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-The Project Gutenberg eBook of Los Apóstoles, by Ernesto Renán
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you
-will have to check the laws of the country where you are located before
-using this eBook.
-
-Title: Los Apóstoles
-
-Author: Ernesto Renán
-
-Translator: Enrique L. de Verneuill
-
-Release Date: May 22, 2021 [eBook #65410]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading
- Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from
- images generously made available by The Internet
- Archive/American Libraries.)
-
-*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS APÓSTOLES ***
-
-NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
-
- * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se
- han convertido a MAYÚSCULAS.
-
- * Los errores de imprenta, muy abundantes en este libro, han sido
- corregidos, así como los errores de traducción detectados.
-
- * La ortografía del original ha sido respetada, normalizándose las
- variantes a la grafía más frecuente.
-
- * Para facilitar la lectura, se han añadido tildes a las mayúsculas
- que las necesitan, se han actualizado los nombres propios antiguos
- que cuentan con grafía más moderna consolidada, y se ha actualizado
- también la ortografía de las expresiones que ahora utilizan la
- secuencia «ex-» en su raíz (así, «espresion» o «esclamacion» se han
- escrito como «expresion» y «exclamacion»).
-
- * Se ha restaurado el contenido de las notas, con sus citas y
- referencias insertas, de modo que concuerden con el original
- francés. También se han añadido las notas, completas o parciales,
- y las citas en griego que el traductor eliminó de su traducción.
-
- * Las notas han sido renumeradas y ubicadas al final del libro.
-
- * Los años de la datación, que en el original aparecen en el
- encabezado de cada página, se han limitado a una sola aparición
- marginal al principio de capítulo o de periodo.
-
- * Las páginas en blanco han sido eliminadas.
-
-
-
-
- LOS
- APÓSTOLES.
-
-
-
-
- LOS
- APÓSTOLES,
-
- OBRA ESCRITA EN FRANCÉS
-
- POR
-
- ERNESTO RENÁN,
- MIEMBRO DEL INSTITUTO.
-
- TRADUCCION DE
- D. ENRIQUE L. DE VERNEUILL.
-
- [Ilustracion]
-
- BARCELONA.
- ——
- CENTRO DE SUSCRICIONES, LA ILUSTRACION,
- CALLE DE MENDIZÁBAL, NÚM. 4.
- 1868.
-
-
-
-
-INTRODUCCION.
-
-Crítica de los documentos originales.
-
-
-El primer libro de nuestra _Historia de los orígenes del cristianismo_,
-refiere los acontecimientos hasta la muerte y enterramiento de Jesús,
-y es preciso ahora reanudar el hilo de la narracion desde el punto
-en que la dejamos, es decir, desde el sábado 4 de Abril del año 33,
-lo cual será continuar en parte la vida de Jesús. Pasados los meses
-de alegre embriaguez durante los cuales asentó el gran fundador las
-bases de un nuevo órden de cosas para la humanidad, fueron los años
-siguientes los más decisivos en la historia del mundo; y de nuevo
-encontramos á Jesús, quien por el fuego sagrado, cuya chispa depositó
-en el corazon de algunos amigos, crea instituciones de la más elevada
-originalidad, y conmueve y transforma las almas, imprimiendo en
-todas las cosas un sello divino. Ahora nos toca demostrar como bajo
-aquella influencia siempre creciente y victoriosa de la muerte, se
-propagó por la resurreccion, la fé, la influencia del Espíritu Santo,
-el don de las lenguas y el poder de la Iglesia; daremos á conocer
-la organizacion de la Iglesia de Jerusalem, sus primeras pruebas,
-sus primeras conquistas, las más antiguas misiones que salieron de
-su seno, y seguiremos en fin al cristianismo en su rápido progreso
-desde Siria hasta Antioquía, donde se forma una segunda capital, más
-importante en cierto modo que Jerusalem, á la cual debia reemplazar más
-tarde. En aquel nuevo centro donde los paganos convertidos forman la
-mayoría, veremos al cristianismo separarse definitivamente del judaismo
-y recibir un nombre; veremos nacer la idea de las grandes misiones
-lejanas, cuyo objeto era dar á conocer el nombre de Jesús en el mundo
-de los gentiles; nos detendremos en el momento solemne en que Pablo,
-Bernabé y Juan Márcos parten para llevar á cabo su elevado designio,
-é interrumpiendo entonces nuestra narracion á fin de echar una ojeada
-sobre el mundo que tratan de conquistar los atrevidos misioneros,
-trataremos de darnos cuenta del estado intelectual, político, moral,
-religioso y social del imperio romano, hácia el año 45, fecha probable
-de la partida de San Pablo á su primera mision.
-
-Tal es el objeto de este segundo libro, que titularemos _Los
-Apóstoles_, porque expone el período de la accion comun durante el cual
-la pequeña familia creada por Jesús marcha de concierto y se agrupa
-moralmente al rededor de un punto único, de Jerusalem. En nuestro
-próximo libro, que será el tercero, saldremos de este cenáculo para
-ver presentarse casi solo en escena al hombre que representa mejor que
-otro ninguno al cristianismo conquistador y viajero, es decir á San
-Pablo.
-
-Aun cuando éste se haya dado desde cierta época el título de Apóstol,
-no lo era con el mismo título que los Doce,[1] y solo debe considerarse
-como un obrero de segundo órden, y hasta puede decirse como un intruso.
-
-Segun se desprende de los documentos históricos que han llegado hasta
-nosotros, y como sabemos muchas más cosas de San Pablo que de los Doce,
-y tenemos sus escritos auténticos, y memorias originales de notable
-precision sobre algunas épocas de su vida, se ha incurrido en el
-error de darle una importancia de primer órden, casi superior á la de
-Jesús. Pablo es ciertamente un gran hombre y desempeñó en la fundacion
-del cristianismo un papel de los más importantes, pero no se le debe
-comparar ni á Jesús ni aun á los discípulos de éste. Pablo no vió á
-Jesús ni probó la ambrosía de la predicacion de Galilea, y siendo así,
-el hombre más insignificante que tuvo su parte en el maná celestial,
-era por esto mismo superior al que apenas lo habia probado. Nada más
-falso que la opinion que está en boga en nuestros dias, segun la que se
-supone que Pablo fué el primer fundador del cristianismo. Esto no es
-exacto: el verdadero fundador del cristianismo es Jesús, y despues de
-éste deben figurar en primer término sus fieles y apasionados amigos,
-esos grandes hombres que fueron los oscuros compañeros de Jesús y
-que creyeron en él aun despues de su muerte. En el primer siglo pudo
-considerarse á Pablo como una especie de fenómeno aislado, pues en vez
-de una escuela organizada, solo dejó ardientes adversarios que despues
-de su muerte quisieron desterrarle en cierto modo de la Iglesia,
-comparándoles con Simon el Mágico.[2] Se le negó que hubiese llevado á
-cabo la conversion de los gentiles,[3] que es lo que consideramos como
-su propia obra; la Iglesia de Corinto, que él solo habia fundado,[4]
-dijo que debia tambien su orígen á San Pedro;[5] en el siglo II,
-Papias y San Justino no pronuncian su nombre, y solo más tarde, cuando
-la tradicion oral ya no fué nada y tuvo que ceder su puesto á la
-Escritura, llegó Pablo á ocupar un lugar preferente en la teología
-cristiana. Pablo en efecto fué teólogo, lo cual no puede decirse de
-Pedro y María de Magdala; Pablo ha dejado obras considerables, y los
-escritos de los demás Apóstoles no pueden competir con los suyos ni en
-importancia ni en autenticidad.
-
-Á primera vista, los documentos referentes al período que comprende
-este volúmen, son escasos y de todo punto insuficientes, pues los
-testimonios directos se reducen á los primeros capítulos de las _Actas
-de los Apóstoles_, capítulos cuyo valor histórico da lugar á graves
-objeciones. Pero la luz que proyectan en este oscuro intervalo los
-capítulos de los Evangelios, y sobre todo las epístolas de San Pablo,
-disipan en cierto modo las tinieblas. Un escrito antiguo, no solo
-sirve para dar á conocer la época en que se redactó sino tambien la
-anterior, y sugiere seguramente inducciones retrospectivas acerca de
-la sociedad que lo produjo. Las epístolas de San Pablo compuestas
-en el período comprendido desde el año 53 al 62, poco más ó menos,
-contienen infinitos datos sobre los primeros años del cristianismo
-y como se trata aquí principalmente de las grandes fundaciones sin
-fechas precisas, lo esencial es demostrar en qué condiciones se
-formaron aquellas. Debo pues advertir una vez para siempre que la fecha
-corriente inscrita al principio de cada página solo es aproximada,
-pues en la cronología de los primeros años no se cuenta sino un escaso
-número de datos fijos. Sin embargo, gracias al cuidado que ha tenido
-el autor de las _Actas_ de no alterar la série de los hechos; gracias
-á la epístola de los Galatas, donde se encuentran algunas indicaciones
-numéricas de inestimable precio, y merced en fin á Josefo que nos da
-la fecha de los acontecimientos de la historia profana, enlazados
-con algunos hechos referentes á los Apóstoles, se llega á crear para
-la historia de estos últimos un conjunto muy verosímil donde las
-probabilidades del error flotan entre los límites de la exactitud.
-
-Repetiré nuevamente al empezar este libro lo que ya he dicho al
-principio de mi _Vida de Jesús_: en historias como esta, donde solo
-el conjunto es cierto, y donde los detalles se prestan más ó menos
-á la duda, á causa del carácter legendario de los documentos, la
-hipótesis es indispensable. Tratándose de épocas de que no sabemos
-nada, no hay hipótesis posible. Intentar reproducir tal ó cual grupo
-de la escultura antigua, que ha existido ciertamente pero del cual no
-se conserva resto alguno, ni la menor noticia escrita, es ciertamente
-hacer una obra arbitraria; pero ¿no será acaso legítimo é indispensable
-tratar de reedificar los frontis del Parthenon con los restos que se
-encuentren, consultando además los textos antiguos, los dibujos hechos
-en el siglo XVII, todos los datos en fin con que pueda uno inspirarse
-en el estilo de aquellas inimitables obras, tratando de reproducir su
-alma y su vida? No diremos por esto que se ha encontrado la obra del
-escultor antiguo, pero se ha hecho lo posible por imitarla; y á fé que
-este procedimiento es tanto más legítimo en la historia, cuanto que
-el lenguaje permite las formas dubitativas, que no admite el mármol.
-Nada impide además al lector elegir entre diversas suposiciones. La
-conciencia del escritor, debe quedar tranquila desde el momento en
-que ha presentado como cierto lo que es cierto, como probable lo que
-es probable, como posible lo que es posible, y en los puntos en que
-el pensamiento se desliza entre la historia y la leyenda, lo que debe
-buscarse es el efecto general. Nuestro tercer libro, para la confeccion
-del cual contamos con documentos absolutamente históricos, y en el que
-debemos describir los caractéres con precision, refiriendo los hechos
-con claridad, ofrecerá una narracion más exacta, aun cuando se vea
-que la historia de aquel período no se conoce más á fondo. Los hechos
-consumados hablan más alto que todos los detalles biográficos: sabemos
-muy poco de los artistas inimitables que crearon las obras maestras del
-arte griego, pero esas obras nos dicen más acerca de sus autores y del
-público que las apreció, que lo que pudieran decirnos las narraciones
-más circunstanciadas, los textos más auténticos.
-
-Para el conocimiento de los hechos decisivos que pasaron en los
-primeros dias despues de la muerte de Jesús, los documentos son los
-últimos capítulos de los Evangelios, que dan cuenta de las apariciones
-de Cristo resucitado[6]; y no es necesario repetir aquí lo que he
-dicho en la introduccion de mi _Vida de Jesús_ acerca del valor de
-tales documentos. Para este libro tenemos felizmente un comprobante
-de que careciamos en nuestra primera obra, y al decir esto, me
-refiero á un pasaje capital de San Pablo (I Cor., XV, 5-8), que
-establece: 1.º la realidad de las apariciones; 2.º la larga duracion
-de estas, contrariamente á lo que refieren los evangelios sinópticos,
-y 3.º la variedad de los lugares, donde tuvieron lugar aquellas, en
-contraposicion á lo que dicen Márcos y Lucas. El estudio de este texto
-fundamental, y otras muchas razones, nos confirman en las opiniones que
-habiamos anunciado acerca de la relacion recíproca de los sinópticos
-y del 4.º Evangelio, y en lo que se refiere á la resurreccion y á las
-apariciones, es notoria la superioridad del último, por lo que hace á
-la vida de Jesús. Si se quiere encontrar una narracion seguida, lógica,
-que permita conjeturar con verosimilitud lo que se ocultó tras las
-ilusiones, allí es donde es preciso buscarlo, y aquí vengo á tocar
-la más difícil de las cuestiones que se refieren á los orígenes del
-cristianismo: ¿Cuál es el valor histórico del cuarto Evangelio? El uso
-que de este he hecho en mi _Vida de Jesús_, es precisamente lo que ha
-dado lugar á que me dirijan más objeciones los críticos ilustrados,
-pues todos los sabios que aplican á la historia de la teología el
-método racional, rechazan el cuarto Evangelio como apócrifo en todos
-conceptos. He reflexionado mucho nuevamente en este problema, y apenas
-he podido modificar mi primera opinion, mas como en este punto no soy
-del parecer de la generalidad, creo un deber mio exponer en detalle los
-motivos de mi persistencia, y lo haré en un Apéndice que aparecerá al
-fin de una edicion revisada y corregida de la _Vida de Jesús_, que ha
-de ver la luz pública próximamente.
-
-Las _Actas de los Apóstoles_, constituyen el documento más importante
-para la historia que vamos á referir, y por lo tanto debo dar algunas
-explicaciones acerca del carácter de esa obra y de su valor histórico,
-así como tambien del uso que de ella hice.
-
-No cabe la menor duda que el autor de las _Actas_ es el mismo que
-el del tercer Evangelio, y que aquellos son la continuacion de este
-último. Nadie se detendrá á probar esta proposicion, que por lo demás
-no se ha discutido sériamente[7] pero los prefacios que encabezan
-ambos escritos, la dedicatoria de uno y otro á Teófilo y la perfecta
-semejanza del estilo y de las ideas, ofrecen sobre este punto
-abundantes demostraciones.
-
-Hay una segunda proposicion que aunque no ofrece la misma seguridad,
-puede considerarse sin embargo como muy probable, y es que el autor de
-las _Actas_ es un discípulo de Pablo que le acompañó en muchos de sus
-viajes. Á primera vista, esta proposicion no admite duda. En muchos
-párrafos á partir del versículo 10 del capítulo XVI, el autor de las
-_Actas_, emplea en la narracion el pronombre _nosotros_, indicando así
-que por entonces formaba parte de la compañía apostólica que rodeaba á
-San Pablo. Esto es evidente; y en efecto; solo queda una salida para
-rebatir tan fuerte argumento, y esta es, suponer que los pasajes donde
-se halla el pronombre _nosotros_, han sido copiados por el último
-redactor de las _Actas_ de un escrito anterior, de memorias originales
-de un discípulo de Pablo, por ejemplo, de Timoteo, y que el redactor
-habrá olvidado, por inadvertencia, sustituir al _nosotros_ el nombre
-del narrador. Esta explicacion, sin embargo, no es muy admisible, pues
-si bien se comprenderia semejante descuido en una recopilacion vulgar,
-no así en el tercer Evangelio y en las _Actas_, que forman una obra muy
-bien redactada, escrita con reflexion y hasta con arte por una misma
-mano y segun un plan.[8] Ambos libros reunidos forman un conjunto donde
-se observa exactamente el mismo estilo, las mismas locuciones favoritas
-y hasta el mismo modo de citar la Escritura. Una falta tan chocante
-como la que queriamos suponer seria inexplicable, y por lo tanto todo
-nos induce poderosamente á creer que uno mismo es el que ha escrito el
-fin de la obra y el principio, y que el narrador de todo es el que dice
-_nosotros_ en los pasajes precitados.
-
-Todo esto llama aún más la atencion si se observa en qué circunstancias
-aparece el narrador en compañía de Pablo: el uso del _nosotros_
-comienza en el momento en que este último marcha á Macedonia por la
-primera vez (XVI, 10) y cesa cuando Pablo sale de Filipos; repitiéndose
-la frase cuando aquel hace el segundo viaje á los mismos puntos (XX,
-5, 6). Desde entonces el narrador no se separa de Pablo hasta el fin,
-y si se observa además que los capítulos en que el primero acompaña
-al segundo tienen un carácter particular de precision, no puede
-ponerse ya en duda que el narrador no fuera un macedonio ó más bien
-un filipense[9] que sale al encuentro de Pablo en Troas, durante la
-segunda mision; que permanece en Filipos despues de la partida del
-Apóstol, y que al pasar éste por última vez por dicha ciudad (tercera
-mision), se une á él para no abandonarle nunca. ¿Cómo se explica que
-un hombre que escribió sobre una época lejana se dejase dominar de
-tal modo por los recuerdos de otra? Estos recuerdos perjudicarian al
-conjunto: el narrador que dice _nosotros_ tendria su estilo, sus frases
-especiales[10] y seria más Pauliniano que el redactor principal, y esto
-no es así, puesto que en la obra hay una perfecta homogeneidad.
-
-Se extrañará acaso que una tésis en apariencia tan evidente haya
-encontrado contradictores, pero la crítica de los escritos del Nuevo
-Testamento, ofrece muchos puntos, que claros en un principio, presentan
-numerosas dudas al proceder á su exámen. Por lo que hace al estilo,
-á los pensamientos y á las doctrinas, las _Actas_, no son lo que
-podria esperarse de un discípulo de Pablo, ni se parecen en nada á las
-epístolas de este último, pues no se encuentra ni el menor vestigio de
-las atrevidas doctrinas que constituyen la originalidad del Apóstol
-de los gentiles. El carácter de Pablo parece ser el de un protestante
-brusco y severo; el autor de las _Actas_ se nos presenta como un buen
-católico, dócil, optimista, que no habla de un sacerdote sin usar el
-adjetivo _santo_, ni de un obispo sin llamarle _grande_, y que se halla
-dispuesto á aceptar todas las ficciones, antes que reconocer que esos
-santos sacerdotes y grandes obispos, disputan entre sí, haciéndose
-á veces la más cruda guerra. Sin dejar de admirar á Pablo, el autor
-de las _Actas_ evita en lo posible darle el título de Apóstol[11] y
-quiere que la iniciativa de la conversion de los gentiles sea de Pedro,
-lo cual podria hacer creer que dicho autor es en suma un discípulo de
-Pedro más bien que de Pablo. Bien pronto demostraremos que en dos ó
-tres circunstancias sus principios de conciliacion le han inducido á
-falsear gravemente la biografía de Pablo, cometiendo inexactitudes[12]
-y sobre todo omisiones verdaderamente extrañas en un discípulo de este
-último[13] puesto que no habla de una sola de las epístolas, y reduce
-de una manera sorprendente relatos de la mayor importancia.[14] Aun en
-las partes en que debe aparecer como compañero de Pablo, el autor de
-las _Actas_, usa un lenguaje muy seco y no da pruebas de hallarse muy
-bien informado.[15] Por último, la dejadez y vaguedad que se notan en
-ciertas narraciones, la parte convencional que se descubre, darian que
-pensar á un escritor que no hubiese tenido relacion alguna directa ó
-indirecta con los Apóstoles, y que escribiese hácia el año 100 ó 120.
-
-¿Podrán tener estas objecciones alguna importancia? Á mí me parece que
-no, y persisto en creer que el último redactor de las _Actas_ no es
-otro sino el discípulo de Pablo que dice _nosotros_ en los últimos
-capítulos. Por difíciles de resolver que parezcan todas las dudas,
-debemos suspender nuestro juicio en el caso de no resolverse aquellas
-ante un argumento tan decisivo como el que resulta de la palabra
-_nosotros_; y á esto añadiremos que atribuyendo las _Actas_ á un
-compañero de Pablo, se explican dos particularidades importantes: por
-un lado la desproporcion de las partes de la obra, en la que se habla
-preferentemente de Pablo, y por otro la desproporcion que se nota en la
-biografía misma de éste, de cuya primera mision se habla muy poco en
-tanto que de la segunda y tercera, sobre todo en los últimos viajes, se
-da cuenta con minuciosos detalles. Un hombre completamente extraño á la
-historia apostólica no habria incurrido en estas faltas, y á no dudarlo
-estaria mejor concebido el conjunto de su obra. Uno de los caractéres
-que distingue la historia compuesta con documentos, de la historia
-original, es precisamente la desproporcion; el historiador de gabinete,
-toma por cuadro los sucesos mismos, en tanto que el autor de memorias
-solo se sirve de sus recuerdos ó cuando menos de sus relaciones
-personales. Un historiador eclesiástico, una especie de Eusebio,
-escribiendo hácia el año 120, nos hubiera legado un libro distribuido
-de otro modo á partir del capítulo XIII. La manera extraña con que las
-_Actas_ salen despues de la órbita donde giraban hasta entonces, no se
-explica, en mi concepto, sino por la situacion particular del autor y
-sus relaciones con Pablo. Este resultado se confirmará naturalmente si
-encontramos entre los colaboradores conocidos del Apóstol el nombre del
-autor á quien la tradicion atribuye nuestra historia.
-
-Esto es precisamente lo que sucede: los manuscritos y la tradicion
-nos dan como autor del tercer Evangelio, á un tal Lucanus,[16] ó
-_Lucas_, y de lo dicho resulta que si _Lucas_ es verdaderamente el
-autor del tercer Evangelio, lo es igualmente de las _Actas_. Ahora
-bien, el nombre de Lucas aparece precisamente como el de un compañero
-de Pablo en la epístola de los Colosenses, IV, 14; la de Filemon, 24,
-y en la segunda de Timoteo, IV, 11. La autenticidad de esta última es
-muy dudosa, y aunque no lo sea tanto la de las dos últimas, no puede
-afirmarse, sin embargo, con toda seguridad que sean de San Pablo. De
-todos modos, los tales escritos son del primer siglo, y esto basta
-para probar evidentemente que entre los discípulos de Pablo existió un
-Lucas. El que confeccionó las epístolas de Timoteo, no es en efecto
-el mismo que compuso las de los Colosenses y Filemon, (suponiendo
-contrariamente á nuestra opinion que estas sean apócrifas). Admitir
-que un falsario hubiese atribuido á Pablo un compañero ficticio,
-seria ya poco verosímil; pero menos lo es aún que falsarios distintos
-hubieran elegido el mismo nombre. Dos observaciones pueden hacerse que
-dan á este razonamiento una fuerza particular: la primera es que el
-nombre de Lucas ó Lucanus es entre los primeros cristianos un nombre
-raro que no se presta á confusiones anónimas, y es la segunda que
-el Lucas de las epístolas no adquirió nunca celebridad. Inscribir un
-nombre célebre al principio de un escrito, como se hizo para la segunda
-epístola de Pedro, y muy probablemente para las de Pablo, en Tito y
-Timoteo, no era en nada contrario á las costumbres de la época; pero
-encabezar un escrito con un nombre falso y oscuro, es una cosa que no
-se concibe. ¿Seria la intencion del falsario patrocinar el libro con
-la autoridad de Pablo? Pero si es así ¿por qué no tomaba el nombre
-mismo de Pablo, ó cuando menos el de Timoteo ó de Tito, discípulos
-más conocidos del Apóstol de los gentiles? Lucas no ocupaba ningun
-lugar en la tradicion, en la leyenda, ni en la historia, y los tres
-pasajes precitados de las epístolas no podian bastar para reconocer en
-aquel una garantía admitida, pues todas las epístolas á Timoteo se han
-escrito probablemente despues de las _Actas_, y las citas de Lucas en
-las epístolas á los Colosenses y Filemon equivalen á una sola, de tal
-modo, que estos dos escritos forman un solo cuerpo. Creemos pues que
-el autor del tercer Evangelio y las _Actas_, es real y efectivamente
-Lucas, discípulo de Pablo.
-
-El nombre de Lucas y la profesion de médico que ejercia el llamado
-discípulo de Pablo,[17] convienen bien con las indicaciones que dan
-ambos libros sobre su autor. Hemos demostrado en efecto que el autor
-del tercer Evangelio y de las _Actas_ era probablemente natural de
-Filipos,[18] colonia romana donde dominaba el latin[19] y además de
-esto debe notarse que el autor del tercer Evangelio y de las _Actas_
-no conoce bien el judaismo[20] ni la historia de Palestina[21] ni sabe
-tampoco el Hebreo[22] pero está muy al corriente de las ideas del mundo
-pagano[23] y escribe el griego de una manera bastante correcta. La
-obra se ha compuesto lejos de la Judea por personas poco entendidas en
-geografía[24] que no se cuidaban ni de poseer la ciencia rabinica á
-fondo, ni de los nombres Hebreos;[25] reduciéndose la idea dominante
-del autor á que si se hubiera permitido al pueblo seguir su inclinacion
-habria abrazado la fé de Jesús, á lo cual se opuso la aristocracia
-judía.[26] La palabra _Judío_ se toma siempre en la obra en sentido
-despreciativo y como sinónimo de enemigo de los cristianos;[27] por el
-contrario se habla muy favorablemente de los herejes samaritanos.[28]
-
-¿En qué época podrá haberse compuesto aquel escrito notable? Lucas
-aparece por primera vez en compañía de Pablo cuando éste hizo su primer
-viaje á Macedonia hácia el año 52. Supongamos que contara entonces
-veinte y cinco años, y en este caso nada más natural que hubiese vivido
-hasta el año 100, pero la historia de las _Actas_ no llega más que
-hasta el año 63[29] y como quiera que su redaccion es evidentemente
-posterior á la del tercer Evangelio, y la fecha de la composicion de
-este se fija de una manera bastante precisa en los años inmediatos que
-siguieron á la ruina de Jerusalem (año 70)[30], no se puede suponer que
-se redactaran las _Actas_ antes del 71 ó 72.
-
-Si fuera seguro que esta obra se compuso seguidamente al Evangelio,
-podriamos detenernos aquí, mas en este punto está permitida la duda:
-algunos hechos inducen á creer que ha transcurrido un intervalo entre
-la composicion del tercer Evangelio y la de las _Actas_, y esto es
-tanto más verosímil cuanto que se nota entre los últimos capítulos del
-Evangelio y el primero de las _Actas_ una singular contradiccion. Segun
-el último capítulo de los Evangelios parece que la ascension tuvo
-lugar el mismo dia de la resurreccion[31], y el primer capítulo de las
-_Actas_[32] dice que aquella no ocurrió sino al cabo de cuarenta dias.
-Claro es que esta segunda version nos presenta una forma más avanzada
-que la leyenda, forma adoptada cuando se vió que era necesario dejar
-un intervalo para las diversas apariciones, y dar á la vida de Jesús
-despues de salir de la tumba un cuadro completo y lógico. Podria pues
-suponerse que al autor no le ocurrió interpretar así las cosas sino en
-el intervalo que medió entre la redaccion de ambas obras; y de todos
-modos es muy extraño que aquel se crea obligado á pocas líneas de
-distancia á desarrollar su primera historia aumentando el número de
-datos. Si aún tenia entre manos su primer libro ¿por qué no hacia las
-adiciones, que separadas como aparecen luego, causan tan mal efecto?
-Esto no es sin embargo una prueba decisiva, y hay una circunstancia
-grave que induce á creer que Lucas concibió al mismo tiempo el plan y
-el conjunto. El prefacio que encabeza el Evangelio es el que parece
-comun á los dos libros[33]. La contradiccion que acabamos de indicar
-se explica acaso por el poco cuidado que se tuvo de dar una cuenta
-exacta del empleo del tiempo, y á esto se debe seguramente que todas
-las relaciones de la vida de Jesús, despues de salir de la tumba,
-estén en un completo desacuerdo acerca de la duracion de esta vida.
-Importaba tan poco ser histórico, que el mismo narrador no tenia el
-menor escrúpulo en proponer sucesivamente dos sistemas inconciliables:
-las tres relaciones que acerca de la conversion de Pablo se encuentran
-en las _Actas_[34] ofrecen tambien pequeñas diferencias que prueban
-igualmente cuán poco se ocupaba el autor de la exactitud de los
-detalles.
-
-Parece pues que nos aproximariamos á la verdad suponiendo que las
-_Actas_ se escribieron hácia el año 80, pues por una parte el espíritu
-del libro conviene muy bien con la primera época de los Flavios, y por
-la otra, el autor parece evitar todo aquello que hubiera podido ofender
-á los romanos. En efecto, vemos que se complace en demostrar que los
-funcionarios de Roma no solo eran favorables á la nueva secta sino que
-la abrazaron algunas veces[35] que la defendieron contra los judíos,
-y que la justicia imperial era equitativa y superior á las pasiones
-locales.[36] El autor insiste particularmente en enumerar las ventajas
-que obtuvo Pablo merced á su título de ciudadano romano[37] y corta
-justamente su narracion en el momento de la llegada de Pablo á Roma,
-quizá para no verse obligado á referir las crueldades de Neron contra
-los cristianos.[38] El contraste entre las _Actas_ y el Apocalipsis
-es en extremo notable: escrito este en el año 68, recuerda á cada
-paso las infamias de Neron, rebosando un ódio profundo contra Roma, y
-en la primera obra aparece el tirano como un hombre afable que vive
-en una época tranquila. Desde el año 70, poco más ó menos, hasta los
-últimos años del primer siglo, la situacion fué bastante buena para
-los cristianos, pues hasta hubo personajes de la familia Flaviana que
-pertenecieron al cristianismo. ¿Quién sabe si Lucas no conoció á Flavio
-Clemente, si no fué de su _familia_, y si las _Actas_ no se escribieron
-por este poderoso personaje cuya posicion oficial exigia ciertas
-consideraciones? Algunos indicios dan lugar á suponer que el libro se
-compuso en Roma, y diríase en efecto que los principios de la iglesia
-romana dominaban al autor. Esta iglesia tuvo desde los primeros siglos
-el carácter político y gerárquico que la distinguió siempre, y el buen
-Lucas pudo dejarse llevar de este espíritu, pues sus ideas sobre la
-autoridad eclesiástica son muy avanzadas, y en ella se descubre el
-gérmen del episcopado. Lucas escribió la historia como apologista,
-imitando á los escritores oficiales de la corte de Roma, é hizo lo que
-hacia un historiador ultramontano de Clemente XIV, que ensalzando á la
-vez al Papa y á los jesuitas, trataba de persuadirnos en un discurso
-lleno de compuncion que por ambas partes se observaban las reglas de
-la caridad. Dentro de doscientos años se consignará tambien que el
-cardenal Antonelli y el señor de Mérode se amaban como dos hermanos. El
-autor de las _Actas_, fué el primero de esos narradores complacientes
-que con una ingenuidad sin igual y una beatitud que revela su
-satisfaccion se empeñan en demostrar que todo se hace en la Iglesia
-de una manera evangélica. Demasiado leal para condenar á su maestro
-Pablo, ortodoxo en exceso para no participar de la opinion oficial que
-prevalecia, prescindió de las diferencias de doctrina para no dejar ver
-sino el objeto comun que todos aquellos grandes fundadores prosiguieron
-en efecto por vias tan opuestas y á través de tan enérgicas rivalidades.
-
-Fácilmente se comprenderá que un hombre que se coloca por sistema
-en semejante situacion, es el menos á propósito para referir los
-hechos tal como pasaron: la fidelidad histórica es para él una cosa
-indiferente; todo lo que le importa es la edificacion, y Lucas no lo
-oculta, pues escribe _para que Teófilo reconozca la verdad de lo que
-le han enseñado_ sus catequistas.[39] Se habia pues convenido en un
-sistema de historia eclesiástica que se enseñaba oficialmente y cuyo
-cuadro, así como el de la misma historia evangélica[40] es probable
-estuviera ya fijado. El carácter dominante de las _Actas_, así como el
-del tercer Evangelio[41] es una tierna piedad, una viva simpatía hácia
-los gentiles,[42] su espíritu conciliador, una preocupacion extrema
-acerca de lo sobrenatural, el amor á los pequeños y los humildes, un
-gran sentimiento democrático, ó más bien, la persuasion de que el
-pueblo es naturalmente cristiano y que son los grandes los que le
-impiden seguir sus buenos instintos.[43] Además predomina una idea
-exaltada del poder de la Iglesia y de sus jefes, un gusto muy marcado
-por la vida en comun.[44] Los métodos de composicion son iguales en
-ambas obras, de tal modo que lo mismo nos sucederia con la historia de
-los Apóstoles, que con la historia Evangélica, si para analizar esta
-última no tuviéramos más texto que el Evangelio de Lucas.
-
-Fácil es comprender las desventajas de semejante situacion: la vida
-de Jesús, compuesta por el tercer Evangelio solamente, seria en
-extremo defectuosa é incompleta, y nosotros lo sabemos porque para la
-vida de Jesús, la comparacion es posible. Al mismo tiempo que Lucas,
-tenemos (sin hablar del cuarto Evangelio) á Mateo y á Márcos, quienes
-relativamente á Lucas, son al menos en partes originales. Damos á
-conocer los medios violentos por medio de los cuales Lucas desfigura ó
-mezcla las anécdotas; la manera con que modifica el colorido de ciertos
-hechos segun sus miras personales, y vemos en fin las piadosas leyendas
-que añade á las tradiciones más auténticas. ¿No es evidente que si
-pudiéramos hacer semejante comparacion para las _Actas_ llegariamos á
-encontrar defectos de un género análogo? Las _Actas_ nos parecerian, á
-juzgar por los primeros capítulos, inferiores al tercer Evangelio, sin
-duda porque estos capítulos se compusieron probablemente con documentos
-menos numerosos y menos universalmente aceptados.
-
-Aquí debe hacerse en efecto una distincion fundamental: bajo el punto
-de vista del valor histórico, el libro de las _Actas_ se divide en dos
-partes: la una que comprende los doce primeros capítulos y refiere los
-hechos principales de la historia de la Iglesia primitiva, y la otra
-que contiene los diez y seis capítulos restantes consagrados todos á
-las misiones de San Pablo. En esta segunda parte hay dos clases de
-relatos; uno en que el narrador aparece como testigo ocular y otro
-en que no hace más que referir lo que le han dicho, pero aun en este
-último caso, claro está que su autoridad es grande. Con frecuencia
-se vé que las conversaciones de Pablo son las que han facilitado las
-noticias, y hácia el fin, sobre todo, la narracion adquiere un carácter
-de precision notable. Las últimas páginas de las _Actas_ son las únicas
-históricas que tenemos sobre los originales cristianos; las primeras
-por el contrario son las más atacables de todo el Nuevo Testamento.
-Al hablar de los primeros años, es particularmente cuando el autor
-obedece á ideas preconcebidas semejantes á las que le preocuparon en
-la composicion de su Evangelio. Su sistema de los cuarenta dias, su
-modo de referir la ascension, terminando con una especie de rapto final
-y de solemnidad dramática la vida fantástica de Jesús; su manera de
-contar la bajada del Espíritu Santo y las predicaciones milagrosas, y
-su modo en fin de comprender el don de las lenguas, tan diferente del
-de San Pablo[45] revelan las preocupaciones de una época relativamente
-atrasada, en que predomina la leyenda sin oposicion. Todo se representa
-con un gran aparato escénico, desplegando las formas de lo maravilloso,
-y es preciso recordar que el autor escribe medio siglo despues de
-ocurrir los acontecimientos, lejos del país donde tuvieron lugar,
-y fundándose en hechos que no ha visto, ni él, ni su maestro, y en
-tradiciones en parte fabulosas ó desfiguradas. No solamente Lucas es
-de otra generacion que la de los primeros fundadores del cristianismo,
-sino que es de otro mundo, es Helenista, muy poco judío, casi extraño á
-Jerusalem y á los secretos de la vida judaica, y apenas ha conocido de
-la primitiva sociedad cristiana más que á los primeros representantes.
-En los milagros que él refiere, se ven más bien invenciones _á priori_,
-que hechos transformados; los milagros de Pedro y de Pablo forman dos
-séries que se relacionan:[46] sus personajes se asemejan; Pedro y Pablo
-no difieren en nada y por último los discursos que pone en boca de sus
-héroes, aunque hábilmente apropiados á las circunstancias, son todos
-del mismo estilo, y pertenecen más bien al autor que á las personas á
-que los atribuye: acabaremos diciendo que hasta se encuentran errores
-fáciles de reconocer.[47] Las _Actas_ en una palabra, constituyen una
-historia dogmática, arreglada para apoyar las doctrinas ortodoxas de
-la época ó inculcar las ideas que más sonreian á la piedad del autor.
-Añadamos á esto que no podia ser de otro modo: no se conoce el orígen
-de cada religion sino por las relaciones de los creyentes; solo el
-escéptico escribe la historia _ad narrandum_.
-
-Estas no son simples sospechas, conjeturas de un crítico desconfiado
-en extremo; son sólidas inducciones, y siempre que nos sea permitido
-comprobar la narracion de las _Actas_, la encontraremos defectuosa y
-sistemática. En efecto, aunque no podamos hacer la comprobacion con los
-textos sinópticos, tenemos para ello las Epístolas de San Pablo, sobre
-todo la de los Galatas y claro es que en el caso en que las _Actas_ y
-las epístolas no estén acordes, debe darse siempre la preferencia á las
-últimas que son textos de una autenticidad absoluta y más antiguas; de
-una sinceridad completa y sin leyendas. Tratándose de historia, los
-documentos son de tanta más autoridad, cuanto menos afectan la forma
-histórica: la autoridad de todas las crónicas debe ceder ante la de una
-inscripcion, de una medalla, de un mapa, de una carta auténtica. Bajo
-este punto de vista, las epístolas de autores verdaderos y de fechas
-fijas, son la base de toda la historia de los orígenes cristianos; sin
-ellas, la duda alcanzaria á todo, dejando en la oscuridad hasta la
-misma vida de Jesús. Ahora bien, en dos circunstancias muy importantes,
-las epístolas ponen en relieve las tendencias particulares del autor
-de las _Actas_ y su deseo de borrar la huella de las divisiones que
-habian existido entre Pablo y los Apóstoles de Jerusalem.[48]
-
-Además de esto, el autor de las _Actas_, quiere que Pablo, despues
-del incidente de Damasco (IX, 19 y sig.; XXII, 17 y sig.), haya ido
-á Jerusalem en una época en que apenas se conocia su conversion; que
-le presentaran á los Apóstoles y viviera con ellos y los fieles en
-la más afectuosa cordialidad, que haya disputado públicamente contra
-los judíos Helenistas, y por último, que un complot de estos y una
-revelacion del cielo, le hayan inducido á marcharse de Jerusalem. Ahora
-bien, Pablo nos dice que las cosas pasaron de muy distinto modo, y para
-probar que no habia tomado nada de los Doce y que debe al mismo Jesús
-su mision y su doctrina, asegura (Gal., I, 11 y sig.) que despues de
-su conversion evitó tomar consejo de ninguno[49] y de presentarse en
-Jerusalem á los que eran Apóstoles antes que él; que fué á predicar al
-Haurán por su propia voluntad y sin encargo de nadie; que es cierto que
-tres años más tarde hizo un viaje á Jerusalem para conocer á Céfas con
-quien permaneció quince dias, pero que no vió á ningun Apóstol como
-no fuera á Jacobo, hermano del Señor, y que esto es tan cierto que su
-semblante no era conocido en las iglesias de Judea. El esfuerzo que
-se hace para dulcificar el estilo brusco del rudo Apóstol, á fin de
-presentarle como colaborador de los Doce, trabajando de concierto con
-ellos en Jerusalem, aparece aquí de una manera evidente. En efecto, se
-quiere que Jerusalem sea su capital y punto de partida, que su doctrina
-sea tan idéntica á la de los Apóstoles, que haya podido reemplazarla
-ó sustituirla con la de aquellos en la predicacion; se reduce su
-primer Apostolado á las sinagogas de Damasco; se quiere que haya sido
-discípulo y oyente, lo cual no es cierto;[50] se reduce el tiempo
-que trascurrió entre su conversion y su primer viaje á Jerusalem,
-se prolonga su permanencia en esta ciudad; se supone que predicó á
-satisfaccion de todos; se sostiene que vivió íntimamente con todos los
-Apóstoles, aunque él mismo asegura que no ha visto más que á dos, y se
-asegura, en fin, que los hermanos de Jerusalem velaban sobre él, siendo
-así que Pablo declara que su semblante les era desconocido.
-
-El deseo de hacer creer que Pablo visitaba continuamente á Jerusalem,
-es lo que ha inducido á nuestro autor á prolongar su permanencia en
-aquella ciudad despues de su conversion, suponiendo con esto, que hizo
-un viaje más. Segun él, Pablo fué con Bernabé á Jerusalem á llevar
-la ofrenda de los fieles cuando se experimentó el hambre del año 44
-(Act., XI, 30; XII, 25), pero Pablo declara terminantemente que en
-el intervalo que medió entre el viaje que hizo tres años despues de
-convertirse, y el que verificó para el asunto de la circuncision,
-no fué á Jerusalem (Gal., I y II). En otros términos; Pablo excluye
-formalmente todo viaje entre Act., IX, 26 y Act., XV, 2. Si se negara,
-contra toda razon, la identidad del viaje que se refiere en Gal., II,
-1 y sig., con el de que se da cuenta en Act., XV, 2 y sig., no se
-opondria seguramente la menor contradiccion. «Tres años despues de
-mi conversion, dice San Pablo, fuí á Jerusalem para conocer á Céfas,
-y volví catorce años despues...» Se ha podido dudar si el punto de
-partida de esos catorce años es la conversion ó el viaje que tuvo
-lugar tres años más tarde: tomemos la primera hipótesis, que es la más
-favorable al que defiende la narracion de las _Actas_, y tendremos que
-segun San Pablo, trascurrieron lo menos doce años entre su primer y
-segundo viaje á Jerusalem, siendo así que no mediaron ni once, segun
-lo que dice el Act., IX, 26 y sig., y el Act., XI, 30. Aun cuando se
-sostuviera lo contrario, vendriamos á caer en otra imposibilidad: en
-efecto, lo que se refiere en el Act., XI, 30, es contemporáneo de la
-muerte de Jacobo, hijo del Zebedeo,[51] la cual nos da la única fecha
-fija de las _Actas de los Apóstoles_, puesto que precede en muy poco
-tiempo á la muerte de Herodes Agrippa I, acaecida en el año 44.[52]
-Habiendo hecho Pablo su segundo viaje lo menos catorce años despues
-de su conversion, y suponiendo que aquel tuvo lugar en el año 44, la
-conversion debió ser en el año 30, lo cual es absurdo. Es imposible
-pues creer en el viaje á que se refiere _Act._, XI, 30 y XII, 35.
-
-El autor incurre en una grave inexactitud al dar cuenta de estas idas
-y venidas, pues comparando _Act._, XVII, 14-16; XVIII, 5 con _I Tes._,
-III, 1-2 se encuentra otra contradiccion, pero como no se relaciona con
-puntos dogmáticos, no hablaremos aquí de ella.
-
-La que es muy principal para el asunto que nos ocupa, lo que arroja un
-rayo de luz para la crítica en esta cuestion del valor histórico de las
-_Actas_, es la comparacion de los pasajes relativos á la circuncision,
-que se encuentran en dicha obra (Cap. XV.) y en la epístola de los
-Galatas (Cap. II.). Segun las _Actas_, habiendo llegado á Antioquía
-varios hermanos de Judea, los cuales sostuvieron que era necesaria la
-circuncision para los paganos convertidos, nombróse una diputacion
-compuesta de Pablo, de Bernabé, y otros varios para que pasaran á
-Jerusalem á fin de consultar con los Apóstoles y los ancianos sobre
-este punto. Una vez llegados allí son recibidos por todo el mundo con
-la mayor alegría; reúnese una gran asamblea donde si hay algun parecer
-contrario, se pierde entre las efusiones de una caridad recíproca y de
-la felicidad de que se sienten todos poseidos al verse juntos; Pedro
-enuncia la opinion que se esperaba emitiria Pablo: á saber, que los
-paganos convertidos no están sujetos á la ley de Moisés; Jacobo no hace
-más que una ligera restriccion;[53] Pablo no habla, y á decir verdad,
-no necesita hacerlo, puesto que su doctrina se pone aquí en boca de
-Pedro; la opinion de los hermanos de Judea no es apoyada por nadie; y
-por último, conforme al parecer de Jacobo, se expide un decreto solemne
-el cual se comunica á las iglesias por medio de diputados elegidos al
-efecto.
-
-Comparemos ahora la narracion de Pablo en la epístola á los Galatas:
-Pablo quiere que el viaje que hizo aquella vez á Jerusalem sea la
-consecuencia de un movimiento espontáneo, y hasta el resultado de una
-revelacion. Llegado á dicha ciudad, comunica su Evangelio á quien
-corresponde de derecho; celebra conferencias particulares con personas
-que parecen ser de consideracion; no se le critica ni se le comunica
-nada, y solo se le pide que se acuerde de los pobres de Jerusalem. Si
-Tito, que le acompañó, consiente en dejarse circuncidar,[54] es por
-consideracion á _falsos hermanos intrusos_, y aunque Pablo les hace
-esta concesion pasajera, no se somete á ellos. En cuanto á los hombres
-importantes, Pablo no habla de ellos sino con cierto viso de amargura
-é ironía, y dice que no le han enseñado nada. Además de esto, habiendo
-llegado más tarde Céfas á Antioquía, Pablo _se indispone con él porque
-no obra bien_; y en efecto, Céfas comia con todos indistintamente.
-Llegan luego emisarios de Jacobo, y Pedro se oculta para no ver á los
-incircuncidados. _Viendo que no marchaba por la senda de la verdad
-del Evangelio_, Pablo apostrofa á Céfas delante de todo el mundo y le
-reprende amargamente su conducta.
-
-Vemos, pues, cuanta es la diferencia: por una parte, una solemne
-concordia, una especie de concilio, un decreto formal expedido por
-una autoridad reconocida; y por la otra, arranques de cólera mal
-contenida, susceptibilidades extremas, nada que se parezca á un
-concilio, y por último, pareceres contrarios que no se convienen
-sino para guardar las formas. Inútil es decir qué version merece la
-preferencia: la narracion de las _Actas_ es apenas verosímil, puesto
-que segun ella, el concilio tiene por objeto ventilar una disputa de
-que ya no queda recuerdo una vez terminado aquel; los dos oradores
-pronuncian discursos muy contrarios á lo que de ellos podia esperarse,
-y por lo tanto, el decreto que se supone expedido por el concilio es
-seguramente una ficcion. Si este decreto, cuya redaccion se atribuye
-á Jacobo, se hubiera promulgado realmente, ¿á qué venian esos apuros
-del bueno y tímido Pedro ante las gentes enviadas por Jacobo? ¿por qué
-se ocultaba, puesto que él y los cristianos de Antioquía, cumplian
-religiosamente con las disposiciones fijadas por el mismo Jacobo en el
-decreto? La cuestion relativa á la circuncision ocurrió hácia el año
-51, y vemos que algun tiempo despues, hácia el año 56, la disputa que
-debió quedar ventilada en virtud del decreto, es más viva que nunca,
-y que la iglesia de Galacia se vé agitada por nuevos emisarios del
-partido judío de Jerusalem.[55] Pablo contesta á este nuevo ataque
-de sus enemigos con su furibunda epístola: si el decreto á que se
-refiere el Act., XV, hubiese existido en realidad, Pablo tenia medio
-muy sencillo de terminar el debate, pues le bastaba citarlo, pero vemos
-que todo lo que dice supone la no existencia de aquel. En el año 57,
-al escribir Pablo á los Corintios, no parece tener conocimiento de tal
-decreto, y hasta infringe sus prescripciones por una de las cuales
-se manda á todos abstenerse de las carnes inmoladas á los ídolos.
-Pablo por el contrario, opina que se pueden comer dichas carnes, si
-con ello no se escandaliza nadie, mas que es preciso abstenerse en el
-caso contrario.[56] En el año 58, cuando Pablo hizo su último viaje á
-Jerusalem, Jacobo se muestra más obstinado que nunca.[57] Uno de los
-rasgos característicos de las _Actas_, rasgo que prueba claramente que
-el autor se propone menos presentar la verdad histórica ó satisfacer
-la lógica, que edificar á los lectores piadosos, es el decir siempre
-que la admision de los incircuncidados es cuestion resuelta. Esto no
-es verdad sino por lo que toca al bautismo del eunuco y del centurion
-Cornelio, ambos milagrosamente ordenados, por la fundacion de la
-Iglesia de Antioquía (XI, 19 y sig.) y por el pretendido concilio de
-Jerusalem, lo cual no impide que en las últimas páginas del libro
-(XXI, 20-21) quede aún la cuestion en suspenso. Á decir verdad, la
-cuestion permaneció siempre en ese estado, pues las dos fracciones
-del cristianismo naciente no se fusionaron jamás; solamente una de
-ellas, la que conservó las prácticas del judaismo, fué infecunda y
-se extinguió oscuramente. Tan lejos estuvo Pablo de ser admitido por
-todos, que despues de su muerte, una gran parte del cristianismo le
-anatematiza[58] y le persigue con sus calumnias.
-
-En nuestro libro tercero es donde tendremos que tratar en detalle la
-cuestion de fondo enlazada con estos curiosos incidentes; solo hemos
-querido dar aquí algunos ejemplos de la manera con que el autor de
-las _Actas_ entiende la historia, de su sistema de conciliacion y de
-sus ideas preconcebidas. ¿Deduciremos de aquí en conclusion que los
-primeros capítulos de las _Actas_ carecen de autoridad, como lo piensan
-algunos críticos célebres y que la ficcion llega hasta crear toda clase
-de personajes, tales como el eunuco y el centurion Cornelio, y hasta el
-diácono Estéban y la piadosa Tabitha? Yo no lo creo de ningun modo. Es
-probable que el autor de las _Actas_ no haya inventando personajes[59]
-pero es un abogado hábil que escribe para probar y que trata de sacar
-partido de los hechos de que oyó hablar para demostrar sus tésis
-favoritas, que son la legitimidad de la vocacion de los gentiles y la
-institucion divina de la gerarquía. Al hacer uso de semejante documento
-se debe tener mucha precaucion, pero rechazarlo en absoluto es tan poco
-razonable, como fiarse de él ciegamente. Hay algunos párrafos, sin
-embargo, aun en esta primera parte, cuyo valor es conocido de todos, y
-que constituyen memorias auténticas extractadas por el último redactor.
-El capítulo XII, en particular, es muy bueno y procede al parecer de
-Juan Márcos.
-
-Se comprenderá pues en qué apuro nos veriamos si no tuviéramos para
-formar esta historia más documentos que un libro tan legendario.
-Felizmente poseemos otros, que se refieren, es verdad, directamente
-al período que será el objeto de nuestro libro tercero, pero que
-arrojan ya sobre este mucha luz. Nos referimos á las Epístolas de
-Pablo: la Epístola de los Galatas sobre todo es un verdadero tesoro,
-la base de toda la cronología de aquella edad, la llave que lo abre
-todo, el testimonio, en fin, que debe bastar á los más escépticos
-para creer en la realidad de las cosas que pudieran ponerse en duda.
-Á los lectores que me juzguen demasiado atrevido ó demasiado crédulo,
-yo les ruego que vuelvan á leer los dos primeros capítulos de este
-libro singular, pues son seguramente las dos páginas más importantes
-para el estudio del cristianismo naciente. Las Epístolas de San Pablo
-tienen en efecto una ventaja sin igual en esta historia, y esta es
-su autenticidad absoluta. La crítica más grave no ha puesto jamás en
-duda la autenticidad de la epístola á los Galatas, de las dos á los
-Corintios y de la dirigida á los Romanos. Las razones que se han tenido
-para atacar las dos epístolas á los Tesalonicenses y la epístola á los
-Filipenses, no tienen valor alguno. Al principio de nuestro libro
-tercero tendremos que discutir las objeciones más especiosas, aunque
-poco decisivas, que se han elevado contra la epístola á los Colosenses
-y la carta á Filemon; el problema particular que ofrece la epístola á
-los Efesios, y las fuertes pruebas en fin que inducen á desechar las
-dos epístolas á Timoteo y la dirigida á Tito. La autenticidad de las
-epístolas de que haremos uso en este volúmen es indudable, ó cuando
-menos las inducciones que sacaremos de las otras son independientes de
-la cuestion de saber si se han dictado ó no por San Pablo.
-
-No es necesario sujetarnos aquí á las reglas de la crítica que hemos
-observado para la composicion de esta obra, pues ya lo hicimos en
-la introduccion de la _Vida de Jesús_. Los doce primeros capítulos
-de las _Actas_, son en efecto un documento análogo á los Evangelios
-sinópticos, con el cual es preciso proceder del mismo modo, porque esta
-clase de documentos medio históricos y medio legendarios no pueden
-tomarse ni como historia ni como leyenda, atendido que todo es falso
-en el detalle y no pueden inducirse preciosas verdades. Traducir pura
-y simplemente estas narraciones, no es hacer historia, puesto que con
-frecuencia se encuentran textos más autorizados que contradicen lo que
-se refiere en aquellas, y por consiguiente, aun dado el caso de que no
-tuviéramos más que un solo texto, hay motivos para creer que si hubiese
-otros resultaria la contradiccion. En la Vida de Jesús, la narracion de
-Lucas difiere á cada paso de las de los otros dos Evangelios sinópticos
-y la del cuarto: ¿no es por lo tanto probable que si tuviéramos para
-las _Actas_ un término de comparacion análogo, encontrariamos en dicha
-obra notables diferencias ó faltas en una infinidad de puntos sobre
-los cuales no tenemos ahora más testimonio que el suyo? En nuestro
-libro tercero, observaremos otras reglas, pues allí vamos á entrar en
-plena historia positiva y tendremos entre manos noticias originales á
-veces autobiográficas. Cuando San Pablo nos dé él mismo el relato de un
-episodio de su vida, que no tenia interés en presentar tal ó cual dia,
-claro es que nos bastará copiar sus palabras una á una, segun el método
-de Tillemont; pero cuando se trate de un narrador preocupado por un
-sistema, que escribe para hacer prevalecer ciertas ideas con ese estilo
-infantil de contornos vagos y suaves y marcado colorido, propio tan
-solo de la leyenda, el deber del crítico no es sujetarse al texto, sino
-tratar de descubrir lo que puede haber en este de verdad sin creerse
-jamás seguro de haberla encontrado. Prohibir á la crítica semejantes
-interpretaciones seria tan poco razonable como mandar al astrónomo
-que no se ocupase sino del aspecto del cielo: ¿no consiste acaso la
-astronomía en conseguir que el paralaje formado por la posicion del
-observador, llegue á crear una situacion real y verdadera por otra
-aparente y engañosa?
-
-¿Y quién pretenderia que se deben copiar á la letra documentos donde
-se encuentran imposibilidades? Los doce primeros capítulos de las
-_Actas_ son un tejido de milagros; y una regla absoluta de la crítica,
-es no citar en las relaciones históricas hechos milagrosos. Esta no
-es la consecuencia de un sistema metafísico; es sencillamente una
-observacion. Todos los hechos que se suponen milagrosos y que pueden
-estudiarse de cerca, se convierten en ilusion ó en impostura: si se
-hubiera probado un solo milagro, no se podrian desechar en masa todos
-los de las historias antiguas, porque despues de todo, admitiendo que
-un gran número de estos fueran falsos, se podria creer que algunos
-son verdaderos. Pero no es así: todos los milagros discutibles se
-desvanecen, y en este caso, ¿no estaremos autorizados para deducir de
-aquí que los milagros que ocurrieron hace muchos siglos, y sobre los
-cuales no hay medio de provocar un debate contradictorio, no son reales
-y verdaderos? En otros términos; no hay milagro sino cuando se cree
-en él; lo que constituye lo sobrenatural es la fé. El catolicismo que
-pretende que no se ha extinguido aún en su seno la fuerza milagrosa,
-está sujeto él mismo á la influencia de esta ley: los milagros que
-pretende hacer no se ven en los sitios donde debieran ocurrir, y si se
-tiene un medio tan sencillo de probarlos ¿por qué no se hace uso de él
-á la luz del dia? ¡Un milagro en París, ante sabios competentes pondria
-fin á todas las dudas! Pero ¡ay! ¡esto no sucede nunca! Jamás se ha
-verificado un milagro ante el público á quien convendria convertir, es
-decir, ante los incrédulos. La condicion del milagro es la credulidad
-del testigo. No ha ocurrido ningun milagro ante aquellos que podrian
-discutirlo y criticarlo, y de esto no hay una excepcion. Ciceron lo
-dijo muy bien con su buen criterio y acostumbrada sutileza: «¿Desde
-cuándo ha desaparecido esa fuerza secreta? ¿Será acaso desde que los
-hombres han llegado á ser menos crédulos?»[60]
-
-«Pero, se dice, si es imposible probar que haya ocurrido nunca un hecho
-sobrenatural, tambien lo es probar que no haya ocurrido; luego el
-sabio positivista que niega lo sobrenatural procede, tan gratuitamente
-como el creyente que admite.» Esto no es exacto: el que afirma una
-proposicion es quien debe probarla; el que la escucha no tiene que
-hacer más que esperar la prueba, y ceder si esta es buena. Si hubieran
-ido á exigir á Buffon que asignara un lugar en su _Historia natural_
-á las sirenas y á los centauros, Buffon habria respondido: «Mostradme
-uno de esos séres y los admitiré; hasta entonces no existirán para
-mí.--Pero probadme que no existen.--Probadme á mí lo contrario.» En
-la ciencia, corresponde dar la prueba á los que alegan un hecho.
-¿Por qué no se cree en los ángeles y en los demonios, siendo así
-que innumerables textos históricos suponen su existencia? Porque la
-existencia de un ángel ó de un demonio, no se ha probado jamás.
-
-Para sostener la realidad del milagro, se apela á fenómenos que
-se pretende no pueden ocurrir segun el curso de las leyes de la
-naturaleza. «La creacion del hombre, dicen, no ha podido llevarse á
-cabo sino por una intervencion directa de la Divinidad; ¿por qué no
-habia de producirse esa intervencion en los otros momentos decisivos
-del desarrollo del universo?» No insistiré sobre la extraña filosofía
-y la mezquina idea de la divinidad que razona de tal modo, pues la
-historia debe tener su método, independiente de toda filosofía, y sin
-entrar para nada en el terreno de la teodicea: fácil es demostrar cuán
-defectuosa es semejante argumentacion. Equivale á decir que todo lo
-que no sucede en el estado actual del mundo, que todo aquello que no
-podemos explicar en el estado actual de la ciencia, es milagroso. De
-este modo tendremos que el sol es un milagro, porque la ciencia está
-muy lejos de haber explicado el sol; la concepcion de cada hombre es un
-milagro, porque la fisiología se calla sobre este punto; la conciencia
-es un milagro, porque es un misterio absoluto, y todo animal, en fin,
-es un milagro, porque el orígen de la vida es un problema sobre el
-cual apenas tenemos dato alguno. Si se responde que toda vida, que
-toda alma, es en efecto de un órden superior á la naturaleza, esto
-equivale á un juego de palabras. Aun cuando lo admitamos así, preciso
-es explicarnos la palabra milagro. ¿Qué es un milagro que ocurre
-todos los dias y á todas horas? El milagro no es lo inexplicable; es
-una derogacion formal, en nombre de una voluntad particular, á leyes
-conocidas. Lo que nosotros negamos es el milagro por excepcion, son
-las intervenciones particulares, como la de un relojero que hubiese
-hecho un reloj, muy hermoso en verdad, pero al que tendria que tocar
-de vez en cuando para suplir la insuficiencia de las ruedas. Que Dios
-esté en todas las cosas de una manera permanente, sobre todo en lo
-que vive, es precisamente nuestra teoría; nosotros solo decimos que
-nunca se ha probado ninguna intervencion particular de una fuerza
-sobrenatural, y negaremos la realidad de lo sobrenatural hasta que un
-hecho venga á probarnos lo contrario. Buscar este hecho antes de la
-creacion del hombre, alejarse de la historia, remontándose á épocas en
-que toda comprobacion es imposible para no tener que citar milagros
-históricos, es lo mismo que refugiarse detrás de la nube, es probar una
-cosa oscura con otra más oscura aún, es establecer una ley conocida,
-en virtud de un hecho que no conocemos. Se citan milagros que tuvieron
-lugar antes de que existiese ningun testigo para presenciarlos, y no se
-habla de uno solo que pueda probarse con buenos testimonios.
-
-No cabe duda que en épocas remotas han ocurrido en el universo
-fenómenos que no se han vuelto á presentar, al menos en la misma
-escala, en la actualidad; pero esos fenómenos tuvieron su razon de ser
-cuando se manifestaron. En las formaciones geológicas, por ejemplo,
-se encuentra un gran número de minerales y piedras preciosas que
-segun parece no se producen hoy en la naturaleza; y sin embargo, los
-Sres. Mitscherlich, Ebelmen, de Sénarmont y Daubrée, han compuesto
-artificialmente la mayor parte de esos minerales y piedras preciosas.
-Si es dudoso que se consiga jamás producir artificialmente la vida,
-esto consiste en que la reproduccion de las circunstancias en que
-aquella comenzó no está al alcance de los medios humanos. ¿Cómo
-clasificar un planeta que ha desaparecido hace miles de años? ¿Cómo
-verificar un experimento para el cual se necesitan siglos enteros? Hé
-aquí lo que se olvida cuando se llama milagros á los fenómenos que han
-ocurrido en otro tiempo y que no se verifican ya hoy. La formacion
-de la humanidad es seguramente la cosa más absurda y más extraña del
-mundo si se la supone súbita é instantánea, pero entra en las analogías
-generales (sin dejar de ser misteriosa), si se vé en ella el resultado
-de un progreso lento y continuado durante períodos incalculables. No
-deben aplicarse á la vida del embrion, las leyes de la vida de la edad
-madura; pues el embrion desarrolla unos tras otros todos sus órganos, y
-el hombre adulto por el contrario no los crea porque ya no está en la
-edad de crearlos; así como el lenguaje no se inventa porque ya no se
-puede inventar. ¿Pero á qué seguir á unos adversarios que se salen de
-la cuestion? Nosotros pedimos un milagro histórico probado, y se nos
-contesta que este debió ocurrir antes de la historia. Ciertamente que
-si hubiera que probar que son necesarias las creencias sobrenaturales
-para ciertos estados del alma, bastaria, para hacerlo, el hecho de que
-espíritus dotados en todas las demás cosas de cierta penetracion, han
-fundado el edificio de su fé en un argumento tan desesperado.
-
-Hay otros, que abandonando el milagro del órden físico, se parapetan
-en el milagro del órden moral, sin el cual pretenden que no pueden
-explicarse estos acontecimientos. No cabe duda que la formacion del
-cristianismo es el hecho más grande de la historia religiosa del
-mundo, mas no por esto es un milagro. El budismo y el babismo han
-tenido mártires tan numerosos, tan exaltados, tan resignados, como los
-tuvo el cristianismo. Los milagros de la fundacion del islamismo son de
-una naturaleza muy distinta, y confieso que no me conmueven, pero es
-preciso observar, sin embargo, que al hablar los doctores musulmanes
-del establecimiento de aquel, de su difusion como por un rastro de
-fuego, de sus rápidas conquistas y de la fuerza que le da en todas
-partes un reinado tan absoluto, hacen los mismos razonamientos que
-los apologistas cristianos sobre el establecimiento del cristianismo.
-Concedamos si se quiere que la fundacion de este sea un hecho único:
-tambien lo es en absoluto el helenismo, si se entiende por esta
-palabra el ideal de la perfeccion en la literatura, en el arte, en la
-filosofía, ideal que la Grecia ha realizado. El arte griego sobrepuja
-á todos los demás artes, así como el cristianismo sobresale sobre
-todas las demás religiones, y el Acropolis de Atenas, coleccion de
-obras maestras, al lado de las cuales todas las demás no son sino una
-imitacion más ó menos perfecta, es acaso el que mejor puede someterse
-á la comparacion. En otras palabras: el helenismo es un prodigio de
-belleza, así como el cristianismo es un prodigio de santidad.
-
-Espero que un intervalo de dos años y medio trascurridos desde la
-publicacion de la _vida de Jesús_, inducirá á ciertos lectores á
-ocuparse de estos problemas con más calma.
-
-La controversia religiosa es siempre de mala ley sin quererlo y sin
-saberlo: no se trata de discutirla con independencia, de buscar con
-ansiedad; se trata de defender una doctrina establecida, de probar
-que el disidente es un ignorante ó un hombre de mala fé. Calumnias,
-contrasentidos, ideas y textos falsos, razonamientos triunfantes sobre
-cosas que el adversario no ha dicho, gritos de victoria por errores
-que no se han cometido; nada de esto es ilegal para aquel que cree
-tener en sus manos los intereses de la verdad absoluta. Preciso era que
-yo hubiese conocido poco la historia para no esperar semejante cosa,
-pero tengo suficiente sangre fria para no disgustarme por esto y una
-aficion bastante decidida á las cosas de la fé, para que me sea dable
-apreciar debidamente lo que hay á veces de sensible en el sentimiento
-que pueda inspirar á mis detractores. Con mucha frecuencia, al ver
-tanta ingenuidad, tan piadosa firmeza; al comprender cuanta cólera
-rebosa en esas hermosas y buenas almas, he dicho como Juan Huss, al ver
-una anciana que sudaba para llevar un madero á su leñera: _¡O sancta
-simplicitas!_ Segun la hermosa frase de la Escritura, «Dios no está en
-la tormenta.» ¡Ah! sin duda; si todas estas tribulaciones ayudasen á
-descubrir la verdad, podria uno consolarse al menos; pero no es así; la
-verdad no se ha hecho para el hombre apasionado; se reserva para los
-espíritus que buscan con imparcialidad, sin una opinion persistente,
-sin un sentimiento de ódio, con una libertad absoluta y sin una
-segunda intencion. Estos problemas no son sino una de las innumerables
-cuestiones que se suscitan en el mundo y que los curiosos examinan:
-no se ofende á nadie enunciando una opinion teórica; los que profesan
-una fé y la guardan como un tesoro, tienen un medio muy sencillo de
-defenderla, y este consiste en no hacer aprecio de las obras escritas
-en un sentido que difiere de sus opiniones. Lo mejor que pueden hacer
-los tímidos es no leerlas.
-
-Hay personas prácticas, que tratándose de una obra científica,
-preguntan qué objeto político se ha propuesto el autor, y quieren que
-una obra de poesía encierre una leccion de moral. Esas personas no
-admiten que escriba más que para una propaganda: la idea del arte y
-de la ciencia, que no aspira sino á encontrar la verdad y á realizar
-lo bello, prescindiendo de todo asunto político, es para ellas una
-cosa extraña, y por lo tanto, entre nosotros y esas personas, no puede
-haber conformidad. «Esas gentes, como decia un filósofo griego, toman
-con la mano izquierda lo que les damos con la derecha.» Ya he recibido
-una porcion de cartas, dictadas por un sentimiento de honradez, cuyo
-contenido puede resumirse en estas palabras: «¿Qué habeis querido?
-¿Qué objeto os habeis propuesto?» ¡Dios mio! el mismo que uno se
-propone al escribir cualquiera historia. Si yo dispusiera de varias
-vidas, emplearia una en escribir una historia de Alejandro, otra
-en escribir una historia de Atenas, y una tercera en escribir, ya
-una historia de la Revolucion francesa, ya una historia de la órden
-de San Francisco. ¿Y qué objeto me propondria yo al escribir esas
-obras? Uno solo: hallar la verdad y darle vida; trabajar para que
-los grandes acontecimientos del pasado sean conocidos con la mayor
-exactitud posible y expuestos de una manera digna. Lejos de mí la idea
-de combatir la fé que cada uno profesa: estas obras deben componerse
-con una indiferencia suprema; como si se escribiese para un planeta
-desierto. Toda concesion á los escrúpulos de un órden inferior,
-constituyen una falta al culto del arte y de la verdad. ¿Quién no vé
-que la ausencia del proselitismo es la cualidad y el defecto de las
-obras compuestas bajo semejante espíritu?
-
-El primer principio de la escuela crítica en efecto, es que cada uno
-admita en materia de fé lo que necesita admitir, y establezca sus
-creencias segun su propia opinion. ¿Cómo nos atreveriamos nosotros
-á intervenir en lo que depende de circunstancias contra las cuales
-nadie puede hacer nada? Si alguno se adhiere á nuestros principios
-será porque tiene suficiente talento y educacion para hacerlo, y á
-fé que todos nuestros esfuerzos no podrian dar ni la una ni el otro
-al que no posea esas cualidades. La filosofía difiere de la fé, en
-que esta obra por sí misma, independientemente del conocimiento que
-se tiene de los dogmas. Nosotros por el contrario creemos, que una
-verdad no tiene valor sino cuando uno la descubre por sí mismo; cuando
-se vé todo el órden de ideas que con ella se enlaza: nosotros no nos
-creemos obligados á no emitir las opiniones que no estén de acuerdo
-con la creencia de una porcion de nuestros semejantes; nosotros no nos
-sacrificamos á las exigencias de las diversas ortodoxias, y lejos
-en fin de atacarlas ó provocarlas, procedemos como si no existiesen.
-En cuanto á mí, el dia que comprendiese que se habia hecho el menor
-esfuerzo para inducir á cualquiera á que participase de mis ideas,
-tendria un gran sentimiento; y me pareceria, ó que mi espíritu se
-hallaba turbado al escribir este libro, ó que pesaba sobre mí alguna
-cosa que me impedia regocijarme ante la alegre contemplacion del
-universo.
-
-¿Quién no vé por otra parte, que si mi objeto fuese hacer la guerra á
-los cultos establecidos, deberia proceder de otro modo, limitándome
-únicamente á demostrar las imposibilidades y las contradicciones de
-los textos y de los dogmas que se tienen por sagrados? Esta penosa
-tarea se ha hecho mil veces y se ha hecho muy bien. En 1856[61]
-escribia ya lo que sigue:
-
- «Protesto para siempre contra la falsa interpretacion que se dé á
- mis trabajos, si se consideran como obras de polémica los diversos
- ensayos que he publicado, ó que pudiera publicar en lo sucesivo,
- sobre la historia de las religiones. Soy el primero en reconocer que
- tomados como obras de polémica, esos ensayos serian muy pobres, pues
- la polémica exige una estratégia á la que soy completamente extraño,
- porque es preciso saber elegir el lado débil de sus adversarios, no
- tocar jamás las cuestiones inciertas, y abstenerse de toda concesion,
- es decir, renunciar á lo que constituye la esencia misma del espíritu
- científico. Ese no es mi método: la cuestion fundamental sobre
- la que debe girar la discusion religiosa, es decir, la cuestion
- de la revelacion y de lo natural, yo no la toco nunca; no porque
- esta cuestion no se haya resuelto por mí con entera certeza, sino
- porque la discusion de ella no es científica, ó mejor dicho, porque
- la ciencia independiente la supone resuelta con anterioridad. Á
- no dudarlo, si yo me propusiese entablar una polémica sobre un
- punto cualquiera, incurriria en un defecto capital al trasladar al
- terreno de los problemas delicados y oscuros una cuestion que se
- puede discutir con más claridad en los términos vulgares que para
- ello emplean por lo general los amantes de la controversia y los
- apologistas. Aun cuando conozca cuantas son las ventajas que al decir
- esto concedo á mis enemigos, me complazco en darlas si con ello
- consigo convencer á los teólogos que mis escritos tienen un carácter
- muy distinto de los suyos, y que no se debe ver en ellos sino puras
- investigaciones de erudicion, atacables como tales, y en las que se
- trata de aplicar á la religion judía y á la religion cristiana los
- principios de crítica que se siguen en los demás ramos de la historia
- y de la filología. En cuanto á la discusion de las cuestiones
- puramente teológicas, no tomaré en ella parte alguna, siguiendo en
- esto el ejemplo de los Sres. Burnouf, Creuzer, Guigniaut y otros
- tantos historiadores críticos de las religiones de la antigüedad, que
- no se han creido obligados á encargarse de la refutacion ó apología
- de los cultos de que se ocupaban. La historia de la humanidad es
- para mí un vasto conjunto donde todo es esencialmente desigual y
- diverso, pero donde todo es del mismo órden: sale de las mismas
- causas y obedece á las mismas leyes. Estas son las que yo busco sin
- más objeto que descubrir cuando menos la aproximacion de la verdad.
- Nada me hará dejar mi papel oscuro, aunque útil para la ciencia, por
- el de controversista, cargo fácil de desempeñar, porque asegura al
- escritor el apoyo de las personas que creen deber oponer la guerra á
- la guerra. En esta polémica, cuya necesidad no trataré de negar, pero
- que no está ni en mis gustos ni en mis principios, basta Voltaire.
- No se puede ser á la vez buen controversista y buen historiador;
- Voltaire, tan débil como erudito, Voltaire, que nos parece tan poco
- iniciado en la escuela de la antigüedad á nosotros que observamos
- un método mejor, Voltaire alcanzaria siempre la victoria sobre
- adversarios que se juzgaran tan fuertes como él. Seria necesaria una
- nueva edicion de las obras de aquel grande hombre para satisfacer la
- necesidad del momento y contestar á los ataques de la teología de
- la manera conveniente á la que se trata de discutir. Pero hagamos
- una cosa mejor, nosotros que somos tan amantes de lo verdadero como
- de satisfacer la curiosidad, dejemos estos debates á los que se
- complacen en ellos; trabajemos para ese pequeño número que marcha
- por la gran senda del espíritu humano. Ya sé que la popularidad se
- inclina en favor de los escritores que en vez de seguir la forma más
- elevada de la verdad, se consagran á luchar contra las opiniones de
- su tiempo, pero en justa compensacion, aquellos quedan oscurecidos
- cuando la opinion que combatieron deja de existir. Los que han
- refutado la mágia y la astrología en los siglos XVI y XVII, han
- prestado un servicio inmenso á la razon; y sin embargo, sus escritos
- son desconocidos hoy; su victoria misma es causa de que se les haya
- olvidado.»
-
-Yo me atendré invariablemente á esta regla de conducta, la única
-conforme con la dignidad del sabio. Yo sé que las investigaciones de
-la historia religiosa se ponen en contacto con ciertas cuestiones que
-parecen exigir una solucion; las personas poco familiarizadas con la
-libre especulacion no comprenden la calma y lentitud del pensamiento;
-los hombres prácticos se impacientan contra la ciencia que no satisface
-pronto sus deseos. No nos dejemos dominar por esa inútil impaciencia;
-guardémonos bien de fundar nada; permanezcamos en nuestras iglesias
-respectivas aprovechándonos de su culto secular y de su tradicion de
-virtud, tomando parte en sus buenas obras y disfrutando de la poesía
-de su pasado. No rechacemos sino su intolerancia, mas sin dejar de
-perdonarla, porque es, como el egoismo, una necesidad de la naturaleza
-humana. Suponer que se pueden fundar en lo sucesivo nuevas familias
-religiosas ó que la proporcion de las que existen hoy cambie mucho,
-es ir contra las apariencias: el catolicismo se verá bien pronto
-minado por grandes cismas; los tiempos de Avignon, de los antipapas,
-de los clementes y de los urbanos van á volver; la Iglesia católica
-podrá reconstruir su siglo XIV, mas á pesar de sus divisiones, siempre
-será la Iglesia católica. Es probable que dentro de cien años no haya
-variado sensiblemente la relacion entre el número de protestantes,
-de católicos y de judíos, pero se habrá verificado un gran cambio,
-sensible á la vista de todos; cada una de esas familias religiosas
-tendrá dos clases de fieles, los unos creyentes absolutos como en la
-Edad media, los otros que prescindirán de la letra para no fijarse
-sino en el espíritu. Este segundo grupo, se irá aumentando poco á
-poco, y atendido á que el espíritu enlaza tanto como la letra divide,
-los espiritualistas de cada comunion irán reuniéndose insensiblemente
-sin intentarlo siquiera. El fanatismo se perderá en una tolerancia
-general; el dogma llegará á ser un arca misteriosa que convendrá no
-abrir jamás si bien esto no seria necesario estando aquella vacía. Yo
-temo que solo una religion resistirá á este movimiento dogmático; me
-refiero al islamismo. Entre algunos musulmanes y hombres eminentes de
-Constantinopla, se conserva la escuela antigua, y en Persia sobre todo,
-se encuentran gérmenes de un espíritu conciliador, pero si estos se
-ven ahogados por el fanatismo de los Ulemas, el islamismo perecerá, y
-para creerlo así, tenemos dos razones evidentes; la primera es que la
-civilizacion moderna no desea que los antiguos cultos mueran del todo;
-la segunda es que no tolerará que entorpezcan su marcha las antiguas
-instituciones religiosas. Á estas no les queda más recurso sino ceder ó
-morir.
-
-En cuanto á la religion pura, que pretende precisamente no ser una
-secta ni una iglesia aparte, ¿por qué se ha de colocar en una posicion
-que puede ofrecerle muchos inconvenientes y ninguna ventaja? ¿Por qué
-ha de enarbolar bandera contra bandera, sabiendo que la salvacion
-es posible á todos y por todas partes, y que depende del grado de
-virtud de cada uno? No es extraño que el protestantismo provocara una
-encarnizada guerra en el siglo XVI: el protestantismo partia de una fé
-muy absoluta, y lejos de debilitar el dogmatismo, la reforma señaló
-un renacimiento del espíritu cristiano, el más rígido que pudiera
-conocerse. El movimiento del siglo XIX, por el contrario, parte de
-un sentimiento que es la inversa del dogmatismo, y conducirá, no á
-formar sectas ó iglesias separadas, sino á dulcificar aquellas. Las
-divisiones aumentan el fanatismo de la ortodoxia provocando reacciones:
-los Luteros y los Calvinos produjeron los Caraffa; los Ghislieri dieron
-ejemplo á los Loyolas y á Felipe II. Si nuestra iglesia nos rechaza, no
-hagamos recriminaciones; sepamos apreciar la dulzura de las costumbres
-modernas que ha hecho impotentes esos ódios; consolémonos al pensar
-en esa iglesia invisible que encierra los santos excomulgados, las
-más hermosas almas de cada siglo. Los desterrados de una iglesia, son
-siempre los elegidos porque se anticipan á los tiempos; el hereje de
-hoy es el ortodoxo del porvenir. ¿Y qué es por otra parte la excomunion
-de los hombres? El Padre celestial no excomulga más que á los corazones
-duros y mezquinos: si el sacerdote rehusa admitirnos en su cementerio,
-prohibamos á nuestras familias reclamar; Dios es quien juzga; la tierra
-es una buena madre que no establece diferencias; el cadáver del hombre
-honrado que se entierra en un rincon no bendecido, lleva la bendicion
-consigo.
-
-Á no dudarlo hay situaciones en que es difícil la aplicacion de estos
-principios: hay personas adictas en cierto modo á la fé absoluta, y al
-decir esto, quiero hablar de los hombres sujetos á las órdenes sagradas
-ó revestidos de un órden sacerdotal, pero aun en este caso, un alma
-noble y hermosa puede salir de apuro. Si un digno cura de aldea llega á
-comprender, merced á sus estudios solitarios ó á la pureza de su vida,
-las imposibilidades del dogmatismo literal ¿por qué ha de contristar á
-los que ha consolado hasta entonces, explicando á las gentes sencillas
-cambios que estas no pueden comprender? ¡No quiera Dios que así
-suceda! No hay dos hombres en el mundo que tengan precisamente los
-mismos deberes que cumplir. El buen obispo Colenso dió una prueba de
-honradez, sin ejemplo en la iglesia, al escribir sus dudas tan pronto
-como le ocurrieron; pero el humilde sacerdote católico que se halla en
-un país donde predomina un espíritu apocado y tímido, debe callarse.
-¡Oh, cuántas tumbas discretas de las que se encuentran al rededor de
-las iglesias de un pueblo, ocultan poéticos secretos y angelicales
-silencios!
-
-La teoría no es la práctica: lo ideal debe ser siempre lo ideal; debe
-temer contaminarse al contacto de la realidad. No se hacen grandes
-cosas sino teniendo ideas estrictamente fijas, pues la capacidad humana
-es una cosa limitada; el hombre que no tuviese ninguna preocupacion
-seria impotente. Disfrutemos de la libertad de los hijos de Dios,
-pero no seamos cómplices de la disminucion de virtud que amenazaria
-á nuestras sociedades si el cristianismo llegara á debilitarse. ¿Qué
-seriamos sin esto? ¿Quién reemplazaria á esas grandes escuelas tales
-como la de San Sulpicio; á ese ministerio de abnegacion de las Hijas
-de la Caridad? ¿Cómo no temer la ceguedad del corazon y los males que
-invadirian el mundo? Nuestra disidencia con las personas que creen
-en las religiones positivas, no es, despues de todo, sino puramente
-científica; por el corazon, estamos con ellas; solo tenemos un enemigo
-que tambien es el suyo, y al decir esto, me refiero al materialismo
-vulgar, á la bajeza del hombre interesado.
-
-Así pues, ¡paz en el nombre de Dios! Que vivan el uno al lado del
-otro los diversos órdenes de la humanidad, no falseando su propio
-genio para hacerse concesiones recíprocas, que los debilitarian, sino
-apoyándose mútuamente. Nada debe reinar aquí bajo exclusivamente;
-ninguna fuerza debe hallarse en estado de suprimir las demás. La
-armonía de la humanidad resulta de la libre emision de las notas
-más discordantes; que la ortodoxia consiga matar á la ciencia, y ya
-sabemos lo que sucederá; el mundo musulman y la España mueren por haber
-contribuido harto concienzudamente á la realizacion de este hecho. Si
-el mundo se dejara gobernar por el racionalismo, sin consideracion á
-las necesidades religiosas del alma, ahí está la experiencia de la
-Revolucion francesa para decirnos cuáles serian las consecuencias
-de semejante falta. El instinto del arte llevado al último extremo,
-pero sin honradez, convirtió á la Italia del renacimiento en un lugar
-peligroso. El fastidio, la vanidad y el atraso, son el castigo de
-ciertos países protestantes donde, bajo el pretexto del buen sentido
-y del espíritu cristiano, se ha suprimido el arte y reducido la
-ciencia de una manera mezquina. Lucrecia y Santa Teresa, Aristófanes
-y Sócrates, Voltaire y Francisco de Asís, Rafael y Vicente de Paul,
-tienen igualmente su razon de ser, y la humanidad seria defectuosa si
-faltara uno solo de los elementos que la componen.
-
-
-
-
-LOS APÓSTOLES.
-
-CAPÍTULO I.
-
-Formacion de las creencias relativas á la resurreccion de Jesús. -- Las
-apariciones de Jerusalem.
-
-
-[Marginal: Año 33]
-
-Aunque Jesús hablaba continuamente de resurreccion y nueva vida, no
-habia dicho nunca claramente que resucitaria en su carne[62]. Durante
-las primeras horas que siguieron á su muerte, sus discípulos no sabian
-á qué atenerse fijamente sobre este punto, pero segun la opinion que
-ingénuamente emitieron, suponian que todo estaba acabado. Lloran y
-entierran á su amigo, si no como á un muerto vulgar, al menos como á
-una persona cuya pérdida es irreparable[63]; están tristes y abatidos;
-pierden la esperanza que tenian de que su maestro redimiese á Israel,
-y diríase en fin, que se desvanecia la más querida ilusion de aquellos
-hombres.
