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If you are not located in the United States, you -will have to check the laws of the country where you are located before -using this eBook. - -Title: Los Apóstoles - -Author: Ernesto Renán - -Translator: Enrique L. de Verneuill - -Release Date: May 22, 2021 [eBook #65410] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading - Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from - images generously made available by The Internet - Archive/American Libraries.) - -*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS APÓSTOLES *** - -NOTA DE TRANSCRIPCIÓN - - * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se - han convertido a MAYÚSCULAS. - - * Los errores de imprenta, muy abundantes en este libro, han sido - corregidos, así como los errores de traducción detectados. - - * La ortografía del original ha sido respetada, normalizándose las - variantes a la grafía más frecuente. - - * Para facilitar la lectura, se han añadido tildes a las mayúsculas - que las necesitan, se han actualizado los nombres propios antiguos - que cuentan con grafía más moderna consolidada, y se ha actualizado - también la ortografía de las expresiones que ahora utilizan la - secuencia «ex-» en su raíz (así, «espresion» o «esclamacion» se han - escrito como «expresion» y «exclamacion»). - - * Se ha restaurado el contenido de las notas, con sus citas y - referencias insertas, de modo que concuerden con el original - francés. También se han añadido las notas, completas o parciales, - y las citas en griego que el traductor eliminó de su traducción. - - * Las notas han sido renumeradas y ubicadas al final del libro. - - * Los años de la datación, que en el original aparecen en el - encabezado de cada página, se han limitado a una sola aparición - marginal al principio de capítulo o de periodo. - - * Las páginas en blanco han sido eliminadas. - - - - - LOS - APÓSTOLES. - - - - - LOS - APÓSTOLES, - - OBRA ESCRITA EN FRANCÉS - - POR - - ERNESTO RENÁN, - MIEMBRO DEL INSTITUTO. - - TRADUCCION DE - D. ENRIQUE L. DE VERNEUILL. - - [Ilustracion] - - BARCELONA. - —— - CENTRO DE SUSCRICIONES, LA ILUSTRACION, - CALLE DE MENDIZÁBAL, NÚM. 4. - 1868. - - - - -INTRODUCCION. - -Crítica de los documentos originales. - - -El primer libro de nuestra _Historia de los orígenes del cristianismo_, -refiere los acontecimientos hasta la muerte y enterramiento de Jesús, -y es preciso ahora reanudar el hilo de la narracion desde el punto -en que la dejamos, es decir, desde el sábado 4 de Abril del año 33, -lo cual será continuar en parte la vida de Jesús. Pasados los meses -de alegre embriaguez durante los cuales asentó el gran fundador las -bases de un nuevo órden de cosas para la humanidad, fueron los años -siguientes los más decisivos en la historia del mundo; y de nuevo -encontramos á Jesús, quien por el fuego sagrado, cuya chispa depositó -en el corazon de algunos amigos, crea instituciones de la más elevada -originalidad, y conmueve y transforma las almas, imprimiendo en -todas las cosas un sello divino. Ahora nos toca demostrar como bajo -aquella influencia siempre creciente y victoriosa de la muerte, se -propagó por la resurreccion, la fé, la influencia del Espíritu Santo, -el don de las lenguas y el poder de la Iglesia; daremos á conocer -la organizacion de la Iglesia de Jerusalem, sus primeras pruebas, -sus primeras conquistas, las más antiguas misiones que salieron de -su seno, y seguiremos en fin al cristianismo en su rápido progreso -desde Siria hasta Antioquía, donde se forma una segunda capital, más -importante en cierto modo que Jerusalem, á la cual debia reemplazar más -tarde. En aquel nuevo centro donde los paganos convertidos forman la -mayoría, veremos al cristianismo separarse definitivamente del judaismo -y recibir un nombre; veremos nacer la idea de las grandes misiones -lejanas, cuyo objeto era dar á conocer el nombre de Jesús en el mundo -de los gentiles; nos detendremos en el momento solemne en que Pablo, -Bernabé y Juan Márcos parten para llevar á cabo su elevado designio, -é interrumpiendo entonces nuestra narracion á fin de echar una ojeada -sobre el mundo que tratan de conquistar los atrevidos misioneros, -trataremos de darnos cuenta del estado intelectual, político, moral, -religioso y social del imperio romano, hácia el año 45, fecha probable -de la partida de San Pablo á su primera mision. - -Tal es el objeto de este segundo libro, que titularemos _Los -Apóstoles_, porque expone el período de la accion comun durante el cual -la pequeña familia creada por Jesús marcha de concierto y se agrupa -moralmente al rededor de un punto único, de Jerusalem. En nuestro -próximo libro, que será el tercero, saldremos de este cenáculo para -ver presentarse casi solo en escena al hombre que representa mejor que -otro ninguno al cristianismo conquistador y viajero, es decir á San -Pablo. - -Aun cuando éste se haya dado desde cierta época el título de Apóstol, -no lo era con el mismo título que los Doce,[1] y solo debe considerarse -como un obrero de segundo órden, y hasta puede decirse como un intruso. - -Segun se desprende de los documentos históricos que han llegado hasta -nosotros, y como sabemos muchas más cosas de San Pablo que de los Doce, -y tenemos sus escritos auténticos, y memorias originales de notable -precision sobre algunas épocas de su vida, se ha incurrido en el -error de darle una importancia de primer órden, casi superior á la de -Jesús. Pablo es ciertamente un gran hombre y desempeñó en la fundacion -del cristianismo un papel de los más importantes, pero no se le debe -comparar ni á Jesús ni aun á los discípulos de éste. Pablo no vió á -Jesús ni probó la ambrosía de la predicacion de Galilea, y siendo así, -el hombre más insignificante que tuvo su parte en el maná celestial, -era por esto mismo superior al que apenas lo habia probado. Nada más -falso que la opinion que está en boga en nuestros dias, segun la que se -supone que Pablo fué el primer fundador del cristianismo. Esto no es -exacto: el verdadero fundador del cristianismo es Jesús, y despues de -éste deben figurar en primer término sus fieles y apasionados amigos, -esos grandes hombres que fueron los oscuros compañeros de Jesús y -que creyeron en él aun despues de su muerte. En el primer siglo pudo -considerarse á Pablo como una especie de fenómeno aislado, pues en vez -de una escuela organizada, solo dejó ardientes adversarios que despues -de su muerte quisieron desterrarle en cierto modo de la Iglesia, -comparándoles con Simon el Mágico.[2] Se le negó que hubiese llevado á -cabo la conversion de los gentiles,[3] que es lo que consideramos como -su propia obra; la Iglesia de Corinto, que él solo habia fundado,[4] -dijo que debia tambien su orígen á San Pedro;[5] en el siglo II, -Papias y San Justino no pronuncian su nombre, y solo más tarde, cuando -la tradicion oral ya no fué nada y tuvo que ceder su puesto á la -Escritura, llegó Pablo á ocupar un lugar preferente en la teología -cristiana. Pablo en efecto fué teólogo, lo cual no puede decirse de -Pedro y María de Magdala; Pablo ha dejado obras considerables, y los -escritos de los demás Apóstoles no pueden competir con los suyos ni en -importancia ni en autenticidad. - -Á primera vista, los documentos referentes al período que comprende -este volúmen, son escasos y de todo punto insuficientes, pues los -testimonios directos se reducen á los primeros capítulos de las _Actas -de los Apóstoles_, capítulos cuyo valor histórico da lugar á graves -objeciones. Pero la luz que proyectan en este oscuro intervalo los -capítulos de los Evangelios, y sobre todo las epístolas de San Pablo, -disipan en cierto modo las tinieblas. Un escrito antiguo, no solo -sirve para dar á conocer la época en que se redactó sino tambien la -anterior, y sugiere seguramente inducciones retrospectivas acerca de -la sociedad que lo produjo. Las epístolas de San Pablo compuestas -en el período comprendido desde el año 53 al 62, poco más ó menos, -contienen infinitos datos sobre los primeros años del cristianismo -y como se trata aquí principalmente de las grandes fundaciones sin -fechas precisas, lo esencial es demostrar en qué condiciones se -formaron aquellas. Debo pues advertir una vez para siempre que la fecha -corriente inscrita al principio de cada página solo es aproximada, -pues en la cronología de los primeros años no se cuenta sino un escaso -número de datos fijos. Sin embargo, gracias al cuidado que ha tenido -el autor de las _Actas_ de no alterar la série de los hechos; gracias -á la epístola de los Galatas, donde se encuentran algunas indicaciones -numéricas de inestimable precio, y merced en fin á Josefo que nos da -la fecha de los acontecimientos de la historia profana, enlazados -con algunos hechos referentes á los Apóstoles, se llega á crear para -la historia de estos últimos un conjunto muy verosímil donde las -probabilidades del error flotan entre los límites de la exactitud. - -Repetiré nuevamente al empezar este libro lo que ya he dicho al -principio de mi _Vida de Jesús_: en historias como esta, donde solo -el conjunto es cierto, y donde los detalles se prestan más ó menos -á la duda, á causa del carácter legendario de los documentos, la -hipótesis es indispensable. Tratándose de épocas de que no sabemos -nada, no hay hipótesis posible. Intentar reproducir tal ó cual grupo -de la escultura antigua, que ha existido ciertamente pero del cual no -se conserva resto alguno, ni la menor noticia escrita, es ciertamente -hacer una obra arbitraria; pero ¿no será acaso legítimo é indispensable -tratar de reedificar los frontis del Parthenon con los restos que se -encuentren, consultando además los textos antiguos, los dibujos hechos -en el siglo XVII, todos los datos en fin con que pueda uno inspirarse -en el estilo de aquellas inimitables obras, tratando de reproducir su -alma y su vida? No diremos por esto que se ha encontrado la obra del -escultor antiguo, pero se ha hecho lo posible por imitarla; y á fé que -este procedimiento es tanto más legítimo en la historia, cuanto que -el lenguaje permite las formas dubitativas, que no admite el mármol. -Nada impide además al lector elegir entre diversas suposiciones. La -conciencia del escritor, debe quedar tranquila desde el momento en -que ha presentado como cierto lo que es cierto, como probable lo que -es probable, como posible lo que es posible, y en los puntos en que -el pensamiento se desliza entre la historia y la leyenda, lo que debe -buscarse es el efecto general. Nuestro tercer libro, para la confeccion -del cual contamos con documentos absolutamente históricos, y en el que -debemos describir los caractéres con precision, refiriendo los hechos -con claridad, ofrecerá una narracion más exacta, aun cuando se vea -que la historia de aquel período no se conoce más á fondo. Los hechos -consumados hablan más alto que todos los detalles biográficos: sabemos -muy poco de los artistas inimitables que crearon las obras maestras del -arte griego, pero esas obras nos dicen más acerca de sus autores y del -público que las apreció, que lo que pudieran decirnos las narraciones -más circunstanciadas, los textos más auténticos. - -Para el conocimiento de los hechos decisivos que pasaron en los -primeros dias despues de la muerte de Jesús, los documentos son los -últimos capítulos de los Evangelios, que dan cuenta de las apariciones -de Cristo resucitado[6]; y no es necesario repetir aquí lo que he -dicho en la introduccion de mi _Vida de Jesús_ acerca del valor de -tales documentos. Para este libro tenemos felizmente un comprobante -de que careciamos en nuestra primera obra, y al decir esto, me -refiero á un pasaje capital de San Pablo (I Cor., XV, 5-8), que -establece: 1.º la realidad de las apariciones; 2.º la larga duracion -de estas, contrariamente á lo que refieren los evangelios sinópticos, -y 3.º la variedad de los lugares, donde tuvieron lugar aquellas, en -contraposicion á lo que dicen Márcos y Lucas. El estudio de este texto -fundamental, y otras muchas razones, nos confirman en las opiniones que -habiamos anunciado acerca de la relacion recíproca de los sinópticos -y del 4.º Evangelio, y en lo que se refiere á la resurreccion y á las -apariciones, es notoria la superioridad del último, por lo que hace á -la vida de Jesús. Si se quiere encontrar una narracion seguida, lógica, -que permita conjeturar con verosimilitud lo que se ocultó tras las -ilusiones, allí es donde es preciso buscarlo, y aquí vengo á tocar -la más difícil de las cuestiones que se refieren á los orígenes del -cristianismo: ¿Cuál es el valor histórico del cuarto Evangelio? El uso -que de este he hecho en mi _Vida de Jesús_, es precisamente lo que ha -dado lugar á que me dirijan más objeciones los críticos ilustrados, -pues todos los sabios que aplican á la historia de la teología el -método racional, rechazan el cuarto Evangelio como apócrifo en todos -conceptos. He reflexionado mucho nuevamente en este problema, y apenas -he podido modificar mi primera opinion, mas como en este punto no soy -del parecer de la generalidad, creo un deber mio exponer en detalle los -motivos de mi persistencia, y lo haré en un Apéndice que aparecerá al -fin de una edicion revisada y corregida de la _Vida de Jesús_, que ha -de ver la luz pública próximamente. - -Las _Actas de los Apóstoles_, constituyen el documento más importante -para la historia que vamos á referir, y por lo tanto debo dar algunas -explicaciones acerca del carácter de esa obra y de su valor histórico, -así como tambien del uso que de ella hice. - -No cabe la menor duda que el autor de las _Actas_ es el mismo que -el del tercer Evangelio, y que aquellos son la continuacion de este -último. Nadie se detendrá á probar esta proposicion, que por lo demás -no se ha discutido sériamente[7] pero los prefacios que encabezan -ambos escritos, la dedicatoria de uno y otro á Teófilo y la perfecta -semejanza del estilo y de las ideas, ofrecen sobre este punto -abundantes demostraciones. - -Hay una segunda proposicion que aunque no ofrece la misma seguridad, -puede considerarse sin embargo como muy probable, y es que el autor de -las _Actas_ es un discípulo de Pablo que le acompañó en muchos de sus -viajes. Á primera vista, esta proposicion no admite duda. En muchos -párrafos á partir del versículo 10 del capítulo XVI, el autor de las -_Actas_, emplea en la narracion el pronombre _nosotros_, indicando así -que por entonces formaba parte de la compañía apostólica que rodeaba á -San Pablo. Esto es evidente; y en efecto; solo queda una salida para -rebatir tan fuerte argumento, y esta es, suponer que los pasajes donde -se halla el pronombre _nosotros_, han sido copiados por el último -redactor de las _Actas_ de un escrito anterior, de memorias originales -de un discípulo de Pablo, por ejemplo, de Timoteo, y que el redactor -habrá olvidado, por inadvertencia, sustituir al _nosotros_ el nombre -del narrador. Esta explicacion, sin embargo, no es muy admisible, pues -si bien se comprenderia semejante descuido en una recopilacion vulgar, -no así en el tercer Evangelio y en las _Actas_, que forman una obra muy -bien redactada, escrita con reflexion y hasta con arte por una misma -mano y segun un plan.[8] Ambos libros reunidos forman un conjunto donde -se observa exactamente el mismo estilo, las mismas locuciones favoritas -y hasta el mismo modo de citar la Escritura. Una falta tan chocante -como la que queriamos suponer seria inexplicable, y por lo tanto todo -nos induce poderosamente á creer que uno mismo es el que ha escrito el -fin de la obra y el principio, y que el narrador de todo es el que dice -_nosotros_ en los pasajes precitados. - -Todo esto llama aún más la atencion si se observa en qué circunstancias -aparece el narrador en compañía de Pablo: el uso del _nosotros_ -comienza en el momento en que este último marcha á Macedonia por la -primera vez (XVI, 10) y cesa cuando Pablo sale de Filipos; repitiéndose -la frase cuando aquel hace el segundo viaje á los mismos puntos (XX, -5, 6). Desde entonces el narrador no se separa de Pablo hasta el fin, -y si se observa además que los capítulos en que el primero acompaña -al segundo tienen un carácter particular de precision, no puede -ponerse ya en duda que el narrador no fuera un macedonio ó más bien -un filipense[9] que sale al encuentro de Pablo en Troas, durante la -segunda mision; que permanece en Filipos despues de la partida del -Apóstol, y que al pasar éste por última vez por dicha ciudad (tercera -mision), se une á él para no abandonarle nunca. ¿Cómo se explica que -un hombre que escribió sobre una época lejana se dejase dominar de -tal modo por los recuerdos de otra? Estos recuerdos perjudicarian al -conjunto: el narrador que dice _nosotros_ tendria su estilo, sus frases -especiales[10] y seria más Pauliniano que el redactor principal, y esto -no es así, puesto que en la obra hay una perfecta homogeneidad. - -Se extrañará acaso que una tésis en apariencia tan evidente haya -encontrado contradictores, pero la crítica de los escritos del Nuevo -Testamento, ofrece muchos puntos, que claros en un principio, presentan -numerosas dudas al proceder á su exámen. Por lo que hace al estilo, -á los pensamientos y á las doctrinas, las _Actas_, no son lo que -podria esperarse de un discípulo de Pablo, ni se parecen en nada á las -epístolas de este último, pues no se encuentra ni el menor vestigio de -las atrevidas doctrinas que constituyen la originalidad del Apóstol -de los gentiles. El carácter de Pablo parece ser el de un protestante -brusco y severo; el autor de las _Actas_ se nos presenta como un buen -católico, dócil, optimista, que no habla de un sacerdote sin usar el -adjetivo _santo_, ni de un obispo sin llamarle _grande_, y que se halla -dispuesto á aceptar todas las ficciones, antes que reconocer que esos -santos sacerdotes y grandes obispos, disputan entre sí, haciéndose -á veces la más cruda guerra. Sin dejar de admirar á Pablo, el autor -de las _Actas_ evita en lo posible darle el título de Apóstol[11] y -quiere que la iniciativa de la conversion de los gentiles sea de Pedro, -lo cual podria hacer creer que dicho autor es en suma un discípulo de -Pedro más bien que de Pablo. Bien pronto demostraremos que en dos ó -tres circunstancias sus principios de conciliacion le han inducido á -falsear gravemente la biografía de Pablo, cometiendo inexactitudes[12] -y sobre todo omisiones verdaderamente extrañas en un discípulo de este -último[13] puesto que no habla de una sola de las epístolas, y reduce -de una manera sorprendente relatos de la mayor importancia.[14] Aun en -las partes en que debe aparecer como compañero de Pablo, el autor de -las _Actas_, usa un lenguaje muy seco y no da pruebas de hallarse muy -bien informado.[15] Por último, la dejadez y vaguedad que se notan en -ciertas narraciones, la parte convencional que se descubre, darian que -pensar á un escritor que no hubiese tenido relacion alguna directa ó -indirecta con los Apóstoles, y que escribiese hácia el año 100 ó 120. - -¿Podrán tener estas objecciones alguna importancia? Á mí me parece que -no, y persisto en creer que el último redactor de las _Actas_ no es -otro sino el discípulo de Pablo que dice _nosotros_ en los últimos -capítulos. Por difíciles de resolver que parezcan todas las dudas, -debemos suspender nuestro juicio en el caso de no resolverse aquellas -ante un argumento tan decisivo como el que resulta de la palabra -_nosotros_; y á esto añadiremos que atribuyendo las _Actas_ á un -compañero de Pablo, se explican dos particularidades importantes: por -un lado la desproporcion de las partes de la obra, en la que se habla -preferentemente de Pablo, y por otro la desproporcion que se nota en la -biografía misma de éste, de cuya primera mision se habla muy poco en -tanto que de la segunda y tercera, sobre todo en los últimos viajes, se -da cuenta con minuciosos detalles. Un hombre completamente extraño á la -historia apostólica no habria incurrido en estas faltas, y á no dudarlo -estaria mejor concebido el conjunto de su obra. Uno de los caractéres -que distingue la historia compuesta con documentos, de la historia -original, es precisamente la desproporcion; el historiador de gabinete, -toma por cuadro los sucesos mismos, en tanto que el autor de memorias -solo se sirve de sus recuerdos ó cuando menos de sus relaciones -personales. Un historiador eclesiástico, una especie de Eusebio, -escribiendo hácia el año 120, nos hubiera legado un libro distribuido -de otro modo á partir del capítulo XIII. La manera extraña con que las -_Actas_ salen despues de la órbita donde giraban hasta entonces, no se -explica, en mi concepto, sino por la situacion particular del autor y -sus relaciones con Pablo. Este resultado se confirmará naturalmente si -encontramos entre los colaboradores conocidos del Apóstol el nombre del -autor á quien la tradicion atribuye nuestra historia. - -Esto es precisamente lo que sucede: los manuscritos y la tradicion -nos dan como autor del tercer Evangelio, á un tal Lucanus,[16] ó -_Lucas_, y de lo dicho resulta que si _Lucas_ es verdaderamente el -autor del tercer Evangelio, lo es igualmente de las _Actas_. Ahora -bien, el nombre de Lucas aparece precisamente como el de un compañero -de Pablo en la epístola de los Colosenses, IV, 14; la de Filemon, 24, -y en la segunda de Timoteo, IV, 11. La autenticidad de esta última es -muy dudosa, y aunque no lo sea tanto la de las dos últimas, no puede -afirmarse, sin embargo, con toda seguridad que sean de San Pablo. De -todos modos, los tales escritos son del primer siglo, y esto basta -para probar evidentemente que entre los discípulos de Pablo existió un -Lucas. El que confeccionó las epístolas de Timoteo, no es en efecto -el mismo que compuso las de los Colosenses y Filemon, (suponiendo -contrariamente á nuestra opinion que estas sean apócrifas). Admitir -que un falsario hubiese atribuido á Pablo un compañero ficticio, -seria ya poco verosímil; pero menos lo es aún que falsarios distintos -hubieran elegido el mismo nombre. Dos observaciones pueden hacerse que -dan á este razonamiento una fuerza particular: la primera es que el -nombre de Lucas ó Lucanus es entre los primeros cristianos un nombre -raro que no se presta á confusiones anónimas, y es la segunda que -el Lucas de las epístolas no adquirió nunca celebridad. Inscribir un -nombre célebre al principio de un escrito, como se hizo para la segunda -epístola de Pedro, y muy probablemente para las de Pablo, en Tito y -Timoteo, no era en nada contrario á las costumbres de la época; pero -encabezar un escrito con un nombre falso y oscuro, es una cosa que no -se concibe. ¿Seria la intencion del falsario patrocinar el libro con -la autoridad de Pablo? Pero si es así ¿por qué no tomaba el nombre -mismo de Pablo, ó cuando menos el de Timoteo ó de Tito, discípulos -más conocidos del Apóstol de los gentiles? Lucas no ocupaba ningun -lugar en la tradicion, en la leyenda, ni en la historia, y los tres -pasajes precitados de las epístolas no podian bastar para reconocer en -aquel una garantía admitida, pues todas las epístolas á Timoteo se han -escrito probablemente despues de las _Actas_, y las citas de Lucas en -las epístolas á los Colosenses y Filemon equivalen á una sola, de tal -modo, que estos dos escritos forman un solo cuerpo. Creemos pues que -el autor del tercer Evangelio y las _Actas_, es real y efectivamente -Lucas, discípulo de Pablo. - -El nombre de Lucas y la profesion de médico que ejercia el llamado -discípulo de Pablo,[17] convienen bien con las indicaciones que dan -ambos libros sobre su autor. Hemos demostrado en efecto que el autor -del tercer Evangelio y de las _Actas_ era probablemente natural de -Filipos,[18] colonia romana donde dominaba el latin[19] y además de -esto debe notarse que el autor del tercer Evangelio y de las _Actas_ -no conoce bien el judaismo[20] ni la historia de Palestina[21] ni sabe -tampoco el Hebreo[22] pero está muy al corriente de las ideas del mundo -pagano[23] y escribe el griego de una manera bastante correcta. La -obra se ha compuesto lejos de la Judea por personas poco entendidas en -geografía[24] que no se cuidaban ni de poseer la ciencia rabinica á -fondo, ni de los nombres Hebreos;[25] reduciéndose la idea dominante -del autor á que si se hubiera permitido al pueblo seguir su inclinacion -habria abrazado la fé de Jesús, á lo cual se opuso la aristocracia -judía.[26] La palabra _Judío_ se toma siempre en la obra en sentido -despreciativo y como sinónimo de enemigo de los cristianos;[27] por el -contrario se habla muy favorablemente de los herejes samaritanos.[28] - -¿En qué época podrá haberse compuesto aquel escrito notable? Lucas -aparece por primera vez en compañía de Pablo cuando éste hizo su primer -viaje á Macedonia hácia el año 52. Supongamos que contara entonces -veinte y cinco años, y en este caso nada más natural que hubiese vivido -hasta el año 100, pero la historia de las _Actas_ no llega más que -hasta el año 63[29] y como quiera que su redaccion es evidentemente -posterior á la del tercer Evangelio, y la fecha de la composicion de -este se fija de una manera bastante precisa en los años inmediatos que -siguieron á la ruina de Jerusalem (año 70)[30], no se puede suponer que -se redactaran las _Actas_ antes del 71 ó 72. - -Si fuera seguro que esta obra se compuso seguidamente al Evangelio, -podriamos detenernos aquí, mas en este punto está permitida la duda: -algunos hechos inducen á creer que ha transcurrido un intervalo entre -la composicion del tercer Evangelio y la de las _Actas_, y esto es -tanto más verosímil cuanto que se nota entre los últimos capítulos del -Evangelio y el primero de las _Actas_ una singular contradiccion. Segun -el último capítulo de los Evangelios parece que la ascension tuvo -lugar el mismo dia de la resurreccion[31], y el primer capítulo de las -_Actas_[32] dice que aquella no ocurrió sino al cabo de cuarenta dias. -Claro es que esta segunda version nos presenta una forma más avanzada -que la leyenda, forma adoptada cuando se vió que era necesario dejar -un intervalo para las diversas apariciones, y dar á la vida de Jesús -despues de salir de la tumba un cuadro completo y lógico. Podria pues -suponerse que al autor no le ocurrió interpretar así las cosas sino en -el intervalo que medió entre la redaccion de ambas obras; y de todos -modos es muy extraño que aquel se crea obligado á pocas líneas de -distancia á desarrollar su primera historia aumentando el número de -datos. Si aún tenia entre manos su primer libro ¿por qué no hacia las -adiciones, que separadas como aparecen luego, causan tan mal efecto? -Esto no es sin embargo una prueba decisiva, y hay una circunstancia -grave que induce á creer que Lucas concibió al mismo tiempo el plan y -el conjunto. El prefacio que encabeza el Evangelio es el que parece -comun á los dos libros[33]. La contradiccion que acabamos de indicar -se explica acaso por el poco cuidado que se tuvo de dar una cuenta -exacta del empleo del tiempo, y á esto se debe seguramente que todas -las relaciones de la vida de Jesús, despues de salir de la tumba, -estén en un completo desacuerdo acerca de la duracion de esta vida. -Importaba tan poco ser histórico, que el mismo narrador no tenia el -menor escrúpulo en proponer sucesivamente dos sistemas inconciliables: -las tres relaciones que acerca de la conversion de Pablo se encuentran -en las _Actas_[34] ofrecen tambien pequeñas diferencias que prueban -igualmente cuán poco se ocupaba el autor de la exactitud de los -detalles. - -Parece pues que nos aproximariamos á la verdad suponiendo que las -_Actas_ se escribieron hácia el año 80, pues por una parte el espíritu -del libro conviene muy bien con la primera época de los Flavios, y por -la otra, el autor parece evitar todo aquello que hubiera podido ofender -á los romanos. En efecto, vemos que se complace en demostrar que los -funcionarios de Roma no solo eran favorables á la nueva secta sino que -la abrazaron algunas veces[35] que la defendieron contra los judíos, -y que la justicia imperial era equitativa y superior á las pasiones -locales.[36] El autor insiste particularmente en enumerar las ventajas -que obtuvo Pablo merced á su título de ciudadano romano[37] y corta -justamente su narracion en el momento de la llegada de Pablo á Roma, -quizá para no verse obligado á referir las crueldades de Neron contra -los cristianos.[38] El contraste entre las _Actas_ y el Apocalipsis -es en extremo notable: escrito este en el año 68, recuerda á cada -paso las infamias de Neron, rebosando un ódio profundo contra Roma, y -en la primera obra aparece el tirano como un hombre afable que vive -en una época tranquila. Desde el año 70, poco más ó menos, hasta los -últimos años del primer siglo, la situacion fué bastante buena para -los cristianos, pues hasta hubo personajes de la familia Flaviana que -pertenecieron al cristianismo. ¿Quién sabe si Lucas no conoció á Flavio -Clemente, si no fué de su _familia_, y si las _Actas_ no se escribieron -por este poderoso personaje cuya posicion oficial exigia ciertas -consideraciones? Algunos indicios dan lugar á suponer que el libro se -compuso en Roma, y diríase en efecto que los principios de la iglesia -romana dominaban al autor. Esta iglesia tuvo desde los primeros siglos -el carácter político y gerárquico que la distinguió siempre, y el buen -Lucas pudo dejarse llevar de este espíritu, pues sus ideas sobre la -autoridad eclesiástica son muy avanzadas, y en ella se descubre el -gérmen del episcopado. Lucas escribió la historia como apologista, -imitando á los escritores oficiales de la corte de Roma, é hizo lo que -hacia un historiador ultramontano de Clemente XIV, que ensalzando á la -vez al Papa y á los jesuitas, trataba de persuadirnos en un discurso -lleno de compuncion que por ambas partes se observaban las reglas de -la caridad. Dentro de doscientos años se consignará tambien que el -cardenal Antonelli y el señor de Mérode se amaban como dos hermanos. El -autor de las _Actas_, fué el primero de esos narradores complacientes -que con una ingenuidad sin igual y una beatitud que revela su -satisfaccion se empeñan en demostrar que todo se hace en la Iglesia -de una manera evangélica. Demasiado leal para condenar á su maestro -Pablo, ortodoxo en exceso para no participar de la opinion oficial que -prevalecia, prescindió de las diferencias de doctrina para no dejar ver -sino el objeto comun que todos aquellos grandes fundadores prosiguieron -en efecto por vias tan opuestas y á través de tan enérgicas rivalidades. - -Fácilmente se comprenderá que un hombre que se coloca por sistema -en semejante situacion, es el menos á propósito para referir los -hechos tal como pasaron: la fidelidad histórica es para él una cosa -indiferente; todo lo que le importa es la edificacion, y Lucas no lo -oculta, pues escribe _para que Teófilo reconozca la verdad de lo que -le han enseñado_ sus catequistas.[39] Se habia pues convenido en un -sistema de historia eclesiástica que se enseñaba oficialmente y cuyo -cuadro, así como el de la misma historia evangélica[40] es probable -estuviera ya fijado. El carácter dominante de las _Actas_, así como el -del tercer Evangelio[41] es una tierna piedad, una viva simpatía hácia -los gentiles,[42] su espíritu conciliador, una preocupacion extrema -acerca de lo sobrenatural, el amor á los pequeños y los humildes, un -gran sentimiento democrático, ó más bien, la persuasion de que el -pueblo es naturalmente cristiano y que son los grandes los que le -impiden seguir sus buenos instintos.[43] Además predomina una idea -exaltada del poder de la Iglesia y de sus jefes, un gusto muy marcado -por la vida en comun.[44] Los métodos de composicion son iguales en -ambas obras, de tal modo que lo mismo nos sucederia con la historia de -los Apóstoles, que con la historia Evangélica, si para analizar esta -última no tuviéramos más texto que el Evangelio de Lucas. - -Fácil es comprender las desventajas de semejante situacion: la vida -de Jesús, compuesta por el tercer Evangelio solamente, seria en -extremo defectuosa é incompleta, y nosotros lo sabemos porque para la -vida de Jesús, la comparacion es posible. Al mismo tiempo que Lucas, -tenemos (sin hablar del cuarto Evangelio) á Mateo y á Márcos, quienes -relativamente á Lucas, son al menos en partes originales. Damos á -conocer los medios violentos por medio de los cuales Lucas desfigura ó -mezcla las anécdotas; la manera con que modifica el colorido de ciertos -hechos segun sus miras personales, y vemos en fin las piadosas leyendas -que añade á las tradiciones más auténticas. ¿No es evidente que si -pudiéramos hacer semejante comparacion para las _Actas_ llegariamos á -encontrar defectos de un género análogo? Las _Actas_ nos parecerian, á -juzgar por los primeros capítulos, inferiores al tercer Evangelio, sin -duda porque estos capítulos se compusieron probablemente con documentos -menos numerosos y menos universalmente aceptados. - -Aquí debe hacerse en efecto una distincion fundamental: bajo el punto -de vista del valor histórico, el libro de las _Actas_ se divide en dos -partes: la una que comprende los doce primeros capítulos y refiere los -hechos principales de la historia de la Iglesia primitiva, y la otra -que contiene los diez y seis capítulos restantes consagrados todos á -las misiones de San Pablo. En esta segunda parte hay dos clases de -relatos; uno en que el narrador aparece como testigo ocular y otro -en que no hace más que referir lo que le han dicho, pero aun en este -último caso, claro está que su autoridad es grande. Con frecuencia -se vé que las conversaciones de Pablo son las que han facilitado las -noticias, y hácia el fin, sobre todo, la narracion adquiere un carácter -de precision notable. Las últimas páginas de las _Actas_ son las únicas -históricas que tenemos sobre los originales cristianos; las primeras -por el contrario son las más atacables de todo el Nuevo Testamento. -Al hablar de los primeros años, es particularmente cuando el autor -obedece á ideas preconcebidas semejantes á las que le preocuparon en -la composicion de su Evangelio. Su sistema de los cuarenta dias, su -modo de referir la ascension, terminando con una especie de rapto final -y de solemnidad dramática la vida fantástica de Jesús; su manera de -contar la bajada del Espíritu Santo y las predicaciones milagrosas, y -su modo en fin de comprender el don de las lenguas, tan diferente del -de San Pablo[45] revelan las preocupaciones de una época relativamente -atrasada, en que predomina la leyenda sin oposicion. Todo se representa -con un gran aparato escénico, desplegando las formas de lo maravilloso, -y es preciso recordar que el autor escribe medio siglo despues de -ocurrir los acontecimientos, lejos del país donde tuvieron lugar, -y fundándose en hechos que no ha visto, ni él, ni su maestro, y en -tradiciones en parte fabulosas ó desfiguradas. No solamente Lucas es -de otra generacion que la de los primeros fundadores del cristianismo, -sino que es de otro mundo, es Helenista, muy poco judío, casi extraño á -Jerusalem y á los secretos de la vida judaica, y apenas ha conocido de -la primitiva sociedad cristiana más que á los primeros representantes. -En los milagros que él refiere, se ven más bien invenciones _á priori_, -que hechos transformados; los milagros de Pedro y de Pablo forman dos -séries que se relacionan:[46] sus personajes se asemejan; Pedro y Pablo -no difieren en nada y por último los discursos que pone en boca de sus -héroes, aunque hábilmente apropiados á las circunstancias, son todos -del mismo estilo, y pertenecen más bien al autor que á las personas á -que los atribuye: acabaremos diciendo que hasta se encuentran errores -fáciles de reconocer.[47] Las _Actas_ en una palabra, constituyen una -historia dogmática, arreglada para apoyar las doctrinas ortodoxas de -la época ó inculcar las ideas que más sonreian á la piedad del autor. -Añadamos á esto que no podia ser de otro modo: no se conoce el orígen -de cada religion sino por las relaciones de los creyentes; solo el -escéptico escribe la historia _ad narrandum_. - -Estas no son simples sospechas, conjeturas de un crítico desconfiado -en extremo; son sólidas inducciones, y siempre que nos sea permitido -comprobar la narracion de las _Actas_, la encontraremos defectuosa y -sistemática. En efecto, aunque no podamos hacer la comprobacion con los -textos sinópticos, tenemos para ello las Epístolas de San Pablo, sobre -todo la de los Galatas y claro es que en el caso en que las _Actas_ y -las epístolas no estén acordes, debe darse siempre la preferencia á las -últimas que son textos de una autenticidad absoluta y más antiguas; de -una sinceridad completa y sin leyendas. Tratándose de historia, los -documentos son de tanta más autoridad, cuanto menos afectan la forma -histórica: la autoridad de todas las crónicas debe ceder ante la de una -inscripcion, de una medalla, de un mapa, de una carta auténtica. Bajo -este punto de vista, las epístolas de autores verdaderos y de fechas -fijas, son la base de toda la historia de los orígenes cristianos; sin -ellas, la duda alcanzaria á todo, dejando en la oscuridad hasta la -misma vida de Jesús. Ahora bien, en dos circunstancias muy importantes, -las epístolas ponen en relieve las tendencias particulares del autor -de las _Actas_ y su deseo de borrar la huella de las divisiones que -habian existido entre Pablo y los Apóstoles de Jerusalem.[48] - -Además de esto, el autor de las _Actas_, quiere que Pablo, despues -del incidente de Damasco (IX, 19 y sig.; XXII, 17 y sig.), haya ido -á Jerusalem en una época en que apenas se conocia su conversion; que -le presentaran á los Apóstoles y viviera con ellos y los fieles en -la más afectuosa cordialidad, que haya disputado públicamente contra -los judíos Helenistas, y por último, que un complot de estos y una -revelacion del cielo, le hayan inducido á marcharse de Jerusalem. Ahora -bien, Pablo nos dice que las cosas pasaron de muy distinto modo, y para -probar que no habia tomado nada de los Doce y que debe al mismo Jesús -su mision y su doctrina, asegura (Gal., I, 11 y sig.) que despues de -su conversion evitó tomar consejo de ninguno[49] y de presentarse en -Jerusalem á los que eran Apóstoles antes que él; que fué á predicar al -Haurán por su propia voluntad y sin encargo de nadie; que es cierto que -tres años más tarde hizo un viaje á Jerusalem para conocer á Céfas con -quien permaneció quince dias, pero que no vió á ningun Apóstol como -no fuera á Jacobo, hermano del Señor, y que esto es tan cierto que su -semblante no era conocido en las iglesias de Judea. El esfuerzo que -se hace para dulcificar el estilo brusco del rudo Apóstol, á fin de -presentarle como colaborador de los Doce, trabajando de concierto con -ellos en Jerusalem, aparece aquí de una manera evidente. En efecto, se -quiere que Jerusalem sea su capital y punto de partida, que su doctrina -sea tan idéntica á la de los Apóstoles, que haya podido reemplazarla -ó sustituirla con la de aquellos en la predicacion; se reduce su -primer Apostolado á las sinagogas de Damasco; se quiere que haya sido -discípulo y oyente, lo cual no es cierto;[50] se reduce el tiempo -que trascurrió entre su conversion y su primer viaje á Jerusalem, -se prolonga su permanencia en esta ciudad; se supone que predicó á -satisfaccion de todos; se sostiene que vivió íntimamente con todos los -Apóstoles, aunque él mismo asegura que no ha visto más que á dos, y se -asegura, en fin, que los hermanos de Jerusalem velaban sobre él, siendo -así que Pablo declara que su semblante les era desconocido. - -El deseo de hacer creer que Pablo visitaba continuamente á Jerusalem, -es lo que ha inducido á nuestro autor á prolongar su permanencia en -aquella ciudad despues de su conversion, suponiendo con esto, que hizo -un viaje más. Segun él, Pablo fué con Bernabé á Jerusalem á llevar -la ofrenda de los fieles cuando se experimentó el hambre del año 44 -(Act., XI, 30; XII, 25), pero Pablo declara terminantemente que en -el intervalo que medió entre el viaje que hizo tres años despues de -convertirse, y el que verificó para el asunto de la circuncision, -no fué á Jerusalem (Gal., I y II). En otros términos; Pablo excluye -formalmente todo viaje entre Act., IX, 26 y Act., XV, 2. Si se negara, -contra toda razon, la identidad del viaje que se refiere en Gal., II, -1 y sig., con el de que se da cuenta en Act., XV, 2 y sig., no se -opondria seguramente la menor contradiccion. «Tres años despues de -mi conversion, dice San Pablo, fuí á Jerusalem para conocer á Céfas, -y volví catorce años despues...» Se ha podido dudar si el punto de -partida de esos catorce años es la conversion ó el viaje que tuvo -lugar tres años más tarde: tomemos la primera hipótesis, que es la más -favorable al que defiende la narracion de las _Actas_, y tendremos que -segun San Pablo, trascurrieron lo menos doce años entre su primer y -segundo viaje á Jerusalem, siendo así que no mediaron ni once, segun -lo que dice el Act., IX, 26 y sig., y el Act., XI, 30. Aun cuando se -sostuviera lo contrario, vendriamos á caer en otra imposibilidad: en -efecto, lo que se refiere en el Act., XI, 30, es contemporáneo de la -muerte de Jacobo, hijo del Zebedeo,[51] la cual nos da la única fecha -fija de las _Actas de los Apóstoles_, puesto que precede en muy poco -tiempo á la muerte de Herodes Agrippa I, acaecida en el año 44.[52] -Habiendo hecho Pablo su segundo viaje lo menos catorce años despues -de su conversion, y suponiendo que aquel tuvo lugar en el año 44, la -conversion debió ser en el año 30, lo cual es absurdo. Es imposible -pues creer en el viaje á que se refiere _Act._, XI, 30 y XII, 35. - -El autor incurre en una grave inexactitud al dar cuenta de estas idas -y venidas, pues comparando _Act._, XVII, 14-16; XVIII, 5 con _I Tes._, -III, 1-2 se encuentra otra contradiccion, pero como no se relaciona con -puntos dogmáticos, no hablaremos aquí de ella. - -La que es muy principal para el asunto que nos ocupa, lo que arroja un -rayo de luz para la crítica en esta cuestion del valor histórico de las -_Actas_, es la comparacion de los pasajes relativos á la circuncision, -que se encuentran en dicha obra (Cap. XV.) y en la epístola de los -Galatas (Cap. II.). Segun las _Actas_, habiendo llegado á Antioquía -varios hermanos de Judea, los cuales sostuvieron que era necesaria la -circuncision para los paganos convertidos, nombróse una diputacion -compuesta de Pablo, de Bernabé, y otros varios para que pasaran á -Jerusalem á fin de consultar con los Apóstoles y los ancianos sobre -este punto. Una vez llegados allí son recibidos por todo el mundo con -la mayor alegría; reúnese una gran asamblea donde si hay algun parecer -contrario, se pierde entre las efusiones de una caridad recíproca y de -la felicidad de que se sienten todos poseidos al verse juntos; Pedro -enuncia la opinion que se esperaba emitiria Pablo: á saber, que los -paganos convertidos no están sujetos á la ley de Moisés; Jacobo no hace -más que una ligera restriccion;[53] Pablo no habla, y á decir verdad, -no necesita hacerlo, puesto que su doctrina se pone aquí en boca de -Pedro; la opinion de los hermanos de Judea no es apoyada por nadie; y -por último, conforme al parecer de Jacobo, se expide un decreto solemne -el cual se comunica á las iglesias por medio de diputados elegidos al -efecto. - -Comparemos ahora la narracion de Pablo en la epístola á los Galatas: -Pablo quiere que el viaje que hizo aquella vez á Jerusalem sea la -consecuencia de un movimiento espontáneo, y hasta el resultado de una -revelacion. Llegado á dicha ciudad, comunica su Evangelio á quien -corresponde de derecho; celebra conferencias particulares con personas -que parecen ser de consideracion; no se le critica ni se le comunica -nada, y solo se le pide que se acuerde de los pobres de Jerusalem. Si -Tito, que le acompañó, consiente en dejarse circuncidar,[54] es por -consideracion á _falsos hermanos intrusos_, y aunque Pablo les hace -esta concesion pasajera, no se somete á ellos. En cuanto á los hombres -importantes, Pablo no habla de ellos sino con cierto viso de amargura -é ironía, y dice que no le han enseñado nada. Además de esto, habiendo -llegado más tarde Céfas á Antioquía, Pablo _se indispone con él porque -no obra bien_; y en efecto, Céfas comia con todos indistintamente. -Llegan luego emisarios de Jacobo, y Pedro se oculta para no ver á los -incircuncidados. _Viendo que no marchaba por la senda de la verdad -del Evangelio_, Pablo apostrofa á Céfas delante de todo el mundo y le -reprende amargamente su conducta. - -Vemos, pues, cuanta es la diferencia: por una parte, una solemne -concordia, una especie de concilio, un decreto formal expedido por -una autoridad reconocida; y por la otra, arranques de cólera mal -contenida, susceptibilidades extremas, nada que se parezca á un -concilio, y por último, pareceres contrarios que no se convienen -sino para guardar las formas. Inútil es decir qué version merece la -preferencia: la narracion de las _Actas_ es apenas verosímil, puesto -que segun ella, el concilio tiene por objeto ventilar una disputa de -que ya no queda recuerdo una vez terminado aquel; los dos oradores -pronuncian discursos muy contrarios á lo que de ellos podia esperarse, -y por lo tanto, el decreto que se supone expedido por el concilio es -seguramente una ficcion. Si este decreto, cuya redaccion se atribuye -á Jacobo, se hubiera promulgado realmente, ¿á qué venian esos apuros -del bueno y tímido Pedro ante las gentes enviadas por Jacobo? ¿por qué -se ocultaba, puesto que él y los cristianos de Antioquía, cumplian -religiosamente con las disposiciones fijadas por el mismo Jacobo en el -decreto? La cuestion relativa á la circuncision ocurrió hácia el año -51, y vemos que algun tiempo despues, hácia el año 56, la disputa que -debió quedar ventilada en virtud del decreto, es más viva que nunca, -y que la iglesia de Galacia se vé agitada por nuevos emisarios del -partido judío de Jerusalem.[55] Pablo contesta á este nuevo ataque -de sus enemigos con su furibunda epístola: si el decreto á que se -refiere el Act., XV, hubiese existido en realidad, Pablo tenia medio -muy sencillo de terminar el debate, pues le bastaba citarlo, pero vemos -que todo lo que dice supone la no existencia de aquel. En el año 57, -al escribir Pablo á los Corintios, no parece tener conocimiento de tal -decreto, y hasta infringe sus prescripciones por una de las cuales -se manda á todos abstenerse de las carnes inmoladas á los ídolos. -Pablo por el contrario, opina que se pueden comer dichas carnes, si -con ello no se escandaliza nadie, mas que es preciso abstenerse en el -caso contrario.[56] En el año 58, cuando Pablo hizo su último viaje á -Jerusalem, Jacobo se muestra más obstinado que nunca.[57] Uno de los -rasgos característicos de las _Actas_, rasgo que prueba claramente que -el autor se propone menos presentar la verdad histórica ó satisfacer -la lógica, que edificar á los lectores piadosos, es el decir siempre -que la admision de los incircuncidados es cuestion resuelta. Esto no -es verdad sino por lo que toca al bautismo del eunuco y del centurion -Cornelio, ambos milagrosamente ordenados, por la fundacion de la -Iglesia de Antioquía (XI, 19 y sig.) y por el pretendido concilio de -Jerusalem, lo cual no impide que en las últimas páginas del libro -(XXI, 20-21) quede aún la cuestion en suspenso. Á decir verdad, la -cuestion permaneció siempre en ese estado, pues las dos fracciones -del cristianismo naciente no se fusionaron jamás; solamente una de -ellas, la que conservó las prácticas del judaismo, fué infecunda y -se extinguió oscuramente. Tan lejos estuvo Pablo de ser admitido por -todos, que despues de su muerte, una gran parte del cristianismo le -anatematiza[58] y le persigue con sus calumnias. - -En nuestro libro tercero es donde tendremos que tratar en detalle la -cuestion de fondo enlazada con estos curiosos incidentes; solo hemos -querido dar aquí algunos ejemplos de la manera con que el autor de -las _Actas_ entiende la historia, de su sistema de conciliacion y de -sus ideas preconcebidas. ¿Deduciremos de aquí en conclusion que los -primeros capítulos de las _Actas_ carecen de autoridad, como lo piensan -algunos críticos célebres y que la ficcion llega hasta crear toda clase -de personajes, tales como el eunuco y el centurion Cornelio, y hasta el -diácono Estéban y la piadosa Tabitha? Yo no lo creo de ningun modo. Es -probable que el autor de las _Actas_ no haya inventando personajes[59] -pero es un abogado hábil que escribe para probar y que trata de sacar -partido de los hechos de que oyó hablar para demostrar sus tésis -favoritas, que son la legitimidad de la vocacion de los gentiles y la -institucion divina de la gerarquía. Al hacer uso de semejante documento -se debe tener mucha precaucion, pero rechazarlo en absoluto es tan poco -razonable, como fiarse de él ciegamente. Hay algunos párrafos, sin -embargo, aun en esta primera parte, cuyo valor es conocido de todos, y -que constituyen memorias auténticas extractadas por el último redactor. -El capítulo XII, en particular, es muy bueno y procede al parecer de -Juan Márcos. - -Se comprenderá pues en qué apuro nos veriamos si no tuviéramos para -formar esta historia más documentos que un libro tan legendario. -Felizmente poseemos otros, que se refieren, es verdad, directamente -al período que será el objeto de nuestro libro tercero, pero que -arrojan ya sobre este mucha luz. Nos referimos á las Epístolas de -Pablo: la Epístola de los Galatas sobre todo es un verdadero tesoro, -la base de toda la cronología de aquella edad, la llave que lo abre -todo, el testimonio, en fin, que debe bastar á los más escépticos -para creer en la realidad de las cosas que pudieran ponerse en duda. -Á los lectores que me juzguen demasiado atrevido ó demasiado crédulo, -yo les ruego que vuelvan á leer los dos primeros capítulos de este -libro singular, pues son seguramente las dos páginas más importantes -para el estudio del cristianismo naciente. Las Epístolas de San Pablo -tienen en efecto una ventaja sin igual en esta historia, y esta es -su autenticidad absoluta. La crítica más grave no ha puesto jamás en -duda la autenticidad de la epístola á los Galatas, de las dos á los -Corintios y de la dirigida á los Romanos. Las razones que se han tenido -para atacar las dos epístolas á los Tesalonicenses y la epístola á los -Filipenses, no tienen valor alguno. Al principio de nuestro libro -tercero tendremos que discutir las objeciones más especiosas, aunque -poco decisivas, que se han elevado contra la epístola á los Colosenses -y la carta á Filemon; el problema particular que ofrece la epístola á -los Efesios, y las fuertes pruebas en fin que inducen á desechar las -dos epístolas á Timoteo y la dirigida á Tito. La autenticidad de las -epístolas de que haremos uso en este volúmen es indudable, ó cuando -menos las inducciones que sacaremos de las otras son independientes de -la cuestion de saber si se han dictado ó no por San Pablo. - -No es necesario sujetarnos aquí á las reglas de la crítica que hemos -observado para la composicion de esta obra, pues ya lo hicimos en -la introduccion de la _Vida de Jesús_. Los doce primeros capítulos -de las _Actas_, son en efecto un documento análogo á los Evangelios -sinópticos, con el cual es preciso proceder del mismo modo, porque esta -clase de documentos medio históricos y medio legendarios no pueden -tomarse ni como historia ni como leyenda, atendido que todo es falso -en el detalle y no pueden inducirse preciosas verdades. Traducir pura -y simplemente estas narraciones, no es hacer historia, puesto que con -frecuencia se encuentran textos más autorizados que contradicen lo que -se refiere en aquellas, y por consiguiente, aun dado el caso de que no -tuviéramos más que un solo texto, hay motivos para creer que si hubiese -otros resultaria la contradiccion. En la Vida de Jesús, la narracion de -Lucas difiere á cada paso de las de los otros dos Evangelios sinópticos -y la del cuarto: ¿no es por lo tanto probable que si tuviéramos para -las _Actas_ un término de comparacion análogo, encontrariamos en dicha -obra notables diferencias ó faltas en una infinidad de puntos sobre -los cuales no tenemos ahora más testimonio que el suyo? En nuestro -libro tercero, observaremos otras reglas, pues allí vamos á entrar en -plena historia positiva y tendremos entre manos noticias originales á -veces autobiográficas. Cuando San Pablo nos dé él mismo el relato de un -episodio de su vida, que no tenia interés en presentar tal ó cual dia, -claro es que nos bastará copiar sus palabras una á una, segun el método -de Tillemont; pero cuando se trate de un narrador preocupado por un -sistema, que escribe para hacer prevalecer ciertas ideas con ese estilo -infantil de contornos vagos y suaves y marcado colorido, propio tan -solo de la leyenda, el deber del crítico no es sujetarse al texto, sino -tratar de descubrir lo que puede haber en este de verdad sin creerse -jamás seguro de haberla encontrado. Prohibir á la crítica semejantes -interpretaciones seria tan poco razonable como mandar al astrónomo -que no se ocupase sino del aspecto del cielo: ¿no consiste acaso la -astronomía en conseguir que el paralaje formado por la posicion del -observador, llegue á crear una situacion real y verdadera por otra -aparente y engañosa? - -¿Y quién pretenderia que se deben copiar á la letra documentos donde -se encuentran imposibilidades? Los doce primeros capítulos de las -_Actas_ son un tejido de milagros; y una regla absoluta de la crítica, -es no citar en las relaciones históricas hechos milagrosos. Esta no -es la consecuencia de un sistema metafísico; es sencillamente una -observacion. Todos los hechos que se suponen milagrosos y que pueden -estudiarse de cerca, se convierten en ilusion ó en impostura: si se -hubiera probado un solo milagro, no se podrian desechar en masa todos -los de las historias antiguas, porque despues de todo, admitiendo que -un gran número de estos fueran falsos, se podria creer que algunos -son verdaderos. Pero no es así: todos los milagros discutibles se -desvanecen, y en este caso, ¿no estaremos autorizados para deducir de -aquí que los milagros que ocurrieron hace muchos siglos, y sobre los -cuales no hay medio de provocar un debate contradictorio, no son reales -y verdaderos? En otros términos; no hay milagro sino cuando se cree -en él; lo que constituye lo sobrenatural es la fé. El catolicismo que -pretende que no se ha extinguido aún en su seno la fuerza milagrosa, -está sujeto él mismo á la influencia de esta ley: los milagros que -pretende hacer no se ven en los sitios donde debieran ocurrir, y si se -tiene un medio tan sencillo de probarlos ¿por qué no se hace uso de él -á la luz del dia? ¡Un milagro en París, ante sabios competentes pondria -fin á todas las dudas! Pero ¡ay! ¡esto no sucede nunca! Jamás se ha -verificado un milagro ante el público á quien convendria convertir, es -decir, ante los incrédulos. La condicion del milagro es la credulidad -del testigo. No ha ocurrido ningun milagro ante aquellos que podrian -discutirlo y criticarlo, y de esto no hay una excepcion. Ciceron lo -dijo muy bien con su buen criterio y acostumbrada sutileza: «¿Desde -cuándo ha desaparecido esa fuerza secreta? ¿Será acaso desde que los -hombres han llegado á ser menos crédulos?»[60] - -«Pero, se dice, si es imposible probar que haya ocurrido nunca un hecho -sobrenatural, tambien lo es probar que no haya ocurrido; luego el -sabio positivista que niega lo sobrenatural procede, tan gratuitamente -como el creyente que admite.» Esto no es exacto: el que afirma una -proposicion es quien debe probarla; el que la escucha no tiene que -hacer más que esperar la prueba, y ceder si esta es buena. Si hubieran -ido á exigir á Buffon que asignara un lugar en su _Historia natural_ -á las sirenas y á los centauros, Buffon habria respondido: «Mostradme -uno de esos séres y los admitiré; hasta entonces no existirán para -mí.--Pero probadme que no existen.--Probadme á mí lo contrario.» En -la ciencia, corresponde dar la prueba á los que alegan un hecho. -¿Por qué no se cree en los ángeles y en los demonios, siendo así -que innumerables textos históricos suponen su existencia? Porque la -existencia de un ángel ó de un demonio, no se ha probado jamás. - -Para sostener la realidad del milagro, se apela á fenómenos que -se pretende no pueden ocurrir segun el curso de las leyes de la -naturaleza. «La creacion del hombre, dicen, no ha podido llevarse á -cabo sino por una intervencion directa de la Divinidad; ¿por qué no -habia de producirse esa intervencion en los otros momentos decisivos -del desarrollo del universo?» No insistiré sobre la extraña filosofía -y la mezquina idea de la divinidad que razona de tal modo, pues la -historia debe tener su método, independiente de toda filosofía, y sin -entrar para nada en el terreno de la teodicea: fácil es demostrar cuán -defectuosa es semejante argumentacion. Equivale á decir que todo lo -que no sucede en el estado actual del mundo, que todo aquello que no -podemos explicar en el estado actual de la ciencia, es milagroso. De -este modo tendremos que el sol es un milagro, porque la ciencia está -muy lejos de haber explicado el sol; la concepcion de cada hombre es un -milagro, porque la fisiología se calla sobre este punto; la conciencia -es un milagro, porque es un misterio absoluto, y todo animal, en fin, -es un milagro, porque el orígen de la vida es un problema sobre el -cual apenas tenemos dato alguno. Si se responde que toda vida, que -toda alma, es en efecto de un órden superior á la naturaleza, esto -equivale á un juego de palabras. Aun cuando lo admitamos así, preciso -es explicarnos la palabra milagro. ¿Qué es un milagro que ocurre -todos los dias y á todas horas? El milagro no es lo inexplicable; es -una derogacion formal, en nombre de una voluntad particular, á leyes -conocidas. Lo que nosotros negamos es el milagro por excepcion, son -las intervenciones particulares, como la de un relojero que hubiese -hecho un reloj, muy hermoso en verdad, pero al que tendria que tocar -de vez en cuando para suplir la insuficiencia de las ruedas. Que Dios -esté en todas las cosas de una manera permanente, sobre todo en lo -que vive, es precisamente nuestra teoría; nosotros solo decimos que -nunca se ha probado ninguna intervencion particular de una fuerza -sobrenatural, y negaremos la realidad de lo sobrenatural hasta que un -hecho venga á probarnos lo contrario. Buscar este hecho antes de la -creacion del hombre, alejarse de la historia, remontándose á épocas en -que toda comprobacion es imposible para no tener que citar milagros -históricos, es lo mismo que refugiarse detrás de la nube, es probar una -cosa oscura con otra más oscura aún, es establecer una ley conocida, -en virtud de un hecho que no conocemos. Se citan milagros que tuvieron -lugar antes de que existiese ningun testigo para presenciarlos, y no se -habla de uno solo que pueda probarse con buenos testimonios. - -No cabe duda que en épocas remotas han ocurrido en el universo -fenómenos que no se han vuelto á presentar, al menos en la misma -escala, en la actualidad; pero esos fenómenos tuvieron su razon de ser -cuando se manifestaron. En las formaciones geológicas, por ejemplo, -se encuentra un gran número de minerales y piedras preciosas que -segun parece no se producen hoy en la naturaleza; y sin embargo, los -Sres. Mitscherlich, Ebelmen, de Sénarmont y Daubrée, han compuesto -artificialmente la mayor parte de esos minerales y piedras preciosas. -Si es dudoso que se consiga jamás producir artificialmente la vida, -esto consiste en que la reproduccion de las circunstancias en que -aquella comenzó no está al alcance de los medios humanos. ¿Cómo -clasificar un planeta que ha desaparecido hace miles de años? ¿Cómo -verificar un experimento para el cual se necesitan siglos enteros? Hé -aquí lo que se olvida cuando se llama milagros á los fenómenos que han -ocurrido en otro tiempo y que no se verifican ya hoy. La formacion -de la humanidad es seguramente la cosa más absurda y más extraña del -mundo si se la supone súbita é instantánea, pero entra en las analogías -generales (sin dejar de ser misteriosa), si se vé en ella el resultado -de un progreso lento y continuado durante períodos incalculables. No -deben aplicarse á la vida del embrion, las leyes de la vida de la edad -madura; pues el embrion desarrolla unos tras otros todos sus órganos, y -el hombre adulto por el contrario no los crea porque ya no está en la -edad de crearlos; así como el lenguaje no se inventa porque ya no se -puede inventar. ¿Pero á qué seguir á unos adversarios que se salen de -la cuestion? Nosotros pedimos un milagro histórico probado, y se nos -contesta que este debió ocurrir antes de la historia. Ciertamente que -si hubiera que probar que son necesarias las creencias sobrenaturales -para ciertos estados del alma, bastaria, para hacerlo, el hecho de que -espíritus dotados en todas las demás cosas de cierta penetracion, han -fundado el edificio de su fé en un argumento tan desesperado. - -Hay otros, que abandonando el milagro del órden físico, se parapetan -en el milagro del órden moral, sin el cual pretenden que no pueden -explicarse estos acontecimientos. No cabe duda que la formacion del -cristianismo es el hecho más grande de la historia religiosa del -mundo, mas no por esto es un milagro. El budismo y el babismo han -tenido mártires tan numerosos, tan exaltados, tan resignados, como los -tuvo el cristianismo. Los milagros de la fundacion del islamismo son de -una naturaleza muy distinta, y confieso que no me conmueven, pero es -preciso observar, sin embargo, que al hablar los doctores musulmanes -del establecimiento de aquel, de su difusion como por un rastro de -fuego, de sus rápidas conquistas y de la fuerza que le da en todas -partes un reinado tan absoluto, hacen los mismos razonamientos que -los apologistas cristianos sobre el establecimiento del cristianismo. -Concedamos si se quiere que la fundacion de este sea un hecho único: -tambien lo es en absoluto el helenismo, si se entiende por esta -palabra el ideal de la perfeccion en la literatura, en el arte, en la -filosofía, ideal que la Grecia ha realizado. El arte griego sobrepuja -á todos los demás artes, así como el cristianismo sobresale sobre -todas las demás religiones, y el Acropolis de Atenas, coleccion de -obras maestras, al lado de las cuales todas las demás no son sino una -imitacion más ó menos perfecta, es acaso el que mejor puede someterse -á la comparacion. En otras palabras: el helenismo es un prodigio de -belleza, así como el cristianismo es un prodigio de santidad. - -Espero que un intervalo de dos años y medio trascurridos desde la -publicacion de la _vida de Jesús_, inducirá á ciertos lectores á -ocuparse de estos problemas con más calma. - -La controversia religiosa es siempre de mala ley sin quererlo y sin -saberlo: no se trata de discutirla con independencia, de buscar con -ansiedad; se trata de defender una doctrina establecida, de probar -que el disidente es un ignorante ó un hombre de mala fé. Calumnias, -contrasentidos, ideas y textos falsos, razonamientos triunfantes sobre -cosas que el adversario no ha dicho, gritos de victoria por errores -que no se han cometido; nada de esto es ilegal para aquel que cree -tener en sus manos los intereses de la verdad absoluta. Preciso era que -yo hubiese conocido poco la historia para no esperar semejante cosa, -pero tengo suficiente sangre fria para no disgustarme por esto y una -aficion bastante decidida á las cosas de la fé, para que me sea dable -apreciar debidamente lo que hay á veces de sensible en el sentimiento -que pueda inspirar á mis detractores. Con mucha frecuencia, al ver -tanta ingenuidad, tan piadosa firmeza; al comprender cuanta cólera -rebosa en esas hermosas y buenas almas, he dicho como Juan Huss, al ver -una anciana que sudaba para llevar un madero á su leñera: _¡O sancta -simplicitas!_ Segun la hermosa frase de la Escritura, «Dios no está en -la tormenta.» ¡Ah! sin duda; si todas estas tribulaciones ayudasen á -descubrir la verdad, podria uno consolarse al menos; pero no es así; la -verdad no se ha hecho para el hombre apasionado; se reserva para los -espíritus que buscan con imparcialidad, sin una opinion persistente, -sin un sentimiento de ódio, con una libertad absoluta y sin una -segunda intencion. Estos problemas no son sino una de las innumerables -cuestiones que se suscitan en el mundo y que los curiosos examinan: -no se ofende á nadie enunciando una opinion teórica; los que profesan -una fé y la guardan como un tesoro, tienen un medio muy sencillo de -defenderla, y este consiste en no hacer aprecio de las obras escritas -en un sentido que difiere de sus opiniones. Lo mejor que pueden hacer -los tímidos es no leerlas. - -Hay personas prácticas, que tratándose de una obra científica, -preguntan qué objeto político se ha propuesto el autor, y quieren que -una obra de poesía encierre una leccion de moral. Esas personas no -admiten que escriba más que para una propaganda: la idea del arte y -de la ciencia, que no aspira sino á encontrar la verdad y á realizar -lo bello, prescindiendo de todo asunto político, es para ellas una -cosa extraña, y por lo tanto, entre nosotros y esas personas, no puede -haber conformidad. «Esas gentes, como decia un filósofo griego, toman -con la mano izquierda lo que les damos con la derecha.» Ya he recibido -una porcion de cartas, dictadas por un sentimiento de honradez, cuyo -contenido puede resumirse en estas palabras: «¿Qué habeis querido? -¿Qué objeto os habeis propuesto?» ¡Dios mio! el mismo que uno se -propone al escribir cualquiera historia. Si yo dispusiera de varias -vidas, emplearia una en escribir una historia de Alejandro, otra -en escribir una historia de Atenas, y una tercera en escribir, ya -una historia de la Revolucion francesa, ya una historia de la órden -de San Francisco. ¿Y qué objeto me propondria yo al escribir esas -obras? Uno solo: hallar la verdad y darle vida; trabajar para que -los grandes acontecimientos del pasado sean conocidos con la mayor -exactitud posible y expuestos de una manera digna. Lejos de mí la idea -de combatir la fé que cada uno profesa: estas obras deben componerse -con una indiferencia suprema; como si se escribiese para un planeta -desierto. Toda concesion á los escrúpulos de un órden inferior, -constituyen una falta al culto del arte y de la verdad. ¿Quién no vé -que la ausencia del proselitismo es la cualidad y el defecto de las -obras compuestas bajo semejante espíritu? - -El primer principio de la escuela crítica en efecto, es que cada uno -admita en materia de fé lo que necesita admitir, y establezca sus -creencias segun su propia opinion. ¿Cómo nos atreveriamos nosotros -á intervenir en lo que depende de circunstancias contra las cuales -nadie puede hacer nada? Si alguno se adhiere á nuestros principios -será porque tiene suficiente talento y educacion para hacerlo, y á -fé que todos nuestros esfuerzos no podrian dar ni la una ni el otro -al que no posea esas cualidades. La filosofía difiere de la fé, en -que esta obra por sí misma, independientemente del conocimiento que -se tiene de los dogmas. Nosotros por el contrario creemos, que una -verdad no tiene valor sino cuando uno la descubre por sí mismo; cuando -se vé todo el órden de ideas que con ella se enlaza: nosotros no nos -creemos obligados á no emitir las opiniones que no estén de acuerdo -con la creencia de una porcion de nuestros semejantes; nosotros no nos -sacrificamos á las exigencias de las diversas ortodoxias, y lejos -en fin de atacarlas ó provocarlas, procedemos como si no existiesen. -En cuanto á mí, el dia que comprendiese que se habia hecho el menor -esfuerzo para inducir á cualquiera á que participase de mis ideas, -tendria un gran sentimiento; y me pareceria, ó que mi espíritu se -hallaba turbado al escribir este libro, ó que pesaba sobre mí alguna -cosa que me impedia regocijarme ante la alegre contemplacion del -universo. - -¿Quién no vé por otra parte, que si mi objeto fuese hacer la guerra á -los cultos establecidos, deberia proceder de otro modo, limitándome -únicamente á demostrar las imposibilidades y las contradicciones de -los textos y de los dogmas que se tienen por sagrados? Esta penosa -tarea se ha hecho mil veces y se ha hecho muy bien. En 1856[61] -escribia ya lo que sigue: - - «Protesto para siempre contra la falsa interpretacion que se dé á - mis trabajos, si se consideran como obras de polémica los diversos - ensayos que he publicado, ó que pudiera publicar en lo sucesivo, - sobre la historia de las religiones. Soy el primero en reconocer que - tomados como obras de polémica, esos ensayos serian muy pobres, pues - la polémica exige una estratégia á la que soy completamente extraño, - porque es preciso saber elegir el lado débil de sus adversarios, no - tocar jamás las cuestiones inciertas, y abstenerse de toda concesion, - es decir, renunciar á lo que constituye la esencia misma del espíritu - científico. Ese no es mi método: la cuestion fundamental sobre - la que debe girar la discusion religiosa, es decir, la cuestion - de la revelacion y de lo natural, yo no la toco nunca; no porque - esta cuestion no se haya resuelto por mí con entera certeza, sino - porque la discusion de ella no es científica, ó mejor dicho, porque - la ciencia independiente la supone resuelta con anterioridad. Á - no dudarlo, si yo me propusiese entablar una polémica sobre un - punto cualquiera, incurriria en un defecto capital al trasladar al - terreno de los problemas delicados y oscuros una cuestion que se - puede discutir con más claridad en los términos vulgares que para - ello emplean por lo general los amantes de la controversia y los - apologistas. Aun cuando conozca cuantas son las ventajas que al decir - esto concedo á mis enemigos, me complazco en darlas si con ello - consigo convencer á los teólogos que mis escritos tienen un carácter - muy distinto de los suyos, y que no se debe ver en ellos sino puras - investigaciones de erudicion, atacables como tales, y en las que se - trata de aplicar á la religion judía y á la religion cristiana los - principios de crítica que se siguen en los demás ramos de la historia - y de la filología. En cuanto á la discusion de las cuestiones - puramente teológicas, no tomaré en ella parte alguna, siguiendo en - esto el ejemplo de los Sres. Burnouf, Creuzer, Guigniaut y otros - tantos historiadores críticos de las religiones de la antigüedad, que - no se han creido obligados á encargarse de la refutacion ó apología - de los cultos de que se ocupaban. La historia de la humanidad es - para mí un vasto conjunto donde todo es esencialmente desigual y - diverso, pero donde todo es del mismo órden: sale de las mismas - causas y obedece á las mismas leyes. Estas son las que yo busco sin - más objeto que descubrir cuando menos la aproximacion de la verdad. - Nada me hará dejar mi papel oscuro, aunque útil para la ciencia, por - el de controversista, cargo fácil de desempeñar, porque asegura al - escritor el apoyo de las personas que creen deber oponer la guerra á - la guerra. En esta polémica, cuya necesidad no trataré de negar, pero - que no está ni en mis gustos ni en mis principios, basta Voltaire. - No se puede ser á la vez buen controversista y buen historiador; - Voltaire, tan débil como erudito, Voltaire, que nos parece tan poco - iniciado en la escuela de la antigüedad á nosotros que observamos - un método mejor, Voltaire alcanzaria siempre la victoria sobre - adversarios que se juzgaran tan fuertes como él. Seria necesaria una - nueva edicion de las obras de aquel grande hombre para satisfacer la - necesidad del momento y contestar á los ataques de la teología de - la manera conveniente á la que se trata de discutir. Pero hagamos - una cosa mejor, nosotros que somos tan amantes de lo verdadero como - de satisfacer la curiosidad, dejemos estos debates á los que se - complacen en ellos; trabajemos para ese pequeño número que marcha - por la gran senda del espíritu humano. Ya sé que la popularidad se - inclina en favor de los escritores que en vez de seguir la forma más - elevada de la verdad, se consagran á luchar contra las opiniones de - su tiempo, pero en justa compensacion, aquellos quedan oscurecidos - cuando la opinion que combatieron deja de existir. Los que han - refutado la mágia y la astrología en los siglos XVI y XVII, han - prestado un servicio inmenso á la razon; y sin embargo, sus escritos - son desconocidos hoy; su victoria misma es causa de que se les haya - olvidado.» - -Yo me atendré invariablemente á esta regla de conducta, la única -conforme con la dignidad del sabio. Yo sé que las investigaciones de -la historia religiosa se ponen en contacto con ciertas cuestiones que -parecen exigir una solucion; las personas poco familiarizadas con la -libre especulacion no comprenden la calma y lentitud del pensamiento; -los hombres prácticos se impacientan contra la ciencia que no satisface -pronto sus deseos. No nos dejemos dominar por esa inútil impaciencia; -guardémonos bien de fundar nada; permanezcamos en nuestras iglesias -respectivas aprovechándonos de su culto secular y de su tradicion de -virtud, tomando parte en sus buenas obras y disfrutando de la poesía -de su pasado. No rechacemos sino su intolerancia, mas sin dejar de -perdonarla, porque es, como el egoismo, una necesidad de la naturaleza -humana. Suponer que se pueden fundar en lo sucesivo nuevas familias -religiosas ó que la proporcion de las que existen hoy cambie mucho, -es ir contra las apariencias: el catolicismo se verá bien pronto -minado por grandes cismas; los tiempos de Avignon, de los antipapas, -de los clementes y de los urbanos van á volver; la Iglesia católica -podrá reconstruir su siglo XIV, mas á pesar de sus divisiones, siempre -será la Iglesia católica. Es probable que dentro de cien años no haya -variado sensiblemente la relacion entre el número de protestantes, -de católicos y de judíos, pero se habrá verificado un gran cambio, -sensible á la vista de todos; cada una de esas familias religiosas -tendrá dos clases de fieles, los unos creyentes absolutos como en la -Edad media, los otros que prescindirán de la letra para no fijarse -sino en el espíritu. Este segundo grupo, se irá aumentando poco á -poco, y atendido á que el espíritu enlaza tanto como la letra divide, -los espiritualistas de cada comunion irán reuniéndose insensiblemente -sin intentarlo siquiera. El fanatismo se perderá en una tolerancia -general; el dogma llegará á ser un arca misteriosa que convendrá no -abrir jamás si bien esto no seria necesario estando aquella vacía. Yo -temo que solo una religion resistirá á este movimiento dogmático; me -refiero al islamismo. Entre algunos musulmanes y hombres eminentes de -Constantinopla, se conserva la escuela antigua, y en Persia sobre todo, -se encuentran gérmenes de un espíritu conciliador, pero si estos se -ven ahogados por el fanatismo de los Ulemas, el islamismo perecerá, y -para creerlo así, tenemos dos razones evidentes; la primera es que la -civilizacion moderna no desea que los antiguos cultos mueran del todo; -la segunda es que no tolerará que entorpezcan su marcha las antiguas -instituciones religiosas. Á estas no les queda más recurso sino ceder ó -morir. - -En cuanto á la religion pura, que pretende precisamente no ser una -secta ni una iglesia aparte, ¿por qué se ha de colocar en una posicion -que puede ofrecerle muchos inconvenientes y ninguna ventaja? ¿Por qué -ha de enarbolar bandera contra bandera, sabiendo que la salvacion -es posible á todos y por todas partes, y que depende del grado de -virtud de cada uno? No es extraño que el protestantismo provocara una -encarnizada guerra en el siglo XVI: el protestantismo partia de una fé -muy absoluta, y lejos de debilitar el dogmatismo, la reforma señaló -un renacimiento del espíritu cristiano, el más rígido que pudiera -conocerse. El movimiento del siglo XIX, por el contrario, parte de -un sentimiento que es la inversa del dogmatismo, y conducirá, no á -formar sectas ó iglesias separadas, sino á dulcificar aquellas. Las -divisiones aumentan el fanatismo de la ortodoxia provocando reacciones: -los Luteros y los Calvinos produjeron los Caraffa; los Ghislieri dieron -ejemplo á los Loyolas y á Felipe II. Si nuestra iglesia nos rechaza, no -hagamos recriminaciones; sepamos apreciar la dulzura de las costumbres -modernas que ha hecho impotentes esos ódios; consolémonos al pensar -en esa iglesia invisible que encierra los santos excomulgados, las -más hermosas almas de cada siglo. Los desterrados de una iglesia, son -siempre los elegidos porque se anticipan á los tiempos; el hereje de -hoy es el ortodoxo del porvenir. ¿Y qué es por otra parte la excomunion -de los hombres? El Padre celestial no excomulga más que á los corazones -duros y mezquinos: si el sacerdote rehusa admitirnos en su cementerio, -prohibamos á nuestras familias reclamar; Dios es quien juzga; la tierra -es una buena madre que no establece diferencias; el cadáver del hombre -honrado que se entierra en un rincon no bendecido, lleva la bendicion -consigo. - -Á no dudarlo hay situaciones en que es difícil la aplicacion de estos -principios: hay personas adictas en cierto modo á la fé absoluta, y al -decir esto, quiero hablar de los hombres sujetos á las órdenes sagradas -ó revestidos de un órden sacerdotal, pero aun en este caso, un alma -noble y hermosa puede salir de apuro. Si un digno cura de aldea llega á -comprender, merced á sus estudios solitarios ó á la pureza de su vida, -las imposibilidades del dogmatismo literal ¿por qué ha de contristar á -los que ha consolado hasta entonces, explicando á las gentes sencillas -cambios que estas no pueden comprender? ¡No quiera Dios que así -suceda! No hay dos hombres en el mundo que tengan precisamente los -mismos deberes que cumplir. El buen obispo Colenso dió una prueba de -honradez, sin ejemplo en la iglesia, al escribir sus dudas tan pronto -como le ocurrieron; pero el humilde sacerdote católico que se halla en -un país donde predomina un espíritu apocado y tímido, debe callarse. -¡Oh, cuántas tumbas discretas de las que se encuentran al rededor de -las iglesias de un pueblo, ocultan poéticos secretos y angelicales -silencios! - -La teoría no es la práctica: lo ideal debe ser siempre lo ideal; debe -temer contaminarse al contacto de la realidad. No se hacen grandes -cosas sino teniendo ideas estrictamente fijas, pues la capacidad humana -es una cosa limitada; el hombre que no tuviese ninguna preocupacion -seria impotente. Disfrutemos de la libertad de los hijos de Dios, -pero no seamos cómplices de la disminucion de virtud que amenazaria -á nuestras sociedades si el cristianismo llegara á debilitarse. ¿Qué -seriamos sin esto? ¿Quién reemplazaria á esas grandes escuelas tales -como la de San Sulpicio; á ese ministerio de abnegacion de las Hijas -de la Caridad? ¿Cómo no temer la ceguedad del corazon y los males que -invadirian el mundo? Nuestra disidencia con las personas que creen -en las religiones positivas, no es, despues de todo, sino puramente -científica; por el corazon, estamos con ellas; solo tenemos un enemigo -que tambien es el suyo, y al decir esto, me refiero al materialismo -vulgar, á la bajeza del hombre interesado. - -Así pues, ¡paz en el nombre de Dios! Que vivan el uno al lado del -otro los diversos órdenes de la humanidad, no falseando su propio -genio para hacerse concesiones recíprocas, que los debilitarian, sino -apoyándose mútuamente. Nada debe reinar aquí bajo exclusivamente; -ninguna fuerza debe hallarse en estado de suprimir las demás. La -armonía de la humanidad resulta de la libre emision de las notas -más discordantes; que la ortodoxia consiga matar á la ciencia, y ya -sabemos lo que sucederá; el mundo musulman y la España mueren por haber -contribuido harto concienzudamente á la realizacion de este hecho. Si -el mundo se dejara gobernar por el racionalismo, sin consideracion á -las necesidades religiosas del alma, ahí está la experiencia de la -Revolucion francesa para decirnos cuáles serian las consecuencias -de semejante falta. El instinto del arte llevado al último extremo, -pero sin honradez, convirtió á la Italia del renacimiento en un lugar -peligroso. El fastidio, la vanidad y el atraso, son el castigo de -ciertos países protestantes donde, bajo el pretexto del buen sentido -y del espíritu cristiano, se ha suprimido el arte y reducido la -ciencia de una manera mezquina. Lucrecia y Santa Teresa, Aristófanes -y Sócrates, Voltaire y Francisco de Asís, Rafael y Vicente de Paul, -tienen igualmente su razon de ser, y la humanidad seria defectuosa si -faltara uno solo de los elementos que la componen. - - - - -LOS APÓSTOLES. - -CAPÍTULO I. - -Formacion de las creencias relativas á la resurreccion de Jesús. -- Las -apariciones de Jerusalem. - - -[Marginal: Año 33] - -Aunque Jesús hablaba continuamente de resurreccion y nueva vida, no -habia dicho nunca claramente que resucitaria en su carne[62]. Durante -las primeras horas que siguieron á su muerte, sus discípulos no sabian -á qué atenerse fijamente sobre este punto, pero segun la opinion que -ingénuamente emitieron, suponian que todo estaba acabado. Lloran y -entierran á su amigo, si no como á un muerto vulgar, al menos como á -una persona cuya pérdida es irreparable[63]; están tristes y abatidos; -pierden la esperanza que tenian de que su maestro redimiese á Israel, -y diríase en fin, que se desvanecia la más querida ilusion de aquellos -hombres. - -Pero el entusiasmo y el amor no conocen las situaciones sin salida: se -burlan de la impostura, y antes que renunciar á la esperanza, violentan -la realidad. Algunas palabras que se recordaba habia dicho el maestro, -sobre todo, aquellas por las cuales predijo su futuro advenimiento, -podian interpretarse en el sentido de que saldria de la tumba,[64] y -semejante creencia era por otra parte tan natural, que la fé de los -discípulos hubiera bastado para confirmarla en todas sus partes. Segun -la opinion general, Enoc y Elías no habian muerto, y ya se empezaba á -creer que los patriarcas y los hombres de primer órden de la antigua -ley, no habian muerto tampoco realmente, y que sus cuerpos se hallaban -en sus sepulcros, en Hebron, vivos y animados.