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-Project Gutenberg's El criticón (tomo 2 de 2), by Baltasar Gracián y Morales
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
-other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
-the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have
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-
-Title: El criticón (tomo 2 de 2)
-
-Author: Baltasar Gracián y Morales
-
-Editor: Julio Cejador y Frauca
-
-Release Date: October 7, 2020 [EBook #63402]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL CRITICÓN (TOMO 2 DE 2) ***
-
-
-
-
-Produced by Ramón Pajares Box and the Online Distributed
-Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This file was
-produced from images generously made available by The
-Internet Archive/Canadian Libraries)
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-
-NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
-
- * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se
- han convertido a MAYÚSCULAS.
-
- * Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar.
-
- * Se ha respetado la ortografía del original impreso, que difiere
- algo de la actual, normalizándola a la grafía de mayor frecuencia.
-
- * Se han añadido tildes a las mayúsculas que las necesitan.
-
- * Las páginas en blanco han sido eliminadas.
-
- * Las notas al margen aparecen encerradas entre corchetes y
- presentadas como [Marginal:...] dentro del texto.
-
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-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
- BIBLIOTECA RENACIMIENTO
-
- DIRIGIDA POR
- _G. MARTÍNEZ SIERRA_
-
- COLECCIÓN DE
- OBRAS MAESTRAS
- DE LA LITERATURA UNIVERSAL
-
- [Ilustración]
-
- LA EDICIÓN Y COMENTARIO DE LOS TEXTOS CLÁSICOS ESPAÑOLES, LA
- TRADUCCIÓN DE LOS EXTRANJEROS Y LOS PRÓLOGOS DE UNOS Y OTROS ESTÁN
- Á CARGO DE EMINENTES ESCRITORES, CRÍTICOS Y ERUDITOS, LOS MÁS
- COMPETENTES EN LA MATERIA:
-
- _GABRIEL ALOMAR, AZORÍN, PÍO BAROJA, JACINTO BENAVENTE, BERNARDO
- G. DE CANDAMO, AMÉRICO CASTRO, JULIO CEJADOR, ENRIQUE DÍEZ-CANEDO,
- FERNANDO FORTÚN, RICARDO FUENTE, VICENTE GARCÍA DE DIEGO, J.
- GÓMEZ OCERÍN, FRANCISCO A. DE ICAZA, JUAN R. JIMÉNEZ, RICARDO
- LEÓN, EDUARDO MARQUINA, G. MARTÍNEZ SIERRA, FRANCISCO MEDINA,
- ENRIQUE DE MESA, ANTONIO PALOMERO, R. PÉREZ DE AYALA, JACINTO O.
- PICÓN, CIPRIANO RIVAS CHERIF, FRANCISCO RODRÍGUEZ MARÍN, VÍCTOR
- SAID-ARMESTO, EUGENIO SELLÉS, RAMÓN M. TENREIRO, MIGUEL DE UNAMUNO,
- FRANCISCO F. VILLEGAS, NARCISO ALONSO CORTÉS, ETCÉTERA, ETC._
-
- LA PARTE ARTÍSTICA
- DE ESTAS EDICIONES ESTÁ ENCOMENDADA AL
- ILUSTRE DIBUJANTE
- _FERNANDO MARCO_.
-
-
-
-
-[Ilustración: BIBLIOTECA RENACIMIENTO.
-
-OBRAS MAESTRAS DE LA LITERATURA UNIVERSAL.]
-
-
-
-
- [Ilustración: EL CRITICÓN
-
- POR
- LORENZO GRACIÁN
-
- EDICIÓN
- TRANSCRITA Y REVISADA
- POR
- JVLIO CEJADOR
-
- RENACIMIENTO
- _Casa Central_: MADRID, _Pontejos 3_
- SVCVRSALES:
- BVENOS AIRES, _Libertad 170_
- PARÍS, _26, Rue Richelieu_]
-
-
-
-
-NOTA
-
-
-“Sabido es que Gracián, en el pináculo de su fama, fué encerrado á
-pan y agua en su celda por haber publicado EL CRITICÓN sin permiso de
-sus superiores. Lo que escandalizaba á sus colegas era el pecado de
-desobediencia, no el tono de sus libros.” Así Fitzmaurice-Kelly en su
-_Historia de la Literatura Española_, Madrid, 1913. Las tres partes
-de EL CRITICÓN se publicaron, respectivamente, los años de 1651, 1653
-y 1657; el año de 1658 murió Gracián. La primera parte salió sin su
-nombre, con el anagrama de _García de Marlones_, esto es: _Gracián de
-Morales_. En la segunda y tercera parte se lee: _Lorenzo Gracián_. En
-la Censura del _Padre Don Antonio Liperi_, _Clérigo Regular_, _Doctor
-en Teología y en ambos Derechos. Por comission del Excelentissimo Señor
-Conde de Lemos y de Castro, Virrey y Capitán General deste Reyno_,
-impresa en la primera parte se lee: “He leído con atención (según la
-orden de V. E.) el libro intitulado EL CRITICÓN y su primera parte,
-_en la Primavera de la niñez y en el Estío de la juventud_, compuesto
-por el Padre Lorenço Gracián, y en él no he hallado cosa opuesta
-á...” Vincencio Antonio Lastanosa, hijo del famoso arqueólogo D.
-Vincencio Juan de Lastanosa, amigo y admirador de Gracián, dió á la
-estampa, contra su voluntad, la mayor parte de sus obras, entre ellas
-EL CRITICÓN, como puede verse en documento que trae la Revista de
-Bibliotecas y Archivos, 1877, p. 29.
-
-Si fué “contra su voluntad”, el P. Gracián no desobedeció á los
-superiores de la Compañía de Jesús. De todos modos, estas persecuciones
-dan razón de haber salido con anagrama la primera parte y mudado el
-propio nombre de Baltasar por el de Lorenzo en la _Censura_ de la misma
-y en la portada de las otras dos partes. Dificultosa tarea echará sobre
-sí el que se empeñe en averiguar lo que al P. Gracián pasó con sus
-superiores respecto de sus libros y que se sospecha aceleró su muerte,
-un año después de publicada la tercera parte de EL CRITICÓN, asombroso
-esfuerzo del ingenio humano.
-
-La crítica se ha portado con esta obra tan mal como la Compañía de
-Jesús con su autor. El lector que haya leído el primer tomo notará al
-leer el segundo que vale mucho más la segunda parte que la primera, y
-la tercera muchísimo más que la segunda. Este sol, que iba levantándose
-por momentos y brillando cada vez con más vivos resplandores, un año
-después cae en el sepulcro. Todos son misterios en Gracián, su vida, su
-muerte, su obra.
-
-No lo es menos su bibliografía. En el _Prólogo_ al primer tomo puse lo
-que trae Latasa acerca de EL CRITICÓN. Ni Gallardo ni Salvá ni Brunet
-dicen nada de particular. Heredia (4.246) pone la primera parte de EL
-CRITICÓN como impresa en Zaragoza, 1651; otra edición en Huesca, 1653;
-otra en Madrid, 1657. Fitzmaurice-Kelly, en su última edición de la
-_Historia de la Literatura Española_, Madrid, 1913, conténtase con
-poner entre paréntesis estas mismas fechas (1651, 1653, 1657). ¿Tomólas
-de Heredia ó ha visto ejemplares? En la Biblioteca Nacional de Madrid
-sólo hay un ejemplar, muy maltratado, de la primera edición de la
-segunda parte, Huesca, 1653.
-
-De estas dudas, que ya tenía al escribir mi _Prólogo_, salí después
-de impreso el primer tomo, por haber logrado en Aragón un magnífico
-ejemplar de la primera edición de cada una de las tres partes de EL
-CRITICÓN, verdadero tesoro por lo raro; pero, sobre todo, por ser
-la edición primera de esta obra sin par en todas las literaturas.
-Comuniqué luego la noticia á mi excelente amigo R. Foulché-Delbosc, el
-más entendido de los hispanófilos extranjeros, preguntándole qué sabía
-acerca de estas primeras ediciones, y entre otras cosas me respondió:
-“El Museo Británico posee ejemplar de las tres primeras ediciones de
-EL CRITICÓN, ó si se quiere, ejemplar de la parte primera, de la parte
-segunda y de la parte tercera, cada una en su primitivo estado, con
-las fechas que señala Fitzmaurice-Kelly; de donde deduzco que casi
-seguramente vió dichas ediciones en el referido Museo Británico... Y ya
-que estamos hablando de Gracián, sepa usted que en el último número de
-la _Révue Hispanique_ de 1913 habrá un estudio de cuatrocientas páginas
-sobre este autor.”
-
-Ya que al preparar el primer tomo de esta edición de EL CRITICÓN, que
-publica “Renacimiento”, no podía disponer de las primeras ediciones,
-me he aprovechado, al menos, de las que hoy poseo para la publicación
-del segundo tomo, el cual puedo asegurar que es copia fiel de ellas: la
-segunda parte de la primera edición de Huesca, 1653; la tercera parte
-de la primera edición de Madrid, 1657, mudadas tan sólo la ortografía y
-puntuación.
-
-Véase la portada de la primera edición de cada una de las tres partes:
-
-El Criticón | Primera Parte | en la Primavera | de la niñez, | y en |
-el Estío de la ivventud. | Autor García de Marlones, | y lo dedica | al
-valeroso cavallero | Don Pablo de Parada, | de la Orden de Christo, |
-General de la Artillería y Governa | dor de Tortosa. | Con Licencia. |
-En Zaragoza, por Ivan Nogves, y á su costa. | Año M. DC. LI.
-
-El Criticón | Segunda Parte. | ivyziosa cortesana | filosofía, | en el
-Otoño de la | varonil edad. | por | Lorenzo Gracián. | y | lo dedica |
-al Serenissimo Señor | D. Ivan de Austria. | Con Licencia, | En Huesca:
-Por Iuan Noguès. Año 1653. | A costa de Francisco Lamberto, Mercader de
-Libros. | Véndese en la Carrera de San Gerónimo.
-
-El Criticón, | Tercera parte. | en el Invierno de la vejez. | por
-Lorenzo Gracián. | y lo dedica | al Doctor Don Lorenço Francés de
-Vrritigoyti, | Deán de la Santa Iglesia de Siguença. | Con Privilegio.
-| En Madrid. Por Pablo de Val. Año de 1657. | A costa de Francisco
-Lamberto, véndese en su casa | en la Carrera de San Gerónimo.
-
-Sólo he de añadir que ediciones tan raras como éstas, de las cuales no
-hay ni en Madrid otro ejemplar que el mío completo de las tres partes
-y el maltrecho de la segunda parte de la Nacional, que sólo se conoce
-además el ejemplar del Museo Británico, y que hasta ahora fueron enigma
-para los bibliógrafos, deberían reproducirse con todos sus pelos y
-señales para que la república de las letras goce en su entereza una
-de las más poderosas obras del ingenio español, y la crítica acabe
-de levantar á Baltasar Gracián al encumbrado puesto que merece en la
-Historia de la Filosofía y de la Literatura.
-
- JULIO CEJADOR.
-
-
-
-
-CRISI VII
-
-_El hiermo de Hipocrinda._
-
-
-Componían al hombre todas las demás criaturas, tributándole
-perfecciones; pero de prestado. Iban á porfía amontonando bienes sobre
-él; mas todos al quitar. El cielo le dió la alma, la tierra el cuerpo,
-el fuego el calor, el agua los humores, el aire la respiración, las
-estrellas ojos, el sol cara, la fortuna haberes, la fama honores,
-el tiempo edades, el mundo casa, los amigos compañía, los padres la
-naturaleza y los maestros la sabiduría. Mas viendo él que todos eran
-bienes muebles, no raíces, prestados todos y al quitar, dicen que
-preguntó:
-
-¿Pues qué será mío? Si todo es de prestado, ¿qué me quedará?
-
-Respondiéronle que la virtud. Ésa es bien propio del hombre, nadie se
-la puede repetir. Todo es nada sin ella y ella lo es todo. [Marginal:
-_Único bien._] Los demás bienes son de burlas; ella sola es de veras.
-Es alma del alma, vida de la vida, realce de todas las prendas,
-corona de las perfecciones y perfección de todo el ser. Centro es de
-la felicidad, trono de la honra, gozo de la vida, satisfación de la
-conciencia, respiración del alma, banquete de las potencias, fuente del
-contento, manantial de la alegría. Es rara porque es dificultosa y,
-dondequiera que se halla, es hermosa y por eso tan estimada.
-
-[Marginal: _Excelencias de la Virtud._]
-
-Todos querrían parecer tenerla; pocos de verdad la procuran. Hasta los
-vicios se cubren con su buena capa y mienten sus apariencias: los más
-malos querrían ser tenidos por buenos. Todos la querrían en los otros;
-mas no en sí mismos. Pretende éste que aquél le guarde fidelidad en
-el trato, que no le murmure ni le mienta ni le engañe, trate siempre
-verdad, que en nada le ofenda ni agravie; y él obra todo lo contrario.
-
-Con ser tan hermosa, noble y apacible, todo el mundo se ha mancomunado
-contra ella. Y es de modo, que la verdadera virtud ya no se ve ni
-parece; sino la que le parece. Cuando pensamos está en alguna parte,
-topamos con sola su sombra, que es la hipocresía. De suerte, que un
-bueno, un justo, un virtuoso florece como la Fénix, que por único se
-lleva la palma.
-
-Esto les iba ponderando á Critilo y Andrenio una agradable doncella,
-ministra de la Fortuna, de sus más llegadas, que, compadecida de verlos
-en el común riesgo, estando ya para despeñarse, les asió del copete
-de la Ocasión y los detuvo [Marginal: _De la dicha á la virtud._] y,
-dando una voz al Acaso, le mandó echar la puente levadiza, con que
-los traspuso de la otra parte, de un alto á otro, de la Fortuna á la
-Virtud, con que se libraron del fatal despeño.
-
-[Marginal: _De la Virtud á la Honra._]
-
-Ya estáis en salvo, les dijo. Dicha de pocos lograda, pues visteis caer
-mil á vuestro lado y diez mil á vuestra diestra. Seguid ese camino, sin
-torcer á un lado ni á otro; aunque un ángel os dijese lo contrario, que
-él os llevará al palacio de la hermosa Virtelia, aquella gran reina
-de las felicidades. Presto le divisaréis encumbrado en las coronillas
-de los montes. Porfiad en el ascenso; aunque sea con violencias: que
-de los valientes es la corona. [Marginal: _Fin premiado._] Y aunque
-sea áspera la subida, no desmayéis, poniendo siempre la mira en el fin
-premiado.
-
-Despidióse con mucho agrado echándoles los brazos. Volvióse á pasar de
-la otra parte y al mismo punto levantaron la puente.
-
-¡Oh!, dijo Critilo: ¡qué cortos hemos andado en no preguntarla quién
-era! ¿Es posible que no hayamos conocido una tan gran bienhechora?
-
-Aún estamos á tiempo, dijo Andrenio: que aún no la habemos perdido ni
-de vista ni de oída.
-
-Diéronla voces y ella volvió un cielo en su cara y dos soles en un
-cielo, esparciendo favorables influencias.
-
-Perdona, señora, dijo Critilo, nuestra inadvertencia, no grosería, y
-así te favorezca tu reina más que á todas, que nos digas quién eres.
-
-Aquí ella sonriéndose: No lo queráis saber, dijo, que os pesará.
-
-Pero ellos más deseosos con esto, porfiaron en saberlo y así les dijo:
-
-Yo soy la hija mayor de la Fortuna, yo la pretendida de todos, yo la
-buscada, la deseada, la requerida, yo soy la Ventura.
-
-Y al momento se traspuso.
-
-[Marginal: _Dicha desconocida._]
-
-Juráralo yo, dijo suspirando Critilo, que en conociéndote habías de
-desaparecer. ¡Hase visto más poca suerte en la dicha! Así acontece á
-muchos cada día. ¡Oh cuántos, teniendo la dicha entre manos, no la
-supieron conocer y después la desearon! Pierde uno los cincuenta, los
-cien mil de hacienda y después guarda un real. No estima el otro la
-consorte casta y prudente, que le dió el cielo, y después la suspira
-muerta y adorada en la segunda. Pierde éste el puesto, la dignidad, la
-paz, el contento, el estado, y después anda mendigando mucho menos.
-
-Verdaderamente, que nos ha sucedido, dijo Andrenio, lo que á un galán
-apasionado, que, no conociendo su dama, la desprecia y después, perdida
-la ocasión, pierde el juicio. Desta suerte malograron muchos el tiempo,
-la ocasión, la felicidad, la comodidad, el empleo, el reino, que
-después lo lamentaron harto. Así sollozaba el rey navarro pasando el
-Pirineo y Rodrigo en el río de su llanto. ¡Pero desdichado sobre todo
-quien pierda el cielo!
-
-[Marginal: _Hombres de artificio._]
-
-Así se iban lamentando, prosiguiendo su viaje, cuando se les hizo
-encontradizo un hombre venerable por su aspecto, muy autorizado de
-barba, el rostro ya pasado y todas sus faciones desterradas, hundidos
-los ojos, la color robada, chupadas las mejillas, la boca despoblada,
-ahiladas las narices, la alegría entredicha, el cuello de azucena
-lánguido, la frente encapotada, su vestido por lo pío remendado,
-colgando de la cinta unas disciplinas, lastimando más los ojos del
-que las mira, que las espaldas del que las afecta, zapatos doblados
-á remiendos, de más comodidad que gala. Al fin, él parecía semilla
-de ermitaños. Saludóles muy á lo del cielo para ganar más tierra y
-preguntóles para adónde caminaban.
-
-Vamos, respondió Critilo, en busca de aquella flor de reinas, la
-hermosa Virtelia, que nos dicen mora aquí en lo alto de un monte, en
-los confines del cielo. Y si tú eres de su casa y de su familia, como
-lo pareces, suplícote que nos guíes.
-
-Aquí él, después de una gran tronada de suspiros, prorrumpió en una
-copiosa lluvia de lágrimas.
-
-¡Oh, cómo vais engañados!, les dijo, ¡y qué lástima que os tengo!
-Porque esa Virtelia, que buscáis, reina es; pero encantada. Vive,
-aunque más muere, en un monte de dificultades, poblado de fieras,
-serpientes que emponzoñan, dragones que tragan, y sobre todo hay un
-león en el camino, que desgarra á cuantos pasan. Á más de que la subida
-es inaccesible, al fin cuesta arriba, llena de malezas y deslizaderos,
-donde los más caen haciéndose pedazos. Bien pocos son y bien raros los
-que llegan á lo alto.
-
-Y cuando toda esa montaña de rigores hayáis sobrepujado, queda lo más
-dificultoso, [Marginal: _Dificultades de la virtud._] que es su palacio
-encantado, guardadas sus puertas de horribles gigantes, que con mazas
-aceradas en las manos defienden la entrada y son tan espantosos, que
-sólo el imaginarlos arredra. Verdaderamente me hacéis duelo de veros
-tan necios, que queráis emprender tanto imposible junto.
-
-Un consejo os daría yo y es que echéis por el atajo, por donde hoy
-todos los entendidos y que saben vivir caminan. Porque habéis de saber
-que aquí más cerca, en lo fácil, en lo llano, mora otra gran reina, muy
-parecida en todo á Virtelia en el aspecto, en el buen modo, hasta en el
-andar, que la ha cogido los aires. Al fin un retrato suyo; sólo que no
-es ella. Pero más agradable y más plausible, tan poderosa como ella y
-que también hace milagros. Para el efecto es la misma.
-
-Porque decidme, vosotros ¿qué pretendéis en buscar á Virtelia y
-tratarla? ¿Que os honre, que os califique, que os abone, para conseguir
-cuanto hay, la dignidad, el mando, la estimación, la felicidad, el
-contento? Pues sin tanto cansancio, sin costaros nada, á pierna
-tendida, lo podéis aquí conseguir. No es menester sudar ni afanar ni
-reventar como allá. Dígoos que éste es el camino de los que bien saben.
-Todos los entendidos echan por este atajo y así está hoy tan valido en
-el mundo, que no se usa otro modo de vida.
-
-[Marginal: _Milagros de la apariencia._]
-
-¿De suerte, preguntó Andrenio, ya vacilando, que esa otra reina, que tú
-dices, es tan poderosa como Virtelia?
-
-Y que no la debe nada, respondió el Ermitaño. Lo que es el parecer, tan
-bueno le tiene y aun mejor y se precia dello y procura mostrarlo.
-
-¿Que puede tanto?
-
-Ya os digo que obra prodigios. Otra ventaja más y no la menos
-codiciable, que podréis gozar de los contentos, de los gustos desta
-vida, del regalo, de la comodidad, de la riqueza, juntamente con este
-modo de virtud, que aquella otra, por ningún caso los consiente. Ésta
-en nada escrupulea. Tiene buen estómago, con tal que no haya nota ni
-se sepa. Todo ha de ser en secreto. Aquí veréis juntos aquellos dos
-imposibles de cielo y tierra juntos, que los sabe lindamente hermanar.
-
-No fué menester más para que se diese por convencido Andrenio. Hízose
-al punto de su banda. Ya le seguía, ya volaban.
-
-Aguarda, decía Critilo, que te vas á perder.
-
-Mas él respondía:
-
-No quiero montes. Quita allá gigantes. ¿Leones? ¡Guarda!
-
-Iban ya de carrera arrancada. Seguíales Critilo voceando:
-
-Mira que vas engañado.
-
-Y él respondía:
-
-¡Vivir!, ¡vivir!, ¡virtud holgada!, ¡bondad al uso!
-
-Seguidme, seguidme, repetía el falso Ermitaño, que éste es el atajo del
-vivir; que lo demás es un morir continuado.
-
-Fuélos introduciendo por un camino encubierto y aun solapado entre
-arboledas y ensenadas, y al cabo de un laberinto con mil vueltas y
-revueltas dieron en una gran casa, harto artificiosa, que no fué vista
-hasta que estuvieron en ella. Parecía convento en el silencio y todo el
-mundo en la multitud. Todo era callar y obrar, hacer y no decir. Que
-aun campana no se tañía, por no hacer ruido: no se dé campanada. Era
-tan espaciosa y había tanta anchura, que cabrían en ella más de las
-tres partes del mundo y bien holgadas.
-
-[Marginal: _Casa á obscuras._]
-
-Estaba entre unos montes, que la impedían el sol, coronada de árboles
-tan crecidos y tan espesos, que la quitaban la luz con sus verduras.
-
-¡Qué poca luz tiene este convento!, dijo Andrenio.
-
-Así conviene, respondió el Ermitaño: que donde se profesa tal virtud no
-convienen lucimientos.
-
-Estaba la puerta patente y el portero muy sentado, por no cansarse
-en abrir. Tenía calzados unos zuecos de conchas de tartugas,
-desaliñadamente sucio y remendado.
-
-Éste, dijo Critilo, á ser hembra, fuera la pereza.
-
-¡Oh, no!, dijo el Ermitaño. No es, sino el sosiego. No nace aquello de
-dejamiento, sino de pobreza; no es suciedad, sino desprecio del mundo.
-
-Saludóles, dando gracias de su linda vida. Intimóles luego, sin
-moverse, con un gancho, un letrero, que estaba encima de la puerta y
-decía con unas letras góticas:
-
-Silencio.
-
-Y comentóseles el Ermitaño:
-
-[Marginal: _Vivir de tramoya._]
-
-Quiere decir que de aquí adentro no se dice lo que se siente, nadie
-habla claro; todos se entienden por señas, aquí callar y callemos.
-
-Entraron en el claustro; pero muy cerrado: que es lo más cómodo para
-todos tiempos.
-
-Iban ya encontrando algunos, que en el hábito parecían monjes y era,
-aunque al uso, bien extraño. Por defuera lo que se veía era de piel
-de oveja; [Marginal: _Capa de virtud._] mas por dentro lo que no se
-parecía era de lobos novicios, que quiere decir rapaces. Notó Critilo
-que todos llevaban capa y buena.
-
-Es instituto, dijo el Ermitaño: no se puede deponer jamás ni hacer
-cosa, que no sea con capa de santidad.
-
-Yo lo creo, dijo Critilo, y aun con capa de lastimarse. Está aquél
-murmurando de todo, con capa de corregir se venga el otro. Con capa de
-disimular permite éste que todo se relaje. Con capa de necesidad hay
-quien se regala y está bien gordo. Con capa de justicia es el juez un
-sanguinario. Con capa de celo todo lo malea el envidioso. Con capa de
-galantería anda la otra libertada.
-
-Aguarda, dijo Andrenio. ¿Quién es aquella que pasa con capa de
-agradecimiento?
-
-¿Quién ha de ser, sino la Simonía y aquella otra la Usura paliada?
-
-Con capa de servir á la República y al bien público se encubre la
-ambición.
-
-¿Quién será aquel, que toma la capa ó el manto para ir al sermón á
-visitar el santuario? Parece el Festejo.
-
-El mismo.
-
-¡Oh maldito sacrílego!
-
-Con capa de ayuno ahorra la avaricia, con capa de gravedad nos quiere
-desmentir la grosería. Aquél, que entra allí, parece que lleva capa
-de amigo y realmente lo es y aun con la de pariente se introduce el
-adulterio.
-
-Éstos, dijo el Ermitaño, son de los milagros que obra cada día esta
-superiora, haciendo que los mismos vicios pasen plaza de virtudes y
-que los malos sean tenidos por buenos y aun por mejores. Los que son
-unos demonios hace que parezcan unos angelitos y todo con capa de
-virtud.
-
-Basta, dijo Critilo. Que desde que al mismo Justo le sortearon la capa
-los malos, ya la tienen por suerte: andan con capa de virtud, queriendo
-parecer al mismo Dios y á los suyos.
-
-¿No notáis, dijo el falso Ermitaño y verdadero embustero, qué ceñidos
-andan todos, cuando menos ajustados?
-
-Sí; dijo Critilo; pero con cuerda.
-
-Eso es lo bueno, respondió, para hacer bajo cuerda cuanto quieren y
-todo va bajo manga. No se les ven las manos, tanto es su recato.
-
-No sea, replicó Critilo, que tiren la piedra y escondan la mano. ¿No
-veis aquel bendito, qué fuera del mundo anda? ¡Qué metido va, pues no
-piensa en cosa suya, sino en las ajenas! Que no tiene cosa propia. No
-se le ve la cara, no es lo mejor lo descarado. Á nadie mira á la cara
-y á todos quita el sombrero. Anda descalzo por no ser sentido, tan
-enemigo es de buscar ruido.
-
-¿Quién es el tal?, preguntó Andrenio. ¿Es profeso?
-
-Sí, con que cada día toma el hábito y es muy bien diciplinado. Dicen
-que es un arrapaaltares, por tener mucho de Dios. Hace una vida
-extravagante. Toda la noche vela, nunca reposa. No tiene cosa ni casa
-suya y así es dueño de todas las ajenas. Y sin saber cómo ni por dónde,
-se entra en todas y se hace luego dueño dellas. Es tan caritativo, que
-á todos ayuda á llevar la ropa y cuantos topa, las capas, y así le
-quieren de modo, que, cuando se parte de alguna, todos quedan llorando
-y nunca se olvidan dél.
-
-[Marginal: _Ladrón centimano._]
-
-Éste, dijo Andrenio, con tantas prendas ajenas más me huele á ladrón,
-que á monje.
-
-Ahí verás el milagro de nuestra Hipocrinda, que siendo lo que tú dices,
-le hace parecer un bendito. Tanto, que está ya consultado en un gran
-cargo, en competencia de otro de casa de Virtelia, y se tiene por
-cierto que le ha de hurtar la bendición. Y cuando no, trata de irse á
-Aragón, donde muera de viejo.
-
-¡Qué lucido está aquel otro!, dijo Critilo.
-
-Es honra de la penitencia, respondió el Ermitaño, y aunque tan bueno,
-no puede tenerse en pie ni acierta á dar un paso.
-
-Bien lo creo, que no andará muy derecho.
-
-Pues sabed que es un hombre muy mortificado: nadie le ha visto comer
-jamás.
-
-Eso creeré yo: que á nadie convida, con ninguno parte; todo es predicar
-ayuno y no miente. Que en habiéndose comido un capón, con verdad dice:
-_ay uno_. Yo juraré por él que en muchos años no se ha visto un pecho
-de perdiz en la boca.
-
-Y yo también.
-
-Y tras toda esta austeridad, que usa consigo, es muy suave.
-
-Así lo entiendo: suave de día y _su ave_ de noche. ¿Mas cómo está tan
-lucido?
-
-Ahí verás la buena conciencia. Tiene buen buche, no se ahoga con poco
-ni se ahita con cosillas. Engorda con la merced de Dios y así todos le
-echan mil bendiciones. Pero entremos en su celda, que es muy devota.
-
-Recibiólos con mucha caridad y franqueóles una alhacena no tan á secas,
-que no fuese de regadío, dando fruto de dulces, perniles y otros
-regalos.
-
-¿Así se ayuna?, dijo Critilo.
-
-Y así hay una gentil bota, respondió el Ermitaño. Éstos son los
-milagros desta casa, que siendo éste antes tenido por un Epicuro, en
-tomando tan buena capa, se ha trocado de modo, que compite con un
-Macario. Y es tanta verdad ésta, que antes de mucho le veréis con una
-dignidad.
-
-¿También hay soldados cofadres de la apariencia?, preguntó Andrenio.
-
-Y son los mejores, respondió el Ermitaño. Tan buenos cristianos, que
-aun al enemigo no le quieren hacer mala cara, con que no le querrían
-ver. [Marginal: _Soldado hipócrita._] ¿No ves aquél? Pues, en dando un
-Santiago, se mete á peregrino. En su vida se sabe que haya hecho mal
-á nadie. No tengan miedo que él beba de la sangre de su contrario.
-Aquellas plumas, que tremola, yo juraría que son más de Santo Domingo
-de la Calzada, que de Santiago. El día de la muestra es soldado y el
-de la batalla, Ermitaño. Más hace él con un lanzón, que otros con
-una pica. Sus armas siempre fueron dobles. Desde que tomó capa de
-valiente, es un Ruy Díaz atildado. Es de tan sano corazón, que siempre
-le hallarán en el cuartel de la salud. No es nada vanaglorioso y así
-suele decir que más quiere escudos, que armas. En dando un espaldar
-al enemigo, acude al consejo con un peto y así es tenido por un
-buen soldado, muy aplaudido y en competencia de dos Bernardos está
-consultado en un generalato. Y dicen que él será el hombre y los otros
-se lo jugarán. Que aquí más importa el parecer, que el ser.
-
-[Marginal: _Sabiduría aparente._]
-
-Aquel otro es tenido por un pozo de sabiduría, más honda que profunda.
-Y él dice que en eso está su gozo. Aquí más valen testos, que testa.
-Nunca se cansa de estudiar. Su mayor conceto dice ser el que dél se
-tiene y aun todos los ajenos nos vende por suyos, que para eso compra
-los libros. De letras, menos de la mitad basta y lo demás de fortuna.
-Que el aplauso más ruido hace en vacío. Y al fin, más fácil es y menos
-cuesta el ser tenido por docto, por valiente y por bueno, que el serlo.
-
-¿De qué sirven, preguntó Andrenio, tantas estatuas como aquí tenéis?
-
-¡Oh!, dijo el Ermitaño, son ídolos de la imaginación, fantasmas de
-la apariencia. Todas están vacías y hacemos creer que están llenas
-de sustancia y solidez. Métese uno por dentro en la de un sabio y
-húrtale la voz y las palabras; otro en la de un señor y á todos manda
-y todos sin réplica le obedecen, pensando que habla el poderoso y no
-es sino un vergante. Ésta tiene la nariz de cera, que se la tuercen
-y retuercen como quieren la información y la pasión, ya al derecho,
-ya al siniestro, y ella pasa por todo. Mirad bien, reparad en aquel
-ministro de Justicia, ¡qué celoso, qué justiciero se muestra! No hay
-alcalde Ronquillo rancio ni fresco Quiñones, que le llegue. Con nadie
-se ahorra y con todos se viste, á todos les va quitando las ocasiones
-del mal, para quedarse con ellas. Siempre va en busca de ruindades y
-con ese título entra en todas las casas ruines libremente, desarma los
-valientes y hace en su casa una armería. Destierra los ladrones, por
-quedar él solo. Siempre va repitiendo ¡justicia! mas no por su casa. Y
-todo esto con buen título y aun colorado.
-
-Vieron otros dos, que con nombre de celosos eran dos grandísimos
-impertinentes. Todo lo querían remediar y todo lo inquietaban, sin
-dejar vivir á nadie, diciendo se perdía el mundo y ellos eran los
-más perdidos. Á esta traza iban encontrando raros milagros de la
-apariencia, estrañas maravillas de la hipocresía, que engañaran á un
-Ulises.
-
-[Marginal: _Oficina de hipócritas._]
-
-Cada día acontece, ponderaba el Ermitaño, salir de aquí un sujeto,
-amoldado en esta oficina, instruído en esta escuela, en competencia
-de otro de aquella de arriba, de la verdadera y sólida virtud,
-pretendiendo ambos una dignidad, y parecer éste mil veces mejor,
-hallar más favor, tener más amigos y quedarse el otro corrido y aun
-cansado. Porque los más en el mundo no conocen ni examinan lo que cada
-uno es; sino lo que parece. Y creedme que de lejos tanto brilla un
-claveque como un diamante. Pocos conocen las finas virtudes ni saben
-distinguirlas de las falsas. Veis allí un hombre más liviano que un
-bofe y parece en lo exterior más grave que un presidente.
-
-¿Cómo es eso?, dijo Andrenio. Que querría aprender esta arte de hacer
-parecer. ¿Cómo se hacen estos plausibles milagros?
-
-Yo os lo diré. Aquí tenemos variedad de formas para amoldar cualquier
-sujeto, por incapaz que sea, y ajustarle de pies á cabeza. [Marginal:
-_Arte de artimaña._] Si pretende alguna dignidad, le hacemos luego
-cargado de espaldas; si casamiento, que ande más derecho que un
-huso; y, aunque sea un chisgaravís, le hacemos que muestre autoridad,
-que ande á espacio, hable pausado, arquee las cejas, pare gesto de
-ministro y de misterio, y para subir alto, que hable bajo. Ponémosle
-unos antojos, aunque vea más que un lince, que autorizan grandemente. Y
-más, cuando los desenvaina y se los calza en una gran nariz y se pone á
-mirar de á caballo, hace estremecer los mirados.
-
-Á más desto tenemos muchas maneras de tintes, que de la noche á la
-mañana transfiguran las personas, de un cuervo en un cisne callado y
-que, si hablare, sea dulcemente, palabras confitadas. Si tenía piel de
-víbora, le damos un baño de paloma, de modo, que no muestre la hiel,
-aunque la tenga, ni se enoje jamás, porque se pierde en un instante
-de cólera cuanto se ha ganado de crédito y de juicio en toda la vida.
-Mucho menos muestre asomo de liviandad ni en el dicho ni en el hecho.
-
-Vieron uno, que estaba escupiendo y haciendo grandes ascos.
-
-¿Qué tiene éste?, preguntó Andrenio.
-
-Acércate y le oirás decir mucho mal de las mujeres y de sus trajes.
-
-Cerraba los ojos por no verlas.
-
-Éste sí, dijo el Ermitaño, que es cauto.
-
-Más valiera casto, replicó Critilo. Que desta suerte abrasan muchos
-el mundo en fuego de secreta lujuria. Introdúcense en las casas como
-golondrinas, que entran dos y salen seis.
-
-Mas ahora, que hemos nombrado mujeres, díme, ¿no hay clausura para
-ellas? Pues de verdad, que pueden profesar de enredo.
-
-Sí le hay, dijo el Ermitaño. Convento hay y bien malignante: Dios nos
-defienda de su multitud. Aquí están de parte.
-
-Y asomóles á una ventana para que viesen de paso, no de propósito, su
-proceder. Vieron ya unas muy devotas, aunque no de San Lino ni de San
-Hilario, que no gustan de devociones al uso, sí de San Alejos y de toda
-romería.
-
-Aquélla, que allí se aparece, dijo el Ermitaño, es la viuda recatada,
-que cierra su puerta al _Ave María_. Mira la doncella, qué puesta en
-pretina, no sea _en cinta_. [Marginal: _Profesas de enredo._] Aquella
-otra es una bella casada. Tiénela su marido por una santa y ella le
-hace fiestas, cuando menos de guardar. Á esta otra nunca le faltan
-joyas, porque ella lo es buena. Á aquélla la adora su marido: será
-porque lo dora. No gusta de galas, por no gastar la hacienda, y gástale
-la honra. De aquélla dice su marido que metería las manos en un fuego
-por ella. Más valiera que las pusiera en ella y apagara el de su
-lujuria.
-
-Estaba una riñendo unas criadas pequeñas, porque brujuleó no sé qué
-ceños, y ella con mayor decía:
-
-En esta casa no se consiente ni aun el pensamiento.
-
-Y repetía entre dientes la criada el eco. Desta otra anda siempre
-predicando su madre lo que ella no se confiesa. Decía otra buena madre
-de su hija:
-
-Es una bienaventurada.
-
-Y era así, que siempre quisiera estar en gloria.
-
-¿Cómo están tan descoloridas aquéllas?, reparó Andrenio.
-
-Y el Ermitaño:
-
-Pues no es de malas; sino de puro buenas. Son tan mortificadas, que
-echan tierra en lo que comen, no sea barro. Mira qué celosas se
-muestran éstas; más valiera celadas.
-
-¿Nunca llegamos, dijo Critilo, á ver esta virtud acomodada, esta
-prelada suave, esta plática bondad?
-
-No tardaremos mucho, respondió el Ermitaño: que ya entramos en el
-refitorio, donde estará sin duda haciendo penitencia.
-
-Fueron entrando y descubriendo cuerpo y cuerpo y más cuerpo, al fin una
-mujer toda carne y nada espíritu. Tenía el gesto estragado; mas no el
-gusto, desmentidor del regalo.
-
-[Marginal: _Engañamundo._]
-
-Y cuanto más amarillo, dice que tiene mejor color.
-
-Hasta el rosario era de palo santo y tenía por estremo, que siempre
-anda por ellos, una muerte para darse mejor vida. Estaba sentada,
-que no podía tenerse en pie, equivocando regüeldos con suspiros, muy
-rodeada de novicios del mundo, dándoles liciones de saber vivir.
-
-No me seáis simples, les decía; aunque lo podéis mostrar. Que es gran
-ciencia saber mostrar no saber. Sobre todo os encomiendo el recato y el
-no escandalizar.
-
-Ponderábales la eficacia de la apariencia.
-
-Aquí está todo en el bienparecer, que ya en el mundo no se atiende á lo
-que son las cosas; sino á lo que parecen. Porque, mirad, decía, unas
-cosas hay que ni son ni lo parecen y ésa es ya necedad. Que, aunque no
-sea de ley, procure parecerlo. Otras hay que son y lo parecen y eso no
-es mucho. Otras que son y no parecen y ésa es la suma necedad. Pero el
-gran primor es no ser y parecerlo. Eso sí que es saber. Cobrad opinión
-y conservadla, que es fácil. Que los más viven de crédito. No os metáis
-en estudiar; pero alabaos con arte. Todo médico y letrado han de ser
-de ostentación. Mucho vale el pico: que hasta un papagayo, porque le
-tiene, halla cabida en los palacios y ocupa el mejor balcón. Mirá que
-os digo que, si sabéis vivir, os sabréis acomodar y sin trabajo alguno,
-sin que os cueste cosa. Sin sudar ni reventar, os he de sacar personas.
-Por lo menos que lo parezcáis, de modo, que podáis ladearos con los
-más verdaderos virtuosos, con el más hombre de bien. Y si no, tomad
-ejemplo en la gente de autoridad y de experiencia y veréis lo que han
-aprovechado con mis reglas y en cuán grande predicamento están hoy en
-el mundo ocupando los mayores puestos.
-
-Estaba tan admirado Andrenio, cuan pagado de tan barata felicidad,
-de una virtud tan de balde, sin violencias, sin escalar montañas de
-dificultades, sin pelear con fieras, sin correr agua arriba, sin remar
-ni sudar. Trataba ya de tomar el hábito de una buena capa, para toda
-libertad y profesar de hipócrita, cuando Critilo, volviéndose al
-Ermitaño, le preguntó:
-
-Díme, por tu vida larga, si no buena, ¿con esta virtud fingida miremos
-nosotros conseguir la felicidad verdadera?
-
-¡Oh, pobre de mí!, respondió el Ermitaño: en eso hay mucho que decir.
-Quédese para otra sitiada.
-
-
-
-
-CRISI VIII
-
-_Armería del valor._
-
-
-Estando ya sin virtud el Valor, sin fuerzas, sin vigor, sin brío
-á punto de espirar, dícese que acudieron allá todas las naciones,
-instándole hiciese testamento en su favor y les dejase sus bienes.
-
-No tengo otros, que á mí mismo, les respondió. [Marginal: _Testamento
-del valor._] Lo que yo os podré dejar será este mi lastimoso cadáver,
-este esqueleto de lo que fuí. Id llegando, que yo os lo iré repartiendo.
-
-Fueron los primeros los italianos, porque llegaron primeros pidieron la
-testa.
-
-Yo os la mando, dijo. Seréis gente de gobierno, mandaréis el mundo á
-entrambas manos.
-
-Inquietos los franceses, fuéronse entremetiendo y, deseosos de tener
-mano en todo, pidieron los brazos.
-
-Temo, dijo, que, si os los doy, habéis de inquietar todo el mundo.
-Seréis activos, gente de brazo. No pararéis un punto. Malos sois para
-vecinos.
-
-Pero los ginoveses de paso les quitaron las uñas, no dejándoles ni con
-qué asir ni con qué detener las cosas. Pero á los españoles les han
-dado tan valientes pellizcos en su plata, que no hiciera más una bruja,
-chupándoles la sangre, cuando más dormidos.
-
-Item más, dejo el rostro á los ingleses. Seréis lindos, unos ángeles;
-mas temo que, como las hermosas, habéis de ser fáciles en hacer cara
-á un Calvino, á un Lutero y al mismo diablo. Sobre todo, guardaos no
-os vea la vulpeja, que dirá luego aquello de ¡hermosa fachata, mas sin
-cerebro!
-
-Muy atentos los venecianos, pidieron los carrillos. Riéronse los demás;
-pero el Valor:
-
-No lo entendéis, les dijo: dejad, que ellos comerán con ambos y con
-todos.
-
-Mandó la lengua á los sicilianos y, habiendo duda entre ellos y los
-napolitanos, declaró que á las dos Sicilias. Á los irlandeses el
-hígado. El talle á los alemanes.
-
-Seréis hombres de gentil cuerpo; pero mirá que no lo estiméis más que
-el alma.
-
-La melsa á los polacos, el liviano á los moscovitas. Todo el vientre á
-los flamencos y holandeses.
-
-Con tal que no sea vuestro Dios.
-
-El pecho á los suecos. Las piernas á los turcos, que con todos
-pretenden hacerlas y, donde una vez meten el pie, nunca más lo levantan.
-
-Las entrañas á los persas, gente de buenas entrañas.
-
-Á los africanos los huesos, que tengan que roer, como quien son.
-
-Las espaldas á los chinos, el corazón á los japoneses, que son los
-españoles del Asia, y el espinazo á los negros. [Marginal: _Manda á
-los Españoles._] Llegaron los últimos los españoles, que habían estado
-ocupados en sacar huéspedes de su casa, que vinieron de allende á
-echarlos de ella.
-
-¿Qué nos dejas á nosotros?, le dijeron:
-
-Y él:
-
-Tarde llegáis: ya está todo repartido.
-
-¿Pues á nosotros, replicaron, que somos tus primogénitos qué menos que
-un mayorazgo nos has de dejar?
-
-No sé ya qué daros. Si tuviera dos corazones, vuestro fuera el primero;
-pero mirá, lo que podéis hacer es que, pues todas las naciones os han
-inquietado, revolved contra ellas y lo que Roma hizo antes, haced
-vosotros después: dad contra todas, repelad cuanto pudiéredes, en fe de
-mi permisión.
-
-No lo dijo á los sordos. Hanse dado tan buena maña, que apenas hay
-nación en el mundo, que no la hayan dado su pellizco, y á pocos
-repelones se hubieran alzado con todo el Valor de pies á cabeza.
-
-Esto les iba exagerando á Critilo y Andrenio á la salida de Francia
-por la Picardía un hombre, que lo era y mucho. Pues, así como tienen
-unos cien ojos para ver y otros cien manos para obrar, éste tenía cien
-corazones para sufrir y todo él era corazón.
-
-¿Saldréis, decía, con cariño de la Francia?
-
-No por cierto, le respondieron, cuando sus mismos naturales la dejan y
-los estranjeros no la buscan.
-
-[Marginal: _Francia definida._]
-
-¡Gran provincia!, dijo el de los cien corazones.
-
-Sí, respondió Critilo, si se contentase con sí misma.
-
-¡Qué poblada de gentes!
-
-Pero no de hombres.
-
-¡Qué fértil!
-
-Mas no de cosas sustanciales.
-
-¡Qué llana y qué agradable!
-
-Pero combatida de los vientos, de donde se les origina á sus naturales
-la ligereza.
-
-¡Qué industriosa!
-
-Pero mecánica.
-
-¡Qué laboriosa!
-
-Pero vulgar.
-
-La provincia más popular, que se conoce. ¡Qué belicosos y gallardos sus
-naturales!
-
-Pero inquietos: los duendes de la Europa en mar y tierra. Son un rayo
-en los primeros acometimientos y un desmayo en los segundos.
-
-Son dóciles.
-
-Sí; pero fáciles.
-
-Oficiosos.
-
-Pero despreciables y esclavos de las otras naciones. Emprenden mucho y
-ejecutan poco y conservan nada. Todo lo emprenden y todo lo pierden.
-
-¡Qué ingeniosos! ¡qué vivos! ¡y qué prontos!
-
-Pero sin fondo.
-
-No se conocen tontos entre ellos.
-
-Ni doctos, que nunca pasan de una medianía.
-
-Es gente de gran cortesía.
-
-Mas de poca fe, que hasta sus mismos Enricos no viven esentos de sus
-alevosos cuchillos.
-
-Son laboriosos.
-
-Así es, al paso que codiciosos.
-
-No me podéis negar que han tenido grandes reyes.
-
-Pero los más de poquísimo provecho.
-
-Tienen bizarras entradas para hacerse señores del mundo.
-
-¡Pero, qué desairadas salidas! Que, si entran á laudes, salen á
-vísperas.
-
-Acuden con sus armas á amparar cuantos se socorren de ellas.
-
-Es que son los rufianes de las provincias adúlteras.
-
-¿Son aprovechados?
-
-Sí y tanto, que estiman más una onza de plata, que un quintal de
-honra. El primer día son esclavos; pero el segundo amos, el tercero
-tiranos insufribles. Pasan de estremo á estremo sin medio: de humanos
-á insolentísimos. Tienen grandes virtudes y tan grandes vicios, que
-no se puede fácilmente averiguar cuál sea el rey, y al fin, ellos son
-antípodas de los españoles.
-
-Pero decidme, ¿cómo fué aquello del Ermitaño? ¿Qué salida dió á la
-sagaz pregunta de Critilo?
-
-Confesóme que á la virtud aparente no le corresponde premio sólido ni
-verdadero. Que bien se les puede echar dado falso á los hombres; pero
-que Dios no es reído. Oyendo esto, hicímonos del ojo y, en viendo la
-nuestra, tratamos de colgar el mal hábito de fingidos y saltar las
-bardas de la vil hipocresía.
-
-¡Oh, qué bien hicistes! Porque el gozo del hipócrita no dura un
-instante entero, es como un punto. Entended una verdad, que de cien
-leguas se conoce la que es verdadera virtud ó falsa. Está ya muy
-despabilada la advertencia. Luego le conocen á uno de qué pie se mueve
-y de cuál cojea. Al paso que el engaño anda metafísico, también la
-cautela sutil le va á los alcances, y por más capa que tome de bondad,
-no se le escapa de vicio. La virtud sólida y perfecta es la que puede
-salir á vistas del cielo y de la tierra. Ésa la que vale y dura, que es
-tenida por clara y por eterna. La bellísima Virtelia es la que importa
-buscar y no parar hasta hallarla; aunque sea pasando por picas y por
-puñales, que ella os encaminará á vuestra Felisinda, en cuya busca toda
-la vida vais peregrinando.
-
-Animábales mucho á emprender aquel montón de dificultades, que tan
-acobardado tenía á Andrenio.
-
-Ea, acaba, le decía: que esa tu cobarde imaginación te pinta aquel
-leonazo del camino muy más bravo de lo que es. Advierte que muchos
-tiernos mancebos y delicadas doncellitas le han desquijarado.
-
-¿De qué suerte?, preguntó Andrenio.
-
-Armándose primero muy bien y peleando mejor después: que todo lo vence
-una resolución gallarda.
-
-¿Qué armas son ésas y dónde las hallaremos?
-
-Venid conmigo, que yo os llevaré donde las podréis escoger, si no al
-gusto, al provecho.
-
-Íbanle ya siguiendo y razonando.
-
-¿Qué importa, decía, sobren armas, si falta el Valor? Eso, más sería
-llevarlas para el enemigo.
-
-¿De modo, que ya finó el Valor?, preguntó Critilo.
-
-Sí, ya acabó, respondió él. Ya no hay Hércules en el mundo, que sujeten
-monstruos, que deshagan entuertos, agravios y tiranías; que las hagan,
-sí; que las conserven, también, obrando cien mil monstruosidades cada
-día. Un solo Caco había entonces, un embustero sólo, un ladrón en
-toda una ciudad; y ahora en cada esquina hay el suyo y cada casa es
-su cueva. Muchos Anteos, hijos del siglo, nacidos del polvo de la
-tierra. ¡Pues harpías agarradoras, hidras de siete cabezas y de siete
-mil caprichos, jabalís de su torpeza, leones de su soberbia! Todo está
-hirviendo de monstruos adocenados, sin hallarse ya quien tenga valor
-para pasar las columnas de la fortaleza y fijarlas en los fines de los
-humanos intentos, poniendo término á sus quimeras.
-
-[Marginal: _El valor apurado._]
-
-¡Qué poco duró el Valor en el mundo!, dijo Andrenio.
-
-Poco: que el hombre valiente y aquellas sus camaradas nunca duran mucho.
-
-¿Y de qué murió?
-
-De veneno.
-
-¡Qué lástima!
-
-Si fuera en una inmortal, por tan mortal, batalla de Norlinguen, en un
-sitio de Barcelona, pase: que un buen fin toda la vida corona; ¿pero de
-veneno? ¡Hay tal fatalidad! ¿Y en qué se le dieron?
-
-En unos polvos más letíferos, que los de Milán; más pestilentes, que
-los de un royo, de un malsín, de un traidor, de una madrastra, de un
-cuñado y de una suegra.
-
-¿Diráslo porque estos valientes siempre acaban levantando polvaredas,
-que paran en lodos de sangre?
-
-No; sino con toda realidad digo que la malicia humana se ha adelantado
-de modo, que no deja de obrar á los venideros. Ella ha inventado
-ciertos polvos tan venenosos y tan eficaces, que han sido la peste
-y la ruina de todos los grandes hombres. Y desde que éstos corren y
-aun vuelan, no ha quedado hombre de valor en el mundo. Con todos los
-famosos han acabado. No hay que tratar ya de Cides ni de Roldanes,
-como en otros tiempos. Fuera ahora Hércules juguete, viviera Sansón de
-milagro. Dígoos que han desterrado del mundo la valentía y la braveza.
-
-¿Y qué polvos son esos tan traidores?, preguntó Critilo. ¿Son acaso de
-basiliscos molidos? ¿De entrañas de víboras destiladas? ¿De colas de
-escorpiones? ¿De ojos envidiosos ó lascivos? ¿De intenciones torcidas?
-¿De voluntades malévolas? ¿De lenguas maldicientes? ¿Hase vuelto á
-quebrar otra redomilla en Delfos, apestando toda la Asia?
-
-Aún son peores y, aunque dicen componerse de aquel alcrebite infernal,
-del salitre estigio y de carbones alentados á esternudos del demonio;
-pero yo digo que del corazón humano, que excede á la intratabilidad
-de las Furias, á la inexorabilidad de las Parcas, á la crueldad de la
-guerra, á la tiranía de la muerte. Que no puede ser otro una invención
-tan sacrílega, tan execrable, tan impía y tan fatal, [Marginal:
-_Estragos de la pólvora._] como es la pólvora, dicha así, porque
-convierte en polvo el género humano. Ésta ha acabado con los Héctores
-de Troya, con los Aquiles de Grecia, con los Bernardos de España. Ya
-no hay corazón ni valen fuerzas ni aprovecha la destreza. Un niño
-derriba un gigante, un gallina hace tiro á un león y al más valiente el
-cobarde, con que ya ninguno puede lucir ni campear.
-
-Antes ahora, dijo Critilo, he oído ponderar que está más adelantado
-el valor, que antes. Porque ¿cuánto más corazón es menester para
-meterse un hombre por cien mil bocas de fuego? ¿Cuánto más ánimo para
-esperar un torbellino de bombardas, hecho terrero de rayos? Ése sí que
-es valor; que todo lo antiguo fué niñería. Ahora está el valor en su
-punto, que es en un corazón intrépido; que entonces en un buen brazo,
-en tener más fuerza que un gañán, en los jarretes de un salvaje.
-
-Engáñase de barra á barra quien tal dice. ¡Qué dictamen tan exótico y
-errado! [Marginal: _Temeridad valerosa._] Pues ése, que él celebra,
-no es valor ni lo conoce; no es sino temeridad y locura, que es muy
-diferente.
-
-Ahora digo, confirmó Andrenio, que la guerra es para temerarios y aun
-por eso diría aquel gran hombre, tan celebrado de prudente en España,
-en la primera batalla y la última en que se halló, oyendo zumbir las
-balas:
-
-¿Es posible, que desto gustaba mi padre?
-
-Y hanle seguido muchos, confirmándose en su opinión tan segura. Siempre
-oí decir que desde que riñeron la Valentía y la Cordura, nunca más han
-hecho paz. Aquélla salió de sus casillas á campaña y ésta se apeló el
-juicio.
-
-No tienes razón, dijo el Valeroso. ¿Qué hiciera la fortaleza, sin la
-prudencia? Que por eso en la varonil edad está en su sazón, y del valor
-tomó el renombre de varonil. Es en ella valor lo que en la mocedad
-audacia y en la vejez recelo. Aquí está en un medio muy proporcionado.
-
-[Marginal: _Armería victoriosa._]
-
-Llegaron ya á una gran casa, tan fuerte como capaz. Dieron y tomaron
-el nombre: que aquí se cobra la fama. Entraron dentro y vieron un
-espectáculo de muchas maravillas del valor, de instrumentos prodigiosos
-de la fortaleza. Era una armería general de todas armas antiguas y
-modernas, calificadas por la experiencia y á prueba de esforzados
-brazos, de los más valientes hombres, que siguieron los pendones
-marciales. Fué gran vista lograr juntos todos los trofeos del valor,
-espectáculo bien gustoso y gran empleo de la admiración.
-
-Acercaos, decía, reconocé y estimá tanto y tan ejecutivo portento de la
-fama.
-
-Pero salteóle de pronto un intensísimo sentimiento á Critilo, que le
-apretó el corazón hasta exprimirle por los ojos. Reparando en ello el
-Valeroso, solicitó la causa de su pena y él:
-
-¿Es posible, dijo, que todos esos fatales instrumentos se forjaron
-contra una tan frágil vida? Si fuera para conservarla, estuviera bien:
-merecían toda recomendación; ¿pero para ofendella y destruilla, contra
-una hoja, que se la lleva el viento, tantas hojas afiladas ostentan su
-potencia? ¡Oh, infelicidad humana, que haces trofeo de tu misma miseria!
-
-Señor, los filos deste alfanje cortaron el hilo de la vida á un famoso
-rey don Sebastián, digno de la vida de cien Néstores. Este otro, la del
-desdichado Ciro, rey de Persia. Esta saeta fué la que atravesó el lado
-al famoso rey don Sancho de Aragón y esta otra al de Castilla.
-
-¡Malditos sean tales instrumentos y execrable su memoria! No los vea yo
-de mis ojos. Pasemos adelante.
-
-Esta tan luciente espada, dijo el Valeroso, fué la celebrada de Jorge
-Castrioto y esta otra del marqués de Pescara.
-
-Déjamelas ver muy á mi gusto.
-
-Y después de bien miradas, dijo:
-
-No me parecen tan raras como yo pensaba. Poco se diferencian de las
-otras. Muchas he visto yo de mejor temple y no de tanta fama.
-
-[Marginal: _Trofeos del valor._]
-
-Es que no ves los dos brazos, que las movían, que en ellos consistía la
-braveza.
-
-Vieron otras dos, todas teñidas en sangre desde la punta al pomo, muy
-parecidas.
-
-Estas dos están de competencia. ¿Cuál venció más batallas campales y
-cúyas son?
-
-Ésta es del rey don Jaime el Conquistador y esta otra del Cid
-castellano.
-
-Yo me atengo á la primera, como más provechosa y quédese el aplauso
-para la segunda, más fabulosa. ¿Dónde está la de Alejandro Magno, que
-deseo mucho verla?
-
-No os canséis en buscarla, que no está aquí.
-
-¿Cómo no, habiendo conquistado todo un mundo?
-
-Porque no tuvo valor para vencerse á sí, mundo pequeño: sujetó toda la
-India; mas no su ira. Tampoco hallaréis la de César.
-
-¿Ésa no, cuando yo creí fuera la primera?
-
-Tampoco, porque gastó más sus aceros contra los amigos y segó las
-cabezas más dignas de vida.
-
-Algunas hay aquí, que, aunque buenas, parecen quedar cortas.
-
-No dijera eso el conde de Fuentes, á quien ninguna le pareció corta,
-con avanzarse, decía, un paso más al contrario. Estas tres son de los
-famosos franceses, Pepino, Carlo Magno y Luis Nono.
-
-¿No hay más francesas?, preguntó Critilo.
-
-No sé yo que haya más.
-
-Pues ¿habiendo habido en Francia tan insignes reyes, tantos Pares sin
-par y tan valerosos Mariscales? ¿Dónde están las de los dos Virones?
-¿La del grande Enrico Cuarto? ¿Cómo no más de tres?
-
-Porque esas tres solas emplearon su valor contra los moros; todas las
-demás contra cristianos.
-
-Muy metida en su vaina vieron una, cuando todas las otras estaban
-desnudas, ya brillantes, ya sangrientas. Riéronlo mucho; mas el
-Valeroso:
-
-De verdad, dijo, que es heroica y llamada por antonomasia la grande.
-
-¿Cómo no está desnuda?
-
-Porque el Gran Capitán, su gran dueño, decía que la mayor valentía de
-un hombre consistía en no empeñarse ni verse obligado á sacarla.
-
-Tenía otra muy brillante contera de oro fino y dijo:
-
-Ésta fué la que echó á su vitoriosa espada el marqués de Leganés,
-derrotando al Invencible vencido.
-
-Deseó Andrenio saber cuál había sido la mejor espada del mundo.
-
-No es fácil de averiguar, dijo el Valeroso; pero yo diría, que la del
-rey Católico don Fernando.
-
-¿Y por qué no la de un Héctor, de un Aquiles, replicó Critilo, más
-célebres y plausibles, por tan decantadas de los poetas?
-
-[Marginal: _La mejor espada._]
-
-Yo lo confieso, respondió; pero ésta, no tan ruidosa, fué más
-provechosa y la que conquistó la mayor monarquía, que reconocieron los
-siglos. Esta hoja del Rey Católico y aquel arnés del rey Filipo el
-Tercero pueden salir dondequiera que haya armas: aquélla para adquirir
-y éste para conservar.
-
-¿Cuál es ese arnés tan heroico de Filipo?
-
-Mostróles uno todo escamado de doblones y reales de á ocho alternados y
-ajustados unos sobre otros como escamas, haciendo una ricamente hermosa
-vista.
-
-Éste, dijo el Valeroso, fué el más eficaz, el más defensivo de cuantos
-hubo en el mundo.
-
-¿En qué guerra lo vistió su gran dueño, que nunca tuvo ocasión de
-armarse ni se vió jamás obligado á pelear?
-
-Antes fué para no pelear, para no tener ocasión. En fe déste, después
-de la asistencia del cielo, conservó su grande y dichosa monarquía sin
-perder una almena. Que es mucho más el conservar, que el conquistar. Y
-así decía uno de sus mayores ministros:
-
-Quien posee no pleitee y quien está de ganancia no baraje.
-
-Entre tantos y tan lucientes aceros campeaba un bastón muy basto; pero
-muy fuerte. Hízole novedad á Andrenio y dijo:
-
-¿Quién metió aquí este ñudoso palo?
-
-Su fama, respondió el Valeroso: no fué de algún gañán, como tú piensas,
-sino de un rey de Aragón, llamado el Grande, aquel que fué bastón de
-franceses, porque los abrumó á palos.
-
-Estrañaron mucho ver dos espadas negras y cruzadas entre tantas
-blancas, tan matantes.
-
-¿De qué sirven aquí éstas?, dijo Critilo, donde todo va de veras, y,
-aunque fuesen del bravo Carranza y del diestro Narváez, no merecen este
-puesto.
-
-No son, dijo, sino de dos grandes príncipes y muy poderosos, que,
-después de muchos años de guerra y haberse quebrado las cabezas con
-harta pérdida de dinero y gente, se quedaron como antes, sin haberse
-ganado el uno al otro un palmo de tierra: de modo, que al cabo más fué
-juego de esgrima, que guerra verdadera.
-
-Aquí echo menos, dijo Andrenio, las de muchos capitanes muy celebrados,
-por haber subido de soldados ordinarios á gran fortuna.
-
-¡Oh, dijo el Valeroso!, aquí se hallan y se estiman algunas de ésas.
-Aquélla es del conde Pedro Navarro, la otra de García de Paredes. Allí
-está la del Capitán de las Nueces, que fueron más que el ruido de la
-fama. Y si faltan algunas, es porque fueron más ganchos, que estoques.
-Que algunos más han triunfado con los oros, que con las espadas.
-
-¿Qué se hizo la de Marco Antonio, aquel famoso romano competidor de
-Augusto?
-
-Ésa y otras iguales andan por esos suelos hechas pedazos á manos tan
-flacas como femeniles. [Marginal: _Valor justificado._] La de Aníbal
-la hallaréis en Capua, que, habiendo sido de acero, las delicias la
-ablandaron como de cera.
-
-¿Qué espada es aquella tan derecha y tan valiente, sin torcer á un lado
-ni á otro, que parece el fiel á las balanzas de la equidad?
-
-Ésa, dijo, siempre hirió por línea recta. Fué del _non plus ultra_
-de los Césares, Carlos V, que siempre la desenvainó por la razón y
-justicia. Al contrario, aquellos corvos alfanjes del bravo Mahometo, de
-Solimán y Selim, como siempre pelearon contra la fe, justicia, derecho
-y verdad, ocupando tiránicamente los ajenos estados, por eso están tan
-torcidos.
-
-Aguarda, ¿qué espada tan dorada es aquella, que tiene por pomo una
-esmeralda y toda ella está esmaltada de perlas? ¡Qué cosa tan rica! ¿No
-sabríamos cúya fué?
-
-Ésta, respondió alzando la voz el Valeroso, fué del tan celebrado
-después, como emulado antes, pero nunca bastantemente ni estimado ni
-premiado, don Fernando Cortés, Marqués del Valle.
-
-¿Que ésta es?, dijo Andrenio. ¡Cómo me alegro de verla! ¿Y es de acero?
-
-¿Pues de qué había de ser?
-
-Es que yo había oído decir que era de caña, por haber peleado contra
-indios, que esgrimían espadas de palo y vibraban lanzas de caña.
-
-He, que la entereza de la fama, siempre venció la emulación. Digan lo
-que quisieren éstos y aquéllos, que ésta con su oro dió aceros á todas
-las de España y en virtud de ella han cortado las demás en Flandes y en
-Lombardía.
-
-Vieron ya una tan nueva como lucida, atravesando tres coronas y
-amagando á otras.
-
-¡Qué espada tan heroicamente coronada!, ponderó Critilo. ¿Y quién es el
-valeroso y dichoso dueño de ella?
-
-[Marginal: _El Señor D. Juan de Austria._]
-
-¿Quién ha de ser, sino el moderno Hércules, hijo del Júpiter de España,
-que va restaurando la monarquía, á corona por año?
-
-¿Qué tridente es aquel, que en medio de las aguas está fulminando fuego?
-
-Es del valeroso duque de Alburquerque, que quiere igualar por la
-valentía la fama de su gran padre, conseguida en Cataluña por gobierno.
-
-¿Qué arco sería aquel, que está hecho pedazos en el suelo y todos sus
-arpones rotos y despuntados? En lo pequeño parece juguete de algún
-rapaz; mas en lo fuerte de algún gigante.
-
-Ése, respondió, es uno de los más heroicos trofeos del Valor.
-
-¿Pues qué gran cosa, replicó Andrenio, rendir un niño y desarmarle?
-Ésa no la llames hazaña; sino melindre. Miren ¡qué clava de Hércules
-rompida, qué rayo de Júpiter desmenuzado, qué espada de Pablo de Parada
-hecha trozos!
-
-¡Oh, sí!, que es muy orgulloso el rapaz y cuanto más desnudo más
-armado, más fuerte cuando más flaco, más cruel cuando llorando, más
-certero cuando ciego. Creedme que es gran triunfo vencer al que á todos
-vence.
-
-Y dínos ¿quién le rindió?
-
-[Marginal: _Triunfo de la Castidad._]
-
-¿Quién? De mil uno, aquel Fénis de la castidad, un Alfonso, un Filipo,
-un Luis de Francia. ¿Qué diréis de aquella copa hecha también pedazos,
-sembrados todos por tierra?
-
-¡Qué otro blasón ése, dijo Andrenio, y más siendo de vidrio! ¡Qué gran
-cosa! Ésas más son hazañas de pajes, de que hacen ciento al día.
-
-Pues de verdad, ponderó el Valeroso, que era bien fuerte el que hacía
-la guerra con ella y que derribó á muchos. Del más bravo no hacía él
-más caso que de un mosquito.
-
-¿Qué, estaría hechizada?
-
-No, sino que hechizaba y les trastornaba á muchos el juicio. No dió
-Circe más bebedizos, que brindó con ésta un viejo.
-
-¿Y en qué transformaba las gentes?
-
-Los hombres en jimios y las mujeres en lobas. Él era un raro veneno,
-que apuntaba al cuerpo y hería el alma, al vientre, y pegaba en la
-mente. ¡Oh cuántos sabios hizo prevaricar! Y es lo bueno que todos los
-vencidos quedaban muy alegres.
-
-Pues bien está por tierra la que á tantos derribó y éste sea el blasón
-de los españoles.
-
-¿Qué otras armas son aquellas, preguntó Critilo, que se conoce bien
-su valor en su estimación, [Marginal: _El mayor valor._] pues están
-conservadas en armarios de oro?
-
-Éstas, respondió el Valeroso, son las mejores, porque son defensivas.
-
-¡Qué escudos tan bizarros!
-
-Y aun los más son escudos.
-
-¿Este primero parece de cristal?
-
-Sí y, al punto que se carea con el enemigo, le deslumbra y le rinde.
-Es de la razón y verdad, con que el buen emperador Ferdinando Segundo
-triunfó del orgullo de Gustavo Adolfo y de otros muchos.
-
-Estos otros tan cortos y tan lunados ¿de quién son? Que parecen de
-algún alunado capricho.
-
-Éstos fueron de mujeres.
-
-¿De mujeres?, replicó Andrenio. ¿Y aquí, entre tanta valentía?
-
-Sí, que las amazonas sin hombres fueron más que hombres y los hombres
-entre mujeres son menos que mujeres. Éste que aquí veis dicen está
-encantado, que por más golpes que le den, por más tiros que le hagan,
-no le hacen mella ni los mismos reveses de la Fortuna y esto á prueba
-de la paciencia del mismo don Gonzalo de Córdoba. Repara en aquel tan
-brillante.
-
-Parece moderno.
-
-Y es impenetrable, del sagaz y valeroso marqués de Mortara, que con su
-mucha espera y valor ha restaurado á Cataluña. Esta rodela acerada,
-grabada de tantas hazañas y trofeos, fué del primer conde de Ribagorza,
-cuyo valor prudente pudo hacerse lugar y aun campear al lado de tal
-padre y de un tal hermano.
-
-[Marginal: _D. Alonso de Aragón._]
-
-Dióles curiosidad de entender una letra, que en un escudo decía:
-
-Ó con Este ó en Este.
-
-Ésa fué la noble empresa de aquel gran vencedor de reyes, en que quiso
-decir que ó con el escudo vitorioso ó en él muerto.
-
-Dióles mucho gusto ver en uno pintado un grano de pimienta por empresa.
-
-¿Cómo lo podrá divisar el enemigo?, dijo Andrenio.
-
-¡Oh!, dijo, que el famoso general Francisco González Pimienta se avanza
-tanto al enemigo, que le hace ver y aun probar su picante braveza.
-
-Vieron ya uno en forma de corazón.
-
-¿Éste debía ser de algún grande amartelado?, dijo Andrenio.
-
-No fué, sino de quien todo es corazón, hasta el mismo escudo, digo
-aquel gran descendiente del Cid, heredero de su ínclito valor, el duque
-del Infantado.
-
-Había una rodela hecha de una materia bien extraordinaria, ni usada ni
-conocida.
-
-[Marginal: _Valerosa prudencia._]
-
-Es, dijo, de la oreja de un elefante. Con ésta se armaba de igual valor
-á su mucha prudencia el marqués de Caracena.
-
-¡Qué brillante celada aquélla!, celebró Critilo.
-
-Sí lo es, dijo el Valeroso, y que celaba bien con ella sus intentos el
-rey don Pedro de Aragón, de tal arte que, si su misma camisa llegara á
-rastrearlos, al punto la abrasara.
-
-¿Qué casco es aquel tan capaz y tan fuerte?
-
-Éste fué para una gran testa, no menos que del duque de Alba, hombre de
-superlativo juicio y que no se dejaba vencer, no sólo de los enemigos,
-pero ni de los suyos, como Pompeyo en dar la batalla al César contra su
-propio dictamen.
-
-¿Es por dicha aquel relumbrante yelmo el de Mambrino?
-
-Por lo impenetrable ya pudiera; fué de don Felipe de Silva, de cuya
-gran cabeza dijo el bravo mariscal de la Mota le daba más cuidado, que
-seguridad sus pies impedidos de la gota. Mira aquel morrión del marqués
-Espinola, qué defendido está con el guardanaso de su gran sagacidad,
-que con la misma verdad deslumbró la atención del vivaz Enrico Cuarto.
-Todas estas armas son para la cabeza y más de hombres sagaces, que de
-mancebos audaces; tan importantes, que por eso este archivo es llamado
-con especialidad el retrete del valor.
-
-Aquí vieron muchas cartas hechas pedazos, esparcidas por el suelo y
-pisados sus caballos y sus reyes.
-
-Ya me parece, dijo Andrenio, que te oigo exagerar una gran batalla, que
-aquí se dió, y la gran vitoria conseguida.
-
-Por lo menos no me negarás, replicó el Valeroso, que hubo barajas. Que
-siempre se componen de espadas y oros y luego andan los palos. ¿No te
-parece que fué gran valor el de aquel, que, cogiendo entre sus dos
-manos una baraja, toda junta la tronchó de una vez?
-
-Ése, respondió Andrenio, más parece efecto de las grandes fuerzas de
-don Gerónimo de Ayanzo, que de un heroico valor.
-
-Por lo menos sería el día de su mayor ganancia, y ten por cierto que no
-hay valor igual, como escusar las barajas ni hay mejor salida de los
-empeños, que no empeñarse. ¿Quieres ver la mayor valentía del mundo?
-Llega y mira esas joyas, esas galas, esa bizarría pisada y hollada en
-ese duro suelo.
-
-Éste, replicó Andrenio, parece aderezo mujeril. Pues ¿qué gran vitoria
-fué despojar una femenil flaqueza, triunfar de una bellísima ternura?
-¿Qué arneses vemos aquí deshechos, qué yelmos abollados?
-
-[Marginal: _Belleza triunfante._]
-
-Oh, sí, dijo, que esto fué triunfar de un mundo entero y retirarse al
-cielo la más aplaudida belleza de una Serenísima Señora Infanta, Sor
-Margarita de la Cruz, seguida después de Sor Dorotea, gloria mayor de
-Austria, que dejando de ser ángeles, pasaron á ser serafines en la
-religión de ellos. También son trofeo de un gran valor esas plumas de
-pavón esparcidas y estos airones de una altanera garza, penachos de su
-soberbia, ya despojos de una loca vanidad rendida.
-
-Pero lo que más le satisfizo fué ver hecha pedazos una afilada guadaña.
-
-Éste, sí, que es triunfo, exclamaron. ¡Que haya valor en un moro
-cristiano y en una reina María Estuarda, para despreciar la misma
-muerte!
-
-Trataron ya de armarse los dos conquistadores del monte de Virtelia.
-Iban escogiendo armas valientes, espadas de luz y de verdad, que á fuer
-de eslabones fulminasen rayos; escudos impenetrables de sufrimiento,
-yelmos de prudencia, arneses de fortaleza invencible. Y sobre todo el
-cuerdamente Valeroso les revistió muchos y generosos corazones, que no
-hay mayor compañía en los aprietos. Viéndose Andrenio tan bien armado,
-dijo:
-
-Ya no hay que temer.
-
-Sólo lo malo, le respondió, y lo injusto.
-
-Daba demostraciones de su gran gozo Critilo.
-
-Con razón, le dijo, te alegras, pues, aunque concurran en un varón
-todas las demás ventajas de sabiduría, nobleza, gracia de las gentes,
-riqueza, amistad, inteligencia, si el valor no las acompaña, todas
-quedan estériles, frustradas. Sin valor nada vale, todo es sin fruto.
-Poco importa que el consejo dicte, la prudencia prevenga, si el valor
-no ejecuta. Por eso la sabia naturaleza dispuso que el corazón y el
-celebro en la formación del hombre comenzasen á la par, para que fuesen
-juntos el el pensar y el obrar.
-
-Esto les estaba ponderando, cuando de repente interrumpió su discurso
-una viva arma, que se comenzó á tocar por todas partes. Acudieron
-prontos á tomar las armas y á ocupar sus puestos. Lo que fué y lo que
-les sucedió nos dirá la Crisi siguiente.
-
-
-
-
-CRISI IX
-
-_Anfiteatro de monstruosidades._
-
-
-Pasaba un río y río de lo que pasa entre márgenes opuestas, coronada de
-flores la una y de frutos la otra; prado aquélla de deleites, así como
-ésta de seguridades. Escondíanse allí entre las rosas las serpientes,
-entre los claveles los áspides, y bramaban las hambrientas fieras,
-rodeando á quien tragarse. En medio de tan evidentes riesgos estaba
-descansando un hombre, si lo es un necio. Pues pudiendo pasar el río y
-meterse en salvo de la otra parte, se estaba muy descuidado, cogiendo
-flores, coronándose de rosas y de cuando en cuando volviendo la mira á
-contemplar el río y ver correr sus cristales.
-
-Dábale voces un cuerdo, acordándole su peligro y convidándole á pasarse
-de la otra banda, con menos dificultad hoy que mañana. Mas él muy á lo
-necio respondía que estaba esperando acabase de correr el río, para
-poderle pasar sin mojarse.
-
-Oh, tú, que haces mofa del fabulosamente necio, advierte que eres el
-verdadero, tú eres el mismo de quien te ríes: tanta y tan solemne es tu
-demencia, pues instándote que dejes los riesgos del vicio y te acojas
-á la banda de la virtud, respondes que aguardas acabe de pasar la
-corriente de los males.
-
-[Marginal: _Escusa vulgar._]
-
-Si le preguntáis al otro por qué no acaba de ajustarse con la razón,
-responde que está aguardando pase el arrebatado torrente de sus
-pasiones: que no quiere comenzar el camino de la virtud hoy, si ha de
-volver al del vicio mañana.
-
-Si le acordáis á la otra sus obligaciones, la afrenta que causa á los
-propios y la murmuración á los extraños, dice que corre con todas, que
-así se usa, que con más edad tendrá más cordura.
-
-Consuélase aquél de no estudiar y dice que no piensa cansarse, pues no
-se premian letras ni se estiman méritos.
-
-Escúsase éste de no ser hombre de sustancia, diciendo que no hay quien
-lo sea. Todo está perdido, que no se usa la virtud; todos engañan,
-adulan, mienten, roban y viven de artificio. Y déjase arrebatar de la
-corriente de la maldad.
-
-El juez se lava las manos de que no hace justicia, con que todo está
-rematado y no sabe por dónde comenzar. Así que todos aguardan á que
-amaine el ímpetu de los vicios, para pasarse á la banda de la virtud.
-Mas es tan imposible el cesar los males, el acabarse los escándalos en
-el mundo, mientras haya hombres, como el parar los ríos; lo acertado es
-poner el pecho al agua y con denodado valor pasar de la otra banda al
-puerto de una seguridad dichosa.
-
-Peleando estaban ya los dos valerosos guerreros, que no es otra cosa
-la vida humana, que una milicia á la malicia, [Marginal: _Milicia
-contra malicia._] y á esto les habían tocado arma trecientos monstruos,
-causa deste rebato, que con los rayos de la razón descubrieron sus
-ardides; las atalayas en atenciones avisaron á los fuegos de su celo
-y éste al valor de ambos, que denodadamente los fueron persiguiendo y
-retirando, tanto, que llevados de su ardor en el alcance, se hallaron
-á las puertas de un hermosísimo palacio, primer fábrica del mundo, el
-más artificioso y bienlabrado, que jamás vieron, aunque habían admirado
-tantos. Ocupaba el centro de un ameno prado, con ambiciones de paraíso,
-de aquellos que no perdona el gusto. Su materia, aunque tierra,
-desmentida de los primores del arte, dejaba muy atrás la misma solar
-esfera. Obra al fin de grande artífice y fabricada para un príncipe
-grande.
-
-¿Si sería éste, dijo Andrenio, el tan alabado alcázar de Virtelia?
-Que una cosa tan perfecta no puede ser estancia, sino de su grande
-perfección. Que tal suele ser el epiciclo, cual la estrella.
-
-Oh, no, dijo Critilo, que éste está á los pies del monte y aquél sobre
-su cabeza, aquél se empina hasta el cielo y éste se roza con el abismo,
-aquél entre austeridades y éste entre delicias.
-
-Esto ponderaban, cuando vieron asomar por su majestuosa puerta, al
-cabo de muchas varas de nariz, un hombrecillo de media, que viéndolos
-admirados, les dijo:
-
-Yo no sé de qué; pues así como hay hombres de gran corazón y de gran
-pecho, yo lo soy de grandes narices.
-
-Toda gran trompa, dijo Critilo, siempre fué para mí señal de grande
-trampa.
-
-[Marginal: _Varón sagaz._]
-
-¿Y por qué no de sagacidad?, replicó él. Pues advertí que con ésta os
-he de abrir camino. Seguidme.
-
-Lo primero, que encontraron en el mismo atrio, fué un establo, nada
-estable, aunque lleno de gente lucida, hombres de mucho porte y de más
-cuenta, muy hallados todos con los brutos, sin asquear el mal olor de
-tan inmunda estancia.
-
-¿Qué es esto?, dijo Critilo. ¿Cómo éstos, que parecen personas, están
-en tan vil lugar?
-
-Por su gusto, respondió el Sátiro.
-
-¿Pues desto gustan?
-
-Sí, que los más de los hombres eligen antes vivir en la hedionda
-pocilga de sus bestiales apetitos, que arriba en el salón dorado de la
-razón.
-
-No se sentía otro dentro, que malas voces y bramidos de fieras, ni se
-oían sino monstruosidades. Era intolerable la hediondez que despedía.
-
-¡Oh, casa engañosa!, exclamó Andrenio: por fuera toda maravillas y por
-dentro monstruosidades.
-
-[Marginal: _Palacio del alma._]
-
-Sabed, dijo el Sátiro, que este hermoso palacio se fabricó para la
-Virtud; mas el Vicio se ha levantado con él, hale tiranizado. Y así de
-ordinario veréis que hace su morada en la mayor hermosura y gentileza,
-el cuerpo más lindo y agraciado, criado para estancia hermosa de la
-Virtud, le toparéis lleno de torpezas, la mayor nobleza de infamias, la
-riqueza de ruindades.
-
-Comenzaron con esto á rehusar el empeñarse, temiendo el despeño, cuando
-uno de aquellos monstruos les dijo:
-
-En esto no reparéis, que aquí siempre hay salida para todo y yo soy
-el que á cuantos se empeñan, la hallo. Á la doncellita la persuado
-su deshonra, diciéndola que no le faltará una amiga ó una piadosa
-tía de quien fiarse. Al asesino que mate, que ya habrá quien le haga
-espaldas. Al ladrón que robe. Al salteador que desuelle, que ya se
-hallará un simple compasivo, que interceda por él á la justicia. Al
-tahur que juegue, que no faltará un amigo enemigo, que le preste. De
-suerte que por grande que sea el despeño, le pinto fácil el salto; por
-entrincado que sea el laberinto, le hallo el ovillo de oro; y á toda
-dificultad, la solución. Así que bien podéis entrar. Fiaos de mí, que
-os desempeñaré.
-
-Fué á meter el pie Critilo y al punto encontró con un monstruo
-horrible, porque tenía las orejas de abogado, la lengua de procurador,
-las manos de escribano, los pies de alguacil.
-
-Escápate, gritó el Sátiro, de todo pleito; aunque sea dejándoles la
-capa.
-
-[Marginal: _Cortesía engañosa._]
-
-Íbanse retirando con recelo, cuando con mucho agrado se llegó á ellos
-otro monstruo muy cortés, suplicándoles fuesen servidos de entrar por
-cortesía, que no serían los primeros, que se habían perdido de puro
-corteses. Y si no, preguntadle á aquél, que parece hombre circunspecto
-y de juicio, cómo se jugó la hacienda y tras ella la honra y el
-descanso de su casa.
-
-Y respondióles:
-
-Señor, rogáronme que hiciese un cuarto, que les faltaba, y deshice
-todos los de mi casa, porque no me tuviesen por grosero, Púseme á
-jugar, piquéme y lastiméme á mí mismo. Pensé desquitarme y acabé con
-todo por cortesía.
-
-Preguntadle á aquel otro, que se pica de entendido, cómo perdió la
-salud, la honra y la hacienda, con la otra loquilla.
-
-Y respondióles que por no parecer descortés, mantuvo la conversación.
-De allí pasó á la correspondencia, hasta hallarse perdido por cortesía.
-
-La otra, porque no la tuviesen por necia, respondió al dicho y luego
-al billete. El marido, por no parecer grosero, disimuló con los muchos
-yentes y vinientes á su casa. El juez, obligado de la intercesión del
-poderoso, hizo la injusticia. De suerte que son infinitos los que se
-han perdido en el mundo por cortesía.
-
-Y con esto y mil zalemas, que les hizo, les obligó á entrar. Érase
-un tan espacioso atrio, que tomaba todo un mundo, célebre anfiteatro
-de monstruosidades, tan grandes como muchas, donde tuvieron más que
-abominar, que admirar y vieron cosas, aunque muchas veces vistas, que
-no se podían ver.
-
-[Marginal: _Vicios encadenados._]
-
-Estaba en el primero y último lugar una horrible serpiente, coco de la
-misma hidra, tan envejecida en el veneno, que la habían nacido alas y
-se iba convirtiendo en un dragón, inficionando con su aliento al mundo.
-
-¡Terrible cosa, dijo Critilo, que de la cola de la culebra nazca el
-basilisco y de los dejos de la víbora el dragón! ¿Qué monstruosidad es
-ésta?
-
-Como déstas se ven en el mundo cada día, respondió el Sátiro. Veréis
-que acaba la otra con su deshonestidad propia y comienza la ajena. No
-hace cara ya al vicio, por no tenerla. Da alas á la otra, que comienza
-á volar, y hace sombra á los soles, que amanecen. Pierde el tahur su
-grande herencia y pone casa de juego: da naipes, despabila las velas
-abrasadoras, corta tantos para tontos. El farsante para en charlatán
-y saltimbanco, el acuchillador en maestro de esgrima; el murmurador,
-cuando viejo, en testigo falso; el holgazán, en escudero; el malsín,
-en catedrático del duelo; el infame, en libro verde; y el bebedor en
-tabernero, aguándoles el vino á los otros.
-
-Iban dando la vuelta y viendo portentosas fealdades. Fuélo harto ver
-una mujer, que de dos ángeles hacía dos demonios, digo, dos rapazas
-endiabladas. Y teniéndolas desolladas, las metió á asar á un gran fuego
-y comenzó á comer dellas sin ningún horror, tragando muy buenos bocados.
-
-¡Qué fiereza es ésta tan inhumana!, ponderó Andrenio. ¿No me dirás
-quién es ésta, que deja atrás los mismos trogloditas?
-
-[Marginal: _Mala madre._]
-
-Pues advierte que es su madre.
-
-¿La misma, que las echó á luz?
-
-Y hoy las oscurece. Ésta es la que teniendo dos hijas tan hermosas como
-viste, las mete en el fuego de su lascivia; dellas come y traga los
-buenos bocados.
-
-Salióles de través otro monstruo, no menos raro. Era de tan exótica
-condición, de un humor tan desproporcionado, que, si le pegaban con un
-garrote de encina y le quebraban las costillas ó un brazo, no hacía
-sentimiento; pero, si le daban con una caña, aunque levemente, sin
-hacerle ningún daño, era tal su sentimiento, que alborotaba el mundo.
-Llegó uno y dióle una penetrante puñalada y la tuvo por mucha honra.
-Y porque llegó otro y le pegó un ligero espaldarazo con la espada
-envainada, sin sacarle una gota de sangre, lo sintió de manera, que
-revolvió toda su parentela para la venganza. Pególe uno á puño cerrado
-un tan fiero mojicón, que le ensangrentó la boca y le derribó los
-dientes y no se alteró. Y porque otro le asentó la mano estendida,
-coloreándole el rostro, fué tal su rabia, que hundía el mundo, haciendo
-estremos. ¿Pues qué? Si le arrojaban un sombrero, no sentía tanto,
-que le tirasen un ladrillo y le polvoreasen los sesos. No tenía por
-afrenta el mentir, el no cumplir su palabra, el engañar, el decir mil
-falsedades. Y porque uno le dijo; mentís: pensó reventar de cólera y no
-quiso comer hasta tomar venganza.
-
-¡Qué raro humor de monstruo éste, celebró Critilo, entreverado de
-necedad y locura!
-
-Así es, dijo el Sagaz, ¿y quién creerá que está hoy muy valido en el
-mundo?
-
-¿Será entre bárbaros?
-
-No, sino entre cortesanos; entre la gente más ladina.
-
-¿Y no sabríamos quién es?
-
-[Marginal: _El duelo._]
-
-Éste es el tan sonado Duelo: dígole, el descabezado, tan civil como
-criminal.
-
-Pasaron á la otra banda, y registraron las monstruosidades de la
-necedad, que eran otras tantas. [Marginal: _Monstruos de la necedad._]
-Vieron que no osaba comer un camaleón por ahorrar, para que tragase
-después el puerco de su heredero. Un melancólico, pudriéndose del buen
-humor de los otros; muchos, que porfiaban sin estrella; él de todos,
-si no de sí mismo. Admiráronse de uno, que pretendía por mujer la que
-había muerto á su marido y él quería ser el marivenido. Un soldado,
-muriendo en un barranco, muy consolado de no gastar con médicos ni
-sacristanes. Un señor, que encomendaba á otros el mandar.
-
-Estaba uno encendiendo fuego de canela para asar un rábano; un rico
-pretendiendo y un caduco enamorando. Aquí toparon con el de cien
-pleitos y un prelado huyendo dél, porque no le metiese pleito en la
-mitra. Vieron uno, que, habiéndole dicho fuese á descansar á su casa,
-se equivocó y se iba á la sepultura. Aquí estaba también el que hacía
-almohada del chapín de la Fortuna, y á su lado el que del cogote de la
-Ocasión pretendía hacerse la barba; el que llevaba descubiertas las
-perdices y no las vendía.
-
-Íbase uno á la cárcel por otro. Pero el más aborrecido, era un hombre
-bajo, descortés. Estaba uno parando lazos á los raposos viejos y otro
-pasando del dar al pedir; el que compraba caro lo que era suyo; y
-estaba otro papando lisonjas de sus convidados, el juglar de las casas
-ajenas y en la suya cantimplora; el que decía que no es de príncipes el
-saber; el que todas las cosas hacía con eminencia, si no su empleo.
-
-Entraba en el lugar del que vivía de necio el que moría de sabio; el
-que, pudiendo ser sol en su esfera, no era constelación en la ajena; el
-que fundía en balas sus doblones. Estaban dos, el uno jugando bien y
-siempre perdiendo, y el otro sin saberse dejar, ganando. Un presumido
-con cuatro letras garrafales y el que conociendo un temerario, le fiaba
-todo su ser. Y sobre todo, uno, que viviendo de burlas, se iba al
-infierno de veras.
-
-Todas estas monstruosidades y otras más estaban admirando, cuando
-arrebató de nuevo su atención un monstruo, que, huyendo de un ángel, se
-iba tras un demonio ciego y perdido por él.
-
-Ésta sí que es portentosa necedad, dijeron; nada son las pasadas.
-
-Éste es, dijo el Sagaz, un hombre, que, teniendo una consorte que le
-dió Dios discreta, noble, rica, hermosa y virtuosa, anda perdido por
-otra, que le atrazó el diablo, por una moza de cántaro, por una vil y
-asquerosa ramera, por una fea, por una loca insufrible, con quien gasta
-lo que no tiene. Para su mujer no saca el honesto vestido y para la
-amiga la costosa gala. No halla un real para dar limosna y gasta con la
-ramera á millares. La hija trae desnuda y la amiga rozando lamas. ¡Oh,
-fiero monstruo, casado con hermosa y amancebado con fea!
-
-Veréis que unos vicios, aunque destruyen la honra, dejan la hacienda.
-Consumen otros la hacienda y perdonan la salud. Pero este de la torpeza
-con todo acaba, honra, hacienda, salud y vida.
-
-[Marginal: _Torpe monstruosidad._]
-
-Lado por lado estaban otros dos monstruos tan confinantes, cuan
-diferentes, para que campeasen más los estremos. El primero tenía más
-malos ojos que un bizco, siempre miraba de mal ojo. Si uno callaba,
-decía que era un necio; si hablaba, que un bachiller; si se humillaba,
-apocado; si se mesuraba, altivo; si sufrido, cobarde; y si áspero,
-furioso; si grave, le tenía por soberbio; si afable, por liviano;
-si liberal, por pródigo; si detenido, por avaro; si ajustado, por
-hipócrita; si desahogado, por profano; si modesto, por tosco; si
-cortés, por ligero. ¡Oh, maligno mirar!
-
-Al contrario, el otro se gloriaba de tener buena vista, todo lo miraba
-con buenos ojos, con tal estremo de afición, que á la desvergüenza
-llamaba galantería, á la deshonestidad buen gusto, la mentira decía que
-era ingenio, la temeridad valentía, la venganza pundonor, la lisonja
-cortejo, la murmuración donaire, la astucia sagacidad y el artificio
-prudencia.
-
-¡Qué dos monstruosidades, dijo Andrenio, tan necias! Siempre van los
-mortales por estremos, nunca hallan el medio de la razón: ¡y se llaman
-racionales!
-
-¿No sabríamos qué dos monstruos son éstos?
-
-[Marginal: _Pía, y impía afición._]
-
-Sí, dijo el Sagaz: aquella primera es la mala Intención, que toma de
-ojo todo lo bueno; esta otra al contrario, es la Afición, que siempre
-va diciendo:
-
-Todo mi amigo es buen hombre.
-
-Éstos son los antojos del mundo. Ya no se mira de otro modo y así tanto
-se ha de atender á quien alaba ó á quien vitupera, como al alabado ó
-vituperado.
-
-Ruaba un otro bien monstruoso, muy tapado.
-
-Éste, dijo Andrenio, parece monstruo vergonzante.
-
-Antes, respondió el Sátiro, es de la desvergüenza.
-
-¿Pues una mujer sin ella, cómo va atapada contra su natural inclinación
-de ser vistas?
-
-Ahí verás que, cuando más descaradas, esconden la cara.
-
-¡He, que será recato!
-
-No es sino correr el velo á sus obligaciones. Ayer iba al contrario,
-tan escotada, que parece que descubriera más, si más pudiera. Siempre
-van por estremos.
-
-Venía ya un monstruo muy humano, haciendo reverencias á los mismos
-lacayos, besando los pies aun á los mozos de cocina. Llamaba señoría
-á quien no merecía merced, á todo el mundo con la gorra en la mano,
-previniendo de una legua la cortesía. Á unos se ofrecía por su mayor
-afecto, á otros por su menor criado.
-
-[Marginal: _Ambición cortés._]
-
-¡Qué monstruo tan comedido éste!, ponderaba Andrenio, ¡qué humano! No
-he visto monstruo humilde hasta hoy.
-
-¡Qué bien lo entiendes!, dijo el Sátiro: no hay otro más soberbio. ¿No
-ves tú, que, cuanto más se abate, quiere subir más alto? Para poder
-mandar á los amos, se humilla á los criados. Estas reverencias hasta el
-suelo, son botes y rebotes de pelota, que da en tierra, para subir al
-aire de su vanidad.
-
-Al fin, si es que las necedades le tienen, apareció ya la más rara
-figura, un monstruo, por lo viejo decano. Descubría la cabeza toda
-pelada, sin cabellos de altos pensamientos, ni negros por lo profundo
-ni blancos por lo cuerdo, sin un pelo de sustancia. Movíasele á un lado
-y á otro, sin consistencia alguna. Los ojos, en otro tiempo tan claros
-y perspicaces, ahora tan flacos y lagañosos, que no veían lo que más
-importaba y de lejos poco ó nada, para prevenir los males. Los oídos,
-algún día muy oidores, tan sordos y tan atapados, que no percibían la
-voz flaca del pobre, sino la del ricazo, la del poderoso, que hablan
-alto. La boca desierta, que no sólo no gritaba con la eficacia que
-debía; pero ni osaba hablar. Y si algo, entre los dientes, que no
-tenía. Las manos, antes grandes ministras y obradoras de grandes cosas,
-se veían gafas, un gancho en cada dedo, con que de todo se asían y
-nada soltaban. Los humildes y plebeyos pies, tan gotosos y torcidos,
-que no acertaban á dar un paso. De suerte que en todo él no había cosa
-buena ni parte sana. Él se dolía y todos se quejaban; pero nadie se
-lastimaba, ninguno trataba de poner remedio.
-
-Seguíanle otros tres, altercando entre sí la tiranía universal de
-los mortales. Traía el primero cara de veneno dulce y era escollo
-de marfil, hermosa muerte, despeño deseado, engaño agradable, mujer
-fingida y sirena verdadera, loca, necia, atrevida, cruel, altiva
-y engañosa. Pedía, mandaba, presumía, violentaba, tiranizaba y
-antojábansele bravos desvaríos.
-
-¿Qué cosa puede haber en el mundo, decía, que para mí no sea? Todo
-cuanto hay, al cabo se viene á reducir á mi gusto. Si se hurta, es para
-mí; si se mata, por mí; si se habla, es de mí; si se desea, es á mí;
-si se vive, conmigo; de suerte, que cuantas monstruosidades hay en el
-mundo...
-
-[Marginal: _La Carne._]
-
-Eso no concederé yo, dijo él mismo, tan bizarro como vano rico, pero
-necio; altivo, pero ruin. Todo cuanto hay y luce, todo es para mí, todo
-sirve á mi pompa y ostentación. Si el mercader roba, es para vivir en
-el mundo; si el caballero se empeña, es para cumplir con el mundo; si
-la mujer se engalana, es para parecer en el mundo. Todos los vicios
-dan treguas: el glotón se ahita, el deshonesto se enfada, el bebedor
-duerme, el cruel se cansa; pero la vanidad del mundo, nunca dice basta;
-siempre locura y más locura y no me enojéis, que lo daré todo al diablo.
-
-[Marginal: _El Mundo._]
-
-Aquí estoy yo, dijo éste, tomándolo todo, que no hay cosa, que no sea
-mía, por habérmela dado muchas veces.
-
-En enojándose el marido, dice luego:
-
-¡Mujer de Bercebú!
-
-Y ella responde:
-
-Hombre del diablo.
-
-Llévete Satanás, dice la madre al hijo.
-
-Y el amo:
-
-Válgante mil diablos.
-
-Válganle á él, responde el criado.
-
-Y hombre hay tan monstruo, que dice:
-
-Válgame una legión de demonios.
-
-[Marginal: _El Diablo._]
-
-De suerte que no se hallará cosa en el mundo, que no se me haya dado
-ella á mí ó me la hayan dado muchas veces. Y tú mismo, ¡oh mundo!
-¿puedes negar que no seas todo mío?
-
-¿Yo? ¿De qué modo?
-
-Maldito seas tú y qué poca vergüenza que tienes.
-
-Y aun por eso, replicó él: que quien no tiene vergüenza, todo el mundo
-es suyo.
-
-Apelaron de su porfía para el monstruo coronado, príncipe de la
-Babilonia común. Éste, oída su altercación, les dijo:
-
-Ea, acabá, dejaos de pesares, venid, holguémonos, logremos la vida,
-gocemos de sus gustos, de los olores y ungüentos preciosos, de los
-banquetes y comidas, de los lascivos deleites. Mirá que se nos pasa
-la flor de la edad. Pasemos la edad en flor, comamos y bebamos, que
-mañana moriremos. Andémonos de prado en prado, dando verdes á nuestros
-apetitos. Yo os quiero repartir las jurisdiciones y vasallos, para que
-no estéis pleiteando cada día.
-
-Tú, oh Carne, llevarás tras ti todos los flacos, ociosos, regalones y
-destemplados; reinarás sobre la hermosura, el ocio y el vino; serás
-señora de la voluntad.
-
-Y tú, oh Mundo, arrastrarás todos los soberbios, ambiciosos, ricos y
-potentados; reinarás en la fantasía.
-
-Mas tú, Demonio, serás el rey de los mentirosos, de los que se pican de
-entendidos; todo el distrito del ingenio será tuyo.
-
-Veamos ahora en qué pecan estos dos peregrinos de la vida, dijo
-señalando á Critilo y Andrenio, para que rindan vasallaje de
-monstruosidad, que ni hay bestia sin tacha ni hombre sin crimen. Lo que
-averiguaron de ellos se quedará para la siguiente Crisi.
-
-
-
-
-CRISI X
-
-_Virtelia encantada._
-
-
-Aquel antípoda del cielo redondo, siempre rodando, jaula de fieras,
-palacio en el aire, albergue de la iniquidad, casa á toda malicia, niño
-caducando, llegó ya el mundo á tal estremo de inmundo y sus mundanos
-á tal remate de desvergonzada locura, que se atrevieron con públicos
-edictos á prohibir toda virtud. [Marginal: _Leyes del mundo._] Y esto
-so graves penas, que ninguno dijese verdades, menos de ser tenido por
-loco; que ninguno hiciese cortesía, so pena de hombre bajo; que ninguno
-estudiase ni supiese, porque sería llamado el estoico ó el filósofo;
-que ninguno fuese recatado, so pena de ser tenido por simple; y así de
-todas las demás virtudes.
-
-Al contrario, dieron á los vicios campo franco y pasaporte general para
-toda la vida. Pregonóse un tan bárbaro desafuero por las anchuras de
-la tierra, siendo tan bien recibido hoy, como ejecutado ayer, dando
-una gran campanada. Mas, ¡oh, caso raro é increíble! cuando se tuvo
-por cierto que todas las virtudes habían de dar una extraordinaria
-demostración de su sentimiento, fué tan al contrario, que recibieron la
-nueva con extraordinario aplauso, dándose unas á otras la norabuena y
-ostentando indecible gozo. Al revés, los vicios, andaban cabizbajos y
-corridos, sin poder disimular su tristeza. Admirado un discreto de tan
-impensados efectos, comunicó su reparo con la Sabiduría, su señora y
-ella:
-
-No te admires, le dijo, de nuestro especial contento. Porque este
-desafuero vulgar está tan lejos de causarnos algún perjuicio, que antes
-bien le tenemos por conveniencia. No ha sido agravio, sino favor, ni
-se nos podía haber hecho mayor bien. Los vicios sí quedan destruídos
-desta vez. Bien pueden esconderse y así con justa causa se entristecen.
-Éste es el día en que nosotras nos introducimos en todas partes y nos
-levantamos con el mundo.
-
-¿Pues en qué lo fundas?, replicó el Curioso.
-
-[Marginal: _Virtud vedada._]
-
-Yo te lo diré. Porque son de tal condición los mortales, tienen tan
-estraña inclinación á lo vedado, que, en prohibiéndoles alguna cosa,
-por el mismo caso la apetecen y mueren por conseguirla. No es menester
-más, para que una cosa sea buscada, sino que sea prohibida. Y es esto
-tan probado, que la mayor fealdad vedada es más codiciada, que la mayor
-belleza concedida. Verás que, en vedando el ayuno, se dejarán morir de
-hambre el mismo Epicuro y Eliogábalo. En prohibiendo el recato, dejará
-Venus á Chipre y se meterá entre las Vestales. Buen ánimo, que ya no
-habrá embustes, ruines correspondencias, malos procederes, agarros ni
-traiciones. Cerrarse han los públicos teatros y garitos. Todo será
-virtud. Volverá el buen tiempo y los hombres hechos á él. Las mujeres
-estarán muy casadas con sus maridos y las doncellas lo serán de honor.
-Obedecerán los vasallos á sus reyes y ellos mandarán. No se mentirá en
-la corte ni se murmurará en la aldea. Verse ha desagraviado el sexto
-de todo sexo. Gran felicidad se nos promete. Éste sí que será el siglo
-dorado.
-
-Cuánta verdad fuese ésta, presto lo experimentaron Critilo y Andrenio,
-que, habiéndose hurtado á los tres competidores de su libertad,
-mientras aquéllos estaban entre sí compitiendo, marchaban éstos cuesta
-arriba al encantado palacio de Virtelia. Hallaron aquel áspero camino,
-que tan solitario se les habían pintado, lleno de personas, corriendo
-á porfía en busca della. Acudían de todos estados, sexos, edades,
-naciones y condiciones, hombres y mujeres. No digo ya los pobres, sino
-los ricos, hasta magnates, que les causó estraña admiración.
-
-[Marginal: _Varón de luces_]
-
-El primero con quien encontraron á gran dicha, fué un varón prodigioso,
-pues tenía tal propriedad, que arrojaba luz de sí, siempre que quería y
-cuanta era menester, especialmente en medio de las mayores tinieblas.
-De la suerte que aquellos maravillosos peces del mar y gusanos de la
-tierra, á quienes la varia naturaleza concedió el don de luz, la tienen
-reconcentrada en sus entrañas, cuando no necesitan della y, llegada la
-ocasión, la avivan y sacan fuera: así este portentoso personaje tenía
-cierta luz interior, ¡gran don del cielo! allá en los más íntimos senos
-del cerebro, que siempre, que necesitaba della, la sacaba por los ojos
-y por la boca, fuente perene de luz clarificante.
-
-Éste, pues, varón lucido, esparciendo rayos de inteligencia, los
-comenzó á guiar á toda felicidad por el camino verdadero. Era muy agria
-la subida. Sobre la dificultad de principio, dió muestras de cansarse
-Andrenio y comenzó á desmayar y tuvo luego muchos compañeros. Pidió que
-dejasen aquella empresa para otra ocasión.
-
-Eso no, dijo el varón de luces, por ningún caso: que, si ahora no te
-atreves en lo mejor de la edad, menos podrás después.
-
-He, replicaba un joven, que nosotros ahora venimos al mundo y
-comenzamos á gustar dél. Demos á la edad lo que es suyo; tiempo queda
-para la virtud.
-
-[Marginal: _Escusas de la virtud._]
-
-Al contrario, ponderaba un viejo. ¡Oh!, si á mí me cogiera esta áspera
-subida con los bríos de mozo, ¡con qué valor la pasara!, ¡con qué ánimo
-la subiera! Ya no me puedo mover, fáltanme las fuerzas para todo lo
-bueno. No hay ya que tratar de ayunar ni hacer penitencia; harto haré
-de vivir con tanto achaque: no son ya para mí las vigilias.
-
-Decía el noble:
-
-Yo soy delicado, hanme criado con regalo. ¿Yo ayunar? Bien podrían
-enterrarme al otro día. No puedo sufrir las costuras del cambray, ¿qué
-sería el saco de cerdas?
-
-El pobre por lo contrario, decía:
-
-Bien ayuna quien malcome; harto haré en buscar la vida para mí y para
-mi familia. El ricazo sí que las come holgadas; ése que ayune, dé
-limosna, trate de hacer buenas obras.
-
-De suerte que todos echaban la carga de la virtud á otros,
-pareciéndoles muy fácil en tercera persona y aun obligación. Pero el
-guión luciente:
-
-Nadie se me exima, decía: que no hay más de un camino. Ea, que buen día
-se nos aguarda.
-
-Y echaba un rayo de luz, con que los animaba eficazmente.
-
-Comenzaron á tocarles arma las horribles fieras pobladoras del monte.
-Sentíanlas bramar rabiando y murmurando y tras cada mata les salteaba
-una: que tiene muchos enemigos lo bueno. Los mismos padres, los
-hermanos, los amigos, los parientes, todos son contrarios de la virtud
-y los domésticos, los mayores.
-
-[Marginal: _Enemigos domésticos._]
-
-Andá, que estáis loco, decían los amigos, dejaos de tanto rezar, de
-tanta misa y rosario, vamos al paseo, á la comedia.
-
-Si no vengáis este agravio, decía un pariente, no os hemos de tener por
-tal. Vos afrentáis á nuestro linaje. He, que no cumplís con vuestras
-obligaciones.
-
-No ayunes, decía la madre á la hija, que estás de mal color, mira que
-te caes muerta.
-
-De modo que todos, cuantos hay, son enemigos declarados de la virtud.
-
-Salióles ya al opósito aquel león tan formidable á los cobardes.
-Arredrábase Andrenio y gritóle Lucindo echase mano á la espada de
-fuego. Y al mismo punto, que la coronada fiera vió brillar la luz entre
-los aceros, echó á huir: que tal vez piensa hallar uno un león y topa
-un panal de miel.
-
-¡Qué presto se retiró!, ponderaba Critilo.
-
-Son éstas un género de fieras, respondió Lucindo, que en siendo
-descubiertas, se acobardan, en siendo conocidas huyen.
-
-[Marginal: _Tentación descubierta._]
-
-Esto es ser persona, dice uno. Y no es sino ser un bruto; aquí está el
-valer y el medrar, y no es sino perderse, que las más veces entra el
-viento de la vanidad por los resquicios, por donde debiera salir.
-
-Llegaron á un paso de los más dificultosos, donde todos sentían gran
-repugnancia. Causóle grima á Andrenio y propúsole á Lucindo:
-
-¿No pudiera pasar otro por mí esta dificultad?
-
-No eres tú el primero que ha dicho otro tanto. ¡Oh, cuántos malos
-llegan á los buenos y les dicen que los encomienden á Dios y ellos se
-encomiendan al diablo; piden que ayunen por ellos y ellos se hartan y
-embriagan; que se deciplinen y duerman en una tabla, y estánse ellos
-revolcando en el cieno de sus deleites! ¡Qué bien le respondió á uno
-déstos aquel moderno apóstol de la Andalucía!:
-
-Señor mío, si yo rezo por vos y ayuno por vos, también me iré al cielo
-por vos.
-
-Estando emperezando Andrenio, adelantóse Critilo y, tomando de atrás la
-corrida, saltó felizmente. Volviósele á mirar y dijo:
-
-[Marginal: _Dificultades del vicio._]
-
-Ea, resuélvete, que harto mayores dificultades se topan en el camino
-ancho y cuesta abajo del vicio.
-
-¿Qué duda tiene eso?, respondió Lucindo; y si no decidme si la virtud
-mandara los intolerables rigores del vicio, ¿qué dijeran los mundanos?
-¿Cómo lo exageraran? ¿Qué cosa más dura, que prohibirle al avaro sus
-mismos bienes, mandándole que no coma ni beba ni se vista ni goce de
-una hacienda adquirida con tanto sudor? [Marginal: _Facilidades de la
-virtud._] ¿Qué dijera el mundano, si esto mandara la ley de Dios? ¿Pues
-qué, si al deshonesto, que estuviese toda una noche de invierno al
-yelo y al sereno, rodeado de peligros por oir cuatro necedades, que él
-llama favores, pudiéndose estar en su cama seguro y descansado? ¿Si al
-ambicioso, que no pare un punto ni descanse ni sea suya una hora? ¿Si
-al vengativo, que anduviese siempre cargado de hierro y de miedo? ¿Qué
-dijeran desto los mundanos? ¡Cómo lo ponderaran! Y ahora, porque se les
-manda su antojo, sin réplica obedecen.
-
-Ea, Andrenio, anímate, decía Critilo, y advierte que el más mal día
-deste camino de la virtud es de primavera en cotejo de los caniculares
-del vicio.
-
-Diéronle la mano, con que pudo vencer la dificultad.
-
-Dos veces fiero les acometió un tigre en condición y en su mal modo;
-mas el único remedio fué no alborotarse ni inquietarse, sino esperalle
-mansamente. [Marginal: _Victoria de la espera._] Á gran cólera, gran
-sosiego, y á una furia, una espera. Trató Critilo de desenvolver su
-escudo de cristal, espejo fiel del semblante y, así como la fiera se
-vió en él tan feamente descompuesta, espantada de sí misma, echó á
-huir con harto corrimiento de su necio exceso. De las serpientes, que
-eran muchas, dragones, víboras y basiliscos, fué singular defensivo
-el retirarse y huir las ocasiones. Á los voraces lobos con látigos de
-cotidiana diciplina los pudieron rechazar. Contra los tiros y golpes
-de toda arma ofensiva se valieron del célebre escudo encantado, hecho
-de una pasta real, cuanto más blanda, más fuerte, forjado con influjo
-celeste, de todas maneras impenetrable: y era sin duda el de la
-paciencia.
-
-Llegaron ya á la superioridad de aquella dificultosa montaña, tan
-eminente, que les pareció estaban en los mismos azaguanes del cielo,
-convecinos de las estrellas. Dejóse ver bien el deseado palacio de
-Virtelia, campeando en medio de aquella sublime corona, teatro insigne
-de prodigiosas felicidades. [Marginal: _Mansión de la virtud._] Mas,
-cuando se esperó que nuestros agradecidos peregrinos le saludaran con
-incesables aplausos y le veneraran con afectos de admiración, fué tan
-al contrario, que antes bien se vieron enmudecer, llevados de una
-impensada tristeza, nacida de estraña novedad. Y fué sin duda que,
-cuando le imaginaron fabricado de preciosos jaspes, embutidos de rubíes
-y esmeraldas, cambiando visos y centelleando á rayos, sus puertas de
-zafir con clavazón de estrellas, vieron se componía de unas piedras
-pardas y cenicientas, nada vistosas, antes muy melancólicas.
-
-¿Qué cosa y qué casa es ésta?, ponderaba Andrenio. ¿Por ella habemos
-sudado y reventado? ¡Qué triste apariencia tiene! ¿Qué será allá
-dentro? ¡Cuánto mejor exterior ostentaba la de los monstruos! Engañados
-venimos.
-
-Aquí Lucindo suspirando:
-
-Sabed, les dijo, que los mortales todo lo peor de la tierra quieren
-para el cielo, el más trabajado tercio de la vida. Allá, á la achacosa
-vejez dedican para la virtud, la hija fea para el convento, el hijo
-contrahecho sea de iglesia, el real malo á la limosna, el redrojo para
-el diezmo, y después querrían lo mejor de la gloria. De más que juzgáis
-vosotros el fruto por la corteza. Aquí todo va al revés del mundo: si
-por fuera está la fealdad, por dentro la belleza; la pobreza en lo
-exterior, la riqueza en lo interior; lejos la tristeza, la alegría en
-el centro: que eso es entrar en el gozo del Señor.
-
-[Marginal: _Bajo el sayal, hayal._]
-
-Estas piedras tan tristes á la vista son preciosas á la experiencia,
-porque todas ellas son bezares, ahuyentando ponzoñas. Y todo el palacio
-está compuesto de pítimas y contravenenos, con lo cual no pueden
-empecerle ni las serpientes ni los dragones, de que está por todas
-partes sitiado.
-
-Estaban sus puertas patentes noche y día; aunque allí siempre lo es,
-franqueando la entrada en el cielo á todo el mundo. Pero asistían en
-ellas dos disformes gigantes, jayanes de la soberbia, enarbolando á
-los dos hombros sendas clavas muy herradas, sembradas de puntas para
-hacerla. Estaban amenazando á cuantos intentaban entrar, fulminando en
-cada golpe una muerte. En viéndolos, dijo Andrenio:
-
-Todas las dificultades pasadas han sido enanas en parangón désta. Basta
-que hasta ahora habíamos peleado con bestias de brutos apetitos; mas
-éstos son muy hombres.
-
-Así es, dijo Lucindo: que ésta ya es pelea de personas. Sabed que,
-cuando todo va de vencida, salen de refresco estos monstruos de la
-altivez, tan llenos de presunción, que hacen desvanecer todos los
-triunfos de la vida. Pero no hay que desconfiar de la vitoria: que no
-han de faltar estratagemas para vencerlos. Advertid que de los mayores
-gigantes triunfan los enanos y de los mayores los pequeños, los menores
-y aun los mínimos. El modo de hacer la guerra ha de ser muy al revés de
-lo que se piensa. [Marginal: _Triunfo de la humildad._] Aquí no vale
-el hacer piernas ni querer hombrear. No se trate de hacer del hombre;
-sino humillarse y encogerse y, cuando ellos estuvieren más arrogantes
-amenazando al cielo, entonces nosotros transformados en gusanos y
-cosidos con la tierra hemos de entrar por entre pies, que así han
-entrado los mayores adalides.
-
-Ejecutáronlo tan felizmente, que sin saber cómo ni por dónde, sin
-ser vistos ni oídos, se hallaron dentro del encantado palacio, con
-realidades de un cielo.
-
-Apenas, digo á glorias, estuvieron dentro, cuando sintieron embargar
-todos sus sentidos de bellísimos empleos en folla de fruición,
-confortando el corazón y elevando los espíritus. Embistióles lo primero
-una tan suave marea, exhalando inundaciones de fragancia, que pareció
-haberse rasgado de par en par los camarines de la primavera, las
-estancias de Flora, ó que se había abierto brecha en el paraíso. Oyóse
-una dulcísima armonía, alternada de voces é instrumentos, que pudiera
-suspender la celestial por media hora. Pero, ¡oh cosa estraña! que no
-se veía quién gorjeaba ni quién tañía: con ninguno topaban, nadie
-descubrían.
-
-Bien parece encantado este palacio, dijo Critilo. Sin duda que aquí
-todos son espíritus, pues no se parecen cuerpos. ¿Dónde estará esta
-celestial reina?
-
-Siquiera, decía Andrenio, permitiérasenos alguna de sus muchas
-bellísimas doncellas. [Marginal: _Hallazgo de las virtudes._] ¿Dónde
-estás?, ¡oh, justicia! dijo en grito, y respondióle al punto Eco
-vaticinante desde un escollo de flores:
-
-En la casa ajena.
-
-¿Y la verdad?
-
-Con los niños.
-
-¿La castidad?
-
-Huyendo.
-
-¿La sabiduría?
-
-En la mitad y aun.
-
-¿La providencia?
-
-Antes.
-
-¿El arrepentimiento?
-
-Después.
-
-¿La cortesía?
-
-En la honra.
-
-¿Y la honra?
-
-En quien la da.
-
-¿La fidelidad?
-
-En el pecho de un rey.
-
-¿La amistad?
-
-No entre idos.
-
-¿El consejo?
-
-En los viejos.
-
-¿El valor?
-
-En los varones.
-
-¿La ventura?
-
-En las feas.
-
-¿El callar?
-
-Con callemos.
-
-¿Y el dar?
-
-Con el recibir.
-
-¿La bondad?
-
-En el buen tiempo.
-
-¿El escarmiento?
-
-En cabeza ajena.
-
-¿La pobreza?
-
-Por puertas.
-
-¿La buena fama?
-
-Durmiendo.
-
-¿La osadía?
-
-En la dicha.
-
-¿La salud?
-
-En la templanza.
-
-¿La esperanza?
-
-Siempre.
-
-¿El ayuno?
-
-En quien malcome.
-
-¿La cordura?
-
-Adivinando.
-
-¿El desengaño?
-
-Tarde.
-
-¿La vergüenza?
-
-Si perdida, nunca más hallada.
-
-¿Y toda virtud?
-
-En el medio.
-
-Es decir, declaró Lucindo, que nos encaminemos al centro y no andemos
-como los impíos rodando.
-
-Fué acertado, porque en medio de aquel palacio de perfecciones, en
-una majestuosa cuadra, ocupando augusto trono, descubrieron, por
-gran dicha, una divina reina, muy más linda y agradable de lo que
-supieron pensar, dejando muy atrás su adelantada imaginación. Que,
-si dondequiera y siempre pareció bien, ¿qué sería en su sazón y su
-centro? [Marginal: _Hermosura perfecta._] Hacía á todos buena cara,
-aun á sus mayores enemigos. Miraba con buenos ojos y aun divinos. Oía
-bien y hablaba mejor. Y aunque siempre con boca de risa, jamás mostraba
-dientes; hablaba por labios de grana palabras de seda. Nunca se le oyó
-echar mala voz. Tenía lindas manos y aun de reina en lo liberal y en
-cuanto las ponía salía todo perfecto. Dispuesto talle y muy derecho y
-todo su aspecto divinamente humano y humanamente divino. Era su gala
-conforme á su belleza y ella era la gala de todo. Vestía armiños, que
-es su color la candidez. Enlazaba en sus cabellos otros tantos rayos
-de la aurora con cinta de estrellas. Al fin, ella era todo un cielo
-de beldades, retrato al vivo de la hermosura de su celestial Padre,
-copiándole sus muchas perfecciones.
-
-[Marginal: _Pretendientes de virtud._]
-
-Estaba actualmente dando audiencia á los muchos, que frecuentaban
-sus sitiales, después de prohibida. Llegó entre otros un padre á
-pretenderla para su hijo, siendo él muy vicioso, y respondióle que
-comenzase por sí mismo, y le fuese ejemplar idea.
-
-Venía otra madre en busca de la honestidad para una hija y contóla
-lo que la sucedió á la culebra madre con la culebrilla su hija: que
-viéndola andar torcida la riñó mucho y mandó que caminase derecha.
-
-Madre mía, respondió ella, enseñadme vos á proceder, veamos cómo
-camináis.
-
-Probóse y, viendo que andaba muy más torcida:
-
-En verdad, madre, la dijo, que si las mías son vueltas, que las
-vuestras son revueltas.
-
-Pidió un eclesiástico la virtud del valor y á la par un virrey la
-devoción con muchas ganas de rezar. Repondióles á entrambos que
-procurase cada uno la virtud competente á su estado.
-
-Préciese el juez de justiciero y el eclesiástico de rezador, el
-príncipe del gobierno, el labrador del trabajo, el padre de familias
-del cuidado de su casa, el prelado de la limosna y desvelo. Cada uno se
-adelante en la virtud que le compete.
-
-Según eso, dijo una casada, á mí bástame la honestidad conyugal; no
-tengo que cuidar de otras virtudes.
-
-Eso no, dijo Virtelia; no basta ésa sola, que os haréis insufrible de
-soberbia, y más ahora. Poco importa que el otro sea limosnero, si no
-es casto; que éste sea sabio, si á todos desprecia; que aquél sea gran
-letrado, si da lugar á los cohechos; que el otro sea gran soldado, si
-es un impío. Son muy hermanas las virtudes y es menester que vayan
-encadenadas.
-
-Llegó una gentil dama galanteando melindres y dijo que ella también
-quería ir al cielo; pero que había de ser por el camino de las damas.
-Hízoseles muy de nuevo á los circunstantes y preguntóla Virtelia:
-
-[Marginal: _Camino de las Damas._]
-
-¿Qué camino es ése, que hasta hoy no he tenido noticia dél?
-
-¿Pues no está claro?, replicó ella. Que una mujer delicada como yo ha
-de ir por el del regalo, entre martas y entre felpas, no ayunando ni
-haciendo penitencia.
