismo galileo no tuvo
-posteridad, perdióse su recuerdo completamente en ciertas partes de
-la tradicion; aquellas pecadoras convertidas, aquellas verdaderas
-fundadoras del cristianismo, María Magdalena, María Cleofas, Juana
-y Susana, pa<span class="pagenum" id="Page_84">p. 84</span>saron
-al estado de santas retiradas. San Pablo no las conoce.<a
-id="FNanchor_126" href="#Footnote_126" class="fnanchor">[126]</a> La fé
-que ellas habian creado fué causa de que quedasen oscurecidas, y no se
-les hizo justicia hasta la edad media; una de ellas, María Magdalena,
-ocupaba entonces un lugar principal en el cielo cristiano.</p>
-
-<p>Parece que las visiones á orillas del lago, habian sido harto
-frecuentes: ¿Cómo era posible que sobre aquellas ondas donde habian
-tocado á Dios, no volviesen á ver los discípulos á su divino amigo?
-Bastaban las más sencillas circunstancias para que se les presentase.
-Una vez habian remado toda la noche sin coger un solo pescado, mas de
-repente se llenan las redes; aquello fué un milagro. Parecióles que
-alguno les habia dicho desde la orilla: «Echad vuestras redes á la
-derecha.» Pedro y Juan se miraron, y como este último dijera: «Es el
-Señor», el primero, que estaba desnudo, cubrióse apresuradamente con su
-túnica y se lanzó al agua para ir á buscar al invisible consejero.<a
-id="FNanchor_127" href="#Footnote_127" class="fnanchor">[127]</a>
-Otras veces, Jesús tomaba parte en las colaciones de sus discípulos:
-cierto dia, en que acababan de pescar, sorprendióles encontrar la
-lumbre encendida y cerca de ella un pescado y un pedazo de pan; aquello
-fué para los discípulos un dulce recuerdo, porque era este alimento
-el que Jesús tenia la costumbre de ofrecerles. Despues de comer,
-quedaron persuadidos que Jesús se habia sentado entre ellos para
-ofrecerles aquel manjar que consideraban ya eucarístico y sagrado.<a
-id="FNanchor_128" href="#Footnote_128" class="fnanchor">[128]</a></p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_85">p. 85</span>Juan y Pedro eran
-los que sobre todo se veian favorecidos por el amado fantasma: cierto
-dia, Pedro, quizás soñando, (¡pero qué digo! ¿No era entonces acaso
-su vida un sueño perpétuo?), creyó oir á Jesús preguntarle: «¿Me
-amas?» La pregunta se repitió tres veces, y Pedro poseido á la vez
-de un sentimiento de ternura y tristeza, se imaginó que respondia:
-«¡Oh! sí Señor, tú sabes que te amo»; y cada vez decia la aparicion:
-«Apacienta á mis ovejas».<a id="FNanchor_129" href="#Footnote_129"
-class="fnanchor">[129]</a> Otra vez, Pedro confió á Juan un sueño
-extraño: habia soñado que se paseaba con el maestro, seguido á corta
-distancia por Juan, y que Jesús, hablándole en términos muy embozados,
-con los cuales parecia anunciarle la prision ó una muerte violenta,
-le repitió varias veces: «Sígueme.» Entonces Pedro, señalando con el
-dedo á Juan que le seguia, repuso: «Señor ¿y ese?—Si yo quiero que se
-quede aquí hasta que tú vuelvas, replicó Jesús, ¿qué te importa á tí?
-Sígueme.» Despues del suplicio de Pedro, Juan recordó aquel sueño,
-viendo en él una prediccion de la muerte de su amigo: refiriólo á
-sus<span class="pagenum" id="Page_86">p. 86</span> discípulos, y estos
-creyeron ver en ello la seguridad de que su maestro no moriria hasta el
-advenimiento final de Jesús.<a id="FNanchor_130" href="#Footnote_130"
-class="fnanchor">[130]</a></p>
-
-<p>Aquellos grandes sueños melancólicos, aquellos coloquios con
-el muerto querido, interrumpidos de continuo y vueltos á empezar,
-ocupaban los dias y los meses. La simpatía de Galilea hácia el
-Profeta, á quien los Jerosolimitas habian dado muerte, se despertaba
-con más fuerza que nunca: más de quinientas personas se habian
-agrupado ya alrededor del recuerdo de Jesús,<a id="FNanchor_131"
-href="#Footnote_131" class="fnanchor">[131]</a> y á falta del maestro
-perdido, obedecian á sus discípulos más autorizados; sobre todo á
-Pedro. Cierto dia, que siguiendo á sus jefes espirituales, habian
-subido los fieles galileos á una de aquellas montañas donde Jesús
-acostumbraba á llevarlos creyeron volverle á ver. Á cierta altura,
-la luz tiene extraños reflejos, y la misma ilusion que se produjo
-entonces para los discípulos más íntimos,<a id="FNanchor_132"
-href="#Footnote_132" class="fnanchor">[132]</a> volvió á repetirse de
-nuevo; la multitud reunida creyó ver dibujarse en el espacio etéreo
-el espectro divino, y entonces todos cayeron de rodillas, la faz
-contra tierra y le adoraron.<a id="FNanchor_133" href="#Footnote_133"
-class="fnanchor">[133]</a> El despejado horizonte de aquellas
-montañas, inspira la idea de la inmensidad del mundo, con el deseo de
-conquistarle: sobre uno de aquellos picos, segun dicen, Satán mostrando
-con la mano á Jesús los reinos de la tierra y toda su gloria, se
-los ofreció con la condicion<span class="pagenum" id="Page_87">p.
-87</span> de que se inclinara ante él: pero esta vez fué Jesús quien
-desde lo más alto de las elevadas cimas, mostró á sus discípulos toda
-la tierra asegurándoles el porvenir. Todos bajaron de la montaña
-persuadidos de que el hijo de Dios les habia ordenado convirtiesen
-al género humano, prometiendo á la vez estar con ellos hasta la
-consumacion de los siglos. Desde entonces, sintiéronse poseidos los
-fieles, de un ardor extraño, de un fuego divino, y se consideraban
-como los misioneros del mundo, capaces de hacer toda clase de
-prodigios. Despues de haber transcurrido veinte y cinco años, San
-Pablo, vió á varios de los que habian asistido á tan extraña escena,
-y sus impresiones eran tan vivas y fuertes como el primer dia.<a
-id="FNanchor_134" href="#Footnote_134" class="fnanchor">[134]</a></p>
-
-<p>Observando aquella vida en que todos parecian hallarse suspendidos
-entre el cielo y la tierra, pasó cerca de un año<a id="FNanchor_135"
-href="#Footnote_135" class="fnanchor">[135]</a> y el encanto lejos
-de disminuir aumentaba, que es propiedad de las cosas santas,
-engrandecerse y purificarse siempre. El sentimiento que se<span
-class="pagenum" id="Page_88">p. 88</span> tiene por la pérdida de
-una persona amada, es mucho más fecundo al cabo de cierto tiempo
-que al dia siguiente. Cuanto más tiempo pasa, más poderoso es dicho
-sentimiento, pues á la primera tristeza, que en cierto modo aminora
-el dolor, sucede una compasion tranquila; la imágen del difunto se
-transfigura, se idealiza, llega á ser el alma de la vida, el principio
-de toda accion, el orígen de toda alegría, el oráculo que se consulta,
-el consuelo, en fin, que se busca en las horas de abatimiento, en
-los dias de tribulacion. La muerte, es condicion principal de toda
-apoteosis; Jesús, tan amado durante su vida, lo fué así mucho más
-despues de exhalar el último aliento, ó más bien, este fué el principio
-de su verdadera vida en el seno de la Iglesia, pues llegó á ser el
-amigo íntimo, el confidente, el compañero de viaje, el huésped, en
-fin, que se sienta á la mesa y se da á conocer desapareciendo.<a
-id="FNanchor_136" href="#Footnote_136" class="fnanchor">[136]</a> La
-falta absoluta de rigor científico en la imaginacion de los nuevos
-creyentes, era causa de que no se entablase discusion alguna sobre la
-naturaleza de su existencia:<span class="pagenum" id="Page_89">p.
-89</span> cada cual se le representaba como un ser imposible dotado de
-un cuerpo sutil, que atravesaba las paredes, tan pronto visible como
-invisible, pero siempre vivo, y algunas veces se pensaba que su cuerpo
-carecia de materia, que era una pura sombra en las apariencias.<a
-id="FNanchor_137" href="#Footnote_137" class="fnanchor">[137]</a> Otras
-veces, suponíanle materialidad, y por un ingénuo escrúpulo, y como si
-la alucinacion hubiera querido tomar precauciones contra sí misma, se
-queria que bebiese y comiese y que se dejara tocar.<a id="FNanchor_138"
-href="#Footnote_138" class="fnanchor">[138]</a> En este punto, flotaban
-las ideas en un completo vacío.</p>
-
-<p>Apenas nos hemos atrevido hasta aquí á plantear una cuestion
-espinosa y de difícil resolucion. En tanto que Jesús resucitaba
-verdaderamente, es decir, en el corazon de los que le amaban, mientras
-se robustecia la conviccion de los Apóstoles para consolidar la fé del
-mundo, ¿en qué punto consumian los gusanos el cuerpo inanimado que se
-depositó la noche del sábado en el sepulcro? Siempre se ignorará este
-detalle, porque naturalmente, nada pueden decirnos las tradiciones
-cristianas sobre este punto. Lo que vivifica es el espíritu;
-la materia no es nada<a id="FNanchor_139" href="#Footnote_139"
-class="fnanchor">[139]</a>; la resurreccion fué el triunfo de la idea
-sobre la realidad; una vez fijada la idea sobre la inmortalidad, ¿qué
-importa el cuerpo?</p>
-
-<p>Hácia el año 80 ú 85, al recibir el texto actual del primer
-Evangelio sus primeras adiciones, los judíos habian fijado ya su
-idea sobre este punto<a id="FNanchor_140" href="#Footnote_140"
-class="fnanchor">[140]</a>. Á juz<span class="pagenum" id="Page_90">p.
-90</span>gar por lo que dijeron, los discípulos habian robado el
-cuerpo durante la noche; la conciencia cristiana se alarmó con tal
-rumor, y para rechazar semejante objecion, imaginóse la circunstancia
-de los guardas y del sello puesto en el sepulcro<a id="FNanchor_141"
-href="#Footnote_141" class="fnanchor">[141]</a>; pero como este dato
-no se encuentra sino en el primer Evangelio mezclado con leyendas
-de muy poca autoridad<a id="FNanchor_142" href="#Footnote_142"
-class="fnanchor">[142]</a> no es de ningun modo admisible<a
-id="FNanchor_143" href="#Footnote_143" class="fnanchor">[143]</a>.
-La explicacion de los judíos sin embargo, aunque irrefutable, está
-muy lejos de satisfacer todas las dudas, pues no se puede admitir que
-aquellos que con tal conviccion creyeron en la resurreccion de Jesús,
-sean los mismos que sustrajeron el cuerpo. Por poco precisa que fuese
-la reflexion en semejantes hombres, apenas puede imaginarse esta
-ilusion, y conviene recordar que en aquel momento la pequeña iglesia
-se hallaba dispersada completamente. Las creencias nacian aisladamente
-para reunirse despues como les era posible, y las contradicciones que
-se encuentran en los relatos que conservamos acerca de los incidentes
-del Domingo por la mañana, prueban que los rumores se extendieron por
-conductos muy distintos, y que no hubo interés en ponerse de acuerdo.
-Es muy posible que el cuerpo fuese sustraido por algunos discípulos
-y trasladado á Galilea<a id="FNanchor_144" href="#Footnote_144"
-class="fnanchor">[144]</a> en tanto que los otros permanecian en
-Jerusa<span class="pagenum" id="Page_91">p. 91</span>lem sin
-tener conocimiento del hecho; y por otra parte es de presumir que
-los discípulos que se llevaron el cuerpo, no sabiendo lo que se
-contaba en Jerusalem, quedaron sorprendidos al tener conocimiento
-de la creencia en la resurreccion. En este caso no era probable
-que protestaran, y aun cuando lo hubiesen hecho nada importaba,
-pues tratándose de milagros, toda rectificacion tardía es inútil<a
-id="FNanchor_145" href="#Footnote_145" class="fnanchor">[145]</a>.
-Jamás una dificultad material impide á una idea desarrollarse y crear
-las ficciones que necesita<a id="FNanchor_146" href="#Footnote_146"
-class="fnanchor">[146]</a>: en la reciente historia del milagro
-de la Salette se ha demostrado el error hasta la evidencia<a
-id="FNanchor_147" href="#Footnote_147" class="fnanchor">[147]</a>, lo
-cual no impide que se haya elevado la basílica y que la fé crea en
-aquel.</p>
-
-<p>Es permitido suponer tambien que la desaparicion del cuerpo de
-Jesús fuese obra de los judíos, pues aca<span class="pagenum"
-id="Page_92">p. 92</span>so creyeron que con esto evitarian las escenas
-tumultuosas que pudieran originarse sobre el cadáver de un hombre tan
-popular como Jesús. Acaso quisieron impedir que se le hicieran pomposos
-funerales ó que se elevara un monumento á su memoria; y últimamente,
-¿quién sabe si la desaparicion del cadáver no fué obra del dueño
-del jardin ó del jardinero<a id="FNanchor_148" href="#Footnote_148"
-class="fnanchor">[148]</a>? El propietario, á lo que parece,<a
-id="FNanchor_149" href="#Footnote_149" class="fnanchor">[149]</a> era
-extraño á la secta; se escogió aquel sepulcro, por ser el que estaba
-más cerca del Gólgota y porque se tenia prisa<a id="FNanchor_150"
-href="#Footnote_150" class="fnanchor">[150]</a>. Es probable que no
-agradándole á dicho propietario que se tomara posesion de su terreno,
-hiciese sustraer el cadáver, pero á decir verdad, los detalles que
-da el cuarto Evangelio al hablar de los lienzos que se encontraron
-en el sepulcro y del sudario doblado cuidadosamente en un rincon<a
-id="FNanchor_151" href="#Footnote_151" class="fnanchor">[151]</a>,
-no se convienen con semejante hipótesis. Esta última circunstancia
-haria suponer que habia intervenido en ella la mano de una mujer<a
-id="FNanchor_152" href="#Footnote_152" class="fnanchor">[152]</a>.
-Los únicos relatos acerca de la visita de las mujeres al sepulcro
-son tan confusos y contradictorios, que nos autorizan á suponer que
-encierran una falsa interpretacion. La conciencia femenina, dominada
-por la pasion, puede experimentar las más extrañas alucinaciones,
-y á veces es cómplice de sus propios sueños<a id="FNanchor_153"
-href="#Footnote_153" class="fnanchor">[153]</a>. María Mag<span
-class="pagenum" id="Page_93">p. 93</span>dalena se habia visto poseida,
-segun el lenguaje de la época, de «siete demonios»<a id="FNanchor_154"
-href="#Footnote_154" class="fnanchor">[154]</a>, y al decir esto se
-comprenderá cuán escasa era la inteligencia de las mujeres de Oriente,
-su falta absoluta de educacion y su ingénua sinceridad. La conviccion
-exaltada no permite mudar de parecer, ni admitir otras ideas que las
-que á uno le dominan. Corramos un velo sobre estos misterios: en los
-estados de crísis religiosa, en que todo se considera como divino,
-las causas más pequeñas pueden producir los más grandes efectos. Si
-fuéramos testigos de los extraños hechos de que tomaron su orígen todas
-las obras de la fé, veriamos circunstancias que no nos parecerian
-proporcionadas con la importancia de los resultados, en tanto que otros
-nos harian sonreir. Nuestras antiguas catedrales se cuentan entre
-las cosas más hermosas del mundo, y no se puede entrar en ellas sin
-sentirse dominado por la divinidad; pero esas espléndidas maravillas
-tienen con frecuencia un orígen profano. ¿Y qué importa esto en
-definitiva? Solo debe tenerse en cuenta el resultado, la fé lo purifica
-todo. El incidente material que ha hecho creer en la resurreccion, no
-ha sido la causa verdadera de aquella; lo que ha resucitado á Jesús
-es el amor, y este fué tan poderoso, que una pequeña casualidad bastó
-para levantar el edificio de la fé universal. Si Jesús no hubiera sido
-tan amado, si la fé en la resurreccion hubiese tenido menos motivos
-para fundarse, inútiles habrian sido esta especie de casualidades. Un
-grano de<span class="pagenum" id="Page_94">p. 94</span> arena basta
-para que se derrumbe una montaña cuando ha llegado el momento de que
-esto suceda. Los más importantes acontecimientos provienen á veces de
-causas muy grandes ó muy pequeñas; las primeras son las únicas reales;
-las segundas no hacen más que determinar la produccion de un efecto que
-estaba preparado mucho tiempo antes.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_3">
- <p><span class="pagenum" id="Page_95">p. 95</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO III.</h2>
- <p class="subh2">Vuelta de los apóstoles á Jerusalem. — Fin del
- período de&nbsp;las&nbsp;apariciones.</p>
-</div>
-
-<div class="sidenote">Año 34</div>
-
-<p>Las apariciones, sin embargo, como hijas que eran de un exceso
-de entusiasta credulidad, comenzaron á disminuir; las imaginaciones
-populares se asemejan á las enfermedades contagiosas; fermentan pronto
-y cambian de forma; la actividad de las almas ardientes se inclinaba ya
-en otro sentido; lo que se creia oir de boca del divino Resucitado, era
-la órden de precederle, predicando su doctrina para convertir al mundo.
-Mas, ¿por dónde empezar? Naturalmente por Jerusalem<a id="FNanchor_155"
-href="#Footnote_155" class="fnanchor">[155]</a>. En su consecuencia los
-jefes de la secta resolvieron la vuelta á dicha ciudad, y como estos
-viajes se hacian comunmente en caravana, en la época de las fiestas, es
-de suponer que la vuelta de que se trata tuvo lugar por la fiesta de
-los Tabernáculos, á fines del año 33, ó por la Pascua del 34.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_96">p. 96</span>De este modo quedó
-abandonada la Galilea por el cristianismo, y acaso para siempre,
-pues si bien es probable que la pequeña sociedad que quedó allí se
-conservara aún algun tiempo, no se vuelve á oir hablar de ella, y á no
-dudarlo, fué destruida, como todo lo demás, al ocurrir el espantoso
-desastre que sufrió el país cuando la guerra de Vespasiano. Los restos
-de la dispersa comunidad se refugiaron más allá del Jordan. Despues de
-la guerra, no dominó pues en Galilea el cristianismo, sino el judaismo;
-la Galilea era el centro judáico del país de Talmud<a id="FNanchor_156"
-href="#Footnote_156" class="fnanchor">[156]</a>: la Galilea no figuró
-pues sino por espacio de una hora en la historia del cristianismo,
-pero fué la hora santa por excelencia, que dió á la nueva religion
-lo que necesitaba para ser duradera, es decir, su poesía, su encanto
-penetrante. «El Evangelio», así como los sinópticos, fué una obra
-galilea, y nosotros trataremos de demostrar luego, que «el Evangelio»,
-así entendido, ha sido la causa principal del triunfo del cristianismo
-y es la más segura garantía de su porvenir.</p>
-
-<p>Es probable que permaneciera en Jerusalem una fraccion de la
-pequeña escuela que rodeaba á Jesús en sus últimos dias, y como en el
-momento de la separacion se creia ya en la resurreccion de Jesús, no
-es extraño que esta creencia se desarrollase por ambas partes bajo un
-aspecto muy distinto, lo cual á no dudarlo dió lugar á las diferencias
-que se notaban en el relato de las apariciones. Habíanse formado dos
-tradiciones, una Galilea y otra Jerosolimita; segun la primera, todas
-las aparicio<span class="pagenum" id="Page_97">p. 97</span>nes,
-excepto las del primer momento, habian tenido lugar en Galilea,
-y con arreglo á la segunda, todas se presentaron en Jerusalem<a
-id="FNanchor_157" href="#Footnote_157" class="fnanchor">[157]</a>;
-el acuerdo de las dos fracciones de la pequeña secta sobre el dogma
-fundamental, confirmó naturalmente la creencia humana; todos abrazaron
-la misma fé; todos repitieron con efusion «¡ha resucitado!», y
-quizás la alegría y el entusiasmo produjeron otras visiones. Puede
-suponerse que hácia esta época tuvo lugar la vision de Jacobo,
-de que habla San Pablo<a id="FNanchor_158" href="#Footnote_158"
-class="fnanchor">[158]</a>: Jacobo, era hermano, ó al menos pariente
-de Jesús, y como no aparece que le haya acompañado durante su última
-permanencia en Jerusalem, es probable que se fuera con los apóstoles
-cuando estos marcharon de Galilea. Como todos los grandes apóstoles
-tuvieron su vision, es difícil que á éste «hermano del Señor» no se le
-presentase la suya, que debió ser una de las llamadas eucarísticas, es
-decir, aquellas en que se aparecia Jesús cortando y ofreciendo el pan<a
-id="FNanchor_159" href="#Footnote_159" class="fnanchor">[159]</a>.
-Más tarde los grupos de la familia cristiana que se unieron á
-Jacobo, y se llamaban los hebreos, supusieron que esta vision tuvo
-lugar el dia<span class="pagenum" id="Page_98">p. 98</span> mismo
-de la resurreccion, y quisieron que fuese la primera de todas<a
-id="FNanchor_160" href="#Footnote_160" class="fnanchor">[160]</a>.</p>
-
-<p>Es muy notable, en efecto, que la familia de Jesús, algunos
-de cuyos miembros fueron durante su vida incrédulos y hostiles
-á la mision de aquel<a id="FNanchor_161" href="#Footnote_161"
-class="fnanchor">[161]</a>, forme ahora parte de la iglesia, figurando
-en el puesto más elevado. Debe suponerse que la reconciliacion
-se hizo durante la permanencia de los apóstoles en Galilea; la
-celebridad que adquirió bien pronto el nombre de su pariente, aquellas
-quinientas personas que creian en él y aseguraban haberle visto
-resucitado, son circunstancias que pudieron causar cierta impresion
-en el ánimo de los miembros de la familia del divino Maestro<a
-id="FNanchor_162" href="#Footnote_162" class="fnanchor">[162]</a>.
-Desde el establecimiento definitivo de los apóstoles en Jerusalem,
-se vé con ellos á María, madre de Jesús y á los hermanos de éste<a
-id="FNanchor_163" href="#Footnote_163" class="fnanchor">[163]</a>,
-y por lo que respecta á María, parece ser que Juan, creyendo
-obedecer con esto á una recomendacion de su Maestro, la habia
-adoptado y llevado consigo<a id="FNanchor_164" href="#Footnote_164"
-class="fnanchor">[164]</a>, siendo probable que la condujera á
-Jerusalem.</p>
-
-<p>Esta mujer, de cuyo carácter y circunstancias no se sabia
-nada, desempeña desde entonces un papel importante, y empezaban
-á ser conocidas las palabras que el Evangelista pone en boca de
-una desconocida: «¡Bendito sea el vientre que te ha llevado y los
-pechos<span class="pagenum" id="Page_99">p. 99</span> que te han
-alimentado!» Es probable que María sobreviviese pocos años á su hijo<a
-id="FNanchor_165" href="#Footnote_165" class="fnanchor">[165]</a>.</p>
-
-<p>En cuanto á los hermanos de Jesús, la cuestion es aún más oscura:
-Jesús tuvo hermanos y hermanas<a id="FNanchor_166" href="#Footnote_166"
-class="fnanchor">[166]</a>, mas parece, no obstante, que en la clase á
-que se daba el nombre de «hermanos del Señor» hubo parientes en segundo
-grado, si bien esto no es de importancia por lo que respecta á Jacobo.
-Este que se titula hermano del Señor, y á quien vamos á ver figurar
-en primer término en los treinta primeros años del cristianismo, ¿era
-Jacobo hijo de Alfeo, que parece haber sido primo hermano de Jesús, ó
-un verdadero hermano de éste? Los datos que tenemos para aclarar este
-punto, son tan inciertos como contradictorios, pues lo que sabemos
-de Jacobo nos ofrece una imágen tan distinta de la de Jesús, que se
-le resiste á uno creer sean tan distintos dos hombres nacidos de la
-misma madre. Si Jesús es el verdadero fundador del cristianismo,
-Jacobo fué un peligroso enemigo que estuvo á punto de perderlo todo
-por su mezquino espíritu; más tarde se creyó ciertamente que Jacobo
-el Justo, segun le llamaban, era un verdadero hermano de Jesús<a
-id="FNanchor_167" href="#Footnote_167" class="fnanchor">[167]</a>, pero
-es probable que hubiese alguna confusion en este punto.</p>
-
-<p>Como quiera que sea, los apóstoles no se separaron en lo
-sucesivo sino para emprender sus viajes; Jerusalem era su centro<a
-id="FNanchor_168" href="#Footnote_168" class="fnanchor">[168]</a>;
-parecian temer dispersarse, y<span class="pagenum" id="Page_100">p.
-100</span> ciertos hechos revelaban que era su deseo no volver á
-Galilea, lo cual acaso hubiera ocasionado la disolucion de la pequeña
-sociedad. Se supuso que una órden particular de Jesús les prohibia
-abandonar á Jerusalem, al menos hasta que se hiciesen las grandes
-manifestaciones que esperaban<a id="FNanchor_169" href="#Footnote_169"
-class="fnanchor">[169]</a>; las apariciones iban siendo cada vez más
-raras; se hablaba mucho menos de ellas, y empezábase á creer que
-no se veria ya al Maestro hasta que apareciese solemnemente en las
-nubes. El pensamiento de todos se preocupaba con una promesa que
-se suponia hecha por Jesús: decíase que durante su vida, el divino
-Maestro habia hablado con frecuencia del Espíritu Santo, concebido
-como una personificacion de la sabiduría divina<a id="FNanchor_170"
-href="#Footnote_170" class="fnanchor">[170]</a>; habia prometido á sus
-discípulos que este espíritu seria su fuerza en la lucha que iban á
-emprender, su inspiracion en las dificultades y su abogado, en fin,
-si tuvieran que hablar ante el público. Cuando comenzaron á disminuir
-las visiones, fijáronse todos en aquel espíritu considerándole como un
-consuelo, como otro Jesús que el maestro enviaria á sus amigos; algunas
-veces figurábanse los fieles que apareciendo Jesús repentinamente en
-medio de sus discípulos, habia circulado entre ellos una corriente
-de aire vivificador<a id="FNanchor_171" href="#Footnote_171"
-class="fnanchor">[171]</a> salida de su propia boca, y otras se
-consideraba la desaparicion del Maestro como precursora de la
-venida del espíritu<a id="FNanchor_172" href="#Footnote_172"
-class="fnanchor">[172]</a><span class="pagenum" id="Page_101">p.
-101</span> prometida en sus apariciones<a id="FNanchor_173"
-href="#Footnote_173" class="fnanchor">[173]</a>. Muchos establecian
-una union íntima entre esta venida y la redencion de Israel<a
-id="FNanchor_174" href="#Footnote_174" class="fnanchor">[174]</a>; toda
-la actividad mental que la secta desplegara para crear la leyenda de
-Jesús resucitado, iba ahora á consagrarse á la formacion de un conjunto
-de creencias piadosas sobre la venida del espíritu y sus maravillosos
-dones.</p>
-
-<p>Parece, no obstante, que aún tuvo lugar una gran aparicion de
-Jesús en Betania ó en el monte de los Olivos<a id="FNanchor_175"
-href="#Footnote_175" class="fnanchor">[175]</a>, y ciertas tradiciones
-aseguran que en aquella dió el Maestro á sus discípulos las últimas
-instrucciones y reiteró la promesa de enviar al Espíritu Santo,
-revistiéndoles al propio tiempo del poder de redimir los pecados<a
-id="FNanchor_176" href="#Footnote_176" class="fnanchor">[176]</a>.
-Los rasgos característicos de estas apariciones iban siendo cada
-vez más vagos; confundíanse los unos con los otros; se acabó por no
-pensar mucho en aquellas; y quedó sentado que Jesús estaba vivo<a
-id="FNanchor_177" href="#Footnote_177" class="fnanchor">[177]</a>,
-que se habia aparecido suficiente número de veces para probar
-su existencia, y que podia aparecerse aún en visiones parciales
-hasta la gran revelacion final en que todo quedaria concluido<a
-id="FNanchor_178" href="#Footnote_178" class="fnanchor">[178]</a>.
-La vision que <span class="pagenum" id="Page_102">p. 102</span>tuvo
-San Pablo en el camino de Damasco es del mismo género de las
-que ya hemos hablado<a id="FNanchor_179" href="#Footnote_179"
-class="fnanchor">[179]</a>. De todos modos admitíase en un
-sentido idealista que el Maestro estaba con sus discípulos y
-estaria hasta el fin<a id="FNanchor_180" href="#Footnote_180"
-class="fnanchor">[180]</a>. En los primeros dias, cuando las
-apariciones eran muy frecuentes, considerábase á Jesús como un
-habitante de la tierra que estaba en ella continuamente, llenando
-más ó menos las funciones de la vida terrestre; pero cuando aquellas
-disminuyeron, pensóse que Jesús habia entrado en la gloria para
-sentarse á la diestra de su Padre, y todos decian: «Ha subido al
-cielo.»</p>
-
-<p>Esta frase se redujo para la mayor parte á una imágen
-vaga ó de induccion<a id="FNanchor_181" href="#Footnote_181"
-class="fnanchor">[181]</a>, pero para otros indicaba una escena
-material. Suponíase que despues de la última vision, comun á todos
-los apóstoles, en la cual les dió sus instrucciones supremas, Jesús
-habia subido al cielo<a id="FNanchor_182" href="#Footnote_182"
-class="fnanchor">[182]</a>; y más tarde se desarrolló la
-escena, transformándose en una leyenda completa. Refirióse que
-ángeles celestiales, rodeados del aparato de manifestaciones
-divinas, muy brillantes<a id="FNanchor_183" href="#Footnote_183"
-class="fnanchor">[183]</a>, aparecieron entre una nube para
-consolar á los discípulos, asegurándoles que volverian á verlos;
-la imaginacion<span class="pagenum" id="Page_103">p. 103</span>
-popular, atribuia á la muerte de Moisés las mismas circunstancias<a
-id="FNanchor_184" href="#Footnote_184" class="fnanchor">[184]</a>,
-y acaso se recordaba con este motivo la ascension de Elías<a
-id="FNanchor_185" href="#Footnote_185" class="fnanchor">[185]</a>.—Una
-tradicion<a id="FNanchor_186" href="#Footnote_186"
-class="fnanchor">[186]</a> supone que esta escena tuvo lugar cerca de
-Betania en la cima del Monte de los Olivos, sitio que era muy querido
-de los discípulos sin duda porque Jesús habitó allí.</p>
-
-<p>La leyenda asegura que despues de aquella escena maravillosa
-entraron los discípulos en Jerusalem «con alegría<a id="FNanchor_187"
-href="#Footnote_187" class="fnanchor">[187]</a>;» pero nosotros daremos
-á Jesús el último adios poseidos de tristeza, y á fé que volver á
-encontrarle vivo, aunque vagando como una sombra, nos sirve de gran
-consuelo. ¡Esa segunda vida de Jesús, imágen pálida de la primera,
-está aún llena de encanto, por más que se haya perdido su perfume en
-el espacio y que al elevarse en la nube para sentarse á la diestra de
-su Padre, nos haya dejado aquí entre los hombres! ¡El reinado de la
-poesía ha concluido; María Magdalena vive retirada con sus recuerdos,
-y por esa eterna injusticia por la que el hombre se apropia él solo la
-obra en que la mujer tuvo tanta parte como él, Céfas la eclipsa y es
-causa de que la olviden! No más sermones en la montaña, no más poseidas
-curadas, no más cortesanas arrepentidas, no más mujeres extrañas á la
-obra de redencion, pero que Jesús no rechazó. El Dios ha desaparecido
-verdaderamente; la<span class="pagenum" id="Page_104">p. 104</span>
-historia de la Iglesia será con frecuencia en lo sucesivo la historia
-de las traiciones de que fué víctima Jesús; pero tal como es, esta
-historia puede considerarse como un himno á su gloria; las palabras
-y la imágen del ilustre Nazareno, vivirán en medio de las miserias
-infinitas como un ideal sublime, y se comprenderá mejor cuán grande
-fué; cuando se haya visto cuán pequeños eran sus discípulos.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_4">
- <p><span class="pagenum" id="Page_105">p. 105</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO IV.</h2>
- <p class="subh2">Bajada del Espíritu Santo. — Fenómenos extáticos
- y&nbsp;proféticos.</p>
-</div>
-
-<div class="sidenote">Año 34</div>
-
-<p>Los discípulos de Jesús eran en efecto pequeños, mezquinos,
-ignorantes é inespertos en alto grado; su sencillez de espíritu era
-extremada; su credulidad no reconocia límites, pero tenian una cualidad
-buena: amaban con delirio á su Maestro. El recuerdo de Jesús habia
-pasado á ser el único móvil de su vida, una preocupacion perpétua, y
-era indudable que solo pensaban en el que tanto habian querido y que de
-tal modo les habia cautivado durante dos ó tres años. Para las almas
-vulgares que no pueden amar á Dios directamente, esto es, hallar lo
-verdadero, crear lo bello y hacer el bien por sí mismas, su salvacion
-consiste en amar á alguien en quien se refleje lo verdadero, lo bello
-y el bien. La mayoría de los hombres necesita dos cultos distintos. La
-multitud de adoradores busca siempre un intermediario entre ellos y
-Dios.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_106">p. 106</span>Cuando muere una
-persona que ha logrado reunir á su alrededor á varias otras por un lazo
-moral elevado, sucede, casi generalmente, que los que la sobreviven
-aunque hayan estado divididos por rivalidades y resentimientos, se
-profesan más amistad que antes. Mil queridas imágenes del pasado que
-echan de menos, forman entre ellos una especie de tesoro comun. Es
-una manera de manifestar su cariño al muerto, el querer á los que
-se han conocido por él, y procurar encontrarse juntos para recordar
-los tiempos dichosos que ya no existen. En este caso se confirma
-la verdad de las profundas palabras de Jesús<a id="FNanchor_188"
-href="#Footnote_188" class="fnanchor">[188]</a> cuando dijo que el
-muerto está presente entre los que se han reunido en memoria suya.</p>
-
-<p>El afecto que los discípulos se tenian en vida de Jesús se
-multiplicó, por decirlo así, despues de su muerte. Formaban una pequeña
-sociedad muy retraida y vivian completamente aislados. En Jerusalem
-contábanse ciento veinte<a id="FNanchor_189" href="#Footnote_189"
-class="fnanchor">[189]</a>. Su piedad era grande y guardaba las
-formas de la piedad judía. El Templo era el lugar preferido para
-consagrarse á sus devociones<a id="FNanchor_190" href="#Footnote_190"
-class="fnanchor">[190]</a>. Cierto es que trabajaban para vivir; pero
-el trabajo manual, en la sociedad judía de entonces, ocupaba muy poco.
-Cada cual tenia un oficio, lo que era obstáculo para ser un hombre
-instruido ó bien educado.<span class="pagenum" id="Page_107">p.
-107</span> En nuestros dias, las necesidades materiales son tan
-difíciles de satisfacer, que el que vive de sus manos ha de trabajar
-doce ó quince horas diarias. Únicamente el hombre acomodado puede
-ocuparse de las cuestiones del alma, porque la adquisicion de la
-instruccion es rara y cara; pero en aquellas antiguas sociedades, de
-las que el Oriente de nuestra época nos da todavía una idea, en donde
-la naturaleza es tan pródiga para el hombre y tan poco exigente, la
-vida de trabajador dejaba mucho tiempo libre. Cierta instruccion comun
-ponia á todo el mundo al corriente de las ideas de aquel tiempo.
-Solo debia atenderse al alimento y á vestirse<a id="FNanchor_191"
-href="#Footnote_191" class="fnanchor">[191]</a>, lo cual se
-proporcionaba cada uno con pocas horas de trabajo, y así es que los
-hombres podian dedicarse á la meditacion. Las pasiones habian alcanzado
-en aquellas almas un grado de energía para nosotros inconcebible.
-Los judíos de entonces<a id="FNanchor_192" href="#Footnote_192"
-class="fnanchor">[192]</a> nos parecen unos verdaderos poseidos,
-obedeciendo cada cual ciegamente á la idea que se habia apoderado de
-él.</p>
-
-<p>La idea dominante, en la comunidad cristiana, en el momento
-de que hablamos y en que las apariciones habian cesado, era la
-venida del Espíritu Santo. Creian recibirlo bajo la forma de un
-soplo misterioso que pasaba sobre la concurrencia. Muchos eran los
-que creian que era el aliento mismo de Jesús<a id="FNanchor_193"
-href="#Footnote_193" class="fnanchor">[193]</a>. Todo consuelo
-interior, cualquier movimiento de valor, todo impulso<span
-class="pagenum" id="Page_108">p. 108</span> de entusiasmo ó el menor
-sentimiento de alegría viva y dulce que se experimentase sin saber
-de dónde procedia, era considerado como obra del Espíritu. Aquellas
-buenas conciencias atribuian, como siempre, á una causa exterior los
-delicados sentimientos que nacian en ellas. Estos extraños fenómenos de
-iluminismo se presentaban más especialmente en las asambleas. Cuando
-todos se hallaban reunidos aguardando en silencio la inspiracion de lo
-alto, un murmullo ó cualquier ruido les hacia creer en la venida del
-Espíritu. Así era como se producian las apariciones de Jesús durante
-los primeros tiempos; mas luego cambió el curso de las ideas. Era el
-soplo divino que se esparcia sobre la pequeña Iglesia y la llenaba de
-emanaciones celestes.</p>
-
-<p>Estas creencias procedian de las concepciones sacadas del
-Antiguo Testamento. Los libros hebreos suponen que el espíritu
-profético es un soplo que penetra en el hombre y le exalta. En la
-hermosa vision de Elías<a id="FNanchor_194" href="#Footnote_194"
-class="fnanchor">[194]</a>, Dios pasa bajo la figura de un viento
-ligero que produce un zumbido apenas percibible. Estas antiguas
-imágenes habian originado, en las primeras épocas, creencias
-muy análogas á las de los espiritistas de nuestros dias. En la
-<i>Ascension de Isaías</i><a id="FNanchor_195" href="#Footnote_195"
-class="fnanchor">[195]</a> la venida del Espíritu se anuncia por cierta
-frotacion en las puertas<a id="FNanchor_196" href="#Footnote_196"
-class="fnanchor">[196]</a>. Sin embargo, la mayor parte de las
-veces se con<span class="pagenum" id="Page_109">p. 109</span>cebia
-esta venida como otro bautismo, á saber «el bautismo del Espíritu»
-superior en mucho al de Juan<a id="FNanchor_197" href="#Footnote_197"
-class="fnanchor">[197]</a>. Siendo muy frecuentes las alucinaciones
-del tacto en sujetos tan nerviosos y exaltados, la menor corriente
-de aire, acompañada de un estremecimiento en medio del silencio,
-era atribuido á la presencia del Espíritu. Creia uno sentir, y al
-momento sentian todos,<a id="FNanchor_198" href="#Footnote_198"
-class="fnanchor">[198]</a> comunicándose el entusiasmo de uno á
-otro. Estos fenómenos guardan la más completa analogía con los que
-han experimentado los visionarios de todas épocas. Se presentan
-diariamente, en gran parte bajo la influencia de la lectura
-de la obra «<i>las actas de los Apóstoles</i>,» en las sectas
-inglesas ó americanas de los <i>quakeros</i>, <i>jumpers</i>,
-<i>shakers</i>, é irvingianos<a id="FNanchor_199" href="#Footnote_199"
-class="fnanchor">[199]</a>, entre los mormones<a id="FNanchor_200"
-href="#Footnote_200" class="fnanchor">[200]</a>, <i>los
-camp-meetings</i> y los <i>revivals</i> de América<a id="FNanchor_201"
-href="#Footnote_201" class="fnanchor">[201]</a>. Han vuelto á aparecer
-entre nosotros en la secta llamada de los «espiritistas;» pero debe
-establecerse una gran diferencia entre aberraciones sin importancia ni
-porvenir, y las ilusiones inherentes al establecimiento de un nuevo
-código religioso para la humanidad.</p>
-
-<p>Entre todas aquellas <i>bajadas del Espíritu</i> que se
-supone fueron bastante frecuentes, hubo una que hizo<span
-class="pagenum" id="Page_110">p. 110</span> una profunda impresion
-en la naciente Iglesia.<a id="FNanchor_202" href="#Footnote_202"
-class="fnanchor">[202]</a> Un dia estalló una tempestad cuando
-estaban congregados los hermanos. Un viento muy fuerte abrió las
-ventanas y el cielo parecia de fuego. En aquellos países las
-borrascas van acompañadas de una cantidad prodigiosa de luz, porque
-la atmósfera está continuamente surcada por relámpagos. Sea que el
-fluido eléctrico hubiese penetrado en el mismo local, ó que un rayo
-deslumbrador hubiera iluminado repentinamente el rostro de todos, lo
-cierto es que creyeron que habia entrado el Espíritu y que se habia
-cernido sobre la cabeza de todos en forma de lenguas de fuego.<a
-id="FNanchor_203" href="#Footnote_203" class="fnanchor">[203]</a>
-Era opinion general en las escuelas teúrgicas de Siria, que la
-insinuacion del Espíritu se verificaba por medio de un fuego
-divino y bajo la forma de una luz misteriosa.<a id="FNanchor_204"
-href="#Footnote_204" class="fnanchor">[204]</a> Creyeron haber
-asistido á todos los esplendores del Sinaí,<a id="FNanchor_205"
-href="#Footnote_205" class="fnanchor">[205]</a> á una manifestacion
-divina análoga á la de los tiempos antiguos. El bautismo del Espíritu
-fué tambien desde entonces un bautismo de fuego, y este bautismo del
-Espíritu y del fuego, fué opuesto y preferido al del agua, el único
-que Juan habia conocido.<a id="FNanchor_206" href="#Footnote_206"
-class="fnanchor">[206]</a> Raras veces se produjo el bautismo del
-fuego. Solo los apóstoles y los discípulos del primer cenáculo se
-vanagloriaron de haberlo recibido; pero la creencia de que<span
-class="pagenum" id="Page_111">p. 111</span> el Espíritu habia bajado
-sobre ellos en forma de llamas semejantes á lenguas ardientes, dió
-orígen á una multitud de ideas singulares que ocuparon preferentemente
-las imaginaciones de aquel tiempo.</p>
-
-<p>Se suponia que la lengua del hombre inspirado habia recibido una
-especie de sacramento; que varios profetas habian sido tartamudos
-antes de su mision<a id="FNanchor_207" href="#Footnote_207"
-class="fnanchor">[207]</a>; que el ángel de Dios habia pasado
-por sus labios un carbon que los purificaba y les conferia el
-don de elocuencia<a id="FNanchor_208" href="#Footnote_208"
-class="fnanchor">[208]</a> y que en la predicacion, el hombre no
-hablaba por sí mismo<a id="FNanchor_209" href="#Footnote_209"
-class="fnanchor">[209]</a>, siendo considerada su lengua como el órgano
-de la Divinidad que lo inspiraba. Esas lenguas de fuego parecieron
-un símbolo portentoso, creyendo que Dios habia querido significar
-con ellas que derramaba sobre los apóstoles sus dones más preciosos
-de elocuencia y de inspiracion. No paró aquí esto. Jerusalem era,
-como casi todas las grandes ciudades de Oriente, una poblacion muy
-poliglota. La diversidad de idiomas era reputada una de las mayores
-dificultades que se oponian á una propaganda de un carácter tan
-universal, y como una de las cosas que más arredraba á los apóstoles,
-al principio de una predicacion destinada á abarcar el mundo, era el
-número de lenguas que se hablaban en él, no atinando en la manera de
-aprender tantos dialectos, el <i>don de las lenguas</i> llegó á ser con
-este motivo un privilegio maravilloso. Desde aquel momento se consideró
-la predicacion del<span class="pagenum" id="Page_112">p. 112</span>
-Evangelio libre del obstáculo creado por la diversidad de idiomas,
-figurándose que en algunas circunstancias solemnes cada uno de los
-concurrentes oia la predicacion apostólica en su propia lengua, ó en
-otros términos, que la palabra apostólica se traducia por sí misma á
-cada uno de los concurrentes<a id="FNanchor_210" href="#Footnote_210"
-class="fnanchor">[210]</a>. En otras ocasiones, se concebia esto de
-un modo algo diferente. Se atribuia á los apóstoles el don de saber,
-por infusion divina, todos los idiomas y de hablarlos cuando querian<a
-id="FNanchor_211" href="#Footnote_211" class="fnanchor">[211]</a>.</p>
-
-<p>Habia en ello un pensamiento liberal; querian significar que el
-Evangelio no tiene lengua propia, que puede traducirse en todos los
-idiomas y que la traduccion vale tanto como el original. No era esta
-la creencia del judaismo ortodoxo. El hebreo era para el judío de
-Jerusalem la <i>lengua santa</i>, y en su opinion ningun idioma podia
-comparársele. Las traducciones de la Biblia eran poco apreciadas
-porque se permitian en ellas varios cambios y modificaciones, al paso
-que el texto hebreo era escrupulosamente conservado. Bien es cierto
-que los judíos de Egipto y los helenistas de Palestina practicaban un
-sistema más tolerante, puesto que empleaban el griego para la oracion<a
-id="FNanchor_212" href="#Footnote_212" class="fnanchor">[212]</a> y
-acostumbraban á leer las traducciones griegas de la Biblia, pero la
-primera idea cristiana fué todavía más lata; segun ella, la palabra
-de Dios no tiene lengua propia; es libre de<span class="pagenum"
-id="Page_113">p. 113</span> toda traba, pertenece á todos los idiomas
-y no exige intérprete. La facilidad con que el cristianismo se separó
-del dialecto semítico que hablaba Jesús, la libertad que concedió á
-cada pueblo para crearse su liturgia y sus versiones de la Biblia
-en dialecto nacional, procedia de esta especie de emancipacion de
-lenguas. Generalmente se admitia que el Mesías reduciria los idiomas
-y los pueblos á la unidad<a id="FNanchor_213" href="#Footnote_213"
-class="fnanchor">[213]</a>. El uso comun y la promiscuidad de los
-lenguajes eran el primer paso dado hácia aquella grande era de
-pacificacion universal.</p>
-
-<p>Sin embargo, el don de las lenguas se transformó luego
-considerablemente y produjo efectos muy extraños. La exaltacion
-de las cabezas originó el éxtasis y la profecía. En los momentos
-de éxtasis, el fiel, inspirado por el Espíritu, proferia sonidos
-inarticulados y sin conexion, que se tomaban por palabras de un idioma
-extranjero y que se procuraba interpretar con la mayor candidez<a
-id="FNanchor_214" href="#Footnote_214" class="fnanchor">[214]</a>.
-Otras veces se creia que el extático hablaba una lengua nueva y
-desconocida hasta entonces<a id="FNanchor_215" href="#Footnote_215"
-class="fnanchor">[215]</a> ó el lenguaje mismo de los ángeles<a
-id="FNanchor_216" href="#Footnote_216" class="fnanchor">[216]</a>. Tan
-extrañas escenas, que fueron causa de muchos abusos no se generalizaron
-sino algun tiempo despues,<a id="FNanchor_217" href="#Footnote_217"
-class="fnanchor">[217]</a> aunque es probable que ya tendrian lugar
-desde los<span class="pagenum" id="Page_114">p. 114</span> primeros
-tiempos del cristianismo. Las visiones de los antiguos profetas habian
-ido acompañadas de fenómenos de excitacion nerviosa<a id="FNanchor_218"
-href="#Footnote_218" class="fnanchor">[218]</a>. El estado ditirámbico
-de los Griegos originaba hechos de la misma clase; la Pitia empleaba
-con preferencia aquellas palabras extranjeras ó inusitadas, llamadas
-como en el fenómeno apostólico, <i>glosas</i><a id="FNanchor_219"
-href="#Footnote_219" class="fnanchor">[219]</a>. Muchas palabras
-empleadas como santo y seña por el cristianismo primitivo, las
-cuales son justamente bilingües ó formadas de anagramas, tales como
-<i>Abba pater</i>, <i>anathema Maranatha</i><a id="FNanchor_220"
-href="#Footnote_220" class="fnanchor">[220]</a> procedian quizás de
-estos accesos extraños, mezclados de suspiros<a id="FNanchor_221"
-href="#Footnote_221" class="fnanchor">[221]</a>, de gemidos
-ahogados, de jaculatorias, oraciones y de arrebatos que se tenian
-por proféticos. Eran como una música vaga del alma, compuesta de
-sonidos indistintos, que los oyentes procuraban traducir en imágenes
-y en palabras determinadas<a id="FNanchor_222" href="#Footnote_222"
-class="fnanchor">[222]</a> ó mejor dicho, plegarias del Espíritu
-dirigidas á Dios en un lenguaje conocido de Dios solo, y que
-él sabia interpretar<a id="FNanchor_223" href="#Footnote_223"
-class="fnanchor">[223]</a>. El extático, efectivamente, ignoraba lo
-que decia sin tener siquiera conciencia de ello.<a id="FNanchor_224"
-href="#Footnote_224" class="fnanchor">[224]</a> Los concurrentes
-escuchaban con avidez y atribuian á estas sílabas incoherentes
-pensamientos que traducian en seguida. Cada cual las aplicaba
-á su dialecto y procuraba comprender con la mayor candidez
-estos sonidos<span class="pagenum" id="Page_115">p. 115</span>
-ininteligibles por lo que sabia de los demás idiomas. El oyente siempre
-lograba explicárselo, porque en último resultado, daba á estas palabras
-entrecortadas un sentido conforme á lo que pensaba.</p>
-
-<p>La historia de las sectas de <i>iluminados</i> abunda en hechos
-de la misma clase. Los predicadores de las Cevenas ofrecieron varios
-casos de «glosolalia»<a id="FNanchor_225" href="#Footnote_225"
-class="fnanchor">[225]</a>; pero el más notable es el de los
-«leyentes» suecos<a id="FNanchor_226" href="#Footnote_226"
-class="fnanchor">[226]</a> ocurrido en los años de 1841 á 1843.
-Palabras sin sentido para los que las pronunciaban y acompañadas de
-convulsiones y desmayos, fueron durante largo tiempo el ejercicio
-diario de aquella pequeña secta, lo que pasó á ser contagioso y originó
-un gran movimiento popular. Entre los irvingianos, el fenómeno de las
-lenguas se presentaba con caractéres que reproducian exactamente las
-relaciones de las <i>Actas</i> y de San Pablo<a id="FNanchor_227"
-href="#Footnote_227" class="fnanchor">[227]</a>. Nuestro siglo ha visto
-escenas de ilusion del mismo género que no creemos deber mencionar,
-porque no es justo comparar la credulidad inherente á un gran
-movimiento religioso, con la credulidad que únicamente reconoce por
-causa la torpeza de imaginacion.</p>
-
-<p>En ciertos casos, estos fenómenos se verificaban<span
-class="pagenum" id="Page_116">p. 116</span> en público. Algunos
-extáticos, en el momento de sus extravagantes iluminaciones,
-se atrevian á salir y á presentarse ante la gente, que los
-tomaba por borrachos<a id="FNanchor_228" href="#Footnote_228"
-class="fnanchor">[228]</a>. Aunque sóbrio en cuestion de
-misticismo, Jesús habia ofrecido más de una vez los fenómenos
-ordinarios del éxtasis<a id="FNanchor_229" href="#Footnote_229"
-class="fnanchor">[229]</a>. Durante dos ó tres años, sus discípulos
-estuvieron embargados por estas ideas. El profetismo era frecuente y
-considerado como un don análogo al de las lenguas<a id="FNanchor_230"
-href="#Footnote_230" class="fnanchor">[230]</a>. La oracion,
-mezclada de convulsiones, de modulaciones cadenciosas, de suspiros
-místicos, de entusiasmo lírico, de cantos en accion de gracias,<a
-id="FNanchor_231" href="#Footnote_231" class="fnanchor">[231]</a> era
-un ejercicio cotidiano. Esto dió nacimiento á un considerable número
-de «<i>cánticos</i>», «<i>salmos</i>» é «<i>himnos</i>» imitados á
-los del antiguo testamento<a id="FNanchor_232" href="#Footnote_232"
-class="fnanchor">[232]</a>. Unas veces la boca y el corazon se
-acompañaban mútuamente, y otras el corazon cantaba solo, acompañado
-interiormente por la gracia<a id="FNanchor_233" href="#Footnote_233"
-class="fnanchor">[233]</a>. Como no habia ninguna lengua que pudiese
-expresar las sensaciones nuevas que se experimentaban, se usaba
-un tartamudeo indistinto, á la vez sublime y pueril, en el que
-flotaba, en estado de embrion, lo que podriamos llamar «la lengua
-cristiana». No encontrando el cristianismo en las lenguas antiguas un
-instrumento adecuado á sus necesidades, las eliminó; pero antes que la
-religion<span class="pagenum" id="Page_117">p. 117</span> nueva se
-hubiese formado un idioma para su uso, se pasaron algunos siglos de
-esfuerzos oscuros y de gemidos. El estilo de San Pablo, y en general,
-de los escritores del Nuevo Testamento, ¿qué es, bien considerado,
-sino la improvisacion ahogada, jadeante é informe del «glosolalio»?
-Carecian de lengua. Lo mismo que los profetas, principiaban con el
-<i>a a a</i> del niño.<a id="FNanchor_234" href="#Footnote_234"
-class="fnanchor">[234]</a> No sabian hablar, ni producirse ni en griego
-ni en semítico. De ahí provino la enorme violencia hecha al lenguaje
-por el cristianismo naciente. Diríase que eran tartamudos, en cuya boca
-los sonidos se chocaban, se ahogaban y producian una pantomima confusa,
-pero soberanamente expresiva.</p>
-
-<p>Todo esto distaba mucho del sentimiento de Jesús; pero para unos
-entendimientos penetrados de la creencia en lo sobrenatural, dichos
-fenómenos tenian una grande importancia. El don de las lenguas,
-particularmente, era considerado como un sello esencial de la
-nueva religion y como una prueba de su verdad<a id="FNanchor_235"
-href="#Footnote_235" class="fnanchor">[235]</a>. Sea como fuere,
-ello es que producia abundantes frutos de edificacion, y hacia
-convertir á muchos paganos<a id="FNanchor_236" href="#Footnote_236"
-class="fnanchor">[236]</a>. Hasta el siglo <span class="asc">III</span>
-la «glosolalia» se manifestó de una manera análoga á lo que
-describe San Pablo, y fué considerada como un milagro permanente<a
-id="FNanchor_237" href="#Footnote_237" class="fnanchor">[237]</a>.
-Al<span class="pagenum" id="Page_118">p. 118</span>gunas de las
-palabras sublimes del cristianismo, han salido de aquellos suspiros
-entrecortados. El efecto general era tierno y penetrante. Este modo
-de reunir sus inspiraciones y de abandonarlas á la interpretacion de
-la comunidad, debia establecer entre los fieles un profundo lazo de
-fraternidad.</p>
-
-<p>Conforme sucede con todos los místicos, los nuevos sectarios
-llevaban una vida de ayuno y de austeridad<a id="FNanchor_238"
-href="#Footnote_238" class="fnanchor">[238]</a>. La mayor parte de
-los orientales comian muy poco, lo que contribuia á mantenerlos en la
-exaltacion. La sobriedad del Sirio, causa de su debilidad física, lo
-ponia en un estado perpétuo de calentura y de susceptibilidad nerviosa.
-Nuestros grandes y continuos esfuerzos de imaginacion serian imposibles
-con semejante régimen; pero esta debilidad cerebral y muscular, les
-ocasionaban, sin causa aparente, vivas alternativas de tristeza y de
-alegría, que hacian elevar su alma hácia Dios. Lo que llamaban la
-«<i>tristeza de Dios</i>»<a id="FNanchor_239" href="#Footnote_239"
-class="fnanchor">[239]</a> pasaba por un don del cielo. Toda la
-doctrina de los Padres de la vida espiritual, de Juan Clímaco,
-Basilio, Nilo y Arsenio, todos los secretos del grande arte de la
-vida interior, una de las creaciones más gloriosas del cristianismo,
-germinaban en la fantástica disposicion de ánimo que atravesaron
-durante sus dias de expectacion extática, aquellos antepasados ilustres
-de todos los «hombres de deseos». Su estado moral no era regular;
-vivian en lo sobrenatural. Solo obraban por visiones; los sueños y
-las circunstancias<span class="pagenum" id="Page_119">p. 119</span>
-más insignificantes les parecian avisos del cielo<a id="FNanchor_240"
-href="#Footnote_240" class="fnanchor">[240]</a>.</p>
-
-<p>Bajo el nombre de dones del Espíritu Santo, se ocultaban las más
-raras y exquisitas efusiones del alma: amor, piedad, temor respetuoso,
-suspiros sin objeto, languidez súbita, ternuras espontáneas. Todo
-lo que nace bueno en el hombre, sin esfuerzo de éste, se atribuia
-á un soplo divino. Las lágrimas, especialmente, eran consideradas
-como una gracia del cielo. Este don precioso, privilegio únicamente
-de las almas buenas y puras, se producia con dulzuras infinitas.
-Nadie ignora la fuerza que sacan las naturalezas delicadas, sobre
-todo las mujeres, de la divina facultad de poder llorar mucho: es su
-plegaria, sin duda alguna, la más santa de las plegarias. Es preciso
-transportarse á la edad media y considerar la piedad tan regada con
-lágrimas de San Bruno, San Bernardo, y San Francisco de Asís, para
-volver á encontrar las castas melancolías de aquellos primeros tiempos
-en los que verdaderamente se sembraran lágrimas para recoger alegrías.
-Entonces, llorar era un acto piadoso; los que no sabian predicar,
-hablar idiomas, ni hacer milagros, lloraban.—Se lloraba orando,
-predicando, amonestando<a id="FNanchor_241" href="#Footnote_241"
-class="fnanchor">[241]</a>; en una palabra, aquella época era el
-advenimiento del reino de las lágrimas. Hubiérase dicho que las almas
-se unian y querian en ausencia de un lenguaje que pudiese traducir sus
-sentimientos, manifestarse exteriormente por medio de una expresion
-viva y abreviada de todo su ser interior.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_5">
- <p><span class="pagenum" id="Page_120">p. 120</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO V.</h2>
- <p class="subh2">Primera Iglesia de Jerusalem, enteramente
- cenobítica.</p>
-</div>
-
-<div class="sidenote">Año 35</div>
-
-<p>La costumbre de vivir juntos, en una misma fé y una misma confianza,
-creó naturalmente hábitos comunes. Pronto se adoptaron varias
-reglas que dieron á esta Iglesia primitiva alguna analogía con los
-establecimientos de vida cenobítica que el cristianismo instituyó más
-adelante. Muchos preceptos de Jesús tendian á este fin; el verdadero
-ideal de la vida evangélica es un monasterio: no un monasterio cerrado
-con rejas, una cárcel al estilo de la edad media con separacion de
-ambos sexos, sino un asilo en medio del mundo, un espacio reservado
-para la vida del espíritu, una asociacion libre, ó pequeña congregacion
-íntima, trazando á su alrededor un vallado para que no entren en ella
-zozobras que perjudican á la libertad del reino de Dios.</p>
-
-<p>Todos vivian, por consiguiente, en comunidad, no formando más
-que un cuerpo y un alma<a id="FNanchor_242" href="#Footnote_242"
-class="fnanchor">[242]</a>. Nadie te<span class="pagenum"
-id="Page_121">p. 121</span>nia nada suyo. Cuando entraban á ser
-discípulos de Jesús, vendian sus bienes y hacian donacion de su
-importe á la sociedad. Los jefes de esta distribuian luego el bien
-comun á cada uno segun sus necesidades. Habitaban en un solo barrio;<a
-id="FNanchor_243" href="#Footnote_243" class="fnanchor">[243]</a>,
-comian juntos y continuaban aplicando á la comida el sentido místico
-que Jesús habia prescrito<a id="FNanchor_244" href="#Footnote_244"
-class="fnanchor">[244]</a>. Pasaban muchas horas orando; sus plegarias
-eran á veces improvisadas en alta voz, pero más á menudo meditadas
-en silencio. Los éxtasis eran frecuentes y cada cual se creia estar
-siempre favorecido por la inspiracion divina. La concordia que reinaba
-entre ellos era perfecta; nunca tenian ninguna discusion dogmática ni
-la menor disputa de amor propio, y la querida memoria de Jesucristo
-borraba todos los resentimientos. La alegría estaba en todos los
-corazones viva y profunda<a id="FNanchor_245" href="#Footnote_245"
-class="fnanchor">[245]</a>. Su moral era austera, pero penetrada
-de un sentimiento dulce y tierno. Se agrupaban por casas para
-orar y entregarse á los ejercicios extáticos<a id="FNanchor_246"
-href="#Footnote_246" class="fnanchor">[246]</a>. El recuerdo de
-aquellos dos ó tres primeros años, fué como el de un paraiso terrestre
-que nunca más volverá para el cristianismo, por más esfuerzos que
-haga. Efectivamente, ¿quién no comprende que semejante organizacion
-solo podia aplicarse á una pequeña Iglesia? Á pesar de esto, la vida
-monástica persiguió más adelante por su cuenta es<span class="pagenum"
-id="Page_122">p. 122</span>te ideal primitivo, que la Iglesia universal
-no se cuidó mucho de realizar.</p>
-
-<p>Posible es que el autor de las <i>Actas</i>, á quien debemos la
-descripcion de esta primera cristiandad de Jerusalem, haya recargado
-algo los colores y exagerado especialmente la comunidad de bienes que
-hemos citado. El autor de las <i>Actas</i>, hace como el autor del
-tercer Evangelio, que en la vida de Jesús, acostumbra á desfigurar
-los hechos segun sus teorías<a id="FNanchor_247" href="#Footnote_247"
-class="fnanchor">[247]</a> y que deja traslucir muy claramente su
-tendencia á las doctrinas del <i>ebionismo</i><a id="FNanchor_248"
-href="#Footnote_248" class="fnanchor">[248]</a>, es decir, de la
-pobreza absoluta. No obstante, la relacion de las <i>Actas</i> no
-puede considerarse infundada respecto á este particular. Aun cuando
-Jesús no hubiese pronunciado ninguno de los axiomas comunistas que
-se leen en el tercer Evangelio, no hay duda que el renunciar á los
-bienes mundanales y la práctica de la caridad llevada hasta el punto
-de despojarse de todo lo que se poseyese, constituian el espíritu de
-su predicacion. La creencia del fin del mundo ha producido siempre
-el desprecio de los bienes terrenales y la vida en comunidad<a
-id="FNanchor_249" href="#Footnote_249" class="fnanchor">[249]</a>. Por
-otra parte, lo que manifiestan las <i>Actas</i> está completamente
-de acuerdo con lo que sabemos del orígen de las otras religiones
-ascéticas, por ejemplo, del <i>budismo</i>. Esta clase de religiones
-principian siempre por la vida cenobítica. Sus primeros adeptos son una
-especie de frailes mendicantes.<span class="pagenum" id="Page_123">p.
-123</span> El seglar no figura entre ellos sino cuando estas religiones
-han conquistado sociedades enteras en las que la vida monástica solo
-puede existir por excepcion.<a id="FNanchor_250" href="#Footnote_250"
-class="fnanchor">[250]</a></p>
-
-<p>Admitimos, pues, en la Iglesia de Jerusalem, un período de
-vida cenobítica. Dos siglos despues, los paganos todavía tenian
-al cristianismo por una secta comunista<a id="FNanchor_251"
-href="#Footnote_251" class="fnanchor">[251]</a>. Debe recordarse que
-los esenios ó terapeutas habian dado ya el modelo de este género
-de vida, el cual provenia del mosaismo. Como el código mosaico era
-esencialmente moral y no político, su resultado natural era la utopia
-social, la iglesia, la sinagoga, el convento y no el estado civil, la
-nacion, ni la ciudad. El Egipto tenia, desde muchos siglos, reclusos
-y reclusas mantenidos por el Estado, probablemente en ejecucion de
-legados caritativos, cerca del Serapeo de Menfis<a id="FNanchor_252"
-href="#Footnote_252" class="fnanchor">[252]</a>. Tambien debe tenerse
-en cuenta que semejante vida no es en Oriente lo que ha sido en
-nuestro Occidente. En Oriente, se puede disfrutar de la naturaleza y
-de la existencia sin poseer nada. El hombre es siempre libre porque
-tiene pocas necesidades y por lo tanto, la esclavitud del trabajo es
-completamente desconocida. Aunque el comunismo de la Iglesia primitiva
-no haya sido tan rígido ni tan universal como lo supone el autor de
-las <i>Actas</i>, lo cierto es que en Jeru<span class="pagenum"
-id="Page_124">p. 124</span>salem habia una gran comunidad de pobres,
-gobernada por los apóstoles, á la que se hacian donativos de todos
-los puntos de la cristiandad<a id="FNanchor_253" href="#Footnote_253"
-class="fnanchor">[253]</a>. Esta comunidad se vió obligada á establecer
-reglamentos bastante severos, y algunos años más tarde, hasta hubo
-de emplearse el terror para gobernarla. Se contaban de ella leyendas
-espantosas, segun las cuales el solo hecho de haberse apropiado algo
-de lo que hubiese sido dado para la comunidad, era señalado como
-un crímen capital y castigado con la muerte<a id="FNanchor_254"
-href="#Footnote_254" class="fnanchor">[254]</a>.</p>
-
-<p>Los pórticos del templo, sobre todo el pórtico de Salomon, que
-dominaba el valle de Cedron, eran el lugar en donde acostumbraban
-á reunirse los discípulos durante el dia<a id="FNanchor_255"
-href="#Footnote_255" class="fnanchor">[255]</a>, recordando las
-horas que Jesús habia pasado en dicho sitio. En medio de la extrema
-actividad que reinaba al rededor del templo, debian ser estos muy
-poco notados. En las galerías que formaban parte de aquel edificio,
-habia varias escuelas y sectas y eran teatro de infinitas disputas.
-Además, los fieles de Jesús pasaban por muy devotos, porque todavía
-observaban escrupulosamente las prácticas judías, orando á las horas<a
-id="FNanchor_256" href="#Footnote_256" class="fnanchor">[256]</a>
-fijadas y observando todos los preceptos de la Ley. Eran judíos que
-únicamente diferian de los demás en que creian que ya habia venido
-el Mesías. Los que no les conocian mucho, y estos eran el mayor
-número, los miraban como una secta de <i>ha<span class="pagenum"
-id="Page_125">p. 125</span>sidim</i> ó gentes piadosas. Para
-afiliarse á ellos<a id="FNanchor_257" href="#Footnote_257"
-class="fnanchor">[257]</a> no era uno cismático ni griego, así como
-se puede ser discípulo de Spener sin dejar de ser protestante, ó de
-la órden de San Francisco ó de San Bruno, sin dejar de ser católico.
-El pueblo los amaba á causa de su piedad, su sencillez y dulzura<a
-id="FNanchor_258" href="#Footnote_258" class="fnanchor">[258]</a>, si
-bien los aristócratas del templo, los miraban quizás con desagrado.
-La secta, sin embargo, vivia tranquila, merced á su poco deseo de
-brillar.</p>
-
-<p>Al volver por la noche los hermanos á su casa, cenaban,
-divididos en grupos<a id="FNanchor_259" href="#Footnote_259"
-class="fnanchor">[259]</a>, en señal de fraternidad y en recuerdo de
-Jesús á quien veian siempre entre ellos. El jefe de la mesa cortaba
-el pan, bendecia la copa<a id="FNanchor_260" href="#Footnote_260"
-class="fnanchor">[260]</a>, y la circulaba como un símbolo de union
-con Jesús, y de este modo, el acto más vulgar de la vida, convertíase
-en el más augusto y más santo. En estas cenas en familia, á que eran
-muy aficionados los judíos<a id="FNanchor_261" href="#Footnote_261"
-class="fnanchor">[261]</a>, rezábanse oraciones, reinaba una dulce
-alegría y todos creian hallarse aún en el tiempo en que el divino
-Maestro les animaba con su presencia, imaginándose verle, hasta el
-punto de que muy pronto circuló el rumor de que Jesús habia dicho:
-«Cada vez que corteis el pan hacedlo en memoria mia<a id="FNanchor_262"
-href="#Footnote_262" class="fnanchor">[262]</a>.» El mismo pan, llegó
-á ser en cierto modo Jesús, concebido como orígen único de fortaleza
-para los que le habian amado y<span class="pagenum" id="Page_126">p.
-126</span> vivian aún de él. Aquellas cenas, que fueron siempre el
-símbolo principal del cristianismo y el alma de sus misterios<a
-id="FNanchor_263" href="#Footnote_263" class="fnanchor">[263]</a>
-se celebraban en un principio todas las noches, pero bien pronto
-la costumbre se practicó solo el domingo<a id="FNanchor_264"
-href="#Footnote_264" class="fnanchor">[264]</a> por la noche<a
-id="FNanchor_265" href="#Footnote_265" class="fnanchor">[265]</a>
-y más tarde, empezó á tomarse por la mañana la mística colacion<a
-id="FNanchor_266" href="#Footnote_266" class="fnanchor">[266]</a>.
-Es probable que en aquel período de la historia á que nos referimos
-fué aún para los cristianos dia feriado el sábado<a id="FNanchor_267"
-href="#Footnote_267" class="fnanchor">[267]</a>.</p>
-
-<p>Los apóstoles elegidos por Jesús y que se suponia habian recibido
-de él una órden especial para anunciar al mundo el reino de Dios,
-gozaban en la pequeña comunidad de una superioridad incontestable.
-Uno de los primeros cuidados de la secta, tan pronto como se vió
-establecida tranquilamente en Jerusalem, fué llenar el vacío que habia
-dejado Judas en su seno<a id="FNanchor_268" href="#Footnote_268"
-class="fnanchor">[268]</a>; la opinion de que este último vendiera á
-su Maestro siendo la causa de su muerte, se iba generalizando cada
-vez más. El hecho pasaba al dominio de la leyenda, y todos los dias
-se averiguaba alguna nueva circunstancia que pintaba con más negros
-colores su traicion. Judas habia comprado un campo cerca de la antigua
-necrópolis de Hakeldama, al Sur de Jerusalem, y allí vivia retirado<a
-id="FNanchor_269" href="#Footnote_269" class="fnanchor">[269]</a>. Tal
-era la ingénua exaltacion de la pequeña Iglesia, que para reemplazar
-á Judas se resolvió<span class="pagenum" id="Page_127">p. 127</span>
-echar suertes: en las grandes emociones religiosas, es general emplear
-este medio, pues se admite como principio que nada es fortuito, que
-uno es el objeto principal de la atencion divina y que la parte que
-Dios toma en un hecho, es tanto mayor cuanto que la del hombre es más
-débil. Exigióse tan solo que los candidatos se eligieran en el grupo
-de los discípulos más antiguos que habian sido testigos de todos los
-acontecimientos desde el bautismo de Juan, y como esta circunstancia
-reducia mucho el número de aquellos, solo quedaron dos aspirantes,
-José Bar-sabá, por sobrenombre el <i>Justo</i><a id="FNanchor_270"
-href="#Footnote_270" class="fnanchor">[270]</a> y Matías, sobre el
-cual recayó la suerte y fué contado desde entonces en el número de los
-Doce. Pero ya no volvió á darse otro caso de semejante sustitucion,
-pues se consideró que los apóstoles nombrados por Jesús no debian tener
-sucesor. Evitóse tambien con sabia prudencia el peligro que ofrecia
-establecer un colegio permanente, donde se conservara toda la vida
-y la fuerza de la asociacion. La concentracion de la Iglesia en una
-oligarquía, no vino hasta más tarde.</p>
-
-<p>Por lo demás, es necesario precaverse contra los errores á que ha
-dado lugar y puede dar el nombre de <i>apóstol</i>. En una época muy
-remota, por algunos pasajes de los Evangelios, y sobre todo por la
-analogía de la vida de San Pablo, se supuso que los apóstoles eran una
-especie de misioneros, especialmente viajantes, que se habian repartido
-el mundo de antemano y recorrian como conquistadores todos<span
-class="pagenum" id="Page_128">p. 128</span> los reinos de la tierra<a
-id="FNanchor_271" href="#Footnote_271" class="fnanchor">[271]</a>.
-Formóse sobre esta opinion una série de leyendas para la
-historia eclesiástica<a id="FNanchor_272" href="#Footnote_272"
-class="fnanchor">[272]</a>, pero nada hay más contrario á la verdad<a
-id="FNanchor_273" href="#Footnote_273" class="fnanchor">[273]</a>. El
-cuerpo de los Doce permaneció por lo general en Jerusalem hasta el
-año 60, poco más ó menos, y los apóstoles no salieron de la ciudad
-santa sino para misiones temporales, lo cual explica la oscuridad en
-que estuvieron la mayor parte de los miembros del consejo central,
-pues muy pocos de ellos tuvieron representacion. Formaban una especie
-de colegio sacro ó senado<a id="FNanchor_274" href="#Footnote_274"
-class="fnanchor">[274]</a> destinado únicamente á representar la
-tradicion y el espíritu conservador. Como no desempeñaban funcion
-alguna, no tenian que hacer otra cosa sino predicar y rogar<a
-id="FNanchor_275" href="#Footnote_275" class="fnanchor">[275]</a>;
-apenas se conocian sus nombres fuera de Jerusalem y hácia el año 70
-ú 80, las listas que se daban de estos Doce elegidos primitivos, no
-estaban de acuerdo sino en los nombres principales<a id="FNanchor_276"
-href="#Footnote_276" class="fnanchor">[276]</a>.</p>
-
-<p>Los «hermanos del Señor» aparecen con frecuencia al lado de
-los «Apóstoles» aunque fuesen distintos<a id="FNanchor_277"
-href="#Footnote_277" class="fnanchor">[277]</a>, y su autoridad era
-inferior á la de los segundos, pero estos dos grupos constituyen en
-la iglesia naciente fundada tan solo en las relaciones más ó menos
-íntimas que sus miembros tuvieron con el Maestro. Aquellos eran los
-hombres que Pablo llamaba «las<span class="pagenum" id="Page_129">p.
-129</span> columnas de la Iglesia de Jerusalem<a id="FNanchor_278"
-href="#Footnote_278" class="fnanchor">[278]</a>,» y vemos, por lo
-tanto, que las distinciones de la gerarquía eclesiástica no existian
-aún. El título no era nada; la importancia personal lo era todo; el
-principio del celibato eclesiástico estaba sentado<a id="FNanchor_279"
-href="#Footnote_279" class="fnanchor">[279]</a>, pero necesitábase
-algun tiempo para el completo desarrollo de todos aquellos
-gérmenes. Pedro y Felipe estaban casados y tenian hijos é hijas<a
-id="FNanchor_280" href="#Footnote_280" class="fnanchor">[280]</a>.</p>
-
-<p>El término usado para designar la reunion de los fieles,
-era la palabra del hebreo <i>kahal</i> que se sustituyó por
-la frase esencialmente democrática <span xml:lang="grc"
-lang="grc">ἐκκλησία</span>. <i>Ecclesia</i> es la convocacion del
-pueblo en las antiguas ciudades griegas, el llamamiento al <i>Pnyx</i>
-ó al <i>ágora</i>. Á partir del siglo <span class="asc">II</span>
-ó <span class="asc">III</span> antes de Jesucristo, las palabras
-de la democracia ateniense pasaron en cierto modo al dominio de la
-lengua helénica, y algunos de estos términos,<a id="FNanchor_281"
-href="#Footnote_281" class="fnanchor">[281]</a> á consecuencia del uso
-que hacian de ellos las cofradías griegas, se adoptaron en la lengua
-cristiana. Esto era efecto del movimiento popular, que comprimido hacia
-siglos, seguia de nuevo su curso bajo formas enteramente distintas
-como querian serlo las antiguas repúblicas<a id="FNanchor_282"
-href="#Footnote_282" class="fnanchor">[282]</a>, pero menos exigente
-y desconfiada que aquellas ciudades, la Iglesia delegaba con gusto su
-autoridad: como toda sociedad teocrática trataba de abdicar en manos de
-un clero y era fácil<span class="pagenum" id="Page_130">p. 130</span>
-prever que no pasarian más de dos siglos sin que toda aquella
-democracia se transformara en oligarquía.</p>
-
-<p>El poder que se suponia á la Iglesia reunida y á sus jefes era
-inmenso, pues la primera conferia todas las misiones, guiándose
-únicamente para su eleccion de los signos que daba el Espíritu<a
-id="FNanchor_283" href="#Footnote_283" class="fnanchor">[283]</a>,
-llegando su autoridad hasta el punto de poder decretar la muerte.
-Referíase que solo á la voz de Pedro, algunos delincuentes habian
-caido en el suelo y expirado en el acto<a id="FNanchor_284"
-href="#Footnote_284" class="fnanchor">[284]</a>; San Pablo no teme un
-poco más tarde excomulgar á un incestuoso «entregándole á Satanás para
-que muera su carne y se pueda salvar su alma en el gran dia del Señor<a
-id="FNanchor_285" href="#Footnote_285" class="fnanchor">[285]</a>.»
-Considerábase la excomunion como el equivalente de una sentencia
-de muerte, y no se dudaba que toda persona á quien los apóstoles,
-ó los Jefes de la Iglesia, habian separado del gremio de los
-santos, entregándole al espíritu maligno<a id="FNanchor_286"
-href="#Footnote_286" class="fnanchor">[286]</a>, no estuviese
-perdida. Suponíase á Satanás autor de las enfermedades; abandonarle
-el miembro gangrenado era como entregarlo al ejecutor natural de la
-sentencia; una muerte prematura se tenia por el resultado de uno
-de esos decretos ocultos, que segun la fuerte expresion hebráica,
-«extirpaba una alma de Israel<a id="FNanchor_287" href="#Footnote_287"
-class="fnanchor">[287]</a>.» Los apóstoles se creian revestidos de
-poderes sobrenaturales, y<span class="pagenum" id="Page_131">p.
-131</span> al pronunciar semejantes condenas, pensaban que sus anatemas
-no dejarian de caer sobre los culpables.</p>
-
-<p>La terrible impresion producida por las excomuniones, y el ódio
-que inspiraban á todos los cofrades los miembros así separados del
-gremio de la Iglesia, podia en efecto en muchos casos producir la
-muerte ó al menos obligar al culpable á expatriarse. El mismo terrible
-equívoco se encontraba en la antigua Ley: «la extirpacion» implicaba
-á la vez la muerte, la expulsion de la comunidad, el destierro, un
-retiro solitario y misterioso;<a id="FNanchor_288" href="#Footnote_288"
-class="fnanchor">[288]</a> y matar al apóstata ó al que blasfemaba,
-herir el cuerpo para salvar el alma, era una cosa legítima.
-Debemos recordar que hablamos de la época de los <i>zelotas</i>,
-que consideraban como un acto de virtud dar de puñaladas al
-que faltase á la ley<a id="FNanchor_289" href="#Footnote_289"
-class="fnanchor">[289]</a>, y es preciso tener en cuenta que algunos
-cristianos eran ó habian sido <i>zelotas</i><a id="FNanchor_290"
-href="#Footnote_290" class="fnanchor">[290]</a>. Casos como el de la
-muerte de Ananías y de Safira<a id="FNanchor_291" href="#Footnote_291"
-class="fnanchor">[291]</a>, no causaban el menor escrúpulo. La idea
-del poder civil era tan extraña á todo aquel mundo, que no se hallaba
-al alcance del dominio romano, ó estaba tan persuadida que la Iglesia
-era una sociedad completa que se bastaba á sí misma, que ninguno
-consideraba que un milagro fuese un atentado punible ante la ley
-civil por más que causara la muerte ó la mutilacion de una persona.
-El entusiasmo es<span class="pagenum" id="Page_132">p. 132</span>
-una fé ardiente que lo cubre todo y todo lo excusa; pero comprendíase
-fácilmente cuán grave era el peligro que indicaban para el porvenir
-aquellas máximas teocráticas. La Iglesia está armada de un puñal; la
-excomunion será una sentencia de muerte; en lo sucesivo habrá en el
-mundo además del Estado otro poder que disponga de la vida de los
-ciudadanos; y á fé que si la autoridad romana se hubiese limitado á
-reprimir entre los cristianos y los judíos principios tan condenables,
-habria tenido mil veces razon. Pero en su brutalidad confundia la más
-legítima de las libertades, la de adorar cada uno á su modo, con abusos
-que ninguna sociedad ha podido jamás tolerar impunemente.</p>
-
-<p>Pedro gozaba entre los apóstoles de cierta superioridad
-debida principalmente á su actividad y celo<a id="FNanchor_292"
-href="#Footnote_292" class="fnanchor">[292]</a>: en los primeros
-años, apenas se separa de Juan, hijo de Zebedeo; ambos van
-casi siempre juntos<a id="FNanchor_293" href="#Footnote_293"
-class="fnanchor">[293]</a>, y su buena armonía fué á no dudarlo la
-piedra angular de la nueva fé. Jacobo, hermano del Señor, les igualaba
-casi en autoridad, al menos en una fraccion de la Iglesia, y en cuanto
-á ciertos amigos íntimos de Jesús, tal como las mujeres galileas y
-la familia de Betania, ya hemos dicho que no hay para que hablar de
-ellos. Menos deseosas de organizar y de fundar, las fieles compañeras
-de Jesús se contentaban con amar muerto al que adoraran en vida;
-alimentándose con su esperanza,<span class="pagenum" id="Page_133">p.
-133</span> las nobles mujeres que fundaron la fé del mundo, permanecian
-casi desconocidas de los hombres notables de Jerusalem, y cuando
-murieron, quedaron enterradas en el sepulcro con ellas los caractéres
-más importantes de la historia del cristianismo naciente. Los que
-desempeñan un papel activo son los que se llevan la fama; aquellos que
-se contentan con amar en secreto permanecen oscuros, pero seguramente
-les corresponde la mejor parte.</p>
-
-<p>Inútil es decir que aquel pequeño grupo de gente sencilla, no
-tenia la menor idea de la teología especulativa, pues Jesús rehuyó
-siempre con la mayor prudencia toda cuestion metafísica, y no tuvo
-más que un dogma, su propia filiacion divina y la divinidad de su
-mision. Todo el símbolo de la Iglesia primitiva podia encerrarse
-en esta sola línea: «Jesús es el Mesías, hijo de Dios.» Esta
-creencia se fundaba en un argumento perentorio, en el hecho de la
-resurreccion, de la que figuraban como testigos los discípulos, por
-más que ninguno en realidad, ni aun las mujeres galileas, asegurará
-haber visto la resurreccion<a id="FNanchor_294" href="#Footnote_294"
-class="fnanchor">[294]</a>; pero la ausencia del cuerpo y las
-apariciones que se siguieron despues, parece que equivalen al hecho
-mismo. Atestiguar la resurreccion de Jesús, era la mision que todos
-creian<span class="pagenum" id="Page_134">p. 134</span> deber
-llevar á cabo ante todos<a id="FNanchor_295" href="#Footnote_295"
-class="fnanchor">[295]</a>, é imagináronse bien pronto que el Maestro
-habia pronosticado este acontecimiento. Recordábanse algunas de sus
-palabras que se creyó no haberse comprendido bien, y esto indujo á
-suponer que se habia anunciado la resurreccion<a id="FNanchor_296"
-href="#Footnote_296" class="fnanchor">[296]</a>. La creencia
-en la próxima manifestacion gloriosa de Jesús era universal<a
-id="FNanchor_297" href="#Footnote_297" class="fnanchor">[297]</a>; la
-palabra secreta que los cofrades se decian entre sí para reconocerse
-y fortificarse, era <i>Maran atha</i>, «el Señor va á venir»<a
-id="FNanchor_298" href="#Footnote_298" class="fnanchor">[298]</a>.
-Creíase tambien recordar una declaracion de Jesús, segun la cual, no
-habia tiempo para que la predicacion alcanzara á todas las ciudades
-de Israel, antes que el hijo del hombre apareciese en su majestad<a
-id="FNanchor_299" href="#Footnote_299" class="fnanchor">[299]</a>; pero
-entre tanto Jesús resucitado está sentado á la diestra de su Padre,
-y allí descansa hasta el dia solemne en que vendrá envuelto entre
-las nubes á juzgar á los vivos y á los muertos<a id="FNanchor_300"
-href="#Footnote_300" class="fnanchor">[300]</a>.</p>
-
-<p>La idea que tenian de Jesús era la misma que aquel les diera:
-Jesús habia sido un profeta poderoso en obras y en palabras<a
-id="FNanchor_301" href="#Footnote_301" class="fnanchor">[301]</a>,
-un hombre elegido de Dios que recibiera una mision especial
-para la humanidad<a id="FNanchor_302" href="#Footnote_302"
-class="fnanchor">[302]</a>, mision que probó por sus milagros y su
-resurreccion. Dios le ungió del Espíritu Santo revistiéndole de fuerza;
-ha pasado haciendo bien y curando á los que esta<span class="pagenum"
-id="Page_135">p. 135</span>ban poseidos del demonio<a id="FNanchor_303"
-href="#Footnote_303" class="fnanchor">[303]</a>, porque Dios era con
-él<a id="FNanchor_304" href="#Footnote_304" class="fnanchor">[304]</a>;
-es el Hijo de Dios, un representante de Dios en la tierra; es
-el Mesías, el salvador de Israel anunciado por los profetas<a
-id="FNanchor_305" href="#Footnote_305" class="fnanchor">[305]</a>. La
-lectura de los libros del Antiguo Testamento, especialmente el de los
-Profetas y de los Salmos, era habitual en la secta, y al proceder á
-dicha lectura, fijábanse todos en la idea de encontrar siempre el tipo
-de Jesús; y persuadidos de que los antiguos libros hebreos estaban
-llenos de él, formóse desde los primeros años una coleccion de textos,
-sacados de los Profetas, de los Salmos y de ciertos libros apócrifos
-en los cuales, segun conviccion general, se predecia y describia de
-antemano la Vida de Jesús<a id="FNanchor_306" href="#Footnote_306"
-class="fnanchor">[306]</a>. Este método de interpretacion arbitraria
-estaba adoptado en todas las escuelas judías; las alusiones mesiánicas
-eran una especie de juego de imaginacion, análogo al que hacian
-antiguos predicadores con los pasajes de la Biblia, trastornando
-su sentido natural y tomándolos como simples adornos de retórica
-sagrada.</p>
-
-<p>Jesús, merced á su tacto exquisito de las cosas religiosas, no
-habia instituido ningun nuevo ritual, y por lo tanto, la nueva
-secta no tenia aún ceremonias especiales<a id="FNanchor_307"
-href="#Footnote_307" class="fnanchor">[307]</a>. Las prácticas de
-piedad eran las prácticas judías; las reuniones no tenian nada
-de litúrgicas en el sentido preciso; eran sesiones de cofrades
-donde se<span class="pagenum" id="Page_136">p. 136</span>
-rezaba, practicándose tambien los ejercicios de la profecía<a
-id="FNanchor_308" href="#Footnote_308" class="fnanchor">[308]</a>
-y la lectura de la correspondencia. Allí no habia nada de
-sacerdotal: no hay sacerdote (<i>cohen</i> ó <span xml:lang="grc"
-lang="grc">ἱερεύς</span>); el <i>presbyteros</i>, es el <i>anciano</i>
-de la comunidad y nada más; el único sacerdote es Jesús<a
-id="FNanchor_309" href="#Footnote_309" class="fnanchor">[309]</a>;
-ó en otro sentido, todos los fieles lo son.<a id="FNanchor_310"
-href="#Footnote_310" class="fnanchor">[310]</a> Considerábase
-el ayuno como una práctica muy meritoria<a id="FNanchor_311"
-href="#Footnote_311" class="fnanchor">[311]</a>; el bautismo era la
-señal de entrada en la secta<a id="FNanchor_312" href="#Footnote_312"
-class="fnanchor">[312]</a> siendo su rito el mismo observado con
-Juan, pero se administraba en nombre de Jesús<a id="FNanchor_313"
-href="#Footnote_313" class="fnanchor">[313]</a>.</p>
-
-<p>De todos modos, el bautismo no se creia una iniciacion suficiente
-si no era seguido de la colacion de los dones del Espíritu Santo<a
-id="FNanchor_314" href="#Footnote_314" class="fnanchor">[314]</a>, que
-se hacia prévia una oracion pronunciada por los apóstoles sobre la
-cabeza del neófito con la imposicion de las manos.</p>
-
-<p>Esta imposicion ya tan familiar á Jesús<a id="FNanchor_315"
-href="#Footnote_315" class="fnanchor">[315]</a>, era el acto
-sacramental por excelencia<a id="FNanchor_316" href="#Footnote_316"
-class="fnanchor">[316]</a>; conferia la inspiracion, la iluminacion
-interior, el poder de hacer prodigios, de profetizar y de hablar las
-lenguas, era lo que se llamaba el bautismo del Espíritu. Creíase
-recordar las siguientes palabras de Jesús: «Juan os ha bautizado
-por el agua, pero vosotros os habeis bauti<span class="pagenum"
-id="Page_137">p. 137</span>zado por el espíritu»<a id="FNanchor_317"
-href="#Footnote_317" class="fnanchor">[317]</a>. Poco á poco formóse
-un conjunto de todas estas ideas y el bautismo se confirió, «en el
-nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo;<a id="FNanchor_318"
-href="#Footnote_318" class="fnanchor">[318]</a>» pero no es probable
-que esta fórmula se emplease en los primeros dias de la época á que nos
-referimos. Vemos, pues, cuanta era la sencillez del primitivo culto
-cristiano, que no habian inventado ni Jesús ni los apóstoles, toda
-vez que fueron adoptadas antes por ciertas sectas judías estas graves
-y solemnes ceremonias que proceden al parecer de la Caldea, donde se
-practican aun con liturgias especiales para los Sabianos ó Mendaitas<a
-id="FNanchor_319" href="#Footnote_319" class="fnanchor">[319]</a>.
-En la religion de Persia se encuentran tambien muchos ritos
-del mismo género<a id="FNanchor_320" href="#Footnote_320"
-class="fnanchor">[320]</a>.</p>
-
-<p>Las creencias en la medicina popular, que tanto prestigio dieron á
-Jesús, se continuaban en sus discípulos: el don de curar era una de
-las gracias maravillosas que concedia el Espíritu<a id="FNanchor_321"
-href="#Footnote_321" class="fnanchor">[321]</a>. Los primeros
-cristianos, así como casi todos los judíos de aquel tiempo, veian
-en las enfermedades el castigo de una falta<a id="FNanchor_322"
-href="#Footnote_322" class="fnanchor">[322]</a> ó la obra de
-un demonio maligno,<a id="FNanchor_323" href="#Footnote_323"
-class="fnanchor">[323]</a> y los apóstoles eran considerados del
-mismo modo que Jesús, como poderosos exorcistas.<a id="FNanchor_324"
-href="#Footnote_324" class="fnanchor">[324]</a> Creíase que las
-oleacio<span class="pagenum" id="Page_138">p. 138</span>nes que
-hacian con la imposicion de las manos, invocando el nombre de Jesús,
-redimian los pecados, causa de la enfermedad y curaban estas<a
-id="FNanchor_325" href="#Footnote_325" class="fnanchor">[325]</a>;
-el aceite ha sido siempre en Oriente el medicamento por excelencia<a
-id="FNanchor_326" href="#Footnote_326" class="fnanchor">[326]</a>, pero
-de todos modos, creíase que solo la imposicion de las manos de los
-apóstoles bastaba para producir los mismos efectos<a id="FNanchor_327"
-href="#Footnote_327" class="fnanchor">[327]</a>. Esta imposicion se
-hacia por el contacto inmediato, y no es imposible que en ciertos
-casos, el calor de las manos, comunicándose vivamente á la cabeza,
-proporcionase algun alivio al enfermo.</p>
-
-<p>Siendo jóven y poco numerosa la secta, no se entabló sino más
-adelante la cuestion de los muertos. Los primeros fallecimientos
-que ocurrieron entre los cofrades causaron un efecto extraño<a
-id="FNanchor_328" href="#Footnote_328" class="fnanchor">[328]</a>.
-Preocupáronse de la suerte de los difuntos; pues deseaban saber si
-aquellos serian más favorecidos que los que sobrevivieran para ver
-por sus propios ojos el advenimiento del Hijo del hombre. Llegóse
-por fin á considerar generalmente el intervalo entre la muerte y la
-resurreccion como una especie de vacío en la conciencia del difunto.<a
-id="FNanchor_329" href="#Footnote_329" class="fnanchor">[329]</a> La
-idea presentada en el <i>Phedon</i>, de que existe el alma, antes
-y despues de la muerte, de que la muerte es un bien, y aun de que
-es el estado filosófico por excelencia, pues entonces se encuentra
-el alma totalmente libre y desprendida, esta idea, repito,<span
-class="pagenum" id="Page_139">p. 139</span> no era opinion
-decididamente admitida en los primeros cristianos; siendo lo más
-frecuente que considerasen no podia existir el hombre sin cuerpo.
-Y este modo de ver subsistió mucho tiempo sin que cambiara, hasta
-que la doctrina de la inmortalidad del alma, en el sentido de la
-filosofía griega, fué acogida en la Iglesia y se combinó bien ó mal
-con el dogma de la resurreccion y de la renovacion universal. Empero
-en la época á que nos referimos ahora, la creencia en la resurreccion
-reinaba casi exclusivamente<a id="FNanchor_330" href="#Footnote_330"
-class="fnanchor">[330]</a>. El rito de los funerales era segun las
-apariencias el rito judío. No se le daba importancia alguna, y ninguna
-inscripcion indicaba el nombre del difunto, considerando tal vez
-que habia de ser pronta la resurreccion y que el cuerpo de aquel
-fiel cristiano habia de permanecer poco tiempo en la roca donde le
-depositaron. Cuidáronse muy poco de avenirse en cuanto á la cuestion de
-saber si la resurreccion seria universal, es decir, si comprenderia á
-los buenos y á los malos, ó si se aplicaria únicamente á los elegidos<a
-id="FNanchor_331" href="#Footnote_331" class="fnanchor">[331]</a>.</p>
-
-<p>Uno de los fenómenos más notables de la nueva religion fué la
-reaparicion del profetismo. Hacia ya mucho tiempo que casi no se
-hablaba más de profetas en Israel; pero este género particular
-de inspiracion<span class="pagenum" id="Page_140">p. 140</span>
-pareció renacer en la pequeña secta. La Iglesia primitiva tuvo muchos
-profetas, y tambien profetisas<a id="FNanchor_332" href="#Footnote_332"
-class="fnanchor">[332]</a> análogos á los del Antiguo Testamento.