[65] Debia suceder con -Jesús lo que con todos los hombres que han cautivado la atencion de sus -semejantes; acostumbrado el mundo á suponerles virtudes sobrehumanas, -no puede admitir que se hallen sujetos á la ley injusta é inícua de la -muerte comun. En el momento de expirar Mahoma, Omar salió de la tienda -sable en mano y declaró que cortaria la cabeza al que se atreviese -á decir que el profeta ya no existia.[66] La muerte es una cosa tan -absurda cuando hiere al hombre de genio ó de gran corazon, que el -pueblo no cree en la posibilidad de semejante error de la naturaleza. -Los héroes no mueren: ¿no es acaso la verdadera existencia la memoria -que se conserva en el corazon de los que nos aman? Aquel adorado -maestro habia llenado de alegría y de esperanza durante algunos años -al pequeño mundo que se agrupaba á su alrededor. ¿Habria de dejársele -pudrir en su tumba? No; habia vivido demasiado en el recuerdo de sus -oyentes, para que no se afirmase despues de su muerte que vivia aún[67]. - -El dia que siguió al enterramiento de Jesús (sábado, 15 de nisan) -todos se entregaron á estas reflexiones, y nadie trabajó porque era -dia de sábado, pero jamás el descanso pudo ser tan fecundo, pues -el pensamiento cristiano no tuvo que ocuparse aquel dia sino del -maestro depositado en la tumba. Las mujeres, sobre todo, le prodigaban -mentalmente sus más tiernas caricias, sin poder olvidar por un instante -al dulce amigo que reposaba sobre su mirra, despues de haber sido -muerto por los malos. ¡Ah! ¡sin duda los ángeles que le rodeaban, se -cubrian la faz con su sudario! Bien decia él que iba á morir, que -su muerte seria la salvacion del pecador, y que resucitaria en el -reino de su Padre. Sí, él resucitará. ¡Dios no puede permitir que su -hijo sea presa de los infiernos; no consentirá que su hijo vea la -corrupcion![68] ¿Qué importa que le cubra la losa de la tumba? Él la -levantará; él subirá á la diestra de Dios Padre de donde ha bajado; le -volveremos á ver, oiremos su voz deliciosa y su palabra divina, y en -vano le habrán dado muerte. - -La creencia en la inmortalidad del alma, que por la influencia de la -filosofía griega ha llegado á ser un dogma del cristianismo, permite -consolarse fácilmente ante la idea de la muerte, puesto que con la -destruccion del cuerpo, en esta hipótesis, queda el alma en libertad -y no está ya sujeta por los lazos sin los cuales puede existir. -Pero esta teoría, que considera al hombre como un compuesto de dos -sustancias, no era muy clara para los judíos. El reinado de Dios y -el del espíritu, consistia para ellos en una completa transformacion -del mundo y en el aniquilamiento de la muerte.[69] Reconocer que la -muerte podia vencer á Jesús, al que venia á suprimir su imperio, era -el colmo del absurdo: solo la idea de que el maestro pudiera sufrir, -habia indignado á sus discípulos[70], los cuales no pudieron luego -elegir entre la desesperacion ó una afirmacion heróica. Á un hombre -penetrante le hubiera sido dable anunciar desde el sábado que Jesús -resucitaria, y en efecto, la pequeña sociedad cristiana hizo aquel dia -el verdadero milagro; al resucitar á Jesús en su corazon, por el amor -intenso que le profesaban, resolvió que Jesús no muriera: el amor en -aquellas almas apasionadas fué en verdad más fuerte que la muerte,[71] -y como la cualidad de la pasion es ser comunicativa, encendiendo cual -una antorcha un sentimiento que se le asemeja, y se propaga luego -indefinidamente, Jesús ha resucitado ya bajo cierto punto de vista. -Que un hecho material é insignificante nos permita creer que su -cuerpo no está aquí abajo, y se funda para la eternidad el dogma de la -resurreccion. - -Esto fué precisamente lo que sucedió, en circunstancias, que aunque en -parte oscuras, á causa de la incoherencia de las tradiciones, se pueden -apreciar con un grado suficiente de probabilidad[72]. - -El domingo por la mañana muy temprano, las mujeres galileas, que -el viernes por la noche habian embalsamado apresuradamente el -cuerpo, se dirigieron al sepulcro donde se habia depositado aquel -provisionalmente. Entre aquellas mujeres, iban María Magdalena, María -Cleofas, Salomé, Juana, mujer de Kouza, y otras varias[73], siendo -probable que llegasen cada una por su lado, pues es difícil poner en -duda la tradicion de los tres Evangelios sinópticos, segun la cual -llegaron al sepulcro varias mujeres[74], aunque es cierto, por otra -parte, que en los dos relatos más auténticos[75] que tenemos de la -resurreccion, María Magdalena desempeña por sí sola un papel importante -en aquel momento solemne. Á ella pues, debemos seguir paso á paso, -porque aquel dia, y durante una hora, cargó con todo el peso de la -conciencia cristiana: su testimonio decidió la fé del porvenir. - -Recordemos que el sepulcro donde se habia encerrado el cuerpo de -Jesús, se acababa de abrir en la roca, y estaba situado en un jardin -cerca del lugar de la ejecucion[76] por cuya circunstancia se eligió -con preferencia este sitio en vista de que era sábado[77] y no se -queria infringir la ley que mandaba no trabajar en este dia. El primer -Evangelio, no obstante, añade una circunstancia, y es que el sepulcro -pertenecia á José de Arimatea, pero en general las circunstancias -anecdóticas que nos da el primer Evangelio para el fondo comun de -la tradicion, no tienen valor alguno, sobre todo al tratarse de los -últimos dias de la vida de Jesús[78]. El mismo Evangelio nos dice -tambien que se puso una guardia en el sepulcro[79], pero atendiendo -al silencio que guardan los demás, este dato no tiene visos de -probabilidad.--Recordemos tambien que las tumbas funerarias, eran una -especie de habitaciones bajas, abiertas en una roca inclinada, cortada -verticalmente, y que la puerta, por lo general, se formaba con una -piedra muy grande y pesada que encajaba en un hueco[80]. Estos recintos -no se cerraban con llave ni cerradura; el peso de la piedra era la -única garantía de seguridad contra los ladrones ó profanadores de las -tumbas, y por esto se hacia de modo que fuera necesaria una máquina -para mover la piedra ó los esfuerzos reunidos de varios hombres.--Todas -las tradiciones están conformes en que la piedra se habia colocado en -el orificio del sepulcro el viernes por la noche. - -Ahora bien; cuando llegó María Magdalena el domingo por la mañana, la -piedra no se encontraba en su sitio; hallábase el sepulcro abierto y -el cuerpo ya no estaba allí. María Magdalena aún no tenia una idea muy -clara acerca de la resurreccion; lo que llenaba su alma era un tierno -sentimiento y el deseo de hacer las honras fúnebres á su divino amigo, -y así es que sus primeras impresiones fueron la sorpresa y el dolor. La -desaparicion de aquel cuerpo querido, le arrebataba su último consuelo -y alegría; ¡ya no le tocaria más con sus manos!... ¿Y qué habria sido -de él?... La idea de una profanacion cruzó por su mente, pero al mismo -tiempo, concibió una vaga esperanza. Sin perder momento, corre á una -casa donde se hallaban reunidos Pedro y Juan[81] y les dice: «Se han -llevado el cuerpo del maestro y no sabemos dónde le han puesto.» - -Los dos discípulos se levantan apresuradamente y echan á correr: Juan, -el más jóven, llega primero y se inclina para mirar en el interior del -sepulcro; María tenia razon: el sepulcro estaba vacío, y los lienzos -que sirvieron para amortajar el cuerpo, se hallaban diseminados por -el suelo. Poco despues llega Pedro, entra con su compañero, examina -los lienzos, manchados sin duda de sangre, y observan que el sudario -que rodeara la cabeza de Jesús está tirado en un rincon[82]. Pedro -y Juan se retiran á su casa muy agitados; si no pronuncian aún la -palabra decisiva «ha resucitado,» bien puede decirse que deducian -esta consecuencia y que estaba ya fundado el dogma generador del -cristianismo. - -Cuando Pedro y Juan hubieron salido del jardin, María permaneció -sola al borde del sepulcro llorando amargamente. Un solo pensamiento -la preocupaba: ¿dónde habrian puesto el cuerpo? Su corazon de mujer -solo anhelaba tener una vez más en sus brazos el cadáver querido. De -pronto oye un ligero rumor á su espalda: un hombre está de pié delante -de ella: María cree que es el jardinero y exclama: «¡Oh!, si eres tú -quien se le ha llevado, dime dónde le has puesto para ir á buscarle.» -Por toda respuesta oye que pronuncian su nombre «¡María!» Era la misma -voz que tantas veces la conmoviera: era el acento de Jesús. «¡Oh mi -maestro!» exclama ella tratando de tocarle; pero por un movimiento -instintivo se inclina como para besarle los piés[83]. Entonces la -vision se aparta con ligereza y dice: «¡No me toques!» Poco á poco -desaparece la sombra[84], pero el milagro de amor se ha consumado ya. -Lo que Céfas no habia podido hacer, lo ha hecho María: ha sabido sacar -del sepulcro vacío la vida y la dulce y penetrante palabra de Jesús. Ya -no se trata de deducir consecuencias ni de hacer conjeturas: María ha -visto y ha oido: la resurreccion tiene su primer testigo ocular. - -Loca de amor, embriagada de alegría, entra María en la ciudad y dice á -los primeros discípulos que encuentra[85] «Le he visto; me ha hablado.» -Su agitacion extremada[86], sus frases entrecortadas y sin hilacion, -hicieron creer á algunos que estaba loca[87]. Pedro y Juan por su -parte, cuentan lo que han visto; otros discípulos van al sepulcro -y ven lo mismo[88], y bien pronto todo aquel grupo conviene en que -Jesús ha resucitado. Aún quedaban muchas dudas, pero la seguridad de -María, Pedro y Juan, se comunicó á los demás, y más tarde se llamó á -esto _la vision de San Pedro_[89]. Pablo, particularmente, no habla -de la vision de María y hace recaer en Pedro el honor de la primera -aparicion, pero esto no es exacto, puesto que aquel solo vió el -sepulcro vacío, el lienzo y el sudario. Solo María amó lo bastante para -vencer las leyes de la naturaleza y resucitar el fantasma del maestro. -En esta especie de crísis maravillosas, ver despues de los otros, -no es nada: todo el mérito está en ser el primero, porque los otros -modelan despues la vision segun lo que se les ha dicho. Es condicion -de las organizaciones privilegiadas, concebir la imágen con precision -é inmediatamente, por una especie de intuicion del dibujo. La gloria -de la resurreccion pertenece pues á María Magdalena: despues de Jesús, -María es quien ha hecho más por la fundacion del cristianismo; la -sombra creada por los delicados sentidos de Magdalena se cierne aún -sobre el mundo; reina y patrona de los idealistas, Magdalena ha sabido -mejor que nadie realizar su sueño, é imponer á todos la santa vision -de su alma apasionada. Su firme resolucion al decir: «¡ha resucitado!» -ha sido la base de la fé de la humanidad. ¡Lejos de aquí razonamientos -impotentes! No apliquemos un frio análisis á esa obra maestra del -idealismo y del amor. Si la sabiduría renuncia á consolar á esa pobre -raza humana, dejad á la locura que lo intente. ¿Dónde está el sabio que -ha dado al mundo tanta alegría como la poseida María Magdalena? - -Sin embargo, las demás mujeres que habian ido al sepulcro, circularon -diversos rumores[90]: ellas no habian visto á Jesús[91], pero hablaban -de una figura blanca que divisaron en el sepulcro y que les dijo: -«Ya no está aquí: volved á Galilea, á donde os precederá[92].» Acaso -fueran los lienzos blancos la causa de esta alucinacion; puede ser -tambien que no vieran nada y que no hablasen de su vision sino cuando -María Magdalena hubo referido la suya. En efecto[93] segun uno de los -textos más auténticos, guardaron silencio por algun tiempo, silencio -que se atribuyó despues al terror. Como quiera que sea, estos relatos -iban aumentándose á cada momento y sufrian extrañas transformaciones: -se dijo que la figura blanca era el ángel de Dios; que su vestido -era deslumbrador como la nieve y que su semblante resplandecia como -un relámpago; otros hablaban de dos ángeles, uno de los cuales -apareció á la cabeza del sepulcro y otro á los piés[94], y por último -llegada la noche, muchas personas creian ya acaso que las mujeres -habian visto bajar un ángel del cielo, levantar la piedra, y á Jesús -lanzarse fuera con estrépito[95]. Ellas mismas variaban sin duda sus -declaraciones[96]; sometidas á la influencia de la imaginacion de los -otros, como sucede siempre á las gentes del pueblo, prestábanse á todos -los embellecimientos imaginables y contribuian á crear la naciente -leyenda. Aquel dia, en que reinó la mayor agitacion, puede decirse que -fué decisivo, pues la pequeña sociedad comenzó á dispersarse. Algunos -se habian marchado ya á Galilea, y otros se ocultaron por temor:[97] -la deplorable escena del viernes, el espectáculo desgarrador que -todos presenciaron al ver morir á aquel de quien tanto esperaban, -sin que su Padre fuera á salvarle, bastó para hacer vacilar la fé de -muchos. Las noticias dadas por las mujeres y por Pedro, fueron oidas -con una incredulidad mal disimulada;[98] circulaban rumores á cual -más diversos; las mujeres iban de un punto á otro refiriendo cuentos -extraños, y comenzaban á experimentarse diversos sentimientos. Los -unos lloraban aún el triste acontecimiento de la víspera; mostrábanse -otros triunfantes; todos estaban dispuestos á escuchar los relatos -más extraordinarios; y sin embargo, la desconfianza que inspiraba la -exaltacion de María Magdalena,[99] la poca autoridad que tenian los -asertos de las mujeres y la incoherencia de sus noticias, inspiraban -grandes dudas. Esperábanse nuevas visiones que no podian menos de -presentarse; el estado en que se hallaba la secta era completamente -favorable á la propagacion de los rumores extraños; si toda la pequeña -iglesia hubiese estado reunida, habria sido imposible la creacion -legendaria, pues los que sabian el secreto de la desaparicion del -cuerpo, hubieran protestado probablemente contra el error, si bien la -situacion de los ánimos era lo más á propósito para admitir toda clase -de noticias por inverosímiles que fuesen. - -Las almas en que se produce el éxtasis ó el sentimiento de las -apariencias, tienen el don de contagiar á las demás. La historia -de todas las grandes crísis religiosas, prueba que esta especie de -visiones se comunican:[100] en una reunion de personas que abundan en -las mismas creencias, basta que un individuo de la sociedad afirme ver -ú oir alguna cosa sobrenatural, para que los demás lo oigan y vean -tambien. Cuando entre los protestantes perseguidos circulaba el rumor -de que se habia oido á los ángeles cantar salmos en las ruinas de un -templo acabado de destruir, todos iban y oian el mismo salmo;[101] -en casos de este género, los más exaltados son los que hacen la ley -y regulan el grado de la atmósfera comun. La exaltacion de los unos -se comunica á los otros; nadie quiere quedarse atrás, ni creer que -es menos favorecido que sus compañeros, y los que no ven nada acaban -por creer, ó que son menos inteligentes ó que no se dan cuenta de sus -sensaciones, pero de todos modos se guardan muy bien de confesarlo, -pues turbarian la fiesta, y contristarian á los demás, poniéndose en -mal lugar. Cuando se produce una aparicion en semejantes reuniones, -es por lo tanto regular que todos la vean ó acepten, y aquí debemos -recordar cuál era el grado de instruccion de los discípulos de Jesús. -Ellos creian en los fantasmas;[102] imaginábanse estar rodeados de -milagros, y no participan en nada de la ciencia positiva de la época, -de esa ciencia que solo existia entonces entre algunos pocos hombres, -hijos del país donde habia penetrado la cultura griega. La Palestina -era en este concepto uno de los países más atrasados, pero aún lo era -más la Galilea, y los discípulos de Jesús podian considerarse como -los más ignorantes de todos y á su misma sencillez debieron ser los -elegidos. En semejante sociedad, era extraordinariamente fácil propagar -la creencia en los hechos maravillosos; una vez emitida la opinion de -que habia resucitado Jesús, debieron producirse numerosas visiones, y -se produjeron en efecto. - -El mismo dia del Domingo, á una hora bastante avanzada de la mañana, y -cuando ya habian circulado los relatos de las mujeres, dos discípulos -uno de los cuales se llamaba Cleofas, emprendieron un corto viaje á una -aldea llamada Emmaus,[103] situada á poca distancia de Jerusalem.[104] -Por el camino, hablaban de los últimos acontecimientos, poseidos de -tristeza cuando se les apareció un desconocido preguntándoles la causa -de su afliccion. «¿Has estado tan poco en Jerusalem, le dijeron, que -ignoras lo que acaba de suceder? ¿No has oido hablar de Jesús de -Nazaret, que fué un hombre profeta, poderoso en obras y palabras ante -Dios y el pueblo? ¿Ignoras por ventura de qué modo los sacerdotes y -los grandes le han hecho condenar y crucificar? Nosotros esperábamos -que él redimiria á Israel, y ahora ya hace tres dias que todo está -acabado. Algunas de nuestras mujeres nos han hecho concebir esta mañana -extrañas dudas, pues han ido al sepulcro antes de amanecer y no han -encontrado el cuerpo, si bien afirman haber visto ángeles que les -han dicho que vivia. Algunos de los nuestros fueron tambien luego al -sepulcro y hallaron ser así como las mujeres habian dicho, mas no le -vieron á él». El desconocido era un hombre piadoso, que versado en las -Escrituras citaba á Moisés y á los profetas, y aquellos tres hombres -comenzaron á departir amistosamente. Al aproximarse á Emmaus, y como -quiera que el desconocido se mostrase dispuesto á continuar su marcha, -suplicáronle los discípulos que se quedara á cenar con ellos. Declinaba -el dia y los recuerdos de Cleofas y su compañero iban siendo más -dolorosos, porque aquella hora de la noche era la que les inspiraba más -melancolía. ¡Cuántas veces habian visto en tales momentos al maestro -querido descansar de las tareas del dia y conversar agradablemente con -ellos, hablándoles del fruto de la viña que tomaria con ellos en el -reino de su Padre! El ademan que hacia al cortar el pan y ofrecérselo, -segun la costumbre del jefe de la casa entre los judíos, estaba -profundamente grabado en su memoria; poseidos de una dulce tristeza, -olvidaban al extranjero y no veian más que á Jesús ofreciéndoles el -pan que tenia en la mano. Preocupados con estos recuerdos, no se -aperciben que su compañero, que sin duda estaba de prisa, se habia -marchado, y cuando hubieron vuelto en sí de sus reflexiones se dijeron: -«¿No has experimentado alguna cosa extraña? ¿No recuerdas que nuestro -corazon parecia abrasarse cuando nos hablaba ese desconocido?»--«Y -las profecías que citaba, prueban bien que el Mesías debe padecer -para entrar en su gloria. ¿No le has reconocido tambien al partir el -pan?»--«Sí, nuestros ojos estaban cerrados, y se han abierto ahora que -acaba de desaparecer.» Los dos discípulos se convencieron de que habian -visto á Jesús y volvieron presurosos á Jerusalem. - -El grupo principal de los discípulos se hallaba precisamente reunido -en aquel momento al rededor de Pedro,[105] y era ya muy entrada la -noche. Cada uno comunicaba sus impresiones y lo que habia oido decir, -siendo la creencia general que Jesús habia resucitado. Al entrar -los dos discípulos, se les habló de lo que se llamaba _la vision de -Pedro_,[106] y ellos por su parte contaron lo que les sucediera en -el camino, y como acababan de reconocer al maestro al cortar el pan. -Entonces la imaginacion de todos se sobrescitó vivamente: las puertas -estaban cerradas porque se temia á los judíos, y como las ciudades -Orientales están mudas cual la tumba despues de la puesta del sol, -el silencio era cada vez más profundo en el interior y todos los más -leves rumores que se producian por casualidad, inducian á creer que -iba á realizarse la esperanza de todos. La ilusion crea por lo general -su objeto.[107] Durante un momento de silencio, pasó sin duda entre -los concurrentes un soplo de la brisa, pero en instantes como aquel, -una corriente de aire, una ventana que rechina, un murmullo fortuito, -bastan para fijar la creencia de los pueblos por espacio de varios -siglos. Al mismo tiempo de soplar la brisa, creyéronse oir ciertos -sonidos, y algunos dijeron que acababan de percibir entre aquellos -la palabra _schalom_ «felicidad ó paz», que era la frase que por lo -general empleaba Jesús para indicar su presencia. No cabia duda; -Jesús estaba presente entre la asamblea, aquella era su voz querida, -todos la reconocian[108] con tanta más razon cuanto que el maestro -les habia dicho que siempre que se reunieran en su nombre se hallaria -entre ellos. Quedó pues sentado que el Domingo por la noche, se habia -aparecido Jesús á sus discípulos; algunos aseguraban haber observado -en sus manos y piés la señal de los clavos, y en su costado la herida -de la lanza. Segun una tradicion muy conocida, aquella noche misma fué -cuando sus discípulos percibieron el soplo del Espíritu Santo,[109] -idea que fué generalmente admitida. - -Tales fueron los incidentes de aquel dia en que se fijó la suerte de -la humanidad: la opinion de que Jesús habia resucitado, quedó fundada -irrevocablemente, y la secta que se habia tratado de extinguir dando -muerte al maestro, dejó entonces asegurado un porvenir inmenso. - -Sin embargo, aún quedaban algunas dudas:[110] el apóstol Tomás, que -no asistió á la reunion que tuvo lugar el domingo por la noche, -confesó que envidiaba la suerte de los que habian visto la señal de la -lanzada y de los clavos, y aunque se dice que ocho dias despues quedó -satisfecho,[111] conservó un ligero á la par que dulce resentimiento. -Por una consideracion instintiva de exquisita precision, comprendíase -que el ideal no debe tocarse con las manos ni se le debe sujetar -tampoco á la experiencia. _Noli me tangere_, es la palabra de los -grandes amores. El tacto no es necesario para la fé; la vista, órgano -más puro y noble que la mano, la vista que no mancha nada ni se -mancha tampoco, llegó á ser bien pronto un testigo supérfluo; luego -dominó á todos un sentimiento particular; toda vacilacion pareció una -falta de lealtad y de amor, se tuvo vergüenza de quedarse atrás, y -ninguno, en fin, deseó ya ver. La frase «¡felices los que no han visto -y creen!»[112] se puso en boga; comprendióse que era más generoso -creer sin pruebas, y los verdaderos amigos de corazon no sentian no -haber tenido visiones,[113] así como más tarde San Luis rehusaba ser -testigo de un milagro eucarístico, para no rebajar el mérito de la -fé. En efecto, desde entonces se produjo á porfía una especie de -emulacion que rayaba en delirio: el mérito consistia en creer sin haber -visto; la fé á toda costa, la fé gratuita, la fé que llegaba hasta la -locura, se exaltó como el primero de los dones del alma. El _credo -quia absurdum_ está fundado; la ley de los dogmas cristianos será -una extraña progresion que no se detendrá ante ningun obstáculo; una -especie de sentimiento caballeresco, impedirá que se mire hácia atrás; -los dogmas más queridos de la piedad, aquellos á los cuales se enlazará -más estrechamente, serán los más repugnantes á la razon á causa de esa -idea sublime de que el valor moral de la fé aumenta en proporcion de la -dificultad de creer, y de que no se prueba el amor, admitiendo lo que -es claro y evidente. - -Así pues, los primeros dias fueron como un período de fiebre intensa -durante el cual los fieles, embriagados de alegría, se comunicaban -entre sí sus sueños dejándose dominar por las más exaltadas ideas. -Multiplicábanse las visiones que se producian regularmente durante las -reuniones de la noche:[114] cuando las puertas estaban cerradas, y se -hallaban todos poseidos de su idea fija, el primero que creia oir la -dulce palabra _schalom_ «Salud ó paz,» daba la señal, y entonces todos -escuchaban y oian bien pronto la misma cosa; y era de ver la alegría -de aquellas almas sencillas, que sabian que su maestro se hallaba -entre ellos. Cada uno saboreaba aquel dulce pensamiento, creyéndose -favorecido en particular con algun coloquio; producíanse tambien otras -visiones distintas recordando la de los viajeros de Emmaus, y á la -hora de la cena, se veia á Jesús aparecer, coger el pan, cortarle y -bendecirle, y ofrecerle despues al que favorecia con su vision[115]. -En pocos dias reunióse una coleccion de relatos, muy distintos en los -detalles, pero inspirados todos por un mismo espíritu de amor y fé -absoluta; es un grave error creer que la leyenda necesite mucho tiempo -para formarse; la leyenda se produce á veces en un solo dia. El domingo -por la noche (16 de nisan, 5 de Abril), teníase por una realidad la -resurreccion de Jesús: ocho dias despues la vida que se le suponia -despues de la tumba, se consideraba como un hecho evidente. - - - - -CAPÍTULO II. - -Salida de los discípulos de Jerusalem. -- Segunda vida galilea de Jesús. - - -[Marginal: Año 33] - -El más ardiente deseo de los que han perdido una persona querida, es -ver de nuevo los sitios donde vivieron con ella: este sentimiento -sin duda fué el que indujo á los discípulos algunos dias despues de -la Pascua á volver á Galilea. Desde el momento en que tuvo lugar -el arresto de Jesús, é inmediatamente despues de su muerte, es de -presumir que muchos se encaminaran á las provincias del Norte, mas al -verificarse la resurreccion circuló el rumor de que se le volveria -á ver en Galilea. Algunas de las mujeres que fueron al sepulcro, -volvieron diciendo que el ángel las dijo que Jesús las precederia -en Galilea;[116] otras manifestaron que era el maestro quien habia -mandado que fuesen allí,[117] y no faltó quien creyese recordar que -dijo lo mismo en vida.[118] De todos modos, es lo cierto que al cabo -de algunos dias, acaso despues de terminar completamente las fiestas -de Pascua, los discípulos creyeron recibir la órden de volver á su -patria, y volvieron en efecto.[119] Quizá comenzaban á disminuir las -visiones en Jerusalem; é iba predominando una especie de nostalgia; las -cortas apariciones de Jesús, no eran ya suficientes para compensar el -inmenso vacío que dejara su ausencia, y todos pensaban melancólicamente -en aquel lago y hermosas montañas, donde disfrutaron del reino de -Dios.[120] Las mujeres, sobre todo, querian volver á toda costa al -país donde habian sido tan felices, y aquí es preciso observar que la -órden de marcha procedia especialmente de ellas.[121] Aquella ciudad -odiosa les pesaba; ansiaban ver de nuevo la tierra donde disfrutaban de -continuo de la presencia de aquel á quien amaban, y estaban muy seguras -de encontrarle allí aún. - -La mayor parte de los discípulos marcharon pues llenos de alegría -y esperanza, quizás acompañados de la caravana que conducia á los -pelegrinos de la fiesta de Pascua. No solo esperaban encontrar en -Galilea las visiones, sino ver de continuo al mismo Jesús como sucedia -antes de su muerte. La duda llenaba sus almas: ¿iria acaso el maestro -á restablecer el reino de Israel, á fundar definitivamente el reino -de Dios, y segun se decia, á «revelar su justicia?»[122] Todo era -posible: representábanseles ya los risueños paisajes donde disfrutaban -de su compañía; creian muchos que les habia dado una cita en una -montaña,[123] probablemente la misma en que fijaban sus más dulces -recuerdos, y á no dudarlo nunca hicieron los discípulos un viaje más -alegre, pues todos eran sueños de felicidad en vísperas de realizarse. -¡Iban á ver á Jesús! - -Y le vieron en efecto: apenas entregados á sus pacíficas quimeras, -creyéronse en pleno período Evangélico. Era llegado entonces el mes -de abril: la tierra estaba sembrada de esos anémonas rojos, que son -probablemente esos «lises de los campos,» de los cuales gustábale -á Jesús sacar sus comparaciones. Á cada paso se encontraban sus -parábolas, como enlazadas con los mil accidentes del camino; aquí el -árbol, allí la flor, la semilla de donde sacó su parábola; más lejos, -la colina donde pronunció sus conmovedores discursos, y allá, en fin, -la barca donde enseñó. Aquello era como un hermoso sueño, era la -realizacion de una esperanza perdida; el encanto parecia renacer; el -dulce «reino de Dios» seguia su curso. Aquel aire trasparente, aquellas -mañanas pasadas en la orilla del rio ó en la montaña, aquellas noches -en el lago, guardando las redes, eran otras tantas visiones. Veíanle en -todos los sitios donde habian estado con él; sin duda no era aquella -alegría completa; acaso el lago les pareciese á veces solitario, -pero el verdadero amor se contenta con poca cosa; ¡si tuviéramos el -privilegio de ver todos los años á las personas queridas que hemos -perdido, con el tiempo suficiente para decirles tan solo dos palabras, -puede decirse que no existiria la muerte! - -Tal era el estado del alma de aquella tropa de fieles durante el corto -período en que el cristianismo pareció volver por un momento á su cuna, -á fin de despedirse luego para siempre. Los principales discípulos, -Pedro, Tomás, Natanael, y los hijos de Zebedeo, se volvieron á -encontrar en las orillas del lago donde vivieron en adelante -juntos,[124] trabajando en su antiguo oficio de pescadores en Betsaida -y en Capharnahum. Sin duda estaban con ellos las mujeres galileas, que -eran las que principalmente habian contribuido á esta vuelta, á fin -de satisfacer una necesidad de su corazon. Aquel fué su último acto -en la fundacion del cristianismo. Á partir de este momento, ya no se -las vé aparecer; fieles á su amor no quisieron abandonar el país donde -fueran en otro tiempo tan felices.[125] Bien pronto se las olvidó, y -como el cristianismo galileo no tuvo posteridad, perdióse su recuerdo -completamente en ciertas partes de la tradicion; aquellas pecadoras -convertidas, aquellas verdaderas fundadoras del cristianismo, María -Magdalena, María Cleofas, Juana y Susana, pasaron al estado de santas -retiradas. San Pablo no las conoce.[126] La fé que ellas habian creado -fué causa de que quedasen oscurecidas, y no se les hizo justicia hasta -la edad media; una de ellas, María Magdalena, ocupaba entonces un lugar -principal en el cielo cristiano. - -Parece que las visiones á orillas del lago, habian sido harto -frecuentes: ¿Cómo era posible que sobre aquellas ondas donde habian -tocado á Dios, no volviesen á ver los discípulos á su divino amigo? -Bastaban las más sencillas circunstancias para que se les presentase. -Una vez habian remado toda la noche sin coger un solo pescado, mas de -repente se llenan las redes; aquello fué un milagro. Parecióles que -alguno les habia dicho desde la orilla: «Echad vuestras redes á la -derecha.» Pedro y Juan se miraron, y como este último dijera: «Es el -Señor», el primero, que estaba desnudo, cubrióse apresuradamente con su -túnica y se lanzó al agua para ir á buscar al invisible consejero.[127] -Otras veces, Jesús tomaba parte en las colaciones de sus discípulos: -cierto dia, en que acababan de pescar, sorprendióles encontrar la -lumbre encendida y cerca de ella un pescado y un pedazo de pan; aquello -fué para los discípulos un dulce recuerdo, porque era este alimento el -que Jesús tenia la costumbre de ofrecerles. Despues de comer, quedaron -persuadidos que Jesús se habia sentado entre ellos para ofrecerles -aquel manjar que consideraban ya eucarístico y sagrado.[128] - -Juan y Pedro eran los que sobre todo se veian favorecidos por el -amado fantasma: cierto dia, Pedro, quizás soñando, (¡pero qué digo! -¿No era entonces acaso su vida un sueño perpétuo?), creyó oir á Jesús -preguntarle: «¿Me amas?» La pregunta se repitió tres veces, y Pedro -poseido á la vez de un sentimiento de ternura y tristeza, se imaginó -que respondia: «¡Oh! sí Señor, tú sabes que te amo»; y cada vez decia -la aparicion: «Apacienta á mis ovejas».[129] Otra vez, Pedro confió -á Juan un sueño extraño: habia soñado que se paseaba con el maestro, -seguido á corta distancia por Juan, y que Jesús, hablándole en términos -muy embozados, con los cuales parecia anunciarle la prision ó una -muerte violenta, le repitió varias veces: «Sígueme.» Entonces Pedro, -señalando con el dedo á Juan que le seguia, repuso: «Señor ¿y ese?--Si -yo quiero que se quede aquí hasta que tú vuelvas, replicó Jesús, ¿qué -te importa á tí? Sígueme.» Despues del suplicio de Pedro, Juan recordó -aquel sueño, viendo en él una prediccion de la muerte de su amigo: -refiriólo á sus discípulos, y estos creyeron ver en ello la seguridad -de que su maestro no moriria hasta el advenimiento final de Jesús.[130] - -Aquellos grandes sueños melancólicos, aquellos coloquios con el muerto -querido, interrumpidos de continuo y vueltos á empezar, ocupaban los -dias y los meses. La simpatía de Galilea hácia el Profeta, á quien -los Jerosolimitas habian dado muerte, se despertaba con más fuerza -que nunca: más de quinientas personas se habian agrupado ya alrededor -del recuerdo de Jesús,[131] y á falta del maestro perdido, obedecian -á sus discípulos más autorizados; sobre todo á Pedro. Cierto dia, que -siguiendo á sus jefes espirituales, habian subido los fieles galileos á -una de aquellas montañas donde Jesús acostumbraba á llevarlos creyeron -volverle á ver. Á cierta altura, la luz tiene extraños reflejos, y -la misma ilusion que se produjo entonces para los discípulos más -íntimos,[132] volvió á repetirse de nuevo; la multitud reunida creyó -ver dibujarse en el espacio etéreo el espectro divino, y entonces -todos cayeron de rodillas, la faz contra tierra y le adoraron.[133] -El despejado horizonte de aquellas montañas, inspira la idea de la -inmensidad del mundo, con el deseo de conquistarle: sobre uno de -aquellos picos, segun dicen, Satán mostrando con la mano á Jesús los -reinos de la tierra y toda su gloria, se los ofreció con la condicion -de que se inclinara ante él: pero esta vez fué Jesús quien desde lo -más alto de las elevadas cimas, mostró á sus discípulos toda la tierra -asegurándoles el porvenir. Todos bajaron de la montaña persuadidos de -que el hijo de Dios les habia ordenado convirtiesen al género humano, -prometiendo á la vez estar con ellos hasta la consumacion de los -siglos. Desde entonces, sintiéronse poseidos los fieles, de un ardor -extraño, de un fuego divino, y se consideraban como los misioneros -del mundo, capaces de hacer toda clase de prodigios. Despues de haber -transcurrido veinte y cinco años, San Pablo, vió á varios de los que -habian asistido á tan extraña escena, y sus impresiones eran tan vivas -y fuertes como el primer dia.[134] - -Observando aquella vida en que todos parecian hallarse suspendidos -entre el cielo y la tierra, pasó cerca de un año[135] y el encanto -lejos de disminuir aumentaba, que es propiedad de las cosas santas, -engrandecerse y purificarse siempre. El sentimiento que se tiene -por la pérdida de una persona amada, es mucho más fecundo al cabo -de cierto tiempo que al dia siguiente. Cuanto más tiempo pasa, más -poderoso es dicho sentimiento, pues á la primera tristeza, que en -cierto modo aminora el dolor, sucede una compasion tranquila; la -imágen del difunto se transfigura, se idealiza, llega á ser el alma de -la vida, el principio de toda accion, el orígen de toda alegría, el -oráculo que se consulta, el consuelo, en fin, que se busca en las horas -de abatimiento, en los dias de tribulacion. La muerte, es condicion -principal de toda apoteosis; Jesús, tan amado durante su vida, lo -fué así mucho más despues de exhalar el último aliento, ó más bien, -este fué el principio de su verdadera vida en el seno de la Iglesia, -pues llegó á ser el amigo íntimo, el confidente, el compañero de -viaje, el huésped, en fin, que se sienta á la mesa y se da á conocer -desapareciendo.[136] La falta absoluta de rigor científico en la -imaginacion de los nuevos creyentes, era causa de que no se entablase -discusion alguna sobre la naturaleza de su existencia: cada cual se -le representaba como un ser imposible dotado de un cuerpo sutil, que -atravesaba las paredes, tan pronto visible como invisible, pero siempre -vivo, y algunas veces se pensaba que su cuerpo carecia de materia, que -era una pura sombra en las apariencias.[137] Otras veces, suponíanle -materialidad, y por un ingénuo escrúpulo, y como si la alucinacion -hubiera querido tomar precauciones contra sí misma, se queria que -bebiese y comiese y que se dejara tocar.[138] En este punto, flotaban -las ideas en un completo vacío. - -Apenas nos hemos atrevido hasta aquí á plantear una cuestion espinosa -y de difícil resolucion. En tanto que Jesús resucitaba verdaderamente, -es decir, en el corazon de los que le amaban, mientras se robustecia -la conviccion de los Apóstoles para consolidar la fé del mundo, ¿en -qué punto consumian los gusanos el cuerpo inanimado que se depositó -la noche del sábado en el sepulcro? Siempre se ignorará este detalle, -porque naturalmente, nada pueden decirnos las tradiciones cristianas -sobre este punto. Lo que vivifica es el espíritu; la materia no es -nada[139]; la resurreccion fué el triunfo de la idea sobre la realidad; -una vez fijada la idea sobre la inmortalidad, ¿qué importa el cuerpo? - -Hácia el año 80 ú 85, al recibir el texto actual del primer Evangelio -sus primeras adiciones, los judíos habian fijado ya su idea sobre -este punto[140]. Á juzgar por lo que dijeron, los discípulos habian -robado el cuerpo durante la noche; la conciencia cristiana se alarmó -con tal rumor, y para rechazar semejante objecion, imaginóse la -circunstancia de los guardas y del sello puesto en el sepulcro[141]; -pero como este dato no se encuentra sino en el primer Evangelio -mezclado con leyendas de muy poca autoridad[142] no es de ningun modo -admisible[143]. La explicacion de los judíos sin embargo, aunque -irrefutable, está muy lejos de satisfacer todas las dudas, pues no -se puede admitir que aquellos que con tal conviccion creyeron en la -resurreccion de Jesús, sean los mismos que sustrajeron el cuerpo. Por -poco precisa que fuese la reflexion en semejantes hombres, apenas puede -imaginarse esta ilusion, y conviene recordar que en aquel momento la -pequeña iglesia se hallaba dispersada completamente. Las creencias -nacian aisladamente para reunirse despues como les era posible, y las -contradicciones que se encuentran en los relatos que conservamos acerca -de los incidentes del Domingo por la mañana, prueban que los rumores -se extendieron por conductos muy distintos, y que no hubo interés en -ponerse de acuerdo. Es muy posible que el cuerpo fuese sustraido por -algunos discípulos y trasladado á Galilea[144] en tanto que los otros -permanecian en Jerusalem sin tener conocimiento del hecho; y por otra -parte es de presumir que los discípulos que se llevaron el cuerpo, -no sabiendo lo que se contaba en Jerusalem, quedaron sorprendidos al -tener conocimiento de la creencia en la resurreccion. En este caso -no era probable que protestaran, y aun cuando lo hubiesen hecho nada -importaba, pues tratándose de milagros, toda rectificacion tardía -es inútil[145]. Jamás una dificultad material impide á una idea -desarrollarse y crear las ficciones que necesita[146]: en la reciente -historia del milagro de la Salette se ha demostrado el error hasta la -evidencia[147], lo cual no impide que se haya elevado la basílica y que -la fé crea en aquel. - -Es permitido suponer tambien que la desaparicion del cuerpo de Jesús -fuese obra de los judíos, pues acaso creyeron que con esto evitarian -las escenas tumultuosas que pudieran originarse sobre el cadáver de -un hombre tan popular como Jesús. Acaso quisieron impedir que se le -hicieran pomposos funerales ó que se elevara un monumento á su memoria; -y últimamente, ¿quién sabe si la desaparicion del cadáver no fué obra -del dueño del jardin ó del jardinero[148]? El propietario, á lo que -parece,[149] era extraño á la secta; se escogió aquel sepulcro, por ser -el que estaba más cerca del Gólgota y porque se tenia prisa[150]. Es -probable que no agradándole á dicho propietario que se tomara posesion -de su terreno, hiciese sustraer el cadáver, pero á decir verdad, los -detalles que da el cuarto Evangelio al hablar de los lienzos que se -encontraron en el sepulcro y del sudario doblado cuidadosamente en -un rincon[151], no se convienen con semejante hipótesis. Esta última -circunstancia haria suponer que habia intervenido en ella la mano de -una mujer[152]. Los únicos relatos acerca de la visita de las mujeres -al sepulcro son tan confusos y contradictorios, que nos autorizan -á suponer que encierran una falsa interpretacion. La conciencia -femenina, dominada por la pasion, puede experimentar las más extrañas -alucinaciones, y á veces es cómplice de sus propios sueños[153]. María -Magdalena se habia visto poseida, segun el lenguaje de la época, de -«siete demonios»[154], y al decir esto se comprenderá cuán escasa -era la inteligencia de las mujeres de Oriente, su falta absoluta de -educacion y su ingénua sinceridad. La conviccion exaltada no permite -mudar de parecer, ni admitir otras ideas que las que á uno le dominan. -Corramos un velo sobre estos misterios: en los estados de crísis -religiosa, en que todo se considera como divino, las causas más -pequeñas pueden producir los más grandes efectos. Si fuéramos testigos -de los extraños hechos de que tomaron su orígen todas las obras de la -fé, veriamos circunstancias que no nos parecerian proporcionadas con la -importancia de los resultados, en tanto que otros nos harian sonreir. -Nuestras antiguas catedrales se cuentan entre las cosas más hermosas -del mundo, y no se puede entrar en ellas sin sentirse dominado por la -divinidad; pero esas espléndidas maravillas tienen con frecuencia un -orígen profano. ¿Y qué importa esto en definitiva? Solo debe tenerse -en cuenta el resultado, la fé lo purifica todo. El incidente material -que ha hecho creer en la resurreccion, no ha sido la causa verdadera -de aquella; lo que ha resucitado á Jesús es el amor, y este fué tan -poderoso, que una pequeña casualidad bastó para levantar el edificio -de la fé universal. Si Jesús no hubiera sido tan amado, si la fé en -la resurreccion hubiese tenido menos motivos para fundarse, inútiles -habrian sido esta especie de casualidades. Un grano de arena basta -para que se derrumbe una montaña cuando ha llegado el momento de que -esto suceda. Los más importantes acontecimientos provienen á veces de -causas muy grandes ó muy pequeñas; las primeras son las únicas reales; -las segundas no hacen más que determinar la produccion de un efecto que -estaba preparado mucho tiempo antes. - - - - -CAPÍTULO III. - -Vuelta de los apóstoles á Jerusalem. -- Fin del período de las -apariciones. - - -[Marginal: Año 34] - -Las apariciones, sin embargo, como hijas que eran de un exceso de -entusiasta credulidad, comenzaron á disminuir; las imaginaciones -populares se asemejan á las enfermedades contagiosas; fermentan pronto -y cambian de forma; la actividad de las almas ardientes se inclinaba -ya en otro sentido; lo que se creia oir de boca del divino Resucitado, -era la órden de precederle, predicando su doctrina para convertir al -mundo. Mas, ¿por dónde empezar? Naturalmente por Jerusalem[155]. En -su consecuencia los jefes de la secta resolvieron la vuelta á dicha -ciudad, y como estos viajes se hacian comunmente en caravana, en la -época de las fiestas, es de suponer que la vuelta de que se trata tuvo -lugar por la fiesta de los Tabernáculos, á fines del año 33, ó por la -Pascua del 34. - -De este modo quedó abandonada la Galilea por el cristianismo, y acaso -para siempre, pues si bien es probable que la pequeña sociedad que -quedó allí se conservara aún algun tiempo, no se vuelve á oir hablar de -ella, y á no dudarlo, fué destruida, como todo lo demás, al ocurrir el -espantoso desastre que sufrió el país cuando la guerra de Vespasiano. -Los restos de la dispersa comunidad se refugiaron más allá del Jordan. -Despues de la guerra, no dominó pues en Galilea el cristianismo, sino -el judaismo; la Galilea era el centro judáico del país de Talmud[156]: -la Galilea no figuró pues sino por espacio de una hora en la historia -del cristianismo, pero fué la hora santa por excelencia, que dió á -la nueva religion lo que necesitaba para ser duradera, es decir, su -poesía, su encanto penetrante. «El Evangelio», así como los sinópticos, -fué una obra galilea, y nosotros trataremos de demostrar luego, que «el -Evangelio», así entendido, ha sido la causa principal del triunfo del -cristianismo y es la más segura garantía de su porvenir. - -Es probable que permaneciera en Jerusalem una fraccion de la pequeña -escuela que rodeaba á Jesús en sus últimos dias, y como en el momento -de la separacion se creia ya en la resurreccion de Jesús, no es -extraño que esta creencia se desarrollase por ambas partes bajo un -aspecto muy distinto, lo cual á no dudarlo dió lugar á las diferencias -que se notaban en el relato de las apariciones. Habíanse formado -dos tradiciones, una Galilea y otra Jerosolimita; segun la primera, -todas las apariciones, excepto las del primer momento, habian tenido -lugar en Galilea, y con arreglo á la segunda, todas se presentaron -en Jerusalem[157]; el acuerdo de las dos fracciones de la pequeña -secta sobre el dogma fundamental, confirmó naturalmente la creencia -humana; todos abrazaron la misma fé; todos repitieron con efusion «¡ha -resucitado!», y quizás la alegría y el entusiasmo produjeron otras -visiones. Puede suponerse que hácia esta época tuvo lugar la vision de -Jacobo, de que habla San Pablo[158]: Jacobo, era hermano, ó al menos -pariente de Jesús, y como no aparece que le haya acompañado durante -su última permanencia en Jerusalem, es probable que se fuera con los -apóstoles cuando estos marcharon de Galilea. Como todos los grandes -apóstoles tuvieron su vision, es difícil que á éste «hermano del -Señor» no se le presentase la suya, que debió ser una de las llamadas -eucarísticas, es decir, aquellas en que se aparecia Jesús cortando y -ofreciendo el pan[159]. Más tarde los grupos de la familia cristiana -que se unieron á Jacobo, y se llamaban los hebreos, supusieron que esta -vision tuvo lugar el dia mismo de la resurreccion, y quisieron que -fuese la primera de todas[160]. - -Es muy notable, en efecto, que la familia de Jesús, algunos de cuyos -miembros fueron durante su vida incrédulos y hostiles á la mision de -aquel[161], forme ahora parte de la iglesia, figurando en el puesto -más elevado. Debe suponerse que la reconciliacion se hizo durante la -permanencia de los apóstoles en Galilea; la celebridad que adquirió -bien pronto el nombre de su pariente, aquellas quinientas personas que -creian en él y aseguraban haberle visto resucitado, son circunstancias -que pudieron causar cierta impresion en el ánimo de los miembros de la -familia del divino Maestro[162]. Desde el establecimiento definitivo -de los apóstoles en Jerusalem, se vé con ellos á María, madre de Jesús -y á los hermanos de éste[163], y por lo que respecta á María, parece -ser que Juan, creyendo obedecer con esto á una recomendacion de su -Maestro, la habia adoptado y llevado consigo[164], siendo probable que -la condujera á Jerusalem. - -Esta mujer, de cuyo carácter y circunstancias no se sabia nada, -desempeña desde entonces un papel importante, y empezaban á ser -conocidas las palabras que el Evangelista pone en boca de una -desconocida: «¡Bendito sea el vientre que te ha llevado y los pechos -que te han alimentado!» Es probable que María sobreviviese pocos años á -su hijo[165]. - -En cuanto á los hermanos de Jesús, la cuestion es aún más oscura: -Jesús tuvo hermanos y hermanas[166], mas parece, no obstante, que -en la clase á que se daba el nombre de «hermanos del Señor» hubo -parientes en segundo grado, si bien esto no es de importancia por lo -que respecta á Jacobo. Este que se titula hermano del Señor, y á quien -vamos á ver figurar en primer término en los treinta primeros años del -cristianismo, ¿era Jacobo hijo de Alfeo, que parece haber sido primo -hermano de Jesús, ó un verdadero hermano de éste? Los datos que tenemos -para aclarar este punto, son tan inciertos como contradictorios, pues -lo que sabemos de Jacobo nos ofrece una imágen tan distinta de la de -Jesús, que se le resiste á uno creer sean tan distintos dos hombres -nacidos de la misma madre. Si Jesús es el verdadero fundador del -cristianismo, Jacobo fué un peligroso enemigo que estuvo á punto de -perderlo todo por su mezquino espíritu; más tarde se creyó ciertamente -que Jacobo el Justo, segun le llamaban, era un verdadero hermano de -Jesús[167], pero es probable que hubiese alguna confusion en este punto. - -Como quiera que sea, los apóstoles no se separaron en lo sucesivo sino -para emprender sus viajes; Jerusalem era su centro[168]; parecian temer -dispersarse, y ciertos hechos revelaban que era su deseo no volver á -Galilea, lo cual acaso hubiera ocasionado la disolucion de la pequeña -sociedad. Se supuso que una órden particular de Jesús les prohibia -abandonar á Jerusalem, al menos hasta que se hiciesen las grandes -manifestaciones que esperaban[169]; las apariciones iban siendo cada -vez más raras; se hablaba mucho menos de ellas, y empezábase á creer -que no se veria ya al Maestro hasta que apareciese solemnemente en las -nubes. El pensamiento de todos se preocupaba con una promesa que se -suponia hecha por Jesús: decíase que durante su vida, el divino Maestro -habia hablado con frecuencia del Espíritu Santo, concebido como una -personificacion de la sabiduría divina[170]; habia prometido á sus -discípulos que este espíritu seria su fuerza en la lucha que iban á -emprender, su inspiracion en las dificultades y su abogado, en fin, -si tuvieran que hablar ante el público. Cuando comenzaron á disminuir -las visiones, fijáronse todos en aquel espíritu considerándole como un -consuelo, como otro Jesús que el maestro enviaria á sus amigos; algunas -veces figurábanse los fieles que apareciendo Jesús repentinamente en -medio de sus discípulos, habia circulado entre ellos una corriente de -aire vivificador[171] salida de su propia boca, y otras se consideraba -la desaparicion del Maestro como precursora de la venida del -espíritu[172] prometida en sus apariciones[173]. Muchos establecian -una union íntima entre esta venida y la redencion de Israel[174]; toda -la actividad mental que la secta desplegara para crear la leyenda de -Jesús resucitado, iba ahora á consagrarse á la formacion de un conjunto -de creencias piadosas sobre la venida del espíritu y sus maravillosos -dones. - -Parece, no obstante, que aún tuvo lugar una gran aparicion de Jesús -en Betania ó en el monte de los Olivos[175], y ciertas tradiciones -aseguran que en aquella dió el Maestro á sus discípulos las últimas -instrucciones y reiteró la promesa de enviar al Espíritu Santo, -revistiéndoles al propio tiempo del poder de redimir los pecados[176]. -Los rasgos característicos de estas apariciones iban siendo cada vez -más vagos; confundíanse los unos con los otros; se acabó por no pensar -mucho en aquellas; y quedó sentado que Jesús estaba vivo[177], que se -habia aparecido suficiente número de veces para probar su existencia, y -que podia aparecerse aún en visiones parciales hasta la gran revelacion -final en que todo quedaria concluido[178]. La vision que tuvo San -Pablo en el camino de Damasco es del mismo género de las que ya hemos -hablado[179]. De todos modos admitíase en un sentido idealista que -el Maestro estaba con sus discípulos y estaria hasta el fin[180]. -En los primeros dias, cuando las apariciones eran muy frecuentes, -considerábase á Jesús como un habitante de la tierra que estaba en ella -continuamente, llenando más ó menos las funciones de la vida terrestre; -pero cuando aquellas disminuyeron, pensóse que Jesús habia entrado en -la gloria para sentarse á la diestra de su Padre, y todos decian: «Ha -subido al cielo.» - -Esta frase se redujo para la mayor parte á una imágen vaga ó de -induccion[181], pero para otros indicaba una escena material. Suponíase -que despues de la última vision, comun á todos los apóstoles, en -la cual les dió sus instrucciones supremas, Jesús habia subido al -cielo[182]; y más tarde se desarrolló la escena, transformándose en -una leyenda completa. Refirióse que ángeles celestiales, rodeados del -aparato de manifestaciones divinas, muy brillantes[183], aparecieron -entre una nube para consolar á los discípulos, asegurándoles que -volverian á verlos; la imaginacion popular, atribuia á la muerte de -Moisés las mismas circunstancias[184], y acaso se recordaba con este -motivo la ascension de Elías[185].--Una tradicion[186] supone que esta -escena tuvo lugar cerca de Betania en la cima del Monte de los Olivos, -sitio que era muy querido de los discípulos sin duda porque Jesús -habitó allí. - -La leyenda asegura que despues de aquella escena maravillosa entraron -los discípulos en Jerusalem «con alegría[187];» pero nosotros daremos -á Jesús el último adios poseidos de tristeza, y á fé que volver á -encontrarle vivo, aunque vagando como una sombra, nos sirve de gran -consuelo. ¡Esa segunda vida de Jesús, imágen pálida de la primera, -está aún llena de encanto, por más que se haya perdido su perfume en -el espacio y que al elevarse en la nube para sentarse á la diestra de -su Padre, nos haya dejado aquí entre los hombres! ¡El reinado de la -poesía ha concluido; María Magdalena vive retirada con sus recuerdos, -y por esa eterna injusticia por la que el hombre se apropia él solo la -obra en que la mujer tuvo tanta parte como él, Céfas la eclipsa y es -causa de que la olviden! No más sermones en la montaña, no más poseidas -curadas, no más cortesanas arrepentidas, no más mujeres extrañas á la -obra de redencion, pero que Jesús no rechazó. El Dios ha desaparecido -verdaderamente; la historia de la Iglesia será con frecuencia en -lo sucesivo la historia de las traiciones de que fué víctima Jesús; -pero tal como es, esta historia puede considerarse como un himno á -su gloria; las palabras y la imágen del ilustre Nazareno, vivirán en -medio de las miserias infinitas como un ideal sublime, y se comprenderá -mejor cuán grande fué; cuando se haya visto cuán pequeños eran sus -discípulos. - - - - -CAPÍTULO IV. - -Bajada del Espíritu Santo. -- Fenómenos extáticos y proféticos. - - -[Marginal: Año 34] - -Los discípulos de Jesús eran en efecto pequeños, mezquinos, ignorantes -é inespertos en alto grado; su sencillez de espíritu era extremada; su -credulidad no reconocia límites, pero tenian una cualidad buena: amaban -con delirio á su Maestro. El recuerdo de Jesús habia pasado á ser el -único móvil de su vida, una preocupacion perpétua, y era indudable que -solo pensaban en el que tanto habian querido y que de tal modo les -habia cautivado durante dos ó tres años. Para las almas vulgares que no -pueden amar á Dios directamente, esto es, hallar lo verdadero, crear -lo bello y hacer el bien por sí mismas, su salvacion consiste en amar -á alguien en quien se refleje lo verdadero, lo bello y el bien. La -mayoría de los hombres necesita dos cultos distintos. La multitud de -adoradores busca siempre un intermediario entre ellos y Dios. - -Cuando muere una persona que ha logrado reunir á su alrededor á varias -otras por un lazo moral elevado, sucede, casi generalmente, que los -que la sobreviven aunque hayan estado divididos por rivalidades y -resentimientos, se profesan más amistad que antes. Mil queridas -imágenes del pasado que echan de menos, forman entre ellos una especie -de tesoro comun. Es una manera de manifestar su cariño al muerto, el -querer á los que se han conocido por él, y procurar encontrarse juntos -para recordar los tiempos dichosos que ya no existen. En este caso se -confirma la verdad de las profundas palabras de Jesús[188] cuando dijo -que el muerto está presente entre los que se han reunido en memoria -suya. - -El afecto que los discípulos se tenian en vida de Jesús se multiplicó, -por decirlo así, despues de su muerte. Formaban una pequeña sociedad -muy retraida y vivian completamente aislados. En Jerusalem contábanse -ciento veinte[189]. Su piedad era grande y guardaba las formas de la -piedad judía. El Templo era el lugar preferido para consagrarse á sus -devociones[190]. Cierto es que trabajaban para vivir; pero el trabajo -manual, en la sociedad judía de entonces, ocupaba muy poco. Cada cual -tenia un oficio, lo que era obstáculo para ser un hombre instruido ó -bien educado. En nuestros dias, las necesidades materiales son tan -difíciles de satisfacer, que el que vive de sus manos ha de trabajar -doce ó quince horas diarias. Únicamente el hombre acomodado puede -ocuparse de las cuestiones del alma, porque la adquisicion de la -instruccion es rara y cara; pero en aquellas antiguas sociedades, de -las que el Oriente de nuestra época nos da todavía una idea, en donde -la naturaleza es tan pródiga para el hombre y tan poco exigente, la -vida de trabajador dejaba mucho tiempo libre. Cierta instruccion comun -ponia á todo el mundo al corriente de las ideas de aquel tiempo. Solo -debia atenderse al alimento y á vestirse[191], lo cual se proporcionaba -cada uno con pocas horas de trabajo, y así es que los hombres podian -dedicarse á la meditacion. Las pasiones habian alcanzado en aquellas -almas un grado de energía para nosotros inconcebible. Los judíos de -entonces[192] nos parecen unos verdaderos poseidos, obedeciendo cada -cual ciegamente á la idea que se habia apoderado de él. - -La idea dominante, en la comunidad cristiana, en el momento de que -hablamos y en que las apariciones habian cesado, era la venida -del Espíritu Santo. Creian recibirlo bajo la forma de un soplo -misterioso que pasaba sobre la concurrencia. Muchos eran los que -creian que era el aliento mismo de Jesús[193]. Todo consuelo interior, -cualquier movimiento de valor, todo impulso de entusiasmo ó el menor -sentimiento de alegría viva y dulce que se experimentase sin saber -de dónde procedia, era considerado como obra del Espíritu. Aquellas -buenas conciencias atribuian, como siempre, á una causa exterior los -delicados sentimientos que nacian en ellas. Estos extraños fenómenos de -iluminismo se presentaban más especialmente en las asambleas. Cuando -todos se hallaban reunidos aguardando en silencio la inspiracion de lo -alto, un murmullo ó cualquier ruido les hacia creer en la venida del -Espíritu. Así era como se producian las apariciones de Jesús durante -los primeros tiempos; mas luego cambió el curso de las ideas. Era el -soplo divino que se esparcia sobre la pequeña Iglesia y la llenaba de -emanaciones celestes. - -Estas creencias procedian de las concepciones sacadas del Antiguo -Testamento. Los libros hebreos suponen que el espíritu profético es un -soplo que penetra en el hombre y le exalta. En la hermosa vision de -Elías[194], Dios pasa bajo la figura de un viento ligero que produce un -zumbido apenas percibible. Estas antiguas imágenes habian originado, en -las primeras épocas, creencias muy análogas á las de los espiritistas -de nuestros dias. En la _Ascension de Isaías_[195] la venida del -Espíritu se anuncia por cierta frotacion en las puertas[196]. Sin -embargo, la mayor parte de las veces se concebia esta venida como -otro bautismo, á saber «el bautismo del Espíritu» superior en mucho -al de Juan[197]. Siendo muy frecuentes las alucinaciones del tacto -en sujetos tan nerviosos y exaltados, la menor corriente de aire, -acompañada de un estremecimiento en medio del silencio, era atribuido -á la presencia del Espíritu. Creia uno sentir, y al momento sentian -todos,[198] comunicándose el entusiasmo de uno á otro. Estos fenómenos -guardan la más completa analogía con los que han experimentado los -visionarios de todas épocas. Se presentan diariamente, en gran parte -bajo la influencia de la lectura de la obra «_las actas de los -Apóstoles_,» en las sectas inglesas ó americanas de los _quakeros_, -_jumpers_, _shakers_, é irvingianos[199], entre los mormones[200], _los -camp-meetings_ y los _revivals_ de América[201]. Han vuelto á aparecer -entre nosotros en la secta llamada de los «espiritistas;» pero debe -establecerse una gran diferencia entre aberraciones sin importancia ni -porvenir, y las ilusiones inherentes al establecimiento de un nuevo -código religioso para la humanidad. - -Entre todas aquellas _bajadas del Espíritu_ que se supone fueron -bastante frecuentes, hubo una que hizo una profunda impresion en la -naciente Iglesia.[202] Un dia estalló una tempestad cuando estaban -congregados los hermanos. Un viento muy fuerte abrió las ventanas -y el cielo parecia de fuego. En aquellos países las borrascas van -acompañadas de una cantidad prodigiosa de luz, porque la atmósfera -está continuamente surcada por relámpagos. Sea que el fluido eléctrico -hubiese penetrado en el mismo local, ó que un rayo deslumbrador hubiera -iluminado repentinamente el rostro de todos, lo cierto es que creyeron -que habia entrado el Espíritu y que se habia cernido sobre la cabeza -de todos en forma de lenguas de fuego.[203] Era opinion general en -las escuelas teúrgicas de Siria, que la insinuacion del Espíritu se -verificaba por medio de un fuego divino y bajo la forma de una luz -misteriosa.[204] Creyeron haber asistido á todos los esplendores del -Sinaí,[205] á una manifestacion divina análoga á la de los tiempos -antiguos. El bautismo del Espíritu fué tambien desde entonces un -bautismo de fuego, y este bautismo del Espíritu y del fuego, fué -opuesto y preferido al del agua, el único que Juan habia conocido.[206] -Raras veces se produjo el bautismo del fuego. Solo los apóstoles y los -discípulos del primer cenáculo se vanagloriaron de haberlo recibido; -pero la creencia de que el Espíritu habia bajado sobre ellos en forma -de llamas semejantes á lenguas ardientes, dió orígen á una multitud -de ideas singulares que ocuparon preferentemente las imaginaciones de -aquel tiempo. - -Se suponia que la lengua del hombre inspirado habia recibido una -especie de sacramento; que varios profetas habian sido tartamudos antes -de su mision[207]; que el ángel de Dios habia pasado por sus labios un -carbon que los purificaba y les conferia el don de elocuencia[208] y -que en la predicacion, el hombre no hablaba por sí mismo[209], siendo -considerada su lengua como el órgano de la Divinidad que lo inspiraba. -Esas lenguas de fuego parecieron un símbolo portentoso, creyendo -que Dios habia querido significar con ellas que derramaba sobre los -apóstoles sus dones más preciosos de elocuencia y de inspiracion. No -paró aquí esto. Jerusalem era, como casi todas las grandes ciudades -de Oriente, una poblacion muy poliglota. La diversidad de idiomas -era reputada una de las mayores dificultades que se oponian á una -propaganda de un carácter tan universal, y como una de las cosas -que más arredraba á los apóstoles, al principio de una predicacion -destinada á abarcar el mundo, era el número de lenguas que se hablaban -en él, no atinando en la manera de aprender tantos dialectos, el _don -de las lenguas_ llegó á ser con este motivo un privilegio maravilloso. -Desde aquel momento se consideró la predicacion del Evangelio libre -del obstáculo creado por la diversidad de idiomas, figurándose que -en algunas circunstancias solemnes cada uno de los concurrentes oia -la predicacion apostólica en su propia lengua, ó en otros términos, -que la palabra apostólica se traducia por sí misma á cada uno de los -concurrentes[210]. En otras ocasiones, se concebia esto de un modo algo -diferente. Se atribuia á los apóstoles el don de saber, por infusion -divina, todos los idiomas y de hablarlos cuando querian[211]. - -Habia en ello un pensamiento liberal; querian significar que el -Evangelio no tiene lengua propia, que puede traducirse en todos los -idiomas y que la traduccion vale tanto como el original. No era esta -la creencia del judaismo ortodoxo. El hebreo era para el judío de -Jerusalem la _lengua santa_, y en su opinion ningun idioma podia -comparársele. Las traducciones de la Biblia eran poco apreciadas porque -se permitian en ellas varios cambios y modificaciones, al paso que el -texto hebreo era escrupulosamente conservado. Bien es cierto que los -judíos de Egipto y los helenistas de Palestina practicaban un sistema -más tolerante, puesto que empleaban el griego para la oracion[212] y -acostumbraban á leer las traducciones griegas de la Biblia, pero la -primera idea cristiana fué todavía más lata; segun ella, la palabra de -Dios no tiene lengua propia; es libre de toda traba, pertenece á todos -los idiomas y no exige intérprete. La facilidad con que el cristianismo -se separó del dialecto semítico que hablaba Jesús, la libertad que -concedió á cada pueblo para crearse su liturgia y sus versiones de la -Biblia en dialecto nacional, procedia de esta especie de emancipacion -de lenguas. Generalmente se admitia que el Mesías reduciria los idiomas -y los pueblos á la unidad[213]. El uso comun y la promiscuidad de -los lenguajes eran el primer paso dado hácia aquella grande era de -pacificacion universal. - -Sin embargo, el don de las lenguas se transformó luego -considerablemente y produjo efectos muy extraños. La exaltacion de las -cabezas originó el éxtasis y la profecía. En los momentos de éxtasis, -el fiel, inspirado por el Espíritu, proferia sonidos inarticulados y -sin conexion, que se tomaban por palabras de un idioma extranjero y -que se procuraba interpretar con la mayor candidez[214]. Otras veces -se creia que el extático hablaba una lengua nueva y desconocida hasta -entonces[215] ó el lenguaje mismo de los ángeles[216]. Tan extrañas -escenas, que fueron causa de muchos abusos no se generalizaron sino -algun tiempo despues,[217] aunque es probable que ya tendrian lugar -desde los primeros tiempos del cristianismo. Las visiones de los -antiguos profetas habian ido acompañadas de fenómenos de excitacion -nerviosa[218]. El estado ditirámbico de los Griegos originaba hechos -de la misma clase; la Pitia empleaba con preferencia aquellas palabras -extranjeras ó inusitadas, llamadas como en el fenómeno apostólico, -_glosas_[219]. Muchas palabras empleadas como santo y seña por el -cristianismo primitivo, las cuales son justamente bilingües ó formadas -de anagramas, tales como _Abba pater_, _anathema Maranatha_[220] -procedian quizás de estos accesos extraños, mezclados de suspiros[221], -de gemidos ahogados, de jaculatorias, oraciones y de arrebatos que se -tenian por proféticos. Eran como una música vaga del alma, compuesta de -sonidos indistintos, que los oyentes procuraban traducir en imágenes -y en palabras determinadas[222] ó mejor dicho, plegarias del Espíritu -dirigidas á Dios en un lenguaje conocido de Dios solo, y que él sabia -interpretar[223]. El extático, efectivamente, ignoraba lo que decia sin -tener siquiera conciencia de ello.[224] Los concurrentes escuchaban -con avidez y atribuian á estas sílabas incoherentes pensamientos que -traducian en seguida. Cada cual las aplicaba á su dialecto y procuraba -comprender con la mayor candidez estos sonidos ininteligibles por lo -que sabia de los demás idiomas. El oyente siempre lograba explicárselo, -porque en último resultado, daba á estas palabras entrecortadas un -sentido conforme á lo que pensaba. - -La historia de las sectas de _iluminados_ abunda en hechos de la -misma clase. Los predicadores de las Cevenas ofrecieron varios casos -de «glosolalia»[225]; pero el más notable es el de los «leyentes» -suecos[226] ocurrido en los años de 1841 á 1843. Palabras sin sentido -para los que las pronunciaban y acompañadas de convulsiones y desmayos, -fueron durante largo tiempo el ejercicio diario de aquella pequeña -secta, lo que pasó á ser contagioso y originó un gran movimiento -popular. Entre los irvingianos, el fenómeno de las lenguas se -presentaba con caractéres que reproducian exactamente las relaciones -de las _Actas_ y de San Pablo[227]. Nuestro siglo ha visto escenas de -ilusion del mismo género que no creemos deber mencionar, porque no es -justo comparar la credulidad inherente á un gran movimiento religioso, -con la credulidad que únicamente reconoce por causa la torpeza de -imaginacion. - -En ciertos casos, estos fenómenos se verificaban en público. Algunos -extáticos, en el momento de sus extravagantes iluminaciones, se -atrevian á salir y á presentarse ante la gente, que los tomaba por -borrachos[228]. Aunque sóbrio en cuestion de misticismo, Jesús habia -ofrecido más de una vez los fenómenos ordinarios del éxtasis[229]. -Durante dos ó tres años, sus discípulos estuvieron embargados por estas -ideas. El profetismo era frecuente y considerado como un don análogo -al de las lenguas[230]. La oracion, mezclada de convulsiones, de -modulaciones cadenciosas, de suspiros místicos, de entusiasmo lírico, -de cantos en accion de gracias,[231] era un ejercicio cotidiano. Esto -dió nacimiento á un considerable número de «_cánticos_», «_salmos_» -é «_himnos_» imitados á los del antiguo testamento[232]. Unas veces -la boca y el corazon se acompañaban mútuamente, y otras el corazon -cantaba solo, acompañado interiormente por la gracia[233]. Como no -habia ninguna lengua que pudiese expresar las sensaciones nuevas -que se experimentaban, se usaba un tartamudeo indistinto, á la vez -sublime y pueril, en el que flotaba, en estado de embrion, lo que -podriamos llamar «la lengua cristiana». No encontrando el cristianismo -en las lenguas antiguas un instrumento adecuado á sus necesidades, -las eliminó; pero antes que la religion nueva se hubiese formado un -idioma para su uso, se pasaron algunos siglos de esfuerzos oscuros y -de gemidos. El estilo de San Pablo, y en general, de los escritores -del Nuevo Testamento, ¿qué es, bien considerado, sino la improvisacion -ahogada, jadeante é informe del «glosolalio»? Carecian de lengua. Lo -mismo que los profetas, principiaban con el _a a a_ del niño.