-
-Pero el entusiasmo y el amor no conocen las situaciones sin salida: se
-burlan de la impostura, y antes que renunciar á la esperanza, violentan
-la realidad. Algunas palabras que se recordaba habia dicho el maestro,
-sobre todo, aquellas por las cuales predijo su futuro advenimiento,
-podian interpretarse en el sentido de que saldria de la tumba,[64] y
-semejante creencia era por otra parte tan natural, que la fé de los
-discípulos hubiera bastado para confirmarla en todas sus partes. Segun
-la opinion general, Enoc y Elías no habian muerto, y ya se empezaba á
-creer que los patriarcas y los hombres de primer órden de la antigua
-ley, no habian muerto tampoco realmente, y que sus cuerpos se hallaban
-en sus sepulcros, en Hebron, vivos y animados.[65] Debia suceder con
-Jesús lo que con todos los hombres que han cautivado la atencion de sus
-semejantes; acostumbrado el mundo á suponerles virtudes sobrehumanas,
-no puede admitir que se hallen sujetos á la ley injusta é inícua de la
-muerte comun. En el momento de expirar Mahoma, Omar salió de la tienda
-sable en mano y declaró que cortaria la cabeza al que se atreviese
-á decir que el profeta ya no existia.[66] La muerte es una cosa tan
-absurda cuando hiere al hombre de genio ó de gran corazon, que el
-pueblo no cree en la posibilidad de semejante error de la naturaleza.
-Los héroes no mueren: ¿no es acaso la verdadera existencia la memoria
-que se conserva en el corazon de los que nos aman? Aquel adorado
-maestro habia llenado de alegría y de esperanza durante algunos años
-al pequeño mundo que se agrupaba á su alrededor. ¿Habria de dejársele
-pudrir en su tumba? No; habia vivido demasiado en el recuerdo de sus
-oyentes, para que no se afirmase despues de su muerte que vivia aún[67].
-
-El dia que siguió al enterramiento de Jesús (sábado, 15 de nisan)
-todos se entregaron á estas reflexiones, y nadie trabajó porque era
-dia de sábado, pero jamás el descanso pudo ser tan fecundo, pues
-el pensamiento cristiano no tuvo que ocuparse aquel dia sino del
-maestro depositado en la tumba. Las mujeres, sobre todo, le prodigaban
-mentalmente sus más tiernas caricias, sin poder olvidar por un instante
-al dulce amigo que reposaba sobre su mirra, despues de haber sido
-muerto por los malos. ¡Ah! ¡sin duda los ángeles que le rodeaban, se
-cubrian la faz con su sudario! Bien decia él que iba á morir, que
-su muerte seria la salvacion del pecador, y que resucitaria en el
-reino de su Padre. Sí, él resucitará. ¡Dios no puede permitir que su
-hijo sea presa de los infiernos; no consentirá que su hijo vea la
-corrupcion![68] ¿Qué importa que le cubra la losa de la tumba? Él la
-levantará; él subirá á la diestra de Dios Padre de donde ha bajado; le
-volveremos á ver, oiremos su voz deliciosa y su palabra divina, y en
-vano le habrán dado muerte.
-
-La creencia en la inmortalidad del alma, que por la influencia de la
-filosofía griega ha llegado á ser un dogma del cristianismo, permite
-consolarse fácilmente ante la idea de la muerte, puesto que con la
-destruccion del cuerpo, en esta hipótesis, queda el alma en libertad
-y no está ya sujeta por los lazos sin los cuales puede existir.
-Pero esta teoría, que considera al hombre como un compuesto de dos
-sustancias, no era muy clara para los judíos. El reinado de Dios y
-el del espíritu, consistia para ellos en una completa transformacion
-del mundo y en el aniquilamiento de la muerte.[69] Reconocer que la
-muerte podia vencer á Jesús, al que venia á suprimir su imperio, era
-el colmo del absurdo: solo la idea de que el maestro pudiera sufrir,
-habia indignado á sus discípulos[70], los cuales no pudieron luego
-elegir entre la desesperacion ó una afirmacion heróica. Á un hombre
-penetrante le hubiera sido dable anunciar desde el sábado que Jesús
-resucitaria, y en efecto, la pequeña sociedad cristiana hizo aquel dia
-el verdadero milagro; al resucitar á Jesús en su corazon, por el amor
-intenso que le profesaban, resolvió que Jesús no muriera: el amor en
-aquellas almas apasionadas fué en verdad más fuerte que la muerte,[71]
-y como la cualidad de la pasion es ser comunicativa, encendiendo cual
-una antorcha un sentimiento que se le asemeja, y se propaga luego
-indefinidamente, Jesús ha resucitado ya bajo cierto punto de vista.
-Que un hecho material é insignificante nos permita creer que su
-cuerpo no está aquí abajo, y se funda para la eternidad el dogma de la
-resurreccion.
-
-Esto fué precisamente lo que sucedió, en circunstancias, que aunque en
-parte oscuras, á causa de la incoherencia de las tradiciones, se pueden
-apreciar con un grado suficiente de probabilidad[72].
-
-El domingo por la mañana muy temprano, las mujeres galileas, que
-el viernes por la noche habian embalsamado apresuradamente el
-cuerpo, se dirigieron al sepulcro donde se habia depositado aquel
-provisionalmente. Entre aquellas mujeres, iban María Magdalena, María
-Cleofas, Salomé, Juana, mujer de Kouza, y otras varias[73], siendo
-probable que llegasen cada una por su lado, pues es difícil poner en
-duda la tradicion de los tres Evangelios sinópticos, segun la cual
-llegaron al sepulcro varias mujeres[74], aunque es cierto, por otra
-parte, que en los dos relatos más auténticos[75] que tenemos de la
-resurreccion, María Magdalena desempeña por sí sola un papel importante
-en aquel momento solemne. Á ella pues, debemos seguir paso á paso,
-porque aquel dia, y durante una hora, cargó con todo el peso de la
-conciencia cristiana: su testimonio decidió la fé del porvenir.
-
-Recordemos que el sepulcro donde se habia encerrado el cuerpo de
-Jesús, se acababa de abrir en la roca, y estaba situado en un jardin
-cerca del lugar de la ejecucion[76] por cuya circunstancia se eligió
-con preferencia este sitio en vista de que era sábado[77] y no se
-queria infringir la ley que mandaba no trabajar en este dia. El primer
-Evangelio, no obstante, añade una circunstancia, y es que el sepulcro
-pertenecia á José de Arimatea, pero en general las circunstancias
-anecdóticas que nos da el primer Evangelio para el fondo comun de
-la tradicion, no tienen valor alguno, sobre todo al tratarse de los
-últimos dias de la vida de Jesús[78]. El mismo Evangelio nos dice
-tambien que se puso una guardia en el sepulcro[79], pero atendiendo
-al silencio que guardan los demás, este dato no tiene visos de
-probabilidad.--Recordemos tambien que las tumbas funerarias, eran una
-especie de habitaciones bajas, abiertas en una roca inclinada, cortada
-verticalmente, y que la puerta, por lo general, se formaba con una
-piedra muy grande y pesada que encajaba en un hueco[80]. Estos recintos
-no se cerraban con llave ni cerradura; el peso de la piedra era la
-única garantía de seguridad contra los ladrones ó profanadores de las
-tumbas, y por esto se hacia de modo que fuera necesaria una máquina
-para mover la piedra ó los esfuerzos reunidos de varios hombres.--Todas
-las tradiciones están conformes en que la piedra se habia colocado en
-el orificio del sepulcro el viernes por la noche.
-
-Ahora bien; cuando llegó María Magdalena el domingo por la mañana, la
-piedra no se encontraba en su sitio; hallábase el sepulcro abierto y
-el cuerpo ya no estaba allí. María Magdalena aún no tenia una idea muy
-clara acerca de la resurreccion; lo que llenaba su alma era un tierno
-sentimiento y el deseo de hacer las honras fúnebres á su divino amigo,
-y así es que sus primeras impresiones fueron la sorpresa y el dolor. La
-desaparicion de aquel cuerpo querido, le arrebataba su último consuelo
-y alegría; ¡ya no le tocaria más con sus manos!... ¿Y qué habria sido
-de él?... La idea de una profanacion cruzó por su mente, pero al mismo
-tiempo, concibió una vaga esperanza. Sin perder momento, corre á una
-casa donde se hallaban reunidos Pedro y Juan[81] y les dice: «Se han
-llevado el cuerpo del maestro y no sabemos dónde le han puesto.»
-
-Los dos discípulos se levantan apresuradamente y echan á correr: Juan,
-el más jóven, llega primero y se inclina para mirar en el interior del
-sepulcro; María tenia razon: el sepulcro estaba vacío, y los lienzos
-que sirvieron para amortajar el cuerpo, se hallaban diseminados por
-el suelo. Poco despues llega Pedro, entra con su compañero, examina
-los lienzos, manchados sin duda de sangre, y observan que el sudario
-que rodeara la cabeza de Jesús está tirado en un rincon[82]. Pedro
-y Juan se retiran á su casa muy agitados; si no pronuncian aún la
-palabra decisiva «ha resucitado,» bien puede decirse que deducian
-esta consecuencia y que estaba ya fundado el dogma generador del
-cristianismo.
-
-Cuando Pedro y Juan hubieron salido del jardin, María permaneció
-sola al borde del sepulcro llorando amargamente. Un solo pensamiento
-la preocupaba: ¿dónde habrian puesto el cuerpo? Su corazon de mujer
-solo anhelaba tener una vez más en sus brazos el cadáver querido. De
-pronto oye un ligero rumor á su espalda: un hombre está de pié delante
-de ella: María cree que es el jardinero y exclama: «¡Oh!, si eres tú
-quien se le ha llevado, dime dónde le has puesto para ir á buscarle.»
-Por toda respuesta oye que pronuncian su nombre «¡María!» Era la misma
-voz que tantas veces la conmoviera: era el acento de Jesús. «¡Oh mi
-maestro!» exclama ella tratando de tocarle; pero por un movimiento
-instintivo se inclina como para besarle los piés[83]. Entonces la
-vision se aparta con ligereza y dice: «¡No me toques!» Poco á poco
-desaparece la sombra[84], pero el milagro de amor se ha consumado ya.
-Lo que Céfas no habia podido hacer, lo ha hecho María: ha sabido sacar
-del sepulcro vacío la vida y la dulce y penetrante palabra de Jesús. Ya
-no se trata de deducir consecuencias ni de hacer conjeturas: María ha
-visto y ha oido: la resurreccion tiene su primer testigo ocular.
-
-Loca de amor, embriagada de alegría, entra María en la ciudad y dice á
-los primeros discípulos que encuentra[85] «Le he visto; me ha hablado.»
-Su agitacion extremada[86], sus frases entrecortadas y sin hilacion,
-hicieron creer á algunos que estaba loca[87]. Pedro y Juan por su
-parte, cuentan lo que han visto; otros discípulos van al sepulcro
-y ven lo mismo[88], y bien pronto todo aquel grupo conviene en que
-Jesús ha resucitado. Aún quedaban muchas dudas, pero la seguridad de
-María, Pedro y Juan, se comunicó á los demás, y más tarde se llamó á
-esto _la vision de San Pedro_[89]. Pablo, particularmente, no habla
-de la vision de María y hace recaer en Pedro el honor de la primera
-aparicion, pero esto no es exacto, puesto que aquel solo vió el
-sepulcro vacío, el lienzo y el sudario. Solo María amó lo bastante para
-vencer las leyes de la naturaleza y resucitar el fantasma del maestro.
-En esta especie de crísis maravillosas, ver despues de los otros,
-no es nada: todo el mérito está en ser el primero, porque los otros
-modelan despues la vision segun lo que se les ha dicho. Es condicion
-de las organizaciones privilegiadas, concebir la imágen con precision
-é inmediatamente, por una especie de intuicion del dibujo. La gloria
-de la resurreccion pertenece pues á María Magdalena: despues de Jesús,
-María es quien ha hecho más por la fundacion del cristianismo; la
-sombra creada por los delicados sentidos de Magdalena se cierne aún
-sobre el mundo; reina y patrona de los idealistas, Magdalena ha sabido
-mejor que nadie realizar su sueño, é imponer á todos la santa vision
-de su alma apasionada. Su firme resolucion al decir: «¡ha resucitado!»
-ha sido la base de la fé de la humanidad. ¡Lejos de aquí razonamientos
-impotentes! No apliquemos un frio análisis á esa obra maestra del
-idealismo y del amor. Si la sabiduría renuncia á consolar á esa pobre
-raza humana, dejad á la locura que lo intente. ¿Dónde está el sabio que
-ha dado al mundo tanta alegría como la poseida María Magdalena?
-
-Sin embargo, las demás mujeres que habian ido al sepulcro, circularon
-diversos rumores[90]: ellas no habian visto á Jesús[91], pero hablaban
-de una figura blanca que divisaron en el sepulcro y que les dijo:
-«Ya no está aquí: volved á Galilea, á donde os precederá[92].» Acaso
-fueran los lienzos blancos la causa de esta alucinacion; puede ser
-tambien que no vieran nada y que no hablasen de su vision sino cuando
-María Magdalena hubo referido la suya. En efecto[93] segun uno de los
-textos más auténticos, guardaron silencio por algun tiempo, silencio
-que se atribuyó despues al terror. Como quiera que sea, estos relatos
-iban aumentándose á cada momento y sufrian extrañas transformaciones:
-se dijo que la figura blanca era el ángel de Dios; que su vestido
-era deslumbrador como la nieve y que su semblante resplandecia como
-un relámpago; otros hablaban de dos ángeles, uno de los cuales
-apareció á la cabeza del sepulcro y otro á los piés[94], y por último
-llegada la noche, muchas personas creian ya acaso que las mujeres
-habian visto bajar un ángel del cielo, levantar la piedra, y á Jesús
-lanzarse fuera con estrépito[95]. Ellas mismas variaban sin duda sus
-declaraciones[96]; sometidas á la influencia de la imaginacion de los
-otros, como sucede siempre á las gentes del pueblo, prestábanse á todos
-los embellecimientos imaginables y contribuian á crear la naciente
-leyenda. Aquel dia, en que reinó la mayor agitacion, puede decirse que
-fué decisivo, pues la pequeña sociedad comenzó á dispersarse. Algunos
-se habian marchado ya á Galilea, y otros se ocultaron por temor:[97]
-la deplorable escena del viernes, el espectáculo desgarrador que
-todos presenciaron al ver morir á aquel de quien tanto esperaban,
-sin que su Padre fuera á salvarle, bastó para hacer vacilar la fé de
-muchos. Las noticias dadas por las mujeres y por Pedro, fueron oidas
-con una incredulidad mal disimulada;[98] circulaban rumores á cual
-más diversos; las mujeres iban de un punto á otro refiriendo cuentos
-extraños, y comenzaban á experimentarse diversos sentimientos. Los
-unos lloraban aún el triste acontecimiento de la víspera; mostrábanse
-otros triunfantes; todos estaban dispuestos á escuchar los relatos
-más extraordinarios; y sin embargo, la desconfianza que inspiraba la
-exaltacion de María Magdalena,[99] la poca autoridad que tenian los
-asertos de las mujeres y la incoherencia de sus noticias, inspiraban
-grandes dudas. Esperábanse nuevas visiones que no podian menos de
-presentarse; el estado en que se hallaba la secta era completamente
-favorable á la propagacion de los rumores extraños; si toda la pequeña
-iglesia hubiese estado reunida, habria sido imposible la creacion
-legendaria, pues los que sabian el secreto de la desaparicion del
-cuerpo, hubieran protestado probablemente contra el error, si bien la
-situacion de los ánimos era lo más á propósito para admitir toda clase
-de noticias por inverosímiles que fuesen.
-
-Las almas en que se produce el éxtasis ó el sentimiento de las
-apariencias, tienen el don de contagiar á las demás. La historia
-de todas las grandes crísis religiosas, prueba que esta especie de
-visiones se comunican:[100] en una reunion de personas que abundan en
-las mismas creencias, basta que un individuo de la sociedad afirme ver
-ú oir alguna cosa sobrenatural, para que los demás lo oigan y vean
-tambien. Cuando entre los protestantes perseguidos circulaba el rumor
-de que se habia oido á los ángeles cantar salmos en las ruinas de un
-templo acabado de destruir, todos iban y oian el mismo salmo;[101]
-en casos de este género, los más exaltados son los que hacen la ley
-y regulan el grado de la atmósfera comun. La exaltacion de los unos
-se comunica á los otros; nadie quiere quedarse atrás, ni creer que
-es menos favorecido que sus compañeros, y los que no ven nada acaban
-por creer, ó que son menos inteligentes ó que no se dan cuenta de sus
-sensaciones, pero de todos modos se guardan muy bien de confesarlo,
-pues turbarian la fiesta, y contristarian á los demás, poniéndose en
-mal lugar. Cuando se produce una aparicion en semejantes reuniones,
-es por lo tanto regular que todos la vean ó acepten, y aquí debemos
-recordar cuál era el grado de instruccion de los discípulos de Jesús.
-Ellos creian en los fantasmas;[102] imaginábanse estar rodeados de
-milagros, y no participan en nada de la ciencia positiva de la época,
-de esa ciencia que solo existia entonces entre algunos pocos hombres,
-hijos del país donde habia penetrado la cultura griega. La Palestina
-era en este concepto uno de los países más atrasados, pero aún lo era
-más la Galilea, y los discípulos de Jesús podian considerarse como
-los más ignorantes de todos y á su misma sencillez debieron ser los
-elegidos. En semejante sociedad, era extraordinariamente fácil propagar
-la creencia en los hechos maravillosos; una vez emitida la opinion de
-que habia resucitado Jesús, debieron producirse numerosas visiones, y
-se produjeron en efecto.
-
-El mismo dia del Domingo, á una hora bastante avanzada de la mañana, y
-cuando ya habian circulado los relatos de las mujeres, dos discípulos
-uno de los cuales se llamaba Cleofas, emprendieron un corto viaje á una
-aldea llamada Emmaus,[103] situada á poca distancia de Jerusalem.[104]
-Por el camino, hablaban de los últimos acontecimientos, poseidos de
-tristeza cuando se les apareció un desconocido preguntándoles la causa
-de su afliccion. «¿Has estado tan poco en Jerusalem, le dijeron, que
-ignoras lo que acaba de suceder? ¿No has oido hablar de Jesús de
-Nazaret, que fué un hombre profeta, poderoso en obras y palabras ante
-Dios y el pueblo? ¿Ignoras por ventura de qué modo los sacerdotes y
-los grandes le han hecho condenar y crucificar? Nosotros esperábamos
-que él redimiria á Israel, y ahora ya hace tres dias que todo está
-acabado. Algunas de nuestras mujeres nos han hecho concebir esta mañana
-extrañas dudas, pues han ido al sepulcro antes de amanecer y no han
-encontrado el cuerpo, si bien afirman haber visto ángeles que les
-han dicho que vivia. Algunos de los nuestros fueron tambien luego al
-sepulcro y hallaron ser así como las mujeres habian dicho, mas no le
-vieron á él». El desconocido era un hombre piadoso, que versado en las
-Escrituras citaba á Moisés y á los profetas, y aquellos tres hombres
-comenzaron á departir amistosamente. Al aproximarse á Emmaus, y como
-quiera que el desconocido se mostrase dispuesto á continuar su marcha,
-suplicáronle los discípulos que se quedara á cenar con ellos. Declinaba
-el dia y los recuerdos de Cleofas y su compañero iban siendo más
-dolorosos, porque aquella hora de la noche era la que les inspiraba más
-melancolía. ¡Cuántas veces habian visto en tales momentos al maestro
-querido descansar de las tareas del dia y conversar agradablemente con
-ellos, hablándoles del fruto de la viña que tomaria con ellos en el
-reino de su Padre! El ademan que hacia al cortar el pan y ofrecérselo,
-segun la costumbre del jefe de la casa entre los judíos, estaba
-profundamente grabado en su memoria; poseidos de una dulce tristeza,
-olvidaban al extranjero y no veian más que á Jesús ofreciéndoles el
-pan que tenia en la mano. Preocupados con estos recuerdos, no se
-aperciben que su compañero, que sin duda estaba de prisa, se habia
-marchado, y cuando hubieron vuelto en sí de sus reflexiones se dijeron:
-«¿No has experimentado alguna cosa extraña? ¿No recuerdas que nuestro
-corazon parecia abrasarse cuando nos hablaba ese desconocido?»--«Y
-las profecías que citaba, prueban bien que el Mesías debe padecer
-para entrar en su gloria. ¿No le has reconocido tambien al partir el
-pan?»--«Sí, nuestros ojos estaban cerrados, y se han abierto ahora que
-acaba de desaparecer.» Los dos discípulos se convencieron de que habian
-visto á Jesús y volvieron presurosos á Jerusalem.
-
-El grupo principal de los discípulos se hallaba precisamente reunido
-en aquel momento al rededor de Pedro,[105] y era ya muy entrada la
-noche. Cada uno comunicaba sus impresiones y lo que habia oido decir,
-siendo la creencia general que Jesús habia resucitado. Al entrar
-los dos discípulos, se les habló de lo que se llamaba _la vision de
-Pedro_,[106] y ellos por su parte contaron lo que les sucediera en
-el camino, y como acababan de reconocer al maestro al cortar el pan.
-Entonces la imaginacion de todos se sobrescitó vivamente: las puertas
-estaban cerradas porque se temia á los judíos, y como las ciudades
-Orientales están mudas cual la tumba despues de la puesta del sol,
-el silencio era cada vez más profundo en el interior y todos los más
-leves rumores que se producian por casualidad, inducian á creer que
-iba á realizarse la esperanza de todos. La ilusion crea por lo general
-su objeto.[107] Durante un momento de silencio, pasó sin duda entre
-los concurrentes un soplo de la brisa, pero en instantes como aquel,
-una corriente de aire, una ventana que rechina, un murmullo fortuito,
-bastan para fijar la creencia de los pueblos por espacio de varios
-siglos. Al mismo tiempo de soplar la brisa, creyéronse oir ciertos
-sonidos, y algunos dijeron que acababan de percibir entre aquellos
-la palabra _schalom_ «felicidad ó paz», que era la frase que por lo
-general empleaba Jesús para indicar su presencia. No cabia duda;
-Jesús estaba presente entre la asamblea, aquella era su voz querida,
-todos la reconocian[108] con tanta más razon cuanto que el maestro
-les habia dicho que siempre que se reunieran en su nombre se hallaria
-entre ellos. Quedó pues sentado que el Domingo por la noche, se habia
-aparecido Jesús á sus discípulos; algunos aseguraban haber observado
-en sus manos y piés la señal de los clavos, y en su costado la herida
-de la lanza. Segun una tradicion muy conocida, aquella noche misma fué
-cuando sus discípulos percibieron el soplo del Espíritu Santo,[109]
-idea que fué generalmente admitida.
-
-Tales fueron los incidentes de aquel dia en que se fijó la suerte de
-la humanidad: la opinion de que Jesús habia resucitado, quedó fundada
-irrevocablemente, y la secta que se habia tratado de extinguir dando
-muerte al maestro, dejó entonces asegurado un porvenir inmenso.
-
-Sin embargo, aún quedaban algunas dudas:[110] el apóstol Tomás, que
-no asistió á la reunion que tuvo lugar el domingo por la noche,
-confesó que envidiaba la suerte de los que habian visto la señal de la
-lanzada y de los clavos, y aunque se dice que ocho dias despues quedó
-satisfecho,[111] conservó un ligero á la par que dulce resentimiento.
-Por una consideracion instintiva de exquisita precision, comprendíase
-que el ideal no debe tocarse con las manos ni se le debe sujetar
-tampoco á la experiencia. _Noli me tangere_, es la palabra de los
-grandes amores. El tacto no es necesario para la fé; la vista, órgano
-más puro y noble que la mano, la vista que no mancha nada ni se
-mancha tampoco, llegó á ser bien pronto un testigo supérfluo; luego
-dominó á todos un sentimiento particular; toda vacilacion pareció una
-falta de lealtad y de amor, se tuvo vergüenza de quedarse atrás, y
-ninguno, en fin, deseó ya ver. La frase «¡felices los que no han visto
-y creen!»[112] se puso en boga; comprendióse que era más generoso
-creer sin pruebas, y los verdaderos amigos de corazon no sentian no
-haber tenido visiones,[113] así como más tarde San Luis rehusaba ser
-testigo de un milagro eucarístico, para no rebajar el mérito de la
-fé. En efecto, desde entonces se produjo á porfía una especie de
-emulacion que rayaba en delirio: el mérito consistia en creer sin haber
-visto; la fé á toda costa, la fé gratuita, la fé que llegaba hasta la
-locura, se exaltó como el primero de los dones del alma. El _credo
-quia absurdum_ está fundado; la ley de los dogmas cristianos será
-una extraña progresion que no se detendrá ante ningun obstáculo; una
-especie de sentimiento caballeresco, impedirá que se mire hácia atrás;
-los dogmas más queridos de la piedad, aquellos á los cuales se enlazará
-más estrechamente, serán los más repugnantes á la razon á causa de esa
-idea sublime de que el valor moral de la fé aumenta en proporcion de la
-dificultad de creer, y de que no se prueba el amor, admitiendo lo que
-es claro y evidente.
-
-Así pues, los primeros dias fueron como un período de fiebre intensa
-durante el cual los fieles, embriagados de alegría, se comunicaban
-entre sí sus sueños dejándose dominar por las más exaltadas ideas.
-Multiplicábanse las visiones que se producian regularmente durante las
-reuniones de la noche:[114] cuando las puertas estaban cerradas, y se
-hallaban todos poseidos de su idea fija, el primero que creia oir la
-dulce palabra _schalom_ «Salud ó paz,» daba la señal, y entonces todos
-escuchaban y oian bien pronto la misma cosa; y era de ver la alegría
-de aquellas almas sencillas, que sabian que su maestro se hallaba
-entre ellos. Cada uno saboreaba aquel dulce pensamiento, creyéndose
-favorecido en particular con algun coloquio; producíanse tambien otras
-visiones distintas recordando la de los viajeros de Emmaus, y á la
-hora de la cena, se veia á Jesús aparecer, coger el pan, cortarle y
-bendecirle, y ofrecerle despues al que favorecia con su vision[115].
-En pocos dias reunióse una coleccion de relatos, muy distintos en los
-detalles, pero inspirados todos por un mismo espíritu de amor y fé
-absoluta; es un grave error creer que la leyenda necesite mucho tiempo
-para formarse; la leyenda se produce á veces en un solo dia. El domingo
-por la noche (16 de nisan, 5 de Abril), teníase por una realidad la
-resurreccion de Jesús: ocho dias despues la vida que se le suponia
-despues de la tumba, se consideraba como un hecho evidente.
-
-
-
-
-CAPÍTULO II.
-
-Salida de los discípulos de Jerusalem. -- Segunda vida galilea de Jesús.
-
-
-[Marginal: Año 33]
-
-El más ardiente deseo de los que han perdido una persona querida, es
-ver de nuevo los sitios donde vivieron con ella: este sentimiento
-sin duda fué el que indujo á los discípulos algunos dias despues de
-la Pascua á volver á Galilea. Desde el momento en que tuvo lugar
-el arresto de Jesús, é inmediatamente despues de su muerte, es de
-presumir que muchos se encaminaran á las provincias del Norte, mas al
-verificarse la resurreccion circuló el rumor de que se le volveria
-á ver en Galilea. Algunas de las mujeres que fueron al sepulcro,
-volvieron diciendo que el ángel las dijo que Jesús las precederia
-en Galilea;[116] otras manifestaron que era el maestro quien habia
-mandado que fuesen allí,[117] y no faltó quien creyese recordar que
-dijo lo mismo en vida.[118] De todos modos, es lo cierto que al cabo
-de algunos dias, acaso despues de terminar completamente las fiestas
-de Pascua, los discípulos creyeron recibir la órden de volver á su
-patria, y volvieron en efecto.[119] Quizá comenzaban á disminuir las
-visiones en Jerusalem; é iba predominando una especie de nostalgia; las
-cortas apariciones de Jesús, no eran ya suficientes para compensar el
-inmenso vacío que dejara su ausencia, y todos pensaban melancólicamente
-en aquel lago y hermosas montañas, donde disfrutaron del reino de
-Dios.[120] Las mujeres, sobre todo, querian volver á toda costa al
-país donde habian sido tan felices, y aquí es preciso observar que la
-órden de marcha procedia especialmente de ellas.[121] Aquella ciudad
-odiosa les pesaba; ansiaban ver de nuevo la tierra donde disfrutaban de
-continuo de la presencia de aquel á quien amaban, y estaban muy seguras
-de encontrarle allí aún.
-
-La mayor parte de los discípulos marcharon pues llenos de alegría
-y esperanza, quizás acompañados de la caravana que conducia á los
-pelegrinos de la fiesta de Pascua. No solo esperaban encontrar en
-Galilea las visiones, sino ver de continuo al mismo Jesús como sucedia
-antes de su muerte. La duda llenaba sus almas: ¿iria acaso el maestro
-á restablecer el reino de Israel, á fundar definitivamente el reino
-de Dios, y segun se decia, á «revelar su justicia?»[122] Todo era
-posible: representábanseles ya los risueños paisajes donde disfrutaban
-de su compañía; creian muchos que les habia dado una cita en una
-montaña,[123] probablemente la misma en que fijaban sus más dulces
-recuerdos, y á no dudarlo nunca hicieron los discípulos un viaje más
-alegre, pues todos eran sueños de felicidad en vísperas de realizarse.
-¡Iban á ver á Jesús!
-
-Y le vieron en efecto: apenas entregados á sus pacíficas quimeras,
-creyéronse en pleno período Evangélico. Era llegado entonces el mes
-de abril: la tierra estaba sembrada de esos anémonas rojos, que son
-probablemente esos «lises de los campos,» de los cuales gustábale
-á Jesús sacar sus comparaciones. Á cada paso se encontraban sus
-parábolas, como enlazadas con los mil accidentes del camino; aquí el
-árbol, allí la flor, la semilla de donde sacó su parábola; más lejos,
-la colina donde pronunció sus conmovedores discursos, y allá, en fin,
-la barca donde enseñó. Aquello era como un hermoso sueño, era la
-realizacion de una esperanza perdida; el encanto parecia renacer; el
-dulce «reino de Dios» seguia su curso. Aquel aire trasparente, aquellas
-mañanas pasadas en la orilla del rio ó en la montaña, aquellas noches
-en el lago, guardando las redes, eran otras tantas visiones. Veíanle en
-todos los sitios donde habian estado con él; sin duda no era aquella
-alegría completa; acaso el lago les pareciese á veces solitario,
-pero el verdadero amor se contenta con poca cosa; ¡si tuviéramos el
-privilegio de ver todos los años á las personas queridas que hemos
-perdido, con el tiempo suficiente para decirles tan solo dos palabras,
-puede decirse que no existiria la muerte!
-
-Tal era el estado del alma de aquella tropa de fieles durante el corto
-período en que el cristianismo pareció volver por un momento á su cuna,
-á fin de despedirse luego para siempre. Los principales discípulos,
-Pedro, Tomás, Natanael, y los hijos de Zebedeo, se volvieron á
-encontrar en las orillas del lago donde vivieron en adelante
-juntos,[124] trabajando en su antiguo oficio de pescadores en Betsaida
-y en Capharnahum. Sin duda estaban con ellos las mujeres galileas, que
-eran las que principalmente habian contribuido á esta vuelta, á fin
-de satisfacer una necesidad de su corazon. Aquel fué su último acto
-en la fundacion del cristianismo. Á partir de este momento, ya no se
-las vé aparecer; fieles á su amor no quisieron abandonar el país donde
-fueran en otro tiempo tan felices.[125] Bien pronto se las olvidó, y
-como el cristianismo galileo no tuvo posteridad, perdióse su recuerdo
-completamente en ciertas partes de la tradicion; aquellas pecadoras
-convertidas, aquellas verdaderas fundadoras del cristianismo, María
-Magdalena, María Cleofas, Juana y Susana, pasaron al estado de santas
-retiradas. San Pablo no las conoce.[126] La fé que ellas habian creado
-fué causa de que quedasen oscurecidas, y no se les hizo justicia hasta
-la edad media; una de ellas, María Magdalena, ocupaba entonces un lugar
-principal en el cielo cristiano.
-
-Parece que las visiones á orillas del lago, habian sido harto
-frecuentes: ¿Cómo era posible que sobre aquellas ondas donde habian
-tocado á Dios, no volviesen á ver los discípulos á su divino amigo?
-Bastaban las más sencillas circunstancias para que se les presentase.
-Una vez habian remado toda la noche sin coger un solo pescado, mas de
-repente se llenan las redes; aquello fué un milagro. Parecióles que
-alguno les habia dicho desde la orilla: «Echad vuestras redes á la
-derecha.» Pedro y Juan se miraron, y como este último dijera: «Es el
-Señor», el primero, que estaba desnudo, cubrióse apresuradamente con su
-túnica y se lanzó al agua para ir á buscar al invisible consejero.[127]
-Otras veces, Jesús tomaba parte en las colaciones de sus discípulos:
-cierto dia, en que acababan de pescar, sorprendióles encontrar la
-lumbre encendida y cerca de ella un pescado y un pedazo de pan; aquello
-fué para los discípulos un dulce recuerdo, porque era este alimento el
-que Jesús tenia la costumbre de ofrecerles. Despues de comer, quedaron
-persuadidos que Jesús se habia sentado entre ellos para ofrecerles
-aquel manjar que consideraban ya eucarístico y sagrado.[128]
-
-Juan y Pedro eran los que sobre todo se veian favorecidos por el
-amado fantasma: cierto dia, Pedro, quizás soñando, (¡pero qué digo!
-¿No era entonces acaso su vida un sueño perpétuo?), creyó oir á Jesús
-preguntarle: «¿Me amas?» La pregunta se repitió tres veces, y Pedro
-poseido á la vez de un sentimiento de ternura y tristeza, se imaginó
-que respondia: «¡Oh! sí Señor, tú sabes que te amo»; y cada vez decia
-la aparicion: «Apacienta á mis ovejas».[129] Otra vez, Pedro confió
-á Juan un sueño extraño: habia soñado que se paseaba con el maestro,
-seguido á corta distancia por Juan, y que Jesús, hablándole en términos
-muy embozados, con los cuales parecia anunciarle la prision ó una
-muerte violenta, le repitió varias veces: «Sígueme.» Entonces Pedro,
-señalando con el dedo á Juan que le seguia, repuso: «Señor ¿y ese?--Si
-yo quiero que se quede aquí hasta que tú vuelvas, replicó Jesús, ¿qué
-te importa á tí? Sígueme.» Despues del suplicio de Pedro, Juan recordó
-aquel sueño, viendo en él una prediccion de la muerte de su amigo:
-refiriólo á sus discípulos, y estos creyeron ver en ello la seguridad
-de que su maestro no moriria hasta el advenimiento final de Jesús.[130]
-
-Aquellos grandes sueños melancólicos, aquellos coloquios con el muerto
-querido, interrumpidos de continuo y vueltos á empezar, ocupaban los
-dias y los meses. La simpatía de Galilea hácia el Profeta, á quien
-los Jerosolimitas habian dado muerte, se despertaba con más fuerza
-que nunca: más de quinientas personas se habian agrupado ya alrededor
-del recuerdo de Jesús,[131] y á falta del maestro perdido, obedecian
-á sus discípulos más autorizados; sobre todo á Pedro. Cierto dia, que
-siguiendo á sus jefes espirituales, habian subido los fieles galileos á
-una de aquellas montañas donde Jesús acostumbraba á llevarlos creyeron
-volverle á ver. Á cierta altura, la luz tiene extraños reflejos, y
-la misma ilusion que se produjo entonces para los discípulos más
-íntimos,[132] volvió á repetirse de nuevo; la multitud reunida creyó
-ver dibujarse en el espacio etéreo el espectro divino, y entonces
-todos cayeron de rodillas, la faz contra tierra y le adoraron.[133]
-El despejado horizonte de aquellas montañas, inspira la idea de la
-inmensidad del mundo, con el deseo de conquistarle: sobre uno de
-aquellos picos, segun dicen, Satán mostrando con la mano á Jesús los
-reinos de la tierra y toda su gloria, se los ofreció con la condicion
-de que se inclinara ante él: pero esta vez fué Jesús quien desde lo
-más alto de las elevadas cimas, mostró á sus discípulos toda la tierra
-asegurándoles el porvenir. Todos bajaron de la montaña persuadidos de
-que el hijo de Dios les habia ordenado convirtiesen al género humano,
-prometiendo á la vez estar con ellos hasta la consumacion de los
-siglos. Desde entonces, sintiéronse poseidos los fieles, de un ardor
-extraño, de un fuego divino, y se consideraban como los misioneros
-del mundo, capaces de hacer toda clase de prodigios. Despues de haber
-transcurrido veinte y cinco años, San Pablo, vió á varios de los que
-habian asistido á tan extraña escena, y sus impresiones eran tan vivas
-y fuertes como el primer dia.[134]
-
-Observando aquella vida en que todos parecian hallarse suspendidos
-entre el cielo y la tierra, pasó cerca de un año[135] y el encanto
-lejos de disminuir aumentaba, que es propiedad de las cosas santas,
-engrandecerse y purificarse siempre. El sentimiento que se tiene
-por la pérdida de una persona amada, es mucho más fecundo al cabo
-de cierto tiempo que al dia siguiente. Cuanto más tiempo pasa, más
-poderoso es dicho sentimiento, pues á la primera tristeza, que en
-cierto modo aminora el dolor, sucede una compasion tranquila; la
-imágen del difunto se transfigura, se idealiza, llega á ser el alma de
-la vida, el principio de toda accion, el orígen de toda alegría, el
-oráculo que se consulta, el consuelo, en fin, que se busca en las horas
-de abatimiento, en los dias de tribulacion. La muerte, es condicion
-principal de toda apoteosis; Jesús, tan amado durante su vida, lo
-fué así mucho más despues de exhalar el último aliento, ó más bien,
-este fué el principio de su verdadera vida en el seno de la Iglesia,
-pues llegó á ser el amigo íntimo, el confidente, el compañero de
-viaje, el huésped, en fin, que se sienta á la mesa y se da á conocer
-desapareciendo.[136] La falta absoluta de rigor científico en la
-imaginacion de los nuevos creyentes, era causa de que no se entablase
-discusion alguna sobre la naturaleza de su existencia: cada cual se
-le representaba como un ser imposible dotado de un cuerpo sutil, que
-atravesaba las paredes, tan pronto visible como invisible, pero siempre
-vivo, y algunas veces se pensaba que su cuerpo carecia de materia, que
-era una pura sombra en las apariencias.[137] Otras veces, suponíanle
-materialidad, y por un ingénuo escrúpulo, y como si la alucinacion
-hubiera querido tomar precauciones contra sí misma, se queria que
-bebiese y comiese y que se dejara tocar.[138] En este punto, flotaban
-las ideas en un completo vacío.
-
-Apenas nos hemos atrevido hasta aquí á plantear una cuestion espinosa
-y de difícil resolucion. En tanto que Jesús resucitaba verdaderamente,
-es decir, en el corazon de los que le amaban, mientras se robustecia
-la conviccion de los Apóstoles para consolidar la fé del mundo, ¿en
-qué punto consumian los gusanos el cuerpo inanimado que se depositó
-la noche del sábado en el sepulcro? Siempre se ignorará este detalle,
-porque naturalmente, nada pueden decirnos las tradiciones cristianas
-sobre este punto. Lo que vivifica es el espíritu; la materia no es
-nada[139]; la resurreccion fué el triunfo de la idea sobre la realidad;
-una vez fijada la idea sobre la inmortalidad, ¿qué importa el cuerpo?
-
-Hácia el año 80 ú 85, al recibir el texto actual del primer Evangelio
-sus primeras adiciones, los judíos habian fijado ya su idea sobre
-este punto[140]. Á juzgar por lo que dijeron, los discípulos habian
-robado el cuerpo durante la noche; la conciencia cristiana se alarmó
-con tal rumor, y para rechazar semejante objecion, imaginóse la
-circunstancia de los guardas y del sello puesto en el sepulcro[141];
-pero como este dato no se encuentra sino en el primer Evangelio
-mezclado con leyendas de muy poca autoridad[142] no es de ningun modo
-admisible[143]. La explicacion de los judíos sin embargo, aunque
-irrefutable, está muy lejos de satisfacer todas las dudas, pues no
-se puede admitir que aquellos que con tal conviccion creyeron en la
-resurreccion de Jesús, sean los mismos que sustrajeron el cuerpo. Por
-poco precisa que fuese la reflexion en semejantes hombres, apenas puede
-imaginarse esta ilusion, y conviene recordar que en aquel momento la
-pequeña iglesia se hallaba dispersada completamente. Las creencias
-nacian aisladamente para reunirse despues como les era posible, y las
-contradicciones que se encuentran en los relatos que conservamos acerca
-de los incidentes del Domingo por la mañana, prueban que los rumores
-se extendieron por conductos muy distintos, y que no hubo interés en
-ponerse de acuerdo. Es muy posible que el cuerpo fuese sustraido por
-algunos discípulos y trasladado á Galilea[144] en tanto que los otros
-permanecian en Jerusalem sin tener conocimiento del hecho; y por otra
-parte es de presumir que los discípulos que se llevaron el cuerpo,
-no sabiendo lo que se contaba en Jerusalem, quedaron sorprendidos al
-tener conocimiento de la creencia en la resurreccion. En este caso
-no era probable que protestaran, y aun cuando lo hubiesen hecho nada
-importaba, pues tratándose de milagros, toda rectificacion tardía
-es inútil[145]. Jamás una dificultad material impide á una idea
-desarrollarse y crear las ficciones que necesita[146]: en la reciente
-historia del milagro de la Salette se ha demostrado el error hasta la
-evidencia[147], lo cual no impide que se haya elevado la basílica y que
-la fé crea en aquel.
-
-Es permitido suponer tambien que la desaparicion del cuerpo de Jesús
-fuese obra de los judíos, pues acaso creyeron que con esto evitarian
-las escenas tumultuosas que pudieran originarse sobre el cadáver de
-un hombre tan popular como Jesús. Acaso quisieron impedir que se le
-hicieran pomposos funerales ó que se elevara un monumento á su memoria;
-y últimamente, ¿quién sabe si la desaparicion del cadáver no fué obra
-del dueño del jardin ó del jardinero[148]? El propietario, á lo que
-parece,[149] era extraño á la secta; se escogió aquel sepulcro, por ser
-el que estaba más cerca del Gólgota y porque se tenia prisa[150]. Es
-probable que no agradándole á dicho propietario que se tomara posesion
-de su terreno, hiciese sustraer el cadáver, pero á decir verdad, los
-detalles que da el cuarto Evangelio al hablar de los lienzos que se
-encontraron en el sepulcro y del sudario doblado cuidadosamente en
-un rincon[151], no se convienen con semejante hipótesis. Esta última
-circunstancia haria suponer que habia intervenido en ella la mano de
-una mujer[152]. Los únicos relatos acerca de la visita de las mujeres
-al sepulcro son tan confusos y contradictorios, que nos autorizan
-á suponer que encierran una falsa interpretacion. La conciencia
-femenina, dominada por la pasion, puede experimentar las más extrañas
-alucinaciones, y á veces es cómplice de sus propios sueños[153]. María
-Magdalena se habia visto poseida, segun el lenguaje de la época, de
-«siete demonios»[154], y al decir esto se comprenderá cuán escasa
-era la inteligencia de las mujeres de Oriente, su falta absoluta de
-educacion y su ingénua sinceridad. La conviccion exaltada no permite
-mudar de parecer, ni admitir otras ideas que las que á uno le dominan.
-Corramos un velo sobre estos misterios: en los estados de crísis
-religiosa, en que todo se considera como divino, las causas más
-pequeñas pueden producir los más grandes efectos. Si fuéramos testigos
-de los extraños hechos de que tomaron su orígen todas las obras de la
-fé, veriamos circunstancias que no nos parecerian proporcionadas con la
-importancia de los resultados, en tanto que otros nos harian sonreir.
-Nuestras antiguas catedrales se cuentan entre las cosas más hermosas
-del mundo, y no se puede entrar en ellas sin sentirse dominado por la
-divinidad; pero esas espléndidas maravillas tienen con frecuencia un
-orígen profano. ¿Y qué importa esto en definitiva? Solo debe tenerse
-en cuenta el resultado, la fé lo purifica todo. El incidente material
-que ha hecho creer en la resurreccion, no ha sido la causa verdadera
-de aquella; lo que ha resucitado á Jesús es el amor, y este fué tan
-poderoso, que una pequeña casualidad bastó para levantar el edificio
-de la fé universal. Si Jesús no hubiera sido tan amado, si la fé en
-la resurreccion hubiese tenido menos motivos para fundarse, inútiles
-habrian sido esta especie de casualidades. Un grano de arena basta
-para que se derrumbe una montaña cuando ha llegado el momento de que
-esto suceda. Los más importantes acontecimientos provienen á veces de
-causas muy grandes ó muy pequeñas; las primeras son las únicas reales;
-las segundas no hacen más que determinar la produccion de un efecto que
-estaba preparado mucho tiempo antes.
-
-
-
-
-CAPÍTULO III.
-
-Vuelta de los apóstoles á Jerusalem. -- Fin del período de las
-apariciones.
-
-
-[Marginal: Año 34]
-
-Las apariciones, sin embargo, como hijas que eran de un exceso de
-entusiasta credulidad, comenzaron á disminuir; las imaginaciones
-populares se asemejan á las enfermedades contagiosas; fermentan pronto
-y cambian de forma; la actividad de las almas ardientes se inclinaba
-ya en otro sentido; lo que se creia oir de boca del divino Resucitado,
-era la órden de precederle, predicando su doctrina para convertir al
-mundo. Mas, ¿por dónde empezar? Naturalmente por Jerusalem[155]. En
-su consecuencia los jefes de la secta resolvieron la vuelta á dicha
-ciudad, y como estos viajes se hacian comunmente en caravana, en la
-época de las fiestas, es de suponer que la vuelta de que se trata tuvo
-lugar por la fiesta de los Tabernáculos, á fines del año 33, ó por la
-Pascua del 34.
-
-De este modo quedó abandonada la Galilea por el cristianismo, y acaso
-para siempre, pues si bien es probable que la pequeña sociedad que
-quedó allí se conservara aún algun tiempo, no se vuelve á oir hablar de
-ella, y á no dudarlo, fué destruida, como todo lo demás, al ocurrir el
-espantoso desastre que sufrió el país cuando la guerra de Vespasiano.
-Los restos de la dispersa comunidad se refugiaron más allá del Jordan.
-Despues de la guerra, no dominó pues en Galilea el cristianismo, sino
-el judaismo; la Galilea era el centro judáico del país de Talmud[156]:
-la Galilea no figuró pues sino por espacio de una hora en la historia
-del cristianismo, pero fué la hora santa por excelencia, que dió á
-la nueva religion lo que necesitaba para ser duradera, es decir, su
-poesía, su encanto penetrante. «El Evangelio», así como los sinópticos,
-fué una obra galilea, y nosotros trataremos de demostrar luego, que «el
-Evangelio», así entendido, ha sido la causa principal del triunfo del
-cristianismo y es la más segura garantía de su porvenir.
-
-Es probable que permaneciera en Jerusalem una fraccion de la pequeña
-escuela que rodeaba á Jesús en sus últimos dias, y como en el momento
-de la separacion se creia ya en la resurreccion de Jesús, no es
-extraño que esta creencia se desarrollase por ambas partes bajo un
-aspecto muy distinto, lo cual á no dudarlo dió lugar á las diferencias
-que se notaban en el relato de las apariciones. Habíanse formado
-dos tradiciones, una Galilea y otra Jerosolimita; segun la primera,
-todas las apariciones, excepto las del primer momento, habian tenido
-lugar en Galilea, y con arreglo á la segunda, todas se presentaron
-en Jerusalem[157]; el acuerdo de las dos fracciones de la pequeña
-secta sobre el dogma fundamental, confirmó naturalmente la creencia
-humana; todos abrazaron la misma fé; todos repitieron con efusion «¡ha
-resucitado!», y quizás la alegría y el entusiasmo produjeron otras
-visiones. Puede suponerse que hácia esta época tuvo lugar la vision de
-Jacobo, de que habla San Pablo[158]: Jacobo, era hermano, ó al menos
-pariente de Jesús, y como no aparece que le haya acompañado durante
-su última permanencia en Jerusalem, es probable que se fuera con los
-apóstoles cuando estos marcharon de Galilea. Como todos los grandes
-apóstoles tuvieron su vision, es difícil que á éste «hermano del
-Señor» no se le presentase la suya, que debió ser una de las llamadas
-eucarísticas, es decir, aquellas en que se aparecia Jesús cortando y
-ofreciendo el pan[159]. Más tarde los grupos de la familia cristiana
-que se unieron á Jacobo, y se llamaban los hebreos, supusieron que esta
-vision tuvo lugar el dia mismo de la resurreccion, y quisieron que
-fuese la primera de todas[160].
-
-Es muy notable, en efecto, que la familia de Jesús, algunos de cuyos
-miembros fueron durante su vida incrédulos y hostiles á la mision de
-aquel[161], forme ahora parte de la iglesia, figurando en el puesto
-más elevado. Debe suponerse que la reconciliacion se hizo durante la
-permanencia de los apóstoles en Galilea; la celebridad que adquirió
-bien pronto el nombre de su pariente, aquellas quinientas personas que
-creian en él y aseguraban haberle visto resucitado, son circunstancias
-que pudieron causar cierta impresion en el ánimo de los miembros de la
-familia del divino Maestro[162]. Desde el establecimiento definitivo
-de los apóstoles en Jerusalem, se vé con ellos á María, madre de Jesús
-y á los hermanos de éste[163], y por lo que respecta á María, parece
-ser que Juan, creyendo obedecer con esto á una recomendacion de su
-Maestro, la habia adoptado y llevado consigo[164], siendo probable que
-la condujera á Jerusalem.
-
-Esta mujer, de cuyo carácter y circunstancias no se sabia nada,
-desempeña desde entonces un papel importante, y empezaban á ser
-conocidas las palabras que el Evangelista pone en boca de una
-desconocida: «¡Bendito sea el vientre que te ha llevado y los pechos
-que te han alimentado!» Es probable que María sobreviviese pocos años á
-su hijo[165].
-
-En cuanto á los hermanos de Jesús, la cuestion es aún más oscura:
-Jesús tuvo hermanos y hermanas[166], mas parece, no obstante, que
-en la clase á que se daba el nombre de «hermanos del Señor» hubo
-parientes en segundo grado, si bien esto no es de importancia por lo
-que respecta á Jacobo. Este que se titula hermano del Señor, y á quien
-vamos á ver figurar en primer término en los treinta primeros años del
-cristianismo, ¿era Jacobo hijo de Alfeo, que parece haber sido primo
-hermano de Jesús, ó un verdadero hermano de éste? Los datos que tenemos
-para aclarar este punto, son tan inciertos como contradictorios, pues
-lo que sabemos de Jacobo nos ofrece una imágen tan distinta de la de
-Jesús, que se le resiste á uno creer sean tan distintos dos hombres
-nacidos de la misma madre. Si Jesús es el verdadero fundador del
-cristianismo, Jacobo fué un peligroso enemigo que estuvo á punto de
-perderlo todo por su mezquino espíritu; más tarde se creyó ciertamente
-que Jacobo el Justo, segun le llamaban, era un verdadero hermano de
-Jesús[167], pero es probable que hubiese alguna confusion en este punto.
-
-Como quiera que sea, los apóstoles no se separaron en lo sucesivo sino
-para emprender sus viajes; Jerusalem era su centro[168]; parecian temer
-dispersarse, y ciertos hechos revelaban que era su deseo no volver á
-Galilea, lo cual acaso hubiera ocasionado la disolucion de la pequeña
-sociedad. Se supuso que una órden particular de Jesús les prohibia
-abandonar á Jerusalem, al menos hasta que se hiciesen las grandes
-manifestaciones que esperaban[169]; las apariciones iban siendo cada
-vez más raras; se hablaba mucho menos de ellas, y empezábase á creer
-que no se veria ya al Maestro hasta que apareciese solemnemente en las
-nubes. El pensamiento de todos se preocupaba con una promesa que se
-suponia hecha por Jesús: decíase que durante su vida, el divino Maestro
-habia hablado con frecuencia del Espíritu Santo, concebido como una
-personificacion de la sabiduría divina[170]; habia prometido á sus
-discípulos que este espíritu seria su fuerza en la lucha que iban á
-emprender, su inspiracion en las dificultades y su abogado, en fin,
-si tuvieran que hablar ante el público. Cuando comenzaron á disminuir
-las visiones, fijáronse todos en aquel espíritu considerándole como un
-consuelo, como otro Jesús que el maestro enviaria á sus amigos; algunas
-veces figurábanse los fieles que apareciendo Jesús repentinamente en
-medio de sus discípulos, habia circulado entre ellos una corriente de
-aire vivificador[171] salida de su propia boca, y otras se consideraba
-la desaparicion del Maestro como precursora de la venida del
-espíritu[172] prometida en sus apariciones[173]. Muchos establecian
-una union íntima entre esta venida y la redencion de Israel[174]; toda
-la actividad mental que la secta desplegara para crear la leyenda de
-Jesús resucitado, iba ahora á consagrarse á la formacion de un conjunto
-de creencias piadosas sobre la venida del espíritu y sus maravillosos
-dones.
-
-Parece, no obstante, que aún tuvo lugar una gran aparicion de Jesús
-en Betania ó en el monte de los Olivos[175], y ciertas tradiciones
-aseguran que en aquella dió el Maestro á sus discípulos las últimas
-instrucciones y reiteró la promesa de enviar al Espíritu Santo,
-revistiéndoles al propio tiempo del poder de redimir los pecados[176].
-Los rasgos característicos de estas apariciones iban siendo cada vez
-más vagos; confundíanse los unos con los otros; se acabó por no pensar
-mucho en aquellas; y quedó sentado que Jesús estaba vivo[177], que se
-habia aparecido suficiente número de veces para probar su existencia, y
-que podia aparecerse aún en visiones parciales hasta la gran revelacion
-final en que todo quedaria concluido[178]. La vision que tuvo San
-Pablo en el camino de Damasco es del mismo género de las que ya hemos
-hablado[179]. De todos modos admitíase en un sentido idealista que
-el Maestro estaba con sus discípulos y estaria hasta el fin[180].
-En los primeros dias, cuando las apariciones eran muy frecuentes,
-considerábase á Jesús como un habitante de la tierra que estaba en ella
-continuamente, llenando más ó menos las funciones de la vida terrestre;
-pero cuando aquellas disminuyeron, pensóse que Jesús habia entrado en
-la gloria para sentarse á la diestra de su Padre, y todos decian: «Ha
-subido al cielo.»
-
-Esta frase se redujo para la mayor parte á una imágen vaga ó de
-induccion[181], pero para otros indicaba una escena material. Suponíase
-que despues de la última vision, comun á todos los apóstoles, en
-la cual les dió sus instrucciones supremas, Jesús habia subido al
-cielo[182]; y más tarde se desarrolló la escena, transformándose en
-una leyenda completa. Refirióse que ángeles celestiales, rodeados del
-aparato de manifestaciones divinas, muy brillantes[183], aparecieron
-entre una nube para consolar á los discípulos, asegurándoles que
-volverian á verlos; la imaginacion popular, atribuia á la muerte de
-Moisés las mismas circunstancias[184], y acaso se recordaba con este
-motivo la ascension de Elías[185].--Una tradicion[186] supone que esta
-escena tuvo lugar cerca de Betania en la cima del Monte de los Olivos,
-sitio que era muy querido de los discípulos sin duda porque Jesús
-habitó allí.
-
-La leyenda asegura que despues de aquella escena maravillosa entraron
-los discípulos en Jerusalem «con alegría[187];» pero nosotros daremos
-á Jesús el último adios poseidos de tristeza, y á fé que volver á
-encontrarle vivo, aunque vagando como una sombra, nos sirve de gran
-consuelo. ¡Esa segunda vida de Jesús, imágen pálida de la primera,
-está aún llena de encanto, por más que se haya perdido su perfume en
-el espacio y que al elevarse en la nube para sentarse á la diestra de
-su Padre, nos haya dejado aquí entre los hombres! ¡El reinado de la
-poesía ha concluido; María Magdalena vive retirada con sus recuerdos,
-y por esa eterna injusticia por la que el hombre se apropia él solo la
-obra en que la mujer tuvo tanta parte como él, Céfas la eclipsa y es
-causa de que la olviden! No más sermones en la montaña, no más poseidas
-curadas, no más cortesanas arrepentidas, no más mujeres extrañas á la
-obra de redencion, pero que Jesús no rechazó. El Dios ha desaparecido
-verdaderamente; la historia de la Iglesia será con frecuencia en
-lo sucesivo la historia de las traiciones de que fué víctima Jesús;
-pero tal como es, esta historia puede considerarse como un himno á
-su gloria; las palabras y la imágen del ilustre Nazareno, vivirán en
-medio de las miserias infinitas como un ideal sublime, y se comprenderá
-mejor cuán grande fué; cuando se haya visto cuán pequeños eran sus
-discípulos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO IV.
-
-Bajada del Espíritu Santo. -- Fenómenos extáticos y proféticos.
-
-
-[Marginal: Año 34]
-
-Los discípulos de Jesús eran en efecto pequeños, mezquinos, ignorantes
-é inespertos en alto grado; su sencillez de espíritu era extremada; su
-credulidad no reconocia límites, pero tenian una cualidad buena: amaban
-con delirio á su Maestro. El recuerdo de Jesús habia pasado á ser el
-único móvil de su vida, una preocupacion perpétua, y era indudable que
-solo pensaban en el que tanto habian querido y que de tal modo les
-habia cautivado durante dos ó tres años. Para las almas vulgares que no
-pueden amar á Dios directamente, esto es, hallar lo verdadero, crear
-lo bello y hacer el bien por sí mismas, su salvacion consiste en amar
-á alguien en quien se refleje lo verdadero, lo bello y el bien. La
-mayoría de los hombres necesita dos cultos distintos. La multitud de
-adoradores busca siempre un intermediario entre ellos y Dios.
-
-Cuando muere una persona que ha logrado reunir á su alrededor á varias
-otras por un lazo moral elevado, sucede, casi generalmente, que los
-que la sobreviven aunque hayan estado divididos por rivalidades y
-resentimientos, se profesan más amistad que antes. Mil queridas
-imágenes del pasado que echan de menos, forman entre ellos una especie
-de tesoro comun. Es una manera de manifestar su cariño al muerto, el
-querer á los que se han conocido por él, y procurar encontrarse juntos
-para recordar los tiempos dichosos que ya no existen. En este caso se
-confirma la verdad de las profundas palabras de Jesús[188] cuando dijo
-que el muerto está presente entre los que se han reunido en memoria
-suya.
-
-El afecto que los discípulos se tenian en vida de Jesús se multiplicó,
-por decirlo así, despues de su muerte. Formaban una pequeña sociedad
-muy retraida y vivian completamente aislados. En Jerusalem contábanse
-ciento veinte[189]. Su piedad era grande y guardaba las formas de la
-piedad judía. El Templo era el lugar preferido para consagrarse á sus
-devociones[190]. Cierto es que trabajaban para vivir; pero el trabajo
-manual, en la sociedad judía de entonces, ocupaba muy poco. Cada cual
-tenia un oficio, lo que era obstáculo para ser un hombre instruido ó
-bien educado. En nuestros dias, las necesidades materiales son tan
-difíciles de satisfacer, que el que vive de sus manos ha de trabajar
-doce ó quince horas diarias. Únicamente el hombre acomodado puede
-ocuparse de las cuestiones del alma, porque la adquisicion de la
-instruccion es rara y cara; pero en aquellas antiguas sociedades, de
-las que el Oriente de nuestra época nos da todavía una idea, en donde
-la naturaleza es tan pródiga para el hombre y tan poco exigente, la
-vida de trabajador dejaba mucho tiempo libre. Cierta instruccion comun
-ponia á todo el mundo al corriente de las ideas de aquel tiempo. Solo
-debia atenderse al alimento y á vestirse[191], lo cual se proporcionaba
-cada uno con pocas horas de trabajo, y así es que los hombres podian
-dedicarse á la meditacion. Las pasiones habian alcanzado en aquellas
-almas un grado de energía para nosotros inconcebible. Los judíos de
-entonces[192] nos parecen unos verdaderos poseidos, obedeciendo cada
-cual ciegamente á la idea que se habia apoderado de él.
-
-La idea dominante, en la comunidad cristiana, en el momento de que
-hablamos y en que las apariciones habian cesado, era la venida
-del Espíritu Santo. Creian recibirlo bajo la forma de un soplo
-misterioso que pasaba sobre la concurrencia. Muchos eran los que
-creian que era el aliento mismo de Jesús[193]. Todo consuelo interior,
-cualquier movimiento de valor, todo impulso de entusiasmo ó el menor
-sentimiento de alegría viva y dulce que se experimentase sin saber
-de dónde procedia, era considerado como obra del Espíritu. Aquellas
-buenas conciencias atribuian, como siempre, á una causa exterior los
-delicados sentimientos que nacian en ellas. Estos extraños fenómenos de
-iluminismo se presentaban más especialmente en las asambleas. Cuando
-todos se hallaban reunidos aguardando en silencio la inspiracion de lo
-alto, un murmullo ó cualquier ruido les hacia creer en la venida del
-Espíritu. Así era como se producian las apariciones de Jesús durante
-los primeros tiempos; mas luego cambió el curso de las ideas. Era el
-soplo divino que se esparcia sobre la pequeña Iglesia y la llenaba de
-emanaciones celestes.
-
-Estas creencias procedian de las concepciones sacadas del Antiguo
-Testamento. Los libros hebreos suponen que el espíritu profético es un
-soplo que penetra en el hombre y le exalta. En la hermosa vision de
-Elías[194], Dios pasa bajo la figura de un viento ligero que produce un
-zumbido apenas percibible. Estas antiguas imágenes habian originado, en
-las primeras épocas, creencias muy análogas á las de los espiritistas
-de nuestros dias. En la _Ascension de Isaías_[195] la venida del
-Espíritu se anuncia por cierta frotacion en las puertas[196]. Sin
-embargo, la mayor parte de las veces se concebia esta venida como
-otro bautismo, á saber «el bautismo del Espíritu» superior en mucho
-al de Juan[197]. Siendo muy frecuentes las alucinaciones del tacto
-en sujetos tan nerviosos y exaltados, la menor corriente de aire,
-acompañada de un estremecimiento en medio del silencio, era atribuido
-á la presencia del Espíritu. Creia uno sentir, y al momento sentian
-todos,[198] comunicándose el entusiasmo de uno á otro. Estos fenómenos
-guardan la más completa analogía con los que han experimentado los
-visionarios de todas épocas. Se presentan diariamente, en gran parte
-bajo la influencia de la lectura de la obra «_las actas de los
-Apóstoles_,» en las sectas inglesas ó americanas de los _quakeros_,
-_jumpers_, _shakers_, é irvingianos[199], entre los mormones[200], _los
-camp-meetings_ y los _revivals_ de América[201]. Han vuelto á aparecer
-entre nosotros en la secta llamada de los «espiritistas;» pero debe
-establecerse una gran diferencia entre aberraciones sin importancia ni
-porvenir, y las ilusiones inherentes al establecimiento de un nuevo
-código religioso para la humanidad.
-
-Entre todas aquellas _bajadas del Espíritu_ que se supone fueron
-bastante frecuentes, hubo una que hizo una profunda impresion en la
-naciente Iglesia.[202] Un dia estalló una tempestad cuando estaban
-congregados los hermanos. Un viento muy fuerte abrió las ventanas
-y el cielo parecia de fuego. En aquellos países las borrascas van
-acompañadas de una cantidad prodigiosa de luz, porque la atmósfera
-está continuamente surcada por relámpagos. Sea que el fluido eléctrico
-hubiese penetrado en el mismo local, ó que un rayo deslumbrador hubiera
-iluminado repentinamente el rostro de todos, lo cierto es que creyeron
-que habia entrado el Espíritu y que se habia cernido sobre la cabeza
-de todos en forma de lenguas de fuego.[203] Era opinion general en
-las escuelas teúrgicas de Siria, que la insinuacion del Espíritu se
-verificaba por medio de un fuego divino y bajo la forma de una luz
-misteriosa.[204] Creyeron haber asistido á todos los esplendores del
-Sinaí,[205] á una manifestacion divina análoga á la de los tiempos
-antiguos. El bautismo del Espíritu fué tambien desde entonces un
-bautismo de fuego, y este bautismo del Espíritu y del fuego, fué
-opuesto y preferido al del agua, el único que Juan habia conocido.[206]
-Raras veces se produjo el bautismo del fuego. Solo los apóstoles y los
-discípulos del primer cenáculo se vanagloriaron de haberlo recibido;
-pero la creencia de que el Espíritu habia bajado sobre ellos en forma
-de llamas semejantes á lenguas ardientes, dió orígen á una multitud
-de ideas singulares que ocuparon preferentemente las imaginaciones de
-aquel tiempo.
-
-Se suponia que la lengua del hombre inspirado habia recibido una
-especie de sacramento; que varios profetas habian sido tartamudos antes
-de su mision[207]; que el ángel de Dios habia pasado por sus labios un
-carbon que los purificaba y les conferia el don de elocuencia[208] y
-que en la predicacion, el hombre no hablaba por sí mismo[209], siendo
-considerada su lengua como el órgano de la Divinidad que lo inspiraba.
-Esas lenguas de fuego parecieron un símbolo portentoso, creyendo
-que Dios habia querido significar con ellas que derramaba sobre los
-apóstoles sus dones más preciosos de elocuencia y de inspiracion. No
-paró aquí esto. Jerusalem era, como casi todas las grandes ciudades
-de Oriente, una poblacion muy poliglota. La diversidad de idiomas
-era reputada una de las mayores dificultades que se oponian á una
-propaganda de un carácter tan universal, y como una de las cosas
-que más arredraba á los apóstoles, al principio de una predicacion
-destinada á abarcar el mundo, era el número de lenguas que se hablaban
-en él, no atinando en la manera de aprender tantos dialectos, el _don
-de las lenguas_ llegó á ser con este motivo un privilegio maravilloso.
-Desde aquel momento se consideró la predicacion del Evangelio libre
-del obstáculo creado por la diversidad de idiomas, figurándose que
-en algunas circunstancias solemnes cada uno de los concurrentes oia
-la predicacion apostólica en su propia lengua, ó en otros términos,
-que la palabra apostólica se traducia por sí misma á cada uno de los
-concurrentes[210]. En otras ocasiones, se concebia esto de un modo algo
-diferente. Se atribuia á los apóstoles el don de saber, por infusion
-divina, todos los idiomas y de hablarlos cuando querian[211].
-
-Habia en ello un pensamiento liberal; querian significar que el
-Evangelio no tiene lengua propia, que puede traducirse en todos los
-idiomas y que la traduccion vale tanto como el original. No era esta
-la creencia del judaismo ortodoxo. El hebreo era para el judío de
-Jerusalem la _lengua santa_, y en su opinion ningun idioma podia
-comparársele. Las traducciones de la Biblia eran poco apreciadas porque
-se permitian en ellas varios cambios y modificaciones, al paso que el
-texto hebreo era escrupulosamente conservado. Bien es cierto que los
-judíos de Egipto y los helenistas de Palestina practicaban un sistema
-más tolerante, puesto que empleaban el griego para la oracion[212] y
-acostumbraban á leer las traducciones griegas de la Biblia, pero la
-primera idea cristiana fué todavía más lata; segun ella, la palabra de
-Dios no tiene lengua propia; es libre de toda traba, pertenece á todos
-los idiomas y no exige intérprete. La facilidad con que el cristianismo
-se separó del dialecto semítico que hablaba Jesús, la libertad que
-concedió á cada pueblo para crearse su liturgia y sus versiones de la
-Biblia en dialecto nacional, procedia de esta especie de emancipacion
-de lenguas. Generalmente se admitia que el Mesías reduciria los idiomas
-y los pueblos á la unidad[213]. El uso comun y la promiscuidad de
-los lenguajes eran el primer paso dado hácia aquella grande era de
-pacificacion universal.
-
-Sin embargo, el don de las lenguas se transformó luego
-considerablemente y produjo efectos muy extraños. La exaltacion de las
-cabezas originó el éxtasis y la profecía. En los momentos de éxtasis,
-el fiel, inspirado por el Espíritu, proferia sonidos inarticulados y
-sin conexion, que se tomaban por palabras de un idioma extranjero y
-que se procuraba interpretar con la mayor candidez[214]. Otras veces
-se creia que el extático hablaba una lengua nueva y desconocida hasta
-entonces[215] ó el lenguaje mismo de los ángeles[216]. Tan extrañas
-escenas, que fueron causa de muchos abusos no se generalizaron sino
-algun tiempo despues,[217] aunque es probable que ya tendrian lugar
-desde los primeros tiempos del cristianismo. Las visiones de los
-antiguos profetas habian ido acompañadas de fenómenos de excitacion
-nerviosa[218]. El estado ditirámbico de los Griegos originaba hechos
-de la misma clase; la Pitia empleaba con preferencia aquellas palabras
-extranjeras ó inusitadas, llamadas como en el fenómeno apostólico,
-_glosas_[219]. Muchas palabras empleadas como santo y seña por el
-cristianismo primitivo, las cuales son justamente bilingües ó formadas
-de anagramas, tales como _Abba pater_, _anathema Maranatha_[220]
-procedian quizás de estos accesos extraños, mezclados de suspiros[221],
-de gemidos ahogados, de jaculatorias, oraciones y de arrebatos que se
-tenian por proféticos. Eran como una música vaga del alma, compuesta de
-sonidos indistintos, que los oyentes procuraban traducir en imágenes
-y en palabras determinadas[222] ó mejor dicho, plegarias del Espíritu
-dirigidas á Dios en un lenguaje conocido de Dios solo, y que él sabia
-interpretar[223]. El extático, efectivamente, ignoraba lo que decia sin
-tener siquiera conciencia de ello.[224] Los concurrentes escuchaban
-con avidez y atribuian á estas sílabas incoherentes pensamientos que
-traducian en seguida. Cada cual las aplicaba á su dialecto y procuraba
-comprender con la mayor candidez estos sonidos ininteligibles por lo
-que sabia de los demás idiomas. El oyente siempre lograba explicárselo,
-porque en último resultado, daba á estas palabras entrecortadas un
-sentido conforme á lo que pensaba.
-
-La historia de las sectas de _iluminados_ abunda en hechos de la
-misma clase. Los predicadores de las Cevenas ofrecieron varios casos
-de «glosolalia»[225]; pero el más notable es el de los «leyentes»
-suecos[226] ocurrido en los años de 1841 á 1843. Palabras sin sentido
-para los que las pronunciaban y acompañadas de convulsiones y desmayos,
-fueron durante largo tiempo el ejercicio diario de aquella pequeña
-secta, lo que pasó á ser contagioso y originó un gran movimiento
-popular. Entre los irvingianos, el fenómeno de las lenguas se
-presentaba con caractéres que reproducian exactamente las relaciones
-de las _Actas_ y de San Pablo[227]. Nuestro siglo ha visto escenas de
-ilusion del mismo género que no creemos deber mencionar, porque no es
-justo comparar la credulidad inherente á un gran movimiento religioso,
-con la credulidad que únicamente reconoce por causa la torpeza de
-imaginacion.
-
-En ciertos casos, estos fenómenos se verificaban en público. Algunos
-extáticos, en el momento de sus extravagantes iluminaciones, se
-atrevian á salir y á presentarse ante la gente, que los tomaba por
-borrachos[228]. Aunque sóbrio en cuestion de misticismo, Jesús habia
-ofrecido más de una vez los fenómenos ordinarios del éxtasis[229].
-Durante dos ó tres años, sus discípulos estuvieron embargados por estas
-ideas. El profetismo era frecuente y considerado como un don análogo
-al de las lenguas[230]. La oracion, mezclada de convulsiones, de
-modulaciones cadenciosas, de suspiros místicos, de entusiasmo lírico,
-de cantos en accion de gracias,[231] era un ejercicio cotidiano. Esto
-dió nacimiento á un considerable número de «_cánticos_», «_salmos_»
-é «_himnos_» imitados á los del antiguo testamento[232]. Unas veces
-la boca y el corazon se acompañaban mútuamente, y otras el corazon
-cantaba solo, acompañado interiormente por la gracia[233]. Como no
-habia ninguna lengua que pudiese expresar las sensaciones nuevas
-que se experimentaban, se usaba un tartamudeo indistinto, á la vez
-sublime y pueril, en el que flotaba, en estado de embrion, lo que
-podriamos llamar «la lengua cristiana». No encontrando el cristianismo
-en las lenguas antiguas un instrumento adecuado á sus necesidades,
-las eliminó; pero antes que la religion nueva se hubiese formado un
-idioma para su uso, se pasaron algunos siglos de esfuerzos oscuros y
-de gemidos. El estilo de San Pablo, y en general, de los escritores
-del Nuevo Testamento, ¿qué es, bien considerado, sino la improvisacion
-ahogada, jadeante é informe del «glosolalio»? Carecian de lengua. Lo
-mismo que los profetas, principiaban con el _a a a_ del niño.[234]
-No sabian hablar, ni producirse ni en griego ni en semítico. De ahí
-provino la enorme violencia hecha al lenguaje por el cristianismo
-naciente. Diríase que eran tartamudos, en cuya boca los sonidos
-se chocaban, se ahogaban y producian una pantomima confusa, pero
-soberanamente expresiva.
-
-Todo esto distaba mucho del sentimiento de Jesús; pero para unos
-entendimientos penetrados de la creencia en lo sobrenatural, dichos
-fenómenos tenian una grande importancia. El don de las lenguas,
-particularmente, era considerado como un sello esencial de la nueva
-religion y como una prueba de su verdad[235]. Sea como fuere, ello es
-que producia abundantes frutos de edificacion, y hacia convertir á
-muchos paganos[236]. Hasta el siglo III la «glosolalia» se manifestó
-de una manera análoga á lo que describe San Pablo, y fué considerada
-como un milagro permanente[237]. Algunas de las palabras sublimes del
-cristianismo, han salido de aquellos suspiros entrecortados. El efecto
-general era tierno y penetrante. Este modo de reunir sus inspiraciones
-y de abandonarlas á la interpretacion de la comunidad, debia establecer
-entre los fieles un profundo lazo de fraternidad.
-
-Conforme sucede con todos los místicos, los nuevos sectarios llevaban
-una vida de ayuno y de austeridad[238]. La mayor parte de los
-orientales comian muy poco, lo que contribuia á mantenerlos en la
-exaltacion. La sobriedad del Sirio, causa de su debilidad física,
-lo ponia en un estado perpétuo de calentura y de susceptibilidad
-nerviosa. Nuestros grandes y continuos esfuerzos de imaginacion serian
-imposibles con semejante régimen; pero esta debilidad cerebral y
-muscular, les ocasionaban, sin causa aparente, vivas alternativas de
-tristeza y de alegría, que hacian elevar su alma hácia Dios. Lo que
-llamaban la «_tristeza de Dios_»[239] pasaba por un don del cielo.
-Toda la doctrina de los Padres de la vida espiritual, de Juan Clímaco,
-Basilio, Nilo y Arsenio, todos los secretos del grande arte de la
-vida interior, una de las creaciones más gloriosas del cristianismo,
-germinaban en la fantástica disposicion de ánimo que atravesaron
-durante sus dias de expectacion extática, aquellos antepasados ilustres
-de todos los «hombres de deseos». Su estado moral no era regular;
-vivian en lo sobrenatural. Solo obraban por visiones; los sueños y las
-circunstancias más insignificantes les parecian avisos del cielo[240].
-
-Bajo el nombre de dones del Espíritu Santo, se ocultaban las más raras
-y exquisitas efusiones del alma: amor, piedad, temor respetuoso,
-suspiros sin objeto, languidez súbita, ternuras espontáneas. Todo lo
-que nace bueno en el hombre, sin esfuerzo de éste, se atribuia á un
-soplo divino. Las lágrimas, especialmente, eran consideradas como una
-gracia del cielo. Este don precioso, privilegio únicamente de las almas
-buenas y puras, se producia con dulzuras infinitas. Nadie ignora la
-fuerza que sacan las naturalezas delicadas, sobre todo las mujeres,
-de la divina facultad de poder llorar mucho: es su plegaria, sin duda
-alguna, la más santa de las plegarias. Es preciso transportarse á
-la edad media y considerar la piedad tan regada con lágrimas de San
-Bruno, San Bernardo, y San Francisco de Asís, para volver á encontrar
-las castas melancolías de aquellos primeros tiempos en los que
-verdaderamente se sembraran lágrimas para recoger alegrías. Entonces,
-llorar era un acto piadoso; los que no sabian predicar, hablar
-idiomas, ni hacer milagros, lloraban.--Se lloraba orando, predicando,
-amonestando[241]; en una palabra, aquella época era el advenimiento del
-reino de las lágrimas. Hubiérase dicho que las almas se unian y querian
-en ausencia de un lenguaje que pudiese traducir sus sentimientos,
-manifestarse exteriormente por medio de una expresion viva y abreviada
-de todo su ser interior.
-
-
-
-
-CAPÍTULO V.
-
-Primera Iglesia de Jerusalem, enteramente cenobítica.
-
-
-[Marginal: Año 35]
-
-La costumbre de vivir juntos, en una misma fé y una misma confianza,
-creó naturalmente hábitos comunes. Pronto se adoptaron varias
-reglas que dieron á esta Iglesia primitiva alguna analogía con los
-establecimientos de vida cenobítica que el cristianismo instituyó más
-adelante. Muchos preceptos de Jesús tendian á este fin; el verdadero
-ideal de la vida evangélica es un monasterio: no un monasterio cerrado
-con rejas, una cárcel al estilo de la edad media con separacion de
-ambos sexos, sino un asilo en medio del mundo, un espacio reservado
-para la vida del espíritu, una asociacion libre, ó pequeña congregacion
-íntima, trazando á su alrededor un vallado para que no entren en ella
-zozobras que perjudican á la libertad del reino de Dios.
-
-Todos vivian, por consiguiente, en comunidad, no formando más que un
-cuerpo y un alma[242]. Nadie tenia nada suyo. Cuando entraban á ser
-discípulos de Jesús, vendian sus bienes y hacian donacion de su importe
-á la sociedad. Los jefes de esta distribuian luego el bien comun á
-cada uno segun sus necesidades. Habitaban en un solo barrio;[243],
-comian juntos y continuaban aplicando á la comida el sentido místico
-que Jesús habia prescrito[244]. Pasaban muchas horas orando; sus
-plegarias eran á veces improvisadas en alta voz, pero más á menudo
-meditadas en silencio. Los éxtasis eran frecuentes y cada cual se
-creia estar siempre favorecido por la inspiracion divina. La concordia
-que reinaba entre ellos era perfecta; nunca tenian ninguna discusion
-dogmática ni la menor disputa de amor propio, y la querida memoria
-de Jesucristo borraba todos los resentimientos. La alegría estaba en
-todos los corazones viva y profunda[245]. Su moral era austera, pero
-penetrada de un sentimiento dulce y tierno. Se agrupaban por casas
-para orar y entregarse á los ejercicios extáticos[246]. El recuerdo de
-aquellos dos ó tres primeros años, fué como el de un paraiso terrestre
-que nunca más volverá para el cristianismo, por más esfuerzos que
-haga. Efectivamente, ¿quién no comprende que semejante organizacion
-solo podia aplicarse á una pequeña Iglesia? Á pesar de esto, la vida
-monástica persiguió más adelante por su cuenta este ideal primitivo,
-que la Iglesia universal no se cuidó mucho de realizar.
-
-Posible es que el autor de las _Actas_, á quien debemos la descripcion
-de esta primera cristiandad de Jerusalem, haya recargado algo los
-colores y exagerado especialmente la comunidad de bienes que hemos
-citado. El autor de las _Actas_, hace como el autor del tercer
-Evangelio, que en la vida de Jesús, acostumbra á desfigurar los
-hechos segun sus teorías[247] y que deja traslucir muy claramente
-su tendencia á las doctrinas del _ebionismo_[248], es decir, de la
-pobreza absoluta. No obstante, la relacion de las _Actas_ no puede
-considerarse infundada respecto á este particular. Aun cuando Jesús no
-hubiese pronunciado ninguno de los axiomas comunistas que se leen en el
-tercer Evangelio, no hay duda que el renunciar á los bienes mundanales
-y la práctica de la caridad llevada hasta el punto de despojarse de
-todo lo que se poseyese, constituian el espíritu de su predicacion.
-La creencia del fin del mundo ha producido siempre el desprecio de
-los bienes terrenales y la vida en comunidad[249]. Por otra parte, lo
-que manifiestan las _Actas_ está completamente de acuerdo con lo que
-sabemos del orígen de las otras religiones ascéticas, por ejemplo,
-del _budismo_. Esta clase de religiones principian siempre por la
-vida cenobítica. Sus primeros adeptos son una especie de frailes
-mendicantes. El seglar no figura entre ellos sino cuando estas
-religiones han conquistado sociedades enteras en las que la vida
-monástica solo puede existir por excepcion.[250]
-
-Admitimos, pues, en la Iglesia de Jerusalem, un período de vida
-cenobítica. Dos siglos despues, los paganos todavía tenian al
-cristianismo por una secta comunista[251]. Debe recordarse que los
-esenios ó terapeutas habian dado ya el modelo de este género de
-vida, el cual provenia del mosaismo. Como el código mosaico era
-esencialmente moral y no político, su resultado natural era la utopia
-social, la iglesia, la sinagoga, el convento y no el estado civil, la
-nacion, ni la ciudad. El Egipto tenia, desde muchos siglos, reclusos
-y reclusas mantenidos por el Estado, probablemente en ejecucion de
-legados caritativos, cerca del Serapeo de Menfis[252]. Tambien debe
-tenerse en cuenta que semejante vida no es en Oriente lo que ha sido
-en nuestro Occidente. En Oriente, se puede disfrutar de la naturaleza
-y de la existencia sin poseer nada. El hombre es siempre libre porque
-tiene pocas necesidades y por lo tanto, la esclavitud del trabajo es
-completamente desconocida. Aunque el comunismo de la Iglesia primitiva
-no haya sido tan rígido ni tan universal como lo supone el autor de
-las _Actas_, lo cierto es que en Jerusalem habia una gran comunidad
-de pobres, gobernada por los apóstoles, á la que se hacian donativos
-de todos los puntos de la cristiandad[253]. Esta comunidad se vió
-obligada á establecer reglamentos bastante severos, y algunos años más
-tarde, hasta hubo de emplearse el terror para gobernarla. Se contaban
-de ella leyendas espantosas, segun las cuales el solo hecho de haberse
-apropiado algo de lo que hubiese sido dado para la comunidad, era
-señalado como un crímen capital y castigado con la muerte[254].
-
-Los pórticos del templo, sobre todo el pórtico de Salomon, que dominaba
-el valle de Cedron, eran el lugar en donde acostumbraban á reunirse los
-discípulos durante el dia[255], recordando las horas que Jesús habia
-pasado en dicho sitio. En medio de la extrema actividad que reinaba al
-rededor del templo, debian ser estos muy poco notados. En las galerías
-que formaban parte de aquel edificio, habia varias escuelas y sectas
-y eran teatro de infinitas disputas. Además, los fieles de Jesús
-pasaban por muy devotos, porque todavía observaban escrupulosamente
-las prácticas judías, orando á las horas[256] fijadas y observando
-todos los preceptos de la Ley. Eran judíos que únicamente diferian de
-los demás en que creian que ya habia venido el Mesías. Los que no les
-conocian mucho, y estos eran el mayor número, los miraban como una
-secta de _hasidim_ ó gentes piadosas. Para afiliarse á ellos[257] no
-era uno cismático ni griego, así como se puede ser discípulo de Spener
-sin dejar de ser protestante, ó de la órden de San Francisco ó de
-San Bruno, sin dejar de ser católico. El pueblo los amaba á causa de
-su piedad, su sencillez y dulzura[258], si bien los aristócratas del
-templo, los miraban quizás con desagrado. La secta, sin embargo, vivia
-tranquila, merced á su poco deseo de brillar.