-
-Bueno, por cierto, exclamó la reina de la entereza: así se os
-concederá, reina mía, lo que pedís, como á aquel príncipe que allí
-entra.
-
-Era un poderoso, que muy á lo grave tomando asiento, dijo que él quería
-las virtudes; pero no las ordinarias de la gente común y plebeya,
-sino muy á lo señor, una virtud allá exquisita. Hasta los nombres de
-los santos conocidos no los quería por comunes, como el de Juan y
-Pedro; sino tan extravagantes, que no se hallen en ningún calendario.
-¡Gran cosa, decía, el de Gastón!, ¡qué bien suena el Perafán! Pues un
-Claquín, Nuño, Sancho y Suero pedía una teología extravagante.
-
-Preguntóle Virtelia si quería ir al cielo de los demás.
-
-Pensólo y respondió que, si no había otro, que sí.
-
-Pues, señor mío, no hay otra escalera para allá, sino la de los diez
-Mandamientos. Por ésos habéis de subir; que yo no he hallado hasta hoy
-un camino para los ricos y otro para los pobres, uno para las señoras
-y otro para las criadas. Una es la ley y un mismo Dios de todos.
-
-Replicó un moderno Epicuro, gran hombre de su comodidad, diciendo:
-
-De diciplina abajo, cualquier cosa; de oración yo no me entiendo, para
-ayunos no tengo salud. Ved cómo ha de ser, que yo he de entrar en el
-cielo.
-
-[Marginal: _Virtud acomodada._]
-
-Paréceme, respondió Virtelia, que vos queréis entrar calzado y vestido
-y no puede ser.
-
-Porfiaba que sí y que ya se usa una virtud muy acomodada y llevadera y
-aun le parecía la más ajustada á la ley de Dios.
-
-Preguntóle Virtelia en qué lo fundaba, y él:
-
-Porque desa suerte se cumple á la letra aquello de _así en la tierra
-como en el cielo_: porque allá no se ayuna, no hay diciplina ni
-silicio, no se trata de penitencia, y así yo querría vivir como un
-bienaventurado.
-
-Enojóse mucho Virtelia oyendo esto y díjole con escandecencia:
-
-[Marginal: _Infierno á pares._]
-
-¡Oh casi hereje! ¡oh malentendedor! ¿Dos cielos queríais? No es cosa
-que se usa; mirad por vos, que todos estos, que pretenden dos cielos,
-suelen tener dos infiernos.
-
-Yo vengo, dijo uno, en busca del silencio bueno.
-
-Riéronlo todos, diciendo:
-
-¿Qué callar hay malo?
-
-¡Oh, sí, respondió Virtelia, y muy perjudicial: calla el juez la
-justicia, calla el padre y no corrige al hijo travieso, calla el
-predicador y no reprehende los vicios, calla el confesor y no pondera
-la gravedad de la culpa, calla el malo y no se confiesa ni se enmienda,
-calla el deudor y niega el crédito, calla el testigo y no se averigua
-el delito, callan unos y otros y encúbrense los males: de suerte que,
-si al buencallar llaman santo, al malcallar llámenle diablo!
-
-Estoy admirado, dijo Critilo, que ninguno viene en busca de la limosna.
-¿Qué será de la liberalidad?
-
-Es que todos se escusan de hacerla: el oficial porque no le pagan, el
-labrador porque no coge, el caballero que está empeñado, el príncipe
-que no hay mayor pobre que él, el eclesiástico que buenos pobres son
-los parientes.
-
-¡Oh, engañosa escusa!, ponderaba Virtelia. Dad al pobre, siquiera el
-desecho, lo que ya no os puede servir.
-
-Tampoco, que la codicia ha dado en arbitrista y el sombrero traído, que
-se había de dar al pobre, persuade se guarde para brahones, la capa
-raída para contraaforros, el manto deslucido para la criada: de modo
-que nada dejan para el pobre.
-
-Llegaron unos rematadamente malos y pidieron un extremo de virtud.
-Tuviéronles todos por necios, diciendo que comenzasen por lo fácil y
-fuesen subiendo de virtud en virtud.
-
-Mas ella:
-
-He, dejadlos que asesten ahora muchos puntos más alto, que ellos
-bajarán harto después y sabed que de mis mayores enemigos suelo yo
-hacer mis mayores apasionados.
-
-Venía una mujer con más años que cabellos, menos dientes y más arrugas,
-en busca de la Virtud.
-
-¡Tan tarde, exclamó Andrenio! Éstas yo juraría que vienen más porque
-las echa el mundo, que por buscar el cielo.
-
-Déjala, dijo Virtelia, y estímesele el no haber abierto escuela de
-maldad con cátreda de pestilencia. Yo aseguro que, por viejos que sean,
-que no vengan el tahur ni el ambicioso ni el avaro ni el bebedor: son
-bestias alquiladas del vicio, que todas caen muertas en el camino de su
-ruindad.
-
-[Marginal: _Deshonestos incurables._]
-
-Al contrario le sucedió á uno, que llegó en busca de la Castidad,
-ahito de la torpeza, gran gentilhombre de Venus, idólatra de su
-hijuelo. Pidió ser admitido en la cofadría de la continencia; pero no
-fué escuchado, por más que él abominaba de la lujuria, escupiendo y
-asqueando su inmundicia. Y aunque muchos de los presentes rogaron por
-él,
-
-No haré tal, decía la Honestidad: no hay que fiar en éstos, bien se
-ayuna después de harto. Creedme que estos torpes son como los gatos de
-algalia, que, en volviéndoseles á llenar el senillo, se revuelcan.
-
-Venían unos, al parecer, muy puestos en el cielo, pues miraban á él.
-
-Éstos sí, dijo Andrenio, que con el cuerpo están en la tierra y con el
-espíritu en el cielo.
-
-¡Oh, cómo te engañas!, dijo la Sagacidad, gran ministra de Virtelia.
-Advierte que hay algunos que, cuando más miran al cielo, entonces están
-más puestos en la tierra. Aquel primero es un mercader, que tiene gran
-cantidad de trigo para vender y anda conjurando las nubes á los ojos
-de sus enemigos. Al contrario, aquel otro es un labrador hidrópico de
-la lluvia, que jamás se vió harto de agua y anda conciliando nublados.
-Éste de aquí es un blasfemo, que nunca se acuerda del cielo, sino para
-jurarle. Aquél pide venganza y el otro es un rondante, lechuzo de las
-tinieblas, que desea la noche más escura, para capa de sus ruindades.
-
-[Marginal: _Virtud afectada._]
-
-Pidió uno si le querían alquilar algunas virtudes, suspiros,
-torcimiento de cuello, arquear las cejas y otros modillos de modestia.
-Enojóse mucho Virtelia, diciendo:
-
-¿Pues qué, es mi palacio casa de negociación?
-
-Escusábase él diciendo que ya muchos y muchas con la virtud ganan la
-comida y á título de eso la señora las introduce en el estrado, la otra
-las asienta á su mesa, el enfermo las llama, el pretendiente se les
-encomienda, el ministro las consulta, ándanse de casa en casa comiendo
-y bebiendo y regalándose de modo, que ya la virtud es arbitrio del
-regalo.
-
-Quitaos de ahí, dijo Virtelia, que esas tales tienen tan poca virtud,
-como los que las llaman mucha simplicidad.
-
-¿Quién es aquel gran personaje, héroe de la virtud, que en toda ocasión
-de lucimiento le encontramos? Si en casa de la Sabiduría, allí está; si
-en la del Valor, allí asiste; en todas partes le vemos y admiramos.
-
-¿No conocéis, dijo Lucindo, al santísimo padre de todos? Veneradle y
-deprecadle siglos de vida tan heroica.
-
-Estaban aguardando los circunstantes que tratase de coronar algunos
-la gran reina de la Equidad y que premiase sus hazañas; mas fuéles
-respondido que no hay mayor premio, que ella misma, que sus brazos son
-la corona de los buenos.
-
-Y así á nuestros dos peregrinos, que estaban encogidos, venerando
-tan majestuosa belleza, [Marginal: _Premio de la Virtud._] los animó
-Lucindo á que se llegasen cerca y se abrazasen con ella, logrando una
-ocasión de tanta dicha. Y así fué, que coronándolos con sus reales
-brazos, los transformó de hombres en ángeles, candidatos de la eterna
-felicidad. Quisieran muchos hacer allí mansión, mas ella les dijo:
-
-Siempre se ha de pasar adelante en la virtud; que el parar es volver
-atrás.
-
-Suplicáronla, pues, los dos coronados peregrinos les mandase encaminar
-á su deseada Felisinda. Ella entonces, llamando cuatro de sus mayores
-ministras y teniéndolas delante, dijo señalando la primera:
-
-Ésta, que es la Justicia, os dirá dónde y cómo la habéis de buscar;
-esta segunda, que es la Prudencia, os la descubrirá; con la tercera,
-que es la Fortaleza, la habéis de conseguir; y con la cuarta, que es la
-Templanza, la habéis de lograr.
-
-Resonaron en esto armoniosos clarines, folla acorde de instrumentos,
-alborozando los ánimos y realzando sus nobles espíritus. Despertóse un
-céfiro fragante y bañóse todo aquel vistosísimo teatro de lucimiento.
-Sintiéronse tirar de las estrellas, con fuertes y suaves influjos. Fué
-reforzando el viento y levantándolos á lo alto, tirándoles para sí el
-cielo, á ser coronados de estrellas. Subieron muy altos, tanto que se
-perdieron de vista. Quien quisiere saber dónde pararon, adelante los ha
-de buscar.
-
-
-
-
-CRISI XI
-
-_El tejado de vidrio y Momo tirando piedras._
-
-
-Llegó la Vanidad á tal extremo de quien ella es, que pretendió lugar
-y no el postrero entre las Virtudes. Dió para esto memorial, en que
-representaba ser ella alma de las acciones, vida de las hazañas,
-aliento de la virtud y alimento del espíritu.
-
-No vive, decía, la vida material quien no respira, ni la formal quien
-no aspira. No hay aura más fragante ni que más vivifique, que la Fama,
-que también alienta el alma, como el cuerpo, y es su purísimo elemento
-el airecillo de la honrilla. [Marginal: _Esfuerzos de la honra._] No
-sale obra perfecta sin algo de vanidad ni se ejecuta acción bien sin
-esta atención del aplauso. Parto suyo son las mayores hazañas y nobles
-hijos, los heroicos hechos. De suerte que sin un grano de vanidad, sin
-un punto de honrilla, nada está en su punto, y sin estos humillos nada
-luce.
-
-No pareció del todo mal la paradoja, especialmente á algunos de primera
-impresión y á otros de capricho. Pero la razón, con todo su maduro
-parlamento, abominando una pretensión tan atrevida:
-
-[Marginal: _Ensanches á la naturaleza._]
-
-Sabed, dijo, que á todas las pasiones se les ha concedido algún
-ensanche, un desahogo en favor de la violentada naturaleza: á la
-Lujuria el matrimonio; á la Ira la corrección; á la Gula el sustento;
-á la Envidia la emulación; á la Codicia la providencia; á la Pereza la
-recreación, y así á todas las otras demasías; pero á la Soberbia, mirad
-qué tal es ella, que jamás se le permitió el más mínimo ensanche. No
-hay que fiar; toda es execrable. Vaya fuera, fuera, lejos, lejos. Bien
-es verdad que el cuidado del buen nombre es una atención loable, porque
-la buena fama es esmalte de la virtud, premio, que no precio. Hase de
-estimar la honra, pero no afectar. Más precioso es el buen nombre,
-que todas las riquezas. En no estando la virtud en su buen crédito,
-está fuera de su centro y quien no está en la gloria de su buena fama
-forzoso es que esté condenado al infierno de su infamia, al tormento
-de la desestimación, más insufrible á más conocimiento. Es la honra
-sombra de la virtud, que la sigue y no se consigue, huye del que la
-busca y busca á quien la huye, es efecto del bienobrar, pero no afecto,
-decorosa al fin diadema de la hermosísima Virtud.
-
-Célebre puente, como tan temida, daba paso á la gran ciudad, ilustre
-corte de la heroica Honoria, aquella plausible reina de la estimación,
-y por eso tan venerada de todos. [Marginal: _La puente de los Peros._]
-Era un paso muy peligroso, por estar todo él sembrado de perinquinosos
-_peros_, en que muchos tropezaban y los más caían en el río del reir,
-quedando muy mojados y aun poniéndose de lodo, con mucha risa de la
-inumerable vulgaridad, que estaba á la mira de sus desaires.
-
-Era de ponderar la intrepidez con que algunos confiados y otros
-presumidos se arrojaban y los más se despeñaban, anhelando á pasar de
-un extremo de bajeza á otro de ensalzamiento y tal vez de la mayor
-deshonra á la mayor grandeza, de lo negro á lo blanco y aun de lo
-amarillo á lo rojo, pero todos ellos caían con harta nota suya y risa
-de los sabidores.
-
-Así le sucedió á uno, que pretendió pasar de villano á noble, otro de
-manchado á limpio, diciendo que tras el sábado, se sigue el domingo;
-pero él fué de guardar. No faltó quien del mandil á mandarín, de mozo
-de ciego á don Gonzalo y una otra muy desvanecida de la verdura al
-verdugado. Quería una pasar por doncella; más riéronse de su caída.
-Como otro, que quiso ser tenido por un pozo de ciencia y fué un pozo de
-cieno. [Marginal: _El vulgar Sino._] No había hombre, que no tropezase
-en su pero y para cada uno había un sino.
-
-[Marginal: _D. Fray Juan Cebrián._]
-
-Gran príncipe tal, pero buen hombre. Ilustre prelado aquél, si fuera
-tan limosnero como nuestro arzobispo. Gran letrado, si no fuera
-malintencionado. ¡Qué valiente soldado!; pero gran ladrón. ¡Qué
-honrado caballero éste; sino que es pobre! ¡Qué docto aquél; si no
-fuera soberbio! Fulano santo, pero simple. Qué buen sujeto aquel otro y
-qué prudente; pero es embarazado. Muy bien entiende las materias; mas
-no tiene resolución. Diligente ministro; pero no es inteligente. Gran
-entendimiento; pero ¡qué malempleado! ¡Qué gran mujer aquélla; sino
-que se descuida! ¡Qué hermosa dama; si no fuera necia! Grandes prendas
-las de tal sujeto; pero ¡qué desdichado! Gran médico; poco afortunado:
-todos se le mueren. Lindo ingenio; pero sin juicio: no tiene sindéresis.
-
-Así todos tropezaban en su pero. Raro era el que se escapaba y único
-el que pasaba sin mojarse. Topaba uno con un pero de un antepasado y,
-aunque tan pasado, nunca maduro, jamás se pudo digerir. [Marginal:
-_El río de la risa._] Al contrario, otro daba de hocicos en el de sus
-presentes y caían todos en el río de la risa común.
-
-Bien lo merece, decía un émulo. ¿Quién le metía al peón en caballerías?
-
-Lástima es, decía otro, que los de tal cepa no sean puros, siendo tan
-hombres de bien.
-
-Las mujeres tropezaban en una chinita, en un diamante: terribles peros
-son las perlas para ellas. El airecillo las hacía bambanear y el
-donaire caer con mucha nota. Y es lo bueno que para levantarse nadie
-las daba la mano, sí de mano.
-
-De verdad, que un gran personaje tropezó en una Mota, quedando muy
-desairado y aseguraban fué notable desorden.
-
-Toda la puente estaba sembrada de cabo á cabo destos indigestos peros,
-en que los más de los viandantes tropezaban. Y si no en uno, daban de
-ojos en otro, aun en los pasados. Lamentábase un discreto, diciendo:
-
-Señores, que tropiece uno en el propio y personal, merécelo; mas en
-el ajeno ¿por qué? Que haya de tropezar un marido en un cabello de su
-mujer, en un pelillo de su hermana, ¿qué ley es ésta?
-
-Llegó uno jurando á fe de caballero, tan bueno, decía, como el rey.
-No faltó quien le arrojó una erre, con que de rey, se hizo de reir.
-[Marginal: _Peros arrojadizos._] Á un cierto Ruy, le echó un malicioso
-una tilde y bastó para que rodase. Tropezó otro en un cuarto y quedóse
-en blanco. Rodábales á algunos la cabeza y quedaban hechos equis, por
-haber deslizado en los brindis.
-
-Comenzó á pasar cierta dama, muy airosa. Hiciéronla unos y otros paso
-con plausible cortesía; pero al más liviano descuido dió en el lodo con
-toda su bizarría, que fué barro.
-
-Tropezaban las más en piedras preciosas y eran muy despreciadas. Llegó
-á pasar un gran príncipe y muy adulado.
-
-Éste sí, dijeron todos, que pasará sin riesgo; no tiene que temer: los
-mismos peros le temerán á él.
-
-Mas, ¡oh caso trágico! deslizó en una pluma y tumbó al río, quedando
-muy mojado. En una aguja de coser tropezó alguno y en una lezna otro y
-era título. En una pluma de gallina un bizarro general.
-
-¿Pues qué, si alguno entraba cojeando y de mal pie? Era cierto el
-rodar y en duda de tropiezo estaba la malicia por la deshonra. Creyó
-uno no le valdría aquí su riqueza, que en todos los demás pasos, por
-peligrosos que sean, suele sacar á su dueño de trabajo; mas al primer
-paso se desengañó. Que no vale aquí ni la espuela de oro ni la vira de
-plata.
-
-Cruel paso, decían todos, el de la honra, entre tropiezos de la
-malicia. ¡Oh qué delicada es la fama, pues una mota es ya nota!
-
-Aquí llegaron nuestros dos peregrinos á serlo, encaminados de Virtelia
-á Honoria, su gran cara, aunque confinante, tan querida, que la llamaba
-su gozo y su corona. Deseaban pasar á su gran corte; pero temían con
-razón el azaroso paso de los peros y era preciso, porque no había otro.
-
-Estaban pasmados viendo rodar á tantos y temblábales la barba, viendo
-las de sus vecinos tan remojadas. Asomó en esta sazón á querer pasar
-un ciego. [Marginal: _Lección de vivir._] Levantaron todos el alarido,
-viéndole comenzar tentando, y tuvieron por cierto había de tumbar al
-primer paso; mas fué tan al contrario, que el ciego pasó muy derecho.
-Valióle el hacerse sordo. Porque, aunque unos y otros le silbaban y aun
-le señalaban con el dedo, él, como no veía ni oía, no se cuidaba de
-dichos ajenos, sino de obras propias y pasar adelante con gran quietud
-de ánimo. Y así sin tropezar ni en un átomo llegó al cabo de lo que
-quería, con dicha harto envidiada. Al punto dijo Critilo:
-
-Este ciego ha de ser nuestra guía, que solos los ciegos, sordos y mudos
-pueden ya vivir en el mundo. Tomemos esta lición, seamos ciegos para
-los desdoros ajenos, mudos para no zaherirlos ni jactarnos, conciliando
-odio con la murmuración, en la recíproca venganza. Seamos sordos para
-no hacer caso de lo que dirán.
-
-Con esta lición pudieron pasar. Por lo menos fueron pasaderos con
-admiración de muchos y imitación de pocos.
-
-Entraron ya por aquel célebre emporio de la honra, poblado de
-majestuosos edificios, magníficos palacios, soberbias torres, arcos,
-pirámides y obeliscos, que cuestan mucho de erigir, pero después
-eternamente duran. Repararon luego que todos los tejados de las
-casas, hasta de los mismos palacios, eran de vidrio tan delicado como
-sencillo; muy brillantes, pero muy quebradizos, y así pocos se veían
-sanos y casi ninguno entero.
-
-Descubrieron presto la causa y era un hombrecillo tan nonada, que aun
-de ruin jamás se veía harto. Tenía cara de pocos amigos y á todos la
-torcía, mal gesto y peor parecer, los ojos más asquerosos que los de
-un médico y sea de la cámara, brazos de acribador, que se queda con la
-basura, carrillos de catalán y aun más chupados, que no sólo no come á
-dos, pero á ninguno. De puro flaco consumido, aunque todo lo mordía.
-Robado de color y quitándola á todo lo bueno. Su hablar era zumbir de
-moscón, que en las más lindas manos, despreciando el nácar y la nieve,
-se asienta en el venino. Nariz de sátiro y aun más fisgona. Espalda
-doble, aliento insufrible, señal de entrañas gastadas. Tomaba de ojo
-todo lo bueno y hincaba el diente en todo lo malo. Él mismo se jactaba
-de tener mala vista y decía:
-
-Maldito lo que veo.
-
-Y miraba á todos.
-
-Éste, pues, que por no tener cosa buena en sí todo lo hallaba malo
-en los otros, había tomado por gusto el dar disgusto. Andábase todo
-el día, y no santo, tirando peros y piedras y escondiendo la mano,
-sin perdonar tejado. Persuadíase cada uno que su vecino se las tiraba
-y arrojábale otras tantas. Éste creía que le hacía el tiro aquél y
-aquél que el otro, sospechando unos de otros y tirándose piedras y
-escondiendo todos la mano. [Marginal: _Murmuración común._] En duda
-arrojaban muchas por acertar con alguna y todo era confusión y popular
-pedrisco, de tal modo ó tan sin él, que no se podía vivir ni había
-quien pudiese parar. Venían por el aire volando piedras y tiros, sin
-saberse de dónde ni por qué. Así que no quedaba tejado sano ni honra
-segura ni vida inculpable. Todo era malas voces, hablillas, famas
-echadizas y los duendes de los chismes no paraban.
-
-Yo no lo creo, decía uno; pero esto dicen de fulano.
-
-Lástima es, decía otro, que de fulana se diga esto.
-
-Y con esta capa de compasión hacía un tiro, que quebraba todo un
-tejado. Pero no faltaba quien de retorno les rompía á ellos las
-cabezas. Y á todo esto andaba revolviendo el mundo aquel duendecillo
-universal.
-
-Había tomado otro más perjudicial de porte y era arrojar á los rostros,
-en vez de piedras, carbones, que tiznaban feamente, y así andaban casi
-todos mascarados, haciendo ridículas visiones, uno con un tizne en la
-frente, otro en la mejilla, y tal, que le cruzaba la cara, [Marginal:
-_Ninguno se conoce._] riéndose unos de otros, sin mirarse á sí mismos
-ni advertir cada uno su fealdad, sino la ajena. Era de ver y aun de
-reir cómo todos andaban tiznados, haciendo burla unos de otros.
-
-¿No veis, decía uno, qué mancha tan fea tiene fulano en su linaje? ¡Y
-que ose hablar de los otros!
-
-Pues él, decía otro, ¡que no vea su infamia tan notoria y se meta á
-hablar de las ajenas! ¡Que no haya ninguno con honra en su lengua!
-
-Mirá quién habla, saltaba otro, teniendo la mujer que tiene. Cuánto
-mejor fuera cuidara él de su casa y supiera de dónde sale la gala.
-
-Estando diciendo esto, estaba actualmente otro santiguándose:
-
-¡Que éste no advierta que tiene él por qué callar, teniendo una hermana
-cual sabemos!
-
-Pero déste, añadía otro, harto mejor fuera que se acordara él de su
-abuelo y quién fué. Siempre lo veréis que hablan más los que debrían
-menos.
-
-¡Hay tal desvergüenza en el mundo, que ose hablar aquél!
-
-¡Hay tal descoco de mujer, que se adelante ella á decir y quitarla á la
-otra la palabra de la lengua!
-
-Desta suerte andaba el juego y la risa de todo el mundo, que siempre la
-mitad dél se está riendo de la otra, burlándose unos de otros y todos
-mascarados. Éstos se fisgaban de aquéllos y aquéllos déstos y todo
-era risa, ignorancia, murmuración, desprecio, presunción y necedad y
-triunfaba el ruincillo.
-
-[Marginal: _Espejo práctico._]
-
-Reparaban algunos más advertidos, si no más felices, en que se reían
-dellos y acudían á una fuente, espejo común en medio de una plaza,
-á examinarse de rostro en sus cristales y, reconociendo sus tiznes,
-alargaban la mano al agua, que, después de haber avisado del defeto,
-da el remedio y limpia. Pero, cuanto más porfiaban en lavarse y
-alabarse, peores se ponían, pues, enfadados los otros de su afectado
-desvanecimiento, decían:
-
-¿No es éste aquel, que vendía y compraba? ¿Pues qué nos viene aquí
-vendiendo honras?
-
-Aguarda ¿no es aquél hijo de aquel otro? ¿Pues por cuatro reales, que
-tiene, anda tan deslavado, no siendo su hidalguía tanto al uso, cuanto
-al aspa?
-
-Lo peor era que la misma agua clara sacaba á luz muchas manchas, que
-estaban ya olvidadas. Y así, á uno, que trató de alabarse de ingénuo,
-le salió una ese, que era decir:
-
-Ése es ése.
-
-Yo lo sé de buena tinta, decía uno, que fulano es un tal.
-
-Y no era sino harto mala, pues echaba tales borrones.
-
-Sentía mucho cierta señora, que blasonaba de la más roja sangre del
-reino, se le atreviese la murmuración y no advertía que la mancha de un
-descuido sale más en el brocado, como la roncha en la belleza.
-
-Estaba otra muy corrida de que siendo ya matrona la echaban en la cara
-no sé qué niñería de allá cuando rapaza.
-
-Estaba el otro para conseguir una dignidad y salíale al rostro un tizne
-de no sé qué travesura de su mocedad.
-
-Pero el que se sintió mucho fué un príncipe, en cuya esclarecida frente
-echó un historiador un borrón, sacudiendo la pluma.
-
-Aquello de haber sido no podía uno tolerar. Que el ser ahora salga á la
-cara, pase; ¡pero por qué allá mi tartarabuelo lo fué!
-
-¿Qué razón hay, que por lo que pasó en tiempo del rey que rabió,
-ponderaba otro, me hagan á mí rabiar?
-
-Lo más acertado era _callar y callemos_ y no alabarse. Porque de los
-blasones de las armas hacían los otros baldones. Y aun desde que
-dieron en lavarse en la fuente de la presunción y desvanecimiento, les
-salieron más manchas á la cara. Y unos otros se daban en rostro con
-las fealdades de allá de mil años. [Marginal: _Ninguno sin crimen._] Y
-fué de suerte, digo desdicha, que no quedó rostro sin lunar, ojo sin
-lagaña, lengua sin pelo, frente sin arruga, mano sin berruga, pie sin
-callo, espalda sin giba, cuello sin papera, pecho sin tos, nariz sin
-romadizo, uña sin enemigo, niña sin nube, cabeza sin remolino, ni pelo
-sin repelo. En todos había algo, que señalase con el dedo aquel malsín
-y de que se recelasen los otros. Y aun todos iban huyendo dél, diciendo
-á voces:
-
-¡Guarda el ruincillo, guarda el maldiciente!
-
-¡Oh maldita lengua!
-
-[Marginal: _Momo descubierto._]
-
-Conocieron con esto que era Momo y huyeran también, si no les
-emprendiera él mismo, preguntándoles: ¿qué buscan? Que parecían
-extraños en lo perdido.
-
-Respondiéronle venían en busca de la buena reina Honoria. Y él al punto:
-
-¿Mujer y buena y en esta era? Yo lo dudo. En mi boca por lo menos no
-lo será. Yo las conozco todas y á todos y no hallo cosa buena. El
-buen tiempo ya pasó y con él todo lo bueno. En boca del viejo todo lo
-bueno fué y todo lo malo es. Con todo eso, yo os quiero hoy servir de
-brújula. Vamos discurriendo por la ciudad. Probemos ventura, que no
-será poca hallarla, siendo una de aquellas cosas de que piensa estar
-lleno el mundo, cuando más vacío.
-
-[Marginal: _Honra mundana._]
-
-Oyeron que estaba uno persuadiendo á otro perdonase á su enemigo y se
-quietase y respondía él:
-
-¿Y la honra?
-
-Decíanle á otro que dejase la manceba y el escándalo de tantos años y
-él:
-
-No sería honra ahora.
-
-Á un blasfemo, que no jurase ni perjurase, y respondía:
-
-¿En qué estaría la honra?
-
-Á un pródigo, que mirase á mañana, que no tendría hacienda para cuatro
-días:
-
-No es mi honra.
-
-Á un poderoso, que no hiciese sombra al rufián y al asesino:
-
-No es mi honra.
-
-Pues hombres de Barrabás, dijo Momo, ¿en qué está la honra? ¿No digo yo?
-
-Á otro lado oyeron decir á uno:
-
-Mirá fulano, en qué pone su honra.
-
-Y respondía éste:
-
-Y él ¿en qué la pone? Mirá éste, mirá aquél y miradlos á todos en qué
-la ponen.
-
-Decía un linajudo, muy preciado de honrado, que á él le venía muy de
-atrás, allá de sus antepasados, de cuyas hazañas vivía.
-
-Esa honra, señor mío, le dijo Momo, ya no huele bien; rancia está:
-tratad de buscar otra más plática. Poco importa la honra antigua, si
-la infamia es moderna. Y si no os vestís de las ropas de vuestros
-antepasados, porque no son al uso, ni salís un día con la martingala de
-vuestro abuelo, porque se reirían de tal vejedad, no pretendáis tampoco
-arrear el ánimo de sus honores; buscad en nuevas hazañas la honra al
-uso.
-
-No faltó quien les dijo hallarían la honra en la riqueza.
-
-No puede ser, dijo Momo, que honra y provecho no caben en ese saco.
-
-Encamináronse á casa de los hombres famosos y plausibles y hallaron
-se habían echado á dormir. Encontraron un caballero nuevo corriendo
-ilustre sangre y al punto dijeron:
-
-Éste sí que sabrá della.
-
-Halláronle, que estaba sudando y reventando, más que si llevara un
-mundo á cuestas. Gemía y suspiraba sin cesar.
-
-¿Qué tiene este hombre?, dijo Andrenio. ¿De qué trasuda?
-
-¿No ves, dijo Momo, aquel punto indivisible, que carga sobre sus
-hombros? Pues ése es el que le abruma.
-
-Mirá ahora, replicó Andrenio, qué Atlante parando espaldas á un cielo,
-qué Hércules apuntalando la monarquía de todo el mundo.
-
-[Marginal: _Punto de honra._]
-
-Pues ese puntillo, ponderó Momo, les hace á muchos sudar y tal vez
-reventar: por conservar aquel punto en que se metió ó le metieron anda
-toda la vida gimiendo, fáltanle las fuerzas, añádense las cargas,
-crecen los gastos, menguan las haciendas y el punto no ha de faltar.
-
-Si la habéis de hallar, les dijo uno, ha de ser en lo que arrastra.
-
-Honra, que va por tierra, ponerse ha de lodo, dijo Critilo.
-
-Digo que sí, que lo que arrastra honra.
-
-[Marginal: _Lo que honra, arrastra._]
-
-Eso no, saltó Momo. Yo digo al revés, que lo que honra arrastra y
-esta negra honrilla trae arrastrados á muchos. ¡Oh, á cuántos traen
-arrastrados las galas y cadenas de las mujeres, las libreas de los
-pajes, y andan corridos cuando más honrados!
-
-Dicen que hacen lo que deben.
-
-Yo digo al revés, que deben lo que hacen y dígalo el mercader y el
-oficial y los criados.
-
-Hallaron otro y otros muchos, que estaban echando los bofes y la misma
-hiel por la boca.
-
-Peor es esto, dijo Andrenio.
-
-Pues si en algunos se ha de hallar la honra, dijo Momo, ha de ser en
-éstos.
-
-¿Y por qué?
-
-Porque revientan de honrados.
-
-Caro les cuesta la negra de la honrilla.
-
-Y lo peor es que, cuando más la piensan conseguir, entonces la alcanzan
-menos, perdiendo tal vez la vida y cuanto hay.
-
-No os canséis, dijo uno, que no la hallaréis en toda la vida, sino en
-la muerte.
-
-¿Cómo en la muerte?
-
-Sí, que aquel día es el de las alabanzas y tras la muerte le hacen las
-honras.
-
-¡Oh, qué donosa cosa!, dijo Andrenio. En un saco de tierra poca honra
-cabrá. Cara es la honra, que cuesta el morir y, si un muerto es tierra
-y nada, toda su honra será nonada.
-
-Mucho es, ponderaba Critilo, que ni hallemos á Honoria en su corte ni
-la honra en una tan populosa ciudad.
-
-Honra y en ciudad grande, dijo Momo, muy mal se encuadernan. En otro
-tiempo aún se hallara la honra en las ciudades; pero ya está desterrada
-de todas. Asegúroos que todo lo bueno se perdió en ésta, el día que
-echaron della aquel gran personaje, tan digno de eterna observación y
-conservación, á quien todos respetaban por su gran caudal y gobierno.
-El salía por una puerta ¡qué lástima! y todas las ruindades entraban
-por otra, ¡qué desdicha!
-
-¿Qué varón fué ése, preguntaron, de tanta importancia y autoridad?
-
-Era el gobernador de la ciudad y aun dicen hijo de la misma reina
-Honoria. No había Licurgo como él ni hubo jamás república de Platón
-tan concertada como ésta. Todo el tiempo, que él la asistió, no se
-conocían vicios ni se sonaba un escándalo, no paraba malhechor ni ruin.
-[Marginal: _Don Pedro Pablo Zapata._] Porque todos le temían más que
-al mismo gobernador de Aragón. Más recababa su respeto, que las mismas
-leyes, y más le temían á él, que á las dos columnas del suplicio. Pero
-luego que él faltó, se acabó todo lo bueno.
-
-¿No nos dirías quién fué un personaje tan insigne y tan cabal?
-
-[Marginal: _Provechos del qué dirán._]
-
-De verdad que era bien nombrado y me espanto mucho no deis en la
-cuenta. Éste era el prudente, el atento, el temido ¿_Qué dirán_?,
-sujeto bien conocido, que los mismos príncipes le respetaban y aun le
-temían, diciendo:
-
-¿Qué dirán de un príncipe como yo, que debiendo ser el espejo, que
-compone todo el mundo, soy el escándalo, que lo descompone?
-
-¿Qué dirán, decía el título, que no cumplo con mis obligaciones, siendo
-tantas, que degenero de mis antepasados, famosos héroes, que me dejaron
-tan empeñado en hazañas y yo me empeño en bajezas?
-
-¿Qué dirán de mí, decía el juez, que atropello la justicia, debiéndola
-yo amparar y de juez me hago reo? Eso no dirán de mí.
-
-Cuando más acosada la casada, acordábase dél y decía:
-
-¿Qué dirán de mí, que una matrona como yo de Penélope me trueco en
-Elena, que pago mal el buenproceder de mi marido con mi malparecer? Eso
-no, líbreme Dios de tan mal gusto.
-
-Hasta la recatada doncellita se conservaba en el jardín de su retiro,
-diciendo:
-
-¿Yo, que soy una fragante flor, había de dar tan mal fruto? ¿Yo,
-siendo una rosa, ser risa del mundo? ¿Yo ver ni ser vista? ¿Yo, por
-hablar, dar qué decir? De eso me guardaré yo muy bien.
-
-¿Qué dirán, decía la viuda, que á muerto marido, amigo venido, que del
-riego de mi llanto nace el verde de mis gustos, que tan presto trueco
-el requiem en aleluya?
-
-No dirán tal, decía el soldado, que yo me calce botas de fuina. ¿Qué
-dirán de un español, que entre galos soy gallina?
-
-¿Qué dirían de un hombre de mis prendas, decía el sabio, que de alumno
-de Minerva me hago vil esclavo de Venus?
-
-¿Qué dirán los mozos?, decía el viejo, y ¿qué dirán los viejos?, decía
-el mozo.
-
-¿Qué dirán los vecinos?, decía el hombre de bien.
-
-Y con esto todos se recataban.
-
-¿Qué dirían mis émulos?, decía el cuerdo, ¿qué buen día para ellos y
-qué mala noche para mí?
-
-¿Qué dirían los súbditos?, decía el superior, y ¿qué diría el
-superior?, decían los súbditos.
-
-Desta suerte todo el mundo le temía y le respetaba y todo iba, no de
-concierto, pero muy concertado. Faltó él y faltó todo lo bueno ese
-mismo día. Todo está ya perdido, todo rematado. ¿Pues qué se hizo un
-Catón tan severo, un Licurgo tan regular qué se hizo? Que no pudiéndolo
-sufrir unos y otros, no pararon hasta echarle. [Marginal: _Ostracismo
-vulgar._] Bárbaro vulgar ostracismo se conjuró contra él y por ser
-bueno le desterraron al uso de hoy. Sabed que con el tiempo, que todo
-lo trastorna, fué creciendo esta ciudad, aumentándose en gente y
-confusión: que toda gran corte es Babilonia. No se conocían ya unos á
-otros, achaque de poblaciones grandes. Comenzaron con esto poco á poco
-á desestimar su gran gobierno, de ahí á no hacer caso dél, luego á
-atrevérsele. Como todos eran malos, no se espantaban unos de otros, no
-decían éstos de aquéllos; cada uno se miraba á sí y enmudecía, metía la
-mano en el seno y sacábala tan sarnosa, que no se picaba de la ajena.
-No decían ya ¿qué dirán?; sino ¿qué diré yo dél, que no diga él de mí
-y mucho más? Desta suerte, mancomunados todos, echaron fuera el ¿_Qué
-dirán_? y al punto se perdió la vergüenza, faltó la honra, retiróse el
-recato, huyó el pundonor. Ya no se atendía á obligaciones, con que todo
-se asoló. Al otro día la matrona dió en matrera, la doncella de vestal
-en bestial, el mercader á escuras, para dejar á ciegas, el juez se hizo
-parte con el que parte, los sabios con resabios, el soldado quebrado.
-Hasta el espejo universal se hizo común. Así que ya no hay honra ni se
-parece.
-
-He, no nos cansemos en buscar tarde lo que otros no pudieron hallar ni
-al mediodía.
-
-¿Pues en una ciudad tan famosa?, ponderaba Critilo.
-
-[Marginal: _Honra desestimada._]
-
-Trocóse en fumosa, dijo Momo, con tanto humo y tanto hollín y todo
-confusión.
-
-Tú te engañas, replicó en alta voz un otro personaje, que allí se dejó
-ver, por ser bien visible en lo grueso y bienvisto en lo agradable, muy
-diferente de Momo y aun su antagonista en su aspecto, trato, genio,
-traje, hechos y dichos.
-
-¿Qué sujeto es éste?, preguntó Andrenio á uno de los del séquito, que
-era tan mucho, como popular.
-
-Y respondióle:
-
-Bien dijiste, sujeto á todos y de todos.
-
-¡Qué colorado que está!
-
-Como el que de nada se pudre.
-
-¡Qué aprovechado! Trata de vivir.
-
-Parece hombre de lindos hígados y mejor melsa. ¿Cómo ha engordado tanto
-en estos tiempos?
-
-Come el pan de todos.
-
-Parece simple.
-
-Es conveniencia. Porque en siendo uno entendido es temido y luego
-aborrecido.
-
-No muestra saber de la misa la media.
-
-Harto sabe, pues sabe decir amén.
-
-¿Y cómo se llama?
-
-Tiene muchos nombres y todos buenos. Unos le llaman el buen hombre,
-otros el buen Juan Escolán de Amén, _manja con tuti_, el buen pan,
-pasta real; pero su propio nombre en español es _sí, sí_, y en italiano
-_bono, bono_. [Marginal: _El contrario de Momo._] Y así como á Momo
-se le dió el nombre de _No, no_, que corrompida la ene por ignorancia
-ó malicia quedó en _Momo_: así á éste de _bono bono_ le quedó el _bo
-bo_, porque todo lo abona y todo lo alaba. Pues, aunque sea la más alta
-necedad, dice:
-
-Bueno, bueno.
-
-Al más solemne disparate:
-
-¡Qué bien!
-
-Á la mayor mentira:
-
-Sí, sí.
-
-Al peor desacierto:
-
-Está bien.
-
-Á la más calificada bobería:
-
-¡Lindamente!
-
-Desta suerte vive y bebe con todos y de todo engorda, que tiene linda
-renta en la ajena bobería.
-
-Pues si eso es, llamáranle Eco de la necedad. Pero díme: ¿cómo no le
-tuvieron por dios los antiguos, así como á Momo y con más razón, por
-ser más plausible y más agradable?
-
-Hay mucho que decir en eso. Sienten unos que, aunque siempre trata
-de lisonjear, como cada uno piensa que se le debe lo que se le dice,
-ninguno lo agradece. Sirve á muchos y ninguno le paga y morirá comido
-de lobos. Otros dicen que realmente no es de provecho en el mundo,
-antes de mucho daño. Lo cierto es que la malicia humana no ha estimado
-tanto sus simplicidades, cuanto temido las quemazones de Momo.
-
-Alborotóse mucho éste, luego que le vió. Trabóse entre los dos una
-reñida pendencia. Acudieron todos los apasionados de ambos, haciéndose
-á dos bandas. [Marginal: _Lisonja perniciosa._] Los sátrapas, los
-críticos, entendidos, bachilleres, podridos, caprichosos, satíricos
-y maldicientes, se empeñaron por Momo. Al contrario, los panarras,
-buenos hombres, amenistas, lisonjeros, sencillos y buenas pastas se
-hicieron á la banda de Bobo. Critilo y Andrenio se estaban á la mira,
-cuando se llegó á ellos un prodigioso sujeto y les dijo:
-
-No hay mayor necedad que estárselas oyendo. Si venís en busca de la
-Honra, seguidme, que yo os guiaré adonde está la honra del mundo entero.
-
-Dónde los llevó y dónde realmente la hallaron se queda para otra Crisi.
-
-
-
-
-CRISI XII
-
-_El trono del mando._
-
-
-Competían las Artes y las Ciencias el soberano título de reina, sol
-del entendimiento y augusta emperatriz de las letras. Después de haber
-hecho la salva á la sagrada Teología, verdaderamente divina, pues
-toda se consagra á conocer á Dios y rastrear sus infinitos atributos,
-[Marginal: _Competencia de las Ciencias._] habiéndola sublimado sobre
-sus cabezas y aun sobre las estrellas, que fuera indecencia adocenarla,
-prosiguióse la competencia entre todas las demás, que se nombran de las
-tejas abajo luceros de la verdad y nortes seguros del entendimiento.
-
-Viéronse luego hacer de parte de ambas filosofías todos los mayores
-sujetos, los ingeniosos á la banda de la natural y los juiciosos de
-la moral, señalándose entre todos Platón, eternizando divinidades, y
-Séneca sentencias. No fué menos numeroso ni lucido el séquito de la
-humanidad, gente toda de buen genio. Y entre todos un discreto de capa
-y espada, habiendo arengado por ella, concluyó diciendo:
-
-¡Oh plausible Enciclopedia, que á ti se reduce todo el plático saber!
-Tu mismo nombre de humanidad dice cuán digna eres del hombre. Con razón
-los entendidos te dieron el apellido de las Buenas Letras, que entre
-todas las Artes tú te nombras en pluralidad la buena.
-
-Pero ya Bártulo y Baldo comenzaron á alegar por la Jurisprudencia,
-acotando entre los dos docientos textos con memoriosa ostentación.
-Probaron con evidencia que ella había hallado aquel maravilloso secreto
-de juntar honra y provecho, levantando los hombres á las mayores
-dignidades, hasta la suprema.
-
-Riéronse desto Hipócrates y Galeno, diciendo:
-
-Señores míos, aquí no va menos que la vida. ¿Qué vale todo sin salud?
-Y el complutense Pedro García, que desmintió lo vulgar de su renombre
-con su fama, ponderaba mucho aquel haber encargado el divino Sabio el
-honrar los médicos, no los letrados ni los poetas.
-
-Aquí de la Honra y de la Fama, blasonaba un historiador. Esto sí que es
-dar vida y hacer inmortales las personas.
-
-He, que para el gusto no hay cosa como la Poesía, glosaba un poeta.
-Bien concederé yo que la Jurisprudencia se ha alzado con la honra, la
-Medicina con el provecho; pero lo gustoso, lo deleitable quédese para
-los canoros cisnes.
-
-¿Pues qué y la Astrología, decía un matemático, no ha de tener
-estrella, cuando se carea con todas y se roza con el mismo sol?
-
-He, que para vivir y para valer, decía un ateísta, digo un estadista, á
-la Política me atengo. Ésta es la ciencia de los príncipes y así ella
-es la princesa de las ciencias.
-
-Desta suerte corría la pretensión á todo discurrir, cuando el gran
-canceller de las letras, digno presidente de la docta academia, oídas
-las partes y bien ponderadas sus eficacísimas razones, dió muestras
-de pronunciar sentencia. Calmó en un punto el confuso murmullo y fué
-tanta la atención, cuanta la expectación. Allí se vió todo pedante
-sacar cuello de cigüeña, plantar de grulla, atisbar de mochuelo y parar
-oreja de liebre. En medio de tan antonina suspensión, que ni una mosca
-se oía, desabrochando el pecho el severo presidente, sacó del seno
-un libro enano, no tomo, sino átomo, de pocas más que doce hojas, y
-levantándole en alto á toda ostentación, dijo:
-
-[Marginal: _Práctico saber._]
-
-Ésta sí que es la corona del saber, ésta la ciencia de ciencias, ésta
-la brújula de los entendidos.
-
-Estaban todos suspensos admirándose y mirándose unos á otros, deseosos
-de saber qué arte fuese aquélla, que según parecía no se parecía y
-dudaban del desempeño. Volvió él segunda vez á exagerar:
-
-Éste sí que es el plático saber, ésta la arte de todo discreto, la que
-da pies y manos y aun hace espaldas á un hombre. Ésta la que del polvo
-de la tierra levanta un pigmeo al trono del mando. Cedan las Auténticas
-del César, retírense los Aforismos del médico, llamados así, ya por lo
-desaforado, ya porque echan fuera del mundo á todo viviente. ¡Oh qué
-lición ésta del valer y del medrar! Ni la política ni la filosofía ni
-todas juntas alcanzan lo que ésta con sola una letra.
-
-Crecía á varas el deseo con tanta exageración y más por extrañarse en
-la boca de un atento.
-
-Finalmente, dijo, este librito de oro fué parto noble de aquel célebre
-gramático, prodigioso desvelo de Luis Vives y se intitula: _De
-Conscribendis epistolis_; Arte de escribir...
-
-No pudo acabar de pronunciar cartas, porque fué tal la risa de todo
-aquel erudito teatro, tanta la tempestad de carcajadas, que no pudo
-en mucho rato tomar la vez ni la voz para desempeñarse. Volvía ya
-á esconder el librillo en el seno con tal severidad, que bastó á
-serenarlos, y muy compuesto les dijo:
-
-Mucho he sentido el veros hoy tan vulgarizantes. Sólo puede ser
-satisfación el reconoceros desengañados. [Marginal: _Dictar una
-Carta._] Advertí que no hay otro saber en el mundo todo, como el saber
-escribir una carta. Y quien quisiere mandar, platique aquel importante
-aforismo: _Qui vult regnare, scribat_, quien quiere reinar, escriba.
-
-Este ponderativo suceso les refirió un ni persona ni aun hombre, sino
-sombra de hombre, rara visión y al cabo nada. Porque ni tenía mano en
-cosa ni voz ni espaldas ni piernas que hacer ni podía hombrear ni en
-toda su vida se vió hecha la barba. Tanto, que admirado Andrenio, le
-preguntó:
-
-¿Eres ó no eres? Y si eres, ¿de qué vives?
-
-Yo, dijo, soy sombra y así siempre ando á sombra de tejado. Y no te
-espantes, que los más en el mundo no nacieron más que para ser sombras
-de la pintura, no luces ni realces. Porque un hermano segundo ¿qué otra
-cosa es sino sombra del mayorazgo? El que nació para servir, el que
-imita, el que se deja llevar, el que no tiene sí ni no, el que no tiene
-voto proprio, cualquiera que depende ¿qué son todos, sino sombras de
-otros? Creedme, que los más son sombras. Que aquéllos las hacen y éstos
-les siguen. La ventura consiste en arrimarse á buen árbol, para no ser
-sombra de un espino, de un alcornoque, de un quejigo. Por eso yo voy
-en busca de algún gran hombre, para ser sombra suya y poder mandar el
-mundo.
-
-¿Tú, replicó Andrenio, mandar?
-
-Sí, pues muchos, que fueron menos y aun nada, hay llegado á mandarlo
-todo. Yo sé que me veréis bien presto entronizado. Dejá que lleguemos
-á la corte: que, si ahora soy sombra, algún día seré asombro. Vamos
-allá y allí veréis la honra del mundo en el ínclito, justo y valeroso
-Ferdinando Augusto. [Marginal: _Honra y virtud._] Él es la honra de
-nuestro siglo, la otra columna del non plus ultra de la fe, trono de la
-justicia, basa de la fortaleza y centro de toda virtud. Y creedme que
-no hay otra honra, sino la que se apoya en la virtud; que en el vicio
-no puede haber cosa grande.
-
-Alegráronse mucho ambos peregrinos, viendo se acercaban á aquella
-ciudad, estancia de su buscada prenda y término de su felicidad deseada.
-
-[Marginal: _Corte de Cortes._]
-
-Vieron ya campear en la superioridad de la más alta eminencia una
-imperial ciudad, la primera que los solares rayos coronan. Fuéronse
-acercando y admirando un número sin cuenta de gentes, anhelando
-todos en su falda por subir á su corona. Para más satisfacerse ambos
-peregrinos, preguntaron si era aquella la corte.
-
-¿Pues no se da bien á conocer, les respondieron, en la muchedumbre de
-impertinentes? Ésta es la corte y aun todas las cortes en ella. Éste
-es el trono del mando, donde todos revientan por subir y así llegan
-reventados, unos á ser primeros, otros á ser segundos y ninguno á ser
-postrero.
-
-Vieron que echaban algunos, bien pocos, por el rodeo de los méritos;
-mas era un acabar de nunca acabar. El más manual, más que el de
-las letras, del valor y virtud, era el del oro; pero la dificultad
-consistía en fabricarse escala. Que de ordinario los más beneméritos
-suelen ser los más imposibilitados. Echáronle á uno por favor, más
-que por elección, una escala de lo alto y él, en estando arriba, la
-retiró, porque ningún otro subiese. Al contrario, otro arrojó desde
-abajo un gancho de oro y enganchóse en las manos de dos ó tres, que
-estaban arriba, con que pudo trepar ligero. [Marginal: _Volatines de
-la ambición._] Y déstos había raros volatines de la ambición, que por
-maromas de oro volaban ligerísimos. Estaba votando uno y blasfemando.
-
-¿Qué tiene éste?, preguntó Andrenio.
-
-Y respondiéronle:
-
-Echa votos, por los que le han faltado.
-
-Lo que más admiraron fué que, siendo la subida muy resbaladiza y llena
-de deslizaderos, llegó uno y comenzó á untarlos con un unto, que en lo
-blanco parecía jabón y en lo brillante plata.
-
-¡Hay más calificada necedad!, decía.
-
-Pero él Asombrado:
-
-Aguardá, dijo, y veréis el maravilloso efeto.
-
-Fuélo harto, pues en virtud desta diligencia pudo subir con ligereza y
-seguridad, sin amagar el menor vaivén.
-
-[Marginal: _Untar para no resbalar._]
-
-¡Oh gran secreto, exclamó Critilo, untar las manos á otros, para que no
-se le deslicen á él los pies!
-
-Ostentaban algunos prolijas barbas, torrentes de la autoridad, que,
-cuando más afectan ciencia, descubren mayor legalidad.
-
-¿Por qué éstos, preguntó Andrenio, no se hacen la barba? ¡Oh, respondió
-el Asombrado, porque se la hagan!
-
-Reconocieron uno, que parecía necio y realmente lo era, según aquel
-constante aforismo, que son tontos todos los que lo parecen y la mitad
-de los que no lo parecen. Y con ser incapaz, había muchos entendidos,
-que le ayudaban á subir y lo diligenciaban por todas las vías posibles,
-no cesando de acreditarle de hombre de gran testa, contra todo su
-dictamen, de gran valor y muy cabal para cualquier empleo.
-
-¿Qué pretenden estos sabios, reparó Critilo, con favorecer á este
-tonto, procurando con tantas veras entronizarle?
-
-¡Oh!, dijo el Asombro, ya espanto, ¿no veis que, si éste sube una vez
-al mando, que ellos le han de mandar á él? Es testa de ferro, en quien
-afianzan ellos el tenerlo todo á su mano. ¡Oh lo que valía aquí una
-onza de pía afición y un amigo un Perú, sobre todo, un pariente, aunque
-sea cuñado! Porque decían:
-
-¡De los tuyos hayas!
-
-Mas Critilo, anteviendo tantas y tan inaccesibles dificultades, trataba
-de retirarse, consolándose á lo zorro de los racimos y diciendo:
-
-He, que el mandar, aunque es empleo de hombres, pero no felicidad. Y
-cierto, ponderaba, que para gobernar locos es menester gran seso y para
-regir necios, gran saber. Yo renuncio á los cargos por sus cargas.
-
-Y encogiendo los hombros, volvía las espaldas. Detúvole el Asombro con
-aquella paradoja sentencia, para unos de vida y de muerte para otros:
-
-[Marginal: _Monarca ó loco._]
-
-Que un hombre había de nacer ó rey ó loco; no hay medio, ó César ó
-nada. ¿Qué sabio, decía, puede vivir sujeto á otro y más á un necio?
-Más le vale ser loco, no tanto para no sentir los desprecios, cuanto
-para dar luego en rey de imaginación y mandar de fantasía. Yo, con ser
-sombra, no me tengo por desahuciado de llegar al mando.
-
-¿Pues en qué confías?, dijo Andrenio.
-
-Cuando se oyó una voz, que desde lo más alto decía:
-
-Allá va, allá va.
-
-Estaban todos suspensos en expectación de qué vendría, cuando vieron
-caer á los pies de la Sombra unas espaldas de hombre y muy hombre,
-fuertes hombros y trabadas costillas.
-
-Asegundó el grito:
-
-Allá van.
-
-Y cayeron dos manos con sus brazos tan rollizos, que parecía cada uno
-un brazo de hierro. Desta suerte fueron cayendo todas las prendas de
-un varón grande. Estaban los circunstantes atónitos de ver el suelo
-poblado de humanos miembros; mas la Sombra los fué recogiendo todos y
-revistiéndoselos de uno en uno, con que quedó muy persona, hombre de
-poder y valer. Y el que antes parecía nada y podía nada y era tenido
-en nada, se mostró ahora un tan estirado gigante, que todo lo podía.
-De modo que uno le hizo espaldas, otro la barba. No faltó quien le dió
-la mano ni quien le fuese pies. Conque pudo hacer piernas y hombrear.
-Hasta entendimiento tuvo quien le diese. En viéndose hombre, trató de
-subirse á mayores y pudo y aun prestar favor á sus camaradas, á quienes
-hizo espaldas para su mayor ascenso.
-
-[Marginal: _La fuente del olvido._]
-
-Toparon en la primera grada del medrar una fuente rara, donde todos
-se prevenían para la gran sed de la ambición y causaba contrarios
-efectos. Uno de los más notables era un olvido tan estraño de todo lo
-pasado, que no sólo se olvidaban de los amigos y conocidos de antes,
-causándoles increíble pesadumbre ver testigos de su antigua bajeza;
-pero de sus mismos hermanos. Y aun hubo hombre tan bárbaramente
-soberbio, que desconoció el padre, que le engendró, borrando de su
-memoria todas las obligaciones pasadas, los beneficios recibidos,
-favoreciendo hechuras nuevas, queriendo antes ser acreedores, que
-obligados. Más estimaban fiar, que pagar. Pero ¿qué mucho, si llegaron
-los más á olvidarse de sí mismos y de lo que habían sido, de aquellos
-principios de charcos, en viéndose en alta mar, y de todo cuanto les
-pudiera acordar su basura, obligándoles á deshacer la rueda? Infundía
-una ingratitud increíble, una tesura enfadosísima, una estrañez notable
-y al fin mudaba un entronizado totalmente, dejándole como elevado, que
-ni él se conocía ni los otros le acababan de conocer. ¡Tanto mudan las
-honras las costumbres!
-
-Llegaron á lo alto en ocasión, que todos andaban turbados y la corte
-alborotada, por haber desaparecido uno de los mayores monarcas de la
-Europa y, habiéndole buscado por cien partes, no le podían descubrir.
-Sospechaban algunos se habría perdido en la caza: que no sería el
-primero. Que en casa de algún villano habría hecho noche, despertando
-de su gran sueño y cenando desengaños el que tan ayuno vivía de
-verdades. [Marginal: _Príncipe de Estrella._] Mas llegó el día y no
-pareció. Era grande y general el sentimiento, porque era amado de
-todos por sus grandes prendas, príncipe de estrella, que no es poco.
-No quedó Yuste, San Dionís, Casa de Campo, bosque ni jardín, donde no
-le buscasen. Hasta que finalmente le hallaron donde menos pensaban
-ni pudiera imaginarse, pues en un mercado, entre los ganapanes y
-esportilleros, vestido como uno dellos, porteando tercios y alquilando
-sus hombros por un real. Quedaron atónitos de verle tan trocado,
-comiendo un pedazo de pan con más gusto que en su palacio los faisanes.
-Estuvieron por un gran rato suspensos, sin acertar á decir palabra, no
-acabando de creer lo que veían. Quejáronsele con el debido sentimiento
-de que hubiese dejado su real trono y se hubiese abatido á un empleo
-tan soez. Mas él les respondió:
-
-En mi palabra, que es menos pesada la mayor carga déstas, aunque
-sea de muchas arrobas de plomo, que la que he dejado. El tercio más
-cantioso me parece una paja, respeto de un mundo acuestas y que me lo
-han agradecido mis hombros. ¿Qué cama de brocado como este suelo, sin
-cuidados, donde he dormido más estas cuatro noches, que en toda mi
-vida?
-
-Suplicábanle volviese á su grandeza; mas él:
-
-[Marginal: _Rey de sí mismo._]
-
-Dejadme estar, respondió, que ahora comienzo á vivir: ya me gozo y soy
-rey de mí mismo.
-
-Pues, señor, volviéronle á hacer instancia, ¿cómo un príncipe de tan
-alto genio ha podido humanarse á conversar con tan vil canalla, horrura
-mayor del vulgo?
-
-He, que no se me ha hecho de nuevo. ¿No andaba yo en el palacio rodeado
-de truhanes, simples, enanos y lisonjeros, peores sabandijas, á dicho
-de un rey Magnánimo?
-
-Rogáronle unos y otros volviese al mando y él por última resolución les
-dijo:
-
-Andad, que, habiendo probado ya esta vida, gran locura sería volver á
-la pasada.
-
-Trataron de elegir otro, que debía ser en Polonia, y pusieron la mira
-en uno, nada niño y mucho hombre, [Marginal: _Prendas majestuosas._]
-de gran capacidad y valor, de gran inteligencia y ejecución, con otras
-mil prendas majestuosas, así de hombre como de rey. Presentáronle la
-corona; mas él, tomándola en sus manos y sospesándola, decía:
-
-Á gran peso, gran pesar. ¿Quién podrá sufrir un dolor de cabeza de por
-vida? Tú pesando y yo pensando.
-
-Pidió que por lo menos se la sustentase con dos manos un hombre de
-valor, porque no cargase todo el peso sobre su cabeza. Mas díjole el
-venerable presidente del parlamento:
-
-Eso, Sire, más sería tener el otro la corona en su mano, que vos en la
-cabeza.
-
-Llegó á vestirse la rica y vistosa púrpura y, hallándola forrada, no en
-martas de piedad, sino en erizos de pena, vestíasela algo holgada. Mas
-diciéndole el maestro de ceremonias se la había de ceñir de modo, que
-quedase bien ajustada, comenzó á suspirar por un pellico. Pusiéronle el
-cetro en la mano y fué tal el peso, que preguntó si era remo, temiendo
-más tempestades, que en el golfo de León. Era cuanto más precioso más
-pesado y tenía por remate, no las hojas de una flor, sino los ojos
-en frutos: un ojo muy vigilante, que valía por muchos. Preguntó qué
-significaba y el gran Canceller le dijo:
-
-[Marginal: _Cetros con ojos._]
-
-Está haciéndoos del ojo y diciendo: Sire, ojo á Dios y á los hombres,
-ojo á la adulación y á la entereza, ojo á conservar la paz y acabar la
-guerra, ojo al premio de los unos y al apremio de los otros, ojo á los
-que están lejos y más á los que están cerca, ojo al rico y oreja al
-pobre, ojo á todo y á todas partes. Mirad al cielo y á la tierra, mirad
-por vos y por vuestros vasallos. Todo esto y mucho más está avisando
-este ojo tan dispierto. Y advertí que, si tiene ojos el cetro, también
-tiene alma, como lo experimentaréis, tirando de la parte inferior.
-
-[Marginal: _Cetros con alma._]
-
-Ejecutólo y desenvainó un acicalado estoque: que es la justicia el alma
-del reinar. Leyéronle las leyes y pensiones de su cargo, que decían,
-la primera, no ser suyo, sino de todos; no tener hora propria, todas
-ajenas; ser esclavo común, no tener amigo personal, no oir verdades, lo
-que sintió mucho; haber de dar gusto á todos, contentar á Dios y á los
-hombres, morir en pie y despachando.
-
-Basta, dijo, que yo también me acojo al sagrado de la libertad y desde
-ahora renuncio una corona, que se llamó así del corazón y sus cuidados,
-una púrpura felpada de cambrones, un cetro, remo y un trono, potro de
-dar tormento.
-
-Acercósele un monstruo ó ministro y díjole al oído que tratase de tomar
-los cargos y no las cargas.
-
-Reine, decía su madre, aunque me cueste la vida.
-
-Tocaron á aplauso los coribantes, embelesándole con ruidosa pompa, en
-que salió cortejado de la noble bizarría y aclamado de la populosa
-vulgaridad. En medio della estaba Andrenio, ponderando la majestuosa
-felicidad del nuevo príncipe, cuando un estremado varón, llegándose á
-él, le dijo:
-
-¿Crees tú que éste, que ves, es el príncipe que manda?
-
-¿Cuál, pues, si éste no?, respondió Andrenio.
-
-Y él:
-
-¡Oh cómo te engañas de barra á barra!
-
-Y mostrándole un esclavo vil con su argolla al cuello, cadena al pie,
-arrastrando un grande globo:
-
-Éste es, le dijo, el que manda el mundo.
-
-Túvolo ó por necedad ó por chiste y comenzóle á solemnizar.
-
-Mas él se fué desempeñando á toda seriedad:
-
-Porque mira, le dijo, aquella gran bola de hierros, ¿qué puede ser,
-sino el mundo, que él le trae al retortero? ¿Ves aquellos eslabones?
-Pues aquélla es la dependencia, aquel primero es el príncipe; aunque
-tal vez, sacando bien la cuenta, es el tercero, el quinto y tal vez el
-décimotercio. El segundo es un favorecido. Á éste le manda su mujer.
-Ella tiene un hijuelo en quien idolatra. El niño está aficionado á un
-esclavo, que pide al rapaz lo que se le antoja. Éste llora á su madre,
-ella importuna á su esposo, él aconseja al príncipe, que decreta de
-suerte que de eslabón en eslabón viene el mundo á andar rodando entre
-los pies de un esclavo, errado de sus pasiones.
-
-Pasó el triunfo, que de todo triunfa el tiempo, y guiándoles el Varón
-de estremos, haciéndolos, llegaron á una gran plaza, donde cuatro ó
-seis personajes muy ahorrados, sin ahorrarse con ninguno y aforrándose
-de todos, estaban jugando á la pelota. Éste la arrojaba á aquél y aquél
-al otro, hasta que volvía al primero, pasando círculo político, que es
-el más vicioso, rodando siempre entre unos mismos, sin salir jamás de
-sus manos. Todos los demás estaban mirando, que no hacían otro que ver
-jugar. Reparó Critilo y dijo:
-
-Ésta parece la pelota del mundo entre cuero y viento ó borra.
-
-Y éste es, respondió el Estremado, el juego del mando, éste el gobierno
-de todas las comunidades y repúblicas. Unos mismos son los que mandan
-siempre, sin dejar tocar pelota á los demás. Que no hay política, que
-no tenga sus faltas y sus azares. Pero si me creéis, dejaos de todo
-mentido mando y seguidme, que yo os prometo mostrar el señorío real,
-que es el verdadero.
-
-Aquí hacemos alto, respondió Critilo. El mayor favor sería guiarnos
-á casa de aquel ínclito marqués, embajador de España, cuya casa
-es nuestro centro, donde pensamos poner término á nuestra prolija
-peregrinación, hallando nuestra felicidad deseada.
-
-Lo que les respondió y sucedió aquí, relatará la Crisi siguiente.
-
-
-
-
-CRISI XIII
-
-_La jaula de todos._
-
-
-Crece el cuerpo hasta los veinte y cinco años y el corazón hasta los
-cincuenta; mas el ánimo siempre. ¡Gran argumento de su inmortalidad!
-Es la edad varonil el mejor tercio de la vida, como la que está en
-el medio. Llega ya el hombre á su punto, el espíritu á su sazón, el
-discurso es sustancial, el valor cumplido y el dictamen de la razón muy
-ajustado á ella. Al fin todo es madurez y cordura. Desde este punto
-se había de comenzar á vivir; mas algunos nunca comenzaron y otros
-cada día comienzan. Ésta es la reina de las edades y, si no perfecta
-absolutamente, con menos imperfecciones. [Marginal: _Las tres libreas
-del hombre._] Pues no ignorante como la niñez ni loca como la mocedad
-ni pesada ni pasada como la vejez; que el mismo sol campa de luces al
-mediodía. Tres libreas de tres diferentes colores da en diversas edades
-la naturaleza á sus criados. Comienza por el rubio y purpurante en la
-aurora de la niñez; al salir del sol de la juventud, gala de color y de
-colores; pero viste de negro y de decencia la barba y el cabello en la
-edad varonil, señal de profundos pensamientos y de cuidados cuerdos;
-fenece con el blanco, quedándose en él la vida, que es el buen porte de
-la virtud, librea de la vejez lo cándido.
-
-Había Andrenio llegado á la cumbre de la varonil edad, cuando ya
-Critilo iba descaeciendo cuesta abajo de la vida y aun rodando de
-achaque en achaque. Íbales convoyando aquel varón raro, muy de la
-ocasión. Porque, aunque habían topado otros bien prodigiosos en el
-discurso de tan varia vida, que quien mucho vive, mucho experimenta;
-mas éste les causó harta novedad. Porque crecía y menguaba como él
-quería. [Marginal: _Gigante enano._] Estirábase, cuando era menester,
-iba sacando el cuerpo, alzaba cabeza, levantaba la voz y hombreábase de
-modo, que parecía un gigante tan descomunal, que hiciera cara al mismo
-capitán Plaza y aun á Pepo. Por otro estremo, cuando á él le parecía,
-se volvía á encoger y se empequeñecía de modo, que parecía un pigmeo en
-lo poco y un niño en lo tratable. Estaba atónito Andrenio de ver una
-virtud tan variable.
-
-No te admires, le dijo él mismo. Que yo con los que tratan de empinarse
-y levantarse á mayores, con los que quieren llevar las cosas de mal á
-mal, también sé hacer piernas; pero con los que se humillan y llevan
-las cosas de bien á bien me allano de modo, que de mi condición harán
-cera, cuando más sincera. Que tengo por blasón perdonar á los humildes
-y contrastar los soberbios.
-
-Éste, pues, hombre por estremos, habiéndoles desengañado de que el
-marqués embajador, que ellos buscaban, no asistía ya en la corte
-imperial, sino en la romana con negocios de extraordinaria grandeza,
-y habiendo ellos resuelto, después de mucha desazón y sentimiento,
-proseguir el viaje de su vida hasta conseguir su alejada felicidad y
-marchar á la astuta Italia, ofrecióles el voluntario gigante su compaña
-hasta los Alpes canos, distrito ya de la sonada Vejecia.
-
-Y porque me empeñé, decía, en mostraros el señorío verdadero, sabed que
-no consiste en mandar á otros, sino á sí mismo. ¿Qué importa sujete
-uno todo el mundo, si él no se sujeta á la razón? Y por la mayor
-parte, los que son señores de más, suelen serlo menos de sí mismos. Y
-tal vez el que más manda más se desmanda. El imperio no es felicidad,
-sino pensión; pero el ser señor de sus apetitos es una inestimable
-superioridad. [Marginal: _Tiranía de pasiones._] Asegúroos que no hay
-tiranía como la de una pasión y, sea cualquiera, ni hay esclavo sujeto
-al más bárbaro africano, como el que se cautiva de un apetito. ¡Cuántas
-veces querría dormir á sueño suelto el necio amante y dícele su pasión:
-
-Quita, perro, que no se hizo para ti ese cielo; sino un infierno de
-estar suspirando toda la noche á los umbrales de la desvanecida belleza!
-
-Quisiera el mísero engañar, si no satisfacer, su hambre canina y dícele
-su codicia:
-
-Anda, perro, ni una sed de agua y siempre de dinero.
-
-Suspira el ambicioso por la quietud dichosa y grítale el deseo de valer:
-
-Hola, perro, anda aperreado toda la vida.
-
-¿Hay Berbería tan bárbara cual ésta? He, que no hay en el mundo señorío
-como la libertad del corazón. Eso sí que es ser señor, príncipe, rey,
-y monarca de sí mismo. Esta sola ventaja os faltaba para llegar al
-colmo de una inmortal perfección; todo lo demás habíais conseguido, el
-honroso saber, el acomodado tener, la dulce mitad, el importante valor,
-la ventura deseada, la virtud hermosa, la honra autorizada, y desta vez
-el mando verdadero.
-
-¿Qué os ha parecido, preguntó el agigantado camarada, de los bravos
-alemanes?
-
-Grandes hombres, iba á decir Critilo, cuando perturbó su definición
-uno, que parecía venir huyendo en lo desalentado y á gritos
-maldistintos repetía:
-
-¡Guarda la fiera, guarda la mala bestia!
-
-No dejaron de asustarse y más, cuando oyeron repetir lo mismo á otro y
-á otros, que todos volvían atrás de espanto.
-
-¿Es posible, dijo Andrenio, que jamás nos hemos de ver libres de
-monstruos ni de fieras, que toda la vida ha de ser arma?
-
-Trataban de huir y ponerse en cobro, cuando volviéndose hacia su
-camarada el Gigante, no le vieron, pero le sintieron metido en uno de
-sus zapatos, tamañito. Creció su espanto, creyendo fuese efeto del
-miedo; mas él, con voz intrépida les animó, diciendo:
-
-No temáis, no, que ésta no es desdicha, sino suerte.
-
-¿Cómo suerte, gritó uno de los fugitivos, si está ahí una fiera tan
-cruel, que no perdona al hombre más persona?
-
-¿Cómo nos guías por aquí?, instó Critilo.
-
-Y él:
-
-Porque es el camino de más ventajas, el de los grandes hombres, y esa
-fiera tan temida no es para mí asombro, sino trofeo.
-
-Dábase á las furias, oyendo esto Andrenio, y preguntóle á uno de los
-menos asustados:
-
-¿No me diríais, qué fiera es ésta?
-
-¿Vístela tú?
-
-Y aun he experimentado, respondió, por desgraciada dicha su fiereza.
-
-Éste es un monstruo tan ruin como desapiadado, que sólo se sustenta de
-hombres muy personas. Cada día le han de echar para su pasto el mejor
-hombre, que se conoce, un héroe; y por el mismo caso que es conocido
-y nombrado, el sujeto más eminente, ya en armas, ya en letras, ya en
-gobierno; y si mujer, la más linda, la más bella, y luego la despedaza
-rosa á rosa, estrella á estrella, y se la traga; que de las feas y
-fieras como él no hace caso. Todos los famosos hombres peligran. En
-habiendo un sabio, un entendido, al punto le huele de mil leguas y hace
-tales estragos, que sus mismos conocidos se le traen y tal vez sus
-propios hermanos. Que el primer hombre, que despedazó, un hermano suyo
-le condujo. Es cosa lastimosa ver un gran soldado, cuanto más valiente
-y hazañoso, cómo perece, hecho víctima de su vilísima rabia.
-
-¿Pues qué, á los valientes se atreve?
-
-¿Cómo, si se atreve? Al mismo Torrecuso, al animoso Cantelmo, al mismo
-duque de Feria y otros tan excelentes. ¿Fiero monstruo de deshacer todo
-lo bueno? Pues ved cómo lo malea con dientes, con la lengua, hasta con
-el gestillo, con el modillo y de todas maneras.
-
-¡Qué buen gusto debe tener!, dijo Critilo.
-
-Antes no, pues todo lo bueno le sabe mal y no lo puede tragar, aunque
-muerde lo mejor. Y si tal vez se lo traga, porque lo cree, no lo puede
-digerir, porque no se le cuece. Tiene malísimo gusto y peor olfato,
-oliendo de cien leguas una eminencia y rabia por deshacerla. Y así yo
-doy voces:
-
-Afuera, lindas; á huir, sabios; guardaos, valientes; alerta, príncipe:
-que viene, que llega rabiando la apocada bestia: ¡guarda, guarda!
-
-He, aguarda, dijo el ya Enano gigante.
-
-Por lo menos no puedes negar que es grande quien así se ceba en todas
-las cosas grandes. Antes es muy poca cosa y, aunque no hinca el diente
-venenoso, sino en lo que sobresale, es de todas maneras ruin y revienta
-cada día. No hay cosa más pestilente que su aliento, como salido de tan
-fatal boca, mala lengua y peores entrañas. Yo la he visto eclipsar el
-sol y deslucir las mismas estrellas. Los cristales empaña y la plata
-más brillante desdora. De suerte que, en viendo alguna cosa excelente y
-rara, la toma de ojo y de tema.
-
-¿No hay un paladín, que degüelle esa horca tan perjudicial?, preguntó
-Andrenio.
-
-¿Quién la ha de matar? No los pequeños, que no les hace daño; antes los
-venga y consuela. No los grandes hombres, porque ella acaba con todos.
-¿Pues quién le ha de emprender?
-
-¿Es bruto, ó persona?
-
-Algo, aunque poco, tiene de hombre, de mujer mucho y de fiera todo.
-
-Ya en esto venía para ellos un rayo en monstruo, dando crueles
-dentelladas, espumando veneno:
-
-Aquí el remedio es, gritó el ya Enano, y mucho menos, no sobresalir en
-cosa, no lucir ni campear, no ostentar prenda alguna.
-
-Así lo platicaron y la que venía rechinando colmillos y relamiéndose
-en espumajos de veneno, viéndoles que tan poco sobresalían y que el
-imaginado Gigante era un pigmeo, no dignándose ni aun de mirarles, los
-despreció, dando la vuelta á su poquedad y vileza.
-
-¿Qué os ha parecido de la monstruosa vieja?, preguntó el ya otra vez
-Gigante.
-
-Y Critilo:
-
-Yo dudé si era el Ostracismo moderno, que á todos los insignes varones
-destierra y querría echar del mundo, no más de porque lo son. En
-oliendo un docto, le hace proceso de excelente hombre y le condena á
-no ser oído; al esclarecido á deslucido; al valiente le hace cargos,
-transformándole las proezas en deméritos; al mayor ministro y de mejor
-gobierno le publica por insufrible; la hermosura mayor, á no ser vista;
-y al fin, toda eminencia, que vaya fuera y se le quite delante.
-
-¿Y eso ejecutaban hombres de juicio en Atenas?, replicó Andrenio.
-
-Y hoy pasa en hecho de verdad, le respondió.
-
-¿Y dónde van á parar tantos buenos?
-
-¿Dónde? Los valientes á Estremadura y la Mancha, los buenos ingenios
-á Portugal, los cuerdos á Aragón, los hombres de bien á Castilla, las
-discretas á Toledo, las hermosas á Granada, los bellos decidores á
-Sevilla, los varones eminentes á Córdoba, los generosos á Castilla la
-Nueva, las mujeres honestas y recatadas á Cataluña y todo lo lucido á
-parar en la corte.
-
-Á mí me pareció, dijo Andrenio, en aquel mirar de mal ojo, en el
-torcer de boca, en el hacer gestillos, en el modillo de hablar y en el
-enfadillo que era la Envidia.
-
-La misma, respondió el Gigante; aunque ella lo niega.
-
-Libres ya de envidiados y envidiosos, llegaron á un paso inevitable,
-donde asistía muy de asiento un varón muy de propósito. Éste era el
-que tenía en su mano la justa medida de los entendimientos, de cómo
-han de ser. Y era cosa rara que, llegando cada instante unos y otros
-á medirse, ninguno se ajustaba de todo punto. Unos se quedaban muy
-cortos á tres ó á cuatro dedos de necios. Ya por esto, ya por lo otro.
-Uno, porque, aunque en unas materias discurría, en otras no acertaba.
-Éste era ingenioso, pero cándido; aquél docto, pero rústico. De modo,
-que ninguno venía cabal del todo. Al contrario, otros pasaban del coto
-y eran bachilleres, resabidos, sabihondos y aun casi locos. Hablaban
-unos bien; pero se escuchaban. Sabían otros; pero se lo presumían. Y
-todos éstos enfadaban. Así que unos por cortos, otros por largos, unos
-por carta de más, otros de menos, todos perdían. Á unos les faltaba un
-pedazo de entendimiento y á otros les sobraba. Cuál y cuál, uno entre
-mil, venía á ser de la medida y aun quedaba en opiniones. En viendo
-el juicioso varón que uno no llegaba ó un otro se pasaba, los mandaba
-meter en la gran jaula de todos, llamada así por los infinitos, de que
-siempre estaba llena. Que de loco ó simple, raro es el que se escapa,
-los unos porque no llegan, los otros porque se pasan, condenándose
-todos, unos por tontos, otros por locos. Comenzó á vocearles uno de los
-que ya estaban dentro y decía:
-
-Entrad acá, no tenéis que mediros, que todos somos locos, los muchos y
-los pocos.
-
-Tomáronse la honra, que en la tierra de los necios, el loco es rey, y
-guiados de su gran hombre, entraron allá. Vieron cómo los más andaban,
-pero no discurrían. Cada uno con su tema y alguno con dos y tal con
-cuatro. Había caprichosas setas y cada uno celebraba la suya: el uno
-de entendido, el otro de decidor, éste de galán, aquél de bravo, tal
-de linajudo y cuál de afectado, de enamorados muchos, de descontentos
-de todo algunos. Los graciosos muy desgraciados, los dejados muy
-fríos, los porfiados insufribles, los singulares señalados, los
-valientes furiosos, los muy voluntarios fáciles, los encarecedores
-desacreditados, los tiesos enfadosos, los vulgares desestimados, los
-juradores aborrecidos, los descorteses abominados, los rencillosos
-malquistos, los artificiosos temidos. Admirado Andrenio de ver tan
-trascendente locura, quiso saber la causa y dijéronle.
-
-Advertí que ésta es la semilla, que más cunde hoy en la tierra, pues da
-á ciento por uno y en partes á mil. Cada loco hace ciento y cada uno
-déstos otros tantos, y así en cuatro días se llena una ciudad. Yo he
-visto llegar hoy una loca á un pueblo y mañana haber ciento imitadoras
-de sus profanos trajes. Y es cosa rara que cien cuerdos no bastan hacer
-cuerdo un loco y un loco vuelve orates á cien cuerdos. De nada sirven
-los cuerdos á los locos. Éstos sí hacen gran daño á aquéllos: es en
-tanto grado, que ha acontecido poner un loco entre muchos y muy cuerdos
-por ver si se remediaría.
-
-Y como en todo cuanto hablaba y hacía le repugnaban, comenzó á dar
-gritos, diciendo que le sacasen de entre aquellos locos, si no querían
-que perdiese el juicio en cuatro días.
-
-Era de ponderar, cuáles procedían, sin parar un punto ni reparar en
-cosa y todos fuera de sí y metidos en otro de lo que eran y tal vez
-todo lo contrario. Porque el ignorante se imaginaba sabio, con que
-no estaba en sí; el nonadilla se creía gran hombre; el vil, gran
-caballero; la fea se soñaba hermosa; la vieja, niña; el necio, muy
-discreto. De suerte que ninguno está en sí ni se conoce ninguno en el
-caso ni en casa. Y era lo bueno que cada uno preguntaba al otro si
-estaba en su juicio.
-
-¿Hombre del diablo, estáis loco?
-
-¿Estamos en casa?, decía uno.
-
-¿Estáis conmigo?, decía otro.
-
-Y á fe estuviera bien apañado, si con él. Á todos los otros imaginaban
-sus antípodas y que andaban al revés, persuadiéndose cada uno que
-él iba derecho y el otro cabeza abajo, dando de colodrillo por esos
-cielos; él muy tieso y los otros rodando.
-
-¡Qué errado anda fulano!, decía éste.
-
-Y respondía el otro:
-
-¡Qué calzado por agua va él!
-
-Todos se burlan unos de otros. El avaro del deshonesto y éste de aquél,
-el español del francés y el francés del español.
-
-¡Ay locura de todo el mundo!, filosofaba Critilo. ¡Y con cuánta razón
-se llamó jaula de todos!
-
-Iban discurriendo y toparon los ingleses metidos en una muy alegre
-jaula.
-
-¡Qué alegremente se condenan éstos!, dijo Andrenio.
-
-Y respondiéronle estaban allí por vanos: es achaque de la belleza.
-Vieron los españoles en otra por maliciosos, los italianos por
-invencioneros, los alemanes por furiosos, los franceses por cien cosas
-y los polacos á la otra banda. Había sabandijas de todo elemento: locos
-del aire los soberbios, del fuego los coléricos, de la tierra los
-avaros y del agua los Narcisos. Y éste era simplicísimo elemento. En
-el quinto los lisonjeros, diciendo que sin él no se puede vivir en la
-corte ni en el mundo.
-
-Topaban estremadas locuras, bravos caprichos. Había dado uno en no
-hacer bien á nadie y podía. Preguntóle Andrenio la causa y respondióle:
-
-Señor mío, por no morirme luego.
-
-Antes no, le replicaron, que, haciendo bien á todos, todos os desearán
-la vida.
-
-Engañáisos, respondió él, que ya el hacer bien sale mal. Y si no,
-prestá vuestro dinero y veréis lo que pasa. Los más ingratos son los
-más beneficiados.
-
-He, que ésos son cuatro ruines y por ellos no han de perder tantos
-buenos, que lo reconocen y agradecen.
-
-¿Quién son éstos, dijo él, y harémosles un elogio?
-
-Al fin, señor, no os canséis, que yo no me quiero morir tan presto, que
-ya sabéis que quien bien te hará ó se te irá ó se te morirá.
-
-Á par déste estaba otro gran agorero y era hombre de porte. En
-encontrando un bizco, se volvía á casa y no salía en quince días; que
-si tuerto, en todo un año. No había remedio que comiese, melancólico
-perdido:
-
-¿Qué tenéis?, le preguntó un amigo. ¿Qué os ha sucedido?
-
-Y él:
-
-Un grande azar.
-
-¿Qué?
-
-Que se volcó el salero en la mesa.
-
-Riólo mucho el otro y díjole:
-
-Dios os libre, no se vuelque la olla, que para mí no hay otro peor
-agüero que salir ella güera.
-
-Hízoles gran novedad ver una jaula llena de hombres tenidos por sabios
-y muy ingeniosos y decía Critilo:
-
-Señor, que estén aquí los amantes, vaya: que no va sino una letra para
-amentes; que estén los músicos en su traste, bien; pero ¿hombres de
-entendimiento?
-
-Oh, sí, respondía Séneca: que no hay entendimiento grande sin vena.
-
-Trabáronse de palabras, que no de razones, un alemán y un francés.
-Llegaron á términos de perdérselos y el francés trató al alemán de
-borracho y éste le llamó loco. Dióse por muy agraviado el francés y
-arremetiendo para él, que siempre procuran ser los agresores y con eso
-ganan, juraba le había de sacar la sangre pura, que no fuera poco. Y el
-alemán que le había de hacer saltar los sesos, que no tenía.
-
-Púsose de por medio un español; mas, aunque echó algunos votos, no
-podía aplacar al francés.
-
-No tenéis razón, le dijo, que si él os ha tratado de loco, vos á él de
-borracho, con que sois iguales.
-
-No, Monsiur, decía el francés; más cargado quedo yo: peor es loco que
-borracho.
-
-Malo es lo uno y lo otro, replicó el español; pero la locura es falta y
-la embriaguez es sobra.
-
-Así es, dijo el francés; pero aquello de ser mentecato de alegría es
-una gran ventaja, es tacha de gusto.
-
-He, que también un loco, si da en rey ó papa, pasa una linda vida. Así
-que no sé yo de qué os dais por tan sentido.
-
-Siempre estoy en mis trece, dijo el francés, que yo hallo gran
-diferencia de loco á borracho. Porque el uno es mentecato de secano y
-el otro de regadío.
-
-Estaba una mujer loca rematada de su hermosura, que las más déstas no
-tienen un adarme de juicio.
-
-Ésta sí, dijo Critilo, que volverá locos á ciento.
-
-Y aun á más, dijo Andrenio.
-
-Y fué así, que ella estaba loca y loca su madre con ella y loco el
-marido de celos y locos cuantos la miraban.
-
-Daba voces un gran personaje y decía:
-
-¿Á mí, á un hombre como yo, de mi calidad, á un magnate intentar
-meterlo aquí? Eso no. Si es por esto y esto, yo tuve mi razón: no se ha
-de dar cuenta de las acciones á todos. Si es por aquello, engáñanse.
-¿Qué saben ellos de las ejecuciones de los grandes personajes, que no
-las alcanzan? ¿Por qué se meten á censurarlas? Que hay historiador y
-aun los más, que no tocan en cielo ni en tierra.
-
-Defendíase todo lo posible; mas los superintendentes de la jaula,
-tratándole muy mal hasta ajarle le llevaban muy contra su voluntad,
-diciendo:
-
-Aquí no se juzga de la cordura interna, sino de la locura externa. Vaya
-á la jaula derecho quien hizo tantos tuertos.
-
-Llegó Critilo y, viendo era un gran personaje bien conocido, díjoles no
-tenían razón de meterle allí un hombre semejante.
-
-He, sí señor, dijeron ellos, que estos hombres grandes hacen siempre
-locuras de su tamaño y mayores cuanto mayores.
-
-Por lo menos, replicó Critilo, no le pongáis en el común, sino aparte:
-haya una jaula retirada para los tales.
-
-Riéronlo mucho ellos y dijeron:
-
-Señor mío, á quien perdió el mundo entero todo él sea su jaula.
-
-Al contrario, otro suplicaba con grande instancia le honrasen con una
-jaula de loco; mas los del gobierno no quisieron. Antes le llevaron
-á las de los simples, que estaban de la otra banda, y fué porque
-pretendía mandar, que á todos los pretendientes de mando los metían á
-un lado del limbo.
-
-Había locos de memoria, que era cosa nueva y nunca vista; que de
-voluntad y entendimiento ya es ordinario. Y éstos eran los prósperos,
-los hartos, no acordándose de los hambrientos, los presentes de los
-ausentes, los de hoy de los de ayer, los que dos veces tropezaron en
-un mismo paso, los que se engolfaron segunda vez y los que se casaron
-dos, los engañados entre los bobos. Y el que dos veces, jaula doble. Y
-señalaron pienso á los de penseque.
-
-Estaban altercando dos cuál había sido el mayor loco del mundo, que
-el primero ya se sabe. Nombraron muchos y bien solemnes, antiguos
-y modernos, en Francia á pares y en España á nones. Concluyeron la
-disputa, concluyendo el poema del galán Medoro.
-
-Preguntó Andrenio por qué ponían los alegres junto á los tristes, los
-consolados á par de los podridos, los satisfechos de los confiados.
-Respondió uno que para igualar el peso y el pesar. Pero otro mejor,
-para que los unos curen con los otros.
-
-¿Pues qué, sanan algunos?
-
-Sí, alguno y aun ése por fuerza, como se vió en aquel, que, habiéndole
-sanado un gran médico, no le quería después pagar. Citóle ante el juez,
-que admirado de tal ingratitud, dudó si había vuelto á estar loco.
-Respondía que ni con él se había hecho el concierto ni le había hecho
-buena obra; sino muy mala en haberle vuelto á su juicio, diciendo que
-no había tenido mejor vida, que cuando estaba loco, pues no sentía
-los agravios ni advertía los desprecios, de nada se pudría. Un día se
-imaginaba rey, otro papa, ya rico, ya valiente y vitorioso, ya en el
-mundo, ya en el paraíso y siempre en gloria; pero ahora sano de lodo se
-consumía, de todo se pudría, viendo cuál anda todo.
-
-Intimóle que pagase ó volviese á ser loco y él escogió esto último.
-
-Llamóles uno con grande instancia, que estaba en la jaula de los
-descontentos. Comenzóles á hablar con grande consecuencia, quejándose
-de que le tenían allí sin causa. Daba tan buenas razones que les hizo
-dudar si la tendría. Porque decía:
-
-Señores míos, ¿quién puede vivir contento con su suerte? Si es pobre,
-padece mil miserias; si rico, cuidados; si casado, enfados; si soltero,
-soledad; si sabio, impaciencias; si ignorante, engaños; si honrado,
-penas; si vil, injurias; si mozo, pasiones; si viejo, achaques; si
-solo, desamparos; si emparentado, pesares; si superior, murmuraciones;
-si vasallo, cargas; si retirado, melancolías; si tratable,
-menosprecios. ¿Pues qué ha de hacer un hombre y más si es persona?
-¿Quién puede vivir contento, sino algún tonto? ¿No os parece que tengo
-razón? Así tuviese yo ventura, que entendimiento no me falta.
-
-Aquí se la conocieron y grande. Mal de muchos, vivir tan satisfechos de
-su entendimiento, cuan descontentos de su poca dicha.
-
-¡Oh cuántos, dijo Critilo, echan la culpa de la sobra de su locura á la
-falta de su ventura!
-
-Muy confiado uno llegó á entretenerse y ver las gavias; mas al punto
-agarraron dél para revestirle la librea. Defendíase, preguntando que
-por qué. Pues él ni era músico ni enamorado ni desvanecido ni salía
-fianza por el mismo Creso ni había confiado en hombres ni fiado de
-mujeres, mucho menos de franceses, ni se había casado por los ojos
-á lo antiguo ni por los dedos á lo moderno contando el dinero ni
-había llevado plumaje ni ramo ni se mataba de lo que otros vivían ni
-suspiraba de lo que otros daban carcajadas ni por decir un dicho había
-perdido un amigo ni era de alguna de las cuatro naciones y así que á
-ningún traste pertenecía. Nada le valió.
-
-Enjáulenle, gritaba el regidor mayor.
-
-Y él:
-
-¿Por qué?
-
-Porque él solo se tiene por cuerdo. Y aunque no sea loco, puede ser
-tenido por tal, como acontece cada día. Y entiendan todos que, por
-cuerdos que sean, si dan los otros en decirles ¡al loco, al loco!, ó le
-han de sacar de tino ú de crédito.
-
-Ponderaba Andrenio que casi todos eran hombres; no había niños ni
-muchachos.
-
-Es que aún no se han enamorado, le respondió uno.
-
-Mas otro:
-
-¿Cómo han de perder lo que aún no tienen?
-
-Defendía un físico que por ser húmedos de celebro; pero mejor un
-filósofo, que por vivir sin penas.
-
-Trajeron los esbirros un tudesco y él decía que por yerro de cuenta.
-Que su mal no procedía de sequedad de celebro; sino de sobrada humedad.
-Y aseguraba que nunca más en su juicio, que cuando estaba borracho.
-
-Dijéronle que en qué se fundaba. Y él con toda puridad decía que,
-cuando estaba de aquel modo, todo cuanto miraba le parecía andar al
-revés, todo al trocado, lo de arriba abajo, y como en realidad de
-verdad así va el mundo y todas sus cosas al revés, nunca más acertado
-iba él ni mejor le conocía que, cuando le miraba al revés, pues
-entonces le veía al derecho y como se había de mirar. Con todo cayó de
-su casa y le dijeron que, aunque le veía al revés, no era por andar él
-derecho. Y así le metieron entre los alegres.
-
-Dondequiera que se volvían, topaban ó locos ó mentecatos: todo el mundo
-lleno de vacío.
-
-Yo creí, dijo Andrenio, que todos los locos cabían en un rincón del
-mundo y que estaban recogidos allá en su Nuncio; y ahora veo que ocupan
-toda la redondez de la tierra.
-
-Podíamos responder á eso, dijo uno, lo que el otro en cierta ciudad
-bien noble y bien florida, que, habiéndola paseado con un estranjero
-y habiéndole mostrado todas las cosas más célebres y más de ver, que
-eran tan muchas como grandes, soberbios edificios, plazas abundantes,
-jardines amenísimos y magníficos templos, reparó el huésped que no le
-había llevado á una casa de que él gustaba mucho.
-
-¿Cuál es? Que al punto os llevaré allá.
-
-La casa de los que no están en ella.
-
-¡Oh, señor, respondió, aquí no hay casa especial; toda la ciudad lo es!
-
-De lo que mucho se maravillaba Andrenio era de ver locos de buen
-entendimiento.
-
-Éstos, le dijo uno, son los peores, porque no tienen cura. He allí uno,
-que tiene el mayor entendimiento que se conoce; pero entendimiento, que
-menos sirva á su dueño, yo dudo que le haya.
-
-¡Oh casa de Dios, exclamó Critilo, poblada de orates!
-
-Mas al decir esto se enfurecieron todos y arremetieron contra ellos
-de todas partes y naciones. Viéronse rodeados en un instante de
-mentecatos, sin poderse defender dellos ni ponerles en razón. Aquí el
-Gigante, echando mano á la cinta, descolgó una bocina de marfil terso
-y puro y aplicándola á la boca comenzó á hacer un son tan desapacible
-para ellos, que todos al punto, volviendo las espaldas, se echaron
-á huir y se retiraron, aunque no con buen orden. Con esto se vieron
-libres de su furia, quedándoles el paso desembarazado. Admirado
-Andrenio, le preguntó si era acaso aquél el cuerno de Astolfo tan
-celebrado.
-
-Primo hermano dél; aunque más moral es éste. Lo que yo puedo decir es
-que me lo dió la misma Verdad. Con él me he librado muchas veces y
-de terribles trances. Porque, como habéis visto, en oyendo cada uno
-la verdad, luego vuelve las espaldas, unos tras otros se van y me
-dejan estar. Todos veréis que enmudecen, en oyendo que les dicen las
-verdades, se van más que de paso. En diciéndole al otro desvanecido
-que advierta, que no tiene de qué, que se acuerde de su abuelo, al
-punto se hiela. Si le decís al magnate que no adjetive lo grande con
-lo vicioso, luego os tuerce el rostro. Si le decís á la otra que no
-parece tan bien como se pinta, aunque sea un ángel, os para un gesto de
-un demonio. Si le acordáis al rico la limosna y que todos los pobres
-le echan maldiciones, luego se sacude la capa y os sacude de sí. Si al
-soldado que lo sea en la conciencia y no la tendrá tan rota, si á Baldo
-que no sea venal ni admita todas las causas, si al marido que no sea
-siempre novio, si al médico que no se mate por matar, si al juez que no
-se equivoque con Judas, si á la doncella que no comienza ya bien con el
-don, ni la dama con el dar, si á la bella casada que escuse el vella,
-todos vuelven las espaldas. De modo que, en resonando el odioso cuerno
-de la verdad, veréis que el pariente os niega, el amigo se retira, el
-señor desfavorece, todo el mundo os deja y todos van gritando:
-
-¡Á huir á huir!, por no oir.
-
-Despejado el paso de la vida, fuéronse encaminando á los canos Alpes,
-distrito de la temida Vejecia. Lo que por allá les sucedió ofrece
-referir la tercera parte en el erizado invierno de la vejez.
-
-
-
-
-EL CRITICÓN
-
-TERCERA PARTE
-
-EN EL INVIERNO DE LA VEJEZ
-
-
-
-
-POR
-
-LORENZO GRACIÁN
-
-Y LO DEDICA AL
-
-DOCTOR DON LORENZO FRANCÉS DE URRITIGOITI
-
-DEÁN DE LA SANTA IGLESIA DE SIGÜENZA.
-
-_Á don Lorenzo Francés de Urritigoiti, deán de la santa iglesia de
-Sigüenza._
-
-
-Esta tercera parte del discurso de la vida humana, que retrata la
-vejez, ¿á quién mejor la pudiera yo dirigir, que á un señor anciano,
-tan grave, entendido y prudente? Y está tan lejos de ser inadvertencia
-esta dirección, que blasona de industrioso obsequio. Mucho ha que
-comenzó v. m. á lograr madureces. Suelen alterarse los tiempos y
-entrarse unos en la jurisdición de los otros: el Otoño se muda en
-Invierno y la Primavera usurpa porción del Estío. Así en algunos la
-vejez se suele adelantar y tomar gran parte de la varonil y ésta de
-la mocedad. Describe este último de mis Críticos una sazonada vejez
-sin decrepitud, copiada de la perfecta de v. m. Ésta es la idea de
-prendas autorizadas, bien conocidas, no bastantemente estimadas.
-Mas desconfiando mi pluma de poder sacar el cumplido retrato de las
-muchas partes, de los heroicos talentos, que en v. m. depositaron
-con emulación la naturaleza favorable y la industria diligente,
-he determinado valerme de la traza de aquel ingenioso pintor, que,
-empeñado en retratar una perfección á todas luces grande y viendo
-que los mayores esfuerzos del pincel no alcanzaban á poderla copiar
-toda junta con los cuatro perfiles, pues, si la pintaba del un lado,
-se perdían las perfecciones de los otros, discurrió modo cómo poder
-expresarla enteramente. Pintó, pues, el aspecto con la debida valentía
-y fingió á las espaldas una clara fuente, en cuyos cristalinos reflejos
-se veía la otra parte contraria con toda su graciosa gentileza. Puso
-al un lado un grande y lucido espejo, en cuyos fondos se lograba el
-perfil de la mano derecha, y al otro un brillante coselete, donde se
-representaba el de la izquierda. Y con tan bella invención pudo ofrecer
-á la vista todo aquel relevante agregado de bellezas. Que tal vez la
-grandeza del objeto suele adelantar la valentía del concepto.
-
-Así yo, por no perder perfecciones, por no malograr realces y tantos
-como en v. m. admiro, unos propios, otros ajenos, aunque ninguno
-estranjero, después de haber copiado lo virtuoso, lo prudente, lo
-docto, lo entendido, lo apacible, lo generoso, lo plausible, lo noble,
-lo ilustre, que en v. m. luce y no se afecta, quiero carearle con una
-no fingida, sino verdadera fuente de sus esclarecidos padres, el señor
-Martín Francés, ornamento de su casa, esplendor de esta Imperial Ciudad
-de Zaragoza, por su virtud, generosidad, cordura y capacidad, que
-todo en él fué grande; y de una madre, ejemplo de cristianas y nobles
-matronas, cuya bondad se conoció bien en el fruto que dió de tantos y
-tan insignes hijos, que pudo con más razón decir lo que la otra romana:
-_Mis galas, mis joyas, mis arreos son mis hijos_.
-
-Pondré luego al lado derecho, no un espejo solo, sino cuatro, de
-cuatro hermanos, dedicados todos á Dios en las más ilustres iglesias
-catedrales de España. El Ilustrísimo señor don Diego Francés, Obispo de
-Barbastro, espejo de ilustrísimos Prelados en lo santo de su vida, en
-lo vigilante de su celo, en lo docto de sus estampados escritos y en lo
-caritativo de sus muchas limosnas.
-
-Sea el segundo el señor Arcipreste de Valpuesta, en la santa Iglesia
-de Burgos, espejo también de Prebendados, ya en la cátedra, ya en el
-púlpito, ya en la silla, asistiendo con ejemplar puntualidad al divino
-culto, sin perdonar días, no perdonándole sus achaques una hora de
-alivio.
-
-El tercero, que pudiera ser primero, es el señor Arcediano de Zaragoza,
-aquel gran bienhechor de todos, de nobles con consejos, de pobres
-con limosnas y asistencias de Regidor mayor del Hospital General, de
-eclesiásticos con ejemplos, de sabios con libros que publican las
-prensas, con las suntuosas iglesias que les ha erigido, con capillas
-que ha ilustrado y fundado, nacido al fin para bien de todos y de todas
-maneras venerable.
-
-Sea corona religiosa el Muy Reverendo Padre Fray Tomás Francés,
-antorcha brillante de la Religión Seráfica, esparciendo rayos, ya de su
-mucha doctrina en los púlpitos, de que dan testimonio dos Cuaresmas,
-que predicó en este Hospital Real de Zaragoza, palenque de los mayores
-talentos, ya de su mucha teología, en tantos años de cátedra, ya de su
-erudición en sus impresos libros, ya de su prudencia en los cargos y
-prelacías, que ha obtenido y Secretario, que fué, de dos Generales de
-su Orden, doblada prueba de sus muchos méritos.
-
-Al otro lado fijaré un coselete de otros tres hermanos seglares,
-nobles caballeros, don Martín y don Marcial y don Pablo, que tan bien
-supieron hermanar lo lucido con lo cristiano. Ni son menos de ver los
-lejos de sobrinos Canónigos y seglares caballeros. Pero lo que yo más
-suelo celebrar es que todos, por lo cristiano y por lo caballeroso, han
-sido los más plausibles héroes de su patria y de su siglo.
-
-Con esto queda coronado el retrato de blasones y de prendas, que todas
-van á parar en v. m. como en su primero centro, á quien el cielo espere
-y prospere.
-
- De v. m. su más afecto estimador
-
- LORENZO GRACIÁN
-
-
-
-
-AL QUE LEYERE
-
-
-Á los grandes hombres nada les satisface, sino lo mucho. Por eso no
-desprecio yo letores grandes, convido sólo al benigno y gustoso y le
-presento este tratado de la senectud con particular novedad. Nadie
-censura que las cosas no se hagan; pero sí que no se hagan bien. Pocos
-dicen por qué no se hizo esto ó aquello; pero sí por qué se ha hecho
-mal. Confieso que hubiera sido mayor acierto el no emprender esta obra;
-pero no lo fuera ya el no acabarla. Eche el sello esta tercera parte á
-las otras.
-
-Muchos borrones toparás, si lo quisieres acertar. Haz de todos uno.
-Para su enmienda te dejo las márgenes desembarazadas. Que suelo yo
-decir que se introdujeron para que el sabio letor las vaya llenando
-de lo que olvidó ó no supo el autor, para que corrija él lo que erró
-éste. Sola una cosa quisiera que me estimases y sea el haber procurado
-observar en esta obra aquel magistral precepto de Horacio en su
-inmortal arte de todo discurrir, que dice: _Denique sit quodvis simplex
-dumtaxat et unum_. Cualquier empleo del discurso y de la invención, sea
-lo que quisieres, ó épica ó cómica ó oratoria, se ha de procurar que
-sea una, que haga un cuerpo, y no cada cosa de por sí, que vaya unida,
-haciendo un todo perfecto.
-
-También he atendido en esta tercera parte huir del ordinario tope de
-los más autores, cuyas primeras partes suelen ser buenas, las segundas
-ya flaquean y las terceras de todo punto descaecen. Yo he afectado lo
-contrario, no sé si lo habré conseguido, que la segunda fuese menos
-mala que la primera y esta tercera, que la segunda. Dijo un grande
-lector de una obra grande que sola le hallaba una falta y era el no ser
-ó tan breve, que se pudiera tomar de memoria, ó tan larga, que nunca se
-acabara de leer. Si no se me permitiere lo último por lo eminente, sea
-por lo cansado y prolijo. Otras más breves obras te ofrezco y, aunque
-no puedo lo que franqueaba á sus apasionados el erudito humanista y
-insigne jurisperito Tiraquelo, sí aquello de un librillo en cada un
-año, redituará mi agradecimiento. Vale.
-
-
-
-
-PARTE TERCERA
-
-EN EL INVIERNO DE LA VEJEZ
-
-PRIMERA CRISI
-
-_Honores y horrores de Vejecia._
-
-
-No hay error sin autor ni necedad sin padrino y de la mayor, el más
-apasionado. Cuantas son las cabezas, tantos son los caprichos, que
-no las llamo ya sentencias. Murmuraban de la atenta naturaleza los
-reagudos, entremetiéndose á procuradores del género humano:
-
-El haber dado principio á la vida por la niñez, la más inútil, decían
-y la menos á propósito de sus cuatro edades. Que, aunque se comienza
-á vivir á lo gustoso y lo fácil; pero muy á lo necio. Y si toda
-ignorancia es peligrosa, ¿cuánto más en los principios? Gentil modo
-de meter el pie en un mundo, laberinto común, forjado de malicias y
-mentiras, donde cien atenciones no bastan. ¡He!, que no estuvo esto
-bien dispuesto, llamémonos á engaño y procúrese el remedio.
-
-Llegó presto el descontento humano al consistorio supremo: que oyen
-mucho las orejas de los reyes. Mandólos comparecer ante su soberano
-acatamiento y dicen oyó benignamente su querella, concediéndoles que
-ellos mismos eligiesen la edad que mejor les estuviese para comenzar á
-vivir, con que se hubiese de acabar por la contraria. De modo que, si
-se daba principio por la alegre primavera de la niñez, el dejo había de
-ser por el triste invierno de la senectud ó al otoño de la varonil edad
-habían de salir por el contrario, y si por el sazonado destemplado
-estío de la juventud. Dióles tiempo para que lo pensasen y confiriesen
-entre sí y que, en estando ajustados, volviesen con la resolución, que
-al punto se ejecutaría.
-
-Mas aquí fué la confusión de pareceres, aquí el Babel de opiniones,
-ofreciéndoseles cien mil inconvenientes por todas partes. Proponían
-unos se comenzase á vivir por la mocedad, que de dos extremos, más
-valdría loco, que tonto.
-
-Calificada necedad, replicaban otros: no sería eso entrar á vivir,
-sino á despeñarse; no comenzar la vida, sino su ruina, cuando no
-por la puerta de la virtud, sino del vicio, y, apoderados éstos una
-vez de los homenajes del alma, ¿quién bastará á desencastillarlos
-después? Advertid que es un niño planta tierna, que, en declinando á
-la siniestra mano, con facilidad se endereza á la diestra; mas un mozo
-absoluto y disoluto no admite consejos, no sufre preceptos, todo lo
-atropella y todo lo yerra. Creed que entre dos extremos más arriesgada
-corre la locura, que la ignorancia.
-
-Sobre la achacosa vejez no tuvieron mucho que altercar, con que no
-faltó quien la propusiese, porque no quedase piedra por mover y todo se
-alterase.
-
-¡He!, dijeron los menos necios, que ésa no es edad, sino tempestad,
-más á propósito para dejar la vida, que para comenzarla, cuyos
-multiplicados achaques facilitan la muerte y la hacen tolerable. Yacen
-dormidas las pasiones, cuando más despierto el desengaño; cáese el
-fruto de maduro y aun de pasado.
-
-El que llegó á estar más adelantado fué el partido de la edad varonil.
-
-Ése sí, ponderaban los resabidos, que es gran comenzar el mediodía de
-la razón y á toda luz del juicio. Ventaja única entrar á entero sol
-en el confuso laberinto de la vida. Ésa es la reina de las edades y
-lo mejor del vivir. Por ahí comenzó el primero de los hombres, así le
-introdujo en el mundo el soberano Hacedor, ya perfecto, ya consumado,
-hecho y derecho. ¡Alto!, pídasele al divino Autor sin más altercación
-esta excelencia.
-
-Aguarda, les dijo un cuerdo, y ¿quién vió jamás comenzar por lo más
-dificultoso? Esto ni lo enseña el arte ni lo platica la naturaleza;
-antes bien ambas á dos proceden en todas sus obras haciendo ascenso de
-lo fácil á lo dificultoso, de lo poco á lo mucho, hasta llegar á lo muy
-perfecto. ¿Quién jamás comenzó á subir por el reventón de una cuesta?
-Apenas comenzaría á vivir el hombre y bien á penas, cuando se hallaría
-abrumado de cuidados, ahogado de obligaciones, consumido antes que
-consumado, empeñado en ser persona, que es lo más difícil de la vida.
-Y, si no son á propósito para comenzar los achaques de viejo, menos lo
-serán los afanes de hombre. ¿Quién querrá la vida, si sabe lo que es? Y
-¿quién meterá el pie en el mundo, si le conoce? ¡He!, dejadle vivir al
-hombre para sí algún tiempo, que toda es suya la niñez y la mitad de la
-juventud. Ni tiene menores días en toda la carrera de sus años.
-
-De ese modo ha sido tan ventilada la disputa, que aún dura y durará,
-sin haberse podido convenir jamás ni vuelto con la respuesta al Hacedor
-soberano. El cual prosigue en que comience el hombre á vivir por la
-niñez ignorante y acabe por la vejez sabia.
-
-Estaban ya nuestros dos peregrinos del mundo, los andantes de la vida,
-al pie de los Alpes canos, comenzando Andrenio á dar en el blanco,
-cuando Critilo en los dejos de cisne. Era la región tan destemplada y
-tan triste, que, entrados en ella, á todos se les heló la sangre.
-
-Éstas, decía Andrenio, más parecen puertas de la muerte, que puertos de
-la vida.
-
-Y era muy de observar que los que antes pasaron los Pirineos sudando,
-ahora los Alpes tosiendo. Que lo que en la juventud se suda, en la
-vejez se tose. Veían blanquear algunos de aquellos cabezos, cuando
-otros muy pelados, cayéndoseles los dientes de los riscos. No
-discurrían bulliciosas las venas de los arroyuelos, porque la mucha
-frialdad los había embargado la risa y el bullicio, de modo que todo
-estaba helado y casi muerto. Aparecían desnudas las plantas de sus
-primeras locuras y verdores y desabrigadas de su vistoso follaje. Y,
-si algunas hojas les habían quedado, eran tan nocivas, que mataban no
-pocos al caer. Aunque decía la amenazada vieja:
-
-Á la de mi naranjo me apelo.
-
-No se veían ya reir las aguas como solían; llorar sí y aun crujir los
-carámbanos. No cantaba el ruiseñor enamorado; gemía sí, desengañado.
-
-¡Qué región tan malhumorada es ésta!, se lamentaba Andrenio.
-
-¡Y qué malsana!, añadió Critilo. Trocáronse los fervores de la sangre
-en horrores de la melancolía, las carcajadas en ayes: todo es frialdad
-y tristeza.
-
-Esto iban melancólicamente discurriendo, cuando entre los pocos, que
-llegaban á estampar el pie en aquel polvo de nieve, descubrieron
-uno de tan estraño proceder, que dudaron ambos á la par si iba ó si
-venía, equivocándose con harto fundamento, porque su aspecto no decía
-con su paso. Traía el rostro hacia ellos y caminaba al contrario.
-Porfiaba Andrenio que venía y Critilo que iba. Que aun de lo que dos
-están viendo á una misma luz hay diversidad de pareceres. Apretó la
-curiosidad los acicates á su diligencia, con que le dieron alcance muy
-en breve y hallaron que realmente tenía dos rostros, con tan dudoso
-proceder, que, cuando parecía venir hacia ellos, se huía dellos y,
-cuando le imaginaban más cerca, estaba más lejos.
-
-No os espantéis, dijo él mismo advirtiendo su reparo, que en este
-remate de la vida todos discurrimos á dos luces y andamos á dos haces.
-Ni se puede vivir de otro modo, que á dos caras. Con la una nos reímos,
-cuando con la otra regañamos; con la una boca decimos de si y con la
-otra de no y hacemos nuestro negocio. Y, si alguno nos pide la palabra
-de que no nos está bien la obra, apelamos del decir al hacer, de la
-facilidad del prometer á la imposibilidad del cumplir, de la lengua
-á las manos: que hay dos leguas de distancia y catalanas. Estaremos
-asegurando una cosa á la española y desmintiéndola á la francesa, á
-fuer de Enrico, que de un rasgo firmó las dos paces contrarias, sin
-refrescar la pluma ni tomar tinta de nuevo. Hablamos en dos lenguas á
-la par y al que dice que nonos entiende, que nosotros nos entendemos.
-Hay primero y segundo semblante: el uno de cumple y el otro de miento.
-Con el primero contentamos á todos y con el segundo á ninguno. ¿Cuántas
-veces lloramos con el que llora y á un mismo tiempo nos estamos riendo
-de su necedad? Que con el un brazo estaba agasajando aquel gran
-personaje, que todos conocimos, al que llegaba á hablarle, y con la
-otra mano se la estaba jurando al paje, que le había dado entrada. Así
-que no os fiéis de caricas ni os paguéis de gustillos. Pasad adelante
-á ver la otra cara, la verdadera, la de hablas, la de después, la de
-sobras. Que, si bien reparáis, hallaréis la una frente muy serena y
-la otra borrascosa. Blasfema esta boca de lo que aquélla aplaude. Si
-los ojos de la una son azules y de cielo, los de la otra muy negros
-y de infierno. Si aquéllos quietos, estos otros, guiñando. Veréis la
-una faz muy humana, cuando la otra muy grave; tan jovial ésta, cuan
-saturnina aquélla. Y en una palabra, todos en la vejez somos Janos, si
-en la mocedad fuimos Juanes. Sea ésta la primera lición y la que más
-encargada nos tiene la célebre tirana deste distrito y la que ella más
-platica.
-
-¿Qué tirana es ésa?, preguntó asustado Andrenio.
-
-Y el Jano:
-
-¿Nueva se te hace? Pues de verdad que es bien vieja y bien sonada,
-conocida de todos y ella desconocida con todos. Témenla los nacidos
-por su crueldad, huyendo deste su caduco imperio, procurando cejar
-en la vida y echando borrones de mala tinta sobre el papel blanco de
-las canas. Y, si alguno llega por acá, es á empellones del tiempo y
-muy contra su buen gusto. Mirad aquella hembra, qué mala cara hace. Y
-cuanto más va, peor, viéndole ya prendida de más años, que alfileres.
-Aquí cautivan los fieros ministros de la fea Vejecia á todo pasajero
-sin que se les escape ni el rico ni el poderoso ni el galán ni el
-valiente; cuando mucho, alguno de los que saben vivir. Tráenlos á
-todos como por los cabellos, dejándolos tal vez más rotos, que una
-ocasión venturosa. Unos veréis que vienen llorando, otros tosiendo
-y todos en un continuo ay. Ni hay que admirar que es indecible el
-maltratamiento que les hace, increíbles las atrocidades que con ellos
-ejecuta, tratándolos al fin como á cautivos y ella tirana. Y aun
-quieren decir que tiene de bruja ella y todas las de su séquito lo que
-les falta de hechiceras. Chúpales la sangre y las mejillas. Hártalos de
-palos, dándoles más que del pan, y dice que es su sustento. Aseguran
-ser parienta tan allegada á la muerte, que están en segundo grado,
-y con todo no son sanguíneas ni cercanas en sangre, sino en huesos,
-más amigas aún que parientas. Viven pared en medio, teniendo puerta
-abierta á todas horas y así dicen que el viejo ya come las sopas en la
-sepultura, que de los mozos mueren muchos y de los viejos no escapa
-ninguno. No os la pinto, porque la veréis presto y por gran dicha. Y
-decía una linda:
-
-Primero me caiga muerta.
-
-Esto le estaba ponderando Andrenio, cuando advirtió que con la otra
-boca se estaba haciendo lenguas en alabanza de Vejecia, informando
-de todo lo contrario á Critilo. Celebrábala de sabia, apacible y
-discreta, estimadora de sus vasallos, asegurando que los premiaba con
-las primeras dignidades del mundo, procurándoles las mayores honras
-y concediéndoles grandes privilegios. No acababa de exagerar por
-superlativos el magnífico agasajo y el buen pasaje que les hacía.
-¡Oh, con cuánta razón el otro sátiro de Esopo abominaba de semejantes
-sujetos, que con la misma boca ya calientan, ya resfrían, alaban y
-vituperan una misma cosa!
-
-Líbreme Dios de semejante gente, dijo Andrenio.
-
-Y el Jano:
-
-Esto es tener dos bocas y advierte que ambas dicen verdad: remítome á
-la experiencia.
-
-Ya en esto vieron discurrir por todas partes honras y coyunturas: los
-desapiadados verdugos de Vejecia. Y aunque procedían á traición y á
-lo de mátalas callando, se hacían después bien de sentir, dondequiera
-que una vez entraban. Espiones de la muerte, que con unas muletillas
-dejaban de correr y volaban hacia la sepultura. Iban de camarada de
-sesenta en setenta. Tropa había de ochenta y éstos eran los peores, que
-de allí adelante todo era trabajo y dolor. En agarrando alguno, con
-bien poco asidero le llevaban á la posta de una muletilla á padecer y
-podrecer. Á los que huían, que eran los más, les perseguían fieramente,
-tirándoles piedras, tan certeros, que se las clavaban en las ijadas y
-riñones y á muchos les derribaban los dientes y las muelas. Resonaban
-por todas aquellas soledades los ecos de un ay tras otro.
-
-Y ponderaba el Jano para buen consuelo:
-
-Aquí tantos son los ayes, como los ajes. Que el viejo cada día amanece
-con un achaque nuevo.
-
-Estaban actualmente setenta de aquellos verdugos, peores que los mismos
-diablos, á dicho del Zapata, pues no bastan conjuros para sacarlos,
-batallando con una abuela, que habían cautivado sin más averiguación,
-que serlo; aunque pasaba muy de rebozo en un manto de humo, que en humo
-del diablo vienen á parar de ordinario los dejos del mundo y carne.
-Venía muy desenvuelta, cuando más envuelta. Porfiaba que aún no había
-salido del cascarón.
-
-Y ellos con mucha risa decían:
-
-¿Pues cómo entraste tan presto en el mascarón?
-
-Ceceaba con enfadoso melindre y desmentíalo su porfiado toser.
-Tiráronla del manto, con que la que negaba un achaque manifestó tres ó
-cuatro. Cayósele la cabellera y quedó monstruo la que fué prodigio y la
-que había atraído tantos, Sirena, ahora los ahuyentaba, coco.
-
-Pasaba un cierto personaje muy alto á lo estirado, echando piernas, que
-no tenía. Púsoselo á mirar uno de aquellos legañosos linces y reparó
-en que no llevaba criado y con linda chanza dijo:
-
-Éste es el de criado.
-
-¿Cómo, si no le lleva?, replicó otro.
-
-Y aun por eso. Habéis de saber que la primer noche, que entró á
-servirle, llegando á desnudarle, comenzó el tal amo á despojarle de
-vestidos y de miembros.
-
-Toma allá, le dijo, esa cabellera.
-
-Y quedóse en calavera. Desatóle luego dos ristras de dientes, dejando
-un páramo la boca. Ni pararon aquí los remiendos de su talle; antes,
-removiendo con dos dedos uno de los ojos, se lo arrancó y entregósele,
-para que lo pusiese sobre la mesa, donde estaba ya la mitad del tal amo.
-
-Y el criado fuera de sí, diciendo:
-
-¿Eres amo ó eres fantasma? ¿Qué diablo eres?
-
-Sentóse en esto, para que le descalzase y, habiendo desatado unos
-correones:
-
-Estira, le dijo, de esa bota.
-
-Y fué de modo, que se salió con bota y pierna, quedando de todo punto
-perdido, viendo su amo tan acabado.
-
-Mas éste, que debía tener mejor humor, que humores, viéndole así
-turbado:
-
-De poco te espantas, le dijo. Deja esa pierna y ase de esa cabeza.
-
-Y al mismo punto, como si fuera de tornillo, amagó con ambas manos á
-retorcer y á tirársela. El mozo, no bastándole ya el ánimo, echó á
-huir con tal espanto, creyendo que venía rodando la cabeza de su amo
-tras él, que no paró en toda la casa ni en cuatro calles alrededor. Y
-con todo esto se agravia de que le tengan por viejo. Que todos desean
-llegar y, en siéndolo, no lo quieren parecer. Todos lo niegan y con
-semejantes engaños lo desmienten.
-
-Ya á los ecos del toser, al asqueroso estruendo del gargajear,
-alargaron la vista y descubrieron un edificio caduco, cuya mitad
-estaba caída y la otra para caer, amenazando por momentos su total
-ruina, palpitándoles los corazones á las arrimadas yedras de los
-nepotes, validos y dependientes. Era de mármol en lo blanco y frío y,
-aunque muy apuntalado de Cipiones en vez de Atlantes, nada seguro. Y
-con tener fosos abiertos y cerradas barbacanas, lo que menos tenía era
-de fortaleza. Pero, ¿qué mucho se estuviese derruyendo, si se veía
-lleno de hendrijas y goteras?
-
-He allí, dijo el Jano, el antiguo palacio de Vejecia.
-
-Bien se da á conocer, le respondieron, en lo melancólico y desapacible.
-
-¡Qué desterrada estará de aquí la risa!, dijo Andrenio.
-
-Sí, que ha días andan reñidas y tanto, que ni se ven ni se hablan.
-
-Pues de verdad que, si una vejez es triste, que es mal doblado.