[234] -No sabian hablar, ni producirse ni en griego ni en semítico. De ahí -provino la enorme violencia hecha al lenguaje por el cristianismo -naciente. Diríase que eran tartamudos, en cuya boca los sonidos -se chocaban, se ahogaban y producian una pantomima confusa, pero -soberanamente expresiva. - -Todo esto distaba mucho del sentimiento de Jesús; pero para unos -entendimientos penetrados de la creencia en lo sobrenatural, dichos -fenómenos tenian una grande importancia. El don de las lenguas, -particularmente, era considerado como un sello esencial de la nueva -religion y como una prueba de su verdad[235]. Sea como fuere, ello es -que producia abundantes frutos de edificacion, y hacia convertir á -muchos paganos[236]. Hasta el siglo III la «glosolalia» se manifestó -de una manera análoga á lo que describe San Pablo, y fué considerada -como un milagro permanente[237]. Algunas de las palabras sublimes del -cristianismo, han salido de aquellos suspiros entrecortados. El efecto -general era tierno y penetrante. Este modo de reunir sus inspiraciones -y de abandonarlas á la interpretacion de la comunidad, debia establecer -entre los fieles un profundo lazo de fraternidad. - -Conforme sucede con todos los místicos, los nuevos sectarios llevaban -una vida de ayuno y de austeridad[238]. La mayor parte de los -orientales comian muy poco, lo que contribuia á mantenerlos en la -exaltacion. La sobriedad del Sirio, causa de su debilidad física, -lo ponia en un estado perpétuo de calentura y de susceptibilidad -nerviosa. Nuestros grandes y continuos esfuerzos de imaginacion serian -imposibles con semejante régimen; pero esta debilidad cerebral y -muscular, les ocasionaban, sin causa aparente, vivas alternativas de -tristeza y de alegría, que hacian elevar su alma hácia Dios. Lo que -llamaban la «_tristeza de Dios_»[239] pasaba por un don del cielo. -Toda la doctrina de los Padres de la vida espiritual, de Juan Clímaco, -Basilio, Nilo y Arsenio, todos los secretos del grande arte de la -vida interior, una de las creaciones más gloriosas del cristianismo, -germinaban en la fantástica disposicion de ánimo que atravesaron -durante sus dias de expectacion extática, aquellos antepasados ilustres -de todos los «hombres de deseos». Su estado moral no era regular; -vivian en lo sobrenatural. Solo obraban por visiones; los sueños y las -circunstancias más insignificantes les parecian avisos del cielo[240]. - -Bajo el nombre de dones del Espíritu Santo, se ocultaban las más raras -y exquisitas efusiones del alma: amor, piedad, temor respetuoso, -suspiros sin objeto, languidez súbita, ternuras espontáneas. Todo lo -que nace bueno en el hombre, sin esfuerzo de éste, se atribuia á un -soplo divino. Las lágrimas, especialmente, eran consideradas como una -gracia del cielo. Este don precioso, privilegio únicamente de las almas -buenas y puras, se producia con dulzuras infinitas. Nadie ignora la -fuerza que sacan las naturalezas delicadas, sobre todo las mujeres, -de la divina facultad de poder llorar mucho: es su plegaria, sin duda -alguna, la más santa de las plegarias. Es preciso transportarse á -la edad media y considerar la piedad tan regada con lágrimas de San -Bruno, San Bernardo, y San Francisco de Asís, para volver á encontrar -las castas melancolías de aquellos primeros tiempos en los que -verdaderamente se sembraran lágrimas para recoger alegrías. Entonces, -llorar era un acto piadoso; los que no sabian predicar, hablar -idiomas, ni hacer milagros, lloraban.--Se lloraba orando, predicando, -amonestando[241]; en una palabra, aquella época era el advenimiento del -reino de las lágrimas. Hubiérase dicho que las almas se unian y querian -en ausencia de un lenguaje que pudiese traducir sus sentimientos, -manifestarse exteriormente por medio de una expresion viva y abreviada -de todo su ser interior. - - - - -CAPÍTULO V. - -Primera Iglesia de Jerusalem, enteramente cenobítica. - - -[Marginal: Año 35] - -La costumbre de vivir juntos, en una misma fé y una misma confianza, -creó naturalmente hábitos comunes. Pronto se adoptaron varias -reglas que dieron á esta Iglesia primitiva alguna analogía con los -establecimientos de vida cenobítica que el cristianismo instituyó más -adelante. Muchos preceptos de Jesús tendian á este fin; el verdadero -ideal de la vida evangélica es un monasterio: no un monasterio cerrado -con rejas, una cárcel al estilo de la edad media con separacion de -ambos sexos, sino un asilo en medio del mundo, un espacio reservado -para la vida del espíritu, una asociacion libre, ó pequeña congregacion -íntima, trazando á su alrededor un vallado para que no entren en ella -zozobras que perjudican á la libertad del reino de Dios. - -Todos vivian, por consiguiente, en comunidad, no formando más que un -cuerpo y un alma[242]. Nadie tenia nada suyo. Cuando entraban á ser -discípulos de Jesús, vendian sus bienes y hacian donacion de su importe -á la sociedad. Los jefes de esta distribuian luego el bien comun á -cada uno segun sus necesidades. Habitaban en un solo barrio;[243], -comian juntos y continuaban aplicando á la comida el sentido místico -que Jesús habia prescrito[244]. Pasaban muchas horas orando; sus -plegarias eran á veces improvisadas en alta voz, pero más á menudo -meditadas en silencio. Los éxtasis eran frecuentes y cada cual se -creia estar siempre favorecido por la inspiracion divina. La concordia -que reinaba entre ellos era perfecta; nunca tenian ninguna discusion -dogmática ni la menor disputa de amor propio, y la querida memoria -de Jesucristo borraba todos los resentimientos. La alegría estaba en -todos los corazones viva y profunda[245]. Su moral era austera, pero -penetrada de un sentimiento dulce y tierno. Se agrupaban por casas -para orar y entregarse á los ejercicios extáticos[246]. El recuerdo de -aquellos dos ó tres primeros años, fué como el de un paraiso terrestre -que nunca más volverá para el cristianismo, por más esfuerzos que -haga. Efectivamente, ¿quién no comprende que semejante organizacion -solo podia aplicarse á una pequeña Iglesia? Á pesar de esto, la vida -monástica persiguió más adelante por su cuenta este ideal primitivo, -que la Iglesia universal no se cuidó mucho de realizar. - -Posible es que el autor de las _Actas_, á quien debemos la descripcion -de esta primera cristiandad de Jerusalem, haya recargado algo los -colores y exagerado especialmente la comunidad de bienes que hemos -citado. El autor de las _Actas_, hace como el autor del tercer -Evangelio, que en la vida de Jesús, acostumbra á desfigurar los -hechos segun sus teorías[247] y que deja traslucir muy claramente -su tendencia á las doctrinas del _ebionismo_[248], es decir, de la -pobreza absoluta. No obstante, la relacion de las _Actas_ no puede -considerarse infundada respecto á este particular. Aun cuando Jesús no -hubiese pronunciado ninguno de los axiomas comunistas que se leen en el -tercer Evangelio, no hay duda que el renunciar á los bienes mundanales -y la práctica de la caridad llevada hasta el punto de despojarse de -todo lo que se poseyese, constituian el espíritu de su predicacion. -La creencia del fin del mundo ha producido siempre el desprecio de -los bienes terrenales y la vida en comunidad[249]. Por otra parte, lo -que manifiestan las _Actas_ está completamente de acuerdo con lo que -sabemos del orígen de las otras religiones ascéticas, por ejemplo, -del _budismo_. Esta clase de religiones principian siempre por la -vida cenobítica. Sus primeros adeptos son una especie de frailes -mendicantes. El seglar no figura entre ellos sino cuando estas -religiones han conquistado sociedades enteras en las que la vida -monástica solo puede existir por excepcion.[250] - -Admitimos, pues, en la Iglesia de Jerusalem, un período de vida -cenobítica. Dos siglos despues, los paganos todavía tenian al -cristianismo por una secta comunista[251]. Debe recordarse que los -esenios ó terapeutas habian dado ya el modelo de este género de -vida, el cual provenia del mosaismo. Como el código mosaico era -esencialmente moral y no político, su resultado natural era la utopia -social, la iglesia, la sinagoga, el convento y no el estado civil, la -nacion, ni la ciudad. El Egipto tenia, desde muchos siglos, reclusos -y reclusas mantenidos por el Estado, probablemente en ejecucion de -legados caritativos, cerca del Serapeo de Menfis[252]. Tambien debe -tenerse en cuenta que semejante vida no es en Oriente lo que ha sido -en nuestro Occidente. En Oriente, se puede disfrutar de la naturaleza -y de la existencia sin poseer nada. El hombre es siempre libre porque -tiene pocas necesidades y por lo tanto, la esclavitud del trabajo es -completamente desconocida. Aunque el comunismo de la Iglesia primitiva -no haya sido tan rígido ni tan universal como lo supone el autor de -las _Actas_, lo cierto es que en Jerusalem habia una gran comunidad -de pobres, gobernada por los apóstoles, á la que se hacian donativos -de todos los puntos de la cristiandad[253]. Esta comunidad se vió -obligada á establecer reglamentos bastante severos, y algunos años más -tarde, hasta hubo de emplearse el terror para gobernarla. Se contaban -de ella leyendas espantosas, segun las cuales el solo hecho de haberse -apropiado algo de lo que hubiese sido dado para la comunidad, era -señalado como un crímen capital y castigado con la muerte[254]. - -Los pórticos del templo, sobre todo el pórtico de Salomon, que dominaba -el valle de Cedron, eran el lugar en donde acostumbraban á reunirse los -discípulos durante el dia[255], recordando las horas que Jesús habia -pasado en dicho sitio. En medio de la extrema actividad que reinaba al -rededor del templo, debian ser estos muy poco notados. En las galerías -que formaban parte de aquel edificio, habia varias escuelas y sectas -y eran teatro de infinitas disputas. Además, los fieles de Jesús -pasaban por muy devotos, porque todavía observaban escrupulosamente -las prácticas judías, orando á las horas[256] fijadas y observando -todos los preceptos de la Ley. Eran judíos que únicamente diferian de -los demás en que creian que ya habia venido el Mesías. Los que no les -conocian mucho, y estos eran el mayor número, los miraban como una -secta de _hasidim_ ó gentes piadosas. Para afiliarse á ellos[257] no -era uno cismático ni griego, así como se puede ser discípulo de Spener -sin dejar de ser protestante, ó de la órden de San Francisco ó de -San Bruno, sin dejar de ser católico. El pueblo los amaba á causa de -su piedad, su sencillez y dulzura[258], si bien los aristócratas del -templo, los miraban quizás con desagrado. La secta, sin embargo, vivia -tranquila, merced á su poco deseo de brillar. - -Al volver por la noche los hermanos á su casa, cenaban, divididos en -grupos[259], en señal de fraternidad y en recuerdo de Jesús á quien -veian siempre entre ellos. El jefe de la mesa cortaba el pan, bendecia -la copa[260], y la circulaba como un símbolo de union con Jesús, y de -este modo, el acto más vulgar de la vida, convertíase en el más augusto -y más santo. En estas cenas en familia, á que eran muy aficionados los -judíos[261], rezábanse oraciones, reinaba una dulce alegría y todos -creian hallarse aún en el tiempo en que el divino Maestro les animaba -con su presencia, imaginándose verle, hasta el punto de que muy pronto -circuló el rumor de que Jesús habia dicho: «Cada vez que corteis el -pan hacedlo en memoria mia[262].» El mismo pan, llegó á ser en cierto -modo Jesús, concebido como orígen único de fortaleza para los que le -habian amado y vivian aún de él. Aquellas cenas, que fueron siempre -el símbolo principal del cristianismo y el alma de sus misterios[263] -se celebraban en un principio todas las noches, pero bien pronto la -costumbre se practicó solo el domingo[264] por la noche[265] y más -tarde, empezó á tomarse por la mañana la mística colacion[266]. Es -probable que en aquel período de la historia á que nos referimos fué -aún para los cristianos dia feriado el sábado[267]. - -Los apóstoles elegidos por Jesús y que se suponia habian recibido de -él una órden especial para anunciar al mundo el reino de Dios, gozaban -en la pequeña comunidad de una superioridad incontestable. Uno de los -primeros cuidados de la secta, tan pronto como se vió establecida -tranquilamente en Jerusalem, fué llenar el vacío que habia dejado Judas -en su seno[268]; la opinion de que este último vendiera á su Maestro -siendo la causa de su muerte, se iba generalizando cada vez más. El -hecho pasaba al dominio de la leyenda, y todos los dias se averiguaba -alguna nueva circunstancia que pintaba con más negros colores su -traicion. Judas habia comprado un campo cerca de la antigua necrópolis -de Hakeldama, al Sur de Jerusalem, y allí vivia retirado[269]. Tal era -la ingénua exaltacion de la pequeña Iglesia, que para reemplazar á -Judas se resolvió echar suertes: en las grandes emociones religiosas, -es general emplear este medio, pues se admite como principio que nada -es fortuito, que uno es el objeto principal de la atencion divina y que -la parte que Dios toma en un hecho, es tanto mayor cuanto que la del -hombre es más débil. Exigióse tan solo que los candidatos se eligieran -en el grupo de los discípulos más antiguos que habian sido testigos -de todos los acontecimientos desde el bautismo de Juan, y como esta -circunstancia reducia mucho el número de aquellos, solo quedaron dos -aspirantes, José Bar-sabá, por sobrenombre el _Justo_[270] y Matías, -sobre el cual recayó la suerte y fué contado desde entonces en el -número de los Doce. Pero ya no volvió á darse otro caso de semejante -sustitucion, pues se consideró que los apóstoles nombrados por Jesús no -debian tener sucesor. Evitóse tambien con sabia prudencia el peligro -que ofrecia establecer un colegio permanente, donde se conservara toda -la vida y la fuerza de la asociacion. La concentracion de la Iglesia en -una oligarquía, no vino hasta más tarde. - -Por lo demás, es necesario precaverse contra los errores á que ha dado -lugar y puede dar el nombre de _apóstol_. En una época muy remota, -por algunos pasajes de los Evangelios, y sobre todo por la analogía -de la vida de San Pablo, se supuso que los apóstoles eran una especie -de misioneros, especialmente viajantes, que se habian repartido el -mundo de antemano y recorrian como conquistadores todos los reinos -de la tierra[271]. Formóse sobre esta opinion una série de leyendas -para la historia eclesiástica[272], pero nada hay más contrario á -la verdad[273]. El cuerpo de los Doce permaneció por lo general en -Jerusalem hasta el año 60, poco más ó menos, y los apóstoles no -salieron de la ciudad santa sino para misiones temporales, lo cual -explica la oscuridad en que estuvieron la mayor parte de los miembros -del consejo central, pues muy pocos de ellos tuvieron representacion. -Formaban una especie de colegio sacro ó senado[274] destinado -únicamente á representar la tradicion y el espíritu conservador. -Como no desempeñaban funcion alguna, no tenian que hacer otra cosa -sino predicar y rogar[275]; apenas se conocian sus nombres fuera de -Jerusalem y hácia el año 70 ú 80, las listas que se daban de estos -Doce elegidos primitivos, no estaban de acuerdo sino en los nombres -principales[276]. - -Los «hermanos del Señor» aparecen con frecuencia al lado de los -«Apóstoles» aunque fuesen distintos[277], y su autoridad era inferior -á la de los segundos, pero estos dos grupos constituyen en la iglesia -naciente fundada tan solo en las relaciones más ó menos íntimas que -sus miembros tuvieron con el Maestro. Aquellos eran los hombres que -Pablo llamaba «las columnas de la Iglesia de Jerusalem[278],» y vemos, -por lo tanto, que las distinciones de la gerarquía eclesiástica no -existian aún. El título no era nada; la importancia personal lo era -todo; el principio del celibato eclesiástico estaba sentado[279], pero -necesitábase algun tiempo para el completo desarrollo de todos aquellos -gérmenes. Pedro y Felipe estaban casados y tenian hijos é hijas[280]. - -El término usado para designar la reunion de los fieles, era la -palabra del hebreo _kahal_ que se sustituyó por la frase esencialmente -democrática ἐκκλησία. _Ecclesia_ es la convocacion del pueblo en las -antiguas ciudades griegas, el llamamiento al _Pnyx_ ó al _ágora_. Á -partir del siglo II ó III antes de Jesucristo, las palabras de la -democracia ateniense pasaron en cierto modo al dominio de la lengua -helénica, y algunos de estos términos,[281] á consecuencia del uso -que hacian de ellos las cofradías griegas, se adoptaron en la lengua -cristiana. Esto era efecto del movimiento popular, que comprimido hacia -siglos, seguia de nuevo su curso bajo formas enteramente distintas -como querian serlo las antiguas repúblicas[282], pero menos exigente -y desconfiada que aquellas ciudades, la Iglesia delegaba con gusto su -autoridad: como toda sociedad teocrática trataba de abdicar en manos de -un clero y era fácil prever que no pasarian más de dos siglos sin que -toda aquella democracia se transformara en oligarquía. - -El poder que se suponia á la Iglesia reunida y á sus jefes era -inmenso, pues la primera conferia todas las misiones, guiándose -únicamente para su eleccion de los signos que daba el Espíritu[283], -llegando su autoridad hasta el punto de poder decretar la muerte. -Referíase que solo á la voz de Pedro, algunos delincuentes habian -caido en el suelo y expirado en el acto[284]; San Pablo no teme un -poco más tarde excomulgar á un incestuoso «entregándole á Satanás -para que muera su carne y se pueda salvar su alma en el gran dia del -Señor[285].» Considerábase la excomunion como el equivalente de una -sentencia de muerte, y no se dudaba que toda persona á quien los -apóstoles, ó los Jefes de la Iglesia, habian separado del gremio de los -santos, entregándole al espíritu maligno[286], no estuviese perdida. -Suponíase á Satanás autor de las enfermedades; abandonarle el miembro -gangrenado era como entregarlo al ejecutor natural de la sentencia; -una muerte prematura se tenia por el resultado de uno de esos decretos -ocultos, que segun la fuerte expresion hebráica, «extirpaba una -alma de Israel[287].» Los apóstoles se creian revestidos de poderes -sobrenaturales, y al pronunciar semejantes condenas, pensaban que sus -anatemas no dejarian de caer sobre los culpables. - -La terrible impresion producida por las excomuniones, y el ódio que -inspiraban á todos los cofrades los miembros así separados del gremio -de la Iglesia, podia en efecto en muchos casos producir la muerte ó al -menos obligar al culpable á expatriarse. El mismo terrible equívoco -se encontraba en la antigua Ley: «la extirpacion» implicaba á la vez -la muerte, la expulsion de la comunidad, el destierro, un retiro -solitario y misterioso;[288] y matar al apóstata ó al que blasfemaba, -herir el cuerpo para salvar el alma, era una cosa legítima. Debemos -recordar que hablamos de la época de los _zelotas_, que consideraban -como un acto de virtud dar de puñaladas al que faltase á la ley[289], -y es preciso tener en cuenta que algunos cristianos eran ó habian sido -_zelotas_[290]. Casos como el de la muerte de Ananías y de Safira[291], -no causaban el menor escrúpulo. La idea del poder civil era tan extraña -á todo aquel mundo, que no se hallaba al alcance del dominio romano, -ó estaba tan persuadida que la Iglesia era una sociedad completa que -se bastaba á sí misma, que ninguno consideraba que un milagro fuese -un atentado punible ante la ley civil por más que causara la muerte ó -la mutilacion de una persona. El entusiasmo es una fé ardiente que -lo cubre todo y todo lo excusa; pero comprendíase fácilmente cuán -grave era el peligro que indicaban para el porvenir aquellas máximas -teocráticas. La Iglesia está armada de un puñal; la excomunion será una -sentencia de muerte; en lo sucesivo habrá en el mundo además del Estado -otro poder que disponga de la vida de los ciudadanos; y á fé que si la -autoridad romana se hubiese limitado á reprimir entre los cristianos y -los judíos principios tan condenables, habria tenido mil veces razon. -Pero en su brutalidad confundia la más legítima de las libertades, la -de adorar cada uno á su modo, con abusos que ninguna sociedad ha podido -jamás tolerar impunemente. - -Pedro gozaba entre los apóstoles de cierta superioridad debida -principalmente á su actividad y celo[292]: en los primeros años, apenas -se separa de Juan, hijo de Zebedeo; ambos van casi siempre juntos[293], -y su buena armonía fué á no dudarlo la piedra angular de la nueva fé. -Jacobo, hermano del Señor, les igualaba casi en autoridad, al menos en -una fraccion de la Iglesia, y en cuanto á ciertos amigos íntimos de -Jesús, tal como las mujeres galileas y la familia de Betania, ya hemos -dicho que no hay para que hablar de ellos. Menos deseosas de organizar -y de fundar, las fieles compañeras de Jesús se contentaban con amar -muerto al que adoraran en vida; alimentándose con su esperanza, -las nobles mujeres que fundaron la fé del mundo, permanecian casi -desconocidas de los hombres notables de Jerusalem, y cuando murieron, -quedaron enterradas en el sepulcro con ellas los caractéres más -importantes de la historia del cristianismo naciente. Los que -desempeñan un papel activo son los que se llevan la fama; aquellos que -se contentan con amar en secreto permanecen oscuros, pero seguramente -les corresponde la mejor parte. - -Inútil es decir que aquel pequeño grupo de gente sencilla, no tenia -la menor idea de la teología especulativa, pues Jesús rehuyó siempre -con la mayor prudencia toda cuestion metafísica, y no tuvo más que -un dogma, su propia filiacion divina y la divinidad de su mision. -Todo el símbolo de la Iglesia primitiva podia encerrarse en esta -sola línea: «Jesús es el Mesías, hijo de Dios.» Esta creencia se -fundaba en un argumento perentorio, en el hecho de la resurreccion, -de la que figuraban como testigos los discípulos, por más que ninguno -en realidad, ni aun las mujeres galileas, asegurará haber visto la -resurreccion[294]; pero la ausencia del cuerpo y las apariciones que se -siguieron despues, parece que equivalen al hecho mismo. Atestiguar la -resurreccion de Jesús, era la mision que todos creian deber llevar á -cabo ante todos[295], é imagináronse bien pronto que el Maestro habia -pronosticado este acontecimiento. Recordábanse algunas de sus palabras -que se creyó no haberse comprendido bien, y esto indujo á suponer que -se habia anunciado la resurreccion[296]. La creencia en la próxima -manifestacion gloriosa de Jesús era universal[297]; la palabra secreta -que los cofrades se decian entre sí para reconocerse y fortificarse, -era _Maran atha_, «el Señor va á venir»[298]. Creíase tambien recordar -una declaracion de Jesús, segun la cual, no habia tiempo para que la -predicacion alcanzara á todas las ciudades de Israel, antes que el -hijo del hombre apareciese en su majestad[299]; pero entre tanto Jesús -resucitado está sentado á la diestra de su Padre, y allí descansa hasta -el dia solemne en que vendrá envuelto entre las nubes á juzgar á los -vivos y á los muertos[300]. - -La idea que tenian de Jesús era la misma que aquel les diera: Jesús -habia sido un profeta poderoso en obras y en palabras[301], un -hombre elegido de Dios que recibiera una mision especial para la -humanidad[302], mision que probó por sus milagros y su resurreccion. -Dios le ungió del Espíritu Santo revistiéndole de fuerza; ha pasado -haciendo bien y curando á los que estaban poseidos del demonio[303], -porque Dios era con él[304]; es el Hijo de Dios, un representante de -Dios en la tierra; es el Mesías, el salvador de Israel anunciado por -los profetas[305]. La lectura de los libros del Antiguo Testamento, -especialmente el de los Profetas y de los Salmos, era habitual en la -secta, y al proceder á dicha lectura, fijábanse todos en la idea de -encontrar siempre el tipo de Jesús; y persuadidos de que los antiguos -libros hebreos estaban llenos de él, formóse desde los primeros años -una coleccion de textos, sacados de los Profetas, de los Salmos y de -ciertos libros apócrifos en los cuales, segun conviccion general, se -predecia y describia de antemano la Vida de Jesús[306]. Este método de -interpretacion arbitraria estaba adoptado en todas las escuelas judías; -las alusiones mesiánicas eran una especie de juego de imaginacion, -análogo al que hacian antiguos predicadores con los pasajes de la -Biblia, trastornando su sentido natural y tomándolos como simples -adornos de retórica sagrada. - -Jesús, merced á su tacto exquisito de las cosas religiosas, no habia -instituido ningun nuevo ritual, y por lo tanto, la nueva secta no -tenia aún ceremonias especiales[307]. Las prácticas de piedad eran -las prácticas judías; las reuniones no tenian nada de litúrgicas -en el sentido preciso; eran sesiones de cofrades donde se rezaba, -practicándose tambien los ejercicios de la profecía[308] y la lectura -de la correspondencia. Allí no habia nada de sacerdotal: no hay -sacerdote (_cohen_ ó ἱερεύς); el _presbyteros_, es el _anciano_ de -la comunidad y nada más; el único sacerdote es Jesús[309]; ó en otro -sentido, todos los fieles lo son.[310] Considerábase el ayuno como -una práctica muy meritoria[311]; el bautismo era la señal de entrada -en la secta[312] siendo su rito el mismo observado con Juan, pero se -administraba en nombre de Jesús[313]. - -De todos modos, el bautismo no se creia una iniciacion suficiente si no -era seguido de la colacion de los dones del Espíritu Santo[314], que se -hacia prévia una oracion pronunciada por los apóstoles sobre la cabeza -del neófito con la imposicion de las manos. - -Esta imposicion ya tan familiar á Jesús[315], era el acto sacramental -por excelencia[316]; conferia la inspiracion, la iluminacion interior, -el poder de hacer prodigios, de profetizar y de hablar las lenguas, -era lo que se llamaba el bautismo del Espíritu. Creíase recordar las -siguientes palabras de Jesús: «Juan os ha bautizado por el agua, pero -vosotros os habeis bautizado por el espíritu»[317]. Poco á poco -formóse un conjunto de todas estas ideas y el bautismo se confirió, «en -el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo;[318]» pero no es -probable que esta fórmula se emplease en los primeros dias de la época -á que nos referimos. Vemos, pues, cuanta era la sencillez del primitivo -culto cristiano, que no habian inventado ni Jesús ni los apóstoles, -toda vez que fueron adoptadas antes por ciertas sectas judías estas -graves y solemnes ceremonias que proceden al parecer de la Caldea, -donde se practican aun con liturgias especiales para los Sabianos ó -Mendaitas[319]. En la religion de Persia se encuentran tambien muchos -ritos del mismo género[320]. - -Las creencias en la medicina popular, que tanto prestigio dieron á -Jesús, se continuaban en sus discípulos: el don de curar era una de -las gracias maravillosas que concedia el Espíritu[321]. Los primeros -cristianos, así como casi todos los judíos de aquel tiempo, veian en -las enfermedades el castigo de una falta[322] ó la obra de un demonio -maligno,[323] y los apóstoles eran considerados del mismo modo que -Jesús, como poderosos exorcistas.[324] Creíase que las oleaciones que -hacian con la imposicion de las manos, invocando el nombre de Jesús, -redimian los pecados, causa de la enfermedad y curaban estas[325]; el -aceite ha sido siempre en Oriente el medicamento por excelencia[326], -pero de todos modos, creíase que solo la imposicion de las manos de -los apóstoles bastaba para producir los mismos efectos[327]. Esta -imposicion se hacia por el contacto inmediato, y no es imposible que -en ciertos casos, el calor de las manos, comunicándose vivamente á la -cabeza, proporcionase algun alivio al enfermo. - -Siendo jóven y poco numerosa la secta, no se entabló sino más adelante -la cuestion de los muertos. Los primeros fallecimientos que ocurrieron -entre los cofrades causaron un efecto extraño[328]. Preocupáronse de -la suerte de los difuntos; pues deseaban saber si aquellos serian más -favorecidos que los que sobrevivieran para ver por sus propios ojos -el advenimiento del Hijo del hombre. Llegóse por fin á considerar -generalmente el intervalo entre la muerte y la resurreccion como una -especie de vacío en la conciencia del difunto.[329] La idea presentada -en el _Phedon_, de que existe el alma, antes y despues de la muerte, -de que la muerte es un bien, y aun de que es el estado filosófico por -excelencia, pues entonces se encuentra el alma totalmente libre y -desprendida, esta idea, repito, no era opinion decididamente admitida -en los primeros cristianos; siendo lo más frecuente que considerasen -no podia existir el hombre sin cuerpo. Y este modo de ver subsistió -mucho tiempo sin que cambiara, hasta que la doctrina de la inmortalidad -del alma, en el sentido de la filosofía griega, fué acogida en la -Iglesia y se combinó bien ó mal con el dogma de la resurreccion y de -la renovacion universal. Empero en la época á que nos referimos ahora, -la creencia en la resurreccion reinaba casi exclusivamente[330]. El -rito de los funerales era segun las apariencias el rito judío. No se le -daba importancia alguna, y ninguna inscripcion indicaba el nombre del -difunto, considerando tal vez que habia de ser pronta la resurreccion y -que el cuerpo de aquel fiel cristiano habia de permanecer poco tiempo -en la roca donde le depositaron. Cuidáronse muy poco de avenirse en -cuanto á la cuestion de saber si la resurreccion seria universal, es -decir, si comprenderia á los buenos y á los malos, ó si se aplicaria -únicamente á los elegidos[331]. - -Uno de los fenómenos más notables de la nueva religion fué la -reaparicion del profetismo. Hacia ya mucho tiempo que casi no se -hablaba más de profetas en Israel; pero este género particular de -inspiracion pareció renacer en la pequeña secta. La Iglesia primitiva -tuvo muchos profetas, y tambien profetisas[332] análogos á los del -Antiguo Testamento. Aparecieron igualmente los salmistas; y el modelo -de los salmos cristianos lo encontramos seguramente en los cánticos -que Lucas se complace en esparcir por su Evangelio[333], y que están -basados sobre los cánticos del Antiguo Testamento. Estos salmos y estas -profecías carecen de originalidad en cuanto á su forma; pero están -animados y henchidos de un admirable espíritu de dulzura y de piedad; -vienen siendo un eco amortiguado de las últimas melodías que produjo la -sagrada lira de Israel; y no parece sino que fueron los salmos el cáliz -de la flor, donde la abeja cristiana hizo presa de su primer jugo. El -Pentateuco, era segun las apariencias, poco leido y poco meditado, -sustituyéndolo con alegorías, á estilo de los _midraschim_ judíos, en -que se suprimia todo el sentido histórico de los libros. - -El canto con que se acompañaban los himnos nuevos[334] era -probablemente esa especie de sollozo sin notas bien marcadas y -perceptibles, que continúa siendo el canto de los griegos, de los -maronitas y de los cristianos de Oriente en general[335]. No es -debido á modulaciones musicales, sino á un modo peculiar de forzar -la voz, emitiendo por la nariz una especie de gemido en que todas -las inflexiones se suceden con rapidez unas á otras. Ejecútase esta -singular melopea, en pié, con la vista fija, la frente arrugada, las -cejas fruncidas y con un esfuerzo aparente. Pronúnciase sobre todo -con voz temblorosa la palabra _amen_, la cual hacia gran papel en la -liturgia. Á imitacion de los judíos[336] usábanla los nuevos cristianos -para manifestar la adhesion de la muchedumbre á la palabra del profeta -ó del sochantre[337]. Acaso atribuíanse ya virtudes secretas á esta -palabra, y por eso la pronunciaban con cierto énfasis. Ignoramos si -este canto eclesiástico primitivo iba acompañado de instrumentos[338]. -Respecto al canto íntimo, el que los fieles «cantaban en el fondo de su -corazon[339],» y que no era más que la expansion y desahogo de aquellas -almas tiernas, fervorosas y contemplativas, es de presumir que lo -ejecutaban á media voz como las cantilenas de los lolardos de la edad -media[340]. Por lo general aquellos himnos eran la manifestacion de la -alegría que rebosaba en sus corazones. Una de las máximas de los sabios -de la secta era: «Si estás triste, ora; si estás alegre, canta[341].» - -Por lo demás, destinada simplemente á la edificacion de los fieles -congregados, aquella primera literatura cristiana no se escribia. -Componer ó escribir libros era una idea que á nadie se le ocurria, -pues que Jesús habia hablado y recordaban sus palabras. ¿No habia -prometido que la generacion de sus oyentes no pasaria antes que él -reapareciera?[342] - - - - -CAPÍTULO VI. - -Conversion de judíos helenistas y prosélitos. - - -[Marginal: Año 36] - -Hasta aquí, se ha presentado á nuestra vista la Iglesia de Jerusalem -como una pequeña colonia galilea. Los amigos que habia adquirido Jesús -en Jerusalem y en las cercanías, tales como Lázaro, Marta, María de -Betania, José de Arimatea y Nicodemo, habian desaparecido de la escena. -El grupo galileo, estrechado en derredor de los doce, fué el único que -subsistió compacto y activo. Más adelante, despues de la destruccion de -Jerusalem, y lejos de la Judea, imagináronse que los sermones de los -apóstoles eran escenas públicas que se representaban en las plazas y á -presencia del gentío que en ellas se reunia.[343] Semejante pensamiento -debiera relegarse entre las supuestas imágenes que tanto abundan en las -leyendas. Las autoridades que condenaron á muerte á Jesús, no hubieran -consentido que semejantes escándalos se renovasen. El proselitismo de -los fieles se comunicaba de uno á otro.[344] Sus predicaciones bajo el -pórtico de Salomon, habian de dirigirse á muy pocos oyentes; pero su -efecto, por lo mismo, no habia de ser sino más profundo. Consistian -principalmente sus discursos en citas del Antiguo Testamento con las -cuales creian probar que Jesús era el Mesías.[345] Su razonamiento era -sutil y débil; pero todos los comentarios de los Judíos de aquella -época eran por el mismo estilo, y las consecuencias que deducen de la -Biblia los doce de la _Mischna_, no son tampoco satisfactorias. - -Mucho más débil aún era la prueba invocada para sostener sus -argumentos, deducida de los pretendidos prodigios. Imposible fuera -dudar que los apóstoles hayan creido hacer milagros. Estos eran -considerados como la señal de toda mision divina,[346] y San Pablo, -cuyo entendimiento era ciertamente el más claro y adelantado de la -primitiva escuela cristiana, creyó obrar milagros.[347] Se consideraba -como indudable que Jesús los habia hecho, y era natural que se -continuase la série de las manifestaciones divinas. Efectivamente, -la taumaturgia aparece como un privilegio de los apóstoles hasta -el fin del siglo primero.[348] Los milagros de los apóstoles son -de igual índole que los de Jesús, y consisten sobre todo, aunque -no exclusivamente, en curas de enfermedades y en exorcismos de -poseidos.[349] Así es que se pretendia que bastaba la sombra para -operar curas maravillosas.[350] Reputábanse estos prodigios por dones -del Espíritu Santo, y eran justipreciados de igual valor que el don de -ciencia, de predicacion ó de profeta.[351] En el siglo III, la Iglesia -creia todavía poseer los mismos privilegios y ejercer como por una -especie de derecho permanente, el poder de curar las enfermedades, -echar fuera á los demonios y predecir el porvenir;[352] siendo todo -esto posible para los ignorantes. ¿No vemos en la actualidad personas -honradas y de probidad, pero que carecen de espíritu científico, -firmemente engañadas con las quiméricas ideas del magnetismo y por -otras ilusiones?[353] - -Empero no debemos valernos de esos errores candorosos, ni de los -mezquinos discursos que vemos en las _Actas_, para calificar los medios -de conversion de que pudieran disponer los fundadores del cristianismo. -La verdadera predicacion estribaba en las conversaciones de aquellos -hombres buenos y convencidos; consistia en el reflejo, todavía -sensible en sus discursos, de la palabra de Jesús, y sobre todo en su -piedad y dulzura. El atractivo de la vida en comun que llevaban tenia -tambien mucha influencia, siendo su casa como un hospicio en que todos -los pobres, todos los que se vieran abandonados, encontraban asilo y -auxilios. - -Uno de los primeros que se afiliaron en aquella sociedad naciente, fué -un chipriota llamado José Hallévi ó el Levita. Este vendió su campo -como los demás, y fué á postrarse á los piés de los Doce ofreciéndoles -el precio de la venta. Era un hombre inteligente, de un afecto á -toda prueba y que usaba fácilmente de la palabra; así que uniéronse -estrechamente con él los apóstoles, y le llamaron _Bar-naba_, es -decir «el hijo de la profecía» ó «de la predicacion;»[354] pues se le -contaba efectivamente en el número de los Profetas[355], es decir, de -los predicadores inspirados. Verémosle más tarde figurar en primera -línea, porque despues de San Pablo, fué el misionero más activo del -primer siglo. Un tal Mnason, su compatriota, se convirtió por aquel -mismo tiempo.[356] Los judíos ocupaban muchos barrios de Chipre,[357] -y Bernabé y Mnason eran sin duda judíos de raza.[358] Las relaciones -íntimas y prolongadas de Bernabé con la Iglesia de Jerusalem hacen -creer que el siro-caldeo le era familiar. - -Una conquista casi tan importante como la de Bernabé, fué la de cierto -Juan que llevaba el sobrenombre romano de _Marcus_. Era primo de -Bernabé, y circunciso[359]. Su madre, María, debia gozar de cierto -bienestar y comodidades: convirtióse del propio modo que su hijo, y su -morada fué más de una vez el sitio donde se reunian los apóstoles.[360] -Parece que estas dos conversiones fueron obra de Pedro.[361] En todo -caso, Pedro mantenia estrechas relaciones de amistad con la madre -y con el hijo, de tal modo, que en casa de ellos se consideraba -como en la suya propia[362]. Y aun admitiendo la hipótesis de que -Juan Márcos no fuera idéntico al autor verdadero ó supuesto del -segundo Evangelio,[363] el papel que desempeñó seria siempre de suma -importancia; pues le veremos más tarde acompañar en sus excursiones -apostólicas á Pablo, Bernabé, y probablemente al mismo Pedro. - -Propagóse así el primer fuego con gran rapidez. Los hombres más -célebres del siglo apostólico se sintieron casi todos arrastrados en -dos ó tres años por una especie de impulso simultáneo. Fué una segunda -generacion cristiana paralela á la que se habia formado, cinco ó seis -años antes, á orillas del lago de Tiberiade. Esta segunda generacion -no habia visto á Jesús y no podia igualar á la primera en autoridad; -pero habia de sobrepujarla por su actividad y por su aficion á las -misiones lejanas. Uno de los más conocidos entre los nuevos adeptos, -era Stephanus ó Estéban, que no fué, segun parece, más que un simple -prosélito, antes de su conversion[364]. Era un hombre ardiente y -apasionado; su fé, de las más vivas; y creíasele favorecido de todos -los dones del Espíritu Santo[365]. Felipe, quien como Stephanus, -fué diácono y evangelista celoso, se agregó á la comunidad hácia el -mismo tiempo[366], y confundiósele frecuentemente con su homónimo el -apóstol[367]. Por último, en aquella época, convirtiéronse Andrónico y -Junía[368], dos esposos, probablemente, que ofrecieron, como más tarde -Aquila y Priscila, el modelo de una pareja apostólica, consagrada á -todos los afanes y cuidados del misionero. Eran de la sangre de Israel, -y tuvieron estrechísimas relaciones con los apóstoles[369]. - -Los nuevos convertidos eran todos judíos por su religion, cuando les -tocó la gracia; pero pertenecian á dos clases de judíos muy distintas. -Eran los unos «hebreos»[370], es decir, judíos de Palestina, que -hablaban hebreo ó más bien arameo, y leian la Biblia en el texto -hebreo; los otros eran «helenistas», es decir, judíos que hablaban -griego y leian la Biblia en griego. Subdividíanse todavía estos -últimos en dos clases; los unos eran de sangre judía y los otros -eran prosélitos; es decir, gentes que no eran de orígen israelita, -pero afiliados al judaismo en distintos grados. Estos helenistas, -procedentes casi todos de Siria, del Asia Menor, de Egipto ó de -Cirene[371], habitaban en distintos barrios en Jerusalem. Tenian sus -sinagogas separadas y formaban aparte pequeñas comunidades. Contaba -Jerusalem gran número de estas sinagogas particulares[372]; y allí es -donde la palabra de Jesús encontró preparado el terreno para recibirla -y hacer que fructificara. - -Todo el núcleo primitivo de la Iglesia se componia de «hebreos»; el -dialecto arameo, que fué la lengua de Jesús, era el único que se usaba -entonces. Empero, se vé que desde el segundo ó el tercer año, despues -de la muerte de Jesús, invadió el griego aquella pequeña comunidad, -donde debia enseñorearse y predominar. Á consecuencia de sus relaciones -cotidianas con aquellos nuevos hermanos, Pedro, Juan, Jacobo, Judas, y -generalmente todos los discípulos galileos, aprendieron el griego tanto -más fácilmente, cuanto que probablemente ya sabian algo de aquella -lengua. Un incidente del que hablaremos muy en breve, acredita que -esa diversidad de idiomas introdujo en un principio cierta division -en la comunidad, y que no se entablaban muy fácilmente las relaciones -entre ambos bandos[373]. Consumada la ruina de Jerusalem, veremos á -los «hebreos» retirados más allá del Jordan, á la altura del lago de -Tiberiade, formando una Iglesia separada, que tuvo distinta suerte; -pero en el intervalo de estos dos hechos no parece que la diversidad de -lenguaje produjera consecuencia alguna en la Iglesia. Los Orientales -tienen gran facilidad para aprender las lenguas; así que, en las -ciudades cada uno habla habitualmente dos ó tres idiomas. Es por lo -tanto probable que aquellos de los apóstoles galileos que desempeñaron -algun papel importante, adquirieran la práctica del griego[374], y -aun llegaran á servirse de él con preferencia al siro-caldeo, cuando -aumentó mucho el número de los fieles que hablaban en griego. Fué -pues preciso renunciar al dialecto palestino, desde el dia en que se -proyectó una propaganda que habia de extenderse á lo lejos; y además, -como dialecto provincial, que apenas se usaba por escrito[375] y -que no se hablaba fuera de la Siria, era tambien poco á propósito -para semejante empresa. El griego, por lo contrario, fué impuesto en -cierto modo al cristianismo. Era la lengua universal de la época, la -que se hablaba al menos en todas las poblaciones situadas en la parte -oriental del Mediterráneo. Era, con especialidad, la lengua de los -judíos dispersos por todo el imperio romano; pues entonces, como ahora, -los judíos adoptaban muy fácilmente los idiomas de los países que -habitaban. No se picaban de purismo, y por eso aparece tan defectuoso -el griego del cristianismo primitivo. Los judíos, aun aquellos más -instruidos, pronunciaban mal la lengua clásica[376]. Calcaban su frase -sobre el siriaco, y nunca se deshicieron de los dialectos groseros que -les llevó la conquista alcanzada por los macedonios.[377] - -Las conversiones al cristianismo tardaron poco en ser más numerosas -entre los «helenistas» que entre los «hebreos». Los viejos judíos de -Jerusalem sentian poco atractivo hácia una secta de provinciales, -medianamente versados en la única ciencia que un fariseo apreciara, la -ciencia de la Ley[378]. La posicion de la pequeña Iglesia respecto al -judaismo, era algo equívoca, cual lo fué la del mismo Jesús. Empero, -todo partido religioso ó político lleva en sí mismo una fuerza que le -domina y le obliga, á pesar suyo, á recorrer su órbita. Los primeros -cristianos, cualquiera que fuese su aparente respeto al judaismo, -no eran realmente judíos sino por su nacimiento ó por sus hábitos -exteriores; el verdadero espíritu de la secta traia otro orígen. El -Talmud era el que germinaba en el judaismo oficial, y el cristianismo -no tenia afinidad alguna con la escuela talmúdica. Hé ahí por qué -encontraba favorable acogida el cristianismo en las partes menos judías -del judaismo. Los ortodoxos rígidos adheríanse poco á él; los recien -llegados, gentes apenas catequizadas, que no habian cursado en las -grandes escuelas, exentos de la rutina y que no estaban iniciados en -la lengua santa, eran los que prestaban atento oido á los apóstoles -y á sus discípulos. Medianamente considerados por la aristocracia de -Jerusalem, estos advenedizos del judaismo tomaban así una especie de -desquite, y siempre son las partes más jóvenes, y nuevamente adquiridas -en una comunidad, las que menos se cuidan de la tradicion y más se -inclinan á las novedades. - -En estas clases, poco sujetas á los Doctores de la Ley, la credulidad -era tambien, segun parece, más candorosa y más completa y firme. Lo que -choca en el judío talmudista, no es la credulidad. El judío crédulo y -afecto á lo maravilloso, que conocieron los satíricos latinos, no era -el judío de Jerusalem, sino el judío helenista, muy religioso, á la par -que poco instruido y por consiguiente muy supersticioso. Ni el saduceo -medio incrédulo, ni el fariseo rigorista, se conmovian sensiblemente -con la teurgia, que tan grande boga alcanzaba en el círculo apostólico; -pero que el _Judæus Apella_, del cual se sonreia Horacio[379], estaba -allí para creer. Por otra parte, las cuestiones sociales interesaban -particularmente á los que no sacaban provecho alguno de las riquezas -que el templo y las instituciones centrales de la nacion atraian -con afluencia á Jerusalem, y por eso sucedió que, combinándose con -necesidades análogas á la que actualmente se llama «Socialismo», la -nueva secta echó los sólidos cimientos en que habia de asentar el -edificio de su porvenir. - - - - -CAPÍTULO VII. - -La Iglesia considerada como una asociacion de pobres. -- Institucion -del diaconato. -- Las diaconesas y las viudas. - - -[Marginal: Año 36] - -La historia comparada de las religiones, nos revela una verdad general; -todas las que han tenido un principio y que no son contemporáneas del -lenguaje mismo, se han establecido más bien por razones sociales que -teológicas. Así sucedió seguramente con el budismo; pues, la suerte -prodigiosa de esta religion, no fué debida á la filosofía nihilista -en que se basaba, sino á su parte social. Proclamando la abolicion -de las castas, y estableciendo segun su expresion «una ley de gracia -para todos», es como Çakya-Mouni y sus discípulos arrastraron en pos -de ellos, á la India primero, y luego á la mayor parte del Asia[380]. -Del propio modo que el cristianismo, fué el budismo un movimiento -de pobres. El grande atractivo que les hizo adherirse á él, fué la -facilidad que se ofreciera á las clases desheredadas de rehabilitarse, -profesando un culto que les enaltecia y les presentaba infinitos -recursos de asistencia y de compasion. - -En el primer siglo de nuestra era, abundaban muchísimo los pobres en -Judea, careciendo aquella comarca, por su naturaleza, de los recursos -que proporciona el bienestar. En aquel país sin industria, casi todas -las fortunas debian su orígen á instituciones religiosas ricamente -dotadas, ó á los favores del gobierno. Las riquezas del templo eran -desde luengos años herencia exclusiva de un corto número de nobles. -Los Asmoneos habian constituido en derredor de su dinastía un grupo -de familias ricas; así como los Herodes aumentaron muchísimo el lujo -y el bienestar en determinada clase de la sociedad; pero el verdadero -judío teócrata, al volver la espalda á la civilizacion romana, hízose -cada vez más pobre. Formóse entonces una clase numerosa de hombres -santos, piadosos, fanáticos, y rígidos observadores de la Ley, pero -totalmente miserables en su exterioridad, y en aquella clase fué donde -se reclutaron las sectas y los partidos fanáticos tan considerables -en aquella época. El delirio universal era conseguir el predominio -del judío proletario que habia permanecido fiel, y la humillacion del -rico, considerado como un tránsfuga, como un traidor que habia pasado -á la vida profana y á la civilizacion en la exterioridad. Jamás hubo -ódio alguno que igualara al de los pobres de Dios, en contra de las -espléndidas construcciones con que el país empezaba á cubrirse, no -menos que contra las obras de los Romanos[381]. Precisados, para no -perecer de hambre, á trabajar en aquellos edificios que les parecian -monumentos de orgullo y de lujo prohibido, creíanse víctimas de ricos -malvados, corrompidos é infieles á la Ley. - -Concíbese con cuanto apresuramiento seria acogida una asociacion -de socorros mútuos, en semejante estado social. La pequeña Iglesia -debió parecerles un paraiso; así fué que aquella familia de hermanos, -sencillos y unidos, de todas partes se atrajo afiliados. En cambio -de lo que llevaban á la comunidad; aseguraban su porvenir, una -confraternidad dulcísima y lisonjeras esperanzas. Era costumbre general -que convirtieran sus bienes de fortuna en dinero antes de entrar en la -secta[382], consistiendo comunmente esos bienes en pequeñas haciendas -rurales poco productivas y cuya explotacion era incómoda. Las gentes -solteras no encontraban sino ventajas en cambiar aquellos terrones por -una colocacion de su valor en una sociedad de seguros, con pérdida del -capital, pero con la esperanza de alcanzar el reino de los cielos. -Algunos matrimonios solicitaron igualmente su participacion en este -órden de cosas; pero tomáronse precauciones para que los asociados -llevasen real y verdaderamente todo su haber á la comunidad, y no -guardasen nada para sí, fuera del fondo comun[383]. Efectivamente, -como cada cual no recibia en razon de la apuesta que habia hecho, sino -proporcionalmente á sus necesidades[384], toda reserva de propiedad -hubiera sido en realidad un robo hecho á la comunidad. En esto se -vé la sorprendente semejanza de los tales ensayos de organizacion -del proletariado con ciertas utopias que surgieron en una época no -muy distante de nosotros. Empero nótase una profunda diferencia, que -consiste en que el comunismo cristiano estribaba en una base religiosa, -mientras que el socialismo moderno carece de ella. Claro está que una -asociacion en que el dividendo se hace en razon de las necesidades de -cada uno, y no en proporcion del capital abonado al fondo comun, no -puede apoyarse sino en un sentimiento exaltadísimo de abnegacion, en -una ardiente fé y en un ideal religioso. - -Con semejante constitucion social, las dificultades administrativas -habian de ser numerosísimas, cualquiera que fuese el grado de -fraternidad que reinara en la asociacion. Entre las dos fracciones -de la comunidad, cuyo idioma era distinto, los malentendidos eran -inevitables. Difícil era que los judíos de raza no se mostrasen algo -desdeñosos con aquellos de sus correligionarios, que eran menos -nobles. Efectivamente no tardaron en oirse quejas y murmuraciones; -lamentábanse los «helenistas,» cuyo número iba aumentando diariamente, -de que sus viudas fuesen menos bien tratadas en las distribuciones -que las de los «hebreos»[385]. Hasta entonces habian cuidado -los apóstoles de la administracion de caudales; pero en vista de -semejantes reclamaciones, conocieron les era preciso delegar esta -parte de sus poderes. Propusieron por lo tanto á la comunidad, que -confiase el cuidado de la administracion á siete hombres entendidos -y considerados; y habiendo sido aceptada la proposicion, procedióse -á elegirlos. Los siete nombrados para aquel cargo fueron Stephano ó -Estéban, Felipe, Prócoro, Nicanor, Timon, Pármenas y Nicolás. Este -último era natural de Antioquía y simple prosélito, y Estéban era tal -vez de igual condicion[386]. Parece que procediendo inversamente de la -práctica observada en la eleccion del apóstol Matías, se impusieron -la obligacion de elegir los siete administradores, no ya en el grupo -de los discípulos primitivos, sino entre los nuevos convertidos y -especialmente entre los helenistas; así es que todos ellos tienen -nombres puramente griegos. Estéban era el más importante de los siete, -y en cierto modo su jefe. Los presentaron á los apóstoles, quienes, -segun mérito consagrado ya, oraron sobre sus cabezas, posando sus manos -en ellas. - -Dióse á los administradores así designados el nombre sirio de -_Schammaschin_, en griego Διάκονοι. Llamábanlos á veces «los Siete» -para oponerlos á los «Doce»[387]. Tal fué pues el orígen del diaconato, -que viene siendo el empleo eclesiástico más antiguo en las sagradas -órdenes. Todas las iglesias que con el tiempo se organizaron, -tuvieron sus diáconos, á imitacion de la de Jerusalem. La fecundidad -de esta institucion fué maravillosa: representaba la asistencia del -pobre elevada al nivel de un servicio religioso; era la proclamacion -de esta verdad, que las cuestiones sociales son las primeras de -que hay que preocuparse; viniendo á ser tambien la fundacion de la -economía política en cosas religiosas. Los diáconos fueron los mejores -predicadores del cristianismo, y pronto veremos cuál fué su oficio como -evangelistas; siendo mucho más importante todavía el que les cupo como -organizadores, ecónomos y administradores. Aquellos hombres prácticos, -que se hallaban en perpétuo contacto con los pobres, los enfermos y -las mujeres, penetraban en todas partes, todo lo veian, y exhortaban y -convertian con la mayor eficacia[388]. Hicieron más que los apóstoles, -inmóviles en Jerusalem, en su puesto de honor. Ellos fueron los -verdaderos creadores del cristianismo en su parte más sólida y duradera. - -Admitióse desde luego á las mujeres en este empleo[389]; llevando -como en la actualidad el nombre de «hermanas»[390]. Al principio lo -desempeñaban las viudas[391]; pero dióse más adelante la preferencia á -las vírgenes para este oficio[392]. El tacto que guió en todo esto á la -primitiva Iglesia fué admirable. Aquellos hombres buenos y sencillos -asentaron con profunda ciencia, porque emanaba del corazon, las bases -de la gran cosa cristiana por excelencia; la caridad. En ninguna parte -hubieron de encontrar el modelo de estas instituciones, y sin embargo, -de aquellos dos ó tres primeros años de afanes y trabajo, surgió una -santa creacion, un vasto ministerio de beneficencia y de socorros -mútuos, en el que empleando los dos sexos sus diversas cualidades, -concertaban sus esfuerzos para aliviar las miserias humanas. Aquellos -fueron los años más fecundos en la historia del cristianismo. Concíbese -que el pensamiento todavía palpitante de Jesús inspirara á sus -discípulos y los dirigiera en todos sus actos con maravillosa lucidez. -Obrando en justicia, es efectivamente á Jesús á quien debemos tributar -el honor de cuanto bueno y grande hicieron los apóstoles, siendo muy -probable que durante su vida asentara las bases de los establecimientos -que surgieron y se desarrollaron con tan feliz éxito, poco tiempo -despues de su muerte. - -Las mujeres acudian naturalmente presurosas á una comunidad en que el -débil se encontraba amparado con tantas garantías, pues la posicion -que venian ocupando en la sociedad de aquella época era harto humilde -y precaria[393]; la viuda, sobre todo, á pesar de algunas leyes -protectoras, veíase frecuentemente entregada á la miseria y poco -respetada. Muchos doctores pretendian que no habia de darse á la mujer -ninguna educacion religiosa[394]. El Talmud pone al mismo nivel, entre -las calamidades públicas, á la viuda habladora y curiosa que pasa su -vida chismeando y murmurando con la vecindad, así como á la vírgen -que malgasta su tiempo en oraciones[395]. La nueva religion creó para -aquellas pobres desheredadas un asilo honroso y seguro[396]. Algunas -mujeres ocupaban un rango muy elevado en la Iglesia, sirviendo su -casa de punto de reunion[397]. En cuanto á las que no tenian casa, -las constituyeron en una especie de órden, ó de cuerpo presbiteral -femenino[398], que comprendia tambien, probablemente, á las vírgenes, -y cuyo oficio fué de la mayor importancia en la organizacion de la -limosna. Las instituciones que se consideran como el fruto tardío del -cristianismo, como son las congregaciones de mujeres, ciertas beatas -(_beguines_), y las hermanas de la caridad, fueron una de sus primeras -creaciones, el principio de su fuerza y la más perfecta expresion de -su espíritu. Observaremos aquí particularmente que es completamente -cristiana la admirable idea de consagrar con una especie de carácter -religioso, y de sujetar á una disciplina regular á las mujeres que no -están sujetas por los lazos del matrimonio. La palabra «viuda» vino á -ser sinónima de persona religiosa, entregada á Dios, y por consiguiente -«Diaconesa»[399]. En aquellos países donde la esposa de veinticuatro -años está ya ajada, donde no hay casi intermedio entre la niña y -la vieja, era como una nueva vida que se creaba para la mitad de la -especie humana más capaz de afecto. - -El tiempo de los Seleúcidas habia sido una época terrible de desenfreno -femenino. Jamás se habian visto tantos dramas domésticos, tantas -envenenadoras y adúlteras. Los sabios de entonces debieron considerar -á la mujer como un azote de la humanidad, como un principio de bajeza -y de vergüenza, como un genio malévolo cuyo oficio era únicamente -combatir todas las nobles aspiraciones del otro sexo[400]. Empero el -cristianismo lo cambió todo; pues en la edad que para nosotros es -todavía la juventud, y que en la vida de la mujer de Oriente es tan -triste, tan fatalmente entregada á las sugestiones del mal, sin más que -rodear su cabeza con un chal negro[401], podia la viuda convertirse -en una persona respetable, dignamente ocupada, una diaconesa, que -igualaba á los hombres más estimados. El cristianismo elevó, é hizo -santa[402] la posicion tan espinosa de la viuda sin hijos, pues esta -vino á ser casi igual á la de la vírgen. Fué la _calogría_ ó «bella -anciana»[403], venerada, útil, tratada como madre. Esa clase de mujeres -que iban y venian incesantemente[404], eran admirables misioneras para -el nuevo culto, y los protestantes se equivocan, queriendo apreciar -estos hechos con nuestro espíritu moderno de individualidad. Cuando se -trata de historia cristiana, ha de reconocerse que el socialismo y el -cenobitismo fueron primitivos. - -El obispo y el sacerdote, tales como el tiempo los ha hecho, no -existian todavía; pero, el ministerio pastoral, esa íntima familiaridad -de las almas, independiente de los lazos de la sangre, estaba ya -fundado. Ese ha sido siempre el don especial de Jesús, y como una -herencia legada por él. Jesús repitió frecuentemente que él era para -cada uno más que su padre, más que su madre, y que era preciso para -seguirle, separarse de los séres más queridos. Por encima de la familia -colocaba el cristianismo una cosa, creaba la fraternidad y el consorcio -espirituales. El matrimonio antiguo, que entregaba la esposa al esposo, -sin contrapeso alguno, era una verdadera esclavitud. La libertad de -la mujer data del dia en que la Iglesia le dió un confidente, un guia -en Jesús, quien la dirige y la consuela, quien la escucha siempre y -á veces la invita á la resistencia. La mujer necesita ser gobernada, -y no es dichosa sino cuando está gobernada; pero, es preciso que -ame á quien la gobierna. Hé aquí lo que las sociedades antiguas, el -judaismo, y el islamismo, nunca han podido conseguir. La mujer no ha -tenido hasta ahora una conciencia religiosa, una individualidad moral, -una opinion suya propia, sino profesando el cristianismo. Gracias á -los obispos y á la vida monástica, una Radegunda sabrá encontrar los -medios de sustraerse de los brazos de un esposo bárbaro. Siendo lo más -importante la vida del alma, es justo y racional que el sacerdote que -sabe hacer vibrar las cuerdas divinas, el consejero secreto que tiene -la llave de las conciencias, sea más que el padre, más que el esposo. - -En cierto modo, el cristianismo fué una reaccion contra la constitucion -demasiado mezquina de la familia en la raza ariana. No solamente las -viejas sociedades arianas no admitian casi más que al hombre casado, -sino que comprendian el matrimonio en el sentido más estricto. Era -una cosa análoga á la familia inglesa, un círculo estrecho, cerrado, -sofocante, un egoismo entre varios, que desecaba tanto el alma, -como el egoismo de uno solo. El cristianismo, con su divina nocion -de la libertad del reino de Dios, corrigió esas exageraciones, y en -primer lugar se guardó bien de hacer pesar sobre todos los deberes -de la generalidad de los hombres. Comprendió que la familia no es -el marco absoluto de la vida, ó por lo menos el marco en que han de -encerrarse todos, que el deber de reproducir la especie humana, no -habrá de imponerse á todos, que ha de haber personas exentas de esos -deberes, bien que sean sagrados, pero no convenientes para todos. -La excepcion que hizo la sociedad griega en favor de las _héteras_, -á la manera de Aspasia; que la sociedad italiana admitió para la -_cortigiana_, á la manera de Imperia, para satisfacer las necesidades -de la sociedad culta; hízola el cristianismo para el sacerdote, la -religiosa y la diaconesa, proponiéndose el bien general, admitiendo -diversos estados en la sociedad; pues hay almas que encuentran más -dulzura y satisfaccion en amarse entre quinientos, que entre cinco -ó seis, y para las cuales la familia, en sus condiciones ordinarias, -seria insuficiente, fria y fastidiosa. ¿Por qué pues aplicar á todos -las exigencias de nuestras empañadas y medianas sociedades? La familia -temporal no satisface completamente al hombre; necesita hermanos y -hermanas fuera de los lazos carnales. - -Con su gerarquía de los diferentes empleos sociales[405], la Iglesia -primitiva pareció conciliar por el pronto estas exigencias opuestas. -Nunca podremos comprender cuán felices fueron los que se sujetaron á -aquellas reglas santas, que sostenian la libertad sin restringirla, -haciendo posibles á la vez las dulzuras de la vida en comunidad y las -de la vida privada. Era lo contrario de la mezcolanza de nuestras -sociedades artificiales y destituidas de amor, en las que el alma -sensible se encuentra á veces tan cruelmente aislada. La atmósfera -era cálida y suave en aquellos pequeños asilos que se llamaban -iglesias. Vivíase en comunidad, animados de la misma fé y de las mismas -esperanzas; pero claro es tambien que semejantes condiciones no eran -aplicables á una gran sociedad. Cuando países enteros se hicieron -cristianos, convirtióse la regla de las primeras iglesias en una -utopia, refugiándose en los monasterios. La vida monástica no es en -este sentido sino la continuacion de las iglesias primitivas[406]. -El convento es la consecuencia necesaria del espíritu cristiano, y no -hay cristianismo perfecto sin convento, puesto que solo allí puede -realizarse el ideal evangélico. - -Habrá de concederse seguramente una gran participacion al judaismo -en estas magnas creaciones; pues cada una de las comunidades judías, -dispersas en las costas del Mediterráneo, era ya una especie de Iglesia -con su caja de socorros mútuos. La limosna recomendada siempre por -los hombres caritativos y virtuosos y por los sabios,[407] se habia -convertido en precepto y se levantaba un templo en las sinagogas[408] -y era considerada como el primer deber del prosélito[409]. En todos -tiempos el judaismo se distinguió por el cuidado de sus pobres y por el -sentimiento de caridad fraternal que inspira. - -Es una suprema injusticia oponer el cristianismo al judaismo, puesto -que todo lo que está dentro del cristianismo primitivo ha sido como -complemento del judaismo. Examinando el mundo romano, es cuando se -notan los milagros de caridad y de asociacion libre operados por la -Iglesia. Jamás sociedad humana que solo haya reconocido por base la -razon, ha producido efectos tan admirables. La ley filosófica de toda -sociedad profana, en lo antiguo, ha sido la libertad y perfecta -igualdad, pero jamás la fraternidad. La caridad, bajo el aspecto del -derecho, nada tiene obligatorio; no mira á los individuos, encuentra -en ellos ciertos inconvenientes y se deshace de los mismos. Toda -tentativa para aplicar los fondos públicos al bienestar de los -proletarios, parece el comunismo. Cuando un hombre muere de hambre, -cuando clases enteras languidecen en la miseria, la política declara -que es inevitable; que no puede existir estado civil ni político -sin la libertad y que consecuencia de la libertad es que aquel que -nada tiene y que nada puede ganar, muera de hambre: esto es lógico -y nadie puede atentar contra los abusos de la lógica. Los deseos de -las clases numerosas acaban siempre por sofocarlos, y demuestran que -las aspiraciones sociales y religiosas tienen tambien derecho á una -legítima satisfaccion, ya que las instituciones puramente políticas y -civiles no son suficientes. - -La gloria del pueblo judío, es haber proclamado este principio con -toda energía, saliendo de la postracion en que se hallaban los Estados -antiguos. La ley judía es social y no política; los profetas, los -autores del Apocalipsis son promovedores de las revoluciones sociales, -no motores de revoluciones políticas. En la primera mitad del primer -siglo, colocados en presencia de la civilizacion profana, veremos que -los judíos no tienen más que una idea, esto es, la de rehusar los -beneficios del derecho romano, de este derecho filosófico, ateo, igual -para todos y proclamado por la excelencia de su ley teocrática, que -forma una sociedad religiosa y moral. La ley constituye la felicidad; -hé aquí la idea de todos los pensadores judíos tales como Philon y -Josefo. Las leyes de los otros pueblos procuran que se cumpla la -justicia; poco les importa que los hombres sean buenos y felices: la -ley judía desciende á los últimos detalles de la educacion moral. El -cristianismo no es más que el desarrollo de esta misma idea. Cada -iglesia es un monasterio y todos tienen derecho sobre todos, no -pudiendo haber pobres ni malos ya que todos velan los unos por los -otros. El cristianismo primitivo puede definirse diciendo que es una -grande asociacion de pobres, un esfuerzo heróico contra el egoismo -fundado sobre la idea de que cada uno solo tiene derecho sobre lo que -necesita y que lo supérfluo pertenece á los que no tienen. Se vé sin -dificultad, que entre semejante espíritu y el espíritu romano, se -establecerá una lucha á muerte y que el cristianismo, por su lado, no -llegará á reinar, á dominar el mundo más que á condicion de modificar -profundamente sus tendencias naturales y su programa original. Sin -embargo, los deseos que representa durarán eternamente. La vida comun, -desde la segunda mitad de la edad media, ha servido para los abusos -de una Iglesia intolerante, y habiéndose transformado con frecuencia -el monasterio en un castillo feudal donde existia la guardia de una -milicia perjudicial y fanática, el espíritu moderno se ha demostrado -demasiado severo al aspecto del cenobitismo. Nosotros hemos olvidado -que en la vida comun es donde encuentra el alma humana el más grato -placer. Aquel cántico que dice «¡oh qué bueno y agradable es á los -hermanos vivir juntos!»