-
-Al volver por la noche los hermanos á su casa, cenaban, divididos en
-grupos[259], en señal de fraternidad y en recuerdo de Jesús á quien
-veian siempre entre ellos. El jefe de la mesa cortaba el pan, bendecia
-la copa[260], y la circulaba como un símbolo de union con Jesús, y de
-este modo, el acto más vulgar de la vida, convertíase en el más augusto
-y más santo. En estas cenas en familia, á que eran muy aficionados los
-judíos[261], rezábanse oraciones, reinaba una dulce alegría y todos
-creian hallarse aún en el tiempo en que el divino Maestro les animaba
-con su presencia, imaginándose verle, hasta el punto de que muy pronto
-circuló el rumor de que Jesús habia dicho: «Cada vez que corteis el
-pan hacedlo en memoria mia[262].» El mismo pan, llegó á ser en cierto
-modo Jesús, concebido como orígen único de fortaleza para los que le
-habian amado y vivian aún de él. Aquellas cenas, que fueron siempre
-el símbolo principal del cristianismo y el alma de sus misterios[263]
-se celebraban en un principio todas las noches, pero bien pronto la
-costumbre se practicó solo el domingo[264] por la noche[265] y más
-tarde, empezó á tomarse por la mañana la mística colacion[266]. Es
-probable que en aquel período de la historia á que nos referimos fué
-aún para los cristianos dia feriado el sábado[267].
-
-Los apóstoles elegidos por Jesús y que se suponia habian recibido de
-él una órden especial para anunciar al mundo el reino de Dios, gozaban
-en la pequeña comunidad de una superioridad incontestable. Uno de los
-primeros cuidados de la secta, tan pronto como se vió establecida
-tranquilamente en Jerusalem, fué llenar el vacío que habia dejado Judas
-en su seno[268]; la opinion de que este último vendiera á su Maestro
-siendo la causa de su muerte, se iba generalizando cada vez más. El
-hecho pasaba al dominio de la leyenda, y todos los dias se averiguaba
-alguna nueva circunstancia que pintaba con más negros colores su
-traicion. Judas habia comprado un campo cerca de la antigua necrópolis
-de Hakeldama, al Sur de Jerusalem, y allí vivia retirado[269]. Tal era
-la ingénua exaltacion de la pequeña Iglesia, que para reemplazar á
-Judas se resolvió echar suertes: en las grandes emociones religiosas,
-es general emplear este medio, pues se admite como principio que nada
-es fortuito, que uno es el objeto principal de la atencion divina y que
-la parte que Dios toma en un hecho, es tanto mayor cuanto que la del
-hombre es más débil. Exigióse tan solo que los candidatos se eligieran
-en el grupo de los discípulos más antiguos que habian sido testigos
-de todos los acontecimientos desde el bautismo de Juan, y como esta
-circunstancia reducia mucho el número de aquellos, solo quedaron dos
-aspirantes, José Bar-sabá, por sobrenombre el _Justo_[270] y Matías,
-sobre el cual recayó la suerte y fué contado desde entonces en el
-número de los Doce. Pero ya no volvió á darse otro caso de semejante
-sustitucion, pues se consideró que los apóstoles nombrados por Jesús no
-debian tener sucesor. Evitóse tambien con sabia prudencia el peligro
-que ofrecia establecer un colegio permanente, donde se conservara toda
-la vida y la fuerza de la asociacion. La concentracion de la Iglesia en
-una oligarquía, no vino hasta más tarde.
-
-Por lo demás, es necesario precaverse contra los errores á que ha dado
-lugar y puede dar el nombre de _apóstol_. En una época muy remota,
-por algunos pasajes de los Evangelios, y sobre todo por la analogía
-de la vida de San Pablo, se supuso que los apóstoles eran una especie
-de misioneros, especialmente viajantes, que se habian repartido el
-mundo de antemano y recorrian como conquistadores todos los reinos
-de la tierra[271]. Formóse sobre esta opinion una série de leyendas
-para la historia eclesiástica[272], pero nada hay más contrario á
-la verdad[273]. El cuerpo de los Doce permaneció por lo general en
-Jerusalem hasta el año 60, poco más ó menos, y los apóstoles no
-salieron de la ciudad santa sino para misiones temporales, lo cual
-explica la oscuridad en que estuvieron la mayor parte de los miembros
-del consejo central, pues muy pocos de ellos tuvieron representacion.
-Formaban una especie de colegio sacro ó senado[274] destinado
-únicamente á representar la tradicion y el espíritu conservador.
-Como no desempeñaban funcion alguna, no tenian que hacer otra cosa
-sino predicar y rogar[275]; apenas se conocian sus nombres fuera de
-Jerusalem y hácia el año 70 ú 80, las listas que se daban de estos
-Doce elegidos primitivos, no estaban de acuerdo sino en los nombres
-principales[276].
-
-Los «hermanos del Señor» aparecen con frecuencia al lado de los
-«Apóstoles» aunque fuesen distintos[277], y su autoridad era inferior
-á la de los segundos, pero estos dos grupos constituyen en la iglesia
-naciente fundada tan solo en las relaciones más ó menos íntimas que
-sus miembros tuvieron con el Maestro. Aquellos eran los hombres que
-Pablo llamaba «las columnas de la Iglesia de Jerusalem[278],» y vemos,
-por lo tanto, que las distinciones de la gerarquía eclesiástica no
-existian aún. El título no era nada; la importancia personal lo era
-todo; el principio del celibato eclesiástico estaba sentado[279], pero
-necesitábase algun tiempo para el completo desarrollo de todos aquellos
-gérmenes. Pedro y Felipe estaban casados y tenian hijos é hijas[280].
-
-El término usado para designar la reunion de los fieles, era la
-palabra del hebreo _kahal_ que se sustituyó por la frase esencialmente
-democrática ἐκκλησία. _Ecclesia_ es la convocacion del pueblo en las
-antiguas ciudades griegas, el llamamiento al _Pnyx_ ó al _ágora_. Á
-partir del siglo II ó III antes de Jesucristo, las palabras de la
-democracia ateniense pasaron en cierto modo al dominio de la lengua
-helénica, y algunos de estos términos,[281] á consecuencia del uso
-que hacian de ellos las cofradías griegas, se adoptaron en la lengua
-cristiana. Esto era efecto del movimiento popular, que comprimido hacia
-siglos, seguia de nuevo su curso bajo formas enteramente distintas
-como querian serlo las antiguas repúblicas[282], pero menos exigente
-y desconfiada que aquellas ciudades, la Iglesia delegaba con gusto su
-autoridad: como toda sociedad teocrática trataba de abdicar en manos de
-un clero y era fácil prever que no pasarian más de dos siglos sin que
-toda aquella democracia se transformara en oligarquía.
-
-El poder que se suponia á la Iglesia reunida y á sus jefes era
-inmenso, pues la primera conferia todas las misiones, guiándose
-únicamente para su eleccion de los signos que daba el Espíritu[283],
-llegando su autoridad hasta el punto de poder decretar la muerte.
-Referíase que solo á la voz de Pedro, algunos delincuentes habian
-caido en el suelo y expirado en el acto[284]; San Pablo no teme un
-poco más tarde excomulgar á un incestuoso «entregándole á Satanás
-para que muera su carne y se pueda salvar su alma en el gran dia del
-Señor[285].» Considerábase la excomunion como el equivalente de una
-sentencia de muerte, y no se dudaba que toda persona á quien los
-apóstoles, ó los Jefes de la Iglesia, habian separado del gremio de los
-santos, entregándole al espíritu maligno[286], no estuviese perdida.
-Suponíase á Satanás autor de las enfermedades; abandonarle el miembro
-gangrenado era como entregarlo al ejecutor natural de la sentencia;
-una muerte prematura se tenia por el resultado de uno de esos decretos
-ocultos, que segun la fuerte expresion hebráica, «extirpaba una
-alma de Israel[287].» Los apóstoles se creian revestidos de poderes
-sobrenaturales, y al pronunciar semejantes condenas, pensaban que sus
-anatemas no dejarian de caer sobre los culpables.
-
-La terrible impresion producida por las excomuniones, y el ódio que
-inspiraban á todos los cofrades los miembros así separados del gremio
-de la Iglesia, podia en efecto en muchos casos producir la muerte ó al
-menos obligar al culpable á expatriarse. El mismo terrible equívoco
-se encontraba en la antigua Ley: «la extirpacion» implicaba á la vez
-la muerte, la expulsion de la comunidad, el destierro, un retiro
-solitario y misterioso;[288] y matar al apóstata ó al que blasfemaba,
-herir el cuerpo para salvar el alma, era una cosa legítima. Debemos
-recordar que hablamos de la época de los _zelotas_, que consideraban
-como un acto de virtud dar de puñaladas al que faltase á la ley[289],
-y es preciso tener en cuenta que algunos cristianos eran ó habian sido
-_zelotas_[290]. Casos como el de la muerte de Ananías y de Safira[291],
-no causaban el menor escrúpulo. La idea del poder civil era tan extraña
-á todo aquel mundo, que no se hallaba al alcance del dominio romano,
-ó estaba tan persuadida que la Iglesia era una sociedad completa que
-se bastaba á sí misma, que ninguno consideraba que un milagro fuese
-un atentado punible ante la ley civil por más que causara la muerte ó
-la mutilacion de una persona. El entusiasmo es una fé ardiente que
-lo cubre todo y todo lo excusa; pero comprendíase fácilmente cuán
-grave era el peligro que indicaban para el porvenir aquellas máximas
-teocráticas. La Iglesia está armada de un puñal; la excomunion será una
-sentencia de muerte; en lo sucesivo habrá en el mundo además del Estado
-otro poder que disponga de la vida de los ciudadanos; y á fé que si la
-autoridad romana se hubiese limitado á reprimir entre los cristianos y
-los judíos principios tan condenables, habria tenido mil veces razon.
-Pero en su brutalidad confundia la más legítima de las libertades, la
-de adorar cada uno á su modo, con abusos que ninguna sociedad ha podido
-jamás tolerar impunemente.
-
-Pedro gozaba entre los apóstoles de cierta superioridad debida
-principalmente á su actividad y celo[292]: en los primeros años, apenas
-se separa de Juan, hijo de Zebedeo; ambos van casi siempre juntos[293],
-y su buena armonía fué á no dudarlo la piedra angular de la nueva fé.
-Jacobo, hermano del Señor, les igualaba casi en autoridad, al menos en
-una fraccion de la Iglesia, y en cuanto á ciertos amigos íntimos de
-Jesús, tal como las mujeres galileas y la familia de Betania, ya hemos
-dicho que no hay para que hablar de ellos. Menos deseosas de organizar
-y de fundar, las fieles compañeras de Jesús se contentaban con amar
-muerto al que adoraran en vida; alimentándose con su esperanza,
-las nobles mujeres que fundaron la fé del mundo, permanecian casi
-desconocidas de los hombres notables de Jerusalem, y cuando murieron,
-quedaron enterradas en el sepulcro con ellas los caractéres más
-importantes de la historia del cristianismo naciente. Los que
-desempeñan un papel activo son los que se llevan la fama; aquellos que
-se contentan con amar en secreto permanecen oscuros, pero seguramente
-les corresponde la mejor parte.
-
-Inútil es decir que aquel pequeño grupo de gente sencilla, no tenia
-la menor idea de la teología especulativa, pues Jesús rehuyó siempre
-con la mayor prudencia toda cuestion metafísica, y no tuvo más que
-un dogma, su propia filiacion divina y la divinidad de su mision.
-Todo el símbolo de la Iglesia primitiva podia encerrarse en esta
-sola línea: «Jesús es el Mesías, hijo de Dios.» Esta creencia se
-fundaba en un argumento perentorio, en el hecho de la resurreccion,
-de la que figuraban como testigos los discípulos, por más que ninguno
-en realidad, ni aun las mujeres galileas, asegurará haber visto la
-resurreccion[294]; pero la ausencia del cuerpo y las apariciones que se
-siguieron despues, parece que equivalen al hecho mismo. Atestiguar la
-resurreccion de Jesús, era la mision que todos creian deber llevar á
-cabo ante todos[295], é imagináronse bien pronto que el Maestro habia
-pronosticado este acontecimiento. Recordábanse algunas de sus palabras
-que se creyó no haberse comprendido bien, y esto indujo á suponer que
-se habia anunciado la resurreccion[296]. La creencia en la próxima
-manifestacion gloriosa de Jesús era universal[297]; la palabra secreta
-que los cofrades se decian entre sí para reconocerse y fortificarse,
-era _Maran atha_, «el Señor va á venir»[298]. Creíase tambien recordar
-una declaracion de Jesús, segun la cual, no habia tiempo para que la
-predicacion alcanzara á todas las ciudades de Israel, antes que el
-hijo del hombre apareciese en su majestad[299]; pero entre tanto Jesús
-resucitado está sentado á la diestra de su Padre, y allí descansa hasta
-el dia solemne en que vendrá envuelto entre las nubes á juzgar á los
-vivos y á los muertos[300].
-
-La idea que tenian de Jesús era la misma que aquel les diera: Jesús
-habia sido un profeta poderoso en obras y en palabras[301], un
-hombre elegido de Dios que recibiera una mision especial para la
-humanidad[302], mision que probó por sus milagros y su resurreccion.
-Dios le ungió del Espíritu Santo revistiéndole de fuerza; ha pasado
-haciendo bien y curando á los que estaban poseidos del demonio[303],
-porque Dios era con él[304]; es el Hijo de Dios, un representante de
-Dios en la tierra; es el Mesías, el salvador de Israel anunciado por
-los profetas[305]. La lectura de los libros del Antiguo Testamento,
-especialmente el de los Profetas y de los Salmos, era habitual en la
-secta, y al proceder á dicha lectura, fijábanse todos en la idea de
-encontrar siempre el tipo de Jesús; y persuadidos de que los antiguos
-libros hebreos estaban llenos de él, formóse desde los primeros años
-una coleccion de textos, sacados de los Profetas, de los Salmos y de
-ciertos libros apócrifos en los cuales, segun conviccion general, se
-predecia y describia de antemano la Vida de Jesús[306]. Este método de
-interpretacion arbitraria estaba adoptado en todas las escuelas judías;
-las alusiones mesiánicas eran una especie de juego de imaginacion,
-análogo al que hacian antiguos predicadores con los pasajes de la
-Biblia, trastornando su sentido natural y tomándolos como simples
-adornos de retórica sagrada.
-
-Jesús, merced á su tacto exquisito de las cosas religiosas, no habia
-instituido ningun nuevo ritual, y por lo tanto, la nueva secta no
-tenia aún ceremonias especiales[307]. Las prácticas de piedad eran
-las prácticas judías; las reuniones no tenian nada de litúrgicas
-en el sentido preciso; eran sesiones de cofrades donde se rezaba,
-practicándose tambien los ejercicios de la profecía[308] y la lectura
-de la correspondencia. Allí no habia nada de sacerdotal: no hay
-sacerdote (_cohen_ ó ἱερεύς); el _presbyteros_, es el _anciano_ de
-la comunidad y nada más; el único sacerdote es Jesús[309]; ó en otro
-sentido, todos los fieles lo son.[310] Considerábase el ayuno como
-una práctica muy meritoria[311]; el bautismo era la señal de entrada
-en la secta[312] siendo su rito el mismo observado con Juan, pero se
-administraba en nombre de Jesús[313].
-
-De todos modos, el bautismo no se creia una iniciacion suficiente si no
-era seguido de la colacion de los dones del Espíritu Santo[314], que se
-hacia prévia una oracion pronunciada por los apóstoles sobre la cabeza
-del neófito con la imposicion de las manos.
-
-Esta imposicion ya tan familiar á Jesús[315], era el acto sacramental
-por excelencia[316]; conferia la inspiracion, la iluminacion interior,
-el poder de hacer prodigios, de profetizar y de hablar las lenguas,
-era lo que se llamaba el bautismo del Espíritu. Creíase recordar las
-siguientes palabras de Jesús: «Juan os ha bautizado por el agua, pero
-vosotros os habeis bautizado por el espíritu»[317]. Poco á poco
-formóse un conjunto de todas estas ideas y el bautismo se confirió, «en
-el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo;[318]» pero no es
-probable que esta fórmula se emplease en los primeros dias de la época
-á que nos referimos. Vemos, pues, cuanta era la sencillez del primitivo
-culto cristiano, que no habian inventado ni Jesús ni los apóstoles,
-toda vez que fueron adoptadas antes por ciertas sectas judías estas
-graves y solemnes ceremonias que proceden al parecer de la Caldea,
-donde se practican aun con liturgias especiales para los Sabianos ó
-Mendaitas[319]. En la religion de Persia se encuentran tambien muchos
-ritos del mismo género[320].
-
-Las creencias en la medicina popular, que tanto prestigio dieron á
-Jesús, se continuaban en sus discípulos: el don de curar era una de
-las gracias maravillosas que concedia el Espíritu[321]. Los primeros
-cristianos, así como casi todos los judíos de aquel tiempo, veian en
-las enfermedades el castigo de una falta[322] ó la obra de un demonio
-maligno,[323] y los apóstoles eran considerados del mismo modo que
-Jesús, como poderosos exorcistas.[324] Creíase que las oleaciones que
-hacian con la imposicion de las manos, invocando el nombre de Jesús,
-redimian los pecados, causa de la enfermedad y curaban estas[325]; el
-aceite ha sido siempre en Oriente el medicamento por excelencia[326],
-pero de todos modos, creíase que solo la imposicion de las manos de
-los apóstoles bastaba para producir los mismos efectos[327]. Esta
-imposicion se hacia por el contacto inmediato, y no es imposible que
-en ciertos casos, el calor de las manos, comunicándose vivamente á la
-cabeza, proporcionase algun alivio al enfermo.
-
-Siendo jóven y poco numerosa la secta, no se entabló sino más adelante
-la cuestion de los muertos. Los primeros fallecimientos que ocurrieron
-entre los cofrades causaron un efecto extraño[328]. Preocupáronse de
-la suerte de los difuntos; pues deseaban saber si aquellos serian más
-favorecidos que los que sobrevivieran para ver por sus propios ojos
-el advenimiento del Hijo del hombre. Llegóse por fin á considerar
-generalmente el intervalo entre la muerte y la resurreccion como una
-especie de vacío en la conciencia del difunto.[329] La idea presentada
-en el _Phedon_, de que existe el alma, antes y despues de la muerte,
-de que la muerte es un bien, y aun de que es el estado filosófico por
-excelencia, pues entonces se encuentra el alma totalmente libre y
-desprendida, esta idea, repito, no era opinion decididamente admitida
-en los primeros cristianos; siendo lo más frecuente que considerasen
-no podia existir el hombre sin cuerpo. Y este modo de ver subsistió
-mucho tiempo sin que cambiara, hasta que la doctrina de la inmortalidad
-del alma, en el sentido de la filosofía griega, fué acogida en la
-Iglesia y se combinó bien ó mal con el dogma de la resurreccion y de
-la renovacion universal. Empero en la época á que nos referimos ahora,
-la creencia en la resurreccion reinaba casi exclusivamente[330]. El
-rito de los funerales era segun las apariencias el rito judío. No se le
-daba importancia alguna, y ninguna inscripcion indicaba el nombre del
-difunto, considerando tal vez que habia de ser pronta la resurreccion y
-que el cuerpo de aquel fiel cristiano habia de permanecer poco tiempo
-en la roca donde le depositaron. Cuidáronse muy poco de avenirse en
-cuanto á la cuestion de saber si la resurreccion seria universal, es
-decir, si comprenderia á los buenos y á los malos, ó si se aplicaria
-únicamente á los elegidos[331].
-
-Uno de los fenómenos más notables de la nueva religion fué la
-reaparicion del profetismo. Hacia ya mucho tiempo que casi no se
-hablaba más de profetas en Israel; pero este género particular de
-inspiracion pareció renacer en la pequeña secta. La Iglesia primitiva
-tuvo muchos profetas, y tambien profetisas[332] análogos á los del
-Antiguo Testamento. Aparecieron igualmente los salmistas; y el modelo
-de los salmos cristianos lo encontramos seguramente en los cánticos
-que Lucas se complace en esparcir por su Evangelio[333], y que están
-basados sobre los cánticos del Antiguo Testamento. Estos salmos y estas
-profecías carecen de originalidad en cuanto á su forma; pero están
-animados y henchidos de un admirable espíritu de dulzura y de piedad;
-vienen siendo un eco amortiguado de las últimas melodías que produjo la
-sagrada lira de Israel; y no parece sino que fueron los salmos el cáliz
-de la flor, donde la abeja cristiana hizo presa de su primer jugo. El
-Pentateuco, era segun las apariencias, poco leido y poco meditado,
-sustituyéndolo con alegorías, á estilo de los _midraschim_ judíos, en
-que se suprimia todo el sentido histórico de los libros.
-
-El canto con que se acompañaban los himnos nuevos[334] era
-probablemente esa especie de sollozo sin notas bien marcadas y
-perceptibles, que continúa siendo el canto de los griegos, de los
-maronitas y de los cristianos de Oriente en general[335]. No es
-debido á modulaciones musicales, sino á un modo peculiar de forzar
-la voz, emitiendo por la nariz una especie de gemido en que todas
-las inflexiones se suceden con rapidez unas á otras. Ejecútase esta
-singular melopea, en pié, con la vista fija, la frente arrugada, las
-cejas fruncidas y con un esfuerzo aparente. Pronúnciase sobre todo
-con voz temblorosa la palabra _amen_, la cual hacia gran papel en la
-liturgia. Á imitacion de los judíos[336] usábanla los nuevos cristianos
-para manifestar la adhesion de la muchedumbre á la palabra del profeta
-ó del sochantre[337]. Acaso atribuíanse ya virtudes secretas á esta
-palabra, y por eso la pronunciaban con cierto énfasis. Ignoramos si
-este canto eclesiástico primitivo iba acompañado de instrumentos[338].
-Respecto al canto íntimo, el que los fieles «cantaban en el fondo de su
-corazon[339],» y que no era más que la expansion y desahogo de aquellas
-almas tiernas, fervorosas y contemplativas, es de presumir que lo
-ejecutaban á media voz como las cantilenas de los lolardos de la edad
-media[340]. Por lo general aquellos himnos eran la manifestacion de la
-alegría que rebosaba en sus corazones. Una de las máximas de los sabios
-de la secta era: «Si estás triste, ora; si estás alegre, canta[341].»
-
-Por lo demás, destinada simplemente á la edificacion de los fieles
-congregados, aquella primera literatura cristiana no se escribia.
-Componer ó escribir libros era una idea que á nadie se le ocurria,
-pues que Jesús habia hablado y recordaban sus palabras. ¿No habia
-prometido que la generacion de sus oyentes no pasaria antes que él
-reapareciera?[342]
-
-
-
-
-CAPÍTULO VI.
-
-Conversion de judíos helenistas y prosélitos.
-
-
-[Marginal: Año 36]
-
-Hasta aquí, se ha presentado á nuestra vista la Iglesia de Jerusalem
-como una pequeña colonia galilea. Los amigos que habia adquirido Jesús
-en Jerusalem y en las cercanías, tales como Lázaro, Marta, María de
-Betania, José de Arimatea y Nicodemo, habian desaparecido de la escena.
-El grupo galileo, estrechado en derredor de los doce, fué el único que
-subsistió compacto y activo. Más adelante, despues de la destruccion de
-Jerusalem, y lejos de la Judea, imagináronse que los sermones de los
-apóstoles eran escenas públicas que se representaban en las plazas y á
-presencia del gentío que en ellas se reunia.[343] Semejante pensamiento
-debiera relegarse entre las supuestas imágenes que tanto abundan en las
-leyendas. Las autoridades que condenaron á muerte á Jesús, no hubieran
-consentido que semejantes escándalos se renovasen. El proselitismo de
-los fieles se comunicaba de uno á otro.[344] Sus predicaciones bajo el
-pórtico de Salomon, habian de dirigirse á muy pocos oyentes; pero su
-efecto, por lo mismo, no habia de ser sino más profundo. Consistian
-principalmente sus discursos en citas del Antiguo Testamento con las
-cuales creian probar que Jesús era el Mesías.[345] Su razonamiento era
-sutil y débil; pero todos los comentarios de los Judíos de aquella
-época eran por el mismo estilo, y las consecuencias que deducen de la
-Biblia los doce de la _Mischna_, no son tampoco satisfactorias.
-
-Mucho más débil aún era la prueba invocada para sostener sus
-argumentos, deducida de los pretendidos prodigios. Imposible fuera
-dudar que los apóstoles hayan creido hacer milagros. Estos eran
-considerados como la señal de toda mision divina,[346] y San Pablo,
-cuyo entendimiento era ciertamente el más claro y adelantado de la
-primitiva escuela cristiana, creyó obrar milagros.[347] Se consideraba
-como indudable que Jesús los habia hecho, y era natural que se
-continuase la série de las manifestaciones divinas. Efectivamente,
-la taumaturgia aparece como un privilegio de los apóstoles hasta
-el fin del siglo primero.[348] Los milagros de los apóstoles son
-de igual índole que los de Jesús, y consisten sobre todo, aunque
-no exclusivamente, en curas de enfermedades y en exorcismos de
-poseidos.[349] Así es que se pretendia que bastaba la sombra para
-operar curas maravillosas.[350] Reputábanse estos prodigios por dones
-del Espíritu Santo, y eran justipreciados de igual valor que el don de
-ciencia, de predicacion ó de profeta.[351] En el siglo III, la Iglesia
-creia todavía poseer los mismos privilegios y ejercer como por una
-especie de derecho permanente, el poder de curar las enfermedades,
-echar fuera á los demonios y predecir el porvenir;[352] siendo todo
-esto posible para los ignorantes. ¿No vemos en la actualidad personas
-honradas y de probidad, pero que carecen de espíritu científico,
-firmemente engañadas con las quiméricas ideas del magnetismo y por
-otras ilusiones?[353]
-
-Empero no debemos valernos de esos errores candorosos, ni de los
-mezquinos discursos que vemos en las _Actas_, para calificar los medios
-de conversion de que pudieran disponer los fundadores del cristianismo.
-La verdadera predicacion estribaba en las conversaciones de aquellos
-hombres buenos y convencidos; consistia en el reflejo, todavía
-sensible en sus discursos, de la palabra de Jesús, y sobre todo en su
-piedad y dulzura. El atractivo de la vida en comun que llevaban tenia
-tambien mucha influencia, siendo su casa como un hospicio en que todos
-los pobres, todos los que se vieran abandonados, encontraban asilo y
-auxilios.
-
-Uno de los primeros que se afiliaron en aquella sociedad naciente, fué
-un chipriota llamado José Hallévi ó el Levita. Este vendió su campo
-como los demás, y fué á postrarse á los piés de los Doce ofreciéndoles
-el precio de la venta. Era un hombre inteligente, de un afecto á
-toda prueba y que usaba fácilmente de la palabra; así que uniéronse
-estrechamente con él los apóstoles, y le llamaron _Bar-naba_, es
-decir «el hijo de la profecía» ó «de la predicacion;»[354] pues se le
-contaba efectivamente en el número de los Profetas[355], es decir, de
-los predicadores inspirados. Verémosle más tarde figurar en primera
-línea, porque despues de San Pablo, fué el misionero más activo del
-primer siglo. Un tal Mnason, su compatriota, se convirtió por aquel
-mismo tiempo.[356] Los judíos ocupaban muchos barrios de Chipre,[357]
-y Bernabé y Mnason eran sin duda judíos de raza.[358] Las relaciones
-íntimas y prolongadas de Bernabé con la Iglesia de Jerusalem hacen
-creer que el siro-caldeo le era familiar.
-
-Una conquista casi tan importante como la de Bernabé, fué la de cierto
-Juan que llevaba el sobrenombre romano de _Marcus_. Era primo de
-Bernabé, y circunciso[359]. Su madre, María, debia gozar de cierto
-bienestar y comodidades: convirtióse del propio modo que su hijo, y su
-morada fué más de una vez el sitio donde se reunian los apóstoles.[360]
-Parece que estas dos conversiones fueron obra de Pedro.[361] En todo
-caso, Pedro mantenia estrechas relaciones de amistad con la madre
-y con el hijo, de tal modo, que en casa de ellos se consideraba
-como en la suya propia[362]. Y aun admitiendo la hipótesis de que
-Juan Márcos no fuera idéntico al autor verdadero ó supuesto del
-segundo Evangelio,[363] el papel que desempeñó seria siempre de suma
-importancia; pues le veremos más tarde acompañar en sus excursiones
-apostólicas á Pablo, Bernabé, y probablemente al mismo Pedro.
-
-Propagóse así el primer fuego con gran rapidez. Los hombres más
-célebres del siglo apostólico se sintieron casi todos arrastrados en
-dos ó tres años por una especie de impulso simultáneo. Fué una segunda
-generacion cristiana paralela á la que se habia formado, cinco ó seis
-años antes, á orillas del lago de Tiberiade. Esta segunda generacion
-no habia visto á Jesús y no podia igualar á la primera en autoridad;
-pero habia de sobrepujarla por su actividad y por su aficion á las
-misiones lejanas. Uno de los más conocidos entre los nuevos adeptos,
-era Stephanus ó Estéban, que no fué, segun parece, más que un simple
-prosélito, antes de su conversion[364]. Era un hombre ardiente y
-apasionado; su fé, de las más vivas; y creíasele favorecido de todos
-los dones del Espíritu Santo[365]. Felipe, quien como Stephanus,
-fué diácono y evangelista celoso, se agregó á la comunidad hácia el
-mismo tiempo[366], y confundiósele frecuentemente con su homónimo el
-apóstol[367]. Por último, en aquella época, convirtiéronse Andrónico y
-Junía[368], dos esposos, probablemente, que ofrecieron, como más tarde
-Aquila y Priscila, el modelo de una pareja apostólica, consagrada á
-todos los afanes y cuidados del misionero. Eran de la sangre de Israel,
-y tuvieron estrechísimas relaciones con los apóstoles[369].
-
-Los nuevos convertidos eran todos judíos por su religion, cuando les
-tocó la gracia; pero pertenecian á dos clases de judíos muy distintas.
-Eran los unos «hebreos»[370], es decir, judíos de Palestina, que
-hablaban hebreo ó más bien arameo, y leian la Biblia en el texto
-hebreo; los otros eran «helenistas», es decir, judíos que hablaban
-griego y leian la Biblia en griego. Subdividíanse todavía estos
-últimos en dos clases; los unos eran de sangre judía y los otros
-eran prosélitos; es decir, gentes que no eran de orígen israelita,
-pero afiliados al judaismo en distintos grados. Estos helenistas,
-procedentes casi todos de Siria, del Asia Menor, de Egipto ó de
-Cirene[371], habitaban en distintos barrios en Jerusalem. Tenian sus
-sinagogas separadas y formaban aparte pequeñas comunidades. Contaba
-Jerusalem gran número de estas sinagogas particulares[372]; y allí es
-donde la palabra de Jesús encontró preparado el terreno para recibirla
-y hacer que fructificara.
-
-Todo el núcleo primitivo de la Iglesia se componia de «hebreos»; el
-dialecto arameo, que fué la lengua de Jesús, era el único que se usaba
-entonces. Empero, se vé que desde el segundo ó el tercer año, despues
-de la muerte de Jesús, invadió el griego aquella pequeña comunidad,
-donde debia enseñorearse y predominar. Á consecuencia de sus relaciones
-cotidianas con aquellos nuevos hermanos, Pedro, Juan, Jacobo, Judas, y
-generalmente todos los discípulos galileos, aprendieron el griego tanto
-más fácilmente, cuanto que probablemente ya sabian algo de aquella
-lengua. Un incidente del que hablaremos muy en breve, acredita que
-esa diversidad de idiomas introdujo en un principio cierta division
-en la comunidad, y que no se entablaban muy fácilmente las relaciones
-entre ambos bandos[373]. Consumada la ruina de Jerusalem, veremos á
-los «hebreos» retirados más allá del Jordan, á la altura del lago de
-Tiberiade, formando una Iglesia separada, que tuvo distinta suerte;
-pero en el intervalo de estos dos hechos no parece que la diversidad de
-lenguaje produjera consecuencia alguna en la Iglesia. Los Orientales
-tienen gran facilidad para aprender las lenguas; así que, en las
-ciudades cada uno habla habitualmente dos ó tres idiomas. Es por lo
-tanto probable que aquellos de los apóstoles galileos que desempeñaron
-algun papel importante, adquirieran la práctica del griego[374], y
-aun llegaran á servirse de él con preferencia al siro-caldeo, cuando
-aumentó mucho el número de los fieles que hablaban en griego. Fué
-pues preciso renunciar al dialecto palestino, desde el dia en que se
-proyectó una propaganda que habia de extenderse á lo lejos; y además,
-como dialecto provincial, que apenas se usaba por escrito[375] y
-que no se hablaba fuera de la Siria, era tambien poco á propósito
-para semejante empresa. El griego, por lo contrario, fué impuesto en
-cierto modo al cristianismo. Era la lengua universal de la época, la
-que se hablaba al menos en todas las poblaciones situadas en la parte
-oriental del Mediterráneo. Era, con especialidad, la lengua de los
-judíos dispersos por todo el imperio romano; pues entonces, como ahora,
-los judíos adoptaban muy fácilmente los idiomas de los países que
-habitaban. No se picaban de purismo, y por eso aparece tan defectuoso
-el griego del cristianismo primitivo. Los judíos, aun aquellos más
-instruidos, pronunciaban mal la lengua clásica[376]. Calcaban su frase
-sobre el siriaco, y nunca se deshicieron de los dialectos groseros que
-les llevó la conquista alcanzada por los macedonios.[377]
-
-Las conversiones al cristianismo tardaron poco en ser más numerosas
-entre los «helenistas» que entre los «hebreos». Los viejos judíos de
-Jerusalem sentian poco atractivo hácia una secta de provinciales,
-medianamente versados en la única ciencia que un fariseo apreciara, la
-ciencia de la Ley[378]. La posicion de la pequeña Iglesia respecto al
-judaismo, era algo equívoca, cual lo fué la del mismo Jesús. Empero,
-todo partido religioso ó político lleva en sí mismo una fuerza que le
-domina y le obliga, á pesar suyo, á recorrer su órbita. Los primeros
-cristianos, cualquiera que fuese su aparente respeto al judaismo,
-no eran realmente judíos sino por su nacimiento ó por sus hábitos
-exteriores; el verdadero espíritu de la secta traia otro orígen. El
-Talmud era el que germinaba en el judaismo oficial, y el cristianismo
-no tenia afinidad alguna con la escuela talmúdica. Hé ahí por qué
-encontraba favorable acogida el cristianismo en las partes menos judías
-del judaismo. Los ortodoxos rígidos adheríanse poco á él; los recien
-llegados, gentes apenas catequizadas, que no habian cursado en las
-grandes escuelas, exentos de la rutina y que no estaban iniciados en
-la lengua santa, eran los que prestaban atento oido á los apóstoles
-y á sus discípulos. Medianamente considerados por la aristocracia de
-Jerusalem, estos advenedizos del judaismo tomaban así una especie de
-desquite, y siempre son las partes más jóvenes, y nuevamente adquiridas
-en una comunidad, las que menos se cuidan de la tradicion y más se
-inclinan á las novedades.
-
-En estas clases, poco sujetas á los Doctores de la Ley, la credulidad
-era tambien, segun parece, más candorosa y más completa y firme. Lo que
-choca en el judío talmudista, no es la credulidad. El judío crédulo y
-afecto á lo maravilloso, que conocieron los satíricos latinos, no era
-el judío de Jerusalem, sino el judío helenista, muy religioso, á la par
-que poco instruido y por consiguiente muy supersticioso. Ni el saduceo
-medio incrédulo, ni el fariseo rigorista, se conmovian sensiblemente
-con la teurgia, que tan grande boga alcanzaba en el círculo apostólico;
-pero que el _Judæus Apella_, del cual se sonreia Horacio[379], estaba
-allí para creer. Por otra parte, las cuestiones sociales interesaban
-particularmente á los que no sacaban provecho alguno de las riquezas
-que el templo y las instituciones centrales de la nacion atraian
-con afluencia á Jerusalem, y por eso sucedió que, combinándose con
-necesidades análogas á la que actualmente se llama «Socialismo», la
-nueva secta echó los sólidos cimientos en que habia de asentar el
-edificio de su porvenir.
-
-
-
-
-CAPÍTULO VII.
-
-La Iglesia considerada como una asociacion de pobres. -- Institucion
-del diaconato. -- Las diaconesas y las viudas.
-
-
-[Marginal: Año 36]
-
-La historia comparada de las religiones, nos revela una verdad general;
-todas las que han tenido un principio y que no son contemporáneas del
-lenguaje mismo, se han establecido más bien por razones sociales que
-teológicas. Así sucedió seguramente con el budismo; pues, la suerte
-prodigiosa de esta religion, no fué debida á la filosofía nihilista
-en que se basaba, sino á su parte social. Proclamando la abolicion
-de las castas, y estableciendo segun su expresion «una ley de gracia
-para todos», es como Çakya-Mouni y sus discípulos arrastraron en pos
-de ellos, á la India primero, y luego á la mayor parte del Asia[380].
-Del propio modo que el cristianismo, fué el budismo un movimiento
-de pobres. El grande atractivo que les hizo adherirse á él, fué la
-facilidad que se ofreciera á las clases desheredadas de rehabilitarse,
-profesando un culto que les enaltecia y les presentaba infinitos
-recursos de asistencia y de compasion.
-
-En el primer siglo de nuestra era, abundaban muchísimo los pobres en
-Judea, careciendo aquella comarca, por su naturaleza, de los recursos
-que proporciona el bienestar. En aquel país sin industria, casi todas
-las fortunas debian su orígen á instituciones religiosas ricamente
-dotadas, ó á los favores del gobierno. Las riquezas del templo eran
-desde luengos años herencia exclusiva de un corto número de nobles.
-Los Asmoneos habian constituido en derredor de su dinastía un grupo
-de familias ricas; así como los Herodes aumentaron muchísimo el lujo
-y el bienestar en determinada clase de la sociedad; pero el verdadero
-judío teócrata, al volver la espalda á la civilizacion romana, hízose
-cada vez más pobre. Formóse entonces una clase numerosa de hombres
-santos, piadosos, fanáticos, y rígidos observadores de la Ley, pero
-totalmente miserables en su exterioridad, y en aquella clase fué donde
-se reclutaron las sectas y los partidos fanáticos tan considerables
-en aquella época. El delirio universal era conseguir el predominio
-del judío proletario que habia permanecido fiel, y la humillacion del
-rico, considerado como un tránsfuga, como un traidor que habia pasado
-á la vida profana y á la civilizacion en la exterioridad. Jamás hubo
-ódio alguno que igualara al de los pobres de Dios, en contra de las
-espléndidas construcciones con que el país empezaba á cubrirse, no
-menos que contra las obras de los Romanos[381]. Precisados, para no
-perecer de hambre, á trabajar en aquellos edificios que les parecian
-monumentos de orgullo y de lujo prohibido, creíanse víctimas de ricos
-malvados, corrompidos é infieles á la Ley.
-
-Concíbese con cuanto apresuramiento seria acogida una asociacion
-de socorros mútuos, en semejante estado social. La pequeña Iglesia
-debió parecerles un paraiso; así fué que aquella familia de hermanos,
-sencillos y unidos, de todas partes se atrajo afiliados. En cambio
-de lo que llevaban á la comunidad; aseguraban su porvenir, una
-confraternidad dulcísima y lisonjeras esperanzas. Era costumbre general
-que convirtieran sus bienes de fortuna en dinero antes de entrar en la
-secta[382], consistiendo comunmente esos bienes en pequeñas haciendas
-rurales poco productivas y cuya explotacion era incómoda. Las gentes
-solteras no encontraban sino ventajas en cambiar aquellos terrones por
-una colocacion de su valor en una sociedad de seguros, con pérdida del
-capital, pero con la esperanza de alcanzar el reino de los cielos.
-Algunos matrimonios solicitaron igualmente su participacion en este
-órden de cosas; pero tomáronse precauciones para que los asociados
-llevasen real y verdaderamente todo su haber á la comunidad, y no
-guardasen nada para sí, fuera del fondo comun[383]. Efectivamente,
-como cada cual no recibia en razon de la apuesta que habia hecho, sino
-proporcionalmente á sus necesidades[384], toda reserva de propiedad
-hubiera sido en realidad un robo hecho á la comunidad. En esto se
-vé la sorprendente semejanza de los tales ensayos de organizacion
-del proletariado con ciertas utopias que surgieron en una época no
-muy distante de nosotros. Empero nótase una profunda diferencia, que
-consiste en que el comunismo cristiano estribaba en una base religiosa,
-mientras que el socialismo moderno carece de ella. Claro está que una
-asociacion en que el dividendo se hace en razon de las necesidades de
-cada uno, y no en proporcion del capital abonado al fondo comun, no
-puede apoyarse sino en un sentimiento exaltadísimo de abnegacion, en
-una ardiente fé y en un ideal religioso.
-
-Con semejante constitucion social, las dificultades administrativas
-habian de ser numerosísimas, cualquiera que fuese el grado de
-fraternidad que reinara en la asociacion. Entre las dos fracciones
-de la comunidad, cuyo idioma era distinto, los malentendidos eran
-inevitables. Difícil era que los judíos de raza no se mostrasen algo
-desdeñosos con aquellos de sus correligionarios, que eran menos
-nobles. Efectivamente no tardaron en oirse quejas y murmuraciones;
-lamentábanse los «helenistas,» cuyo número iba aumentando diariamente,
-de que sus viudas fuesen menos bien tratadas en las distribuciones
-que las de los «hebreos»[385]. Hasta entonces habian cuidado
-los apóstoles de la administracion de caudales; pero en vista de
-semejantes reclamaciones, conocieron les era preciso delegar esta
-parte de sus poderes. Propusieron por lo tanto á la comunidad, que
-confiase el cuidado de la administracion á siete hombres entendidos
-y considerados; y habiendo sido aceptada la proposicion, procedióse
-á elegirlos. Los siete nombrados para aquel cargo fueron Stephano ó
-Estéban, Felipe, Prócoro, Nicanor, Timon, Pármenas y Nicolás. Este
-último era natural de Antioquía y simple prosélito, y Estéban era tal
-vez de igual condicion[386]. Parece que procediendo inversamente de la
-práctica observada en la eleccion del apóstol Matías, se impusieron
-la obligacion de elegir los siete administradores, no ya en el grupo
-de los discípulos primitivos, sino entre los nuevos convertidos y
-especialmente entre los helenistas; así es que todos ellos tienen
-nombres puramente griegos. Estéban era el más importante de los siete,
-y en cierto modo su jefe. Los presentaron á los apóstoles, quienes,
-segun mérito consagrado ya, oraron sobre sus cabezas, posando sus manos
-en ellas.
-
-Dióse á los administradores así designados el nombre sirio de
-_Schammaschin_, en griego Διάκονοι. Llamábanlos á veces «los Siete»
-para oponerlos á los «Doce»[387]. Tal fué pues el orígen del diaconato,
-que viene siendo el empleo eclesiástico más antiguo en las sagradas
-órdenes. Todas las iglesias que con el tiempo se organizaron,
-tuvieron sus diáconos, á imitacion de la de Jerusalem. La fecundidad
-de esta institucion fué maravillosa: representaba la asistencia del
-pobre elevada al nivel de un servicio religioso; era la proclamacion
-de esta verdad, que las cuestiones sociales son las primeras de
-que hay que preocuparse; viniendo á ser tambien la fundacion de la
-economía política en cosas religiosas. Los diáconos fueron los mejores
-predicadores del cristianismo, y pronto veremos cuál fué su oficio como
-evangelistas; siendo mucho más importante todavía el que les cupo como
-organizadores, ecónomos y administradores. Aquellos hombres prácticos,
-que se hallaban en perpétuo contacto con los pobres, los enfermos y
-las mujeres, penetraban en todas partes, todo lo veian, y exhortaban y
-convertian con la mayor eficacia[388]. Hicieron más que los apóstoles,
-inmóviles en Jerusalem, en su puesto de honor. Ellos fueron los
-verdaderos creadores del cristianismo en su parte más sólida y duradera.
-
-Admitióse desde luego á las mujeres en este empleo[389]; llevando
-como en la actualidad el nombre de «hermanas»[390]. Al principio lo
-desempeñaban las viudas[391]; pero dióse más adelante la preferencia á
-las vírgenes para este oficio[392]. El tacto que guió en todo esto á la
-primitiva Iglesia fué admirable. Aquellos hombres buenos y sencillos
-asentaron con profunda ciencia, porque emanaba del corazon, las bases
-de la gran cosa cristiana por excelencia; la caridad. En ninguna parte
-hubieron de encontrar el modelo de estas instituciones, y sin embargo,
-de aquellos dos ó tres primeros años de afanes y trabajo, surgió una
-santa creacion, un vasto ministerio de beneficencia y de socorros
-mútuos, en el que empleando los dos sexos sus diversas cualidades,
-concertaban sus esfuerzos para aliviar las miserias humanas. Aquellos
-fueron los años más fecundos en la historia del cristianismo. Concíbese
-que el pensamiento todavía palpitante de Jesús inspirara á sus
-discípulos y los dirigiera en todos sus actos con maravillosa lucidez.
-Obrando en justicia, es efectivamente á Jesús á quien debemos tributar
-el honor de cuanto bueno y grande hicieron los apóstoles, siendo muy
-probable que durante su vida asentara las bases de los establecimientos
-que surgieron y se desarrollaron con tan feliz éxito, poco tiempo
-despues de su muerte.
-
-Las mujeres acudian naturalmente presurosas á una comunidad en que el
-débil se encontraba amparado con tantas garantías, pues la posicion
-que venian ocupando en la sociedad de aquella época era harto humilde
-y precaria[393]; la viuda, sobre todo, á pesar de algunas leyes
-protectoras, veíase frecuentemente entregada á la miseria y poco
-respetada. Muchos doctores pretendian que no habia de darse á la mujer
-ninguna educacion religiosa[394]. El Talmud pone al mismo nivel, entre
-las calamidades públicas, á la viuda habladora y curiosa que pasa su
-vida chismeando y murmurando con la vecindad, así como á la vírgen
-que malgasta su tiempo en oraciones[395]. La nueva religion creó para
-aquellas pobres desheredadas un asilo honroso y seguro[396]. Algunas
-mujeres ocupaban un rango muy elevado en la Iglesia, sirviendo su
-casa de punto de reunion[397]. En cuanto á las que no tenian casa,
-las constituyeron en una especie de órden, ó de cuerpo presbiteral
-femenino[398], que comprendia tambien, probablemente, á las vírgenes,
-y cuyo oficio fué de la mayor importancia en la organizacion de la
-limosna. Las instituciones que se consideran como el fruto tardío del
-cristianismo, como son las congregaciones de mujeres, ciertas beatas
-(_beguines_), y las hermanas de la caridad, fueron una de sus primeras
-creaciones, el principio de su fuerza y la más perfecta expresion de
-su espíritu. Observaremos aquí particularmente que es completamente
-cristiana la admirable idea de consagrar con una especie de carácter
-religioso, y de sujetar á una disciplina regular á las mujeres que no
-están sujetas por los lazos del matrimonio. La palabra «viuda» vino á
-ser sinónima de persona religiosa, entregada á Dios, y por consiguiente
-«Diaconesa»[399]. En aquellos países donde la esposa de veinticuatro
-años está ya ajada, donde no hay casi intermedio entre la niña y
-la vieja, era como una nueva vida que se creaba para la mitad de la
-especie humana más capaz de afecto.
-
-El tiempo de los Seleúcidas habia sido una época terrible de desenfreno
-femenino. Jamás se habian visto tantos dramas domésticos, tantas
-envenenadoras y adúlteras. Los sabios de entonces debieron considerar
-á la mujer como un azote de la humanidad, como un principio de bajeza
-y de vergüenza, como un genio malévolo cuyo oficio era únicamente
-combatir todas las nobles aspiraciones del otro sexo[400]. Empero el
-cristianismo lo cambió todo; pues en la edad que para nosotros es
-todavía la juventud, y que en la vida de la mujer de Oriente es tan
-triste, tan fatalmente entregada á las sugestiones del mal, sin más que
-rodear su cabeza con un chal negro[401], podia la viuda convertirse
-en una persona respetable, dignamente ocupada, una diaconesa, que
-igualaba á los hombres más estimados. El cristianismo elevó, é hizo
-santa[402] la posicion tan espinosa de la viuda sin hijos, pues esta
-vino á ser casi igual á la de la vírgen. Fué la _calogría_ ó «bella
-anciana»[403], venerada, útil, tratada como madre. Esa clase de mujeres
-que iban y venian incesantemente[404], eran admirables misioneras para
-el nuevo culto, y los protestantes se equivocan, queriendo apreciar
-estos hechos con nuestro espíritu moderno de individualidad. Cuando se
-trata de historia cristiana, ha de reconocerse que el socialismo y el
-cenobitismo fueron primitivos.
-
-El obispo y el sacerdote, tales como el tiempo los ha hecho, no
-existian todavía; pero, el ministerio pastoral, esa íntima familiaridad
-de las almas, independiente de los lazos de la sangre, estaba ya
-fundado. Ese ha sido siempre el don especial de Jesús, y como una
-herencia legada por él. Jesús repitió frecuentemente que él era para
-cada uno más que su padre, más que su madre, y que era preciso para
-seguirle, separarse de los séres más queridos. Por encima de la familia
-colocaba el cristianismo una cosa, creaba la fraternidad y el consorcio
-espirituales. El matrimonio antiguo, que entregaba la esposa al esposo,
-sin contrapeso alguno, era una verdadera esclavitud. La libertad de
-la mujer data del dia en que la Iglesia le dió un confidente, un guia
-en Jesús, quien la dirige y la consuela, quien la escucha siempre y
-á veces la invita á la resistencia. La mujer necesita ser gobernada,
-y no es dichosa sino cuando está gobernada; pero, es preciso que
-ame á quien la gobierna. Hé aquí lo que las sociedades antiguas, el
-judaismo, y el islamismo, nunca han podido conseguir. La mujer no ha
-tenido hasta ahora una conciencia religiosa, una individualidad moral,
-una opinion suya propia, sino profesando el cristianismo. Gracias á
-los obispos y á la vida monástica, una Radegunda sabrá encontrar los
-medios de sustraerse de los brazos de un esposo bárbaro. Siendo lo más
-importante la vida del alma, es justo y racional que el sacerdote que
-sabe hacer vibrar las cuerdas divinas, el consejero secreto que tiene
-la llave de las conciencias, sea más que el padre, más que el esposo.
-
-En cierto modo, el cristianismo fué una reaccion contra la constitucion
-demasiado mezquina de la familia en la raza ariana. No solamente las
-viejas sociedades arianas no admitian casi más que al hombre casado,
-sino que comprendian el matrimonio en el sentido más estricto. Era
-una cosa análoga á la familia inglesa, un círculo estrecho, cerrado,
-sofocante, un egoismo entre varios, que desecaba tanto el alma,
-como el egoismo de uno solo. El cristianismo, con su divina nocion
-de la libertad del reino de Dios, corrigió esas exageraciones, y en
-primer lugar se guardó bien de hacer pesar sobre todos los deberes
-de la generalidad de los hombres. Comprendió que la familia no es
-el marco absoluto de la vida, ó por lo menos el marco en que han de
-encerrarse todos, que el deber de reproducir la especie humana, no
-habrá de imponerse á todos, que ha de haber personas exentas de esos
-deberes, bien que sean sagrados, pero no convenientes para todos.
-La excepcion que hizo la sociedad griega en favor de las _héteras_,
-á la manera de Aspasia; que la sociedad italiana admitió para la
-_cortigiana_, á la manera de Imperia, para satisfacer las necesidades
-de la sociedad culta; hízola el cristianismo para el sacerdote, la
-religiosa y la diaconesa, proponiéndose el bien general, admitiendo
-diversos estados en la sociedad; pues hay almas que encuentran más
-dulzura y satisfaccion en amarse entre quinientos, que entre cinco
-ó seis, y para las cuales la familia, en sus condiciones ordinarias,
-seria insuficiente, fria y fastidiosa. ¿Por qué pues aplicar á todos
-las exigencias de nuestras empañadas y medianas sociedades? La familia
-temporal no satisface completamente al hombre; necesita hermanos y
-hermanas fuera de los lazos carnales.
-
-Con su gerarquía de los diferentes empleos sociales[405], la Iglesia
-primitiva pareció conciliar por el pronto estas exigencias opuestas.
-Nunca podremos comprender cuán felices fueron los que se sujetaron á
-aquellas reglas santas, que sostenian la libertad sin restringirla,
-haciendo posibles á la vez las dulzuras de la vida en comunidad y las
-de la vida privada. Era lo contrario de la mezcolanza de nuestras
-sociedades artificiales y destituidas de amor, en las que el alma
-sensible se encuentra á veces tan cruelmente aislada. La atmósfera
-era cálida y suave en aquellos pequeños asilos que se llamaban
-iglesias. Vivíase en comunidad, animados de la misma fé y de las mismas
-esperanzas; pero claro es tambien que semejantes condiciones no eran
-aplicables á una gran sociedad. Cuando países enteros se hicieron
-cristianos, convirtióse la regla de las primeras iglesias en una
-utopia, refugiándose en los monasterios. La vida monástica no es en
-este sentido sino la continuacion de las iglesias primitivas[406].
-El convento es la consecuencia necesaria del espíritu cristiano, y no
-hay cristianismo perfecto sin convento, puesto que solo allí puede
-realizarse el ideal evangélico.
-
-Habrá de concederse seguramente una gran participacion al judaismo
-en estas magnas creaciones; pues cada una de las comunidades judías,
-dispersas en las costas del Mediterráneo, era ya una especie de Iglesia
-con su caja de socorros mútuos. La limosna recomendada siempre por
-los hombres caritativos y virtuosos y por los sabios,[407] se habia
-convertido en precepto y se levantaba un templo en las sinagogas[408]
-y era considerada como el primer deber del prosélito[409]. En todos
-tiempos el judaismo se distinguió por el cuidado de sus pobres y por el
-sentimiento de caridad fraternal que inspira.
-
-Es una suprema injusticia oponer el cristianismo al judaismo, puesto
-que todo lo que está dentro del cristianismo primitivo ha sido como
-complemento del judaismo. Examinando el mundo romano, es cuando se
-notan los milagros de caridad y de asociacion libre operados por la
-Iglesia. Jamás sociedad humana que solo haya reconocido por base la
-razon, ha producido efectos tan admirables. La ley filosófica de toda
-sociedad profana, en lo antiguo, ha sido la libertad y perfecta
-igualdad, pero jamás la fraternidad. La caridad, bajo el aspecto del
-derecho, nada tiene obligatorio; no mira á los individuos, encuentra
-en ellos ciertos inconvenientes y se deshace de los mismos. Toda
-tentativa para aplicar los fondos públicos al bienestar de los
-proletarios, parece el comunismo. Cuando un hombre muere de hambre,
-cuando clases enteras languidecen en la miseria, la política declara
-que es inevitable; que no puede existir estado civil ni político
-sin la libertad y que consecuencia de la libertad es que aquel que
-nada tiene y que nada puede ganar, muera de hambre: esto es lógico
-y nadie puede atentar contra los abusos de la lógica. Los deseos de
-las clases numerosas acaban siempre por sofocarlos, y demuestran que
-las aspiraciones sociales y religiosas tienen tambien derecho á una
-legítima satisfaccion, ya que las instituciones puramente políticas y
-civiles no son suficientes.
-
-La gloria del pueblo judío, es haber proclamado este principio con
-toda energía, saliendo de la postracion en que se hallaban los Estados
-antiguos. La ley judía es social y no política; los profetas, los
-autores del Apocalipsis son promovedores de las revoluciones sociales,
-no motores de revoluciones políticas. En la primera mitad del primer
-siglo, colocados en presencia de la civilizacion profana, veremos que
-los judíos no tienen más que una idea, esto es, la de rehusar los
-beneficios del derecho romano, de este derecho filosófico, ateo, igual
-para todos y proclamado por la excelencia de su ley teocrática, que
-forma una sociedad religiosa y moral. La ley constituye la felicidad;
-hé aquí la idea de todos los pensadores judíos tales como Philon y
-Josefo. Las leyes de los otros pueblos procuran que se cumpla la
-justicia; poco les importa que los hombres sean buenos y felices: la
-ley judía desciende á los últimos detalles de la educacion moral. El
-cristianismo no es más que el desarrollo de esta misma idea. Cada
-iglesia es un monasterio y todos tienen derecho sobre todos, no
-pudiendo haber pobres ni malos ya que todos velan los unos por los
-otros. El cristianismo primitivo puede definirse diciendo que es una
-grande asociacion de pobres, un esfuerzo heróico contra el egoismo
-fundado sobre la idea de que cada uno solo tiene derecho sobre lo que
-necesita y que lo supérfluo pertenece á los que no tienen. Se vé sin
-dificultad, que entre semejante espíritu y el espíritu romano, se
-establecerá una lucha á muerte y que el cristianismo, por su lado, no
-llegará á reinar, á dominar el mundo más que á condicion de modificar
-profundamente sus tendencias naturales y su programa original. Sin
-embargo, los deseos que representa durarán eternamente. La vida comun,
-desde la segunda mitad de la edad media, ha servido para los abusos
-de una Iglesia intolerante, y habiéndose transformado con frecuencia
-el monasterio en un castillo feudal donde existia la guardia de una
-milicia perjudicial y fanática, el espíritu moderno se ha demostrado
-demasiado severo al aspecto del cenobitismo. Nosotros hemos olvidado
-que en la vida comun es donde encuentra el alma humana el más grato
-placer. Aquel cántico que dice «¡oh qué bueno y agradable es á los
-hermanos vivir juntos!»[410] ha dejado de ser el nuestro; mas cuando
-el individualismo moderno haya dado sus últimos frutos, cuando la
-humanidad entristecida y pisoteada sea impotente, renacerán las grandes
-instituciones y las estrechas disciplinas; cuando nuestra mezquina
-sociedad, digo mal, nuestro mundo de pigmeos haya sido dispersado á
-latigazos por los individuos heróicos é idealistas de la humanidad,
-entonces recobrará todo su valor la vida comun. Una multitud de grandes
-cosas, tales como la ciencia, se reorganizarán bajo la forma monástica,
-recobrada en una herencia de sangre: la importancia que nuestro siglo
-atribuye á la familia disminuirá; el egoismo, ley esencial de la
-sociedad civil, no ahogará á las grandes almas: todas desde puntos
-opuestos se unirán contra la vulgaridad: se encontrará el verdadero
-sentido á las palabras de Jesús y á las ideas de la edad media acerca
-de la pobreza; se comprenderá, en fin, que poseer cualquier cosa, ha
-podido considerarse como una inferioridad, ya que los fundadores de la
-vida mística, han disputado varios siglos para saber si Jesús poseia,
-al menos, «las cosas que se consumen por el uso». Estas sutilezas
-franciscanas volverán á ser grandes problemas sociales. La espléndida
-idea trazada por el autor de las _Actas_, será inscrita, como una
-revelacion profética, á la entrada del paraiso de la humanidad: «¡La
-multitud de los fieles solo poseia un corazon y un alma y ninguno de
-ellos miraba lo que poseia como propiedad suya ya que de ello gozaban
-todos en comun. No habia pobres entre ellos; los que tenian campos y
-casas las vendian y llevaban el precio á los piés de los apóstoles
-y despues se distribuian segun las necesidades de cada uno, y cada
-dia comian el pan en medio de la mayor tranquilidad y sencillez de
-corazon[411]!»
-
-No adelantemos el tiempo: hemos llegado, poco más ó menos, al año 36.
-Tiberio en Capri no apercibia al enemigo del imperio. En dos ó tres
-años la nueva secta habia hecho sorprendentes progresos. Contaba ya
-muchos miles de fieles[412]. Era fácil preveer que sus conquistas
-se efectuarian sobre todo entre los helenistas y prosélitos. El
-grupo galileo que habia oido al Maestro, guardando su primacia, era
-incomprensible y podia fácilmente preveerse que la victoria pertenecia
-á los últimos. Á la hora en que estamos, ningun pagano, es decir,
-ningun hombre sin lazo anterior con el judaismo, habia entrado en
-la Iglesia, pero desempeñaban en ella papeles importantes varios
-prosélitos[413]. El círculo de los discípulos se habia tambien alargado
-y no era ya un simple colegio de Palestinos, sino que habia varios
-hijos de Chipre, Antioquía y Cirene[414] y en general de casi todos
-los puntos de las costas orientales del Mediterráneo, donde se habian
-establecido colonias judías. El Egipto solo faltaba á esta primitiva
-Iglesia, y es probable le falte mucho tiempo. Los judíos de este país
-estaban en lucha con la Judea. Vivian de su vida propia, superior bajo
-todos conceptos á la de Palestina, y les afectaba débilmente el impulso
-de los movimientos religiosos de Jerusalem.
-
-
-
-
-CAPÍTULO VIII.
-
-Primera persecucion. -- Muerte de Estéban. -- Destruccion de la primera
-Iglesia de Jerusalem.
-
-
-[Marginal: Año 36]
-
-Era inevitable que las predicaciones de la nueva secta, aunque se
-verificaran con toda reserva, despertasen los ódios que se habia
-conquistado su fundador, y acabaron por amenazarle con la muerte.
-Reinaba todavía la familia de Hanan que habia hecho matar á Jesús.
-José Kaiapha ocupó, hasta el 36, el soberano pontificado, cuyo
-poder efectivo abandonó á su abuelo Hanan y á sus parientes Juan
-y Alejandro[415]. Estos hombres altivos y sin piedad, veian con
-impaciencia un cuerpo de personas buenas y santas ganar, sin título
-oficial, el favor de la multitud[416]. Una ó dos veces, Pedro, Juan y
-los principales miembros del colegio apostólico, fueron puestos en la
-cárcel y condenados á ser azotados. Este era el castigo que se imponia
-á los herejes[417], para el cual no era necesaria autorizacion de
-los romanos. Estas brutalidades no hacian más que excitar el ardor
-de los apóstoles, saliendo de aquellos lugares llenos de gloria por
-haber sido juzgados y sufrido una afrenta por aquel al cual amaban y
-defendian[418]. ¡Eterna puerilidad de las represiones penales aplicadas
-á las cosas del alma! Eran tenidos por hombres de órden, sabios y
-prudentes, y sin embargo, los alborotadores del 36, creyeron acabar á
-latigazos con el cristianismo.
-
-Estas violencias provenian principalmente de los saduceos[419], es
-decir, del alto clero, que rodeaba el templo y sacaba de ello inmensos
-beneficios[420]. Los fariseos no desplegaron tanta animosidad contra la
-secta como la habian desplegado contra Jesús. Los nuevos creyentes eran
-gentes piadosas, rígidas, de un género de vida análogo al de los mismos
-fariseos.
-
-La rabia que estos últimos sintieron contra el fundador, provenia de
-la superioridad de Jesús, superioridad que éste no tenia cuidado de
-disimular. Sus finas atenciones, su espíritu, su talento, su aversion
-contra los falsos devotos, habian alimentado ódios crueles. Por el
-contrario, los apóstoles estaban limpios de corazon y jamás emplearon
-la ironía. Los fariseos les fueron favorables por momentos, y hubo
-muchos que hasta se hicieron cristianos[421]. Los terribles anatemas de
-Jesús contra el fariseismo no estaban escritos todavía, y la tradicion
-de las palabras del Maestro no era ni general ni uniforme[422].
-
-Estos primeros cristianos eran entonces tan inofensivos que muchas
-personas de la aristocracia judía, sin formar precisamente parte de
-la secta, estaban bien dispuestos en su favor. Nicodemo y José de
-Arimatea, que habian conocido á Jesús, permanecieron unidos á la
-iglesia con lazos fraternales. El doctor judío más célebre de aquel
-tiempo, Rabino Gamaliel el Viejo, nieto de Hillel, hombre de ideas
-avanzadas y tolerantes, dícese que en el sanhedrin opinó en favor de la
-libertad de los predicadores evangélicos[423]. El mismo autor de las
-_Actas_, presenta un raciocinio que deberia ser la regla de conducta
-de todos los gobiernos, siempre que se encuentran en presencia de
-novedades en el órden intelectual ó moral. «Si esta obra es frívola,
-dejadla, que ya caerá por sí sola; si es seria ¿cómo os atreveis
-á oponeros á la obra de Dios? En todo caso no podreis detenerla».
-Gamaliel no fué escuchado. Los espíritus libres colocados en medio de
-fanatismos opuestos son siempre rechazados.
-
-[Marginal: Año 37]
-
-El diácono Estéban[424] con su predicacion, que obtuvo inmenso
-éxito, dió lugar á un hecho terrible. La multitud se agrupaba á su
-alrededor y sus contrarios entablaban vivas discusiones. Sobre todo
-los helenistas y los prosélitos acostumbrados á la sinagoga llamada
-de los _Libertini_[425], gentes de Alejandría, Cilicia y Éfeso, se
-animaban con estas disputas. Estéban sostenia con pasion que Jesús era
-el Mesías, que los sacerdotes habian cometido un crímen condenándole á
-muerte, que los judíos eran rebeldes, hijos de rebeldes y personas que
-negaban la evidencia. Las autoridades resolvieron perder á este audaz
-predicador: fueron apostados testigos para coger en su discurso alguna
-palabra contra Moisés y naturalmente encontraron lo que buscaban.
-Estéban fué arrestado y se le llevó á presencia del sanhedrin. La
-palabra de que se le acusó era casi la misma que condenó á Jesús[426].
-Se le acusó de decir que Jesús de Nazaret destruiria el templo y
-cambiaria las tradiciones que se atribuian á Moisés. Es efectivamente
-posible que Estéban usara semejante lenguaje, por más que un cristiano
-de esta época no hubiese tenido idea de hablar directamente contra la
-ley, ya que todos la observan todavía; pero en cuanto á las tradiciones
-podia muy bien combatirlas, como lo habia hecho el mismo Jesús, ya que
-estas tradiciones se referian con entusiasmo á Moisés por los ortodoxos
-y se las atribuia igual valor que á la ley escrita[427].
-
-Estéban se defendió exponiendo la tésis cristiana con gran lujo de
-citas de la Ley y salmos de los profetas, y terminó echando en cara
-á los miembros del Sanhedrin el homicidio de Jesús. «Cabezas duras,
-corazones insensibles, les dijo, ¿resistireis todavía el Espíritu
-Santo, como lo hicieron vuestros padres? ¿Á cuál de los profetas no han
-perseguido vuestros antecesores? Han castigado á los que anunciaron la
-venida del Justo, que vosotros habeis librado y del cual habeis sido
-despues los verdugos. ¡Esta ley que vosotros habeis recibido de la boca
-de los ángeles,[428] y no la habeis guardado!...» Al oir estas palabras
-interrumpiéronle con un grito de rabia, y Estéban exaltándose más,
-entró en uno de esos accesos de entusiasmo que llamaban la inspiracion
-del Espíritu Santo. Sus ojos se fijaron en el cielo; vió la gloria de
-Dios y á Jesús al lado de su Padre y exclamó: «¡Yo veo el cielo abierto
-y al Hijo del hombre á la derecha de Dios!» Todos los asistentes
-taparon sus oidos y se lanzaron sobre él rechinando los dientes:
-atáronle, condujéronle lejos de la poblacion y empezó el martirio. Los
-testigos que segun la ley[429] debian arrojarle las primeras piedras,
-arrancáronle los vestidos y los pusieron á los piés de un jóven
-fanático llamado Saulo ó Pablo, el cual consideró con una especie de
-secreta alegría los méritos que adquiria contribuyendo á la muerte de
-un blasfemador[430].
-
-En todo esto se observaron las prescripciones del Deuteronomio, c.
-XIII; pero mirado bajo el aspecto civil, esta tumultuoria ejecucion
-llevada á cabo sin el concurso de los romanos, no era regular[431].
-Para Jesús, hemos visto que era necesaria la aprobacion del
-procurador. Tal vez tambien se obtuvo esta rectificacion para Estéban
-y la sentencia no tuvo lugar tan pronto como dice el autor de las
-_Actas_, ó quizás la autoridad romana se habia relajado en Judea.
-Pilatos habia sido ó iba á ser suspendido en sus funciones. La causa
-de su desgracia fué casualmente la firmeza que habia mostrado en su
-administracion[432]. El fanatismo judío le habia hecho insoportable la
-vida: tal vez habia rehusado á esos frenéticos las violencias que le
-pedian, y la familia de Hanan habia llegado á no tener necesidad de
-permiso para pronunciar sentencias de muerte. Lucio Vitelio, el padre
-de aquel que fué emperador, era entonces legado imperial de Siria.
-Procuraba ganar la gracia de las poblaciones, é hizo devolver á los
-judíos los vestidos pontificales que desde Herodes el Grande, estaban
-guardados en la torre Antonia[433]. Lejos de apoyar á Pilatos en sus
-actos de rigor, atendió á las quejas de los indígenas y mandó á Pilatos
-á Roma para contestar á las acusaciones de sus administrados (principio
-del año 36.) La queja principal era que el procurador no se prestaba
-de buena gana á sus deseos de intolerancia[434]. Vitelio le reemplazó
-provisionalmente con su amigo Marcelo, que tuvo sin duda más cuidado
-de no descontentar á los judíos y por consiguiente no se opuso á
-concederles muertes religiosas. La muerte de Tiberio (16 marzo del año
-37) comunicó nuevo valor á Vitelio para proseguir esta política. Los
-dos primeros años del reinado de Calígula solo sirvieron para disminuir
-el poder de la autoridad romana en Siria. La política de este príncipe,
-antes de perder su razon, fué devolver á los pueblos de Oriente su
-autonomía y sus jefes indígenas. Por esto estableció los reinados de
-Antíoco, Comagena, Herodes Agrippa, de Soheym, de Cotys, y de Polemon
-II, permitiendo que se engrandeciese el de Hareth[435]. Cuando Pilatos
-llegó á Roma, acababa de empezar el nuevo reinado. Es probable que
-Calígula le dejara burlado, puesto que confió el gobierno de Jerusalem
-á un nuevo funcionario llamado Marulo, el cual parece que no excitó
-por parte de los judíos las violentas recriminaciones que pusieron en
-apuros al pobre Pilatos y le colmaron de disgustos[436].
-
-En todo caso, lo que importa hacer notar, en la época en que estamos,
-es que los perseguidores del cristianismo, no eran los romanos,
-sino los judíos ortodoxos. Los romanos, en medio de su fanatismo,
-conservaban un principio de tolerancia y de razon. Si se puede censurar
-algo á la autoridad imperial, es haber sido demasiado débil y no haber
-limitado las consecuencias civiles de una ley sanguinaria, ordenando
-la pena de muerte por delitos religiosos. Sin embargo, la dominacion
-romana no era todavía un poder completo como lo fué más tarde; era solo
-una especie de protectorado ó de soberanía. Llevóse la condescendencia
-de no poner el busto del emperador en las monedas acuñadas bajo el
-poder de los procuradores á fin de no chocar con las ideas judías[437].
-Roma, al menos en Oriente, no intentaba todavía imponer sus leyes, sus
-dioses y sus costumbres, á los pueblos vencidos, sino que les dejaba
-con sus prácticas locales prescindiendo del derecho romano. Su media
-independencia probaba su inferioridad. El poder imperial de Oriente en
-aquella época, se asemejaba bastante á la autoridad turca; y el estado
-de las poblaciones indígenas al de los _raias_. La idea de los derechos
-y garantías iguales para todos, no existia. Cada grupo provincial tenia
-su jurisdiccion como la tienen hoy las diversas iglesias cristianas
-y los judíos en el imperio otomano. Hace pocos años que en Turquía
-los patriarcas de diversas comunidades de _raias_, por poco que se
-entendieran con la Puerta, eran soberanos delante de sus subordinados y
-podian pronunciar contra ellos las más crueles penas.
-
-Habiendo ocurrido la muerte de Estéban por los años 36, 37 ó 38,
-no sabemos si Kaiapha debe ser el responsable de la misma. Kaiapha
-fué depuesto por Lucio Vitelio el año 36, poco tiempo despues de
-Pilatos,[438] pero el cambio fué poco considerable. Tuvo por sucesor
-á su buen hermano Jonatán, hijo de Hanan. Este á su vez tuvo por
-sucesor á su hermano Teófilo, hijo de Hanan[439], el cual continuó el
-pontificado en la casa de Hanan hasta el año 42. Hanan vivia todavía
-y dueño del poder, mantenia contra los innovadores los principios de
-orgullo, de dureza y de ódio que eran bajo cierto aspecto hereditarios
-en la familia.
-
-La muerte de Estéban produjo una grande impresion. Los prosélitos le
-hicieron funerales acompañados de llanto y gemidos[440]. La separacion
-entre los nuevos sectarios y el judaismo, no era todavía absoluta. Los
-prosélitos y los helenistas, menos severos en cuanto á la ortodoxia
-que los judíos puros, creyeron su deber rendir público testimonio á un
-hombre que honraba su corporacion y que sus particulares creencias no
-habian colocado lejos de la ley.
-
-De esta manera se abrió la era de los mártires del cristianismo. El
-mártir no era una cosa enteramente nueva. Sin hablar de Juan Bautista y
-de Jesús, el judaismo en la época de Antíoco Epifano, tuvo sus testigos
-fieles hasta la muerte; pero la série de animosas víctimas, que
-empiezan en San Estéban, ha ejercido una influencia particular sobre la
-historia del espíritu humano: ha introducido en el mundo occidental un
-elemento que le faltaba, la fé exclusiva y absoluta: la idea de que hay
-una sola religion buena y verdadera. Bajo este supuesto los mártires
-empezaron la era de la intolerancia. Puede afirmarse que aquel que da
-la vida por su fé, seria intolerante si fuera jefe. El cristianismo que
-habia atravesado trescientos años de persecuciones, fué dominador á su
-vez y fué más perseguidor que no lo habia sido religion alguna. Cuando
-se ha derramado la sangre por una causa, se vé uno inclinado á hacer
-derramar la de los otros para conservar el tesoro que se ha conquistado.
-
-La muerte de Estéban no fué un hecho aislado, sino que aprovechándose
-los judíos de la debilidad de los funcionarios romanos, hicieron
-pesar sobre la Iglesia una verdadera persecucion[441]. Parece que las
-vejaciones se dirigieron principalmente sobre los helenistas y los
-prosélitos cuyos libres actos exasperaban á los ortodoxos. La Iglesia
-de Jerusalem, fuertemente organizada, tuvo necesidad de dispersarse.
-Los apóstoles segun un principio que parece grabaron profundamente
-en su espíritu[442] no abandonaron la poblacion, y lo mismo haria el
-grupo puramente judío, es decir, el que llamaban los _hebreos_[443],
-pero la gran comunidad, con sus comidas en compañía, sus servicios
-de diáconos y sus ejercicios variados, cesó desde entonces y no se
-volvió á formar bajo su primer modelo. Habia durado tres ó cuatro
-años y fué una fortuna sin igual para el cristianismo naciente que
-sus primeros ensayos de asociacion esencialmente comunista fracasaran
-tan pronto. Los ensayos de este género, engendran tan extraños abusos
-que los establecimientos comunistas están condenados á hundirse en
-poco tiempo[444] si no quieren desconocer pronto el principio que
-los ha creado[445]. Gracias á la persecucion del año 37, la Iglesia
-cenobítica de Jerusalem no tuvo que sufrir tan ruda prueba, pues murió
-en flor antes de que la hubiesen minado los contratiempos interiores,
-convirtiéndose en un espléndido sueño cuyo recuerdo animó la vida
-de todos aquellos que formaron parte de ella, en un ideal al que
-aspirará volver el cristianismo sin conseguirlo jamás[446]. Aquellos
-que comprenden el inapreciable tesoro que es todavía para los miembros
-existentes de la Iglesia Sansimoniana, el recuerdo de Ménilmontant, qué
-amistad ha criado entre ellos, qué alegría brilla en sus ojos cuando
-hablan del mismo, comprenderán cuán poderoso fué el lazo que se creó
-entre los nuevos hermanos por haber amado y sufrido juntos. Las grandes
-vidas han tenido casi siempre por principio algunos meses durante los
-cuales se ha sentido á Dios y cuyo perfume ha bastado para llenar años
-enteros de fuerza y de suavidad.
-
-El primer papel en la persecucion de que acabamos de hablar pertenece
-al jóven Saul, que hemos encontrado ya tomando parte, tanto como
-podia, en la muerte de Estéban. Este furioso, provisto de un permiso
-de los sacerdotes, entraba en las casas donde se sospechaba que habia
-cristianos, se apoderaba violentamente de las mujeres y de los hombres
-y les reducia á prision presentándolos al tribunal[447]. Saul se
-vanagloriaba de que ninguno de su generacion habia sido tan celoso como
-él de las tradiciones[448]. Es verdad que con frecuencia la dulzura
-y la resignacion de sus víctimas le espantaban y sentia terribles
-remordimientos, imaginándose oir á las mujeres piadosas que esperaban
-el reino de Dios, repetirle durante la noche con voz dulce: «¿Por qué
-nos persigues?» La sangre de Estéban que habia casi caido sobre él,
-empañaba su vista: varias cosas que habia oido decir de Jesús herian
-directamente su corazon. Este sér humano que al parecer abandonaba la
-region eterna algunas veces para presentársele en cortas apariciones,
-le espantaba como un espectro. Sin embargo, Saul rechazaba con horror
-tales pensamientos y se afirmaba con una especie de frenesí en la fé
-de sus tradiciones y soñaba nuevas crueldades contra aquellos que la
-atacaban. Su nombre era el terror de los fieles; temíanse por su parte
-las más duras violencias, las perfidias más repugnantes[449].
-
-
-
-
-CAPÍTULO IX.
-
-Primeras misiones. -- El diácono Felipe.
-
-
-[Marginal: Año 38]
-
-Como sucede siempre, la persecucion del año 37 dió por resultado que se
-propagara la doctrina que se queria suprimir. Hasta aquí la predicacion
-cristiana no se habia oido lejos de Jerusalem; no se habia emprendido
-mision alguna; encerrado en su comunismo más estrecho, la Iglesia madre
-no habia esparcido sus rayos ni formado sucursales. La dispersion del
-buen cenáculo lanzó á los cuatro vientos la santa semilla. Los miembros
-de la Iglesia de Jerusalem, arrojados de su casa, se extendieron por
-todas las partes de la Judea y de Samaria[450] y predicaron el reinado
-de Dios. Los diáconos particularmente, libres de sus ocupaciones
-administrativas á causa de la ruina de la comunidad, se convirtieron en
-excelentes evangelistas. Fueron el elemento activo y jóven de la secta
-contra el elemento un poco rudo constituido por los apóstoles y los
-_hebreos_. Una sola circunstancia, la del lenguaje, era suficiente para
-que se considerasen estos últimos como inferiores con respecto á la
-predicacion. Como lengua habitual, hablaban un dialecto que ni siquiera
-los judíos distantes á algunas leguas de Jerusalem podian entenderlo.
-Por eso fué á los helenistas á los que se debió el éxito de la gran
-conquista cuyo relato va á ser objeto de este capítulo.
-
-El teatro de estas primeras misiones, que pronto debian abrazar todas
-las costas del Mediterráneo, fué la vecina region de Jerusalem en
-un espacio que podia recorrerse en dos ó tres jornadas. El diácono
-Felipe[451] fué el héroe de esta primera y santa expedicion. Evangelizó
-con grande éxito la Samaria, aunque los samaritanos eran cismáticos,
-pero á imitacion de su jóven maestro, la nueva secta era menos
-rigorista que los judíos con respecto á la ortodoxia. Jesús, decian que
-se habia mostrado distintas veces favorable á los samaritanos[452].
-
-Parece que Felipe era uno de los hombres apostólicos que más se
-ocupaban de la teurgia[453]. Las relaciones que tenemos sobre esto,
-nos trasportan á un mundo extraño y fantástico, pues se explicó
-mediante prodigios las conversiones que hizo entre los samaritanos y
-particularmente en Sebastia, su capital. Este país estaba lleno de
-supersticiones sobre la mágia. El año 36, es decir dos ó tres años
-antes de la llegada de los predicadores cristianos, un fanático habia
-causado á los samaritanos una profunda emocion predicando la necesidad
-de profesar el primitivo mosaismo del cual pretendia haber encontrado
-los sagrados atributos[454]. Cierto Simon, de la poblacion de Gitta,
-ó Gitton[455] que adquirió más tarde una gran reputacion, empezó por
-entonces á hacerse conocer por sus prestigios[456]. Es sensible ver que
-el Evangelio encuentre un apoyo en tales quimeras. Una inmensa multitud
-se hizo bautizar en nombre de Jesús, Felipe tenia el poder de bautizar
-pero no de conferir el Espíritu Santo: este privilegio se reserva para
-los apóstoles. Cuando en Jerusalem se supo la formacion de un grupo
-de fieles en Sebastia, se resolvió mandar allí á Pedro y Juan para
-completar su iniciacion. Llegaron los dos apóstoles; impusieron sus
-manos á los nuevos conversos: oraron sobre su cabeza y á esto fueron
-debidos sus poderes animados por el Santo Espíritu. Los milagros,
-la profecía, todos los fenómenos del iluminismo se produjeron y la
-Iglesia de Sebastia no tuvo bajo este aspecto nada que envidiar á la de
-Jerusalem[457].
-
-Si ha de creerse en la tradicion, encontrábase entonces en relacion
-con los cristianos Simon de Gitta. Convertido, á lo que parece, por
-la predicacion y los milagros de Felipe, se hizo bautizar y se unió á
-este evangelista. Despues, cuando los apóstoles Pedro y Juan llegaron
-y vió los poderes sobrenaturales que procuraba la imposicion de sus
-manos, les ofreció dinero para que le dieran tambien la facultad de
-conferir el Espíritu Santo. Pedro le dirigió entonces esta admirable
-contestacion: «¡Perezca tu dinero contigo ya que has creido que se
-compran los dones de Dios! Tú no tienes parte ni herencia en todo esto,
-pues tu corazon no es puro delante de Dios[458].»
-
-Que fueran ó no pronunciadas, estas palabras trazan exactamente la
-situacion de Simon ante la secta naciente. Veremos efectivamente
-que, segun todas las apariencias, Simon de Gitton fué el jefe de un
-movimiento religioso paralelo al del cristianismo que puede mirarse
-como una especie de adulteracion samaritana de la obra de Jesús.
-¿Habia ya Simon empezado á dogmatizar y á hacer prodigios cuando Felipe
-entró en Sebastia? ¿Entró desde luego en relacion con la Iglesia
-cristiana? La anécdota que le ha convertido en padre de toda _simonia_
-¿tiene alguna realidad? ¿Puede admitirse que el mundo estuvo un dia
-frente á frente de los dos taumaturgos, de los cuales era el uno un
-charlatan y el otro la _piedra_ que ha servido de base á la fé de la
-humanidad? ¿Habrá podido un embaucador balancear los destinos del
-cristianismo? Hé ahí lo que ignoramos por falta de documentos, ya que
-la reseña de las _Actas_ es aquí demasiado débil, ya que Simon fué
-desde los primeros siglos de la Iglesia el héroe de las leyendas. En
-la historia solo es pura la idea general y seria injusto detenerse
-en lo que tiene de chocante esta triste página de los orígenes del
-cristianismo. Para los auditorios ignorantes el milagro prueba la
-doctrina; para nosotros la doctrina hace olvidar el milagro. Cuando una
-creencia ha consolado y mejorado la humanidad, es excusable que haya
-empleado pruebas proporcionadas á la debilidad del público al cual se
-ha dirigido, pero cuando se ha probado el error por el error mismo,
-¿qué excusa puede oponerse? Esto no es una condena que profiramos
-contra Simon de Gitton, nos explicaremos más tarde sobre su doctrina y
-el papel que se desempeñó bajo el reinado de Claudio[459]. Solamente
-conviene hacer constar aquí que un principio importante parece haberse
-introducido desde entonces en la teurgia cristiana. Obligados á admitir
-que los impostores hicieran tantos milagros, la teología ortodoxa
-los atribuyó al demonio. Para conservar á los prodigios algun valor
-demostrativo, fué necesario dictar reglas para discernir los milagros
-verdaderos de los falsos: para esto se descendió á un órden de materias
-muy trivial[460].