-
-No deben faltar la murmuración y la malicia, sus grandes camaradas.
-
-Así es, que allí están y muy de asiento entre aquellos Matusalenes,
-sin faltarles jamás qué contar y qué morder, ya al sol, ya al fuego. Y
-es cosa donosa que, no acertando á pronunciar las palabras, clavan con
-ellas. Los callos se les han bajado de las lenguas á los pies.
-
-Ostentábase lo que había quedado del derruído frontispicio muy
-autorizado y grave, con dos puertas antiguas, guardada de perros
-viejos, siempre gruñendo al humor de su dueño. Estaban ambas
-cercanamente distantes. En la una había un portero para no dejar entrar
-y en la otra para que entrasen.
-
-En llegando cualquiera, le desarmaban, aunque fuese el mismo Cid. Y
-esto con tanto rigor, que al duque de Alba, el célebre, le trocaron la
-dura espada en una banda de seda. Á unos les hacían perder los aceros
-y á otros los estribos. Que los hubo de suplir tal vez con una banda
-de tafetán el César. Y al inventor de los mosquetes Antonio de Leiva,
-le obligaron á desmontar y meterse en una silla de manos, que solían
-llevar dos negros. Y él con gran cólera, en medio del calor de una
-batalla, gritaba:
-
-Llevadme, diablos, á tal y tal parte; demonios, acabad de llevarme allá.
-
-Estaban en aquel punto despojando á cierto general del bastón con
-que había hecho temblar el mundo, dándole en su lugar un báculo, que
-temblaba, con mucha repugnancia suya, porque decía que aún estaba de
-provecho.
-
-Para sí, decían los soldados.
-
-Al fin, le persuadieron con buenas palabras tratase de hacer buenas
-obras, no ya de matar, sino de prevenirse para morir.
-
-Solos les dejaban los cetros y los cayados á los que llegaban con
-ellos, asegurando eran, cuanto más carcomidos, los más firmes puntales
-del bien común. Á los otros les iban repartiendo báculos, que ellos
-decían darles palos, y muchos se vieron llevarlos en el aire sin
-afirmarse ni tocar en tierra. Y discurrió un malicioso era por no hacer
-ruido ni llamar á la puerta de la otra vida.
-
-Pero para que se vea cuán diferentes son los modos de concebir en el
-mundo y la variedad de caprichos, vieron no pocos que ellos mismos
-venían á dejarse cautivar de Vejecia, sin aguardar á que los trajesen
-sus achacosos ministros. Buscábanse ellos de buena gana la mala y
-pedían con instancia les diesen báculos; pero por ningún caso se les
-permitían. Menos los admitían dentro de la horrible posada, tan deseada
-dellos, cuan temida de los otros.
-
-Admirados los circunstantes de tan recíproca impertinencia, les decían:
-
-¿Qué pretendréis con eso?
-
-Y ellos:
-
-Dejadnos, que nosotros nos entendemos.
-
-Y rogaban á los guardas les dejasen entrar, diciendo:
-
-Siquiera en lugar nuestro.
-
-¡Mirad ahora qué prebenda!
-
-¡Oh, sí lo es!, respondieron los porteros. Que para esos lo es y
-acomodada y aun beneficio, ni otro, sino zonzo. No los entendéis
-vosotros. No buscan el báculo por necesidad, sino por comodidad;
-no para llamar á las puertas de la muerte, sino de más vida, de la
-autoridad, de la dignidad, de la estimación y del regalo.
-
-En consecuencia desto, llegó uno bien lucio de tozuelo, pretendiendo
-ser admitido en el ancianismo y pasar plaza de achacoso y para esto
-se ayudaba del toser y del quejarse. Á éste le retiraron diez leguas
-lejos, digo diez años atrás, diciendo:
-
-Éstos por no trabajar se hacen viejos antes con antes: añádense años y
-achaques.
-
-Y realmente era así, porque se dejó caer uno:
-
-Si quieres vivir mucho y sano, hazte viejo temprano, esto es, vire, á
-la italiana.
-
-Así que de todo hay en el mundo. Unos que, siendo viejos, quieren
-parecer mozos, y otros que, siendo mozos, quieren parecer viejos. Así
-fué que tenía ya uno los ochenta ó no los podía tener. Porfiaba que ni
-era viejo ni se tenía por tal. Atendiéronle y notaron que ocupaba uno
-de los más superiores puestos. Y así dijo otro:
-
-Á éstos siempre les parece que han vivido poco y á los que esperan, que
-mucho.
-
-Acusaron á otro que, cuando mozo, había afectado el parecer viejo y,
-cuando viejo, mozo. Y averiguóse que antes pretendía conseguir cierta
-dignidad y después conservarse en ella.
-
-Porfiaba otro decrépito que él probaría con evidencia no ser viejo y
-decía:
-
-Las pensiones del viejo son ver poco, andar menos, mandar nada; yo al
-contrario, veo más. Pues, si antes no veía sino una en cada cosa, ahora
-se me hacen dos: un hombre me parecen cuatro y un mosquito un elefante.
-Camino doblado, pues he de dar cien pasos para conseguir cualquier
-cosa; que antes con uno alcanzaba cuanto quería. Pues mando tres y
-cuatro veces la cosa y no se hace; que en otro tiempo, á la primera
-palabra me obedecían. Experimento dobladas fuerzas: que, si antes
-desmontaba de un caballo mi persona sola, agora me traigo la silla tras
-mí. Hágome más de sentir, arrastrando el mundo con los pies y haciendo
-ruido con la tos y con el báculo.
-
-Todo eso tenéis más de viejo, le dijeron; pero sírvaos de consuelo.
-
-Fuéronse ya acercando á la palaciega antigualla y descubrieron dos
-grandes letreros sobre ambas puertas. El de la primera decía:
-
-Ésta es la puerta de los honores.
-
-Y el de la segunda:
-
-Ésta es la de los horrores.
-
-Y de verdad lo mostraban, ésta en lo deslucido y aquélla en lo
-majestuoso. Examinaban los porteros con grande rigor á cuantos llegaban
-y, en topando alguno, que venía de los verdes prados de sus gustos,
-regoldando á obscenidades, al punto le encaminaban á la puerta de los
-horrores y le introducían en dolores, asegurando que la mocedad liviana
-entrega cansado el cuerpo á la vejez.
-
-Entren los livianos, decían, por la puerta de la pesadumbre, que no de
-la gravedad.
-
-Y ellos sin réplica obedecían. Que se tiene observado que todos estos
-livianos son gente de pocos hígados. Al contrario, á todos, cuantos
-hallaban venir de las sublimes asperezas de la virtud, del saber y del
-valor, les abrían de par en par las puertas de los favores. Que una
-misma vejez para unos es premio y para otros apremio; á unos autoriza,
-á otros atormenta. En reconociendo á Critilo los vigilantes porteros,
-le franquearon la entrada de las honras; mas á Andrenio le obligaron á
-entrar por la de las penas. Tropezó en el mismo umbral y gritáronle:
-
-¡Guarda de caer! que aquí ú de comida ú de caída.
-
-Iban caminando ambos por muy diferentes rumbos, pues, apenas entró
-Andrenio, cuando vió y oyó lo que él nunca quisiera, representaciones
-trágicas, visiones espantosas; pero entre todas, la mayor fué una
-furia ó una fiera, prototipo de monstruos, tan dentro de fantasmas,
-idea de trasgos y lo que es más que todo una vieja. Ocupaba una silla
-de costillas pálidas, un tiempo ya marfiles, embarazando un trono de
-ecúleos, potros y catastas, como presidenta de tormentos, donde todos
-los días son aciagos martes. Rodeábanla inumerables verdugos, enemigos
-declarados de la vida y muñidores de la muerte y ninguno desocupado;
-todos se empleaban en hacer confesar á los envejecidos delincuentes á
-cuestión de tormentos que eran vasallos de aquella tirana reina y, en
-declarándolo, les cargaban de villanos pechos, que les hacían toser
-y tragar saliva. Y aunque el paraje era tan molesto y las camas tan
-duras, emperezaban en ellas con mucha flema y aun flemas.
-
-Tenían á uno entre sus garras, dándole muy malos ratos en el potro de
-sus pasadas mocedades y ya muy pesadas, cruel tortura de una prolongada
-muerte. Y él estaba siempre negativo, meneando á un lado y á otro la
-cabeza y diciendo á todo de no. Que es de viejos el negar, así como de
-niños el conceder. En la boca del viejo siempre hallaréis el no y en la
-del niño el sí.
-
-Preguntábanle de dónde venía. Y él, dos veces sordo, porque lo afectaba
-y lo era, todo lo entendía al revés y respondía:
-
-¿Que estoy muy viejo? Eso niego.
-
-Y meneaba la cabeza. Daban otro apretón á los cordeles y volvíanle á
-preguntar:
-
-¿Á dónde irá?
-
-Y decía:
-
-¿Que me muero? No hay tal.
-
-Y sacudía ambas orejas. Á sus mismos hijos, si le interrogaban,
-respondía:
-
-¿Que os entregue la hacienda? Aún es presto.
-
-Y movía á toda prisa la cabeza:
-
-Yo dejaré el mando con el mundo.
-
-Defendíase otro, diciendo que él se sentía aún mozo, pues tenía
-estómago de francés, cabeza de español y pies de italiano. Trataron de
-convencerle de todo lo contrario con hartos testigos. Replicaba él no
-ser de vista y respondíanle:
-
-Aquí, abuelo, los ausentes son los concluyentes: la vista que os falta,
-los dientes que se os cayeron, los cabellos que volaron, las fuerzas
-que descaecieron y el brío que se acabó.
-
-Y dió Vejecia sentencia contra él, casi de muerte. Escusábase un
-podrido rancio, que no estaba en él la falta, sino en los otros, porque
-decía:
-
-Señores, han dado ahora los hombres en hablar bajo, como á traición,
-que ni se oyen ni se dan á entender. En mi tiempo todos hablaban
-alto, porque decían verdad. Hasta los espejos se han falsificado,
-pues hacían antes unas caras frescas, alegres y coloradas, que era un
-contento el mirarse. Los usos se van de cada día empeorando, cálzase
-apretado y corto, vístese estrecho y tan justo, que no se puede valer
-un hombre. Las tierras se han deteriorado, que no dan los frutos tan
-sustanciales y sabrosos como solían ni las viandas tan gustosas. Hasta
-los climas se han mudado en peor, pues siendo este nuestro antes muy
-sano, de lindos aires, el cielo claro y despejado, ahora es todo lo
-contrario, enfermizo y tan achacoso, que no corren otro que catarros,
-romadizos, distinciones, mal de ojos, dolores de cabeza y otros cien
-ajes. Y lo que yo más siento es que el servicio está tan maleado, que
-no hacen cosa bien los criados malmandados, mentirosos, gastarrecados;
-las criadas perezosas, desaliñadas, bachilleras, que no hacen cosa á
-derechas, pues la olla desazonada, la cama dura y malpareja, la mesa
-malcompuesta, la casa malbarrida, todo sucio y todo mal. De modo, que
-ya un hombre oye mal, come peor, ni viste ni duerme ni puede vivir. Y
-si se queja, dicen que está viejo, lleno de manía y caduquez.
-
-Causaba entre risa y lástima ver cuáles llegaban á este pasaje los que
-ya se preciaron de galanes y pulidos, los Narcisos y los Adonis, que
-no se podían mirar sin grande horror. Las que ya fueron Floras y aun
-Elenas y la misma Venus, verlas ahora descabelladas y sin dientes. Que,
-cual suele rústica, grosera mano esgrimir el villano acero contra el
-más copado y frondoso árbol, pompa vistosa de la campaña, alegría del
-año, bizarro aliño de la primavera, cortándole sus más lozanas ramas,
-tronchándole sus verdes pimpollos, malográndole sus frescos renuevos,
-dando con todo en tierra, hasta dejarle tronco inútil, fantasma de las
-flores y esqueleto del prado: tal es el tiempo, con propriedad tirano,
-pues que de todo tira, aja y deshoja la mayor belleza, marchita el
-rosicler de las mejillas, los claveles de los labios, los jazmines de
-la frente, sacude el menudo aljófar de los dientes, que lloró risueña
-aurora de la mocedad, vuela la frondosa hojarasca del cabello, corta el
-brío, troncha el garbo, descompone la bizarría, derriba la gentileza,
-da con todo en tierra. De un cierto personaje se dudaba si realmente
-era anciano. Porque le sobraba tiempo y le faltaba seso. Y todos
-convinieron en que estaba muy verde. Mas Vejecia:
-
-Éstos, dijo, son de casta de higueras locas, que nunca llega á madurar
-el fruto: hacen higa á la prudencia.
-
-Apelábase un calvo y otro cano á sus pocos años.
-
-Eso tiene el vivir aprisa, les respondieron, que las tempranas
-mocedades ocasionan anticipadas vejeces. No hubiérades sido tan mozos y
-no estuviérades tan viejos.
-
-¡Qué pocas canas llegan de la corte!, reparó Andrenio.
-
-Y respondióle Marcial en dos palabras y un verso:
-
-Miradlos de noche y hallaréislos cisnes, los que todo el día cuervos.
-
-Llegó uno cojeando y juraba que no era ni una gota de mal humor, sino
-haber tropezado. Y díjole otro riendo:
-
-Guardaos mucho de tales tropiezos, porque cada vez que los dais, si no
-caéis, avanzáis mucho á la sepultura.
-
-No fué malvisto ni maltratado otro, que realmente tenía años y
-no canas, averiguado el secreto que era sabérselas quitar con las
-ocasiones que quitaba. Concediósele gozase de los privilegios de viejo
-y de las esenciones de mozo, diciendo Vejecia:
-
-Viva quien sabe vivir.
-
-Al contrario, llegó otro con pocos años y muchas canas y, bien miradas,
-hallaron que eran verdes ó amarillas.
-
-No le han salido ellas, dijo uno, sino que se las han sacado. Vos, sin
-duda, venís de alguna comunidad, no digo comodidad, donde hijos de
-muchas madres bastan á sacar canas á un embrión.
-
-Llamaron á una de abuela y ella enfurecida dijo:
-
-Nieta y muy nieta.
-
-Y Marcial, que acertó á estar allí ó su malicia dijo:
-
-Si ella no tiene más años que cabellos, yo juraré que no llegan á
-cuatro.
-
-Porfiaba otra era suyo el oro de la madeja y la nieve de sus dientes y
-ninguno lo creía. Volvió por ella el mismo poeta, como tan cortesano,
-diciendo:
-
-Sí, sí, suyos son, pues le cuestan su dinero.
-
-Correspondían lastimeros gritos á los insufribles tormentos. Los
-glotones y bebedores no podían agora pasar una gota y hacíanles beber
-la toca y aun morder la sábana; aunque se notó que raros de los
-regalones llegaron tan adelante. Era tan general el sentimiento, que
-los más tenían hechos lágrima del continuo llanto y del maltratamiento
-de Vejecia andaban contrechos y agobiados, cojos y desdentados y
-semiciegos, tratándolos como á villanos, cargándolos de nuevos pechos
-sobre los viejos.
-
-Encontraron ya los crudos criados con el no bien maduro Andrenio.
-Agarraron dél. Pero, antes de decir lo que con ellos le pasó ó le
-hicieron pasar, demos una vista á Critilo, que, habiendo entrado
-por la puerta de los honores, había llegado á la mayor estimación.
-Introdujéronle la Cordura y la Autoridad en un teatro muy capaz y muy
-señor, pues lleno de seniores y de varones muy capaces. Presidía en
-majestuoso trono una venerable matrona con todas las circunstancias de
-grande. No mostraba semblante fiero, sino muy sereno; no desapacible,
-sino autorizado, coronada del metal cano, por reina de las edades.
-Y como tal, estaba haciendo grandes mercedes á sus cortesanos y
-concediéndoles singulares privilegios. Estaba en aquella sazón honrando
-á un grande personaje, tan cargado de espaldas como de prudencia,
-haciéndole todos acatamiento. Y preguntó Critilo á su Jano colateral,
-que nunca le desamparó, quién era aquel varón de estimaciones.
-
-Éste es, le respondió, un Atlante político.
-
-¿De qué piensas tú que está así tan agobiado?
-
-De sostener un mundo entero.
-
-¿Cómo puede ser, le replicó, si no se puede tener él á sí mismo?
-
-Pues advierte que éstos, cuanto más viejos, son más firmes y, cuantos
-más años, más fuerzas sustentan; más y mejor que los mozos, que luego
-dan con el cargo y con su carga en tierra.
-
-Vieron otro, que llegaba y, arrimando su báculo á una montaña de
-dificultades, la alzaprimaba, no habiendo podido muchos y muy robustos
-mancebos ni aun moverla.
-
-Nota, le dijo Jano, lo que puede la maña de un sagaz viejo. ¿No
-reparas en aquel otro, que, estando para caer aquella gran máquina de
-coronas, llega él y arrima su carcomido báculo y con segura firmeza las
-sustenta? Las manos le tiemblan al que allí miras y están temblando dél
-los ejércitos armados. Que eso le dijo el trompeta francés á don Felipe
-de Silva:
-
-No teme mi señor, el mariscal de la Mota, esos vuestros pies gotosos;
-sino esa vuestra testa desembarazada.
-
-¡Qué gafos tiene los dedos aquel que llaman el rey viejo!
-
-Pues te aseguro que están colgados dellos dos mundos.
-
-¡Qué palos sacude aquel coronado ciego aragonés!
-
-¿Y cómo que hace pedazos tanta espada y tanta lanza rebelde?
-
-Salían al mismo punto seis varones de canas, que, cuanto más alto un
-monte, más se cubre de nieve, y le dijo iban despachados de Vejecia
-el Areópago real y otros cuatro más, á ladear á un gran príncipe, que
-entraba mozo á reinar y viéndole sin barbas le rodeaban de canas. Allí
-toparon y conocieron los clarísimos de noche y escurísimos de secreto,
-gran profundidad con tanta claridad.
-
-Repara, dijo el Jano, en aquel semiciego. Pues más descubre él en una
-ojeada que echa, que muchos garzones que se precian de tener buena
-vista. Que al paso que van perdiendo éstos los sentidos, van ganando
-el entendimiento, tienen el corazón sin pasiones y la cabeza sin
-ignorancias. Aquél, que está sentado, porque no puede estar de otro
-modo, camina medio mundo en un instante. Y aún dicen que le trae en pie
-y con aquel báculo le lleva al retortero: que se hacen mucho de sentir
-en él, cuando los viejos le mandan. Aquel otro asmático y balbuciente
-dice más en una palabra, que otros con ciento. No pases por alto aquel
-lleno de achaques, que no se le ve parte sana en todo su cuerpo: pues
-de verdad que tiene el seso muy entero y el juicio muy sano. Aquellos
-de los malos pies pisan muy firme y, cojeando ellos, hacen asentar el
-pie á muchos. No son flemas las que arrancan aquellos senadores de sus
-cerrados pechos; no son sino secretos podridos, de callados.
-
-Una cosa admiro yo mucho, dijo Critilo: que no se oye aquí vulgo ni se
-parece.
-
-¡Oh! ¿no ves tú, le dijo el Jano, que entre viejos no le hay, porque
-entre ellos no reina la ignorancia? Saben mucho, porque han visto y
-leído mucho.
-
-¡Qué pausado se mueve aquél!
-
-¡Pero qué apriesa va restaurando viejo lo que desperdició mozo!
-
-¡Qué magistral conversación la de aquellos rancios, que ocupan el banco
-del Cid! Cada uno parece un oráculo.
-
-Es un gran rato el escucharlos, de gran gusto y enseñanza para la
-juventud.
-
-¡Qué quietud tan feliz!, ponderaba Critilo.
-
-Es que asisten aquí, decía el Jano, el reposo, el asiento, la madurez,
-con la prudencia, con la gravedad y la entereza. No se oyen aquí jamás
-desatenciones, mucho menos arrojos ni empeños; no resuena instrumento
-músico ni bélico, que están prohibidos por la cordura y el sosiego.
-
-Trató ya de conducir el sagaz Jano á su maduro Critilo ante la
-venerable Vejecia. Llegó él muy de su grado y así le recibió ella con
-mucho agrado. Mas fué mucho de ver que al mismo punto, que se postró
-á sus pies, corrieron de improviso ambas cortinas, que estaban á los
-dos lados del majestuoso trono, con que á un mismo tiempo se vieron y
-se conocieron, de la otra parte Andrenio entre horrores y desta otra
-Critilo entre honores, asistiendo entrambos ante la duplicada presencia
-de Vejecia, que, como tenía dos caras januales, podía muy bien presidir
-á entrambos puestos, premiando en uno y apremiando en otro.
-
-Ordenó luego se leyesen en voz alta y clara los nuevos privilegios,
-que en atenciones de méritos de sus concertadas vidas se les concedían
-á éstos; y al contrario los agravados pechos, que se les imponían á
-aquéllos: á unos cargos, á otros cargas, muy dignos de ser sabidos y
-escuchados. Quien los quisiere lograr, estienda el gusto á la Crisi
-siguiente.
-
-
-
-
-CRISI II
-
-_El estanco de los vicios._
-
-
-Llamó acertadamente el filósofo divino al compuesto humano, sonoro
-animado instrumento, que, cuando está bien templado, hace maravillosa
-armonía; mas, cuando no, todo es confusión y disonancia. Compónese de
-muchos y muy diferentes trastes, que con dificultad grande se ajustan
-y con grande facilidad se desconciertan.
-
-La lengua dijeron algunos ser la más dificultosa de templar; otros
-que la codiciosa mano. Éste dice que los ojos, que nunca se sacian de
-ver la vanidad; aquél que las orejas, que jamás se ven hartas de oir
-lisonjas propias y murmuraciones ajenas. Tal dice que la loca fantasía
-y cual que el apetito insaciable. No falta quien diga que el profundo
-corazón ni quien sienta que las maleadas entrañas.
-
-Mas yo con licencia de todos éstos diría que el vientre y esto en todas
-las edades. En la niñez por la golosina, en la mocedad por la lascivia,
-en la varonil edad por la voracidad y en la vejez por la vinolencia.
-Es el vientre el bajo y aun el vil desta humana consonancia; y esto no
-obstante, no hay otro Dios para algunos. Hizo siempre apóstatas los
-sabios. No dijo cuántos, porque los más y con menos razón hacen mayor
-guerra á la razón.
-
-Es la embriaguez fuente de todos los males, reclamo de todo vicio,
-origen de toda monstruosidad, manantial de toda abominación,
-procediendo tan anómala, que, cuando todos los otros vicios caducan
-y se despiden en la vejez, ella entonces comienza y, sepultados ya,
-los aviva. Conque no hay un vicio sólo, sino todos de mancomún.
-Gran comadre de la herejía: dígalo el Septentrión, llamado así, no
-tanto por las siete estrellas que le ilustran, cuanto por los siete
-capitales vicios que le deslucen. Amiga de la discordia: vocéenlo
-ambas Alemanias, siempre turbulentas. Camarada de la crueldad: llórelo
-Inglaterra en sus degollados reyes y reinas. Paisana de la ferocidad:
-publíquelo Suecia, inquietando muy de atrás toda la Europa. Compañera
-inseparable de la lujuria: confiéselo todo el mundo. Y finalmente
-tercera de toda maldad, muñidora de todo vicio, escollo fatal de la
-vejez, donde zozobra el carcomido bajel humano, yéndose á pique cuando
-había de tomar puerto. El desempeño desta verdad será, después de haber
-referido las severas leyes, que mandó promulgar Vejecia por todo el
-ancianismo, que para unos fueron favores, si rigores para otros. Subido
-en lugar eminente el secretario, intimó desta suerte:
-
-Á nuestros muy amados seniores y hombres buenos, á los beneméritos de
-la vida y despreciadores de la muerte ordenamos, mandamos y encargamos:
-
-Primeramente, que no sólo puedan, sino que deban decir las verdades,
-sin escrúpulo de necedades. Que, si la verdad tiene muchos enemigos,
-también ellos muchos años y poca vida que perder. Al contrario se les
-prohiben severamente las lisonjas activas y positivas, esto es que
-ni las digan ni las escuchen: porque desdice mucho de su entereza un
-tan civil artificio de engañar y una tan vulgar simplicidad de ser
-engañados.
-
-Item, que den consejos por oficio, como maestros de prudencia y
-catedráticos de experiencia. Y esto sin aguardar á que se les pidan:
-que ya no lo platica la necia presunción. Pero, atento á que suelen ser
-estériles las palabras sin las obras, se les amonesta que procedan de
-modo, que siempre precedan los ejemplos á los consejos.
-
-Darán su voto en todo, aunque no les sea demandado: que monta más el de
-un solo viejo chapado, que los de cien mozos caprichosos.
-
-Dirán mal de lo que parece mal, mucho más de lo que es malo: que esto
-no es murmurar, sino hacer justicia. Y lo que en ellos sería recatado
-silencio, entre la gente moza pasaría por declarada aprobación.
-
-Alabarán siempre lo pasado, que de verdad lo bueno fué y lo malo es, el
-bien se acaba y el mal dura.
-
-Podrán ser malcontentadizos, por cuanto conocen lo bueno y se les debe
-lo mejor.
-
-Permíteseles el dormirse en medio de la conversación y aun roncar,
-cuando no les contentare, que será las más veces.
-
-Corregirán á los mozos de continuo, no por condición, sino por
-obligación, teniéndoles siempre tirante la brida, ya para que no se
-despeñen en el vicio, ya para que no atollen en la ignorancia.
-
-Dáseles licencia para gritar y reñir: porque se ha advertido que luego
-anda perdida una casa, donde no hay un viejo que riña y una suegra que
-gruña.
-
-Item más, se les permite el olvidarse de las cosas: que las más del
-mundo son para olvidadas.
-
-Podrán entrarse libremente por las casas ajenas, acercarse al fuego,
-pedir de beber, alargar la mano al plato: que á canas honradas nunca ha
-de haber puertas cerradas.
-
-Permíteseles el encolerizarse tal vez con moderación, no dañando á la
-salud: por cuanto el nunca enojarse es de bestias.
-
-Item, que puedan hablar mucho, porque bien, aun entre los muchos,
-porque mejor que todos.
-
-Súfreseles el repetir los dichos y los cuentos, que siete veces agradan
-y otras tantas enseñan, hiriendo de casera filosofía.
-
-Cuiden de no ser muy liberales, atendiendo á que no les falte la
-hacienda y les sobre la vida.
-
-Escusarse han del no hacer cortesías, no tanto por conservarse, cuanto
-porque no ven ya las personas como solían y que desconocen los hombres
-de agora.
-
-Harán repetir dos y tres veces lo que les dicen, para que todos miren
-cómo y lo que hablan.
-
-Háganse dificultosos de creer, como escarmentados de tanto engaño y
-mentira.
-
-No darán cuenta á nadie de lo que hacen ni tendrán que pedir consejo,
-sino para aprobación.
-
-No sufran que otro alguno mande más que ellos en su casa, que sería
-querer mandar los pies donde hay cabeza.
-
-No tendrán obligación de vestir al uso, sino á su comodidad, calzando
-holgado, por cuanto se ha advertido que todos, cuantos calzan muy
-justo, no pisan muy firme.
-
-Item más, podrán comer y beber muchas veces al día, poco y bueno, y
-tratar de su regalo, sin nota de gula, para conservar una vida, que
-vale más que las de cien mozos juntas. Y podrán decir lo que el otro:
-
-Yo soy largo en la Iglesia y en la mesa y no me pesa.
-
-Ocuparán los primeros asientos en todo lugar y puesto, aunque lleguen
-tarde, pues llegaron al mundo primero. Y podrán tomárselos, cuando los
-otros se descuidaren en ofrecérselos. Que, si las canas honran las
-comunidades, justo es que sean honradas de todos.
-
-Mándaseles que en todas sus cosas procedan con espera y así podrán ser
-flemáticos, que no procederá de cansados, sino de pausados y prudentes.
-
-No tendrán que ceñir acero los que han de caminar con pies de plomo;
-pero llevarán báculo, no sólo para su descanso, sino para las
-correcciones prontas, aunque no gusten los mozos de tales besamanos.
-
-Podrán ir tosiendo, arrastrando los pies y hiriendo fuerte con los
-báculos, como gente que hace ruido en el mundo, atento á que todos en
-la casa se irán recatando dellos, ocultándoles las cosas.
-
-Podrán por el mismo caso ser amigos de saberlo todo y preguntarlo y,
-atendiendo también á que, si se descuidan en saber los sucesos, se
-irían ayunos de muchas cosas á la otra vida, podrán informarse qué hay
-de nuevo, qué se dice, y qué se hace, demás que es muy de personas el
-querer saber lo que en el mundo pasa.
-
-Escúsese de su seca condición, en achaque de su seco temperamento,
-templando con su austeridad el demasiado bullicio y la necia risa de la
-gente joven.
-
-Que puedan quitarse años, ya por los que les impondrán, ya por los que
-ellos en su juventud se impusieron.
-
-Tendrán licencia para no sufrir y quejarse con razón, viéndose
-malasistidos de criados perezosos, enemigos suyos dos veces, por amos
-y por viejos: que todos vuelven las espaldas al sol que se pone, y la
-cara hacia el que sale. Sobre todo viéndose odiados de ingratos yernos
-y de nueras viejas, haránse estimar y escuchar, diciendo:
-
-Oid, mozos, á un viejo, que, cuando era mozo, los viejos le escuchaban.
-
-Finalmente se les encarga que no sean chanceros; sino severos, estando
-siempre de veras atentos á su madurez y entereza.
-
-Estas leyes en lo público y otras de mayor arte en lo secreto les
-fueron intimadas, que ellos aceptaron por obligaciones, aunque otros
-las calificaron privilegios.
-
-Aquí, volviendo la hoja y teniendo el rostro hacia la contraria banda,
-esforzando la voz, leyó desta suerte:
-
-Intimamos á los viejos por fuerza, á los podridos y no maduros, á los
-caducos y no ancianos, á los que en muchos años han vivido poco:
-
-Primeramente, que entiendan y se lo persuadan que realmente están
-viejos, si no en la madurez, en la caduquez; si no en ciencia, en
-impertinencia; si no en prendas, en achaques.
-
-Item más que, así como á los jóvenes se les prohibe el casar hasta
-cierta edad, así también á los viejos se les vede de tal edad en
-adelante y esto en pena de la vida, si con mujer moza; y, si hermosa,
-en costas de la hacienda y de la honra, que no puedan enamorarse y
-mucho menos darlo á entender ni asentar plaza de galanes, en pena de
-risa de todos; podrán, empero, pasear los cimenterios, donde envió á
-uno cierta gentil dama, como apalabrado con la muerte.
-
-Item, se les prohibe el añadirse años, en llegando á perderles la
-vergüenza, echando á noventa y á ciento. Porque, demás de engañar á
-algunos simples, dan ocasión á que muchos ruines se confíen y sientan
-largo el enmendar su perversa vida.
-
-No vistan de gala los que huelen á mortaja y entiendan que el traje,
-que para un joven sería decente, para ellos es gaitería. Ni por eso han
-de andar vestidos de figura con monterillas ó sombrerillos chiquitos
-y puntiagudos ni con lechuguillas y calzas afolladas, haciendo los
-matachines.
-
-Que no quieran ser agora enfadosos los que algún tiempo muy
-desenfadados ni, como el lobo, prediquen ayuno después de hartos.
-
-Sobre todo, no sean avaros y miserables, viviendo pobres para morir
-ricos, y se persuadan que es una necia crueldad contra sí mismos
-tratarse ellos mal, para que se regalen después sus ingratos herederos;
-vestirse de ropas viejas, para guardarles á ellos las nuevas en las
-arcas.
-
-Mas: los condenamos cada día á nuevos achaques con retención de los
-que ya tenían. Que sean sus ayes ecos de sus pasados gustos. Que, si
-aquéllos dieron al quitar, éstos al durar. Y así como los placeres
-fueron bienes muebles, los pesares serán males fijos.
-
-Que vayan de continuo cabeceando, no tanto para negar los años,
-cuanto para ceñar á la muerte, temblando siempre, ya de su horrible
-catadura, ya pagando censo de asquerosidades á sus pasadas liviandades.
-Y adviertan que viven afianzados, no para gozar del mundo, sino para
-poblar las sepulturas.
-
-Que anden llorando por fuerza los que vivieron muy de grado y sean
-Heráclitos en la vejez los que Demócritos en la mocedad.
-
-Item, que hayan de llevar en paciencia el burlarse de ellos y de sus
-cosas los jóvenes, llamándolas caduqueces, manías y vejeces, por cuanto
-dellos mismos lo aprendieron y desquitan á los pasados.
-
-No se espanten de ser tratados como niños los que jamás acabaron de ser
-hombres ni se quejen de que no hagan caso sus propios hijos de los que
-no supieron hacer casa.
-
-Que los que tienen ya el un pie en la sepultura no tengan el otro en
-los verdes prados de sus gustos ni sean verdes en la condición los que
-tan secos de complisión y en todo caso eviten de parecer pisaverdes los
-amarillos y pisasecos.
-
-Finalmente, que procedan, como parecen, agobiados, inclinándose á la
-tierra, como á su paradero, cargados de espaldas, mas no de cabeza,
-pagando pecho en toser á su envejecer.
-
-Impónenseles todas estas obligaciones y otras muchas más, acompañadas
-de maldiciones de sus familiares y dobladas de sus nueras.
-
-Acabado un tan solemne auto, mandó la arrugada reina se fuesen
-acercando á su caduco trono Critilo y Andrenio, cada cual por su
-puesto, bien opuesto. Y así á Critilo le dió la mano; mas á Andrenio
-se la asentó. Entregó un báculo á Critilo, que pareció cetro, y á
-Andrenio otro, que fué palo. Á aquél le coronó de canas y á éste le
-amortajó en ellas. Dióle á aquél el renombre de senior y á éste de
-viejo y más adelante de decrépito. Con esto los despachó para pasar
-á la última jornada de la tragicomedia de su vida. Critilo guiando y
-Andrenio siguiendo, volvióse Vejecia hacia el Tiempo, su más confidente
-ministro, haciéndole señas de despejar, que con ser intolerables sus
-calabozos, los tuvieran muchos por paraísos, á trueque de no pasar
-adelante y llegar al matadero.
-
-Á pocos pasos bien pausados tropezaron con un sabandijón de los de
-á cada esquina, en el vulgo, ó á un personaje del enfado, que, bien
-atendido de Andrenio y mejor entendido de Critilo, hallaron ser de
-aquéllos, que tienen la lengua agujerada con flujo de palabras y
-estitiquez de razones. Que hay sujetos peores de aquéllos, que lo
-que por una oreja les entra, por otra les sale. Pues á éstos, lo que
-por ambas orejas les entra, por la lengua al mismo punto se les va,
-con tal facilidad de boca, que no les para cosa en el buche, por
-importante que sea, ni el secreto más recomendado ni la interioridad
-más reservada, no sabiendo callar ni su mal ni el ajeno. Singularmente,
-cuando llega á calentárseles la boca con alguna pasión de cólera ó
-alegría, sin ser necesario darles el remitivo político de la afectada
-ignorancia ni el único torcedor de la mañosa contradición. Porque éste
-no tenía retentivo en cosa, confesando él mismo que no podía más con
-su estómago ni recabarlo con su lengua. Jamás pudo llegar á retener
-un secreto medio día y por esto era llamado comúnmente don Fulano el
-de la lengua horadada. Todos, cuantos querían se supiese algo y que
-se fuese estendiendo á toda prisa, acudían á él como á trompeta sin
-juicio. ¿Pues qué, si le encomendaban el secreto? Reventaba por irlo
-al punto á hacer público. Desgraciado del que ó por desatención ó por
-inadvertencia se le confiaba, que luego le topaba en medio de las
-plazas á la vergüenza y aun hecho cuartos. Al contrario, los que ya le
-conocían, se valían dél para hacerle autor de lo que á ellos no les
-estaba bien serlo y en una palabra él era faraute universal, lengua de
-ferro, si no testa, no el _bello dezitore_, sino el feo palabrista.
-
-Éste, pues, ó andaluz por lo locuaz ó valenciano por lo fácil ó
-chichiliani por lo chacharroni, los comenzó á conducir, sin pararle un
-punto la tarabilla de necedades. ¿Quién podrá contar las que ensartó
-por todo el discurso de su vida? Nunca escupía, porque no le tomasen la
-vez, ni preguntaba por no dar lugar á que otro le respondiese; sí bien,
-á los tales se cree que se les convierte toda la saliva en palabras,
-porque todo cuanto hablan es broma.
-
-Seguidme, les decía: que hoy os he de introducir en el palacio mayor
-del mundo, de muchos oído, de venturosos visto, de todos deseado y de
-raros hallado.
-
-¿Qué palacio será éste?, le preguntaba él mismo.
-
-Y después de muchos misterios, ponderaciones y hazañerías, les dijo muy
-en secreto:
-
-Éste es el de la alegría.
-
-Hízoles notable armonía y dijeron:
-
-¿No sea el de la risa? ¿Quién jamás vió tal cosa ni tal casa de la
-alegría? Hasta hoy no hemos topado quien nos diese noticia de semejante
-palacio; aunque de otros, encantados los más y llenos de soñados
-tesoros.
-
-No os espantéis dello, les dijo: porque el que una vez entra allá por
-maravilla sale. Bobo sería en dejar el contento y volver á los pesares
-de por acá.
-
-¿Y tú?, le replicaron.
-
-Yo soy excepción: salgo por no reventar á parlarlo y á conducir allá
-los venturosos pasajeros. Vamos, vamos, que allí habéis de ver la misma
-alegría en persona, que lo es mucho, con su cara redonda á lo de sol,
-que aseguran durarles á las carirredondas diez años más la hermosura,
-que á las aguileñas y carílargas. De allí amanece la Aurora, cuando más
-arrebolada y risueña. Todos cuantos moran en aquel serrallo, que allí
-se vive porque se bebe, andan colorados, lucidos y risueños. Gente de
-indo humor y de buen gusto, gentilhombres de la boca.
-
-Y aun gentiles, añadía Critilo. Pero dínos, ¿para cada día hay su
-placer y buenas nuevas?
-
-¡Oh, sí!: porque no se cuidan de las malas ni las oyen ni las escuchan;
-está vedado el darlas. Desdichado del paje, que en esto se descuida,
-que al mismo punto se despiden. Todos son buenos ratos, comedias
-nuevas. Para cada día hay su placer y aun dos y todo al cabo viene á
-parar en _placheri y placheri y más placheri_.
-
-¿Pues no hace de las suyas la fortuna y de sus mudanzas el tiempo?
-¿Siempre está en él llena la luna? ¿No se barajan los contentos con las
-penas, las copas con los bastos, los oros con las espadas, como por acá?
-
-De ningún modo, porque allí no hay podridos ni porfiados ni temáticos,
-desabridos, desazonados, malcontentos, desesperados, maliciosos,
-punchoneros, celosos, impertinentes, y lo que es más que todo eso,
-vecinos. No hay espíritus de tristeza ni de contradición ni atribulados
-ni fatiguillas ni agonizados. Nunca veréis malas comidas por ningún
-caso, aunque se hunda el mundo, ni peores cenas. Nunca ha de faltar el
-capón, el perdigón, que están muy validos. No se conocen sinsabores
-ni quemazones. Y en una palabra, todos allí son buenos tragos. Que
-de verdad no hay otra Jauja ni más cierta cucaña en el mundo, que no
-pillar fastidio de _niente_.
-
-Mucho es eso, ponderaba Critilo, que tenga raíces el placer y amarras
-el contento.
-
-Dígoos que sí, porque es manantial el gusto. Ni se marchita el gozo,
-que nace en tierra de regadío. Y habéis de saber, como lo veréis y
-aun lo probaréis, que en medio de aquel gran patio de su placentero
-alcázar brota una tan dulce, cuan perene fuente, brindándose á todos
-sin distinción en bellísimos tazones, unos de oro los más altos,
-otros de plata los del medio y los más bajos, aunque no los menos
-gustosos, de cristales transparentes, con donosa figurería, por ellos
-baja despeñándose con agradable ruido (malos años para la mejor
-música, aunque sean las melodías de Florián) un tan sabroso licor y
-tan regalado, que aseguran unos viene por secretos condutos de allá
-de los mismos campos Elisios; otros dicen se distila de aquel divino
-néctar. Y lo creo, porque á cuantos le beben, los vuelve luego unos
-bienaventurados á lo humano. Aunque no falta quien diga ser vena de
-Elicona y con harto fundamento, pues Horacio, Marcial, Ariosto y
-Quevedo, en bebiéndole, hacían versos superiores. Mas porque todo se
-diga y no me quede con escrúpulos de estómago, no pocos se persuaden y
-lo andan mascando entre dientes, que son verídicos y un alegre, eficaz
-veneno. Sea lo que fuere, lo que yo sé es que causa prodigiosos efectos
-y todos de consuelo. Porque yo ví un día traer no menos que una gran
-princesa, si dijera Lansgravia ó Palatina, perdida de melancolía, sin
-saber ella misma de qué ni por qué, que á no ser eso, no fuera necia.
-Habíanle aplicado dos mil remedios, como son galas, regalos, saraos,
-paseos y comedias, hasta llegar á los más eficaces, cuales son fuentes
-de oro potable, digo de doblones, tabaquillos de joyas, cestillos de
-perlas. Y ella siempre triste ¡qué necia! enfadada de todo y enfadando
-á todos, que ni vivía ni dejaba vivir, de modo, que llegó rematada
-de impertinente. Pues os aseguro que luego que bebió del eficacísimo
-néctar, depuesta la ceremoniosa autoridad regia, se puso á bailar, á
-reir y cantar, diciendo que se iba hacia las alturas.
-
-Reniego, dije yo, de todos sus sitiales y doseles y aténgome á un
-valiente cangilón. Y eso es nada: que yo le ví al más severo Catón,
-al español más tétrico, dar carcajadas en bebiéndole, que por eso le
-llamaron los italianos _allegracore_.
-
-Encontraban muchos peregrinos con sus esclavinas de cuero, que todos
-se encaminaban allá. Los más eran del tercio viejo, que como el paraje
-era áspero y seco y ellos venían fatigados y sedientos, encarrilaban en
-ristra y muertos de sed venían como vivos.
-
-Éste es, decía su farsante guión, el Jordán de los viejos, aquí se
-remozan y se alegran, refrescan la sangre y cobran los perdidos colores.
-
-Mas ya á los ecos de una gran bulla placentera, licenciaron la vista
-y descubrieron una casa, no sublime, pero bien empinada, propia
-estación del gusto y palacio del placer, coronado, en vez de jazmines
-y laureles, de pámpanos frondosos y todas sus paredes felpadas de
-yedras. Que, aunque suelen decir que echan á perder las casas donde se
-arriman, yo digo que hace harto más daño una cepa, pues de todo punto
-las arruina.
-
-Mirad, les decía, qué alegre vista de colgaduras naturales. ¿Qué tienen
-que ver con ellas las más ricas y bordadas del célebre duque de Medina
-de las Torres, las más finas tapicerías de Flandes, aunque sean dibujos
-del Rubens? Creedme que todo lo artificial es sombra con lo natural y
-no más de un remedo.
-
-¡Deliciosa amenidad por cierto, decía Andrenio! Ya no me pesa de haber
-venido. Y díme, ¿siempre dura? ¿nunca se marchita?
-
-Dígoos que es perpetua, porque jamás le falta el riego. Bien puede
-secarse Chipre y ahorcarse los Pensiles, con que falta aquí su
-Babilonia.
-
-Íbanse acercando á la gran puerta, siempre de par en par, así como
-la casa de bote en bote, y notaron que, así como á la del furor
-suelen estar encadenados tigres, á la del valor leones, á la del
-saber águilas, á la de la prudencia elefantes, en ésta asistían
-lobos soñolientos y tahonas entretenidas. Resonaban muchos juglares
-y todos hacían buen son: debían de ser forasteros. Bullían Ninfas
-nada adamadas; pero muy coloradas y fresconas á la flamenca. Blandían
-vistosos cristales en sus malseguras manos, llenas del generoso
-néctar, brindando á porfía á todo sediento pasajero, por estar esta
-casa de recreación en medio del pasaje de la vida. Llegaban ellos muy
-secos, cuando más ahogados de reumas, apurados de la sed, á apurar
-los cangilones, que ellos les bailaban delante. Bebían sin tasa,
-como gente sin cuenta. Y era bien de reir cómo fundaban crédito en
-hacer la razón, cuando más la deshacían. Y si alguno más templado
-se detenía, comenzaban á hacerle cocos, bautizando su atención por
-melindre y figurería, haciéndole muchos brindis con su templanza el
-licor brillante, que de verdad les saltaba á los ojos. Provocábanlos,
-diciendo:
-
-Ea, que en vuestra edad no la hay, la sequedad de la complexión os
-escusa. Ésta es la leche de los viejos.
-
-Y mentían, que no era sino el veneno.
-
-Vaya otra vez, que el licor es apetecible, pues ningún sainete le
-falta. Él tiene buen color para la hermosura, mejor sabor para el gusto
-y estremado olor para la fragrancia, lisonjeando todos los sentidos.
-Arrojad el agua, tan necia como desabrida, muy preciada de no tener
-nada de gusto, ni color ni olor ni sabor. Éste sí que se precia de todo
-lo contrario. Y lo que más es, que ayuda á la salud y aun es su único
-remedio, pues aseguraba Mesue no haber hallado confección más eficaz
-y que más presto acudiese á remediar el corazón ni las bebidas de
-jacintos y de perlas.
-
-Picábanle el gusto, cambiando licores y colores, ya el rojo encendido,
-combinándose con la sangre, ya dorado, pasando plaza de oro potable, ya
-de color del sol, hijo ardiente de sus rayos, ya de finos granates y
-aun de preciosos rubís, en fe de su preciosa simpatía. Contentábanse
-los cuerdos con una taza sola, para satisfacer á la necesidad; que
-lo demás decían ser una gran necedad. Con eso refrescaban la sangre,
-confortaban el corazón y se alentaban para poder proseguir su camino á
-las derechas.
-
-Pero los más no acababan de consolarse con una sola taza ni aun con
-dos; sino que en tropa de brutos se metían muy adentro, no parando
-hasta encontrar con el mayor estanque y allí se arrojaban de bruces.
-Déstos fué uno Andrenio, sin que bastase á detenerle ni el consejo ni
-el ejemplo de Critilo. Tendíanse luego en son de bestias por aquellos
-suelos: que todo vicio lleva á parar en tierra, así como toda virtud al
-cielo.
-
-En el entretanto que dormía Andrenio al ser de hombre, privado de la
-principal de sus tres vidas, quiso Critilo registrar aquel palacio
-tudesco, donde vió cosas de mucho escarnio, que él encomendó al
-escarmiento. Halló lo primero que la bacanal estancia no se componía de
-doradas salas, sino de ahumadas zahurdas; no de cuadras de respeto, sí
-de ranchos de vileza.
-
-Topó uno, donde todos se metían á bailar, luego que entraban, con tal
-propensión, que, queriendo una dueña entrar con un palo á sacar su
-criada, con gran priesa se había puesto á bailar. En el mismo punto,
-depuesto el enojo, con el palo, se calzó las castañetas y comenzó á
-repicarlas. Hizo lo mismo el marido, cuando entraba más colérico á
-llevar el compás con un garrote, y todos cuantos metían el pie en aquel
-gustoso rancho del mesón del mundo, al mismo punto olvidados de todo,
-se hacían piezas bailando. Decían algunos ser burlesco hechizo, que
-había dejado un entretenido pasajero, que allí había hecho noche; mas
-Critilo túvolo por borrachera y trató de pasar adelante.
-
-Encontró con otro, donde todos cuantos allá entraban, al punto
-enfurecían con tal fiereza, que echando unos mano á los puñales y
-arrancando otros de las espadas, comenzaban á herirse como fieras y á
-matarse como bestias, olvidados de la razón, como gente sin juicio.
-Aquí vió un gran personaje con una muy buena capa de púrpura y díjole
-su farsante guía:
-
-No te admires, que por éste se dijo: debajo de una buena capa hay un
-mal bebedor.
-
-¿Quién es éste?
-
-Quien fué señor del mundo; mas este licor lo fué de él.
-
-Retirémonos, dijo Critilo, que tiene en la mano un sangriento puñal.
-
-Con ese mató á su mayor amigo sobre mesa.
-
-¿Y con todo eso fué aclamado el Magno?
-
-Sí, por lo soldado, que no por lo rey.
-
-De otro más moderno y aun corriendo vino aseguraban que no se había
-embriagado sino sola una vez en su vida; pero que le duró por toda
-ella, en quien hicieron gran maridaje el vino y la herejía.
-
-Aquí les mostraron el mismo tazón, que tomó en la mano el octavo de los
-ingleses Enriques, en el trance de su infeliz muerte, en vez del santo
-crucifijo, con que suelen morir los buenos católicos, y echándosele á
-pechos, dijo:
-
-Todo lo perdimos junto, el reino, el cielo y la vida.
-
-¿Y todos ésos fueron reyes?, preguntó Critilo.
-
-Sí, todos. Que aunque en España nunca llegó la borrachera á ser merced,
-en Francia sí á ser señoría, en Flandes excelencia, en Alemania
-serenísima, en Suecia alteza; pero en Inglaterra, majestad.
-
-Decíanle á uno que dejase el beber, si no quería despedirse del ver;
-mas él, incorregible, respondía:
-
-Decidme: ¿Estos ojos no se los han de comer los gusanos?
-
-Sí.
-
-Pues más vale que me los beba yo.
-
-Otro tal respondió:
-
-Lo que hay que ver ya lo tengo visto, lo que he de beber no está
-bebido: pues bebamos, aunque nunca veamos.
-
-Y catad la diferencia de los licores: éstos, que están tristes y tan
-adormecidos, cargaron del tinto; estos otros, tan alegres y risueños,
-del blanco.
-
-Mas ya en esto habían llegado, no al más reservado retrete, que aquí
-no se conocen interioridades; sino á la estancia mayor de la risa, á
-la cueva del placer, donde hallaron que presidía sobre un eminente
-trono de cercillos, una amplísima reina sin género de autoridad, muy
-grave. Y con estar muy gruesa, decía no tener más que los pellejos, tan
-pobre y desamparada, cuan en cueros. Parecíase una cuba sobre otra,
-de fresco y alegre rostro; aunque tenía más de viña, que de jardín.
-Vestía de otoño, en vez de primavera, coronada de rubíes arracimados.
-Chispeábanla los ojos vertiendo centellas líquidas, hidrópicos los
-labios del suavísimo néctar. Blandía, en vez de palma, en la una mano,
-un verde y frondoso tirso, y brindaba con la otra un bernegal de buen
-tamaño á todos cuantos llegaban, observando con inviolable puntualidad
-la alternativa en los brindis. Notaron que mudaba semblantes á cada
-trago, ya festivo, ya lascivo y ya furioso, verificando el común
-sentir, que la primera vez es necesidad, la segunda deleite, la tercera
-vicio y de ahí adelante brutalidad. En viendo á Critilo, licenció la
-risa en carcajadas y comenzó á propinarse con instancia el enojoso
-licor. Rehusaba Critilo el empeño.
-
-He, que no se puede pasar por otro, le decía, sí, su farsante camarada,
-en ley de cortesano.
-
-Vióse obligado á probarlo y, en gustándole, exclamó:
-
-Éste es el veneno de la razón, éste el tóxico del juicio, éste es el
-vino ¡oh, tiempos! ¡oh, costumbres! El vino antes en aquel siglo de
-oro, pues de la verdad y aun de perlas, pues de las virtudes, cuentan
-que se vendía en las boticas, como medicina, á par de las drogas del
-Oriente, recetábanle los médicos entre los cordiales.
-
-Récipe, decían, una onza de vino y mézclese con una libra de agua.
-
-Y así se hacían maravillosos efectos. Otros refieren que no se
-permitía vender, sino en los más ocultos rincones de las ciudades, allá
-lejos en los arrabales, porque no inficionase las gentes. Y se tenía
-por infamia ver entrar un hombre allá. Mas ya se profanó este buen uso,
-ya se vende en las muy públicas esquinas y están llenas las ciudades
-de tabernas. Ya no se pide licencia al médico para beberle, habiéndose
-convertido en tóxico el que fué singular remedio.
-
-Antes hoy, le replicó un aprisionado, es medicina universal: díganlo
-tantos aforismos, como corren en su favor.
-
-He, que son de viejas.
-
-No por eso peores. El es el común remedio contra el daño, que hacen
-todas las frutas. Y así dicen: “Tras las peras, vino bebas”. “El melón
-maduro, quiere el vino puro”. “Al higo vino y á la agua higa”. “El
-arroz, el pez y el tocino nacen en el agua y mueren en el vino”. La
-leche, ya se sabe lo que le dijo al vino: “Bien seáis venido, amigo”.
-“El vino tras la miel, sabe mal; pero hace bien.” Así que: “Donde no
-hay vino y sobra el agua la salud falta”. En todos tiempos es medicina,
-como lo dice el texto: “En el verano por el calor y en el invierno por
-el frío, es saludable el vino”. Y otro dice: “Pan de ayer y vino de
-antaño, traen al hombre sano”. No sólo remedia el cuerpo; pero es el
-mayor consuelo del ánimo, alivio de las penas. “Que lo que no va en
-vino, va en lágrimas y suspiros.” Es aforro de los pobres, que: “Al
-desnudo le es abrigo”. Bebida real, cuando: “El agua para los bueyes, y
-el vino para los reyes”. Leche de los viejos, pues: “Cuando el viejo no
-puede beber, la sepultura le pueden hacer”. Y en él consiste la media
-de la vida que: “Media vida es la candela y el vino la otra media”. De
-modo que es medicina de todos los males, porque: “Sangraos vecina...” y
-responde: “El buen vino es medicina”. Y con mucha razón, pues son siete
-los provechosos frutos de ella: “Purga el vientre, limpia el diente,
-mata la hambre, apaga la sed, cría buenos colores, alegra el corazón y
-concilia el sueño.”
-
-Á todos éstos, dijo Critilo, responderé yo con éste sólo: “Quien es
-amigo del vino es enemigo de sí mismo”. Y advertid que otros tantos,
-como habéis referido en su favor, pudiera yo decir en contra; pero
-baste éste por ahora con este otro: “El vino con agua es salud de
-cuerpo y alma”.
-
-¡Oh!, replicó el apasionado, ¿no veis, que el vino, si le echáis agua,
-le echáis á perder, especialmente si fuere blanco?
-
-También, si no se la echáis, os echa él á perder á vos.
-
-¿Pues qué remedio?
-
-No beberle.
-
-Otras muchas verdades dijo Critilo contra la embriaguez, de que los
-circunstantes hicieron cuento y él escarmiento. Reparó Critilo en que
-asistían pocos españoles al cortejo de la dionisia reina, habiendo sin
-duda para cada uno cien franceses y cuatrocientos tudescos.
-
-¡Oh, dijo el hablador, no sabes tú lo que pasó en los principios _desta
-bella invenchione del vino_!
-
-¿Y qué fué?
-
-Que un recuero, atento á su ganancia, cargó de la nueva mercadería
-y dió con ella en Alemania. Y como fuese el precioso licor en toda
-su generosidad, gustaron mucho dél los tudescos. Hízoles valiente
-impresión, rindiéndolos de todo punto. Pasó adelante á la Francia;
-mas, porque no fuesen comenzados los cueros, acabólos de llenar en
-la Esquelda, con que no iba ya el vino tan fuerte y así no hizo mas
-que alegrar los franceses, haciéndoles bailar, silbar y dar algunas
-cabriolas y rascarse atrás en un corrillo de mesurados españoles, como
-se vió ya en Barcelona. Quedábale ya muy poco, cuando pasó á España, y
-llenóle de agua de tal suerte, que no era ya vino, sino enjaguaduras de
-bota. Con esto no les hizo efecto á los españoles; antes los dejó muy
-en sí y tan graves como siempre, con que ellos á todos los demás llaman
-borrachos. Deste modo han proseguido todas estas naciones en beberle:
-los tudescos puro, imitándoles los suecos y los ingleses; los franceses
-ya enjuagan la taza; mas los españoles, aguachirle, aunque los demás
-lo atribuyen á malicia y que lo hacen por no descubrir con la fuerza
-del vino lo secreto de su corazón.
-
-Ésa ha sido sin duda la causa, ponderaba Critilo, de no haber hecho pie
-la herejía en España, como en otras provincias, por no haber entrado en
-ella la borrachera, que son camaradas inseparables: nunca veréis la una
-sin la otra.
-
-Pero ¡qué cosa, aunque no rara, sí espantosa! Aquella embriagada reina,
-anegada en abismos de horrores, comenzó á arrojar de aquella ferviente
-cuba de su vientre tal tempestad de regüeldos, que inundó toda la
-bacanal estancia de monstruosidades. Porque, bien notado, no eran otros
-sus bostezos, que reclamos de otros tantos monstruos de abominables
-vicios. Volvía el feroz aspecto á una y otra parte y, en arrojando
-un regüeldo, saltaba al punto de aquel turbulento estanque del vino
-una horrible fiera, un infame acroceraunio, que aterraba á todo varón
-cuerdo.
-
-Salió de los primeros la Herejía, monstruo primogénito de la
-Borrachera, confundiendo los reinos y las ciudades, repúblicas y
-monarquías, causando desobediencias á sus verdaderos señores. ¿Pero,
-qué mucho, si primero negaron la fe debida á su Dios y Señor, mezclando
-lo sagrado con lo profano y trastornando de alto á bajo cuanto hay?
-
-Sacaron luego las cabezas á otro regüeldo las Harpías, digo la
-Murmuración, manchando con su nefando aliento las honras y las famas;
-la desapiadada Avaricia, chupándoles la sangre á los pobres, desollando
-los súbditos; la Joel Envidia, vomitando venenos, inficionando las
-ajenas prendas y disminuyendo las heroicas hazañas.
-
-Allí apareció, llamado de un gran bostezo, el Minotauro embustero, la
-bachillera Esfinge, presumiendo de entendida y ignorando de necia.
-No faltaron las tres infernales Furias, convocadas de otro valiente
-regüeldo, que metió en los infiernos mismos la guerra, la discordia
-y la crueldad, que bastan á hacer infierno del mismo paraíso. Las
-engañosas Sirenas, brindando vidas y ejecutando muertes. La Escila y
-la Caribdis aquellos dos viciosos extremos, donde chocaron los necios,
-dando en el uno por huir del otro. Allí se vieron los Sátiros y los
-Faunos, con apariencias de hombres y realidades de bestias.
-
-Así, que en poco rato hizo estanco de vicios de un estanque de
-monstruos, hijos todos de la violenta vinolencia. Y lo que más es de
-reparar y aun de sentir, que con ser éstas otras tantas fieras y harto
-feas, á sus beodos amadores les parecieron otras tantas beldades,
-llamando á las Sirenas lascivas, unos ángeles; al furioso y ciego de
-cólera, Cíclope valiente; á las Harpías, discretas; á las Furias,
-gallardas; al Minotauro, ingenioso; á la Esfinge, entendida; á los
-Faunos, galanes; á los Sátiros, cortesanos; y á todo monstruo, un
-prodigio.
-
-Veníasele acercando á Critilo uno de los más perniciosos; pero él, al
-mismo punto, despavorido, intentó la fuga. Quísole detener el farsante,
-diciéndole:
-
-Aguarda, no temas, que no te hará mal, sino mucho bien.
-
-¿Quién es éste?, le preguntó.
-
-Y él:
-
-Ésta es aquella tan celebrada, cuán conocida en todo el mundo y más en
-las cortes, sin quien ya no se puede vivir, por lo menos sin su poquito
-de ella, por cuanto es empleo de los desocupados y ocupación de los
-entendidos, aquella gran cortesana.
-
-¿Y cómo la nombran?
-
-Lo que le respondió y qué monstruo fuese éste nos lo dirá la otra
-Crisi.
-
-
-
-
-CRISI III
-
-_La Verdad de parto._
-
-
-Enfermó el hombre de achaque de sí mismo. Despertósele una fiebre
-maligna de concupiscencias, adelantándosele cada día los crecimientos
-de sus desordenadas pasiones. Sobrevínole un agudo dolor de agravios y
-sentimientos. Tenía postrado el apetito para todo lo bueno y el pulso
-con intercadencias en la virtud. Abrasábase en lo interior de malos
-afectos y tenía los estremos fríos para toda obra buena. Rabiaba de
-sed de sus desreglados apetitos, con grande amargura de murmuración.
-Secábasele la lengua para la verdad, síntomas todos mortales.
-
-Viéndole en tanto aprieto, dicen que le envió sus médicos el cielo y
-también el mundo los suyos, á competencia, y así muy diferentes los
-unos de los otros y muy encontrados en la curación. Porque los del
-cielo en nada condecendían con el gusto del enfermo y los mundanos en
-todo le complacían. Con lo cual éstos se hicieron tan plausibles, cuan
-aborrecibles aquéllos. Ordenábanle los de arriba muchos y muy buenos
-remedios y los de abajo ninguno, diciendo:
-
-He, que tanto es menester haber estudiado para no recetar, como para
-recetar.
-
-Citaban los eternos, magistrales textos y los terrenos, ninguno, y
-decían:
-
-Más vale testa, que texto.
-
-Guarde la boca, decían unos: coma y beba cuanto apeteciere.
-
-Los otros:
-
-Tome un vomitivo de deleites, que le será de mucho provecho.
-
-No haga tal, que le inquietará las entrañas y le postrará el gusto;
-dénle minorativos de concupiscencia.
-
-Ni lo piense; sino valientes tiradas de gustos, que le vayan
-refrescando la sangre.
-
-Dieta, dieta, repetían aquéllos.
-
-Regalo y más regalo, replicaban éstos, y asentábasele muy bien al
-enfermo.
-
-Púrguese, le recetaron los celestiales, porque vamos á la raíz del mal
-y á derribar el humor vicioso, que predomina.
-
-Eso no, salían los mundanos; tome, sí, cosas suaves con que se
-entretenga y alegre.
-
-Oyendo tal variedad, decía el enfermo:
-
-Aténgome al aforismo que dice: “Si de cuatro médicos, los tres dijesen
-que te purgues y uno que no, no te purgues”.
-
-Replicábanle los del cielo:
-
-También dice otro: “Si de cuatro médicos, los tres te dijeren que no te
-sangres y uno sólo que sí, sángrate”. Luego, te debes sangrar y de la
-vena del arca, restituyendo lo ajeno.
-
-Eso no, salían los otros; que sería quitarle las fuerzas y aun de todo
-punto desjarretarle.
-
-Y él, en confirmación, añadía:
-
-¡Qué poco estiman ellos mi sangre! No saben otro, que sangrar la
-costilla de los zurdos.
-
-No duerma con el mal, encargaban aquéllos.
-
-Repose y descanse en él, decían éstos.
-
-Viendo, pues, los del cielo que no se le aplicaba remedio alguno de
-cuantos ellos ordenaban y que el enfermo iba por la posta caminando á
-la sepultura, entraron á él y con toda claridad le dijeron que moría.
-Ni por esas se dió por entendido; antes llamando un criado, le dijo:
-
-Hola, ¿hanles pagado á estos médicos?
-
-Señor, no.
-
-Y aun por eso me dan ya por desahuciado. Pagadles y despedidles.
-
-Lo segundo cumplieron. Fuéronse con tanto las virtudes, quedáronse los
-vicios, y él muy en ellos, que presto acabaron con él, aunque no él con
-ellos. Murió el hombre de todos y fué sepultado más abajo de la tierra.
-
-Íbale ponderando á Critilo este suceso de cada día un varón de ha mil
-siglos.
-
-¡Oh cómo es verdad, decía Critilo, que los vicios no sanan, sino que
-matan, y las virtudes remedian! No se cura la codicia con amontonar
-riquezas ni la gula con los manjares, la sensualidad con los bestiales
-deleites, la sed con las bebidas, la ambición con los cargos y
-dignidades; antes se ceban más y cada día se aumentan. De ese achaque
-le vino á la torpe vinolencia hacer estanco de vicios. ¡Y qué feos!
-¡qué abominables! Pero entre todos, aquel que se me venía acercando y
-pegándoseme, que no hice poco en rebatirle, ¿cuál de ellos era?
-
-Es más cortesano, cuanto más civil; común, cuando más estraño.
-
-¿Cómo se llamaba el tal monstruo?
-
-Bien nombrado es y aun aplaudido, entremetido y bienadmitido. Todo lo
-anda y todo lo confunde. Entra y sale en los palacios, teniendo en las
-cortes su guarida.
-
-Menos te entiendo por eso. Aún no doy en la cuenta. Que hay muchos á
-esa traza y bulle la corte dellos.
-
-Pues has de saber que era el capitán de todos, digo la plausible
-Quimera. ¡Oh monstruo al uso! ¡oh vicio de todos! ¡oh peste del siglo!
-¡necedad á la moda!, exclamó el nuevo camarada.
-
-Por eso yo, añadió Critilo, luego que me la ví tan cerca, la conjuré,
-diciendo:
-
-¡Oh monstruo Cortesano! ¿Qué me buscas á mí? Anda, vete á tu Babilonia
-común, donde tantos y tontos pasan de ti y viven contigo: todo embuste,
-mentira, engaño, enredo, invenciones y quimeras.
-
-Anda, vete á los que se sueñan grandes y son fantasmas, hombres
-vacíos de sustancia y rebutidos de impertinencia, huecos de sabiduría
-y atestados de fantasía: todo presunción, locura, fausto, hinchazón y
-quimera.
-
-Vete á unos aduladores falsos, desvergonzados, lisonjeros, que todo lo
-alaban y todo lo mienten, y á los simples que se los creen, pagando el
-humo y el viento: todo mentira, engaño, necedad y quimera.
-
-Vete á unos pretendientes engañados y á unos mandarines engañadores,
-aquéllos pretendiéndolo todo y éstos cumpliendo nada, dando largas,
-escusas, esperanzas bobas: todo cumplimiento y quimera.
-
-Vete á unos desdichados arbitristas, inventores de felicidades ajenas,
-trazando de hacer Cresos á los otros, cuando ellos son unos Iros;
-discurriendo trazas para que los otros coman, cuando ellos más ayunan:
-todo embeleco, devaneo de cabeza, necedad y quimera.
-
-Vete á unos caprichosos políticos, amigos de peligrosas novedades,
-inventores de sutilezas malfundadas, trastornándolo todo, no sólo no
-adquiriendo de nuevo ni conservando de viejo; pero perdiendo cuanto
-hay, dando al traste con un mundo y aun con dos: todo perdición y
-quimera.
-
-Vete al Babel moderno de los cultos y afectados escritos y cuyas obras
-son de tramoya, frases sin concepto, hojas sin fruto, tomos sin lomo,
-cuerpos sin alma: todo confusión y quimera.
-
-Vete á los tribunales, donde no se oyen sino mentiras; en las escuelas
-sofisterías, en las lonjas trampas y en los palacios quimeras.
-
-Vete á los prometedores falsos, noveleros, crédulos, entremetidos,
-desahogados, linajudos, desvanecidos, casamenteros, mentirosos,
-pleiteantes, necios, sabios aparentes: todo mentira y quimera.
-
-Vete á los hombres de hogaño, llenos todos de engaño, mujeres de
-embeleco: los niños mienten, los viejos engañan, los parientes faltan y
-los amigos falsean.
-
-Vete á todo lo que dejamos atrás de un mundo inmundo, laberinto de
-enredos, falsedades y quimeras.
-
-Con esto traté de huir de ella, que fué del mundo todo, y eché por este
-camino de la verdad en tan buen punto, que tuve dicha de encontrarte.
-
-Harto fué, dijo el Acertador, que así oyó le llamaban, que todo tú
-pudieses salir.
-
-No tan todo, respondió Critilo, que no me dejase la mitad, pues otro yo
-allá queda, Andrenio, aun más amigo que hijo, nada suyo y todo ajeno,
-rendido á una brutal vinolencia.
-
-Mas aquí, no pudiendo articular las palabras, prosiguió haciendo
-estremos.
-
-Hora bien, no te pudras tú, le dijo, de lo que otros engordan. Quiero
-por consolarte y remediarte que volvamos allá y que experimentes el
-eficacísimo contraveneno del vino, que conmigo llevo.
-
-Es la embriaguez, iba ponderando, el último asalto, que dan al hombre
-los vicios; es el mayor esfuerzo, que ellos hacen contra la razón. Y
-así cuentan que, habiéndose coligado todos estos monstruosos enemigos
-contra un hombre, luego que naciera, embistiéndole ya uno, ya otro,
-por su orden para más desordenarle, la voracidad cuando más rapaz, la
-mancebía cuando mancebo, la avaricia cuando varón y la vanidad cuando
-viejo, viéndole pasar de edad en edad vitorioso y que ya entraba en la
-vejez triunfando de todos ellos, no pudiéndolo sufrir que así se les
-escapase y hiciese burla dellos, acudieron á la embriaguez, afianzando
-en ella su despique. No se engañaron, pues acometiéndole ésta con capa
-de necesidad, llamando al vino su leche, su abrigo y su consuelo,
-poco á poco y trago á trago se fué entrando y apoderándose dél hasta
-rendirle de todo punto. Hízole cerrar los ojos á la razón, abrir puerta
-á todo vicio, y de modo, que, con lastimosa infelicidad, aquel que
-toda la vida se había conservado en su virtud y entereza, se halló de
-repente á la vejez glotón, lascivo, iracundo, maldiciente, locuaz,
-vano, avaro, ridículo, imprudente. Y todo esto, porque vinolento.
-
-Mas ya habían llegado, no al estanque, sino al cenagal de los vicios.
-Entraron ambos y hallaron á Andrenio, que aún estaba por tierra,
-sepultado en sueño y vino. Comenzaron á llamarle por su nombre; mas él
-impaciente respondía:
-
-Dejadme, que estoy soñando cosas grandes.
-
-No puede ser, dijo el Acertador, que los hombres grandes sólo tienen
-sueños grandes.
-
-He, dejadme, que estoy viendo cosas prodigiosas.
-
-¿No sean monstruosas? ¿Qué puedes ver sin vista?
-
-Veo, dijo, que el mundo no es ya redondo, cuando todo va á la larga;
-que la tierra no es ya firme, cuando todo anda rodando; que el cieno es
-cielo para los más, pues los menos son personas; que todo es aire en el
-mundo y así todo se lo lleva el viento; el agua que fué y el vino que
-vino; el sol no es solo ni la luna es una, los luceros sin estrellas
-y el norte no guía; la luz da enojos y el alba llora cuando ríe; los
-flores son delirios y los lirios espinan; los derechos andan tuertos
-y los tuertos á las claras; las paredes oyen, cuando las orejas se
-rascan; los postres son antes y muchos fines sin medios; que el oro no
-es pesado y las plumas mucho; los mayores alcanzan menos y hablan gordo
-los más flacos y alto los más bajos; no son ladrados los ladrones,
-con que ninguno tiene cosa suya; los amos son mozos y las mozas las
-que mandan; más pueden espaldas, que pechos, y quien tiene hierro, no
-tiene aceros; los servicios se miran de mal ojo y los proveídos son
-premiados; la vergüenza es corrimiento y los buenos no hacen llorar,
-sino reir; del mentís se hace caso y del mentir casa; no son sabios los
-entendidos ni oídos los que hablan claro; el tiempo hecho cuartos y el
-día enhoramalas; los relojes quitan dando y de los buenos días se hacen
-los malos años; tras la tercera va la primera y las desgracias son
-gracias; las diademas en París y los galanes en Francia.
-
-Calla ya, le dijo el Acertador; que sin duda se dijo diablo del que
-noche y día habla; mas en cantar mal y porfiar.
-
-Digo que todo anda al revés y todo trocado de alto á bajo. Los buenos
-ya valen poco y los muy buenos para nada y los sin honra son honrados,
-los bestias hacen del hombre y los hombres hacen la bestia. El que
-tiene es tenido y el que no tiene es dejado. El de más cabal es sabio,
-que no el de más caudal. Las niñas lloran y las viejas ríen. Los leones
-dan balidos y los ciervos cazan. Los gallinas cacarean y no despiertan
-los gallos. No caben en el mundo los que tienen más lugar y muchos
-hijos de algo valen nada. Muchos por tener antojos no ven y no se
-usan los usos. Ya no nacen niños ni los mozos bien criados. Las que
-valen menos son buenas joyas y los más errados buenas lanzas. Veo unos
-desdichados antes de nacidos y otros venturosos después de muertos.
-Hablan á dos luces los que á escuras y todo ahora es á deshora.
-
-Prosiguiera en sus dislates, si el Acertador no tratara de aplicarle el
-eficaz remedio, que fué echarle en la vasija del vino, no una anguila,
-como el vulgo ignorante sueña, sino una serpiente sabia, que al punto
-le hizo volver á ser persona y aborrecer aquel tóxico del juicio y
-veneno letal de la razón. Sacólos con esto el Acertador de aquel
-estanco de los vicios y estanque de monstruos, al de prodigios. Era
-éste uno de los raros personajes, que se encuentran en el vario viaje
-de la vida, de tan estraña habilidad, que á todos cuantos encontraban
-les iba adevinando el suceso de su vida y el paradejo della.
-
-Iban atónitos nuestros peregrinos oyéndole adevinar con tanto acierto.
-Toparon de los primeros uno de muy mal gesto y al punto dijo:
-
-Déste no hay que aguardar buen hecho.
-
-Y no se engañó. De un tuerto pronosticó que no haría cosa á buen ojo y
-acertó. Á un corcovado le adevinó sus malas inclinaciones; á un cojo,
-los malos pasos en que andaba y á un zurdo, sus malas mañas; á un
-calvo, lo pelón y á un ceceoso lo malhablado. Á todo hombre señalado
-de la naturaleza señalaba él con el dedo, diciéndoles se guardasen.
-Encontraron ya un grande perdigón, que iba perdiendo á toda prisa lo
-que muy poco á poco se había ganado y al punto dijo:
-
-¿No hizo él la hacienda?
-
-No; que quien no la gana no la guarda.
-
-Pero esto es nada, cosas más raras y más recónditas adevinaba, como si
-las viera. Y así, encontrando un coche, que traía tan arrastrado á su
-dueño, cuan desvanecida á su ama, dijo:
-
-¿Veis aquel coche? Pues antes de muchos años será carreta.
-
-Y realmente fué así. Viendo edificar una cárcel muy suntuosa y
-fanfarrona, con muchos dorados hierros, que pudiera sustituir un
-palacio, dijo:
-
-¿Quién creerá que ha de venir á ser hospital?
-
-Y de verdad lo fué, porque vinieron á parar en ella pobres desvalidos y
-desdichados. De un cierto personaje, que tenía muchos y buenos amigos,
-dijo que danzaba muy bien y acertó: porque todos le alabaron. Al
-contrario de otro, que tenía cara de pocos amigos:
-
-Éste no hará cosa bien ni saldrá con lo que emprendiere.
-
-Esto es más, que llegó uno y le preguntó cuánto tiempo viviría. Miróle
-á la cara y dijo que cien años y que si, le bobeara un poco más, dijera
-que docientos. Á otro inútil para todo aseguró que sacaría de la puja
-al mismo Matusalén. Pero lo más es que, en viendo á cualquiera, le
-atinaba la nación. Y así de un invencionero dijo:
-
-Éste, sin más ver, es italiano.
-
-De un desvanecido, inglés; de un desmazalado, alemán; de un sencillo,
-vizcaíno; de un altivo, castellano; de un cuitado, gallego; de un
-bárbaro, catalán; de un poca cosa, valenciano; de un alborotado
-alborotador, mallorquín; de un desdichado, sardo; de un tozudo,
-aragonés; de un crédulo, francés; de un encantado, danao. Y así de
-todos los otros, no sólo la nación; pero el estado y el empleo
-adevinaba. Vió un personaje muy cortés, siempre con el sombrero en la
-mano y dijo:
-
-¿Quién dirá que éste es hechicero?
-
-Y realmente fué así, que á todos hechizaba. De un embelesado, que era
-astrólogo; de un soberbio, cochero; de un descortés, ujier de saleta;
-de un desarrapado y arrapador, soldado; de un lascivo, viudo; de un
-peludo, hidalgo. De un hombre de puesto, que prometía mucho y á todos
-daba buenas palabras, dijo:
-
-Éste contentará á muchos necios.
-
-De otro, que no tenía palabra mala, adevinó que no tendría obra buena.
-Y al que mucha miel en la boca, mucha hiel en la bolsa. Vió á uno ir y
-venir á una casa y dijo:
-
-Éste anda por cobrar.
-
-Á cierto hombre, que dió en decir verdades, le pronosticó muchos
-pesares; y al de gran lengua, gran dolor de cabeza. Á cada uno le
-adevinaba su paradero, como si lo viera, sin discrepar un tilde: á
-los liberales, el hospital; á los interesados, el infierno; á los
-inquietos, la cárcel y á los revoltosos, el rollo; á los maldicientes,
-palos y á los descarados redomas, á los capeadores, jubones y á los
-escaladores, la escalera; á las malas, palo santo; á los famosos,
-clarín; á los sonados, paseo; á los perdidos, pregones; á los
-entremetidos, desprecios; á los que les prueba la tierra, el mar; á los
-buenos pájaros, el aire; á los gavilanes, pigüelas y á los lagartos,
-culebra; á los cuerdos, felicidades; á los sabios, honras y á los
-buenos, dichas y premios.
-
-¡Qué rara habilidad ésta!, ponderaba Andrenio. No sé qué me diera por
-tenerla. ¿No me enseñarías esta tu astrología?
-
-Paréceme á mí, dijo Critilo, que no es menester muchos astrolabios para
-esto ni consultar muchas estrellas.
-
-Así lo creo, dijo el Adevino; pero pasemos adelante, que yo te ofrezco,
-oh Andrenio, de sacarte tan adevino como yo con la experiencia y el
-tiempo.
-
-¿Dónde nos llevas?
-
-Donde todos huyen.
-
-Pues, si huyen, ¿para qué vamos nosotros?
-
-Y aun por eso, para huir de todos ellos. Aunque primero quería
-introduciros en la famosa Italia, la más célebre provincia de la Europa.
-
-Dicen que es país de personas.
-
-Y personadas también.
-
-Estraño dejo ha sido el de Alemania, decía Andrenio.
-
-Y Critilo:
-
-Sí, cual yo me lo imaginaba.
-
-¿Qué os ha parecido de aquella tan estendida provincia, la mayor sin
-duda de Europa? Decidlo en puridad.
-
-Á mí, respondió Andrenio, la que más me ha contentado hasta hoy.
-
-Y Critilo:
-
-Á mí, la que menos.
-
-Por eso no se vive en el mundo con un solo voto.
-
-¿Qué te ha agradado á ti más en ella?
-
-Toda de alto á bajo.
-
-Querrás decir Alta y Baja.
-
-Eso mismo.
-
-Sin duda que su nombre fué su definición, llamándose Germania, _a
-germinando_, la que todo lo produce y engendra, siendo fecunda madre de
-vivientes y de víveres y de todo cuanto se puede imaginar para la vida
-humana.
-
-Sí, replico Critilo, mucho de extensión y nada de intención, mucha
-cantidad y poca calidad.
-
-He, que no es una provincia sola, proseguía Andrenio; sino muchas, que
-hacen una. Porque, si bien se nota, cada potentado es casi un casi
-rey y cada ciudad una corte, cada casa un palacio, cada castillo una
-ciudadela y toda ella un compuesto de populosas ciudades, ilustres
-cortes, suntuosos templos, hermosos edificios y inexpugnables
-fortalezas.
-
-Eso mismo hallo yo, dijo Critilo, que la ocasiona su mayor ruina y su
-total perdición. Porque cuantos más potentados, más cabezas; cuantas
-más cabezas, más caprichos; y cuantos más caprichos, más disensiones.
-Y, como dijo Horacio, lo que los príncipes deliran, los vasallos lo
-suspiran.
-
-No me puedes negar, dijo Andrenio, su abundancia y su opulencia. Mira
-qué abastecida de todo, que si dicen España la rica, Italia la noble,
-también Alemania la harta. ¡Qué abundante de granos, de ganados,
-pescas, cazas, frutos y frutas! ¡Qué rica de minerales! ¡Qué vestida de
-arboledas! ¡Qué adornada de bosques, hermoseada de prados! ¡Qué surcada
-de caudalosos ríos y todos navegables! De tal suerte, que tiene más
-ríos Alemania que las otras provincias arroyos, más lagos que las otras
-fuentes, más palacios que las otras casas y más cortes que las otras
-ciudades.
-
-Así es, dijo Critilo, yo lo confieso; mas en eso mismo hallo yo su
-destruición y que su misma abundancia la arruina, pues no hace otro que
-ministrar leña al fuego de sus continuas guerras, en que se abrasa,
-sustentando contra sí muchos y numerosos ejércitos, lo que no pueden
-otras provincias, especialmente España, que no sufre ancas.
-
-Pero viniendo ya á sus bellos habitadores, dijo el Acertador, ¿cómo
-quedais con los alemanes?
-
-Yo muy bien, dijo Andrenio. Hanme parecido muy lindamente, son de
-mi genio, engáñanse las demás naciones en llamar á los alemanes los
-animales y me atrevo á decir que son los mas grandes hombres de la
-Europa.
-
-Sí, dijo Critilo; pero no los mayores.
-
-Tiene dos cuerpos de un español cada alemán.
-
-Si; pero no medio corazón.
-
-¡Qué corpulentos!
-
-Pero sin alma.
-
-¡Qué frescos!
-
-Y aun fríos.
-
-¡Qué bravos!
-
-Y aun feroces.
-
-¡Qué hermosos!
-
-Nada bizarros.
-
-¡Qué altos!
-
-Nada altivos.
-
-¡Qué rubios!
-
-Hasta en la boca.
-
-¡Qué fuerzas las suyas!
-
-Mas sin bríos. Son de cuerpos gigantes y de almas enanas; son moderados
-en el vestir, no así en el comer; son parcos en el regalo de sus camas
-y menaje de sus casas, pero destemplados en el beber.
-
-Hé, que ése en ellos no es vicio; sino necesidad. ¿Qué había de hacer
-un corpacho de un alemán sin vino? Fuera un cuerpo sin alma: él les dá
-alma y vida. Hablan la lengua más antigua de todas.
-
-Y la más bárbara también.
-
-Son curiosos de ver mundo.
-
-Y si no, no serían dél.
-
-Hay grandes artífices.
-
-Pero no grandes doctos.
-
-Hasta en los dedos tiene la sutileza.
-
-Más valiera en el celebro.
-
-No pueden pasar sin ellos los ejércitos.
-
-Así como ni el cuerpo sin el vientre.
-
-Resplandece su nobleza.
-
-Ojalá su piedad. Pero su infelicidad es que, así como otras provincias
-de Europa han sido ilustres madres de insignes patriarcas, de
-fundadores de las Sagradas Ordenes, esta, al contrario, de, etc.
-
-Estorbóles el proseguir un confuso tropel de gentes, que á todo correr
-venían haciendo por aquellos caminos, harto descaminados, al derecho
-y al través, atropellándose unos á otros y todos desalentados. Y lo
-que más admiración les causó fué ver que los mayores hombres eran
-los primeros en la fuga y que los mas grandes alargaban más el paso
-y echaban valientes trancos los gigantes y aun los cojos no eran los
-postreros. Atónitos nuestros flemáticos peregrinos, comenzaron á
-preguntar la causa de una tan fanática retirada y nadie les respondió:
-que aun para eso no se daban vagar.
-
-¡Hay tal confusión! ¡vióse semejante locura!, decían, cuando mas
-admirado uno de su admiración dellos, les dijo:
-
-Ó vosotros sois unos grandes sabios ó unos grandes necios en ir contra
-la corriente de todos.
-
-Sábios no, le respondieron; pero si que lo deseamos ser.
-
-Pues mirad que no muráis con ese deseo, y atrancó cien pasos.
-
-Á huir, á huir, venía voceando otro, que ya parece que desbucha. Y pasó
-como un regañón.
-
-¿Quién es esta que anda de parto?, preguntó Andrenio.
-
-Y el Acertador:
-
-Poco más ó menos ya yo adevino lo que es.
-
-¿Qué cosa?
-
-Yo os lo diré. Éstos sin duda vienen huyendo del reino de la verdad,
-donde nosotros vamos.
-
-No le llames reino, replicó uno de los tránsfugas, sino plaga y con
-razón, pues así lastima y más hoy, que tiene alborotado el mundo,
-solicitándose la ojeriza universal.
-
-¿Y qué es la causa?, le preguntaron. ¿Hay alguna novedad?
-
-Y bien grande. ¿Eso ignoráis ahora? ¡Qué tarde llegan á vosotros las
-cosas! ¿No sabéis que la verdad va de parto estos días?
-
-¿Cómo de parto?
-
-Si, aun con la barriga en la boca, reventando por reventar.
-
-¿Pues qué importa que pára?, replicó Critilo. ¿Por eso se inquieta el
-mundo? Haced que pára en buen hora y el Cielo, que la alumbre.
-
-¿Cómo que qué importa?, levantó la voz el cortesano. ¡Qué linda flema
-la vuestra! Mucha Alemania gastáis. Si agora con una verdad solo no
-hay quien viva ni hay hombre, que la pueda tolerar, ¿qué será si dá en
-parir otras verdades y esas otras y todas paren?
-
-Llenarse ha el mundo de verdades y después buscarán quien le habite.
-
-Dígoos que se vendrá á despoblar.
-
-¿Por qué?
-
-Porque no habrá quien viva, ni el caballero ni el oficial ni el
-mercader ni el amo ni el criado. En diciendo verdad, nadie podrá vivir.
-Dígoos que no vendrán á quedar de cuatro partes la media. Con una
-verdad, que le digan á un hombre, tiene para toda la vida, ¿qué será
-con tantas? Bien pueden cerrar los palacios y alquilar los alcázares.
-No quedarán cortes ni cortijos. Con tantica verdad hay hombre, que se
-ahita y no es posible dijerirla: ¿qué hará con un hartazgo de verdades?
-Gran buche será menester. Para cada día su verdad á secas. Bien
-amargarán.
-
-Hé, que muchos habrá, dijo Critilo, que no temerán las verdades, antes
-les vendrán nacidas.
-
-¿Y quién será ese? Decidlo, le levantaremos una estatua. ¿Cuál será
-el confiado, que no le puedan estrellar una verdad entre ceja y ceja
-y aun darle con muchas por la cara? Y á fe, que escuecen mucho y por
-muchos días. Líbreos Dios de una valiente zurra de verdades. Pican que
-abrasan. Y sino, veamos. Díganle á la otra lo que le dijo don Pedro de
-Toledo:
-
-Mire, que le diré peor, que tal.
-
-Y replicando ella:
-
-¿Qué me dirá?
-
-Peor que vieja.
-
-Plántenle al otro lucifer una verdad en un cedulón y veréis lo que
-se endiabla. Acuérdenle al más estirado lo que él más olvida, al más
-pintado sus borroncillos, píquenle con la lezna al desvanecido, díganle
-al otro rico que lo ganó por su pico su abuelo, que vuelva la mira
-atrás al que se hace tan adelante, acuérdenle lo de los pasteles al
-que hoy asquea los faisanes, de su cuartana al león y á la fénix de
-lo gusano. No os admiréis que huigamos de la verdad, que es traviesa
-y atraviesa el corazón. Veis allí tendido un gigante de la hinchazón,
-que le mató un niño y con un alfiler y hay quien dice se la vendió su
-abuelo. Mas él se tiene la culpa. Que hiciera orejas de mercader. Digo,
-pues, que no hagáis admiraciones de que todos corran de corridos.
-
-¿De qué huyen aquellos soldados? decía Andrenio.
-
-Porque no les digan que huyeron y que son de los de _fugerunt,
-fugerunt_.
-
-Venía uno gritando, ¡verdad, verdad!; pero no por mi boca, menos por
-mis orejas.
-
-Déstos toparéis muchos. Todos querrían les tratasen verdad y ellos no
-tomarla en la boca.
-
-Ora señores, ponderaba Andrenio, que los trasgos huyan, vayan con
-Berzebú, nunca acá vuelvan; ¿pero los soles?
-
-Sí, porque no les den en rostro con sus lunares.
-
-Venía por puntos reforzando la voz:
-
-¡Ya pare! ¡afuera!, ¡qué desbucha!, ¡á huir, príncipes, á correr,
-poderosos!
-
-Y á este grito había hombre, que tomaba postas, no había ¡monta á
-caballo! como éste. Potentado hubo, que reventó los seis caballos de
-la carroza. Pero es de advertir que esto pasaba en Italia, donde se
-teme más una verdad, que una bala de un basilisco otomano. Que por eso
-corren tan pocas, le usan raras.
-
-¿De cuándo acá está preñada esta verdad, preguntó Andrenio, que yo la
-tenía por decrépita y aun caduca y ahora sale con parir?
-
-Días ha que lo está y aun años y dicen que del tiempo.
-
-¿Según eso, mucho tendrá que echar á luz?
-
-Por lo menos cosas bien raras.
-
-¿Y todas serán verdades?
-
-Todas.
-
-Ahora vendrá bien aquello de noche mala y parir hija. ¿Por qué no pare
-cada año y no hacer tripa de verdades?
-
-¡Oh, sí! ¿No hay más de desbuchar? Antes concibe en un siglo, para
-parir en otro.
-
-¿Pues serán ya verdades rancias?
-
-No á fe; sino eternas. ¿No sabes tú que las verdades son de casta de
-azarolas, que las podridas son las maduras y más suaves y las crudas
-las coloradas? Aquéllas, que hacen saltar los colores al rostro, son
-intratables, sólo las puede tragar un vizcaíno.
-
-Sin duda, que allá en aquellos dorados siglos debía parir esta verdad
-cada día.
-
-Menos, porque no había que decir. No concebía; todo se estaba dicho.
-Mas agora no puede hablar y revienta. Vase deteniendo, como la preñada
-erizo, que cuanto más tarda, más siente las punzas de los hijuelos y
-teme más el echarlos á luz. Ora, ¡qué de cosas raras tendrá guardadas
-en aquellas ensenadas de su notar y advertir! Por eso decía un atento:
-casar y callar. ¡Qué hermosos partos! ¡Qué de bellezas desbuchará!
-
-Antes sospecho yo, dijo Critilo, que han de ser horribles
-monstruosidades, desaciertos increíbles, valientes desatinos, cosas al
-fin sin pies ni cabeza, que, si fueran aciertos, bulleran panegíricos.
-
-Sean lo que fueren, decía el Adevino, ellas han de salir. Ella no
-conciba. Que, si una vez se empreña, ó reventar ó parir. Que, como dijo
-el mayor de los sabios ¿quién podrá detener la palabra concebida?
-
-¿Díme, preguntó Andrenio, nunca se ha rezumado, siquiera discurrido lo
-que parirá esta verdad? ¿Será hijo ó hija? ¿Qué, mienten las comadres?
-¿Qué, adulan los físicos? ¿No corre algún disparate claro de un tan
-sellado secreto?
-
-En esto hay mucho que decir y más que callar. Luego que se tuvo por
-cierto este preñado, viérades asustados los interesados, cuidadosos
-los que se quemaban, que fueron casi todos los mortales. Trataron
-luego de consultar los oráculos sobre el caso. Respondióles el primero
-que pariría un fiero monstruo, tan aborrecible cuan feo. Considerad
-ahora el mortal susto de los mortales. Acudieron á otro por consuelo
-y le hallaron. Porque les respondió todo lo contrario, que pariría un
-pasmo de belleza, un hijo tan lindo cuan amable. Quedaron con esto
-más confusos y por sí ó por no intentaron ahogarle. Mas en vano. Que
-aseguran es inmortal y sépalo todo el mundo. Dicen que la verdad es
-como el río Guadiana, que aquí se hunde y acullá sale. Hoy no osa
-chistar, parece que anda sepultada, y mañana resucita, un día por
-rincones y al otro por corrillos y por plazas. Llegará el día del parto
-y veremos este secreto, saldremos de esta suspensión.
-
-Y tú, que te picas de adivinarlo todo ¿qué sientes de esto? ¿Qué
-rastreas? ¿No das en quién será este monstruo y este prodigio?
-
-Sí, dijo él, por lo menos lo que podrían ser el primero para los necios
-y el segundo para los cuerdos.
-
-Yo diría que el primero es.
-
-Pero asomó en estas un raro ente, que venía, no tanto huyendo, cuanto
-haciendo huir. Hacíase no sólo calle, pero plaza. Daba desaforados
-gritos y decía:
-
-¿Á mí el loco, cuando hago tantos cuerdos? ¿Á mí el desatinado,
-que hago acertar? ¿Á mí, á mí, el sin juicio, que á muchos doy
-entendimiento?
-
-¿Quién es éste?, preguntó Critilo.
-
-Y respondióle:
-
-Ése es un ablativo absoluto, que ni rige ni es regido. Éste es el loco
-del príncipe tal.
-
-¿Cómo es posible, replicó, que un señor tan cuerdo, llamado por
-antonomasia el prudente y no el Séneca de España, como si el otro
-hubiera sido de Etiopía, cómo es creíble lleve consigo un perenal?
-
-Y aun por eso, porque él es prudente.
-
-¿Pues qué pretende?
-
-Oir la verdad alguna vez, que ninguno otro se la dirá ni oirá de otra
-boca. No os admiréis, cuando viéredes los reyes rodeados de locos y de
-inocentes. Que no lo hacen sin misterio. No es por divertirle, sino por
-advertirle. Que ya la verdad se oye por boca de ganso. Ora caminemos,
-que no podemos estar ya muy lejos de la corte.
-
-Eso de corte, escusadlo, respondió un gran contrario suyo.
-
-¿Y por qué no?
-
-Porque, si no se oyó jamás verdad en corte ¿cómo habrá corte de la
-verdad? ¿Cómo puede llamarse corte donde no se miente ni se finge,
-donde no hay mentidero, donde no corren cada día cien mentiras como el
-puño?
-
-¿Pues qué, preguntó Andrenio, no se puede mentir en esa corte?
-
-¿Cómo si es de la verdad?
-
-¿Ni una mentirilla ni media ni en su ocasión, que es gran socorro?
-
-No por cierto.
-
-¿Ni sustentada por tres días á la francesa, que vale mucho?
-
-Ni por uno.
-
-¿He, vaya, que por un cuarto ni por un instante ni una equivocación á
-la hipócrita?
-
-Tampoco.
-
-¿Ni un disimular la verdad, que no es mentira? Pero ¿ni decir todas las
-verdades?
-
-Ni aun eso.
-
-¡Válgate Dios por verdad y qué puntual que eres! Casi casi voy tratando
-de huir también. ¿Qué, ni una escusa con el embestidor ni una lisonja
-con el príncipe ni un cumplimiento con el cortesano?
-
-Nada, nada de todo eso; todo liso, todo claro.
-
-Ahora digo que no entro yo allá. No me atrevo á pasar por una
-tan estrecha religión. ¿Yo vivir sin el desempeño ordinario? Será
-imposible. Desde ahora me despido de tal corte y á fe que no seré solo.
-¿No hay embustes? Pues digo que no es corte. ¿No hay engañadores ni
-lisonjas ni lisonjeros ni encarecedores? Pues no habrá cortesanos. ¿No
-hay caballeros sin palabra ni grandes sin obra? Pues digo que ni es
-corte. ¿No hay casas á la malicia y calles á la pena? Vuelvo á decir
-que no puede ser corte. Señores ¿quién vive en este París, en este
-Stocolmo, quién en esta Cracovia? ¿Quién corteja á esta reina? Sola
-debe andarse, como la Fénix.
-
-No falta quien la asista y la corteje, respondió el Acertador.
-
-Porque sabrás, oh Andrenio, que, cuando los mundanos echaron la Verdad
-del mundo y metieron en su trono la Mentira, según refiere un amigo de
-Luciano, trató el Supremo Parlamento de volverla á introducir en el
-mundo, á petición de los mismos hombres, á instancias de los mundanos,
-que no podían vivir sin ella. No podían averiguarse ni con criados
-ni oficiales ni con las propias mujeres. Todo era mentira, enredo y
-confusión. Parecía un Babel todo el mundo, sin poderse entender unos á
-otros. Cuando decían sí, decían no; y cuando blanco, negro. Conque no
-había cosa cierta ni segura. Todos andaban perdidos y gritando:
-
-¡Vuelva, vuelva la verdad!
-
-Era dificultosa la empresa y temíase mucho el poder salir della. Porque
-no se hallaba quien quisiese ser el primero á decirla. ¿Quién dirá la
-primera verdad? Ofreciéronse grandes premios al que quisiese decir
-la primera y no se hallaba ninguno. No había hombre, que quisiese
-comenzar. Buscáronse varios medios, discurriéronse muchos arbitrios y
-no aprovechaban. Pues ella se ha de introducir, ella ha de volver á los
-humanos pechos y á arraigarse en los corazones. Véase el cómo. Teníanlo
-por imposible los políticos y decían:
-
-¿Por dónde se ha de comenzar? ¿Por Italia? Es cosa de risa. ¿Por
-Francia? Es cuento. ¿Por Inglaterra? No hay que tratar. ¿Por España?
-Aún, aún; pero será dificultoso. Al fin, después de muchas juntas, se
-resolvió que la desliesen con mucho azúcar, para desmentir su amargura
-y la echasen mucho ámbar contra la fortaleza, que de sí arrojaba. Y
-deste modo dorada y azucarada en un tazón de oro, no de vidrio por
-ningún caso, que se trasluciría, luego la fuesen brindando á todos
-los mortales, diciendo ser una exquisita confección, una rara bebida,
-venida de allá de la China y aún más lejos, más preciosa que el
-chocolate ni que el chá ni que el broete, para que con eso hiciesen
-vanidad de beberle. Comenzaron, pues, á mandarla á unos y á otros
-por su orden. Llegaron á los príncipes los primeros, para que con su
-ejemplo se animasen á pasarla los demás y se compusiese el orbe todo;
-mas ellos de una legua sintieron su amargura. Que tienen muy despiertos
-los sentidos: tanto huelen como oyen; y comenzaron á dar arcadas.
-Alguno hubo, que por una sola gota, que pasó, comenzó luego á escupir,
-que aún le dura. En probándola, decían todos: ¡Qué cosa tan amarga!
-
-Y respondían los otros:
-
-Es la Verdad.
-
-Pasaron con tanto á los sabios. Éstos sí decían, que toda su vida
-hacen estudio de averiguarla; mas ellos tan presto como la comieron la
-arrimaron, diciendo que tenían harto con la teórica, que no querían la
-práctica; en especulación, no en ejecución. Hora vamos á los varones
-ancianos y muchachos, que suelen hacer pasto della. Engañáronse,
-porque, en sintiéndola, cerraron los labios y apretaron los dientes,
-diciendo:
-
-Por mi boca no; por la del otro, á la de mi vecino. Convidaron á los
-oficiales. Menos; antes dijeron que morirían de hambre en cuatro días,
-si en la boca la tomasen, especialmente los sastres. Los mercaderes, ni
-verla, que por eso tienen las tiendas á escuras y aborrecen sus cajones
-la luz. Los cortesanos, ni oírla. No se halló mujer, que la quisiese
-probar, y decía una:
-
-¡Anda allá!, que mujer sin enredo, bolsa sin dinero.
-
-Desta suerte fueron pasando por todos los estados y empleos y no se
-halló quien quisiese arrostrar á la Verdad. Viendo esto, se resolvieron
-de probar con los niños, para que tan temprano la mamasen con la
-leche y se hiciesen á ella. Y fué menester buscarlos muy pequeñuelos.
-Porque los grandecillos ya la conocían y la aborrecían á imitación de
-sus padres. Fueron á los locos perenales, á los simples solemnes, que
-todos la bebieron. Los niños, engañados con aquella primera dulzura.
-Los simples, porque no dieron en la cuenta, apechugaron con el vaso
-hasta agotarle. Llenaron el buche de verdades, comenzando al punto á
-regoldarlas, amargue ó no amargue. Ellos la dicen, pique ó no pique;
-ellos la estrellan, unos la hablan, otros la vocean. Ellos no la sepan;
-que, si la saben, no dejarán de decirla. Así que los niños y los locos
-son hoy los cortesanos desta reina, ellos los que la asisten y la
-cortejan.
-
-Hallábanse ya á la entrada de una ciudad por todas partes abierta.
-Veíanse sus calles esentas, anchas y muy derechas, sin vueltas,
-revueltas ni encrucijadas. Y todas tenían salida. Las casas eran de
-cristal con puertas abiertas y ventanas patentes. No había celosías
-traidoras ni tejados encubridores. Hasta el cielo estaba muy claro y
-muy sereno, sin nieves de emboscadas y todo el hemisferio muy despejado.
-
-¡Qué diferente región ésta, ponderaba Critilo, de todo lo restante del
-mundo!
-
-Pero, ¡qué corta corte ésta!, decía Andrenio.
-
-Y el Acertador:
-
-Por eso defendía uno que la mayor corte hasta hoy había sido la
-de Babilonia. Perdone la triunfante Roma con sus seis millones de
-habitadores y Pequin en la China, en cuyo centro, puesto en alto un
-hombre, no descubre sino casas, con ser tan llano su hemisferio.
-
-Estaban ya para entrar, cuando repararon en que muchos y gente de
-autoridad, antes de meter el pie, hacían una acción bien notable y era
-calafatearse muy bien las orejas con algodones. Y aun no satisfechos
-con esto, se ponían ambas manos en ellas y muy apretadas.
-
-¿Qué significa esto?, preguntó Critilo. Sin duda que éstos no gustan
-mucho de la Verdad.
-
-Antes no hallan otra cosa, respondió el Acertador.
-
-¿Pues para qué es esta diligencia?
-
-Hay un misterio en esto, dijo uno dellos mismos, que lo oyó.
-
-Y aun una gran malicia, replicó otro.
-
-Si es cautela, no es cautela.
-
-Conque se trabó entre los dos una gran altercación.
-
-De necios es el porfiar, decía el primero.
-
-Y de discretos el disputar, replicó el segundo.
-
-Digo que la verdad es la cosa más dulce de cuantas hay.
-
-Y yo digo que la más amarga.
-
-Los niños son amigos de lo dulce y la dicen: luego dulce es.
-
-Los príncipes son enemigos de lo que amarga y la escupen: luego amarga
-es. Loco es el que la dice.
-
-Y sabio el que la oye.
-
-No es política tampoco; es embustera, es muy pesada.
-
-También es preciosa como el oro.
-
-Es desaliñada.
-
-Achaque de linda.
-
-Todos la maltratan.
-
-Ella hace bien á todos.
-
-Desta suerte discurrían por extremos, sin topar el medio, cuando el
-Acertador se puso en él y les dijo:
-
-Amigos, menos voces y más razones. Distinguid textos y concordaréis
-derechos. Advertid que la verdad en la boca es muy dulce; pero en el
-oído es muy amarga. Para dicha no hay cosa más gustosa; pero para oída
-no hay cosa más desabrida. No está el primor en decir las verdades;
-sino en el escucharlas. Y así veréis que la verdad murmurada es todo
-el entretenimiento de los viejos. En esto gastan días y noches, gustan
-mucho de decirla; pero no que se la digan. Y en conclusión, la verdad,
-por activa, es muy agradable; pero por pasiva, la quinta esencia de lo
-aborrecible. Esto es, en murmuración, no en desengaño.
-
-Comenzaron ya á discurrir por aquellas calles, si bien no acertaba
-Andrenio á dar paso y de todo temía. En viendo un niño, se ponía á
-temblar, y en descubriendo un orate, desmayaba. Toparon y oyeron cosas
-nunca dichas ni oídas, hombres nunca vistos ni conocidos. Aquí hallaron
-el sí, sí, y el no no. Que, aunque tan viejos, nunca los habían topado.
-Aquí el hombre de su palabra, que casi no le conocían. Viéndolo
-estaban y no lo creían, como ni al hombre de verdad y de entereza, el
-de _andemos claros, vamos con cuenta y razón_, el de la verdad por un
-moro. Que todos eran personajes prodigiosos.
-
-Y aun por eso no los hemos encontrado en otras partes, decía Critilo,
-porque están aquí juntos.
-
-Aquí hallaron los hombres sin artificio, las mujeres sin enredo, gente
-sin tramoya.
-
-¿Qué hombres son éstos, decía Critilo, y de dónde han salido, tan
-opuestos con los que por allá corren? No me harto de verlos, tratarlos
-y conocerlos. Esto sí que es vivir, éste cielo es, que no mundo. Ya
-creo agora todo cuanto me dicen sin escrúpulo alguno ni temor de
-engaño; que antes no hacía mas que suspender el juicio y tomar un año
-para creer las cosas. ¿Hay mayor felicidad que vivir entre hombres de
-bien, de verdad de conciencia y entereza? Dios me libre de volver á los
-otros, que por allá se usan.
-
-Pero duróle poco el contento. Porque, yéndose encaminando hacia la
-plaza Mayor, donde se lograba el transparente alcázar de la Verdad
-triunfante, oyeron antes de llegar allá unas descomunales voces, como
-salidas de las gargantas de algún gigante, que decían:
-
-¡Guarda el monstruo, huye el coco! ¡Á huir todo el mundo, que ha parido
-ya la Verdad el hijo feo, el odioso, el abominable! ¡Que viene, que
-vuela, que llega!
-
-Á esta espantosa voz echaron todos á huir, sin aguardarse unos á otros,
-á necio el postrero. Hasta el mismo Critilo, ¿quién tal creyera?,
-llevado del vulgar escándalo, cuando no ejemplo, se metió en fuga; por
-más que el Acertador le procuró detener con razones y con ruegos.
-
-¿Dónde vas?, le gritaba.
-
-Donde me llevan.
-
-Mira que huyes de un cielo.
-
-Pongamos cielo en medio.
-
-Quien quisiere saber qué monstruo, qué tan espantoso fuese aquel feo
-hijo de una tan hermosa madre y dónde fueron á parar nuestros asustados
-peregrinos, trate de seguirlos hasta la otra Crisi.
-
-
-
-
-CRISI IV
-
-_El Mundo descifrado._
-
-
-Es Europa vistosa cara del mundo, grave en España, linda en Inglaterra,
-gallarda en Francia, discreta en Italia, fresca en Alemania, rizada en
-Suecia, apacible en Polonia, adamada en Grecia y ceñuda en Moscovia.
-
-Esto les decía á nuestros dos fugitivos peregrinos un otro en lo raro,
-que le habían ganado, cuando perdido él á su Adevino.
-
-Tenéis buen gusto, les decía, nacido de un buen capricho, en andaros
-viendo mundo y más en sus cortes, que son escuelas de toda discreta
-gentileza. Seréis hombres tratando con los que lo son, que eso es
-propiamente ver mundo. Porque advertid que va grande diferencia del
-ver al mirar. Que quien no entiende no atiende. Poco importa ver
-mucho con los ojos, si con el entendimiento nada. Ni vale el ver sin
-el notar. Discurrió bien quien dijo que el mejor libro del mundo era
-el mismo mundo, cerrado cuando más abierto, pieles estendidas. Esto
-es, pergaminos escritos llamó el mayor de los sabios á estos cielos
-iluminados de luces, en vez de rasgos y de estrellas por letras.
-Fáciles son de entender esos brillantes caracteres, por más que algunos
-los llamen dificultosos enigmas. La dificultad la hallo yo en leer
-y entender lo que está de las tejas abajo. Porque, como todo ande
-en cifra y los humanos corazones estén tan sellados, inescrutables,
-asegúroos que el mejor letor se pierde. Y otra cosa, que, si no lleváis
-bien estudiada y bien sabida la contracifra de todo, os habréis de
-hallar perdidos, sin acertar á leer palabra ni conocer letra ni un
-rasgo ni un tilde.
-
-¿Cómo es eso?, replicó Andrenio. ¿Que el mundo todo esta cifrado?
-
-¿Pues ahora recuerdas con eso? ¿Ahora te desayunas de una tan
-importante verdad, después de haberle andado todo? ¡Qué buen concepto
-habrás hecho de las cosas!
-
-¿De modo que todas están en cifra?
-
-Dígote que sí, sin exceptuar un ápice. Y para que lo entiendas, ¿quién
-piensas tú que era aquel primer hijo de la Verdad, de quien todos huían
-y vosotros de los primeros?
-
-¿Quién había de ser, respondió Andrenio, sino un monstruo tan fiero, un
-trasgo tan aborrecible, que aún me dura el espanto de haberle visto?
-
-Pues hágote saber que era el odio, el primogénito de la Verdad. Ella le
-engendra, cuando los otros le conciben, y ella le pare con dolor ajeno.
-
-Aguarda, dijo Critilo, y aquel otro hijo también de la Verdad tan
-celebrado de lindo, que no tuvimos suerte de verle, ni tratarle, ¿quién
-era?
-
-Ése es el postrero, el que llega tarde. Á ése os quiero yo llevar agora
-para que le conozcáis y gocéis de su buen trato, discreción y respeto.
-
-Pero, ¡que no tuviésemos suerte de ver la Verdad, se lamentaba
-Andrenio, ni aun esta vez, estando tan cerca, especialmente en su
-elemento! Que dicen es muy hermosa. No me puedo consolar.
-
-¿Cómo qué? ¿No la viste?, replicó el Descifrador, que así dijo se
-llamaba. Ése es el engaño de muchos, que nunca conocen la Verdad en sí
-mismos, sino en los otros, y así verás que alcanzan lo que le está mal
-al vecino, al amigo, lo que debieran hacer, y lo dicen y lo hablan;
-y para sí mismos ni saben ni entienden. En llegando á sus cosas,
-desatinan de modo, que en las cosas ajenas son unos linces y en las
-suyas unos topos. Saben cómo vive la hija del otro y en qué pasos anda
-la mujer del vecino, y de la suya propia están muy ajenos. ¿Pero no
-viste alguna de tantas bellísimas hembras, que por allí discurrían?
-
-Sí, muchas y bien lindas.
-
-Pues todas ésas eran Verdades, cuanto más ancianas, más hermosas. Que
-el tiempo, que todo lo desluce, á la Verdad la embellece.
-
-Sin duda, añadió Critilo, que aquella coronada de álamo, como reina de
-los tiempos, con hojas blancas de los días y negras de las noches, ¿era
-la Verdad?
-
-La misma.
-
-Yo la besé, dijo Andrenio, la una de sus blancas manos y la sentí tan
-amarga, que aún me dura el sinsabor.
-
-Pues yo, dijo Critilo, la besé la otra al mismo tiempo y la hallé de
-azúcar. Mas ¡qué linda estaba y muy de día! Todos los treinta y tres
-treses de hermosura se los conté uno por uno. Ella era blanca en tres
-cosas, colorada en otras tres, crecida en tres y así de los demás. Pero
-entre todas estas perfecciones excedía la de la pequeña y dulce boca,
-brollador de ámbar.
-
-Pues á mí, replicó Andrenio, me pareció toda al contrario y, aunque
-pocas cosas me suelen desagradar, ésta por estremo.
-
-Paréceme, dijo el Descifrador, que vivís ambos muy opuestos en genio:
-lo que al uno le agrada, al otro le descontenta.
-
-Á mí, dijo Critilo, pocas cosas me satisfacen del todo.
-
-Pues á mí, dijo Andrenio, pocas dejan de contentarme, porque en todas
-hallo yo mucho bueno y procuro gozar dellas, tales cuales son, mientras
-no se topan otras mejores. Y éste es mi vivir, al uso de los acomodados.
-
-Y aun necios, replicó Critilo.
-
-Interpúsose el Descifrador:
-
-Ya os dije que todo cuanto hay en el mundo pasa en cifra: el bueno,
-el malo, el ignorante y el sabio. El amigo le toparéis en cifra y aun
-el pariente y el hermano, hasta los padres y hijos; que las mujeres
-y los maridos es cosa cierta. ¡Cuanto más los suegros y cuñados, el
-dote fiado y la suegra de contado! Las más de las cosas no son las que
-se leen. Ya no hay entender pan por pan, sino por tierra; ni vino por
-vino, sino por agua. Que hasta los elementos están cifrados en los
-elementos: ¿qué serán los hombres? Donde pensaréis que hay sustancia,
-todo es circunstancia, y lo que parece más sólido, es más hueco, y toda
-cosa hueca, vacía. Solas las mujeres parecen lo que son y son lo que
-parecen.
-
-¿Cómo puede ser eso, replicó Andrenio, si todas ellas de pies á cabeza
-no son otro que una mentirosa lisonja?
-
-Yo te lo diré. Porque las más parecen malas y realmente que lo son.
-De modo que es menester ser uno muy buen letor para no leerlo todo
-al revés, llevando muy manual la contracifra, para ver, si el que os
-hace mucha cortesía, quiere engañaros; si el que besa la mano, querría
-morderla; si el que gasta mejor prosa, os hace la copla; si el que
-promete mucho, cumplirá nada; si el que ofrece ayudar, tira á descuidar
-para salir él con la pretensión. La lástima es que hay malísimos
-letores, que entienden C por B y fuera mejor D por C. No están al
-cabo de las cifras ni las entienden, no han estudiado la materia de
-intenciones, que es la más dificultosa de cuantas hay. Yo os confieso
-ingenuamente que anduve muchos años tan á ciegas como vosotros, hasta
-que tuve suerte de topar con este nuevo arte de descifrar, que llaman
-de discurrir los entendidos.
-
-Pues díme, preguntó Andrenio, éstos que vamos encontrando ¿no son
-hombres en todo el mundo y aquellas otras no son bestias?
-
-¡Qué bien lo entiendes!, le respondió en pocas palabras y mucha risa.
-He, que no lees cosa á derechas. Advierte que los más, que parecen
-hombres, no lo son, sino diptongos.
-
-¿Qué cosa es diptongo?
-
-Una rara mezcla. Diptongo es un hombre con voz de mujer y una mujer,
-que habla como hombre. Diptongo es un marido con melindres y la mujer
-con calzones. Diptongo es un niño de sesenta años y uno sin camisa,
-crujiendo seda. Diptongo es un francés injerto en español, que es la
-peor mezcla de cuantas hay. Diptongo hay de amo y mozo.
-
-¿Cómo puede ser eso?
-
-Bien mal. Un señor en servicio de su mismo criado. Hasta de ángel y
-de demonio le hay, serafín en la cara y duende en el alma. Diptongo
-hay de sol y de luna en la variedad y belleza. Diptongo toparéis de
-sí y de no. Y diptongo es un monjil forrado de verde. Los más son
-diptongos en el mundo. Unos compuestos de fieras y hombres, otros
-de hombres y bestias, cuál de político y raposo y cuál de lobo y
-avaro, de hombre y gallina. Muchos bravos de hipogrifos, muchas tías
-y de lobas, las sobrinas de micos, y de hombres los pequeños, y los
-agigantados de la gran bestia. Hallaréis los más vacíos de sustancia
-y rebutidos de impertinencia. Que conversar con un necio no es otro
-que estar toda una tarde sacando pajas de una albarda. Los indoctos
-afectados son buñuelos sin miel y los podridos, bizcochos de galera.
-Aquel tan tieso cuan enfadoso es diptongo de hombre y estatua: y déstos
-toparéis muchos. Aquel otro, que os parece un Hércules con clava, no
-es sino con rueca: que son muchos los diptongos afeminados. Los peores
-son los caricompuestos de virtud y de vicio, que abrasan el mundo.
-Pues no hay mayor enemigo de la verdad, que la verisimilitud, así
-como los de hipócrita malicia. Veréis hombres comunes injertos en
-particulares y mecánicos en nobles. Aunque veáis algunos con vellocino
-de oro, advertid que son borregos y que los Cornelios son ya Tácitos
-y los Lucios, Apuleyos. ¿Pero qué mucho, si aun en las mismas frutas
-hay diptongos, que compraréis peras y comeréis manzanas y compraréis
-manzanas y os las dirán que son peras?
-
-¿Qué os diré de las paréntesis? Aquellas que ni hacen ni deshacen en la
-oración, hombres que ni atan ni desatan, no sirven sino de embarazar
-el mundo. Hacen algunos número de cuarto Conde y quinto Duque en sus
-ilustres casas, añadiendo cantidad, no calidad. Que hay paréntesis
-del valor y digresiones de la fama. ¡Oh, cuántos déstos no vinieron á
-propósito ni á tiempo!
-
-De verdad, dijo Critilo, que me va contentando este arte de descifrar y
-aun digo que no se puede dar un paso sin él.
-
-¿Cuántas cifras habrá en el mundo?, preguntó Andrenio.
-
-Infinitas y muy dificultosas de conocer; mas yo prometo declararos
-algunas, digo las corrientes; que todas sería imposible. La más
-universal entre ellas y que ahorca medio mundo, es el etcétera.
-
-Ya la he oído usar algunas veces, dijo Andrenio; pero nunca había
-reparado como ahora ni me daba por entendido.
-
-¡Oh, que dice mucho y se explica poco! No habéis visto estar hablando
-dos y pasar otro:
-
-¿Quién es aquél?
-
-¿Quién? Fulano.
-
-No lo entiendo.
-
-¡Oh, válgame Dios!, dice el otro: aquel que..., etcétera.
-
-¡Oh, sí, sí, ya lo entiendo!
-
-Pues eso es el etcétera.
-
-¿Aquella otra quién es?
-
-¿Qué, no la conocéis?
-
-Aquella es la que..., etcétera.
-
-Sí, sí, ya doy en la cuenta.
-
-Aquel es, cuya hermana..., etcétera.
-
-No digáis más, que ya estoy al cabo.
-
-Pues eso es el etcétera. Enfádase uno con otro y dícele:
-
-Quite allá, que es un..., etcétera. Váyase para una..., etcétera.
-
-Entiéndense mil cosas con ella y todas notables. Reparad en aquel
-monstruo casado con aquel ángel. ¿Pensaréis que es su marido?
-
-¿Pues qué había de ser?
-
-¡Oh qué lindo! Sabed que no lo es.
-
-¿Pues qué?
-
-No se puede decir: es un..., etcétera.
-
-¡Válgate por la cifra y quién había de dar con ella!
-
-Aquella otra, que se nombra tía, no lo es.
-
-¿Pues qué?
-
-Etcétera.
-
-La otra por doncella, el primo de la prima, el amigo del marido.
-
-Hé, que no lo son, por ningún caso; no son sino..., etcétera.
-
-El sobrino del tío.
-
-Que no lo es, sino..., etcétera. Digo sobrino de su hermano.
-
-Hay cien cosas á esta traza, que no se pueden explicar de otra manera
-y así echamos un etcétera, cuando queremos que nos entiendan sin
-acabarnos de declarar. Y os aseguro que siempre dice mucho más de lo
-que se pudiera expresar. Hombre hay que habla siempre por etcétera y
-que llena una carta dellas; pero, si no van preñadas, son sencillas
-y otras tantas necedades. Por eso conocí yo uno, que le llamaron _el
-licenciado de etcétera_, así como á otro _el licenciado del chiste_.
-Reparad bien que os prometo que casi todo el mundo es un etcétera.
-
-Gran cifra es ésta, decía Andrenio, abreviatura de todo lo malo y
-lo peor. Dios nos libre de ella y de que caiga sobre nosotros. ¡Qué
-preñada y qué llena de alusiones! ¡Qué de historias que toca y todas
-raras! Yo la repasaré muy bien.
-
-Pues pasemos adelante, dijo el Descifrador.
-
-Otra os quiero enseñar, que es más dificultosa y, por no ser tan
-universal, no es tan común; pero muy importante.
-
-¿Y cómo la llaman?
-
-Cutildeque. Es menester gran sutileza para entenderla, porque incluye
-muchas y muy enfadosas impertinencias y se descifra por ella la necia
-afectación. ¿No oís aquel que habla con eco, escuchándose las palabras
-con pocas razones?
-
-Sí y aun parece hombre discreto.
-
-Pues no lo es; sino un afectado, un presumido y, en una palabra, él es
-un Cutildeque. Notad aquel otro, que se compone y hace los graves y
-los tiesos; aquel otro que afecta misterios y habla por sacramentos;
-aquel que va vendiendo secretos. Parecen grandes hombres. Pues no lo
-son; sino que lo querrían parecer. No son sino figuras en cifra de
-Cutildeque. Reparad en aquel atufadillo, que se va paseando la mano por
-el pecho y diciendo:
-
-¡Qué gran hombre se cría aquí, qué prelado, qué presidente!
-
-Pues aquel otro, que no le pesa haber nacido, también es Cutildeque.
-El atildado estase dicho, el mirlado, el abemolado y que habla con la
-voz flautada, con tonillo de falsete, el ceremonioso, el espetado, el
-acartonado y otros muchos de la categoría del enfado, todos éstos se
-descifran por la Cutildeque.
-
-¡Qué docto se quiere ostentar aquél, dijo Andrenio! ¡Qué bien vende lo
-que sabe!