[410] ha dejado de ser el nuestro; mas cuando -el individualismo moderno haya dado sus últimos frutos, cuando la -humanidad entristecida y pisoteada sea impotente, renacerán las grandes -instituciones y las estrechas disciplinas; cuando nuestra mezquina -sociedad, digo mal, nuestro mundo de pigmeos haya sido dispersado á -latigazos por los individuos heróicos é idealistas de la humanidad, -entonces recobrará todo su valor la vida comun. Una multitud de grandes -cosas, tales como la ciencia, se reorganizarán bajo la forma monástica, -recobrada en una herencia de sangre: la importancia que nuestro siglo -atribuye á la familia disminuirá; el egoismo, ley esencial de la -sociedad civil, no ahogará á las grandes almas: todas desde puntos -opuestos se unirán contra la vulgaridad: se encontrará el verdadero -sentido á las palabras de Jesús y á las ideas de la edad media acerca -de la pobreza; se comprenderá, en fin, que poseer cualquier cosa, ha -podido considerarse como una inferioridad, ya que los fundadores de la -vida mística, han disputado varios siglos para saber si Jesús poseia, -al menos, «las cosas que se consumen por el uso». Estas sutilezas -franciscanas volverán á ser grandes problemas sociales. La espléndida -idea trazada por el autor de las _Actas_, será inscrita, como una -revelacion profética, á la entrada del paraiso de la humanidad: «¡La -multitud de los fieles solo poseia un corazon y un alma y ninguno de -ellos miraba lo que poseia como propiedad suya ya que de ello gozaban -todos en comun. No habia pobres entre ellos; los que tenian campos y -casas las vendian y llevaban el precio á los piés de los apóstoles -y despues se distribuian segun las necesidades de cada uno, y cada -dia comian el pan en medio de la mayor tranquilidad y sencillez de -corazon[411]!» - -No adelantemos el tiempo: hemos llegado, poco más ó menos, al año 36. -Tiberio en Capri no apercibia al enemigo del imperio. En dos ó tres -años la nueva secta habia hecho sorprendentes progresos. Contaba ya -muchos miles de fieles[412]. Era fácil preveer que sus conquistas -se efectuarian sobre todo entre los helenistas y prosélitos. El -grupo galileo que habia oido al Maestro, guardando su primacia, era -incomprensible y podia fácilmente preveerse que la victoria pertenecia -á los últimos. Á la hora en que estamos, ningun pagano, es decir, -ningun hombre sin lazo anterior con el judaismo, habia entrado en -la Iglesia, pero desempeñaban en ella papeles importantes varios -prosélitos[413]. El círculo de los discípulos se habia tambien alargado -y no era ya un simple colegio de Palestinos, sino que habia varios -hijos de Chipre, Antioquía y Cirene[414] y en general de casi todos -los puntos de las costas orientales del Mediterráneo, donde se habian -establecido colonias judías. El Egipto solo faltaba á esta primitiva -Iglesia, y es probable le falte mucho tiempo. Los judíos de este país -estaban en lucha con la Judea. Vivian de su vida propia, superior bajo -todos conceptos á la de Palestina, y les afectaba débilmente el impulso -de los movimientos religiosos de Jerusalem. - - - - -CAPÍTULO VIII. - -Primera persecucion. -- Muerte de Estéban. -- Destruccion de la primera -Iglesia de Jerusalem. - - -[Marginal: Año 36] - -Era inevitable que las predicaciones de la nueva secta, aunque se -verificaran con toda reserva, despertasen los ódios que se habia -conquistado su fundador, y acabaron por amenazarle con la muerte. -Reinaba todavía la familia de Hanan que habia hecho matar á Jesús. -José Kaiapha ocupó, hasta el 36, el soberano pontificado, cuyo -poder efectivo abandonó á su abuelo Hanan y á sus parientes Juan -y Alejandro[415]. Estos hombres altivos y sin piedad, veian con -impaciencia un cuerpo de personas buenas y santas ganar, sin título -oficial, el favor de la multitud[416]. Una ó dos veces, Pedro, Juan y -los principales miembros del colegio apostólico, fueron puestos en la -cárcel y condenados á ser azotados. Este era el castigo que se imponia -á los herejes[417], para el cual no era necesaria autorizacion de -los romanos. Estas brutalidades no hacian más que excitar el ardor -de los apóstoles, saliendo de aquellos lugares llenos de gloria por -haber sido juzgados y sufrido una afrenta por aquel al cual amaban y -defendian[418]. ¡Eterna puerilidad de las represiones penales aplicadas -á las cosas del alma! Eran tenidos por hombres de órden, sabios y -prudentes, y sin embargo, los alborotadores del 36, creyeron acabar á -latigazos con el cristianismo. - -Estas violencias provenian principalmente de los saduceos[419], es -decir, del alto clero, que rodeaba el templo y sacaba de ello inmensos -beneficios[420]. Los fariseos no desplegaron tanta animosidad contra la -secta como la habian desplegado contra Jesús. Los nuevos creyentes eran -gentes piadosas, rígidas, de un género de vida análogo al de los mismos -fariseos. - -La rabia que estos últimos sintieron contra el fundador, provenia de -la superioridad de Jesús, superioridad que éste no tenia cuidado de -disimular. Sus finas atenciones, su espíritu, su talento, su aversion -contra los falsos devotos, habian alimentado ódios crueles. Por el -contrario, los apóstoles estaban limpios de corazon y jamás emplearon -la ironía. Los fariseos les fueron favorables por momentos, y hubo -muchos que hasta se hicieron cristianos[421]. Los terribles anatemas de -Jesús contra el fariseismo no estaban escritos todavía, y la tradicion -de las palabras del Maestro no era ni general ni uniforme[422]. - -Estos primeros cristianos eran entonces tan inofensivos que muchas -personas de la aristocracia judía, sin formar precisamente parte de -la secta, estaban bien dispuestos en su favor. Nicodemo y José de -Arimatea, que habian conocido á Jesús, permanecieron unidos á la -iglesia con lazos fraternales. El doctor judío más célebre de aquel -tiempo, Rabino Gamaliel el Viejo, nieto de Hillel, hombre de ideas -avanzadas y tolerantes, dícese que en el sanhedrin opinó en favor de la -libertad de los predicadores evangélicos[423]. El mismo autor de las -_Actas_, presenta un raciocinio que deberia ser la regla de conducta -de todos los gobiernos, siempre que se encuentran en presencia de -novedades en el órden intelectual ó moral. «Si esta obra es frívola, -dejadla, que ya caerá por sí sola; si es seria ¿cómo os atreveis -á oponeros á la obra de Dios? En todo caso no podreis detenerla». -Gamaliel no fué escuchado. Los espíritus libres colocados en medio de -fanatismos opuestos son siempre rechazados. - -[Marginal: Año 37] - -El diácono Estéban[424] con su predicacion, que obtuvo inmenso -éxito, dió lugar á un hecho terrible. La multitud se agrupaba á su -alrededor y sus contrarios entablaban vivas discusiones. Sobre todo -los helenistas y los prosélitos acostumbrados á la sinagoga llamada -de los _Libertini_[425], gentes de Alejandría, Cilicia y Éfeso, se -animaban con estas disputas. Estéban sostenia con pasion que Jesús era -el Mesías, que los sacerdotes habian cometido un crímen condenándole á -muerte, que los judíos eran rebeldes, hijos de rebeldes y personas que -negaban la evidencia. Las autoridades resolvieron perder á este audaz -predicador: fueron apostados testigos para coger en su discurso alguna -palabra contra Moisés y naturalmente encontraron lo que buscaban. -Estéban fué arrestado y se le llevó á presencia del sanhedrin. La -palabra de que se le acusó era casi la misma que condenó á Jesús[426]. -Se le acusó de decir que Jesús de Nazaret destruiria el templo y -cambiaria las tradiciones que se atribuian á Moisés. Es efectivamente -posible que Estéban usara semejante lenguaje, por más que un cristiano -de esta época no hubiese tenido idea de hablar directamente contra la -ley, ya que todos la observan todavía; pero en cuanto á las tradiciones -podia muy bien combatirlas, como lo habia hecho el mismo Jesús, ya que -estas tradiciones se referian con entusiasmo á Moisés por los ortodoxos -y se las atribuia igual valor que á la ley escrita[427]. - -Estéban se defendió exponiendo la tésis cristiana con gran lujo de -citas de la Ley y salmos de los profetas, y terminó echando en cara -á los miembros del Sanhedrin el homicidio de Jesús. «Cabezas duras, -corazones insensibles, les dijo, ¿resistireis todavía el Espíritu -Santo, como lo hicieron vuestros padres? ¿Á cuál de los profetas no han -perseguido vuestros antecesores? Han castigado á los que anunciaron la -venida del Justo, que vosotros habeis librado y del cual habeis sido -despues los verdugos. ¡Esta ley que vosotros habeis recibido de la boca -de los ángeles,[428] y no la habeis guardado!...» Al oir estas palabras -interrumpiéronle con un grito de rabia, y Estéban exaltándose más, -entró en uno de esos accesos de entusiasmo que llamaban la inspiracion -del Espíritu Santo. Sus ojos se fijaron en el cielo; vió la gloria de -Dios y á Jesús al lado de su Padre y exclamó: «¡Yo veo el cielo abierto -y al Hijo del hombre á la derecha de Dios!» Todos los asistentes -taparon sus oidos y se lanzaron sobre él rechinando los dientes: -atáronle, condujéronle lejos de la poblacion y empezó el martirio. Los -testigos que segun la ley[429] debian arrojarle las primeras piedras, -arrancáronle los vestidos y los pusieron á los piés de un jóven -fanático llamado Saulo ó Pablo, el cual consideró con una especie de -secreta alegría los méritos que adquiria contribuyendo á la muerte de -un blasfemador[430]. - -En todo esto se observaron las prescripciones del Deuteronomio, c. -XIII; pero mirado bajo el aspecto civil, esta tumultuoria ejecucion -llevada á cabo sin el concurso de los romanos, no era regular[431]. -Para Jesús, hemos visto que era necesaria la aprobacion del -procurador. Tal vez tambien se obtuvo esta rectificacion para Estéban -y la sentencia no tuvo lugar tan pronto como dice el autor de las -_Actas_, ó quizás la autoridad romana se habia relajado en Judea. -Pilatos habia sido ó iba á ser suspendido en sus funciones. La causa -de su desgracia fué casualmente la firmeza que habia mostrado en su -administracion[432]. El fanatismo judío le habia hecho insoportable la -vida: tal vez habia rehusado á esos frenéticos las violencias que le -pedian, y la familia de Hanan habia llegado á no tener necesidad de -permiso para pronunciar sentencias de muerte. Lucio Vitelio, el padre -de aquel que fué emperador, era entonces legado imperial de Siria. -Procuraba ganar la gracia de las poblaciones, é hizo devolver á los -judíos los vestidos pontificales que desde Herodes el Grande, estaban -guardados en la torre Antonia[433]. Lejos de apoyar á Pilatos en sus -actos de rigor, atendió á las quejas de los indígenas y mandó á Pilatos -á Roma para contestar á las acusaciones de sus administrados (principio -del año 36.) La queja principal era que el procurador no se prestaba -de buena gana á sus deseos de intolerancia[434]. Vitelio le reemplazó -provisionalmente con su amigo Marcelo, que tuvo sin duda más cuidado -de no descontentar á los judíos y por consiguiente no se opuso á -concederles muertes religiosas. La muerte de Tiberio (16 marzo del año -37) comunicó nuevo valor á Vitelio para proseguir esta política. Los -dos primeros años del reinado de Calígula solo sirvieron para disminuir -el poder de la autoridad romana en Siria. La política de este príncipe, -antes de perder su razon, fué devolver á los pueblos de Oriente su -autonomía y sus jefes indígenas. Por esto estableció los reinados de -Antíoco, Comagena, Herodes Agrippa, de Soheym, de Cotys, y de Polemon -II, permitiendo que se engrandeciese el de Hareth[435]. Cuando Pilatos -llegó á Roma, acababa de empezar el nuevo reinado. Es probable que -Calígula le dejara burlado, puesto que confió el gobierno de Jerusalem -á un nuevo funcionario llamado Marulo, el cual parece que no excitó -por parte de los judíos las violentas recriminaciones que pusieron en -apuros al pobre Pilatos y le colmaron de disgustos[436]. - -En todo caso, lo que importa hacer notar, en la época en que estamos, -es que los perseguidores del cristianismo, no eran los romanos, -sino los judíos ortodoxos. Los romanos, en medio de su fanatismo, -conservaban un principio de tolerancia y de razon. Si se puede censurar -algo á la autoridad imperial, es haber sido demasiado débil y no haber -limitado las consecuencias civiles de una ley sanguinaria, ordenando -la pena de muerte por delitos religiosos. Sin embargo, la dominacion -romana no era todavía un poder completo como lo fué más tarde; era solo -una especie de protectorado ó de soberanía. Llevóse la condescendencia -de no poner el busto del emperador en las monedas acuñadas bajo el -poder de los procuradores á fin de no chocar con las ideas judías[437]. -Roma, al menos en Oriente, no intentaba todavía imponer sus leyes, sus -dioses y sus costumbres, á los pueblos vencidos, sino que les dejaba -con sus prácticas locales prescindiendo del derecho romano. Su media -independencia probaba su inferioridad. El poder imperial de Oriente en -aquella época, se asemejaba bastante á la autoridad turca; y el estado -de las poblaciones indígenas al de los _raias_. La idea de los derechos -y garantías iguales para todos, no existia. Cada grupo provincial tenia -su jurisdiccion como la tienen hoy las diversas iglesias cristianas -y los judíos en el imperio otomano. Hace pocos años que en Turquía -los patriarcas de diversas comunidades de _raias_, por poco que se -entendieran con la Puerta, eran soberanos delante de sus subordinados y -podian pronunciar contra ellos las más crueles penas. - -Habiendo ocurrido la muerte de Estéban por los años 36, 37 ó 38, -no sabemos si Kaiapha debe ser el responsable de la misma. Kaiapha -fué depuesto por Lucio Vitelio el año 36, poco tiempo despues de -Pilatos,[438] pero el cambio fué poco considerable. Tuvo por sucesor -á su buen hermano Jonatán, hijo de Hanan. Este á su vez tuvo por -sucesor á su hermano Teófilo, hijo de Hanan[439], el cual continuó el -pontificado en la casa de Hanan hasta el año 42. Hanan vivia todavía -y dueño del poder, mantenia contra los innovadores los principios de -orgullo, de dureza y de ódio que eran bajo cierto aspecto hereditarios -en la familia. - -La muerte de Estéban produjo una grande impresion. Los prosélitos le -hicieron funerales acompañados de llanto y gemidos[440]. La separacion -entre los nuevos sectarios y el judaismo, no era todavía absoluta. Los -prosélitos y los helenistas, menos severos en cuanto á la ortodoxia -que los judíos puros, creyeron su deber rendir público testimonio á un -hombre que honraba su corporacion y que sus particulares creencias no -habian colocado lejos de la ley. - -De esta manera se abrió la era de los mártires del cristianismo. El -mártir no era una cosa enteramente nueva. Sin hablar de Juan Bautista y -de Jesús, el judaismo en la época de Antíoco Epifano, tuvo sus testigos -fieles hasta la muerte; pero la série de animosas víctimas, que -empiezan en San Estéban, ha ejercido una influencia particular sobre la -historia del espíritu humano: ha introducido en el mundo occidental un -elemento que le faltaba, la fé exclusiva y absoluta: la idea de que hay -una sola religion buena y verdadera. Bajo este supuesto los mártires -empezaron la era de la intolerancia. Puede afirmarse que aquel que da -la vida por su fé, seria intolerante si fuera jefe. El cristianismo que -habia atravesado trescientos años de persecuciones, fué dominador á su -vez y fué más perseguidor que no lo habia sido religion alguna. Cuando -se ha derramado la sangre por una causa, se vé uno inclinado á hacer -derramar la de los otros para conservar el tesoro que se ha conquistado. - -La muerte de Estéban no fué un hecho aislado, sino que aprovechándose -los judíos de la debilidad de los funcionarios romanos, hicieron -pesar sobre la Iglesia una verdadera persecucion[441]. Parece que las -vejaciones se dirigieron principalmente sobre los helenistas y los -prosélitos cuyos libres actos exasperaban á los ortodoxos. La Iglesia -de Jerusalem, fuertemente organizada, tuvo necesidad de dispersarse. -Los apóstoles segun un principio que parece grabaron profundamente -en su espíritu[442] no abandonaron la poblacion, y lo mismo haria el -grupo puramente judío, es decir, el que llamaban los _hebreos_[443], -pero la gran comunidad, con sus comidas en compañía, sus servicios -de diáconos y sus ejercicios variados, cesó desde entonces y no se -volvió á formar bajo su primer modelo. Habia durado tres ó cuatro -años y fué una fortuna sin igual para el cristianismo naciente que -sus primeros ensayos de asociacion esencialmente comunista fracasaran -tan pronto. Los ensayos de este género, engendran tan extraños abusos -que los establecimientos comunistas están condenados á hundirse en -poco tiempo[444] si no quieren desconocer pronto el principio que -los ha creado[445]. Gracias á la persecucion del año 37, la Iglesia -cenobítica de Jerusalem no tuvo que sufrir tan ruda prueba, pues murió -en flor antes de que la hubiesen minado los contratiempos interiores, -convirtiéndose en un espléndido sueño cuyo recuerdo animó la vida -de todos aquellos que formaron parte de ella, en un ideal al que -aspirará volver el cristianismo sin conseguirlo jamás[446]. Aquellos -que comprenden el inapreciable tesoro que es todavía para los miembros -existentes de la Iglesia Sansimoniana, el recuerdo de Ménilmontant, qué -amistad ha criado entre ellos, qué alegría brilla en sus ojos cuando -hablan del mismo, comprenderán cuán poderoso fué el lazo que se creó -entre los nuevos hermanos por haber amado y sufrido juntos. Las grandes -vidas han tenido casi siempre por principio algunos meses durante los -cuales se ha sentido á Dios y cuyo perfume ha bastado para llenar años -enteros de fuerza y de suavidad. - -El primer papel en la persecucion de que acabamos de hablar pertenece -al jóven Saul, que hemos encontrado ya tomando parte, tanto como -podia, en la muerte de Estéban. Este furioso, provisto de un permiso -de los sacerdotes, entraba en las casas donde se sospechaba que habia -cristianos, se apoderaba violentamente de las mujeres y de los hombres -y les reducia á prision presentándolos al tribunal[447]. Saul se -vanagloriaba de que ninguno de su generacion habia sido tan celoso como -él de las tradiciones[448]. Es verdad que con frecuencia la dulzura -y la resignacion de sus víctimas le espantaban y sentia terribles -remordimientos, imaginándose oir á las mujeres piadosas que esperaban -el reino de Dios, repetirle durante la noche con voz dulce: «¿Por qué -nos persigues?» La sangre de Estéban que habia casi caido sobre él, -empañaba su vista: varias cosas que habia oido decir de Jesús herian -directamente su corazon. Este sér humano que al parecer abandonaba la -region eterna algunas veces para presentársele en cortas apariciones, -le espantaba como un espectro. Sin embargo, Saul rechazaba con horror -tales pensamientos y se afirmaba con una especie de frenesí en la fé -de sus tradiciones y soñaba nuevas crueldades contra aquellos que la -atacaban. Su nombre era el terror de los fieles; temíanse por su parte -las más duras violencias, las perfidias más repugnantes[449]. - - - - -CAPÍTULO IX. - -Primeras misiones. -- El diácono Felipe. - - -[Marginal: Año 38] - -Como sucede siempre, la persecucion del año 37 dió por resultado que se -propagara la doctrina que se queria suprimir. Hasta aquí la predicacion -cristiana no se habia oido lejos de Jerusalem; no se habia emprendido -mision alguna; encerrado en su comunismo más estrecho, la Iglesia madre -no habia esparcido sus rayos ni formado sucursales. La dispersion del -buen cenáculo lanzó á los cuatro vientos la santa semilla. Los miembros -de la Iglesia de Jerusalem, arrojados de su casa, se extendieron por -todas las partes de la Judea y de Samaria[450] y predicaron el reinado -de Dios. Los diáconos particularmente, libres de sus ocupaciones -administrativas á causa de la ruina de la comunidad, se convirtieron en -excelentes evangelistas. Fueron el elemento activo y jóven de la secta -contra el elemento un poco rudo constituido por los apóstoles y los -_hebreos_. Una sola circunstancia, la del lenguaje, era suficiente para -que se considerasen estos últimos como inferiores con respecto á la -predicacion. Como lengua habitual, hablaban un dialecto que ni siquiera -los judíos distantes á algunas leguas de Jerusalem podian entenderlo. -Por eso fué á los helenistas á los que se debió el éxito de la gran -conquista cuyo relato va á ser objeto de este capítulo. - -El teatro de estas primeras misiones, que pronto debian abrazar todas -las costas del Mediterráneo, fué la vecina region de Jerusalem en -un espacio que podia recorrerse en dos ó tres jornadas. El diácono -Felipe[451] fué el héroe de esta primera y santa expedicion. Evangelizó -con grande éxito la Samaria, aunque los samaritanos eran cismáticos, -pero á imitacion de su jóven maestro, la nueva secta era menos -rigorista que los judíos con respecto á la ortodoxia. Jesús, decian que -se habia mostrado distintas veces favorable á los samaritanos[452]. - -Parece que Felipe era uno de los hombres apostólicos que más se -ocupaban de la teurgia[453]. Las relaciones que tenemos sobre esto, -nos trasportan á un mundo extraño y fantástico, pues se explicó -mediante prodigios las conversiones que hizo entre los samaritanos y -particularmente en Sebastia, su capital. Este país estaba lleno de -supersticiones sobre la mágia. El año 36, es decir dos ó tres años -antes de la llegada de los predicadores cristianos, un fanático habia -causado á los samaritanos una profunda emocion predicando la necesidad -de profesar el primitivo mosaismo del cual pretendia haber encontrado -los sagrados atributos[454]. Cierto Simon, de la poblacion de Gitta, -ó Gitton[455] que adquirió más tarde una gran reputacion, empezó por -entonces á hacerse conocer por sus prestigios[456]. Es sensible ver que -el Evangelio encuentre un apoyo en tales quimeras. Una inmensa multitud -se hizo bautizar en nombre de Jesús, Felipe tenia el poder de bautizar -pero no de conferir el Espíritu Santo: este privilegio se reserva para -los apóstoles. Cuando en Jerusalem se supo la formacion de un grupo -de fieles en Sebastia, se resolvió mandar allí á Pedro y Juan para -completar su iniciacion. Llegaron los dos apóstoles; impusieron sus -manos á los nuevos conversos: oraron sobre su cabeza y á esto fueron -debidos sus poderes animados por el Santo Espíritu. Los milagros, -la profecía, todos los fenómenos del iluminismo se produjeron y la -Iglesia de Sebastia no tuvo bajo este aspecto nada que envidiar á la de -Jerusalem[457]. - -Si ha de creerse en la tradicion, encontrábase entonces en relacion -con los cristianos Simon de Gitta. Convertido, á lo que parece, por -la predicacion y los milagros de Felipe, se hizo bautizar y se unió á -este evangelista. Despues, cuando los apóstoles Pedro y Juan llegaron -y vió los poderes sobrenaturales que procuraba la imposicion de sus -manos, les ofreció dinero para que le dieran tambien la facultad de -conferir el Espíritu Santo. Pedro le dirigió entonces esta admirable -contestacion: «¡Perezca tu dinero contigo ya que has creido que se -compran los dones de Dios! Tú no tienes parte ni herencia en todo esto, -pues tu corazon no es puro delante de Dios[458].» - -Que fueran ó no pronunciadas, estas palabras trazan exactamente la -situacion de Simon ante la secta naciente. Veremos efectivamente -que, segun todas las apariencias, Simon de Gitton fué el jefe de un -movimiento religioso paralelo al del cristianismo que puede mirarse -como una especie de adulteracion samaritana de la obra de Jesús. -¿Habia ya Simon empezado á dogmatizar y á hacer prodigios cuando Felipe -entró en Sebastia? ¿Entró desde luego en relacion con la Iglesia -cristiana? La anécdota que le ha convertido en padre de toda _simonia_ -¿tiene alguna realidad? ¿Puede admitirse que el mundo estuvo un dia -frente á frente de los dos taumaturgos, de los cuales era el uno un -charlatan y el otro la _piedra_ que ha servido de base á la fé de la -humanidad? ¿Habrá podido un embaucador balancear los destinos del -cristianismo? Hé ahí lo que ignoramos por falta de documentos, ya que -la reseña de las _Actas_ es aquí demasiado débil, ya que Simon fué -desde los primeros siglos de la Iglesia el héroe de las leyendas. En -la historia solo es pura la idea general y seria injusto detenerse -en lo que tiene de chocante esta triste página de los orígenes del -cristianismo. Para los auditorios ignorantes el milagro prueba la -doctrina; para nosotros la doctrina hace olvidar el milagro. Cuando una -creencia ha consolado y mejorado la humanidad, es excusable que haya -empleado pruebas proporcionadas á la debilidad del público al cual se -ha dirigido, pero cuando se ha probado el error por el error mismo, -¿qué excusa puede oponerse? Esto no es una condena que profiramos -contra Simon de Gitton, nos explicaremos más tarde sobre su doctrina y -el papel que se desempeñó bajo el reinado de Claudio[459]. Solamente -conviene hacer constar aquí que un principio importante parece haberse -introducido desde entonces en la teurgia cristiana. Obligados á admitir -que los impostores hicieran tantos milagros, la teología ortodoxa -los atribuyó al demonio. Para conservar á los prodigios algun valor -demostrativo, fué necesario dictar reglas para discernir los milagros -verdaderos de los falsos: para esto se descendió á un órden de materias -muy trivial[460]. - -Pedro y Juan despues de haber confirmado la Iglesia de Sebastia, -regresaron á Jerusalem, evangelizando las poblaciones del país de -los samaritanos[461]. El diácono Felipe, continuó sus excursiones -evangélicas dirigiéndose por el Sur, hácia el antiguo país de los -Filisteos[462]. Este país despues del advenimiento de los Macabeos, se -vió fuertemente oprimido por los judíos[463]; debe por esto tenerse -en cuenta que dominaba allí el judaismo. Durante su viaje, Felipe -realizó una conversion que hizo algun ruido y de la cual se habló -mucho á causa de una circunstancia particular. Un dia que se dirigia -hácia Jerusalem, viniendo de Gaza, cuyo camino es muy desierto[464], -encontró á un rico viajero, evidentemente extranjero, pues iba en una -especie de carro vehículo desconocido entonces en la Syria y Palestina. -Regresaba de Jerusalem y segun costumbre entonces bastante general[465] -leia la Biblia en alta voz. Felipe que en todo queria descubrir la -inspiracion de Dios creyóse atraido hácia el desconocido; le saludó -y entró en conversacion con el opulento personaje ofreciéndose á -explicarle los pasajes que no comprendia. Esta fué para el evangelista -una oportuna ocasion para desarrollar la tésis cristiana bajo las -figuras del Antiguo Testamento. Probó que en los libros proféticos todo -se referia á Jesús, que Jesús era la palabra enigmática, y que era de -él particularmente de quien se hablaba en aquel bello pasaje: «Ha sido -conducido á la muerte como una res; como un manso cordero delante de -aquel que le guia sin abrir la boca[466].» Creyóle el viajero y á la -primera agua que encontraron le dijo: «Hé aquí el agua, ¿podré ya ser -bautizado?» Hizo detener el carro; bajaron Felipe y el viajero y éste -fué bautizado. - -El viajero era un personaje poderoso; era un eunuco de la reina de -Etiopía; era su ministro de hacienda, guardian de sus tesoros, que -habiendo ido á adorar á Jerusalem, volvia entonces á Napata[467] por -el camino de Egipto. _Candace_ ó _candaoce_ era el título que se -daba á las reinas de Etiopía hácia el tiempo de que hablamos[468]. -El judaismo habia ya entonces penetrado en Nubia y en Abisinia;[469] -muchos indígenas se habian convertido ó á lo menos contaban entre -sus prosélitos á algunos que sin ser circuncidados adoraban al Dios -único[470]. Tal vez el eunuco era de esta última clase, un simple -pagano piadoso como el centurion Cornelio que figurará bien pronto en -esta historia. Es imposible en todo caso suponer que estuviese iniciado -en el judaismo de una manera completa[471]. Hasta entonces no se habia -oido hablar del eunuco; pero Felipe contó el incidente y más tarde se -le dió importancia. Cuando á la admision de los paganos en la Iglesia -cristiana llegó á ser una cuestion capital, consideróse el incidente -referido como un precedente grave. Felipe creia haber obrado en todo -por inspiracion divina[472]. Este bautismo suministrado por órden del -Espíritu Santo á un hombre apenas judío, notoriamente incircunciso, que -solo creia en el cristianismo hacia pocas horas, tuvo un alto valor -dogmático. Esto fué un argumento para los que creian que las puertas de -la nueva Iglesia debian estar abiertas para todos[473]. - -Felipe despues de esta aventura volvióse á Aschdod ó Azote. Era tal -el nuevo estado de entusiasmo en que vivian los misioneros que á cada -paso creian oir la voz del cielo, recibir direcciones del Espíritu -Santo[474]. Cada uno de ellos creia obrar por una voluntad superior -y al ir de una poblacion á otra, pensaban obedecer á una inspiracion -sobrenatural. Varias veces creian hacer viajes aéreos y Felipe era con -respecto á este particular uno de los más exaltados. Por indicacion -de un ángel creia haber venido de Samaria y haber pasado por el sitio -donde encontró al eunuco; despues del bautismo de éste, se imaginaba -que el Espíritu Santo, le habia trasladado en un momento á Azote[475]. - -Azote y el camino de Gaza fueron el término de la primera predicacion -evangélica hacia el Sur. Al otro lado estaban el desierto y la vida -nómada en la cual no adelantó mucho el cristianismo. Desde Azote, el -diácono Felipe se volvió hácia el Norte y evangelizó toda la costa -hasta Cesarea. Tal vez las iglesias de Joppe y de Lydda, que veremos -pronto florecientes[476] fueron tambien fundadas por él. Fijóse en -Cesarea y fundó una iglesia importante[477]. Nosotros le volveremos á -encontrar veinte años más tarde[478]. Cesarea era una ciudad nueva, la -más considerable de Judea[479], que se habia construido en el sitio que -antes ocupara una fortaleza sidoniana llamada «torre de Abdastarté, -ó de Straton,» por Herodes el Grande, el cual la dió, en honor de -Augusto, el nombre que aún llevan hoy sus ruinas. Cesarea era por todos -conceptos el mejor puerto de Palestina, y por sus rápidos adelantos -comprendíase que deseaba convertirse en capital, y no es extraño, por -lo tanto, que las personas notables de Judea pensaran en fijar allí -su residencia habitual[480]. Era sobre todo un pueblo pagano[481]; -sin embargo, abundaban en él los judíos, entablándose con frecuencia -crueles rivalidades entre las dos clases de la poblacion[482]. -Hablábase únicamente la lengua griega, y hasta los judíos recitaban -en griego varios trozos de la liturgia[483]. Los austeros rabinos de -Jerusalem pintaban á Cesarea como una morada profana, perjudicial, -donde el individuo se volvia casi pagano[484]. Por todas las razones -que se acaban de exponer, dicha poblacion representará un papel -importante en el transcurso de nuestra historia. Ella fué, bajo cierto -aspecto, el puerto del cristianismo, el punto desde el cual la Iglesia -de Jerusalem se comunicó con todo el Mediterráneo. - -Otras muchas misiones, cuya historia nos es desconocida, se hicieron -paralelamente á la de Felipe[485]. La misma rapidez con que se llevó á -cabo esta primera predicacion, fué la causa de su éxito. En el año 38, -cinco años despues de la muerte de Jesús y uno poco más ó menos de la -de Estéban, toda la Palestina, al otro lado del Jordan, habia escuchado -la buena nueva de boca de los misioneros salidos de Jerusalem. La -Galilea por su parte guardaba la santa semilla y probablemente la -extendia á su alrededor, aunque nada se sepa de las misiones salidas -de aquel país. Tal vez la poblacion de Damasco, que en la época á que -nos referimos contenia varios cristianos[486], recibia la fé de los -predicadores galileos. - - - - -CAPÍTULO X. - -Conversion de San Pablo. - - -[Marginal: Año 38] - -El año 38 valió á la Iglesia naciente una conquista notable. Fué en -efecto en el transcurso de este año[487] cuando debió tener lugar, -poco más ó menos, la conversion de aquel Saulo que hemos encontrado -como cómplice de la lapidacion de Estéban, agente principal de la -persecucion del año 37, y que acababa de transformarse, por un -misterioso efecto de la gracia, en el más ardiente de los discípulos de -Jesús. - -Saulo, nació en Tarso, en Cilicia[488] el año 10 ó 12 de nuestra -era[489]. Segun la moda del tiempo se habia latinizado su nombre con el -de _Paulo_[490] y no llevó este nombre de una manera continua, hasta -que hubo tomado el calificativo de apóstol de los gentiles[491]. Pablo -era de la más pura sangre judía[492]. Oriunda su familia, tal vez de la -poblacion de Giscala, en Galilea[493], pretendia pertenecer á la tribu -de Benjamin[494]. Su padre poseia el título de ciudadano romano[495]. -Sin duda alguno de sus antecesores habia comprado este título, ó -lo habia adquirido con sus servicios. Puede suponerse que lo habia -obtenido su abuelo por haber ayudado á Pompeyo cuando la conquista -romana (63 años antes de J.-C.); su familia, como todas las buenas y -antiguas casas judías, pertenecia al partido de los fariseos[496]. -Pablo fué educado en los principios más severos de esta secta[497] y -si repudió más tarde sus rígidos dogmas, guardó su ardiente fé y su -entusiasta exaltacion. - -Tarso era en la época de Augusto, una poblacion muy floreciente. Los -habitantes pertenecian en su gran parte á la raza griega y armenia, -pero los judíos abundaban mucho como en todas las poblaciones -mercantiles.[498] Era muy extendida la aficion á las ciencias y á -las letras y ninguna poblacion del mundo, sin exceptuar Atenas y -Alejandría, poseia tantas escuelas é institutos científicos[499]. El -número de los sabios que produjo ó que hicieron sus estudios en Tarso, -es verdaderamente notable[500]. De esto no debe deducirse que Pablo -recibiera una educacion helénica señalada. Los judíos frecuentaban -raras veces los establecimientos de instruccion profana[501]. Las -escuelas más célebres de Tarso eran las escuelas de retórica[502]. Lo -primero que se aprendia en ellas era el griego clásico, y no es creible -que un hombre que hubiese aprendido aunque fuese elementalmente la -gramática y retórica de una lengua tan elegante, hubiese escrito tan -incorrectamente como lo hizo bajo el aspecto helénico las epístolas -de San Pablo. Él habla habitualmente y con facilidad en griego[503]; -él escribe, ó mejor dicho, dicta[504] en esta lengua, pero su griego -es el de los judíos helenistas; un griego cargado de hebraismos y de -siriacismos que apenas debe ser inteligible para un literato de la -época y que no se comprende más que haciéndose cargo de la construccion -siriaca que Pablo, al dictar, formaba en su espíritu. Él mismo reconoce -el carácter popular y grosero de su lengua[505]. Cuando podia hablaba -el hebreo, es decir, el siro-caldeo de aquel tiempo[506]. En esta -lengua pensaba; en esta lengua le habló la voz íntima del camino de -Damasco[507]. - -Su doctrina no tiene ninguna relacion directa, ni copia nada de la -filosofía griega. La cita de un verso de _Thais_ de Menandro que se -encuentra en sus escritos[508], es uno de los proverbios monósticos -que sabia todo el mundo y que podian citarse muy bien sin haber leido -los originales. Otras dos citas, una de Epiménides y otra de Arato, -que figuran bajo su nombre[509] aunque seguramente no son suyas, se -explican tambien como copiadas de segunda mano[510]. La cultura de -Pablo es casi exclusivamente judía[511]; es más bien en el Talmud, que -en la Grecia clásica donde deben buscarse sus análogos. Algunas ideas -generales que la filosofía habia extendido por todas partes, y que -podian conocerse sin haber abierto un solo libro de los filósofos[512], -las hace tambien suyas. Su manera de raciocinar es de las más extrañas. -Ciertamente ignora por completo la lógica peripatética. Su silogismo no -es como el de Aristóteles, y por el contrario, su dialéctica tiene la -mayor semejanza con la del Talmud. En general, se deja Pablo conducir -más bien por las palabras, que por las ideas. Una palabra que tenga -en su espíritu le domina y le lleva á un órden de ideas distintas -del punto principal. Sus transiciones son bruscas; sus demostraciones -interrumpidas; sus períodos con frecuencia cortados. Ningun escritor -ha sido más desigual. Inútilmente se buscaria en todas las literaturas -un fenómeno tan notable como el capítulo 13 de la primera epístola á -los Corintios, página sublime, al lado de débiles argumentos de penosas -reticencias, de fastidiosas sutilezas. - -Su padre le destinó desde muy jóven á ser rabino, pero segun la -costumbre general[513], dióle una profesion. Pablo fué tapicero[514], -ó si se quiere trabajador en aquellas telas ordinarias de Cilicia -que se llamaban _cilicium_. En distintas épocas dedicóse á este -trabajo[515], pues carecia de fortuna patrimonial y tuvo una hermana, -cuyo hijos vivieron en Jerusalem[516]. Los indicios que se tienen de un -hermano[517] y de otros parientes[518] que abrazaron el cristianismo, -son muy vagos y muy inciertos. - -Si hemos de creer que los buenos modales y la finura están en relacion -con la fortuna de cada uno, debemos figurarnos á Pablo como un -hombre del pueblo mal educado y sin distincion. No obstante, esta -apreciacion no es exacta, porque era extremada su finura y sus manos -delicadas cuando él queria. Á pesar de su incorreccion de estilo, sus -epístolas revelan un hombre de grande imaginacion,[519] encontrándose -en sus elevados pensamientos expresiones muy felices. Jamás -correspondencia alguna, ha revelado atenciones más rebuscadas, maneras -más finas, reconvenciones más amables. Una ó dos de sus fórmulas -nos desagradan[520], pero ¡qué facilidad! ¡qué riqueza de frases -deliciosas! ¡qué naturalidad! Se comprende bien que su carácter en los -momentos en que la pasion no le volvia irascible y duro, debia ser el -de un hombre fino, emprendedor, afectuoso, perfectamente susceptible y -un poco celoso. Inferiores ante el público[521], estos hombres tienen, -en el seno de las pequeñas iglesias, inmensas ventajas por el respeto -que inspiran por su aptitud y su práctica y por su hábil manera de -salir de las más grandes dificultades. - -El aspecto de Pablo era repugnante y su semblante no correspondia á -la grandeza de su alma. Era feo, de baja estatura y medio jorobado. -Sus fuertes hombros sostenian una cabeza pequeña y calva; su semblante -ostentaba una barba poblada y espesa; tenia la nariz aguileña; los ojos -penetrantes y eran negras las cejas que delineaban su frente[522]. Su -palabra no ofrecia nada de particular ni imponia[523]: una especie -de temor, de embarazo, de incorreccion, daba frecuentemente una pobre -idea de su elocuencia[524]. Como hombre de tacto, insistia él mismo -sobre sus defectos exteriores, sacando de ellos ventajas[525]. La raza -judía tiene de notable que presenta tipos de la más grande belleza y de -una fealdad completa; pero la fealdad judía es una cosa completamente -especial. Unas facciones extrañas, que con frecuencia excitan la -sonrisa, y toman, cuando se iluminan, una especie de resplandor -profundo y de majestad. - -El temperamento de Pablo, no era menos singular que su exterior. Su -contextura vigorosa y fuerte, se hallaba alterada por una vida llena -de fatigas y de sufrimientos. Sin cesar alude él mismo á su debilidad -corporal y se presenta como un hombre demacrado, enfermo, tímido, sin -esperanza, sin prestigio, sin nada de lo que hace efecto, si bien tiene -el mérito de no hacer aprecio de estas miserias[526]. Á veces habla con -misterio de una prueba secreta, «de una espina clavada en su carne,» -que compara á un ángel de Satán, ocupado en molestarle y al cual Dios -ha permitido que se le uniera para que no se enorgulleciese[527]. Tres -veces ha pedido al Señor que le librara de esta pena; tres veces el -Señor le ha contestado: «Mi gracia te basta.» Esta era sin duda una -debilidad suya, pues el atractivo de las voluptuosidades carnales no -pareció agitarle nunca puesto que él mismo nos enseña á ser insensible -á las mismas[528]. Parece que no se casó[529]; la frialdad de su -temperamento, consecuencia de los ardores espirituales de su cerebro, -se muestra durante toda su vida; se envanece de ello con tanta -seguridad que es probable no esté exenta de cierta afectacion y que en -todo caso tiene para nosotros algo repugnante[530]. - -Fué muy jóven á Jerusalem[531] y dícese que entró en la escuela -de Gamaliel el Viejo[532]. Gamaliel era el hombre más ilustre de -Jerusalem. Como el nombre de fariseo se aplicaba á todo judío notable -que no era de familia sacerdotal, Gamaliel pasaba por un miembro de -esta secta, pero no era exclusivista ni pobre de espíritu como aquella. -Era un hombre liberal, ilustre, que comprendia á los paganos y sabia -el griego[533]. Tal vez las grandes ideas que profesó San Pablo al -convertirse, fueron una reminiscencia de lo que le enseñó su primer -maestro; es necesario, sin embargo, confesar que no fué la moderacion -lo que del mismo aprendió. En la atmósfera cálida de Jerusalem llegó á -un grado extremo de fanatismo. Figuraba á la cabeza del jóven partido -fariseo, rigorista y exaltado que estaba unido á su pasado nacional -hasta el último extremo[534]. Él no conoció á Jesús[535] ni asistió á -la escena sangrienta del Gólgota, pero le hemos visto tomando una parte -activa en la muerte de Estéban y figurar en primera línea entre los -perseguidores de la Iglesia. Solo respiraba muerte y amenazas y corrió -á Jerusalem escudado de una órden que autorizaba todos sus excesos. Iba -de sinagoga en sinagoga, forzando á los tímidos para que renegaran del -nombre de Jesús, y haciendo apalear ó encerrar á los otros[536]. Cuando -la Iglesia de Jerusalem se dispersó, las poblaciones vecinas fueron -víctimas de su rabia[537], desesperándole los progresos de la nueva fé, -hasta que habiendo sabido que un grupo de fieles se habia constituido -en Damasco, pidió al gran sacerdote Teófilo, hijo de Hanan[538], cartas -para la sinagoga de esta poblacion, que le confiriesen el poder de -prender á las personas creyentes y de llevarlas atadas á Jerusalem[539]. - -El desórden de la autoridad romana en Judea, despues de la muerte de -Tiberio, explica estas arbitrarias vejaciones que tenian lugar bajo el -mando del insensato Calígula. La administracion estaba desarreglada -en todas partes, y el fanatismo habia ganado lo que habia perdido el -poder civil. Despues del mando de Pilatos, y las concesiones hechas á -los indígenas por Lucio Vitelio, se adoptó el principio de dejar al -país abandonado á sus leyes especiales, y entonces se ejercieron mil -tiranías locales aprovechando la debilidad de un poder insuficiente. -Por aquella época Damasco habia pasado al poder del rey Hartat ó Hareth -cuya capital era Petra[540]. - -Este príncipe poderoso y valiente, despues de haber derrotado á -Herodes Antipas y puéstose al frente de las fuerzas romanas mandadas -por el legado imperial Lucio Vitelio, se habia visto maravillosamente -favorecido por la fortuna. La noticia de la muerte de Tiberio (16 marzo -37) habia detenido repentinamente á Vitelio[541]. Hareth, aprovechando -esta oportunidad se apoderó de Damasco, estableciendo en esta poblacion -un _etnarca_ ó gobernador.[542] Cuando tuvo lugar esta conquista, la -mayor parte de los habitantes de dicha ciudad eran judíos que ejercian -el proselitismo y muy particularmente las mujeres[543]. El modo de -contentarles, el medio de ganarles, era hacer siempre concesiones á -su autonomía; y toda concesion á su autonomía era un permiso para -entregarse á violencias religiosas[544]. Castigar y matar á los que no -pensaban como ellos: hé aquí lo que llamaban independencia y libertad. - -Pablo salió de Jerusalem, siguiendo sin duda el camino ordinario y -pasó el Jordan por el puente llamado de las _Hijas de Jacob_. No -tenia límites la exaltacion de su cerebro y por momentos parecia -estar loco y desvanecido. La pasion no puede ser una regla de fé: -el hombre apasionado va de una creencia á otra distinta llevando á -ella únicamente el mismo fuego. Como todas las almas fuertes, Pablo -estaba muy cerca de amar lo que odiaba. Por otra parte, ¿estaba -seguro de no contrariar la obra de Dios? Las ideas mesuradas y justas -de su maestro Gamaliel[545], le venian sin duda á la memoria y es -de advertir que almas ardientes como la de Pablo sienten á veces -terribles remordimientos. Debia tener presentes las lágrimas de los -que torturaba;[546] el cariño de sus buenos sectarios, quienes le -amaban tanto más á medida que iban conociéndole; y sin embargo, nadie -les conocia tanto á ellos como su perseguidor. Por momentos creia -ver la figura de su Maestro, que tanta paciencia inspiraba á sus -discípulos, mirarle con aire de piedad y reconvenirle dulcemente. Lo -que se explicaba de las apariciones de Jesús, concebido como un sér -aéreo y perfectamente visible, le afectaba mucho, pues en las épocas -y en los países en que se cree lo maravilloso, las narraciones de -milagros imponen igualmente á los de partidos opuestos, teniendo por -ejemplo, miedo los musulmanes de los milagros de Elías y pidiendo como -los cristianos curaciones sobrenaturales á San Jorge y á San Antonio. -Pablo, despues de haber atravesado la Iturea, entró en la llanura de -Damasco, aproximóse á la poblacion y estaba ya probablemente á la -entrada de los jardines que la rodean. Era medio dia[547] y viajaba -á pié en union de varios compañeros[548]. - -El camino de Jerusalem á Damasco no ha cambiado todavía: es el que -partiendo de esta última ciudad en la direccion del Sud-oeste, -atraviesa la hermosa llanura regada á la vez por los rios afluyentes -del Abana y de Farfar y sobre la cual se extienden hoy las poblaciones -de Dareya, Kaukab y Sasa. No puede buscarse el punto de que hablamos, -y que fué teatro de uno de los hechos más importantes de la historia -de la humanidad, sino cerca de Kaukab á cuatro horas de Damasco[549]. -Tambien es probable que el punto en cuestion fuera más cercano á la -poblacion y en este caso se estaria en lo cierto colocándolo cerca de -Dareya, hora y media de Damasco, ó entre Dareya y el último confin de -Meidan[550]. Pablo tenia delante de sí la poblacion cuyos edificios -debian ya divisarse por entre los árboles; detrás la majestuosa -altura del Hermon con sus nevadas crestas que le asemejaban á la -cabeza de un anciano; á su derecha el Haurán, las dos pequeñas -cordilleras paralelas que cierran el camino inferior de Farfar[551] -y los túmulos[552] de la region de los lagos; á su izquierda los -contrafuertes del Ante-Líbano que se unen al Hermon. La impresion -que se siente al divisar aquellos campos ricamente cultivados, y -aquellas deliciosas vegas separadas unas de otras por frondosos -árboles, cargados de sabrosos frutos, es la de la calma y la felicidad. -Figuraos un camino sombrío abriéndose paso entre la enramada, cruzado -sin cesar por canales de riego, serpenteando al través de olivares, -nogales, albaricoques, y otros árboles unidos entre sí por las ramas -de espesas cepas, y tendreis una idea del lugar donde aconteció el -hecho extraño que ha ejercido tanta influencia sobre la fé del mundo. -Apenas se cree el viajero estar en Oriente al cruzar los alrededores de -Damasco,[553] y sobre todo al salir de las ásperas y cálidas regiones -de la Gaulanítide y de la Iturea lo que más satisface al alma es la -alegría de encontrar los trabajos del hombre y las bendiciones del -cielo. Desde la más remota antigüedad hasta nuestros dias, toda aquella -zona que rodea á Damasco de frescura y bienestar, no ha tenido más que -un nombre, no ha inspirado más que un sueño, el de _paraiso de Dios_. - -Si Pablo encontró allí visiones terribles, es que las llevaba en -su espíritu. Cada paso que dirigia hácia Damasco despertaba en -él curiosas incertidumbres. El odioso papel de verdugo que iba á -representar se le hacia insufrible: las casas que empezaba á divisar -eran tal vez morada de sus víctimas y este pensamiento le detenia, le -agitaba; queria no avanzar, le parecia resistir á un aguijon que le -oprimia[554]. La fatiga del camino[555] uniéndose á esta preocupacion -le venció: tenia segun parece los ojos inflamados[556], tal vez -un principio de oftalmia. En las marchas prolongadas, las últimas -horas son las más penosas, ya que se acumulan en ellas todas las -causas debilitantes de los dias pasados y las fuerzas nerviosas se -extinguen, verificándose una sensible reaccion. Tal vez tambien la -brusca transicion de pasar de una llanura caldeada por el sol, á las -frescas sombras de los jardines, determinó un acceso en su organismo -enfermo[557] y quebrantado por su fanático viaje. Las calenturas -perniciosas acompañadas de ataques cerebrales, aparecen de una manera -rápida en aquellos lugares. En pocos minutos se encuentra el viajero -delirando: cuando ha pasado el ataque se conserva la impresion de una -noche oscura y parece que se han visto dibujarse imágenes en su negro -fondo[558]. Lo cierto es que una conmocion terrible quitó á Pablo lo -que le restaba de conciencia distinta y le derribó por tierra privado -de conocimiento. - -Es imposible conocer, por las narraciones que tenemos de este hecho -singular[559], si alguna otra causa exterior dió lugar á la crísis que -valió al cristianismo su más ardiente apóstol; sin embargo, el hecho -exterior significa aquí poca cosa. El estado del alma de san Pablo, -sus remordimientos, el acercarse á la poblacion donde iba á cometer -sus abusos, fueron las verdaderas causas de su conversion[560]. Por mi -parte prefiero la hipótesis de un hecho personal á Pablo; de una cosa -sentida por él solo[561]. No es por esto inverosímil que estallara -de repente una tempestad:[562] las faldas del Hermon son el punto de -formacion de los temporales cuya violencia nada puede igualar. Las -almas más frias, no atraviesan sin terror esas espantosas lluvias de -fuego. En la antigüedad, los accidentes de este género se consideraban -como revelaciones divinas, toda vez que por la idea que se formaban -entonces de la Providencia, nada era fortuito, y cada individuo debia -atribuir como dirigidos á él los fenómenos naturales que tenian lugar -á su alrededor. Para los judíos en particular, los truenos eran la -voz de Dios, el rayo, el fuego de Dios. Pablo estaba dominado por la -mayor agitacion y era natural que prestara oido á la voz de la tormenta -y á la de su propio corazon. Que un delirio febril, causado por el -sol ó por una oftalmia se apoderó de repente de Pablo; que una luz -produjera su desvanecimiento; que un rayo le derribara y le causara una -conmocion cerebral que le hiciera olvidar por un momento el sentido -de la vida, poco importa. Los recuerdos del Apóstol, acerca de este -particular, parecen estar algo confusos; estaba persuadido de que el -hecho habia sido sobrenatural, y semejante opinion no le permitia tener -conciencia plena de las circunstancias materiales. Estas conmociones -cerebrales producen á veces una especie de efecto retroactivo y turban -completamente los recuerdos de los momentos que han precedido á la -crísis[563]. Desde luego el mismo Pablo nos dice que estaba sujeto á -visiones[564] y cualquiera circunstancia insignificante á los ojos de -otro, debe bastar para que él la dé importancia. - -En medio de las alucinaciones contrarias á todo buen sentido, ¿qué vió? -¿qué oyó? Vió la figura que le perseguia hacia dias, vió el fantasma -acerca del cual se explicaban varias historias, vió á Jesús mismo[565] -que le decia en hebreo: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» Las -naturalezas impetuosas pasan violentamente de un extremo á otro[566]. -Para ellas hay lo que no existe para las naturalezas frias, momentos -solemnes, minutos que deciden todo el resto de su vida. Los hombres -reflexivos no cambian jamás y solo se transforman. Por el contrario los -hombres ardientes cambian y no se transforman nunca. El dogmatismo es -como un vestido de Nesso que no puede arrancarse. Les falta pretexto -para amar y odiar: solo nuestras razas occidentales han podido producir -estos espíritus delicados, fuertes y flexibles que ninguna ilusion -momentánea tiraniza, que ninguna vana afirmacion seduce. El Oriente -no ha producido jamás hombres de esta especie. En pocos segundos -se agolparon á la imaginacion de Pablo todos sus más profundos -pensamientos. Se le mostró vivamente el horror de su conducta: se vió -cubierto con la sangre de Estéban, mártir que se le apareció como su -padre, su iniciador: conmovióse su fibra más sensible y se operó en él -un cambio, pero este cambio no fué más que para abrazar otro fanatismo. -Su sinceridad, su deseo de fé absoluta le privaban de aceptar el -término medio y es claro que debia desplegar algun dia en la defensa de -Jesús el celo ardiente que empleara antes para perseguirle. - -Pablo entró en Damasco con la ayuda de sus compañeros que le llevaban -de la mano[567], y le dejaron en casa de un tal Judas que vivia en la -calle Derecha, grande via de columnas de más de una milla de largo y -cien piés de ancho, que cruzaba la poblacion de este á oeste y cuyo -trazado forma todavía hoy, salvo algunas desviaciones, la principal -arteria de Damasco[568]. El desvanecimiento[569] y la agitacion -cerebral no disminuian de intensidad. Durante tres dias, abatido por -la fiebre, Pablo no comió ni bebió. Lo que pasó durante esta crísis -en una cabeza ardiente, agitada por una violenta conmocion se adivina -fácilmente. Hablóse delante de él de los cristianos de Damasco y -particularmente, de cierto Hanania que parecia haber sido el jefe de -la comunidad[570]. Pablo habia oido hablar del poder milagroso de -los nuevos creyentes, para curar las enfermedades, y la idea de que -la imposicion de las manos de aquel, le sacaria del estado en que -se hallaba se apoderó de su espíritu. Sus ojos estaban siempre muy -inflamados, y entre las imágenes que se sucedian en su cerebro[571] -creyó ver á Hanania que entraba y le saludaba familiarmente segun -costumbre de los cristianos, y se persuadió que á él solo deberia su -curacion. Hanania fué llamado y fué á hablar cariñosamente al enfermo; -le llamó hermano suyo y le impuso las manos. Desde este momento renació -la calma en el alma de Pablo, creyóse curado, y la enfermedad, siendo -principalmente nerviosa, desapareció. Algunas lágrimas cayeron de sus -ojos[572], comió y recobró sus fuerzas. - -Casi al momento recibió el bautismo[573] y eran tan sencillas las -doctrinas de la Iglesia que nada nuevo tuvo que aprender: marchó al -campo cristiano perfectamente convertido. ¿De quién habia entonces de -recibir lecciones? Jesús mismo se le apareció: tuvo la vision de Jesús -resucitado, como Jacobo, como Pedro. Todo lo aprendió por revelacion -inmediata: la ruda é indomable naturaleza de Pablo reaparece aquí. -Abatido en medio del camino, quiso someterse, pero someterse á Jesús -solo, á Jesús, que habia abandonado la derecha de su padre para venir -á convertirle é instruirle. Tal es la base de su fé; tal será un dia -el punto de partida de sus pretensiones. Él sostendrá que no tuvo -intencion de ir á Jerusalem despues de su conversion para entrar -en relaciones con aquellos que eran apóstoles antes que él; que ha -recibido su revelacion particular y que nada debe á persona alguna; -que es apóstol como los Doce por institucion divina y por intervencion -directa de Jesús, y que su doctrina es la buena sin que un ángel -siquiera pueda decir lo contrario[574]. Al oir á este orgulloso, un -inmenso temor se apoderó de la pequeña sociedad de pobres de espíritu -que ha constituido hasta aquí el cristianismo. Será un verdadero -milagro si sus violencias y su inflexibilidad personal no lo destruyen -todo; pero tambien su atrevimiento, su fuerza de iniciativa, su -decision, van á ser un elemento precioso al lado del espíritu mezquino, -tímido, é indeciso de los santos de Jerusalem. Seguramente que si -el cristianismo no hubiera salido de entre aquellas buenas gentes, -permaneciendo encerrado en un círculo de iluminados, que vivian en -comunidad, se hubiera extinguido sin dejar apenas recuerdo. - -Pero el indómito san Pablo es quien contribuirá á su engrandecimiento y -desafiando todos los peligros se dirigirá atrevidamente á través de los -mares para propagar su doctrina. Al lado del fiel sumiso, recibiendo su -fé del superior sin decir una palabra, estará el cristiano desprovisto -de toda autoridad que solo creerá por conviccion personal. El -protestantismo existió ya cinco años despues de la muerte de Jesús. San -Pablo fué su ilustre fundador. Jesús, sin duda no habia previsto tales -discípulos que son tal vez los que más contribuyeron á dar vida á su -obra y le aseguraron la eternidad. - -Las naturalezas violentas conducidas al proselitismo no cambian más que -el objeto de su pasion. Tan entusiasta por la nueva fé como lo habia -sido por la antigua, san Pablo, lo mismo que Omar, trocó en un dia -el papel de perseguidor por el de apóstol. No volvió á Jerusalem[575] -donde su posicion cerca de los Doce hubiera sido muy delicada, sino -que permaneció en Damasco y en el Haurán[576] predicando durante -tres años (38-41) que Jesús era hijo de Dios[577]. Herodes Agrippa -I era soberano de Haurán y de los países vecinos, pero su poder era -inferior en varias partes al del rey nabateano Hareth. La decadencia -del poder romano habia cedido al ambicioso árabe la grande y rica -poblacion de Damasco, así como una parte de las orillas del Jordan y -del Hermon que nacian entonces á la civilizacion[578]. Soheym[579], -otro emir y tal vez pariente ú oficial de Hareth, se hacia dar por -Calígula la investidura de la Iturea. En medio de aquella grande -efervescencia de la raza árabe[580] en aquel extraño suelo, donde una -raza enérgica desplegaba su actividad febril, Pablo dió á conocer la -fogosidad de su alma de apóstol[581]. Tal vez el movimiento material y -brillante que transformaba al país se debia al éxito de una predicacion -completamente idealista y fundada sobre la creencia de un cercano fin -del mundo. No se encuentra en la Arabia vestigio alguno de Iglesia -fundada por san Pablo. Si la region de Haurán fué hácia el año 70 -uno de los centros más importantes del cristianismo, lo debe á la -emigracion de cristianos de la Palestina, que son justamente los -enemigos de san Pablo, los ebionitas que tienen en aquella comarca su -principal establecimiento. - -En Damasco donde habia muchos judíos[582], Pablo era más escuchado: -entraba en las sinagogas presentando vigorosas argumentaciones -para probar que Jesús era el Cristo. La sorpresa de los fieles era -extremada al ver que el que habia perseguido á sus hermanos y que iba á -encadenarles, acababa de convertirse en su primer apologista[583]. Su -audacia y su singularidad tenian algo que les espantaba: estaba solo y -no se aconsejaba de nadie[584]; no formaba escuela y le miraban con más -curiosidad que simpatía: conocian que era un hermano pero un hermano -de una especie particular. Creíasele incapaz de una traicion, pero las -tímidas naturalezas experimentan todavía un sentimiento de desconfianza -y de temor al lado de las naturalezas poderosas y originales porque -conocen que algun dia dejarán de tenerlas á su lado. - - - - -CAPÍTULO XI. - -Paz y desarrollos interiores de la Iglesia de Judea. - - -[Marginal: Año 38] - -Desde el año 38 al 44 parece que no sufrió persecucion alguna la -Iglesia[585]. Tomaron los fieles precauciones que sin duda descuidaran -antes de la muerte de Estéban y evitaron hablar en público. Tal vez -tambien las desgracias de los judíos, que durante todo el segundo -período del reinado de Calígula, estuvieron en lucha con este príncipe, -contribuyeron á favorecer la secta naciente. Efectivamente, los judíos -perseguían más cuanto mayor era la armonía que reinaba entre ellos -y los romanos. Para asegurar ó recompensar su tranquilidad, estos -les aumentaron sus privilegios y en particular el que más querian, -el derecho de castigar á las personas que miraban como infieles á la -Ley.[586] Ahora bien, los años á que hemos llegado fueron de los más -tempestuosos para la historia, siempre turbulenta de aquel pueblo -singular. - -La antipatía que los judíos por su superioridad moral, por sus nobles -costumbres y tambien por su dureza, excitaban en las poblaciones en -medio de las cuales vivian, habia llegado á su colmo, sobre todo en -Alejandría[587], y estos ódios acumulados pudieron al fin satisfacerse -al subir al imperio uno de los mayores locos que hayan reinado. -Calígula, despues de la enfermedad que alteró sus facultades mentales -(octubre, 37) daba el espantoso espectáculo de un furioso gobernando -el mundo con el poder más enorme que jamás hombre alguno ha tenido en -sus manos. La desastrosa ley del cesarismo hacia posibles é incurables -semejantes horrores, que duraron tres años y tres meses. Dá vergüenza -narrar en una historia séria lo que vamos á decir: antes de entrar -en la reseña de estas saturnales, es necesario repetir con Suetonio: -_Reliqua ut de monstro narranda sunt_. - -El más inofensivo pasatiempo de aquel insensato, era ocuparse de su -propia divinidad[588], demostrando una especie de amarga ironía, una -mezcla de gravedad cómica (pues al mónstruo no le faltaba talento), -y de irrision profunda al hablar del género humano. Los enemigos de -los judíos comprendieron la inmensa ventaja que podian sacar de esta -manía. Era tal el estado religioso del mundo, que no se levantaba una -sola protesta contra los actos sacrílegos del César; y cada culto -se apresuró á conferirle los títulos y honores reservados á sus -dioses. La eterna gloria de los judíos es haber levantado el grito -de la conciencia indignada en medio de esta innoble idolatría. El -principio de intolerancia que les dominaba y que les conducia á tantas -crueldades aparecia aquí bajo su verdadero aspecto. Afirmando que era -absoluta su religion no se humillaron ante el odioso capricho del -tirano y esto fué el orígen de tantas persecuciones sin fin. Bastaba -que hubiese en una poblacion un solo hombre descontento de la sinagoga, -malvado ó simplemente espía, para sentir espantosas consecuencias. -Un día se encontraba un altar en honor de Calígula en sitio donde no -podian tolerarlo los judíos[589]: otro una multitud de chiquillos -escandalizaban porque sólo los judíos rehusaban colocar la estátua del -emperador en sus lugares de oracion; corríase entonces á las sinagogas -y á los oratorios; poníase en ellas el busto de Calígula[590] y -colocaban á los infelices en la alternativa de renunciar á su religion -ó de cometer un crímen de lesa majestad. De ahí originábanse espantosas -vejaciones. - -Habíanse renovado varias veces semejantes actos, cuando se le sugirió -al emperador una idea todavía más diabólica, y fué la de colocar una -colosal estátua de oro en el santuario del templo de Jerusalem y hacer -dedicar el templo mismo á su divinidad[591]. Esta odiosa intriga -aumentó por treinta años la revolucion y ruina de la nacion judaica. - -La moderacion del legado imperial, Publio Petronio y la intervencion -del rey Herodes Agrippa, favorito de Calígula, previnieron la -catástrofe; pero hasta el momento en que la espada de Querea libró á la -tierra del tirano más execrable que habia sufrido, los judíos vivieron -por todas partes bajo el terror. Philon ha conservado los detalles de -la inaudita escena que tuvo lugar, cuando una diputacion, de la cual -aquel era presidente, fué admitida á presencia del emperador[592]. -Calígula les recibió mientras visitaba las poblaciones de Mecenas y -de Lamia, cerca del mar en los alrededores de Pozzuoli. Era un dia en -que estaba de buen humor: Helicon su primer bufon acababa de contarle -toda clase de bufonadas sobre los judíos. «¡Ah! ¿sois vosotros, les -dijo con amarga sonrisa y enseñándoles los dientes, los únicos que no -quereis reconocerme por Dios y preferís adorar á uno que ni siquiera -os atreveis á nombrar?» y acompañó estas palabras con una horrible -blasfemia. Los judíos temblaron y sus adversarios alejandrinos tomaron -la palabra: «Vos aborreceriais más, señor, á toda esa gente y á su -nacion si supierais la aversion que os profesan, pues son los únicos -que no han sacrificado por vuestra salud, cuando todos los demás -pueblos lo han hecho.» Á estas palabras, contestaron los judíos que -aquello era una calumnia y que ellos habian ofrecido tres veces para -la prosperidad del emperador los sacrificios más solemnes que les -permitia su religion. «Sí, dijo Calígula con seriedad cómica, habeis -sacrificado muy bien pero no es á mí á quien habeis sacrificado; ¿qué -ventaja he sacado yo?» y en seguida volvióles la espalda, empezó á -recorrer las habitaciones, dando órdenes para su reparacion, subiendo y -bajando sin cesar. Los desdichados diputados (entre los cuales figuraba -Philon, de ochenta años de edad, el más venerable de aquel tiempo -despues de la muerte de Jesús), le seguian por todas partes jadeantes, -temblando, ridiculizados por los criados. Calígula volvióse de repente -y dijo: «Á propósito, ¿por qué no comeis cerdo?» Los bufones se echaron -á reir y los oficiales con tono severo les advirtieron que faltaban -á la majestad del emperador con sus risas inmoderadas. Los judíos -balbucearon y uno de ellos dijo sencillamente: «Pero hay personas -que no comen cordero.--¡Ah! en esto, repuso el emperador, tienen -razon, pues es manjar que no tiene gusto alguno.» Fingió entonces -querer enterarse de su negocio, mas apenas empezaron la explicacion -interrumpióles su discurso, se fué á dar órdenes para la decoracion de -una sala que queria adornar con piedra lapidaria. Regresó afectando -cierta moderacion, preguntó á los enviados si tenian algo que añadir y -como estos reanudaran el discurso interrumpido, volvióles de nuevo la -espalda para ir á ver otra sala que hacia adornar con pinturas. Este -juego del tigre que se divierte con su víctima, duró horas: los judíos -solo esperaban la muerte, pero en el último momento la fiera escondió -sus garras: «¡Vamos! dijo Calígula decididamente, estas gentes son -más dignas de compasion que culpables por no creer en mi divinidad.» -Véase pues cómo se trataban las cuestiones más graves bajo el horrible -régimen que la humillacion del mundo habia creado, que una soldadesca -y una poblacion igualmente viles querian, y que la bajeza de todos -sostenia. - -[Marginal: Año 39] - -Se comprende que esta situacion tirante hubiese hecho perder á los -judíos del tiempo de Marulo mucha audacia de aquella que les hacia -hablar tan atrevidamente de Pilatos. Los cristianos, arrojados del -templo, debian estar menos espantados que los judíos de los proyectos -sacrílegos de Calígula ya que eran entonces poco numerosos para -que Roma pudiera conocer su existencia. La tempestad del tiempo de -Calígula, como la que precedió á la toma de Jerusalem por Tito, pasó -sobre su cabeza sin tocarles y aun á muchos de ellos les favoreció. -Todo lo que debilitaba la independencia judía les era favorable, puesto -que les libraba del poder de una ortodoxia supuesta apoyando sus -pretensiones con severas penas. - -Este período de paz, fué fecundo en desarrollos interiores. La Iglesia -naciente se dividia en tres provincias: Judea, Samaria y Galilea[593], -á la cual sin duda pertenecia Damasco. Jerusalem tenia su primacia, -absolutamente incontestable. La Iglesia de esta ciudad cuyos habitantes -se habian dispersado despues de la muerte de Estéban se reconstituyó -pronto: los apóstoles no abandonaron jamás la poblacion y los hermanos -del Señor continuaban ejerciendo y gozando grande autoridad[594]. -Parece que esta segunda Iglesia de Jerusalem no se organizó de una -manera tan rigurosa como la primera; la comunidad de bienes no fué -estrictamente restablecida y solamente se fundó una gran caja para -los pobres, donde debian depositarse las limosnas que las iglesias -particulares remitian á la Iglesia madre orígen y fin permanente de su -fé[595]. - -[Marginal: Año 40] - -Pedro verificaba distintos viajes apostólicos alrededor de -Jerusalem[596] y gozaba todavía de una grande reputacion de milagrero. -En Lydda[597] sobre todo, pasaba por haber curado á un paralítico -nombrado Eneas, milagro que le valió numerosas conversiones en la -llanura de Saron[598]. De Lydda se volvió á Joppe[599] poblacion que -parece haber sido un centro para el cristianismo. Las poblaciones de -obreros, de marinos, de gente pobre, donde los judíos ortodoxos no -dominaban[600] eran los que ofrecian mejores disposiciones para la -nueva secta. Pedro permaneció mucho tiempo en Joppe en casa de un -curtidor llamado Simon que vivia cerca del mar[601]. La industria del -cuero era demasiado impura y no se visitaba á los que la ejercian, -aunque los blanqueadores estaban ya reducidos á vivir en un barrio -separado[602]. Escogiendo Pedro semejante morada, da una prueba de su -indiferencia por las preocupaciones de los judíos y trabaja para el -ennoblecimiento de las pequeñas industrias que entran por mucho en la -obra del espíritu cristiano. - -La organizacion de las obras de caridad se proseguia con ardor. -La Iglesia de Joppe poseia una mujer admirable llamada en armenio -_Tabitha_ (señorita) y en griego _Dorcas_[603], que consagraba todos -sus cuidados á los pobres[604]. Parece que era rica y distribuia -sus bienes en limosnas. Esta respetable señora habia formado una -sociedad de viudas piadosas que se dedicaban[605] á tejer vestidos -para los pobres. Como la excision del cristianismo y judaismo no se -habia consumado, es probable que los judíos bendijeran estos actos de -caridad. «Los santos y las viudas»[606] eran piadosas personas que -hacian bien á todos, especie de mendicantes que solo eran sospechosos -á los rigoristas de una ortodoxia pedantesca, unos _fraticelli_ amados -del pueblo, devotos, caritativos y llenos de piedad. - -El gérmen de estas asociaciones de mujeres que son una de las glorias -del cristianismo, existió de esta suerte en las primeras iglesias de -Judea. En Jaffa empezó la generacion de estas mujeres vestidas de -lino, que al través de los siglos debian continuar la tradicion de la -caridad secreta. Tabitha fué la madre de una familia que no acabará -mientras existan miserias que consolar, buenos deseos de mujer que -deban satisfacerse. Más tarde se dijo que Pedro la habia resucitado. -¡Ah! la muerte por insensata que sea, por injusta que fuese en este -caso, es inflexible. Cuando el alma más sublime se ha exhalado, el -decreto permanece irrevocable; la mujer más excelente, como la más -vulgar, no responde á las voces amigas que la llaman. Pero la idea no -está sujeta á las condiciones de la materia. La virtud y la bondad -escapan de las garras de la muerte: Tabitha no tenia necesidad de -resucitar. Por pasar algunos dias más en esta triste vida, ¿habia -necesidad de hacerla salir de su dulce é inmutable eternidad? Dejadla -descansar en paz, ya llegará el dia de los justos. - -En aquellas poblaciones tan mezcladas, el problema de la admision de -paganos al bautismo se ofrecia á cada momento y convenia resolverlo -con urgencia. Esto preocupaba mucho á Pedro. Estaba un dia orando -sobre el terrado de la casa del curtidor, viendo ante él aquel mar -que iba á llevar pronto la fé nueva á todo el imperio y tuvo un -éxtasis profético. En medio de aquel débil sueño á que se hallaba -entregado, creyó experimentar una sensacion de hambre y pidió alguna -cosa. Mientras se lo estaban preparando, vió el cielo abierto y una -canasta atada por sus cuatro lados que descendia. Habiendo mirado -al interior de la canasta, vió animales de toda especie y creyó oir -una voz que le decia: «Mata y come.» Objetando que varios de estos -animales eran impuros, le repuso la voz: «No llames impuro lo que Dios -ha purificado.» Esto le fué repetido tres veces seguidas. Pedro se -persuadió de que estos animales representaban simbólicamente la masa de -los gentiles, que Dios mismo acababa de declarar aptos para la comunion -de su santo reino[607]. - -Pronto se presentó la ocasion de aplicar estos principios. Desde Joppe, -Pedro se volvió á Cesarea, donde se puso en relacion con un centurion -llamado Cornelio[608]. La guarnicion de Cesarea estaba formada en gran -parte por una de aquellas cohortes compuestas de voluntarios italianos -que se llamaban _Italicæ_[609]. El nombre completo de esta ha podido -ser _cohors prima Augusta Italica civium romanorum_[610]. Cornelio -era centurion de esta cohorte y por consiguiente italiano y ciudadano -romano. Era un buen hombre, que despues de largo tiempo se sentia -atraido por el culto monoteista de los judíos, oraba, hacia limosnas, y -en una palabra, practicaba todos los preceptos de la religion natural -que supone el judaismo; pero no habia sido circuncidado y por esto no -era prosélito de grado alguno; era solo un pagano piadoso, un israelita -de corazon, y nada más[611]. Toda su casa y algunos soldados de su -compañía estaban, segun se decia, en las mismas disposiciones[612]. -Cornelio quiso entrar en la nueva Iglesia, y Pedro cuyo carácter -era franco y bondadoso acordóle lo que deseaba, y el centurion fué -bautizado[613]. - -Tal vez Pedro no encontró de pronto dificultad alguna; sin embargo, á -su regreso á Jerusalem se le dirigieron graves cargos. Habia faltado -abiertamente á la ley, habia estado entre los incircuncisos y habia -comido con ellos. La cuestion era efectivamente capital; se trataba -de saber si la ley estaba abolida, si era permitido violarla por -proselitismo y si los gentiles podian ser recibidos de hecho en la -Iglesia. Para defenderse contó Pedro su vision de Joppe y más tarde -el hecho del centurion sirvió de argumento para el bautismo de los -incircuncisos. Á fin de darle más fuerza se supuso que en este grave -asunto mediaba la intervencion del cielo; se explicó que Cornelio, -despues de fervientes oraciones, habia visto á un ángel que le habia -ordenado fuese á Joppe á llamar á Pedro; que la vision simbólica de -Pedro, tuvo lugar á la misma hora en que llegaban los emisarios de -Cornelio, y que desde entonces se habia encargado Dios de legitimar -todo lo que se habia hecho, puesto que el Espíritu Santo, habiendo -descendido sobre Cornelio y sobre las personas de su casa, estos habian -hablado la lengua, y recitado los salmos á la usanza de los otros -fieles. Y ¿era natural rehusar el bautismo á las personas que habian -recibido el Espíritu Santo? - -La Iglesia de Jerusalem estaba todavía compuesta de judíos y de -prosélitos: que el Espíritu Santo descendiera sobre los incircuncisos, -antes del bautismo, parecia un hecho muy extraordinario y es probable -que desde entonces existiera un partido opuesto, en principio, á -la admision de los gentiles, y que no todo el mundo aceptara las -explicaciones de Pedro. El autor de las _Actas_[614] quiere que la -aprobacion haya sido unánime; pero dentro de algunos años, veremos -renacer la cuestion con mayor empeño[615]. Tal vez se acepta el hecho -del buen centurion como el del eunuco de Etiopía, á título de hecho -excepcional justificado por una revelacion y una órden expresa de Dios, -pero el asunto está lejos de quedar resuelto. Esta fué la primera -controversia en el seno de la Iglesia; el paraiso de la paz interior -habia durado seis ó siete años. - -Desde el año 40, poco más ó menos, la grande cuestion, de la cual -dependia el porvenir del cristianismo, parece haber quedado resuelta. -Pedro y Felipe con su buen juicio, entrevieron la verdadera solucion y -bautizaron á los paganos. Sin duda en las dos reseñas que el autor de -las _Actas_ nos da sobre este asunto y que están en parte calcadas la -una sobre la otra, es difícil desconocer su sistema. El autor de las -_Actas_ pertenece á un partido de conciliacion favorable á la entrada -de los paganos en la Iglesia y no quiere confesar las divisiones que -la violencia de la cuestion ha producido. Se conoce perfectamente que -este autor, al narrar los episodios del eunuco, del centurion y de las -conversiones de los samaritanos, no quiere dar más que los detalles -referentes á una sola opinion; y por otro lado tampoco podemos admitir -que invente los hechos que explica. Las conversiones del eunuco y del -centurion Cornelio, son probablemente hechos reales presentados y -transformados segun las exigencias de la tésis, en vista de la cual ha -sido compuesto el libro de las _Actas_. - -[Marginal: Año 41] - -Aquel que diez ú once años más tarde debia dar á este debate un golpe -decisivo era Pablo, el cual no se habia mezclado en ello todavía ya -que se hallaba predicando en Haurán y en Damasco, refutando á los -judíos y defendiendo á la nueva fé con tanto entusiasmo cuanto mayor -era el que habia desplegado para combatirla. El fanatismo del cual -habia sido instrumento, á su vez, no tardó en perseguirle. Los judíos -resolvieron perderle obteniendo del _etnarca_ que gobernaba en Damasco -en nombre de Hareth, una órden para prenderle. Pablo se escondió: al -saberse que habia de salir de la poblacion, el gobernador que queria -complacer á los judíos, puso guardias en todas las puertas con órden de -arrestarle, pero los hermanos le hicieron escapar de noche bajándole -por una ventana que caia al otro lado de la muralla[616]. Libre de este -peligro, Pablo dirigió sus pasos hácia Jerusalem. Hacia tres años[617] -que era cristiano y aún no habia visto á los apóstoles. Su carácter -duro, poco expansivo, y retraido, le habia hecho volver la espalda, -bajo cierto aspecto, á la grande familia en la cual á su pesar acababa -de entrar, y prefirió para su apostolado un país nuevo donde no pudiese -encontrar colega alguno. Sin embargo, el deseo de ver á Pedro se habia -apoderado de él[618], reconocia su autoridad, y como todo el mundo, le -designaba con el nombre _Kepha_, «la piedra». Regresó pues á Jerusalem -siguiendo en sentido contrario el camino que tres años antes habia -recorrido bajo disposiciones muy distintas. - -Su posicion en Jerusalem fué extremadamente falsa y embarazosa. Habíase -dicho en esta poblacion que el perseguidor se habia convertido en -el más celoso de los evangelistas y en el primer defensor de la fé -que intentara antes combatir[619], pero existian contra él notables -prevenciones: muchos le suponian algun horrible proyecto. Se le habia -visto tan encolerizado y tan cruel penetrar en las casas, violando -los secretos de familia para encontrar alguna víctima, que se le -creia capaz de representar semejante papel para perder mejor á los -que odiaba[620]. Parece que vivió en casa de Pedro[621]: pero varios -discípulos permanecian sordos á su voz y se separaban de él[622]. -Bernabé, hombre de corazon y de voluntad, desempeñó en aquella ocasion -un papel importante. - -En su calidad de chipriota y de nuevo convertido comprendió mejor que -los discípulos galileos la posicion de Pablo. Presentósele delante; -cogióle la mano de algun modo, le presentó á los más reticentes y -salió garante de él[623]. Por este acto de sabiduría y de penetracion, -Bernabé mereció el más elevado puesto en el cristianismo. Él fué -el que comprendió á Pablo; á él es á quien la Iglesia debe el más -extraordinario de sus fundadores. La fecunda amistad de estos dos -hombres apostólicos, amistad que no empañó nube alguna, á pesar de -sus divergencias, fué más tarde causa de la asociacion para las -misiones contra los gentiles. Esta grande asociacion data de la primera -permanencia de Pablo en Jerusalem. Entre las causas de la fé del mundo -es necesario contar el generoso movimiento de Bernabé tendiendo la mano -á Pablo sospechoso y despreciado; la profunda intuicion que le hizo -descubrir un alma de apóstol bajo aquel aspecto humilde, la energía con -que venció los obstáculos que presentaban los repugnantes antecedentes -del converso, y tal vez ciertos rasgos de su carácter, que se habian -interpuesto entre él y sus nuevos hermanos. - -Por otra parte, Pablo evitaba sistemáticamente ver á los apóstoles. -Él mismo dice, y lo afirma bajo juramento, que solo veia á Pedro y á -Jacobo, hermano del Señor[624]. Su permanencia allí, solo duró dos -semanas[625]. Es posible que cuando Pablo escribió la epístola á los -Galatas (vers. 56) se hubiese encontrado, por las circunstancias del -momento, obligado á falsear un poco el carácter de sus relaciones con -los apóstoles y les presentara más secos, más imperiosos de lo que -fueron en realidad; pero el versículo 56 tiende esencialmente á probar -que nada habia recibido de Jerusalem y que en manera alguna era el -mandatario del consejo de los Doce establecido en aquella poblacion. -Su actitud en Jerusalem era la de un maestro altivo que evita las -relaciones con los otros maestros para no estar subordinado á ellos, -y no la actitud humilde de un culpable arrepentido de su pasado, como -supone el autor de las _Actas_. Nosotros no podemos creer que desde el -año 41 estuviera Pablo animado de esta especie de celo de conservar su -propia originalidad que mostró más tarde. La rareza de sus entrevistas -con los apóstoles y la brevedad de su permanencia en Jerusalem, -reconocian por causa probablemente la cortedad que experimentaba -delante de personas de naturaleza distinta á la suya y llenas de -prejuicios contra de él, más bien que una política sagaz que le hubiese -hecho comprender con quince años de anticipacion los inconvenientes que -podia encontrar en sus relaciones. - -En realidad lo que debia levantar una barrera entre los apóstoles -y Pablo, era sobre todo la diferencia de carácter y de educacion. -Los apóstoles eran todos Galileos y no habian estado en las grandes -escuelas judías; habian visto á Jesús y se acordaban de sus palabras; -eran de naturaleza buena y piadosa, y á veces ingénuos y graves. -Pablo era un hombre de accion, lleno de fuego, medianamente místico, -impulsado como por una fuerza superior á formar parte de una secta que -no era en manera alguna la de su primitiva adopcion. La revolucion, la -protesta, eran sus habituales sentimientos[626]. Su instruccion judía -era mucho más profunda que la de todos sus nuevos hermanos; pero no -habiendo oido á Jesús, no habia sido instituido por él; en esto era -muy inferior, segun las doctrinas cristianas, y sin embargo, Pablo no -habia nacido para aceptar un lugar secundario: su altiva individualidad -exigia un sitio á parte. Probablemente por aquel tiempo concibió la -atrevida idea de que despues de todo nada tenia que envidiar á aquellos -que habian conocido á Jesús y que habian sido elegidos por él, puesto -que tambien él mismo habia visto á Jesús, habia recibido una revelacion -directa y el mandato de su apostolado. Aun aquellos que fueron honrados -con una aparicion personal de Cristo resucitado, podian suponerse más -privilegiados que él, pues por haber sido su vision la última, no por -eso valia menos, puesto que se produjo en circunstancias que le daban -un carácter particular de importancia y de distincion[627]. ¡Oh error! -el eco de la voz de Jesús se encontraba en el discurso del más humilde -de sus discípulos. Con toda su ciencia judía, Pablo no podia salvar -la inmensa desventaja que resultaba para él de su tardía iniciacion. -El Cristo que habia visto en el camino de Damasco no era, como decia, -el Cristo de Galilea; era el Cristo de su imaginacion, de su propio -sentido. Aunque estuviera atento para recoger las palabras de su -Maestro[628], es evidente que no era más que un discípulo de segundo -órden. Si Pablo hubiese encontrado á Jesús en vida, puede dudarse que -se le hubiese unido. Su doctrina será la suya propia, no la de Jesús; -las revelaciones de que habla con entusiasmo son el fruto de su cerebro. - -Estas ideas que aún no se atreve á propagar le hacen incómoda su -estancia en Jerusalem. Á los quince dias se despide de Pedro y parte. -Habia visto tan poca gente que se atreve á decir que nadie en las -iglesias de Judea habia visto su semblante y que lo que sabian de él, -era solo de oidas[629]. Más tarde atribuyó él mismo á una revelacion -esta brusca partida. Contó que un dia orando en el templo, tuvo un -éxtasis y que vió á Jesús en persona y recibió la órden de abandonar -pronto á Jerusalem «puesto que no estaban dispuestos á recibir su -testimonio.» En cambio de la ciudad, Jesús le prometia el apostolado -de las naciones lejanas y un auditorio sumiso á su voz[630]. Los -que quieren ahogar el recuerdo de las disensiones y disgustos que la -entrada de este indócil discípulo causó en la Iglesia, aseguran que -Pablo pasó largo tiempo en Jerusalem viviendo con los hermanos bajo la -más completa libertad, pero que habiendo querido predicar á los judíos -helenistas, fué amenazado de muerte por ellos, y los hermanos que -velaban por su seguridad le hicieron conducir á Cesarea[631]. - -Es