-
-Pedro y Juan despues de haber confirmado la Iglesia de Sebastia,
-regresaron á Jerusalem, evangelizando las poblaciones del país de
-los samaritanos[461]. El diácono Felipe, continuó sus excursiones
-evangélicas dirigiéndose por el Sur, hácia el antiguo país de los
-Filisteos[462]. Este país despues del advenimiento de los Macabeos, se
-vió fuertemente oprimido por los judíos[463]; debe por esto tenerse
-en cuenta que dominaba allí el judaismo. Durante su viaje, Felipe
-realizó una conversion que hizo algun ruido y de la cual se habló
-mucho á causa de una circunstancia particular. Un dia que se dirigia
-hácia Jerusalem, viniendo de Gaza, cuyo camino es muy desierto[464],
-encontró á un rico viajero, evidentemente extranjero, pues iba en una
-especie de carro vehículo desconocido entonces en la Syria y Palestina.
-Regresaba de Jerusalem y segun costumbre entonces bastante general[465]
-leia la Biblia en alta voz. Felipe que en todo queria descubrir la
-inspiracion de Dios creyóse atraido hácia el desconocido; le saludó
-y entró en conversacion con el opulento personaje ofreciéndose á
-explicarle los pasajes que no comprendia. Esta fué para el evangelista
-una oportuna ocasion para desarrollar la tésis cristiana bajo las
-figuras del Antiguo Testamento. Probó que en los libros proféticos todo
-se referia á Jesús, que Jesús era la palabra enigmática, y que era de
-él particularmente de quien se hablaba en aquel bello pasaje: «Ha sido
-conducido á la muerte como una res; como un manso cordero delante de
-aquel que le guia sin abrir la boca[466].» Creyóle el viajero y á la
-primera agua que encontraron le dijo: «Hé aquí el agua, ¿podré ya ser
-bautizado?» Hizo detener el carro; bajaron Felipe y el viajero y éste
-fué bautizado.
-
-El viajero era un personaje poderoso; era un eunuco de la reina de
-Etiopía; era su ministro de hacienda, guardian de sus tesoros, que
-habiendo ido á adorar á Jerusalem, volvia entonces á Napata[467] por
-el camino de Egipto. _Candace_ ó _candaoce_ era el título que se
-daba á las reinas de Etiopía hácia el tiempo de que hablamos[468].
-El judaismo habia ya entonces penetrado en Nubia y en Abisinia;[469]
-muchos indígenas se habian convertido ó á lo menos contaban entre
-sus prosélitos á algunos que sin ser circuncidados adoraban al Dios
-único[470]. Tal vez el eunuco era de esta última clase, un simple
-pagano piadoso como el centurion Cornelio que figurará bien pronto en
-esta historia. Es imposible en todo caso suponer que estuviese iniciado
-en el judaismo de una manera completa[471]. Hasta entonces no se habia
-oido hablar del eunuco; pero Felipe contó el incidente y más tarde se
-le dió importancia. Cuando á la admision de los paganos en la Iglesia
-cristiana llegó á ser una cuestion capital, consideróse el incidente
-referido como un precedente grave. Felipe creia haber obrado en todo
-por inspiracion divina[472]. Este bautismo suministrado por órden del
-Espíritu Santo á un hombre apenas judío, notoriamente incircunciso, que
-solo creia en el cristianismo hacia pocas horas, tuvo un alto valor
-dogmático. Esto fué un argumento para los que creian que las puertas de
-la nueva Iglesia debian estar abiertas para todos[473].
-
-Felipe despues de esta aventura volvióse á Aschdod ó Azote. Era tal
-el nuevo estado de entusiasmo en que vivian los misioneros que á cada
-paso creian oir la voz del cielo, recibir direcciones del Espíritu
-Santo[474]. Cada uno de ellos creia obrar por una voluntad superior
-y al ir de una poblacion á otra, pensaban obedecer á una inspiracion
-sobrenatural. Varias veces creian hacer viajes aéreos y Felipe era con
-respecto á este particular uno de los más exaltados. Por indicacion
-de un ángel creia haber venido de Samaria y haber pasado por el sitio
-donde encontró al eunuco; despues del bautismo de éste, se imaginaba
-que el Espíritu Santo, le habia trasladado en un momento á Azote[475].
-
-Azote y el camino de Gaza fueron el término de la primera predicacion
-evangélica hacia el Sur. Al otro lado estaban el desierto y la vida
-nómada en la cual no adelantó mucho el cristianismo. Desde Azote, el
-diácono Felipe se volvió hácia el Norte y evangelizó toda la costa
-hasta Cesarea. Tal vez las iglesias de Joppe y de Lydda, que veremos
-pronto florecientes[476] fueron tambien fundadas por él. Fijóse en
-Cesarea y fundó una iglesia importante[477]. Nosotros le volveremos á
-encontrar veinte años más tarde[478]. Cesarea era una ciudad nueva, la
-más considerable de Judea[479], que se habia construido en el sitio que
-antes ocupara una fortaleza sidoniana llamada «torre de Abdastarté,
-ó de Straton,» por Herodes el Grande, el cual la dió, en honor de
-Augusto, el nombre que aún llevan hoy sus ruinas. Cesarea era por todos
-conceptos el mejor puerto de Palestina, y por sus rápidos adelantos
-comprendíase que deseaba convertirse en capital, y no es extraño, por
-lo tanto, que las personas notables de Judea pensaran en fijar allí
-su residencia habitual[480]. Era sobre todo un pueblo pagano[481];
-sin embargo, abundaban en él los judíos, entablándose con frecuencia
-crueles rivalidades entre las dos clases de la poblacion[482].
-Hablábase únicamente la lengua griega, y hasta los judíos recitaban
-en griego varios trozos de la liturgia[483]. Los austeros rabinos de
-Jerusalem pintaban á Cesarea como una morada profana, perjudicial,
-donde el individuo se volvia casi pagano[484]. Por todas las razones
-que se acaban de exponer, dicha poblacion representará un papel
-importante en el transcurso de nuestra historia. Ella fué, bajo cierto
-aspecto, el puerto del cristianismo, el punto desde el cual la Iglesia
-de Jerusalem se comunicó con todo el Mediterráneo.
-
-Otras muchas misiones, cuya historia nos es desconocida, se hicieron
-paralelamente á la de Felipe[485]. La misma rapidez con que se llevó á
-cabo esta primera predicacion, fué la causa de su éxito. En el año 38,
-cinco años despues de la muerte de Jesús y uno poco más ó menos de la
-de Estéban, toda la Palestina, al otro lado del Jordan, habia escuchado
-la buena nueva de boca de los misioneros salidos de Jerusalem. La
-Galilea por su parte guardaba la santa semilla y probablemente la
-extendia á su alrededor, aunque nada se sepa de las misiones salidas
-de aquel país. Tal vez la poblacion de Damasco, que en la época á que
-nos referimos contenia varios cristianos[486], recibia la fé de los
-predicadores galileos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO X.
-
-Conversion de San Pablo.
-
-
-[Marginal: Año 38]
-
-El año 38 valió á la Iglesia naciente una conquista notable. Fué en
-efecto en el transcurso de este año[487] cuando debió tener lugar,
-poco más ó menos, la conversion de aquel Saulo que hemos encontrado
-como cómplice de la lapidacion de Estéban, agente principal de la
-persecucion del año 37, y que acababa de transformarse, por un
-misterioso efecto de la gracia, en el más ardiente de los discípulos de
-Jesús.
-
-Saulo, nació en Tarso, en Cilicia[488] el año 10 ó 12 de nuestra
-era[489]. Segun la moda del tiempo se habia latinizado su nombre con el
-de _Paulo_[490] y no llevó este nombre de una manera continua, hasta
-que hubo tomado el calificativo de apóstol de los gentiles[491]. Pablo
-era de la más pura sangre judía[492]. Oriunda su familia, tal vez de la
-poblacion de Giscala, en Galilea[493], pretendia pertenecer á la tribu
-de Benjamin[494]. Su padre poseia el título de ciudadano romano[495].
-Sin duda alguno de sus antecesores habia comprado este título, ó
-lo habia adquirido con sus servicios. Puede suponerse que lo habia
-obtenido su abuelo por haber ayudado á Pompeyo cuando la conquista
-romana (63 años antes de J.-C.); su familia, como todas las buenas y
-antiguas casas judías, pertenecia al partido de los fariseos[496].
-Pablo fué educado en los principios más severos de esta secta[497] y
-si repudió más tarde sus rígidos dogmas, guardó su ardiente fé y su
-entusiasta exaltacion.
-
-Tarso era en la época de Augusto, una poblacion muy floreciente. Los
-habitantes pertenecian en su gran parte á la raza griega y armenia,
-pero los judíos abundaban mucho como en todas las poblaciones
-mercantiles.[498] Era muy extendida la aficion á las ciencias y á
-las letras y ninguna poblacion del mundo, sin exceptuar Atenas y
-Alejandría, poseia tantas escuelas é institutos científicos[499]. El
-número de los sabios que produjo ó que hicieron sus estudios en Tarso,
-es verdaderamente notable[500]. De esto no debe deducirse que Pablo
-recibiera una educacion helénica señalada. Los judíos frecuentaban
-raras veces los establecimientos de instruccion profana[501]. Las
-escuelas más célebres de Tarso eran las escuelas de retórica[502]. Lo
-primero que se aprendia en ellas era el griego clásico, y no es creible
-que un hombre que hubiese aprendido aunque fuese elementalmente la
-gramática y retórica de una lengua tan elegante, hubiese escrito tan
-incorrectamente como lo hizo bajo el aspecto helénico las epístolas
-de San Pablo. Él habla habitualmente y con facilidad en griego[503];
-él escribe, ó mejor dicho, dicta[504] en esta lengua, pero su griego
-es el de los judíos helenistas; un griego cargado de hebraismos y de
-siriacismos que apenas debe ser inteligible para un literato de la
-época y que no se comprende más que haciéndose cargo de la construccion
-siriaca que Pablo, al dictar, formaba en su espíritu. Él mismo reconoce
-el carácter popular y grosero de su lengua[505]. Cuando podia hablaba
-el hebreo, es decir, el siro-caldeo de aquel tiempo[506]. En esta
-lengua pensaba; en esta lengua le habló la voz íntima del camino de
-Damasco[507].
-
-Su doctrina no tiene ninguna relacion directa, ni copia nada de la
-filosofía griega. La cita de un verso de _Thais_ de Menandro que se
-encuentra en sus escritos[508], es uno de los proverbios monósticos
-que sabia todo el mundo y que podian citarse muy bien sin haber leido
-los originales. Otras dos citas, una de Epiménides y otra de Arato,
-que figuran bajo su nombre[509] aunque seguramente no son suyas, se
-explican tambien como copiadas de segunda mano[510]. La cultura de
-Pablo es casi exclusivamente judía[511]; es más bien en el Talmud, que
-en la Grecia clásica donde deben buscarse sus análogos. Algunas ideas
-generales que la filosofía habia extendido por todas partes, y que
-podian conocerse sin haber abierto un solo libro de los filósofos[512],
-las hace tambien suyas. Su manera de raciocinar es de las más extrañas.
-Ciertamente ignora por completo la lógica peripatética. Su silogismo no
-es como el de Aristóteles, y por el contrario, su dialéctica tiene la
-mayor semejanza con la del Talmud. En general, se deja Pablo conducir
-más bien por las palabras, que por las ideas. Una palabra que tenga
-en su espíritu le domina y le lleva á un órden de ideas distintas
-del punto principal. Sus transiciones son bruscas; sus demostraciones
-interrumpidas; sus períodos con frecuencia cortados. Ningun escritor
-ha sido más desigual. Inútilmente se buscaria en todas las literaturas
-un fenómeno tan notable como el capítulo 13 de la primera epístola á
-los Corintios, página sublime, al lado de débiles argumentos de penosas
-reticencias, de fastidiosas sutilezas.
-
-Su padre le destinó desde muy jóven á ser rabino, pero segun la
-costumbre general[513], dióle una profesion. Pablo fué tapicero[514],
-ó si se quiere trabajador en aquellas telas ordinarias de Cilicia
-que se llamaban _cilicium_. En distintas épocas dedicóse á este
-trabajo[515], pues carecia de fortuna patrimonial y tuvo una hermana,
-cuyo hijos vivieron en Jerusalem[516]. Los indicios que se tienen de un
-hermano[517] y de otros parientes[518] que abrazaron el cristianismo,
-son muy vagos y muy inciertos.
-
-Si hemos de creer que los buenos modales y la finura están en relacion
-con la fortuna de cada uno, debemos figurarnos á Pablo como un
-hombre del pueblo mal educado y sin distincion. No obstante, esta
-apreciacion no es exacta, porque era extremada su finura y sus manos
-delicadas cuando él queria. Á pesar de su incorreccion de estilo, sus
-epístolas revelan un hombre de grande imaginacion,[519] encontrándose
-en sus elevados pensamientos expresiones muy felices. Jamás
-correspondencia alguna, ha revelado atenciones más rebuscadas, maneras
-más finas, reconvenciones más amables. Una ó dos de sus fórmulas
-nos desagradan[520], pero ¡qué facilidad! ¡qué riqueza de frases
-deliciosas! ¡qué naturalidad! Se comprende bien que su carácter en los
-momentos en que la pasion no le volvia irascible y duro, debia ser el
-de un hombre fino, emprendedor, afectuoso, perfectamente susceptible y
-un poco celoso. Inferiores ante el público[521], estos hombres tienen,
-en el seno de las pequeñas iglesias, inmensas ventajas por el respeto
-que inspiran por su aptitud y su práctica y por su hábil manera de
-salir de las más grandes dificultades.
-
-El aspecto de Pablo era repugnante y su semblante no correspondia á
-la grandeza de su alma. Era feo, de baja estatura y medio jorobado.
-Sus fuertes hombros sostenian una cabeza pequeña y calva; su semblante
-ostentaba una barba poblada y espesa; tenia la nariz aguileña; los ojos
-penetrantes y eran negras las cejas que delineaban su frente[522]. Su
-palabra no ofrecia nada de particular ni imponia[523]: una especie
-de temor, de embarazo, de incorreccion, daba frecuentemente una pobre
-idea de su elocuencia[524]. Como hombre de tacto, insistia él mismo
-sobre sus defectos exteriores, sacando de ellos ventajas[525]. La raza
-judía tiene de notable que presenta tipos de la más grande belleza y de
-una fealdad completa; pero la fealdad judía es una cosa completamente
-especial. Unas facciones extrañas, que con frecuencia excitan la
-sonrisa, y toman, cuando se iluminan, una especie de resplandor
-profundo y de majestad.
-
-El temperamento de Pablo, no era menos singular que su exterior. Su
-contextura vigorosa y fuerte, se hallaba alterada por una vida llena
-de fatigas y de sufrimientos. Sin cesar alude él mismo á su debilidad
-corporal y se presenta como un hombre demacrado, enfermo, tímido, sin
-esperanza, sin prestigio, sin nada de lo que hace efecto, si bien tiene
-el mérito de no hacer aprecio de estas miserias[526]. Á veces habla con
-misterio de una prueba secreta, «de una espina clavada en su carne,»
-que compara á un ángel de Satán, ocupado en molestarle y al cual Dios
-ha permitido que se le uniera para que no se enorgulleciese[527]. Tres
-veces ha pedido al Señor que le librara de esta pena; tres veces el
-Señor le ha contestado: «Mi gracia te basta.» Esta era sin duda una
-debilidad suya, pues el atractivo de las voluptuosidades carnales no
-pareció agitarle nunca puesto que él mismo nos enseña á ser insensible
-á las mismas[528]. Parece que no se casó[529]; la frialdad de su
-temperamento, consecuencia de los ardores espirituales de su cerebro,
-se muestra durante toda su vida; se envanece de ello con tanta
-seguridad que es probable no esté exenta de cierta afectacion y que en
-todo caso tiene para nosotros algo repugnante[530].
-
-Fué muy jóven á Jerusalem[531] y dícese que entró en la escuela
-de Gamaliel el Viejo[532]. Gamaliel era el hombre más ilustre de
-Jerusalem. Como el nombre de fariseo se aplicaba á todo judío notable
-que no era de familia sacerdotal, Gamaliel pasaba por un miembro de
-esta secta, pero no era exclusivista ni pobre de espíritu como aquella.
-Era un hombre liberal, ilustre, que comprendia á los paganos y sabia
-el griego[533]. Tal vez las grandes ideas que profesó San Pablo al
-convertirse, fueron una reminiscencia de lo que le enseñó su primer
-maestro; es necesario, sin embargo, confesar que no fué la moderacion
-lo que del mismo aprendió. En la atmósfera cálida de Jerusalem llegó á
-un grado extremo de fanatismo. Figuraba á la cabeza del jóven partido
-fariseo, rigorista y exaltado que estaba unido á su pasado nacional
-hasta el último extremo[534]. Él no conoció á Jesús[535] ni asistió á
-la escena sangrienta del Gólgota, pero le hemos visto tomando una parte
-activa en la muerte de Estéban y figurar en primera línea entre los
-perseguidores de la Iglesia. Solo respiraba muerte y amenazas y corrió
-á Jerusalem escudado de una órden que autorizaba todos sus excesos. Iba
-de sinagoga en sinagoga, forzando á los tímidos para que renegaran del
-nombre de Jesús, y haciendo apalear ó encerrar á los otros[536]. Cuando
-la Iglesia de Jerusalem se dispersó, las poblaciones vecinas fueron
-víctimas de su rabia[537], desesperándole los progresos de la nueva fé,
-hasta que habiendo sabido que un grupo de fieles se habia constituido
-en Damasco, pidió al gran sacerdote Teófilo, hijo de Hanan[538], cartas
-para la sinagoga de esta poblacion, que le confiriesen el poder de
-prender á las personas creyentes y de llevarlas atadas á Jerusalem[539].
-
-El desórden de la autoridad romana en Judea, despues de la muerte de
-Tiberio, explica estas arbitrarias vejaciones que tenian lugar bajo el
-mando del insensato Calígula. La administracion estaba desarreglada
-en todas partes, y el fanatismo habia ganado lo que habia perdido el
-poder civil. Despues del mando de Pilatos, y las concesiones hechas á
-los indígenas por Lucio Vitelio, se adoptó el principio de dejar al
-país abandonado á sus leyes especiales, y entonces se ejercieron mil
-tiranías locales aprovechando la debilidad de un poder insuficiente.
-Por aquella época Damasco habia pasado al poder del rey Hartat ó Hareth
-cuya capital era Petra[540].
-
-Este príncipe poderoso y valiente, despues de haber derrotado á
-Herodes Antipas y puéstose al frente de las fuerzas romanas mandadas
-por el legado imperial Lucio Vitelio, se habia visto maravillosamente
-favorecido por la fortuna. La noticia de la muerte de Tiberio (16 marzo
-37) habia detenido repentinamente á Vitelio[541]. Hareth, aprovechando
-esta oportunidad se apoderó de Damasco, estableciendo en esta poblacion
-un _etnarca_ ó gobernador.[542] Cuando tuvo lugar esta conquista, la
-mayor parte de los habitantes de dicha ciudad eran judíos que ejercian
-el proselitismo y muy particularmente las mujeres[543]. El modo de
-contentarles, el medio de ganarles, era hacer siempre concesiones á
-su autonomía; y toda concesion á su autonomía era un permiso para
-entregarse á violencias religiosas[544]. Castigar y matar á los que no
-pensaban como ellos: hé aquí lo que llamaban independencia y libertad.
-
-Pablo salió de Jerusalem, siguiendo sin duda el camino ordinario y
-pasó el Jordan por el puente llamado de las _Hijas de Jacob_. No
-tenia límites la exaltacion de su cerebro y por momentos parecia
-estar loco y desvanecido. La pasion no puede ser una regla de fé:
-el hombre apasionado va de una creencia á otra distinta llevando á
-ella únicamente el mismo fuego. Como todas las almas fuertes, Pablo
-estaba muy cerca de amar lo que odiaba. Por otra parte, ¿estaba
-seguro de no contrariar la obra de Dios? Las ideas mesuradas y justas
-de su maestro Gamaliel[545], le venian sin duda á la memoria y es
-de advertir que almas ardientes como la de Pablo sienten á veces
-terribles remordimientos. Debia tener presentes las lágrimas de los
-que torturaba;[546] el cariño de sus buenos sectarios, quienes le
-amaban tanto más á medida que iban conociéndole; y sin embargo, nadie
-les conocia tanto á ellos como su perseguidor. Por momentos creia
-ver la figura de su Maestro, que tanta paciencia inspiraba á sus
-discípulos, mirarle con aire de piedad y reconvenirle dulcemente. Lo
-que se explicaba de las apariciones de Jesús, concebido como un sér
-aéreo y perfectamente visible, le afectaba mucho, pues en las épocas
-y en los países en que se cree lo maravilloso, las narraciones de
-milagros imponen igualmente á los de partidos opuestos, teniendo por
-ejemplo, miedo los musulmanes de los milagros de Elías y pidiendo como
-los cristianos curaciones sobrenaturales á San Jorge y á San Antonio.
-Pablo, despues de haber atravesado la Iturea, entró en la llanura de
-Damasco, aproximóse á la poblacion y estaba ya probablemente á la
-entrada de los jardines que la rodean. Era medio dia[547] y viajaba
-á pié en union de varios compañeros[548].
-
-El camino de Jerusalem á Damasco no ha cambiado todavía: es el que
-partiendo de esta última ciudad en la direccion del Sud-oeste,
-atraviesa la hermosa llanura regada á la vez por los rios afluyentes
-del Abana y de Farfar y sobre la cual se extienden hoy las poblaciones
-de Dareya, Kaukab y Sasa. No puede buscarse el punto de que hablamos,
-y que fué teatro de uno de los hechos más importantes de la historia
-de la humanidad, sino cerca de Kaukab á cuatro horas de Damasco[549].
-Tambien es probable que el punto en cuestion fuera más cercano á la
-poblacion y en este caso se estaria en lo cierto colocándolo cerca de
-Dareya, hora y media de Damasco, ó entre Dareya y el último confin de
-Meidan[550]. Pablo tenia delante de sí la poblacion cuyos edificios
-debian ya divisarse por entre los árboles; detrás la majestuosa
-altura del Hermon con sus nevadas crestas que le asemejaban á la
-cabeza de un anciano; á su derecha el Haurán, las dos pequeñas
-cordilleras paralelas que cierran el camino inferior de Farfar[551]
-y los túmulos[552] de la region de los lagos; á su izquierda los
-contrafuertes del Ante-Líbano que se unen al Hermon. La impresion
-que se siente al divisar aquellos campos ricamente cultivados, y
-aquellas deliciosas vegas separadas unas de otras por frondosos
-árboles, cargados de sabrosos frutos, es la de la calma y la felicidad.
-Figuraos un camino sombrío abriéndose paso entre la enramada, cruzado
-sin cesar por canales de riego, serpenteando al través de olivares,
-nogales, albaricoques, y otros árboles unidos entre sí por las ramas
-de espesas cepas, y tendreis una idea del lugar donde aconteció el
-hecho extraño que ha ejercido tanta influencia sobre la fé del mundo.
-Apenas se cree el viajero estar en Oriente al cruzar los alrededores de
-Damasco,[553] y sobre todo al salir de las ásperas y cálidas regiones
-de la Gaulanítide y de la Iturea lo que más satisface al alma es la
-alegría de encontrar los trabajos del hombre y las bendiciones del
-cielo. Desde la más remota antigüedad hasta nuestros dias, toda aquella
-zona que rodea á Damasco de frescura y bienestar, no ha tenido más que
-un nombre, no ha inspirado más que un sueño, el de _paraiso de Dios_.
-
-Si Pablo encontró allí visiones terribles, es que las llevaba en
-su espíritu. Cada paso que dirigia hácia Damasco despertaba en
-él curiosas incertidumbres. El odioso papel de verdugo que iba á
-representar se le hacia insufrible: las casas que empezaba á divisar
-eran tal vez morada de sus víctimas y este pensamiento le detenia, le
-agitaba; queria no avanzar, le parecia resistir á un aguijon que le
-oprimia[554]. La fatiga del camino[555] uniéndose á esta preocupacion
-le venció: tenia segun parece los ojos inflamados[556], tal vez
-un principio de oftalmia. En las marchas prolongadas, las últimas
-horas son las más penosas, ya que se acumulan en ellas todas las
-causas debilitantes de los dias pasados y las fuerzas nerviosas se
-extinguen, verificándose una sensible reaccion. Tal vez tambien la
-brusca transicion de pasar de una llanura caldeada por el sol, á las
-frescas sombras de los jardines, determinó un acceso en su organismo
-enfermo[557] y quebrantado por su fanático viaje. Las calenturas
-perniciosas acompañadas de ataques cerebrales, aparecen de una manera
-rápida en aquellos lugares. En pocos minutos se encuentra el viajero
-delirando: cuando ha pasado el ataque se conserva la impresion de una
-noche oscura y parece que se han visto dibujarse imágenes en su negro
-fondo[558]. Lo cierto es que una conmocion terrible quitó á Pablo lo
-que le restaba de conciencia distinta y le derribó por tierra privado
-de conocimiento.
-
-Es imposible conocer, por las narraciones que tenemos de este hecho
-singular[559], si alguna otra causa exterior dió lugar á la crísis que
-valió al cristianismo su más ardiente apóstol; sin embargo, el hecho
-exterior significa aquí poca cosa. El estado del alma de san Pablo,
-sus remordimientos, el acercarse á la poblacion donde iba á cometer
-sus abusos, fueron las verdaderas causas de su conversion[560]. Por mi
-parte prefiero la hipótesis de un hecho personal á Pablo; de una cosa
-sentida por él solo[561]. No es por esto inverosímil que estallara
-de repente una tempestad:[562] las faldas del Hermon son el punto de
-formacion de los temporales cuya violencia nada puede igualar. Las
-almas más frias, no atraviesan sin terror esas espantosas lluvias de
-fuego. En la antigüedad, los accidentes de este género se consideraban
-como revelaciones divinas, toda vez que por la idea que se formaban
-entonces de la Providencia, nada era fortuito, y cada individuo debia
-atribuir como dirigidos á él los fenómenos naturales que tenian lugar
-á su alrededor. Para los judíos en particular, los truenos eran la
-voz de Dios, el rayo, el fuego de Dios. Pablo estaba dominado por la
-mayor agitacion y era natural que prestara oido á la voz de la tormenta
-y á la de su propio corazon. Que un delirio febril, causado por el
-sol ó por una oftalmia se apoderó de repente de Pablo; que una luz
-produjera su desvanecimiento; que un rayo le derribara y le causara una
-conmocion cerebral que le hiciera olvidar por un momento el sentido
-de la vida, poco importa. Los recuerdos del Apóstol, acerca de este
-particular, parecen estar algo confusos; estaba persuadido de que el
-hecho habia sido sobrenatural, y semejante opinion no le permitia tener
-conciencia plena de las circunstancias materiales. Estas conmociones
-cerebrales producen á veces una especie de efecto retroactivo y turban
-completamente los recuerdos de los momentos que han precedido á la
-crísis[563]. Desde luego el mismo Pablo nos dice que estaba sujeto á
-visiones[564] y cualquiera circunstancia insignificante á los ojos de
-otro, debe bastar para que él la dé importancia.
-
-En medio de las alucinaciones contrarias á todo buen sentido, ¿qué vió?
-¿qué oyó? Vió la figura que le perseguia hacia dias, vió el fantasma
-acerca del cual se explicaban varias historias, vió á Jesús mismo[565]
-que le decia en hebreo: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» Las
-naturalezas impetuosas pasan violentamente de un extremo á otro[566].
-Para ellas hay lo que no existe para las naturalezas frias, momentos
-solemnes, minutos que deciden todo el resto de su vida. Los hombres
-reflexivos no cambian jamás y solo se transforman. Por el contrario los
-hombres ardientes cambian y no se transforman nunca. El dogmatismo es
-como un vestido de Nesso que no puede arrancarse. Les falta pretexto
-para amar y odiar: solo nuestras razas occidentales han podido producir
-estos espíritus delicados, fuertes y flexibles que ninguna ilusion
-momentánea tiraniza, que ninguna vana afirmacion seduce. El Oriente
-no ha producido jamás hombres de esta especie. En pocos segundos
-se agolparon á la imaginacion de Pablo todos sus más profundos
-pensamientos. Se le mostró vivamente el horror de su conducta: se vió
-cubierto con la sangre de Estéban, mártir que se le apareció como su
-padre, su iniciador: conmovióse su fibra más sensible y se operó en él
-un cambio, pero este cambio no fué más que para abrazar otro fanatismo.
-Su sinceridad, su deseo de fé absoluta le privaban de aceptar el
-término medio y es claro que debia desplegar algun dia en la defensa de
-Jesús el celo ardiente que empleara antes para perseguirle.
-
-Pablo entró en Damasco con la ayuda de sus compañeros que le llevaban
-de la mano[567], y le dejaron en casa de un tal Judas que vivia en la
-calle Derecha, grande via de columnas de más de una milla de largo y
-cien piés de ancho, que cruzaba la poblacion de este á oeste y cuyo
-trazado forma todavía hoy, salvo algunas desviaciones, la principal
-arteria de Damasco[568]. El desvanecimiento[569] y la agitacion
-cerebral no disminuian de intensidad. Durante tres dias, abatido por
-la fiebre, Pablo no comió ni bebió. Lo que pasó durante esta crísis
-en una cabeza ardiente, agitada por una violenta conmocion se adivina
-fácilmente. Hablóse delante de él de los cristianos de Damasco y
-particularmente, de cierto Hanania que parecia haber sido el jefe de
-la comunidad[570]. Pablo habia oido hablar del poder milagroso de
-los nuevos creyentes, para curar las enfermedades, y la idea de que
-la imposicion de las manos de aquel, le sacaria del estado en que
-se hallaba se apoderó de su espíritu. Sus ojos estaban siempre muy
-inflamados, y entre las imágenes que se sucedian en su cerebro[571]
-creyó ver á Hanania que entraba y le saludaba familiarmente segun
-costumbre de los cristianos, y se persuadió que á él solo deberia su
-curacion. Hanania fué llamado y fué á hablar cariñosamente al enfermo;
-le llamó hermano suyo y le impuso las manos. Desde este momento renació
-la calma en el alma de Pablo, creyóse curado, y la enfermedad, siendo
-principalmente nerviosa, desapareció. Algunas lágrimas cayeron de sus
-ojos[572], comió y recobró sus fuerzas.
-
-Casi al momento recibió el bautismo[573] y eran tan sencillas las
-doctrinas de la Iglesia que nada nuevo tuvo que aprender: marchó al
-campo cristiano perfectamente convertido. ¿De quién habia entonces de
-recibir lecciones? Jesús mismo se le apareció: tuvo la vision de Jesús
-resucitado, como Jacobo, como Pedro. Todo lo aprendió por revelacion
-inmediata: la ruda é indomable naturaleza de Pablo reaparece aquí.
-Abatido en medio del camino, quiso someterse, pero someterse á Jesús
-solo, á Jesús, que habia abandonado la derecha de su padre para venir
-á convertirle é instruirle. Tal es la base de su fé; tal será un dia
-el punto de partida de sus pretensiones. Él sostendrá que no tuvo
-intencion de ir á Jerusalem despues de su conversion para entrar
-en relaciones con aquellos que eran apóstoles antes que él; que ha
-recibido su revelacion particular y que nada debe á persona alguna;
-que es apóstol como los Doce por institucion divina y por intervencion
-directa de Jesús, y que su doctrina es la buena sin que un ángel
-siquiera pueda decir lo contrario[574]. Al oir á este orgulloso, un
-inmenso temor se apoderó de la pequeña sociedad de pobres de espíritu
-que ha constituido hasta aquí el cristianismo. Será un verdadero
-milagro si sus violencias y su inflexibilidad personal no lo destruyen
-todo; pero tambien su atrevimiento, su fuerza de iniciativa, su
-decision, van á ser un elemento precioso al lado del espíritu mezquino,
-tímido, é indeciso de los santos de Jerusalem. Seguramente que si
-el cristianismo no hubiera salido de entre aquellas buenas gentes,
-permaneciendo encerrado en un círculo de iluminados, que vivian en
-comunidad, se hubiera extinguido sin dejar apenas recuerdo.
-
-Pero el indómito san Pablo es quien contribuirá á su engrandecimiento y
-desafiando todos los peligros se dirigirá atrevidamente á través de los
-mares para propagar su doctrina. Al lado del fiel sumiso, recibiendo su
-fé del superior sin decir una palabra, estará el cristiano desprovisto
-de toda autoridad que solo creerá por conviccion personal. El
-protestantismo existió ya cinco años despues de la muerte de Jesús. San
-Pablo fué su ilustre fundador. Jesús, sin duda no habia previsto tales
-discípulos que son tal vez los que más contribuyeron á dar vida á su
-obra y le aseguraron la eternidad.
-
-Las naturalezas violentas conducidas al proselitismo no cambian más que
-el objeto de su pasion. Tan entusiasta por la nueva fé como lo habia
-sido por la antigua, san Pablo, lo mismo que Omar, trocó en un dia
-el papel de perseguidor por el de apóstol. No volvió á Jerusalem[575]
-donde su posicion cerca de los Doce hubiera sido muy delicada, sino
-que permaneció en Damasco y en el Haurán[576] predicando durante
-tres años (38-41) que Jesús era hijo de Dios[577]. Herodes Agrippa
-I era soberano de Haurán y de los países vecinos, pero su poder era
-inferior en varias partes al del rey nabateano Hareth. La decadencia
-del poder romano habia cedido al ambicioso árabe la grande y rica
-poblacion de Damasco, así como una parte de las orillas del Jordan y
-del Hermon que nacian entonces á la civilizacion[578]. Soheym[579],
-otro emir y tal vez pariente ú oficial de Hareth, se hacia dar por
-Calígula la investidura de la Iturea. En medio de aquella grande
-efervescencia de la raza árabe[580] en aquel extraño suelo, donde una
-raza enérgica desplegaba su actividad febril, Pablo dió á conocer la
-fogosidad de su alma de apóstol[581]. Tal vez el movimiento material y
-brillante que transformaba al país se debia al éxito de una predicacion
-completamente idealista y fundada sobre la creencia de un cercano fin
-del mundo. No se encuentra en la Arabia vestigio alguno de Iglesia
-fundada por san Pablo. Si la region de Haurán fué hácia el año 70
-uno de los centros más importantes del cristianismo, lo debe á la
-emigracion de cristianos de la Palestina, que son justamente los
-enemigos de san Pablo, los ebionitas que tienen en aquella comarca su
-principal establecimiento.
-
-En Damasco donde habia muchos judíos[582], Pablo era más escuchado:
-entraba en las sinagogas presentando vigorosas argumentaciones
-para probar que Jesús era el Cristo. La sorpresa de los fieles era
-extremada al ver que el que habia perseguido á sus hermanos y que iba á
-encadenarles, acababa de convertirse en su primer apologista[583]. Su
-audacia y su singularidad tenian algo que les espantaba: estaba solo y
-no se aconsejaba de nadie[584]; no formaba escuela y le miraban con más
-curiosidad que simpatía: conocian que era un hermano pero un hermano
-de una especie particular. Creíasele incapaz de una traicion, pero las
-tímidas naturalezas experimentan todavía un sentimiento de desconfianza
-y de temor al lado de las naturalezas poderosas y originales porque
-conocen que algun dia dejarán de tenerlas á su lado.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XI.
-
-Paz y desarrollos interiores de la Iglesia de Judea.
-
-
-[Marginal: Año 38]
-
-Desde el año 38 al 44 parece que no sufrió persecucion alguna la
-Iglesia[585]. Tomaron los fieles precauciones que sin duda descuidaran
-antes de la muerte de Estéban y evitaron hablar en público. Tal vez
-tambien las desgracias de los judíos, que durante todo el segundo
-período del reinado de Calígula, estuvieron en lucha con este príncipe,
-contribuyeron á favorecer la secta naciente. Efectivamente, los judíos
-perseguían más cuanto mayor era la armonía que reinaba entre ellos
-y los romanos. Para asegurar ó recompensar su tranquilidad, estos
-les aumentaron sus privilegios y en particular el que más querian,
-el derecho de castigar á las personas que miraban como infieles á la
-Ley.[586] Ahora bien, los años á que hemos llegado fueron de los más
-tempestuosos para la historia, siempre turbulenta de aquel pueblo
-singular.
-
-La antipatía que los judíos por su superioridad moral, por sus nobles
-costumbres y tambien por su dureza, excitaban en las poblaciones en
-medio de las cuales vivian, habia llegado á su colmo, sobre todo en
-Alejandría[587], y estos ódios acumulados pudieron al fin satisfacerse
-al subir al imperio uno de los mayores locos que hayan reinado.
-Calígula, despues de la enfermedad que alteró sus facultades mentales
-(octubre, 37) daba el espantoso espectáculo de un furioso gobernando
-el mundo con el poder más enorme que jamás hombre alguno ha tenido en
-sus manos. La desastrosa ley del cesarismo hacia posibles é incurables
-semejantes horrores, que duraron tres años y tres meses. Dá vergüenza
-narrar en una historia séria lo que vamos á decir: antes de entrar
-en la reseña de estas saturnales, es necesario repetir con Suetonio:
-_Reliqua ut de monstro narranda sunt_.
-
-El más inofensivo pasatiempo de aquel insensato, era ocuparse de su
-propia divinidad[588], demostrando una especie de amarga ironía, una
-mezcla de gravedad cómica (pues al mónstruo no le faltaba talento),
-y de irrision profunda al hablar del género humano. Los enemigos de
-los judíos comprendieron la inmensa ventaja que podian sacar de esta
-manía. Era tal el estado religioso del mundo, que no se levantaba una
-sola protesta contra los actos sacrílegos del César; y cada culto
-se apresuró á conferirle los títulos y honores reservados á sus
-dioses. La eterna gloria de los judíos es haber levantado el grito
-de la conciencia indignada en medio de esta innoble idolatría. El
-principio de intolerancia que les dominaba y que les conducia á tantas
-crueldades aparecia aquí bajo su verdadero aspecto. Afirmando que era
-absoluta su religion no se humillaron ante el odioso capricho del
-tirano y esto fué el orígen de tantas persecuciones sin fin. Bastaba
-que hubiese en una poblacion un solo hombre descontento de la sinagoga,
-malvado ó simplemente espía, para sentir espantosas consecuencias.
-Un día se encontraba un altar en honor de Calígula en sitio donde no
-podian tolerarlo los judíos[589]: otro una multitud de chiquillos
-escandalizaban porque sólo los judíos rehusaban colocar la estátua del
-emperador en sus lugares de oracion; corríase entonces á las sinagogas
-y á los oratorios; poníase en ellas el busto de Calígula[590] y
-colocaban á los infelices en la alternativa de renunciar á su religion
-ó de cometer un crímen de lesa majestad. De ahí originábanse espantosas
-vejaciones.
-
-Habíanse renovado varias veces semejantes actos, cuando se le sugirió
-al emperador una idea todavía más diabólica, y fué la de colocar una
-colosal estátua de oro en el santuario del templo de Jerusalem y hacer
-dedicar el templo mismo á su divinidad[591]. Esta odiosa intriga
-aumentó por treinta años la revolucion y ruina de la nacion judaica.
-
-La moderacion del legado imperial, Publio Petronio y la intervencion
-del rey Herodes Agrippa, favorito de Calígula, previnieron la
-catástrofe; pero hasta el momento en que la espada de Querea libró á la
-tierra del tirano más execrable que habia sufrido, los judíos vivieron
-por todas partes bajo el terror. Philon ha conservado los detalles de
-la inaudita escena que tuvo lugar, cuando una diputacion, de la cual
-aquel era presidente, fué admitida á presencia del emperador[592].
-Calígula les recibió mientras visitaba las poblaciones de Mecenas y
-de Lamia, cerca del mar en los alrededores de Pozzuoli. Era un dia en
-que estaba de buen humor: Helicon su primer bufon acababa de contarle
-toda clase de bufonadas sobre los judíos. «¡Ah! ¿sois vosotros, les
-dijo con amarga sonrisa y enseñándoles los dientes, los únicos que no
-quereis reconocerme por Dios y preferís adorar á uno que ni siquiera
-os atreveis á nombrar?» y acompañó estas palabras con una horrible
-blasfemia. Los judíos temblaron y sus adversarios alejandrinos tomaron
-la palabra: «Vos aborreceriais más, señor, á toda esa gente y á su
-nacion si supierais la aversion que os profesan, pues son los únicos
-que no han sacrificado por vuestra salud, cuando todos los demás
-pueblos lo han hecho.» Á estas palabras, contestaron los judíos que
-aquello era una calumnia y que ellos habian ofrecido tres veces para
-la prosperidad del emperador los sacrificios más solemnes que les
-permitia su religion. «Sí, dijo Calígula con seriedad cómica, habeis
-sacrificado muy bien pero no es á mí á quien habeis sacrificado; ¿qué
-ventaja he sacado yo?» y en seguida volvióles la espalda, empezó á
-recorrer las habitaciones, dando órdenes para su reparacion, subiendo y
-bajando sin cesar. Los desdichados diputados (entre los cuales figuraba
-Philon, de ochenta años de edad, el más venerable de aquel tiempo
-despues de la muerte de Jesús), le seguian por todas partes jadeantes,
-temblando, ridiculizados por los criados. Calígula volvióse de repente
-y dijo: «Á propósito, ¿por qué no comeis cerdo?» Los bufones se echaron
-á reir y los oficiales con tono severo les advirtieron que faltaban
-á la majestad del emperador con sus risas inmoderadas. Los judíos
-balbucearon y uno de ellos dijo sencillamente: «Pero hay personas
-que no comen cordero.--¡Ah! en esto, repuso el emperador, tienen
-razon, pues es manjar que no tiene gusto alguno.» Fingió entonces
-querer enterarse de su negocio, mas apenas empezaron la explicacion
-interrumpióles su discurso, se fué á dar órdenes para la decoracion de
-una sala que queria adornar con piedra lapidaria. Regresó afectando
-cierta moderacion, preguntó á los enviados si tenian algo que añadir y
-como estos reanudaran el discurso interrumpido, volvióles de nuevo la
-espalda para ir á ver otra sala que hacia adornar con pinturas. Este
-juego del tigre que se divierte con su víctima, duró horas: los judíos
-solo esperaban la muerte, pero en el último momento la fiera escondió
-sus garras: «¡Vamos! dijo Calígula decididamente, estas gentes son
-más dignas de compasion que culpables por no creer en mi divinidad.»
-Véase pues cómo se trataban las cuestiones más graves bajo el horrible
-régimen que la humillacion del mundo habia creado, que una soldadesca
-y una poblacion igualmente viles querian, y que la bajeza de todos
-sostenia.
-
-[Marginal: Año 39]
-
-Se comprende que esta situacion tirante hubiese hecho perder á los
-judíos del tiempo de Marulo mucha audacia de aquella que les hacia
-hablar tan atrevidamente de Pilatos. Los cristianos, arrojados del
-templo, debian estar menos espantados que los judíos de los proyectos
-sacrílegos de Calígula ya que eran entonces poco numerosos para
-que Roma pudiera conocer su existencia. La tempestad del tiempo de
-Calígula, como la que precedió á la toma de Jerusalem por Tito, pasó
-sobre su cabeza sin tocarles y aun á muchos de ellos les favoreció.
-Todo lo que debilitaba la independencia judía les era favorable, puesto
-que les libraba del poder de una ortodoxia supuesta apoyando sus
-pretensiones con severas penas.
-
-Este período de paz, fué fecundo en desarrollos interiores. La Iglesia
-naciente se dividia en tres provincias: Judea, Samaria y Galilea[593],
-á la cual sin duda pertenecia Damasco. Jerusalem tenia su primacia,
-absolutamente incontestable. La Iglesia de esta ciudad cuyos habitantes
-se habian dispersado despues de la muerte de Estéban se reconstituyó
-pronto: los apóstoles no abandonaron jamás la poblacion y los hermanos
-del Señor continuaban ejerciendo y gozando grande autoridad[594].
-Parece que esta segunda Iglesia de Jerusalem no se organizó de una
-manera tan rigurosa como la primera; la comunidad de bienes no fué
-estrictamente restablecida y solamente se fundó una gran caja para
-los pobres, donde debian depositarse las limosnas que las iglesias
-particulares remitian á la Iglesia madre orígen y fin permanente de su
-fé[595].
-
-[Marginal: Año 40]
-
-Pedro verificaba distintos viajes apostólicos alrededor de
-Jerusalem[596] y gozaba todavía de una grande reputacion de milagrero.
-En Lydda[597] sobre todo, pasaba por haber curado á un paralítico
-nombrado Eneas, milagro que le valió numerosas conversiones en la
-llanura de Saron[598]. De Lydda se volvió á Joppe[599] poblacion que
-parece haber sido un centro para el cristianismo. Las poblaciones de
-obreros, de marinos, de gente pobre, donde los judíos ortodoxos no
-dominaban[600] eran los que ofrecian mejores disposiciones para la
-nueva secta. Pedro permaneció mucho tiempo en Joppe en casa de un
-curtidor llamado Simon que vivia cerca del mar[601]. La industria del
-cuero era demasiado impura y no se visitaba á los que la ejercian,
-aunque los blanqueadores estaban ya reducidos á vivir en un barrio
-separado[602]. Escogiendo Pedro semejante morada, da una prueba de su
-indiferencia por las preocupaciones de los judíos y trabaja para el
-ennoblecimiento de las pequeñas industrias que entran por mucho en la
-obra del espíritu cristiano.
-
-La organizacion de las obras de caridad se proseguia con ardor.
-La Iglesia de Joppe poseia una mujer admirable llamada en armenio
-_Tabitha_ (señorita) y en griego _Dorcas_[603], que consagraba todos
-sus cuidados á los pobres[604]. Parece que era rica y distribuia
-sus bienes en limosnas. Esta respetable señora habia formado una
-sociedad de viudas piadosas que se dedicaban[605] á tejer vestidos
-para los pobres. Como la excision del cristianismo y judaismo no se
-habia consumado, es probable que los judíos bendijeran estos actos de
-caridad. «Los santos y las viudas»[606] eran piadosas personas que
-hacian bien á todos, especie de mendicantes que solo eran sospechosos
-á los rigoristas de una ortodoxia pedantesca, unos _fraticelli_ amados
-del pueblo, devotos, caritativos y llenos de piedad.
-
-El gérmen de estas asociaciones de mujeres que son una de las glorias
-del cristianismo, existió de esta suerte en las primeras iglesias de
-Judea. En Jaffa empezó la generacion de estas mujeres vestidas de
-lino, que al través de los siglos debian continuar la tradicion de la
-caridad secreta. Tabitha fué la madre de una familia que no acabará
-mientras existan miserias que consolar, buenos deseos de mujer que
-deban satisfacerse. Más tarde se dijo que Pedro la habia resucitado.
-¡Ah! la muerte por insensata que sea, por injusta que fuese en este
-caso, es inflexible. Cuando el alma más sublime se ha exhalado, el
-decreto permanece irrevocable; la mujer más excelente, como la más
-vulgar, no responde á las voces amigas que la llaman. Pero la idea no
-está sujeta á las condiciones de la materia. La virtud y la bondad
-escapan de las garras de la muerte: Tabitha no tenia necesidad de
-resucitar. Por pasar algunos dias más en esta triste vida, ¿habia
-necesidad de hacerla salir de su dulce é inmutable eternidad? Dejadla
-descansar en paz, ya llegará el dia de los justos.
-
-En aquellas poblaciones tan mezcladas, el problema de la admision de
-paganos al bautismo se ofrecia á cada momento y convenia resolverlo
-con urgencia. Esto preocupaba mucho á Pedro. Estaba un dia orando
-sobre el terrado de la casa del curtidor, viendo ante él aquel mar
-que iba á llevar pronto la fé nueva á todo el imperio y tuvo un
-éxtasis profético. En medio de aquel débil sueño á que se hallaba
-entregado, creyó experimentar una sensacion de hambre y pidió alguna
-cosa. Mientras se lo estaban preparando, vió el cielo abierto y una
-canasta atada por sus cuatro lados que descendia. Habiendo mirado
-al interior de la canasta, vió animales de toda especie y creyó oir
-una voz que le decia: «Mata y come.» Objetando que varios de estos
-animales eran impuros, le repuso la voz: «No llames impuro lo que Dios
-ha purificado.» Esto le fué repetido tres veces seguidas. Pedro se
-persuadió de que estos animales representaban simbólicamente la masa de
-los gentiles, que Dios mismo acababa de declarar aptos para la comunion
-de su santo reino[607].
-
-Pronto se presentó la ocasion de aplicar estos principios. Desde Joppe,
-Pedro se volvió á Cesarea, donde se puso en relacion con un centurion
-llamado Cornelio[608]. La guarnicion de Cesarea estaba formada en gran
-parte por una de aquellas cohortes compuestas de voluntarios italianos
-que se llamaban _Italicæ_[609]. El nombre completo de esta ha podido
-ser _cohors prima Augusta Italica civium romanorum_[610]. Cornelio
-era centurion de esta cohorte y por consiguiente italiano y ciudadano
-romano. Era un buen hombre, que despues de largo tiempo se sentia
-atraido por el culto monoteista de los judíos, oraba, hacia limosnas, y
-en una palabra, practicaba todos los preceptos de la religion natural
-que supone el judaismo; pero no habia sido circuncidado y por esto no
-era prosélito de grado alguno; era solo un pagano piadoso, un israelita
-de corazon, y nada más[611]. Toda su casa y algunos soldados de su
-compañía estaban, segun se decia, en las mismas disposiciones[612].
-Cornelio quiso entrar en la nueva Iglesia, y Pedro cuyo carácter
-era franco y bondadoso acordóle lo que deseaba, y el centurion fué
-bautizado[613].
-
-Tal vez Pedro no encontró de pronto dificultad alguna; sin embargo, á
-su regreso á Jerusalem se le dirigieron graves cargos. Habia faltado
-abiertamente á la ley, habia estado entre los incircuncisos y habia
-comido con ellos. La cuestion era efectivamente capital; se trataba
-de saber si la ley estaba abolida, si era permitido violarla por
-proselitismo y si los gentiles podian ser recibidos de hecho en la
-Iglesia. Para defenderse contó Pedro su vision de Joppe y más tarde
-el hecho del centurion sirvió de argumento para el bautismo de los
-incircuncisos. Á fin de darle más fuerza se supuso que en este grave
-asunto mediaba la intervencion del cielo; se explicó que Cornelio,
-despues de fervientes oraciones, habia visto á un ángel que le habia
-ordenado fuese á Joppe á llamar á Pedro; que la vision simbólica de
-Pedro, tuvo lugar á la misma hora en que llegaban los emisarios de
-Cornelio, y que desde entonces se habia encargado Dios de legitimar
-todo lo que se habia hecho, puesto que el Espíritu Santo, habiendo
-descendido sobre Cornelio y sobre las personas de su casa, estos habian
-hablado la lengua, y recitado los salmos á la usanza de los otros
-fieles. Y ¿era natural rehusar el bautismo á las personas que habian
-recibido el Espíritu Santo?
-
-La Iglesia de Jerusalem estaba todavía compuesta de judíos y de
-prosélitos: que el Espíritu Santo descendiera sobre los incircuncisos,
-antes del bautismo, parecia un hecho muy extraordinario y es probable
-que desde entonces existiera un partido opuesto, en principio, á
-la admision de los gentiles, y que no todo el mundo aceptara las
-explicaciones de Pedro. El autor de las _Actas_[614] quiere que la
-aprobacion haya sido unánime; pero dentro de algunos años, veremos
-renacer la cuestion con mayor empeño[615]. Tal vez se acepta el hecho
-del buen centurion como el del eunuco de Etiopía, á título de hecho
-excepcional justificado por una revelacion y una órden expresa de Dios,
-pero el asunto está lejos de quedar resuelto. Esta fué la primera
-controversia en el seno de la Iglesia; el paraiso de la paz interior
-habia durado seis ó siete años.
-
-Desde el año 40, poco más ó menos, la grande cuestion, de la cual
-dependia el porvenir del cristianismo, parece haber quedado resuelta.
-Pedro y Felipe con su buen juicio, entrevieron la verdadera solucion y
-bautizaron á los paganos. Sin duda en las dos reseñas que el autor de
-las _Actas_ nos da sobre este asunto y que están en parte calcadas la
-una sobre la otra, es difícil desconocer su sistema. El autor de las
-_Actas_ pertenece á un partido de conciliacion favorable á la entrada
-de los paganos en la Iglesia y no quiere confesar las divisiones que
-la violencia de la cuestion ha producido. Se conoce perfectamente que
-este autor, al narrar los episodios del eunuco, del centurion y de las
-conversiones de los samaritanos, no quiere dar más que los detalles
-referentes á una sola opinion; y por otro lado tampoco podemos admitir
-que invente los hechos que explica. Las conversiones del eunuco y del
-centurion Cornelio, son probablemente hechos reales presentados y
-transformados segun las exigencias de la tésis, en vista de la cual ha
-sido compuesto el libro de las _Actas_.
-
-[Marginal: Año 41]
-
-Aquel que diez ú once años más tarde debia dar á este debate un golpe
-decisivo era Pablo, el cual no se habia mezclado en ello todavía ya
-que se hallaba predicando en Haurán y en Damasco, refutando á los
-judíos y defendiendo á la nueva fé con tanto entusiasmo cuanto mayor
-era el que habia desplegado para combatirla. El fanatismo del cual
-habia sido instrumento, á su vez, no tardó en perseguirle. Los judíos
-resolvieron perderle obteniendo del _etnarca_ que gobernaba en Damasco
-en nombre de Hareth, una órden para prenderle. Pablo se escondió: al
-saberse que habia de salir de la poblacion, el gobernador que queria
-complacer á los judíos, puso guardias en todas las puertas con órden de
-arrestarle, pero los hermanos le hicieron escapar de noche bajándole
-por una ventana que caia al otro lado de la muralla[616]. Libre de este
-peligro, Pablo dirigió sus pasos hácia Jerusalem. Hacia tres años[617]
-que era cristiano y aún no habia visto á los apóstoles. Su carácter
-duro, poco expansivo, y retraido, le habia hecho volver la espalda,
-bajo cierto aspecto, á la grande familia en la cual á su pesar acababa
-de entrar, y prefirió para su apostolado un país nuevo donde no pudiese
-encontrar colega alguno. Sin embargo, el deseo de ver á Pedro se habia
-apoderado de él[618], reconocia su autoridad, y como todo el mundo, le
-designaba con el nombre _Kepha_, «la piedra». Regresó pues á Jerusalem
-siguiendo en sentido contrario el camino que tres años antes habia
-recorrido bajo disposiciones muy distintas.
-
-Su posicion en Jerusalem fué extremadamente falsa y embarazosa. Habíase
-dicho en esta poblacion que el perseguidor se habia convertido en
-el más celoso de los evangelistas y en el primer defensor de la fé
-que intentara antes combatir[619], pero existian contra él notables
-prevenciones: muchos le suponian algun horrible proyecto. Se le habia
-visto tan encolerizado y tan cruel penetrar en las casas, violando
-los secretos de familia para encontrar alguna víctima, que se le
-creia capaz de representar semejante papel para perder mejor á los
-que odiaba[620]. Parece que vivió en casa de Pedro[621]: pero varios
-discípulos permanecian sordos á su voz y se separaban de él[622].
-Bernabé, hombre de corazon y de voluntad, desempeñó en aquella ocasion
-un papel importante.
-
-En su calidad de chipriota y de nuevo convertido comprendió mejor que
-los discípulos galileos la posicion de Pablo. Presentósele delante;
-cogióle la mano de algun modo, le presentó á los más reticentes y
-salió garante de él[623]. Por este acto de sabiduría y de penetracion,
-Bernabé mereció el más elevado puesto en el cristianismo. Él fué
-el que comprendió á Pablo; á él es á quien la Iglesia debe el más
-extraordinario de sus fundadores. La fecunda amistad de estos dos
-hombres apostólicos, amistad que no empañó nube alguna, á pesar de
-sus divergencias, fué más tarde causa de la asociacion para las
-misiones contra los gentiles. Esta grande asociacion data de la primera
-permanencia de Pablo en Jerusalem. Entre las causas de la fé del mundo
-es necesario contar el generoso movimiento de Bernabé tendiendo la mano
-á Pablo sospechoso y despreciado; la profunda intuicion que le hizo
-descubrir un alma de apóstol bajo aquel aspecto humilde, la energía con
-que venció los obstáculos que presentaban los repugnantes antecedentes
-del converso, y tal vez ciertos rasgos de su carácter, que se habian
-interpuesto entre él y sus nuevos hermanos.
-
-Por otra parte, Pablo evitaba sistemáticamente ver á los apóstoles.
-Él mismo dice, y lo afirma bajo juramento, que solo veia á Pedro y á
-Jacobo, hermano del Señor[624]. Su permanencia allí, solo duró dos
-semanas[625]. Es posible que cuando Pablo escribió la epístola á los
-Galatas (vers. 56) se hubiese encontrado, por las circunstancias del
-momento, obligado á falsear un poco el carácter de sus relaciones con
-los apóstoles y les presentara más secos, más imperiosos de lo que
-fueron en realidad; pero el versículo 56 tiende esencialmente á probar
-que nada habia recibido de Jerusalem y que en manera alguna era el
-mandatario del consejo de los Doce establecido en aquella poblacion.
-Su actitud en Jerusalem era la de un maestro altivo que evita las
-relaciones con los otros maestros para no estar subordinado á ellos,
-y no la actitud humilde de un culpable arrepentido de su pasado, como
-supone el autor de las _Actas_. Nosotros no podemos creer que desde el
-año 41 estuviera Pablo animado de esta especie de celo de conservar su
-propia originalidad que mostró más tarde. La rareza de sus entrevistas
-con los apóstoles y la brevedad de su permanencia en Jerusalem,
-reconocian por causa probablemente la cortedad que experimentaba
-delante de personas de naturaleza distinta á la suya y llenas de
-prejuicios contra de él, más bien que una política sagaz que le hubiese
-hecho comprender con quince años de anticipacion los inconvenientes que
-podia encontrar en sus relaciones.
-
-En realidad lo que debia levantar una barrera entre los apóstoles
-y Pablo, era sobre todo la diferencia de carácter y de educacion.
-Los apóstoles eran todos Galileos y no habian estado en las grandes
-escuelas judías; habian visto á Jesús y se acordaban de sus palabras;
-eran de naturaleza buena y piadosa, y á veces ingénuos y graves.
-Pablo era un hombre de accion, lleno de fuego, medianamente místico,
-impulsado como por una fuerza superior á formar parte de una secta que
-no era en manera alguna la de su primitiva adopcion. La revolucion, la
-protesta, eran sus habituales sentimientos[626]. Su instruccion judía
-era mucho más profunda que la de todos sus nuevos hermanos; pero no
-habiendo oido á Jesús, no habia sido instituido por él; en esto era
-muy inferior, segun las doctrinas cristianas, y sin embargo, Pablo no
-habia nacido para aceptar un lugar secundario: su altiva individualidad
-exigia un sitio á parte. Probablemente por aquel tiempo concibió la
-atrevida idea de que despues de todo nada tenia que envidiar á aquellos
-que habian conocido á Jesús y que habian sido elegidos por él, puesto
-que tambien él mismo habia visto á Jesús, habia recibido una revelacion
-directa y el mandato de su apostolado. Aun aquellos que fueron honrados
-con una aparicion personal de Cristo resucitado, podian suponerse más
-privilegiados que él, pues por haber sido su vision la última, no por
-eso valia menos, puesto que se produjo en circunstancias que le daban
-un carácter particular de importancia y de distincion[627]. ¡Oh error!
-el eco de la voz de Jesús se encontraba en el discurso del más humilde
-de sus discípulos. Con toda su ciencia judía, Pablo no podia salvar
-la inmensa desventaja que resultaba para él de su tardía iniciacion.
-El Cristo que habia visto en el camino de Damasco no era, como decia,
-el Cristo de Galilea; era el Cristo de su imaginacion, de su propio
-sentido. Aunque estuviera atento para recoger las palabras de su
-Maestro[628], es evidente que no era más que un discípulo de segundo
-órden. Si Pablo hubiese encontrado á Jesús en vida, puede dudarse que
-se le hubiese unido. Su doctrina será la suya propia, no la de Jesús;
-las revelaciones de que habla con entusiasmo son el fruto de su cerebro.
-
-Estas ideas que aún no se atreve á propagar le hacen incómoda su
-estancia en Jerusalem. Á los quince dias se despide de Pedro y parte.
-Habia visto tan poca gente que se atreve á decir que nadie en las
-iglesias de Judea habia visto su semblante y que lo que sabian de él,
-era solo de oidas[629]. Más tarde atribuyó él mismo á una revelacion
-esta brusca partida. Contó que un dia orando en el templo, tuvo un
-éxtasis y que vió á Jesús en persona y recibió la órden de abandonar
-pronto á Jerusalem «puesto que no estaban dispuestos á recibir su
-testimonio.» En cambio de la ciudad, Jesús le prometia el apostolado
-de las naciones lejanas y un auditorio sumiso á su voz[630]. Los
-que quieren ahogar el recuerdo de las disensiones y disgustos que la
-entrada de este indócil discípulo causó en la Iglesia, aseguran que
-Pablo pasó largo tiempo en Jerusalem viviendo con los hermanos bajo la
-más completa libertad, pero que habiendo querido predicar á los judíos
-helenistas, fué amenazado de muerte por ellos, y los hermanos que
-velaban por su seguridad le hicieron conducir á Cesarea[631].
-
-Es probable que de Jerusalem fuese á Cesarea, pero estuvo allí poco,
-pues marchó á recorrer en seguida la Siria y despues la Cilicia[632].
-Sin duda desde entonces empezó á predicar, pero solo por cuenta
-propia y sin acuerdo de persona alguna. Tarso, su patria, fué su
-morada habitual durante este período de su vida apostólica, que puede
-graduarse en dos años[633]. Es posible que las iglesias de Cilicia le
-deban sus primicias[634]; sin embargo, la vida de Pablo no fué en esta
-época tal como la vemos más tarde. Él no tomó el título de apóstol,
-reservado únicamente á los _Doce_[635]. Á partir de su asociacion con
-Bernabé (año 45) es cuando entra en esta carrera de peregrinaciones
-sagradas y de predicaciones, que le convierten en un tipo del misionero
-viajante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XII.
-
-Fundacion de la Iglesia de Antioquía.
-
-
-[Marginal: Año 41]
-
-Poco á poco la fé nueva realizaba sorprendentes progresos. Los miembros
-de la Iglesia de Jerusalem que se habian dispersado despues de la
-muerte de Estéban, llevando sus conquistas á lo largo de la costa
-Fenicia, dominaron en Chipre y Antioquía: tenian entonces por principio
-inconcuso predicar tan solo á los judíos[636].
-
-Antioquía, «la metrópoli del Oriente», la tercera poblacion del
-mundo[637] fué el centro de la cristiandad de la Syria del Norte. Esta
-era una poblacion de unas quinientas mil almas, casi más grande que
-París antes de que se le diera más extension,[638] residencia del
-legado imperial de Syria. Merced á los Seleúcidas que habian sabido
-aprovechar la ocupacion romana, Antioquía habia alcanzado el más
-alto grado de esplendor, pues en general los Seleúcidas estaban más
-adelantados que los romanos en punto á decoraciones teatrales aplicadas
-á las grandes poblaciones. Templos, acueductos, baños, basílicas, nada
-faltaba á Antioquía de lo que constituia una poblacion siria de aquella
-época. Adornadas las calles con columnatas y los recodos con estátuas,
-habia allí más simetría y regularidad que en otras partes[639]. Un
-_Corso_ adornado de cuatro líneas de columnas formando dos galerías
-cubiertas con una larga avenida en medio, atravesaba la poblacion[640]
-en una línea de treinta y seis _estadios_ (más de una legua)[641].
-Pero Antioquía no tenia solamente inmensas construcciones de utilidad
-pública[642]; tenia tambien lo que poseian pocas poblaciones sirias,
-obras maestras del arte griego, admirables estátuas[643], obras
-clásicas de una delicadeza que el siglo no sabe todavía imitar. Desde
-su fundacion habia sido Antioquía una poblacion completamente helénica.
-Los Macedonios de Antígono y de Seleuco habian llevado á esta region
-del bajo Oronte los recuerdos más vivos, los cultos y los nombres de
-su país[644]. La mitología griega se habia entronizado allá como su
-segunda patria; habia en el país el afan de enseñar _lugares santos_
-relacionados con esta mitología. La poblacion se entregaba al culto de
-Apolo y de las ninfas. Dafne, lugar encantador á dos horas de distancia
-de la poblacion, recordaba á los viajeros las más risueñas ficciones.
-
-Era una especie de imitacion de los mitos de la madre patria, análoga á
-esos transportes atrevidos por los cuales las tribus primitivas hacian
-viajar consigo su geografía mítica, su Berecinto, su Arvanda, su Ida,
-su Olimpo. Estas fábulas griegas constituyen una religion muy antigua
-y apenas más formal que las _Metamórfosis_ de Ovidio. Las antiguas
-religiones del país, y especialmente la del monte Casio[645], la daban
-cierto carácter de gravedad; pero la ligereza siria, el charlatanismo
-babilónico, todas las imposturas del Asia, se confunden en este límite
-de los dos mundos, y prueban que era Antioquía la capital de la
-mentira, la sentina de todas las infamias.
-
-Al lado de la poblacion griega que (exceptuando Alejandría) en ninguna
-parte del Oriente fué tan densa como allí, Antioquía contó siempre en
-su seno un número considerable de indígenas sirios, que hablaban el
-siriaco[646]. Estos indígenas que constituian la clase baja, habitaban
-los barrios de la gran ciudad y los pueblos populosos que formaban
-á su alrededor un vasto extrarradio[647], tales como Charandama,
-Ghisira, Gandigura y Apate (nombres sirios la mayor parte)[648]. Los
-matrimonios entre los sirios y griegos eran comunes, pues habiendo
-establecido Seleuco por una ley que el extranjero que se estableciera
-en la poblacion seria considerado como ciudadano, Antioquía, despues
-de tres siglos y medio de existencia, fué uno de los puntos donde la
-raza estaba más mezclada. El envilecimiento de las almas era espantoso.
-La propiedad de esos focos de corrupcion moral, es nivelar todas las
-clases. La ignominia de ciertas poblaciones tumultuosas, dominadas
-por la intriga y entregadas á los más viles pensamientos, apenas
-puede darnos una idea de la degradacion moral y de la corrupcion á
-que en Antioquía habia llegado la especie humana. Era una reunion
-de marineros, de charlatanes, de ladrones[649], de almacenistas,
-de embaucadores[650], de sacerdotes impostores: una poblacion que
-solo pensaba en carreras, en juegos, en bailes, en procesiones, en
-fiestas y bacanales: desplegábase un lujo desenfrenado; dábase cabida
-á todas las locuras del Oriente; predominaban las supersticiones
-más malvadas y el fanatismo de la orgía[651]. Á la vez serviles é
-ingratos, altivos é insolentes, eran los naturales de Antioquía el
-modelo completo de esas turbas adictas al cesarismo, sin patria, sin
-nacionalidad, sin honor de familia, sin nombre que guardar. El gran
-_Corso_ que atravesaba la poblacion era una especie de teatro, donde
-representaban todo el dia los grupos de un populacho locuaz, variable,
-levantisco[652], ingenioso á veces,[653] ocupado de los cantos, de
-las parodias, de las diversiones, de las impertinencias de toda
-especie[654]. La ciudad era muy letrada[655], pero de pura literatura
-de retores[656]. Los espectáculos eran de lo más extraño; habia juegos
-en los cuales tomaban parte coros de jóvenes desnudas que llevaban
-solo una sencilla banda[657]; en la célebre fiesta de Maïouma, veíase
-una tropa de cortesanas nadando en público en unos estanques[658]
-llenos de agua cristalina[659]. Esto era una especie de embriaguez,
-un sueño de Sardanápalo, donde se desarrollaban poco á poco todas las
-voluptuosidades, todos los delirios, sin excluir por esto ciertas
-delicadezas. El torrente de lodo que, saliendo por la embocadura del
-Oronte, iba á inundar á Roma[660], tenia allí su foco principal.
-Doscientos _decuriones_ estaban ocupados en arreglar las fiestas[661].
-La municipalidad poseia vastos dominios públicos, de los cuales los
-_duumviros_ compartian el usufructo con los ciudadanos pobres[662].
-Antioquía, como todas las poblaciones del placer, tenia una plebe
-ínfima, que vivia á costa del público ó de sórdidas especulaciones.
-
-La belleza de las obras de arte y el infinito atractivo de la
-naturaleza[663] hacian que este abatimiento moral degenerara en
-vulgaridad. La posicion de Antioquía es una de las más bellas del
-mundo, pues ocupa el intervalo que media entre el Oronte y las faldas
-del monte Silpio, uno de los agregados al monte Casio.
-
-Nada iguala á la abundancia y á la claridad de sus aguas[664]. Rodeada
-á una altura considerable por una muralla de elevadas rocas que la
-fuerza de la arquitectura militar[665] ha cortado á pico, aparece
-coronada con un cerco labrado de efecto maravilloso. Esta clase de
-fortificaciones fué la preferida por los gobernadores de Alejandría
-como se vé en Seleucia, en Éfeso, en Esmirna y en Tesalónica: de esto
-resultan magníficas perspectivas. Antioquía tenia dentro de sus muros
-montes de más de setecientos piés de elevacion, peñascos escarpados,
-torrentes, precipicios, hondonadas y cascadas, grutas inaccesibles y
-en medio de todo esto, hermosos jardines[666]. Una espesura de mirtos,
-de bojes, de laureles, de plantas siempre verdes, de rocas tapizadas
-de yedra, y de jacintos, daban á estas salvajes alturas el aspecto de
-_parterres_ suspendidos. La variedad de flores, la frescura de sus
-praderas, cubiertas de pequeñas gramíneas, la belleza de las plantas
-que rodean el Oronte, respiran la poesía y suave perfume con el cual
-se animaron los génios de Juan Crisóstomo, Libanio y Juliano. Sobre la
-orilla derecha del rio extiéndese una vasta llanura adornada por un
-lado por el Amano y otros montes, y por el otro por la llanura de la
-Cirréstica[667], detrás de la cual está la peligrosa poblacion de la
-Arabia y del desierto. El valle de Oronte, que se descubre al oeste,
-pone en comunicacion al lago con el mar, ó mejor dicho, con el vasto
-mundo, en cuyo seno el Mediterráneo ha constituido en todo tiempo una
-especie de camino neutral y de enlace federal.
-
-Entre las diversas colonias á quienes las leyes liberales de los
-seleúcidas atraen á la capital de la Syria, la de los judíos fué la más
-numerosa[668]; data de Seleuco Nicator y poseia los mismos derechos que
-los griegos[669]. Aun cuando los judíos tenian su etnarca particular,
-sus relaciones con los paganos eran muy frecuentes. Allí, como en
-Alejandría, estas relaciones degeneraban muchas veces en riñas y en
-agresiones[670], y por otro lado daban lugar á una activa propaganda
-religiosa. Siendo cada dia más insuficiente para los espíritus graves
-el politeismo oficial, la filosofía griega y el judaismo atrajeron
-á todos aquellos á los cuales no satisfacian las vanas pompas del
-paganismo. El número de los prosélitos era considerable. Desde los
-primeros dias del cristianismo, Antioquía habia dado á la iglesia de
-Jerusalem uno de sus hombres más influyentes, á uno de sus diáconos, á
-Nicolás[671]. Allí habia gérmenes excelentes que solo esperaban un rayo
-de la gracia para dar los buenos frutos que hemos visto.
-
-La iglesia de Antioquía debe su fundacion á algunos creyentes oriundos
-de Chipre y de Cirene que habian predicado mucho[672]. Hasta entonces
-solo se habian dirigido á los judíos; pero en una poblacion donde los
-judíos puros, los judíos prosélitos, las «gentes temerosas de Dios»
-ó paganos medio judíos, y los paganos puros, vivian juntos[673],
-las predicaciones dirigidas á un solo grupo eran imposibles. El
-sentimiento de la aristocracia religiosa que llenaba de orgullo á
-los judíos de Jerusalem, no existia en aquellas grandes ciudades
-donde la civilizacion era profana y estaban menos arraigadas las
-preocupaciones. Los misioneros chipriotas y cirineos tuvieron pues que
-apartarse de su regla, y predicaron indiferentemente á los griegos y á
-los judíos[674].
-
-Las disposiciones recíprocas de la poblacion judía y de la pagana eran,
-por lo visto, muy malas en aquel entonces[675], pero circunstancias de
-un órden distinto favorecieron acaso las nuevas ideas. El temblor de
-tierra que maltrató la ciudad el 23 de marzo del año 37 daba mucho que
-pensar á los habitantes, y no se hablaba sino de un charlatan llamado
-Deborio que pretendia impedir la repeticion de semejantes accidentes,
-valiéndose para ello de talismanes ridículos[676]. Esta circunstancia
-inclinaba á muchos á creer en las cosas sobrenaturales; pero sea como
-fuere, ello es que la predicacion cristiana obtuvo un éxito notable, y
-que se fundó en poco tiempo una jóven Iglesia, ardiente, innovadora,
-y llena de porvenir, porque se componia de elementos muy diversos.
-Extendiéronse todos los dones del Espíritu Santo, y desde entonces
-fué fácil preveer que aquella nueva Iglesia, libre ya del estrecho
-mosaismo que rodeaba á Jerusalem como una barrera inespugnable, seria
-la segunda cuna del cristianismo. Jerusalem será siempre seguramente
-la capital religiosa del mundo, pero el punto de partida de la Iglesia
-de los gentiles, el foco primordial de las misiones cristianas, fué
-verdaderamente Antioquía. Allí es donde se constituye por la primera
-vez una Iglesia cristiana libre de los lazos del judaismo; allí es
-donde se establece la gran propaganda de la edad apostólica; allí donde
-se forma definitivamente San Pablo; Antioquía marca la segunda etapa
-de los progresos del cristianismo; tratándose de nobleza cristiana, ni
-Roma, ni Alejandría, ni Constantinopla, podrian tomarse como puntos de
-comparacion.
-
-La topografía de la vieja Antioquía está ya tan confusa, que en
-vano se buscaria sobre aquel suelo algun vestigio de la antigüedad,
-algun punto donde evocar tan grandes recuerdos. Allí, como en todas
-partes, el cristianismo debió establecerse en los barrios más pobres,
-entre la gente del pueblo. La basílica que llamaban «Antigua» y
-«Apostólica»[677] en el siglo IV, estaba situada en la calle titulada
-Singon, cerca del Panteon,[678] pero no se sabe dónde se hallaba este:
-la tradicion y ciertas vagas analogías inducirian á buscar el barrio
-cristiano primitivo hácia la puerta que conserva aún hoy el nombre de
-Pablo, _Bab Bolos_[679], y al pié de la montaña que Procopio llamó
-_Stavrin_, situada hácia el sudeste de las murallas de Antioquía[680].
-Era aquella una de las partes de la ciudad menos rica en monumentos
-paganos, y aún se ven allí los restos de santuarios antiguos dedicados
-á San Pedro, San Pablo y á San Juan; aquel parece haber sido el punto
-donde se mantuvo más tiempo el cristianismo despues de la conquista
-musulmana; aquel fué tambien al parecer el barrio de los «Santos,»
-pues se encuentran las rocas taladradas y como formando una especie de
-grutas que sin duda sirvieron para los anacoretas. Cuando se camina por
-aquellas escarpadas pendientes, desde donde en el siglo IV, los buenos
-stylitas, discípulos á la vez de la India y de la Galilea, de Jesús y
-de Çakya-Mouni, contemplaban con desden la ciudad voluptuosa al salir
-de sus cavernas floridas[681], de creer es que no se esté muy lejos de
-los sitios donde vivieron Pedro y Pablo. La _Historia de la Iglesia de
-Antioquía_ es la que mejor puede estudiarse y contiene menos fábulas:
-la tradicion cristiana en una ciudad donde el cristianismo tuvo tan
-vigorosa continuidad puede ser de algun valor.
-
-La lengua dominante de la Iglesia de Antioquía era el griego, mas no
-obstante es problable que los distritos que hablaban sirio diesen á la
-secta numerosos adeptos. En su consecuencia, Antioquía contenia ya el
-gérmen de dos iglesias rivales y más tarde enemigas; una que hablaba
-el griego, representada ahora por los griegos de Siria, ya ortodoxos
-ó ya católicos; y la otra cuyos representantes actuales son los
-maronitas, que hablaban en otro tiempo el sirio y le conservan aún como
-lengua sagrada. Los maronitas, que á pesar de su catolicismo moderno,
-tienen una remota antigüedad, son acaso los últimos descendientes de
-aquellos sirios anteriores á Seleuco, de aquellos _pagani_ de Ghisira,
-Charandama, etc.,[682] que formaron desde los primeros siglos Iglesia
-á parte, y que viéndose perseguidos como herejes por los emperadores
-ortodoxos huyeron al Líbano[683], donde, á causa de su aversion á la
-Iglesia griega y por otras afinidades más profundas, hicieron alianza
-con los latinos.
-
-En cuanto á los judíos convertidos de Antioquía fueron tambien muy
-numerosos[684], pero debe creerse que se unieron fraternalmente con
-los gentiles[685]. En las orillas del Oronte fué donde llegó á ser una
-realidad la fusion religiosa de las razas, soñada por Jesús, ó mejor
-dicho por seis siglos de profetas.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XIII.
-
-Idea de un apostolado de los gentiles. -- San Bernabé.
-
-
-[Marginal: Año 42]
-
-Cuando se supo en Jerusalem lo que habia pasado en Antioquía, fué
-grande la emocion de todos.[686] Á pesar de la buena voluntad de
-algunos de los principales miembros de la Iglesia de Jerusalem, en
-particular de Pedro, dominaban en el colegio apostólico las más
-mezquinas ideas y cada vez que se sabia que se habia anunciado á los
-paganos la buena nueva, notábanse en algunos ancianos muestras de
-descontento. El hombre que en aquella ocasion triunfó de tan miserable
-envidia impidiendo que las máximas exclusivas de los «hebreos»
-arruinaran el porvenir del cristianismo, fué Bernabé, el hombre más
-ilustrado de la iglesia de Jerusalem; Bernabé, que era jefe del
-partido liberal y queria el progreso de la Iglesia, habia contribuido
-ya poderosamente á desterrar la desconfianza que inspiraba Pablo;
-y esta vez ejercia todavía una gran influencia, pues habiendo ido á
-Antioquía como delegado del cuerpo apostólico, vió y aprobó cuanto se
-habia hecho, declarando que la nueva Iglesia no tenia más que continuar
-por la senda que se habia trazado. Las conversiones se multiplicaban
-diariamente[687]: la fuerza vivificante y creatriz del cristianismo
-parecia haberse concentrado en Antioquía, en cuyo punto permaneció
-Bernabé, cuyo celo le impulsaba á estar allí donde la accion fuese más
-viva. Antioquía pues será su Iglesia en lo sucesivo; desde allí va á
-ejercer el ministerio más fecundo; el cristianismo ha sido injusto
-con ese grande hombre al no colocarle en primera línea entre sus
-fundadores; todas las buenas y grandes ideas fueron patrocinadas por
-Bernabé, y su inteligente osadía fué el contrapeso contra las funestas
-consecuencias que hubiera podido producir la obstinacion de los judíos
-que formaban parte del partido conservador de Jerusalem.
-
-Hallándose Bernabé en Antioquía concibió una magnífica idea: Pablo
-estaba en Tarso sumido en una inaccion que para un hombre tan activo
-debia ser un suplicio; su falsa posicion, su rudeza y sus pretensiones
-exageradas hacian olvidar sus buenas cualidades, y se consumia sin
-ser útil á nadie. Bernabé supo aplicar á su obra esta fuerza que se
-aniquilaba en una soledad peligrosa por su clima, y por segunda vez
-tendió la mano á Pablo, y despues de domeñar su salvaje carácter
-hízole presentarse de nuevo en la sociedad de los hermanos de quienes
-trataba de alejarse.
-
-El mismo Bernabé fué á Tarso, le buscó y le condujo á Antioquía:[688]
-esto ciertamente no lo hubieran hecho los obstinados judíos de
-Jerusalem; apoderarse de aquella grande alma tan indomable como
-susceptible; doblegarse ante las debilidades y rarezas de un hombre
-lleno de fuego, suponerse inferior á él y preparar el campo del modo
-más favorable para que se desarrollara la actividad de aquel hombre,
-olvidándose de sí mismo, es indudablemente llegar al colmo de la
-virtud, y esto es lo que Bernabé hizo por San Pablo. La mayor parte de
-la gloria de éste recae en el hombre que se anticipó á él en todas las
-cosas, que le hizo figurar en primer término descubriendo lo que valia,
-que le dió á conocer, impidiendo en más de una ocasion que sus defectos
-perjudicasen á la santa causa y que las mezquinas ideas de otros le
-indujesen á obrar mal. Todo esto lo hizo Bernabé en beneficio de la
-obra de Dios.
-
-[Marginal: Año 43]
-
-Durante un año entero, Bernabé y Pablo estuvieron unidos por una activa
-colaboracion[689], y este fué el período más brillante, y sin duda más
-feliz de la vida de Pablo. La fecunda originalidad de aquellos dos
-grandes hombres elevó á la Iglesia de Antioquía á una altura á que no
-habia llegado ninguna otra hasta entonces, y la capital de Siria era
-uno de los puntos del mundo donde habia más movimiento; las cuestiones
-religiosas y sociales, así en la época romana como en nuestro tiempo,
-se discutian principalmente entre las grandes aglomeraciones de
-hombres, y ya iba observándose una especie de reaccion contra la
-inmoralidad general, á cuyas circunstancias se debió que más tarde
-fuese Antioquía la patria de los stilitas y solitarios[690]. Así pues,
-la buena doctrina contaba en aquella ciudad con las mejores condiciones
-de éxito.
-
-Una circunstancia principal prueba por lo demás que la secta tuvo por
-primera vez en Antioquía plena conciencia de lo que hacia. En dicha
-ciudad recibió por primera vez un nombre distinto: hasta entonces los
-agregados se habian llamado entre sí los «creyentes», los «fieles»,
-los «santos», los «hermanos», ó los «discípulos», y como no tenian
-un nombre oficial y público para designarles, se les dió el de
-_christianus_[691]. La terminacion es latina y no griega, lo cual
-parece indicar que se creó por la autoridad romana[692], así como
-_herodiani_, _pompeiani_, _cæsariani_[693]. De todos modos, es lo
-cierto que la poblacion pagana formó este nombre que indica un error,
-pues suponia que _Christus_, traduccion del hebreo _Maschiah_ (el
-Mesías), era un nombre propio[694]. Aun muchos de aquellos que estaban
-poco al corriente de las ideas judías ó cristianas, debian creer al ver
-aquel nombre que _Christus_ ó _Chrestus_ era un jefe de partido que aún
-vivia[695]. La pronunciacion vulgar en efecto era _chrestiani_[696].