-Aparecieron igualmente los salmistas; y el modelo de los salmos
-cristianos lo encontramos seguramente en los cánticos que Lucas
-se complace en esparcir por su Evangelio<a id="FNanchor_333"
-href="#Footnote_333" class="fnanchor">[333]</a>, y que están basados
-sobre los cánticos del Antiguo Testamento. Estos salmos y estas
-profecías carecen de originalidad en cuanto á su forma; pero están
-animados y henchidos de un admirable espíritu de dulzura y de piedad;
-vienen siendo un eco amortiguado de las últimas melodías que produjo la
-sagrada lira de Israel; y no parece sino que fueron los salmos el cáliz
-de la flor, donde la abeja cristiana hizo presa de su primer jugo. El
-Pentateuco, era segun las apariencias, poco leido y poco meditado,
-sustituyéndolo con alegorías, á estilo de los <i>midraschim</i> judíos,
-en que se suprimia todo el sentido histórico de los libros.</p>
-
-<p>El canto con que se acompañaban los himnos nuevos<a
-id="FNanchor_334" href="#Footnote_334" class="fnanchor">[334]</a>
-era probablemente esa especie de sollozo sin notas bien marcadas
-y perceptibles, que continúa siendo el canto de los griegos,
-de los maronitas y de los cristianos de Oriente en general<a
-id="FNanchor_335" href="#Footnote_335" class="fnanchor">[335]</a>.
-No es debido á modulaciones musicales, sino á un modo peculiar de
-forzar la voz, emitiendo por la nariz una especie de gemido<span
-class="pagenum" id="Page_141">p. 141</span> en que todas las
-inflexiones se suceden con rapidez unas á otras. Ejecútase esta
-singular melopea, en pié, con la vista fija, la frente arrugada,
-las cejas fruncidas y con un esfuerzo aparente. Pronúnciase sobre
-todo con voz temblorosa la palabra <i>amen</i>, la cual hacia gran
-papel en la liturgia. Á imitacion de los judíos<a id="FNanchor_336"
-href="#Footnote_336" class="fnanchor">[336]</a> usábanla los nuevos
-cristianos para manifestar la adhesion de la muchedumbre á la palabra
-del profeta ó del sochantre<a id="FNanchor_337" href="#Footnote_337"
-class="fnanchor">[337]</a>. Acaso atribuíanse ya virtudes secretas á
-esta palabra, y por eso la pronunciaban con cierto énfasis. Ignoramos
-si este canto eclesiástico primitivo iba acompañado de instrumentos<a
-id="FNanchor_338" href="#Footnote_338" class="fnanchor">[338]</a>.
-Respecto al canto íntimo, el que los fieles «cantaban en el
-fondo de su corazon<a id="FNanchor_339" href="#Footnote_339"
-class="fnanchor">[339]</a>,» y que no era más que la expansion y
-desahogo de aquellas almas tiernas, fervorosas y contemplativas, es
-de presumir que lo ejecutaban á media voz como las cantilenas de los
-lolardos de la edad media<a id="FNanchor_340" href="#Footnote_340"
-class="fnanchor">[340]</a>. Por lo general aquellos himnos eran la
-manifestacion de la alegría que rebosaba en sus corazones. Una de
-las máximas de los sabios de la secta era: «Si estás triste, ora;
-si estás alegre, canta<a id="FNanchor_341" href="#Footnote_341"
-class="fnanchor">[341]</a>.»</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_142">p. 142</span>Por lo demás,
-destinada simplemente á la edificacion de los fieles congregados,
-aquella primera literatura cristiana no se escribia. Componer ó
-escribir libros era una idea que á nadie se le ocurria, pues que Jesús
-habia hablado y recordaban sus palabras. ¿No habia prometido que la
-generacion de sus oyentes no pasaria antes que él reapareciera?<a
-id="FNanchor_342" href="#Footnote_342" class="fnanchor">[342]</a></p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_6">
- <p><span class="pagenum" id="Page_143">p. 143</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO VI.</h2>
- <p class="subh2">Conversion de judíos helenistas y prosélitos.</p>
-</div>
-
-<div class="sidenote">Año 36</div>
-
-<p>Hasta aquí, se ha presentado á nuestra vista la Iglesia de Jerusalem
-como una pequeña colonia galilea. Los amigos que habia adquirido Jesús
-en Jerusalem y en las cercanías, tales como Lázaro, Marta, María de
-Betania, José de Arimatea y Nicodemo, habian desaparecido de la escena.
-El grupo galileo, estrechado en derredor de los doce, fué el único que
-subsistió compacto y activo. Más adelante, despues de la destruccion
-de Jerusalem, y lejos de la Judea, imagináronse que los sermones de
-los apóstoles eran escenas públicas que se representaban en las plazas
-y á presencia del gentío que en ellas se reunia.<a id="FNanchor_343"
-href="#Footnote_343" class="fnanchor">[343]</a> Semejante pensamiento
-debiera relegarse entre las supuestas imágenes que tanto abundan
-en las leyendas. Las autoridades que condenaron á muerte á Jesús,
-no hubieran consentido que semejantes escándalos se renovasen. El
-pro<span class="pagenum" id="Page_144">p. 144</span>selitismo
-de los fieles se comunicaba de uno á otro.<a id="FNanchor_344"
-href="#Footnote_344" class="fnanchor">[344]</a> Sus predicaciones bajo
-el pórtico de Salomon, habian de dirigirse á muy pocos oyentes; pero
-su efecto, por lo mismo, no habia de ser sino más profundo. Consistian
-principalmente sus discursos en citas del Antiguo Testamento con las
-cuales creian probar que Jesús era el Mesías.<a id="FNanchor_345"
-href="#Footnote_345" class="fnanchor">[345]</a> Su razonamiento era
-sutil y débil; pero todos los comentarios de los Judíos de aquella
-época eran por el mismo estilo, y las consecuencias que deducen de la
-Biblia los doce de la <i>Mischna</i>, no son tampoco satisfactorias.</p>
-
-<p>Mucho más débil aún era la prueba invocada para sostener sus
-argumentos, deducida de los pretendidos prodigios. Imposible fuera
-dudar que los apóstoles hayan creido hacer milagros. Estos eran
-considerados como la señal de toda mision divina,<a id="FNanchor_346"
-href="#Footnote_346" class="fnanchor">[346]</a> y San Pablo, cuyo
-entendimiento era ciertamente el más claro y adelantado de la
-primitiva escuela cristiana, creyó obrar milagros.<a id="FNanchor_347"
-href="#Footnote_347" class="fnanchor">[347]</a> Se consideraba
-como indudable que Jesús los habia hecho, y era natural que se
-continuase la série de las manifestaciones divinas. Efectivamente,
-la taumaturgia aparece como un privilegio de los apóstoles hasta
-el fin del siglo primero.<a id="FNanchor_348" href="#Footnote_348"
-class="fnanchor">[348]</a> Los milagros de los apóstoles son de igual
-índole que los de<span class="pagenum" id="Page_145">p. 145</span>
-Jesús, y consisten sobre todo, aunque no exclusivamente, en curas
-de enfermedades y en exorcismos de poseidos.<a id="FNanchor_349"
-href="#Footnote_349" class="fnanchor">[349]</a> Así es que se
-pretendia que bastaba la sombra para operar curas maravillosas.<a
-id="FNanchor_350" href="#Footnote_350" class="fnanchor">[350]</a>
-Reputábanse estos prodigios por dones del Espíritu Santo, y
-eran justipreciados de igual valor que el don de ciencia, de
-predicacion ó de profeta.<a id="FNanchor_351" href="#Footnote_351"
-class="fnanchor">[351]</a> En el siglo <span class="asc">III</span>, la
-Iglesia creia todavía poseer los mismos privilegios y ejercer como por
-una especie de derecho permanente, el poder de curar las enfermedades,
-echar fuera á los demonios y predecir el porvenir;<a id="FNanchor_352"
-href="#Footnote_352" class="fnanchor">[352]</a> siendo todo esto
-posible para los ignorantes. ¿No vemos en la actualidad personas
-honradas y de probidad, pero que carecen de espíritu científico,
-firmemente engañadas con las quiméricas ideas del magnetismo y
-por otras ilusiones?<a id="FNanchor_353" href="#Footnote_353"
-class="fnanchor">[353]</a></p>
-
-<p>Empero no debemos valernos de esos errores candorosos, ni de los
-mezquinos discursos que vemos en las <i>Actas</i>, para calificar
-los medios de conversion de que pudieran disponer los fundadores del
-cristianismo. La verdadera predicacion estribaba en las conversaciones
-de aquellos hombres buenos y convencidos; consistia en el reflejo,
-todavía sensible<span class="pagenum" id="Page_146">p. 146</span> en
-sus discursos, de la palabra de Jesús, y sobre todo en su piedad y
-dulzura. El atractivo de la vida en comun que llevaban tenia tambien
-mucha influencia, siendo su casa como un hospicio en que todos los
-pobres, todos los que se vieran abandonados, encontraban asilo y
-auxilios.</p>
-
-<p>Uno de los primeros que se afiliaron en aquella sociedad
-naciente, fué un chipriota llamado José Hallévi ó el Levita. Este
-vendió su campo como los demás, y fué á postrarse á los piés
-de los Doce ofreciéndoles el precio de la venta. Era un hombre
-inteligente, de un afecto á toda prueba y que usaba fácilmente de
-la palabra; así que uniéronse estrechamente con él los apóstoles,
-y le llamaron <i>Bar-naba</i>, es decir «el hijo de la profecía»
-ó «de la predicacion;»<a id="FNanchor_354" href="#Footnote_354"
-class="fnanchor">[354]</a> pues se le contaba efectivamente en el
-número de los Profetas<a id="FNanchor_355" href="#Footnote_355"
-class="fnanchor">[355]</a>, es decir, de los predicadores inspirados.
-Verémosle más tarde figurar en primera línea, porque despues de
-San Pablo, fué el misionero más activo del primer siglo. Un tal
-Mnason, su compatriota, se convirtió por aquel mismo tiempo.<a
-id="FNanchor_356" href="#Footnote_356" class="fnanchor">[356]</a>
-Los judíos ocupaban muchos barrios de Chipre,<a id="FNanchor_357"
-href="#Footnote_357" class="fnanchor">[357]</a> y Bernabé y Mnason
-eran sin duda judíos de raza.<a id="FNanchor_358" href="#Footnote_358"
-class="fnanchor">[358]</a> Las relaciones íntimas y prolongadas de
-Bernabé con la Iglesia de Jerusalem hacen creer que el siro-caldeo le
-era familiar.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_147">p. 147</span>Una conquista
-casi tan importante como la de Bernabé, fué la de cierto Juan
-que llevaba el sobrenombre romano de <i>Marcus</i>. Era primo de
-Bernabé, y circunciso<a id="FNanchor_359" href="#Footnote_359"
-class="fnanchor">[359]</a>. Su madre, María, debia gozar de cierto
-bienestar y comodidades: convirtióse del propio modo que su hijo, y su
-morada fué más de una vez el sitio donde se reunian los apóstoles.<a
-id="FNanchor_360" href="#Footnote_360" class="fnanchor">[360]</a>
-Parece que estas dos conversiones fueron obra de Pedro.<a
-id="FNanchor_361" href="#Footnote_361" class="fnanchor">[361]</a>
-En todo caso, Pedro mantenia estrechas relaciones de amistad con la
-madre y con el hijo, de tal modo, que en casa de ellos se consideraba
-como en la suya propia<a id="FNanchor_362" href="#Footnote_362"
-class="fnanchor">[362]</a>. Y aun admitiendo la hipótesis de
-que Juan Márcos no fuera idéntico al autor verdadero ó supuesto
-del segundo Evangelio,<a id="FNanchor_363" href="#Footnote_363"
-class="fnanchor">[363]</a> el papel que desempeñó seria siempre de suma
-importancia; pues le veremos más tarde acompañar en sus excursiones
-apostólicas á Pablo, Bernabé, y probablemente al mismo Pedro.</p>
-
-<p>Propagóse así el primer fuego con gran rapidez. Los hombres más
-célebres del siglo apostólico se sintieron casi todos arrastrados en
-dos ó tres años por una especie de impulso simultáneo. Fué una segunda
-generacion cristiana paralela á la que se habia formado, cin<span
-class="pagenum" id="Page_148">p. 148</span>co ó seis años antes, á
-orillas del lago de Tiberiade. Esta segunda generacion no habia visto
-á Jesús y no podia igualar á la primera en autoridad; pero habia
-de sobrepujarla por su actividad y por su aficion á las misiones
-lejanas. <span id="Steph">Uno</span> de los más conocidos entre los
-nuevos adeptos, era Stephanus ó Estéban, que no fué, segun parece, más
-que un simple prosélito, antes de su conversion<a id="FNanchor_364"
-href="#Footnote_364" class="fnanchor">[364]</a>. Era un hombre ardiente
-y apasionado; su fé, de las más vivas; y creíasele favorecido de todos
-los dones del Espíritu Santo<a id="FNanchor_365" href="#Footnote_365"
-class="fnanchor">[365]</a>. Felipe, quien como Stephanus, fué diácono
-y evangelista celoso, se agregó á la comunidad hácia el mismo tiempo<a
-id="FNanchor_366" href="#Footnote_366" class="fnanchor">[366]</a>,
-y confundiósele frecuentemente con su homónimo el apóstol<a
-id="FNanchor_367" href="#Footnote_367" class="fnanchor">[367]</a>.
-Por último, en aquella época, convirtiéronse Andrónico y Junía<a
-id="FNanchor_368" href="#Footnote_368" class="fnanchor">[368]</a>,
-dos esposos, probablemente, que ofrecieron, como más tarde Aquila y
-Priscila, el modelo de una pareja apostólica, consagrada á todos
-los afanes y cuidados del misionero. Eran de la sangre de Israel, y
-tuvieron estrechísimas relaciones con los apóstoles<a id="FNanchor_369"
-href="#Footnote_369" class="fnanchor">[369]</a>.</p>
-
-<p>Los nuevos convertidos eran todos judíos por su religion,
-cuando les tocó la gracia; pero pertenecian<span class="pagenum"
-id="Page_149">p. 149</span> á dos clases de judíos muy distintas.
-Eran los unos «hebreos»<a id="FNanchor_370" href="#Footnote_370"
-class="fnanchor">[370]</a>, es decir, judíos de Palestina, que hablaban
-hebreo ó más bien arameo, y leian la Biblia en el texto hebreo; los
-otros eran «helenistas», es decir, judíos que hablaban griego y leian
-la Biblia en griego. Subdividíanse todavía estos últimos en dos
-clases; los unos eran de sangre judía y los otros eran prosélitos;
-es decir, gentes que no eran de orígen israelita, pero afiliados
-al judaismo en distintos grados. Estos helenistas, procedentes
-casi todos de Siria, del Asia Menor, de Egipto ó de Cirene<a
-id="FNanchor_371" href="#Footnote_371" class="fnanchor">[371]</a>,
-habitaban en distintos barrios en Jerusalem. Tenian sus sinagogas
-separadas y formaban aparte pequeñas comunidades. Contaba Jerusalem
-gran número de estas sinagogas particulares<a id="FNanchor_372"
-href="#Footnote_372" class="fnanchor">[372]</a>; y allí es donde la
-palabra de Jesús encontró preparado el terreno para recibirla y hacer
-que fructificara.</p>
-
-<p>Todo el núcleo primitivo de la Iglesia se componia de «hebreos»;
-el dialecto arameo, que fué la lengua de Jesús, era el único que se
-usaba entonces. Empero, se vé que desde el segundo ó el tercer año,
-despues de la muerte de Jesús, invadió el griego aquella pequeña
-comunidad, donde debia enseñorearse y predominar. Á consecuencia de
-sus relaciones cotidianas con aquellos nuevos hermanos, Pedro, Juan,
-Jacobo, Judas,<span class="pagenum" id="Page_150">p. 150</span> y
-generalmente todos los discípulos galileos, aprendieron el griego
-tanto más fácilmente, cuanto que probablemente ya sabian algo de
-aquella lengua. Un incidente del que hablaremos muy en breve, acredita
-que esa diversidad de idiomas introdujo en un principio cierta
-division en la comunidad, y que no se entablaban muy fácilmente las
-relaciones entre ambos bandos<a id="FNanchor_373" href="#Footnote_373"
-class="fnanchor">[373]</a>. Consumada la ruina de Jerusalem, veremos á
-los «hebreos» retirados más allá del Jordan, á la altura del lago de
-Tiberiade, formando una Iglesia separada, que tuvo distinta suerte;
-pero en el intervalo de estos dos hechos no parece que la diversidad de
-lenguaje produjera consecuencia alguna en la Iglesia. Los Orientales
-tienen gran facilidad para aprender las lenguas; así que, en las
-ciudades cada uno habla habitualmente dos ó tres idiomas. Es por lo
-tanto probable que aquellos de los apóstoles galileos que desempeñaron
-algun papel importante, adquirieran la práctica del griego<a
-id="FNanchor_374" href="#Footnote_374" class="fnanchor">[374]</a>, y
-aun llegaran á servirse de él con preferencia al siro-caldeo, cuando
-aumentó mucho el número de los fieles que hablaban en griego. Fué
-pues preciso renunciar al dialecto palestino, desde el dia en que
-se proyectó una propaganda que habia de extenderse á lo lejos; y
-además, como dialecto provincial, que apenas se usaba por escrito<a
-id="FNanchor_375" href="#Footnote_375" class="fnanchor">[375]</a> y que
-no se<span class="pagenum" id="Page_151">p. 151</span> hablaba fuera
-de la Siria, era tambien poco á propósito para semejante empresa. El
-griego, por lo contrario, fué impuesto en cierto modo al cristianismo.
-Era la lengua universal de la época, la que se hablaba al menos en
-todas las poblaciones situadas en la parte oriental del Mediterráneo.
-Era, con especialidad, la lengua de los judíos dispersos por todo el
-imperio romano; pues entonces, como ahora, los judíos adoptaban muy
-fácilmente los idiomas de los países que habitaban. No se picaban de
-purismo, y por eso aparece tan defectuoso el griego del cristianismo
-primitivo. Los judíos, aun aquellos más instruidos, pronunciaban
-mal la lengua clásica<a id="FNanchor_376" href="#Footnote_376"
-class="fnanchor">[376]</a>. Calcaban su frase sobre el siriaco, y nunca
-se deshicieron de los dialectos groseros que les llevó la conquista
-alcanzada por los macedonios.<a id="FNanchor_377" href="#Footnote_377"
-class="fnanchor">[377]</a></p>
-
-<p>Las conversiones al cristianismo tardaron poco en ser más numerosas
-entre los «helenistas» que entre los «hebreos». Los viejos judíos de
-Jerusalem sentian poco atractivo hácia una secta de provinciales,
-medianamente versados en la única ciencia que un fariseo apreciara,
-la ciencia de la Ley<a id="FNanchor_378" href="#Footnote_378"
-class="fnanchor">[378]</a>. La posicion de la pequeña Iglesia respecto
-al judaismo, era algo equívoca, cual lo fué la del mismo Jesús. Empero,
-todo partido religioso ó político lleva en sí mismo una fuerza que
-le domina y le obliga, á pesar suyo, á recorrer su órbita.<span
-class="pagenum" id="Page_152">p. 152</span> Los primeros cristianos,
-cualquiera que fuese su aparente respeto al judaismo, no eran realmente
-judíos sino por su nacimiento ó por sus hábitos exteriores; el
-verdadero espíritu de la secta traia otro orígen. El Talmud era el que
-germinaba en el judaismo oficial, y el cristianismo no tenia afinidad
-alguna con la escuela talmúdica. Hé ahí por qué encontraba favorable
-acogida el cristianismo en las partes menos judías del judaismo. Los
-ortodoxos rígidos adheríanse poco á él; los recien llegados, gentes
-apenas catequizadas, que no habian cursado en las grandes escuelas,
-exentos de la rutina y que no estaban iniciados en la lengua santa,
-eran los que prestaban atento oido á los apóstoles y á sus discípulos.
-Medianamente considerados por la aristocracia de Jerusalem, estos
-advenedizos del judaismo tomaban así una especie de desquite, y siempre
-son las partes más jóvenes, y nuevamente adquiridas en una comunidad,
-las que menos se cuidan de la tradicion y más se inclinan á las
-novedades.</p>
-
-<p>En estas clases, poco sujetas á los Doctores de la Ley, la
-credulidad era tambien, segun parece, más candorosa y más completa
-y firme. Lo que choca en el judío talmudista, no es la credulidad.
-El judío crédulo y afecto á lo maravilloso, que conocieron los
-satíricos latinos, no era el judío de Jerusalem, sino el judío
-helenista, muy religioso, á la par que poco instruido y por
-consiguiente muy supersticioso. Ni el saduceo medio incrédulo, ni
-el fariseo rigorista, se conmovian sensiblemente con la teurgia,
-que tan grande boga alcanzaba en el círculo apostólico; pero que el
-<i>Judæus<span class="pagenum" id="Page_153">p. 153</span> Apella</i>,
-del cual se sonreia Horacio<a id="FNanchor_379" href="#Footnote_379"
-class="fnanchor">[379]</a>, estaba allí para creer. Por otra parte, las
-cuestiones sociales interesaban particularmente á los que no sacaban
-provecho alguno de las riquezas que el templo y las instituciones
-centrales de la nacion atraian con afluencia á Jerusalem, y por eso
-sucedió que, combinándose con necesidades análogas á la que actualmente
-se llama «Socialismo», la nueva secta echó los sólidos cimientos en que
-habia de asentar el edificio de su porvenir.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_7">
- <p><span class="pagenum" id="Page_154">p. 154</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO VII.</h2>
- <p class="subh2">La Iglesia considerada como una asociacion de
- pobres. — Institucion del diaconato. — Las diaconesas y las
- viudas.</p>
-</div>
-
-<div class="sidenote">Año 36</div>
-
-<p>La historia comparada de las religiones, nos revela una verdad
-general; todas las que han tenido un principio y que no son
-contemporáneas del lenguaje mismo, se han establecido más bien por
-razones sociales que teológicas. Así sucedió seguramente con el
-budismo; pues, la suerte prodigiosa de esta religion, no fué debida
-á la filosofía nihilista en que se basaba, sino á su parte social.
-Proclamando la abolicion de las castas, y estableciendo segun su
-expresion «una ley de gracia para todos», es como Çakya-Mouni y sus
-discípulos arrastraron en pos de ellos, á la India primero, y luego
-á la mayor parte del Asia<a id="FNanchor_380" href="#Footnote_380"
-class="fnanchor">[380]</a>. Del propio modo que el cristianismo, fué el
-budismo un movimiento de pobres. El grande atractivo que les hizo<span
-class="pagenum" id="Page_155">p. 155</span> adherirse á él, fué la
-facilidad que se ofreciera á las clases desheredadas de rehabilitarse,
-profesando un culto que les enaltecia y les presentaba infinitos
-recursos de asistencia y de compasion.</p>
-
-<p>En el primer siglo de nuestra era, abundaban muchísimo los pobres en
-Judea, careciendo aquella comarca, por su naturaleza, de los recursos
-que proporciona el bienestar. En aquel país sin industria, casi todas
-las fortunas debian su orígen á instituciones religiosas ricamente
-dotadas, ó á los favores del gobierno. Las riquezas del templo eran
-desde luengos años herencia exclusiva de un corto número de nobles.
-Los Asmoneos habian constituido en derredor de su dinastía un grupo
-de familias ricas; así como los Herodes aumentaron muchísimo el lujo
-y el bienestar en determinada clase de la sociedad; pero el verdadero
-judío teócrata, al volver la espalda á la civilizacion romana, hízose
-cada vez más pobre. Formóse entonces una clase numerosa de hombres
-santos, piadosos, fanáticos, y rígidos observadores de la Ley, pero
-totalmente miserables en su exterioridad, y en aquella clase fué donde
-se reclutaron las sectas y los partidos fanáticos tan considerables
-en aquella época. El delirio universal era conseguir el predominio
-del judío proletario que habia permanecido fiel, y la humillacion del
-rico, considerado como un tránsfuga, como un traidor que habia pasado
-á la vida profana y á la civilizacion en la exterioridad. Jamás hubo
-ódio alguno que igualara al de los pobres de Dios, en contra de las
-espléndidas construcciones con que el país empe<span class="pagenum"
-id="Page_156">p. 156</span>zaba á cubrirse, no menos que contra
-las obras de los Romanos<a id="FNanchor_381" href="#Footnote_381"
-class="fnanchor">[381]</a>. Precisados, para no perecer de hambre, á
-trabajar en aquellos edificios que les parecian monumentos de orgullo y
-de lujo prohibido, creíanse víctimas de ricos malvados, corrompidos é
-infieles á la Ley.</p>
-
-<p>Concíbese con cuanto apresuramiento seria acogida una asociacion
-de socorros mútuos, en semejante estado social. La pequeña Iglesia
-debió parecerles un paraiso; así fué que aquella familia de hermanos,
-sencillos y unidos, de todas partes se atrajo afiliados. En cambio
-de lo que llevaban á la comunidad; aseguraban su porvenir, una
-confraternidad dulcísima y lisonjeras esperanzas. Era costumbre
-general que convirtieran sus bienes de fortuna en dinero antes
-de entrar en la secta<a id="FNanchor_382" href="#Footnote_382"
-class="fnanchor">[382]</a>, consistiendo comunmente esos bienes en
-pequeñas haciendas rurales poco productivas y cuya explotacion era
-incómoda. Las gentes solteras no encontraban sino ventajas en cambiar
-aquellos terrones por una colocacion de su valor en una sociedad de
-seguros, con pérdida del capital, pero con la esperanza de alcanzar
-el reino de los cielos. Algunos matrimonios solicitaron igualmente
-su participacion en este órden de cosas; pero tomáronse precauciones
-para que los asociados llevasen real y verdaderamente todo su haber
-á la comunidad, y no guardasen nada para sí, fuera del fondo comun<a
-id="FNanchor_383" href="#Footnote_383" class="fnanchor">[383]</a>.
-Efectiva<span class="pagenum" id="Page_157">p. 157</span>mente,
-como cada cual no recibia en razon de la apuesta que habia hecho,
-sino proporcionalmente á sus necesidades<a id="FNanchor_384"
-href="#Footnote_384" class="fnanchor">[384]</a>, toda reserva de
-propiedad hubiera sido en realidad un robo hecho á la comunidad.
-En esto se vé la sorprendente semejanza de los tales ensayos de
-organizacion del proletariado con ciertas utopias que surgieron en
-una época no muy distante de nosotros. Empero nótase una profunda
-diferencia, que consiste en que el comunismo cristiano estribaba en
-una base religiosa, mientras que el socialismo moderno carece de ella.
-Claro está que una asociacion en que el dividendo se hace en razon de
-las necesidades de cada uno, y no en proporcion del capital abonado al
-fondo comun, no puede apoyarse sino en un sentimiento exaltadísimo de
-abnegacion, en una ardiente fé y en un ideal religioso.</p>
-
-<p>Con semejante constitucion social, las dificultades administrativas
-habian de ser numerosísimas, cualquiera que fuese el grado de
-fraternidad que reinara en la asociacion. Entre las dos fracciones
-de la comunidad, cuyo idioma era distinto, los malentendidos eran
-inevitables. Difícil era que los judíos de raza no se mostrasen algo
-desdeñosos con aquellos de sus correligionarios, que eran menos
-nobles. Efectivamente no tardaron en oirse quejas y murmuraciones;
-lamentábanse los «helenistas,» cuyo número iba aumentando diariamente,
-de que sus viudas fuesen menos bien tratadas en las distribuciones
-que las de los «hebreos»<a id="FNanchor_385" href="#Footnote_385"
-class="fnanchor">[385]</a>.<span class="pagenum" id="Page_158">p.
-158</span> Hasta entonces habian cuidado los apóstoles de la
-administracion de caudales; pero en vista de semejantes reclamaciones,
-conocieron les era preciso delegar esta parte de sus poderes.
-Propusieron por lo tanto á la comunidad, que confiase el cuidado
-de la administracion á siete hombres entendidos y considerados;
-y habiendo sido aceptada la proposicion, procedióse á elegirlos.
-Los siete nombrados para aquel cargo fueron Stephano ó Estéban,
-Felipe, Prócoro, Nicanor, Timon, Pármenas y Nicolás. Este último
-era natural de Antioquía y simple prosélito, y Estéban era tal
-vez de igual condicion<a id="FNanchor_386" href="#Footnote_386"
-class="fnanchor">[386]</a>. Parece que procediendo inversamente de la
-práctica observada en la eleccion del apóstol Matías, se impusieron
-la obligacion de elegir los siete administradores, no ya en el grupo
-de los discípulos primitivos, sino entre los nuevos convertidos y
-especialmente entre los helenistas; así es que todos ellos tienen
-nombres puramente griegos. Estéban era el más importante de los siete,
-y en cierto modo su jefe. Los presentaron á los apóstoles, quienes,
-segun mérito consagrado ya, oraron sobre sus cabezas, posando sus manos
-en ellas.</p>
-
-<p>Dióse á los administradores así designados el nombre
-sirio de <i>Schammaschin</i>, en griego <span xml:lang="grc"
-lang="grc">Διάκονοι</span>. Llamábanlos á veces «los Siete» para
-oponerlos á los «Doce»<a id="FNanchor_387" href="#Footnote_387"
-class="fnanchor">[387]</a>. Tal fué pues el orígen del diaconato,
-que viene siendo el empleo eclesiástico más antiguo en las sagradas
-órdenes. Todas las iglesias que con el tiem<span class="pagenum"
-id="Page_159">p. 159</span>po se organizaron, tuvieron sus diáconos,
-á imitacion de la de Jerusalem. La fecundidad de esta institucion fué
-maravillosa: representaba la asistencia del pobre elevada al nivel
-de un servicio religioso; era la proclamacion de esta verdad, que
-las cuestiones sociales son las primeras de que hay que preocuparse;
-viniendo á ser tambien la fundacion de la economía política en
-cosas religiosas. Los diáconos fueron los mejores predicadores del
-cristianismo, y pronto veremos cuál fué su oficio como evangelistas;
-siendo mucho más importante todavía el que les cupo como organizadores,
-ecónomos y administradores. Aquellos hombres prácticos, que se hallaban
-en perpétuo contacto con los pobres, los enfermos y las mujeres,
-penetraban en todas partes, todo lo veian, y exhortaban y convertian
-con la mayor eficacia<a id="FNanchor_388" href="#Footnote_388"
-class="fnanchor">[388]</a>. Hicieron más que los apóstoles, inmóviles
-en Jerusalem, en su puesto de honor. Ellos fueron los verdaderos
-creadores del cristianismo en su parte más sólida y duradera.</p>
-
-<p>Admitióse desde luego á las mujeres en este empleo<a
-id="FNanchor_389" href="#Footnote_389" class="fnanchor">[389]</a>;
-llevando como en la actualidad el nombre de «hermanas»<a
-id="FNanchor_390" href="#Footnote_390" class="fnanchor">[390]</a>.
-Al principio lo desempeñaban las viudas<a id="FNanchor_391"
-href="#Footnote_391" class="fnanchor">[391]</a>; pero dióse
-más adelante la preferencia á las vírgenes para este oficio<a
-id="FNanchor_392" href="#Footnote_392" class="fnanchor">[392]</a>.
-El tacto que guió en todo esto á la primitiva Iglesia fué admirable.
-Aquellos hom<span class="pagenum" id="Page_160">p. 160</span>bres
-buenos y sencillos asentaron con profunda ciencia, porque emanaba
-del corazon, las bases de la gran cosa cristiana por excelencia; la
-caridad. En ninguna parte hubieron de encontrar el modelo de estas
-instituciones, y sin embargo, de aquellos dos ó tres primeros años de
-afanes y trabajo, surgió una santa creacion, un vasto ministerio de
-beneficencia y de socorros mútuos, en el que empleando los dos sexos
-sus diversas cualidades, concertaban sus esfuerzos para aliviar las
-miserias humanas. Aquellos fueron los años más fecundos en la historia
-del cristianismo. Concíbese que el pensamiento todavía palpitante de
-Jesús inspirara á sus discípulos y los dirigiera en todos sus actos con
-maravillosa lucidez. Obrando en justicia, es efectivamente á Jesús á
-quien debemos tributar el honor de cuanto bueno y grande hicieron los
-apóstoles, siendo muy probable que durante su vida asentara las bases
-de los establecimientos que surgieron y se desarrollaron con tan feliz
-éxito, poco tiempo despues de su muerte.</p>
-
-<p>Las mujeres acudian naturalmente presurosas á una comunidad en
-que el débil se encontraba amparado con tantas garantías, pues la
-posicion que venian ocupando en la sociedad de aquella época era
-harto humilde y precaria<a id="FNanchor_393" href="#Footnote_393"
-class="fnanchor">[393]</a>; la viuda, sobre todo, á pesar de
-algunas leyes protectoras, veíase frecuentemente entregada á la
-miseria y poco respetada. Muchos doctores pretendian que no habia
-de darse á la mujer ninguna educacion religiosa<a id="FNanchor_394"
-href="#Footnote_394" class="fnanchor">[394]</a>. El Talmud pone
-al mismo nivel, entre las<span class="pagenum" id="Page_161">p.
-161</span> calamidades públicas, á la viuda habladora y curiosa que
-pasa su vida chismeando y murmurando con la vecindad, así como á
-la vírgen que malgasta su tiempo en oraciones<a id="FNanchor_395"
-href="#Footnote_395" class="fnanchor">[395]</a>. La nueva religion
-creó para aquellas pobres desheredadas un asilo honroso y seguro<a
-id="FNanchor_396" href="#Footnote_396" class="fnanchor">[396]</a>.
-Algunas mujeres ocupaban un rango muy elevado en la Iglesia,
-sirviendo su casa de punto de reunion<a id="FNanchor_397"
-href="#Footnote_397" class="fnanchor">[397]</a>. En cuanto á las
-que no tenian casa, las constituyeron en una especie de órden, ó de
-cuerpo presbiteral femenino<a id="FNanchor_398" href="#Footnote_398"
-class="fnanchor">[398]</a>, que comprendia tambien, probablemente,
-á las vírgenes, y cuyo oficio fué de la mayor importancia en la
-organizacion de la limosna. Las instituciones que se consideran como el
-fruto tardío del cristianismo, como son las congregaciones de mujeres,
-ciertas beatas (<i>beguines</i>), y las hermanas de la caridad, fueron
-una de sus primeras creaciones, el principio de su fuerza y la más
-perfecta expresion de su espíritu. Observaremos aquí particularmente
-que es completamente cristiana la admirable idea de consagrar con una
-especie de carácter religioso, y de sujetar á una disciplina regular
-á las mujeres que no están sujetas por los lazos del matrimonio.
-La palabra «viuda» vino á ser sinónima de persona religiosa,
-entregada á Dios, y por consiguiente «Diaconesa»<a id="FNanchor_399"
-href="#Footnote_399" class="fnanchor">[399]</a>. En aquellos países
-donde la esposa de veinticuatro años está ya ajada, donde no hay casi
-in<span class="pagenum" id="Page_162">p. 162</span>termedio entre la
-niña y la vieja, era como una nueva vida que se creaba para la mitad de
-la especie humana más capaz de afecto.</p>
-
-<p>El tiempo de los Seleúcidas habia sido una época terrible de
-desenfreno femenino. Jamás se habian visto tantos dramas domésticos,
-tantas envenenadoras y adúlteras. Los sabios de entonces debieron
-considerar á la mujer como un azote de la humanidad, como un principio
-de bajeza y de vergüenza, como un genio malévolo cuyo oficio era
-únicamente combatir todas las nobles aspiraciones del otro sexo<a
-id="FNanchor_400" href="#Footnote_400" class="fnanchor">[400]</a>.
-Empero el cristianismo lo cambió todo; pues en la edad que para
-nosotros es todavía la juventud, y que en la vida de la mujer de
-Oriente es tan triste, tan fatalmente entregada á las sugestiones
-del mal, sin más que rodear su cabeza con un chal negro<a
-id="FNanchor_401" href="#Footnote_401" class="fnanchor">[401]</a>,
-podia la viuda convertirse en una persona respetable, dignamente
-ocupada, una diaconesa, que igualaba á los hombres más estimados.
-El cristianismo elevó, é hizo santa<a id="FNanchor_402"
-href="#Footnote_402" class="fnanchor">[402]</a> la posicion tan
-espinosa de la viuda sin hijos, pues esta vino á ser casi igual
-á la de la vírgen. Fué la <i>calogría</i> ó «bella anciana»<a
-id="FNanchor_403" href="#Footnote_403" class="fnanchor">[403]</a>,
-venerada, útil, tratada como madre. Esa clase de mujeres que iban
-y venian incesantemente<a id="FNanchor_404" href="#Footnote_404"
-class="fnanchor">[404]</a>, eran admirables misioneras para el
-nuevo culto, y los protestantes se equi<span class="pagenum"
-id="Page_163">p. 163</span>vocan, queriendo apreciar estos hechos con
-nuestro espíritu moderno de individualidad. Cuando se trata de historia
-cristiana, ha de reconocerse que el socialismo y el cenobitismo fueron
-primitivos.</p>
-
-<p>El obispo y el sacerdote, tales como el tiempo los ha hecho, no
-existian todavía; pero, el ministerio pastoral, esa íntima familiaridad
-de las almas, independiente de los lazos de la sangre, estaba ya
-fundado. Ese ha sido siempre el don especial de Jesús, y como una
-herencia legada por él. Jesús repitió frecuentemente que él era para
-cada uno más que su padre, más que su madre, y que era preciso para
-seguirle, separarse de los séres más queridos. Por encima de la familia
-colocaba el cristianismo una cosa, creaba la fraternidad y el consorcio
-espirituales. El matrimonio antiguo, que entregaba la esposa al esposo,
-sin contrapeso alguno, era una verdadera esclavitud. La libertad de
-la mujer data del dia en que la Iglesia le dió un confidente, un guia
-en Jesús, quien la dirige y la consuela, quien la escucha siempre y á
-veces la invita á la resistencia. La mujer necesita ser gobernada, y
-no es dichosa sino cuando está gobernada; pero, es preciso que ame á
-quien la gobierna. Hé aquí lo que las sociedades antiguas, el judaismo,
-y el islamismo, nunca han podido conseguir. La mujer no ha tenido hasta
-ahora una conciencia religiosa, una individualidad moral, una opinion
-suya propia, sino profesando el cristianismo. Gracias á los obispos
-y á la vida monástica, una Radegunda sabrá encontrar los medios de
-sustraerse de los brazos de un esposo bárbaro. Siendo lo más im<span
-class="pagenum" id="Page_164">p. 164</span>portante la vida del alma,
-es justo y racional que el sacerdote que sabe hacer vibrar las cuerdas
-divinas, el consejero secreto que tiene la llave de las conciencias,
-sea más que el padre, más que el esposo.</p>
-
-<p>En cierto modo, el cristianismo fué una reaccion contra la
-constitucion demasiado mezquina de la familia en la raza ariana. No
-solamente las viejas sociedades arianas no admitian casi más que
-al hombre casado, sino que comprendian el matrimonio en el sentido
-más estricto. Era una cosa análoga á la familia inglesa, un círculo
-estrecho, cerrado, sofocante, un egoismo entre varios, que desecaba
-tanto el alma, como el egoismo de uno solo. El cristianismo, con
-su divina nocion de la libertad del reino de Dios, corrigió esas
-exageraciones, y en primer lugar se guardó bien de hacer pesar sobre
-todos los deberes de la generalidad de los hombres. Comprendió que la
-familia no es el marco absoluto de la vida, ó por lo menos el marco
-en que han de encerrarse todos, que el deber de reproducir la especie
-humana, no habrá de imponerse á todos, que ha de haber personas
-exentas de esos deberes, bien que sean sagrados, pero no convenientes
-para todos. La excepcion que hizo la sociedad griega en favor de las
-<i>héteras</i>, á la manera de Aspasia; que la sociedad italiana
-admitió para la <i>cortigiana</i>, á la manera de Imperia, para
-satisfacer las necesidades de la sociedad culta; hízola el cristianismo
-para el sacerdote, la religiosa y la diaconesa, proponiéndose el bien
-general, admitiendo diversos estados en la sociedad; pues hay almas que
-encuentran más dulzura y satis<span class="pagenum" id="Page_165">p.
-165</span>faccion en amarse entre quinientos, que entre cinco ó seis,
-y para las cuales la familia, en sus condiciones ordinarias, seria
-insuficiente, fria y fastidiosa. ¿Por qué pues aplicar á todos las
-exigencias de nuestras empañadas y medianas sociedades? La familia
-temporal no satisface completamente al hombre; necesita hermanos y
-hermanas fuera de los lazos carnales.</p>
-
-<p>Con su gerarquía de los diferentes empleos sociales<a
-id="FNanchor_405" href="#Footnote_405" class="fnanchor">[405]</a>, la
-Iglesia primitiva pareció conciliar por el pronto estas exigencias
-opuestas. Nunca podremos comprender cuán felices fueron los que se
-sujetaron á aquellas reglas santas, que sostenian la libertad sin
-restringirla, haciendo posibles á la vez las dulzuras de la vida en
-comunidad y las de la vida privada. Era lo contrario de la mezcolanza
-de nuestras sociedades artificiales y destituidas de amor, en las
-que el alma sensible se encuentra á veces tan cruelmente aislada.
-La atmósfera era cálida y suave en aquellos pequeños asilos que se
-llamaban iglesias. Vivíase en comunidad, animados de la misma fé
-y de las mismas esperanzas; pero claro es tambien que semejantes
-condiciones no eran aplicables á una gran sociedad. Cuando países
-enteros se hicieron cristianos, convirtióse la regla de las
-primeras iglesias en una utopia, refugiándose en los monasterios.
-La vida monástica no es en este sentido sino la continuacion de
-las iglesias primitivas<a id="FNanchor_406" href="#Footnote_406"
-class="fnanchor">[406]</a>.<span class="pagenum" id="Page_166">p.
-166</span> El convento es la consecuencia necesaria del espíritu
-cristiano, y no hay cristianismo perfecto sin convento, puesto que solo
-allí puede realizarse el ideal evangélico.</p>
-
-<p>Habrá de concederse seguramente una gran participacion al judaismo
-en estas magnas creaciones; pues cada una de las comunidades judías,
-dispersas en las costas del Mediterráneo, era ya una especie de Iglesia
-con su caja de socorros mútuos. La limosna recomendada siempre por los
-hombres caritativos y virtuosos y por los sabios,<a id="FNanchor_407"
-href="#Footnote_407" class="fnanchor">[407]</a> se habia convertido en
-precepto y se levantaba un templo en las sinagogas<a id="FNanchor_408"
-href="#Footnote_408" class="fnanchor">[408]</a> y era considerada como
-el primer deber del prosélito<a id="FNanchor_409" href="#Footnote_409"
-class="fnanchor">[409]</a>. En todos tiempos el judaismo se distinguió
-por el cuidado de sus pobres y por el sentimiento de caridad fraternal
-que inspira.</p>
-
-<p>Es una suprema injusticia oponer el cristianismo al judaismo,
-puesto que todo lo que está dentro del cristianismo primitivo ha sido
-como complemento del judaismo. Examinando el mundo romano, es cuando
-se notan los milagros de caridad y de asociacion libre operados por
-la Iglesia. Jamás sociedad humana que solo haya reconocido por base
-la razon, ha producido efectos tan admirables. La ley filosófica de
-toda sociedad profana, en lo antiguo, ha sido la libertad y<span
-class="pagenum" id="Page_167">p. 167</span> perfecta igualdad, pero
-jamás la fraternidad. La caridad, bajo el aspecto del derecho, nada
-tiene obligatorio; no mira á los individuos, encuentra en ellos
-ciertos inconvenientes y se deshace de los mismos. Toda tentativa para
-aplicar los fondos públicos al bienestar de los proletarios, parece
-el comunismo. Cuando un hombre muere de hambre, cuando clases enteras
-languidecen en la miseria, la política declara que es inevitable;
-que no puede existir estado civil ni político sin la libertad y que
-consecuencia de la libertad es que aquel que nada tiene y que nada
-puede ganar, muera de hambre: esto es lógico y nadie puede atentar
-contra los abusos de la lógica. Los deseos de las clases numerosas
-acaban siempre por sofocarlos, y demuestran que las aspiraciones
-sociales y religiosas tienen tambien derecho á una legítima
-satisfaccion, ya que las instituciones puramente políticas y civiles no
-son suficientes.</p>
-
-<p>La gloria del pueblo judío, es haber proclamado este principio con
-toda energía, saliendo de la postracion en que se hallaban los Estados
-antiguos. La ley judía es social y no política; los profetas, los
-autores del Apocalipsis son promovedores de las revoluciones sociales,
-no motores de revoluciones políticas. En la primera mitad del primer
-siglo, colocados en presencia de la civilizacion profana, veremos que
-los judíos no tienen más que una idea, esto es, la de rehusar los
-beneficios del derecho romano, de este derecho filosófico, ateo, igual
-para todos y proclamado por la excelencia de su ley teocrática, que
-forma una sociedad<span class="pagenum" id="Page_168">p. 168</span>
-religiosa y moral. La ley constituye la felicidad; hé aquí la idea de
-todos los pensadores judíos tales como Philon y Josefo. Las leyes de
-los otros pueblos procuran que se cumpla la justicia; poco les importa
-que los hombres sean buenos y felices: la ley judía desciende á los
-últimos detalles de la educacion moral. El cristianismo no es más que
-el desarrollo de esta misma idea. Cada iglesia es un monasterio y todos
-tienen derecho sobre todos, no pudiendo haber pobres ni malos ya que
-todos velan los unos por los otros. El cristianismo primitivo puede
-definirse diciendo que es una grande asociacion de pobres, un esfuerzo
-heróico contra el egoismo fundado sobre la idea de que cada uno solo
-tiene derecho sobre lo que necesita y que lo supérfluo pertenece á
-los que no tienen. Se vé sin dificultad, que entre semejante espíritu
-y el espíritu romano, se establecerá una lucha á muerte y que el
-cristianismo, por su lado, no llegará á reinar, á dominar el mundo más
-que á condicion de modificar profundamente sus tendencias naturales y
-su programa original. Sin embargo, los deseos que representa durarán
-eternamente. La vida comun, desde la segunda mitad de la edad media,
-ha servido para los abusos de una Iglesia intolerante, y habiéndose
-transformado con frecuencia el monasterio en un castillo feudal donde
-existia la guardia de una milicia perjudicial y fanática, el espíritu
-moderno se ha demostrado demasiado severo al aspecto del cenobitismo.
-Nosotros hemos olvidado que en la vida comun es donde encuentra el
-alma humana el más grato placer. Aquel cántico que dice «¡oh qué bueno
-y<span class="pagenum" id="Page_169">p. 169</span> agradable es á
-los hermanos vivir juntos!»<a id="FNanchor_410" href="#Footnote_410"
-class="fnanchor">[410]</a> ha dejado de ser el nuestro; mas cuando
-el individualismo moderno haya dado sus últimos frutos, cuando la
-humanidad entristecida y pisoteada sea impotente, renacerán las grandes
-instituciones y las estrechas disciplinas; cuando nuestra mezquina
-sociedad, digo mal, nuestro mundo de pigmeos haya sido dispersado á
-latigazos por los individuos heróicos é idealistas de la humanidad,
-entonces recobrará todo su valor la vida comun. Una multitud de grandes
-cosas, tales como la ciencia, se reorganizarán bajo la forma monástica,
-recobrada en una herencia de sangre: la importancia que nuestro siglo
-atribuye á la familia disminuirá; el egoismo, ley esencial de la
-sociedad civil, no ahogará á las grandes almas: todas desde puntos
-opuestos se unirán contra la vulgaridad: se encontrará el verdadero
-sentido á las palabras de Jesús y á las ideas de la edad media acerca
-de la pobreza; se comprenderá, en fin, que poseer cualquier cosa, ha
-podido considerarse como una inferioridad, ya que los fundadores de la
-vida mística, han disputado varios siglos para saber si Jesús poseia,
-al menos, «las cosas que se consumen por el uso». Estas sutilezas
-franciscanas volverán á ser grandes problemas sociales. La espléndida
-idea trazada por el autor de las <i>Actas</i>, será inscrita, como una
-revelacion profética, á la entrada del paraiso de la humanidad: «¡La
-multitud de los fieles solo poseia un corazon y un alma y ningu<span
-class="pagenum" id="Page_170">p. 170</span>no de ellos miraba lo que
-poseia como propiedad suya ya que de ello gozaban todos en comun. No
-habia pobres entre ellos; los que tenian campos y casas las vendian y
-llevaban el precio á los piés de los apóstoles y despues se distribuian
-segun las necesidades de cada uno, y cada dia comian el pan en medio
-de la mayor tranquilidad y sencillez de corazon<a id="FNanchor_411"
-href="#Footnote_411" class="fnanchor">[411]</a>!»</p>
-
-<p>No adelantemos el tiempo: hemos llegado, poco más ó menos, al año
-36. Tiberio en Capri no apercibia al enemigo del imperio. En dos ó
-tres años la nueva secta habia hecho sorprendentes progresos. Contaba
-ya muchos miles de fieles<a id="FNanchor_412" href="#Footnote_412"
-class="fnanchor">[412]</a>. Era fácil preveer que sus conquistas
-se efectuarian sobre todo entre los helenistas y prosélitos. El
-grupo galileo que habia oido al Maestro, guardando su primacia,
-era incomprensible y podia fácilmente preveerse que la victoria
-pertenecia á los últimos. Á la hora en que estamos, ningun pagano,
-es decir, ningun hombre sin lazo anterior con el judaismo, habia
-entrado en la Iglesia, pero desempeñaban en ella papeles importantes
-varios prosélitos<a id="FNanchor_413" href="#Footnote_413"
-class="fnanchor">[413]</a>. El círculo de los discípulos se habia
-tambien alargado y no era ya un simple colegio de Palestinos, sino que
-habia varios hijos de Chipre, Antioquía y Cirene<a id="FNanchor_414"
-href="#Footnote_414" class="fnanchor">[414]</a> y en general de casi
-todos los puntos de las costas orientales del Mediterráneo, donde se
-habian establecido colonias judías. El Egipto solo faltaba á esta
-primitiva Iglesia, y es probable le falte mucho tiempo. Los judíos de
-este<span class="pagenum" id="Page_171">p. 171</span> país estaban
-en lucha con la Judea. Vivian de su vida propia, superior bajo todos
-conceptos á la de Palestina, y les afectaba débilmente el impulso de
-los movimientos religiosos de Jerusalem.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_8">
- <p><span class="pagenum" id="Page_172">p. 172</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO VIII.</h2>
- <p class="subh2">Primera persecucion. — Muerte de Estéban. —
- Destruccion de la primera Iglesia de Jerusalem.</p>
-</div>
-
-<div class="sidenote">Año 36</div>
-
-<p>Era inevitable que las predicaciones de la nueva secta, aunque
-se verificaran con toda reserva, despertasen los ódios que se
-habia conquistado su fundador, y acabaron por amenazarle con la
-muerte. Reinaba todavía la familia de Hanan que habia hecho matar
-á Jesús. José Kaiapha ocupó, hasta el 36, el soberano pontificado,
-cuyo poder efectivo abandonó á su abuelo Hanan y á sus parientes
-Juan y Alejandro<a id="FNanchor_415" href="#Footnote_415"
-class="fnanchor">[415]</a>. Estos hombres altivos y sin piedad,
-veian con impaciencia un cuerpo de personas buenas y santas ganar,
-sin título oficial, el favor de la multitud<a id="FNanchor_416"
-href="#Footnote_416" class="fnanchor">[416]</a>. Una ó dos veces,
-Pedro, Juan y los principales miembros del colegio apostólico, fueron
-puestos en la cárcel y condenados á ser azotados. Este era el castigo
-que se imponia á los he<span class="pagenum" id="Page_173">p.
-173</span>rejes<a id="FNanchor_417" href="#Footnote_417"
-class="fnanchor">[417]</a>, para el cual no era necesaria autorizacion
-de los romanos. Estas brutalidades no hacian más que excitar el
-ardor de los apóstoles, saliendo de aquellos lugares llenos de
-gloria por haber sido juzgados y sufrido una afrenta por aquel al
-cual amaban y defendian<a id="FNanchor_418" href="#Footnote_418"
-class="fnanchor">[418]</a>. ¡Eterna puerilidad de las represiones
-penales aplicadas á las cosas del alma! Eran tenidos por hombres de
-órden, sabios y prudentes, y sin embargo, los alborotadores del 36,
-creyeron acabar á latigazos con el cristianismo.</p>
-
-<p>Estas violencias provenian principalmente de los saduceos<a
-id="FNanchor_419" href="#Footnote_419" class="fnanchor">[419]</a>,
-es decir, del alto clero, que rodeaba el templo y sacaba de ello
-inmensos beneficios<a id="FNanchor_420" href="#Footnote_420"
-class="fnanchor">[420]</a>. Los fariseos no desplegaron tanta
-animosidad contra la secta como la habian desplegado contra Jesús. Los
-nuevos creyentes eran gentes piadosas, rígidas, de un género de vida
-análogo al de los mismos fariseos.</p>
-
-<p>La rabia que estos últimos sintieron contra el fundador, provenia
-de la superioridad de Jesús, superioridad que éste no tenia cuidado
-de disimular. Sus finas atenciones, su espíritu, su talento, su
-aversion contra los falsos devotos, habian alimentado ódios crueles.
-Por el contrario, los apóstoles estaban limpios de corazon y jamás
-emplearon la ironía. Los fariseos les fueron favorables por momentos,
-y hubo muchos que hasta se hicieron cristianos<a id="FNanchor_421"
-href="#Footnote_421" class="fnanchor">[421]</a>. Los terribles anatemas
-de Jesús contra el fariseismo no estaban escritos todavía, y<span
-class="pagenum" id="Page_174">p. 174</span> la tradicion de las
-palabras del Maestro no era ni general ni uniforme<a id="FNanchor_422"
-href="#Footnote_422" class="fnanchor">[422]</a>.</p>
-
-<p>Estos primeros cristianos eran entonces tan inofensivos que muchas
-personas de la aristocracia judía, sin formar precisamente parte de
-la secta, estaban bien dispuestos en su favor. Nicodemo y José de
-Arimatea, que habian conocido á Jesús, permanecieron unidos á la
-iglesia con lazos fraternales. El doctor judío más célebre de aquel
-tiempo, Rabino Gamaliel el Viejo, nieto de Hillel, hombre de ideas
-avanzadas y tolerantes, dícese que en el sanhedrin opinó en favor
-de la libertad de los predicadores evangélicos<a id="FNanchor_423"
-href="#Footnote_423" class="fnanchor">[423]</a>. El mismo autor de
-las <i>Actas</i>, presenta un raciocinio que deberia ser la regla de
-conducta de todos los gobiernos, siempre que se encuentran en presencia
-de novedades en el órden intelectual ó moral. «Si esta obra es frívola,
-dejadla, que ya caerá por sí sola; si es seria ¿cómo os atreveis
-á oponeros á la obra de Dios? En todo caso no podreis detenerla».
-Gamaliel no fué escuchado. Los espíritus libres colocados en medio de
-fanatismos opuestos son siempre rechazados.</p>
-
-<div class="sidenote">Año 37</div>
-
-<p>El diácono Estéban<a id="FNanchor_424" href="#Footnote_424"
-class="fnanchor">[424]</a> con su predicacion, que obtuvo inmenso
-éxito, dió lugar á un hecho terrible. La multitud se agrupaba á
-su alrededor y sus contrarios entablaban vivas discusiones. Sobre
-todo los helenistas y<span class="pagenum" id="Page_175">p.
-175</span> los prosélitos acostumbrados á la sinagoga llamada de
-los <i>Libertini</i><a id="FNanchor_425" href="#Footnote_425"
-class="fnanchor">[425]</a>, gentes de Alejandría, Cilicia y Éfeso, se
-animaban con estas disputas. Estéban sostenia con pasion que Jesús era
-el Mesías, que los sacerdotes habian cometido un crímen condenándole á
-muerte, que los judíos eran rebeldes, hijos de rebeldes y personas que
-negaban la evidencia. Las autoridades resolvieron perder á este audaz
-predicador: fueron apostados testigos para coger en su discurso alguna
-palabra contra Moisés y naturalmente encontraron lo que buscaban.
-Estéban fué arrestado y se le llevó á presencia del sanhedrin. La
-palabra de que se le acusó era casi la misma que condenó á Jesús<a
-id="FNanchor_426" href="#Footnote_426" class="fnanchor">[426]</a>. Se
-le acusó de decir que Jesús de Nazaret destruiria el templo y cambiaria
-las tradiciones que se atribuian á Moisés. Es efectivamente posible
-que Estéban usara semejante lenguaje, por más que un cristiano de esta
-época no hubiese tenido idea de hablar directamente contra la ley, ya
-que todos la observan todavía; pero en cuanto á las tradiciones podia
-muy bien combatirlas, como lo habia hecho el mismo Jesús, ya que estas
-tradiciones se referian con entusiasmo á Moisés por los ortodoxos y
-se las atribuia igual valor que á la ley escrita<a id="FNanchor_427"
-href="#Footnote_427" class="fnanchor">[427]</a>.</p>
-
-<p>Estéban se defendió exponiendo la tésis cristiana con gran lujo
-de citas de la Ley y salmos de los profetas, y terminó echando en
-cara á los miembros del San<span class="pagenum" id="Page_176">p.
-176</span>hedrin el homicidio de Jesús. «Cabezas duras, corazones
-insensibles, les dijo, ¿resistireis todavía el Espíritu Santo,
-como lo hicieron vuestros padres? ¿Á cuál de los profetas no han
-perseguido vuestros antecesores? Han castigado á los que anunciaron
-la venida del Justo, que vosotros habeis librado y del cual habeis
-sido despues los verdugos. ¡Esta ley que vosotros habeis recibido
-de la boca de los ángeles,<a id="FNanchor_428" href="#Footnote_428"
-class="fnanchor">[428]</a> y no la habeis guardado!...» Al oir estas
-palabras interrumpiéronle con un grito de rabia, y Estéban exaltándose
-más, entró en uno de esos accesos de entusiasmo que llamaban la
-inspiracion del Espíritu Santo. Sus ojos se fijaron en el cielo; vió
-la gloria de Dios y á Jesús al lado de su Padre y exclamó: «¡Yo veo
-el cielo abierto y al Hijo del hombre á la derecha de Dios!» Todos
-los asistentes taparon sus oidos y se lanzaron sobre él rechinando
-los dientes: atáronle, condujéronle lejos de la poblacion y empezó
-el martirio. Los testigos que segun la ley<a id="FNanchor_429"
-href="#Footnote_429" class="fnanchor">[429]</a> debian arrojarle las
-primeras piedras, arrancáronle los vestidos y los pusieron á los piés
-de un jóven fanático llamado Saulo ó Pablo, el cual consideró con una
-especie de secreta alegría los méritos que adquiria contribuyendo á
-la muerte de un blasfemador<a id="FNanchor_430" href="#Footnote_430"
-class="fnanchor">[430]</a>.</p>
-
-<p>En todo esto se observaron las prescripciones del Deuteronomio,
-c. <span class="asc">XIII</span>; pero mirado bajo el aspecto civil,
-esta tumultuoria ejecucion llevada á cabo sin el<span class="pagenum"
-id="Page_177">p. 177</span> concurso de los romanos, no era regular<a
-id="FNanchor_431" href="#Footnote_431" class="fnanchor">[431]</a>. Para
-Jesús, hemos visto que era necesaria la aprobacion del procurador. Tal
-vez tambien se obtuvo esta rectificacion para Estéban y la sentencia
-no tuvo lugar tan pronto como dice el autor de las <i>Actas</i>, ó
-quizás la autoridad romana se habia relajado en Judea. Pilatos habia
-sido ó iba á ser suspendido en sus funciones. La causa de su desgracia
-fué casualmente la firmeza que habia mostrado en su administracion<a
-id="FNanchor_432" href="#Footnote_432" class="fnanchor">[432]</a>.
-El fanatismo judío le habia hecho insoportable la vida: tal vez
-habia rehusado á esos frenéticos las violencias que le pedian, y la
-familia de Hanan habia llegado á no tener necesidad de permiso para
-pronunciar sentencias de muerte. Lucio Vitelio, el padre de aquel
-que fué emperador, era entonces legado imperial de Siria. Procuraba
-ganar la gracia de las poblaciones, é hizo devolver á los judíos
-los vestidos pontificales que desde Herodes el Grande, estaban
-guardados en la torre Antonia<a id="FNanchor_433" href="#Footnote_433"
-class="fnanchor">[433]</a>. Lejos de apoyar á Pilatos en sus actos
-de rigor, atendió á las quejas de los indígenas y mandó á Pilatos á
-Roma para contestar á las acusaciones de sus administrados (principio
-del año 36.) La queja principal era que el procurador no se prestaba
-de buena gana á sus deseos de intolerancia<a id="FNanchor_434"
-href="#Footnote_434" class="fnanchor">[434]</a>. Vitelio le reemplazó
-provisionalmente con su amigo Marcelo, que tuvo sin duda más cuidado
-de no descontentar á los<span class="pagenum" id="Page_178">p.
-178</span> judíos y por consiguiente no se opuso á concederles muertes
-religiosas. La muerte de Tiberio (16 marzo del año 37) comunicó nuevo
-valor á Vitelio para proseguir esta política. Los dos primeros años
-del reinado de Calígula solo sirvieron para disminuir el poder de la
-autoridad romana en Siria. La política de este príncipe, antes de
-perder su razon, fué devolver á los pueblos de Oriente su autonomía
-y sus jefes indígenas. Por esto estableció los reinados de Antíoco,
-Comagena, Herodes Agrippa, de Soheym, de Cotys, y de Polemon <span
-class="asc">II</span>, permitiendo que se engrandeciese el de Hareth<a
-id="FNanchor_435" href="#Footnote_435" class="fnanchor">[435]</a>.
-Cuando Pilatos llegó á Roma, acababa de empezar el nuevo reinado. Es
-probable que Calígula le dejara burlado, puesto que confió el gobierno
-de Jerusalem á un nuevo funcionario llamado Marulo, el cual parece
-que no excitó por parte de los judíos las violentas recriminaciones
-que pusieron en apuros al pobre Pilatos y le colmaron de disgustos<a
-id="FNanchor_436" href="#Footnote_436" class="fnanchor">[436]</a>.</p>
-
-<p>En todo caso, lo que importa hacer notar, en la época en que
-estamos, es que los perseguidores del cristianismo, no eran los
-romanos, sino los judíos ortodoxos. Los romanos, en medio de su
-fanatismo, conservaban un principio de tolerancia y de razon. Si se
-puede censurar algo á la autoridad imperial, es haber sido demasiado
-débil y no haber limitado las consecuencias civiles de una ley
-sanguinaria, ordenando la<span class="pagenum" id="Page_179">p.
-179</span> pena de muerte por delitos religiosos. Sin embargo, la
-dominacion romana no era todavía un poder completo como lo fué
-más tarde; era solo una especie de protectorado ó de soberanía.
-Llevóse la condescendencia de no poner el busto del emperador en
-las monedas acuñadas bajo el poder de los procuradores á fin de no
-chocar con las ideas judías<a id="FNanchor_437" href="#Footnote_437"
-class="fnanchor">[437]</a>. Roma, al menos en Oriente, no intentaba
-todavía imponer sus leyes, sus dioses y sus costumbres, á los pueblos
-vencidos, sino que les dejaba con sus prácticas locales prescindiendo
-del derecho romano. Su media independencia probaba su inferioridad.
-El poder imperial de Oriente en aquella época, se asemejaba bastante
-á la autoridad turca; y el estado de las poblaciones indígenas al de
-los <i>raias</i>. La idea de los derechos y garantías iguales para
-todos, no existia. Cada grupo provincial tenia su jurisdiccion como la
-tienen hoy las diversas iglesias cristianas y los judíos en el imperio
-otomano. Hace pocos años que en Turquía los patriarcas de diversas
-comunidades de <i>raias</i>, por poco que se entendieran con la Puerta,
-eran soberanos delante de sus subordinados y podian pronunciar contra
-ellos las más crueles penas.</p>
-
-<p>Habiendo ocurrido la muerte de Estéban por los años 36, 37 ó 38, no
-sabemos si Kaiapha debe ser el responsable de la misma. Kaiapha fué
-depuesto por Lucio Vitelio el año 36, poco tiempo despues de Pilatos,<a
-id="FNanchor_438" href="#Footnote_438" class="fnanchor">[438]</a>
-pero el cambio fué poco considerable. Tuvo<span class="pagenum"
-id="Page_180">p. 180</span> por sucesor á su buen hermano Jonatán,
-hijo de Hanan. Este á su vez tuvo por sucesor á su hermano
-Teófilo, hijo de Hanan<a id="FNanchor_439" href="#Footnote_439"
-class="fnanchor">[439]</a>, el cual continuó el pontificado en la
-casa de Hanan hasta el año 42. Hanan vivia todavía y dueño del poder,
-mantenia contra los innovadores los principios de orgullo, de dureza y
-de ódio que eran bajo cierto aspecto hereditarios en la familia.</p>
-
-<p>La muerte de Estéban produjo una grande impresion. Los prosélitos le
-hicieron funerales acompañados de llanto y gemidos<a id="FNanchor_440"
-href="#Footnote_440" class="fnanchor">[440]</a>. La separacion entre
-los nuevos sectarios y el judaismo, no era todavía absoluta. Los
-prosélitos y los helenistas, menos severos en cuanto á la ortodoxia
-que los judíos puros, creyeron su deber rendir público testimonio á un
-hombre que honraba su corporacion y que sus particulares creencias no
-habian colocado lejos de la ley.</p>
-
-<p>De esta manera se abrió la era de los mártires del cristianismo. El
-mártir no era una cosa enteramente nueva. Sin hablar de Juan Bautista y
-de Jesús, el judaismo en la época de Antíoco Epifano, tuvo sus testigos
-fieles hasta la muerte; pero la série de animosas víctimas, que
-empiezan en San Estéban, ha ejercido una influencia particular sobre la
-historia del espíritu humano: ha introducido en el mundo occidental un
-elemento que le faltaba, la fé exclusiva y absoluta: la idea de que hay
-una sola religion buena y ver<span class="pagenum" id="Page_181">p.
-181</span>dadera. Bajo este supuesto los mártires empezaron la era de
-la intolerancia. Puede afirmarse que aquel que da la vida por su fé,
-seria intolerante si fuera jefe. El cristianismo que habia atravesado
-trescientos años de persecuciones, fué dominador á su vez y fué
-más perseguidor que no lo habia sido religion alguna. Cuando se ha
-derramado la sangre por una causa, se vé uno inclinado á hacer derramar
-la de los otros para conservar el tesoro que se ha conquistado.</p>
-
-<p>La muerte de Estéban no fué un hecho aislado, sino que
-aprovechándose los judíos de la debilidad de los funcionarios
-romanos, hicieron pesar sobre la Iglesia una verdadera persecucion<a
-id="FNanchor_441" href="#Footnote_441" class="fnanchor">[441]</a>.
-Parece que las vejaciones se dirigieron principalmente sobre los
-helenistas y los prosélitos cuyos libres actos exasperaban á los
-ortodoxos. La Iglesia de Jerusalem, fuertemente organizada, tuvo
-necesidad de dispersarse. Los apóstoles segun un principio que
-parece grabaron profundamente en su espíritu<a id="FNanchor_442"
-href="#Footnote_442" class="fnanchor">[442]</a> no abandonaron la
-poblacion, y lo mismo haria el grupo puramente judío, es decir, el que
-llamaban los <i>hebreos</i><a id="FNanchor_443" href="#Footnote_443"
-class="fnanchor">[443]</a>, pero la gran comunidad, con sus comidas
-en compañía, sus servicios de diáconos y sus ejercicios variados,
-cesó desde entonces y no se volvió á formar bajo su primer modelo.
-Habia durado tres ó cuatro años<span class="pagenum" id="Page_182">p.
-182</span> y fué una fortuna sin igual para el cristianismo naciente
-que sus primeros ensayos de asociacion esencialmente comunista
-fracasaran tan pronto. Los ensayos de este género, engendran tan
-extraños abusos que los establecimientos comunistas están condenados
-á hundirse en poco tiempo<a id="FNanchor_444" href="#Footnote_444"
-class="fnanchor">[444]</a> si no quieren desconocer pronto el
-principio que los ha creado<a id="FNanchor_445" href="#Footnote_445"
-class="fnanchor">[445]</a>. Gracias á la persecucion del año 37, la
-Iglesia cenobítica de Jerusalem no tuvo que sufrir tan ruda prueba,
-pues murió en flor antes de que la hubiesen minado los contratiempos
-interiores, convirtiéndose en un espléndido sueño cuyo recuerdo
-animó la vida de todos aquellos que formaron parte de ella, en un
-ideal al que aspirará volver el cristianismo sin conseguirlo jamás<a
-id="FNanchor_446" href="#Footnote_446" class="fnanchor">[446]</a>.
-Aquellos que comprenden el inapreciable tesoro que es todavía para
-los miembros existentes de la Iglesia Sansimoniana, el recuerdo de
-Ménilmontant, qué amistad ha criado entre ellos, qué alegría brilla en
-sus ojos cuando hablan del mismo, comprenderán cuán poderoso fué el
-lazo que se creó entre los nuevos hermanos por haber amado y sufrido
-juntos. Las grandes vidas han tenido casi siempre por principio algunos
-meses durante los cuales se ha sentido á Dios y cuyo perfume ha bastado
-para llenar años enteros de fuerza y de suavidad.</p>
-
-<p>El primer papel en la persecucion de que acabamos de hablar
-pertenece al jóven Saul, que hemos encontrado ya tomando parte,
-tanto como podia, en la muer<span class="pagenum" id="Page_183">p.
-183</span>te de Estéban. Este furioso, provisto de un permiso
-de los sacerdotes, entraba en las casas donde se sospechaba que
-habia cristianos, se apoderaba violentamente de las mujeres y de
-los hombres y les reducia á prision presentándolos al tribunal<a
-id="FNanchor_447" href="#Footnote_447" class="fnanchor">[447]</a>. Saul
-se vanagloriaba de que ninguno de su generacion habia sido tan celoso
-como él de las tradiciones<a id="FNanchor_448" href="#Footnote_448"
-class="fnanchor">[448]</a>. Es verdad que con frecuencia la dulzura
-y la resignacion de sus víctimas le espantaban y sentia terribles
-remordimientos, imaginándose oir á las mujeres piadosas que esperaban
-el reino de Dios, repetirle durante la noche con voz dulce: «¿Por qué
-nos persigues?» La sangre de Estéban que habia casi caido sobre él,
-empañaba su vista: varias cosas que habia oido decir de Jesús herian
-directamente su corazon. Este sér humano que al parecer abandonaba la
-region eterna algunas veces para presentársele en cortas apariciones,
-le espantaba como un espectro. Sin embargo, Saul rechazaba con horror
-tales pensamientos y se afirmaba con una especie de frenesí en la fé
-de sus tradiciones y soñaba nuevas crueldades contra aquellos que
-la atacaban. Su nombre era el terror de los fieles; temíanse por
-su parte las más duras violencias, las perfidias más repugnantes<a
-id="FNanchor_449" href="#Footnote_449" class="fnanchor">[449]</a>.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_9">
- <p><span class="pagenum" id="Page_184">p. 184</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO IX.</h2>
- <p class="subh2">Primeras misiones. — El diácono Felipe.</p>
-</div>
-
-<div class="sidenote">Año 38</div>
-
-<p>Como sucede siempre, la persecucion del año 37 dió por resultado
-que se propagara la doctrina que se queria suprimir. Hasta aquí la
-predicacion cristiana no se habia oido lejos de Jerusalem; no se habia
-emprendido mision alguna; encerrado en su comunismo más estrecho, la
-Iglesia madre no habia esparcido sus rayos ni formado sucursales.
-La dispersion del buen cenáculo lanzó á los cuatro vientos la santa
-semilla. Los miembros de la Iglesia de Jerusalem, arrojados de su
-casa, se extendieron por todas las partes de la Judea y de Samaria<a
-id="FNanchor_450" href="#Footnote_450" class="fnanchor">[450]</a>
-y predicaron el reinado de Dios. Los diáconos particularmente,
-libres de sus ocupaciones administrativas á causa de la ruina de
-la comunidad, se convirtieron en excelentes evangelistas. Fueron
-el elemento activo y jóven de la secta contra el elemen<span
-class="pagenum" id="Page_185">p. 185</span>to un poco rudo constituido
-por los apóstoles y los <i>hebreos</i>. Una sola circunstancia, la
-del lenguaje, era suficiente para que se considerasen estos últimos
-como inferiores con respecto á la predicacion. Como lengua habitual,
-hablaban un dialecto que ni siquiera los judíos distantes á algunas
-leguas de Jerusalem podian entenderlo. Por eso fué á los helenistas á
-los que se debió el éxito de la gran conquista cuyo relato va á ser
-objeto de este capítulo.</p>
-
-<p>El teatro de estas primeras misiones, que pronto debian
-abrazar todas las costas del Mediterráneo, fué la vecina region
-de Jerusalem en un espacio que podia recorrerse en dos ó tres
-jornadas. El diácono Felipe<a id="FNanchor_451" href="#Footnote_451"
-class="fnanchor">[451]</a> fué el héroe de esta primera y santa
-expedicion. Evangelizó con grande éxito la Samaria, aunque los
-samaritanos eran cismáticos, pero á imitacion de su jóven maestro,
-la nueva secta era menos rigorista que los judíos con respecto á
-la ortodoxia. Jesús, decian que se habia mostrado distintas veces
-favorable á los samaritanos<a id="FNanchor_452" href="#Footnote_452"
-class="fnanchor">[452]</a>.</p>
-
-<p>Parece que Felipe era uno de los hombres apostó<span
-class="pagenum" id="Page_186">p. 186</span>licos que más se
-ocupaban de la teurgia<a id="FNanchor_453" href="#Footnote_453"
-class="fnanchor">[453]</a>. Las relaciones que tenemos sobre esto,
-nos trasportan á un mundo extraño y fantástico, pues se explicó
-mediante prodigios las conversiones que hizo entre los samaritanos
-y particularmente en Sebastia, su capital. Este país estaba lleno
-de supersticiones sobre la mágia. El año 36, es decir dos ó tres
-años antes de la llegada de los predicadores cristianos, un fanático
-habia causado á los samaritanos una profunda emocion predicando
-la necesidad de profesar el primitivo mosaismo del cual pretendia
-haber encontrado los sagrados atributos<a id="FNanchor_454"
-href="#Footnote_454" class="fnanchor">[454]</a>. Cierto Simon, de la
-poblacion de Gitta, ó Gitton<a id="FNanchor_455" href="#Footnote_455"
-class="fnanchor">[455]</a> que adquirió más tarde una gran reputacion,
-empezó por entonces á hacerse conocer por sus prestigios<a
-id="FNanchor_456" href="#Footnote_456" class="fnanchor">[456]</a>. Es
-sensible ver que el Evangelio encuentre un apoyo en tales quimeras.
-Una inmensa multitud se hizo bautizar en nombre de Jesús, Felipe tenia
-el poder de bautizar pero no de conferir el Espíritu Santo: este
-privilegio se reserva para los<span class="pagenum" id="Page_187">p.
-187</span> apóstoles. Cuando en Jerusalem se supo la formacion de
-un grupo de fieles en Sebastia, se resolvió mandar allí á Pedro
-y Juan para completar su iniciacion. Llegaron los dos apóstoles;
-impusieron sus manos á los nuevos conversos: oraron sobre su cabeza
-y á esto fueron debidos sus poderes animados por el Santo Espíritu.
-Los milagros, la profecía, todos los fenómenos del iluminismo se
-produjeron y la Iglesia de Sebastia no tuvo bajo este aspecto nada que
-envidiar á la de Jerusalem<a id="FNanchor_457" href="#Footnote_457"
-class="fnanchor">[457]</a>.</p>
-
-<p>Si ha de creerse en la tradicion, encontrábase entonces en relacion
-con los cristianos Simon de Gitta. Convertido, á lo que parece, por
-la predicacion y los milagros de Felipe, se hizo bautizar y se unió á
-este evangelista. Despues, cuando los apóstoles Pedro y Juan llegaron
-y vió los poderes sobrenaturales que procuraba la imposicion de sus
-manos, les ofreció dinero para que le dieran tambien la facultad de
-conferir el Espíritu Santo. Pedro le dirigió entonces esta admirable
-contestacion: «¡Perezca tu dinero contigo ya que has creido que se
-compran los dones de Dios! Tú no tienes parte ni herencia en todo
-esto, pues tu corazon no es puro delante de Dios<a id="FNanchor_458"
-href="#Footnote_458" class="fnanchor">[458]</a>.»</p>
-
-<p>Que fueran ó no pronunciadas, estas palabras trazan exactamente
-la situacion de Simon ante la secta naciente. Veremos efectivamente
-que, segun todas las apariencias, Simon de Gitton fué el jefe de un
-movimiento religioso paralelo al del cristianismo que puede mirarse
-como una especie de adulteracion samari<span class="pagenum"
-id="Page_188">p. 188</span>tana de la obra de Jesús. ¿Habia ya Simon
-empezado á dogmatizar y á hacer prodigios cuando Felipe entró en
-Sebastia? ¿Entró desde luego en relacion con la Iglesia cristiana?
-La anécdota que le ha convertido en padre de toda <i>simonia</i>
-¿tiene alguna realidad? ¿Puede admitirse que el mundo estuvo un dia
-frente á frente de los dos taumaturgos, de los cuales era el uno un
-charlatan y el otro la <i>piedra</i> que ha servido de base á la fé de
-la humanidad? ¿Habrá podido un embaucador balancear los destinos del
-cristianismo? Hé ahí lo que ignoramos por falta de documentos, ya que
-la reseña de las <i>Actas</i> es aquí demasiado débil, ya que Simon
-fué desde los primeros siglos de la Iglesia el héroe de las leyendas.
-En la historia solo es pura la idea general y seria injusto detenerse
-en lo que tiene de chocante esta triste página de los orígenes del
-cristianismo. Para los auditorios ignorantes el milagro prueba la
-doctrina; para nosotros la doctrina hace olvidar el milagro. Cuando
-una creencia ha consolado y mejorado la humanidad, es excusable que
-haya empleado pruebas proporcionadas á la debilidad del público
-al cual se ha dirigido, pero cuando se ha probado el error por el
-error mismo, ¿qué excusa puede oponerse? Esto no es una condena que
-profiramos contra Simon de Gitton, nos explicaremos más tarde sobre
-su doctrina y el papel que se desempeñó bajo el reinado de Claudio<a
-id="FNanchor_459" href="#Footnote_459" class="fnanchor">[459]</a>.
-Solamente conviene hacer constar aquí que un principio importante
-parece haberse introducido desde entonces en la teurgia cristiana.
-Obligados á admitir que los<span class="pagenum" id="Page_189">p.
-189</span> impostores hicieran tantos milagros, la teología ortodoxa
-los atribuyó al demonio. Para conservar á los prodigios algun
-valor demostrativo, fué necesario dictar reglas para discernir los
-milagros verdaderos de los falsos: para esto se descendió á un órden
-de materias muy trivial<a id="FNanchor_460" href="#Footnote_460"
-class="fnanchor">[460]</a>.</p>
-
-<p>Pedro y Juan despues de haber confirmado la Iglesia de Sebastia,
-regresaron á Jerusalem, evangelizando las poblaciones del país
-de los samaritanos<a id="FNanchor_461" href="#Footnote_461"
-class="fnanchor">[461]</a>. El diácono Felipe, continuó sus
-excursiones evangélicas dirigiéndose por el Sur, hácia el antiguo
-país de los Filisteos<a id="FNanchor_462" href="#Footnote_462"
-class="fnanchor">[462]</a>. Este país despues del advenimiento
-de los Macabeos, se vió fuertemente oprimido por los judíos<a
-id="FNanchor_463" href="#Footnote_463" class="fnanchor">[463]</a>;
-debe por esto tenerse en cuenta que dominaba allí el judaismo.
-Durante su viaje, Felipe realizó una conversion que hizo algun
-ruido y de la cual se habló mucho á causa de una circunstancia
-particular. Un dia que se dirigia hácia Jerusalem, viniendo de Gaza,
-cuyo camino es muy desierto<a id="FNanchor_464" href="#Footnote_464"
-class="fnanchor">[464]</a>, encontró á un rico viajero, evidentemente
-extranjero, pues iba en una especie de carro vehículo desconocido
-entonces en la Syria y Palestina. Regresaba de Jerusalem y
-segun costumbre entonces bastante general<a id="FNanchor_465"
-href="#Footnote_465" class="fnanchor">[465]</a> leia la Biblia en
-alta voz. Felipe que en todo queria descubrir la inspiracion de Dios
-creyóse atraido hácia el desconocido; le saludó y<span class="pagenum"
-id="Page_190">p. 190</span> entró en conversacion con el opulento
-personaje ofreciéndose á explicarle los pasajes que no comprendia.
-Esta fué para el evangelista una oportuna ocasion para desarrollar la
-tésis cristiana bajo las figuras del Antiguo Testamento. Probó que
-en los libros proféticos todo se referia á Jesús, que Jesús era la
-palabra enigmática, y que era de él particularmente de quien se hablaba
-en aquel bello pasaje: «Ha sido conducido á la muerte como una res;
-como un manso cordero delante de aquel que le guia sin abrir la boca<a
-id="FNanchor_466" href="#Footnote_466" class="fnanchor">[466]</a>.»
-Creyóle el viajero y á la primera agua que encontraron le dijo: «Hé
-aquí el agua, ¿podré ya ser bautizado?» Hizo detener el carro; bajaron
-Felipe y el viajero y éste fué bautizado.</p>
-
-<p>El viajero era un personaje poderoso; era un eunuco de la reina
-de Etiopía; era su ministro de hacienda, guardian de sus tesoros,
-que habiendo ido á adorar á Jerusalem, volvia entonces á Napata<a
-id="FNanchor_467" href="#Footnote_467" class="fnanchor">[467]</a> por
-el camino de Egipto. <i>Candace</i> ó <i>candaoce</i> era el título
-que se daba á las reinas de Etiopía hácia el tiempo de que hablamos<a
-id="FNanchor_468" href="#Footnote_468" class="fnanchor">[468]</a>.
-El judaismo habia ya entonces penetrado en Nubia y en Abisinia;<a
-id="FNanchor_469" href="#Footnote_469" class="fnanchor">[469]</a>
-muchos indígenas se habian convertido ó á lo menos contaban entre
-sus prosélitos á algunos<span class="pagenum" id="Page_191">p.
-191</span> que sin ser circuncidados adoraban al Dios único<a
-id="FNanchor_470" href="#Footnote_470" class="fnanchor">[470]</a>. Tal
-vez el eunuco era de esta última clase, un simple pagano piadoso como
-el centurion Cornelio que figurará bien pronto en esta historia. Es
-imposible en todo caso suponer que estuviese iniciado en el judaismo
-de una manera completa<a id="FNanchor_471" href="#Footnote_471"
-class="fnanchor">[471]</a>. Hasta entonces no se habia oido hablar
-del eunuco; pero Felipe contó el incidente y más tarde se le dió
-importancia. Cuando á la admision de los paganos en la Iglesia
-cristiana llegó á ser una cuestion capital, consideróse el incidente
-referido como un precedente grave. Felipe creia haber obrado en todo
-por inspiracion divina<a id="FNanchor_472" href="#Footnote_472"
-class="fnanchor">[472]</a>. Este bautismo suministrado por órden del
-Espíritu Santo á un hombre apenas judío, notoriamente incircunciso, que
-solo creia en el cristianismo hacia pocas horas, tuvo un alto valor
-dogmático. Esto fué un argumento para los que creian que las puertas de
-la nueva Iglesia debian estar abiertas para todos<a id="FNanchor_473"
-href="#Footnote_473" class="fnanchor">[473]</a>.</p>
-
-<p>Felipe despues de esta aventura volvióse á Aschdod ó Azote. Era
-tal el nuevo estado de entusiasmo en que vivian los misioneros
-que á cada paso creian oir la voz del cielo, recibir direcciones
-del Espíritu Santo<a id="FNanchor_474" href="#Footnote_474"
-class="fnanchor">[474]</a>.<span class="pagenum" id="Page_192">p.
-192</span> Cada uno de ellos creia obrar por una voluntad superior y
-al ir de una poblacion á otra, pensaban obedecer á una inspiracion
-sobrenatural. Varias veces creian hacer viajes aéreos y Felipe era con
-respecto á este particular uno de los más exaltados. Por indicacion
-de un ángel creia haber venido de Samaria y haber pasado por el sitio
-donde encontró al eunuco; despues del bautismo de éste, se imaginaba
-que el Espíritu Santo, le habia trasladado en un momento á Azote<a
-id="FNanchor_475" href="#Footnote_475" class="fnanchor">[475]</a>.</p>
-
-<p>Azote y el camino de Gaza fueron el término de la primera
-predicacion evangélica hacia el Sur. Al otro lado estaban el desierto
-y la vida nómada en la cual no adelantó mucho el cristianismo. Desde
-Azote, el diácono Felipe se volvió hácia el Norte y evangelizó toda
-la costa hasta Cesarea. Tal vez las iglesias de Joppe y de Lydda, que
-veremos pronto florecientes<a id="FNanchor_476" href="#Footnote_476"
-class="fnanchor">[476]</a> fueron tambien fundadas por él. Fijóse
-en Cesarea y fundó una iglesia importante<a id="FNanchor_477"
-href="#Footnote_477" class="fnanchor">[477]</a>. Nosotros le
-volveremos á encontrar veinte años más tarde<a id="FNanchor_478"
-href="#Footnote_478" class="fnanchor">[478]</a>. Cesarea era una
-ciudad nueva, la más considerable de Judea<a id="FNanchor_479"
-href="#Footnote_479" class="fnanchor">[479]</a>, que se habia
-construido en el sitio que antes ocupara una fortaleza sidoniana
-llamada «torre de Abdastarté, ó de Straton,» por Herodes el Grande,
-el cual la dió, en honor de Augusto, el nombre que aún llevan hoy
-sus ruinas. Cesarea era por todos conceptos el mejor puerto de
-Palestina, y por sus rápidos <span class="pagenum" id="Page_193">p.
-193</span>adelantos comprendíase que deseaba convertirse en capital,
-y no es extraño, por lo tanto, que las personas notables de Judea
-pensaran en fijar allí su residencia habitual<a id="FNanchor_480"
-href="#Footnote_480" class="fnanchor">[480]</a>. Era sobre
-todo un pueblo pagano<a id="FNanchor_481" href="#Footnote_481"
-class="fnanchor">[481]</a>; sin embargo, abundaban en él los judíos,
-entablándose con frecuencia crueles rivalidades entre las dos
-clases de la poblacion<a id="FNanchor_482" href="#Footnote_482"
-class="fnanchor">[482]</a>. Hablábase únicamente la lengua griega, y
-hasta los judíos recitaban en griego varios trozos de la liturgia<a
-id="FNanchor_483" href="#Footnote_483" class="fnanchor">[483]</a>.
-Los austeros rabinos de Jerusalem pintaban á Cesarea como una morada
-profana, perjudicial, donde el individuo se volvia casi pagano<a
-id="FNanchor_484" href="#Footnote_484" class="fnanchor">[484]</a>.
-Por todas las razones que se acaban de exponer, dicha poblacion
-representará un papel importante en el transcurso de nuestra historia.
-Ella fué, bajo cierto aspecto, el puerto del cristianismo, el punto
-desde el cual la Iglesia de Jerusalem se comunicó con todo el
-Mediterráneo.</p>
-
-<p>Otras muchas misiones, cuya historia nos es desconocida, se hicieron
-paralelamente á la de Felipe<a id="FNanchor_485" href="#Footnote_485"
-class="fnanchor">[485]</a>. La misma rapidez con que se llevó á cabo
-esta primera predicacion, fué la causa de su éxito. En el año 38, cinco
-años despues de la muerte de Jesús y uno poco más ó menos de la de
-Estéban, toda la Palestina, al otro lado del Jordan, habia escuchado
-la buena nueva de boca de los misioneros salidos de Jerusalem.
-La Galilea por su parte guardaba la santa<span class="pagenum"
-id="Page_194">p. 194</span> semilla y probablemente la extendia á su
-alrededor, aunque nada se sepa de las misiones salidas de aquel país.
-Tal vez la poblacion de Damasco, que en la época á que nos referimos
-contenia varios cristianos<a id="FNanchor_486" href="#Footnote_486"
-class="fnanchor">[486]</a>, recibia la fé de los predicadores
-galileos.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_10">
- <p><span class="pagenum" id="Page_195">p. 195</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO X.</h2>
- <p class="subh2">Conversion de San Pablo.</p>
-</div>
-
-<div class="sidenote">Año 38</div>
-
-<p>El año 38 valió á la Iglesia naciente una conquista notable.
-Fué en efecto en el transcurso de este año<a id="FNanchor_487"
-href="#Footnote_487" class="fnanchor">[487]</a> cuando debió tener
-lugar, poco más ó menos, la conversion de aquel Saulo que hemos
-encontrado como cómplice de la lapidacion de Estéban, agente principal
-de la persecucion del año 37, y que acababa de transformarse, por un
-misterioso efecto de la gracia, en el más ardiente de los discípulos de
-Jesús.</p>
-
-<p>Saulo, nació en Tarso, en Cilicia<a id="FNanchor_488"
-href="#Footnote_488" class="fnanchor">[488]</a> el año 10 ó
-12 de nuestra era<a id="FNanchor_489" href="#Footnote_489"
-class="fnanchor">[489]</a>. Segun la moda del tiempo se habia
-latinizado su nombre con el de <i>Paulo</i><a id="FNanchor_490"
-href="#Footnote_490" class="fnanchor">[490]</a> y no llevó
-este<span class="pagenum" id="Page_196">p. 196</span> nombre de
-una manera continua, hasta que hubo tomado el calificativo de
-apóstol de los gentiles<a id="FNanchor_491" href="#Footnote_491"
-class="fnanchor">[491]</a>. Pablo era de la más pura sangre judía<a
-id="FNanchor_492" href="#Footnote_492" class="fnanchor">[492]</a>.
-Oriunda su familia, tal vez de la poblacion de Giscala, en Galilea<a
-id="FNanchor_493" href="#Footnote_493" class="fnanchor">[493]</a>,
-pretendia pertenecer á la tribu de Benjamin<a id="FNanchor_494"
-href="#Footnote_494" class="fnanchor">[494]</a>. Su padre poseia el
-título de ciudadano romano<a id="FNanchor_495" href="#Footnote_495"
-class="fnanchor">[495]</a>. Sin duda alguno de sus antecesores
-habia comprado este título, ó lo habia adquirido con sus servicios.
-Puede suponerse que lo habia obtenido su abuelo por haber ayudado
-á Pompeyo cuando la conquista romana (63 años antes de J.-<span
-class="asc">C</span>.); su familia, como todas las buenas y antiguas
-casas judías, pertenecia al partido de los fariseos<a id="FNanchor_496"
-href="#Footnote_496" class="fnanchor">[496]</a>. Pablo fué educado
-en los principios más severos de esta secta<a id="FNanchor_497"
-href="#Footnote_497" class="fnanchor">[497]</a> y si repudió más
-tarde sus rígidos dogmas, guardó su ardiente fé y su entusiasta
-exaltacion.</p>
-
-<p>Tarso era en la época de Augusto, una poblacion muy floreciente.
-Los habitantes pertenecian en su gran parte á la raza griega
-y armenia, pero los judíos abundaban mucho como en todas las
-poblaciones mercantiles.<a id="FNanchor_498" href="#Footnote_498"
-class="fnanchor">[498]</a><span class="pagenum" id="Page_197">p.
-197</span> Era muy extendida la aficion á las ciencias y á las letras
-y ninguna poblacion del mundo, sin exceptuar Atenas y Alejandría,
-poseia tantas escuelas é institutos científicos<a id="FNanchor_499"
-href="#Footnote_499" class="fnanchor">[499]</a>. El número de
-los sabios que produjo ó que hicieron sus estudios en Tarso, es
-verdaderamente notable<a id="FNanchor_500" href="#Footnote_500"
-class="fnanchor">[500]</a>. De esto no debe deducirse que Pablo
-recibiera una educacion helénica señalada. Los judíos frecuentaban
-raras veces los establecimientos de instruccion profana<a
-id="FNanchor_501" href="#Footnote_501" class="fnanchor">[501]</a>.
-Las escuelas más célebres de Tarso eran las escuelas de retórica<a
-id="FNanchor_502" href="#Footnote_502" class="fnanchor">[502]</a>. Lo
-primero que se aprendia en ellas era el griego clásico, y no es creible
-que un hombre que hubiese aprendido aunque fuese elementalmente la
-gramática y retórica de una lengua tan elegante, hubiese escrito tan
-incorrectamente como lo hizo bajo el aspecto helénico las epístolas
-de San Pablo. Él habla habitualmente y con facilidad en griego<a
-id="FNanchor_503" href="#Footnote_503" class="fnanchor">[503]</a>; él
-escribe, ó mejor dicho, dicta<a id="FNanchor_504" href="#Footnote_504"
-class="fnanchor">[504]</a> en esta lengua, pero su griego es el de los
-judíos helenistas; un griego cargado de hebraismos y de siriacismos
-que apenas debe ser inteligible para un literato de la época y que no
-se comprende más que haciéndose cargo de la construccion siriaca que
-Pablo, al dictar, formaba en su espíritu. Él mismo reconoce el carácter
-popular y grosero de su lengua<a id="FNanchor_505" href="#Footnote_505"
-class="fnanchor">[505]</a>. Cuando podia hablaba el hebreo, es decir,
-el siro-caldeo de aquel tiempo<a id="FNanchor_506" href="#Footnote_506"
-class="fnanchor">[506]</a>. En<span class="pagenum" id="Page_198">p.