probable que de Jerusalem fuese á Cesarea, pero estuvo allí poco, -pues marchó á recorrer en seguida la Siria y despues la Cilicia[632]. -Sin duda desde entonces empezó á predicar, pero solo por cuenta -propia y sin acuerdo de persona alguna. Tarso, su patria, fué su -morada habitual durante este período de su vida apostólica, que puede -graduarse en dos años[633]. Es posible que las iglesias de Cilicia le -deban sus primicias[634]; sin embargo, la vida de Pablo no fué en esta -época tal como la vemos más tarde. Él no tomó el título de apóstol, -reservado únicamente á los _Doce_[635]. Á partir de su asociacion con -Bernabé (año 45) es cuando entra en esta carrera de peregrinaciones -sagradas y de predicaciones, que le convierten en un tipo del misionero -viajante. - - - - -CAPÍTULO XII. - -Fundacion de la Iglesia de Antioquía. - - -[Marginal: Año 41] - -Poco á poco la fé nueva realizaba sorprendentes progresos. Los miembros -de la Iglesia de Jerusalem que se habian dispersado despues de la -muerte de Estéban, llevando sus conquistas á lo largo de la costa -Fenicia, dominaron en Chipre y Antioquía: tenian entonces por principio -inconcuso predicar tan solo á los judíos[636]. - -Antioquía, «la metrópoli del Oriente», la tercera poblacion del -mundo[637] fué el centro de la cristiandad de la Syria del Norte. Esta -era una poblacion de unas quinientas mil almas, casi más grande que -París antes de que se le diera más extension,[638] residencia del -legado imperial de Syria. Merced á los Seleúcidas que habian sabido -aprovechar la ocupacion romana, Antioquía habia alcanzado el más -alto grado de esplendor, pues en general los Seleúcidas estaban más -adelantados que los romanos en punto á decoraciones teatrales aplicadas -á las grandes poblaciones. Templos, acueductos, baños, basílicas, nada -faltaba á Antioquía de lo que constituia una poblacion siria de aquella -época. Adornadas las calles con columnatas y los recodos con estátuas, -habia allí más simetría y regularidad que en otras partes[639]. Un -_Corso_ adornado de cuatro líneas de columnas formando dos galerías -cubiertas con una larga avenida en medio, atravesaba la poblacion[640] -en una línea de treinta y seis _estadios_ (más de una legua)[641]. -Pero Antioquía no tenia solamente inmensas construcciones de utilidad -pública[642]; tenia tambien lo que poseian pocas poblaciones sirias, -obras maestras del arte griego, admirables estátuas[643], obras -clásicas de una delicadeza que el siglo no sabe todavía imitar. Desde -su fundacion habia sido Antioquía una poblacion completamente helénica. -Los Macedonios de Antígono y de Seleuco habian llevado á esta region -del bajo Oronte los recuerdos más vivos, los cultos y los nombres de -su país[644]. La mitología griega se habia entronizado allá como su -segunda patria; habia en el país el afan de enseñar _lugares santos_ -relacionados con esta mitología. La poblacion se entregaba al culto de -Apolo y de las ninfas. Dafne, lugar encantador á dos horas de distancia -de la poblacion, recordaba á los viajeros las más risueñas ficciones. - -Era una especie de imitacion de los mitos de la madre patria, análoga á -esos transportes atrevidos por los cuales las tribus primitivas hacian -viajar consigo su geografía mítica, su Berecinto, su Arvanda, su Ida, -su Olimpo. Estas fábulas griegas constituyen una religion muy antigua -y apenas más formal que las _Metamórfosis_ de Ovidio. Las antiguas -religiones del país, y especialmente la del monte Casio[645], la daban -cierto carácter de gravedad; pero la ligereza siria, el charlatanismo -babilónico, todas las imposturas del Asia, se confunden en este límite -de los dos mundos, y prueban que era Antioquía la capital de la -mentira, la sentina de todas las infamias. - -Al lado de la poblacion griega que (exceptuando Alejandría) en ninguna -parte del Oriente fué tan densa como allí, Antioquía contó siempre en -su seno un número considerable de indígenas sirios, que hablaban el -siriaco[646]. Estos indígenas que constituian la clase baja, habitaban -los barrios de la gran ciudad y los pueblos populosos que formaban -á su alrededor un vasto extrarradio[647], tales como Charandama, -Ghisira, Gandigura y Apate (nombres sirios la mayor parte)[648]. Los -matrimonios entre los sirios y griegos eran comunes, pues habiendo -establecido Seleuco por una ley que el extranjero que se estableciera -en la poblacion seria considerado como ciudadano, Antioquía, despues -de tres siglos y medio de existencia, fué uno de los puntos donde la -raza estaba más mezclada. El envilecimiento de las almas era espantoso. -La propiedad de esos focos de corrupcion moral, es nivelar todas las -clases. La ignominia de ciertas poblaciones tumultuosas, dominadas -por la intriga y entregadas á los más viles pensamientos, apenas -puede darnos una idea de la degradacion moral y de la corrupcion á -que en Antioquía habia llegado la especie humana. Era una reunion -de marineros, de charlatanes, de ladrones[649], de almacenistas, -de embaucadores[650], de sacerdotes impostores: una poblacion que -solo pensaba en carreras, en juegos, en bailes, en procesiones, en -fiestas y bacanales: desplegábase un lujo desenfrenado; dábase cabida -á todas las locuras del Oriente; predominaban las supersticiones -más malvadas y el fanatismo de la orgía[651]. Á la vez serviles é -ingratos, altivos é insolentes, eran los naturales de Antioquía el -modelo completo de esas turbas adictas al cesarismo, sin patria, sin -nacionalidad, sin honor de familia, sin nombre que guardar. El gran -_Corso_ que atravesaba la poblacion era una especie de teatro, donde -representaban todo el dia los grupos de un populacho locuaz, variable, -levantisco[652], ingenioso á veces,[653] ocupado de los cantos, de -las parodias, de las diversiones, de las impertinencias de toda -especie[654]. La ciudad era muy letrada[655], pero de pura literatura -de retores[656]. Los espectáculos eran de lo más extraño; habia juegos -en los cuales tomaban parte coros de jóvenes desnudas que llevaban -solo una sencilla banda[657]; en la célebre fiesta de Maïouma, veíase -una tropa de cortesanas nadando en público en unos estanques[658] -llenos de agua cristalina[659]. Esto era una especie de embriaguez, -un sueño de Sardanápalo, donde se desarrollaban poco á poco todas las -voluptuosidades, todos los delirios, sin excluir por esto ciertas -delicadezas. El torrente de lodo que, saliendo por la embocadura del -Oronte, iba á inundar á Roma[660], tenia allí su foco principal. -Doscientos _decuriones_ estaban ocupados en arreglar las fiestas[661]. -La municipalidad poseia vastos dominios públicos, de los cuales los -_duumviros_ compartian el usufructo con los ciudadanos pobres[662]. -Antioquía, como todas las poblaciones del placer, tenia una plebe -ínfima, que vivia á costa del público ó de sórdidas especulaciones. - -La belleza de las obras de arte y el infinito atractivo de la -naturaleza[663] hacian que este abatimiento moral degenerara en -vulgaridad. La posicion de Antioquía es una de las más bellas del -mundo, pues ocupa el intervalo que media entre el Oronte y las faldas -del monte Silpio, uno de los agregados al monte Casio. - -Nada iguala á la abundancia y á la claridad de sus aguas[664]. Rodeada -á una altura considerable por una muralla de elevadas rocas que la -fuerza de la arquitectura militar[665] ha cortado á pico, aparece -coronada con un cerco labrado de efecto maravilloso. Esta clase de -fortificaciones fué la preferida por los gobernadores de Alejandría -como se vé en Seleucia, en Éfeso, en Esmirna y en Tesalónica: de esto -resultan magníficas perspectivas. Antioquía tenia dentro de sus muros -montes de más de setecientos piés de elevacion, peñascos escarpados, -torrentes, precipicios, hondonadas y cascadas, grutas inaccesibles y -en medio de todo esto, hermosos jardines[666]. Una espesura de mirtos, -de bojes, de laureles, de plantas siempre verdes, de rocas tapizadas -de yedra, y de jacintos, daban á estas salvajes alturas el aspecto de -_parterres_ suspendidos. La variedad de flores, la frescura de sus -praderas, cubiertas de pequeñas gramíneas, la belleza de las plantas -que rodean el Oronte, respiran la poesía y suave perfume con el cual -se animaron los génios de Juan Crisóstomo, Libanio y Juliano. Sobre la -orilla derecha del rio extiéndese una vasta llanura adornada por un -lado por el Amano y otros montes, y por el otro por la llanura de la -Cirréstica[667], detrás de la cual está la peligrosa poblacion de la -Arabia y del desierto. El valle de Oronte, que se descubre al oeste, -pone en comunicacion al lago con el mar, ó mejor dicho, con el vasto -mundo, en cuyo seno el Mediterráneo ha constituido en todo tiempo una -especie de camino neutral y de enlace federal. - -Entre las diversas colonias á quienes las leyes liberales de los -seleúcidas atraen á la capital de la Syria, la de los judíos fué la más -numerosa[668]; data de Seleuco Nicator y poseia los mismos derechos que -los griegos[669]. Aun cuando los judíos tenian su etnarca particular, -sus relaciones con los paganos eran muy frecuentes. Allí, como en -Alejandría, estas relaciones degeneraban muchas veces en riñas y en -agresiones[670], y por otro lado daban lugar á una activa propaganda -religiosa. Siendo cada dia más insuficiente para los espíritus graves -el politeismo oficial, la filosofía griega y el judaismo atrajeron -á todos aquellos á los cuales no satisfacian las vanas pompas del -paganismo. El número de los prosélitos era considerable. Desde los -primeros dias del cristianismo, Antioquía habia dado á la iglesia de -Jerusalem uno de sus hombres más influyentes, á uno de sus diáconos, á -Nicolás[671]. Allí habia gérmenes excelentes que solo esperaban un rayo -de la gracia para dar los buenos frutos que hemos visto. - -La iglesia de Antioquía debe su fundacion á algunos creyentes oriundos -de Chipre y de Cirene que habian predicado mucho[672]. Hasta entonces -solo se habian dirigido á los judíos; pero en una poblacion donde los -judíos puros, los judíos prosélitos, las «gentes temerosas de Dios» -ó paganos medio judíos, y los paganos puros, vivian juntos[673], -las predicaciones dirigidas á un solo grupo eran imposibles. El -sentimiento de la aristocracia religiosa que llenaba de orgullo á -los judíos de Jerusalem, no existia en aquellas grandes ciudades -donde la civilizacion era profana y estaban menos arraigadas las -preocupaciones. Los misioneros chipriotas y cirineos tuvieron pues que -apartarse de su regla, y predicaron indiferentemente á los griegos y á -los judíos[674]. - -Las disposiciones recíprocas de la poblacion judía y de la pagana eran, -por lo visto, muy malas en aquel entonces[675], pero circunstancias de -un órden distinto favorecieron acaso las nuevas ideas. El temblor de -tierra que maltrató la ciudad el 23 de marzo del año 37 daba mucho que -pensar á los habitantes, y no se hablaba sino de un charlatan llamado -Deborio que pretendia impedir la repeticion de semejantes accidentes, -valiéndose para ello de talismanes ridículos[676]. Esta circunstancia -inclinaba á muchos á creer en las cosas sobrenaturales; pero sea como -fuere, ello es que la predicacion cristiana obtuvo un éxito notable, y -que se fundó en poco tiempo una jóven Iglesia, ardiente, innovadora, -y llena de porvenir, porque se componia de elementos muy diversos. -Extendiéronse todos los dones del Espíritu Santo, y desde entonces -fué fácil preveer que aquella nueva Iglesia, libre ya del estrecho -mosaismo que rodeaba á Jerusalem como una barrera inespugnable, seria -la segunda cuna del cristianismo. Jerusalem será siempre seguramente -la capital religiosa del mundo, pero el punto de partida de la Iglesia -de los gentiles, el foco primordial de las misiones cristianas, fué -verdaderamente Antioquía. Allí es donde se constituye por la primera -vez una Iglesia cristiana libre de los lazos del judaismo; allí es -donde se establece la gran propaganda de la edad apostólica; allí donde -se forma definitivamente San Pablo; Antioquía marca la segunda etapa -de los progresos del cristianismo; tratándose de nobleza cristiana, ni -Roma, ni Alejandría, ni Constantinopla, podrian tomarse como puntos de -comparacion. - -La topografía de la vieja Antioquía está ya tan confusa, que en -vano se buscaria sobre aquel suelo algun vestigio de la antigüedad, -algun punto donde evocar tan grandes recuerdos. Allí, como en todas -partes, el cristianismo debió establecerse en los barrios más pobres, -entre la gente del pueblo. La basílica que llamaban «Antigua» y -«Apostólica»[677] en el siglo IV, estaba situada en la calle titulada -Singon, cerca del Panteon,[678] pero no se sabe dónde se hallaba este: -la tradicion y ciertas vagas analogías inducirian á buscar el barrio -cristiano primitivo hácia la puerta que conserva aún hoy el nombre de -Pablo, _Bab Bolos_[679], y al pié de la montaña que Procopio llamó -_Stavrin_, situada hácia el sudeste de las murallas de Antioquía[680]. -Era aquella una de las partes de la ciudad menos rica en monumentos -paganos, y aún se ven allí los restos de santuarios antiguos dedicados -á San Pedro, San Pablo y á San Juan; aquel parece haber sido el punto -donde se mantuvo más tiempo el cristianismo despues de la conquista -musulmana; aquel fué tambien al parecer el barrio de los «Santos,» -pues se encuentran las rocas taladradas y como formando una especie de -grutas que sin duda sirvieron para los anacoretas. Cuando se camina por -aquellas escarpadas pendientes, desde donde en el siglo IV, los buenos -stylitas, discípulos á la vez de la India y de la Galilea, de Jesús y -de Çakya-Mouni, contemplaban con desden la ciudad voluptuosa al salir -de sus cavernas floridas[681], de creer es que no se esté muy lejos de -los sitios donde vivieron Pedro y Pablo. La _Historia de la Iglesia de -Antioquía_ es la que mejor puede estudiarse y contiene menos fábulas: -la tradicion cristiana en una ciudad donde el cristianismo tuvo tan -vigorosa continuidad puede ser de algun valor. - -La lengua dominante de la Iglesia de Antioquía era el griego, mas no -obstante es problable que los distritos que hablaban sirio diesen á la -secta numerosos adeptos. En su consecuencia, Antioquía contenia ya el -gérmen de dos iglesias rivales y más tarde enemigas; una que hablaba -el griego, representada ahora por los griegos de Siria, ya ortodoxos -ó ya católicos; y la otra cuyos representantes actuales son los -maronitas, que hablaban en otro tiempo el sirio y le conservan aún como -lengua sagrada. Los maronitas, que á pesar de su catolicismo moderno, -tienen una remota antigüedad, son acaso los últimos descendientes de -aquellos sirios anteriores á Seleuco, de aquellos _pagani_ de Ghisira, -Charandama, etc.,[682] que formaron desde los primeros siglos Iglesia -á parte, y que viéndose perseguidos como herejes por los emperadores -ortodoxos huyeron al Líbano[683], donde, á causa de su aversion á la -Iglesia griega y por otras afinidades más profundas, hicieron alianza -con los latinos. - -En cuanto á los judíos convertidos de Antioquía fueron tambien muy -numerosos[684], pero debe creerse que se unieron fraternalmente con -los gentiles[685]. En las orillas del Oronte fué donde llegó á ser una -realidad la fusion religiosa de las razas, soñada por Jesús, ó mejor -dicho por seis siglos de profetas. - - - - -CAPÍTULO XIII. - -Idea de un apostolado de los gentiles. -- San Bernabé. - - -[Marginal: Año 42] - -Cuando se supo en Jerusalem lo que habia pasado en Antioquía, fué -grande la emocion de todos.[686] Á pesar de la buena voluntad de -algunos de los principales miembros de la Iglesia de Jerusalem, en -particular de Pedro, dominaban en el colegio apostólico las más -mezquinas ideas y cada vez que se sabia que se habia anunciado á los -paganos la buena nueva, notábanse en algunos ancianos muestras de -descontento. El hombre que en aquella ocasion triunfó de tan miserable -envidia impidiendo que las máximas exclusivas de los «hebreos» -arruinaran el porvenir del cristianismo, fué Bernabé, el hombre más -ilustrado de la iglesia de Jerusalem; Bernabé, que era jefe del -partido liberal y queria el progreso de la Iglesia, habia contribuido -ya poderosamente á desterrar la desconfianza que inspiraba Pablo; -y esta vez ejercia todavía una gran influencia, pues habiendo ido á -Antioquía como delegado del cuerpo apostólico, vió y aprobó cuanto se -habia hecho, declarando que la nueva Iglesia no tenia más que continuar -por la senda que se habia trazado. Las conversiones se multiplicaban -diariamente[687]: la fuerza vivificante y creatriz del cristianismo -parecia haberse concentrado en Antioquía, en cuyo punto permaneció -Bernabé, cuyo celo le impulsaba á estar allí donde la accion fuese más -viva. Antioquía pues será su Iglesia en lo sucesivo; desde allí va á -ejercer el ministerio más fecundo; el cristianismo ha sido injusto -con ese grande hombre al no colocarle en primera línea entre sus -fundadores; todas las buenas y grandes ideas fueron patrocinadas por -Bernabé, y su inteligente osadía fué el contrapeso contra las funestas -consecuencias que hubiera podido producir la obstinacion de los judíos -que formaban parte del partido conservador de Jerusalem. - -Hallándose Bernabé en Antioquía concibió una magnífica idea: Pablo -estaba en Tarso sumido en una inaccion que para un hombre tan activo -debia ser un suplicio; su falsa posicion, su rudeza y sus pretensiones -exageradas hacian olvidar sus buenas cualidades, y se consumia sin -ser útil á nadie. Bernabé supo aplicar á su obra esta fuerza que se -aniquilaba en una soledad peligrosa por su clima, y por segunda vez -tendió la mano á Pablo, y despues de domeñar su salvaje carácter -hízole presentarse de nuevo en la sociedad de los hermanos de quienes -trataba de alejarse. - -El mismo Bernabé fué á Tarso, le buscó y le condujo á Antioquía:[688] -esto ciertamente no lo hubieran hecho los obstinados judíos de -Jerusalem; apoderarse de aquella grande alma tan indomable como -susceptible; doblegarse ante las debilidades y rarezas de un hombre -lleno de fuego, suponerse inferior á él y preparar el campo del modo -más favorable para que se desarrollara la actividad de aquel hombre, -olvidándose de sí mismo, es indudablemente llegar al colmo de la -virtud, y esto es lo que Bernabé hizo por San Pablo. La mayor parte de -la gloria de éste recae en el hombre que se anticipó á él en todas las -cosas, que le hizo figurar en primer término descubriendo lo que valia, -que le dió á conocer, impidiendo en más de una ocasion que sus defectos -perjudicasen á la santa causa y que las mezquinas ideas de otros le -indujesen á obrar mal. Todo esto lo hizo Bernabé en beneficio de la -obra de Dios. - -[Marginal: Año 43] - -Durante un año entero, Bernabé y Pablo estuvieron unidos por una activa -colaboracion[689], y este fué el período más brillante, y sin duda más -feliz de la vida de Pablo. La fecunda originalidad de aquellos dos -grandes hombres elevó á la Iglesia de Antioquía á una altura á que no -habia llegado ninguna otra hasta entonces, y la capital de Siria era -uno de los puntos del mundo donde habia más movimiento; las cuestiones -religiosas y sociales, así en la época romana como en nuestro tiempo, -se discutian principalmente entre las grandes aglomeraciones de -hombres, y ya iba observándose una especie de reaccion contra la -inmoralidad general, á cuyas circunstancias se debió que más tarde -fuese Antioquía la patria de los stilitas y solitarios[690]. Así pues, -la buena doctrina contaba en aquella ciudad con las mejores condiciones -de éxito. - -Una circunstancia principal prueba por lo demás que la secta tuvo por -primera vez en Antioquía plena conciencia de lo que hacia. En dicha -ciudad recibió por primera vez un nombre distinto: hasta entonces los -agregados se habian llamado entre sí los «creyentes», los «fieles», -los «santos», los «hermanos», ó los «discípulos», y como no tenian -un nombre oficial y público para designarles, se les dió el de -_christianus_[691]. La terminacion es latina y no griega, lo cual -parece indicar que se creó por la autoridad romana[692], así como -_herodiani_, _pompeiani_, _cæsariani_[693]. De todos modos, es lo -cierto que la poblacion pagana formó este nombre que indica un error, -pues suponia que _Christus_, traduccion del hebreo _Maschiah_ (el -Mesías), era un nombre propio[694]. Aun muchos de aquellos que estaban -poco al corriente de las ideas judías ó cristianas, debian creer al ver -aquel nombre que _Christus_ ó _Chrestus_ era un jefe de partido que aún -vivia[695]. La pronunciacion vulgar en efecto era _chrestiani_[696]. - -En todo caso los judíos no adoptaron, al menos de una manera -continuada[697], el nombre dado por los romanos á sus correligionarios -cismáticos, y siguieron llamando á los nuevos sectarios «Nazarenos» ó -«Nazorenos,»[698] sin duda porque tenian costumbre de llamar á Jesús -_Han-nasri_ ó _Han-nosri_, el Nazareno. Este nombre se ha conservado -hasta nuestros dias en todo el Oriente[699]. Llegamos á un punto -importante: la hora en que una creacion nueva recibe un nombre es -solemne, porque el nombre es el signo definitivo de la existencia. La -formacion de la palabra «cristiano» señala tambien la fecha precisa en -que la Iglesia de Jesús se separó del judaismo. Por mucho tiempo se -confundirán aún las dos religiones, mas esta confusion no ocurrirá -sino en los países donde el crecimiento del cristianismo, si así -puede decirse, esté muy atrasado. Por lo demás, la secta aceptó al -momento el nuevo dictado que se la daba, considerándolo como un título -honroso[700]. Cuando se piensa que diez años despues de la muerte de -Jesús adquirió su religion un nombre en las lenguas griega y latina en -la capital de Syria, asombra el progreso alcanzado en tan poco tiempo. -El cristianismo se ha desprendido completamente del seno de su madre; -el verdadero pensamiento de Jesús ha triunfado de la indecision de sus -primeros discípulos; la Iglesia de Jerusalem, que apenas conoce el -arameo, el lenguaje de Jesús, queda oscurecida; el cristianismo habla -griego, y se ha lanzado decisivamente en el gran torbellino del mundo -griego y romano, de donde ya no saldrá más. - -La actividad, la fiebre de ideas que se produjo en aquella jóven -Iglesia debió ser extraordinaria; las grandes manifestaciones -_espiritistas_ eran muy frecuentes[701]; todos se creian inspirados de -distinto modo; los unos eran «profetas,» los otros «doctores,»[702] -y Bernabé, como lo indica su nombre[703], pertenecia sin duda á la -clase de los primeros. Pablo no tenia título especial. Citábanse -tambien entre los notables de la Iglesia de Antioquía, á Simon, llamado -_Niger_, Lucio Cirineo, y Manahem, que habia sido hermano de leche -de Herodes Antipas y que por consecuencia debia ser de edad muy -avanzada[704]. Todos estos personajes eran judíos. Entre los paganos -convertidos se contaba acaso ya aquel Evodio que, segun parece, figuró -en primer término en cierta época en la Iglesia de Antioquía[705]. Es -indudable que los paganos que acudieron á la primera predicacion serian -en cierto modo inferiores á los demás, y debieron brillar poco en la -predicacion y la profecía. - -En medio de aquella sociedad tan activa y animada, Pablo se dejó -arrastrar por la corriente. Más tarde se mostró contrario á la -glosolalia[706], y es probable que nunca la practicara. Pero tuvo -muchas visiones y revelaciones inmediatas[707], y probablemente fué -en Antioquía[708] donde cayó en aquel éxtasis profundo que refiere -en estos términos: «Yo conozco un hombre en Cristo que hace catorce -años, (¿la cosa pasó corporalmente ó fuera del cuerpo? No lo sé. Dios -lo sabe), fué arrebatado hasta el tercer cielo[709]; y yo sé que este -hombre (si en el cuerpo ó fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), -fué arrebatado al paraiso,[710] donde oyó palabras inefables que no es -permitido decir á un mortal[711]». Sóbrio y práctico, en lo general, -Pablo participaba sin embargo de las ideas de su época acerca de lo -sobrenatural; creia hacer milagros[712] como todo el mundo, y era -imposible que los dones del Espíritu Santo, considerados como un -privilegio comun á la Iglesia[713], le fueran negados á él. - -[Marginal: Año 44] - -Pero almas poseidas de una llama tan ardiente no podian satisfacerse -con las quimeras de una exuberante piedad: bien pronto se pensó en los -medios de accion, y apoderóse de todos la idea de las grandes misiones -destinadas á convertir á los paganos, empezando por el Asia Menor, idea -que seguramente no se habria realizado si hubiese nacido en Jerusalem, -porque aquella Iglesia no contaba con recursos pecuniarios. Para -establecer convenientemente la propaganda necesitábanse suficientes -fondos, y como toda la caja comun de Jerusalem servia para alimentar -á los pobres, y á veces no bastaba, hacíase preciso que de todas las -partes del mundo se enviaran socorros para que aquellos nobles mendigos -no muriesen de hambre[714]. El comunismo habia producido en Jerusalem -una miseria irremediable hasta el punto de que no era posible emprender -empresa alguna, pero la Iglesia de Antioquía se hallaba libre de -semejante azote. En estas ciudades profanas, los judíos, que vivian por -lo general en comodidad, habian llegado á poseer grandes fortunas[715]; -los fieles ingresaban en la Iglesia á veces con bienes considerables, -y Antioquía fué la que facilitó los capitales para la fundacion del -cristianismo. Fácil es comprender la completa diferencia de costumbres -y de ideas que semejante circunstancia debió establecer entre las dos -iglesias: Jerusalem siguió siendo la ciudad de los pobres de Dios, -que soñando con las promesas del reino de los cielos[716], estaban -como embriagados y aturdidos; Antioquía, casi extraña á la palabra de -Jesús, que nunca oyera, fué la Iglesia de la accion y del progreso. -Antioquía fué tambien la ciudad de Pablo; Jerusalem, la antigua ciudad -del colegio apostólico, sumida en sus sueños, impotente ante los nuevos -problemas que se presentaban, pero deslumbrada por su incomparable -privilegio, rica por sus inapreciables recuerdos. - -Una circunstancia dió á conocer á poco tiempo el verdadero carácter -y situacion de esta última: tal era la imprevision de aquella pobre -Iglesia famélica de Jerusalem, que el menor accidente trastornaba á -toda la comunidad; y en un país donde no hay organizacion económica, -donde el comercio se hacia en pequeña escala, y donde los recursos -eran muy escasos, no podia menos de declararse el hambre, que es -precisamente lo que sucedió en el cuarto año del reinado de Claudio, -año 44[717]. Cuando se dejaron sentir los primeros síntomas, los -ancianos de Jerusalem acordaron recurrir á sus hermanos de las iglesias -más ricas de Siria, y en su consecuencia marchó á Antioquía[718] una -embajada compuesta de profetas hierosolimitas. Uno de ellos, llamado -Agab, que pasaba por hombre muy ilustrado, se sintió de pronto poseido -del espíritu y anunció lo que iba á suceder. Los fieles de Antioquía se -mostraban muy sensibles á los males que amenazaban á la madre Iglesia, -de la que se consideraban aún tributarios, é hicieron una colecta, en -la que cada uno contribuyó segun sus alcances, encargando á Bernabé -fuese á llevar el producto á los hermanos de Judea[719]. Jerusalem -será aún por mucho tiempo la capital del cristianismo; las cosas -únicas están allí centralizadas; no hay apóstoles más que allí[720]; -pero se ha dado un gran paso, pues si durante varios años no ha habido -más que una Iglesia completamente organizada, que es la de Jerusalem, -centro absoluto de la fé, de donde toda vida emana y á donde toda vida -refluye, ya no es así, pues contamos con Antioquía que es una Iglesia -perfecta con toda la gerarquía de los dones del Espíritu Santo. Las -misiones salen de ella[721] y á ella vuelven[722], es una segunda -capital, ó mejor dicho, un segundo corazon, que tiene su accion propia -y cuya fuerza se ejercita en todas direcciones. - -Por lo demás, fácil es preveer desde ahora que la segunda capital -eclipsará á la primera: la decadencia de la Iglesia de Jerusalem fué -en efecto rápida, que es condicion de las instituciones fundadas sobre -el comunismo tener un período brillante, pues el comunismo supone -siempre una gran exaltacion; pero degenerará muy pronto porque aquel -es contrario á la naturaleza humana. En sus arranques de virtud, el -hombre cree poder dispensarse por completo del egoismo y del interés -propio; pero el egoismo tomará la revancha probando que el absoluto -desinterés engendra males mucho más graves que los que se creyeron -evitar suprimiendo la propiedad. - - - - -CAPÍTULO XIV. - -Persecucion de Herodes Agrippa I. - - -[Marginal: Año 44] - -Bernabé encontró la Iglesia de Jerusalem sumida en el mayor desórden. -El año 44 le fué fatal, porque además del hambre, vió encenderse de -nuevo el fuego de la persecucion, que se habia amortiguado á la muerte -de Estéban. - -Herodes Agrippa, nieto de Herodes el Grande, habia logrado, desde -el año 41, reconstituir el reino de su abuelo. Merced al favor de -Calígula, habia podido reunir bajo su dominacion la Batanea, la -Traconítide, una parte del Haurán, la Abilene, la Galilea y la -Perea[723]. El ignoble papel que desempeñó en la tragicomedia que elevó -á Claudio al imperio[724], culminó su fortuna. Ese vil oriental, en -recompensa de las lecciones de bajeza y de perfidia que habia dado á -Roma, obtuvo para él la Samaria y la Judea, y para su hermano Herodes -el pequeño reino de Calcis[725]. Habia dejado en Roma los más tristes -recuerdos, y se atribuian en gran parte á sus consejos las crueldades -de Calígula[726]. Era muy poco querido de su ejército y de las ciudades -paganas de Sebastia y Cesarea, que sacrificaba á Jerusalem[727]. Pero -los judíos lo encontraban generoso, magnífico y deseoso de aliviar sus -males. Procuraba hacerse popular entre ellos, y seguia una política -enteramente diferente de la de Herodes el Grande, que se habia -inclinado más á favor de los griegos y romanos que de los judíos. -Herodes Agrippa, al contrario, amaba á Jerusalem, observaba exactamente -la religion judía, afectaba ser muy escrupuloso, y ni un solo dia -dejaba de hacer sus devociones[728]. Hasta escuchaba con dulzura las -observaciones de los rigoristas, y se tomaba el trabajo de justificarse -de sus reprehensiones[729]. Perdonó á los Jerosolimitas el tributo que -le debia cada casa[730] y, en una palabra, los ortodoxos tuvieron en él -un rey á su gusto. - -Era inevitable que un príncipe con semejante carácter habia de -perseguir á los cristianos. Sincero ó no, Herodes Agrippa, era un -soberano judío en toda la extension de la palabra[731]. La casa -de Herodes, á medida que se debilitaba, se hacia más devota y se -separaba más y más de la elevada idea profana del fundador de su -dinastía, aspirando á que viviesen juntos, bajo el imperio comun de -la civilizacion, los cultos más opuestos. Cuando Herodes Agrippa, -proclamado rey, entró por primera vez en Alejandría fué recibido -como rey de los judíos, cuyo título irritó al pueblo y dió lugar -á muchas burlas[732]. Ahora bien, ¿qué habia de ser un rey de los -judíos, sino un guardian de la ley y de las tradiciones, un soberano -teócrata y perseguidor? Desde Herodes el Grande, durante cuyo reinado -se reprimió enteramente el fanatismo, hasta estallar la guerra que -originó la ruina de Jerusalem, hubo siempre una progresion creciente -de ardor religioso. La muerte de Calígula (24 de Enero de 41) habia -producido una reaccion favorable á los judíos. En general Claudio fué -muy benévolo para ellos[733] á causa de la influencia que tenian con -él Herodes Agrippa y Herodes, rey de Calcis. No solo dió la razon -á los judíos de Alejandría en sus disensiones con los habitantes de -dicho país, otorgándoles el derecho de elegir un etnarca, sino que -hasta publicó, segun parece, un edicto por el que concedia á los -judíos, en toda la extension del imperio, como lo habia hecho en favor -de los de Alejandría, la libertad de vivir segun sus leyes, con la -única condicion de no ultrajar los demás cultos. Algunas tentativas -de vejaciones análogas á las que habian tenido lugar en tiempo de -Calígula, fueron reprimidas[734]. Jerusalem se ensanchó mucho, -uniéndose con la ciudad el barrio de Bezetha[735]. Apenas se hacia -sentir allí la autoridad romana, por más que Vibius Marsus, hombre -prudente, de mucha experiencia, adquirida en los elevados cargos que -desempeñara, de un talento muy cultivado[736], y que habia sucedido -á Publio Petronio en las funciones de legado imperial en Siria, -advertia de cuando en cuando á Roma que eran peligrosos aquellos reinos -semi-independientes de Oriente[737]. La especie de feudalismo que desde -la muerte de Tiberio tendia á establecerse en Siria y en las comarcas -vecinas[738], debilitaba en efecto la política imperial, y casi siempre -dió malos resultados. Los «reyes» cuando iban á Roma eran personajes -que ejercian allí una influencia detestable. La corrupcion y la -desmoralizacion del pueblo, sobre todo en el reinado de Calígula, eran -debidas en gran parte al ejemplo dado por aquellos miserables á quienes -se veia arrastrar la púrpura en el teatro, en el palacio del César, y -en las cárceles[739]. En cuanto á los judíos, ya hemos visto[740] que -para ellos _autonomía_ significaba intolerancia. El pontificado supremo -pasaba únicamente y aún por cortos períodos de la familia de Hanan -á la de Boethus, no menos altanera y cruel. El soberano que queria -complacer á los judíos no podia dejar de decretar lo que más deseaban, -es decir, severidades contra todo lo que se separase de la más rigurosa -ortodoxia[741]. - -Herodes Agrippa fué por la misma razon al fin de su reinado un -perseguidor violento[742]. Algun tiempo antes de la Pascua del año -44, hizo cortar la cabeza á uno de los principales miembros del -Colegio Apostólico, á Jacobo, hijo del Zebedeo y hermano de Juan. Este -asunto no se consideró como religioso, y por lo tanto no hubo proceso -inquisitorial ante el Sanhedrin; la sentencia fué dictada en virtud del -poder arbitrario del soberano, como sucedió con Juan Bautista[743]. -Animado por el buen efecto que dicha muerte produjo entre los -judíos[744], Herodes Agrippa no quiso detenerse en tan fácil via de -popularidad. Eran los primeros dias de la fiesta de Pascua, época -ordinaria del acrecentamiento de fanatismo, y aprovechando la ocasion, -Agrippa hizo encerrar á Pedro en la torre Antonia, á fin de que se le -juzgara y ejecutara con grande aparato ante la masa de pueblo que se -reunia con motivo de las fiestas. - -Una circunstancia que ignoramos, y que fué considerada como milagrosa, -puso á Pedro en libertad. Una tarde en la que varios fieles se habian -reunido en casa de María, madre de Juan Márcos, en donde acostumbraba -á vivir Pedro, se oyó llamar de repente á la puerta. La criada, llamada -Rhodé, fué á ver quién era y reconoció la voz de Pedro. Embargada por -la alegría, en vez de abrir, corre á anunciar que Pedro estaba allí. -La tratan de loca, pero ella jura y vuelve á asegurar que es él. «Es -su ángel,» dicen algunos. Vuelve á oirse llamar varias veces; era él. -La alegría fué infinita. Pedro hizo participar enseguida su libertad á -Jacobo, hermano del Señor, y á los demás fieles. Se creyó que el ángel -del Señor habia entrado en el calabozo del apóstol y habia hecho caer -las cadenas y cerrojos. Pedro contaba que todo esto habia sucedido -mientras estaba en una especie de éxtasis; que despues de haber pasado -la primera y segunda guardia y atravesado la puerta de hierro que -daba á la ciudad, el ángel lo acompañó hasta una calle y lo dejó: que -entonces volvió en sí y reconoció la mano de Dios, que habia enviado un -mensajero celeste para libertarlo[745]. - -Agrippa sobrevivió poco á estas violencias[746]. Á mediados del año -44, pasó á Cesarea para celebrar juegos en honor de Claudio. La -concurrencia fué extraordinaria; los habitantes de Tiro y de Sidon, -que tenian algunas disensiones con él, fueron á pedirle gracia. Estas -fiestas disgustaban mucho á los judíos, tanto porque se efectuaban en -la ciudad impura de Cesarea, como porque se daban en el teatro. Una vez -que el rey habia salido de Jerusalem con igual motivo, cierto rabino -Simeon habia propuesto que se declarase que dejaba de pertenecer al -judaismo y que se le excluia del templo; mas entonces el rey llevó -su condescendencia hasta el punto de colocar al rabino á su lado en -el teatro, á fin de probarle que allí nada se hacia contrario á la -Ley[747]. Creyendo haber satisfecho de este modo á los rigoristas, -Herodes Agrippa se dejó arrastrar por su aficion á las pompas profanas. -El segundo dia de la fiesta, entró muy de mañana en el teatro, vestido -con una túnica de tejido de plata, de un brillo incomparable. Fué -extraordinario el efecto causado por esta túnica que resplandecia -á los rayos del sol saliente y los fenicios que rodeaban al rey le -prodigaron adulaciones imbuidas de paganismo. «Es un Dios, decian, y no -un hombre.» El rey no manifestó indignacion ni vituperó esta palabra, -pero falleció cinco dias despues. Judíos y cristianos atribuyeron su -muerte al no haber rechazado con horror una lisonja tan blasfematoria. -La tradicion cristiana supuso que este era el castigo reservado á los -enemigos de Dios, puesto que murió de una enfermedad vermicular[748]. -Sin embargo, los síntomas de que habla Josefo harian creer más bien -en un envenenamiento, y viene á confirmar esta opinion lo que dicen -las _Actas_ de la conducta equívoca de los fenicios y del cuidado que -tuvieron en ganar á Blastus, ayuda de cámara del rey. - -Con la muerte de Herodes Agrippa I desapareció la independencia -de Jerusalem, que volvió á ser gobernada por procuradores. Este -régimen duró hasta la gran sublevacion, lo que fué un bien para el -cristianismo, porque debe observarse que esta religion que debia -sostener más tarde una lucha tan terrible contra el imperio romano, -creció á la sombra del principio de aquel y bajo su proteccion. Roma -era, conforme lo hemos dicho repetidas veces, quien impedia que el -judaismo se entregase completamente á sus instintos de intolerancia -y de destruccion de los gérmenes de libertad que se producian en su -seno. Toda restriccion de la autoridad judía era un beneficio para -la secta naciente: Cuspius Fadus, el primero de esta nueva série de -procuradores, fué otro Pilatos, de mucha firmeza ó por lo menos de -buena voluntad; pero Claudio continuaba mostrándose favorable á las -pretensiones judías, á causa sobre todo de las instigaciones del jóven -Herodes Agrippa, hijo de Herodes Agrippa I, que vivia á su lado y á -quien amaba mucho[749]. Despues de la corta administracion de Cuspius -Fadus, las funciones de procurador fueron confiadas á un judío, á aquel -Tiberio Alejandro, sobrino de Philon é hijo del alabarca de los judíos -de Alejandría, que tuvo grandes empleos y desempeñó un papel importante -en los asuntos políticos de su siglo. Verdad es que no era amado de los -judíos, que lo miraban, no sin razon, como un apóstata[750]. - -Para poner fin á estas continuas disputas, se recurrió al medio más -conforme con los buenos principios. Se hizo una especie de separacion -entre lo espiritual y lo temporal, y se dejó el poder político á los -procuradores; pero Herodes, rey de Calcis y hermano de Agrippa I, fué -nombrado Prefecto del templo, guardian de los vestidos pontificales, -y tesorero de la caja sagrada, revistiéndose del derecho de nombrar -los grandes sacerdotes[751]. Á su muerte (año 48), Herodes Agrippa -II, hijo de Herodes Agrippa I, sucedió á su tio en dichos cargos, que -conservó hasta la gran guerra. Claudio continuaba mostrándose en todo -esto lleno de bondad. Los altos funcionarios romanos en Siria, bien -que menos inclinados á las concesiones que el emperador, emplearon -tambien mucha moderacion. El procurador Ventidius Cumanus llevó su -condescendencia hasta el caso de hacer decapitar, en medio de los -judíos que formaban el cuadro, á un soldado que habia destrozado un -ejemplar del Pentateuco[752]. Todo fué inútil; Josefo achaca con razon -á la administracion de Cumanus los desórdenes que solo concluyeron con -la destruccion de Jerusalem. - -El cristianismo no tomaba la menor parte en estos disturbios[753], que -eran, como el mismo cristianismo, uno de los síntomas de la fiebre -extraordinaria que devoraba al pueblo judío y del trabajo divino -que se verificaba en él. Nunca habia hecho tantos progresos la fé -judía[754]. El templo de Jerusalem era uno de los santuarios del mundo -cuya fama se extendia más y al que más donativos se hacian[755]. El -judaismo habia llegado á ser la religion dominante de la mayor parte -de la Siria. Los príncipes asmoneos habian convertido violentamente -á poblaciones enteras (Idumeos, Itureos, etc.)[756]. Hubo al mismo -tiempo muchos ejemplos de circuncision impuesta por la fuerza[757], -porque se tenia un grande empeño en hacer prosélitos[758]. La misma -casa de Herodes contribuia poderosamente á la propaganda judía. Para -casarse con princesas de esta familia, cuyas riquezas eran inmensas, -se hacian judíos[759] los príncipes de las pequeñas dinastías vasallas -de los romanos, de Emesa, de Ponte, y de Cilicia. La Arabia y la -Etiopía poseian tambien un gran número de convertidos, entre los que -se contaban, sobre todo por parte de las mujeres[760], las familias -reales de Meseno y de Adiabene, tributarias de los Partos. Se creia -que se hallaba la dicha conociendo y practicando la Ley[761], y aun -cuando no se hiciesen circuncidar, modificaban su religion en sentido -judío; el espíritu general de la religion en Siria era una especie -de monoteismo. En Damasco, ciudad que nada tenia de israelita, casi -todas las mujeres habian adoptado la religion judaica.[762] Detrás del -judaismo farisaico, se formaba así una clase de judaismo libre, menos -violento, que ignoraba algunos secretos de la secta[763], pero que -tenia más porvenir y en el que únicamente se llevaba buena voluntad y -puro corazon. La situacion era, á corta diferencia, la del catolicismo -de nuestros dias, en donde vemos, por una parte, teólogos ignorantes y -orgullosos que por sí solos no convertirian más almas al catolicismo -que las que ganaron los fariseos para el judaismo; y por otra, piadosos -seglares, heréticos mil veces sin saberlo, pero llenos de tierno celo, -ricos en buenas obras y en sentimientos poéticos, ocupados siempre en -disimular ó en atenuar con complacientes explicaciones las faltas de -sus doctores. - -Uno de los ejemplos más extraordinarios de la corriente que -arrastraba hácia el judaismo á las almas religiosas, fué el que dió -la familia real de Adiabene en el Tigris[764]. Esta casa, en su -orígen y costumbres[765], bien que iniciada en parte en la cultura -griega[766], se hizo judía casi toda y se distinguió por su extrema -devocion; porque, conforme hemos manifestado, estos prosélitos eran -regularmente más piadosos que los judíos de nacimiento. Izate, jefe -de la familia, abrazó el judaismo á consecuencia de las predicaciones -de un mercader judío llamado Ananías, que al entrar, para su pequeño -comercio en el serrallo de Abennerig, rey de Meseno, habia convertido -á todas las mujeres y se habia constituido su director espiritual. -Las mujeres pusieron á Izate en relaciones con él. En la misma época, -Elena, su madre, se hacia instruir en la verdadera religion por otro -judío. Izate, en su celo de nuevo convertido, queria tambien hacerse -circuncidar, pero su madre y Ananías lo disuadieron de ello. Ananías -le demostró que más importante era la observacion de los mandamientos -de Dios que la circuncision, y que se podia ser muy buen judío sin -esta ceremonia. Semejante tolerancia era debida á un corto número de -inteligencias superiores. Algun tiempo despues, un judío de Galilea -llamado Eleazar, encontró al rey que leia el Pentateuco y le probó con -el texto, que no podia observar la Ley sin ser circunciso. Izate quedó -persuadido de ello y mandó que le hicieran en seguida la operacion[767]. - -La conversion de Izate fué seguida de la de su hermano Monobaze y de -casi toda la familia. En el año 44, Elena pasó á fijarse en Jerusalem, -en donde hizo construir para la casa real de Adiabene un palacio y un -mausoleo de familia que todavía existe[768]. Se hizo querer de los -judíos por su afabilidad y sus limosnas. Daba gozo verla, como una -piadosa judía, frecuentar el templo, consultar á los Doctores, leer la -Ley, y enseñarla á sus hijos. En la peste del año 44, aquella santa -mujer fué la providencia de la ciudad, pues mandó comprar una gran -cantidad de trigo en Egipto, y de higos secos en Chipre. Izate, por -su parte, envió sumas considerables para ser distribuidas entre los -pobres. Las riquezas del Adiabene se gastaban en parte en Jerusalem, -donde vinieron los hijos de Izate para aprender los usos y la lengua -de los judíos. La familia citada fué un gran recurso para aquel pueblo -de mendigos. Habian tomado como un derecho de ciudadanía en Jerusalem, -en donde se encontraron varios de sus miembros durante el sitio de -Tito[769], al paso que otros figuran en los escritos talmúdicos como -modelos de piedad y de desprendimiento[770]. - -Así es como la familia real de Adiabene vino á figurar en la -historia del cristianismo. Sin ser cristiana, como han supuesto -varias tradiciones[771], esta familia representó bajo diferentes -conceptos las primicias de los gentiles. Abrazando el judaismo, -obedeció al sentimiento que debia llevar al cristianismo al mundo -pagano entero. Los verdaderos israelitas para con Dios lo eran más -bien aquellos extranjeros, animados por un sentimiento religioso tan -profundamente sincero, que no el fariseo soberbio y perverso, para -quien la religion no era más que un pretexto de ódios y desdenes. -Aquellos buenos prosélitos no eran fanáticos en lo más mínimo porque -eran verdaderamente santos. Admitian que la verdadera religion -podia practicarse con los códigos civiles más diversos; separaban -completamente la religion de la política. La distincion entre los -sectarios sediciosos que se proponian defender rabiosamente á -Jerusalem, y los pacíficos devotos que, al primer rumor de guerra, -habian de refugiarse en las montañas[772], se manifestaba cada dia más. - -Vemos, pues, que la cuestion de los prosélitos se presentaba del -mismo modo en el judaismo que en el cristianismo. De una y otra -parte, se sentia la necesidad de tener más tolerancia, y para los que -consideraban la cuestion bajo este punto de vista, la circuncision era -una práctica inútil ó perjudicial, y las observancias mosáistas una -simple señal de raza, que solo tenia valor para los hijos de Abraham. -Antes de ser una religion universal, el judaismo se veia obligado á -limitarse á una especie de deismo, que únicamente imponia los deberes -de la religion natural. Habia de cumplirse con ello una mision sublime, -y una parte del judaismo, en la primera mitad del siglo I, lo hizo -de una manera muy inteligente. Por un lado, el judaismo era uno de -los innumerables cultos nacionales[773] que llenaban el mundo y cuya -santidad no reconocia otra causa que la de haber sido practicado -por sus antepasados; por otro, el judaismo era la religion absoluta, -hecha para todos, y destinada á ser adoptada por todos. El espantoso -desbordamiento de fanatismo que se desarrolló en Judea y que originó -la guerra de exterminio, destruyó este porvenir. El cristianismo fué -el que se encargó de proseguir por su cuenta la tarea que la sinagoga -no habia sabido llevar á cabo. Dejando aparte las cuestiones rituales, -el cristianismo continuó la propaganda monoteista del judaismo. Lo que -favoreciera el éxito del judaismo con las mujeres de Damasco, en el -serrallo de Abennerig, con Elena y otros tantos prosélitos piadosos, -fortaleció al cristianismo en el mundo entero. En tal concepto, la -gloria del último se confunde verdaderamente con la del primero. Una -generacion de fanáticos privó al judaismo de su recompensa, y le -impidió recoger la cosecha que habia preparado. - - - - -CAPÍTULO XV. - -Movimientos paralelos al cristianismo ó imitadores del cristianismo. -- -Simon de Gitton. - - -[Marginal: Año 45] - -El cristianismo está ahora realmente fundado. En la historia de todas -las religiones, solo se encuentran obstáculos durante los primeros -años; mas cuando una creencia ha resistido las duras pruebas por que -ha de pasar toda nueva fundacion, está asegurado su porvenir. Los -fundadores del cristianismo, más hábiles que los otros sectarios del -mismo tiempo, esenianos, baptistas y partidarios de Judas el Gaulonita, -que no salieron del mundo judío y perecieron con él, se lanzaron -bien pronto al mundo con la mayor resolucion y ocuparon en aquel su -puesto. Las pocas citas que sobre cristianos encontramos en Josefo, en -el Talmud, y en todas las obras de los autores griegos y latinos, no -debe sorprendernos. Josefo ha llegado hasta nosotros por los copistas -cristianos que han sabido suprimir todo lo que era contrario á su -creencia; pero podemos suponer que hablaba con más extension de Jesús -y de los cristianos, que la edicion que ha llegado hasta nosotros. -El Talmud sufrió tambien durante la edad media[774] y despues de su -primera publicacion, varias supresiones y alteraciones, pues se ejerció -la censura cristiana sobre el texto con mucha severidad, y fueron -quemados una multitud de desdichados judíos por haber tenido en su -poder un libro conteniendo páginas consideradas como blasfematorias. -No es tampoco sorprendente que los escritores griegos y latinos se -preocupen poco de un movimiento que no pueden comprender y que tuvo -lugar en un pequeño mundo cerrado para ellos. El cristianismo se pierde -á sus ojos sobre el oscuro fondo del judaismo; esto fué una querella de -familia en el fondo de una nacion abyecta; ¿á qué ocuparse de ello? - -Los dos ó tres pasajes en que Tácito y Suetonio hablan de los -cristianos, prueban que algo extraordinaria debia ser la secta nueva, -cuando traspasó el círculo ordinario de la publicidad, y al poco -tiempo, á través de las nubes de la indiferencia general, comenzó á -destacarse vigorosamente. - -Por lo demás, lo que contribuyó á borrar un poco las formas del -cristianismo en la historia del mundo judío en el primer siglo de -nuestra era, es que no fué un hecho aislado. Philon, en la hora á que -hemos llegado, habia concluido su carrera, consagrada enteramente al -amor del bien. La secta de Judas el Gaulonita dura todavía: el agitador -tuvo como continuadores de su pensamiento á sus hijos Jacobo, Simon -y Menahem: pero los dos primeros fueron crucificados por órden del -procurador Tiberio Alejandro[775]. En cuanto al tercero, desempeñará -en la catástrofe final de la nacion un importante papel[776]. El año -44, un entusiasta llamado Teudas[777] se presentó anunciando una -próxima libertad, é invitó á la multitud á que le siguiera al desierto, -prometiendo, cual otro Josué, hacerle pasar el Jordan á pié enjuto; -ya que este pasaje era segun él el verdadero bautismo que debia -iniciar á cada uno de sus fieles en el reino de Dios. Siguiéronle más -de cuatrocientas personas; pero el procurador Fado, mandó contra él -á la caballería, dispersólos y le hirió[778]. Algunos años antes se -habia levantado toda la Samaria á la voz de un iluminado que pretendia -haber tenido una revelacion en el lugar de Garissim, donde Moisés -habia ocultado los instrumentos sagrados del culto. Pilatos habia -reprimido con gran rigor este movimiento[779]. En cuanto á Jerusalem, -la paz habia acabado para ella, pues á contar desde la llegada del -procurador Ventidio Cumano (año 48), los trastornos no cesaron; la -excitacion habia llegado á tal punto, que la vida era insufrible y -las circunstancias más insignificantes producian estallidos[780]. -Sentíase una extraña fermentacion, una especie de turbacion -misteriosa; por todas partes se multiplicaban los impostores[781]; -los terribles _zelotas_ (_Kenaïm_) ó sicarios, empezaban á aparecer; -y varios miserables armados de puñales se metian entre la multitud, -herian á sus víctimas, y eran los primeros que gritaban al asesino. -No se pasaba dia sin que se cometiera alguno de estos asesinatos; -extendiéndose el terror de una manera extraordinaria. Josefo presenta -los crímenes de estos sicarios como cometidos por bribones[782], pero -no es dudoso que el fanatismo se mezclaba en ello[783]: para defender -la ley aquellos miserables se armaron del puñal: el que faltaba segun -ellos á las prescripciones legales, veia pronto pronunciada y ejecutada -su sentencia. Con ello creian llevar á cabo la obra más meritoria y más -agradable á Dios. - -Escenas análogas á las de Teudas, renovábanse por todas partes. -Varios personajes pretendiéndose inspirados sublevaban el pueblo y -le arrastraban consigo al desierto, bajo el pretexto de hacerle ver -por signos manifiestos que Dios iba á librarles. La autoridad romana -deseaba exterminar á estos agitadores[784] que reunian las gentes á -millares, en términos de que en el año 56, un judío que vino de Egipto -á Jerusalem, con su prestigio consiguió atraer más de treinta mil -personas, entre las que habia cuatro mil sicarios. Desde el desierto, -queria llevarles al monte Olivete, para ver desde allí, segun decia, -caer las murallas de Jerusalem á su solo mandato. Félix, que era -entonces procurador, marchó contra él y dispersó á su gente, pero el -egipcio se salvó y no pareció más[785]. Sin embargo, así como en un -cuerpo enfermizo los males se suceden unos á otros, viéronse pronto -partidas mandadas por mágicos y ladrones que conducian claramente al -pueblo á revolucionarse contra los romanos, amenazando de muerte á los -que continuaran obedeciéndoles. Bajo este pretexto maltrataban á los -ricos, decomisaban sus bienes, quemaban sus casas, dejando en toda -la Judea huellas de su furor[786]. Anunciábase una guerra espantosa: -reinaba fuerte agitacion por do quier, y las imaginaciones se mantenian -en un estado cercano á la más completa locura. - -No era imposible que Teudas se inspirara en el espíritu de imitacion -á la vista de Jesús y de Juan Bautista. Á lo menos esta imitacion se -evidenció con Simon de Gitton, si merecen alguna fé las tradiciones -cristianas acerca de este personaje[787]. Le hemos visto ya en -relacion con los apóstoles á propósito de la primera mision de -Felipe en Samaria. Bajo el reinado de Claudio es cuando conquistó su -celebridad[788]. Sus milagros eran considerados como permanentes, y en -Samaria le miraba todo el mundo como un personaje sobrenatural[789]. - -No eran solo sus milagros los únicos fundamentos de su reputacion. -Segun parece usaba una doctrina que nos es imposible juzgar, ya que -la obra intitulada _La Grande Exposicion_ que se le atribuye, y que -ha llegado hasta nosotros por extracto, no es tal vez otra cosa más -que una síntesis modificada de sus ideas[790]. Simon, durante su -permanencia en Alejandría[791], parece haber fomentado en sus estudios -de filosofía griega un sistema de teosofía sincrética y de exégesis -alegórica semejante á la de Philon. Este sistema tiene su grandeza: -pues tan pronto recuerda la cábala judía, como las teorías panteistas -de la filosofía indiana; y bajo cierto punto de vista parece una -imitacion del budismo y del parsismo[792]. Al frente de todas las -cosas está «Aquel que es, que ha sido y que será[793],» es decir el -_Jahveh_ samaritano, entendido segun la fuerza etimológica de su -nombre, el Sér eterno, único engendrado por sí mismo, aumentando por -sí mismo, encontrándose á sí mismo, padre, madre, hermana, esposo, é -hijo de sí mismo[794]. En el seno de este infinito, todo poder existe -eternamente; todo pasa á la accion y á la realidad por la conciencia -del hombre, por la razon, la lengua y la ciencia[795]. El mundo se -explica ya por una gerarquía de principios abstractos, análogos á los -Eones del gnosticismo y al árbol sefirótico de la cábala, ya por un -sistema de ángeles que parece tomado de las creencias de la Persia. -Estas abstracciones se presentan algunas veces como traducciones de -hechos físicos y psicológicos: otras veces, los _poderes divinos_, -considerados como sustancias separadas, se realizan en encarnaciones -sucesivas, ya masculinas, ya femeninas, cuyo fin es el libertar á -los séres encadenados por los lazos de la materia. El primero de -estos poderes es el que por excelencia se llama «el Grande,» y que -es la inteligencia de este mundo, la Providencia universal[796]. Es -masculina y se considera á Simon como su encarnacion. Al lado de ella -está la _syzigia_ femenina, «el Gran Pensamiento.» Habituado Simon á -revestir sus teorías de un extraño simbolismo, imagina interpretaciones -alegóricas para los antiguos textos sagrados y profanos, á los -cuales el autor de la _Grande Exposicion_, da el nombre de _Helena_, -significando con esto que era el objeto del deseo universal, la eterna -causa de discusion entre los hombres, la que se venga de sus enemigos y -les ciega, hasta el momento en que consienten cantar la palinodia[797]; -teme que mal comprendido é interpretado torcidamente por los padres -de la Iglesia da lugar á cuentos pueriles[798]. El conocimiento de -la literatura griega que posee el autor de la _Grande Exposicion_, es -en todo caso, muy notable. Él sostiene que cuando se saben comprender -los escritos de los paganos bastan para el conocimiento de todas las -cosas[799]; su eclectismo abraza todas las revelaciones y procura -refundirlas en un solo órden de verdades. - -En cuanto al fondo de su sistema, hay mucha analogía con el de -Valentin y con las doctrinas sobre las personas divinas que se -encuentran en el cuarto Evangelio, en Philon, y en los Targums[800]. -Este «_Metatrono_[801]» es el que los judíos colocaban al lado de la -Divinidad y hasta en su sentido se parece mucho al «_Gran poder_.» En -la teología de los samaritanos se vé figurar un Gran ángel, jefe de los -demás, y una especie de manifestaciones, ó _virtudes divinas_[802], -análogas á las que la cábala judía se figuraba por su parte. Por esto -parece que Simon de Gitton fué una especie de teósofo en el mismo -género de Philon y de los cabalistas. Tal vez se acercó alguna vez al -cristianismo, pero no se acercó á él de una manera decisiva. - -Si tomó algo de los discípulos de Jesús, es muy difícil probarlo. Si la -_Grande Exposicion_ es suya, vemos que en algunos pasajes se adelanta -á las ideas cristianas, y en otros se relaciona mucho con ellas[803]. -Lo que parece es que ensayó un eclecticismo análogo al que practicó -más tarde Mahoma, y que intentó fundar su religion aceptando la mision -divina de Juan[804] y de Jesús, á fin de ponerse en mística relacion -con ellos. Él sostuvo que el mismo Simon se habia aparecido á los -samaritanos, como Pedro á los judíos, para la crucifixion visible del -Hijo, y á los gentiles para la infusion del Santo Espíritu[805]. Segun -parece, preparó tambien el terreno para la doctrina de los _Docetas_, -pues decia que era él quien habia sufrido en Judea en la persona de -Jesús, pero que este sufrimiento fué solo aparente.[806] Su pretension -de ser la misma Divinidad y de hacerse adorar ha sido probablemente -exagerada por los cristianos que solo han procurado hacerle odioso. - -Por lo demás se vé que la doctrina de la _Grande Exposicion_ es casi la -de todos los escritos gnósticos, y si verdaderamente Simon ha profesado -estas doctrinas, han tenido mucha razon los padres de la Iglesia en -considerarle como un fundador del gnosticismo[807]. Nosotros creemos -que la _Grande Exposicion_ no tiene más que una autenticidad relativa, -y es poco más ó menos á la doctrina de Simon, lo que el cuarto -Evangelio al pensamiento de Jesús; que se refiere á los primeros años -del siglo II, es decir, á la época en que las ideas teosóficas de -_Logos_ dejaron de predominar. Estas ideas que encontramos en gérmen en -la Iglesia cristiana el año 60[808], pudieron ser conocidas de Simon -cuya vida acaso se prolongara hasta fines del siglo. - -En nuestro concepto, este enigmático personaje es una especie de -plagiario del cristianismo. La imitacion parece ser una costumbre -constante entre los samaritanos[809]. De la misma manera que habian -imitado siempre el judaismo de Jerusalem, estos sectarios copiaron -tambien del cristianismo, hicieron sus especulaciones teosóficas y su -cábala. Pero Simon ¿fué un imitador respetable á quien no se pueda -calificar de prestidigitador inmoral y ridículo[810], que explotaba en -su favor una doctrina formada de trozos recogidos aquí y allá? Hé aquí -lo que probablemente se ignorará siempre. Simon ocupaba en la historia -una posicion muy falsa; marcha sobre una cuerda tirante donde no es -permitida oscilacion alguna; en este punto no hay más que elegir entre -una caida ridícula ó un éxito maravilloso. - -Todavía nos ocuparemos más de Simon y veremos si las leyendas durante -su permanencia en Roma que al mismo se refieren, tienen alguna -verosimilitud. Lo cierto es que la secta simoniana duró hasta el -siglo III[811]; que tuvo dos iglesias en Antioquía, y tal vez hasta -en Roma mismo; que Menandro de Caparetea y Clobio[812] continuaron la -doctrina de Simon, ó mejor imitaron su papel de teurgo, con un recuerdo -más ó menos vivo de Jesús y de sus apóstoles. Simon y sus discípulos -fueron muy estimados entre sus correligionarios. Las sectas del mismo -género, paralelas al cristianismo[813], y más ó menos impregnadas de -_gnosticismo_, no cesaron de producirse entre los samaritanos hasta su -destruccion por Justiniano. El destino de este pequeño grupo fué sufrir -las consecuencias de todo lo que pasaba á su alrededor, sin producir -nada completamente original. - -En cuanto á los cristianos, la memoria de Simon de Gitton les era -aborrecible. Esos prestigios, que tanto se parecían a los suyos, les -irritaban, y haber alcanzado el éxito de los apóstoles fué el más -imperdonable de los crímenes. Pretendióse que los prodigios de Simon -y de sus discípulos eran obra del diablo y se denigró al teósofo -samaritano con el nombre de _Mágico_[814], que los fieles tomaban -en muy mal sentido. Toda la leyenda cristiana de Simon revelaba una -cólera reconcentrada: se le atribuyeron las máximas del quietismo y -los excesos que se suponen ser su consecuencia[815]; se le consideró -como padre de todo error, como el primer heresiarca: se contaron -sus aventuras ridículas, sus hechos con referencia á Pedro[816], y -se atribuyó á otro motivo distinto el impulso que le llevó hácia el -cristianismo. Tan preocupados estaban con su nombre, que creian leerle -al través de las páginas donde no estaba escrito[817]. El simbolismo de -que ha revestido sus ideas fué interpretado de la manera más grotesca. -La _Helena_ que él identificaba con la _primera inteligencia_, se -consideró como una mujer pública que habia comprado en el mercado de -Tiro[818]: su nombre, en fin, se colocó al lado del de Judas y se -tomó como sinónimo de _antiapóstol_[819], última injuria y palabra -proverbial para designar un impostor de profesion, un adversario de -la verdad que quisiera presentarse con misterio[820]. Este fué el -primer enemigo del cristianismo, ó mejor dicho, el primer personaje -que el cristianismo trató como enemigo, no escaseándose los piadosos -fraudes ni calumnias para disfamarle[821]. La crítica no puede, en -este caso, revindicarle porque le faltan los documentos auténticos -y contradictorios; lo único que puede hacer es retratarle tal como -aparece en las tradiciones poniendo en relieve el estilo despreciativo -que en ellas se nota. - -Á lo menos no debe acusarse al teurgo samaritano de una imitacion que -acaso no hiciera. En una reseña del historiador Josefo, un mágico judío -llamado Simon, nacido en Chipre, desempeñaba por parte del procurador -Félix el papel de _proxeneto_[822]. Las circunstancias de esta reseña -no convienen con Simon de Gitton y no debe hacérsele responsable de -los hechos de un personaje que solo puede tener de comun con él su -nombre, que llevaban entonces millares de hombres, ni de la pretension -de hacer obras sobrenaturales que tenia entonces una multitud de sus -contemporáneos. - - - - -CAPÍTULO XVI. - -Marcha general de las misiones cristianas. - - -[Marginal: Año 45] - -Hemos visto á Bernabé partir de Antioquía para remitir á los fieles -de Jerusalem la colecta de sus hermanos de Siria. Le hemos visto -presenciar alguno de los disturbios que la persecucion de Herodes -Agrippa I causó á la Iglesia de Jerusalem[823]; volvamos con él á -Antioquía, donde parece haberse concentrado en este momento toda la -actividad creadora de la secta. - -Bernabé llevó consigo á un celoso colaborador: este era su primo Juan -Márcos, el discípulo querido de Pedro[824], el hijo de aquella María -en casa de la cual el primero de los apóstoles deseaba permanecer. Sin -duda, tomando este nuevo colaborador, pensaba ya en la grande empresa -á la cual iba á asociarle. Tal vez preveia las divisiones que la misma -obra suscitaria, y tenia cuidado de tomar por compañero un hombre que -sabia era el brazo derecho de Pedro, es decir, del apóstol que en los -asuntos generales tendria mayor autoridad. - -Esta empresa no fué más que una série de grandes misiones que debian -partir de Antioquía, teniendo por programa la conversion del mundo -entero. Como todas las grandes resoluciones que se tomaban en la -Iglesia, fué tambien atribuida aquella al Espíritu Santo. Se creyó ser -obra de un llamamiento especial, de una eleccion sobrenatural, que se -supuso haber sido comunicada á la Iglesia de Antioquía mientras ayunaba -y oraba. Tal vez alguno de los profetas de la Iglesia, Menahem ó Lucio, -en uno de sus accesos de glosolalia pronunció algunas palabras de las -cuales pudo deducirse que Pablo y Bernabé estaban predestinados á esta -mision[825]. En cuanto á Pablo, estaba convencido que Dios le habia -elegido desde el vientre de su madre para la obra á la cual iba á -consagrarse enteramente[826]. - -Los dos apóstoles se agregaron á título de subordinado para secundarles -en la parte material de su empresa, al Juan Márcos que Bernabé habia -llevado consigo á Jerusalem[827]. Cuando terminaron los preparativos, -hubo ayunos y oraciones, y se impusieron las manos á los dos apóstoles -para indicar que la mision era conferida por la misma Iglesia[828]; se -les recomendó á la gracia de Dios y partieron[829]. ¿Por qué lado se -dirigieron? ¿Qué mundo iban á evangelizar? Esto es lo que importa saber. - -Todas las grandes misiones cristianas primitivas, se dirigieron hácia -el oeste, ó en otros términos, tomaron por teatro ó cuadro el imperio -Romano. Si se exceptúa alguna pequeña parte del territorio de los -Arsácidas, comprendido entre el Éufrates y el Tigris, el imperio de los -Partos no tuvo durante el primer siglo misiones cristianas[830]. El -Tigris fué por el Oriente una barrera que el cristianismo solo traspasó -en las Sasanidas. Dos grandes causas, el Mediterráneo y el imperio -Romano, determinaron este hecho capital. - -El Mediterráneo era hacia mil años el gran camino por donde habian -cruzado todas las civilizaciones y todas las ideas. Los romanos habian -ahuyentado de él la piratería, convirtiéndole en una magnífica via -de comunicacion. Una numerosa marina de cabotaje hacia más fáciles -los viajes por la costa de este gran lago. La seguridad relativa que -ofrecian los caminos del imperio, las garantías que se encontraban -en los poderes públicos, la difusion de los judíos sobre todo el -litoral del Mediterráneo, el uso de la lengua griega en toda la parte -oriental de este mar[831], la unidad de civilizacion que los griegos -tenian con los romanos, hicieron del mapa del imperio el mapa mismo de -los países reservados á las misiones cristianas y destinados á ser -cristianos. El _orbis_ romano llegó á ser el _orbis_ cristiano, y en -este sentido puede afirmarse que los fundadores del imperio fueron -tambien los fundadores de la monarquía cristiana, ó al menos diseñaron -sus contornos. Toda provincia conquistada por el imperio romano, era -una provincia conquistada al cristianismo. Cuando uno se figura á los -apóstoles ante una Asia Menor, una Grecia, una Italia dividida en cien -pequeñas repúblicas, una Galia, una España, un África ó un Egipto -denominadas por antiguas instituciones nacionales, no se puede esperar -un buen éxito y mucho menos que haya podido nacer el proyecto. La union -del imperio era la condicion prévia de todo proselitismo religioso, -haciéndose superior de las nacionalidades. El imperio lo comprendió -en el siglo XIV y se hizo cristiano: vió que el cristianismo era la -religion que él habia creado sin saberlo, la religion limitada por -sus fronteras, identificada con él, capaz de procurarle una segunda -vida. La Iglesia por su parte se hizo romana y se ha conservado hasta -nuestros dias como un recuerdo del imperio. Decid á Pablo que Claudio -será su primer auxiliar; decid á Claudio que aquel judío que parte de -Antioquía va á fundar la parte más sólida del edificio imperial, y -asombrareis al uno y al otro, y sin embargo, esto fué una verdad. - -De todos los países extraños á la Judea, el primero donde se estableció -el cristianismo fué naturalmente en Syria. Los naturales de Palestina y -el gran número de judíos establecidos en aquella comarca[832], hacian -inevitable este hecho. Chipre, el Asia Menor, la Macedonia, la Grecia -y la Italia, fueron visitadas por los hombres apostólicos con algunos -años de intervalo. El Mediodía de la Galia, la España, y la costa de -África, aunque se evangelizaron bien pronto, fueron los últimos puntos -que invadió el cristianismo. - -Lo propio sucedió en Egipto. El Egipto no figura apenas en la -historia apostólica; parece que los misioneros apostólicos le vuelven -sistemáticamente la espalda. Este país, que á partir del siglo III, -se convierte en teatro de los acontecimientos más importantes de la -historia de la religion, fué entonces un atraso para el cristianismo. -Apolo es el único doctor cristiano salido de la escuela de la -Alejandría, y aun éste aprendió el cristianismo en sus viajes[833]. -Es necesario atribuir la causa de este notable fenómeno á las pocas -relaciones que existian entre los judíos de Egipto y los de Palestina, -y sobre todo al hecho de que el Egipto judío tuvo bajo cierto aspecto -su especial desarrollo religioso. El Egipto tenia á Philon y los -terapeutas, este era su cristianismo[834], el cual le dispensaba -de escuchar al otro con atencion. En cuanto al Egipto pagano, -poseia instituciones religiosas más sólidas que las del paganismo -greco-romano[835]; la religion egipciaca estaba todavía en toda su -fuerza y cercano el momento en que iban á bautizarse los enormes -templos de Esneh, y de Ombos, en los cuales la esperanza de tener en el -pequeño Cesarion un último rey Ptolomeo, ó un Mesías nacional, hacia -salir como de la tierra los santuarios de Dendera, y de Hermontis, -comparables á las más bellas obras faraónicas. El cristianismo se -establecia por todas partes sobre las ruinas del sentimiento nacional y -de los cultos locales. La degradacion de las almas era rara en Egipto, -y hacia raras las aspiraciones que abrieron al cristianismo tan fáciles -caminos. - -Un relámpago que parte de la Syria, ilumina casi simultáneamente las -tres grandes penínsulas del Asia Menor, de Grecia y de Italia, y -que bien pronto seguido de un segundo reflejo abraza casi todas las -costas del Mediterráneo, hé aquí lo que fué la primera aparicion del -cristianismo: la marcha de las naves apostólicas es casi siempre la -misma. La predicacion cristiana parece seguir una huella anterior que -no es otra que la de la emigracion judía. Como un contagio que teniendo -su foco en el fondo del Mediterráneo, aparece de repente sobre cierto -número de puntos del litoral, donde se comunica por una correspondencia -secreta, el cristianismo tuvo sus puertos de arribada designados en -cierto modo de antemano. Estos puertos se reconocian casi todos por las -colonias judías; una sinagoga precedió, en general, al establecimiento -de la Iglesia: diríase que era una cadena eléctrica por cuya extension -la idea nueva corria de una manera casi instantánea. - -En efecto, despues de ciento cincuenta años el judaismo extendido -por el Oriente y Egipto, habia tomado su vuelo hácia el Occidente. -Cirene, Chipre, el Asia Menor, ciertas poblaciones de Macedonia y de -Grecia, y la Italia tenian juderías importantes[836]. Los judíos daban -el primer ejemplo de este género de patriotismo que los Partos, los -Armenios, y hasta cierto punto los Griegos modernos debian mostrar -más tarde; patriotismo extremadamente enérgico porque no se refiere -á un determinado suelo; patriotismo de comerciantes extendidos por -todas partes, reconociéndose por todo como hermanos; patriotismo que -no conduce á formar estados compactos, pero sí pequeñas comunidades -autónomas en el seno de los demás Estados. Estos judíos dispersos -unidos estrechamente entre sí, constituyen en las poblaciones, -congregaciones casi independientes, teniendo sus magistrados y -consejos. En ciertas poblaciones tenian su _etnarca_ ó _alabarca_, -revestido de derechos casi soberanos. Habitaban barrios separados y -fuera de la jurisdiccion ordinaria, muy despreciados de todo el mundo, -pero donde reinaba la felicidad. Eran más pobres que ricos, pues no -habia llegado aún la época de las grandes fortunas judías que empezaron -en España bajo los Visigodos[837]. El acaparamiento de los negocios -por los judíos fué el efecto de la incapacidad administrativa de los -bárbaros, de la repugnancia que inspiró á la Iglesia la ciencia del -dinero y de sus ideas superficiales sobre el préstamo á interés. En -el imperio romano nada hay semejante, pues cuando el judío no poseia -riquezas, era muy pobre, ya que no era aficionado á la agricultura. -En todo caso sabia sufrir muy bien la pobreza, pero lo que sabia -más aún era aunar la preocupacion religiosa más exaltada con la más -rara habilidad comercial. Las excentricidades teológicas no excluyen -en manera alguna el buen sentido en los negocios. En Inglaterra, en -América, en Rusia, los sectarios más entusiastas (_irvingianos_, santos -de los últimos dias, _raskolniks_) son buenos comerciantes. - -La propiedad de la vida judía piadosamente practicada ha sido siempre -la de producir mucha alegría y cordialidad. En aquel pequeño mundo -todos se amaban; se amaba hasta el mismo pasado; las ceremonias -religiosas iban adquiriendo poco á poco nueva vida. Habia alguna -analogía con las distintas comunidades que existen todavía en las -grandes ciudades turcas, como por ejemplo la griega, armenia, y judía, -de Esmirna, reducidas cofradías donde se conoce todo el mundo, donde -todos viven juntos y conspiran juntos. En estas pequeñas repúblicas, -las cuestiones religiosas dominan siempre á las cuestiones políticas, ó -más bien aquellas suplen y completan á estas. Una herejía es en ellas -un asunto de Estado; un cisma tiene siempre por orígen una cuestion de -personas. Los romanos, salvo raras excepciones, no penetraban jamás -en aquellos círculos reservados. Las sinagogas promulgaban decretos, -daban honores[838], y hacian las veces de verdaderas municipalidades. -Era grande la influencia de estas corporaciones: en Alejandría llegó -á ser de primer órden, y dominó todo el recinto interior de la -ciudad[839]. En Roma eran numerosos los judíos[840], y constituian -un apoyo que nadie desdeñaba. Ciceron presenta como un acto de valor -haber intentado resistirse á los mismos judíos[841]. César les -favoreció y les encontró fieles[842]; Tiberio para contenerles tomó -las más enérgicas medidas[843]; Calígula, cuyo reinado fué para ellos -nefasto en Oriente, les concedió permiso para asociarse, en Roma[844]. -Claudio que les favorecia en Judea, se vió obligado á echarles de la -ciudad[845]. Encontrábaseles por todas partes[846] y podia decirse de -ellos como de los griegos, que