-
-En todo caso los judíos no adoptaron, al menos de una manera
-continuada[697], el nombre dado por los romanos á sus correligionarios
-cismáticos, y siguieron llamando á los nuevos sectarios «Nazarenos» ó
-«Nazorenos,»[698] sin duda porque tenian costumbre de llamar á Jesús
-_Han-nasri_ ó _Han-nosri_, el Nazareno. Este nombre se ha conservado
-hasta nuestros dias en todo el Oriente[699]. Llegamos á un punto
-importante: la hora en que una creacion nueva recibe un nombre es
-solemne, porque el nombre es el signo definitivo de la existencia. La
-formacion de la palabra «cristiano» señala tambien la fecha precisa en
-que la Iglesia de Jesús se separó del judaismo. Por mucho tiempo se
-confundirán aún las dos religiones, mas esta confusion no ocurrirá
-sino en los países donde el crecimiento del cristianismo, si así
-puede decirse, esté muy atrasado. Por lo demás, la secta aceptó al
-momento el nuevo dictado que se la daba, considerándolo como un título
-honroso[700]. Cuando se piensa que diez años despues de la muerte de
-Jesús adquirió su religion un nombre en las lenguas griega y latina en
-la capital de Syria, asombra el progreso alcanzado en tan poco tiempo.
-El cristianismo se ha desprendido completamente del seno de su madre;
-el verdadero pensamiento de Jesús ha triunfado de la indecision de sus
-primeros discípulos; la Iglesia de Jerusalem, que apenas conoce el
-arameo, el lenguaje de Jesús, queda oscurecida; el cristianismo habla
-griego, y se ha lanzado decisivamente en el gran torbellino del mundo
-griego y romano, de donde ya no saldrá más.
-
-La actividad, la fiebre de ideas que se produjo en aquella jóven
-Iglesia debió ser extraordinaria; las grandes manifestaciones
-_espiritistas_ eran muy frecuentes[701]; todos se creian inspirados de
-distinto modo; los unos eran «profetas,» los otros «doctores,»[702]
-y Bernabé, como lo indica su nombre[703], pertenecia sin duda á la
-clase de los primeros. Pablo no tenia título especial. Citábanse
-tambien entre los notables de la Iglesia de Antioquía, á Simon, llamado
-_Niger_, Lucio Cirineo, y Manahem, que habia sido hermano de leche
-de Herodes Antipas y que por consecuencia debia ser de edad muy
-avanzada[704]. Todos estos personajes eran judíos. Entre los paganos
-convertidos se contaba acaso ya aquel Evodio que, segun parece, figuró
-en primer término en cierta época en la Iglesia de Antioquía[705]. Es
-indudable que los paganos que acudieron á la primera predicacion serian
-en cierto modo inferiores á los demás, y debieron brillar poco en la
-predicacion y la profecía.
-
-En medio de aquella sociedad tan activa y animada, Pablo se dejó
-arrastrar por la corriente. Más tarde se mostró contrario á la
-glosolalia[706], y es probable que nunca la practicara. Pero tuvo
-muchas visiones y revelaciones inmediatas[707], y probablemente fué
-en Antioquía[708] donde cayó en aquel éxtasis profundo que refiere
-en estos términos: «Yo conozco un hombre en Cristo que hace catorce
-años, (¿la cosa pasó corporalmente ó fuera del cuerpo? No lo sé. Dios
-lo sabe), fué arrebatado hasta el tercer cielo[709]; y yo sé que este
-hombre (si en el cuerpo ó fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe),
-fué arrebatado al paraiso,[710] donde oyó palabras inefables que no es
-permitido decir á un mortal[711]». Sóbrio y práctico, en lo general,
-Pablo participaba sin embargo de las ideas de su época acerca de lo
-sobrenatural; creia hacer milagros[712] como todo el mundo, y era
-imposible que los dones del Espíritu Santo, considerados como un
-privilegio comun á la Iglesia[713], le fueran negados á él.
-
-[Marginal: Año 44]
-
-Pero almas poseidas de una llama tan ardiente no podian satisfacerse
-con las quimeras de una exuberante piedad: bien pronto se pensó en los
-medios de accion, y apoderóse de todos la idea de las grandes misiones
-destinadas á convertir á los paganos, empezando por el Asia Menor, idea
-que seguramente no se habria realizado si hubiese nacido en Jerusalem,
-porque aquella Iglesia no contaba con recursos pecuniarios. Para
-establecer convenientemente la propaganda necesitábanse suficientes
-fondos, y como toda la caja comun de Jerusalem servia para alimentar
-á los pobres, y á veces no bastaba, hacíase preciso que de todas las
-partes del mundo se enviaran socorros para que aquellos nobles mendigos
-no muriesen de hambre[714]. El comunismo habia producido en Jerusalem
-una miseria irremediable hasta el punto de que no era posible emprender
-empresa alguna, pero la Iglesia de Antioquía se hallaba libre de
-semejante azote. En estas ciudades profanas, los judíos, que vivian por
-lo general en comodidad, habian llegado á poseer grandes fortunas[715];
-los fieles ingresaban en la Iglesia á veces con bienes considerables,
-y Antioquía fué la que facilitó los capitales para la fundacion del
-cristianismo. Fácil es comprender la completa diferencia de costumbres
-y de ideas que semejante circunstancia debió establecer entre las dos
-iglesias: Jerusalem siguió siendo la ciudad de los pobres de Dios,
-que soñando con las promesas del reino de los cielos[716], estaban
-como embriagados y aturdidos; Antioquía, casi extraña á la palabra de
-Jesús, que nunca oyera, fué la Iglesia de la accion y del progreso.
-Antioquía fué tambien la ciudad de Pablo; Jerusalem, la antigua ciudad
-del colegio apostólico, sumida en sus sueños, impotente ante los nuevos
-problemas que se presentaban, pero deslumbrada por su incomparable
-privilegio, rica por sus inapreciables recuerdos.
-
-Una circunstancia dió á conocer á poco tiempo el verdadero carácter
-y situacion de esta última: tal era la imprevision de aquella pobre
-Iglesia famélica de Jerusalem, que el menor accidente trastornaba á
-toda la comunidad; y en un país donde no hay organizacion económica,
-donde el comercio se hacia en pequeña escala, y donde los recursos
-eran muy escasos, no podia menos de declararse el hambre, que es
-precisamente lo que sucedió en el cuarto año del reinado de Claudio,
-año 44[717]. Cuando se dejaron sentir los primeros síntomas, los
-ancianos de Jerusalem acordaron recurrir á sus hermanos de las iglesias
-más ricas de Siria, y en su consecuencia marchó á Antioquía[718] una
-embajada compuesta de profetas hierosolimitas. Uno de ellos, llamado
-Agab, que pasaba por hombre muy ilustrado, se sintió de pronto poseido
-del espíritu y anunció lo que iba á suceder. Los fieles de Antioquía se
-mostraban muy sensibles á los males que amenazaban á la madre Iglesia,
-de la que se consideraban aún tributarios, é hicieron una colecta, en
-la que cada uno contribuyó segun sus alcances, encargando á Bernabé
-fuese á llevar el producto á los hermanos de Judea[719]. Jerusalem
-será aún por mucho tiempo la capital del cristianismo; las cosas
-únicas están allí centralizadas; no hay apóstoles más que allí[720];
-pero se ha dado un gran paso, pues si durante varios años no ha habido
-más que una Iglesia completamente organizada, que es la de Jerusalem,
-centro absoluto de la fé, de donde toda vida emana y á donde toda vida
-refluye, ya no es así, pues contamos con Antioquía que es una Iglesia
-perfecta con toda la gerarquía de los dones del Espíritu Santo. Las
-misiones salen de ella[721] y á ella vuelven[722], es una segunda
-capital, ó mejor dicho, un segundo corazon, que tiene su accion propia
-y cuya fuerza se ejercita en todas direcciones.
-
-Por lo demás, fácil es preveer desde ahora que la segunda capital
-eclipsará á la primera: la decadencia de la Iglesia de Jerusalem fué
-en efecto rápida, que es condicion de las instituciones fundadas sobre
-el comunismo tener un período brillante, pues el comunismo supone
-siempre una gran exaltacion; pero degenerará muy pronto porque aquel
-es contrario á la naturaleza humana. En sus arranques de virtud, el
-hombre cree poder dispensarse por completo del egoismo y del interés
-propio; pero el egoismo tomará la revancha probando que el absoluto
-desinterés engendra males mucho más graves que los que se creyeron
-evitar suprimiendo la propiedad.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XIV.
-
-Persecucion de Herodes Agrippa I.
-
-
-[Marginal: Año 44]
-
-Bernabé encontró la Iglesia de Jerusalem sumida en el mayor desórden.
-El año 44 le fué fatal, porque además del hambre, vió encenderse de
-nuevo el fuego de la persecucion, que se habia amortiguado á la muerte
-de Estéban.
-
-Herodes Agrippa, nieto de Herodes el Grande, habia logrado, desde
-el año 41, reconstituir el reino de su abuelo. Merced al favor de
-Calígula, habia podido reunir bajo su dominacion la Batanea, la
-Traconítide, una parte del Haurán, la Abilene, la Galilea y la
-Perea[723]. El ignoble papel que desempeñó en la tragicomedia que elevó
-á Claudio al imperio[724], culminó su fortuna. Ese vil oriental, en
-recompensa de las lecciones de bajeza y de perfidia que habia dado á
-Roma, obtuvo para él la Samaria y la Judea, y para su hermano Herodes
-el pequeño reino de Calcis[725]. Habia dejado en Roma los más tristes
-recuerdos, y se atribuian en gran parte á sus consejos las crueldades
-de Calígula[726]. Era muy poco querido de su ejército y de las ciudades
-paganas de Sebastia y Cesarea, que sacrificaba á Jerusalem[727]. Pero
-los judíos lo encontraban generoso, magnífico y deseoso de aliviar sus
-males. Procuraba hacerse popular entre ellos, y seguia una política
-enteramente diferente de la de Herodes el Grande, que se habia
-inclinado más á favor de los griegos y romanos que de los judíos.
-Herodes Agrippa, al contrario, amaba á Jerusalem, observaba exactamente
-la religion judía, afectaba ser muy escrupuloso, y ni un solo dia
-dejaba de hacer sus devociones[728]. Hasta escuchaba con dulzura las
-observaciones de los rigoristas, y se tomaba el trabajo de justificarse
-de sus reprehensiones[729]. Perdonó á los Jerosolimitas el tributo que
-le debia cada casa[730] y, en una palabra, los ortodoxos tuvieron en él
-un rey á su gusto.
-
-Era inevitable que un príncipe con semejante carácter habia de
-perseguir á los cristianos. Sincero ó no, Herodes Agrippa, era un
-soberano judío en toda la extension de la palabra[731]. La casa
-de Herodes, á medida que se debilitaba, se hacia más devota y se
-separaba más y más de la elevada idea profana del fundador de su
-dinastía, aspirando á que viviesen juntos, bajo el imperio comun de
-la civilizacion, los cultos más opuestos. Cuando Herodes Agrippa,
-proclamado rey, entró por primera vez en Alejandría fué recibido
-como rey de los judíos, cuyo título irritó al pueblo y dió lugar
-á muchas burlas[732]. Ahora bien, ¿qué habia de ser un rey de los
-judíos, sino un guardian de la ley y de las tradiciones, un soberano
-teócrata y perseguidor? Desde Herodes el Grande, durante cuyo reinado
-se reprimió enteramente el fanatismo, hasta estallar la guerra que
-originó la ruina de Jerusalem, hubo siempre una progresion creciente
-de ardor religioso. La muerte de Calígula (24 de Enero de 41) habia
-producido una reaccion favorable á los judíos. En general Claudio fué
-muy benévolo para ellos[733] á causa de la influencia que tenian con
-él Herodes Agrippa y Herodes, rey de Calcis. No solo dió la razon
-á los judíos de Alejandría en sus disensiones con los habitantes de
-dicho país, otorgándoles el derecho de elegir un etnarca, sino que
-hasta publicó, segun parece, un edicto por el que concedia á los
-judíos, en toda la extension del imperio, como lo habia hecho en favor
-de los de Alejandría, la libertad de vivir segun sus leyes, con la
-única condicion de no ultrajar los demás cultos. Algunas tentativas
-de vejaciones análogas á las que habian tenido lugar en tiempo de
-Calígula, fueron reprimidas[734]. Jerusalem se ensanchó mucho,
-uniéndose con la ciudad el barrio de Bezetha[735]. Apenas se hacia
-sentir allí la autoridad romana, por más que Vibius Marsus, hombre
-prudente, de mucha experiencia, adquirida en los elevados cargos que
-desempeñara, de un talento muy cultivado[736], y que habia sucedido
-á Publio Petronio en las funciones de legado imperial en Siria,
-advertia de cuando en cuando á Roma que eran peligrosos aquellos reinos
-semi-independientes de Oriente[737]. La especie de feudalismo que desde
-la muerte de Tiberio tendia á establecerse en Siria y en las comarcas
-vecinas[738], debilitaba en efecto la política imperial, y casi siempre
-dió malos resultados. Los «reyes» cuando iban á Roma eran personajes
-que ejercian allí una influencia detestable. La corrupcion y la
-desmoralizacion del pueblo, sobre todo en el reinado de Calígula, eran
-debidas en gran parte al ejemplo dado por aquellos miserables á quienes
-se veia arrastrar la púrpura en el teatro, en el palacio del César, y
-en las cárceles[739]. En cuanto á los judíos, ya hemos visto[740] que
-para ellos _autonomía_ significaba intolerancia. El pontificado supremo
-pasaba únicamente y aún por cortos períodos de la familia de Hanan
-á la de Boethus, no menos altanera y cruel. El soberano que queria
-complacer á los judíos no podia dejar de decretar lo que más deseaban,
-es decir, severidades contra todo lo que se separase de la más rigurosa
-ortodoxia[741].
-
-Herodes Agrippa fué por la misma razon al fin de su reinado un
-perseguidor violento[742]. Algun tiempo antes de la Pascua del año
-44, hizo cortar la cabeza á uno de los principales miembros del
-Colegio Apostólico, á Jacobo, hijo del Zebedeo y hermano de Juan. Este
-asunto no se consideró como religioso, y por lo tanto no hubo proceso
-inquisitorial ante el Sanhedrin; la sentencia fué dictada en virtud del
-poder arbitrario del soberano, como sucedió con Juan Bautista[743].
-Animado por el buen efecto que dicha muerte produjo entre los
-judíos[744], Herodes Agrippa no quiso detenerse en tan fácil via de
-popularidad. Eran los primeros dias de la fiesta de Pascua, época
-ordinaria del acrecentamiento de fanatismo, y aprovechando la ocasion,
-Agrippa hizo encerrar á Pedro en la torre Antonia, á fin de que se le
-juzgara y ejecutara con grande aparato ante la masa de pueblo que se
-reunia con motivo de las fiestas.
-
-Una circunstancia que ignoramos, y que fué considerada como milagrosa,
-puso á Pedro en libertad. Una tarde en la que varios fieles se habian
-reunido en casa de María, madre de Juan Márcos, en donde acostumbraba
-á vivir Pedro, se oyó llamar de repente á la puerta. La criada, llamada
-Rhodé, fué á ver quién era y reconoció la voz de Pedro. Embargada por
-la alegría, en vez de abrir, corre á anunciar que Pedro estaba allí.
-La tratan de loca, pero ella jura y vuelve á asegurar que es él. «Es
-su ángel,» dicen algunos. Vuelve á oirse llamar varias veces; era él.
-La alegría fué infinita. Pedro hizo participar enseguida su libertad á
-Jacobo, hermano del Señor, y á los demás fieles. Se creyó que el ángel
-del Señor habia entrado en el calabozo del apóstol y habia hecho caer
-las cadenas y cerrojos. Pedro contaba que todo esto habia sucedido
-mientras estaba en una especie de éxtasis; que despues de haber pasado
-la primera y segunda guardia y atravesado la puerta de hierro que
-daba á la ciudad, el ángel lo acompañó hasta una calle y lo dejó: que
-entonces volvió en sí y reconoció la mano de Dios, que habia enviado un
-mensajero celeste para libertarlo[745].
-
-Agrippa sobrevivió poco á estas violencias[746]. Á mediados del año
-44, pasó á Cesarea para celebrar juegos en honor de Claudio. La
-concurrencia fué extraordinaria; los habitantes de Tiro y de Sidon,
-que tenian algunas disensiones con él, fueron á pedirle gracia. Estas
-fiestas disgustaban mucho á los judíos, tanto porque se efectuaban en
-la ciudad impura de Cesarea, como porque se daban en el teatro. Una vez
-que el rey habia salido de Jerusalem con igual motivo, cierto rabino
-Simeon habia propuesto que se declarase que dejaba de pertenecer al
-judaismo y que se le excluia del templo; mas entonces el rey llevó
-su condescendencia hasta el punto de colocar al rabino á su lado en
-el teatro, á fin de probarle que allí nada se hacia contrario á la
-Ley[747]. Creyendo haber satisfecho de este modo á los rigoristas,
-Herodes Agrippa se dejó arrastrar por su aficion á las pompas profanas.
-El segundo dia de la fiesta, entró muy de mañana en el teatro, vestido
-con una túnica de tejido de plata, de un brillo incomparable. Fué
-extraordinario el efecto causado por esta túnica que resplandecia
-á los rayos del sol saliente y los fenicios que rodeaban al rey le
-prodigaron adulaciones imbuidas de paganismo. «Es un Dios, decian, y no
-un hombre.» El rey no manifestó indignacion ni vituperó esta palabra,
-pero falleció cinco dias despues. Judíos y cristianos atribuyeron su
-muerte al no haber rechazado con horror una lisonja tan blasfematoria.
-La tradicion cristiana supuso que este era el castigo reservado á los
-enemigos de Dios, puesto que murió de una enfermedad vermicular[748].
-Sin embargo, los síntomas de que habla Josefo harian creer más bien
-en un envenenamiento, y viene á confirmar esta opinion lo que dicen
-las _Actas_ de la conducta equívoca de los fenicios y del cuidado que
-tuvieron en ganar á Blastus, ayuda de cámara del rey.
-
-Con la muerte de Herodes Agrippa I desapareció la independencia
-de Jerusalem, que volvió á ser gobernada por procuradores. Este
-régimen duró hasta la gran sublevacion, lo que fué un bien para el
-cristianismo, porque debe observarse que esta religion que debia
-sostener más tarde una lucha tan terrible contra el imperio romano,
-creció á la sombra del principio de aquel y bajo su proteccion. Roma
-era, conforme lo hemos dicho repetidas veces, quien impedia que el
-judaismo se entregase completamente á sus instintos de intolerancia
-y de destruccion de los gérmenes de libertad que se producian en su
-seno. Toda restriccion de la autoridad judía era un beneficio para
-la secta naciente: Cuspius Fadus, el primero de esta nueva série de
-procuradores, fué otro Pilatos, de mucha firmeza ó por lo menos de
-buena voluntad; pero Claudio continuaba mostrándose favorable á las
-pretensiones judías, á causa sobre todo de las instigaciones del jóven
-Herodes Agrippa, hijo de Herodes Agrippa I, que vivia á su lado y á
-quien amaba mucho[749]. Despues de la corta administracion de Cuspius
-Fadus, las funciones de procurador fueron confiadas á un judío, á aquel
-Tiberio Alejandro, sobrino de Philon é hijo del alabarca de los judíos
-de Alejandría, que tuvo grandes empleos y desempeñó un papel importante
-en los asuntos políticos de su siglo. Verdad es que no era amado de los
-judíos, que lo miraban, no sin razon, como un apóstata[750].
-
-Para poner fin á estas continuas disputas, se recurrió al medio más
-conforme con los buenos principios. Se hizo una especie de separacion
-entre lo espiritual y lo temporal, y se dejó el poder político á los
-procuradores; pero Herodes, rey de Calcis y hermano de Agrippa I, fué
-nombrado Prefecto del templo, guardian de los vestidos pontificales,
-y tesorero de la caja sagrada, revistiéndose del derecho de nombrar
-los grandes sacerdotes[751]. Á su muerte (año 48), Herodes Agrippa
-II, hijo de Herodes Agrippa I, sucedió á su tio en dichos cargos, que
-conservó hasta la gran guerra. Claudio continuaba mostrándose en todo
-esto lleno de bondad. Los altos funcionarios romanos en Siria, bien
-que menos inclinados á las concesiones que el emperador, emplearon
-tambien mucha moderacion. El procurador Ventidius Cumanus llevó su
-condescendencia hasta el caso de hacer decapitar, en medio de los
-judíos que formaban el cuadro, á un soldado que habia destrozado un
-ejemplar del Pentateuco[752]. Todo fué inútil; Josefo achaca con razon
-á la administracion de Cumanus los desórdenes que solo concluyeron con
-la destruccion de Jerusalem.
-
-El cristianismo no tomaba la menor parte en estos disturbios[753], que
-eran, como el mismo cristianismo, uno de los síntomas de la fiebre
-extraordinaria que devoraba al pueblo judío y del trabajo divino
-que se verificaba en él. Nunca habia hecho tantos progresos la fé
-judía[754]. El templo de Jerusalem era uno de los santuarios del mundo
-cuya fama se extendia más y al que más donativos se hacian[755]. El
-judaismo habia llegado á ser la religion dominante de la mayor parte
-de la Siria. Los príncipes asmoneos habian convertido violentamente
-á poblaciones enteras (Idumeos, Itureos, etc.)[756]. Hubo al mismo
-tiempo muchos ejemplos de circuncision impuesta por la fuerza[757],
-porque se tenia un grande empeño en hacer prosélitos[758]. La misma
-casa de Herodes contribuia poderosamente á la propaganda judía. Para
-casarse con princesas de esta familia, cuyas riquezas eran inmensas,
-se hacian judíos[759] los príncipes de las pequeñas dinastías vasallas
-de los romanos, de Emesa, de Ponte, y de Cilicia. La Arabia y la
-Etiopía poseian tambien un gran número de convertidos, entre los que
-se contaban, sobre todo por parte de las mujeres[760], las familias
-reales de Meseno y de Adiabene, tributarias de los Partos. Se creia
-que se hallaba la dicha conociendo y practicando la Ley[761], y aun
-cuando no se hiciesen circuncidar, modificaban su religion en sentido
-judío; el espíritu general de la religion en Siria era una especie
-de monoteismo. En Damasco, ciudad que nada tenia de israelita, casi
-todas las mujeres habian adoptado la religion judaica.[762] Detrás del
-judaismo farisaico, se formaba así una clase de judaismo libre, menos
-violento, que ignoraba algunos secretos de la secta[763], pero que
-tenia más porvenir y en el que únicamente se llevaba buena voluntad y
-puro corazon. La situacion era, á corta diferencia, la del catolicismo
-de nuestros dias, en donde vemos, por una parte, teólogos ignorantes y
-orgullosos que por sí solos no convertirian más almas al catolicismo
-que las que ganaron los fariseos para el judaismo; y por otra, piadosos
-seglares, heréticos mil veces sin saberlo, pero llenos de tierno celo,
-ricos en buenas obras y en sentimientos poéticos, ocupados siempre en
-disimular ó en atenuar con complacientes explicaciones las faltas de
-sus doctores.
-
-Uno de los ejemplos más extraordinarios de la corriente que
-arrastraba hácia el judaismo á las almas religiosas, fué el que dió
-la familia real de Adiabene en el Tigris[764]. Esta casa, en su
-orígen y costumbres[765], bien que iniciada en parte en la cultura
-griega[766], se hizo judía casi toda y se distinguió por su extrema
-devocion; porque, conforme hemos manifestado, estos prosélitos eran
-regularmente más piadosos que los judíos de nacimiento. Izate, jefe
-de la familia, abrazó el judaismo á consecuencia de las predicaciones
-de un mercader judío llamado Ananías, que al entrar, para su pequeño
-comercio en el serrallo de Abennerig, rey de Meseno, habia convertido
-á todas las mujeres y se habia constituido su director espiritual.
-Las mujeres pusieron á Izate en relaciones con él. En la misma época,
-Elena, su madre, se hacia instruir en la verdadera religion por otro
-judío. Izate, en su celo de nuevo convertido, queria tambien hacerse
-circuncidar, pero su madre y Ananías lo disuadieron de ello. Ananías
-le demostró que más importante era la observacion de los mandamientos
-de Dios que la circuncision, y que se podia ser muy buen judío sin
-esta ceremonia. Semejante tolerancia era debida á un corto número de
-inteligencias superiores. Algun tiempo despues, un judío de Galilea
-llamado Eleazar, encontró al rey que leia el Pentateuco y le probó con
-el texto, que no podia observar la Ley sin ser circunciso. Izate quedó
-persuadido de ello y mandó que le hicieran en seguida la operacion[767].
-
-La conversion de Izate fué seguida de la de su hermano Monobaze y de
-casi toda la familia. En el año 44, Elena pasó á fijarse en Jerusalem,
-en donde hizo construir para la casa real de Adiabene un palacio y un
-mausoleo de familia que todavía existe[768]. Se hizo querer de los
-judíos por su afabilidad y sus limosnas. Daba gozo verla, como una
-piadosa judía, frecuentar el templo, consultar á los Doctores, leer la
-Ley, y enseñarla á sus hijos. En la peste del año 44, aquella santa
-mujer fué la providencia de la ciudad, pues mandó comprar una gran
-cantidad de trigo en Egipto, y de higos secos en Chipre. Izate, por
-su parte, envió sumas considerables para ser distribuidas entre los
-pobres. Las riquezas del Adiabene se gastaban en parte en Jerusalem,
-donde vinieron los hijos de Izate para aprender los usos y la lengua
-de los judíos. La familia citada fué un gran recurso para aquel pueblo
-de mendigos. Habian tomado como un derecho de ciudadanía en Jerusalem,
-en donde se encontraron varios de sus miembros durante el sitio de
-Tito[769], al paso que otros figuran en los escritos talmúdicos como
-modelos de piedad y de desprendimiento[770].
-
-Así es como la familia real de Adiabene vino á figurar en la
-historia del cristianismo. Sin ser cristiana, como han supuesto
-varias tradiciones[771], esta familia representó bajo diferentes
-conceptos las primicias de los gentiles. Abrazando el judaismo,
-obedeció al sentimiento que debia llevar al cristianismo al mundo
-pagano entero. Los verdaderos israelitas para con Dios lo eran más
-bien aquellos extranjeros, animados por un sentimiento religioso tan
-profundamente sincero, que no el fariseo soberbio y perverso, para
-quien la religion no era más que un pretexto de ódios y desdenes.
-Aquellos buenos prosélitos no eran fanáticos en lo más mínimo porque
-eran verdaderamente santos. Admitian que la verdadera religion
-podia practicarse con los códigos civiles más diversos; separaban
-completamente la religion de la política. La distincion entre los
-sectarios sediciosos que se proponian defender rabiosamente á
-Jerusalem, y los pacíficos devotos que, al primer rumor de guerra,
-habian de refugiarse en las montañas[772], se manifestaba cada dia más.
-
-Vemos, pues, que la cuestion de los prosélitos se presentaba del
-mismo modo en el judaismo que en el cristianismo. De una y otra
-parte, se sentia la necesidad de tener más tolerancia, y para los que
-consideraban la cuestion bajo este punto de vista, la circuncision era
-una práctica inútil ó perjudicial, y las observancias mosáistas una
-simple señal de raza, que solo tenia valor para los hijos de Abraham.
-Antes de ser una religion universal, el judaismo se veia obligado á
-limitarse á una especie de deismo, que únicamente imponia los deberes
-de la religion natural. Habia de cumplirse con ello una mision sublime,
-y una parte del judaismo, en la primera mitad del siglo I, lo hizo
-de una manera muy inteligente. Por un lado, el judaismo era uno de
-los innumerables cultos nacionales[773] que llenaban el mundo y cuya
-santidad no reconocia otra causa que la de haber sido practicado
-por sus antepasados; por otro, el judaismo era la religion absoluta,
-hecha para todos, y destinada á ser adoptada por todos. El espantoso
-desbordamiento de fanatismo que se desarrolló en Judea y que originó
-la guerra de exterminio, destruyó este porvenir. El cristianismo fué
-el que se encargó de proseguir por su cuenta la tarea que la sinagoga
-no habia sabido llevar á cabo. Dejando aparte las cuestiones rituales,
-el cristianismo continuó la propaganda monoteista del judaismo. Lo que
-favoreciera el éxito del judaismo con las mujeres de Damasco, en el
-serrallo de Abennerig, con Elena y otros tantos prosélitos piadosos,
-fortaleció al cristianismo en el mundo entero. En tal concepto, la
-gloria del último se confunde verdaderamente con la del primero. Una
-generacion de fanáticos privó al judaismo de su recompensa, y le
-impidió recoger la cosecha que habia preparado.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XV.
-
-Movimientos paralelos al cristianismo ó imitadores del cristianismo. --
-Simon de Gitton.
-
-
-[Marginal: Año 45]
-
-El cristianismo está ahora realmente fundado. En la historia de todas
-las religiones, solo se encuentran obstáculos durante los primeros
-años; mas cuando una creencia ha resistido las duras pruebas por que
-ha de pasar toda nueva fundacion, está asegurado su porvenir. Los
-fundadores del cristianismo, más hábiles que los otros sectarios del
-mismo tiempo, esenianos, baptistas y partidarios de Judas el Gaulonita,
-que no salieron del mundo judío y perecieron con él, se lanzaron
-bien pronto al mundo con la mayor resolucion y ocuparon en aquel su
-puesto. Las pocas citas que sobre cristianos encontramos en Josefo, en
-el Talmud, y en todas las obras de los autores griegos y latinos, no
-debe sorprendernos. Josefo ha llegado hasta nosotros por los copistas
-cristianos que han sabido suprimir todo lo que era contrario á su
-creencia; pero podemos suponer que hablaba con más extension de Jesús
-y de los cristianos, que la edicion que ha llegado hasta nosotros.
-El Talmud sufrió tambien durante la edad media[774] y despues de su
-primera publicacion, varias supresiones y alteraciones, pues se ejerció
-la censura cristiana sobre el texto con mucha severidad, y fueron
-quemados una multitud de desdichados judíos por haber tenido en su
-poder un libro conteniendo páginas consideradas como blasfematorias.
-No es tampoco sorprendente que los escritores griegos y latinos se
-preocupen poco de un movimiento que no pueden comprender y que tuvo
-lugar en un pequeño mundo cerrado para ellos. El cristianismo se pierde
-á sus ojos sobre el oscuro fondo del judaismo; esto fué una querella de
-familia en el fondo de una nacion abyecta; ¿á qué ocuparse de ello?
-
-Los dos ó tres pasajes en que Tácito y Suetonio hablan de los
-cristianos, prueban que algo extraordinaria debia ser la secta nueva,
-cuando traspasó el círculo ordinario de la publicidad, y al poco
-tiempo, á través de las nubes de la indiferencia general, comenzó á
-destacarse vigorosamente.
-
-Por lo demás, lo que contribuyó á borrar un poco las formas del
-cristianismo en la historia del mundo judío en el primer siglo de
-nuestra era, es que no fué un hecho aislado. Philon, en la hora á que
-hemos llegado, habia concluido su carrera, consagrada enteramente al
-amor del bien. La secta de Judas el Gaulonita dura todavía: el agitador
-tuvo como continuadores de su pensamiento á sus hijos Jacobo, Simon
-y Menahem: pero los dos primeros fueron crucificados por órden del
-procurador Tiberio Alejandro[775]. En cuanto al tercero, desempeñará
-en la catástrofe final de la nacion un importante papel[776]. El año
-44, un entusiasta llamado Teudas[777] se presentó anunciando una
-próxima libertad, é invitó á la multitud á que le siguiera al desierto,
-prometiendo, cual otro Josué, hacerle pasar el Jordan á pié enjuto;
-ya que este pasaje era segun él el verdadero bautismo que debia
-iniciar á cada uno de sus fieles en el reino de Dios. Siguiéronle más
-de cuatrocientas personas; pero el procurador Fado, mandó contra él
-á la caballería, dispersólos y le hirió[778]. Algunos años antes se
-habia levantado toda la Samaria á la voz de un iluminado que pretendia
-haber tenido una revelacion en el lugar de Garissim, donde Moisés
-habia ocultado los instrumentos sagrados del culto. Pilatos habia
-reprimido con gran rigor este movimiento[779]. En cuanto á Jerusalem,
-la paz habia acabado para ella, pues á contar desde la llegada del
-procurador Ventidio Cumano (año 48), los trastornos no cesaron; la
-excitacion habia llegado á tal punto, que la vida era insufrible y
-las circunstancias más insignificantes producian estallidos[780].
-Sentíase una extraña fermentacion, una especie de turbacion
-misteriosa; por todas partes se multiplicaban los impostores[781];
-los terribles _zelotas_ (_Kenaïm_) ó sicarios, empezaban á aparecer;
-y varios miserables armados de puñales se metian entre la multitud,
-herian á sus víctimas, y eran los primeros que gritaban al asesino.
-No se pasaba dia sin que se cometiera alguno de estos asesinatos;
-extendiéndose el terror de una manera extraordinaria. Josefo presenta
-los crímenes de estos sicarios como cometidos por bribones[782], pero
-no es dudoso que el fanatismo se mezclaba en ello[783]: para defender
-la ley aquellos miserables se armaron del puñal: el que faltaba segun
-ellos á las prescripciones legales, veia pronto pronunciada y ejecutada
-su sentencia. Con ello creian llevar á cabo la obra más meritoria y más
-agradable á Dios.
-
-Escenas análogas á las de Teudas, renovábanse por todas partes.
-Varios personajes pretendiéndose inspirados sublevaban el pueblo y
-le arrastraban consigo al desierto, bajo el pretexto de hacerle ver
-por signos manifiestos que Dios iba á librarles. La autoridad romana
-deseaba exterminar á estos agitadores[784] que reunian las gentes á
-millares, en términos de que en el año 56, un judío que vino de Egipto
-á Jerusalem, con su prestigio consiguió atraer más de treinta mil
-personas, entre las que habia cuatro mil sicarios. Desde el desierto,
-queria llevarles al monte Olivete, para ver desde allí, segun decia,
-caer las murallas de Jerusalem á su solo mandato. Félix, que era
-entonces procurador, marchó contra él y dispersó á su gente, pero el
-egipcio se salvó y no pareció más[785]. Sin embargo, así como en un
-cuerpo enfermizo los males se suceden unos á otros, viéronse pronto
-partidas mandadas por mágicos y ladrones que conducian claramente al
-pueblo á revolucionarse contra los romanos, amenazando de muerte á los
-que continuaran obedeciéndoles. Bajo este pretexto maltrataban á los
-ricos, decomisaban sus bienes, quemaban sus casas, dejando en toda
-la Judea huellas de su furor[786]. Anunciábase una guerra espantosa:
-reinaba fuerte agitacion por do quier, y las imaginaciones se mantenian
-en un estado cercano á la más completa locura.
-
-No era imposible que Teudas se inspirara en el espíritu de imitacion
-á la vista de Jesús y de Juan Bautista. Á lo menos esta imitacion se
-evidenció con Simon de Gitton, si merecen alguna fé las tradiciones
-cristianas acerca de este personaje[787]. Le hemos visto ya en
-relacion con los apóstoles á propósito de la primera mision de
-Felipe en Samaria. Bajo el reinado de Claudio es cuando conquistó su
-celebridad[788]. Sus milagros eran considerados como permanentes, y en
-Samaria le miraba todo el mundo como un personaje sobrenatural[789].
-
-No eran solo sus milagros los únicos fundamentos de su reputacion.
-Segun parece usaba una doctrina que nos es imposible juzgar, ya que
-la obra intitulada _La Grande Exposicion_ que se le atribuye, y que
-ha llegado hasta nosotros por extracto, no es tal vez otra cosa más
-que una síntesis modificada de sus ideas[790]. Simon, durante su
-permanencia en Alejandría[791], parece haber fomentado en sus estudios
-de filosofía griega un sistema de teosofía sincrética y de exégesis
-alegórica semejante á la de Philon. Este sistema tiene su grandeza:
-pues tan pronto recuerda la cábala judía, como las teorías panteistas
-de la filosofía indiana; y bajo cierto punto de vista parece una
-imitacion del budismo y del parsismo[792]. Al frente de todas las
-cosas está «Aquel que es, que ha sido y que será[793],» es decir el
-_Jahveh_ samaritano, entendido segun la fuerza etimológica de su
-nombre, el Sér eterno, único engendrado por sí mismo, aumentando por
-sí mismo, encontrándose á sí mismo, padre, madre, hermana, esposo, é
-hijo de sí mismo[794]. En el seno de este infinito, todo poder existe
-eternamente; todo pasa á la accion y á la realidad por la conciencia
-del hombre, por la razon, la lengua y la ciencia[795]. El mundo se
-explica ya por una gerarquía de principios abstractos, análogos á los
-Eones del gnosticismo y al árbol sefirótico de la cábala, ya por un
-sistema de ángeles que parece tomado de las creencias de la Persia.
-Estas abstracciones se presentan algunas veces como traducciones de
-hechos físicos y psicológicos: otras veces, los _poderes divinos_,
-considerados como sustancias separadas, se realizan en encarnaciones
-sucesivas, ya masculinas, ya femeninas, cuyo fin es el libertar á
-los séres encadenados por los lazos de la materia. El primero de
-estos poderes es el que por excelencia se llama «el Grande,» y que
-es la inteligencia de este mundo, la Providencia universal[796]. Es
-masculina y se considera á Simon como su encarnacion. Al lado de ella
-está la _syzigia_ femenina, «el Gran Pensamiento.» Habituado Simon á
-revestir sus teorías de un extraño simbolismo, imagina interpretaciones
-alegóricas para los antiguos textos sagrados y profanos, á los
-cuales el autor de la _Grande Exposicion_, da el nombre de _Helena_,
-significando con esto que era el objeto del deseo universal, la eterna
-causa de discusion entre los hombres, la que se venga de sus enemigos y
-les ciega, hasta el momento en que consienten cantar la palinodia[797];
-teme que mal comprendido é interpretado torcidamente por los padres
-de la Iglesia da lugar á cuentos pueriles[798]. El conocimiento de
-la literatura griega que posee el autor de la _Grande Exposicion_, es
-en todo caso, muy notable. Él sostiene que cuando se saben comprender
-los escritos de los paganos bastan para el conocimiento de todas las
-cosas[799]; su eclectismo abraza todas las revelaciones y procura
-refundirlas en un solo órden de verdades.
-
-En cuanto al fondo de su sistema, hay mucha analogía con el de
-Valentin y con las doctrinas sobre las personas divinas que se
-encuentran en el cuarto Evangelio, en Philon, y en los Targums[800].
-Este «_Metatrono_[801]» es el que los judíos colocaban al lado de la
-Divinidad y hasta en su sentido se parece mucho al «_Gran poder_.» En
-la teología de los samaritanos se vé figurar un Gran ángel, jefe de los
-demás, y una especie de manifestaciones, ó _virtudes divinas_[802],
-análogas á las que la cábala judía se figuraba por su parte. Por esto
-parece que Simon de Gitton fué una especie de teósofo en el mismo
-género de Philon y de los cabalistas. Tal vez se acercó alguna vez al
-cristianismo, pero no se acercó á él de una manera decisiva.
-
-Si tomó algo de los discípulos de Jesús, es muy difícil probarlo. Si la
-_Grande Exposicion_ es suya, vemos que en algunos pasajes se adelanta
-á las ideas cristianas, y en otros se relaciona mucho con ellas[803].
-Lo que parece es que ensayó un eclecticismo análogo al que practicó
-más tarde Mahoma, y que intentó fundar su religion aceptando la mision
-divina de Juan[804] y de Jesús, á fin de ponerse en mística relacion
-con ellos. Él sostuvo que el mismo Simon se habia aparecido á los
-samaritanos, como Pedro á los judíos, para la crucifixion visible del
-Hijo, y á los gentiles para la infusion del Santo Espíritu[805]. Segun
-parece, preparó tambien el terreno para la doctrina de los _Docetas_,
-pues decia que era él quien habia sufrido en Judea en la persona de
-Jesús, pero que este sufrimiento fué solo aparente.[806] Su pretension
-de ser la misma Divinidad y de hacerse adorar ha sido probablemente
-exagerada por los cristianos que solo han procurado hacerle odioso.
-
-Por lo demás se vé que la doctrina de la _Grande Exposicion_ es casi la
-de todos los escritos gnósticos, y si verdaderamente Simon ha profesado
-estas doctrinas, han tenido mucha razon los padres de la Iglesia en
-considerarle como un fundador del gnosticismo[807]. Nosotros creemos
-que la _Grande Exposicion_ no tiene más que una autenticidad relativa,
-y es poco más ó menos á la doctrina de Simon, lo que el cuarto
-Evangelio al pensamiento de Jesús; que se refiere á los primeros años
-del siglo II, es decir, á la época en que las ideas teosóficas de
-_Logos_ dejaron de predominar. Estas ideas que encontramos en gérmen en
-la Iglesia cristiana el año 60[808], pudieron ser conocidas de Simon
-cuya vida acaso se prolongara hasta fines del siglo.
-
-En nuestro concepto, este enigmático personaje es una especie de
-plagiario del cristianismo. La imitacion parece ser una costumbre
-constante entre los samaritanos[809]. De la misma manera que habian
-imitado siempre el judaismo de Jerusalem, estos sectarios copiaron
-tambien del cristianismo, hicieron sus especulaciones teosóficas y su
-cábala. Pero Simon ¿fué un imitador respetable á quien no se pueda
-calificar de prestidigitador inmoral y ridículo[810], que explotaba en
-su favor una doctrina formada de trozos recogidos aquí y allá? Hé aquí
-lo que probablemente se ignorará siempre. Simon ocupaba en la historia
-una posicion muy falsa; marcha sobre una cuerda tirante donde no es
-permitida oscilacion alguna; en este punto no hay más que elegir entre
-una caida ridícula ó un éxito maravilloso.
-
-Todavía nos ocuparemos más de Simon y veremos si las leyendas durante
-su permanencia en Roma que al mismo se refieren, tienen alguna
-verosimilitud. Lo cierto es que la secta simoniana duró hasta el
-siglo III[811]; que tuvo dos iglesias en Antioquía, y tal vez hasta
-en Roma mismo; que Menandro de Caparetea y Clobio[812] continuaron la
-doctrina de Simon, ó mejor imitaron su papel de teurgo, con un recuerdo
-más ó menos vivo de Jesús y de sus apóstoles. Simon y sus discípulos
-fueron muy estimados entre sus correligionarios. Las sectas del mismo
-género, paralelas al cristianismo[813], y más ó menos impregnadas de
-_gnosticismo_, no cesaron de producirse entre los samaritanos hasta su
-destruccion por Justiniano. El destino de este pequeño grupo fué sufrir
-las consecuencias de todo lo que pasaba á su alrededor, sin producir
-nada completamente original.
-
-En cuanto á los cristianos, la memoria de Simon de Gitton les era
-aborrecible. Esos prestigios, que tanto se parecían a los suyos, les
-irritaban, y haber alcanzado el éxito de los apóstoles fué el más
-imperdonable de los crímenes. Pretendióse que los prodigios de Simon
-y de sus discípulos eran obra del diablo y se denigró al teósofo
-samaritano con el nombre de _Mágico_[814], que los fieles tomaban
-en muy mal sentido. Toda la leyenda cristiana de Simon revelaba una
-cólera reconcentrada: se le atribuyeron las máximas del quietismo y
-los excesos que se suponen ser su consecuencia[815]; se le consideró
-como padre de todo error, como el primer heresiarca: se contaron
-sus aventuras ridículas, sus hechos con referencia á Pedro[816], y
-se atribuyó á otro motivo distinto el impulso que le llevó hácia el
-cristianismo. Tan preocupados estaban con su nombre, que creian leerle
-al través de las páginas donde no estaba escrito[817]. El simbolismo de
-que ha revestido sus ideas fué interpretado de la manera más grotesca.
-La _Helena_ que él identificaba con la _primera inteligencia_, se
-consideró como una mujer pública que habia comprado en el mercado de
-Tiro[818]: su nombre, en fin, se colocó al lado del de Judas y se
-tomó como sinónimo de _antiapóstol_[819], última injuria y palabra
-proverbial para designar un impostor de profesion, un adversario de
-la verdad que quisiera presentarse con misterio[820]. Este fué el
-primer enemigo del cristianismo, ó mejor dicho, el primer personaje
-que el cristianismo trató como enemigo, no escaseándose los piadosos
-fraudes ni calumnias para disfamarle[821]. La crítica no puede, en
-este caso, revindicarle porque le faltan los documentos auténticos
-y contradictorios; lo único que puede hacer es retratarle tal como
-aparece en las tradiciones poniendo en relieve el estilo despreciativo
-que en ellas se nota.
-
-Á lo menos no debe acusarse al teurgo samaritano de una imitacion que
-acaso no hiciera. En una reseña del historiador Josefo, un mágico judío
-llamado Simon, nacido en Chipre, desempeñaba por parte del procurador
-Félix el papel de _proxeneto_[822]. Las circunstancias de esta reseña
-no convienen con Simon de Gitton y no debe hacérsele responsable de
-los hechos de un personaje que solo puede tener de comun con él su
-nombre, que llevaban entonces millares de hombres, ni de la pretension
-de hacer obras sobrenaturales que tenia entonces una multitud de sus
-contemporáneos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XVI.
-
-Marcha general de las misiones cristianas.
-
-
-[Marginal: Año 45]
-
-Hemos visto á Bernabé partir de Antioquía para remitir á los fieles
-de Jerusalem la colecta de sus hermanos de Siria. Le hemos visto
-presenciar alguno de los disturbios que la persecucion de Herodes
-Agrippa I causó á la Iglesia de Jerusalem[823]; volvamos con él á
-Antioquía, donde parece haberse concentrado en este momento toda la
-actividad creadora de la secta.
-
-Bernabé llevó consigo á un celoso colaborador: este era su primo Juan
-Márcos, el discípulo querido de Pedro[824], el hijo de aquella María
-en casa de la cual el primero de los apóstoles deseaba permanecer. Sin
-duda, tomando este nuevo colaborador, pensaba ya en la grande empresa
-á la cual iba á asociarle. Tal vez preveia las divisiones que la misma
-obra suscitaria, y tenia cuidado de tomar por compañero un hombre que
-sabia era el brazo derecho de Pedro, es decir, del apóstol que en los
-asuntos generales tendria mayor autoridad.
-
-Esta empresa no fué más que una série de grandes misiones que debian
-partir de Antioquía, teniendo por programa la conversion del mundo
-entero. Como todas las grandes resoluciones que se tomaban en la
-Iglesia, fué tambien atribuida aquella al Espíritu Santo. Se creyó ser
-obra de un llamamiento especial, de una eleccion sobrenatural, que se
-supuso haber sido comunicada á la Iglesia de Antioquía mientras ayunaba
-y oraba. Tal vez alguno de los profetas de la Iglesia, Menahem ó Lucio,
-en uno de sus accesos de glosolalia pronunció algunas palabras de las
-cuales pudo deducirse que Pablo y Bernabé estaban predestinados á esta
-mision[825]. En cuanto á Pablo, estaba convencido que Dios le habia
-elegido desde el vientre de su madre para la obra á la cual iba á
-consagrarse enteramente[826].
-
-Los dos apóstoles se agregaron á título de subordinado para secundarles
-en la parte material de su empresa, al Juan Márcos que Bernabé habia
-llevado consigo á Jerusalem[827]. Cuando terminaron los preparativos,
-hubo ayunos y oraciones, y se impusieron las manos á los dos apóstoles
-para indicar que la mision era conferida por la misma Iglesia[828]; se
-les recomendó á la gracia de Dios y partieron[829]. ¿Por qué lado se
-dirigieron? ¿Qué mundo iban á evangelizar? Esto es lo que importa saber.
-
-Todas las grandes misiones cristianas primitivas, se dirigieron hácia
-el oeste, ó en otros términos, tomaron por teatro ó cuadro el imperio
-Romano. Si se exceptúa alguna pequeña parte del territorio de los
-Arsácidas, comprendido entre el Éufrates y el Tigris, el imperio de los
-Partos no tuvo durante el primer siglo misiones cristianas[830]. El
-Tigris fué por el Oriente una barrera que el cristianismo solo traspasó
-en las Sasanidas. Dos grandes causas, el Mediterráneo y el imperio
-Romano, determinaron este hecho capital.
-
-El Mediterráneo era hacia mil años el gran camino por donde habian
-cruzado todas las civilizaciones y todas las ideas. Los romanos habian
-ahuyentado de él la piratería, convirtiéndole en una magnífica via
-de comunicacion. Una numerosa marina de cabotaje hacia más fáciles
-los viajes por la costa de este gran lago. La seguridad relativa que
-ofrecian los caminos del imperio, las garantías que se encontraban
-en los poderes públicos, la difusion de los judíos sobre todo el
-litoral del Mediterráneo, el uso de la lengua griega en toda la parte
-oriental de este mar[831], la unidad de civilizacion que los griegos
-tenian con los romanos, hicieron del mapa del imperio el mapa mismo de
-los países reservados á las misiones cristianas y destinados á ser
-cristianos. El _orbis_ romano llegó á ser el _orbis_ cristiano, y en
-este sentido puede afirmarse que los fundadores del imperio fueron
-tambien los fundadores de la monarquía cristiana, ó al menos diseñaron
-sus contornos. Toda provincia conquistada por el imperio romano, era
-una provincia conquistada al cristianismo. Cuando uno se figura á los
-apóstoles ante una Asia Menor, una Grecia, una Italia dividida en cien
-pequeñas repúblicas, una Galia, una España, un África ó un Egipto
-denominadas por antiguas instituciones nacionales, no se puede esperar
-un buen éxito y mucho menos que haya podido nacer el proyecto. La union
-del imperio era la condicion prévia de todo proselitismo religioso,
-haciéndose superior de las nacionalidades. El imperio lo comprendió
-en el siglo XIV y se hizo cristiano: vió que el cristianismo era la
-religion que él habia creado sin saberlo, la religion limitada por
-sus fronteras, identificada con él, capaz de procurarle una segunda
-vida. La Iglesia por su parte se hizo romana y se ha conservado hasta
-nuestros dias como un recuerdo del imperio. Decid á Pablo que Claudio
-será su primer auxiliar; decid á Claudio que aquel judío que parte de
-Antioquía va á fundar la parte más sólida del edificio imperial, y
-asombrareis al uno y al otro, y sin embargo, esto fué una verdad.
-
-De todos los países extraños á la Judea, el primero donde se estableció
-el cristianismo fué naturalmente en Syria. Los naturales de Palestina y
-el gran número de judíos establecidos en aquella comarca[832], hacian
-inevitable este hecho. Chipre, el Asia Menor, la Macedonia, la Grecia
-y la Italia, fueron visitadas por los hombres apostólicos con algunos
-años de intervalo. El Mediodía de la Galia, la España, y la costa de
-África, aunque se evangelizaron bien pronto, fueron los últimos puntos
-que invadió el cristianismo.
-
-Lo propio sucedió en Egipto. El Egipto no figura apenas en la
-historia apostólica; parece que los misioneros apostólicos le vuelven
-sistemáticamente la espalda. Este país, que á partir del siglo III,
-se convierte en teatro de los acontecimientos más importantes de la
-historia de la religion, fué entonces un atraso para el cristianismo.
-Apolo es el único doctor cristiano salido de la escuela de la
-Alejandría, y aun éste aprendió el cristianismo en sus viajes[833].
-Es necesario atribuir la causa de este notable fenómeno á las pocas
-relaciones que existian entre los judíos de Egipto y los de Palestina,
-y sobre todo al hecho de que el Egipto judío tuvo bajo cierto aspecto
-su especial desarrollo religioso. El Egipto tenia á Philon y los
-terapeutas, este era su cristianismo[834], el cual le dispensaba
-de escuchar al otro con atencion. En cuanto al Egipto pagano,
-poseia instituciones religiosas más sólidas que las del paganismo
-greco-romano[835]; la religion egipciaca estaba todavía en toda su
-fuerza y cercano el momento en que iban á bautizarse los enormes
-templos de Esneh, y de Ombos, en los cuales la esperanza de tener en el
-pequeño Cesarion un último rey Ptolomeo, ó un Mesías nacional, hacia
-salir como de la tierra los santuarios de Dendera, y de Hermontis,
-comparables á las más bellas obras faraónicas. El cristianismo se
-establecia por todas partes sobre las ruinas del sentimiento nacional y
-de los cultos locales. La degradacion de las almas era rara en Egipto,
-y hacia raras las aspiraciones que abrieron al cristianismo tan fáciles
-caminos.
-
-Un relámpago que parte de la Syria, ilumina casi simultáneamente las
-tres grandes penínsulas del Asia Menor, de Grecia y de Italia, y
-que bien pronto seguido de un segundo reflejo abraza casi todas las
-costas del Mediterráneo, hé aquí lo que fué la primera aparicion del
-cristianismo: la marcha de las naves apostólicas es casi siempre la
-misma. La predicacion cristiana parece seguir una huella anterior que
-no es otra que la de la emigracion judía. Como un contagio que teniendo
-su foco en el fondo del Mediterráneo, aparece de repente sobre cierto
-número de puntos del litoral, donde se comunica por una correspondencia
-secreta, el cristianismo tuvo sus puertos de arribada designados en
-cierto modo de antemano. Estos puertos se reconocian casi todos por las
-colonias judías; una sinagoga precedió, en general, al establecimiento
-de la Iglesia: diríase que era una cadena eléctrica por cuya extension
-la idea nueva corria de una manera casi instantánea.
-
-En efecto, despues de ciento cincuenta años el judaismo extendido
-por el Oriente y Egipto, habia tomado su vuelo hácia el Occidente.
-Cirene, Chipre, el Asia Menor, ciertas poblaciones de Macedonia y de
-Grecia, y la Italia tenian juderías importantes[836]. Los judíos daban
-el primer ejemplo de este género de patriotismo que los Partos, los
-Armenios, y hasta cierto punto los Griegos modernos debian mostrar
-más tarde; patriotismo extremadamente enérgico porque no se refiere
-á un determinado suelo; patriotismo de comerciantes extendidos por
-todas partes, reconociéndose por todo como hermanos; patriotismo que
-no conduce á formar estados compactos, pero sí pequeñas comunidades
-autónomas en el seno de los demás Estados. Estos judíos dispersos
-unidos estrechamente entre sí, constituyen en las poblaciones,
-congregaciones casi independientes, teniendo sus magistrados y
-consejos. En ciertas poblaciones tenian su _etnarca_ ó _alabarca_,
-revestido de derechos casi soberanos. Habitaban barrios separados y
-fuera de la jurisdiccion ordinaria, muy despreciados de todo el mundo,
-pero donde reinaba la felicidad. Eran más pobres que ricos, pues no
-habia llegado aún la época de las grandes fortunas judías que empezaron
-en España bajo los Visigodos[837]. El acaparamiento de los negocios
-por los judíos fué el efecto de la incapacidad administrativa de los
-bárbaros, de la repugnancia que inspiró á la Iglesia la ciencia del
-dinero y de sus ideas superficiales sobre el préstamo á interés. En
-el imperio romano nada hay semejante, pues cuando el judío no poseia
-riquezas, era muy pobre, ya que no era aficionado á la agricultura.
-En todo caso sabia sufrir muy bien la pobreza, pero lo que sabia
-más aún era aunar la preocupacion religiosa más exaltada con la más
-rara habilidad comercial. Las excentricidades teológicas no excluyen
-en manera alguna el buen sentido en los negocios. En Inglaterra, en
-América, en Rusia, los sectarios más entusiastas (_irvingianos_, santos
-de los últimos dias, _raskolniks_) son buenos comerciantes.
-
-La propiedad de la vida judía piadosamente practicada ha sido siempre
-la de producir mucha alegría y cordialidad. En aquel pequeño mundo
-todos se amaban; se amaba hasta el mismo pasado; las ceremonias
-religiosas iban adquiriendo poco á poco nueva vida. Habia alguna
-analogía con las distintas comunidades que existen todavía en las
-grandes ciudades turcas, como por ejemplo la griega, armenia, y judía,
-de Esmirna, reducidas cofradías donde se conoce todo el mundo, donde
-todos viven juntos y conspiran juntos. En estas pequeñas repúblicas,
-las cuestiones religiosas dominan siempre á las cuestiones políticas, ó
-más bien aquellas suplen y completan á estas. Una herejía es en ellas
-un asunto de Estado; un cisma tiene siempre por orígen una cuestion de
-personas. Los romanos, salvo raras excepciones, no penetraban jamás
-en aquellos círculos reservados. Las sinagogas promulgaban decretos,
-daban honores[838], y hacian las veces de verdaderas municipalidades.
-Era grande la influencia de estas corporaciones: en Alejandría llegó
-á ser de primer órden, y dominó todo el recinto interior de la
-ciudad[839]. En Roma eran numerosos los judíos[840], y constituian
-un apoyo que nadie desdeñaba. Ciceron presenta como un acto de valor
-haber intentado resistirse á los mismos judíos[841]. César les
-favoreció y les encontró fieles[842]; Tiberio para contenerles tomó
-las más enérgicas medidas[843]; Calígula, cuyo reinado fué para ellos
-nefasto en Oriente, les concedió permiso para asociarse, en Roma[844].
-Claudio que les favorecia en Judea, se vió obligado á echarles de la
-ciudad[845]. Encontrábaseles por todas partes[846] y podia decirse de
-ellos como de los griegos, que vencidos, habian impuesto sus leyes á
-los vencedores[847].
-
-Las disposiciones de las poblaciones indígenas hácia estos extranjeros
-eran muy diversas. Por una parte el sentimiento de repulsion y
-antipatía que producian los judíos por su espíritu de aislamiento
-constante, por su carácter rencoroso, y por sus hábitos insociables,
-se manifestaban de una manera decisiva donde eran más numerosos y
-estaban más organizados[848]. Cuando libres, eran realmente séres
-privilegiados porque gozaban de ciertos beneficios de la sociedad,
-sin sufrir sus gravámenes[849]. Algunos charlatanes explotaban el
-sentimiento de curiosidad que inspiraba su culto, y bajo el pretexto de
-explicar sus secretos cometian toda clase de pillerías[850]. Algunos
-folletos violentos y satíricos, como el de Apion, de los cuales los
-escritores profanos han dado frecuentemente reseñas[851], circulaban
-sirviendo de alimento para excitar la cólera del público pagano. Los
-judíos parecen haber sido en general séres mezquinos, que de todo se
-quejaban. Veíase en ellos á una sociedad secreta, mal intencionada
-para el resto de los hombres, cuyos miembros se vendian á cualquier
-precio en detrimento de los otros[852]. Sus costumbres, su aversion
-á ciertos alimentos, su dejadez, su falta de distincion, el mal olor
-que exhalaban[853], sus escrúpulos religiosos, sus minuciosidades en
-la observancia del sábado, se consideraban como ridiculeces[854]. Una
-vez introducido en la sociedad, el judío por una consecuencia natural,
-no tenia cuidado alguno en parecer fino. Por eso se les encontraba
-por todas partes con sus trajes sucios, aire tosco, andar fatigado,
-cara pálida, ojos enfermizos[855], y cierta expresion de beatitud,
-formando sus mujeres grupo á parte, con sus hijas, sus paquetes de
-mercancías y sus canastos que constituian todo su mobiliario[856]. En
-las poblaciones ejercian los tráficos más despreciables: mendigos,[857]
-ropavejeros, ó vendedores de fósforos[858]. Despreciábase injustamente
-su ley y su historia. Tan pronto se les creia supersticiosos[859],
-y crueles[860]; como ateos, ó contentadores de los dioses[861].
-Su aversion hácia las imágenes era una prueba de su impiedad. La
-circuncision sobre todo ofrecia asunto para las interminables burlas
-que se les dirigian[862].
-
-Pero estos juicios superficiales no eran los de todos; los judíos
-tenian tantos amigos como detractores; su formalidad, sus buenas
-costumbres, la sencillez de su culto gustaban á mucha gente. Veíase en
-ellos algo de superior. Organizábase una vasta propaganda monoteista y
-mosaica[863]; y una especie de torbellino poderoso se iba formando al
-rededor de aquel pequeño pueblo. El pobre judío de Trastévere[864],
-que salia por la mañana con sus mercancías, entraba con frecuencia
-por la noche enriquecido con las limosnas procedentes de manos
-piadosas[865]. Sobre todo las mujeres iban en grupos á buscar á estos
-misioneros[866]. Juvenal[867] califica de vicio la inclinacion de
-las damas de aquella época hácia la religion judía y las critica por
-esto. Las que se habian convertido aseguraban que eran completamente
-felices[868] pero el antiguo espíritu helénico y romano resistia
-enérgicamente; el desprecio y el ódio hácia los judíos se revela en
-todos los hombres ilustrados tales como Ciceron, Horacio, Séneca,
-Juvenal, Tácito, Quintiliano y Suetonio[869]. Por el contrario, aquella
-enorme masa de poblaciones mezcladas que el imperio habia sometido,
-á las cuales era extraño el espíritu romano y la sabiduría helénica,
-corrian en tropel hácia una sociedad en que encontraban ejemplos
-interesantes de concordia, de caridad, de socorros mútuos[870],
-de simpatía, de aficion al trabajo[871] y de altiva pobreza. La
-mendicidad, que fué más tarde enteramente cristiana, era entonces
-completamente judía. El mendigo de profesion, _formado por su madre_,
-se presentaba á la imaginacion de los poetas de aquel tiempo como un
-judío[872].
-
-La exencion de ciertas cargas civiles y en particular de la milicia
-hacia en cierto modo envidiable la suerte de los judíos[873]. El Estado
-entonces pedia muchos sacrificios y daba pocas alegrías morales; todo
-estaba frio y desanimado y la vida tan triste en el seno del paganismo,
-adquiria todo su encanto en la tibia atmósfera de la sinagoga y de
-la iglesia. Allí, sin embargo, no se encontraba libertad puesto que
-los correligionarios se espiaban sin cesar los unos á los otros;
-pero aunque la vida interior de estas pequeñas comunidades fuese muy
-agitada, se gozaba infinitamente: nadie las abandonaba y no habia
-apóstatas. El pobre estaba contento en ellas; miraba sin envidia
-la riqueza y con la tranquilidad de una buena conciencia[874]. El
-sentimiento verdaderamente democrático de la locura mundana, de la
-vanidad de las riquezas y de las grandezas profanas, expresábase allí
-claramente. Se ha comprendido poco el mundo pagano y se le ha juzgado
-con demasiada severidad; la civilizacion romana se ha presentado como
-foco de todas las inmoralidades y de vicios odiosos[875], de la misma
-manera que un obrero de nuestros tiempos, imbuido en las doctrinas
-socialistas, se representa á los _aristócratas_ bajo los más negros
-colores. Pero allí habia animacion, alegría é interés, como sucede hoy
-dia en las más pobres sinagogas de Polonia y de Galitzia. La falta de
-elegancia y delicadeza en las costumbres se compensaba por un agradable
-espíritu de familia y de honradez patriarcal. En la sociedad elevada,
-por el contrario, el egoismo y el aislamiento de las almas habian dado
-su último fruto.
-
-La parábola de Zacarías[876] se realizaba: el mundo iba á cogerse de
-los vestidos de los judíos para decirles: «Llevadnos á Jerusalem.» No
-habia poblacion grande donde no se celebrara el sábado, el ayuno y las
-demás ceremonias del judaismo[877]. Josefo[878] se atreve á invitar á
-los que duden á que consideren el estado de su patria y hasta su propia
-casa, y vean si no se encuentra en ellas la confirmacion de lo que
-dice. La presencia en Roma y cerca del emperador de varios miembros de
-la familia de los Herodes, los cuales practicaban su culto delante de
-todo el mundo[879], contribuia mucho á esta publicidad. El sábado, se
-imponia como una necesidad á las clases menesterosas en los barrios
-donde habia judíos. Su obstinada resistencia en no abrir las tiendas
-en semejante dia obligaba á los vecinos á modificar sus costumbres, y
-á esto se debe sin duda que en Salónica se observe el sábado aún en la
-actualidad, tanto más cuanto que la poblacion judía es allí demasiado
-numerosa y rica para dejar de imponer la ley y regular el dia del
-descanso cerrando sus despachos.
-
-Así como el judío, á quien con frecuencia acompañaba, el sirio era un
-instrumento activo de la conquista del Occidente por el Oriente[880];
-se le confundia con frecuencia, y Ciceron creia haber encontrado
-el retrato comun á entrambos, llamándoles _naciones nacidas para
-la esclavitud_[881]. Esto era lo que les aseguraba el porvenir, ya
-que el porvenir era entonces de los esclavos. El carácter del sirio
-se distinguia principalmente por su volubilidad, su ligereza, y el
-despejo superficial de su espíritu. La naturaleza siria es como una
-imágen fugitiva en las nubes del cielo; por momentos suele trazar
-ciertas líneas con gracia, pero estas líneas, no llegan á formar jamás
-un dibujo completo. En la sombra, á la pálida luz de una lámpara, la
-mujer siria, cubierta con sus velos, con sus miradas vagas y languidez
-infinita, produce alguna ilusion; pero al analizar esta belleza todo se
-evapora, todo es ficticio.
-
-Lo único que la raza siria tiene de agradable, es el niño de cinco ó
-seis años; en la raza griega, por el contrario, el niño es inferior al
-jóven adulto, y éste inferior al anciano[882]. La inteligencia siria
-halaga por su prontitud y ligereza; pero le falta fijeza, solidez; es
-como ese _vino de oro_ del Líbano, que causa un transporte agradable
-pero del cual nos cansamos pronto. Los verdaderos dones de Dios deben
-tener algo á la vez de delicados y de fuertes, de embriagadores y de
-durables. La Grecia es hoy más apreciada que nunca y lo será cada dia
-más y más.
-
-Muchos emigrados sirios á quienes el deseo de hacer fortuna llevaba
-al Occidente estaban más ó menos unidos al judaismo, y los que no,
-permanecian fieles al culto de su ciudad[883], es decir, al recuerdo de
-algun templo dedicado á un _Júpiter_ local[884], que era generalmente
-su Dios supremo, á quien daban algun título particular[885]. Esto era
-en el fondo una especie de monoteismo que los sirios encubrian con el
-culto de sus extraños dioses.
-
-Comparados con las personalidades divinas completamente distintas
-entre sí que ofrecia el politeismo griego y romano, los dioses de que
-se trata, en su mayor parte sinónimos del Sol, eran casi hermanos
-del Dios único[886]. Semejantes á ciertas melopeas enervantes, los
-cultos sirios podian parecer menos áridos, más expresivos que el culto
-griego, y las mujeres de Siria la observaban con cierta exaltacion y
-voluptuosidad. Estas mujeres fueron en todo tiempo séres extraños que
-fluctuaban entre el demonio y Dios, entre la santa y poseida; la santa
-de virtudes severas, de heróicos sacrificios y de firme resolucion,
-pertenece á otras razas y otros climas; la santa de imaginacion
-ardiente, de arrebatos absolutos y de súbitos amores, es la santa
-de Siria. La poseida de nuestra edad media es la esclava de Satanás
-por su humillacion ó sus pecados; la poseida de Siria es la loca por
-idealismo, la mujer que se siente herida en sus sentimientos, que se
-venga con frenesí ó se encierra en el mutismo[887] que no espera para
-curarse más que una palabra dulce ó una dulce mirada. Trasportadas al
-mundo occidental, estas Sirias adquirian influencia, algunas veces
-por malas artes de mujer, y otras por cierta superioridad moral y una
-verdadera disposicion. Esto se vió ciento cincuenta años despues,
-cuando los personajes más importantes de Roma se casaron con Sirias,
-las cuales tomaron un gran ascendiente en los asuntos públicos.
-La mujer musulmana de nuestros dias, especie de comadre chillona,
-estúpidamente fanática, que no existiendo sino para el mal, es incapaz
-de virtud alguna, no debe hacernos olvidar á las Julia Domna, á las
-Julia Mæsa, Julia Mamæa y Julia Soemia, que introdujeron en Roma,
-en punto á religion, una tolerancia y unas tendencias místicas
-desconocidas hasta entonces. Lo más notable es, que la dinastía siria
-se mostró favorable al cristianismo, y que Mameo, y más tarde el
-emperador Felipe el Árabe[888], se consideraron como cristianos. En
-los siglos III y IV, el cristianismo fué por excelencia la religion
-de Siria; despues de Palestina, Siria fué la que tuvo más parte en la
-fundacion de aquel.
-
-En Roma sobre todo, y durante el primer siglo, fué donde el sirio
-comenzó á desplegar su infatigable actividad: dedicado á los más
-humildes oficios, tales como lacayo, mozo de cuerda, cochero etc.,
-el _Syrus_[889] entraba por todas partes, introduciendo consigo la
-lengua y las costumbres de su país[890]. No tenia la altivez ni los
-conocimientos filosóficos de los Europeos, y mucho menos su vigor, pues
-débil de cuerpo, pálido, atacado con frecuencia por la fiebre, sin
-observar método en las horas de comer y dormir, como hacen nuestras
-robustas razas, alimentándose solo de cebollas y otros vegetales, y
-dedicando muy pocas horas al sueño, el Sirio moria jóven y estaba
-generalmente enfermo[891]. Sus cualidades dominantes eran la humildad,
-la dulzura, la afabilidad, poca solidez de espíritu y no muy buen
-sentido, excepto cuando se trataba de sus negocios; pero en cambio
-era muy ardiente, aunque algo afeminado. Como el Sirio no ha tomado
-nunca parte en la vida política, tiene una aptitud especial para todos
-los asuntos religiosos, y bien puede decirse que ese pobre Maronita,
-afeminado, humilde y andrajoso, ha llevado á cabo la más grande de
-las revoluciones. Su antecesor, el _Syrus_ de Roma, fué el que mostró
-más celo para llevar la buena nueva á los afligidos; todos los años
-iban á Grecia, á Italia y á la Galia, colonias enteras de estos Sirios
-impulsados por su aficion natural á los pequeños negocios[892], y
-era fácil reconocerles en los buques por sus numerosas familias,
-que siempre les seguian, siendo de notar en aquellas, sus hermosos
-niños, sus jóvenes madres, de aspecto infantil, siempre risueñas y
-sumisas al lado de sus esposos[893]. Las cabezas que se destacan en
-estos tranquilos cuadros de familia, son poco acentuadas, no pueden
-compararse con las de Arquímedes, de Platon, ó de Fidias; pero en
-cambio, el mercader Sirio al llegar á Roma, es un hombre bueno y
-misericordioso, caritativo con sus compatriotas y amante de los
-pobres; habla con los esclavos y les indica un asilo donde estos
-infelices, reducidos por la dureza de los Romanos al más desconsolador
-aislamiento, puedan encontrar alivio y consuelo. Las razas griegas y
-latinas, razas de señores, que han nacido para lo grande, no saben
-sacar partido de tan humilde posicion[894]; el esclavo de estas razas
-pasaba su vida en la insubordinacion y el deseo de hacer mal; el
-esclavo ideal de la antigüedad tiene todos los defectos imaginables; es
-goloso, embustero, malo y enemigo natural de su dueño,[895] y con esto,
-probaba en cierto modo su nobleza, protestando contra una ley opuesta á
-la naturaleza. El buen Sirio no protestaba; aceptaba su ignominia, y á
-fin de sacar el mejor partido posible, captábase la buena voluntad de
-su amo, se atrevia á hablarle y procuraba complacer á su señora. Este
-gran agente de la democracia iba así deshaciendo malla por malla la red
-de la civilizacion antigua; las viejas sociedades, fundadas sobre el
-desprecio, sobre la desigualdad de las razas, sobre el valor militar,
-estaban perdidas para siempre. La debilidad y la humillacion, van á ser
-una ventaja para el perfeccionamiento de la virtud[896]; la nobleza
-romana y la sabiduría griega, lucharán aún tres siglos; á Tácito le
-parecerá bien deportar á millares de esos infelices; _si interissent,
-vile damnum_[897]! y la aristocracia romana se irritará, llevando á
-mal tengan sus dioses y sus instituciones. Está sin embargo escrito
-de antemano quién ha de alcanzar la victoria; será el Sirio, el pobre
-hombre que ama á sus semejantes, que comparte con ellos lo que tiene y
-que se asocia con ellos; la aristocracia romana tiene que perecer por
-su impiedad.
-
-Para explicarnos la revolucion que va á realizarse, es necesario darnos
-cuenta del estado político, social, moral, intelectual y religioso
-del país donde el proselitismo judío habia abierto surcos que debia
-cubrir la predicacion cristiana. Espero que este estudio demostrará
-evidentemente que la conversion del mundo á las ideas judías y
-cristianas, era inevitable, y que no es de extrañar más que una cosa:
-que esa conversion se haya verificado con tanta lentitud y tan tarde.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XVII.
-
-Estado del mundo hácia mediados del primer siglo.
-
-
-[Marginal: Año 45]
-
-El estado político del mundo era de los más tristes: toda la autoridad
-se hallaba concentrada en Roma y en las legiones, y allí tenian lugar
-las escenas más vergonzosas y degradantes que puedan imaginarse. La
-aristocracia romana que habia conquistado el mundo y que al fin se
-quedó sola al frente de los negocios públicos bajo los Césares, se
-entregaba á una saturnal de crímenes, la más desenfrenada que pueda
-recordar el género humano. César y Augusto comprendieron perfectamente
-al establecer el principado las necesidades de su época; el mundo
-era tan mezquino bajo el punto de vista político, que no era posible
-ningun otro gobierno, y desde que Roma habia conquistado provincias sin
-número, la antigua constitucion fundada sobre el privilegio de familias
-patricias, especie de _tories_ obstinados y malévolos, no podia
-subsistir[898]. Pero Augusto habia faltado á todos los deberes del
-verdadero político, confiando el porvenir á la casualidad. Sin reglas
-fijas de adopcion, sin ley electoral, sin límites constitucionales, el
-cesarismo era como un peso colosal en el puente de un navío sin lastre.
-Hacíanse inevitables las más terribles sacudidas: tres veces en un
-siglo, bajo Calígula, Neron y Domiciano, recayó en manos de hombres
-execrables y extravagantes el más grande poder que haya existido jamás,
-y de ahí la série de horrores que casi excedieron á los cometidos por
-los mónstruos de las dinastías mongolas.
-
-Entre esos fatales soberanos, se vé uno reducido casi á dispensar un
-Tiberio, que no fué completamente malo sino hácia el fin de su vida,
-y á un Claudio, que solo fué extravagante y se dejó guiar de malos
-consejos: Roma llegó á ser una escuela de corrupcion y crueldad, mas
-es preciso añadir que el mal venia sobre todo de Oriente, de esos
-cortesanos de baja estofa, de esos hombres infames que el Egipto y
-la Siria enviaban á Roma[899], donde aprovechándose de la opresion
-que ejercian los verdaderos romanos, creíanse todos poderosos al lado
-de los bribones que gobernaban. Las más extravagantes ignominias del
-imperio, tales como la apoteosis del emperador y su divinizacion cuando
-aún vivia, procedian del Oriente y sobre todo de Egipto, que era
-entonces uno de los países más corrompidos del Universo[900].
-
-En efecto el verdadero espíritu romano dominaba aún: la nobleza
-romana estaba muy lejos de extinguirse; el orgullo y la virtud se
-conservaban todavía en algunas familias que subieron al poder con
-Nerva, contribuyendo al esplendor del siglo del que Tácito ha sido tan
-elocuente intérprete. No se debia desesperar de una época en que iban
-á producirse hombres tan rectos como Quintiliano, Plinio el Jóven, y
-Tácito; el desbordamiento de la superficie no alcanzó al gran fondo de
-honradez de la buena sociedad romana; algunas familias ofrecian aún
-ejemplos de abnegacion, de órden de concordia y sólida virtud, y aún
-se encontraban admirables esposas y hermanas[901]. ¿Puede darse caso
-más sublime que el de aquella jóven y casta Octavia, hija de Claudia,
-esposa de Neron, que conservándose pura al través de todas infamias,
-fué muerta á los veinte y dos años sin haber experimentado jamás un
-momento de alegría? Las mujeres calificadas en las inscripciones de
-_castissimæ_, _univiræ_ no son raras[902]: muchas esposas acompañaron
-á sus maridos al destierro[903]; otras compartieron su noble
-muerte[904]; conservábase la antigua sencillez romana; era esmerada la
-educacion de los hijos, y las más nobles mujeres trabajaban en toda
-clase de labores[905]. Los cuidados del tocador eran casi desconocidos
-en algunas familias[906].
-
-Los excelentes hombres de Estado, que por decirlo así, salieron de
-la tierra en tiempo de Trajano, no se improvisaron, habian servido
-en los reinados anteriores, solo que tuvieron poca influencia para
-ponerse en pugna con los favoritos del emperador. Tambien bajo Neron
-ocuparon los más elevados cargos hombres de gran valía, pero con
-aquellos malos emperadores no era dable cambiar la marcha general de
-los negocios ni los principios del Estado. El imperio no obstante
-lejos de haber entrado en el período de la decadencia, ostentábase
-en toda la fuerza de la más robusta juventud; la decadencia no debia
-venir hasta doscientos años más tarde, y ¡cosa extraña! con soberanos
-mucho mejores. Bajo el punto de vista político, la situacion era
-análoga á la de Francia, que careciendo desde la Revolucion de una
-regla constantemente seguida en la sucesion de los poderes, puede
-atravesar críticos períodos sin que su organizacion interior y su
-fuerza nacional se resientan demasiado. Bajo el punto de vista moral,
-se puede comparar el tiempo de que hablamos con el siglo XVIII, época
-que se creeria del todo corrompida si se la juzgase por las memorias,
-la literatura manuscrita y las colecciones de anécdotas, y en que sin
-embargo ciertas familias son tan austeras en sus costumbres[907].
-
-La filosofía haciendo alianza con las familias romanas más honradas se
-resistia noblemente; la escuela estóica producia personajes notables
-como Cremucio Cordo, Trásea, Arria, Helvidio Prisco, Anneo Cornuto y
-Musonio Rufo, maestros admirables de aristocrática virtud. La rigidez y
-exageraciones de aquella escuela provenian de la horrible crueldad del
-gobierno de los Césares; el sentimiento perpétuo del hombre de bien era
-endurecerse en los suplicios y prepararse á la muerte[908]. Lucano, con
-mal gusto, Persio, con un talento superior, expresaban los más altos
-sentimientos de un alma grande; Séneca el Filósofo, Plinio el Viejo
-y Papirio Fabiano, eran modelo de ciencia y filosofía. Habia hombres
-sabios, pero con frecuencia no les quedaba más recurso que morir; los
-miembros más innobles de la humanidad dominaban á veces la situacion;
-el vértigo de la crueldad más refinada se desbordaba en ciertas
-ocasiones, convirtiendo á Roma en un verdadero infierno[909].
-
-Aquel gobierno, tan notablemente desigual en Roma, era mucho mejor
-en las provincias donde se notaban poco las sacudidas que conmovian
-la capital. Á pesar de sus defectos, la administracion romana valia
-más que las monarquías y las repúblicas suprimidas por la conquista;
-la época de las municipalidades soberanas habia pasado hacia siglos,
-pues los pequeños Estados fueron destruyéndose á sí mismos por su
-egoismo, su ignorancia y su envidia. La antigua vida griega, reducida
-á continuas luchas, no satisfacia ya á nadie, pues si bien fué en un
-tiempo deliciosa, aquel brillante olimpo formado de una democracia
-de semidioses, habia perdido su frescura y lozanía convirtiéndose
-en un conjunto seco, insignificante, vano y superficial. Esto es lo
-que constituyó la legitimidad de la dominacion macedoniana y luego
-de la administracion romana: el imperio no conocia los efectos de la
-centralizacion, y hasta el tiempo de Diocleciano dejó á las provincias
-y á las ciudades mucha libertad. En Palestina, en Siria, en el
-Asia Menor, en la pequeña Armenia y en la Tracia, existian bajo la
-proteccion de Roma reinos casi independientes que no fueron un peligro
-desde Calígula, sino porque no se tuvo cuidado de observar con ellos
-las reglas trazadas por la grande y profunda política de Augusto[910].
-Las ciudades libres, que eran muy numerosas, se gobernaban segun sus
-leyes, disponiendo del poder legislativo y de todas las magistraturas
-de un Estado autónomo, y hasta el siglo tercero los decretos
-municipales se expedian con la siguiente fórmula: _El senado y el
-pueblo_[911]. Los teatros no servian solo para recrearse en la escena,
-sino que eran focos de política y de movimiento; la mayor parte de
-las ciudades podian considerarse por varios conceptos como pequeñas
-repúblicas, y no habian perdido sino el derecho de declararse la
-guerra,[912] derecho funesto que habia convertido el mundo en un campo
-de batalla. Los beneficios del pueblo romano hácia la humanidad,
-constituian el tema de aduladoras declamaciones que no carecian sin
-embargo de sinceridad[913]. El culto de la «paz romana»[914], la idea
-de una gran democracia, organizada bajo la tutela de Roma, constituian
-el fondo de todos los pensamientos[915] y discusiones, y un orador
-griego desplegó una vasta erudicion para probar que la gloria de Roma,
-debia ser acogida por todas las ramas de la raza Helénica, como una
-especie de patrimonio comun[916]. Por lo que hace á la Siria, al Asia
-Menor y al Egipto, puede decirse que la conquista romana no destruyó su
-libertad, porque estos países estaban muertos hacia mucho tiempo para
-la vida política ó no la habian conocido nunca.
-
-En suma, á pesar de las exacciones de los gobernadores, y las
-violencias inseparables de un gobierno absoluto, el mundo no habia
-sido nunca tan feliz como hasta entonces bajo muchos conceptos. Era tan
-ventajosa una administracion que procediese de un centro lejano, que
-aun las rapiñas de los pretores de los últimos tiempos de la república
-no bastaron para hacerla odiosa.
-
-Por otra parte, la ley _Julia_, habia limitado mucho los abusos y las
-concusiones; las locuras ó crueldades del emperador, exceptuando á
-Neron, no contagiaron sino á la aristocracia romana y á la camarilla
-del príncipe, y jamás vivieron más á gusto los hombres que no querian
-ocuparse de la política. Las repúblicas de la antigüedad, en que
-cada uno se veia obligado á ocuparse de las disensiones de los
-partidos[917], no eran nada convenientes para la vida tranquila, pues á
-cada momento se encontraba uno comprometido ó proscripto; pero la época
-de que vamos hablando era la más á propósito para el proselitismo ó las
-rivalidades de la dinastía. Los atentados contra la libertad provenian
-de un resto de independencia en las provincias, más bien que de la
-administracion romana[918]. Ya hemos tenido y tendremos aún ocasion de
-demostrar esto en nuestra historia.
-
-En aquellos países donde no existian hacia siglos las necesidades
-políticas y que solo se veian privadas del derecho de desgarrarse en
-continuas guerras, el imperio fué una era de prosperidad y bienestar
-como jamás se ha conocido[919], y aun puede decirse de libertad.
-Por una parte, llegó á ser posible la libertad del comercio y de la
-industria, de que no tenian idea las repúblicas griegas; por otra, la
-libertad del pensamiento se estableció bajo un nuevo régimen; libertad
-que puede aplicar mejor un rey ó un príncipe, que no la gente ignorante
-y envidiosa, y que no tuvieron las antiguas repúblicas. Los griegos
-hicieron sin esto grandes cosas merced á su incomparable genio, pero
-no debe olvidarse que Atenas tenia su inquisicion[920]. El inquisidor
-era el arconte-rey; el santo oficio el pórtico real, de donde salian
-las acusaciones de «impiedad,» por cierto muy numerosas. No solo los
-delitos filosóficos, tales como negar á Dios ó á la Providencia,
-sino tambien los más insignificantes atentados contra los cultos,
-la predicacion de las religiones extranjeras y las más pueriles
-infracciones contra la escrupulosa legislacion de los misterios, eran
-crímenes que llevaban consigo la muerte. Los dioses que Aristófanes
-ridiculizaba en la escena, mataban algunas veces, y la prueba es
-que quitaron la vida á Sócrates y que Alcibiades estuvo á punto de
-perder la suya. Anaxágoras, Protágoras, Teodoro el Ateo, Diágoras de
-Melos, Pródico de Céos, Estilpon, Aristóteles, Theophrasto, Aspasia y
-Eurípides[921], se vieron tambien perseguidos. La libertad de pensar
-fué en suma el fruto de las soberanías salidas de la conquista
-macedoniana; los Atales y Ptolomeos fueron los primeros que facilitaron
-á los hombres pensadores las ventajas que nunca les ofrecieran las
-antiguas repúblicas; el imperio romano seguia la misma tradicion; y
-si es cierto que bajo él se cometió contra los filósofos más de un
-acto arbitrario, esto era debido á que se ocupaban de política[922].