-198</span> esta lengua pensaba; en esta lengua le habló la voz íntima
-del camino de Damasco<a id="FNanchor_507" href="#Footnote_507"
-class="fnanchor">[507]</a>.</p>
-
-<p>Su doctrina no tiene ninguna relacion directa, ni copia nada de la
-filosofía griega. La cita de un verso de <i>Thais</i> de Menandro que
-se encuentra en sus escritos<a id="FNanchor_508" href="#Footnote_508"
-class="fnanchor">[508]</a>, es uno de los proverbios monósticos que
-sabia todo el mundo y que podian citarse muy bien sin haber leido
-los originales. Otras dos citas, una de Epiménides y otra de Arato,
-que figuran bajo su nombre<a id="FNanchor_509" href="#Footnote_509"
-class="fnanchor">[509]</a> aunque seguramente no son suyas, se
-explican tambien como copiadas de segunda mano<a id="FNanchor_510"
-href="#Footnote_510" class="fnanchor">[510]</a>. La cultura de Pablo
-es casi exclusivamente judía<a id="FNanchor_511" href="#Footnote_511"
-class="fnanchor">[511]</a>; es más bien en el Talmud, que en la Grecia
-clásica donde deben buscarse sus análogos. Algunas ideas generales que
-la filosofía habia extendido por todas partes, y que podian conocerse
-sin haber abierto un solo libro de los filósofos<a id="FNanchor_512"
-href="#Footnote_512" class="fnanchor">[512]</a>, las hace tambien
-suyas. Su manera de raciocinar es de las más extrañas. Ciertamente
-ignora por completo la lógica peripatética. Su silogismo no es como
-el de Aristóteles, y por el contrario, su dialéctica tiene la mayor
-semejanza con la del Talmud. En general, se deja Pablo conducir más
-bien por las palabras, que por las ideas. Una palabra que tenga en
-su<span class="pagenum" id="Page_199">p. 199</span> espíritu le
-domina y le lleva á un órden de ideas distintas del punto principal.
-Sus transiciones son bruscas; sus demostraciones interrumpidas; sus
-períodos con frecuencia cortados. Ningun escritor ha sido más desigual.
-Inútilmente se buscaria en todas las literaturas un fenómeno tan
-notable como el capítulo 13 de la primera epístola á los Corintios,
-página sublime, al lado de débiles argumentos de penosas reticencias,
-de fastidiosas sutilezas.</p>
-
-<p>Su padre le destinó desde muy jóven á ser rabino, pero segun
-la costumbre general<a id="FNanchor_513" href="#Footnote_513"
-class="fnanchor">[513]</a>, dióle una profesion. Pablo fué tapicero<a
-id="FNanchor_514" href="#Footnote_514" class="fnanchor">[514]</a>, ó
-si se quiere trabajador en aquellas telas ordinarias de Cilicia que se
-llamaban <i>cilicium</i>. En distintas épocas dedicóse á este trabajo<a
-id="FNanchor_515" href="#Footnote_515" class="fnanchor">[515]</a>,
-pues carecia de fortuna patrimonial y tuvo una hermana, cuyo hijos
-vivieron en Jerusalem<a id="FNanchor_516" href="#Footnote_516"
-class="fnanchor">[516]</a>. Los indicios que se tienen de un hermano<a
-id="FNanchor_517" href="#Footnote_517" class="fnanchor">[517]</a>
-y de otros parientes<a id="FNanchor_518" href="#Footnote_518"
-class="fnanchor">[518]</a> que abrazaron el cristianismo, son muy vagos
-y muy inciertos.</p>
-
-<p>Si hemos de creer que los buenos modales y la finura están en
-relacion con la fortuna de cada uno, debemos figurarnos á Pablo como
-un hombre del pueblo mal educado y sin distincion. No obstante, esta
-apreciacion no es exacta, porque era extremada su finura y sus manos
-delicadas cuando él queria. Á pesar de su<span class="pagenum"
-id="Page_200">p. 200</span> incorreccion de estilo, sus epístolas
-revelan un hombre de grande imaginacion,<a id="FNanchor_519"
-href="#Footnote_519" class="fnanchor">[519]</a> encontrándose en sus
-elevados pensamientos expresiones muy felices. Jamás correspondencia
-alguna, ha revelado atenciones más rebuscadas, maneras más finas,
-reconvenciones más amables. Una ó dos de sus fórmulas nos desagradan<a
-id="FNanchor_520" href="#Footnote_520" class="fnanchor">[520]</a>, pero
-¡qué facilidad! ¡qué riqueza de frases deliciosas! ¡qué naturalidad!
-Se comprende bien que su carácter en los momentos en que la pasion
-no le volvia irascible y duro, debia ser el de un hombre fino,
-emprendedor, afectuoso, perfectamente susceptible y un poco celoso.
-Inferiores ante el público<a id="FNanchor_521" href="#Footnote_521"
-class="fnanchor">[521]</a>, estos hombres tienen, en el seno de las
-pequeñas iglesias, inmensas ventajas por el respeto que inspiran por su
-aptitud y su práctica y por su hábil manera de salir de las más grandes
-dificultades.</p>
-
-<p>El aspecto de Pablo era repugnante y su semblante no correspondia
-á la grandeza de su alma. Era feo, de baja estatura y medio jorobado.
-Sus fuertes hombros sostenian una cabeza pequeña y calva; su semblante
-ostentaba una barba poblada y espesa; tenia la nariz aguileña; los
-ojos penetrantes y eran negras las cejas que delineaban su frente<a
-id="FNanchor_522" href="#Footnote_522" class="fnanchor">[522]</a>. Su
-palabra no ofrecia<span class="pagenum" id="Page_201">p. 201</span>
-nada de particular ni imponia<a id="FNanchor_523" href="#Footnote_523"
-class="fnanchor">[523]</a>: una especie de temor, de embarazo, de
-incorreccion, daba frecuentemente una pobre idea de su elocuencia<a
-id="FNanchor_524" href="#Footnote_524" class="fnanchor">[524]</a>.
-Como hombre de tacto, insistia él mismo sobre sus defectos exteriores,
-sacando de ellos ventajas<a id="FNanchor_525" href="#Footnote_525"
-class="fnanchor">[525]</a>. La raza judía tiene de notable que presenta
-tipos de la más grande belleza y de una fealdad completa; pero la
-fealdad judía es una cosa completamente especial. Unas facciones
-extrañas, que con frecuencia excitan la sonrisa, y toman, cuando se
-iluminan, una especie de resplandor profundo y de majestad.</p>
-
-<p>El temperamento de Pablo, no era menos singular que su exterior. Su
-contextura vigorosa y fuerte, se hallaba alterada por una vida llena
-de fatigas y de sufrimientos. Sin cesar alude él mismo á su debilidad
-corporal y se presenta como un hombre demacrado, enfermo, tímido, sin
-esperanza, sin prestigio, sin nada de lo que hace efecto, si bien tiene
-el mérito de no hacer aprecio de estas miserias<a id="FNanchor_526"
-href="#Footnote_526" class="fnanchor">[526]</a>. Á veces habla con
-misterio de una prueba secreta, «de una espina clavada en su carne,»
-que compara á un ángel de Satán, ocupado en molestarle y al cual
-Dios ha permitido que se le uniera para que no se enorgulleciese<a
-id="FNanchor_527" href="#Footnote_527" class="fnanchor">[527]</a>.
-Tres veces ha pedido al Señor que le librara de esta pena; tres veces
-el Señor le ha contestado: «Mi gracia te basta.» Esta era sin duda
-una<span class="pagenum" id="Page_202">p. 202</span> debilidad suya,
-pues el atractivo de las voluptuosidades carnales no pareció agitarle
-nunca puesto que él mismo nos enseña á ser insensible á las mismas<a
-id="FNanchor_528" href="#Footnote_528" class="fnanchor">[528]</a>.
-Parece que no se casó<a id="FNanchor_529" href="#Footnote_529"
-class="fnanchor">[529]</a>; la frialdad de su temperamento,
-consecuencia de los ardores espirituales de su cerebro, se muestra
-durante toda su vida; se envanece de ello con tanta seguridad que es
-probable no esté exenta de cierta afectacion y que en todo caso tiene
-para nosotros algo repugnante<a id="FNanchor_530" href="#Footnote_530"
-class="fnanchor">[530]</a>.</p>
-
-<p>Fué muy jóven á Jerusalem<a id="FNanchor_531" href="#Footnote_531"
-class="fnanchor">[531]</a> y dícese que entró en la escuela
-de Gamaliel el Viejo<a id="FNanchor_532" href="#Footnote_532"
-class="fnanchor">[532]</a>. Gamaliel era el hombre más ilustre
-de Jerusalem. Como el nombre de fariseo se aplicaba á todo judío
-notable que no era de familia sacerdotal, Gamaliel pasaba por un
-miembro de esta secta, pero no era exclusivista ni pobre de espíritu
-como aquella. Era un hombre liberal, ilustre, que comprendia á los
-paganos y sabia el griego<a id="FNanchor_533" href="#Footnote_533"
-class="fnanchor">[533]</a>. Tal vez las grandes ideas que profesó
-San Pablo al convertirse, fueron una reminiscencia de lo que le
-enseñó su primer maestro; es necesario, sin embargo, confesar que no
-fué la moderacion lo que del mismo aprendió.<span class="pagenum"
-id="Page_203">p. 203</span> En la atmósfera cálida de Jerusalem llegó á
-un grado extremo de fanatismo. Figuraba á la cabeza del jóven partido
-fariseo, rigorista y exaltado que estaba unido á su pasado nacional
-hasta el último extremo<a id="FNanchor_534" href="#Footnote_534"
-class="fnanchor">[534]</a>. Él no conoció á Jesús<a id="FNanchor_535"
-href="#Footnote_535" class="fnanchor">[535]</a> ni asistió á la
-escena sangrienta del Gólgota, pero le hemos visto tomando una
-parte activa en la muerte de Estéban y figurar en primera línea
-entre los perseguidores de la Iglesia. Solo respiraba muerte y
-amenazas y corrió á Jerusalem escudado de una órden que autorizaba
-todos sus excesos. Iba de sinagoga en sinagoga, forzando á los
-tímidos para que renegaran del nombre de Jesús, y haciendo apalear
-ó encerrar á los otros<a id="FNanchor_536" href="#Footnote_536"
-class="fnanchor">[536]</a>. Cuando la Iglesia de Jerusalem se dispersó,
-las poblaciones vecinas fueron víctimas de su rabia<a id="FNanchor_537"
-href="#Footnote_537" class="fnanchor">[537]</a>, desesperándole los
-progresos de la nueva fé, hasta que habiendo sabido que un grupo
-de fieles se habia constituido en Damasco, pidió al gran sacerdote
-Teófilo, hijo de Hanan<a id="FNanchor_538" href="#Footnote_538"
-class="fnanchor">[538]</a>, cartas para la sinagoga de esta poblacion,
-que le confiriesen el poder de prender á las personas creyentes y de
-llevarlas atadas á Jerusalem<a id="FNanchor_539" href="#Footnote_539"
-class="fnanchor">[539]</a>.</p>
-
-<p>El desórden de la autoridad romana en Judea, despues de la muerte de
-Tiberio, explica estas arbitrarias vejaciones que tenian lugar bajo el
-mando del in<span class="pagenum" id="Page_204">p. 204</span>sensato
-Calígula. La administracion estaba desarreglada en todas partes, y el
-fanatismo habia ganado lo que habia perdido el poder civil. Despues del
-mando de Pilatos, y las concesiones hechas á los indígenas por Lucio
-Vitelio, se adoptó el principio de dejar al país abandonado á sus leyes
-especiales, y entonces se ejercieron mil tiranías locales aprovechando
-la debilidad de un poder insuficiente. Por aquella época Damasco habia
-pasado al poder del rey Hartat ó Hareth cuya capital era Petra<a
-id="FNanchor_540" href="#Footnote_540" class="fnanchor">[540]</a>.</p>
-
-<p>Este príncipe poderoso y valiente, despues de haber derrotado á
-Herodes Antipas y puéstose al frente de las fuerzas romanas mandadas
-por el legado imperial Lucio Vitelio, se habia visto maravillosamente
-favorecido por la fortuna. La noticia de la muerte de Tiberio (16
-marzo 37) habia detenido repentinamente á Vitelio<a id="FNanchor_541"
-href="#Footnote_541" class="fnanchor">[541]</a>. Hareth, aprovechando
-esta oportunidad se apoderó de Damasco, estableciendo en esta
-poblacion un <i>etnarca</i> ó gobernador.<a id="FNanchor_542"
-href="#Footnote_542" class="fnanchor">[542]</a> Cuando tuvo lugar
-esta conquista, la mayor parte de los habitantes de dicha ciudad eran
-judíos que ejercian el proselitismo y muy particularmente las mujeres<a
-id="FNanchor_543" href="#Footnote_543" class="fnanchor">[543]</a>.
-El modo de contentarles, el medio de ganarles, era hacer siempre
-concesiones á su autonomía; y toda concesion á su autono<span
-class="pagenum" id="Page_205">p. 205</span>mía era un permiso
-para entregarse á violencias religiosas<a id="FNanchor_544"
-href="#Footnote_544" class="fnanchor">[544]</a>. Castigar y matar á los
-que no pensaban como ellos: hé aquí lo que llamaban independencia y
-libertad.</p>
-
-<p>Pablo salió de Jerusalem, siguiendo sin duda el camino ordinario
-y pasó el Jordan por el puente llamado de las <i>Hijas de Jacob</i>.
-No tenia límites la exaltacion de su cerebro y por momentos parecia
-estar loco y desvanecido. La pasion no puede ser una regla de fé:
-el hombre apasionado va de una creencia á otra distinta llevando á
-ella únicamente el mismo fuego. Como todas las almas fuertes, Pablo
-estaba muy cerca de amar lo que odiaba. Por otra parte, ¿estaba
-seguro de no contrariar la obra de Dios? Las ideas mesuradas y justas
-de su maestro Gamaliel<a id="FNanchor_545" href="#Footnote_545"
-class="fnanchor">[545]</a>, le venian sin duda á la memoria y es
-de advertir que almas ardientes como la de Pablo sienten á veces
-terribles remordimientos. Debia tener presentes las lágrimas
-de los que torturaba;<a id="FNanchor_546" href="#Footnote_546"
-class="fnanchor">[546]</a> el cariño de sus buenos sectarios, quienes
-le amaban tanto más á medida que iban conociéndole; y sin embargo,
-nadie les conocia tanto á ellos como su perseguidor. Por momentos
-creia ver la figura de su Maestro, que tanta paciencia inspiraba á sus
-discípulos, mirarle con aire de piedad y reconvenirle dulcemente. Lo
-que se explicaba de las apariciones de Jesús, concebido como un sér
-aéreo y perfectamente visible, le afectaba mucho, pues en las épocas
-y en los países en que se cree lo maravilloso, las narracio<span
-class="pagenum" id="Page_206">p. 206</span>nes de milagros imponen
-igualmente á los de partidos opuestos, teniendo por ejemplo, miedo los
-musulmanes de los milagros de Elías y pidiendo como los cristianos
-curaciones sobrenaturales á San Jorge y á San Antonio. Pablo, despues
-de haber atravesado la Iturea, entró en la llanura de Damasco,
-aproximóse á la poblacion y estaba ya probablemente á la entrada de
-los jardines que la rodean. Era medio dia<a id="FNanchor_547"
-href="#Footnote_547" class="fnanchor">[547]</a> y viajaba á pié en
-union de varios compañeros<a id="FNanchor_548" href="#Footnote_548"
-class="fnanchor">[548]</a>.</p>
-
-<p>El camino de Jerusalem á Damasco no ha cambiado todavía: es el
-que partiendo de esta última ciudad en la direccion del Sud-oeste,
-atraviesa la hermosa llanura regada á la vez por los rios afluyentes
-del Abana y de Farfar y sobre la cual se extienden hoy las poblaciones
-de Dareya, Kaukab y Sasa. No puede buscarse el punto de que hablamos,
-y que fué teatro de uno de los hechos más importantes de la historia
-de la humanidad, sino cerca de Kaukab á cuatro horas de Damasco<a
-id="FNanchor_549" href="#Footnote_549" class="fnanchor">[549]</a>.
-Tambien es probable que el punto en cuestion fuera más cercano á
-la poblacion y en este caso se estaria en lo cierto colocándolo
-cerca de Dareya, hora y media de Damasco, ó entre Dareya y el
-último confin de Meidan<a id="FNanchor_550" href="#Footnote_550"
-class="fnanchor">[550]</a>. Pablo tenia delante de sí la poblacion
-cuyos edificios debian ya divisarse por entre los árboles; detrás
-la majestuosa altura del Hermon con sus nevadas crestas que le
-asemejaban á la cabeza de un an<span class="pagenum" id="Page_207">p.
-207</span>ciano; á su derecha el Haurán, las dos pequeñas cordilleras
-paralelas que cierran el camino inferior de Farfar<a id="FNanchor_551"
-href="#Footnote_551" class="fnanchor">[551]</a> y los túmulos<a
-id="FNanchor_552" href="#Footnote_552" class="fnanchor">[552]</a> de la
-region de los lagos; á su izquierda los contrafuertes del Ante-Líbano
-que se unen al Hermon. La impresion que se siente al divisar aquellos
-campos ricamente cultivados, y aquellas deliciosas vegas separadas unas
-de otras por frondosos árboles, cargados de sabrosos frutos, es la de
-la calma y la felicidad. Figuraos un camino sombrío abriéndose paso
-entre la enramada, cruzado sin cesar por canales de riego, serpenteando
-al través de olivares, nogales, albaricoques, y otros árboles unidos
-entre sí por las ramas de espesas cepas, y tendreis una idea del lugar
-donde aconteció el hecho extraño que ha ejercido tanta influencia sobre
-la fé del mundo. Apenas se cree el viajero estar en Oriente al cruzar
-los alrededores de Damasco,<a id="FNanchor_553" href="#Footnote_553"
-class="fnanchor">[553]</a> y sobre todo al salir de las ásperas y
-cálidas regiones de la Gaulanítide y de la Iturea lo que más satisface
-al alma es la alegría de encontrar los trabajos del hombre y las
-bendiciones del cielo. Desde la más remota antigüedad hasta nuestros
-dias, toda aquella zona que rodea á Damasco de frescura y bienestar, no
-ha tenido más que un nombre, no ha inspirado más que un sueño, el de
-<i>paraiso de Dios</i>.</p>
-
-<p>Si Pablo encontró allí visiones terribles, es que las llevaba
-en su espíritu. Cada paso que dirigia hácia<span class="pagenum"
-id="Page_208">p. 208</span> Damasco despertaba en él curiosas
-incertidumbres. El odioso papel de verdugo que iba á representar se
-le hacia insufrible: las casas que empezaba á divisar eran tal vez
-morada de sus víctimas y este pensamiento le detenia, le agitaba;
-queria no avanzar, le parecia resistir á un aguijon que le oprimia<a
-id="FNanchor_554" href="#Footnote_554" class="fnanchor">[554]</a>.
-La fatiga del camino<a id="FNanchor_555" href="#Footnote_555"
-class="fnanchor">[555]</a> uniéndose á esta preocupacion le
-venció: tenia segun parece los ojos inflamados<a id="FNanchor_556"
-href="#Footnote_556" class="fnanchor">[556]</a>, tal vez un principio
-de oftalmia. En las marchas prolongadas, las últimas horas son las más
-penosas, ya que se acumulan en ellas todas las causas debilitantes de
-los dias pasados y las fuerzas nerviosas se extinguen, verificándose
-una sensible reaccion. Tal vez tambien la brusca transicion de pasar de
-una llanura caldeada por el sol, á las frescas sombras de los jardines,
-determinó un acceso en su organismo enfermo<a id="FNanchor_557"
-href="#Footnote_557" class="fnanchor">[557]</a> y quebrantado por su
-fanático viaje. Las calenturas perniciosas acompañadas de ataques
-cerebrales, aparecen de una manera rápida en aquellos lugares. En
-pocos minutos se encuentra el viajero delirando: cuando ha pasado el
-ataque se conserva la impresion de una noche oscura y parece que se
-han visto dibujarse imágenes en su negro fondo<a id="FNanchor_558"
-href="#Footnote_558" class="fnanchor">[558]</a>. Lo cierto es que
-una conmocion terrible quitó á Pablo lo que le restaba de conciencia
-distinta y le derribó por tierra privado de conocimiento.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_209">p. 209</span>Es imposible
-conocer, por las narraciones que tenemos de este hecho singular<a
-id="FNanchor_559" href="#Footnote_559" class="fnanchor">[559]</a>,
-si alguna otra causa exterior dió lugar á la crísis que valió
-al cristianismo su más ardiente apóstol; sin embargo, el hecho
-exterior significa aquí poca cosa. El estado del alma de san
-Pablo, sus remordimientos, el acercarse á la poblacion donde iba á
-cometer sus abusos, fueron las verdaderas causas de su conversion<a
-id="FNanchor_560" href="#Footnote_560" class="fnanchor">[560]</a>.
-Por mi parte prefiero la hipótesis de un hecho personal á Pablo; de
-una cosa sentida por él solo<a id="FNanchor_561" href="#Footnote_561"
-class="fnanchor">[561]</a>. No es por esto inverosímil que estallara
-de repente una tempestad:<a id="FNanchor_562" href="#Footnote_562"
-class="fnanchor">[562]</a> las faldas del Hermon son el punto de
-formacion de los temporales cuya violencia nada puede igualar. Las
-almas más frias, no atraviesan sin terror esas espantosas lluvias
-de fuego. En la antigüedad, los accidentes de este género se
-consideraban como revelaciones divinas, toda vez que por la idea que
-se formaban entonces de la Providencia, nada<span class="pagenum"
-id="Page_210">p. 210</span> era fortuito, y cada individuo debia
-atribuir como dirigidos á él los fenómenos naturales que tenian lugar
-á su alrededor. Para los judíos en particular, los truenos eran la
-voz de Dios, el rayo, el fuego de Dios. Pablo estaba dominado por
-la mayor agitacion y era natural que prestara oido á la voz de la
-tormenta y á la de su propio corazon. Que un delirio febril, causado
-por el sol ó por una oftalmia se apoderó de repente de Pablo; que
-una luz produjera su desvanecimiento; que un rayo le derribara y le
-causara una conmocion cerebral que le hiciera olvidar por un momento
-el sentido de la vida, poco importa. Los recuerdos del Apóstol, acerca
-de este particular, parecen estar algo confusos; estaba persuadido
-de que el hecho habia sido sobrenatural, y semejante opinion no le
-permitia tener conciencia plena de las circunstancias materiales.
-Estas conmociones cerebrales producen á veces una especie de efecto
-retroactivo y turban completamente los recuerdos de los momentos que
-han precedido á la crísis<a id="FNanchor_563" href="#Footnote_563"
-class="fnanchor">[563]</a>. Desde luego el mismo Pablo nos dice que
-estaba sujeto á visiones<a id="FNanchor_564" href="#Footnote_564"
-class="fnanchor">[564]</a> y cualquiera circunstancia insignificante á
-los ojos de otro, debe bastar para que él la dé importancia.</p>
-
-<p>En medio de las alucinaciones contrarias á todo buen sentido,
-¿qué vió? ¿qué oyó? Vió la figura que le perseguia hacia dias,
-vió el fantasma acerca del cual se explicaban varias historias,
-vió á Jesús mismo<a id="FNanchor_565" href="#Footnote_565"
-class="fnanchor">[565]</a> que<span class="pagenum" id="Page_211">p.
-211</span> le decia en hebreo: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?»
-Las naturalezas impetuosas pasan violentamente de un extremo á otro<a
-id="FNanchor_566" href="#Footnote_566" class="fnanchor">[566]</a>.
-Para ellas hay lo que no existe para las naturalezas frias, momentos
-solemnes, minutos que deciden todo el resto de su vida. Los hombres
-reflexivos no cambian jamás y solo se transforman. Por el contrario los
-hombres ardientes cambian y no se transforman nunca. El dogmatismo es
-como un vestido de Nesso que no puede arrancarse. Les falta pretexto
-para amar y odiar: solo nuestras razas occidentales han podido producir
-estos espíritus delicados, fuertes y flexibles que ninguna ilusion
-momentánea tiraniza, que ninguna vana afirmacion seduce. El Oriente
-no ha producido jamás hombres de esta especie. En pocos segundos
-se agolparon á la imaginacion de Pablo todos sus más profundos
-pensamientos. Se le mostró vivamente el horror de su conducta: se vió
-cubierto con la sangre de Estéban, mártir que se le apareció como su
-padre, su iniciador: conmovióse su fibra más sensible y se operó en él
-un cambio, pero este cambio no fué más que para abrazar otro fanatismo.
-Su sinceridad, su deseo de fé absoluta le privaban de aceptar el
-término medio y es claro que debia desplegar algun dia en la defensa de
-Jesús el celo ardiente que empleara antes para perseguirle.</p>
-
-<p>Pablo entró en Damasco con la ayuda de sus compañeros que le
-llevaban de la mano<a id="FNanchor_567" href="#Footnote_567"
-class="fnanchor">[567]</a>, y le dejaron en casa de un tal Judas que
-vivia en la calle Derecha,<span class="pagenum" id="Page_212">p.
-212</span> grande via de columnas de más de una milla de largo y
-cien piés de ancho, que cruzaba la poblacion de este á oeste y
-cuyo trazado forma todavía hoy, salvo algunas desviaciones, la
-principal arteria de Damasco<a id="FNanchor_568" href="#Footnote_568"
-class="fnanchor">[568]</a>. El desvanecimiento<a id="FNanchor_569"
-href="#Footnote_569" class="fnanchor">[569]</a> y la agitacion cerebral
-no disminuian de intensidad. Durante tres dias, abatido por la fiebre,
-Pablo no comió ni bebió. Lo que pasó durante esta crísis en una cabeza
-ardiente, agitada por una violenta conmocion se adivina fácilmente.
-Hablóse delante de él de los cristianos de Damasco y particularmente,
-de cierto Hanania que parecia haber sido el jefe de la comunidad<a
-id="FNanchor_570" href="#Footnote_570" class="fnanchor">[570]</a>.
-Pablo habia oido hablar del poder milagroso de los nuevos creyentes,
-para curar las enfermedades, y la idea de que la imposicion de las
-manos de aquel, le sacaria del estado en que se hallaba se apoderó
-de su espíritu. Sus ojos estaban siempre muy inflamados, y entre
-las imágenes que se sucedian en su cerebro<a id="FNanchor_571"
-href="#Footnote_571" class="fnanchor">[571]</a> creyó ver á Hanania
-que entraba y le saludaba familiarmente segun costumbre de los
-cristianos, y se persuadió que á él solo deberia su curacion.<span
-class="pagenum" id="Page_213">p. 213</span> Hanania fué llamado y fué
-á hablar cariñosamente al enfermo; le llamó hermano suyo y le impuso
-las manos. Desde este momento renació la calma en el alma de Pablo,
-creyóse curado, y la enfermedad, siendo principalmente nerviosa,
-desapareció. Algunas lágrimas cayeron de sus ojos<a id="FNanchor_572"
-href="#Footnote_572" class="fnanchor">[572]</a>, comió y recobró sus
-fuerzas.</p>
-
-<p>Casi al momento recibió el bautismo<a id="FNanchor_573"
-href="#Footnote_573" class="fnanchor">[573]</a> y eran tan sencillas
-las doctrinas de la Iglesia que nada nuevo tuvo que aprender: marchó
-al campo cristiano perfectamente convertido. ¿De quién habia entonces
-de recibir lecciones? Jesús mismo se le apareció: tuvo la vision
-de Jesús resucitado, como Jacobo, como Pedro. Todo lo aprendió por
-revelacion inmediata: la ruda é indomable naturaleza de Pablo reaparece
-aquí. Abatido en medio del camino, quiso someterse, pero someterse
-á Jesús solo, á Jesús, que habia abandonado la derecha de su padre
-para venir á convertirle é instruirle. Tal es la base de su fé; tal
-será un dia el punto de partida de sus pretensiones. Él sostendrá que
-no tuvo intencion de ir á Jerusalem despues de su conversion para
-entrar en relaciones con aquellos que eran apóstoles antes que él;
-que ha recibido su revelacion particular y que nada debe á persona
-alguna; que es apóstol como los Doce por institucion divina y por
-intervencion directa de Jesús, y que su doctrina es la buena sin
-que un ángel siquiera pueda decir lo contrario<a id="FNanchor_574"
-href="#Footnote_574" class="fnanchor">[574]</a>. Al oir á este
-orgulloso, un inmenso te<span class="pagenum" id="Page_214">p.
-214</span>mor se apoderó de la pequeña sociedad de pobres de espíritu
-que ha constituido hasta aquí el cristianismo. Será un verdadero
-milagro si sus violencias y su inflexibilidad personal no lo destruyen
-todo; pero tambien su atrevimiento, su fuerza de iniciativa, su
-decision, van á ser un elemento precioso al lado del espíritu mezquino,
-tímido, é indeciso de los santos de Jerusalem. Seguramente que si
-el cristianismo no hubiera salido de entre aquellas buenas gentes,
-permaneciendo encerrado en un círculo de iluminados, que vivian en
-comunidad, se hubiera extinguido sin dejar apenas recuerdo.</p>
-
-<p>Pero el indómito san Pablo es quien contribuirá á su
-engrandecimiento y desafiando todos los peligros se dirigirá
-atrevidamente á través de los mares para propagar su doctrina. Al lado
-del fiel sumiso, recibiendo su fé del superior sin decir una palabra,
-estará el cristiano desprovisto de toda autoridad que solo creerá por
-conviccion personal. El protestantismo existió ya cinco años despues
-de la muerte de Jesús. San Pablo fué su ilustre fundador. Jesús, sin
-duda no habia previsto tales discípulos que son tal vez los que más
-contribuyeron á dar vida á su obra y le aseguraron la eternidad.</p>
-
-<p>Las naturalezas violentas conducidas al proselitismo no cambian
-más que el objeto de su pasion. Tan entusiasta por la nueva fé
-como lo habia sido por la antigua, san Pablo, lo mismo que Omar,
-tro<span class="pagenum" id="Page_215">p. 215</span>có en un dia
-el papel de perseguidor por el de apóstol. No volvió á Jerusalem<a
-id="FNanchor_575" href="#Footnote_575" class="fnanchor">[575]</a>
-donde su posicion cerca de los Doce hubiera sido muy delicada,
-sino que permaneció en Damasco y en el Haurán<a id="FNanchor_576"
-href="#Footnote_576" class="fnanchor">[576]</a> predicando durante
-tres años (38-41) que Jesús era hijo de Dios<a id="FNanchor_577"
-href="#Footnote_577" class="fnanchor">[577]</a>. Herodes Agrippa I
-era soberano de Haurán y de los países vecinos, pero su poder era
-inferior en varias partes al del rey nabateano Hareth. La decadencia
-del poder romano habia cedido al ambicioso árabe la grande y rica
-poblacion de Damasco, así como una parte de las orillas del Jordan y
-del Hermon que nacian entonces á la civilizacion<a id="FNanchor_578"
-href="#Footnote_578" class="fnanchor">[578]</a>. Soheym<a
-id="FNanchor_579" href="#Footnote_579" class="fnanchor">[579]</a>,
-otro emir y tal vez pariente ú oficial de Hareth, se hacia dar
-por Calígula la investidura de la Iturea. En medio de aquella
-grande efervescencia de la raza árabe<a id="FNanchor_580"
-href="#Footnote_580" class="fnanchor">[580]</a> en aquel extraño
-suelo, donde una raza enérgica desplegaba su actividad febril, Pablo
-dió á conocer la fogosidad de su alma de apóstol<a id="FNanchor_581"
-href="#Footnote_581" class="fnanchor">[581]</a>. Tal vez el movimiento
-material y brillante que transformaba al país se debia al éxito
-de una predicacion com<span class="pagenum" id="Page_216">p.
-216</span>pletamente idealista y fundada sobre la creencia de un
-cercano fin del mundo. No se encuentra en la Arabia vestigio alguno
-de Iglesia fundada por san Pablo. Si la region de Haurán fué hácia el
-año 70 uno de los centros más importantes del cristianismo, lo debe á
-la emigracion de cristianos de la Palestina, que son justamente los
-enemigos de san Pablo, los ebionitas que tienen en aquella comarca su
-principal establecimiento.</p>
-
-<p>En Damasco donde habia muchos judíos<a id="FNanchor_582"
-href="#Footnote_582" class="fnanchor">[582]</a>, Pablo era
-más escuchado: entraba en las sinagogas presentando vigorosas
-argumentaciones para probar que Jesús era el Cristo. La sorpresa
-de los fieles era extremada al ver que el que habia perseguido
-á sus hermanos y que iba á encadenarles, acababa de convertirse
-en su primer apologista<a id="FNanchor_583" href="#Footnote_583"
-class="fnanchor">[583]</a>. Su audacia y su singularidad tenian
-algo que les espantaba: estaba solo y no se aconsejaba de nadie<a
-id="FNanchor_584" href="#Footnote_584" class="fnanchor">[584]</a>; no
-formaba escuela y le miraban con más curiosidad que simpatía: conocian
-que era un hermano pero un hermano de una especie particular. Creíasele
-incapaz de una traicion, pero las tímidas naturalezas experimentan
-todavía un sentimiento de desconfianza y de temor al lado de las
-naturalezas poderosas y originales porque conocen que algun dia dejarán
-de tenerlas á su lado.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_11">
- <p><span class="pagenum" id="Page_217">p. 217</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XI.</h2>
- <p class="subh2">Paz y desarrollos interiores de la Iglesia de
- Judea.</p>
-</div>
-
-<div class="sidenote">Año 38</div>
-
-<p>Desde el año 38 al 44 parece que no sufrió persecucion
-alguna la Iglesia<a id="FNanchor_585" href="#Footnote_585"
-class="fnanchor">[585]</a>. Tomaron los fieles precauciones que sin
-duda descuidaran antes de la muerte de Estéban y evitaron hablar en
-público. Tal vez tambien las desgracias de los judíos, que durante
-todo el segundo período del reinado de Calígula, estuvieron en lucha
-con este príncipe, contribuyeron á favorecer la secta naciente.
-Efectivamente, los judíos perseguían más cuanto mayor era la armonía
-que reinaba entre ellos y los romanos. Para asegurar ó recompensar su
-tranquilidad, estos les aumentaron sus privilegios y en particular el
-que más querian, el derecho de castigar á las personas que miraban
-como infieles á la Ley.<a id="FNanchor_586" href="#Footnote_586"
-class="fnanchor">[586]</a> Ahora bien, los años á que hemos llegado
-fueron de los más tempestuosos para la historia, siempre turbulenta de
-aquel pueblo singular.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_218">p. 218</span>La antipatía que
-los judíos por su superioridad moral, por sus nobles costumbres y
-tambien por su dureza, excitaban en las poblaciones en medio de las
-cuales vivian, habia llegado á su colmo, sobre todo en Alejandría<a
-id="FNanchor_587" href="#Footnote_587" class="fnanchor">[587]</a>,
-y estos ódios acumulados pudieron al fin satisfacerse al subir al
-imperio uno de los mayores locos que hayan reinado. Calígula, despues
-de la enfermedad que alteró sus facultades mentales (octubre, 37) daba
-el espantoso espectáculo de un furioso gobernando el mundo con el
-poder más enorme que jamás hombre alguno ha tenido en sus manos. La
-desastrosa ley del cesarismo hacia posibles é incurables semejantes
-horrores, que duraron tres años y tres meses. Dá vergüenza narrar en
-una historia séria lo que vamos á decir: antes de entrar en la reseña
-de estas saturnales, es necesario repetir con Suetonio: <i>Reliqua ut
-de monstro narranda sunt</i>.</p>
-
-<p>El más inofensivo pasatiempo de aquel insensato, era ocuparse
-de su propia divinidad<a id="FNanchor_588" href="#Footnote_588"
-class="fnanchor">[588]</a>, demostrando una especie de amarga ironía,
-una mezcla de gravedad cómica (pues al mónstruo no le faltaba
-talento), y de irrision profunda al hablar del género humano. Los
-enemigos de los judíos comprendieron la inmensa ventaja que podian
-sacar de esta manía. Era tal el estado religioso del mundo, que
-no se levantaba una sola protesta contra los actos sacrílegos del
-César; y cada culto se apresuró á conferirle los títulos y honores
-reserva<span class="pagenum" id="Page_219">p. 219</span>dos á sus
-dioses. La eterna gloria de los judíos es haber levantado el grito
-de la conciencia indignada en medio de esta innoble idolatría. El
-principio de intolerancia que les dominaba y que les conducia á tantas
-crueldades aparecia aquí bajo su verdadero aspecto. Afirmando que era
-absoluta su religion no se humillaron ante el odioso capricho del
-tirano y esto fué el orígen de tantas persecuciones sin fin. Bastaba
-que hubiese en una poblacion un solo hombre descontento de la sinagoga,
-malvado ó simplemente espía, para sentir espantosas consecuencias.
-Un día se encontraba un altar en honor de Calígula en sitio donde no
-podian tolerarlo los judíos<a id="FNanchor_589" href="#Footnote_589"
-class="fnanchor">[589]</a>: otro una multitud de chiquillos
-escandalizaban porque sólo los judíos rehusaban colocar la estátua
-del emperador en sus lugares de oracion; corríase entonces á las
-sinagogas y á los oratorios; poníase en ellas el busto de Calígula<a
-id="FNanchor_590" href="#Footnote_590" class="fnanchor">[590]</a> y
-colocaban á los infelices en la alternativa de renunciar á su religion
-ó de cometer un crímen de lesa majestad. De ahí originábanse espantosas
-vejaciones.</p>
-
-<p>Habíanse renovado varias veces semejantes actos, cuando se le
-sugirió al emperador una idea todavía más diabólica, y fué la de
-colocar una colosal estátua de oro en el santuario del templo
-de Jerusalem y hacer dedicar el templo mismo á su divinidad<a
-id="FNanchor_591" href="#Footnote_591" class="fnanchor">[591]</a>.
-Esta odiosa in<span class="pagenum" id="Page_220">p. 220</span>triga
-aumentó por treinta años la revolucion y ruina de la nacion judaica.</p>
-
-<p>La moderacion del legado imperial, Publio Petronio y la intervencion
-del rey Herodes Agrippa, favorito de Calígula, previnieron la
-catástrofe; pero hasta el momento en que la espada de Querea libró á la
-tierra del tirano más execrable que habia sufrido, los judíos vivieron
-por todas partes bajo el terror. Philon ha conservado los detalles
-de la inaudita escena que tuvo lugar, cuando una diputacion, de la
-cual aquel era presidente, fué admitida á presencia del emperador<a
-id="FNanchor_592" href="#Footnote_592" class="fnanchor">[592]</a>.
-Calígula les recibió mientras visitaba las poblaciones de Mecenas y de
-Lamia, cerca del mar en los alrededores de Pozzuoli. Era un dia en
-que estaba de buen humor: Helicon su primer bufon acababa de contarle
-toda clase de bufonadas sobre los judíos. «¡Ah! ¿sois vosotros, les
-dijo con amarga sonrisa y enseñándoles los dientes, los únicos que no
-quereis reconocerme por Dios y preferís adorar á uno que ni siquiera
-os atreveis á nombrar?» y acompañó estas palabras con una horrible
-blasfemia. Los judíos temblaron y sus adversarios alejandrinos tomaron
-la palabra: «Vos aborreceriais más, señor, á toda esa gente y á su
-nacion si supierais la aversion que os profesan, pues son los únicos
-que no han sacrificado por vuestra salud, cuando todos los demás
-pueblos lo han hecho.» Á estas palabras, contestaron los judíos que
-aquello era una calumnia y que ellos habian ofrecido tres veces para
-la<span class="pagenum" id="Page_221">p. 221</span> prosperidad del
-emperador los sacrificios más solemnes que les permitia su religion.
-«Sí, dijo Calígula con seriedad cómica, habeis sacrificado muy
-bien pero no es á mí á quien habeis sacrificado; ¿qué ventaja he
-sacado yo?» y en seguida volvióles la espalda, empezó á recorrer las
-habitaciones, dando órdenes para su reparacion, subiendo y bajando sin
-cesar. Los desdichados diputados (entre los cuales figuraba Philon, de
-ochenta años de edad, el más venerable de aquel tiempo despues de la
-muerte de Jesús), le seguian por todas partes jadeantes, temblando,
-ridiculizados por los criados. Calígula volvióse de repente y dijo:
-«Á propósito, ¿por qué no comeis cerdo?» Los bufones se echaron á
-reir y los oficiales con tono severo les advirtieron que faltaban
-á la majestad del emperador con sus risas inmoderadas. Los judíos
-balbucearon y uno de ellos dijo sencillamente: «Pero hay personas
-que no comen cordero.—¡Ah! en esto, repuso el emperador, tienen
-razon, pues es manjar que no tiene gusto alguno.» Fingió entonces
-querer enterarse de su negocio, mas apenas empezaron la explicacion
-interrumpióles su discurso, se fué á dar órdenes para la decoracion de
-una sala que queria adornar con piedra lapidaria. Regresó afectando
-cierta moderacion, preguntó á los enviados si tenian algo que añadir
-y como estos reanudaran el discurso interrumpido, volvióles de nuevo
-la espalda para ir á ver otra sala que hacia adornar con pinturas.
-Este juego del tigre que se divierte con su víctima, duró horas: los
-judíos solo esperaban la muerte, pero en el último momento la<span
-class="pagenum" id="Page_222">p. 222</span> fiera escondió sus garras:
-«¡Vamos! dijo Calígula decididamente, estas gentes son más dignas de
-compasion que culpables por no creer en mi divinidad.» Véase pues cómo
-se trataban las cuestiones más graves bajo el horrible régimen que la
-humillacion del mundo habia creado, que una soldadesca y una poblacion
-igualmente viles querian, y que la bajeza de todos sostenia.</p>
-
-<div class="sidenote">Año 39</div>
-
-<p>Se comprende que esta situacion tirante hubiese hecho perder á los
-judíos del tiempo de Marulo mucha audacia de aquella que les hacia
-hablar tan atrevidamente de Pilatos. Los cristianos, arrojados del
-templo, debian estar menos espantados que los judíos de los proyectos
-sacrílegos de Calígula ya que eran entonces poco numerosos para
-que Roma pudiera conocer su existencia. La tempestad del tiempo de
-Calígula, como la que precedió á la toma de Jerusalem por Tito, pasó
-sobre su cabeza sin tocarles y aun á muchos de ellos les favoreció.
-Todo lo que debilitaba la independencia judía les era favorable, puesto
-que les libraba del poder de una ortodoxia supuesta apoyando sus
-pretensiones con severas penas.</p>
-
-<p>Este período de paz, fué fecundo en desarrollos interiores.
-La Iglesia naciente se dividia en tres provincias: Judea,
-Samaria y Galilea<a id="FNanchor_593" href="#Footnote_593"
-class="fnanchor">[593]</a>, á la cual sin duda pertenecia Damasco.
-Jerusalem tenia su primacia, absolutamente incontestable. La Iglesia de
-esta ciudad cuyos habitantes se habian dispersado despues de la muerte
-de Estéban se reconstituyó pronto: los apósto<span class="pagenum"
-id="Page_223">p. 223</span>les no abandonaron jamás la poblacion y los
-hermanos del Señor continuaban ejerciendo y gozando grande autoridad<a
-id="FNanchor_594" href="#Footnote_594" class="fnanchor">[594]</a>.
-Parece que esta segunda Iglesia de Jerusalem no se organizó de
-una manera tan rigurosa como la primera; la comunidad de bienes
-no fué estrictamente restablecida y solamente se fundó una gran
-caja para los pobres, donde debian depositarse las limosnas que
-las iglesias particulares remitian á la Iglesia madre orígen y
-fin permanente de su fé<a id="FNanchor_595" href="#Footnote_595"
-class="fnanchor">[595]</a>.</p>
-
-<div class="sidenote">Año 40</div>
-
-<p>Pedro verificaba distintos viajes apostólicos alrededor
-de Jerusalem<a id="FNanchor_596" href="#Footnote_596"
-class="fnanchor">[596]</a> y gozaba todavía de una grande reputacion
-de milagrero. En Lydda<a id="FNanchor_597" href="#Footnote_597"
-class="fnanchor">[597]</a> sobre todo, pasaba por haber curado á un
-paralítico nombrado Eneas, milagro que le valió numerosas conversiones
-en la llanura de Saron<a id="FNanchor_598" href="#Footnote_598"
-class="fnanchor">[598]</a>. De Lydda se volvió á Joppe<a
-id="FNanchor_599" href="#Footnote_599" class="fnanchor">[599]</a>
-poblacion que parece haber sido un centro para el cristianismo. Las
-poblaciones de obreros, de marinos, de gente pobre, donde los judíos
-ortodoxos no dominaban<a id="FNanchor_600" href="#Footnote_600"
-class="fnanchor">[600]</a> eran los que ofrecian mejores disposiciones
-para la nueva secta. Pedro permaneció mucho tiempo en Joppe en casa de
-un curtidor llamado Simon que vivia cerca del mar<a id="FNanchor_601"
-href="#Footnote_601" class="fnanchor">[601]</a>. La industria del
-cuero era demasiado impura y no se visitaba á los que la ejercian,
-aunque los blanqueadores estaban ya reducidos á vivir en un
-barrio<span class="pagenum" id="Page_224">p. 224</span> separado<a
-id="FNanchor_602" href="#Footnote_602" class="fnanchor">[602]</a>.
-Escogiendo Pedro semejante morada, da una prueba de su indiferencia por
-las preocupaciones de los judíos y trabaja para el ennoblecimiento de
-las pequeñas industrias que entran por mucho en la obra del espíritu
-cristiano.</p>
-
-<p>La organizacion de las obras de caridad se proseguia con ardor.
-La Iglesia de Joppe poseia una mujer admirable llamada en armenio
-<i>Tabitha</i> (señorita) y en griego <i>Dorcas</i><a id="FNanchor_603"
-href="#Footnote_603" class="fnanchor">[603]</a>, que consagraba todos
-sus cuidados á los pobres<a id="FNanchor_604" href="#Footnote_604"
-class="fnanchor">[604]</a>. Parece que era rica y distribuia sus
-bienes en limosnas. Esta respetable señora habia formado una
-sociedad de viudas piadosas que se dedicaban<a id="FNanchor_605"
-href="#Footnote_605" class="fnanchor">[605]</a> á tejer vestidos
-para los pobres. Como la excision del cristianismo y judaismo no
-se habia consumado, es probable que los judíos bendijeran estos
-actos de caridad. «Los santos y las viudas»<a id="FNanchor_606"
-href="#Footnote_606" class="fnanchor">[606]</a> eran piadosas
-personas que hacian bien á todos, especie de mendicantes que solo
-eran sospechosos á los rigoristas de una ortodoxia pedantesca, unos
-<i>fraticelli</i> amados del pueblo, devotos, caritativos y llenos de
-piedad.</p>
-
-<p>El gérmen de estas asociaciones de mujeres que son una de las
-glorias del cristianismo, existió de esta suerte en las primeras
-iglesias de Judea. En Jaffa empezó la generacion de estas mujeres
-vestidas de lino, que al través de los siglos debian continuar la
-tradi<span class="pagenum" id="Page_225">p. 225</span>cion de la
-caridad secreta. Tabitha fué la madre de una familia que no acabará
-mientras existan miserias que consolar, buenos deseos de mujer que
-deban satisfacerse. Más tarde se dijo que Pedro la habia resucitado.
-¡Ah! la muerte por insensata que sea, por injusta que fuese en este
-caso, es inflexible. Cuando el alma más sublime se ha exhalado, el
-decreto permanece irrevocable; la mujer más excelente, como la más
-vulgar, no responde á las voces amigas que la llaman. Pero la idea no
-está sujeta á las condiciones de la materia. La virtud y la bondad
-escapan de las garras de la muerte: Tabitha no tenia necesidad de
-resucitar. Por pasar algunos dias más en esta triste vida, ¿habia
-necesidad de hacerla salir de su dulce é inmutable eternidad? Dejadla
-descansar en paz, ya llegará el dia de los justos.</p>
-
-<p>En aquellas poblaciones tan mezcladas, el problema de la admision
-de paganos al bautismo se ofrecia á cada momento y convenia resolverlo
-con urgencia. Esto preocupaba mucho á Pedro. Estaba un dia orando
-sobre el terrado de la casa del curtidor, viendo ante él aquel mar
-que iba á llevar pronto la fé nueva á todo el imperio y tuvo un
-éxtasis profético. En medio de aquel débil sueño á que se hallaba
-entregado, creyó experimentar una sensacion de hambre y pidió alguna
-cosa. Mientras se lo estaban preparando, vió el cielo abierto y una
-canasta atada por sus cuatro lados que descendia. Habiendo mirado al
-interior de la canasta, vió animales de toda especie y creyó oir una
-voz que le decia: «Mata y come.» Objetando que<span class="pagenum"
-id="Page_226">p. 226</span> varios de estos animales eran impuros,
-le repuso la voz: «No llames impuro lo que Dios ha purificado.» Esto
-le fué repetido tres veces seguidas. Pedro se persuadió de que estos
-animales representaban simbólicamente la masa de los gentiles, que Dios
-mismo acababa de declarar aptos para la comunion de su santo reino<a
-id="FNanchor_607" href="#Footnote_607" class="fnanchor">[607]</a>.</p>
-
-<p>Pronto se presentó la ocasion de aplicar estos principios. Desde
-Joppe, Pedro se volvió á Cesarea, donde se puso en relacion con un
-centurion llamado Cornelio<a id="FNanchor_608" href="#Footnote_608"
-class="fnanchor">[608]</a>. La guarnicion de Cesarea estaba formada
-en gran parte por una de aquellas cohortes compuestas de voluntarios
-italianos que se llamaban <i>Italicæ</i><a id="FNanchor_609"
-href="#Footnote_609" class="fnanchor">[609]</a>. El nombre
-completo de esta ha podido ser <i>cohors prima Augusta Italica
-civium romanorum</i><a id="FNanchor_610" href="#Footnote_610"
-class="fnanchor">[610]</a>. Cornelio era centurion de esta cohorte y
-por consiguiente italiano y ciudadano romano. Era un buen hombre, que
-despues de largo tiempo se sentia atraido por el culto monoteista de
-los judíos, oraba, hacia limosnas, y en una palabra, practicaba todos
-los preceptos de la religion natural que supone el judaismo; pero no
-habia sido circuncidado y por esto no era prosélito de grado alguno;
-era solo un pagano piadoso, un israelita de corazon, y nada más<a
-id="FNanchor_611" href="#Footnote_611" class="fnanchor">[611]</a>.
-Toda su casa y algunos soldados de<span class="pagenum"
-id="Page_227">p. 227</span> su compañía estaban, segun se decia, en
-las mismas disposiciones<a id="FNanchor_612" href="#Footnote_612"
-class="fnanchor">[612]</a>. Cornelio quiso entrar en la nueva Iglesia,
-y Pedro cuyo carácter era franco y bondadoso acordóle lo que deseaba,
-y el centurion fué bautizado<a id="FNanchor_613" href="#Footnote_613"
-class="fnanchor">[613]</a>.</p>
-
-<p>Tal vez Pedro no encontró de pronto dificultad alguna; sin embargo,
-á su regreso á Jerusalem se le dirigieron graves cargos. Habia faltado
-abiertamente á la ley, habia estado entre los incircuncisos y habia
-comido con ellos. La cuestion era efectivamente capital; se trataba
-de saber si la ley estaba abolida, si era permitido violarla por
-proselitismo y si los gentiles podian ser recibidos de hecho en la
-Iglesia. Para defenderse contó Pedro su vision de Joppe y más tarde
-el hecho del centurion sirvió de argumento para el bautismo de los
-incircuncisos. Á fin de darle más fuerza se supuso que en este grave
-asunto mediaba la intervencion del cielo; se explicó que Cornelio,
-despues de fervientes oraciones, habia visto á un ángel que le habia
-ordenado fuese á Joppe á llamar á Pedro; que la vision simbólica de
-Pedro, tuvo lugar á la misma hora en que llegaban los emisarios de
-Cornelio, y que desde entonces se habia encargado Dios de legitimar
-todo lo que se habia hecho, puesto que el Espíritu Santo, habiendo
-descendido sobre Cornelio y sobre las personas de su casa, estos habian
-hablado la lengua, y recitado los salmos á la usanza de los otros<span
-class="pagenum" id="Page_228">p. 228</span> fieles. Y ¿era natural
-rehusar el bautismo á las personas que habian recibido el Espíritu
-Santo?</p>
-
-<p>La Iglesia de Jerusalem estaba todavía compuesta de judíos
-y de prosélitos: que el Espíritu Santo descendiera sobre los
-incircuncisos, antes del bautismo, parecia un hecho muy extraordinario
-y es probable que desde entonces existiera un partido opuesto, en
-principio, á la admision de los gentiles, y que no todo el mundo
-aceptara las explicaciones de Pedro. El autor de las <i>Actas</i><a
-id="FNanchor_614" href="#Footnote_614" class="fnanchor">[614]</a>
-quiere que la aprobacion haya sido unánime; pero dentro de algunos
-años, veremos renacer la cuestion con mayor empeño<a id="FNanchor_615"
-href="#Footnote_615" class="fnanchor">[615]</a>. Tal vez se acepta el
-hecho del buen centurion como el del eunuco de Etiopía, á título de
-hecho excepcional justificado por una revelacion y una órden expresa de
-Dios, pero el asunto está lejos de quedar resuelto. Esta fué la primera
-controversia en el seno de la Iglesia; el paraiso de la paz interior
-habia durado seis ó siete años.</p>
-
-<p>Desde el año 40, poco más ó menos, la grande cuestion, de la cual
-dependia el porvenir del cristianismo, parece haber quedado resuelta.
-Pedro y Felipe con su buen juicio, entrevieron la verdadera solucion y
-bautizaron á los paganos. Sin duda en las dos reseñas que el autor de
-las <i>Actas</i> nos da sobre este asunto y que están en parte calcadas
-la una sobre la otra, es difícil desconocer su sistema. El autor de
-las <i>Actas</i> pertenece á un partido de conciliacion favorable
-á la entrada de los paganos en la Iglesia y no quiere confesar las
-divi<span class="pagenum" id="Page_229">p. 229</span>siones que la
-violencia de la cuestion ha producido. Se conoce perfectamente que
-este autor, al narrar los episodios del eunuco, del centurion y de las
-conversiones de los samaritanos, no quiere dar más que los detalles
-referentes á una sola opinion; y por otro lado tampoco podemos admitir
-que invente los hechos que explica. Las conversiones del eunuco y del
-centurion Cornelio, son probablemente hechos reales presentados y
-transformados segun las exigencias de la tésis, en vista de la cual ha
-sido compuesto el libro de las <i>Actas</i>.</p>
-
-<div class="sidenote">Año 41</div>
-
-<p>Aquel que diez ú once años más tarde debia dar á este debate un
-golpe decisivo era Pablo, el cual no se habia mezclado en ello todavía
-ya que se hallaba predicando en Haurán y en Damasco, refutando á los
-judíos y defendiendo á la nueva fé con tanto entusiasmo cuanto mayor
-era el que habia desplegado para combatirla. El fanatismo del cual
-habia sido instrumento, á su vez, no tardó en perseguirle. Los judíos
-resolvieron perderle obteniendo del <i>etnarca</i> que gobernaba
-en Damasco en nombre de Hareth, una órden para prenderle. Pablo se
-escondió: al saberse que habia de salir de la poblacion, el gobernador
-que queria complacer á los judíos, puso guardias en todas las puertas
-con órden de arrestarle, pero los hermanos le hicieron escapar de
-noche bajándole por una ventana que caia al otro lado de la muralla<a
-id="FNanchor_616" href="#Footnote_616" class="fnanchor">[616]</a>.
-Libre de este peligro, Pablo dirigió sus pasos hácia Jerusalem.
-Hacia tres años<a id="FNanchor_617" href="#Footnote_617"
-class="fnanchor">[617]</a> que era cristiano y aún no habia visto á
-los apóstoles. Su carácter duro, poco expansivo, y retraido,<span
-class="pagenum" id="Page_230">p. 230</span> le habia hecho volver la
-espalda, bajo cierto aspecto, á la grande familia en la cual á su pesar
-acababa de entrar, y prefirió para su apostolado un país nuevo donde
-no pudiese encontrar colega alguno. Sin embargo, el deseo de ver á
-Pedro se habia apoderado de él<a id="FNanchor_618" href="#Footnote_618"
-class="fnanchor">[618]</a>, reconocia su autoridad, y como todo el
-mundo, le designaba con el nombre <i>Kepha</i>, «la piedra». Regresó
-pues á Jerusalem siguiendo en sentido contrario el camino que tres años
-antes habia recorrido bajo disposiciones muy distintas.</p>
-
-<p>Su posicion en Jerusalem fué extremadamente falsa y embarazosa.
-Habíase dicho en esta poblacion que el perseguidor se habia
-convertido en el más celoso de los evangelistas y en el primer
-defensor de la fé que intentara antes combatir<a id="FNanchor_619"
-href="#Footnote_619" class="fnanchor">[619]</a>, pero existian
-contra él notables prevenciones: muchos le suponian algun horrible
-proyecto. Se le habia visto tan encolerizado y tan cruel penetrar en
-las casas, violando los secretos de familia para encontrar alguna
-víctima, que se le creia capaz de representar semejante papel para
-perder mejor á los que odiaba<a id="FNanchor_620" href="#Footnote_620"
-class="fnanchor">[620]</a>. Parece que vivió en casa de Pedro<a
-id="FNanchor_621" href="#Footnote_621" class="fnanchor">[621]</a>: pero
-varios discípulos permanecian sordos á su voz y se separaban de él<a
-id="FNanchor_622" href="#Footnote_622" class="fnanchor">[622]</a>.
-Bernabé, hombre de corazon y de voluntad, desempeñó en aquella ocasion
-un papel importante.</p>
-
-<p>En su calidad de chipriota y de nuevo convertido<span
-class="pagenum" id="Page_231">p. 231</span> comprendió mejor que
-los discípulos galileos la posicion de Pablo. Presentósele delante;
-cogióle la mano de algun modo, le presentó á los más reticentes
-y salió garante de él<a id="FNanchor_623" href="#Footnote_623"
-class="fnanchor">[623]</a>. Por este acto de sabiduría y de
-penetracion, Bernabé mereció el más elevado puesto en el cristianismo.
-Él fué el que comprendió á Pablo; á él es á quien la Iglesia debe el
-más extraordinario de sus fundadores. La fecunda amistad de estos
-dos hombres apostólicos, amistad que no empañó nube alguna, á pesar
-de sus divergencias, fué más tarde causa de la asociacion para las
-misiones contra los gentiles. Esta grande asociacion data de la primera
-permanencia de Pablo en Jerusalem. Entre las causas de la fé del mundo
-es necesario contar el generoso movimiento de Bernabé tendiendo la mano
-á Pablo sospechoso y despreciado; la profunda intuicion que le hizo
-descubrir un alma de apóstol bajo aquel aspecto humilde, la energía con
-que venció los obstáculos que presentaban los repugnantes antecedentes
-del converso, y tal vez ciertos rasgos de su carácter, que se habian
-interpuesto entre él y sus nuevos hermanos.</p>
-
-<p>Por otra parte, Pablo evitaba sistemáticamente ver á los
-apóstoles. Él mismo dice, y lo afirma bajo juramento, que solo
-veia á Pedro y á Jacobo, hermano del Señor<a id="FNanchor_624"
-href="#Footnote_624" class="fnanchor">[624]</a>. Su permanencia
-allí, solo duró dos semanas<a id="FNanchor_625" href="#Footnote_625"
-class="fnanchor">[625]</a>.<span class="pagenum" id="Page_232">p.
-232</span> Es posible que cuando Pablo escribió la epístola á los
-Galatas (vers. 56) se hubiese encontrado, por las circunstancias del
-momento, obligado á falsear un poco el carácter de sus relaciones con
-los apóstoles y les presentara más secos, más imperiosos de lo que
-fueron en realidad; pero el versículo 56 tiende esencialmente á probar
-que nada habia recibido de Jerusalem y que en manera alguna era el
-mandatario del consejo de los Doce establecido en aquella poblacion.
-Su actitud en Jerusalem era la de un maestro altivo que evita las
-relaciones con los otros maestros para no estar subordinado á ellos,
-y no la actitud humilde de un culpable arrepentido de su pasado, como
-supone el autor de las <i>Actas</i>. Nosotros no podemos creer que
-desde el año 41 estuviera Pablo animado de esta especie de celo de
-conservar su propia originalidad que mostró más tarde. La rareza de
-sus entrevistas con los apóstoles y la brevedad de su permanencia
-en Jerusalem, reconocian por causa probablemente la cortedad que
-experimentaba delante de personas de naturaleza distinta á la suya y
-llenas de prejuicios contra de él, más bien que una política sagaz
-que le hubiese hecho comprender con quince años de anticipacion los
-inconvenientes que podia encontrar en sus relaciones.</p>
-
-<p>En realidad lo que debia levantar una barrera en<span
-class="pagenum" id="Page_233">p. 233</span>tre los apóstoles y Pablo,
-era sobre todo la diferencia de carácter y de educacion. Los apóstoles
-eran todos Galileos y no habian estado en las grandes escuelas judías;
-habian visto á Jesús y se acordaban de sus palabras; eran de naturaleza
-buena y piadosa, y á veces ingénuos y graves. Pablo era un hombre
-de accion, lleno de fuego, medianamente místico, impulsado como por
-una fuerza superior á formar parte de una secta que no era en manera
-alguna la de su primitiva adopcion. La revolucion, la protesta, eran
-sus habituales sentimientos<a id="FNanchor_626" href="#Footnote_626"
-class="fnanchor">[626]</a>. Su instruccion judía era mucho más profunda
-que la de todos sus nuevos hermanos; pero no habiendo oido á Jesús,
-no habia sido instituido por él; en esto era muy inferior, segun las
-doctrinas cristianas, y sin embargo, Pablo no habia nacido para aceptar
-un lugar secundario: su altiva individualidad exigia un sitio á parte.
-Probablemente por aquel tiempo concibió la atrevida idea de que despues
-de todo nada tenia que envidiar á aquellos que habian conocido á Jesús
-y que habian sido elegidos por él, puesto que tambien él mismo habia
-visto á Jesús, habia recibido una revelacion directa y el mandato de
-su apostolado. Aun aquellos que fueron honrados con una aparicion
-personal de Cristo resucitado, podian suponerse más privilegiados que
-él, pues por haber sido su vision la última, no por eso valia menos,
-puesto que se produjo en circunstancias que le daban un carácter
-particular de importancia<span class="pagenum" id="Page_234">p.
-234</span> y de distincion<a id="FNanchor_627" href="#Footnote_627"
-class="fnanchor">[627]</a>. ¡Oh error! el eco de la voz de Jesús se
-encontraba en el discurso del más humilde de sus discípulos. Con toda
-su ciencia judía, Pablo no podia salvar la inmensa desventaja que
-resultaba para él de su tardía iniciacion. El Cristo que habia visto
-en el camino de Damasco no era, como decia, el Cristo de Galilea; era
-el Cristo de su imaginacion, de su propio sentido. Aunque estuviera
-atento para recoger las palabras de su Maestro<a id="FNanchor_628"
-href="#Footnote_628" class="fnanchor">[628]</a>, es evidente que no
-era más que un discípulo de segundo órden. Si Pablo hubiese encontrado
-á Jesús en vida, puede dudarse que se le hubiese unido. Su doctrina
-será la suya propia, no la de Jesús; las revelaciones de que habla con
-entusiasmo son el fruto de su cerebro.</p>
-
-<p>Estas ideas que aún no se atreve á propagar le hacen incómoda
-su estancia en Jerusalem. Á los quince dias se despide de Pedro y
-parte. Habia visto tan poca gente que se atreve á decir que nadie en
-las iglesias de Judea habia visto su semblante y que lo que sabian
-de él, era solo de oidas<a id="FNanchor_629" href="#Footnote_629"
-class="fnanchor">[629]</a>. Más tarde atribuyó él mismo á una
-revelacion esta brusca partida. Contó que un dia orando en el templo,
-tuvo un éxtasis y que vió á Jesús en persona y recibió la órden de
-abandonar pronto á Jerusalem «puesto que no estaban dispuestos á
-recibir su testimonio.» En cambio de la ciudad, Jesús le prometia el
-apostolado de las naciones lejanas y un audito<span class="pagenum"
-id="Page_235">p. 235</span>rio sumiso á su voz<a id="FNanchor_630"
-href="#Footnote_630" class="fnanchor">[630]</a>. Los que quieren ahogar
-el recuerdo de las disensiones y disgustos que la entrada de este
-indócil discípulo causó en la Iglesia, aseguran que Pablo pasó largo
-tiempo en Jerusalem viviendo con los hermanos bajo la más completa
-libertad, pero que habiendo querido predicar á los judíos helenistas,
-fué amenazado de muerte por ellos, y los hermanos que velaban por
-su seguridad le hicieron conducir á Cesarea<a id="FNanchor_631"
-href="#Footnote_631" class="fnanchor">[631]</a>.</p>
-
-<p>Es probable que de Jerusalem fuese á Cesarea, pero estuvo allí poco,
-pues marchó á recorrer en seguida la Siria y despues la Cilicia<a
-id="FNanchor_632" href="#Footnote_632" class="fnanchor">[632]</a>.
-Sin duda desde entonces empezó á predicar, pero solo por cuenta
-propia y sin acuerdo de persona alguna. Tarso, su patria, fué su
-morada habitual durante este período de su vida apostólica, que
-puede graduarse en dos años<a id="FNanchor_633" href="#Footnote_633"
-class="fnanchor">[633]</a>. Es posible que las iglesias de Cilicia
-le deban sus primicias<a id="FNanchor_634" href="#Footnote_634"
-class="fnanchor">[634]</a>; sin embargo, la vida de Pablo no fué
-en esta época tal como la vemos más tarde. Él no tomó el título de
-apóstol, reservado únicamente á los <i>Doce</i><a id="FNanchor_635"
-href="#Footnote_635" class="fnanchor">[635]</a>. Á partir de su
-asociacion con Bernabé (año 45) es cuando entra en esta carrera de
-peregrinaciones sagradas y de predicaciones, que le convierten en un
-tipo del misionero viajante.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_12">
- <p><span class="pagenum" id="Page_236">p. 236</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XII.</h2>
- <p class="subh2">Fundacion de la Iglesia de Antioquía.</p>
-</div>
-
-<div class="sidenote">Año 41</div>
-
-<p>Poco á poco la fé nueva realizaba sorprendentes progresos. Los
-miembros de la Iglesia de Jerusalem que se habian dispersado despues
-de la muerte de Estéban, llevando sus conquistas á lo largo de la
-costa Fenicia, dominaron en Chipre y Antioquía: tenian entonces por
-principio inconcuso predicar tan solo á los judíos<a id="FNanchor_636"
-href="#Footnote_636" class="fnanchor">[636]</a>.</p>
-
-<p>Antioquía, «la metrópoli del Oriente», la tercera
-poblacion del mundo<a id="FNanchor_637" href="#Footnote_637"
-class="fnanchor">[637]</a> fué el centro de la cristiandad de la
-Syria del Norte. Esta era una poblacion de unas quinientas mil almas,
-casi más grande que París antes de que se le diera más extension,<a
-id="FNanchor_638" href="#Footnote_638" class="fnanchor">[638]</a>
-residencia del<span class="pagenum" id="Page_237">p. 237</span> legado
-imperial de Syria. Merced á los Seleúcidas que habian sabido aprovechar
-la ocupacion romana, Antioquía habia alcanzado el más alto grado de
-esplendor, pues en general los Seleúcidas estaban más adelantados que
-los romanos en punto á decoraciones teatrales aplicadas á las grandes
-poblaciones. Templos, acueductos, baños, basílicas, nada faltaba á
-Antioquía de lo que constituia una poblacion siria de aquella época.
-Adornadas las calles con columnatas y los recodos con estátuas, habia
-allí más simetría y regularidad que en otras partes<a id="FNanchor_639"
-href="#Footnote_639" class="fnanchor">[639]</a>. Un <i>Corso</i>
-adornado de cuatro líneas de columnas formando dos galerías
-cubiertas con una larga avenida en medio, atravesaba la poblacion<a
-id="FNanchor_640" href="#Footnote_640" class="fnanchor">[640]</a>
-en una línea de treinta y seis <i>estadios</i> (más de una legua)<a
-id="FNanchor_641" href="#Footnote_641" class="fnanchor">[641]</a>.
-Pero Antioquía no tenia solamente inmensas construcciones de
-utilidad pública<a id="FNanchor_642" href="#Footnote_642"
-class="fnanchor">[642]</a>; tenia tambien lo que poseian
-pocas poblaciones sirias, obras maestras del arte griego,
-admirables estátuas<a id="FNanchor_643" href="#Footnote_643"
-class="fnanchor">[643]</a>, obras clásicas de una delicadeza que el
-siglo no sabe todavía imitar. Desde su fundacion habia sido Antioquía
-una poblacion completamente helénica. Los Macedonios de Antígono y
-de Seleuco habian llevado á esta region del bajo Oronte los recuerdos
-más vivos, los cultos y los<span class="pagenum" id="Page_238">p.
-238</span> nombres de su país<a id="FNanchor_644" href="#Footnote_644"
-class="fnanchor">[644]</a>. La mitología griega se habia entronizado
-allá como su segunda patria; habia en el país el afan de enseñar
-<i>lugares santos</i> relacionados con esta mitología. La poblacion se
-entregaba al culto de Apolo y de las ninfas. Dafne, lugar encantador á
-dos horas de distancia de la poblacion, recordaba á los viajeros las
-más risueñas ficciones.</p>
-
-<p>Era una especie de imitacion de los mitos de la madre patria,
-análoga á esos transportes atrevidos por los cuales las tribus
-primitivas hacian viajar consigo su geografía mítica, su Berecinto,
-su Arvanda, su Ida, su Olimpo. Estas fábulas griegas constituyen una
-religion muy antigua y apenas más formal que las <i>Metamórfosis</i>
-de Ovidio. Las antiguas religiones del país, y especialmente
-la del monte Casio<a id="FNanchor_645" href="#Footnote_645"
-class="fnanchor">[645]</a>, la daban cierto carácter de gravedad; pero
-la ligereza siria, el charlatanismo babilónico, todas las imposturas
-del Asia, se confunden en este límite de los dos mundos, y prueban
-que era Antioquía la capital de la mentira, la sentina de todas las
-infamias.</p>
-
-<p>Al lado de la poblacion griega que (exceptuando Alejandría) en
-ninguna parte del Oriente fué tan densa como allí, Antioquía contó
-siempre en su seno un número considerable de indígenas sirios,
-que hablaban el siriaco<a id="FNanchor_646" href="#Footnote_646"
-class="fnanchor">[646]</a>. Estos indígenas que constituian la clase
-baja,<span class="pagenum" id="Page_239">p. 239</span> habitaban los
-barrios de la gran ciudad y los pueblos populosos que formaban á su
-alrededor un vasto extrarradio<a id="FNanchor_647" href="#Footnote_647"
-class="fnanchor">[647]</a>, tales como Charandama, Ghisira, Gandigura
-y Apate (nombres sirios la mayor parte)<a id="FNanchor_648"
-href="#Footnote_648" class="fnanchor">[648]</a>. Los matrimonios entre
-los sirios y griegos eran comunes, pues habiendo establecido Seleuco
-por una ley que el extranjero que se estableciera en la poblacion
-seria considerado como ciudadano, Antioquía, despues de tres siglos y
-medio de existencia, fué uno de los puntos donde la raza estaba más
-mezclada. El envilecimiento de las almas era espantoso. La propiedad
-de esos focos de corrupcion moral, es nivelar todas las clases. La
-ignominia de ciertas poblaciones tumultuosas, dominadas por la intriga
-y entregadas á los más viles pensamientos, apenas puede darnos una
-idea de la degradacion moral y de la corrupcion á que en Antioquía
-habia llegado la especie humana. Era una reunion de marineros, de
-charlatanes, de ladrones<a id="FNanchor_649" href="#Footnote_649"
-class="fnanchor">[649]</a>, de almacenistas, de embaucadores<a
-id="FNanchor_650" href="#Footnote_650" class="fnanchor">[650]</a>, de
-sacerdotes impostores: una poblacion que solo pensaba en carreras,
-en juegos, en bailes, en procesiones, en fiestas y bacanales:
-desplegábase un lujo desenfrenado; dábase cabida á todas las locuras
-del Oriente; predominaban las supersticiones más malvadas y el
-fanatismo de la orgía<a id="FNanchor_651" href="#Footnote_651"
-class="fnanchor">[651]</a>. Á la vez serviles é ingratos, al<span
-class="pagenum" id="Page_240">p. 240</span>tivos é insolentes,
-eran los naturales de Antioquía el modelo completo de esas turbas
-adictas al cesarismo, sin patria, sin nacionalidad, sin honor de
-familia, sin nombre que guardar. El gran <i>Corso</i> que atravesaba
-la poblacion era una especie de teatro, donde representaban todo
-el dia los grupos de un populacho locuaz, variable, levantisco<a
-id="FNanchor_652" href="#Footnote_652" class="fnanchor">[652]</a>,
-ingenioso á veces,<a id="FNanchor_653" href="#Footnote_653"
-class="fnanchor">[653]</a> ocupado de los cantos, de las parodias,
-de las diversiones, de las impertinencias de toda especie<a
-id="FNanchor_654" href="#Footnote_654" class="fnanchor">[654]</a>.
-La ciudad era muy letrada<a id="FNanchor_655" href="#Footnote_655"
-class="fnanchor">[655]</a>, pero de pura literatura de retores<a
-id="FNanchor_656" href="#Footnote_656" class="fnanchor">[656]</a>. Los
-espectáculos eran de lo más extraño; habia juegos en los cuales tomaban
-parte coros de jóvenes desnudas que llevaban solo una sencilla banda<a
-id="FNanchor_657" href="#Footnote_657" class="fnanchor">[657]</a>; en
-la célebre fiesta de Maïouma, veíase una tropa de cortesanas nadando
-en público en unos estanques<a id="FNanchor_658" href="#Footnote_658"
-class="fnanchor">[658]</a> llenos de agua cristalina<a
-id="FNanchor_659" href="#Footnote_659" class="fnanchor">[659]</a>.
-Esto era una especie de embriaguez, un sueño de Sardanápalo, donde
-se desarrollaban poco á poco todas las voluptuosidades, todos los
-delirios, sin excluir por<span class="pagenum" id="Page_241">p.
-241</span> esto ciertas delicadezas. El torrente de lodo que, saliendo
-por la embocadura del Oronte, iba á inundar á Roma<a id="FNanchor_660"
-href="#Footnote_660" class="fnanchor">[660]</a>, tenia allí su
-foco principal. Doscientos <i>decuriones</i> estaban ocupados en
-arreglar las fiestas<a id="FNanchor_661" href="#Footnote_661"
-class="fnanchor">[661]</a>. La municipalidad poseia vastos dominios
-públicos, de los cuales los <i>duumviros</i> compartian el usufructo
-con los ciudadanos pobres<a id="FNanchor_662" href="#Footnote_662"
-class="fnanchor">[662]</a>. Antioquía, como todas las poblaciones del
-placer, tenia una plebe ínfima, que vivia á costa del público ó de
-sórdidas especulaciones.</p>
-
-<p>La belleza de las obras de arte y el infinito atractivo
-de la naturaleza<a id="FNanchor_663" href="#Footnote_663"
-class="fnanchor">[663]</a> hacian que este abatimiento moral degenerara
-en vulgaridad. La posicion de Antioquía es una de las más bellas del
-mundo, pues ocupa el intervalo que media entre el Oronte y las faldas
-del monte Silpio, uno de los agregados al monte Casio.</p>
-
-<p>Nada iguala á la abundancia y á la claridad de sus aguas<a
-id="FNanchor_664" href="#Footnote_664" class="fnanchor">[664]</a>.
-Rodeada á una altura considerable por una muralla de elevadas
-rocas que la fuerza de la arquitectura militar<a id="FNanchor_665"
-href="#Footnote_665" class="fnanchor">[665]</a> ha cortado á pico,
-aparece coronada con un cerco labrado de efecto maravilloso. Esta clase
-de fortificaciones fué la preferida por los gobernadores de Alejandría
-como se vé en Seleucia, en Éfeso, en Esmirna y en Tesalónica: de
-esto resultan magníficas<span class="pagenum" id="Page_242">p.
-242</span> perspectivas. Antioquía tenia dentro de sus muros montes
-de más de setecientos piés de elevacion, peñascos escarpados,
-torrentes, precipicios, hondonadas y cascadas, grutas inaccesibles
-y en medio de todo esto, hermosos jardines<a id="FNanchor_666"
-href="#Footnote_666" class="fnanchor">[666]</a>. Una espesura de
-mirtos, de bojes, de laureles, de plantas siempre verdes, de rocas
-tapizadas de yedra, y de jacintos, daban á estas salvajes alturas el
-aspecto de <i>parterres</i> suspendidos. La variedad de flores, la
-frescura de sus praderas, cubiertas de pequeñas gramíneas, la belleza
-de las plantas que rodean el Oronte, respiran la poesía y suave perfume
-con el cual se animaron los génios de Juan Crisóstomo, Libanio y
-Juliano. Sobre la orilla derecha del rio extiéndese una vasta llanura
-adornada por un lado por el Amano y otros montes, y por el otro por
-la llanura de la Cirréstica<a id="FNanchor_667" href="#Footnote_667"
-class="fnanchor">[667]</a>, detrás de la cual está la peligrosa
-poblacion de la Arabia y del desierto. El valle de Oronte, que se
-descubre al oeste, pone en comunicacion al lago con el mar, ó mejor
-dicho, con el vasto mundo, en cuyo seno el Mediterráneo ha constituido
-en todo tiempo una especie de camino neutral y de enlace federal.</p>
-
-<p>Entre las diversas colonias á quienes las leyes liberales de
-los seleúcidas atraen á la capital de la Syria, la de los judíos
-fué la más numerosa<a id="FNanchor_668" href="#Footnote_668"
-class="fnanchor">[668]</a>; data de Seleuco Nicator y poseia los
-mismos derechos que los grie<span class="pagenum" id="Page_243">p.
-243</span>gos<a id="FNanchor_669" href="#Footnote_669"
-class="fnanchor">[669]</a>. Aun cuando los judíos tenian su etnarca
-particular, sus relaciones con los paganos eran muy frecuentes.
-Allí, como en Alejandría, estas relaciones degeneraban muchas veces
-en riñas y en agresiones<a id="FNanchor_670" href="#Footnote_670"
-class="fnanchor">[670]</a>, y por otro lado daban lugar á una activa
-propaganda religiosa. Siendo cada dia más insuficiente para los
-espíritus graves el politeismo oficial, la filosofía griega y el
-judaismo atrajeron á todos aquellos á los cuales no satisfacian
-las vanas pompas del paganismo. El número de los prosélitos era
-considerable. Desde los primeros dias del cristianismo, Antioquía habia
-dado á la iglesia de Jerusalem uno de sus hombres más influyentes, á
-uno de sus diáconos, á Nicolás<a id="FNanchor_671" href="#Footnote_671"
-class="fnanchor">[671]</a>. Allí habia gérmenes excelentes que solo
-esperaban un rayo de la gracia para dar los buenos frutos que hemos
-visto.</p>
-
-<p>La iglesia de Antioquía debe su fundacion á algunos creyentes
-oriundos de Chipre y de Cirene que habian predicado mucho<a
-id="FNanchor_672" href="#Footnote_672" class="fnanchor">[672]</a>.
-Hasta entonces solo se habian dirigido á los judíos; pero en una
-poblacion donde los judíos puros, los judíos prosélitos, las
-«gentes temerosas de Dios» ó paganos medio judíos, y los paganos
-puros, vivian juntos<a id="FNanchor_673" href="#Footnote_673"
-class="fnanchor">[673]</a>, las predicaciones dirigidas á un solo
-grupo eran imposibles. El sentimiento de la aristocracia religiosa que
-llenaba de orgullo á los judíos de Jerusalem, no existia en aquellas
-grandes ciudades donde la civilizacion era profana y estaban<span
-class="pagenum" id="Page_244">p. 244</span> menos arraigadas las
-preocupaciones. Los misioneros chipriotas y cirineos tuvieron pues
-que apartarse de su regla, y predicaron indiferentemente á los
-griegos y á los judíos<a id="FNanchor_674" href="#Footnote_674"
-class="fnanchor">[674]</a>.</p>
-
-<p>Las disposiciones recíprocas de la poblacion judía y de la pagana
-eran, por lo visto, muy malas en aquel entonces<a id="FNanchor_675"
-href="#Footnote_675" class="fnanchor">[675]</a>, pero circunstancias de
-un órden distinto favorecieron acaso las nuevas ideas. El temblor de
-tierra que maltrató la ciudad el 23 de marzo del año 37 daba mucho que
-pensar á los habitantes, y no se hablaba sino de un charlatan llamado
-Deborio que pretendia impedir la repeticion de semejantes accidentes,
-valiéndose para ello de talismanes ridículos<a id="FNanchor_676"
-href="#Footnote_676" class="fnanchor">[676]</a>. Esta circunstancia
-inclinaba á muchos á creer en las cosas sobrenaturales; pero sea como
-fuere, ello es que la predicacion cristiana obtuvo un éxito notable, y
-que se fundó en poco tiempo una jóven Iglesia, ardiente, innovadora,
-y llena de porvenir, porque se componia de elementos muy diversos.
-Extendiéronse todos los dones del Espíritu Santo, y desde entonces
-fué fácil preveer que aquella nueva Iglesia, libre ya del estrecho
-mosaismo que rodeaba á Jerusalem como una barrera inespugnable,
-seria la segunda cuna del cristianismo. Jerusalem será siempre
-seguramente la capital religiosa del mundo, pero el punto de partida
-de la Iglesia de los gentiles, el foco primordial de las misio<span
-class="pagenum" id="Page_245">p. 245</span>nes cristianas, fué
-verdaderamente Antioquía. Allí es donde se constituye por la primera
-vez una Iglesia cristiana libre de los lazos del judaismo; allí es
-donde se establece la gran propaganda de la edad apostólica; allí donde
-se forma definitivamente San Pablo; Antioquía marca la segunda etapa
-de los progresos del cristianismo; tratándose de nobleza cristiana, ni
-Roma, ni Alejandría, ni Constantinopla, podrian tomarse como puntos de
-comparacion.</p>
-
-<p>La topografía de la vieja Antioquía está ya tan confusa, que en vano
-se buscaria sobre aquel suelo algun vestigio de la antigüedad, algun
-punto donde evocar tan grandes recuerdos. Allí, como en todas partes,
-el cristianismo debió establecerse en los barrios más pobres, entre la
-gente del pueblo. La basílica que llamaban «Antigua» y «Apostólica»<a
-id="FNanchor_677" href="#Footnote_677" class="fnanchor">[677]</a> en el
-siglo <span class="asc">IV</span>, estaba situada en la calle titulada
-Singon, cerca del Panteon,<a id="FNanchor_678" href="#Footnote_678"
-class="fnanchor">[678]</a> pero no se sabe dónde se hallaba este: la
-tradicion y ciertas vagas analogías inducirian á buscar el barrio
-cristiano primitivo hácia la puerta que conserva aún hoy el nombre
-de Pablo, <i>Bab Bolos</i><a id="FNanchor_679" href="#Footnote_679"
-class="fnanchor">[679]</a>, y al pié de la montaña que Procopio llamó
-<i>Stavrin</i>, situada hácia el sudeste de las murallas de Antioquía<a
-id="FNanchor_680" href="#Footnote_680" class="fnanchor">[680]</a>. Era
-aquella<span class="pagenum" id="Page_246">p. 246</span> una de las
-partes de la ciudad menos rica en monumentos paganos, y aún se ven allí
-los restos de santuarios antiguos dedicados á San Pedro, San Pablo
-y á San Juan; aquel parece haber sido el punto donde se mantuvo más
-tiempo el cristianismo despues de la conquista musulmana; aquel fué
-tambien al parecer el barrio de los «Santos,» pues se encuentran las
-rocas taladradas y como formando una especie de grutas que sin duda
-sirvieron para los anacoretas. Cuando se camina por aquellas escarpadas
-pendientes, desde donde en el siglo <span class="asc">IV</span>, los
-buenos stylitas, discípulos á la vez de la India y de la Galilea, de
-Jesús y de Çakya-Mouni, contemplaban con desden la ciudad voluptuosa al
-salir de sus cavernas floridas<a id="FNanchor_681" href="#Footnote_681"
-class="fnanchor">[681]</a>, de creer es que no se esté muy lejos de
-los sitios donde vivieron Pedro y Pablo. La <i>Historia de la Iglesia
-de Antioquía</i> es la que mejor puede estudiarse y contiene menos
-fábulas: la tradicion cristiana en una ciudad donde el cristianismo
-tuvo tan vigorosa continuidad puede ser de algun valor.</p>
-
-<p>La lengua dominante de la Iglesia de Antioquía era el griego, mas
-no obstante es problable que los distritos que hablaban sirio diesen
-á la secta numerosos adeptos. En su consecuencia, Antioquía contenia
-ya el gérmen de dos iglesias rivales y más tarde enemigas; una que
-hablaba el griego, representada ahora por los griegos de Siria, ya
-ortodoxos ó ya católicos; y la otra cuyos representantes actuales son
-los maronitas, que hablaban en otro tiempo el sirio y le conservan
-aún como lengua sagrada. Los maronitas, que<span class="pagenum"
-id="Page_247">p. 247</span> á pesar de su catolicismo moderno,
-tienen una remota antigüedad, son acaso los últimos descendientes de
-aquellos sirios anteriores á Seleuco, de aquellos <i>pagani</i> de
-Ghisira, Charandama, etc.,<a id="FNanchor_682" href="#Footnote_682"
-class="fnanchor">[682]</a> que formaron desde los primeros siglos
-Iglesia á parte, y que viéndose perseguidos como herejes por
-los emperadores ortodoxos huyeron al Líbano<a id="FNanchor_683"
-href="#Footnote_683" class="fnanchor">[683]</a>, donde, á causa de su
-aversion á la Iglesia griega y por otras afinidades más profundas,
-hicieron alianza con los latinos.</p>
-
-<p>En cuanto á los judíos convertidos de Antioquía fueron
-tambien muy numerosos<a id="FNanchor_684" href="#Footnote_684"
-class="fnanchor">[684]</a>, pero debe creerse que se
-unieron fraternalmente con los gentiles<a id="FNanchor_685"
-href="#Footnote_685" class="fnanchor">[685]</a>. En las orillas del
-Oronte fué donde llegó á ser una realidad la fusion religiosa de las
-razas, soñada por Jesús, ó mejor dicho por seis siglos de profetas.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_13">
- <p><span class="pagenum" id="Page_248">p. 248</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XIII.</h2>
- <p class="subh2">Idea de un apostolado de los gentiles. — San
- Bernabé.</p>
-</div>
-
-<div class="sidenote">Año 42</div>
-
-<p>Cuando se supo en Jerusalem lo que habia pasado en Antioquía, fué
-grande la emocion de todos.<a id="FNanchor_686" href="#Footnote_686"
-class="fnanchor">[686]</a> Á pesar de la buena voluntad de algunos de
-los principales miembros de la Iglesia de Jerusalem, en particular de
-Pedro, dominaban en el colegio apostólico las más mezquinas ideas y
-cada vez que se sabia que se habia anunciado á los paganos la buena
-nueva, notábanse en algunos ancianos muestras de descontento. El hombre
-que en aquella ocasion triunfó de tan miserable envidia impidiendo
-que las máximas exclusivas de los «hebreos» arruinaran el porvenir
-del cristianismo, fué Bernabé, el hombre más ilustrado de la iglesia
-de Jerusalem; Bernabé, que era jefe del partido liberal y queria el
-progreso de la Iglesia, habia contribuido ya poderosamente á desterrar
-la desconfianza que inspira<span class="pagenum" id="Page_249">p.
-249</span>ba Pablo; y esta vez ejercia todavía una gran influencia,
-pues habiendo ido á Antioquía como delegado del cuerpo apostólico,
-vió y aprobó cuanto se habia hecho, declarando que la nueva Iglesia
-no tenia más que continuar por la senda que se habia trazado. Las
-conversiones se multiplicaban diariamente<a id="FNanchor_687"
-href="#Footnote_687" class="fnanchor">[687]</a>: la fuerza vivificante
-y creatriz del cristianismo parecia haberse concentrado en Antioquía,
-en cuyo punto permaneció Bernabé, cuyo celo le impulsaba á estar allí
-donde la accion fuese más viva. Antioquía pues será su Iglesia en
-lo sucesivo; desde allí va á ejercer el ministerio más fecundo; el
-cristianismo ha sido injusto con ese grande hombre al no colocarle
-en primera línea entre sus fundadores; todas las buenas y grandes
-ideas fueron patrocinadas por Bernabé, y su inteligente osadía fué
-el contrapeso contra las funestas consecuencias que hubiera podido
-producir la obstinacion de los judíos que formaban parte del partido
-conservador de Jerusalem.</p>
-
-<p>Hallándose Bernabé en Antioquía concibió una magnífica idea: Pablo
-estaba en Tarso sumido en una inaccion que para un hombre tan activo
-debia ser un suplicio; su falsa posicion, su rudeza y sus pretensiones
-exageradas hacian olvidar sus buenas cualidades, y se consumia sin
-ser útil á nadie. Bernabé supo aplicar á su obra esta fuerza que se
-aniquilaba en una soledad peligrosa por su clima, y por segunda vez
-tendió la mano á Pablo, y despues de domeñar su<span class="pagenum"
-id="Page_250">p. 250</span> salvaje carácter hízole presentarse de
-nuevo en la sociedad de los hermanos de quienes trataba de alejarse.</p>
-
-<p>El mismo Bernabé fué á Tarso, le buscó y le condujo á Antioquía:<a
-id="FNanchor_688" href="#Footnote_688" class="fnanchor">[688]</a> esto
-ciertamente no lo hubieran hecho los obstinados judíos de Jerusalem;
-apoderarse de aquella grande alma tan indomable como susceptible;
-doblegarse ante las debilidades y rarezas de un hombre lleno de fuego,
-suponerse inferior á él y preparar el campo del modo más favorable
-para que se desarrollara la actividad de aquel hombre, olvidándose de
-sí mismo, es indudablemente llegar al colmo de la virtud, y esto es lo
-que Bernabé hizo por San Pablo. La mayor parte de la gloria de éste
-recae en el hombre que se anticipó á él en todas las cosas, que le
-hizo figurar en primer término descubriendo lo que valia, que le dió á
-conocer, impidiendo en más de una ocasion que sus defectos perjudicasen
-á la santa causa y que las mezquinas ideas de otros le indujesen
-á obrar mal. Todo esto lo hizo Bernabé en beneficio de la obra de
-Dios.</p>
-
-<div class="sidenote">Año 43</div>
-
-<p>Durante un año entero, Bernabé y Pablo estuvieron unidos por
-una activa colaboracion<a id="FNanchor_689" href="#Footnote_689"
-class="fnanchor">[689]</a>, y este fué el período más brillante, y sin
-duda más feliz de la vida de Pablo. La fecunda originalidad de aquellos
-dos grandes hombres elevó á la Iglesia de Antioquía á una altura á
-que no habia llegado ninguna otra hasta entonces, y la capital de
-Siria era uno de los puntos del mundo donde habia más movimiento; las
-cuestiones<span class="pagenum" id="Page_251">p. 251</span> religiosas
-y sociales, así en la época romana como en nuestro tiempo, se discutian
-principalmente entre las grandes aglomeraciones de hombres, y ya iba
-observándose una especie de reaccion contra la inmoralidad general, á
-cuyas circunstancias se debió que más tarde fuese Antioquía la patria
-de los stilitas y solitarios<a id="FNanchor_690" href="#Footnote_690"
-class="fnanchor">[690]</a>. Así pues, la buena doctrina contaba en
-aquella ciudad con las mejores condiciones de éxito.</p>
-
-<p>Una circunstancia principal prueba por lo demás que la secta
-tuvo por primera vez en Antioquía plena conciencia de lo que hacia.
-En dicha ciudad recibió por primera vez un nombre distinto: hasta
-entonces los agregados se habian llamado entre sí los «creyentes»,
-los «fieles», los «santos», los «hermanos», ó los «discípulos», y
-como no tenian un nombre oficial y público para designarles, se les
-dió el de <i>christianus</i><a id="FNanchor_691" href="#Footnote_691"
-class="fnanchor">[691]</a>. La terminacion es latina y no griega,
-lo cual parece indicar que se creó por la autoridad romana<a
-id="FNanchor_692" href="#Footnote_692" class="fnanchor">[692]</a>,
-así como <i>herodiani</i>, <i>pompeiani</i>, <i>cæsariani</i><a
-id="FNanchor_693" href="#Footnote_693" class="fnanchor">[693]</a>. De
-todos modos, es lo cierto que la poblacion pagana formó este nombre
-que indica un error, pues suponia que <i>Christus</i>, traduccion
-del hebreo <i>Maschiah</i> (el Mesías), era un nombre propio<a
-id="FNanchor_694" href="#Footnote_694" class="fnanchor">[694]</a>.
-Aun muchos de aquellos que es<span class="pagenum" id="Page_252">p.
-252</span>taban poco al corriente de las ideas judías ó cristianas,
-debian creer al ver aquel nombre que <i>Christus</i> ó <i>Chrestus</i>
-era un jefe de partido que aún vivia<a id="FNanchor_695"
-href="#Footnote_695" class="fnanchor">[695]</a>. La pronunciacion
-vulgar en efecto era <i>chrestiani</i><a id="FNanchor_696"
-href="#Footnote_696" class="fnanchor">[696]</a>.</p>
-
-<p>En todo caso los judíos no adoptaron, al menos de una
-manera continuada<a id="FNanchor_697" href="#Footnote_697"
-class="fnanchor">[697]</a>, el nombre dado por los romanos á
-sus correligionarios cismáticos, y siguieron llamando á los
-nuevos sectarios «Nazarenos» ó «Nazorenos,»<a id="FNanchor_698"
-href="#Footnote_698" class="fnanchor">[698]</a> sin duda porque tenian
-costumbre de llamar á Jesús <i>Han-nasri</i> ó <i>Han-nosri</i>,
-el Nazareno. Este nombre se ha conservado hasta nuestros dias
-en todo el Oriente<a id="FNanchor_699" href="#Footnote_699"
-class="fnanchor">[699]</a>. Llegamos á un punto importante: la hora
-en que una creacion nueva recibe un nombre es solemne, porque el
-nombre es el signo definitivo de la existencia. La formacion de la
-palabra «cristiano» señala tambien la fecha precisa en que la Iglesia
-de Jesús se separó del judaismo. Por mucho tiempo se confundirán
-aún las dos religiones, mas esta confusion no<span class="pagenum"
-id="Page_253">p. 253</span> ocurrirá sino en los países donde el
-crecimiento del cristianismo, si así puede decirse, esté muy atrasado.