vencidos, habian impuesto sus leyes á -los vencedores[847]. - -Las disposiciones de las poblaciones indígenas hácia estos extranjeros -eran muy diversas. Por una parte el sentimiento de repulsion y -antipatía que producian los judíos por su espíritu de aislamiento -constante, por su carácter rencoroso, y por sus hábitos insociables, -se manifestaban de una manera decisiva donde eran más numerosos y -estaban más organizados[848]. Cuando libres, eran realmente séres -privilegiados porque gozaban de ciertos beneficios de la sociedad, -sin sufrir sus gravámenes[849]. Algunos charlatanes explotaban el -sentimiento de curiosidad que inspiraba su culto, y bajo el pretexto de -explicar sus secretos cometian toda clase de pillerías[850]. Algunos -folletos violentos y satíricos, como el de Apion, de los cuales los -escritores profanos han dado frecuentemente reseñas[851], circulaban -sirviendo de alimento para excitar la cólera del público pagano. Los -judíos parecen haber sido en general séres mezquinos, que de todo se -quejaban. Veíase en ellos á una sociedad secreta, mal intencionada -para el resto de los hombres, cuyos miembros se vendian á cualquier -precio en detrimento de los otros[852]. Sus costumbres, su aversion -á ciertos alimentos, su dejadez, su falta de distincion, el mal olor -que exhalaban[853], sus escrúpulos religiosos, sus minuciosidades en -la observancia del sábado, se consideraban como ridiculeces[854]. Una -vez introducido en la sociedad, el judío por una consecuencia natural, -no tenia cuidado alguno en parecer fino. Por eso se les encontraba -por todas partes con sus trajes sucios, aire tosco, andar fatigado, -cara pálida, ojos enfermizos[855], y cierta expresion de beatitud, -formando sus mujeres grupo á parte, con sus hijas, sus paquetes de -mercancías y sus canastos que constituian todo su mobiliario[856]. En -las poblaciones ejercian los tráficos más despreciables: mendigos,[857] -ropavejeros, ó vendedores de fósforos[858]. Despreciábase injustamente -su ley y su historia. Tan pronto se les creia supersticiosos[859], -y crueles[860]; como ateos, ó contentadores de los dioses[861]. -Su aversion hácia las imágenes era una prueba de su impiedad. La -circuncision sobre todo ofrecia asunto para las interminables burlas -que se les dirigian[862]. - -Pero estos juicios superficiales no eran los de todos; los judíos -tenian tantos amigos como detractores; su formalidad, sus buenas -costumbres, la sencillez de su culto gustaban á mucha gente. Veíase en -ellos algo de superior. Organizábase una vasta propaganda monoteista y -mosaica[863]; y una especie de torbellino poderoso se iba formando al -rededor de aquel pequeño pueblo. El pobre judío de Trastévere[864], -que salia por la mañana con sus mercancías, entraba con frecuencia -por la noche enriquecido con las limosnas procedentes de manos -piadosas[865]. Sobre todo las mujeres iban en grupos á buscar á estos -misioneros[866]. Juvenal[867] califica de vicio la inclinacion de -las damas de aquella época hácia la religion judía y las critica por -esto. Las que se habian convertido aseguraban que eran completamente -felices[868] pero el antiguo espíritu helénico y romano resistia -enérgicamente; el desprecio y el ódio hácia los judíos se revela en -todos los hombres ilustrados tales como Ciceron, Horacio, Séneca, -Juvenal, Tácito, Quintiliano y Suetonio[869]. Por el contrario, aquella -enorme masa de poblaciones mezcladas que el imperio habia sometido, -á las cuales era extraño el espíritu romano y la sabiduría helénica, -corrian en tropel hácia una sociedad en que encontraban ejemplos -interesantes de concordia, de caridad, de socorros mútuos[870], -de simpatía, de aficion al trabajo[871] y de altiva pobreza. La -mendicidad, que fué más tarde enteramente cristiana, era entonces -completamente judía. El mendigo de profesion, _formado por su madre_, -se presentaba á la imaginacion de los poetas de aquel tiempo como un -judío[872]. - -La exencion de ciertas cargas civiles y en particular de la milicia -hacia en cierto modo envidiable la suerte de los judíos[873]. El Estado -entonces pedia muchos sacrificios y daba pocas alegrías morales; todo -estaba frio y desanimado y la vida tan triste en el seno del paganismo, -adquiria todo su encanto en la tibia atmósfera de la sinagoga y de -la iglesia. Allí, sin embargo, no se encontraba libertad puesto que -los correligionarios se espiaban sin cesar los unos á los otros; -pero aunque la vida interior de estas pequeñas comunidades fuese muy -agitada, se gozaba infinitamente: nadie las abandonaba y no habia -apóstatas. El pobre estaba contento en ellas; miraba sin envidia -la riqueza y con la tranquilidad de una buena conciencia[874]. El -sentimiento verdaderamente democrático de la locura mundana, de la -vanidad de las riquezas y de las grandezas profanas, expresábase allí -claramente. Se ha comprendido poco el mundo pagano y se le ha juzgado -con demasiada severidad; la civilizacion romana se ha presentado como -foco de todas las inmoralidades y de vicios odiosos[875], de la misma -manera que un obrero de nuestros tiempos, imbuido en las doctrinas -socialistas, se representa á los _aristócratas_ bajo los más negros -colores. Pero allí habia animacion, alegría é interés, como sucede hoy -dia en las más pobres sinagogas de Polonia y de Galitzia. La falta de -elegancia y delicadeza en las costumbres se compensaba por un agradable -espíritu de familia y de honradez patriarcal. En la sociedad elevada, -por el contrario, el egoismo y el aislamiento de las almas habian dado -su último fruto. - -La parábola de Zacarías[876] se realizaba: el mundo iba á cogerse de -los vestidos de los judíos para decirles: «Llevadnos á Jerusalem.» No -habia poblacion grande donde no se celebrara el sábado, el ayuno y las -demás ceremonias del judaismo[877]. Josefo[878] se atreve á invitar á -los que duden á que consideren el estado de su patria y hasta su propia -casa, y vean si no se encuentra en ellas la confirmacion de lo que -dice. La presencia en Roma y cerca del emperador de varios miembros de -la familia de los Herodes, los cuales practicaban su culto delante de -todo el mundo[879], contribuia mucho á esta publicidad. El sábado, se -imponia como una necesidad á las clases menesterosas en los barrios -donde habia judíos. Su obstinada resistencia en no abrir las tiendas -en semejante dia obligaba á los vecinos á modificar sus costumbres, y -á esto se debe sin duda que en Salónica se observe el sábado aún en la -actualidad, tanto más cuanto que la poblacion judía es allí demasiado -numerosa y rica para dejar de imponer la ley y regular el dia del -descanso cerrando sus despachos. - -Así como el judío, á quien con frecuencia acompañaba, el sirio era un -instrumento activo de la conquista del Occidente por el Oriente[880]; -se le confundia con frecuencia, y Ciceron creia haber encontrado -el retrato comun á entrambos, llamándoles _naciones nacidas para -la esclavitud_[881]. Esto era lo que les aseguraba el porvenir, ya -que el porvenir era entonces de los esclavos. El carácter del sirio -se distinguia principalmente por su volubilidad, su ligereza, y el -despejo superficial de su espíritu. La naturaleza siria es como una -imágen fugitiva en las nubes del cielo; por momentos suele trazar -ciertas líneas con gracia, pero estas líneas, no llegan á formar jamás -un dibujo completo. En la sombra, á la pálida luz de una lámpara, la -mujer siria, cubierta con sus velos, con sus miradas vagas y languidez -infinita, produce alguna ilusion; pero al analizar esta belleza todo se -evapora, todo es ficticio. - -Lo único que la raza siria tiene de agradable, es el niño de cinco ó -seis años; en la raza griega, por el contrario, el niño es inferior al -jóven adulto, y éste inferior al anciano[882]. La inteligencia siria -halaga por su prontitud y ligereza; pero le falta fijeza, solidez; es -como ese _vino de oro_ del Líbano, que causa un transporte agradable -pero del cual nos cansamos pronto. Los verdaderos dones de Dios deben -tener algo á la vez de delicados y de fuertes, de embriagadores y de -durables. La Grecia es hoy más apreciada que nunca y lo será cada dia -más y más. - -Muchos emigrados sirios á quienes el deseo de hacer fortuna llevaba -al Occidente estaban más ó menos unidos al judaismo, y los que no, -permanecian fieles al culto de su ciudad[883], es decir, al recuerdo de -algun templo dedicado á un _Júpiter_ local[884], que era generalmente -su Dios supremo, á quien daban algun título particular[885]. Esto era -en el fondo una especie de monoteismo que los sirios encubrian con el -culto de sus extraños dioses. - -Comparados con las personalidades divinas completamente distintas -entre sí que ofrecia el politeismo griego y romano, los dioses de que -se trata, en su mayor parte sinónimos del Sol, eran casi hermanos -del Dios único[886]. Semejantes á ciertas melopeas enervantes, los -cultos sirios podian parecer menos áridos, más expresivos que el culto -griego, y las mujeres de Siria la observaban con cierta exaltacion y -voluptuosidad. Estas mujeres fueron en todo tiempo séres extraños que -fluctuaban entre el demonio y Dios, entre la santa y poseida; la santa -de virtudes severas, de heróicos sacrificios y de firme resolucion, -pertenece á otras razas y otros climas; la santa de imaginacion -ardiente, de arrebatos absolutos y de súbitos amores, es la santa -de Siria. La poseida de nuestra edad media es la esclava de Satanás -por su humillacion ó sus pecados; la poseida de Siria es la loca por -idealismo, la mujer que se siente herida en sus sentimientos, que se -venga con frenesí ó se encierra en el mutismo[887] que no espera para -curarse más que una palabra dulce ó una dulce mirada. Trasportadas al -mundo occidental, estas Sirias adquirian influencia, algunas veces -por malas artes de mujer, y otras por cierta superioridad moral y una -verdadera disposicion. Esto se vió ciento cincuenta años despues, -cuando los personajes más importantes de Roma se casaron con Sirias, -las cuales tomaron un gran ascendiente en los asuntos públicos. -La mujer musulmana de nuestros dias, especie de comadre chillona, -estúpidamente fanática, que no existiendo sino para el mal, es incapaz -de virtud alguna, no debe hacernos olvidar á las Julia Domna, á las -Julia Mæsa, Julia Mamæa y Julia Soemia, que introdujeron en Roma, -en punto á religion, una tolerancia y unas tendencias místicas -desconocidas hasta entonces. Lo más notable es, que la dinastía siria -se mostró favorable al cristianismo, y que Mameo, y más tarde el -emperador Felipe el Árabe[888], se consideraron como cristianos. En -los siglos III y IV, el cristianismo fué por excelencia la religion -de Siria; despues de Palestina, Siria fué la que tuvo más parte en la -fundacion de aquel. - -En Roma sobre todo, y durante el primer siglo, fué donde el sirio -comenzó á desplegar su infatigable actividad: dedicado á los más -humildes oficios, tales como lacayo, mozo de cuerda, cochero etc., -el _Syrus_[889] entraba por todas partes, introduciendo consigo la -lengua y las costumbres de su país[890]. No tenia la altivez ni los -conocimientos filosóficos de los Europeos, y mucho menos su vigor, pues -débil de cuerpo, pálido, atacado con frecuencia por la fiebre, sin -observar método en las horas de comer y dormir, como hacen nuestras -robustas razas, alimentándose solo de cebollas y otros vegetales, y -dedicando muy pocas horas al sueño, el Sirio moria jóven y estaba -generalmente enfermo[891]. Sus cualidades dominantes eran la humildad, -la dulzura, la afabilidad, poca solidez de espíritu y no muy buen -sentido, excepto cuando se trataba de sus negocios; pero en cambio -era muy ardiente, aunque algo afeminado. Como el Sirio no ha tomado -nunca parte en la vida política, tiene una aptitud especial para todos -los asuntos religiosos, y bien puede decirse que ese pobre Maronita, -afeminado, humilde y andrajoso, ha llevado á cabo la más grande de -las revoluciones. Su antecesor, el _Syrus_ de Roma, fué el que mostró -más celo para llevar la buena nueva á los afligidos; todos los años -iban á Grecia, á Italia y á la Galia, colonias enteras de estos Sirios -impulsados por su aficion natural á los pequeños negocios[892], y -era fácil reconocerles en los buques por sus numerosas familias, -que siempre les seguian, siendo de notar en aquellas, sus hermosos -niños, sus jóvenes madres, de aspecto infantil, siempre risueñas y -sumisas al lado de sus esposos[893]. Las cabezas que se destacan en -estos tranquilos cuadros de familia, son poco acentuadas, no pueden -compararse con las de Arquímedes, de Platon, ó de Fidias; pero en -cambio, el mercader Sirio al llegar á Roma, es un hombre bueno y -misericordioso, caritativo con sus compatriotas y amante de los -pobres; habla con los esclavos y les indica un asilo donde estos -infelices, reducidos por la dureza de los Romanos al más desconsolador -aislamiento, puedan encontrar alivio y consuelo. Las razas griegas y -latinas, razas de señores, que han nacido para lo grande, no saben -sacar partido de tan humilde posicion[894]; el esclavo de estas razas -pasaba su vida en la insubordinacion y el deseo de hacer mal; el -esclavo ideal de la antigüedad tiene todos los defectos imaginables; es -goloso, embustero, malo y enemigo natural de su dueño,[895] y con esto, -probaba en cierto modo su nobleza, protestando contra una ley opuesta á -la naturaleza. El buen Sirio no protestaba; aceptaba su ignominia, y á -fin de sacar el mejor partido posible, captábase la buena voluntad de -su amo, se atrevia á hablarle y procuraba complacer á su señora. Este -gran agente de la democracia iba así deshaciendo malla por malla la red -de la civilizacion antigua; las viejas sociedades, fundadas sobre el -desprecio, sobre la desigualdad de las razas, sobre el valor militar, -estaban perdidas para siempre. La debilidad y la humillacion, van á ser -una ventaja para el perfeccionamiento de la virtud[896]; la nobleza -romana y la sabiduría griega, lucharán aún tres siglos; á Tácito le -parecerá bien deportar á millares de esos infelices; _si interissent, -vile damnum_[897]! y la aristocracia romana se irritará, llevando á -mal tengan sus dioses y sus instituciones. Está sin embargo escrito -de antemano quién ha de alcanzar la victoria; será el Sirio, el pobre -hombre que ama á sus semejantes, que comparte con ellos lo que tiene y -que se asocia con ellos; la aristocracia romana tiene que perecer por -su impiedad. - -Para explicarnos la revolucion que va á realizarse, es necesario darnos -cuenta del estado político, social, moral, intelectual y religioso -del país donde el proselitismo judío habia abierto surcos que debia -cubrir la predicacion cristiana. Espero que este estudio demostrará -evidentemente que la conversion del mundo á las ideas judías y -cristianas, era inevitable, y que no es de extrañar más que una cosa: -que esa conversion se haya verificado con tanta lentitud y tan tarde. - - - - -CAPÍTULO XVII. - -Estado del mundo hácia mediados del primer siglo. - - -[Marginal: Año 45] - -El estado político del mundo era de los más tristes: toda la autoridad -se hallaba concentrada en Roma y en las legiones, y allí tenian lugar -las escenas más vergonzosas y degradantes que puedan imaginarse. La -aristocracia romana que habia conquistado el mundo y que al fin se -quedó sola al frente de los negocios públicos bajo los Césares, se -entregaba á una saturnal de crímenes, la más desenfrenada que pueda -recordar el género humano. César y Augusto comprendieron perfectamente -al establecer el principado las necesidades de su época; el mundo -era tan mezquino bajo el punto de vista político, que no era posible -ningun otro gobierno, y desde que Roma habia conquistado provincias sin -número, la antigua constitucion fundada sobre el privilegio de familias -patricias, especie de _tories_ obstinados y malévolos, no podia -subsistir[898]. Pero Augusto habia faltado á todos los deberes del -verdadero político, confiando el porvenir á la casualidad. Sin reglas -fijas de adopcion, sin ley electoral, sin límites constitucionales, el -cesarismo era como un peso colosal en el puente de un navío sin lastre. -Hacíanse inevitables las más terribles sacudidas: tres veces en un -siglo, bajo Calígula, Neron y Domiciano, recayó en manos de hombres -execrables y extravagantes el más grande poder que haya existido jamás, -y de ahí la série de horrores que casi excedieron á los cometidos por -los mónstruos de las dinastías mongolas. - -Entre esos fatales soberanos, se vé uno reducido casi á dispensar un -Tiberio, que no fué completamente malo sino hácia el fin de su vida, -y á un Claudio, que solo fué extravagante y se dejó guiar de malos -consejos: Roma llegó á ser una escuela de corrupcion y crueldad, mas -es preciso añadir que el mal venia sobre todo de Oriente, de esos -cortesanos de baja estofa, de esos hombres infames que el Egipto y -la Siria enviaban á Roma[899], donde aprovechándose de la opresion -que ejercian los verdaderos romanos, creíanse todos poderosos al lado -de los bribones que gobernaban. Las más extravagantes ignominias del -imperio, tales como la apoteosis del emperador y su divinizacion cuando -aún vivia, procedian del Oriente y sobre todo de Egipto, que era -entonces uno de los países más corrompidos del Universo[900]. - -En efecto el verdadero espíritu romano dominaba aún: la nobleza -romana estaba muy lejos de extinguirse; el orgullo y la virtud se -conservaban todavía en algunas familias que subieron al poder con -Nerva, contribuyendo al esplendor del siglo del que Tácito ha sido tan -elocuente intérprete. No se debia desesperar de una época en que iban -á producirse hombres tan rectos como Quintiliano, Plinio el Jóven, y -Tácito; el desbordamiento de la superficie no alcanzó al gran fondo de -honradez de la buena sociedad romana; algunas familias ofrecian aún -ejemplos de abnegacion, de órden de concordia y sólida virtud, y aún -se encontraban admirables esposas y hermanas[901]. ¿Puede darse caso -más sublime que el de aquella jóven y casta Octavia, hija de Claudia, -esposa de Neron, que conservándose pura al través de todas infamias, -fué muerta á los veinte y dos años sin haber experimentado jamás un -momento de alegría? Las mujeres calificadas en las inscripciones de -_castissimæ_, _univiræ_ no son raras[902]: muchas esposas acompañaron -á sus maridos al destierro[903]; otras compartieron su noble -muerte[904]; conservábase la antigua sencillez romana; era esmerada la -educacion de los hijos, y las más nobles mujeres trabajaban en toda -clase de labores[905]. Los cuidados del tocador eran casi desconocidos -en algunas familias[906]. - -Los excelentes hombres de Estado, que por decirlo así, salieron de -la tierra en tiempo de Trajano, no se improvisaron, habian servido -en los reinados anteriores, solo que tuvieron poca influencia para -ponerse en pugna con los favoritos del emperador. Tambien bajo Neron -ocuparon los más elevados cargos hombres de gran valía, pero con -aquellos malos emperadores no era dable cambiar la marcha general de -los negocios ni los principios del Estado. El imperio no obstante -lejos de haber entrado en el período de la decadencia, ostentábase -en toda la fuerza de la más robusta juventud; la decadencia no debia -venir hasta doscientos años más tarde, y ¡cosa extraña! con soberanos -mucho mejores. Bajo el punto de vista político, la situacion era -análoga á la de Francia, que careciendo desde la Revolucion de una -regla constantemente seguida en la sucesion de los poderes, puede -atravesar críticos períodos sin que su organizacion interior y su -fuerza nacional se resientan demasiado. Bajo el punto de vista moral, -se puede comparar el tiempo de que hablamos con el siglo XVIII, época -que se creeria del todo corrompida si se la juzgase por las memorias, -la literatura manuscrita y las colecciones de anécdotas, y en que sin -embargo ciertas familias son tan austeras en sus costumbres[907]. - -La filosofía haciendo alianza con las familias romanas más honradas se -resistia noblemente; la escuela estóica producia personajes notables -como Cremucio Cordo, Trásea, Arria, Helvidio Prisco, Anneo Cornuto y -Musonio Rufo, maestros admirables de aristocrática virtud. La rigidez y -exageraciones de aquella escuela provenian de la horrible crueldad del -gobierno de los Césares; el sentimiento perpétuo del hombre de bien era -endurecerse en los suplicios y prepararse á la muerte[908]. Lucano, con -mal gusto, Persio, con un talento superior, expresaban los más altos -sentimientos de un alma grande; Séneca el Filósofo, Plinio el Viejo -y Papirio Fabiano, eran modelo de ciencia y filosofía. Habia hombres -sabios, pero con frecuencia no les quedaba más recurso que morir; los -miembros más innobles de la humanidad dominaban á veces la situacion; -el vértigo de la crueldad más refinada se desbordaba en ciertas -ocasiones, convirtiendo á Roma en un verdadero infierno[909]. - -Aquel gobierno, tan notablemente desigual en Roma, era mucho mejor -en las provincias donde se notaban poco las sacudidas que conmovian -la capital. Á pesar de sus defectos, la administracion romana valia -más que las monarquías y las repúblicas suprimidas por la conquista; -la época de las municipalidades soberanas habia pasado hacia siglos, -pues los pequeños Estados fueron destruyéndose á sí mismos por su -egoismo, su ignorancia y su envidia. La antigua vida griega, reducida -á continuas luchas, no satisfacia ya á nadie, pues si bien fué en un -tiempo deliciosa, aquel brillante olimpo formado de una democracia -de semidioses, habia perdido su frescura y lozanía convirtiéndose -en un conjunto seco, insignificante, vano y superficial. Esto es lo -que constituyó la legitimidad de la dominacion macedoniana y luego -de la administracion romana: el imperio no conocia los efectos de la -centralizacion, y hasta el tiempo de Diocleciano dejó á las provincias -y á las ciudades mucha libertad. En Palestina, en Siria, en el -Asia Menor, en la pequeña Armenia y en la Tracia, existian bajo la -proteccion de Roma reinos casi independientes que no fueron un peligro -desde Calígula, sino porque no se tuvo cuidado de observar con ellos -las reglas trazadas por la grande y profunda política de Augusto[910]. -Las ciudades libres, que eran muy numerosas, se gobernaban segun sus -leyes, disponiendo del poder legislativo y de todas las magistraturas -de un Estado autónomo, y hasta el siglo tercero los decretos -municipales se expedian con la siguiente fórmula: _El senado y el -pueblo_[911]. Los teatros no servian solo para recrearse en la escena, -sino que eran focos de política y de movimiento; la mayor parte de -las ciudades podian considerarse por varios conceptos como pequeñas -repúblicas, y no habian perdido sino el derecho de declararse la -guerra,[912] derecho funesto que habia convertido el mundo en un campo -de batalla. Los beneficios del pueblo romano hácia la humanidad, -constituian el tema de aduladoras declamaciones que no carecian sin -embargo de sinceridad[913]. El culto de la «paz romana»[914], la idea -de una gran democracia, organizada bajo la tutela de Roma, constituian -el fondo de todos los pensamientos[915] y discusiones, y un orador -griego desplegó una vasta erudicion para probar que la gloria de Roma, -debia ser acogida por todas las ramas de la raza Helénica, como una -especie de patrimonio comun[916]. Por lo que hace á la Siria, al Asia -Menor y al Egipto, puede decirse que la conquista romana no destruyó su -libertad, porque estos países estaban muertos hacia mucho tiempo para -la vida política ó no la habian conocido nunca. - -En suma, á pesar de las exacciones de los gobernadores, y las -violencias inseparables de un gobierno absoluto, el mundo no habia -sido nunca tan feliz como hasta entonces bajo muchos conceptos. Era tan -ventajosa una administracion que procediese de un centro lejano, que -aun las rapiñas de los pretores de los últimos tiempos de la república -no bastaron para hacerla odiosa. - -Por otra parte, la ley _Julia_, habia limitado mucho los abusos y las -concusiones; las locuras ó crueldades del emperador, exceptuando á -Neron, no contagiaron sino á la aristocracia romana y á la camarilla -del príncipe, y jamás vivieron más á gusto los hombres que no querian -ocuparse de la política. Las repúblicas de la antigüedad, en que -cada uno se veia obligado á ocuparse de las disensiones de los -partidos[917], no eran nada convenientes para la vida tranquila, pues á -cada momento se encontraba uno comprometido ó proscripto; pero la época -de que vamos hablando era la más á propósito para el proselitismo ó las -rivalidades de la dinastía. Los atentados contra la libertad provenian -de un resto de independencia en las provincias, más bien que de la -administracion romana[918]. Ya hemos tenido y tendremos aún ocasion de -demostrar esto en nuestra historia. - -En aquellos países donde no existian hacia siglos las necesidades -políticas y que solo se veian privadas del derecho de desgarrarse en -continuas guerras, el imperio fué una era de prosperidad y bienestar -como jamás se ha conocido[919], y aun puede decirse de libertad. -Por una parte, llegó á ser posible la libertad del comercio y de la -industria, de que no tenian idea las repúblicas griegas; por otra, la -libertad del pensamiento se estableció bajo un nuevo régimen; libertad -que puede aplicar mejor un rey ó un príncipe, que no la gente ignorante -y envidiosa, y que no tuvieron las antiguas repúblicas. Los griegos -hicieron sin esto grandes cosas merced á su incomparable genio, pero -no debe olvidarse que Atenas tenia su inquisicion[920]. El inquisidor -era el arconte-rey; el santo oficio el pórtico real, de donde salian -las acusaciones de «impiedad,» por cierto muy numerosas. No solo los -delitos filosóficos, tales como negar á Dios ó á la Providencia, -sino tambien los más insignificantes atentados contra los cultos, -la predicacion de las religiones extranjeras y las más pueriles -infracciones contra la escrupulosa legislacion de los misterios, eran -crímenes que llevaban consigo la muerte. Los dioses que Aristófanes -ridiculizaba en la escena, mataban algunas veces, y la prueba es -que quitaron la vida á Sócrates y que Alcibiades estuvo á punto de -perder la suya. Anaxágoras, Protágoras, Teodoro el Ateo, Diágoras de -Melos, Pródico de Céos, Estilpon, Aristóteles, Theophrasto, Aspasia y -Eurípides[921], se vieron tambien perseguidos. La libertad de pensar -fué en suma el fruto de las soberanías salidas de la conquista -macedoniana; los Atales y Ptolomeos fueron los primeros que facilitaron -á los hombres pensadores las ventajas que nunca les ofrecieran las -antiguas repúblicas; el imperio romano seguia la misma tradicion; y -si es cierto que bajo él se cometió contra los filósofos más de un -acto arbitrario, esto era debido á que se ocupaban de política[922]. -Inútilmente se buscaria en la coleccion de las leyes romanas anteriores -á Constantino, un texto contra la libertad de pensar; y en la historia -de los emperadores, un proceso de doctrina abstracta; no se molestó -á ningun sabio, y hombres que la edad media hubiese quemado, tales -como Galeno, Luciano y Plotino, vivieron tranquilos protegidos por la -ley. El imperio inauguró tal período de libertad en este sentido, que -destruyó la soberanía absoluta de la familia, de la sociedad y de la -tribu, reemplazando todas estas con la del Estado. Ahora bien, un poder -absoluto es tanto más vejatorio cuanto que se ejerce en un círculo -más limitado; las repúblicas antiguas y el feudalismo, tiranizaron al -individuo mucho más que el Estado, y si bien es cierto que el imperio -romano persiguió sin tregua en ciertas épocas al cristianismo[923], -al menos no le contuvo en su carrera, lo cual no hubiera sucedido -seguramente con las repúblicas. Á no ser por la opresion de la -autoridad romana, el judaismo hubiera bastado para ahogarle; los -magistrados romanos[924] fueron los que impidieron á los fariseos -matar al cristianismo. - -Elevadas ideas de fraternidad universal, hijas en su mayor parte del -estoicismo[925], y una especie de sentimiento humanitario, eran el -fruto del régimen menos limitado y de la educacion menos exclusiva á -que se sometia al individuo[926]. Soñábase con una nueva era y nuevos -mundos[927]: la riqueza pública era grande y á pesar de la imperfeccion -de las doctrinas económicas de la época, habia poca miseria; las -costumbres no eran lo que se cree con frecuencia, si bien es cierto -que en Roma reinaba el vicio con un cinismo repugnante[928], siendo -principalmente los espectáculos un foco de espantosa corrupcion. -Ciertos países como el Egipto habian descendido tambien al último grado -de abyeccion; pero hallábase en la mayor parte de las provincias una -clase media, modelo de bondad, de fé conyugal, de virtud doméstica y de -honradez[929]. ¿Existe en alguna parte un ideal de la vida de familia, -más encantador que el que Plutarco nos ha dejado? ¡Qué buena fé, qué -dulzura de costumbres, qué castidad y amable sencillez[930]! Queronea -no era seguramente el único punto donde fuese tan ejemplar é inocente -la vida. - -Por lo demás, las costumbres, aun fuera de Roma, tenian algo de -crueles, ya por efecto de las costumbres antiguas tan sanguinarias en -todas partes, ó bien por la influencia especial de la dureza romana; -pero ya se iba progresando en este punto. ¿Qué sentimiento dulce y -puro, qué impresion de melancólica ternura no hallaron bajo la pluma de -Virgilio ó de Tíbulo su expresion más delicada? El mundo iba perdiendo -su dureza y su primitivo rigor, adquiriendo en cambio sensibilidad y -buenos sentimientos; las máximas humanitarias se propagaban[931] por -todas partes; el estoicismo[932] predicaba por do quiera la igualdad, -y la idea abstracta de los derechos del hombre; la mujer, gracias al -sistema dotal del derecho romano, iba siendo cada vez más dueña de -sí misma, y los preceptos acerca del modo de tratar á los esclavos -se elevaban[933]. Séneca comia con los suyos[934]; el esclavo no -es ya ese sér grotesco y malo que la comedia latina introduce para -excitar la risa, y que Caton recomienda sea tratado como una bestia -de carga[935]. Ahora los tiempos han cambiado mucho: el esclavo es -moralmente igual á su amo; se admite que sea capaz de tener virtud, -fidelidad y abnegacion, y da pruebas de ello[936]; las preocupaciones -sobre la nobleza de nacimiento desaparecen[937], estableciéndose -leyes muy humanas y equitativas aun en tiempos de los emperadores más -malos[938]. Tiberio, que era un hábil hacendista, fundó bajo excelentes -bases un establecimiento de crédito[939]. - -Neron introdujo en el sistema de los impuestos, hasta entonces inícuo -y bárbaro, perfeccionamientos que envidiaria nuestra época[940]; y por -último, el progreso de la legislacion era notable por más que la pena -de muerte se prodigara aún estúpidamente. El amor al pobre, la simpatía -hácia todos, y la caridad, constituian las principales virtudes[941]. - -El teatro era uno de los escándalos más insoportables para las gentes -honradas, y una de las primeras causas que excitaron la antipatía de -los judíos y de los judaizantes de toda especie contra la civilizacion -profana de la época. Parecíales el teatro una cloaca inmunda donde se -desarrollaban todos los vicios, y en tanto que en las primeras filas -se aplaudia frenéticamente, los espectadores de las gradas no podian -menos de dar á conocer su repugnancia. En las provincias tenian lugar -las luchas de gladiadores, pero inspiraban cierta aversion, y los -países helénicos que las reprobaban, continuaron celebrando con más -frecuencia los antiguos ejercicios griegos[942]; los juegos sangrientos -tuvieron siempre en Oriente un carácter romano muy pronunciado[943], y -dícese que habiendo querido los atenienses, por emulacion contra los -corintios[944], imitar estos juegos bárbaros, levantóse un filósofo y -pidió que se derribase el altar de la Piedad[945]. El horror al teatro, -al estadio y al gimnasio, es decir, á los sitios públicos, y á todo lo -que constituia esencialmente una vida griega y romana, fué por estas -razones uno de los sentimientos más profundos de los cristianos, y uno -de los que produjeron consecuencias de más importancia. La civilizacion -antigua era una civilizacion pública; las cosas pasaban al aire libre -ante los ciudadanos reunidos, sucedia lo contrario que en nuestras -sociedades donde la vida es privada y todo se hace de puertas adentro. -El teatro habia heredado del _ágora_ y del _forum_; el anatema lanzado -sobre el teatro cayó sobre toda la sociedad; establecióse una rivalidad -profunda entre la Iglesia por una parte y los juegos públicos por la -otra, y expulsados de estos el esclavo, se refugió en el templo. No -me he sentado nunca en aquellas solitarias arenas, que son siempre -los restos mejor conservados de una ciudad antigua, sin haber visto -mentalmente la lucha de dos mundos; aquí el hombre honrado, medio -cristiano, sentado en la última grada de un teatro y tapándose el -rostro para ocultar su vergüenza é indignacion, y allí un filósofo -levantándose de pronto para echar en cara á la multitud su bajeza[946]. -Estos ejemplos eran raros en el primer siglo, mas no obstante, las -protestas[947] iban produciendo su efecto y el teatro empezaba á ser -muy mal visto[948]. - -La legislacion y las reglas administrativas del imperio eran todavía un -verdadero caos: el despotismo central, las franquicias municipales y -provinciales, el capricho de los gobernadores, y las violencias de las -comunidades independientes chocaban entre sí de una manera extraña, -pero la libertad religiosa dominaba estos conflictos, si bien la -perfecta administracion unitaria que se estableció desde Trajano, habia -de ser mucho más fatal para el culto naciente que el estado irregular -desordenado y sin rigurosa política del tiempo de los Césares. - -Las instituciones benéficas, fundadas bajo el principio de que -el Estado tiene deberes paternales para con sus miembros, no se -desarrollaron en grande escala sino desde Nerva y Trajano[949], -aun cuando se encuentran algunos vestigios de aquellas en el siglo -primero[950], puesto que ya se facilitaban socorros á los niños[951] -y alimento á los indigentes, y se tomaban precauciones para asegurar -el abastecimiento, facilitándose tambien bonos de pan que permitian -comprar el trigo á un precio reducido[952]. Todos los emperadores, -sin excepcion, demostraron la mayor solicitud en aquellas cuestiones, -secundarias si se quiere, pero que en ciertas épocas se anteponen á -las demás. En la remota antigüedad, puede decirse que el mundo no -necesitaba caridad; pues siendo entonces jóven y valiente hacíase -inútil el hospital; la buena y sencilla moral homérica, segun la -que, el huésped y el mendigo vienen de parte de Júpiter[953], es la -moral de los robustos y alegres adolescentes. En su edad clásica, la -Grecia anunció las más exquisitas máximas de piedad, de humanidad -y beneficencia para que desapareciese la inquietud social ó la -melancolía[954], y en aquella época el hombre disfrutaba aún de -felicidad y salud. Respecto á las instituciones de socorros mútuos, -los griegos las tuvieron mucho antes que los romanos[955]; bien es -verdad que de aquella cruel nobleza que ejerció durante la república -tan indigna opresion, no salió nunca ninguna disposicion liberal ó -benévola. En aquel tiempo las colosales fortunas de la aristocracia, -el lujo, las grandes aglomeraciones de hombres en ciertos puntos, -y sobre todo la dureza de corazon particular de los Romanos, y su -aversion á la piedad[956], dieron orígen al «pauperismo»; y mientras -las complacencias de ciertos emperadores hácia la canalla de Roma no -hacia más que agravar el mal, los _tesserae frumentariae_ estimulaban -el vicio y la ociosidad, en vez de buscar un remedio para la miseria. -En esto, como en otras muchas cosas, el Oriente tenia sobre el mundo -occidental una superioridad real y efectiva; los judíos poseian -verdaderas instituciones caritativas; parece que los templos de Egipto -habian tenido algunas veces una caja para los pobres[957]; la casa de -reclusos y reclusas del Serapeo de Menfis[958], era tambien en cierto -modo un establecimiento de caridad, y en fin, puede decirse que la -crísis terrible que atravesaba la capital del Imperio, se dejaba sentir -poco en los países lejanos, donde la vida era más tranquila. Roma -merecia por muchos conceptos que se la acusara de haber envenenado la -tierra, comparándola con una cortesana que habia escandalizado al mundo -con su inmoralidad[959]. La provincia valia más que Roma, ó más bien, -los elementos impuros que de todas partes afluian á la gran ciudad, -habíanla convertido en un foco infecto donde se ahogaban las antiguas -virtudes romanas, mientras las buenas semillas se iban desarrollando -muy lentamente. - -El estado intelectual de las diversas partes del Imperio era asimismo -muy poco satisfactorio: bajo este punto de vista reinaba una verdadera -decadencia. Cultivar el talento, no es tan independiente de las -circunstancias políticas como lo es cultivar la moral privada: Marco -Aurelio fué ciertamente un hombre más de bien que todos los antiguos -filósofos griegos, y sin embargo sus nociones positivas sobre las -variedades del universo son inferiores á las de Aristóteles y Epicuro, -pues cree por momentos en los Dioses, en los sueños y en los presagios, -figurándose que los primeros son personajes completos y distintos. -En la época romana, hubo en el mundo un progreso de moralidad á la -vez que un período de decadencia científica: decadencia muy notable -particularmente entre Tiberio y Nerva. El genio griego, con una -originalidad, una fuerza, una riqueza á que nada igualó jamás, habia -creado hacia siglos la enciclopedia racional y la disciplina normal -del espíritu, movimiento maravilloso, que datando de Thales y de las -primeras escuelas de Jonia, (seiscientos años antes de Jesucristo), -se detuvo en su carrera hácia el año 120 antes de Jesucristo. Los -últimos personajes de estos últimos cinco siglos en que tanto brilló -el genio, Apolonio, Eratóstenes, Aristarco, Heron, Arquímedes, -Heppareo, Crisipo, Carnéades y Panecio, habian muerto sin dejar -sucesores, y no veo sino Posidonio y algunos astrónomos que continúan -aún las antiguas tradiciones de Alejandría, de Rodas y de Pérgamo. -La Grecia, tan hábil para crear, no supo establecer, á pesar de su -ciencia y de su filosofía, una enseñanza popular como remedio contra -las supersticiones, y poseyendo en su seno admirables institutos -científicos, el Egipto, el Asia Menor y la Grecia, dejábanse dominar -por las más absurdas creencias. Ahora bien, cuando la ciencia no llega -á dominar á la supersticion, la supersticion ahoga á la ciencia; entre -estas dos fuerzas opuestas el duelo es á muerte. - -Al adoptar Italia la ciencia griega, supo por un momento darle -nueva expresion: Lucrecio dió el modelo del gran poema filosófico, -á la vez himno y blasfemia inspirando á un tiempo la serenidad y la -desesperacion, penetrada de ese sentimiento profundo del destino humano -que siempre faltó á los griegos, los cuales como verdaderos niños que -eran, tomaban la vida tan alegremente que nunca pensaron en maldecir -á los Dioses, ni juzgaron á la naturaleza injusta y pérfida hácia el -hombre. Los filósofos latinos se entregaron á más graves reflexiones, -pero así como la Grecia, Roma no supo sacar de la ciencia la base de -una educacion popular. En tanto que Ciceron perfeccionaba con exquisito -tacto las ideas que tomara de los Helenos, mientras que Lucrecio -escribia su asombroso poema, mientras que Horacio confesaba á Augusto -su franca incredulidad, y que Ovidio, uno de los poetas más galanes -de la época, criticaba á guisa de elegante libertino las fábulas más -respetables; y por último, en tanto que los grandes históricos deducian -las consecuencias prácticas de la filosofía griega, dábase crédito -á las más locas quimeras, y la fé en lo maravilloso no reconocia -límites. En ninguna época se ocuparon más de las profecías y de los -prodigios[960]: el bello deismo ecléctico de Ciceron[961], continuado y -perfeccionado por Séneca[962], era la creencia de un escaso número de -inteligencias elevadas que no ejercieron accion alguna en su siglo. - -El imperio, hasta Vespasiano, no tuvo nada que pudiera llamarse -instruccion pública[963]; lo que hubo más tarde en este género se -limitó á simples conocimientos gramaticales, y bien pronto reinó un -período de general decadencia. En las últimas épocas del gobierno -republicano y en el reinado de Augusto brilló como nunca la literatura, -pero despues de la muerte del gran emperador, la decadencia es rápida ó -mejor dicho súbita. La sociedad inteligente y culta de los Cicerones, -de los Áticos, de los Césares, de los Mecenas, de los Agrippas y de los -Poliones, habia desaparecido cual fantástica vision, si bien es cierto -que aún quedaban hombres ilustrados, hombres entendidos en la ciencia -de su época, que ocupaban elevadas posiciones sociales, tales como los -Sénecas y la sociedad literaria de que eran el centro y en la cual se -contaban Lucilio, Galion y Plinio. El cuerpo del derecho romano, que -es la filosofía misma en código, y la aplicacion en la práctica del -racionalismo griego, continuaban su magestuoso progreso y las grandes -familias romanas habian conservado un fondo de religion y los más -nobles sentimientos, inspirándoles horror las supersticiones[964]. -Los geógrafos Estrabon y Pomponio Mela, el médico y enciclopedista -Celso, el botánico Dioscórides y el jurisconsulto Sempronio Próculo, -eran cabezas muy bien organizadas, pero estas podian considerarse como -excepciones, y fuera de algunos hombres de reconocida ilustracion, -hallábase el mundo sumido en la más completa ignorancia de las leyes -de la naturaleza[965]. La credulidad era una enfermedad general[966]; -los conocimientos literarios se reducian á una retórica hueca que -nada enseñaba, y la direccion esencialmente moral y práctica que la -filosofía habia tomado, oponíase á las grandes especulaciones. Los -conocimientos humanos, si se exceptúa la geografía, no adelantaban -nada. El hombre instruido por aficion reemplazaba al sabio creador, -y el supremo defecto de los romanos influia fatalmente en todas las -cosas. Aquel pueblo, tan grande para el imperio, era secundario por el -espíritu; los romanos más instruidos, tales como Lucrecio, Vitruvio, -Celso, Plinio y Séneca, á pesar de sus conocimientos positivos, -podian considerarse como discípulos de los griegos[967]. Roma no -tuvo nunca ninguna gran escuela científica; el charlatanismo reinaba -sin oposicion, y por último la literatura latina que seguramente -tuvo períodos admirables, floreció poco tiempo y no salió del mundo -occidental[968]. - -Felizmente la Grecia conservó su genio; el prodigioso brillo del poder -de los romanos la habia deslumbrado y aturdido, pero no aniquilado, y -dentro de cincuenta años habrá reconquistado el mundo, será de nuevo -la reina de todos los que piensan y podrá sentarse en el trono con los -Antoninos. Por ahora la Grecia se halla entregada á una de sus horas -de abandono y de cansancio; el genio es raro y la ciencia original -é inferior á lo que habia sido en los siglos precedentes la escuela -de Alejandría, que hacia dos siglos habia entrado en el período de -decadencia, aun cuando en la época de César poseia á Sosígenes, ha -enmudecido completamente. - -Así pues desde la muerte de Augusto hasta el advenimiento de Trajano, -nos encontramos con un período de abatimiento momentáneo para el -espíritu humano; el mundo antiguo estaba muy lejos de haber dicho -su última palabra de despedida, pero las pruebas crueles por que -atravesaba privábanle de voz y corazon. Luego vienen dias mejores, y -libre el espíritu del régimen desconsolador de los Césares, adquiere -nueva vida: Epicteto, Plutarco, Dion Crisóstomo, Quintiliano, Tácito, -Plinio el Jóven, Juvenal, Rufo de Éfeso, Areteo, Galeno, Ptolomeo, -Hipsicles, Theon y Luciano, reprodujeron los más hermosos dias de la -Grecia; no de esa Grecia inimitable que solo ha existido una vez para -desesperacion y encanto de los que aman lo bello, sino de otra, que -confundiendo sus dones con los del espíritu romano, producirá frutos -nuevos llenos de originalidad. - -Por lo general se tenia muy mal gusto; los grandes escritores griegos -escaseaban, y los latinos que conocemos, á excepcion del satírico -Persio, son medianos y sin genio, pues la declamacion lo echaba todo -á perder. El principio por el cual juzgaba el público las obras del -entendimiento era poco más ó menos el mismo que en nuestra época; -buscábanse tan solo los golpes de efecto; la palabra no era ya la -expresion sencilla del pensamiento, ni consistia la elegancia de la -frase en su perfecta proporcion con la idea que se queria expresar; -cultivábase la palabra por sí misma, y el objeto de un autor al -escribir era demostrar su talento. Apreciábase la excelencia de un -recitado ó lectura pública por el número de palabras aplaudidas, y -olvidábase completamente el gran principio segun el cual, en puntos -de arte todo debe servir para el adorno, siendo malo lo que se busca -para él expresamente. En resúmen, puede decirse que era aquella una -época literaria, si se atiende á que todos hablaban de elocuencia ó -de buen estilo, aunque en el fondo todos escribian mal; no habia un -solo orador, pues los buenos oradores y escritores, son gentes que no -hacen un oficio de lo uno ni de lo otro. En el teatro, absorbia la -atencion el primer actor; suprimíanse muchas piezas para no recitar -sino los trozos de gran efecto que eran las _cantica_; el espíritu de -la literatura era un «diletantismo» que dominaba hasta á los mismos -emperadores, una necia vanidad que excitaba á todos á probar que tenian -talento, y de ahí las insustanciales é interminables «Teseidas,» -los dramas compuestos para ser leidos en sociedad y toda esa vana -ostentacion poética que no puede compararse sino con las epopeyas y las -tragedias clásicas de hace sesenta años. - -Los mismos estoicos no pudieron evitar el contagio, ó al menos no -supieron, antes de Epicteto y Marco Aurelio, hallar bellas formas -para revestir sus doctrinas. Las tragedias de Séneca son monumentos -verdaderamente extraños donde se expresan los más elevados sentimientos -con el tono de un charlatanismo literario por demás fatigoso, indicio -á la vez de un progreso moral y de una irremediable decadencia en -el buen gusto. Lo mismo podemos decir de Lucano: la tension de alma, -efecto natural de una situacion eminentemente trágica, se expresaba -por un género pomposo en que el único objeto era brillar por hermosas -sentencias, y sucedia en esto algo semejante á lo que pasó cuando la -revolucion; es decir, que la crísis más fuerte no daba lugar sino á -una literatura llena de formas retóricas y golpes de efecto para la -declamacion. Mas es preciso no detenerse en esto: los pensamientos -nuevos se expresan á veces con muchas pretensiones; el estilo de -Séneca es sóbrio, sencillo y puro comparado con el de San Agustin, -pero nosotros perdonamos á éste su estilo á veces detestable, y sus -conceptos insípidos, por sus buenos sentimientos. - -De todos modos, aquella educacion noble y distinguida por muchos -conceptos, no llegaba hasta el pueblo, lo cual podia haber sido en -cierto modo inconveniente si el pueblo hubiera contado con un alimento -religioso análogo al que recibe en la Iglesia la clase más despreciable -de nuestra sociedad. Pero en todos los puntos del imperio cuidábanse -por lo general muy poco de la religion, pues Roma creyó oportuno por -ciertas razones dejar en pié los antiguos cultos, no modificándolos -sino en lo que tenian de inhumano[969] ó injurioso para los demás[970], -y extendiendo sobre todos una especie de barniz oficial que les hacia -asemejarse unos á otros, formando un solo conjunto. Desgraciadamente, -los cultos antiguos, de orígen muy diverso, participaban de un -carácter comun que consistia en serles imposible establecer la -enseñanza teológica, introduciendo una moral aplicada, una predicacion -edificante, un ministerio pastoral verdaderamente beneficioso para -el pueblo. El templo pagano no era de ningun modo lo que fueron -en sus buenos tiempos la Sinagoga y la Iglesia; es decir, la casa -comun, la escuela, el hospicio, el retiro donde el pobre va á buscar -un refugio[971]; era una cosa fria que de nada servia y donde no se -aprendia nada. Quizá era el culto romano el menos malo aún de los que -se observaban, pues considerábase la pureza del corazon y del cuerpo -como una parte de la religion[972]. Por su gravedad, su decencia y su -austeridad, era este culto, prescindiendo de algunas farsas que solo se -ven en nuestro Carnaval, superior á las extrañas y ridículas ceremonias -que introducian secretamente algunas personas dominadas por manías -orientales. El empeño que tenian los patricios romanos en distinguir -«la religion,» es decir, su propio culto, de la supersticion, es -decir, de los cultos extranjeros[973], nos parece sin embargo bastante -pueril. Todos los cultos paganos eran esencialmente supersticiosos: -el campesino que en nuestros dias echa una moneda en la caja de una -capilla milagrosa, que invoca á tal ó cual santo para que cuide de sus -bueyes ó de sus caballos, ó que bebe de cierta agua para determinadas -enfermedades, es en esto pagano; casi todas nuestras supersticiones son -restos de una religion anterior al cristianismo, que este no ha podido -desarraigar completamente; y si se quisiera buscar en nuestros dias -la imágen del paganismo, fácil seria encontrarla en algun pueblecillo -perdido ó en las más lejanas campiñas. - -No teniendo por guardianes más que una tradicion popular y vacilante, -y sacristanes interesados, los cultos paganos no pueden menos de -degenerar en adulacion[974]. Augusto, aunque con mucha reserva, aceptó -que se le adorase en vida en las provincias[975]; Tiberio, permitió -que se juzgara á su vista en el ignoble concurso de las ciudades de -Asia, que se disputaban el honor de elevarle un templo[976]; las -extravagantes impiedades de Calígula no produjeron ninguna reaccion, -y fuera del judaismo, no se encontró un solo sacerdote que resistiera -á semejantes locuras. Salidos en su mayor parte de un culto primitivo -de las fuerzas naturales, diez veces transformados por toda clase de -mezcolanzas y por la imaginacion de los pueblos, los cultos paganos -se limitaban por su pasado, y no se podia sacar de ellos lo que no -tuvieron nunca, es decir, el deismo y la edificacion. Los Padres de -la Iglesia nos hacen sonreir cuando ponen de relieve las maldades -de Saturno como padre de familia, y de Júpiter como marido, pues -ciertamente era mucho más ridículo aún considerar á este último, es -decir, á la atmósfera, como un dios moral que ordena, recompensa y -castiga. En un mundo que aspiraba á poseer un catecismo, ¿qué podia -hacerse con un culto como el de Venus, nacido de una necesidad social, -en las primeras navegaciones fenicias en el Mediterráneo, pero que fué -luego con el tiempo un ultraje contra lo que se consideraba la esencia -de la religion? - -Por todas partes, en efecto, manifestábase enérgicamente la necesidad -de una religion monoteista, dando por base á la moral prescripciones -divinas, y así viene una época en que las religiones naturalistas -reducidas á puras niñadas, á prácticas de hechiceras, no pueden -satisfacer á sociedades en que la humanidad quiere una religion moral -filosófica. El budismo y el zoroastrismo, satisfacieron esta necesidad -en la India y en la Persia; con el orfismo y los misterios, se trató -de obtener el mismo resultado en el mundo griego, sin conseguirlo de -una manera durable, y en la época de que hablamos, enunciábase el -problema para el conjunto del mundo con una especie de unanimidad -solemne y de imperiosa grandeza. - -Cierto es que la Grecia hacia una excepcion en este punto: el helenismo -se usaba mucho menos que las demás religiones del Imperio, pero -Plutarco lo observaba en su pequeña villa de Beocia, donde vivió -tranquilo, feliz y contento como un niño, con su conciencia religiosa -satisfecha, y sin dar nunca la menor señal de inquietud, de pena ó de -malestar. Pero solo el espíritu era capaz de una calma tan infantil: -siempre satisfecha de sí misma, orgullosa de su pasado y de aquella -brillante mitología de la que poseia todos los santos lugares, Grecia -no participaba de los tormentos interiores que trabajaban al resto -del mundo, y entregada á sí misma, no llamó al cristianismo, quiso -prescindir de él y pensó hacer alguna cosa mejor[977]. Esto era -debido á su eterna juventud, á su patriotismo, á esa alegría que ha -caracterizado siempre al verdadero heleno, y la cual es causa de que -aún hoy sea el griego extraño á las amargas tribulaciones que nos -minan. El helenismo, pues, se halló así en disposicion de crear un -renacimiento que no hubiera podido intentar siquiera ningun otro de -los cultos del imperio. En los siglos II, III y IV de nuestra era, -se continuará el helenismo en religion organizada, por una especie -de fusion entre la mitología y la filosofía griegas, y con sus -filósofos taumaturgos, sus antiguos sabios convertidos en profetas, -y sus leyendas de Pitágoras y de Apolonio, hará al cristianismo una -competencia, que no por ser impotente fué el obstáculo menos peligroso -que la religion de Jesús encontró en su camino. - -Sin embargo, esto no se intentó aún en tiempo de los Césares, pues -los primeros filósofos que ensayaron una especie de alianza entre -la filosofía y el paganismo, Eufrates de Tiro, Apolonio de Tiana y -Plutarco, son del fin del siglo. No conocemos bien á Eufrates de Tiro: -la leyenda ha disfrazado de tal modo la trama de la biografía verdadera -de Apolonio, que no se sabe si contarle entre los sabios, entre los -fundadores religiosos, ó entre los charlatanes; en cuanto á Plutarco, -menos que un pensador, ó un innovador, es un espíritu moderado que -quiere poner de acuerdo á todo el mundo, haciendo que la filosofía sea -tímida y la religion medio razonable; no hay nada en él de Porfirio ni -de Juliano; los ensayos de exégesis alegórica de los estoicos[978] son -muy pobres; los misterios como los de Baco, con los cuales se enseñaba -la inmortalidad del alma bajo graciosos símbolos[979], se limitan á -ciertos países y no han extendido su influencia. La incredulidad en la -religion oficial era general en la clase ilustrada[980]; los hombres -políticos que más afectaban sostener el culto del Estado se burlaban de -él con muy buenas palabras[981], proclamando abiertamente la inmoral -idea de que las fábulas religiosas no son buenas sino para el pueblo y -deben ser conservadas por él[982]; precaucion inútil porque la fé de -aquel era ya muy vacilante[983]. - -Cierto es que á partir del advenimiento de Tiberio, se nota una -sensible reaccion religiosa, pues parece que el mundo se espanta -de la incredulidad de los tiempos de César y de Augusto; condena -la desgraciada tentativa de Juliano, y todas las supersticiones se -rehabilitan por razon de Estado[984]. Valerio Máximo da el primer -caso de un escritor de baja esfera convirtiéndose en auxiliar de los -teólogos, en una pluma venal ó manchada que se pone al servicio de la -religion: pero los cultos extranjeros son los que más se aprovechan -de este cambio; la reaccion formal en favor del culto griego ó romano -no se producirá sino en el siglo segundo. Ahora las clases á quienes -domina la inquietud religiosa se vuelven hácia los cultos que vienen -de Oriente[985]; Isis y Serapis se ven más favorecidos que nunca[986]; -los impostores de toda especie, taumaturgos y mágicos se aprovechan de -esta necesidad, y como sucede comunmente en las épocas y en los países, -en que la religion del Estado es débil, pululan por todas partes[987]. -Recuérdense los tipos reales ó ficticios de Apolonio de Tiana, de -Alejandro de Abonutico, de Peregrino, de Simon de Gitton[988]. Estos -mismos errores y estas quimeras eran como una oracion de la tierra, -como los ensayos infructuosos de un mundo que trata de mejorarse y no -consigue á veces en sus esfuerzos convulsivos sino producir monstruosas -creaciones que se legan luego al olvido. - -En una palabra, la mitad del siglo primero es una de las peores -épocas de la Historia antigua; la sociedad griega y romana se muestra -en un período de decadencia en lo que precede y muy atrasada para -el porvenir; pero la grandeza misma de la crísis indicaba alguna -forma extraña y secreta. La vida parecia haber perdido sus móviles, -los suicidios se multiplicaban[989]; jamás habia ofrecido el mundo -una lucha semejante entre el bien y el mal; era este un despotismo -temible que ponia al mundo entre las manos de hombres atroces y -locos; era la corrupcion de las costumbres que resultaba de haber -introducido en Roma los vicios de Oriente; era en fin la ausencia de -una religion buena y de una formal instruccion pública. El bien era, -por una parte, la filosofía combatiendo á pecho descubierto contra -los tiranos, desafiando á los mónstruos, y proscrita tres ó cuatro -veces en medio siglo (bajo Neron, Vespasiano y Domiciano)[990]; y por -otra, los esfuerzos de la virtud popular, las legítimas aspiraciones -á un estado religioso mejor, aquella tendencia hácia las cofradías -y los cultos monoteistas, aquella rehabilitacion en fin del pobre, -que se produjeron principalmente bajo el amparo del judaismo y del -cristianismo. Estas dos grandes protestas estaban muy lejos de ponerse -de acuerdo, pues el partido filosófico y el cristiano no se conocian, -é ignoraban de tal modo sus comunes esfuerzos que al llegar al poder -el partido filosófico, por el advenimiento de Nerva, perjudicó al -cristianismo lejos de favorecerle. Á decir verdad, el objeto de los -cristianos era mucho más radical: los estoicos, dueños del Imperio, le -reformaron, presidiendo los cien años más hermosos de la Historia de -la humanidad; mientras que los cristianos, dueños del Imperio á partir -de Constantino, acabaron de arruinarle. El heroismo de los unos no -debe hacer olvidar el de los otros: el cristianismo tan injusto con -las virtudes paganas, se consagró á rebajar á los que habian combatido -los mismos enemigos que él. En la resistencia que opuso la filosofía -en el primer siglo, hubo tanta grandeza como en la del cristianismo; -pero ¡qué desigual fué la recompensa por una parte y otra! El mártir -que derribó con el pié los ídolos tiene su leyenda: ¿por qué Annacus -Cornutus, que declaró ante Neron que los libros de éste no podrian -nunca competir con los de Crisipo[991]; por qué Elvidio Prisco -que dijo cara á cara á Vespasiano: «á tí te toca matarme y á mí -morir[992]»; por qué Demetrio el Cínico que contestó á Neron irritado: -«me amenazais con la muerte, pero la naturaleza os amenaza[993]»; por -qué todos esos no tienen su imágen entre los héroes populares á quienes -todos aman y saludan? ¿Dispone acaso la humanidad de tantas fuerzas -contra el vicio y la abyeccion que sea permitido á cada escuela de -virtud rechazar el auxilio de las otras, sosteniendo que ella sola -tiene el derecho de ser valerosa y resignada? - - - - -CAPÍTULO XVIII. - -Legislacion religiosa de aquel tiempo. - - -[Marginal: Año 45] - -En el primer siglo, aunque se mostraba hostil el Imperio á las -innovaciones religiosas que provenian de Oriente, no las combatia -todavía de un modo constante. Sosteníase débilmente el principio de -la religion de Estado; y bajo la república se proscribieron repetidas -veces los ritos extranjeros, particularmente los de Sabazius, Isis y -Serapis[994]; pero todo fué inútil, porque el pueblo se sentia atraido -hácia aquellos cultos por una inclinacion irresistible[995]. Cuando en -el año de Roma 535, se decretó la demolicion del templo de Isis y de -Serapis, no se encontró ni un solo obrero que quisiera poner manos á la -obra, y vióse precisado el cónsul á romper á hachazos la puerta[996]; -claro está que no bastaba ya para el pueblo el culto latino; y -supónese, no sin razon, que si César restableció los cultos de Isis y -de Serapis, fué para halagar los instintos populares[997]. - -Con la profunda y liberal instruccion que le caracterizaba, aquel -grande hombre se mostró favorable á una completa libertad de -conciencia[998]. Augusto fué más apegado á la religion nacional[999]. -Era tal su antipatía por los cultos orientales[1000], que prohibió -hasta la propagacion de las ceremonias egipcias en Italia[1001]; pero -quiso que cada culto, y particularmente el judío, fuera dueño de sí -mismo interiormente[1002]. Eximió á los judíos de todo lo que hubiera -podido herir su conciencia, especialmente de toda accion civil el dia -del sábado, que ellos celebran[1003]. Algunas personas de su séquito -mostraban menos tolerancia, y de buena gana le hubieran convertido en -un perseguidor religioso para servir al culto latino[1004]; empero, -parece que no hubo de ceder á aquellos consejos funestos; y aún -pretende Josefo, á quien se sospecha exagerado en este punto, que hizo -donacion de vasos sagrados al templo de Jerusalem[1005]. - -Tiberio fué el primero que sentó con fijeza el principio de la religion -de Estado, y tomó sérias precauciones contra la propaganda judía y -oriental[1006]. Ha de tenerse presente que el emperador era «gran -pontífice», y que protegiendo el viejo culto romano, parecia cumplir un -deber de su incumbencia. Calígula revocó los edictos de Tiberio[1007]; -pero su locura no le permitia ser consecuente en sus obras. Claudio -parece haber imitado la política de Augusto. Fortificó en Roma el culto -latino, mostróse preocupado de los progresos que hacian las religiones -extranjeras[1008], fué riguroso con los judíos[1009], y persiguió con -encarnizamiento á las cofradías[1010]; usando, por lo contrario, la -benevolencia con los indígenas en Judea[1011]. El favor de que gozaron -en Roma los Agrippa bajo estos dos últimos reinados aseguraba á sus -correligionarios poderosa proteccion, salvo el caso en que la policía -de Roma reclamara medidas de seguridad. - -En cuanto á Neron, ocupóse poco en religion[1012]. Sus actos odiosos -con los cristianos, fueron actos de ferocidad, y no disposiciones -legislativas[1013]; pues los ejemplos de persecucion que se citan en -la sociedad romana de aquel tiempo, emanan más bien de la autoridad -de la familia que de la autoridad pública[1014]; y aun así no se -observaban semejantes ejemplos sino en las casas nobles de Roma, que -conservaban las antiguas tradiciones[1015]. Las provincias gozaban -de plena libertad para practicar su culto, con la única condicion de -no ultrajar á los de los otros países[1016]. Los provinciales[1017] -disfrutaban del mismo derecho en Roma, con tal que no dieran escándalo. -Las dos únicas religiones que combatió el Imperio en el primer siglo, -el druidismo y el judaismo, eran como fortalezas donde se defendian -nacionalidades. Todo el mundo estaba convencido de que la profesion del -judaismo implicaba el desprecio de las leyes civiles y la indiferencia -por la prosperidad del Estado[1018]; pues en tanto que el judaismo se -circunscribia á no ser más que una simple religion individual, no se -le perseguia[1019]. Los rigores contra el culto de Serapis procedieron -tal vez del carácter monoteista que presentaba[1020], y que hacia le -confundieran ya con el culto judío y con el cristiano[1021]. - -Ninguna ley terminante[1022] prohibia pues, en tiempo de los -apóstoles, la profesion de las religiones monoteistas; y si estas -fueron siempre vigiladas hasta el advenimiento de los emperadores -sirios, únicamente desde Trajano se vió al imperio perseguirlas -sistemáticamente como intolerantes, é implicando la negacion del -Estado. En suma, la única cosa á la cual haya declarado la guerra el -imperio romano, en materia de religion, es la teocracia. Su principio -era el del Estado laico; no admitiendo que una religion pudiera tener -en grado alguno consecuencias civiles ó políticas; y sobre todo -no consintiendo en el Estado ninguna asociacion con independencia -del mismo Estado. Este último punto es muy esencial; porque ha de -considerarse, verdaderamente, como la raíz de todas las persecuciones. - -La ley relativa á las cofradías, mucho más que la intolerancia -religiosa, fué la causa fatal de las violencias que deshonraron los -reinados de los mejores soberanos. - -En materia de asociacion, igualmente que en todas las cosas buenas -y delicadas, tuvieron los países griegos la prioridad sobre los -Romanos. Las _eranas_ ó _thiasas_ griegas de Atenas, de Rodas y de -las islas del Archipiélago fueron hermosas sociedades de socorros -mútuos, de crédito, de seguros en casos de incendio, de piedad y -de placeres honestos[1023]. Cada erana grababa sobre columnas sus -decisiones, tenia sus archivos y su caja comun, que se llenaba con -donativos voluntarios y con las cuotas de los sócios. Juntábanse los -eranistas ó thiasitas para celebrar ciertas festividades, y reuníanse -en banquetes, donde reinaba la mayor cordialidad[1024]. El sócio -que se viera apurado de dinero, tenia la facultad de sacarlo de la -caja, á título de empréstito en calidad de reintegro. Las mujeres -formaban parte de aquellas eranas, y tenian su presidenta especial -(_proeranistia_). Las juntas que celebraban eran absolutamente -secretas; un reglamento severo mantenia en ellas el órden, y se -efectuaban, segun parece, en jardines cerrados, rodeados de pórticos -ó de pequeñas construcciones, en cuyo centro se ostentaba el altar -de los sacrificios[1025]. Por último, cada congregacion tenia un -cuerpo de dignatarios, nombrados por sorteo que se hacia anualmente -(_clerotas_)[1026], á usanza de las antiguas democracias griegas, -de donde el «clero» cristiano[1027] ha tomado tal vez su nombre. El -presidente era el único elegido. Estos funcionarios oficiales sometian -á un exámen al nuevo electo, debiendo certificar que era «santo, -piadoso y bueno»[1028]. Hubo en aquellas pequeñas cofradías, durante -los dos ó tres siglos que precedieron á nuestra era, un movimiento -casi tan variado como el que produjo en la edad media tantas órdenes -religiosas. Contáronse en la isla de Rodas solamente, hasta diez y -nueve[1029]; llevando muchas de ellas los nombres de sus fundadores -y reformadores. Alguna de aquellas _thiasas_, particularmente las de -Baco[1030], profesaban elevadas doctrinas, y trataban de consolar á los -hombres bien intencionados. Si todavía subsistia en el mundo griego un -resto de amor, de piedad y de moral religiosa, era debido á la libertad -de tales cultos privados. Estos competian con la religion oficial, cuyo -abandono hacíase de dia en dia más notable. - -Empero, las asociaciones de igual género tropezaban con mayores -obstáculos en Roma[1031] sin que por eso disminuyera su prestigio entre -las clases desheredadas. Los principios de la política romana respecto -á las cofradías se promulgaron por la vez primera bajo la república -(186 años antes de J.-C.), con motivo de las bacanales. Por aficion -natural, eran muy propensos los Romanos á las asociaciones[1032], -particularmente á las religiosas[1033]; pero estas congregaciones, -en cierto modo permanentes, disgustaban á los patricios[1034], -conservadores de los poderes públicos, quienes á impulso de la mezquina -y árida idea que de la vida concibieran, no admitian como grupos -sociales más que la familia y el Estado. Tomáronse las precauciones más -minuciosas para conseguir su intento: necesidad de autorizacion prévia, -limitacion del número de asistentes, prohibicion de que tuvieran -un _magister sacrorum_ permanente y de que constituyeran mediante -suscripciones un fondo comun[1035]. La misma solicitud se manifestó -repetidas veces en la historia del imperio, y el arsenal de las leyes -contenia textos para todas las represiones[1036]. Empero dependia de -la autoridad el hacer ó no aplicacion de ellas. En cuanto á los cultos -proscritos, reaparecian frecuentemente muy pocos años despues de su -proscripcion[1037]. Por otra parte, la emigracion extranjera, sobre -todo la de los Sirios, renovaba incesantemente el fondo con que se -alimentaban las creencias que en vano trataban de extirpar. - -Admírase uno de ver hasta qué grado preocupaba á los hombres más -pensadores un tema tan secundario en apariencia. Una de las -preferentes atenciones de César y de Augusto fué la de impedir -la formacion de nuevos _colegios_ y destruir los que ya estaban -establecidos[1038]. Un decreto expedido, segun parece, bajo el reinado -de Augusto trató de definir fijamente los límites del derecho de -reunion y de asociacion. Esos límites eran muy reducidos; pues los -_colegios_ habian de ser únicamente funerarios. No les era permitido -reunirse sino una vez al mes, y no podian ocuparse más que en dar -sepultura á los miembros difuntos, no debiendo salirse bajo ningun -pretexto del círculo de sus atribuciones[1039]. Sobrepuja á toda -ponderacion el encarnizamiento del imperio, pues á consecuencia de -su idea exagerada respecto al Estado, pretendia aislar al individuo, -destruir todo lazo moral entre los hombres, y combatir un deseo -legítimo de los pobres, el de apiñarse unos contra otros en un asilo -reducido para tener así más calor. Ciertamente que en la antigua Grecia -era muy tiránica la ciudad; pero proporcionaba tantos placeres en -cambio de su despotismo, de tal modo deslumbraba con sus luces y con -su gloria, que nadie pensaba en quejarse. Morian contentos por ella, y -sufrian sin rebelarse sus más injustos caprichos. En cuanto al Imperio -romano, era demasiado vasto para considerarlo como patria. Ofrecia á -todos grandes ventajas materiales; pero no proporcionaba cosa alguna -que mereciera afecto; así que la inaguantable tristeza compañera de -semejante existencia parecia peor que la muerte. - -Por eso, y á pesar de todos los esfuerzos que hicieron los hombres -políticos, tomaron tan inmenso desarrollo las cofradías. Sucedió -exactamente una cosa análoga á lo que á nuestras cofradías de la edad -media, con su Santo patron y sus comidas en gremio. Cuidábanse las -grandes familias de su nombre, de la patria y de la tradicion; pero -los humildes, la gente de pocos recursos no tenian más cuidado que -el del _Collegium_, por el cual se afanaban. Todos los textos nos -representan esos _collegia_ ó _cœtus_ como formados de esclavos[1040], -veteranos[1041], y gente pobre _tenuiores_[1042]. Reinaba la igualdad -entre los hombres libres, los libertos y las personas serviles[1043], -siendo numerosas las mujeres[1044]. Á riesgo de mil vejaciones, y á -pesar de las severas penas que á veces se imponian, aspiraban muchos á -ser miembros de uno de esas _collegia_, donde vivian unidos por lazos -de agradable confraternidad, se disfrutaba de los socorros mútuos y -se contraian afectos que se conservaban despues de la muerte[1045]. -El sitio de reunion, ó _schola collegii_, tenia comunmente un -_tetrástilo_ (pórtico de cuatro fachadas)[1046] donde se publicaba -en carteles el reglamento del colegio, al lado del dios protector, y -un _triclinium_ para los banquetes de la corporacion reunida. Estos -eran, en efecto, vivamente deseados; celebrábanse en las fiestas -patronales y en los aniversarios de ciertos cofrades que habian hecho -fundaciones[1047]. Cada cual llevaba allí su regalo; y uno de los -cofrades, por turno, suministraba los accesorios de la comida; á saber, -los manteles, la vajilla para la mesa, el pan, el vino, las sardinas y -el agua caliente[1048]. El esclavo que acababa de libertarse habia de -obsequiar á sus camaradas con una ánfora de buen vino[1049]. Una dulce -alegría animaba el festin; y era cosa expresamente convenida que no -habia de tratarse de asunto alguno relativo al colegio; para que nada -pudiera turbar el cuarto de hora de regocijo y de descanso que aquellas -pobres gentes se proporcionaban[1050]. Todo acto de turbulencia ó toda -palabra desagradable eran castigados con una multa[1051]. - -Si hubiera uno de atenerse á las apariencias, creeria que aquellos -colegios no eran más que asociaciones de entierro mútuo[1052]. Empero, -eso solo hubiera bastado para darle un carácter moral. En la época -romana, como en nuestro tiempo y en todas las épocas en que la religion -se halla sin fuerzas, la piedad de las tumbas era casi la única que el -pueblo conservaba. Complacíanse en pensar que no serian arrojados á los -fosos comunes[1053], que el colegio haria el gasto de los funerales, -y que los cofrades que hubieran ido á pié hasta la pira, recibirian -un pequeño honorario[1054] de veinte céntimos[1055]. Los esclavos, -especialmente, necesitaban creer que si su amo hiciera arrojar su -cuerpo al foso comun, no faltarian allí algunos amigos para hacerles -«funerales imaginarios[1056].» El hombre pobre echaba todos los meses -dos cuartos en el cepillo á ese uso destinado, para proporcionarse -despues de su muerte una urnita en un _columbarium_, con una lápida -de mármol en que estuviera grabado su nombre. Como la sepultura entre -los romanos, estaba íntimamente ligada con los _sacra gentilicia_ ó -ritos de familia, tenia suma importancia, contrayendo las personas -que se enterraban juntas una especie de fraternidad íntima y de -parentesco[1057]. - -Hé aquí por qué, durante largo tiempo, se presentó el cristianismo en -Roma como una especie de _collegium_ fúnebre y por qué los primeros -santuarios cristianos fueron las tumbas de los mártires[1058]. Si -no hubiera sido más que eso el cristianismo, no hubiese provocado -tantos rigores; pero era tambien otra cosa; tenia un fondo ó caja de -comunidad[1059]; jactábase de constituir una poblacion completa; y -se creia asegurado de que habia de dominar en el porvenir. Cuando se -entra un sábado por la noche en el recinto de una iglesia griega en -Turquía, en la de Santa Photini, en Esmirna, por ejemplo, le extraña á -uno el poderío de esas religiones de comité, en el seno de una sociedad -perseguidora ó malévola. Ese hacinamiento irregular de construcciones -(iglesia, presbiterio, escuelas, cárcel,) esos fieles que van y vienen -en medio de su poblacion cerrada, esas tumbas nuevamente abiertas en -las cuales arde una lámpara, ese olor cadavérico, esa atmósfera húmeda, -ese murmullo de oraciones, esas invocaciones para pedir limosna, todo -ello forma un conjunto lánguido, que á veces á un extranjero podrá -parecerle insulso, pero que debe ser muy grato y suave para el afiliado. - -Las sociedades, que estaban ya provistas de una autorizacion especial, -gozaban en Roma de todos los derechos de personas civiles[1060]; -pero no se concedia esa autorizacion sino con infinitas condiciones, -desde el momento en que las sociedades tenian una caja ó fondo de -comunidad, ó se trataba de otra cosa que de hacerse enterrar[1061]. -El pretexto de la religion ó de cumplir votos en comunidad, estaba -previsto y formalmente señalado entre las circunstancias que daban -á una reunion el carácter de delito[1062]; y este no era otro que -el de lesa majestad, al menos para el individuo que habia provocado -la reunion[1063]. Claudio llegó hasta mandar cerrar las tabernas en -que se reunian los cofrades, así como tambien las hosterías donde -la gente pobre encontraba por poco precio agua caliente y carne del -puchero[1064]. Trajano y los mejores emperadores romanos vieron con -desconfianza todas las asociaciones[1065]. La extrema humildad de -las personas era una cualidad esencial para que se les concediera -el derecho de reunion; y aun así no se les otorgaba sino con muchas -condiciones[1066]. Los legistas que constituyeron el derecho romano, -tan eminentes como jurisconsultos, mostraron hasta dónde llegaba -su ignorancia de la naturaleza humana persiguiendo de todos modos, -hasta con la amenaza de muerte, y restringiendo con toda clase de -precauciones odiosas ó pueriles, una eterna necesidad del alma[1067]. -Á semejanza de los autores de nuestro «Código civil,» miraban la vida -con mortal frialdad, como si esta consistiese solo en divertirse por -órden superior, en comer su pedazo de pan y en disfrutar del placer -segun la clase y rango. El castigo de las sociedades que se abandonan -á este sistema falso y limitado, es primeramente el fastidio, y -despues el triunfo violento de los partidos religiosos. El hombre -no consentirá jamás en respirar ese aire glacial; necesita el hogar -tranquilo, la cofradía donde los buenos mueren y viven juntos; nuestras -grandes sociedades abstractas no son bastantes para satisfacer todos -los instintos de sociabilidad que hay en el hombre; dejadle que -ocupe su corazon con alguna cosa, que busque su consuelo donde pueda -encontrarle, que busque los hermanos que necesite, que dé cabida en -su alma á los más tiernos vínculos. La fria mano del Estado no debe -intervenir en ese reino del alma que es el reino de la libertad; la -vida y la alegría no renacerán en el mundo hasta que haya desaparecido -nuestra desconfianza hácia los _collegia_, esa triste herencia del -derecho romano. Formar una asociacion fuera del Estado, sin destruir -á éste, es la cuestion capital del porvenir; la ley futura sobre las -asociaciones decidirá si la sociedad moderna ha de sufrir ó no la -suerte de la antigua. Un ejemplo debe bastar: el Imperio romano habia -enlazado su destino con la ley sobre los _cœtus illiciti_ y los -_illicita collegia_; los cristianos y los bárbaros, terminando con esto -la obra de la conciencia humana, destruyeron la ley, y el Imperio se -hundió con ella. - -El mundo griego y romano, mundo laico, mundo profano, que no sabia lo -que es un sacerdote, que no tenia ni ley divina, ni libro revelado, -tocaba aquí con problemas que no le era posible resolver. Añadamos -á esto que si hubiese tenido sacerdotes, una teología severa, una -religion vigorosamente organizada, no habria creado el Estado laico, ni -inaugurado tampoco la idea de una sociedad racional, de una sociedad -fundada sobre las simples necesidades de la humanidad y sobre las -relaciones naturales de los individuos. La inferioridad religiosa de -los griegos y de los romanos era la consecuencia de su superioridad -política é intelectual; la superioridad religiosa del pueblo judío, -por el contrario, ha sido la causa de su inferioridad política -y filosófica; el judaismo y el cristianismo primitivo contenian -la negacion ó más bien la tutela del Estado civil, y así como el -islamismo, establecieron la sociedad sobre la religion. Cuando se -toman las cosas humanas por este lado, se fundan grandes proselitismos -universales, se tienen Apóstoles que corren de un extremo á otro del -mundo para convertirlo; pero no se fundan instituciones políticas, una -independencia nacional, una dinastía, un código, un pueblo. - - - - -CAPÍTULO XIX. - -Porvenir de las misiones. - - -[Marginal: Año 45] - -Tal era el mundo que los misioneros cristianos se encargaron de -convertir; y bien podemos ver que semejante empresa no fué una -locura, ni tampoco el llevarla á cabo un milagro. El mundo carecia -moralmente de muchos cosas que la nueva religion le podia facilitar -de una manera admirable; las costumbres se dulcificaban; queríase un -culto más puro; y las nociones sobre los derechos del hombre y las -ideas acerca de los amejoramientos sociales iban ganando terreno por -todas partes. La credulidad, por otro lado, era extremada, el número -de personas instruidas muy escaso, y si ante semejante sociedad se -hubiesen presentado ardientes apóstoles, judíos, es decir, monoteistas, -discípulos de Jesús, penetrados de la más dulce predicacion moral -que jamás pudiera oirse, no hay para que dudar que se les hubiera -escuchado. Los sueños é ilusiones que contiene su enseñanza, no serán -un obstáculo para que obtengan buen éxito; el número de los que no -creen en lo sobrenatural y en el milagro es muy corto; si son humildes -y pobres tanto mejor, porque la humanidad en el punto que se halla, no -puede salvarse sino por un esfuerzo del pueblo. Las antiguas religiones -paganas no son reformables; el Estado romano es lo que será siempre -el Estado; es decir, una cosa rígida, seca, y dura; en ese mundo que -parece por falta de amor, el porvenir es de aquel que toque la fibra -sensible de la piedad popular. El liberalismo griego y la antigua -gravedad romana son impotentes para conseguirlo. - -La fundacion del cristianismo es bajo este punto de vista la obra -más grande que han hecho jamás los hombres del pueblo, y muy pronto -quizás, los hombres y mujeres de la alta nobleza romana, se afiliarán -á la Iglesia. Desde fines del primer siglo, Flavio Clemente y Flavia -Domitila nos muestran casi al cristianismo penetrando en el palacio -de los Césares[1068]. Á partir de los primeros Antoninos, cuéntanse -personas ricas en la comunidad, y á fines del segundo siglo algunos de -los personajes más considerables del Imperio[1069], si bien en general -todos ó casi todos eran humildes[1070]. En las iglesias más antiguas, -así como en Galilea al rededor de Jesús no habia nobles ni poderosos: -ahora bien en esas grandes creaciones, la primera hora es la decisiva; -la gloria de las religiones pertenece por completo á sus fundadores, -pues aquellas, en efecto, se reducen á una cuestion de fé; creer es una -cosa vulgar; la obra maestra es saber inspirar la fé. - -Cuando uno trata de figurarse aquellos maravillosos orígenes, se le -representan por lo regular las cosas segun el modelo de nuestra época, -lo cual induce á graves errores. El hombre del pueblo, en el primer -siglo de nuestra era, sobre todo en los países griegos y orientales, -no se asemejaba en nada de lo que es hoy; la educacion no levantaba -entonces en las clases una barrera tan inespugnable como ahora, y -aquellas razas del Mediterráneo, si se exceptúan las poblaciones de -Lacio, las cuales habian desaparecido ó perdido toda su importancia -desde que el imperio romano habia llegado á ser la cosa de los -pueblos vencidos al conquistar el mundo, aquellas razas, digo, eran -menos sólidas que las nuestras, pero más vivas, más espirituales, -más idealistas. El pesado materialismo, esa cosa triste y apagada, -efecto de nuestros climas y legado fatal de la edad media, que da á -nuestros pobres un aspecto tan desconsolador, no era el defecto de -los de aquella época. Sin embargo, aun cuando fuesen muy ignorantes -y crédulos, no lo eran más que los ricos poderosos, y no hay que -representarse el establecimiento del cristianismo como análogo á lo -que seria entre nosotros un movimiento que, partiendo de las clases -populares, acabara (cosa imposible á nuestros ojos,) por obtener el -asentimiento de los hombres instruidos. Los fundadores del cristianismo -pertenecian al pueblo en el sentido de que iban mal vestidos, vivian -sencillamente y hablaban mal, ó más bien solo se proponian expresar sus -ideas con vivacidad; mas en punto á inteligencia no eran inferiores -sino á un corto número de hombres que aún quedaban de la gran sociedad -de César y de Augusto. Comparados con los principales filósofos que -enlazaban el siglo de Augusto con el de los Antoninos, los primeros -cristianos podian considerarse como espíritus pobres, mas comparados -con la masa de los súbditos del Imperio eran ilustrados. Tratábaseles -á veces de pensadores libres; el grito del populacho contra ellos era -«¡Muerte á los Ateos!»