-Inútilmente se buscaria en la coleccion de las leyes romanas anteriores
-á Constantino, un texto contra la libertad de pensar; y en la historia
-de los emperadores, un proceso de doctrina abstracta; no se molestó
-á ningun sabio, y hombres que la edad media hubiese quemado, tales
-como Galeno, Luciano y Plotino, vivieron tranquilos protegidos por la
-ley. El imperio inauguró tal período de libertad en este sentido, que
-destruyó la soberanía absoluta de la familia, de la sociedad y de la
-tribu, reemplazando todas estas con la del Estado. Ahora bien, un poder
-absoluto es tanto más vejatorio cuanto que se ejerce en un círculo
-más limitado; las repúblicas antiguas y el feudalismo, tiranizaron al
-individuo mucho más que el Estado, y si bien es cierto que el imperio
-romano persiguió sin tregua en ciertas épocas al cristianismo[923],
-al menos no le contuvo en su carrera, lo cual no hubiera sucedido
-seguramente con las repúblicas. Á no ser por la opresion de la
-autoridad romana, el judaismo hubiera bastado para ahogarle; los
-magistrados romanos[924] fueron los que impidieron á los fariseos
-matar al cristianismo.
-
-Elevadas ideas de fraternidad universal, hijas en su mayor parte del
-estoicismo[925], y una especie de sentimiento humanitario, eran el
-fruto del régimen menos limitado y de la educacion menos exclusiva á
-que se sometia al individuo[926]. Soñábase con una nueva era y nuevos
-mundos[927]: la riqueza pública era grande y á pesar de la imperfeccion
-de las doctrinas económicas de la época, habia poca miseria; las
-costumbres no eran lo que se cree con frecuencia, si bien es cierto
-que en Roma reinaba el vicio con un cinismo repugnante[928], siendo
-principalmente los espectáculos un foco de espantosa corrupcion.
-Ciertos países como el Egipto habian descendido tambien al último grado
-de abyeccion; pero hallábase en la mayor parte de las provincias una
-clase media, modelo de bondad, de fé conyugal, de virtud doméstica y de
-honradez[929]. ¿Existe en alguna parte un ideal de la vida de familia,
-más encantador que el que Plutarco nos ha dejado? ¡Qué buena fé, qué
-dulzura de costumbres, qué castidad y amable sencillez[930]! Queronea
-no era seguramente el único punto donde fuese tan ejemplar é inocente
-la vida.
-
-Por lo demás, las costumbres, aun fuera de Roma, tenian algo de
-crueles, ya por efecto de las costumbres antiguas tan sanguinarias en
-todas partes, ó bien por la influencia especial de la dureza romana;
-pero ya se iba progresando en este punto. ¿Qué sentimiento dulce y
-puro, qué impresion de melancólica ternura no hallaron bajo la pluma de
-Virgilio ó de Tíbulo su expresion más delicada? El mundo iba perdiendo
-su dureza y su primitivo rigor, adquiriendo en cambio sensibilidad y
-buenos sentimientos; las máximas humanitarias se propagaban[931] por
-todas partes; el estoicismo[932] predicaba por do quiera la igualdad,
-y la idea abstracta de los derechos del hombre; la mujer, gracias al
-sistema dotal del derecho romano, iba siendo cada vez más dueña de
-sí misma, y los preceptos acerca del modo de tratar á los esclavos
-se elevaban[933]. Séneca comia con los suyos[934]; el esclavo no
-es ya ese sér grotesco y malo que la comedia latina introduce para
-excitar la risa, y que Caton recomienda sea tratado como una bestia
-de carga[935]. Ahora los tiempos han cambiado mucho: el esclavo es
-moralmente igual á su amo; se admite que sea capaz de tener virtud,
-fidelidad y abnegacion, y da pruebas de ello[936]; las preocupaciones
-sobre la nobleza de nacimiento desaparecen[937], estableciéndose
-leyes muy humanas y equitativas aun en tiempos de los emperadores más
-malos[938]. Tiberio, que era un hábil hacendista, fundó bajo excelentes
-bases un establecimiento de crédito[939].
-
-Neron introdujo en el sistema de los impuestos, hasta entonces inícuo
-y bárbaro, perfeccionamientos que envidiaria nuestra época[940]; y por
-último, el progreso de la legislacion era notable por más que la pena
-de muerte se prodigara aún estúpidamente. El amor al pobre, la simpatía
-hácia todos, y la caridad, constituian las principales virtudes[941].
-
-El teatro era uno de los escándalos más insoportables para las gentes
-honradas, y una de las primeras causas que excitaron la antipatía de
-los judíos y de los judaizantes de toda especie contra la civilizacion
-profana de la época. Parecíales el teatro una cloaca inmunda donde se
-desarrollaban todos los vicios, y en tanto que en las primeras filas
-se aplaudia frenéticamente, los espectadores de las gradas no podian
-menos de dar á conocer su repugnancia. En las provincias tenian lugar
-las luchas de gladiadores, pero inspiraban cierta aversion, y los
-países helénicos que las reprobaban, continuaron celebrando con más
-frecuencia los antiguos ejercicios griegos[942]; los juegos sangrientos
-tuvieron siempre en Oriente un carácter romano muy pronunciado[943], y
-dícese que habiendo querido los atenienses, por emulacion contra los
-corintios[944], imitar estos juegos bárbaros, levantóse un filósofo y
-pidió que se derribase el altar de la Piedad[945]. El horror al teatro,
-al estadio y al gimnasio, es decir, á los sitios públicos, y á todo lo
-que constituia esencialmente una vida griega y romana, fué por estas
-razones uno de los sentimientos más profundos de los cristianos, y uno
-de los que produjeron consecuencias de más importancia. La civilizacion
-antigua era una civilizacion pública; las cosas pasaban al aire libre
-ante los ciudadanos reunidos, sucedia lo contrario que en nuestras
-sociedades donde la vida es privada y todo se hace de puertas adentro.
-El teatro habia heredado del _ágora_ y del _forum_; el anatema lanzado
-sobre el teatro cayó sobre toda la sociedad; establecióse una rivalidad
-profunda entre la Iglesia por una parte y los juegos públicos por la
-otra, y expulsados de estos el esclavo, se refugió en el templo. No
-me he sentado nunca en aquellas solitarias arenas, que son siempre
-los restos mejor conservados de una ciudad antigua, sin haber visto
-mentalmente la lucha de dos mundos; aquí el hombre honrado, medio
-cristiano, sentado en la última grada de un teatro y tapándose el
-rostro para ocultar su vergüenza é indignacion, y allí un filósofo
-levantándose de pronto para echar en cara á la multitud su bajeza[946].
-Estos ejemplos eran raros en el primer siglo, mas no obstante, las
-protestas[947] iban produciendo su efecto y el teatro empezaba á ser
-muy mal visto[948].
-
-La legislacion y las reglas administrativas del imperio eran todavía un
-verdadero caos: el despotismo central, las franquicias municipales y
-provinciales, el capricho de los gobernadores, y las violencias de las
-comunidades independientes chocaban entre sí de una manera extraña,
-pero la libertad religiosa dominaba estos conflictos, si bien la
-perfecta administracion unitaria que se estableció desde Trajano, habia
-de ser mucho más fatal para el culto naciente que el estado irregular
-desordenado y sin rigurosa política del tiempo de los Césares.
-
-Las instituciones benéficas, fundadas bajo el principio de que
-el Estado tiene deberes paternales para con sus miembros, no se
-desarrollaron en grande escala sino desde Nerva y Trajano[949],
-aun cuando se encuentran algunos vestigios de aquellas en el siglo
-primero[950], puesto que ya se facilitaban socorros á los niños[951]
-y alimento á los indigentes, y se tomaban precauciones para asegurar
-el abastecimiento, facilitándose tambien bonos de pan que permitian
-comprar el trigo á un precio reducido[952]. Todos los emperadores,
-sin excepcion, demostraron la mayor solicitud en aquellas cuestiones,
-secundarias si se quiere, pero que en ciertas épocas se anteponen á
-las demás. En la remota antigüedad, puede decirse que el mundo no
-necesitaba caridad; pues siendo entonces jóven y valiente hacíase
-inútil el hospital; la buena y sencilla moral homérica, segun la
-que, el huésped y el mendigo vienen de parte de Júpiter[953], es la
-moral de los robustos y alegres adolescentes. En su edad clásica, la
-Grecia anunció las más exquisitas máximas de piedad, de humanidad
-y beneficencia para que desapareciese la inquietud social ó la
-melancolía[954], y en aquella época el hombre disfrutaba aún de
-felicidad y salud. Respecto á las instituciones de socorros mútuos,
-los griegos las tuvieron mucho antes que los romanos[955]; bien es
-verdad que de aquella cruel nobleza que ejerció durante la república
-tan indigna opresion, no salió nunca ninguna disposicion liberal ó
-benévola. En aquel tiempo las colosales fortunas de la aristocracia,
-el lujo, las grandes aglomeraciones de hombres en ciertos puntos,
-y sobre todo la dureza de corazon particular de los Romanos, y su
-aversion á la piedad[956], dieron orígen al «pauperismo»; y mientras
-las complacencias de ciertos emperadores hácia la canalla de Roma no
-hacia más que agravar el mal, los _tesserae frumentariae_ estimulaban
-el vicio y la ociosidad, en vez de buscar un remedio para la miseria.
-En esto, como en otras muchas cosas, el Oriente tenia sobre el mundo
-occidental una superioridad real y efectiva; los judíos poseian
-verdaderas instituciones caritativas; parece que los templos de Egipto
-habian tenido algunas veces una caja para los pobres[957]; la casa de
-reclusos y reclusas del Serapeo de Menfis[958], era tambien en cierto
-modo un establecimiento de caridad, y en fin, puede decirse que la
-crísis terrible que atravesaba la capital del Imperio, se dejaba sentir
-poco en los países lejanos, donde la vida era más tranquila. Roma
-merecia por muchos conceptos que se la acusara de haber envenenado la
-tierra, comparándola con una cortesana que habia escandalizado al mundo
-con su inmoralidad[959]. La provincia valia más que Roma, ó más bien,
-los elementos impuros que de todas partes afluian á la gran ciudad,
-habíanla convertido en un foco infecto donde se ahogaban las antiguas
-virtudes romanas, mientras las buenas semillas se iban desarrollando
-muy lentamente.
-
-El estado intelectual de las diversas partes del Imperio era asimismo
-muy poco satisfactorio: bajo este punto de vista reinaba una verdadera
-decadencia. Cultivar el talento, no es tan independiente de las
-circunstancias políticas como lo es cultivar la moral privada: Marco
-Aurelio fué ciertamente un hombre más de bien que todos los antiguos
-filósofos griegos, y sin embargo sus nociones positivas sobre las
-variedades del universo son inferiores á las de Aristóteles y Epicuro,
-pues cree por momentos en los Dioses, en los sueños y en los presagios,
-figurándose que los primeros son personajes completos y distintos.
-En la época romana, hubo en el mundo un progreso de moralidad á la
-vez que un período de decadencia científica: decadencia muy notable
-particularmente entre Tiberio y Nerva. El genio griego, con una
-originalidad, una fuerza, una riqueza á que nada igualó jamás, habia
-creado hacia siglos la enciclopedia racional y la disciplina normal
-del espíritu, movimiento maravilloso, que datando de Thales y de las
-primeras escuelas de Jonia, (seiscientos años antes de Jesucristo),
-se detuvo en su carrera hácia el año 120 antes de Jesucristo. Los
-últimos personajes de estos últimos cinco siglos en que tanto brilló
-el genio, Apolonio, Eratóstenes, Aristarco, Heron, Arquímedes,
-Heppareo, Crisipo, Carnéades y Panecio, habian muerto sin dejar
-sucesores, y no veo sino Posidonio y algunos astrónomos que continúan
-aún las antiguas tradiciones de Alejandría, de Rodas y de Pérgamo.
-La Grecia, tan hábil para crear, no supo establecer, á pesar de su
-ciencia y de su filosofía, una enseñanza popular como remedio contra
-las supersticiones, y poseyendo en su seno admirables institutos
-científicos, el Egipto, el Asia Menor y la Grecia, dejábanse dominar
-por las más absurdas creencias. Ahora bien, cuando la ciencia no llega
-á dominar á la supersticion, la supersticion ahoga á la ciencia; entre
-estas dos fuerzas opuestas el duelo es á muerte.
-
-Al adoptar Italia la ciencia griega, supo por un momento darle
-nueva expresion: Lucrecio dió el modelo del gran poema filosófico,
-á la vez himno y blasfemia inspirando á un tiempo la serenidad y la
-desesperacion, penetrada de ese sentimiento profundo del destino humano
-que siempre faltó á los griegos, los cuales como verdaderos niños que
-eran, tomaban la vida tan alegremente que nunca pensaron en maldecir
-á los Dioses, ni juzgaron á la naturaleza injusta y pérfida hácia el
-hombre. Los filósofos latinos se entregaron á más graves reflexiones,
-pero así como la Grecia, Roma no supo sacar de la ciencia la base de
-una educacion popular. En tanto que Ciceron perfeccionaba con exquisito
-tacto las ideas que tomara de los Helenos, mientras que Lucrecio
-escribia su asombroso poema, mientras que Horacio confesaba á Augusto
-su franca incredulidad, y que Ovidio, uno de los poetas más galanes
-de la época, criticaba á guisa de elegante libertino las fábulas más
-respetables; y por último, en tanto que los grandes históricos deducian
-las consecuencias prácticas de la filosofía griega, dábase crédito
-á las más locas quimeras, y la fé en lo maravilloso no reconocia
-límites. En ninguna época se ocuparon más de las profecías y de los
-prodigios[960]: el bello deismo ecléctico de Ciceron[961], continuado y
-perfeccionado por Séneca[962], era la creencia de un escaso número de
-inteligencias elevadas que no ejercieron accion alguna en su siglo.
-
-El imperio, hasta Vespasiano, no tuvo nada que pudiera llamarse
-instruccion pública[963]; lo que hubo más tarde en este género se
-limitó á simples conocimientos gramaticales, y bien pronto reinó un
-período de general decadencia. En las últimas épocas del gobierno
-republicano y en el reinado de Augusto brilló como nunca la literatura,
-pero despues de la muerte del gran emperador, la decadencia es rápida ó
-mejor dicho súbita. La sociedad inteligente y culta de los Cicerones,
-de los Áticos, de los Césares, de los Mecenas, de los Agrippas y de los
-Poliones, habia desaparecido cual fantástica vision, si bien es cierto
-que aún quedaban hombres ilustrados, hombres entendidos en la ciencia
-de su época, que ocupaban elevadas posiciones sociales, tales como los
-Sénecas y la sociedad literaria de que eran el centro y en la cual se
-contaban Lucilio, Galion y Plinio. El cuerpo del derecho romano, que
-es la filosofía misma en código, y la aplicacion en la práctica del
-racionalismo griego, continuaban su magestuoso progreso y las grandes
-familias romanas habian conservado un fondo de religion y los más
-nobles sentimientos, inspirándoles horror las supersticiones[964].
-Los geógrafos Estrabon y Pomponio Mela, el médico y enciclopedista
-Celso, el botánico Dioscórides y el jurisconsulto Sempronio Próculo,
-eran cabezas muy bien organizadas, pero estas podian considerarse como
-excepciones, y fuera de algunos hombres de reconocida ilustracion,
-hallábase el mundo sumido en la más completa ignorancia de las leyes
-de la naturaleza[965]. La credulidad era una enfermedad general[966];
-los conocimientos literarios se reducian á una retórica hueca que
-nada enseñaba, y la direccion esencialmente moral y práctica que la
-filosofía habia tomado, oponíase á las grandes especulaciones. Los
-conocimientos humanos, si se exceptúa la geografía, no adelantaban
-nada. El hombre instruido por aficion reemplazaba al sabio creador,
-y el supremo defecto de los romanos influia fatalmente en todas las
-cosas. Aquel pueblo, tan grande para el imperio, era secundario por el
-espíritu; los romanos más instruidos, tales como Lucrecio, Vitruvio,
-Celso, Plinio y Séneca, á pesar de sus conocimientos positivos,
-podian considerarse como discípulos de los griegos[967]. Roma no
-tuvo nunca ninguna gran escuela científica; el charlatanismo reinaba
-sin oposicion, y por último la literatura latina que seguramente
-tuvo períodos admirables, floreció poco tiempo y no salió del mundo
-occidental[968].
-
-Felizmente la Grecia conservó su genio; el prodigioso brillo del poder
-de los romanos la habia deslumbrado y aturdido, pero no aniquilado, y
-dentro de cincuenta años habrá reconquistado el mundo, será de nuevo
-la reina de todos los que piensan y podrá sentarse en el trono con los
-Antoninos. Por ahora la Grecia se halla entregada á una de sus horas
-de abandono y de cansancio; el genio es raro y la ciencia original
-é inferior á lo que habia sido en los siglos precedentes la escuela
-de Alejandría, que hacia dos siglos habia entrado en el período de
-decadencia, aun cuando en la época de César poseia á Sosígenes, ha
-enmudecido completamente.
-
-Así pues desde la muerte de Augusto hasta el advenimiento de Trajano,
-nos encontramos con un período de abatimiento momentáneo para el
-espíritu humano; el mundo antiguo estaba muy lejos de haber dicho
-su última palabra de despedida, pero las pruebas crueles por que
-atravesaba privábanle de voz y corazon. Luego vienen dias mejores, y
-libre el espíritu del régimen desconsolador de los Césares, adquiere
-nueva vida: Epicteto, Plutarco, Dion Crisóstomo, Quintiliano, Tácito,
-Plinio el Jóven, Juvenal, Rufo de Éfeso, Areteo, Galeno, Ptolomeo,
-Hipsicles, Theon y Luciano, reprodujeron los más hermosos dias de la
-Grecia; no de esa Grecia inimitable que solo ha existido una vez para
-desesperacion y encanto de los que aman lo bello, sino de otra, que
-confundiendo sus dones con los del espíritu romano, producirá frutos
-nuevos llenos de originalidad.
-
-Por lo general se tenia muy mal gusto; los grandes escritores griegos
-escaseaban, y los latinos que conocemos, á excepcion del satírico
-Persio, son medianos y sin genio, pues la declamacion lo echaba todo
-á perder. El principio por el cual juzgaba el público las obras del
-entendimiento era poco más ó menos el mismo que en nuestra época;
-buscábanse tan solo los golpes de efecto; la palabra no era ya la
-expresion sencilla del pensamiento, ni consistia la elegancia de la
-frase en su perfecta proporcion con la idea que se queria expresar;
-cultivábase la palabra por sí misma, y el objeto de un autor al
-escribir era demostrar su talento. Apreciábase la excelencia de un
-recitado ó lectura pública por el número de palabras aplaudidas, y
-olvidábase completamente el gran principio segun el cual, en puntos
-de arte todo debe servir para el adorno, siendo malo lo que se busca
-para él expresamente. En resúmen, puede decirse que era aquella una
-época literaria, si se atiende á que todos hablaban de elocuencia ó
-de buen estilo, aunque en el fondo todos escribian mal; no habia un
-solo orador, pues los buenos oradores y escritores, son gentes que no
-hacen un oficio de lo uno ni de lo otro. En el teatro, absorbia la
-atencion el primer actor; suprimíanse muchas piezas para no recitar
-sino los trozos de gran efecto que eran las _cantica_; el espíritu de
-la literatura era un «diletantismo» que dominaba hasta á los mismos
-emperadores, una necia vanidad que excitaba á todos á probar que tenian
-talento, y de ahí las insustanciales é interminables «Teseidas,»
-los dramas compuestos para ser leidos en sociedad y toda esa vana
-ostentacion poética que no puede compararse sino con las epopeyas y las
-tragedias clásicas de hace sesenta años.
-
-Los mismos estoicos no pudieron evitar el contagio, ó al menos no
-supieron, antes de Epicteto y Marco Aurelio, hallar bellas formas
-para revestir sus doctrinas. Las tragedias de Séneca son monumentos
-verdaderamente extraños donde se expresan los más elevados sentimientos
-con el tono de un charlatanismo literario por demás fatigoso, indicio
-á la vez de un progreso moral y de una irremediable decadencia en
-el buen gusto. Lo mismo podemos decir de Lucano: la tension de alma,
-efecto natural de una situacion eminentemente trágica, se expresaba
-por un género pomposo en que el único objeto era brillar por hermosas
-sentencias, y sucedia en esto algo semejante á lo que pasó cuando la
-revolucion; es decir, que la crísis más fuerte no daba lugar sino á
-una literatura llena de formas retóricas y golpes de efecto para la
-declamacion. Mas es preciso no detenerse en esto: los pensamientos
-nuevos se expresan á veces con muchas pretensiones; el estilo de
-Séneca es sóbrio, sencillo y puro comparado con el de San Agustin,
-pero nosotros perdonamos á éste su estilo á veces detestable, y sus
-conceptos insípidos, por sus buenos sentimientos.
-
-De todos modos, aquella educacion noble y distinguida por muchos
-conceptos, no llegaba hasta el pueblo, lo cual podia haber sido en
-cierto modo inconveniente si el pueblo hubiera contado con un alimento
-religioso análogo al que recibe en la Iglesia la clase más despreciable
-de nuestra sociedad. Pero en todos los puntos del imperio cuidábanse
-por lo general muy poco de la religion, pues Roma creyó oportuno por
-ciertas razones dejar en pié los antiguos cultos, no modificándolos
-sino en lo que tenian de inhumano[969] ó injurioso para los demás[970],
-y extendiendo sobre todos una especie de barniz oficial que les hacia
-asemejarse unos á otros, formando un solo conjunto. Desgraciadamente,
-los cultos antiguos, de orígen muy diverso, participaban de un
-carácter comun que consistia en serles imposible establecer la
-enseñanza teológica, introduciendo una moral aplicada, una predicacion
-edificante, un ministerio pastoral verdaderamente beneficioso para
-el pueblo. El templo pagano no era de ningun modo lo que fueron
-en sus buenos tiempos la Sinagoga y la Iglesia; es decir, la casa
-comun, la escuela, el hospicio, el retiro donde el pobre va á buscar
-un refugio[971]; era una cosa fria que de nada servia y donde no se
-aprendia nada. Quizá era el culto romano el menos malo aún de los que
-se observaban, pues considerábase la pureza del corazon y del cuerpo
-como una parte de la religion[972]. Por su gravedad, su decencia y su
-austeridad, era este culto, prescindiendo de algunas farsas que solo se
-ven en nuestro Carnaval, superior á las extrañas y ridículas ceremonias
-que introducian secretamente algunas personas dominadas por manías
-orientales. El empeño que tenian los patricios romanos en distinguir
-«la religion,» es decir, su propio culto, de la supersticion, es
-decir, de los cultos extranjeros[973], nos parece sin embargo bastante
-pueril. Todos los cultos paganos eran esencialmente supersticiosos:
-el campesino que en nuestros dias echa una moneda en la caja de una
-capilla milagrosa, que invoca á tal ó cual santo para que cuide de sus
-bueyes ó de sus caballos, ó que bebe de cierta agua para determinadas
-enfermedades, es en esto pagano; casi todas nuestras supersticiones son
-restos de una religion anterior al cristianismo, que este no ha podido
-desarraigar completamente; y si se quisiera buscar en nuestros dias
-la imágen del paganismo, fácil seria encontrarla en algun pueblecillo
-perdido ó en las más lejanas campiñas.
-
-No teniendo por guardianes más que una tradicion popular y vacilante,
-y sacristanes interesados, los cultos paganos no pueden menos de
-degenerar en adulacion[974]. Augusto, aunque con mucha reserva, aceptó
-que se le adorase en vida en las provincias[975]; Tiberio, permitió
-que se juzgara á su vista en el ignoble concurso de las ciudades de
-Asia, que se disputaban el honor de elevarle un templo[976]; las
-extravagantes impiedades de Calígula no produjeron ninguna reaccion,
-y fuera del judaismo, no se encontró un solo sacerdote que resistiera
-á semejantes locuras. Salidos en su mayor parte de un culto primitivo
-de las fuerzas naturales, diez veces transformados por toda clase de
-mezcolanzas y por la imaginacion de los pueblos, los cultos paganos
-se limitaban por su pasado, y no se podia sacar de ellos lo que no
-tuvieron nunca, es decir, el deismo y la edificacion. Los Padres de
-la Iglesia nos hacen sonreir cuando ponen de relieve las maldades
-de Saturno como padre de familia, y de Júpiter como marido, pues
-ciertamente era mucho más ridículo aún considerar á este último, es
-decir, á la atmósfera, como un dios moral que ordena, recompensa y
-castiga. En un mundo que aspiraba á poseer un catecismo, ¿qué podia
-hacerse con un culto como el de Venus, nacido de una necesidad social,
-en las primeras navegaciones fenicias en el Mediterráneo, pero que fué
-luego con el tiempo un ultraje contra lo que se consideraba la esencia
-de la religion?
-
-Por todas partes, en efecto, manifestábase enérgicamente la necesidad
-de una religion monoteista, dando por base á la moral prescripciones
-divinas, y así viene una época en que las religiones naturalistas
-reducidas á puras niñadas, á prácticas de hechiceras, no pueden
-satisfacer á sociedades en que la humanidad quiere una religion moral
-filosófica. El budismo y el zoroastrismo, satisfacieron esta necesidad
-en la India y en la Persia; con el orfismo y los misterios, se trató
-de obtener el mismo resultado en el mundo griego, sin conseguirlo de
-una manera durable, y en la época de que hablamos, enunciábase el
-problema para el conjunto del mundo con una especie de unanimidad
-solemne y de imperiosa grandeza.
-
-Cierto es que la Grecia hacia una excepcion en este punto: el helenismo
-se usaba mucho menos que las demás religiones del Imperio, pero
-Plutarco lo observaba en su pequeña villa de Beocia, donde vivió
-tranquilo, feliz y contento como un niño, con su conciencia religiosa
-satisfecha, y sin dar nunca la menor señal de inquietud, de pena ó de
-malestar. Pero solo el espíritu era capaz de una calma tan infantil:
-siempre satisfecha de sí misma, orgullosa de su pasado y de aquella
-brillante mitología de la que poseia todos los santos lugares, Grecia
-no participaba de los tormentos interiores que trabajaban al resto
-del mundo, y entregada á sí misma, no llamó al cristianismo, quiso
-prescindir de él y pensó hacer alguna cosa mejor[977]. Esto era
-debido á su eterna juventud, á su patriotismo, á esa alegría que ha
-caracterizado siempre al verdadero heleno, y la cual es causa de que
-aún hoy sea el griego extraño á las amargas tribulaciones que nos
-minan. El helenismo, pues, se halló así en disposicion de crear un
-renacimiento que no hubiera podido intentar siquiera ningun otro de
-los cultos del imperio. En los siglos II, III y IV de nuestra era,
-se continuará el helenismo en religion organizada, por una especie
-de fusion entre la mitología y la filosofía griegas, y con sus
-filósofos taumaturgos, sus antiguos sabios convertidos en profetas,
-y sus leyendas de Pitágoras y de Apolonio, hará al cristianismo una
-competencia, que no por ser impotente fué el obstáculo menos peligroso
-que la religion de Jesús encontró en su camino.
-
-Sin embargo, esto no se intentó aún en tiempo de los Césares, pues
-los primeros filósofos que ensayaron una especie de alianza entre
-la filosofía y el paganismo, Eufrates de Tiro, Apolonio de Tiana y
-Plutarco, son del fin del siglo. No conocemos bien á Eufrates de Tiro:
-la leyenda ha disfrazado de tal modo la trama de la biografía verdadera
-de Apolonio, que no se sabe si contarle entre los sabios, entre los
-fundadores religiosos, ó entre los charlatanes; en cuanto á Plutarco,
-menos que un pensador, ó un innovador, es un espíritu moderado que
-quiere poner de acuerdo á todo el mundo, haciendo que la filosofía sea
-tímida y la religion medio razonable; no hay nada en él de Porfirio ni
-de Juliano; los ensayos de exégesis alegórica de los estoicos[978] son
-muy pobres; los misterios como los de Baco, con los cuales se enseñaba
-la inmortalidad del alma bajo graciosos símbolos[979], se limitan á
-ciertos países y no han extendido su influencia. La incredulidad en la
-religion oficial era general en la clase ilustrada[980]; los hombres
-políticos que más afectaban sostener el culto del Estado se burlaban de
-él con muy buenas palabras[981], proclamando abiertamente la inmoral
-idea de que las fábulas religiosas no son buenas sino para el pueblo y
-deben ser conservadas por él[982]; precaucion inútil porque la fé de
-aquel era ya muy vacilante[983].
-
-Cierto es que á partir del advenimiento de Tiberio, se nota una
-sensible reaccion religiosa, pues parece que el mundo se espanta
-de la incredulidad de los tiempos de César y de Augusto; condena
-la desgraciada tentativa de Juliano, y todas las supersticiones se
-rehabilitan por razon de Estado[984]. Valerio Máximo da el primer
-caso de un escritor de baja esfera convirtiéndose en auxiliar de los
-teólogos, en una pluma venal ó manchada que se pone al servicio de la
-religion: pero los cultos extranjeros son los que más se aprovechan
-de este cambio; la reaccion formal en favor del culto griego ó romano
-no se producirá sino en el siglo segundo. Ahora las clases á quienes
-domina la inquietud religiosa se vuelven hácia los cultos que vienen
-de Oriente[985]; Isis y Serapis se ven más favorecidos que nunca[986];
-los impostores de toda especie, taumaturgos y mágicos se aprovechan de
-esta necesidad, y como sucede comunmente en las épocas y en los países,
-en que la religion del Estado es débil, pululan por todas partes[987].
-Recuérdense los tipos reales ó ficticios de Apolonio de Tiana, de
-Alejandro de Abonutico, de Peregrino, de Simon de Gitton[988]. Estos
-mismos errores y estas quimeras eran como una oracion de la tierra,
-como los ensayos infructuosos de un mundo que trata de mejorarse y no
-consigue á veces en sus esfuerzos convulsivos sino producir monstruosas
-creaciones que se legan luego al olvido.
-
-En una palabra, la mitad del siglo primero es una de las peores
-épocas de la Historia antigua; la sociedad griega y romana se muestra
-en un período de decadencia en lo que precede y muy atrasada para
-el porvenir; pero la grandeza misma de la crísis indicaba alguna
-forma extraña y secreta. La vida parecia haber perdido sus móviles,
-los suicidios se multiplicaban[989]; jamás habia ofrecido el mundo
-una lucha semejante entre el bien y el mal; era este un despotismo
-temible que ponia al mundo entre las manos de hombres atroces y
-locos; era la corrupcion de las costumbres que resultaba de haber
-introducido en Roma los vicios de Oriente; era en fin la ausencia de
-una religion buena y de una formal instruccion pública. El bien era,
-por una parte, la filosofía combatiendo á pecho descubierto contra
-los tiranos, desafiando á los mónstruos, y proscrita tres ó cuatro
-veces en medio siglo (bajo Neron, Vespasiano y Domiciano)[990]; y por
-otra, los esfuerzos de la virtud popular, las legítimas aspiraciones
-á un estado religioso mejor, aquella tendencia hácia las cofradías
-y los cultos monoteistas, aquella rehabilitacion en fin del pobre,
-que se produjeron principalmente bajo el amparo del judaismo y del
-cristianismo. Estas dos grandes protestas estaban muy lejos de ponerse
-de acuerdo, pues el partido filosófico y el cristiano no se conocian,
-é ignoraban de tal modo sus comunes esfuerzos que al llegar al poder
-el partido filosófico, por el advenimiento de Nerva, perjudicó al
-cristianismo lejos de favorecerle. Á decir verdad, el objeto de los
-cristianos era mucho más radical: los estoicos, dueños del Imperio, le
-reformaron, presidiendo los cien años más hermosos de la Historia de
-la humanidad; mientras que los cristianos, dueños del Imperio á partir
-de Constantino, acabaron de arruinarle. El heroismo de los unos no
-debe hacer olvidar el de los otros: el cristianismo tan injusto con
-las virtudes paganas, se consagró á rebajar á los que habian combatido
-los mismos enemigos que él. En la resistencia que opuso la filosofía
-en el primer siglo, hubo tanta grandeza como en la del cristianismo;
-pero ¡qué desigual fué la recompensa por una parte y otra! El mártir
-que derribó con el pié los ídolos tiene su leyenda: ¿por qué Annacus
-Cornutus, que declaró ante Neron que los libros de éste no podrian
-nunca competir con los de Crisipo[991]; por qué Elvidio Prisco
-que dijo cara á cara á Vespasiano: «á tí te toca matarme y á mí
-morir[992]»; por qué Demetrio el Cínico que contestó á Neron irritado:
-«me amenazais con la muerte, pero la naturaleza os amenaza[993]»; por
-qué todos esos no tienen su imágen entre los héroes populares á quienes
-todos aman y saludan? ¿Dispone acaso la humanidad de tantas fuerzas
-contra el vicio y la abyeccion que sea permitido á cada escuela de
-virtud rechazar el auxilio de las otras, sosteniendo que ella sola
-tiene el derecho de ser valerosa y resignada?
-
-
-
-
-CAPÍTULO XVIII.
-
-Legislacion religiosa de aquel tiempo.
-
-
-[Marginal: Año 45]
-
-En el primer siglo, aunque se mostraba hostil el Imperio á las
-innovaciones religiosas que provenian de Oriente, no las combatia
-todavía de un modo constante. Sosteníase débilmente el principio de
-la religion de Estado; y bajo la república se proscribieron repetidas
-veces los ritos extranjeros, particularmente los de Sabazius, Isis y
-Serapis[994]; pero todo fué inútil, porque el pueblo se sentia atraido
-hácia aquellos cultos por una inclinacion irresistible[995]. Cuando en
-el año de Roma 535, se decretó la demolicion del templo de Isis y de
-Serapis, no se encontró ni un solo obrero que quisiera poner manos á la
-obra, y vióse precisado el cónsul á romper á hachazos la puerta[996];
-claro está que no bastaba ya para el pueblo el culto latino; y
-supónese, no sin razon, que si César restableció los cultos de Isis y
-de Serapis, fué para halagar los instintos populares[997].
-
-Con la profunda y liberal instruccion que le caracterizaba, aquel
-grande hombre se mostró favorable á una completa libertad de
-conciencia[998]. Augusto fué más apegado á la religion nacional[999].
-Era tal su antipatía por los cultos orientales[1000], que prohibió
-hasta la propagacion de las ceremonias egipcias en Italia[1001]; pero
-quiso que cada culto, y particularmente el judío, fuera dueño de sí
-mismo interiormente[1002]. Eximió á los judíos de todo lo que hubiera
-podido herir su conciencia, especialmente de toda accion civil el dia
-del sábado, que ellos celebran[1003]. Algunas personas de su séquito
-mostraban menos tolerancia, y de buena gana le hubieran convertido en
-un perseguidor religioso para servir al culto latino[1004]; empero,
-parece que no hubo de ceder á aquellos consejos funestos; y aún
-pretende Josefo, á quien se sospecha exagerado en este punto, que hizo
-donacion de vasos sagrados al templo de Jerusalem[1005].
-
-Tiberio fué el primero que sentó con fijeza el principio de la religion
-de Estado, y tomó sérias precauciones contra la propaganda judía y
-oriental[1006]. Ha de tenerse presente que el emperador era «gran
-pontífice», y que protegiendo el viejo culto romano, parecia cumplir un
-deber de su incumbencia. Calígula revocó los edictos de Tiberio[1007];
-pero su locura no le permitia ser consecuente en sus obras. Claudio
-parece haber imitado la política de Augusto. Fortificó en Roma el culto
-latino, mostróse preocupado de los progresos que hacian las religiones
-extranjeras[1008], fué riguroso con los judíos[1009], y persiguió con
-encarnizamiento á las cofradías[1010]; usando, por lo contrario, la
-benevolencia con los indígenas en Judea[1011]. El favor de que gozaron
-en Roma los Agrippa bajo estos dos últimos reinados aseguraba á sus
-correligionarios poderosa proteccion, salvo el caso en que la policía
-de Roma reclamara medidas de seguridad.
-
-En cuanto á Neron, ocupóse poco en religion[1012]. Sus actos odiosos
-con los cristianos, fueron actos de ferocidad, y no disposiciones
-legislativas[1013]; pues los ejemplos de persecucion que se citan en
-la sociedad romana de aquel tiempo, emanan más bien de la autoridad
-de la familia que de la autoridad pública[1014]; y aun así no se
-observaban semejantes ejemplos sino en las casas nobles de Roma, que
-conservaban las antiguas tradiciones[1015]. Las provincias gozaban
-de plena libertad para practicar su culto, con la única condicion de
-no ultrajar á los de los otros países[1016]. Los provinciales[1017]
-disfrutaban del mismo derecho en Roma, con tal que no dieran escándalo.
-Las dos únicas religiones que combatió el Imperio en el primer siglo,
-el druidismo y el judaismo, eran como fortalezas donde se defendian
-nacionalidades. Todo el mundo estaba convencido de que la profesion del
-judaismo implicaba el desprecio de las leyes civiles y la indiferencia
-por la prosperidad del Estado[1018]; pues en tanto que el judaismo se
-circunscribia á no ser más que una simple religion individual, no se
-le perseguia[1019]. Los rigores contra el culto de Serapis procedieron
-tal vez del carácter monoteista que presentaba[1020], y que hacia le
-confundieran ya con el culto judío y con el cristiano[1021].
-
-Ninguna ley terminante[1022] prohibia pues, en tiempo de los
-apóstoles, la profesion de las religiones monoteistas; y si estas
-fueron siempre vigiladas hasta el advenimiento de los emperadores
-sirios, únicamente desde Trajano se vió al imperio perseguirlas
-sistemáticamente como intolerantes, é implicando la negacion del
-Estado. En suma, la única cosa á la cual haya declarado la guerra el
-imperio romano, en materia de religion, es la teocracia. Su principio
-era el del Estado laico; no admitiendo que una religion pudiera tener
-en grado alguno consecuencias civiles ó políticas; y sobre todo
-no consintiendo en el Estado ninguna asociacion con independencia
-del mismo Estado. Este último punto es muy esencial; porque ha de
-considerarse, verdaderamente, como la raíz de todas las persecuciones.
-
-La ley relativa á las cofradías, mucho más que la intolerancia
-religiosa, fué la causa fatal de las violencias que deshonraron los
-reinados de los mejores soberanos.
-
-En materia de asociacion, igualmente que en todas las cosas buenas
-y delicadas, tuvieron los países griegos la prioridad sobre los
-Romanos. Las _eranas_ ó _thiasas_ griegas de Atenas, de Rodas y de
-las islas del Archipiélago fueron hermosas sociedades de socorros
-mútuos, de crédito, de seguros en casos de incendio, de piedad y
-de placeres honestos[1023]. Cada erana grababa sobre columnas sus
-decisiones, tenia sus archivos y su caja comun, que se llenaba con
-donativos voluntarios y con las cuotas de los sócios. Juntábanse los
-eranistas ó thiasitas para celebrar ciertas festividades, y reuníanse
-en banquetes, donde reinaba la mayor cordialidad[1024]. El sócio
-que se viera apurado de dinero, tenia la facultad de sacarlo de la
-caja, á título de empréstito en calidad de reintegro. Las mujeres
-formaban parte de aquellas eranas, y tenian su presidenta especial
-(_proeranistia_). Las juntas que celebraban eran absolutamente
-secretas; un reglamento severo mantenia en ellas el órden, y se
-efectuaban, segun parece, en jardines cerrados, rodeados de pórticos
-ó de pequeñas construcciones, en cuyo centro se ostentaba el altar
-de los sacrificios[1025]. Por último, cada congregacion tenia un
-cuerpo de dignatarios, nombrados por sorteo que se hacia anualmente
-(_clerotas_)[1026], á usanza de las antiguas democracias griegas,
-de donde el «clero» cristiano[1027] ha tomado tal vez su nombre. El
-presidente era el único elegido. Estos funcionarios oficiales sometian
-á un exámen al nuevo electo, debiendo certificar que era «santo,
-piadoso y bueno»[1028]. Hubo en aquellas pequeñas cofradías, durante
-los dos ó tres siglos que precedieron á nuestra era, un movimiento
-casi tan variado como el que produjo en la edad media tantas órdenes
-religiosas. Contáronse en la isla de Rodas solamente, hasta diez y
-nueve[1029]; llevando muchas de ellas los nombres de sus fundadores
-y reformadores. Alguna de aquellas _thiasas_, particularmente las de
-Baco[1030], profesaban elevadas doctrinas, y trataban de consolar á los
-hombres bien intencionados. Si todavía subsistia en el mundo griego un
-resto de amor, de piedad y de moral religiosa, era debido á la libertad
-de tales cultos privados. Estos competian con la religion oficial, cuyo
-abandono hacíase de dia en dia más notable.
-
-Empero, las asociaciones de igual género tropezaban con mayores
-obstáculos en Roma[1031] sin que por eso disminuyera su prestigio entre
-las clases desheredadas. Los principios de la política romana respecto
-á las cofradías se promulgaron por la vez primera bajo la república
-(186 años antes de J.-C.), con motivo de las bacanales. Por aficion
-natural, eran muy propensos los Romanos á las asociaciones[1032],
-particularmente á las religiosas[1033]; pero estas congregaciones,
-en cierto modo permanentes, disgustaban á los patricios[1034],
-conservadores de los poderes públicos, quienes á impulso de la mezquina
-y árida idea que de la vida concibieran, no admitian como grupos
-sociales más que la familia y el Estado. Tomáronse las precauciones más
-minuciosas para conseguir su intento: necesidad de autorizacion prévia,
-limitacion del número de asistentes, prohibicion de que tuvieran
-un _magister sacrorum_ permanente y de que constituyeran mediante
-suscripciones un fondo comun[1035]. La misma solicitud se manifestó
-repetidas veces en la historia del imperio, y el arsenal de las leyes
-contenia textos para todas las represiones[1036]. Empero dependia de
-la autoridad el hacer ó no aplicacion de ellas. En cuanto á los cultos
-proscritos, reaparecian frecuentemente muy pocos años despues de su
-proscripcion[1037]. Por otra parte, la emigracion extranjera, sobre
-todo la de los Sirios, renovaba incesantemente el fondo con que se
-alimentaban las creencias que en vano trataban de extirpar.
-
-Admírase uno de ver hasta qué grado preocupaba á los hombres más
-pensadores un tema tan secundario en apariencia. Una de las
-preferentes atenciones de César y de Augusto fué la de impedir
-la formacion de nuevos _colegios_ y destruir los que ya estaban
-establecidos[1038]. Un decreto expedido, segun parece, bajo el reinado
-de Augusto trató de definir fijamente los límites del derecho de
-reunion y de asociacion. Esos límites eran muy reducidos; pues los
-_colegios_ habian de ser únicamente funerarios. No les era permitido
-reunirse sino una vez al mes, y no podian ocuparse más que en dar
-sepultura á los miembros difuntos, no debiendo salirse bajo ningun
-pretexto del círculo de sus atribuciones[1039]. Sobrepuja á toda
-ponderacion el encarnizamiento del imperio, pues á consecuencia de
-su idea exagerada respecto al Estado, pretendia aislar al individuo,
-destruir todo lazo moral entre los hombres, y combatir un deseo
-legítimo de los pobres, el de apiñarse unos contra otros en un asilo
-reducido para tener así más calor. Ciertamente que en la antigua Grecia
-era muy tiránica la ciudad; pero proporcionaba tantos placeres en
-cambio de su despotismo, de tal modo deslumbraba con sus luces y con
-su gloria, que nadie pensaba en quejarse. Morian contentos por ella, y
-sufrian sin rebelarse sus más injustos caprichos. En cuanto al Imperio
-romano, era demasiado vasto para considerarlo como patria. Ofrecia á
-todos grandes ventajas materiales; pero no proporcionaba cosa alguna
-que mereciera afecto; así que la inaguantable tristeza compañera de
-semejante existencia parecia peor que la muerte.
-
-Por eso, y á pesar de todos los esfuerzos que hicieron los hombres
-políticos, tomaron tan inmenso desarrollo las cofradías. Sucedió
-exactamente una cosa análoga á lo que á nuestras cofradías de la edad
-media, con su Santo patron y sus comidas en gremio. Cuidábanse las
-grandes familias de su nombre, de la patria y de la tradicion; pero
-los humildes, la gente de pocos recursos no tenian más cuidado que
-el del _Collegium_, por el cual se afanaban. Todos los textos nos
-representan esos _collegia_ ó _cœtus_ como formados de esclavos[1040],
-veteranos[1041], y gente pobre _tenuiores_[1042]. Reinaba la igualdad
-entre los hombres libres, los libertos y las personas serviles[1043],
-siendo numerosas las mujeres[1044]. Á riesgo de mil vejaciones, y á
-pesar de las severas penas que á veces se imponian, aspiraban muchos á
-ser miembros de uno de esas _collegia_, donde vivian unidos por lazos
-de agradable confraternidad, se disfrutaba de los socorros mútuos y
-se contraian afectos que se conservaban despues de la muerte[1045].
-El sitio de reunion, ó _schola collegii_, tenia comunmente un
-_tetrástilo_ (pórtico de cuatro fachadas)[1046] donde se publicaba
-en carteles el reglamento del colegio, al lado del dios protector, y
-un _triclinium_ para los banquetes de la corporacion reunida. Estos
-eran, en efecto, vivamente deseados; celebrábanse en las fiestas
-patronales y en los aniversarios de ciertos cofrades que habian hecho
-fundaciones[1047]. Cada cual llevaba allí su regalo; y uno de los
-cofrades, por turno, suministraba los accesorios de la comida; á saber,
-los manteles, la vajilla para la mesa, el pan, el vino, las sardinas y
-el agua caliente[1048]. El esclavo que acababa de libertarse habia de
-obsequiar á sus camaradas con una ánfora de buen vino[1049]. Una dulce
-alegría animaba el festin; y era cosa expresamente convenida que no
-habia de tratarse de asunto alguno relativo al colegio; para que nada
-pudiera turbar el cuarto de hora de regocijo y de descanso que aquellas
-pobres gentes se proporcionaban[1050]. Todo acto de turbulencia ó toda
-palabra desagradable eran castigados con una multa[1051].
-
-Si hubiera uno de atenerse á las apariencias, creeria que aquellos
-colegios no eran más que asociaciones de entierro mútuo[1052]. Empero,
-eso solo hubiera bastado para darle un carácter moral. En la época
-romana, como en nuestro tiempo y en todas las épocas en que la religion
-se halla sin fuerzas, la piedad de las tumbas era casi la única que el
-pueblo conservaba. Complacíanse en pensar que no serian arrojados á los
-fosos comunes[1053], que el colegio haria el gasto de los funerales,
-y que los cofrades que hubieran ido á pié hasta la pira, recibirian
-un pequeño honorario[1054] de veinte céntimos[1055]. Los esclavos,
-especialmente, necesitaban creer que si su amo hiciera arrojar su
-cuerpo al foso comun, no faltarian allí algunos amigos para hacerles
-«funerales imaginarios[1056].» El hombre pobre echaba todos los meses
-dos cuartos en el cepillo á ese uso destinado, para proporcionarse
-despues de su muerte una urnita en un _columbarium_, con una lápida
-de mármol en que estuviera grabado su nombre. Como la sepultura entre
-los romanos, estaba íntimamente ligada con los _sacra gentilicia_ ó
-ritos de familia, tenia suma importancia, contrayendo las personas
-que se enterraban juntas una especie de fraternidad íntima y de
-parentesco[1057].
-
-Hé aquí por qué, durante largo tiempo, se presentó el cristianismo en
-Roma como una especie de _collegium_ fúnebre y por qué los primeros
-santuarios cristianos fueron las tumbas de los mártires[1058]. Si
-no hubiera sido más que eso el cristianismo, no hubiese provocado
-tantos rigores; pero era tambien otra cosa; tenia un fondo ó caja de
-comunidad[1059]; jactábase de constituir una poblacion completa; y
-se creia asegurado de que habia de dominar en el porvenir. Cuando se
-entra un sábado por la noche en el recinto de una iglesia griega en
-Turquía, en la de Santa Photini, en Esmirna, por ejemplo, le extraña á
-uno el poderío de esas religiones de comité, en el seno de una sociedad
-perseguidora ó malévola. Ese hacinamiento irregular de construcciones
-(iglesia, presbiterio, escuelas, cárcel,) esos fieles que van y vienen
-en medio de su poblacion cerrada, esas tumbas nuevamente abiertas en
-las cuales arde una lámpara, ese olor cadavérico, esa atmósfera húmeda,
-ese murmullo de oraciones, esas invocaciones para pedir limosna, todo
-ello forma un conjunto lánguido, que á veces á un extranjero podrá
-parecerle insulso, pero que debe ser muy grato y suave para el afiliado.
-
-Las sociedades, que estaban ya provistas de una autorizacion especial,
-gozaban en Roma de todos los derechos de personas civiles[1060];
-pero no se concedia esa autorizacion sino con infinitas condiciones,
-desde el momento en que las sociedades tenian una caja ó fondo de
-comunidad, ó se trataba de otra cosa que de hacerse enterrar[1061].
-El pretexto de la religion ó de cumplir votos en comunidad, estaba
-previsto y formalmente señalado entre las circunstancias que daban
-á una reunion el carácter de delito[1062]; y este no era otro que
-el de lesa majestad, al menos para el individuo que habia provocado
-la reunion[1063]. Claudio llegó hasta mandar cerrar las tabernas en
-que se reunian los cofrades, así como tambien las hosterías donde
-la gente pobre encontraba por poco precio agua caliente y carne del
-puchero[1064]. Trajano y los mejores emperadores romanos vieron con
-desconfianza todas las asociaciones[1065]. La extrema humildad de
-las personas era una cualidad esencial para que se les concediera
-el derecho de reunion; y aun así no se les otorgaba sino con muchas
-condiciones[1066]. Los legistas que constituyeron el derecho romano,
-tan eminentes como jurisconsultos, mostraron hasta dónde llegaba
-su ignorancia de la naturaleza humana persiguiendo de todos modos,
-hasta con la amenaza de muerte, y restringiendo con toda clase de
-precauciones odiosas ó pueriles, una eterna necesidad del alma[1067].
-Á semejanza de los autores de nuestro «Código civil,» miraban la vida
-con mortal frialdad, como si esta consistiese solo en divertirse por
-órden superior, en comer su pedazo de pan y en disfrutar del placer
-segun la clase y rango. El castigo de las sociedades que se abandonan
-á este sistema falso y limitado, es primeramente el fastidio, y
-despues el triunfo violento de los partidos religiosos. El hombre
-no consentirá jamás en respirar ese aire glacial; necesita el hogar
-tranquilo, la cofradía donde los buenos mueren y viven juntos; nuestras
-grandes sociedades abstractas no son bastantes para satisfacer todos
-los instintos de sociabilidad que hay en el hombre; dejadle que
-ocupe su corazon con alguna cosa, que busque su consuelo donde pueda
-encontrarle, que busque los hermanos que necesite, que dé cabida en
-su alma á los más tiernos vínculos. La fria mano del Estado no debe
-intervenir en ese reino del alma que es el reino de la libertad; la
-vida y la alegría no renacerán en el mundo hasta que haya desaparecido
-nuestra desconfianza hácia los _collegia_, esa triste herencia del
-derecho romano. Formar una asociacion fuera del Estado, sin destruir
-á éste, es la cuestion capital del porvenir; la ley futura sobre las
-asociaciones decidirá si la sociedad moderna ha de sufrir ó no la
-suerte de la antigua. Un ejemplo debe bastar: el Imperio romano habia
-enlazado su destino con la ley sobre los _cœtus illiciti_ y los
-_illicita collegia_; los cristianos y los bárbaros, terminando con esto
-la obra de la conciencia humana, destruyeron la ley, y el Imperio se
-hundió con ella.
-
-El mundo griego y romano, mundo laico, mundo profano, que no sabia lo
-que es un sacerdote, que no tenia ni ley divina, ni libro revelado,
-tocaba aquí con problemas que no le era posible resolver. Añadamos
-á esto que si hubiese tenido sacerdotes, una teología severa, una
-religion vigorosamente organizada, no habria creado el Estado laico, ni
-inaugurado tampoco la idea de una sociedad racional, de una sociedad
-fundada sobre las simples necesidades de la humanidad y sobre las
-relaciones naturales de los individuos. La inferioridad religiosa de
-los griegos y de los romanos era la consecuencia de su superioridad
-política é intelectual; la superioridad religiosa del pueblo judío,
-por el contrario, ha sido la causa de su inferioridad política
-y filosófica; el judaismo y el cristianismo primitivo contenian
-la negacion ó más bien la tutela del Estado civil, y así como el
-islamismo, establecieron la sociedad sobre la religion. Cuando se
-toman las cosas humanas por este lado, se fundan grandes proselitismos
-universales, se tienen Apóstoles que corren de un extremo á otro del
-mundo para convertirlo; pero no se fundan instituciones políticas, una
-independencia nacional, una dinastía, un código, un pueblo.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XIX.
-
-Porvenir de las misiones.
-
-
-[Marginal: Año 45]
-
-Tal era el mundo que los misioneros cristianos se encargaron de
-convertir; y bien podemos ver que semejante empresa no fué una
-locura, ni tampoco el llevarla á cabo un milagro. El mundo carecia
-moralmente de muchos cosas que la nueva religion le podia facilitar
-de una manera admirable; las costumbres se dulcificaban; queríase un
-culto más puro; y las nociones sobre los derechos del hombre y las
-ideas acerca de los amejoramientos sociales iban ganando terreno por
-todas partes. La credulidad, por otro lado, era extremada, el número
-de personas instruidas muy escaso, y si ante semejante sociedad se
-hubiesen presentado ardientes apóstoles, judíos, es decir, monoteistas,
-discípulos de Jesús, penetrados de la más dulce predicacion moral
-que jamás pudiera oirse, no hay para que dudar que se les hubiera
-escuchado. Los sueños é ilusiones que contiene su enseñanza, no serán
-un obstáculo para que obtengan buen éxito; el número de los que no
-creen en lo sobrenatural y en el milagro es muy corto; si son humildes
-y pobres tanto mejor, porque la humanidad en el punto que se halla, no
-puede salvarse sino por un esfuerzo del pueblo. Las antiguas religiones
-paganas no son reformables; el Estado romano es lo que será siempre
-el Estado; es decir, una cosa rígida, seca, y dura; en ese mundo que
-parece por falta de amor, el porvenir es de aquel que toque la fibra
-sensible de la piedad popular. El liberalismo griego y la antigua
-gravedad romana son impotentes para conseguirlo.
-
-La fundacion del cristianismo es bajo este punto de vista la obra
-más grande que han hecho jamás los hombres del pueblo, y muy pronto
-quizás, los hombres y mujeres de la alta nobleza romana, se afiliarán
-á la Iglesia. Desde fines del primer siglo, Flavio Clemente y Flavia
-Domitila nos muestran casi al cristianismo penetrando en el palacio
-de los Césares[1068]. Á partir de los primeros Antoninos, cuéntanse
-personas ricas en la comunidad, y á fines del segundo siglo algunos de
-los personajes más considerables del Imperio[1069], si bien en general
-todos ó casi todos eran humildes[1070]. En las iglesias más antiguas,
-así como en Galilea al rededor de Jesús no habia nobles ni poderosos:
-ahora bien en esas grandes creaciones, la primera hora es la decisiva;
-la gloria de las religiones pertenece por completo á sus fundadores,
-pues aquellas, en efecto, se reducen á una cuestion de fé; creer es una
-cosa vulgar; la obra maestra es saber inspirar la fé.
-
-Cuando uno trata de figurarse aquellos maravillosos orígenes, se le
-representan por lo regular las cosas segun el modelo de nuestra época,
-lo cual induce á graves errores. El hombre del pueblo, en el primer
-siglo de nuestra era, sobre todo en los países griegos y orientales,
-no se asemejaba en nada de lo que es hoy; la educacion no levantaba
-entonces en las clases una barrera tan inespugnable como ahora, y
-aquellas razas del Mediterráneo, si se exceptúan las poblaciones de
-Lacio, las cuales habian desaparecido ó perdido toda su importancia
-desde que el imperio romano habia llegado á ser la cosa de los
-pueblos vencidos al conquistar el mundo, aquellas razas, digo, eran
-menos sólidas que las nuestras, pero más vivas, más espirituales,
-más idealistas. El pesado materialismo, esa cosa triste y apagada,
-efecto de nuestros climas y legado fatal de la edad media, que da á
-nuestros pobres un aspecto tan desconsolador, no era el defecto de
-los de aquella época. Sin embargo, aun cuando fuesen muy ignorantes
-y crédulos, no lo eran más que los ricos poderosos, y no hay que
-representarse el establecimiento del cristianismo como análogo á lo
-que seria entre nosotros un movimiento que, partiendo de las clases
-populares, acabara (cosa imposible á nuestros ojos,) por obtener el
-asentimiento de los hombres instruidos. Los fundadores del cristianismo
-pertenecian al pueblo en el sentido de que iban mal vestidos, vivian
-sencillamente y hablaban mal, ó más bien solo se proponian expresar sus
-ideas con vivacidad; mas en punto á inteligencia no eran inferiores
-sino á un corto número de hombres que aún quedaban de la gran sociedad
-de César y de Augusto. Comparados con los principales filósofos que
-enlazaban el siglo de Augusto con el de los Antoninos, los primeros
-cristianos podian considerarse como espíritus pobres, mas comparados
-con la masa de los súbditos del Imperio eran ilustrados. Tratábaseles
-á veces de pensadores libres; el grito del populacho contra ellos era
-«¡Muerte á los Ateos!»[1071] y esto no es de extrañar si se atiende á
-que el mundo hacia espantosos progresos en punto á supersticion. Las
-dos primeras capitales del cristianismo de los gentiles, Antioquía y
-Éfeso, eran las dos ciudades del Imperio más dadas á las creencias
-sobrenaturales, los siglos segundo y tercero llevaron hasta la demencia
-el espíritu de lo maravilloso y de la credulidad.
-
-El cristianismo nació fuera del mundo oficial, mas no era precisamente
-inferior á él: solo en apariencia y segun las preocupaciones mundanas,
-eran los discípulos de Jesús unas pobres gentes. El hombre mundano ama
-lo que es orgulloso y fuerte; habla con dureza al humilde; entiende que
-el honor consiste en no dejarse insultar, y desprecia en fin al que
-se reconoce débil, que lo sufre todo, que cede su túnica y presenta
-el rostro para recibir un bofeton. Aquí está el error, pues el débil
-á quien desprecia es superior por lo general; la virtud reside en los
-que obedecen (sirvientes, obreros, soldados, etc.,) más bien que en los
-que mandan y gozan; y esto está casi en el órden, puesto que mandar y
-disfrutar, lejos de contribuir á la virtud, ofrece una dificultad para
-ser virtuoso.
-
-Jesús comprendió maravillosamente que en el seno del pueblo se halla
-la resignacion y abnegacion que salva al mundo. Hé ahí porque proclamó
-felices á los pobres, juzgando que á ellos les era más fácil que á los
-otros ser buenos; los cristianos primitivos fueron por esencia pobres;
-«pobres» se les llamó[1072] y aun cuando el cristiano fuese rico en los
-siglos segundo y tercero, en punto á espíritu se le podia considerar
-como un _tenuior_[1073] y se salvó gracias á la ley sobre los _collegia
-tenuiorum_. No eran ciertamente todos los cristianos esclavos y gentes
-de baja condicion, mas el equivalente social de un cristiano era un
-esclavo, y lo mismo se decia de aquel que de este, reconociéndose en
-ambos las mismas virtudes de bondad, humildad, resignacion y dulzura.
-Todos los autores paganos opinan unánimemente de este modo; todos sin
-excepcion reconocen en el cristiano los rasgos del carácter servil, la
-indiferencia hácia las grandes cuestiones y ese aire triste y contrito,
-esa aversion hácia los juegos, los teatros, los gimnasios y los
-baños[1074], característica en ellos.
-
-En una palabra, los paganos eran el mundo, no los cristianos: estos
-constituian un pequeño grupo separado, aborrecido del mundo, que ellos
-por su parte encontraban malo[1075] procurando «conservarse inmaculados
-del mundo»[1076]. El ideal del cristianismo será lo contrario del
-ideal mundano[1077]; al perfecto cristiano le gustarán las objeciones;
-tendrá las virtudes del pobre, del hombre sencillo, de aquel que no
-trata de hacerse valer, mas no carecerá tampoco de los defectos de sus
-virtudes, pues considerará vanas y frívolas muchas cosas que no lo son,
-declarándose enemigo de la belleza. Un sistema en que la Venus de Milo
-no aparece sino como un ídolo, es un sistema falso ó al menos parcial,
-pues la belleza vale casi tanto como lo bueno y lo verdadero. Con
-semejantes ideas, es en todo caso inevitable una decadencia en el arte,
-pues el cristiano no querrá ni edificar, ni esculpir, ni dibujar; será
-demasiado idealista, y le importará poco saber, porque la curiosidad
-le parece una cosa vana. Confundiendo la gran voluptuosidad del alma,
-que es uno de los modos de tocar lo infinito, con el placer vulgar, no
-querrá disfrutar porque es demasiado virtuoso.
-
-Desde ahora se presenta otra ley que debe dominar en esta historia;
-el establecimiento del cristianismo corresponde á la supresion de la
-vida política en el mundo del Mediterráneo; el cristianismo nace y se
-extiende en una época en que ya no hay patria; si alguna cosa falta á
-los fundadores de la Iglesia, es el patriotismo. No son cosmopolitas
-porque todo planeta es para ellos un lugar de destierro; son idealistas
-en el sentido más absoluto. La patria es un compuesto del cuerpo y
-del alma; esta última, constituye los recuerdos, las costumbres, las
-leyendas, las desgracias, las esperanzas y los sentimientos comunes; el
-cuerpo, es el suelo, la raza, el idioma, las montañas, los rios, los
-productos característicos, y en tal caso, nadie prescindió tanto de
-todo esto como los verdaderos cristianos. Ellos no tomaron cariño á la
-Judea, y al cabo de algunos años olvidaron la Galilea completamente; la
-gloria de Grecia y de Roma solo les inspiró indiferencia; los países
-en que el cristianismo se estableció desde luego, es decir, la Siria,
-Chipre y el Asia Menor, no se acordaron ya de la época en que fueron
-libres; en Grecia y Roma dominaba aún el sentimiento nacional, pero
-en esta última el patriotismo residia en el ejército y en algunas
-familias, mientras que en la primera el cristianismo no fructifica
-sino en Corinto, ciudad que desde su destruccion por Mummio y su
-reconstruccion por César, era un conjunto de gente de todas clases.
-Los verdaderos países griegos, entonces como hoy, muy poseidos por el
-recuerdo de su pasado, se prestaron muy poco á la nueva predicacion y
-fueron siempre medianamente cristianos. Por el contrario, aquellos
-países mudos, alegres, voluptuosos, tales como el Asia y la Siria,
-países de placer, de costumbres libres y de abandono, acostumbrados
-á recibir de extraños la vida y el gobierno, no tenian nada á que
-renunciar tratándose de orgullo y tradiciones. Las más antiguas
-metrópolis del cristianismo, como Antioquía, Éfeso, Tesalónica, Corinto
-y Roma, fueron ciudades comunes, si así puede decirse, ciudades
-semejantes á la moderna Alejandría, donde afluian todas las razas, y
-donde la union entre el hombre y el suelo, que es lo que constituye la
-nacionalidad, era absolutamente nula.
-
-La importancia que se da á las cuestiones sociales está en sentido
-inverso á las preocupaciones políticas: el socialismo adquiere la
-superioridad, cuando el patriotismo se debilita; el cristianismo fué
-la explosion de las ideas sociales y religiosas, que debia esperarse
-desde el momento en que Augusto puso fin á las luchas políticas.
-Culto universal, como el islamismo, el cristianismo será en el fondo
-el enemigo de las nacionalidades, y serán necesarios muchos siglos y
-muchos cismas para que lleguen á formarse iglesias nacionales con una
-religion que fuese desde luego la negacion de toda patria terrestre,
-que naciere en una época en que no hubiera en el mundo ni ciudad
-ni ciudadanos. Es indudable que las antiguas y severas repúblicas
-de Italia y de Grecia como un veneno mortal habian rechazado estas
-iglesias para el Estado.
-
-Y esta es una de las causas que contribuyen á la grandeza del culto
-nuevo: la humanidad es cosa diversa, cambiante, agitada por deseos
-contradictorios; grande es la patria y santos son los héroes de
-Maraton, de las Termópilas, de Valmy y de Fleurus; pero la patria no
-está aquí abajo, porque uno es hombre é hijo de Dios antes que francés
-ó aleman.
-
-El reino de Dios, sueño eterno que no se arrancará del corazon del
-hombre, es la protesta contra lo que el patriotismo tiene de exclusivo;
-el pensamiento de una organizacion de la humanidad para su dicha más
-grande y su amejoramiento moral, es cristiano y legítimo; el Estado
-no sabe ni puede saber más que una cosa: organizar el egoismo, y esto
-no es indiferente, porque el egoismo es el más poderoso y el más
-perceptible de los móviles de la humanidad. Pero esto no basta: los
-gobiernos que suponen que el hombre solo tiene instintos de egoismo, se
-equivocan de medio á medio, porque la abnegacion es tan natural como
-el egoismo para los hijos de las grandes razas; la organizacion de
-la abnegacion es la religion, y no se espere pues prescindir de esta
-última ni de sus asociaciones, porque el progreso de las sociedades
-modernas, hará que esta necesidad sea cada vez más imperiosa.
-
-Hé ahí de qué modo esos relatos de extraños sucesos pueden encerrar
-para nosotros una gran enseñanza, pero es preciso no detenerse
-en ciertos rasgos que por la diferencia de épocas puedan parecer
-extravagantes. Cuando se trata de creencias populares hay siempre una
-inmensa desproporcion entre la grandeza del objeto ideal que prosigue
-la fé y la pequeñez de las circunstancias materiales que inducen á
-creer. De ahí la particularidad que en la historia religiosa, los
-detalles extraños y los actos que se asemejan á la locura, puedan
-mezclarse con lo que hay de más sublime. El fraile que inventó la santa
-ampolla ha sido uno de los fundadores del reino de Francia: ¿quién no
-querria borrar de la vida de Jesús el episodio de los demoniacos de
-Gergesia? Ningun hombre de sangre fria ha hecho nunca lo que hicieron
-Francisco de Asís, Juana de Arco, Pedro el Ermitaño, é Ignacio de
-Loyola; nada es más relativo que la palabra locura aplicada al pasado
-del espíritu de la humanidad; y si se siguieran las ideas extendidas en
-nuestros dias, no hay profeta, ni apóstol, ni santo, que no se hubiese
-visto encerrado. La conciencia humana es poco estable en las épocas en
-que la reflexion no ha avanzado mucho y cuando es tal el estado del
-alma, se llega insensiblemente del bien al mal y del mal al bien, dando
-lugar á que lo bello se convierta, en feo ó vice-versa. No hay justicia
-posible para lo pasado si no se admite este principio. Un mismo soplo
-divino penetra en toda la historia y forma una union admirable; pero la
-variedad de combinaciones que pueden producir las facultades humanas es
-infinita. Los apóstoles difieren menos de nosotros que los fundadores
-del budismo, los cuales, sin embargo, se aproximaban más á nosotros
-por el idioma, y probablemente por la raza. Nuestro siglo ha visto
-movimientos religiosos tan extraordinarios como los de otras épocas,
-movimientos que han provocado tanto entusiasmo como los anteriores,
-que cuentan ya relativamente, mayor número de mártires, y cuyo porvenir
-es aún incierto.
-
-No hablo de los Mormones, secta por ciertos conceptos tan estúpida y
-abyecta, que se le resiste á uno creer en ella formalmente, por más
-que sea instructivo ver en pleno siglo XIX á millares de hombres de
-nuestra raza vivir creyendo en los milagros y en las maravillas en que
-tienen una fé ciega y que segun dicen han visto y tocado. Ya contamos
-con toda una literatura para demostrar el acuerdo que existe entre el
-mormonismo y la ciencia, pero lo más admirable es, que esta religion,
-fundada en necedades é imposturas, ha sabido llevar á cabo prodigios
-de paciencia y abnegacion, y dentro de quinientos años, habrá doctores
-que probarán su divinidad por las maravillas de su establecimiento. El
-babismo en Persia, ha sido un fenómeno notable por otro estilo[1078]:
-un hombre pacífico y sin pretension alguna, una especie de Spinoza,
-modesto y piadoso, se ha visto casi á pesar suyo, elevado al rango de
-taumaturgo, de encarnacion divina, llegando á ser el jefe de una secta
-numerosa, ardiente y fanática, que estuvo á punto de producir una
-revolucion semejante á la de Islam. Millares de mártires recibieron
-por él la muerte con la mayor alegría; el dia de la matanza de los
-_babis_ en Teheran, no tiene acaso igual en la historia del mundo,
-pues segun dice un narrador, testigo ocular,[1079] «vióse en dicho dia
-en las calles y bazares de Teheran, un espectáculo que la poblacion
-no olvidará acaso nunca. Aún hoy dia, cuando se habla de aquella
-catástrofe, puede comprenderse cuánta fué la admiracion mezclada de
-horror que experimentó la multitud, y que los años no han disminuido.
-Vióse avanzar entre los verdugos una porcion de niños y mujeres con
-las carnes del cuerpo desgarradas y llevando sujetas alrededor de éste
-mechas encendidas cuya llama les abrasaba la piel; las víctimas, que
-iban atadas con cuerdas, recibian continuos latigazos, mas á pesar de
-esto, niños y mujeres avanzaban entonando un versículo que decia: «En
-verdad venimos de Dios y volvemos á él» y elevábanse sus voces sonoras
-en medio del silencio de la multitud. Cuando uno de los condenados
-caia al suelo hacíanle levantar á fuerza de golpes, y entonces, por
-agotadas que estuviesen las fuerzas de la víctima á causa de la pérdida
-de sangre que corria de sus heridas, poníase á bailar gritando con
-creciente entusiasmo: «En verdad que somos de Dios y volvemos á él.»
-Algunos niños caian muertos sobre el camino, y los verdugos cogian sus
-cuerpos y los arrojaban á los piés de los padres y de sus hermanos, que
-pisaban orgullosamente aquellos cadáveres sin lanzarles siquiera una
-mirada. Al llegar al lugar de la ejecucion se propuso á las víctimas
-que abjurasen: á un verdugo se le ocurrió decir á un padre que si no
-cedia iba á cortar el cuello á sus dos hijos sobre su mismo pecho; los
-dos muchachos, de los cuales el mayor tendria catorce años, enrojecidos
-con su propia sangre, y calcinadas las carnes, escuchaban friamente
-el diálogo: el padre contestó tendiéndose en el suelo que estaba
-dispuesto, y entonces el mayor de sus hijos, reclamando con instancia
-su derecho de primogenitura, pidió que le degollase antes á él[1080].
-Por último se acabó todo: las sombras de la noche cubrieron una masa
-informe de carne humana; las cabezas estaban atadas á los postes del
-cadalso y los perros de los arrabales se dirigian en bandadas hácia
-aquel punto.»
-
-Esto ocurria en 1852: la secta de Mazdak, en tiempo de Cosroes
-Nouschirvan, se ahogó en un baño de sangre semejante; la abnegacion
-absoluta es para las almas sencillas el más exquisito de los goces
-y una especie de necesidad; en la ejecucion de los Babis, algunas
-personas que eran de la secta, corrian á denunciarse á sí mismas
-deseosas de obtener la muerte y el martirio. ¡Es tan dulce para el
-hombre sufrir por alguna cosa, que muchas veces la indiferencia del
-mártir basta para hacer creer! Un discípulo que fué compañero de
-suplicio de Bab, hallándose suspendido al lado da éste en las murallas
-de Tabriz, esperando la muerte, no decia más que estas palabras:
-«¿Estais contento de mí, maestro?»
-
-Las personas que suponen milagroso ó quimérico lo que en la historia
-excede á los cálculos de un buen sentido vulgar, no podrán seguramente
-explicarse tales hechos. La condicion fundamental de la crítica, es
-saber comprender los estados diversos del espíritu humano; la fé
-absoluta es para nosotros una cosa completamente extraña; y fuera de
-las ciencias positivas, de una seguridad en cierto modo material, toda
-opinion no es á nuestros ojos más que una probabilidad que implica
-una parte de verdad y una parte de error; esta última puede ser tan
-pequeña como se quiera, pero no se reduce nunca á cero cuando se trata
-de cosas morales sobre una cuestion de arte, lenguaje, forma literaria
-ó personas. Esta, sin embargo, no es la manera de ver de los espíritus
-pobres y obstinados, tal como los Orientales; los ojos de esas gentes
-no son como los nuestros; son una especie de ojos de esmalte como
-los de los personajes que figuran en los mosaicos con su mirada fija
-y que no saben ver sino una sola cosa á la vez, cosa que al fin les
-preocupa, se apodera de ellos, é impidiéndoles que sean dueños de
-creer ó de no creer, no les permite reflexionar. Cuando se profesa
-una opinion de este modo, se deja uno matar por ella: el mártir es en
-religion lo que el hombre de partido en política: no ha habido muchos
-mártires inteligentes; los confesores del tiempo de Diocleciano debian
-ser, despues de la paz de la Iglesia, personajes impertinentes é
-imperiosos, pues nunca es uno tolerante cuando cree que siempre tiene
-razon y que los otros no la tienen nunca.
-
-Los grandes entusiasmos religiosos, que son la consecuencia de fijarse
-demasiado en las cosas, se convierten así en enigmas para un siglo
-como el nuestro, en que el rigor de las convicciones se ha debilitado
-mucho. Entre nosotros, el hombre sincero modifica sin cesar sus
-opiniones; en primer lugar, porque el mundo cambia, y en segundo porque
-el apreciador cambia tambien. Nosotros creemos varias cosas á la vez;
-amamos la justicia y la verdad y por ellas expondriamos nuestra vida,
-pero no admitimos que lo justo y lo verdadero sean solo del dominio
-de una secta ó de un partido. Somos buenos franceses, mas reconocemos
-que los alemanes y los ingleses son superiores por muchos conceptos,
-lo cual no se hace en las épocas y en los países en que cada cual es
-de su comunion, de su raza, de su escuela política. Hé aquí por qué
-todas las grandes creaciones religiosas se han producido en sociedades
-cuyo espíritu general era más ó menos análogo al del Oriente. Hasta
-aquí, en efecto, la fé absoluta es la única que ha conseguido imponerse
-á las demás. Una buena criada de Lyon, llamada Blandine, que se hizo
-matar por su fé, hace mil setecientos años, y un brutal jefe de banda,
-llamado Clovis, que creyó conveniente, hace catorce siglos, convertirse
-al catolicismo, son los que nos imponen aún la ley.
-
-¿Quién no se ha detenido al recorrer nuestras antiguas ciudades, ahora
-modernas, al pié de los gigantescos monumentos de la fé de las edades
-antiguas? Todo se ha renovado ya en ellos; no queda un solo vestigio
-de las costumbres de otros tiempos; solo permanece en pié la catedral,
-un poco mutilada acaso por la mano del hombre, pero profundamente
-arraigada en el suelo; _¡Mole sua stat!_ Su masa es su derecho. Ha
-resistido al diluvio que todo lo destruyó á su alrededor; ni uno solo
-de los hombres de otra época que fuera á visitar los sitios donde
-vivió, podria encontrar su casa; solo el cuervo que hizo su nido en las
-alturas del edificio sagrado no ha visto destruir su morada, ¡Extraña
-prescripcion! Aquellos honrados mártires, aquellos rudos convertidos,
-aquellos piratas que construyeron iglesias, nos dominan todavía. Somos
-cristianos porque ellos quisieron serlo; así como en política solo
-las fundaciones bárbaras son duraderas, en religion las afirmaciones
-espontáneas, y si me atrevo á decirlo, fanáticas, son contagiosas. Y
-esto consiste en que las religiones son obras enteramente populares; su
-éxito no depende sino de las pruebas más ó menos buenas que producen de
-su divinidad; su éxito está en proporcion de lo que dicen al corazon
-del pueblo.
-
-¿Se sigue acaso de aquí que la religion esté destinada á disminuir poco
-á poco y á desaparecer como los errores populares sobre la mágia, la
-brujería y los espíritus? Seguramente no: la religion no es un error
-popular; es una gran verdad de instinto entrevista y expresada por el
-pueblo. Todos los símbolos que sirven para dar una forma al sentimiento
-religioso son incompletos, y su destino es ser rechazados unos despues
-de otros; pero nada es más falso que el sueño ó la ilusion de varias
-personas, que tratando de concebir la humanidad perfecta, la conciben
-sin religion. Debe decirse lo inverso. La China, que es una humanidad
-inferior, no tiene apenas religion: supongamos por el contrario un
-planeta habitado por una humanidad cuya fuerza intelectual, moral
-y física, sea doble que la de la humanidad terrestre, y tendremos
-que la primera seria cuando menos dos veces más religiosa que la
-nuestra; y digo _cuando menos_, porque es probable que el aumento de
-facultades religiosas tuviese lugar en una progresion más rápida que
-el aumento de la capacidad intelectual, y no se haria segun la simple
-proporcion directa. Supongamos una humanidad diez veces más fuerte que
-la nuestra; esa seria infinitamente más religiosa, y aún es probable,
-que en semejante grado de sublimidad, desprendido de toda preocupacion
-material y de todo egoismo, dotado de un tacto perfecto y de un gusto
-divinamente delicado, viendo la bajeza y el vacío de todo lo que no
-es lo verdadero, lo bueno ó lo bello, el hombre seria únicamente
-religioso, y estaria continuamente sumido en una perpétua adoracion,
-pasando de éxtasis en éxtasis, naciendo, viviendo y muriendo en un
-torrente de voluptuosidad. El egoismo, en efecto, que da la medida de
-la inferioridad de los séres, decrece segun se aleja de lo animal;
-un ser perfecto no seria ya egoista, sino religioso; el progreso
-pues tendrá por efecto engrandecer la religion, y no destruirla ó
-disminuirla.
-
-Pero tiempo es ya de volver á los tres misioneros, Pablo, Bernabé y
-Juan Márcos, que hemos dejado en el momento que salian de Antioquía por
-la puerta que conduce á Seleucia. En mi tercer libro trataré de seguir
-las huellas de esos mensajeros de buenas nuevas por tierra y por mar,
-lo mismo en la calma que en la tormenta, así en los buenos como en los
-malos dias. Ya me urge referir la historia de esa epopeya sin igual,
-recorrer esos caminos infinitos del Asia y de Europa, á lo largo de
-los cuales sembraron el grano del Evangelio, y tengo en fin deseos de
-surcar esas ondas que ellos atravesaran tantas veces en situaciones
-diversas. La gran odisea cristiana va á comenzar; ya la barca
-apostólica ha desplegado sus velas, y sopla la brisa que no aspira sino
-á llevar en sus alas las palabras de Jesús.
-
-
-FIN DE LOS APÓSTOLES.
-
-
-
-
-NOTAS
-
-
-[1] El autor de las _Actas_ no da directamente á San Pablo el título de
-Apóstol, que solo aplica en general á los miembros del colegio central
-de Jerusalem.
-
-[2] Homilias seudo-clementinas, XVII, 13-19.
-
-[3] Justino, _Apol. I_, 39. En las _Actas_ predomina tambien la idea de
-que Pedro fué el Apóstol de los gentiles. Véase sobre todo el Cap. X y
-compárese I Petri, I, 1.
-
-[4] I Cor., III, 6, 10; IV, 14, 15; IX, 1, 2; II Cor., XI, 2, etc.
-
-[5] Carta de Dionisio de Corinto, en Eusebio, _Hist. eccl._, II, 25.
-
-[6] Los lectores franceses que deseen obtener más ámplios detalles
-sobre la discusion y comparacion de las cuatro narraciones, pueden
-consultar los siguientes escritos: Strauss, _Vie de Jésus_, 3.ª sec.,
-cap. IV y V (traduccion Littré); _Nouvelle Vie de Jésus_, l. I, § 46 y
-siguientes; l. II, § 97 y siguientes (Traduccion Nefftzer y Dollfus).
-
-[7] La Iglesia la admite desde luego como evidente. Véase el cánon
-de Muratori (_Antiq. Ital._, III, 854), colacionado por Wieseler y
-restituido por Laurent (_Neutestamentliche Studien_, Gotha, 1866), lin.
-33 y siguientes.
-
-[8] Luc., I, 1-4, _Act._, I, 1.
-
-[9] Véase sobre todo _Act._, XVI, 12.
-
-[10] Sabido es que entre los escritores del Nuevo Testamento es muy
-pobre la manera de expresarse, si bien cada uno tiene su pequeño
-diccionario, y esto nos proporciona una regla precisa para determinar
-quién es el autor de los escritos, aun de los más cortos.
-
-[11] El empleo de esta palabra, _Act._, XIV, 4, 14, es muy indirecto.
-
-[12] Compárese por ejemplo, _Act._, XVII, 14-16; XVIII, 5, á I Tes.,
-III, 1-2.
-
-[13] I Cor., XV, 32; II Cor., I, 8; XI, 23 y siguientes. Rom., XV, 19;
-XVI, 3 y siguientes.
-
-[14] _Act._, XVI, 6; XVIII, 22-23, comparando la epístola á los Galatas.
-
-[15] Por ejemplo, la estancia en Cesarea queda en la oscuridad.
-
-[16] Mabillon, _Museum Italicum_, I, 1.ª pars, pág 109.
-
-[17] Col., IV, 14.
-
-[18] Véase más arriba, pág. XIV.
-
-[19] Casi todas las inscripciones son latinas, así como en Neapolis
-(Cavala) el puerto de Filipos. Véase Heuzey, _Mission de Macédoine_,
-pág. 11 y sig. Los notables conocimientos náuticos del autor de las
-_Actas_ (véase sobre todo cap. XXVII-XXVIII) dan lugar á creer que era
-de Neapolis.
-
-[20] Por ejemplo, _Act._, X, 28.
-
-[21] _Act._, V, 36-37.
-
-[22] Los hebraismos de su estilo pueden ser resultado de una lectura
-asídua de las traducciones griegas del Antiguo Testamento, y sobre todo
-de la lectura de los escritos compuestos por sus correligionarios de
-Palestina, que copia con frecuencia textualmente. Sus citas del Antiguo
-Testamento se han hecho sin ningun conocimiento del texto original (por
-ejemplo, cap. XV, pág. 16 y sig.).
-
-[23] _Act._, XVII, 22 y sig.
-
-[24] Luc., I, 26; IV, 31; XXIV, 13. Compárese más abajo, página 73,
-nota.
-
-[25] Luc., I, 31, comparado con Mateo, I, 21. El nombre de _Juana_ que
-solo Lucas conoce, es sospechoso, pues no parece probable que _Juan_
-tuviese entonces correspondencia femenina. Sin embargo, véase Talm. de
-Bab., _Sota_, 22 _a_.
-
-[26] _Act._, II, 47; IV, 33; V, 13, 26.