-Por lo demás, la secta aceptó al momento el nuevo dictado que se
-la daba, considerándolo como un título honroso<a id="FNanchor_700"
-href="#Footnote_700" class="fnanchor">[700]</a>. Cuando se piensa
-que diez años despues de la muerte de Jesús adquirió su religion
-un nombre en las lenguas griega y latina en la capital de Syria,
-asombra el progreso alcanzado en tan poco tiempo. El cristianismo
-se ha desprendido completamente del seno de su madre; el verdadero
-pensamiento de Jesús ha triunfado de la indecision de sus primeros
-discípulos; la Iglesia de Jerusalem, que apenas conoce el arameo, el
-lenguaje de Jesús, queda oscurecida; el cristianismo habla griego, y
-se ha lanzado decisivamente en el gran torbellino del mundo griego y
-romano, de donde ya no saldrá más.</p>
-
-<p>La actividad, la fiebre de ideas que se produjo en aquella jóven
-Iglesia debió ser extraordinaria; las grandes manifestaciones
-<i>espiritistas</i> eran muy frecuentes<a id="FNanchor_701"
-href="#Footnote_701" class="fnanchor">[701]</a>; todos se
-creian inspirados de distinto modo; los unos eran «profetas,»
-los otros «doctores,»<a id="FNanchor_702" href="#Footnote_702"
-class="fnanchor">[702]</a> y Bernabé, como lo indica su nombre<a
-id="FNanchor_703" href="#Footnote_703" class="fnanchor">[703]</a>,
-pertenecia sin duda á la clase de los primeros. Pablo no tenia
-título especial. Citábanse tambien entre los notables de la Iglesia
-de Antioquía, á Simon, llamado <i>Niger</i>, Lucio Cirineo, y
-Manahem, que habia sido hermano de leche de Herodes Antipas y que por
-consecuencia debia<span class="pagenum" id="Page_254">p. 254</span>
-ser de edad muy avanzada<a id="FNanchor_704" href="#Footnote_704"
-class="fnanchor">[704]</a>. Todos estos personajes eran judíos.
-Entre los paganos convertidos se contaba acaso ya aquel Evodio
-que, segun parece, figuró en primer término en cierta época en
-la Iglesia de Antioquía<a id="FNanchor_705" href="#Footnote_705"
-class="fnanchor">[705]</a>. Es indudable que los paganos que acudieron
-á la primera predicacion serian en cierto modo inferiores á los demás,
-y debieron brillar poco en la predicacion y la profecía.</p>
-
-<p>En medio de aquella sociedad tan activa y animada, Pablo se
-dejó arrastrar por la corriente. Más tarde se mostró contrario
-á la glosolalia<a id="FNanchor_706" href="#Footnote_706"
-class="fnanchor">[706]</a>, y es probable que nunca la practicara. Pero
-tuvo muchas visiones y revelaciones inmediatas<a id="FNanchor_707"
-href="#Footnote_707" class="fnanchor">[707]</a>, y probablemente
-fué en Antioquía<a id="FNanchor_708" href="#Footnote_708"
-class="fnanchor">[708]</a> donde cayó en aquel éxtasis profundo
-que refiere en estos términos: «Yo conozco un hombre en Cristo que
-hace catorce años, (¿la cosa pasó corporalmente ó fuera del cuerpo?
-No lo sé. Dios lo sabe), fué arrebatado hasta el tercer cielo<a
-id="FNanchor_709" href="#Footnote_709" class="fnanchor">[709]</a>;
-y yo sé que este hombre (si en el cuerpo ó fuera del cuerpo, no lo
-sé; Dios lo sabe), fué arrebatado al paraiso,<a id="FNanchor_710"
-href="#Footnote_710" class="fnanchor">[710]</a> donde oyó palabras
-inefables que no es permitido decir á un mortal<a id="FNanchor_711"
-href="#Footnote_711" class="fnanchor">[711]</a>». Sóbrio y práctico,
-en lo ge<span class="pagenum" id="Page_255">p. 255</span>neral,
-Pablo participaba sin embargo de las ideas de su época acerca
-de lo sobrenatural; creia hacer milagros<a id="FNanchor_712"
-href="#Footnote_712" class="fnanchor">[712]</a> como todo el mundo, y
-era imposible que los dones del Espíritu Santo, considerados como un
-privilegio comun á la Iglesia<a id="FNanchor_713" href="#Footnote_713"
-class="fnanchor">[713]</a>, le fueran negados á él.</p>
-
-<div class="sidenote">Año 44</div>
-
-<p>Pero almas poseidas de una llama tan ardiente no podian satisfacerse
-con las quimeras de una exuberante piedad: bien pronto se pensó en los
-medios de accion, y apoderóse de todos la idea de las grandes misiones
-destinadas á convertir á los paganos, empezando por el Asia Menor, idea
-que seguramente no se habria realizado si hubiese nacido en Jerusalem,
-porque aquella Iglesia no contaba con recursos pecuniarios. Para
-establecer convenientemente la propaganda necesitábanse suficientes
-fondos, y como toda la caja comun de Jerusalem servia para alimentar
-á los pobres, y á veces no bastaba, hacíase preciso que de todas
-las partes del mundo se enviaran socorros para que aquellos nobles
-mendigos no muriesen de hambre<a id="FNanchor_714" href="#Footnote_714"
-class="fnanchor">[714]</a>. El comunismo habia producido en Jerusalem
-una miseria irremediable hasta el punto de que no era posible emprender
-empresa alguna, pero la Iglesia de Antioquía se hallaba libre de
-semejante azote. En estas ciudades profanas, los judíos, que vivian por
-lo general en comodidad, habian llegado á poseer grandes fortunas<a
-id="FNanchor_715" href="#Footnote_715" class="fnanchor">[715]</a>; los
-fieles ingresaban en la Igle<span class="pagenum" id="Page_256">p.
-256</span>sia á veces con bienes considerables, y Antioquía fué la
-que facilitó los capitales para la fundacion del cristianismo. Fácil
-es comprender la completa diferencia de costumbres y de ideas que
-semejante circunstancia debió establecer entre las dos iglesias:
-Jerusalem siguió siendo la ciudad de los pobres de Dios, que soñando
-con las promesas del reino de los cielos<a id="FNanchor_716"
-href="#Footnote_716" class="fnanchor">[716]</a>, estaban como
-embriagados y aturdidos; Antioquía, casi extraña á la palabra de Jesús,
-que nunca oyera, fué la Iglesia de la accion y del progreso. Antioquía
-fué tambien la ciudad de Pablo; Jerusalem, la antigua ciudad del
-colegio apostólico, sumida en sus sueños, impotente ante los nuevos
-problemas que se presentaban, pero deslumbrada por su incomparable
-privilegio, rica por sus inapreciables recuerdos.</p>
-
-<p>Una circunstancia dió á conocer á poco tiempo el verdadero carácter
-y situacion de esta última: tal era la imprevision de aquella pobre
-Iglesia famélica de Jerusalem, que el menor accidente trastornaba
-á toda la comunidad; y en un país donde no hay organizacion
-económica, donde el comercio se hacia en pequeña escala, y donde
-los recursos eran muy escasos, no podia menos de declararse el
-hambre, que es precisamente lo que sucedió en el cuarto año del
-reinado de Claudio, año 44<a id="FNanchor_717" href="#Footnote_717"
-class="fnanchor">[717]</a>. Cuando se dejaron<span class="pagenum"
-id="Page_257">p. 257</span> sentir los primeros síntomas, los ancianos
-de Jerusalem acordaron recurrir á sus hermanos de las iglesias
-más ricas de Siria, y en su consecuencia marchó á Antioquía<a
-id="FNanchor_718" href="#Footnote_718" class="fnanchor">[718]</a> una
-embajada compuesta de profetas hierosolimitas. Uno de ellos, llamado
-Agab, que pasaba por hombre muy ilustrado, se sintió de pronto poseido
-del espíritu y anunció lo que iba á suceder. Los fieles de Antioquía se
-mostraban muy sensibles á los males que amenazaban á la madre Iglesia,
-de la que se consideraban aún tributarios, é hicieron una colecta, en
-la que cada uno contribuyó segun sus alcances, encargando á Bernabé
-fuese á llevar el producto á los hermanos de Judea<a id="FNanchor_719"
-href="#Footnote_719" class="fnanchor">[719]</a>. Jerusalem será aún
-por mucho tiempo la capital del cristianismo; las cosas únicas están
-allí centralizadas; no hay apóstoles más que allí<a id="FNanchor_720"
-href="#Footnote_720" class="fnanchor">[720]</a>; pero se ha dado un
-gran paso, pues si durante varios años no ha habido más que una Iglesia
-completamente organizada, que es la de Jerusalem, centro absoluto de la
-fé, de donde toda vida emana y á donde toda vida refluye, ya no es así,
-pues contamos con Antioquía que es una Iglesia perfecta con toda la
-gerarquía de los dones del Espíritu Santo. Las misiones salen de ella<a
-id="FNanchor_721" href="#Footnote_721" class="fnanchor">[721]</a>
-y á ella vuelven<a id="FNanchor_722" href="#Footnote_722"
-class="fnanchor">[722]</a>, es una segunda ca<span class="pagenum"
-id="Page_258">p. 258</span>pital, ó mejor dicho, un segundo corazon,
-que tiene su accion propia y cuya fuerza se ejercita en todas
-direcciones.</p>
-
-<p>Por lo demás, fácil es preveer desde ahora que la segunda capital
-eclipsará á la primera: la decadencia de la Iglesia de Jerusalem fué
-en efecto rápida, que es condicion de las instituciones fundadas sobre
-el comunismo tener un período brillante, pues el comunismo supone
-siempre una gran exaltacion; pero degenerará muy pronto porque aquel
-es contrario á la naturaleza humana. En sus arranques de virtud, el
-hombre cree poder dispensarse por completo del egoismo y del interés
-propio; pero el egoismo tomará la revancha probando que el absoluto
-desinterés engendra males mucho más graves que los que se creyeron
-evitar suprimiendo la propiedad.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_14">
- <p><span class="pagenum" id="Page_259">p. 259</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XIV.</h2>
- <p class="subh2">Persecucion de Herodes Agrippa I.</p>
-</div>
-
-<div class="sidenote">Año 44</div>
-
-<p>Bernabé encontró la Iglesia de Jerusalem sumida en el mayor
-desórden. El año 44 le fué fatal, porque además del hambre, vió
-encenderse de nuevo el fuego de la persecucion, que se habia
-amortiguado á la muerte de Estéban.</p>
-
-<p>Herodes Agrippa, nieto de Herodes el Grande, habia logrado,
-desde el año 41, reconstituir el reino de su abuelo. Merced al
-favor de Calígula, habia podido reunir bajo su dominacion la
-Batanea, la Traconítide, una parte del Haurán, la Abilene, la
-Galilea y la Perea<a id="FNanchor_723" href="#Footnote_723"
-class="fnanchor">[723]</a>. El ignoble papel que desempeñó en la
-tragicomedia que elevó á Claudio al imperio<a id="FNanchor_724"
-href="#Footnote_724" class="fnanchor">[724]</a>, culminó su
-fortuna. Ese vil oriental, en recompensa de las lecciones de bajeza
-y de perfidia que habia dado á Roma, obtuvo para él la Samaria y
-la Judea, y para su her<span class="pagenum" id="Page_260">p.
-260</span>mano Herodes el pequeño reino de Calcis<a id="FNanchor_725"
-href="#Footnote_725" class="fnanchor">[725]</a>. Habia dejado
-en Roma los más tristes recuerdos, y se atribuian en gran parte
-á sus consejos las crueldades de Calígula<a id="FNanchor_726"
-href="#Footnote_726" class="fnanchor">[726]</a>. Era muy poco querido
-de su ejército y de las ciudades paganas de Sebastia y Cesarea, que
-sacrificaba á Jerusalem<a id="FNanchor_727" href="#Footnote_727"
-class="fnanchor">[727]</a>. Pero los judíos lo encontraban generoso,
-magnífico y deseoso de aliviar sus males. Procuraba hacerse popular
-entre ellos, y seguia una política enteramente diferente de la de
-Herodes el Grande, que se habia inclinado más á favor de los griegos
-y romanos que de los judíos. Herodes Agrippa, al contrario, amaba
-á Jerusalem, observaba exactamente la religion judía, afectaba ser
-muy escrupuloso, y ni un solo dia dejaba de hacer sus devociones<a
-id="FNanchor_728" href="#Footnote_728" class="fnanchor">[728]</a>.
-Hasta escuchaba con dulzura las observaciones de los rigoristas,
-y se tomaba el trabajo de justificarse de sus reprehensiones<a
-id="FNanchor_729" href="#Footnote_729" class="fnanchor">[729]</a>.
-Perdonó á los Jerosolimitas el tributo que le debia cada casa<a
-id="FNanchor_730" href="#Footnote_730" class="fnanchor">[730]</a> y, en
-una palabra, los ortodoxos tuvieron en él un rey á su gusto.</p>
-
-<p>Era inevitable que un príncipe con semejante carácter habia de
-perseguir á los cristianos. Sincero ó no, Herodes Agrippa, era un
-soberano judío en toda la extension de la palabra<a id="FNanchor_731"
-href="#Footnote_731" class="fnanchor">[731]</a>. La casa de Herodes,
-á medida que se debilitaba, se hacia más devota y se separaba más y
-más de la elevada idea profana del fundador de<span class="pagenum"
-id="Page_261">p. 261</span> su dinastía, aspirando á que viviesen
-juntos, bajo el imperio comun de la civilizacion, los cultos más
-opuestos. Cuando Herodes Agrippa, proclamado rey, entró por primera
-vez en Alejandría fué recibido como rey de los judíos, cuyo título
-irritó al pueblo y dió lugar á muchas burlas<a id="FNanchor_732"
-href="#Footnote_732" class="fnanchor">[732]</a>. Ahora bien, ¿qué
-habia de ser un rey de los judíos, sino un guardian de la ley y de
-las tradiciones, un soberano teócrata y perseguidor? Desde Herodes el
-Grande, durante cuyo reinado se reprimió enteramente el fanatismo,
-hasta estallar la guerra que originó la ruina de Jerusalem, hubo
-siempre una progresion creciente de ardor religioso. La muerte de
-Calígula (24 de Enero de 41) habia producido una reaccion favorable
-á los judíos. En general Claudio fué muy benévolo para ellos<a
-id="FNanchor_733" href="#Footnote_733" class="fnanchor">[733]</a> á
-causa de la influencia que tenian con él Herodes Agrippa y Herodes,
-rey de Calcis. No solo dió la razon á los judíos de Alejandría en
-sus disensiones con los habitantes de dicho país, otorgándoles el
-derecho de elegir un etnarca, sino que hasta publicó, segun parece,
-un edicto por el que concedia á los judíos, en toda la extension del
-imperio, como lo habia hecho en favor de los de Alejandría, la libertad
-de vivir segun sus leyes, con la única condicion de no ultrajar
-los demás cultos. Algunas tentativas de vejaciones análogas á las
-que habian tenido lugar en tiempo de Calígula, fueron reprimidas<a
-id="FNanchor_734" href="#Footnote_734" class="fnanchor">[734]</a>.
-Je<span class="pagenum" id="Page_262">p. 262</span>rusalem se
-ensanchó mucho, uniéndose con la ciudad el barrio de Bezetha<a
-id="FNanchor_735" href="#Footnote_735" class="fnanchor">[735]</a>.
-Apenas se hacia sentir allí la autoridad romana, por más que Vibius
-Marsus, hombre prudente, de mucha experiencia, adquirida en los
-elevados cargos que desempeñara, de un talento muy cultivado<a
-id="FNanchor_736" href="#Footnote_736" class="fnanchor">[736]</a>,
-y que habia sucedido á Publio Petronio en las funciones de legado
-imperial en Siria, advertia de cuando en cuando á Roma que eran
-peligrosos aquellos reinos semi-independientes de Oriente<a
-id="FNanchor_737" href="#Footnote_737" class="fnanchor">[737]</a>.
-La especie de feudalismo que desde la muerte de Tiberio tendia á
-establecerse en Siria y en las comarcas vecinas<a id="FNanchor_738"
-href="#Footnote_738" class="fnanchor">[738]</a>, debilitaba en efecto
-la política imperial, y casi siempre dió malos resultados. Los «reyes»
-cuando iban á Roma eran personajes que ejercian allí una influencia
-detestable. La corrupcion y la desmoralizacion del pueblo, sobre todo
-en el reinado de Calígula, eran debidas en gran parte al ejemplo dado
-por aquellos miserables á quienes se veia arrastrar la púrpura en el
-teatro, en el palacio del César, y en las cárceles<a id="FNanchor_739"
-href="#Footnote_739" class="fnanchor">[739]</a>. En cuanto á los
-judíos, ya hemos visto<a id="FNanchor_740" href="#Footnote_740"
-class="fnanchor">[740]</a> que para ellos <i>autonomía</i> significaba
-intolerancia. El pontificado supremo pasaba únicamente y aún por cortos
-períodos de la familia de Hanan á la de Boethus, no menos altanera y
-cruel. El<span class="pagenum" id="Page_263">p. 263</span> soberano
-que queria complacer á los judíos no podia dejar de decretar lo que
-más deseaban, es decir, severidades contra todo lo que se separase de
-la más rigurosa ortodoxia<a id="FNanchor_741" href="#Footnote_741"
-class="fnanchor">[741]</a>.</p>
-
-<p>Herodes Agrippa fué por la misma razon al fin de su reinado
-un perseguidor violento<a id="FNanchor_742" href="#Footnote_742"
-class="fnanchor">[742]</a>. Algun tiempo antes de la Pascua del año
-44, hizo cortar la cabeza á uno de los principales miembros del
-Colegio Apostólico, á Jacobo, hijo del Zebedeo y hermano de Juan. Este
-asunto no se consideró como religioso, y por lo tanto no hubo proceso
-inquisitorial ante el Sanhedrin; la sentencia fué dictada en virtud
-del poder arbitrario del soberano, como sucedió con Juan Bautista<a
-id="FNanchor_743" href="#Footnote_743" class="fnanchor">[743]</a>.
-Animado por el buen efecto que dicha muerte produjo entre los judíos<a
-id="FNanchor_744" href="#Footnote_744" class="fnanchor">[744]</a>,
-Herodes Agrippa no quiso detenerse en tan fácil via de popularidad.
-Eran los primeros dias de la fiesta de Pascua, época ordinaria del
-acrecentamiento de fanatismo, y aprovechando la ocasion, Agrippa hizo
-encerrar á Pedro en la torre Antonia, á fin de que se le juzgara y
-ejecutara con grande aparato ante la masa de pueblo que se reunia con
-motivo de las fiestas.</p>
-
-<p>Una circunstancia que ignoramos, y que fué considerada como
-milagrosa, puso á Pedro en libertad. Una tarde en la que varios fieles
-se habian reunido en casa de María, madre de Juan Márcos, en donde
-acos<span class="pagenum" id="Page_264">p. 264</span>tumbraba á
-vivir Pedro, se oyó llamar de repente á la puerta. La criada, llamada
-Rhodé, fué á ver quién era y reconoció la voz de Pedro. Embargada por
-la alegría, en vez de abrir, corre á anunciar que Pedro estaba allí.
-La tratan de loca, pero ella jura y vuelve á asegurar que es él. «Es
-su ángel,» dicen algunos. Vuelve á oirse llamar varias veces; era él.
-La alegría fué infinita. Pedro hizo participar enseguida su libertad
-á Jacobo, hermano del Señor, y á los demás fieles. Se creyó que el
-ángel del Señor habia entrado en el calabozo del apóstol y habia
-hecho caer las cadenas y cerrojos. Pedro contaba que todo esto habia
-sucedido mientras estaba en una especie de éxtasis; que despues de
-haber pasado la primera y segunda guardia y atravesado la puerta de
-hierro que daba á la ciudad, el ángel lo acompañó hasta una calle y
-lo dejó: que entonces volvió en sí y reconoció la mano de Dios, que
-habia enviado un mensajero celeste para libertarlo<a id="FNanchor_745"
-href="#Footnote_745" class="fnanchor">[745]</a>.</p>
-
-<p>Agrippa sobrevivió poco á estas violencias<a id="FNanchor_746"
-href="#Footnote_746" class="fnanchor">[746]</a>. Á mediados del año
-44, pasó á Cesarea para celebrar juegos en honor de Claudio. La
-concurrencia fué extraordinaria; los habitantes de Tiro y de Sidon,
-que tenian algunas disensiones con él, fueron á pedirle gracia. Estas
-fiestas disgustaban mucho á los judíos, tanto porque se efectuaban
-en la ciudad impura de Cesarea, como porque se daban en el teatro.
-Una vez que el rey habia salido de Jerusalem con igual motivo,
-cierto<span class="pagenum" id="Page_265">p. 265</span> rabino
-Simeon habia propuesto que se declarase que dejaba de pertenecer al
-judaismo y que se le excluia del templo; mas entonces el rey llevó su
-condescendencia hasta el punto de colocar al rabino á su lado en el
-teatro, á fin de probarle que allí nada se hacia contrario á la Ley<a
-id="FNanchor_747" href="#Footnote_747" class="fnanchor">[747]</a>.
-Creyendo haber satisfecho de este modo á los rigoristas, Herodes
-Agrippa se dejó arrastrar por su aficion á las pompas profanas. El
-segundo dia de la fiesta, entró muy de mañana en el teatro, vestido
-con una túnica de tejido de plata, de un brillo incomparable. Fué
-extraordinario el efecto causado por esta túnica que resplandecia
-á los rayos del sol saliente y los fenicios que rodeaban al rey le
-prodigaron adulaciones imbuidas de paganismo. «Es un Dios, decian, y no
-un hombre.» El rey no manifestó indignacion ni vituperó esta palabra,
-pero falleció cinco dias despues. Judíos y cristianos atribuyeron su
-muerte al no haber rechazado con horror una lisonja tan blasfematoria.
-La tradicion cristiana supuso que este era el castigo reservado á los
-enemigos de Dios, puesto que murió de una enfermedad vermicular<a
-id="FNanchor_748" href="#Footnote_748" class="fnanchor">[748]</a>. Sin
-embargo, los síntomas de que habla Josefo harian creer más bien en
-un envenenamiento, y viene á confirmar esta opinion lo que dicen las
-<i>Actas</i> de la conducta equívoca de los fenicios y del cuidado que
-tuvieron en ganar á Blastus, ayuda de cámara del rey.</p>
-
-<p>Con la muerte de Herodes Agrippa I desapareció la<span
-class="pagenum" id="Page_266">p. 266</span> independencia de Jerusalem,
-que volvió á ser gobernada por procuradores. Este régimen duró hasta la
-gran sublevacion, lo que fué un bien para el cristianismo, porque debe
-observarse que esta religion que debia sostener más tarde una lucha tan
-terrible contra el imperio romano, creció á la sombra del principio de
-aquel y bajo su proteccion. Roma era, conforme lo hemos dicho repetidas
-veces, quien impedia que el judaismo se entregase completamente á sus
-instintos de intolerancia y de destruccion de los gérmenes de libertad
-que se producian en su seno. Toda restriccion de la autoridad judía
-era un beneficio para la secta naciente: Cuspius Fadus, el primero
-de esta nueva série de procuradores, fué otro Pilatos, de mucha
-firmeza ó por lo menos de buena voluntad; pero Claudio continuaba
-mostrándose favorable á las pretensiones judías, á causa sobre todo de
-las instigaciones del jóven Herodes Agrippa, hijo de Herodes Agrippa
-I, que vivia á su lado y á quien amaba mucho<a id="FNanchor_749"
-href="#Footnote_749" class="fnanchor">[749]</a>. Despues de la corta
-administracion de Cuspius Fadus, las funciones de procurador fueron
-confiadas á un judío, á aquel Tiberio Alejandro, sobrino de Philon
-é hijo del alabarca de los judíos de Alejandría, que tuvo grandes
-empleos y desempeñó un papel importante en los asuntos políticos de su
-siglo. Verdad es que no era amado de los judíos, que lo miraban, no
-sin razon, como un apóstata<a id="FNanchor_750" href="#Footnote_750"
-class="fnanchor">[750]</a>.</p>
-
-<p>Para poner fin á estas continuas disputas, se recur<span
-class="pagenum" id="Page_267">p. 267</span>rió al medio más conforme
-con los buenos principios. Se hizo una especie de separacion entre
-lo espiritual y lo temporal, y se dejó el poder político á los
-procuradores; pero Herodes, rey de Calcis y hermano de Agrippa I, fué
-nombrado Prefecto del templo, guardian de los vestidos pontificales,
-y tesorero de la caja sagrada, revistiéndose del derecho de nombrar
-los grandes sacerdotes<a id="FNanchor_751" href="#Footnote_751"
-class="fnanchor">[751]</a>. Á su muerte (año 48), Herodes Agrippa II,
-hijo de Herodes Agrippa I, sucedió á su tio en dichos cargos, que
-conservó hasta la gran guerra. Claudio continuaba mostrándose en todo
-esto lleno de bondad. Los altos funcionarios romanos en Siria, bien
-que menos inclinados á las concesiones que el emperador, emplearon
-tambien mucha moderacion. El procurador Ventidius Cumanus llevó su
-condescendencia hasta el caso de hacer decapitar, en medio de los
-judíos que formaban el cuadro, á un soldado que habia destrozado un
-ejemplar del Pentateuco<a id="FNanchor_752" href="#Footnote_752"
-class="fnanchor">[752]</a>. Todo fué inútil; Josefo achaca con razon á
-la administracion de Cumanus los desórdenes que solo concluyeron con la
-destruccion de Jerusalem.</p>
-
-<p>El cristianismo no tomaba la menor parte en estos disturbios<a
-id="FNanchor_753" href="#Footnote_753" class="fnanchor">[753]</a>,
-que eran, como el mismo cristianismo, uno de los síntomas de la
-fiebre extraordinaria que devoraba al pueblo judío y del trabajo
-divino que se verificaba en él. Nunca habia hecho tantos progresos
-la fé<span class="pagenum" id="Page_268">p. 268</span> judía<a
-id="FNanchor_754" href="#Footnote_754" class="fnanchor">[754]</a>.
-El templo de Jerusalem era uno de los santuarios del mundo cuya fama
-se extendia más y al que más donativos se hacian<a id="FNanchor_755"
-href="#Footnote_755" class="fnanchor">[755]</a>. El judaismo
-habia llegado á ser la religion dominante de la mayor parte de la
-Siria. Los príncipes asmoneos habian convertido violentamente á
-poblaciones enteras (Idumeos, Itureos, etc.)<a id="FNanchor_756"
-href="#Footnote_756" class="fnanchor">[756]</a>. Hubo al mismo
-tiempo muchos ejemplos de circuncision impuesta por la fuerza<a
-id="FNanchor_757" href="#Footnote_757" class="fnanchor">[757]</a>,
-porque se tenia un grande empeño en hacer prosélitos<a
-id="FNanchor_758" href="#Footnote_758" class="fnanchor">[758]</a>.
-La misma casa de Herodes contribuia poderosamente á la propaganda
-judía. Para casarse con princesas de esta familia, cuyas riquezas eran
-inmensas, se hacian judíos<a id="FNanchor_759" href="#Footnote_759"
-class="fnanchor">[759]</a> los príncipes de las pequeñas dinastías
-vasallas de los romanos, de Emesa, de Ponte, y de Cilicia. La Arabia y
-la Etiopía poseian tambien un gran número de convertidos, entre los que
-se contaban, sobre todo por parte de las mujeres<a id="FNanchor_760"
-href="#Footnote_760" class="fnanchor">[760]</a>, las familias reales
-de Meseno y de Adiabene, tributarias de los Partos. Se creia que se
-hallaba la dicha conociendo y practicando la Ley<a id="FNanchor_761"
-href="#Footnote_761" class="fnanchor">[761]</a>, y aun cuando no se
-hiciesen circuncidar, modificaban su religion en sentido judío; el
-espíritu general de la religion en Siria era una especie de monoteismo.
-En Damasco, ciudad que nada tenia de israelita, casi todas<span
-class="pagenum" id="Page_269">p. 269</span> las mujeres habian
-adoptado la religion judaica.<a id="FNanchor_762" href="#Footnote_762"
-class="fnanchor">[762]</a> Detrás del judaismo farisaico, se formaba
-así una clase de judaismo libre, menos violento, que ignoraba algunos
-secretos de la secta<a id="FNanchor_763" href="#Footnote_763"
-class="fnanchor">[763]</a>, pero que tenia más porvenir y en el que
-únicamente se llevaba buena voluntad y puro corazon. La situacion era,
-á corta diferencia, la del catolicismo de nuestros dias, en donde
-vemos, por una parte, teólogos ignorantes y orgullosos que por sí
-solos no convertirian más almas al catolicismo que las que ganaron los
-fariseos para el judaismo; y por otra, piadosos seglares, heréticos mil
-veces sin saberlo, pero llenos de tierno celo, ricos en buenas obras y
-en sentimientos poéticos, ocupados siempre en disimular ó en atenuar
-con complacientes explicaciones las faltas de sus doctores.</p>
-
-<p>Uno de los ejemplos más extraordinarios de la corriente que
-arrastraba hácia el judaismo á las almas religiosas, fué el que
-dió la familia real de Adiabene en el Tigris<a id="FNanchor_764"
-href="#Footnote_764" class="fnanchor">[764]</a>. Esta casa, en
-su orígen y costumbres<a id="FNanchor_765" href="#Footnote_765"
-class="fnanchor">[765]</a>, bien que iniciada en parte en
-la cultura griega<a id="FNanchor_766" href="#Footnote_766"
-class="fnanchor">[766]</a>, se hizo judía casi toda y se distinguió
-por su extrema devocion; porque, conforme hemos manifestado, estos
-prosélitos eran regularmente más piadosos que los judíos de na<span
-class="pagenum" id="Page_270">p. 270</span>cimiento. Izate, jefe de
-la familia, abrazó el judaismo á consecuencia de las predicaciones
-de un mercader judío llamado Ananías, que al entrar, para su pequeño
-comercio en el serrallo de Abennerig, rey de Meseno, habia convertido
-á todas las mujeres y se habia constituido su director espiritual.
-Las mujeres pusieron á Izate en relaciones con él. En la misma época,
-Elena, su madre, se hacia instruir en la verdadera religion por otro
-judío. Izate, en su celo de nuevo convertido, queria tambien hacerse
-circuncidar, pero su madre y Ananías lo disuadieron de ello. Ananías
-le demostró que más importante era la observacion de los mandamientos
-de Dios que la circuncision, y que se podia ser muy buen judío sin
-esta ceremonia. Semejante tolerancia era debida á un corto número de
-inteligencias superiores. Algun tiempo despues, un judío de Galilea
-llamado Eleazar, encontró al rey que leia el Pentateuco y le probó con
-el texto, que no podia observar la Ley sin ser circunciso. Izate quedó
-persuadido de ello y mandó que le hicieran en seguida la operacion<a
-id="FNanchor_767" href="#Footnote_767" class="fnanchor">[767]</a>.</p>
-
-<p>La conversion de Izate fué seguida de la de su hermano Monobaze
-y de casi toda la familia. En el año 44, Elena pasó á fijarse en
-Jerusalem, en donde hizo construir para la casa real de Adiabene un
-palacio y un mausoleo de familia que todavía existe<a id="FNanchor_768"
-href="#Footnote_768" class="fnanchor">[768]</a>. Se hizo querer de
-los judíos por su afabilidad y sus limosnas.<span class="pagenum"
-id="Page_271">p. 271</span> Daba gozo verla, como una piadosa judía,
-frecuentar el templo, consultar á los Doctores, leer la Ley, y
-enseñarla á sus hijos. En la peste del año 44, aquella santa mujer
-fué la providencia de la ciudad, pues mandó comprar una gran cantidad
-de trigo en Egipto, y de higos secos en Chipre. Izate, por su parte,
-envió sumas considerables para ser distribuidas entre los pobres.
-Las riquezas del Adiabene se gastaban en parte en Jerusalem, donde
-vinieron los hijos de Izate para aprender los usos y la lengua de los
-judíos. La familia citada fué un gran recurso para aquel pueblo de
-mendigos. Habian tomado como un derecho de ciudadanía en Jerusalem, en
-donde se encontraron varios de sus miembros durante el sitio de Tito<a
-id="FNanchor_769" href="#Footnote_769" class="fnanchor">[769]</a>,
-al paso que otros figuran en los escritos talmúdicos como modelos de
-piedad y de desprendimiento<a id="FNanchor_770" href="#Footnote_770"
-class="fnanchor">[770]</a>.</p>
-
-<p>Así es como la familia real de Adiabene vino á figurar en la
-historia del cristianismo. Sin ser cristiana, como han supuesto
-varias tradiciones<a id="FNanchor_771" href="#Footnote_771"
-class="fnanchor">[771]</a>, esta familia representó bajo diferentes
-conceptos las primicias de los gentiles. Abrazando el judaismo,
-obedeció al sentimiento que debia llevar al cristianismo al mundo
-pagano entero. Los verdaderos israelitas para con Dios lo eran más
-bien aquellos extranjeros, animados por un sentimiento religioso
-tan profundamente sincero,<span class="pagenum" id="Page_272">p.
-272</span> que no el fariseo soberbio y perverso, para quien la
-religion no era más que un pretexto de ódios y desdenes. Aquellos
-buenos prosélitos no eran fanáticos en lo más mínimo porque eran
-verdaderamente santos. Admitian que la verdadera religion podia
-practicarse con los códigos civiles más diversos; separaban
-completamente la religion de la política. La distincion entre
-los sectarios sediciosos que se proponian defender rabiosamente
-á Jerusalem, y los pacíficos devotos que, al primer rumor de
-guerra, habian de refugiarse en las montañas<a id="FNanchor_772"
-href="#Footnote_772" class="fnanchor">[772]</a>, se manifestaba cada
-dia más.</p>
-
-<p>Vemos, pues, que la cuestion de los prosélitos se presentaba del
-mismo modo en el judaismo que en el cristianismo. De una y otra
-parte, se sentia la necesidad de tener más tolerancia, y para los que
-consideraban la cuestion bajo este punto de vista, la circuncision
-era una práctica inútil ó perjudicial, y las observancias mosáistas
-una simple señal de raza, que solo tenia valor para los hijos de
-Abraham. Antes de ser una religion universal, el judaismo se veia
-obligado á limitarse á una especie de deismo, que únicamente imponia
-los deberes de la religion natural. Habia de cumplirse con ello una
-mision sublime, y una parte del judaismo, en la primera mitad del siglo
-<span class="asc">I</span>, lo hizo de una manera muy inteligente. Por
-un lado, el judaismo era uno de los innumerables cultos nacionales<a
-id="FNanchor_773" href="#Footnote_773" class="fnanchor">[773]</a>
-que llenaban el mundo y cuya santidad no reconocia otra causa que
-la de<span class="pagenum" id="Page_273">p. 273</span> haber sido
-practicado por sus antepasados; por otro, el judaismo era la religion
-absoluta, hecha para todos, y destinada á ser adoptada por todos.
-El espantoso desbordamiento de fanatismo que se desarrolló en Judea
-y que originó la guerra de exterminio, destruyó este porvenir. El
-cristianismo fué el que se encargó de proseguir por su cuenta la tarea
-que la sinagoga no habia sabido llevar á cabo. Dejando aparte las
-cuestiones rituales, el cristianismo continuó la propaganda monoteista
-del judaismo. Lo que favoreciera el éxito del judaismo con las mujeres
-de Damasco, en el serrallo de Abennerig, con Elena y otros tantos
-prosélitos piadosos, fortaleció al cristianismo en el mundo entero.
-En tal concepto, la gloria del último se confunde verdaderamente con
-la del primero. Una generacion de fanáticos privó al judaismo de su
-recompensa, y le impidió recoger la cosecha que habia preparado.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_15">
- <p><span class="pagenum" id="Page_274">p. 274</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XV.</h2>
- <p class="subh2">Movimientos paralelos al cristianismo ó imitadores
- del cristianismo. — Simon de Gitton.</p>
-</div>
-
-<div class="sidenote">Año 45</div>
-
-<p>El cristianismo está ahora realmente fundado. En la historia de
-todas las religiones, solo se encuentran obstáculos durante los
-primeros años; mas cuando una creencia ha resistido las duras pruebas
-por que ha de pasar toda nueva fundacion, está asegurado su porvenir.
-Los fundadores del cristianismo, más hábiles que los otros sectarios
-del mismo tiempo, esenianos, baptistas y partidarios de Judas el
-Gaulonita, que no salieron del mundo judío y perecieron con él, se
-lanzaron bien pronto al mundo con la mayor resolucion y ocuparon en
-aquel su puesto. Las pocas citas que sobre cristianos encontramos en
-Josefo, en el Talmud, y en todas las obras de los autores griegos
-y latinos, no debe sorprendernos. Josefo ha llegado hasta nosotros
-por los copistas cristianos que han sabido suprimir todo lo que
-era contrario á su creencia; pero podemos suponer que hablaba con
-más extension de Jesús y de los cristianos,<span class="pagenum"
-id="Page_275">p. 275</span> que la edicion que ha llegado hasta
-nosotros. El Talmud sufrió tambien durante la edad media<a
-id="FNanchor_774" href="#Footnote_774" class="fnanchor">[774]</a> y
-despues de su primera publicacion, varias supresiones y alteraciones,
-pues se ejerció la censura cristiana sobre el texto con mucha
-severidad, y fueron quemados una multitud de desdichados judíos por
-haber tenido en su poder un libro conteniendo páginas consideradas como
-blasfematorias. No es tampoco sorprendente que los escritores griegos y
-latinos se preocupen poco de un movimiento que no pueden comprender y
-que tuvo lugar en un pequeño mundo cerrado para ellos. El cristianismo
-se pierde á sus ojos sobre el oscuro fondo del judaismo; esto fué una
-querella de familia en el fondo de una nacion abyecta; ¿á qué ocuparse
-de ello?</p>
-
-<p>Los dos ó tres pasajes en que Tácito y Suetonio hablan de los
-cristianos, prueban que algo extraordinaria debia ser la secta nueva,
-cuando traspasó el círculo ordinario de la publicidad, y al poco
-tiempo, á través de las nubes de la indiferencia general, comenzó á
-destacarse vigorosamente.</p>
-
-<p>Por lo demás, lo que contribuyó á borrar un poco las formas del
-cristianismo en la historia del mundo judío en el primer siglo de
-nuestra era, es que no fué un hecho aislado. Philon, en la hora á que
-hemos llegado, habia concluido su carrera, consagrada enteramente
-al amor del bien. La secta de Judas el Gaulonita dura todavía: el
-agitador tuvo como continuadores de su pensamiento á sus hijos
-Jacobo, Simon y<span class="pagenum" id="Page_276">p. 276</span>
-Menahem: pero los dos primeros fueron crucificados por órden del
-procurador Tiberio Alejandro<a id="FNanchor_775" href="#Footnote_775"
-class="fnanchor">[775]</a>. En cuanto al tercero, desempeñará en la
-catástrofe final de la nacion un importante papel<a id="FNanchor_776"
-href="#Footnote_776" class="fnanchor">[776]</a>. El año 44, un
-entusiasta llamado Teudas<a id="FNanchor_777" href="#Footnote_777"
-class="fnanchor">[777]</a> se presentó anunciando una próxima
-libertad, é invitó á la multitud á que le siguiera al desierto,
-prometiendo, cual otro Josué, hacerle pasar el Jordan á pié enjuto;
-ya que este pasaje era segun él el verdadero bautismo que debia
-iniciar á cada uno de sus fieles en el reino de Dios. Siguiéronle
-más de cuatrocientas personas; pero el procurador Fado, mandó contra
-él á la caballería, dispersólos y le hirió<a id="FNanchor_778"
-href="#Footnote_778" class="fnanchor">[778]</a>. Algunos años antes
-se habia levantado toda la Samaria á la voz de un iluminado que
-pretendia haber tenido una revelacion en el lugar de Garissim, donde
-Moisés habia ocultado los instrumentos sagrados del culto. Pilatos
-habia reprimido con gran rigor este movimiento<a id="FNanchor_779"
-href="#Footnote_779" class="fnanchor">[779]</a>. En cuanto á Jerusalem,
-la paz habia acabado para ella, pues á contar desde la llegada del
-procurador Ventidio Cumano (año 48), los trastornos no cesaron; la
-excitacion habia llegado á tal punto, que la vida era insufrible
-y las circunstancias más insignificantes producian estallidos<a
-id="FNanchor_780" href="#Footnote_780" class="fnanchor">[780]</a>.
-Sentíase una extraña fermentacion, una especie de turbacion mis<span
-class="pagenum" id="Page_277">p. 277</span>teriosa; por todas partes se
-multiplicaban los impostores<a id="FNanchor_781" href="#Footnote_781"
-class="fnanchor">[781]</a>; los terribles <i>zelotas</i>
-(<i>Kenaïm</i>) ó sicarios, empezaban á aparecer; y varios miserables
-armados de puñales se metian entre la multitud, herian á sus víctimas,
-y eran los primeros que gritaban al asesino. No se pasaba dia sin que
-se cometiera alguno de estos asesinatos; extendiéndose el terror de una
-manera extraordinaria. Josefo presenta los crímenes de estos sicarios
-como cometidos por bribones<a id="FNanchor_782" href="#Footnote_782"
-class="fnanchor">[782]</a>, pero no es dudoso que el fanatismo
-se mezclaba en ello<a id="FNanchor_783" href="#Footnote_783"
-class="fnanchor">[783]</a>: para defender la ley aquellos miserables
-se armaron del puñal: el que faltaba segun ellos á las prescripciones
-legales, veia pronto pronunciada y ejecutada su sentencia. Con ello
-creian llevar á cabo la obra más meritoria y más agradable á Dios.</p>
-
-<p>Escenas análogas á las de Teudas, renovábanse por todas partes.
-Varios personajes pretendiéndose inspirados sublevaban el pueblo
-y le arrastraban consigo al desierto, bajo el pretexto de hacerle
-ver por signos manifiestos que Dios iba á librarles. La autoridad
-romana deseaba exterminar á estos agitadores<a id="FNanchor_784"
-href="#Footnote_784" class="fnanchor">[784]</a> que reunian las gentes
-á millares, en términos de que en el año 56, un judío que vino de
-Egipto á Jerusalem, con su prestigio consiguió atraer más de treinta
-mil personas, entre las que habia cuatro mil sicarios. Desde el
-desierto, queria llevarles al monte Olivete,<span class="pagenum"
-id="Page_278">p. 278</span> para ver desde allí, segun decia, caer
-las murallas de Jerusalem á su solo mandato. Félix, que era entonces
-procurador, marchó contra él y dispersó á su gente, pero el egipcio
-se salvó y no pareció más<a id="FNanchor_785" href="#Footnote_785"
-class="fnanchor">[785]</a>. Sin embargo, así como en un cuerpo
-enfermizo los males se suceden unos á otros, viéronse pronto partidas
-mandadas por mágicos y ladrones que conducian claramente al pueblo
-á revolucionarse contra los romanos, amenazando de muerte á los que
-continuaran obedeciéndoles. Bajo este pretexto maltrataban á los
-ricos, decomisaban sus bienes, quemaban sus casas, dejando en toda la
-Judea huellas de su furor<a id="FNanchor_786" href="#Footnote_786"
-class="fnanchor">[786]</a>. Anunciábase una guerra espantosa: reinaba
-fuerte agitacion por do quier, y las imaginaciones se mantenian en un
-estado cercano á la más completa locura.</p>
-
-<p>No era imposible que Teudas se inspirara en el espíritu de
-imitacion á la vista de Jesús y de Juan Bautista. Á lo menos esta
-imitacion se evidenció con Simon de Gitton, si merecen alguna fé las
-tradiciones cristianas acerca de este personaje<a id="FNanchor_787"
-href="#Footnote_787" class="fnanchor">[787]</a>. Le hemos visto
-ya en relacion con los apóstoles á propósito de la primera mision
-de Felipe en Samaria. Bajo el reinado de Claudio es cuando
-conquistó su celebridad<a id="FNanchor_788" href="#Footnote_788"
-class="fnanchor">[788]</a>. Sus milagros eran considerados
-como permanentes, y en Samaria le miraba todo el mundo como un
-personaje sobrenatural<a id="FNanchor_789" href="#Footnote_789"
-class="fnanchor">[789]</a>.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_279">p. 279</span>No eran solo
-sus milagros los únicos fundamentos de su reputacion. Segun parece
-usaba una doctrina que nos es imposible juzgar, ya que la obra
-intitulada <i>La Grande Exposicion</i> que se le atribuye, y que
-ha llegado hasta nosotros por extracto, no es tal vez otra cosa
-más que una síntesis modificada de sus ideas<a id="FNanchor_790"
-href="#Footnote_790" class="fnanchor">[790]</a>. Simon, durante su
-permanencia en Alejandría<a id="FNanchor_791" href="#Footnote_791"
-class="fnanchor">[791]</a>, parece haber fomentado en sus estudios
-de filosofía griega un sistema de teosofía sincrética y de exégesis
-alegórica semejante á la de Philon. Este sistema tiene su grandeza:
-pues tan pronto recuerda la cábala judía, como las teorías
-panteistas de la filosofía indiana; y bajo cierto punto de vista
-parece una imitacion del budismo y del parsismo<a id="FNanchor_792"
-href="#Footnote_792" class="fnanchor">[792]</a>. Al frente de
-todas las cosas está «Aquel que es, que ha sido y que será<a
-id="FNanchor_793" href="#Footnote_793" class="fnanchor">[793]</a>,»
-es decir el <i>Jahveh</i> samaritano, entendido segun la fuerza
-etimológica de su nombre, el Sér eterno, único engendrado por sí
-mismo, aumentando por sí mismo, encontrándose á sí mismo, padre,
-madre, hermana, esposo, é hijo de sí mismo<a id="FNanchor_794"
-href="#Footnote_794" class="fnanchor">[794]</a>. En el seno de este
-infinito, todo<span class="pagenum" id="Page_280">p. 280</span>
-poder existe eternamente; todo pasa á la accion y á la realidad por
-la conciencia del hombre, por la razon, la lengua y la ciencia<a
-id="FNanchor_795" href="#Footnote_795" class="fnanchor">[795]</a>.
-El mundo se explica ya por una gerarquía de principios abstractos,
-análogos á los Eones del gnosticismo y al árbol sefirótico de la
-cábala, ya por un sistema de ángeles que parece tomado de las creencias
-de la Persia. Estas abstracciones se presentan algunas veces como
-traducciones de hechos físicos y psicológicos: otras veces, los
-<i>poderes divinos</i>, considerados como sustancias separadas, se
-realizan en encarnaciones sucesivas, ya masculinas, ya femeninas,
-cuyo fin es el libertar á los séres encadenados por los lazos de
-la materia. El primero de estos poderes es el que por excelencia
-se llama «el Grande,» y que es la inteligencia de este mundo, la
-Providencia universal<a id="FNanchor_796" href="#Footnote_796"
-class="fnanchor">[796]</a>. Es masculina y se considera á Simon como
-su encarnacion. Al lado de ella está la <i>syzigia</i> femenina,
-«el Gran Pensamiento.» Habituado Simon á revestir sus teorías de un
-extraño simbolismo, imagina interpretaciones alegóricas para los
-antiguos textos sagrados y profanos, á los cuales el autor de la
-<i>Grande Exposicion</i>, da el nombre de <i>Helena</i>, significando
-con esto que era el objeto del deseo universal, la eterna causa de
-discusion entre los hombres, la que se venga de sus enemigos y les
-ciega, hasta el momento en que consienten cantar la palinodia<a
-id="FNanchor_797" href="#Footnote_797" class="fnanchor">[797]</a>;
-teme que mal comprendido é interpretado torcidamente por los padres
-de la Igle<span class="pagenum" id="Page_281">p. 281</span>sia da
-lugar á cuentos pueriles<a id="FNanchor_798" href="#Footnote_798"
-class="fnanchor">[798]</a>. El conocimiento de la literatura griega
-que posee el autor de la <i>Grande Exposicion</i>, es en todo caso,
-muy notable. Él sostiene que cuando se saben comprender los escritos
-de los paganos bastan para el conocimiento de todas las cosas<a
-id="FNanchor_799" href="#Footnote_799" class="fnanchor">[799]</a>; su
-eclectismo abraza todas las revelaciones y procura refundirlas en un
-solo órden de verdades.</p>
-
-<p>En cuanto al fondo de su sistema, hay mucha analogía con el de
-Valentin y con las doctrinas sobre las personas divinas que se
-encuentran en el cuarto Evangelio, en Philon, y en los Targums<a
-id="FNanchor_800" href="#Footnote_800" class="fnanchor">[800]</a>.
-Este «<i>Metatrono</i><a id="FNanchor_801" href="#Footnote_801"
-class="fnanchor">[801]</a>» es el que los judíos colocaban al lado
-de la Divinidad y hasta en su sentido se parece mucho al «<i>Gran
-poder</i>.» En la teología de los samaritanos se vé figurar un
-Gran ángel, jefe de los demás, y una especie de manifestaciones, ó
-<i>virtudes divinas</i><a id="FNanchor_802" href="#Footnote_802"
-class="fnanchor">[802]</a>, análogas á las que la cábala judía se
-figuraba por su parte. Por esto parece que Simon de Gitton fué una
-especie de teósofo en el mismo género de Philon y de los cabalistas.
-Tal vez se acercó alguna vez al cristianismo, pero no se acercó á él de
-una manera decisiva.</p>
-
-<p>Si tomó algo de los discípulos de Jesús, es muy difícil probarlo. Si
-la <i>Grande Exposicion</i> es suya, vemos que en algunos pasajes se
-adelanta á las ideas<span class="pagenum" id="Page_282">p. 282</span>
-cristianas, y en otros se relaciona mucho con ellas<a id="FNanchor_803"
-href="#Footnote_803" class="fnanchor">[803]</a>. Lo que parece es que
-ensayó un eclecticismo análogo al que practicó más tarde Mahoma, y
-que intentó fundar su religion aceptando la mision divina de Juan<a
-id="FNanchor_804" href="#Footnote_804" class="fnanchor">[804]</a> y de
-Jesús, á fin de ponerse en mística relacion con ellos. Él sostuvo que
-el mismo Simon se habia aparecido á los samaritanos, como Pedro á los
-judíos, para la crucifixion visible del Hijo, y á los gentiles para la
-infusion del Santo Espíritu<a id="FNanchor_805" href="#Footnote_805"
-class="fnanchor">[805]</a>. Segun parece, preparó tambien el terreno
-para la doctrina de los <i>Docetas</i>, pues decia que era él
-quien habia sufrido en Judea en la persona de Jesús, pero que este
-sufrimiento fué solo aparente.<a id="FNanchor_806" href="#Footnote_806"
-class="fnanchor">[806]</a> Su pretension de ser la misma Divinidad y de
-hacerse adorar ha sido probablemente exagerada por los cristianos que
-solo han procurado hacerle odioso.</p>
-
-<p>Por lo demás se vé que la doctrina de la <i>Grande Exposicion</i>
-es casi la de todos los escritos gnósticos, y si verdaderamente Simon
-ha profesado estas doctrinas, han tenido mucha razon los padres
-de la Iglesia en considerarle como un fundador del gnosticismo<a
-id="FNanchor_807" href="#Footnote_807" class="fnanchor">[807]</a>.
-Nosotros creemos que la <i>Grande Exposicion</i> no tiene más que una
-autenticidad relativa, y es poco más ó menos á la doctrina de Simon,
-lo que el cuarto Evangelio al pensamiento de Jesús; que se refiere á
-los primeros<span class="pagenum" id="Page_283">p. 283</span> años
-del siglo <span class="asc">II</span>, es decir, á la época en que
-las ideas teosóficas de <i>Logos</i> dejaron de predominar. Estas
-ideas que encontramos en gérmen en la Iglesia cristiana el año 60<a
-id="FNanchor_808" href="#Footnote_808" class="fnanchor">[808]</a>,
-pudieron ser conocidas de Simon cuya vida acaso se prolongara hasta
-fines del siglo.</p>
-
-<p>En nuestro concepto, este enigmático personaje es una especie
-de plagiario del cristianismo. La imitacion parece ser una
-costumbre constante entre los samaritanos<a id="FNanchor_809"
-href="#Footnote_809" class="fnanchor">[809]</a>. De la misma manera
-que habian imitado siempre el judaismo de Jerusalem, estos sectarios
-copiaron tambien del cristianismo, hicieron sus especulaciones
-teosóficas y su cábala. Pero Simon ¿fué un imitador respetable á
-quien no se pueda calificar de prestidigitador inmoral y ridículo<a
-id="FNanchor_810" href="#Footnote_810" class="fnanchor">[810]</a>, que
-explotaba en su favor una doctrina formada de trozos recogidos aquí y
-allá? Hé aquí lo que probablemente se ignorará siempre. Simon ocupaba
-en la historia una posicion muy falsa; marcha sobre una cuerda tirante
-donde no es permitida oscilacion alguna; en este punto no hay más que
-elegir entre una caida ridícula ó un éxito maravilloso.</p>
-
-<p>Todavía nos ocuparemos más de Simon y veremos si las leyendas
-durante su permanencia en Roma que al mismo se refieren, tienen alguna
-verosimili<span class="pagenum" id="Page_284">p. 284</span>tud.
-Lo cierto es que la secta simoniana duró hasta el siglo <span
-class="asc">III</span><a id="FNanchor_811" href="#Footnote_811"
-class="fnanchor">[811]</a>; que tuvo dos iglesias en Antioquía, y
-tal vez hasta en Roma mismo; que Menandro de Caparetea y Clobio<a
-id="FNanchor_812" href="#Footnote_812" class="fnanchor">[812]</a>
-continuaron la doctrina de Simon, ó mejor imitaron su papel de teurgo,
-con un recuerdo más ó menos vivo de Jesús y de sus apóstoles. Simon y
-sus discípulos fueron muy estimados entre sus correligionarios. Las
-sectas del mismo género, paralelas al cristianismo<a id="FNanchor_813"
-href="#Footnote_813" class="fnanchor">[813]</a>, y más ó menos
-impregnadas de <i>gnosticismo</i>, no cesaron de producirse entre los
-samaritanos hasta su destruccion por Justiniano. El destino de este
-pequeño grupo fué sufrir las consecuencias de todo lo que pasaba á su
-alrededor, sin producir nada completamente original.</p>
-
-<p>En cuanto á los cristianos, la memoria de Simon de Gitton les era
-aborrecible. Esos prestigios, que tanto se parecían a los suyos,
-les irritaban, y haber alcanzado el éxito de los apóstoles fué el
-más imperdonable de los crímenes. Pretendióse que los prodigios
-de Simon y de sus discípulos eran obra del diablo y se denigró al
-teósofo samaritano con el nombre de <i>Mágico</i><a id="FNanchor_814"
-href="#Footnote_814" class="fnanchor">[814]</a>, que los fieles tomaban
-en muy mal sentido. Toda la leyenda cristiana de Simon revelaba una
-cólera reconcentrada: se le atribuyeron las máximas del quietismo y
-los excesos que se suponen ser su consecuencia<a id="FNanchor_815"
-href="#Footnote_815" class="fnanchor">[815]</a>; se le consideró
-como<span class="pagenum" id="Page_285">p. 285</span> padre de
-todo error, como el primer heresiarca: se contaron sus aventuras
-ridículas, sus hechos con referencia á Pedro<a id="FNanchor_816"
-href="#Footnote_816" class="fnanchor">[816]</a>, y se atribuyó á
-otro motivo distinto el impulso que le llevó hácia el cristianismo.
-Tan preocupados estaban con su nombre, que creian leerle al
-través de las páginas donde no estaba escrito<a id="FNanchor_817"
-href="#Footnote_817" class="fnanchor">[817]</a>. El simbolismo
-de que ha revestido sus ideas fué interpretado de la manera más
-grotesca. La <i>Helena</i> que él identificaba con la <i>primera
-inteligencia</i>, se consideró como una mujer pública que habia
-comprado en el mercado de Tiro<a id="FNanchor_818" href="#Footnote_818"
-class="fnanchor">[818]</a>: su nombre, en fin, se colocó al lado del de
-Judas y se tomó como sinónimo de <i>antiapóstol</i><a id="FNanchor_819"
-href="#Footnote_819" class="fnanchor">[819]</a>, última injuria
-y palabra proverbial para designar un impostor de profesion, un
-adversario de la verdad que quisiera presentarse con misterio<a
-id="FNanchor_820" href="#Footnote_820" class="fnanchor">[820]</a>.
-Este fué el pri<span class="pagenum" id="Page_286">p. 286</span>mer
-enemigo del cristianismo, ó mejor dicho, el primer personaje
-que el cristianismo trató como enemigo, no escaseándose los
-piadosos fraudes ni calumnias para disfamarle<a id="FNanchor_821"
-href="#Footnote_821" class="fnanchor">[821]</a>. La crítica no puede,
-en este caso, revindicarle porque le faltan los documentos auténticos
-y contradictorios; lo único que puede hacer es retratarle tal como
-aparece en las tradiciones poniendo en relieve el estilo despreciativo
-que en ellas se nota.</p>
-
-<p>Á lo menos no debe acusarse al teurgo samaritano de una imitacion
-que acaso no hiciera. En una reseña del historiador Josefo, un mágico
-judío llamado Simon, nacido en Chipre, desempeñaba por parte del
-procurador Félix el papel de <i>proxeneto</i><a id="FNanchor_822"
-href="#Footnote_822" class="fnanchor">[822]</a>. Las circunstancias
-de esta reseña no convienen con Simon de Gitton y no debe hacérsele
-responsable de los hechos de un personaje que solo puede tener de
-comun con él su nombre, que llevaban entonces millares de hombres, ni
-de la pretension de hacer obras sobrenaturales que tenia entonces una
-multitud de sus contemporáneos.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_16">
- <p><span class="pagenum" id="Page_287">p. 287</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XVI.</h2>
- <p class="subh2">Marcha general de las misiones cristianas.</p>
-</div>
-
-<div class="sidenote">Año 45</div>
-
-<p>Hemos visto á Bernabé partir de Antioquía para remitir á los
-fieles de Jerusalem la colecta de sus hermanos de Siria. Le hemos
-visto presenciar alguno de los disturbios que la persecucion de
-Herodes Agrippa I causó á la Iglesia de Jerusalem<a id="FNanchor_823"
-href="#Footnote_823" class="fnanchor">[823]</a>; volvamos con él á
-Antioquía, donde parece haberse concentrado en este momento toda la
-actividad creadora de la secta.</p>
-
-<p>Bernabé llevó consigo á un celoso colaborador: este era su primo
-Juan Márcos, el discípulo querido de Pedro<a id="FNanchor_824"
-href="#Footnote_824" class="fnanchor">[824]</a>, el hijo de aquella
-María en casa de la cual el primero de los apóstoles deseaba
-permanecer. Sin duda, tomando este nuevo colaborador, pensaba ya en
-la grande empresa á la cual iba á asociarle. Tal vez preveia las
-divisiones que la misma obra suscitaria, y tenia cuidado de tomar
-por compañero un hombre que<span class="pagenum" id="Page_288">p.
-288</span> sabia era el brazo derecho de Pedro, es decir, del apóstol
-que en los asuntos generales tendria mayor autoridad.</p>
-
-<p>Esta empresa no fué más que una série de grandes misiones que
-debian partir de Antioquía, teniendo por programa la conversion del
-mundo entero. Como todas las grandes resoluciones que se tomaban en
-la Iglesia, fué tambien atribuida aquella al Espíritu Santo. Se creyó
-ser obra de un llamamiento especial, de una eleccion sobrenatural, que
-se supuso haber sido comunicada á la Iglesia de Antioquía mientras
-ayunaba y oraba. Tal vez alguno de los profetas de la Iglesia, Menahem
-ó Lucio, en uno de sus accesos de glosolalia pronunció algunas
-palabras de las cuales pudo deducirse que Pablo y Bernabé estaban
-predestinados á esta mision<a id="FNanchor_825" href="#Footnote_825"
-class="fnanchor">[825]</a>. En cuanto á Pablo, estaba convencido
-que Dios le habia elegido desde el vientre de su madre para la
-obra á la cual iba á consagrarse enteramente<a id="FNanchor_826"
-href="#Footnote_826" class="fnanchor">[826]</a>.</p>
-
-<p>Los dos apóstoles se agregaron á título de subordinado para
-secundarles en la parte material de su empresa, al Juan Márcos
-que Bernabé habia llevado consigo á Jerusalem<a id="FNanchor_827"
-href="#Footnote_827" class="fnanchor">[827]</a>. Cuando terminaron
-los preparativos, hubo ayunos y oraciones, y se impusieron las
-manos á los dos apóstoles para indicar que la mision era conferida
-por la misma Iglesia<a id="FNanchor_828" href="#Footnote_828"
-class="fnanchor">[828]</a>; se les recomendó<span class="pagenum"
-id="Page_289">p. 289</span> á la gracia de Dios y partieron<a
-id="FNanchor_829" href="#Footnote_829" class="fnanchor">[829]</a>. ¿Por
-qué lado se dirigieron? ¿Qué mundo iban á evangelizar? Esto es lo que
-importa saber.</p>
-
-<p>Todas las grandes misiones cristianas primitivas, se dirigieron
-hácia el oeste, ó en otros términos, tomaron por teatro ó cuadro el
-imperio Romano. Si se exceptúa alguna pequeña parte del territorio de
-los Arsácidas, comprendido entre el Éufrates y el Tigris, el imperio
-de los Partos no tuvo durante el primer siglo misiones cristianas<a
-id="FNanchor_830" href="#Footnote_830" class="fnanchor">[830]</a>. El
-Tigris fué por el Oriente una barrera que el cristianismo solo traspasó
-en las Sasanidas. Dos grandes causas, el Mediterráneo y el imperio
-Romano, determinaron este hecho capital.</p>
-
-<p>El Mediterráneo era hacia mil años el gran camino por donde habian
-cruzado todas las civilizaciones y todas las ideas. Los romanos habian
-ahuyentado de él la piratería, convirtiéndole en una magnífica via
-de comunicacion. Una numerosa marina de cabotaje hacia más fáciles
-los viajes por la costa de este gran lago. La seguridad relativa que
-ofrecian los caminos del imperio, las garantías que se encontraban
-en los poderes públicos, la difusion de los judíos sobre todo el
-litoral del Mediterráneo, el uso de la lengua griega en toda la
-parte oriental de este mar<a id="FNanchor_831" href="#Footnote_831"
-class="fnanchor">[831]</a>, la unidad de civilizacion que los griegos
-tenian con los romanos, hicieron del mapa del imperio el mapa mismo
-de los países reservados á las misiones cristianas y destinados á
-ser<span class="pagenum" id="Page_290">p. 290</span> cristianos. El
-<i>orbis</i> romano llegó á ser el <i>orbis</i> cristiano, y en este
-sentido puede afirmarse que los fundadores del imperio fueron tambien
-los fundadores de la monarquía cristiana, ó al menos diseñaron sus
-contornos. Toda provincia conquistada por el imperio romano, era una
-provincia conquistada al cristianismo. Cuando uno se figura á los
-apóstoles ante una Asia Menor, una Grecia, una Italia dividida en cien
-pequeñas repúblicas, una Galia, una España, un África ó un Egipto
-denominadas por antiguas instituciones nacionales, no se puede esperar
-un buen éxito y mucho menos que haya podido nacer el proyecto. La union
-del imperio era la condicion prévia de todo proselitismo religioso,
-haciéndose superior de las nacionalidades. El imperio lo comprendió
-en el siglo <span class="asc">XIV</span> y se hizo cristiano: vió que
-el cristianismo era la religion que él habia creado sin saberlo, la
-religion limitada por sus fronteras, identificada con él, capaz de
-procurarle una segunda vida. La Iglesia por su parte se hizo romana
-y se ha conservado hasta nuestros dias como un recuerdo del imperio.
-Decid á Pablo que Claudio será su primer auxiliar; decid á Claudio que
-aquel judío que parte de Antioquía va á fundar la parte más sólida del
-edificio imperial, y asombrareis al uno y al otro, y sin embargo, esto
-fué una verdad.</p>
-
-<p>De todos los países extraños á la Judea, el primero donde se
-estableció el cristianismo fué naturalmente en Syria. Los naturales de
-Palestina y el gran número de judíos establecidos en aquella comarca<a
-id="FNanchor_832" href="#Footnote_832" class="fnanchor">[832]</a>,
-hacian<span class="pagenum" id="Page_291">p. 291</span> inevitable
-este hecho. Chipre, el Asia Menor, la Macedonia, la Grecia y la Italia,
-fueron visitadas por los hombres apostólicos con algunos años de
-intervalo. El Mediodía de la Galia, la España, y la costa de África,
-aunque se evangelizaron bien pronto, fueron los últimos puntos que
-invadió el cristianismo.</p>
-
-<p>Lo propio sucedió en Egipto. El Egipto no figura apenas en la
-historia apostólica; parece que los misioneros apostólicos le
-vuelven sistemáticamente la espalda. Este país, que á partir del
-siglo <span class="asc">III</span>, se convierte en teatro de los
-acontecimientos más importantes de la historia de la religion, fué
-entonces un atraso para el cristianismo. Apolo es el único doctor
-cristiano salido de la escuela de la Alejandría, y aun éste aprendió
-el cristianismo en sus viajes<a id="FNanchor_833" href="#Footnote_833"
-class="fnanchor">[833]</a>. Es necesario atribuir la causa de este
-notable fenómeno á las pocas relaciones que existian entre los judíos
-de Egipto y los de Palestina, y sobre todo al hecho de que el Egipto
-judío tuvo bajo cierto aspecto su especial desarrollo religioso. El
-Egipto tenia á Philon y los terapeutas, este era su cristianismo<a
-id="FNanchor_834" href="#Footnote_834" class="fnanchor">[834]</a>,
-el cual le dispensaba de escuchar al otro con atencion. En cuanto al
-Egipto pagano, poseia instituciones religiosas más sólidas que las
-del paganismo greco-romano<a id="FNanchor_835" href="#Footnote_835"
-class="fnanchor">[835]</a>; la religion egipciaca estaba todavía en
-toda su fuerza y cercano el momento en que iban á bautizarse los
-enor<span class="pagenum" id="Page_292">p. 292</span>mes templos de
-Esneh, y de Ombos, en los cuales la esperanza de tener en el pequeño
-Cesarion un último rey Ptolomeo, ó un Mesías nacional, hacia salir como
-de la tierra los santuarios de Dendera, y de Hermontis, comparables
-á las más bellas obras faraónicas. El cristianismo se establecia por
-todas partes sobre las ruinas del sentimiento nacional y de los cultos
-locales. La degradacion de las almas era rara en Egipto, y hacia raras
-las aspiraciones que abrieron al cristianismo tan fáciles caminos.</p>
-
-<p>Un relámpago que parte de la Syria, ilumina casi simultáneamente
-las tres grandes penínsulas del Asia Menor, de Grecia y de Italia, y
-que bien pronto seguido de un segundo reflejo abraza casi todas las
-costas del Mediterráneo, hé aquí lo que fué la primera aparicion del
-cristianismo: la marcha de las naves apostólicas es casi siempre la
-misma. La predicacion cristiana parece seguir una huella anterior que
-no es otra que la de la emigracion judía. Como un contagio que teniendo
-su foco en el fondo del Mediterráneo, aparece de repente sobre cierto
-número de puntos del litoral, donde se comunica por una correspondencia
-secreta, el cristianismo tuvo sus puertos de arribada designados en
-cierto modo de antemano. Estos puertos se reconocian casi todos por las
-colonias judías; una sinagoga precedió, en general, al establecimiento
-de la Iglesia: diríase que era una cadena eléctrica por cuya extension
-la idea nueva corria de una manera casi instantánea.</p>
-
-<p>En efecto, despues de ciento cincuenta años el judaismo
-extendido por el Oriente y Egipto, habia toma<span class="pagenum"
-id="Page_293">p. 293</span>do su vuelo hácia el Occidente. Cirene,
-Chipre, el Asia Menor, ciertas poblaciones de Macedonia y de
-Grecia, y la Italia tenian juderías importantes<a id="FNanchor_836"
-href="#Footnote_836" class="fnanchor">[836]</a>. Los judíos daban
-el primer ejemplo de este género de patriotismo que los Partos,
-los Armenios, y hasta cierto punto los Griegos modernos debian
-mostrar más tarde; patriotismo extremadamente enérgico porque no
-se refiere á un determinado suelo; patriotismo de comerciantes
-extendidos por todas partes, reconociéndose por todo como hermanos;
-patriotismo que no conduce á formar estados compactos, pero sí
-pequeñas comunidades autónomas en el seno de los demás Estados.
-Estos judíos dispersos unidos estrechamente entre sí, constituyen
-en las poblaciones, congregaciones casi independientes, teniendo
-sus magistrados y consejos. En ciertas poblaciones tenian su
-<i>etnarca</i> ó <i>alabarca</i>, revestido de derechos casi soberanos.
-Habitaban barrios separados y fuera de la jurisdiccion ordinaria,
-muy despreciados de todo el mundo, pero donde reinaba la felicidad.
-Eran más pobres que ricos, pues no habia llegado aún la época de las
-grandes fortunas judías que empezaron en España bajo los Visigodos<a
-id="FNanchor_837" href="#Footnote_837" class="fnanchor">[837]</a>.
-El acaparamiento de los negocios por los judíos fué el efecto de la
-incapacidad administrativa de los bárbaros, de la repugnancia que
-inspiró á la Iglesia la ciencia del dinero y de sus ideas superficiales
-sobre el<span class="pagenum" id="Page_294">p. 294</span> préstamo
-á interés. En el imperio romano nada hay semejante, pues cuando el
-judío no poseia riquezas, era muy pobre, ya que no era aficionado á
-la agricultura. En todo caso sabia sufrir muy bien la pobreza, pero
-lo que sabia más aún era aunar la preocupacion religiosa más exaltada
-con la más rara habilidad comercial. Las excentricidades teológicas
-no excluyen en manera alguna el buen sentido en los negocios. En
-Inglaterra, en América, en Rusia, los sectarios más entusiastas
-(<i>irvingianos</i>, santos de los últimos dias, <i>raskolniks</i>) son
-buenos comerciantes.</p>
-
-<p>La propiedad de la vida judía piadosamente practicada ha sido
-siempre la de producir mucha alegría y cordialidad. En aquel pequeño
-mundo todos se amaban; se amaba hasta el mismo pasado; las ceremonias
-religiosas iban adquiriendo poco á poco nueva vida. Habia alguna
-analogía con las distintas comunidades que existen todavía en las
-grandes ciudades turcas, como por ejemplo la griega, armenia, y judía,
-de Esmirna, reducidas cofradías donde se conoce todo el mundo, donde
-todos viven juntos y conspiran juntos. En estas pequeñas repúblicas,
-las cuestiones religiosas dominan siempre á las cuestiones políticas, ó
-más bien aquellas suplen y completan á estas. Una herejía es en ellas
-un asunto de Estado; un cisma tiene siempre por orígen una cuestion
-de personas. Los romanos, salvo raras excepciones, no penetraban
-jamás en aquellos círculos reservados. Las sinagogas promulgaban
-decretos, daban honores<a id="FNanchor_838" href="#Footnote_838"
-class="fnanchor">[838]</a>, y hacian las veces de verdaderas<span
-class="pagenum" id="Page_295">p. 295</span> municipalidades. Era
-grande la influencia de estas corporaciones: en Alejandría llegó á
-ser de primer órden, y dominó todo el recinto interior de la ciudad<a
-id="FNanchor_839" href="#Footnote_839" class="fnanchor">[839]</a>. En
-Roma eran numerosos los judíos<a id="FNanchor_840" href="#Footnote_840"
-class="fnanchor">[840]</a>, y constituian un apoyo que nadie desdeñaba.
-Ciceron presenta como un acto de valor haber intentado resistirse
-á los mismos judíos<a id="FNanchor_841" href="#Footnote_841"
-class="fnanchor">[841]</a>. César les favoreció y les encontró fieles<a
-id="FNanchor_842" href="#Footnote_842" class="fnanchor">[842]</a>;
-Tiberio para contenerles tomó las más enérgicas medidas<a
-id="FNanchor_843" href="#Footnote_843" class="fnanchor">[843]</a>;
-Calígula, cuyo reinado fué para ellos nefasto en Oriente, les
-concedió permiso para asociarse, en Roma<a id="FNanchor_844"
-href="#Footnote_844" class="fnanchor">[844]</a>. Claudio que les
-favorecia en Judea, se vió obligado á echarles de la ciudad<a
-id="FNanchor_845" href="#Footnote_845" class="fnanchor">[845]</a>.
-Encontrábaseles por todas partes<a id="FNanchor_846"
-href="#Footnote_846" class="fnanchor">[846]</a> y podia decirse
-de ellos como de los griegos, que vencidos, habian impuesto sus
-leyes á los vencedores<a id="FNanchor_847" href="#Footnote_847"
-class="fnanchor">[847]</a>.</p>
-
-<p>Las disposiciones de las poblaciones indígenas hácia estos
-extranjeros eran muy diversas. Por una parte el sentimiento de
-repulsion y antipatía que producian los judíos por su espíritu de
-aislamiento constante, por<span class="pagenum" id="Page_296">p.
-296</span> su carácter rencoroso, y por sus hábitos insociables,
-se manifestaban de una manera decisiva donde eran más numerosos y
-estaban más organizados<a id="FNanchor_848" href="#Footnote_848"
-class="fnanchor">[848]</a>. Cuando libres, eran realmente séres
-privilegiados porque gozaban de ciertos beneficios de la sociedad,
-sin sufrir sus gravámenes<a id="FNanchor_849" href="#Footnote_849"
-class="fnanchor">[849]</a>. Algunos charlatanes explotaban el
-sentimiento de curiosidad que inspiraba su culto, y bajo el pretexto
-de explicar sus secretos cometian toda clase de pillerías<a
-id="FNanchor_850" href="#Footnote_850" class="fnanchor">[850]</a>.
-Algunos folletos violentos y satíricos, como el de Apion, de los
-cuales los escritores profanos han dado frecuentemente reseñas<a
-id="FNanchor_851" href="#Footnote_851" class="fnanchor">[851]</a>,
-circulaban sirviendo de alimento para excitar la cólera del público
-pagano. Los judíos parecen haber sido en general séres mezquinos, que
-de todo se quejaban. Veíase en ellos á una sociedad secreta, mal
-intencionada para el resto de los hombres, cuyos miembros se vendian
-á cualquier precio en detrimento de los otros<a id="FNanchor_852"
-href="#Footnote_852" class="fnanchor">[852]</a>. Sus costumbres, su
-aversion á ciertos alimentos, su dejadez, su falta de distincion,
-el mal olor que exhalaban<a id="FNanchor_853" href="#Footnote_853"
-class="fnanchor">[853]</a>, sus escrúpulos religiosos, sus
-minuciosidades en la observancia del sábado, se consideraban como
-ridicule<span class="pagenum" id="Page_297">p. 297</span>ces<a
-id="FNanchor_854" href="#Footnote_854" class="fnanchor">[854]</a>. Una
-vez introducido en la sociedad, el judío por una consecuencia natural,
-no tenia cuidado alguno en parecer fino. Por eso se les encontraba
-por todas partes con sus trajes sucios, aire tosco, andar fatigado,
-cara pálida, ojos enfermizos<a id="FNanchor_855" href="#Footnote_855"
-class="fnanchor">[855]</a>, y cierta expresion de beatitud, formando
-sus mujeres grupo á parte, con sus hijas, sus paquetes de mercancías
-y sus canastos que constituian todo su mobiliario<a id="FNanchor_856"
-href="#Footnote_856" class="fnanchor">[856]</a>. En las poblaciones
-ejercian los tráficos más despreciables: mendigos,<a id="FNanchor_857"
-href="#Footnote_857" class="fnanchor">[857]</a> ropavejeros, ó
-vendedores de fósforos<a id="FNanchor_858" href="#Footnote_858"
-class="fnanchor">[858]</a>. Despreciábase injustamente su ley y su
-historia. Tan pronto se les creia supersticiosos<a id="FNanchor_859"
-href="#Footnote_859" class="fnanchor">[859]</a>, y crueles<a
-id="FNanchor_860" href="#Footnote_860" class="fnanchor">[860]</a>;
-como ateos, ó contentadores de los dioses<a id="FNanchor_861"
-href="#Footnote_861" class="fnanchor">[861]</a>. Su aversion hácia las
-imágenes era una prueba de su impiedad. La circuncision sobre todo
-ofrecia asunto para las interminables burlas que se les dirigian<a
-id="FNanchor_862" href="#Footnote_862" class="fnanchor">[862]</a>.</p>
-
-<p>Pero estos juicios superficiales no eran los de to<span
-class="pagenum" id="Page_298">p. 298</span>dos; los judíos
-tenian tantos amigos como detractores; su formalidad, sus buenas
-costumbres, la sencillez de su culto gustaban á mucha gente. Veíase
-en ellos algo de superior. Organizábase una vasta propaganda
-monoteista y mosaica<a id="FNanchor_863" href="#Footnote_863"
-class="fnanchor">[863]</a>; y una especie de torbellino poderoso
-se iba formando al rededor de aquel pequeño pueblo. El pobre
-judío de Trastévere<a id="FNanchor_864" href="#Footnote_864"
-class="fnanchor">[864]</a>, que salia por la mañana con sus mercancías,
-entraba con frecuencia por la noche enriquecido con las limosnas
-procedentes de manos piadosas<a id="FNanchor_865" href="#Footnote_865"
-class="fnanchor">[865]</a>. Sobre todo las mujeres iban en grupos á
-buscar á estos misioneros<a id="FNanchor_866" href="#Footnote_866"
-class="fnanchor">[866]</a>. Juvenal<a id="FNanchor_867"
-href="#Footnote_867" class="fnanchor">[867]</a> califica de vicio la
-inclinacion de las damas de aquella época hácia la religion judía y
-las critica por esto. Las que se habian convertido aseguraban que
-eran completamente felices<a id="FNanchor_868" href="#Footnote_868"
-class="fnanchor">[868]</a> pero el antiguo espíritu helénico y romano
-resistia enérgicamente; el desprecio y el ódio hácia los judíos se
-revela en todos los hombres ilustrados tales como Ciceron, Horacio,
-Séneca, Juvenal, Tácito, Quintiliano y Suetonio<a id="FNanchor_869"
-href="#Footnote_869" class="fnanchor">[869]</a>. Por el contrario,
-aquella enorme masa de poblaciones mezcladas que el imperio habia
-sometido, á las cuales era extraño el espíritu romano y la sabiduría
-helénica, corrian en tropel hácia una sociedad en que encontraban
-ejemplos interesan<span class="pagenum" id="Page_299">p. 299</span>tes
-de concordia, de caridad, de socorros mútuos<a id="FNanchor_870"
-href="#Footnote_870" class="fnanchor">[870]</a>, de simpatía,
-de aficion al trabajo<a id="FNanchor_871" href="#Footnote_871"
-class="fnanchor">[871]</a> y de altiva pobreza. La mendicidad, que fué
-más tarde enteramente cristiana, era entonces completamente judía.
-El mendigo de profesion, <i>formado por su madre</i>, se presentaba
-á la imaginacion de los poetas de aquel tiempo como un judío<a
-id="FNanchor_872" href="#Footnote_872" class="fnanchor">[872]</a>.</p>
-
-<p>La exencion de ciertas cargas civiles y en particular de la
-milicia hacia en cierto modo envidiable la suerte de los judíos<a
-id="FNanchor_873" href="#Footnote_873" class="fnanchor">[873]</a>.
-El Estado entonces pedia muchos sacrificios y daba pocas alegrías
-morales; todo estaba frio y desanimado y la vida tan triste en el seno
-del paganismo, adquiria todo su encanto en la tibia atmósfera de la
-sinagoga y de la iglesia. Allí, sin embargo, no se encontraba libertad
-puesto que los correligionarios se espiaban sin cesar los unos á los
-otros; pero aunque la vida interior de estas pequeñas comunidades
-fuese muy agitada, se gozaba infinitamente: nadie las abandonaba y
-no habia apóstatas. El pobre estaba contento en ellas; miraba sin
-envidia la riqueza y con la tranquilidad de una buena conciencia<a
-id="FNanchor_874" href="#Footnote_874" class="fnanchor">[874]</a>.
-El sentimiento verdaderamente democrático de la locura mundana, de
-la vanidad de las riquezas y de las grandezas profanas, expresábase
-allí claramente. Se ha comprendido poco el mundo pagano y se le
-ha juzgado con demasiada severidad; la civilizacion romana se ha
-presentado como foco de todas las inmoralidades y de vicios<span
-class="pagenum" id="Page_300">p. 300</span> odiosos<a id="FNanchor_875"
-href="#Footnote_875" class="fnanchor">[875]</a>, de la misma manera que
-un obrero de nuestros tiempos, imbuido en las doctrinas socialistas, se
-representa á los <i>aristócratas</i> bajo los más negros colores. Pero
-allí habia animacion, alegría é interés, como sucede hoy dia en las
-más pobres sinagogas de Polonia y de Galitzia. La falta de elegancia y
-delicadeza en las costumbres se compensaba por un agradable espíritu
-de familia y de honradez patriarcal. En la sociedad elevada, por el
-contrario, el egoismo y el aislamiento de las almas habian dado su
-último fruto.</p>
-
-<p>La parábola de Zacarías<a id="FNanchor_876" href="#Footnote_876"
-class="fnanchor">[876]</a> se realizaba: el mundo iba á cogerse de
-los vestidos de los judíos para decirles: «Llevadnos á Jerusalem.» No
-habia poblacion grande donde no se celebrara el sábado, el ayuno y las
-demás ceremonias del judaismo<a id="FNanchor_877" href="#Footnote_877"
-class="fnanchor">[877]</a>. Josefo<a id="FNanchor_878"
-href="#Footnote_878" class="fnanchor">[878]</a> se atreve á invitar
-á los que duden á que consideren el estado de su patria y hasta su
-propia casa, y vean si no se encuentra en ellas la confirmacion de
-lo que dice. La presencia en Roma y cerca del emperador de varios
-miembros de la familia de los Herodes, los cuales practicaban su culto
-delante de todo el mundo<a id="FNanchor_879" href="#Footnote_879"
-class="fnanchor">[879]</a>, contribuia mucho á esta publicidad. El
-sábado, se imponia como una necesidad á las clases menesterosas en
-los barrios donde habia judíos. Su obstinada resistencia en no<span
-class="pagenum" id="Page_301">p. 301</span> abrir las tiendas en
-semejante dia obligaba á los vecinos á modificar sus costumbres, y á
-esto se debe sin duda que en Salónica se observe el sábado aún en la
-actualidad, tanto más cuanto que la poblacion judía es allí demasiado
-numerosa y rica para dejar de imponer la ley y regular el dia del
-descanso cerrando sus despachos.</p>
-
-<p>Así como el judío, á quien con frecuencia acompañaba, el sirio era
-un instrumento activo de la conquista del Occidente por el Oriente<a
-id="FNanchor_880" href="#Footnote_880" class="fnanchor">[880]</a>;
-se le confundia con frecuencia, y Ciceron creia haber encontrado
-el retrato comun á entrambos, llamándoles <i>naciones nacidas
-para la esclavitud</i><a id="FNanchor_881" href="#Footnote_881"
-class="fnanchor">[881]</a>. Esto era lo que les aseguraba el porvenir,
-ya que el porvenir era entonces de los esclavos. El carácter del sirio
-se distinguia principalmente por su volubilidad, su ligereza, y el
-despejo superficial de su espíritu. La naturaleza siria es como una
-imágen fugitiva en las nubes del cielo; por momentos suele trazar
-ciertas líneas con gracia, pero estas líneas, no llegan á formar jamás
-un dibujo completo. En la sombra, á la pálida luz de una lámpara, la
-mujer siria, cubierta con sus velos, con sus miradas vagas y languidez
-infinita, produce alguna ilusion; pero al analizar esta belleza todo se
-evapora, todo es ficticio.</p>
-
-<p>Lo único que la raza siria tiene de agradable, es el niño de cinco
-ó seis años; en la raza griega, por el contrario, el niño es inferior
-al jóven adulto, y éste in<span class="pagenum" id="Page_302">p.
-302</span>ferior al anciano<a id="FNanchor_882" href="#Footnote_882"
-class="fnanchor">[882]</a>. La inteligencia siria halaga por su
-prontitud y ligereza; pero le falta fijeza, solidez; es como ese
-<i>vino de oro</i> del Líbano, que causa un transporte agradable pero
-del cual nos cansamos pronto. Los verdaderos dones de Dios deben
-tener algo á la vez de delicados y de fuertes, de embriagadores y de
-durables. La Grecia es hoy más apreciada que nunca y lo será cada dia
-más y más.</p>
-
-<p>Muchos emigrados sirios á quienes el deseo de hacer fortuna
-llevaba al Occidente estaban más ó menos unidos al judaismo, y los
-que no, permanecian fieles al culto de su ciudad<a id="FNanchor_883"
-href="#Footnote_883" class="fnanchor">[883]</a>, es decir, al recuerdo
-de algun templo dedicado á un <i>Júpiter</i> local<a id="FNanchor_884"
-href="#Footnote_884" class="fnanchor">[884]</a>, que era generalmente
-su Dios supremo, á quien daban algun título particular<a
-id="FNanchor_885" href="#Footnote_885" class="fnanchor">[885]</a>. Esto
-era en el fondo una especie de monoteismo que los sirios encubrian con
-el culto de sus extraños dioses.</p>
-
-<p>Comparados con las personalidades divinas completamente distintas
-entre sí que ofrecia el politeismo griego y romano, los dioses
-de que se trata, en su mayor parte sinónimos del Sol, eran casi
-hermanos del Dios único<a id="FNanchor_886" href="#Footnote_886"
-class="fnanchor">[886]</a>. Semejantes á ciertas melopeas enervan<span
-class="pagenum" id="Page_303">p. 303</span>tes, los cultos sirios
-podian parecer menos áridos, más expresivos que el culto griego, y las
-mujeres de Siria la observaban con cierta exaltacion y voluptuosidad.
-Estas mujeres fueron en todo tiempo séres extraños que fluctuaban
-entre el demonio y Dios, entre la santa y poseida; la santa de
-virtudes severas, de heróicos sacrificios y de firme resolucion,
-pertenece á otras razas y otros climas; la santa de imaginacion
-ardiente, de arrebatos absolutos y de súbitos amores, es la santa
-de Siria. La poseida de nuestra edad media es la esclava de Satanás
-por su humillacion ó sus pecados; la poseida de Siria es la loca por
-idealismo, la mujer que se siente herida en sus sentimientos, que se
-venga con frenesí ó se encierra en el mutismo<a id="FNanchor_887"
-href="#Footnote_887" class="fnanchor">[887]</a> que no espera para
-curarse más que una palabra dulce ó una dulce mirada. Trasportadas al
-mundo occidental, estas Sirias adquirian influencia, algunas veces
-por malas artes de mujer, y otras por cierta superioridad moral y una
-verdadera disposicion. Esto se vió ciento cincuenta años despues,
-cuando los personajes más importantes de Roma se casaron con Sirias,
-las cuales tomaron un gran ascendiente en los asuntos públicos.
-La mujer musulmana de nuestros dias, especie de comadre chillona,
-estúpidamente fanática, que no existiendo sino para el mal, es incapaz
-de virtud alguna, no debe hacernos olvidar á las Julia Domna, á las
-Julia Mæsa, Julia Mamæa y Julia Soemia, que introdujeron en Roma, en
-punto á religion, una toleran<span class="pagenum" id="Page_304">p.
-304</span>cia y unas tendencias místicas desconocidas hasta entonces.
-Lo más notable es, que la dinastía siria se mostró favorable al
-cristianismo, y que Mameo, y más tarde el emperador Felipe el Árabe<a
-id="FNanchor_888" href="#Footnote_888" class="fnanchor">[888]</a>,
-se consideraron como cristianos. En los siglos <span
-class="asc">III</span> y <span class="asc">IV</span>, el cristianismo
-fué por excelencia la religion de Siria; despues de Palestina, Siria
-fué la que tuvo más parte en la fundacion de aquel.</p>
-
-<p>En Roma sobre todo, y durante el primer siglo, fué donde el
-sirio comenzó á desplegar su infatigable actividad: dedicado á los
-más humildes oficios, tales como lacayo, mozo de cuerda, cochero
-etc., el <i>Syrus</i><a id="FNanchor_889" href="#Footnote_889"
-class="fnanchor">[889]</a> entraba por todas partes, introduciendo
-consigo la lengua y las costumbres de su país<a id="FNanchor_890"
-href="#Footnote_890" class="fnanchor">[890]</a>. No tenia la altivez
-ni los conocimientos filosóficos de los Europeos, y mucho menos su
-vigor, pues débil de cuerpo, pálido, atacado con frecuencia por la
-fiebre, sin observar método en las horas de comer y dormir, como
-hacen nuestras robustas razas, alimentándose solo de cebollas y
-otros vegetales, y dedicando muy pocas horas al sueño, el Sirio
-moria jóven y estaba generalmente enfermo<a id="FNanchor_891"
-href="#Footnote_891" class="fnanchor">[891]</a>. Sus cualidades
-dominantes eran la humildad, la dulzura, la afabilidad, poca solidez
-de espíritu y no muy buen sentido, excepto cuando se trataba de sus
-negocios; pero en cambio era muy ardiente, aunque algo afe<span
-class="pagenum" id="Page_305">p. 305</span>minado. Como el Sirio no
-ha tomado nunca parte en la vida política, tiene una aptitud especial
-para todos los asuntos religiosos, y bien puede decirse que ese
-pobre Maronita, afeminado, humilde y andrajoso, ha llevado á cabo
-la más grande de las revoluciones. Su antecesor, el <i>Syrus</i>
-de Roma, fué el que mostró más celo para llevar la buena nueva á
-los afligidos; todos los años iban á Grecia, á Italia y á la Galia,
-colonias enteras de estos Sirios impulsados por su aficion natural
-á los pequeños negocios<a id="FNanchor_892" href="#Footnote_892"
-class="fnanchor">[892]</a>, y era fácil reconocerles en los buques
-por sus numerosas familias, que siempre les seguian, siendo de notar
-en aquellas, sus hermosos niños, sus jóvenes madres, de aspecto
-infantil, siempre risueñas y sumisas al lado de sus esposos<a
-id="FNanchor_893" href="#Footnote_893" class="fnanchor">[893]</a>.
-Las cabezas que se destacan en estos tranquilos cuadros de familia,
-son poco acentuadas, no pueden compararse con las de Arquímedes, de
-Platon, ó de Fidias; pero en cambio, el mercader Sirio al llegar
-á Roma, es un hombre bueno y misericordioso, caritativo con sus
-compatriotas y amante de los pobres; habla con los esclavos y les
-indica un asilo donde estos infelices, reducidos por la dureza de los
-Romanos al más desconsolador aislamiento, puedan encontrar alivio
-y consuelo. Las razas griegas y latinas, razas de señores, que han
-nacido para lo grande, no saben sacar partido de tan humilde posi<span
-class="pagenum" id="Page_306">p. 306</span>cion<a id="FNanchor_894"
-href="#Footnote_894" class="fnanchor">[894]</a>; el esclavo de estas
-razas pasaba su vida en la insubordinacion y el deseo de hacer mal; el
-esclavo ideal de la antigüedad tiene todos los defectos imaginables;
-es goloso, embustero, malo y enemigo natural de su dueño,<a
-id="FNanchor_895" href="#Footnote_895" class="fnanchor">[895]</a> y
-con esto, probaba en cierto modo su nobleza, protestando contra una
-ley opuesta á la naturaleza. El buen Sirio no protestaba; aceptaba
-su ignominia, y á fin de sacar el mejor partido posible, captábase
-la buena voluntad de su amo, se atrevia á hablarle y procuraba
-complacer á su señora. Este gran agente de la democracia iba así
-deshaciendo malla por malla la red de la civilizacion antigua; las
-viejas sociedades, fundadas sobre el desprecio, sobre la desigualdad
-de las razas, sobre el valor militar, estaban perdidas para siempre.
-La debilidad y la humillacion, van á ser una ventaja para el
-perfeccionamiento de la virtud<a id="FNanchor_896" href="#Footnote_896"
-class="fnanchor">[896]</a>; la nobleza romana y la sabiduría griega,
-lucharán aún tres siglos; á Tácito le parecerá bien deportar á
-millares de esos infelices; <i>si interissent, vile damnum</i><a
-id="FNanchor_897" href="#Footnote_897" class="fnanchor">[897]</a>! y
-la aristocracia romana se irritará, llevando á mal tengan sus dioses
-y sus instituciones. Está sin embargo escrito de antemano quién ha de
-alcanzar la victoria; será el Sirio, el pobre hombre que ama á sus
-semejantes, que comparte con ellos lo que tiene y que se asocia con
-ellos; la aristocracia romana tiene que perecer por su impiedad.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_307">p. 307</span>Para explicarnos
-la revolucion que va á realizarse, es necesario darnos cuenta del
-estado político, social, moral, intelectual y religioso del país
-donde el proselitismo judío habia abierto surcos que debia cubrir la
-predicacion cristiana. Espero que este estudio demostrará evidentemente
-que la conversion del mundo á las ideas judías y cristianas, era
-inevitable, y que no es de extrañar más que una cosa: que esa
-conversion se haya verificado con tanta lentitud y tan tarde.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_17">
- <p><span class="pagenum" id="Page_308">p. 308</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XVII.</h2>
- <p class="subh2">Estado del mundo hácia mediados del primer siglo.</p>
-</div>
-
-<div class="sidenote">Año 45</div>
-
-<p>El estado político del mundo era de los más tristes: toda la
-autoridad se hallaba concentrada en Roma y en las legiones, y allí
-tenian lugar las escenas más vergonzosas y degradantes que puedan
-imaginarse. La aristocracia romana que habia conquistado el mundo y
-que al fin se quedó sola al frente de los negocios públicos bajo los
-Césares, se entregaba á una saturnal de crímenes, la más desenfrenada
-que pueda recordar el género humano. César y Augusto comprendieron
-perfectamente al establecer el principado las necesidades de su época;
-el mundo era tan mezquino bajo el punto de vista político, que no
-era posible ningun otro gobierno, y desde que Roma habia conquistado
-provincias sin número, la antigua constitucion fundada sobre el
-privilegio de familias patricias, especie de <i>tories</i> obstinados y
-malévolos, no podia subsistir<a id="FNanchor_898" href="#Footnote_898"
-class="fnanchor">[898]</a>. Pe<span class="pagenum" id="Page_309">p.