[1071] y esto no es de extrañar si se atiende á -que el mundo hacia espantosos progresos en punto á supersticion. Las -dos primeras capitales del cristianismo de los gentiles, Antioquía y -Éfeso, eran las dos ciudades del Imperio más dadas á las creencias -sobrenaturales, los siglos segundo y tercero llevaron hasta la demencia -el espíritu de lo maravilloso y de la credulidad. - -El cristianismo nació fuera del mundo oficial, mas no era precisamente -inferior á él: solo en apariencia y segun las preocupaciones mundanas, -eran los discípulos de Jesús unas pobres gentes. El hombre mundano ama -lo que es orgulloso y fuerte; habla con dureza al humilde; entiende que -el honor consiste en no dejarse insultar, y desprecia en fin al que -se reconoce débil, que lo sufre todo, que cede su túnica y presenta -el rostro para recibir un bofeton. Aquí está el error, pues el débil -á quien desprecia es superior por lo general; la virtud reside en los -que obedecen (sirvientes, obreros, soldados, etc.,) más bien que en los -que mandan y gozan; y esto está casi en el órden, puesto que mandar y -disfrutar, lejos de contribuir á la virtud, ofrece una dificultad para -ser virtuoso. - -Jesús comprendió maravillosamente que en el seno del pueblo se halla -la resignacion y abnegacion que salva al mundo. Hé ahí porque proclamó -felices á los pobres, juzgando que á ellos les era más fácil que á los -otros ser buenos; los cristianos primitivos fueron por esencia pobres; -«pobres» se les llamó[1072] y aun cuando el cristiano fuese rico en los -siglos segundo y tercero, en punto á espíritu se le podia considerar -como un _tenuior_[1073] y se salvó gracias á la ley sobre los _collegia -tenuiorum_. No eran ciertamente todos los cristianos esclavos y gentes -de baja condicion, mas el equivalente social de un cristiano era un -esclavo, y lo mismo se decia de aquel que de este, reconociéndose en -ambos las mismas virtudes de bondad, humildad, resignacion y dulzura. -Todos los autores paganos opinan unánimemente de este modo; todos sin -excepcion reconocen en el cristiano los rasgos del carácter servil, la -indiferencia hácia las grandes cuestiones y ese aire triste y contrito, -esa aversion hácia los juegos, los teatros, los gimnasios y los -baños[1074], característica en ellos. - -En una palabra, los paganos eran el mundo, no los cristianos: estos -constituian un pequeño grupo separado, aborrecido del mundo, que ellos -por su parte encontraban malo[1075] procurando «conservarse inmaculados -del mundo»[1076]. El ideal del cristianismo será lo contrario del -ideal mundano[1077]; al perfecto cristiano le gustarán las objeciones; -tendrá las virtudes del pobre, del hombre sencillo, de aquel que no -trata de hacerse valer, mas no carecerá tampoco de los defectos de sus -virtudes, pues considerará vanas y frívolas muchas cosas que no lo son, -declarándose enemigo de la belleza. Un sistema en que la Venus de Milo -no aparece sino como un ídolo, es un sistema falso ó al menos parcial, -pues la belleza vale casi tanto como lo bueno y lo verdadero. Con -semejantes ideas, es en todo caso inevitable una decadencia en el arte, -pues el cristiano no querrá ni edificar, ni esculpir, ni dibujar; será -demasiado idealista, y le importará poco saber, porque la curiosidad -le parece una cosa vana. Confundiendo la gran voluptuosidad del alma, -que es uno de los modos de tocar lo infinito, con el placer vulgar, no -querrá disfrutar porque es demasiado virtuoso. - -Desde ahora se presenta otra ley que debe dominar en esta historia; -el establecimiento del cristianismo corresponde á la supresion de la -vida política en el mundo del Mediterráneo; el cristianismo nace y se -extiende en una época en que ya no hay patria; si alguna cosa falta á -los fundadores de la Iglesia, es el patriotismo. No son cosmopolitas -porque todo planeta es para ellos un lugar de destierro; son idealistas -en el sentido más absoluto. La patria es un compuesto del cuerpo y -del alma; esta última, constituye los recuerdos, las costumbres, las -leyendas, las desgracias, las esperanzas y los sentimientos comunes; el -cuerpo, es el suelo, la raza, el idioma, las montañas, los rios, los -productos característicos, y en tal caso, nadie prescindió tanto de -todo esto como los verdaderos cristianos. Ellos no tomaron cariño á la -Judea, y al cabo de algunos años olvidaron la Galilea completamente; la -gloria de Grecia y de Roma solo les inspiró indiferencia; los países -en que el cristianismo se estableció desde luego, es decir, la Siria, -Chipre y el Asia Menor, no se acordaron ya de la época en que fueron -libres; en Grecia y Roma dominaba aún el sentimiento nacional, pero -en esta última el patriotismo residia en el ejército y en algunas -familias, mientras que en la primera el cristianismo no fructifica -sino en Corinto, ciudad que desde su destruccion por Mummio y su -reconstruccion por César, era un conjunto de gente de todas clases. -Los verdaderos países griegos, entonces como hoy, muy poseidos por el -recuerdo de su pasado, se prestaron muy poco á la nueva predicacion y -fueron siempre medianamente cristianos. Por el contrario, aquellos -países mudos, alegres, voluptuosos, tales como el Asia y la Siria, -países de placer, de costumbres libres y de abandono, acostumbrados -á recibir de extraños la vida y el gobierno, no tenian nada á que -renunciar tratándose de orgullo y tradiciones. Las más antiguas -metrópolis del cristianismo, como Antioquía, Éfeso, Tesalónica, Corinto -y Roma, fueron ciudades comunes, si así puede decirse, ciudades -semejantes á la moderna Alejandría, donde afluian todas las razas, y -donde la union entre el hombre y el suelo, que es lo que constituye la -nacionalidad, era absolutamente nula. - -La importancia que se da á las cuestiones sociales está en sentido -inverso á las preocupaciones políticas: el socialismo adquiere la -superioridad, cuando el patriotismo se debilita; el cristianismo fué -la explosion de las ideas sociales y religiosas, que debia esperarse -desde el momento en que Augusto puso fin á las luchas políticas. -Culto universal, como el islamismo, el cristianismo será en el fondo -el enemigo de las nacionalidades, y serán necesarios muchos siglos y -muchos cismas para que lleguen á formarse iglesias nacionales con una -religion que fuese desde luego la negacion de toda patria terrestre, -que naciere en una época en que no hubiera en el mundo ni ciudad -ni ciudadanos. Es indudable que las antiguas y severas repúblicas -de Italia y de Grecia como un veneno mortal habian rechazado estas -iglesias para el Estado. - -Y esta es una de las causas que contribuyen á la grandeza del culto -nuevo: la humanidad es cosa diversa, cambiante, agitada por deseos -contradictorios; grande es la patria y santos son los héroes de -Maraton, de las Termópilas, de Valmy y de Fleurus; pero la patria no -está aquí abajo, porque uno es hombre é hijo de Dios antes que francés -ó aleman. - -El reino de Dios, sueño eterno que no se arrancará del corazon del -hombre, es la protesta contra lo que el patriotismo tiene de exclusivo; -el pensamiento de una organizacion de la humanidad para su dicha más -grande y su amejoramiento moral, es cristiano y legítimo; el Estado -no sabe ni puede saber más que una cosa: organizar el egoismo, y esto -no es indiferente, porque el egoismo es el más poderoso y el más -perceptible de los móviles de la humanidad. Pero esto no basta: los -gobiernos que suponen que el hombre solo tiene instintos de egoismo, se -equivocan de medio á medio, porque la abnegacion es tan natural como -el egoismo para los hijos de las grandes razas; la organizacion de -la abnegacion es la religion, y no se espere pues prescindir de esta -última ni de sus asociaciones, porque el progreso de las sociedades -modernas, hará que esta necesidad sea cada vez más imperiosa. - -Hé ahí de qué modo esos relatos de extraños sucesos pueden encerrar -para nosotros una gran enseñanza, pero es preciso no detenerse -en ciertos rasgos que por la diferencia de épocas puedan parecer -extravagantes. Cuando se trata de creencias populares hay siempre una -inmensa desproporcion entre la grandeza del objeto ideal que prosigue -la fé y la pequeñez de las circunstancias materiales que inducen á -creer. De ahí la particularidad que en la historia religiosa, los -detalles extraños y los actos que se asemejan á la locura, puedan -mezclarse con lo que hay de más sublime. El fraile que inventó la santa -ampolla ha sido uno de los fundadores del reino de Francia: ¿quién no -querria borrar de la vida de Jesús el episodio de los demoniacos de -Gergesia? Ningun hombre de sangre fria ha hecho nunca lo que hicieron -Francisco de Asís, Juana de Arco, Pedro el Ermitaño, é Ignacio de -Loyola; nada es más relativo que la palabra locura aplicada al pasado -del espíritu de la humanidad; y si se siguieran las ideas extendidas en -nuestros dias, no hay profeta, ni apóstol, ni santo, que no se hubiese -visto encerrado. La conciencia humana es poco estable en las épocas en -que la reflexion no ha avanzado mucho y cuando es tal el estado del -alma, se llega insensiblemente del bien al mal y del mal al bien, dando -lugar á que lo bello se convierta, en feo ó vice-versa. No hay justicia -posible para lo pasado si no se admite este principio. Un mismo soplo -divino penetra en toda la historia y forma una union admirable; pero la -variedad de combinaciones que pueden producir las facultades humanas es -infinita. Los apóstoles difieren menos de nosotros que los fundadores -del budismo, los cuales, sin embargo, se aproximaban más á nosotros -por el idioma, y probablemente por la raza. Nuestro siglo ha visto -movimientos religiosos tan extraordinarios como los de otras épocas, -movimientos que han provocado tanto entusiasmo como los anteriores, -que cuentan ya relativamente, mayor número de mártires, y cuyo porvenir -es aún incierto. - -No hablo de los Mormones, secta por ciertos conceptos tan estúpida y -abyecta, que se le resiste á uno creer en ella formalmente, por más -que sea instructivo ver en pleno siglo XIX á millares de hombres de -nuestra raza vivir creyendo en los milagros y en las maravillas en que -tienen una fé ciega y que segun dicen han visto y tocado. Ya contamos -con toda una literatura para demostrar el acuerdo que existe entre el -mormonismo y la ciencia, pero lo más admirable es, que esta religion, -fundada en necedades é imposturas, ha sabido llevar á cabo prodigios -de paciencia y abnegacion, y dentro de quinientos años, habrá doctores -que probarán su divinidad por las maravillas de su establecimiento. El -babismo en Persia, ha sido un fenómeno notable por otro estilo[1078]: -un hombre pacífico y sin pretension alguna, una especie de Spinoza, -modesto y piadoso, se ha visto casi á pesar suyo, elevado al rango de -taumaturgo, de encarnacion divina, llegando á ser el jefe de una secta -numerosa, ardiente y fanática, que estuvo á punto de producir una -revolucion semejante á la de Islam. Millares de mártires recibieron -por él la muerte con la mayor alegría; el dia de la matanza de los -_babis_ en Teheran, no tiene acaso igual en la historia del mundo, -pues segun dice un narrador, testigo ocular,[1079] «vióse en dicho dia -en las calles y bazares de Teheran, un espectáculo que la poblacion -no olvidará acaso nunca. Aún hoy dia, cuando se habla de aquella -catástrofe, puede comprenderse cuánta fué la admiracion mezclada de -horror que experimentó la multitud, y que los años no han disminuido. -Vióse avanzar entre los verdugos una porcion de niños y mujeres con -las carnes del cuerpo desgarradas y llevando sujetas alrededor de éste -mechas encendidas cuya llama les abrasaba la piel; las víctimas, que -iban atadas con cuerdas, recibian continuos latigazos, mas á pesar de -esto, niños y mujeres avanzaban entonando un versículo que decia: «En -verdad venimos de Dios y volvemos á él» y elevábanse sus voces sonoras -en medio del silencio de la multitud. Cuando uno de los condenados -caia al suelo hacíanle levantar á fuerza de golpes, y entonces, por -agotadas que estuviesen las fuerzas de la víctima á causa de la pérdida -de sangre que corria de sus heridas, poníase á bailar gritando con -creciente entusiasmo: «En verdad que somos de Dios y volvemos á él.» -Algunos niños caian muertos sobre el camino, y los verdugos cogian sus -cuerpos y los arrojaban á los piés de los padres y de sus hermanos, que -pisaban orgullosamente aquellos cadáveres sin lanzarles siquiera una -mirada. Al llegar al lugar de la ejecucion se propuso á las víctimas -que abjurasen: á un verdugo se le ocurrió decir á un padre que si no -cedia iba á cortar el cuello á sus dos hijos sobre su mismo pecho; los -dos muchachos, de los cuales el mayor tendria catorce años, enrojecidos -con su propia sangre, y calcinadas las carnes, escuchaban friamente -el diálogo: el padre contestó tendiéndose en el suelo que estaba -dispuesto, y entonces el mayor de sus hijos, reclamando con instancia -su derecho de primogenitura, pidió que le degollase antes á él[1080]. -Por último se acabó todo: las sombras de la noche cubrieron una masa -informe de carne humana; las cabezas estaban atadas á los postes del -cadalso y los perros de los arrabales se dirigian en bandadas hácia -aquel punto.» - -Esto ocurria en 1852: la secta de Mazdak, en tiempo de Cosroes -Nouschirvan, se ahogó en un baño de sangre semejante; la abnegacion -absoluta es para las almas sencillas el más exquisito de los goces -y una especie de necesidad; en la ejecucion de los Babis, algunas -personas que eran de la secta, corrian á denunciarse á sí mismas -deseosas de obtener la muerte y el martirio. ¡Es tan dulce para el -hombre sufrir por alguna cosa, que muchas veces la indiferencia del -mártir basta para hacer creer! Un discípulo que fué compañero de -suplicio de Bab, hallándose suspendido al lado da éste en las murallas -de Tabriz, esperando la muerte, no decia más que estas palabras: -«¿Estais contento de mí, maestro?» - -Las personas que suponen milagroso ó quimérico lo que en la historia -excede á los cálculos de un buen sentido vulgar, no podrán seguramente -explicarse tales hechos. La condicion fundamental de la crítica, es -saber comprender los estados diversos del espíritu humano; la fé -absoluta es para nosotros una cosa completamente extraña; y fuera de -las ciencias positivas, de una seguridad en cierto modo material, toda -opinion no es á nuestros ojos más que una probabilidad que implica -una parte de verdad y una parte de error; esta última puede ser tan -pequeña como se quiera, pero no se reduce nunca á cero cuando se trata -de cosas morales sobre una cuestion de arte, lenguaje, forma literaria -ó personas. Esta, sin embargo, no es la manera de ver de los espíritus -pobres y obstinados, tal como los Orientales; los ojos de esas gentes -no son como los nuestros; son una especie de ojos de esmalte como -los de los personajes que figuran en los mosaicos con su mirada fija -y que no saben ver sino una sola cosa á la vez, cosa que al fin les -preocupa, se apodera de ellos, é impidiéndoles que sean dueños de -creer ó de no creer, no les permite reflexionar. Cuando se profesa -una opinion de este modo, se deja uno matar por ella: el mártir es en -religion lo que el hombre de partido en política: no ha habido muchos -mártires inteligentes; los confesores del tiempo de Diocleciano debian -ser, despues de la paz de la Iglesia, personajes impertinentes é -imperiosos, pues nunca es uno tolerante cuando cree que siempre tiene -razon y que los otros no la tienen nunca. - -Los grandes entusiasmos religiosos, que son la consecuencia de fijarse -demasiado en las cosas, se convierten así en enigmas para un siglo -como el nuestro, en que el rigor de las convicciones se ha debilitado -mucho. Entre nosotros, el hombre sincero modifica sin cesar sus -opiniones; en primer lugar, porque el mundo cambia, y en segundo porque -el apreciador cambia tambien. Nosotros creemos varias cosas á la vez; -amamos la justicia y la verdad y por ellas expondriamos nuestra vida, -pero no admitimos que lo justo y lo verdadero sean solo del dominio -de una secta ó de un partido. Somos buenos franceses, mas reconocemos -que los alemanes y los ingleses son superiores por muchos conceptos, -lo cual no se hace en las épocas y en los países en que cada cual es -de su comunion, de su raza, de su escuela política. Hé aquí por qué -todas las grandes creaciones religiosas se han producido en sociedades -cuyo espíritu general era más ó menos análogo al del Oriente. Hasta -aquí, en efecto, la fé absoluta es la única que ha conseguido imponerse -á las demás. Una buena criada de Lyon, llamada Blandine, que se hizo -matar por su fé, hace mil setecientos años, y un brutal jefe de banda, -llamado Clovis, que creyó conveniente, hace catorce siglos, convertirse -al catolicismo, son los que nos imponen aún la ley. - -¿Quién no se ha detenido al recorrer nuestras antiguas ciudades, ahora -modernas, al pié de los gigantescos monumentos de la fé de las edades -antiguas? Todo se ha renovado ya en ellos; no queda un solo vestigio -de las costumbres de otros tiempos; solo permanece en pié la catedral, -un poco mutilada acaso por la mano del hombre, pero profundamente -arraigada en el suelo; _¡Mole sua stat!_ Su masa es su derecho. Ha -resistido al diluvio que todo lo destruyó á su alrededor; ni uno solo -de los hombres de otra época que fuera á visitar los sitios donde -vivió, podria encontrar su casa; solo el cuervo que hizo su nido en las -alturas del edificio sagrado no ha visto destruir su morada, ¡Extraña -prescripcion! Aquellos honrados mártires, aquellos rudos convertidos, -aquellos piratas que construyeron iglesias, nos dominan todavía. Somos -cristianos porque ellos quisieron serlo; así como en política solo -las fundaciones bárbaras son duraderas, en religion las afirmaciones -espontáneas, y si me atrevo á decirlo, fanáticas, son contagiosas. Y -esto consiste en que las religiones son obras enteramente populares; su -éxito no depende sino de las pruebas más ó menos buenas que producen de -su divinidad; su éxito está en proporcion de lo que dicen al corazon -del pueblo. - -¿Se sigue acaso de aquí que la religion esté destinada á disminuir poco -á poco y á desaparecer como los errores populares sobre la mágia, la -brujería y los espíritus? Seguramente no: la religion no es un error -popular; es una gran verdad de instinto entrevista y expresada por el -pueblo. Todos los símbolos que sirven para dar una forma al sentimiento -religioso son incompletos, y su destino es ser rechazados unos despues -de otros; pero nada es más falso que el sueño ó la ilusion de varias -personas, que tratando de concebir la humanidad perfecta, la conciben -sin religion. Debe decirse lo inverso. La China, que es una humanidad -inferior, no tiene apenas religion: supongamos por el contrario un -planeta habitado por una humanidad cuya fuerza intelectual, moral -y física, sea doble que la de la humanidad terrestre, y tendremos -que la primera seria cuando menos dos veces más religiosa que la -nuestra; y digo _cuando menos_, porque es probable que el aumento de -facultades religiosas tuviese lugar en una progresion más rápida que -el aumento de la capacidad intelectual, y no se haria segun la simple -proporcion directa. Supongamos una humanidad diez veces más fuerte que -la nuestra; esa seria infinitamente más religiosa, y aún es probable, -que en semejante grado de sublimidad, desprendido de toda preocupacion -material y de todo egoismo, dotado de un tacto perfecto y de un gusto -divinamente delicado, viendo la bajeza y el vacío de todo lo que no -es lo verdadero, lo bueno ó lo bello, el hombre seria únicamente -religioso, y estaria continuamente sumido en una perpétua adoracion, -pasando de éxtasis en éxtasis, naciendo, viviendo y muriendo en un -torrente de voluptuosidad. El egoismo, en efecto, que da la medida de -la inferioridad de los séres, decrece segun se aleja de lo animal; -un ser perfecto no seria ya egoista, sino religioso; el progreso -pues tendrá por efecto engrandecer la religion, y no destruirla ó -disminuirla. - -Pero tiempo es ya de volver á los tres misioneros, Pablo, Bernabé y -Juan Márcos, que hemos dejado en el momento que salian de Antioquía por -la puerta que conduce á Seleucia. En mi tercer libro trataré de seguir -las huellas de esos mensajeros de buenas nuevas por tierra y por mar, -lo mismo en la calma que en la tormenta, así en los buenos como en los -malos dias. Ya me urge referir la historia de esa epopeya sin igual, -recorrer esos caminos infinitos del Asia y de Europa, á lo largo de -los cuales sembraron el grano del Evangelio, y tengo en fin deseos de -surcar esas ondas que ellos atravesaran tantas veces en situaciones -diversas. La gran odisea cristiana va á comenzar; ya la barca -apostólica ha desplegado sus velas, y sopla la brisa que no aspira sino -á llevar en sus alas las palabras de Jesús. - - -FIN DE LOS APÓSTOLES. - - - - -NOTAS - - -[1] El autor de las _Actas_ no da directamente á San Pablo el título de -Apóstol, que solo aplica en general á los miembros del colegio central -de Jerusalem. - -[2] Homilias seudo-clementinas, XVII, 13-19. - -[3] Justino, _Apol. I_, 39. En las _Actas_ predomina tambien la idea de -que Pedro fué el Apóstol de los gentiles. Véase sobre todo el Cap. X y -compárese I Petri, I, 1. - -[4] I Cor., III, 6, 10; IV, 14, 15; IX, 1, 2; II Cor., XI, 2, etc. - -[5] Carta de Dionisio de Corinto, en Eusebio, _Hist. eccl._, II, 25. - -[6] Los lectores franceses que deseen obtener más ámplios detalles -sobre la discusion y comparacion de las cuatro narraciones, pueden -consultar los siguientes escritos: Strauss, _Vie de Jésus_, 3.ª sec., -cap. IV y V (traduccion Littré); _Nouvelle Vie de Jésus_, l. I, § 46 y -siguientes; l. II, § 97 y siguientes (Traduccion Nefftzer y Dollfus). - -[7] La Iglesia la admite desde luego como evidente. Véase el cánon -de Muratori (_Antiq. Ital._, III, 854), colacionado por Wieseler y -restituido por Laurent (_Neutestamentliche Studien_, Gotha, 1866), lin. -33 y siguientes. - -[8] Luc., I, 1-4, _Act._, I, 1. - -[9] Véase sobre todo _Act._, XVI, 12. - -[10] Sabido es que entre los escritores del Nuevo Testamento es muy -pobre la manera de expresarse, si bien cada uno tiene su pequeño -diccionario, y esto nos proporciona una regla precisa para determinar -quién es el autor de los escritos, aun de los más cortos. - -[11] El empleo de esta palabra, _Act._, XIV, 4, 14, es muy indirecto. - -[12] Compárese por ejemplo, _Act._, XVII, 14-16; XVIII, 5, á I Tes., -III, 1-2. - -[13] I Cor., XV, 32; II Cor., I, 8; XI, 23 y siguientes. Rom., XV, 19; -XVI, 3 y siguientes. - -[14] _Act._, XVI, 6; XVIII, 22-23, comparando la epístola á los Galatas. - -[15] Por ejemplo, la estancia en Cesarea queda en la oscuridad. - -[16] Mabillon, _Museum Italicum_, I, 1.ª pars, pág 109. - -[17] Col., IV, 14. - -[18] Véase más arriba, pág. XIV. - -[19] Casi todas las inscripciones son latinas, así como en Neapolis -(Cavala) el puerto de Filipos. Véase Heuzey, _Mission de Macédoine_, -pág. 11 y sig. Los notables conocimientos náuticos del autor de las -_Actas_ (véase sobre todo cap. XXVII-XXVIII) dan lugar á creer que era -de Neapolis. - -[20] Por ejemplo, _Act._, X, 28. - -[21] _Act._, V, 36-37. - -[22] Los hebraismos de su estilo pueden ser resultado de una lectura -asídua de las traducciones griegas del Antiguo Testamento, y sobre todo -de la lectura de los escritos compuestos por sus correligionarios de -Palestina, que copia con frecuencia textualmente. Sus citas del Antiguo -Testamento se han hecho sin ningun conocimiento del texto original (por -ejemplo, cap. XV, pág. 16 y sig.). - -[23] _Act._, XVII, 22 y sig. - -[24] Luc., I, 26; IV, 31; XXIV, 13. Compárese más abajo, página 73, -nota. - -[25] Luc., I, 31, comparado con Mateo, I, 21. El nombre de _Juana_ que -solo Lucas conoce, es sospechoso, pues no parece probable que _Juan_ -tuviese entonces correspondencia femenina. Sin embargo, véase Talm. de -Bab., _Sota_, 22 _a_. - -[26] _Act._, II, 47; IV, 33; V, 13, 26. - -[27] _Act._, IX, 22, 23; XII, 3, 11; XIII, 45, 50 y otros muchos -pasajes. Lo mismo sucede con el cuarto Evangelio porque tambien fué -redactado fuera de Siria. - -[28] Luc., X, 33 y sig.; XVII, 16; _Act._, VIII, 5 y sig. y lo mismo en -el cuarto Evangelio: Juan, IV, 5 y sig. Comp. Mat., X, 5-6. - -[29] _Act._, XXVIII, 30. - -[30] Véase _Vida de Jesús_, pág. XVII. - -[31] Luc., XXIV, 50. Marc., XVI, 19, viene á decir lo mismo. - -[32] _Act._, I, 3, 9. - -[33] Véase sobre todo Luc., I, 1, la expresion τῶν πεπληροφορημένων ἐν -ἡμῖν πραγμάτων. - -[34] Cap. X, XXII, XXVI. - -[35] El centurion Cornelio y el procónsul Sergio Paulo. - -[36] _Act._, XIII, 7 y sig.; XVIII, 12 y sig.; XIX, 35 y sig.; XXIV, 7, -17; XXV, 9, 16, 25; XXVII, 2; XXVIII, 17-18. - -[37] _Ibid._, XVI, 37 y sig.; XXII, 26 y sig. - -[38] Semejantes precauciones no eran raras: el Apocalipsis y la -epístola de Pedro designan á Roma con palabras embozadas. - -[39] Luc., I, 4. - -[40] _Act._, I, 22. - -[41] Véase la _Vida de Jesús_, pág. XXXIX y sig. - -[42] Esto se nota principalmente en la historia del Centurion Cornelio. - -[43] _Act._, II, 47; IV, 33; V, 13, 26. Cf. Luc., XXIV, 19-20. - -[44] _Act._, II, 44-45; IV, 34 y sig.; V, 1 y sig. - -[45] I Cor., XII-XIV. Comp. Marc., XVI, 17, y _Act._, II, 4, 13; X, 46; -XI 15; XIX, 6. - -[46] Compárese _Act._, III, 2 y sig. á XIV, 8 y sig.; IX, 36 y sig. á -XX, 9 y sig.; V, 1 y sig. á XIII, 9 y sig.; V, 15-16 á XIX, 12; XII, 7 -y sig. á XVI, 26 y sig.; X, 44 á XIX, 6. - -[47] En un discurso que el autor pone en boca de Gamaliel, allá por el -año 36, se trata de Teudas cuya empresa se declara fijamente que fué -anterior á la de Judas el Gaulonita (_Act._, V, 36-37). Ahora bien, la -rebelion de Teudas es del año 44 (Jos., _Ant._, XX, V, 1), y en todo -caso muy posterior á la del Gaulonita (Jos., _Ant._, XVIII, I, 1; B. -J., II, VIII, 1). - -[48] Las personas que no puedan leer sobre este punto los escritos -alemanes de Baur, Schneckenburger, de Wette, Schwegler y Zeller, donde -se conducen á una solucion definitiva las cuestiones críticas relativas -á las _Actas_, pueden consultar con fruto los _Études historiques et -critiques sur les origines du christianisme_, por A. Stap (París, -Lacroix, 1864), p. 116 y sig.; Michel Nicolas, _Études critiques sur la -Bible. Nouveau Testament_ (París, Lévy, 1864), p. 223 y sig.; Reuss, -_Histoire de la théologie chrétienne au siècle apostolique_, l. VI, ch. -V; diversos trabajos de los señores Kayser, Scherer, Reuss en la _Revue -de théologie_ de Strasburgo, 1.ª serie, t. II y III; 2.ª serie, t. II y -III. - -[49] Para el matiz de οὐ προσανεθέμην σαρκὶ καὶ αἵματι, compárese Mat., -XVI, 17. - -[50] Él mismo lo declara así bajo juramento: léase sobre todo los Cap. -I y II de la epístola de los Galatas. - -[51] Act., XII, 1. - -[52] Jos., _Ant._, XIX, VIII, 2; _B. J._, II, XII, 6. - -[53] La cita de Amos (XV, 16-17), hecha por Jacobo conforme á la -version griega, y que está en desacuerdo con el hebreo, demuestra -claramente que este discurso es una ficcion del autor. - -[54] Demostraremos luego que este es el verdadero sentido: en todo caso -la duda sobre la cuestion de saber si Tito se circuncidó ó no, importa -poco para nuestro razonamiento. - -[55] Comp. _Act._, XV, 1; Gal., I, 7; II, 12. - -[56] I Cor., VIII, 4, 9; X, 25-29. - -[57] _Act._, XXI, 20 y sig. - -[58] Los ebionitas sobre todo. Véanse las Homilias seudo-clementinas; -Ireneo, _Adv. hær._, I, XXVI, 2; Epifanio, _Adv. hær._, hær. XXX; San -Gerónimo, _In Matth._, XII, init. - -[59] Á mi parecer, sin embargo, Ananías y Safira son personajes -imaginarios. - -[60] _De divinatione_, II, 57. - -[61] Prefacio de los _Études d’histoire religieuse_. - -[62] Marc., XVI, 11; Luc., XVIII, 34; XXIV, 11; Juan, XX, 9, 24 y -sig. La opinion contraria expresada en Mat., XII, 40; XVI, 4, 21; -XVII, 9, 23; XX, 19; XXVI, 32; Marc., VIII, 31; IX, 9-10, 31; X, 34; -Luc., IX, 22; XI, 29-30; XVIII, 31 y sig.; XXIV, 6-8; Justino, _Dial. -cum Tryph._, 106, proviene de que á partir de cierta época, se tiene -gran empeño en demostrar que Jesús anunció su resurreccion. Por lo -demás, los sinópticos reconocen que si Jesús habló, los Apóstoles no -comprendieron nada. (Marc., IX, 10, 32; Luc., XVIII, 34; compárese -Luc., XXIV, 8, y Juan, II, 21-22.) - -[63] Marc., XVI, 10; Luc., XXIV, 17, 21. - -[64] Pasajes precitados, sobre todo Luc., XVII, 24-25; XVIII, 31-34. - -[65] Talmud de Babilonia, _Baba Bathra_, 58 _a_, y el extracto árabe -que da el abate Bargés en el _Bulletin de l’Œuvre des pélerinages en -terre sainte_, febrero 1863. - -[66] Ibn-Hischam, _Sirat errasoul_, edic. Wüstenfeld, pág. 1012 y sig. - -[67] Luc., XXIV, 23; _Act._, XXV, 19; Jos., _Ant._, XVIII, III, 3. - -[68] Salmo XVI, 10. El sentido del original es un poco diferente pero -así es como las versiones recibidas traducen el pasaje. - -[69] I Tes., IV, 12 y sig.; I Cor., XV entero; Apoc., XX-XXII. - -[70] Mat., XVI, 21 y sig.; Marc., VIII, 31 y sig. - -[71] Josefo, _Ant._, XVIII, III, 3. - -[72] Leer con cuidado los cuatro relatos de los Evangelios y el pasaje -I Cor., XV, 4-8. - -[73] Mat., XXVIII, 1; Marc., XVI, 1; Luc., XXIV, 1; Juan, XX, 1. - -[74] Juan, XX, 2, parece suponer que María no estaba siempre sola. - -[75] Juan, XX, 1 sig., y Marc., XVI, 9 y sig. Es preciso notar que -el Evangelio de Márcos tiene, en nuestros textos impresos del Nuevo -Testamento, dos finales: Marc., XVI, 1-8; Marc., XVI, 9-20, sin hablar -de otros dos, uno de los cuales ha sido conservado por el manuscrito -L de París y el margen de la version filoxeniana (_Nov. Test._ edic. -Griesbach-Schultz, I, pág. 291, nota), el otro por San Gerónimo, _Adv. -Pelag._, l. II (t. IV, 2.ª parte, col. 520, edic. Martianay). El final -XVI, 9 y sig. falta en el manuscrito B del Vaticano, en el _Codex -Sinaiticus_ y en los más importantes manuscritos griegos, pero es de -una remota antigüedad y concuerda con el cuarto Evangelio de una manera -admirable. - -[76] Mat., XXVII, 60; Marc., XV, 46; Luc., XXIII, 53. - -[77] Juan, XIX, 41-42. - -[78] Véase _Vida de Jesús_, p. XXXVIII. - -[79] El Evangelio de los hebreos contenia acaso algun dato análogo (en -San Gerónimo, _De viris illustribus_, 2). - -[80] M. de Vogüé, _Les Églises de la terre sainte_, pág. 125-126. El -verbo ἀποκυλίω (Mat., XXVIII, 2; Marc., XVI, 3, 4; Luc., XXIV, 2) -prueba suficientemente que tal era la disposicion del sepulcro de Jesús. - -[81] El relato del cuarto Evangelio tiene en este punto una gran -superioridad y nos sirve de guia principal. Segun Lucas, XXIV, 12, solo -Pedro va al sepulcro. En el final de Márcos que nos da el manuscrito L -y el margen de la version filoxeniana (Griesbach, _l. c._), se menciona -τοῖς περὶ τὸν Πέτρον. San Pablo (I Cor., XV, 5) tampoco hace figurar -más que á Pedro en esta primera vision. Más lejos, Lucas (XXIV, 24) -supone que varios discípulos han ido al sepulcro con lo cual se indica -probablemente las visitas que se hicieron luego. Es posible que Juan, -cediendo á una segunda intencion, que se revela más de una vez en su -Evangelio, quisiera demostrar que desempeñó en la historia de Jesús -un papel tan importante como el de Pedro. Acaso tambien las repetidas -declaraciones de Juan de haber sido testigo ocular de los hechos -fundamentales de la fé cristiana (Evang., I, 14; XXI, 24; I Juan, I, -1-3; IV, 14), deben aplicarse á esta visita. - -[82] Juan, XX, 1-10. Compar. Luc., XXIV, 12, 34; I Cor., XV, 5 y el -final de Márcos en el manuscrito L. - -[83] Mat., XXVIII, 9, observando que Mateo, XXVIII, 9-10, contesta á -Juan, XX, 16-17. - -[84] Juan, XX, 11-17, conforme con Márcos, XVI, 9-10. Compárese el -relato paralelo, aun cuando menos satisfactorio, de Mat., XXVIII, 1-10; -Luc., XXIV, 1-10. - -[85] Juan, XX, 18. - -[86] Compárese Marc., XVI, 9; Luc., VIII, 2. - -[87] Luc., XXIV, 11. - -[88] _Ibid._, XXIV, 24. - -[89] _Ibid._, XXIV, 34; I Cor., XV, 5; el final de Márcos en el -manuscrito L. El fragmento del Evangelio de los hebreos en San Ignacio, -_Epist. ad Smyrn._, 3, y en San Gerónimo, _De viris ill._, 16 parece -situar la «vision de Pedro» por la noche, y la fusiona con la de los -apóstoles reunidos. Pero San Pablo distingue expresamente las dos -visiones. - -[90] Luc., XXIV, 22-24, 34. Resulta de estos pasajes que las noticias -se extendieron separadamente. - -[91] Marc., XVI, 1-8.--Mat., XXVIII, 9-10 dice lo contrario, pero -esto desentona con el sistema sinóptico en el cual las mujeres no ven -sino un ángel. Parece que el primer Evangelio ha querido conciliar el -sistema sinóptico con el cuarto, donde una sola mujer vé á Jesús. - -[92] Mat., XXVIII, 2 y sig.; Marc., XVI, 5 y sig.; Luc., XXIV, 4 y -sig., 23. Esta aparicion de los ángeles se ha introducido en el relato -del cuarto Evangelio (XX, 12-13), trastornándolo completamente, puesto -que se atribuye á María Magdalena. El autor no ha querido prescindir de -este hecho referido por la tradicion. - -[93] Marc., XVI, 8. - -[94] Luc., XXIV, 4-7; Juan, XX, 12-13. - -[95] Mat., XXVIII, 1 y sig. En el relato de Mateo es donde más se -han exagerado estas circunstancias. El temblor de tierra y lo de los -guardias son probablemente adiciones tardías. - -[96] Los seis ó siete relatos que tenemos de la escena de la mañana, -(Márcos tiene dos ó tres, y Pablo tiene tambien el suyo, sin hablar del -Evangelio de los hebreos) están en completo desacuerdo unos con otros. - -[97] Mat., XXVI, 31; Marc., XIV, 27; Juan, XVI, 32; Justino, _Apol._, -I, 50; _Dial. cum Tryph._, 53, 106. Justino opina que en el momento de -la muerte de Jesús, cundió una completa apostasía entre los discípulos. - -[98] Mat., XXVIII, 17; Marc., XVI, 11; Luc., XXIV, 11. - -[99] Marc., XVI, 9; Luc., VIII, 2. - -[100] Véase, por ejemplo, Calmeil, _De la folie au point de vue -pathologique, philosophique, historique et judiciaire_. París, 1845, 2 -volúmenes en 8.º - -[101] Véanse las _Lettres pastorales_ de Jurieu, primer año, séptima -carta; tercer año, cuarta carta; Misson, _Le Théâtre sacré des -Cévennes_ (Lóndres, 1707), págs. 28, 34, 38, 102, 103, 104, 107; -Memorias de Court, en Sayous, _Hist. de la littér. française à -l’étranger_, siglo XVII, I, pág. 303; _Bulletin de la Société de -l’hist. du protest. franç._, 1862, página 174. - -[102] Mat., XIV, 26; Marc., VI, 49; Luc., XXIV, 37; Juan, IV, 19. - -[103] Marc., XVI, 12-13; Luc., XXIV, 13-33. - -[104] Compárese Josefo, _B. J._, VII, VI, 6. Lucas dice que esta -aldea se hallaba á sesenta estadios de Jerusalem, y Josefo á treinta. -Ἑξήκοντα, que aparece en algunos manuscritos y algunas ediciones de -Josefo, es una correccion cristiana. Véase la edicion de G. Dindorf. -La situacion más probable de Emmaus es Kulonié, lugar muy bonito -que se halla en el fondo de un valle en el camino de Jerusalem á -Jaffa. Véase Sepp, _Jerusalem und das heilige Land_ (1863), I, p. 56; -Bourquenoud, en los _Études rel. hist. et litt._ des PP. de la Soc. de -Jésus, 1863, núm. 9, y para las distancias exactas, H. Zschokke, _Das -neutestamentliche Emmaus_ (Schaffhausen, 1865). - -[105] Marc., XVI, 14; Luc., XXIV, 33 y sig.; Juan, XX, 19 y sig.; -Evangelio de los hebreos en san Ignacio, _Epist. ad Smyrn._, 3, y en -san Gerónimo, _De viris ill._, 16; I Cor., XV, 5; Justino, _Dial. cum -Tryph._, 106. - -[106] Luc., XXIV, 34. - -[107] En una isla que hay frente á Rotterdam, cuya poblacion es -calvinista y de las más austeras, los aldeanos están persuadidos que -Jesús va á su lecho de muerte para confirmar á sus elegidos de su -justificacion; muchos le ven en efecto. - -[108] Para concebir la posibilidad de semejantes ilusiones, basta -recordar las escenas de nuestros dias, en que varias personas reunidas -reconocen unánimemente que han oido rumores imaginarios, y esto con -la mejor buena fé. La expectativa, el esfuerzo de la imaginacion, la -disposicion á creer, á veces bromas inocentes, explican esos fenómenos -cuando no son hijos del engaño. Esas bromas provienen en lo general -de personas convencidas, animadas de un sentimiento benévolo que no -desean que una reunion languidezca y que tratan de sacar de apuro á -los dueños de la casa. La duda y la negacion son imposibles en esa -clase de reuniones, porque se disgustaria á las personas que os han -invitado y creen en tales milagros. Hé aquí por qué esas experiencias -que dan buen resultado en pequeños grupos, hacen fiasco por lo general -ante un público que paga, y no pueden verificarse ante las comisiones -científicas. - -[109] Juan, XX, 22-23, que resuena en Lucas, XXIV, 49. - -[110] Mat., XXVIII, 17; Marc., XVI, 14; Luc., XXIV, 39-40. - -[111] Juan, XX, 24-29; compárese Márcos, XVI, 14; Luc., XXIV, 39-40, -y el final de Márcos conservado por San Gerónimo, _Adv. Pelag._, II -(véase más arriba, p. 63). - -[112] Juan, XX, 29. - -[113] Es muy notable en efecto que Juan, bajo cuyo nombre se nos ha -trasmitido dicha frase, no tenga vision particular para él solo. Cf. I -Cor., XV, 5-8. - -[114] Juan, XX, 26. El pasaje XXI, 14, supone, es cierto, que no se -produjeron en Jerusalem más que dos apariciones ante los discípulos -reunidos; pero los pasajes XX, 30, y XXI, 25 dejan mucha más latitud. -Compárese _Act._, I, 3. - -[115] Luc., XXIV, 41-43; Evangelio de los hebreos, en San Gerónimo, _De -viris illustribus_, 2; final de Márcos, en San Gerónimo, _Adv. Pelag._, -II. - -[116] Mat., XXVIII, 7; Marc., XVI, 7. - -[117] Mat., XXVIII, 10. - -[118] _Ibid._, XXVI, 32; Marc., XIV, 28. - -[119] Mat., XXVIII, 16; Juan, XXI.--Luc., XXIV, 49, 50, 52 y las -_Actas_, I, 3-4, están aquí en contradiccion manifiesta con Marc., XVI, -1-8, y Mateo. El segundo final de Márcos (XVI, 9 y sig.) y aun los dos -otros que no forman parte del texto recibido (véase más arriba, p. 63), -parecen arreglados al sistema de Lucas, pero esto no puede prevalecer -contra el acuerdo de una parte de la tradicion sinóptica con el cuarto -Evangelio, y aun indirectamente con lo que dice Pablo (I Cor., XV, 5-8) -sobre este punto. - -[120] Mat., XXVIII, 16. - -[121] _Ibid._, XXVIII, 7; Marc., XVI, 7. - -[122] Final de Márcos, en San Gerónimo, _Adv. Pelag._, II. - -[123] Mat., XXVIII, 16. - -[124] Juan, XXI, 2 y sig. - -[125] El autor de las _Actas_, I, 14, las supone en Jerusalem desde -la Ascension, pero esto depende de su plan sistemático (Luc., XXIV, -49; _Actas_, 1-4) de no admitir el viaje á Galilea despues de la -resurreccion, (sistema opuesto al de Mateo y de Juan). Para sostener -esta opinion, se vé precisado á suponer la ascension en Betania, lo -cual contradicen todas las tradiciones. - -[126] I Cor., XV, 5 y sig. - -[127] Juan, XXI, 1 y sig. Este capítulo se adicionó al Evangelio, ya -concluido, como un _post-scriptum_, pero tiene el mismo orígen que los -demás. - -[128] Juan, XXI, 9-14; comp. Luc., XXIV, 41-43. Juan reunió en una sola -las dos escenas de la pesca y de la comida; pero Lucas no hace esta -agrupacion. De todos modos si se estudian atentamente los versículos -Juan, XXI, 14-15, podrá uno reconocer que los enlaces de Juan son aquí -un poco artificiales. Las alucinaciones son aisladas en el momento que -se producen; solo despues se forman anécdotas continuadas. Este sistema -de unir dos hechos separados es por demás sorprendente comparando -entre sí dos pasajes del mismo escritor, Lucas, _Evang._, XXIV, final, -y _Act._, I, inicio. Segun el primer pasaje, Jesús subió al cielo -el mismo dia de la resurreccion, pero el segundo dice que hubo un -intervalo de cuarenta dias. Tomando al pié de la letra lo que refiere -Marc., XVI, 9-20, la ascension hubiera tenido lugar la misma noche de -la resurreccion. Nada prueba mejor que la contradiccion de Lucas en -estos dos pasajes cuán poco se cuidaban de la exactitud de sus relatos -los redactores de escritos evangélicos. - -[129] Juan, XXI, 15 y sig. - -[130] _Ibid._, XXI, 18 y sig. - -[131] I Cor., XV, 6. - -[132] Transfiguracion. - -[133] Mat., XXVIII, 16-20; I Cor., XV, 6. Comp. Marc., XVI, 15 y sig.; -Luc., XXIV, 44 y sig. - -[134] I Cor., XV, 6. - -[135] Juan no limita la duracion de la segunda vida de Jesús, pero -supone que fué bastante larga. Segun Mateo, no duró sino el tiempo -necesario para hacer el viaje á Galilea, é ir á la montaña indicada -por Jesús. Segun el primer final no concluido de Márcos (XVI, 1-8), -las cosas pasaron como dice Mateo. Segun el segundo final (XVI, 9-20), -otros varios (véase p. 63, nota 4) y conforme al Evangelio de Lucas, -parece que la segunda vida no duró más que un dia. Pablo (I Cor., XV, -5-8), de acuerdo con el cuarto Evangelio, la prolonga durante algunos -años, y produce despues su vision, que tuvo lugar al menos cinco ó seis -años despues de la vida de Jesús, y fué la última de las apariciones. -La circunstancia de los «quinientos hermanos», induce á la misma -suposicion, pues no parece verosímil que al siguiente dia de la muerte -de Jesús, fuera tan considerable el grupo de sus amigos. (_Act._, I, -15). Varias sectas gnósticas, evaluaban la duracion de las apariciones -en diez y ocho meses, fundando sobre esto teorías místicas (Ireneo, -_Adv. hær._, I, III, 2; XXX, 14). Solo el autor de las _Actas_ (I, 3) -fija la duracion de la segunda vida de Jesús en cuarenta dias, pero es -una autoridad de poco valor, sobre todo si se observa que procede de un -sistema erróneo (Luc., XXIV, 49, 50, 52; _Act._, I, 4, 12), segun el -cual toda la segunda vida se pasó en Jerusalem ó en sus alrededores. -El número _cuarenta_ es simbólico: (el pueblo pasa cuarenta dias en -el desierto; Moisés cuarenta dias en el Sinaí; Elías y Jesús ayunan -cuarenta dias, etc.). En cuanto á la forma del relato adoptado por el -autor de los doce últimos versículos del segundo Evangelio, y por el -del tercero, véase p. 84, nota. La autoridad de Pablo, la más antigua -y la más autorizada de todas, que corroborando la del cuarto Evangelio -ofrece para esta parte de la historia Evangélica más verosimilitud, nos -parece ofrecer un argumento decisivo. - -[136] Luc., XXIV, 31. - -[137] Juan, XX, 19-26. - -[138] Mat., XXVIII, 9; Luc., XXIV, 37 y sig.; Juan, XX, 27 y sig.; XXI, -5 y sig.; Evangelio de los hebreos en san Ignacio, epístola de los -Esmirnos, 3, y en san Gerónimo, _De viris illustribus_, 16. - -[139] Juan, VI, 64. - -[140] Mat., XXVIII, 11-15; Justino, _Dial. cum Tryph._, 17, 108. - -[141] Mat., XXVII, 62-66; XXVIII, 4, 11-15. - -[142] _Ibid._, XXVIII, 2 y sig. - -[143] Segun Mat., XXVII, 63, parece que los judíos sabian que Jesús -habia predicho que resucitaria, pero los mismos discípulos de Jesús no -tenian ninguna idea precisa sobre este punto. Véase pág. 59, nota. - -[144] En Mat., XXVI, 32; XXVIII, 7, 10; y en Marc., XIV, 28; XVI, 7 se -indica vagamente esta opinion. - -[145] Esto se ha visto por los milagros de la Salette y de Lourdes.--Hé -aquí por qué medios se forma comunmente la leyenda milagrosa. Un santo -hombre, adquiere la fama de hacer curaciones; se le trae un enfermo que -á causa de la emocion se siente aliviado, y al dia siguiente se refiere -en diez leguas á la redonda que se ha verificado un milagro. El enfermo -muere cinco ó seis dias despues, y nadie habla de ello, mas en el -momento de enterrar al difunto, se habla con asombro de su curacion en -un espacio de cuarenta leguas.--La palabra atribuida al filósofo griego -delante de los _ex-votos_ de Samotracia (Diog. Laerc., VI, II, 59) es -asimismo perfectamente apropiada. - -[146] En Jerusalem ocurre todos los años un fenómeno de este género y -de los más extraordinarios que puedan citarse. Los griegos ortodoxos -pretenden que el fuego que se enciende espontáneamente en el Santo -Sepulcro el sábado santo de su Pascua, borra los pecados de aquellos -que se lo pasan por el semblante sin quemarse. Millares de peregrinos -hacen esta prueba, pero se convencen de que aquel fuego quema (y esto -lo prueban las contorsiones y gestos que hacen, así como tambien el -olor que se percibe). Á pesar de esto, ninguno ha contradicho la -creencia de la iglesia ortodoxa, porque esto seria confesar que no se -tiene fé, que uno es indigno del milagro, y reconocer ¡oh cielos! que -los latinos son la verdadera iglesia, pues los griegos suponen que este -milagro es la mejor prueba de que su iglesia es la única buena. - -[147] Esta causa se vió ante el tribunal de Grenoble (sentencia del 2 -de Mayo de 1855 y 6 Mayo 1847) defensas de los letrados Jules Fabre y -Bethmont, etc., coleccionadas por J. Sabbatier (Grenoble, Vellot, 1857). - -[148] ¿No se trasluce nada de esto en Juan, XX, 15? - -[149] Véase más arriba, p. 64-65. - -[150] Juan lo dice expresamente en XIX, 41-42. - -[151] Juan, XX, 6-7. - -[152] Involuntariamente se piensa en María de Betania, que en efecto -no desempeña un papel marcado en la mañana del Domingo. Véase _Vida de -Jesús_, p. 341 y sig.; 359 y sig. - -[153] Celso hacia sobre este punto excelentes observaciones críticas -(en Orígenes, _Contra Celsum_, II, 55). - -[154] Marc., XVI, 9; Luc., VIII, 2. - -[155] Luc., XXIV, 47. - -[156] Sobre el apelativo de «galileos» dado á los cristianos, véase más -abajo, p. 252, nota 699. - -[157] Mateo es exclusivamente Galileo; Lucas y el segundo Márcos, XVI, -9-20 son exclusivamente Jerosolimitas. Juan reune ambas tradiciones. -Pablo (I Cor., XV, 5-8.) admite tambien visiones llegadas de puntos muy -lejanos, y es posible que la vision de los «quinientos hermanos» de -Pablo, que hemos identificado por conjetura con la de la «montaña de -Galilea,» de Mateo, sea una vision Jerosolimita. - -[158] I Cor., XV, 7. No se explica el silencio de los cuatro Evangelios -canónicos acerca de esta vision, sino suponiéndola en una época más -lejana que aquella á que se refiere su relato. El órden cronológico de -las visiones, sobre el cual insiste Pablo con tanta precision, induce á -creer lo mismo. - -[159] Evangelio de los hebreos citado por San Gerónimo, _De viris -illustribus_, 2. Compárese Luc., XXIV, 41-43. - -[160] Evangelio de los hebreos, _loc. cit._ - -[161] Juan, VII, 5. - -[162] ¿Se aludirá á este brusco cambio en Gal., II, 6? - -[163] _Act._, I, 14 no es un testimonio muy autorizado. Se reconoce en -Lucas una tendencia á engrandecer á María. Luc., cap. I y II. - -[164] Juan, XIX, 25-27. - -[165] La tradicion que habla de su permanencia en Éfeso es moderna y no -tiene valor alguno. Véase Epifanio, _Adv. hær._, hær. LXXVIII, 11. - -[166] Véase, _Vida de Jesús_, págs. 23 y sig. - -[167] Evangelio segun los hebreos, véase lugar citado en la pág. 97, -nota 159. - -[168] _Act._, VIII, 1; Galat., I, 17-19; II, 1 y sig. - -[169] Luc., XXIV, 49; _Act._, I, 4. - -[170] Es cierto que esta idea no está desarrollada sino en el cuarto -Evangelio, (cap. XIV, XV, XVI), pero se indica en Mat., III, 11; Marc., -I, 8; Luc., III, 16; XII, 11-12; XXIV, 49. - -[171] Juan, XX, 22-23. - -[172] _Ibid._, XVI, 7. - -[173] Luc., XXIV, 49; _Act._, I, 4 y sig. - -[174] _Act._, I, 5-8. - -[175] I Cor., XV, 7; Luc., XXIV, 50 y sig.; _Act._, I, 2 y sig. -Ciertamente seria muy admisible que la vision de Betania referida -por Lucas fuese semejante á la de la montaña de que nos habla Mat., -XXVIII, 16 y sig. Sin embargo, á la vision de que hablaba Mateo no -siguió la ascension. En el segundo final de Márcos, la vision de -las instrucciones finales, seguida de la ascension, tuvo lugar en -Jerusalem. Finalmente, Pablo presenta la vision de todos los apóstoles -como distinta de la de los quinientos hermanos. - -[176] Otras tradiciones aseguran que Jesús confirió este poder en -visiones anteriores (Juan, XX, 23) - -[177] Luc., XXIV, 23; _Act._, XXV, 19. - -[178] _Act._, I, 11. - -[179] I Cor., XV, 8. - -[180] Mat., XXVIII, 20. - -[181] Juan, III, 13; VI, 62; XVI, 7; XX, 17; Efes., IV, 10; I Petri, -III, 22. Ni Mateo ni Juan dan el relato de la ascension. Pablo (I Cor., -XV, 7-8), ni siquiera incluye semejante idea. - -[182] Marc., XVI, 19; Luc., XXIV, 50-52; _Act._, 2-12; Justino, _Apol. -I_, 50; _Ascension de Isaías_, version etíope, XI, 22; version latina -(Venecia, 1522), _sub fin._ - -[183] Compárese el relato de la transfiguracion. - -[184] Jos., _Antiq._, IV, VIII, 48. - -[185] II Reg., II, 11 y sig. - -[186] Luc., último capítulo del Evangelio y primero de las _Actas_. - -[187] Luc., XXIV, 52. - -[188] Mateo, XVIII, 20. - -[189] _Act._, I, 15. La mayor parte de los «quinientos hermanos» se -habian quedado en Galilea; por consiguiente, lo que dice _Act._, II, 41 -es una exageracion ó por lo menos una anticipacion. - -[190] Luc., XXIV, 53; _Act._, II, 46. Comp. Luc., II, 37; Hegesipo, en -Eusebio, _Historia eclesiástica_, II, 23. - -[191] Deuter., X, 18; I Tim., VI, 8. - -[192] Léase la _Guerra de los judíos_ de Josefo. - -[193] Juan, XX, 22. - -[194] I Reg., XIX, 11-12. - -[195] Esta obra parece haber sido escrita á principios del siglo II de -nuestra era. - -[196] _Ascension de Isaías_, VI, 6 y sig. (Version etíope). - -[197] Mat., III, 11; Marc., I, 8; Luc., III, 16; _Act._, I, 5; XI, 16; -XIX, 4; I Juan, V, 6 y sig. - -[198] Compárese á Misson, en su _Le Théâtre sacré des Cévennes_ -(Lóndres, 1707), pág. 103. - -[199] _Revue des Deux Mondes_, setiembre de 1853, pág. 966 y sig. - -[200] Jules Remy, _Voyage au pays des Mormons_, (París, 1860), libros -II y III; por ejemplo, tomo I, pág. 259-260; tomo II, 470 y sig. - -[201] Astié, _Le Réveil religieux des États-Unis_ (Lausanne, 1859). - -[202] _Act._, II, 1-3; Justino, _Apol. I_, 50. - -[203] La expresion _lengua de fuego_, significa simplemente, en hebreo, -una llama (Isaías V, 24). Comp. Virgilio, _Æn._, II, 682-84. - -[204] Jámblico (_De myst._, sect. III, cap. 6) expone toda la teoría de -esas bajadas luminosas del Espíritu. - -[205] Compárese Talmud de Babilonia, _Chagiga_, 14 _b_; Midrachim, -_Schir hasschirin rabba_, fol. 10 _b_; _Ruth rabba_, fol. 42 _a_; -_Koheleth rabba_, 87, _a_. - -[206] Mat., III, 11; Luc., III, 16. - -[207] Éxodo, IV, 10; comp. Jeremías, I, 6. - -[208] Isaías, VI, 5 y sig; comp. Jeremías, I, 9. - -[209] Luc., XI, 12; Juan, XIV, 26. - -[210] _Act._, II, 5 y sig. Este es el sentido más probable, aunque -tambien puede significar que cada predicador hablaba uno de los -diferentes idiomas. - -[211] _Act._, II, 4. Comp. I Cor., XII, 10, 28; XIV, 21-22. Para -imaginaciones análogas véase Calmeil, _De la folie_, I, p. 9, 262; II, -p. 357 y sig. - -[212] Talmud de Jerusalem, _Sota_, 21 _b_. - -[213] _Testamento de los doce patriarcas._, Judá, 25. - -[214] _Act._, II, 4; X, 44 y sig. XI, 15; XIX, 6; I Cor., XII-XIV. - -[215] Marc., XVI, 17. Debe recordarse que en el antiguo hebreo, como -en todas las lenguas antiguas, (véase mi _Orig. du langage_, pág. 177 -y sig.) las palabras «extranjero», «lengua extranjera», se derivaban -de palabras que significaban «tartamudear», «balbucear», porque -los pueblos sencillos tomaban siempre un idioma desconocido por un -tartamudeo indistinto. Véase Isaías, XXVIII, 11; XXXIII, 19; I Cor., -XIV, 21. - -[216] I Cor., XIII, 1. (Véase la nota anterior). - -[217] I Cor., XII, 28, 30; XIV, 2 y sig. - -[218] I Sam., XIX, 23 y sig. - -[219] Plutarco, _De Pythiæ oraculis_, 24. Véase tambien la prediccion -de Casandra en el _Agamemnon_ de Esquilo. - -[220] I Cor., XII, 3; XVI, 22; Rom., VIII, 15. - -[221] Rom., VIII, 23, 26, 27. - -[222] I Cor., XIII, 1; XIV, 7 y sig. - -[223] Rom., VIII, 26-27. - -[224] I Cor., XIV, 13, 14, 27 y sig. - -[225] Jurieu, _Lettres pastorales_; tercer año, carta 3.ª; Misson, _Le -Théâtre sacré des Cévennes_, p. 10, 14, 15, 18, 19, 22, 31, 32, 36, 37, -65, 66, 68, 70, 94, 104, 109, 126, 140; Brueys, _Histoire du fanatisme_ -(Montpellier, 1709), I, páginas 145 y sig.; Fléchier, _Lettres -choisies_ (Lyon 1734), I, pág. 353 y sig. - -[226] Karl Hase, _Hist. de l’Église_, párrafo 439 y 458, 5; el -periódico protestante _L’Espérance_, 1.º de abril de 1847. - -[227] M. Hohl, _Bruchstücke aus dem Leben und den Schriften Ed. -Irving’s_ (Saint-Gall, 1839), p. 145, 149 y sig.; Karl Hase, _Hist. -de l’Église_, párrafo 458, 4.--Respecto á los Mormones, véase Remy, -_Voyage_, I, pág. 176-177, nota; 259-260; II, pág. 55 y sig.--En cuanto -á los convulsionarios de Saint-Médard, véase sobre todo Carré de -Montgeron, _La Vérité des miracles_, etc. (París 1737-1741), II, p. 18, -19, 49, 54, 55, 63, 64, 80, etc. - -[228] _Act._, II, 13, 15. - -[229] Marc., III, 21 y sig; Juan, X, 20 y sig; XII, 27 y sig. - -[230] _Act._, XIX, 6; I Cor., XIV, 3 y sig. - -[231] _Act._, X, 46; I Cor., XIV, 15, 16, 26. - -[232] Col., III, 16; Efes., V, 19 (Ψαλμοί, ὕμνοί, ᾠδαὶ πνευματικαί). -Véase los primeros capítulos del Evangelio de Lucas. Compárese, en -particular, Luc., I, 46 á _Act._, X, 46. - -[233] I Cor., XIV, 15; Col., III, 16; Efes., V, 19. - -[234] Jeremías, I, 6. - -[235] Marc., XVI, 17. - -[236] I Cor., XIV, 22. Πνεῦμα, en las epístolas de San Pablo, está -usado muy á menudo como δύναμις. Los fenómenos espiritistas se -consideran como δυνάμεις, es decir, milagros. - -[237] Ireneo, _Adv. hær._, V, VI, 1; Tertuliano, _Adv. Marcion._, V, 8; -_Constit. Apost._, VIII, 1. - -[238] Luc., II, 37; II Cor., VI, 5; XI, 27. - -[239] II Cor., VII, 10. - -[240] _Act._, VIII, 26 y sig.; X entero; XVI, 6, 7, 9 y sig. Compárese -Luc., II, 27, etc. - -[241] _Act._, XX, 19, 31; Rom., VIII, 23, 26. - -[242] _Act._, II, 42-47; IV, 32-37; V, 1-11; VI, 1 y sig. - -[243] _Ibid._, II, 44, 46, 47. - -[244] _Ibid._, II, 46; XX, 7, 11. - -[245] No ha habido literatura alguna que haya referido con tanta -frecuencia la palabra «_alegría_» como la del Nuevo Testamento. Véase -I Tes., I, 6; V, 16; Rom., XIV, 17; XV, 13; Galat., V, 22; Philip., I, -25; III, 1; IV, 4; I Juan, I, 4, etc. - -[246] _Act._, XII, 12. - -[247] Véase _Vida de Jesús_, p. XXXIX y sig. - -[248] _Ebionim_ significa «pobres.» Véase _Vida de Jesús_, p. 182-183. - -[249] Recuérdese el año 1000. Todos los documentos encabezados con la -fórmula: _adventante mundi vespera_, ú otras parecidas, son donaciones -hechas á monasterios. - -[250] Hodgson, en el _Journal Asiat. Soc. of Bengal_, t. V, p. 33 y -sig. Eugène Burnouf, _Introd. à l’histoire du buddhisme indien_, I, p. -278 y sig. - -[251] Luciano, _Muerte de Peregrino_, 13. - -[252] Papiros de Turin, de Lóndres, de París, coleccionados por Brunet -de Presle, _Mém. sur le Sérapéum de Memphis_ (París, 1852); Egger, -_Mém. d’hist. anc. et de philologie_, p. 151 y sig. y en las _Notices -et extraits_, t. XVIII, 2.ª parte, p. 264-359. Obsérvese que la vida -eremítica cristiana tuvo su orígen en Egipto. - -[253] _Act._, XI, 29-30; XXIV, 17; Galat., II, 10; Rom., XV, 26 y sig. -I Cor., XVI, 1-4; II Cor., VIII y IX. - -[254] _Act._, V, 1-11. - -[255] _Ibid._, II, 46; V, 12. - -[256] _Ibid._, III, 1. - -[257] Jacobo, por ejemplo, fué toda su vida judío puro. - -[258] _Act._, II, 47, IV, 33, V, 13, 26. - -[259] _Ibid._, II, 46. - -[260] I Cor., X, 16; Justino, _Apol. I_, 65-67. - -[261] Συνδεῖπνα. Jos., _Antiq._, XIV, X, 8, 12. - -[262] Luc., XXII, 19; I Cor., XI, 24 y sig.; Justino, _loc. cit_. - -[263] En el año 57 la eucaristía era ya una institucion llena de abusos -(I Cor., XI, 17 y sig.) y por lo tanto antigua. - -[264] _Act._, XX, 7; Plinio, _Epist._ X, 97; Justino, _Apol. I_, 67. - -[265] _Act._, XX, 7, 11. - -[266] Plinio, _Epist._ X, 97. - -[267] Juan, XX, 26, no basta para probar lo contrario: los ebionitas -hacian siempre fiesta el sábado. San Gerónimo, _In Matth._, XII, inicio. - -[268] _Act._, I, 15-26. - -[269] Véase _Vida de Jesús_, p. 437 y sig. - -[270] Compárese Eusebio, _H. E._, III, 39 (segun Papias.) - -[271] Justino, _Apol I_, 39, 50. - -[272] Pseudo-Abdias, etc. - -[273] Compárese I Cor., XV, 10 y Rom., XV, 19. - -[274] Gal., I, 17-19. - -[275] _Act._, VI, 4. - -[276] Comp. Mat., X, 2-4; Marc., III, 16-19; Luc., VI, 14-16; _Act._, -I, 13. - -[277] _Act._, I, 14; Gal., I, 19; I Cor., IX, 5. - -[278] Gal., II, 9. - -[279] Véase _Vida de Jesús_, pág. 307. - -[280] Véase _Vida de Jesús_, pág. 150. Cf. Papias, en Eusebio, _H. E._, -III, 39; Polícrates, _ibid._, V, 24; Clemente de Alej., _Strom._, III, -6; VII, 11. - -[281] Por ejemplo, ἐπίσκοπος, quizá κλῆρος. Véase Wescher, en la _Revue -archéol._, abril 1866, y más abajo p. 352-353. - -[282] _Act._, I, 26. Véase más abajo, p. 353. - -[283] _Act._, XIII, 1 y sig.; Clem. de Alej., en Eusebio, _H. E._, III, -23. - -[284] _Act._, V, 1-11. - -[285] I Cor., V, 1 y sig. - -[286] I Tim., I, 20. - -[287] Gen., XVII, 14 y otros pasajes numerosos del código mosaico; -Mischna, _Kerithouth_, I, 1; Talmud de Bab., _Moëd katon_, 28 _a_. -Comp. Tertuliano, _De anima_, 57. - -[288] Véase, en los diccionarios hebreos y _rabínicos_, la voz כרת. -Compárese la palabra _exterminare_. - -[289] Mischna, _Sanhedrin_, IX, 6; Juan, XVI, 2; Jos., _B. J._; VII, -VIII, 1; III Macab. (apocr.), VII, 8, 12-13. - -[290] Luc., VI, 15; _Act._, I, 13. Comp. Mat., X, 4; Marc., III, 18. - -[291] _Act._, V, 1-11. Comp. _Act._, XIII, 9-11. - -[292] _Act._, I, 15; II, 14, 37; V, 3, 29; Gal., I, 18; II, 8. - -[293] _Act._, III, 1 y sig.; VIII, 14; Gal., II, 9. Comp. Juan, XX, 2 y -sig.; XXI, 20 y sig. - -[294] Segun Mat., XXVIII, 1 y sig., los guardias fueron testigos de -la bajada del ángel que levantó la piedra. Este relato, bastante -confuso, quiere dar á entender tambien que las mujeres presenciaron -el hecho; pero no se indica terminantemente. En todo caso, lo que los -guardias y las mujeres verian, segun el mismo relato, no seria á Jesús -resucitando, sino al ángel. La redaccion de tal escrito, aislada é -inconsistente, es á no dudarlo la más moderna de todas. - -[295] Luc., XXIV, 48; _Act._, I, 22; II, 32; III, 15; IV, 33; V, 32; X, -41; XIII, 30-31. - -[296] Véase más arriba, pág. 59, nota 62. - -[297] Véase _Vida de Jesús_, p. 275 y sig. - -[298] I Cor., XVI, 22. Estas dos palabras son siro-caldaicas. - -[299] Mat., X, 23. - -[300] _Act._, II, 33 y sig.; X, 42. - -[301] Luc., XXIV, 19. - -[302] _Act._, II, 22. - -[303] Las enfermedades se consideraban en general como obras del -demonio. - -[304] _Act._, X, 38. - -[305] _Ibid._, II, 36; VIII, 37; IX, 22; XVII, 3, etc. - -[306] _Ibid._, II, 14 y sig.; III, 12 y sig.; IV, 8 y sig., 25 y sig.; -VII, 2 y sig.; X, 43, y la epístola atribuida á San Bernabé, entera. - -[307] Jac., I, 26-27. - -[308] Más tarde la llamaron λειτουργεῖν. _Act._, XIII, 2. - -[309] Hebr., V, 6; VI, 20; VIII, 4; X, 11. - -[310] Apoc., I, 6; V, 10; XX, 6. - -[311] _Act._, XIII, 2; Luc., II, 37. - -[312] Rom., VI, 4 y sig. - -[313] _Act._, VIII, 12, 16; X, 48. - -[314] _Act._, VIII, 16; X, 47. - -[315] Mat., IX, 18; XIX, 13, 15; Marc., V, 23; VI, 5; VII, 32; VIII, -23, 25; X, 16; Luc., IV, 40; XIII, 13. - -[316] _Act._, VI, 6; VIII, 17, 19; IX, 12, 17; XIII, 3; XIV, 6; XXVIII, -8; I Tim., IV, 14; V, 22; II Tim., I, 6; Hebr., VI, 2; Jac., V, 13. - -[317] Mat., III, 11; Marc., I, 8; Luc., III, 16; Juan, I, 26; _Act._, -I, 5; XI, 16; XIX, 4. - -[318] Mat., XXVIII, 19. - -[319] Véase el _Cholasté_ (Manuscritos Sabianos de la Biblioteca -imperial, núms. 8, 10, 11, 13). - -[320] _Vendidad-Sadé_, VIII, 296 y sig.; IX, 1-145; XVI, 18-19; -Spiegel, _Avesta_, II, p., LXXXIII y sig. - -[321] I Cor., XII, 9, 28, 30. - -[322] Mat., IX, 2; Marc., II, 5; Juan, V, 14, IX, 2; Jac., V, 15; -Mischna, _Schabbath_, II, 6; Talm. de Bab., _Nedarim_, fol. 41 _a_. - -[323] Mat., IX, 33; XII, 22; Marc., IX, 16-24; Luc., XI, 14; _Act._, -XIX, 12. Tertuliano, _Apol._, 22; _Adv. Marc._, IV, 8. - -[324] _Act._, V, 16; XIX, 12-16. - -[325] Jac., V, 14-15; Marc., VI, 13. - -[326] Luc., X, 34. - -[327] Marc., XVI, 18; _Act._, XXVIII, 8. - -[328] I Tes., IV, 13 y sig.; I Cor., XV, 12 y sig. - -[329] Fil., I, 23, parece ofrecer un ligero matiz algo distinto. Esto -no obstante, compárese I Tes., IV, 14-17. Véase sobre todo Apoc., XX, -4-6. - -[330] Pablo, obras ya citadas y Fil., III, 11; Apoc., XX entero; -Papias en Eusebio, _H. E._, III, 39. Véase despuntar algunas veces la -creencia contraria, sobre todo en Lucas (Evang., XVI, 22 y sig.; XXIII -43, 46). Empero es de poco peso su autoridad, tratándose de un punto -de filosofía judía. Véase lo que precede, Introd., pág. XIX-XX. Los -esenios habian adoptado ya el dogma griego de la inmortalidad del alma. - -[331] Compárese _Act_., XXIV, 15 á I Tes., IV, 13 y sig.; Fil., III, -11. Cf. Apoc., XX, 5. Véase Leblant, _Inscr. chrét. de la Gaule_, II, -pág. 81 y sig. - -[332] _Act._, XI, 27 y sig.; XIII, 1; XV, 32; XXI, 9, 10 y sig.; I -Cor., XII, 28 y sig.; XIV, 29-37. Efes., III, 5; IV, 11; Apoc., I, 3; -XVI, 6; XVIII, 20, 24; XXII, 9. - -[333] Luc., I, 46 y sig.; 68 y sig.; II, 29 y sig. - -[334] _Act._, XVI, 25; I Cor., XIV, 15; Col., III, 16; Efes., V, 19; -Jac., V, 13. - -[335] La identidad de este canto entre comunidades religiosas separadas -desde los primeros siglos, acredita que es muy antiguo. - -[336] Num., V, 22; Deuter., XXVII, 15 y sig.; Salmo CVI, 48; I Paral., -XVI, 36; Nehem., V, 13; VIII, 6. - -[337] I Cor., XIV, 16; Justino, _Apol. I_, 65, 67. - -[338] I Cor., XIV, 7, 8, no lo demuestra. El uso del verbo ψάλλω no -lo prueba tampoco. Este verbo implicaba originariamente el uso de un -instrumento de cuerdas, pero con el tiempo vino á ser sinónimo de -«cantar salmos.» - -[339] Col., III, 16; Efes., V, 19. - -[340] Véase Du Cange, en la voz _Lollardi_ (edic. Didot). Compárense -las cantinelas de Cevenols. _Avertissemens prophétiques d’Elie Marion_ -(Lóndres 1707), págs. 10, 12, 14, etc. - -[341] Jac., V, 13. - -[342] Mat., XVI, 28; XXIV, 34; Marc., VIII, 39; XIII, 30; Luc., IX, 27; -XXI, 32. - -[343] _Act._, primeros capítulos. - -[344] _Act._, V, 42. - -[345] Véase, por ejemplo, _Act._, II, 34 y sig., y en general todos los -discursos de los primeros capítulos. - -[346] I Cor., I, 22; II, 4-5; II Cor., XII, 12; I Tes., I, 5; II Tes., -II, 9; Gal., III, 5; Rom., XV, 18-19. - -[347] Rom., XV, 19; II Cor., XII, 12; I Thess, I, 5. - -[348] _Act._, V, 12-16. Las _Act._ abundan en milagros. El de Eutico -(_Act._, XX, 7-12) lo cuenta con toda seguridad un testigo ocular. Lo -mismo sucede en cuanto á _Act._, XXVIII. Comp. Papias, en Eusebio, _H. -E._, III, 39. - -[349] Los exorcismos judíos y cristianos fueron considerados como los -más eficaces, aun por los mismos paganos. Damascio, _Vida de Isidoro_, -56. - -[350] _Act._, V, 15. - -[351] I Cor., XII, 9 y sig., 28 y sig.; _Constit. apost._, VIII, I. - -[352] Ireneo, _Adv. hær._, II, XXXII, 4; V, VI, 1; Tertuliano, _Apol._, -23, 43; _Ad Scapulam_, 2; _De corona_, 11; _De spectaculis_, 24; _De -anima_, 57; _Constit. apost._, capítulo citado, el cual parece sacado -de la obra de san Hipólito sobre los _Charismata_. - -[353] En cuanto á los Mormones, los milagros son cosa cotidiana; cada -cual tiene los suyos. Jules Remy, _Voy. au pays des Mormons_, I, p. -140, 192, 259-260; II, 53 y sig. - -[354] _Act._, IV, 36-37. Cf. _ibid._, XV, 32. - -[355] _Ibid._, XIII, 1. - -[356] _Ibid._, XXI, 16. - -[357] Jos., _Ant._, XIII, X, 4; XVII, XII, 1, 2; Philon, _Leg. ad -Caium_, párrafo 36. - -[358] Esto resulta en cuanto á Bernabé de su nombre _Hallévi_ y de -Col., IV, 10-11. _Mnason_ parece ser la traduccion de algun nombre -hebreo en el que entraba la raíz _zacar_, como Zacarías. - -[359] Col., IV, 10-11. - -[360] _Act._, XII, 12. - -[361] I Petri, V, 13; _Act._, XII, 12; Papias, en Eusebio, _H. E._, -III, 39. - -[362] _Act._, XII, 12-14. Todo este capítulo en que se cuentan tan -íntimamente cuanto guarda relacion con Pedro, parece haber sido -redactado por Juan Márcos ó segun sus informes. - -[363] No siendo comun el nombre de _Marcus_ entre los judíos de aquel -tiempo, no parece que deban referirse á individuos distintos los -pasajes en que se trata de un personaje de este nombre. - -[364] Compárese _Act._, VIII, 2 con _Act._, II, 5. - -[365] _Act._, VI, 5. - -[366] _Ibid._ - -[367] Compárese _Act._, XXI, 8-9 con Papias, en Eusebio, _Hist. eccl._ -III, 39. - -[368] Rom., XVI, 7. Es dudoso si Ἰουνίαν proviene de Ἰουνία ó de -Ἰουνίας = _Junianus_. - -[369] Pablo los llama sus συγγενεῖς; pero seria difícil decir si esto -significa que eran judíos, ó de la tribu de Benjamin, ó de Tarso, ó -realmente parientes de Pablo. La primera interpretacion parece con -mucho la más probable. Comp. Rom., IX, 3; XI, 14. En todo caso esta -palabra implica que eran judíos. - -[370] _Act._, VI, 1, 5; II Cor., XI, 22; Fil., III, 5. - -[371] _Act._, II, 9-11; VI, 9. - -[372] El Talmud de Jerusalem, _Megilla_, fol. 73 _d_, hace subir el -número á cuatrocientos ochenta. Comp. Midrasch _Eka_, 52 _b_, 70 _d_. -Esta cifra no debe extrañar á los que han visto esas pequeñas mezquitas -de familia que se encuentran á cada paso en las ciudades musulmanas; -pero los datos talmúdicos sobre Jerusalem no merecen mucho crédito. - -[373] _Act._, VI, 1. - -[374] La epístola de Jacobo está escrita en griego bastante puro; -aunque es cierto que la autenticidad de esta epístola no es segura. - -[375] Los sabios escribian en hebreo antiguo, un poco modificado: -trozos como se encuentran en el Talmud de Babilonia _Kidduschin_ fol. -66 _a_, acaso se hayan escrito hácia aquella época. - -[376] Jos., _Ant._, último párrafo. - -[377] Esto es lo que prueban las transcripciones del griego en siriaco; -yo lo he desarrollado en mis _Éclaircissements tirés des langues -sémitiques sur quelques points de la prononciation grecque_. (París, -1849.) La lengua de las inscripciones griegas de Siria es muy mala. - -[378] Jos., _Ant._, loc. cit. - -[379] _Sat._, I, V, 105. - -[380] Véanse los textos reunidos traducidos por Eugenio Burnouf. -_Introd. à l’hist. du buddhisme indien_, I, p. 137 y sig. y sobre todo -p. 198-199. - -[381] Véase _Vida de Jesús_, p. 181 y 211. - -[382] _Act._, II, 45; IV, 34, 37; V, 1. - -[383] _Act._, V, 1 y sig. - -[384] _Ibid._, II, 45; IV, 35. - -[385] _Act._, VI, 1 y sig. - -[386] Véase más arriba, p. 148. - -[387] _Act._, XXI, 8. - -[388] Fil., I, 1; I Tim., III, 8 y sig. - -[389] Rom., XVI, 1, 12; I Tim. III, 11; V, 9 y sig.; Plinio, _Epist._, -X, 97. Las epístolas á Timoteo no son probablemente de San Pablo; pero -tienen mucha antigüedad. - -[390] Rom., XVI, 1; I Cor, IX, 5; Filem., 2. - -[391] I Tim., V, 9 y sig. - -[392] _Constit. apost._, VI, 17. - -[393] Sap., II, 10; Eccli., XXXVII, 17; Mat., XXIII, 14; Marc., XII, -40; Luc., XX, 47; Jac., I, 27. - -[394] Mischna, _Sota_, III, 4. - -[395] Talm. de Bab., _Sota_, 22 _a_; comp. I Tim., V, 13; Buxtorf, _Lex -chald. talm. rabb._, en las voces צלינית y שובבית. - -[396] _Act._, VI, 1. - -[397] _Ibid._, XII, 12. - -[398] I Tim., V, 9 y sig. Comp. _Act._, IX, 39, 41. - -[399] I Tim., V, 3 y sig. - -[400] _Eclesiastés_, VII, 27; _Eclesiástico_, VII, 26 y sig.; IX, 1 y -sig.; XXV, 22 y sig.; XXVI, 1 y sig.; XLII, 9 y sig. - -[401] Véase el manuscrito griego n.