-
-[27] _Act._, IX, 22, 23; XII, 3, 11; XIII, 45, 50 y otros muchos
-pasajes. Lo mismo sucede con el cuarto Evangelio porque tambien fué
-redactado fuera de Siria.
-
-[28] Luc., X, 33 y sig.; XVII, 16; _Act._, VIII, 5 y sig. y lo mismo en
-el cuarto Evangelio: Juan, IV, 5 y sig. Comp. Mat., X, 5-6.
-
-[29] _Act._, XXVIII, 30.
-
-[30] Véase _Vida de Jesús_, pág. XVII.
-
-[31] Luc., XXIV, 50. Marc., XVI, 19, viene á decir lo mismo.
-
-[32] _Act._, I, 3, 9.
-
-[33] Véase sobre todo Luc., I, 1, la expresion τῶν πεπληροφορημένων ἐν
-ἡμῖν πραγμάτων.
-
-[34] Cap. X, XXII, XXVI.
-
-[35] El centurion Cornelio y el procónsul Sergio Paulo.
-
-[36] _Act._, XIII, 7 y sig.; XVIII, 12 y sig.; XIX, 35 y sig.; XXIV, 7,
-17; XXV, 9, 16, 25; XXVII, 2; XXVIII, 17-18.
-
-[37] _Ibid._, XVI, 37 y sig.; XXII, 26 y sig.
-
-[38] Semejantes precauciones no eran raras: el Apocalipsis y la
-epístola de Pedro designan á Roma con palabras embozadas.
-
-[39] Luc., I, 4.
-
-[40] _Act._, I, 22.
-
-[41] Véase la _Vida de Jesús_, pág. XXXIX y sig.
-
-[42] Esto se nota principalmente en la historia del Centurion Cornelio.
-
-[43] _Act._, II, 47; IV, 33; V, 13, 26. Cf. Luc., XXIV, 19-20.
-
-[44] _Act._, II, 44-45; IV, 34 y sig.; V, 1 y sig.
-
-[45] I Cor., XII-XIV. Comp. Marc., XVI, 17, y _Act._, II, 4, 13; X, 46;
-XI 15; XIX, 6.
-
-[46] Compárese _Act._, III, 2 y sig. á XIV, 8 y sig.; IX, 36 y sig. á
-XX, 9 y sig.; V, 1 y sig. á XIII, 9 y sig.; V, 15-16 á XIX, 12; XII, 7
-y sig. á XVI, 26 y sig.; X, 44 á XIX, 6.
-
-[47] En un discurso que el autor pone en boca de Gamaliel, allá por el
-año 36, se trata de Teudas cuya empresa se declara fijamente que fué
-anterior á la de Judas el Gaulonita (_Act._, V, 36-37). Ahora bien, la
-rebelion de Teudas es del año 44 (Jos., _Ant._, XX, V, 1), y en todo
-caso muy posterior á la del Gaulonita (Jos., _Ant._, XVIII, I, 1; B.
-J., II, VIII, 1).
-
-[48] Las personas que no puedan leer sobre este punto los escritos
-alemanes de Baur, Schneckenburger, de Wette, Schwegler y Zeller, donde
-se conducen á una solucion definitiva las cuestiones críticas relativas
-á las _Actas_, pueden consultar con fruto los _Études historiques et
-critiques sur les origines du christianisme_, por A. Stap (París,
-Lacroix, 1864), p. 116 y sig.; Michel Nicolas, _Études critiques sur la
-Bible. Nouveau Testament_ (París, Lévy, 1864), p. 223 y sig.; Reuss,
-_Histoire de la théologie chrétienne au siècle apostolique_, l. VI, ch.
-V; diversos trabajos de los señores Kayser, Scherer, Reuss en la _Revue
-de théologie_ de Strasburgo, 1.ª serie, t. II y III; 2.ª serie, t. II y
-III.
-
-[49] Para el matiz de οὐ προσανεθέμην σαρκὶ καὶ αἵματι, compárese Mat.,
-XVI, 17.
-
-[50] Él mismo lo declara así bajo juramento: léase sobre todo los Cap.
-I y II de la epístola de los Galatas.
-
-[51] Act., XII, 1.
-
-[52] Jos., _Ant._, XIX, VIII, 2; _B. J._, II, XII, 6.
-
-[53] La cita de Amos (XV, 16-17), hecha por Jacobo conforme á la
-version griega, y que está en desacuerdo con el hebreo, demuestra
-claramente que este discurso es una ficcion del autor.
-
-[54] Demostraremos luego que este es el verdadero sentido: en todo caso
-la duda sobre la cuestion de saber si Tito se circuncidó ó no, importa
-poco para nuestro razonamiento.
-
-[55] Comp. _Act._, XV, 1; Gal., I, 7; II, 12.
-
-[56] I Cor., VIII, 4, 9; X, 25-29.
-
-[57] _Act._, XXI, 20 y sig.
-
-[58] Los ebionitas sobre todo. Véanse las Homilias seudo-clementinas;
-Ireneo, _Adv. hær._, I, XXVI, 2; Epifanio, _Adv. hær._, hær. XXX; San
-Gerónimo, _In Matth._, XII, init.
-
-[59] Á mi parecer, sin embargo, Ananías y Safira son personajes
-imaginarios.
-
-[60] _De divinatione_, II, 57.
-
-[61] Prefacio de los _Études d’histoire religieuse_.
-
-[62] Marc., XVI, 11; Luc., XVIII, 34; XXIV, 11; Juan, XX, 9, 24 y
-sig. La opinion contraria expresada en Mat., XII, 40; XVI, 4, 21;
-XVII, 9, 23; XX, 19; XXVI, 32; Marc., VIII, 31; IX, 9-10, 31; X, 34;
-Luc., IX, 22; XI, 29-30; XVIII, 31 y sig.; XXIV, 6-8; Justino, _Dial.
-cum Tryph._, 106, proviene de que á partir de cierta época, se tiene
-gran empeño en demostrar que Jesús anunció su resurreccion. Por lo
-demás, los sinópticos reconocen que si Jesús habló, los Apóstoles no
-comprendieron nada. (Marc., IX, 10, 32; Luc., XVIII, 34; compárese
-Luc., XXIV, 8, y Juan, II, 21-22.)
-
-[63] Marc., XVI, 10; Luc., XXIV, 17, 21.
-
-[64] Pasajes precitados, sobre todo Luc., XVII, 24-25; XVIII, 31-34.
-
-[65] Talmud de Babilonia, _Baba Bathra_, 58 _a_, y el extracto árabe
-que da el abate Bargés en el _Bulletin de l’Œuvre des pélerinages en
-terre sainte_, febrero 1863.
-
-[66] Ibn-Hischam, _Sirat errasoul_, edic. Wüstenfeld, pág. 1012 y sig.
-
-[67] Luc., XXIV, 23; _Act._, XXV, 19; Jos., _Ant._, XVIII, III, 3.
-
-[68] Salmo XVI, 10. El sentido del original es un poco diferente pero
-así es como las versiones recibidas traducen el pasaje.
-
-[69] I Tes., IV, 12 y sig.; I Cor., XV entero; Apoc., XX-XXII.
-
-[70] Mat., XVI, 21 y sig.; Marc., VIII, 31 y sig.
-
-[71] Josefo, _Ant._, XVIII, III, 3.
-
-[72] Leer con cuidado los cuatro relatos de los Evangelios y el pasaje
-I Cor., XV, 4-8.
-
-[73] Mat., XXVIII, 1; Marc., XVI, 1; Luc., XXIV, 1; Juan, XX, 1.
-
-[74] Juan, XX, 2, parece suponer que María no estaba siempre sola.
-
-[75] Juan, XX, 1 sig., y Marc., XVI, 9 y sig. Es preciso notar que
-el Evangelio de Márcos tiene, en nuestros textos impresos del Nuevo
-Testamento, dos finales: Marc., XVI, 1-8; Marc., XVI, 9-20, sin hablar
-de otros dos, uno de los cuales ha sido conservado por el manuscrito
-L de París y el margen de la version filoxeniana (_Nov. Test._ edic.
-Griesbach-Schultz, I, pág. 291, nota), el otro por San Gerónimo, _Adv.
-Pelag._, l. II (t. IV, 2.ª parte, col. 520, edic. Martianay). El final
-XVI, 9 y sig. falta en el manuscrito B del Vaticano, en el _Codex
-Sinaiticus_ y en los más importantes manuscritos griegos, pero es de
-una remota antigüedad y concuerda con el cuarto Evangelio de una manera
-admirable.
-
-[76] Mat., XXVII, 60; Marc., XV, 46; Luc., XXIII, 53.
-
-[77] Juan, XIX, 41-42.
-
-[78] Véase _Vida de Jesús_, p. XXXVIII.
-
-[79] El Evangelio de los hebreos contenia acaso algun dato análogo (en
-San Gerónimo, _De viris illustribus_, 2).
-
-[80] M. de Vogüé, _Les Églises de la terre sainte_, pág. 125-126. El
-verbo ἀποκυλίω (Mat., XXVIII, 2; Marc., XVI, 3, 4; Luc., XXIV, 2)
-prueba suficientemente que tal era la disposicion del sepulcro de Jesús.
-
-[81] El relato del cuarto Evangelio tiene en este punto una gran
-superioridad y nos sirve de guia principal. Segun Lucas, XXIV, 12, solo
-Pedro va al sepulcro. En el final de Márcos que nos da el manuscrito L
-y el margen de la version filoxeniana (Griesbach, _l. c._), se menciona
-τοῖς περὶ τὸν Πέτρον. San Pablo (I Cor., XV, 5) tampoco hace figurar
-más que á Pedro en esta primera vision. Más lejos, Lucas (XXIV, 24)
-supone que varios discípulos han ido al sepulcro con lo cual se indica
-probablemente las visitas que se hicieron luego. Es posible que Juan,
-cediendo á una segunda intencion, que se revela más de una vez en su
-Evangelio, quisiera demostrar que desempeñó en la historia de Jesús
-un papel tan importante como el de Pedro. Acaso tambien las repetidas
-declaraciones de Juan de haber sido testigo ocular de los hechos
-fundamentales de la fé cristiana (Evang., I, 14; XXI, 24; I Juan, I,
-1-3; IV, 14), deben aplicarse á esta visita.
-
-[82] Juan, XX, 1-10. Compar. Luc., XXIV, 12, 34; I Cor., XV, 5 y el
-final de Márcos en el manuscrito L.
-
-[83] Mat., XXVIII, 9, observando que Mateo, XXVIII, 9-10, contesta á
-Juan, XX, 16-17.
-
-[84] Juan, XX, 11-17, conforme con Márcos, XVI, 9-10. Compárese el
-relato paralelo, aun cuando menos satisfactorio, de Mat., XXVIII, 1-10;
-Luc., XXIV, 1-10.
-
-[85] Juan, XX, 18.
-
-[86] Compárese Marc., XVI, 9; Luc., VIII, 2.
-
-[87] Luc., XXIV, 11.
-
-[88] _Ibid._, XXIV, 24.
-
-[89] _Ibid._, XXIV, 34; I Cor., XV, 5; el final de Márcos en el
-manuscrito L. El fragmento del Evangelio de los hebreos en San Ignacio,
-_Epist. ad Smyrn._, 3, y en San Gerónimo, _De viris ill._, 16 parece
-situar la «vision de Pedro» por la noche, y la fusiona con la de los
-apóstoles reunidos. Pero San Pablo distingue expresamente las dos
-visiones.
-
-[90] Luc., XXIV, 22-24, 34. Resulta de estos pasajes que las noticias
-se extendieron separadamente.
-
-[91] Marc., XVI, 1-8.--Mat., XXVIII, 9-10 dice lo contrario, pero
-esto desentona con el sistema sinóptico en el cual las mujeres no ven
-sino un ángel. Parece que el primer Evangelio ha querido conciliar el
-sistema sinóptico con el cuarto, donde una sola mujer vé á Jesús.
-
-[92] Mat., XXVIII, 2 y sig.; Marc., XVI, 5 y sig.; Luc., XXIV, 4 y
-sig., 23. Esta aparicion de los ángeles se ha introducido en el relato
-del cuarto Evangelio (XX, 12-13), trastornándolo completamente, puesto
-que se atribuye á María Magdalena. El autor no ha querido prescindir de
-este hecho referido por la tradicion.
-
-[93] Marc., XVI, 8.
-
-[94] Luc., XXIV, 4-7; Juan, XX, 12-13.
-
-[95] Mat., XXVIII, 1 y sig. En el relato de Mateo es donde más se
-han exagerado estas circunstancias. El temblor de tierra y lo de los
-guardias son probablemente adiciones tardías.
-
-[96] Los seis ó siete relatos que tenemos de la escena de la mañana,
-(Márcos tiene dos ó tres, y Pablo tiene tambien el suyo, sin hablar del
-Evangelio de los hebreos) están en completo desacuerdo unos con otros.
-
-[97] Mat., XXVI, 31; Marc., XIV, 27; Juan, XVI, 32; Justino, _Apol._,
-I, 50; _Dial. cum Tryph._, 53, 106. Justino opina que en el momento de
-la muerte de Jesús, cundió una completa apostasía entre los discípulos.
-
-[98] Mat., XXVIII, 17; Marc., XVI, 11; Luc., XXIV, 11.
-
-[99] Marc., XVI, 9; Luc., VIII, 2.
-
-[100] Véase, por ejemplo, Calmeil, _De la folie au point de vue
-pathologique, philosophique, historique et judiciaire_. París, 1845, 2
-volúmenes en 8.º
-
-[101] Véanse las _Lettres pastorales_ de Jurieu, primer año, séptima
-carta; tercer año, cuarta carta; Misson, _Le Théâtre sacré des
-Cévennes_ (Lóndres, 1707), págs. 28, 34, 38, 102, 103, 104, 107;
-Memorias de Court, en Sayous, _Hist. de la littér. française à
-l’étranger_, siglo XVII, I, pág. 303; _Bulletin de la Société de
-l’hist. du protest. franç._, 1862, página 174.
-
-[102] Mat., XIV, 26; Marc., VI, 49; Luc., XXIV, 37; Juan, IV, 19.
-
-[103] Marc., XVI, 12-13; Luc., XXIV, 13-33.
-
-[104] Compárese Josefo, _B. J._, VII, VI, 6. Lucas dice que esta
-aldea se hallaba á sesenta estadios de Jerusalem, y Josefo á treinta.
-Ἑξήκοντα, que aparece en algunos manuscritos y algunas ediciones de
-Josefo, es una correccion cristiana. Véase la edicion de G. Dindorf.
-La situacion más probable de Emmaus es Kulonié, lugar muy bonito
-que se halla en el fondo de un valle en el camino de Jerusalem á
-Jaffa. Véase Sepp, _Jerusalem und das heilige Land_ (1863), I, p. 56;
-Bourquenoud, en los _Études rel. hist. et litt._ des PP. de la Soc. de
-Jésus, 1863, núm. 9, y para las distancias exactas, H. Zschokke, _Das
-neutestamentliche Emmaus_ (Schaffhausen, 1865).
-
-[105] Marc., XVI, 14; Luc., XXIV, 33 y sig.; Juan, XX, 19 y sig.;
-Evangelio de los hebreos en san Ignacio, _Epist. ad Smyrn._, 3, y en
-san Gerónimo, _De viris ill._, 16; I Cor., XV, 5; Justino, _Dial. cum
-Tryph._, 106.
-
-[106] Luc., XXIV, 34.
-
-[107] En una isla que hay frente á Rotterdam, cuya poblacion es
-calvinista y de las más austeras, los aldeanos están persuadidos que
-Jesús va á su lecho de muerte para confirmar á sus elegidos de su
-justificacion; muchos le ven en efecto.
-
-[108] Para concebir la posibilidad de semejantes ilusiones, basta
-recordar las escenas de nuestros dias, en que varias personas reunidas
-reconocen unánimemente que han oido rumores imaginarios, y esto con
-la mejor buena fé. La expectativa, el esfuerzo de la imaginacion, la
-disposicion á creer, á veces bromas inocentes, explican esos fenómenos
-cuando no son hijos del engaño. Esas bromas provienen en lo general
-de personas convencidas, animadas de un sentimiento benévolo que no
-desean que una reunion languidezca y que tratan de sacar de apuro á
-los dueños de la casa. La duda y la negacion son imposibles en esa
-clase de reuniones, porque se disgustaria á las personas que os han
-invitado y creen en tales milagros. Hé aquí por qué esas experiencias
-que dan buen resultado en pequeños grupos, hacen fiasco por lo general
-ante un público que paga, y no pueden verificarse ante las comisiones
-científicas.
-
-[109] Juan, XX, 22-23, que resuena en Lucas, XXIV, 49.
-
-[110] Mat., XXVIII, 17; Marc., XVI, 14; Luc., XXIV, 39-40.
-
-[111] Juan, XX, 24-29; compárese Márcos, XVI, 14; Luc., XXIV, 39-40,
-y el final de Márcos conservado por San Gerónimo, _Adv. Pelag._, II
-(véase más arriba, p. 63).
-
-[112] Juan, XX, 29.
-
-[113] Es muy notable en efecto que Juan, bajo cuyo nombre se nos ha
-trasmitido dicha frase, no tenga vision particular para él solo. Cf. I
-Cor., XV, 5-8.
-
-[114] Juan, XX, 26. El pasaje XXI, 14, supone, es cierto, que no se
-produjeron en Jerusalem más que dos apariciones ante los discípulos
-reunidos; pero los pasajes XX, 30, y XXI, 25 dejan mucha más latitud.
-Compárese _Act._, I, 3.
-
-[115] Luc., XXIV, 41-43; Evangelio de los hebreos, en San Gerónimo, _De
-viris illustribus_, 2; final de Márcos, en San Gerónimo, _Adv. Pelag._,
-II.
-
-[116] Mat., XXVIII, 7; Marc., XVI, 7.
-
-[117] Mat., XXVIII, 10.
-
-[118] _Ibid._, XXVI, 32; Marc., XIV, 28.
-
-[119] Mat., XXVIII, 16; Juan, XXI.--Luc., XXIV, 49, 50, 52 y las
-_Actas_, I, 3-4, están aquí en contradiccion manifiesta con Marc., XVI,
-1-8, y Mateo. El segundo final de Márcos (XVI, 9 y sig.) y aun los dos
-otros que no forman parte del texto recibido (véase más arriba, p. 63),
-parecen arreglados al sistema de Lucas, pero esto no puede prevalecer
-contra el acuerdo de una parte de la tradicion sinóptica con el cuarto
-Evangelio, y aun indirectamente con lo que dice Pablo (I Cor., XV, 5-8)
-sobre este punto.
-
-[120] Mat., XXVIII, 16.
-
-[121] _Ibid._, XXVIII, 7; Marc., XVI, 7.
-
-[122] Final de Márcos, en San Gerónimo, _Adv. Pelag._, II.
-
-[123] Mat., XXVIII, 16.
-
-[124] Juan, XXI, 2 y sig.
-
-[125] El autor de las _Actas_, I, 14, las supone en Jerusalem desde
-la Ascension, pero esto depende de su plan sistemático (Luc., XXIV,
-49; _Actas_, 1-4) de no admitir el viaje á Galilea despues de la
-resurreccion, (sistema opuesto al de Mateo y de Juan). Para sostener
-esta opinion, se vé precisado á suponer la ascension en Betania, lo
-cual contradicen todas las tradiciones.
-
-[126] I Cor., XV, 5 y sig.
-
-[127] Juan, XXI, 1 y sig. Este capítulo se adicionó al Evangelio, ya
-concluido, como un _post-scriptum_, pero tiene el mismo orígen que los
-demás.
-
-[128] Juan, XXI, 9-14; comp. Luc., XXIV, 41-43. Juan reunió en una sola
-las dos escenas de la pesca y de la comida; pero Lucas no hace esta
-agrupacion. De todos modos si se estudian atentamente los versículos
-Juan, XXI, 14-15, podrá uno reconocer que los enlaces de Juan son aquí
-un poco artificiales. Las alucinaciones son aisladas en el momento que
-se producen; solo despues se forman anécdotas continuadas. Este sistema
-de unir dos hechos separados es por demás sorprendente comparando
-entre sí dos pasajes del mismo escritor, Lucas, _Evang._, XXIV, final,
-y _Act._, I, inicio. Segun el primer pasaje, Jesús subió al cielo
-el mismo dia de la resurreccion, pero el segundo dice que hubo un
-intervalo de cuarenta dias. Tomando al pié de la letra lo que refiere
-Marc., XVI, 9-20, la ascension hubiera tenido lugar la misma noche de
-la resurreccion. Nada prueba mejor que la contradiccion de Lucas en
-estos dos pasajes cuán poco se cuidaban de la exactitud de sus relatos
-los redactores de escritos evangélicos.
-
-[129] Juan, XXI, 15 y sig.
-
-[130] _Ibid._, XXI, 18 y sig.
-
-[131] I Cor., XV, 6.
-
-[132] Transfiguracion.
-
-[133] Mat., XXVIII, 16-20; I Cor., XV, 6. Comp. Marc., XVI, 15 y sig.;
-Luc., XXIV, 44 y sig.
-
-[134] I Cor., XV, 6.
-
-[135] Juan no limita la duracion de la segunda vida de Jesús, pero
-supone que fué bastante larga. Segun Mateo, no duró sino el tiempo
-necesario para hacer el viaje á Galilea, é ir á la montaña indicada
-por Jesús. Segun el primer final no concluido de Márcos (XVI, 1-8),
-las cosas pasaron como dice Mateo. Segun el segundo final (XVI, 9-20),
-otros varios (véase p. 63, nota 4) y conforme al Evangelio de Lucas,
-parece que la segunda vida no duró más que un dia. Pablo (I Cor., XV,
-5-8), de acuerdo con el cuarto Evangelio, la prolonga durante algunos
-años, y produce despues su vision, que tuvo lugar al menos cinco ó seis
-años despues de la vida de Jesús, y fué la última de las apariciones.
-La circunstancia de los «quinientos hermanos», induce á la misma
-suposicion, pues no parece verosímil que al siguiente dia de la muerte
-de Jesús, fuera tan considerable el grupo de sus amigos. (_Act._, I,
-15). Varias sectas gnósticas, evaluaban la duracion de las apariciones
-en diez y ocho meses, fundando sobre esto teorías místicas (Ireneo,
-_Adv. hær._, I, III, 2; XXX, 14). Solo el autor de las _Actas_ (I, 3)
-fija la duracion de la segunda vida de Jesús en cuarenta dias, pero es
-una autoridad de poco valor, sobre todo si se observa que procede de un
-sistema erróneo (Luc., XXIV, 49, 50, 52; _Act._, I, 4, 12), segun el
-cual toda la segunda vida se pasó en Jerusalem ó en sus alrededores.
-El número _cuarenta_ es simbólico: (el pueblo pasa cuarenta dias en
-el desierto; Moisés cuarenta dias en el Sinaí; Elías y Jesús ayunan
-cuarenta dias, etc.). En cuanto á la forma del relato adoptado por el
-autor de los doce últimos versículos del segundo Evangelio, y por el
-del tercero, véase p. 84, nota. La autoridad de Pablo, la más antigua
-y la más autorizada de todas, que corroborando la del cuarto Evangelio
-ofrece para esta parte de la historia Evangélica más verosimilitud, nos
-parece ofrecer un argumento decisivo.
-
-[136] Luc., XXIV, 31.
-
-[137] Juan, XX, 19-26.
-
-[138] Mat., XXVIII, 9; Luc., XXIV, 37 y sig.; Juan, XX, 27 y sig.; XXI,
-5 y sig.; Evangelio de los hebreos en san Ignacio, epístola de los
-Esmirnos, 3, y en san Gerónimo, _De viris illustribus_, 16.
-
-[139] Juan, VI, 64.
-
-[140] Mat., XXVIII, 11-15; Justino, _Dial. cum Tryph._, 17, 108.
-
-[141] Mat., XXVII, 62-66; XXVIII, 4, 11-15.
-
-[142] _Ibid._, XXVIII, 2 y sig.
-
-[143] Segun Mat., XXVII, 63, parece que los judíos sabian que Jesús
-habia predicho que resucitaria, pero los mismos discípulos de Jesús no
-tenian ninguna idea precisa sobre este punto. Véase pág. 59, nota.
-
-[144] En Mat., XXVI, 32; XXVIII, 7, 10; y en Marc., XIV, 28; XVI, 7 se
-indica vagamente esta opinion.
-
-[145] Esto se ha visto por los milagros de la Salette y de Lourdes.--Hé
-aquí por qué medios se forma comunmente la leyenda milagrosa. Un santo
-hombre, adquiere la fama de hacer curaciones; se le trae un enfermo que
-á causa de la emocion se siente aliviado, y al dia siguiente se refiere
-en diez leguas á la redonda que se ha verificado un milagro. El enfermo
-muere cinco ó seis dias despues, y nadie habla de ello, mas en el
-momento de enterrar al difunto, se habla con asombro de su curacion en
-un espacio de cuarenta leguas.--La palabra atribuida al filósofo griego
-delante de los _ex-votos_ de Samotracia (Diog. Laerc., VI, II, 59) es
-asimismo perfectamente apropiada.
-
-[146] En Jerusalem ocurre todos los años un fenómeno de este género y
-de los más extraordinarios que puedan citarse. Los griegos ortodoxos
-pretenden que el fuego que se enciende espontáneamente en el Santo
-Sepulcro el sábado santo de su Pascua, borra los pecados de aquellos
-que se lo pasan por el semblante sin quemarse. Millares de peregrinos
-hacen esta prueba, pero se convencen de que aquel fuego quema (y esto
-lo prueban las contorsiones y gestos que hacen, así como tambien el
-olor que se percibe). Á pesar de esto, ninguno ha contradicho la
-creencia de la iglesia ortodoxa, porque esto seria confesar que no se
-tiene fé, que uno es indigno del milagro, y reconocer ¡oh cielos! que
-los latinos son la verdadera iglesia, pues los griegos suponen que este
-milagro es la mejor prueba de que su iglesia es la única buena.
-
-[147] Esta causa se vió ante el tribunal de Grenoble (sentencia del 2
-de Mayo de 1855 y 6 Mayo 1847) defensas de los letrados Jules Fabre y
-Bethmont, etc., coleccionadas por J. Sabbatier (Grenoble, Vellot, 1857).
-
-[148] ¿No se trasluce nada de esto en Juan, XX, 15?
-
-[149] Véase más arriba, p. 64-65.
-
-[150] Juan lo dice expresamente en XIX, 41-42.
-
-[151] Juan, XX, 6-7.
-
-[152] Involuntariamente se piensa en María de Betania, que en efecto
-no desempeña un papel marcado en la mañana del Domingo. Véase _Vida de
-Jesús_, p. 341 y sig.; 359 y sig.
-
-[153] Celso hacia sobre este punto excelentes observaciones críticas
-(en Orígenes, _Contra Celsum_, II, 55).
-
-[154] Marc., XVI, 9; Luc., VIII, 2.
-
-[155] Luc., XXIV, 47.
-
-[156] Sobre el apelativo de «galileos» dado á los cristianos, véase más
-abajo, p. 252, nota 699.
-
-[157] Mateo es exclusivamente Galileo; Lucas y el segundo Márcos, XVI,
-9-20 son exclusivamente Jerosolimitas. Juan reune ambas tradiciones.
-Pablo (I Cor., XV, 5-8.) admite tambien visiones llegadas de puntos muy
-lejanos, y es posible que la vision de los «quinientos hermanos» de
-Pablo, que hemos identificado por conjetura con la de la «montaña de
-Galilea,» de Mateo, sea una vision Jerosolimita.
-
-[158] I Cor., XV, 7. No se explica el silencio de los cuatro Evangelios
-canónicos acerca de esta vision, sino suponiéndola en una época más
-lejana que aquella á que se refiere su relato. El órden cronológico de
-las visiones, sobre el cual insiste Pablo con tanta precision, induce á
-creer lo mismo.
-
-[159] Evangelio de los hebreos citado por San Gerónimo, _De viris
-illustribus_, 2. Compárese Luc., XXIV, 41-43.
-
-[160] Evangelio de los hebreos, _loc. cit._
-
-[161] Juan, VII, 5.
-
-[162] ¿Se aludirá á este brusco cambio en Gal., II, 6?
-
-[163] _Act._, I, 14 no es un testimonio muy autorizado. Se reconoce en
-Lucas una tendencia á engrandecer á María. Luc., cap. I y II.
-
-[164] Juan, XIX, 25-27.
-
-[165] La tradicion que habla de su permanencia en Éfeso es moderna y no
-tiene valor alguno. Véase Epifanio, _Adv. hær._, hær. LXXVIII, 11.
-
-[166] Véase, _Vida de Jesús_, págs. 23 y sig.
-
-[167] Evangelio segun los hebreos, véase lugar citado en la pág. 97,
-nota 159.
-
-[168] _Act._, VIII, 1; Galat., I, 17-19; II, 1 y sig.
-
-[169] Luc., XXIV, 49; _Act._, I, 4.
-
-[170] Es cierto que esta idea no está desarrollada sino en el cuarto
-Evangelio, (cap. XIV, XV, XVI), pero se indica en Mat., III, 11; Marc.,
-I, 8; Luc., III, 16; XII, 11-12; XXIV, 49.
-
-[171] Juan, XX, 22-23.
-
-[172] _Ibid._, XVI, 7.
-
-[173] Luc., XXIV, 49; _Act._, I, 4 y sig.
-
-[174] _Act._, I, 5-8.
-
-[175] I Cor., XV, 7; Luc., XXIV, 50 y sig.; _Act._, I, 2 y sig.
-Ciertamente seria muy admisible que la vision de Betania referida
-por Lucas fuese semejante á la de la montaña de que nos habla Mat.,
-XXVIII, 16 y sig. Sin embargo, á la vision de que hablaba Mateo no
-siguió la ascension. En el segundo final de Márcos, la vision de
-las instrucciones finales, seguida de la ascension, tuvo lugar en
-Jerusalem. Finalmente, Pablo presenta la vision de todos los apóstoles
-como distinta de la de los quinientos hermanos.
-
-[176] Otras tradiciones aseguran que Jesús confirió este poder en
-visiones anteriores (Juan, XX, 23)
-
-[177] Luc., XXIV, 23; _Act._, XXV, 19.
-
-[178] _Act._, I, 11.
-
-[179] I Cor., XV, 8.
-
-[180] Mat., XXVIII, 20.
-
-[181] Juan, III, 13; VI, 62; XVI, 7; XX, 17; Efes., IV, 10; I Petri,
-III, 22. Ni Mateo ni Juan dan el relato de la ascension. Pablo (I Cor.,
-XV, 7-8), ni siquiera incluye semejante idea.
-
-[182] Marc., XVI, 19; Luc., XXIV, 50-52; _Act._, 2-12; Justino, _Apol.
-I_, 50; _Ascension de Isaías_, version etíope, XI, 22; version latina
-(Venecia, 1522), _sub fin._
-
-[183] Compárese el relato de la transfiguracion.
-
-[184] Jos., _Antiq._, IV, VIII, 48.
-
-[185] II Reg., II, 11 y sig.
-
-[186] Luc., último capítulo del Evangelio y primero de las _Actas_.
-
-[187] Luc., XXIV, 52.
-
-[188] Mateo, XVIII, 20.
-
-[189] _Act._, I, 15. La mayor parte de los «quinientos hermanos» se
-habian quedado en Galilea; por consiguiente, lo que dice _Act._, II, 41
-es una exageracion ó por lo menos una anticipacion.
-
-[190] Luc., XXIV, 53; _Act._, II, 46. Comp. Luc., II, 37; Hegesipo, en
-Eusebio, _Historia eclesiástica_, II, 23.
-
-[191] Deuter., X, 18; I Tim., VI, 8.
-
-[192] Léase la _Guerra de los judíos_ de Josefo.
-
-[193] Juan, XX, 22.
-
-[194] I Reg., XIX, 11-12.
-
-[195] Esta obra parece haber sido escrita á principios del siglo II de
-nuestra era.
-
-[196] _Ascension de Isaías_, VI, 6 y sig. (Version etíope).
-
-[197] Mat., III, 11; Marc., I, 8; Luc., III, 16; _Act._, I, 5; XI, 16;
-XIX, 4; I Juan, V, 6 y sig.
-
-[198] Compárese á Misson, en su _Le Théâtre sacré des Cévennes_
-(Lóndres, 1707), pág. 103.
-
-[199] _Revue des Deux Mondes_, setiembre de 1853, pág. 966 y sig.
-
-[200] Jules Remy, _Voyage au pays des Mormons_, (París, 1860), libros
-II y III; por ejemplo, tomo I, pág. 259-260; tomo II, 470 y sig.
-
-[201] Astié, _Le Réveil religieux des États-Unis_ (Lausanne, 1859).
-
-[202] _Act._, II, 1-3; Justino, _Apol. I_, 50.
-
-[203] La expresion _lengua de fuego_, significa simplemente, en hebreo,
-una llama (Isaías V, 24). Comp. Virgilio, _Æn._, II, 682-84.
-
-[204] Jámblico (_De myst._, sect. III, cap. 6) expone toda la teoría de
-esas bajadas luminosas del Espíritu.
-
-[205] Compárese Talmud de Babilonia, _Chagiga_, 14 _b_; Midrachim,
-_Schir hasschirin rabba_, fol. 10 _b_; _Ruth rabba_, fol. 42 _a_;
-_Koheleth rabba_, 87, _a_.
-
-[206] Mat., III, 11; Luc., III, 16.
-
-[207] Éxodo, IV, 10; comp. Jeremías, I, 6.
-
-[208] Isaías, VI, 5 y sig; comp. Jeremías, I, 9.
-
-[209] Luc., XI, 12; Juan, XIV, 26.
-
-[210] _Act._, II, 5 y sig. Este es el sentido más probable, aunque
-tambien puede significar que cada predicador hablaba uno de los
-diferentes idiomas.
-
-[211] _Act._, II, 4. Comp. I Cor., XII, 10, 28; XIV, 21-22. Para
-imaginaciones análogas véase Calmeil, _De la folie_, I, p. 9, 262; II,
-p. 357 y sig.
-
-[212] Talmud de Jerusalem, _Sota_, 21 _b_.
-
-[213] _Testamento de los doce patriarcas._, Judá, 25.
-
-[214] _Act._, II, 4; X, 44 y sig. XI, 15; XIX, 6; I Cor., XII-XIV.
-
-[215] Marc., XVI, 17. Debe recordarse que en el antiguo hebreo, como
-en todas las lenguas antiguas, (véase mi _Orig. du langage_, pág. 177
-y sig.) las palabras «extranjero», «lengua extranjera», se derivaban
-de palabras que significaban «tartamudear», «balbucear», porque
-los pueblos sencillos tomaban siempre un idioma desconocido por un
-tartamudeo indistinto. Véase Isaías, XXVIII, 11; XXXIII, 19; I Cor.,
-XIV, 21.
-
-[216] I Cor., XIII, 1. (Véase la nota anterior).
-
-[217] I Cor., XII, 28, 30; XIV, 2 y sig.
-
-[218] I Sam., XIX, 23 y sig.
-
-[219] Plutarco, _De Pythiæ oraculis_, 24. Véase tambien la prediccion
-de Casandra en el _Agamemnon_ de Esquilo.
-
-[220] I Cor., XII, 3; XVI, 22; Rom., VIII, 15.
-
-[221] Rom., VIII, 23, 26, 27.
-
-[222] I Cor., XIII, 1; XIV, 7 y sig.
-
-[223] Rom., VIII, 26-27.
-
-[224] I Cor., XIV, 13, 14, 27 y sig.
-
-[225] Jurieu, _Lettres pastorales_; tercer año, carta 3.ª; Misson, _Le
-Théâtre sacré des Cévennes_, p. 10, 14, 15, 18, 19, 22, 31, 32, 36, 37,
-65, 66, 68, 70, 94, 104, 109, 126, 140; Brueys, _Histoire du fanatisme_
-(Montpellier, 1709), I, páginas 145 y sig.; Fléchier, _Lettres
-choisies_ (Lyon 1734), I, pág. 353 y sig.
-
-[226] Karl Hase, _Hist. de l’Église_, párrafo 439 y 458, 5; el
-periódico protestante _L’Espérance_, 1.º de abril de 1847.
-
-[227] M. Hohl, _Bruchstücke aus dem Leben und den Schriften Ed.
-Irving’s_ (Saint-Gall, 1839), p. 145, 149 y sig.; Karl Hase, _Hist.
-de l’Église_, párrafo 458, 4.--Respecto á los Mormones, véase Remy,
-_Voyage_, I, pág. 176-177, nota; 259-260; II, pág. 55 y sig.--En cuanto
-á los convulsionarios de Saint-Médard, véase sobre todo Carré de
-Montgeron, _La Vérité des miracles_, etc. (París 1737-1741), II, p. 18,
-19, 49, 54, 55, 63, 64, 80, etc.
-
-[228] _Act._, II, 13, 15.
-
-[229] Marc., III, 21 y sig; Juan, X, 20 y sig; XII, 27 y sig.
-
-[230] _Act._, XIX, 6; I Cor., XIV, 3 y sig.
-
-[231] _Act._, X, 46; I Cor., XIV, 15, 16, 26.
-
-[232] Col., III, 16; Efes., V, 19 (Ψαλμοί, ὕμνοί, ᾠδαὶ πνευματικαί).
-Véase los primeros capítulos del Evangelio de Lucas. Compárese, en
-particular, Luc., I, 46 á _Act._, X, 46.
-
-[233] I Cor., XIV, 15; Col., III, 16; Efes., V, 19.
-
-[234] Jeremías, I, 6.
-
-[235] Marc., XVI, 17.
-
-[236] I Cor., XIV, 22. Πνεῦμα, en las epístolas de San Pablo, está
-usado muy á menudo como δύναμις. Los fenómenos espiritistas se
-consideran como δυνάμεις, es decir, milagros.
-
-[237] Ireneo, _Adv. hær._, V, VI, 1; Tertuliano, _Adv. Marcion._, V, 8;
-_Constit. Apost._, VIII, 1.
-
-[238] Luc., II, 37; II Cor., VI, 5; XI, 27.
-
-[239] II Cor., VII, 10.
-
-[240] _Act._, VIII, 26 y sig.; X entero; XVI, 6, 7, 9 y sig. Compárese
-Luc., II, 27, etc.
-
-[241] _Act._, XX, 19, 31; Rom., VIII, 23, 26.
-
-[242] _Act._, II, 42-47; IV, 32-37; V, 1-11; VI, 1 y sig.
-
-[243] _Ibid._, II, 44, 46, 47.
-
-[244] _Ibid._, II, 46; XX, 7, 11.
-
-[245] No ha habido literatura alguna que haya referido con tanta
-frecuencia la palabra «_alegría_» como la del Nuevo Testamento. Véase
-I Tes., I, 6; V, 16; Rom., XIV, 17; XV, 13; Galat., V, 22; Philip., I,
-25; III, 1; IV, 4; I Juan, I, 4, etc.
-
-[246] _Act._, XII, 12.
-
-[247] Véase _Vida de Jesús_, p. XXXIX y sig.
-
-[248] _Ebionim_ significa «pobres.» Véase _Vida de Jesús_, p. 182-183.
-
-[249] Recuérdese el año 1000. Todos los documentos encabezados con la
-fórmula: _adventante mundi vespera_, ú otras parecidas, son donaciones
-hechas á monasterios.
-
-[250] Hodgson, en el _Journal Asiat. Soc. of Bengal_, t. V, p. 33 y
-sig. Eugène Burnouf, _Introd. à l’histoire du buddhisme indien_, I, p.
-278 y sig.
-
-[251] Luciano, _Muerte de Peregrino_, 13.
-
-[252] Papiros de Turin, de Lóndres, de París, coleccionados por Brunet
-de Presle, _Mém. sur le Sérapéum de Memphis_ (París, 1852); Egger,
-_Mém. d’hist. anc. et de philologie_, p. 151 y sig. y en las _Notices
-et extraits_, t. XVIII, 2.ª parte, p. 264-359. Obsérvese que la vida
-eremítica cristiana tuvo su orígen en Egipto.
-
-[253] _Act._, XI, 29-30; XXIV, 17; Galat., II, 10; Rom., XV, 26 y sig.
-I Cor., XVI, 1-4; II Cor., VIII y IX.
-
-[254] _Act._, V, 1-11.
-
-[255] _Ibid._, II, 46; V, 12.
-
-[256] _Ibid._, III, 1.
-
-[257] Jacobo, por ejemplo, fué toda su vida judío puro.
-
-[258] _Act._, II, 47, IV, 33, V, 13, 26.
-
-[259] _Ibid._, II, 46.
-
-[260] I Cor., X, 16; Justino, _Apol. I_, 65-67.
-
-[261] Συνδεῖπνα. Jos., _Antiq._, XIV, X, 8, 12.
-
-[262] Luc., XXII, 19; I Cor., XI, 24 y sig.; Justino, _loc. cit_.
-
-[263] En el año 57 la eucaristía era ya una institucion llena de abusos
-(I Cor., XI, 17 y sig.) y por lo tanto antigua.
-
-[264] _Act._, XX, 7; Plinio, _Epist._ X, 97; Justino, _Apol. I_, 67.
-
-[265] _Act._, XX, 7, 11.
-
-[266] Plinio, _Epist._ X, 97.
-
-[267] Juan, XX, 26, no basta para probar lo contrario: los ebionitas
-hacian siempre fiesta el sábado. San Gerónimo, _In Matth._, XII, inicio.
-
-[268] _Act._, I, 15-26.
-
-[269] Véase _Vida de Jesús_, p. 437 y sig.
-
-[270] Compárese Eusebio, _H. E._, III, 39 (segun Papias.)
-
-[271] Justino, _Apol I_, 39, 50.
-
-[272] Pseudo-Abdias, etc.
-
-[273] Compárese I Cor., XV, 10 y Rom., XV, 19.
-
-[274] Gal., I, 17-19.
-
-[275] _Act._, VI, 4.
-
-[276] Comp. Mat., X, 2-4; Marc., III, 16-19; Luc., VI, 14-16; _Act._,
-I, 13.
-
-[277] _Act._, I, 14; Gal., I, 19; I Cor., IX, 5.
-
-[278] Gal., II, 9.
-
-[279] Véase _Vida de Jesús_, pág. 307.
-
-[280] Véase _Vida de Jesús_, pág. 150. Cf. Papias, en Eusebio, _H. E._,
-III, 39; Polícrates, _ibid._, V, 24; Clemente de Alej., _Strom._, III,
-6; VII, 11.
-
-[281] Por ejemplo, ἐπίσκοπος, quizá κλῆρος. Véase Wescher, en la _Revue
-archéol._, abril 1866, y más abajo p. 352-353.
-
-[282] _Act._, I, 26. Véase más abajo, p. 353.
-
-[283] _Act._, XIII, 1 y sig.; Clem. de Alej., en Eusebio, _H. E._, III,
-23.
-
-[284] _Act._, V, 1-11.
-
-[285] I Cor., V, 1 y sig.
-
-[286] I Tim., I, 20.
-
-[287] Gen., XVII, 14 y otros pasajes numerosos del código mosaico;
-Mischna, _Kerithouth_, I, 1; Talmud de Bab., _Moëd katon_, 28 _a_.
-Comp. Tertuliano, _De anima_, 57.
-
-[288] Véase, en los diccionarios hebreos y _rabínicos_, la voz כרת.
-Compárese la palabra _exterminare_.
-
-[289] Mischna, _Sanhedrin_, IX, 6; Juan, XVI, 2; Jos., _B. J._; VII,
-VIII, 1; III Macab. (apocr.), VII, 8, 12-13.
-
-[290] Luc., VI, 15; _Act._, I, 13. Comp. Mat., X, 4; Marc., III, 18.
-
-[291] _Act._, V, 1-11. Comp. _Act._, XIII, 9-11.
-
-[292] _Act._, I, 15; II, 14, 37; V, 3, 29; Gal., I, 18; II, 8.
-
-[293] _Act._, III, 1 y sig.; VIII, 14; Gal., II, 9. Comp. Juan, XX, 2 y
-sig.; XXI, 20 y sig.
-
-[294] Segun Mat., XXVIII, 1 y sig., los guardias fueron testigos de
-la bajada del ángel que levantó la piedra. Este relato, bastante
-confuso, quiere dar á entender tambien que las mujeres presenciaron
-el hecho; pero no se indica terminantemente. En todo caso, lo que los
-guardias y las mujeres verian, segun el mismo relato, no seria á Jesús
-resucitando, sino al ángel. La redaccion de tal escrito, aislada é
-inconsistente, es á no dudarlo la más moderna de todas.
-
-[295] Luc., XXIV, 48; _Act._, I, 22; II, 32; III, 15; IV, 33; V, 32; X,
-41; XIII, 30-31.
-
-[296] Véase más arriba, pág. 59, nota 62.
-
-[297] Véase _Vida de Jesús_, p. 275 y sig.
-
-[298] I Cor., XVI, 22. Estas dos palabras son siro-caldaicas.
-
-[299] Mat., X, 23.
-
-[300] _Act._, II, 33 y sig.; X, 42.
-
-[301] Luc., XXIV, 19.
-
-[302] _Act._, II, 22.
-
-[303] Las enfermedades se consideraban en general como obras del
-demonio.
-
-[304] _Act._, X, 38.
-
-[305] _Ibid._, II, 36; VIII, 37; IX, 22; XVII, 3, etc.
-
-[306] _Ibid._, II, 14 y sig.; III, 12 y sig.; IV, 8 y sig., 25 y sig.;
-VII, 2 y sig.; X, 43, y la epístola atribuida á San Bernabé, entera.
-
-[307] Jac., I, 26-27.
-
-[308] Más tarde la llamaron λειτουργεῖν. _Act._, XIII, 2.
-
-[309] Hebr., V, 6; VI, 20; VIII, 4; X, 11.
-
-[310] Apoc., I, 6; V, 10; XX, 6.
-
-[311] _Act._, XIII, 2; Luc., II, 37.
-
-[312] Rom., VI, 4 y sig.
-
-[313] _Act._, VIII, 12, 16; X, 48.
-
-[314] _Act._, VIII, 16; X, 47.
-
-[315] Mat., IX, 18; XIX, 13, 15; Marc., V, 23; VI, 5; VII, 32; VIII,
-23, 25; X, 16; Luc., IV, 40; XIII, 13.
-
-[316] _Act._, VI, 6; VIII, 17, 19; IX, 12, 17; XIII, 3; XIV, 6; XXVIII,
-8; I Tim., IV, 14; V, 22; II Tim., I, 6; Hebr., VI, 2; Jac., V, 13.
-
-[317] Mat., III, 11; Marc., I, 8; Luc., III, 16; Juan, I, 26; _Act._,
-I, 5; XI, 16; XIX, 4.
-
-[318] Mat., XXVIII, 19.
-
-[319] Véase el _Cholasté_ (Manuscritos Sabianos de la Biblioteca
-imperial, núms. 8, 10, 11, 13).
-
-[320] _Vendidad-Sadé_, VIII, 296 y sig.; IX, 1-145; XVI, 18-19;
-Spiegel, _Avesta_, II, p., LXXXIII y sig.
-
-[321] I Cor., XII, 9, 28, 30.
-
-[322] Mat., IX, 2; Marc., II, 5; Juan, V, 14, IX, 2; Jac., V, 15;
-Mischna, _Schabbath_, II, 6; Talm. de Bab., _Nedarim_, fol. 41 _a_.
-
-[323] Mat., IX, 33; XII, 22; Marc., IX, 16-24; Luc., XI, 14; _Act._,
-XIX, 12. Tertuliano, _Apol._, 22; _Adv. Marc._, IV, 8.
-
-[324] _Act._, V, 16; XIX, 12-16.
-
-[325] Jac., V, 14-15; Marc., VI, 13.
-
-[326] Luc., X, 34.
-
-[327] Marc., XVI, 18; _Act._, XXVIII, 8.
-
-[328] I Tes., IV, 13 y sig.; I Cor., XV, 12 y sig.
-
-[329] Fil., I, 23, parece ofrecer un ligero matiz algo distinto. Esto
-no obstante, compárese I Tes., IV, 14-17. Véase sobre todo Apoc., XX,
-4-6.
-
-[330] Pablo, obras ya citadas y Fil., III, 11; Apoc., XX entero;
-Papias en Eusebio, _H. E._, III, 39. Véase despuntar algunas veces la
-creencia contraria, sobre todo en Lucas (Evang., XVI, 22 y sig.; XXIII
-43, 46). Empero es de poco peso su autoridad, tratándose de un punto
-de filosofía judía. Véase lo que precede, Introd., pág. XIX-XX. Los
-esenios habian adoptado ya el dogma griego de la inmortalidad del alma.
-
-[331] Compárese _Act_., XXIV, 15 á I Tes., IV, 13 y sig.; Fil., III,
-11. Cf. Apoc., XX, 5. Véase Leblant, _Inscr. chrét. de la Gaule_, II,
-pág. 81 y sig.
-
-[332] _Act._, XI, 27 y sig.; XIII, 1; XV, 32; XXI, 9, 10 y sig.; I
-Cor., XII, 28 y sig.; XIV, 29-37. Efes., III, 5; IV, 11; Apoc., I, 3;
-XVI, 6; XVIII, 20, 24; XXII, 9.
-
-[333] Luc., I, 46 y sig.; 68 y sig.; II, 29 y sig.
-
-[334] _Act._, XVI, 25; I Cor., XIV, 15; Col., III, 16; Efes., V, 19;
-Jac., V, 13.
-
-[335] La identidad de este canto entre comunidades religiosas separadas
-desde los primeros siglos, acredita que es muy antiguo.
-
-[336] Num., V, 22; Deuter., XXVII, 15 y sig.; Salmo CVI, 48; I Paral.,
-XVI, 36; Nehem., V, 13; VIII, 6.
-
-[337] I Cor., XIV, 16; Justino, _Apol. I_, 65, 67.
-
-[338] I Cor., XIV, 7, 8, no lo demuestra. El uso del verbo ψάλλω no
-lo prueba tampoco. Este verbo implicaba originariamente el uso de un
-instrumento de cuerdas, pero con el tiempo vino á ser sinónimo de
-«cantar salmos.»
-
-[339] Col., III, 16; Efes., V, 19.
-
-[340] Véase Du Cange, en la voz _Lollardi_ (edic. Didot). Compárense
-las cantinelas de Cevenols. _Avertissemens prophétiques d’Elie Marion_
-(Lóndres 1707), págs. 10, 12, 14, etc.
-
-[341] Jac., V, 13.
-
-[342] Mat., XVI, 28; XXIV, 34; Marc., VIII, 39; XIII, 30; Luc., IX, 27;
-XXI, 32.
-
-[343] _Act._, primeros capítulos.
-
-[344] _Act._, V, 42.
-
-[345] Véase, por ejemplo, _Act._, II, 34 y sig., y en general todos los
-discursos de los primeros capítulos.
-
-[346] I Cor., I, 22; II, 4-5; II Cor., XII, 12; I Tes., I, 5; II Tes.,
-II, 9; Gal., III, 5; Rom., XV, 18-19.
-
-[347] Rom., XV, 19; II Cor., XII, 12; I Thess, I, 5.
-
-[348] _Act._, V, 12-16. Las _Act._ abundan en milagros. El de Eutico
-(_Act._, XX, 7-12) lo cuenta con toda seguridad un testigo ocular. Lo
-mismo sucede en cuanto á _Act._, XXVIII. Comp. Papias, en Eusebio, _H.
-E._, III, 39.
-
-[349] Los exorcismos judíos y cristianos fueron considerados como los
-más eficaces, aun por los mismos paganos. Damascio, _Vida de Isidoro_,
-56.
-
-[350] _Act._, V, 15.
-
-[351] I Cor., XII, 9 y sig., 28 y sig.; _Constit. apost._, VIII, I.
-
-[352] Ireneo, _Adv. hær._, II, XXXII, 4; V, VI, 1; Tertuliano, _Apol._,
-23, 43; _Ad Scapulam_, 2; _De corona_, 11; _De spectaculis_, 24; _De
-anima_, 57; _Constit. apost._, capítulo citado, el cual parece sacado
-de la obra de san Hipólito sobre los _Charismata_.
-
-[353] En cuanto á los Mormones, los milagros son cosa cotidiana; cada
-cual tiene los suyos. Jules Remy, _Voy. au pays des Mormons_, I, p.
-140, 192, 259-260; II, 53 y sig.
-
-[354] _Act._, IV, 36-37. Cf. _ibid._, XV, 32.
-
-[355] _Ibid._, XIII, 1.
-
-[356] _Ibid._, XXI, 16.
-
-[357] Jos., _Ant._, XIII, X, 4; XVII, XII, 1, 2; Philon, _Leg. ad
-Caium_, párrafo 36.
-
-[358] Esto resulta en cuanto á Bernabé de su nombre _Hallévi_ y de
-Col., IV, 10-11. _Mnason_ parece ser la traduccion de algun nombre
-hebreo en el que entraba la raíz _zacar_, como Zacarías.
-
-[359] Col., IV, 10-11.
-
-[360] _Act._, XII, 12.
-
-[361] I Petri, V, 13; _Act._, XII, 12; Papias, en Eusebio, _H. E._,
-III, 39.
-
-[362] _Act._, XII, 12-14. Todo este capítulo en que se cuentan tan
-íntimamente cuanto guarda relacion con Pedro, parece haber sido
-redactado por Juan Márcos ó segun sus informes.
-
-[363] No siendo comun el nombre de _Marcus_ entre los judíos de aquel
-tiempo, no parece que deban referirse á individuos distintos los
-pasajes en que se trata de un personaje de este nombre.
-
-[364] Compárese _Act._, VIII, 2 con _Act._, II, 5.
-
-[365] _Act._, VI, 5.
-
-[366] _Ibid._
-
-[367] Compárese _Act._, XXI, 8-9 con Papias, en Eusebio, _Hist. eccl._
-III, 39.
-
-[368] Rom., XVI, 7. Es dudoso si Ἰουνίαν proviene de Ἰουνία ó de
-Ἰουνίας = _Junianus_.
-
-[369] Pablo los llama sus συγγενεῖς; pero seria difícil decir si esto
-significa que eran judíos, ó de la tribu de Benjamin, ó de Tarso, ó
-realmente parientes de Pablo. La primera interpretacion parece con
-mucho la más probable. Comp. Rom., IX, 3; XI, 14. En todo caso esta
-palabra implica que eran judíos.
-
-[370] _Act._, VI, 1, 5; II Cor., XI, 22; Fil., III, 5.
-
-[371] _Act._, II, 9-11; VI, 9.
-
-[372] El Talmud de Jerusalem, _Megilla_, fol. 73 _d_, hace subir el
-número á cuatrocientos ochenta. Comp. Midrasch _Eka_, 52 _b_, 70 _d_.
-Esta cifra no debe extrañar á los que han visto esas pequeñas mezquitas
-de familia que se encuentran á cada paso en las ciudades musulmanas;
-pero los datos talmúdicos sobre Jerusalem no merecen mucho crédito.
-
-[373] _Act._, VI, 1.
-
-[374] La epístola de Jacobo está escrita en griego bastante puro;
-aunque es cierto que la autenticidad de esta epístola no es segura.
-
-[375] Los sabios escribian en hebreo antiguo, un poco modificado:
-trozos como se encuentran en el Talmud de Babilonia _Kidduschin_ fol.
-66 _a_, acaso se hayan escrito hácia aquella época.
-
-[376] Jos., _Ant._, último párrafo.
-
-[377] Esto es lo que prueban las transcripciones del griego en siriaco;
-yo lo he desarrollado en mis _Éclaircissements tirés des langues
-sémitiques sur quelques points de la prononciation grecque_. (París,
-1849.) La lengua de las inscripciones griegas de Siria es muy mala.
-
-[378] Jos., _Ant._, loc. cit.
-
-[379] _Sat._, I, V, 105.
-
-[380] Véanse los textos reunidos traducidos por Eugenio Burnouf.
-_Introd. à l’hist. du buddhisme indien_, I, p. 137 y sig. y sobre todo
-p. 198-199.
-
-[381] Véase _Vida de Jesús_, p. 181 y 211.
-
-[382] _Act._, II, 45; IV, 34, 37; V, 1.
-
-[383] _Act._, V, 1 y sig.
-
-[384] _Ibid._, II, 45; IV, 35.
-
-[385] _Act._, VI, 1 y sig.
-
-[386] Véase más arriba, p. 148.
-
-[387] _Act._, XXI, 8.
-
-[388] Fil., I, 1; I Tim., III, 8 y sig.
-
-[389] Rom., XVI, 1, 12; I Tim. III, 11; V, 9 y sig.; Plinio, _Epist._,
-X, 97. Las epístolas á Timoteo no son probablemente de San Pablo; pero
-tienen mucha antigüedad.
-
-[390] Rom., XVI, 1; I Cor, IX, 5; Filem., 2.
-
-[391] I Tim., V, 9 y sig.
-
-[392] _Constit. apost._, VI, 17.
-
-[393] Sap., II, 10; Eccli., XXXVII, 17; Mat., XXIII, 14; Marc., XII,
-40; Luc., XX, 47; Jac., I, 27.
-
-[394] Mischna, _Sota_, III, 4.
-
-[395] Talm. de Bab., _Sota_, 22 _a_; comp. I Tim., V, 13; Buxtorf, _Lex
-chald. talm. rabb._, en las voces צלינית y שובבית.
-
-[396] _Act._, VI, 1.
-
-[397] _Ibid._, XII, 12.
-
-[398] I Tim., V, 9 y sig. Comp. _Act._, IX, 39, 41.
-
-[399] I Tim., V, 3 y sig.
-
-[400] _Eclesiastés_, VII, 27; _Eclesiástico_, VII, 26 y sig.; IX, 1 y
-sig.; XXV, 22 y sig.; XXVI, 1 y sig.; XLII, 9 y sig.
-
-[401] Véase el manuscrito griego n.º 64 de la Biblioteca imperial
-(fondo antiguo), fol. 11, donde se habla de los trajes de las viudas
-en la Iglesia oriental. El traje de las calogrías es hoy dia poco más
-ó menos el mismo; el tipo de la religiosa oriental es el de la viuda,
-mientras que el de la monja latina es el de la vírgen.
-
-[402] Comp. el _Pastor de Hermas_, vis. II, ch. 4.
-
-[403] Καλογρία, nombre de las religiosas en la Iglesia oriental. Καλός
-reune aquí los dos sentidos de «bello» y «bueno».
-
-[404] Véase más arriba, p. 161, nota 395.
-
-[405] I Cor., XII entero.
-
-[406] Las congregaciones pietistas de América, que son, en el
-protestantismo, el equivalente á los conventos católicos, recuerdan
-tambien por muchos rasgos las iglesias primitivas. Véase L. Bridel,
-_Récits américains_ (Lausanne, 1861.)
-
-[407] Prov., III, 27 y sig.; X, 2; XI, 4; XXII, 9; XXVIII, 27; Eccli.,
-III, 23 y sig.; VII, 36; XII, 1 y sig.; XVIII, 14; XX, 13 y sig.; XXXI,
-11; Tobías, II, 15, 22; IV, 11; XII, 9; XIV, 11; Daniel, IV, 24; Talm.
-de Jerus., _Peah_, 15 _b_.
-
-[408] Mat., VI, 2; Mischna, _Schekalim_, V, 6; Talm. de Jerus.,
-_Demai_, fol. 23 _b_.
-
-[409] _Act._, X, 2, 4, 31.
-
-[410] Salmo CXXXIII.
-
-[411] _Act._, II, 44-47; IV, 32-35.
-
-[412] _Ibid._, II, 41.
-
-[413] Véase, más arriba, p. 148, 158-159.
-
-[414] _Act._, VI, 5; XI, 20.
-
-[415] _Act._, IV, 6. Véase _Vida de Jesús_, p. 364 y sig.
-
-[416] _Act._, IV, 1-31; V, 17-41.
-
-[417] Véase _Vida de Jesús_, p. 137.
-
-[418] _Act._, V, 41.
-
-[419] _Ibid._, IV, 5-6; V, 17; Comp. Jac., II, 6.
-
-[420] Γένος ἀρχιερατικόν, en las _Actas_, l. c.; ἀρχιερεῖς, en Josefo,
-_Ant._, XX, VIII, 8.
-
-[421] _Act._, XV, 5; XXI, 20.
-
-[422] Añadamos que la antipatía de Jesús y de los fariseos parece haber
-sido exagerada por los evangelistas sinópticos, tal vez á causa de los
-acontecimientos que causaron la huida de los cristianos al otro lado
-del Jordan. No puede negarse que Jacobo, hermano del Señor, no fuera
-casi un fariseo.
-
-[423] _Act._, V, 34 y sig. Véase _Vida de Jesús_, p. 220-221.
-
-[424] _Act._, VI, 8-VII, 59.
-
-[425] Probablemente los descendientes de los judíos que habian sido
-llevados á Roma como esclavos, y fueron libertados más tarde. Philon,
-_Leg. ad Caium_, § 23; Tácito. _Ann._, II, 85.
-
-[426] Véase _Vida de Jesús_, pág. 354, 396, 424.
-
-[427] Mat., XV, 2 y sig.; Marc., VII, 3; Gal. I, 14.
-
-[428] Compárese Gal., III, 19; Hebr., II, 2; Jos., _Ant._, XV, V, 3.
-Se figuraban que Dios mismo no se habia manifestado en las teofanías
-de la antigua ley, pero que habia colocado en su lugar una especie de
-intermediario el _maleak Jehovah_. Véase en los diccionarios hebreos la
-voz מלאך.
-
-[429] Deuter., XVII, 7.
-
-[430] _Act._, VII, 59; XXII, 20; XXVI, 10.
-
-[431] Juan, XVIII, 31.
-
-[432] Jos., _Ant._, XVIII, IV, 2.
-
-[433] Jos., _Ant._, XV, XI, 4; XVIII, IV, 2. Comp. XX, I, 1, 2.
-
-[434] Todo el proceso de Jesús lo demuestra. Compárese _Act._, XXIV,
-27; XXV, 9.
-
-[435] Suetonio, _Caius_, 16; Dion Casio, LIX, 8, 12; Jos., _Ant._,
-XVIII, V, 3; VI, 10; II Cor., XI, 32.
-
-[436] Ventidius Cumanus experimentó aventuras semejantes. Es verdad
-que Josefo exagera las desgracias de cuantos fueron adversarios de su
-nacion.
-
-[437] Madden, _History of Jewish Coinage_, pág. 134 y sig.
-
-[438] Jos., _Ant._, XVIII, IV, 3.
-
-[439] _Ibid._, XVIII, V, 3.
-
-[440] _Act._, VIII, 2. Las palabras ἀνὴρ εὐλαβὴς designan un prosélito,
-no un judío puro. Cf. _Act._, II, 5.
-
-[441] _Act._, VIII, 1 y sig.; XI, 19. _Act._, XXVI, 10, hace creer que
-hubo otras muertes además de la de Estéban. Pero no es necesario abusar
-de las palabras en las redacciones de un estilo tan variado. Comp.
-_Act._, IX, 1-2 á XXII, 5 y XXVI, 12.
-
-[442] Compárese _Act._, I, 4; VIII, 1, 14; Gal., I, 17 y sig.
-
-[443] _Act._, IX, 26-30 prueba que, en el pensamiento del autor, las
-expresiones de VIII, 1 no tienen un sentido tan absoluto como podria
-creerse.
-
-[444] Lo que sucedió á los esenios.
-
-[445] Lo que sucedió á los franciscanos.
-
-[446] I Tes., II, 14.
-
-[447] _Act._, VIII, 3; IX, 13, 14, 21, 26; XXII, 4, 19; XXVI, 9 y sig.;
-Gal., I, 13, 23; I Cor., XV, 9; Fil., III, 6; I Tim., I, 13.
-
-[448] Gal., I, 14; _Act._, XXVI, 5; Fil., III, 5.
-
-[449] _Act._, IX, 13, 21, 26.
-
-[450] _Act._, VIII, 1, 4; XI, 19.
-
-[451] _Act._, VIII, 5 y sig. Que no era el apóstol resulta de los
-pasajes _Act._, VIII, 1, 5, 12, 14, 40; XXI, 8 comparados entre ellos.
-Es verdad que el versículo _Act._, XXI, 9 comparado con lo que dicen
-Papias (en Eusebio, _H. E._, III, 39), Polícrates (_ibid._, V, 24),
-Clemente de Alejandría (_Strom._, III, 6) hacen identificar al apóstol
-Felipe de que hablan estos tres escritores eclesiásticos, con el Felipe
-que desempeña un papel importante en las _Actas_, pero es más natural
-admitir que el versículo en cuestion contiene un error y ha sido
-interpolado que contradecir la tradicion de las iglesias de Asia y aun
-de Hierápolis, donde se retiró Felipe. Los datos particulares que posee
-el autor del cuarto Evangelio (escrito, segun parece, en el Asia menor)
-acerca del apóstol Felipe se encuentran así explicados.
-
-[452] Véase _Vida de Jesús_, c. XIV. La tendencia especial del autor de
-las _Actas_ tambien se encuentra aquí. Véase Introd., p. XX, XXXVIII y,
-más abajo, p. 191, 228.
-
-[453] _Act._, VIII, 5-40.
-
-[454] Jos., _Ant._, XVIII, IV, 1, 2.
-
-[455] Hoy dia _Jit_ sobre el camino de Nablus á Jaffa, á una hora y
-media de Nablus y de Sebastia. Véase Robinson, _Biblical researches_,
-II, p. 308, nota; III, 134 (segunda ed.) y su mapa.
-
-[456] Las noticias que relativas á este personaje nos dan los
-escritores Cristianos, son tan fabulosas, que naturalmente se han
-suscitado dudas sobre la realidad de su existencia; dudas tanto más de
-tener en cuenta, cuanto que en la literatura pseudo-clementina, Simon
-el Mágico, es con frecuencia un sinónimo de San Pablo. Nosotros no
-podemos admitir, sin embargo, que la leyenda de Simon se apoye bajo
-esta única base. ¿Cómo es posible que el autor de las _Actas_, tan
-favorable á San Pablo, hubiese aceptado un dato cuyo sentido hostil no
-podia ocultársele? La continuacion cronológica de la escuela Simoniana,
-los escritos que de ella nos quedan, los caractéres precisos de
-topografía y cronología que nos da San Justino, compatriota de nuestro
-taumaturgo, no se explican, por lo demás, ni aun en la hipótesis de que
-la persona de Simon fuera imaginaria. (Véase sobre todo Justino, _Apol.
-II_, 15, y _Dial. cum. Tryph._, 120.)
-
-[457] _Act._, VIII, 5 y sig.
-
-[458] _Ibid._, VIII, 9 y sig.
-
-[459] Justino, _Apol. I_, 26, 56.
-
-[460] Homil. pseudo-clem., XVII, 15, 17; Quadratus, en Eusebio, _H.
-E._, IV, 3.
-
-[461] _Act._, VIII, 25.
-
-[462] _Ibid._, VIII, 26-40.
-
-[463] I Macab., X, 86, 89; XI, 60 y sig. Jos., _Ant._, XIII, XIII, 3;
-XV, VII, 3; XVIII, XI, 5; _B. J._, I, IV, 2.
-
-[464] Robinson, _Bibl. researches_, II, p. 41 y 514-515 (2.ª ed.)
-
-[465] Talm. de Bab., _Erubin_, 53 _b_ y 54 _a_; _Sota_ 46 _b_.
-
-[466] Isaías, LIII, 7.
-
-[467] Hoy Merawi, cerca de Gebel-Barkal (Lepsius, _Denkmæler_, I, pl. 1
-y 2 _bis_.) Estrabon, XVII, I, 54.
-
-[468] Estrabon, XVII, I, 54; Plinio, VI, XXXV, 8; _Dion Casio_, LIV, 5;
-Eusebio, _H. E._, II, 1.
-
-[469] Los descendientes de estos judíos existen todavía bajo el nombre
-de _Falasyán_. Los misioneros que les convirtieron vinieron de Egipto.
-La version de la Biblia ha sido hecha sobre la version griega. Los
-_Falasyán_ no son israelitas de sangre.
-
-[470] Juan, XII, 20; _Act._, X, 2.
-
-[471] Véase Deuter., XXIII, 1. Es verdad que εὐνοῦχος puede tomarse
-como calificativo designando un ayuda de cámara ó funcionario de la
-corte oriental; pero δυνάστης basta á dar esta idea; εὐνοῦχος debe ser
-tomado aquí en sentido propio.
-
-[472] _Act._, VIII, 26, 29.
-
-[473] Deducir de ahí que toda esta historia ha sido inventada por el
-autor de las _Actas_ nos parece temerario. El autor de las _Actas_
-insiste sobre los hechos que apoyan sus teorías; pero no creemos
-introduzca en sus reseñas hechos puramente simbólicos ó imaginarios á
-su placer. Véase la Introd., p. XXXVI-XXXVII.
-
-[474] Para el estado análogo de los primeros Mormones, véase Jules
-Remy, _Voyage au pays des Mormons_ (París, 1860), I, p. 195 y sig.
-
-[475] _Act._, VIII, 39-40. Comp. Luc., IV, 14.
-
-[476] _Act._, IX, 32, 38.
-
-[477] _Ibid._, VIII, 40; XI, 11.
-
-[478] _Act._, XXI, 8.
-
-[479] Jos., _B. J._, III, IX, 1.
-
-[480] _Act._, XXIII, 33 y sig.; XXV, 1, 5; Tácito, _Hist._, II, 79.
-
-[481] Jos., _B. J._, III, IX, 1.
-
-[482] Jos., _Ant._, XX, VIII, 7; _B. J._, II, XIII, 5,--XIV, 5; XVIII,
-1.
-
-[483] Talm. de Jerusalem, _Sota_, 21, _b_.
-
-[484] Jos., _Ant._, XIX, VII, 3-4; VIII, 2.
-
-[485] _Act._, XI, 19.
-
-[486] _Ibid._, IX, 2, 10, 19.
-
-[487] Esta fecha resulta de la comparacion de los capítulos IX, XI, XII
-de las _Actas_ con Gal., I, 18; II, 1, y del sincronismo que presenta
-el capítulo XII de las _Actas_ con la historia profana, sincronismo
-que fija al año 44 la fecha de los hechos explicados en este capítulo.
-
-[488] _Act._, IX, 11; XXI, 39; XXII, 3.
-
-[489] En la epístola á Filemon, escrita hácia el año 61, él se califica
-de _anciano_ (v. 9). En _Act._, VII, 57 es calificado de jóven por un
-hecho relativo al año 37, poco más ó menos.
-
-[490] De la misma manera que los _Jesús_ se hacian llamar _Jason_; los
-_José_, _Hegesipo_; los _Eliacim_, _Alcimo_, etc. San Gerónimo (_De
-viris ill._, 5) supone que Pablo tomó su nombre del procónsul Sergio
-Paulo (_Act._, XIII, 9). Semejante version no parece admisible. Si las
-_Actas_ no dan á Saulo el nombre de Pablo hasta que entra en relaciones
-con este personaje, será tal vez porque la supuesta conversion de
-Sergio fué el primer acto notable de Pablo como apóstol de los gentiles.
-
-[491] _Act._, XIII, 9 y siguientes; la atribucion de todas las
-epístolas; II Petri, III, 15.
-
-[492] Las calumnias ebionitas no deben tomarse en serio (Epifanio,
-_Adv. hær._, hær. XXX, 16 y 25).
-
-[493] San Gerónimo, _loc. cit._ Inadmisible como la presenta San
-Gerónimo, esta tradicion parece no obstante tener algun fundamento.
-
-[494] Rom., XI, 1; Fil., III, 5.
-
-[495] _Act._, XXII, 28.
-
-[496] _Act._, XXIII, 6.
-
-[497] Fil., III, 5; _Act._, XXVI, 5.
-
-[498] _Act._, VI, 9; Philon, _Leg. ad Caium_, § 36.
-
-[499] Estrabon, XIV, X, 13.
-
-[500] _Ibid._, XIV, X, 14-15; Philostrato, _Vida de Apolonio_, I, 7.
-
-[501] Jos., _Ant._, último párrafo. Cf. _Vida de Jesús_, p. 33-34.
-
-[502] Philostrato, _loc. cit._
-
-[503] _Act._, XXVII, 22 y sig.; XXI, 37.
-
-[504] Gal., VI, 11; Rom., XVI, 22.
-
-[505] II Cor., XI, 6.
-
-[506] _Act._, XXI, 40. He explicado antes el sentido de la palabra
-ἑβραιστί. _Hist. des lang. sémit._, II, I, 5; III, I, 2.
-
-[507] _Act._, XXVI, 14.
-
-[508] I Cor., XV, 33. Cf. Meinecke, _Menandri fragm._, p. 75.
-
-[509] Tit., I, 12; _Act._, XVII, 28. La autenticidad de la carta á Tito
-es muy dudosa. En cuanto al discurso relativo al capítulo XVII de las
-_Actas_, es obra más bien del autor de las _Actas_ que de San Pablo.
-
-[510] El verso citado de Arato (_Phænom._, 5) se encuentra
-efectivamente en Cleantes (_Himno á Júpiter_, 5.) Los dos lo tomaron
-sin duda de algun himno religioso anónimo.
-
-[511] Gal., I, 14.
-
-[512] _Act._, XVII, 22 y sig., teniendo en cuenta la nota 509 de esta
-página.
-
-[513] Véase _Vida de Jesús_, pág. 72.
-
-[514] _Act._, XVIII, 3.
-
-[515] _Ibid._, XVIII, 3; I Cor., IV, 12; I Tes., II, 9; II Tes., III, 8.
-
-[516] _Act._, XXIII, 16.
-
-[517] II Cor., VIII, 18, 22; XII, 18.
-
-[518] Rom., XVI, 7, 11, 21. Sobre el sentido de συγγενής en estos
-pasajes, véase más arriba, p. 148, nota 369.
-
-[519] Véase sobre todo la epístola á Filemon.
-
-[520] Gal., V, 12; Fil., III, 2.
-
-[521] II Cor., X, 10.
-
-[522] _Acta Pauli et Theclæ_, 3, en Tischendorf, _Acta Apost. apocr._
-(Leipzig 1851), p. 41 y las notas (texto antiguo, aunque no debe ser el
-original de que habla Tertuliano); el _Philopatris_, 12 (obra compuesta
-hácia el año 363); Malala, _Chonogr._, p. 257, edit. por Bonn;
-Nicéforo, _Hist. eccl._, II, 37. Todos estos pasajes, sobre todo el de
-Philopatris, suponen bastante antigüedad en sus retratos. Esto les da
-cierta autoridad, á pesar de todo, Malala, Nicéforo y hasta el mismo
-autor de las _Actas de Santa Tecla_ quieren hacer de Pablo un hombre
-bello.
-
-[523] I Cor., II, 1 y sig.; II Cor., X, 1-2, 10; XI, 6.
-
-[524] I Cor., II. 3; II Cor., X, 10.
-
-[525] II Cor., XI, 30; XII, 5, 9, 10.
-
-[526] I Cor., II, 3; II Cor., I, 8-9; X, 10; XI, 30; XII, 5, 9-10;
-Gal., IV, 13-14.
-
-[527] II Cor., XII, 7-10.
-
-[528] I Cor., VII, 7-8 y el contexto.
-
-[529] I Cor., VII, 7-8; IX, 5. Este segundo pasaje está lejos de
-tener peso. Fil., IV, 3, hace suponer lo contrario. Comp. Clemente de
-Alejandría, _Strom._, III, 6, y Eusebio, _Hist. eccl._, III, 30. Solo
-el pasaje I Cor., VII 7-8 es el único que tiene aquí peso.
-
-[530] I Cor., VII, 7-9.
-
-[531] _Act._, XXII, 3; XXVI, 4.
-
-[532] _Ibid._, XXII, 3. Pablo no habla de este maestro en los pasajes
-de sus epístolas donde seria natural que le nombrara (Fil., III, 5).
-No es imposible que el autor de las _Actas_ hubiese puesto á su héroe
-en relacion con el más célebre doctor de Jerusalem del cual sabia el
-nombre. Hay absoluta contradiccion entre los principios de Gamaliel
-(_Act._, V, 34 y sig.) y la conducta de Pablo antes de su conversion.
-
-[533] Véase la _Vida de Jesús_, p. 220-221.
-
-[534] Gal., I, 13-14; _Act._ XXII, 3; XXVI, 5.
-
-[535] II Cor., V, 16, no lo implica en manera alguna. Los pasajes
-_Act._, XXII, 3; XXVI, 4 inducen á creer que Pablo se encontró en
-Jerusalem al mismo tiempo que Jesús. Pero esto no es una razon que
-pruebe que los dos se vieron.
-
-[536] _Act._, XXII, 4, 19; XXVI, 10-11.
-
-[537] _Ibid._, XXVI, 11.
-
-[538] Gran sacerdote de 37 á 42. Jos., _Ant._, XVIII, V, 3; XIX, VI, 2.
-
-[539] _Act._, IX, 1-2, 14; XXII, 5; XXVI, 12.
-
-[540] Véase _Revue numismatique_, nueva série, t. III (1858), p. 296 y
-sig., 362 y sig., _Revue archéol._, abril de 1864, p. 284 y sig.
-
-[541] Jos., _B. J._, II, XX, 2.
-
-[542] II Cor., XI, 32. La série de monedas romanas de Damasco ofrece
-una interrupcion para los reinados de Calígula y de Claudio. Eckhel,
-_Doctrina num. vet._ primera parte, vol. III, p. 330. En la moneda
-damasquina el tipo de «_Aretas filheleno_» _ibid._ parece ser de
-nuestro Hareth (comunicacion del Sr. Waddington.)
-
-[543] Jos., _Ant._, XVIII, V, 1, 3.
-
-[544] Comp. _Act._, XII, 3; XXIV, 27; XXV, 9.
-
-[545] _Act._, V, 34 y sig.
-
-[546] Véase un rasgo análogo en la conversion de Omar. Ibn-Hischam,
-_Sirat errasoul_, p. 226 (edicion Wüstenfeld).
-
-[547] _Act._, IX, 3; XXII, 6; XXVI, 13.
-
-[548] _Act._, IX, 4, 8; XXII, 7, 11; XXVI, 14, 16.
-
-[549] Ahí es donde la tradicion de la edad media fija el lugar del
-milagro.
-
-[550] Esto resulta de _Act._, IX, 3, 8; XXII, 6, 11.
-
-[551] _Nahr el-Awadj_.
-
-[552] _Tuleil_.
-
-[553] La llanura está en efecto á más de mil setecientos metros sobre
-el nivel del mar.
-
-[554] _Act._, XXVI, 14.
-
-[555] De Jerusalem á Damasco hay ocho dias largos.
-
-[556] _Act._, IX, 8, 9, 18; XXII, 11, 13.
-
-[557] Véase más arriba, p. 201, y II Cor., XII, 1 y sig.
-
-[558] He experimentado un acceso de este género en Byblos; con otras
-creencias hubiera ciertamente tomado por visiones las alucinaciones que
-entonces tuve.
-
-[559] Poseemos tres relatos de este episodio capital: _Act._, IX, 1
-y sig.; XXII, 5 y sig.; XXVI, 12 y sig. Las diferencias que se notan
-en estos pasajes prueban que el Apóstol mismo explicaba de distinta
-manera su conversion. El relato _Actas_, IX, no es homogéneo, como lo
-demostraremos pronto. Compárese Gal., I, 15-17; I Cor., IX, 1; XV, 8;
-_Act._, IX, 27.
-
-[560] Entre los _Mormones_ y en los _sueños_ americanos, casi todas las
-conversiones son tambien promovidas por una grande tension del alma,
-produciendo alucinaciones.
-
-[561] La circunstancia de que los compañeros de Pablo vieron y oyeron
-como él puede muy bien ser puramente propia de la leyenda, tanto
-más en cuanto los relatos sobre este particular están en manifiesta
-contradiccion. Comp. _Act._, IX, 7; XXII, 9; XXVI, 13. La hipótesis de
-una caida de caballo se rechaza en todos los relatos. En cuanto á la
-opinion que rechaza toda la narracion de las _Actas_, fundándose sobre
-la palabra ἐν ἐμοί, de Gal., I, 16, es exagerada. Ἐν ἐμοί, en dicho
-pasaje, tiene el sentido de «_para mí_», «_á mí mismo_». Comp. Gal., I,
-24. Seguramente tuvo Pablo en un momento dado una vision que determinó
-su conversion.
-
-[562] _Act._, IX, 3, 7; XXII, 6, 9, 11; XXVI, 13.
-
-[563] Esto es lo que yo experimenté en mi acceso de Byblos. Los
-recuerdos del dia anterior al en que caí sin conocimiento, se
-desvanecieron totalmente de mi espíritu.
-
-[564] II Cor., XII, 1 y sig.
-
-[565] _Act._, IX, 27; Gal., I, 16; I Cor., IX, 1; XV, 8; Homilias
-pseudo-clementinas, XVII, 13-19.
-
-[566] Compárese lo que pasó á Omar _Sirat errasoul_, p. 226 y sig.
-
-[567] _Act._, IX, 8; XXII, 11.
-
-[568] Su antiguo nombre árabe era _Tarik el-Adhwa_. Aún se le llama
-hoy _Tarik el-Mustekim_, que corresponde á Ῥύμη εὐθεῖα. La puerta
-oriental (_Bab Scharki_) y algunos vestigios de las columnatas
-subsisten todavía. Véanse los textos árabes dados por Wüstenfeld en
-la _Zeitschrift für vergleichende Erdkunde_ de Lüdde, año 1842, p.
-168; Porter, _Syria and Palestine_, p. 477; Wilson, _The Lands of the
-Bible_, II, 345, 351-52.
-
-[569] _Act._, XXII, 11.
-
-[570] El relato del capítulo IX de las _Actas_ parece aquí compuesta de
-dos textos mezclados; el uno, más original, comprende los versículos
-9, 12 y 18; el otro, más desarrollado, más dialogado, más legendario,
-comprende los versículos 9, 10, 11, 13, 14, 15, 16, 17 y 18. El v. 12
-ni se refiere á los que preceden ni á los que siguen. El relato XXII,
-12-16, es más conforme con el segundo de los textos antes mencionados
-que con el primero.
-
-[571] _Act._, IX, 12. Es necesario leer ἄνδρα ἐν ὁράματι, como lleva el
-manuscrito B del Vaticano. Comp. vers. 10.
-
-[572] _Act._, IX, 18; comp. _Tobías_, II, 9; VI, 10; XI, 13.
-
-[573] _Act._, IX, 18; XXII, 16.
-
-[574] Gal., I, 1; 8-9, 11 y sig.; I Cor., IX, 1; XI, 23; XV, 8, 9;
-Col., I, 25; Efes., I, 19; III, 3, 7, 8; _Act._, XX, 24; XXII, 14-15,
-21; XXVI, 16; Homiliæ pseudo-clem., XVII, 13-19.
-
-[575] Gal., I, 17.
-
-[576] Ἀραβία es la provincia de Arabia, teniendo por parte principal la
-Auranítide (Haurán).
-
-[577] Gal., I, 17 y sig.; _Act._, IX, 19 y sig.; XXVI, 20. El autor de
-las _Actas_ cree que su primera permanencia en Damasco fué corta y que
-Pablo, despues de su conversion, fué á Jerusalem donde predicó (Comp.
-XXII, 17). Pero el pasaje de la epístola á los Galatas es concluyente.
-
-[578] Véanse las inscripciones descubiertas por los Sres. Waddington y
-de Vogüé (_Revue archéol._, abril de 1864, págs. 284 y sig.; _Comptes
-rendus de l’Acad. des Inscr. et B.-L._, 1865, págs. 106-108). Compárese
-más arriba, p. 174-175.
-
-[579] Dion Casio, LIX, 12.
-
-[580] He desarrollado esto en el _Bulletin archéologique_ de los Sres.
-Longperier y de Witte, setiembre de 1856.