-309</span>ro Augusto habia faltado á todos los deberes del verdadero
-político, confiando el porvenir á la casualidad. Sin reglas fijas de
-adopcion, sin ley electoral, sin límites constitucionales, el cesarismo
-era como un peso colosal en el puente de un navío sin lastre. Hacíanse
-inevitables las más terribles sacudidas: tres veces en un siglo, bajo
-Calígula, Neron y Domiciano, recayó en manos de hombres execrables y
-extravagantes el más grande poder que haya existido jamás, y de ahí la
-série de horrores que casi excedieron á los cometidos por los mónstruos
-de las dinastías mongolas.</p>
-
-<p>Entre esos fatales soberanos, se vé uno reducido casi á dispensar
-un Tiberio, que no fué completamente malo sino hácia el fin de su
-vida, y á un Claudio, que solo fué extravagante y se dejó guiar de
-malos consejos: Roma llegó á ser una escuela de corrupcion y crueldad,
-mas es preciso añadir que el mal venia sobre todo de Oriente, de esos
-cortesanos de baja estofa, de esos hombres infames que el Egipto y
-la Siria enviaban á Roma<a id="FNanchor_899" href="#Footnote_899"
-class="fnanchor">[899]</a>, donde aprovechándose de la opresion que
-ejercian los verdaderos romanos, creíanse todos poderosos al lado de
-los bribones que gobernaban. Las más extravagantes ignominias del
-imperio, tales como la apoteosis del emperador y su divinizacion
-cuando aún vivia, procedian del Oriente y sobre todo de Egipto,
-que era entonces uno de los países más corrompidos del Universo<a
-id="FNanchor_900" href="#Footnote_900" class="fnanchor">[900]</a>.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_310">p. 310</span>En efecto el
-verdadero espíritu romano dominaba aún: la nobleza romana estaba muy
-lejos de extinguirse; el orgullo y la virtud se conservaban todavía
-en algunas familias que subieron al poder con Nerva, contribuyendo al
-esplendor del siglo del que Tácito ha sido tan elocuente intérprete.
-No se debia desesperar de una época en que iban á producirse
-hombres tan rectos como Quintiliano, Plinio el Jóven, y Tácito; el
-desbordamiento de la superficie no alcanzó al gran fondo de honradez
-de la buena sociedad romana; algunas familias ofrecian aún ejemplos de
-abnegacion, de órden de concordia y sólida virtud, y aún se encontraban
-admirables esposas y hermanas<a id="FNanchor_901" href="#Footnote_901"
-class="fnanchor">[901]</a>. ¿Puede darse caso más sublime que el de
-aquella jóven y casta Octavia, hija de Claudia, esposa de Neron, que
-conservándose pura al través de todas infamias, fué muerta á los
-veinte y dos años sin haber experimentado jamás un momento de alegría?
-Las mujeres calificadas en las inscripciones de <i>castissimæ</i>,
-<i>univiræ</i> no son raras<a id="FNanchor_902" href="#Footnote_902"
-class="fnanchor">[902]</a>:<span class="pagenum" id="Page_311">p.
-311</span> muchas esposas acompañaron á sus maridos al destierro<a
-id="FNanchor_903" href="#Footnote_903" class="fnanchor">[903]</a>;
-otras compartieron su noble muerte<a id="FNanchor_904"
-href="#Footnote_904" class="fnanchor">[904]</a>; conservábase la
-antigua sencillez romana; era esmerada la educacion de los hijos,
-y las más nobles mujeres trabajaban en toda clase de labores<a
-id="FNanchor_905" href="#Footnote_905" class="fnanchor">[905]</a>.
-Los cuidados del tocador eran casi desconocidos en algunas familias<a
-id="FNanchor_906" href="#Footnote_906" class="fnanchor">[906]</a>.</p>
-
-<p>Los excelentes hombres de Estado, que por decirlo así, salieron de
-la tierra en tiempo de Trajano, no se improvisaron, habian servido
-en los reinados anteriores, solo que tuvieron poca influencia para
-ponerse en pugna con los favoritos del emperador. Tambien bajo Neron
-ocuparon los más elevados cargos hombres de gran valía, pero con
-aquellos malos emperadores no era dable cambiar la marcha general de
-los negocios ni los principios del Estado. El imperio no obstante lejos
-de haber entrado en el período de la decadencia, ostentábase en toda
-la fuerza de la más robusta juventud; la decadencia no debia venir
-hasta doscientos años más tarde, y ¡cosa extraña! con soberanos mucho
-mejores. Bajo el punto de vista político, la situacion era análoga
-á la de Francia, que careciendo desde la Revolucion de una regla
-constantemente seguida en la sucesion de los poderes, puede atravesar
-críticos períodos sin que su organizacion interior y su fuerza nacional
-se resientan demasiado.<span class="pagenum" id="Page_312">p.
-312</span> Bajo el punto de vista moral, se puede comparar el tiempo
-de que hablamos con el siglo <span class="asc">XVIII</span>, época
-que se creeria del todo corrompida si se la juzgase por las memorias,
-la literatura manuscrita y las colecciones de anécdotas, y en que
-sin embargo ciertas familias son tan austeras en sus costumbres<a
-id="FNanchor_907" href="#Footnote_907" class="fnanchor">[907]</a>.</p>
-
-<p>La filosofía haciendo alianza con las familias romanas más honradas
-se resistia noblemente; la escuela estóica producia personajes notables
-como Cremucio Cordo, Trásea, Arria, Helvidio Prisco, Anneo Cornuto y
-Musonio Rufo, maestros admirables de aristocrática virtud. La rigidez
-y exageraciones de aquella escuela provenian de la horrible crueldad
-del gobierno de los Césares; el sentimiento perpétuo del hombre de
-bien era endurecerse en los suplicios y prepararse á la muerte<a
-id="FNanchor_908" href="#Footnote_908" class="fnanchor">[908]</a>.
-Lucano, con mal gusto, Persio, con un talento superior, expresaban los
-más altos sentimientos de un alma grande; Séneca el Filósofo, Plinio
-el Viejo y Papirio Fabiano, eran modelo de ciencia y filosofía. Habia
-hombres sabios, pero con frecuencia no les quedaba más recurso que
-morir; los miembros más innobles de la humanidad dominaban á veces
-la situacion; el vértigo de la crueldad más refinada se desbordaba
-en ciertas ocasiones, convirtiendo á Roma en un verdadero infierno<a
-id="FNanchor_909" href="#Footnote_909" class="fnanchor">[909]</a>.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_313">p. 313</span>Aquel gobierno,
-tan notablemente desigual en Roma, era mucho mejor en las provincias
-donde se notaban poco las sacudidas que conmovian la capital. Á pesar
-de sus defectos, la administracion romana valia más que las monarquías
-y las repúblicas suprimidas por la conquista; la época de las
-municipalidades soberanas habia pasado hacia siglos, pues los pequeños
-Estados fueron destruyéndose á sí mismos por su egoismo, su ignorancia
-y su envidia. La antigua vida griega, reducida á continuas luchas,
-no satisfacia ya á nadie, pues si bien fué en un tiempo deliciosa,
-aquel brillante olimpo formado de una democracia de semidioses, habia
-perdido su frescura y lozanía convirtiéndose en un conjunto seco,
-insignificante, vano y superficial. Esto es lo que constituyó la
-legitimidad de la dominacion macedoniana y luego de la administracion
-romana: el imperio no conocia los efectos de la centralizacion, y hasta
-el tiempo de Diocleciano dejó á las provincias y á las ciudades mucha
-libertad. En Palestina, en Siria, en el Asia Menor, en la pequeña
-Armenia y en la Tracia, existian bajo la proteccion de Roma reinos
-casi independientes que no fueron un peligro desde Calígula, sino
-porque no se tuvo cuidado de observar con ellos las reglas trazadas
-por la grande y profunda política de Augusto<a id="FNanchor_910"
-href="#Footnote_910" class="fnanchor">[910]</a>. Las ciudades libres,
-que eran muy numerosas, se gobernaban segun sus leyes, disponiendo
-del poder legislativo y de todas las magistraturas de un Estado
-autónomo, y hasta el siglo<span class="pagenum" id="Page_314">p.
-314</span> tercero los decretos municipales se expedian con la
-siguiente fórmula: <i>El senado y el pueblo</i><a id="FNanchor_911"
-href="#Footnote_911" class="fnanchor">[911]</a>. Los teatros no
-servian solo para recrearse en la escena, sino que eran focos de
-política y de movimiento; la mayor parte de las ciudades podian
-considerarse por varios conceptos como pequeñas repúblicas, y no habian
-perdido sino el derecho de declararse la guerra,<a id="FNanchor_912"
-href="#Footnote_912" class="fnanchor">[912]</a> derecho funesto que
-habia convertido el mundo en un campo de batalla. Los beneficios
-del pueblo romano hácia la humanidad, constituian el tema de
-aduladoras declamaciones que no carecian sin embargo de sinceridad<a
-id="FNanchor_913" href="#Footnote_913" class="fnanchor">[913]</a>.
-El culto de la «paz romana»<a id="FNanchor_914" href="#Footnote_914"
-class="fnanchor">[914]</a>, la idea de una gran democracia,
-organizada bajo la tutela de Roma, constituian el fondo de
-todos los pensamientos<a id="FNanchor_915" href="#Footnote_915"
-class="fnanchor">[915]</a> y discusiones, y un orador griego desplegó
-una vasta erudicion para probar que la gloria de Roma, debia ser
-acogida por todas las ramas de la raza Helénica, como una especie
-de patrimonio comun<a id="FNanchor_916" href="#Footnote_916"
-class="fnanchor">[916]</a>. Por lo que hace á la Siria, al Asia Menor
-y al Egipto, puede decirse que la conquista romana no destruyó su
-libertad, porque estos países estaban muertos hacia mucho tiempo para
-la vida política ó no la habian conocido nunca.</p>
-
-<p>En suma, á pesar de las exacciones de los gobernadores, y las
-violencias inseparables de un gobierno ab<span class="pagenum"
-id="Page_315">p. 315</span>soluto, el mundo no habia sido nunca tan
-feliz como hasta entonces bajo muchos conceptos. Era tan ventajosa una
-administracion que procediese de un centro lejano, que aun las rapiñas
-de los pretores de los últimos tiempos de la república no bastaron para
-hacerla odiosa.</p>
-
-<p>Por otra parte, la ley <i>Julia</i>, habia limitado mucho los abusos
-y las concusiones; las locuras ó crueldades del emperador, exceptuando
-á Neron, no contagiaron sino á la aristocracia romana y á la camarilla
-del príncipe, y jamás vivieron más á gusto los hombres que no querian
-ocuparse de la política. Las repúblicas de la antigüedad, en que cada
-uno se veia obligado á ocuparse de las disensiones de los partidos<a
-id="FNanchor_917" href="#Footnote_917" class="fnanchor">[917]</a>, no
-eran nada convenientes para la vida tranquila, pues á cada momento
-se encontraba uno comprometido ó proscripto; pero la época de que
-vamos hablando era la más á propósito para el proselitismo ó las
-rivalidades de la dinastía. Los atentados contra la libertad provenian
-de un resto de independencia en las provincias, más bien que de
-la administracion romana<a id="FNanchor_918" href="#Footnote_918"
-class="fnanchor">[918]</a>. Ya hemos tenido y tendremos aún ocasion de
-demostrar esto en nuestra historia.</p>
-
-<p>En aquellos países donde no existian hacia siglos las necesidades
-políticas y que solo se veian privadas del derecho de desgarrarse
-en continuas guerras, el imperio fué una era de prosperidad
-y bienestar como ja<span class="pagenum" id="Page_316">p.
-316</span>más se ha conocido<a id="FNanchor_919" href="#Footnote_919"
-class="fnanchor">[919]</a>, y aun puede decirse de libertad. Por una
-parte, llegó á ser posible la libertad del comercio y de la industria,
-de que no tenian idea las repúblicas griegas; por otra, la libertad
-del pensamiento se estableció bajo un nuevo régimen; libertad que
-puede aplicar mejor un rey ó un príncipe, que no la gente ignorante
-y envidiosa, y que no tuvieron las antiguas repúblicas. Los griegos
-hicieron sin esto grandes cosas merced á su incomparable genio, pero
-no debe olvidarse que Atenas tenia su inquisicion<a id="FNanchor_920"
-href="#Footnote_920" class="fnanchor">[920]</a>. El inquisidor era
-el arconte-rey; el santo oficio el pórtico real, de donde salian las
-acusaciones de «impiedad,» por cierto muy numerosas. No solo los
-delitos filosóficos, tales como negar á Dios ó á la Providencia,
-sino tambien los más insignificantes atentados contra los cultos,
-la predicacion de las religiones extranjeras y las más pueriles
-infracciones contra la escrupulosa legislacion de los misterios, eran
-crímenes que llevaban consigo la muerte. Los dioses que Aristófanes
-ridiculizaba en la escena, mataban algunas veces, y la prueba es
-que quitaron la vida á Sócrates y que Alcibiades estuvo á punto de
-perder la suya. Anaxágoras, Protágoras, Teodoro el Ateo, Diágoras
-de Melos, Pródico de Céos, Estilpon, Aristóteles, Theophrasto,
-Aspasia y Eurípides<a id="FNanchor_921" href="#Footnote_921"
-class="fnanchor">[921]</a>, se vieron tambien perseguidos. La
-libertad de pensar fué en suma el fruto de las soberanías salidas
-de la con<span class="pagenum" id="Page_317">p. 317</span>quista
-macedoniana; los Atales y Ptolomeos fueron los primeros que facilitaron
-á los hombres pensadores las ventajas que nunca les ofrecieran las
-antiguas repúblicas; el imperio romano seguia la misma tradicion;
-y si es cierto que bajo él se cometió contra los filósofos más de
-un acto arbitrario, esto era debido á que se ocupaban de política<a
-id="FNanchor_922" href="#Footnote_922" class="fnanchor">[922]</a>.
-Inútilmente se buscaria en la coleccion de las leyes romanas
-anteriores á Constantino, un texto contra la libertad de pensar; y
-en la historia de los emperadores, un proceso de doctrina abstracta;
-no se molestó á ningun sabio, y hombres que la edad media hubiese
-quemado, tales como Galeno, Luciano y Plotino, vivieron tranquilos
-protegidos por la ley. El imperio inauguró tal período de libertad
-en este sentido, que destruyó la soberanía absoluta de la familia,
-de la sociedad y de la tribu, reemplazando todas estas con la del
-Estado. Ahora bien, un poder absoluto es tanto más vejatorio cuanto
-que se ejerce en un círculo más limitado; las repúblicas antiguas y
-el feudalismo, tiranizaron al individuo mucho más que el Estado, y si
-bien es cierto que el imperio romano persiguió sin tregua en ciertas
-épocas al cristianismo<a id="FNanchor_923" href="#Footnote_923"
-class="fnanchor">[923]</a>, al menos no le contuvo en su carrera,
-lo cual no hubiera sucedido seguramente con las repúblicas. Á no
-ser por la opresion de la autoridad romana, el judaismo hubiera
-bastado para ahogarle; los magistrados romanos<a id="FNanchor_924"
-href="#Footnote_924" class="fnanchor">[924]</a> fueron<span
-class="pagenum" id="Page_318">p. 318</span> los que impidieron á los
-fariseos matar al cristianismo.</p>
-
-<p>Elevadas ideas de fraternidad universal, hijas en su mayor
-parte del estoicismo<a id="FNanchor_925" href="#Footnote_925"
-class="fnanchor">[925]</a>, y una especie de sentimiento humanitario,
-eran el fruto del régimen menos limitado y de la educacion menos
-exclusiva á que se sometia al individuo<a id="FNanchor_926"
-href="#Footnote_926" class="fnanchor">[926]</a>. Soñábase con una
-nueva era y nuevos mundos<a id="FNanchor_927" href="#Footnote_927"
-class="fnanchor">[927]</a>: la riqueza pública era grande y á pesar de
-la imperfeccion de las doctrinas económicas de la época, habia poca
-miseria; las costumbres no eran lo que se cree con frecuencia, si bien
-es cierto que en Roma reinaba el vicio con un cinismo repugnante<a
-id="FNanchor_928" href="#Footnote_928" class="fnanchor">[928]</a>,
-siendo principalmente los espectáculos un foco de espantosa
-corrupcion. Ciertos países como el Egipto habian descendido tambien
-al último grado de abyeccion; pero hallábase en la mayor parte de
-las provincias una clase media, modelo de bondad, de fé conyugal, de
-virtud doméstica y de honradez<a id="FNanchor_929" href="#Footnote_929"
-class="fnanchor">[929]</a>. ¿Existe en alguna parte un ideal
-de la vida de familia, <span class="pagenum" id="Page_319">p.
-319</span>más encantador que el que Plutarco nos ha dejado? ¡Qué buena
-fé, qué dulzura de costumbres, qué castidad y amable sencillez<a
-id="FNanchor_930" href="#Footnote_930" class="fnanchor">[930]</a>!
-Queronea no era seguramente el único punto donde fuese tan ejemplar é
-inocente la vida.</p>
-
-<p>Por lo demás, las costumbres, aun fuera de Roma, tenian algo de
-crueles, ya por efecto de las costumbres antiguas tan sanguinarias en
-todas partes, ó bien por la influencia especial de la dureza romana;
-pero ya se iba progresando en este punto. ¿Qué sentimiento dulce y
-puro, qué impresion de melancólica ternura no hallaron bajo la pluma de
-Virgilio ó de Tíbulo su expresion más delicada? El mundo iba perdiendo
-su dureza y su primitivo rigor, adquiriendo en cambio sensibilidad
-y buenos sentimientos; las máximas humanitarias se propagaban<a
-id="FNanchor_931" href="#Footnote_931" class="fnanchor">[931]</a> por
-todas partes; el estoicismo<a id="FNanchor_932" href="#Footnote_932"
-class="fnanchor">[932]</a> predicaba por do quiera la igualdad, y la
-idea abstracta de los derechos del hombre; la mujer, gracias al sistema
-dotal del derecho romano, iba siendo cada vez más dueña de sí misma, y
-los preceptos acerca del modo de tratar á los esclavos se elevaban<a
-id="FNanchor_933" href="#Footnote_933" class="fnanchor">[933]</a>.
-Séneca comia con los suyos<a id="FNanchor_934" href="#Footnote_934"
-class="fnanchor">[934]</a>; el esclavo no es ya ese sér grotes<span
-class="pagenum" id="Page_320">p. 320</span>co y malo que la
-comedia latina introduce para excitar la risa, y que Caton
-recomienda sea tratado como una bestia de carga<a id="FNanchor_935"
-href="#Footnote_935" class="fnanchor">[935]</a>. Ahora los tiempos
-han cambiado mucho: el esclavo es moralmente igual á su amo; se
-admite que sea capaz de tener virtud, fidelidad y abnegacion,
-y da pruebas de ello<a id="FNanchor_936" href="#Footnote_936"
-class="fnanchor">[936]</a>; las preocupaciones sobre la nobleza de
-nacimiento desaparecen<a id="FNanchor_937" href="#Footnote_937"
-class="fnanchor">[937]</a>, estableciéndose leyes muy humanas
-y equitativas aun en tiempos de los emperadores más malos<a
-id="FNanchor_938" href="#Footnote_938" class="fnanchor">[938]</a>.
-Tiberio, que era un hábil hacendista, fundó bajo excelentes bases un
-establecimiento de crédito<a id="FNanchor_939" href="#Footnote_939"
-class="fnanchor">[939]</a>.</p>
-
-<p>Neron introdujo en el sistema de los impuestos, hasta entonces
-inícuo y bárbaro, perfeccionamientos que envidiaria nuestra época<a
-id="FNanchor_940" href="#Footnote_940" class="fnanchor">[940]</a>;
-y por último, el progreso de la legislacion era notable por más
-que la pena de muerte se prodigara aún estúpidamente. El amor al
-pobre, la simpatía hácia todos, y la caridad, constituian las
-principales virtudes<a id="FNanchor_941" href="#Footnote_941"
-class="fnanchor">[941]</a>.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_321">p. 321</span>El teatro era uno
-de los escándalos más insoportables para las gentes honradas, y una
-de las primeras causas que excitaron la antipatía de los judíos y de
-los judaizantes de toda especie contra la civilizacion profana de la
-época. Parecíales el teatro una cloaca inmunda donde se desarrollaban
-todos los vicios, y en tanto que en las primeras filas se aplaudia
-frenéticamente, los espectadores de las gradas no podian menos de dar
-á conocer su repugnancia. En las provincias tenian lugar las luchas de
-gladiadores, pero inspiraban cierta aversion, y los países helénicos
-que las reprobaban, continuaron celebrando con más frecuencia los
-antiguos ejercicios griegos<a id="FNanchor_942" href="#Footnote_942"
-class="fnanchor">[942]</a>; los juegos sangrientos tuvieron siempre
-en Oriente un carácter romano muy pronunciado<a id="FNanchor_943"
-href="#Footnote_943" class="fnanchor">[943]</a>, y dícese que
-habiendo querido los atenienses, por emulacion contra los corintios<a
-id="FNanchor_944" href="#Footnote_944" class="fnanchor">[944]</a>,
-imitar estos juegos bárbaros, levantóse un filósofo y pidió
-que se derribase el altar de la Piedad<a id="FNanchor_945"
-href="#Footnote_945" class="fnanchor">[945]</a>. El horror al teatro,
-al estadio y al gimnasio, es decir, á los sitios públicos, y á todo lo
-que constituia esencialmente una vida griega y romana, fué por estas
-razones uno de los sentimientos más profundos de los cristianos, y uno
-de los que produjeron consecuencias de más importancia. La civilizacion
-antigua era una civilizacion<span class="pagenum" id="Page_322">p.
-322</span> pública; las cosas pasaban al aire libre ante los ciudadanos
-reunidos, sucedia lo contrario que en nuestras sociedades donde la vida
-es privada y todo se hace de puertas adentro. El teatro habia heredado
-del <i>ágora</i> y del <i>forum</i>; el anatema lanzado sobre el teatro
-cayó sobre toda la sociedad; establecióse una rivalidad profunda
-entre la Iglesia por una parte y los juegos públicos por la otra, y
-expulsados de estos el esclavo, se refugió en el templo. No me he
-sentado nunca en aquellas solitarias arenas, que son siempre los restos
-mejor conservados de una ciudad antigua, sin haber visto mentalmente
-la lucha de dos mundos; aquí el hombre honrado, medio cristiano,
-sentado en la última grada de un teatro y tapándose el rostro para
-ocultar su vergüenza é indignacion, y allí un filósofo levantándose de
-pronto para echar en cara á la multitud su bajeza<a id="FNanchor_946"
-href="#Footnote_946" class="fnanchor">[946]</a>. Estos ejemplos
-eran raros en el primer siglo, mas no obstante, las protestas<a
-id="FNanchor_947" href="#Footnote_947" class="fnanchor">[947]</a>
-iban produciendo su efecto y el teatro empezaba á ser muy mal visto<a
-id="FNanchor_948" href="#Footnote_948" class="fnanchor">[948]</a>.</p>
-
-<p>La legislacion y las reglas administrativas del imperio eran todavía
-un verdadero caos: el despotismo central, las franquicias municipales
-y provinciales, el capricho de los gobernadores, y las violencias
-de las comunidades independientes chocaban entre sí de una<span
-class="pagenum" id="Page_323">p. 323</span> manera extraña, pero la
-libertad religiosa dominaba estos conflictos, si bien la perfecta
-administracion unitaria que se estableció desde Trajano, habia de
-ser mucho más fatal para el culto naciente que el estado irregular
-desordenado y sin rigurosa política del tiempo de los Césares.</p>
-
-<p>Las instituciones benéficas, fundadas bajo el principio de
-que el Estado tiene deberes paternales para con sus miembros, no
-se desarrollaron en grande escala sino desde Nerva y Trajano<a
-id="FNanchor_949" href="#Footnote_949" class="fnanchor">[949]</a>,
-aun cuando se encuentran algunos vestigios de aquellas en
-el siglo primero<a id="FNanchor_950" href="#Footnote_950"
-class="fnanchor">[950]</a>, puesto que ya se facilitaban
-socorros á los niños<a id="FNanchor_951" href="#Footnote_951"
-class="fnanchor">[951]</a> y alimento á los indigentes, y se tomaban
-precauciones para asegurar el abastecimiento, facilitándose tambien
-bonos de pan que permitian comprar el trigo á un precio reducido<a
-id="FNanchor_952" href="#Footnote_952" class="fnanchor">[952]</a>.
-Todos los emperadores, sin excepcion, demostraron la mayor solicitud
-en aquellas cuestiones, secundarias si se quiere, pero que en ciertas
-épocas se anteponen á las demás. En la remota antigüedad, puede
-decirse que el mundo no necesitaba caridad; pues siendo entonces
-jóven y valiente hacíase inútil el hospital; la buena y sencilla
-moral homérica, segun la que, el huésped y el mendigo vie<span
-class="pagenum" id="Page_324">p. 324</span>nen de parte de Júpiter<a
-id="FNanchor_953" href="#Footnote_953" class="fnanchor">[953]</a>,
-es la moral de los robustos y alegres adolescentes. En su edad
-clásica, la Grecia anunció las más exquisitas máximas de piedad,
-de humanidad y beneficencia para que desapareciese la inquietud
-social ó la melancolía<a id="FNanchor_954" href="#Footnote_954"
-class="fnanchor">[954]</a>, y en aquella época el hombre disfrutaba
-aún de felicidad y salud. Respecto á las instituciones de socorros
-mútuos, los griegos las tuvieron mucho antes que los romanos<a
-id="FNanchor_955" href="#Footnote_955" class="fnanchor">[955]</a>;
-bien es verdad que de aquella cruel nobleza que ejerció durante la
-república tan indigna opresion, no salió nunca ninguna disposicion
-liberal ó benévola. En aquel tiempo las colosales fortunas de la
-aristocracia, el lujo, las grandes aglomeraciones de hombres en ciertos
-puntos, y sobre todo la dureza de corazon particular de los Romanos,
-y su aversion á la piedad<a id="FNanchor_956" href="#Footnote_956"
-class="fnanchor">[956]</a>, dieron orígen al «pauperismo»; y mientras
-las complacencias de ciertos emperadores hácia la canalla de Roma
-no hacia más que agravar el mal, los <i>tesserae frumentariae</i>
-estimulaban el vicio y la ociosidad, en vez de buscar un remedio para
-la miseria. En esto, como en otras muchas cosas, el Oriente tenia
-sobre el mundo occidental una superioridad real y efectiva; los judíos
-poseian verdaderas instituciones caritativas; parece que los templos
-de Egipto habian tenido algunas veces una caja para los pobres<a
-id="FNanchor_957" href="#Footnote_957" class="fnanchor">[957]</a>;
-la casa de reclusos y reclusas del Se<span class="pagenum"
-id="Page_325">p. 325</span>rapeo de Menfis<a id="FNanchor_958"
-href="#Footnote_958" class="fnanchor">[958]</a>, era tambien en cierto
-modo un establecimiento de caridad, y en fin, puede decirse que la
-crísis terrible que atravesaba la capital del Imperio, se dejaba sentir
-poco en los países lejanos, donde la vida era más tranquila. Roma
-merecia por muchos conceptos que se la acusara de haber envenenado
-la tierra, comparándola con una cortesana que habia escandalizado al
-mundo con su inmoralidad<a id="FNanchor_959" href="#Footnote_959"
-class="fnanchor">[959]</a>. La provincia valia más que Roma, ó más
-bien, los elementos impuros que de todas partes afluian á la gran
-ciudad, habíanla convertido en un foco infecto donde se ahogaban
-las antiguas virtudes romanas, mientras las buenas semillas se iban
-desarrollando muy lentamente.</p>
-
-<p>El estado intelectual de las diversas partes del Imperio era
-asimismo muy poco satisfactorio: bajo este punto de vista reinaba una
-verdadera decadencia. Cultivar el talento, no es tan independiente de
-las circunstancias políticas como lo es cultivar la moral privada:
-Marco Aurelio fué ciertamente un hombre más de bien que todos los
-antiguos filósofos griegos, y sin embargo sus nociones positivas
-sobre las variedades del universo son inferiores á las de Aristóteles
-y Epicuro, pues cree por momentos en los Dioses, en los sueños y en
-los presagios, figurándose que los primeros son personajes completos
-y distintos. En la época romana, hubo en el mundo un progreso
-de moralidad á la vez que un período de decadencia científica:
-decadencia muy notable particularmente entre Tiberio y Nerva. El<span
-class="pagenum" id="Page_326">p. 326</span> genio griego, con una
-originalidad, una fuerza, una riqueza á que nada igualó jamás, habia
-creado hacia siglos la enciclopedia racional y la disciplina normal
-del espíritu, movimiento maravilloso, que datando de Thales y de las
-primeras escuelas de Jonia, (seiscientos años antes de Jesucristo),
-se detuvo en su carrera hácia el año 120 antes de Jesucristo. Los
-últimos personajes de estos últimos cinco siglos en que tanto brilló
-el genio, Apolonio, Eratóstenes, Aristarco, Heron, Arquímedes,
-Heppareo, Crisipo, Carnéades y Panecio, habian muerto sin dejar
-sucesores, y no veo sino Posidonio y algunos astrónomos que continúan
-aún las antiguas tradiciones de Alejandría, de Rodas y de Pérgamo.
-La Grecia, tan hábil para crear, no supo establecer, á pesar de su
-ciencia y de su filosofía, una enseñanza popular como remedio contra
-las supersticiones, y poseyendo en su seno admirables institutos
-científicos, el Egipto, el Asia Menor y la Grecia, dejábanse dominar
-por las más absurdas creencias. Ahora bien, cuando la ciencia no llega
-á dominar á la supersticion, la supersticion ahoga á la ciencia; entre
-estas dos fuerzas opuestas el duelo es á muerte.</p>
-
-<p>Al adoptar Italia la ciencia griega, supo por un momento darle
-nueva expresion: Lucrecio dió el modelo del gran poema filosófico,
-á la vez himno y blasfemia inspirando á un tiempo la serenidad y la
-desesperacion, penetrada de ese sentimiento profundo del destino humano
-que siempre faltó á los griegos, los cuales como verdaderos niños que
-eran, tomaban la vida tan alegremente que nunca pensaron en maldecir
-á los Dio<span class="pagenum" id="Page_327">p. 327</span>ses, ni
-juzgaron á la naturaleza injusta y pérfida hácia el hombre. Los
-filósofos latinos se entregaron á más graves reflexiones, pero así como
-la Grecia, Roma no supo sacar de la ciencia la base de una educacion
-popular. En tanto que Ciceron perfeccionaba con exquisito tacto las
-ideas que tomara de los Helenos, mientras que Lucrecio escribia su
-asombroso poema, mientras que Horacio confesaba á Augusto su franca
-incredulidad, y que Ovidio, uno de los poetas más galanes de la época,
-criticaba á guisa de elegante libertino las fábulas más respetables;
-y por último, en tanto que los grandes históricos deducian las
-consecuencias prácticas de la filosofía griega, dábase crédito á las
-más locas quimeras, y la fé en lo maravilloso no reconocia límites. En
-ninguna época se ocuparon más de las profecías y de los prodigios<a
-id="FNanchor_960" href="#Footnote_960" class="fnanchor">[960]</a>:
-el bello deismo ecléctico de Ciceron<a id="FNanchor_961"
-href="#Footnote_961" class="fnanchor">[961]</a>, continuado y
-perfeccionado por Séneca<a id="FNanchor_962" href="#Footnote_962"
-class="fnanchor">[962]</a>, era la creencia de un escaso número de
-inteligencias elevadas que no ejercieron accion alguna en su siglo.</p>
-
-<p>El imperio, hasta Vespasiano, no tuvo nada que pudiera llamarse
-instruccion pública<a id="FNanchor_963" href="#Footnote_963"
-class="fnanchor">[963]</a>; lo que hubo más tarde en este género se
-limitó á simples conocimientos gramaticales, y bien pronto reinó un
-período de gene<span class="pagenum" id="Page_328">p. 328</span>ral
-decadencia. En las últimas épocas del gobierno republicano y en el
-reinado de Augusto brilló como nunca la literatura, pero despues de
-la muerte del gran emperador, la decadencia es rápida ó mejor dicho
-súbita. La sociedad inteligente y culta de los Cicerones, de los
-Áticos, de los Césares, de los Mecenas, de los Agrippas y de los
-Poliones, habia desaparecido cual fantástica vision, si bien es cierto
-que aún quedaban hombres ilustrados, hombres entendidos en la ciencia
-de su época, que ocupaban elevadas posiciones sociales, tales como los
-Sénecas y la sociedad literaria de que eran el centro y en la cual
-se contaban Lucilio, Galion y Plinio. El cuerpo del derecho romano,
-que es la filosofía misma en código, y la aplicacion en la práctica
-del racionalismo griego, continuaban su magestuoso progreso y las
-grandes familias romanas habian conservado un fondo de religion y los
-más nobles sentimientos, inspirándoles horror las supersticiones<a
-id="FNanchor_964" href="#Footnote_964" class="fnanchor">[964]</a>.
-Los geógrafos Estrabon y Pomponio Mela, el médico y enciclopedista
-Celso, el botánico Dioscórides y el jurisconsulto Sempronio Próculo,
-eran cabezas muy bien organizadas, pero estas podian considerarse como
-excepciones, y fuera de algunos hombres de reconocida ilustracion,
-hallábase el mundo sumido en la más completa ignorancia de las
-leyes de la naturaleza<a id="FNanchor_965" href="#Footnote_965"
-class="fnanchor">[965]</a>. La credulidad era una enfermedad<span
-class="pagenum" id="Page_329">p. 329</span> general<a id="FNanchor_966"
-href="#Footnote_966" class="fnanchor">[966]</a>; los conocimientos
-literarios se reducian á una retórica hueca que nada enseñaba, y la
-direccion esencialmente moral y práctica que la filosofía habia tomado,
-oponíase á las grandes especulaciones. Los conocimientos humanos, si
-se exceptúa la geografía, no adelantaban nada. El hombre instruido
-por aficion reemplazaba al sabio creador, y el supremo defecto de
-los romanos influia fatalmente en todas las cosas. Aquel pueblo, tan
-grande para el imperio, era secundario por el espíritu; los romanos
-más instruidos, tales como Lucrecio, Vitruvio, Celso, Plinio y Séneca,
-á pesar de sus conocimientos positivos, podian considerarse como
-discípulos de los griegos<a id="FNanchor_967" href="#Footnote_967"
-class="fnanchor">[967]</a>. Roma no tuvo nunca ninguna gran escuela
-científica; el charlatanismo reinaba sin oposicion, y por último la
-literatura latina que seguramente tuvo períodos admirables, floreció
-poco tiempo y no salió del mundo occidental<a id="FNanchor_968"
-href="#Footnote_968" class="fnanchor">[968]</a>.</p>
-
-<p>Felizmente la Grecia conservó su genio; el prodigioso brillo
-del poder de los romanos la habia deslumbrado y aturdido, pero no
-aniquilado, y dentro de cincuenta años habrá reconquistado el mundo,
-será de nuevo la reina de todos los que piensan y podrá sentarse en el
-trono con los Antoninos. Por ahora la Grecia se halla entregada á una
-de sus horas de abandono y de cansancio; el genio es raro y la ciencia
-original é inferior á lo que habia sido en los siglos precedentes la
-escuela de Alejandría, que hacia dos siglos<span class="pagenum"
-id="Page_330">p. 330</span> habia entrado en el período de decadencia,
-aun cuando en la época de César poseia á Sosígenes, ha enmudecido
-completamente.</p>
-
-<p>Así pues desde la muerte de Augusto hasta el advenimiento de
-Trajano, nos encontramos con un período de abatimiento momentáneo
-para el espíritu humano; el mundo antiguo estaba muy lejos de haber
-dicho su última palabra de despedida, pero las pruebas crueles por que
-atravesaba privábanle de voz y corazon. Luego vienen dias mejores, y
-libre el espíritu del régimen desconsolador de los Césares, adquiere
-nueva vida: Epicteto, Plutarco, Dion Crisóstomo, Quintiliano, Tácito,
-Plinio el Jóven, Juvenal, Rufo de Éfeso, Areteo, Galeno, Ptolomeo,
-Hipsicles, Theon y Luciano, reprodujeron los más hermosos dias de la
-Grecia; no de esa Grecia inimitable que solo ha existido una vez para
-desesperacion y encanto de los que aman lo bello, sino de otra, que
-confundiendo sus dones con los del espíritu romano, producirá frutos
-nuevos llenos de originalidad.</p>
-
-<p>Por lo general se tenia muy mal gusto; los grandes escritores
-griegos escaseaban, y los latinos que conocemos, á excepcion del
-satírico Persio, son medianos y sin genio, pues la declamacion lo
-echaba todo á perder. El principio por el cual juzgaba el público
-las obras del entendimiento era poco más ó menos el mismo que en
-nuestra época; buscábanse tan solo los golpes de efecto; la palabra
-no era ya la expresion sencilla del pensamiento, ni consistia la
-elegancia de la frase en su perfecta proporcion con la idea que
-se<span class="pagenum" id="Page_331">p. 331</span> queria expresar;
-cultivábase la palabra por sí misma, y el objeto de un autor al
-escribir era demostrar su talento. Apreciábase la excelencia de un
-recitado ó lectura pública por el número de palabras aplaudidas, y
-olvidábase completamente el gran principio segun el cual, en puntos
-de arte todo debe servir para el adorno, siendo malo lo que se busca
-para él expresamente. En resúmen, puede decirse que era aquella una
-época literaria, si se atiende á que todos hablaban de elocuencia ó de
-buen estilo, aunque en el fondo todos escribian mal; no habia un solo
-orador, pues los buenos oradores y escritores, son gentes que no hacen
-un oficio de lo uno ni de lo otro. En el teatro, absorbia la atencion
-el primer actor; suprimíanse muchas piezas para no recitar sino los
-trozos de gran efecto que eran las <i>cantica</i>; el espíritu de
-la literatura era un «diletantismo» que dominaba hasta á los mismos
-emperadores, una necia vanidad que excitaba á todos á probar que tenian
-talento, y de ahí las insustanciales é interminables «Teseidas,»
-los dramas compuestos para ser leidos en sociedad y toda esa vana
-ostentacion poética que no puede compararse sino con las epopeyas y las
-tragedias clásicas de hace sesenta años.</p>
-
-<p>Los mismos estoicos no pudieron evitar el contagio, ó al menos no
-supieron, antes de Epicteto y Marco Aurelio, hallar bellas formas
-para revestir sus doctrinas. Las tragedias de Séneca son monumentos
-verdaderamente extraños donde se expresan los más elevados sentimientos
-con el tono de un charlatanismo literario por demás fatigoso, indicio á
-la vez de un progreso<span class="pagenum" id="Page_332">p. 332</span>
-moral y de una irremediable decadencia en el buen gusto. Lo mismo
-podemos decir de Lucano: la tension de alma, efecto natural de una
-situacion eminentemente trágica, se expresaba por un género pomposo
-en que el único objeto era brillar por hermosas sentencias, y sucedia
-en esto algo semejante á lo que pasó cuando la revolucion; es decir,
-que la crísis más fuerte no daba lugar sino á una literatura llena de
-formas retóricas y golpes de efecto para la declamacion. Mas es preciso
-no detenerse en esto: los pensamientos nuevos se expresan á veces con
-muchas pretensiones; el estilo de Séneca es sóbrio, sencillo y puro
-comparado con el de San Agustin, pero nosotros perdonamos á éste su
-estilo á veces detestable, y sus conceptos insípidos, por sus buenos
-sentimientos.</p>
-
-<p>De todos modos, aquella educacion noble y distinguida por muchos
-conceptos, no llegaba hasta el pueblo, lo cual podia haber sido
-en cierto modo inconveniente si el pueblo hubiera contado con un
-alimento religioso análogo al que recibe en la Iglesia la clase
-más despreciable de nuestra sociedad. Pero en todos los puntos del
-imperio cuidábanse por lo general muy poco de la religion, pues
-Roma creyó oportuno por ciertas razones dejar en pié los antiguos
-cultos, no modificándolos sino en lo que tenian de inhumano<a
-id="FNanchor_969" href="#Footnote_969" class="fnanchor">[969]</a> ó
-injurioso para los demás<a id="FNanchor_970" href="#Footnote_970"
-class="fnanchor">[970]</a>, y extendiendo sobre todos una especie de
-barniz oficial que les hacia asemejarse unos á otros, formando un solo
-conjunto. Desgraciadamente,<span class="pagenum" id="Page_333">p.
-333</span> los cultos antiguos, de orígen muy diverso, participaban
-de un carácter comun que consistia en serles imposible establecer la
-enseñanza teológica, introduciendo una moral aplicada, una predicacion
-edificante, un ministerio pastoral verdaderamente beneficioso para el
-pueblo. El templo pagano no era de ningun modo lo que fueron en sus
-buenos tiempos la Sinagoga y la Iglesia; es decir, la casa comun, la
-escuela, el hospicio, el retiro donde el pobre va á buscar un refugio<a
-id="FNanchor_971" href="#Footnote_971" class="fnanchor">[971]</a>;
-era una cosa fria que de nada servia y donde no se aprendia nada.
-Quizá era el culto romano el menos malo aún de los que se observaban,
-pues considerábase la pureza del corazon y del cuerpo como una
-parte de la religion<a id="FNanchor_972" href="#Footnote_972"
-class="fnanchor">[972]</a>. Por su gravedad, su decencia y su
-austeridad, era este culto, prescindiendo de algunas farsas que solo se
-ven en nuestro Carnaval, superior á las extrañas y ridículas ceremonias
-que introducian secretamente algunas personas dominadas por manías
-orientales. El empeño que tenian los patricios romanos en distinguir
-«la religion,» es decir, su propio culto, de la supersticion, es decir,
-de los cultos extranjeros<a id="FNanchor_973" href="#Footnote_973"
-class="fnanchor">[973]</a>, nos parece sin embargo bastante pueril.
-Todos los cultos paganos eran esencialmente supersticiosos: el
-campesino que en nuestros dias echa una moneda en la caja de una
-capilla milagrosa, que invoca á tal ó cual santo para que cuide de sus
-bueyes ó de sus caballos, ó<span class="pagenum" id="Page_334">p.
-334</span> que bebe de cierta agua para determinadas enfermedades, es
-en esto pagano; casi todas nuestras supersticiones son restos de una
-religion anterior al cristianismo, que este no ha podido desarraigar
-completamente; y si se quisiera buscar en nuestros dias la imágen del
-paganismo, fácil seria encontrarla en algun pueblecillo perdido ó en
-las más lejanas campiñas.</p>
-
-<p>No teniendo por guardianes más que una tradicion popular y
-vacilante, y sacristanes interesados, los cultos paganos no
-pueden menos de degenerar en adulacion<a id="FNanchor_974"
-href="#Footnote_974" class="fnanchor">[974]</a>. Augusto, aunque con
-mucha reserva, aceptó que se le adorase en vida en las provincias<a
-id="FNanchor_975" href="#Footnote_975" class="fnanchor">[975]</a>;
-Tiberio, permitió que se juzgara á su vista en el ignoble
-concurso de las ciudades de Asia, que se disputaban el honor
-de elevarle un templo<a id="FNanchor_976" href="#Footnote_976"
-class="fnanchor">[976]</a>; las extravagantes impiedades de Calígula
-no produjeron ninguna reaccion, y fuera del judaismo, no se encontró
-un solo sacerdote que resistiera á semejantes locuras. Salidos en su
-mayor parte de un culto primitivo de las fuerzas naturales, diez veces
-transformados por toda clase de mezcolanzas y por la imaginacion de
-los pueblos, los cultos paganos se limitaban por su pasado, y no se
-podia sacar de ellos lo que no tuvieron nunca, es decir, el deismo
-y la edificacion. Los Padres de la Iglesia<span class="pagenum"
-id="Page_335">p. 335</span> nos hacen sonreir cuando ponen de
-relieve las maldades de Saturno como padre de familia, y de Júpiter
-como marido, pues ciertamente era mucho más ridículo aún considerar
-á este último, es decir, á la atmósfera, como un dios moral que
-ordena, recompensa y castiga. En un mundo que aspiraba á poseer un
-catecismo, ¿qué podia hacerse con un culto como el de Venus, nacido
-de una necesidad social, en las primeras navegaciones fenicias en el
-Mediterráneo, pero que fué luego con el tiempo un ultraje contra lo que
-se consideraba la esencia de la religion?</p>
-
-<p>Por todas partes, en efecto, manifestábase enérgicamente la
-necesidad de una religion monoteista, dando por base á la moral
-prescripciones divinas, y así viene una época en que las religiones
-naturalistas reducidas á puras niñadas, á prácticas de hechiceras,
-no pueden satisfacer á sociedades en que la humanidad quiere una
-religion moral filosófica. El budismo y el zoroastrismo, satisfacieron
-esta necesidad en la India y en la Persia; con el orfismo y los
-misterios, se trató de obtener el mismo resultado en el mundo griego,
-sin conseguirlo de una manera durable, y en la época de que hablamos,
-enunciábase el problema para el conjunto del mundo con una especie de
-unanimidad solemne y de imperiosa grandeza.</p>
-
-<p>Cierto es que la Grecia hacia una excepcion en este punto: el
-helenismo se usaba mucho menos que las demás religiones del Imperio,
-pero Plutarco lo observaba en su pequeña villa de Beocia, donde
-vivió tranquilo, feliz y contento como un niño, con su con<span
-class="pagenum" id="Page_336">p. 336</span>ciencia religiosa
-satisfecha, y sin dar nunca la menor señal de inquietud, de pena ó de
-malestar. Pero solo el espíritu era capaz de una calma tan infantil:
-siempre satisfecha de sí misma, orgullosa de su pasado y de aquella
-brillante mitología de la que poseia todos los santos lugares, Grecia
-no participaba de los tormentos interiores que trabajaban al resto
-del mundo, y entregada á sí misma, no llamó al cristianismo, quiso
-prescindir de él y pensó hacer alguna cosa mejor<a id="FNanchor_977"
-href="#Footnote_977" class="fnanchor">[977]</a>. Esto era debido á su
-eterna juventud, á su patriotismo, á esa alegría que ha caracterizado
-siempre al verdadero heleno, y la cual es causa de que aún hoy sea
-el griego extraño á las amargas tribulaciones que nos minan. El
-helenismo, pues, se halló así en disposicion de crear un renacimiento
-que no hubiera podido intentar siquiera ningun otro de los cultos
-del imperio. En los siglos <span class="asc">II, III</span> y <span
-class="asc">IV</span> de nuestra era, se continuará el helenismo en
-religion organizada, por una especie de fusion entre la mitología y la
-filosofía griegas, y con sus filósofos taumaturgos, sus antiguos sabios
-convertidos en profetas, y sus leyendas de Pitágoras y de Apolonio,
-hará al cristianismo una competencia, que no por ser impotente fué
-el obstáculo menos peligroso que la religion de Jesús encontró en su
-camino.</p>
-
-<p>Sin embargo, esto no se intentó aún en tiempo de<span
-class="pagenum" id="Page_337">p. 337</span> los Césares, pues los
-primeros filósofos que ensayaron una especie de alianza entre la
-filosofía y el paganismo, Eufrates de Tiro, Apolonio de Tiana y
-Plutarco, son del fin del siglo. No conocemos bien á Eufrates de Tiro:
-la leyenda ha disfrazado de tal modo la trama de la biografía verdadera
-de Apolonio, que no se sabe si contarle entre los sabios, entre los
-fundadores religiosos, ó entre los charlatanes; en cuanto á Plutarco,
-menos que un pensador, ó un innovador, es un espíritu moderado que
-quiere poner de acuerdo á todo el mundo, haciendo que la filosofía sea
-tímida y la religion medio razonable; no hay nada en él de Porfirio
-ni de Juliano; los ensayos de exégesis alegórica de los estoicos<a
-id="FNanchor_978" href="#Footnote_978" class="fnanchor">[978]</a> son
-muy pobres; los misterios como los de Baco, con los cuales se enseñaba
-la inmortalidad del alma bajo graciosos símbolos<a id="FNanchor_979"
-href="#Footnote_979" class="fnanchor">[979]</a>, se limitan á ciertos
-países y no han extendido su influencia. La incredulidad en la
-religion oficial era general en la clase ilustrada<a id="FNanchor_980"
-href="#Footnote_980" class="fnanchor">[980]</a>; los hombres políticos
-que más afectaban sostener el culto del Estado se burlaban de él
-con muy buenas palabras<a id="FNanchor_981" href="#Footnote_981"
-class="fnanchor">[981]</a>, proclamando abiertamente la inmoral
-idea de que las fábulas religiosas no son buenas sino para el
-pueblo y deben<span class="pagenum" id="Page_338">p. 338</span>
-ser conservadas por él<a id="FNanchor_982" href="#Footnote_982"
-class="fnanchor">[982]</a>; precaucion inútil porque la fé de aquel
-era ya muy vacilante<a id="FNanchor_983" href="#Footnote_983"
-class="fnanchor">[983]</a>.</p>
-
-<p>Cierto es que á partir del advenimiento de Tiberio, se nota una
-sensible reaccion religiosa, pues parece que el mundo se espanta
-de la incredulidad de los tiempos de César y de Augusto; condena
-la desgraciada tentativa de Juliano, y todas las supersticiones
-se rehabilitan por razon de Estado<a id="FNanchor_984"
-href="#Footnote_984" class="fnanchor">[984]</a>. Valerio Máximo
-da el primer caso de un escritor de baja esfera convirtiéndose en
-auxiliar de los teólogos, en una pluma venal ó manchada que se
-pone al servicio de la religion: pero los cultos extranjeros son
-los que más se aprovechan de este cambio; la reaccion formal en
-favor del culto griego ó romano no se producirá sino en el siglo
-segundo. Ahora las clases á quienes domina la inquietud religiosa se
-vuelven hácia los cultos que vienen de Oriente<a id="FNanchor_985"
-href="#Footnote_985" class="fnanchor">[985]</a>; Isis y Serapis se ven
-más favorecidos que nunca<a id="FNanchor_986" href="#Footnote_986"
-class="fnanchor">[986]</a>; los impostores de toda especie, taumaturgos
-y mágicos se aprovechan de esta necesidad, y como sucede comunmente
-en las épocas y en los países, en que la religion del Estado es
-débil, pululan por todas<span class="pagenum" id="Page_339">p.
-339</span> partes<a id="FNanchor_987" href="#Footnote_987"
-class="fnanchor">[987]</a>. Recuérdense los tipos reales ó ficticios
-de Apolonio de Tiana, de Alejandro de Abonutico, de Peregrino,
-de Simon de Gitton<a id="FNanchor_988" href="#Footnote_988"
-class="fnanchor">[988]</a>. Estos mismos errores y estas quimeras eran
-como una oracion de la tierra, como los ensayos infructuosos de un
-mundo que trata de mejorarse y no consigue á veces en sus esfuerzos
-convulsivos sino producir monstruosas creaciones que se legan luego al
-olvido.</p>
-
-<p>En una palabra, la mitad del siglo primero es una de las peores
-épocas de la Historia antigua; la sociedad griega y romana se muestra
-en un período de decadencia en lo que precede y muy atrasada para el
-porvenir; pero la grandeza misma de la crísis indicaba alguna forma
-extraña y secreta. La vida parecia haber perdido sus móviles, los
-suicidios se multiplicaban<a id="FNanchor_989" href="#Footnote_989"
-class="fnanchor">[989]</a>; jamás habia ofrecido el mundo una lucha
-semejante entre el bien y el mal; era este un despotismo temible que
-ponia al mundo entre las manos de hombres atroces y locos; era la
-corrupcion de las costumbres que resultaba de haber introducido en
-Roma los vicios de Oriente; era en fin la ausencia de una religion
-buena y de una formal instruccion pública. El bien era, por una parte,
-la filosofía combatiendo á pecho descubierto contra los tiranos,
-desafiando á los mónstruos, y proscrita tres ó cuatro veces en medio
-siglo (bajo Neron, Vespasiano y Domiciano)<a id="FNanchor_990"
-href="#Footnote_990" class="fnanchor">[990]</a>; y por otra, los
-esfuerzos de la<span class="pagenum" id="Page_340">p. 340</span>
-virtud popular, las legítimas aspiraciones á un estado religioso mejor,
-aquella tendencia hácia las cofradías y los cultos monoteistas, aquella
-rehabilitacion en fin del pobre, que se produjeron principalmente
-bajo el amparo del judaismo y del cristianismo. Estas dos grandes
-protestas estaban muy lejos de ponerse de acuerdo, pues el partido
-filosófico y el cristiano no se conocian, é ignoraban de tal modo sus
-comunes esfuerzos que al llegar al poder el partido filosófico, por el
-advenimiento de Nerva, perjudicó al cristianismo lejos de favorecerle.
-Á decir verdad, el objeto de los cristianos era mucho más radical:
-los estoicos, dueños del Imperio, le reformaron, presidiendo los cien
-años más hermosos de la Historia de la humanidad; mientras que los
-cristianos, dueños del Imperio á partir de Constantino, acabaron
-de arruinarle. El heroismo de los unos no debe hacer olvidar el de
-los otros: el cristianismo tan injusto con las virtudes paganas, se
-consagró á rebajar á los que habian combatido los mismos enemigos
-que él. En la resistencia que opuso la filosofía en el primer siglo,
-hubo tanta grandeza como en la del cristianismo; pero ¡qué desigual
-fué la recompensa por una parte y otra! El mártir que derribó con
-el pié los ídolos tiene su leyenda: ¿por qué Annacus Cornutus, que
-declaró ante Neron que los libros de éste no podrian nunca competir
-con los de Crisipo<a id="FNanchor_991" href="#Footnote_991"
-class="fnanchor">[991]</a>; por qué Elvidio Prisco que dijo cara
-á cara á Vespasiano: «á<span class="pagenum" id="Page_341">p.
-341</span> tí te toca matarme y á mí morir<a id="FNanchor_992"
-href="#Footnote_992" class="fnanchor">[992]</a>»; por qué Demetrio el
-Cínico que contestó á Neron irritado: «me amenazais con la muerte,
-pero la naturaleza os amenaza<a id="FNanchor_993" href="#Footnote_993"
-class="fnanchor">[993]</a>»; por qué todos esos no tienen su imágen
-entre los héroes populares á quienes todos aman y saludan? ¿Dispone
-acaso la humanidad de tantas fuerzas contra el vicio y la abyeccion
-que sea permitido á cada escuela de virtud rechazar el auxilio de las
-otras, sosteniendo que ella sola tiene el derecho de ser valerosa y
-resignada?</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_18">
- <p><span class="pagenum" id="Page_342">p. 342</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XVIII.</h2>
- <p class="subh2">Legislacion religiosa de aquel tiempo.</p>
-</div>
-
-<div class="sidenote">Año 45</div>
-
-<p>En el primer siglo, aunque se mostraba hostil el Imperio á las
-innovaciones religiosas que provenian de Oriente, no las combatia
-todavía de un modo constante. Sosteníase débilmente el principio
-de la religion de Estado; y bajo la república se proscribieron
-repetidas veces los ritos extranjeros, particularmente los de
-Sabazius, Isis y Serapis<a id="FNanchor_994" href="#Footnote_994"
-class="fnanchor">[994]</a>; pero todo fué inútil, porque el pueblo se
-sentia atraido hácia aquellos cultos por una inclinacion irresistible<a
-id="FNanchor_995" href="#Footnote_995" class="fnanchor">[995]</a>.
-Cuando en el año de Roma 535, se decretó la demolicion del templo
-de Isis y de Serapis, no se encontró ni un solo obrero que quisiera
-poner manos á la obra, y vióse precisado el cónsul á romper á
-hachazos la puerta<a id="FNanchor_996" href="#Footnote_996"
-class="fnanchor">[996]</a>; claro está que no bastaba ya para el
-pueblo el culto latino; y supó<span class="pagenum" id="Page_343">p.
-343</span>nese, no sin razon, que si César restableció los cultos
-de Isis y de Serapis, fué para halagar los instintos populares<a
-id="FNanchor_997" href="#Footnote_997" class="fnanchor">[997]</a>.</p>
-
-<p>Con la profunda y liberal instruccion que le caracterizaba,
-aquel grande hombre se mostró favorable á una completa libertad
-de conciencia<a id="FNanchor_998" href="#Footnote_998"
-class="fnanchor">[998]</a>. Augusto fué más apegado á la
-religion nacional<a id="FNanchor_999" href="#Footnote_999"
-class="fnanchor">[999]</a>. Era tal su antipatía por los
-cultos orientales<a id="FNanchor_1000" href="#Footnote_1000"
-class="fnanchor">[1000]</a>, que prohibió hasta la propagacion
-de las ceremonias egipcias en Italia<a id="FNanchor_1001"
-href="#Footnote_1001" class="fnanchor">[1001]</a>; pero quiso
-que cada culto, y particularmente el judío, fuera dueño de sí
-mismo interiormente<a id="FNanchor_1002" href="#Footnote_1002"
-class="fnanchor">[1002]</a>. Eximió á los judíos de todo lo que
-hubiera podido herir su conciencia, especialmente de toda accion
-civil el dia del sábado, que ellos celebran<a id="FNanchor_1003"
-href="#Footnote_1003" class="fnanchor">[1003]</a>. Algunas personas
-de su séquito mostraban menos tolerancia, y de buena gana le hubieran
-convertido en un perseguidor religioso para servir al culto latino<a
-id="FNanchor_1004" href="#Footnote_1004" class="fnanchor">[1004]</a>;
-empero, parece que no hubo de ceder á aquellos consejos funestos; y aún
-pretende Josefo, á quien se sospecha exagerado en este punto, que hizo
-donacion de vasos sagrados al templo de Jerusalem<a id="FNanchor_1005"
-href="#Footnote_1005" class="fnanchor">[1005]</a>.</p>
-
-<p>Tiberio fué el primero que sentó con fijeza el principio de la
-religion de Estado, y tomó sérias precau<span class="pagenum"
-id="Page_344">p. 344</span>ciones contra la propaganda
-judía y oriental<a id="FNanchor_1006" href="#Footnote_1006"
-class="fnanchor">[1006]</a>. Ha de tenerse presente que el emperador
-era «gran pontífice», y que protegiendo el viejo culto romano,
-parecia cumplir un deber de su incumbencia. Calígula revocó los
-edictos de Tiberio<a id="FNanchor_1007" href="#Footnote_1007"
-class="fnanchor">[1007]</a>; pero su locura no le permitia
-ser consecuente en sus obras. Claudio parece haber imitado la
-política de Augusto. Fortificó en Roma el culto latino, mostróse
-preocupado de los progresos que hacian las religiones extranjeras<a
-id="FNanchor_1008" href="#Footnote_1008" class="fnanchor">[1008]</a>,
-fué riguroso con los judíos<a id="FNanchor_1009" href="#Footnote_1009"
-class="fnanchor">[1009]</a>, y persiguió con encarnizamiento
-á las cofradías<a id="FNanchor_1010" href="#Footnote_1010"
-class="fnanchor">[1010]</a>; usando, por lo contrario, la benevolencia
-con los indígenas en Judea<a id="FNanchor_1011" href="#Footnote_1011"
-class="fnanchor">[1011]</a>. El favor de que gozaron en Roma
-los Agrippa bajo estos dos últimos reinados aseguraba á sus
-correligionarios poderosa proteccion, salvo el caso en que la policía
-de Roma reclamara medidas de seguridad.</p>
-
-<p>En cuanto á Neron, ocupóse poco en religion<a id="FNanchor_1012"
-href="#Footnote_1012" class="fnanchor">[1012]</a>. Sus actos
-odiosos con los cristianos, fueron actos de ferocidad, y no
-disposiciones legislativas<a id="FNanchor_1013" href="#Footnote_1013"
-class="fnanchor">[1013]</a>; pues los ejemplos de persecucion que
-se citan en la sociedad romana de aquel tiempo, emanan más bien
-de la au<span class="pagenum" id="Page_345">p. 345</span>toridad
-de la familia que de la autoridad pública<a id="FNanchor_1014"
-href="#Footnote_1014" class="fnanchor">[1014]</a>; y aun así no se
-observaban semejantes ejemplos sino en las casas nobles de Roma,
-que conservaban las antiguas tradiciones<a id="FNanchor_1015"
-href="#Footnote_1015" class="fnanchor">[1015]</a>. Las provincias
-gozaban de plena libertad para practicar su culto, con la única
-condicion de no ultrajar á los de los otros países<a id="FNanchor_1016"
-href="#Footnote_1016" class="fnanchor">[1016]</a>. Los provinciales<a
-id="FNanchor_1017" href="#Footnote_1017" class="fnanchor">[1017]</a>
-disfrutaban del mismo derecho en Roma, con tal que no dieran
-escándalo. Las dos únicas religiones que combatió el Imperio en
-el primer siglo, el druidismo y el judaismo, eran como fortalezas
-donde se defendian nacionalidades. Todo el mundo estaba convencido
-de que la profesion del judaismo implicaba el desprecio de las
-leyes civiles y la indiferencia por la prosperidad del Estado<a
-id="FNanchor_1018" href="#Footnote_1018" class="fnanchor">[1018]</a>;
-pues en tanto que el judaismo se circunscribia á no ser más que una
-simple religion individual, no se le perseguia<a id="FNanchor_1019"
-href="#Footnote_1019" class="fnanchor">[1019]</a>. Los rigores
-contra el culto de Serapis procedieron tal vez del carácter
-monoteista que presentaba<a id="FNanchor_1020" href="#Footnote_1020"
-class="fnanchor">[1020]</a>, y que hacia le confundieran ya
-con el culto judío y con el cristiano<a id="FNanchor_1021"
-href="#Footnote_1021" class="fnanchor">[1021]</a>.</p>
-
-<p>Ninguna ley terminante<a id="FNanchor_1022" href="#Footnote_1022"
-class="fnanchor">[1022]</a> prohibia pues, en tiem<span
-class="pagenum" id="Page_346">p. 346</span>po de los apóstoles, la
-profesion de las religiones monoteistas; y si estas fueron siempre
-vigiladas hasta el advenimiento de los emperadores sirios, únicamente
-desde Trajano se vió al imperio perseguirlas sistemáticamente como
-intolerantes, é implicando la negacion del Estado. En suma, la única
-cosa á la cual haya declarado la guerra el imperio romano, en materia
-de religion, es la teocracia. Su principio era el del Estado laico; no
-admitiendo que una religion pudiera tener en grado alguno consecuencias
-civiles ó políticas; y sobre todo no consintiendo en el Estado ninguna
-asociacion con independencia del mismo Estado. Este último punto es muy
-esencial; porque ha de considerarse, verdaderamente, como la raíz de
-todas las persecuciones.</p>
-
-<p>La ley relativa á las cofradías, mucho más que la intolerancia
-religiosa, fué la causa fatal de las violencias que deshonraron los
-reinados de los mejores soberanos.</p>
-
-<p>En materia de asociacion, igualmente que en todas las cosas buenas
-y delicadas, tuvieron los países griegos la prioridad sobre los
-Romanos. Las <i>eranas</i> ó <i>thiasas</i> griegas de Atenas, de
-Rodas y de las islas del Archipiélago fueron hermosas sociedades de
-socorros mútuos, de crédito, de seguros en casos de incendio, de piedad
-y de placeres honestos<a id="FNanchor_1023" href="#Footnote_1023"
-class="fnanchor">[1023]</a>. Cada<span class="pagenum"
-id="Page_347">p. 347</span> erana grababa sobre columnas sus
-decisiones, tenia sus archivos y su caja comun, que se llenaba con
-donativos voluntarios y con las cuotas de los sócios. Juntábanse los
-eranistas ó thiasitas para celebrar ciertas festividades, y reuníanse
-en banquetes, donde reinaba la mayor cordialidad<a id="FNanchor_1024"
-href="#Footnote_1024" class="fnanchor">[1024]</a>. El sócio que
-se viera apurado de dinero, tenia la facultad de sacarlo de la
-caja, á título de empréstito en calidad de reintegro. Las mujeres
-formaban parte de aquellas eranas, y tenian su presidenta especial
-(<i>proeranistia</i>). Las juntas que celebraban eran absolutamente
-secretas; un reglamento severo mantenia en ellas el órden, y se
-efectuaban, segun parece, en jardines cerrados, rodeados de pórticos
-ó de pequeñas construcciones, en cuyo centro se ostentaba el altar
-de los sacrificios<a id="FNanchor_1025" href="#Footnote_1025"
-class="fnanchor">[1025]</a>. Por último, cada congregacion tenia un
-cuerpo de dignatarios, nombrados por sorteo que se hacia anualmente
-(<i>clerotas</i>)<a id="FNanchor_1026" href="#Footnote_1026"
-class="fnanchor">[1026]</a>, á usanza de las antiguas democracias
-griegas, de donde el «clero» cristiano<a id="FNanchor_1027"
-href="#Footnote_1027" class="fnanchor">[1027]</a> ha tomado tal vez su
-nombre. El presidente<span class="pagenum" id="Page_348">p. 348</span>
-era el único elegido. Estos funcionarios oficiales sometian á un exámen
-al nuevo electo, debiendo certificar que era «santo, piadoso y bueno»<a
-id="FNanchor_1028" href="#Footnote_1028" class="fnanchor">[1028]</a>.
-Hubo en aquellas pequeñas cofradías, durante los dos ó tres siglos
-que precedieron á nuestra era, un movimiento casi tan variado como el
-que produjo en la edad media tantas órdenes religiosas. Contáronse en
-la isla de Rodas solamente, hasta diez y nueve<a id="FNanchor_1029"
-href="#Footnote_1029" class="fnanchor">[1029]</a>; llevando muchas de
-ellas los nombres de sus fundadores y reformadores. Alguna de aquellas
-<i>thiasas</i>, particularmente las de Baco<a id="FNanchor_1030"
-href="#Footnote_1030" class="fnanchor">[1030]</a>, profesaban elevadas
-doctrinas, y trataban de consolar á los hombres bien intencionados. Si
-todavía subsistia en el mundo griego un resto de amor, de piedad y de
-moral religiosa, era debido á la libertad de tales cultos privados.
-Estos competian con la religion oficial, cuyo abandono hacíase de dia
-en dia más notable.</p>
-
-<p>Empero, las asociaciones de igual género tropezaban con mayores
-obstáculos en Roma<a id="FNanchor_1031" href="#Footnote_1031"
-class="fnanchor">[1031]</a> sin que por eso disminuyera su prestigio
-entre las clases desheredadas. Los principios de la política romana
-respecto á las cofradías se promulgaron por la vez primera bajo la
-república (186 años antes de J.-C.), con motivo de las bacanales. Por
-aficion natural, eran muy propensos los Romanos á las asociaciones<a
-id="FNanchor_1032" href="#Footnote_1032" class="fnanchor">[1032]</a>,
-particularmen<span class="pagenum" id="Page_349">p. 349</span>te
-á las religiosas<a id="FNanchor_1033" href="#Footnote_1033"
-class="fnanchor">[1033]</a>; pero estas congregaciones, en cierto
-modo permanentes, disgustaban á los patricios<a id="FNanchor_1034"
-href="#Footnote_1034" class="fnanchor">[1034]</a>, conservadores de
-los poderes públicos, quienes á impulso de la mezquina y árida idea
-que de la vida concibieran, no admitian como grupos sociales más que
-la familia y el Estado. Tomáronse las precauciones más minuciosas
-para conseguir su intento: necesidad de autorizacion prévia,
-limitacion del número de asistentes, prohibicion de que tuvieran un
-<i>magister sacrorum</i> permanente y de que constituyeran mediante
-suscripciones un fondo comun<a id="FNanchor_1035" href="#Footnote_1035"
-class="fnanchor">[1035]</a>. La misma solicitud se manifestó
-repetidas veces en la historia del imperio, y el arsenal de las leyes
-contenia textos para todas las represiones<a id="FNanchor_1036"
-href="#Footnote_1036" class="fnanchor">[1036]</a>. Empero dependia
-de la autoridad el hacer ó no aplicacion de ellas. En cuanto á los
-cultos proscritos, reaparecian frecuentemente muy pocos años despues
-de su proscripcion<a id="FNanchor_1037" href="#Footnote_1037"
-class="fnanchor">[1037]</a>. Por otra parte, la emigracion extranjera,
-sobre todo la de los Sirios, renovaba incesantemente el fondo con que
-se alimentaban las creencias que en vano trataban de extirpar.</p>
-
-<p>Admírase uno de ver hasta qué grado preocupaba á los hombres
-más pensadores un tema tan secundario<span class="pagenum"
-id="Page_350">p. 350</span> en apariencia. Una de las preferentes
-atenciones de César y de Augusto fué la de impedir la formacion de
-nuevos <i>colegios</i> y destruir los que ya estaban establecidos<a
-id="FNanchor_1038" href="#Footnote_1038" class="fnanchor">[1038]</a>.
-Un decreto expedido, segun parece, bajo el reinado de Augusto
-trató de definir fijamente los límites del derecho de reunion y de
-asociacion. Esos límites eran muy reducidos; pues los <i>colegios</i>
-habian de ser únicamente funerarios. No les era permitido reunirse
-sino una vez al mes, y no podian ocuparse más que en dar sepultura á
-los miembros difuntos, no debiendo salirse bajo ningun pretexto del
-círculo de sus atribuciones<a id="FNanchor_1039" href="#Footnote_1039"
-class="fnanchor">[1039]</a>. Sobrepuja á toda ponderacion el
-encarnizamiento del imperio, pues á consecuencia de su idea exagerada
-respecto al Estado, pretendia aislar al individuo, destruir todo
-lazo moral entre los hombres, y combatir un deseo legítimo de los
-pobres, el de apiñarse unos contra otros en un asilo reducido para
-tener así más calor. Ciertamente que en la antigua Grecia era muy
-tiránica la ciudad; pero proporcionaba tantos placeres en cambio de su
-despotismo, de tal modo deslumbraba con sus luces y con su gloria, que
-nadie pensaba en quejarse. Morian contentos por ella, y sufrian sin
-rebelarse sus más injustos caprichos. En cuanto al Imperio romano, era
-demasiado vasto para considerarlo como patria. Ofrecia á todos grandes
-ventajas materiales; pero no proporcionaba cosa alguna que mereciera
-afecto; así<span class="pagenum" id="Page_351">p. 351</span> que la
-inaguantable tristeza compañera de semejante existencia parecia peor
-que la muerte.</p>
-
-<p>Por eso, y á pesar de todos los esfuerzos que hicieron los hombres
-políticos, tomaron tan inmenso desarrollo las cofradías. Sucedió
-exactamente una cosa análoga á lo que á nuestras cofradías de la
-edad media, con su Santo patron y sus comidas en gremio. Cuidábanse
-las grandes familias de su nombre, de la patria y de la tradicion;
-pero los humildes, la gente de pocos recursos no tenian más cuidado
-que el del <i>Collegium</i>, por el cual se afanaban. Todos los
-textos nos representan esos <i>collegia</i> ó <i>cœtus</i> como
-formados de esclavos<a id="FNanchor_1040" href="#Footnote_1040"
-class="fnanchor">[1040]</a>, veteranos<a id="FNanchor_1041"
-href="#Footnote_1041" class="fnanchor">[1041]</a>, y gente pobre
-<i>tenuiores</i><a id="FNanchor_1042" href="#Footnote_1042"
-class="fnanchor">[1042]</a>. Reinaba la igualdad entre los hombres
-libres, los libertos y las personas serviles<a id="FNanchor_1043"
-href="#Footnote_1043" class="fnanchor">[1043]</a>, siendo
-numerosas las mujeres<a id="FNanchor_1044" href="#Footnote_1044"
-class="fnanchor">[1044]</a>. Á riesgo de mil vejaciones, y á
-pesar de las severas penas que á veces se imponian, aspiraban
-muchos á ser miembros de uno de esas <i>collegia</i>, donde vivian
-unidos por lazos de agradable confraternidad, se disfrutaba de
-los socorros mútuos y se contraian afectos que se conservaban
-despues de la muerte<a id="FNanchor_1045" href="#Footnote_1045"
-class="fnanchor">[1045]</a>. El sitio de reunion, ó <i>schola
-collegii</i>, tenia comunmente un <i>tetrás<span class="pagenum"
-id="Page_352">p. 352</span>tilo</i> (pórtico de cuatro fachadas)<a
-id="FNanchor_1046" href="#Footnote_1046" class="fnanchor">[1046]</a>
-donde se publicaba en carteles el reglamento del colegio, al lado
-del dios protector, y un <i>triclinium</i> para los banquetes de
-la corporacion reunida. Estos eran, en efecto, vivamente deseados;
-celebrábanse en las fiestas patronales y en los aniversarios de
-ciertos cofrades que habian hecho fundaciones<a id="FNanchor_1047"
-href="#Footnote_1047" class="fnanchor">[1047]</a>. Cada cual llevaba
-allí su regalo; y uno de los cofrades, por turno, suministraba
-los accesorios de la comida; á saber, los manteles, la vajilla
-para la mesa, el pan, el vino, las sardinas y el agua caliente<a
-id="FNanchor_1048" href="#Footnote_1048" class="fnanchor">[1048]</a>.
-El esclavo que acababa de libertarse habia de obsequiar á sus camaradas
-con una ánfora de buen vino<a id="FNanchor_1049" href="#Footnote_1049"
-class="fnanchor">[1049]</a>. Una dulce alegría animaba el festin; y era
-cosa expresamente convenida que no habia de tratarse de asunto alguno
-relativo al colegio; para que nada pudiera turbar el cuarto de hora de
-regocijo y de descanso que aquellas pobres gentes se proporcionaban<a
-id="FNanchor_1050" href="#Footnote_1050" class="fnanchor">[1050]</a>.
-Todo acto de turbulencia ó toda palabra desagradable eran
-castigados con una multa<a id="FNanchor_1051" href="#Footnote_1051"
-class="fnanchor">[1051]</a>.</p>
-
-<p>Si hubiera uno de atenerse á las apariencias, creeria que
-aquellos colegios no eran más que asociaciones de entierro mútuo<a
-id="FNanchor_1052" href="#Footnote_1052" class="fnanchor">[1052]</a>.
-Empero, eso solo hubiera<span class="pagenum" id="Page_353">p.
-353</span> bastado para darle un carácter moral. En la época romana,
-como en nuestro tiempo y en todas las épocas en que la religion se
-halla sin fuerzas, la piedad de las tumbas era casi la única que el
-pueblo conservaba. Complacíanse en pensar que no serian arrojados
-á los fosos comunes<a id="FNanchor_1053" href="#Footnote_1053"
-class="fnanchor">[1053]</a>, que el colegio haria el gasto de
-los funerales, y que los cofrades que hubieran ido á pié hasta
-la pira, recibirian un pequeño honorario<a id="FNanchor_1054"
-href="#Footnote_1054" class="fnanchor">[1054]</a> de veinte céntimos<a
-id="FNanchor_1055" href="#Footnote_1055" class="fnanchor">[1055]</a>.
-Los esclavos, especialmente, necesitaban creer que si su amo
-hiciera arrojar su cuerpo al foso comun, no faltarian allí algunos
-amigos para hacerles «funerales imaginarios<a id="FNanchor_1056"
-href="#Footnote_1056" class="fnanchor">[1056]</a>.» El hombre
-pobre echaba todos los meses dos cuartos en el cepillo á ese uso
-destinado, para proporcionarse despues de su muerte una urnita en un
-<i>columbarium</i>, con una lápida de mármol en que estuviera grabado
-su nombre. Como la sepultura entre los romanos, estaba íntimamente
-ligada con los <i>sacra gentilicia</i> ó ritos de familia, tenia suma
-importancia, contrayendo las personas que se enterraban juntas una
-especie de fraternidad íntima y de parentesco<a id="FNanchor_1057"
-href="#Footnote_1057" class="fnanchor">[1057]</a>.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_354">p. 354</span>Hé aquí por qué,
-durante largo tiempo, se presentó el cristianismo en Roma como una
-especie de <i>collegium</i> fúnebre y por qué los primeros santuarios
-cristianos fueron las tumbas de los mártires<a id="FNanchor_1058"
-href="#Footnote_1058" class="fnanchor">[1058]</a>. Si no hubiera sido
-más que eso el cristianismo, no hubiese provocado tantos rigores;
-pero era tambien otra cosa; tenia un fondo ó caja de comunidad<a
-id="FNanchor_1059" href="#Footnote_1059" class="fnanchor">[1059]</a>;
-jactábase de constituir una poblacion completa; y se creia asegurado
-de que habia de dominar en el porvenir. Cuando se entra un sábado por
-la noche en el recinto de una iglesia griega en Turquía, en la de
-Santa Photini, en Esmirna, por ejemplo, le extraña á uno el poderío
-de esas religiones de comité, en el seno de una sociedad perseguidora
-ó malévola. Ese hacinamiento irregular de construcciones (iglesia,
-presbiterio, escuelas, cárcel,) esos fieles que van y vienen en medio
-de su poblacion cerrada, esas tumbas nuevamente abiertas en las cuales
-arde una lámpara, ese olor cadavérico, esa atmósfera húmeda, ese
-murmullo de oraciones, esas invocaciones para pedir limosna, todo ello
-forma un conjunto lánguido, que á veces á un extranjero podrá parecerle
-insulso, pero que debe ser muy grato y suave para el afiliado.</p>
-
-<p>Las sociedades, que estaban ya provistas de una autorizacion
-especial, gozaban en Roma de todos los derechos de personas civiles<a
-id="FNanchor_1060" href="#Footnote_1060" class="fnanchor">[1060]</a>;
-pero no se concedia esa autorizacion sino con infinitas condiciones,
-desde el<span class="pagenum" id="Page_355">p. 355</span> momento
-en que las sociedades tenian una caja ó fondo de comunidad, ó se
-trataba de otra cosa que de hacerse enterrar<a id="FNanchor_1061"
-href="#Footnote_1061" class="fnanchor">[1061]</a>. El pretexto de
-la religion ó de cumplir votos en comunidad, estaba previsto y
-formalmente señalado entre las circunstancias que daban á una reunion
-el carácter de delito<a id="FNanchor_1062" href="#Footnote_1062"
-class="fnanchor">[1062]</a>; y este no era otro que el de lesa
-majestad, al menos para el individuo que habia provocado la reunion<a
-id="FNanchor_1063" href="#Footnote_1063" class="fnanchor">[1063]</a>.
-Claudio llegó hasta mandar cerrar las tabernas en que se reunian
-los cofrades, así como tambien las hosterías donde la gente pobre
-encontraba por poco precio agua caliente y carne del puchero<a
-id="FNanchor_1064" href="#Footnote_1064" class="fnanchor">[1064]</a>.
-Trajano y los mejores emperadores romanos vieron con desconfianza
-todas las asociaciones<a id="FNanchor_1065" href="#Footnote_1065"
-class="fnanchor">[1065]</a>. La extrema humildad de las personas
-era una cualidad esencial para que se les concediera el derecho de
-reunion; y aun así no se les otorgaba sino con muchas condiciones<a
-id="FNanchor_1066" href="#Footnote_1066" class="fnanchor">[1066]</a>.
-Los legistas que constituyeron el derecho romano, tan eminentes como
-jurisconsultos, mostraron hasta dónde llegaba su ignorancia de la
-naturaleza humana persiguiendo de todos modos, hasta con la amenaza
-de muerte, y restringiendo con toda clase de precauciones odiosas
-ó pueriles, una eterna ne<span class="pagenum" id="Page_356">p.
-356</span>cesidad del alma<a id="FNanchor_1067" href="#Footnote_1067"
-class="fnanchor">[1067]</a>. Á semejanza de los autores de nuestro
-«Código civil,» miraban la vida con mortal frialdad, como si esta
-consistiese solo en divertirse por órden superior, en comer su pedazo
-de pan y en disfrutar del placer segun la clase y rango. El castigo de
-las sociedades que se abandonan á este sistema falso y limitado, es
-primeramente el fastidio, y despues el triunfo violento de los partidos
-religiosos. El hombre no consentirá jamás en respirar ese aire glacial;
-necesita el hogar tranquilo, la cofradía donde los buenos mueren y
-viven juntos; nuestras grandes sociedades abstractas no son bastantes
-para satisfacer todos los instintos de sociabilidad que hay en el
-hombre; dejadle que ocupe su corazon con alguna cosa, que busque su
-consuelo donde pueda encontrarle, que busque los hermanos que necesite,
-que dé cabida en su alma á los más tiernos vínculos. La fria mano del
-Estado no debe intervenir en ese reino del alma que es el reino de la
-libertad; la vida y la alegría no renacerán en el mundo hasta que haya
-desaparecido nuestra desconfianza hácia los <i>collegia</i>, esa triste
-herencia del derecho romano. Formar una asociacion fuera del Estado,
-sin destruir á éste, es la cuestion capital del porvenir; la ley futura
-sobre las asociaciones decidirá si la sociedad moderna ha de sufrir ó
-no la suerte de la antigua. Un ejemplo debe bastar: el Imperio romano
-habia enla<span class="pagenum" id="Page_357">p. 357</span>zado su
-destino con la ley sobre los <i>cœtus illiciti</i> y los <i>illicita
-collegia</i>; los cristianos y los bárbaros, terminando con esto la
-obra de la conciencia humana, destruyeron la ley, y el Imperio se
-hundió con ella.</p>
-
-<p>El mundo griego y romano, mundo laico, mundo profano, que no
-sabia lo que es un sacerdote, que no tenia ni ley divina, ni libro
-revelado, tocaba aquí con problemas que no le era posible resolver.
-Añadamos á esto que si hubiese tenido sacerdotes, una teología severa,
-una religion vigorosamente organizada, no habria creado el Estado
-laico, ni inaugurado tampoco la idea de una sociedad racional, de
-una sociedad fundada sobre las simples necesidades de la humanidad
-y sobre las relaciones naturales de los individuos. La inferioridad
-religiosa de los griegos y de los romanos era la consecuencia de su
-superioridad política é intelectual; la superioridad religiosa del
-pueblo judío, por el contrario, ha sido la causa de su inferioridad
-política y filosófica; el judaismo y el cristianismo primitivo
-contenian la negacion ó más bien la tutela del Estado civil, y así como
-el islamismo, establecieron la sociedad sobre la religion. Cuando se
-toman las cosas humanas por este lado, se fundan grandes proselitismos
-universales, se tienen Apóstoles que corren de un extremo á otro del
-mundo para convertirlo; pero no se fundan instituciones políticas, una
-independencia nacional, una dinastía, un código, un pueblo.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_19">
- <p><span class="pagenum" id="Page_358">p. 358</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XIX.</h2>
- <p class="subh2">Porvenir de las misiones.</p>
-</div>
-
-<div class="sidenote">Año 45</div>
-
-<p>Tal era el mundo que los misioneros cristianos se encargaron
-de convertir; y bien podemos ver que semejante empresa no fué una
-locura, ni tampoco el llevarla á cabo un milagro. El mundo carecia
-moralmente de muchos cosas que la nueva religion le podia facilitar
-de una manera admirable; las costumbres se dulcificaban; queríase un
-culto más puro; y las nociones sobre los derechos del hombre y las
-ideas acerca de los amejoramientos sociales iban ganando terreno por
-todas partes. La credulidad, por otro lado, era extremada, el número
-de personas instruidas muy escaso, y si ante semejante sociedad se
-hubiesen presentado ardientes apóstoles, judíos, es decir, monoteistas,
-discípulos de Jesús, penetrados de la más dulce predicacion moral
-que jamás pudiera oirse, no hay para que dudar que se les hubiera
-escuchado. Los sueños é ilusiones que contiene su enseñanza, no serán
-un obstá<span class="pagenum" id="Page_359">p. 359</span>culo para que
-obtengan buen éxito; el número de los que no creen en lo sobrenatural
-y en el milagro es muy corto; si son humildes y pobres tanto mejor,
-porque la humanidad en el punto que se halla, no puede salvarse sino
-por un esfuerzo del pueblo. Las antiguas religiones paganas no son
-reformables; el Estado romano es lo que será siempre el Estado; es
-decir, una cosa rígida, seca, y dura; en ese mundo que parece por falta
-de amor, el porvenir es de aquel que toque la fibra sensible de la
-piedad popular. El liberalismo griego y la antigua gravedad romana son
-impotentes para conseguirlo.</p>
-
-<p>La fundacion del cristianismo es bajo este punto de vista la
-obra más grande que han hecho jamás los hombres del pueblo, y muy
-pronto quizás, los hombres y mujeres de la alta nobleza romana, se
-afiliarán á la Iglesia. Desde fines del primer siglo, Flavio Clemente
-y Flavia Domitila nos muestran casi al cristianismo penetrando en el
-palacio de los Césares<a id="FNanchor_1068" href="#Footnote_1068"
-class="fnanchor">[1068]</a>. Á partir de los primeros Antoninos,
-cuéntanse personas ricas en la comunidad, y á fines del segundo
-siglo algunos de los personajes más considerables del Imperio<a
-id="FNanchor_1069" href="#Footnote_1069" class="fnanchor">[1069]</a>,
-si bien en general todos ó casi todos eran humildes<a
-id="FNanchor_1070" href="#Footnote_1070" class="fnanchor">[1070]</a>.
-En las iglesias más antiguas, así como en Galilea al re<span
-class="pagenum" id="Page_360">p. 360</span>dedor de Jesús no habia
-nobles ni poderosos: ahora bien en esas grandes creaciones, la primera
-hora es la decisiva; la gloria de las religiones pertenece por completo
-á sus fundadores, pues aquellas, en efecto, se reducen á una cuestion
-de fé; creer es una cosa vulgar; la obra maestra es saber inspirar la
-fé.</p>
-
-<p>Cuando uno trata de figurarse aquellos maravillosos orígenes, se
-le representan por lo regular las cosas segun el modelo de nuestra
-época, lo cual induce á graves errores. El hombre del pueblo, en
-el primer siglo de nuestra era, sobre todo en los países griegos y
-orientales, no se asemejaba en nada de lo que es hoy; la educacion
-no levantaba entonces en las clases una barrera tan inespugnable
-como ahora, y aquellas razas del Mediterráneo, si se exceptúan las
-poblaciones de Lacio, las cuales habian desaparecido ó perdido toda
-su importancia desde que el imperio romano habia llegado á ser
-la cosa de los pueblos vencidos al conquistar el mundo, aquellas
-razas, digo, eran menos sólidas que las nuestras, pero más vivas,
-más espirituales, más idealistas. El pesado materialismo, esa cosa
-triste y apagada, efecto de nuestros climas y legado fatal de la edad
-media, que da á nuestros pobres un aspecto tan desconsolador, no era
-el defecto de los de aquella época. Sin embargo, aun cuando fuesen
-muy ignorantes y crédulos, no lo eran más que los ricos poderosos,
-y no hay que representarse el establecimiento del cristianismo como
-análogo á lo que seria entre nosotros un movimiento que, partiendo de
-las clases populares, acabara (cosa imposible á nuestros ojos,)<span
-class="pagenum" id="Page_361">p. 361</span> por obtener el asentimiento
-de los hombres instruidos. Los fundadores del cristianismo pertenecian
-al pueblo en el sentido de que iban mal vestidos, vivian sencillamente
-y hablaban mal, ó más bien solo se proponian expresar sus ideas con
-vivacidad; mas en punto á inteligencia no eran inferiores sino á un
-corto número de hombres que aún quedaban de la gran sociedad de César
-y de Augusto. Comparados con los principales filósofos que enlazaban
-el siglo de Augusto con el de los Antoninos, los primeros cristianos
-podian considerarse como espíritus pobres, mas comparados con la
-masa de los súbditos del Imperio eran ilustrados. Tratábaseles á
-veces de pensadores libres; el grito del populacho contra ellos era
-«¡Muerte á los Ateos!»<a id="FNanchor_1071" href="#Footnote_1071"
-class="fnanchor">[1071]</a> y esto no es de extrañar si se atiende á
-que el mundo hacia espantosos progresos en punto á supersticion. Las
-dos primeras capitales del cristianismo de los gentiles, Antioquía y
-Éfeso, eran las dos ciudades del Imperio más dadas á las creencias
-sobrenaturales, los siglos segundo y tercero llevaron hasta la demencia
-el espíritu de lo maravilloso y de la credulidad.</p>
-
-<p>El cristianismo nació fuera del mundo oficial, mas no era
-precisamente inferior á él: solo en apariencia y segun las
-preocupaciones mundanas, eran los discípulos de Jesús unas pobres
-gentes. El hombre mundano ama lo que es orgulloso y fuerte; habla
-con dureza al humilde; entiende que el honor consiste en no
-dejarse insultar, y desprecia en fin al que se reconoce dé<span
-class="pagenum" id="Page_362">p. 362</span>bil, que lo sufre todo, que
-cede su túnica y presenta el rostro para recibir un bofeton. Aquí está
-el error, pues el débil á quien desprecia es superior por lo general;
-la virtud reside en los que obedecen (sirvientes, obreros, soldados,
-etc.,) más bien que en los que mandan y gozan; y esto está casi en el
-órden, puesto que mandar y disfrutar, lejos de contribuir á la virtud,
-ofrece una dificultad para ser virtuoso.</p>
-
-<p>Jesús comprendió maravillosamente que en el seno del pueblo se halla
-la resignacion y abnegacion que salva al mundo. Hé ahí porque proclamó
-felices á los pobres, juzgando que á ellos les era más fácil que á los
-otros ser buenos; los cristianos primitivos fueron por esencia pobres;
-«pobres» se les llamó<a id="FNanchor_1072" href="#Footnote_1072"
-class="fnanchor">[1072]</a> y aun cuando el cristiano fuese rico en los
-siglos segundo y tercero, en punto á espíritu se le podia considerar
-como un <i>tenuior</i><a id="FNanchor_1073" href="#Footnote_1073"
-class="fnanchor">[1073]</a> y se salvó gracias á la ley sobre los
-<i>collegia tenuiorum</i>. No eran ciertamente todos los cristianos
-esclavos y gentes de baja condicion, mas el equivalente social de un
-cristiano era un esclavo, y lo mismo se decia de aquel que de este,
-reconociéndose en ambos las mismas virtudes de bondad, humildad,
-resignacion y dulzura. Todos los autores paganos opinan unánimemente
-de este modo; todos sin excepcion reconocen en el cristiano los rasgos
-del carácter servil, la indiferencia hácia las grandes cuestiones
-y ese aire triste y contrito, esa aversion hácia los juegos,<span
-class="pagenum" id="Page_363">p. 363</span> los teatros, los
-gimnasios y los baños<a id="FNanchor_1074" href="#Footnote_1074"
-class="fnanchor">[1074]</a>, característica en ellos.</p>
-
-<p>En una palabra, los paganos eran el mundo, no los cristianos:
-estos constituian un pequeño grupo separado, aborrecido del mundo,
-que ellos por su parte encontraban malo<a id="FNanchor_1075"
-href="#Footnote_1075" class="fnanchor">[1075]</a> procurando
-«conservarse inmaculados del mundo»<a id="FNanchor_1076"
-href="#Footnote_1076" class="fnanchor">[1076]</a>. El ideal del
-cristianismo será lo contrario del ideal mundano<a id="FNanchor_1077"
-href="#Footnote_1077" class="fnanchor">[1077]</a>; al perfecto
-cristiano le gustarán las objeciones; tendrá las virtudes del pobre,
-del hombre sencillo, de aquel que no trata de hacerse valer, mas no
-carecerá tampoco de los defectos de sus virtudes, pues considerará
-vanas y frívolas muchas cosas que no lo son, declarándose enemigo de
-la belleza. Un sistema en que la Venus de Milo no aparece sino como un
-ídolo, es un sistema falso ó al menos parcial, pues la belleza vale
-casi tanto como lo bueno y lo verdadero. Con semejantes ideas, es en
-todo caso inevitable una decadencia en el arte, pues el cristiano no
-querrá ni edificar, ni esculpir, ni dibujar; será demasiado idealista,
-y le importará poco saber, porque la curiosidad le parece una cosa
-vana. Confundiendo la gran voluptuosidad del alma, que es uno de los
-modos de tocar lo infinito, con el placer vulgar, no querrá disfrutar
-porque es demasiado virtuoso.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_364">p. 364</span>Desde ahora se
-presenta otra ley que debe dominar en esta historia; el establecimiento
-del cristianismo corresponde á la supresion de la vida política en el
-mundo del Mediterráneo; el cristianismo nace y se extiende en una época
-en que ya no hay patria; si alguna cosa falta á los fundadores de la
-Iglesia, es el patriotismo. No son cosmopolitas porque todo planeta
-es para ellos un lugar de destierro; son idealistas en el sentido
-más absoluto. La patria es un compuesto del cuerpo y del alma; esta
-última, constituye los recuerdos, las costumbres, las leyendas, las
-desgracias, las esperanzas y los sentimientos comunes; el cuerpo, es
-el suelo, la raza, el idioma, las montañas, los rios, los productos
-característicos, y en tal caso, nadie prescindió tanto de todo esto
-como los verdaderos cristianos. Ellos no tomaron cariño á la Judea,
-y al cabo de algunos años olvidaron la Galilea completamente; la
-gloria de Grecia y de Roma solo les inspiró indiferencia; los países
-en que el cristianismo se estableció desde luego, es decir, la Siria,
-Chipre y el Asia Menor, no se acordaron ya de la época en que fueron
-libres; en Grecia y Roma dominaba aún el sentimiento nacional, pero
-en esta última el patriotismo residia en el ejército y en algunas
-familias, mientras que en la primera el cristianismo no fructifica
-sino en Corinto, ciudad que desde su destruccion por Mummio y su
-reconstruccion por César, era un conjunto de gente de todas clases.
-Los verdaderos países griegos, entonces como hoy, muy poseidos por el
-recuerdo de su pasado, se prestaron muy poco á la nueva predicacion
-y fueron<span class="pagenum" id="Page_365">p. 365</span> siempre
-medianamente cristianos. Por el contrario, aquellos países mudos,
-alegres, voluptuosos, tales como el Asia y la Siria, países de placer,
-de costumbres libres y de abandono, acostumbrados á recibir de extraños
-la vida y el gobierno, no tenian nada á que renunciar tratándose de
-orgullo y tradiciones. Las más antiguas metrópolis del cristianismo,
-como Antioquía, Éfeso, Tesalónica, Corinto y Roma, fueron ciudades
-comunes, si así puede decirse, ciudades semejantes á la moderna
-Alejandría, donde afluian todas las razas, y donde la union entre
-el hombre y el suelo, que es lo que constituye la nacionalidad, era
-absolutamente nula.</p>
-
-<p>La importancia que se da á las cuestiones sociales está en sentido
-inverso á las preocupaciones políticas: el socialismo adquiere la
-superioridad, cuando el patriotismo se debilita; el cristianismo fué
-la explosion de las ideas sociales y religiosas, que debia esperarse
-desde el momento en que Augusto puso fin á las luchas políticas.