-
-Señal que es ciencia comprada y no inventada y advierte que no es
-letrado; más tiene de Cutildeque, que de otras letras. Todos estos
-atildados afectan parecer algo y al cabo son nada. Y si acertáis
-á descifrarlos, hallaréis que no son otro que figuras en cifra de
-Cutildeque.
-
-¡Aguarda!, y aquellos otros, dijo Andrenio, tan alzados y dispuestos,
-que parece los puso en zancos la misma naturaleza ó que su estrella los
-aventajó á los demás y así los miran por encima del hombro y dicen:
-¡ah de abajo!, ¿quién anda por esos suelos? Éstos sí, que serán muy
-hombres, pues hay tres y cuatro de los otros en cada uno dellos.
-
-¡Oh, qué mal que lees!, le dijo el Descifrador. Advierte que lo que
-menos tienen es de hombres. Nunca verás que los muy alzados sean
-realzados y, aunque crecieron tanto, no llegaron á ser personas. Lo
-cierto es que no son letras ni hay que saber en ellos, según aquel
-refrán: hombre largo, pocas veces sabio.
-
-¿Pues de qué sirven en el mundo?
-
-¿De qué? De embarazar. Éstos son una cierta cifra, que llaman zancón
-y es decir que no se ha de medir uno por las zancas; no por cierto,
-sino por la testa, que de ordinario lo que echó en éstos la naturaleza
-en gambas, les quitó de cerbelo; lo que les sobra de cuerpo, les hace
-falta de alma. Levantan los desproporcionados tercios el cuerpo, mas
-no el espíritu. Quédaseles del cuello abajo. No pasa tan arriba y así
-veréis que por maravilla les llega á la boca y se les conoce en la
-poca sustancia, con que hablan. Mira qué trancos da aquel zancón, que
-por allí pasa las calles y plazas, anexia, y con todo eso anda mucho y
-discurre poco.
-
-¡Oh, lo que abarca aquel otro de suelo!, ponderaba Andrenio.
-
-Sí; pero cuán poquito de cielo y, aunque tan alto, muy lejos está de
-tocar con la coronilla en las estrellas. Destos tales zancones toparéis
-muchos en el mundo, tendréislos en lo que son, llevando la contracifra.
-Por otra parte veréis que se paga mucho el vulgo de ellos y más cuanto
-más corpulentos. Creyendo que consiste en la gordura la sustancia,
-miden la calidad por la cantidad y, como los ven hombres de fachada,
-conciben dellos altamente. Llena mucho una gentil presencia. Por poco
-que favorezca el espíritu, parece uno doblado y más, si es hombre de
-puesto. Pero ya digo, por lo común, ellos, bien descifrados, no son
-otros que zancones.
-
-Según eso, dijo Andrenio, aquellos otros sus antípodas, aquellos
-pequeños y por otro nombre ruincillos, que por maravilla escapan de
-ahí, aquellos, que hacen del hombre, porque no lo son siquiera por
-parecerlo, semilla de títeres, moviéndose todos, que ni paran ni dejan
-parar, amasados con azogue, que todos se mueven, hechos de goznes,
-gente de polvorín, picantes granos, aquel que se estira, porque no le
-cabe el alma en la vaina, el otro gravecillo, que afecta el ser persona
-y nunca sale de personilla, con poco se llena, chimenea baja y angosta,
-toda es humos: ¿todos éstos sí, que serán letras?
-
-De ningún modo: digo que no lo son.
-
-¿Pues qué?
-
-Añadiduras de letras, puntillos de íes y tildes de eñes. Por eso es
-menester guardarles los aires, que siempre andan en puntillos y de
-puntillas. Ni hay mucho que fiar ni que confiar de personeta ni de sus
-otros consonantes. Son chiquitos y poquitos y menuditos. Y así dice el
-catalán:
-
-_Poca cosa, para forsa._
-
-Yo conocí un gran ministro, que jamás quiso hablar con ningún hombre
-muy pequeño ni les escuchaba. Llevan el alma en pena. Si andan, no
-tocan en tierra, porque van de puntillas, y, si se sientan, ni tocan
-ni en cielo ni en tierra. Tienen reconcentrada la malicia y así tienen
-malas entrañuelas. Son de casta de sabandijas pequeñas, que todas
-pican, que matan. Al fin ellos son abreviaturas de hombres y cifra de
-personillas.
-
-Otra cifra me olvidaba, que os importará mucho el conocerla, la más
-platicada y la menos sabida. Entiéndense mil cosas en ella y todas
-muy al contrario de lo que pintan y por eso se han de leer al revés.
-¿No veis aquél del cuello torcido? ¿Pensaréis que tiene muy recta la
-intención?
-
-Claro es eso, respondió Andrenio.
-
-¿Creeréis que es un beato?
-
-Y con razón.
-
-Pues sabed que no lo es.
-
-¿Pues qué?
-
-Un _Alterutrum_.
-
-¿Qué cosa es _Alterutrum_?
-
-Una gran cifra, que abrevia el mundo entero y todo muy al contrario de
-lo que parece. Aquel de las grandes melenas ¿bien pensaréis que es un
-león?
-
-Yo por tal le tengo.
-
-En lo rapante ya podría; pero aténgome más á las plumas de gallina que
-tremola, que á las guedejas que ondea. Aquel otro de la barba ancha y
-autorizada ¿creerás tú que tiene de mente lo que de mento?
-
-Téngole por un Bártulo moderno.
-
-Pues no es sino un _Alterutrum_, un semicapro lego, de quien decía un
-mecánico:
-
-Pruébeme el señor licenciado que es letrado, que al punto sacaré de la
-vecindad mi herrería.
-
-¡Qué brava hazañería hace aquel otro de ministro!
-
-Y cuando más celoso del servicio real, entonces hace el suyo de plata.
-Que no es sino un _Alterutrum_, que de achaque de gorrón de Salamanca,
-come hoy lo que entonces ayunó: los veinte mil de renta, cuando se
-están comiendo de sarna los mayores soldados y los primogénitos de la
-fama la delinean. Prométoos que está lleno el mundo de _Alterutrunes_,
-muy otros de lo que se muestran. Que todo pasa en representación, para
-unos comedia, cuando para otros tragedia. El que parece sabio, el que
-valiente, el entendido, el celoso, el beato, el cauto más que casto,
-todos pasan en cifra de _Alterutrum_. Observadle bien, que si no, á
-cada paso tropezaréis en ella. Estudiad la contracifra de suerte, que
-no á todo vestido de sayal tengáis por monje ni el otro, porque roce
-seda, dejará de ser mico. Toparéis brutos en doradas salas y bestias,
-que volvieron de Roma borregos felpados de oro. Al oficial veréis en
-cifra de caballero; al caballero, de título; al título, de grande; al
-grande, en la de príncipe. Cubre hoy el pecho con la espada roja el
-que ayer con el mandil. Lleva el nieto la insignia verde y llevó el
-abuelo el babador amarillo. Jura éste á fe de caballero y pudiera de
-gentil. Cuando oigáis á uno prometerlo todo, entended _Alterutrum_,
-que dará nada; y cuando responda el otro á vuestra súplica un _sí,
-sí_ duplicado, creed _Alterutrum_: que dos afirmaciones niegan, así
-como dos negaciones afirman. Esperad más de un _no, no_, que de un
-doblado _sí, sí_. Cuando al pagar dice el médico _no, no_, habla en
-cifra y toma en realidad. Cuando os dijere el otro: _Señor, veámonos_,
-es decir que no os le pongáis delante; el _yo iré á vuestra casa_
-es lo mismo que no pondrá los pies en ella; _aquí está mi casa_
-es atrancar las puertas. Y cuando el otro dice: ¿_habéis menester
-algo_?, bien descifrado es lo mismo que decir: _pues idlo á buscar_. Y
-cuando dice: _mirad si se os ofrece alguna cosa_, entonces echa otro
-ñudo á la bolsa. Á esta traza habéis de descifrar los más apretados
-cumplimientos: _todo soy vuestro_ entended que es muy suyo; ¡_oh lo
-que me alegro de veros_! y más de aquí á veinte años; _mandadme algo_
-entended que en testamento. Créeselo todo el otro necio y, en llegando
-la contracifra de la ocasión, se halla engañado.
-
-Otras muchas hay, que llaman de arte mayor: ésas son muy dificultosas,
-quedarán para otra ocasión.
-
-Ésas, replicó Critilo, que á todo había callado, me holgara yo saber
-en primer lugar. Porque estas otras, que nos has dicho, los niños las
-aprenden en la cartilla.
-
-Ahí verás, dijo el Descifrador, que, aun comenzando tan temprano á
-estudiarlas, tarde llegan á entenderlas. Á los niños los destetan con
-ellas y los hombres las ignoran. Estudiad por agora éstas y platicad
-las contracifras, que estas otras yo os ofrezco explicároslas en el
-arte de discurrir, para que haga pareja con la de concebir.
-
-Desta suerte divertidos, se hallaron sin advertir en medio de una
-gran plaza, emporio célebre de la apariencia y teatro espacioso de la
-ostentación, del hacer parecer las cosas, muy frecuentado en esta
-era, para ver las humanas tropelías y las tramoyas tan introducidas.
-Hoy vieron á la una y otra hacer á varias oficinas, aunque tenidas por
-mecánicas, nada vulgares, y más para los entendidos y entendedores.
-En una estaban dorando cosas varias, yerros de necedades, con tal
-sutileza, que pasaban plaza de aciertos. Doraban albardas, estatuas,
-terrones, guijarros y maderos, hasta muladares y albañales. Parecían
-muy bien de luego; pero con el tiempo caíaseles el oro y descubríase el
-lodo.
-
-Basta, dijo Critilo, que no es todo oro lo que reluce.
-
-Aquí sí, respondió el Descifrador, que hay que discurrir y bien que
-descifrar. Creedme que, por más que se quieran dorar los desaciertos,
-ellos son yerros y lo parecerán después. ¡Querernos persuadir que el
-matar un príncipe y por su mano, horrible hazaña á sus nobilísimos
-cuñados, por solas vanas sospechas, entristeciendo todo el reino, que
-fué celo de justicia! Díganle al que tal escribe que es querer dorar
-un yerro. ¡Defender que el otro rey no fué cruel ni se ha de llamar
-así, sino el justiciero! Díganle al que tal estampa que tiene pequeña
-mano para tapar la boca á todo el mundo. ¡Decir que el perseguir los
-propios hijos y hacerles guerra, encarcelarlos y quitarles la vida
-que fué obligación y no pasión! Respóndaseles que, por más que los
-quieran dorar con capa de justicia, siempre serán yerros. ¡Publicar
-que el dejamiento y remisión, que ocasionó más muertes de grandes y de
-señores, que la misma crueldad, que eso nació de bondad y de clemencia!
-Díganle al que eso escribe que es querer dorar un yerro. Pero poco
-importa, que el tiempo deslucirá el oro y sobresaldrá el yerro y
-triunfará la verdad.
-
-Confitaban en otra varias frutas ásperas, acedas y desabridas,
-procurando con el artificio desmentir lo insulso y lo amargo.
-Sacáronles una gran fuente destos dulces, que no sólo no recusaron;
-pero la lograron, diciendo era debido á su vejez. Cebóse en ellos
-Andrenio, celebrándolos mucho; mas el Descifrador tomando uno en la
-mano:
-
-¿Veis, dijo, qué bocado tan regalado éste? ¡Pues, si supiésedes lo que
-es!
-
-¿Qué ha de ser, dijo Andrenio, sino un terrón de azúcar de Gandía?
-
-Pues sabed que fué un pedazo de una insulsa calabaza, sin el picante
-moral y sin el agrio satírico. Este otro, que cruje entre los dientes,
-era un troncho de lechuga. Mirad lo que puede el artificio y qué
-de hombres sin sabor y sin saber se disfrazan desta suerte y tan
-celebrados por grandes hombres. Confitan su agria condición y su
-aspereza á los principios. Azucaran otros el no y el mal despacho,
-enviando al pretendiente, si no despachado, no despechado.
-
-Ésta otra era una naranja palaciega, tan amarga en la corteza,
-como agria en lo interior. Atended qué dulce se vende con el buen
-modo. ¡Quién tal creyera! Éstas eran guindas intratables y hanlas
-conficionado de suerte, que son regalo. Ésta era flor de azar, que ya
-hasta los azares se confitan y son golosina. Y hay hombres tan hallados
-con ellos, como Mitridates con el veneno. Aquel tan apetitoso era un
-pepino, escándalo de la salud, y aquel otro, un almendruco. Que hay
-gustos, que se ceban en un poco de madera. De modo, que andan unos á
-cifrar y otros á descifrar y dar á entender.
-
-Junto á éstos estaban los tintoreros, dando raros colores á los hechos.
-Usaban de diferentes tintas para teñir del color que querían los
-sucesos y así daban muy bien color á lo más malhecho y echaban á la
-buena parte lo maldicho, haciendo pasar negro por blanco y malo por
-bueno. Historiadores de pincel, no de pluma, dando buena ó mala cara á
-todo lo que querían.
-
-Trabajaban los contraolores, dándole bueno al mismo cieno y
-desmintiendo la hediondez de sus costumbres y el mal aliento de la
-boca con el almizcle y el ámbar. Solos á los sogueros celebró mucho el
-Descifrador, por andar al revés de todos.
-
-En llegando aquí se sintieron tirar del oído y aun arrebatarles la
-atención. Miraron á un lado y á otro y vieron sobre un vulgar teatro
-un valiente _decitore_, rodeado de una gran muela de gente, y ellos
-eran los molidos. Teníalos en son de presos aherrojados de las orejas,
-no con las cadenillas de oro del Tebano, sino con bridas de hierro.
-Éste, pues, con valiente parola, que importa el saberla bornear, estaba
-vendiendo maravillas.
-
-Agora quiero mostraros, les decía, un alado prodigio, un portento del
-entender. Huélgome de tratar con personas entendidas, con hombres que
-lo son. Pero también sé decir que el que no tuviere un prodigioso
-entendimiento, bien puede despedirse desde luego, que no hará concepto
-de cosas tan altas y sutiles. Alerta, pues, mis entendidos, que sale
-una águila de Júpiter, que habla y discurre como tal, que se ríe á
-lo Zoilo y pica á lo Aristarco. No dirá palabra, que no encierre un
-misterio, que no contenga un concepto, con cien alusiones á cien cosas.
-Todo cuanto dirá serán profundidades y sentencias.
-
-Éste, dijo Critilo, sin duda será algún rico, algún poderoso. Que, si
-él fuera pobre, nada valiera cuanto dijera. Que se canta bien con voz
-de plata y se habla mejor con pico de oro.
-
-Ea, decía el Charlatán, tómense la honra los que no fueren águilas en
-el entender, que no tienen que atender. ¿Qué es esto? ¿Ninguno se va?
-¿Nadie se mueve?
-
-El caso fué que ninguno se dió por entendido, de desentendido; antes
-todos por muy entendedores. Todos mostraron estimarse mucho y concebir
-altamente de sí. Comenzó ya á tirar de una grosera brida y asomó el
-Mus, estallido de los brutos, que aun el nombrarle ofende.
-
-He aquí, exclamó el Embustero, una águila á todas luces en el pensar,
-en el discurrir, y ninguno se atreva á decir lo contrario, que sería no
-darse por discreto.
-
-Sí, juro á tal, dijo uno, que yo le veo las alas, ¡y qué altaneras!;
-yo le cuento las plumas, ¡y qué sutiles que son! ¿No las veis vos?, le
-decía al del lado.
-
-¿Pues no?, respondía él, y muy bien.
-
-Mas otro hombre de verdad y de juicio decía:
-
-Juro, como hombre de bien, que yo no veo que sea águila ni que tenga
-plumas; sino cuatro pies zompos y una cola muy reverenda.
-
-¡Ta, ta!, no digáis eso, le replicó un amigo, que os echáis á perder,
-que os tendrán por un gran... etc. ¿No advertís lo que los otros dicen
-y hacen? Pues seguid el corriente.
-
-Juro á tal, proseguía otro varón también de entereza, que no sólo no es
-águila, sino antípoda de ella. Digo que es un grande... etc.
-
-Calla, calla, le dió del codo otro amigo, ¿queréis que todos se rían
-de vos? No habéis de decir sino que es águila, aunque sintáis todo lo
-contrario, que así hacemos nosotros.
-
-¿No notáis, gritaba el Charlatán, las sutilezas que dice? No tendrá
-ingenio quien no las note y observe.
-
-Y al punto saltó un bachiller, diciendo:
-
-¡Qué bien! ¡Qué gran pensar! ¡La primera cosa del mundo! ¡Oh qué
-sentencia! Déjenmela escribir. Lástima es que se les pierda un ápice.
-
-Disparó en esto la portentosa bestia aquel su desapacible canto,
-bastante á confundir un concejo, con tal torrente de necedades, que
-quedaron todos aturdidos, mirándose unos á otros.
-
-¡Aquí, aquí!, mis entendidos, acudió al punto el ridículo Embustero,
-¡aquí de puntillas! ¡Esto sí que es decir! ¿Hay Apolo como éste? ¿Qué
-os ha parecido de la delgadeza en el pensar, de la elocuencia en el
-decir? ¿Hay más discreción en el mundo?
-
-Mirábanse los circunstantes y ninguno osaba chistar ni manifestar lo
-que sentía y lo que de verdad era, porque no le tuviesen por un necio;
-antes todos comenzaron á una voz á celebrarle y aplaudirle.
-
-Á mí, decía una muy ridícula bachillera, aquel su pico me arrebata: no
-le perderé día.
-
-Voto á tal, decía un cuerdo así bajito, que es un asno en todo el
-mundo; pero yo me guardaré muy bien de decirlo.
-
-¡Pardiez, decía otro, que aquello no es razonar, sino rebuznar; pero,
-mal año para quien tal dijese! Esto corre por ahora. El topo pasa por
-lince, la rana por canario, la gallina pasa plaza de león, el grillo
-de jilguero, el jumento de aguilucho. ¿Qué me va á mí en lo contrario?
-Sienta yo conmigo y hable yo con todos y vivamos, que es lo que importa.
-
-Estaba apurado Critilo de ver semejante vulgaridad de unos y artificio
-de otros.
-
-¡Hay tal dar en una necedad!, ponderaba.
-
-Y el socarrón del Embustero, á sombra de su nariz de buen tamaño, se
-estaba riendo de todos y solemnizaba á parte, como paso de comedia:
-
-¡Cómo que te los engaño á todos éstos! ¿Qué más hiciera la
-encandiladora? Y les hago tragar cien disparates.
-
-Y volvía á gritar:
-
-Ninguno diga que no es así, que sería calificarse de necio.
-
-Con esto se iba reforzando más el mecánico aplauso y hacía lo que todos
-Andrenio; pero Critilo, no pudiéndolo sufrir, estaba que reventaba y,
-volviéndose á su mudo Descifrador, le dijo:
-
-¿Hasta cuándo éste ha de abusar de nuestra paciencia? ¿Y hasta cuándo
-tú has de callar? ¿Qué desvergonzada vulgaridad es ésta?
-
-He, ten espera, le respondió, hasta que el tiempo lo diga: él volverá
-por la verdad, como suele. Aguarda que este monstruo vuelva la grupa y
-entonces oirás lo que abominarán dél estos mismos, que le admiran.
-
-Sucedió puntualmente que al retirarse el Embustero, aquel su diptongo
-de águila y bestia, tan mentida aquélla, cuan cierta ésta, al mismo
-instante comenzaron unos y otros á hablar claro:
-
-Juro, decía uno, que no era ingenio; sino un bruto.
-
-¡Qué brava necedad la nuestra!, dijo otro.
-
-Conque se fueron animando todos y decían:
-
-¡Hay tal embuste! De verdad que no le oímos decir cosa, que valiese,
-y le aplaudimos. Al fin, él era un jumento y nosotros merecemos la
-albarda.
-
-Mas ya en esto volvía á salir el Charlatán, prometiendo otro mayor
-portento:
-
-Agora sí, decía, que os propongo no menos, que un famoso gigante,
-un prodigio de la fama: fueron sombra con él Encélado y Tifeo. Pero
-también digo que el que le aclamare gigante será de buenaventura,
-porque le hará grandes honras y amontonará sobre él riquezas, los mil
-y los diez mil de renta, la dignidad, el cargo, el empleo; mas el que
-no le reconociere jayán, desdichado dél: no sólo no alcanzará merced
-alguna; pero le alcanzarán rayos y castigos. ¡Alerta todo el mundo!,
-que sale, que se ostenta, ¡oh, cómo se descuella!
-
-Corrió una cortina y apareció un hombrecillo, que aun encima de una
-grulla no se divisara. Era como del codo á la mano, un nonada, pigmeo
-en todo, en el ser y en el proceder.
-
-¿Qué hacéis, que no gritáis? ¿Cómo no le aplaudís? Vocead, oradores;
-cantad, poetas; escribid, ingenios; decid todos: _¡el famoso, el
-eminente, el gran hombre!_
-
-Estaban todos atónitos y preguntábanse con los ojos:
-
-¿Señores, qué tiene éste de gigante? ¿Qué le veis de héroe?
-
-Mas ya la runfla de los lisonjeros comenzó á voz en grito á decir:
-
-¡Sí, sí, el gigante, el gigante, el primer hombre del mundo! ¡Qué gran
-príncipe tal! ¡Qué bravo mariscal aquél! ¡Qué gran ministro fulano!
-
-Llovieron al punto doblones sobre ellos. Componían los autores, no ya
-historias, sino panegíricos, hasta el mismo Pedro Mateo. Comíanse los
-poetas las uñas para hacer pico. No había hombre, que se atreviese á
-decir lo contrario; antes todos, al que más podía, gritaban:
-
-¡El gigante, el máximo, el mayor!, esperando cada uno un oficio y un
-beneficio y decían en secreto allá en sus interioridades:
-
-¡Qué bravamente que miento! Que no es crecido, sino un enano. ¿Pero qué
-he de hacer? Mas no, sino andaos á decir lo que sentís y medraréis.
-Deste modo visto yo y como y bebo y campo y me hago gran hombre, mas
-que sea él lo que quisiere. Y aunque pese á todo el mundo, él ha de ser
-gigante.
-
-Trató Andrenio de seguir el corriente y comenzó á gritar:
-
-¡El gigante, el gigante, el gigantazo!
-
-Y al punto granizaron sobre él dones y doblones y decía:
-
-¡Esto sí que es saber vivir!
-
-Estaba deshaciéndose Critilo y decía:
-
-Yo reventaré, si no hablo.
-
-No hagas tal, le dijo el Descifrador, que te pierdes. Aguarda á que
-vuelva las espaldas el tal gigante y verás lo que pasa.
-
-Así fué, que al mismo punto, que acabó de hacer su papel de gigante y
-se retiró al vestuario de las mortajas, comenzaron todos á decir:
-
-¡Qué bobería la nuestra! He, que no era gigante, sino un pigmeo, que ni
-fué cosa ni valió nada.
-
-Y dábanse el cómo unos á otros.
-
-¡Qué cosa es, dijo Critilo, hablar de uno en vida ó después de muerto!
-¡Qué diferente lenguaje es el de las ausencias! ¡Qué gran distancia hay
-del estar sobre las cabezas ó bajo los pies!
-
-No pararon aquí los embustes del Sinón moderno; antes echando por la
-contraria, sacaba hombres eminentes, gigantes verdaderos, y los vendía
-por enanos y que no valían cosa, que eran nada y menos que nada. Y
-todos daban en que sí y habían de pasar por tales, sin que osasen
-chistar los hombres de juicio y de censura. Sacó la fénix y dió en
-decir que era un escarabajo. Y todos que sí, que lo era, y hubo de
-pasar por tal. Pero donde se acabó de apurar Critilo fué cuando le vió
-sacar un grande espejo y decir con desvergonzado despejo:
-
-Veis aquí el cristal de las maravillas. ¿Qué tenía que ver con
-éste el del Faro? Si ya no es el mismo, pues hay tradición que sí y
-lo atestiguó el célebre don Juan de Espina, que le compró en diez
-mil ducados y le metió al lado del ayunque de Vulcano. Aquí os le
-pongo delante, no tanto para fiscal de vuestras fealdades, cuanto
-para espectáculo de maravillas. Pero es de advertir que el que fuere
-villano, malnacido, de mala raza, hombre vil, hijo de ruin madre, el
-que tuviere alguna mancha en su sangre, el que le hiciere feeza su
-esposa bella, que las más lindas suelen salir con tales fealdades,
-aunque él no lo supiera, pues basta que todos le miren como al toro,
-ni los simples ni los necios no tienen que llegarse á mirar, porque no
-verán cosa. ¡Alto!, que le descubro, que le careo. ¿Quién mira? ¿Quién
-ve?
-
-Comenzaron unos y otros á mirar y todos á remirar y ninguno veía cosa.
-Mas, ¡oh, fuerza del embuste!, ¡oh, tiranía del artificio! Por no
-desacreditarse cada uno, porque no le tuviesen por villano malnacido,
-hijo de... etc., ó tonto, ó mentecato, comenzaron á decir mil necedades
-de marca:
-
-Yo veo, yo veo, decía uno.
-
-¿Qué ves?
-
-La misma fénix con sus plumas de oro y su pico de perlas.
-
-Yo veo, decía otro, resplandecer el carbunclo en una noche de Diciembre.
-
-Yo oigo, decía otro, cantar el cisne.
-
-Yo, dijo un filósofo, la armonía de los cielos al moverse.
-
-Y se lo creyeron algunos simples. Hombre hubo, que dijo veía el mismo
-Ente de razón tan claro, que le podía tocar con las manos.
-
-Yo veo el punto fijo de la longitud del orbe.
-
-Yo, las partes proporcionales.
-
-Y yo las indivisibles, dijo un secuaz de Zenón.
-
-Pues yo, la cuadratura del círculo.
-
-Más veo yo, gritaba otro.
-
-¿Qué cosa?
-
-¿Qué cosa? El alma en la palma. Por señas, que es sencillísima.
-
-Nada es todo eso, cuando yo estoy viendo un hombre de bien en este
-siglo, quien hable verdad, quien tenga conciencia, quien obre con
-entereza, quien mire más por el bien público, que por el privado.
-
-Á esta traza decían cien imposibles. Y con que todos sabían que
-no sabían y creían que no veían ni decían verdad, ninguno osaba
-declararse, por no ser el primero á romper el yelo. Todos agraviaban la
-verdad y ayudaban al triunfo de la mentira.
-
-¿Para cuándo aguardas tú, le dijo Critilo á su Descifrador, esa tu
-habilidad, si aquí no la sacas? Ea, acaba ya de descifrarnos este
-embeleco al uso. Dínos, por tu vida, ¿quién es este insigne embustero?
-
-Éste es..., le respondió; mas al pronunciar esta sola palabra, al
-mismo punto que le vió mover los labios el famoso Tropelista, que
-en todo aquel rato no había apartado los ojos dél, temiendo se les
-descifrase sus embustes y diese con todo su artificio al traste,
-comenzó á echar por la boca espeso humo, habiendo antes engullido
-grosera estopa, y vomitó tanto, que llenó todo aquel claro hemisferio
-de confusión. Y cual suele la jibia, notable pececillo, cuando se ve
-á riesgo de ser pescado, arrojar gran cantidad de tinta, que tiene
-recogida en sus senillos y muy guardada para su ocasión, con que
-enturbia las aguas y escurece los cristales y escapa del peligro, así
-éste comenzó á esparcir tinta de fabulosos escritores, de historiadores
-manifiestamente mentirosos. Tanto, que hubo un autor francés entre
-éstos, que se atrevió á negar la prisión del rey Francisco en Pavía. Y
-diciéndole ¿cómo escribía una tan desvergonzada mentira?, respondió:
-
-He, que de aquí á docientos años, tan creído seré yo, como ellos. Por
-lo menos causaré razón de dudar y pondré la verdad en disputa. Que
-desta suerte se confunden las materias.
-
-No paraba de arrojar tinta de mentiras y fealdades, espeso humo de
-confusión, llenándolo todo de opiniones y pareceres, con que todos
-perdieron el tino y sin saber á quién seguir ni quién era el que decía
-la verdad, sin hallar á quién arrimarse con seguridad, echó cada uno
-por su vereda de opinar y quedó el mundo bullendo de sofisterías y
-caprichos. Pero el que quisiere saber quién fuese este embustero
-político, prosiga en leer la Crisi siguiente.
-
-
-
-
-CRISI V
-
-_El palacio sin puertas._
-
-
-Varias y grandes son las monstruosidades, que se van descubriendo de
-nuevo cada día en la arriesgada peregrinación de la vida humana.
-
-Entre todas la más portentosa es el estar el Engaño en la entrada del
-mundo y el Desengaño á la salida. Inconveniente tan perjudicial, que
-basta á echar á perder todo el vivir.
-
-Porque, si son fatales los yerros en los principios de las empresas,
-por ir creciendo siempre y aumentándose cuanto más va hasta llegar
-en el fin á un exorbitante exceso de perdición, errar, pues, los
-principios de la vida ¿qué será si no un irse despeñando con mayor
-precipitación de cada día, hasta venir á dar al cabo en un irremediable
-abismo de perdición y desdicha? ¿Quién tal dispuso y desta suerte?
-¿Quién así lo ordenó? Ahora me confirmo en que todo el mundo anda al
-revés y todo cuanto hay en él es á la trocada.
-
-El Desengaño, para bien ir, había de estar en la misma entrada del
-mundo, en el umbral de la vida, para que al mismo punto, que el hombre
-metiera el pie en ella, se le pusiera al lado y le guiara, librándole
-de tanto lazo y peligro, como le está armado. Fuera un ayo puntual, que
-siempre le asistiera, sin perderle ni un solo instante de vista. Fuera
-el numen vial, que le encaminara por las sendas de la Virtud al centro
-de su felicidad destinada. Pero como, al contrario, topa luego con el
-Engaño, el primero que le informa de todo al revés, hácele desatinar
-y le conduce por el camino de la mano izquierda al paradero de su
-perdición.
-
-Así se lamentaba Critilo, mirando á una y otra parte en busca de
-su Descifrador, que en aquella confusión universal de humo y de
-ignorancia, le habían perdido. Mas fuese su suerte que otro, que
-les estaba oyendo y percibió los estremos de su sentimiento, se fué
-llegando á ellos y les dijo:
-
-Razón tenéis de quejaros del desconcierto del mundo. Mas no habéis de
-preguntar quién así lo ordenó, sino quién lo ha desordenado; no quién
-lo ha dispuesto, sino quién lo ha descompuesto. Porque habéis de saber
-que el artífice supremo muy al contrario lo trazó de como hoy está,
-pues colocó el Desengaño en el mismo umbral del mundo y echó el Engaño
-acullá lejos, donde nunca fuera visto ni oído, donde jamás los hombres
-le encontraran.
-
-¿Pues quién los ha barajado deste modo? ¿Quién fué aquel tan atrevido
-hijo de Jafet, que así los ha trastrocado?
-
-¿Quién? Los mismos hombres, que no han dejado cosa en su lugar, todo
-lo han revuelto de alto á bajo con el desconcierto que hoy le vemos
-y lamentamos. Digo, pues, que estaba el bueno del Desengaño en la
-primera grada de la vida, en el zaguán desta casa común del orbe, con
-tal atención, que en entrando alguno, al punto se le ponía al lado y
-comenzaba á hablarle claro y desengañarle:
-
-Mira, le decía, que no naciste para el mundo; sino para el cielo.
-Los halagos de los vicios matan y los rigores de las virtudes dan
-vida. No te fíes en la mocedad, que es de vidrio. No tienes de qué
-desvanecerte, le decía al presumido, por tus presentes; vuelve los ojos
-á tus pasados, reconócelos bien á ellos, para que no te desconozcas á
-ti. Advierte, le decía al tahur, que pierdes tres cosas, el precioso
-tiempo, la hacienda y la conciencia. Avisábala de su fealdad á la
-resabida y de su necesidad á la bella; á los varones de prendas, de su
-corta ventura, y á los venturosos, de sus pocos méritos; al sabio, de
-su desestimación y de su incapacidad al poderoso. Al pavón le acordaba
-el potro de sus pies, y al mismo sol sus eclipses. Á unos su principio,
-á otros su paradero. Á los empinados su caída y á los caídos su
-merecido.
-
-Andábase de unos en otros estrellando verdades. Decíale al viejo que
-tenía todos los sentidos consentidos y al mozo que sin sentir; al
-español que no fuese tan tardo y al francés que no se moviese tan de
-ligero; al villano que no fuese malicioso y al cortesano, adulador. No
-se ahorraba con ninguno. Pues, aunque fuera un gran señor, le avisaba
-que no le caía bien el _vos_ con todos, que podría tal vez descuidarse
-con su príncipe y hablarle del mismo modo ó tan sin él. Y á otro, que
-siempre estaba de chanza, le advirtió que podría ser le llamasen el
-Duque de Bernardina.
-
-Traía el espejo cristalino del propio conocimiento muy á mano y
-plantábasele delante á todos. No gustaba desto el malcarado y menos el
-mascarado ni el tuerto ni el boquituerto, el cano, el calvo. Decíale á
-uno que le bobeaba el gesto y al otro que tenía ruin fachada. Las feas
-le hacían malísima cara y las viejas le paraban arrugado ceño.
-
-Hízose con esto malquisto en cuatro días y á cuatro verdades tan
-aborrecible, que no le podían ver. Comenzaron á darle de mano y aun del
-pie. Buenos porrazos asentó él de verdades; pero también se llevó malos
-empellones de enfados. Éste le arrojaba á aquél y aquél al otro de más
-allá, hasta venir á dar con él en la vejez, acullá en el remate de la
-vida. Y si pudieran más lejos, aun allí no le dejaran parar.
-
-Al contrario, lisonjeados grandemente del Engaño, aquel plausible
-hechicero, comenzaron á tirar dél, cada uno hacia sí, hasta traerlo al
-medio de la vida y de allí poco á poco á los principios de ella. Con
-él comienzan, con él prosiguen. Á todos les venda los ojos, jugando
-con ellos á la gallina ciega, que no hay hoy juego más introducido.
-Todos andan desatinados, dando de ojos de vicio en vicio, unos ciegos
-de amor, otros de codicia, éste de venganza, aquél de su ambición y
-todos de sus antojos, hasta que llegan á la vejez, donde topan con el
-Desengaño.
-
-Él los halla á ellos. Quítales las vendas y abren los ojos, cuando ya
-no hay que ver. Porque con todo acabaron, hacienda, honra, salud y
-vida. Y lo que es peor, con la conciencia. Ésta es la causa de estar
-hoy el Engaño á la entrada del mundo y el Desengaño á la salida, la
-mentira al principio, la verdad al fin, aquí la ignorancia y acullá la
-ya inútil experiencia.
-
-Pero lo que más es de ponderar y de sentir, que, aun llegando tan
-tarde el Desengaño, ni es conocido ni estimado. Como os ha sucedido á
-vosotros, que habiendo tratado, conversado y comunicado con él, no le
-habéis conocido.
-
-¿Qué dices, hombre? ¿Nosotros vístole, hablado y comunicado con él?
-¿Cuándo y dónde?
-
-Yo os lo diré. ¿No os acordáis de aquel, que todo lo iba descifrando y
-no se descifró á sí mismo? ¿Aquel que os dió á entender todas las cosas
-y á él no le conocisteis?
-
-Sí y harto, que yo le suspiro, dijo Critilo.
-
-Pues ése era el Desengaño, el querido hijo de la Verdad, por lo hermoso
-y lo lucido. Ése, el que causa los dolores, después de haberle sacado á
-luz.
-
-Aquí hizo estremos de sentimiento Critilo, lamentándose agriamente de
-que todo lo que más importa no se conoce cuando se tiene, ni se estima
-cuando se goza y después, pasada la ocasión, se suspira y se desea: la
-verdad, la virtud, la dicha, la sabiduría, la paz y agora el desengaño.
-
-Al contrario, Andrenio, no sólo no mostró sentimiento, sino positivo
-gozo, diciendo:
-
-He, que ya nos enfadaba y aun tenía muy hartos de tanta verdad á
-las claras. ¡Qué buen gusto tuvieron los que supieron sacudir de
-sí al aborrecible entremetido, mosca importuna! Él podía ser hijo
-de la verdad; mas á mí me pareció padrastro de la vida. ¡Qué enfado
-tan continuo! ¡Qué cosa tan pesada! ¡Su desengaño cada día, aquello
-de desayunarse con un desengaño á secas! No paraba de ir diciendo
-necedades á título de verdades.
-
-Tú eres un desatinado, le decía al uno sin más ni más.
-
-Y al otro:
-
-Tú eres un simple en seco y sin llover. Tú una necia y tú una fea.
-
-¡Mirá quién le había de esperar, cuando no hay cosa más pesada, que una
-verdad no pensada! Siempre andaba diciendo:
-
-¡Qué mal hiciste, qué mal lo pensaste, qué mala resolución la tuya!
-
-He, quitádmelo delante, no le vea más de mis ojos.
-
-Lo que yo más siento, ponderaba Critilo, fué el perderle, cuando más le
-deseaba, cuando había de descifrarnos al mismo Descifrador, que estaba
-leyendo cátedra de embustes en medio la gran plaza de las apariencias.
-
-¿Pues qué os pareció de aquella afectación de unos en acreditar las
-cosas y los sujetos, y la vulgaridad de los otros en creerlo? ¿Aquel
-dar en una opinión tanto necio? Aquélla es la tiranía de la fama
-hechiza, el monopolio de la alabanza. Apodéranse del crédito cuatro
-ó cinco embusteros aduladores y cierran el paso á la Verdad con el
-afectado artificio de que no lo entienden los otros y que es necio el
-que dice lo contrario. Y así veréis que los ignorantes se lo beben, los
-lisonjeros lo aplauden y los sabios no osan chistar. Conque triunfa
-Aragne contra Palas, Marsias contra Apolo. Y pasa la necedad por
-sutileza y la ignorancia por sabiduría.
-
-¡Oh cuántos autores hay hoy muy acreditados por esta opinión común, sin
-haber hombre que se les atreva! ¡Cuántos libros y cuántas obras en gran
-predicamento, que bien examinados no merecen el crédito que gozan! Pero
-yo me guardaré muy bien de poner nota en quien tiene estrella. ¡Cuántos
-sujetos sin valor y sin saber son celebrados á esta traza, sin haber
-hombre, que ose hablar, sino algún desesperado Bocalini!
-
-Si dan en decir que una es linda, lo ha de ser, aunque sea un trasgo.
-Si dan en que uno es sabio, se saldrá con ello, aunque sea un idiota.
-Si en que es gran pintura, aunque sea un borrón. Y de éstas toparéis
-mil vulgaridades. Tal es la tiranía de la afectada fama, la violencia
-del dar á entender todo lo contrario de lo que las cosas son. De suerte
-que hoy todo está en opinión y según como se toman las cosas.
-
-Pero ¡qué gran arte aquella del descifrar!, ponderaba Critilo. No sé
-qué me diera por saberla. Que me pareció de las más importantes para la
-humana vida.
-
-Sonrióse aquí el nuevo camarada y añadió:
-
-Otra me atrevo yo á comunicaros, harto más sutil y de mayor maestría.
-
-¿Qué dices?, le replicó Critilo. ¿Otra mayor puede hallarse en el mundo?
-
-Sí, respondió, que de cada día se van adelantando las materias y
-sutilizando las formas. Mucho más personas son los de hoy, que los de
-ayer y lo serán mañana.
-
-¿Cómo puedes decir eso, cuando todos convienen en que ya todo ha
-llegado á lo sumo y que está en su mayor pujanza, tan adelantadas todas
-las cosas de naturaleza y arte, que no se pueden mejorar?
-
-Engáñase de medio á medio quien tal dice, cuando todo lo que
-discurrieron los antiguos es niñería, respeto de lo que se piensa hoy,
-y mucho más será mañana. Nada es cuanto se ha dicho con lo que queda
-por decir. Y creedme, que todo, cuanto hay escrito en todas las artes
-y ciencias, no ha sido más que sacar una gota de agua del océano del
-saber. ¡Bueno estuviera el mundo, si ya los ingenios hubieran agotado
-la industria, la invención y la sabiduría! No sólo no han llegado las
-cosas al colmo de su perfección; pero ni aun á la mitad de lo que
-pueden subir.
-
-Dínos por tu vida, así llegue á ser más rancia, que la de Néstor, ¿qué
-arte puede ser esa tuya? ¿Qué habilidad, que sobrepuje al ver con cien
-ojos, al oir con cien orejas, al obrar con cien manos, proceder con
-dos rostros, doblando la atención al adevinar cuanto ha de ser y al
-descifrar un mundo entero?
-
-Todo eso, que exageras, es niñería, pues no pasa de la corteza. Es un
-discurrir de las puertas afuera. Aquello de llegar á escudriñar los
-senos de los pechos humanos, á descoser las entretelas del corazón, á
-dar fondo á la mayor capacidad, á medir un cerebro, por capaz que sea,
-á sondar el más profundo interior: eso sí que es algo, ésa sí que es
-fullería y que merece la tal habilidad ser estimada y codiciada.
-
-Estaban atónitos ambos peregrinos, oyendo tal destreza del discurrir,
-cuando prorrumpió Andrenio y le dijo:
-
-¿Quién eres, hombre ó prodigio, si ya no eres algún malicioso, algún
-malintencionado ó algún vecino, que es el que ve más?
-
-Nada de eso soy.
-
-¿Pues qué eres, que no te queda ya que ser, sino algún político ó un
-veneciano estadista?
-
-Yo soy, dijo, el Veedor de todo.
-
-Explícate, que menos te entiendo.
-
-¿Nunca habéis oído nombrar los zahoríes?
-
-Aguarda, ¿aquel disparate vulgar? ¿Aquella necedad celebrada?
-
-¿Cómo necedad?, les replicó. Zahoríes hay tan ciertos como perspicaces:
-por señas, que yo soy uno de ellos. Yo veo clarísimamente los corazones
-de todos, aun los más cerrados, como si fuesen de cristal. Y lo que por
-ellos pasa, como si lo tocase con las manos: que todos para mí llevan
-el alma en la palma. Vosotros, los que no gozáis de esta eminencia,
-asegúroos que no veis la mitad de las cosas ni la centésima parte
-de lo que hay que ver en el mundo. No veis sino la superficie, no
-ahondáis con la vista. Y así os engañáis siete veces al día. Hombres
-al fin superficiales. Pero á los que descubrimos cuanto pasa allá
-en las ensenadas de una interioridad, acullá dentro en el fondo de
-las intenciones, no hay echarnos dado falso. Somos tan tahures del
-discurrir, que brujuleamos por el semblante lo más delicado del pensar.
-Con sólo un ademán tenemos harto.
-
-¿Qué puedes tú ver, replicó Andrenio, más de lo que vemos nosotros?
-
-Sí y mucho. Yo llego á ver la misma sustancia de las cosas en una
-ojeada y no solos los accidentes y las apariencias, como vosotros. Yo
-conozco luego si hay sustancia en un sujeto, mido el fondo que tiene,
-descubro lo que tira y dónde alcanza, hasta dónde se estiende la esfera
-de su actividad, dónde llega su saber y su entender, cuánto ahonda su
-prudencia. Veo si tiene corazoncillo y el que bravos hígados y si se le
-han convertido en bazo. Pues el seso, yo le veo con tanta distinción,
-como si estuviese en un vidrio. Si está en su lugar, que algunos le
-tienen á un lado; si maduro ó verde. En viendo un sujeto, conozco lo
-que pesa y lo que piensa. Otra cosa más, que he topado muchos, que no
-tenían la lengua trabada con el corazón ni los ojos unidos con el seso,
-con dependencia dél. Otros, que no tienen hiel.
-
-¡Qué linda vida pasarán ésos!, dijo Critilo.
-
-Sí, porque nada sienten, de nada se consumen ni melancolizan. Pero, lo
-que es más de admirar, que hay algunos, que no tienen corazón.
-
-¿Pues cómo pueden vivir?
-
-Antes más y mejor, sin cuidados. Que corazón se dijo del curarse
-y tener cuidados. Á los tales nada les da pena, no se les viene á
-consumir, como al célebre duque de Feria, que, cuando llegaron á
-embalsamarle, le hallaron el corazón todo arrugado y consumido, conque
-le tenía grande. Yo veo si está sano y de qué color, si amarillo de
-envidia y si negro de malicia. Percibo su movimiento y me estoy mirando
-hacia dónde se inclina. Las más cerradas entrañas están á mis ojos
-muy patentes y descubro si están gastadas ó enteras. La sangre veo en
-sus venas y advierto el que la tiene limpia, noble y generosa. Lo
-mismo puedo decir del estómago. Luego conozco qué estómago le hacen á
-cualquiera los sucesos, si puede digerir las cosas. Y me río las más
-veces de los médicos, que estará el mal en las entrañas y ellos aplican
-los remedios al tobillo, procede el mal de la cabeza y recetan el untar
-los pies. Veo y distingo clarísimamente los humores y el de cada uno,
-si está ó no de buen humor, observándolo para la hora del despacho y
-conveniencia; si reina la melancolía, para remitirlo á mejor sazón; si
-gasta cólera ó flema.
-
-Válgate Dios por zahorí, dijo Andrenio, y lo que penetras.
-
-Pues aguarda, que eso es nada. Yo veo, yo conozco si uno tiene alma ó
-no.
-
-¿Pues hay quien no la tenga?
-
-Sí y muchos y por varios modos.
-
-¿Y cómo viven?
-
-En diptongo de vida y muerte. Andan sin alma como cántaros y sin
-corazón como hurones. Y en una palabra, de pies á cabeza, comprendo un
-sujeto, por dentro y fuera le reconozco y le defino, con que á muchos
-no les hallo definición. ¿Qué os parece de la habilidad?
-
-Que es cosa grande.
-
-Mas pregunto, dijo Critilo, ¿procede de arte ó naturaleza?
-
-Mi industria me cuesta y advierte que todas estas artes son de calidad,
-que se pegan platicando con quien las tiene.
-
-Yo la renuncio desde luego, dijo Andrenio; no trato de ser zahorí.
-
-¿Por qué no?
-
-Porque tú no has dicho lo malo que tiene.
-
-¿Qué le hallas tú de malo? ¿No es harto aquello de ver los muertos en
-sus sepulcros, aunque estén metidos entre mármoles ó siete estados
-bajo tierra, aquellas horribles cataduras, hormigueros de sabandijas,
-visiones de corrupción?
-
-Quita allá y líbreme Dios de tan trágico espectáculo, aunque sea de un
-rey. Dígote que no podría comer ni dormir en un mes.
-
-¡Qué bien lo entiendes! Ésos, nosotros no los vemos, que allí no hay
-que ver, pues todo paró en tierra, en polvo, en nada. Los vivos son
-los que á mí me espantan; que los muertos nunca me dieron pena. Los
-verdaderos muertos, que nosotros vemos y huímos, son los que andan por
-su pie.
-
-Si muertos, ¿cómo andan?
-
-Ahí verás que andan entre nosotros y arrojan pestilencial olor de su
-hedionda fama, de sus gastadas costumbres. Hay muchos ya podridos,
-que les huele mal el aliento; otros, que tienen roídas las entrañas,
-hombres sin conciencia, hembras sin vergüenza, gente sin alma; muchos,
-que parecen personas y son plazas muertas. Todos éstos sí que me causan
-á mí grande horror y tal vez se me espeluzan los cabellos.
-
-¿Según esto, replicó Critilo, también debes de ver lo que se cocina en
-cada casa?
-
-Sí, y á fe, muchos malos guisados. Veo maldades emparedadas que se
-cometen en los más escondidos retretes, fealdades arrinconadas que se
-echan luego á volar por las ventanas y andan de corrillo en corrillo
-corriendo á sus avergonzados dueños. Sobre todo, yo veo si uno tiene
-dinero y me río muchas veces de ver que algunos los tienen por ricos,
-por hombres adinerados y poderosos y yo sé que es su tesoro de duendes
-y sus baúles como los del Gran Capitán y aun sus cuentas. Á otros veo
-tenerlos por unos pozos de ciencia y yo llego y miro y veo que son
-secos. Pues de bondad, asegúroos que no veo la mitad. Así que no hay
-para mi vista cosa reservada ni escondida. Los billetes y las cartas,
-por selladas que estén, las leo y atino lo que contienen, en viendo
-para quién van y de quién vienen.
-
-Ahora no me espanto, decía Critilo, que oigan las paredes y más las de
-palacio, entapizadas de orejas. Al fin todo se sabe y se huele.
-
-¿Qué ves en mí?, le preguntó Andrenio. ¿Hay algo de sustancia?
-
-Eso no diré yo, respondió el Zahorí, porque, aunque todo lo veo, todo
-lo callo, que quien más sabe suele hablar menos.
-
-Procedían gustosamente embelesados, viéndole hacer maravillosas
-experiencias, cuando descubrieron á un lado del camino un estraño
-edificio, que en lo encantado parecía palacio y en lo ruidoso casa de
-contratación y en lo cerrado brete. No se le veían ventanas, ni puertas.
-
-¿Qué diptongo de estancia es ésta?, preguntaron.
-
-Y el Zahorí:
-
-Éste es el escándalo mayor.
-
-Pero al decir eso salió dél sin que advirtiese cómo ni por dónde un
-monstruo, sobre raro, formidable, mezcla de hombre y caballo, de
-aquellos que los antiguos llamaban centauros. Éste en dos brincos
-estuvo sobre ellos y, formando algunos caracoles, se fué arrimando á
-Andrenio y, asiéndole de un cabello, que para ocasión basta y para
-afición sobra, metióle á las ancas de aquel su semicaballo con alas,
-que todos los males vuelan, y en un instante dió la vuelta para su
-laberinto corriente y confusión al uso. Dieron voces los camaradas;
-mas en vano, porque dejaba atrás el viento y del mismo modo que
-saliera, sin saberse cómo ni por dónde, le metió allá, dejándole muy
-encastillado en nuevas monstruosidades.
-
-¡Hay tal violencia!, se lamentaba Critilo. ¿Qué casa ó qué ruina es
-ésta?
-
-Y el Zahorí suspirando le respondió:
-
-No es edificio, sino desedificación de tanto pasajero, casa hecha á
-cien malicias, bajío de la vejez, seminario de embustes y, para decirlo
-de una vez, éste es el palacio de Caco y de sus secuaces, que ya no
-habitan en cuevas.
-
-Diéronle muchas vueltas, sin poder distinguir la frente del envés.
-Rodeáronle todo muchas veces, sin poderle hallar entrada ni salida.
-Sonaban y aun tonaban los de dentro y aseguraba Critilo que sentía la
-voz de Andrenio, mas no percibía lo que decía ni descubría por donde
-podía haber entrado, afligiéndose en gran manera y desconfiando de
-poder penetrar allá.
-
-Ten pecho y espera, le dijo el Zahorí, y advierte que con gran
-facilidad habemos de entrar bien presto.
-
-¿Cómo, si no se le conocen entradas ni salidas ni un resquicio ni una
-rendrija?
-
-Ahí verás el primor de la industria cortesana. ¿No has visto tú entrar
-á muchos en los palacios sin saberse cómo ni por dónde y apoderarse de
-ellos y llegar á mandarlo todo? ¿No viste en Inglaterra introducirse
-un hijo de un carnicero á hacer carnicería de sangre noble, en Francia
-un cierto Noves á llevar al retortero los mismos pares? Nunca has oído
-preguntar á algunos simples: Señores ¿cómo entró aquél en Palacio, cómo
-consiguió el puesto y el empleo, con qué méritos por qué servicios? Y
-todo hombre encoge los hombros, cuando ellos se desencogen y hombrean.
-Yo tengo de introducirte en él.
-
-¿Cómo, no siendo mozo vergonzoso ni venturoso?
-
-Pues tú has de entrar como Pedro por Huesca.
-
-¿Qué Pedro fué ése?
-
-El famoso que la ganó.
-
-He, que no veo puerta ni ventana.
-
-No faltará alguna, que los que no pueden por las principales, entran
-por las escusadas.
-
-Aun ésas no descubro.
-
-Alto, entra por la de los entremetidos, que son los más.
-
-Y realmente fué así, que entraron allá con grande facilidad
-entremetiéndose.
-
-Luego que se vieron dentro, comenzaron á discurrir por el embustero
-palacio, notando cosas bien raras, aunque muy usadas en el mundo. Oían
-á muchos y á ninguno veían ni sabían con quién hablaban.
-
-¡Estraño encanto!, ponderaba Critilo.
-
-Has de saber, le dijo el Zahorí, que en entrando acá los más se
-vuelven invisibles, todos los que quieren y obran sin ser vistos. Verás
-cada día hacerse malos tiros y esconder la mano, tirar guijarros sin
-atinar de dónde vienen y echar voz que son duendes. Lo más se obra
-bajo manga. Hacen la copla y no la dicen. Mas, como yo tengo en estos
-ojos un par de viejas, en vez de niñas, todo lo descubro, que en eso
-consiste mucho el ser Zahorí. Sígueme, que has de ver bravas tramoyas y
-raros modos de vivir, no olvidando el descubrir á Andrenio.
-
-Introdújole en el primer salón desahogadamente capaz. Tendría
-cuatrocientos pasos de ancho, como dijo aquel otro duque, exagerando
-uno de sus palacios. Y riéndose los otros señores, que le escuchaban,
-le preguntaron:
-
-¿Pues cuánto tendrá de largo?
-
-Aquí él queriendo reparar su empeño, respondió:
-
-Tendrá algunos ciento y cincuenta.
-
-Estaba todo él coronado de mesas francesas con manteles alemanes y
-viandas españolas, muchas y muy regaladas, sin que viese ni supiese de
-dónde salían ni cómo venían; sólo se veían de cuando en cuando unas
-blancas y hermosas manos, con sus dedos coronados de anillos, con
-macetas de diamantes, muchos finos, los más falsos, que por el aire de
-su donaire servían á las mesas los regalados platos. Íbanse sentando á
-las mesas los convidados ó los comedores. Descogían los paños de mesa;
-mas no desplegaban sus labios. Comían y callaban, ya el capón, ya la
-perdiz, el pavo y el faisán, á costa de sus fénix, sin costarles un
-maravedí y cuando más una blanca, sin meterse en averiguar de dónde
-salía el regalo ni quién lo enviaba.
-
-¿Quién son éstos, preguntó Critilo, que comen como unos lobos y callan
-como unos borregos?
-
-Éstos, le respondió su veedor Zahorí, son los que de nada tienen asco,
-los que sufren mucho.
-
-Pues moscas en la delicada honra, ¿qué tienen que sufrir los que están
-tan regalados?
-
-Y aun por eso.
-
-¿De dónde sale tanta abundancia, Zahorí mío?
-
-De la copia de Amaltea; pero déjalos, que todo esto es un encanto de
-mediterráneas sirenas.
-
-Pasaron á otra mesa y allí vieron comer á otros muy buenos bocados, lo
-mejor que llegaba á la plaza ó á las despensas, la caza reciente, el
-pescado fresco y exquisito. Y esto sin tener rentas ni juros, aunque sí
-votos.
-
-Éste sí que es raro encanto, decía Critilo, que coman éstos como
-unos príncipes, siendo unos desdichados, y, lo que es más, sin tener
-hacienda, sin censos, sin conocérseles cosa sobre que llueva Dios, sin
-trabajar ni cansarse, antes holgándose y paseando todos los días. ¿De
-dónde sale esto, señor Zahorí, vos que lo veis todo?
-
-Aguarda, le respondió, y verás el misterio.
-
-Asomaron en esto unas garras, no de nieve como las primeras, sino de
-neblí y todas de rapiña, que traían velando, esto es, por el aire, el
-pichón y el gazapo. Quedó atónito Critilo y decía:
-
-¡Esto sí que es cazar! Ya echan piernas los que uñas y todo es comer
-por encanto.
-
-¿No has oído contar, le decía el Zahorí, que á algunos les traían de
-comer los cuervos y los perros?
-
-Sí; pero eran santos y éstos son diablos: aquello era por milagro.
-
-¿Pues esto es por misterio? Mas esto es niñería, respeto de lo que
-tragan aquellos otros, que están acullá más altos. Acerquémonos y verás
-los prodigios del encanto. Allí hay hombre que come los diez mil y los
-veinte mil de renta, que, cuando llegó á meter la mano en la masa y en
-la mesa, no traía mas que su capa y bien raída.
-
-¡Bravo encanto!
-
-Pues ésos son migajuelas reales. Mira aquellos otros.
-
-Y señalóle unos bien señalados.
-
-Aquéllos sí que tragan, pues, millones enteros.
-
-¡Qué bravos estómagos, oh avestruces de plata!
-
-Dejaron ésta y pasaron á otra sala, que parecía el vestuario, y aquí
-vieron sobre bufetes moscovitas muchos tabaques indianos con ricas y
-vistosas galas, lamas de Milán, telas de Nápoles, brocados y bordados,
-sin saberse quién los cosió ni de dónde venían. Echábase voz que eran
-para la casta Penélope y servían después para la Tais y la Flora.
-Decíase que para la honesta consorte y rozábalas la ramera. Todo se
-hacía invisible, todo noche y todo encanto. Había unas grandes fuentes,
-que brindaban hilos de perlas á unas y hacían saltar hilo á hilo las
-lágrimas á otras, á la mujer legítima y á la recatada hija. Chorrillos
-de diamantes, dichos así con propriedad, porque ya se ha hecho
-chorrillo del pedir. Salía la otra transformada de Guinea en una India
-de rubíes y esmeraldas, sin costarle al marido ó al hermano ni aun una
-palabra.
-
-¿De dónde tanta riqueza, Zahorí mío?
-
-Y él:
-
-¿De dónde? De esas fuentes. Ahí mismo manan. Que por eso se llamaron
-fuentes, porque son brulladores de perlas entre arenas de oro, riéndose
-de tanto necio.
-
-Llegaban los maridos y vestían muy á lo príncipe. Calzábanse el
-sombrero de castor á costa del menos casto. Sacaban ellas las randas
-al aire de su loca vanidad y todo paraba en aire. Aquí toparon el
-caballero del milagro y, no uno solo, sino muchos de aquellos que
-visten y comen, pasean y campan, sin saberse cómo ni de qué.
-
-¿Qué es esto?, decía Critilo. ¿Al que tiene lucida hacienda, rentas
-pingües, juros y posesiones, le pone grima el vivir, el poder pasar; y
-éstos, que no tienen dónde caer muertos, lucen, campan y triunfan?
-
-¿No ves tú, respondía el Zahorí, que á éstos nunca se les apedrean las
-viñas, jamás se les anieblan las hazas, no les llevan las avenidas los
-molinos, no se les mueren los ganados, por maravilla tienen desgracia
-alguna y así viven de gracia y chanza?
-
-Lo que fué mucho de ver, la sala de los presentes, que no de los
-pasados. Y aquí notaron los raros modos por donde venían los sobornos,
-los varios caminos por do llegaban los cohechos, la lámina preciosa
-por devoción, la pieza rica por cosa de gusto, la vajilla de oro por
-agradecimiento, el cestillo de perlas por cortesía, la fuente de
-doblones para alegrar la sangría, vaciando las venas y llenando la
-bolsa, los perniles para el unto, los capones para regalo y los dulces
-por chuchería.
-
-Señor Zahorí, decía Critilo, ¿cómo es esto, que los presentes antes
-estaban helados y ahora vienen llovidos?
-
-He, le respondía, ¿no veis que las cargas siguen á los cargos? Y es de
-notar que todo venía por el aire y en el aire.
-
-Raro palacio es éste, censuraba Andrenio, que sin cansarse los hombres,
-coman y beban, vistan y luzgan á pie quedo y á manos holgadas.
-¡Valiente encanto! Y porfiaban algunos que no hay palacios encantados y
-se burlan y ríen, cuando los oyen pintar. De ellos me río yo, aquí los
-quisiera ver.
-
-Lo que á mí más me admira, decía Critilo, es ver cómo se hacen las
-personas invisibles, no sólo los pequeños y los flacos, que eso no
-sería mucho, pero los muy grandes y que lo son mucho para escondidos;
-no sólo los flacos y exprimidos, pero los gordos y los godos, que no
-se dejan ver ni hablar ni parecen. En habiendo menester alguno que os
-importe, no le toparéis ni hay darle alcance: nunca están en casa. Y
-así decía uno:
-
-¿No come ni duerme este hombre, que á ninguna hora le topo?
-
-¿Pues qué, si ha de pagar ó prestar? No le hallaréis en todo el año.
-Hombre había, que se le sentía hablar y se negaba y él mismo decía:
-
-Decidle que no estoy en casa.
-
-Las mujeres entre mantos de humo envolvían mucha confusión y se hacían
-tan invisibles, que sus mismos maridos las desconocían y los propios
-hermanos, cuando las encontraban callejeando. Corrían voces, dejando
-á muchos muy corridos, y no se sabía quién las echaba ni de dónde
-salían; antes decían todos:
-
-Esto se dice; no me deis á mí por autor.
-
-Publicábanse libros y libelos, pasando de mano en mano, sin saberse
-el original. Y había autor, que, después de muchos años enterrado,
-componía libros y con harto ingenio, cuando no había ya ni memoria dél.
-Entremetiéronse en los más íntimos retretes, alcobas y camarines, donde
-toparon varias sombras de trasgos y de duendes, nocturnas visiones,
-que, aunque se decía no hacían daño, no era pequeño el robar la fama y
-descalabrar la honra. Andaban á escuras buscando los soles, los trasgos
-tras los ángeles. Aunque decía bien uno que las hermosas son diablos
-con caras de mujeres y las feas son mujeres con caras de diablos. Mas
-en esto de duendes los había estremados, que arrojaban piedras crueles,
-tirando al aire y aun al desaire, que abrían una honra de medio á
-medio. Y era de notar que las más locas acciones se obraban bajo
-cuerda, sin poder atinar con el intento ni el brazo: que fueron siempre
-muy otros los títulos, que se dan á las cosas, de los verdaderos
-motivos por que se hacían. Caían muchas habas negras, que mascaraban
-mucho á muchos, sin atinar quién las echaba. Y tal vez salían de la
-mano del más confidente. Y así aconsejaba bien el sabio á no comerlas,
-por ser de perversa digestión y mal alimento.
-
-Agora verás, le dijo el Zahorí, á vista de tal confusión de
-invisibilidades, si tuvo razón aquel otro filósofo, aunque se burlaron
-dél y hicieron fisga los más bachilleres.
-
-¿Y qué decía el tal estoico?
-
-Que no había verdaderos colores en los objetos. Que el verde no
-es verde ni el colorado, colorado; sino que todo consiste en las
-diferentes disposiciones de las superficies y en la luz que las baña.
-
-¡Rara paradoja!, dijo Critilo.
-
-Y el Veedor:
-
-Pues advierte que es la misma verdad y así verás cada día que de una
-misma cosa uno dice blanco y otro negro. Según concibe cada uno ó
-según percibe, así le da el color que quiere, conforme al afecto y no
-al efecto. No son las cosas mas de como se toman. Que de lo que hizo
-admiración Roma hizo donaire Grecia. Los más en el mundo son tintoreros
-y dan el color que les está bien al negocio, á la hazaña, á la empresa
-y al suceso. Informa cada uno á su modo: que según es la afición, así
-es la afectación. Habla cada uno de la feria, según le fué en ella.
-Pintar como querer. Que tanto es menester atender á la cosa alabada ó
-vituperada, como al que alaba ó vitupera. Ésta es la causa que de una
-hora para otra están las cosas de diferente data y muy de otro color.
-¿Pues qué es menester ya para hacer verbo de lo que se habla y de lo
-que se dice y de lo que corre? Aquí es el mayor encanto. No hay poder
-averiguar cosa de cierto. Así que es menester valerse del arte de
-discurrir y aun adivinar y no porque se hable en otra lengua que la del
-mismo país; pero con el artificio del hacer correr la voz y pasar la
-palabra, parece todo algarabía.
-
-Había al revés otros, que se hacían invisibles á ratos, el día que
-más eran menester en el trabajo, en la enfermedad, en la prisión, en
-la hora de hacer la fianza. Olían los males de cien leguas y huían
-de ellos otras tantas; pero pasada la borrasca, se aparecían como
-santelmos. Á la hora del comer se hacían muy visibles y más, si olían
-el capón de leche ó de Caspe, en la huelga, en el merendón, al dar
-barato, que no había librarse dellos; al punto se los hallaba un hombre
-al lado y en todas partes.
-
-Sin duda, decía Critilo, que éstos son demonios meridianos, pues todo
-el día andan asombrados y á la hora del comer se nos comen por pies.
-Cuando más son menester, se ocultan y, cuando menos, se aparecen.
-
-Sentían gorjear á Andrenio; mas sin verle. Que, en entrando allí, se
-había hecho invisible, muy hallado con el encanto, cuando más perdido
-en el común embeleco. Sentía Critilo en no atinar con él ni percibir
-de qué color estaba ni en qué pasos andaba, porque todos afectaban el
-negarse al conocimiento ajeno, que es tahurería el no jugar á juego
-descubierto. Hasta el hijo se celaba al padre y la mujer se recelaba
-del marido, el amigo no se concedía todo al mayor amigo. Ninguno había,
-que en todo procediese liso ni aun con el más confidente. Era muy
-aborrecida la luz, de unos por lo hipócrita, de otros por lo político,
-por lo vicioso y maligno. Maleábase Critilo de no poder dar alcance á
-su buscado Andrenio, descubriendo su nuevo modo de vivir de tramoya.
-
-¿De qué sirve, le decía á su camarada perspicaz, el ser zahorí toda la
-vida, si en la ocasión no nos vale? ¿Qué haces, si aquí no penetras?
-
-Pero consolóle, ofreciéndole descubrirle bien presto y aun á dar en
-tierra con todo aquel encanto embustero. Pero quien quisiere ver el
-cómo y aprender á desencantar casas y sujetos, que lo habrá tal vez
-menester y le valdrá mucho, estienda la paciencia, si no el gusto,
-hasta la otra Crisi.
-
-
-
-
-CRISI VI
-
-_El saber reinando._
-
-
-No hay maestro que no pueda ser discípulo, no hay belleza que no pueda
-ser vencida. El mismo sol reconoce á un escarabajo la ventaja del
-vivir. Excédenle, pues, al hombre en la perspicacia el lince, en el
-oído el ciervo, en la agilidad el gamo, en el olfato el perro, en el
-gusto el jimio y en lo vivaz la fénix. Pero entre todas estas ventajas,
-la que él más codició fué aquella del rumiar, que en algunos de los
-brutos se admira y no se imita.
-
-¡Qué gran cosa, decía, aquello de volver á repasar segunda vez lo que
-la primera á medio mascar se tragó, aquel desmenuzar despacio lo que se
-devoró apriesa!
-
-Juzgaba ésta por una singular conveniencia y no se engañaba, ya para
-el gusto, ya para el provecho. Contentóle de modo, que aseguran
-llegó á dar súplica al soberano Hacedor, representándole que, pues
-le había hecho uno como epílogo de todas las criadas perfecciones,
-no le quisiese privar de ésta, que él la estimaría, al paso que la
-deseaba. Vióse la petición humana en el consistorio divino y fuéle
-respondido que aquel don por que suplicaba ya se le había concedido
-anticipadamente desde que naciera. Quedó confuso con semejante
-respuesta y replicó cómo podía ser, pues nunca tal cosa había
-experimentado en sí ni platicado. Volviósele á responder advirtiese
-que con mayores realces la lograba, no en rumiar el pasto material,
-de que se sustenta el cuerpo, sino el espiritual, de que se alimenta
-el ánimo. Que realzase más los pensamientos y entendiese que el saber
-era su comer y las nobles noticias su alimento. Que fuese sacando de
-los senos de la memoria las cosas y pasándolas al entendimiento. Que
-rumiase bien lo que sin averiguar ni discurrir había tragado. Que
-repasase muy despacio lo que de ligero concibió. Piense, medite, cave,
-ahonde y pondere, vuelva una y otra vez á repasar y repensar las cosas.
-Consulte lo que ha de decir y mucho más lo que ha de obrar. Así que su
-rumiar ha de ser el repensar, viviendo del reconsejo muy á lo racional
-y discursivo.
-
-Esto le ponderaba el Zahorí á Critilo, cuando más desesperado andaba de
-poder dar alcance á su disimulado Andrenio.
-
-He, no te apures, le decía, que así como pensando hallamos la entrada
-en este encanto, así repensando hemos de topar la salida.
-
-Discurrió luego en abrir algún resquicio, por donde pudiese entrar un
-rayo de luz, una vislumbre de verdad. Y al mismo instante ¡oh cosa
-rara!, que comenzó á rayar la claridad, dió en tierra toda aquella
-máquina de confusiones. Que toda artimaña, en pareciendo, desaparece.
-Deshízose el encanto, cayeron aquellas encubridoras paredes, quedando
-todo patente y desenmarañado. Viéronse las caras unos á otros y las
-manos tan escondidas á los tiros. Constó del modo de proceder de cada
-uno. Así que, en amaneciendo la luz del desengaño, anocheció todo
-artificio. Mas para que se vea cuán hallados están los más con el
-embuste, especialmente cuando viven dél, al mismo punto, que se vieron
-desencastillados de aquel su Babel común y que habían dado en tierra
-con aquel su engañoso modo de pasar, que ya no llegaban á mesa puesta,
-como solían, con sus manos lavadas y la honra no limpia, luego, que
-comenzaron á echar menos la gala y la gula, el vestido guisado de buen
-gusto, sin costarles mas que una gorra, enfurecidos contra el que
-había ocasionado tanta infelicidad, arremetieron contra el Zahorí,
-descubridor de su artificio, llamándole enemigo común. Mas él, viéndose
-en tal aprieto, apretó los pies, digo las alas, y huyóse al sagrado
-de mirar y callar, voceándoles á los dos camaradas, que ya se habían
-abrazado y reconocido, tratasen de hacer lo mismo, prosiguiendo el
-viaje de su vida hacia la Corte del saber coronado, tan encomendada dél
-y de todos los sabios aplaudida.
-
-¡Qué entrada de Italia ésta!, ponderaba Critilo. ¡Qué de laberintos á
-esta traza, se nos aguardan en ella! Conviene prevenirnos de cautela,
-así como hacen los atentos en las entradas de las provincias donde
-llegan, en España contra las malicias, en Francia contra las vilezas,
-en Inglaterra las perfidias, en Alemania las groserías y en Italia los
-embustes.
-
-No les salió vana su presunción, pues á pocos pasos dieron en raro
-bivio, dudosa encrucijada, donde se partía el camino en otros dos, con
-ocasionado riesgo de perderse muy al uso del mundo. Comenzaron luego
-á dificultar cuál de las dos sendas tomarían, que parecían estremos.
-Estaban altercando al principio con encuentro de pareceres y después de
-afectos, cuando descubrieron una banda de cándidas palomas por el aire
-y otra de serpientes por la tierra. Parecieron aquéllas con su manso
-y sosegado vuelo venir á pacificarlos y mostrarles el verdadero camino
-con tan fausto agüero, quedando ambos en curiosa expectación de ver por
-cuál de las dos sendas echarían. Aquí ellas, dejada la de mano derecha,
-volaron por la siniestra.
-
-Esto está decidido, dijo Andrenio: no nos queda que dudar.
-
-Oh sí, respondió Critilo: veamos por dónde se deshilan las serpientes.
-Porque advierte que la paloma no tanto guía á la prudencia cuanto á la
-simplicidad.
-
-Eso no, replicó Andrenio; antes suelo yo decir que no hay ave ni más
-sagaz ni más política, que la paloma.
-
-¿En qué lo fundas?
-
-En que ella es la que mejor sabe vivir, pues en fe de que no tiene
-hiel dondequiera halla cabida. Todos la miran con afecto y la acogen
-con regalo. No sólo no es temida como las de rapiña ni odiada como la
-serpiente, sino acariciada de todos, alzándose con el agrado de las
-gentes. Otra atención suya, que nunca vuela, sino á las casas blancas
-y nuevas y á las torres más lucidas. Pero ¿qué mayor política, que
-aquella de la hembra? Pues con cuatro caricias, que le hace al palomo,
-le obliga á partirse el trabajo de empollar y sacar los hijuelos,
-aviniéndose muy bien con el esposo y enseñando á las mujeres bravas y
-fuertes á templarse y saberse avenir con sus maridos. Mas donde ella
-juega de arte mayor es en lo de sus polluelos, que, aunque se los
-hurten y delante de los ojos se los maten, no por eso se mata ella ni
-se mete en guerra por defenderlos, no pasa pena alguna; sino que come
-y vive de ellos. ¿Pues qué diré de aquella espaciosa ostentación, que
-suele hacer de sus plumas, cambiando visos y brillando argentería? Así
-que no hay otra razón de estado como la sinceridad y la mansedumbre de
-la paloma y que ella es la mayor estadista.
-
-Vieron en esto que la otra tropa de serpientes se fué deshilando por la
-senda contraria de la mano derecha, con que se aumentó su perplejidad.
-
-Éstas sí, decía Critilo, que son maestras de toda sagacidad. Ellas
-nos muestran el camino de la prudencia. Sigámoslas, que sin duda nos
-llevarán al Saber reinando.
-
-No haré yo tal, decía Andrenio, porque yo no sé que pare en otro todo
-el saber de las culebras, que en ir rastrando toda la vida entre los
-pies de todos.
-
-Resolviéronse al fin en seguir cada uno su vereda: éste de astucia de
-la serpiente y aquél de la sinceridad de la paloma, con cargo de que
-el primero, que descubriese la Corte del saber triunfante, avisase al
-otro y le comunicase el bien hallado. Á poco rato, que se perdieron de
-vista, no de afecto, encontró cada uno con su paraje bien diferente,
-habitado de gentes totalmente opuestas y que vivían muy al revés unos
-de otros.
-
-Hallóse Critilo entre aquellos, que llaman los reagudos, gente toda de
-alerta, hombres de ensenadas, de reflejas y de segundas intenciones,
-de trato nada liso, sino doblado. Fuésele apegando luego un grande
-narigudo, digo, nariagudo, no tanto para conducirle, cuanto para
-explorarle. Y comenzó á tentarle el vado y querer sondarle el fondo
-con rara destreza. Hombre al fin de atención y de intención. Hízosele
-amigo de los que llaman hechizos ó echadizos, afectando agasajos y
-mostrándosele muy oficioso, con que ambos se miraron con cautela y
-procedían con resguardo. Lo primero en que reparó Critilo fué que,
-encontrando muchos, que parecían muy personas, ellos no reparaban en él
-ni le hacían cortesía. Calificóla ó por grosería ó por insolencia.
-
-Ni uno ni otro, le respondió el nuevo camarada.
-
-¿Pues qué?
-
-Yo te lo diré. Que todos éstos son gente de su negocio y no atienden á
-otro. No hacen caso sino de quien pueden hacer fortuna, no se cuidan
-sino de quien dependen, y toda la cortesía, que hurtan á los demás, la
-gastan con éstos. Aquellos del otro lado son hijos deste siglo, y aun
-por eso tan metidos en él, todos puestos en acomodarse, como si se
-hubiesen de perpetuar acá.
-
-Toparon luego un raro sujeto, que, no contentándose con una ojeada, les
-echó media docena. Y aunque aquí todos andaban muy despiertos, éste les
-pareció desvelado.
-
-¿Quién es éste?, preguntó Critilo.
-
-No sé si te le podré dar á conocer así como quiera, que yo ha años que
-le trato y aún no le acabo de sondar ni acertaré á definirle. Baste por
-ahora saber que éste es el Marrajo.
-
-¡Oh sí, dijo Critilo, ya estoy al cabo!
-
-¿Cómo al cabo? Ni aun al principio. Que, si con otros para conocerlos
-es menester comer un almud de sal, con éste doblada: porque él lo es
-mucho.
-
-Oyeron á otro, que venía diciendo:
-
-La mitad del año con arte y engaño y la otra parte con engaño y arte.
-
-No tiene razón, glosó Critilo, porque este aforismo ya yo le he oído
-condenar y más entre astutos, donde más se engaña con la misma verdad,
-cuando ninguno cree que algún otro la diga. Éste, sin más ver que su
-figurilla y su modillo, es Tracillas; el mismo y viene hablando muy de
-lo secreto y profundo con aquel otro su mellizo.
-
-¿Y quién es?
-
-Á ése le llaman el bobico y estarán trazando cómo armar alguna
-zancadilla; pero de verdad que se las entienden. Que basta conocerlos y
-tenerlos en esa opinión.
-
-Y aun por eso viene diciendo aquel otro _sí, sí, entre bobos anda el
-juego_. Con esto no les dejan hacer baza.
-
-Asomó otro de la misma data.
-
-¿Qué papel hace éste?
-
-Es el tan nombrado Dropo y tan temido.
-
-¿Y aquél?
-
-El Zaino, otro que tal.
-
-¿Creerás que no veo alguno déstos, que no me asuste? Heles cobrado
-especial recelo.
-
-No me admiro. Porque á ninguno llegan á hablar, que no le suceda lo
-mismo. Todos los temen y se previenen.
-
-Por eso cuentan de la raposa, dijo el Nariagudo, que, volviendo un
-día muy asustados sus hijuelos á su cueva, diciendo habían visto una
-espantosa fiera con unos disformes colmillos de marfil:
-
-Quitá de ahí, no hay que temer, les dijo, que ese es elefante y una
-gran bestia: no os dé cuidado.
-
-Volvieron al otro día huyendo de otra, decían, con dos agudas puntas en
-la frente.
-
-He, que también es nada, les respondió, que sois unos simples.
-
-Agora sí, que hemos topado otra con las uñas como navajas, ondeando
-horribles melenas.
-
-Ése es el león; pero no hay que hacer caso, que no es tan bravo como le
-pintáis.
-
-Finalmente vinieron un día muy contentos por haber visto, decían, un
-otro, no animal ni fiera, sino muy diverso de todos los otros, pues
-desarmado, apacible, manso y risueño.
-
-Ahora sí, les dijo, que hay que temer. Guardaos dél, hijos míos, huid
-cien leguas.
-
-¿Por qué, si no tiene uñas ni puntas ni colmillos?
-
-Basta que tiene maña. Ése es el hombre. Guardaos, digo otra vez, de su
-malicia.
-
-Y tú de aquel que pasa por allá, á quien todos le señalan con el dedo á
-lo cigüeño. Es un raro sujeto, de quien dicen es un diablo y aun peor.
-Aquél, que va á su lado, te venderá siete veces al día. ¿Pues qué otro
-aquél, que va guiñando, llamado por eso el raposo, que lo es en el
-nombre y en los hechos? Tiene bravas correrías, que toda ésta es gente
-de artimaña.
-
-Ora díme, ¿qué será la causa, preguntó Critilo, que cada uno anda de
-por sí, nunca van juntos ni hacen camarada?, así como en cierta plaza,
-donde ví yo pasearse muchos ciudadanos y cada uno solo, sin osarse
-llegar, temiéndose unos á otros.
-
-¡Oh!, respondió el Nariagudo, por éstos y ésos se dijo: _cada lobo por
-su senda_.
-
-Fué muy de notar el encuentro del codicioso con el tramposo, porque
-urdía éste mil trapazas en un punto y el otro se las pasaba todas,
-aunque las conocía, en atención de su codicia. Y es lo bueno que cada
-uno decía del otro: ¡qué simple éste! ¡cómo que le engaño! ¿No reparas
-en aquel tan ruincillo, digo chicuelo? Pues todo es malicias. Nada de
-cuanto dices y piensas se le pasa por alto. Ni aquel otro de su tamaño
-hay echarle dado falso.
-
-Pues díme, ¿quién metió acá á aquél, que retira á tonto, y ya sabes que
-en pareciéndolo lo son y aun la mitad de los que no lo parecen?
-
-Advierte que no lo es, sino que sabe hacerlo. Así como aquel otro, que
-hace los zonzos, que no hay peor desentendido que el que no quiere
-entender.
-
-Dudó Critilo y aun lo preguntó si acaso estaban en la lonja de Venecia
-ó en el ayuntamiento de Córdoba ó en la plaza de Calatayud, que es
-más que todo. Donde dijo un forastero, hablando con un natural y
-confesándose vendido ó vencido:
-
-Señor mío, por eso dicen que sabe más el mayor necio de Calatayud, que
-el más cuerdo de mi patria. ¿No digo bien?
-
-No por cierto, le respondió.
-
-¿Pues por qué no?
-
-Porque no hay ningún necio en Calatayud ni cuerdo en vuestra ciudad.
-
-Pero nada has visto, le dijo el camarada, si no das una vista por la
-satrapía.
-
-Y guióle á ella. Díjole al entrar:
-
-Aquí abrir el ojo y aun ciento y retirarlos bien.
-
-Toparon un vejazo y otro más. Aquí admiró las bravas tretas, las
-grandes sutilezas, jugando todos de arte mayor, que todos eran
-peliagudos y nariagudos, mañosos, sagaces y políticos.
-
-Pero, mientras anda aquí Critilo, ya comprado, ya vendido, bien será
-que demos una vuelta en seguimiento de Andrenio, que va perdido por
-el contrario paraje. Que casi todos los mortales andan por estremos
-y el saber vivir consiste en topar el medio. Hallábase en el país de
-los buenos hombres y ¡qué diferentes de aquellos otros! Parecían de
-otra especie. Gente toda pacífica, por quienes nunca se revolvió el
-mundo ni se alborotó la feria. Encontró de los primeros con Juan de
-Buen Alma, á medio saludar, que se le olvidaban las palabras; con todo
-eso contrajeron estrecha amistad. Allegóseles un otro, que también
-dijo llamarse Juan, que aquí los más lo eran y buenos, si allá Pedros
-revueltos.
-
-¿Quién es aquel que pasa riéndose?
-
-Aquel es de quien dicen que de puro bueno se pierde y es un perdido.
-Aquel otro, el bueno bueno; y el que de puro bueno vale para nada,
-gente toda amigable.
-
-¡Qué poca ceremonia gastan!, ponderó Andrenio, ¡aun cortesía no hacen!
-
-Es que no saben engañar.
-
-Con todo eso se llegó y les saludó: _bon compaño_. Que venía con tal
-sea mi vida y mi alma con la suya. No se oía un sí ni un no entre
-ellos. En nada se contradecían, aunque dijeran la mayor paradoja,
-ni porfiaban. Y era tal su paz y sosiego, que dudó Andrenio si eran
-hombres de carne y sangre.
-
-Bien dudas, le respondió el hombre de su palabra, á quien se holgó
-mucho de ver, como cosa rara, y no era francés, que los más dellos son
-de pasta y buenas pastas. Y en confirmación dello repara en aquél, todo
-bocadeado, Don Fulano de Mazapán, que cada uno le da un pellizco. Aquel
-otro es el canónigo Blandura, que todo lo hace bueno.
-
-Vieron uno todo comido de moscas.
-
-Aquél es la buena miel.
-
-¡Qué buena gente toda ésta para superiores! Que ya así los buscan,
-cabezas de cera que las puedan volver y revolver donde quisieren y
-retorcerles las narices á un lado y á otro.
-
-Aquí toparon con Buenas Entrañas, que no pensaba mal de nadie ni tal
-creía.
-
-Aquél se pasa de bueno y está harto pasado. Mira á todos como él; pero,
-¡qué bueno estuviera el mundo, si así fueran todos!
-
-Venía con el dejado y bien dejado de todos.
-
-¡Qué hombre de tan linda corpulencia aquél!
-
-Es el celebrado Pachorra, que nada le quita el sueño ni por
-acontecimiento alguno le pierde, aunque sea el más trágico. Tanto que,
-despertándole una noche para darle aviso de un estraño suceso, que
-espantó el mundo:
-
-Quitaos de ahí, dijo á los criados, ¿y no estaba ahí mañana para
-decírmelo? ¿Pensabais que no había de llegar?
-
-Sobre todo no se hartaba Andrenio de ver su traje, nada á lo plático,
-sin pliegues, sin aforros y sin alforzas.
-
-Vió á Don Fulano de todos y para nadie y para nada acompañado de una
-gran camarada.
-
-Aquel de la mano derecha es el primero que llega y el de la izquierda,
-el último se le lleva. Al de más allá el que le pierde le gana y al
-otro, tanto le querría mío como ajeno. Allí viene el que no sabe negar
-cosa, el que no tiene cosa suya ni la acción ni la palabra. Aquel
-otro todo lo otorga, Don Fulano del sí, antípoda de monseñor _noli po
-fare_, gente toda bienquista y de vivir muchos años. De tal suerte que
-preguntó Andrenio si era aquella la región de los inmortales.
-
-¿Por qué lo dices?, le preguntó uno.
-
-Porque ninguno veo, que se mate ni se consuma. Yo no sé de qué mueren
-éstos.
-
-No mueren, que ya lo están.
-
-Antes yo digo que eso es saber vivir, tener buena complixión, hombres
-sanos, gente de buenos hígados, de buen estómago y que, si otros hacen
-de las tripas corazón, éstos al revés hacen del corazón tripas y crían
-buena panza.
-
-Así era su trato llano sin revoltijas. Ninguno tenía caracol en la
-garganta. Hablaban sin artificio, llevaban el alma en la palma y aun
-en palmas. No había aquí engañadores ni cortesanos ni cordobeses. Y
-con pasar en Italia, no había ningún italiano; cuando mucho, alguno
-de Bérgamo. De los españoles algún castellano viejo. De los franceses
-algún albernio. Y muchos polacos. Fiábanse de todos sin distinción y
-así todos los engañaban. Que ya no se ha de decir engañabobos, sino
-buenos, que ésos son los más fáciles de engañar.
-
-¡Qué lindo temple de tierra éste!, decía Andrenio, y mejor cielo.
-
-En otro tiempo habíais de haber venido, le dijo un viejo, hecho al
-buen tiempo, cuando todos se trataban de vos y todos decían vos como
-el Cid: entonces sí que estaba este país muy poblado. No, no se había
-descubierto aún el de la malicia ni se sabía hubiese tan mala tierra:
-siempre se creyó era inhabitable más que la tórrida zona. Dios se lo
-perdone á quien la halló. ¡Mirad qué India! No se topaba entonces un
-hombre doblado por maravilla y todo el mundo le conocía y le señalaban
-de una legua. Todos huían dél como de un tigre. Ahora todo está
-maleado, todo mudado, hasta los climas y, según van las cosas, dentro
-de pocos años será Alemania otra Italia y Valladolid otra Córdoba.
-
-Pero, aunque estaba allí Andrenio, no vendido, sino hallado en aquella
-mansión de la bondad y verdad, de la candidez y llaneza, con todo trató
-de dejarla, pareciéndole era sobrada simplicidad. Y fué cosa notable
-que ambos á la par, aunque tan distantes, parece que se orejearon, pues
-convinieron en dejar cada uno el estremo por donde había echado, el
-uno de la astucia, el otro de la sencillez. Y poniendo la mira en el
-medio, descubrieron la Corte del saber prudente y se encaminaron allá.
-Llegaron á encontrarse en un puesto, donde se volvían á unir ambas
-sendas y á emparejarse los estremos. Aquí pareció estarles esperando
-un raro personaje, de los portentosos, que se encuentran en la jornada
-de la vida. Porque, así como algunos suelen hacerse lenguas y otros
-ojos, éste se hacía sesos y todo él se veía hecho de sesos, de modo que
-tenía cien corduras, cien esperas, cien advertencias y otros tantos
-entendimientos. En suma, él era castellano en lo sustancial, aragonés
-en lo cuerdo, portugués en lo juicioso y todo español en ser hombre de
-mucha sustancia. Púsoselo á contemplar Andrenio, después de haberse
-confabulado con Critilo, y decía así:
-
-Señores, que tenga uno sesos en la cabeza está bien, que es allí el
-solio del alma; pero lengua de sesos ¿á qué propósito? Si, aun siendo
-de carne y muy sólida, desliza con riesgo de toda la persona, que sería
-menos inconveniente tropezar diez veces con los pies, antes que una con
-la lengua, que, si allí se maltrata el cuerpo con la caída, aquí se
-descompone toda el alma, ¿qué será de una masa tan fluida y deleznable?
-¿Quién la podrá gobernar?
-
-¡Oh, cómo te engañas!, le respondió el Sesudo, que así se llamaba;
-antes ahí conviene tener más seso, para andar con más tiento. Que no
-hay palabra más bienarticulada, que la que está en el buche.
-
-Narices de seso ¿quién tal inventó y para qué?, proseguía en su reparo
-Andrenio. Los ojos ya podrían, para no mirar á tontas y á locas; pero
-en las narices ¿de qué puede servir el seso?
-
-¡Oh sí y mucho!
-
-¿Pues para qué?
-
-Para impedir que no se les suba el humo á las narices y lo tizne todo
-y abrase un mundo. Hasta en los pies ha de haber seso y mucho y más en
-los malos pasos. Que por eso decía un atento:
-
-Aquí todo el seso ha de ir en el carcañal. Y si los que andan á caballo
-le llevasen en los pies, no perderían tan fácilmente los estribos;
-habría siquiera algún cuerdo entronizado. Así que todo el hombre para
-bien ir habría de ser de sesos. Seso en los oídos para no oir tantas
-mentiras ni escuchar tantas lisonjas, que vuelven locos á los tontos.
-Seso en las manos para no errar el manejo y atinar aquello en que se
-ponen. Hasta el corazón ha de ser de sesos para no dejarse tirar y aun
-arrastrar de sus afectos. Seso y más seso y mucho seso para ser hombre
-chapapado, sesudo y sustancial.
-
-¡Qué pocos he topado yo de ese modo!, decía Critilo.
-
-Antes oí decir á uno, ponderó Andrenio, que no había sino una onza de
-seso en todo el mundo y que de ésa, la mitad tenía un cierto personaje,
-que no le nombro por no incurrir en odio, y la otra estaba repartida
-por los demás: ¡mirad qué le cabría á cada uno! Engañóse quien tal
-dijo. Nunca más seso ha habido en el mundo, pues no ha dado ya al
-traste con tanta priesa como le han dado.
-
-Ora, díme, instó Andrenio, ¿de dónde has sacado tú tanto seso, así te
-dure? ¿Dónde le hallaste?
-
-¿Dónde? En las oficinas en que se forja y en las boticas donde se vende.
-
-¿Qué dices? ¿Boticas hay de cordura? Nunca tal he topado con tanto como
-he discurrido.
-
-¿Pues no te corres tú de saber dónde se vende el vestir y el comer
-y no dónde se compra el ser personas? Tiendas hay donde se feria el
-entendimiento y el juicio. Verdad sea que es menester tenerle para
-hallarle.
-
-¿Y á qué precio se vende?
-
-Á aprecio.
-
-¿De qué modo?
-
-Teniéndole.
-
-¿Á buen ojo?
-
-No, sino á peso y medida. Pero vamos, que hoy os he de conducir á las
-mismas oficinas donde se forjan y se labran los buenos juicios, los
-valientes entendimientos, á las escuelas de ser personas.
-
-Y dínos, ¿en esas oficinas, que tú dices, refinan mucho seso cada día?
-
-No va sino por años y para sola una onza hay que hacer toda una vida.
-
-Fuélos introduciendo en una tan espaciosa cuan especiosa plaza,
-coronada de alternados edificios, unos muy majestuosos, que parecían
-alcázares reales; otros muy pobres, como casas de filósofos; hasta
-pabellones militares entre patios de escuelas. Quedaron admirados
-nuestros peregrinos de ver tal variedad de edificios y, después de bien
-registrados los de una y otra acera, le preguntaron dónde estaban las
-oficinas del juicio, las tiendas del entendimiento.
-
-Esas, que veis, son. Mirad á un lado y á otro.
-
-¿Cómo es posible, si aquéllos son palacios, donde más presto suele
-perderse el juicio, que cobrarse, y aquellas otras militares tiendas
-más lo suelen ser de la temeridad, que de la cordura? Pues aquellos
-patios llenos de estudiantes, menos lo serán, que entre gente moza no
-se hallará la prudencia y en cascos verdes no cabe la madurez.
-
-Pues sabed que ésas son las oficinas donde se funden los buenos
-caudales. Ahí se forjan los grandes hombres. En esos talleres se
-desbastan de troncos y de estatuas y se labran los mayores sujetos.
-Mirad bien aquel primer palacio tan suntuoso y augusto. En él se
-fundieron los mayores hombres de aquel siglo, los prudentes senadores,
-los sabios consejeros, los famosos escritores. Y así como otros
-inculcan estatuas mudas entre columnas pesadas para adorno de las
-vistosas fachadas, aquí veréis gigantes vivos, varones eminentes.
-
-Así es, dijo Critilo, que aquel de la mano derecha parece el
-sentencioso Horacio y el de la izquierda es el más fecundo que facundo
-Ovidio, coronándole el superior Virgilio.
-
-Según eso, dijo Andrenio, ¿aquél es el palacio del más augusto de los
-Césares?
-
-No has de decir; se vió la oficina heroica de los mayores sujetos de su
-tiempo. Ese gran emperador les dió entendimiento con sus estimaciones
-y ellos á él inmortalidad con sus escritos. Volved la mira á aquel
-otro, no fabricado de mármoles sin alma, sino de vivas columnas, que
-sostienen reinos, escuela cortesana de los mayores entendimientos, y
-fueron muchos en aquella era.
-
-¿Sería grande su dueño?
-
-Y aun magnánimo, pues el inmortal rey Don Alonso, por quien se dijo que
-Aragón era la turquesa de los reyes.
-
-Vieron otro de animadas piedras, hablando con lenguas de inscripciones.
-No se veían tablas rasas de mármol, como en otros alcázares; sino
-grabadas de sentencias y heroicos dichos.
-
-¡Oh, gracias al cielo, dijo Critilo, que veo un palacio, que huele á
-personas!
-
-Fuélo mucho su gran dueño, digo el rey Don Juan el Segundo de
-Portugal, volviendo por el crédito de los Juanes. Pero no es menos de
-admirar aquél, que allá se ve alternado de espadas y de plumas del
-rey Francisco el primero de la Francia, estendiendo á la par ambas
-reales manos á los sabios y á los valerosos, que no á los farsantes y
-farfantes. Mas ¿no reparáis en aquel coronado de palmas y de laureles,
-que ocupa el supremo ápice del orbe y de los siglos? Aquél es el
-inmortal trono del gran pontífice León décimo, en cuyo seno anidaron
-las águilas ingeniosas, más seguramente que en el del fabuloso Júpiter;
-aunque fué ingeniosa invención para declarar cuán favorecidos deben ser
-de los príncipes los varones sabios, águilas en la vista y en el vuelo.
-Aquel otro es del prudentazo rey de las Españas Felipe el Segundo y
-escuela primera de la prudente política, donde se forjaron los grandes
-ministros, los insignes gobernadores, generales y virreyes.
-
-¿Qué tienda militar es aquélla, que se hace lugar entre los palacios
-magníficos? ¿Á qué propósito se baraja lo militar con lo cortesano?
-
-¡Oh, sí!, respondió el varón de sesos, porque has de saber que también
-los militares pabellones son oficinas de los hombres grandes, no menos
-valerosos que entendidos. Apréndese mucho en ellos. Dígalo el marqués
-de Grana y Carreto. Porque ahí se sabe, no tanto de capricho, cuanto de
-experiencia. Aquélla es la del Gran Capitán, á quien dió lugar entre
-los reyes el de Francia, diciendo:
-
-Bien puede comer con reyes el que vence reyes.
-
-Fué tan cortesano como valiente, de tan gran brazo como ingenio,
-plausible en dichos y en hechos. Aquella otra es del duque de Alba,
-escuela de la prudencia y experiencia, así como su casa en la paz era
-el paradero de los grandes hombres y por eso tan recomendada de Juan de
-Vega á su hijo, cuando le enviaba á la Corte.
-
-¿Qué otro modelo de edificios sabios son aquéllos, no suntuosos, pero
-honorosos?
-
-Ésos, dijo, no son alojamientos de Marte, albergues sí de Minerva.
-Ésos son los colegios mayores de las más célebres universidades de la
-Europa. Aquellos cuatro son los de Salamanca, aquel otro el de Alcalá y
-el de más allá San Bernardino de Toledo, Santiago el de Huesca, Santa
-Bárbara en París, los Albornoces de Bolonia y Santa Cruz de Valladolid.
-Oficinas todas donde se labran los mayores hombres de cada siglo, las
-columnas que sustentan después los reinos, de quienes se pueblan los
-consejos reales y los parlamentos supremos.
-
-¿Qué ruinas son aquellas tan lastimosas, cuyas descompuestas piedras
-parecen estar llorando su caída?
-
-Esas, que ahora lloran, en algún tiempo y siempre de oro, sudaban
-bálsamo oloroso y, lo que es más, distilaban sudor y tinta. Ésos fueron
-los palacios de los plausibles duques de Urbino y de Ferrara, asilos de
-Minerva, teatro de las buenas letras, centro de los superiores ingenios.
-
-¿Qué es la causa, preguntó Critilo, que no se ven anidar ya como solían
-las águilas en tantos reales asilos?
-
-No es porque no las haya, sino que no hay un Augusto para cada
-Virgilio, un Mecenas para cada Horacio, un Nerva para cada Marcial y un
-Trajano para cada Plinio. Creedme que todo gran hombre gusta de los
-grandes hombres.
-
-Mayor reparo es el mío, dijo Andrenio, y es cuál sea la causa que los
-príncipes se pagan más y les pagan también á un excelente pintor,
-á un escultor insigne, y los honran y premian mucho más, que á un
-historiador eminente, que al más divino poeta, que al más excelente
-escritor. Pues vemos que los pinceles sólo retratan el exterior; pero
-las plumas el interior. Y va la ventaja de uno á otro, que del cuerpo
-al alma. Exprimen aquéllos, cuando mucho, el talle, el garbo, la
-gentileza y tal vez la fiereza; pero éstas, el entendimiento, el valor,
-la virtud, la capacidad y las inmortales hazañas. Aquéllos les pueden
-dar vida por algún tiempo, mientras duraren las tablas ó los lienzos,
-ya sean bronces; mas estas otras por todos los venideros siglos, que
-es inmortalizarlos. Aquéllos los dan á conocer, digo á ver á los pocos
-que llegan á mirar sus retratos; mas éstas á los muchos que leen sus
-escritos, yendo de provincia en provincia, de lengua en lengua y aun de
-siglo en siglo.
-
-¡Oh Andrenio, Andrenio!, le respondió el Prudente, ¿no ves tú que las
-pinturas y las estatuas se ven con los ojos, se tocan con las manos,
-son obras materiales? No sé si me has entendido bastantemente.
-
-Vieron ya en las oficinas del tiempo y del ejemplo formar un grande
-hombre, copiándole más felizmente de siete héroes, que el retrato de
-Apeles de las siete mayores bellezas.
-
-¿Quién es éste?, preguntó Andrenio.
-
-Y el Sesudo:
-
-Éste es un héroe moderno, éste es...
-
-Tate, le interrumpió Critilo, no le nombres.
-
-¿Por qué no?, replicó Andrenio.
-
-Porque no importa.
-
-¿Cómo no, habiendo nombrado hasta agora tanto insigne varón, tantos
-plausibles sujetos?
-
-De eso estoy arrepentido.
-
-¿Pues por qué?
-
-Porque piensan ellos que el celebrarlos es deuda y así no hacen mérito
-del obsequio. Creen que procede de justicia, cuando no es sino muy de
-gracia. Por lo tanto anduvo discretamente donoso aquel autor, que en la
-segunda impresión de sus obras puso entre las erratas la dedicatoria
-primera.
-
-Al contrario en otra oficina atendieron cómo estaban forjando cien
-hombres de uno, cien reyes de un Don Fernando el Católico y aún le
-quedaba sustancia para otros tantos. Aquí era donde se fundían los
-grandes caudales y se formaban las grandes testas, los varones de
-chapa, los hombres sustanciales. Y notó Andrenio que lo más dificultoso
-de ajustar eran las narices.
-
-Hartas veces lo he reparado yo, decía Critilo, que suele acertar la
-naturaleza las demás facciones. Sacaba unos buenos ojos con ser de
-tanto artificio, una frente espaciosa y serena, una boca bien ajustada;
-pero en llegando á la nariz se pierde y de ordinario la yerra.
-
-Es la facción de la prudencia ésa, ponderó el Cuerdo, tablilla del
-mesón del alma, señuelo de la sagacidad y providencia.
-
-Resonó en esto un vulgar estruendo de trompetas y atabales.
-
-¿Qué es esto?, corrían de unas y otras partes preguntando.
-
-Pregón, pregón, respondían otros.
-
-¿Qué cosa?
-
-Un bando, que manda echar el coronado Saber por todo su imperio de
-aciertos.
-
-¿Y á quién destierran? ¿Acaso al Arrepentimiento, que no tiene cabida
-donde hay cordura, ó á tu grande enemiga la propria Satisfación?
-¿Publícase la guerra contra la envidiosa Fortuna?
-
-Nada de eso es, les respondieron, sino una crítica reforma de los
-comunes refranes.
-
-¿Cómo puede ser eso, replicó Andrenio, si están hoy tan recibidos, que
-los llaman Evangelios pequeños?
-
-Recibidos ó no, llegaos y oid lo que el pregonero vocea.
-
-Atendieron curiosos y, después de haber prohibido algunos, oyeron que
-proseguía así:
-
-Item más mandamos que ningún cuerdo en adelante diga que _quien tiene
-enemigos no duerma_; antes lo contrario, que se recoja temprano á su
-casa, se acueste luego y duerma, que se levante tarde y no salga de su
-casa hasta el sol salido.
-
-Item que nunca más se diga, que _quien no sabe de abuelo no sabe
-de bueno_; antes bien que no sabe de malo, pues no sabe que fué un
-mecánico sombrerero, un carnicero, un tundidor y otras cosas peores.
-
-Que ninguno sea osado decir que _los casamientos y las riñas de prisa_,
-por cuanto no hay cosa que se haya de tomar más de espacio que el irse
-á matar y casar y se tiene por constante que los más de los casados,
-si hoy hubieran de volver, lo pensaran mucho. Y como decía aquél:
-_Dejádmelo pensar cien años_.
-
-También se prohibe el decir que _más sabe el necio en su casa, que
-el sabio en la ajena_, pues el sabio dondequiera sabe y el necio
-dondequiera ignora.
-
-Sobre todo que ninguno de hoy más se atreva á decir _no me den
-consejos, sino dineros_, que el buen consejo es dineros y vale un
-tesoro y al que no tiene buen consejo no le bastará una India ni aun
-dos.
-
-Entiendan todos que aquel otro refrán, que dice _aquello se hace
-presto, que se hace bien_, proprio de los españoles, es más en favor de
-mozos perezosos, que de amos bien servidos, y así se ordena á petición
-de los franceses y aun de italianos que se vuelva del revés y diga en
-favor de los amos puntuales: _aquello se hace bien, que se hace presto_.
-
-Que por ningún acontecimiento se diga, que _la voz del pueblo es la
-de Dios_; sino de la ignorancia y de ordinario por la boca del vulgo
-suelen hablar todos los diablos.
-
-Item se suspende en esta era aquel otro _honra y provecho no caben en
-un saco_, viendo que hoy el que no tiene no es tenido.
-
-Como una gran blasfemia se veda el decir _ventura te dé Dios, hijo, que
-el saber poco te basta_, por cuanto de sabiduría nunca hay bastante ¿y
-qué mayor ventura que el saber y ser persona?
-
-Así como unos se prohiben del todo, otros se enmiendan en parte. Por lo
-cual no se diga que _al buen callar llaman Sancho_, sino Santo y en las
-mujeres milagroso, si ya no es que por Sancho se entienda lo callado
-del conejo.
-
-¿Quién tal pudo decir _asno de muchos, lobos se lo comen_?; antes él se
-los come á ellos y come como un lobo y come el pan de todos, diciendo:
-Yo me albardaré y el pan de todos me comeré; que ya el ser muy hombre
-embaraza y el saber bobear es ciencia de ciencias.
-
-Fué muy mal dicho _el mozo y el gallo un año_, porque, si es malo, ni
-un día, y si bueno, toda la vida.
-
-Item se condenan á descaramiento algunos otros, como decir _preso
-por mil, preso por mil y quinientas_; _al mayor amigo, el mayor
-tiro_. Y aquello de _ándeme yo caliente y ríase la gente_ es una muy
-desvergonzada frialdad; sólo se les permita á las mujeres, que andan
-escotadas el decir _ándeme yo fría y mas que todo el mundo se ría_.
-
-Otros se mandan moderar, como aquel _bien haya quien á los suyos
-parece_, que no se ha de estender á los hijos y nietos de alguaciles,
-escribanos, alcabaleros, farsantes, venteros y _otra simili canalla_.
-
-Otros se interpretan como aquel _dondequiera que vayas, de los tuyos
-hayas_; antes se ha de huir de los suyos el que quisiere vivir con
-quietud, paz y contento, y de sus paisanos el que pretendiere honra y
-estimación.
-
-Item se destierra por ocioso el _cobra buena fama y échate á dormir_,
-pues ya, aun antes de cobrarla, se echan á dormir todos.
-
-Modérese aquel que dice _en los nidos de antaño no hay pájaros ogaño_.
-Pluguiera á Dios que el amancebado y el adúltero no se estuvieran en
-el lecho como el chinche ni los tahures en el garito quemados, que
-estuvieran los nidos encubridores y las redes de las arañas de las
-escribanías, atentas á coger la mosca del malaconsejado pleiteante.
-
-Aquello de _Dios me dé contienda con quien me entienda_ sin duda que
-fué dicho de algún sencillo; los políticos no dicen así, sino con quien
-no me entienda ni atine con mis intentos ni descubra de una legua mis
-trazas.
-
-_El dormir sobre ello_ es una necedad muy perezosa; no diga sino velar.
-
-Item se prohibe como pestilente dicho _mal de muchos, consuelo de
-todos_; no decía en el original, sino de tontos y ellos le han
-adulterado.
-
-Á instancia de Séneca y otros filósofos morales sea tenido por un
-solemne disparate decir _haz bien y no mires á quién_; antes se ha
-de mirar mucho á quien, no sea el ingrato, al que se te alce con la
-baraja, al que te saque después los ojos con el mismo beneficio, al
-ruin que se ensanche, al villano que te tome la mano, á la hormiga que
-cobre alas, al pequeño que se suba á mayores, á la serpiente que reciba
-calor en tu seno y después te emponzoñe.
-
-No se diga que _lo que arrastra, honra_; sino al contrario, que lo que
-honra arrastra y trae á muchos más arrastrados que sillas.
-
-Item, á petición de los hortelanos, _no se dirá mal de tu perro_; pero
-sí de tu asno, que se come las berzas y las deja comer.
-
-Enmiéndese aquel otro _con tu mayor no partas peras_; no diga sino
-piedras, que lo demás es decir que se alce con todo.
-
-Tampoco sirve decir _quien todo lo quiere_, _todo lo pierde_, por
-cuanto es preciso tirar á todo y aun á más, para salir con algo. Dirá,
-pues, como quien yo sé: señor, si todo lo puedo, todo lo quiero.
-
-También es falso aquel de _bien canta Marta después de harta_; antes ni
-bien ni mal, que, en viéndose hartos, ni canta Marta ni pelea Marte,
-sino que se echan á poltrones.
-
-_Cada loco con su tema_ es poco; diga con dos y de aquí á un año con
-ciento.
-
-_Lo que se usa, no se escusa_: necedad. Eso es lo que se debe escusar,
-que ya no se usa lo bueno ni la virtud ni la verdad ni la vergüenza ni
-cosa, que comience deste modo.
-
-_Díselo tú una vez, que el diablo se lo dirá diez_: dicho de otro tal.
-Si malo, ¿para qué se lo ha de decir? Si bueno, nunca se lo dirá el
-diablo.
-
-Engañóse quien dijo que _el paciente es el postrero_; antes quieren ya
-ser los primeros en todo y ir delante.
-
-Por necedad se prohibe el decir _más valen amigos en plaza que dineros
-en arca_: lo uno porque ¿dónde se hallaran verdaderos y fieles?; lo
-otro porque á quien tiene dineros en arca nunca le faltan amigotes en
-todas partes.
-
-Aquel otro _ni para buenos ganar ni para malos dejar_ sin duda salió de
-algún gran perdigón, pues antes á los buenos se les ha de dejar y á los
-malos ganar, para que sean buenos.
-
-_No hay mal que no venga por bien_: una por una el mal va delante y
-abrir puerta á un mal es abrirla á ciento, porque el mal va donde más
-hay.
-
-Item se enmiende aquel _donde fueres, harás como vieres_; no diga sino
-como debes.
-
-Extínguese de todo punto aquel que dice _mal le va á la casa_, _donde
-no hay corona rasa_; antes muy bien y muy mal donde la hay, porque la
-hacienda de la Iglesia pierde toda la otra y arrasa la mejor casa.
-
-_Por mucho madrugar no amanece más presto_ es dicho de dormilones;
-entiendan que el trabajar es hacer día y el que madruga goza de día y
-medio; pero el que tarde se levanta todo el día trota.
-
-_Si uno no quiere, dos no barajan_: éste no tiene lugar en Valencia,
-porque allí, aunque uno no quiera empeñarse, le obligan y ha de
-porfiar, aunque reviente de cuerdo.
-
-No se diga ya que _el dar va con el tomar_, porque no se sigue bien.
-Podríase proponer por enigma y preguntar: ¿cuál fué el primero el dar ó
-el tomar?
-
-_Quien no sabe pedir, no sabe vivir_: ¡qué engaño!; antes el pedir es
-morir para los hombres de bien: no diga sino quien no sabe sufrir.
-
-Peor es aquel _quien tiene argén, tiene todo bien_; no sino todo mal,
-como decir _voluntad es vida_; no es sino muerte.
-
-Item se prohibe por cosa ridícula el decir _riña de por San Juan, paz
-para todo el año_: ¿qué más tiene la de por San Juan, que la de por San
-Antón? ¿Y quien tiene mal San Juan, qué buena pascua espera?
-
-_Duro es Pedro para cabrero_; peor fuera blando.
-
-_Quien se muda, Dios le ayuda_: entiéndese, cuando iba de mal en peor;
-que el mudar de cartas es treta de buenos jugadores, cuando dice mal el
-juego.
-
-_El sufrido es bien servido_; no, sino muy mal y cuanto más, peor.
-
-_¿Quieres ser papa? póntelo en la testa_: muchos se lo ponen, que no
-salen de sacristanes; más valdría en las manos, con obras y méritos.
-
-_Quien tiene lengua, á Roma va_: entiéndese por penitencia de los
-pecados del hablar.
-
-Por ningún caso se diga _darse un buen verde_; no, sino muy malo y muy
-negro, que al cabo deja en blanco y el rostro avergonzado y la tez
-amarilla y los labios cárdenos, vengándose dél todos los demás colores.
-
-Tampoco es verdadero decir _quien malas mañas ha_, _tarde ó nunca las
-pierde_; no, sino muy presto: porque ellas acaban con él y con la vida
-y con la hacienda y con la honra, cuando él no con ellas.
-
-Engañóse también el que dijo _casarás y amansarás_; antes al contrario
-es menester que ellas amansen, para poderse casar, y se tiene observado
-que ellos se vuelven más bravos, pues preguntando, ¿_por qué no riñe su
-amo_?, responde: _porque no es casado_.
-
-Mándale leer al trocado aquel que dice _que los locos dicen las
-verdades_, esto es que los que las dicen son tenidos por locos y aun
-de ese achaque se han deslumbrado varias veces algunas verdades bien
-importantes, que pudieran desengañar á muchos.
-
-Al que dijo _en Toledo no te cases, compañero_, pudiérasele preguntar
-¿pues dónde, que no suceda lo mismo? Léase en _Toledo_ sincopado, con
-que dirá en _todo_ el mundo.
-
-_El mozo vergonzoso, el diablo le metió en palacio_: ya no se ve el
-tal, sino su contrario, embusteros y aduladores.
-
-_Al médico y al letrado no le quieras engañado_; antes sí, que de
-ordinario discurren al revés y de ese modo acertarán.
-
-_No se toman truchas á bragas enjutas_; digo que sí, que los buenos
-pescadores las toman presentadas.
-
-_No hay peor sordo, que el que no quiere oir_: otro hay peor, aquel que
-_por una oreja le entra y por la otra se le va_.
-
-_Allá van leyes, donde quieren los reyes_; no digo sino los malos
-ministros.
-
-_Á mal paso, pasar postrero_; por ningún caso, ni primero ni postrero,
-sino rodear.
-
-_Cuando la barba de tu vecino veas pelar, echa la tuya en remojo_: ¿de
-qué servirá, sino de que se la pelen más fácilmente y aun se la repelen?
-
-_Más da el duro, que el desnudo_: una por una ya dió éste hasta la
-capa, el otro aún se está por ver; y él repite _para tener dineros,
-tenerlos_.
-
-Item se ordena que no se diga que _los criados son enemigos no
-escusados_; sino muy escusados y que para cada falta tienen cien
-escusas. Los hijos, sí, se llamen de esa suerte ó enemigos dulces, que
-cuando chiquitos hacen reir y cuando grandes llorar.
-
-_Grande pie y grande oreja, señal de grande bestia_: mas no, sino un
-piedecito de un chisgarabís sin asiento ni fundamento; y una grande
-oreja es alhaja de un príncipe, para oirlo todo.
-
-Item, ninguno se persuada que _son buenas mangas después de pascua_ y
-cuanto más anchas, peores, si es por pascua florida.
-
-Tampoco vale decir _quien calla otorga_; antes es un político atajo del
-negar y, cuando uno otorga en su favor, no se contenta con un sí, sino
-que echa media docena.
-
-Aquello de _á uso de Aragón, á buen servicio mal galardón_, los
-aragoneses lo entienden por pasiva.
-
-_Á falta de buenos, han hecho á mi marido jurado_: engáñase, que antes
-por ser ruin notoriamente, que ya se buscan los peores.
-
-_Quien quisiere mula sin tacha, estése sin ella_: bobería; más fácil es
-quitársela.
-
-_El que da presto, da dos veces_ no está bien entendido; no sólo dos,
-pero tres y cuatro. Porque en dando, luego le vuelven á pedir y él á
-dar, con que, mientras el duro da una vez, el liberal da cuatro.
-
-Desta suerte fué prosiguiendo el pregonero en prohibir otros muchos,
-que nuestros peregrinos, cansados de tal prolijidad, remitieron al
-examen de los entendidos y también porque les dió priesa el Sesudo,
-para que llegasen á la oficina mayor, donde se refinaba el seso y se
-afinaba la sindéresis. El cómo y dónde, quedarse ha para la otra Crisi.
-
-
-
-
-CRISI VII
-
-_La hija sin padre en los desvanes del mundo._
-
-
-Opinaron algunos sabios que con ser el hombre la obra más artificiosa y
-acabada, le faltaban aún muchas cosas para su total perfección. Echóle
-uno menos la ventanilla en el pecho, otro un ojo en cada mano, éste
-un candado en la boca y aquél una amarra en la voluntad; mas yo diría
-faltarle una chiminea en la coronilla de la cabeza y algunos dos, por
-donde se pudiesen exhalar los muchos humos, que continuamente están
-evaporando del cerebro. Y esto mucho más en la vejez. Que si bien la
-considera, no hay edad, que no tenga su tope, y alguna dos y la vejez
-ciento.
-
-Es la niñez ignorante, la mocedad desatenta, la edad varonil trabajada
-y la senectud jactanciosa. Siempre está humeando presunciones,
-evaporando jactancias, cebando estimaciones y solicitando aplausos.
-Como no hallan por dónde exhalarse estos desapacibles humos, sino por
-la boca, ocasionan notable enfado á los que les oyen y mucha risa, si
-son cuerdos.
-
-¿Quién creyera que Andrenio y mucho menos Critilo, recién caldeados en
-las oficinas de la cordura, frescamente salidos de darse un baño moral
-de prudencia y atención, habían de errar jamás las sendas de la virtud,
-las veredas de la entereza? Pero así como dentro de la más fina grana
-se engendra la polilla, que la come, y en las entrañas del cedro el
-gusano, que le carcome, así de la misma sabiduría nace la hinchazón,
-que la desluce, y en lo más profundo de la prudencia la presunción, que
-la desdora.
-
-Iban, pues, ambos peregrinos en compañía del varón de sesos,
-encaminándose á Roma y acercándose á su deseada Felisinda. No acababan
-de celebrar los prodigios de cordura, que habían hallado en ellos
-palacios del coronado saber, aquellos grandes hombres, forjados todos
-de sesos y aquellos otros de quienes se pudiera sacar zumo para otros
-diez y sustancia para otros veinte; los verdaderos gigantes del valor
-y del saber, los fundadores de las monarquías, no confundidores, los
-de cien orejas para las noticias y de cien manos para las ejecuciones;
-aquel estraño modo de cocer los sujetos grandes en cincuenta y sesenta
-otoños de ciencia y experiencia. Aquí vieron formar un gran rey y
-cómo le daban los brazos del emperador Carlos Quinto, la testa de
-Felipe Segundo y el corazón de Felipe Tercero y el celo de la religión
-católica del rey don Felipe Cuarto. Íbales dando las últimas liciones
-de cordura.
-
-Advertid, les decía, que por una de cuatro cosas llega un hombre á
-saber mucho, ó por haber vivido muchos años ó por haber caminado muchas
-tierras ó por haber leído muchos y buenos libros, que es más fácil, ó
-por haber conversado con amigos sabios y discretos, que es más gustoso.
-
-Por último primor de la cordura les encargó la española espera y la
-sagacidad italiana. Sobre todo, que atendiesen mucho á no errar las
-principales y mayores acciones de la vida, que son como las llaves del
-ser y del valer.
-
-Porque mirad, les decía, que un hombre pierda un diente ó una uña, y
-aunque sea un dedo, poco importa, fácilmente se suple ó se disimula;
-pero aquello de perder un brazo, tener un ojo menos, mancarse de una
-pierna, ésa sí que es gran tacha. Adviértese mucho, que afea toda la
-persona. Pues así digo que un hombre yerre una acción pequeña, no
-hace mucho al caso, fácilmente se disimula; pero aquello de errar las
-mayores acciones de la vida, las principales ejecuciones, en que va
-todo el ser, las partes sustanciales, eso sí que monta mucho, que es un
-cojear la honra, afear la fama y un deformar toda la vida.
-
-Esto iban repasando, cuando vieron que en medio del camino real estaban
-batallando dos bravos guerreros y, no sólo contendiendo de palabra,
-sino muy de obra, haciéndose el uno al otro valientes tiros á toda
-oposición. Aquí el sesudo guión hizo alto y, por evitar el empeño, les
-pidió licencia de retirarse á sagrado y volverse á su centro, que dijo
-ser el retrete de la prudencia; mas ellos, asiendo dél fuertemente,
-le suplicaron no los dejase y menos en aquella ocasión, antes bien
-que apresurasen todos tres el paso hacia los dos combatientes, para
-despartirlos y detenerlos.
-
-No hagáis tal, les dijo, que el que desparte suele siempre llevar la
-peor parte.
-
-Porfiaron ambos, encaminándose á la pendencia y llevándole á él asido
-en medio. Cuando llegaron cerca y creyeron hallarlos muy malparados y
-aun heridos de muerte de sus mismos hierros, advirtieron que no les
-salía gota de sangre ni les faltaba el menor pelo de la cabeza.
-
-Sin duda que estos guerreros, dijo Andrenio, están encantados y que son
-otros horrilos, que no pueden morir, sino es que les corten un cierto
-cabello de la cabeza, que suele ser el de la ocasión, ó les atraviesen
-la planta del pie, como fundamento de la vida, según lo discurre
-el ingenioso Ariosto, no bien entendido hasta hoy: perdónenme sus
-italianos ingenios.
-
-Ni es eso ni esotro, respondió el Sesudo; ya yo atino lo que es. Sabed
-que este primero es uno de aquellos, que llaman insensibles, de los
-que nada les hace mella, nada les empece, ni los mayores reveses de
-la fortuna ni los tajos de la propia naturaleza ni los mandobles de
-la ajena malignidad. Aunque todo el mundo se conjure contra ellos, no
-los sacará de su paso. No por eso dejan de comer ni pierden el sueño y
-dicen que es indolencia y aun magnanimidad.
-
-¿Y este otro, preguntó Andrenio, de tan gentil corpulencia, tan grueso
-y tan hinchado?
-
-Ése es, le respondió, de otro género de hombres, que llaman fantásticos
-y entumecidos, que tienen el cuerpo aéreo. No es aquella verdadera y
-sólida gordura; sino una hinchazón fofa. Y se conoce en que, si los
-hieren, no les sacan sangre, sino viento, haciendo más caso de la
-reputación que pierden, que de la herida que reciben.