º 64 de la Biblioteca imperial -(fondo antiguo), fol. 11, donde se habla de los trajes de las viudas -en la Iglesia oriental. El traje de las calogrías es hoy dia poco más -ó menos el mismo; el tipo de la religiosa oriental es el de la viuda, -mientras que el de la monja latina es el de la vírgen. - -[402] Comp. el _Pastor de Hermas_, vis. II, ch. 4. - -[403] Καλογρία, nombre de las religiosas en la Iglesia oriental. Καλός -reune aquí los dos sentidos de «bello» y «bueno». - -[404] Véase más arriba, p. 161, nota 395. - -[405] I Cor., XII entero. - -[406] Las congregaciones pietistas de América, que son, en el -protestantismo, el equivalente á los conventos católicos, recuerdan -tambien por muchos rasgos las iglesias primitivas. Véase L. Bridel, -_Récits américains_ (Lausanne, 1861.) - -[407] Prov., III, 27 y sig.; X, 2; XI, 4; XXII, 9; XXVIII, 27; Eccli., -III, 23 y sig.; VII, 36; XII, 1 y sig.; XVIII, 14; XX, 13 y sig.; XXXI, -11; Tobías, II, 15, 22; IV, 11; XII, 9; XIV, 11; Daniel, IV, 24; Talm. -de Jerus., _Peah_, 15 _b_. - -[408] Mat., VI, 2; Mischna, _Schekalim_, V, 6; Talm. de Jerus., -_Demai_, fol. 23 _b_. - -[409] _Act._, X, 2, 4, 31. - -[410] Salmo CXXXIII. - -[411] _Act._, II, 44-47; IV, 32-35. - -[412] _Ibid._, II, 41. - -[413] Véase, más arriba, p. 148, 158-159. - -[414] _Act._, VI, 5; XI, 20. - -[415] _Act._, IV, 6. Véase _Vida de Jesús_, p. 364 y sig. - -[416] _Act._, IV, 1-31; V, 17-41. - -[417] Véase _Vida de Jesús_, p. 137. - -[418] _Act._, V, 41. - -[419] _Ibid._, IV, 5-6; V, 17; Comp. Jac., II, 6. - -[420] Γένος ἀρχιερατικόν, en las _Actas_, l. c.; ἀρχιερεῖς, en Josefo, -_Ant._, XX, VIII, 8. - -[421] _Act._, XV, 5; XXI, 20. - -[422] Añadamos que la antipatía de Jesús y de los fariseos parece haber -sido exagerada por los evangelistas sinópticos, tal vez á causa de los -acontecimientos que causaron la huida de los cristianos al otro lado -del Jordan. No puede negarse que Jacobo, hermano del Señor, no fuera -casi un fariseo. - -[423] _Act._, V, 34 y sig. Véase _Vida de Jesús_, p. 220-221. - -[424] _Act._, VI, 8-VII, 59. - -[425] Probablemente los descendientes de los judíos que habian sido -llevados á Roma como esclavos, y fueron libertados más tarde. Philon, -_Leg. ad Caium_, § 23; Tácito. _Ann._, II, 85. - -[426] Véase _Vida de Jesús_, pág. 354, 396, 424. - -[427] Mat., XV, 2 y sig.; Marc., VII, 3; Gal. I, 14. - -[428] Compárese Gal., III, 19; Hebr., II, 2; Jos., _Ant._, XV, V, 3. -Se figuraban que Dios mismo no se habia manifestado en las teofanías -de la antigua ley, pero que habia colocado en su lugar una especie de -intermediario el _maleak Jehovah_. Véase en los diccionarios hebreos la -voz מלאך. - -[429] Deuter., XVII, 7. - -[430] _Act._, VII, 59; XXII, 20; XXVI, 10. - -[431] Juan, XVIII, 31. - -[432] Jos., _Ant._, XVIII, IV, 2. - -[433] Jos., _Ant._, XV, XI, 4; XVIII, IV, 2. Comp. XX, I, 1, 2. - -[434] Todo el proceso de Jesús lo demuestra. Compárese _Act._, XXIV, -27; XXV, 9. - -[435] Suetonio, _Caius_, 16; Dion Casio, LIX, 8, 12; Jos., _Ant._, -XVIII, V, 3; VI, 10; II Cor., XI, 32. - -[436] Ventidius Cumanus experimentó aventuras semejantes. Es verdad -que Josefo exagera las desgracias de cuantos fueron adversarios de su -nacion. - -[437] Madden, _History of Jewish Coinage_, pág. 134 y sig. - -[438] Jos., _Ant._, XVIII, IV, 3. - -[439] _Ibid._, XVIII, V, 3. - -[440] _Act._, VIII, 2. Las palabras ἀνὴρ εὐλαβὴς designan un prosélito, -no un judío puro. Cf. _Act._, II, 5. - -[441] _Act._, VIII, 1 y sig.; XI, 19. _Act._, XXVI, 10, hace creer que -hubo otras muertes además de la de Estéban. Pero no es necesario abusar -de las palabras en las redacciones de un estilo tan variado. Comp. -_Act._, IX, 1-2 á XXII, 5 y XXVI, 12. - -[442] Compárese _Act._, I, 4; VIII, 1, 14; Gal., I, 17 y sig. - -[443] _Act._, IX, 26-30 prueba que, en el pensamiento del autor, las -expresiones de VIII, 1 no tienen un sentido tan absoluto como podria -creerse. - -[444] Lo que sucedió á los esenios. - -[445] Lo que sucedió á los franciscanos. - -[446] I Tes., II, 14. - -[447] _Act._, VIII, 3; IX, 13, 14, 21, 26; XXII, 4, 19; XXVI, 9 y sig.; -Gal., I, 13, 23; I Cor., XV, 9; Fil., III, 6; I Tim., I, 13. - -[448] Gal., I, 14; _Act._, XXVI, 5; Fil., III, 5. - -[449] _Act._, IX, 13, 21, 26. - -[450] _Act._, VIII, 1, 4; XI, 19. - -[451] _Act._, VIII, 5 y sig. Que no era el apóstol resulta de los -pasajes _Act._, VIII, 1, 5, 12, 14, 40; XXI, 8 comparados entre ellos. -Es verdad que el versículo _Act._, XXI, 9 comparado con lo que dicen -Papias (en Eusebio, _H. E._, III, 39), Polícrates (_ibid._, V, 24), -Clemente de Alejandría (_Strom._, III, 6) hacen identificar al apóstol -Felipe de que hablan estos tres escritores eclesiásticos, con el Felipe -que desempeña un papel importante en las _Actas_, pero es más natural -admitir que el versículo en cuestion contiene un error y ha sido -interpolado que contradecir la tradicion de las iglesias de Asia y aun -de Hierápolis, donde se retiró Felipe. Los datos particulares que posee -el autor del cuarto Evangelio (escrito, segun parece, en el Asia menor) -acerca del apóstol Felipe se encuentran así explicados. - -[452] Véase _Vida de Jesús_, c. XIV. La tendencia especial del autor de -las _Actas_ tambien se encuentra aquí. Véase Introd., p. XX, XXXVIII y, -más abajo, p. 191, 228. - -[453] _Act._, VIII, 5-40. - -[454] Jos., _Ant._, XVIII, IV, 1, 2. - -[455] Hoy dia _Jit_ sobre el camino de Nablus á Jaffa, á una hora y -media de Nablus y de Sebastia. Véase Robinson, _Biblical researches_, -II, p. 308, nota; III, 134 (segunda ed.) y su mapa. - -[456] Las noticias que relativas á este personaje nos dan los -escritores Cristianos, son tan fabulosas, que naturalmente se han -suscitado dudas sobre la realidad de su existencia; dudas tanto más de -tener en cuenta, cuanto que en la literatura pseudo-clementina, Simon -el Mágico, es con frecuencia un sinónimo de San Pablo. Nosotros no -podemos admitir, sin embargo, que la leyenda de Simon se apoye bajo -esta única base. ¿Cómo es posible que el autor de las _Actas_, tan -favorable á San Pablo, hubiese aceptado un dato cuyo sentido hostil no -podia ocultársele? La continuacion cronológica de la escuela Simoniana, -los escritos que de ella nos quedan, los caractéres precisos de -topografía y cronología que nos da San Justino, compatriota de nuestro -taumaturgo, no se explican, por lo demás, ni aun en la hipótesis de que -la persona de Simon fuera imaginaria. (Véase sobre todo Justino, _Apol. -II_, 15, y _Dial. cum. Tryph._, 120.) - -[457] _Act._, VIII, 5 y sig. - -[458] _Ibid._, VIII, 9 y sig. - -[459] Justino, _Apol. I_, 26, 56. - -[460] Homil. pseudo-clem., XVII, 15, 17; Quadratus, en Eusebio, _H. -E._, IV, 3. - -[461] _Act._, VIII, 25. - -[462] _Ibid._, VIII, 26-40. - -[463] I Macab., X, 86, 89; XI, 60 y sig. Jos., _Ant._, XIII, XIII, 3; -XV, VII, 3; XVIII, XI, 5; _B. J._, I, IV, 2. - -[464] Robinson, _Bibl. researches_, II, p. 41 y 514-515 (2.ª ed.) - -[465] Talm. de Bab., _Erubin_, 53 _b_ y 54 _a_; _Sota_ 46 _b_. - -[466] Isaías, LIII, 7. - -[467] Hoy Merawi, cerca de Gebel-Barkal (Lepsius, _Denkmæler_, I, pl. 1 -y 2 _bis_.) Estrabon, XVII, I, 54. - -[468] Estrabon, XVII, I, 54; Plinio, VI, XXXV, 8; _Dion Casio_, LIV, 5; -Eusebio, _H. E._, II, 1. - -[469] Los descendientes de estos judíos existen todavía bajo el nombre -de _Falasyán_. Los misioneros que les convirtieron vinieron de Egipto. -La version de la Biblia ha sido hecha sobre la version griega. Los -_Falasyán_ no son israelitas de sangre. - -[470] Juan, XII, 20; _Act._, X, 2. - -[471] Véase Deuter., XXIII, 1. Es verdad que εὐνοῦχος puede tomarse -como calificativo designando un ayuda de cámara ó funcionario de la -corte oriental; pero δυνάστης basta á dar esta idea; εὐνοῦχος debe ser -tomado aquí en sentido propio. - -[472] _Act._, VIII, 26, 29. - -[473] Deducir de ahí que toda esta historia ha sido inventada por el -autor de las _Actas_ nos parece temerario. El autor de las _Actas_ -insiste sobre los hechos que apoyan sus teorías; pero no creemos -introduzca en sus reseñas hechos puramente simbólicos ó imaginarios á -su placer. Véase la Introd., p. XXXVI-XXXVII. - -[474] Para el estado análogo de los primeros Mormones, véase Jules -Remy, _Voyage au pays des Mormons_ (París, 1860), I, p. 195 y sig. - -[475] _Act._, VIII, 39-40. Comp. Luc., IV, 14. - -[476] _Act._, IX, 32, 38. - -[477] _Ibid._, VIII, 40; XI, 11. - -[478] _Act._, XXI, 8. - -[479] Jos., _B. J._, III, IX, 1. - -[480] _Act._, XXIII, 33 y sig.; XXV, 1, 5; Tácito, _Hist._, II, 79. - -[481] Jos., _B. J._, III, IX, 1. - -[482] Jos., _Ant._, XX, VIII, 7; _B. J._, II, XIII, 5,--XIV, 5; XVIII, -1. - -[483] Talm. de Jerusalem, _Sota_, 21, _b_. - -[484] Jos., _Ant._, XIX, VII, 3-4; VIII, 2. - -[485] _Act._, XI, 19. - -[486] _Ibid._, IX, 2, 10, 19. - -[487] Esta fecha resulta de la comparacion de los capítulos IX, XI, XII -de las _Actas_ con Gal., I, 18; II, 1, y del sincronismo que presenta -el capítulo XII de las _Actas_ con la historia profana, sincronismo -que fija al año 44 la fecha de los hechos explicados en este capítulo. - -[488] _Act._, IX, 11; XXI, 39; XXII, 3. - -[489] En la epístola á Filemon, escrita hácia el año 61, él se califica -de _anciano_ (v. 9). En _Act._, VII, 57 es calificado de jóven por un -hecho relativo al año 37, poco más ó menos. - -[490] De la misma manera que los _Jesús_ se hacian llamar _Jason_; los -_José_, _Hegesipo_; los _Eliacim_, _Alcimo_, etc. San Gerónimo (_De -viris ill._, 5) supone que Pablo tomó su nombre del procónsul Sergio -Paulo (_Act._, XIII, 9). Semejante version no parece admisible. Si las -_Actas_ no dan á Saulo el nombre de Pablo hasta que entra en relaciones -con este personaje, será tal vez porque la supuesta conversion de -Sergio fué el primer acto notable de Pablo como apóstol de los gentiles. - -[491] _Act._, XIII, 9 y siguientes; la atribucion de todas las -epístolas; II Petri, III, 15. - -[492] Las calumnias ebionitas no deben tomarse en serio (Epifanio, -_Adv. hær._, hær. XXX, 16 y 25). - -[493] San Gerónimo, _loc. cit._ Inadmisible como la presenta San -Gerónimo, esta tradicion parece no obstante tener algun fundamento. - -[494] Rom., XI, 1; Fil., III, 5. - -[495] _Act._, XXII, 28. - -[496] _Act._, XXIII, 6. - -[497] Fil., III, 5; _Act._, XXVI, 5. - -[498] _Act._, VI, 9; Philon, _Leg. ad Caium_, § 36. - -[499] Estrabon, XIV, X, 13. - -[500] _Ibid._, XIV, X, 14-15; Philostrato, _Vida de Apolonio_, I, 7. - -[501] Jos., _Ant._, último párrafo. Cf. _Vida de Jesús_, p. 33-34. - -[502] Philostrato, _loc. cit._ - -[503] _Act._, XXVII, 22 y sig.; XXI, 37. - -[504] Gal., VI, 11; Rom., XVI, 22. - -[505] II Cor., XI, 6. - -[506] _Act._, XXI, 40. He explicado antes el sentido de la palabra -ἑβραιστί. _Hist. des lang. sémit._, II, I, 5; III, I, 2. - -[507] _Act._, XXVI, 14. - -[508] I Cor., XV, 33. Cf. Meinecke, _Menandri fragm._, p. 75. - -[509] Tit., I, 12; _Act._, XVII, 28. La autenticidad de la carta á Tito -es muy dudosa. En cuanto al discurso relativo al capítulo XVII de las -_Actas_, es obra más bien del autor de las _Actas_ que de San Pablo. - -[510] El verso citado de Arato (_Phænom._, 5) se encuentra -efectivamente en Cleantes (_Himno á Júpiter_, 5.) Los dos lo tomaron -sin duda de algun himno religioso anónimo. - -[511] Gal., I, 14. - -[512] _Act._, XVII, 22 y sig., teniendo en cuenta la nota 509 de esta -página. - -[513] Véase _Vida de Jesús_, pág. 72. - -[514] _Act._, XVIII, 3. - -[515] _Ibid._, XVIII, 3; I Cor., IV, 12; I Tes., II, 9; II Tes., III, 8. - -[516] _Act._, XXIII, 16. - -[517] II Cor., VIII, 18, 22; XII, 18. - -[518] Rom., XVI, 7, 11, 21. Sobre el sentido de συγγενής en estos -pasajes, véase más arriba, p. 148, nota 369. - -[519] Véase sobre todo la epístola á Filemon. - -[520] Gal., V, 12; Fil., III, 2. - -[521] II Cor., X, 10. - -[522] _Acta Pauli et Theclæ_, 3, en Tischendorf, _Acta Apost. apocr._ -(Leipzig 1851), p. 41 y las notas (texto antiguo, aunque no debe ser el -original de que habla Tertuliano); el _Philopatris_, 12 (obra compuesta -hácia el año 363); Malala, _Chonogr._, p. 257, edit. por Bonn; -Nicéforo, _Hist. eccl._, II, 37. Todos estos pasajes, sobre todo el de -Philopatris, suponen bastante antigüedad en sus retratos. Esto les da -cierta autoridad, á pesar de todo, Malala, Nicéforo y hasta el mismo -autor de las _Actas de Santa Tecla_ quieren hacer de Pablo un hombre -bello. - -[523] I Cor., II, 1 y sig.; II Cor., X, 1-2, 10; XI, 6. - -[524] I Cor., II. 3; II Cor., X, 10. - -[525] II Cor., XI, 30; XII, 5, 9, 10. - -[526] I Cor., II, 3; II Cor., I, 8-9; X, 10; XI, 30; XII, 5, 9-10; -Gal., IV, 13-14. - -[527] II Cor., XII, 7-10. - -[528] I Cor., VII, 7-8 y el contexto. - -[529] I Cor., VII, 7-8; IX, 5. Este segundo pasaje está lejos de -tener peso. Fil., IV, 3, hace suponer lo contrario. Comp. Clemente de -Alejandría, _Strom._, III, 6, y Eusebio, _Hist. eccl._, III, 30. Solo -el pasaje I Cor., VII 7-8 es el único que tiene aquí peso. - -[530] I Cor., VII, 7-9. - -[531] _Act._, XXII, 3; XXVI, 4. - -[532] _Ibid._, XXII, 3. Pablo no habla de este maestro en los pasajes -de sus epístolas donde seria natural que le nombrara (Fil., III, 5). -No es imposible que el autor de las _Actas_ hubiese puesto á su héroe -en relacion con el más célebre doctor de Jerusalem del cual sabia el -nombre. Hay absoluta contradiccion entre los principios de Gamaliel -(_Act._, V, 34 y sig.) y la conducta de Pablo antes de su conversion. - -[533] Véase la _Vida de Jesús_, p. 220-221. - -[534] Gal., I, 13-14; _Act._ XXII, 3; XXVI, 5. - -[535] II Cor., V, 16, no lo implica en manera alguna. Los pasajes -_Act._, XXII, 3; XXVI, 4 inducen á creer que Pablo se encontró en -Jerusalem al mismo tiempo que Jesús. Pero esto no es una razon que -pruebe que los dos se vieron. - -[536] _Act._, XXII, 4, 19; XXVI, 10-11. - -[537] _Ibid._, XXVI, 11. - -[538] Gran sacerdote de 37 á 42. Jos., _Ant._, XVIII, V, 3; XIX, VI, 2. - -[539] _Act._, IX, 1-2, 14; XXII, 5; XXVI, 12. - -[540] Véase _Revue numismatique_, nueva série, t. III (1858), p. 296 y -sig., 362 y sig., _Revue archéol._, abril de 1864, p. 284 y sig. - -[541] Jos., _B. J._, II, XX, 2. - -[542] II Cor., XI, 32. La série de monedas romanas de Damasco ofrece -una interrupcion para los reinados de Calígula y de Claudio. Eckhel, -_Doctrina num. vet._ primera parte, vol. III, p. 330. En la moneda -damasquina el tipo de «_Aretas filheleno_» _ibid._ parece ser de -nuestro Hareth (comunicacion del Sr. Waddington.) - -[543] Jos., _Ant._, XVIII, V, 1, 3. - -[544] Comp. _Act._, XII, 3; XXIV, 27; XXV, 9. - -[545] _Act._, V, 34 y sig. - -[546] Véase un rasgo análogo en la conversion de Omar. Ibn-Hischam, -_Sirat errasoul_, p. 226 (edicion Wüstenfeld). - -[547] _Act._, IX, 3; XXII, 6; XXVI, 13. - -[548] _Act._, IX, 4, 8; XXII, 7, 11; XXVI, 14, 16. - -[549] Ahí es donde la tradicion de la edad media fija el lugar del -milagro. - -[550] Esto resulta de _Act._, IX, 3, 8; XXII, 6, 11. - -[551] _Nahr el-Awadj_. - -[552] _Tuleil_. - -[553] La llanura está en efecto á más de mil setecientos metros sobre -el nivel del mar. - -[554] _Act._, XXVI, 14. - -[555] De Jerusalem á Damasco hay ocho dias largos. - -[556] _Act._, IX, 8, 9, 18; XXII, 11, 13. - -[557] Véase más arriba, p. 201, y II Cor., XII, 1 y sig. - -[558] He experimentado un acceso de este género en Byblos; con otras -creencias hubiera ciertamente tomado por visiones las alucinaciones que -entonces tuve. - -[559] Poseemos tres relatos de este episodio capital: _Act._, IX, 1 -y sig.; XXII, 5 y sig.; XXVI, 12 y sig. Las diferencias que se notan -en estos pasajes prueban que el Apóstol mismo explicaba de distinta -manera su conversion. El relato _Actas_, IX, no es homogéneo, como lo -demostraremos pronto. Compárese Gal., I, 15-17; I Cor., IX, 1; XV, 8; -_Act._, IX, 27. - -[560] Entre los _Mormones_ y en los _sueños_ americanos, casi todas las -conversiones son tambien promovidas por una grande tension del alma, -produciendo alucinaciones. - -[561] La circunstancia de que los compañeros de Pablo vieron y oyeron -como él puede muy bien ser puramente propia de la leyenda, tanto -más en cuanto los relatos sobre este particular están en manifiesta -contradiccion. Comp. _Act._, IX, 7; XXII, 9; XXVI, 13. La hipótesis de -una caida de caballo se rechaza en todos los relatos. En cuanto á la -opinion que rechaza toda la narracion de las _Actas_, fundándose sobre -la palabra ἐν ἐμοί, de Gal., I, 16, es exagerada. Ἐν ἐμοί, en dicho -pasaje, tiene el sentido de «_para mí_», «_á mí mismo_». Comp. Gal., I, -24. Seguramente tuvo Pablo en un momento dado una vision que determinó -su conversion. - -[562] _Act._, IX, 3, 7; XXII, 6, 9, 11; XXVI, 13. - -[563] Esto es lo que yo experimenté en mi acceso de Byblos. Los -recuerdos del dia anterior al en que caí sin conocimiento, se -desvanecieron totalmente de mi espíritu. - -[564] II Cor., XII, 1 y sig. - -[565] _Act._, IX, 27; Gal., I, 16; I Cor., IX, 1; XV, 8; Homilias -pseudo-clementinas, XVII, 13-19. - -[566] Compárese lo que pasó á Omar _Sirat errasoul_, p. 226 y sig. - -[567] _Act._, IX, 8; XXII, 11. - -[568] Su antiguo nombre árabe era _Tarik el-Adhwa_. Aún se le llama -hoy _Tarik el-Mustekim_, que corresponde á Ῥύμη εὐθεῖα. La puerta -oriental (_Bab Scharki_) y algunos vestigios de las columnatas -subsisten todavía. Véanse los textos árabes dados por Wüstenfeld en -la _Zeitschrift für vergleichende Erdkunde_ de Lüdde, año 1842, p. -168; Porter, _Syria and Palestine_, p. 477; Wilson, _The Lands of the -Bible_, II, 345, 351-52. - -[569] _Act._, XXII, 11. - -[570] El relato del capítulo IX de las _Actas_ parece aquí compuesta de -dos textos mezclados; el uno, más original, comprende los versículos -9, 12 y 18; el otro, más desarrollado, más dialogado, más legendario, -comprende los versículos 9, 10, 11, 13, 14, 15, 16, 17 y 18. El v. 12 -ni se refiere á los que preceden ni á los que siguen. El relato XXII, -12-16, es más conforme con el segundo de los textos antes mencionados -que con el primero. - -[571] _Act._, IX, 12. Es necesario leer ἄνδρα ἐν ὁράματι, como lleva el -manuscrito B del Vaticano. Comp. vers. 10. - -[572] _Act._, IX, 18; comp. _Tobías_, II, 9; VI, 10; XI, 13. - -[573] _Act._, IX, 18; XXII, 16. - -[574] Gal., I, 1; 8-9, 11 y sig.; I Cor., IX, 1; XI, 23; XV, 8, 9; -Col., I, 25; Efes., I, 19; III, 3, 7, 8; _Act._, XX, 24; XXII, 14-15, -21; XXVI, 16; Homiliæ pseudo-clem., XVII, 13-19. - -[575] Gal., I, 17. - -[576] Ἀραβία es la provincia de Arabia, teniendo por parte principal la -Auranítide (Haurán). - -[577] Gal., I, 17 y sig.; _Act._, IX, 19 y sig.; XXVI, 20. El autor de -las _Actas_ cree que su primera permanencia en Damasco fué corta y que -Pablo, despues de su conversion, fué á Jerusalem donde predicó (Comp. -XXII, 17). Pero el pasaje de la epístola á los Galatas es concluyente. - -[578] Véanse las inscripciones descubiertas por los Sres. Waddington y -de Vogüé (_Revue archéol._, abril de 1864, págs. 284 y sig.; _Comptes -rendus de l’Acad. des Inscr. et B.-L._, 1865, págs. 106-108). Compárese -más arriba, p. 174-175. - -[579] Dion Casio, LIX, 12. - -[580] He desarrollado esto en el _Bulletin archéologique_ de los Sres. -Longperier y de Witte, setiembre de 1856. - -[581] El sentido del versículo Gal., I, 16 con los siguientes prueba -que Pablo predicó inmediatamente despues de su conversion. - -[582] Jos., _B. J._, I, II, 25; II, XX, 2. - -[583] _Act._, IX, 21-22. - -[584] Gal., I, 16. Es el sentido de οὐ προσανεθέμην σαρκὶ καὶ αἵματι. -Comp. Mat., XVI, 17. - -[585] _Act._, IX, 31. - -[586] Véase la confesión atrozmente ingénua de III Macab., VII, 12-13. - -[587] Léase el libro III (apócrifo) de los Macabeos, entero, y -compáresele con el de Ester. - -[588] Suetonio, _Caius_, 22, 52; Dion Casio, LIX, 26-28; Philon, -_Legatio ad Caium_, párrafo 25, etc.; Josefo, _Ant._, XVIII, VIII; XIX, -I, 1-2; _B. J._, II, X. - -[589] Philon, _Leg. ad Caium_, párrafo 30. - -[590] Philon, _In Flaccum_, párrafo 7; _Leg. ad Caium_, párrafos 18, -20, 26, 43. - -[591] Philon, _Leg. ad Caium_, § 29; Josefo, _Ant._, XVIII, VIII; _B. -J._, II, X; Tácito, _Ann._, XII, 54; _Hist._, V, 9, completando el -pasaje primero con el segundo. - -[592] Philon, _Leg. ad Caium_, § 27, 30, 44 y sig. - -[593] _Act._, IX, 31. - -[594] Gal, I, 18-19; II, 9. - -[595] _Act._, XI, 29-30. Véase, más arriba, p. 124. - -[596] _Act._, IX, 32. - -[597] Hoy Ludd. - -[598] _Act._, IX, 32-35. - -[599] Jaffa. - -[600] Jos., _Ant._, XIV, X, 6. - -[601] _Act._, IX, 43; X, 6, 17, 32. - -[602] Mischna, _Ketuboth_, VII, 10. - -[603] Comp. Gruter, p. 891, 4; Reinesius, _Inscript._, XIV, 61; -Mommsen, _Inscr. regni Neap._, 622, 2034, 3092, 4985; Pape, _Wört. der -griech. Eigenn._, á esta voz. Cf. Jos., _B. J._, IV, III, 6. - -[604] _Act._, IX, 36 y sig. - -[605] _Ibid._, IX, 39. El griego dice: ὅσα ἐποίει μετ’ αὐτῶν οὖσα. - -[606] _Ibid._, IX, 32, 41. - -[607] _Act._, X, 9-16; XI, 5-10. - -[608] _Ibid._, X, 1-XI, 18. - -[609] Habia al menos treinta y dos (Orelli y Henzen, _Inscr. lat._, -números 90, 512, 6756). - -[610] Comp. _Act._, XXVII, 1 y Henzen, núm. 6709. - -[611] Compárese Luc., VII, 2 y sig. Lucas se complace en esta idea de -los centuriones virtuosos y judíos por el alma sin la circuncision -(véase la Introd., p. XXIII). Pero el ejemplo de Izate (Jos., _Ant._, -XX, II, 5) prueba que tales situaciones eran posibles. Comp. Jos., _B. -J._, II, XXVIII, 2; Orelli, _Inscr._, número 2523. - -[612] _Act._, X, 2, 7. - -[613] Esto parece en contradiccion con Gal., II, 7-9. Pero la conducta -de Pedro por lo que respecta á la admision de los gentiles fué siempre -poco consistente. Gal., II, 12. - -[614] _Act._, XI, 18. - -[615] _Ibid._, XV, 1 y sig. - -[616] II Cor., II, 32-33; _Act._, IX, 23-25. - -[617] Gal., I, 18. - -[618] Gal., I, 48. - -[619] _Ibid._, I, 23. - -[620] _Act._, IX, 26. - -[621] Gal., I, 18. - -[622] _Act._, IX, 26. - -[623] _Act._, IX, 27. Toda esta parte de las _Actas_ tiene poco valor -histórico para poder afirmar que la generosa accion de Bernabé tuviera -lugar durante los quince primeros dias que Pablo pasó en Jerusalem; -pero hay sin duda, atendida la forma con que las _Actas_ presentan el -hecho, un sentimiento verdadero de las relaciones entre Pablo y Bernabé. - -[624] Gal., I, 19-20. - -[625] _Ibid._, I, 18. Por consiguiente, es imposible admitir como -exactos los versículos 28-29 del c. IX de las _Actas_. El autor de las -_Actas_ abusa de estas emboscadas y proyectos homicidas. Las _Actas_ -difieren de la epístola á los Galatas en suponer que la primera -estancia de San Pablo en Jerusalem duró más y fué más cercana á su -conversion. Naturalmente la epístola merece más crédito aunque no sea -más que por la cronología y las circunstancias materiales. - -[626] Véase sobre todo la epístola á los Galatas. - -[627] Epístola á los Galatas, I, 11-12 y casi todo el resto; I Cor., -IX, 1 y sig.; XV, 1 y sig.; II Cor., XI, 21 y sig. - -[628] Se encuentra el sentimiento más ó menos directo: Rom., XII, 14; I -Cor., XIII, 2; II Cor., III, 6; I Tes., IV, 8; V, 2, 6. - -[629] Gal., I, 22-23. - -[630] _Act._, XXII, 17-21. - -[631] _Act._, IX, 29-30. - -[632] Gal., I, 21. - -[633] _Act._, IX, 30; XI, 25. El dato cronológico capital de esta época -de la vida de San Pablo es Gal., I, 18; II, 1. - -[634] La Cilicia tenia una Iglesia en el año 51. _Act._, XV, 23, 41. - -[635] En la epístola á los Galatas (vers. 56) es donde Pablo se coloca -por primera vez en el rango de los apóstoles (I, 1 y el siguiente). -Segun Gal., II, 7-10, recibiria este título en 51. Sin embargo, no lo -usa aún en la firma de las dos epístolas á los Tesalonicenses, que son -del año 53. I Tes., II, 6 no implica un título oficial. El autor de las -_Actas_ no da jamás á Pablo el título de _apóstol_. Los _apóstoles_ -para el autor de las _Actas_ son _los Doce_. _Act._, XIV, 4, 14 es una -excepcion. - -[636] _Act._, XI, 19. - -[637] Jos., _B. J._, III, II, 4. Roma y Alejandría eran las dos -primeras. Comp. Estrabon, XVI, II, 5. - -[638] C. Otfried Müller, _Antiquit. Antiochenæ_ (Gœttingæ 1839), p. 68. -Juan Crisóstomo, _In sanct. Ignatium_, 4 (Opp. t. II, p. 597, edic. -Montfaucon); _In Matth._ homilia LXXXV, 4 (t. VII, p. 810) evalúa -la poblacion de Antioquía en doscientas mil almas, sin contar los -esclavos, los niños y los inmensos suburbios. La poblacion actual no -cuenta más de siete mil habitantes. - -[639] Las calles análogas de Palmira, Gerasa, Gadara, Sebastia eran -probablemente imitaciones del gran _Corso_ de Antioquía. - -[640] Se encuentran algunos restos en la direccion de _Bab Bolos_. - -[641] Dion Crisóstomo, Orat. XLVII (t. II, p. 229, edic. de Reiske); -Libanio, _Antiochicus_, p. 337, 340, 342, 356 (edic. Reiske); Malala, -p. 232 y sig., 276, 280 y sig., (edic. de Bonn). El constructor de -estas grandes obras fué Antíoco Epifano. - -[642] Libanio, _Antioch._, 342, 344. - -[643] Pausanias, VI, II, 7; Malala, p. 201; Visconti, _Mus. Pio-Clem._, -t. III, 46. Véanse sobre todo las medallas de Antíoco. - -[644] Pieria, Bottia, Penea, Tempe, Castalia, juegos olímpicos, Iopolis -(que se refiere á Io). La ciudad pretendia deber su celebridad á Inaco, -á Orestes, á Dafne, á Triptolemo. - -[645] Véase Malala, p. 199; Espartiano, _Vida de Adriano_, 14; Juliano, -_Misopogon_, p. 361-362; Am. Marcelino, XXII, 14; Eckhel, _Doct. -num. vet._, pars 1.ª, III, p. 326; Guigniaut, _Religions de l’ant._, -planchas n.º 268. - -[646] Juan Crisóstomo, _Ad. pop. Antioch._ homil. XIX, 1 (t. II, p. -189); _De sanctis martyr._, 1, (t. II, p. 651.) - -[647] Libanio, _Antioch._, p. 348. - -[648] _Act. SS. Maii_, V, p. 383, 409, 414, 415, 416; Assemani, _Bib. -Or._, II, 323. - -[649] Juvenal, Sat., III, 62 y sig.; Estacio, _Silvas_, I, VI, 72. - -[650] Tácito, _Ann._, II, 69. - -[651] Malala, p. 284, 287, y sig.; Libanio, _De angariis_, p. 555 y -sig.; _De carcere vinctis_, p. 455 y sig.; _Ad Timocratem_, p. 385; -_Antioch._, p. 323; Philostr., _Vida de Apol._, I, 16; Luciano, _De -saltatione_, 76; Diod. Sic., frag. l. XXXIV, n.º 34 (p. 538, ed. -Dindorf); Juan Cris., Homil. VII _in Matth._, 5 (t. VII, p. 113); -LXXIII _in Matth._, 3 (_ibid._, p. 712); _De consubst. contra Anom._, 1 -(t. I, p. 501); _De Anna_, 1 (t. IV, p. 730); _De Dav. et Saule_, III, -1 (t. IV, 768-770); Juliano, _Misopogon_, p. 343, 350, ed. Spanheim; -_Actos de Santa Tecla_ atribuidos á Basilio de Seleucia, publicados por -P. Pantinus (Amberes, 1608.), p. 70. - -[652] Philostr., _Apol._, III, 58; Ausonio, _Clar. Urb._, 2; J. -Capitolin, _Verus_, 7; _Marco Aur._, 25; Herodiano, II, 10; Juan de -Antioquía en las _Excerpta Valesiana_, p. 844; Suidas, en la voz -Ἰοβιανός. - -[653] Juliano, _Misopogon_, p. 344, 365, etc.; Eunapio, _Vidas de los -Sofistas_, p. 496, ed. Boissonade (Didot); Amiano Marcelino, XXII, 14. - -[654] Juan Cris., _De Lazaro_, II, 11 (t. I, p. 722-723). - -[655] Cic., _Pro Archia_, 3, teniendo en cuenta la exageracion típica -de un abogado. - -[656] Philostrato, _Vida de Apolonio_, III, 58. - -[657] Malala, p. 287-289. - -[658] Juan Crisóst., Homil. VII _in Matth._, 5, 6 (t. VII, p. 113). -Véase O. Müller, _Antiquit. Antioch._, p. 33, nota. - -[659] Libanio, _Antiochicus_, p. 355-356. - -[660] Juvenal, III, 62 y sig., y Forcellini, en la voz _ambubaja_, -observando que la palabra _ambuba_ es siriaca. - -[661] Libanio, _Antioch._, p. 315; _De carcere vinctis_, p. 455, etc.; -Juliano, _Misopogon_, p. 367, edic. Spanheim. - -[662] Libanio, _Pro rhetoribus_, p. 211. - -[663] Libanio, _Antiochicus_, p. 363. - -[664] Libanio, _Antiochicus_, p. 354 y sig. - -[665] La muralla actual, que es del tiempo de Justiniano, presenta las -mismas particularidades. - -[666] Libanio, _Antioch._, p. 337, 338, 339. - -[667] El lago _Ak-Deniz_, que forma por este lado el límite actual del -territorio de Antakieh, no existia, á lo que parece, en la antigüedad. -Véase Ritter, _Erdkunde_, XVII, p. 1149, 1613 y sig. - -[668] Jos., _Ant._, XII, III, 1; XIV, XII, 6; _B. J._, II, XVIII, 5; -VII, III, 2-4. - -[669] Jos., _Contra Apion._, II, 4; _B. J._, VII, III, 3-4; V, 2. - -[670] Malala, p. 244-245; Jos., _B. J._, VII, V, 2. - -[671] _Act._, VI, 5. - -[672] _Ibid._, XI, 19 y sig. - -[673] Compárese Jos., _B. J._, II, XVIII, 2. - -[674] _Act._, XI, 20-21. La lectura correcta es Ἕλληνας. Ἕλληνιστάς -proviene de una falsa cercanía con IX, 29. - -[675] Malala, p. 245. El relato de Malala no puede ser exacto, pues -Josefo no dice una palabra de la invasion de que habla el cronista. - -[676] _Ibid._, p. 243, 265-266. Comp. _Comptes rendus de l’Acad. des -Inscr. et B.-L._, sesion del 17 Agosto 1865. - -[677] S. Atanasio, _Tomus ad Antioch._ (Opp. t. I, p. 771, edic. -Montfaucon); san Juan Crisóstomo, _Ad. pop. Ant._ homil. I y II, inicio -(t. II, p. 1 y 20); _In Inscr. Act._, II, inicio (t. III, 60); _Chron. -Pasch._, p. 296 (París); Teodoreto, _Hist. eccl._, II, 27; III, 2, 8, -9. La aproximacion de estos pasajes no permite traducir ἐν τῇ καλουμένῃ -Παλαιᾷ por «en lo que se llamaba la ciudad antigua», como han hecho -alguna vez los editores. - -[678] Malala, p. 242. - -[679] Pococke, _Descript. of the East_, vol. II, parte I, p. 192 -(Lóndres, 1745); Chesney, _Expedition for the survey of the rivers -Euphr. and Tigris_, I, 425 y sig. - -[680] Es decir á la parte opuesta de la ciudad antigua que todavía está -habitada. - -[681] Véase, más abajo, la pág. 251, nota 690. - -[682] El tipo de los Maronitas se encuentra de una manera notable en -toda la region de Antakieh, de Soueidieh y de Beylan. - -[683] F. Naironi, _Evoplia fidei cathol._ (Romæ, 1694), p. 58 y sig., y -la obra de S. Em. Paul-Pierre Masad, patriarca actual de los Maronitas, -titulada _Kitab ed-durr el-manzoum_ (en árabe, impreso en el convento -de Tamisch en el Kesrouan, 1863). - -[684] _Act._, XI, 19-20; XIII, 1. - -[685] Gal., II, 11 y sig. lo supone así. - -[686] _Act._, XI, 22 y sig. - -[687] _Act._, XI, 22-24. - -[688] _Act._, XI, 25. - -[689] _Act._, XI, 26. - -[690] Libanio, _Pro templis_, p. 164 y sig.; _De carcere vinctis_, p. -458; Teodoreto, _Hist. eccl._, IV, 28; Juan Crisóst., Homil. LXXII -_in Matth._, 3 (t. VII, p. 705); _In Epist. ad Ephes._ hom. VI, 4 (t. -XI, p. 44); _In I Tim._ hom. XIV, 3 y sig. (_ibid._, p. 628 y sig.); -Nicéforo, XII, 44; Glicas, p. 257 (ed. Paris). - -[691] _Act._, XI, 26. - -[692] Los pasajes I Petri, IV, 16, y Jac., II, 7, comparados con -Suetonio _Neron_, 16, y con Tácito, _Ann._, XV, 44, confirman esta -idea. Véase tambien _Act._, XXVI, 28. - -[693] Es cierto que se encuentra Ἀσιανός (_Act._, XX, 4; Philon, -_Legatio_, 36; Estrabon, etc.). Pero parece tratarse de un latinismo, -al igual que Δαλδιανοί, y los nombre de secta Σιμωνιανοί, Κηρινθιανοί, -Σηθιανοί, etc. La derivacion helénica de χριστός hubiera sido -χρίστειος. No sirve decir que la terminacion _anus_ es una forma dórica -del griego ηνος; ya no se recordaba nada de esto en el siglo primero. - -[694] Tácito (_loc. cit._) lo interpreta así. - -[695] Suetonio, _Claudio_, 25. Discutiremos este pasaje en nuestro -próximo libro. - -[696] _Corpus inscr. gr._, números 2883 _d_, 3857 _g_, 3857 _p_, -3865 _l_; Tertuliano, _Apol._, 3; Lactancio, _Divin. Inst._, IV, 7. -Compárese la forma francesa _chrestien_. - -[697] Jac., II, 7 supone que fué una costumbre momentánea é incierta. - -[698] _Act._, XXIV, 5; Tertuliano, _Adv. Marcionem_, IV, 8. - -[699] _Nesara_. Los nombres de _meschihoio_ en siriaco, _mesihi_ en -árabe, son relativamente modernos y calcados sobre χριστιανός. El -nombre de «Galileos» es mucho más reciente, y fué Juliano quien lo -puso de moda y aun le declaró oficial, dándole cierto color de ironía -y desprecio. Juliano, _Epist._, VII; Gregorio de Nacianzo, Orat. IV -(invect. I), 76; S. Cirilo de Alej., _Contra Juliano_ II, p. 39 (edic. -Spanheim); _Philopatris_, diálogo atribuido falsamente á Luciano y que -es en realidad de la época de Juliano, § 12; Teodoreto, _Hist. eccl._, -III, 4. Yo creo que, en Epicteto (Arriano, _Dissert._, IV, VII, 6) -y en Marco Aurelio (_Pensamientos_, XI, 3), no designa este nombre -á los cristianos, sino que debe entenderse como sicarios ó zelotas, -discípulos fanáticos de Judas el Galileo ó el Gaulonita y de Juan de -Giscala. - -[700] I Petri, IV, 16; Jac., II, 7. - -[701] _Act._, XIII, 2. - -[702] _Ibid._, XIII, 1. - -[703] Véase más arriba, p. 146-147. - -[704] _Act._, XIII, 1. - -[705] Eusebio, _Chron._, en el año 43; _Hist. eccl._, III, 22; Ignacio, -_Epist. ad Antioch._ (apocr.), 7. - -[706] I Cor., XIV entero. - -[707] II Cor., XII, 1-5. - -[708] Supone en efecto que tuvo lugar esta vision catorce años antes -de escribir la segunda Epístola de los Corintios, que fué por el año -57, poco más ó menos. No es imposible sin embargo que estuviese aún en -Tarso. - -[709] Sobre las ideas que tenian los judíos acerca de los cielos -superpuestos, véase _Testam. de los 12 patr._, Leví, 3; _Ascension de -Isaías_, VI, 13; VII, 8 y todo el resto del libro; Talm. de Babil., -_Chagiga_, 12 _b_; Midraschim, _Bereschith rabba_, sect. XIX, fol. 19 -_c_; _Schemoth rabba_, sect. XV, fol. 115 _d_; _Bammidbar rabba_, sect. -XIII, fol. 218 _a_; _Debarim rabba_, sect. II, fol. 253 _a_; _Schir -hasschirim rabba_, fol. 24 _d_. - -[710] Compárese Talmud de Babil., _Chagiga_, 14 _b_. - -[711] Compárese _Ascension de Isaías_, VI, 15; VII, 3 y sig. - -[712] II Cor., XII, 12; Rom., XV, 19. - -[713] I Cor., XII entero. - -[714] _Act._, XI, 29; XXIV, 17; Gal., II, 10; Rom., XV, 26; I Cor., -XVI, 1; II Cor., VIII, 4, 14; IX, 1, 12. - -[715] Jos., _Ant._, XVIII, VI, 3, 4; XX, V, 2. - -[716] Jac., II, 5 y sig. - -[717] _Act._, XI, 28; Jos., _Ant._, XX, II, 6; V, 2; Eusebio, _Hist. -eccl._, II, 8 y 12. Compárese _Act._, XII, 20; Tác. _Ann._, XII, 43; -Suetonio, _Claudio_, 18; _Dion Casio_, LX, 11. Aurelio Victor, _Cæs._, -4; Eusebio, _Chron._, años 43 y sig. El reinado de Claudio se vió -afligido casi todos los años por hambres parciales en todo el Imperio. - -[718] _Act._, XI, 27 y sig. - -[719] El libro de las _Actas_ (XI, 30; XII, 25) dice que Pablo hizo -aquel viaje, pero aquel declara que entre su primera permanencia de -dos semanas y su viaje para el asunto de la circuncision, no fué á -Jerusalem (Gal., II 1, teniendo en cuenta la argumentacion general de -Pablo sobre este punto). Véase más arriba, Introd., p. XXXI-XXXII. - -[720] Gal., I, 17-19. - -[721] _Act._, XIII, 3; XV, 36; XVIII, 23. - -[722] _Ibid._, XIV, 25; XVIII, 22. - -[723] Las inscripciones de dichas comarcas confirman plenamente las -indicaciones de Josefo (_Comptes rendus de l’Acad. des Inscr. et -B.-L._, 1865, pág. 106-109). - -[724] Josefo, _Ant._, XIX, IV; _B. J._, II, XI. - -[725] Jos., _Ant._, XIX, V, 1; VI, 1; _B. J._, II, XI, 5; Dion Casio, -LX, 8. - -[726] Dion Casio, LIX, 24. - -[727] Jos., _Ant._, XIX, IX, 1. - -[728] _Ibid._, XIX, VI, 1, 3; VII, 3, 4; VIII, 2; IX, 1. - -[729] _Ibid._, XIX, VII, 4. - -[730] Jos., _Ant._, XIX, VI, 3. - -[731] Juvenal, Sat. VI, 158-159; Persio, Sat. V, 180. - -[732] Philon, _In Flaccum_, § 5 y sig. - -[733] Jos., _Ant._, XIX, V, 2 y sig.; XX, VI, 3; _B. J._, II, XII, 7. -Las medidas restrictivas que tomó contra los judíos de Roma (_Act._, -XVIII, 2; Suetonio, _Claudio_, 25; Dion Casio, LX, 6) dependieron de -circunstancias locales. - -[734] Jos., _Ant._, XIX, VI, 3. - -[735] Jos., _Ant._, XIX, VII, 2; _B. J._, II, XI, 6; V, IV, 2; Tácito, -_Hist._, V, 12. - -[736] Tácito, _Ann._, VI, 47. - -[737] Jos., _Ant._, XIX, VII, 2; VIII, 1; XX, I, 1. - -[738] Jos., _Ant._, XIX, VIII, 1. - -[739] Suetonio, _Caius_, 22, 26, 35; Dion Casio, LIX, 24; LX, 8; -Tácito, _Ann._, XI, 8. Como tipo de aquellos reyezuelos de Oriente, -véase la carrera de Herodes Agrippa I por Josefo (_Ant._, XVIII y XIX). -Comp. Horacio, _Sat._, I, VII. - -[740] Véase más arriba, p. 178-179, 203-204, 217-218. - -[741] _Act._, XII, 3. - -[742] _Act._, XII, 1 y sig. - -[743] Efectivamente Jacobo fué decapitado y no lapidado. - -[744] _Act._, XII, 3 y sig. - -[745] _Act._, XII, 9-11. El relato de las _Actas_ es tan conciso, que -es difícil se encuentre lugar en ella para una elaboracion legendaria -prolongada. - -[746] Jos., _Ant._, XIX, VIII, 2; _Act._, XII, 18-23. - -[747] Jos., _Ant._, XIX, VII, 4. - -[748] _Act._, XII, 23. Comp. II Macab., IX, 9; Jos., _B. J._, I, -XXXIII, 5; Talm. de Bab., _Sota_, 35 _a_. - -[749] Jos., _Ant._, XIX, VI, 1; XX, I, 1, 2. - -[750] Jos., _Ant._, XX, V, 2; _B. J._, II, XV, 1; XVIII, 7 y sig.; -IV, X, 6; V, I, 6; Tácito, _Ann._, XV, 28; _Hist._, I, 11; II, 79; -Suetonio, _Vesp._, 6; _Corpus inscr. græc._, n.º 4957 (cf. _ibid._, -III, p. 311). - -[751] Jos., _Ant._, XX, I, 3. - -[752] Jos., _Ant._, XX, V, 4; _B. J._, II, XII, 2. - -[753] Josefo, que describe con tanta minuciosidad la historia de estas -agitaciones, no mezcla nunca en ellas á los cristianos. - -[754] Jos., _Contra Apion._, II, 39; Dion Casio, LXVI, 4. - -[755] Jos., _B. J._, IV, IV, 3; V, XIII, 6; Suet., _Aug._, 93; -Estrabon, XVI, II, 34, 37; Tácito, _Hist._, V, 5. - -[756] Jos., _Ant._, XIII, IX, 1; XI, 3; XV, 4; XV, VII, 9. - -[757] Jos., _B. J._, II, XVII, 10; _Vita_, 23. - -[758] Mat., XXIII, 13. - -[759] Jos., _Ant._, XX, VII, 1, 3; Comp. XVI, VII, 6. - -[760] _Ibid._, XX, II, 4. - -[761] _Ibid._, XX, II, 5, 6; IV, 1. - -[762] Jos., _B. J._, II, XX, 2. - -[763] Séneca, fragm. en San Aug., _De civ. Dei_, VI, 11. - -[764] Jos., _Ant._, XX, II-IV. - -[765] Tácito, _Ann._, XII, 13, 14. La mayor parte de los nombres de -esta familia son persas. - -[766] El nombre de «Elena» lo prueba, á pesar de que es extraño que no -figure el griego en la inscripcion bilingüe (siriaco y siro-caldaico) -del sepulcro de una princesa de dicha familia, descubierto y llevado -á París por el Sr. de Saulcy. Véase _Journal Asiatique_, Diciembre de -1855. - -[767] Cf. _Bereschith rabba_, XLVI, 51 _d_. - -[768] Segun todas las apariencias, es el monumento conocido en el dia -con el nombre de «Sepulcros de los reyes». Véase _Journal Asiatique_, -en el lugar citado. - -[769] Jos., _B. J._, II, XIX, 2; VI, VI, 4. - -[770] Talm. de Jerus., _Peah_, 15 _b_, en donde se atribuyen á uno -de los Monobaze algunas máximas que recuerdan enteramente las del -Evangelio (Mateo, VI, 19 y siguientes); Talm. de Bab., _Baba Bathra_, -11 _a_; _Joma_, 37 _a_; _Nazir_, 19 _b_; _Schabbath_, 68 _b_; Sifra, 70 -_a_; Bereschith rabba, XLVI, fol. 51 _d_. - -[771] Moisés de Corene, II, 35; Orosio, VII, 6. - -[772] Lucas, XXI, 21. - -[773] Τὰ πάτρια ἔθη, expresion muy familiar en Josefo, cuando defiende -la posicion de los judíos en el mundo pagano. - -[774] Se sabe que no existe ningun manuscrito del Talmud para comprobar -las ediciones impresas. - -[775] Jos., _Ant._, XX, V, 2. - -[776] Jos., _B. J._, II, XVII, 8-10; _Vita_, 5. - -[777] La relacion del cristianismo con los dos movimientos de Judas y -de Teudas es hecho por el autor mismo de las _Actas_ (V, 36-37.) - -[778] Jos., _Ant._, XX, V, 1; _Act._, V, 36. Se notará el anacronismo -cometido por el autor de las _Actas_. - -[779] Jos., _Ant._, XVIII, IV, 1-2. - -[780] Jos., _Ant._, XX, V, 3-4; _B. J._, II, XII, 1-2; Tácito, _Ann._, -XII, 54. - -[781] Jos., _Ant._, XX, VIII, 5. - -[782] Jos., _Ant._, XX, VIII, 5; _B. J._, II, XIII, 3. - -[783] Jos., _B. J._, VII, VIII, 1; Mischna, _Sanhedrin_, IX, 6. - -[784] Jos., _Ant._, XX, VIII, 6, 10; _B. J._, II, XIII, 4. - -[785] Jos., _Ant._, XX, VIII, 6; _B. J._, II, XIII, 5; _Act._, XXI, 38. - -[786] Jos., _Ant._, XX, VIII, 6; _B. J._, II, XIII, 6. - -[787] Véase más arriba, p. 186, nota 456. - -[788] Justino, _Apol. I_, 26, 56. Es singular que Josefo, aunque hable -de las cosas samaritanas, no hable de él. - -[789] _Act._, VIII, 9 y sig. - -[790] Puede tenerse por una composicion completamente apócrifa: véase -el acuerdo que existe entre el sistema anunciado en este libro y lo -poco que nos enseñan las _Actas_ sobre la doctrina de Simon y sus -_poderes divinos_. - -[791] Homil. pseudo-clem., II, 22, 24. - -[792] Justino, _Apol. I_ 26, 56; _II_, 15; _Dial. cum Tryph._, 120; -Ireneo, _Adv. hær._, I, XXIII, 2-5; XXVII, 4; II, præf.; III, præf.; -Homil. pseudo-clementinæ, I, 15; II, 22, 25, etc.; _Recogn._, I, -72; II, 7 y sig.; III, 47; _Philosophumena_, IV, VII; VI, I; X, IV; -Epifanio, _Adv. hær_. hær. XXI; Orígenes, _Contra Celsum_, V, 62; -VI, 11; Tertuliano, _De anima_, 34; _Constit. apost._, VI, 16; San -Gerónimo, _In Matth._, XXIV, 5; Teodoreto, _Hæret. fab._, I, 1. Es -en los extractos textuales que dan los _Philosophumena_ y no en los -relatos de otros padres de la Iglesia donde debe buscarse una idea de -_La Grande Exposicion_. - -[793] _Philosophum._, IV, VII; VI, I, 9, 12, 13, 17, 18. Compárese -Apocalipsis, I, 4, 8; IV, 8; XI, 17. - -[794] _Philosophum._, VI, I, 17. - -[795] _Ibid._, VI, I, 16. - -[796] Act., VIII, 10; _Philosophum._, VI, I, 18; Homil. pseudo-clemen., -II. 22. - -[797] Alusion á la aventura del poeta Estesícoro. - -[798] Ireneo, _Adv. hær._, I, XXIII, 2-4; Homil. pseudo-clemen., II, -23, 25; _Philosophumena_, VI, I, 19. - -[799] _Philosophum._, VI, I, 16. - -[800] Véase _Vida de Jesús_, p. 247-249. - -[801] _Ibid._, p. 247, nota 4. - -[802] _Chron. samarit._, c. 10 (ed. Juynboll, Leiden, 1848). Cf. -Reland, _De Sam._, § 7; en sus _Dissertat. miscell._, parte II; -Gesenius, _Comment. de Sam. Theol._ (Halle, 1824), p. 21 y sig. - -[803] En el extracto dado por los _Philosophumena_, VI, I, 16 _sub -finem_, se lee una cita debida á los Evangelios sinópticos, la cual -parece ser presentada como encontrándose en el texto de _La Grande -Exposicion_: pero puede tratarse de alguna inadvertencia. - -[804] Homil. pseudo-clem., II, 23-24. - -[805] Ireneo, _Adv. hær._, I, XXIII, 3; _Philosophum._, VI, I, 19. - -[806] Homil. pseudo-clem., II, 22; _Recogn._, II, 14. - -[807] Ireneo, _Adv. hær._, II, præf.; III, præf. - -[808] Véase la epístola, probablemente auténtica, de San Pablo á los -Colosenses, I, 15 y sig. - -[809] Epif., _Adv. hær._, hær. LXXX, 1. - -[810] Lo que hace inclinar á esta segunda hipótesis es que la secta de -Simon se cambió pronto en una escuela de prestidigitacion, fábrica de -filtros y de encantamientos. _Philosophumena_, VI, I, 20; Tertuliano, -_De anima_, 57. - -[811] _Philosophum._, VI, I, 20. Cf. Orig., _Contra Cels._, I, 57; VI, -11. - -[812] Hegesipo, en Eusebio, _Hist. eccl._, IV, 22; Clem. de Alej., -_Strom._, VII, 17; _Constit. apost._, VI, 8, 16; XVIII, 1 y sig.; -Justino, _Apol. I_, 26, 56; Ireneo, _Adv. hær._, I, XXIII, 5; -_Philosoph._, VII, 28; Epif., _Adv. hær._, XXII y XXIII, init.; -Teodoreto, _Hær. fab._, I, 1, 2; Tertuliano, _De præscr._, 46; _De -anima_, 50. - -[813] La más célebre es la de Dositeo. - -[814] _Act._, VIII, 9; Ireneo, _Adv. hær._ I, XXIII, 1. - -[815] _Philosophumena_, VI, I, 19, 20. El autor solo atribuye estas -perversas doctrinas á los discípulos de Simon. Pero si la escuela tenia -esta fisonomía, el maestro debió tambien tener algo de ello. - -[816] Examinaremos más tarde lo que encierran estos relatos. - -[817] La inscripcion SIMONI·DEO·SANCTO, transmitida por Justino (_Apol. -I_, 26), como hallada en la isla del Tíber y mencionada despues de él -por otros padres de la Iglesia, era una inscripcion latina del dios -sabino _Semo Sancus_, SEMONI·DEO·SANCO. Encontróse, en efecto, bajo -Gregorio XIII, en la isla de San Bartolomé, una inscripcion, guardada -en el Vaticano, que tiene grabada esta dedicatoria. Véase Baronius, -_Ann. eccl._, ad annum 44; Orelli, _Inscr. lat._, n.º 1860. Habia por -aquella época en la isla del Tíber un colegio de _bidentales_ en honor -de Semo Sancus, conteniendo varias inscripciones del mismo género. -Orelli, n.º 1861 (Mommsen, _Inscr. lat. regni Neapol._, n.º 6770). -Comp. Orelli, n.º 1859; Henzen, n.º 6999; Mabillon, _Museum Ital._, -I, primera parte, p. 84. El n.º 1862 de Orelli no debe tomarse en -consideracion (véase _Corp. inscr. lat._, I, n.º 542). - -[818] Este grosero malentendido no se hubiera deshecho sin descubrir -antes las _Philosophumena_, que da extractos textuales de la _Apophasis -magna_ (véase VI, I, 19). Tiro fué célebre por sus cortesanas. - -[819] Ἐχθρὸς ἄνθρωπος, ἀντικείμενος. Véanse Homil. pseudo-clem., hom. -XVII toda entera. - -[820] Así, en la literatura pseudo-clementina, el nombre de Simon el -Mágico designa por momentos al apóstol San Pablo, á quien el autor -quiere mucho. - -[821] Es necesario notar que en las _Actas_ no es todavía tratado -como enemigo. Solo se le atribuye un sentimiento bajo y se deja creer -se arrepentió (VIII, 24). Tal vez todavía vivia Simon cuando fueron -escritas estas líneas y sus relaciones con el cristianismo no habian -todavía llegado á ser malas. - -[822] Jos., _Ant._, XX, VII, 1. - -[823] _Act._, XII, 1, 25. Nótese toda la contextura de este capítulo. - -[824] I Petri, V, 13; Papias, en Eusebio, _Hist. eccl._, III, 39. - -[825] _Act._, XIII, 2. - -[826] _Gal._, I, 15-16; _Act._, XXII, 15, 21; XXVI, 17-18; I Cor., I, -1; Rom., I, 1, 5; XV, 15 y sig. - -[827] _Act._, XIII, 5. - -[828] El autor de las _Actas_, partidario de la gerarquía y del poder -de la Iglesia, ha podido introducir esta circunstancia. Pablo nada sabe -de semejante ordenacion ó consagracion. Él tiene conferida su mision -por Jesús y no se cree más ser el enviado por la Iglesia de Antioquía -que por la de Jerusalem. - -[829] _Act._, XIII, 3; XIV, 25. - -[830] En I Petri, V, 13, Babilonia designa Roma. - -[831] Ciceron, _Pro Archia_, 10. - -[832] Jos., _B. J._, II, XX, 2; VII, III, 3. - -[833] _Act._, XVIII, 24 y sig. - -[834] Véase Philon, _De vita contemplativa_, entero. - -[835] Pseudo Hermes, _Asclepius_, fol. 158 v., 159 r. (Florencia, -Juntes 1512). - -[836] Ciceron, _Pro Flacco_, 28; Philon, _In Flaccum_, § 7; _Leg. ad -Caium_, § 36; _Act._, II, 5-11; VI, 9; _Corp. inscr. gr._, n.º 5361. - -[837] _Lex Wisigoth._, libro XII, tít. II y III, en Walter, _Corpus -juris germanici antiqui_, t. I, p. 630 y siguientes. - -[838] Véase _Vida de Jesús_, p. 137. - -[839] Philon, _In Flacc._, § 5 y 6; Jos., _Ant._, XVIII, VIII, 1; XIX, -V, 2; _B. J._, II, XVIII, 7 y sig.; VII, X, 1; Papiro publicado en las -_Notices et extraits_, XVIII, 2.ª parte, p. 383 y sig. - -[840] Dion Casio, XXXVII, 17; LX, 6; Philon, _Leg. ad Caium_, § 23; -Josefo, _Ant._, XIV, X, 8; XVII, XI, 1; XVIII, III, 5; Hor., _Sat._, -I, IV, 142-143; V, 100; IX, 69 y sig.; Persio, V, 179-184; Suetonio, -_Tib._, 36; _Claud._, 25; _Domit._, 12; Juvenal, III, 14; VI, 542 y sig. - -[841] _Pro Flacco_, 28. - -[842] Jos., _Ant._, XIV, X; Suetonio, _Julius_, 84. - -[843] Suet., _Tib._, 36; Tác., _Ann._, II, 85; Jos., _Ant._, XVIII, -III, 4, 5. - -[844] Dion Casio, LX, 6. - -[845] Suetonio, _Claudio_, 25; _Act._, XVIII, 2; Dion Casio, LX, 6. - -[846] Josefo, _B. J._, VII, III, 3. - -[847] Séneca, fragmento en San Agust., _De civ. Dei_, VI, 11; Rutilius -Numatianus, I, 395 y sig.; Jos., _Contra Apion._, II, 39; Juvenal, Sat. -VI, 544; XIV, 96 y sig. - -[848] Philon, _In Flacc._, § 5; Tác., _Hist._, V, 4, 5, 8; Dion Casio, -XLIX, 22; Juvenal, XIV, 103; Diod. Sic., fragm. I del libro XXXIV y III -del libro XL; Philostrato, _Vida de Apol._, V, 33; I Tes., II, 15. - -[849] Jos., _Ant._, XIV, X; XVI, VI; XX, VIII, 7; Philon, _In Flaccum -et Legatio ad Caium_. - -[850] Jos., _Ant._, XVIII, III, 4, 5; Juvenal, VI, 543 y sig. - -[851] Jos., _Contra Apion._, entero; pasajes precitados de Tácito y -de Diodoro de Sicilia; Pompeyo Trogo (Justino), XXXVI, II; Ptolomeo -Hefesto ó Queno, en las _Script. poet. hist. græci_ de Westermann, p. -194. Cf. Quintiliano III, VII, 2. - -[852] Cic., _Pro Flacco_, 28; Tácito, _Hist._, V, 5; Juvenal, XIV, -103-104; Diodoro de Sicilia y Philostrato, lugares citados; Rutilius -Numatianus, I, 383 y sig. - -[853] Marcial, IV, 4; Am. Marcel., XXII, 5. - -[854] Suetonio, _Aug._, 76; Horacio, _Sat._, I, IX, 69 y sig.; Juvenal, -III, 13-16, 296; VI, 156-160, 542-547; XIV, 96-107; Marcial, _Epigr._, -IV, 4; VII, 29, 34, 54; XI, 95; XII, 57; Rutilius Numat., _l. c._, y -sobre todo Josefo, _Contra Apion._, II, 13; Philon, _Leg. ad Caium_, § -26-28. - -[855] Marcial, _Epigr._, XII, 57. - -[856] Juvenal, _Sat._, III, 14; VI, 542. - -[857] Juvenal, _Sat._, III, 296; VI, 543 y sig.; Marcial, _Epigr._, I, -42; XII, 57. - -[858] Marcial, _Epigr._, I, 42; XII, 57; Estacio, _Silvas_, I, VI, -73-74. Véase Forcellini, en la voz _sulphuratum_. - -[859] Horacio, _Sat._, I, V, 100; Juvenal, _Sat._ VI, 544 y sig.; XIV, -96 y sig.; Apuleyo, _Florida_, I, 6. - -[860] Dion Casio, LXVIII, 32. - -[861] Tácito, _Hist._, V, 5, 9; Dion Casio, LXVII, 14. - -[862] Horacio, _Sat._, I, IX, 70; _Judæus Apella_ parece encerrar una -broma del mismo género (véanse los escoliastas Acron y Porfirion, sobre -Hor., _Sat._, I, V, 100; compárese el pasaje de S. Avito, _Poemata_, V, -364, citada por Forcellini en la voz _Apella_, pero que yo no encuentro -ni en las ediciones de este Padre, ni en el antiguo manuscrito latino, -Bibl. Imp., n.º 11320, tal como la da el sabio lexicógrafo); Juvenal, -_Sat._, XIV, 99 y sig.; Marcial, _Epigr._, VII, 29, 34, 54; XI, 95. - -[863] Josefo, _Contra Apion._, II, 39; Tác., _Ann._, II, 85; _Hist._, -V, 5; Hor., _Sat._, I, IV, 142-143; Juvenal, XIV, 96 y sig.; Dion -Casio, XXXVII, 17; LXVII, 14. - -[864] Marcial, _Epigr._, I, 42; XVII, 57. - -[865] Juvenal, _Sat._, VI, 546 y sig. - -[866] Josefo, _Ant._, XVIII, III, 5; XX, II, 4; _B. J._, II, XX, 2; -_Act._, XIII, 50; XVI, 14. - -[867] _Loc. cit._ - -[868] Josefo, _Ant._, XX, II, 5; IV, 1. - -[869] Pasajes citados. Estrabon demuestran más justicia y penetracion -(XVI, II, 34 y sig.). Comp. Dion Casio, XXXVII, 17 y siguientes. - -[870] Tác., _Hist._, V, 5. - -[871] Josefo, _Contra Apion._, II, 39. - -[872] Marcial, XII, 57. - -[873] Jos., _Ant._, XIV, X, 6, 11-14. - -[874] Ecclesiástico, X, 25, 26, 27. - -[875] Rom., I, 24 y sig. - -[876] Zac., VIII, 23. - -[877] Hor., _Sat._, I, IX, 69; Persio, V, 179 y sig.; Juvenal, _Sat._, -VI, 159; XIV, 96 y sig. - -[878] _Contra Apion._, II, 39. - -[879] Aulo Persio, V, 179-184; Juvenal, VI, 157-160. La grave -preocupacion del judaismo que se observa en los escritores romanos -del primer siglo, sobre todo en los satíricos, proviene de esta -circunstancia. - -[880] Juvenal, _Sat._, III, 62 y sig. - -[881] Cic., _De prov. consul._, 5. - -[882] Los niños que me habian parecido bonitos en mi primer viaje los -encontré, cuatro años más tarde, feos, comunes y vulgares. - -[883] Πατρῴοις θεοῖς, fórmula muy frecuente en las inscripciones sirias -(_Corpus inscr. græc._, números 4449, 4450, 4451, 4463, 4479, 4480, -6015). - -[884] _Corpus inscr. græc._, números 4474, 4475, 5936; _Mission de -Phénicie_, l. II, c. II, inscripcion de Abedat. Comp. _Corpus_, números -2271, 5853. - -[885] Ζεὺς οὐράνιος, ἐπουράνιος, ὕψιστος, μέγιστος, θεὸς σατράπης. -_Corpus inscr. græc._, números 4500, 4501, 4502, 4503, 6012; Lepsius, -_Denkmæler_, t. XII, fol. 100, n.º 590; _Mission de Phénicie_, p. 103, -104 y sig. - -[886] He desarrollado esto en el _Journal Asiatique_, febrero y marzo -de 1859, p. 259 y sig., y en la _Mission de Phénicie_, l. II, c. II. - -[887] Código sirio, en Land, _Anecdota Syriaca_, I, p. 152; hechos -diversos de los cuales he sido testigo. - -[888] Nacido en el Haurán. - -[889] Véase Forcellini, en la palabra _Syrus_. Esta palabra designaba -en general á _los orientales_. Leblant, _Inscript. chrét. de la Gaule_, -I, p. 207, 328-329. - -[890] Juvenal, III, 62, 63. - -[891] Tal es hoy el temperamento del Sirio cristiano. - -[892] Inscripciones en las _Mém. de la Soc. des Antiquaires de Fr._, -t. XXVIII, 4 y sig.; en Leblant, _Inscript. chrét. de la Gaule_, I, p. -CXLIV, 207, 324 y sig., 353 y sig., 375 y sig.; II, 259, 459 y sig. - -[893] Los Maronitas colonizan todavía casi todo el Levante á la manera -de los Judíos, de los Armenios, y de los Griegos, aunque en menor -escala. - -[894] Léase Ciceron, _De offic._, I, 42; Dionisio de Halicarnaso, II, -28; IX, 25. - -[895] Véanse los tipos de esclavos en Plauto y Terencio. - -[896] II Cor., XII, 9. - -[897] Tácito, _Ann._, II, 85. - -[898] Tácito, _Ann._, I, 2; Floro, IV, 3; Pomponio, en el Digesto, l. -I, tít. II, fr. 2. - -[899] Helicon, Apeles, Eucéres, etc. Los reyes de Oriente eran -considerados por los romanos como los maestros en tiranía de sus malos -emperadores. Dion Casio, LIX, 24. - -[900] Véase la inscripcion del parásito de Antonio, en los _Comptes -rendus de l’Acad. des Inscr. et B.-L._, 1864, p. 166 y sig. Compárese -Tácito, _Ann._, IV, 55-56. - -[901] Véase como ejemplo, la oracion fúnebre de Turia por su esposo Q. -Lucrecio Vespillo; texto epigráfico publicado por la primera vez de una -manera completa por Mommsen en las _Mémoires de l’Academie de Berlin_ -de 1863, p. 455 y sig. Compárese la oracion fúnebre de Murdia (Orelli, -_Inscr. lat._, núm. 4860) y la de Matidia por el emperador Adriano -(_Mém. de l’Academie de Berlin_, vol. citado, p. 483 y sig.) Suelen -preocuparse muchos por los pasajes de los satíricos latinos donde se -ponen en relieve los vicios de las mujeres muy severamente. Pero esto -es como si se tratara el cuadro de las costumbres generales del siglo -XVII, segun Mathurin Regnier y Boileau. - -[902] Orelli, números 2647 y sig., sobre todo 2677, 2742, 4530, 4860. -Henzen, números 7382 y sig., sobre todo núm. 7406; Renier, _Inscr. de -l’Algerie_, núm. 1987. Estos epítetos pueden haber sido con frecuencia -engañosos, pero prueban al menos la importancia que se daba á la virtud. - -[903] Plinio, _Epist._, VII, 19; IX, 13; Apiano, _Guerras civiles_, IV, -36. Fannia siguió dos veces al destierro á su esposo Helvidio Prisco; y -fué desterrada por tercera vez despues de su muerte. - -[904] El heroismo de Arria es conocido de todos. - -[905] Suetonio, _Aug._, 73; Oracion fúnebre de Turia, I, línea 30. - -[906] Oracion fúnebre de Turia, I, línea 31. - -[907] La opinion mucho más severa de San Pablo (Rom. I, 24 y sig.) se -explica del mismo modo. San Pablo no conocia á la alta sociedad romana, -y sus invectivas son esas de que hacen uso los predicadores y que no -deben nunca tomarse al pié de la letra. - -[908] Séneca, _Epist._, XII, XXIV, XXVI, LVIII, LXX; _De ira_, III, 15; -_De tranquillitate animi_, 10. - -[909] Apocal., XVII. Cf. Séneca, _Epist._, XCV, 16 y sig. - -[910] Suetonio, _Aug._ 48. - -[911] Los ejemplos son innumerables en las inscripciones. - -[912] Plutarco, _Præc. ger. reipubl._, XV, 3-4; _An seni sit ger. -resp._, entero. - -[913] Jos., _Ant._, XIV, X, 22, 23. Comp. Tácito, _Ann._, IV, 55-56; -Rutilius Numatianus, _Itin._, I, 63 y sig. - -[914] «Inmensa romanæ pacis majestas.» Plinio, _Hist. nat._, XXVII, 1. - -[915] Elio Arístides, _Elogio de Roma_; Plutarco, tratado de la -_Fortuna de los Romanos_, comienzo; Philon, _Leg. ad Caium_, § 21, 22, -39, 40. - -[916] Dionisio de Halicarnaso, _Antigüedades romanas_, I, principio. - -[917] Plutarco, _Vida de Solon_, 20. - -[918] Véase Ateneo, XII, 68; Eliano, _Var. Hist._, IX, 12; Suidas, en -la voz Ἐπίκουρος. - -[919] Tácito, _Ann._, I, 2. - -[920] Estúdiese el carácter de Euthyphron, en Platon. - -[921] Diog. Laercio, II, 101, 116; V, 5, 6, 37, 38; IX, 52; Ateneo -XIII, 92; XV, 52; Eliano, _Var. Hist._, II, 23; III, 36; Plutarco, -_Pericles_, 32; _De plac. philos._, I, VII, 2; Diod. Sic., XIII, VI, 7; -Escol. de Aristófanes, en _Aves_, 1073. - -[922] En particular, bajo Vespasiano; caso de Helvidio Prisco. - -[923] Trataremos sin embargo de demostrar más adelante que estas -persecuciones, cuando menos hasta la de Decio, se han exagerado. - -[924] Los primeros cristianos son, en efecto, muy respetuosos para con -la autoridad romana. Rom., XIII, 1 y sig.; I Petri, IV, 14-16. Para San -Lucas, véase más arriba, Introd., p. XXIII-XXIV. - -[925] Diógenes Laercio, VII, I, 32, 33; Eusebio, _Prepar. Evang._ XV, -15; y, en general, el _De legibus_ y el _De officiis_ de Ciceron. - -[926] Terencio, _Heautont._, I, I, 77; Cic. _De finibus bon. et mal._, -V, 23; _Partit. orat._, 16, 24; Ovidio, _Fastos_, II, 684; Lucano, VI, -54 y sig.; Séneca, _Epist._, XLVIII, XCV, 51 y sig.; _De ira_, I, 5; -III, 43; Arriano, _Dissert de Epict._, I, IX, 6; II, V, 26; Plutarco, -_De la fort. de los Rom._, 2; _De la fort. de Alejandro_, I, 8, 9. - -[927] Virgilio, _Egl._, IV; Séneca, _Medea_, 375 y sig. - -[928] Tác., _Ann._, II, 85; Suetonio, _Tib._, 35; Ovidio, _Fast._, II, -497-514. - -[929] Las inscripciones de mujeres contienen frases sublimes. «Mater -omnium hominum, parens omnibus subveniens,» en Renier, _Inscr. de -l’Algerie_ n.º 1987. Comp. _ibid._, n.º 2756; Mommsen, _Inscr. R. N._, -n.º 1431, «Duobus virtutis et castitatis exemplis,» _Not. et mém. -de la Soc. de Constantine_, 1865, pág. 158. Véase la inscripcion de -Urbanille, en Guérin, _Voy. archéol. dans la rég. de Tunis_, I, 289 y -la deliciosa inscripcion, Orelli, núm. 4648. Muchos de estos textos son -posteriores al primer siglo, pero no eran nuevos los sentimientos que -expresaban cuando se escribieron. - -[930] _Propos de table_, I, V, 1; _Vida de Demóst._, 2; el diálogo _Del -amor_, 2; y sobre todo el _Consuelo_ á su esposa. - -[931] «Caritas generis humani,» Cic., _De finibus_, V, 23. «Homo sacra -res homini,» Séneca, _Epist._., XCV, 33. - -[932] Séneca, _Epist._, XXXI, XLVII; _De benef._, III, 18 y sig. - -[933] Tácito, _Ann._, XIV, 42 y sig.; Suetonio, _Claudio_, 25; Dion -Casio, LX, 29; Plinio, _Epist._, VIII, 16; Inscrip., de Lanuvium, col. -2, líneas 1-4 (en Mommsen, _De coll. et sodal. Rom._, ad calcem); -Séneca el Orador, _Controv._, III, 21; VII, 6; Séneca el Filós., -_Epist._, XLVII; _De benef._, III, 18 y sig.; Columela, _De re -rustica_, I, 8; Plutarco, _Vida de Caton el Viejo_, 5; _De ira_, 11. - -[934] _Epist._, XLVII, 13. - -[935] Caton, _De re rustica_, 58, 59, 104; Plutarco, _Vida de Caton_, -4, 5. Compárense las máximas casi tan duras del _Eclesiástico_, XXXIII, -25 y sig. - -[936] Tácito, _Ann._, XIV, 60; Dion Casio, XLVII, 10; LX, 16; LXII, 13; -LXVI, 14; Suetonio, _Caius_, 16; Apiano, _Guerras civiles_, IV, desde -el capítulo XVII (sobre todo el cap. XXXVI y sig.) hasta el cap. LI. -Juvenal, VI, 476 y sig., describe las costumbres de la peor sociedad. - -[937] Horacio, _Sat._, I, VI, 1 y sig.; Cic., _Epist._, III, 7; Séneca -el Orador, _Controv._, I, 6. - -[938] Suetonio, _Caius_, 15, 16; _Claudio_, 19, 23, 25; _Neron_, 16; -Dion Casio, LX, 25, 29. - -[939] Tácito, _Ann._, VI, 17; comp. IV, 6. - -[940] Tácito, _Ann._, XIII, 50-51; Suetonio, _Neron_, 10. - -[941] Epitafio del joyero Evodio (hominis boni, misericordis, amantis -pauperes), _Corpus inscr. lat._, n.º 1027, inscripcion del siglo -de Augusto. (Cf. Egger, _Mém. d’hist. anc. et de phil._, p. 351 y -sig.); Perrot, _Exploration de la Galatie_, etc., p. 118-119, πτωχοὺς -φιλέοντα; _Oracion fúnebre de Matidia_, por Adriano (_Mém. de l’Acad. -de Berlin_ para 1863, p. 489); Mommsen, _Inscr. regni Neap._, n.º 1431, -2868, 4880; Séneca el Orador, _Controv._, I, 1; III, 19; IV, 27; VIII, -6; Séneca el Filósofo, _De clem._, II, 5, 6; _De benef._, I, 1; II, 11; -IV, 14; VII, 31. Compárese Leblant, _Inscr. chrét. de la Gaule_, II, p. -23 y sig.; Orelli, n.º 4657; Fea, _Framm. de’ fasti consol._, p. 90; R. -Garrucci, _Cimitero degli ant. Ebrei_, p. 44. - -[942] _Corpus inscr. græc._, n.º 2758. - -[943] _Ibid._, n.º 2194 _b_, 2511, 2759 _b_. - -[944] Es preciso recordar que Corinto en la época romana era una -colonia de extranjeros, establecida, en el mismo lugar que ocupaba la -antigua ciudad, por César y por Augusto. - -[945] Luciano, _Demonax_, 57. - -[946] Dion Casio, LXVI, 15. - -[947] Véase sobre todo Elio Arístides, tratado contra la comedia, (I, -p. 751 y sig., edic. Dindorf). - -[948] Es notable que en varias ciudades del Asia Menor los restos -de los teatros antiguos son todavía hoy otros tantos focos de -prostitucion. Comp. Ovidio, _Arte de Amar_, I, 89 y sig. - -[949] Orelli-Henzen, núms. 1172, 3362 y sig., 6669; Guérin, _Voy. en -Tunisie_, II, p. 59; Borghesi, _Obras completas_, IV, p. 269 y sig.; -E. Desjardins, _De tabulis alimentariis_ (París 1854); Aurelio Victor, -_Epítome_, Nerva; Plinio, _Epist._, I, 8; VII, 18. - -[950] Inscripcion en Desjardins, _op. cit._, parte II, cap. I. - -[951] Suetonio, _Aug._, 41, 46; Dion Casio, LI, 21; LVIII, 2. - -[952] Tácito, _Ann._, II, 87; VI, 13; XV, 18, 39; Suetonio, _Aug._, 41, -42; _Claudio_, 18. Comp. Dion Casio, LXII, 18; Orelli, n.º 3358 y sig.; -Henzen, 6662 y sig.; Forcellini, en el artículo _Tessera frumentaria_. - -[953] _Odisea_, VI, 207. - -[954] Eurípides, _Suppl._, v. 773 y sig.; Aristóteles, _Retór._, II, -VIII; _Ética á Nicómaco_, VIII, I; IX, X. Véase Estobeo, _Florilegio_, -XXXVII y CXIII, y, en general, los fragmentos de Menandro y de los -cómicos griegos. - -[955] Aristóteles, _Política_, VI, III, 4 y 5. - -[956] Ciceron, _Tusculanas_, IV, 7, 8; Séneca, _De clem._, II, 5, 6. - -[957] Papiro del Louvre, n.º 37, col. 1, ligne 21, en las _Notices et -extraits_, t. XVIII, 2.ª parte, p. 298. - -[958] Véase más arriba, p. 123. - -[959] Apoc., XVII y sig. - -[960] Virgilio, _Egl._ IV; _Georg._ I, 463 y sig.; Horacio, _Od._, I, -II; Tácito, _Ann._, VI, 12; Suetonio, _Aug._, 31. - -[961] Véase, por ejemplo, _De republ._, III, 22, citado y conservado -por Lactancio, _Instit. div._, VI, 8. - -[962] Véase, por ejemplo, la admirable carta XXXI á Lucilio. - -[963] Suetonio, _Vesp._, 18; Dion Casio, t. VI, pág. 558 (edic. Sturz); -Eusebio, _Chron._, en el año 89; Plinio, _Epist._, I, 8; Henzen, -_Suppl. à Orelli_, p. 124, núm. 1172. - -[964] Oracion fúnebre de Turia, I, líneas 30-31. - -[965] Véase sobre todo el primer libro de Valerio Máximo, la obra de -Julius Obsequens sobre los Prodigios y los _Discursos sagrados_ de Elio -Arístides. - -[966] Augusto (Suetonio, _Aug._, 90-92), César mismo, segun se -dice (Plinio _Hist. nat._, XXVIII, IV, 7, pero tengo mis dudas), -participaban de ella. - -[967] Manilio, Higino, traducciones de Arato. - -[968] Ciceron, _Pro Archia_, 10. - -[969] Suetonio, _Claudio_, 25. - -[970] Josefo, _Ant._, XIX, V, 3. - -[971] _Bereschith rabba_, cap. LXV, fol. 65 _b_; du Cange, en la voz -_matricularius_. - -[972] Ciceron, _De legibus_, II, 8; Vopiscus, _Aureliano_, 19. - -[973] «Religio sine superstitione.» Oracion fúnebre de Turia, I, líneas -30-31. Véase el _Tratado de la supersticion_ de Plutarco. - -[974] Véase Meliton, Περὶ ἀληθείας, en el _Spicilegium syriacum_ de -Cureton, p. 43 ó en el _Spicil. Solesmense_ de dom Pitra, t. II, p. -XLI, para darse cuenta de la impresion que esto producia en los judíos -y cristianos. - -[975] Suetonio, _Aug._, 52; Dion Casio, LI, 20; Tácito, _Ann._, I, 10; -Aurelio Victor, _Cæs._, 1; Apiano, _Bell. Civ._, V, 132; Jos., _B. -J._, I, XXI, 2, 3, 4, 7; Noris, _Cenotaphia Pisana_, dissert. I, cap. -4; _Kalendarium Cumanum_, en _Corpus inscr. lat._, I, p. 310, Eckhel, -_Doctrina num. vet._, parte 2.ª, vol. VI, p. 100, 124 y sig. - -[976] Tácito, _Ann._, IV, 55-56. Comp. Valerio Máximo, pról. - -[977] Corinto; la única ciudad de Grecia que contó en los primeros -siglos con un cristianismo considerable, no era ya en aquella época una -ciudad helénica. - -[978] Heráclides, Cornutus. Comp. Cic., _De natura deorum_, III, 23-25, -60, 62-64. - -[979] Plutarco, _Consolatio ad uxorem_, 10; _De sera numinis vindicta_, -22. Heuzey, _Mission de Macédoine_, p. 128; _Revue archéologique_, -Abril 1864 p. 282. - -[980] Lucrecio, I, 63 y sig.; Salustio, _Catil._, 52; Cic., _De nat. -deorum_, II, 24, 28; _De divinat._, II, 33, 35, 57; _De haruspicum -responsis_, casi entero; _Tuscul._, I, 16; Juvenal, Sat. II, 149-152; -Séneca, _Epist._, XXIV, 17. - -[981] «Sua cuique civitati religio est, nostra nobis.» Cic., _Pro -Flacco_, 28. - -[982] Cic., _De nat. deorum_, I, 30, 42; _De divinat._, II, 12, 33, -35, 72; _De harusp. resp._, 6, etc.; Tito Livio, I, 19; Quinto Curcio, -IV, 10; Plutarco, _De plac. phil._, I, VII, 2; Diod. Sic., I, II, 2; -Varron, en S. Agust., _De civit. Dei_, IV, 31, 32; VI, 6; Dionisio de -Halic., II, 20; VIII, 5; Valerio Máximo, I, II. - -[983] Cic., _De divinat._, II, 15; Juvenal, II, 149 y sig. - -[984] Tác., _Ann._, XI, 15; Plinio, _Epist._, X, 97, _sub fin._ -Estúdiese el personaje de Serapio en Plutarco, _De Pythiæ oraculis_. -Comp. _De EI apud Delphos_, init. Véase sobre todo Valerio Máximo, -libro I entero. - -[985] Juv., Sat. VI, 489, 527 y sig.; Tácito, _Ann._, XI, 15. Comp. -Luciano _Asamblea de los dioses_; Tertuliano, _Apolog._, 6. - -[986] Jos., _Ant._, XVIII, III, 4; Tácito, _Ann._, II, 85; Le Bas, -_Inscrip._, parte V, n.º 395. - -[987] Plutarco, _De Pyth. orac._, 25. - -[988] Véase Luciano, _Alexander seu pseudomantis_ y _De morte -Peregrini_. - -[989] Séneca, _Epist._, XII, XXIV, LXX; Inscripcion de Lanuvium, 2.ª -col., líneas 5-6; Orelli, 4404. - -[990] Dion Casio, LXVI, 13; LXVII, 13; Suetonio, _Domit._, 10; Tácito, -_Agrícola_, 2, 45; Plinio, _Epist._, III, 11; Philostrato, _Vida de -Apolonio_, I, VII, entero; Eusebio, _Chron._, ad ann. Chr. 90. - -[991] Dion Casio, LXII, 29. - -[992] Arriano, _Dissert. de Epicteto_, I, II, 21. - -[993] _Ibid._, I, XXV, 22. - -[994] Valerio Máximo., I, III; Tito Livio, XXXIX, 8-18; Ciceron, _De -legibus_, II, 8; Dionis. de Halic., II, 20; Dion Casio, XL, 47; XLII, -26; Tertuliano, _Apol._, 6; _Adv. nationes_, I, 10. - -[995] Propercio, IV, I, 17; Lucano, VIII, 831; Dion Casio, XLVII, 15; -Arnobio, II, 73. - -[996] Valerio Máximo, I, III, 3. - -[997] Dion Casio, XLVII, 15. - -[998] Jos., XIV, X. Comp. Ciceron, _Pro Flacco_, 28. - -[999] Suet., _Aug._, 31, 93; Dion Casio, LII, 36. - -[1000] Suet., _Aug._, 93. - -[1001] Dion Casio, LIV, 6. - -[1002] Jos., _Ant._, XVI, VI. - -[1003] _Ibid._, XVI, VI, 2. - -[1004] Dion. Casio, LII, 36. - -[1005] Jos., _B. J._, V, XIII, 6. Comp. Suetonio, _Aug._, 93. - -[1006] Suetonio, _Tib._, 36; Tác., _Ann._, II, 85; Jos., _Ant._, -XVIII, III, 4, 5; Philon, _In Flaccum_, § 1; _Leg. ad Caium_, § 24; -Séneca, _Epist._, CVIII, 22. El aserto de Tertuliano (_Apolog._, 5), -reproducido por otros escritores eclesiásticos, acerca de cuál seria la -intencion de Tiberio al colocar á Jesucristo en el rango de los dioses, -no merece ser discutida. - -[1007] Dion Casio, LX, 6. - -[1008] Tácito, _Ann._, XI, 15. - -[1009] Dion Casio, LX, 6; Suetonio, _Claudio_, 25; _Act._, XVIII, 2. - -[1010] Dion Casio, LX, 6. - -[1011] Jos., _Ant._, XIX, V, 2; XX, VI, 3; _B. J._, II, XII, 7. - -[1012] Suet., _Neron_, 56. - -[1013] Tácito, _Ann._, XV, 44; Suetonio, _Neron_, 16. Esto se -desarrollará más tarde. - -[1014] Tácito, _Ann._, XIII, 32. - -[1015] Comp. Dion Casio (Xiphilin), _Domit._, sub fin.; Suetonio, -_Domit._, 15. Esta distincion se hace formalmente en el Digesto, l. -XLVII, tít. XXII, _de Coll. et Corp._, 1 y 3. - -[1016] Cic., _Pro Flacco_, 28. - -[1017] Esta distincion se indica en las _Actas_, XVI, 20-21. Cf. XVIII, -13. - -[1018] Cic., _Pro Flacco_, 28; Juvenal, XIV, 100 y sig.; Tácito, -_Hist._, V, 4, 5; Plinio, _Epist._, X, 97; Dion Casio, LII, 30. - -[1019] Jos., _B. J._, VII, V, 2. - -[1020] Elio Arístides, _Pro Serapide_, 53; Juliano, Orat. IV, p. 136 de -la edicion de Spanheim, y las planchas grabadas recogidas por Leblant -en el _Bulletin de la Soc. des Antiq. de Fr._, 1859, p. 191-195. - -[1021] Tác., _Ann._, II, 85; Suet., _Tib._, 36; Jos., _Ant._, XVIII, -III 4-5; carta de Adriano, en Vopiscus, _Vita Saturnini_, 8. - -[1022] Dion Casio, XXXVII, 17. - -[1023] Véanse las inscripciones publicadas ó corregidas en la _Revue -archéol._, nov. 1864, 397 y sig.; dic. 1864, p. 460 y sig.; junio 1865, -p. 451-452 y p. 497 y sig.; sept. 1865, p. 214 y sig.; abril 1866; -Ross, _Inscr. græc. ined._, fasc. II, n.º 282, 291, 292; Hamilton, -_Researches in Asia Minor_, vol. II, n.º 301; _Corpus insc. græc._, -núms. 120, 126, 2525 _b_, 2562; Rhangabé, _Antiq. hellen._, n.º 811; -Henzen n.º 6082; Virgilio, _Egl._, V, 30. Comp. Harpocracion, _Lex._, -en la palabra ἐρανιστής; Festus, en la palabra _Thiasitas_; Digesto, -XLVII, XXII, _de Coll. et Corp._, 4; Plinio, _Epist._, X, 93, 94. - -[1024] Aristóteles, _Étic. á Nicom._, VIII, IX, 5; Plut., _Cuest. -griegas_, 44. - -[1025] Wescher, en los _Archives des missions scientif._, 2.ª série, t. -I, p. 432, y _Rev. arch._ Setiembre 1865, p. 221-222. Cf. Aristóteles, -_Œeconom._, II, 3; Estrabon, IX, I, 15; _Corpus inscr. gr._ n.º 2271, -líneas 13-14. - -[1026] Κληρωτοί. - -[1027] Κλῆρος. La Etimología eclesiástica de κλῆρος es distinta y alude -á la situacion de la tribu de Leví en Israel, pero no es imposible -que la palabra se haya tomado primitivamente de las cofradías griegas -(cf. _Act._, I, 25-26; I Petri, V, 3; Clem. de Alej., en Eusebio, _H. -E._, III, 23.) Wescher ha encontrado entre los dignatarios de estas -cofradías un ἐπίσκοπος (_Rev. arch._, Abril 1866). Véase, más arriba, -p. 129. La asamblea se titulaba algunas veces συναγωγή (_Rev. arch._, -Setiembre 1865, p. 216; Pollux, IX, VIII, 143.) - -[1028] _Corp. inscr. gr._, n.º 126. Comp. _Rev. arch._, Setiembre 1865, -p. 216. - -[1029] Wescher, en la _Revue archéol._, Diciembre 1864, p. 460 y sig. - -[1030] Véase más arriba, p. 348, nota 979. - -[1031] Á las cofradías griegas les sucedia tambien algo de esto. -Inscrip. en la _Rev. arch._, Diciembre 1864, p. 462 y sig. - -[1032] Digesto, XLVII, XXII, _de Coll. et Corp._, 4. - -[1033] Tito Livio, XXIX, 10 y sig.; Orelli y Henzen, _Inscr. lat._, c. -V. § 21. - -[1034] Dion Casio, LII, 36; LX, 6. - -[1035] Tito Livio, XXXIX, 8-18. Comp. el decreto epigráfico en el -_Corpus inscr. latinarum_, I, p. 43-44. Cf. Cic., _De legibus_, II, 8. - -[1036] Cic., _Pro Sext._, 25; _In Pis._, 4; Asconio, _In Cornelianam_, -75, (edic. Orelli); _In Pisonianam_, p. 7-8; Dion Casio, XXXVIII, 13, -14; Digesto, III, IV, _Quod cujusc._, 1; XLVII, XXII, _de Coll. et -Corp._, entero. - -[1037] Suetonio, _Domit._, 1; Dion Casio, XLVII, 15; LX, 6; LXVI, 24., -pasajes de Tertuliano y de Arnobio precitados. - -[1038] Suetonio, _César_, 42; _Aug._, 32; Jos., _Ant._, XIV, X, 8; Dion -Casio, LII, 36. - -[1039] «Kaput ex S. C. P. R. Quibus coire, convenire, collegiumque -habere liceat. Qui stipem menstruam conferre volent in funera, ii in -collegium coeant, neque sub specie ejus collegi nisi semel in mense -coeant conferendi causa unde defuncti sepeliantur.» Inscripcion -de Lanuvium, 1.ª col., líneas 10-13, en Mommsen, _De collegiis et -sodaliciis Romanorum_ (Kiliæ, 1843), p. 81-82 y _ad calcem_. Cf. -Digesto, XLVII, XXII, _de Coll. et Corp._, 1; Tertuliano, _Apolog._, 39. - -[1040] Inscrip. de Lanuvium, 2.ª col., líneas 3, 7; Digesto, XLVII, -XXII, _de Coll. et Corp._, 3. - -[1041] Digesto XLVII, XI, _de Extr. crim._, 2. - -[1042] _Ibid._, XLVII, XXII, _de Coll. et Corp._, 1 y 3. - -[1043] Heuzey, _Mission de Macédoine_, p. 71 y sig.; Orelli, _Inscr._, -n.º 4093. - -[1044] Orelli, 2409; Melchiorri y P. Visconti, _Silloge d’iscrizioni -antiche_, p. 6. - -[1045] Véanse las piezas relativas á los colegios de Esculapio é Higia, -de Júpiter Cernenus y de Diana y Antínoo, en Mommsen, _op. cit._, p. 93 -y sig. Comp. Orelli, _Inscr. lat._, n.º 1710 y sig., 2394, 2395, 2413, -4075, 4079, 4107, 4207, 4938, 5044; Mommsen, _op. cit._, p. 96, 113, -114; de Rossi, _Bullettino di archeol. cristiana_, 2.º año, n.º 8. - -[1046] Inscripcion de Lanuvium, 1.ª col., línea 6-7; Orelli, 2270; de -Rossi, _Bullett. di archeol. crist._, 2.º año, n.º 8. - -[1047] Inscripcion de Lanuvium, 2.ª col., líneas 11-13; Orelli, 4420. - -[1048] Inscripcion de Lanuvium, 1.ª col., líneas 3-9, 21; 2.ª col., -líneas 7-17; Mommsen, _Inscr. regni Neap._, 2559; Marini, _Atti_, p. -398; Muratori, 491, 7; Mommsen, _De coll. et sod._, p. 109 y sig., 113. -Comp. I Cor., XI, 20 y sig. El presidente de las iglesias cristianas es -llamado por los paganos θιασάρχης. Luciano, _Peregrinus_, 11. - -[1049] Inscrip. de Lanuvium, 2.ª col., línea 7. - -[1050] Inscripcion de Lanuvium, 2.ª col., líneas 24-25. - -[1051] _Ibid._, 2.ª col., líneas 26-29. Cf. _Corpus inscr. gr._, n.º -126. - -[1052] Orelli, _Inscr. lat._, n.º 2399, 2400, 2405, 4093, 4103; -Mommsen, _De coll. et sod. Rom._, p. 97; Heuzey, _l. c._ Compárense aún -hoy los pequeños cementerios de las cofradías en Roma. - -[1053] Hor., _Sat._, I, VIII, 8 y sig. - -[1054] _Funeraticium._ - -[1055] Inscrip. de Lanuvium, 1.ª col., líneas 24, 25, 32. - -[1056] Inscrip. de Lanuvium, 2.ª col., líneas 3-5. - -[1057] Ciceron, _De offic._, I, 17; Schol. Bobb. ad Cic., _Pro Archia_, -X, 1. Comp. Plutarco, _De frat. amore_, 7; Digesto, XLVII, XXII, _de -Coll. et Corp._, 4. En una inscripcion de Roma el fundador de una -sepultura estipula que todos cuantos se depositen allí han de ser de su -religion, _ad religionem pertinentes meam_ (de Rossi, _Bullettino di -archeol. crist._, tercer año, n.º 7, p. 54). - -[1058] Tertuliano, _Ad Scapulam_, 3; de Rossi, _op. cit._, tercer año, -n.º 12. - -[1059] S. Justino, _Apol. I_, 67; Tertuliano, _Apolog._, 39. - -[1060] Ulpiano, _Fragm._, XXII, 6; Digesto, III, IV, _Quod cujusc._, -1; XLVI, I, _de Fid. et Mand._, 22; XLVII, II, _de Furtis_, 31; XLVII, -XXII, _de Coll. et Corp._, 1 y 3; Gruter, 322, 3 y 4; 424, 12; Orelli, -4080; Marini, _Atti_, p. 95; Muratori, 516, 1; _Mém. de la Soc. des -Antiq. de Fr._, XX, p. 78. - -[1061] Dig., XLVII, XXII, _de Coll. et Corp._, entero; Inscr. de -Lanuvium, 1.ª col., líneas 10-13; Marini, _Atti_, p. 552; Muratori, -520, 3; Orelli, 4075, 4115, 1567, 2797, 3140, 3913; Henzen, 6633, 6745; -y otras más en Mommsen, _op. cit._, p. 80 y sig. - -[1062] Digesto, XLVII, XI, _de Extr. crim._, 2. - -[1063] _Ibid._, XLVII, XXII, _de Coll. et Corp._, 2; XLVIII, IV, _ad -Leg. Jul. majest._, 1. - -[1064] Dion Casio, LX, 6. Comp. Suetonio, _Neron_, 16. - -[1065] Véase la correspondencia administrativa de Plinio y de Trajano. -Plinio, _Epist._, X, 43, 93, 94, 97 y 98. - -[1066] «Permittitur tenuioribus stipem menstruam conferre, dum tamen -semel in mense coeant, ne sub prætextu hujusmodi illicitum collegium -coeant (Dig., XLVII, XXII, _de Coll. et Corp._, 1).» «Servos quoque -licet in collegio tenuiorum recipi volentibus dominis (_ibid._, 3).» -Cf. Plinio, _Epist._, X, 94; Tertuliano, _Apol._, 39. - -[1067] Digesto, I, XII, _de Off. præf. urbi_, 1, § 14 (cf. Mommsen, -_op. cit._, p. 127); III, IV, _Quod cujusc._, 1; XLVII, XX, _de Coll. -et Corp._, 3. Es preciso notar que el excelente Marco Aurelio extendió -cuanto pudo el derecho de asociacion. Dig. XXXIV, V, _de Rebus dubiis_, -20; XL, III, _de Manumissionibus_, 1; y XLVII, XXII, _de Coll. et -Corp._, 1. - -[1068] Véase de Rossi, _Bullettino di archeol. cristiana_, tercer año, -núms. 3, 5, 6, 12. El caso de Pomponia Græcina (Tác., _Ann._, XIII, -32.) bajo Neron, es ya muy característico, pero no hay seguridad que -ella fuese cristiana. - -[1069] Véase de Rossi, _Roma sotterranea_, I, p. 309; y pl. XXI, núm. -12; y las aproximaciones epigráficas hechas por Léon Renier, _Comptes -rendus de l’Acad. des Inscr. et B.-L._, 1865, p. 289 y sig., y por el -general Creuly, _Rev. arch._, Enero 1866, p. 63-64. Comp. de Rossi, -_Bull._, tercer año, núm. 10, p. 77-79. - -[1070] I Cor., I, 26 y sig.; Jac., II, 5 y sig. - -[1071] Αἶρε τοὺς ἀθέους. Véase la relacion del martirio de S. -Policarpo, § 3, 9, 12, en Ruinart, _Acta sincera_, p. 31 y sig. - -[1072] _Ebionim_. Véase _Vida de Jesús_, p. 179 y sig., y Jac. II, 5 y -sig., Comp. los πτωχοὶ τῷ πνεύματι. Mat., V, 3. - -[1073] Véase más arriba, p. 351, 355. - -[1074] Tácito, _Ann._, XV, 44; Plinio, _Epist._, X, 97; Suetonio, -_Neron_, 16; _Domit._, 15; el _Philopatris_, entero; Rutilius -Numatianus, I, 389 y sig.; 440 y sig. - -[1075] Juan, XV, 17 y sig.; XVI, 8 y sig., 33; XVII, 15 y sig. - -[1076] Jac., I, 27. - -[1077] Hablo aquí de las tendencias esenciales y primitivas del -cristianismo, y no del cristianismo completamente transformado, sobre -todo por los jesuitas de nuestros dias. - -[1078] Véase la historia de los orígenes del babismo, referida por -Gobineau, _Les relig. et les Philos. dans l’Asie centrale_ (París -1865), p. 141 y sig.; y por Mirza Kazem-beg, en el _Journal Asiatique_. -Yo mismo he tomado de dos personas que conocian muy bien la historia -del babismo, datos que confirman el relato de estos dos sabios. - -[1079] Gobineau, obra cit. p. 301 y sig. - -[1080] Tengo en mi poder otro detalle muy autorizado que dice lo -siguiente: algunos sectarios á quienes se queria obligar á que se -retractasen fueron atados á la boca de un cañon con una mecha muy -larga que ardia lentamente. Entonces se les dijo que se cortaria esta -si querian renegar de Bab, pero ellos, tendiendo los brazos hácia el -fuego, suplicábanles se apresurasen á consumar su felicidad. - - - - -ÍNDICE - -DE LOS CAPÍTULOS CONTENIDOS EN ESTE TOMO. - - - PÁG. - - INTRODUCCION. -- Crítica de los documentos originales. V - - CAP. - - I Formacion de las creencias relativas á la resurreccion de - Jesús. -- Las apariciones de Jerusalem. 59 - - II Salida de los discípulos de Jerusalem. -- Segunda vida - galilea de Jesús. 80 - - III Vuelta de los apóstoles á Jerusalem. -- Fin del período - de las apariciones. 95 - - IV Bajada del Espíritu Santo. -- Fenómenos extáticos y - proféticos. 105 - - V Primera Iglesia de Jerusalem, enteramente cenobítica. 120 - - VI Conversion de judíos helenistas y prosélitos. 143 - - VII La Iglesia considerada como una asociacion de pobres. -- - Institucion del diaconato. -- Las diaconesas y las viudas. 154 - - VIII Primera persecucion. -- Muerte de Estéban. -- Destruccion - de la primera Iglesia de Jerusalem. 172 - - IX Primeras misiones. -- El diácono Felipe. 184 - - X Conversion de San Pablo. 195 - - XI Paz y desarrollos interiores de la Iglesia de Judea. 217 - - XII Fundacion de la Iglesia de Antioquía. 236 - - XIII Idea de un apostolado de los gentiles. -- San Bernabé. 248 - - XIV Persecucion de Herodes Agrippa I. 259 - - XV Movimientos paralelos al cristianismo ó imitadores del - cristianismo. -- Simon de Gitton. 274 - - XVI Marcha general de las misiones cristianas. 287 - - XVII Estado del mundo hácia mediados del primer siglo. 308 - - XVIII Legislacion religiosa de aquel tiempo. 342 - - XIX Porvenir de las misiones. 358 - - -*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS APÓSTOLES *** - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the -United States without permission and without paying copyright -royalties. 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