-Culto universal, como el islamismo, el cristianismo será en el fondo
-el enemigo de las nacionalidades, y serán necesarios muchos siglos y
-muchos cismas para que lleguen á formarse iglesias nacionales con una
-religion que fuese desde luego la negacion de toda patria terrestre,
-que naciere en una época en que no hubiera en el mundo ni ciudad
-ni ciudadanos. Es indudable que las antiguas y severas repúblicas
-de Italia y de Grecia como un veneno mortal habian rechazado estas
-iglesias para el Estado.</p>
-
-<p>Y esta es una de las causas que contribuyen á la<span
-class="pagenum" id="Page_366">p. 366</span> grandeza del culto
-nuevo: la humanidad es cosa diversa, cambiante, agitada por deseos
-contradictorios; grande es la patria y santos son los héroes de
-Maraton, de las Termópilas, de Valmy y de Fleurus; pero la patria no
-está aquí abajo, porque uno es hombre é hijo de Dios antes que francés
-ó aleman.</p>
-
-<p>El reino de Dios, sueño eterno que no se arrancará del corazon del
-hombre, es la protesta contra lo que el patriotismo tiene de exclusivo;
-el pensamiento de una organizacion de la humanidad para su dicha más
-grande y su amejoramiento moral, es cristiano y legítimo; el Estado
-no sabe ni puede saber más que una cosa: organizar el egoismo, y esto
-no es indiferente, porque el egoismo es el más poderoso y el más
-perceptible de los móviles de la humanidad. Pero esto no basta: los
-gobiernos que suponen que el hombre solo tiene instintos de egoismo, se
-equivocan de medio á medio, porque la abnegacion es tan natural como
-el egoismo para los hijos de las grandes razas; la organizacion de
-la abnegacion es la religion, y no se espere pues prescindir de esta
-última ni de sus asociaciones, porque el progreso de las sociedades
-modernas, hará que esta necesidad sea cada vez más imperiosa.</p>
-
-<p>Hé ahí de qué modo esos relatos de extraños sucesos pueden encerrar
-para nosotros una gran enseñanza, pero es preciso no detenerse
-en ciertos rasgos que por la diferencia de épocas puedan parecer
-extravagantes. Cuando se trata de creencias populares hay siempre
-una inmensa desproporcion entre la grandeza del objeto ideal que
-prosigue la fé y la<span class="pagenum" id="Page_367">p. 367</span>
-pequeñez de las circunstancias materiales que inducen á creer. De ahí
-la particularidad que en la historia religiosa, los detalles extraños
-y los actos que se asemejan á la locura, puedan mezclarse con lo que
-hay de más sublime. El fraile que inventó la santa ampolla ha sido
-uno de los fundadores del reino de Francia: ¿quién no querria borrar
-de la vida de Jesús el episodio de los demoniacos de Gergesia? Ningun
-hombre de sangre fria ha hecho nunca lo que hicieron Francisco de Asís,
-Juana de Arco, Pedro el Ermitaño, é Ignacio de Loyola; nada es más
-relativo que la palabra locura aplicada al pasado del espíritu de la
-humanidad; y si se siguieran las ideas extendidas en nuestros dias, no
-hay profeta, ni apóstol, ni santo, que no se hubiese visto encerrado.
-La conciencia humana es poco estable en las épocas en que la reflexion
-no ha avanzado mucho y cuando es tal el estado del alma, se llega
-insensiblemente del bien al mal y del mal al bien, dando lugar á que lo
-bello se convierta, en feo ó vice-versa. No hay justicia posible para
-lo pasado si no se admite este principio. Un mismo soplo divino penetra
-en toda la historia y forma una union admirable; pero la variedad de
-combinaciones que pueden producir las facultades humanas es infinita.
-Los apóstoles difieren menos de nosotros que los fundadores del
-budismo, los cuales, sin embargo, se aproximaban más á nosotros por el
-idioma, y probablemente por la raza. Nuestro siglo ha visto movimientos
-religiosos tan extraordinarios como los de otras épocas, movimientos
-que han provocado tanto entu<span class="pagenum" id="Page_368">p.
-368</span>siasmo como los anteriores, que cuentan ya relativamente,
-mayor número de mártires, y cuyo porvenir es aún incierto.</p>
-
-<p>No hablo de los Mormones, secta por ciertos conceptos tan estúpida
-y abyecta, que se le resiste á uno creer en ella formalmente, por más
-que sea instructivo ver en pleno siglo <span class="asc">XIX</span> á
-millares de hombres de nuestra raza vivir creyendo en los milagros y en
-las maravillas en que tienen una fé ciega y que segun dicen han visto y
-tocado. Ya contamos con toda una literatura para demostrar el acuerdo
-que existe entre el mormonismo y la ciencia, pero lo más admirable es,
-que esta religion, fundada en necedades é imposturas, ha sabido llevar
-á cabo prodigios de paciencia y abnegacion, y dentro de quinientos
-años, habrá doctores que probarán su divinidad por las maravillas
-de su establecimiento. El babismo en Persia, ha sido un fenómeno
-notable por otro estilo<a id="FNanchor_1078" href="#Footnote_1078"
-class="fnanchor">[1078]</a>: un hombre pacífico y sin pretension
-alguna, una especie de Spinoza, modesto y piadoso, se ha visto casi
-á pesar suyo, elevado al rango de taumaturgo, de encarnacion divina,
-llegando á ser el jefe de una secta numerosa, ardiente y fanática, que
-estuvo á punto de producir una revolucion semejante á la de Islam.
-Millares de mártires recibieron por él la muerte con la mayor alegría;
-el dia de la matanza de los <i>babis</i> en<span class="pagenum"
-id="Page_369">p. 369</span> Teheran, no tiene acaso igual en la
-historia del mundo, pues segun dice un narrador, testigo ocular,<a
-id="FNanchor_1079" href="#Footnote_1079" class="fnanchor">[1079]</a>
-«vióse en dicho dia en las calles y bazares de Teheran, un espectáculo
-que la poblacion no olvidará acaso nunca. Aún hoy dia, cuando se habla
-de aquella catástrofe, puede comprenderse cuánta fué la admiracion
-mezclada de horror que experimentó la multitud, y que los años no han
-disminuido. Vióse avanzar entre los verdugos una porcion de niños
-y mujeres con las carnes del cuerpo desgarradas y llevando sujetas
-alrededor de éste mechas encendidas cuya llama les abrasaba la
-piel; las víctimas, que iban atadas con cuerdas, recibian continuos
-latigazos, mas á pesar de esto, niños y mujeres avanzaban entonando
-un versículo que decia: «En verdad venimos de Dios y volvemos á él»
-y elevábanse sus voces sonoras en medio del silencio de la multitud.
-Cuando uno de los condenados caia al suelo hacíanle levantar á fuerza
-de golpes, y entonces, por agotadas que estuviesen las fuerzas de la
-víctima á causa de la pérdida de sangre que corria de sus heridas,
-poníase á bailar gritando con creciente entusiasmo: «En verdad que
-somos de Dios y volvemos á él.» Algunos niños caian muertos sobre el
-camino, y los verdugos cogian sus cuerpos y los arrojaban á los piés
-de los padres y de sus hermanos, que pisaban orgullosamente aquellos
-cadáveres sin lanzarles siquiera una mirada. Al llegar al lugar de la
-ejecucion se propuso á las víctimas que abjurasen: á un verdugo<span
-class="pagenum" id="Page_370">p. 370</span> se le ocurrió decir á un
-padre que si no cedia iba á cortar el cuello á sus dos hijos sobre
-su mismo pecho; los dos muchachos, de los cuales el mayor tendria
-catorce años, enrojecidos con su propia sangre, y calcinadas las
-carnes, escuchaban friamente el diálogo: el padre contestó tendiéndose
-en el suelo que estaba dispuesto, y entonces el mayor de sus hijos,
-reclamando con instancia su derecho de primogenitura, pidió que le
-degollase antes á él<a id="FNanchor_1080" href="#Footnote_1080"
-class="fnanchor">[1080]</a>. Por último se acabó todo: las sombras
-de la noche cubrieron una masa informe de carne humana; las cabezas
-estaban atadas á los postes del cadalso y los perros de los arrabales
-se dirigian en bandadas hácia aquel punto.»</p>
-
-<p>Esto ocurria en 1852: la secta de Mazdak, en tiempo de Cosroes
-Nouschirvan, se ahogó en un baño de sangre semejante; la abnegacion
-absoluta es para las almas sencillas el más exquisito de los goces
-y una especie de necesidad; en la ejecucion de los Babis, algunas
-personas que eran de la secta, corrian á denunciarse á sí mismas
-deseosas de obtener la muerte y el martirio. ¡Es tan dulce para el
-hombre sufrir por alguna cosa, que muchas veces la indiferencia del
-mártir basta para hacer creer! Un discípulo que fué compañero de
-suplicio de Bab, hallándose suspendido al lado da éste en las murallas
-de Tabriz, esperando la muerte, no decia más que estas palabras:
-«¿Estais contento de mí, maestro?»</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_371">p. 371</span>Las personas que
-suponen milagroso ó quimérico lo que en la historia excede á los
-cálculos de un buen sentido vulgar, no podrán seguramente explicarse
-tales hechos. La condicion fundamental de la crítica, es saber
-comprender los estados diversos del espíritu humano; la fé absoluta es
-para nosotros una cosa completamente extraña; y fuera de las ciencias
-positivas, de una seguridad en cierto modo material, toda opinion no
-es á nuestros ojos más que una probabilidad que implica una parte de
-verdad y una parte de error; esta última puede ser tan pequeña como se
-quiera, pero no se reduce nunca á cero cuando se trata de cosas morales
-sobre una cuestion de arte, lenguaje, forma literaria ó personas.
-Esta, sin embargo, no es la manera de ver de los espíritus pobres y
-obstinados, tal como los Orientales; los ojos de esas gentes no son
-como los nuestros; son una especie de ojos de esmalte como los de los
-personajes que figuran en los mosaicos con su mirada fija y que no
-saben ver sino una sola cosa á la vez, cosa que al fin les preocupa,
-se apodera de ellos, é impidiéndoles que sean dueños de creer ó de no
-creer, no les permite reflexionar. Cuando se profesa una opinion de
-este modo, se deja uno matar por ella: el mártir es en religion lo
-que el hombre de partido en política: no ha habido muchos mártires
-inteligentes; los confesores del tiempo de Diocleciano debian ser,
-despues de la paz de la Iglesia,<span class="pagenum" id="Page_372">p.
-372</span> personajes impertinentes é imperiosos, pues nunca es uno
-tolerante cuando cree que siempre tiene razon y que los otros no la
-tienen nunca.</p>
-
-<p>Los grandes entusiasmos religiosos, que son la consecuencia de
-fijarse demasiado en las cosas, se convierten así en enigmas para
-un siglo como el nuestro, en que el rigor de las convicciones se ha
-debilitado mucho. Entre nosotros, el hombre sincero modifica sin cesar
-sus opiniones; en primer lugar, porque el mundo cambia, y en segundo
-porque el apreciador cambia tambien. Nosotros creemos varias cosas
-á la vez; amamos la justicia y la verdad y por ellas expondriamos
-nuestra vida, pero no admitimos que lo justo y lo verdadero sean solo
-del dominio de una secta ó de un partido. Somos buenos franceses, mas
-reconocemos que los alemanes y los ingleses son superiores por muchos
-conceptos, lo cual no se hace en las épocas y en los países en que
-cada cual es de su comunion, de su raza, de su escuela política. Hé
-aquí por qué todas las grandes creaciones religiosas se han producido
-en sociedades cuyo espíritu general era más ó menos análogo al del
-Oriente. Hasta aquí, en efecto, la fé absoluta es la única que ha
-conseguido imponerse á las demás. Una buena criada de Lyon, llamada
-Blandine, que se hizo matar por su fé, hace mil setecientos años, y
-un brutal jefe de banda, llamado Clovis, que creyó conveniente, hace
-catorce siglos, convertirse al catolicismo, son los que nos imponen aún
-la ley.</p>
-
-<p>¿Quién no se ha detenido al recorrer nuestras antiguas ciudades,
-ahora modernas, al pié de los gigan<span class="pagenum"
-id="Page_373">p. 373</span>tescos monumentos de la fé de las edades
-antiguas? Todo se ha renovado ya en ellos; no queda un solo vestigio
-de las costumbres de otros tiempos; solo permanece en pié la catedral,
-un poco mutilada acaso por la mano del hombre, pero profundamente
-arraigada en el suelo; <i>¡Mole sua stat!</i> Su masa es su derecho.
-Ha resistido al diluvio que todo lo destruyó á su alrededor; ni uno
-solo de los hombres de otra época que fuera á visitar los sitios donde
-vivió, podria encontrar su casa; solo el cuervo que hizo su nido en las
-alturas del edificio sagrado no ha visto destruir su morada, ¡Extraña
-prescripcion! Aquellos honrados mártires, aquellos rudos convertidos,
-aquellos piratas que construyeron iglesias, nos dominan todavía. Somos
-cristianos porque ellos quisieron serlo; así como en política solo
-las fundaciones bárbaras son duraderas, en religion las afirmaciones
-espontáneas, y si me atrevo á decirlo, fanáticas, son contagiosas. Y
-esto consiste en que las religiones son obras enteramente populares; su
-éxito no depende sino de las pruebas más ó menos buenas que producen de
-su divinidad; su éxito está en proporcion de lo que dicen al corazon
-del pueblo.</p>
-
-<p>¿Se sigue acaso de aquí que la religion esté destinada á disminuir
-poco á poco y á desaparecer como los errores populares sobre la mágia,
-la brujería y los espíritus? Seguramente no: la religion no es un
-error popular; es una gran verdad de instinto entrevista y expresada
-por el pueblo. Todos los símbolos que sirven para dar una forma al
-sentimiento religioso son<span class="pagenum" id="Page_374">p.
-374</span> incompletos, y su destino es ser rechazados unos despues
-de otros; pero nada es más falso que el sueño ó la ilusion de varias
-personas, que tratando de concebir la humanidad perfecta, la conciben
-sin religion. Debe decirse lo inverso. La China, que es una humanidad
-inferior, no tiene apenas religion: supongamos por el contrario un
-planeta habitado por una humanidad cuya fuerza intelectual, moral y
-física, sea doble que la de la humanidad terrestre, y tendremos que
-la primera seria cuando menos dos veces más religiosa que la nuestra;
-y digo <i>cuando menos</i>, porque es probable que el aumento de
-facultades religiosas tuviese lugar en una progresion más rápida que
-el aumento de la capacidad intelectual, y no se haria segun la simple
-proporcion directa. Supongamos una humanidad diez veces más fuerte que
-la nuestra; esa seria infinitamente más religiosa, y aún es probable,
-que en semejante grado de sublimidad, desprendido de toda preocupacion
-material y de todo egoismo, dotado de un tacto perfecto y de un gusto
-divinamente delicado, viendo la bajeza y el vacío de todo lo que no
-es lo verdadero, lo bueno ó lo bello, el hombre seria únicamente
-religioso, y estaria continuamente sumido en una perpétua adoracion,
-pasando de éxtasis en éxtasis, naciendo, viviendo y muriendo en un
-torrente de voluptuosidad. El egoismo, en efecto, que da la medida de
-la inferioridad de los séres, decrece segun se aleja de lo animal;
-un ser perfecto no seria ya egoista, sino religioso; el progreso
-pues tendrá por efecto engrandecer la religion, y no destruirla ó
-disminuirla.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_375">p. 375</span>Pero tiempo es ya
-de volver á los tres misioneros, Pablo, Bernabé y Juan Márcos, que
-hemos dejado en el momento que salian de Antioquía por la puerta que
-conduce á Seleucia. En mi tercer libro trataré de seguir las huellas
-de esos mensajeros de buenas nuevas por tierra y por mar, lo mismo en
-la calma que en la tormenta, así en los buenos como en los malos dias.
-Ya me urge referir la historia de esa epopeya sin igual, recorrer
-esos caminos infinitos del Asia y de Europa, á lo largo de los cuales
-sembraron el grano del Evangelio, y tengo en fin deseos de surcar esas
-ondas que ellos atravesaran tantas veces en situaciones diversas.
-La gran odisea cristiana va á comenzar; ya la barca apostólica ha
-desplegado sus velas, y sopla la brisa que no aspira sino á llevar en
-sus alas las palabras de Jesús.</p>
-
-
-<p class="centra fs90 ws1 mt3">FIN DE LOS APÓSTOLES.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Notas">
- <h2 class="nobreak g1">NOTAS</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1" href="#FNanchor_1" class="label">[1]</a> El
-autor de las <i>Actas</i> no da directamente á San Pablo el título de
-Apóstol, que solo aplica en general á los miembros del colegio central
-de Jerusalem.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_2" href="#FNanchor_2" class="label">[2]</a> Homilias
-seudo-clementinas, <span class="asc">XVII</span>, 13-19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_3" href="#FNanchor_3" class="label">[3]</a>
-Justino, <i>Apol. I</i>, 39. En las <i>Actas</i> predomina tambien
-la idea de que Pedro fué el Apóstol de los gentiles. Véase sobre
-todo el Cap. <span class="asc">X</span> y compárese I Petri, <span
-class="asc">I</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_4" href="#FNanchor_4" class="label">[4]</a> I Cor.,
-<span class="asc">III</span>, 6, 10; <span class="asc">IV</span>,
-14, 15; <span class="asc">IX</span>, 1, 2; II Cor., <span
-class="asc">XI</span>, 2, etc.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_5" href="#FNanchor_5" class="label">[5]</a> Carta de
-Dionisio de Corinto, en Eusebio, <i>Hist. eccl.</i>, II, 25.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_6" href="#FNanchor_6" class="label">[6]</a> Los
-lectores franceses que deseen obtener más ámplios detalles sobre la
-discusion y comparacion de las cuatro narraciones, pueden consultar los
-siguientes escritos: Strauss, <i>Vie de Jésus</i>, 3.ª sec., cap. <span
-class="asc">IV</span> y <span class="asc">V</span> (traduccion Littré);
-<i>Nouvelle Vie de Jésus</i>, l. I, § 46 y siguientes; l. II, § 97 y
-siguientes (Traduccion Nefftzer y Dollfus).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_7" href="#FNanchor_7" class="label">[7]</a> La
-Iglesia la admite desde luego como evidente. Véase el cánon de Muratori
-(<i>Antiq. Ital.</i>, III, 854), colacionado por Wieseler y restituido
-por Laurent (<i>Neutestamentliche Studien</i>, Gotha, 1866), lin. 33 y
-siguientes.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_8" href="#FNanchor_8" class="label">[8]</a>
-Luc., <span class="asc">I</span>, 1-4, <i>Act.</i>, <span
-class="asc">I</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_9" href="#FNanchor_9" class="label">[9]</a> Véase
-sobre todo <i>Act.</i>, <span class="asc">XVI</span>, 12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_10" href="#FNanchor_10" class="label">[10]</a>
-Sabido es que entre los escritores del Nuevo Testamento es muy pobre la
-manera de expresarse, si bien cada uno tiene su pequeño diccionario,
-y esto nos proporciona una regla precisa para determinar quién es el
-autor de los escritos, aun de los más cortos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_11" href="#FNanchor_11" class="label">[11]</a> El
-empleo de esta palabra, <i>Act.</i>, <span class="asc">XIV</span>, 4,
-14, es muy indirecto.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_12" href="#FNanchor_12" class="label">[12]</a>
-Compárese por ejemplo, <i>Act.</i>, <span class="asc">XVII</span>,
-14-16; <span class="asc">XVIII</span>, 5, á I Tes., <span
-class="asc">III</span>, 1-2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_13" href="#FNanchor_13" class="label">[13]</a>
-I Cor., <span class="asc">XV</span>, 32; II Cor., <span
-class="asc">I</span>, 8; <span class="asc">XI</span>, 23 y siguientes.
-Rom., <span class="asc">XV</span>, 19; <span class="asc">XVI</span>, 3
-y siguientes.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_14" href="#FNanchor_14" class="label">[14]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XVI</span>, 6; <span
-class="asc">XVIII</span>, 22-23, comparando la epístola á los
-Galatas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_15" href="#FNanchor_15" class="label">[15]</a> Por
-ejemplo, la estancia en Cesarea queda en la oscuridad.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_16" href="#FNanchor_16" class="label">[16]</a>
-Mabillon, <i>Museum Italicum</i>, <span class="asc">I</span>, 1.ª pars,
-pág 109.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_17" href="#FNanchor_17" class="label">[17]</a> Col.,
-<span class="asc">IV</span>, 14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_18" href="#FNanchor_18" class="label">[18]</a>
-Véase más arriba, <a href="#Page_xiv">pág. <span
-class="asc">XIV</span></a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_19" href="#FNanchor_19" class="label">[19]</a> Casi
-todas las inscripciones son latinas, así como en Neapolis (Cavala) el
-puerto de Filipos. Véase Heuzey, <i>Mission de Macédoine</i>, pág. 11 y
-sig. Los notables conocimientos náuticos del autor de las <i>Actas</i>
-(véase sobre todo cap. <span class="asc">XXVII-XXVIII</span>) dan lugar
-á creer que era de Neapolis.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_20" href="#FNanchor_20" class="label">[20]</a> Por
-ejemplo, <i>Act.</i>, <span class="asc">X</span>, 28.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_21" href="#FNanchor_21" class="label">[21]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">V</span>, 36-37.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_22" href="#FNanchor_22" class="label">[22]</a> Los
-hebraismos de su estilo pueden ser resultado de una lectura asídua
-de las traducciones griegas del Antiguo Testamento, y sobre todo de
-la lectura de los escritos compuestos por sus correligionarios de
-Palestina, que copia con frecuencia textualmente. Sus citas del Antiguo
-Testamento se han hecho sin ningun conocimiento del texto original (por
-ejemplo, cap. <span class="asc">XV</span>, pág. 16 y sig.).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_23" href="#FNanchor_23" class="label">[23]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XVII</span>, 22 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_24" href="#FNanchor_24" class="label">[24]</a>
-Luc., <span class="asc">I</span>, 26; <span class="asc">IV</span>,
-31; <span class="asc">XXIV</span>, 13. Compárese más abajo, <a
-href="#Footnote_104">página 73, nota</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_25" href="#FNanchor_25" class="label">[25]</a>
-Luc., <span class="asc">I</span>, 31, comparado con Mateo, <span
-class="asc">I</span>, 21. El nombre de <i>Juana</i> que solo Lucas
-conoce, es sospechoso, pues no parece probable que <i>Juan</i> tuviese
-entonces correspondencia femenina. Sin embargo, véase Talm. de Bab.,
-<i>Sota</i>, 22 <i>a</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_26" href="#FNanchor_26" class="label">[26]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 47; <span
-class="asc">IV</span>, 33; <span class="asc">V</span>, 13, 26.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_27" href="#FNanchor_27" class="label">[27]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 22, 23; <span
-class="asc">XII</span>, 3, 11; <span class="asc">XIII</span>, 45, 50 y
-otros muchos pasajes. Lo mismo sucede con el cuarto Evangelio porque
-tambien fué redactado fuera de Siria.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_28" href="#FNanchor_28" class="label">[28]</a> Luc.,
-<span class="asc">X</span>, 33 y sig.; <span class="asc">XVII</span>,
-16; <i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 5 y sig. y lo mismo en
-el cuarto Evangelio: Juan, <span class="asc">IV</span>, 5 y sig. Comp.
-Mat., <span class="asc">X</span>, 5-6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_29" href="#FNanchor_29" class="label">[29]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XXVIII</span>, 30.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_30" href="#FNanchor_30" class="label">[30]</a> Véase
-<i>Vida de Jesús</i>, pág. <span class="asc">XVII</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_31" href="#FNanchor_31" class="label">[31]</a> Luc.,
-<span class="asc">XXIV</span>, 50. Marc., <span class="asc">XVI</span>,
-19, viene á decir lo mismo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_32" href="#FNanchor_32" class="label">[32]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 3, 9.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_33" href="#FNanchor_33" class="label">[33]</a>
-Véase sobre todo Luc., <span class="asc">I</span>, 1, la expresion
-<span xml:lang="grc" lang="grc">τῶν πεπληροφορημένων ἐν ἡμῖν
-πραγμάτων</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_34" href="#FNanchor_34" class="label">[34]</a>
-Cap. <span class="asc">X</span>, <span class="asc">XXII</span>, <span
-class="asc">XXVI</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_35" href="#FNanchor_35" class="label">[35]</a> El
-centurion Cornelio y el procónsul Sergio Paulo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_36" href="#FNanchor_36" class="label">[36]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 7 y sig.; <span
-class="asc">XVIII</span>, 12 y sig.; <span class="asc">XIX</span>,
-35 y sig.; <span class="asc">XXIV</span>, 7, 17; <span
-class="asc">XXV</span>, 9, 16, 25; <span class="asc">XXVII</span>, 2;
-<span class="asc">XXVIII</span>, 17-18.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_37" href="#FNanchor_37" class="label">[37]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XVI</span>, 37 y sig.; <span
-class="asc">XXII</span>, 26 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_38" href="#FNanchor_38" class="label">[38]</a>
-Semejantes precauciones no eran raras: el Apocalipsis y la epístola de
-Pedro designan á Roma con palabras embozadas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_39" href="#FNanchor_39" class="label">[39]</a> Luc.,
-<span class="asc">I</span>, 4.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_40" href="#FNanchor_40" class="label">[40]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 22.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_41" href="#FNanchor_41" class="label">[41]</a> Véase
-la <i>Vida de Jesús</i>, pág. <span class="asc">XXXIX</span> y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_42" href="#FNanchor_42" class="label">[42]</a> Esto
-se nota principalmente en la historia del Centurion Cornelio.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_43" href="#FNanchor_43" class="label">[43]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 47; <span
-class="asc">IV</span>, 33; <span class="asc">V</span>, 13, 26. Cf.
-Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 19-20.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_44" href="#FNanchor_44" class="label">[44]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 44-45; <span
-class="asc">IV</span>, 34 y sig.; <span class="asc">V</span>, 1 y
-sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_45" href="#FNanchor_45" class="label">[45]</a>
-I Cor., <span class="asc">XII-XIV</span>. Comp. Marc., <span
-class="asc">XVI</span>, 17, y <i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>,
-4, 13; <span class="asc">X</span>, 46; <span class="asc">XI</span> 15;
-<span class="asc">XIX</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_46" href="#FNanchor_46" class="label">[46]</a>
-Compárese <i>Act.</i>, <span class="asc">III</span>, 2 y sig. á
-<span class="asc">XIV</span>, 8 y sig.; <span class="asc">IX</span>,
-36 y sig. á <span class="asc">XX</span>, 9 y sig.; <span
-class="asc">V</span>, 1 y sig. á <span class="asc">XIII</span>,
-9 y sig.; <span class="asc">V</span>, 15-16 á <span
-class="asc">XIX</span>, 12; <span class="asc">XII</span>, 7 y sig. á
-<span class="asc">XVI</span>, 26 y sig.; <span class="asc">X</span>, 44
-á <span class="asc">XIX</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_47" href="#FNanchor_47" class="label">[47]</a> En un
-discurso que el autor pone en boca de Gamaliel, allá por el año 36, se
-trata de Teudas cuya empresa se declara fijamente que fué anterior á la
-de Judas el Gaulonita (<i>Act.</i>, <span class="asc">V</span>, 36-37).
-Ahora bien, la rebelion de Teudas es del año 44 (Jos., <i>Ant.</i>, XX,
-<span class="asc">V</span>, 1), y en todo caso muy posterior á la del
-Gaulonita (Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">I</span>, 1; B.
-J., II, <span class="asc">VIII</span>, 1).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_48" href="#FNanchor_48" class="label">[48]</a> Las
-personas que no puedan leer sobre este punto los escritos alemanes de
-Baur, Schneckenburger, de Wette, Schwegler y Zeller, donde se conducen
-á una solucion definitiva las cuestiones críticas relativas á las
-<i>Actas</i>, pueden consultar con fruto los <i>Études historiques
-et critiques sur les origines du christianisme</i>, por A. Stap
-(París, Lacroix, 1864), p. 116 y sig.; Michel Nicolas, <i>Études
-critiques sur la Bible. Nouveau Testament</i> (París, Lévy, 1864), p.
-223 y sig.; Reuss, <i>Histoire de la théologie chrétienne au siècle
-apostolique</i>, l. VI, ch. <span class="asc">V</span>; diversos
-trabajos de los señores Kayser, Scherer, Reuss en la <i>Revue de
-théologie</i> de Strasburgo, 1.ª serie, t. II y III; 2.ª serie, t. II y
-III.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_49" href="#FNanchor_49" class="label">[49]</a> Para
-el matiz de <span xml:lang="grc" lang="grc">οὐ προσανεθέμην σαρκὶ καὶ
-αἵματι</span>, compárese Mat., <span class="asc">XVI</span>, 17.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_50" href="#FNanchor_50" class="label">[50]</a> Él
-mismo lo declara así bajo juramento: léase sobre todo los Cap. <span
-class="asc">I</span> y <span class="asc">II</span> de la epístola de
-los Galatas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_51" href="#FNanchor_51" class="label">[51]</a> Act.,
-<span class="asc">XII</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_52" href="#FNanchor_52" class="label">[52]</a> Jos.,
-<i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">VIII</span>, 2; <i>B. J.</i>, II,
-<span class="asc">XII</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_53" href="#FNanchor_53" class="label">[53]</a> La
-cita de Amos (<span class="asc">XV</span>, 16-17), hecha por Jacobo
-conforme á la version griega, y que está en desacuerdo con el hebreo,
-demuestra claramente que este discurso es una ficcion del autor.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_54" href="#FNanchor_54" class="label">[54]</a>
-Demostraremos luego que este es el verdadero sentido: en todo caso la
-duda sobre la cuestion de saber si Tito se circuncidó ó no, importa
-poco para nuestro razonamiento.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_55" href="#FNanchor_55" class="label">[55]</a>
-Comp. <i>Act.</i>, <span class="asc">XV</span>, 1; Gal., <span
-class="asc">I</span>, 7; <span class="asc">II</span>, 12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_56" href="#FNanchor_56" class="label">[56]</a> I
-Cor., <span class="asc">VIII</span>, 4, 9; <span class="asc">X</span>,
-25-29.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_57" href="#FNanchor_57" class="label">[57]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XXI</span>, 20 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_58" href="#FNanchor_58" class="label">[58]</a>
-Los ebionitas sobre todo. Véanse las Homilias seudo-clementinas;
-Ireneo, <i>Adv. hær.</i>, <span class="asc">I</span>, <span
-class="asc">XXVI</span>, 2; Epifanio, <i>Adv. hær.</i>, hær. <span
-class="asc">XXX</span>; San Gerónimo, <i>In Matth.</i>, <span
-class="asc">XII</span>, init.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_59" href="#FNanchor_59" class="label">[59]</a> Á mi
-parecer, sin embargo, Ananías y Safira son personajes imaginarios.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_60" href="#FNanchor_60" class="label">[60]</a> <i>De
-divinatione</i>, <span class="asc">II</span>, 57.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_61" href="#FNanchor_61" class="label">[61]</a>
-Prefacio de los <i>Études d’histoire religieuse</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_62" href="#FNanchor_62" class="label">[62]</a>
-Marc., <span class="asc">XVI</span>, 11; Luc., <span
-class="asc">XVIII</span>, 34; <span class="asc">XXIV</span>,
-11; Juan, <span class="asc">XX</span>, 9, 24 y sig. La opinion
-contraria expresada en Mat., <span class="asc">XII</span>, 40; <span
-class="asc">XVI</span>, 4, 21; <span class="asc">XVII</span>, 9, 23;
-<span class="asc">XX</span>, 19; <span class="asc">XXVI</span>, 32;
-Marc., <span class="asc">VIII</span>, 31; <span class="asc">IX</span>,
-9-10, 31; <span class="asc">X</span>, 34; Luc., <span
-class="asc">IX</span>, 22; <span class="asc">XI</span>, 29-30; <span
-class="asc">XVIII</span>, 31 y sig.; <span class="asc">XXIV</span>,
-6-8; Justino, <i>Dial. cum Tryph.</i>, 106, proviene de que á
-partir de cierta época, se tiene gran empeño en demostrar que Jesús
-anunció su resurreccion. Por lo demás, los sinópticos reconocen que
-si Jesús habló, los Apóstoles no comprendieron nada. (Marc., <span
-class="asc">IX</span>, 10, 32; Luc., <span class="asc">XVIII</span>,
-34; compárese Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 8, y Juan, <span
-class="asc">II</span>, 21-22.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_63" href="#FNanchor_63" class="label">[63]</a>
-Marc., <span class="asc">XVI</span>, 10; Luc., <span
-class="asc">XXIV</span>, 17, 21.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_64" href="#FNanchor_64" class="label">[64]</a>
-Pasajes precitados, sobre todo Luc., <span class="asc">XVII</span>,
-24-25; <span class="asc">XVIII</span>, 31-34.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_65" href="#FNanchor_65" class="label">[65]</a>
-Talmud de Babilonia, <i>Baba Bathra</i>, 58 <i>a</i>, y el extracto
-árabe que da el abate Bargés en el <i>Bulletin de l’Œuvre des
-pélerinages en terre sainte</i>, febrero 1863.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_66" href="#FNanchor_66" class="label">[66]</a>
-Ibn-Hischam, <i>Sirat errasoul</i>, edic. Wüstenfeld, pág. 1012 y
-sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_67" href="#FNanchor_67" class="label">[67]</a>
-Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 23; <i>Act.</i>, <span
-class="asc">XXV</span>, 19; Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span
-class="asc">III</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_68" href="#FNanchor_68" class="label">[68]</a>
-Salmo <span class="asc">XVI</span>, 10. El sentido del original es un
-poco diferente pero así es como las versiones recibidas traducen el
-pasaje.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_69" href="#FNanchor_69" class="label">[69]</a>
-I Tes., <span class="asc">IV</span>, 12 y sig.; I
-Cor., <span class="asc">XV</span> entero; Apoc., <span
-class="asc">XX-XXII</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_70" href="#FNanchor_70" class="label">[70]</a>
-Mat., <span class="asc">XVI</span>, 21 y sig.; Marc., <span
-class="asc">VIII</span>, 31 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_71" href="#FNanchor_71" class="label">[71]</a>
-Josefo, <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">III</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_72" href="#FNanchor_72" class="label">[72]</a> Leer
-con cuidado los cuatro relatos de los Evangelios y el pasaje I Cor.,
-<span class="asc">XV</span>, 4-8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_73" href="#FNanchor_73" class="label">[73]</a>
-Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 1; Marc., <span
-class="asc">XVI</span>, 1; Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 1;
-Juan, <span class="asc">XX</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_74" href="#FNanchor_74" class="label">[74]</a> Juan,
-<span class="asc">XX</span>, 2, parece suponer que María no estaba
-siempre sola.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_75" href="#FNanchor_75" class="label">[75]</a>
-Juan, <span class="asc">XX</span>, 1 sig., y Marc., <span
-class="asc">XVI</span>, 9 y sig. Es preciso notar que el Evangelio
-de Márcos tiene, en nuestros textos impresos del Nuevo Testamento,
-dos finales: Marc., <span class="asc">XVI</span>, 1-8; Marc., <span
-class="asc">XVI</span>, 9-20, sin hablar de otros dos, uno de los
-cuales ha sido conservado por el manuscrito L de París y el margen de
-la version filoxeniana (<i>Nov. Test.</i> edic. Griesbach-Schultz,
-I, pág. 291, nota), el otro por San Gerónimo, <i>Adv. Pelag.</i>,
-l. II (t. IV, 2.ª parte, col. 520, edic. Martianay). El final <span
-class="asc">XVI</span>, 9 y sig. falta en el manuscrito B del Vaticano,
-en el <i>Codex Sinaiticus</i> y en los más importantes manuscritos
-griegos, pero es de una remota antigüedad y concuerda con el cuarto
-Evangelio de una manera admirable.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_76" href="#FNanchor_76" class="label">[76]</a> Mat.,
-<span class="asc">XXVII</span>, 60; Marc., <span class="asc">XV</span>,
-46; Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 53.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_77" href="#FNanchor_77" class="label">[77]</a> Juan,
-<span class="asc">XIX</span>, 41-42.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_78" href="#FNanchor_78" class="label">[78]</a> Véase
-<i>Vida de Jesús</i>, p. <span class="asc">XXXVIII</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_79" href="#FNanchor_79" class="label">[79]</a> El
-Evangelio de los hebreos contenia acaso algun dato análogo (en San
-Gerónimo, <i>De viris illustribus</i>, 2).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_80" href="#FNanchor_80" class="label">[80]</a> M.
-de Vogüé, <i>Les Églises de la terre sainte</i>, pág. 125-126. El
-verbo <span xml:lang="grc" lang="grc">ἀποκυλίω</span> (Mat., <span
-class="asc">XXVIII</span>, 2; Marc., <span class="asc">XVI</span>, 3,
-4; Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 2) prueba suficientemente que
-tal era la disposicion del sepulcro de Jesús.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_81" href="#FNanchor_81" class="label">[81]</a>
-El relato del cuarto Evangelio tiene en este punto una gran
-superioridad y nos sirve de guia principal. Segun Lucas, <span
-class="asc">XXIV</span>, 12, solo Pedro va al sepulcro. En el final
-de Márcos que nos da el manuscrito L y el margen de la version
-filoxeniana (Griesbach, <i>l. c.</i>), se menciona <span xml:lang="grc"
-lang="grc">τοῖς περὶ τὸν Πέτρον</span>. San Pablo (I Cor., <span
-class="asc">XV</span>, 5) tampoco hace figurar más que á Pedro en
-esta primera vision. Más lejos, Lucas (<span class="asc">XXIV</span>,
-24) supone que varios discípulos han ido al sepulcro con lo cual se
-indica probablemente las visitas que se hicieron luego. Es posible
-que Juan, cediendo á una segunda intencion, que se revela más de
-una vez en su Evangelio, quisiera demostrar que desempeñó en la
-historia de Jesús un papel tan importante como el de Pedro. Acaso
-tambien las repetidas declaraciones de Juan de haber sido testigo
-ocular de los hechos fundamentales de la fé cristiana (Evang., <span
-class="asc">I</span>, 14; <span class="asc">XXI</span>, 24; I Juan,
-<span class="asc">I</span>, 1-3; <span class="asc">IV</span>, 14),
-deben aplicarse á esta visita.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_82" href="#FNanchor_82" class="label">[82]</a>
-Juan, <span class="asc">XX</span>, 1-10. Compar. Luc., <span
-class="asc">XXIV</span>, 12, 34; I Cor., <span class="asc">XV</span>, 5
-y el final de Márcos en el manuscrito L.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_83" href="#FNanchor_83" class="label">[83]</a>
-Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 9, observando que Mateo,
-<span class="asc">XXVIII</span>, 9-10, contesta á Juan, <span
-class="asc">XX</span>, 16-17.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_84" href="#FNanchor_84" class="label">[84]</a>
-Juan, <span class="asc">XX</span>, 11-17, conforme con Márcos, <span
-class="asc">XVI</span>, 9-10. Compárese el relato paralelo, aun cuando
-menos satisfactorio, de Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 1-10;
-Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 1-10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_85" href="#FNanchor_85" class="label">[85]</a> Juan,
-<span class="asc">XX</span>, 18.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_86" href="#FNanchor_86" class="label">[86]</a>
-Compárese Marc., <span class="asc">XVI</span>, 9; Luc., <span
-class="asc">VIII</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_87" href="#FNanchor_87" class="label">[87]</a> Luc.,
-<span class="asc">XXIV</span>, 11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_88" href="#FNanchor_88" class="label">[88]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XXIV</span>, 24.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_89" href="#FNanchor_89" class="label">[89]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XXIV</span>, 34; I Cor., <span
-class="asc">XV</span>, 5; el final de Márcos en el manuscrito L. El
-fragmento del Evangelio de los hebreos en San Ignacio, <i>Epist. ad
-Smyrn.</i>, 3, y en San Gerónimo, <i>De viris ill.</i>, 16 parece
-situar la «vision de Pedro» por la noche, y la fusiona con la de los
-apóstoles reunidos. Pero San Pablo distingue expresamente las dos
-visiones.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_90" href="#FNanchor_90" class="label">[90]</a> Luc.,
-<span class="asc">XXIV</span>, 22-24, 34. Resulta de estos pasajes que
-las noticias se extendieron separadamente.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_91" href="#FNanchor_91" class="label">[91]</a>
-Marc., <span class="asc">XVI</span>, 1-8.—Mat., <span
-class="asc">XXVIII</span>, 9-10 dice lo contrario, pero esto desentona
-con el sistema sinóptico en el cual las mujeres no ven sino un ángel.
-Parece que el primer Evangelio ha querido conciliar el sistema
-sinóptico con el cuarto, donde una sola mujer vé á Jesús.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_92" href="#FNanchor_92" class="label">[92]</a>
-Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 2 y sig.; Marc., <span
-class="asc">XVI</span>, 5 y sig.; Luc., <span class="asc">XXIV</span>,
-4 y sig., 23. Esta aparicion de los ángeles se ha introducido en el
-relato del cuarto Evangelio (<span class="asc">XX</span>, 12-13),
-trastornándolo completamente, puesto que se atribuye á María Magdalena.
-El autor no ha querido prescindir de este hecho referido por la
-tradicion.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_93" href="#FNanchor_93" class="label">[93]</a>
-Marc., <span class="asc">XVI</span>, 8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_94" href="#FNanchor_94" class="label">[94]</a> Luc.,
-<span class="asc">XXIV</span>, 4-7; Juan, <span class="asc">XX</span>,
-12-13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_95" href="#FNanchor_95" class="label">[95]</a> Mat.,
-<span class="asc">XXVIII</span>, 1 y sig. En el relato de Mateo es
-donde más se han exagerado estas circunstancias. El temblor de tierra y
-lo de los guardias son probablemente adiciones tardías.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_96" href="#FNanchor_96" class="label">[96]</a>
-Los seis ó siete relatos que tenemos de la escena de la mañana,
-(Márcos tiene dos ó tres, y Pablo tiene tambien el suyo, sin hablar
-del Evangelio de los hebreos) están en completo desacuerdo unos con
-otros.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_97" href="#FNanchor_97" class="label">[97]</a> Mat.,
-<span class="asc">XXVI</span>, 31; Marc., <span class="asc">XIV</span>,
-27; Juan, <span class="asc">XVI</span>, 32; Justino, <i>Apol.</i>,
-I, 50; <i>Dial. cum Tryph.</i>, 53, 106. Justino opina que en el
-momento de la muerte de Jesús, cundió una completa apostasía entre los
-discípulos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_98" href="#FNanchor_98" class="label">[98]</a>
-Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 17; Marc., <span
-class="asc">XVI</span>, 11; Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_99" href="#FNanchor_99" class="label">[99]</a>
-Marc., <span class="asc">XVI</span>, 9; Luc., <span
-class="asc">VIII</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_100" href="#FNanchor_100" class="label">[100]</a>
-Véase, por ejemplo, Calmeil, <i>De la folie au point de vue
-pathologique, philosophique, historique et judiciaire</i>. París, 1845,
-2 volúmenes en 8.º</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_101" href="#FNanchor_101" class="label">[101]</a>
-Véanse las <i>Lettres pastorales</i> de Jurieu, primer año, séptima
-carta; tercer año, cuarta carta; Misson, <i>Le Théâtre sacré des
-Cévennes</i> (Lóndres, 1707), págs. 28, 34, 38, 102, 103, 104, 107;
-Memorias de Court, en Sayous, <i>Hist. de la littér. française à
-l’étranger</i>, siglo <span class="asc">XVII</span>, I, pág. 303;
-<i>Bulletin de la Société de l’hist. du protest. franç.</i>, 1862,
-página 174.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_102" href="#FNanchor_102" class="label">[102]</a>
-Mat., <span class="asc">XIV</span>, 26; Marc., <span
-class="asc">VI</span>, 49; Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 37;
-Juan, <span class="asc">IV</span>, 19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_103" href="#FNanchor_103" class="label">[103]</a>
-Marc., <span class="asc">XVI</span>, 12-13; Luc., <span
-class="asc">XXIV</span>, 13-33.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_104" href="#FNanchor_104" class="label">[104]</a>
-Compárese Josefo, <i>B. J.</i>, VII, <span class="asc">VI</span>, 6.
-Lucas dice que esta aldea se hallaba á sesenta estadios de Jerusalem,
-y Josefo á treinta. <span xml:lang="grc" lang="grc">Ἑξήκοντα</span>,
-que aparece en algunos manuscritos y algunas ediciones de Josefo, es
-una correccion cristiana. Véase la edicion de G. Dindorf. La situacion
-más probable de Emmaus es Kulonié, lugar muy bonito que se halla en
-el fondo de un valle en el camino de Jerusalem á Jaffa. Véase Sepp,
-<i>Jerusalem und das heilige Land</i> (1863), I, p. 56; Bourquenoud,
-en los <i>Études rel. hist. et litt.</i> des PP. de la Soc. de Jésus,
-1863, núm. 9, y para las distancias exactas, H. Zschokke, <i>Das
-neutestamentliche Emmaus</i> (Schaffhausen, 1865).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_105" href="#FNanchor_105" class="label">[105]</a>
-Marc., <span class="asc">XVI</span>, 14; Luc., <span
-class="asc">XXIV</span>, 33 y sig.; Juan, <span class="asc">XX</span>,
-19 y sig.; Evangelio de los hebreos en san Ignacio, <i>Epist. ad
-Smyrn.</i>, 3, y en san Gerónimo, <i>De viris ill.</i>, 16; I Cor.,
-<span class="asc">XV</span>, 5; Justino, <i>Dial. cum Tryph.</i>,
-106.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_106" href="#FNanchor_106" class="label">[106]</a>
-Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 34.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_107" href="#FNanchor_107" class="label">[107]</a>
-En una isla que hay frente á Rotterdam, cuya poblacion es calvinista
-y de las más austeras, los aldeanos están persuadidos que Jesús va á
-su lecho de muerte para confirmar á sus elegidos de su justificacion;
-muchos le ven en efecto.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_108" href="#FNanchor_108" class="label">[108]</a>
-Para concebir la posibilidad de semejantes ilusiones, basta recordar
-las escenas de nuestros dias, en que varias personas reunidas reconocen
-unánimemente que han oido rumores imaginarios, y esto con la mejor
-buena fé. La expectativa, el esfuerzo de la imaginacion, la disposicion
-á creer, á veces bromas inocentes, explican esos fenómenos cuando no
-son hijos del engaño. Esas bromas provienen en lo general de personas
-convencidas, animadas de un sentimiento benévolo que no desean que
-una reunion languidezca y que tratan de sacar de apuro á los dueños
-de la casa. La duda y la negacion son imposibles en esa clase de
-reuniones, porque se disgustaria á las personas que os han invitado
-y creen en tales milagros. Hé aquí por qué esas experiencias que dan
-buen resultado en pequeños grupos, hacen fiasco por lo general ante
-un público que paga, y no pueden verificarse ante las comisiones
-científicas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_109" href="#FNanchor_109" class="label">[109]</a>
-Juan, <span class="asc">XX</span>, 22-23, que resuena en Lucas, <span
-class="asc">XXIV</span>, 49.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_110" href="#FNanchor_110" class="label">[110]</a>
-Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 17; Marc., <span
-class="asc">XVI</span>, 14; Luc., <span class="asc">XXIV</span>,
-39-40.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_111" href="#FNanchor_111" class="label">[111]</a>
-Juan, <span class="asc">XX</span>, 24-29; compárese Márcos, <span
-class="asc">XVI</span>, 14; Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 39-40,
-y el final de Márcos conservado por San Gerónimo, <i>Adv. Pelag.</i>,
-II (véase más arriba, <a href="#Page_63">p. 63</a>).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_112" href="#FNanchor_112" class="label">[112]</a>
-Juan, <span class="asc">XX</span>, 29.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_113" href="#FNanchor_113" class="label">[113]</a> Es
-muy notable en efecto que Juan, bajo cuyo nombre se nos ha trasmitido
-dicha frase, no tenga vision particular para él solo. Cf. I Cor., <span
-class="asc">XV</span>, 5-8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_114" href="#FNanchor_114" class="label">[114]</a>
-Juan, <span class="asc">XX</span>, 26. El pasaje <span
-class="asc">XXI</span>, 14, supone, es cierto, que no se produjeron
-en Jerusalem más que dos apariciones ante los discípulos reunidos;
-pero los pasajes <span class="asc">XX</span>, 30, y <span
-class="asc">XXI</span>, 25 dejan mucha más latitud. Compárese
-<i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_115" href="#FNanchor_115" class="label">[115]</a>
-Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 41-43; Evangelio de los hebreos,
-en San Gerónimo, <i>De viris illustribus</i>, 2; final de Márcos, en
-San Gerónimo, <i>Adv. Pelag.</i>, II.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_116" href="#FNanchor_116" class="label">[116]</a>
-Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 7; Marc., <span
-class="asc">XVI</span>, 7.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_117" href="#FNanchor_117" class="label">[117]</a>
-Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_118" href="#FNanchor_118" class="label">[118]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XXVI</span>, 32; Marc., <span
-class="asc">XIV</span>, 28.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_119" href="#FNanchor_119" class="label">[119]</a>
-Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 16; Juan, <span
-class="asc">XXI</span>.—Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 49, 50,
-52 y las <i>Actas</i>, <span class="asc">I</span>, 3-4, están aquí en
-contradiccion manifiesta con Marc., <span class="asc">XVI</span>, 1-8,
-y Mateo. El segundo final de Márcos (<span class="asc">XVI</span>,
-9 y sig.) y aun los dos otros que no forman parte del texto
-recibido (véase más arriba, <a href="#Page_63">p. 63</a>), parecen
-arreglados al sistema de Lucas, pero esto no puede prevalecer contra
-el acuerdo de una parte de la tradicion sinóptica con el cuarto
-Evangelio, y aun indirectamente con lo que dice Pablo (I Cor., <span
-class="asc">XV</span>, 5-8) sobre este punto.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_120" href="#FNanchor_120" class="label">[120]</a>
-Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_121" href="#FNanchor_121" class="label">[121]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XXVIII</span>, 7; Marc., <span
-class="asc">XVI</span>, 7.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_122" href="#FNanchor_122" class="label">[122]</a>
-Final de Márcos, en San Gerónimo, <i>Adv. Pelag.</i>, II.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_123" href="#FNanchor_123" class="label">[123]</a>
-Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_124" href="#FNanchor_124" class="label">[124]</a>
-Juan, <span class="asc">XXI</span>, 2 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_125" href="#FNanchor_125" class="label">[125]</a>
-El autor de las <i>Actas</i>, <span class="asc">I</span>, 14, las
-supone en Jerusalem desde la Ascension, pero esto depende de su plan
-sistemático (Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 49; <i>Actas</i>,
-1-4) de no admitir el viaje á Galilea despues de la resurreccion,
-(sistema opuesto al de Mateo y de Juan). Para sostener esta opinion,
-se vé precisado á suponer la ascension en Betania, lo cual contradicen
-todas las tradiciones.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_126" href="#FNanchor_126" class="label">[126]</a> I
-Cor., <span class="asc">XV</span>, 5 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_127" href="#FNanchor_127" class="label">[127]</a>
-Juan, <span class="asc">XXI</span>, 1 y sig. Este capítulo se adicionó
-al Evangelio, ya concluido, como un <i>post-scriptum</i>, pero tiene el
-mismo orígen que los demás.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_128" href="#FNanchor_128" class="label">[128]</a>
-Juan, <span class="asc">XXI</span>, 9-14; comp. Luc., <span
-class="asc">XXIV</span>, 41-43. Juan reunió en una sola las dos escenas
-de la pesca y de la comida; pero Lucas no hace esta agrupacion. De
-todos modos si se estudian atentamente los versículos Juan, <span
-class="asc">XXI</span>, 14-15, podrá uno reconocer que los enlaces de
-Juan son aquí un poco artificiales. Las alucinaciones son aisladas
-en el momento que se producen; solo despues se forman anécdotas
-continuadas. Este sistema de unir dos hechos separados es por demás
-sorprendente comparando entre sí dos pasajes del mismo escritor, Lucas,
-<i>Evang.</i>, <span class="asc">XXIV</span>, final, y <i>Act.</i>,
-<span class="asc">I</span>, inicio. Segun el primer pasaje, Jesús subió
-al cielo el mismo dia de la resurreccion, pero el segundo dice que
-hubo un intervalo de cuarenta dias. Tomando al pié de la letra lo que
-refiere Marc., <span class="asc">XVI</span>, 9-20, la ascension hubiera
-tenido lugar la misma noche de la resurreccion. Nada prueba mejor que
-la contradiccion de Lucas en estos dos pasajes cuán poco se cuidaban de
-la exactitud de sus relatos los redactores de escritos evangélicos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_129" href="#FNanchor_129" class="label">[129]</a>
-Juan, <span class="asc">XXI</span>, 15 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_130" href="#FNanchor_130" class="label">[130]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XXI</span>, 18 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_131" href="#FNanchor_131" class="label">[131]</a> I
-Cor., <span class="asc">XV</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_132" href="#FNanchor_132" class="label">[132]</a>
-Transfiguracion.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_133" href="#FNanchor_133" class="label">[133]</a>
-Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 16-20; I Cor., <span
-class="asc">XV</span>, 6. Comp. Marc., <span class="asc">XVI</span>, 15
-y sig.; Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 44 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_134" href="#FNanchor_134" class="label">[134]</a> I
-Cor., <span class="asc">XV</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_135" href="#FNanchor_135" class="label">[135]</a>
-Juan no limita la duracion de la segunda vida de Jesús, pero
-supone que fué bastante larga. Segun Mateo, no duró sino el tiempo
-necesario para hacer el viaje á Galilea, é ir á la montaña indicada
-por Jesús. Segun el primer final no concluido de Márcos (<span
-class="asc">XVI</span>, 1-8), las cosas pasaron como dice Mateo.
-Segun el segundo final (<span class="asc">XVI</span>, 9-20), otros
-varios (véase p. 63, <a href="#Footnote_75">nota 4</a>) y conforme
-al Evangelio de Lucas, parece que la segunda vida no duró más
-que un dia. Pablo (I Cor., <span class="asc">XV</span>, 5-8), de
-acuerdo con el cuarto Evangelio, la prolonga durante algunos años,
-y produce despues su vision, que tuvo lugar al menos cinco ó seis
-años despues de la vida de Jesús, y fué la última de las apariciones.
-La circunstancia de los «quinientos hermanos», induce á la misma
-suposicion, pues no parece verosímil que al siguiente dia de la
-muerte de Jesús, fuera tan considerable el grupo de sus amigos.
-(<i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 15). Varias sectas gnósticas,
-evaluaban la duracion de las apariciones en diez y ocho meses,
-fundando sobre esto teorías místicas (Ireneo, <i>Adv. hær.</i>, I,
-<span class="asc">III</span>, 2; <span class="asc">XXX</span>, 14).
-Solo el autor de las <i>Actas</i> (<span class="asc">I</span>, 3)
-fija la duracion de la segunda vida de Jesús en cuarenta dias, pero
-es una autoridad de poco valor, sobre todo si se observa que procede
-de un sistema erróneo (Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 49, 50,
-52; <i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 4, 12), segun el cual
-toda la segunda vida se pasó en Jerusalem ó en sus alrededores. El
-número <i>cuarenta</i> es simbólico: (el pueblo pasa cuarenta dias en
-el desierto; Moisés cuarenta dias en el Sinaí; Elías y Jesús ayunan
-cuarenta dias, etc.). En cuanto á la forma del relato adoptado por
-el autor de los doce últimos versículos del segundo Evangelio, y por
-el del tercero, véase p. 84, <a href="#Footnote_128">nota</a>. La
-autoridad de Pablo, la más antigua y la más autorizada de todas, que
-corroborando la del cuarto Evangelio ofrece para esta parte de la
-historia Evangélica más verosimilitud, nos parece ofrecer un argumento
-decisivo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_136" href="#FNanchor_136" class="label">[136]</a>
-Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 31.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_137" href="#FNanchor_137" class="label">[137]</a>
-Juan, <span class="asc">XX</span>, 19-26.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_138" href="#FNanchor_138" class="label">[138]</a>
-Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 9; Luc., <span
-class="asc">XXIV</span>, 37 y sig.; Juan, <span class="asc">XX</span>,
-27 y sig.; <span class="asc">XXI</span>, 5 y sig.; Evangelio de los
-hebreos en san Ignacio, epístola de los Esmirnos, 3, y en san Gerónimo,
-<i>De viris illustribus</i>, 16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_139" href="#FNanchor_139" class="label">[139]</a>
-Juan, <span class="asc">VI</span>, 64.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_140" href="#FNanchor_140" class="label">[140]</a>
-Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 11-15; Justino, <i>Dial. cum
-Tryph.</i>, 17, 108.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_141" href="#FNanchor_141" class="label">[141]</a>
-Mat., <span class="asc">XXVII</span>, 62-66; <span
-class="asc">XXVIII</span>, 4, 11-15.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_142" href="#FNanchor_142" class="label">[142]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XXVIII</span>, 2 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_143" href="#FNanchor_143" class="label">[143]</a>
-Segun Mat., <span class="asc">XXVII</span>, 63, parece que los judíos
-sabian que Jesús habia predicho que resucitaria, pero los mismos
-discípulos de Jesús no tenian ninguna idea precisa sobre este punto.
-Véase pág. 59, <a href="#Footnote_62">nota</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_144" href="#FNanchor_144" class="label">[144]</a>
-En Mat., <span class="asc">XXVI</span>, 32; <span
-class="asc">XXVIII</span>, 7, 10; y en Marc., <span
-class="asc">XIV</span>, 28; <span class="asc">XVI</span>, 7 se indica
-vagamente esta opinion.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_145" href="#FNanchor_145" class="label">[145]</a>
-Esto se ha visto por los milagros de la Salette y de Lourdes.—Hé aquí
-por qué medios se forma comunmente la leyenda milagrosa. Un santo
-hombre, adquiere la fama de hacer curaciones; se le trae un enfermo que
-á causa de la emocion se siente aliviado, y al dia siguiente se refiere
-en diez leguas á la redonda que se ha verificado un milagro. El enfermo
-muere cinco ó seis dias despues, y nadie habla de ello, mas en el
-momento de enterrar al difunto, se habla con asombro de su curacion en
-un espacio de cuarenta leguas.—La palabra atribuida al filósofo griego
-delante de los <i>ex-votos</i> de Samotracia (Diog. Laerc., VI, <span
-class="asc">II</span>, 59) es asimismo perfectamente apropiada.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_146" href="#FNanchor_146" class="label">[146]</a>
-En Jerusalem ocurre todos los años un fenómeno de este género y de los
-más extraordinarios que puedan citarse. Los griegos ortodoxos pretenden
-que el fuego que se enciende espontáneamente en el Santo Sepulcro el
-sábado santo de su Pascua, borra los pecados de aquellos que se lo
-pasan por el semblante sin quemarse. Millares de peregrinos hacen esta
-prueba, pero se convencen de que aquel fuego quema (y esto lo prueban
-las contorsiones y gestos que hacen, así como tambien el olor que se
-percibe). Á pesar de esto, ninguno ha contradicho la creencia de la
-iglesia ortodoxa, porque esto seria confesar que no se tiene fé, que
-uno es indigno del milagro, y reconocer ¡oh cielos! que los latinos son
-la verdadera iglesia, pues los griegos suponen que este milagro es la
-mejor prueba de que su iglesia es la única buena.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_147" href="#FNanchor_147" class="label">[147]</a>
-Esta causa se vió ante el tribunal de Grenoble (sentencia del 2 de Mayo
-de 1855 y 6 Mayo 1847) defensas de los letrados Jules Fabre y Bethmont,
-etc., coleccionadas por J. Sabbatier (Grenoble, Vellot, 1857).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_148" href="#FNanchor_148" class="label">[148]</a>
-¿No se trasluce nada de esto en Juan, <span class="asc">XX</span>,
-15?</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_149" href="#FNanchor_149" class="label">[149]</a>
-Véase más arriba, <a href="#Caveau">p. 64-65</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_150" href="#FNanchor_150" class="label">[150]</a>
-Juan lo dice expresamente en <span class="asc">XIX</span>, 41-42.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_151" href="#FNanchor_151" class="label">[151]</a>
-Juan, <span class="asc">XX</span>, 6-7.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_152" href="#FNanchor_152" class="label">[152]</a>
-Involuntariamente se piensa en María de Betania, que en efecto no
-desempeña un papel marcado en la mañana del Domingo. Véase <i>Vida de
-Jesús</i>, p. 341 y sig.; 359 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_153" href="#FNanchor_153" class="label">[153]</a>
-Celso hacia sobre este punto excelentes observaciones críticas (en
-Orígenes, <i>Contra Celsum</i>, II, 55).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_154" href="#FNanchor_154" class="label">[154]</a>
-Marc., <span class="asc">XVI</span>, 9; Luc., <span
-class="asc">VIII</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_155" href="#FNanchor_155" class="label">[155]</a>
-Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 47.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_156" href="#FNanchor_156" class="label">[156]</a>
-Sobre el apelativo de «galileos» dado á los cristianos, véase más
-abajo, p. 252, <a href="#Footnote_699">nota 699</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_157" href="#FNanchor_157" class="label">[157]</a>
-Mateo es exclusivamente Galileo; Lucas y el segundo Márcos, <span
-class="asc">XVI</span>, 9-20 son exclusivamente Jerosolimitas. Juan
-reune ambas tradiciones. Pablo (I Cor., <span class="asc">XV</span>,
-5-8.) admite tambien visiones llegadas de puntos muy lejanos, y es
-posible que la vision de los «quinientos hermanos» de Pablo, que hemos
-identificado por conjetura con la de la «montaña de Galilea,» de Mateo,
-sea una vision Jerosolimita.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_158" href="#FNanchor_158" class="label">[158]</a> I
-Cor., <span class="asc">XV</span>, 7. No se explica el silencio de los
-cuatro Evangelios canónicos acerca de esta vision, sino suponiéndola en
-una época más lejana que aquella á que se refiere su relato. El órden
-cronológico de las visiones, sobre el cual insiste Pablo con tanta
-precision, induce á creer lo mismo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_159" href="#FNanchor_159" class="label">[159]</a>
-Evangelio de los hebreos citado por San Gerónimo, <i>De viris
-illustribus</i>, 2. Compárese Luc., <span class="asc">XXIV</span>,
-41-43.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_160" href="#FNanchor_160" class="label">[160]</a>
-Evangelio de los hebreos, <i>loc. cit.</i></p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_161" href="#FNanchor_161" class="label">[161]</a>
-Juan, <span class="asc">VII</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_162" href="#FNanchor_162" class="label">[162]</a>
-¿Se aludirá á este brusco cambio en Gal., <span class="asc">II</span>,
-6?</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_163" href="#FNanchor_163" class="label">[163]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 14 no es un testimonio muy
-autorizado. Se reconoce en Lucas una tendencia á engrandecer á María.
-Luc., cap. <span class="asc">I</span> y <span class="asc">II</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_164" href="#FNanchor_164" class="label">[164]</a>
-Juan, <span class="asc">XIX</span>, 25-27.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_165" href="#FNanchor_165" class="label">[165]</a>
-La tradicion que habla de su permanencia en Éfeso es moderna y no
-tiene valor alguno. Véase Epifanio, <i>Adv. hær.</i>, hær. <span
-class="asc">LXXVIII</span>, 11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_166" href="#FNanchor_166" class="label">[166]</a>
-Véase, <i>Vida de Jesús</i>, págs. 23 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_167" href="#FNanchor_167" class="label">[167]</a>
-Evangelio segun los hebreos, véase lugar citado en la <a
-href="#Footnote_159">pág. 97, nota 159</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_168" href="#FNanchor_168" class="label">[168]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 1; Galat., <span
-class="asc">I</span>, 17-19; <span class="asc">II</span>, 1 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_169" href="#FNanchor_169" class="label">[169]</a>
-Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 49; <i>Act.</i>, <span
-class="asc">I</span>, 4.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_170" href="#FNanchor_170" class="label">[170]</a> Es
-cierto que esta idea no está desarrollada sino en el cuarto Evangelio,
-(cap. <span class="asc">XIV</span>, <span class="asc">XV</span>,
-<span class="asc">XVI</span>), pero se indica en Mat., <span
-class="asc">III</span>, 11; Marc., <span class="asc">I</span>, 8; Luc.,
-<span class="asc">III</span>, 16; <span class="asc">XII</span>, 11-12;
-<span class="asc">XXIV</span>, 49.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_171" href="#FNanchor_171" class="label">[171]</a>
-Juan, <span class="asc">XX</span>, 22-23.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_172" href="#FNanchor_172" class="label">[172]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XVI</span>, 7.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_173" href="#FNanchor_173" class="label">[173]</a>
-Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 49; <i>Act.</i>, <span
-class="asc">I</span>, 4 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_174" href="#FNanchor_174" class="label">[174]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 5-8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_175" href="#FNanchor_175" class="label">[175]</a>
-I Cor., <span class="asc">XV</span>, 7; Luc., <span
-class="asc">XXIV</span>, 50 y sig.; <i>Act.</i>, <span
-class="asc">I</span>, 2 y sig. Ciertamente seria muy admisible que la
-vision de Betania referida por Lucas fuese semejante á la de la montaña
-de que nos habla Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 16 y sig. Sin
-embargo, á la vision de que hablaba Mateo no siguió la ascension. En
-el segundo final de Márcos, la vision de las instrucciones finales,
-seguida de la ascension, tuvo lugar en Jerusalem. Finalmente, Pablo
-presenta la vision de todos los apóstoles como distinta de la de los
-quinientos hermanos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_176" href="#FNanchor_176" class="label">[176]</a>
-Otras tradiciones aseguran que Jesús confirió este poder en visiones
-anteriores (Juan, <span class="asc">XX</span>, 23)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_177" href="#FNanchor_177" class="label">[177]</a>
-Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 23; <i>Act.</i>, <span
-class="asc">XXV</span>, 19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_178" href="#FNanchor_178" class="label">[178]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_179" href="#FNanchor_179" class="label">[179]</a> I
-Cor., <span class="asc">XV</span>, 8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_180" href="#FNanchor_180" class="label">[180]</a>
-Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 20.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_181" href="#FNanchor_181" class="label">[181]</a>
-Juan, <span class="asc">III</span>, 13; <span class="asc">VI</span>,
-62; <span class="asc">XVI</span>, 7; <span class="asc">XX</span>,
-17; Efes., <span class="asc">IV</span>, 10; I Petri, <span
-class="asc">III</span>, 22. Ni Mateo ni Juan dan el relato de la
-ascension. Pablo (I Cor., <span class="asc">XV</span>, 7-8), ni
-siquiera incluye semejante idea.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_182" href="#FNanchor_182" class="label">[182]</a>
-Marc., <span class="asc">XVI</span>, 19; Luc., <span
-class="asc">XXIV</span>, 50-52; <i>Act.</i>, 2-12; Justino, <i>Apol.
-I</i>, 50; <i>Ascension de Isaías</i>, version etíope, <span
-class="asc">XI</span>, 22; version latina (Venecia, 1522), <i>sub
-fin.</i></p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_183" href="#FNanchor_183" class="label">[183]</a>
-Compárese el relato de la transfiguracion.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_184" href="#FNanchor_184" class="label">[184]</a>
-Jos., <i>Antiq.</i>, IV, <span class="asc">VIII</span>, 48.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_185" href="#FNanchor_185" class="label">[185]</a> II
-Reg., <span class="asc">II</span>, 11 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_186" href="#FNanchor_186" class="label">[186]</a>
-Luc., último capítulo del Evangelio y primero de las <i>Actas</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_187" href="#FNanchor_187" class="label">[187]</a>
-Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 52.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_188" href="#FNanchor_188" class="label">[188]</a>
-Mateo, <span class="asc">XVIII</span>, 20.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_189" href="#FNanchor_189" class="label">[189]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 15. La mayor parte de los
-«quinientos hermanos» se habian quedado en Galilea; por consiguiente,
-lo que dice <i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 41 es una
-exageracion ó por lo menos una anticipacion.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_190" href="#FNanchor_190" class="label">[190]</a>
-Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 53; <i>Act.</i>, <span
-class="asc">II</span>, 46. Comp. Luc., <span class="asc">II</span>,
-37; Hegesipo, en Eusebio, <i>Historia eclesiástica</i>, <span
-class="asc">II</span>, 23.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_191" href="#FNanchor_191" class="label">[191]</a>
-Deuter., <span class="asc">X</span>, 18; I Tim., <span
-class="asc">VI</span>, 8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_192" href="#FNanchor_192" class="label">[192]</a>
-Léase la <i>Guerra de los judíos</i> de Josefo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_193" href="#FNanchor_193" class="label">[193]</a>
-Juan, <span class="asc">XX</span>, 22.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_194" href="#FNanchor_194" class="label">[194]</a> I
-Reg., <span class="asc">XIX</span>, 11-12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_195" href="#FNanchor_195" class="label">[195]</a>
-Esta obra parece haber sido escrita á principios del siglo <span
-class="asc">II</span> de nuestra era.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_196" href="#FNanchor_196" class="label">[196]</a>
-<i>Ascension de Isaías</i>, <span class="asc">VI</span>, 6 y sig.
-(Version etíope).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_197" href="#FNanchor_197" class="label">[197]</a>
-Mat., <span class="asc">III</span>, 11; Marc., <span
-class="asc">I</span>, 8; Luc., <span class="asc">III</span>,
-16; <i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 5; <span
-class="asc">XI</span>, 16; <span class="asc">XIX</span>, 4; I Juan,
-<span class="asc">V</span>, 6 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_198" href="#FNanchor_198" class="label">[198]</a>
-Compárese á Misson, en su <i>Le Théâtre sacré des Cévennes</i>
-(Lóndres, 1707), pág. 103.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_199" href="#FNanchor_199" class="label">[199]</a>
-<i>Revue des Deux Mondes</i>, setiembre de 1853, pág. 966 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_200" href="#FNanchor_200" class="label">[200]</a>
-Jules Remy, <i>Voyage au pays des Mormons</i>, (París, 1860), libros
-<span class="asc">II</span> y <span class="asc">III</span>; por
-ejemplo, tomo I, pág. 259-260; tomo II, 470 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_201" href="#FNanchor_201" class="label">[201]</a>
-Astié, <i>Le Réveil religieux des États-Unis</i> (Lausanne, 1859).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_202" href="#FNanchor_202" class="label">[202]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 1-3; Justino, <i>Apol. I</i>,
-50.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_203" href="#FNanchor_203" class="label">[203]</a>
-La expresion <i>lengua de fuego</i>, significa simplemente, en hebreo,
-una llama (Isaías <span class="asc">V</span>, 24). Comp. Virgilio,
-<i>Æn.</i>, II, 682-84.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_204" href="#FNanchor_204" class="label">[204]</a>
-Jámblico (<i>De myst.</i>, sect. III, cap. 6) expone toda la teoría de
-esas bajadas luminosas del Espíritu.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_205" href="#FNanchor_205" class="label">[205]</a>
-Compárese Talmud de Babilonia, <i>Chagiga</i>, 14 <i>b</i>; Midrachim,
-<i>Schir hasschirin rabba</i>, fol. 10 <i>b</i>; <i>Ruth rabba</i>,
-fol. 42 <i>a</i>; <i>Koheleth rabba</i>, 87, <i>a</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_206" href="#FNanchor_206" class="label">[206]</a>
-Mat., <span class="asc">III</span>, 11; Luc., <span
-class="asc">III</span>, 16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_207" href="#FNanchor_207" class="label">[207]</a>
-Éxodo, <span class="asc">IV</span>, 10; comp. Jeremías, <span
-class="asc">I</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_208" href="#FNanchor_208" class="label">[208]</a>
-Isaías, <span class="asc">VI</span>, 5 y sig; comp. Jeremías, <span
-class="asc">I</span>, 9.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_209" href="#FNanchor_209" class="label">[209]</a>
-Luc., <span class="asc">XI</span>, 12; Juan, <span
-class="asc">XIV</span>, 26.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_210" href="#FNanchor_210" class="label">[210]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 5 y sig. Este es el sentido
-más probable, aunque tambien puede significar que cada predicador
-hablaba uno de los diferentes idiomas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_211" href="#FNanchor_211" class="label">[211]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 4. Comp. I Cor., <span
-class="asc">XII</span>, 10, 28; <span class="asc">XIV</span>, 21-22.
-Para imaginaciones análogas véase Calmeil, <i>De la folie</i>, I, p. 9,
-262; II, p. 357 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_212" href="#FNanchor_212" class="label">[212]</a>
-Talmud de Jerusalem, <i>Sota</i>, 21 <i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_213" href="#FNanchor_213" class="label">[213]</a>
-<i>Testamento de los doce patriarcas.</i>, Judá, 25.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_214" href="#FNanchor_214" class="label">[214]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 4; <span
-class="asc">X</span>, 44 y sig. <span class="asc">XI</span>, 15; <span
-class="asc">XIX</span>, 6; I Cor., <span class="asc">XII-XIV</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_215" href="#FNanchor_215" class="label">[215]</a>
-Marc., <span class="asc">XVI</span>, 17. Debe recordarse que en el
-antiguo hebreo, como en todas las lenguas antiguas, (véase mi <i>Orig.
-du langage</i>, pág. 177 y sig.) las palabras «extranjero», «lengua
-extranjera», se derivaban de palabras que significaban «tartamudear»,
-«balbucear», porque los pueblos sencillos tomaban siempre un idioma
-desconocido por un tartamudeo indistinto. Véase Isaías, <span
-class="asc">XXVIII</span>, 11; <span class="asc">XXXIII</span>, 19; I
-Cor., <span class="asc">XIV</span>, 21.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_216" href="#FNanchor_216" class="label">[216]</a> I
-Cor., <span class="asc">XIII</span>, 1. (Véase la nota anterior).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_217" href="#FNanchor_217" class="label">[217]</a>
-I Cor., <span class="asc">XII</span>, 28, 30; <span
-class="asc">XIV</span>, 2 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_218" href="#FNanchor_218" class="label">[218]</a> I
-Sam., <span class="asc">XIX</span>, 23 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_219" href="#FNanchor_219" class="label">[219]</a>
-Plutarco, <i>De Pythiæ oraculis</i>, 24. Véase tambien la prediccion de
-Casandra en el <i>Agamemnon</i> de Esquilo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_220" href="#FNanchor_220" class="label">[220]</a> I
-Cor., <span class="asc">XII</span>, 3; <span class="asc">XVI</span>,
-22; Rom., <span class="asc">VIII</span>, 15.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_221" href="#FNanchor_221" class="label">[221]</a>
-Rom., <span class="asc">VIII</span>, 23, 26, 27.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_222" href="#FNanchor_222" class="label">[222]</a> I
-Cor., <span class="asc">XIII</span>, 1; <span class="asc">XIV</span>, 7
-y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_223" href="#FNanchor_223" class="label">[223]</a>
-Rom., <span class="asc">VIII</span>, 26-27.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_224" href="#FNanchor_224" class="label">[224]</a> I
-Cor., <span class="asc">XIV</span>, 13, 14, 27 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_225" href="#FNanchor_225" class="label">[225]</a>
-Jurieu, <i>Lettres pastorales</i>; tercer año, carta 3.ª; Misson, <i>Le
-Théâtre sacré des Cévennes</i>, p. 10, 14, 15, 18, 19, 22, 31, 32, 36,
-37, 65, 66, 68, 70, 94, 104, 109, 126, 140; Brueys, <i>Histoire du
-fanatisme</i> (Montpellier, 1709), I, páginas 145 y sig.; Fléchier,
-<i>Lettres choisies</i> (Lyon 1734), I, pág. 353 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_226" href="#FNanchor_226" class="label">[226]</a>
-Karl Hase, <i>Hist. de l’Église</i>, párrafo 439 y 458, 5; el periódico
-protestante <i>L’Espérance</i>, 1.º de abril de 1847.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_227" href="#FNanchor_227" class="label">[227]</a> M.
-Hohl, <i>Bruchstücke aus dem Leben und den Schriften Ed. Irving’s</i>
-(Saint-Gall, 1839), p. 145, 149 y sig.; Karl Hase, <i>Hist. de
-l’Église</i>, párrafo 458, 4.—Respecto á los Mormones, véase Remy,
-<i>Voyage</i>, I, pág. 176-177, nota; 259-260; II, pág. 55 y sig.—En
-cuanto á los convulsionarios de Saint-Médard, véase sobre todo Carré de
-Montgeron, <i>La Vérité des miracles</i>, etc. (París 1737-1741), II,
-p. 18, 19, 49, 54, 55, 63, 64, 80, etc.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_228" href="#FNanchor_228" class="label">[228]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 13, 15.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_229" href="#FNanchor_229" class="label">[229]</a>
-Marc., <span class="asc">III</span>, 21 y sig; Juan, <span
-class="asc">X</span>, 20 y sig; <span class="asc">XII</span>, 27 y
-sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_230" href="#FNanchor_230" class="label">[230]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XIX</span>, 6; I Cor., <span
-class="asc">XIV</span>, 3 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_231" href="#FNanchor_231" class="label">[231]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">X</span>, 46; I Cor., <span
-class="asc">XIV</span>, 15, 16, 26.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_232" href="#FNanchor_232" class="label">[232]</a>
-Col., <span class="asc">III</span>, 16; Efes., <span
-class="asc">V</span>, 19 (<span xml:lang="grc" lang="grc">Ψαλμοί,
-ὕμνοί, ᾠδαὶ πνευματικαί</span>). Véase los primeros capítulos
-del Evangelio de Lucas. Compárese, en particular, Luc., <span
-class="asc">I</span>, 46 á <i>Act.</i>, <span class="asc">X</span>,
-46.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_233" href="#FNanchor_233" class="label">[233]</a>
-I Cor., <span class="asc">XIV</span>, 15; Col., <span
-class="asc">III</span>, 16; Efes., <span class="asc">V</span>, 19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_234" href="#FNanchor_234" class="label">[234]</a>
-Jeremías, <span class="asc">I</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_235" href="#FNanchor_235" class="label">[235]</a>
-Marc., <span class="asc">XVI</span>, 17.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_236" href="#FNanchor_236" class="label">[236]</a>
-I Cor., <span class="asc">XIV</span>, 22. <span xml:lang="grc"
-lang="grc">Πνεῦμα</span>, en las epístolas de San Pablo, está usado
-muy á menudo como <span xml:lang="grc" lang="grc">δύναμις</span>.
-Los fenómenos espiritistas se consideran como <span xml:lang="grc"
-lang="grc">δυνάμεις</span>, es decir, milagros.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_237" href="#FNanchor_237" class="label">[237]</a>
-Ireneo, <i>Adv. hær.</i>, V, <span class="asc">VI</span>, 1;
-Tertuliano, <i>Adv. Marcion.</i>, V, 8; <i>Constit. Apost.</i>, VIII,
-1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_238" href="#FNanchor_238" class="label">[238]</a>
-Luc., <span class="asc">II</span>, 37; II Cor., <span
-class="asc">VI</span>, 5; <span class="asc">XI</span>, 27.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_239" href="#FNanchor_239" class="label">[239]</a> II
-Cor., <span class="asc">VII</span>, 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_240" href="#FNanchor_240" class="label">[240]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 26 y sig.; <span
-class="asc">X</span> entero; <span class="asc">XVI</span>, 6, 7, 9 y
-sig. Compárese Luc., <span class="asc">II</span>, 27, etc.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_241" href="#FNanchor_241" class="label">[241]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XX</span>, 19, 31; Rom., <span
-class="asc">VIII</span>, 23, 26.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_242" href="#FNanchor_242" class="label">[242]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 42-47; <span
-class="asc">IV</span>, 32-37; <span class="asc">V</span>, 1-11; <span
-class="asc">VI</span>, 1 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_243" href="#FNanchor_243" class="label">[243]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">II</span>, 44, 46, 47.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_244" href="#FNanchor_244" class="label">[244]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">II</span>, 46; <span
-class="asc">XX</span>, 7, 11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_245" href="#FNanchor_245" class="label">[245]</a>
-No ha habido literatura alguna que haya referido con tanta frecuencia
-la palabra «<i>alegría</i>» como la del Nuevo Testamento. Véase I
-Tes., <span class="asc">I</span>, 6; <span class="asc">V</span>, 16;
-Rom., <span class="asc">XIV</span>, 17; <span class="asc">XV</span>,
-13; Galat., <span class="asc">V</span>, 22; Philip., <span
-class="asc">I</span>, 25; <span class="asc">III</span>, 1; <span
-class="asc">IV</span>, 4; I Juan, <span class="asc">I</span>, 4,
-etc.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_246" href="#FNanchor_246" class="label">[246]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XII</span>, 12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_247" href="#FNanchor_247" class="label">[247]</a>
-Véase <i>Vida de Jesús</i>, p. <span class="asc">XXXIX</span> y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_248" href="#FNanchor_248" class="label">[248]</a>
-<i>Ebionim</i> significa «pobres.» Véase <i>Vida de Jesús</i>, p.
-182-183.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_249" href="#FNanchor_249" class="label">[249]</a>
-Recuérdese el año 1000. Todos los documentos encabezados con la
-fórmula: <i>adventante mundi vespera</i>, ú otras parecidas, son
-donaciones hechas á monasterios.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_250" href="#FNanchor_250" class="label">[250]</a>
-Hodgson, en el <i>Journal Asiat. Soc. of Bengal</i>, t. V, p. 33 y sig.
-Eugène Burnouf, <i>Introd. à l’histoire du buddhisme indien</i>, I, p.
-278 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_251" href="#FNanchor_251" class="label">[251]</a>
-Luciano, <i>Muerte de Peregrino</i>, 13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_252" href="#FNanchor_252" class="label">[252]</a>
-Papiros de Turin, de Lóndres, de París, coleccionados por Brunet de
-Presle, <i>Mém. sur le Sérapéum de Memphis</i> (París, 1852); Egger,
-<i>Mém. d’hist. anc. et de philologie</i>, p. 151 y sig. y en las
-<i>Notices et extraits</i>, t. XVIII, 2.ª parte, p. 264-359. Obsérvese
-que la vida eremítica cristiana tuvo su orígen en Egipto.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_253" href="#FNanchor_253" class="label">[253]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 29-30; <span
-class="asc">XXIV</span>, 17; Galat., <span class="asc">II</span>,
-10; Rom., <span class="asc">XV</span>, 26 y sig. I Cor., <span
-class="asc">XVI</span>, 1-4; II Cor., <span class="asc">VIII</span> y
-<span class="asc">IX</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_254" href="#FNanchor_254" class="label">[254]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">V</span>, 1-11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_255" href="#FNanchor_255" class="label">[255]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">II</span>, 46; <span
-class="asc">V</span>, 12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_256" href="#FNanchor_256" class="label">[256]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">III</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_257" href="#FNanchor_257" class="label">[257]</a>
-Jacobo, por ejemplo, fué toda su vida judío puro.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_258" href="#FNanchor_258" class="label">[258]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 47, <span
-class="asc">IV</span>, 33, <span class="asc">V</span>, 13, 26.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_259" href="#FNanchor_259" class="label">[259]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">II</span>, 46.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_260" href="#FNanchor_260" class="label">[260]</a>
-I Cor., <span class="asc">X</span>, 16; Justino, <i>Apol. I</i>,
-65-67.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_261" href="#FNanchor_261" class="label">[261]</a>
-<span xml:lang="grc" lang="grc">Συνδεῖπνα</span>. Jos., <i>Antiq.</i>,
-XIV, <span class="asc">X</span>, 8, 12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_262" href="#FNanchor_262" class="label">[262]</a>
-Luc., <span class="asc">XXII</span>, 19; I Cor., <span
-class="asc">XI</span>, 24 y sig.; Justino, <i>loc. cit</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_263" href="#FNanchor_263" class="label">[263]</a> En
-el año 57 la eucaristía era ya una institucion llena de abusos (I Cor.,
-<span class="asc">XI</span>, 17 y sig.) y por lo tanto antigua.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_264" href="#FNanchor_264" class="label">[264]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XX</span>, 7; Plinio, <i>Epist.</i> X,
-97; Justino, <i>Apol. I</i>, 67.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_265" href="#FNanchor_265" class="label">[265]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XX</span>, 7, 11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_266" href="#FNanchor_266" class="label">[266]</a>
-Plinio, <i>Epist.</i> X, 97.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_267" href="#FNanchor_267" class="label">[267]</a>
-Juan, <span class="asc">XX</span>, 26, no basta para probar lo
-contrario: los ebionitas hacian siempre fiesta el sábado. San Gerónimo,
-<i>In Matth.</i>, <span class="asc">XII</span>, inicio.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_268" href="#FNanchor_268" class="label">[268]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 15-26.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_269" href="#FNanchor_269" class="label">[269]</a>
-Véase <i>Vida de Jesús</i>, p. 437 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_270" href="#FNanchor_270" class="label">[270]</a>
-Compárese Eusebio, <i>H. E.</i>, III, 39 (segun Papias.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_271" href="#FNanchor_271" class="label">[271]</a>
-Justino, <i>Apol I</i>, 39, 50.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_272" href="#FNanchor_272" class="label">[272]</a>
-Pseudo-Abdias, etc.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_273" href="#FNanchor_273" class="label">[273]</a>
-Compárese I Cor., <span class="asc">XV</span>, 10 y Rom., <span
-class="asc">XV</span>, 19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_274" href="#FNanchor_274" class="label">[274]</a>
-Gal., <span class="asc">I</span>, 17-19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_275" href="#FNanchor_275" class="label">[275]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">VI</span>, 4.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_276" href="#FNanchor_276" class="label">[276]</a>
-Comp. Mat., <span class="asc">X</span>, 2-4; Marc., <span
-class="asc">III</span>, 16-19; Luc., <span class="asc">VI</span>,
-14-16; <i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_277" href="#FNanchor_277" class="label">[277]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 14; Gal., <span
-class="asc">I</span>, 19; I Cor., <span class="asc">IX</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_278" href="#FNanchor_278" class="label">[278]</a>
-Gal., <span class="asc">II</span>, 9.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_279" href="#FNanchor_279" class="label">[279]</a>
-Véase <i>Vida de Jesús</i>, pág. 307.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_280" href="#FNanchor_280" class="label">[280]</a>
-Véase <i>Vida de Jesús</i>, pág. 150. Cf. Papias, en Eusebio, <i>H.
-E.</i>, III, 39; Polícrates, <i>ibid.</i>, <span class="asc">V</span>,
-24; Clemente de Alej., <i>Strom.</i>, III, 6; VII, 11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_281" href="#FNanchor_281" class="label">[281]</a>
-Por ejemplo, <span xml:lang="grc" lang="grc">ἐπίσκοπος</span>, quizá
-<span xml:lang="grc" lang="grc">κλῆρος</span>. Véase Wescher, en la
-<i>Revue archéol.</i>, abril 1866, y más abajo p. 352-353.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_282" href="#FNanchor_282" class="label">[282]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 26. Véase más abajo, p.
-353.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_283" href="#FNanchor_283" class="label">[283]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 1 y sig.; Clem. de Alej.,
-en Eusebio, <i>H. E.</i>, III, 23.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_284" href="#FNanchor_284" class="label">[284]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">V</span>, 1-11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_285" href="#FNanchor_285" class="label">[285]</a> I
-Cor., <span class="asc">V</span>, 1 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_286" href="#FNanchor_286" class="label">[286]</a> I
-Tim., <span class="asc">I</span>, 20.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_287" href="#FNanchor_287" class="label">[287]</a>
-Gen., <span class="asc">XVII</span>, 14 y otros pasajes numerosos del
-código mosaico; Mischna, <i>Kerithouth</i>, <span class="asc">I</span>,
-1; Talmud de Bab., <i>Moëd katon</i>, 28 <i>a</i>. Comp. Tertuliano,
-<i>De anima</i>, 57.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_288" href="#FNanchor_288" class="label">[288]</a>
-Véase, en los diccionarios hebreos y <i>rabínicos</i>, la voz
-<span xml:lang="hbo" lang="hbo">כרת</span>. Compárese la palabra
-<i>exterminare</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_289" href="#FNanchor_289" class="label">[289]</a>
-Mischna, <i>Sanhedrin</i>, <span class="asc">IX</span>, 6;
-Juan, <span class="asc">XVI</span>, 2; Jos., <i>B. J.</i>; VII,
-<span class="asc">VIII</span>, 1; III Macab. (apocr.), <span
-class="asc">VII</span>, 8, 12-13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_290" href="#FNanchor_290" class="label">[290]</a>
-Luc., <span class="asc">VI</span>, 15; <i>Act.</i>, <span
-class="asc">I</span>, 13. Comp. Mat., <span class="asc">X</span>, 4;
-Marc., <span class="asc">III</span>, 18.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_291" href="#FNanchor_291" class="label">[291]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">V</span>, 1-11. Comp. <i>Act.</i>, <span
-class="asc">XIII</span>, 9-11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_292" href="#FNanchor_292" class="label">[292]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 15; <span
-class="asc">II</span>, 14, 37; <span class="asc">V</span>, 3, 29; Gal.,
-<span class="asc">I</span>, 18; <span class="asc">II</span>, 8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_293" href="#FNanchor_293" class="label">[293]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">III</span>, 1 y sig.; <span
-class="asc">VIII</span>, 14; Gal., <span class="asc">II</span>,
-9. Comp. Juan, <span class="asc">XX</span>, 2 y sig.; <span
-class="asc">XXI</span>, 20 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_294" href="#FNanchor_294" class="label">[294]</a>
-Segun Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 1 y sig., los guardias
-fueron testigos de la bajada del ángel que levantó la piedra. Este
-relato, bastante confuso, quiere dar á entender tambien que las mujeres
-presenciaron el hecho; pero no se indica terminantemente. En todo caso,
-lo que los guardias y las mujeres verian, segun el mismo relato, no
-seria á Jesús resucitando, sino al ángel. La redaccion de tal escrito,
-aislada é inconsistente, es á no dudarlo la más moderna de todas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_295" href="#FNanchor_295" class="label">[295]</a>
-Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 48; <i>Act.</i>, <span
-class="asc">I</span>, 22; <span class="asc">II</span>, 32; <span
-class="asc">III</span>, 15; <span class="asc">IV</span>, 33; <span
-class="asc">V</span>, 32; <span class="asc">X</span>, 41; <span
-class="asc">XIII</span>, 30-31.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_296" href="#FNanchor_296" class="label">[296]</a>
-Véase más arriba, pág. 59, <a href="#Footnote_62">nota 62</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_297" href="#FNanchor_297" class="label">[297]</a>
-Véase <i>Vida de Jesús</i>, p. 275 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_298" href="#FNanchor_298" class="label">[298]</a>
-I Cor., <span class="asc">XVI</span>, 22. Estas dos palabras son
-siro-caldaicas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_299" href="#FNanchor_299" class="label">[299]</a>
-Mat., <span class="asc">X</span>, 23.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_300" href="#FNanchor_300" class="label">[300]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 33 y sig.; <span
-class="asc">X</span>, 42.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_301" href="#FNanchor_301" class="label">[301]</a>
-Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_302" href="#FNanchor_302" class="label">[302]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 22.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_303" href="#FNanchor_303" class="label">[303]</a>
-Las enfermedades se consideraban en general como obras del demonio.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_304" href="#FNanchor_304" class="label">[304]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">X</span>, 38.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_305" href="#FNanchor_305" class="label">[305]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">II</span>, 36; <span
-class="asc">VIII</span>, 37; <span class="asc">IX</span>, 22; <span
-class="asc">XVII</span>, 3, etc.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_306" href="#FNanchor_306" class="label">[306]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">II</span>, 14 y sig.; <span
-class="asc">III</span>, 12 y sig.; <span class="asc">IV</span>, 8
-y sig., 25 y sig.; <span class="asc">VII</span>, 2 y sig.; <span
-class="asc">X</span>, 43, y la epístola atribuida á San Bernabé,
-entera.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_307" href="#FNanchor_307" class="label">[307]</a>
-Jac., <span class="asc">I</span>, 26-27.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_308" href="#FNanchor_308"
-class="label">[308]</a> Más tarde la llamaron <span
-xml:lang="grc" lang="grc">λειτουργεῖν</span>. <i>Act.</i>, <span
-class="asc">XIII</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_309" href="#FNanchor_309" class="label">[309]</a>
-Hebr., <span class="asc">V</span>, 6; <span class="asc">VI</span>, 20;
-<span class="asc">VIII</span>, 4; <span class="asc">X</span>, 11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_310" href="#FNanchor_310" class="label">[310]</a>
-Apoc., <span class="asc">I</span>, 6; <span class="asc">V</span>, 10;
-<span class="asc">XX</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_311" href="#FNanchor_311" class="label">[311]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 2; Luc., <span
-class="asc">II</span>, 37.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_312" href="#FNanchor_312" class="label">[312]</a>
-Rom., <span class="asc">VI</span>, 4 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_313" href="#FNanchor_313" class="label">[313]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 12, 16; <span
-class="asc">X</span>, 48.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_314" href="#FNanchor_314" class="label">[314]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 16; <span
-class="asc">X</span>, 47.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_315" href="#FNanchor_315" class="label">[315]</a>
-Mat., <span class="asc">IX</span>, 18; <span class="asc">XIX</span>,
-13, 15; Marc., <span class="asc">V</span>, 23; <span
-class="asc">VI</span>, 5; <span class="asc">VII</span>, 32; <span
-class="asc">VIII</span>, 23, 25; <span class="asc">X</span>, 16; Luc.,
-<span class="asc">IV</span>, 40; <span class="asc">XIII</span>, 13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_316" href="#FNanchor_316" class="label">[316]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">VI</span>, 6; <span
-class="asc">VIII</span>, 17, 19; <span class="asc">IX</span>, 12,
-17; <span class="asc">XIII</span>, 3; <span class="asc">XIV</span>,
-6; <span class="asc">XXVIII</span>, 8; I Tim., <span
-class="asc">IV</span>, 14; <span class="asc">V</span>, 22; II Tim.,
-<span class="asc">I</span>, 6; Hebr., <span class="asc">VI</span>, 2;
-Jac., <span class="asc">V</span>, 13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_317" href="#FNanchor_317" class="label">[317]</a>
-Mat., <span class="asc">III</span>, 11; Marc., <span
-class="asc">I</span>, 8; Luc., <span class="asc">III</span>,
-16; Juan, <span class="asc">I</span>, 26; <i>Act.</i>, <span
-class="asc">I</span>, 5; <span class="asc">XI</span>, 16; <span
-class="asc">XIX</span>, 4.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_318" href="#FNanchor_318" class="label">[318]</a>
-Mat., <span class="asc">XXVIII</span>, 19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_319" href="#FNanchor_319" class="label">[319]</a>
-Véase el <i>Cholasté</i> (Manuscritos Sabianos de la Biblioteca
-imperial, núms. 8, 10, 11, 13).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_320" href="#FNanchor_320" class="label">[320]</a>
-<i>Vendidad-Sadé</i>, <span class="asc">VIII</span>, 296 y sig.; <span
-class="asc">IX</span>, 1-145; <span class="asc">XVI</span>, 18-19;
-Spiegel, <i>Avesta</i>, II, p., <span class="asc">LXXXIII</span> y
-sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_321" href="#FNanchor_321" class="label">[321]</a> I
-Cor., <span class="asc">XII</span>, 9, 28, 30.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_322" href="#FNanchor_322" class="label">[322]</a>
-Mat., <span class="asc">IX</span>, 2; Marc., <span
-class="asc">II</span>, 5; Juan, <span class="asc">V</span>, 14, <span
-class="asc">IX</span>, 2; Jac., <span class="asc">V</span>, 15;
-Mischna, <i>Schabbath</i>, <span class="asc">II</span>, 6; Talm. de
-Bab., <i>Nedarim</i>, fol. 41 <i>a</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_323" href="#FNanchor_323" class="label">[323]</a>
-Mat., <span class="asc">IX</span>, 33; <span class="asc">XII</span>,
-22; Marc., <span class="asc">IX</span>, 16-24; Luc., <span
-class="asc">XI</span>, 14; <i>Act.</i>, <span class="asc">XIX</span>,
-12. Tertuliano, <i>Apol.</i>, 22; <i>Adv. Marc.</i>, <span
-class="asc">IV</span>, 8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_324" href="#FNanchor_324" class="label">[324]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">V</span>, 16; <span
-class="asc">XIX</span>, 12-16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_325" href="#FNanchor_325" class="label">[325]</a>
-Jac., <span class="asc">V</span>, 14-15; Marc., <span
-class="asc">VI</span>, 13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_326" href="#FNanchor_326" class="label">[326]</a>
-Luc., <span class="asc">X</span>, 34.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_327" href="#FNanchor_327" class="label">[327]</a>
-Marc., <span class="asc">XVI</span>, 18; <i>Act.</i>, <span
-class="asc">XXVIII</span>, 8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_328" href="#FNanchor_328" class="label">[328]</a>
-I Tes., <span class="asc">IV</span>, 13 y sig.; I Cor., <span
-class="asc">XV</span>, 12 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_329" href="#FNanchor_329" class="label">[329]</a>
-Fil., <span class="asc">I</span>, 23, parece ofrecer un ligero
-matiz algo distinto. Esto no obstante, compárese I Tes., <span
-class="asc">IV</span>, 14-17. Véase sobre todo Apoc., <span
-class="asc">XX</span>, 4-6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_330" href="#FNanchor_330" class="label">[330]</a>
-Pablo, obras ya citadas y Fil., <span class="asc">III</span>, 11;
-Apoc., <span class="asc">XX</span> entero; Papias en Eusebio,
-<i>H. E.</i>, III, 39. Véase despuntar algunas veces la creencia
-contraria, sobre todo en Lucas (Evang., <span class="asc">XVI</span>,
-22 y sig.; <span class="asc">XXIII</span> 43, 46). Empero es de
-poco peso su autoridad, tratándose de un punto de filosofía judía.