-
-Pero lo más digno de reparo fué que á todo esto, no sólo no cesaron
-de su necia porfía, cuando llegaron á ellos los tres pasajeros; antes
-renovaron con mayor empeño la pendencia. Arremetieron á la par ambos
-peregrinos á detenerlos, dejando libre al Varón de sesos, que como tal,
-en viendo la suya, dejó la ajena y se metió en salvo, dejándolos á
-ellos en el empeño. Que siempre falta el seso á lo mejor y la cordura,
-cuando más fué menester. Con harta dificultad pudieron sosegarlos,
-preguntándoles la ocasión de su debate, á que respondieron ser por
-ellos. Causóles mayor reparo y aun cuidado.
-
-¿Cómo por nosotros, si no nos conocéis ni os conocemos?
-
-Ahí veréis lo poco que han menester para empeñarse dos necios. Peleamos
-por cuál os ha de ganar y conduciros á su región muy opuesta.
-
-Si por eso es, tratad de deponer los aceros y de informarnos de quiénes
-sois y adónde pretendéis llevarnos, dejándolo á nuestra elección.
-
-Yo, dijo el primero, queriéndolo ser en todo, soy el que guío los
-mortales pasajeros á ser inmortales, á lo más alto del mundo, á la
-región de la estimación, á la esfera del lucimiento.
-
-Gran cosa, dijo Critilo: á esa parte me atengo.
-
-Y tú ¿qué intentas?, le preguntó al otro Andrenio.
-
-Yo soy, respondió, el que en este paraje de la vida conduzgo los
-fatigados viandantes al deseado sosiego, á la quietud y al descanso.
-
-Hízole grande armonía á Andrenio esto del descansar, aquello de tender
-la pierna y dedicarse á la venerable poltronería y declaróse luego de
-su banda. Creció con esto la contienda, pasando de los dos guerreros á
-los dos peregrinos, y trabóse más porfiadamente entre los cuatro.
-
-Yo, decía Andrenio, al dulce ocio me consagro. Ya es tiempo de
-descansar. Trabajen los mozos, que ahora vienen al mundo, suden como
-nosotros hemos sudado, anhelen y revienten por conseguir los bienes de
-la industria y la fortuna; que á un viejo permítasele entregarse ya al
-dulce ocio y al descanso, atendiendo á su regalo, cuando no hace poco
-en vivir.
-
-¿Quién tal dice?, replicó Critilo. Cuanto más anciano uno, es más
-hombre, y cuanto más hombre, debe anhelar más á la honra y á la fama.
-No se ha de alimentar de la tierra, sino del cielo. No vive ya la vida
-material y sensual de los mozos ó los brutos, sino la espiritual y más
-superior de los viejos y los celestes espíritus. Goce de los frutos
-de la gloria, conseguidos con los afanes de tanta pena, corónese el
-trabajo de las demás edades con las honras de la senectud.
-
-Todo el precioso día gastaron en su necia altercación, asistiéndoles á
-cada uno su padrino, á Critilo el Vano, y á Andrenio el Poltrón, sin
-poderse ajustar; antes estuvieron al canto de dividirse, echando por su
-opinión cada uno. Mas Andrenio, porque no se dijese que siempre tomaba
-la contraria y quería salir con la suya, se dobló esta vez, diciendo
-que se rendía más al gusto de Critilo, que al acierto. Comenzóles
-á guiar el Fantástico y á seguirles el Ocioso, en fe de que les
-conduciría después á su paraje, no contentándoles el que emprendían,
-como lo tenía por cierto. Á pocos pasos descubrieron un empinado monte,
-con toda propiedad soberbio, y comenzó á celebrarse el Desvanecido,
-dándose todos los epítetos de grandeza.
-
-Mirad, decía, ¡qué excelencia, qué eminencia, qué alteza!
-
-¿Y dónde te dejas lo serenísimo?, replicó el Ocioso.
-
-Coronaba su frente un extravagante edificio, pues todo él se componía
-de chimeneas, no ya siete solas, sino setecientas, y por todas no
-paraba de salir espeso humo, que en altivos penachos se esparcía al
-aire, y todos se los llevaba el viento.
-
-¡Qué perennes voladores aquéllos!, ponderaba Critilo.
-
-¡Y qué enfadosa estancia!, decía Andrenio. ¿Quién puede vivir en ella?
-De mí digo, que ni un cuarto de hora.
-
-¡Qué bien lo entiendes!, respondió el Jactancioso; antes aquella es la
-vivienda propia de los muy personas, de los estimados y aplaudidos.
-
-Había chimeneas de todos modos, unas á la francesa, muy disimuladas y
-angostas; otras á la española, muy campanudas y huecas, para que aun en
-esto se muestre la natural antipatía de estas dos naciones, opuestas en
-todo, en el vestir, en el comer, en el andar y hablar, en los genios é
-ingenios.
-
-¿Veis allí, les decía el Vano, el alcázar más ilustre del orbe?
-
-¿De qué suerte?, replicó Andrenio.
-
-Y el Ocioso:
-
-Mejor dijeras el más tiznado, el más curado con tanta humareda.
-
-¿Pues hay hoy en el mundo cosa que más valga ni más se busque que el
-humo?
-
-¿Qué dices? ¿Y para qué puede valer, sino para tiznar el rostro, hacer
-llorar los ojos y echar á un cuerdo de su casa y aun del mundo?
-
-¿Quién tal discurre? No sólo no huyen dél las personas; sino que se
-andan tras él. Hombre hay, que por un poco de humo dará todo el oro
-de Génova, que no ya de Tíbar. Yo le ví dar á uno más de diez mil
-libras de plata por una onza de humo. Dicen que es hoy el mayor tesoro
-de algunos príncipes y que les vale una India, pues con él pagan los
-mayores servicios y con él contentan los más ambiciosos pretendientes.
-
-¿Cómo es eso, que con humo les pagan? ¿Cómo es posible?
-
-Sí, porque ellos se pagan de él. ¿Nunca has oído decir que con el humo
-de España se luce Roma? ¿Sabes tú qué cosa es tener un caballero humos
-de título y su mujer de condesa y de marquesa y que les llamen señoría?
-¿Humos de mariscal, de par de Francia, de grande de España, de palatino
-de Alemania, de baiboda de Polonia? ¿Piensas tú que se estiman en poco
-estas penacheras, tremolando al aire de su vanidad? Con este humo de
-la honrilla se alienta el soldado, se alimenta el letrado y todos se
-van tras él. ¿Qué piensas tú que fueron y son todas las insignias, que
-han inventado, ya el premio, ya la ambición, para distinguirse de los
-demás, las coronas romanas cívicas ó murales de encina ó grama, las
-cidaris persianas, los turbantes africanos, los hábitos españoles, las
-jarreteras inglesas y las bandas blancas? Un poco de humo, ya colorado,
-ya verde y de todas maneras y en todas partes plausible.
-
-Íbanse encaramando por aquellas alturas y subidas con buen aire y mucho
-aliento, cuando se sintió un extraordinario ruido dentro en el humoso
-palacio.
-
-¿Y esto más?, ponderó Andrenio. ¿Sobre humo ruido? Parece cosa de
-herrería de modo, que ya tenemos dos de aquellas tres cosas, que basta
-cada una á echar un cuerdo de sus casillas.
-
-También eso, acudió el Vano, es de las cosas más acreditadas y
-pretendidas en el mundo.
-
-¿El ruido estimado?, replicó Andrenio.
-
-Sí, porque aquí toda es gente ruidosa, todos se pican de hacer ruido en
-el mundo y que se hable de ellos. Para esto se hacen de sentir y hablan
-alto, hombres plausibles, hembras famosas, sujetos célebres. Que, si
-no es de ese modo, no se hace caso de un hombre en el mundo. Que, en
-no llevando el caballo campanillas ni cascabeles, nadie se vuelve
-á mirarle, el mismo toro le desprecia. Aunque sea el hombre de más
-importancia, si no es campanudo, no vale dos chochos. Por docto, por
-valiente que sea, en no haciendo ruido, no es conocido ni tiene aplauso
-ni vale nada.
-
-Reforzábase por puntos la vocería, que pareció hundirse el teatro de
-Babilonia.
-
-¿Qué será esto?, preguntó Critilo. Aquí alguna grande novedad hay.
-
-Es que vitorean algún gran sujeto, dijo el Fantástico.
-
-¿Y quién será el tal? Acaso algún insigne catedrático, algún vitorioso
-caudillo, decía Andrenio.
-
-No tanto como eso, respondió con mucha risa el Ocioso; en menos se
-emplean ya los vítores de estos tiempos. No será, sino que habrá dicho
-alguna chancilla de las que se usan algún farsante ó habrá recitado de
-buen aire su papel y ésa es la celebridad.
-
-¡Hay tal fruslería!, exclamaron. De modo ¿que éstos son los vítores de
-agora?
-
-Basta, que se celebra hoy más una chanza, que una hazaña. Todos
-cuantos vienen de unas partes y otras no traen otro, que referirnos,
-sino el cuentecillo, el chiste, la chancilla, y con eso pasan y se
-deslumbran los males. Más sonada es una tramoya, que una estratagema.
-Solemnizábanse en otro tiempo las graves sentencias, los heroicos
-dichos de los príncipes y señores; pero ahora la frialdad del truhán y
-el chiste de la cortesana.
-
-Comenzó á resonar por todas aquellas raridades del aire un bélico
-clarín, alborozando los espíritus y realzando los ánimos.
-
-¿Qué es esto?, preguntó Andrenio. ¿Á qué toca este noble instrumento,
-alma del aire, aliento de la fama? ¿Despierta acaso á dar alguna
-insigne batalla ó á celebrar el triunfo de alguna conseguida vitoria?
-
-Que no será eso, respondió el Ocioso; ya yo adivino lo que es, por la
-experiencia que tengo. Habrá pedido de beber algún cabo, algún señorazo
-de los muchos, que aquí yacen.
-
-¿Qué dices, hombre?, se impacientó Critilo. Dí que ha ejecutado alguna
-inmortal hazaña, dí que ha triunfado gloriosamente, que toca á beber la
-sangre de los enemigos; y no digas que brinda el otro en el banquete,
-que es afrenta vil emplear en acciones tan civiles las sublimes trompas
-del aplauso, reservadas á la heroica fama.
-
-Estaban ya para entrar, cuando se divirtió Andrenio en mirar la
-ostentosa pompa del arrogante edificio.
-
-¿Qué miras?, dijo el Fantástico.
-
-Miraba, respondió él, y aun reparaba que para ser ésta una casa tan
-majestuosa y un tanto monta de todas las ilustres casas, con tantas y
-tan soberbias torres, que dejan muy abajo á las de la imperial Zaragoza
-y ocupan esas regiones del aire, parece que tiene poco fundamento y ése
-flaco y falso.
-
-Rióse aquí mucho el Ocioso, que siempre iba picándoles á la retaguardia.
-
-Volvióse Andrenio y en amigable confianza le preguntó si sabía de quién
-era aquel alcázar y quién le habitaba.
-
-Sí, dijo, y más de lo que quisiera.
-
-Pues dínos, así te vea yo siempre lleno de dejadme estar, ¿quién es el
-que le embaraza, si no le llena?
-
-Éstos, dijo, son los célebres desvanes de aquella tan nombrada reina,
-la hija sin padres.
-
-Causóles mayor admiración.
-
-Hija y sin padres ¿cómo puede ser? Contradicción envuelve. Si es hija,
-padre ha de tener y madre también, que no viene del aire.
-
-Antes sí y dígoos que no tiene ni uno ni otra.
-
-¿Pues de quién es hija?
-
-¿De quién? De la nada y ella lo piensa ser todo y que todo es poco para
-ella y que todo se le debe.
-
-¡Hay tal hembra en el mundo! ¡Y que no la conozcamos nosotros!
-
-No os admiréis de eso, que os aseguro que ella misma no se conoce y
-los que más la tratan menos la entienden y viven desconocidos de sí
-mismos y quieren que todos los conozcan. Y si no, preguntadle de qué se
-desvanece el otro, no ya el que se levantó del polvo de la tierra, el
-nacido entre las malvas; sino el más estirado, el que dice se crió en
-limpios pañales. Á todos cuantos hay, que todos son hijos del barro y
-nietos de la nada, hermanos de los gusanos, casados con la pudrición.
-Que, si hoy son flores, mañana estiércol, ayer maravillas y hoy
-sombras, que aquí parecen y allí desaparecen.
-
-Según eso, dijo Andrenio, ¿esta vana reina es ó quiere ser la
-hinchadísima Soberbia?
-
-Puntualmente, ella misma. La que, siendo hija de la nada, presume ser
-algo y mucho y todo. ¿No reparáis qué huecos, qué entumecidos entran
-todos cuantos vienen, sin tener de qué ni saberse por qué? Antes bien,
-teniendo muchas causas de confundirse. Que, si ellos oyesen lo que
-los otros dicen, se hundirían siete estados bajo tierra. Que, como yo
-suelo ponderar, las más veces entra el viento de la presunción por los
-resquicios por donde había de salir. Que hacen muchos vanidad de lo que
-debieran humillación.
-
-Mas id ya reprimiendo la risa, que hallaréis bien donde emplearla.
-
-Entraron y volviendo la mira á todas partes, no hallaban dónde parar.
-No se veían en toda aquella gran concavidad ni columnas firmes,
-que la sustentasen, ni salones reales ni cuadras doradas, que la
-enriqueciesen, como se ven en otros palacios; sino desvanes y más
-desvanes, huequedades sin sustancia, bóvedas con mucha necedad. Todo
-estaba vacío de importancia y relleno de impertinencia. Encaminólos el
-Desvanecido al primer desván tan espacioso y estendido como hueco y al
-punto los emprendió un cierto personaje, diciéndoles:
-
-Señores míos, cosa sabida es que el señor conde Claros, mi tartarabuelo
-paterno, casó...
-
-Aguardad, señor, le dijo Critilo: mirad no fuese el conde Oscuros,
-cuando no hay cosa más escura que los principios de las prosapias. Á
-Alciato con eso en su Emblema de Proteo, donde pondera cuán oscuros son
-los cimientos de las casas.
-
-Por línea recta, decía otro, probaré yo descender del señor infante don
-Pelayo.
-
-Eso creeré yo, dijo Andrenio: que los más linajudos suelen venir de
-Pelayo en lo pelón, de Laín en lo calvo y de Rasura en lo raído.
-
-Estuvo precioso otro, que hacía vanidad de que en seiscientos años no
-había faltado varón en su casa, por no decir macho.
-
-Riólo mucho Andrenio y díjole:
-
-Señor mío, eso cualquier pícaro lo tiene. Y si no, veamos los
-esportilleros ¿descienden acaso de hombres ó de duendes? Desde Adán acá
-venimos todos de varón en varón, que no de trasgo en trasgo.
-
-Yo, decía una muy desvanecida, en verdad que vengo, y sépalo todo el
-mundo, de mi señora la infanta doña Toda.
-
-Poco le aprovecha eso, señora doña Calabaza, si vuestra señoría es doña
-Nada.
-
-Blasonaban muchos su casa de solar y ninguno contradecía. Hombre hubo
-de tan estraño capricho, que enfilaba su ascendencia de Hércules
-Pinario; que eso de el Cid y de Bernardo es de ayer. Y le averiguaron,
-curiosos de enfadados, que no descendía sino de Caco y de su mujer doña
-Etcétera.
-
-Que no son hidalguillos los míos, decía otra impertinentísima; sino un
-muy de los gordos.
-
-Y respondiéronla:
-
-Y aun de los hinchados.
-
-¿Qué bravo desván éste?, ponderaba Critilo. ¿No sabríamos cómo le
-nombran?
-
-Respondiéronle que aquélla era la sala del aire.
-
-Y lo creo, que no corre otro en el mundo.
-
-De la mejor cepa del reino, decía uno.
-
-Según eso, no será de blanco ni tinto; sino moscatel.
-
-Toparon un grande personaje, que estaba sacando un grande árbol de
-su genealogía, que eso de cepas es niñería. Iba injiriendo ramas de
-acá y de acullá y, después de haberse enramado mucho, paró todo en
-hojarascas, sin género de fruto.
-
-Desengáñense, dijo el Jactancioso, que no hay más casa en el mundo que
-la de Enríquez.
-
-Buena es ésa, respondió el Ocioso; pero aténgome á la de Manrique.
-
-Sí, es más rica.
-
-Lo que solemnizaron mucho fué ver fijar á muchos grandes escudos de
-armas á las puertas de sus casas, cuando no había un real dentro. Por
-eso decía aquél que no hay otra sangre que la real y mis armas son
-reales. En esto de los escudos de armas había donosas quimeras. Porque
-unos los llenaban de árboles y pudieran de troncos, otros de fieras y
-pudieran de bestias, de torres de viento muchos y todo era Babilonia.
-Valía allí un tesoro un cuarto de hierro, porque decían ser vizcaíno, á
-pesar de el Búho gallego, frío, infausto y de mal pico.
-
-¿No notáis, decía el Poltrón, las colas, que añaden todos á sus
-apellidos: González de tal, Rodríguez de cual, Pérez de allá y
-Fernández de acullá? ¿Es posible que ninguno quiere ser de acá?
-
-Procuraban todos injerirse en buenos troncos y de buen tamaño, unos á
-púa, otros á escudete. Jactábanse algunos descender de las casas de los
-ricos hombres y era verdad, porque ascendieron primero por los balcones
-y ventanas.
-
-No se vuelve colorada mi sangre, decía un gentilhombre.
-
-Y respondióle otro:
-
-Pues de verdad que ni de carne de doncella.
-
-No hay cuarto como el real, concluyó Andrenio, y más, si fuere de á
-ocho.
-
-¡Qué cansado salgo, decía Critilo, del primer desván!
-
-Pues advierte que aún nos quedan muchos y más enfadosos. Dirálo éste.
-
-Era muy ostentoso, porque había en él sitiales, doseles, tronos y
-troneras.
-
-Aquí habéis de entrar, les dijo el Jactancioso, y ya ceremonioso,
-haciendo cortesías y zalemas: á tantos pasos una inclinación y á
-tantos otra, de modo, que á cada paso su ceremonia y á cada razón su
-lisonja. Como si entrásedes á la audiencia del rey don Pedro el Cuarto
-de Aragón, llamado el Ceremonioso, por lo puntual y por lo autorizado
-en el modo del portarse. Aquí veréis las humanidades, afectando
-divinidades; toparéis adoradas muchas estatuas de insensibilidad.
-Vieron ya en un estrado una muy desvanecida hembra, que sin título
-ni realidad, se hacía servir de rodillas y muy mal, porque si aun
-ministrando el paje con manos y con pies y con toda la acción del
-cuerpo, se turba y no acierta á hacer cosa, ¿qué será sirviendo á
-medias, torciendo el cuerpo, doblando la rodilla, en gran daño de los
-búcaros y vidrios?
-
-Viendo esto, dijo Critilo:
-
-Mucho me temo que estas rodillas de estrado han de venir á parar en
-rodillas de cocina.
-
-Y realmente fué así, que toda aquella fantasía de adoraciones vino á
-parar en humillaciones y toda la afectación de grandeza se trocó en
-confusión de pobreza. Pero lo que les cayó muy en gusto y aun donaire
-fué ver tres casas llenas de pepitoria de familia, que con un solo
-título pretendían todos la señoría, unas por tías, otras por cuñadas,
-los hijos por herederos, las hijas por damas. De modo que entre padres
-y hijos, tíos y cuñados, llegaban á ser ciento. Y así dijo una harto
-entendida que aquella señoría parecía ciento en un pie.
-
-Era de reir oirles hablar hueco y entonado y con tal afectación, que
-aseguran que un cierto gran señor hizo junta de físicos para ver si
-podrían darle modo cómo hablar por el cogote, para distinguirse del
-pueblo: que eso de hablar por la boca era una cosa común y vulgar.
-
-Tenían muy medidas las cortesías, ¡ojalá las acciones! contados los
-pasos, que habían de dar al entrar y al salir, ¡así tuvieran ajustados
-los que daban en el vicio! Todo su cuidado ponían en los cumplimientos,
-¡ojalá en las costumbres! Todo su estudio en estos puntos, metiendo en
-ello grandes metafísicas, á quién habían de dar asiento y á quién no,
-dónde y á qué mano: que, si no fuera por esto, no supieran muchos cuál
-era su mano derecha. Causóle gran risa á Andrenio, haciendo gusto del
-enfado, ver amo, que estaba en pie todo el día, cansado y aun molido,
-manteniendo la tela de su impertinencia.
-
-¿Por qué no se sienta este señor, preguntó, siendo tan amigo de su
-comodidad?
-
-Y respondiéronle:
-
-Por no dar asiento á los otros.
-
-¡Hay tal impertinencia! ¡De modo que, porque no se sienten los demás
-delante dél, él tampoco se sienta delante de ellos! Y es lo bueno que
-se conciertan los tacaños en darle chasco, yéndose unos y viniendo
-otros, con que no están en pie media hora, y á él le tienen así todo el
-día.
-
-¿Y aquel otro por qué no se cubre, que se está helando el mundo?
-
-Porque no se cubran delante dél.
-
-Ésa sí que es una gran frialdad, pues él, como más delicado, estando
-todo el día descubierto, recoge un romadizo, con que por hacer del
-grave vendrá á ser el mocoso.
-
-Si daban silla á alguno, después de bien escrupuleada, y el tal quería
-acercarse para pregonar lo que pedía secreto, sentía que se la detenía
-el paje por detrás, como diciendo: _non plus ultra_. Y de verdad que
-las más veces será conveniencia, ya para no sentir el mal olor del
-afeite, cuidadoso della, ya del achaque, descuidado dél. En esto de
-las cortesías acontecía desayunarse cada mañana con un par de enfados.
-Porque había algunos de bravo humor, que se iban todo el día de casa en
-casa, de estrado en estrado, dándoles valientes sustos, escaseándoles
-la señoría, cercenándoles la excelencia. Que por eso dijo bien una que
-la pregmática de poderles dar señoría ó excelencia había sido ciencia
-para hacerles muchos desaires. Al contrario otro, cuando les iba á
-hablar, por haberles menester, llevaba consigo un gran saco de borra y,
-preguntándole para qué aquella prevención, respondió:
-
-De borra de cumplimientos, de paja de lisonjas y cortesías, cuanto
-quisieren, á hartar: que me cuesta poco y me vale mucho. Y más, cuando
-voy por mi negocio á pedir ó pretender, vacío mi saco de señorías y
-llénole de mercedes.
-
-Pero donde fué ya poco la risa y llegó á irrisión, donde Critilo
-exclamó diciendo: ¡Oh, Demócrito! ¿y dónde estás?, fué al ver
-la afectada femenil divinidad. Porque, si ellos son vanos, ellas
-desvanecidas, mas siempre andan por estremos.
-
-No hay ira, dijo el Sabio, sobre la de la mujer.
-
-Y podría añadirse ni soberbia. Sola una tiene desvanecimiento por diez
-hombres. Bien pueden ser ellos camaleones del viento; pero á fe que son
-ellas piraustas de la humareda. Estaban endiosadas en tronos de borra,
-sobre cojines de viento, más huecas que campanas, moviendo aprisa los
-abanicos, como fuelles de su hinchazón, papando aire, que no pueden
-vivir sin él. Si caminaban, era sobre corcho. Si dormían, en colchones
-de viento ó pluma. Si comían, azúcar de viento. Si vestían, randas al
-aire, mantos de humo y todo huequedad y vanidad. Más profanas, cuando
-más superiores. Adoradas de los serviles criados, que desta desvanecida
-adoración les debieron llamar gentiles hombres, que no de su gallardía.
-No se comunicaban con todas, sino con otras como ellas.
-
-Mi prima la duquesa, mi sobrina la marquesa. En no siendo princesa,
-no hay que hablar. Traedme la taza del duque, el anis del almirante,
-visíteme el médico de los príncipes y señores, aunque sea el más
-matante, recéteme el jarabe del rey, venga ó no venga bien, basta ser
-del rey; llamadme el sastre de la princesa.
-
-Faltóles la paciencia y pasaron al desván de la Ciencia, que de verdad
-hincha mucho y no hay peor locura que enloquecer de entendido ni mayor
-necedad que la que se origina del saber. Toparon aquí raras sabandijas
-del aire, los preciados de discretos, los bachilleres de estómago, los
-doctos legos, los conceptistas, las cultas resabidas, los miceros, los
-sabiondos y dotorcetes; pero á todos ellos ganaban en tercio y quinto
-de desvanecimiento los puros gramáticos, gente de brava satisfacción. Y
-así decía uno que él bastaba á inmortalizar los hombres con su estilo y
-hacer emes con su pluma. Decía ser el clarín de la fama, cuando todos
-le llamaban el cencerro del orbe.
-
-¡Ver éstos, ponderaba Critilo, cuando estampan algún mal librillo, la
-audacia con que entran, la satisfacción con que hablan! ¡Mal año para
-Aristóteles con todas sus metafísicas y á Séneca con sus profundidades!
-
-Achaque también de poetillas intrépidos, cuando desconfía Virgilio y
-manda quemar su inmortal Eneida y el ingenioso Bocalini comienza en su
-Prólogo recelando. Pues oir un astrólogo, el desvanecimiento, con que
-habla en un pronostiquillo de seis hojas y seis mil disparates, como si
-fuese el mejor tomo del Tostado.
-
-Aquí hallaron los Narcisos del aire, que pareció novedad. Porque los de
-los cristales, los pasados por agua, son ya vistos, aunque no vistosos.
-¡Qué bien glosaban ellos mismos á todo lo que decían y las más veces
-era un disparate!:
-
-¿Digo algo?
-
-Arqueando las cejas.
-
-¿No os parece que dije bien?
-
-Dictaba uno de estos, que se escuchan, un memorial para el rey y díjole
-al escribiente, que no llegaba á secretario:
-
-Escribí, señor.
-
-Y no bien hubo escrito esta sola palabra, cuando le dijo:
-
-Leed.
-
-Leyó _señor_ y él, cayéndosele la baba, comenzó á exclamar:
-
-Qué bien, señor, bien, mil veces bien.
-
-Había muchos déstos, que como si echaran preciosidades por la boca,
-peores que los que miran en el lienzo lo que arrojan por las narices,
-á cada palabra hacían pausa, solicitando el aplauso. Y si el oyente ó
-enfadado ó frío se les escusaba, ellos mismos le acordaban el descuido:
-
-¿Qué os parece? ¿No estuvo bien dicho?
-
-Pero los rematados eran algunos oradores, que en puesto tan grave y
-alto decían:
-
-¡Esto sí que es discurrir! Aquí, aquí ingenios míos, de puntillas, de
-puntillas.
-
-Cuando menos se tenía lo que decían, cuando menos subsistía el
-conceptillo.
-
-Y así decía uno déstos:
-
-Séneca dijo esto; pero más diré yo.
-
-¡Hay necedad más garrafal!, glosó Andrenio. ¡Qué esto pueda decir un
-blanco!
-
-Dejadlo, que es andaluz, dijo otro, ya tienen licencia.
-
-Esto dificultan los sabios, proseguía; yo daré la solución, yo lo diré
-y más y más.
-
-Juro por vida de la cordura, exclamó Critilo, que sueñan todos éstos en
-opinión de juicio y que dijo bien aquel gran monarca, habiendo oído á
-uno déstos:
-
-Traedme quien ore con seso.
-
-Y á otro semejante le apodó buñuelo de viento.
-
-Lástima es, ponderaba Critilo, que no haya un avisado avisador, que
-tuerza la boca, guiñe el ojo, doble el labio y se ageste de licenciado
-de Salamanca. Pero ya Momo anda á sombra de tejado y campea en su lugar
-el aplauso, cabeceando á lo necio, con la simplicísima lisonja, aquella
-hermosa, que basta á desvanecer al mismo bruto de Apuleyo.
-
-Señores, ponderaba Andrenio, que á los grandes hombres no les pese de
-haber nacido, que los entendidos quieran ser conocidos, súfraseles;
-pero que el nadilla y el nonadilla quieran parecer algo y mucho, que
-el niquilote lo quiera ser todo, que el villanón se ensanche, que el
-ruincillo se estire, que el que debría esconderse quiera campear,
-que el que tiene por qué callar blasfeme, ¿cómo nos ha de bastar la
-paciencia?
-
-Pues no hay sino tenerla y prestarla, dijo el Jactancioso. Que aquí no
-hay hombre sin penacho ni hembra sin garzota. Y muchos con penacheras
-de tornear de á doce palmos en alto y los avestruces baten las mayores,
-porque dicen les vienen nacidas. Y es de notar que, cuando parecían
-irlos dejando caer, los echan hacia atrás, haciendo cola de las que
-fueron crestas. Atended cuáles andan todos los pequeños de puntillas
-para poder ser vistos, ayúdanse de ponlevíes, ya para hacer ruido,
-ya para ser mirados. Hombrean aquéllos y alargan el cuello para ser
-estimados. Los otros hacen de los graves muy hinchados con fuelles de
-lisonja y desvanecimiento. Précianse éstos de muy apersonados y de
-tener gentil fachada, porque los exprimidos dicen no valer nada, gente
-de poca sustancia.
-
-¡Oh lo que importa la buena corpulencia!, decía uno de ellos, que da
-autoridad, no sólo para con el vulgo, sino para con un Senado: que
-los más son superficiales. Suple mucha falta de alma: que un abultado
-tiene andado mucho para parecer hombre de autoridad. Gran hombre y
-gran nombre prometen gran persona: que hace mucho ruido lo campanudo y
-parece gran cosa lo abultado.
-
-¿Qué hiciera el mundo sin mí?, pasaba diciendo un mochillero y no era
-español.
-
-Mas luego pasó otro, que lo era, y decía:
-
-Nosotros nacimos para mandar.
-
-Paseaba un mal gorrón, paseando la mano por el pecho, y decía:
-
-¡Qué arzobispo de Toledo se cría aquí! ¡Qué patriarca!
-
-Yo seré un gran médico, decía otro, que tengo buen talle y mejor parola.
-
-No faltaba en Italia soldado español, que no fuese luego don Diego y
-don Alonso. Y decía un italiano:
-
-¿_Signori, en España quién guarda la pécora_?
-
-Andá, le respondió uno, que en España no hay bestias ni hay vulgo como
-en las demás naciones.
-
-Llegaron actualmente á darle la enhorabuena á un cierto personaje de
-harto poca monta, de una merced muy moderada, y respondía:
-
-Pecho hay para todo. Dándose en él dos palmadas. Procedía otro muy á lo
-fantástico, hinchando los carrillos y soplando.
-
-Á éste, dijo Andrenio, sin duda que no le cabe el viento y humo en los
-cascos, cuando se le rezuma por la boca.
-
-Pasó en esto otro con un gran tizón en la mano, humeando ambos.
-
-¿Quién es éste?, preguntaron. Y respondiéronles:
-
-Éste es el que pegó fuego al célebre templo de Diana. En efecto, no más
-de porque se hablase dél en el mundo.
-
-¡Oh mentecato!, dijo Critilo. ¿Pues no advirtió que todos le habían de
-quemar la estatua y que su fama había de ser funesta?
-
-Que no se le dió á él nada de eso; no pretendió mas de que se hablase
-dél en el mundo, fuese bien ó mal. ¡Oh cuántos han hecho otro tanto,
-abrasando las ciudades y los reinos, no más de porque se hablase de
-ellos, pereciendo su honra, pero no su infamia! ¡Cuántos y cuántos
-sacrifican sus vidas al ídolo de la vanidad, más bárbaros que los
-caribes, exponiéndose á los choques y á los asaltos, no más de por
-andar en las gacetas, embarazando las cartas novas!
-
-¡Qué caro ruido!, ponderaba Critilo: dígole sonada necedad.
-
-Pero no se admiraron ya de haber visto todos estos imaginarios
-espacios, con caramanchones de la loca fantasía, desde el un cabo
-del mundo al otro, comenzando por Inglaterra, que es el estremo del
-desvanecimiento y aun de toda monstruosidad, compitiendo la belleza de
-sus cuerpos con la fealdad de sus almas. No estrañaron ya el desván de
-los necios linajudos ni el de los poderosos altivos por verse en alto,
-el de los hinchados sabios, de las insufribles hembras, con todos los
-demás. El que les hizo grande novedad fué uno, llamado el desván viejo,
-lleno de ratones ancianos, muy autorizados de canas y de calvas.
-
-Basta, dijo Andrenio, que yo siempre creí que el encanecer era un
-rezumarse el mucho seso; y agora conozco que en los más no es sino
-quedárseles el juicio en blanco.
-
-Escucharon lo que conversaban y hallaron que todo era jactarse y
-alabarse.
-
-En mi tiempo, decía uno, cuando yo era, cuando yo hacía y acontecía,
-entonces sí que había hombres; que agora todos son muñecas.
-
-Yo conocí, yo traté, decía otro, ¿no os acordáis de aquel gran maestro,
-el otro famoso predicador, pues aquel gran soldado? ¡Qué grandes
-hombres había en todo género de cosas! ¡Qué mujeres! Más valía una de
-entonces, que un hombre de agora.
-
-Desta suerte están todo el día diciendo mal del siglo presente, que
-no sé cómo los sufre. Nadie les parece que sabe, sino ellos. Á todos
-los demás tienen por mozos y por muchachos, aunque lleguen á los
-cuarenta y, mientras ellos viven, nunca llegan los otros á ser hombres
-ni á tener autoridad ni mando. Luego les salen con que ayer vinieron
-al mundo, que aún se están con la leche en los labios y con el pico
-amarillo.
-
-Antes que vos nacierais, antes que vinierais al mundo, ya yo estaba
-cansado.
-
-Y no miente, que á fe lo son de todas maneras, jactanciosos,
-vanagloriosos, ocupando uno de los más encaramados desvanes. Finalmente
-llegaron á otro tan estremo de fantástico, que dejaba muy atrás todos
-los pasados. Tenía dos gigantes columnas á la puerta, como _non plus
-ultra_ del desvanecimiento. Negábanles la entrada y hubiera sido
-conveniencia, porque, después de haber desperdiciado ruegos éstos y
-conciliado estimaciones aquéllos, al abrir ya la ostentosa puerta,
-digo puerto de torbellinos de viento, de tempestades, de vanidad,
-les embistió una tal avenida de humos y de fantasías, que dudaron si
-se habría reventado en el Vesubio algún volcán. Y fué tal el tropel
-de enfados, que, no le pudiendo tolerar, volvieron las espaldas á lo
-cuerdo. Pero qué desván de desvanes fuese el tal, promete decirlo la
-siguiente Crisi.
-
-
-
-
-CRISI VIII
-
-_La cueva de la nada._
-
-
-Á todas luces anduvieron desalumbrados los que dijeron que pudiera
-estar el mundo mejor trazado de lo que hoy lo está, con las mismas
-cosas de que se compone. Preguntados del modo, respondían que todo al
-revés de como hoy le vemos. Esto es, que el sol había de estar acá
-bajo ocupando el centro del universo y la tierra acullá arriba donde
-agora está el cielo en ajustada distancia. Porque de esa suerte los que
-hoy se experimentan azares, entonces se lograran conveniencias. Fuera
-siempre día claro, viéramosnos las caras á todas horas y procediéramos
-con lisura. Pues á la luz del mediodía con esto no hubiera noches
-prolijas para desazonados ni largas para enfermos ni capas de maldad
-para bellacos. No padeciéramos las desigualdades de los tiempos, las
-inclemencias del cielo ni la destemplanza de los climas. No hubiera
-invierno triste y encapotado, con nieves, nieblas y escarchas. No se
-sonaran los romadizos ni tosiéramos con los catarros. No conociéramos
-sabañones en el invierno ni sarpullido en el verano. No hubiera que
-emperezar por las mañanas ni que estar todo el día tragando humo á una
-chimenea, calentándonos por un lado y resfriándonos por el otro. No
-pasáramos el estío sudando, basqueando, dando vuelcos toda la noche
-por la cama. Escapáramonos de una tan intolerable plaga de sabandijas,
-enemigos ruincillos, mosquitos que pican y moscas que enfadan. Fuera
-siempre una primavera alegre y regocijada. No duraran solos quince
-días las rosas ni solos dos meses las flores. Cantaran todo el año los
-ruiseñores y fuera continuo el regalo de las guindas. No conociéramos
-entonces ni groseros Diciembres, ni Julios apicarados, con tanto
-desaliño. Todos fueran verdes Abriles y floridos Mayos á uso del
-paraíso, conduciendo todas estas comodidades á una salud de bronce y á
-una felicidad de oro.
-
-Otra cosa: que fuera cien veces mayor la tierra, pues todo lo que ahora
-es cielo, repartida en muchas y mayores provincias, habitadas de cultas
-y políticas naciones, no informes, sino uniformes, porque no hubiera
-entonces negros, chichimecos ni pigmeos, salvajes, etcétera.
-
-Otrosí: que no fuera tan seca España, airosa la Francia, húmeda Italia,
-fría Alemania, aneblada Inglaterra, hórrida Suecia y abrasada la
-Mauritania. Así que toda la tierra fuera un paraíso y todo el mundo un
-cielo.
-
-Deste modo discurrían hombres blancos y aun aplaudidos de sabios;
-pero, bien examinado este modo de echarse á discurrir, no tanto puede
-pasar por opinión, cuanto por capricho de entendimientos noveleros,
-amigos de trastornarlo todo y mudar las cosas cuadradas en redondas,
-dando materia de risa al sentencioso Venusino. Éstos, por huir de un
-inconveniente, dieron en muchos y mayores, quitando la variedad y
-con ella la hermosura y el gusto, destruyendo de todo punto el orden
-y concierto de los tiempos, de los años, los días y las horas, la
-conservación de las plantas, la sazón de los frutos, el sosiego de
-las noches, el descanso de los vivientes, procediendo á todo esto
-sin estrella, pues las habrían de desterrar todas por ociosas, no
-hallándolas ocupación ni puesto. Pero á todos estos desconciertos
-¿qué había de hacer el sol inmoble y apoltronado en el centro del
-mundo, contra toda su natural inclinación y obligación, que á fuer de
-vigilante príncipe pide moverse sin parar, dando una y otra vuelta por
-toda su lucida monarquía?
-
-He, que no es tratable eso; muévase el sol y camine, amanezca en unas
-partes y escóndase en otras, véalo todo muy de cerca y toque las cosas
-con sus rayos, influya con eficacia, caliente con actividad y refresque
-con templanza y retírese con alternación de tiempos y de efectos, aquí
-levanté vapores, allí conmueva vientos, hoy llueva, mañana nieve, ya
-cubierto, ya sereno, ande, visite, vivifique, pase y pasee de la una
-India á la otra, déjese ver ya en Flandes, ya en Lombardía, cumpliendo
-con las obligaciones de universal monarca del orbe, que, si el ocio
-dondequiera es culpable vicio, en el príncipe de los astros sería
-intolerable monstruosidad.
-
-Deste modo iban altercando el Honroso y el Ocioso. Éste que ya los
-guiaba y aquél que les seguía.
-
-Ora, dejaos, dijo Andrenio, de caprichosas cuestiones y decidnos ¿qué
-desván fuese aquel último y tan estremado?
-
-Aquel, respondió el Fantástico, es el de los primeros hombres del
-mundo, de los que ocupan la coronilla de Europa y aun la coronan. Y
-por eso tan altivos, que realmente tienen valor, pero se lo presumen;
-saben, pero se escuchan; obran, pero blasonan.
-
-¡Oh, qué capaz me pareció!, decía Critilo.
-
-Sí, el más hueco, porque es un agregado de todos los otros. Haced
-cuenta que estuvisteis á las mismas puertas de la plausible Lisboa.
-
-Sí, sí, exclamaron: el desván de los fidalgos portugueses. Cierto que
-serían famosos, si no fuesen fumosos; pero responden ellos que no puede
-dejar de haber mucho humo donde hay mucho fuego. Llámanles sebosos
-vulgarmente; pero ellos échanlo á crueles en sus memorables batallas.
-Tomaron mucho de su fundador Ulises, con que no se topa jamás portugués
-ni bobo ni cobarde.
-
-Pésame que no entrásedes allá, dijo el Holgón, porque hubiéradeis
-visto estremados pasajes de fantasía. Que, como en otras partes se
-fijó el _non plus ultra_ del valor, aquí el de la presunción. Allí
-hubiéradeis topado hidalguías de á par de Deus, solares de antes de
-Adán, enamorados perenales, poetas atronados, aunque ninguno aturdido,
-músicos de quita allá, ángeles, ingenios prodigiosos sin rastro de
-juicio. Y en una palabra, cuando las demás naciones de España, aun los
-mismos castellanos, alaban sus cosas con algún recelo, por excelentes
-que sean, yendo con tiento en celebrarlas: ¿esto vale algo?, es así
-así, parece bueno, los portugueses alaban sus cosas á todo hipérbole,
-á superlativa satisfación: ¡cosa famosa, cosa grande, la primera del
-mundo, no se hallará otra como ella en todo el orbe, que eso de Castela
-es poca cosa!
-
-Aguarda, dijo Critilo, entre éstas y éstas ¿dónde nos llevas? Que me
-parece vamos dando gran baja, pasando de estremo á estremo.
-
-No os dé cuidado, les respondió su flemático Guión, que os prometo que
-sin cansaros os habéis de hallar en el más holgado país del mundo, en
-el de los acomodados y que saben vivir. Asegúroos que son sombra suya
-los decantados Elisios y que los asombra. Aquí toparéis los hombres de
-buen gusto, los que viven y gozan.
-
-Mas, apenas dejaron el empinado monte, cuando entraron á glorias
-en un ameno y alegre prado, centro de delicias, estancia del buen
-tiempo, ya sea la primavera, coronada de flores, ya el otoño de
-frutas. Ostentábanse aquellos suelos cubiertos de alfombras del Abril,
-matizadas de Flora, recamadas de líquidos aljófares por las bellas
-niñas de la más alegre Aurora, si bien no se lograba fruto alguno.
-Comenzaban á registrar todas aquellas floridas campiñas, alternadas
-de huertas, parques, florestas y jardines y de trecho á trecho se
-levantaban vistosos edificios, que parecían casas todas de recreación.
-Porque allí campeaba la Tapada de Portugal, Buena Vista de Toledo,
-la Troya de Valencia, Comares de Granada, Fontanable de Francia, el
-Aranjuez de España, el Pusicio de Nápoles, Belveder de Roma. Fuéronse
-empeñando por un paseador espacioso y delicioso y no tan común, que no
-encontrasen gente de buen porte y de deporte, más lucios, que lucidos.
-Y entre muchos personajes muy particulares, ninguno conocido. Tomaban
-todos el viaje muy de espacio.
-
-_Pian piano_, decían los italianos.
-
-No vivir aprisa, repetían los españoles.
-
-Porque mirad, glosaba el _bel poltroni_, todos al cabo de la jornada de
-la vida llegamos á un mismo paradero, los sagaces tarde y los necios
-temprano. Unos llegan molidos, otros holgados, los sabios mueren, mas
-los tontos revientan. Estos hechos pedazos y aquellos muy enteros. Y de
-verdad que, pudiendo llegar algunos años después, que es gran necedad
-veinte años antes ni una hora.
-
-Saber un poco menos y vivir un poco más, iba diciendo uno.
-
-Y no os envidiéis los buenos ratos, les encargaba otro.
-
-No os queráis sisar los buenos días: _placheri placheri y mas
-placheri_, decía un italiano.
-
-Holgueta, holgueta, un español.
-
-Encontraban á cada paso estancias de mucho recreo, donde no trataban
-sino de darse un buen verde y dos azules y los que podían gozar de
-dos primaveras no se contentaban con una. Allí vieron los bailetes
-franceses, haciéndose piezas los mismos monsieures, bailando y
-silbando, los toros y cañas españolas, los banquetes flamencos, las
-comedias italianas, las músicas portuguesas, los gallos ingleses y las
-borracheras septentrionales.
-
-¡Qué lindo país, decía Andrenio, y lo que me va contentando! Esto sí
-que es vivir y no matarse.
-
-Pero notad, dijo el Fantástico, toda esta bulla, el poco ruido que hace
-en el mundo.
-
-¡Y que con tanto juglar, no sean estos hombres sonados!
-
-No es gente ruidosa, respondió el Dejado, no gustan de meter ruido en
-el mundo.
-
-Tampoco veo hombre conocido y, con pasar tantas carrozas llenas de
-príncipes y señores, no veo que sean nombrados.
-
-Es que lo disimulan y no poco.
-
-Toparon una gran muela de gentes y no personas. Tenían rodeado un
-monstruo de gordura, que no se le veían los ojos; pero sí una gran
-panza, colgada al cuello de un banda.
-
-¿Qué pesado hombre será éste?, dijo Andrenio.
-
-Pues te aseguro que lo es harto más un flaco, un podrido, un consumido
-ú consumidor, un estrecho, un estrujado. Que antes los muy gruesos de
-ordinario son más llevaderos, digo tolerables.
-
-Estaba dando reglas de _accomodabuntur_, hecho un oráculo de la propia
-_comodité_.
-
-¿Qué cosa es ésta?, preguntó Critilo.
-
-Ésta es, le respondieron, la escuela donde se enseña á vivir. Llegaos
-por vuestra conveniencia y aprenderéis á alargar los años y á estirar
-la vida.
-
-Llegaban unos y otros á consultarle aforismos de conservarse y él los
-daba y los platicaba. Estaba actualmente diciendo:
-
-_E yo volo videre quanto tempo potrá acampare un bel poltroni._
-
-Y repantigóse en una silla poltrona.
-
-Sin duda que esta es la escuela de Epicuro, dijo Andrenio.
-
-No será, respondió Critilo: que aquel filósofo no hablaba italiano.
-
-¡Qué importa, si lo obraba y lo vivía! Sea lo que fuere, éste puede ser
-maestro de aquel otro.
-
-Llegó uno, que platicaba en pachorra y díjole:
-
-_Messere_, ¿qué remedio para tener buenos días y mejores años?
-
-Aquí él, abriendo un geme de boca de los del gigante Goliat, habiendo
-hecho la salva á carcajadas, le respondió:
-
-_Bono_, _bono_, sentaos, que mientras pudiereis estar sentado, nunca
-habéis de estar en pie. Yo os quiero dar mejor regla de todas, la nata
-del vivir; pero habéismela de pagar en trentines catalanes.
-
-No será posible, respondió.
-
-¿Por qué no?
-
-Porque no han dejado uno tan solo los monsieures.
-
-Buen remedio, sean de los del duque de Alburquerque, que con un par me
-contento. _Ora va de regola, attentione. No pillar fastidio de nienti._
-
-¿De nada, _Messere_?
-
-_De nienti._
-
-¿Aunque se muera una hija, una hermana?
-
-_De nienti._
-
-¿Ni la mujer?
-
-Menos.
-
-¿Una tía de quien heredé?
-
-Oh, que cosa aquesta. Aunque se os muera todo un linaje entero de
-madrastras, cuñadas y suegras, haced los insensibles y decid que es
-magnanimidad.
-
-_Messere_, preguntó otro, y para tener buenas comidas y mejores cenas,
-¿cómo haría yo?
-
-Gastad en buenas ollas, lo que ahorréis de malas nuevas.
-
-¿Pues cómo haría yo para no oirlas?
-
-No escucharlas. Haced lo que aquel otro avisado, que al criado, que
-se descuidaba en decir algo, que de mil leguas le pudiese desazonar ó
-darle pena, al punto lo mandaba despedir de su servicio.
-
-_Patrono mio caro_, entró otro platicante de acomodado, todo eso es
-niñería con lo que yo pretendo. Decidme, ¿cómo haría yo, aunque me
-costase perder media hora de sueño, el no dormir una siesta para llegar
-á vivir unos, unos...?
-
-¿Qué? ¿Cien años?
-
-Más.
-
-¿Ciento y veinte?
-
-Poco es eso.
-
-¿Pues cuánto queréis vivir?
-
-Lo que ya hay ejemplar, lo que se vivía antiguamente.
-
-¿Qué? ¿Novecientos años?
-
-Sí, Sí.
-
-No tenéis mal gusto.
-
-¿Cómo haría yo para llegar siquiera á unos ochocientos?
-
-¿Para llegar decís? Mas, en llegando, ¿qué más tiene que hayan sido
-mil, que ciento?
-
-Aunque no fuesen sino unos quinientos.
-
-No puede ser eso, respondió.
-
-¿Por qué no?
-
-Porque no se usa.
-
-Pues así como vuelven todos los demás usos, ¿por qué no podría volver
-éste al cabo de los años mil y aun de los cuatro mil?
-
-¿No veis vos que los buenos usos nunca más vuelven ni lo bueno á tener
-vez?
-
-Pues, _Messere_, ¿cómo hacían aquellos primeros hombres del tiempo
-antiguo para vivir tanto?
-
-¿Qué? Ser buenos hombres, como quien no dice nada. No se pudrían de
-cosa, porque no había entonces mentiras ni aun en los casamientos ni
-escusas para no pagar ni largas para cumplir. No había preguntadores
-que matan, habladores que muelen, porfiados que atormentan, necios
-cansados que aporrean. No había quien estorbase ni mujeres tijeretas,
-criados rezongones. No mentían los oficiales ni aun los sastres. No
-había abogados ni alguaciles. Y lo que es más que todo eso, no había
-médicos. Y con que inventaron mil cosas, Júbal la música, Tubal Caín
-el hierro, no hubo hombre, que se aplicase á ser boticario. Así que
-nada había de todo esto: mirá si habían de vivir á ochocientos y á
-novecientos años los hombres, siendo tan personas. Quitadme vos todos
-estos topes, que yo os daré luego que vivan á mil y aun á dos mil años.
-Porque cada cosa déstas basta á quitar cien años de vida y hacer que
-se pudra y se consuma y se mate un hombre en cuatro días. Y digo que
-aun es milagro que vivan tanto; sino que á puro de ser buenos hombres
-viven algunos, que para éstos es el mundo. Otra cosa os sé decir, que
-según van de cada día empeorándose las materias, agotándose los bienes
-y aumentándose los males, adelantándose los malos usos, temo que se ha
-de ir acortando la vida de modo que no lleguen á ceñirse espada los
-hombres ni aun á atacarse las calzas.
-
-_Messere_, le replicó, será imposible eso y más en los tiempos, que
-alcanzamos, quitar que no haya pleitos, injusticias, falsedades,
-tiranías, latrocinios, ateísmos acá y herejías acullá. Pues tampoco
-faltarán guerras que destruyan, hambres que consuman, pestes que acaben
-y rayos que asuelen.
-
-Íbase ya muy desconsolado éste, cuando le llamó el _bel poltroni_ y le
-dijo:
-
-Ora, mire V. señoría, que no querría que se fuese triste de mi jovial
-presencia. Yo le daré una recetilla de conservar el individuo, que es
-hoy la más válida en Italia y la más corriente en todo el mundo y es
-ésta: _Cena poco, usa el foco, in testa capelo e poqui pensieri en el
-cerbelo. ¡Oh, la bella cosa!_
-
-¿De modo que me dice V. señoría que pocos cuidados?
-
-_Poquissimi._
-
-Según eso ¿no me conviene á mí el ser hombre de negocios ni asistir al
-despacho?
-
-Por ningún caso.
-
-¿Ni ministro?
-
-Menos.
-
-¿Ni tratar de avíos, llevar cuentas, ser asentista, mayordomo?
-
-De ningún modo.
-
-¿Ni estudiar mucho ni pleitear ni pretender?
-
-_Nata, nata de todo eso, nunca trabajar de cabeza_ y, en una palabra,
-_non curare de niente_.
-
-Desta suerte acudían unos y otros á consultarle _de tuenda valetudine_
-y á todos respondía muy al caso: á éste, folgueta; á aquél, vita bona,
-y á todos _andiamo alegremente_. Y á un cierto personaje bien grave le
-encargó mucho aquello de las sesenta ollas al mes.
-
-Paréceme, dijo Critilo, que toda esta ciencia del saber vivir y gozar
-para en pensar en nada y hacer nada y valer nada. Y como yo trato de
-ser algo y valer mucho, no se me asienta esta poltronería.
-
-Y con esto dió prisa en pasar adelante, siguiéndole Andrenio con harto
-dolor de su corazón, que le ahumaban mucho aquellas liciones y iba
-repasando su aforismo: _Non curare de niente_; sino del vientre.
-
-Pasaron adelante y entre varias tropelías del gusto, casas de gula
-y juego, toparon una gran casa, que repetía para palacio, con sus
-empinadas torres, soberbios homenajes y en medio de su majestuosa
-portada, en el mismo arquitrabe, se leía este letrero:
-
-Aquí yace el príncipe de tal.
-
-¿Cómo que yace? se escandalizó Andrenio. Yo le he visto pocas horas ha
-y sé que es vivo y que no piensa en morir tan presto.
-
-Eso creeré yo, le respondió el Honroso. También es verdad que aquí
-vivieron muchos héroes, antepasados suyos; pero el que aquí yace, que
-no vive, muerto es y huele tan mal, que todos se tapan las narices,
-cuando sienten la hediondez de sus viciosas costumbres. Ni es él solo
-el que yace; sino otros muchos sepultados en vida, amortajados entre
-algodones y embalsamados entre delicias.
-
-¿Cómo sabes tú que están muertos?, dijo el Ocioso.
-
-¿Y cómo sabes tú que están vivos?, replicó el Vano.
-
-Porque los veo comer.
-
-¿Pues qué, el comer es vivir?
-
-¿No les oyes roncar?
-
-Eso es decir que están muertos desde que nacieron y pasan plaza
-de finados, pues ya llegaron al fin del ser personas. Que, si la
-definición de la vida es el moverse, éstos no tienen acción propia ni
-obran cosa que valga. ¿Qué más muertos los quieres?
-
-Lastimábase Critilo de ver tal crueldad, que enterrasen los hombres
-vivos, y rióse el Vano de su llanto, diciéndole:
-
-Advierte que ellos mismos, por no matarse, se sepultan en vida y se
-vienen por su pie á enterrar en los sepulcros del ocio, en las urnas de
-la flojedad, quedando cubiertos del polvo del eterno olvido.
-
-¿Quién será aquel señor, que yace en aquel sepulcro de la hedionda
-lascivia?
-
-Quien no será más de lo que hasta hoy ha sido. Y de aquel otro antes
-se supo que fué muerto, que vivo, ó fué su nacer el morir. Mirad aquel
-príncipe: no hizo más ruido que el de su primero llanto, cuando entró
-en el mundo.
-
-He reparado, dijo Critilo, que no se topa un caballero francés
-sepultado en vida, habiendo tantos de otras naciones.
-
-Ésa, dijo el Honroso, es una singular prerrogativa de la nación
-francesa, que lo bueno se debe aplaudir. Sabed que en aquel belicoso
-reino ninguna damisela admitirá para esposo al que no hubiere asistido
-en algunas campañas. Que no los sacan para el tálamo del túmulo del
-ocio. Desprecian los Adonis de la corte, por los Martes de la campaña.
-
-¡Oh, qué buen gusto de madamas! Esa misma reputación introdujo la
-Católica reina doña Isabel en su palacio, entre sus damas; aunque duró
-poco, habiendo sido la primera, que se sirvió de las hijas de grandes
-señores.
-
-Estaban llenos aquellos holgazanes sepulcros, no de muertos vivos,
-sino de vivos muertos; y no sólo de los mayorazgos de las ilustres
-casas, sino de segundones, sucesores de retén, de terceros y de
-cuartos, sin que saliesen á medrar y valer ni en las campañas ni en
-las Universidades. Todos yacían en las mesas del juego, en el cieno de
-la torpeza, en el regazo de la ociosidad, única consorte del vicio. Y
-lo que es más, á vista de sus padrazos y madroñas, penándose de que
-les duela una uña y no haciendo caso de que les duela la honra y la
-conciencia con tan traidora piedad.
-
-Llegaron, después de haber paseado toda aquella dilatada compañía de la
-ociosidad, los prados del deporte y campo franco de los vicios, á dar
-vista á una tenebrosa gruta, boquerón funesto de una horrible cueva,
-que yacía al pie de aquella soberbia montaña, en lo más humilde de su
-falda, antípoda del empinado alcázar de la estimación honrosa, opuesta
-á él de todas maneras. Porque, si aquél se encumbraba á coronarse de
-estrellas, ésta se abatía á sepultarse en los abismos del olvido.
-
-Allí todo era empinarse al cielo; aquí, rodar por el suelo. Que para
-todo se hallan gustos: más de malos, que de buenos. Había la distancia
-de uno á otra, que va de un estremo de altivez á otro de abatimiento
-y vileza. Campeaba más la entrada, cuanto más oscura y tenebrosa. Que
-su mismo deslucimiento la hacía más notable. Era muy espaciosa, nada
-suntuosa, sin género alguno de simetría, basta y bruta. Y con ser tan
-fea y tan horrible, embocaba por ella un mundo de cosas. Los coches de
-á tres tiros, muy holgados, carrozas tiradas de seis pías y las más
-veces remendadas, sillas de mano, literas y trineos. Pero ningún carro
-triunfal.
-
-Estábaselo mirando Andrenio poco menos que aturdido; mas Critilo,
-solicitado de su mucha, aunque no ordinaria, curiosidad, comenzó á
-inquirir qué cueva fuese aquélla. Aquí el Honroso, sacando un gran
-suspiro del profundo de su sentimiento, dijo:
-
-¡Oh cuidados de los hombres! ¡Oh cuán mucha es la nada! Sabrás, oh
-Critilo, que ésta es aquella tan conocida cuan poco celebrada cueva,
-sepultura de tantos vivos, éste es el paradero de las tres partes del
-mundo, ésta es, y no te escandalices, la cueva de la nada.
-
-¿Cómo de la nada, replicó Andrenio, cuando yo veo desaguar en ella la
-gran corriente del siglo, el torrente del mundo, ciudades populosas,
-cortes grandes, reinos enteros?
-
-Pues advierte que, después de haber entrado allá todo eso que tú dices,
-se queda vacía.
-
-He, mira cuántos van entrando allá.
-
-Pues no hallarás persona dentro.
-
-¿Qué se hacen?
-
-Lo que hicieron.
-
-¿En qué paran?
-
-En lo que obraron. Fueron nada, obraron nada y así vinieron á parar en
-nada.
-
-Llegó en esto á querer entrar un cierto sujeto y, hablando con ellos,
-les dijo:
-
-Señores míos, yo lo he probado todo y no he hallado oficio ni empleo
-como no hacer nada.
-
-Y colóse dentro. Venía encaminado á ella un otro gran personaje con
-numerosa comitiva de lacayos y gentiles hombres, á toda prisa de su
-antojo, sin poderle detener ni los ruegos de sus más fieles criados ni
-los consejos de sus amigos. Salióle al paso el Honroso y díjole:
-
-Señor excelentísimo, serenísimo, sea lo que fuere, ¿cómo hace esto V.
-excelencia, pudiendo ser un príncipe famoso, el héroe de su casa, el
-aplauso de su siglo, obrando cosas memorables y hazañosas, llenando su
-familia de blasones? ¿Por qué se quiere sepultar en vida?
-
-Quitaos de ahí, le respondió, que no quiero nada ni se me da nada de
-todo; mas quiero hacer mi gusto y gozar de mi regalo. ¿Yo cansarme? ¿Yo
-molerme? ¡Bueno por mi vida! Nada, nada de eso.
-
-Y diciendo y no haciendo, metióse dentro á nunca más ser nombrado. Tras
-éste venía un mozo galancete, más estirado de calzas que de hombros y
-con tanta resolución como disolución, se fué á meter allá. Gritóle el
-Honroso, diciendo:
-
-Señor don Fulano, una palabra de una obra: ¿pues cómo un hijo de un tan
-gran padre, que llenó el mundo de sus heroicos aplausos, que floreció
-tanto en su siglo, así se quiere marchitar y sepultarse en el ocio y en
-el vicio?
-
-Mas él, atropellando con todo:
-
-No me enfadéis, le dijo, no me deis consejos: obraron tanto mis
-antepasados, que no me dejaron qué hacer. No se me da nada de no ser
-algo.
-
-Y lanzóse allá á no ser nunca visto ni oído.
-
-Desta suerte y tan sin dicha entraban unos y otros, estos y aquéllos,
-que se despoblaba el mundo y nunca se llenaba la infeliz sima de las
-honras y de las haciendas. Entraban caballeros, títulos, señores y aun
-príncipes. Y admirados de ver uno muy poderoso le dijeron:
-
-¿Y vos, señor, también venís á para acá?
-
-No vengo, respondió él; sino que me traen.
-
-Á fe que no es buena escusa.
-
-Entraban hombres de valor á valer nada, floridos ingenios á
-marchitarse, hombres de prendas á nunca desempeñarse. Pasaban del
-holgarse y del entretenerse á no ser estimados y del prado á la cueva
-de la nada, condenados á olvido sempiterno. Tenía ya el un pie en el
-umbral de la cueva un cierto personaje, que parecía de importancia,
-cuando llegó un otro de barbas tan agrias como su condición, que
-parecía persona de gobierno. Y tirándole de la capa, le dió un recado
-de parte de su gran dueño, ofreciéndole una embajada de las de primera
-clase y que otros muchos la pretendían; mas él, haciendo burla, no la
-quiso aceptar, diciendo:
-
-Yo renuncio todos los cargos con las cargas.
-
-Volvióle á hacer instancia tomase un bastón de general y él:
-
-Quita allá, que no quiero nada, sino á mí mismo y todo entero.
-
-¡Siquiera un virreinato!
-
-Nada, nada; déjenme estar en mis gustos y mis gastos.
-
-Y quedóse muy casado con su nada.
-
-Válgate por cueva de la nada, decía Critilo, y lo que te sorbes y te
-tragas.
-
-Estaban dos ruincillos, que no les dieran del pie, arrojando á
-puntillazos allá dentro á muchos hombres grandes, gente sin cuento por
-no ser de cuenta, sin darse manos de echar por no tenerlas.
-
-Allá van, decían, noblezas, hermosuras, gallardías, floridos años,
-bizarrías, galas, banquetes, paseos, saraos, entretenimientos, al
-covachón de la nada.
-
-¡Hay tal monstruosidad!, se lastimaba Critilo. ¿Y quién es esta vil
-canalla?
-
-Aquel es el Ocio y este otro es el Vicio, camaradas inseparables.
-
-Oyeron que estaba un ayo ponderándole á un hijo segundo de una de las
-mayores casas del reino:
-
-Mirad, señor, que podéis ser mucho.
-
-¿Cómo?
-
-Queriendo.
-
-He, que nací tarde.
-
-Adelantaos con la industria y con el mérito, recompensando con el valor
-el poco favor de la fortuna, que ése fué el atajo del Gran Capitán y
-algunos otros, que se aventajaron á sus venturosos mayorazgos. Pudiendo
-ser un león en la campaña, ¿queréis ser un lechón en el cenagal de la
-torpeza? Oid cómo os llaman los bélicos clarines á emplear las trompas
-de la fama. Cerrad los oídos á las cómicas Sirenas, que os quieren
-echar á pique de valer nada.
-
-Mas él, haciendo chanzas de las hazañas, respondía:
-
-¿Yo balas, yo asaltos, yo campañas, pudiéndome andar del paseo al
-juego, de la comedia al sarao? De eso me guardaré yo muy bien.
-
-Mirad que valdréis nada.
-
-Que no se me da nada.
-
-Y así fué, que tampoco se le dió nada y alcanzó nada.
-
-Á quien se le logró la diligencia fué al Honroso, que, viendo que un
-padre verdadero y muy prudente enviaba un hijo suyo, mozo de buenas
-esperanzas, á la Universidad de Salamanca para que por el atajo de las
-letras, que de verdad lo es así como rodeo el de las armas, llegase
-á conseguir un gran puesto, él en vez de ir á cursar, echó por el
-divertimiento y se encaminaba al paradero ordinario de valer nada.
-Compasivo el Honroso de ver perderse tan voluntariamente un tan buen
-ingenio, llegóse á él y díjole:
-
-Señor legista, qué malparecer habéis tomado, pudiendo estudiar y
-velando lucir y pretendiendo un colegio mayor, pasar á una chancillería
-y á un consejo real, que no hay más seguro pasadizo, que una beca.
-Olvidando todo esto, queréis malograr el precioso tiempo, hundir la
-hacienda y frustrar las esperanzas de vuestros padres. Cierto, que
-habéis tomado mal consejo.
-
-Valióle este aviso y aun desengaño, que importa mucho el tener buen
-entendimiento para abrazar la verdad. Y aseguran que velando y valiendo
-de grada en grada llegó á una presidencia, honrando su casa y su
-patria. Pero fué éste la Fénix entre muchos patos. Que lo común es
-trocar el libro por la baraja, el teatro literario por el cómico corral
-y el vade por la guitarra, con que el derecho anda tuerto y aun á
-ciegas, el digesto maldigerido, yendo á parar en la cueva de la nada,
-no siendo ni valiendo nada.
-
-Señores, ponderaba Critilo, que un hombre común, un plebeyo, trate de
-entrarse en esta cueva vulgar, pase, no me admiro: que de verdad les
-cuesta mucho el llegar á valer algo, estáles muy cara la reputación,
-cuéstales mucho la fama; pero los hombres de mucha naturaleza, los de
-buena sangre, los de ilustres casas, que por poco, que se ayuden, han
-de venir á valer mucho y dándoles todos la mano han de venir á tener
-mano en todo, que ésos se quieran enviciar y anonadar y sepultarse
-vivos en el covachón de la nada, cierto que es lastimosa infelicidad.
-Si los otros pelean con balas de plomo, el noble con balas de oro. Las
-letras, que en los demás son plata, en los nobles son oro y en los
-señores, piedras preciosas. ¡Oh, cuántos, por no cansarse media docena
-de cursos, anduvieron corridos toda la vida, por no lograr breve tiempo
-de trabajo, perdieron siglos de fama!
-
-Pero entre muchos de aquellos viles ministros, sepultureros del vicio,
-vieron que andaba muy atareada una bellísima hembra, convirtiendo en
-azar con manos de jazmín cuanto tocaba. Teníalas de nieve, pues todo
-lo elevan, tanto, que, en tocando el mayor hombre, el más prudente, el
-más sabio, le convertía en estatua de pórfido ó de mármol frío y no
-paraba un punto ni un momento de arrojar gente en aquella funesta sima
-del desprecio. Ni era menester traerlos con sogas ni con maromas; que
-sólo un cabello bastaba. Pero, ¿qué mucho, si los llevaba cuesta abajo?
-Hacía mayor estrago cuanto mayor prodigio era de belleza.
-
-¿Quién es ésta, preguntó Andrenio, que lleva traza de despoblar el
-mundo?
-
-¿Es posible, que no la conoces?, respondió su gran contrario el
-Honroso. ¿Ahora estamos en eso? Ésta es mi mayor antagonista, la misma
-deidad de Chipre, sino en persona, en sirena, en cuerpo, que no en
-espíritu. Huid de ella, que no hay otro remedio. Que, si eso hubiera
-hecho aquel príncipe, que tiene asido con mano de nieve y garra de
-neblí, no hubiera tan presto descaecido de héroe, que ya andaba en ese
-predicamento y muy adelante.
-
-¡Oh, qué lástima, se lamentaba Critilo, que al más empinado cedro,
-al más copado árbol, al que sobre todos se descollaba, se le fuese
-apegando esta inútil yedra, más infructífera cuanto más lozana!
-Cuando parece que le enlaza, entonces le aprisiona; cuando le adorna,
-le marchita; cuando le presta la pompa de sus hojas, le despoja de
-sus frutos, hasta que de todo punto le desnuda, le seca, le chupa
-la sustancia, le priva de la vida y le aniquila. ¿Qué más? ¿Y á
-cuántos volviste vanos? ¿Cuántos linces cegaste, cuántas águilas
-abatiste, á cuántos ufanos pavones hiciste abatir la rueda de su más
-bizarra ostentación? ¡Oh á cuántos, que comenzaban con bravos aceros,
-ablandaste los pechos! Tú eres, al fin, la aniquiladora común de
-sabios, santos y valerosos.
-
-Á otro lado de la cueva vieron un raro monstruo con visos de persona,
-haciendo á todo muy mala cara. Tenía estrañas fuerzas, pues asiendo con
-solos dos dedos, como haciendo asco, algunos suntuosos edificios, los
-arrojaba al centro de la nada.
-
-Allá va, decía, ese dorado palacio de Nerón, esas termas de Domiciano,
-esos jardines de Eliogábalo. Porque todos valieron nada y sirvieron de
-nada. No así los castillos fuertes, las incontrastables ciudadelas, que
-erigieron los valerosos príncipes, para llaves de sus reinos y freno de
-los contrarios. No los famosos templos, que eternizaron los piadosos
-monarcas; las dos mil iglesias, que dedicó á la madre de Dios el rey
-don Jaime.
-
-Allá van, decía, esos serrallos de Amurates, ese alcázar de Sardanápalo.
-
-Pero lo que mayor novedad les hizo fué verle asir las obras del ingenio
-y con notable desprecio vérselas arrojar allá. Hízole duelo á Critilo
-verle asir de un libro muy dorado y que amagaba sepultarle en el eterno
-olvido y rogóle no lo hiciese; más él, haciendo burla, le dijo:
-
-He, vaya allá, pues entre mucha adulación no tiene rastro de verdad ni
-de sustancia.
-
-Basta, replicó Critilo, que el dueño de que habla y á quien lo dedica
-le hará inmortal. No podrá, respondió él, que no hay cosa que más
-presto caiga que la mentirosa lisonja, que no tiene fundamento, antes
-solicita enfado.
-
-Echóle allá y tras él otros muchos libros, voceando:
-
-Allá van esas novelas frías, sueños de ingenios enfermos, esas comedias
-silbadas, llenas de impropiedades y faltas de verisimilitud.
-
-Apartó unas y dijo:
-
-Éstas no; resérvense para inmortales por su mucha propiedad y donoso
-gracejo.
-
-Miró el título Critilo, creyendo fuesen las de Terencio y leyó:
-
-Parte primera de Moreto.
-
-Éste es, le dijo, el Terencio de España. Allá van, decía, esos autores
-italianos.
-
-Reparó Critilo y díjole:
-
-¿Qué haces? Que se escandalizará el mundo, pues están hoy en tanta
-reputación las plumas italianas, como las espadas españolas.
-
-He, dijo, que muchos de estos italianos debajo de rumbosos títulos
-no meten realidad ni sustancia; los más pecan de flojos, no tienen
-pimienta en lo que escriben ni han hecho otros muchos dellos que echar
-á perder buenos títulos, como el autor de la Plaza universal. Prometen
-mucho y dejan burlado al lector y más si es español.
-
-Alargó la mano hacia otro estante y comenzó con harto desdén á arrojar
-libros. Leyó los títulos Critilo y advirtió eran españoles, de que se
-maravilló no poco y más cuando conoció eran historiadores y sin poder
-contenerse le dijo:
-
-¿Por qué desprecias esos escritos, llenos de inmortales hazañas?
-
-Y aun ésa es la desdicha, le respondió, que no corresponde lo que éstos
-escriben á lo que aquéllos obran. Asegúrote que no ha habido más hechos
-ni más heroicos, que los que han obrado los españoles; pero ningunos
-más malescritos, por los mismos españoles. Las más de estas historias
-son como tocino gordo, que á dos bocados empalagan. No escriben con
-la profundidad y garbo político, que los historiadores italianos, un
-Guiciardino, Bentivollo, Catarino de Ávila, el Siri y el Virago en sus
-Mercurios, secuaces todos de Tácito. Creedme que no han tenido genio en
-la historia, así como ni los franceses en la poesía.
-
-Con todo, de algunos reservaba algunas hojas; mas á otros todos enteros
-y aun sin desatarlos los tiraba de revés hacia la nada y decía:
-
-Nada valen, nada.
-
-Pero notó Critilo que por maravilla desechaba obra alguna de autor
-portugués.
-
-Éstos, decía, han sido grandes ingenios, todos son cuerpos con alma.
-
-Alteróse mucho Critilo al verle alargar la mano hacia algunos teólogos,
-así escolásticos, como morales y expositivos y respondióle á su reparo:
-
-Mira: los más déstos ya no hacen otro que trasladar y volver á repetir
-lo que ya estaba dicho. Tienen bravo cacoetes de estampar y es muy poco
-lo que añaden de nuevo, poco ó nada inventan.
-
-De solos comentarios sobre la primera parte de santo Tomás le vió echar
-media docena y decía:
-
-Andad allá.
-
-¿Qué decís?
-
-Lo dicho. Y haréis lo hecho. Allá van esos expositivos secos como
-esparto, que tejen lo que ha mil años que se estampó.
-
-De los legistas arrojaba librerías enteras y añadió que, si le dejaran,
-los quemara todos, fuera de unos cuantos. De los médicos echaba sin
-distinción, porque aseguraba que ni tienen modo ni concierto en el
-escribir.
-
-Mirad, decía, qué tanto, que aún no saben disponer un índice y esto
-habiendo tenido un tan prodigioso maestro como Galeno.
-
-Entretanto que esto le pasaba á Critilo, fuése acercando Andrenio al
-boquerón de la cueva y puso el pie en el deslizadero de su umbral; mas
-al punto arremetió á él el Honroso, diciéndole:
-
-¿Dónde vas? ¿Es posible que tú también te tientas de ser nada?
-
-Déjame, le respondió, que no quiero entrar; sino ver desde aquí lo que
-por allá pasa.
-
-Riólo mucho el Honroso y díjole:
-
-¿Qué has de ver, si todo en entrando allá es nada?
-
-Oiré.
-
-Siquiera menos. Porque las cosas, que una vez entran, nunca más son
-vistas ni oídas.
-
-Llamaré alguno.
-
-¿De qué suerte, que ninguno tiene nombre? Y si no, díme ¿del infinito
-número de gentes, que en tantos siglos han pasado, qué ha quedado de
-ellos? Ni aun la memoria de que fueron ni que hubo tales hombres. Solos
-son nombrados los que fueron eminentes en armas ó en letras, gobierno y
-santidad. Y porque lo consideremos más de cerca, díme: en este nuestro
-siglo entre tantos millares, como hoy embarazan la redondez de la
-tierra, en tantas provincias y reinos ¿quiénes son nombrados? Media
-docena de hombres valerosos, aun no otros tantos sabios, no se habla
-sino de dos ó tres reyes, un par de reinas, de un santo padre, que
-resucita los Leones y Gregorios; todo lo demás es número, es broma, no
-sirven sino de consumir los víveres y aumentar la cuantidad, que no la
-calidad. Pero ¿qué estás mirando con mayor ahinco, cuando ves nada?
-
-Miro, dijo, que aún hay menos que nada en el mundo. Díme por tu vida
-¿quién son aquellos, que están arrinconados aún en la misma nada?
-
-¡Oh, le respondió: mucho hay que decir desa nada! Ésos son...
-
-Pero dejémoslos, si te parece, para la siguiente Crisi.
-
-
-
-
-CRISI IX
-
-_Felisinda descubierta._
-
-
-Cuentan que un cierto curioso, mas yo le definiera necio, dió en un
-raro capricho de ir rodeando el mundo y aun rodando con él en busca,
-cuando menos, del contento. Llegaba á una provincia y comenzaba
-á preguntar por él á los ricos los primeros, creyendo que ellos
-le tendrían, cuando la riqueza todo lo alcanza y el dinero todo
-lo consigue; pero engañóse, pues los halló cuidadosos siempre y
-desvelados. Lo mismo le pasó con los poderosos, viviendo penados y
-desabridos. Fuese á los sabios y topólos muy melancólicos, quejándose
-de su corta ventura, á los mozos con inquietud, á los viejos sin salud,
-con que todos de conformidad le respondieron que ni le tenían ni aun
-le habían visto; pero, sí oído á sus antepasados que habitaba en el
-otro país de más adelante. Pasaba luego allá, tomaba lengua de los más
-noticiosos y respondíanle lo mismo, que allí no; pero, que se decía
-estar en el que se seguía. Fué pasando desta suerte de provincia en
-provincia, diciéndole en todas:
-
-Aquí no, allá, acullá, más adelante.
-
-Subió á la Islandia, de allí á la Groelandia, hasta llegar al Tile,
-que sirve al mundo de tilde, donde oyendo la misma canción, que en las
-otras, abrió los ojos para ver que andaba ciego y conocer su vulgar
-engaño y aun el de todos los mortales, que desde que nacen van en
-busca del contento sin topar jamás con él, pasando de edad en edad, de
-empleo en empleo, anhelando siempre á conseguirle. Conocen los de el un
-estado que allí no está, piénsanse que en el otro y llámanles felices
-y aquéllos á los otros, viviendo todos en un tan común engaño, que aún
-dura y durará mientras hubiere necios.
-
-Así les sucedió á nuestros dos peregrinos del mundo, pasajeros de la
-vida, que ni en la vana presunción ni en el vil ocio pudieron hallar
-descanso y así no hicieron su mansión ni el uno en el palacio de la
-vanidad ni el otro en la cueva de la nada. En medio el umbral de ella
-persistía Andrenio, solicitando saber quién fuesen aquellos, que
-estaban metidos de medio á medio en la nada.
-
-Ésos, le respondió el Fantástico, son unos ciertos sujetos, que aun son
-menos que nada.
-
-¿Cómo puede ser eso? ¿Qué menos pueden ser que nada?
-
-Muy bien.
-
-¿Pues qué serán?
-
-¿Qué? Nonadillas, que aun de la nada no se hartan, y así les llaman
-cosidas y figurillas y ruincillos y nonadillas. Mira, mira aquél, cómo
-anda echando piernas sin tener pies ni cabeza, hombreando el otro sin
-ser hombre. ¡Qué cosilla tan ruincilla aquella de allá, acullá! Pues á
-fe que tiene harto malas entrañuelas. Verás hombres de carne momia y
-momios los que debrían ser los primeros. Mira qué de sombras sin cuerpo
-y qué de figurillas de sombra y sobra: hallarás títulos sin realidad y
-muchas cosas de sólo título. Mira qué de impersonales personas y qué
-de estatuas sin estatua. Verás magnates servidos con vajillas de oro,
-entre costumbres de lodo y aun estiércol. Muchos nacidos, que aún no
-viven y muertos, que no vivieron. Aquellos de acullá eran leones, que
-en teniendo cama fueron liebres. Y estos otros nacidos como hongos, sin
-saberse de dónde ni de qué. Mira hacer los estoicos á muchos epicúreos
-y la follonería pasar por filosofía. Mira lejos de aquí la fama y muy
-cerca la fame. Verás malvistos los que están en alto y muchos hijos de
-algo, que pararon en nada. Verás muchas hermosuras perderse de vista y
-las más lindas por bellas. Verás que no son de gloriosa fama los que de
-golosa voluntad y venir á morir de hambre los más hartos. Verás pedir
-y tomar á los que no se les da nada y á muchos tenidos por ricos, que
-aun el nombre no es suyo. No hallarás sí sin no ni cosa sin un sino.
-Verás que por no hacer caso se pierden las casas y aun los palacios
-y por no curarse de lo mucho todo fué nada. Mira muchos cabos, que
-acaban con todo, sino con el enemigo, y por eso nunca se acaban las
-guerras, porque hay cabos. Verás que todo buen verde fué sin fruto y
-que las verduras no granan. Toparás muchas arrugas en agraz seco y
-pocas en sazonadas pasas. Sentirás lo más biendicho sin dicha y toda
-gracia en desgracia, grandes ingenios sin genio y sin dotor muchas
-librerías. Oirás locos á gritos y las menos cuerdas más tocadas. Los
-que debrían ser Césares son nada y las más grandes casas sin un cuarto.
-Verás encogidos los más estirados y á muchos hacer vanidad de lo que es
-nada. Buscarás hombres y toparás con trasgos y el que creíste ser de
-terciopelo es de bayeta. Verás sin ceros los más sinceros y al que no
-tiene cuentos no ser de cuenta. Ya las dádivas y dones son aire, pues
-donaire. Verás finalmente cuán mucha es la nada y que la nada querría
-serlo todo.
-
-Mucho más dijera, que tenía mucho que decir de la nada, á no
-interrumpirle el Ocioso que, acercándose á Andrenio, intentó á
-empellones de dejamiento arrojarle dentro de la infeliz cueva y
-sepultarle en medio del fondón de la nada. Viendo esto el Fantástico,
-asió de Critilo y comenzó á tirar de él hacia el palacio de la vanidad,
-llenándole los cascos de viento, fatales ambos escollos de la vejez,
-tan por estremo opuestos, que en el uno suele peligrar de ociosa y en
-el otro de vana. Pero fué único remedio darse ambos las manos, con que
-pudieron templarse y hacer un buen medio entre tan peligrosos estremos.
-Asieron de la ocasión que, aunque cana, no calva, y á pura fuerza de
-razón y de cordura salieron del evidente riesgo de su pérdida.
-
-Trataron ya vitoriosos de encaminarse á triunfar á la siempre augusta
-Roma, teatro heroico de inmortales hazañas, corona del mundo, reina
-de las ciudades, esfera de los grandes ingenios, que en todos siglos,
-aun los mayores, las águilas caudales tuvieron necesidad de volar á
-ella y darse unos filos de Roma. Hasta los mismos españoles, Lucano,
-Quintiliano, ambos Sénecas cordobeses, Luciano y Marcial bilbilitanos.
-Trono del lucimiento, que lo que en ella luce por todo el mundo campea.
-Fénix de las edades, que cuando otras ciudades perecen, ella renace y
-se eterniza. Emporio de todo lo bueno, corte de todo el mundo, que todo
-él cabe en ella. Pues el que ve á Madrid, ve á solo Madrid, el que á
-París, no ve sino á París, y el que ve á Lisboa, ve á Lisboa; pero el
-que ve á Roma, las ve todas juntas y goza de todo el mundo de una vez,
-término de la tierra y entrada católica del cielo.
-
-Y si ya la veneraron de lejos, agora la admiraron de cerca, sellaron
-sus labios en sus sagrados umbrales, antes de estampar sus plantas.
-Introdujéronse con reverencia en aquel _non plus ultra_ de la tierra y
-un tanto monta del cielo. Discurrían mirando y admirando sus novedades,
-que parecen antiguas; y sus antigüedades, que siempre se hacen nuevas.
-
-Reparó en su reparar un mucho hombre, que cortesanamente se les fué
-acercando ó ellos á él para informarse. Á pocos lances, que hizo con
-destreza, conoció que eran peregrinos y ellos que él era raro y tanto,
-que pudiera dar liciones de mirar al mismo Argos, de penetrar á un
-zahorí, de prevenir á un Jano y de entender al mismo Descifrador. Pero
-¿qué mucho, si era un cortesano viejo de muchos cursos de Roma, español
-inserto en italiano, que es decir, un prodigio? Era gran hombre de
-notas y de noticias, con los dos realces de buen ingenio y buen gusto,
-el cortesano de más buenos ratos, que pudieran desear.
-
-Vosotros, les dijo, según veo, habéis rodeado mucho y avanzado
-poco. Que, si de primera instancia hubiérades venido á este epílogo
-del político mundo, todo lo bueno hubiérades logrado y visto de la
-primera vez, llegando por el atajo del vivir al colmo del valer.
-Porque advertid que, si otras ciudades son celebradas por oficinas de
-maravillas mecánicas, en Milán se templan los impenetrables arneses,
-en Venecia se clarifican los cristales, en Nápoles se tejen las ricas
-telas, en Florencia se labran las piedras preciosas, en Génova se
-ahuchan los doblones; Roma es oficina de los grandes hombres. Aquí se
-forjan las grandes testas, aquí se sutilizan los ingenios y aquí se
-hacen los hombres muy personas.
-
-Y si son dichosos los que habitan las ciudades grandes, añadió otro,
-porque se halla en ellas todo lo bueno y lo mejor, en Roma se vive dos
-veces y se goza muchas, paradero de prodigios y centro de maravillas.
-Aquí hallaréis cuanto pudiéredes desear. Sola una cosa no toparéis en
-ella.
-
-Y será sin duda, replicaron ellos, la que nosotros venimos á buscar,
-que ése suele ser el ordinario chasco de la fortuna.
-
-¿Qué es lo que buscáis?, les dijo.
-
-Y Critilo:
-
-Yo una esposa.
-
-Y Andrenio:
-
-Yo una madre.
-
-¿Y cómo se nombra?
-
-Felisinda.
-
-Dudo que la halléis, por lo que dice de felicidad. ¿Pero dónde tenéis
-nueva que se alberga?
-
-En el palacio del embajador del rey Católico.
-
-Oh sí y aun el rey de los embajadores. Llegáis á ocasión que ya es
-parte de dicha. Allá me encaminaba yo esta tarde, donde concurren
-los ingenios á gozar del buen rato de una discreta academia. Es el
-embajador príncipe de bizarro genio, originado de su grandeza. Que,
-así como otros príncipes ponen su gusto en tener buenos caballos, que
-al fin son bestias, otros en lebreles, dados á perros, en tablas y en
-lienzos muchos, que son cosas pintadas, en estatuas mudas, en piedras
-preciosas, que si un día amaneciese el mundo con juicio, se hallarían
-muchos sin hacienda, este señor gusta de tener cerca de sí hombres
-entendidos y discretos, de tratar con personas, que cada uno muestra lo
-que es en los amigos que tiene.
-
-Llegaron ya al genial albergue, entraron en un salón bien aliñado y
-capaz, teatro de Apolo, estancia de sus galantes Gracias y coro de sus
-elegantes Musas. Allí apreciaron mucho el ver y conocer los mayores
-ingenios de nuestros tiempos, hombres tan eminentes, que con cada
-uno se pudiera honrar un siglo y desvanecerse una nación. Íbaselos
-nombrando el cortesano y dándoseles á conocer.
-
-Aquel que habla el francés en latín es el Barclayo, venturoso en
-aplausos, por no haber escrito en lengua vulgar.
-
-Aquel otro de la bieninventada invectiva es el que supo más bien decir
-mal, el Bocalini. Conoced el Malvezi, filosofando en la historia,
-estadista de sí mismo. Aquel Tácito á las claras es Henrico Caterino.
-Mas aquel otro, que está embutiendo de borra, de memoriales, de cartas
-y de relaciones de la tela de oro de su Mercurio, es el Siri. Vale á
-los alcances su antagonista el Virago, más flojo y más verídico. Ved el
-Góngora de Italia, como si él se fuese el Aquilino. Aquel elocuentísimo
-polianteísta es Agustín Mascardo. Y así otros singulares ingenios de
-valiente rumbo y mucho garbo.
-
-Fueron ocupando sus puestos y llenándolos también y, después de
-conciliada, no sólo la atención, pero la expectación, arengó el Marino,
-cumpliendo con el oficio de secretario y dando principio con el más
-célebre de sus epigramas morales, que comienza:
-
- Abre el hombre infeliz, luego que nace,
- antes que al sol, los ojos á la pena, etcétera.
-
-Aunque no pudo librarse de la censura de que no concluye al propósito,
-pues, habiendo referido la prolijidad de miserias por toda la vida del
-hombre, da fin, diciendo:
-
- De la cuna á la urna hay sólo un paso.
-
-Acabado de relatar el soneto, prosiguió así:
-
-Todos los mortales andan en busca de la felicidad, señal de que
-ninguno la tiene. Ninguno vive contento con su suerte ni la que le
-dió el cielo ni la que él se buscó. El soldado siempre pobre alaba
-las ganancias del mercader y éste recíprocamente la fortuna del
-soldado, el jurisconsulto envidia el retrato sencillo y verdadero
-del rústico y éste la comodidad del cortesano, el casado codicia la
-libertad del soltero y éste la amable compañía del casado. Éstos llaman
-dichosos á aquéllos y aquéllos al contrario á éstos, sin hallarse
-uno que viva contento con su fortuna. Cuando mozo piensa el hombre
-hallar la felicidad en los deleites y así se entrega ciegamente á
-ellos con muy costosa experiencia y tardo desengaño. Cuando varón la
-imagina en las ganancias y riquezas. Y cuando viejo en las honras y
-dignidades. Rodando siempre de un empleo en otro, sin hallar en ninguno
-la verdadera felicidad. Donosa ponderación del sentencioso lírico,
-si bien, aunque levantó la caza, no la dió mate, ni halló salida al
-reparo. Ésta hoy se libra á vuestro bizarro discurrir, siendo el asunto
-señalado para esta tarde, disputarse ha en qué consista la felicidad
-humana.
-
-Dicho esto, volvió el rostro hacia el primero, que era el Barclayo, más
-por acaso, que por afectación. Éste, después de haber pedido la venia
-al príncipe y haber cabeceado á un lado y á otro, discurrió así:
-
-De gustos siempre oí decir que no se ha de disputar, cuando vemos que
-la una mitad del mundo se está riendo de la otra. Tiene su gusto y su
-gesto cada uno y así yo hago burla de aquellos sabios á lo antiguo,
-que defendían consistir la felicidad, uno que en las honras, otro que
-en las riquezas, éste que en los deleites, aquél que en el mundo, tal
-que en el saber, y cual que en la salud. Digo que me río de todos
-estos filósofos, cuando veo tan encontrados los gustos, que, si el
-vano anhela por las honras, el sensual hace burla dél y dellas; si el
-avaro codicia los tesoros, el sabio los desprecia. Así que diría yo que
-la felicidad de cada uno no consiste en esto ni en aquello, sino en
-conseguir y gozar cada uno de lo que gusta.
-
-Fué muy celebrado este decir y mantúvose buen rato en este aplauso,
-hasta que el Virago:
-
-Reparad, señores, les dijo, en que los más de los mortales emplean
-mal su gusto, pues á veces en las cosas más viles y indignas de la
-naturaleza racional. Porque, si se halla uno, que guste de los libros,
-habrá ciento que de las cartas; si éste de las buenas musas, aquél
-de las malas sirenas. Y así entended que las más veces no es, no,
-felicidad conseguir uno su gusto, cuando le tiene tan malo. Demás que,
-por bueno y relevante que sea, de nada se satisface, no para en ningún
-empleo; antes, alcanzado uno, luego le enfada y busca otro, siendo la
-inconstancia evidencia de la no conseguida felicidad. Muchas habrían
-de ser las felicidades de los señores y príncipes, de quienes decía uno
-y no mal que todas son ganicas. Hoy asquean lo que aplaudieron ayer y
-mañana acriminarán lo que buscaron hoy. Cada día empleo flamante y cada
-instante obra nueva.
-
-Borró con esto el concepto, que habían hecho de la pasada opinión y
-mereció la expectación de todos para la suya, que propuso así:
-
-Principio es muy asentado entre los sabios que el bien ha de constar
-de todas sus causas, lleno de todas partes, sin que le falte la menor
-circunstancia. De modo que para el bien todas que sobren y para mal
-una que falte y, si esto se requiere para cualquier dicha, ¿qué será
-para una felicidad entera y consumada? Supuesta esta máxima, saquemos
-ahora las consecuencias. ¿Qué le importa á un poderoso tener todas las
-comodidades, si le falta la salud para gozarlas? ¿Qué tendrá el avaro
-con las riquezas, si no tiene ánimo para lograrlas? ¿De qué le sirve al
-sabio su mucho saber, si no tiene amigos capaces con quien comunicarlo?
-Digo, pues, que no me contento con poco; todo lo pretendo y juzgo que
-lo ha de tener todo el que se hubiere de llamar feliz, para que nada
-desee. De suerte que la felicidad humana consiste en un agregado de
-todos los que se llaman bienes, honras, placeres, riquezas, poder,
-mando, salud, sabiduría, hermosura, gentileza, dicha y amigos con quien
-gozarlo.
-
-Esto sí que es decir, exclamaron. No deja que discurrir á los demás.
-
-Pero tomó la mano el Siri, intimando la atención para echar el bollo á
-la controversia.
-
-Grandemente, dijo, os ha contentado este montón quimérico de gustos,
-este agregado fantástico de bienes; pero advertid que es tan fácil de
-imaginar, cuan imposible de conseguir. ¿Porque cuál de los mortales
-pudo jamás llegar á esta felicidad soñada? Rico fué Creso, pero no
-sabio; sabio fué Diógenes, pero no rico. ¿Quién lo obtuvo todo? Mas
-doy que lo consiga. El día, que no tenga que desear, ha de ser ya
-infeliz. Y que también hay desdichados de dichosos: suspiran y asquean
-algunos de hartos y les va mal, porque les va bien. Después de haberse
-señoreado Alejandro de este mundo, suspiraba por los imaginarios, que
-oyó quimerear á un filósofo. Con más facilidad querría yo la felicidad
-y así me calzo la opinión del revés y afirmo todo lo contrario. Estoy
-tan lejos de decir que consista la felicidad en tenerlo todo, que antes
-digo que en tener nada, desear nada y despreciarlo todo. Y ésta es la
-única felicidad, con facilidad, la de los discretos y sabios. El que
-más cosas tiene, de más depende y es más infeliz el que de más cosas
-necesita: así como el enfermo más cosas ha menester, que el sano. No
-consiste el remedio del hidrópico en añadir de agua, sino en quitar
-de sed. Lo mismo digo del ambicioso y del avaro. El que se contenta
-consigo solo es cuerdo y es dichoso. ¿Para qué la taza, donde hay mano
-con que beber? El que encarcelare su apetito entre un pedazo de pan
-y un poco de agua, trate de competir de dichoso con el mismo Jove,
-dice Séneca. Y sello mi voto, diciendo que la verdadera felicidad no
-consiste en tenerlo todo, sino en desear nada.
-
-No queda más que oir, exclamó el común aplauso. Pero fué también
-descaeciendo este sentir y callaron todos, para que el Malveci
-filosofase desta suerte:
-
-Digo, señores, que este modo de opinar procede más de una melancólica
-paradoja, que de un acierto político, y que es un querer reducir la
-noble humana naturaleza á la nada. Pues desear nada, conseguir nada
-y gozar de nada ¿qué otra cosa es, que aniquilar el gusto, anonadar
-la vida y reducirlo todo á la nada? No es otra cosa el vivir que un
-gozar de los bienes y saberlos lograr, tanto los de la naturaleza,
-como del arte, con modo, forma y templanza. No hallo yo que pueda ser
-perficionar al hombre el privarle de todo lo bueno; sino destruirle
-de todo punto. ¿Para qué son las perfecciones? ¿Para qué los
-empleos? ¿Para qué crió el sumo Hacedor tanta variedad de cosas con
-tanta hermosura y perfección? ¿De qué servirá lo honesto, lo útil y
-deleitable? Si éste nos vedara lo indecente y nos concediera lo lícito,
-pudiera pasar; pero bueno y malo, llevarlo todo por un rasero, á fe que
-es bravo capricho. Por lo tanto diría yo: ya veo que es una académica
-bizarría; pero en las grandes dificultades, arte es el saberse arrojar.
-Digo, pues, que aquel se puede llamar dichoso y feliz, que se lo piensa
-ser; y al contrario, aquel será infeliz, que por tal se tiene, por
-más felicidades y venturas, que le rodeen, quiero decir, que el vivir
-con gusto es vivir y que solos los gustosos viven. ¿Qué le aprovecha
-á uno tener muchas y grandes felicidades, si no las conoce, antes las
-juzga desdichas? Y al contrario, aunque al otro todas le falten, si él
-vive contento, eso le basta. El gusto es vida y la gustosa vida es la
-verdadera felicidad.
-
-Arquearon todos las cejas, diciendo:
-
-Esto ha sido dar en el blanco y apurar del todo la dificultad. De
-modo que cada sentencia les parecía la última y que no quedaba ya qué
-discurrir. Y es cierto se abrazara este dictamen, si no se le opusiera
-aquel águila, cisne digo, el culto Aquilini, diciendo:
-
-Aguardad, reparad, señores, en que es de solos necios el vivir
-contentos de sus cosas, siendo la bienaventuranza de los simples la
-propia y plena satisfacción. Beato tú, le dijo el célebre Bonarota, al
-que le contentaban sus malos borrones, cuando á mí nada de cuanto pinto
-me satisface. Así que yo siempre me contenté mucho de aquella bella
-prontitud del Dante. Al fin, Alígero, por su alado ingenio. Tuvo mucho
-vivo aquella sazonada respuesta, cuando habiéndose disfrazado en uno
-de los días carnavales y mandándole buscar el Médicis su gran patrón
-y Mecenas, para poderle conocer entre tanta multitud de personados,
-ordenó que los que le buscasen fuesen preguntando á unos y á otros:
-¿_Quién sabe del bien_? Y desatinando todos, cuando llegaron á él y le
-preguntaron: ¿_Chi sa del bene_? prontamente respondió: _Chi sa del
-male_. Con que al punto dijeron:
-
-Tú eres el Dante.
-
-¡Oh, gran decir: aquel sabe del bien, que sabe del mal! No gusta de
-los manjares, sino el hambriento y el sediento de la bebida. Dulce le
-es el sueño á un desvelado, así como el descanso al molido. Aquellos
-estiman la abundancia de la paz, que pasaron por las miserias de la
-guerra; el que fué pobre sabe ser rico; el que estuvo encarcelado goza
-de la libertad; el náufrago, del puerto; el desterrado, de su patria,
-y el que fué infeliz, de la dicha. Veréis á muchos malhallados con los
-bienes, porque no probaron de los males. Así que aquel diría yo es
-feliz, que fué primero desdichado.
-
-Contentó mucho este discurso; mas entró á impugnarle el Mascardo,
-probando no poder ser dicha la que suponía la desdicha ni contento
-verdadero el que sucedía á la pena. Ya el mal va delante y el pesar
-gana de mano al placer. No sería esa felicidad entera; sino á medias,
-respecto de la desdicha. Y de esa suerte, ¿quién quisiera ser feliz?
-Viniendo, pues, á mi sentir, como yo tenga por máxima con otros muchos,
-que no hay dicha ni desdicha, felicidad ó infelicidad, sino prudencia
-ó imprudencia, digo que toda la felicidad humana consiste en tener
-prudencia y la desventura en no tenerla. El varón sabio no teme la
-fortuna; antes es señor de ella y vive sobre los astros, superior á
-toda dependencia. Nada le puede empecer, cuando él mismo no se daña. Y
-concluyo con que en todo lo que llena la cordura no cabe infelicidad.
-
-Inclinó todo político la cabeza, haciéndole la salva como á vino de una
-oreja y todo crítico dijo:
-
-Bueno.
-
-Pero al mismo tiempo se vió sacudirlas ambas al caprichoso Capriata,
-diciendo:
-
-¿Quién vió jamás contento á un sabio, cuando fué siempre la melancolía
-manjar de discretos? Y así veréis, que los españoles, que están en
-opinión de los más detenidos y cuerdos, son llamados de las otras
-naciones los tétricos y graves, como al contrario los franceses son
-alegres y que van siempre brincándose y bailando.
-
-Los que más alcanzan, conocen mejor los males y lo mucho que les falta
-para ser felices. Los sabios sienten más las adversidades y, como á
-tan capaces, les hacen mayor impresión los topes. Una gota de azar
-basta á aguarles el mayor contento y, demás de ser poco afortunados,
-ellos mismos ayudan á su descontento con su mucho entender. Así que no
-busquéis la alegría en el rostro del sabio; la risa sí que la hallaréis
-en el del loco.
-
-Al pronunciar esta palabra saltó uno muy célebre, que gustaba de llevar
-consigo el cuerdo embajador, para ganso de noticias y aun de verdades.
-Éste, pues, sin ton y sin son, hablando alto y riendo mucho, dijo:
-
-De verdad, señor, que estos vuestros sabios son unos grandes necios,
-pues andan buscando por la tierra la que está en el cielo.
-
-Y dicho esto, que no fué poco, dió las puertas afuera.
-
-Basta, confesaron todos, que un loco había de topar con la verdad.
-
-Y en confirmación, el Mascardo peroró así:
-
-En el cielo, señores, todo es felicidad; en el infierno, todo es
-desdicha; en el mundo, como medio entre estos dos estremos, se
-participa de entrambos: andan barajados los pesares con los contentos,
-altérnanse los males con los bienes, mete el pesar el pie donde le
-levanta el placer, llegan tras las buenas nuevas las malas, ya en
-creciente la luna, ya en menguante, gran presidenta de las cosas
-sublunares. Sucede á una ventura una desdicha y así la temía Filipo el
-macedón, después de las tres felices nuevas. Tiempo señaló el sabio
-para reir y tiempo para llorar. Amanece un día nublado, otro sereno,
-ya mar en leche y ya en hiel. Viene tras una mala guerra una buena
-paz, con que no hay contentos puros, sino muy aguados y así los beben
-todos. No tenéis que cansaros en buscar la felicidad en esta vida;
-milicia sobre el haz de la tierra. No está en ella y convino así.
-Porque, si aun deste modo, estando todo lleno de pesares, sitiada
-nuestra vida de miserias, con todo eso no hay poder arrancar los
-hombres de los pechos desta villana nodriza, despreciando los brazos
-de la celestial madre, que es la reina: ¿qué hicieran, si todo fuera
-contento, gusto, placer, solaz y felicidad?
-
-Con esto se dieron por entendidos nuestros dos peregrinos, Critilo y
-Andrenio y con ellos todos los mortales, añadiendo el cortesano:
-
-En vano, oh peregrinos del mundo, pasajeros de la vida, os cansáis en
-buscar desde la cuna á la tumba esta vuestra imaginada Felisinda, que
-el uno llama esposa, el otro madre. Ya murió para el mundo y vive para
-el cielo. Hallarla heis allá, si la supiéredes merecer en la tierra.
-
-Disolvióse la magistral junta, quedando desengañados todos al uso del
-mundo, tarde. Convidóles el cortesano á ver algo de lo mucho, que se
-logra en Roma.
-
-Pero lo más que hay que ver, decían ellos y la mejor vista es ver
-tantas personas, que, habiendo nosotros peregrinado todo el mundo,
-podemos asegurar no haber visto otras tantas.
-
-¿Cómo decís que habéis andado todo el mundo, no habiendo estado sino en
-cuatro provincias de la Europa?
-
-¡Oh, bien!, respondió Critilo. Yo te lo diré. Porque, así como en una
-casa no se llaman parte de ella los corrales, donde están los brutos,
-no entran en cuenta los reductos de las bestias, así lo más del mundo
-no son sino corrales de hombres incultos, de naciones bárbaras y
-fieras, sin policía, sin cultura, sin artes y sin noticias, provincias
-habitadas de monstruos de la heregía, de gentes, que no se pueden
-llamar personas, sino fieras.
-
-Aguarda, dijo, agora, que tocamos ese punto, vosotros, que habéis
-registrado las más políticas provincias del mundo, ¿qué os ha parecido
-de la culta Italia?
-
-Vos lo habéis dicho en esa palabra culta, que es lo mismo que aliñada,
-cortesana, política y discreta, la perfecta de todas maneras. Porque es
-de notar que España se está hoy del mismo modo que Dios la crió, sin
-haberla mejorado en cosa sus moradores, fuera de lo poco, que labraron
-en ella los romanos. Los montes se están hoy tan soberbios y zahareños
-como al principio; los ríos innavegables, corriendo por el mismo camino
-que les abrió la naturaleza; las campañas se están páramos, sin haber
-sacado para su riego las acequias; las tierras incultas; de suerte
-que no ha obrado nada la industria. Al contrario la Italia está tan
-otra y tan mejorada, que no la conocerían sus primeros pobladores, que
-viniesen. Porque los montes están allanados, convertidos en jardines,
-los ríos navegables, los lagos son vivares de peces, los mares poblados
-de famosas ciudades, coronados de muelles y de puertos; las ciudades
-todas por un parejo, hermoseadas de vistosos edificios, templos,
-palacios y castillos, sus plazas adornadas de brolladores y fuentes;
-las campañas son elisios, llenas de jardines; de suerte, que hay más
-que ver y que gozar en sola una ciudad de Italia, que en toda una
-provincia de las otras. Ella es la política, madre de las buenas artes,
-que todas están en su mayor punto y estimación, la política, la poesía,
-la historia, la filosofía, la retórica, la erudición, la elocuencia,
-la música, la pintura, la arquitectura, la escultura. Y en cada una
-destas artes se hallan prodigiosos hombres. Por esto, sin duda, dijeron
-que, cuando las diosas se repartieron las provincias del mundo, Juno
-escogió la España, Belona la Francia, Proserpina á Inglaterra, Ceres á
-Sicilia, Venus á Chipre y Minerva á Italia. Allí florecen las buenas
-letras, ayudadas de la más suave, copiosa y elocuente lengua. Que aun
-por eso en aquella plausible comedia, que se representó en Roma, de
-la caída de nuestros primeros padres, se introducían donosamente los
-personajes, hablando el padre eterno en alemán, Adán en italiano: _Lo
-mio signore_, Eva en francés, _qui Monsiur_, y el diablo en español,
-echando votos y retos. Exceden los italianos á los españoles en los
-accidentes y á los franceses en la sustancia. Ni son tan viles como
-éstos ni tan altivos como aquéllos. Igualan á los españoles en ingenio
-y sobrepujan á los franceses en juicio, haciendo un gran medio entre
-estas dos naciones. Pero, si en manos de los italianos hubieran dado
-las Indias, ¡cómo que las hubieran logrado! Está Italia en medio de
-las provincias de la Europa, coronada de todas como reina, y trátase
-como tal. Porque Génova la sirve de tesorera, Sicilia de despensera, la
-Lombardía de copera, Nápoles de maestresala, Florencia de camarera, el
-Lacio de mayordomo, Venecia de aya, Módena, Mantua, Luca y Parma, de
-meninas y Roma de dueña.
-
-Sola una cosa la hallo yo mala, dijo Andrenio.
-
-¿Sola una?, replicó el cortesano. ¿Y cuál es?
-
-Reparaba en decirla y quisiera que él la adivinara. Con esta atención
-le iba deteniendo y el otro instando.
-
-Sería acaso el ser tan viciosa, porque eso le viene de ser tan
-deliciosa.
-
-No es eso.
-
-¿Aquello de oler aún á gentil, hasta en los nombres de Cipiones y
-Pompeyos, Césares y Alejandros, Julios y Lucrecias y en la vana
-estimación de las antiguas estatuas que parecen idolatrar en ellas, el
-ser tan supersticiosos y agoreros, porque todo eso les viene de gentil
-herencia?
-
-Ni eso.
-
-¿Pues qué? ¿El estar tan dividida y como hecha jigote en poder de
-tantos señores y señorcitos, saliéndole estéril toda su política y
-sirviéndola de nada toda su razón de estado?
-
-Tampoco es eso.
-
-¡Válgate Dios! ¿Pues qué será? ¿Es por ventura aquello de ser campo
-abierto á las naciones estranjeras, palenque de españoles y franceses?
-
-He, que no es eso.
-
-¿Si sería el ser maestra de invenciones y quimeras, porque eso pasó de
-la Grecia al Lacio juntamente con el imperio?
-
-Ni eso ni estotro.
-
-¿Pues qué puede ser? Que ya me doy por vencido.
-
-¿Qué? El haber tantos italianos. Que si eso no tuviera, hubiera sido
-sin oposición el mejor país del mundo. Y vese claro, pues Roma con el
-concurso de las naciones se viene á templar mucho. Por eso dicen que
-Roma no es Italia ni España ni Francia; sino un agregado de todas. Gran
-ciudad para vivir; aunque no para morir. Dicen que está llena de santos
-muertos y de demonios vivos. Paradero de peregrinos y de todas las
-cosas raras, centro de maravillas, milagros y prodigios. De suerte, que
-más se vive en ella en un día, que en otras ciudades en un año, porque
-se goza de todo lo mejor.
-
-Un secreto ha días deseo saber de la Italia, dijo Critilo.
-
-¿Qué cosa?, le preguntó el cortesano.
-
-Yo te lo diré. ¿Cuál sea la causa que, siendo los franceses tan fatales
-para ella, los que la inquietan, la azotan, la pisan, la saquean,
-cada año la revuelven y son su total ruina, y al contrario, siendo
-los españoles los que la enriquecen, la honran, la mantienen en paz y
-quietud, los que la estiman, siendo Atlantes de la iglesia católica
-romana, con todo eso se pierden por los franceses, se les va el corazón
-tras ellos, los alaban sus escritores, los celebran sus poetas con
-declarada pasión y á los españoles los aborrecen, los execran y siempre
-están diciendo mal de ellos?
-
-¡Oh, dijo el cortesano, has tocado un gran punto! No sé cómo te lo dé
-á entender. ¿No has visto muchas veces aborrecer una mujer el fiel
-consorte, que la honra y que la estima, que la sustenta, la viste y la
-engalana, y perderse por un rufián, que la da de bofetadas cada día y
-la acocea, la azota y la roba, la desnuda y la maltrata?
-
-Sí.
-
-Pues aplica tú la semejanza.
-
-Faltóles antes la luz del día para ver, que grandezas y portentos para
-ser vistos, con que hubieron de dar treguas á su bienlograda curiosidad
-hasta el siguiente día.
-
-Mañana, les dijo el cortesano, os convido á ver, no sola Roma, sino
-todo el mundo de una vez, desde cierto puesto, de donde se señorea.
-Veréis, no sólo este siglo, esta nuestra era; sino las venideras.
-
-¿Qué dices, cortesano mío?, replicó Andrenio. ¿Para otro mundo y otro
-siglo nos emplazas?
-
-Sí, que habéis de ver cuanto pasa y ha de pasar.
-
-Gran cosa será y gran día.
-
-Quien quisiere lograrlo, madrugue en la siguiente Crisi.
-
-
-
-
-CRISI X
-
-_La rueda del tiempo._
-
-
-Creyeron vanamente algunos de los filósofos antiguos que los siete
-errantes astros se habían repartido las siete edades del hombre, para
-asistirle desde el quicio de la vida hasta el umbral de la muerte.
-Señalábanle á cada edad su planeta por su orden y su puesto, avisando
-á todo mortal se diese por entendido, ya del planeta, que le presidía,
-ya del traste de la vida en que andaba. Cúpole, decían, á la niñez
-la luna con nombre de Lucina, comunicándole con sus influencias sus
-imperfecciones, esto es, con la humedad la ternura y con ella la
-facilidad y variedad, aquel mudarse á cada instante, ya llorando, ya
-riendo, sin saber de qué se enoja, sin saber con qué se aplaca, de
-cera á las impresiones, de masa á las aprehensiones, pasando de las
-tinieblas de la ignorancia á los crepúsculos de la advertencia. Desde
-los diez años hasta los veinte decían presidirle el planeta Mercurio,
-influyendo docilidades, con que se va adelantando ya muchacho, al paso
-que en la edad, en la perfección. Comienza á estudiar y á deprender,
-cursa las escuelas, oye las facultades y va enriqueciendo el ánimo de
-noticias y de ciencias. Pero descárase Venus á los veinte y reina con
-grande tiranía, hasta los treinta, haciendo cruda guerra á la juventud
-á sangre que yerve y á fuego en que se abrasa y todo esto con bizarra
-galantería. Amanece á los treinta años el sol, esparciendo rayos de
-lucimiento con que anhela ya el hombre á lucir y valer. Emprende con
-calor los honrosos empleos, las lucidas empresas y, cual sol de su casa
-y de su patria, todo lo ilustra, lo fecunda y lo sazona. Embístele
-Marte á los cuarenta, infundiéndole valor con calor. Revístese de
-aceros, muestra bríos, riñe, venga y pleitea. Entra á los cincuenta
-mandando Júpiter, influyendo soberanías. Ya el hombre es señor de sus
-acciones, habla con autoridad, obra con señoría, no lleva bien el ser
-gobernado de otros; antes lo querría mandar todo, toma por sí las
-resoluciones, ejecuta sus dictámenes, sábese gobernar y á esta edad,
-como á tan señora, la coronaron por reina de las otras, llamándola
-el mejor tercio de la vida. Á los sesenta anochece, que no amanece,
-el melancólico saturnino con humor y horror de viejo. Comunícale su
-triste condición y, como se va acabando, querría acabar con todos,
-vive enfadado y enfadando, gruñendo y riñendo y, á lo de perro viejo,
-royendo lo presente y lamiendo lo pasado, remiso en sus acciones,
-tímido en sus ejecuciones, lánguido en el hablar, tardo en el ejecutar,
-ineficaz en sus empresas, escaso en su trato, asqueroso en su porte,
-descuidado en su traje, destituído de sentidos, falto de potencias y
-á todas horas y de todas las cosas quejumbroso. Hasta los setenta es
-el vivir y en los poderosos hasta los ochenta, que de ahí adelante
-todo es trabajo y dolor, no vivir, sino morir. Acabados los diez años
-de Saturno, vuelve á presidir la luna y vuelve á niñear y á monear
-el hombre decrépito y caduco, con que acaba el tiempo en círculo,
-mordiéndose la cola la serpiente: ingenioso jeroglífico de la rueda de
-la humana vida.
-
-Con esto entró el cortesano, no tanto á despertarles, cuanto á darles
-el buen día y aun el mejor de su vida, muy entretenido con la máscara
-del mundo, el baile y mudanzas del tiempo, el entremés de la fortuna y
-la farsa de toda la vida.
-
-¡Alto! les dijo, que tenemos mucho que hablar, pues, deste mundo y del
-otro.
-
-Sacóles de casa, para más meterlos en ella, y fuélos conduciendo al
-más realzado de los siete collados de Roma, tan superior, que no sólo
-pudieron señorear aquella universal corte; pero todo el mundo con todos
-los siglos.
-
-Desde esta eminencia, les decía, solemos con mucho deporte algunos
-amigos tan geniales cuan joviales registrar todo el mundo y cuanto en
-él pasa, que todo corre la posta. Desde aquí atalayamos las ciudades y
-los reinos, las monarquías y repúblicas, ponderamos los hechos y los
-dichos de todos los mortales, y lo que es de más curiosidad, que no
-sólo vemos lo de hoy y lo de ayer, sino lo de mañana, discurriendo de
-todo y por todo.
-
-¡Oh, lo que diera yo, decía Andrenio, por ver lo que será del mundo
-de aquí á unos cuantos años! En qué habrán parado los reinos, qué
-habrá hecho Dios de fulano y de citano, qué habrá sido de tal y de
-tal personaje. Lo venidero, lo venidero querría yo ver; que eso de
-lo presente y lo pasado cualquiera se lo sabe. Hartos estamos de
-oirlo, cuando una victoria, un buen suceso lo repiten y lo vuelven á
-cacarear los franceses en sus gacetas, los españoles en sus relaciones,
-que matan y enfadan. Como lo de la victoria naval contra Selim, que
-aseguran fué más el gasto que se hizo en salvas y en luminarias, que lo
-que se ganó en ella. Y modernamente decía un discreto:
-
-Tan enfadado me tienen estos franceses con su socorro de Arrás y con
-tanto repetirlo, que no puedo ver las tapicerías aun en medio del
-invierno.
-
-Pues yo te ofrezco, dijo el cortesano, mostrarte todo lo venidero, como
-si lo tuvieses aquí delante.
-
-¡Brava arte mágica sería ésa!
-
-Antes no ni es menester, cuando no hay cosa más fácil, que saber lo
-venidero.
-
-¿Cómo puede ser eso, si está tan oculto y tan reservado á sola la
-perspicacia divina?
-
-Vuelvo á decir que no hay cosa más fácil ni más segura. Porque has
-de saber que lo mismo, que fué, eso es y eso será, sin discrepar ni
-un átomo. Lo que sucedió docientos años ha, eso mismo estamos viendo
-agora. Y si no, aguarda.
-
-Y echóse mano á una de las faltriqueras de la faldilla delantera y sacó
-una caja de cristales, celebrándolos por cosa extraordinaria.
-
-¿Qué más tendrán esos, que los demás antojos?, decía Andrenio.
-
-¡Oh, sí, que alcanzan mucho!
-
-¿Qué tanto? ¿Más, que el antojo del Galileo?
-
-Mucho más, pues lo que está por venir, lo que sucederá de aquí á cien
-años. Éstos los forjaba Arquímedes para los amigos entendidos. Tomad y
-calzáoslos en los ojos del alma, en los interiores.
-
-Y hiciéronlo así, sobre la faición de la prudencia.
-
-Mirad ahora hacia España. ¿Qué veis?
-
-Veo, dijo Andrenio, que las mismas guerras intestinas de agora
-docientos años pasan del mismo modo, las rebeliones, las desdichas del
-un cabo al otro.
-
-¿Qué ves hacia Inglaterra?
-
-Que lo que obró un Enrico contra la Iglesia ejecuta después otro peor.
-Que si ya degollaron una reina Estuarda, hoy su nieto Carlos Estuardo.
-Veo en Francia que matan un Enrico y otro Enrico y que vuelven á brotar
-las cabezas de la herética hidra. Veo en Suecia que lo que le sucedió á
-Gustavo Adolfo en Alemania, le va sucediendo por los mismos filos á su
-sobrino en la católica Polonia.
-
-¿Y aquí en Roma?
-
-Que ha vuelto aquel siglo de oro y aquella felicidad pasada, de que
-gozó en tiempo de los Gregorios y los Píos.
-
-Ahí veréis que las cosas, las mismas son, que fueron; sola la memoria
-es la que falta. No acontece cosa, que no haya sido ni que se pueda
-decir nueva bajo del sol.
-
-¿Quién es aquel vejezuelo, dijo Critilo, que nunca para, que todos le
-siguen y él á nadie espera ni á reyes ni á monarcas, hace su hecho y
-calla? ¿No lo ves tú, Andrenio?
-
-Sí, por señas que lleva unas alforjas al cuello, como caminante.
-
-¡Oh!, dijo el cortesano, ése es un viejo, que sabe mucho, porque ha
-visto mucho y al cabo todo lo dice sin faltar á la verdad.
-
-¿Cabe mucho en aquellas alforjas?
-
-No lo creeréis. Cabe una ciudad y muchas y reinos enteros. Unos lleva
-delante, otros atrás y, cuando se cansa, vuelve las alforjas, la de
-atrás adelante, y revuelve todo el mundo, sin saber cómo ni por qué,
-sino por variar. ¿Qué pensáis que es el pasarse el mando, el mudarse
-el señorío desta provincia en aquélla, de una nación en la otra? Es
-que se muda las alforjas el tiempo: hoy está aquí el imperio y mañana
-acullá; hoy van delante los que ayer iban detrás: mudóse la vanguardia
-en retaguardia. Así veréis que la África, que en otro tiempo era madre
-de prodigiosos ingenios, de un Augustino, Tertuliano y Apuleyo ¿quién
-tal creyera? hoy está hecha un barbarismo, engendradora de alarbes. Y
-lo que es de mayor sentimiento, la Grecia, progenitora de los mayores
-ingenios, la inventora de las ciencias y las artes, la que daba leyes
-de discreción á todo el mundo, madre del bien decir, hoy está hecha un
-solecismo en poder de los bárbaros traces. Y á ese modo está trocado
-todo el mundo. La Italia, que mandaba á todas las demás naciones
-y triunfaba de todas las provincias, hoy sirve á todas: mudóse las
-alforjas el tiempo.
-
-Pero la que fué gran vista y espectáculo de mucho gusto fué una gran
-rueda, que bajaba por toda la redondez de la tierra, desde el oriente
-al ocaso de la ocasión. Veíanse en ella todas cuantas cosas hay, ha
-habido y habrá en el mundo, con tal disposición, que la una mitad se
-veía clara y esentamente sobre el horizonte y la otra estaba hundida
-acullá abajo, que nada de ella se veía; pero iba rodando sin cesar,
-dando vueltas, al modo de una grúa, en que se metió el tiempo y,
-saltando de la grada de un día en la del otro, la hacía rodar y con
-ella todas las cosas. Salían unas de nuevo y escondíanse otras de viejo
-y volvían á salir al cabo de tiempo. De modo que siempre eran las
-mismas; sólo que unas pasaban, otras habían pasado y volvían á tener
-vez. Hasta las aguas al cabo de los años mil volvían á correr por donde
-solían; aunque no serían por los ojos, que ésas más presto vuelven: que
-hay mucho que llorar.
-
-Aquí hay mucho que ver, dijo Critilo.
-
-Y que notar, el cortesano. Bien lo podéis tomar de propósito. Atended
-cómo va pasando todo en la rueda de la vicisitud, unas cosas van, otras
-vienen. Vuelven las monarquías y revuélvense también: que no hay cosa
-que tenga estado, todo es subida y declinación.
-
-Veíanse acullá al un cabo de la rueda y que ya habían pasado unos
-hombres y unos príncipes parcos, que no pobres, pródigos de su sangre y
-guardadores de la hacienda. Vestían de lana y la sabían cardar. Crujían
-mangas de seda los días de fiesta por gran gala y todo el año la malla.
-
-¿Quiénes son aquellos, preguntó Critilo, que cuanto más llanos, mejor
-parecen?
-
-Aquéllos fueron, respondió el cortesano, los que conquistaron los
-reinos. Nota bien que allí hallarás un don Jaime de Aragón, un don
-Fernando el Santo de Castilla y un don Alfonso Enríquez de Portugal.
-Mira qué pobres de gala y qué ricos de fama. Hicieron muy bien su
-papel, pues llenaron las historias de sus hazañas y metiéronse en el
-vestuario común de las mortajas; pero no en olvido.