-
-[581] El sentido del versículo Gal., I, 16 con los siguientes prueba
-que Pablo predicó inmediatamente despues de su conversion.
-
-[582] Jos., _B. J._, I, II, 25; II, XX, 2.
-
-[583] _Act._, IX, 21-22.
-
-[584] Gal., I, 16. Es el sentido de οὐ προσανεθέμην σαρκὶ καὶ αἵματι.
-Comp. Mat., XVI, 17.
-
-[585] _Act._, IX, 31.
-
-[586] Véase la confesión atrozmente ingénua de III Macab., VII, 12-13.
-
-[587] Léase el libro III (apócrifo) de los Macabeos, entero, y
-compáresele con el de Ester.
-
-[588] Suetonio, _Caius_, 22, 52; Dion Casio, LIX, 26-28; Philon,
-_Legatio ad Caium_, párrafo 25, etc.; Josefo, _Ant._, XVIII, VIII; XIX,
-I, 1-2; _B. J._, II, X.
-
-[589] Philon, _Leg. ad Caium_, párrafo 30.
-
-[590] Philon, _In Flaccum_, párrafo 7; _Leg. ad Caium_, párrafos 18,
-20, 26, 43.
-
-[591] Philon, _Leg. ad Caium_, § 29; Josefo, _Ant._, XVIII, VIII; _B.
-J._, II, X; Tácito, _Ann._, XII, 54; _Hist._, V, 9, completando el
-pasaje primero con el segundo.
-
-[592] Philon, _Leg. ad Caium_, § 27, 30, 44 y sig.
-
-[593] _Act._, IX, 31.
-
-[594] Gal, I, 18-19; II, 9.
-
-[595] _Act._, XI, 29-30. Véase, más arriba, p. 124.
-
-[596] _Act._, IX, 32.
-
-[597] Hoy Ludd.
-
-[598] _Act._, IX, 32-35.
-
-[599] Jaffa.
-
-[600] Jos., _Ant._, XIV, X, 6.
-
-[601] _Act._, IX, 43; X, 6, 17, 32.
-
-[602] Mischna, _Ketuboth_, VII, 10.
-
-[603] Comp. Gruter, p. 891, 4; Reinesius, _Inscript._, XIV, 61;
-Mommsen, _Inscr. regni Neap._, 622, 2034, 3092, 4985; Pape, _Wört. der
-griech. Eigenn._, á esta voz. Cf. Jos., _B. J._, IV, III, 6.
-
-[604] _Act._, IX, 36 y sig.
-
-[605] _Ibid._, IX, 39. El griego dice: ὅσα ἐποίει μετ’ αὐτῶν οὖσα.
-
-[606] _Ibid._, IX, 32, 41.
-
-[607] _Act._, X, 9-16; XI, 5-10.
-
-[608] _Ibid._, X, 1-XI, 18.
-
-[609] Habia al menos treinta y dos (Orelli y Henzen, _Inscr. lat._,
-números 90, 512, 6756).
-
-[610] Comp. _Act._, XXVII, 1 y Henzen, núm. 6709.
-
-[611] Compárese Luc., VII, 2 y sig. Lucas se complace en esta idea de
-los centuriones virtuosos y judíos por el alma sin la circuncision
-(véase la Introd., p. XXIII). Pero el ejemplo de Izate (Jos., _Ant._,
-XX, II, 5) prueba que tales situaciones eran posibles. Comp. Jos., _B.
-J._, II, XXVIII, 2; Orelli, _Inscr._, número 2523.
-
-[612] _Act._, X, 2, 7.
-
-[613] Esto parece en contradiccion con Gal., II, 7-9. Pero la conducta
-de Pedro por lo que respecta á la admision de los gentiles fué siempre
-poco consistente. Gal., II, 12.
-
-[614] _Act._, XI, 18.
-
-[615] _Ibid._, XV, 1 y sig.
-
-[616] II Cor., II, 32-33; _Act._, IX, 23-25.
-
-[617] Gal., I, 18.
-
-[618] Gal., I, 48.
-
-[619] _Ibid._, I, 23.
-
-[620] _Act._, IX, 26.
-
-[621] Gal., I, 18.
-
-[622] _Act._, IX, 26.
-
-[623] _Act._, IX, 27. Toda esta parte de las _Actas_ tiene poco valor
-histórico para poder afirmar que la generosa accion de Bernabé tuviera
-lugar durante los quince primeros dias que Pablo pasó en Jerusalem;
-pero hay sin duda, atendida la forma con que las _Actas_ presentan el
-hecho, un sentimiento verdadero de las relaciones entre Pablo y Bernabé.
-
-[624] Gal., I, 19-20.
-
-[625] _Ibid._, I, 18. Por consiguiente, es imposible admitir como
-exactos los versículos 28-29 del c. IX de las _Actas_. El autor de las
-_Actas_ abusa de estas emboscadas y proyectos homicidas. Las _Actas_
-difieren de la epístola á los Galatas en suponer que la primera
-estancia de San Pablo en Jerusalem duró más y fué más cercana á su
-conversion. Naturalmente la epístola merece más crédito aunque no sea
-más que por la cronología y las circunstancias materiales.
-
-[626] Véase sobre todo la epístola á los Galatas.
-
-[627] Epístola á los Galatas, I, 11-12 y casi todo el resto; I Cor.,
-IX, 1 y sig.; XV, 1 y sig.; II Cor., XI, 21 y sig.
-
-[628] Se encuentra el sentimiento más ó menos directo: Rom., XII, 14; I
-Cor., XIII, 2; II Cor., III, 6; I Tes., IV, 8; V, 2, 6.
-
-[629] Gal., I, 22-23.
-
-[630] _Act._, XXII, 17-21.
-
-[631] _Act._, IX, 29-30.
-
-[632] Gal., I, 21.
-
-[633] _Act._, IX, 30; XI, 25. El dato cronológico capital de esta época
-de la vida de San Pablo es Gal., I, 18; II, 1.
-
-[634] La Cilicia tenia una Iglesia en el año 51. _Act._, XV, 23, 41.
-
-[635] En la epístola á los Galatas (vers. 56) es donde Pablo se coloca
-por primera vez en el rango de los apóstoles (I, 1 y el siguiente).
-Segun Gal., II, 7-10, recibiria este título en 51. Sin embargo, no lo
-usa aún en la firma de las dos epístolas á los Tesalonicenses, que son
-del año 53. I Tes., II, 6 no implica un título oficial. El autor de las
-_Actas_ no da jamás á Pablo el título de _apóstol_. Los _apóstoles_
-para el autor de las _Actas_ son _los Doce_. _Act._, XIV, 4, 14 es una
-excepcion.
-
-[636] _Act._, XI, 19.
-
-[637] Jos., _B. J._, III, II, 4. Roma y Alejandría eran las dos
-primeras. Comp. Estrabon, XVI, II, 5.
-
-[638] C. Otfried Müller, _Antiquit. Antiochenæ_ (Gœttingæ 1839), p. 68.
-Juan Crisóstomo, _In sanct. Ignatium_, 4 (Opp. t. II, p. 597, edic.
-Montfaucon); _In Matth._ homilia LXXXV, 4 (t. VII, p. 810) evalúa
-la poblacion de Antioquía en doscientas mil almas, sin contar los
-esclavos, los niños y los inmensos suburbios. La poblacion actual no
-cuenta más de siete mil habitantes.
-
-[639] Las calles análogas de Palmira, Gerasa, Gadara, Sebastia eran
-probablemente imitaciones del gran _Corso_ de Antioquía.
-
-[640] Se encuentran algunos restos en la direccion de _Bab Bolos_.
-
-[641] Dion Crisóstomo, Orat. XLVII (t. II, p. 229, edic. de Reiske);
-Libanio, _Antiochicus_, p. 337, 340, 342, 356 (edic. Reiske); Malala,
-p. 232 y sig., 276, 280 y sig., (edic. de Bonn). El constructor de
-estas grandes obras fué Antíoco Epifano.
-
-[642] Libanio, _Antioch._, 342, 344.
-
-[643] Pausanias, VI, II, 7; Malala, p. 201; Visconti, _Mus. Pio-Clem._,
-t. III, 46. Véanse sobre todo las medallas de Antíoco.
-
-[644] Pieria, Bottia, Penea, Tempe, Castalia, juegos olímpicos, Iopolis
-(que se refiere á Io). La ciudad pretendia deber su celebridad á Inaco,
-á Orestes, á Dafne, á Triptolemo.
-
-[645] Véase Malala, p. 199; Espartiano, _Vida de Adriano_, 14; Juliano,
-_Misopogon_, p. 361-362; Am. Marcelino, XXII, 14; Eckhel, _Doct.
-num. vet._, pars 1.ª, III, p. 326; Guigniaut, _Religions de l’ant._,
-planchas n.º 268.
-
-[646] Juan Crisóstomo, _Ad. pop. Antioch._ homil. XIX, 1 (t. II, p.
-189); _De sanctis martyr._, 1, (t. II, p. 651.)
-
-[647] Libanio, _Antioch._, p. 348.
-
-[648] _Act. SS. Maii_, V, p. 383, 409, 414, 415, 416; Assemani, _Bib.
-Or._, II, 323.
-
-[649] Juvenal, Sat., III, 62 y sig.; Estacio, _Silvas_, I, VI, 72.
-
-[650] Tácito, _Ann._, II, 69.
-
-[651] Malala, p. 284, 287, y sig.; Libanio, _De angariis_, p. 555 y
-sig.; _De carcere vinctis_, p. 455 y sig.; _Ad Timocratem_, p. 385;
-_Antioch._, p. 323; Philostr., _Vida de Apol._, I, 16; Luciano, _De
-saltatione_, 76; Diod. Sic., frag. l. XXXIV, n.º 34 (p. 538, ed.
-Dindorf); Juan Cris., Homil. VII _in Matth._, 5 (t. VII, p. 113);
-LXXIII _in Matth._, 3 (_ibid._, p. 712); _De consubst. contra Anom._, 1
-(t. I, p. 501); _De Anna_, 1 (t. IV, p. 730); _De Dav. et Saule_, III,
-1 (t. IV, 768-770); Juliano, _Misopogon_, p. 343, 350, ed. Spanheim;
-_Actos de Santa Tecla_ atribuidos á Basilio de Seleucia, publicados por
-P. Pantinus (Amberes, 1608.), p. 70.
-
-[652] Philostr., _Apol._, III, 58; Ausonio, _Clar. Urb._, 2; J.
-Capitolin, _Verus_, 7; _Marco Aur._, 25; Herodiano, II, 10; Juan de
-Antioquía en las _Excerpta Valesiana_, p. 844; Suidas, en la voz
-Ἰοβιανός.
-
-[653] Juliano, _Misopogon_, p. 344, 365, etc.; Eunapio, _Vidas de los
-Sofistas_, p. 496, ed. Boissonade (Didot); Amiano Marcelino, XXII, 14.
-
-[654] Juan Cris., _De Lazaro_, II, 11 (t. I, p. 722-723).
-
-[655] Cic., _Pro Archia_, 3, teniendo en cuenta la exageracion típica
-de un abogado.
-
-[656] Philostrato, _Vida de Apolonio_, III, 58.
-
-[657] Malala, p. 287-289.
-
-[658] Juan Crisóst., Homil. VII _in Matth._, 5, 6 (t. VII, p. 113).
-Véase O. Müller, _Antiquit. Antioch._, p. 33, nota.
-
-[659] Libanio, _Antiochicus_, p. 355-356.
-
-[660] Juvenal, III, 62 y sig., y Forcellini, en la voz _ambubaja_,
-observando que la palabra _ambuba_ es siriaca.
-
-[661] Libanio, _Antioch._, p. 315; _De carcere vinctis_, p. 455, etc.;
-Juliano, _Misopogon_, p. 367, edic. Spanheim.
-
-[662] Libanio, _Pro rhetoribus_, p. 211.
-
-[663] Libanio, _Antiochicus_, p. 363.
-
-[664] Libanio, _Antiochicus_, p. 354 y sig.
-
-[665] La muralla actual, que es del tiempo de Justiniano, presenta las
-mismas particularidades.
-
-[666] Libanio, _Antioch._, p. 337, 338, 339.
-
-[667] El lago _Ak-Deniz_, que forma por este lado el límite actual del
-territorio de Antakieh, no existia, á lo que parece, en la antigüedad.
-Véase Ritter, _Erdkunde_, XVII, p. 1149, 1613 y sig.
-
-[668] Jos., _Ant._, XII, III, 1; XIV, XII, 6; _B. J._, II, XVIII, 5;
-VII, III, 2-4.
-
-[669] Jos., _Contra Apion._, II, 4; _B. J._, VII, III, 3-4; V, 2.
-
-[670] Malala, p. 244-245; Jos., _B. J._, VII, V, 2.
-
-[671] _Act._, VI, 5.
-
-[672] _Ibid._, XI, 19 y sig.
-
-[673] Compárese Jos., _B. J._, II, XVIII, 2.
-
-[674] _Act._, XI, 20-21. La lectura correcta es Ἕλληνας. Ἕλληνιστάς
-proviene de una falsa cercanía con IX, 29.
-
-[675] Malala, p. 245. El relato de Malala no puede ser exacto, pues
-Josefo no dice una palabra de la invasion de que habla el cronista.
-
-[676] _Ibid._, p. 243, 265-266. Comp. _Comptes rendus de l’Acad. des
-Inscr. et B.-L._, sesion del 17 Agosto 1865.
-
-[677] S. Atanasio, _Tomus ad Antioch._ (Opp. t. I, p. 771, edic.
-Montfaucon); san Juan Crisóstomo, _Ad. pop. Ant._ homil. I y II, inicio
-(t. II, p. 1 y 20); _In Inscr. Act._, II, inicio (t. III, 60); _Chron.
-Pasch._, p. 296 (París); Teodoreto, _Hist. eccl._, II, 27; III, 2, 8,
-9. La aproximacion de estos pasajes no permite traducir ἐν τῇ καλουμένῃ
-Παλαιᾷ por «en lo que se llamaba la ciudad antigua», como han hecho
-alguna vez los editores.
-
-[678] Malala, p. 242.
-
-[679] Pococke, _Descript. of the East_, vol. II, parte I, p. 192
-(Lóndres, 1745); Chesney, _Expedition for the survey of the rivers
-Euphr. and Tigris_, I, 425 y sig.
-
-[680] Es decir á la parte opuesta de la ciudad antigua que todavía está
-habitada.
-
-[681] Véase, más abajo, la pág. 251, nota 690.
-
-[682] El tipo de los Maronitas se encuentra de una manera notable en
-toda la region de Antakieh, de Soueidieh y de Beylan.
-
-[683] F. Naironi, _Evoplia fidei cathol._ (Romæ, 1694), p. 58 y sig., y
-la obra de S. Em. Paul-Pierre Masad, patriarca actual de los Maronitas,
-titulada _Kitab ed-durr el-manzoum_ (en árabe, impreso en el convento
-de Tamisch en el Kesrouan, 1863).
-
-[684] _Act._, XI, 19-20; XIII, 1.
-
-[685] Gal., II, 11 y sig. lo supone así.
-
-[686] _Act._, XI, 22 y sig.
-
-[687] _Act._, XI, 22-24.
-
-[688] _Act._, XI, 25.
-
-[689] _Act._, XI, 26.
-
-[690] Libanio, _Pro templis_, p. 164 y sig.; _De carcere vinctis_, p.
-458; Teodoreto, _Hist. eccl._, IV, 28; Juan Crisóst., Homil. LXXII
-_in Matth._, 3 (t. VII, p. 705); _In Epist. ad Ephes._ hom. VI, 4 (t.
-XI, p. 44); _In I Tim._ hom. XIV, 3 y sig. (_ibid._, p. 628 y sig.);
-Nicéforo, XII, 44; Glicas, p. 257 (ed. Paris).
-
-[691] _Act._, XI, 26.
-
-[692] Los pasajes I Petri, IV, 16, y Jac., II, 7, comparados con
-Suetonio _Neron_, 16, y con Tácito, _Ann._, XV, 44, confirman esta
-idea. Véase tambien _Act._, XXVI, 28.
-
-[693] Es cierto que se encuentra Ἀσιανός (_Act._, XX, 4; Philon,
-_Legatio_, 36; Estrabon, etc.). Pero parece tratarse de un latinismo,
-al igual que Δαλδιανοί, y los nombre de secta Σιμωνιανοί, Κηρινθιανοί,
-Σηθιανοί, etc. La derivacion helénica de χριστός hubiera sido
-χρίστειος. No sirve decir que la terminacion _anus_ es una forma dórica
-del griego ηνος; ya no se recordaba nada de esto en el siglo primero.
-
-[694] Tácito (_loc. cit._) lo interpreta así.
-
-[695] Suetonio, _Claudio_, 25. Discutiremos este pasaje en nuestro
-próximo libro.
-
-[696] _Corpus inscr. gr._, números 2883 _d_, 3857 _g_, 3857 _p_,
-3865 _l_; Tertuliano, _Apol._, 3; Lactancio, _Divin. Inst._, IV, 7.
-Compárese la forma francesa _chrestien_.
-
-[697] Jac., II, 7 supone que fué una costumbre momentánea é incierta.
-
-[698] _Act._, XXIV, 5; Tertuliano, _Adv. Marcionem_, IV, 8.
-
-[699] _Nesara_. Los nombres de _meschihoio_ en siriaco, _mesihi_ en
-árabe, son relativamente modernos y calcados sobre χριστιανός. El
-nombre de «Galileos» es mucho más reciente, y fué Juliano quien lo
-puso de moda y aun le declaró oficial, dándole cierto color de ironía
-y desprecio. Juliano, _Epist._, VII; Gregorio de Nacianzo, Orat. IV
-(invect. I), 76; S. Cirilo de Alej., _Contra Juliano_ II, p. 39 (edic.
-Spanheim); _Philopatris_, diálogo atribuido falsamente á Luciano y que
-es en realidad de la época de Juliano, § 12; Teodoreto, _Hist. eccl._,
-III, 4. Yo creo que, en Epicteto (Arriano, _Dissert._, IV, VII, 6)
-y en Marco Aurelio (_Pensamientos_, XI, 3), no designa este nombre
-á los cristianos, sino que debe entenderse como sicarios ó zelotas,
-discípulos fanáticos de Judas el Galileo ó el Gaulonita y de Juan de
-Giscala.
-
-[700] I Petri, IV, 16; Jac., II, 7.
-
-[701] _Act._, XIII, 2.
-
-[702] _Ibid._, XIII, 1.
-
-[703] Véase más arriba, p. 146-147.
-
-[704] _Act._, XIII, 1.
-
-[705] Eusebio, _Chron._, en el año 43; _Hist. eccl._, III, 22; Ignacio,
-_Epist. ad Antioch._ (apocr.), 7.
-
-[706] I Cor., XIV entero.
-
-[707] II Cor., XII, 1-5.
-
-[708] Supone en efecto que tuvo lugar esta vision catorce años antes
-de escribir la segunda Epístola de los Corintios, que fué por el año
-57, poco más ó menos. No es imposible sin embargo que estuviese aún en
-Tarso.
-
-[709] Sobre las ideas que tenian los judíos acerca de los cielos
-superpuestos, véase _Testam. de los 12 patr._, Leví, 3; _Ascension de
-Isaías_, VI, 13; VII, 8 y todo el resto del libro; Talm. de Babil.,
-_Chagiga_, 12 _b_; Midraschim, _Bereschith rabba_, sect. XIX, fol. 19
-_c_; _Schemoth rabba_, sect. XV, fol. 115 _d_; _Bammidbar rabba_, sect.
-XIII, fol. 218 _a_; _Debarim rabba_, sect. II, fol. 253 _a_; _Schir
-hasschirim rabba_, fol. 24 _d_.
-
-[710] Compárese Talmud de Babil., _Chagiga_, 14 _b_.
-
-[711] Compárese _Ascension de Isaías_, VI, 15; VII, 3 y sig.
-
-[712] II Cor., XII, 12; Rom., XV, 19.
-
-[713] I Cor., XII entero.
-
-[714] _Act._, XI, 29; XXIV, 17; Gal., II, 10; Rom., XV, 26; I Cor.,
-XVI, 1; II Cor., VIII, 4, 14; IX, 1, 12.
-
-[715] Jos., _Ant._, XVIII, VI, 3, 4; XX, V, 2.
-
-[716] Jac., II, 5 y sig.
-
-[717] _Act._, XI, 28; Jos., _Ant._, XX, II, 6; V, 2; Eusebio, _Hist.
-eccl._, II, 8 y 12. Compárese _Act._, XII, 20; Tác. _Ann._, XII, 43;
-Suetonio, _Claudio_, 18; _Dion Casio_, LX, 11. Aurelio Victor, _Cæs._,
-4; Eusebio, _Chron._, años 43 y sig. El reinado de Claudio se vió
-afligido casi todos los años por hambres parciales en todo el Imperio.
-
-[718] _Act._, XI, 27 y sig.
-
-[719] El libro de las _Actas_ (XI, 30; XII, 25) dice que Pablo hizo
-aquel viaje, pero aquel declara que entre su primera permanencia de
-dos semanas y su viaje para el asunto de la circuncision, no fué á
-Jerusalem (Gal., II 1, teniendo en cuenta la argumentacion general de
-Pablo sobre este punto). Véase más arriba, Introd., p. XXXI-XXXII.
-
-[720] Gal., I, 17-19.
-
-[721] _Act._, XIII, 3; XV, 36; XVIII, 23.
-
-[722] _Ibid._, XIV, 25; XVIII, 22.
-
-[723] Las inscripciones de dichas comarcas confirman plenamente las
-indicaciones de Josefo (_Comptes rendus de l’Acad. des Inscr. et
-B.-L._, 1865, pág. 106-109).
-
-[724] Josefo, _Ant._, XIX, IV; _B. J._, II, XI.
-
-[725] Jos., _Ant._, XIX, V, 1; VI, 1; _B. J._, II, XI, 5; Dion Casio,
-LX, 8.
-
-[726] Dion Casio, LIX, 24.
-
-[727] Jos., _Ant._, XIX, IX, 1.
-
-[728] _Ibid._, XIX, VI, 1, 3; VII, 3, 4; VIII, 2; IX, 1.
-
-[729] _Ibid._, XIX, VII, 4.
-
-[730] Jos., _Ant._, XIX, VI, 3.
-
-[731] Juvenal, Sat. VI, 158-159; Persio, Sat. V, 180.
-
-[732] Philon, _In Flaccum_, § 5 y sig.
-
-[733] Jos., _Ant._, XIX, V, 2 y sig.; XX, VI, 3; _B. J._, II, XII, 7.
-Las medidas restrictivas que tomó contra los judíos de Roma (_Act._,
-XVIII, 2; Suetonio, _Claudio_, 25; Dion Casio, LX, 6) dependieron de
-circunstancias locales.
-
-[734] Jos., _Ant._, XIX, VI, 3.
-
-[735] Jos., _Ant._, XIX, VII, 2; _B. J._, II, XI, 6; V, IV, 2; Tácito,
-_Hist._, V, 12.
-
-[736] Tácito, _Ann._, VI, 47.
-
-[737] Jos., _Ant._, XIX, VII, 2; VIII, 1; XX, I, 1.
-
-[738] Jos., _Ant._, XIX, VIII, 1.
-
-[739] Suetonio, _Caius_, 22, 26, 35; Dion Casio, LIX, 24; LX, 8;
-Tácito, _Ann._, XI, 8. Como tipo de aquellos reyezuelos de Oriente,
-véase la carrera de Herodes Agrippa I por Josefo (_Ant._, XVIII y XIX).
-Comp. Horacio, _Sat._, I, VII.
-
-[740] Véase más arriba, p. 178-179, 203-204, 217-218.
-
-[741] _Act._, XII, 3.
-
-[742] _Act._, XII, 1 y sig.
-
-[743] Efectivamente Jacobo fué decapitado y no lapidado.
-
-[744] _Act._, XII, 3 y sig.
-
-[745] _Act._, XII, 9-11. El relato de las _Actas_ es tan conciso, que
-es difícil se encuentre lugar en ella para una elaboracion legendaria
-prolongada.
-
-[746] Jos., _Ant._, XIX, VIII, 2; _Act._, XII, 18-23.
-
-[747] Jos., _Ant._, XIX, VII, 4.
-
-[748] _Act._, XII, 23. Comp. II Macab., IX, 9; Jos., _B. J._, I,
-XXXIII, 5; Talm. de Bab., _Sota_, 35 _a_.
-
-[749] Jos., _Ant._, XIX, VI, 1; XX, I, 1, 2.
-
-[750] Jos., _Ant._, XX, V, 2; _B. J._, II, XV, 1; XVIII, 7 y sig.;
-IV, X, 6; V, I, 6; Tácito, _Ann._, XV, 28; _Hist._, I, 11; II, 79;
-Suetonio, _Vesp._, 6; _Corpus inscr. græc._, n.º 4957 (cf. _ibid._,
-III, p. 311).
-
-[751] Jos., _Ant._, XX, I, 3.
-
-[752] Jos., _Ant._, XX, V, 4; _B. J._, II, XII, 2.
-
-[753] Josefo, que describe con tanta minuciosidad la historia de estas
-agitaciones, no mezcla nunca en ellas á los cristianos.
-
-[754] Jos., _Contra Apion._, II, 39; Dion Casio, LXVI, 4.
-
-[755] Jos., _B. J._, IV, IV, 3; V, XIII, 6; Suet., _Aug._, 93;
-Estrabon, XVI, II, 34, 37; Tácito, _Hist._, V, 5.
-
-[756] Jos., _Ant._, XIII, IX, 1; XI, 3; XV, 4; XV, VII, 9.
-
-[757] Jos., _B. J._, II, XVII, 10; _Vita_, 23.
-
-[758] Mat., XXIII, 13.
-
-[759] Jos., _Ant._, XX, VII, 1, 3; Comp. XVI, VII, 6.
-
-[760] _Ibid._, XX, II, 4.
-
-[761] _Ibid._, XX, II, 5, 6; IV, 1.
-
-[762] Jos., _B. J._, II, XX, 2.
-
-[763] Séneca, fragm. en San Aug., _De civ. Dei_, VI, 11.
-
-[764] Jos., _Ant._, XX, II-IV.
-
-[765] Tácito, _Ann._, XII, 13, 14. La mayor parte de los nombres de
-esta familia son persas.
-
-[766] El nombre de «Elena» lo prueba, á pesar de que es extraño que no
-figure el griego en la inscripcion bilingüe (siriaco y siro-caldaico)
-del sepulcro de una princesa de dicha familia, descubierto y llevado
-á París por el Sr. de Saulcy. Véase _Journal Asiatique_, Diciembre de
-1855.
-
-[767] Cf. _Bereschith rabba_, XLVI, 51 _d_.
-
-[768] Segun todas las apariencias, es el monumento conocido en el dia
-con el nombre de «Sepulcros de los reyes». Véase _Journal Asiatique_,
-en el lugar citado.
-
-[769] Jos., _B. J._, II, XIX, 2; VI, VI, 4.
-
-[770] Talm. de Jerus., _Peah_, 15 _b_, en donde se atribuyen á uno
-de los Monobaze algunas máximas que recuerdan enteramente las del
-Evangelio (Mateo, VI, 19 y siguientes); Talm. de Bab., _Baba Bathra_,
-11 _a_; _Joma_, 37 _a_; _Nazir_, 19 _b_; _Schabbath_, 68 _b_; Sifra, 70
-_a_; Bereschith rabba, XLVI, fol. 51 _d_.
-
-[771] Moisés de Corene, II, 35; Orosio, VII, 6.
-
-[772] Lucas, XXI, 21.
-
-[773] Τὰ πάτρια ἔθη, expresion muy familiar en Josefo, cuando defiende
-la posicion de los judíos en el mundo pagano.
-
-[774] Se sabe que no existe ningun manuscrito del Talmud para comprobar
-las ediciones impresas.
-
-[775] Jos., _Ant._, XX, V, 2.
-
-[776] Jos., _B. J._, II, XVII, 8-10; _Vita_, 5.
-
-[777] La relacion del cristianismo con los dos movimientos de Judas y
-de Teudas es hecho por el autor mismo de las _Actas_ (V, 36-37.)
-
-[778] Jos., _Ant._, XX, V, 1; _Act._, V, 36. Se notará el anacronismo
-cometido por el autor de las _Actas_.
-
-[779] Jos., _Ant._, XVIII, IV, 1-2.
-
-[780] Jos., _Ant._, XX, V, 3-4; _B. J._, II, XII, 1-2; Tácito, _Ann._,
-XII, 54.
-
-[781] Jos., _Ant._, XX, VIII, 5.
-
-[782] Jos., _Ant._, XX, VIII, 5; _B. J._, II, XIII, 3.
-
-[783] Jos., _B. J._, VII, VIII, 1; Mischna, _Sanhedrin_, IX, 6.
-
-[784] Jos., _Ant._, XX, VIII, 6, 10; _B. J._, II, XIII, 4.
-
-[785] Jos., _Ant._, XX, VIII, 6; _B. J._, II, XIII, 5; _Act._, XXI, 38.
-
-[786] Jos., _Ant._, XX, VIII, 6; _B. J._, II, XIII, 6.
-
-[787] Véase más arriba, p. 186, nota 456.
-
-[788] Justino, _Apol. I_, 26, 56. Es singular que Josefo, aunque hable
-de las cosas samaritanas, no hable de él.
-
-[789] _Act._, VIII, 9 y sig.
-
-[790] Puede tenerse por una composicion completamente apócrifa: véase
-el acuerdo que existe entre el sistema anunciado en este libro y lo
-poco que nos enseñan las _Actas_ sobre la doctrina de Simon y sus
-_poderes divinos_.
-
-[791] Homil. pseudo-clem., II, 22, 24.
-
-[792] Justino, _Apol. I_ 26, 56; _II_, 15; _Dial. cum Tryph._, 120;
-Ireneo, _Adv. hær._, I, XXIII, 2-5; XXVII, 4; II, præf.; III, præf.;
-Homil. pseudo-clementinæ, I, 15; II, 22, 25, etc.; _Recogn._, I,
-72; II, 7 y sig.; III, 47; _Philosophumena_, IV, VII; VI, I; X, IV;
-Epifanio, _Adv. hær_. hær. XXI; Orígenes, _Contra Celsum_, V, 62;
-VI, 11; Tertuliano, _De anima_, 34; _Constit. apost._, VI, 16; San
-Gerónimo, _In Matth._, XXIV, 5; Teodoreto, _Hæret. fab._, I, 1. Es
-en los extractos textuales que dan los _Philosophumena_ y no en los
-relatos de otros padres de la Iglesia donde debe buscarse una idea de
-_La Grande Exposicion_.
-
-[793] _Philosophum._, IV, VII; VI, I, 9, 12, 13, 17, 18. Compárese
-Apocalipsis, I, 4, 8; IV, 8; XI, 17.
-
-[794] _Philosophum._, VI, I, 17.
-
-[795] _Ibid._, VI, I, 16.
-
-[796] Act., VIII, 10; _Philosophum._, VI, I, 18; Homil. pseudo-clemen.,
-II. 22.
-
-[797] Alusion á la aventura del poeta Estesícoro.
-
-[798] Ireneo, _Adv. hær._, I, XXIII, 2-4; Homil. pseudo-clemen., II,
-23, 25; _Philosophumena_, VI, I, 19.
-
-[799] _Philosophum._, VI, I, 16.
-
-[800] Véase _Vida de Jesús_, p. 247-249.
-
-[801] _Ibid._, p. 247, nota 4.
-
-[802] _Chron. samarit._, c. 10 (ed. Juynboll, Leiden, 1848). Cf.
-Reland, _De Sam._, § 7; en sus _Dissertat. miscell._, parte II;
-Gesenius, _Comment. de Sam. Theol._ (Halle, 1824), p. 21 y sig.
-
-[803] En el extracto dado por los _Philosophumena_, VI, I, 16 _sub
-finem_, se lee una cita debida á los Evangelios sinópticos, la cual
-parece ser presentada como encontrándose en el texto de _La Grande
-Exposicion_: pero puede tratarse de alguna inadvertencia.
-
-[804] Homil. pseudo-clem., II, 23-24.
-
-[805] Ireneo, _Adv. hær._, I, XXIII, 3; _Philosophum._, VI, I, 19.
-
-[806] Homil. pseudo-clem., II, 22; _Recogn._, II, 14.
-
-[807] Ireneo, _Adv. hær._, II, præf.; III, præf.
-
-[808] Véase la epístola, probablemente auténtica, de San Pablo á los
-Colosenses, I, 15 y sig.
-
-[809] Epif., _Adv. hær._, hær. LXXX, 1.
-
-[810] Lo que hace inclinar á esta segunda hipótesis es que la secta de
-Simon se cambió pronto en una escuela de prestidigitacion, fábrica de
-filtros y de encantamientos. _Philosophumena_, VI, I, 20; Tertuliano,
-_De anima_, 57.
-
-[811] _Philosophum._, VI, I, 20. Cf. Orig., _Contra Cels._, I, 57; VI,
-11.
-
-[812] Hegesipo, en Eusebio, _Hist. eccl._, IV, 22; Clem. de Alej.,
-_Strom._, VII, 17; _Constit. apost._, VI, 8, 16; XVIII, 1 y sig.;
-Justino, _Apol. I_, 26, 56; Ireneo, _Adv. hær._, I, XXIII, 5;
-_Philosoph._, VII, 28; Epif., _Adv. hær._, XXII y XXIII, init.;
-Teodoreto, _Hær. fab._, I, 1, 2; Tertuliano, _De præscr._, 46; _De
-anima_, 50.
-
-[813] La más célebre es la de Dositeo.
-
-[814] _Act._, VIII, 9; Ireneo, _Adv. hær._ I, XXIII, 1.
-
-[815] _Philosophumena_, VI, I, 19, 20. El autor solo atribuye estas
-perversas doctrinas á los discípulos de Simon. Pero si la escuela tenia
-esta fisonomía, el maestro debió tambien tener algo de ello.
-
-[816] Examinaremos más tarde lo que encierran estos relatos.
-
-[817] La inscripcion SIMONI·DEO·SANCTO, transmitida por Justino (_Apol.
-I_, 26), como hallada en la isla del Tíber y mencionada despues de él
-por otros padres de la Iglesia, era una inscripcion latina del dios
-sabino _Semo Sancus_, SEMONI·DEO·SANCO. Encontróse, en efecto, bajo
-Gregorio XIII, en la isla de San Bartolomé, una inscripcion, guardada
-en el Vaticano, que tiene grabada esta dedicatoria. Véase Baronius,
-_Ann. eccl._, ad annum 44; Orelli, _Inscr. lat._, n.º 1860. Habia por
-aquella época en la isla del Tíber un colegio de _bidentales_ en honor
-de Semo Sancus, conteniendo varias inscripciones del mismo género.
-Orelli, n.º 1861 (Mommsen, _Inscr. lat. regni Neapol._, n.º 6770).
-Comp. Orelli, n.º 1859; Henzen, n.º 6999; Mabillon, _Museum Ital._,
-I, primera parte, p. 84. El n.º 1862 de Orelli no debe tomarse en
-consideracion (véase _Corp. inscr. lat._, I, n.º 542).
-
-[818] Este grosero malentendido no se hubiera deshecho sin descubrir
-antes las _Philosophumena_, que da extractos textuales de la _Apophasis
-magna_ (véase VI, I, 19). Tiro fué célebre por sus cortesanas.
-
-[819] Ἐχθρὸς ἄνθρωπος, ἀντικείμενος. Véanse Homil. pseudo-clem., hom.
-XVII toda entera.
-
-[820] Así, en la literatura pseudo-clementina, el nombre de Simon el
-Mágico designa por momentos al apóstol San Pablo, á quien el autor
-quiere mucho.
-
-[821] Es necesario notar que en las _Actas_ no es todavía tratado
-como enemigo. Solo se le atribuye un sentimiento bajo y se deja creer
-se arrepentió (VIII, 24). Tal vez todavía vivia Simon cuando fueron
-escritas estas líneas y sus relaciones con el cristianismo no habian
-todavía llegado á ser malas.
-
-[822] Jos., _Ant._, XX, VII, 1.
-
-[823] _Act._, XII, 1, 25. Nótese toda la contextura de este capítulo.
-
-[824] I Petri, V, 13; Papias, en Eusebio, _Hist. eccl._, III, 39.
-
-[825] _Act._, XIII, 2.
-
-[826] _Gal._, I, 15-16; _Act._, XXII, 15, 21; XXVI, 17-18; I Cor., I,
-1; Rom., I, 1, 5; XV, 15 y sig.
-
-[827] _Act._, XIII, 5.
-
-[828] El autor de las _Actas_, partidario de la gerarquía y del poder
-de la Iglesia, ha podido introducir esta circunstancia. Pablo nada sabe
-de semejante ordenacion ó consagracion. Él tiene conferida su mision
-por Jesús y no se cree más ser el enviado por la Iglesia de Antioquía
-que por la de Jerusalem.
-
-[829] _Act._, XIII, 3; XIV, 25.
-
-[830] En I Petri, V, 13, Babilonia designa Roma.
-
-[831] Ciceron, _Pro Archia_, 10.
-
-[832] Jos., _B. J._, II, XX, 2; VII, III, 3.
-
-[833] _Act._, XVIII, 24 y sig.
-
-[834] Véase Philon, _De vita contemplativa_, entero.
-
-[835] Pseudo Hermes, _Asclepius_, fol. 158 v., 159 r. (Florencia,
-Juntes 1512).
-
-[836] Ciceron, _Pro Flacco_, 28; Philon, _In Flaccum_, § 7; _Leg. ad
-Caium_, § 36; _Act._, II, 5-11; VI, 9; _Corp. inscr. gr._, n.º 5361.
-
-[837] _Lex Wisigoth._, libro XII, tít. II y III, en Walter, _Corpus
-juris germanici antiqui_, t. I, p. 630 y siguientes.
-
-[838] Véase _Vida de Jesús_, p. 137.
-
-[839] Philon, _In Flacc._, § 5 y 6; Jos., _Ant._, XVIII, VIII, 1; XIX,
-V, 2; _B. J._, II, XVIII, 7 y sig.; VII, X, 1; Papiro publicado en las
-_Notices et extraits_, XVIII, 2.ª parte, p. 383 y sig.
-
-[840] Dion Casio, XXXVII, 17; LX, 6; Philon, _Leg. ad Caium_, § 23;
-Josefo, _Ant._, XIV, X, 8; XVII, XI, 1; XVIII, III, 5; Hor., _Sat._,
-I, IV, 142-143; V, 100; IX, 69 y sig.; Persio, V, 179-184; Suetonio,
-_Tib._, 36; _Claud._, 25; _Domit._, 12; Juvenal, III, 14; VI, 542 y sig.
-
-[841] _Pro Flacco_, 28.
-
-[842] Jos., _Ant._, XIV, X; Suetonio, _Julius_, 84.
-
-[843] Suet., _Tib._, 36; Tác., _Ann._, II, 85; Jos., _Ant._, XVIII,
-III, 4, 5.
-
-[844] Dion Casio, LX, 6.
-
-[845] Suetonio, _Claudio_, 25; _Act._, XVIII, 2; Dion Casio, LX, 6.
-
-[846] Josefo, _B. J._, VII, III, 3.
-
-[847] Séneca, fragmento en San Agust., _De civ. Dei_, VI, 11; Rutilius
-Numatianus, I, 395 y sig.; Jos., _Contra Apion._, II, 39; Juvenal, Sat.
-VI, 544; XIV, 96 y sig.
-
-[848] Philon, _In Flacc._, § 5; Tác., _Hist._, V, 4, 5, 8; Dion Casio,
-XLIX, 22; Juvenal, XIV, 103; Diod. Sic., fragm. I del libro XXXIV y III
-del libro XL; Philostrato, _Vida de Apol._, V, 33; I Tes., II, 15.
-
-[849] Jos., _Ant._, XIV, X; XVI, VI; XX, VIII, 7; Philon, _In Flaccum
-et Legatio ad Caium_.
-
-[850] Jos., _Ant._, XVIII, III, 4, 5; Juvenal, VI, 543 y sig.
-
-[851] Jos., _Contra Apion._, entero; pasajes precitados de Tácito y
-de Diodoro de Sicilia; Pompeyo Trogo (Justino), XXXVI, II; Ptolomeo
-Hefesto ó Queno, en las _Script. poet. hist. græci_ de Westermann, p.
-194. Cf. Quintiliano III, VII, 2.
-
-[852] Cic., _Pro Flacco_, 28; Tácito, _Hist._, V, 5; Juvenal, XIV,
-103-104; Diodoro de Sicilia y Philostrato, lugares citados; Rutilius
-Numatianus, I, 383 y sig.
-
-[853] Marcial, IV, 4; Am. Marcel., XXII, 5.
-
-[854] Suetonio, _Aug._, 76; Horacio, _Sat._, I, IX, 69 y sig.; Juvenal,
-III, 13-16, 296; VI, 156-160, 542-547; XIV, 96-107; Marcial, _Epigr._,
-IV, 4; VII, 29, 34, 54; XI, 95; XII, 57; Rutilius Numat., _l. c._, y
-sobre todo Josefo, _Contra Apion._, II, 13; Philon, _Leg. ad Caium_, §
-26-28.
-
-[855] Marcial, _Epigr._, XII, 57.
-
-[856] Juvenal, _Sat._, III, 14; VI, 542.
-
-[857] Juvenal, _Sat._, III, 296; VI, 543 y sig.; Marcial, _Epigr._, I,
-42; XII, 57.
-
-[858] Marcial, _Epigr._, I, 42; XII, 57; Estacio, _Silvas_, I, VI,
-73-74. Véase Forcellini, en la voz _sulphuratum_.
-
-[859] Horacio, _Sat._, I, V, 100; Juvenal, _Sat._ VI, 544 y sig.; XIV,
-96 y sig.; Apuleyo, _Florida_, I, 6.
-
-[860] Dion Casio, LXVIII, 32.
-
-[861] Tácito, _Hist._, V, 5, 9; Dion Casio, LXVII, 14.
-
-[862] Horacio, _Sat._, I, IX, 70; _Judæus Apella_ parece encerrar una
-broma del mismo género (véanse los escoliastas Acron y Porfirion, sobre
-Hor., _Sat._, I, V, 100; compárese el pasaje de S. Avito, _Poemata_, V,
-364, citada por Forcellini en la voz _Apella_, pero que yo no encuentro
-ni en las ediciones de este Padre, ni en el antiguo manuscrito latino,
-Bibl. Imp., n.º 11320, tal como la da el sabio lexicógrafo); Juvenal,
-_Sat._, XIV, 99 y sig.; Marcial, _Epigr._, VII, 29, 34, 54; XI, 95.
-
-[863] Josefo, _Contra Apion._, II, 39; Tác., _Ann._, II, 85; _Hist._,
-V, 5; Hor., _Sat._, I, IV, 142-143; Juvenal, XIV, 96 y sig.; Dion
-Casio, XXXVII, 17; LXVII, 14.
-
-[864] Marcial, _Epigr._, I, 42; XVII, 57.
-
-[865] Juvenal, _Sat._, VI, 546 y sig.
-
-[866] Josefo, _Ant._, XVIII, III, 5; XX, II, 4; _B. J._, II, XX, 2;
-_Act._, XIII, 50; XVI, 14.
-
-[867] _Loc. cit._
-
-[868] Josefo, _Ant._, XX, II, 5; IV, 1.
-
-[869] Pasajes citados. Estrabon demuestran más justicia y penetracion
-(XVI, II, 34 y sig.). Comp. Dion Casio, XXXVII, 17 y siguientes.
-
-[870] Tác., _Hist._, V, 5.
-
-[871] Josefo, _Contra Apion._, II, 39.
-
-[872] Marcial, XII, 57.
-
-[873] Jos., _Ant._, XIV, X, 6, 11-14.
-
-[874] Ecclesiástico, X, 25, 26, 27.
-
-[875] Rom., I, 24 y sig.
-
-[876] Zac., VIII, 23.
-
-[877] Hor., _Sat._, I, IX, 69; Persio, V, 179 y sig.; Juvenal, _Sat._,
-VI, 159; XIV, 96 y sig.
-
-[878] _Contra Apion._, II, 39.
-
-[879] Aulo Persio, V, 179-184; Juvenal, VI, 157-160. La grave
-preocupacion del judaismo que se observa en los escritores romanos
-del primer siglo, sobre todo en los satíricos, proviene de esta
-circunstancia.
-
-[880] Juvenal, _Sat._, III, 62 y sig.
-
-[881] Cic., _De prov. consul._, 5.
-
-[882] Los niños que me habian parecido bonitos en mi primer viaje los
-encontré, cuatro años más tarde, feos, comunes y vulgares.
-
-[883] Πατρῴοις θεοῖς, fórmula muy frecuente en las inscripciones sirias
-(_Corpus inscr. græc._, números 4449, 4450, 4451, 4463, 4479, 4480,
-6015).
-
-[884] _Corpus inscr. græc._, números 4474, 4475, 5936; _Mission de
-Phénicie_, l. II, c. II, inscripcion de Abedat. Comp. _Corpus_, números
-2271, 5853.
-
-[885] Ζεὺς οὐράνιος, ἐπουράνιος, ὕψιστος, μέγιστος, θεὸς σατράπης.
-_Corpus inscr. græc._, números 4500, 4501, 4502, 4503, 6012; Lepsius,
-_Denkmæler_, t. XII, fol. 100, n.º 590; _Mission de Phénicie_, p. 103,
-104 y sig.
-
-[886] He desarrollado esto en el _Journal Asiatique_, febrero y marzo
-de 1859, p. 259 y sig., y en la _Mission de Phénicie_, l. II, c. II.
-
-[887] Código sirio, en Land, _Anecdota Syriaca_, I, p. 152; hechos
-diversos de los cuales he sido testigo.
-
-[888] Nacido en el Haurán.
-
-[889] Véase Forcellini, en la palabra _Syrus_. Esta palabra designaba
-en general á _los orientales_. Leblant, _Inscript. chrét. de la Gaule_,
-I, p. 207, 328-329.
-
-[890] Juvenal, III, 62, 63.
-
-[891] Tal es hoy el temperamento del Sirio cristiano.
-
-[892] Inscripciones en las _Mém. de la Soc. des Antiquaires de Fr._,
-t. XXVIII, 4 y sig.; en Leblant, _Inscript. chrét. de la Gaule_, I, p.
-CXLIV, 207, 324 y sig., 353 y sig., 375 y sig.; II, 259, 459 y sig.
-
-[893] Los Maronitas colonizan todavía casi todo el Levante á la manera
-de los Judíos, de los Armenios, y de los Griegos, aunque en menor
-escala.
-
-[894] Léase Ciceron, _De offic._, I, 42; Dionisio de Halicarnaso, II,
-28; IX, 25.
-
-[895] Véanse los tipos de esclavos en Plauto y Terencio.
-
-[896] II Cor., XII, 9.
-
-[897] Tácito, _Ann._, II, 85.
-
-[898] Tácito, _Ann._, I, 2; Floro, IV, 3; Pomponio, en el Digesto, l.
-I, tít. II, fr. 2.
-
-[899] Helicon, Apeles, Eucéres, etc. Los reyes de Oriente eran
-considerados por los romanos como los maestros en tiranía de sus malos
-emperadores. Dion Casio, LIX, 24.
-
-[900] Véase la inscripcion del parásito de Antonio, en los _Comptes
-rendus de l’Acad. des Inscr. et B.-L._, 1864, p. 166 y sig. Compárese
-Tácito, _Ann._, IV, 55-56.
-
-[901] Véase como ejemplo, la oracion fúnebre de Turia por su esposo Q.
-Lucrecio Vespillo; texto epigráfico publicado por la primera vez de una
-manera completa por Mommsen en las _Mémoires de l’Academie de Berlin_
-de 1863, p. 455 y sig. Compárese la oracion fúnebre de Murdia (Orelli,
-_Inscr. lat._, núm. 4860) y la de Matidia por el emperador Adriano
-(_Mém. de l’Academie de Berlin_, vol. citado, p. 483 y sig.) Suelen
-preocuparse muchos por los pasajes de los satíricos latinos donde se
-ponen en relieve los vicios de las mujeres muy severamente. Pero esto
-es como si se tratara el cuadro de las costumbres generales del siglo
-XVII, segun Mathurin Regnier y Boileau.
-
-[902] Orelli, números 2647 y sig., sobre todo 2677, 2742, 4530, 4860.
-Henzen, números 7382 y sig., sobre todo núm. 7406; Renier, _Inscr. de
-l’Algerie_, núm. 1987. Estos epítetos pueden haber sido con frecuencia
-engañosos, pero prueban al menos la importancia que se daba á la virtud.
-
-[903] Plinio, _Epist._, VII, 19; IX, 13; Apiano, _Guerras civiles_, IV,
-36. Fannia siguió dos veces al destierro á su esposo Helvidio Prisco; y
-fué desterrada por tercera vez despues de su muerte.
-
-[904] El heroismo de Arria es conocido de todos.
-
-[905] Suetonio, _Aug._, 73; Oracion fúnebre de Turia, I, línea 30.
-
-[906] Oracion fúnebre de Turia, I, línea 31.
-
-[907] La opinion mucho más severa de San Pablo (Rom. I, 24 y sig.) se
-explica del mismo modo. San Pablo no conocia á la alta sociedad romana,
-y sus invectivas son esas de que hacen uso los predicadores y que no
-deben nunca tomarse al pié de la letra.
-
-[908] Séneca, _Epist._, XII, XXIV, XXVI, LVIII, LXX; _De ira_, III, 15;
-_De tranquillitate animi_, 10.
-
-[909] Apocal., XVII. Cf. Séneca, _Epist._, XCV, 16 y sig.
-
-[910] Suetonio, _Aug._ 48.
-
-[911] Los ejemplos son innumerables en las inscripciones.
-
-[912] Plutarco, _Præc. ger. reipubl._, XV, 3-4; _An seni sit ger.
-resp._, entero.
-
-[913] Jos., _Ant._, XIV, X, 22, 23. Comp. Tácito, _Ann._, IV, 55-56;
-Rutilius Numatianus, _Itin._, I, 63 y sig.
-
-[914] «Inmensa romanæ pacis majestas.» Plinio, _Hist. nat._, XXVII, 1.
-
-[915] Elio Arístides, _Elogio de Roma_; Plutarco, tratado de la
-_Fortuna de los Romanos_, comienzo; Philon, _Leg. ad Caium_, § 21, 22,
-39, 40.
-
-[916] Dionisio de Halicarnaso, _Antigüedades romanas_, I, principio.
-
-[917] Plutarco, _Vida de Solon_, 20.
-
-[918] Véase Ateneo, XII, 68; Eliano, _Var. Hist._, IX, 12; Suidas, en
-la voz Ἐπίκουρος.
-
-[919] Tácito, _Ann._, I, 2.
-
-[920] Estúdiese el carácter de Euthyphron, en Platon.
-
-[921] Diog. Laercio, II, 101, 116; V, 5, 6, 37, 38; IX, 52; Ateneo
-XIII, 92; XV, 52; Eliano, _Var. Hist._, II, 23; III, 36; Plutarco,
-_Pericles_, 32; _De plac. philos._, I, VII, 2; Diod. Sic., XIII, VI, 7;
-Escol. de Aristófanes, en _Aves_, 1073.
-
-[922] En particular, bajo Vespasiano; caso de Helvidio Prisco.
-
-[923] Trataremos sin embargo de demostrar más adelante que estas
-persecuciones, cuando menos hasta la de Decio, se han exagerado.
-
-[924] Los primeros cristianos son, en efecto, muy respetuosos para con
-la autoridad romana. Rom., XIII, 1 y sig.; I Petri, IV, 14-16. Para San
-Lucas, véase más arriba, Introd., p. XXIII-XXIV.
-
-[925] Diógenes Laercio, VII, I, 32, 33; Eusebio, _Prepar. Evang._ XV,
-15; y, en general, el _De legibus_ y el _De officiis_ de Ciceron.
-
-[926] Terencio, _Heautont._, I, I, 77; Cic. _De finibus bon. et mal._,
-V, 23; _Partit. orat._, 16, 24; Ovidio, _Fastos_, II, 684; Lucano, VI,
-54 y sig.; Séneca, _Epist._, XLVIII, XCV, 51 y sig.; _De ira_, I, 5;
-III, 43; Arriano, _Dissert de Epict._, I, IX, 6; II, V, 26; Plutarco,
-_De la fort. de los Rom._, 2; _De la fort. de Alejandro_, I, 8, 9.
-
-[927] Virgilio, _Egl._, IV; Séneca, _Medea_, 375 y sig.
-
-[928] Tác., _Ann._, II, 85; Suetonio, _Tib._, 35; Ovidio, _Fast._, II,
-497-514.
-
-[929] Las inscripciones de mujeres contienen frases sublimes. «Mater
-omnium hominum, parens omnibus subveniens,» en Renier, _Inscr. de
-l’Algerie_ n.º 1987. Comp. _ibid._, n.º 2756; Mommsen, _Inscr. R. N._,
-n.º 1431, «Duobus virtutis et castitatis exemplis,» _Not. et mém.
-de la Soc. de Constantine_, 1865, pág. 158. Véase la inscripcion de
-Urbanille, en Guérin, _Voy. archéol. dans la rég. de Tunis_, I, 289 y
-la deliciosa inscripcion, Orelli, núm. 4648. Muchos de estos textos son
-posteriores al primer siglo, pero no eran nuevos los sentimientos que
-expresaban cuando se escribieron.
-
-[930] _Propos de table_, I, V, 1; _Vida de Demóst._, 2; el diálogo _Del
-amor_, 2; y sobre todo el _Consuelo_ á su esposa.
-
-[931] «Caritas generis humani,» Cic., _De finibus_, V, 23. «Homo sacra
-res homini,» Séneca, _Epist._., XCV, 33.
-
-[932] Séneca, _Epist._, XXXI, XLVII; _De benef._, III, 18 y sig.
-
-[933] Tácito, _Ann._, XIV, 42 y sig.; Suetonio, _Claudio_, 25; Dion
-Casio, LX, 29; Plinio, _Epist._, VIII, 16; Inscrip., de Lanuvium, col.
-2, líneas 1-4 (en Mommsen, _De coll. et sodal. Rom._, ad calcem);
-Séneca el Orador, _Controv._, III, 21; VII, 6; Séneca el Filós.,
-_Epist._, XLVII; _De benef._, III, 18 y sig.; Columela, _De re
-rustica_, I, 8; Plutarco, _Vida de Caton el Viejo_, 5; _De ira_, 11.
-
-[934] _Epist._, XLVII, 13.
-
-[935] Caton, _De re rustica_, 58, 59, 104; Plutarco, _Vida de Caton_,
-4, 5. Compárense las máximas casi tan duras del _Eclesiástico_, XXXIII,
-25 y sig.
-
-[936] Tácito, _Ann._, XIV, 60; Dion Casio, XLVII, 10; LX, 16; LXII, 13;
-LXVI, 14; Suetonio, _Caius_, 16; Apiano, _Guerras civiles_, IV, desde
-el capítulo XVII (sobre todo el cap. XXXVI y sig.) hasta el cap. LI.
-Juvenal, VI, 476 y sig., describe las costumbres de la peor sociedad.
-
-[937] Horacio, _Sat._, I, VI, 1 y sig.; Cic., _Epist._, III, 7; Séneca
-el Orador, _Controv._, I, 6.
-
-[938] Suetonio, _Caius_, 15, 16; _Claudio_, 19, 23, 25; _Neron_, 16;
-Dion Casio, LX, 25, 29.
-
-[939] Tácito, _Ann._, VI, 17; comp. IV, 6.
-
-[940] Tácito, _Ann._, XIII, 50-51; Suetonio, _Neron_, 10.
-
-[941] Epitafio del joyero Evodio (hominis boni, misericordis, amantis
-pauperes), _Corpus inscr. lat._, n.º 1027, inscripcion del siglo
-de Augusto. (Cf. Egger, _Mém. d’hist. anc. et de phil._, p. 351 y
-sig.); Perrot, _Exploration de la Galatie_, etc., p. 118-119, πτωχοὺς
-φιλέοντα; _Oracion fúnebre de Matidia_, por Adriano (_Mém. de l’Acad.
-de Berlin_ para 1863, p. 489); Mommsen, _Inscr. regni Neap._, n.º 1431,
-2868, 4880; Séneca el Orador, _Controv._, I, 1; III, 19; IV, 27; VIII,
-6; Séneca el Filósofo, _De clem._, II, 5, 6; _De benef._, I, 1; II, 11;
-IV, 14; VII, 31. Compárese Leblant, _Inscr. chrét. de la Gaule_, II, p.
-23 y sig.; Orelli, n.º 4657; Fea, _Framm. de’ fasti consol._, p. 90; R.
-Garrucci, _Cimitero degli ant. Ebrei_, p. 44.
-
-[942] _Corpus inscr. græc._, n.º 2758.
-
-[943] _Ibid._, n.º 2194 _b_, 2511, 2759 _b_.
-
-[944] Es preciso recordar que Corinto en la época romana era una
-colonia de extranjeros, establecida, en el mismo lugar que ocupaba la
-antigua ciudad, por César y por Augusto.
-
-[945] Luciano, _Demonax_, 57.
-
-[946] Dion Casio, LXVI, 15.
-
-[947] Véase sobre todo Elio Arístides, tratado contra la comedia, (I,
-p. 751 y sig., edic. Dindorf).
-
-[948] Es notable que en varias ciudades del Asia Menor los restos
-de los teatros antiguos son todavía hoy otros tantos focos de
-prostitucion. Comp. Ovidio, _Arte de Amar_, I, 89 y sig.
-
-[949] Orelli-Henzen, núms. 1172, 3362 y sig., 6669; Guérin, _Voy. en
-Tunisie_, II, p. 59; Borghesi, _Obras completas_, IV, p. 269 y sig.;
-E. Desjardins, _De tabulis alimentariis_ (París 1854); Aurelio Victor,
-_Epítome_, Nerva; Plinio, _Epist._, I, 8; VII, 18.
-
-[950] Inscripcion en Desjardins, _op. cit._, parte II, cap. I.
-
-[951] Suetonio, _Aug._, 41, 46; Dion Casio, LI, 21; LVIII, 2.
-
-[952] Tácito, _Ann._, II, 87; VI, 13; XV, 18, 39; Suetonio, _Aug._, 41,
-42; _Claudio_, 18. Comp. Dion Casio, LXII, 18; Orelli, n.º 3358 y sig.;
-Henzen, 6662 y sig.; Forcellini, en el artículo _Tessera frumentaria_.
-
-[953] _Odisea_, VI, 207.
-
-[954] Eurípides, _Suppl._, v. 773 y sig.; Aristóteles, _Retór._, II,
-VIII; _Ética á Nicómaco_, VIII, I; IX, X. Véase Estobeo, _Florilegio_,
-XXXVII y CXIII, y, en general, los fragmentos de Menandro y de los
-cómicos griegos.
-
-[955] Aristóteles, _Política_, VI, III, 4 y 5.
-
-[956] Ciceron, _Tusculanas_, IV, 7, 8; Séneca, _De clem._, II, 5, 6.
-
-[957] Papiro del Louvre, n.º 37, col. 1, ligne 21, en las _Notices et
-extraits_, t. XVIII, 2.ª parte, p. 298.
-
-[958] Véase más arriba, p. 123.
-
-[959] Apoc., XVII y sig.
-
-[960] Virgilio, _Egl._ IV; _Georg._ I, 463 y sig.; Horacio, _Od._, I,
-II; Tácito, _Ann._, VI, 12; Suetonio, _Aug._, 31.
-
-[961] Véase, por ejemplo, _De republ._, III, 22, citado y conservado
-por Lactancio, _Instit. div._, VI, 8.
-
-[962] Véase, por ejemplo, la admirable carta XXXI á Lucilio.
-
-[963] Suetonio, _Vesp._, 18; Dion Casio, t. VI, pág. 558 (edic. Sturz);
-Eusebio, _Chron._, en el año 89; Plinio, _Epist._, I, 8; Henzen,
-_Suppl. à Orelli_, p. 124, núm. 1172.
-
-[964] Oracion fúnebre de Turia, I, líneas 30-31.
-
-[965] Véase sobre todo el primer libro de Valerio Máximo, la obra de
-Julius Obsequens sobre los Prodigios y los _Discursos sagrados_ de Elio
-Arístides.
-
-[966] Augusto (Suetonio, _Aug._, 90-92), César mismo, segun se
-dice (Plinio _Hist. nat._, XXVIII, IV, 7, pero tengo mis dudas),
-participaban de ella.
-
-[967] Manilio, Higino, traducciones de Arato.
-
-[968] Ciceron, _Pro Archia_, 10.
-
-[969] Suetonio, _Claudio_, 25.
-
-[970] Josefo, _Ant._, XIX, V, 3.
-
-[971] _Bereschith rabba_, cap. LXV, fol. 65 _b_; du Cange, en la voz
-_matricularius_.
-
-[972] Ciceron, _De legibus_, II, 8; Vopiscus, _Aureliano_, 19.
-
-[973] «Religio sine superstitione.» Oracion fúnebre de Turia, I, líneas
-30-31. Véase el _Tratado de la supersticion_ de Plutarco.
-
-[974] Véase Meliton, Περὶ ἀληθείας, en el _Spicilegium syriacum_ de
-Cureton, p. 43 ó en el _Spicil. Solesmense_ de dom Pitra, t. II, p.
-XLI, para darse cuenta de la impresion que esto producia en los judíos
-y cristianos.
-
-[975] Suetonio, _Aug._, 52; Dion Casio, LI, 20; Tácito, _Ann._, I, 10;
-Aurelio Victor, _Cæs._, 1; Apiano, _Bell. Civ._, V, 132; Jos., _B.
-J._, I, XXI, 2, 3, 4, 7; Noris, _Cenotaphia Pisana_, dissert. I, cap.
-4; _Kalendarium Cumanum_, en _Corpus inscr. lat._, I, p. 310, Eckhel,
-_Doctrina num. vet._, parte 2.ª, vol. VI, p. 100, 124 y sig.
-
-[976] Tácito, _Ann._, IV, 55-56. Comp. Valerio Máximo, pról.
-
-[977] Corinto; la única ciudad de Grecia que contó en los primeros
-siglos con un cristianismo considerable, no era ya en aquella época una
-ciudad helénica.
-
-[978] Heráclides, Cornutus. Comp. Cic., _De natura deorum_, III, 23-25,
-60, 62-64.
-
-[979] Plutarco, _Consolatio ad uxorem_, 10; _De sera numinis vindicta_,
-22. Heuzey, _Mission de Macédoine_, p. 128; _Revue archéologique_,
-Abril 1864 p. 282.
-
-[980] Lucrecio, I, 63 y sig.; Salustio, _Catil._, 52; Cic., _De nat.
-deorum_, II, 24, 28; _De divinat._, II, 33, 35, 57; _De haruspicum
-responsis_, casi entero; _Tuscul._, I, 16; Juvenal, Sat. II, 149-152;
-Séneca, _Epist._, XXIV, 17.
-
-[981] «Sua cuique civitati religio est, nostra nobis.» Cic., _Pro
-Flacco_, 28.
-
-[982] Cic., _De nat. deorum_, I, 30, 42; _De divinat._, II, 12, 33,
-35, 72; _De harusp. resp._, 6, etc.; Tito Livio, I, 19; Quinto Curcio,
-IV, 10; Plutarco, _De plac. phil._, I, VII, 2; Diod. Sic., I, II, 2;
-Varron, en S. Agust., _De civit. Dei_, IV, 31, 32; VI, 6; Dionisio de
-Halic., II, 20; VIII, 5; Valerio Máximo, I, II.
-
-[983] Cic., _De divinat._, II, 15; Juvenal, II, 149 y sig.
-
-[984] Tác., _Ann._, XI, 15; Plinio, _Epist._, X, 97, _sub fin._
-Estúdiese el personaje de Serapio en Plutarco, _De Pythiæ oraculis_.
-Comp. _De EI apud Delphos_, init. Véase sobre todo Valerio Máximo,
-libro I entero.
-
-[985] Juv., Sat. VI, 489, 527 y sig.; Tácito, _Ann._, XI, 15. Comp.
-Luciano _Asamblea de los dioses_; Tertuliano, _Apolog._, 6.
-
-[986] Jos., _Ant._, XVIII, III, 4; Tácito, _Ann._, II, 85; Le Bas,
-_Inscrip._, parte V, n.º 395.
-
-[987] Plutarco, _De Pyth. orac._, 25.
-
-[988] Véase Luciano, _Alexander seu pseudomantis_ y _De morte
-Peregrini_.
-
-[989] Séneca, _Epist._, XII, XXIV, LXX; Inscripcion de Lanuvium, 2.ª
-col., líneas 5-6; Orelli, 4404.
-
-[990] Dion Casio, LXVI, 13; LXVII, 13; Suetonio, _Domit._, 10; Tácito,
-_Agrícola_, 2, 45; Plinio, _Epist._, III, 11; Philostrato, _Vida de
-Apolonio_, I, VII, entero; Eusebio, _Chron._, ad ann. Chr. 90.
-
-[991] Dion Casio, LXII, 29.
-
-[992] Arriano, _Dissert. de Epicteto_, I, II, 21.
-
-[993] _Ibid._, I, XXV, 22.
-
-[994] Valerio Máximo., I, III; Tito Livio, XXXIX, 8-18; Ciceron, _De
-legibus_, II, 8; Dionis. de Halic., II, 20; Dion Casio, XL, 47; XLII,
-26; Tertuliano, _Apol._, 6; _Adv. nationes_, I, 10.
-
-[995] Propercio, IV, I, 17; Lucano, VIII, 831; Dion Casio, XLVII, 15;
-Arnobio, II, 73.
-
-[996] Valerio Máximo, I, III, 3.
-
-[997] Dion Casio, XLVII, 15.
-
-[998] Jos., XIV, X. Comp. Ciceron, _Pro Flacco_, 28.
-
-[999] Suet., _Aug._, 31, 93; Dion Casio, LII, 36.
-
-[1000] Suet., _Aug._, 93.
-
-[1001] Dion Casio, LIV, 6.
-
-[1002] Jos., _Ant._, XVI, VI.
-
-[1003] _Ibid._, XVI, VI, 2.
-
-[1004] Dion. Casio, LII, 36.
-
-[1005] Jos., _B. J._, V, XIII, 6. Comp. Suetonio, _Aug._, 93.
-
-[1006] Suetonio, _Tib._, 36; Tác., _Ann._, II, 85; Jos., _Ant._,
-XVIII, III, 4, 5; Philon, _In Flaccum_, § 1; _Leg. ad Caium_, § 24;
-Séneca, _Epist._, CVIII, 22. El aserto de Tertuliano (_Apolog._, 5),
-reproducido por otros escritores eclesiásticos, acerca de cuál seria la
-intencion de Tiberio al colocar á Jesucristo en el rango de los dioses,
-no merece ser discutida.
-
-[1007] Dion Casio, LX, 6.
-
-[1008] Tácito, _Ann._, XI, 15.
-
-[1009] Dion Casio, LX, 6; Suetonio, _Claudio_, 25; _Act._, XVIII, 2.
-
-[1010] Dion Casio, LX, 6.
-
-[1011] Jos., _Ant._, XIX, V, 2; XX, VI, 3; _B. J._, II, XII, 7.
-
-[1012] Suet., _Neron_, 56.
-
-[1013] Tácito, _Ann._, XV, 44; Suetonio, _Neron_, 16. Esto se
-desarrollará más tarde.
-
-[1014] Tácito, _Ann._, XIII, 32.
-
-[1015] Comp. Dion Casio (Xiphilin), _Domit._, sub fin.; Suetonio,
-_Domit._, 15. Esta distincion se hace formalmente en el Digesto, l.
-XLVII, tít. XXII, _de Coll. et Corp._, 1 y 3.
-
-[1016] Cic., _Pro Flacco_, 28.
-
-[1017] Esta distincion se indica en las _Actas_, XVI, 20-21. Cf. XVIII,
-13.
-
-[1018] Cic., _Pro Flacco_, 28; Juvenal, XIV, 100 y sig.; Tácito,
-_Hist._, V, 4, 5; Plinio, _Epist._, X, 97; Dion Casio, LII, 30.
-
-[1019] Jos., _B. J._, VII, V, 2.
-
-[1020] Elio Arístides, _Pro Serapide_, 53; Juliano, Orat. IV, p. 136 de
-la edicion de Spanheim, y las planchas grabadas recogidas por Leblant
-en el _Bulletin de la Soc. des Antiq. de Fr._, 1859, p. 191-195.
-
-[1021] Tác., _Ann._, II, 85; Suet., _Tib._, 36; Jos., _Ant._, XVIII,
-III 4-5; carta de Adriano, en Vopiscus, _Vita Saturnini_, 8.
-
-[1022] Dion Casio, XXXVII, 17.
-
-[1023] Véanse las inscripciones publicadas ó corregidas en la _Revue
-archéol._, nov. 1864, 397 y sig.; dic. 1864, p. 460 y sig.; junio 1865,
-p. 451-452 y p. 497 y sig.; sept. 1865, p. 214 y sig.; abril 1866;
-Ross, _Inscr. græc. ined._, fasc. II, n.º 282, 291, 292; Hamilton,
-_Researches in Asia Minor_, vol. II, n.º 301; _Corpus insc. græc._,
-núms. 120, 126, 2525 _b_, 2562; Rhangabé, _Antiq. hellen._, n.º 811;
-Henzen n.º 6082; Virgilio, _Egl._, V, 30. Comp. Harpocracion, _Lex._,
-en la palabra ἐρανιστής; Festus, en la palabra _Thiasitas_; Digesto,
-XLVII, XXII, _de Coll. et Corp._, 4; Plinio, _Epist._, X, 93, 94.
-
-[1024] Aristóteles, _Étic. á Nicom._, VIII, IX, 5; Plut., _Cuest.
-griegas_, 44.
-
-[1025] Wescher, en los _Archives des missions scientif._, 2.ª série, t.
-I, p. 432, y _Rev. arch._ Setiembre 1865, p. 221-222. Cf. Aristóteles,
-_Œeconom._, II, 3; Estrabon, IX, I, 15; _Corpus inscr. gr._ n.º 2271,
-líneas 13-14.
-
-[1026] Κληρωτοί.
-
-[1027] Κλῆρος. La Etimología eclesiástica de κλῆρος es distinta y alude
-á la situacion de la tribu de Leví en Israel, pero no es imposible
-que la palabra se haya tomado primitivamente de las cofradías griegas
-(cf. _Act._, I, 25-26; I Petri, V, 3; Clem. de Alej., en Eusebio, _H.
-E._, III, 23.) Wescher ha encontrado entre los dignatarios de estas
-cofradías un ἐπίσκοπος (_Rev. arch._, Abril 1866). Véase, más arriba,
-p. 129. La asamblea se titulaba algunas veces συναγωγή (_Rev. arch._,
-Setiembre 1865, p. 216; Pollux, IX, VIII, 143.)
-
-[1028] _Corp. inscr. gr._, n.º 126. Comp. _Rev. arch._, Setiembre 1865,
-p. 216.
-
-[1029] Wescher, en la _Revue archéol._, Diciembre 1864, p. 460 y sig.
-
-[1030] Véase más arriba, p. 348, nota 979.
-
-[1031] Á las cofradías griegas les sucedia tambien algo de esto.
-Inscrip. en la _Rev. arch._, Diciembre 1864, p. 462 y sig.
-
-[1032] Digesto, XLVII, XXII, _de Coll. et Corp._, 4.
-
-[1033] Tito Livio, XXIX, 10 y sig.; Orelli y Henzen, _Inscr. lat._, c.
-V. § 21.
-
-[1034] Dion Casio, LII, 36; LX, 6.
-
-[1035] Tito Livio, XXXIX, 8-18. Comp. el decreto epigráfico en el
-_Corpus inscr. latinarum_, I, p. 43-44. Cf. Cic., _De legibus_, II, 8.
-
-[1036] Cic., _Pro Sext._, 25; _In Pis._, 4; Asconio, _In Cornelianam_,
-75, (edic. Orelli); _In Pisonianam_, p. 7-8; Dion Casio, XXXVIII, 13,
-14; Digesto, III, IV, _Quod cujusc._, 1; XLVII, XXII, _de Coll. et
-Corp._, entero.
-
-[1037] Suetonio, _Domit._, 1; Dion Casio, XLVII, 15; LX, 6; LXVI, 24.,
-pasajes de Tertuliano y de Arnobio precitados.
-
-[1038] Suetonio, _César_, 42; _Aug._, 32; Jos., _Ant._, XIV, X, 8; Dion
-Casio, LII, 36.
-
-[1039] «Kaput ex S. C. P. R. Quibus coire, convenire, collegiumque
-habere liceat. Qui stipem menstruam conferre volent in funera, ii in
-collegium coeant, neque sub specie ejus collegi nisi semel in mense
-coeant conferendi causa unde defuncti sepeliantur.» Inscripcion
-de Lanuvium, 1.ª col., líneas 10-13, en Mommsen, _De collegiis et
-sodaliciis Romanorum_ (Kiliæ, 1843), p. 81-82 y _ad calcem_. Cf.
-Digesto, XLVII, XXII, _de Coll. et Corp._, 1; Tertuliano, _Apolog._, 39.
-
-[1040] Inscrip. de Lanuvium, 2.ª col., líneas 3, 7; Digesto, XLVII,
-XXII, _de Coll. et Corp._, 3.
-
-[1041] Digesto XLVII, XI, _de Extr. crim._, 2.
-
-[1042] _Ibid._, XLVII, XXII, _de Coll. et Corp._, 1 y 3.
-
-[1043] Heuzey, _Mission de Macédoine_, p. 71 y sig.; Orelli, _Inscr._,
-n.º 4093.
-
-[1044] Orelli, 2409; Melchiorri y P. Visconti, _Silloge d’iscrizioni
-antiche_, p. 6.
-
-[1045] Véanse las piezas relativas á los colegios de Esculapio é Higia,
-de Júpiter Cernenus y de Diana y Antínoo, en Mommsen, _op. cit._, p. 93
-y sig. Comp. Orelli, _Inscr. lat._, n.º 1710 y sig., 2394, 2395, 2413,
-4075, 4079, 4107, 4207, 4938, 5044; Mommsen, _op. cit._, p. 96, 113,
-114; de Rossi, _Bullettino di archeol. cristiana_, 2.º año, n.º 8.
-
-[1046] Inscripcion de Lanuvium, 1.ª col., línea 6-7; Orelli, 2270; de
-Rossi, _Bullett. di archeol. crist._, 2.º año, n.º 8.
-
-[1047] Inscripcion de Lanuvium, 2.ª col., líneas 11-13; Orelli, 4420.
-
-[1048] Inscripcion de Lanuvium, 1.ª col., líneas 3-9, 21; 2.ª col.,
-líneas 7-17; Mommsen, _Inscr. regni Neap._, 2559; Marini, _Atti_, p.
-398; Muratori, 491, 7; Mommsen, _De coll. et sod._, p. 109 y sig., 113.
-Comp. I Cor., XI, 20 y sig. El presidente de las iglesias cristianas es
-llamado por los paganos θιασάρχης. Luciano, _Peregrinus_, 11.
-
-[1049] Inscrip. de Lanuvium, 2.ª col., línea 7.
-
-[1050] Inscripcion de Lanuvium, 2.ª col., líneas 24-25.
-
-[1051] _Ibid._, 2.ª col., líneas 26-29. Cf. _Corpus inscr. gr._, n.º
-126.
-
-[1052] Orelli, _Inscr. lat._, n.º 2399, 2400, 2405, 4093, 4103;
-Mommsen, _De coll. et sod. Rom._, p. 97; Heuzey, _l. c._ Compárense aún
-hoy los pequeños cementerios de las cofradías en Roma.
-
-[1053] Hor., _Sat._, I, VIII, 8 y sig.
-
-[1054] _Funeraticium._
-
-[1055] Inscrip. de Lanuvium, 1.ª col., líneas 24, 25, 32.
-
-[1056] Inscrip. de Lanuvium, 2.ª col., líneas 3-5.
-
-[1057] Ciceron, _De offic._, I, 17; Schol. Bobb. ad Cic., _Pro Archia_,
-X, 1. Comp. Plutarco, _De frat. amore_, 7; Digesto, XLVII, XXII, _de
-Coll. et Corp._, 4. En una inscripcion de Roma el fundador de una
-sepultura estipula que todos cuantos se depositen allí han de ser de su
-religion, _ad religionem pertinentes meam_ (de Rossi, _Bullettino di
-archeol. crist._, tercer año, n.º 7, p. 54).
-
-[1058] Tertuliano, _Ad Scapulam_, 3; de Rossi, _op. cit._, tercer año,
-n.º 12.
-
-[1059] S. Justino, _Apol. I_, 67; Tertuliano, _Apolog._, 39.
-
-[1060] Ulpiano, _Fragm._, XXII, 6; Digesto, III, IV, _Quod cujusc._,
-1; XLVI, I, _de Fid. et Mand._, 22; XLVII, II, _de Furtis_, 31; XLVII,
-XXII, _de Coll. et Corp._, 1 y 3; Gruter, 322, 3 y 4; 424, 12; Orelli,
-4080; Marini, _Atti_, p. 95; Muratori, 516, 1; _Mém. de la Soc. des
-Antiq. de Fr._, XX, p. 78.
-
-[1061] Dig., XLVII, XXII, _de Coll. et Corp._, entero; Inscr. de
-Lanuvium, 1.ª col., líneas 10-13; Marini, _Atti_, p. 552; Muratori,
-520, 3; Orelli, 4075, 4115, 1567, 2797, 3140, 3913; Henzen, 6633, 6745;
-y otras más en Mommsen, _op. cit._, p. 80 y sig.
-
-[1062] Digesto, XLVII, XI, _de Extr. crim._, 2.
-
-[1063] _Ibid._, XLVII, XXII, _de Coll. et Corp._, 2; XLVIII, IV, _ad
-Leg. Jul. majest._, 1.
-
-[1064] Dion Casio, LX, 6. Comp. Suetonio, _Neron_, 16.
-
-[1065] Véase la correspondencia administrativa de Plinio y de Trajano.
-Plinio, _Epist._, X, 43, 93, 94, 97 y 98.
-
-[1066] «Permittitur tenuioribus stipem menstruam conferre, dum tamen
-semel in mense coeant, ne sub prætextu hujusmodi illicitum collegium
-coeant (Dig., XLVII, XXII, _de Coll. et Corp._, 1).» «Servos quoque
-licet in collegio tenuiorum recipi volentibus dominis (_ibid._, 3).»
-Cf. Plinio, _Epist._, X, 94; Tertuliano, _Apol._, 39.
-
-[1067] Digesto, I, XII, _de Off. præf. urbi_, 1, § 14 (cf. Mommsen,
-_op. cit._, p. 127); III, IV, _Quod cujusc._, 1; XLVII, XX, _de Coll.
-et Corp._, 3. Es preciso notar que el excelente Marco Aurelio extendió
-cuanto pudo el derecho de asociacion. Dig. XXXIV, V, _de Rebus dubiis_,
-20; XL, III, _de Manumissionibus_, 1; y XLVII, XXII, _de Coll. et
-Corp._, 1.
-
-[1068] Véase de Rossi, _Bullettino di archeol. cristiana_, tercer año,
-núms. 3, 5, 6, 12. El caso de Pomponia Græcina (Tác., _Ann._, XIII,
-32.) bajo Neron, es ya muy característico, pero no hay seguridad que
-ella fuese cristiana.
-
-[1069] Véase de Rossi, _Roma sotterranea_, I, p. 309; y pl. XXI, núm.
-12; y las aproximaciones epigráficas hechas por Léon Renier, _Comptes
-rendus de l’Acad. des Inscr. et B.-L._, 1865, p. 289 y sig., y por el
-general Creuly, _Rev. arch._, Enero 1866, p. 63-64. Comp. de Rossi,
-_Bull._, tercer año, núm. 10, p. 77-79.
-
-[1070] I Cor., I, 26 y sig.; Jac., II, 5 y sig.
-
-[1071] Αἶρε τοὺς ἀθέους. Véase la relacion del martirio de S.
-Policarpo, § 3, 9, 12, en Ruinart, _Acta sincera_, p. 31 y sig.
-
-[1072] _Ebionim_. Véase _Vida de Jesús_, p. 179 y sig., y Jac. II, 5 y
-sig., Comp. los πτωχοὶ τῷ πνεύματι. Mat., V, 3.
-
-[1073] Véase más arriba, p. 351, 355.
-
-[1074] Tácito, _Ann._, XV, 44; Plinio, _Epist._, X, 97; Suetonio,
-_Neron_, 16; _Domit._, 15; el _Philopatris_, entero; Rutilius
-Numatianus, I, 389 y sig.; 440 y sig.
-
-[1075] Juan, XV, 17 y sig.; XVI, 8 y sig., 33; XVII, 15 y sig.
-
-[1076] Jac., I, 27.
-
-[1077] Hablo aquí de las tendencias esenciales y primitivas del
-cristianismo, y no del cristianismo completamente transformado, sobre
-todo por los jesuitas de nuestros dias.
-
-[1078] Véase la historia de los orígenes del babismo, referida por
-Gobineau, _Les relig. et les Philos. dans l’Asie centrale_ (París
-1865), p. 141 y sig.; y por Mirza Kazem-beg, en el _Journal Asiatique_.
-Yo mismo he tomado de dos personas que conocian muy bien la historia
-del babismo, datos que confirman el relato de estos dos sabios.
-
-[1079] Gobineau, obra cit. p. 301 y sig.
-
-[1080] Tengo en mi poder otro detalle muy autorizado que dice lo
-siguiente: algunos sectarios á quienes se queria obligar á que se
-retractasen fueron atados á la boca de un cañon con una mecha muy
-larga que ardia lentamente. Entonces se les dijo que se cortaria esta
-si querian renegar de Bab, pero ellos, tendiendo los brazos hácia el
-fuego, suplicábanles se apresurasen á consumar su felicidad.
-
-
-
-
-ÍNDICE
-
-DE LOS CAPÍTULOS CONTENIDOS EN ESTE TOMO.
-
-
- PÁG.
-
- INTRODUCCION. -- Crítica de los documentos originales. V
-
- CAP.
-
- I Formacion de las creencias relativas á la resurreccion de
- Jesús. -- Las apariciones de Jerusalem. 59
-
- II Salida de los discípulos de Jerusalem. -- Segunda vida
- galilea de Jesús. 80
-
- III Vuelta de los apóstoles á Jerusalem. -- Fin del período
- de las apariciones. 95
-
- IV Bajada del Espíritu Santo. -- Fenómenos extáticos y
- proféticos. 105
-
- V Primera Iglesia de Jerusalem, enteramente cenobítica. 120
-
- VI Conversion de judíos helenistas y prosélitos. 143
-
- VII La Iglesia considerada como una asociacion de pobres. --
- Institucion del diaconato. -- Las diaconesas y las viudas. 154
-
- VIII Primera persecucion. -- Muerte de Estéban. -- Destruccion
- de la primera Iglesia de Jerusalem. 172
-
- IX Primeras misiones. -- El diácono Felipe. 184
-
- X Conversion de San Pablo. 195
-
- XI Paz y desarrollos interiores de la Iglesia de Judea. 217
-
- XII Fundacion de la Iglesia de Antioquía. 236
-
- XIII Idea de un apostolado de los gentiles. -- San Bernabé. 248
-
- XIV Persecucion de Herodes Agrippa I. 259
-
- XV Movimientos paralelos al cristianismo ó imitadores del
- cristianismo. -- Simon de Gitton. 274
-
- XVI Marcha general de las misiones cristianas. 287
-
- XVII Estado del mundo hácia mediados del primer siglo. 308
-
- XVIII Legislacion religiosa de aquel tiempo. 342
-
- XIX Porvenir de las misiones. 358
-
-
-*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS APÓSTOLES ***
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