-Véase lo que precede, Introd., <a href="#nombLucas">pág. <span
-class="asc">XIX-XX</span></a>. Los esenios habian adoptado ya el dogma
-griego de la inmortalidad del alma.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_331" href="#FNanchor_331" class="label">[331]</a>
-Compárese <i>Act</i>., <span class="asc">XXIV</span>, 15 á
-I Tes., <span class="asc">IV</span>, 13 y sig.; Fil., <span
-class="asc">III</span>, 11. Cf. Apoc., <span class="asc">XX</span>, 5.
-Véase Leblant, <i>Inscr. chrét. de la Gaule</i>, II, pág. 81 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_332" href="#FNanchor_332" class="label">[332]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 27 y sig.; <span
-class="asc">XIII</span>, 1; <span class="asc">XV</span>, 32;
-<span class="asc">XXI</span>, 9, 10 y sig.; I Cor., <span
-class="asc">XII</span>, 28 y sig.; <span class="asc">XIV</span>,
-29-37. Efes., <span class="asc">III</span>, 5; <span
-class="asc">IV</span>, 11; Apoc., <span class="asc">I</span>, 3; <span
-class="asc">XVI</span>, 6; <span class="asc">XVIII</span>, 20, 24;
-<span class="asc">XXII</span>, 9.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_333" href="#FNanchor_333" class="label">[333]</a>
-Luc., <span class="asc">I</span>, 46 y sig.; 68 y sig.; <span
-class="asc">II</span>, 29 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_334" href="#FNanchor_334" class="label">[334]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XVI</span>, 25; I Cor., <span
-class="asc">XIV</span>, 15; Col., <span class="asc">III</span>,
-16; Efes., <span class="asc">V</span>, 19; Jac., <span
-class="asc">V</span>, 13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_335" href="#FNanchor_335" class="label">[335]</a> La
-identidad de este canto entre comunidades religiosas separadas desde
-los primeros siglos, acredita que es muy antiguo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_336" href="#FNanchor_336"
-class="label">[336]</a> Num., <span class="asc">V</span>, 22;
-Deuter., <span class="asc">XXVII</span>, 15 y sig.; Salmo <span
-class="asc">CVI</span>, 48; I Paral., <span class="asc">XVI</span>, 36;
-Nehem., <span class="asc">V</span>, 13; <span class="asc">VIII</span>,
-6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_337" href="#FNanchor_337" class="label">[337]</a> I
-Cor., <span class="asc">XIV</span>, 16; Justino, <i>Apol. I</i>, 65,
-67.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_338" href="#FNanchor_338" class="label">[338]</a>
-I Cor., <span class="asc">XIV</span>, 7, 8, no lo demuestra. El uso
-del verbo <span xml:lang="grc" lang="grc">ψάλλω</span> no lo prueba
-tampoco. Este verbo implicaba originariamente el uso de un instrumento
-de cuerdas, pero con el tiempo vino á ser sinónimo de «cantar
-salmos.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_339" href="#FNanchor_339" class="label">[339]</a>
-Col., <span class="asc">III</span>, 16; Efes., <span
-class="asc">V</span>, 19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_340" href="#FNanchor_340" class="label">[340]</a>
-Véase Du Cange, en la voz <i>Lollardi</i> (edic. Didot). Compárense las
-cantinelas de Cevenols. <i>Avertissemens prophétiques d’Elie Marion</i>
-(Lóndres 1707), págs. 10, 12, 14, etc.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_341" href="#FNanchor_341" class="label">[341]</a>
-Jac., <span class="asc">V</span>, 13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_342" href="#FNanchor_342" class="label">[342]</a>
-Mat., <span class="asc">XVI</span>, 28; <span class="asc">XXIV</span>,
-34; Marc., <span class="asc">VIII</span>, 39; <span
-class="asc">XIII</span>, 30; Luc., <span class="asc">IX</span>, 27;
-<span class="asc">XXI</span>, 32.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_343" href="#FNanchor_343" class="label">[343]</a>
-<i>Act.</i>, primeros capítulos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_344" href="#FNanchor_344" class="label">[344]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">V</span>, 42.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_345" href="#FNanchor_345" class="label">[345]</a>
-Véase, por ejemplo, <i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 34 y
-sig., y en general todos los discursos de los primeros capítulos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_346" href="#FNanchor_346" class="label">[346]</a>
-I Cor., <span class="asc">I</span>, 22; <span class="asc">II</span>,
-4-5; II Cor., <span class="asc">XII</span>, 12; I Tes., <span
-class="asc">I</span>, 5; II Tes., <span class="asc">II</span>, 9; Gal.,
-<span class="asc">III</span>, 5; Rom., <span class="asc">XV</span>,
-18-19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_347" href="#FNanchor_347" class="label">[347]</a>
-Rom., <span class="asc">XV</span>, 19; II Cor., <span
-class="asc">XII</span>, 12; I Thess, <span class="asc">I</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_348" href="#FNanchor_348" class="label">[348]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">V</span>, 12-16. Las <i>Act.</i> abundan
-en milagros. El de Eutico (<i>Act.</i>, <span class="asc">XX</span>,
-7-12) lo cuenta con toda seguridad un testigo ocular. Lo mismo sucede
-en cuanto á <i>Act.</i>, <span class="asc">XXVIII</span>. Comp. Papias,
-en Eusebio, <i>H. E.</i>, III, 39.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_349" href="#FNanchor_349" class="label">[349]</a>
-Los exorcismos judíos y cristianos fueron considerados como los más
-eficaces, aun por los mismos paganos. Damascio, <i>Vida de Isidoro</i>,
-56.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_350" href="#FNanchor_350" class="label">[350]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">V</span>, 15.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_351" href="#FNanchor_351" class="label">[351]</a> I
-Cor., <span class="asc">XII</span>, 9 y sig., 28 y sig.; <i>Constit.
-apost.</i>, VIII, <span class="asc">I</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_352" href="#FNanchor_352" class="label">[352]</a>
-Ireneo, <i>Adv. hær.</i>, II, <span class="asc">XXXII</span>, 4; V,
-<span class="asc">VI</span>, 1; Tertuliano, <i>Apol.</i>, 23, 43; <i>Ad
-Scapulam</i>, 2; <i>De corona</i>, 11; <i>De spectaculis</i>, 24; <i>De
-anima</i>, 57; <i>Constit. apost.</i>, capítulo citado, el cual parece
-sacado de la obra de san Hipólito sobre los <i>Charismata</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_353" href="#FNanchor_353" class="label">[353]</a> En
-cuanto á los Mormones, los milagros son cosa cotidiana; cada cual tiene
-los suyos. Jules Remy, <i>Voy. au pays des Mormons</i>, I, p. 140, 192,
-259-260; II, 53 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_354" href="#FNanchor_354" class="label">[354]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IV</span>, 36-37. Cf. <i>ibid.</i>,
-<span class="asc">XV</span>, 32.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_355" href="#FNanchor_355" class="label">[355]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_356" href="#FNanchor_356" class="label">[356]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XXI</span>, 16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_357" href="#FNanchor_357" class="label">[357]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XIII, <span class="asc">X</span>, 4; XVII, <span
-class="asc">XII</span>, 1, 2; Philon, <i>Leg. ad Caium</i>, párrafo
-36.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_358" href="#FNanchor_358" class="label">[358]</a>
-Esto resulta en cuanto á Bernabé de su nombre <i>Hallévi</i> y de
-Col., <span class="asc">IV</span>, 10-11. <i>Mnason</i> parece ser
-la traduccion de algun nombre hebreo en el que entraba la raíz
-<i>zacar</i>, como Zacarías.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_359" href="#FNanchor_359" class="label">[359]</a>
-Col., <span class="asc">IV</span>, 10-11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_360" href="#FNanchor_360" class="label">[360]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XII</span>, 12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_361" href="#FNanchor_361" class="label">[361]</a>
-I Petri, <span class="asc">V</span>, 13; <i>Act.</i>, <span
-class="asc">XII</span>, 12; Papias, en Eusebio, <i>H. E.</i>, III,
-39.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_362" href="#FNanchor_362" class="label">[362]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XII</span>, 12-14. Todo este capítulo en
-que se cuentan tan íntimamente cuanto guarda relacion con Pedro, parece
-haber sido redactado por Juan Márcos ó segun sus informes.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_363" href="#FNanchor_363" class="label">[363]</a>
-No siendo comun el nombre de <i>Marcus</i> entre los judíos de aquel
-tiempo, no parece que deban referirse á individuos distintos los
-pasajes en que se trata de un personaje de este nombre.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_364" href="#FNanchor_364" class="label">[364]</a>
-Compárese <i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 2 con
-<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_365" href="#FNanchor_365" class="label">[365]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">VI</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_366" href="#FNanchor_366" class="label">[366]</a>
-<i>Ibid.</i></p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_367" href="#FNanchor_367" class="label">[367]</a>
-Compárese <i>Act.</i>, <span class="asc">XXI</span>, 8-9 con Papias, en
-Eusebio, <i>Hist. eccl.</i> III, 39.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_368" href="#FNanchor_368" class="label">[368]</a>
-Rom., <span class="asc">XVI</span>, 7. Es dudoso si <span
-xml:lang="grc" lang="grc">Ἰουνίαν</span> proviene de <span
-xml:lang="grc" lang="grc">Ἰουνία</span> ó de <span xml:lang="grc"
-lang="grc">Ἰουνίας</span> = <i>Junianus</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_369" href="#FNanchor_369" class="label">[369]</a>
-Pablo los llama sus <span xml:lang="grc" lang="grc">συγγενεῖς</span>;
-pero seria difícil decir si esto significa que eran judíos, ó de la
-tribu de Benjamin, ó de Tarso, ó realmente parientes de Pablo. La
-primera interpretacion parece con mucho la más probable. Comp. Rom.,
-<span class="asc">IX</span>, 3; <span class="asc">XI</span>, 14. En
-todo caso esta palabra implica que eran judíos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_370" href="#FNanchor_370" class="label">[370]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">VI</span>, 1, 5; II Cor., <span
-class="asc">XI</span>, 22; Fil., <span class="asc">III</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_371" href="#FNanchor_371" class="label">[371]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 9-11; <span
-class="asc">VI</span>, 9.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_372" href="#FNanchor_372" class="label">[372]</a>
-El Talmud de Jerusalem, <i>Megilla</i>, fol. 73 <i>d</i>, hace subir
-el número á cuatrocientos ochenta. Comp. Midrasch <i>Eka</i>, 52
-<i>b</i>, 70 <i>d</i>. Esta cifra no debe extrañar á los que han visto
-esas pequeñas mezquitas de familia que se encuentran á cada paso en
-las ciudades musulmanas; pero los datos talmúdicos sobre Jerusalem no
-merecen mucho crédito.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_373" href="#FNanchor_373" class="label">[373]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">VI</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_374" href="#FNanchor_374" class="label">[374]</a>
-La epístola de Jacobo está escrita en griego bastante puro; aunque es
-cierto que la autenticidad de esta epístola no es segura.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_375" href="#FNanchor_375" class="label">[375]</a>
-Los sabios escribian en hebreo antiguo, un poco modificado: trozos
-como se encuentran en el Talmud de Babilonia <i>Kidduschin</i> fol. 66
-<i>a</i>, acaso se hayan escrito hácia aquella época.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_376" href="#FNanchor_376" class="label">[376]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, último párrafo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_377" href="#FNanchor_377" class="label">[377]</a>
-Esto es lo que prueban las transcripciones del griego en siriaco; yo lo
-he desarrollado en mis <i>Éclaircissements tirés des langues sémitiques
-sur quelques points de la prononciation grecque</i>. (París, 1849.) La
-lengua de las inscripciones griegas de Siria es muy mala.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_378" href="#FNanchor_378" class="label">[378]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, loc. cit.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_379" href="#FNanchor_379" class="label">[379]</a>
-<i>Sat.</i>, I, <span class="asc">V</span>, 105.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_380" href="#FNanchor_380" class="label">[380]</a>
-Véanse los textos reunidos traducidos por Eugenio Burnouf. <i>Introd.
-à l’hist. du buddhisme indien</i>, I, p. 137 y sig. y sobre todo p.
-198-199.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_381" href="#FNanchor_381" class="label">[381]</a>
-Véase <i>Vida de Jesús</i>, p. 181 y 211.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_382" href="#FNanchor_382" class="label">[382]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 45; <span
-class="asc">IV</span>, 34, 37; <span class="asc">V</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_383" href="#FNanchor_383" class="label">[383]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">V</span>, 1 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_384" href="#FNanchor_384" class="label">[384]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">II</span>, 45; <span
-class="asc">IV</span>, 35.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_385" href="#FNanchor_385" class="label">[385]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">VI</span>, 1 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_386" href="#FNanchor_386" class="label">[386]</a>
-Véase más arriba, <a href="#Steph">p. 148</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_387" href="#FNanchor_387" class="label">[387]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XXI</span>, 8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_388" href="#FNanchor_388" class="label">[388]</a>
-Fil., <span class="asc">I</span>, 1; I Tim., <span
-class="asc">III</span>, 8 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_389" href="#FNanchor_389" class="label">[389]</a>
-Rom., <span class="asc">XVI</span>, 1, 12; I Tim. <span
-class="asc">III</span>, 11; <span class="asc">V</span>, 9 y sig.;
-Plinio, <i>Epist.</i>, <span class="asc">X</span>, 97. Las epístolas
-á Timoteo no son probablemente de San Pablo; pero tienen mucha
-antigüedad.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_390" href="#FNanchor_390" class="label">[390]</a>
-Rom., <span class="asc">XVI</span>, 1; I Cor, <span
-class="asc">IX</span>, 5; Filem., 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_391" href="#FNanchor_391" class="label">[391]</a> I
-Tim., <span class="asc">V</span>, 9 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_392" href="#FNanchor_392" class="label">[392]</a>
-<i>Constit. apost.</i>, <span class="asc">VI</span>, 17.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_393" href="#FNanchor_393" class="label">[393]</a>
-Sap., <span class="asc">II</span>, 10; Eccli., <span
-class="asc">XXXVII</span>, 17; Mat., <span class="asc">XXIII</span>,
-14; Marc., <span class="asc">XII</span>, 40; Luc., <span
-class="asc">XX</span>, 47; Jac., <span class="asc">I</span>, 27.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_394" href="#FNanchor_394" class="label">[394]</a>
-Mischna, <i>Sota</i>, <span class="asc">III</span>, 4.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_395" href="#FNanchor_395" class="label">[395]</a>
-Talm. de Bab., <i>Sota</i>, 22 <i>a</i>; comp. I Tim., <span
-class="asc">V</span>, 13; Buxtorf, <i>Lex chald. talm. rabb.</i>,
-en las voces <span xml:lang="hbo" lang="hbo">צלינית</span> y <span
-xml:lang="hbo" lang="hbo">שובבית</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_396" href="#FNanchor_396" class="label">[396]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">VI</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_397" href="#FNanchor_397" class="label">[397]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XII</span>, 12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_398" href="#FNanchor_398" class="label">[398]</a>
-I Tim., <span class="asc">V</span>, 9 y sig. Comp. <i>Act.</i>, <span
-class="asc">IX</span>, 39, 41.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_399" href="#FNanchor_399" class="label">[399]</a> I
-Tim., <span class="asc">V</span>, 3 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_400" href="#FNanchor_400" class="label">[400]</a>
-<i>Eclesiastés</i>, <span class="asc">VII</span>, 27;
-<i>Eclesiástico</i>, <span class="asc">VII</span>, 26 y sig.; <span
-class="asc">IX</span>, 1 y sig.; <span class="asc">XXV</span>,
-22 y sig.; <span class="asc">XXVI</span>, 1 y sig.; <span
-class="asc">XLII</span>, 9 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_401" href="#FNanchor_401" class="label">[401]</a>
-Véase el manuscrito griego n.º 64 de la Biblioteca imperial (fondo
-antiguo), fol. 11, donde se habla de los trajes de las viudas en la
-Iglesia oriental. El traje de las calogrías es hoy dia poco más ó menos
-el mismo; el tipo de la religiosa oriental es el de la viuda, mientras
-que el de la monja latina es el de la vírgen.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_402" href="#FNanchor_402" class="label">[402]</a>
-Comp. el <i>Pastor de Hermas</i>, vis. <span class="asc">II</span>, ch.
-4.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_403" href="#FNanchor_403" class="label">[403]</a>
-<span xml:lang="grc" lang="grc">Καλογρία</span>, nombre de
-las religiosas en la Iglesia oriental. <span xml:lang="grc"
-lang="grc">Καλός</span> reune aquí los dos sentidos de «bello» y
-«bueno».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_404" href="#FNanchor_404" class="label">[404]</a>
-Véase más arriba, p. 161, <a href="#Footnote_395">nota 395</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_405" href="#FNanchor_405" class="label">[405]</a> I
-Cor., <span class="asc">XII</span> entero.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_406" href="#FNanchor_406" class="label">[406]</a>
-Las congregaciones pietistas de América, que son, en el protestantismo,
-el equivalente á los conventos católicos, recuerdan tambien por
-muchos rasgos las iglesias primitivas. Véase L. Bridel, <i>Récits
-américains</i> (Lausanne, 1861.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_407" href="#FNanchor_407" class="label">[407]</a>
-Prov., <span class="asc">III</span>, 27 y sig.; <span
-class="asc">X</span>, 2; <span class="asc">XI</span>, 4; <span
-class="asc">XXII</span>, 9; <span class="asc">XXVIII</span>,
-27; Eccli., <span class="asc">III</span>, 23 y sig.; <span
-class="asc">VII</span>, 36; <span class="asc">XII</span>, 1 y sig.;
-<span class="asc">XVIII</span>, 14; <span class="asc">XX</span>,
-13 y sig.; <span class="asc">XXXI</span>, 11; Tobías, <span
-class="asc">II</span>, 15, 22; <span class="asc">IV</span>, 11; <span
-class="asc">XII</span>, 9; <span class="asc">XIV</span>, 11; Daniel,
-<span class="asc">IV</span>, 24; Talm. de Jerus., <i>Peah</i>, 15
-<i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_408" href="#FNanchor_408" class="label">[408]</a>
-Mat., <span class="asc">VI</span>, 2; Mischna, <i>Schekalim</i>, <span
-class="asc">V</span>, 6; Talm. de Jerus., <i>Demai</i>, fol. 23
-<i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_409" href="#FNanchor_409" class="label">[409]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">X</span>, 2, 4, 31.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_410" href="#FNanchor_410" class="label">[410]</a>
-Salmo <span class="asc">CXXXIII</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_411" href="#FNanchor_411" class="label">[411]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 44-47; <span
-class="asc">IV</span>, 32-35.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_412" href="#FNanchor_412" class="label">[412]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">II</span>, 41.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_413" href="#FNanchor_413" class="label">[413]</a>
-Véase, más arriba, <a href="#Page_148">p. 148</a>, <a
-href="#Page_158">158-159</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_414" href="#FNanchor_414" class="label">[414]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">VI</span>, 5; <span
-class="asc">XI</span>, 20.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_415" href="#FNanchor_415" class="label">[415]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IV</span>, 6. Véase <i>Vida de
-Jesús</i>, p. 364 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_416" href="#FNanchor_416" class="label">[416]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IV</span>, 1-31; <span
-class="asc">V</span>, 17-41.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_417" href="#FNanchor_417" class="label">[417]</a>
-Véase <i>Vida de Jesús</i>, p. 137.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_418" href="#FNanchor_418" class="label">[418]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">V</span>, 41.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_419" href="#FNanchor_419" class="label">[419]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">IV</span>, 5-6; <span
-class="asc">V</span>, 17; Comp. Jac., <span class="asc">II</span>,
-6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_420" href="#FNanchor_420" class="label">[420]</a>
-<span xml:lang="grc" lang="grc">Γένος ἀρχιερατικόν</span>, en las
-<i>Actas</i>, l. c.; <span xml:lang="grc" lang="grc">ἀρχιερεῖς</span>,
-en Josefo, <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">VIII</span>, 8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_421" href="#FNanchor_421" class="label">[421]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XV</span>, 5; <span
-class="asc">XXI</span>, 20.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_422" href="#FNanchor_422" class="label">[422]</a>
-Añadamos que la antipatía de Jesús y de los fariseos parece haber sido
-exagerada por los evangelistas sinópticos, tal vez á causa de los
-acontecimientos que causaron la huida de los cristianos al otro lado
-del Jordan. No puede negarse que Jacobo, hermano del Señor, no fuera
-casi un fariseo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_423" href="#FNanchor_423" class="label">[423]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">V</span>, 34 y sig. Véase <i>Vida de
-Jesús</i>, p. 220-221.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_424" href="#FNanchor_424" class="label">[424]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">VI</span>, 8-<span
-class="asc">VII</span>, 59.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_425" href="#FNanchor_425" class="label">[425]</a>
-Probablemente los descendientes de los judíos que habian sido llevados
-á Roma como esclavos, y fueron libertados más tarde. Philon, <i>Leg. ad
-Caium</i>, § 23; Tácito. <i>Ann.</i>, II, 85.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_426" href="#FNanchor_426" class="label">[426]</a>
-Véase <i>Vida de Jesús</i>, pág. 354, 396, 424.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_427" href="#FNanchor_427" class="label">[427]</a>
-Mat., <span class="asc">XV</span>, 2 y sig.; Marc., <span
-class="asc">VII</span>, 3; Gal. <span class="asc">I</span>, 14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_428" href="#FNanchor_428" class="label">[428]</a>
-Compárese Gal., <span class="asc">III</span>, 19; Hebr.,
-<span class="asc">II</span>, 2; Jos., <i>Ant.</i>, XV, <span
-class="asc">V</span>, 3. Se figuraban que Dios mismo no se habia
-manifestado en las teofanías de la antigua ley, pero que habia colocado
-en su lugar una especie de intermediario el <i>maleak Jehovah</i>.
-Véase en los diccionarios hebreos la voz <span xml:lang="hbo"
-lang="hbo">מלאך</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_429" href="#FNanchor_429" class="label">[429]</a>
-Deuter., <span class="asc">XVII</span>, 7.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_430" href="#FNanchor_430" class="label">[430]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">VII</span>, 59; <span
-class="asc">XXII</span>, 20; <span class="asc">XXVI</span>, 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_431" href="#FNanchor_431" class="label">[431]</a>
-Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 31.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_432" href="#FNanchor_432" class="label">[432]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">IV</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_433" href="#FNanchor_433" class="label">[433]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XV, <span class="asc">XI</span>, 4; XVIII, <span
-class="asc">IV</span>, 2. Comp. XX, <span class="asc">I</span>, 1,
-2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_434" href="#FNanchor_434" class="label">[434]</a>
-Todo el proceso de Jesús lo demuestra. Compárese <i>Act.</i>, <span
-class="asc">XXIV</span>, 27; <span class="asc">XXV</span>, 9.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_435" href="#FNanchor_435" class="label">[435]</a>
-Suetonio, <i>Caius</i>, 16; Dion Casio, LIX, 8, 12; Jos., <i>Ant.</i>,
-XVIII, <span class="asc">V</span>, 3; <span class="asc">VI</span>, 10;
-II Cor., <span class="asc">XI</span>, 32.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_436" href="#FNanchor_436" class="label">[436]</a>
-Ventidius Cumanus experimentó aventuras semejantes. Es verdad que
-Josefo exagera las desgracias de cuantos fueron adversarios de su
-nacion.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_437" href="#FNanchor_437" class="label">[437]</a>
-Madden, <i>History of Jewish Coinage</i>, pág. 134 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_438" href="#FNanchor_438" class="label">[438]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">IV</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_439" href="#FNanchor_439" class="label">[439]</a>
-<i>Ibid.</i>, XVIII, <span class="asc">V</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_440" href="#FNanchor_440" class="label">[440]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 2. Las palabras <span
-xml:lang="grc" lang="grc">ἀνὴρ εὐλαβὴς</span> designan un prosélito, no
-un judío puro. Cf. <i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_441" href="#FNanchor_441" class="label">[441]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 1 y sig.; <span
-class="asc">XI</span>, 19. <i>Act.</i>, <span class="asc">XXVI</span>,
-10, hace creer que hubo otras muertes además de la de Estéban. Pero no
-es necesario abusar de las palabras en las redacciones de un estilo tan
-variado. Comp. <i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 1-2 á <span
-class="asc">XXII</span>, 5 y <span class="asc">XXVI</span>, 12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_442" href="#FNanchor_442" class="label">[442]</a>
-Compárese <i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 4; <span
-class="asc">VIII</span>, 1, 14; Gal., <span class="asc">I</span>, 17 y
-sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_443" href="#FNanchor_443" class="label">[443]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 26-30 prueba
-que, en el pensamiento del autor, las expresiones de <span
-class="asc">VIII</span>, 1 no tienen un sentido tan absoluto como
-podria creerse.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_444" href="#FNanchor_444" class="label">[444]</a> Lo
-que sucedió á los esenios.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_445" href="#FNanchor_445" class="label">[445]</a> Lo
-que sucedió á los franciscanos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_446" href="#FNanchor_446" class="label">[446]</a> I
-Tes., <span class="asc">II</span>, 14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_447" href="#FNanchor_447" class="label">[447]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 3; <span
-class="asc">IX</span>, 13, 14, 21, 26; <span class="asc">XXII</span>,
-4, 19; <span class="asc">XXVI</span>, 9 y sig.; Gal., <span
-class="asc">I</span>, 13, 23; I Cor., <span class="asc">XV</span>,
-9; Fil., <span class="asc">III</span>, 6; I Tim., <span
-class="asc">I</span>, 13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_448" href="#FNanchor_448" class="label">[448]</a>
-Gal., <span class="asc">I</span>, 14; <i>Act.</i>, <span
-class="asc">XXVI</span>, 5; Fil., <span class="asc">III</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_449" href="#FNanchor_449" class="label">[449]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 13, 21, 26.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_450" href="#FNanchor_450" class="label">[450]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 1, 4; <span
-class="asc">XI</span>, 19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_451" href="#FNanchor_451" class="label">[451]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 5 y sig. Que
-no era el apóstol resulta de los pasajes <i>Act.</i>,
-<span class="asc">VIII</span>, 1, 5, 12, 14, 40; <span
-class="asc">XXI</span>, 8 comparados entre ellos. Es verdad que el
-versículo <i>Act.</i>, <span class="asc">XXI</span>, 9 comparado con
-lo que dicen Papias (en Eusebio, <i>H. E.</i>, III, 39), Polícrates
-(<i>ibid.</i>, V, 24), Clemente de Alejandría (<i>Strom.</i>, III, 6)
-hacen identificar al apóstol Felipe de que hablan estos tres escritores
-eclesiásticos, con el Felipe que desempeña un papel importante en las
-<i>Actas</i>, pero es más natural admitir que el versículo en cuestion
-contiene un error y ha sido interpolado que contradecir la tradicion de
-las iglesias de Asia y aun de Hierápolis, donde se retiró Felipe. Los
-datos particulares que posee el autor del cuarto Evangelio (escrito,
-segun parece, en el Asia menor) acerca del apóstol Felipe se encuentran
-así explicados.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_452" href="#FNanchor_452" class="label">[452]</a>
-Véase <i>Vida de Jesús</i>, c. <span class="asc">XIV</span>.
-La tendencia especial del autor de las <i>Actas</i> tambien
-se encuentra aquí. Véase Introd., <a href="#Page_xx">p. <span
-class="asc">XX</span></a>, <a href="#Page_xxxviii"><span
-class="asc">XXXVIII</span></a> y, más abajo, <a href="#Page_191">p.
-191</a>, <a href="#Page_228">228</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_453" href="#FNanchor_453" class="label">[453]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 5-40.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_454" href="#FNanchor_454" class="label">[454]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">IV</span>, 1, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_455" href="#FNanchor_455" class="label">[455]</a>
-Hoy dia <i>Jit</i> sobre el camino de Nablus á Jaffa, á una hora
-y media de Nablus y de Sebastia. Véase Robinson, <i>Biblical
-researches</i>, II, p. 308, nota; III, 134 (segunda ed.) y su mapa.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_456" href="#FNanchor_456" class="label">[456]</a>
-Las noticias que relativas á este personaje nos dan los escritores
-Cristianos, son tan fabulosas, que naturalmente se han suscitado dudas
-sobre la realidad de su existencia; dudas tanto más de tener en cuenta,
-cuanto que en la literatura pseudo-clementina, Simon el Mágico, es con
-frecuencia un sinónimo de San Pablo. Nosotros no podemos admitir, sin
-embargo, que la leyenda de Simon se apoye bajo esta única base. ¿Cómo
-es posible que el autor de las <i>Actas</i>, tan favorable á San Pablo,
-hubiese aceptado un dato cuyo sentido hostil no podia ocultársele? La
-continuacion cronológica de la escuela Simoniana, los escritos que de
-ella nos quedan, los caractéres precisos de topografía y cronología que
-nos da San Justino, compatriota de nuestro taumaturgo, no se explican,
-por lo demás, ni aun en la hipótesis de que la persona de Simon fuera
-imaginaria. (Véase sobre todo Justino, <i>Apol. II</i>, 15, y <i>Dial.
-cum. Tryph.</i>, 120.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_457" href="#FNanchor_457" class="label">[457]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 5 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_458" href="#FNanchor_458" class="label">[458]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 9 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_459" href="#FNanchor_459" class="label">[459]</a>
-Justino, <i>Apol. I</i>, 26, 56.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_460" href="#FNanchor_460" class="label">[460]</a>
-Homil. pseudo-clem., <span class="asc">XVII</span>, 15, 17; Quadratus,
-en Eusebio, <i>H. E.</i>, IV, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_461" href="#FNanchor_461" class="label">[461]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 25.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_462" href="#FNanchor_462" class="label">[462]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 26-40.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_463" href="#FNanchor_463" class="label">[463]</a>
-I Macab., <span class="asc">X</span>, 86, 89; <span
-class="asc">XI</span>, 60 y sig. Jos., <i>Ant.</i>, XIII, <span
-class="asc">XIII</span>, 3; XV, <span class="asc">VII</span>, 3;
-XVIII, <span class="asc">XI</span>, 5; <i>B. J.</i>, I, <span
-class="asc">IV</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_464" href="#FNanchor_464" class="label">[464]</a>
-Robinson, <i>Bibl. researches</i>, II, p. 41 y 514-515 (2.ª ed.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_465" href="#FNanchor_465" class="label">[465]</a>
-Talm. de Bab., <i>Erubin</i>, 53 <i>b</i> y 54 <i>a</i>; <i>Sota</i> 46
-<i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_466" href="#FNanchor_466" class="label">[466]</a>
-Isaías, <span class="asc">LIII</span>, 7.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_467" href="#FNanchor_467" class="label">[467]</a>
-Hoy Merawi, cerca de Gebel-Barkal (Lepsius, <i>Denkmæler</i>, I, pl. 1
-y 2 <i>bis</i>.) Estrabon, XVII, <span class="asc">I</span>, 54.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_468" href="#FNanchor_468" class="label">[468]</a>
-Estrabon, XVII, <span class="asc">I</span>, 54; Plinio, VI, <span
-class="asc">XXXV</span>, 8; <i>Dion Casio</i>, LIV, 5; Eusebio, <i>H.
-E.</i>, II, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_469" href="#FNanchor_469" class="label">[469]</a>
-Los descendientes de estos judíos existen todavía bajo el nombre de
-<i>Falasyán</i>. Los misioneros que les convirtieron vinieron de
-Egipto. La version de la Biblia ha sido hecha sobre la version griega.
-Los <i>Falasyán</i> no son israelitas de sangre.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_470" href="#FNanchor_470" class="label">[470]</a>
-Juan, <span class="asc">XII</span>, 20; <i>Act.</i>, <span
-class="asc">X</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_471" href="#FNanchor_471" class="label">[471]</a>
-Véase Deuter., <span class="asc">XXIII</span>, 1. Es verdad que
-<span xml:lang="grc" lang="grc">εὐνοῦχος</span> puede tomarse como
-calificativo designando un ayuda de cámara ó funcionario de la corte
-oriental; pero <span xml:lang="grc" lang="grc">δυνάστης</span> basta á
-dar esta idea; <span xml:lang="grc" lang="grc">εὐνοῦχος</span> debe ser
-tomado aquí en sentido propio.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_472" href="#FNanchor_472" class="label">[472]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 26, 29.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_473" href="#FNanchor_473" class="label">[473]</a>
-Deducir de ahí que toda esta historia ha sido inventada por el autor
-de las <i>Actas</i> nos parece temerario. El autor de las <i>Actas</i>
-insiste sobre los hechos que apoyan sus teorías; pero no creemos
-introduzca en sus reseñas hechos puramente simbólicos ó imaginarios
-á su placer. Véase la Introd., <a href="#Page_xxxvi">p. <span
-class="asc">XXXVI-XXXVII</span></a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_474" href="#FNanchor_474" class="label">[474]</a>
-Para el estado análogo de los primeros Mormones, véase Jules Remy,
-<i>Voyage au pays des Mormons</i> (París, 1860), I, p. 195 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_475" href="#FNanchor_475" class="label">[475]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 39-40. Comp. Luc., <span
-class="asc">IV</span>, 14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_476" href="#FNanchor_476" class="label">[476]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 32, 38.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_477" href="#FNanchor_477" class="label">[477]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 40; <span
-class="asc">XI</span>, 11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_478" href="#FNanchor_478" class="label">[478]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XXI</span>, 8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_479" href="#FNanchor_479" class="label">[479]</a>
-Jos., <i>B. J.</i>, III, <span class="asc">IX</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_480" href="#FNanchor_480" class="label">[480]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XXIII</span>, 33 y sig.; <span
-class="asc">XXV</span>, 1, 5; Tácito, <i>Hist.</i>, II, 79.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_481" href="#FNanchor_481" class="label">[481]</a>
-Jos., <i>B. J.</i>, III, <span class="asc">IX</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_482" href="#FNanchor_482" class="label">[482]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">VIII</span>, 7; <i>B. J.</i>,
-II, <span class="asc">XIII</span>, 5,—<span class="asc">XIV</span>, 5;
-<span class="asc">XVIII</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_483" href="#FNanchor_483" class="label">[483]</a>
-Talm. de Jerusalem, <i>Sota</i>, 21, <i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_484" href="#FNanchor_484" class="label">[484]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">VII</span>, 3-4; <span
-class="asc">VIII</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_485" href="#FNanchor_485" class="label">[485]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_486" href="#FNanchor_486" class="label">[486]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">IX</span>, 2, 10, 19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_487" href="#FNanchor_487" class="label">[487]</a>
-Esta fecha resulta de la comparacion de los capítulos <span
-class="asc">IX</span>, <span class="asc">XI</span>, <span
-class="asc">XII</span> de las <i>Actas</i> con Gal., <span
-class="asc">I</span>, 18; <span class="asc">II</span>, 1, y del
-sincronismo que presenta el capítulo <span class="asc">XII</span> de
-las <i>Actas</i> con la historia profana, sincronismo que fija al año
-44 la fecha de los hechos explicados en este capítulo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_488" href="#FNanchor_488" class="label">[488]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 11; <span
-class="asc">XXI</span>, 39; <span class="asc">XXII</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_489" href="#FNanchor_489" class="label">[489]</a>
-En la epístola á Filemon, escrita hácia el año 61, él se califica de
-<i>anciano</i> (v. 9). En <i>Act.</i>, <span class="asc">VII</span>,
-57 es calificado de jóven por un hecho relativo al año 37, poco más ó
-menos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_490" href="#FNanchor_490" class="label">[490]</a> De
-la misma manera que los <i>Jesús</i> se hacian llamar <i>Jason</i>; los
-<i>José</i>, <i>Hegesipo</i>; los <i>Eliacim</i>, <i>Alcimo</i>, etc.
-San Gerónimo (<i>De viris ill.</i>, 5) supone que Pablo tomó su nombre
-del procónsul Sergio Paulo (<i>Act.</i>, <span class="asc">XIII</span>,
-9). Semejante version no parece admisible. Si las <i>Actas</i> no dan
-á Saulo el nombre de Pablo hasta que entra en relaciones con este
-personaje, será tal vez porque la supuesta conversion de Sergio fué el
-primer acto notable de Pablo como apóstol de los gentiles.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_491" href="#FNanchor_491" class="label">[491]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 9 y siguientes;
-la atribucion de todas las epístolas; II Petri, <span
-class="asc">III</span>, 15.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_492" href="#FNanchor_492" class="label">[492]</a>
-Las calumnias ebionitas no deben tomarse en serio (Epifanio, <i>Adv.
-hær.</i>, hær. <span class="asc">XXX</span>, 16 y 25).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_493" href="#FNanchor_493" class="label">[493]</a>
-San Gerónimo, <i>loc. cit.</i> Inadmisible como la presenta San
-Gerónimo, esta tradicion parece no obstante tener algun fundamento.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_494" href="#FNanchor_494" class="label">[494]</a>
-Rom., <span class="asc">XI</span>, 1; Fil., <span
-class="asc">III</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_495" href="#FNanchor_495" class="label">[495]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XXII</span>, 28.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_496" href="#FNanchor_496" class="label">[496]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XXIII</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_497" href="#FNanchor_497" class="label">[497]</a>
-Fil., <span class="asc">III</span>, 5; <i>Act.</i>, <span
-class="asc">XXVI</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_498" href="#FNanchor_498" class="label">[498]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">VI</span>, 9; Philon, <i>Leg. ad
-Caium</i>, § 36.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_499" href="#FNanchor_499" class="label">[499]</a>
-Estrabon, XIV, <span class="asc">X</span>, 13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_500" href="#FNanchor_500" class="label">[500]</a>
-<i>Ibid.</i>, XIV, <span class="asc">X</span>, 14-15; Philostrato,
-<i>Vida de Apolonio</i>, I, 7.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_501" href="#FNanchor_501" class="label">[501]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, último párrafo. Cf. <i>Vida de Jesús</i>, p.
-33-34.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_502" href="#FNanchor_502" class="label">[502]</a>
-Philostrato, <i>loc. cit.</i></p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_503" href="#FNanchor_503" class="label">[503]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XXVII</span>, 22 y sig.; <span
-class="asc">XXI</span>, 37.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_504" href="#FNanchor_504" class="label">[504]</a>
-Gal., <span class="asc">VI</span>, 11; Rom., <span
-class="asc">XVI</span>, 22.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_505" href="#FNanchor_505" class="label">[505]</a> II
-Cor., <span class="asc">XI</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_506" href="#FNanchor_506" class="label">[506]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XXI</span>, 40. He explicado antes el
-sentido de la palabra <span xml:lang="grc" lang="grc">ἑβραιστί</span>.
-<i>Hist. des lang. sémit.</i>, II, <span class="asc">I</span>, 5; III,
-<span class="asc">I</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_507" href="#FNanchor_507" class="label">[507]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XXVI</span>, 14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_508" href="#FNanchor_508" class="label">[508]</a>
-I Cor., <span class="asc">XV</span>, 33. Cf. Meinecke, <i>Menandri
-fragm.</i>, p. 75.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_509" href="#FNanchor_509" class="label">[509]</a>
-Tit., <span class="asc">I</span>, 12; <i>Act.</i>, <span
-class="asc">XVII</span>, 28. La autenticidad de la carta á Tito
-es muy dudosa. En cuanto al discurso relativo al capítulo <span
-class="asc">XVII</span> de las <i>Actas</i>, es obra más bien del autor
-de las <i>Actas</i> que de San Pablo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_510" href="#FNanchor_510" class="label">[510]</a> El
-verso citado de Arato (<i>Phænom.</i>, 5) se encuentra efectivamente en
-Cleantes (<i>Himno á Júpiter</i>, 5.) Los dos lo tomaron sin duda de
-algun himno religioso anónimo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_511" href="#FNanchor_511" class="label">[511]</a>
-Gal., <span class="asc">I</span>, 14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_512" href="#FNanchor_512" class="label">[512]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XVII</span>, 22 y sig., teniendo en
-cuenta la <a href="#Footnote_509">nota 509</a> de esta página.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_513" href="#FNanchor_513" class="label">[513]</a>
-Véase <i>Vida de Jesús</i>, pág. 72.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_514" href="#FNanchor_514" class="label">[514]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XVIII</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_515" href="#FNanchor_515" class="label">[515]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XVIII</span>, 3; I Cor., <span
-class="asc">IV</span>, 12; I Tes., <span class="asc">II</span>, 9; II
-Tes., <span class="asc">III</span>, 8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_516" href="#FNanchor_516" class="label">[516]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XXIII</span>, 16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_517" href="#FNanchor_517" class="label">[517]</a>
-II Cor., <span class="asc">VIII</span>, 18, 22; <span
-class="asc">XII</span>, 18.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_518" href="#FNanchor_518" class="label">[518]</a>
-Rom., <span class="asc">XVI</span>, 7, 11, 21. Sobre el sentido de
-<span xml:lang="grc" lang="grc">συγγενής</span> en estos pasajes, véase
-más arriba, p. 148, <a href="#Footnote_369">nota 369</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_519" href="#FNanchor_519" class="label">[519]</a>
-Véase sobre todo la epístola á Filemon.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_520" href="#FNanchor_520" class="label">[520]</a>
-Gal., <span class="asc">V</span>, 12; Fil., <span
-class="asc">III</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_521" href="#FNanchor_521" class="label">[521]</a> II
-Cor., <span class="asc">X</span>, 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_522" href="#FNanchor_522" class="label">[522]</a>
-<i>Acta Pauli et Theclæ</i>, 3, en Tischendorf, <i>Acta Apost.
-apocr.</i> (Leipzig 1851), p. 41 y las notas (texto antiguo, aunque no
-debe ser el original de que habla Tertuliano); el <i>Philopatris</i>,
-12 (obra compuesta hácia el año 363); Malala, <i>Chonogr.</i>, p. 257,
-edit. por Bonn; Nicéforo, <i>Hist. eccl.</i>, II, 37. Todos estos
-pasajes, sobre todo el de Philopatris, suponen bastante antigüedad en
-sus retratos. Esto les da cierta autoridad, á pesar de todo, Malala,
-Nicéforo y hasta el mismo autor de las <i>Actas de Santa Tecla</i>
-quieren hacer de Pablo un hombre bello.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_523" href="#FNanchor_523" class="label">[523]</a>
-I Cor., <span class="asc">II</span>, 1 y sig.; II Cor., <span
-class="asc">X</span>, 1-2, 10; <span class="asc">XI</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_524" href="#FNanchor_524" class="label">[524]</a>
-I Cor., <span class="asc">II</span>. 3; II Cor., <span
-class="asc">X</span>, 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_525" href="#FNanchor_525" class="label">[525]</a> II
-Cor., <span class="asc">XI</span>, 30; <span class="asc">XII</span>, 5,
-9, 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_526" href="#FNanchor_526" class="label">[526]</a>
-I Cor., <span class="asc">II</span>, 3; II Cor., <span
-class="asc">I</span>, 8-9; <span class="asc">X</span>, 10; <span
-class="asc">XI</span>, 30; <span class="asc">XII</span>, 5, 9-10; Gal.,
-<span class="asc">IV</span>, 13-14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_527" href="#FNanchor_527" class="label">[527]</a> II
-Cor., <span class="asc">XII</span>, 7-10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_528" href="#FNanchor_528" class="label">[528]</a> I
-Cor., <span class="asc">VII</span>, 7-8 y el contexto.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_529" href="#FNanchor_529" class="label">[529]</a> I
-Cor., <span class="asc">VII</span>, 7-8; <span class="asc">IX</span>,
-5. Este segundo pasaje está lejos de tener peso. Fil., <span
-class="asc">IV</span>, 3, hace suponer lo contrario. Comp. Clemente de
-Alejandría, <i>Strom.</i>, <span class="asc">III</span>, 6, y Eusebio,
-<i>Hist. eccl.</i>, <span class="asc">III</span>, 30. Solo el pasaje
-I Cor., <span class="asc">VII</span> 7-8 es el único que tiene aquí
-peso.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_530" href="#FNanchor_530" class="label">[530]</a> I
-Cor., <span class="asc">VII</span>, 7-9.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_531" href="#FNanchor_531" class="label">[531]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XXII</span>, 3; <span
-class="asc">XXVI</span>, 4.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_532" href="#FNanchor_532" class="label">[532]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XXII</span>, 3. Pablo no habla de este
-maestro en los pasajes de sus epístolas donde seria natural que le
-nombrara (Fil., <span class="asc">III</span>, 5). No es imposible que
-el autor de las <i>Actas</i> hubiese puesto á su héroe en relacion
-con el más célebre doctor de Jerusalem del cual sabia el nombre. Hay
-absoluta contradiccion entre los principios de Gamaliel (<i>Act.</i>,
-<span class="asc">V</span>, 34 y sig.) y la conducta de Pablo antes de
-su conversion.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_533" href="#FNanchor_533" class="label">[533]</a>
-Véase la <i>Vida de Jesús</i>, p. 220-221.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_534" href="#FNanchor_534" class="label">[534]</a>
-Gal., <span class="asc">I</span>, 13-14; <i>Act.</i> <span
-class="asc">XXII</span>, 3; <span class="asc">XXVI</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_535" href="#FNanchor_535" class="label">[535]</a>
-II Cor., <span class="asc">V</span>, 16, no lo implica en manera
-alguna. Los pasajes <i>Act.</i>, <span class="asc">XXII</span>, 3;
-<span class="asc">XXVI</span>, 4 inducen á creer que Pablo se encontró
-en Jerusalem al mismo tiempo que Jesús. Pero esto no es una razon que
-pruebe que los dos se vieron.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_536" href="#FNanchor_536" class="label">[536]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XXII</span>, 4, 19; <span
-class="asc">XXVI</span>, 10-11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_537" href="#FNanchor_537" class="label">[537]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XXVI</span>, 11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_538" href="#FNanchor_538" class="label">[538]</a>
-Gran sacerdote de 37 á 42. Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span
-class="asc">V</span>, 3; XIX, <span class="asc">VI</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_539" href="#FNanchor_539" class="label">[539]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 1-2, 14; <span
-class="asc">XXII</span>, 5; <span class="asc">XXVI</span>, 12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_540" href="#FNanchor_540" class="label">[540]</a>
-Véase <i>Revue numismatique</i>, nueva série, t. <span
-class="asc">III</span> (1858), p. 296 y sig., 362 y sig., <i>Revue
-archéol.</i>, abril de 1864, p. 284 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_541" href="#FNanchor_541" class="label">[541]</a>
-Jos., <i>B. J.</i>, II, <span class="asc">XX</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_542" href="#FNanchor_542" class="label">[542]</a>
-II Cor., <span class="asc">XI</span>, 32. La série de monedas romanas
-de Damasco ofrece una interrupcion para los reinados de Calígula y de
-Claudio. Eckhel, <i>Doctrina num. vet.</i> primera parte, vol. III,
-p. 330. En la moneda damasquina el tipo de «<i>Aretas filheleno</i>»
-<i>ibid.</i> parece ser de nuestro Hareth (comunicacion del Sr.
-Waddington.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_543" href="#FNanchor_543" class="label">[543]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">V</span>, 1, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_544" href="#FNanchor_544" class="label">[544]</a>
-Comp. <i>Act.</i>, <span class="asc">XII</span>, 3; <span
-class="asc">XXIV</span>, 27; <span class="asc">XXV</span>, 9.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_545" href="#FNanchor_545" class="label">[545]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">V</span>, 34 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_546" href="#FNanchor_546" class="label">[546]</a>
-Véase un rasgo análogo en la conversion de Omar. Ibn-Hischam, <i>Sirat
-errasoul</i>, p. 226 (edicion Wüstenfeld).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_547" href="#FNanchor_547" class="label">[547]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 3; <span
-class="asc">XXII</span>, 6; <span class="asc">XXVI</span>, 13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_548" href="#FNanchor_548" class="label">[548]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 4, 8; <span
-class="asc">XXII</span>, 7, 11; <span class="asc">XXVI</span>, 14,
-16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_549" href="#FNanchor_549" class="label">[549]</a>
-Ahí es donde la tradicion de la edad media fija el lugar del
-milagro.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_550" href="#FNanchor_550" class="label">[550]</a>
-Esto resulta de <i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 3, 8; <span
-class="asc">XXII</span>, 6, 11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_551" href="#FNanchor_551" class="label">[551]</a>
-<i>Nahr el-Awadj</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_552" href="#FNanchor_552" class="label">[552]</a>
-<i>Tuleil</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_553" href="#FNanchor_553" class="label">[553]</a> La
-llanura está en efecto á más de mil setecientos metros sobre el nivel
-del mar.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_554" href="#FNanchor_554" class="label">[554]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XXVI</span>, 14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_555" href="#FNanchor_555" class="label">[555]</a> De
-Jerusalem á Damasco hay ocho dias largos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_556" href="#FNanchor_556" class="label">[556]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 8, 9, 18; <span
-class="asc">XXII</span>, 11, 13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_557" href="#FNanchor_557" class="label">[557]</a>
-Véase más arriba, <a href="#Page_201">p. 201</a>, y II Cor., <span
-class="asc">XII</span>, 1 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_558" href="#FNanchor_558" class="label">[558]</a> He
-experimentado un acceso de este género en Byblos; con otras creencias
-hubiera ciertamente tomado por visiones las alucinaciones que entonces
-tuve.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_559" href="#FNanchor_559" class="label">[559]</a>
-Poseemos tres relatos de este episodio capital: <i>Act.</i>, <span
-class="asc">IX</span>, 1 y sig.; <span class="asc">XXII</span>, 5 y
-sig.; <span class="asc">XXVI</span>, 12 y sig. Las diferencias que
-se notan en estos pasajes prueban que el Apóstol mismo explicaba
-de distinta manera su conversion. El relato <i>Actas</i>, <span
-class="asc">IX</span>, no es homogéneo, como lo demostraremos pronto.
-Compárese Gal., <span class="asc">I</span>, 15-17; I Cor., <span
-class="asc">IX</span>, 1; <span class="asc">XV</span>, 8; <i>Act.</i>,
-<span class="asc">IX</span>, 27.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_560" href="#FNanchor_560" class="label">[560]</a>
-Entre los <i>Mormones</i> y en los <i>sueños</i> americanos, casi todas
-las conversiones son tambien promovidas por una grande tension del
-alma, produciendo alucinaciones.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_561" href="#FNanchor_561" class="label">[561]</a>
-La circunstancia de que los compañeros de Pablo vieron y oyeron
-como él puede muy bien ser puramente propia de la leyenda, tanto
-más en cuanto los relatos sobre este particular están en manifiesta
-contradiccion. Comp. <i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 7; <span
-class="asc">XXII</span>, 9; <span class="asc">XXVI</span>, 13. La
-hipótesis de una caida de caballo se rechaza en todos los relatos. En
-cuanto á la opinion que rechaza toda la narracion de las <i>Actas</i>,
-fundándose sobre la palabra <span xml:lang="grc" lang="grc">ἐν
-ἐμοί</span>, de Gal., <span class="asc">I</span>, 16, es exagerada.
-<span xml:lang="grc" lang="grc">Ἐν ἐμοί</span>, en dicho pasaje, tiene
-el sentido de «<i>para mí</i>», «<i>á mí mismo</i>». Comp. Gal., <span
-class="asc">I</span>, 24. Seguramente tuvo Pablo en un momento dado una
-vision que determinó su conversion.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_562" href="#FNanchor_562" class="label">[562]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 3, 7; <span
-class="asc">XXII</span>, 6, 9, 11; <span class="asc">XXVI</span>,
-13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_563" href="#FNanchor_563" class="label">[563]</a>
-Esto es lo que yo experimenté en mi acceso de Byblos. Los recuerdos
-del dia anterior al en que caí sin conocimiento, se desvanecieron
-totalmente de mi espíritu.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_564" href="#FNanchor_564" class="label">[564]</a> II
-Cor., <span class="asc">XII</span>, 1 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_565" href="#FNanchor_565" class="label">[565]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 27; Gal., <span
-class="asc">I</span>, 16; I Cor., <span class="asc">IX</span>, 1;
-<span class="asc">XV</span>, 8; Homilias pseudo-clementinas, <span
-class="asc">XVII</span>, 13-19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_566" href="#FNanchor_566" class="label">[566]</a>
-Compárese lo que pasó á Omar <i>Sirat errasoul</i>, p. 226 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_567" href="#FNanchor_567" class="label">[567]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 8; <span
-class="asc">XXII</span>, 11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_568" href="#FNanchor_568" class="label">[568]</a>
-Su antiguo nombre árabe era <i>Tarik el-Adhwa</i>. Aún se le llama
-hoy <i>Tarik el-Mustekim</i>, que corresponde á <span xml:lang="grc"
-lang="grc">Ῥύμη εὐθεῖα</span>. La puerta oriental (<i>Bab Scharki</i>)
-y algunos vestigios de las columnatas subsisten todavía. Véanse
-los textos árabes dados por Wüstenfeld en la <i>Zeitschrift für
-vergleichende Erdkunde</i> de Lüdde, año 1842, p. 168; Porter, <i>Syria
-and Palestine</i>, p. 477; Wilson, <i>The Lands of the Bible</i>, <span
-class="asc">II</span>, 345, 351-52.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_569" href="#FNanchor_569" class="label">[569]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XXII</span>, 11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_570" href="#FNanchor_570" class="label">[570]</a>
-El relato del capítulo <span class="asc">IX</span> de las <i>Actas</i>
-parece aquí compuesta de dos textos mezclados; el uno, más original,
-comprende los versículos 9, 12 y 18; el otro, más desarrollado, más
-dialogado, más legendario, comprende los versículos 9, 10, 11, 13, 14,
-15, 16, 17 y 18. El v. 12 ni se refiere á los que preceden ni á los que
-siguen. El relato <span class="asc">XXII</span>, 12-16, es más conforme
-con el segundo de los textos antes mencionados que con el primero.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_571" href="#FNanchor_571" class="label">[571]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 12. Es necesario leer <span
-xml:lang="grc" lang="grc">ἄνδρα ἐν ὁράματι</span>, como lleva el
-manuscrito B del Vaticano. Comp. vers. 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_572" href="#FNanchor_572" class="label">[572]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 18; comp. <i>Tobías</i>,
-<span class="asc">II</span>, 9; <span class="asc">VI</span>, 10; <span
-class="asc">XI</span>, 13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_573" href="#FNanchor_573" class="label">[573]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 18; <span
-class="asc">XXII</span>, 16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_574" href="#FNanchor_574" class="label">[574]</a>
-Gal., <span class="asc">I</span>, 1; 8-9, 11 y sig.; I Cor., <span
-class="asc">IX</span>, 1; <span class="asc">XI</span>, 23; <span
-class="asc">XV</span>, 8, 9; Col., <span class="asc">I</span>, 25;
-Efes., <span class="asc">I</span>, 19; <span class="asc">III</span>,
-3, 7, 8; <i>Act.</i>, <span class="asc">XX</span>, 24; <span
-class="asc">XXII</span>, 14-15, 21; <span class="asc">XXVI</span>, 16;
-Homiliæ pseudo-clem., <span class="asc">XVII</span>, 13-19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_575" href="#FNanchor_575" class="label">[575]</a>
-Gal., <span class="asc">I</span>, 17.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_576" href="#FNanchor_576" class="label">[576]</a>
-<span xml:lang="grc" lang="grc">Ἀραβία</span> es la provincia de
-Arabia, teniendo por parte principal la Auranítide (Haurán).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_577" href="#FNanchor_577" class="label">[577]</a>
-Gal., <span class="asc">I</span>, 17 y sig.; <i>Act.</i>, <span
-class="asc">IX</span>, 19 y sig.; <span class="asc">XXVI</span>, 20. El
-autor de las <i>Actas</i> cree que su primera permanencia en Damasco
-fué corta y que Pablo, despues de su conversion, fué á Jerusalem donde
-predicó (Comp. <span class="asc">XXII</span>, 17). Pero el pasaje de la
-epístola á los Galatas es concluyente.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_578" href="#FNanchor_578" class="label">[578]</a>
-Véanse las inscripciones descubiertas por los Sres. Waddington y
-de Vogüé (<i>Revue archéol.</i>, abril de 1864, págs. 284 y sig.;
-<i>Comptes rendus de l’Acad. des Inscr. et B.-L.</i>, 1865, págs.
-106-108). Compárese más arriba, p. 174-175.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_579" href="#FNanchor_579" class="label">[579]</a>
-Dion Casio, <span class="asc">LIX</span>, 12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_580" href="#FNanchor_580" class="label">[580]</a>
-He desarrollado esto en el <i>Bulletin archéologique</i> de los Sres.
-Longperier y de Witte, setiembre de 1856.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_581" href="#FNanchor_581" class="label">[581]</a>
-El sentido del versículo Gal., <span class="asc">I</span>, 16 con
-los siguientes prueba que Pablo predicó inmediatamente despues de su
-conversion.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_582" href="#FNanchor_582" class="label">[582]</a>
-Jos., <i>B. J.</i>, I, <span class="asc">II</span>, 25; II, <span
-class="asc">XX</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_583" href="#FNanchor_583" class="label">[583]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 21-22.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_584" href="#FNanchor_584" class="label">[584]</a>
-Gal., <span class="asc">I</span>, 16. Es el sentido de <span
-xml:lang="grc" lang="grc">οὐ προσανεθέμην σαρκὶ καὶ αἵματι</span>.
-Comp. Mat., <span class="asc">XVI</span>, 17.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_585" href="#FNanchor_585" class="label">[585]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 31.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_586" href="#FNanchor_586" class="label">[586]</a>
-Véase la confesión atrozmente ingénua de III Macab., <span
-class="asc">VII</span>, 12-13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_587" href="#FNanchor_587" class="label">[587]</a>
-Léase el libro III (apócrifo) de los Macabeos, entero, y compáresele
-con el de Ester.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_588" href="#FNanchor_588" class="label">[588]</a>
-Suetonio, <i>Caius</i>, 22, 52; Dion Casio, LIX, 26-28; Philon,
-<i>Legatio ad Caium</i>, párrafo 25, etc.; Josefo, <i>Ant.</i>, XVIII,
-<span class="asc">VIII</span>; XIX, <span class="asc">I</span>, 1-2;
-<i>B. J.</i>, II, <span class="asc">X</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_589" href="#FNanchor_589" class="label">[589]</a>
-Philon, <i>Leg. ad Caium</i>, párrafo 30.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_590" href="#FNanchor_590" class="label">[590]</a>
-Philon, <i>In Flaccum</i>, párrafo 7; <i>Leg. ad Caium</i>, párrafos
-18, 20, 26, 43.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_591" href="#FNanchor_591" class="label">[591]</a>
-Philon, <i>Leg. ad Caium</i>, § 29; Josefo, <i>Ant.</i>, XVIII, <span
-class="asc">VIII</span>; <i>B. J.</i>, II, <span class="asc">X</span>;
-Tácito, <i>Ann.</i>, XII, 54; <i>Hist.</i>, V, 9, completando el pasaje
-primero con el segundo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_592" href="#FNanchor_592" class="label">[592]</a>
-Philon, <i>Leg. ad Caium</i>, § 27, 30, 44 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_593" href="#FNanchor_593" class="label">[593]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 31.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_594" href="#FNanchor_594" class="label">[594]</a>
-Gal, <span class="asc">I</span>, 18-19; <span class="asc">II</span>,
-9.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_595" href="#FNanchor_595" class="label">[595]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 29-30. Véase, más arriba, <a
-href="#Page_124">p. 124</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_596" href="#FNanchor_596" class="label">[596]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 32.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_597" href="#FNanchor_597" class="label">[597]</a>
-Hoy Ludd.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_598" href="#FNanchor_598" class="label">[598]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 32-35.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_599" href="#FNanchor_599" class="label">[599]</a>
-Jaffa.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_600" href="#FNanchor_600" class="label">[600]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XIV, <span class="asc">X</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_601" href="#FNanchor_601" class="label">[601]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 43; <span
-class="asc">X</span>, 6, 17, 32.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_602" href="#FNanchor_602" class="label">[602]</a>
-Mischna, <i>Ketuboth</i>, <span class="asc">VII</span>, 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_603" href="#FNanchor_603" class="label">[603]</a>
-Comp. Gruter, p. 891, 4; Reinesius, <i>Inscript.</i>, XIV, 61; Mommsen,
-<i>Inscr. regni Neap.</i>, 622, 2034, 3092, 4985; Pape, <i>Wört. der
-griech. Eigenn.</i>, á esta voz. Cf. Jos., <i>B. J.</i>, IV, <span
-class="asc">III</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_604" href="#FNanchor_604" class="label">[604]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 36 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_605" href="#FNanchor_605" class="label">[605]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">IX</span>, 39. El griego dice: <span
-xml:lang="grc" lang="grc">ὅσα ἐποίει μετ’ αὐτῶν οὖσα</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_606" href="#FNanchor_606" class="label">[606]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">IX</span>, 32, 41.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_607" href="#FNanchor_607" class="label">[607]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">X</span>, 9-16; <span
-class="asc">XI</span>, 5-10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_608" href="#FNanchor_608" class="label">[608]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">X</span>, 1-<span
-class="asc">XI</span>, 18.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_609" href="#FNanchor_609" class="label">[609]</a>
-Habia al menos treinta y dos (Orelli y Henzen, <i>Inscr. lat.</i>,
-números 90, 512, 6756).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_610" href="#FNanchor_610" class="label">[610]</a>
-Comp. <i>Act.</i>, <span class="asc">XXVII</span>, 1 y Henzen, núm.
-6709.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_611" href="#FNanchor_611" class="label">[611]</a>
-Compárese Luc., <span class="asc">VII</span>, 2 y sig. Lucas se
-complace en esta idea de los centuriones virtuosos y judíos por el
-alma sin la circuncision (véase la Introd., <a href="#Page_xxiii">p.
-<span class="asc">XXIII</span></a>). Pero el ejemplo de Izate (Jos.,
-<i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">II</span>, 5) prueba que tales
-situaciones eran posibles. Comp. Jos., <i>B. J.</i>, II, <span
-class="asc">XXVIII</span>, 2; Orelli, <i>Inscr.</i>, número 2523.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_612" href="#FNanchor_612" class="label">[612]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">X</span>, 2, 7.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_613" href="#FNanchor_613" class="label">[613]</a>
-Esto parece en contradiccion con Gal., <span class="asc">II</span>,
-7-9. Pero la conducta de Pedro por lo que respecta á la admision
-de los gentiles fué siempre poco consistente. Gal., <span
-class="asc">II</span>, 12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_614" href="#FNanchor_614" class="label">[614]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 18.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_615" href="#FNanchor_615" class="label">[615]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XV</span>, 1 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_616" href="#FNanchor_616" class="label">[616]</a>
-II Cor., <span class="asc">II</span>, 32-33; <i>Act.</i>, <span
-class="asc">IX</span>, 23-25.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_617" href="#FNanchor_617" class="label">[617]</a>
-Gal., <span class="asc">I</span>, 18.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_618" href="#FNanchor_618" class="label">[618]</a>
-Gal., <span class="asc">I</span>, 48.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_619" href="#FNanchor_619" class="label">[619]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">I</span>, 23.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_620" href="#FNanchor_620" class="label">[620]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 26.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_621" href="#FNanchor_621" class="label">[621]</a>
-Gal., <span class="asc">I</span>, 18.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_622" href="#FNanchor_622" class="label">[622]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 26.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_623" href="#FNanchor_623" class="label">[623]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 27. Toda esta parte de las
-<i>Actas</i> tiene poco valor histórico para poder afirmar que la
-generosa accion de Bernabé tuviera lugar durante los quince primeros
-dias que Pablo pasó en Jerusalem; pero hay sin duda, atendida la forma
-con que las <i>Actas</i> presentan el hecho, un sentimiento verdadero
-de las relaciones entre Pablo y Bernabé.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_624" href="#FNanchor_624" class="label">[624]</a>
-Gal., <span class="asc">I</span>, 19-20.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_625" href="#FNanchor_625" class="label">[625]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">I</span>, 18. Por consiguiente, es
-imposible admitir como exactos los versículos 28-29 del c. <span
-class="asc">IX</span> de las <i>Actas</i>. El autor de las <i>Actas</i>
-abusa de estas emboscadas y proyectos homicidas. Las <i>Actas</i>
-difieren de la epístola á los Galatas en suponer que la primera
-estancia de San Pablo en Jerusalem duró más y fué más cercana á su
-conversion. Naturalmente la epístola merece más crédito aunque no sea
-más que por la cronología y las circunstancias materiales.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_626" href="#FNanchor_626" class="label">[626]</a>
-Véase sobre todo la epístola á los Galatas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_627" href="#FNanchor_627" class="label">[627]</a>
-Epístola á los Galatas, <span class="asc">I</span>, 11-12 y casi
-todo el resto; I Cor., <span class="asc">IX</span>, 1 y sig.; <span
-class="asc">XV</span>, 1 y sig.; II Cor., <span class="asc">XI</span>,
-21 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_628" href="#FNanchor_628" class="label">[628]</a>
-Se encuentra el sentimiento más ó menos directo: Rom., <span
-class="asc">XII</span>, 14; I Cor., <span class="asc">XIII</span>,
-2; II Cor., <span class="asc">III</span>, 6; I Tes., <span
-class="asc">IV</span>, 8; <span class="asc">V</span>, 2, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_629" href="#FNanchor_629" class="label">[629]</a>
-Gal., <span class="asc">I</span>, 22-23.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_630" href="#FNanchor_630" class="label">[630]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XXII</span>, 17-21.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_631" href="#FNanchor_631" class="label">[631]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 29-30.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_632" href="#FNanchor_632" class="label">[632]</a>
-Gal., <span class="asc">I</span>, 21.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_633" href="#FNanchor_633" class="label">[633]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">IX</span>, 30; <span
-class="asc">XI</span>, 25. El dato cronológico capital de esta época
-de la vida de San Pablo es Gal., <span class="asc">I</span>, 18; <span
-class="asc">II</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_634" href="#FNanchor_634" class="label">[634]</a>
-La Cilicia tenia una Iglesia en el año 51. <i>Act.</i>, <span
-class="asc">XV</span>, 23, 41.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_635" href="#FNanchor_635" class="label">[635]</a>
-En la epístola á los Galatas (vers. 56) es donde Pablo se coloca por
-primera vez en el rango de los apóstoles (<span class="asc">I</span>,
-1 y el siguiente). Segun Gal., <span class="asc">II</span>, 7-10,
-recibiria este título en 51. Sin embargo, no lo usa aún en la firma de
-las dos epístolas á los Tesalonicenses, que son del año 53. I Tes.,
-<span class="asc">II</span>, 6 no implica un título oficial. El autor
-de las <i>Actas</i> no da jamás á Pablo el título de <i>apóstol</i>.
-Los <i>apóstoles</i> para el autor de las <i>Actas</i> son <i>los
-Doce</i>. <i>Act.</i>, <span class="asc">XIV</span>, 4, 14 es una
-excepcion.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_636" href="#FNanchor_636" class="label">[636]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_637" href="#FNanchor_637" class="label">[637]</a>
-Jos., <i>B. J.</i>, III, <span class="asc">II</span>, 4. Roma
-y Alejandría eran las dos primeras. Comp. Estrabon, <span
-class="asc">XVI</span>, <span class="asc">II</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_638" href="#FNanchor_638" class="label">[638]</a>
-C. Otfried Müller, <i>Antiquit. Antiochenæ</i> (Gœttingæ 1839),
-p. 68. Juan Crisóstomo, <i>In sanct. Ignatium</i>, 4 (Opp. t.
-II, p. 597, edic. Montfaucon); <i>In Matth.</i> homilia <span
-class="asc">LXXXV</span>, 4 (t. VII, p. 810) evalúa la poblacion de
-Antioquía en doscientas mil almas, sin contar los esclavos, los niños y
-los inmensos suburbios. La poblacion actual no cuenta más de siete mil
-habitantes.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_639" href="#FNanchor_639" class="label">[639]</a>
-Las calles análogas de Palmira, Gerasa, Gadara, Sebastia eran
-probablemente imitaciones del gran <i>Corso</i> de Antioquía.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_640" href="#FNanchor_640" class="label">[640]</a> Se
-encuentran algunos restos en la direccion de <i>Bab Bolos</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_641" href="#FNanchor_641" class="label">[641]</a>
-Dion Crisóstomo, Orat. <span class="asc">XLVII</span> (t. II, p. 229,
-edic. de Reiske); Libanio, <i>Antiochicus</i>, p. 337, 340, 342, 356
-(edic. Reiske); Malala, p. 232 y sig., 276, 280 y sig., (edic. de
-Bonn). El constructor de estas grandes obras fué Antíoco Epifano.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_642" href="#FNanchor_642" class="label">[642]</a>
-Libanio, <i>Antioch.</i>, 342, 344.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_643" href="#FNanchor_643" class="label">[643]</a>
-Pausanias, VI, <span class="asc">II</span>, 7; Malala, p. 201;
-Visconti, <i>Mus. Pio-Clem.</i>, t. III, 46. Véanse sobre todo las
-medallas de Antíoco.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_644" href="#FNanchor_644" class="label">[644]</a>
-Pieria, Bottia, Penea, Tempe, Castalia, juegos olímpicos, Iopolis (que
-se refiere á Io). La ciudad pretendia deber su celebridad á Inaco, á
-Orestes, á Dafne, á Triptolemo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_645" href="#FNanchor_645" class="label">[645]</a>
-Véase Malala, p. 199; Espartiano, <i>Vida de Adriano</i>, 14;
-Juliano, <i>Misopogon</i>, p. 361-362; Am. Marcelino, <span
-class="asc">XXII</span>, 14; Eckhel, <i>Doct. num. vet.</i>, pars
-1.ª, <span class="asc">III</span>, p. 326; Guigniaut, <i>Religions de
-l’ant.</i>, planchas n.º 268.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_646" href="#FNanchor_646" class="label">[646]</a>
-Juan Crisóstomo, <i>Ad. pop. Antioch.</i> homil. <span
-class="asc">XIX</span>, 1 (t. II, p. 189); <i>De sanctis martyr.</i>,
-1, (t. II, p. 651.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_647" href="#FNanchor_647" class="label">[647]</a>
-Libanio, <i>Antioch.</i>, p. 348.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_648" href="#FNanchor_648" class="label">[648]</a>
-<i>Act. SS. Maii</i>, V, p. 383, 409, 414, 415, 416; Assemani, <i>Bib.
-Or.</i>, II, 323.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_649" href="#FNanchor_649" class="label">[649]</a>
-Juvenal, Sat., <span class="asc">III</span>, 62 y sig.; Estacio,
-<i>Silvas</i>, I, <span class="asc">VI</span>, 72.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_650" href="#FNanchor_650" class="label">[650]</a>
-Tácito, <i>Ann.</i>, <span class="asc">II</span>, 69.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_651" href="#FNanchor_651" class="label">[651]</a>
-Malala, p. 284, 287, y sig.; Libanio, <i>De angariis</i>, p. 555 y
-sig.; <i>De carcere vinctis</i>, p. 455 y sig.; <i>Ad Timocratem</i>,
-p. 385; <i>Antioch.</i>, p. 323; Philostr., <i>Vida de Apol.</i>,
-I, 16; Luciano, <i>De saltatione</i>, 76; Diod. Sic., frag. l.
-<span class="asc">XXXIV</span>, n.º 34 (p. 538, ed. Dindorf); Juan
-Cris., Homil. <span class="asc">VII</span> <i>in Matth.</i>, 5 (t.
-VII, p. 113); <span class="asc">LXXIII</span> <i>in Matth.</i>, 3
-(<i>ibid.</i>, p. 712); <i>De consubst. contra Anom.</i>, 1 (t. I, p.
-501); <i>De Anna</i>, 1 (t. IV, p. 730); <i>De Dav. et Saule</i>, <span
-class="asc">III</span>, 1 (t. IV, 768-770); Juliano, <i>Misopogon</i>,
-p. 343, 350, ed. Spanheim; <i>Actos de Santa Tecla</i> atribuidos á
-Basilio de Seleucia, publicados por P. Pantinus (Amberes, 1608.), p.
-70.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_652" href="#FNanchor_652" class="label">[652]</a>
-Philostr., <i>Apol.</i>, III, 58; Ausonio, <i>Clar. Urb.</i>, 2; J.
-Capitolin, <i>Verus</i>, 7; <i>Marco Aur.</i>, 25; Herodiano, II, 10;
-Juan de Antioquía en las <i>Excerpta Valesiana</i>, p. 844; Suidas, en
-la voz <span xml:lang="grc" lang="grc">Ἰοβιανός</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_653" href="#FNanchor_653" class="label">[653]</a>
-Juliano, <i>Misopogon</i>, p. 344, 365, etc.; Eunapio, <i>Vidas de los
-Sofistas</i>, p. 496, ed. Boissonade (Didot); Amiano Marcelino, XXII,
-14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_654" href="#FNanchor_654" class="label">[654]</a>
-Juan Cris., <i>De Lazaro</i>, <span class="asc">II</span>, 11 (t. I, p.
-722-723).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_655" href="#FNanchor_655" class="label">[655]</a>
-Cic., <i>Pro Archia</i>, 3, teniendo en cuenta la exageracion típica de
-un abogado.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_656" href="#FNanchor_656" class="label">[656]</a>
-Philostrato, <i>Vida de Apolonio</i>, <span class="asc">III</span>,
-58.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_657" href="#FNanchor_657" class="label">[657]</a>
-Malala, p. 287-289.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_658" href="#FNanchor_658" class="label">[658]</a>
-Juan Crisóst., Homil. <span class="asc">VII</span> <i>in Matth.</i>, 5,
-6 (t. VII, p. 113). Véase O. Müller, <i>Antiquit. Antioch.</i>, p. 33,
-nota.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_659" href="#FNanchor_659" class="label">[659]</a>
-Libanio, <i>Antiochicus</i>, p. 355-356.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_660" href="#FNanchor_660" class="label">[660]</a>
-Juvenal, <span class="asc">III</span>, 62 y sig., y Forcellini, en
-la voz <i>ambubaja</i>, observando que la palabra <i>ambuba</i> es
-siriaca.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_661" href="#FNanchor_661" class="label">[661]</a>
-Libanio, <i>Antioch.</i>, p. 315; <i>De carcere vinctis</i>, p. 455,
-etc.; Juliano, <i>Misopogon</i>, p. 367, edic. Spanheim.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_662" href="#FNanchor_662" class="label">[662]</a>
-Libanio, <i>Pro rhetoribus</i>, p. 211.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_663" href="#FNanchor_663" class="label">[663]</a>
-Libanio, <i>Antiochicus</i>, p. 363.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_664" href="#FNanchor_664" class="label">[664]</a>
-Libanio, <i>Antiochicus</i>, p. 354 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_665" href="#FNanchor_665" class="label">[665]</a> La
-muralla actual, que es del tiempo de Justiniano, presenta las mismas
-particularidades.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_666" href="#FNanchor_666" class="label">[666]</a>
-Libanio, <i>Antioch.</i>, p. 337, 338, 339.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_667" href="#FNanchor_667" class="label">[667]</a>
-El lago <i>Ak-Deniz</i>, que forma por este lado el límite actual del
-territorio de Antakieh, no existia, á lo que parece, en la antigüedad.
-Véase Ritter, <i>Erdkunde</i>, XVII, p. 1149, 1613 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_668" href="#FNanchor_668" class="label">[668]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XII, <span class="asc">III</span>, 1; XIV,
-<span class="asc">XII</span>, 6; <i>B. J.</i>, II, <span
-class="asc">XVIII</span>, 5; VII, <span class="asc">III</span>, 2-4.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_669" href="#FNanchor_669" class="label">[669]</a>
-Jos., <i>Contra Apion.</i>, II, 4; <i>B. J.</i>, VII, <span
-class="asc">III</span>, 3-4; <span class="asc">V</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_670" href="#FNanchor_670" class="label">[670]</a>
-Malala, p. 244-245; Jos., <i>B. J.</i>, VII, <span
-class="asc">V</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_671" href="#FNanchor_671" class="label">[671]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">VI</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_672" href="#FNanchor_672" class="label">[672]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XI</span>, 19 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_673" href="#FNanchor_673" class="label">[673]</a>
-Compárese Jos., <i>B. J.</i>, II, <span class="asc">XVIII</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_674" href="#FNanchor_674" class="label">[674]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 20-21. La lectura correcta es
-<span xml:lang="grc" lang="grc">Ἕλληνας</span>. <span xml:lang="grc"
-lang="grc">Ἕλληνιστάς</span> proviene de una falsa cercanía con <span
-class="asc">IX</span>, 29.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_675" href="#FNanchor_675" class="label">[675]</a>
-Malala, p. 245. El relato de Malala no puede ser exacto, pues Josefo no
-dice una palabra de la invasion de que habla el cronista.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_676" href="#FNanchor_676" class="label">[676]</a>
-<i>Ibid.</i>, p. 243, 265-266. Comp. <i>Comptes rendus de l’Acad. des
-Inscr. et B.-L.</i>, sesion del 17 Agosto 1865.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_677" href="#FNanchor_677" class="label">[677]</a>
-S. Atanasio, <i>Tomus ad Antioch.</i> (Opp. t. I, p. 771, edic.
-Montfaucon); san Juan Crisóstomo, <i>Ad. pop. Ant.</i> homil. I y
-II, inicio (t. II, p. 1 y 20); <i>In Inscr. Act.</i>, II, inicio
-(t. III, 60); <i>Chron. Pasch.</i>, p. 296 (París); Teodoreto,
-<i>Hist. eccl.</i>, <span class="asc">II</span>, 27; <span
-class="asc">III</span>, 2, 8, 9. La aproximacion de estos pasajes
-no permite traducir <span xml:lang="grc" lang="grc">ἐν τῇ καλουμένῃ
-Παλαιᾷ</span> por «en lo que se llamaba la ciudad antigua», como han
-hecho alguna vez los editores.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_678" href="#FNanchor_678" class="label">[678]</a>
-Malala, p. 242.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_679" href="#FNanchor_679" class="label">[679]</a>
-Pococke, <i>Descript. of the East</i>, vol. II, parte <span
-class="asc">I</span>, p. 192 (Lóndres, 1745); Chesney, <i>Expedition
-for the survey of the rivers Euphr. and Tigris</i>, I, 425 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_680" href="#FNanchor_680" class="label">[680]</a>
-Es decir á la parte opuesta de la ciudad antigua que todavía está
-habitada.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_681" href="#FNanchor_681" class="label">[681]</a>
-Véase, más abajo, la pág. 251, <a href="#Footnote_690">nota 690</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_682" href="#FNanchor_682" class="label">[682]</a>
-El tipo de los Maronitas se encuentra de una manera notable en toda la
-region de Antakieh, de Soueidieh y de Beylan.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_683" href="#FNanchor_683" class="label">[683]</a> F.
-Naironi, <i>Evoplia fidei cathol.</i> (Romæ, 1694), p. 58 y sig., y la
-obra de S. Em. Paul-Pierre Masad, patriarca actual de los Maronitas,
-titulada <i>Kitab ed-durr el-manzoum</i> (en árabe, impreso en el
-convento de Tamisch en el Kesrouan, 1863).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_684" href="#FNanchor_684" class="label">[684]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 19-20; <span
-class="asc">XIII</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_685" href="#FNanchor_685" class="label">[685]</a>
-Gal., <span class="asc">II</span>, 11 y sig. lo supone así.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_686" href="#FNanchor_686" class="label">[686]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 22 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_687" href="#FNanchor_687" class="label">[687]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 22-24.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_688" href="#FNanchor_688" class="label">[688]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 25.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_689" href="#FNanchor_689" class="label">[689]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 26.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_690" href="#FNanchor_690" class="label">[690]</a>
-Libanio, <i>Pro templis</i>, p. 164 y sig.; <i>De carcere vinctis</i>,
-p. 458; Teodoreto, <i>Hist. eccl.</i>, IV, 28; Juan Crisóst., Homil.
-<span class="asc">LXXII</span> <i>in Matth.</i>, 3 (t. VII, p. 705);
-<i>In Epist. ad Ephes.</i> hom. <span class="asc">VI</span>, 4 (t. XI,
-p. 44); <i>In I Tim.</i> hom. <span class="asc">XIV</span>, 3 y sig.
-(<i>ibid.</i>, p. 628 y sig.); Nicéforo, XII, 44; Glicas, p. 257 (ed.
-Paris).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_691" href="#FNanchor_691" class="label">[691]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 26.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_692" href="#FNanchor_692" class="label">[692]</a>
-Los pasajes I Petri, <span class="asc">IV</span>, 16, y Jac., <span
-class="asc">II</span>, 7, comparados con Suetonio <i>Neron</i>, 16, y
-con Tácito, <i>Ann.</i>, XV, 44, confirman esta idea. Véase tambien
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XXVI</span>, 28.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_693" href="#FNanchor_693" class="label">[693]</a> Es
-cierto que se encuentra <span xml:lang="grc" lang="grc">Ἀσιανός</span>
-(<i>Act.</i>, <span class="asc">XX</span>, 4; Philon, <i>Legatio</i>,
-36; Estrabon, etc.). Pero parece tratarse de un latinismo, al igual
-que <span xml:lang="grc" lang="grc">Δαλδιανοί</span>, y los nombre
-de secta <span xml:lang="grc" lang="grc">Σιμωνιανοί, Κηρινθιανοί,
-Σηθιανοί</span>, etc. La derivacion helénica de <span xml:lang="grc"
-lang="grc">χριστός</span> hubiera sido <span xml:lang="grc"
-lang="grc">χρίστειος</span>. No sirve decir que la terminacion
-<i>anus</i> es una forma dórica del griego <span xml:lang="grc"
-lang="grc">ηνος</span>; ya no se recordaba nada de esto en el siglo
-primero.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_694" href="#FNanchor_694" class="label">[694]</a>
-Tácito (<i>loc. cit.</i>) lo interpreta así.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_695" href="#FNanchor_695" class="label">[695]</a>
-Suetonio, <i>Claudio</i>, 25. Discutiremos este pasaje en nuestro
-próximo libro.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_696" href="#FNanchor_696" class="label">[696]</a>
-<i>Corpus inscr. gr.</i>, números 2883 <i>d</i>, 3857 <i>g</i>, 3857
-<i>p</i>, 3865 <i>l</i>; Tertuliano, <i>Apol.</i>, 3; Lactancio,
-<i>Divin. Inst.</i>, <span class="asc">IV</span>, 7. Compárese la forma
-francesa <i>chrestien</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_697" href="#FNanchor_697" class="label">[697]</a>
-Jac., <span class="asc">II</span>, 7 supone que fué una costumbre
-momentánea é incierta.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_698" href="#FNanchor_698" class="label">[698]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XXIV</span>, 5; Tertuliano, <i>Adv.
-Marcionem</i>, IV, 8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_699" href="#FNanchor_699" class="label">[699]</a>
-<i>Nesara</i>. Los nombres de <i>meschihoio</i> en siriaco,
-<i>mesihi</i> en árabe, son relativamente modernos y calcados sobre
-<span xml:lang="grc" lang="grc">χριστιανός</span>. El nombre de
-«Galileos» es mucho más reciente, y fué Juliano quien lo puso de moda
-y aun le declaró oficial, dándole cierto color de ironía y desprecio.
-Juliano, <i>Epist.</i>, <span class="asc">VII</span>; Gregorio de
-Nacianzo, Orat. IV (invect. <span class="asc">I</span>), 76; S.
-Cirilo de Alej., <i>Contra Juliano</i> II, p. 39 (edic. Spanheim);
-<i>Philopatris</i>, diálogo atribuido falsamente á Luciano y que es en
-realidad de la época de Juliano, § 12; Teodoreto, <i>Hist. eccl.</i>,
-III, 4. Yo creo que, en Epicteto (Arriano, <i>Dissert.</i>, IV, <span
-class="asc">VII</span>, 6) y en Marco Aurelio (<i>Pensamientos</i>,
-<span class="asc">XI</span>, 3), no designa este nombre á los
-cristianos, sino que debe entenderse como sicarios ó zelotas,
-discípulos fanáticos de Judas el Galileo ó el Gaulonita y de Juan de
-Giscala.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_700" href="#FNanchor_700" class="label">[700]</a>
-I Petri, <span class="asc">IV</span>, 16; Jac., <span
-class="asc">II</span>, 7.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_701" href="#FNanchor_701" class="label">[701]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_702" href="#FNanchor_702" class="label">[702]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_703" href="#FNanchor_703" class="label">[703]</a>
-Véase más arriba, <a href="#Page_146">p. 146-147</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_704" href="#FNanchor_704" class="label">[704]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_705" href="#FNanchor_705" class="label">[705]</a>
-Eusebio, <i>Chron.</i>, en el año 43; <i>Hist. eccl.</i>, III, 22;
-Ignacio, <i>Epist. ad Antioch.</i> (apocr.), 7.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_706" href="#FNanchor_706" class="label">[706]</a> I
-Cor., <span class="asc">XIV</span> entero.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_707" href="#FNanchor_707" class="label">[707]</a> II
-Cor., <span class="asc">XII</span>, 1-5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_708" href="#FNanchor_708" class="label">[708]</a>
-Supone en efecto que tuvo lugar esta vision catorce años antes de
-escribir la segunda Epístola de los Corintios, que fué por el año 57,
-poco más ó menos. No es imposible sin embargo que estuviese aún en
-Tarso.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_709" href="#FNanchor_709" class="label">[709]</a>
-Sobre las ideas que tenian los judíos acerca de los cielos
-superpuestos, véase <i>Testam. de los 12 patr.</i>, Leví, 3;
-<i>Ascension de Isaías</i>, <span class="asc">VI</span>, 13; <span
-class="asc">VII</span>, 8 y todo el resto del libro; Talm. de Babil.,
-<i>Chagiga</i>, 12 <i>b</i>; Midraschim, <i>Bereschith rabba</i>, sect.
-<span class="asc">XIX</span>, fol. 19 <i>c</i>; <i>Schemoth rabba</i>,
-sect. <span class="asc">XV</span>, fol. 115 <i>d</i>; <i>Bammidbar
-rabba</i>, sect. <span class="asc">XIII</span>, fol. 218 <i>a</i>;
-<i>Debarim rabba</i>, sect. <span class="asc">II</span>, fol. 253
-<i>a</i>; <i>Schir hasschirim rabba</i>, fol. 24 <i>d</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_710" href="#FNanchor_710" class="label">[710]</a>
-Compárese Talmud de Babil., <i>Chagiga</i>, 14 <i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_711" href="#FNanchor_711" class="label">[711]</a>
-Compárese <i>Ascension de Isaías</i>, <span class="asc">VI</span>, 15;
-<span class="asc">VII</span>, 3 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_712" href="#FNanchor_712" class="label">[712]</a>
-II Cor., <span class="asc">XII</span>, 12; Rom., <span
-class="asc">XV</span>, 19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_713" href="#FNanchor_713" class="label">[713]</a> I
-Cor., <span class="asc">XII</span> entero.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_714" href="#FNanchor_714" class="label">[714]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 29; <span
-class="asc">XXIV</span>, 17; Gal., <span class="asc">II</span>,
-10; Rom., <span class="asc">XV</span>, 26; I Cor., <span
-class="asc">XVI</span>, 1; II Cor., <span class="asc">VIII</span>, 4,
-14; <span class="asc">IX</span>, 1, 12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_715" href="#FNanchor_715" class="label">[715]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">VI</span>, 3, 4; XX, <span
-class="asc">V</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_716" href="#FNanchor_716" class="label">[716]</a>
-Jac., <span class="asc">II</span>, 5 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_717" href="#FNanchor_717" class="label">[717]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 28; Jos., <i>Ant.</i>,
-XX, <span class="asc">II</span>, 6; <span class="asc">V</span>, 2;
-Eusebio, <i>Hist. eccl.</i>, II, 8 y 12. Compárese <i>Act.</i>,
-<span class="asc">XII</span>, 20; Tác. <i>Ann.</i>, <span
-class="asc">XII</span>, 43; Suetonio, <i>Claudio</i>, 18; <i>Dion
-Casio</i>, <span class="asc">LX</span>, 11. Aurelio Victor,
-<i>Cæs.</i>, 4; Eusebio, <i>Chron.</i>, años 43 y sig. El reinado de
-Claudio se vió afligido casi todos los años por hambres parciales en
-todo el Imperio.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_718" href="#FNanchor_718" class="label">[718]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XI</span>, 27 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_719" href="#FNanchor_719" class="label">[719]</a>
-El libro de las <i>Actas</i> (<span class="asc">XI</span>, 30; <span
-class="asc">XII</span>, 25) dice que Pablo hizo aquel viaje, pero
-aquel declara que entre su primera permanencia de dos semanas y su
-viaje para el asunto de la circuncision, no fué á Jerusalem (Gal.,
-<span class="asc">II</span> 1, teniendo en cuenta la argumentacion
-general de Pablo sobre este punto). Véase más arriba, Introd., <a
-href="#Page_xxxi">p. <span class="asc">XXXI-XXXII</span></a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_720" href="#FNanchor_720" class="label">[720]</a>
-Gal., <span class="asc">I</span>, 17-19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_721" href="#FNanchor_721" class="label">[721]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 3; <span
-class="asc">XV</span>, 36; <span class="asc">XVIII</span>, 23.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_722" href="#FNanchor_722" class="label">[722]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">XIV</span>, 25; <span
-class="asc">XVIII</span>, 22.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_723" href="#FNanchor_723" class="label">[723]</a>
-Las inscripciones de dichas comarcas confirman plenamente las
-indicaciones de Josefo (<i>Comptes rendus de l’Acad. des Inscr. et
-B.-L.</i>, 1865, pág. 106-109).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_724" href="#FNanchor_724" class="label">[724]</a>
-Josefo, <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">IV</span>; <i>B. J.</i>,
-II, <span class="asc">XI</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_725" href="#FNanchor_725" class="label">[725]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">V</span>, 1;
-<span class="asc">VI</span>, 1; <i>B. J.</i>, II, <span
-class="asc">XI</span>, 5; Dion Casio, LX, 8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_726" href="#FNanchor_726" class="label">[726]</a>
-Dion Casio, LIX, 24.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_727" href="#FNanchor_727" class="label">[727]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">IX</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_728" href="#FNanchor_728" class="label">[728]</a>
-<i>Ibid.</i>, XIX, <span class="asc">VI</span>, 1, 3; <span
-class="asc">VII</span>, 3, 4; <span class="asc">VIII</span>, 2; <span
-class="asc">IX</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_729" href="#FNanchor_729" class="label">[729]</a>
-<i>Ibid.</i>, XIX, <span class="asc">VII</span>, 4.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_730" href="#FNanchor_730" class="label">[730]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">VI</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_731" href="#FNanchor_731" class="label">[731]</a>
-Juvenal, Sat. <span class="asc">VI</span>, 158-159; Persio, Sat. <span
-class="asc">V</span>, 180.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_732" href="#FNanchor_732" class="label">[732]</a>
-Philon, <i>In Flaccum</i>, § 5 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_733" href="#FNanchor_733" class="label">[733]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">V</span>, 2 y sig.;
-XX, <span class="asc">VI</span>, 3; <i>B. J.</i>, II, <span
-class="asc">XII</span>, 7. Las medidas restrictivas que tomó contra
-los judíos de Roma (<i>Act.</i>, <span class="asc">XVIII</span>,
-2; Suetonio, <i>Claudio</i>, 25; Dion Casio, LX, 6) dependieron de
-circunstancias locales.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_734" href="#FNanchor_734" class="label">[734]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">VI</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_735" href="#FNanchor_735" class="label">[735]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">VII</span>, 2; <i>B. J.</i>,
-II, <span class="asc">XI</span>, 6; V, <span class="asc">IV</span>, 2;
-Tácito, <i>Hist.</i>, V, 12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_736" href="#FNanchor_736" class="label">[736]</a>
-Tácito, <i>Ann.</i>, VI, 47.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_737" href="#FNanchor_737" class="label">[737]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">VII</span>, 2; <span
-class="asc">VIII</span>, 1; XX, <span class="asc">I</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_738" href="#FNanchor_738" class="label">[738]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">VIII</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_739" href="#FNanchor_739" class="label">[739]</a>
-Suetonio, <i>Caius</i>, 22, 26, 35; Dion Casio, LIX, 24; LX, 8; Tácito,
-<i>Ann.</i>, XI, 8. Como tipo de aquellos reyezuelos de Oriente, véase
-la carrera de Herodes Agrippa I por Josefo (<i>Ant.</i>, XVIII y XIX).