-
-Al mismo tiempo, por la contraria banda de la rueda, salían otros y
-muy otros, ricos, bizarros y suntuosos, rozando sedas, arrastrando
-telas y gozando de lo que sus antepasados les ganaron; pero iban éstos
-pasando también su carrera y hundíanse al cabo, después de hundido todo
-y volvían á salir aquellos primeros, volviendo á juego las materias. Y
-con esta alternación procedían las cosas humanas, al fin temporales.
-
-¡Hay tal variedad!, ponderaba Andrenio. ¿Y siempre ha sido desta suerte?
-
-Siempre, decía el cortesano, y esto en cada provincia, en cada reino.
-Vuelve la cabeza atrás y mira qué moderados entraron en España los
-primeros godos, un Ataulfo, Sisenando, hasta el rey Bamba. Sucede al
-cabo el delicioso Rodrigo y da al traste con las más florida monarquía.
-Va pasando la rueda y vuelve otra vez el valor con la parsimonia, en
-el famoso Pelayo. Restáurase poco á poco lo que se perdió tan aprisa.
-Descaece otra vez; pero resucita en el rey don Fernando el Católico y
-así se van alternando las ganancias y las pérdidas, las dichas y las
-desdichas.
-
-¡Oh, lo que son de ver, decía Critilo, aquellos primeros vestidos de
-paño, ya los segundos de brocado, aquéllos crujiendo acero y éstos
-seda, arreados aquéllos en el alma y desnudos en el cuerpo, adornados
-éstos de galas y desnudos de hazañas, faltos de noticias y sobrados de
-delicias!
-
-Escondíanse unas mujeres y señoras y aun princesas, con las ruecas
-en la cinta, refilando el uso, y salían otras con abanicos costosos
-de varillas de diamantes, fuelles de su vanidad. Aquéllas con sus
-manguitos de paño, estas otras de martas, nada piadosas y muy suyas.
-Aquéllas exprimidas de talle, estas otras más huecas, que campanas. Y
-no obstante esto, aquéllas sonaban mejor.
-
-Por eso digo yo, ponderaba Critilo, que siempre lo pasado fué mejor.
-
-Alargaba el cuello Andrenio, mirando hacia el oriente de la rueda y
-preguntóle el cortesano:
-
-¿Qué buscas? ¿Qué echas menos?
-
-Y él miraba si volvía á salir aquel plausible rey don Pedro de Aragón,
-llamado bastón de franceses, que con ellos solos fué cruel. ¡Oh, cómo
-que despicaría á España! ¡Qué coscorrones pegaría! ¡Cómo que les
-abajaría las crestas á los galos! Pero mudóse las alforjas el tiempo.
-Iba dando sin parar la vuelta la rueda y volteando con ella cuanto hay.
-Salía una ciudad con sus casas de tierra y los palacios á piedralodo.
-Paseaban sus calles en carros los caballeros, el mismo Nuño Rasura. Que
-las damas, como tan recatadas, ni eran vistas ni oídas. Cuando mucho,
-salían á alguna romería: que no se nombraban las ramerías. Más colorada
-se volvía entonces una mujer de ver un hombre, que agora de ver un
-ejército. Y es de advertir que entonces no había otro color, que el de
-la vergüenza y el blanco de la inocencia. Parecían de otra especie,
-porque eran muy calladas, no andariegas, honestas, hacendosas. Al fin
-mujeres para todo y no como agora, para nada. Pero daba la vuelta la
-rueda, hundíase aquella ciudad y al cabo de tiempo volvía á salir otra,
-digo, la misma; pero tan otra, que no la conocían.
-
-¿Qué ciudad es ésta?, preguntó Andrenio.
-
-La misma, respondió el cortesano.
-
-¿Cómo puede ser eso, si estas casas de agora son de mármoles y de
-jaspes, con tanto dorado balcón, en vez de los de palo? ¿Qué tienen que
-ver estas tiendas con aquellas otras de docientos años atrás? Allí,
-señor cortesano, no había guantes de ámbar, sino de lana; no tahalíes
-bordados de oro, sino una correa; no sombreros de castor ni por sueño,
-cuando mucho bonetillos ó monteras. Manguitos de á ciento de á ocho,
-¿quién tal dijo? Fuera heregía. No, sino de paño y abanicos de paja
-y ésos llevaba la señora y la condesa; que aún no había duquesas, y
-la misma reina doña Constanza y por mucha gala, que costaba cuatro
-maravedís; y no como agora de garapiña y de rapiña francesa. Con un
-real compraba entonces un hombre sombrero, zapatos, medias, guantes y
-aún le sobraban algunos maravedises. Las que aquí son telas de oro y
-brocados, allí eran bureles y por cosa muy preciosa se hallaba algún
-contray para mantos á las ricas fembras en el día de su boda, que por
-eso se llamaron de velarse. Las que allí eran carretillas, aquí son
-coches y carrozas; las que angarillas, son sillas de mano tachonadas.
-Aquí no se ve ruar el carretón de la Inés tirado de sola una bestia,
-que no había entonces tantas. Las calles hierven de mujeres tan
-descocadas cuan escotadas, cuando allí, si se les veía una muñeca,
-era ya perderse todo y ser ellas unas perdidas. Muchos de estrados
-y cojines y no se ve una almohadilla, sin hacer hacienda, antes
-deshaciéndolas y acabando con las casas.
-
-Pues te aseguro, dijo el cortesano, que es la misma ciudad; aunque
-tan otra de lo que fué, tan mudada, que no la conocerían sus primeros
-habitadores. Mira lo que hace y deshace el tiempo.
-
-¡Válgame el Cielo!, dijo Critilo. ¿Y qué dijeran, si volvieran hoy á
-Roma los Camilos y Dentatos, si el buen Sancho Minaya á Toledo, si
-Gracián Ramírez á Madrid, Laín Calvo á Burgos, el Conde Alperche á
-Zaragoza y Garci Pérez á Sevilla, si pasearan por estas calles y las
-hallaran ocupadas de coches y de carrozas, si vieran estas tiendas y
-esta perdición?
-
-Volteaba la rueda y escondíase el buen tiempo y todo lo bueno con
-él. Aquellos hombres buenos y llanos sin artificio ni embeleco, tan
-sencillos en el vestido como en el ánimo, sin pliegues en las capas
-y sin dobleces en el alma, con el pecho desabrochado, mostrando el
-corazón, la conciencia á ojo, con el alma en la palma y por eso
-vitoriosa: hombres al fin del tiempo antiguo y con todo eso muy ricos y
-sobrados, desaliñados y nunca más bienpuestos. Que, cuando los hombres
-eran más sencillos, aseguran que había más doblones. Escondíanse
-aquéllos y salían otros antípodas suyos en todo, embusteros,
-mentirosos, falsos y faltos, que se corrían de que les llamasen buenos
-hombres, más pequeños de cuerpo y también de alma. Y con ser todos
-palabras, no tenían palabra. Mucho de cumplimiento y nada de verdad.
-Mucho de circunstancia y nada de sustancia. Gente de poca ciencia y de
-menos conciencia.
-
-Éstos, decía Critilo, yo juraría que no son hombres.
-
-¿Pues qué?
-
-Sombras de aquellos que van delante, medio hombres, pues no tienen
-entereza. ¡Oh, cuándo volverán aquellos primeros agigantados, hijos de
-la fama!
-
-Dejad, decía el cortesano, que aún volverán á tener vez.
-
-Sí; pero ¡qué tarde!, si se ha de acabar primero la mala semilla déstos.
-
-De lo que gustaba mucho Andrenio y tanto, que no pudo contener la
-risa, era de ver rodar los trajes y dar vueltas los usos y más mirando
-hacia España, donde no hay cosa estable en esto del vestir. Á cada
-tumbo de la rueda se mudaban y siempre de malo en peor, con mucho
-gasto y figurería. Un día salían con unos sombreros anchos y bajos,
-que parecían gorras; al otro día otros amorrionados, que parecían
-capacetes; luego otros pequeños y puntiagudos, que parecían alhajas
-de títeres y hacían bravas figuras. Pasaban éstos y sucedían otros
-chatos y anchos, con dos dedos de falda, que parecían bacinillas y
-aun olían mal; mas al otro día los dejaban y salían con otros tan
-altos, que parecían orinales. Quebrábanse éstos también y sacaban los
-gaviones con una vara de copa y otra de falda, ya pequeños, ya tan
-grandes, que se pudieran hacer dos de cada uno de los primeros. Y es
-lo bueno que los que hacían más ridículas figuras se burlaban de los
-pasados, diciendo que parecían figurillas; mas luego los que se seguían
-les llamaban á ellos figurones. Fué de modo que en poco rato, que lo
-estuvieron mirando, contaron más de una docena de formas diferentes
-de solos sombreros. ¿Qué sería de todo el demás traje? Las capas ya
-eran tan largas y prolijas, que parecían ir fajados en ellas, ya tan
-cortas y tan biencriadas, que, cuando sus amos estaban sentados, ellas
-se quedaban en pie. Dejo las calzas, ya afolladas, ya botargas, los
-zapatos ya romos, ya puntiagudos.
-
-Qué cosa tan graciosa, decía Andrenio. Señores, ¿quién inventa estos
-trajes? ¿Quién saca estos usos?
-
-Ahí me digas tú que hay bien que reir. Porque has de saber que llega un
-gotoso que tiene necesidad de llevar el pie holgado y cálzase un zapato
-romo y ancho, por su comodidad, diciendo:
-
-¿Qué importa que el mundo sea ancho, si mi zapato es estrecho?
-
-Los otros, que lo ven, luego lo apetecen y dan todos en llevar zapatos
-romos y parecer gotosos y patituertos. Si una mujer pequeña hubo
-menester ayudarse de chapines, añadiendo de corcho lo que le faltaba
-de persona, luego todas las otras dan en llevarlos, aunque sean más
-crecidas que la giralda de Sevilla ó la torre nueva de Zaragoza. Llega
-en esto una muy estirada en todo, que no necesita dellos, antes la
-hacen embarazo. Dales del pie y gusta de irse en zapato. Luego todas
-las otras la quieren imitar, aunque sean unas enanas, valiéndose de
-la ocasión para más soltura y para parecer niñas. La otra flamenca
-dió en ir escotada, vendiendo el alabastro y quiérenla seguir las
-de Guinea, feriando el azabache, que en unas y en otras es una gran
-frialdad y un traje muy desarrapado. Y es de advertir que el peor y el
-más deshonesto es el que dura más. Pero para que riáis de buen gusto
-mirad aquella ristra de mujeres, que van una tras otra en la rueda del
-tiempo. La primera lleva aquel desproporcionado tocado, que llamaron
-almirante y lo inventó una calva. La otra, que se sigue, lo trocó por
-la arandela, que hizo brava visión. Sucede la otra con el bobo, que fué
-su más propio traje. Trocólo ya la que viene detrás, por el trenzado,
-no mendigando un pelo ajeno á su belleza. La quinta en orden lo dejó
-para las mozas de cántaro y echó el cabello atrás en una crecida cola.
-La sexta inventó el moño, desmintiendo lo pelado. La séptima se echó
-un gobelete al tozuelo, echando allá cuanto la pudiesen decir. La
-octava va con una trenza á la jineta, á tuerto y á derecho. La nona con
-asa de cántaro y pudiera de cantarilla. Desta suerte van variando y
-desvariando, hasta que vuelvan á su primera impertinencia. Pero lo que
-fué, no ya de reir, sino de sentir, que siempre se va todo empeorando.
-Pues es cosa cierta que con lo que gasta hoy una mujer se vestía antes
-todo un pueblo. Más plata echa hoy en relumbrones una cortesana, que
-había en toda España antes que se descubrieran las Indias. No conocían
-las perlas aquellas primeras señoras; pero éranlo ellas en la fineza.
-Los hombres eran de oro y se vestían de paño; agora son asco y rozan
-damasco y después, que hay tantos diamantes, ni hay fineza ni firmeza.
-
-Hasta en el hablar hay su novedad cada día, pues el lenguaje de hoy ha
-docientos años parece algarabía. Y si no, leed esos fueros de Aragón,
-esas partidas de Castilla, que ya no hay quien las entienda. Escuchad
-un rato aquellos, que van pasando uno tras de otro, en la rueda del
-tiempo.
-
-Atendieron y oyeron que el primero decía fillo, el segundo fijo, el
-tercero hijo y el cuarto ya decía gixo á lo andaluz y el quinto de otro
-modo, sino que no lo percibieron.
-
-¿Qué es esto?, decía Andrenio. ¿Señores, en qué ha de parar tanto
-variar? ¿Pues no era muy buena aquella primera palabra fillo y más
-suave, más conforme á su original, que es el latín?
-
-Sí.
-
-¿Pues por qué la dejaron?
-
-No más de por mudar, sucediendo lo mismo en las palabras, que en los
-sombreros. Éstos de agora tienen por bárbaros á los de aquel lenguaje,
-como si los venideros no hubiesen de vengarlos á aquéllos y reirse
-déstos.
-
-Púsose de puntillas Critilo, desojándose hacia el oriente de la rueda.
-
-¿Qué atiendes con tanto ahinco?, le preguntó el cortesano.
-
-Estoy mirando si vuelven á salir aquellos Quintos tan famosos y
-plausibles en el mundo, un don Fernando el Quinto, un Carlos Quinto y
-un Pío Quinto.
-
-¡Ojalá que eso fuese y que saliese un don Felipe, el Quinto en España!
-Y cómo que vendrá nacido. ¡Qué gran rey había de ser, copiando en sí
-todo el valor y el saber de sus pasados! Pero lo que noto es que antes
-vuelven á salir los males, que los bienes. Tardan éstos lo que se
-avanzan aquéllos.
-
-Oh, sí, dijo el cortesano: detiénense y mucho en volver los siglos de
-oro y adelántanse los de plomo y de hierro. Son las calamidades más
-ciertas en repetir, que las prosperidades. Así como el mal humor de
-una terciana y de una cuartana tienen su día fijo, su hora sabida,
-sin discrepar un punto y el buen humor la alegría, el contento, no le
-tienen ni repiten, á la hora las guerras, las rebeliones no discrepan
-un lustro, las pestes ni un año, las secas no pierden vez, vuelven las
-hambres, las mortandades, las desdichas por sus pasos contados.
-
-Pues si eso es así, dijo Andrenio, ¿no se les podía tomar el pulso á
-las mudanzas y el tino á la vicisitud de la rueda, para prevenir los
-remedios á los venideros males y saberlos desviar?
-
-Ya se podría, respondió el cortesano; pero como fenecieron aquellos,
-que entonces vivían, y suceden otros de nuevo sin recuerdo de los
-daños, sin experiencia de los inconvenientes, no queda lugar al
-escarmiento. Vinieron unos noveleros, amigos de mudanzas peligrosas,
-que no probaron de las calamidades de la guerra, atropellaron con la
-rica y abundante paz y después murieron suspirando por ella. Con todo
-ya hay algunos de bueno y sano juicio, prudentes consejeros, que huelen
-de lejos las tempestades, las pronostican, las dicen y aun las vocean;
-pero no son escuchados. Que el principio de los males es quitarnos el
-cielo el inestimable don del consejo. Sacan los cuerdos por discurso
-cierto las desdichas, que amenazan: en viendo en una república la
-desolación de costumbres, pronostican la disolución de provincias;
-en reconociendo caída la virtud, atinan la caída de las monarquías;
-grítanlo á quien tiene atapados los oídos, y así veréis que de tiempo á
-tiempo se pierde todo para volverse otra vez á ganar todo.
-
-Pero buen ánimo, que todas las cosas vuelven á tener día, lo bueno y lo
-malo, las dichas y las desventuras, las ganancias y las pérdidas, los
-cautiverios y los triunfos, los buenos y los malos años.
-
-Sí, dijo Andrenio; ¿pero qué me importa á mí que hayan de suceder
-después las felicidades, si á mí me cogen de medio á medio todas las
-calamidades? Eso es decir que para mí se hicieron las penas y para
-otros los contentos.
-
-Buen remedio ser prudente, abrir el ojo y dar ya en la cuenta. Ea,
-alégrate, que aún volverá la virtud á ser estimada, la sabiduría á
-estar muy valida, la verdad amada y todo lo bueno en su triunfo.
-
-Y cuando será eso, suspiró Critilo, ya estaremos nosotros acabados
-y aun consumidos. ¡Oh, quién viera aquellos hombres con sus sayos
-y aquellas mujeres con sus cofias y sus ruecas, que desde que se
-arrimaron los husos, no se usa cosa buena! ¿Cuándo volverá la reina
-doña Isabel la Católica á enviar recados: decidle á doña Fulana que
-se venga esta tarde á pasarla conmigo y que se traiga su rueca, y á
-la condesa que venga con su almohadilla? ¿Cuándo oiremos al otro rey
-escusarse en las cortes que no había comido gallina y decía la verdad
-y que una que comió un jueves había sido presentada? Y al otro que si
-las mangas del jubón eran de seda, pero el cuerpo de tela. ¡Oh, cuánto
-me holgaría ver salir aquellos siglos de oro y no de lodo y basura,
-aquellos varones de diamantes y no de claveques, aquellas hembras de
-margaritas y sin perlas, las Hermesindas y Jimenas, con que no faltan
-Urracas, aquellos hombres de bien, que ya no sólo no corren, pero
-ni dan un paso, de Tasso lenguaje, pero de buena lengua, de pocas
-razones y de mucha razón, de mucha sustancia y poca circunstancia,
-gente de apoyo y no de tramoya y de sola apariencia, que no hay cosa
-más contraria á la verdad, que la verisimilitud! ¿Qué soldados eran
-aquellos de acullá, vestidos de pieles y calzados de cuero, que
-repetían de fieras?
-
-Ésos eran los Almugábares, la milicia del rey don Jaime y de su
-valeroso hijo; no como los capitanes de agora, vestidos de tafetán,
-dando cuchilladas de seda.
-
-Aguarda, ¿qué varas eran aquéllas tan macizas y tan firmes?
-
-Las de la justicia del buen tiempo, gruesas; pero no groseras, que no
-se torcían á cualquier viento ni se doblaban, aunque las cargasen del
-metal pesado, aunque colgasen de ellas un bolsón de doblones.
-
-Qué diferentes, decía Andrenio, destas otras tan delgadas, al fin
-juncos, que ceden al soplo del favor y se inclinan por poco que les
-cuelguen á un par de capones, á cualquier pluma. ¿Quién es aquel que
-habla ronco?
-
-Pues á fe que no es ronca, sino bien clara su fama. Aquél es el
-plausible alcalde Ronquillo, blasón de la justicia.
-
-¿Y aquel otro, que todo lo averigua?
-
-Ése es el del proverbio, por quien decía el rey Católico, á cualquiera
-escándalo que sucedía:
-
-Vaya y averígüelo Vargas.
-
-Todo lo aclaraba y nada confundía, con que también ha tenido en estos
-tiempos la justicia sus Quiñones.
-
-Cansábanse ya ellos de ver; pero no la rueda de dar vueltas y á
-cada tumbo se trastornaba el mundo, caían las casas más ilustres y
-levantábanse otras muy oscuras, con que los descendientes de los
-reyes andaban tras los bueyes, trocándose el cetro en aguijada y tal
-vez en un cepillo. Al contrario, los lacayos subían á Belengabores y
-Taicosamas. Vieron un nieto de un herrador muy puesto á la jineta y
-otro muy á caballo rodeado de pajes, aquél cuyo abuelo iba tal vez
-lleno de pajas. Decantábase la rueda y comenzaban á bambalear las
-torres y los homenajes, caían los alcázares y empinábanse los aduares y
-al cabo de años los nobles eran villanos.
-
-¿Quién es aquel, decía Andrenio, que vive en la casa solar de los
-condes de tal?
-
-Un hornero, que haciendo mala harina hizo muchos ducados, de modo que
-valen más sus salvados, que la harina de muchos nobles.
-
-¿Y en aquella otra de los duques de cual?
-
-Un otro, que vendió mal y las compró bien.
-
-¿Pues es posible, ponderaba Critilo, que no se contente ya la
-desvergonzada vanidad déstos con levantar sus casas de nuevo, sino que
-quieren hollar las más antiguas y las que eran de mejor solar?
-
-Salían unos ingenios noveleros con unos discursos viejos, opiniones
-rancias, pero bien alcoholadas, con lindo lenguaje y vendíanlas por
-invención suya y de verdad que lo era. Engañaban luego luego á cuatro
-pedantes; mas llegaban los varones sabios y leídos y decían:
-
-¿Ésta no es la dotrina de aquellos antiguos? En un rincón del Tostado
-se hallará, sazonado y cocido todo lo que éstos blasonan por crudo y
-valiente pensar. Lo que éstos hacen no es más que sacarlo de aquella
-letra gótica y estamparlo en la romana más legible, mudando la cuadrada
-en redonda, echando un papel blanco y nuevo y con esto cátalo aquí
-concepto nuevo. Á fe que estos ecos que son de aquella lira y que este
-tomo es de Toma.
-
-Lo mismo que en la cátedra sucedía en el púlpito con notable variedad,
-que en el breve rato, que se asomaron á ver la rueda, notaron una
-docena de varios modos de orar. Dejaron la sustancial ponderación del
-sagrado texto y dieron en alegorías frías, metáforas cansadas, haciendo
-soles y águilas los santos, inares las virtudes, teniendo toda una hora
-ocupado el auditorio, pensando en una ave ó una flor. Dejaron esto y
-dieron en descripciones y pinturillas. Llegó á estar muy valida la
-humanidad, mezclando lo sagrado con lo profano. Y comenzaba el otro
-afectado su sermón por un lugar de Séneca, como si no hubiera San
-Pablo, ya con trazas, ya sin ellas, ya discursos atados, ya desatados,
-ya uniendo, ya postillando, ya echándolo todo en frasecillas y modillos
-de decir, rascando la picazón de las orejas de cuatro impertinentillos
-bachilleres, dejando la sólida y sustancial doctrina y aquel verdadero
-modo de predicar del Boca de oro y de la ambrosía dulcísima y del
-néctar provechoso del gran prelado de Milán.
-
-Cortesano mío, decía Andrenio, ¿volverá al mundo otro Alejandro Magno,
-un Trajano y el gran Teodosio? ¡Gran cosa sería!
-
-No sé qué me diga, le respondió, que de uno déstos hay para cien siglos
-y mientras sale un Augusto, ruedan cuatro Nerones, cinco Calígulas,
-ocho Eliogábalos, y mientras un Ciro, diez Sardanápalos. Sale una vez
-un Gran Capitán y bullen después cien capitanejos, con que se ha de
-mudar cada año de jefe. He aquí que para conquistar á todo Nápoles
-bastó el gran Gonzalo Fernández y para Portugal un duque de Alba,
-para la una India Fernando Cortés y para la otra Alburquerque; y hoy
-para restaurar un palmo de tierra no han sido bastantes doce cabos.
-Llevóse de carrera Carlos Octavo á Nápoles y con otra vista, que dió el
-desposeído Fernando con cuatro naves vacías, lo volvió á cobrar. De un
-Santiago cogió el rey Católico á Granada y su nieto Carlos Quinto toda
-la Alemania.
-
-Oh, señor, replicó Critilo, no hay que admirar: que iban los mismos
-reyes en persona, no en sustituto. Que hay gran diferencia de pelear el
-amo ó el criado. Asegúroos que no hay batería de cañones reforzados,
-como una ojeada de un rey.
-
-Tras de una reina doña Blanca, proseguía el cortesano, salen cien
-negras. Mas hoy en otra española vuelve á florecer aquélla y en una
-católica Cristina de Suecia renace hoy la emperatriz Elena. Más
-os digo, que vuelve á salir el mismo Alejandro. Ya le veo y le
-reverencio, no gentil, sino muy cristiano; no profano, sino santo; no
-tirano de las provincias, sino padre de todo el mundo, conquistándole
-para el cielo. Pasad un lienzo, les dijo, por esos cristales y, si
-fuere el de la mortaja, mejor: quedarán más limpios del polvo apegadizo
-de la tierra. Y mirad otro rato hacia el cielo.
-
-Realzaron la vista y en virtud de aquella diáfana perspicacidad
-divisaron cosas, en que jamás habían reparado. Vieron una gran multitud
-de hilos y muy sutiles, que los iban devanando los celestes tornos y,
-sacándolos de cada uno de los mortales como de un ovillo.
-
-¡Qué delgado hilan los cielos!, decía Andrenio.
-
-Ésos son, respondió el cortesano, los hilos de nuestras vidas. Notad
-qué cosa tan delicada y de qué dependemos todos.
-
-Era mucho de ver cuáles andaban los hombres rodando y saltando, como
-si fueran otros tantos ovillos, sin parar un instante, al paso que las
-celestiales esferas les iban sacando la sustancia y consumiendo la
-vida hasta dejarlos de todo punto apurados y deshechos, de tal suerte
-que no venía á quedar en cada uno sino un pedazo de trapo de una pobre
-mortaja, que en esto viene á parar todo. De unos tiraban hebras de seda
-fina; de otros, hilos de oro; y de otros, de cáñamo y estopa.
-
-Sin duda que aquellos de oro y de plata, dijo Andrenio, serán de los
-ricos.
-
-Engáñaste.
-
-¿De los nobles?
-
-Tampoco.
-
-¿De los príncipes?
-
-No discurres bien.
-
-¿No son los hilos de las vidas?
-
-Sí.
-
-Pues, según fueren ellas, así serán ellos.
-
-Noble hay, que sacan del hilo de estopa y plebeyo, que sacan del hilo
-de plata y aun de oro.
-
-Allí se acababa uno, acullá otro, faltábale muy poco á éste, cuando
-comenzaba aquél. Que lo que la naturaleza va hilando de la vida el
-cielo lo va devanando y quitándonos los días con sus vueltas. Y
-cuando los mortales andan más diligentes y más solícitos, saltando y
-brincando, entonces se van más deshaciendo.
-
-¡Pero qué á lo callado, qué á las sordas nos van urdiendo la muerte,
-ponderaba Critilo, cuando nos van devanando la vida! Engañóse sin duda
-aquel otro filósofo en decir que al moverse esas celestes esferas de
-esos once cielos hacen una suavísima música, un muy sonoro ruido. Ojalá
-que eso fuera, que nos despertaran de nuestro sueño. Fuera un citarnos
-á cada instante de remate. No fuera música para entretenernos, sino un
-recuerdo para desengañarnos.
-
-Miráronse ya á sí mismos y vieron lo poco que les faltaba por devanar,
-que fué materia de harto desengaño para Critilo, si para Andrenio de
-melancolía.
-
-Esto bastará por ahora, les dijo el cortesano, y bajemos á comer, no
-diga el otro simple letor:
-
-¿De qué pasan estos hombres, que nunca se introducen comiendo ni
-cenando, sino filosofando?
-
-Acertaron á pasar por una plaza, la de mayor concurso, que sería
-sin duda la Navona, donde hallaron un numeroso pueblo, dividido en
-enjambres de susurro, aguardando alguno de sus espectáculos vulgares,
-que el cortesano al verle realzó con su moral observación y ellos con
-especial desengaño. Pero qué espantavulgo fuese éste nos lo afianza
-declarar la siguiente Crisi.
-
-
-
-
-CRISI XI
-
-_La suegra de la vida._
-
-
-Muere el hombre, cuando había de comenzar á vivir, cuando más persona,
-cuando ya sabio y prudente, lleno de noticias y experiencias, sazonado
-y hecho, colmado de perfecciones, cuando era de más utilidad y
-autoridad á su casa y á su patria. Así que nace bestia y muere muy
-persona. Pero no se ha de decir que murió agora, sino que acabó de
-morir, cuando no es otro el vivir que un ir cada día muriendo. ¡Oh,
-ley por todas partes terrible la de la muerte, única en no tener
-excepción, en no privilegiar á nadie, y debiera á los grandes hombres,
-á los eminentes sujetos, á los perfectos príncipes, á los consumados
-varones, con quienes muere la virtud, la prudencia, la valentía, el
-saber y tal vez toda una ciudad, un reino entero! Eternos debieran ser
-los ínclitos héroes, los varones famosos, que les costó tanto el llegar
-á aquel cenit de su grandeza; pero sucede tan al contrario, que los que
-importan menos viven más y los que mucho valen viven menos. Son eternos
-los que no merecían vivir un día y los insignes varones, momentáneos,
-pasaban como lucidos cometas. Plausible resolución fué la del rey
-Néstor, de quien se cuenta que, habiendo consultado los oráculos acerca
-de los plazos de su vida y habiéndole sido respondido que aún había de
-vivir mil años cabales, dijo él:
-
-Pues no hay que tratar de hacer casa.
-
-Instando sus amigos que no sólo casa, pero un palacio y no sólo uno,
-sino muchos, para todos tiempos y pasatiempos, respondió:
-
-¿Para sólos mil años de vida queréis que me ponga agora á fabricar
-casa? ¿Para tan poco tiempo un palacio? He, que bastará una tienda ó
-una barraca, donde me aloje de paso. Que sería calificada locura tomar
-el vivir de asiento.
-
-¡Qué bien viene esto con lo que hoy se platica, pues no llegando los
-hombres á vivir lo más cien años y no teniendo seguro ni un día,
-emprenden edificios de á mil años, fabrican casas, como si se hubiesen
-de perpetuar sobre la haz de la tierra! De estos sería uno sin duda
-aquel que decía que, aunque supiera que no había de vivir sino un año,
-hiciera casa; si un mes, se casara; si una semana, comprara cama y
-silla; y si un día sólo, hiciera olla. ¡Oh!, cómo debe reirse destos
-necios la muerte discreta, siquiera por lo fea, viendo que, cuando
-ellos están levantando grandes casas, ella les está abriendo corta
-sepultura, según el proverbio: á casa hecha, sepultura abierta. En
-acomodándose uno, ella le desacomoda. Acabarse de construir el palacio
-y acabarse la vida todo es á un tiempo, trocándose las siete columnas
-del más soberbio edificio en siete pies de tierra ó siete palmos de
-mármol, vana necedad de muchos. Porque ¿qué más tiene el pudrirse entre
-pórfidos y mármoles, que entre terrones?
-
-Sobre esta tan llana verdad venía echando el contrapunto de un singular
-desengaño el cortesano discreto con nuestros dos peregrinos en Roma.
-Llegaron á una gran plaza, embarazada de infinito vulgo, muy puesto en
-expectación de alguna de sus necias maravillas, que él suele admirar
-mucho.
-
-¿Qué querrá ser esto?, preguntó Andrenio.
-
-Y respondiéronle:
-
-Tened paciencia y tendréis ciencia.
-
-Así fué, que á poco rato vieron salir bailando y brincando sobre una
-maroma un monstruo, que en la lijereza parecía un pájaro y en la
-temeridad un loco. Estaban los que le miraban tan pasmados, cuanto él
-intrépido. Ellos temblando de verle y él bailando porque le viesen.
-
-¡Brava temeridad!, exclamó Andrenio. Sin duda que éstos primero
-pierden el juicio y después el miedo. Á pie llano no llevamos segura la
-vida y éste la mete en precipicios.
-
-¿De éste te espantas tú?, le dijo el cortesano.
-
-¿Pues de quién, si de éste no?
-
-De ti mismo.
-
-¿De mí? ¿Y por qué?
-
-Porque es niñería esto, respecto de lo que por ti pasa. ¿Sabes tú dónde
-tienes los pies? ¿Sabes por dónde caminas?
-
-Lo que yo sé es, replicó Andrenio, que no me metiera allí por todo el
-mundo y éste por un vil interés se expone á tan grande riesgo.
-
-¡Qué bueno está eso!, le dijo el cortesano. ¡Oh, si tú te vieses andar,
-no sólo de aquel modo, sino con harto mayor peligro, qué sentirías y
-qué dirías!
-
-¿Yo?
-
-Sí, tú.
-
-¿Por qué?
-
-Díme, ¿no caminas cada hora y cada instante sobre el hilo de tu vida,
-no tan grueso ni tan firme como una maroma, sino tan delgado como el de
-una araña y aun más y andas saltando y bailando sobre él? Ahí comes,
-ahí duermes y ahí descansas sin cuidado ni sobresalto alguno. Créeme
-que todos los mortales somos volatines arriesgados sobre el delgado
-hilo de una frágil vida, con esta diferencia, que unos caen hoy, otros
-mañana. Sobre él fabrican los hombres grandes casas y grandes quimeras,
-levantan torres de viento y fundan todas sus esperanzas. Admíranse de
-ver al otro temerario andar sobre una gruesa y asegurada maroma y no
-se espantan de sí mismos, que restriban sobre una, no cuerda, sino
-muy loca confianza de una hebra de seda. Menos, sobre un cabello. Aún
-es mucho, sobre un hilo de araña. Aún es algo, sobre el de la vida,
-que aún es menos. De esto sí que debrían andar atónitos, aquí sí que
-se les habían de erizar los cabellos y más reconociendo el abismo de
-infelicidades, donde los despeña el grave peso de sus muchos yerros.
-
-Salgamos, salgamos de aquí luego luego, al mismo punto, gritó Andrenio.
-
-Poco importa, dijo Critilo, dejar la consideración, si no salimos del
-riesgo. Bien podremos olvidarle, mas no evitarle.
-
-Volvieron ya á su posada, llamada el mesón de la vida. Aquí les dejó el
-cortesano citados para otro gran día, si ya no les faltase la noche,
-que fué atención precisa. Recibióles con lisonjero agasajo su agradable
-huéspeda, mostrándose muy cuidadosa en su asistencia y regalo.
-Convidólos á la cena, diciendo:
-
-Aunque no se vive para comer, se come para vivir.
-
-Cerróse la noche y trataron ellos de cerrar los ojos, pasando á
-ciegas y á escuras la mitad de la vida. Y si dicen que el sueño es un
-ensayo de la muerte, yo digo que no es sino un olvido de ella. Íbanse
-ya encaminando al sepulcro del sueño, muy descuidados y seguros,
-cuando llegó á embargárseles uno de los muchos pasajeros, que allí se
-alojaban. Éste, acercándose á ellos disimulado, les dió voces á la
-sorda, diciéndoles:
-
-¡Oh, inconsiderados peregrinos! ¡Cómo se os conoce cuán ajenos vivís
-de vuestro mal y cuán ignorantes de vuestro riesgo! Decidme, ¿cómo,
-estando presos, tratáis de dormir á sueño suelto? No es tiempo de
-cerrar los ojos, sino de abrirlos al mayor peligro, que os amenaza por
-instantes.
-
-Tú debes ser el que sueñas, le respondió Andrenio. ¿Aquí peligros, en
-el albergue de la vida, en el mesón del sol y tan claro y tan risueño?
-
-Y aun por eso mismo, respondió el pasajero.
-
-He, que no es creíble que para traiciones en tales agrados, que se
-escondan fierezas entre tales lindezas.
-
-Pues advertid que aquí donde la veis tan cortesana, esta nuestra
-huéspeda, que es de nación troglodita, hija del más fiero caribe, aquel
-que se chupa los dedos tras sus proprios hijos.
-
-Quita de ahí, le replicó Andrenio. ¿Aquí en Roma trogloditas? ¿Cómo es
-posible?
-
-¿Y es nuevo el concurrir en esta cabeza del orbe de todas sus naciones
-los erizados etíopes, los greñudos sicambros, los alarbes, los sabeos
-y los sármatas, aquéllos, que llevan consigo la fuente para socorrer
-la sed en la picada vena del caballo? Sabed, pues, que esta hermosa y
-agradable patrona alimenta sus fierezas de nuestras humanidades.
-
-Es cosa de risa eso, replicó Andrenio. Lo que yo experimento es que
-ella no atiende á otro, que á nuestro agasajo y regalo.
-
-¡Oh, qué engaño el vuestro!, exclamó el pasajero. ¿Nunca habéis
-visto cebar antes las engañadas aves, para cebarse en ellas después,
-sacándoles para esto los ojos? Pues así lo platica esta hechicera
-común, que no hay Alcina, que la iguale. Miradla bien, reconocedla y
-veréis que no es tan linda como se pinta; antes la hallaréis corta
-de faiciones y larga de traiciones, breve de tercios y cumplida de
-enredos. ¿Es posible, que no habéis reparado en estos días, que aquí
-estáis, cómo han desaparecido casi todos los pasajeros que han entrado?
-¿Qué se hizo aquel gallardo mancebo, que tanto celebrastes de lindo,
-airoso, galán, rico y discreto? Ya no se ve ni se oye. ¿Pues aquella
-otra peregrina de la belleza, que tan bien pareció á todos? Ya no
-parece. Pregunto, ¿qué se hace tanto pasajero como aquí va entrando?
-Unos anochecen y no amanecen y otros al contrario: todos, todos, unos
-en pos de otros van desapareciendo, tan presto el cordero como el
-carnero, el amo como el criado, el soldado valiente y el cortesano
-discreto. Ni al príncipe le vale su soberanía ni al sabio su ciencia.
-No le aprovechan al valentón sus bríos ni al rico sus tesoros. Ninguno
-trae salvaguardia.
-
-Ya yo lo había notado, respondió Critilo. Como á la deshilada se nos
-iban todos desvaneciendo y os aseguro que me ha ocasionado harto
-desvelo.
-
-Aquí arqueando las cejas y encogiéndose de hombros el pasajero:
-
-Habéis de saber, les dijo, que yo, llevado de mi cuidadoso recelo,
-traté de escudriñar todos los rincones desta traidora posada y he
-descubierto una muy afectada traición contra nuestras descuidadas
-vidas. Amigos, que estamos vendidos, minada tenemos la salud con
-pólvora sorda, armada nos está una emboscada traidora contra la
-felicidad más segura. Pero, para que me creáis, seguidme, que lo habéis
-de ver con vuestros ojos y tocar con esas manos, sin hacer el menor
-sentimiento, porque seríamos perdidos antes con antes.
-
-Y diciendo y haciendo, levantó una losa, que estaba bajo de su mismo
-lecho, de modo que la asechanza estaba inmediata á su descanso.
-Descubrióse un boquerón espantoso y lúgubre, por donde les animó á
-bajar, yendo él delante, y á la luz de una disimulada linterna los fué
-conduciendo á unas profundas cuevas, á unos soterráneos tan inferiores,
-que pudieran ser llamados con mucha razón infiernos. Allí les fué
-mostrando un expectáculo tan crudo y tan horrendo, que pudiera hacer
-estremecer los huesos y dar diente con diente el solo imaginarlo.
-Porque allí vieron y conocieron todos aquellos pasajeros, que habían
-echado menos; aunque muy desfigurados, tendidos por aquellos suelos.
-Estuvieron un gran rato sin poder hablar palabra, que aun para alentar
-les faltó el ánimo, tan muertos ellos como los que yacían.
-
-¡Hay tal carnicería!, dijo Andrenio más suspirando, que pronunciando.
-¡Hay tal catástrofe de bárbara impiedad! Aquél es sin duda el príncipe,
-que vimos cuatro días ha, tan agraciado y lindo, que era las delicias
-del mundo, tan cortejado y adorado de todos. Mirad qué solo yace,
-dejado y olvidado. Pereció su memoria con el ruido, que no haciéndole,
-luego es uno olvidado.
-
-Aquel otro, decía Critilo, es aquel ruidoso campeón, conducidor de
-huestes valerosas. Mirad agora qué desacompañado yace y solo. El que
-antes hacía temblar el mundo con su valor agora nos hace temblar á
-nosotros con horror, y el que triunfa de tanto enemigo ya es trofeo de
-tanto gusano.
-
-Contemplad, les decía el pasajero, qué fiera y qué fea está aquella tan
-hermosa. Convirtióse su florido Mayo en un erizado Diciembre. ¿Cuántos
-por ver esta cara perdieron el ver la de Dios y gozar del cielo?
-
-Amigo, decía Andrenio, dínos por tu vida quién ejecuta semejantes
-atrocidades. ¿Son acaso ladrones, que por robarles el oro les quitan la
-preciosa vida? Pero más malicia indica el estar tan desfigurados, medio
-comidos algunos y aun roídas las entrañas. Aquí alguna cruel Medea se
-oculta, que así desmiembra sus hermanos; alguna infernal Meguera, que
-ya poco es troglodita.
-
-¿No os decía yo? ponderaba el pasajero. Celebrad agora el cortés
-agasajo de vuestra agradable patrona.
-
-Pues aún no acabo yo de creer, dijo Andrenio, que una fiereza tan atroz
-quepa en tal agrado, tal crueldad en tal beldad, ni es posible que una
-patrona tan humana nos sea tan traidora.
-
-Señores míos, esto pasa en su misma casa, aquí lo estamos viendo y
-lamentando. Ved ahora quién lo ejecuta, por lo menos ella lo consiente.
-Éste es el dejo de su cortejo, éste el paradero de su agasajo y éste el
-remate de su hospedaje. Mirad qué caro se paga, atended en qué paran
-las paredes entoldadas de sedas, el servicio de plata, las doradas y
-mullidas camas, el convite y el regalo.
-
-Esto estaban viendo y no creyéndolo, cuando de repente se hizo bien
-de sentir un horrible sonido, un espantoso estruendo como de muchas
-campanas, que doblaban el espanto. Correspondíale otro lastimero ruido
-de suspiros y lamentos. Quisieron nuestros peregrinos echar á huir y
-meterse en salvo; mas no pudieron, porque ya comenzaban á entrar de
-dos en dos funestos enlutados, con sus capuces tendidos, que no se les
-divisaba el gesto. Traían antorchas amarillas en las manos, no tanto
-para alumbrar los muertos, cuanto para dar luz de desengaño á los
-vivos, que la han bien menester. Retiráronse á un rincón los espantados
-peregrinos, sin osar hablar palabra, con que dieron más lugar á la
-atención, para ver lo que pasaba y oir lo que decían, aunque muy bajo,
-dos de aquellos enlutados, que les cayeron más cerca.
-
-¡Qué brava fiereza, decía el uno, la de esta cruel tirana! Al fin
-hembra, que todos los mayores males lo son, la hambre, la guerra, la
-peste, las arpías, las sirenas, las furias y las parcas.
-
-Sí, respondía el otro; pero ninguna como ésta, que, si las demás
-persiguen y atormentan, no es con tal exceso. Si una calamidad os quita
-la hacienda, déjaos la salud; si la otra la salud, déjaos la vida; si
-ésta os priva de la dignidad, déjaos los amigos para el consuelo; si
-aquélla os roba la libertad, déjaos la esperanza. De modo que ninguna
-de las desdichas apura del todo; todas operan algo para el consuelo.
-Esta sola, peor de cuantas hay, todo lo barre, con todo acaba de una
-vez, con la hacienda, con la patria, amigos, deudos, hermanos, padres,
-contento, salud y vida, enemiga mayor del género humano, asesina de
-todos.
-
-Bástale, dijo el otro, ser peor que cuñada, peor que madrastra. Pues
-suegra de la vida, ¿qué otro puede ser la muerte?
-
-Mas al nombrarla ella como tan ruin acudió luego. Comenzaron á entrar
-los de su séquito, que es grande, unos que la preceden y otros que la
-siguen. Estaban espantados nuestros peregrinos, callando como unos
-muertos y, cuando esperaban ver entrar en fúnebre pompa tropas de
-fantasmas, catervas de visiones, ejércitos de trasgos, multitud de
-larvas y un escuadrón de funestos monstruos, vieron muy al contrario
-muchos ministros suyos muy colorados, gruesos y lucidos, no sólo no
-tristes, pero muy risueños y placenteros, cantando y bailando con brava
-chanza y bureo. Fuéronse partiendo por todo aquel teatro soterráneo,
-con que comenzaron ya á respirar nuestros peregrinos y, aun habiendo
-cobrado ánimo Andrenio, se fué acercando á uno de ellos, que le pareció
-de mejor humor y de buen gusto:
-
-Señor mío, le dijo, ¿qué buena gente es ésta?
-
-Miróselo él y, viéndole algo encogido, le dijo:
-
-Acaba ya de desenvolverte, que aun en el palacio de la muerte no
-conviene el ser mozo vergonzoso; más vale tener un punto y aun dos
-de entremetido. Sabrás que éste es el cortejo de la reina de todo el
-mundo, mi señora la Muerte, que ahí cerca viene; nosotros somos sus más
-crueles verdugos.
-
-No lo parecéis, replicó Critilo, desencogiéndose también, pues veniste
-de fiesta y de placer, cantando y riendo. Yo siempre creí que los
-asesinos suyos eran tan fieros como crueles, intratables y ásperos,
-consumidores y consumidos, de tan mala catadura como ella.
-
-Ésos, respondió él, doblando la risa, eran los del tiempo antiguo; ya
-no se usan, todo está muy trocado, nosotros la asistimos agora.
-
-¿Y quién eres tú?, le preguntó Andrenio.
-
-Yo soy, no lo creeréis, un Hartazgo.
-
-Y aun por eso tan cariharto. ¿Y aquel otro?
-
-Es un convitón, éste de mi otro lado es un almuerzo, el de más allá
-un merendón, la otra una fiambrera, aquéllas las buenas cenas que han
-muerto á tantos.
-
-¿Y aquel adamado y galán?
-
-Es un mal francés.
-
-¿Y aquellas otras tan lindas?
-
-Son unas búas. Y así de las que veis, que ya los más de los mortales
-se mueren por lo que les mata y apetecen lo que les acarrea la
-muerte. Antes moría un hombre de una pesadumbre, de un despecho, de
-un cansancio; pero ya han dado muchos en la cuenta. No los matan ya
-pesares ni acaban penas. ¿Quién creerá que aquella tan blanca, que está
-allí, es una leche de almendras y que no pocos mueren de ella? Otra
-cosa te sé decir, que ya los menos son los que matan los asesinos de
-la muerte y los más los que ellos mismos se matan. Ellos se la toman
-por sus manos. Veis allí los desórdenes, asesinos de la juventud. Aquel
-tan agradable es un jarro de agua fría. Aquellos otros tan bellos son
-los soles de España, los serenísimos de Italia, las lunas de Valencia,
-los dolores de Francia, toda ella linda gente.
-
-No paraban de entrar achaques y sin saberse por dónde, aunque por todas
-partes. Y decía Andrenio:
-
-Hartazgo mío ¿por dónde entran éstos?
-
-¿Por dónde? Muerte no venga, que achaque no falta. Pero atended, que
-entra ya ella misma, si no en persona, en sombra y en huesos.
-
-¿En qué lo conoces?
-
-En que comienzan á entrar ya los médicos, que son los inmediatos á
-ella, los más ciertos ministros, los que la traen infaliblemente.
-
-No me dejes, Hartazgo mío, que querría dármelo de curiosidad, demás que
-estoy ya temblando aquel su mal gesto.
-
-Pues advierte que no le tiene ni malo ni bueno para proceder más
-descarada.
-
-¿Con qué ojos nos mirará?
-
-Con ningunos, que no tiene miramiento.
-
-¡Qué mala cara nos hará!
-
-Antes no la hace, sino que la deshace.
-
-Hablemos bajo, no nos oiga.
-
-No hay que temer, que á nadie escucha ni oye razón ni querella.
-
-Entró finalmente la tan temida reina, ostentando aquel su tan estraño
-aspecto á media cara. De tal suerte, que era de flores la una mitad
-y la otra de espinas; la una de carne blanda y la otra de huesos;
-muy colorada aquélla y fresca, que parecía de cosas entreveradas de
-jazmines; muy seca y muy marchita ésta, con tal variedad, que al punto
-que la vieron dijo Andrenio:
-
-¡Qué cosa tan fea!
-
-Y Critilo:
-
-¡Qué cosa tan bella!
-
-¡Qué monstruo!
-
-¡Qué prodigio!
-
-De negro viene vestida.
-
-No, sino de verde.
-
-Ella parece madrastra.
-
-No, sino esposa.
-
-¡Qué desapacible!
-
-¡Qué agradable!
-
-¡Qué pobre!
-
-¡Qué rica!
-
-¡Qué triste!
-
-¡Qué risueña!
-
-Es, dijo el ministro que estaba en medio de ambos, que la miráis por
-diferentes lados y así hace diferentes visos, causando diferentes
-efectos y afectos. Cada día sucede lo mismo, que á los ricos les parece
-intolerable y á los pobres, llevadera; para los buenos viene vestida
-de verde y para los malos de negro; para los poderosos no hay cosa
-más triste ni para los desdichados más alegre. ¿No habéis visto tal
-vez un modo de pinturas, que, si las miráis por un lado, os parece un
-ángel, y si por el otro, un demonio? Pues así es la muerte. Haceros
-heis á su mala cara dentro de breve rato, que la más mala no espanta en
-haciéndose á ella.
-
-Muchos años serán menester, replicó Andrenio.
-
-Sentóse ya en aquel trono de cadáveres, en una silla de costillas
-mondas, con brazos de canillas secas y descarnadas, sitial de
-esqueletos, y por cojines calaveras, bajo un deslucido dosel de tres ó
-cuatro mortajas, con goteras de lágrimas y randas al aire de suspiros,
-como triunfando de soberanías, de bellezas, de valentías, de riquezas,
-de discreciones y de todo cuanto vale y se estima.
-
-Luego que estuvo de asiento, trató de tomar residencia á sus ministros,
-comenzando por el valido. Y cuando la imaginaran terrible: ¡Será
-horrenda y espantosa, al fin de residencia!, la experimentaron al
-revés, gustosa, placentera y entretenida y muy de recreo. Cuando
-aguardaban que arrojase en cada palabra un rayo, oyeron una y otra
-chanza. Y en vez de una envenenada saeta en cada razón, comenzó con
-lindo humor á entretenerse desta suerte:
-
-Venid acá, pesares, decía, y no os me alleguéis muy cerca; más allá,
-más de lejos. ¿Cómo os va de matar necios? Y vosotros, cuidados, ¿cómo
-os va de asesinar simples? Salid acá, penas, ¿cómo va de degollar
-inocentes?
-
-Muy mal, señora, la respondieron, que ya todos caen en la cuenta de no
-caer ni en la cama, cuanto menos en la sepultura. No se usa ya el morir
-de tontos; todo va á la malicia.
-
-Apartaos, pues, vosotros matabobos, y salid acá vosotros, matalocos.
-
-Saltó al punto la guerra con sus asaltos y choques.
-
-¡Oh, amiga mía!, la dijo: ¿Cómo te va de degollar centenares de
-millares de franceses en España y de españoles en Francia? Que, si
-se sacase la cuenta de los que han muerto las gacetas francesas y
-relaciones españolas, llegaría sin duda á docientos mil españoles cada
-año y otros tantos franceses, pues no viene relación, que no traiga
-veinte y treinta mil degollados.
-
-Es engaño, señora, que no mueren peleando al cabo del año ocho mil de
-ambas partes. Mienten las relaciones y mucho más las gacetas.
-
-¿Cómo no, cuando yo veo que de todos, cuantos van á la campaña, no
-vuelve ninguno? ¿Qué se hacen?
-
-¿Qué? Mueren de hambre, señora, de enfermedades, de malpasar, de
-necesidad, de desnudez y de desdichas.
-
-He, que todo es uno para mí, dijo la Muerte. ¿Ellos al cabo no perecen
-todos? Sea de pelear, sea de no pelear, sea de lo que fuere, ¿sabéis lo
-que me parece? Que la campaña es como la casa del juego, que todo el
-dinero se hunde en ella, ya en barajas, ya en baratos, en luces y en
-refrescos ¡Oh, buen príncipe aquel y grande amigo mío, que acorralaba
-veinte mil españoles en una plaza y los hacía perecer todos de hambre,
-sin dejarles echar mano á la espada! Si eso hicieran, no había para
-comenzar de toda Francia. Que á los españoles no les han faltado sino
-cabos chocadores, no soldados avanzadores. ¡Pues aquel otro, que hizo
-perecer más de otros tantos, á vista del enemigo, todos de hambre y
-de desdicha de jefes! Pero quítateme de delante, anda de ahí, guerra
-malnacida y peor ejercitada. Pues sin pelear, ¿cuándo el ejército se
-denominó del ejercicio?
-
-Yo sí, señora, que mato y asuelo y destruyo en estos tiempos todo el
-mundo.
-
-¿Quién eres tú?
-
-¿Pues no me conoces? ¿Ahora sales con eso, cuando yo creí que estaba en
-tu valimiento?
-
-No doy en la cuenta.
-
-Yo soy la peste, que todo lo barro y todo lo ando, paseándome por toda
-la Europa, sin perdonar la saludable España, afligida de guerras y
-calamidades: que allá va el mal donde más hay. Y todo esto no basta
-para castigo de su soberbia.
-
-Saltó al punto un tropel de entremetidos, diciendo:
-
-¿Qué dices? ¿Qué blasonas tú? ¿No sabes que toda esta matanza á
-nosotros se nos debe?
-
-¿Quién sois vosotros?
-
-¿Quiénes? Los contagios.
-
-¿Pues en qué os diferenciáis de las pestes?
-
-¿Cómo en qué? Díganlo los médicos, ó si no, dígalo mi compañero, que es
-más simple que yo.
-
-Lo que sé es que, mientras los ignorantes médicos andan disputando
-sobre si es peste ó es contagio, ya ha perecido más de la mitad de
-una ciudad y al cabo toda su disputa viene á parar en que la que al
-principio ó por crédito ó por incredulidad se tuvo por contagio,
-después al echar de las sisas ó gabelas fué peste confirmada y aun
-pestilencia incurable de las bolsas. Al fin, vosotros pestes ó
-contagios, sus alcahuetes, quitáosme de delante, que no hacéis cosa á
-derechas, pues sólo las habéis con los pobres desdichados y desvalidos,
-no atreviéndoos á los ricos y poderosos, que todos ellos se os escapan
-con aquellas tres alas de las tres eles, luego, lejos y largo tiempo,
-esto es, luego en el huir, lejos en el vivir y largo tiempo en volver.
-De modo que no sois sino matadesdichados, aceptadores de personas y no
-ministros fieles de la divina justicia.
-
-Yo sí, señora, que soy el verdugo de los ricos, la que no perdono á los
-poderosos.
-
-¿Quién eres tú, que pareces la Fénix entre los males?
-
-Yo, dijo, soy la gota, que no sólo no perdono á los poderosos; pero me
-encarnizo en los príncipes y los mayores monarcas.
-
-Gentil partida, dijo la Muerte. Tú no sólo no les quitas la vida; pero
-dicen que se les alargas veinte ó treinta años más desde que comienzas.
-Y lo que se ve es que están muy bienhallados contigo, sirviéndoles
-de arbitrio de su poltronería y de alcahueta de su ocio y su regalo.
-Sepan que yo tengo de hacer reforma de malos ministros y desterrarlos
-á todos por inútiles y ociosos donde hay médicos. Y he de comenzar por
-aquella gran follona la cuartana, por quien jamás dobla campana. Que
-no sirve sino de hacer regalones los hombres, agotando el vino blanco
-y encareciendo las perdices. Mirad qué cara de hipócrita. Ella come
-bien y bebe mejor y sin hacerme servicio alguno pide premio, después
-de muchas ayudas de costa. Hola, mis valientes, los matantes, ¿dónde
-andáis? Dolores de costado, tabardillos y detenciones de orina, andad
-luego y acabad con estos ricos, con estos poderosos, que se burlan de
-las pestes y se ríen de la gota y hacen fisga de la cuartana y jaqueca.
-
-Rehusaban ellos la ejecución del mandato y no se movían.
-
-¿Qué es esto?, dijo la Muerte. Parece que teméis la empresa. ¿De cuándo
-acá?
-
-Señora, la respondieron, mándanos matar cien pobres, antes que un
-rico; docientos desdichados, antes que un próspero, aunque sea Colona.
-Porque, demás de que son muy dificultosos de asesinar éstos, nos
-concitamos el odio universal de todos los otros.
-
-¡Oh, qué bueno está eso!, ponderó la Muerte. ¿Y ahora estamos en eso?
-Si en eso reparamos, nada valdremos. Ora, yo os quiero contar al
-propósito y al ejemplo y demos este rato de treguas á los mortales,
-que no hay suspensión de mis flechas, como un rato de olvido, cuando
-la memoria de la muerte toda la vida desazona. Habéis de saber que,
-cuando yo vine al mundo, hablo de mucho tiempo, allá en mi noviciado,
-aunque entré con vara alta y como plenipotenciaria de Dios, confieso
-que tuve algún horror al matar y que anduve en contemplaciones á los
-principios, si mataré éste, no sino aquél, si el rico, si el poderoso,
-si la hermosa, no sino la fea, si el mozo gallardo, si el viejo; pero
-al fin ya me resolví con harto dolor de mi corazón. Aunque dicen que no
-le tengo ni entrañas y que soy dura. ¿Qué mucho, si soy toda huesos?
-Determiné comenzar por un mozo rollizo y bello como un pino de oro,
-déstos que hacen burla de mis tiros. Parecióme que no haría tanta falta
-en el mundo ni en su casa, como un hombre de gobierno hecho y derecho.
-Encaréle mi arco, que aún no usaba de guadaña ni la conocía. Confieso
-que me temblaba el brazo, que no sé cómo me acerté el tiro; pero al fin
-él quedó tendido en aquel suelo y al mismo punto se levantó todo el
-mundo contra mí, clamando y diciendo:
-
-¡Oh cruel, oh bárbara Muerte! Mirad quién ha asesinado á un mancebo
-el más lindo, que agora comenzaba á vivir, en lo más florido de su
-edad, qué esperanzas ha cortado, qué belleza ha malogrado la traidora.
-Aguardara á que se sazonara y no cogiera el fruto en agraz y en una
-edad tan peligrosa. ¡Oh malograda juventud!
-
-Llorábanle sus padres, lamentábanse sus amigos, suspiraban muchas
-apasionadas, hizo duelo á toda una ciudad. De verdad que quedé confusa
-y aun arrepentida de lo hecho. Estuve algunos días sin osar matar ni
-parecer; pero al fin él pasó por muerto para ciento y un año. Viendo
-esto, traté de mudar de rumbo, encaré el arco contra un viejo de cien
-años.
-
-Á éste sí, decía yo, que no le plañirá nadie; antes todos se holgarán,
-que á todos los tenía cansados con tanto reñir y dar consejos. Á él
-mismo pienso haberse hecho favor, que vivía muriendo. Que, si la muerte
-para los mozos es naufragio, para los viejos, tomar puerto. Flechéle un
-catarro, que le acabó en dos días y, cuando creí que nadie me condenara
-la acción, antes bien todos me la aplaudieran y aun la agradecieran,
-sucedió tan al contrario, que todos á una voz comenzaron á malearla y á
-decir mil males de mí, tratándome, si antes de cruel, agora de necia,
-la que así mataba un varón tan esencial á la república.
-
-Éstos, decían, con sus canas honran las comunidades y con sus consejos
-las mantienen. Agora había de comenzar á vivir éste lleno de virtud,
-hombre de conciencia y de experiencia. Estos agobiados son los puntales
-del bien común.
-
-Quedé, cuando oí esto, de todo punto acobardada, sin saber á quién
-llevarme. Mal, si al mozo; peor, si al anciano. Tuve mi reconsejo y
-determiné encarar el arco contra una dama moza y hermosa.
-
-Esta vez sí, decía, que he acertado el tiro, que nadie me hará cargo,
-porque ésta era una desvanecida, traía en continuo desvelo á sus padres
-y con ojeriza á los ajenos, la que volvía locos, digo más de lo que
-lo estaban, á los mozos, tenía inquieto todo el pueblo. Por ella eran
-las cuchilladas, el ruido de noche, sin dejar dormir á los vecinos,
-trayendo sobresaltada la justicia. Y para ella es ya favor, cuando
-fuera venganza el dejarla llegar á vieja y fea. Al fin yo la encaré
-unas viruelas, que ayudadas de un fiero garrotillo en cuatro días la
-ahogaron. Mas aquí fué el alarido común, aquí la conjuración universal
-contra mis tiros. No quedó persona, que no me murmurase, grandes y
-pequeños, echándome á centenares las maldiciones.
-
-¡Hay tan mal gusto, decían, como el desta muerte! ¡Hay semejante
-necedad! ¡Que una sola hermosa, que había en el pueblo, ésa se la haya
-llevado, habiendo cien feas en que pudiera escoger y nos hubiera hecho
-lisonja en quitárnoslas de delante!
-
-Concitaban más el odio contra mí sus padres, que llorándola noche y
-día, decían:
-
-¡La mejor hija, la que más estimábamos, la más bienvista, que ya se
-estaba casada! Llevárase la tuerta, la coja, la corcovada: aquéllas
-serán eternas, como vajilla quebrada.
-
-Impacientes los amantes me acuchillaran si pudieran:
-
-¡Hay tal crueldad! ¡Que no la enterneciesen aquellas dos mitades del
-sol en sus dos ojos y ni la lisonjeasen aquellos dos floridos meses de
-sus dos mejillas, aquel oriente de perlas de su boca y aquella madre de
-soles de su frente, coronada de los rayos de sus rizos! Ello ha sido
-envidia ó tiranía.
-
-Quedé aturdida desta vez. Quise hacer el arco mil astillas; mas no
-podía dejar de hacer mi oficio: los hombres á vivir y yo á matar. Volví
-la hoja y maté una fea.
-
-Veamos agora, decía, si callará esta gente, si estaréis contentos.
-
-¡Pero quién tal creyera! Fué peor, porque comenzaron á decir:
-
-¡Hay tal impiedad! ¡Hay tal fiereza! ¿No bastaba que la desfavoreció la
-naturaleza, sino que la desdicha la persiguiese? No se diga ya ventura
-de fea.
-
-Clamaban sus padres:
-
-La más querida, decían, el gobierno de la casa; que estas otras lindas
-no tratan sino de engalanarse, mirarse al espejo y que las miren.
-
-¡Qué entendida!, decían los galanes. ¡Qué discreta!
-
-Asegúroos, que no sabía ya qué hacerme. Maté un pobre, pareciéndome le
-hacía mercedes, según vivía de laceriado: ni por ésas; antes bien todos
-contra mí.
-
-Señor, decían, que matara un ricazo, harto de gozar del mundo, pase;
-pero un pobrecillo, que no había visto un día bueno, ¡gran crueldad!
-
-Calla, dije, que yo me enmendaré, yo mataré antes de muchas horas un
-poderoso.
-
-Y así lo ejecuté; mas fué lo mismo que amotinar todo el mundo contra
-mí. Que tenía infinitos parientes, otros tantos amigos, muchos criados
-y á todos dependientes. Maté un sabio y pensé perderme, porque los
-otros fulminaron discurso y aun sátiras contra mí. Maté después un gran
-necio y salióme peor, que tenía muchos camaradas y comenzaron á darme
-valientes mazadas.
-
-¿Señores, en qué ha de parar esto?, decía yo. ¿Qué he de hacer? ¿Á
-quién he de matar?
-
-Determiné consultar primero los tiros con aquellos mismos en quienes
-se habían de ejecutar y que ellos mismos se escogiesen el modo y el
-cuándo; pero fué echarlo más á perder, porque á ninguno le venía bien
-ni hallaban el modo ni el día. Para holgarse y entretenerse, eso sí;
-pero para morir, de ningún modo.
-
-Déjame, decían, concluir con estas cuentas, agora estoy muy ocupado.
-¡Oh qué mala sazón! Querría acomodar mis hijos, concertar mis cosas.
-
-De modo que no hallaban la ocasión ni cuando mozos ni cuando viejos ni
-cuando ricos ni cuando pobres. Tanto, que llegué á un viejo decrépito y
-le pregunté si era hora y respondióme que no, hasta el año siguiente.
-Y lo mismo dijo otro. Que no hay hombre, por viejo que esté, que no
-piense que puede vivir otro año. Viendo que ni esto me salía, di
-en otro arbitrio y fué de no matar sino á los que me llamasen y me
-deseasen, para hacer yo crédito y ellos vanidad; pero no hubo hombre
-que tal hiciese. Uno sólo me envió á llamar tres ó cuatro veces.
-Híceme de rogar, para ver si la misma privación le causaría apetito y,
-cuando llegué, me dijo:
-
-No te he llamado para mí, sino para mi mujer.
-
-Mas ella, que tal oyó, enfurecida dijo:
-
-Yo me tengo lengua para llamarla, cuando la hubiere menester. ¿Quién le
-mete á él en eso? Mirad ¡qué caritativo marido!
-
-Así que ninguno me buscaba para sí, sino para otro, las nueras para
-las suegras, las mujeres para los maridos, los herederos para los que
-poseían la hacienda, los pretendientes para los que gozaban de los
-cargos, pegándome bravas burlas, haciéndome todos ir y venir, que no
-hay mejor deuda ni más mala paga. Al fin, viéndome puesta en semejante
-confusión con los mortales y que no podía averiguarme con ellos, mal si
-mato al viejo, peor si al mozo, si la fea, si la hermosa, si el pobre,
-si el rico, si el ignorante, si el sabio:
-
-Gente de la maldición, decía, ¿á quién he de matar? Concertaos. Veamos
-qué ha de ser. Vosotros sois mortales, yo matante: yo he de hacer mi
-oficio.
-
-Viendo, pues, que no había otro expediente ni modo de ajustarnos,
-arrojé el arco y así de la guadaña, cerré los ojos y apreté los puños y
-comencé á segar todo parejo, verde y seco, crudo y maduro, ya en flor,
-ya en grano, á roso y á belloso, cortando á la par rosas y retamas, dé
-donde diere.
-
-Veamos agora si estaréis contentos.
-
-Con este modo de proceder me hallé bien. Que el poco mal espanta y el
-mucho amansa. Con él me he quedado, así prosigo y digan lo que dijeren,
-murmuren cuanto quisieren, que ellos me lo pagarán. Digan ellos, que yo
-haré y así habéis de hacer vosotros.
-
-En confirmación de esto, llamó uno de aquellos sus fieros ministros
-y dióle un apretado orden, aun desorden: que fuese y asesinase un
-poderoso, que de nada hacía caso. Comenzó á embarazarse el verdugo y
-aun hacerse de pencas.
-
-¿De qué temes?, le dijo. ¿Á éste hallas dificultad en chocar con él?
-
-No señora, que éstos, el primer día están malos, el segundo mejores, al
-tercero no es nada y al cuarto mueren.
-
-¿Pues qué?, los muchos remedios, ¿qué se han de hacer?
-
-Menos, que antes éstos nos ayudan, atropellándose unos á otros, sin
-dejarles obrar los segundos á los primeros, por lo malsufrido del
-enfermo, hecho á su gusto é imperio.
-
-¿Recelas las muchas plegarias y oraciones, que se han de mandar hacer
-por él?
-
-Tampoco, que tienen éstos poco obligado al cielo en salud y, aunque se
-manden enterrar tal vez con un hábito bendito, no por eso los deja de
-conocer el diablo.
-
-¿Pues en qué reparas?
-
-En el odio, que te has de conciliar, por tener muchos parientes y
-dependientes.
-
-Eso es lo de menos; antes bien no hay tiro más acreditado y que mejor
-nos salga, que el que se emplea en uno déstos, porque son los puercos
-de la casa del mundo, que el día que los matan, ellos gruñen y los
-demás se ríen, ellos gritan y los demás se alegran. Porque aquel día
-todos tienen que comer, los parientes heredan, los sacristanes repican,
-aunque dicen que doblan, los mercaderes venden sus bayetas, los sastres
-las cosen y hurtan, los lacayos las arrastran, páganse las deudas,
-danse limosnas á los pobres. De suerte que á todos viene bien, lloran
-de cumplimiento y ríen de contento.
-
-¿Recelas el descrédito?
-
-De ningún modo, porque antes éstos vuelven por nosotros, diciendo todos
-que él se ha muerto, él se tiene la culpa, era un desreglado, no sólo
-en salud, pero aun enfermo: enjaguaráse cien veces, variando tazas el
-día de la mayor fiebre; tenía en un salón doce camas, pegada la una
-con la otra y íbase revolcando por todas ellas del un lado al otro y
-volviendo á deshacer la rueda en el mayor crecimiento; viven aprisa y
-así acaban presto.
-
-¿Pues en qué reparáis?
-
-Yo te lo diré. Reparo, señora, y dijo esto con notable sentimiento y
-aun con lágrimas, en que con todo lo que matamos, hacemos más riza que
-provecho, pues no enmiendan sus vidas los mortales ni corrigen sus
-vicios; antes se experimenta que hay más pecados después de una gran
-peste y aun en medio della, que antes.
-
-Luego hallé una ciudad de rameras y, en lugar de una que pereció,
-acuden cuatro y cinco. Matamos á unos y á otros y ninguno de los que
-quedan se da por entendido. Si muere el joven, dice el viejo:
-
-Éstos son unos desreglados, fíanse en sus robusteces, atropellan con
-todo, no hay que espantar. Nosotros sí que vivimos, que nos sabemos
-conservar, caemos de maduros. De aquí es que mueren más mozos que
-viejos. Toda la dificultad está en pasar de los treinta, que de ahí
-adelante es un hombre eterno.
-
-Al contrario discurren los mozos, cuando muere el viejo:
-
-¿Qué se podía esperar déste? Bien logrado va, todos como él, de lo que
-ha vivido me admiro.
-
-Si muere el rico, se consuela el pobre:
-
-Éstos son voraces, comen bien, cenan mejor, hasta reventar, no hacen
-ejercicio, no dijieren, no consumen los malos humores, no trabajan, no
-sudan como nosotros.
-
-Pero si muere el pobre, dice el rico:
-
-Estos desdichados comen poco y mal alimento, andan desarrapados,
-duermen por los suelos. ¿Qué mucho? Para ellos se hicieron los
-contagios y faltaron las medicinas.
-
-Si muere el poderoso, luego dicen que de pesares; si el príncipe, de
-veneno; si el docto, trabajaba de cabeza; si el letrado, tenía muchos
-negocios; si el estudiante, estudiaba mucho, viviera un poco más y
-supiera un poco menos; si el soldado, llevaba jugada la vida, como si
-él la llevase ganada; si el sano, fíase en la salud; si el enfermizo,
-estábase dicho. Desta suerte todos tratan y piensan vivir ellos, lo
-que los otros dejan. Ninguno escarmienta ni se da por entendido.
-
-Buen remedio, dijo la Muerte: matar de todo y por un parejo, mozos
-y viejos, ricos y pobres, sanos y enfermos, para que viendo el rico
-que no solos mueren los pobres y el mozo que no solos los viejos,
-escarmienten todos y cada uno tema. Con eso no echarán el perro muerto
-á la puerta del vecino ni se apelarán al otro reloj, como el que está
-cenando capones en víspera de ayuno. Por eso yo doy bravos saltos de la
-choza al alcázar y de la barraca al homenaje.
-
-Señora, yo no sé ya qué hacerme, dijo un malcarado ministro. No sé de
-qué valerme contra un cierto sujeto, que ha muchos años que ando tras
-acabarle y él bueno que bueno.
-
-Si eso es, no le acabarás ni bastan con él pesares, desdichas, malas
-nuevas, pérdidas grandes, muertes de hijos y parientes: siempre vivo
-que vivo.
-
-¿Es italiano?, preguntó la muerte. Porque eso sólo le basta, que saben
-vivir.
-
-No señora, que, si eso fuera, no me cansara.
-
-¿Es necio? Porque ésos antes matan que mueren.
-
-No lo creo, que harto sabe quien sabe vivir. Él no trata sino de
-holgarse. No hay fiesta que no goce, paseo en que no se halle, comedia
-que no vea, prado que no desfrute ni día bueno que no le logre. ¿Cómo
-puede ser necio?
-
-Sea lo que fuere, concluyó la Muerte, no hay tal cosa como echarle un
-médico ó un par, para más asegurarlo. Mirad, decía, ministros míos,
-no os canséis, no pongáis estudio en matar los muy sanos y robustos,
-los valientes, que la misma confianza los engaña; en quien habéis de
-poner todo el cuidado y conato es en matar un achacoso, un enfermizo,
-un podrido, uno déstos que cenan huevos. Ahí está toda la dificultad,
-porque éstos cada día acaban y cada día resucitan y así veréis que,
-mientras acaba de acabar uno déstos, mueren ciento de los muy robustos
-y llevan traza de acabar con todos.
-
-Despachaba dos esbirros, un Ahito á matar un pobre, y una Inedia á un
-rico. Replicaron ellos que llevaban encontrados los frenos.
-
-He, que no lo entendéis, les dijo. ¿No habéis oído, cuando enferma
-el pobre, decir á todos que es de hambre y unos y otros le envían y
-hacen que comer y le embuten, con que viene á morir de repleción? Al
-contrario al rico luego dicen que es de ahito, que todo su mal es de
-tragar, con que le quitan el comer y viene á morir de hambre.
-
-Iban llegando ministros de la cruda reina de varias partes y decíales:
-
-¿De dónde venís? ¿Dónde habéis andado?
-
-Y respondían: las Mutaciones de Roma, los Letargos de España, las
-Apoplejías de Alemania, las Disenterías de Francia, los Dolores de
-costado de Inglaterra, los Romadizos de Suecia, los Contagios de
-Constantinopla y la Sarna de Pamplona.
-
-¿Y en la isla pestilente, quién ha estado?
-
-Ella es tal, que todos la habemos huído, que dicen se llamó así, más
-por sus moradores, que por sus males.
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-Pues alto, id allá todos juntos y no me dejéis extranjero á vida.
-
-¿Y también los prelados?
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-Mejor, que no tienen el vulgar remedio.
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-Esto estaban viendo y oyendo, no en sueños ni por imaginación
-fantástica, sino muy en desvelo y muy de veras, olvidados de sí mismos,
-cuando ceñó la Muerte á una Decrepitud y la dijo:
-
-Llégate ahí y emprende de buen ánimo, que yo acometo cara á cara á los
-viejos, si á traición á los jóvenes. Y acaba ya con esos dos pasajeros
-de la vida y su peregrinación tan prolija, que tienen ya enfadado y
-cansado á todo el mundo. Vinieron á Roma en busca de la Felicidad y
-habrán encontrado la Desdicha.
-
-Aquí perecemos sin remedio, iba á decir Andrenio.
-
-Pero helósele la voz en la garganta y aun las lágrimas en los párpados,
-asiéndose fuertemente de su conducidor peregrino.
-
-Buen ánimo, le dijo éste, y mayor en el más apretado trance, que no
-faltará remedio.
-
-¿De qué suerte, replicó, si dicen que para todo le hay, sino para la
-muerte?
-
-Engañóse quien tal dijo, que también le hay, yo le sé, y nos ha de
-valer agora.
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-¿Cuál sera ése?, instó Critilo. ¿Es acaso el valer poco, el servir de
-nada en el mundo, el ser suegro necio, el desearnos la muerte los otros
-por la expectativa, ó el dejarla nosotros por alivio, cargarnos de
-maldiciones, el ser desdichados?
-
-Nada, nada de todo eso.
-
-¿Pues qué será?
-
-Remedio para no morir.
-
-Ya muero por saberlo y por probarlo.
-
-Tiempo tendremos, que el morir de viejos no suele ser tan de repente.
-
-Este único remedio, tan plausible, cuan deseado, será el asunto de
-nuestra última Crisi.
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-CRISI XII
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-_La isla de la inmortalidad._
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-Error plausible, desacierto acreditado fué aquel tan celebrado llanto
-de Jerjes, cuando, subido en una eminencia, desde donde pudo dar
-vista á sus innumerables huestes, que agotando los ríos inundaban las
-campañas, cuando otro no pudiera contener el gozo, él no pudo reprimir
-el llanto. Admirados sus cortesanos de tan estraño sentimiento,
-solicitaron la causa tan escondida, cuan impensada. Aquí el rey,
-ahogando palabras en suspiros, les respondió:
-
-Yo lloro de ver hoy los que mañana no se verán. Pues del modo que el
-viento lleva mis suspiros, así se llevará los alientos de sus vidas.
-Prevéngoles las obsequias á los que dentro de pocos años, todos los que
-hoy cubren la tierra, ella los ha de cubrir á ellos.
-
-Celebran mucho los apreciadores de lo bien dicho, este dicho y este
-hecho; mas yo ríome de su llanto, porque, preguntárale yo al gran
-monarca del Asia:
-
-Sire, estos hombres ó son insignes ó vulgares. Si famosos, nunca
-mueren; si comunes, mas que mueran. Eternízanse los grandes hombres en
-la memoria de los venideros; mas los comunes yacen sepultados en el
-desprecio de los presentes y en el poco reparo de los que vendrán. Así
-que son eternos los héroes y los varones eminentes inmortales.
-
-Éste es el único y el eficaz remedio contra la muerte, les ponderaba á
-Critilo y á Andrenio su peregrino, tan prodigioso que nunca envejecía
-ni le surcaban los años el rostro con arrugas del olvido ni le
-amortajaron la cabeza con las canas, repitiendo para inmortal:
-
-Seguidme, les decía, que hoy intento trasladaros de la casa de la
-muerte al palacio de la vida, desta región de horrores del silencio
-á la de los honores de la fama. Decidme: ¿nunca habéis oído nombrar
-aquella célebre isla de tan rara y plausible propiedad, que ninguno
-muere ni puede morir, si una vez entra en ella? Pues de verdad, que es
-bien nombrada y apetecida.
-
-Ya yo he oído hablar de ella algunas veces, dijo Critilo; pero como
-de cosa muy allende, acullá en los antípodas, socorro ordinario de lo
-fabuloso lo lejos, y como dicen las abuelas, de largas vías cercanas
-mentiras. Por lo cual, yo siempre la he tenido por un espantavulgo,
-remitiéndola á su simple credulidad.
-
-¿Cómo es eso de _bene trobato_?, replicó el peregrino. Isla hay de la
-inmortalidad, bien cierta y bien cerca, que no hay cosa más inmediata
-á la muerte que la inmortalidad: de la una se declina á la otra. Y así
-veréis que ningún hombre, por eminente que sea, es estimado en vida.
-Ni lo fué el Ticiano en la pintura ni el Bonarota en la escultura ni
-Góngora en la poesía ni Quevedo en la prosa. Ninguno parece, hasta que
-desaparece. No son aplaudidos, hasta que idos. De modo que, lo que para
-otros es muerte, para los insignes hombres es vida. Asegúroos que yo
-la he visto y andado, gozándome hartas veces en ella, y aun tengo por
-empleo conducir allá los famosos varones.
-
-Aguarda, dijo Andrenio. Déjame hacer fruición de semejante dicha. ¿De
-veras que hay tal isla en el mundo y tan cerca y que, en entrando en
-ella, á Dios muerte?
-
-Dígote, que la has de ver.
-
-Aguarda, ¿y que ya no habrá ni el temor de morir, que aun es peor que
-la misma muerte?
-
-Tampoco.
-
-¿Ni el envejecer, que es lo que más sienten las Narcisas?
-
-Menos: no hay nada de eso.
-
-De modo que ¿no llegan los hombres á estar chochos ni decrépitos ni
-á monear aquellos tan prudentazos antes, que es brava lástima verlos
-después niñear, los que eran tan hombres?
-
-Nada, nada de eso se experimenta en ella.
-
-¡_Oh, la bella cosa_!
-
-En entrando allá, digo, fuera canas, fuera toses y callos, á Dios
-corcova y me pongo tieso, lucido y colorado y me remozo y me vuelvo de
-veinte años, aunque mejor será de treinta.
-
-¡Y qué daría por poder hacer otro tanto, quien yo me sé! ¡Oh, cuándo me
-veré en ella, libre de pantuflos y manguitos y muletillas! Y pregunto,
-¿hay relojes por allá?
-
-No por cierto, no son menester. Que allí no pasan días por las personas.
-
-¡Oh qué gran cosa! Por solo eso se puede estar allá, que te aseguro
-que me muelen y me matan cada cuarto y cada instante. Gran cosa vivir
-de una tirada y pasar sin oir horas, como el que juega por cédulas
-sin sentir lo que pierde. ¡Qué mal gusto el de los que los llevan en
-el pecho, sisándose la vida y intimándose de continuo la muerte! Pero
-otra cosa, inmortal mío, díme, ¿no se come, no se bebe en esa isla?
-Porque, si no beben, ¿cómo viven? Si no se alimentan, ¿cómo alientan?
-¿Qué vida sería ésa? Porque acá vemos que la sabia naturaleza de los
-mismos medios para el vivir hizo vida: el comer es vivir y el gustar.
-De modo que todas las acciones más necesarias para la vida las hizo más
-gustosas y apetecibles.
-
-En eso del comer, respondió el inmortal, hay mucho que decir.
-
-Y que pensar, añadió Andrenio.
-
-Dícese que los héroes se sustentan de higadillas de la Fénix; los
-valientes, los Pablos de Parada y los Borros, de medulas de leones;
-pero los más noticiosos desto aseguran que se pasan como los del monte
-Amanos, del airecillo del aplauso, que corre con los soplos de la fama,
-con aquello de oir decir: no hay espada como la del señor don Juan de
-Austria, no hay bastón como el de Caracena, no hay testa como la de
-Oñate, no hay pico como el de Santillana. Esto es lo que los sustenta,
-este aplauso, este decir: ¡qué gran virrey el duque de Monte León! No
-le ha habido mejor en Aragón. No se ha visto otro embajador en Roma
-como el conde de Siruela, no hay garnacha como el regente de Aragón
-don Luis de Ejea, no hay mitra como la de Santos en Sigüenza, no hay
-tres bonetes como los tres hermanos, el deán de Sigüenza, arcipreste
-de Valpuesta y el arcediano de Zaragoza. Este aplauso les quita las
-canas y las arrugas y basta hacerlos inmortales. Vale mucho este decir
-universal: ¡qué gran ministro el presidente! ¡Pues el inquisidor
-general! No hay tiara como la de Alejandro el Máximo, el dos veces
-Santo. No hay cetro como el...
-
-Aguarda, dijo Critilo, no querría que fuese esto de hacer los hombres
-eternos lo de aquel otro del secreto de hacer sólido el vidrio. De
-quien cuentan que un emperador le hizo hacer pedazos á él, porque no
-cayesen de su estimación el oro y la plata. Que, si aun desta suerte
-les decían los indios á los españoles: ¿teniendo el vidrio allá en
-el otro mundo, venís á buscar el oro en éste? ¿teniendo cristales,
-hacéis caso de metales?, ¿qué dijeran, si no fuera quebradizo, si le
-experimentaran durable? Por tan dificultoso tengo yo alcanzarle solidez
-á la frágil vida, como al delicado vidrio, que para mí, hombre y vidrio
-todo es uno, á un tris dan un tras y acábase vidrio y hombre.
-
-He, seguidme, les decía su prodigioso. Que hoy mismo habéis de pasear
-por la gran plaza, por el anfiteatro de la inmortalidad. Fuélos
-sacando á luz por una secreta mina, pasadizo derecho de la muerte á la
-eternidad, del olvido á la fama. Pasaron por el templo del trabajo y
-díjoles:
-
-Buen ánimo, que cerca estamos del de la fama.
-
-Sacólos finalmente á la orilla de un mar tan estraño, que creyeron
-estar en el puerto, si no de Hostia, de víctima de la muerte, y más
-cuando vieron sus aguas tan negras y tan oscuras, que preguntaron si
-era aquel mar donde desagua el Leteo, el río del olvido.
-
-Es tan al contrario, le respondió, y está tan lejos de ser el golfo
-del olvido, que antes es el de la memoria y perpetua. Sabed que aquí
-desaguan las corrientes de Elicona, los sudores hilo á hilo y más los
-odoríferos de Alejandro y de otros ínclitos varones, el llanto de las
-Eliades, los aljófares de Diana, linfas todas de sus bellas Ninfas.
-
-¿Pues cómo están tan denegridas?
-
-Es lo mejor que tienen. Porque este color proviene de la preciosa tinta
-de los famosos escritores, que en ella bañan sus plumas. De aquí se
-dice tomaron jugo la de Homero para cantar de Aquiles, la de Virgilio
-de Augusto, Plinio de Trajano, Cornelio Tácito de ambos Nerones, Quinto
-Curcio de Alejandro, Jenofonte de Ciro, Comines del gran Carlos de
-Borgoña, Pedro Mateo de Enrico Cuarto, Fuen Mayor de Pío Quinto y
-Julio César de sí mismo. Autores todos validos de la fama. Y es tal la
-eficacia deste licor, que una sola gota basta á inmortalizar un hombre,
-pues un solo borrón, que echaba en uno de sus versos Marcial, pudo
-hacer inmortales á Partenio y á Liciano (otros leen Liñano), habiendo
-perecido la fama de otros sus contemporáneos, porque el poeta no se
-acordó de ellos.
-
-Yace en medio deste inmenso piélago de la fama aquella célebre isla de
-la inmortalidad, albergue feliz de los héroes, estancia plausible de
-los varones famosos.
-
-Pues dínos ¿por dónde y cómo se pasa á ella?
-
-Yo os lo diré. Las águilas volando, los cisnes surcando, las Fénix de
-un vuelo, los demás remando y sudando, ansí como nosotros.
-
-Fletó luego una chalupa, hecha de incorruptible cedro, taraceada
-de ingeniosas inscripciones, con iluminaciones de oro y bermellón,
-relevada de emblemas y empresas, tomadas del Sorio, del Saavedra,
-de Alciato y del Solórzano. Y decía el patrón haberse fabricado de
-tablas, que sirvieron de cubiertas á muchos libros, ya de nota, ya de
-estrella. Parecían plumas sus dorados remos y las velas lienzos del
-antiguo Timantes y del Velázquez moderno. Fuéronse ya engolfando por
-aquel mar en leche de su elocuencia, de cristal en lo terso del estilo,
-de ambrosía en lo suave del concepto y de bálsamo en lo odorífero
-de sus moralidades. Oíanse cantar regaladamente los cisnes, que de
-verdad cantan los del Parnaso. Anidaban seguros los alciones de la
-historia y andaban saltando alrededor del batel con mucha humanidad los
-delfines. Iban perdiendo tierra y ganando estrellas y todas favorables,
-con viento en popa, por irse reforzando siempre más y más los soplos
-del aplauso. Y para que fuese el viaje de todas maneras gustoso, iba
-entreteniéndoles el inmortal con su sazonada erudición: que no hay rato
-hoy más entretenido ni más aprovechado, que el de un _bel parlar_
-entre tres ó cuatro. Recréase el oído con la suave música, los ojos con
-las cosas hermosas, el olfato con las flores, el gusto en un convite;
-pero el entendimiento con la erudita y discreta conversación entre
-tres ó cuatro amigos entendidos y no más, porque en pasando de ahí, es
-bulla y confusión. De modo que es la dulce conversación banquete del
-entendimiento, manjar del alma, desahogo del corazón, logro del saber,
-vida de la amistad y empleo mayor del hombre.
-
-Sabed, les decía, oh mis candidados de la fama, pretendientes de la
-inmortalidad, que llegó el hombre á tener, no ya emulación, pero
-envidia declarada á una de las aves y no atinaréis tan presto cuál
-fuese ésta.
-
-¿Sería, dijeron, el águila, por su perspicacia, señorío y vuelo?
-
-No por cierto, que se abate del sol á una vil sabandija, rozando su
-grandeza.
-
-¿Sin duda que al pavón, por las atenciones de sus ojos, entre tanta
-bizarría?
-
-Tampoco, que tiene malos dejos.
-
-¿Y al cisne, por lo cándido y lo canoro?
-
-Menos, que es un muy necio callar el de toda la vida.
-
-¿Á la garza, por su bizarra altanería?
-
-De ningún modo, que, aunque remontada, es desvanecida.
-
-Basta ¿que sería la fénix, por lo única en todo?
-
-Por ningún caso, que, demás de ser dudosa, no pudo ser feliz, pues le
-faltó consorte: si hembra, no tiene macho, y si macho, no tiene hembra.
-
-Válgate por ave, dijeron, ¿y cuál sería, que no queda ya cosa, que
-envidiar?
-
-Sí, sí queda.
-
-¿Quién tal creyera?
-
-No sé cómo me lo diga. No fué sino al cuervo.
-
-¿Al cuervo?, dijo Andrenio. ¡Qué mal gusto de hombre!
-
-No sino muy bueno y rebueno.
-
-¿Pues qué tiene que lo valga? ¿Lo negro, lo feo, lo ofensivo de su voz,
-lo desazonado de sus carnes, lo inútil para todo? ¿Qué tiene de bueno?
-
-Oh, sí, una cierta ventaja, que empareja todo eso.
-
-¿Cuál es, que yo no topo con ella?
-
-¿Parécete que es niñería aquello de vivir trecientos años y aún aún?
-
-Sí, algo es eso.
-
-¿Cómo algo? Y mucho y no como quiera.
-
-Sin duda, dijo Critilo, que le viene eso por ser aciago, que todo lo
-malo dura mucho, los azares nunca se marchitan y todo lo desdichado es
-eterno. Sea lo que fuere, él llegó á lo que no el águila ni el cisne.
-
-¿Es posible, decía el hombre, que un pájaro tan civil haya de vivir
-siglos enteros y que un héroe el más sabio, el más valiente, la mujer
-más linda, la más discreta, no lleguen á cumplir uno ni á vivir el
-tercio? ¿Qué haya de ser la vida humana tan corta de días y tan
-cumplida de miserias?
-
-No pudo contener esta su desazón allá en sus interioridades á lo
-sagaz y prudente, sino que la manifestó luego á lo vulgar y llegó á
-dar quejas al Hacedor supremo. Oyóle las malfundadas razones de su
-descontento, escuchóle la prolija ponderación de su sentimiento y
-respondióle:
-
-¿Y quién te ha dicho á ti que no te he concedido yo muy más larga
-vida que al cuervo y que al roble y que á la palma? He, acaba ya
-de reconocer tu dicha y de estimar tus ventajas. Advierte que está
-en tu mano el vivir eternamente. Procura tú ser famoso, obrando
-hazañosamente, trabaja por ser insigne, ya en las armas, ya en las
-letras, en el gobierno y, lo que es sobre todo, sé eminente en la
-virtud, sé heroico y serás eterno, vive á la fama y serás inmortal. No
-hagas caso, no, de esa material vida, en que los brutos te exceden.
-Estima sí la de la honra y de la fama y entiende esta verdad, que los
-insignes hombres nunca mueren.
-
-Campeaban ya mucho y de muy lejos dejábanse ver entre brillantes
-esplendores unos portentosos edificios, que en divisándolos, gritó
-Andrenio:
-
-Tierra, tierra.
-
-Y el inmortal:
-
-Cielo, cielo.
-
-Aquéllos, sin más ver, dijo Critilo, son los obeliscos corintios, los
-romanos coliseos, las babilónicas torres y los alcázares persianos.
-
-No son, dijo el inmortal, antes bien calle la bárbara Menfis sus
-pirámides y no blasone Babilonia sus homenajes, porque éstos los
-exceden á todos.
-
-Cuando estuvieron ya más cerca, que pudieron distinguirlos, conocieron
-que eran de materia muy tosca y muy común, sin arte ni simetría,
-sin molduras ni perfiles. Tanto, que pasando Andrenio de admirado á
-ofendido, dijo:
-
-¡Qué cosa tan baja y tan vil es ésta! ¡Qué edificios tan indignos de un
-tan sublime puesto!
-
-Pues advierte, le respondió el inmortal, que éstos son los más
-celebrados del mundo. ¿Qué importa que lo material sea común, si
-lo formal de ellos es bien raro? Éstos han sido siempre venerados
-y plausibles y con mucho fundamento. Cuando los anfiteatros y los
-coliseos ya cayeron, éstos están en pie; aquéllos acabaron, éstos
-permanecen y durarán eternamente.
-
-¿Qué muro viejo y caído es aquel, que causa horror el mirarle?
-
-Aquel es más celebrado y más vistoso, que todas las suntuosas fachadas
-de los palacios más soberbios. Aquéllas son las almenas de Tarifa, por
-donde arrojó el puñal don Alonso Pérez de Guzmán.
-
-Y es de notar, ponderó Critilo, que ese Guzmán el Bueno fué en tiempo
-de don Sancho el Cuarto.
-
-Á par dél campea aquel otro, donde la no menos que valerosa matrona,
-levantando su falda, levantó bandera de gloriosa vitoria, que en una
-mujer y al verde gollar el hijo fué valor de singular alabanza.
-
-¿Qué cueva es aquella, que allí se divisa, aunque tan oscura?
-
-No es sino muy clara y muy esclarecida. Aquella es la tan nombrada
-cueva Donga del inmortal infante don Pelayo, más venerada, que los
-dorados alcázares de muchos de sus antecesores y aun descendientes.
-
-¿Qué arrasada trinchera es aquella, que allí se admira?
-
-Dígalo el conde de Ancurt, que se acordará bien, pues ahí perdió el
-renombre de invencible y lo ganó el valeroso duque del Infantado,
-mostrando bien ser nieto del Cid y heredero de su gran valor. Por
-aquellas otras tres brechas introdujeron el socorro en Valencianes
-aquellos tres rayos, tres bravos chocadores, el afortunado señor don
-Juan de Austria, el único francés en la constancia, el plausible
-príncipe de Condé y el Marte de España, Caracena.
-
-¿Cómo no se descuellan aquí, replicó Critilo, las pirámides gitanas,
-tan decantadas y repetidas de los gramáticos pedantes?
-
-Y aun por eso. Porque los reyes, que las construyeron, no fueron
-famosos por sus hechos, sino por su vanidad. Y así veréis que aun sus
-nombres se ignoran ni se sabe quiénes fueron. Sola queda la memoria de
-las piedras; pero no de las hazañas de ellos. Tampoco toparéis aquí las
-doradas casas de Nerón ni los palacios de Eliogábalo, que, cuando más
-duraban sus soberbios edificios, pavonaban más sus viles hierros.
-
-Señores, decía Andrenio, ¿qué se ha hecho de tanto ostentoso sepulcro
-con sus necias inscripciones, hablando, no con los caminantes
-materiales, como creyeron algunos simples, sino con los pasajeros de la
-vida? ¿Dónde están, que no parecen?
-
-Ésos sí que fueron obras muertas, fundadas en piedras frías. Gastaron
-muchos grandes tesoros en labrar mármoles y no en famosos hechos. Más
-les importara ahorrar de jaspes y añadir de hazañas. Y así vemos que
-no dura la memoria del dueño, sino de su desacierto. Alaban los que
-los miran los primores de las piedras; mas no las prendas. Y tal vez
-preguntan los pasajeros:
-
-¿Quién fué el que allí yace?
-
-Y no saben responderles, quedando en disputa del dueño. Eterna necedad,
-querer ser célebres después de muertos á porfía de losas, no habiendo
-sido vivos á costa de heroicos hechos.
-
-¿Qué castillos son aquellos tan viejos, antiguallas, que caducan de
-piedras bastas y humildes, roídas del tiempo, indignos de estar á par
-de los pórfidos costosos?
-
-Mucho más preciosos son éstos y de más estimación. Aquel que ves allí,
-míralo bien, que aún está sudando sangre sus cortinas, es el nunca bien
-celebrado, pero sí bien defendido de los valerosos cruzados caballeros
-los Medinas, Mirandas, Barraganes, Sanogueras y Guarales.
-
-¿Según eso, ése es el Santelmo de Malta?
-
-El mismo, el que basta á hacer sombra á todos los anfiteatros del orbe.
-Todos aquellos otros que allí ves los erigió el inmortal Carlos Quinto
-para defensa de sus dilatados reinos, digno empleo de sus flotas y
-millones. Que aun el palacio de recreación, que levantó en el Pardo,
-dispuso fuese en forma de castillo, por no olvidar el valor en el mismo
-deporte. En medio de arcos triunfales estaba una ni bien casa ni bien
-choza, ladeándose con ellos.
-
-¡Hay tal desproporción!, exclamó Andrenio. ¡Que permanezca entre tanta
-grandeza tal bajeza, entre tanto lucimiento una cosa tan deslucida!
-
-¡Qué bien lo entiendes!, dijo el inmortal. Pues advierte que compite
-estimaciones con los más empinados edificios y aun se honran mucho los
-majestuosos alcázares de estar á par de ella.
-
-¿Qué dices?
-
-Sí. Parece de madera y lo es, más incorruptible que de cedro, más
-duradera que los bronces.
-
-¿Y qué cosa es?
-
-Una media cuba.
-
-Riólo mucho Andrenio y serenóse el inmortal, diciéndole:
-
-Trocarás la risa en admiración y en aplauso el desprecio, cuando sepas
-que es la tan celebrada estancia del filósofo Diógenes, envidiada del
-mismo Alejandro, que rodeó muchas leguas por verla, cuando el filósofo
-le dijo:
-
-Apártate, no me quites el sol.
-
-Sin hacerle más fiesta al conquistador del mundo. Mas él mandó fijar al
-lado de ella su pabellón militar, como allí se ve.
-
-¿Pues por qué no su palacio?, replicó Andrenio.
-
-Porque no se sabe que le tuviese ni que le fabricase. La tienda fué
-siempre su alcázar, que para su gran corazón no bastaban palacios. Todo
-el mundo era su casa, que aun para morir se mandó sacar en medio la
-gran plaza de Babilonia á vista de sus vitoriosos ejércitos.
-
-Muchos edificios echo yo aquí menos, dijo Critilo, que fueron muy
-celebrados en el mundo.
-
-Así es, respondió el inmortal, por cuanto sus dueños tuvieron más de
-vanos, que de hazañosos. Y así no hallaréis aquí disparates de jaspe,
-necedades de bronce, frialdades de mármol. Más presto toparéis la
-puente de palo del César, que la de piedra de Trajano. No os canséis en
-buscar los pensiles, que no se aprecian aquí flores, sino frutos.
-
-¿Qué trozos de naves son aquellos, que están pendientes del templo de
-la fama?
-
-Son de las que llevaban el socorro á la Fénix de la lealtad, Tortosa.
-Y aquel prodigio del valor, el duque de Alburquerque, las rindió y
-desbarató en los mares de Cataluña, hazaña tan dificultosa, cuan
-aplaudida. Y de aquí es que aún le está ceñando Marte á otras gloriosas
-empresas.
-
-Mas ya había llegado el bien seguro batelejo á besar las argentadas
-plantas de aquellos inaccesibles peñascos, atlantes de las estrellas,
-hallando por todas partes muy dificultoso el surgidero. Y deste
-achaque padecieron naufragio muchos y muy grandes bajeles y aun
-carracas, á vista del inmortal reino. Chocaban en aquellas duras
-inexorables rocas, donde se hacían pedazos lastimosamente. Perecían,
-porque no parecían. Y muchos, que habían navegado con próspero
-viento de la fama y la fortuna, habiendo comenzado bien, acabaron
-mal, estrellándose en el vil acroceraunio de algún vicio. Encallaban
-otros en algún bajío de su eterna infamia. Así le sucedió á un navío
-inglés y aun se dijo era la real del octavo de sus Enricos, que,
-habiendo navegado con favorable viento de aplauso y después de haber
-conseguido el glorioso renombre de Defensor de la Iglesia Católica,
-chocó con la torpeza y se fué á pique en la heregía, con todo aquel
-su desdichado reino. Siguiéronle casi todos los demás bajeles de su
-armada. Pero el más infeliz fué el de Carlos Estuardo, en quien se
-ostentó la monstruosidad de la heregía en él, muriendo á ciegas en
-los suyos, degollándole ciegos, de tal suerte, que quedó en duda cuál
-fuese mayor barbaridad, la de ellos en degollar su rey, sin ejemplar
-de la más bárbara fiereza; en él, de no confesarse católico. Amó la
-heregía, que tantas desdichas le ocasionaba, perdió ambas vidas, perdió
-ambas coronas, la temporal y la eterna, y, pudiendo inmortalizarse
-fácilmente declarándose católico, murió de todas maneras, de suerte que
-los hereges le degollaron y los católicos no le aplaudieron. En aquel
-otro de fiereza se estrelló Nerón, habiendo sido los seis primeros
-años de su imperio el mejor emperador y los seis últimos el peor.
-Allí pereció otro príncipe, que comenzó con bríos de un Marte y luego
-dió en las flaquezas de Venus. Desta suerte dieron al traste muchos
-famosos escritores, que, habiendo sacado á luz obras dignas de la
-eternidad, con el cacoetes del estampar y multiplicar libros se fueron
-vulgarizando; á otros sus apasionados con obras póstumas, maldigeridas
-ó impuestas, los deslucieron el crédito.
-
-Reconociendo la dificultad de tomar puerto el noticioso inmortal,
-valiéndose de su experiencia, guió el batel de arte, que pudieron
-descubrirle, aunque estaba muy desmentido. Abordaron ya con las
-mismas gradas de su muerte. Mas aquí consistió su mayor imposibilidad
-de surgir. Porque en la última se levantaba un arco triunfal de
-maravillosa arquitectura, esmaltado de inscripciones y de empresas,
-formando una majestuosa entrada; pero muy defendida con puertas de
-bronce, y éstas con candados de diamantes, para que ninguno pudiese
-entrar á su albedrío y sin que lo mereciese. Y esto con tal rigor, que
-daban y tomaban el nombre y aun el renombre, como pudieran en la más
-recelosa ciudadela. Y aunque algunos se usurpaban grandes renombres
-ó se los apegaban sus lisonjeros, como del gran Señor, del Emperador
-del Septentrión, del Príncipe de mar y tierra, y otros semejantes
-disparates, no por eso tenían segura la entrada en la inmortalidad
-ni el ser contados entre sus heroicos moradores. Para esto asistía á
-la puerta un tan exacto, cuan absoluto portero, cerrando y abriendo
-á quien juzgaba digno de la inmortalidad. Y sin su aprobación no
-había entrar pretendiente. Y es de advertir que no podía aquí nada
-el soborno, que es cosa bien rara. No había que meterle en la mano
-el doblón, porque él no era de dos caras. Nada valía el cohecho,
-nada alcanzaba el favor, tan poderoso en otras partes. No escuchaba
-intercesiones ni se obraba con él bajo manga, que no la tenía ancha,
-antes de una legua conocía á todo hombre. No había echarle dado falso:
-¡qué bueno para ministro! Parecía un vicecanciller de Aragón. Todo lo
-deslindaba y lo apuraba. No se ahorraba con nadie. Jamás hizo cosa con
-escrúpulo. No condescendía ni con señores ni con príncipes ni con reyes
-y, lo que es más, ni con validos.
-
-En prueba de esto llegó en aquella misma ocasión un grave personaje, no
-ya pidiendo, sino mandando que le abriesen las puertas tan de par en
-par, como al mismo conde de Fuentes. Miróselo el severo alcaide y á la
-primera ojeada conoció que no lo merecía y respondióle:
-
-No ha lugar.
-
-¿Cómo que no, replicó él, habiendo sido yo el famoso, el mayor, el
-Máximo?
-
-Preguntóle quién le había dado aquellos renombres. Respondió que sus
-amigos. Riólo mucho y dijo:
-
-Más valiera que vuestros enemigos. Quita allá, que venís descaminado.
-
-¿Quién os dió á vos, señor, el renombre de gran prelado, docto,
-limosnero y vigilante?
-
-¿Quién? Mis criados.
-
-Mejor fuera que vuestras ovejas.
-
-¿Quién os apellidó á vos el Roldán de nuestro siglo, el invencible, el
-chocador?
-
-Mis aliados, mis dependientes.
-
-Yo lo creo así y vosotros todos os lo bebéis; andad y borradme esos
-renombres, esos supuestos blasones, nacidos de la desvergonzada
-lisonja. Quitá allá, que sois unos necios. ¡Cómo que se hizo la
-inmortalidad para tontos y la eterna fama para simples!
-
-¿Qué portero es éste tan inexorable y rígido?, preguntó Andrenio. Á fe
-que no es á la moda inconquistable á los doblones. No ha asistido él en
-el Lobero, no toma cequíes, no ha venido él de los serrallos y apostaré
-que no ha platicado él con quien yo conocí portero en algún día.
-
-Éste es, le dijo, el mismo mérito en persona, hecho y derecho.
-
-¡Oh, gran sujeto! Agora digo que no me espanto, trabajo hemos de tener
-en la entrada.
-
-Llegaban unos y otros á pretenderla en el reino de la inmortalidad
-y pedíales las patentes, firmadas del constante trabajo, rubricadas
-del heroico valor, selladas de la virtud y, en reconociéndolas desta
-suerte, se las ponía sobre la cabeza y franqueábales la entrada. La
-desdicha de otros era que las topaba manchadas del infame vicio y daba
-otra vuelta á la llave.
-
-Esta letra le dijo á uno, parece de mujer.
-
-Sí, sí.
-
-¡Y qué mala, cuanto de más linda mano! Quita allá. ¡Qué asquerosa fama!
-Esta otra no viene firmada, que aun para ello le dolió el brazo á la
-poltronería. Á ámbar huele este papel; más valiera á pólvora. Estos
-escritos no huelen á aceite, no son de lechuza Apolinea. Desengáñese
-todo el mundo, que, en no viniendo las certificatorias iluminadas del
-sudor precioso, ninguno me ha de entrar acá.
-
-Lo que más les admiró fué el ver al mismo rey Francisco el Primero
-de Francia, que decían había días estaba en una de aquellas gradas,
-pidiendo con repetidas instancias ser admitido á la inmortalidad entre
-los famosos héroes, y siempre se le negaba. Replicaba él atendiese á
-que había obtenido el renombre de Grande y que así le llamaban, no sólo
-sus franceses, pero los italianos escritores.
-
-Sepamos en virtud de qué, decía el Mérito. ¿Acaso, Sire, porque os
-visteis vencido en Francia, vencido en Italia y prisionero en España,
-siempre desgraciado? Paréceme que Pompeyo y vos fuisteis llamados
-Grandes, según aquel enigma:
-
-¿Cuál es la cosa, que, cuanto más la quitan, más grande se hace?
-
-Pero entrad siquiera por haber favorecido siempre á los eminentes
-hombres en todo. Del rey don Alonso les contaron que le habían puesto
-en contingencia su renombre de sabio, diciendo que en España no era
-mucho y más en aquel tiempo, cuando no florecían tanto las letras, y
-que advirtiese que el ser rey no consiste en ser eminente capitán,
-jurista ó astrólogo, sino en saber gobernar y mandar á los valientes,
-á los letrados, á los consejeros y á todos, que así había hecho Felipe
-Segundo.
-
-Con todo eso, dijo el Mérito, es de tanta estimación el saber en los
-reyes, que, aunque no sea sino latín, cuanto más astrología, deben ser
-admitidos en el reino de la fama.
-
-Y al punto le abrió las puertas. Pero donde gastaron toda la admiración
-y más, si más tuvieran, fué cuando oyeron que al mayor rey del mundo,
-pues fundó la mayor Monarquía que ha habido ni habrá, al rey Católico
-don Fernando, nacido en Aragón para Castilla, sus mismos aragoneses,
-no sólo le desfavorecieron, pero le hicieron el mayor contraste para
-entrar allá, por haberlos dejado repetidas veces por la ancha Castilla.
-
-Mas que él respondió con plena satisfacción, diciendo que los mismos
-aragoneses le habían enseñado el camino, cuando, habiendo tantos
-famosos hombres en Aragón, los dejaron todos y se fueron á buscar su
-abuelo el infante de Antequera allá á Castilla, para hacerle su rey,
-apreciando más el corazón grande de un castellano, que los estrechos de
-los aragoneses, y hoy día todas las mayores casas se trasladan allá,
-llegando á tal estimación las cosas de Castilla, que dice el refrán que
-el estiércol de Castilla es ámbar en Aragón.
-
-Mirad que todos mis antepasados están dentro y en gran puesto, decía
-uno vanamente confiado, y así yo tengo derecho para entrar allá.
-
-Mejor dijérais obligación y obligaciones. Por lo tanto debiéradeis vos
-haber cumplido con ellas y obrado de modo, que no os quedárades fuera.
-Entended que acá no se vive de ajenos blasones; sino de hazañas propias
-y muy singulares.
-
-Pero ya es común plaga de las ilustres familias que á un gran padre
-suceda de ordinario un pequeño hijo y así veréis que siempre con los
-gigantes andan envueltos los enanos.
-
-¿Cómo se puede sufrir que quien es señor de tanto mundo se maleara,
-un gran príncipe de muchos estados y ditados no tenga un rincón en el
-reino de la fama?
-
-No hay acá rincones, le respondieron, ninguno está arrinconado. He,
-señor, acaba de entender que aquí no se mira la dignidad ni el puesto,
-sino la personal eminencia; no á los ditados, sino á las prendas; á lo
-que uno se merece, que no á lo que hereda.
-
-¿De dónde venís?, gritaba el integérrimo alcaide. ¿Del valor?
-¿Del saber? Pues entrad acá. ¿Del ocio y vicio, de las delicias y
-pasatiempos? No venís bienencaminados. Volved, volved á la cueva de la
-nada, que aquél es vuestro paradero. No pueden ser inmortales en la
-muerte los que vivieron como muertos en vida.
-
-Mordíanse, en llegando á esta ocasión, las manos algunos grandes
-señores al verse excluídos del reino de la fama y que eran admitidos
-algunos soldados de fortuna, un Julián Romero, un Villamayor y un
-capitán Calderón, honrado de los mismos enemigos. ¿Y que un duque, un
-príncipe se haya de quedar fuera, sin nombre, sin fama, sin aplauso?
-Presentaron algunos escritores modernos, en vez de memoriales, grandes
-cuerpos; pero sin alma. Y no sólo no eran admitidos, pero gritaba el
-Mérito:
-
-Hola, venga acá media docena de faquines, que para solos sus brazos son
-estos embarazos. Quita de aquí estos insufribles fárragos, escritos no
-con tinta fina, sino aguachirle, y así todo es broma cuanto dicen. Las
-ocho hojas de Persio duran hoy y se leen, cuando de toda la Amazonida
-de Marso no ha quedado más rastro que la censura de Horacio en su
-inmortal arte. Éste sí que será eterno.
-
-Y mostró un libro pequeño.
-
-Miradle y leedle, que es la _Corte en aldea_ del portugués Lobo.
-Y estas otras las obras de Sá de Miranda y las seis hojas de la
-instrucción, que dió Juan de Vega á su hijo, comentada ó realzada por
-el conde de Portalegre. Esta Vida de don Juan el Segundo de Portugal,
-escrita por don Agustín Manuel, digno de mejor fortuna. Que los más de
-estos autores portugueses tienen pimienta en el ingenio.
-
-Estas voces las repetía un prodigioso eco, que excedía con mucho á
-aquel tan célebre, que está junto á nuestra eterna Bílbilis. Pues este
-su nombre no latino, está diciendo que fué mucho antes que los romanos
-y hoy dura y durará siempre. Repetía aquel eco, no cinco veces las
-voces, como éste, sino cien mil, respondiéndose de siglo en siglo y de
-provincia en provincia, desde la helada Estocolmo hasta la abrasada
-Ormuz. Y no resonaba frialdades, como suelen otros ecos; sino heroicas
-hazañas, dichos sabios y prudentes sentencias. Y á todo lo que no era
-digno de fama, enmudecía.
-
-Volvieron en esto la atención á las desmesuradas voces, acompañadas de
-los duros golpes, que daba á las puertas inmortales un raro sujeto, que
-de verdad fué un bravo paso.
-
-¿Quién eres tú, que hundes más que llamas?, le preguntó el severo
-alcaide. ¿Eres español? ¿Eres portugués? ¿Ó eres diablo?
-
-Más que todo eso, pues soy un soldado de fortuna.
-
-¿Qué papeles traes?
-
-Sola esta hoja de mi espada.
-
-Y presentósela. Reconocióla el Mérito y, no hallándola tinta en sangre,
-se la volvió, diciendo:
-
-No ha lugar.
-
-Pues le ha de haber, dijo, enfureciéndose. No me debéis conocer.
-
-Y aun por eso, que si fuéradeis conocido, no fuéradeis desechado.
-
-Yo soy un reciente general.
-
-¿Reciente?
-
-Sí, que cada año se mudan de una y de otra parte.
-
-¿Mucho es, le replicó, que siendo tan fresco, no vengáis corriendo
-sangre?
-
-He, que no se usa ya eso. Allá en tiempo de Alejandro y de los reyes de
-Aragón, cuyas barras son señales de los cinco dedos ensangrentados, que
-pasó uno por el campo de su escudo, cuando quiso limpiar la vitoriosa
-mano, saliendo triunfante de una memorable batalla. Quédese eso para
-un temerario don Sebastián y un desesperado Gustavo Adolfo. Y digo
-más, que, si como esos fueron reyes, hubieran sido generales, nunca
-hubieran perecido, cuando muchos les hubieran muerto los caballos. Que
-hay mucha diferencia de pelear como amo ó como criado. Yo he conocido
-en poco tiempo más de veinte generales en una cierta guerrilla, así la
-llamaba el que la inventó, y no he oído decir que alguno de ellos se
-sacase una gota de sangre. Pero dejémonos de disputas y hágase lo que
-se ha de hacer, que entre soldados no se gastan palabras, como entre
-licenciados. Ea, abrid.
-
-Eso no haré yo, decía el Mérito, que no llegáis con nombre, sino con
-voces.
-
-Oyendo esto el tal cabo, echó mano y movió tal ruido, que se alborotó
-todo el reino de los héroes, acudiendo unos y otros á saber lo que era.
-Llegó de los primeros el bravo Macedón y dijo:
-
-Dejádmele á mí, que yo le meteré en razón y en el puño.
-
-Señor jefe, le dijo, mucho me admiro de que aquí os queráis hacer de
-sentir, no habiendo hecho ruido en las campañas. Tratad de volver
-allá y por vuestra fama. Obrad media docena de hazañas; no una sola,
-que pudo ser ventura. Sitiad un par de plazas reales, veamos cómo
-saldréis con ellas. Que os puedo asegurar que me cuesta á mí el entrar
-acá más de cincuenta batallas ganadas, más de docientas provincias
-conquistadas, las hazañas no tienen número, aunque muy de cuenta.
-
-Sin duda, le respondió, que sois vos el Cid, el de las fábulas. No
-dijera más el mismo Alejandro.
-
-Pues él mismo es, le dijeron.
-
-Y cuando se creyó había de quedar aturdido, fué tan al revés, que
-comenzó con bravo desenfado á fisgarse dél y decir:
-
-¡Mirad agora y quién habla entre soldados de Flandes, sino el que
-las hubo contra lanzas de marfil en la Persia, de paso en la India y
-contra piedras en la Escitia! ¡Viniérase él ahora á esperar una carga
-de mosquetes vizcaínos, una embestida de picas italianas, una rociada
-de bombardas flamencas! Voto á... Juro que no conquistara hoy á solo
-Ostende en toda su vida.
-
-Oyendo esto el Macedón, hizo lo que nunca, que fué volver las
-espaldas. Enmudeció también Aníbal, por temer no le sacase lo de Capua,
-y el mismo Pompeyo, porque no le dijese que no supo usar de la vitoria.
-Desta suerte se retiraron todos los del tercio viejo y rogó el Mérito
-saliese alguno de los bravos campiones á la moda. Asomóse uno de harto
-nombre y díjole:
-
-Señor soldado, si vos tuviérades tan criminal la espada, como civil la
-lengua, no tuviérades dificultad en la entrada. Andad y pasaos por los
-dos templos del Valor y de la Fama, que os prometo que me ha costado el
-entrar acá el tomar más de veinte plazas por sitio y aún aún.
-
-Preguntó el soldado quién era y, en sabiéndolo dijo:
-
-Oh, qué lindo. Ya le conozco. Y no diga que peleó, sino que mercadeó;
-no que conquistó las plazas, sino que las compró. ¡Á mí que las vendo!
-
-Oyendo esto, bajó sus orejas el tal general y aun dicen que las hizo de
-mercader.
-
-Yo, yo lo entenderé, dijo otro. Señor crudo, así como trae las
-certificatorias de Venus y de Baco, procure otras de Marte, que de mí
-le puedo asegurar, que lo que otros no emprendieron con veinte mil
-hombres, yo con cuatro mil lo intenté y con pocos más lo ejecuté,
-saliendo con la más desesperada empresa, y aun me quisieron barajar la
-entrada.
-
-¿No sois vos Fulano?, dijo. Pues señor héroe, no me espanto, que no
-tuvisteis contrario ni tuvo gente en esa ocasión el enemigo y así
-no me admiro de lo que hicistes, sino de lo que dejastes de obrar,
-que pudiérades haber acabado la guerra, no dejando qué hacer á los
-venideros.
-
-En oyendo esto, hizo lo que los otros. Llegóse uno, que no debiera, de
-más favor que furor, y díjole:
-
-He, señor pretendiente, ¿no veis que es cosa sin ejemplar la que
-intentáis, de querer entrar acá sin méritos? Volved á las campañas, que
-os juro me salieron á mí los dientes en ellas y se me cayeron también,
-hallándome en muy importantes jornadas y, si perdí algunas, también
-gané otras con mucha reputación.
-
-Señor mío, le replicó, grado á los buenos lados, que tuvistes. Que, así
-como otros mueren de ese mal, vos vivís de ese bien. Mientras ellos
-vivieron, vencistes y, ellos muertos, se os conoció bien su falta.
-
-Aquí no pudiéndolo sufrir uno de los más alentados, bravo chocador
-y que le temió más que á todos juntos el enemigo, con muchos actos
-positivos de su valor, éste, requiriendo la espada, le dijo desistiese
-de la empresa el que había desistido de tantas, que tratase de
-retirarse con buen orden el que con tan malo se había siempre retirado,
-que no pretendiese la reputación inmortal el que á tantos la había
-hecho perder.
-
-¡Poco á poco!, le respondió. ¿Y no sabe Dios y todo el mundo que todas
-vuestras facciones fueron temeridades, sin arte y sin consejo, todo
-arrojos? Y así os temieron más los enemigos como á un temerario, que
-como á un prudente capitán. Al fin peleasteis de mazada.
-
-Más dijera aquél y más oyera éste, si el Mérito no le retirara, con
-otros muchos, diciéndoles:
-
-Apartaos vos, señor, no os estrelle aquello de _fugerunt_, _fugerunt_,
-y á vos lo de _pillare_ y _pillare_ y _más pillare_. Pues á vos luego
-os echará en la cara aquello de las espaldas en tal y tal ocasión.
-Quitaos vos, no os vea con esa casaca tan otra de la de ayer, mudando
-cada día la suya y aun la ajena. Teneos allá, que os glosará á vos
-aquello de encorralar los españoles y hacerles morir más de hambre que
-de sangre. Retiraos todos.
-
-Y viendo que no quedaba héroe con héroe y que llegaba á meter
-escrúpulos en una cosa tan delicada como la fama de tantos y tan
-insignes varones, vino á partidos con él y pactaron que volviese al
-mundo, acompañado de un par de famosos escritores, que examinasen de
-nuevo los autores de su renombre, los pregoneros de su fama, los que
-le habían celebrado de Cid moderno y Marte novel y que, si se hallasen
-constantes en lo dicho, al punto sería admitido, que así se había
-platicado con otros en caso de duda. Admitió el partido, como tan
-confiado. Llegaron, pues, á un cierto escritor, más celebrador que
-célebre, y preguntándole si eran de aquel general las alabanzas que en
-tal libro á tantas hojas había escrito, respondió:
-
-Sí, suyas son, pues él las ha comprado.
-
-Que así dijo el Jovio, después de haber acabado moros y cristianos,
-que, por cuanto ellos se lo pagaron bien, él había celebrado mejor. Lo
-mismo respondió un poeta.
-
-Ved, decían, lo que se ha de creer de semejantes elogios y panegíricos.
-¡Oh gran cosa la entereza y qué poco usada!
-
-Haciéndole cargo á otro autor, de los de primera clase, de haber
-celebrado á éste, como á otros muchos, se escusó diciendo que no había
-hallado otros en su siglo á quienes poder alabar. Defendíase otro con
-decir:
-
-Esta diferencia hay entre los que alabamos y los maldicientes, que
-nosotros lisonjeamos á los príncipes con premio y ellos al vulgo con
-civil aplauso; pero todos adulamos.
-
-Hasta un abridor de planchas se escusó de haber metido su retrato
-entre los hombres insignes, diciendo que para hacer número y tener más
-ganancia. Con lo cual quedó el tal jefe confundido, aunque no del todo
-desengañado.
-
-Observaron con harta admiración que para un togado, que entraba allá y
-ése con poco ruido, eran ciento los soldados.
-
-Es muy plausible, decía el inmortal, el rumbo de la milicia: andan
-entre clarines y atambores; y los togados muy á la sorda. Y así veréis
-que obrará cosas grandes en mucho bien de la república un ministro, un
-consejero, y no será nombrado ni aun conocido ni se habla de ellos;
-pero un general hace mucho ruido con el boato de sus bombardas.
-
-Abriéronse las inmortales puertas, para que entrase un cierto héroe,
-un primer ministro, que en su tiempo, no sólo no fué aplaudido,
-pero positivamente odiado. Mas fueron tales y tan exorbitantes las
-temeridades y desaciertos del que le sucedió, que acreditaron mucho su
-pacífico proceder y aun le hicieron deseado. Al entrar éste, salió una
-fragrancia tan extraordinaria, un olor tan celestial, que les confortó
-las cabezas y les dió alientos para desear y diligenciar la entrada
-en la inmortal estancia. Quedó por mucho rato bañado de tan suave
-fragrancia el hemisferio y decíales su inmortal:
-
-¿De dónde pensáis que sale este tan precioso y regalado olor? ¿Acaso de
-los jardines de Chipre tan nombrados? ¿De los pensiles de Babilonia?
-¿De los guantes de ámbar de los cortesanos? ¿De las cazoletas de
-los camarines? ¿De las lamparillas de aceite de jazmín? Que, no por
-cierto, no sale sino del sudor de los héroes, de la sobaquina de los
-mosqueteros, del aceite de los desvelados escritores. Y creedme que no
-fué encarecimiento ni lisonja, sino verdad cierta, que olía bien el
-sudor de Alejandro Magno.
-
-Pretendieron algunos que bastaba dejar fama de sí en el mundo, aunque
-nunca fuese buena, contentándose con que se hablase de ellos bien ó
-mal. Pero declaróse que de ningún modo, porque hay grande diferencia de
-la inmortal fama á la eterna infamia. Y así gritaba el Mérito:
-
-Desengáñoos, que aquí no entran sino los varones eminentes, cuyos
-hechos se apoyan en la Virtud, porque en el vicio no cabe cosa grande
-ni digna de eterno aplauso. Venga todo jayán; fuera todo pigmeo. No hay
-aquí mediocritas; todo va por estremos.
-
-Reparó Critilo que, entrando allá de todas naciones, si bien de algunas
-pocos, no vieron de una en esta era entrar héroe alguno.
-
-No es de admirar, dijo el peregrino. Porque la infame heregía los
-ha reducido á tal estremo de ciegos y de malvistos, que no se ven
-en ellos sino infames traiciones, abominables fierezas, inauditas
-monstruosidades, llegando á estar hoy sin Dios, sin ley y sin rey.
-
-Pero aunque no hay rincón alguno en esta ilustre estancia, con todo
-eso repararon al abrir la una de las dos puertas que detrás de la otra
-estaban como corridos algunos célebres varones.
-
-¿Quiénes son aquellos, preguntó Andrenio, que están como corridos,
-cubriéndose los rostros con las manos?
-
-Aquellos son, les dijeron, no menos que el Cid español, el Roldán
-francés y el portugués Pereira.
-
-¿Cómo así, cuando habían de estar con las caras muy esentas en el mejor
-puesto del lucimiento?
-
-Es que están corridos de las necedades en aplausos, que cuentan de
-ellos sus nacionales.
-
-Ya en esto se fué acercando el peregrino y suplicó la entrada para sí y
-sus dos camaradas. Pidióles el Mérito la patente y si venía legalizada
-del valor y autenticada de la reputación. Púsose á examinarla muy de
-propósito y comenzó á arquear las cejas, haciendo ademanes de admirado.
-Y cuando la vió calificada con tantas rúbricas de la filosofía en
-el gran teatro del universo, de la razón y sus luces en el valle
-de las fieras, de la atención en la entrada del mundo, del propio
-conocimiento en la anotomía moral del hombre, de la entereza en el mal
-paso del salteo, de la circunspección en la fuente de los engaños,
-de la advertencia en el golfo cortesano, del escarmiento en casa de
-Falsirena, de la sagacidad en las ferias generales, de la cordura en
-la reforma universal, de la curiosidad en casa de Salastano, de la
-generosidad en la cárcel del oro, del saber en el museo del discreto,
-de la singularidad en la plaza del vulgo, de la dicha en las gradas
-de la fortuna, de la solidez en el yermo de Hipocrinda, del valor en
-su armonía, de la virtud en su palacio encantado, de la reputación
-entre los tejados de vidrio, del señorío en el trono del mando, del
-juicio en la jaula de todos, de la autoridad entre los horrores y
-honores de Vejecia, de la templanza en el estanco de los vicios, de la
-verdad pariendo, del desengaño en el mundo descifrado, de la cautela
-en el palacio sin puerta, del saber reinando, de la humildad en casa
-de la hija sin padres, del valer mucho en la cueva de la nada, de la
-felicidad descubierta, de la constancia en la rueda del tiempo, de
-la vida en la muerte, de la fama en la isla de la inmortalidad, les
-franqueó de par en par el arco de los triunfos á la mansión de la
-eternidad. Lo que allí vieron, lo mucho que lograron, quien quisiere
-saberlo y experimentarlo, tome el rumbo de la Virtud insigne, del
-Valor heroico y llegará á parar al teatro de la Fama, al trono de la
-Estimación y al centro de la Inmortalidad.
-
-
-
-
-TABLA
-
-
-SEGUNDA PARTE
-
- Páginas.
-
- CRISI VII.--El hiermo de Hipocrinda. 1
-
- CRISI VIII.--Armería del valor. 15
-
- CRISI IX.--Anfiteatro de monstruosidades. 32
-
- CRISI X.--Virtelia encantada. 43
-
- CRISI XI.--El tejado de vidrio y Momo tirando piedras. 59
-
- CRISI XII.--El trono del mando. 74
-
- CRISI XIII.--La jaula de todos. 85
-
-
-TERCERA PARTE
-
- CRISI I.--Honores y horrores de Vejecia. 109
-
- CRISI II.--El estanco de los vicios. 127
-
- CRISI III.--La verdad de parto. 147
-
- CRISI IV.--El mundo descifrado. 170
-
- CRISI V.--El palacio sin puertas. 191
-
- CRISI VI.--El saber reinando. 209
-
- CRISI VII.--La hija sin padre en los desvanes del mundo. 234
-
- CRISI VIII.--La cueva de la nada. 254
-
- CRISI IX.--Felisinda descubierta. 274
-
- CRISI X.--La rueda del tiempo. 291
-
- CRISI XI.--La suegra de la vida. 310
-
- CRISI XII.--La isla de la inmortalidad. 333
-
-
-
-
-_Acabóse de imprimir esta edición de
-“El Criticón” conforme á los príncipes,
-de 1653 cuanto á la “Segunda Parte”
-y de 1657 cuanto á la “Tercera”,
-en la imprenta “Renacimiento”
-el día 15 de Julio
-del año
-MCMXIV_
-
-
-
-
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-End of the Project Gutenberg EBook of El criticón (tomo 2 de 2), by
-Baltasar Gracián y Morales
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-Sections 3 and 4 and the Foundation information page at
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-
-
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-
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-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
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-Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up to
-date contact information can be found at the Foundation's web site and
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-
- Dr. Gregory B. Newby
- Chief Executive and Director
- gbnewby@pglaf.org
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- El criticón (tomo 2 de 2), by Baltasar Gracián&mdash;A Project Gutenberg eBook
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-Project Gutenberg's El criticón (tomo 2 de 2), by Baltasar Gracián y Morales
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
-other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
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-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have
-to check the laws of the country where you are located before using this ebook.
-
-Title: El criticón (tomo 2 de 2)
-
-Author: Baltasar Gracián y Morales
-
-Editor: Julio Cejador y Frauca
-
-Release Date: October 7, 2020 [EBook #63402]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL CRITICÓN (TOMO 2 DE 2) ***
-
-
-
-
-Produced by Ramón Pajares Box and the Online Distributed
-Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This file was
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-<p class="centra fs140 ws1">BIBLIOTECA RENACIMIENTO</p>
-<p class="centra fs90 ws1 mt05">DIRIGIDA POR</p>
-<p class="centra fs120 g2 ws1 mt0"><i>G. MARTÍNEZ SIERRA</i></p>
-
-<p class="centra fs90 ws1 mt05">COLECCIÓN DE</p>
-<p class="centra fs140 ws1 mt0">OBRAS MAESTRAS<br />
-DE LA LITERATURA UNIVERSAL</p>
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-
-<p class="centra ws1 mt1">LA EDICIÓN Y COMENTARIO</p>
-
-<p class="estrecho ws1">DE LOS TEXTOS CLÁSICOS ESPAÑOLES, LA TRADUCCIÓN
-DE LOS EXTRANJEROS Y LOS PRÓLOGOS DE UNOS Y OTROS ESTÁN Á CARGO DE
-EMINENTES ESCRITORES, CRÍTICOS Y ERUDITOS, LOS MÁS COMPETENTES EN LA
-MATERIA:</p>
-
-<p class="estrecho ws1 mt05"><i>GABRIEL ALOMAR, AZORÍN, PÍO BAROJA,
-JACINTO BENAVENTE, BERNARDO G. DE CANDAMO, AMÉRICO CASTRO, JULIO
-CEJADOR, ENRIQUE DÍEZ-CANEDO, FERNANDO FORTÚN, RICARDO FUENTE, VICENTE
-GARCÍA DE DIEGO, J. GÓMEZ OCERÍN, FRANCISCO A. DE ICAZA, JUAN R.
-JIMÉNEZ, RICARDO LEÓN, EDUARDO MARQUINA, G. MARTÍNEZ SIERRA, FRANCISCO
-MEDINA, ENRIQUE DE MESA, ANTONIO PALOMERO, R. PÉREZ DE AYALA, JACINTO
-O. PICÓN, CIPRIANO RIVAS CHERIF, FRANCISCO RODRÍGUEZ MARÍN, VÍCTOR
-SAID-ARMESTO, EUGENIO SELLÉS, RAMÓN M. TENREIRO, MIGUEL DE UNAMUNO,
-FRANCISCO F. VILLEGAS, NARCISO ALONSO CORTÉS, ETCÉTERA, ETC.</i></p>
-
-<p class="centra fs90 ws1 mt05"><span class="fs110 g1">LA PARTE
-ARTÍSTICA</span><br /> DE ESTAS EDICIONES ESTÁ ENCOMENDADA AL ILUSTRE
-DIBUJANTE<br /> <span class="fs110 g1"><i>FERNANDO MARCO</i>.</span></p>
-
-</div>
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="aftit">
- <p><span class="pagenum" id="Page_iv">p. iv</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img class="thin"
- src="images/illo_b004.jpg"
- style="width: 25em; height: auto;"
- alt="Primera página de la portada" />
- </div>
- <p class="caption smcap">
- Biblioteca Renacimiento.<br />
- Obras maestras de la literatura universal.
- </p>
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="aftit">
- <p><span class="pagenum" id="Page_v">p. v</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img class="thin"
- src="images/illo_b005.jpg"
- style="width: 25em; height: auto;"
- alt="Segunda página de la portada" />
- </div>
- <p class="centra fs200 g1 ws1">EL CRITICÓN</p>
- <p class="centra fs75">POR</p>
- <p class="centra fs150 ws1">LORENZO GRACIÁN</p>
- <hr class="tir" />
- <p class="centra fs75 g2">EDICIÓN</p>
- <p class="centra fs75 g2 ws1">TRANSCRITA Y REVISADA</p>
- <p class="centra fs90 g2">POR</p>
- <p class="centra fs110 g2 ws1">JVLIO CEJADOR</p>
- <hr class="tir" />
- <p class="centra fs150 g2">RENACIMIENTO</p>
- <p class="centra ws1"><i>Casa Central</i>: MADRID, <i>Pontejos 3</i></p>
- <p class="centra">SVCVRSALES:</p>
- <p class="centra g1 ws1">BVENOS AIRES, <i>Libertad 170</i><br />
- PARÍS, <i>26, Rue Richelieu</i></p>
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_0">
- <p><span class="pagenum" id="Page_vii">p. vii</span></p>
- <h2 class="nobreak g2">NOTA</h2>
-</div>
-
-<p>“Sabido es que Gracián, en el pináculo de su fama, fué encerrado
-á pan y agua en su celda por haber publicado <span class="smcap">El
-Criticón</span> sin permiso de sus superiores. Lo que escandalizaba á
-sus colegas era el pecado de desobediencia, no el tono de sus libros.”
-Así Fitzmaurice-Kelly en su <i>Historia de la Literatura Española</i>,
-Madrid, 1913. Las tres partes de <span class="smcap">El Criticón</span>
-se publicaron, respectivamente, los años de 1651, 1653 y 1657; el año
-de 1658 murió Gracián. La primera parte salió sin su nombre, con el
-anagrama de <i>García de Marlones</i>, esto es: <i>Gracián de Morales</i>. En
-la segunda y tercera parte se lee: <i>Lorenzo Gracián</i>. En la Censura
-del <i>Padre Don Antonio Liperi</i>, <i>Clérigo Regular</i>, <i>Doctor en Teología
-y en ambos Derechos. Por comission del Excelentissimo Señor Conde de
-Lemos y de Castro, Virrey y Capitán General deste Reyno</i>, impresa en la
-primera parte se lee: “He leído con atención (según la orden de V. E.)
-el libro intitulado <span class="smcap">El Criticón</span> y su primera
-parte, <i>en la Primavera de la niñez y en el Estío de la juventud</i>,
-compuesto por el Padre<span class="pagenum" id="Page_viii">p.
-viii</span> Lorenço Gracián, y en él no he hallado cosa opuesta á...”
-Vincencio Antonio Lastanosa, hijo del famoso arqueólogo D. Vincencio
-Juan de Lastanosa, amigo y admirador de Gracián, dió á la estampa,
-contra su voluntad, la mayor parte de sus obras, entre ellas <span
-class="smcap">El Criticón</span>, como puede verse en documento que
-trae la Revista de Bibliotecas y Archivos, 1877, p. 29.</p>
-
-<p>Si fué “contra su voluntad”, el P. Gracián no desobedeció á los
-superiores de la Compañía de Jesús. De todos modos, estas persecuciones
-dan razón de haber salido con anagrama la primera parte y mudado el
-propio nombre de Baltasar por el de Lorenzo en la <i>Censura</i> de la misma
-y en la portada de las otras dos partes. Dificultosa tarea echará sobre
-sí el que se empeñe en averiguar lo que al P. Gracián pasó con sus
-superiores respecto de sus libros y que se sospecha aceleró su muerte,
-un año después de publicada la tercera parte de <span class="smcap">El
-Criticón</span>, asombroso esfuerzo del ingenio humano.</p>
-
-<p>La crítica se ha portado con esta obra tan mal como la Compañía de
-Jesús con su autor. El lector que haya leído el primer tomo notará al
-leer el segundo que vale mucho más la segunda parte que la primera, y
-la tercera muchísimo más que la segunda. Este sol, que iba levantándose
-por momentos y brillando cada vez con más vivos resplandores, un año
-después cae en el sepulcro. Todos son misterios en Gracián, su vida, su
-muerte, su obra.</p>
-
-<p>No lo es menos su bibliografía. En el <i>Prólogo</i> al pri<span
-class="pagenum" id="Page_ix">p. ix</span>mer tomo puse lo que trae
-Latasa acerca de <span class="smcap">El Criticón</span>. Ni Gallardo
-ni Salvá ni Brunet dicen nada de particular. Heredia (4.246) pone la
-primera parte de <span class="smcap">El Criticón</span> como impresa
-en Zaragoza, 1651; otra edición en Huesca, 1653; otra en Madrid,
-1657. Fitzmaurice-Kelly, en su última edición de la <i>Historia de
-la Literatura Española</i>, Madrid, 1913, conténtase con poner entre
-paréntesis estas mismas fechas (1651, 1653, 1657). ¿Tomólas de Heredia
-ó ha visto ejemplares? En la Biblioteca Nacional de Madrid sólo hay un
-ejemplar, muy maltratado, de la primera edición de la segunda parte,
-Huesca, 1653.</p>
-
-<p>De estas dudas, que ya tenía al escribir mi <i>Prólogo</i>, salí después
-de impreso el primer tomo, por haber logrado en Aragón un magnífico
-ejemplar de la primera edición de cada una de las tres partes de <span
-class="smcap">El Criticón</span>, verdadero tesoro por lo raro; pero,
-sobre todo, por ser la edición primera de esta obra sin par en todas
-las literaturas. Comuniqué luego la noticia á mi excelente amigo R.
-Foulché-Delbosc, el más entendido de los hispanófilos extranjeros,
-preguntándole qué sabía acerca de estas primeras ediciones, y entre
-otras cosas me respondió: “El Museo Británico posee ejemplar de las
-tres primeras ediciones de <span class="smcap">El Criticón</span>, ó
-si se quiere, ejemplar de la parte primera, de la parte segunda y de
-la parte tercera, cada una en su primitivo estado, con las fechas que
-señala Fitzmaurice-Kelly; de donde deduzco que casi seguramente vió
-dichas ediciones en el referido Museo Británico... Y ya que es<span
-class="pagenum" id="Page_x">p. x</span>tamos hablando de Gracián, sepa
-usted que en el último número de la <i>Révue Hispanique</i> de 1913 habrá un
-estudio de cuatrocientas páginas sobre este autor.”</p>
-
-<p>Ya que al preparar el primer tomo de esta edición de <span
-class="smcap">El Criticón</span>, que publica “Renacimiento”, no podía
-disponer de las primeras ediciones, me he aprovechado, al menos, de
-las que hoy poseo para la publicación del segundo tomo, el cual puedo
-asegurar que es copia fiel de ellas: la segunda parte de la primera
-edición de Huesca, 1653; la tercera parte de la primera edición de
-Madrid, 1657, mudadas tan sólo la ortografía y puntuación.</p>
-
-<p>Véase la portada de la primera edición de cada una de las tres
-partes:</p>
-
-<p>El Criticón | Primera Parte | en la Primavera | de la niñez, | y en
-| el Estío de la ivventud. | Autor García de Marlones, | y lo dedica |
-al valeroso cavallero | Don Pablo de Parada, | de la Orden de Christo,
-| General de la Artillería y Governa | dor de Tortosa. | Con Licencia.
-| En Zaragoza, por Ivan Nogves, y á su costa. | Año M. DC. LI.</p>
-
-<p>El Criticón | Segunda Parte. | ivyziosa cortesana | filosofía, |
-en el Otoño de la | varonil edad. | por | Lorenzo Gracián. | y | lo
-dedica | al Serenissimo Señor | D. Ivan de Austria. | Con Licencia, |
-En Huesca: Por Iuan Noguès. Año 1653. | A costa de Francisco Lamberto,
-Mercader de Libros. | Véndese en la Carrera de San Gerónimo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_xi">p. xi</span></p>
-
-<p>El Criticón, | Tercera parte. | en el Invierno de la vejez. | por
-Lorenzo Gracián. | y lo dedica | al Doctor Don Lorenço Francés de
-Vrritigoyti, | Deán de la Santa Iglesia de Siguença. | Con Privilegio.
-| En Madrid. Por Pablo de Val. Año de 1657. | A costa de Francisco
-Lamberto, véndese en su casa | en la Carrera de San Gerónimo.</p>
-
-<p>Sólo he de añadir que ediciones tan raras como éstas, de las cuales
-no hay ni en Madrid otro ejemplar que el mío completo de las tres
-partes y el maltrecho de la segunda parte de la Nacional, que sólo se
-conoce además el ejemplar del Museo Británico, y que hasta ahora fueron
-enigma para los bibliógrafos, deberían reproducirse con todos sus pelos
-y señales para que la república de las letras goce en su entereza una
-de las más poderosas obras del ingenio español, y la crítica acabe
-de levantar á Baltasar Gracián al encumbrado puesto que merece en la
-Historia de la Filosofía y de la Literatura.</p>
-
-<p class="firma"><span class="smcap">Julio Cejador.</span></p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_2_7">
- <p><span class="pagenum" id="Page_1">p. 1</span></p>
- <h3 class="g1 ws1">CRISI VII</h3>
- <p class="subh3c"><i>El hiermo de Hipocrinda.</i></p>
-</div>
-
-<p>Componían al hombre todas las demás criaturas, tributándole
-perfecciones; pero de prestado. Iban á porfía amontonando bienes sobre
-él; mas todos al quitar. El cielo le dió la alma, la tierra el cuerpo,
-el fuego el calor, el agua los humores, el aire la respiración, las
-estrellas ojos, el sol cara, la fortuna haberes, la fama honores,
-el tiempo edades, el mundo casa, los amigos compañía, los padres la
-naturaleza y los maestros la sabiduría. Mas viendo él que todos eran
-bienes muebles, no raíces, prestados todos y al quitar, dicen que
-preguntó:</p>
-
-<p>¿Pues qué será mío? Si todo es de prestado, ¿qué me quedará?</p>
-
-<p>Respondiéronle que la virtud. Ésa es bien propio del hombre, nadie
-se la puede repetir. Todo es nada sin ella y ella lo es todo.
-
-<span class="sidenote"><i>Único bien.</i></span>
-
-demás bienes son de burlas; ella sola es de veras. Es alma del
-alma, vida de la vida, realce de todas las prendas, corona de las
-perfecciones y perfección de todo el ser. Centro es de la felicidad,
-trono de la honra, gozo de la vida, satisfación de la conciencia,
-respiración del alma, banquete de las potencias, fuente del contento,
-manantial de la alegría. Es rara porque es dificultosa y, dondequiera
-que se halla, es hermosa y por eso tan estimada.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Excelencias<br />de la Virtud.</i></span></p>
-
-<p>Todos querrían parecer tenerla; pocos de verdad la procuran.
-Hasta los vicios se cubren con su buena capa y mienten sus<span
-class="pagenum" id="Page_2">p. 2</span> apariencias: los más malos
-querrían ser tenidos por buenos. Todos la querrían en los otros; mas no
-en sí mismos. Pretende éste que aquél le guarde fidelidad en el trato,
-que no le murmure ni le mienta ni le engañe, trate siempre verdad, que
-en nada le ofenda ni agravie; y él obra todo lo contrario.</p>
-
-<p>Con ser tan hermosa, noble y apacible, todo el mundo se ha
-mancomunado contra ella. Y es de modo, que la verdadera virtud ya no
-se ve ni parece; sino la que le parece. Cuando pensamos está en alguna
-parte, topamos con sola su sombra, que es la hipocresía. De suerte, que
-un bueno, un justo, un virtuoso florece como la Fénix, que por único se
-lleva la palma.</p>
-
-<p>Esto les iba ponderando á Critilo y Andrenio una agradable doncella,
-ministra de la Fortuna, de sus más llegadas, que, compadecida de
-verlos en el común riesgo, estando ya para despeñarse, les asió del
-copete de la Ocasión y los detuvo
-
-<span class="sidenote"><i>De la dicha<br />á la virtud.</i></span>
-
-dando una voz al Acaso, le mandó echar la puente levadiza, con que
-los traspuso de la otra parte, de un alto á otro, de la Fortuna á la
-Virtud, con que se libraron del fatal despeño.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>De la Virtud<br />á la Honra.</i></span></p>
-
-<p>Ya estáis en salvo, les dijo. Dicha de pocos lograda, pues
-visteis caer mil á vuestro lado y diez mil á vuestra diestra.
-Seguid ese camino, sin torcer á un lado ni á otro; aunque un ángel
-os dijese lo contrario, que él os llevará al palacio de la hermosa
-Virtelia, aquella gran reina de las felicidades. Presto le divisaréis
-encumbrado en las coronillas de los montes. Porfiad en el ascenso;
-aunque sea con violencias: que de los valientes es la corona.
-
-<span class="sidenote"><i>Fin premiado.</i></span>
-
-Y aunque sea áspera la subida, no desmayéis, poniendo siempre la mira
-en el fin premiado.</p>
-
-<p>Despidióse con mucho agrado echándoles los brazos. Volvióse á pasar
-de la otra parte y al mismo punto levantaron la puente.</p>
-
-<p>¡Oh!, dijo Critilo: ¡qué cortos hemos andado en no preguntarla quién
-era! ¿Es posible que no hayamos conocido una tan gran bienhechora?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_3">p. 3</span></p>
-
-<p>Aún estamos á tiempo, dijo Andrenio: que aún no la habemos perdido
-ni de vista ni de oída.</p>
-
-<p>Diéronla voces y ella volvió un cielo en su cara y dos soles en un
-cielo, esparciendo favorables influencias.</p>
-
-<p>Perdona, señora, dijo Critilo, nuestra inadvertencia, no grosería, y
-así te favorezca tu reina más que á todas, que nos digas quién eres.</p>
-
-<p>Aquí ella sonriéndose: No lo queráis saber, dijo, que os pesará.</p>
-
-<p>Pero ellos más deseosos con esto, porfiaron en saberlo y así les
-dijo:</p>
-
-<p>Yo soy la hija mayor de la Fortuna, yo la pretendida de todos, yo la
-buscada, la deseada, la requerida, yo soy la Ventura.</p>
-
-<p>Y al momento se traspuso.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Dicha<br />desconocida.</i></span></p>
-
-<p>Juráralo yo, dijo suspirando Critilo, que en conociéndote habías
-de desaparecer. ¡Hase visto más poca suerte en la dicha! Así acontece
-á muchos cada día. ¡Oh cuántos, teniendo la dicha entre manos, no la
-supieron conocer y después la desearon! Pierde uno los cincuenta, los
-cien mil de hacienda y después guarda un real. No estima el otro la
-consorte casta y prudente, que le dió el cielo, y después la suspira
-muerta y adorada en la segunda. Pierde éste el puesto, la dignidad, la
-paz, el contento, el estado, y después anda mendigando mucho menos.</p>
-
-<p>Verdaderamente, que nos ha sucedido, dijo Andrenio, lo que á un
-galán apasionado, que, no conociendo su dama, la desprecia y después,
-perdida la ocasión, pierde el juicio. Desta suerte malograron muchos el
-tiempo, la ocasión, la felicidad, la comodidad, el empleo, el reino,
-que después lo lamentaron harto. Así sollozaba el rey navarro pasando
-el Pirineo y Rodrigo en el río de su llanto. ¡Pero desdichado sobre
-todo quien pierda el cielo!</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Hombres<br />de artificio.</i></span></p>
-
-<p>Así se iban lamentando, prosiguiendo su viaje, cuando se les<span
-class="pagenum" id="Page_4">p. 4</span> hizo encontradizo un hombre
-venerable por su aspecto, muy autorizado de barba, el rostro ya pasado
-y todas sus faciones desterradas, hundidos los ojos, la color robada,
-chupadas las mejillas, la boca despoblada, ahiladas las narices,
-la alegría entredicha, el cuello de azucena lánguido, la frente
-encapotada, su vestido por lo pío remendado, colgando de la cinta unas
-disciplinas, lastimando más los ojos del que las mira, que las espaldas
-del que las afecta, zapatos doblados á remiendos, de más comodidad que
-gala. Al fin, él parecía semilla de ermitaños. Saludóles muy á lo del
-cielo para ganar más tierra y preguntóles para adónde caminaban.</p>
-
-<p>Vamos, respondió Critilo, en busca de aquella flor de reinas, la
-hermosa Virtelia, que nos dicen mora aquí en lo alto de un monte, en
-los confines del cielo. Y si tú eres de su casa y de su familia, como
-lo pareces, suplícote que nos guíes.</p>
-
-<p>Aquí él, después de una gran tronada de suspiros, prorrumpió en una
-copiosa lluvia de lágrimas.</p>
-
-<p>¡Oh, cómo vais engañados!, les dijo, ¡y qué lástima que os tengo!
-Porque esa Virtelia, que buscáis, reina es; pero encantada. Vive,
-aunque más muere, en un monte de dificultades, poblado de fieras,
-serpientes que emponzoñan, dragones que tragan, y sobre todo hay un
-león en el camino, que desgarra á cuantos pasan. Á más de que la subida
-es inaccesible, al fin cuesta arriba, llena de malezas y deslizaderos,
-donde los más caen haciéndose pedazos. Bien pocos son y bien raros los
-que llegan á lo alto.</p>
-
-<p>Y cuando toda esa montaña de rigores hayáis sobrepujado, queda
-lo más dificultoso,
-
-<span class="sidenote"><i>Dificultades<br />de la virtud.</i></span>
-
-es su palacio encantado, guardadas sus puertas de horribles gigantes,
-que con mazas aceradas en las manos defienden la entrada y son tan
-espantosos, que sólo el imaginarlos arredra. Verdaderamente me hacéis
-duelo de veros tan necios, que queráis emprender tanto imposible
-junto.</p>
-
-<p>Un consejo os daría yo y es que echéis por el atajo, por donde hoy
-todos los entendidos y que saben vivir caminan.<span class="pagenum"
-id="Page_5">p. 5</span> Porque habéis de saber que aquí más cerca, en
-lo fácil, en lo llano, mora otra gran reina, muy parecida en todo á
-Virtelia en el aspecto, en el buen modo, hasta en el andar, que la ha
-cogido los aires. Al fin un retrato suyo; sólo que no es ella. Pero más
-agradable y más plausible, tan poderosa como ella y que también hace
-milagros. Para el efecto es la misma.</p>
-
-<p>Porque decidme, vosotros ¿qué pretendéis en buscar á Virtelia y
-tratarla? ¿Que os honre, que os califique, que os abone, para conseguir
-cuanto hay, la dignidad, el mando, la estimación, la felicidad, el
-contento? Pues sin tanto cansancio, sin costaros nada, á pierna
-tendida, lo podéis aquí conseguir. No es menester sudar ni afanar ni
-reventar como allá. Dígoos que éste es el camino de los que bien saben.
-Todos los entendidos echan por este atajo y así está hoy tan valido en
-el mundo, que no se usa otro modo de vida.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Milagros de<br />la apariencia.</i></span></p>
-
-<p>¿De suerte, preguntó Andrenio, ya vacilando, que esa otra reina, que
-tú dices, es tan poderosa como Virtelia?</p>
-
-<p>Y que no la debe nada, respondió el Ermitaño. Lo que es el
-parecer, tan bueno le tiene y aun mejor y se precia dello y procura
-mostrarlo.</p>
-
-<p>¿Que puede tanto?</p>
-
-<p>Ya os digo que obra prodigios. Otra ventaja más y no la menos
-codiciable, que podréis gozar de los contentos, de los gustos desta
-vida, del regalo, de la comodidad, de la riqueza, juntamente con este
-modo de virtud, que aquella otra, por ningún caso los consiente. Ésta
-en nada escrupulea. Tiene buen estómago, con tal que no haya nota
-ni se sepa. Todo ha de ser en secreto. Aquí veréis juntos aquellos
-dos imposibles de cielo y tierra juntos, que los sabe lindamente
-hermanar.</p>
-
-<p>No fué menester más para que se diese por convencido Andrenio.
-Hízose al punto de su banda. Ya le seguía, ya volaban.</p>
-
-<p>Aguarda, decía Critilo, que te vas á perder.</p>
-
-<p>Mas él respondía:</p>
-
-<p>No quiero montes. Quita allá gigantes. ¿Leones? ¡Guarda!</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_6">p. 6</span></p>
-
-<p>Iban ya de carrera arrancada. Seguíales Critilo voceando:</p>
-
-<p>Mira que vas engañado.</p>
-
-<p>Y él respondía:</p>
-
-<p>¡Vivir!, ¡vivir!, ¡virtud holgada!, ¡bondad al uso!</p>
-
-<p>Seguidme, seguidme, repetía el falso Ermitaño, que éste es el atajo
-del vivir; que lo demás es un morir continuado.</p>
-
-<p>Fuélos introduciendo por un camino encubierto y aun solapado entre
-arboledas y ensenadas, y al cabo de un laberinto con mil vueltas y
-revueltas dieron en una gran casa, harto artificiosa, que no fué vista
-hasta que estuvieron en ella. Parecía convento en el silencio y todo el
-mundo en la multitud. Todo era callar y obrar, hacer y no decir. Que
-aun campana no se tañía, por no hacer ruido: no se dé campanada. Era
-tan espaciosa y había tanta anchura, que cabrían en ella más de las
-tres partes del mundo y bien holgadas.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Casa<br />á obscuras.</i></span></p>
-
-<p>Estaba entre unos montes, que la impedían el sol, coronada de
-árboles tan crecidos y tan espesos, que la quitaban la luz con sus
-verduras.</p>
-
-<p>¡Qué poca luz tiene este convento!, dijo Andrenio.</p>
-
-<p>Así conviene, respondió el Ermitaño: que donde se profesa tal virtud
-no convienen lucimientos.</p>
-
-<p>Estaba la puerta patente y el portero muy sentado, por no cansarse
-en abrir. Tenía calzados unos zuecos de conchas de tartugas,
-desaliñadamente sucio y remendado.</p>
-
-<p>Éste, dijo Critilo, á ser hembra, fuera la pereza.</p>
-
-<p>¡Oh, no!, dijo el Ermitaño. No es, sino el sosiego. No nace aquello
-de dejamiento, sino de pobreza; no es suciedad, sino desprecio del
-mundo.</p>
-
-<p>Saludóles, dando gracias de su linda vida. Intimóles luego, sin
-moverse, con un gancho, un letrero, que estaba encima de la puerta y
-decía con unas letras góticas:</p>
-
-<p>Silencio.</p>
-
-<p>Y comentóseles el Ermitaño:</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Vivir<br />de tramoya.</i></span></p>
-
-<p>Quiere decir que de aquí adentro no se dice lo que se sien<span
-class="pagenum" id="Page_7">p. 7</span>te, nadie habla claro; todos se
-entienden por señas, aquí callar y callemos.</p>
-
-<p>Entraron en el claustro; pero muy cerrado: que es lo más cómodo para
-todos tiempos.</p>
-
-<p>Iban ya encontrando algunos, que en el hábito parecían monjes y era,
-aunque al uso, bien extraño. Por defuera lo que se veía era de piel de
-oveja;
-
-<span class="sidenote"><i>Capa<br />de virtud.</i></span>
-
-mas por dentro lo que no se parecía era de lobos novicios, que quiere
-decir rapaces. Notó Critilo que todos llevaban capa y buena.</p>
-
-<p>Es instituto, dijo el Ermitaño: no se puede deponer jamás ni hacer
-cosa, que no sea con capa de santidad.</p>
-
-<p>Yo lo creo, dijo Critilo, y aun con capa de lastimarse. Está aquél
-murmurando de todo, con capa de corregir se venga el otro. Con capa de
-disimular permite éste que todo se relaje. Con capa de necesidad hay
-quien se regala y está bien gordo. Con capa de justicia es el juez un
-sanguinario. Con capa de celo todo lo malea el envidioso. Con capa de
-galantería anda la otra libertada.</p>
-
-<p>Aguarda, dijo Andrenio. ¿Quién es aquella que pasa con capa de
-agradecimiento?</p>
-
-<p>¿Quién ha de ser, sino la Simonía y aquella otra la Usura
-paliada?</p>
-
-<p>Con capa de servir á la República y al bien público se encubre la
-ambición.</p>
-
-<p>¿Quién será aquel, que toma la capa ó el manto para ir al sermón á
-visitar el santuario? Parece el Festejo.</p>
-
-<p>El mismo.</p>
-
-<p>¡Oh maldito sacrílego!</p>
-
-<p>Con capa de ayuno ahorra la avaricia, con capa de gravedad nos
-quiere desmentir la grosería. Aquél, que entra allí, parece que lleva
-capa de amigo y realmente lo es y aun con la de pariente se introduce
-el adulterio.</p>
-
-<p>Éstos, dijo el Ermitaño, son de los milagros que obra cada día
-esta superiora, haciendo que los mismos vicios pasen plaza<span
-class="pagenum" id="Page_8">p. 8</span> de virtudes y que los malos
-sean tenidos por buenos y aun por mejores. Los que son unos demonios
-hace que parezcan unos angelitos y todo con capa de virtud.</p>
-
-<p>Basta, dijo Critilo. Que desde que al mismo Justo le sortearon la
-capa los malos, ya la tienen por suerte: andan con capa de virtud,
-queriendo parecer al mismo Dios y á los suyos.</p>
-
-<p>¿No notáis, dijo el falso Ermitaño y verdadero embustero, qué
-ceñidos andan todos, cuando menos ajustados?</p>
-
-<p>Sí; dijo Critilo; pero con cuerda.</p>
-
-<p>Eso es lo bueno, respondió, para hacer bajo cuerda cuanto quieren y
-todo va bajo manga. No se les ven las manos, tanto es su recato.</p>
-
-<p>No sea, replicó Critilo, que tiren la piedra y escondan la mano. ¿No
-veis aquel bendito, qué fuera del mundo anda? ¡Qué metido va, pues no
-piensa en cosa suya, sino en las ajenas! Que no tiene cosa propia. No
-se le ve la cara, no es lo mejor lo descarado. Á nadie mira á la cara
-y á todos quita el sombrero. Anda descalzo por no ser sentido, tan
-enemigo es de buscar ruido.</p>
-
-<p>¿Quién es el tal?, preguntó Andrenio. ¿Es profeso?</p>
-
-<p>Sí, con que cada día toma el hábito y es muy bien diciplinado.
-Dicen que es un arrapaaltares, por tener mucho de Dios. Hace una vida
-extravagante. Toda la noche vela, nunca reposa. No tiene cosa ni casa
-suya y así es dueño de todas las ajenas. Y sin saber cómo ni por dónde,
-se entra en todas y se hace luego dueño dellas. Es tan caritativo, que
-á todos ayuda á llevar la ropa y cuantos topa, las capas, y así le
-quieren de modo, que, cuando se parte de alguna, todos quedan llorando
-y nunca se olvidan dél.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Ladrón<br />centimano.</i></span></p>
-
-<p>Éste, dijo Andrenio, con tantas prendas ajenas más me huele á
-ladrón, que á monje.</p>
-
-<p>Ahí verás el milagro de nuestra Hipocrinda, que siendo lo que tú
-dices, le hace parecer un bendito. Tanto, que está ya consultado en
-un gran cargo, en competencia de otro de casa<span class="pagenum"
-id="Page_9">p. 9</span> de Virtelia, y se tiene por cierto que le ha de
-hurtar la bendición. Y cuando no, trata de irse á Aragón, donde muera
-de viejo.</p>
-
-<p>¡Qué lucido está aquel otro!, dijo Critilo.</p>
-
-<p>Es honra de la penitencia, respondió el Ermitaño, y aunque tan
-bueno, no puede tenerse en pie ni acierta á dar un paso.</p>
-
-<p>Bien lo creo, que no andará muy derecho.</p>
-
-<p>Pues sabed que es un hombre muy mortificado: nadie le ha visto comer
-jamás.</p>
-
-<p>Eso creeré yo: que á nadie convida, con ninguno parte; todo es
-predicar ayuno y no miente. Que en habiéndose comido un capón, con
-verdad dice: <i>ay uno</i>. Yo juraré por él que en muchos años no se ha
-visto un pecho de perdiz en la boca.</p>
-
-<p>Y yo también.</p>
-
-<p>Y tras toda esta austeridad, que usa consigo, es muy suave.</p>
-
-<p>Así lo entiendo: suave de día y <i>su ave</i> de noche. ¿Mas cómo está
-tan lucido?</p>
-
-<p>Ahí verás la buena conciencia. Tiene buen buche, no se ahoga con
-poco ni se ahita con cosillas. Engorda con la merced de Dios y así
-todos le echan mil bendiciones. Pero entremos en su celda, que es muy
-devota.</p>
-
-<p>Recibiólos con mucha caridad y franqueóles una alhacena no tan á
-secas, que no fuese de regadío, dando fruto de dulces, perniles y otros
-regalos.</p>
-
-<p>¿Así se ayuna?, dijo Critilo.</p>
-
-<p>Y así hay una gentil bota, respondió el Ermitaño. Éstos son los
-milagros desta casa, que siendo éste antes tenido por un Epicuro, en
-tomando tan buena capa, se ha trocado de modo, que compite con un
-Macario. Y es tanta verdad ésta, que antes de mucho le veréis con una
-dignidad.</p>
-
-<p>¿También hay soldados cofadres de la apariencia?, preguntó
-Andrenio.</p>
-
-<p>Y son los mejores, respondió el Ermitaño. Tan buenos cristianos,
-que aun al enemigo no le quieren hacer mala cara, con<span
-class="pagenum" id="Page_10">p. 10</span> que no le querrían ver.
-
-<span class="sidenote"><i>Soldado<br />hipócrita.</i></span>
-
-¿No ves aquél? Pues, en dando un Santiago, se mete á peregrino. En su
-vida se sabe que haya hecho mal á nadie. No tengan miedo que él beba
-de la sangre de su contrario. Aquellas plumas, que tremola, yo juraría
-que son más de Santo Domingo de la Calzada, que de Santiago. El día de
-la muestra es soldado y el de la batalla, Ermitaño. Más hace él con
-un lanzón, que otros con una pica. Sus armas siempre fueron dobles.
-Desde que tomó capa de valiente, es un Ruy Díaz atildado. Es de tan
-sano corazón, que siempre le hallarán en el cuartel de la salud. No es
-nada vanaglorioso y así suele decir que más quiere escudos, que armas.
-En dando un espaldar al enemigo, acude al consejo con un peto y así
-es tenido por un buen soldado, muy aplaudido y en competencia de dos
-Bernardos está consultado en un generalato. Y dicen que él será el
-hombre y los otros se lo jugarán. Que aquí más importa el parecer, que
-el ser.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Sabiduría<br />aparente.</i></span></p>
-
-<p>Aquel otro es tenido por un pozo de sabiduría, más honda que
-profunda. Y él dice que en eso está su gozo. Aquí más valen testos, que
-testa. Nunca se cansa de estudiar. Su mayor conceto dice ser el que
-dél se tiene y aun todos los ajenos nos vende por suyos, que para eso
-compra los libros. De letras, menos de la mitad basta y lo demás de
-fortuna. Que el aplauso más ruido hace en vacío. Y al fin, más fácil es
-y menos cuesta el ser tenido por docto, por valiente y por bueno, que
-el serlo.</p>
-
-<p>¿De qué sirven, preguntó Andrenio, tantas estatuas como aquí
-tenéis?</p>
-
-<p>¡Oh!, dijo el Ermitaño, son ídolos de la imaginación, fantasmas de
-la apariencia. Todas están vacías y hacemos creer que están llenas
-de sustancia y solidez. Métese uno por dentro en la de un sabio y
-húrtale la voz y las palabras; otro en la de un señor y á todos manda
-y todos sin réplica le obedecen, pensando que habla el poderoso y no
-es sino un vergante. Ésta tiene la nariz de cera, que se la tuercen y
-retuercen como quie<span class="pagenum" id="Page_11">p. 11</span>ren
-la información y la pasión, ya al derecho, ya al siniestro, y ella
-pasa por todo. Mirad bien, reparad en aquel ministro de Justicia, ¡qué
-celoso, qué justiciero se muestra! No hay alcalde Ronquillo rancio ni
-fresco Quiñones, que le llegue. Con nadie se ahorra y con todos se
-viste, á todos les va quitando las ocasiones del mal, para quedarse con
-ellas. Siempre va en busca de ruindades y con ese título entra en todas
-las casas ruines libremente, desarma los valientes y hace en su casa
-una armería. Destierra los ladrones, por quedar él solo. Siempre va
-repitiendo ¡justicia! mas no por su casa. Y todo esto con buen título y
-aun colorado.</p>
-
-<p>Vieron otros dos, que con nombre de celosos eran dos grandísimos
-impertinentes. Todo lo querían remediar y todo lo inquietaban, sin
-dejar vivir á nadie, diciendo se perdía el mundo y ellos eran los
-más perdidos. Á esta traza iban encontrando raros milagros de la
-apariencia, estrañas maravillas de la hipocresía, que engañaran á un
-Ulises.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Oficina<br />de hipócritas.</i></span></p>
-
-<p>Cada día acontece, ponderaba el Ermitaño, salir de aquí un sujeto,
-amoldado en esta oficina, instruído en esta escuela, en competencia
-de otro de aquella de arriba, de la verdadera y sólida virtud,
-pretendiendo ambos una dignidad, y parecer éste mil veces mejor,
-hallar más favor, tener más amigos y quedarse el otro corrido y aun
-cansado. Porque los más en el mundo no conocen ni examinan lo que cada
-uno es; sino lo que parece. Y creedme que de lejos tanto brilla un
-claveque como un diamante. Pocos conocen las finas virtudes ni saben
-distinguirlas de las falsas. Veis allí un hombre más liviano que un
-bofe y parece en lo exterior más grave que un presidente.</p>
-
-<p>¿Cómo es eso?, dijo Andrenio. Que querría aprender esta arte de
-hacer parecer. ¿Cómo se hacen estos plausibles milagros?</p>
-
-<p>Yo os lo diré. Aquí tenemos variedad de formas para amoldar
-cualquier sujeto, por incapaz que sea, y ajustarle de pies á cabeza.
-
-<span class="sidenote"><i>Arte<br />de artimaña.</i></span>
-
-Si pretende alguna dignidad, le hacemos luego car<span class="pagenum"
-id="Page_12">p. 12</span>gado de espaldas; si casamiento, que ande
-más derecho que un huso; y, aunque sea un chisgaravís, le hacemos
-que muestre autoridad, que ande á espacio, hable pausado, arquee las
-cejas, pare gesto de ministro y de misterio, y para subir alto, que
-hable bajo. Ponémosle unos antojos, aunque vea más que un lince, que
-autorizan grandemente. Y más, cuando los desenvaina y se los calza en
-una gran nariz y se pone á mirar de á caballo, hace estremecer los
-mirados.</p>
-
-<p>Á más desto tenemos muchas maneras de tintes, que de la noche á la
-mañana transfiguran las personas, de un cuervo en un cisne callado y
-que, si hablare, sea dulcemente, palabras confitadas. Si tenía piel de
-víbora, le damos un baño de paloma, de modo, que no muestre la hiel,
-aunque la tenga, ni se enoje jamás, porque se pierde en un instante
-de cólera cuanto se ha ganado de crédito y de juicio en toda la
-vida. Mucho menos muestre asomo de liviandad ni en el dicho ni en el
-hecho.</p>
-
-<p>Vieron uno, que estaba escupiendo y haciendo grandes ascos.</p>
-
-<p>¿Qué tiene éste?, preguntó Andrenio.</p>
-
-<p>Acércate y le oirás decir mucho mal de las mujeres y de sus
-trajes.</p>
-
-<p>Cerraba los ojos por no verlas.</p>
-
-<p>Éste sí, dijo el Ermitaño, que es cauto.</p>
-
-<p>Más valiera casto, replicó Critilo. Que desta suerte abrasan muchos
-el mundo en fuego de secreta lujuria. Introdúcense en las casas como
-golondrinas, que entran dos y salen seis.</p>
-
-<p>Mas ahora, que hemos nombrado mujeres, díme, ¿no hay clausura para
-ellas? Pues de verdad, que pueden profesar de enredo.</p>
-
-<p>Sí le hay, dijo el Ermitaño. Convento hay y bien malignante: Dios
-nos defienda de su multitud. Aquí están de parte.</p>
-
-<p>Y asomóles á una ventana para que viesen de paso, no de propósito,
-su proceder. Vieron ya unas muy devotas, aunque<span class="pagenum"
-id="Page_13">p. 13</span> no de San Lino ni de San Hilario, que no
-gustan de devociones al uso, sí de San Alejos y de toda romería.</p>
-
-<p>Aquélla, que allí se aparece, dijo el Ermitaño, es la viuda
-recatada, que cierra su puerta al <i>Ave María</i>. Mira la doncella, qué
-puesta en pretina, no sea <i>en cinta</i>.
-
-<span class="sidenote"><i>Profesas<br />de enredo.</i></span>
-
-Aquella otra es una bella casada. Tiénela su marido por una santa y
-ella le hace fiestas, cuando menos de guardar. Á esta otra nunca le
-faltan joyas, porque ella lo es buena. Á aquélla la adora su marido:
-será porque lo dora. No gusta de galas, por no gastar la hacienda, y
-gástale la honra. De aquélla dice su marido que metería las manos en un
-fuego por ella. Más valiera que las pusiera en ella y apagara el de su
-lujuria.</p>
-
-<p>Estaba una riñendo unas criadas pequeñas, porque brujuleó no sé qué
-ceños, y ella con mayor decía:</p>
-
-<p>En esta casa no se consiente ni aun el pensamiento.</p>
-
-<p>Y repetía entre dientes la criada el eco. Desta otra anda siempre
-predicando su madre lo que ella no se confiesa. Decía otra buena madre
-de su hija:</p>
-
-<p>Es una bienaventurada.</p>
-
-<p>Y era así, que siempre quisiera estar en gloria.</p>
-
-<p>¿Cómo están tan descoloridas aquéllas?, reparó Andrenio.</p>
-
-<p>Y el Ermitaño:</p>
-
-<p>Pues no es de malas; sino de puro buenas. Son tan mortificadas,
-que echan tierra en lo que comen, no sea barro. Mira qué celosas se
-muestran éstas; más valiera celadas.</p>
-
-<p>¿Nunca llegamos, dijo Critilo, á ver esta virtud acomodada, esta
-prelada suave, esta plática bondad?</p>
-
-<p>No tardaremos mucho, respondió el Ermitaño: que ya entramos en el
-refitorio, donde estará sin duda haciendo penitencia.</p>
-
-<p>Fueron entrando y descubriendo cuerpo y cuerpo y más cuerpo, al fin
-una mujer toda carne y nada espíritu. Tenía el gesto estragado; mas no
-el gusto, desmentidor del regalo.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Engañamundo.</i></span></p>
-
-<p>Y cuanto más amarillo, dice que tiene mejor color.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_14">p. 14</span></p>
-
-<p>Hasta el rosario era de palo santo y tenía por estremo, que siempre
-anda por ellos, una muerte para darse mejor vida. Estaba sentada,
-que no podía tenerse en pie, equivocando regüeldos con suspiros, muy
-rodeada de novicios del mundo, dándoles liciones de saber vivir.</p>
-
-<p>No me seáis simples, les decía; aunque lo podéis mostrar. Que es
-gran ciencia saber mostrar no saber. Sobre todo os encomiendo el recato
-y el no escandalizar.</p>
-
-<p>Ponderábales la eficacia de la apariencia.</p>
-
-<p>Aquí está todo en el bienparecer, que ya en el mundo no se atiende á
-lo que son las cosas; sino á lo que parecen. Porque, mirad, decía, unas
-cosas hay que ni son ni lo parecen y ésa es ya necedad. Que, aunque no
-sea de ley, procure parecerlo. Otras hay que son y lo parecen y eso no
-es mucho. Otras que son y no parecen y ésa es la suma necedad. Pero el
-gran primor es no ser y parecerlo. Eso sí que es saber. Cobrad opinión
-y conservadla, que es fácil. Que los más viven de crédito. No os metáis
-en estudiar; pero alabaos con arte. Todo médico y letrado han de ser
-de ostentación. Mucho vale el pico: que hasta un papagayo, porque le
-tiene, halla cabida en los palacios y ocupa el mejor balcón. Mirá que
-os digo que, si sabéis vivir, os sabréis acomodar y sin trabajo alguno,
-sin que os cueste cosa. Sin sudar ni reventar, os he de sacar personas.
-Por lo menos que lo parezcáis, de modo, que podáis ladearos con los
-más verdaderos virtuosos, con el más hombre de bien. Y si no, tomad
-ejemplo en la gente de autoridad y de experiencia y veréis lo que han
-aprovechado con mis reglas y en cuán grande predicamento están hoy en
-el mundo ocupando los mayores puestos.</p>
-
-<p>Estaba tan admirado Andrenio, cuan pagado de tan barata felicidad,
-de una virtud tan de balde, sin violencias, sin escalar montañas de
-dificultades, sin pelear con fieras, sin correr agua arriba, sin
-remar ni sudar. Trataba ya de tomar el hábito de una buena capa, para
-toda libertad y profesar de hi<span class="pagenum" id="Page_15">p.
-15</span>pócrita, cuando Critilo, volviéndose al Ermitaño, le
-preguntó:</p>
-
-<p>Díme, por tu vida larga, si no buena, ¿con esta virtud fingida
-miremos nosotros conseguir la felicidad verdadera?</p>
-
-<p>¡Oh, pobre de mí!, respondió el Ermitaño: en eso hay mucho que
-decir. Quédese para otra sitiada.</p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_2_8">
- <h3 class="g1 ws1">CRISI VIII</h3>
- <p class="subh3c"><i>Armería del valor.</i></p>
-</div>
-
-<p>Estando ya sin virtud el Valor, sin fuerzas, sin vigor, sin brío
-á punto de espirar, dícese que acudieron allá todas las naciones,
-instándole hiciese testamento en su favor y les dejase sus bienes.</p>
-
-<p>No tengo otros, que á mí mismo, les respondió.
-
-<span class="sidenote"><i>Testamento<br />del valor.</i></span>
-
-Lo que yo os podré dejar será este mi lastimoso cadáver, este esqueleto
-de lo que fuí. Id llegando, que yo os lo iré repartiendo.</p>
-
-<p>Fueron los primeros los italianos, porque llegaron primeros pidieron
-la testa.</p>
-
-<p>Yo os la mando, dijo. Seréis gente de gobierno, mandaréis el mundo á
-entrambas manos.</p>
-
-<p>Inquietos los franceses, fuéronse entremetiendo y, deseosos de tener
-mano en todo, pidieron los brazos.</p>
-
-<p>Temo, dijo, que, si os los doy, habéis de inquietar todo el mundo.
-Seréis activos, gente de brazo. No pararéis un punto. Malos sois para
-vecinos.</p>
-
-<p>Pero los ginoveses de paso les quitaron las uñas, no dejándoles ni
-con qué asir ni con qué detener las cosas. Pero á los españoles les han
-dado tan valientes pellizcos en su plata, que no hiciera más una bruja,
-chupándoles la sangre, cuando más dormidos.</p>
-
-<p>Item más, dejo el rostro á los ingleses. Seréis lindos, unos
-ángeles; mas temo que, como las hermosas, habéis de ser fáci<span
-class="pagenum" id="Page_16">p. 16</span>les en hacer cara á un
-Calvino, á un Lutero y al mismo diablo. Sobre todo, guardaos no os
-vea la vulpeja, que dirá luego aquello de ¡hermosa fachata, mas sin
-cerebro!</p>
-
-<p>Muy atentos los venecianos, pidieron los carrillos. Riéronse los
-demás; pero el Valor:</p>
-
-<p>No lo entendéis, les dijo: dejad, que ellos comerán con ambos y con
-todos.</p>
-
-<p>Mandó la lengua á los sicilianos y, habiendo duda entre ellos y
-los napolitanos, declaró que á las dos Sicilias. Á los irlandeses el
-hígado. El talle á los alemanes.</p>
-
-<p>Seréis hombres de gentil cuerpo; pero mirá que no lo estiméis más
-que el alma.</p>
-
-<p>La melsa á los polacos, el liviano á los moscovitas. Todo el vientre
-á los flamencos y holandeses.</p>
-
-<p>Con tal que no sea vuestro Dios.</p>
-
-<p>El pecho á los suecos. Las piernas á los turcos, que con todos
-pretenden hacerlas y, donde una vez meten el pie, nunca más lo
-levantan.</p>
-
-<p>Las entrañas á los persas, gente de buenas entrañas.</p>
-
-<p>Á los africanos los huesos, que tengan que roer, como quien son.</p>
-
-<p>Las espaldas á los chinos, el corazón á los japoneses, que son los
-españoles del Asia, y el espinazo á los negros.
-
-<span class="sidenote"><i>Manda á los Españoles.</i></span>
-
-Llegaron los últimos los españoles, que habían estado ocupados en sacar
-huéspedes de su casa, que vinieron de allende á echarlos de ella.</p>
-
-<p>¿Qué nos dejas á nosotros?, le dijeron:</p>
-
-<p>Y él:</p>
-
-<p>Tarde llegáis: ya está todo repartido.</p>
-
-<p>¿Pues á nosotros, replicaron, que somos tus primogénitos qué menos
-que un mayorazgo nos has de dejar?</p>
-
-<p>No sé ya qué daros. Si tuviera dos corazones, vuestro fuera el
-primero; pero mirá, lo que podéis hacer es que, pues todas las naciones
-os han inquietado, revolved contra ellas y lo que<span class="pagenum"
-id="Page_17">p. 17</span> Roma hizo antes, haced vosotros después: dad
-contra todas, repelad cuanto pudiéredes, en fe de mi permisión.</p>
-
-<p>No lo dijo á los sordos. Hanse dado tan buena maña, que apenas
-hay nación en el mundo, que no la hayan dado su pellizco, y á pocos
-repelones se hubieran alzado con todo el Valor de pies á cabeza.</p>
-
-<p>Esto les iba exagerando á Critilo y Andrenio á la salida de Francia
-por la Picardía un hombre, que lo era y mucho. Pues, así como tienen
-unos cien ojos para ver y otros cien manos para obrar, éste tenía cien
-corazones para sufrir y todo él era corazón.</p>
-
-<p>¿Saldréis, decía, con cariño de la Francia?</p>
-
-<p>No por cierto, le respondieron, cuando sus mismos naturales la dejan
-y los estranjeros no la buscan.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Francia<br />definida.</i></span></p>
-
-<p>¡Gran provincia!, dijo el de los cien corazones.</p>
-
-<p>Sí, respondió Critilo, si se contentase con sí misma.</p>
-
-<p>¡Qué poblada de gentes!</p>
-
-<p>Pero no de hombres.</p>
-
-<p>¡Qué fértil!</p>
-
-<p>Mas no de cosas sustanciales.</p>
-
-<p>¡Qué llana y qué agradable!</p>
-
-<p>Pero combatida de los vientos, de donde se les origina á sus
-naturales la ligereza.</p>
-
-<p>¡Qué industriosa!</p>
-
-<p>Pero mecánica.</p>
-
-<p>¡Qué laboriosa!</p>
-
-<p>Pero vulgar.</p>
-
-<p>La provincia más popular, que se conoce. ¡Qué belicosos y gallardos
-sus naturales!</p>
-
-<p>Pero inquietos: los duendes de la Europa en mar y tierra. Son un
-rayo en los primeros acometimientos y un desmayo en los segundos.</p>
-
-<p>Son dóciles.</p>
-
-<p>Sí; pero fáciles.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_18">p. 18</span></p>
-
-<p>Oficiosos.</p>
-
-<p>Pero despreciables y esclavos de las otras naciones. Emprenden
-mucho y ejecutan poco y conservan nada. Todo lo emprenden y todo lo
-pierden.</p>
-
-<p>¡Qué ingeniosos! ¡qué vivos! ¡y qué prontos!</p>
-
-<p>Pero sin fondo.</p>
-
-<p>No se conocen tontos entre ellos.</p>
-
-<p>Ni doctos, que nunca pasan de una medianía.</p>
-
-<p>Es gente de gran cortesía.</p>
-
-<p>Mas de poca fe, que hasta sus mismos Enricos no viven esentos de sus
-alevosos cuchillos.</p>
-
-<p>Son laboriosos.</p>
-
-<p>Así es, al paso que codiciosos.</p>
-
-<p>No me podéis negar que han tenido grandes reyes.</p>
-
-<p>Pero los más de poquísimo provecho.</p>
-
-<p>Tienen bizarras entradas para hacerse señores del mundo.</p>
-
-<p>¡Pero, qué desairadas salidas! Que, si entran á laudes, salen á
-vísperas.</p>
-
-<p>Acuden con sus armas á amparar cuantos se socorren de ellas.</p>
-
-<p>Es que son los rufianes de las provincias adúlteras.</p>
-
-<p>¿Son aprovechados?</p>
-
-<p>Sí y tanto, que estiman más una onza de plata, que un quintal de
-honra. El primer día son esclavos; pero el segundo amos, el tercero
-tiranos insufribles. Pasan de estremo á estremo sin medio: de humanos
-á insolentísimos. Tienen grandes virtudes y tan grandes vicios, que
-no se puede fácilmente averiguar cuál sea el rey, y al fin, ellos son
-antípodas de los españoles.</p>
-
-<p>Pero decidme, ¿cómo fué aquello del Ermitaño? ¿Qué salida dió á la
-sagaz pregunta de Critilo?</p>
-
-<p>Confesóme que á la virtud aparente no le corresponde premio sólido
-ni verdadero. Que bien se les puede echar dado falso á los hombres;
-pero que Dios no es reído. Oyendo esto, hicímonos del ojo y, en viendo
-la nuestra, tratamos de colgar<span class="pagenum" id="Page_19">p.
-19</span> el mal hábito de fingidos y saltar las bardas de la vil
-hipocresía.</p>
-
-<p>¡Oh, qué bien hicistes! Porque el gozo del hipócrita no dura un
-instante entero, es como un punto. Entended una verdad, que de cien
-leguas se conoce la que es verdadera virtud ó falsa. Está ya muy
-despabilada la advertencia. Luego le conocen á uno de qué pie se mueve
-y de cuál cojea. Al paso que el engaño anda metafísico, también la
-cautela sutil le va á los alcances, y por más capa que tome de bondad,
-no se le escapa de vicio. La virtud sólida y perfecta es la que puede
-salir á vistas del cielo y de la tierra. Ésa la que vale y dura, que es
-tenida por clara y por eterna. La bellísima Virtelia es la que importa
-buscar y no parar hasta hallarla; aunque sea pasando por picas y por
-puñales, que ella os encaminará á vuestra Felisinda, en cuya busca toda
-la vida vais peregrinando.</p>
-
-<p>Animábales mucho á emprender aquel montón de dificultades, que tan
-acobardado tenía á Andrenio.</p>
-
-<p>Ea, acaba, le decía: que esa tu cobarde imaginación te pinta aquel
-leonazo del camino muy más bravo de lo que es. Advierte que muchos
-tiernos mancebos y delicadas doncellitas le han desquijarado.</p>
-
-<p>¿De qué suerte?, preguntó Andrenio.</p>
-
-<p>Armándose primero muy bien y peleando mejor después: que todo lo
-vence una resolución gallarda.</p>
-
-<p>¿Qué armas son ésas y dónde las hallaremos?</p>
-
-<p>Venid conmigo, que yo os llevaré donde las podréis escoger, si no al
-gusto, al provecho.</p>
-
-<p>Íbanle ya siguiendo y razonando.</p>
-
-<p>¿Qué importa, decía, sobren armas, si falta el Valor? Eso, más sería
-llevarlas para el enemigo.</p>
-
-<p>¿De modo, que ya finó el Valor?, preguntó Critilo.</p>
-
-<p>Sí, ya acabó, respondió él. Ya no hay Hércules en el mundo, que
-sujeten monstruos, que deshagan entuertos, agravios y tiranías; que las
-hagan, sí; que las conserven, también, obrando cien mil monstruosidades
-cada día. Un solo Caco había en<span class="pagenum" id="Page_20">p.
-20</span>tonces, un embustero sólo, un ladrón en toda una ciudad; y
-ahora en cada esquina hay el suyo y cada casa es su cueva. Muchos
-Anteos, hijos del siglo, nacidos del polvo de la tierra. ¡Pues harpías
-agarradoras, hidras de siete cabezas y de siete mil caprichos, jabalís
-de su torpeza, leones de su soberbia! Todo está hirviendo de monstruos
-adocenados, sin hallarse ya quien tenga valor para pasar las columnas
-de la fortaleza y fijarlas en los fines de los humanos intentos,
-poniendo término á sus quimeras.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>El valor<br />apurado.</i></span></p>
-
-<p>¡Qué poco duró el Valor en el mundo!, dijo Andrenio.</p>
-
-<p>Poco: que el hombre valiente y aquellas sus camaradas nunca duran
-mucho.</p>
-
-<p>¿Y de qué murió?</p>
-
-<p>De veneno.</p>
-
-<p>¡Qué lástima!</p>
-
-<p>Si fuera en una inmortal, por tan mortal, batalla de Norlinguen, en
-un sitio de Barcelona, pase: que un buen fin toda la vida corona; ¿pero
-de veneno? ¡Hay tal fatalidad! ¿Y en qué se le dieron?</p>
-
-<p>En unos polvos más letíferos, que los de Milán; más pestilentes, que
-los de un royo, de un malsín, de un traidor, de una madrastra, de un
-cuñado y de una suegra.</p>
-
-<p>¿Diráslo porque estos valientes siempre acaban levantando
-polvaredas, que paran en lodos de sangre?</p>
-
-<p>No; sino con toda realidad digo que la malicia humana se ha
-adelantado de modo, que no deja de obrar á los venideros. Ella ha
-inventado ciertos polvos tan venenosos y tan eficaces, que han sido
-la peste y la ruina de todos los grandes hombres. Y desde que éstos
-corren y aun vuelan, no ha quedado hombre de valor en el mundo. Con
-todos los famosos han acabado. No hay que tratar ya de Cides ni de
-Roldanes, como en otros tiempos. Fuera ahora Hércules juguete, viviera
-Sansón de milagro. Dígoos que han desterrado del mundo la valentía y la
-braveza.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_21">p. 21</span></p>
-
-<p>¿Y qué polvos son esos tan traidores?, preguntó Critilo. ¿Son acaso
-de basiliscos molidos? ¿De entrañas de víboras destiladas? ¿De colas de
-escorpiones? ¿De ojos envidiosos ó lascivos? ¿De intenciones torcidas?
-¿De voluntades malévolas? ¿De lenguas maldicientes? ¿Hase vuelto á
-quebrar otra redomilla en Delfos, apestando toda la Asia?</p>
-
-<p>Aún son peores y, aunque dicen componerse de aquel alcrebite
-infernal, del salitre estigio y de carbones alentados á esternudos
-del demonio; pero yo digo que del corazón humano, que excede á la
-intratabilidad de las Furias, á la inexorabilidad de las Parcas, á la
-crueldad de la guerra, á la tiranía de la muerte. Que no puede ser otro
-una invención tan sacrílega, tan execrable, tan impía y tan fatal,
-
-<span class="sidenote"><i>Estragos<br />de la pólvora.</i></span>
-
-como es la pólvora, dicha así, porque convierte en polvo el género
-humano. Ésta ha acabado con los Héctores de Troya, con los Aquiles de
-Grecia, con los Bernardos de España. Ya no hay corazón ni valen fuerzas
-ni aprovecha la destreza. Un niño derriba un gigante, un gallina hace
-tiro á un león y al más valiente el cobarde, con que ya ninguno puede
-lucir ni campear.</p>
-
-<p>Antes ahora, dijo Critilo, he oído ponderar que está más adelantado
-el valor, que antes. Porque ¿cuánto más corazón es menester para
-meterse un hombre por cien mil bocas de fuego? ¿Cuánto más ánimo para
-esperar un torbellino de bombardas, hecho terrero de rayos? Ése sí que
-es valor; que todo lo antiguo fué niñería. Ahora está el valor en su
-punto, que es en un corazón intrépido; que entonces en un buen brazo,
-en tener más fuerza que un gañán, en los jarretes de un salvaje.</p>
-
-<p>Engáñase de barra á barra quien tal dice. ¡Qué dictamen tan exótico
-y errado!
-
-<span class="sidenote"><i>Temeridad<br />valerosa.</i></span>
-
-Pues ése, que él celebra, no es valor ni lo conoce; no es sino
-temeridad y locura, que es muy diferente.</p>
-
-<p>Ahora digo, confirmó Andrenio, que la guerra es para temerarios
-y aun por eso diría aquel gran hombre, tan celebrado de prudente en
-España, en la primera batalla y la última en que se halló, oyendo
-zumbir las balas:</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_22">p. 22</span></p>
-
-<p>¿Es posible, que desto gustaba mi padre?</p>
-
-<p>Y hanle seguido muchos, confirmándose en su opinión tan segura.
-Siempre oí decir que desde que riñeron la Valentía y la Cordura, nunca
-más han hecho paz. Aquélla salió de sus casillas á campaña y ésta se
-apeló el juicio.</p>
-
-<p>No tienes razón, dijo el Valeroso. ¿Qué hiciera la fortaleza,
-sin la prudencia? Que por eso en la varonil edad está en su sazón,
-y del valor tomó el renombre de varonil. Es en ella valor lo que en
-la mocedad audacia y en la vejez recelo. Aquí está en un medio muy
-proporcionado.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Armería<br />victoriosa.</i></span></p>
-
-<p>Llegaron ya á una gran casa, tan fuerte como capaz. Dieron y tomaron
-el nombre: que aquí se cobra la fama. Entraron dentro y vieron un
-espectáculo de muchas maravillas del valor, de instrumentos prodigiosos
-de la fortaleza. Era una armería general de todas armas antiguas y
-modernas, calificadas por la experiencia y á prueba de esforzados
-brazos, de los más valientes hombres, que siguieron los pendones
-marciales. Fué gran vista lograr juntos todos los trofeos del valor,
-espectáculo bien gustoso y gran empleo de la admiración.</p>
-
-<p>Acercaos, decía, reconocé y estimá tanto y tan ejecutivo portento de
-la fama.</p>
-
-<p>Pero salteóle de pronto un intensísimo sentimiento á Critilo, que le
-apretó el corazón hasta exprimirle por los ojos. Reparando en ello el
-Valeroso, solicitó la causa de su pena y él:</p>
-
-<p>¿Es posible, dijo, que todos esos fatales instrumentos se forjaron
-contra una tan frágil vida? Si fuera para conservarla, estuviera bien:
-merecían toda recomendación; ¿pero para ofendella y destruilla, contra
-una hoja, que se la lleva el viento, tantas hojas afiladas ostentan
-su potencia? ¡Oh, infelicidad humana, que haces trofeo de tu misma
-miseria!</p>
-
-<p>Señor, los filos deste alfanje cortaron el hilo de la vida á un
-famoso rey don Sebastián, digno de la vida de cien Néstores. Este
-otro, la del desdichado Ciro, rey de Persia. Esta saeta fué<span
-class="pagenum" id="Page_23">p. 23</span> la que atravesó el lado al
-famoso rey don Sancho de Aragón y esta otra al de Castilla.</p>
-
-<p>¡Malditos sean tales instrumentos y execrable su memoria! No los vea
-yo de mis ojos. Pasemos adelante.</p>
-
-<p>Esta tan luciente espada, dijo el Valeroso, fué la celebrada de
-Jorge Castrioto y esta otra del marqués de Pescara.</p>
-
-<p>Déjamelas ver muy á mi gusto.</p>
-
-<p>Y después de bien miradas, dijo:</p>
-
-<p>No me parecen tan raras como yo pensaba. Poco se diferencian de las
-otras. Muchas he visto yo de mejor temple y no de tanta fama.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Trofeos<br />del valor.</i></span></p>
-
-<p>Es que no ves los dos brazos, que las movían, que en ellos consistía
-la braveza.</p>
-
-<p>Vieron otras dos, todas teñidas en sangre desde la punta al pomo,
-muy parecidas.</p>
-
-<p>Estas dos están de competencia. ¿Cuál venció más batallas campales y
-cúyas son?</p>
-
-<p>Ésta es del rey don Jaime el Conquistador y esta otra del Cid
-castellano.</p>
-
-<p>Yo me atengo á la primera, como más provechosa y quédese el aplauso
-para la segunda, más fabulosa. ¿Dónde está la de Alejandro Magno, que
-deseo mucho verla?</p>
-
-<p>No os canséis en buscarla, que no está aquí.</p>
-
-<p>¿Cómo no, habiendo conquistado todo un mundo?</p>
-
-<p>Porque no tuvo valor para vencerse á sí, mundo pequeño: sujetó toda
-la India; mas no su ira. Tampoco hallaréis la de César.</p>
-
-<p>¿Ésa no, cuando yo creí fuera la primera?</p>
-
-<p>Tampoco, porque gastó más sus aceros contra los amigos y segó las
-cabezas más dignas de vida.</p>
-
-<p>Algunas hay aquí, que, aunque buenas, parecen quedar cortas.</p>
-
-<p>No dijera eso el conde de Fuentes, á quien ninguna le pareció
-corta, con avanzarse, decía, un paso más al contrario. Es<span
-class="pagenum" id="Page_24">p. 24</span>tas tres son de los famosos
-franceses, Pepino, Carlo Magno y Luis Nono.</p>
-
-<p>¿No hay más francesas?, preguntó Critilo.</p>
-
-<p>No sé yo que haya más.</p>
-
-<p>Pues ¿habiendo habido en Francia tan insignes reyes, tantos Pares
-sin par y tan valerosos Mariscales? ¿Dónde están las de los dos
-Virones? ¿La del grande Enrico Cuarto? ¿Cómo no más de tres?</p>
-
-<p>Porque esas tres solas emplearon su valor contra los moros; todas
-las demás contra cristianos.</p>
-
-<p>Muy metida en su vaina vieron una, cuando todas las otras estaban
-desnudas, ya brillantes, ya sangrientas. Riéronlo mucho; mas el
-Valeroso:</p>
-
-<p>De verdad, dijo, que es heroica y llamada por antonomasia la
-grande.</p>
-
-<p>¿Cómo no está desnuda?</p>
-
-<p>Porque el Gran Capitán, su gran dueño, decía que la mayor valentía
-de un hombre consistía en no empeñarse ni verse obligado á sacarla.</p>
-
-<p>Tenía otra muy brillante contera de oro fino y dijo:</p>
-
-<p>Ésta fué la que echó á su vitoriosa espada el marqués de Leganés,
-derrotando al Invencible vencido.</p>
-
-<p>Deseó Andrenio saber cuál había sido la mejor espada del mundo.</p>
-
-<p>No es fácil de averiguar, dijo el Valeroso; pero yo diría, que la
-del rey Católico don Fernando.</p>
-
-<p>¿Y por qué no la de un Héctor, de un Aquiles, replicó Critilo, más
-célebres y plausibles, por tan decantadas de los poetas?</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>La mejor<br />espada.</i></span></p>
-
-<p>Yo lo confieso, respondió; pero ésta, no tan ruidosa, fué más
-provechosa y la que conquistó la mayor monarquía, que reconocieron los
-siglos. Esta hoja del Rey Católico y aquel arnés del rey Filipo el
-Tercero pueden salir dondequiera que haya armas: aquélla para adquirir
-y éste para conservar.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_25">p. 25</span></p>
-
-<p>¿Cuál es ese arnés tan heroico de Filipo?</p>
-
-<p>Mostróles uno todo escamado de doblones y reales de á ocho
-alternados y ajustados unos sobre otros como escamas, haciendo una
-ricamente hermosa vista.</p>
-
-<p>Éste, dijo el Valeroso, fué el más eficaz, el más defensivo de
-cuantos hubo en el mundo.</p>
-
-<p>¿En qué guerra lo vistió su gran dueño, que nunca tuvo ocasión de
-armarse ni se vió jamás obligado á pelear?</p>
-
-<p>Antes fué para no pelear, para no tener ocasión. En fe déste,
-después de la asistencia del cielo, conservó su grande y dichosa
-monarquía sin perder una almena. Que es mucho más el conservar, que el
-conquistar. Y así decía uno de sus mayores ministros:</p>
-
-<p>Quien posee no pleitee y quien está de ganancia no baraje.</p>
-
-<p>Entre tantos y tan lucientes aceros campeaba un bastón muy basto;
-pero muy fuerte. Hízole novedad á Andrenio y dijo:</p>
-
-<p>¿Quién metió aquí este ñudoso palo?</p>
-
-<p>Su fama, respondió el Valeroso: no fué de algún gañán, como tú
-piensas, sino de un rey de Aragón, llamado el Grande, aquel que fué
-bastón de franceses, porque los abrumó á palos.</p>
-
-<p>Estrañaron mucho ver dos espadas negras y cruzadas entre tantas
-blancas, tan matantes.</p>
-
-<p>¿De qué sirven aquí éstas?, dijo Critilo, donde todo va de veras, y,
-aunque fuesen del bravo Carranza y del diestro Narváez, no merecen este
-puesto.</p>
-
-<p>No son, dijo, sino de dos grandes príncipes y muy poderosos, que,
-después de muchos años de guerra y haberse quebrado las cabezas con
-harta pérdida de dinero y gente, se quedaron como antes, sin haberse
-ganado el uno al otro un palmo de tierra: de modo, que al cabo más fué
-juego de esgrima, que guerra verdadera.</p>
-
-<p>Aquí echo menos, dijo Andrenio, las de muchos capitanes muy
-celebrados, por haber subido de soldados ordinarios á gran fortuna.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_26">p. 26</span></p>
-
-<p>¡Oh, dijo el Valeroso!, aquí se hallan y se estiman algunas de ésas.
-Aquélla es del conde Pedro Navarro, la otra de García de Paredes. Allí
-está la del Capitán de las Nueces, que fueron más que el ruido de la
-fama. Y si faltan algunas, es porque fueron más ganchos, que estoques.
-Que algunos más han triunfado con los oros, que con las espadas.</p>
-
-<p>¿Qué se hizo la de Marco Antonio, aquel famoso romano competidor de
-Augusto?</p>
-
-<p>Ésa y otras iguales andan por esos suelos hechas pedazos á
-manos tan flacas como femeniles.
-
-<span class="sidenote"><i>Valor<br />justificado.</i></span>
-
-La de Aníbal la hallaréis en Capua, que, habiendo sido
-de acero, las delicias la ablandaron como de cera.</p>
-
-<p>¿Qué espada es aquella tan derecha y tan valiente, sin torcer á un
-lado ni á otro, que parece el fiel á las balanzas de la equidad?</p>
-
-<p>Ésa, dijo, siempre hirió por línea recta. Fué del <i>non plus ultra</i>
-de los Césares, Carlos V, que siempre la desenvainó por la razón y
-justicia. Al contrario, aquellos corvos alfanjes del bravo Mahometo, de
-Solimán y Selim, como siempre pelearon contra la fe, justicia, derecho
-y verdad, ocupando tiránicamente los ajenos estados, por eso están tan
-torcidos.</p>
-
-<p>Aguarda, ¿qué espada tan dorada es aquella, que tiene por pomo una
-esmeralda y toda ella está esmaltada de perlas? ¡Qué cosa tan rica! ¿No
-sabríamos cúya fué?</p>
-
-<p>Ésta, respondió alzando la voz el Valeroso, fué del tan celebrado
-después, como emulado antes, pero nunca bastantemente ni estimado ni
-premiado, don Fernando Cortés, Marqués del Valle.</p>
-
-<p>¿Que ésta es?, dijo Andrenio. ¡Cómo me alegro de verla! ¿Y es de
-acero?</p>
-
-<p>¿Pues de qué había de ser?</p>
-
-<p>Es que yo había oído decir que era de caña, por haber peleado contra
-indios, que esgrimían espadas de palo y vibraban lanzas de caña.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_27">p. 27</span></p>
-
-<p>He, que la entereza de la fama, siempre venció la emulación. Digan
-lo que quisieren éstos y aquéllos, que ésta con su oro dió aceros
-á todas las de España y en virtud de ella han cortado las demás en
-Flandes y en Lombardía.</p>
-
-<p>Vieron ya una tan nueva como lucida, atravesando tres coronas y
-amagando á otras.</p>
-
-<p>¡Qué espada tan heroicamente coronada!, ponderó Critilo. ¿Y quién es
-el valeroso y dichoso dueño de ella?</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>El Señor<br />D. Juan<br />de Austria.</i></span></p>
-
-<p>¿Quién ha de ser, sino el moderno Hércules, hijo del Júpiter de
-España, que va restaurando la monarquía, á corona por año?</p>
-
-<p>¿Qué tridente es aquel, que en medio de las aguas está fulminando
-fuego?</p>
-
-<p>Es del valeroso duque de Alburquerque, que quiere igualar por
-la valentía la fama de su gran padre, conseguida en Cataluña por
-gobierno.</p>
-
-<p>¿Qué arco sería aquel, que está hecho pedazos en el suelo y todos
-sus arpones rotos y despuntados? En lo pequeño parece juguete de algún
-rapaz; mas en lo fuerte de algún gigante.</p>
-
-<p>Ése, respondió, es uno de los más heroicos trofeos del Valor.</p>
-
-<p>¿Pues qué gran cosa, replicó Andrenio, rendir un niño y desarmarle?
-Ésa no la llames hazaña; sino melindre. Miren ¡qué clava de Hércules
-rompida, qué rayo de Júpiter desmenuzado, qué espada de Pablo de Parada
-hecha trozos!</p>
-
-<p>¡Oh, sí!, que es muy orgulloso el rapaz y cuanto más desnudo más
-armado, más fuerte cuando más flaco, más cruel cuando llorando, más
-certero cuando ciego. Creedme que es gran triunfo vencer al que á todos
-vence.</p>
-
-<p>Y dínos ¿quién le rindió?</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Triunfo<br />de la Castidad.</i></span></p>
-
-<p>¿Quién? De mil uno, aquel Fénis de la castidad, un Alfonso, un
-Filipo, un Luis de Francia. ¿Qué diréis de aquella copa hecha también
-pedazos, sembrados todos por tierra?</p>
-
-<p>¡Qué otro blasón ése, dijo Andrenio, y más siendo de vidrio!<span
-class="pagenum" id="Page_28">p. 28</span> ¡Qué gran cosa! Ésas más son
-hazañas de pajes, de que hacen ciento al día.</p>
-
-<p>Pues de verdad, ponderó el Valeroso, que era bien fuerte el que
-hacía la guerra con ella y que derribó á muchos. Del más bravo no hacía
-él más caso que de un mosquito.</p>
-
-<p>¿Qué, estaría hechizada?</p>
-
-<p>No, sino que hechizaba y les trastornaba á muchos el juicio. No dió
-Circe más bebedizos, que brindó con ésta un viejo.</p>
-
-<p>¿Y en qué transformaba las gentes?</p>
-
-<p>Los hombres en jimios y las mujeres en lobas. Él era un raro veneno,
-que apuntaba al cuerpo y hería el alma, al vientre, y pegaba en la
-mente. ¡Oh cuántos sabios hizo prevaricar! Y es lo bueno que todos los
-vencidos quedaban muy alegres.</p>
-
-<p>Pues bien está por tierra la que á tantos derribó y éste sea el
-blasón de los españoles.</p>
-
-<p>¿Qué otras armas son aquellas, preguntó Critilo, que se conoce bien
-su valor en su estimación,
-
-<span class="sidenote"><i>El mayor valor.</i></span>
-
-pues están conservadas en armarios de oro?</p>
-
-<p>Éstas, respondió el Valeroso, son las mejores, porque son
-defensivas.</p>
-
-<p>¡Qué escudos tan bizarros!</p>
-
-<p>Y aun los más son escudos.</p>
-
-<p>¿Este primero parece de cristal?</p>
-
-<p>Sí y, al punto que se carea con el enemigo, le deslumbra y le rinde.
-Es de la razón y verdad, con que el buen emperador Ferdinando Segundo
-triunfó del orgullo de Gustavo Adolfo y de otros muchos.</p>
-
-<p>Estos otros tan cortos y tan lunados ¿de quién son? Que parecen de
-algún alunado capricho.</p>
-
-<p>Éstos fueron de mujeres.</p>
-
-<p>¿De mujeres?, replicó Andrenio. ¿Y aquí, entre tanta valentía?</p>
-
-<p>Sí, que las amazonas sin hombres fueron más que hombres y
-los hombres entre mujeres son menos que mujeres. Éste que<span
-class="pagenum" id="Page_29">p. 29</span> aquí veis dicen está
-encantado, que por más golpes que le den, por más tiros que le hagan,
-no le hacen mella ni los mismos reveses de la Fortuna y esto á prueba
-de la paciencia del mismo don Gonzalo de Córdoba. Repara en aquel tan
-brillante.</p>
-
-<p>Parece moderno.</p>
-
-<p>Y es impenetrable, del sagaz y valeroso marqués de Mortara, que con
-su mucha espera y valor ha restaurado á Cataluña. Esta rodela acerada,
-grabada de tantas hazañas y trofeos, fué del primer conde de Ribagorza,
-cuyo valor prudente pudo hacerse lugar y aun campear al lado de tal
-padre y de un tal hermano.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>D. Alonso<br />de Aragón.</i></span></p>
-
-<p>Dióles curiosidad de entender una letra, que en un escudo decía:</p>
-
-<p>Ó con Este ó en Este.</p>
-
-<p>Ésa fué la noble empresa de aquel gran vencedor de reyes, en que
-quiso decir que ó con el escudo vitorioso ó en él muerto.</p>
-
-<p>Dióles mucho gusto ver en uno pintado un grano de pimienta por
-empresa.</p>
-
-<p>¿Cómo lo podrá divisar el enemigo?, dijo Andrenio.</p>
-
-<p>¡Oh!, dijo, que el famoso general Francisco González Pimienta se
-avanza tanto al enemigo, que le hace ver y aun probar su picante
-braveza.</p>
-
-<p>Vieron ya uno en forma de corazón.</p>
-
-<p>¿Éste debía ser de algún grande amartelado?, dijo Andrenio.</p>
-
-<p>No fué, sino de quien todo es corazón, hasta el mismo escudo, digo
-aquel gran descendiente del Cid, heredero de su ínclito valor, el duque
-del Infantado.</p>
-
-<p>Había una rodela hecha de una materia bien extraordinaria, ni usada
-ni conocida.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Valerosa<br />prudencia.</i></span></p>
-
-<p>Es, dijo, de la oreja de un elefante. Con ésta se armaba de igual
-valor á su mucha prudencia el marqués de Caracena.</p>
-
-<p>¡Qué brillante celada aquélla!, celebró Critilo.</p>
-
-<p>Sí lo es, dijo el Valeroso, y que celaba bien con ella sus intentos
-el rey don Pedro de Aragón, de tal arte que, si su misma camisa llegara
-á rastrearlos, al punto la abrasara.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_30">p. 30</span></p>
-
-<p>¿Qué casco es aquel tan capaz y tan fuerte?</p>
-
-<p>Éste fué para una gran testa, no menos que del duque de Alba,
-hombre de superlativo juicio y que no se dejaba vencer, no sólo de los
-enemigos, pero ni de los suyos, como Pompeyo en dar la batalla al César
-contra su propio dictamen.</p>
-
-<p>¿Es por dicha aquel relumbrante yelmo el de Mambrino?</p>
-
-<p>Por lo impenetrable ya pudiera; fué de don Felipe de Silva, de cuya
-gran cabeza dijo el bravo mariscal de la Mota le daba más cuidado, que
-seguridad sus pies impedidos de la gota. Mira aquel morrión del marqués
-Espinola, qué defendido está con el guardanaso de su gran sagacidad,
-que con la misma verdad deslumbró la atención del vivaz Enrico Cuarto.
-Todas estas armas son para la cabeza y más de hombres sagaces, que de
-mancebos audaces; tan importantes, que por eso este archivo es llamado
-con especialidad el retrete del valor.</p>
-
-<p>Aquí vieron muchas cartas hechas pedazos, esparcidas por el suelo y
-pisados sus caballos y sus reyes.</p>
-
-<p>Ya me parece, dijo Andrenio, que te oigo exagerar una gran batalla,
-que aquí se dió, y la gran vitoria conseguida.</p>
-
-<p>Por lo menos no me negarás, replicó el Valeroso, que hubo barajas.
-Que siempre se componen de espadas y oros y luego andan los palos. ¿No
-te parece que fué gran valor el de aquel, que, cogiendo entre sus dos
-manos una baraja, toda junta la tronchó de una vez?</p>
-
-<p>Ése, respondió Andrenio, más parece efecto de las grandes fuerzas de
-don Gerónimo de Ayanzo, que de un heroico valor.</p>
-
-<p>Por lo menos sería el día de su mayor ganancia, y ten por cierto que
-no hay valor igual, como escusar las barajas ni hay mejor salida de los
-empeños, que no empeñarse. ¿Quieres ver la mayor valentía del mundo?
-Llega y mira esas joyas, esas galas, esa bizarría pisada y hollada en
-ese duro suelo.</p>
-
-<p>Éste, replicó Andrenio, parece aderezo mujeril. Pues ¿qué gran
-vitoria fué despojar una femenil flaqueza, triunfar de una<span
-class="pagenum" id="Page_31">p. 31</span> bellísima ternura? ¿Qué
-arneses vemos aquí deshechos, qué yelmos abollados?</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Belleza<br />triunfante.</i></span></p>
-
-<p>Oh, sí, dijo, que esto fué triunfar de un mundo entero y retirarse
-al cielo la más aplaudida belleza de una Serenísima Señora Infanta,
-Sor Margarita de la Cruz, seguida después de Sor Dorotea, gloria mayor
-de Austria, que dejando de ser ángeles, pasaron á ser serafines en la
-religión de ellos. También son trofeo de un gran valor esas plumas de
-pavón esparcidas y estos airones de una altanera garza, penachos de su
-soberbia, ya despojos de una loca vanidad rendida.</p>
-
-<p>Pero lo que más le satisfizo fué ver hecha pedazos una afilada
-guadaña.</p>
-
-<p>Éste, sí, que es triunfo, exclamaron. ¡Que haya valor en un moro
-cristiano y en una reina María Estuarda, para despreciar la misma
-muerte!</p>
-
-<p>Trataron ya de armarse los dos conquistadores del monte de Virtelia.
-Iban escogiendo armas valientes, espadas de luz y de verdad, que á fuer
-de eslabones fulminasen rayos; escudos impenetrables de sufrimiento,
-yelmos de prudencia, arneses de fortaleza invencible. Y sobre todo el
-cuerdamente Valeroso les revistió muchos y generosos corazones, que no
-hay mayor compañía en los aprietos. Viéndose Andrenio tan bien armado,
-dijo:</p>
-
-<p>Ya no hay que temer.</p>
-
-<p>Sólo lo malo, le respondió, y lo injusto.</p>
-
-<p>Daba demostraciones de su gran gozo Critilo.</p>
-
-<p>Con razón, le dijo, te alegras, pues, aunque concurran en un varón
-todas las demás ventajas de sabiduría, nobleza, gracia de las gentes,
-riqueza, amistad, inteligencia, si el valor no las acompaña, todas
-quedan estériles, frustradas. Sin valor nada vale, todo es sin fruto.
-Poco importa que el consejo dicte, la prudencia prevenga, si el valor
-no ejecuta. Por eso la sabia naturaleza dispuso que el corazón y el
-celebro en la formación del hombre comenzasen á la par, para que fuesen
-juntos el el pensar y el obrar.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_32">p. 32</span></p>
-
-<p>Esto les estaba ponderando, cuando de repente interrumpió su
-discurso una viva arma, que se comenzó á tocar por todas partes.
-Acudieron prontos á tomar las armas y á ocupar sus puestos. Lo que fué
-y lo que les sucedió nos dirá la Crisi siguiente.</p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_2_9">
- <h3 class="g1 ws1">CRISI IX</h3>
- <p class="subh3c"><i>Anfiteatro de monstruosidades.</i></p>
-</div>
-
-<p>Pasaba un río y río de lo que pasa entre márgenes opuestas, coronada
-de flores la una y de frutos la otra; prado aquélla de deleites,
-así como ésta de seguridades. Escondíanse allí entre las rosas las
-serpientes, entre los claveles los áspides, y bramaban las hambrientas
-fieras, rodeando á quien tragarse. En medio de tan evidentes riesgos
-estaba descansando un hombre, si lo es un necio. Pues pudiendo pasar
-el río y meterse en salvo de la otra parte, se estaba muy descuidado,
-cogiendo flores, coronándose de rosas y de cuando en cuando volviendo
-la mira á contemplar el río y ver correr sus cristales.</p>
-
-<p>Dábale voces un cuerdo, acordándole su peligro y convidándole á
-pasarse de la otra banda, con menos dificultad hoy que mañana. Mas él
-muy á lo necio respondía que estaba esperando acabase de correr el río,
-para poderle pasar sin mojarse.</p>
-
-<p>Oh, tú, que haces mofa del fabulosamente necio, advierte que eres
-el verdadero, tú eres el mismo de quien te ríes: tanta y tan solemne
-es tu demencia, pues instándote que dejes los riesgos del vicio y te
-acojas á la banda de la virtud, respondes que aguardas acabe de pasar
-la corriente de los males.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Escusa<br />vulgar.</i></span></p>
-
-<p>Si le preguntáis al otro por qué no acaba de ajustarse con la
-razón, responde que está aguardando pase el arrebatado torrente de sus
-pasiones: que no quiere comenzar el camino de la virtud hoy, si ha de
-volver al del vicio mañana.</p>
-
-<p>Si le acordáis á la otra sus obligaciones, la afrenta que
-causa<span class="pagenum" id="Page_33">p. 33</span> á los propios y
-la murmuración á los extraños, dice que corre con todas, que así se
-usa, que con más edad tendrá más cordura.</p>
-
-<p>Consuélase aquél de no estudiar y dice que no piensa cansarse, pues
-no se premian letras ni se estiman méritos.</p>
-
-<p>Escúsase éste de no ser hombre de sustancia, diciendo que no hay
-quien lo sea. Todo está perdido, que no se usa la virtud; todos
-engañan, adulan, mienten, roban y viven de artificio. Y déjase
-arrebatar de la corriente de la maldad.</p>
-
-<p>El juez se lava las manos de que no hace justicia, con que todo está
-rematado y no sabe por dónde comenzar. Así que todos aguardan á que
-amaine el ímpetu de los vicios, para pasarse á la banda de la virtud.
-Mas es tan imposible el cesar los males, el acabarse los escándalos en
-el mundo, mientras haya hombres, como el parar los ríos; lo acertado es
-poner el pecho al agua y con denodado valor pasar de la otra banda al
-puerto de una seguridad dichosa.</p>
-
-<p>Peleando estaban ya los dos valerosos guerreros, que no es otra cosa
-la vida humana, que una milicia á la malicia,
-
-<span class="sidenote"><i>Milicia<br />contra malicia.</i></span>
-
-y á esto les habían tocado arma trecientos monstruos, causa deste
-rebato, que con los rayos de la razón descubrieron sus ardides; las
-atalayas en atenciones avisaron á los fuegos de su celo y éste al valor
-de ambos, que denodadamente los fueron persiguiendo y retirando, tanto,
-que llevados de su ardor en el alcance, se hallaron á las puertas de
-un hermosísimo palacio, primer fábrica del mundo, el más artificioso y
-bienlabrado, que jamás vieron, aunque habían admirado tantos. Ocupaba
-el centro de un ameno prado, con ambiciones de paraíso, de aquellos
-que no perdona el gusto. Su materia, aunque tierra, desmentida de los
-primores del arte, dejaba muy atrás la misma solar esfera. Obra al fin
-de grande artífice y fabricada para un príncipe grande.</p>
-
-<p>¿Si sería éste, dijo Andrenio, el tan alabado alcázar de Virtelia?
-Que una cosa tan perfecta no puede ser estancia, sino de<span
-class="pagenum" id="Page_34">p. 34</span> su grande perfección. Que tal
-suele ser el epiciclo, cual la estrella.</p>
-
-<p>Oh, no, dijo Critilo, que éste está á los pies del monte y aquél
-sobre su cabeza, aquél se empina hasta el cielo y éste se roza con el
-abismo, aquél entre austeridades y éste entre delicias.</p>
-
-<p>Esto ponderaban, cuando vieron asomar por su majestuosa puerta, al
-cabo de muchas varas de nariz, un hombrecillo de media, que viéndolos
-admirados, les dijo:</p>
-
-<p>Yo no sé de qué; pues así como hay hombres de gran corazón y de gran
-pecho, yo lo soy de grandes narices.</p>
-
-<p>Toda gran trompa, dijo Critilo, siempre fué para mí señal de grande
-trampa.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Varón sagaz.</i></span></p>
-
-<p>¿Y por qué no de sagacidad?, replicó él. Pues advertí que con ésta
-os he de abrir camino. Seguidme.</p>
-
-<p>Lo primero, que encontraron en el mismo atrio, fué un establo, nada
-estable, aunque lleno de gente lucida, hombres de mucho porte y de más
-cuenta, muy hallados todos con los brutos, sin asquear el mal olor de
-tan inmunda estancia.</p>
-
-<p>¿Qué es esto?, dijo Critilo. ¿Cómo éstos, que parecen personas,
-están en tan vil lugar?</p>
-
-<p>Por su gusto, respondió el Sátiro.</p>
-
-<p>¿Pues desto gustan?</p>
-
-<p>Sí, que los más de los hombres eligen antes vivir en la hedionda
-pocilga de sus bestiales apetitos, que arriba en el salón dorado de la
-razón.</p>
-
-<p>No se sentía otro dentro, que malas voces y bramidos de fieras,
-ni se oían sino monstruosidades. Era intolerable la hediondez que
-despedía.</p>
-
-<p>¡Oh, casa engañosa!, exclamó Andrenio: por fuera toda maravillas y
-por dentro monstruosidades.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Palacio<br />del alma.</i></span></p>
-
-<p>Sabed, dijo el Sátiro, que este hermoso palacio se fabricó para la
-Virtud; mas el Vicio se ha levantado con él, hale tiranizado. Y así
-de ordinario veréis que hace su morada en la<span class="pagenum"
-id="Page_35">p. 35</span> mayor hermosura y gentileza, el cuerpo más
-lindo y agraciado, criado para estancia hermosa de la Virtud, le
-toparéis lleno de torpezas, la mayor nobleza de infamias, la riqueza de
-ruindades.</p>
-
-<p>Comenzaron con esto á rehusar el empeñarse, temiendo el despeño,
-cuando uno de aquellos monstruos les dijo:</p>
-
-<p>En esto no reparéis, que aquí siempre hay salida para todo y yo soy
-el que á cuantos se empeñan, la hallo. Á la doncellita la persuado
-su deshonra, diciéndola que no le faltará una amiga ó una piadosa
-tía de quien fiarse. Al asesino que mate, que ya habrá quien le haga
-espaldas. Al ladrón que robe. Al salteador que desuelle, que ya se
-hallará un simple compasivo, que interceda por él á la justicia. Al
-tahur que juegue, que no faltará un amigo enemigo, que le preste. De
-suerte que por grande que sea el despeño, le pinto fácil el salto; por
-entrincado que sea el laberinto, le hallo el ovillo de oro; y á toda
-dificultad, la solución. Así que bien podéis entrar. Fiaos de mí, que
-os desempeñaré.</p>
-
-<p>Fué á meter el pie Critilo y al punto encontró con un monstruo
-horrible, porque tenía las orejas de abogado, la lengua de procurador,
-las manos de escribano, los pies de alguacil.</p>
-
-<p>Escápate, gritó el Sátiro, de todo pleito; aunque sea dejándoles la
-capa.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Cortesía<br />engañosa.</i></span></p>
-
-<p>Íbanse retirando con recelo, cuando con mucho agrado se llegó á
-ellos otro monstruo muy cortés, suplicándoles fuesen servidos de entrar
-por cortesía, que no serían los primeros, que se habían perdido de puro
-corteses. Y si no, preguntadle á aquél, que parece hombre circunspecto
-y de juicio, cómo se jugó la hacienda y tras ella la honra y el
-descanso de su casa.</p>
-
-<p>Y respondióles:</p>
-
-<p>Señor, rogáronme que hiciese un cuarto, que les faltaba, y deshice
-todos los de mi casa, porque no me tuviesen por grosero, Púseme á
-jugar, piquéme y lastiméme á mí mismo. Pensé desquitarme y acabé con
-todo por cortesía.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_36">p. 36</span></p>
-
-<p>Preguntadle á aquel otro, que se pica de entendido, cómo perdió la
-salud, la honra y la hacienda, con la otra loquilla.</p>
-
-<p>Y respondióles que por no parecer descortés, mantuvo la
-conversación. De allí pasó á la correspondencia, hasta hallarse perdido
-por cortesía.</p>
-
-<p>La otra, porque no la tuviesen por necia, respondió al dicho y luego
-al billete. El marido, por no parecer grosero, disimuló con los muchos
-yentes y vinientes á su casa. El juez, obligado de la intercesión del
-poderoso, hizo la injusticia. De suerte que son infinitos los que se
-han perdido en el mundo por cortesía.</p>
-
-<p>Y con esto y mil zalemas, que les hizo, les obligó á entrar. Érase
-un tan espacioso atrio, que tomaba todo un mundo, célebre anfiteatro
-de monstruosidades, tan grandes como muchas, donde tuvieron más que
-abominar, que admirar y vieron cosas, aunque muchas veces vistas, que
-no se podían ver.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Vicios<br />encadenados.</i></span></p>
-
-<p>Estaba en el primero y último lugar una horrible serpiente, coco
-de la misma hidra, tan envejecida en el veneno, que la habían nacido
-alas y se iba convirtiendo en un dragón, inficionando con su aliento al
-mundo.</p>
-
-<p>¡Terrible cosa, dijo Critilo, que de la cola de la culebra nazca el
-basilisco y de los dejos de la víbora el dragón! ¿Qué monstruosidad es
-ésta?</p>
-
-<p>Como déstas se ven en el mundo cada día, respondió el Sátiro. Veréis
-que acaba la otra con su deshonestidad propia y comienza la ajena. No
-hace cara ya al vicio, por no tenerla. Da alas á la otra, que comienza
-á volar, y hace sombra á los soles, que amanecen. Pierde el tahur su
-grande herencia y pone casa de juego: da naipes, despabila las velas
-abrasadoras, corta tantos para tontos. El farsante para en charlatán
-y saltimbanco, el acuchillador en maestro de esgrima; el murmurador,
-cuando viejo, en testigo falso; el holgazán, en escudero; el malsín,
-en catedrático del duelo; el infame, en libro verde; y el bebedor en
-tabernero, aguándoles el vino á los otros.</p>
-
-<p>Iban dando la vuelta y viendo portentosas fealdades. Fuélo<span
-class="pagenum" id="Page_37">p. 37</span> harto ver una mujer, que
-de dos ángeles hacía dos demonios, digo, dos rapazas endiabladas. Y
-teniéndolas desolladas, las metió á asar á un gran fuego y comenzó á
-comer dellas sin ningún horror, tragando muy buenos bocados.</p>
-
-<p>¡Qué fiereza es ésta tan inhumana!, ponderó Andrenio. ¿No me dirás
-quién es ésta, que deja atrás los mismos trogloditas?</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Mala madre.</i></span></p>
-
-<p>Pues advierte que es su madre.</p>
-
-<p>¿La misma, que las echó á luz?</p>
-
-<p>Y hoy las oscurece. Ésta es la que teniendo dos hijas tan hermosas
-como viste, las mete en el fuego de su lascivia; dellas come y traga
-los buenos bocados.</p>
-
-<p>Salióles de través otro monstruo, no menos raro. Era de tan exótica
-condición, de un humor tan desproporcionado, que, si le pegaban con un
-garrote de encina y le quebraban las costillas ó un brazo, no hacía
-sentimiento; pero, si le daban con una caña, aunque levemente, sin
-hacerle ningún daño, era tal su sentimiento, que alborotaba el mundo.
-Llegó uno y dióle una penetrante puñalada y la tuvo por mucha honra.
-Y porque llegó otro y le pegó un ligero espaldarazo con la espada
-envainada, sin sacarle una gota de sangre, lo sintió de manera, que
-revolvió toda su parentela para la venganza. Pególe uno á puño cerrado
-un tan fiero mojicón, que le ensangrentó la boca y le derribó los
-dientes y no se alteró. Y porque otro le asentó la mano estendida,
-coloreándole el rostro, fué tal su rabia, que hundía el mundo, haciendo
-estremos. ¿Pues qué? Si le arrojaban un sombrero, no sentía tanto,
-que le tirasen un ladrillo y le polvoreasen los sesos. No tenía por
-afrenta el mentir, el no cumplir su palabra, el engañar, el decir mil
-falsedades. Y porque uno le dijo; mentís: pensó reventar de cólera y no
-quiso comer hasta tomar venganza.</p>
-
-<p>¡Qué raro humor de monstruo éste, celebró Critilo, entreverado de
-necedad y locura!</p>
-
-<p>Así es, dijo el Sagaz, ¿y quién creerá que está hoy muy valido en el
-mundo?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_38">p. 38</span></p>
-
-<p>¿Será entre bárbaros?</p>
-
-<p>No, sino entre cortesanos; entre la gente más ladina.</p>
-
-<p>¿Y no sabríamos quién es?</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>El duelo.</i></span></p>
-
-<p>Éste es el tan sonado Duelo: dígole, el descabezado, tan civil como
-criminal.</p>
-
-<p>Pasaron á la otra banda, y registraron las monstruosidades de la
-necedad, que eran otras tantas.
-
-<span class="sidenote"><i>Monstruos<br />de la necedad.</i></span>
-
-Vieron que no osaba comer un camaleón por ahorrar, para que tragase
-después el puerco de su heredero. Un melancólico, pudriéndose del buen
-humor de los otros; muchos, que porfiaban sin estrella; él de todos,
-si no de sí mismo. Admiráronse de uno, que pretendía por mujer la que
-había muerto á su marido y él quería ser el marivenido. Un soldado,
-muriendo en un barranco, muy consolado de no gastar con médicos ni
-sacristanes. Un señor, que encomendaba á otros el mandar.</p>
-
-<p>Estaba uno encendiendo fuego de canela para asar un rábano; un
-rico pretendiendo y un caduco enamorando. Aquí toparon con el de cien
-pleitos y un prelado huyendo dél, porque no le metiese pleito en la
-mitra. Vieron uno, que, habiéndole dicho fuese á descansar á su casa,
-se equivocó y se iba á la sepultura. Aquí estaba también el que hacía
-almohada del chapín de la Fortuna, y á su lado el que del cogote de la
-Ocasión pretendía hacerse la barba; el que llevaba descubiertas las
-perdices y no las vendía.</p>
-
-<p>Íbase uno á la cárcel por otro. Pero el más aborrecido, era un
-hombre bajo, descortés. Estaba uno parando lazos á los raposos viejos y
-otro pasando del dar al pedir; el que compraba caro lo que era suyo; y
-estaba otro papando lisonjas de sus convidados, el juglar de las casas
-ajenas y en la suya cantimplora; el que decía que no es de príncipes el
-saber; el que todas las cosas hacía con eminencia, si no su empleo.</p>
-
-<p>Entraba en el lugar del que vivía de necio el que moría de sabio; el
-que, pudiendo ser sol en su esfera, no era constelación en la ajena;
-el que fundía en balas sus doblones. Estaban<span class="pagenum"
-id="Page_39">p. 39</span> dos, el uno jugando bien y siempre perdiendo,
-y el otro sin saberse dejar, ganando. Un presumido con cuatro letras
-garrafales y el que conociendo un temerario, le fiaba todo su ser.
-Y sobre todo, uno, que viviendo de burlas, se iba al infierno de
-veras.</p>
-
-<p>Todas estas monstruosidades y otras más estaban admirando, cuando
-arrebató de nuevo su atención un monstruo, que, huyendo de un ángel, se
-iba tras un demonio ciego y perdido por él.</p>
-
-<p>Ésta sí que es portentosa necedad, dijeron; nada son las pasadas.</p>
-
-<p>Éste es, dijo el Sagaz, un hombre, que, teniendo una consorte que le
-dió Dios discreta, noble, rica, hermosa y virtuosa, anda perdido por
-otra, que le atrazó el diablo, por una moza de cántaro, por una vil y
-asquerosa ramera, por una fea, por una loca insufrible, con quien gasta
-lo que no tiene. Para su mujer no saca el honesto vestido y para la
-amiga la costosa gala. No halla un real para dar limosna y gasta con la
-ramera á millares. La hija trae desnuda y la amiga rozando lamas. ¡Oh,
-fiero monstruo, casado con hermosa y amancebado con fea!</p>
-
-<p>Veréis que unos vicios, aunque destruyen la honra, dejan la
-hacienda. Consumen otros la hacienda y perdonan la salud. Pero este de
-la torpeza con todo acaba, honra, hacienda, salud y vida.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Torpe<br />monstruosidad.</i></span></p>
-
-<p>Lado por lado estaban otros dos monstruos tan confinantes, cuan
-diferentes, para que campeasen más los estremos. El primero tenía más
-malos ojos que un bizco, siempre miraba de mal ojo. Si uno callaba,
-decía que era un necio; si hablaba, que un bachiller; si se humillaba,
-apocado; si se mesuraba, altivo; si sufrido, cobarde; y si áspero,
-furioso; si grave, le tenía por soberbio; si afable, por liviano;
-si liberal, por pródigo; si detenido, por avaro; si ajustado, por
-hipócrita; si desahogado, por profano; si modesto, por tosco; si
-cortés, por ligero. ¡Oh, maligno mirar!</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_40">p. 40</span></p>
-
-<p>Al contrario, el otro se gloriaba de tener buena vista, todo
-lo miraba con buenos ojos, con tal estremo de afición, que á la
-desvergüenza llamaba galantería, á la deshonestidad buen gusto, la
-mentira decía que era ingenio, la temeridad valentía, la venganza
-pundonor, la lisonja cortejo, la murmuración donaire, la astucia
-sagacidad y el artificio prudencia.</p>
-
-<p>¡Qué dos monstruosidades, dijo Andrenio, tan necias! Siempre van los
-mortales por estremos, nunca hallan el medio de la razón: ¡y se llaman
-racionales!</p>
-
-<p>¿No sabríamos qué dos monstruos son éstos?</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Pía, y impía<br />afición.</i></span></p>
-
-<p>Sí, dijo el Sagaz: aquella primera es la mala Intención, que toma de
-ojo todo lo bueno; esta otra al contrario, es la Afición, que siempre
-va diciendo:</p>
-
-<p>Todo mi amigo es buen hombre.</p>
-
-<p>Éstos son los antojos del mundo. Ya no se mira de otro modo y así
-tanto se ha de atender á quien alaba ó á quien vitupera, como al
-alabado ó vituperado.</p>
-
-<p>Ruaba un otro bien monstruoso, muy tapado.</p>
-
-<p>Éste, dijo Andrenio, parece monstruo vergonzante.</p>
-
-<p>Antes, respondió el Sátiro, es de la desvergüenza.</p>
-
-<p>¿Pues una mujer sin ella, cómo va atapada contra su natural
-inclinación de ser vistas?</p>
-
-<p>Ahí verás que, cuando más descaradas, esconden la cara.</p>
-
-<p>¡He, que será recato!</p>
-
-<p>No es sino correr el velo á sus obligaciones. Ayer iba al contrario,
-tan escotada, que parece que descubriera más, si más pudiera. Siempre
-van por estremos.</p>
-
-<p>Venía ya un monstruo muy humano, haciendo reverencias á los mismos
-lacayos, besando los pies aun á los mozos de cocina. Llamaba señoría
-á quien no merecía merced, á todo el mundo con la gorra en la mano,
-previniendo de una legua la cortesía. Á unos se ofrecía por su mayor
-afecto, á otros por su menor criado.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Ambición<br />cortés.</i></span></p>
-
-<p>¡Qué monstruo tan comedido éste!, ponderaba Andrenio,<span
-class="pagenum" id="Page_41">p. 41</span> ¡qué humano! No he visto
-monstruo humilde hasta hoy.</p>
-
-<p>¡Qué bien lo entiendes!, dijo el Sátiro: no hay otro más soberbio.
-¿No ves tú, que, cuanto más se abate, quiere subir más alto? Para poder
-mandar á los amos, se humilla á los criados. Estas reverencias hasta el
-suelo, son botes y rebotes de pelota, que da en tierra, para subir al
-aire de su vanidad.</p>
-
-<p>Al fin, si es que las necedades le tienen, apareció ya la más rara
-figura, un monstruo, por lo viejo decano. Descubría la cabeza toda
-pelada, sin cabellos de altos pensamientos, ni negros por lo profundo
-ni blancos por lo cuerdo, sin un pelo de sustancia. Movíasele á un lado
-y á otro, sin consistencia alguna. Los ojos, en otro tiempo tan claros
-y perspicaces, ahora tan flacos y lagañosos, que no veían lo que más
-importaba y de lejos poco ó nada, para prevenir los males. Los oídos,
-algún día muy oidores, tan sordos y tan atapados, que no percibían la
-voz flaca del pobre, sino la del ricazo, la del poderoso, que hablan
-alto. La boca desierta, que no sólo no gritaba con la eficacia que
-debía; pero ni osaba hablar. Y si algo, entre los dientes, que no
-tenía. Las manos, antes grandes ministras y obradoras de grandes cosas,
-se veían gafas, un gancho en cada dedo, con que de todo se asían y
-nada soltaban. Los humildes y plebeyos pies, tan gotosos y torcidos,
-que no acertaban á dar un paso. De suerte que en todo él no había cosa
-buena ni parte sana. Él se dolía y todos se quejaban; pero nadie se
-lastimaba, ninguno trataba de poner remedio.</p>
-
-<p>Seguíanle otros tres, altercando entre sí la tiranía universal de
-los mortales. Traía el primero cara de veneno dulce y era escollo
-de marfil, hermosa muerte, despeño deseado, engaño agradable, mujer
-fingida y sirena verdadera, loca, necia, atrevida, cruel, altiva
-y engañosa. Pedía, mandaba, presumía, violentaba, tiranizaba y
-antojábansele bravos desvaríos.</p>
-
-<p>¿Qué cosa puede haber en el mundo, decía, que para mí no sea? Todo
-cuanto hay, al cabo se viene á reducir á mi gusto. Si se hurta, es para
-mí; si se mata, por mí; si se habla, es de mí;<span class="pagenum"
-id="Page_42">p. 42</span> si se desea, es á mí; si se vive, conmigo; de
-suerte, que cuantas monstruosidades hay en el mundo...</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>La Carne.</i></span></p>
-
-<p>Eso no concederé yo, dijo él mismo, tan bizarro como vano rico, pero
-necio; altivo, pero ruin. Todo cuanto hay y luce, todo es para mí, todo
-sirve á mi pompa y ostentación. Si el mercader roba, es para vivir en
-el mundo; si el caballero se empeña, es para cumplir con el mundo; si
-la mujer se engalana, es para parecer en el mundo. Todos los vicios
-dan treguas: el glotón se ahita, el deshonesto se enfada, el bebedor
-duerme, el cruel se cansa; pero la vanidad del mundo, nunca dice basta;
-siempre locura y más locura y no me enojéis, que lo daré todo al
-diablo.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>El Mundo.</i></span></p>
-
-<p>Aquí estoy yo, dijo éste, tomándolo todo, que no hay cosa, que no
-sea mía, por habérmela dado muchas veces.</p>
-
-<p>En enojándose el marido, dice luego:</p>
-
-<p>¡Mujer de Bercebú!</p>
-
-<p>Y ella responde:</p>
-
-<p>Hombre del diablo.</p>
-
-<p>Llévete Satanás, dice la madre al hijo.</p>
-
-<p>Y el amo:</p>
-
-<p>Válgante mil diablos.</p>
-
-<p>Válganle á él, responde el criado.</p>
-
-<p>Y hombre hay tan monstruo, que dice:</p>
-
-<p>Válgame una legión de demonios.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>El Diablo.</i></span></p>
-
-<p>De suerte que no se hallará cosa en el mundo, que no se me haya
-dado ella á mí ó me la hayan dado muchas veces. Y tú mismo, ¡oh mundo!
-¿puedes negar que no seas todo mío?</p>
-
-<p>¿Yo? ¿De qué modo?</p>
-
-<p>Maldito seas tú y qué poca vergüenza que tienes.</p>
-
-<p>Y aun por eso, replicó él: que quien no tiene vergüenza, todo el
-mundo es suyo.</p>
-
-<p>Apelaron de su porfía para el monstruo coronado, príncipe de la
-Babilonia común. Éste, oída su altercación, les dijo:</p>
-
-<p>Ea, acabá, dejaos de pesares, venid, holguémonos, logre<span
-class="pagenum" id="Page_43">p. 43</span>mos la vida, gocemos de
-sus gustos, de los olores y ungüentos preciosos, de los banquetes y
-comidas, de los lascivos deleites. Mirá que se nos pasa la flor de la
-edad. Pasemos la edad en flor, comamos y bebamos, que mañana moriremos.
-Andémonos de prado en prado, dando verdes á nuestros apetitos. Yo
-os quiero repartir las jurisdiciones y vasallos, para que no estéis
-pleiteando cada día.</p>
-
-<p>Tú, oh Carne, llevarás tras ti todos los flacos, ociosos, regalones
-y destemplados; reinarás sobre la hermosura, el ocio y el vino; serás
-señora de la voluntad.</p>
-
-<p>Y tú, oh Mundo, arrastrarás todos los soberbios, ambiciosos, ricos y
-potentados; reinarás en la fantasía.</p>
-
-<p>Mas tú, Demonio, serás el rey de los mentirosos, de los que se pican
-de entendidos; todo el distrito del ingenio será tuyo.</p>
-
-<p>Veamos ahora en qué pecan estos dos peregrinos de la vida,
-dijo señalando á Critilo y Andrenio, para que rindan vasallaje de
-monstruosidad, que ni hay bestia sin tacha ni hombre sin crimen. Lo que
-averiguaron de ellos se quedará para la siguiente Crisi.</p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_2_10">
- <h3 class="g1 ws1">CRISI X</h3>
- <p class="subh3c"><i>Virtelia encantada.</i></p>
-</div>
-
-<p>Aquel antípoda del cielo redondo, siempre rodando, jaula de fieras,
-palacio en el aire, albergue de la iniquidad, casa á toda malicia,
-niño caducando, llegó ya el mundo á tal estremo de inmundo y sus
-mundanos á tal remate de desvergonzada locura, que se atrevieron con
-públicos edictos á prohibir toda virtud.
-
-<span class="sidenote"><i>Leyes<br />del mundo.</i></span>
-
-Y esto so graves penas, que ninguno dijese verdades, menos de ser
-tenido por loco; que ninguno hiciese cortesía, so pena de hombre
-bajo; que ninguno estudiase ni supiese, porque sería llamado el
-estoico ó el filósofo; que ninguno fuese recata<span class="pagenum"
-id="Page_44">p. 44</span>do, so pena de ser tenido por simple; y así de
-todas las demás virtudes.</p>
-
-<p>Al contrario, dieron á los vicios campo franco y pasaporte general
-para toda la vida. Pregonóse un tan bárbaro desafuero por las anchuras
-de la tierra, siendo tan bien recibido hoy, como ejecutado ayer, dando
-una gran campanada. Mas, ¡oh, caso raro é increíble! cuando se tuvo
-por cierto que todas las virtudes habían de dar una extraordinaria
-demostración de su sentimiento, fué tan al contrario, que recibieron la
-nueva con extraordinario aplauso, dándose unas á otras la norabuena y
-ostentando indecible gozo. Al revés, los vicios, andaban cabizbajos y
-corridos, sin poder disimular su tristeza. Admirado un discreto de tan
-impensados efectos, comunicó su reparo con la Sabiduría, su señora y
-ella:</p>
-
-<p>No te admires, le dijo, de nuestro especial contento. Porque este
-desafuero vulgar está tan lejos de causarnos algún perjuicio, que antes
-bien le tenemos por conveniencia. No ha sido agravio, sino favor, ni
-se nos podía haber hecho mayor bien. Los vicios sí quedan destruídos
-desta vez. Bien pueden esconderse y así con justa causa se entristecen.
-Éste es el día en que nosotras nos introducimos en todas partes y nos
-levantamos con el mundo.</p>
-
-<p>¿Pues en qué lo fundas?, replicó el Curioso.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Virtud<br />vedada.</i></span></p>
-
-<p>Yo te lo diré. Porque son de tal condición los mortales, tienen tan
-estraña inclinación á lo vedado, que, en prohibiéndoles alguna cosa,
-por el mismo caso la apetecen y mueren por conseguirla. No es menester
-más, para que una cosa sea buscada, sino que sea prohibida. Y es esto
-tan probado, que la mayor fealdad vedada es más codiciada, que la mayor
-belleza concedida. Verás que, en vedando el ayuno, se dejarán morir
-de hambre el mismo Epicuro y Eliogábalo. En prohibiendo el recato,
-dejará Venus á Chipre y se meterá entre las Vestales. Buen ánimo,
-que ya no habrá embustes, ruines correspondencias, malos procederes,
-agarros ni traiciones. Cerrarse han los públicos<span class="pagenum"
-id="Page_45">p. 45</span> teatros y garitos. Todo será virtud. Volverá
-el buen tiempo y los hombres hechos á él. Las mujeres estarán muy
-casadas con sus maridos y las doncellas lo serán de honor. Obedecerán
-los vasallos á sus reyes y ellos mandarán. No se mentirá en la corte ni
-se murmurará en la aldea. Verse ha desagraviado el sexto de todo sexo.
-Gran felicidad se nos promete. Éste sí que será el siglo dorado.</p>
-
-<p>Cuánta verdad fuese ésta, presto lo experimentaron Critilo y
-Andrenio, que, habiéndose hurtado á los tres competidores de su
-libertad, mientras aquéllos estaban entre sí compitiendo, marchaban
-éstos cuesta arriba al encantado palacio de Virtelia. Hallaron aquel
-áspero camino, que tan solitario se les habían pintado, lleno de
-personas, corriendo á porfía en busca della. Acudían de todos estados,
-sexos, edades, naciones y condiciones, hombres y mujeres. No digo ya
-los pobres, sino los ricos, hasta magnates, que les causó estraña
-admiración.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Varón<br />de luces</i></span></p>
-
-<p>El primero con quien encontraron á gran dicha, fué un varón
-prodigioso, pues tenía tal propriedad, que arrojaba luz de sí, siempre
-que quería y cuanta era menester, especialmente en medio de las mayores
-tinieblas. De la suerte que aquellos maravillosos peces del mar y
-gusanos de la tierra, á quienes la varia naturaleza concedió el don
-de luz, la tienen reconcentrada en sus entrañas, cuando no necesitan
-della y, llegada la ocasión, la avivan y sacan fuera: así este
-portentoso personaje tenía cierta luz interior, ¡gran don del cielo!