-Comp. Horacio, <i>Sat.</i>, I, <span class="asc">VII</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_740" href="#FNanchor_740" class="label">[740]</a>
-Véase más arriba, <a href="#Page_178">p. 178-179</a>, <a
-href="#Page_203">203-204</a>, <a href="#Page_217">217-218</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_741" href="#FNanchor_741" class="label">[741]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XII</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_742" href="#FNanchor_742" class="label">[742]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XII</span>, 1 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_743" href="#FNanchor_743" class="label">[743]</a>
-Efectivamente Jacobo fué decapitado y no lapidado.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_744" href="#FNanchor_744" class="label">[744]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XII</span>, 3 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_745" href="#FNanchor_745" class="label">[745]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XII</span>, 9-11. El relato de las
-<i>Actas</i> es tan conciso, que es difícil se encuentre lugar en ella
-para una elaboracion legendaria prolongada.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_746" href="#FNanchor_746" class="label">[746]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">VIII</span>, 2; <i>Act.</i>,
-<span class="asc">XII</span>, 18-23.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_747" href="#FNanchor_747" class="label">[747]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">VII</span>, 4.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_748" href="#FNanchor_748" class="label">[748]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XII</span>, 23. Comp. II Macab.,
-<span class="asc">IX</span>, 9; Jos., <i>B. J.</i>, I, <span
-class="asc">XXXIII</span>, 5; Talm. de Bab., <i>Sota</i>, 35
-<i>a</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_749" href="#FNanchor_749" class="label">[749]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">VI</span>, 1; XX, <span
-class="asc">I</span>, 1, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_750" href="#FNanchor_750" class="label">[750]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">V</span>, 2; <i>B. J.</i>, II,
-<span class="asc">XV</span>, 1; <span class="asc">XVIII</span>, 7 y
-sig.; IV, <span class="asc">X</span>, 6; V, <span class="asc">I</span>,
-6; Tácito, <i>Ann.</i>, XV, 28; <i>Hist.</i>, I, 11; II, 79;
-Suetonio, <i>Vesp.</i>, 6; <i>Corpus inscr. græc.</i>, n.º 4957 (cf.
-<i>ibid.</i>, III, p. 311).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_751" href="#FNanchor_751" class="label">[751]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">I</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_752" href="#FNanchor_752" class="label">[752]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">V</span>, 4; <i>B. J.</i>, II,
-<span class="asc">XII</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_753" href="#FNanchor_753" class="label">[753]</a>
-Josefo, que describe con tanta minuciosidad la historia de estas
-agitaciones, no mezcla nunca en ellas á los cristianos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_754" href="#FNanchor_754" class="label">[754]</a>
-Jos., <i>Contra Apion.</i>, II, 39; Dion Casio, <span
-class="asc">LXVI</span>, 4.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_755" href="#FNanchor_755" class="label">[755]</a>
-Jos., <i>B. J.</i>, IV, <span class="asc">IV</span>, 3; V, <span
-class="asc">XIII</span>, 6; Suet., <i>Aug.</i>, 93; Estrabon, XVI,
-<span class="asc">II</span>, 34, 37; Tácito, <i>Hist.</i>, V, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_756" href="#FNanchor_756" class="label">[756]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XIII, <span class="asc">IX</span>, 1; <span
-class="asc">XI</span>, 3; <span class="asc">XV</span>, 4; XV, <span
-class="asc">VII</span>, 9.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_757" href="#FNanchor_757" class="label">[757]</a>
-Jos., <i>B. J.</i>, II, <span class="asc">XVII</span>, 10; <i>Vita</i>,
-23.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_758" href="#FNanchor_758" class="label">[758]</a>
-Mat., <span class="asc">XXIII</span>, 13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_759" href="#FNanchor_759" class="label">[759]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">VII</span>, 1, 3; Comp. XVI,
-<span class="asc">VII</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_760" href="#FNanchor_760" class="label">[760]</a>
-<i>Ibid.</i>, XX, <span class="asc">II</span>, 4.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_761" href="#FNanchor_761" class="label">[761]</a>
-<i>Ibid.</i>, XX, <span class="asc">II</span>, 5, 6; <span
-class="asc">IV</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_762" href="#FNanchor_762" class="label">[762]</a>
-Jos., <i>B. J.</i>, <span class="asc">II</span>, <span
-class="asc">XX</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_763" href="#FNanchor_763" class="label">[763]</a>
-Séneca, fragm. en San Aug., <i>De civ. Dei</i>, VI, 11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_764" href="#FNanchor_764" class="label">[764]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">II-IV</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_765" href="#FNanchor_765" class="label">[765]</a>
-Tácito, <i>Ann.</i>, XII, 13, 14. La mayor parte de los nombres de esta
-familia son persas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_766" href="#FNanchor_766" class="label">[766]</a> El
-nombre de «Elena» lo prueba, á pesar de que es extraño que no figure
-el griego en la inscripcion bilingüe (siriaco y siro-caldaico) del
-sepulcro de una princesa de dicha familia, descubierto y llevado á
-París por el Sr. de Saulcy. Véase <i>Journal Asiatique</i>, Diciembre
-de 1855.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_767" href="#FNanchor_767" class="label">[767]</a>
-Cf. <i>Bereschith rabba</i>, <span class="asc">XLVI</span>, 51
-<i>d</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_768" href="#FNanchor_768" class="label">[768]</a>
-Segun todas las apariencias, es el monumento conocido en el dia con el
-nombre de «Sepulcros de los reyes». Véase <i>Journal Asiatique</i>, en
-el lugar citado.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_769" href="#FNanchor_769" class="label">[769]</a>
-Jos., <i>B. J.</i>, II, <span class="asc">XIX</span>, 2; VI, <span
-class="asc">VI</span>, 4.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_770" href="#FNanchor_770" class="label">[770]</a>
-Talm. de Jerus., <i>Peah</i>, 15 <i>b</i>, en donde se atribuyen á
-uno de los Monobaze algunas máximas que recuerdan enteramente las del
-Evangelio (Mateo, <span class="asc">VI</span>, 19 y siguientes); Talm.
-de Bab., <i>Baba Bathra</i>, 11 <i>a</i>; <i>Joma</i>, 37 <i>a</i>;
-<i>Nazir</i>, 19 <i>b</i>; <i>Schabbath</i>, 68 <i>b</i>; Sifra, 70
-<i>a</i>; Bereschith rabba, <span class="asc">XLVI</span>, fol. 51
-<i>d</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_771" href="#FNanchor_771" class="label">[771]</a>
-Moisés de Corene, <span class="asc">II</span>, 35; Orosio, <span
-class="asc">VII</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_772" href="#FNanchor_772" class="label">[772]</a>
-Lucas, <span class="asc">XXI</span>, 21.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_773" href="#FNanchor_773" class="label">[773]</a>
-<span xml:lang="grc" lang="grc">Τὰ πάτρια ἔθη</span>, expresion muy
-familiar en Josefo, cuando defiende la posicion de los judíos en el
-mundo pagano.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_774" href="#FNanchor_774" class="label">[774]</a>
-Se sabe que no existe ningun manuscrito del Talmud para comprobar las
-ediciones impresas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_775" href="#FNanchor_775" class="label">[775]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">V</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_776" href="#FNanchor_776" class="label">[776]</a>
-Jos., <i>B. J.</i>, II, <span class="asc">XVII</span>, 8-10;
-<i>Vita</i>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_777" href="#FNanchor_777" class="label">[777]</a>
-La relacion del cristianismo con los dos movimientos de Judas y
-de Teudas es hecho por el autor mismo de las <i>Actas</i> (<span
-class="asc">V</span>, 36-37.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_778" href="#FNanchor_778" class="label">[778]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">V</span>, 1; <i>Act.</i>,
-<span class="asc">V</span>, 36. Se notará el anacronismo cometido por
-el autor de las <i>Actas</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_779" href="#FNanchor_779" class="label">[779]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">IV</span>, 1-2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_780" href="#FNanchor_780" class="label">[780]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">V</span>, 3-4; <i>B. J.</i>,
-II, <span class="asc">XII</span>, 1-2; Tácito, <i>Ann.</i>, XII, 54.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_781" href="#FNanchor_781" class="label">[781]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">VIII</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_782" href="#FNanchor_782" class="label">[782]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">VIII</span>, 5; <i>B. J.</i>,
-II, <span class="asc">XIII</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_783" href="#FNanchor_783" class="label">[783]</a>
-Jos., <i>B. J.</i>, VII, <span class="asc">VIII</span>, 1; Mischna,
-<i>Sanhedrin</i>, <span class="asc">IX</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_784" href="#FNanchor_784" class="label">[784]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">VIII</span>, 6, 10; <i>B.
-J.</i>, II, <span class="asc">XIII</span>, 4.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_785" href="#FNanchor_785" class="label">[785]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">VIII</span>, 6; <i>B.
-J.</i>, II, <span class="asc">XIII</span>, 5; <i>Act.</i>, <span
-class="asc">XXI</span>, 38.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_786" href="#FNanchor_786" class="label">[786]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">VIII</span>, 6; <i>B. J.</i>,
-II, <span class="asc">XIII</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_787" href="#FNanchor_787" class="label">[787]</a>
-Véase más arriba, p. 186, <a href="#Footnote_456">nota 456</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_788" href="#FNanchor_788" class="label">[788]</a>
-Justino, <i>Apol. I</i>, 26, 56. Es singular que Josefo, aunque hable
-de las cosas samaritanas, no hable de él.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_789" href="#FNanchor_789" class="label">[789]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 9 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_790" href="#FNanchor_790" class="label">[790]</a>
-Puede tenerse por una composicion completamente apócrifa: véase el
-acuerdo que existe entre el sistema anunciado en este libro y lo poco
-que nos enseñan las <i>Actas</i> sobre la doctrina de Simon y sus
-<i>poderes divinos</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_791" href="#FNanchor_791" class="label">[791]</a>
-Homil. pseudo-clem., <span class="asc">II</span>, 22, 24.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_792" href="#FNanchor_792" class="label">[792]</a>
-Justino, <i>Apol. I</i> 26, 56; <i>II</i>, 15; <i>Dial. cum Tryph.</i>,
-120; Ireneo, <i>Adv. hær.</i>, I, <span class="asc">XXIII</span>,
-2-5; <span class="asc">XXVII</span>, 4; II, præf.; III, præf.;
-Homil. pseudo-clementinæ, <span class="asc">I</span>, 15; <span
-class="asc">II</span>, 22, 25, etc.; <i>Recogn.</i>, I, 72; II, 7 y
-sig.; III, 47; <i>Philosophumena</i>, IV, <span class="asc">VII</span>;
-VI, <span class="asc">I</span>; X, <span class="asc">IV</span>;
-Epifanio, <i>Adv. hær</i>. hær. <span class="asc">XXI</span>; Orígenes,
-<i>Contra Celsum</i>, V, 62; VI, 11; Tertuliano, <i>De anima</i>, 34;
-<i>Constit. apost.</i>, VI, 16; San Gerónimo, <i>In Matth.</i>, <span
-class="asc">XXIV</span>, 5; Teodoreto, <i>Hæret. fab.</i>, I, 1. Es en
-los extractos textuales que dan los <i>Philosophumena</i> y no en los
-relatos de otros padres de la Iglesia donde debe buscarse una idea de
-<i>La Grande Exposicion</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_793" href="#FNanchor_793" class="label">[793]</a>
-<i>Philosophum.</i>, IV, <span class="asc">VII</span>; VI, <span
-class="asc">I</span>, 9, 12, 13, 17, 18. Compárese Apocalipsis, <span
-class="asc">I</span>, 4, 8; <span class="asc">IV</span>, 8; <span
-class="asc">XI</span>, 17.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_794" href="#FNanchor_794" class="label">[794]</a>
-<i>Philosophum.</i>, VI, <span class="asc">I</span>, 17.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_795" href="#FNanchor_795" class="label">[795]</a>
-<i>Ibid.</i>, <span class="asc">VI</span>, <span class="asc">I</span>,
-16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_796" href="#FNanchor_796" class="label">[796]</a>
-Act., <span class="asc">VIII</span>, 10; <i>Philosophum.</i>,
-VI, <span class="asc">I</span>, 18; Homil. pseudo-clemen., <span
-class="asc">II</span>. 22.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_797" href="#FNanchor_797" class="label">[797]</a>
-Alusion á la aventura del poeta Estesícoro.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_798" href="#FNanchor_798" class="label">[798]</a>
-Ireneo, <i>Adv. hær.</i>, I, <span class="asc">XXIII</span>,
-2-4; Homil. pseudo-clemen., <span class="asc">II</span>, 23, 25;
-<i>Philosophumena</i>, VI, <span class="asc">I</span>, 19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_799" href="#FNanchor_799" class="label">[799]</a>
-<i>Philosophum.</i>, VI, <span class="asc">I</span>, 16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_800" href="#FNanchor_800" class="label">[800]</a>
-Véase <i>Vida de Jesús</i>, p. 247-249.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_801" href="#FNanchor_801" class="label">[801]</a>
-<i>Ibid.</i>, p. 247, nota 4.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_802" href="#FNanchor_802" class="label">[802]</a>
-<i>Chron. samarit.</i>, c. 10 (ed. Juynboll, Leiden, 1848). Cf. Reland,
-<i>De Sam.</i>, § 7; en sus <i>Dissertat. miscell.</i>, parte II;
-Gesenius, <i>Comment. de Sam. Theol.</i> (Halle, 1824), p. 21 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_803" href="#FNanchor_803" class="label">[803]</a>
-En el extracto dado por los <i>Philosophumena</i>, VI, <span
-class="asc">I</span>, 16 <i>sub finem</i>, se lee una cita debida á los
-Evangelios sinópticos, la cual parece ser presentada como encontrándose
-en el texto de <i>La Grande Exposicion</i>: pero puede tratarse de
-alguna inadvertencia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_804" href="#FNanchor_804" class="label">[804]</a>
-Homil. pseudo-clem., <span class="asc">II</span>, 23-24.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_805" href="#FNanchor_805" class="label">[805]</a>
-Ireneo, <i>Adv. hær.</i>, I, <span class="asc">XXIII</span>, 3;
-<i>Philosophum.</i>, VI, <span class="asc">I</span>, 19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_806" href="#FNanchor_806" class="label">[806]</a>
-Homil. pseudo-clem., <span class="asc">II</span>, 22; <i>Recogn.</i>,
-II, 14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_807" href="#FNanchor_807" class="label">[807]</a>
-Ireneo, <i>Adv. hær.</i>, II, præf.; III, præf.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_808" href="#FNanchor_808" class="label">[808]</a>
-Véase la epístola, probablemente auténtica, de San Pablo á los
-Colosenses, <span class="asc">I</span>, 15 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_809" href="#FNanchor_809" class="label">[809]</a>
-Epif., <i>Adv. hær.</i>, hær. <span class="asc">LXXX</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_810" href="#FNanchor_810" class="label">[810]</a>
-Lo que hace inclinar á esta segunda hipótesis es que la secta de
-Simon se cambió pronto en una escuela de prestidigitacion, fábrica
-de filtros y de encantamientos. <i>Philosophumena</i>, VI, <span
-class="asc">I</span>, 20; Tertuliano, <i>De anima</i>, 57.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_811" href="#FNanchor_811" class="label">[811]</a>
-<i>Philosophum.</i>, VI, <span class="asc">I</span>, 20. Cf. Orig.,
-<i>Contra Cels.</i>, I, 57; VI, 11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_812" href="#FNanchor_812" class="label">[812]</a>
-Hegesipo, en Eusebio, <i>Hist. eccl.</i>, IV, 22; Clem. de Alej.,
-<i>Strom.</i>, VII, 17; <i>Constit. apost.</i>, VI, 8, 16; XVIII, 1
-y sig.; Justino, <i>Apol. I</i>, 26, 56; Ireneo, <i>Adv. hær.</i>,
-I, <span class="asc">XXIII</span>, 5; <i>Philosoph.</i>, VII, 28;
-Epif., <i>Adv. hær.</i>, <span class="asc">XXII</span> y <span
-class="asc">XXIII</span>, init.; Teodoreto, <i>Hær. fab.</i>, I, 1, 2;
-Tertuliano, <i>De præscr.</i>, 46; <i>De anima</i>, 50.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_813" href="#FNanchor_813" class="label">[813]</a> La
-más célebre es la de Dositeo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_814" href="#FNanchor_814" class="label">[814]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 9; Ireneo, <i>Adv. hær.</i>
-I, <span class="asc">XXIII</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_815" href="#FNanchor_815" class="label">[815]</a>
-<i>Philosophumena</i>, VI, <span class="asc">I</span>, 19, 20. El autor
-solo atribuye estas perversas doctrinas á los discípulos de Simon. Pero
-si la escuela tenia esta fisonomía, el maestro debió tambien tener algo
-de ello.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_816" href="#FNanchor_816" class="label">[816]</a>
-Examinaremos más tarde lo que encierran estos relatos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_817" href="#FNanchor_817" class="label">[817]</a>
-La inscripcion <span class="asc">SIMONI·DEO·SANCTO</span>, transmitida
-por Justino (<i>Apol. I</i>, 26), como hallada en la isla del
-Tíber y mencionada despues de él por otros padres de la Iglesia,
-era una inscripcion latina del dios sabino <i>Semo Sancus</i>,
-<span class="asc">SEMONI·DEO·SANCO</span>. Encontróse, en efecto,
-bajo Gregorio XIII, en la isla de San Bartolomé, una inscripcion,
-guardada en el Vaticano, que tiene grabada esta dedicatoria. Véase
-Baronius, <i>Ann. eccl.</i>, ad annum 44; Orelli, <i>Inscr. lat.</i>,
-n.º 1860. Habia por aquella época en la isla del Tíber un colegio
-de <i>bidentales</i> en honor de Semo Sancus, conteniendo varias
-inscripciones del mismo género. Orelli, n.º 1861 (Mommsen, <i>Inscr.
-lat. regni Neapol.</i>, n.º 6770). Comp. Orelli, n.º 1859; Henzen, n.º
-6999; Mabillon, <i>Museum Ital.</i>, I, primera parte, p. 84. El n.º
-1862 de Orelli no debe tomarse en consideracion (véase <i>Corp. inscr.
-lat.</i>, I, n.º 542).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_818" href="#FNanchor_818" class="label">[818]</a>
-Este grosero malentendido no se hubiera deshecho sin descubrir
-antes las <i>Philosophumena</i>, que da extractos textuales de la
-<i>Apophasis magna</i> (véase VI, <span class="asc">I</span>, 19). Tiro
-fué célebre por sus cortesanas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_819" href="#FNanchor_819" class="label">[819]</a>
-<span xml:lang="grc" lang="grc">Ἐχθρὸς ἄνθρωπος, ἀντικείμενος</span>.
-Véanse Homil. pseudo-clem., hom. <span class="asc">XVII</span> toda
-entera.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_820" href="#FNanchor_820" class="label">[820]</a>
-Así, en la literatura pseudo-clementina, el nombre de Simon el Mágico
-designa por momentos al apóstol San Pablo, á quien el autor quiere
-mucho.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_821" href="#FNanchor_821" class="label">[821]</a>
-Es necesario notar que en las <i>Actas</i> no es todavía tratado como
-enemigo. Solo se le atribuye un sentimiento bajo y se deja creer se
-arrepentió (<span class="asc">VIII</span>, 24). Tal vez todavía vivia
-Simon cuando fueron escritas estas líneas y sus relaciones con el
-cristianismo no habian todavía llegado á ser malas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_822" href="#FNanchor_822" class="label">[822]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">VII</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_823" href="#FNanchor_823" class="label">[823]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XII</span>, 1, 25. Nótese toda la
-contextura de este capítulo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_824" href="#FNanchor_824" class="label">[824]</a>
-I Petri, <span class="asc">V</span>, 13; Papias, en Eusebio, <i>Hist.
-eccl.</i>, III, 39.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_825" href="#FNanchor_825" class="label">[825]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_826" href="#FNanchor_826" class="label">[826]</a>
-<i>Gal.</i>, <span class="asc">I</span>, 15-16; <i>Act.</i>, <span
-class="asc">XXII</span>, 15, 21; <span class="asc">XXVI</span>,
-17-18; I Cor., <span class="asc">I</span>, 1; Rom., <span
-class="asc">I</span>, 1, 5; <span class="asc">XV</span>, 15 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_827" href="#FNanchor_827" class="label">[827]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_828" href="#FNanchor_828" class="label">[828]</a> El
-autor de las <i>Actas</i>, partidario de la gerarquía y del poder de la
-Iglesia, ha podido introducir esta circunstancia. Pablo nada sabe de
-semejante ordenacion ó consagracion. Él tiene conferida su mision por
-Jesús y no se cree más ser el enviado por la Iglesia de Antioquía que
-por la de Jerusalem.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_829" href="#FNanchor_829" class="label">[829]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 3; <span
-class="asc">XIV</span>, 25.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_830" href="#FNanchor_830" class="label">[830]</a> En
-I Petri, <span class="asc">V</span>, 13, Babilonia designa Roma.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_831" href="#FNanchor_831" class="label">[831]</a>
-Ciceron, <i>Pro Archia</i>, 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_832" href="#FNanchor_832" class="label">[832]</a>
-Jos., <i>B. J.</i>, II, <span class="asc">XX</span>, 2; VII, <span
-class="asc">III</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_833" href="#FNanchor_833" class="label">[833]</a>
-<i>Act.</i>, <span class="asc">XVIII</span>, 24 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_834" href="#FNanchor_834" class="label">[834]</a>
-Véase Philon, <i>De vita contemplativa</i>, entero.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_835" href="#FNanchor_835" class="label">[835]</a>
-Pseudo Hermes, <i>Asclepius</i>, fol. 158 v., 159 r. (Florencia, Juntes
-1512).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_836" href="#FNanchor_836" class="label">[836]</a>
-Ciceron, <i>Pro Flacco</i>, 28; Philon, <i>In Flaccum</i>, § 7; <i>Leg.
-ad Caium</i>, § 36; <i>Act.</i>, <span class="asc">II</span>, 5-11;
-<span class="asc">VI</span>, 9; <i>Corp. inscr. gr.</i>, n.º 5361.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_837" href="#FNanchor_837" class="label">[837]</a>
-<i>Lex Wisigoth.</i>, libro XII, tít. <span class="asc">II</span> y
-<span class="asc">III</span>, en Walter, <i>Corpus juris germanici
-antiqui</i>, t. I, p. 630 y siguientes.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_838" href="#FNanchor_838" class="label">[838]</a>
-Véase <i>Vida de Jesús</i>, p. 137.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_839" href="#FNanchor_839" class="label">[839]</a>
-Philon, <i>In Flacc.</i>, § 5 y 6; Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span
-class="asc">VIII</span>, 1; XIX, <span class="asc">V</span>, 2;
-<i>B. J.</i>, II, <span class="asc">XVIII</span>, 7 y sig.; VII,
-<span class="asc">X</span>, 1; Papiro publicado en las <i>Notices et
-extraits</i>, XVIII, 2.ª parte, p. 383 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_840" href="#FNanchor_840" class="label">[840]</a>
-Dion Casio, XXXVII, 17; LX, 6; Philon, <i>Leg. ad Caium</i>, § 23;
-Josefo, <i>Ant.</i>, XIV, <span class="asc">X</span>, 8; XVII,
-<span class="asc">XI</span>, 1; XVIII, <span class="asc">III</span>,
-5; Hor., <i>Sat.</i>, I, <span class="asc">IV</span>, 142-143;
-<span class="asc">V</span>, 100; <span class="asc">IX</span>, 69
-y sig.; Persio, <span class="asc">V</span>, 179-184; Suetonio,
-<i>Tib.</i>, 36; <i>Claud.</i>, 25; <i>Domit.</i>, 12; Juvenal, <span
-class="asc">III</span>, 14; <span class="asc">VI</span>, 542 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_841" href="#FNanchor_841" class="label">[841]</a>
-<i>Pro Flacco</i>, 28.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_842" href="#FNanchor_842" class="label">[842]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XIV, <span class="asc">X</span>; Suetonio,
-<i>Julius</i>, 84.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_843" href="#FNanchor_843" class="label">[843]</a>
-Suet., <i>Tib.</i>, 36; Tác., <i>Ann.</i>, II, 85; Jos., <i>Ant.</i>,
-XVIII, <span class="asc">III</span>, 4, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_844" href="#FNanchor_844" class="label">[844]</a>
-Dion Casio, LX, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_845" href="#FNanchor_845" class="label">[845]</a>
-Suetonio, <i>Claudio</i>, 25; <i>Act.</i>, <span
-class="asc">XVIII</span>, 2; Dion Casio, LX, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_846" href="#FNanchor_846" class="label">[846]</a>
-Josefo, <i>B. J.</i>, VII, <span class="asc">III</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_847" href="#FNanchor_847" class="label">[847]</a>
-Séneca, fragmento en San Agust., <i>De civ. Dei</i>, VI, 11; Rutilius
-Numatianus, I, 395 y sig.; Jos., <i>Contra Apion.</i>, II, 39; Juvenal,
-Sat. <span class="asc">VI</span>, 544; <span class="asc">XIV</span>, 96
-y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_848" href="#FNanchor_848" class="label">[848]</a>
-Philon, <i>In Flacc.</i>, § 5; Tác., <i>Hist.</i>, V, 4, 5, 8;
-Dion Casio, XLIX, 22; Juvenal, <span class="asc">XIV</span>, 103;
-Diod. Sic., fragm. <span class="asc">I</span> del libro XXXIV y
-<span class="asc">III</span> del libro <span class="asc">XL</span>;
-Philostrato, <i>Vida de Apol.</i>, V, 33; I Tes., <span
-class="asc">II</span>, 15.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_849" href="#FNanchor_849" class="label">[849]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XIV, <span class="asc">X</span>; XVI, <span
-class="asc">VI</span>; XX, <span class="asc">VIII</span>, 7; Philon,
-<i>In Flaccum et Legatio ad Caium</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_850" href="#FNanchor_850" class="label">[850]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">III</span>, 4, 5; Juvenal,
-<span class="asc">VI</span>, 543 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_851" href="#FNanchor_851" class="label">[851]</a>
-Jos., <i>Contra Apion.</i>, entero; pasajes precitados de Tácito
-y de Diodoro de Sicilia; Pompeyo Trogo (Justino), XXXVI, <span
-class="asc">II</span>; Ptolomeo Hefesto ó Queno, en las <i>Script.
-poet. hist. græci</i> de Westermann, p. 194. Cf. Quintiliano III, <span
-class="asc">VII</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_852" href="#FNanchor_852" class="label">[852]</a>
-Cic., <i>Pro Flacco</i>, 28; Tácito, <i>Hist.</i>, V, 5; Juvenal, <span
-class="asc">XIV</span>, 103-104; Diodoro de Sicilia y Philostrato,
-lugares citados; Rutilius Numatianus, I, 383 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_853" href="#FNanchor_853" class="label">[853]</a>
-Marcial, IV, 4; Am. Marcel., XXII, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_854" href="#FNanchor_854" class="label">[854]</a>
-Suetonio, <i>Aug.</i>, 76; Horacio, <i>Sat.</i>, I,
-<span class="asc">IX</span>, 69 y sig.; Juvenal, <span
-class="asc">III</span>, 13-16, 296; <span class="asc">VI</span>,
-156-160, 542-547; <span class="asc">XIV</span>, 96-107; Marcial,
-<i>Epigr.</i>, IV, 4; VII, 29, 34, 54; XI, 95; XII, 57; Rutilius
-Numat., <i>l. c.</i>, y sobre todo Josefo, <i>Contra Apion.</i>, II,
-13; Philon, <i>Leg. ad Caium</i>, § 26-28.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_855" href="#FNanchor_855" class="label">[855]</a>
-Marcial, <i>Epigr.</i>, XII, 57.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_856" href="#FNanchor_856" class="label">[856]</a>
-Juvenal, <i>Sat.</i>, <span class="asc">III</span>, 14; <span
-class="asc">VI</span>, 542.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_857" href="#FNanchor_857" class="label">[857]</a>
-Juvenal, <i>Sat.</i>, <span class="asc">III</span>, 296; <span
-class="asc">VI</span>, 543 y sig.; Marcial, <i>Epigr.</i>, I, 42; XII,
-57.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_858" href="#FNanchor_858" class="label">[858]</a>
-Marcial, <i>Epigr.</i>, I, 42; XII, 57; Estacio, <i>Silvas</i>, I,
-<span class="asc">VI</span>, 73-74. Véase Forcellini, en la voz
-<i>sulphuratum</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_859" href="#FNanchor_859" class="label">[859]</a>
-Horacio, <i>Sat.</i>, I, <span class="asc">V</span>, 100; Juvenal,
-<i>Sat.</i> <span class="asc">VI</span>, 544 y sig.; <span
-class="asc">XIV</span>, 96 y sig.; Apuleyo, <i>Florida</i>, I, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_860" href="#FNanchor_860" class="label">[860]</a>
-Dion Casio, LXVIII, 32.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_861" href="#FNanchor_861" class="label">[861]</a>
-Tácito, <i>Hist.</i>, V, 5, 9; Dion Casio, LXVII, 14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_862" href="#FNanchor_862" class="label">[862]</a>
-Horacio, <i>Sat.</i>, I, <span class="asc">IX</span>, 70; <i>Judæus
-Apella</i> parece encerrar una broma del mismo género (véanse
-los escoliastas Acron y Porfirion, sobre Hor., <i>Sat.</i>, I,
-<span class="asc">V</span>, 100; compárese el pasaje de S. Avito,
-<i>Poemata</i>, V, 364, citada por Forcellini en la voz <i>Apella</i>,
-pero que yo no encuentro ni en las ediciones de este Padre, ni en el
-antiguo manuscrito latino, Bibl. Imp., n.º 11320, tal como la da el
-sabio lexicógrafo); Juvenal, <i>Sat.</i>, <span class="asc">XIV</span>,
-99 y sig.; Marcial, <i>Epigr.</i>, VII, 29, 34, 54; XI, 95.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_863" href="#FNanchor_863" class="label">[863]</a>
-Josefo, <i>Contra Apion.</i>, II, 39; Tác., <i>Ann.</i>, II, 85;
-<i>Hist.</i>, V, 5; Hor., <i>Sat.</i>, I, <span class="asc">IV</span>,
-142-143; Juvenal, <span class="asc">XIV</span>, 96 y sig.; Dion Casio,
-XXXVII, 17; LXVII, 14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_864" href="#FNanchor_864" class="label">[864]</a>
-Marcial, <i>Epigr.</i>, I, 42; XVII, 57.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_865" href="#FNanchor_865" class="label">[865]</a>
-Juvenal, <i>Sat.</i>, VI, 546 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_866" href="#FNanchor_866" class="label">[866]</a>
-Josefo, <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">III</span>, 5;
-XX, <span class="asc">II</span>, 4; <i>B. J.</i>, II, <span
-class="asc">XX</span>, 2; <i>Act.</i>, <span class="asc">XIII</span>,
-50; <span class="asc">XVI</span>, 14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_867" href="#FNanchor_867" class="label">[867]</a>
-<i>Loc. cit.</i></p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_868" href="#FNanchor_868" class="label">[868]</a>
-Josefo, <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">II</span>, 5; <span
-class="asc">IV</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_869" href="#FNanchor_869" class="label">[869]</a>
-Pasajes citados. Estrabon demuestran más justicia y penetracion (XVI,
-<span class="asc">II</span>, 34 y sig.). Comp. Dion Casio, XXXVII, 17 y
-siguientes.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_870" href="#FNanchor_870" class="label">[870]</a>
-Tác., <i>Hist.</i>, <span class="asc">V</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_871" href="#FNanchor_871" class="label">[871]</a>
-Josefo, <i>Contra Apion.</i>, <span class="asc">II</span>, 39.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_872" href="#FNanchor_872" class="label">[872]</a>
-Marcial, <span class="asc">XII</span>, 57.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_873" href="#FNanchor_873" class="label">[873]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XIV, <span class="asc">X</span>, 6, 11-14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_874" href="#FNanchor_874" class="label">[874]</a>
-Ecclesiástico, <span class="asc">X</span>, 25, 26, 27.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_875" href="#FNanchor_875" class="label">[875]</a>
-Rom., <span class="asc">I</span>, 24 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_876" href="#FNanchor_876" class="label">[876]</a>
-Zac., <span class="asc">VIII</span>, 23.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_877" href="#FNanchor_877" class="label">[877]</a>
-Hor., <i>Sat.</i>, I, <span class="asc">IX</span>, 69; Persio,
-<span class="asc">V</span>, 179 y sig.; Juvenal, <i>Sat.</i>, <span
-class="asc">VI</span>, 159; <span class="asc">XIV</span>, 96 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_878" href="#FNanchor_878" class="label">[878]</a>
-<i>Contra Apion.</i>, II, 39.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_879" href="#FNanchor_879" class="label">[879]</a>
-Aulo Persio, <span class="asc">V</span>, 179-184; Juvenal, <span
-class="asc">VI</span>, 157-160. La grave preocupacion del judaismo que
-se observa en los escritores romanos del primer siglo, sobre todo en
-los satíricos, proviene de esta circunstancia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_880" href="#FNanchor_880" class="label">[880]</a>
-Juvenal, <i>Sat.</i>, <span class="asc">III</span>, 62 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_881" href="#FNanchor_881" class="label">[881]</a>
-Cic., <i>De prov. consul.</i>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_882" href="#FNanchor_882" class="label">[882]</a>
-Los niños que me habian parecido bonitos en mi primer viaje los
-encontré, cuatro años más tarde, feos, comunes y vulgares.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_883" href="#FNanchor_883" class="label">[883]</a>
-<span xml:lang="grc" lang="grc">Πατρῴοις θεοῖς</span>, fórmula muy
-frecuente en las inscripciones sirias (<i>Corpus inscr. græc.</i>,
-números 4449, 4450, 4451, 4463, 4479, 4480, 6015).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_884" href="#FNanchor_884" class="label">[884]</a>
-<i>Corpus inscr. græc.</i>, números 4474, 4475, 5936; <i>Mission de
-Phénicie</i>, l. II, c. <span class="asc">II</span>, inscripcion de
-Abedat. Comp. <i>Corpus</i>, números 2271, 5853.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_885" href="#FNanchor_885" class="label">[885]</a>
-<span xml:lang="grc" lang="grc">Ζεὺς οὐράνιος, ἐπουράνιος, ὕψιστος,
-μέγιστος, θεὸς σατράπης</span>. <i>Corpus inscr. græc.</i>, números
-4500, 4501, 4502, 4503, 6012; Lepsius, <i>Denkmæler</i>, t. XII, fol.
-100, n.º 590; <i>Mission de Phénicie</i>, p. 103, 104 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_886" href="#FNanchor_886" class="label">[886]</a>
-He desarrollado esto en el <i>Journal Asiatique</i>, febrero y marzo
-de 1859, p. 259 y sig., y en la <i>Mission de Phénicie</i>, l. II, c.
-<span class="asc">II</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_887" href="#FNanchor_887" class="label">[887]</a>
-Código sirio, en Land, <i>Anecdota Syriaca</i>, I, p. 152; hechos
-diversos de los cuales he sido testigo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_888" href="#FNanchor_888" class="label">[888]</a>
-Nacido en el Haurán.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_889" href="#FNanchor_889" class="label">[889]</a>
-Véase Forcellini, en la palabra <i>Syrus</i>. Esta palabra designaba
-en general á <i>los orientales</i>. Leblant, <i>Inscript. chrét. de la
-Gaule</i>, I, p. 207, 328-329.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_890" href="#FNanchor_890" class="label">[890]</a>
-Juvenal, <span class="asc">III</span>, 62, 63.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_891" href="#FNanchor_891" class="label">[891]</a>
-Tal es hoy el temperamento del Sirio cristiano.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_892" href="#FNanchor_892" class="label">[892]</a>
-Inscripciones en las <i>Mém. de la Soc. des Antiquaires de Fr.</i>, t.
-XXVIII, 4 y sig.; en Leblant, <i>Inscript. chrét. de la Gaule</i>, I,
-p. <span class="asc">CXLIV</span>, 207, 324 y sig., 353 y sig., 375 y
-sig.; II, 259, 459 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_893" href="#FNanchor_893" class="label">[893]</a>
-Los Maronitas colonizan todavía casi todo el Levante á la manera de los
-Judíos, de los Armenios, y de los Griegos, aunque en menor escala.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_894" href="#FNanchor_894" class="label">[894]</a>
-Léase Ciceron, <i>De offic.</i>, I, 42; Dionisio de Halicarnaso, II,
-28; IX, 25.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_895" href="#FNanchor_895" class="label">[895]</a>
-Véanse los tipos de esclavos en Plauto y Terencio.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_896" href="#FNanchor_896" class="label">[896]</a> II
-Cor., <span class="asc">XII</span>, 9.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_897" href="#FNanchor_897" class="label">[897]</a>
-Tácito, <i>Ann.</i>, II, 85.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_898" href="#FNanchor_898" class="label">[898]</a>
-Tácito, <i>Ann.</i>, I, 2; Floro, IV, 3; Pomponio, en el Digesto, l. I,
-tít. <span class="asc">II</span>, fr. 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_899" href="#FNanchor_899" class="label">[899]</a>
-Helicon, Apeles, Eucéres, etc. Los reyes de Oriente eran considerados
-por los romanos como los maestros en tiranía de sus malos emperadores.
-Dion Casio, LIX, 24.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_900" href="#FNanchor_900" class="label">[900]</a>
-Véase la inscripcion del parásito de Antonio, en los <i>Comptes rendus
-de l’Acad. des Inscr. et B.-L.</i>, 1864, p. 166 y sig. Compárese
-Tácito, <i>Ann.</i>, IV, 55-56.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_901" href="#FNanchor_901" class="label">[901]</a>
-Véase como ejemplo, la oracion fúnebre de Turia por su esposo Q.
-Lucrecio Vespillo; texto epigráfico publicado por la primera vez de
-una manera completa por Mommsen en las <i>Mémoires de l’Academie de
-Berlin</i> de 1863, p. 455 y sig. Compárese la oracion fúnebre de
-Murdia (Orelli, <i>Inscr. lat.</i>, núm. 4860) y la de Matidia por el
-emperador Adriano (<i>Mém. de l’Academie de Berlin</i>, vol. citado,
-p. 483 y sig.) Suelen preocuparse muchos por los pasajes de los
-satíricos latinos donde se ponen en relieve los vicios de las mujeres
-muy severamente. Pero esto es como si se tratara el cuadro de las
-costumbres generales del siglo <span class="asc">XVII</span>, segun
-Mathurin Regnier y Boileau.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_902" href="#FNanchor_902" class="label">[902]</a>
-Orelli, números 2647 y sig., sobre todo 2677, 2742, 4530, 4860.
-Henzen, números 7382 y sig., sobre todo núm. 7406; Renier, <i>Inscr.
-de l’Algerie</i>, núm. 1987. Estos epítetos pueden haber sido con
-frecuencia engañosos, pero prueban al menos la importancia que se daba
-á la virtud.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_903" href="#FNanchor_903" class="label">[903]</a>
-Plinio, <i>Epist.</i>, VII, 19; IX, 13; Apiano, <i>Guerras civiles</i>,
-IV, 36. Fannia siguió dos veces al destierro á su esposo Helvidio
-Prisco; y fué desterrada por tercera vez despues de su muerte.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_904" href="#FNanchor_904" class="label">[904]</a> El
-heroismo de Arria es conocido de todos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_905" href="#FNanchor_905" class="label">[905]</a>
-Suetonio, <i>Aug.</i>, 73; Oracion fúnebre de Turia, I, línea 30.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_906" href="#FNanchor_906" class="label">[906]</a>
-Oracion fúnebre de Turia, I, línea 31.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_907" href="#FNanchor_907" class="label">[907]</a>
-La opinion mucho más severa de San Pablo (Rom. <span
-class="asc">I</span>, 24 y sig.) se explica del mismo modo. San Pablo
-no conocia á la alta sociedad romana, y sus invectivas son esas de que
-hacen uso los predicadores y que no deben nunca tomarse al pié de la
-letra.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_908" href="#FNanchor_908" class="label">[908]</a>
-Séneca, <i>Epist.</i>, <span class="asc">XII, XXIV, XXVI, LVIII,
-LXX</span>; <i>De ira</i>, III, 15; <i>De tranquillitate animi</i>,
-10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_909" href="#FNanchor_909" class="label">[909]</a>
-Apocal., <span class="asc">XVII</span>. Cf. Séneca, <i>Epist.</i>,
-<span class="asc">XCV</span>, 16 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_910" href="#FNanchor_910" class="label">[910]</a>
-Suetonio, <i>Aug.</i> 48.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_911" href="#FNanchor_911" class="label">[911]</a>
-Los ejemplos son innumerables en las inscripciones.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_912" href="#FNanchor_912" class="label">[912]</a>
-Plutarco, <i>Præc. ger. reipubl.</i>, <span class="asc">XV</span>, 3-4;
-<i>An seni sit ger. resp.</i>, entero.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_913" href="#FNanchor_913" class="label">[913]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XIV, <span class="asc">X</span>, 22, 23. Comp.
-Tácito, <i>Ann.</i>, IV, 55-56; Rutilius Numatianus, <i>Itin.</i>, I,
-63 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_914" href="#FNanchor_914" class="label">[914]</a>
-«Inmensa romanæ pacis majestas.» Plinio, <i>Hist. nat.</i>, XXVII,
-1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_915" href="#FNanchor_915" class="label">[915]</a>
-Elio Arístides, <i>Elogio de Roma</i>; Plutarco, tratado de la
-<i>Fortuna de los Romanos</i>, comienzo; Philon, <i>Leg. ad Caium</i>,
-§ 21, 22, 39, 40.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_916" href="#FNanchor_916" class="label">[916]</a>
-Dionisio de Halicarnaso, <i>Antigüedades romanas</i>, I, principio.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_917" href="#FNanchor_917" class="label">[917]</a>
-Plutarco, <i>Vida de Solon</i>, 20.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_918" href="#FNanchor_918" class="label">[918]</a>
-Véase Ateneo, XII, 68; Eliano, <i>Var. Hist.</i>, IX, 12; Suidas, en la
-voz <span xml:lang="grc" lang="grc">Ἐπίκουρος</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_919" href="#FNanchor_919" class="label">[919]</a>
-Tácito, <i>Ann.</i>, I, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_920" href="#FNanchor_920" class="label">[920]</a>
-Estúdiese el carácter de Euthyphron, en Platon.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_921" href="#FNanchor_921" class="label">[921]</a>
-Diog. Laercio, II, 101, 116; V, 5, 6, 37, 38; IX, 52; Ateneo
-XIII, 92; XV, 52; Eliano, <i>Var. Hist.</i>, II, 23; III,
-36; Plutarco, <i>Pericles</i>, 32; <i>De plac. philos.</i>,
-I, <span class="asc">VII</span>, 2; Diod. Sic., XIII, <span
-class="asc">VI</span>, 7; Escol. de Aristófanes, en <i>Aves</i>,
-1073.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_922" href="#FNanchor_922" class="label">[922]</a> En
-particular, bajo Vespasiano; caso de Helvidio Prisco.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_923" href="#FNanchor_923" class="label">[923]</a>
-Trataremos sin embargo de demostrar más adelante que estas
-persecuciones, cuando menos hasta la de Decio, se han exagerado.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_924" href="#FNanchor_924" class="label">[924]</a>
-Los primeros cristianos son, en efecto, muy respetuosos para
-con la autoridad romana. Rom., <span class="asc">XIII</span>, 1
-y sig.; I Petri, <span class="asc">IV</span>, 14-16. Para San
-Lucas, véase más arriba, Introd., <a href="#Page_xxiii">p. <span
-class="asc">XXIII-XXIV</span></a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_925" href="#FNanchor_925" class="label">[925]</a>
-Diógenes Laercio, VII, <span class="asc">I</span>, 32, 33; Eusebio,
-<i>Prepar. Evang.</i> XV, 15; y, en general, el <i>De legibus</i> y el
-<i>De officiis</i> de Ciceron.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_926" href="#FNanchor_926" class="label">[926]</a>
-Terencio, <i>Heautont.</i>, I, <span class="asc">I</span>, 77;
-Cic. <i>De finibus bon. et mal.</i>, V, 23; <i>Partit. orat.</i>,
-16, 24; Ovidio, <i>Fastos</i>, II, 684; Lucano, VI, 54 y sig.;
-Séneca, <i>Epist.</i>, <span class="asc">XLVIII</span>, <span
-class="asc">XCV</span>, 51 y sig.; <i>De ira</i>, I, 5; III, 43;
-Arriano, <i>Dissert de Epict.</i>, I, <span class="asc">IX</span>, 6;
-II, <span class="asc">V</span>, 26; Plutarco, <i>De la fort. de los
-Rom.</i>, 2; <i>De la fort. de Alejandro</i>, I, 8, 9.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_927" href="#FNanchor_927" class="label">[927]</a>
-Virgilio, <i>Egl.</i>, <span class="asc">IV</span>; Séneca,
-<i>Medea</i>, 375 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_928" href="#FNanchor_928" class="label">[928]</a>
-Tác., <i>Ann.</i>, II, 85; Suetonio, <i>Tib.</i>, 35; Ovidio,
-<i>Fast.</i>, II, 497-514.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_929" href="#FNanchor_929" class="label">[929]</a>
-Las inscripciones de mujeres contienen frases sublimes. «Mater
-omnium hominum, parens omnibus subveniens,» en Renier, <i>Inscr.
-de l’Algerie</i> n.º 1987. Comp. <i>ibid.</i>, n.º 2756; Mommsen,
-<i>Inscr. R. N.</i>, n.º 1431, «Duobus virtutis et castitatis
-exemplis,» <i>Not. et mém. de la Soc. de Constantine</i>, 1865, pág.
-158. Véase la inscripcion de Urbanille, en Guérin, <i>Voy. archéol.
-dans la rég. de Tunis</i>, I, 289 y la deliciosa inscripcion,
-Orelli, núm. 4648. Muchos de estos textos son posteriores al primer
-siglo, pero no eran nuevos los sentimientos que expresaban cuando se
-escribieron.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_930" href="#FNanchor_930" class="label">[930]</a>
-<i>Propos de table</i>, I, <span class="asc">V</span>, 1; <i>Vida
-de Demóst.</i>, 2; el diálogo <i>Del amor</i>, 2; y sobre todo el
-<i>Consuelo</i> á su esposa.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_931" href="#FNanchor_931" class="label">[931]</a>
-«Caritas generis humani,» Cic., <i>De finibus</i>, V, 23. «Homo sacra
-res homini,» Séneca, <i>Epist.</i>., <span class="asc">XCV</span>,
-33.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_932" href="#FNanchor_932" class="label">[932]</a>
-Séneca, <i>Epist.</i>, <span class="asc">XXXI</span>, <span
-class="asc">XLVII</span>; <i>De benef.</i>, III, 18 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_933" href="#FNanchor_933" class="label">[933]</a>
-Tácito, <i>Ann.</i>, XIV, 42 y sig.; Suetonio, <i>Claudio</i>, 25;
-Dion Casio, <span class="asc">LX</span>, 29; Plinio, <i>Epist.</i>,
-VIII, 16; Inscrip., de Lanuvium, col. 2, líneas 1-4 (en Mommsen,
-<i>De coll. et sodal. Rom.</i>, ad calcem); Séneca el Orador,
-<i>Controv.</i>, III, 21; VII, 6; Séneca el Filós., <i>Epist.</i>,
-<span class="asc">XLVII</span>; <i>De benef.</i>, III, 18 y sig.;
-Columela, <i>De re rustica</i>, I, 8; Plutarco, <i>Vida de Caton el
-Viejo</i>, 5; <i>De ira</i>, 11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_934" href="#FNanchor_934" class="label">[934]</a>
-<i>Epist.</i>, <span class="asc">XLVII</span>, 13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_935" href="#FNanchor_935" class="label">[935]</a>
-Caton, <i>De re rustica</i>, 58, 59, 104; Plutarco, <i>Vida
-de Caton</i>, 4, 5. Compárense las máximas casi tan duras del
-<i>Eclesiástico</i>, <span class="asc">XXXIII</span>, 25 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_936" href="#FNanchor_936" class="label">[936]</a>
-Tácito, <i>Ann.</i>, XIV, 60; Dion Casio, XLVII, 10; LX, 16; LXII, 13;
-LXVI, 14; Suetonio, <i>Caius</i>, 16; Apiano, <i>Guerras civiles</i>,
-IV, desde el capítulo <span class="asc">XVII</span> (sobre todo el
-cap. <span class="asc">XXXVI</span> y sig.) hasta el cap. <span
-class="asc">LI</span>. Juvenal, <span class="asc">VI</span>, 476 y
-sig., describe las costumbres de la peor sociedad.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_937" href="#FNanchor_937" class="label">[937]</a>
-Horacio, <i>Sat.</i>, I, <span class="asc">VI</span>, 1 y sig.; Cic.,
-<i>Epist.</i>, III, 7; Séneca el Orador, <i>Controv.</i>, I, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_938" href="#FNanchor_938" class="label">[938]</a>
-Suetonio, <i>Caius</i>, 15, 16; <i>Claudio</i>, 19, 23, 25;
-<i>Neron</i>, 16; Dion Casio, LX, 25, 29.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_939" href="#FNanchor_939" class="label">[939]</a>
-Tácito, <i>Ann.</i>, VI, 17; comp. <span class="asc">IV</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_940" href="#FNanchor_940" class="label">[940]</a>
-Tácito, <i>Ann.</i>, XIII, 50-51; Suetonio, <i>Neron</i>, 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_941" href="#FNanchor_941" class="label">[941]</a>
-Epitafio del joyero Evodio (hominis boni, misericordis, amantis
-pauperes), <i>Corpus inscr. lat.</i>, n.º 1027, inscripcion del siglo
-de Augusto. (Cf. Egger, <i>Mém. d’hist. anc. et de phil.</i>, p. 351
-y sig.); Perrot, <i>Exploration de la Galatie</i>, etc., p. 118-119,
-<span xml:lang="grc" lang="grc">πτωχοὺς φιλέοντα</span>; <i>Oracion
-fúnebre de Matidia</i>, por Adriano (<i>Mém. de l’Acad. de Berlin</i>
-para 1863, p. 489); Mommsen, <i>Inscr. regni Neap.</i>, n.º 1431, 2868,
-4880; Séneca el Orador, <i>Controv.</i>, I, 1; III, 19; IV, 27; VIII,
-6; Séneca el Filósofo, <i>De clem.</i>, II, 5, 6; <i>De benef.</i>, I,
-1; II, 11; IV, 14; VII, 31. Compárese Leblant, <i>Inscr. chrét. de la
-Gaule</i>, II, p. 23 y sig.; Orelli, n.º 4657; Fea, <i>Framm. de’ fasti
-consol.</i>, p. 90; R. Garrucci, <i>Cimitero degli ant. Ebrei</i>, p.
-44.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_942" href="#FNanchor_942" class="label">[942]</a>
-<i>Corpus inscr. græc.</i>, n.º 2758.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_943" href="#FNanchor_943" class="label">[943]</a>
-<i>Ibid.</i>, n.º 2194 <i>b</i>, 2511, 2759 <i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_944" href="#FNanchor_944" class="label">[944]</a>
-Es preciso recordar que Corinto en la época romana era una colonia de
-extranjeros, establecida, en el mismo lugar que ocupaba la antigua
-ciudad, por César y por Augusto.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_945" href="#FNanchor_945" class="label">[945]</a>
-Luciano, <i>Demonax</i>, 57.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_946" href="#FNanchor_946" class="label">[946]</a>
-Dion Casio, LXVI, 15.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_947" href="#FNanchor_947" class="label">[947]</a>
-Véase sobre todo Elio Arístides, tratado contra la comedia, (I, p. 751
-y sig., edic. Dindorf).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_948" href="#FNanchor_948" class="label">[948]</a> Es
-notable que en varias ciudades del Asia Menor los restos de los teatros
-antiguos son todavía hoy otros tantos focos de prostitucion. Comp.
-Ovidio, <i>Arte de Amar</i>, I, 89 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_949" href="#FNanchor_949" class="label">[949]</a>
-Orelli-Henzen, núms. 1172, 3362 y sig., 6669; Guérin, <i>Voy. en
-Tunisie</i>, II, p. 59; Borghesi, <i>Obras completas</i>, <span
-class="asc">IV</span>, p. 269 y sig.; E. Desjardins, <i>De tabulis
-alimentariis</i> (París 1854); Aurelio Victor, <i>Epítome</i>, Nerva;
-Plinio, <i>Epist.</i>, I, 8; VII, 18.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_950" href="#FNanchor_950" class="label">[950]</a>
-Inscripcion en Desjardins, <i>op. cit.</i>, parte II, cap. <span
-class="asc">I</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_951" href="#FNanchor_951" class="label">[951]</a>
-Suetonio, <i>Aug.</i>, 41, 46; Dion Casio, LI, 21; LVIII, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_952" href="#FNanchor_952" class="label">[952]</a>
-Tácito, <i>Ann.</i>, II, 87; VI, 13; XV, 18, 39; Suetonio, <i>Aug.</i>,
-41, 42; <i>Claudio</i>, 18. Comp. Dion Casio, LXII, 18; Orelli, n.º
-3358 y sig.; Henzen, 6662 y sig.; Forcellini, en el artículo <i>Tessera
-frumentaria</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_953" href="#FNanchor_953" class="label">[953]</a>
-<i>Odisea</i>, VI, 207.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_954" href="#FNanchor_954" class="label">[954]</a>
-Eurípides, <i>Suppl.</i>, v. 773 y sig.; Aristóteles, <i>Retór.</i>,
-II, <span class="asc">VIII</span>; <i>Ética á Nicómaco</i>, VIII,
-<span class="asc">I</span>; IX, <span class="asc">X</span>. Véase
-Estobeo, <i>Florilegio</i>, <span class="asc">XXXVII</span> y <span
-class="asc">CXIII</span>, y, en general, los fragmentos de Menandro y
-de los cómicos griegos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_955" href="#FNanchor_955" class="label">[955]</a>
-Aristóteles, <i>Política</i>, VI, <span class="asc">III</span>, 4 y
-5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_956" href="#FNanchor_956" class="label">[956]</a>
-Ciceron, <i>Tusculanas</i>, IV, 7, 8; Séneca, <i>De clem.</i>, II, 5,
-6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_957" href="#FNanchor_957" class="label">[957]</a>
-Papiro del Louvre, n.º 37, col. 1, ligne 21, en las <i>Notices et
-extraits</i>, t. XVIII, 2.ª parte, p. 298.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_958" href="#FNanchor_958" class="label">[958]</a>
-Véase más arriba, <a href="#Page_123">p. 123</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_959" href="#FNanchor_959" class="label">[959]</a>
-Apoc., <span class="asc">XVII</span> y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_960" href="#FNanchor_960" class="label">[960]</a>
-Virgilio, <i>Egl.</i> <span class="asc">IV</span>; <i>Georg.</i> I, 463
-y sig.; Horacio, <i>Od.</i>, I, <span class="asc">II</span>; Tácito,
-<i>Ann.</i>, VI, 12; Suetonio, <i>Aug.</i>, 31.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_961" href="#FNanchor_961" class="label">[961]</a>
-Véase, por ejemplo, <i>De republ.</i>, III, 22, citado y conservado por
-Lactancio, <i>Instit. div.</i>, VI, 8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_962" href="#FNanchor_962" class="label">[962]</a>
-Véase, por ejemplo, la admirable carta <span class="asc">XXXI</span> á
-Lucilio.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_963" href="#FNanchor_963" class="label">[963]</a>
-Suetonio, <i>Vesp.</i>, 18; Dion Casio, t. VI, pág. 558 (edic. Sturz);
-Eusebio, <i>Chron.</i>, en el año 89; Plinio, <i>Epist.</i>, I, 8;
-Henzen, <i>Suppl. à Orelli</i>, p. 124, núm. 1172.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_964" href="#FNanchor_964" class="label">[964]</a>
-Oracion fúnebre de Turia, I, líneas 30-31.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_965" href="#FNanchor_965" class="label">[965]</a>
-Véase sobre todo el primer libro de Valerio Máximo, la obra de Julius
-Obsequens sobre los Prodigios y los <i>Discursos sagrados</i> de Elio
-Arístides.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_966" href="#FNanchor_966" class="label">[966]</a>
-Augusto (Suetonio, <i>Aug.</i>, 90-92), César mismo, segun se dice
-(Plinio <i>Hist. nat.</i>, XXVIII, <span class="asc">IV</span>, 7, pero
-tengo mis dudas), participaban de ella.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_967" href="#FNanchor_967" class="label">[967]</a>
-Manilio, Higino, traducciones de Arato.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_968" href="#FNanchor_968" class="label">[968]</a>
-Ciceron, <i>Pro Archia</i>, 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_969" href="#FNanchor_969" class="label">[969]</a>
-Suetonio, <i>Claudio</i>, 25.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_970" href="#FNanchor_970" class="label">[970]</a>
-Josefo, <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">V</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_971" href="#FNanchor_971" class="label">[971]</a>
-<i>Bereschith rabba</i>, cap. <span class="asc">LXV</span>, fol. 65
-<i>b</i>; du Cange, en la voz <i>matricularius</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_972" href="#FNanchor_972" class="label">[972]</a>
-Ciceron, <i>De legibus</i>, II, 8; Vopiscus, <i>Aureliano</i>, 19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_973" href="#FNanchor_973" class="label">[973]</a>
-«Religio sine superstitione.» Oracion fúnebre de Turia, I, líneas
-30-31. Véase el <i>Tratado de la supersticion</i> de Plutarco.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_974" href="#FNanchor_974" class="label">[974]</a>
-Véase Meliton, <span xml:lang="grc" lang="grc">Περὶ ἀληθείας</span>,
-en el <i>Spicilegium syriacum</i> de Cureton, p. 43 ó en el <i>Spicil.
-Solesmense</i> de dom Pitra, t. II, p. <span class="asc">XLI</span>,
-para darse cuenta de la impresion que esto producia en los judíos y
-cristianos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_975" href="#FNanchor_975" class="label">[975]</a>
-Suetonio, <i>Aug.</i>, 52; Dion Casio, LI, 20; Tácito, <i>Ann.</i>,
-I, 10; Aurelio Victor, <i>Cæs.</i>, 1; Apiano, <i>Bell. Civ.</i>, V,
-132; Jos., <i>B. J.</i>, I, <span class="asc">XXI</span>, 2, 3, 4, 7;
-Noris, <i>Cenotaphia Pisana</i>, dissert. I, cap. 4; <i>Kalendarium
-Cumanum</i>, en <i>Corpus inscr. lat.</i>, I, p. 310, Eckhel,
-<i>Doctrina num. vet.</i>, parte 2.ª, vol. VI, p. 100, 124 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_976" href="#FNanchor_976" class="label">[976]</a>
-Tácito, <i>Ann.</i>, IV, 55-56. Comp. Valerio Máximo, pról.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_977" href="#FNanchor_977" class="label">[977]</a>
-Corinto; la única ciudad de Grecia que contó en los primeros siglos con
-un cristianismo considerable, no era ya en aquella época una ciudad
-helénica.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_978" href="#FNanchor_978" class="label">[978]</a>
-Heráclides, Cornutus. Comp. Cic., <i>De natura deorum</i>, III, 23-25,
-60, 62-64.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_979" href="#FNanchor_979" class="label">[979]</a>
-Plutarco, <i>Consolatio ad uxorem</i>, 10; <i>De sera numinis
-vindicta</i>, 22. Heuzey, <i>Mission de Macédoine</i>, p. 128; <i>Revue
-archéologique</i>, Abril 1864 p. 282.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_980" href="#FNanchor_980" class="label">[980]</a>
-Lucrecio, I, 63 y sig.; Salustio, <i>Catil.</i>, 52; Cic., <i>De nat.
-deorum</i>, II, 24, 28; <i>De divinat.</i>, II, 33, 35, 57; <i>De
-haruspicum responsis</i>, casi entero; <i>Tuscul.</i>, I, 16; Juvenal,
-Sat. <span class="asc">II</span>, 149-152; Séneca, <i>Epist.</i>, <span
-class="asc">XXIV</span>, 17.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_981" href="#FNanchor_981" class="label">[981]</a>
-«Sua cuique civitati religio est, nostra nobis.» Cic., <i>Pro
-Flacco</i>, 28.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_982" href="#FNanchor_982" class="label">[982]</a>
-Cic., <i>De nat. deorum</i>, I, 30, 42; <i>De divinat.</i>, II, 12,
-33, 35, 72; <i>De harusp. resp.</i>, 6, etc.; Tito Livio, I, 19;
-Quinto Curcio, IV, 10; Plutarco, <i>De plac. phil.</i>, I, <span
-class="asc">VII</span>, 2; Diod. Sic., I, <span class="asc">II</span>,
-2; Varron, en S. Agust., <i>De civit. Dei</i>, IV, 31, 32; VI,
-6; Dionisio de Halic., II, 20; VIII, 5; Valerio Máximo, I, <span
-class="asc">II</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_983" href="#FNanchor_983" class="label">[983]</a>
-Cic., <i>De divinat.</i>, II, 15; Juvenal, <span class="asc">II</span>,
-149 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_984" href="#FNanchor_984" class="label">[984]</a>
-Tác., <i>Ann.</i>, XI, 15; Plinio, <i>Epist.</i>, X, 97, <i>sub
-fin.</i> Estúdiese el personaje de Serapio en Plutarco, <i>De Pythiæ
-oraculis</i>. Comp. <i>De EI apud Delphos</i>, init. Véase sobre todo
-Valerio Máximo, libro I entero.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_985" href="#FNanchor_985" class="label">[985]</a>
-Juv., Sat. <span class="asc">VI</span>, 489, 527 y sig.; Tácito,
-<i>Ann.</i>, XI, 15. Comp. Luciano <i>Asamblea de los dioses</i>;
-Tertuliano, <i>Apolog.</i>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_986" href="#FNanchor_986" class="label">[986]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">III</span>, 4; Tácito,
-<i>Ann.</i>, II, 85; Le Bas, <i>Inscrip.</i>, parte V, n.º 395.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_987" href="#FNanchor_987" class="label">[987]</a>
-Plutarco, <i>De Pyth. orac.</i>, 25.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_988" href="#FNanchor_988" class="label">[988]</a>
-Véase Luciano, <i>Alexander seu pseudomantis</i> y <i>De morte
-Peregrini</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_989" href="#FNanchor_989" class="label">[989]</a>
-Séneca, <i>Epist.</i>, <span class="asc">XII, XXIV, LXX</span>;
-Inscripcion de Lanuvium, 2.ª col., líneas 5-6; Orelli, 4404.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_990" href="#FNanchor_990" class="label">[990]</a>
-Dion Casio, LXVI, 13; LXVII, 13; Suetonio, <i>Domit.</i>, 10; Tácito,
-<i>Agrícola</i>, 2, 45; Plinio, <i>Epist.</i>, III, 11; Philostrato,
-<i>Vida de Apolonio</i>, I, VII, entero; Eusebio, <i>Chron.</i>, ad
-ann. Chr. 90.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_991" href="#FNanchor_991" class="label">[991]</a>
-Dion Casio, LXII, 29.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_992" href="#FNanchor_992" class="label">[992]</a>
-Arriano, <i>Dissert. de Epicteto</i>, I, <span class="asc">II</span>,
-21.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_993" href="#FNanchor_993" class="label">[993]</a>
-<i>Ibid.</i>, I, <span class="asc">XXV</span>, 22.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_994" href="#FNanchor_994" class="label">[994]</a>
-Valerio Máximo., I, <span class="asc">III</span>; Tito Livio, XXXIX,
-8-18; Ciceron, <i>De legibus</i>, II, 8; Dionis. de Halic., II, 20;
-Dion Casio, XL, 47; XLII, 26; Tertuliano, <i>Apol.</i>, 6; <i>Adv.
-nationes</i>, I, 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_995" href="#FNanchor_995" class="label">[995]</a>
-Propercio, IV, <span class="asc">I</span>, 17; Lucano, VIII, 831; Dion
-Casio, XLVII, 15; Arnobio, II, 73.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_996" href="#FNanchor_996" class="label">[996]</a>
-Valerio Máximo, I, <span class="asc">III</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_997" href="#FNanchor_997" class="label">[997]</a>
-Dion Casio, XLVII, 15.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_998" href="#FNanchor_998" class="label">[998]</a>
-Jos., XIV, <span class="asc">X</span>. Comp. Ciceron, <i>Pro
-Flacco</i>, 28.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_999" href="#FNanchor_999" class="label">[999]</a>
-Suet., <i>Aug.</i>, 31, 93; Dion Casio, LII, 36.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1000" href="#FNanchor_1000" class="label">[1000]</a>
-Suet., <i>Aug.</i>, 93.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1001" href="#FNanchor_1001" class="label">[1001]</a>
-Dion Casio, LIV, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1002" href="#FNanchor_1002" class="label">[1002]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVI, <span class="asc">VI</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1003" href="#FNanchor_1003" class="label">[1003]</a>
-<i>Ibid.</i>, XVI, <span class="asc">VI</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1004" href="#FNanchor_1004" class="label">[1004]</a>
-Dion. Casio, LII, 36.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1005" href="#FNanchor_1005" class="label">[1005]</a>
-Jos., <i>B. J.</i>, V, <span class="asc">XIII</span>, 6. Comp.
-Suetonio, <i>Aug.</i>, 93.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1006" href="#FNanchor_1006" class="label">[1006]</a>
-Suetonio, <i>Tib.</i>, 36; Tác., <i>Ann.</i>, II, 85; Jos.,
-<i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">III</span>, 4, 5; Philon, <i>In
-Flaccum</i>, § 1; <i>Leg. ad Caium</i>, § 24; Séneca, <i>Epist.</i>,
-<span class="asc">CVIII</span>, 22. El aserto de Tertuliano
-(<i>Apolog.</i>, 5), reproducido por otros escritores eclesiásticos,
-acerca de cuál seria la intencion de Tiberio al colocar á Jesucristo en
-el rango de los dioses, no merece ser discutida.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1007" href="#FNanchor_1007" class="label">[1007]</a>
-Dion Casio, LX, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1008" href="#FNanchor_1008" class="label">[1008]</a>
-Tácito, <i>Ann.</i>, XI, 15.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1009" href="#FNanchor_1009" class="label">[1009]</a>
-Dion Casio, LX, 6; Suetonio, <i>Claudio</i>, 25; <i>Act.</i>, <span
-class="asc">XVIII</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1010" href="#FNanchor_1010" class="label">[1010]</a>
-Dion Casio, LX, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1011" href="#FNanchor_1011" class="label">[1011]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XIX, <span class="asc">V</span>, 2; XX,
-<span class="asc">VI</span>, 3; <i>B. J.</i>, II, <span
-class="asc">XII</span>, 7.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1012" href="#FNanchor_1012" class="label">[1012]</a>
-Suet., <i>Neron</i>, 56.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1013" href="#FNanchor_1013" class="label">[1013]</a>
-Tácito, <i>Ann.</i>, XV, 44; Suetonio, <i>Neron</i>, 16. Esto se
-desarrollará más tarde.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1014" href="#FNanchor_1014" class="label">[1014]</a>
-Tácito, <i>Ann.</i>, XIII, 32.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1015" href="#FNanchor_1015" class="label">[1015]</a>
-Comp. Dion Casio (Xiphilin), <i>Domit.</i>, sub fin.; Suetonio,
-<i>Domit.</i>, 15. Esta distincion se hace formalmente en el Digesto,
-l. XLVII, tít. <span class="asc">XXII</span>, <i>de Coll. et Corp.</i>,
-1 y 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1016" href="#FNanchor_1016" class="label">[1016]</a>
-Cic., <i>Pro Flacco</i>, 28.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1017" href="#FNanchor_1017" class="label">[1017]</a>
-Esta distincion se indica en las <i>Actas</i>, <span
-class="asc">XVI</span>, 20-21. Cf. <span class="asc">XVIII</span>,
-13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1018" href="#FNanchor_1018" class="label">[1018]</a>
-Cic., <i>Pro Flacco</i>, 28; Juvenal, <span class="asc">XIV</span>, 100
-y sig.; Tácito, <i>Hist.</i>, V, 4, 5; Plinio, <i>Epist.</i>, X, 97;
-Dion Casio, LII, 30.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1019" href="#FNanchor_1019" class="label">[1019]</a>
-Jos., <i>B. J.</i>, VII, <span class="asc">V</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1020" href="#FNanchor_1020" class="label">[1020]</a>
-Elio Arístides, <i>Pro Serapide</i>, 53; Juliano, Orat. IV, p. 136
-de la edicion de Spanheim, y las planchas grabadas recogidas por
-Leblant en el <i>Bulletin de la Soc. des Antiq. de Fr.</i>, 1859, p.
-191-195.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1021" href="#FNanchor_1021" class="label">[1021]</a>
-Tác., <i>Ann.</i>, II, 85; Suet., <i>Tib.</i>, 36; Jos., <i>Ant.</i>,
-XVIII, <span class="asc">III</span> 4-5; carta de Adriano, en Vopiscus,
-<i>Vita Saturnini</i>, 8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1022" href="#FNanchor_1022" class="label">[1022]</a>
-Dion Casio, XXXVII, 17.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1023" href="#FNanchor_1023" class="label">[1023]</a>
-Véanse las inscripciones publicadas ó corregidas en la <i>Revue
-archéol.</i>, nov. 1864, 397 y sig.; dic. 1864, p. 460 y sig.; junio
-1865, p. 451-452 y p. 497 y sig.; sept. 1865, p. 214 y sig.; abril
-1866; Ross, <i>Inscr. græc. ined.</i>, fasc. II, n.º 282, 291, 292;
-Hamilton, <i>Researches in Asia Minor</i>, vol. II, n.º 301; <i>Corpus
-insc. græc.</i>, núms. 120, 126, 2525 <i>b</i>, 2562; Rhangabé,
-<i>Antiq. hellen.</i>, n.º 811; Henzen n.º 6082; Virgilio, <i>Egl.</i>,
-<span class="asc">V</span>, 30. Comp. Harpocracion, <i>Lex.</i>,
-en la palabra <span xml:lang="grc" lang="grc">ἐρανιστής</span>;
-Festus, en la palabra <i>Thiasitas</i>; Digesto, XLVII, <span
-class="asc">XXII</span>, <i>de Coll. et Corp.</i>, 4; Plinio,
-<i>Epist.</i>, X, 93, 94.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1024" href="#FNanchor_1024" class="label">[1024]</a>
-Aristóteles, <i>Étic. á Nicom.</i>, VIII, <span class="asc">IX</span>,
-5; Plut., <i>Cuest. griegas</i>, 44.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1025" href="#FNanchor_1025" class="label">[1025]</a>
-Wescher, en los <i>Archives des missions scientif.</i>, 2.ª série,
-t. I, p. 432, y <i>Rev. arch.</i> Setiembre 1865, p. 221-222.
-Cf. Aristóteles, <i>Œeconom.</i>, II, 3; Estrabon, IX, <span
-class="asc">I</span>, 15; <i>Corpus inscr. gr.</i> n.º 2271, líneas
-13-14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1026" href="#FNanchor_1026" class="label">[1026]</a>
-<span xml:lang="grc" lang="grc">Κληρωτοί</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1027" href="#FNanchor_1027" class="label">[1027]</a>
-<span xml:lang="grc" lang="grc">Κλῆρος</span>. La Etimología
-eclesiástica de <span xml:lang="grc" lang="grc">κλῆρος</span> es
-distinta y alude á la situacion de la tribu de Leví en Israel, pero
-no es imposible que la palabra se haya tomado primitivamente de las
-cofradías griegas (cf. <i>Act.</i>, <span class="asc">I</span>, 25-26;
-I Petri, <span class="asc">V</span>, 3; Clem. de Alej., en Eusebio,
-<i>H. E.</i>, III, 23.) Wescher ha encontrado entre los dignatarios de
-estas cofradías un <span xml:lang="grc" lang="grc">ἐπίσκοπος</span>
-(<i>Rev. arch.</i>, Abril 1866). Véase, más arriba, <a
-href="#Page_129">p. 129</a>. La asamblea se titulaba algunas veces
-<span xml:lang="grc" lang="grc">συναγωγή</span> (<i>Rev. arch.</i>,
-Setiembre 1865, p. 216; Pollux, IX, <span class="asc">VIII</span>,
-143.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1028" href="#FNanchor_1028" class="label">[1028]</a>
-<i>Corp. inscr. gr.</i>, n.º 126. Comp. <i>Rev. arch.</i>, Setiembre
-1865, p. 216.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1029" href="#FNanchor_1029" class="label">[1029]</a>
-Wescher, en la <i>Revue archéol.</i>, Diciembre 1864, p. 460 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1030" href="#FNanchor_1030" class="label">[1030]</a>
-Véase más arriba, p. 348, <a href="#Footnote_979">nota 979</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1031" href="#FNanchor_1031" class="label">[1031]</a>
-Á las cofradías griegas les sucedia tambien algo de esto. Inscrip. en
-la <i>Rev. arch.</i>, Diciembre 1864, p. 462 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1032" href="#FNanchor_1032" class="label">[1032]</a>
-Digesto, XLVII, <span class="asc">XXII</span>, <i>de Coll. et
-Corp.</i>, 4.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1033" href="#FNanchor_1033" class="label">[1033]</a>
-Tito Livio, XXIX, 10 y sig.; Orelli y Henzen, <i>Inscr. lat.</i>, c.
-<span class="asc">V</span>. § 21.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1034" href="#FNanchor_1034" class="label">[1034]</a>
-Dion Casio, LII, 36; LX, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1035" href="#FNanchor_1035" class="label">[1035]</a>
-Tito Livio, XXXIX, 8-18. Comp. el decreto epigráfico en el <i>Corpus
-inscr. latinarum</i>, I, p. 43-44. Cf. Cic., <i>De legibus</i>, II,
-8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1036" href="#FNanchor_1036" class="label">[1036]</a>
-Cic., <i>Pro Sext.</i>, 25; <i>In Pis.</i>, 4; Asconio, <i>In
-Cornelianam</i>, 75, (edic. Orelli); <i>In Pisonianam</i>, p. 7-8; Dion
-Casio, XXXVIII, 13, 14; Digesto, III, <span class="asc">IV</span>,
-<i>Quod cujusc.</i>, 1; XLVII, <span class="asc">XXII</span>, <i>de
-Coll. et Corp.</i>, entero.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1037" href="#FNanchor_1037" class="label">[1037]</a>
-Suetonio, <i>Domit.</i>, 1; Dion Casio, XLVII, 15; LX, 6; LXVI, 24.,
-pasajes de Tertuliano y de Arnobio precitados.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1038" href="#FNanchor_1038" class="label">[1038]</a>
-Suetonio, <i>César</i>, 42; <i>Aug.</i>, 32; Jos., <i>Ant.</i>, XIV,
-<span class="asc">X</span>, 8; Dion Casio, LII, 36.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1039" href="#FNanchor_1039" class="label">[1039]</a>
-«<span xml:lang="la" lang="la">Kaput ex S. C. P. R. Quibus coire,
-convenire, collegiumque habere liceat. Qui stipem menstruam conferre
-volent in funera, ii in collegium coeant, neque sub specie ejus
-collegi nisi semel in mense coeant conferendi causa unde defuncti
-sepeliantur.</span>» Inscripcion de Lanuvium, 1.ª col., líneas
-10-13, en Mommsen, <i>De collegiis et sodaliciis Romanorum</i>
-(Kiliæ, 1843), p. 81-82 y <i>ad calcem</i>. Cf. Digesto, XLVII, <span
-class="asc">XXII</span>, <i>de Coll. et Corp.</i>, 1; Tertuliano,
-<i>Apolog.</i>, 39.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1040" href="#FNanchor_1040" class="label">[1040]</a>
-Inscrip. de Lanuvium, 2.ª col., líneas 3, 7; Digesto, XLVII, <span
-class="asc">XXII</span>, <i>de Coll. et Corp.</i>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1041" href="#FNanchor_1041" class="label">[1041]</a>
-Digesto XLVII, <span class="asc">XI</span>, <i>de Extr. crim.</i>,
-2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1042" href="#FNanchor_1042" class="label">[1042]</a>
-<i>Ibid.</i>, XLVII, <span class="asc">XXII</span>, <i>de Coll. et
-Corp.</i>, 1 y 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1043" href="#FNanchor_1043" class="label">[1043]</a>
-Heuzey, <i>Mission de Macédoine</i>, p. 71 y sig.; Orelli,
-<i>Inscr.</i>, n.º 4093.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1044" href="#FNanchor_1044" class="label">[1044]</a>
-Orelli, 2409; Melchiorri y P. Visconti, <i>Silloge d’iscrizioni
-antiche</i>, p. 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1045" href="#FNanchor_1045" class="label">[1045]</a>
-Véanse las piezas relativas á los colegios de Esculapio é Higia, de
-Júpiter Cernenus y de Diana y Antínoo, en Mommsen, <i>op. cit.</i>,
-p. 93 y sig. Comp. Orelli, <i>Inscr. lat.</i>, n.º 1710 y sig., 2394,
-2395, 2413, 4075, 4079, 4107, 4207, 4938, 5044; Mommsen, <i>op.
-cit.</i>, p. 96, 113, 114; de Rossi, <i>Bullettino di archeol.
-cristiana</i>, 2.º año, n.º 8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1046" href="#FNanchor_1046" class="label">[1046]</a>
-Inscripcion de Lanuvium, 1.ª col., línea 6-7; Orelli, 2270; de Rossi,
-<i>Bullett. di archeol. crist.</i>, 2.º año, n.º 8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1047" href="#FNanchor_1047" class="label">[1047]</a>
-Inscripcion de Lanuvium, 2.ª col., líneas 11-13; Orelli, 4420.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1048" href="#FNanchor_1048" class="label">[1048]</a>
-Inscripcion de Lanuvium, 1.ª col., líneas 3-9, 21; 2.ª col., líneas
-7-17; Mommsen, <i>Inscr. regni Neap.</i>, 2559; Marini, <i>Atti</i>,
-p. 398; Muratori, 491, 7; Mommsen, <i>De coll. et sod.</i>, p. 109 y
-sig., 113. Comp. I Cor., <span class="asc">XI</span>, 20 y sig. El
-presidente de las iglesias cristianas es llamado por los paganos <span
-xml:lang="grc" lang="grc">θιασάρχης</span>. Luciano, <i>Peregrinus</i>,
-11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1049" href="#FNanchor_1049" class="label">[1049]</a>
-Inscrip. de Lanuvium, 2.ª col., línea 7.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1050" href="#FNanchor_1050" class="label">[1050]</a>
-Inscripcion de Lanuvium, 2.ª col., líneas 24-25.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1051" href="#FNanchor_1051" class="label">[1051]</a>
-<i>Ibid.</i>, 2.ª col., líneas 26-29. Cf. <i>Corpus inscr. gr.</i>, n.º
-126.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1052" href="#FNanchor_1052" class="label">[1052]</a>
-Orelli, <i>Inscr. lat.</i>, n.º 2399, 2400, 2405, 4093, 4103; Mommsen,
-<i>De coll. et sod. Rom.</i>, p. 97; Heuzey, <i>l. c.</i> Compárense
-aún hoy los pequeños cementerios de las cofradías en Roma.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1053" href="#FNanchor_1053" class="label">[1053]</a>
-Hor., <i>Sat.</i>, I, <span class="asc">VIII</span>, 8 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1054" href="#FNanchor_1054" class="label">[1054]</a>
-<i>Funeraticium.</i></p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1055" href="#FNanchor_1055" class="label">[1055]</a>
-Inscrip. de Lanuvium, 1.ª col., líneas 24, 25, 32.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1056" href="#FNanchor_1056" class="label">[1056]</a>
-Inscrip. de Lanuvium, 2.ª col., líneas 3-5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1057" href="#FNanchor_1057" class="label">[1057]</a>
-Ciceron, <i>De offic.</i>, I, 17; Schol. Bobb. ad Cic., <i>Pro
-Archia</i>, <span class="asc">X</span>, 1. Comp. Plutarco, <i>De
-frat. amore</i>, 7; Digesto, XLVII, <span class="asc">XXII</span>,
-<i>de Coll. et Corp.</i>, 4. En una inscripcion de Roma el fundador
-de una sepultura estipula que todos cuantos se depositen allí han de
-ser de su religion, <i>ad religionem pertinentes meam</i> (de Rossi,
-<i>Bullettino di archeol. crist.</i>, tercer año, n.º 7, p. 54).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1058" href="#FNanchor_1058" class="label">[1058]</a>
-Tertuliano, <i>Ad Scapulam</i>, 3; de Rossi, <i>op. cit.</i>, tercer
-año, n.º 12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1059" href="#FNanchor_1059" class="label">[1059]</a>
-S. Justino, <i>Apol. I</i>, 67; Tertuliano, <i>Apolog.</i>, 39.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1060" href="#FNanchor_1060" class="label">[1060]</a>
-Ulpiano, <i>Fragm.</i>, <span class="asc">XXII</span>, 6; Digesto,
-III, <span class="asc">IV</span>, <i>Quod cujusc.</i>, 1; XLVI,
-<span class="asc">I</span>, <i>de Fid. et Mand.</i>, 22; XLVII,
-<span class="asc">II</span>, <i>de Furtis</i>, 31; XLVII, <span
-class="asc">XXII</span>, <i>de Coll. et Corp.</i>, 1 y 3; Gruter, 322,
-3 y 4; 424, 12; Orelli, 4080; Marini, <i>Atti</i>, p. 95; Muratori,
-516, 1; <i>Mém. de la Soc. des Antiq. de Fr.</i>, XX, p. 78.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1061" href="#FNanchor_1061" class="label">[1061]</a>
-Dig., XLVII, <span class="asc">XXII</span>, <i>de Coll. et Corp.</i>,
-entero; Inscr. de Lanuvium, 1.ª col., líneas 10-13; Marini,
-<i>Atti</i>, p. 552; Muratori, 520, 3; Orelli, 4075, 4115, 1567,
-2797, 3140, 3913; Henzen, 6633, 6745; y otras más en Mommsen, <i>op.
-cit.</i>, p. 80 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1062" href="#FNanchor_1062" class="label">[1062]</a>
-Digesto, XLVII, <span class="asc">XI</span>, <i>de Extr. crim.</i>,
-2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1063" href="#FNanchor_1063" class="label">[1063]</a>
-<i>Ibid.</i>, XLVII, <span class="asc">XXII</span>, <i>de Coll. et
-Corp.</i>, 2; XLVIII, <span class="asc">IV</span>, <i>ad Leg. Jul.
-majest.</i>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1064" href="#FNanchor_1064" class="label">[1064]</a>
-Dion Casio, LX, 6. Comp. Suetonio, <i>Neron</i>, 16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1065" href="#FNanchor_1065" class="label">[1065]</a>
-Véase la correspondencia administrativa de Plinio y de Trajano. Plinio,
-<i>Epist.</i>, X, 43, 93, 94, 97 y 98.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1066" href="#FNanchor_1066" class="label">[1066]</a>
-«<span xml:lang="la" lang="la">Permittitur tenuioribus stipem
-menstruam conferre, dum tamen semel in mense coeant, ne sub prætextu
-hujusmodi illicitum collegium coeant</span> (Dig., XLVII, <span
-class="asc">XXII</span>, <i>de Coll. et Corp.</i>, 1).» «<span
-xml:lang="la" lang="la">Servos quoque licet in collegio tenuiorum
-recipi volentibus dominis</span> (<i>ibid.</i>, 3).» Cf. Plinio,
-<i>Epist.</i>, X, 94; Tertuliano, <i>Apol.</i>, 39.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1067" href="#FNanchor_1067" class="label">[1067]</a>
-Digesto, I, <span class="asc">XII</span>, <i>de Off. præf.
-urbi</i>, 1, § 14 (cf. Mommsen, <i>op. cit.</i>, p. 127); III,
-<span class="asc">IV</span>, <i>Quod cujusc.</i>, 1; XLVII, <span
-class="asc">XX</span>, <i>de Coll. et Corp.</i>, 3. Es preciso
-notar que el excelente Marco Aurelio extendió cuanto pudo el
-derecho de asociacion. Dig. XXXIV, <span class="asc">V</span>,
-<i>de Rebus dubiis</i>, 20; XL, <span class="asc">III</span>, <i>de
-Manumissionibus</i>, 1; y XLVII, <span class="asc">XXII</span>, <i>de
-Coll. et Corp.</i>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1068" href="#FNanchor_1068" class="label">[1068]</a>
-Véase de Rossi, <i>Bullettino di archeol. cristiana</i>, tercer año,
-núms. 3, 5, 6, 12. El caso de Pomponia Græcina (Tác., <i>Ann.</i>,
-XIII, 32.) bajo Neron, es ya muy característico, pero no hay seguridad
-que ella fuese cristiana.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1069" href="#FNanchor_1069" class="label">[1069]</a>
-Véase de Rossi, <i>Roma sotterranea</i>, I, p. 309; y pl. <span
-class="asc">XXI</span>, núm. 12; y las aproximaciones epigráficas
-hechas por Léon Renier, <i>Comptes rendus de l’Acad. des Inscr. et
-B.-L.</i>, 1865, p. 289 y sig., y por el general Creuly, <i>Rev.
-arch.</i>, Enero 1866, p. 63-64. Comp. de Rossi, <i>Bull.</i>, tercer
-año, núm. 10, p. 77-79.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1070" href="#FNanchor_1070" class="label">[1070]</a>
-I Cor., <span class="asc">I</span>, 26 y sig.; Jac., <span
-class="asc">II</span>, 5 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1071" href="#FNanchor_1071" class="label">[1071]</a>
-<span xml:lang="grc" lang="grc">Αἶρε τοὺς ἀθέους</span>. Véase la
-relacion del martirio de S. Policarpo, § 3, 9, 12, en Ruinart, <i>Acta
-sincera</i>, p. 31 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1072" href="#FNanchor_1072" class="label">[1072]</a>
-<i>Ebionim</i>. Véase <i>Vida de Jesús</i>, p. 179 y sig., y Jac.
-<span class="asc">II</span>, 5 y sig., Comp. los <span xml:lang="grc"
-lang="grc">πτωχοὶ τῷ πνεύματι</span>. Mat., <span class="asc">V</span>,
-3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1073" href="#FNanchor_1073" class="label">[1073]</a>
-Véase más arriba, <a href="#Page_351">p. 351</a>, <a
-href="#Page_355">355</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1074" href="#FNanchor_1074" class="label">[1074]</a>
-Tácito, <i>Ann.</i>, XV, 44; Plinio, <i>Epist.</i>, X, 97; Suetonio,
-<i>Neron</i>, 16; <i>Domit.</i>, 15; el <i>Philopatris</i>, entero;
-Rutilius Numatianus, I, 389 y sig.; 440 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1075" href="#FNanchor_1075" class="label">[1075]</a>
-Juan, <span class="asc">XV</span>, 17 y sig.; <span
-class="asc">XVI</span>, 8 y sig., 33; <span class="asc">XVII</span>, 15
-y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1076" href="#FNanchor_1076" class="label">[1076]</a>
-Jac., <span class="asc">I</span>, 27.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1077" href="#FNanchor_1077" class="label">[1077]</a>
-Hablo aquí de las tendencias esenciales y primitivas del cristianismo,
-y no del cristianismo completamente transformado, sobre todo por los
-jesuitas de nuestros dias.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1078" href="#FNanchor_1078" class="label">[1078]</a>
-Véase la historia de los orígenes del babismo, referida por Gobineau,
-<i>Les relig. et les Philos. dans l’Asie centrale</i> (París 1865), p.
-141 y sig.; y por Mirza Kazem-beg, en el <i>Journal Asiatique</i>. Yo
-mismo he tomado de dos personas que conocian muy bien la historia del
-babismo, datos que confirman el relato de estos dos sabios.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1079" href="#FNanchor_1079" class="label">[1079]</a>
-Gobineau, obra cit. p. 301 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1080" href="#FNanchor_1080" class="label">[1080]</a>
-Tengo en mi poder otro detalle muy autorizado que dice lo siguiente:
-algunos sectarios á quienes se queria obligar á que se retractasen
-fueron atados á la boca de un cañon con una mecha muy larga que ardia
-lentamente. Entonces se les dijo que se cortaria esta si querian
-renegar de Bab, pero ellos, tendiendo los brazos hácia el fuego,
-suplicábanles se apresurasen á consumar su felicidad.</p>
-
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter" id="ToC">
- <p><span class="pagenum" id="Page_376">p. 376</span></p>
- <h2 class="nobreak" id="INDICE">ÍNDICE</h2>
- <p class="subh2"><small>DE LOS CAPÍTULOS CONTENIDOS EN ESTE
- TOMO.</small></p>
-</div>
-
-<table summary="Índice de contenidos">
- <tr>
- <td colspan="2">&nbsp;</td>
- <td class="tdrb asc bb">Pág.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdlh"><a href="#Ch_0"><span
- class="smcap">Introduccion.</span></a> — Crítica de los documentos
- originales.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_0"><span class="asc">V</span></a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc asc bb">Cap.</td>
- <td colspan="2">&nbsp;</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_1">I</a></td>
- <td class="tdlh">Formacion de las creencias relativas á la
- resurreccion de Jesús. — Las apariciones de Jerusalem.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_1">59</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_2">II</a></td>
- <td class="tdlh">Salida de los discípulos de Jerusalem. — Segunda
- vida galilea de Jesús.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_2">80</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_3">III</a></td>
- <td class="tdlh">Vuelta de los apóstoles á Jerusalem. — Fin del
- período de las apariciones.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_3">95</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_4">IV</a></td>
- <td class="tdlh">Bajada del Espíritu Santo. — Fenómenos extáticos y proféticos.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_4">105</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_5">V</a></td>
- <td class="tdlh">Primera Iglesia de Jerusalem, enteramente cenobítica.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_5">120</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_6">VI</a></td>
- <td class="tdlh">Conversion de judíos helenistas y prosélitos.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_6">143</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_7">VII</a></td>
- <td class="tdlh">La Iglesia considerada como una asociacion de
- pobres. — Institucion del diaconato. — Las diaconesas y las
- viudas.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_7">154</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_8">VIII</a></td>
- <td class="tdlh">Primera persecucion. — Muerte de Estéban. —
- Destruccion de la primera Iglesia de Jerusalem.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_8">172</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_9">IX</a></td>
- <td class="tdlh">Primeras misiones. — El diácono Felipe.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_9">184</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_10">X</a></td>
- <td class="tdlh">Conversion de San Pablo.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_10">195</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_11">XI</a></td>
- <td class="tdlh">Paz y desarrollos interiores de la Iglesia de Judea.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_11">217</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_12">XII</a></td>
- <td class="tdlh">Fundacion de la Iglesia de Antioquía.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_12">236</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_13">XIII</a></td>
- <td class="tdlh">Idea de un apostolado de los gentiles. — San Bernabé.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_13">248</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_14">XIV</a></td>
- <td class="tdlh">Persecucion de Herodes Agrippa I.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_14">259</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_15">XV</a></td>
- <td class="tdlh">Movimientos paralelos al cristianismo ó imitadores
- del cristianismo. — Simon de Gitton.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_15">274</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_16">XVI</a></td>
- <td class="tdlh">Marcha general de las misiones cristianas.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_16">287</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_17">XVII</a></td>
- <td class="tdlh">Estado del mundo hácia mediados del primer siglo.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_17">308</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_18">XVIII</a></td>
- <td class="tdlh">Legislacion religiosa de aquel tiempo.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_18">342</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_19">XIX</a></td>
- <td class="tdlh">Porvenir de las misiones.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_19">358</a></td>
- </tr>
-</table>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<hr class="full" />
-
-<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS APÓSTOLES ***</div>
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-Gutenberg&#8482; electronic works if you follow the terms of this
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-electronic works. See paragraph 1.E below.
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-States. If an individual work is unprotected by copyright law in the
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- This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
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-</blockquote>
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-1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project
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-forth in Section 3 below.
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-1.F.
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-</div>
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-</div>
-
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-or any Project Gutenberg&#8482; work, (b) alteration, modification, or
-additions or deletions to any Project Gutenberg&#8482; work, and (c) any
-Defect you cause.
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg&#8482;
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Project Gutenberg&#8482; is synonymous with the free distribution of
-electronic works in formats readable by the widest variety of
-computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It
-exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
-from people in all walks of life.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg&#8482;&#8217;s
-goals and ensuring that the Project Gutenberg&#8482; collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg&#8482; and future
-generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
-Sections 3 and 4 and the Foundation information page at www.gutenberg.org.
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non-profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation&#8217;s EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
-U.S. federal laws and your state&#8217;s laws.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Foundation&#8217;s business office is located at 809 North 1500 West,
-Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up
-to date contact information can be found at the Foundation&#8217;s website
-and official page at www.gutenberg.org/contact
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Project Gutenberg&#8482; depends upon and cannot survive without widespread
-public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
-freely distributed in machine-readable form accessible by the widest
-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
-status with the IRS.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Foundation is committed to complying with the laws regulating
-charities and charitable donations in all 50 states of the United
-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
-considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
-with these requirements. We do not solicit donations in locations
-where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
-DONATIONS or determine the status of compliance for any particular state
-visit <a href="https://www.gutenberg.org/donate/">www.gutenberg.org/donate</a>.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-While we cannot and do not solicit contributions from states where we
-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
-against accepting unsolicited donations from donors in such states who
-approach us with offers to donate.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-International donations are gratefully accepted, but we cannot make
-any statements concerning tax treatment of donations received from
-outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Please check the Project Gutenberg web pages for current donation
-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
-ways including checks, online payments and credit card donations. To
-donate, please visit: www.gutenberg.org/donate
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 5. General Information About Project Gutenberg&#8482; electronic works
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
-Gutenberg&#8482; concept of a library of electronic works that could be
-freely shared with anyone. For forty years, he produced and
-distributed Project Gutenberg&#8482; eBooks with only a loose network of
-volunteer support.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Project Gutenberg&#8482; eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
-the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
-necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
-edition.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Most people start at our website which has the main PG search
-facility: <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-This website includes information about Project Gutenberg&#8482;,
-including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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-</div>
-
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