-allá en los más íntimos senos del cerebro, que siempre, que necesitaba
-della, la sacaba por los ojos y por la boca, fuente perene de luz
-clarificante.</p>
-
-<p>Éste, pues, varón lucido, esparciendo rayos de inteligencia, los
-comenzó á guiar á toda felicidad por el camino verdadero. Era muy agria
-la subida. Sobre la dificultad de principio, dió muestras de cansarse
-Andrenio y comenzó á desmayar y tuvo luego muchos compañeros. Pidió que
-dejasen aquella empresa para otra ocasión.</p>
-
-<p>Eso no, dijo el varón de luces, por ningún caso: que, si ahora<span
-class="pagenum" id="Page_46">p. 46</span> no te atreves en lo mejor de
-la edad, menos podrás después.</p>
-
-<p>He, replicaba un joven, que nosotros ahora venimos al mundo y
-comenzamos á gustar dél. Demos á la edad lo que es suyo; tiempo queda
-para la virtud.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Escusas<br />de la virtud.</i></span></p>
-
-<p>Al contrario, ponderaba un viejo. ¡Oh!, si á mí me cogiera esta
-áspera subida con los bríos de mozo, ¡con qué valor la pasara!, ¡con
-qué ánimo la subiera! Ya no me puedo mover, fáltanme las fuerzas para
-todo lo bueno. No hay ya que tratar de ayunar ni hacer penitencia;
-harto haré de vivir con tanto achaque: no son ya para mí las
-vigilias.</p>
-
-<p>Decía el noble:</p>
-
-<p>Yo soy delicado, hanme criado con regalo. ¿Yo ayunar? Bien podrían
-enterrarme al otro día. No puedo sufrir las costuras del cambray, ¿qué
-sería el saco de cerdas?</p>
-
-<p>El pobre por lo contrario, decía:</p>
-
-<p>Bien ayuna quien malcome; harto haré en buscar la vida para mí y
-para mi familia. El ricazo sí que las come holgadas; ése que ayune, dé
-limosna, trate de hacer buenas obras.</p>
-
-<p>De suerte que todos echaban la carga de la virtud á otros,
-pareciéndoles muy fácil en tercera persona y aun obligación. Pero el
-guión luciente:</p>
-
-<p>Nadie se me exima, decía: que no hay más de un camino. Ea, que buen
-día se nos aguarda.</p>
-
-<p>Y echaba un rayo de luz, con que los animaba eficazmente.</p>
-
-<p>Comenzaron á tocarles arma las horribles fieras pobladoras del
-monte. Sentíanlas bramar rabiando y murmurando y tras cada mata les
-salteaba una: que tiene muchos enemigos lo bueno. Los mismos padres,
-los hermanos, los amigos, los parientes, todos son contrarios de la
-virtud y los domésticos, los mayores.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Enemigos<br />domésticos.</i></span></p>
-
-<p>Andá, que estáis loco, decían los amigos, dejaos de tanto rezar, de
-tanta misa y rosario, vamos al paseo, á la comedia.</p>
-
-<p>Si no vengáis este agravio, decía un pariente, no os hemos de
-tener por tal. Vos afrentáis á nuestro linaje. He, que no cumplís con
-vuestras obligaciones.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_47">p. 47</span></p>
-
-<p>No ayunes, decía la madre á la hija, que estás de mal color, mira
-que te caes muerta.</p>
-
-<p>De modo que todos, cuantos hay, son enemigos declarados de la
-virtud.</p>
-
-<p>Salióles ya al opósito aquel león tan formidable á los cobardes.
-Arredrábase Andrenio y gritóle Lucindo echase mano á la espada de
-fuego. Y al mismo punto, que la coronada fiera vió brillar la luz entre
-los aceros, echó á huir: que tal vez piensa hallar uno un león y topa
-un panal de miel.</p>
-
-<p>¡Qué presto se retiró!, ponderaba Critilo.</p>
-
-<p>Son éstas un género de fieras, respondió Lucindo, que en siendo
-descubiertas, se acobardan, en siendo conocidas huyen.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Tentación<br />descubierta.</i></span></p>
-
-<p>Esto es ser persona, dice uno. Y no es sino ser un bruto; aquí está
-el valer y el medrar, y no es sino perderse, que las más veces entra el
-viento de la vanidad por los resquicios, por donde debiera salir.</p>
-
-<p>Llegaron á un paso de los más dificultosos, donde todos sentían gran
-repugnancia. Causóle grima á Andrenio y propúsole á Lucindo:</p>
-
-<p>¿No pudiera pasar otro por mí esta dificultad?</p>
-
-<p>No eres tú el primero que ha dicho otro tanto. ¡Oh, cuántos malos
-llegan á los buenos y les dicen que los encomienden á Dios y ellos se
-encomiendan al diablo; piden que ayunen por ellos y ellos se hartan y
-embriagan; que se deciplinen y duerman en una tabla, y estánse ellos
-revolcando en el cieno de sus deleites! ¡Qué bien le respondió á uno
-déstos aquel moderno apóstol de la Andalucía!:</p>
-
-<p>Señor mío, si yo rezo por vos y ayuno por vos, también me iré al
-cielo por vos.</p>
-
-<p>Estando emperezando Andrenio, adelantóse Critilo y, tomando de atrás
-la corrida, saltó felizmente. Volviósele á mirar y dijo:</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Dificultades<br />del vicio.</i></span></p>
-
-<p>Ea, resuélvete, que harto mayores dificultades se topan en el camino
-ancho y cuesta abajo del vicio.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_48">p. 48</span></p>
-
-<p>¿Qué duda tiene eso?, respondió Lucindo; y si no decidme si la
-virtud mandara los intolerables rigores del vicio, ¿qué dijeran los
-mundanos? ¿Cómo lo exageraran? ¿Qué cosa más dura, que prohibirle
-al avaro sus mismos bienes, mandándole que no coma ni beba ni se
-vista ni goce de una hacienda adquirida con tanto sudor?
-
-<span class="sidenote"><i>Facilidades<br />de la virtud.</i></span>
-
-¿Qué dijera el mundano, si esto mandara la ley de Dios? ¿Pues qué, si
-al deshonesto, que estuviese toda una noche de invierno al yelo y al
-sereno, rodeado de peligros por oir cuatro necedades, que él llama
-favores, pudiéndose estar en su cama seguro y descansado? ¿Si al
-ambicioso, que no pare un punto ni descanse ni sea suya una hora? ¿Si
-al vengativo, que anduviese siempre cargado de hierro y de miedo? ¿Qué
-dijeran desto los mundanos? ¡Cómo lo ponderaran! Y ahora, porque se les
-manda su antojo, sin réplica obedecen.</p>
-
-<p>Ea, Andrenio, anímate, decía Critilo, y advierte que el más mal día
-deste camino de la virtud es de primavera en cotejo de los caniculares
-del vicio.</p>
-
-<p>Diéronle la mano, con que pudo vencer la dificultad.</p>
-
-<p>Dos veces fiero les acometió un tigre en condición y en su mal modo;
-mas el único remedio fué no alborotarse ni inquietarse, sino esperalle
-mansamente.
-
-<span class="sidenote"><i>Victoria<br />de la espera.</i></span>
-
-Á gran cólera, gran sosiego, y á una furia, una espera. Trató Critilo
-de desenvolver su escudo de cristal, espejo fiel del semblante y, así
-como la fiera se vió en él tan feamente descompuesta, espantada de
-sí misma, echó á huir con harto corrimiento de su necio exceso. De
-las serpientes, que eran muchas, dragones, víboras y basiliscos, fué
-singular defensivo el retirarse y huir las ocasiones. Á los voraces
-lobos con látigos de cotidiana diciplina los pudieron rechazar. Contra
-los tiros y golpes de toda arma ofensiva se valieron del célebre escudo
-encantado, hecho de una pasta real, cuanto más blanda, más fuerte,
-forjado con influjo celeste, de todas maneras impenetrable: y era sin
-duda el de la paciencia.</p>
-
-<p>Llegaron ya á la superioridad de aquella dificultosa montaña,
-tan eminente, que les pareció estaban en los mismos azaguanes<span
-class="pagenum" id="Page_49">p. 49</span> del cielo, convecinos de las
-estrellas. Dejóse ver bien el deseado palacio de Virtelia, campeando
-en medio de aquella sublime corona, teatro insigne de prodigiosas
-felicidades.
-
-<span class="sidenote"><i>Mansión<br />de la virtud.</i></span>
-
-Mas, cuando se esperó que nuestros agradecidos peregrinos le saludaran
-con incesables aplausos y le veneraran con afectos de admiración, fué
-tan al contrario, que antes bien se vieron enmudecer, llevados de una
-impensada tristeza, nacida de estraña novedad. Y fué sin duda que,
-cuando le imaginaron fabricado de preciosos jaspes, embutidos de rubíes
-y esmeraldas, cambiando visos y centelleando á rayos, sus puertas de
-zafir con clavazón de estrellas, vieron se componía de unas piedras
-pardas y cenicientas, nada vistosas, antes muy melancólicas.</p>
-
-<p>¿Qué cosa y qué casa es ésta?, ponderaba Andrenio. ¿Por ella habemos
-sudado y reventado? ¡Qué triste apariencia tiene! ¿Qué será allá
-dentro? ¡Cuánto mejor exterior ostentaba la de los monstruos! Engañados
-venimos.</p>
-
-<p>Aquí Lucindo suspirando:</p>
-
-<p>Sabed, les dijo, que los mortales todo lo peor de la tierra quieren
-para el cielo, el más trabajado tercio de la vida. Allá, á la achacosa
-vejez dedican para la virtud, la hija fea para el convento, el hijo
-contrahecho sea de iglesia, el real malo á la limosna, el redrojo para
-el diezmo, y después querrían lo mejor de la gloria. De más que juzgáis
-vosotros el fruto por la corteza. Aquí todo va al revés del mundo: si
-por fuera está la fealdad, por dentro la belleza; la pobreza en lo
-exterior, la riqueza en lo interior; lejos la tristeza, la alegría en
-el centro: que eso es entrar en el gozo del Señor.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Bajo el sayal,<br />hayal.</i></span></p>
-
-<p>Estas piedras tan tristes á la vista son preciosas á la experiencia,
-porque todas ellas son bezares, ahuyentando ponzoñas. Y todo el palacio
-está compuesto de pítimas y contravenenos, con lo cual no pueden
-empecerle ni las serpientes ni los dragones, de que está por todas
-partes sitiado.</p>
-
-<p>Estaban sus puertas patentes noche y día; aunque allí siempre
-lo es, franqueando la entrada en el cielo á todo el mundo.<span
-class="pagenum" id="Page_50">p. 50</span> Pero asistían en ellas dos
-disformes gigantes, jayanes de la soberbia, enarbolando á los dos
-hombros sendas clavas muy herradas, sembradas de puntas para hacerla.
-Estaban amenazando á cuantos intentaban entrar, fulminando en cada
-golpe una muerte. En viéndolos, dijo Andrenio:</p>
-
-<p>Todas las dificultades pasadas han sido enanas en parangón désta.
-Basta que hasta ahora habíamos peleado con bestias de brutos apetitos;
-mas éstos son muy hombres.</p>
-
-<p>Así es, dijo Lucindo: que ésta ya es pelea de personas. Sabed que,
-cuando todo va de vencida, salen de refresco estos monstruos de la
-altivez, tan llenos de presunción, que hacen desvanecer todos los
-triunfos de la vida. Pero no hay que desconfiar de la vitoria: que no
-han de faltar estratagemas para vencerlos. Advertid que de los mayores
-gigantes triunfan los enanos y de los mayores los pequeños, los menores
-y aun los mínimos. El modo de hacer la guerra ha de ser muy al revés
-de lo que se piensa.
-
-<span class="sidenote"><i>Triunfo<br />de la humildad.</i></span>
-
-Aquí no vale el hacer piernas ni querer hombrear. No se trate de hacer
-del hombre; sino humillarse y encogerse y, cuando ellos estuvieren más
-arrogantes amenazando al cielo, entonces nosotros transformados en
-gusanos y cosidos con la tierra hemos de entrar por entre pies, que así
-han entrado los mayores adalides.</p>
-
-<p>Ejecutáronlo tan felizmente, que sin saber cómo ni por dónde, sin
-ser vistos ni oídos, se hallaron dentro del encantado palacio, con
-realidades de un cielo.</p>
-
-<p>Apenas, digo á glorias, estuvieron dentro, cuando sintieron embargar
-todos sus sentidos de bellísimos empleos en folla de fruición,
-confortando el corazón y elevando los espíritus. Embistióles lo primero
-una tan suave marea, exhalando inundaciones de fragancia, que pareció
-haberse rasgado de par en par los camarines de la primavera, las
-estancias de Flora, ó que se había abierto brecha en el paraíso. Oyóse
-una dulcísima armonía, alternada de voces é instrumentos, que pudiera
-suspender la celestial por media hora. Pero, ¡oh cosa estraña! que no
-se<span class="pagenum" id="Page_51">p. 51</span> veía quién gorjeaba
-ni quién tañía: con ninguno topaban, nadie descubrían.</p>
-
-<p>Bien parece encantado este palacio, dijo Critilo. Sin duda que aquí
-todos son espíritus, pues no se parecen cuerpos. ¿Dónde estará esta
-celestial reina?</p>
-
-<p>Siquiera, decía Andrenio, permitiérasenos alguna de sus muchas
-bellísimas doncellas.
-
-<span class="sidenote"><i>Hallazgo<br />de las virtudes.</i></span>
-
-¿Dónde estás?, ¡oh, justicia! dijo en grito, y respondióle al punto Eco
-vaticinante desde un escollo de flores:</p>
-
-<p>En la casa ajena.</p>
-
-<p>¿Y la verdad?</p>
-
-<p>Con los niños.</p>
-
-<p>¿La castidad?</p>
-
-<p>Huyendo.</p>
-
-<p>¿La sabiduría?</p>
-
-<p>En la mitad y aun.</p>
-
-<p>¿La providencia?</p>
-
-<p>Antes.</p>
-
-<p>¿El arrepentimiento?</p>
-
-<p>Después.</p>
-
-<p>¿La cortesía?</p>
-
-<p>En la honra.</p>
-
-<p>¿Y la honra?</p>
-
-<p>En quien la da.</p>
-
-<p>¿La fidelidad?</p>
-
-<p>En el pecho de un rey.</p>
-
-<p>¿La amistad?</p>
-
-<p>No entre idos.</p>
-
-<p>¿El consejo?</p>
-
-<p>En los viejos.</p>
-
-<p>¿El valor?</p>
-
-<p>En los varones.</p>
-
-<p>¿La ventura?</p>
-
-<p>En las feas.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_52">p. 52</span>¿El callar?</p>
-
-<p>Con callemos.</p>
-
-<p>¿Y el dar?</p>
-
-<p>Con el recibir.</p>
-
-<p>¿La bondad?</p>
-
-<p>En el buen tiempo.</p>
-
-<p>¿El escarmiento?</p>
-
-<p>En cabeza ajena.</p>
-
-<p>¿La pobreza?</p>
-
-<p>Por puertas.</p>
-
-<p>¿La buena fama?</p>
-
-<p>Durmiendo.</p>
-
-<p>¿La osadía?</p>
-
-<p>En la dicha.</p>
-
-<p>¿La salud?</p>
-
-<p>En la templanza.</p>
-
-<p>¿La esperanza?</p>
-
-<p>Siempre.</p>
-
-<p>¿El ayuno?</p>
-
-<p>En quien malcome.</p>
-
-<p>¿La cordura?</p>
-
-<p>Adivinando.</p>
-
-<p>¿El desengaño?</p>
-
-<p>Tarde.</p>
-
-<p>¿La vergüenza?</p>
-
-<p>Si perdida, nunca más hallada.</p>
-
-<p>¿Y toda virtud?</p>
-
-<p>En el medio.</p>
-
-<p>Es decir, declaró Lucindo, que nos encaminemos al centro y no
-andemos como los impíos rodando.</p>
-
-<p>Fué acertado, porque en medio de aquel palacio de perfecciones,
-en una majestuosa cuadra, ocupando augusto trono, descubrieron,
-por gran dicha, una divina reina, muy más linda y agradable de lo
-que supieron pensar, dejando muy atrás su<span class="pagenum"
-id="Page_53">p. 53</span> adelantada imaginación. Que, si dondequiera
-y siempre pareció bien, ¿qué sería en su sazón y su centro?
-
-<span class="sidenote"><i>Hermosura<br />perfecta.</i></span>
-
-Hacía á todos buena cara, aun á sus mayores enemigos. Miraba con
-buenos ojos y aun divinos. Oía bien y hablaba mejor. Y aunque siempre
-con boca de risa, jamás mostraba dientes; hablaba por labios de grana
-palabras de seda. Nunca se le oyó echar mala voz. Tenía lindas manos y
-aun de reina en lo liberal y en cuanto las ponía salía todo perfecto.
-Dispuesto talle y muy derecho y todo su aspecto divinamente humano y
-humanamente divino. Era su gala conforme á su belleza y ella era la
-gala de todo. Vestía armiños, que es su color la candidez. Enlazaba en
-sus cabellos otros tantos rayos de la aurora con cinta de estrellas.
-Al fin, ella era todo un cielo de beldades, retrato al vivo de la
-hermosura de su celestial Padre, copiándole sus muchas perfecciones.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Pretendientes<br />de virtud.</i></span></p>
-
-<p>Estaba actualmente dando audiencia á los muchos, que frecuentaban
-sus sitiales, después de prohibida. Llegó entre otros un padre á
-pretenderla para su hijo, siendo él muy vicioso, y respondióle que
-comenzase por sí mismo, y le fuese ejemplar idea.</p>
-
-<p>Venía otra madre en busca de la honestidad para una hija y contóla
-lo que la sucedió á la culebra madre con la culebrilla su hija: que
-viéndola andar torcida la riñó mucho y mandó que caminase derecha.</p>
-
-<p>Madre mía, respondió ella, enseñadme vos á proceder, veamos cómo
-camináis.</p>
-
-<p>Probóse y, viendo que andaba muy más torcida:</p>
-
-<p>En verdad, madre, la dijo, que si las mías son vueltas, que las
-vuestras son revueltas.</p>
-
-<p>Pidió un eclesiástico la virtud del valor y á la par un virrey
-la devoción con muchas ganas de rezar. Repondióles á entrambos que
-procurase cada uno la virtud competente á su estado.</p>
-
-<p>Préciese el juez de justiciero y el eclesiástico de rezador, el
-príncipe del gobierno, el labrador del trabajo, el padre de fa<span
-class="pagenum" id="Page_54">p. 54</span>milias del cuidado de su casa,
-el prelado de la limosna y desvelo. Cada uno se adelante en la virtud
-que le compete.</p>
-
-<p>Según eso, dijo una casada, á mí bástame la honestidad conyugal; no
-tengo que cuidar de otras virtudes.</p>
-
-<p>Eso no, dijo Virtelia; no basta ésa sola, que os haréis insufrible
-de soberbia, y más ahora. Poco importa que el otro sea limosnero, si
-no es casto; que éste sea sabio, si á todos desprecia; que aquél sea
-gran letrado, si da lugar á los cohechos; que el otro sea gran soldado,
-si es un impío. Son muy hermanas las virtudes y es menester que vayan
-encadenadas.</p>
-
-<p>Llegó una gentil dama galanteando melindres y dijo que ella también
-quería ir al cielo; pero que había de ser por el camino de las damas.
-Hízoseles muy de nuevo á los circunstantes y preguntóla Virtelia:</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Camino<br />de las Damas.</i></span></p>
-
-<p>¿Qué camino es ése, que hasta hoy no he tenido noticia dél?</p>
-
-<p>¿Pues no está claro?, replicó ella. Que una mujer delicada como yo
-ha de ir por el del regalo, entre martas y entre felpas, no ayunando ni
-haciendo penitencia.</p>
-
-<p>Bueno, por cierto, exclamó la reina de la entereza: así se os
-concederá, reina mía, lo que pedís, como á aquel príncipe que allí
-entra.</p>
-
-<p>Era un poderoso, que muy á lo grave tomando asiento, dijo que
-él quería las virtudes; pero no las ordinarias de la gente común y
-plebeya, sino muy á lo señor, una virtud allá exquisita. Hasta los
-nombres de los santos conocidos no los quería por comunes, como el
-de Juan y Pedro; sino tan extravagantes, que no se hallen en ningún
-calendario. ¡Gran cosa, decía, el de Gastón!, ¡qué bien suena el
-Perafán! Pues un Claquín, Nuño, Sancho y Suero pedía una teología
-extravagante.</p>
-
-<p>Preguntóle Virtelia si quería ir al cielo de los demás.</p>
-
-<p>Pensólo y respondió que, si no había otro, que sí.</p>
-
-<p>Pues, señor mío, no hay otra escalera para allá, sino la de los diez
-Mandamientos. Por ésos habéis de subir; que yo no he hallado hasta
-hoy un camino para los ricos y otro para los po<span class="pagenum"
-id="Page_55">p. 55</span>bres, uno para las señoras y otro para las
-criadas. Una es la ley y un mismo Dios de todos.</p>
-
-<p>Replicó un moderno Epicuro, gran hombre de su comodidad,
-diciendo:</p>
-
-<p>De diciplina abajo, cualquier cosa; de oración yo no me entiendo,
-para ayunos no tengo salud. Ved cómo ha de ser, que yo he de entrar en
-el cielo.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Virtud<br />acomodada.</i></span></p>
-
-<p>Paréceme, respondió Virtelia, que vos queréis entrar calzado y
-vestido y no puede ser.</p>
-
-<p>Porfiaba que sí y que ya se usa una virtud muy acomodada y llevadera
-y aun le parecía la más ajustada á la ley de Dios.</p>
-
-<p>Preguntóle Virtelia en qué lo fundaba, y él:</p>
-
-<p>Porque desa suerte se cumple á la letra aquello de <i>así en la
-tierra como en el cielo</i>: porque allá no se ayuna, no hay diciplina
-ni silicio, no se trata de penitencia, y así yo querría vivir como un
-bienaventurado.</p>
-
-<p>Enojóse mucho Virtelia oyendo esto y díjole con escandecencia:</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Infierno<br />á pares.</i></span></p>
-
-<p>¡Oh casi hereje! ¡oh malentendedor! ¿Dos cielos queríais?
-No es cosa que se usa; mirad por vos, que todos estos, que pretenden
-dos cielos, suelen tener dos infiernos.</p>
-
-<p>Yo vengo, dijo uno, en busca del silencio bueno.</p>
-
-<p>Riéronlo todos, diciendo:</p>
-
-<p>¿Qué callar hay malo?</p>
-
-<p>¡Oh, sí, respondió Virtelia, y muy perjudicial: calla el juez la
-justicia, calla el padre y no corrige al hijo travieso, calla el
-predicador y no reprehende los vicios, calla el confesor y no pondera
-la gravedad de la culpa, calla el malo y no se confiesa ni se enmienda,
-calla el deudor y niega el crédito, calla el testigo y no se averigua
-el delito, callan unos y otros y encúbrense los males: de suerte que,
-si al buencallar llaman santo, al malcallar llámenle diablo!</p>
-
-<p>Estoy admirado, dijo Critilo, que ninguno viene en busca de la
-limosna. ¿Qué será de la liberalidad?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_56">p. 56</span></p>
-
-<p>Es que todos se escusan de hacerla: el oficial porque no le pagan,
-el labrador porque no coge, el caballero que está empeñado, el príncipe
-que no hay mayor pobre que él, el eclesiástico que buenos pobres son
-los parientes.</p>
-
-<p>¡Oh, engañosa escusa!, ponderaba Virtelia. Dad al pobre, siquiera el
-desecho, lo que ya no os puede servir.</p>
-
-<p>Tampoco, que la codicia ha dado en arbitrista y el sombrero traído,
-que se había de dar al pobre, persuade se guarde para brahones, la capa
-raída para contraaforros, el manto deslucido para la criada: de modo
-que nada dejan para el pobre.</p>
-
-<p>Llegaron unos rematadamente malos y pidieron un extremo de virtud.
-Tuviéronles todos por necios, diciendo que comenzasen por lo fácil y
-fuesen subiendo de virtud en virtud.</p>
-
-<p>Mas ella:</p>
-
-<p>He, dejadlos que asesten ahora muchos puntos más alto, que ellos
-bajarán harto después y sabed que de mis mayores enemigos suelo yo
-hacer mis mayores apasionados.</p>
-
-<p>Venía una mujer con más años que cabellos, menos dientes y más
-arrugas, en busca de la Virtud.</p>
-
-<p>¡Tan tarde, exclamó Andrenio! Éstas yo juraría que vienen más porque
-las echa el mundo, que por buscar el cielo.</p>
-
-<p>Déjala, dijo Virtelia, y estímesele el no haber abierto escuela de
-maldad con cátreda de pestilencia. Yo aseguro que, por viejos que sean,
-que no vengan el tahur ni el ambicioso ni el avaro ni el bebedor: son
-bestias alquiladas del vicio, que todas caen muertas en el camino de su
-ruindad.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Deshonestos<br />incurables.</i></span></p>
-
-<p>Al contrario le sucedió á uno, que llegó en busca de la Castidad,
-ahito de la torpeza, gran gentilhombre de Venus, idólatra de su
-hijuelo. Pidió ser admitido en la cofadría de la continencia; pero no
-fué escuchado, por más que él abominaba de la lujuria, escupiendo y
-asqueando su inmundicia. Y aunque muchos de los presentes rogaron por
-él,</p>
-
-<p>No haré tal, decía la Honestidad: no hay que fiar en éstos,<span
-class="pagenum" id="Page_57">p. 57</span> bien se ayuna después de
-harto. Creedme que estos torpes son como los gatos de algalia, que, en
-volviéndoseles á llenar el senillo, se revuelcan.</p>
-
-<p>Venían unos, al parecer, muy puestos en el cielo, pues miraban á
-él.</p>
-
-<p>Éstos sí, dijo Andrenio, que con el cuerpo están en la tierra y con
-el espíritu en el cielo.</p>
-
-<p>¡Oh, cómo te engañas!, dijo la Sagacidad, gran ministra de Virtelia.
-Advierte que hay algunos que, cuando más miran al cielo, entonces están
-más puestos en la tierra. Aquel primero es un mercader, que tiene gran
-cantidad de trigo para vender y anda conjurando las nubes á los ojos
-de sus enemigos. Al contrario, aquel otro es un labrador hidrópico de
-la lluvia, que jamás se vió harto de agua y anda conciliando nublados.
-Éste de aquí es un blasfemo, que nunca se acuerda del cielo, sino
-para jurarle. Aquél pide venganza y el otro es un rondante, lechuzo
-de las tinieblas, que desea la noche más escura, para capa de sus
-ruindades.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Virtud<br />afectada.</i></span></p>
-
-<p>Pidió uno si le querían alquilar algunas virtudes, suspiros,
-torcimiento de cuello, arquear las cejas y otros modillos de modestia.
-Enojóse mucho Virtelia, diciendo:</p>
-
-<p>¿Pues qué, es mi palacio casa de negociación?</p>
-
-<p>Escusábase él diciendo que ya muchos y muchas con la virtud ganan la
-comida y á título de eso la señora las introduce en el estrado, la otra
-las asienta á su mesa, el enfermo las llama, el pretendiente se les
-encomienda, el ministro las consulta, ándanse de casa en casa comiendo
-y bebiendo y regalándose de modo, que ya la virtud es arbitrio del
-regalo.</p>
-
-<p>Quitaos de ahí, dijo Virtelia, que esas tales tienen tan poca
-virtud, como los que las llaman mucha simplicidad.</p>
-
-<p>¿Quién es aquel gran personaje, héroe de la virtud, que en toda
-ocasión de lucimiento le encontramos? Si en casa de la Sabiduría, allí
-está; si en la del Valor, allí asiste; en todas partes le vemos y
-admiramos.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_58">p. 58</span></p>
-
-<p>¿No conocéis, dijo Lucindo, al santísimo padre de todos? Veneradle y
-deprecadle siglos de vida tan heroica.</p>
-
-<p>Estaban aguardando los circunstantes que tratase de coronar algunos
-la gran reina de la Equidad y que premiase sus hazañas; mas fuéles
-respondido que no hay mayor premio, que ella misma, que sus brazos son
-la corona de los buenos.</p>
-
-<p>Y así á nuestros dos peregrinos, que estaban encogidos, venerando
-tan majestuosa belleza,
-
-<span class="sidenote"><i>Premio<br />de la Virtud.</i></span>
-
-los animó Lucindo á que se llegasen cerca y se abrazasen con ella,
-logrando una ocasión de tanta dicha. Y así fué, que coronándolos con
-sus reales brazos, los transformó de hombres en ángeles, candidatos de
-la eterna felicidad. Quisieran muchos hacer allí mansión, mas ella les
-dijo:</p>
-
-<p>Siempre se ha de pasar adelante en la virtud; que el parar es volver
-atrás.</p>
-
-<p>Suplicáronla, pues, los dos coronados peregrinos les mandase
-encaminar á su deseada Felisinda. Ella entonces, llamando cuatro de sus
-mayores ministras y teniéndolas delante, dijo señalando la primera:</p>
-
-<p>Ésta, que es la Justicia, os dirá dónde y cómo la habéis de buscar;
-esta segunda, que es la Prudencia, os la descubrirá; con la tercera,
-que es la Fortaleza, la habéis de conseguir; y con la cuarta, que es la
-Templanza, la habéis de lograr.</p>
-
-<p>Resonaron en esto armoniosos clarines, folla acorde de instrumentos,
-alborozando los ánimos y realzando sus nobles espíritus. Despertóse un
-céfiro fragante y bañóse todo aquel vistosísimo teatro de lucimiento.
-Sintiéronse tirar de las estrellas, con fuertes y suaves influjos. Fué
-reforzando el viento y levantándolos á lo alto, tirándoles para sí el
-cielo, á ser coronados de estrellas. Subieron muy altos, tanto que se
-perdieron de vista. Quien quisiere saber dónde pararon, adelante los ha
-de buscar.</p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_2_11">
- <p><span class="pagenum" id="Page_59">p. 59</span></p>
- <h3 class="g1 ws1">CRISI XI</h3>
- <p class="subh3c"><i>El tejado de vidrio y Momo tirando piedras.</i></p>
-</div>
-
-<p>Llegó la Vanidad á tal extremo de quien ella es, que pretendió
-lugar y no el postrero entre las Virtudes. Dió para esto memorial, en
-que representaba ser ella alma de las acciones, vida de las hazañas,
-aliento de la virtud y alimento del espíritu.</p>
-
-<p>No vive, decía, la vida material quien no respira, ni la formal
-quien no aspira. No hay aura más fragante ni que más vivifique, que la
-Fama, que también alienta el alma, como el cuerpo, y es su purísimo
-elemento el airecillo de la honrilla.
-
-<span class="sidenote"><i>Esfuerzos<br />de la honra.</i></span>
-
-No sale obra perfecta sin algo de vanidad ni se ejecuta acción bien sin
-esta atención del aplauso. Parto suyo son las mayores hazañas y nobles
-hijos, los heroicos hechos. De suerte que sin un grano de vanidad, sin
-un punto de honrilla, nada está en su punto, y sin estos humillos nada
-luce.</p>
-
-<p>No pareció del todo mal la paradoja, especialmente á algunos de
-primera impresión y á otros de capricho. Pero la razón, con todo su
-maduro parlamento, abominando una pretensión tan atrevida:</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Ensanches<br />á la naturaleza.</i></span></p>
-
-<p>Sabed, dijo, que á todas las pasiones se les ha concedido algún
-ensanche, un desahogo en favor de la violentada naturaleza: á la
-Lujuria el matrimonio; á la Ira la corrección; á la Gula el sustento;
-á la Envidia la emulación; á la Codicia la providencia; á la Pereza la
-recreación, y así á todas las otras demasías; pero á la Soberbia, mirad
-qué tal es ella, que jamás se le permitió el más mínimo ensanche. No
-hay que fiar; toda es execrable. Vaya fuera, fuera, lejos, lejos. Bien
-es verdad que el cuidado del buen nombre es una atención loable, porque
-la buena fama es esmalte de la virtud, premio, que no precio. Hase de
-estimar la honra, pero no afectar. Más precio<span class="pagenum"
-id="Page_60">p. 60</span>so es el buen nombre, que todas las riquezas.
-En no estando la virtud en su buen crédito, está fuera de su centro
-y quien no está en la gloria de su buena fama forzoso es que esté
-condenado al infierno de su infamia, al tormento de la desestimación,
-más insufrible á más conocimiento. Es la honra sombra de la virtud, que
-la sigue y no se consigue, huye del que la busca y busca á quien la
-huye, es efecto del bienobrar, pero no afecto, decorosa al fin diadema
-de la hermosísima Virtud.</p>
-
-<p>Célebre puente, como tan temida, daba paso á la gran ciudad, ilustre
-corte de la heroica Honoria, aquella plausible reina de la estimación,
-y por eso tan venerada de todos.
-
-<span class="sidenote"><i>La puente<br />de los Peros.</i></span>
-
-Era un paso muy peligroso, por estar todo él sembrado de perinquinosos
-<i>peros</i>, en que muchos tropezaban y los más caían en el río del reir,
-quedando muy mojados y aun poniéndose de lodo, con mucha risa de la
-inumerable vulgaridad, que estaba á la mira de sus desaires.</p>
-
-<p>Era de ponderar la intrepidez con que algunos confiados y otros
-presumidos se arrojaban y los más se despeñaban, anhelando á pasar de
-un extremo de bajeza á otro de ensalzamiento y tal vez de la mayor
-deshonra á la mayor grandeza, de lo negro á lo blanco y aun de lo
-amarillo á lo rojo, pero todos ellos caían con harta nota suya y risa
-de los sabidores.</p>
-
-<p>Así le sucedió á uno, que pretendió pasar de villano á noble, otro
-de manchado á limpio, diciendo que tras el sábado, se sigue el domingo;
-pero él fué de guardar. No faltó quien del mandil á mandarín, de mozo
-de ciego á don Gonzalo y una otra muy desvanecida de la verdura al
-verdugado. Quería una pasar por doncella; más riéronse de su caída.
-Como otro, que quiso ser tenido por un pozo de ciencia y fué un pozo de
-cieno.
-
-<span class="sidenote"><i>El vulgar Sino.</i></span>
-
-No había hombre, que no tropezase en su pero y para cada uno había un
-sino.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>D. Fray Juan<br />Cebrián.</i></span></p>
-
-<p>Gran príncipe tal, pero buen hombre. Ilustre prelado aquél, si
-fuera tan limosnero como nuestro arzobispo. Gran letrado, si no fuera
-malintencionado. ¡Qué valiente soldado!; pero<span class="pagenum"
-id="Page_61">p. 61</span> gran ladrón. ¡Qué honrado caballero éste;
-sino que es pobre! ¡Qué docto aquél; si no fuera soberbio! Fulano
-santo, pero simple. Qué buen sujeto aquel otro y qué prudente; pero es
-embarazado. Muy bien entiende las materias; mas no tiene resolución.
-Diligente ministro; pero no es inteligente. Gran entendimiento; pero
-¡qué malempleado! ¡Qué gran mujer aquélla; sino que se descuida! ¡Qué
-hermosa dama; si no fuera necia! Grandes prendas las de tal sujeto;
-pero ¡qué desdichado! Gran médico; poco afortunado: todos se le mueren.
-Lindo ingenio; pero sin juicio: no tiene sindéresis.</p>
-
-<p>Así todos tropezaban en su pero. Raro era el que se escapaba y único
-el que pasaba sin mojarse. Topaba uno con un pero de un antepasado
-y, aunque tan pasado, nunca maduro, jamás se pudo digerir.
-
-<span class="sidenote"><i>El río de la risa.</i></span>
-
-Al contrario, otro daba de hocicos en el de sus presentes y caían todos
-en el río de la risa común.</p>
-
-<p>Bien lo merece, decía un émulo. ¿Quién le metía al peón en
-caballerías?</p>
-
-<p>Lástima es, decía otro, que los de tal cepa no sean puros, siendo
-tan hombres de bien.</p>
-
-<p>Las mujeres tropezaban en una chinita, en un diamante: terribles
-peros son las perlas para ellas. El airecillo las hacía bambanear y el
-donaire caer con mucha nota. Y es lo bueno que para levantarse nadie
-las daba la mano, sí de mano.</p>
-
-<p>De verdad, que un gran personaje tropezó en una Mota, quedando muy
-desairado y aseguraban fué notable desorden.</p>
-
-<p>Toda la puente estaba sembrada de cabo á cabo destos indigestos
-peros, en que los más de los viandantes tropezaban. Y si no en uno,
-daban de ojos en otro, aun en los pasados. Lamentábase un discreto,
-diciendo:</p>
-
-<p>Señores, que tropiece uno en el propio y personal, merécelo; mas en
-el ajeno ¿por qué? Que haya de tropezar un marido en un cabello de su
-mujer, en un pelillo de su hermana, ¿qué ley es ésta?</p>
-
-<p>Llegó uno jurando á fe de caballero, tan bueno, decía, como<span
-class="pagenum" id="Page_62">p. 62</span> el rey. No faltó quien le
-arrojó una erre, con que de rey, se hizo de reir.
-
-<span class="sidenote"><i>Peros<br />arrojadizos.</i></span>
-
-Á un cierto Ruy, le echó un malicioso una tilde y bastó para que
-rodase. Tropezó otro en un cuarto y quedóse en blanco. Rodábales á
-algunos la cabeza y quedaban hechos equis, por haber deslizado en los
-brindis.</p>
-
-<p>Comenzó á pasar cierta dama, muy airosa. Hiciéronla unos y otros
-paso con plausible cortesía; pero al más liviano descuido dió en el
-lodo con toda su bizarría, que fué barro.</p>
-
-<p>Tropezaban las más en piedras preciosas y eran muy despreciadas.
-Llegó á pasar un gran príncipe y muy adulado.</p>
-
-<p>Éste sí, dijeron todos, que pasará sin riesgo; no tiene que temer:
-los mismos peros le temerán á él.</p>
-
-<p>Mas, ¡oh caso trágico! deslizó en una pluma y tumbó al río, quedando
-muy mojado. En una aguja de coser tropezó alguno y en una lezna otro y
-era título. En una pluma de gallina un bizarro general.</p>
-
-<p>¿Pues qué, si alguno entraba cojeando y de mal pie? Era cierto el
-rodar y en duda de tropiezo estaba la malicia por la deshonra. Creyó
-uno no le valdría aquí su riqueza, que en todos los demás pasos, por
-peligrosos que sean, suele sacar á su dueño de trabajo; mas al primer
-paso se desengañó. Que no vale aquí ni la espuela de oro ni la vira de
-plata.</p>
-
-<p>Cruel paso, decían todos, el de la honra, entre tropiezos de la
-malicia. ¡Oh qué delicada es la fama, pues una mota es ya nota!</p>
-
-<p>Aquí llegaron nuestros dos peregrinos á serlo, encaminados de
-Virtelia á Honoria, su gran cara, aunque confinante, tan querida, que
-la llamaba su gozo y su corona. Deseaban pasar á su gran corte; pero
-temían con razón el azaroso paso de los peros y era preciso, porque no
-había otro.</p>
-
-<p>Estaban pasmados viendo rodar á tantos y temblábales la barba,
-viendo las de sus vecinos tan remojadas. Asomó en esta sazón á querer
-pasar un ciego.
-
-<span class="sidenote"><i>Lección<br />de vivir.</i></span>
-
-Levantaron todos el alarido, viéndole comenzar tentando, y tuvieron
-por cierto había de<span class="pagenum" id="Page_63">p. 63</span>
-tumbar al primer paso; mas fué tan al contrario, que el ciego pasó
-muy derecho. Valióle el hacerse sordo. Porque, aunque unos y otros le
-silbaban y aun le señalaban con el dedo, él, como no veía ni oía, no se
-cuidaba de dichos ajenos, sino de obras propias y pasar adelante con
-gran quietud de ánimo. Y así sin tropezar ni en un átomo llegó al cabo
-de lo que quería, con dicha harto envidiada. Al punto dijo Critilo:</p>
-
-<p>Este ciego ha de ser nuestra guía, que solos los ciegos, sordos y
-mudos pueden ya vivir en el mundo. Tomemos esta lición, seamos ciegos
-para los desdoros ajenos, mudos para no zaherirlos ni jactarnos,
-conciliando odio con la murmuración, en la recíproca venganza. Seamos
-sordos para no hacer caso de lo que dirán.</p>
-
-<p>Con esta lición pudieron pasar. Por lo menos fueron pasaderos con
-admiración de muchos y imitación de pocos.</p>
-
-<p>Entraron ya por aquel célebre emporio de la honra, poblado de
-majestuosos edificios, magníficos palacios, soberbias torres, arcos,
-pirámides y obeliscos, que cuestan mucho de erigir, pero después
-eternamente duran. Repararon luego que todos los tejados de las
-casas, hasta de los mismos palacios, eran de vidrio tan delicado como
-sencillo; muy brillantes, pero muy quebradizos, y así pocos se veían
-sanos y casi ninguno entero.</p>
-
-<p>Descubrieron presto la causa y era un hombrecillo tan nonada, que
-aun de ruin jamás se veía harto. Tenía cara de pocos amigos y á todos
-la torcía, mal gesto y peor parecer, los ojos más asquerosos que los
-de un médico y sea de la cámara, brazos de acribador, que se queda con
-la basura, carrillos de catalán y aun más chupados, que no sólo no
-come á dos, pero á ninguno. De puro flaco consumido, aunque todo lo
-mordía. Robado de color y quitándola á todo lo bueno. Su hablar era
-zumbir de moscón, que en las más lindas manos, despreciando el nácar y
-la nieve, se asienta en el venino. Nariz de sátiro y aun más fisgona.
-Espalda doble, aliento insufrible, señal de entrañas gastadas. Tomaba
-de ojo todo lo bueno y hincaba el<span class="pagenum" id="Page_64">p.
-64</span> diente en todo lo malo. Él mismo se jactaba de tener mala
-vista y decía:</p>
-
-<p>Maldito lo que veo.</p>
-
-<p>Y miraba á todos.</p>
-
-<p>Éste, pues, que por no tener cosa buena en sí todo lo hallaba malo
-en los otros, había tomado por gusto el dar disgusto. Andábase todo
-el día, y no santo, tirando peros y piedras y escondiendo la mano,
-sin perdonar tejado. Persuadíase cada uno que su vecino se las tiraba
-y arrojábale otras tantas. Éste creía que le hacía el tiro aquél y
-aquél que el otro, sospechando unos de otros y tirándose piedras
-y escondiendo todos la mano.
-
-<span class="sidenote"><i>Murmuración<br />común.</i></span>
-
-En duda arrojaban muchas por acertar con alguna y todo era confusión y
-popular pedrisco, de tal modo ó tan sin él, que no se podía vivir ni
-había quien pudiese parar. Venían por el aire volando piedras y tiros,
-sin saberse de dónde ni por qué. Así que no quedaba tejado sano ni
-honra segura ni vida inculpable. Todo era malas voces, hablillas, famas
-echadizas y los duendes de los chismes no paraban.</p>
-
-<p>Yo no lo creo, decía uno; pero esto dicen de fulano.</p>
-
-<p>Lástima es, decía otro, que de fulana se diga esto.</p>
-
-<p>Y con esta capa de compasión hacía un tiro, que quebraba todo
-un tejado. Pero no faltaba quien de retorno les rompía á ellos las
-cabezas. Y á todo esto andaba revolviendo el mundo aquel duendecillo
-universal.</p>
-
-<p>Había tomado otro más perjudicial de porte y era arrojar á los
-rostros, en vez de piedras, carbones, que tiznaban feamente, y así
-andaban casi todos mascarados, haciendo ridículas visiones, uno con un
-tizne en la frente, otro en la mejilla, y tal, que le cruzaba la cara,
-
-<span class="sidenote"><i>Ninguno<br />se conoce.</i></span>
-
-riéndose unos de otros, sin mirarse á sí mismos ni advertir cada uno
-su fealdad, sino la ajena. Era de ver y aun de reir cómo todos andaban
-tiznados, haciendo burla unos de otros.</p>
-
-<p>¿No veis, decía uno, qué mancha tan fea tiene fulano en su linaje?
-¡Y que ose hablar de los otros!</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_65">p. 65</span></p>
-
-<p>Pues él, decía otro, ¡que no vea su infamia tan notoria y se meta á
-hablar de las ajenas! ¡Que no haya ninguno con honra en su lengua!</p>
-
-<p>Mirá quién habla, saltaba otro, teniendo la mujer que tiene. Cuánto
-mejor fuera cuidara él de su casa y supiera de dónde sale la gala.</p>
-
-<p>Estando diciendo esto, estaba actualmente otro santiguándose:</p>
-
-<p>¡Que éste no advierta que tiene él por qué callar, teniendo una
-hermana cual sabemos!</p>
-
-<p>Pero déste, añadía otro, harto mejor fuera que se acordara él de su
-abuelo y quién fué. Siempre lo veréis que hablan más los que debrían
-menos.</p>
-
-<p>¡Hay tal desvergüenza en el mundo, que ose hablar aquél!</p>
-
-<p>¡Hay tal descoco de mujer, que se adelante ella á decir y quitarla á
-la otra la palabra de la lengua!</p>
-
-<p>Desta suerte andaba el juego y la risa de todo el mundo, que siempre
-la mitad dél se está riendo de la otra, burlándose unos de otros y
-todos mascarados. Éstos se fisgaban de aquéllos y aquéllos déstos y
-todo era risa, ignorancia, murmuración, desprecio, presunción y necedad
-y triunfaba el ruincillo.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Espejo<br />práctico.</i></span></p>
-
-<p>Reparaban algunos más advertidos, si no más felices, en que se
-reían dellos y acudían á una fuente, espejo común en medio de una
-plaza, á examinarse de rostro en sus cristales y, reconociendo sus
-tiznes, alargaban la mano al agua, que, después de haber avisado del
-defeto, da el remedio y limpia. Pero, cuanto más porfiaban en lavarse
-y alabarse, peores se ponían, pues, enfadados los otros de su afectado
-desvanecimiento, decían:</p>
-
-<p>¿No es éste aquel, que vendía y compraba? ¿Pues qué nos viene aquí
-vendiendo honras?</p>
-
-<p>Aguarda ¿no es aquél hijo de aquel otro? ¿Pues por cuatro reales,
-que tiene, anda tan deslavado, no siendo su hidalguía tanto al uso,
-cuanto al aspa?</p>
-
-<p>Lo peor era que la misma agua clara sacaba á luz muchas<span
-class="pagenum" id="Page_66">p. 66</span> manchas, que estaban ya
-olvidadas. Y así, á uno, que trató de alabarse de ingénuo, le salió una
-ese, que era decir:</p>
-
-<p>Ése es ése.</p>
-
-<p>Yo lo sé de buena tinta, decía uno, que fulano es un tal.</p>
-
-<p>Y no era sino harto mala, pues echaba tales borrones.</p>
-
-<p>Sentía mucho cierta señora, que blasonaba de la más roja sangre del
-reino, se le atreviese la murmuración y no advertía que la mancha de un
-descuido sale más en el brocado, como la roncha en la belleza.</p>
-
-<p>Estaba otra muy corrida de que siendo ya matrona la echaban en la
-cara no sé qué niñería de allá cuando rapaza.</p>
-
-<p>Estaba el otro para conseguir una dignidad y salíale al rostro un
-tizne de no sé qué travesura de su mocedad.</p>
-
-<p>Pero el que se sintió mucho fué un príncipe, en cuya esclarecida
-frente echó un historiador un borrón, sacudiendo la pluma.</p>
-
-<p>Aquello de haber sido no podía uno tolerar. Que el ser ahora salga á
-la cara, pase; ¡pero por qué allá mi tartarabuelo lo fué!</p>
-
-<p>¿Qué razón hay, que por lo que pasó en tiempo del rey que rabió,
-ponderaba otro, me hagan á mí rabiar?</p>
-
-<p>Lo más acertado era <i>callar y callemos</i> y no alabarse. Porque de
-los blasones de las armas hacían los otros baldones. Y aun desde que
-dieron en lavarse en la fuente de la presunción y desvanecimiento, les
-salieron más manchas á la cara. Y unos otros se daban en rostro con
-las fealdades de allá de mil años.
-
-<span class="sidenote"><i>Ninguno<br />sin crimen.</i></span>
-
-Y fué de suerte, digo desdicha, que no quedó rostro sin lunar, ojo sin
-lagaña, lengua sin pelo, frente sin arruga, mano sin berruga, pie sin
-callo, espalda sin giba, cuello sin papera, pecho sin tos, nariz sin
-romadizo, uña sin enemigo, niña sin nube, cabeza sin remolino, ni pelo
-sin repelo. En todos había algo, que señalase con el dedo aquel malsín
-y de que se recelasen los otros. Y aun todos iban huyendo dél, diciendo
-á voces:</p>
-
-<p>¡Guarda el ruincillo, guarda el maldiciente!</p>
-
-<p>¡Oh maldita lengua!</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_67">p. 67</span></p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Momo<br />descubierto.</i></span></p>
-
-<p>Conocieron con esto que era Momo y huyeran también, si no les
-emprendiera él mismo, preguntándoles: ¿qué buscan? Que parecían
-extraños en lo perdido.</p>
-
-<p>Respondiéronle venían en busca de la buena reina Honoria. Y él al
-punto:</p>
-
-<p>¿Mujer y buena y en esta era? Yo lo dudo. En mi boca por lo menos
-no lo será. Yo las conozco todas y á todos y no hallo cosa buena. El
-buen tiempo ya pasó y con él todo lo bueno. En boca del viejo todo lo
-bueno fué y todo lo malo es. Con todo eso, yo os quiero hoy servir de
-brújula. Vamos discurriendo por la ciudad. Probemos ventura, que no
-será poca hallarla, siendo una de aquellas cosas de que piensa estar
-lleno el mundo, cuando más vacío.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Honra<br />mundana.</i></span></p>
-
-<p>Oyeron que estaba uno persuadiendo á otro perdonase á su enemigo y
-se quietase y respondía él:</p>
-
-<p>¿Y la honra?</p>
-
-<p>Decíanle á otro que dejase la manceba y el escándalo de tantos años
-y él:</p>
-
-<p>No sería honra ahora.</p>
-
-<p>Á un blasfemo, que no jurase ni perjurase, y respondía:</p>
-
-<p>¿En qué estaría la honra?</p>
-
-<p>Á un pródigo, que mirase á mañana, que no tendría hacienda para
-cuatro días:</p>
-
-<p>No es mi honra.</p>
-
-<p>Á un poderoso, que no hiciese sombra al rufián y al asesino:</p>
-
-<p>No es mi honra.</p>
-
-<p>Pues hombres de Barrabás, dijo Momo, ¿en qué está la honra? ¿No digo
-yo?</p>
-
-<p>Á otro lado oyeron decir á uno:</p>
-
-<p>Mirá fulano, en qué pone su honra.</p>
-
-<p>Y respondía éste:</p>
-
-<p>Y él ¿en qué la pone? Mirá éste, mirá aquél y miradlos á todos en
-qué la ponen.</p>
-
-<p>Decía un linajudo, muy preciado de honrado, que á él le<span
-class="pagenum" id="Page_68">p. 68</span> venía muy de atrás, allá de
-sus antepasados, de cuyas hazañas vivía.</p>
-
-<p>Esa honra, señor mío, le dijo Momo, ya no huele bien; rancia está:
-tratad de buscar otra más plática. Poco importa la honra antigua, si
-la infamia es moderna. Y si no os vestís de las ropas de vuestros
-antepasados, porque no son al uso, ni salís un día con la martingala de
-vuestro abuelo, porque se reirían de tal vejedad, no pretendáis tampoco
-arrear el ánimo de sus honores; buscad en nuevas hazañas la honra al
-uso.</p>
-
-<p>No faltó quien les dijo hallarían la honra en la riqueza.</p>
-
-<p>No puede ser, dijo Momo, que honra y provecho no caben en ese
-saco.</p>
-
-<p>Encamináronse á casa de los hombres famosos y plausibles y hallaron
-se habían echado á dormir. Encontraron un caballero nuevo corriendo
-ilustre sangre y al punto dijeron:</p>
-
-<p>Éste sí que sabrá della.</p>
-
-<p>Halláronle, que estaba sudando y reventando, más que si llevara un
-mundo á cuestas. Gemía y suspiraba sin cesar.</p>
-
-<p>¿Qué tiene este hombre?, dijo Andrenio. ¿De qué trasuda?</p>
-
-<p>¿No ves, dijo Momo, aquel punto indivisible, que carga sobre sus
-hombros? Pues ése es el que le abruma.</p>
-
-<p>Mirá ahora, replicó Andrenio, qué Atlante parando espaldas á un
-cielo, qué Hércules apuntalando la monarquía de todo el mundo.</p>
-
-<div class="sidenote"><i>Punto de honra.</i></div>
-
-<p>Pues ese puntillo, ponderó Momo, les hace á muchos sudar y tal vez
-reventar: por conservar aquel punto en que se metió ó le metieron anda
-toda la vida gimiendo, fáltanle las fuerzas, añádense las cargas,
-crecen los gastos, menguan las haciendas y el punto no ha de faltar.</p>
-
-<p>Si la habéis de hallar, les dijo uno, ha de ser en lo que
-arrastra.</p>
-
-<p>Honra, que va por tierra, ponerse ha de lodo, dijo Critilo.</p>
-
-<p>Digo que sí, que lo que arrastra honra.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Lo que honra,<br />arrastra.</i></span></p>
-
-<p>Eso no, saltó Momo. Yo digo al revés, que lo que honra<span
-class="pagenum" id="Page_69">p. 69</span> arrastra y esta negra
-honrilla trae arrastrados á muchos. ¡Oh, á cuántos traen arrastrados
-las galas y cadenas de las mujeres, las libreas de los pajes, y andan
-corridos cuando más honrados!</p>
-
-<p>Dicen que hacen lo que deben.</p>
-
-<p>Yo digo al revés, que deben lo que hacen y dígalo el mercader y el
-oficial y los criados.</p>
-
-<p>Hallaron otro y otros muchos, que estaban echando los bofes y la
-misma hiel por la boca.</p>
-
-<p>Peor es esto, dijo Andrenio.</p>
-
-<p>Pues si en algunos se ha de hallar la honra, dijo Momo, ha de ser en
-éstos.</p>
-
-<p>¿Y por qué?</p>
-
-<p>Porque revientan de honrados.</p>
-
-<p>Caro les cuesta la negra de la honrilla.</p>
-
-<p>Y lo peor es que, cuando más la piensan conseguir, entonces la
-alcanzan menos, perdiendo tal vez la vida y cuanto hay.</p>
-
-<p>No os canséis, dijo uno, que no la hallaréis en toda la vida, sino
-en la muerte.</p>
-
-<p>¿Cómo en la muerte?</p>
-
-<p>Sí, que aquel día es el de las alabanzas y tras la muerte le hacen
-las honras.</p>
-
-<p>¡Oh, qué donosa cosa!, dijo Andrenio. En un saco de tierra poca
-honra cabrá. Cara es la honra, que cuesta el morir y, si un muerto es
-tierra y nada, toda su honra será nonada.</p>
-
-<p>Mucho es, ponderaba Critilo, que ni hallemos á Honoria en su corte
-ni la honra en una tan populosa ciudad.</p>
-
-<p>Honra y en ciudad grande, dijo Momo, muy mal se encuadernan. En otro
-tiempo aún se hallara la honra en las ciudades; pero ya está desterrada
-de todas. Asegúroos que todo lo bueno se perdió en ésta, el día que
-echaron della aquel gran personaje, tan digno de eterna observación y
-conservación, á quien todos respetaban por su gran caudal y gobierno.
-El salía por una puerta ¡qué lástima! y todas las ruindades entraban
-por otra, ¡qué desdicha!</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_70">p. 70</span></p>
-
-<p>¿Qué varón fué ése, preguntaron, de tanta importancia y
-autoridad?</p>
-
-<p>Era el gobernador de la ciudad y aun dicen hijo de la misma reina
-Honoria. No había Licurgo como él ni hubo jamás república de Platón tan
-concertada como ésta. Todo el tiempo, que él la asistió, no se conocían
-vicios ni se sonaba un escándalo, no paraba malhechor ni ruin.
-
-<span class="sidenote"><i>Don Pedro<br />Pablo Zapata.</i></span>
-
-Porque todos le temían más que al mismo gobernador de Aragón. Más
-recababa su respeto, que las mismas leyes, y más le temían á él, que á
-las dos columnas del suplicio. Pero luego que él faltó, se acabó todo
-lo bueno.</p>
-
-<p>¿No nos dirías quién fué un personaje tan insigne y tan cabal?</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Provechos<br />del qué dirán.</i></span></p>
-
-<p>De verdad que era bien nombrado y me espanto mucho no deis en la
-cuenta. Éste era el prudente, el atento, el temido ¿<i>Qué dirán</i>?,
-sujeto bien conocido, que los mismos príncipes le respetaban y aun le
-temían, diciendo:</p>
-
-<p>¿Qué dirán de un príncipe como yo, que debiendo ser el espejo, que
-compone todo el mundo, soy el escándalo, que lo descompone?</p>
-
-<p>¿Qué dirán, decía el título, que no cumplo con mis obligaciones,
-siendo tantas, que degenero de mis antepasados, famosos héroes, que me
-dejaron tan empeñado en hazañas y yo me empeño en bajezas?</p>
-
-<p>¿Qué dirán de mí, decía el juez, que atropello la justicia,
-debiéndola yo amparar y de juez me hago reo? Eso no dirán de mí.</p>
-
-<p>Cuando más acosada la casada, acordábase dél y decía:</p>
-
-<p>¿Qué dirán de mí, que una matrona como yo de Penélope me trueco en
-Elena, que pago mal el buenproceder de mi marido con mi malparecer? Eso
-no, líbreme Dios de tan mal gusto.</p>
-
-<p>Hasta la recatada doncellita se conservaba en el jardín de su
-retiro, diciendo:</p>
-
-<p>¿Yo, que soy una fragante flor, había de dar tan mal fruto?<span
-class="pagenum" id="Page_71">p. 71</span> ¿Yo, siendo una rosa, ser
-risa del mundo? ¿Yo ver ni ser vista? ¿Yo, por hablar, dar qué decir?
-De eso me guardaré yo muy bien.</p>
-
-<p>¿Qué dirán, decía la viuda, que á muerto marido, amigo venido, que
-del riego de mi llanto nace el verde de mis gustos, que tan presto
-trueco el requiem en aleluya?</p>
-
-<p>No dirán tal, decía el soldado, que yo me calce botas de fuina. ¿Qué
-dirán de un español, que entre galos soy gallina?</p>
-
-<p>¿Qué dirían de un hombre de mis prendas, decía el sabio, que de
-alumno de Minerva me hago vil esclavo de Venus?</p>
-
-<p>¿Qué dirán los mozos?, decía el viejo, y ¿qué dirán los viejos?,
-decía el mozo.</p>
-
-<p>¿Qué dirán los vecinos?, decía el hombre de bien.</p>
-
-<p>Y con esto todos se recataban.</p>
-
-<p>¿Qué dirían mis émulos?, decía el cuerdo, ¿qué buen día para ellos y
-qué mala noche para mí?</p>
-
-<p>¿Qué dirían los súbditos?, decía el superior, y ¿qué diría el
-superior?, decían los súbditos.</p>
-
-<p>Desta suerte todo el mundo le temía y le respetaba y todo iba, no
-de concierto, pero muy concertado. Faltó él y faltó todo lo bueno
-ese mismo día. Todo está ya perdido, todo rematado. ¿Pues qué se
-hizo un Catón tan severo, un Licurgo tan regular qué se hizo? Que
-no pudiéndolo sufrir unos y otros, no pararon hasta echarle.
-
-<span class="sidenote"><i>Ostracismo<br />vulgar.</i></span>
-
-Bárbaro vulgar ostracismo se conjuró contra él y por ser bueno
-le desterraron al uso de hoy. Sabed que con el tiempo, que todo
-lo trastorna, fué creciendo esta ciudad, aumentándose en gente y
-confusión: que toda gran corte es Babilonia. No se conocían ya unos
-á otros, achaque de poblaciones grandes. Comenzaron con esto poco á
-poco á desestimar su gran gobierno, de ahí á no hacer caso dél, luego
-á atrevérsele. Como todos eran malos, no se espantaban unos de otros,
-no decían éstos de aquéllos; cada uno se miraba á sí y enmudecía,
-metía la mano en el seno y sacábala tan sarnosa, que no se picaba de
-la ajena. No decían ya ¿qué dirán?; sino ¿qué<span class="pagenum"
-id="Page_72">p. 72</span> diré yo dél, que no diga él de mí y mucho
-más? Desta suerte, mancomunados todos, echaron fuera el ¿<i>Qué dirán</i>?
-y al punto se perdió la vergüenza, faltó la honra, retiróse el recato,
-huyó el pundonor. Ya no se atendía á obligaciones, con que todo se
-asoló. Al otro día la matrona dió en matrera, la doncella de vestal en
-bestial, el mercader á escuras, para dejar á ciegas, el juez se hizo
-parte con el que parte, los sabios con resabios, el soldado quebrado.
-Hasta el espejo universal se hizo común. Así que ya no hay honra ni se
-parece.</p>
-
-<p>He, no nos cansemos en buscar tarde lo que otros no pudieron hallar
-ni al mediodía.</p>
-
-<p>¿Pues en una ciudad tan famosa?, ponderaba Critilo.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Honra<br />desestimada.</i></span></p>
-
-<p>Trocóse en fumosa, dijo Momo, con tanto humo y tanto hollín y todo
-confusión.</p>
-
-<p>Tú te engañas, replicó en alta voz un otro personaje, que allí
-se dejó ver, por ser bien visible en lo grueso y bienvisto en lo
-agradable, muy diferente de Momo y aun su antagonista en su aspecto,
-trato, genio, traje, hechos y dichos.</p>
-
-<p>¿Qué sujeto es éste?, preguntó Andrenio á uno de los del séquito,
-que era tan mucho, como popular.</p>
-
-<p>Y respondióle:</p>
-
-<p>Bien dijiste, sujeto á todos y de todos.</p>
-
-<p>¡Qué colorado que está!</p>
-
-<p>Como el que de nada se pudre.</p>
-
-<p>¡Qué aprovechado! Trata de vivir.</p>
-
-<p>Parece hombre de lindos hígados y mejor melsa. ¿Cómo ha engordado
-tanto en estos tiempos?</p>
-
-<p>Come el pan de todos.</p>
-
-<p>Parece simple.</p>
-
-<p>Es conveniencia. Porque en siendo uno entendido es temido y luego
-aborrecido.</p>
-
-<p>No muestra saber de la misa la media.</p>
-
-<p>Harto sabe, pues sabe decir amén.</p>
-
-<p>¿Y cómo se llama?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_73">p. 73</span></p>
-
-<p>Tiene muchos nombres y todos buenos. Unos le llaman el buen hombre,
-otros el buen Juan Escolán de Amén, <i>manja con tuti</i>, el buen pan,
-pasta real; pero su propio nombre en español es <i>sí, sí</i>, y en italiano
-<i>bono, bono</i>.
-
-<span class="sidenote"><i>El contrario<br />de Momo.</i></span>
-
-Y así como á Momo se le dió el nombre de <i>No, no</i>, que corrompida la
-ene por ignorancia ó malicia quedó en <i>Momo</i>: así á éste de <i>bono bono</i>
-le quedó el <i>bo bo</i>, porque todo lo abona y todo lo alaba. Pues, aunque
-sea la más alta necedad, dice:</p>
-
-<p>Bueno, bueno.</p>
-
-<p>Al más solemne disparate:</p>
-
-<p>¡Qué bien!</p>
-
-<p>Á la mayor mentira:</p>
-
-<p>Sí, sí.</p>
-
-<p>Al peor desacierto:</p>
-
-<p>Está bien.</p>
-
-<p>Á la más calificada bobería:</p>
-
-<p>¡Lindamente!</p>
-
-<p>Desta suerte vive y bebe con todos y de todo engorda, que tiene
-linda renta en la ajena bobería.</p>
-
-<p>Pues si eso es, llamáranle Eco de la necedad. Pero díme: ¿cómo no le
-tuvieron por dios los antiguos, así como á Momo y con más razón, por
-ser más plausible y más agradable?</p>
-
-<p>Hay mucho que decir en eso. Sienten unos que, aunque siempre trata
-de lisonjear, como cada uno piensa que se le debe lo que se le dice,
-ninguno lo agradece. Sirve á muchos y ninguno le paga y morirá comido
-de lobos. Otros dicen que realmente no es de provecho en el mundo,
-antes de mucho daño. Lo cierto es que la malicia humana no ha estimado
-tanto sus simplicidades, cuanto temido las quemazones de Momo.</p>
-
-<p>Alborotóse mucho éste, luego que le vió. Trabóse entre los dos una
-reñida pendencia. Acudieron todos los apasionados de ambos, haciéndose
-á dos bandas.
-
-<span class="sidenote"><i>Lisonja<br />perniciosa.</i></span>
-
-Los sátrapas, los críticos, entendidos, bachilleres, podridos,
-caprichosos, satíricos y maldicientes, se empeñaron por Momo. Al
-contrario, los panarras,<span class="pagenum" id="Page_74">p.
-74</span> buenos hombres, amenistas, lisonjeros, sencillos y buenas
-pastas se hicieron á la banda de Bobo. Critilo y Andrenio se estaban á
-la mira, cuando se llegó á ellos un prodigioso sujeto y les dijo:</p>
-
-<p>No hay mayor necedad que estárselas oyendo. Si venís en busca de
-la Honra, seguidme, que yo os guiaré adonde está la honra del mundo
-entero.</p>
-
-<p>Dónde los llevó y dónde realmente la hallaron se queda para otra
-Crisi.</p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_2_12">
- <h3 class="g1 ws1">CRISI XII</h3>
- <p class="subh3c"><i>El trono del mando.</i></p>
-</div>
-
-<p>Competían las Artes y las Ciencias el soberano título de reina,
-sol del entendimiento y augusta emperatriz de las letras. Después de
-haber hecho la salva á la sagrada Teología, verdaderamente divina, pues
-toda se consagra á conocer á Dios y rastrear sus infinitos atributos,
-
-<span class="sidenote"><i>Competencia<br />de las Ciencias.</i></span>
-
-habiéndola sublimado sobre sus cabezas y aun sobre las estrellas, que
-fuera indecencia adocenarla, prosiguióse la competencia entre todas las
-demás, que se nombran de las tejas abajo luceros de la verdad y nortes
-seguros del entendimiento.</p>
-
-<p>Viéronse luego hacer de parte de ambas filosofías todos los mayores
-sujetos, los ingeniosos á la banda de la natural y los juiciosos de
-la moral, señalándose entre todos Platón, eternizando divinidades, y
-Séneca sentencias. No fué menos numeroso ni lucido el séquito de la
-humanidad, gente toda de buen genio. Y entre todos un discreto de capa
-y espada, habiendo arengado por ella, concluyó diciendo:</p>
-
-<p>¡Oh plausible Enciclopedia, que á ti se reduce todo el plático
-saber! Tu mismo nombre de humanidad dice cuán digna eres del hombre.
-Con razón los entendidos te dieron el apellido<span class="pagenum"
-id="Page_75">p. 75</span> de las Buenas Letras, que entre todas las
-Artes tú te nombras en pluralidad la buena.</p>
-
-<p>Pero ya Bártulo y Baldo comenzaron á alegar por la Jurisprudencia,
-acotando entre los dos docientos textos con memoriosa ostentación.
-Probaron con evidencia que ella había hallado aquel maravilloso secreto
-de juntar honra y provecho, levantando los hombres á las mayores
-dignidades, hasta la suprema.</p>
-
-<p>Riéronse desto Hipócrates y Galeno, diciendo:</p>
-
-<p>Señores míos, aquí no va menos que la vida. ¿Qué vale todo sin
-salud? Y el complutense Pedro García, que desmintió lo vulgar de su
-renombre con su fama, ponderaba mucho aquel haber encargado el divino
-Sabio el honrar los médicos, no los letrados ni los poetas.</p>
-
-<p>Aquí de la Honra y de la Fama, blasonaba un historiador. Esto sí que
-es dar vida y hacer inmortales las personas.</p>
-
-<p>He, que para el gusto no hay cosa como la Poesía, glosaba un poeta.
-Bien concederé yo que la Jurisprudencia se ha alzado con la honra, la
-Medicina con el provecho; pero lo gustoso, lo deleitable quédese para
-los canoros cisnes.</p>
-
-<p>¿Pues qué y la Astrología, decía un matemático, no ha de tener
-estrella, cuando se carea con todas y se roza con el mismo sol?</p>
-
-<p>He, que para vivir y para valer, decía un ateísta, digo un
-estadista, á la Política me atengo. Ésta es la ciencia de los príncipes
-y así ella es la princesa de las ciencias.</p>
-
-<p>Desta suerte corría la pretensión á todo discurrir, cuando el gran
-canceller de las letras, digno presidente de la docta academia, oídas
-las partes y bien ponderadas sus eficacísimas razones, dió muestras
-de pronunciar sentencia. Calmó en un punto el confuso murmullo y fué
-tanta la atención, cuanta la expectación. Allí se vió todo pedante
-sacar cuello de cigüeña, plantar de grulla, atisbar de mochuelo y parar
-oreja de liebre. En medio de tan antonina suspensión, que ni una mosca
-se oía, desabrochando el pecho el severo presidente, sacó del seno
-un<span class="pagenum" id="Page_76">p. 76</span> libro enano, no
-tomo, sino átomo, de pocas más que doce hojas, y levantándole en alto á
-toda ostentación, dijo:</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Práctico<br />saber.</i></span></p>
-
-<p>Ésta sí que es la corona del saber, ésta la ciencia de ciencias,
-ésta la brújula de los entendidos.</p>
-
-<p>Estaban todos suspensos admirándose y mirándose unos á otros,
-deseosos de saber qué arte fuese aquélla, que según parecía no se
-parecía y dudaban del desempeño. Volvió él segunda vez á exagerar:</p>
-
-<p>Éste sí que es el plático saber, ésta la arte de todo discreto, la
-que da pies y manos y aun hace espaldas á un hombre. Ésta la que del
-polvo de la tierra levanta un pigmeo al trono del mando. Cedan las
-Auténticas del César, retírense los Aforismos del médico, llamados así,
-ya por lo desaforado, ya porque echan fuera del mundo á todo viviente.
-¡Oh qué lición ésta del valer y del medrar! Ni la política ni la
-filosofía ni todas juntas alcanzan lo que ésta con sola una letra.</p>
-
-<p>Crecía á varas el deseo con tanta exageración y más por extrañarse
-en la boca de un atento.</p>
-
-<p>Finalmente, dijo, este librito de oro fué parto noble de aquel
-célebre gramático, prodigioso desvelo de Luis Vives y se intitula: <i>De
-Conscribendis epistolis</i>; Arte de escribir...</p>
-
-<p>No pudo acabar de pronunciar cartas, porque fué tal la risa de
-todo aquel erudito teatro, tanta la tempestad de carcajadas, que no
-pudo en mucho rato tomar la vez ni la voz para desempeñarse. Volvía
-ya á esconder el librillo en el seno con tal severidad, que bastó á
-serenarlos, y muy compuesto les dijo:</p>
-
-<p>Mucho he sentido el veros hoy tan vulgarizantes. Sólo puede ser
-satisfación el reconoceros desengañados.
-
-<span class="sidenote"><i>Dictar<br />una Carta.</i></span>
-
-Advertí que no hay otro saber en el mundo todo, como el saber escribir
-una carta. Y quien quisiere mandar, platique aquel importante aforismo:
-<i>Qui vult regnare, scribat</i>, quien quiere reinar, escriba.</p>
-
-<p>Este ponderativo suceso les refirió un ni persona ni aun hombre,
-sino sombra de hombre, rara visión y al cabo nada. Porque ni tenía mano
-en cosa ni voz ni espaldas ni piernas que ha<span class="pagenum"
-id="Page_77">p. 77</span>cer ni podía hombrear ni en toda su vida se
-vió hecha la barba. Tanto, que admirado Andrenio, le preguntó:</p>
-
-<p>¿Eres ó no eres? Y si eres, ¿de qué vives?</p>
-
-<p>Yo, dijo, soy sombra y así siempre ando á sombra de tejado. Y no te
-espantes, que los más en el mundo no nacieron más que para ser sombras
-de la pintura, no luces ni realces. Porque un hermano segundo ¿qué otra
-cosa es sino sombra del mayorazgo? El que nació para servir, el que
-imita, el que se deja llevar, el que no tiene sí ni no, el que no tiene
-voto proprio, cualquiera que depende ¿qué son todos, sino sombras de
-otros? Creedme, que los más son sombras. Que aquéllos las hacen y éstos
-les siguen. La ventura consiste en arrimarse á buen árbol, para no ser
-sombra de un espino, de un alcornoque, de un quejigo. Por eso yo voy
-en busca de algún gran hombre, para ser sombra suya y poder mandar el
-mundo.</p>
-
-<p>¿Tú, replicó Andrenio, mandar?</p>
-
-<p>Sí, pues muchos, que fueron menos y aun nada, hay llegado á mandarlo
-todo. Yo sé que me veréis bien presto entronizado. Dejá que lleguemos
-á la corte: que, si ahora soy sombra, algún día seré asombro. Vamos
-allá y allí veréis la honra del mundo en el ínclito, justo y valeroso
-Ferdinando Augusto.
-
-<span class="sidenote"><i>Honra y virtud.</i></span>
-
-Él es la honra de nuestro siglo, la otra columna del non plus ultra
-de la fe, trono de la justicia, basa de la fortaleza y centro de toda
-virtud. Y creedme que no hay otra honra, sino la que se apoya en la
-virtud; que en el vicio no puede haber cosa grande.</p>
-
-<p>Alegráronse mucho ambos peregrinos, viendo se acercaban á aquella
-ciudad, estancia de su buscada prenda y término de su felicidad
-deseada.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Corte de Cortes.</i></span></p>
-
-<p>Vieron ya campear en la superioridad de la más alta eminencia una
-imperial ciudad, la primera que los solares rayos coronan. Fuéronse
-acercando y admirando un número sin cuenta de gentes, anhelando
-todos en su falda por subir á su corona. Para más satisfacerse ambos
-peregrinos, preguntaron si era aquella la corte.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_78">p. 78</span></p>
-
-<p>¿Pues no se da bien á conocer, les respondieron, en la muchedumbre
-de impertinentes? Ésta es la corte y aun todas las cortes en ella. Éste
-es el trono del mando, donde todos revientan por subir y así llegan
-reventados, unos á ser primeros, otros á ser segundos y ninguno á ser
-postrero.</p>
-
-<p>Vieron que echaban algunos, bien pocos, por el rodeo de los méritos;
-mas era un acabar de nunca acabar. El más manual, más que el de
-las letras, del valor y virtud, era el del oro; pero la dificultad
-consistía en fabricarse escala. Que de ordinario los más beneméritos
-suelen ser los más imposibilitados. Echáronle á uno por favor, más que
-por elección, una escala de lo alto y él, en estando arriba, la retiró,
-porque ningún otro subiese. Al contrario, otro arrojó desde abajo un
-gancho de oro y enganchóse en las manos de dos ó tres, que estaban
-arriba, con que pudo trepar ligero.
-
-<span class="sidenote"><i>Volatines<br />de la ambición.</i></span>
-
-Y déstos había raros volatines de la ambición, que por maromas de oro
-volaban ligerísimos. Estaba votando uno y blasfemando.</p>
-
-<p>¿Qué tiene éste?, preguntó Andrenio.</p>
-
-<p>Y respondiéronle:</p>
-
-<p>Echa votos, por los que le han faltado.</p>
-
-<p>Lo que más admiraron fué que, siendo la subida muy resbaladiza y
-llena de deslizaderos, llegó uno y comenzó á untarlos con un unto, que
-en lo blanco parecía jabón y en lo brillante plata.</p>
-
-<p>¡Hay más calificada necedad!, decía.</p>
-
-<p>Pero él Asombrado:</p>
-
-<p>Aguardá, dijo, y veréis el maravilloso efeto.</p>
-
-<p>Fuélo harto, pues en virtud desta diligencia pudo subir con ligereza
-y seguridad, sin amagar el menor vaivén.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Untar para<br />no resbalar.</i></span></p>
-
-<p>¡Oh gran secreto, exclamó Critilo, untar las manos á otros, para que
-no se le deslicen á él los pies!</p>
-
-<p>Ostentaban algunos prolijas barbas, torrentes de la autoridad, que,
-cuando más afectan ciencia, descubren mayor legalidad.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_79">p. 79</span></p>
-
-<p>¿Por qué éstos, preguntó Andrenio, no se hacen la barba? ¡Oh,
-respondió el Asombrado, porque se la hagan!</p>
-
-<p>Reconocieron uno, que parecía necio y realmente lo era, según aquel
-constante aforismo, que son tontos todos los que lo parecen y la mitad
-de los que no lo parecen. Y con ser incapaz, había muchos entendidos,
-que le ayudaban á subir y lo diligenciaban por todas las vías posibles,
-no cesando de acreditarle de hombre de gran testa, contra todo su
-dictamen, de gran valor y muy cabal para cualquier empleo.</p>
-
-<p>¿Qué pretenden estos sabios, reparó Critilo, con favorecer á este
-tonto, procurando con tantas veras entronizarle?</p>
-
-<p>¡Oh!, dijo el Asombro, ya espanto, ¿no veis que, si éste sube una
-vez al mando, que ellos le han de mandar á él? Es testa de ferro, en
-quien afianzan ellos el tenerlo todo á su mano. ¡Oh lo que valía aquí
-una onza de pía afición y un amigo un Perú, sobre todo, un pariente,
-aunque sea cuñado! Porque decían:</p>
-
-<p>¡De los tuyos hayas!</p>
-
-<p>Mas Critilo, anteviendo tantas y tan inaccesibles dificultades,
-trataba de retirarse, consolándose á lo zorro de los racimos y
-diciendo:</p>
-
-<p>He, que el mandar, aunque es empleo de hombres, pero no felicidad. Y
-cierto, ponderaba, que para gobernar locos es menester gran seso y para
-regir necios, gran saber. Yo renuncio á los cargos por sus cargas.</p>
-
-<p>Y encogiendo los hombros, volvía las espaldas. Detúvole el Asombro
-con aquella paradoja sentencia, para unos de vida y de muerte para
-otros:</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Monarca<br />ó loco.</i></span></p>
-
-<p>Que un hombre había de nacer ó rey ó loco; no hay medio, ó César ó
-nada. ¿Qué sabio, decía, puede vivir sujeto á otro y más á un necio?
-Más le vale ser loco, no tanto para no sentir los desprecios, cuanto
-para dar luego en rey de imaginación y mandar de fantasía. Yo, con ser
-sombra, no me tengo por desahuciado de llegar al mando.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_80">p. 80</span></p>
-
-<p>¿Pues en qué confías?, dijo Andrenio.</p>
-
-<p>Cuando se oyó una voz, que desde lo más alto decía:</p>
-
-<p>Allá va, allá va.</p>
-
-<p>Estaban todos suspensos en expectación de qué vendría, cuando vieron
-caer á los pies de la Sombra unas espaldas de hombre y muy hombre,
-fuertes hombros y trabadas costillas.</p>
-
-<p>Asegundó el grito:</p>
-
-<p>Allá van.</p>
-
-<p>Y cayeron dos manos con sus brazos tan rollizos, que parecía cada
-uno un brazo de hierro. Desta suerte fueron cayendo todas las prendas
-de un varón grande. Estaban los circunstantes atónitos de ver el suelo
-poblado de humanos miembros; mas la Sombra los fué recogiendo todos y
-revistiéndoselos de uno en uno, con que quedó muy persona, hombre de
-poder y valer. Y el que antes parecía nada y podía nada y era tenido
-en nada, se mostró ahora un tan estirado gigante, que todo lo podía.
-De modo que uno le hizo espaldas, otro la barba. No faltó quien le dió
-la mano ni quien le fuese pies. Conque pudo hacer piernas y hombrear.
-Hasta entendimiento tuvo quien le diese. En viéndose hombre, trató de
-subirse á mayores y pudo y aun prestar favor á sus camaradas, á quienes
-hizo espaldas para su mayor ascenso.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>La fuente<br />del olvido.</i></span></p>
-
-<p>Toparon en la primera grada del medrar una fuente rara, donde todos
-se prevenían para la gran sed de la ambición y causaba contrarios
-efectos. Uno de los más notables era un olvido tan estraño de todo lo
-pasado, que no sólo se olvidaban de los amigos y conocidos de antes,
-causándoles increíble pesadumbre ver testigos de su antigua bajeza;
-pero de sus mismos hermanos. Y aun hubo hombre tan bárbaramente
-soberbio, que desconoció el padre, que le engendró, borrando de su
-memoria todas las obligaciones pasadas, los beneficios recibidos,
-favoreciendo hechuras nuevas, queriendo antes ser acreedores, que
-obligados. Más estimaban fiar, que pagar. Pero ¿qué mucho, si
-llegaron los más á olvidarse de sí mismos y de lo que habían<span
-class="pagenum" id="Page_81">p. 81</span> sido, de aquellos principios
-de charcos, en viéndose en alta mar, y de todo cuanto les pudiera
-acordar su basura, obligándoles á deshacer la rueda? Infundía una
-ingratitud increíble, una tesura enfadosísima, una estrañez notable y
-al fin mudaba un entronizado totalmente, dejándole como elevado, que
-ni él se conocía ni los otros le acababan de conocer. ¡Tanto mudan las
-honras las costumbres!</p>
-
-<p>Llegaron á lo alto en ocasión, que todos andaban turbados y la
-corte alborotada, por haber desaparecido uno de los mayores monarcas
-de la Europa y, habiéndole buscado por cien partes, no le podían
-descubrir. Sospechaban algunos se habría perdido en la caza: que no
-sería el primero. Que en casa de algún villano habría hecho noche,
-despertando de su gran sueño y cenando desengaños el que tan ayuno
-vivía de verdades.
-
-<span class="sidenote"><i>Príncipe<br />de Estrella.</i></span>
-
-Mas llegó el día y no pareció. Era grande y general el sentimiento,
-porque era amado de todos por sus grandes prendas, príncipe de
-estrella, que no es poco. No quedó Yuste, San Dionís, Casa de Campo,
-bosque ni jardín, donde no le buscasen. Hasta que finalmente le
-hallaron donde menos pensaban ni pudiera imaginarse, pues en un
-mercado, entre los ganapanes y esportilleros, vestido como uno dellos,
-porteando tercios y alquilando sus hombros por un real. Quedaron
-atónitos de verle tan trocado, comiendo un pedazo de pan con más
-gusto que en su palacio los faisanes. Estuvieron por un gran rato
-suspensos, sin acertar á decir palabra, no acabando de creer lo que
-veían. Quejáronsele con el debido sentimiento de que hubiese dejado
-su real trono y se hubiese abatido á un empleo tan soez. Mas él les
-respondió:</p>
-
-<p>En mi palabra, que es menos pesada la mayor carga déstas, aunque
-sea de muchas arrobas de plomo, que la que he dejado. El tercio más
-cantioso me parece una paja, respeto de un mundo acuestas y que me lo
-han agradecido mis hombros. ¿Qué cama de brocado como este suelo, sin
-cuidados, donde he dormido más estas cuatro noches, que en toda mi
-vida?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_82">p. 82</span></p>
-
-<p>Suplicábanle volviese á su grandeza; mas él:</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Rey de sí mismo.</i></span></p>
-
-<p>Dejadme estar, respondió, que ahora comienzo á vivir: ya me gozo y
-soy rey de mí mismo.</p>
-
-<p>Pues, señor, volviéronle á hacer instancia, ¿cómo un príncipe de tan
-alto genio ha podido humanarse á conversar con tan vil canalla, horrura
-mayor del vulgo?</p>
-
-<p>He, que no se me ha hecho de nuevo. ¿No andaba yo en el palacio
-rodeado de truhanes, simples, enanos y lisonjeros, peores sabandijas, á
-dicho de un rey Magnánimo?</p>
-
-<p>Rogáronle unos y otros volviese al mando y él por última resolución
-les dijo:</p>
-
-<p>Andad, que, habiendo probado ya esta vida, gran locura sería volver
-á la pasada.</p>
-
-<p>Trataron de elegir otro, que debía ser en Polonia, y pusieron la
-mira en uno, nada niño y mucho hombre,
-
-<span class="sidenote"><i>Prendas<br />majestuosas.</i></span>
-
-de gran capacidad y valor, de gran inteligencia y ejecución, con otras
-mil prendas majestuosas, así de hombre como de rey. Presentáronle la
-corona; mas él, tomándola en sus manos y sospesándola, decía:</p>
-
-<p>Á gran peso, gran pesar. ¿Quién podrá sufrir un dolor de cabeza de
-por vida? Tú pesando y yo pensando.</p>
-
-<p>Pidió que por lo menos se la sustentase con dos manos un hombre de
-valor, porque no cargase todo el peso sobre su cabeza. Mas díjole el
-venerable presidente del parlamento:</p>
-
-<p>Eso, Sire, más sería tener el otro la corona en su mano, que vos en
-la cabeza.</p>
-
-<p>Llegó á vestirse la rica y vistosa púrpura y, hallándola forrada,
-no en martas de piedad, sino en erizos de pena, vestíasela algo
-holgada. Mas diciéndole el maestro de ceremonias se la había de ceñir
-de modo, que quedase bien ajustada, comenzó á suspirar por un pellico.
-Pusiéronle el cetro en la mano y fué tal el peso, que preguntó si era
-remo, temiendo más tempestades, que en el golfo de León. Era cuanto más
-precioso más pesado y tenía por remate, no las hojas de una flor, sino
-los<span class="pagenum" id="Page_83">p. 83</span> ojos en frutos: un
-ojo muy vigilante, que valía por muchos. Preguntó qué significaba y el
-gran Canceller le dijo:</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Cetros con ojos.</i></span></p>
-
-<p>Está haciéndoos del ojo y diciendo: Sire, ojo á Dios y á los
-hombres, ojo á la adulación y á la entereza, ojo á conservar la paz y
-acabar la guerra, ojo al premio de los unos y al apremio de los otros,
-ojo á los que están lejos y más á los que están cerca, ojo al rico y
-oreja al pobre, ojo á todo y á todas partes. Mirad al cielo y á la
-tierra, mirad por vos y por vuestros vasallos. Todo esto y mucho más
-está avisando este ojo tan dispierto. Y advertí que, si tiene ojos el
-cetro, también tiene alma, como lo experimentaréis, tirando de la parte
-inferior.</p>
-
-<p><span class="sidenote"><i>Cetros con alma.</i></span></p>
-
-<p>Ejecutólo y desenvainó un acicalado estoque: que es la justicia
-el alma del reinar. Leyéronle las leyes y pensiones de su cargo, que
-decían, la primera, no ser suyo, sino de todos; no tener hora propria,
-todas ajenas; ser esclavo común, no tener amigo personal, no oir
-verdades, lo que sintió mucho; haber de dar gusto á todos, contentar á
-Dios y á los hombres, morir en pie y despachando.</p>
-
-<p>Basta, dijo, que yo también me acojo al sagrado de la libertad y
-desde ahora renuncio una corona, que se llamó así del corazón y sus
-cuidados, una púrpura felpada de cambrones, un cetro, remo y un trono,
-potro de dar tormento.</p>
-
-<p>Acercósele un monstruo ó ministro y díjole al oído que tratase de
-tomar los cargos y no las cargas.</p>
-
-<p>Reine, decía su madre, aunque me cueste la vida.</p>
-
-<p>Tocaron á aplauso los coribantes, embelesándole con ruidosa pompa,
-en que salió cortejado de la noble bizarría y aclamado de la populosa
-vulgaridad. En medio della estaba Andrenio, ponderando la majestuosa
-felicidad del nuevo príncipe, cuando un estremado varón, llegándose á
-él, le dijo:</p>
-
-<p>¿Crees tú que éste, que ves, es el príncipe que manda?</p>
-
-<p>¿Cuál, pues, si éste no?, respondió Andrenio.</p>
-
-<p>Y él:</p>
-
-<p>¡Oh cómo te engañas de barra á barra!</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_84">p. 84</span></p>
-
-<p>Y mostrándole un esclavo vil con su argolla al cuello, cadena al
-pie, arrastrando un grande globo:</p>
-
-<p>Éste es, le dijo, el que manda el mundo.</p>
-
-<p>Túvolo ó por necedad ó por chiste y comenzóle á solemnizar.</p>
-
-<p>Mas él se fué desempeñando á toda seriedad:</p>
-
-<p>Porque mira, le dijo, aquella gran bola de hierros, ¿qué puede ser,
-sino el mundo, que él le trae al retortero? ¿Ves aquellos eslabones?
-Pues aquélla es la dependencia, aquel primero es el príncipe; aunque
-tal vez, sacando bien la cuenta, es el tercero, el quinto y tal vez el
-décimotercio. El segundo es un favorecido. Á éste le manda su mujer.
-Ella tiene un hijuelo en quien idolatra. El niño está aficionado á un
-esclavo, que pide al rapaz lo que se le antoja. Éste llora á su madre,
-ella importuna á su esposo, él aconseja al príncipe, que decreta de
-suerte que de eslabón en eslabón viene el mundo á andar rodando entre
-los pies de un esclavo, errado de sus pasiones.</p>
-
-<p>Pasó el triunfo, que de todo triunfa el tiempo, y guiándoles el
-Varón de estremos, haciéndolos, llegaron á una gran plaza, donde
-cuatro ó seis personajes muy ahorrados, sin ahorrarse con ninguno y
-aforrándose de todos, estaban jugando á la pelota. Éste la arrojaba á
-aquél y aquél al otro, hasta que volvía al primero, pasando círculo
-político, que es el más vicioso, rodando siempre entre unos mismos,
-sin salir jamás de sus manos. Todos los demás estaban mirando, que no
-hacían otro que ver jugar. Reparó Critilo y dijo:</p>
-
-<p>Ésta parece la pelota del mundo entre cuero y viento ó borra.</p>
-
-<p>Y éste es, respondió el Estremado, el juego del mando, éste el
-gobierno de todas las comunidades y repúblicas. Unos mismos son los
-que mandan siempre, sin dejar tocar pelota á los demás. Que no hay
-política, que no tenga sus faltas y sus azares. Pero si me creéis,
-dejaos de todo mentido mando y seguidme, que yo os prometo mostrar el
-señorío real, que es el verdadero.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_85">p. 85</span></p>
-
-<p>Aquí hacemos alto, respondió Critilo. El mayor favor sería guiarnos
-á casa de aquel ínclito marqués, embajador de España, cuya casa
-es nuestro centro, donde pensamos poner término á nuestra prolija
-peregrinación, hallando nuestra felicidad deseada.</p>
-
-<p>Lo que les respondió y sucedió aquí, relatará la Crisi siguiente.</p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_2_13">
- <h3 class="g1 ws1">CRISI XIII</h3>
- <p class="subh3c"><i>La jaula de todos.</i></p>
-</div>
-
-<p>Crece el cuerpo hasta los veinte y cinco años y el corazón hasta los
-cincuenta; mas el ánimo siempre. ¡Gran argumento de su inmortalidad!
-Es la edad varonil el mejor tercio de la vida, como la que está en
-el medio. Llega ya el hombre á su punto, el espíritu á su sazón, el
-discurso es sustancial, el valor cumplido y el dictamen de la razón muy
-ajustado á ella. Al fin todo es madurez y cordura. Desde este punto
-se había de comenzar á vivir; mas algunos nunca comenzaron y otros
-cada día comienzan. Ésta es la reina de las edades y, si no perfecta
-absolutamente, con menos imperfecciones.
-
-<span class="sidenote"><i>Las tres libreas<br />del hombre.</i></span>
-
-Pues no ignorante como la niñez ni loca como la mocedad ni pesada ni
-pasada como la vejez; que el mismo sol campa de luces al mediodía. Tres
-libreas de tres diferentes colores da en diversas edades la naturaleza
-á sus criados. Comienza por el rubio y purpurante en la aurora de la
-niñez; al salir del sol de la juventud, gala de color y de colores;
-pero viste de negro y de decencia la barba y el cabello en la edad
-varonil, señal de profundos pensamientos y de cuidados cuerdos; fenece
-con el blanco, quedándose en él la vida, que es el buen porte de la
-virtud, librea de la vejez lo cándido.</p>
-
-<p>Había Andrenio llegado á la cumbre de la varonil edad,<span
-class="pagenum" id="Page_86">p. 86</span> cuando ya Critilo iba
-descaeciendo cuesta abajo de la vida y aun rodando de achaque en
-achaque. Íbales convoyando aquel varón raro, muy de la ocasión. Porque,
-aunque habían topado otros bien prodigiosos en el discurso de tan varia
-vida, que quien mucho vive, mucho experimenta; mas éste les causó harta
-novedad. Porque crecía y menguaba como él quería.
-
-<span class="sidenote"><i>Gigante enano.</i></span>
-
-Estirábase, cuando era menester, iba sacando el cuerpo, alzaba cabeza,
-levantaba la voz y hombreábase de modo, que parecía un gigante tan
-descomunal, que hiciera cara al mismo capitán Plaza y aun á Pepo.
-Por otro estremo, cuando á él le parecía, se volvía á encoger y se
-empequeñecía de modo, que parecía un pigmeo en lo poco y un niño en lo
-tratable. Estaba atónito Andrenio de ver una virtud tan variable.</p>
-
-<p>No te admires, le dijo él mismo. Que yo con los que tratan de
-empinarse y levantarse á mayores, con los que quieren llevar las cosas
-de mal á mal, también sé hacer piernas; pero con los que se humillan y
-llevan las cosas de bien á bien me allano de modo, que de mi condición
-harán cera, cuando más sincera. Que tengo por blasón perdonar á los
-humildes y contrastar los soberbios.</p>
-
-<p>Éste, pues, hombre por estremos, habiéndoles desengañado de que
-el marqués embajador, que ellos buscaban, no asistía ya en la corte
-imperial, sino en la romana con negocios de extraordinaria grandeza,
-y habiendo ellos resuelto, después de mucha desazón y sentimiento,
-proseguir el viaje de su vida hasta conseguir su alejada felicidad y
-marchar á la astuta Italia, ofrecióles el voluntario gigante su compaña
-hasta los Alpes canos, distrito ya de la sonada Vejecia.</p>
-
-<p>Y porque me empeñé, decía, en mostraros el señorío verdadero, sabed
-que no consiste en mandar á otros, sino á sí mismo. ¿Qué importa sujete
-uno todo el mundo, si él no se sujeta á la razón? Y por la mayor parte,
-los que son señores de más, suelen serlo menos de sí mismos. Y tal vez
-el que más manda más se desmanda. El imperio no es felicidad, sino
-pensión; pero el<span class="pagenum" id="Page_87">p. 87</span> ser
-señor de sus apetitos es una inestimable superioridad.
-
-<span class="sidenote"><i>Tiranía<br />de pasiones.</i></span>
-
-Asegúroos que no hay tiranía como la de una pasión y, sea cualquiera,
-ni hay esclavo sujeto al más bárbaro africano, como el que se cautiva
-de un apetito. ¡Cuántas veces querría dormir á sueño suelto el necio
-amante y dícele su pasión:</p>
-
-<p>Quita, perro, que no se hizo para ti ese cielo; sino un infierno
-de estar suspirando toda la noche á los umbrales de la desvanecida
-belleza!</p>
-
-<p>Quisiera el mísero engañar, si no satisfacer, su hambre canina y
-dícele su codicia:</p>
-
-<p>Anda, perro, ni una sed de agua y siempre de dinero.</p>
-
-<p>Suspira el ambicioso por la quietud dichosa y grítale el deseo de
-valer:</p>
-
-<p>Hola, perro, anda aperreado toda la vida.</p>
-
-<p>¿Hay Berbería tan bárbara cual ésta? He, que no hay en el mundo
-señorío como la libertad del corazón. Eso sí que es ser señor,
-príncipe, rey, y monarca de sí mismo. Esta sola ventaja os faltaba
-para llegar al colmo de una inmortal perfección; todo lo demás habíais
-conseguido, el honroso saber, el acomodado tener, la dulce mitad, el
-importante valor, la ventura deseada, la virtud hermosa, la honra
-autorizada, y desta vez el mando verdadero.</p>
-
-<p>¿Qué os ha parecido, preguntó el agigantado camarada, de los bravos
-alemanes?</p>
-
-<p>Grandes hombres, iba á decir Critilo, cuando perturbó su definición
-uno, que parecía venir huyendo en lo desalentado y á gritos
-maldistintos repetía:</p>
-
-<p>¡Guarda la fiera, guarda la mala bestia!</p>
-
-<p>No dejaron de asustarse y más, cuando oyeron repetir lo mismo á otro
-y á otros, que todos volvían atrás de espanto.</p>
-
-<p>¿Es posible, dijo Andrenio, que jamás nos hemos de ver libres de
-monstruos ni de fieras, que toda la vida ha de ser arma?</p>
-
-<p>Trataban de huir y ponerse en cobro, cuando volviéndose<span
-class="pagenum" id="Page_88">p. 88</span> hacia su camarada el Gigante,
-no le vieron, pero le sintieron metido en uno de sus zapatos, tamañito.
-Creció su espanto, creyendo fuese efeto del miedo; mas él, con voz
-intrépida les animó, diciendo:</p>
-
-<p>No temáis, no, que ésta no es desdicha, sino suerte.</p>
-
-<p>¿Cómo suerte, gritó uno de los fugitivos, si está ahí una fiera tan
-cruel, que no perdona al hombre más persona?</p>
-
-<p>¿Cómo nos guías por aquí?, instó Critilo.</p>
-
-<p>Y él:</p>
-
-<p>Porque es el camino de más ventajas, el de los grandes hombres, y
-esa fiera tan temida no es para mí asombro, sino trofeo.</p>
-
-<p>Dábase á las furias, oyendo esto Andrenio, y preguntóle á uno de los
-menos asustados:</p>
-
-<p>¿No me diríais, qué fiera es ésta?</p>
-
-<p>¿Vístela tú?</p>
-
-<p>Y aun he experimentado, respondió, por desgraciada dicha su
-fiereza.</p>
-
-<p>Éste es un monstruo tan ruin como desapiadado, que sólo se sustenta
-de hombres muy personas. Cada día le han de echar para su pasto el
-mejor hombre, que se conoce, un héroe; y por el mismo caso que es
-conocido y nombrado, el sujeto más eminente, ya en armas, ya en letras,
-ya en gobierno; y si mujer, la más linda, la más bella, y luego la
-despedaza rosa á rosa, estrella á estrella, y se la traga; que de las
-feas y fieras como él no hace caso. Todos los famosos hombres peligran.
-En habiendo un sabio, un entendido, al punto le huele de mil leguas y
-hace tales estragos, que sus mismos conocidos se le traen y tal vez sus
-propios hermanos. Que el primer hombre, que despedazó, un hermano suyo
-le condujo. Es cosa lastimosa ver un gran soldado, cuanto más valiente
-y hazañoso, cómo perece, hecho víctima de su vilísima rabia.</p>
-
-<p>¿Pues qué, á los valientes se atreve?</p>
-
-<p>¿Cómo, si se atreve? Al mismo Torrecuso, al animoso Cantel<span
-class="pagenum" id="Page_89">p. 89</span>mo, al mismo duque de Feria y
-otros tan excelentes. ¿Fiero monstruo de deshacer todo lo bueno? Pues
-ved cómo lo malea con dientes, con la lengua, hasta con el gestillo,
-con el modillo y de todas maneras.</p>
-
-<p>¡Qué buen gusto debe tener!, dijo Critilo.</p>
-
-<p>Antes no, pues todo lo bueno le sabe mal y no lo puede tragar,
-aunque muerde lo mejor. Y si tal vez se lo traga, porque lo cree, no
-lo puede digerir, porque no se le cuece. Tiene malísimo gusto y peor
-olfato, oliendo de cien leguas una eminencia y rabia por deshacerla. Y
-así yo doy voces:</p>
-
-<p>Afuera, lindas; á huir, sabios; guardaos, valientes; alerta,
-príncipe: que viene, que llega rabiando la apocada bestia: ¡guarda,
-guarda!</p>
-
-<p>He, aguarda, dijo el ya Enano gigante.</p>
-
-<p>Por lo menos no puedes negar que es grande quien así se ceba en
-todas las cosas grandes. Antes es muy poca cosa y, aunque no hinca el
-diente venenoso, sino en lo que sobresale, es de todas maneras ruin
-y revienta cada día. No hay cosa más pestilente que su aliento, como
-salido de tan fatal boca, mala lengua y peores entrañas. Yo la he visto
-eclipsar el sol y deslucir las mismas estrellas. Los cristales empaña
-y la plata más brillante desdora. De suerte que, en viendo alguna cosa
-excelente y rara, la toma de ojo y de tema.</p>
-
-<p>¿No hay un paladín, que degüelle esa horca tan perjudicial?,
-preguntó Andrenio.</p>
-
-<p>¿Quién la ha de matar? No los pequeños, que no les hace daño; antes
-los venga y consuela. No los grandes hombres, porque ella acaba con
-todos. ¿Pues quién le ha de emprender?</p>
-
-<p>¿Es bruto, ó persona?</p>
-
-<p>Algo, aunque poco, tiene de hombre, de mujer mucho y de fiera
-todo.</p>
-
-<p>Ya en esto venía para ellos un rayo en monstruo, dando crueles
-dentelladas, espumando veneno:</p>
-
-<p>Aquí el remedio es, gritó el ya Enano, y mucho menos, no<span
-class="pagenum" id="Page_90">p. 90</span> sobresalir en cosa, no lucir
-ni campear, no ostentar prenda alguna.</p>
-
-<p>Así lo platicaron y la que venía rechinando colmillos y relamiéndose
-en espumajos de veneno, viéndoles que tan poco sobresalían y que el
-imaginado Gigante era un pigmeo, no dignándose ni aun de mirarles, los
-despreció, dando la vuelta á su poquedad y vileza.</p>
-
-<p>¿Qué os ha parecido de la monstruosa vieja?, preguntó el ya otra vez
-Gigante.</p>
-
-<p>Y Critilo:</p>
-
-<p>Yo dudé si era el Ostracismo moderno, que á todos los insignes
-varones destierra y querría echar del mundo, no más de porque lo son.
-En oliendo un docto, le hace proceso de excelente hombre y le condena
-á no ser oído; al esclarecido á deslucido; al valiente le hace cargos,
-transformándole las proezas en deméritos; al mayor ministro y de mejor
-gobierno le publica por insufrible; la hermosura mayor, á no ser vista;
-y al fin, toda eminencia, que vaya fuera y se le quite delante.</p>
-
-<p>¿Y eso ejecutaban hombres de juicio en Atenas?, replicó Andrenio.</p>
-
-<p>Y hoy pasa en hecho de verdad, le respondió.</p>
-
-<p>¿Y dónde van á parar tantos buenos?</p>
-
-<p>¿Dónde? Los valientes á Estremadura y la Mancha, los buenos ingenios
-á Portugal, los cuerdos á Aragón, los hombres de bien á Castilla, las
-discretas á Toledo, las hermosas á Granada, los bellos decidores á
-Sevilla, los varones eminentes á Córdoba, los generosos á Castilla la
-Nueva, las mujeres honestas y recatadas á Cataluña y todo lo lucido á
-parar en la corte.</p>
-
-<p>Á mí me pareció, dijo Andrenio, en aquel mirar de mal ojo, en el
-torcer de boca, en el hacer gestillos, en el modillo de hablar y en el
-enfadillo que era la Envidia.</p>
-
-<p>La misma, respondió el Gigante; aunque ella lo niega.</p>
-
-<p>Libres ya de envidiados y envidiosos, llegaron á un paso
-inevitable, donde asistía muy de asiento un varón muy de propó<span
-class="pagenum" id="Page_91">p. 91</span>sito. Éste era el que tenía
-en su mano la justa medida de los entendimientos, de cómo han de ser.
-Y era cosa rara que, llegando cada instante unos y otros á medirse,
-ninguno se ajustaba de todo punto. Unos se quedaban muy cortos á
-tres ó á cuatro dedos de necios. Ya por esto, ya por lo otro. Uno,
-porque, aunque en unas materias discurría, en otras no acertaba. Éste
-era ingenioso, pero cándido; aquél docto, pero rústico. De modo, que
-ninguno venía cabal del todo. Al contrario, otros pasaban del coto y
-eran bachilleres, resabidos, sabihondos y aun casi locos. Hablaban
-unos bien; pero se escuchaban. Sabían otros; pero se lo presumían. Y
-todos éstos enfadaban. Así que unos por cortos, otros por largos, unos
-por carta de más, otros de menos, todos perdían. Á unos les faltaba un
-pedazo de entendimiento y á otros les sobraba. Cuál y cuál, uno entre
-mil, venía á ser de la medida y aun quedaba en opiniones. En viendo
-el juicioso varón que uno no llegaba ó un otro se pasaba, los mandaba
-meter en la gran jaula de todos, llamada así por los infinitos, de que
-siempre estaba llena. Que de loco ó simple, raro es el que se escapa,
-los unos porque no llegan, los otros porque se pasan, condenándose
-todos, unos por tontos, otros por locos. Comenzó á vocearles uno de los
-que ya estaban dentro y decía:</p>
-
-<p>Entrad acá, no tenéis que mediros, que todos somos locos, los muchos
-y los pocos.</p>
-
-<p>Tomáronse la honra, que en la tierra de los necios, el loco es
-rey, y guiados de su gran hombre, entraron allá. Vieron cómo los más
-andaban, pero no discurrían. Cada uno con su tema y alguno con dos
-y tal con cuatro. Había caprichosas setas y cada uno celebraba la
-suya: el uno de entendido, el otro de decidor, éste de galán, aquél
-de bravo, tal de linajudo y cuál de afectado, de enamorados muchos,
-de descontentos de todo algunos. Los graciosos muy desgraciados,
-los dejados muy fríos, los porfiados insufribles, los singulares
-señalados, los valientes furiosos, los muy voluntarios fáciles,
-los encarecedo<span class="pagenum" id="Page_92">p. 92</span>res
-desacreditados, los tiesos enfadosos, los vulgares desestimados, los
-juradores aborrecidos, los descorteses abominados, los rencillosos
-malquistos, los artificiosos temidos. Admirado Andrenio de ver tan
-trascendente locura, quiso saber la causa y dijéronle.</p>
-
-<p>Advertí que ésta es la semilla, que más cunde hoy en la tierra, pues
-da á ciento por uno y en partes á mil. Cada loco hace ciento y cada uno
-déstos otros tantos, y así en cuatro días se llena una ciudad. Yo he
-visto llegar hoy una loca á un pueblo y mañana haber ciento imitadoras
-de sus profanos trajes. Y es cosa rara que cien cuerdos no bastan hacer
-cuerdo un loco y un loco vuelve orates á cien cuerdos. De nada sirven
-los cuerdos á los locos. Éstos sí hacen gran daño á aquéllos: es en
-tanto grado, que ha acontecido poner un loco entre muchos y muy cuerdos
-por ver si se remediaría.</p>
-
-<p>Y como en todo cuanto hablaba y hacía le repugnaban, comenzó á dar
-gritos, diciendo que le sacasen de entre aquellos locos, si no querían
-que perdiese el juicio en cuatro días.</p>
-
-<p>Era de ponderar, cuáles procedían, sin parar un punto ni reparar
-en cosa y todos fuera de sí y metidos en otro de lo que eran y tal
-vez todo lo contrario. Porque el ignorante se imaginaba sabio, con
-que no estaba en sí; el nonadilla se creía gran hombre; el vil, gran
-caballero; la fea se soñaba hermosa; la vieja, niña; el necio, muy
-discreto. De suerte que ninguno está en sí ni se conoce ninguno en el
-caso ni en casa. Y era lo bueno que cada uno preguntaba al otro si
-estaba en su juicio.</p>
-
-<p>¿Hombre del diablo, estáis loco?</p>
-
-<p>¿Estamos en casa?, decía uno.</p>
-
-<p>¿Estáis conmigo?, decía otro.</p>
-
-<p>Y á fe estuviera bien apañado, si con él. Á todos los otros
-imaginaban sus antípodas y que andaban al revés, persuadiéndose cada
-uno que él iba derecho y el otro cabeza abajo, dando de colodrillo por
-esos cielos; él muy tieso y los otros rodando.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_93">p. 93</span></p>
-
-<p>¡Qué errado anda fulano!, decía éste.</p>
-
-<p>Y respondía el otro:</p>
-
-<p>¡Qué calzado por agua va él!</p>
-
-<p>Todos se burlan unos de otros. El avaro del deshonesto y éste de
-aquél, el español del francés y el francés del español.</p>
-
-<p>¡Ay locura de todo el mundo!, filosofaba Critilo. ¡Y con cuánta
-razón se llamó jaula de todos!</p>
-
-<p>Iban discurriendo y toparon los ingleses metidos en una muy alegre
-jaula.</p>
-
-<p>¡Qué alegremente se condenan éstos!, dijo Andrenio.</p>
-
-<p>Y respondiéronle estaban allí por vanos: es achaque de la belleza.
-Vieron los españoles en otra por maliciosos, los italianos por
-invencioneros, los alemanes por furiosos, los franceses por cien cosas
-y los polacos á la otra banda. Había sabandijas de todo elemento: locos
-del aire los soberbios, del fuego los coléricos, de la tierra los
-avaros y del agua los Narcisos. Y éste era simplicísimo elemento. En
-el quinto los lisonjeros, diciendo que sin él no se puede vivir en la
-corte ni en el mundo.</p>
-
-<p>Topaban estremadas locuras, bravos caprichos. Había dado uno
-en no hacer bien á nadie y podía. Preguntóle Andrenio la causa y
-respondióle:</p>
-
-<p>Señor mío, por no morirme luego.</p>
-
-<p>Antes no, le replicaron, que, haciendo bien á todos, todos os
-desearán la vida.</p>
-
-<p>Engañáisos, respondió él, que ya el hacer bien sale mal. Y si no,
-prestá vuestro dinero y veréis lo que pasa. Los más ingratos son los
-más beneficiados.</p>
-
-<p>He, que ésos son cuatro ruines y por ellos no han de perder tantos
-buenos, que lo reconocen y agradecen.</p>
-
-<p>¿Quién son éstos, dijo él, y harémosles un elogio?</p>
-
-<p>Al fin, señor, no os canséis, que yo no me quiero morir tan presto,
-que ya sabéis que quien bien te hará ó se te irá ó se te morirá.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_94">p. 94</span></p>
-
-<p>Á par déste estaba otro gran agorero y era hombre de porte. En
-encontrando un bizco, se volvía á casa y no salía en quince días; que
-si tuerto, en todo un año. No había remedio que comiese, melancólico
-perdido:</p>
-
-<p>¿Qué tenéis?, le preguntó un amigo. ¿Qué os ha sucedido?</p>
-
-<p>Y él:</p>
-
-<p>Un grande azar.</p>
-
-<p>¿Qué?</p>
-
-<p>Que se volcó el salero en la mesa.</p>
-
-<p>Riólo mucho el otro y díjole:</p>
-
-<p>Dios os libre, no se vuelque la olla, que para mí no hay otro peor
-agüero que salir ella güera.</p>
-
-<p>Hízoles gran novedad ver una jaula llena de hombres tenidos por
-sabios y muy ingeniosos y decía Critilo:</p>
-
-<p>Señor, que estén aquí los amantes, vaya: que no va sino una letra
-para amentes; que estén los músicos en su traste, bien; pero ¿hombres
-de entendimiento?</p>
-
-<p>Oh, sí, respondía Séneca: que no hay entendimiento grande sin
-vena.</p>
-
-<p>Trabáronse de palabras, que no de razones, un alemán y un francés.
-Llegaron á términos de perdérselos y el francés trató al alemán de
-borracho y éste le llamó loco. Dióse por muy agraviado el francés y
-arremetiendo para él, que siempre procuran ser los agresores y con eso
-ganan, juraba le había de sacar la sangre pura, que no fuera poco. Y el
-alemán que le había de hacer saltar los sesos, que no tenía.</p>
-
-<p>Púsose de por medio un español; mas, aunque echó algunos votos, no
-podía aplacar al francés.</p>
-
-<p>No tenéis razón, le dijo, que si él os ha tratado de loco, vos á él
-de borracho, con que sois iguales.</p>
-
-<p>No, Monsiur, decía el francés; más cargado quedo yo: peor es loco
-que borracho.</p>
-
-<p>Malo es lo uno y lo otro, replicó el español; pero la locura es
-falta y la embriaguez es sobra.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_95">p. 95</span></p>
-
-<p>Así es, dijo el francés; pero aquello de ser mentecato de alegría es
-una gran ventaja, es tacha de gusto.</p>
-
-<p>He, que también un loco, si da en rey ó papa, pasa una linda vida.
-Así que no sé yo de qué os dais por tan sentido.</p>
-
-<p>Siempre estoy en mis trece, dijo el francés, que yo hallo gran
-diferencia de loco á borracho. Porque el uno es mentecato de secano y
-el otro de regadío.</p>
-
-<p>Estaba una mujer loca rematada de su hermosura, que las más déstas
-no tienen un adarme de juicio.</p>
-
-<p>Ésta sí, dijo Critilo, que volverá locos á ciento.</p>
-
-<p>Y aun á más, dijo Andrenio.</p>
-
-<p>Y fué así, que ella estaba loca y loca su madre con ella y loco el
-marido de celos y locos cuantos la miraban.</p>
-
-<p>Daba voces un gran personaje y decía:</p>
-
-<p>¿Á mí, á un hombre como yo, de mi calidad, á un magnate intentar
-meterlo aquí? Eso no. Si es por esto y esto, yo tuve mi razón: no se ha
-de dar cuenta de las acciones á todos. Si es por aquello, engáñanse.
-¿Qué saben ellos de las ejecuciones de los grandes personajes, que no
-las alcanzan? ¿Por qué se meten á censurarlas? Que hay historiador y
-aun los más, que no tocan en cielo ni en tierra.</p>
-
-<p>Defendíase todo lo posible; mas los superintendentes de la jaula,
-tratándole muy mal hasta ajarle le llevaban muy contra su voluntad,
-diciendo:</p>
-
-<p>Aquí no se juzga de la cordura interna, sino de la locura externa.
-Vaya á la jaula derecho quien hizo tantos tuertos.</p>
-
-<p>Llegó Critilo y, viendo era un gran personaje bien conocido, díjoles
-no tenían razón de meterle allí un hombre semejante.</p>
-
-<p>He, sí señor, dijeron ellos, que estos hombres grandes hacen siempre
-locuras de su tamaño y mayores cuanto mayores.</p>
-
-<p>Por lo menos, replicó Critilo, no le pongáis en el común, sino
-aparte: haya una jaula retirada para los tales.</p>
-
-<p>Riéronlo mucho ellos y dijeron:</p>
-
-<p>Señor mío, á quien perdió el mundo entero todo él sea su jaula.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_96">p. 96</span></p>
-
-<p>Al contrario, otro suplicaba con grande instancia le honrasen con
-una jaula de loco; mas los del gobierno no quisieron. Antes le llevaron
-á las de los simples, que estaban de la otra banda, y fué porque
-pretendía mandar, que á todos los pretendientes de mando los metían á
-un lado del limbo.</p>
-
-<p>Había locos de memoria, que era cosa nueva y nunca vista; que de
-voluntad y entendimiento ya es ordinario. Y éstos eran los prósperos,
-los hartos, no acordándose de los hambrientos, los presentes de los
-ausentes, los de hoy de los de ayer, los que dos veces tropezaron en
-un mismo paso, los que se engolfaron segunda vez y los que se casaron
-dos, los engañados entre los bobos. Y el que dos veces, jaula doble. Y
-señalaron pienso á los de penseque.</p>
-
-<p>Estaban altercando dos cuál había sido el mayor loco del mundo,
-que el primero ya se sabe. Nombraron muchos y bien solemnes, antiguos
-y modernos, en Francia á pares y en España á nones. Concluyeron la
-disputa, concluyendo el poema del galán Medoro.</p>
-
-<p>Preguntó Andrenio por qué ponían los alegres junto á los tristes,
-los consolados á par de los podridos, los satisfechos de los confiados.
-Respondió uno que para igualar el peso y el pesar. Pero otro mejor,
-para que los unos curen con los otros.</p>
-
-<p>¿Pues qué, sanan algunos?</p>
-
-<p>Sí, alguno y aun ése por fuerza, como se vió en aquel, que,
-habiéndole sanado un gran médico, no le quería después pagar. Citóle
-ante el juez, que admirado de tal ingratitud, dudó si había vuelto á
-estar loco. Respondía que ni con él se había hecho el concierto ni le
-había hecho buena obra; sino muy mala en haberle vuelto á su juicio,
-diciendo que no había tenido mejor vida, que cuando estaba loco, pues
-no sentía los agravios ni advertía los desprecios, de nada se pudría.
-Un día se imaginaba rey, otro papa, ya rico, ya valiente y vitorioso,
-ya en el mundo, ya en el paraíso y siempre en gloria; pero ahora sano
-de lodo se consumía, de todo se pudría, viendo cuál anda todo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_97">p. 97</span></p>
-
-<p>Intimóle que pagase ó volviese á ser loco y él escogió esto
-último.</p>
-
-<p>Llamóles uno con grande instancia, que estaba en la jaula de los
-descontentos. Comenzóles á hablar con grande consecuencia, quejándose
-de que le tenían allí sin causa. Daba tan buenas razones que les hizo
-dudar si la tendría. Porque decía:</p>
-
-<p>Señores míos, ¿quién puede vivir contento con su suerte? Si es
-pobre, padece mil miserias; si rico, cuidados; si casado, enfados;
-si soltero, soledad; si sabio, impaciencias; si ignorante, engaños;
-si honrado, penas; si vil, injurias; si mozo, pasiones; si viejo,
-achaques; si solo, desamparos; si emparentado, pesares; si superior,
-murmuraciones; si vasallo, cargas; si retirado, melancolías; si
-tratable, menosprecios. ¿Pues qué ha de hacer un hombre y más si es
-persona? ¿Quién puede vivir contento, sino algún tonto? ¿No os parece
-que tengo razón? Así tuviese yo ventura, que entendimiento no me
-falta.</p>
-
-<p>Aquí se la conocieron y grande. Mal de muchos, vivir tan satisfechos
-de su entendimiento, cuan descontentos de su poca dicha.</p>
-
-<p>¡Oh cuántos, dijo Critilo, echan la culpa de la sobra de su locura á
-la falta de su ventura!</p>
-
-<p>Muy confiado uno llegó á entretenerse y ver las gavias; mas al punto
-agarraron dél para revestirle la librea. Defendíase, preguntando que
-por qué. Pues él ni era músico ni enamorado ni desvanecido ni salía
-fianza por el mismo Creso ni había confiado en hombres ni fiado de
-mujeres, mucho menos de franceses, ni se había casado por los ojos
-á lo antiguo ni por los dedos á lo moderno contando el dinero ni
-había llevado plumaje ni ramo ni se mataba de lo que otros vivían ni
-suspiraba de lo que otros daban carcajadas ni por decir un dicho había
-perdido un amigo ni era de alguna de las cuatro naciones y así que á
-ningún traste pertenecía. Nada le valió.</p>
-
-<p>Enjáulenle, gritaba el regidor mayor.</p>
-
-<p>Y él:</p>
-
-<p>¿Por qué?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_98">p. 98</span></p>
-
-<p>Porque él solo se tiene por cuerdo. Y aunque no sea loco, puede ser
-tenido por tal, como acontece cada día. Y entiendan todos que, por
-cuerdos que sean, si dan los otros en decirles ¡al loco, al loco!, ó le
-han de sacar de tino ú de crédito.</p>
-
-<p>Ponderaba Andrenio que casi todos eran hombres; no había niños ni
-muchachos.</p>
-
-<p>Es que aún no se han enamorado, le respondió uno.</p>
-
-<p>Mas otro:</p>
-
-<p>¿Cómo han de perder lo que aún no tienen?</p>
-
-<p>Defendía un físico que por ser húmedos de celebro; pero mejor un
-filósofo, que por vivir sin penas.</p>
-
-<p>Trajeron los esbirros un tudesco y él decía que por yerro de cuenta.
-Que su mal no procedía de sequedad de celebro; sino de sobrada humedad.
-Y aseguraba que nunca más en su juicio, que cuando estaba borracho.</p>
-
-<p>Dijéronle que en qué se fundaba. Y él con toda puridad decía que,
-cuando estaba de aquel modo, todo cuanto miraba le parecía andar al
-revés, todo al trocado, lo de arriba abajo, y como en realidad de
-verdad así va el mundo y todas sus cosas al revés, nunca más acertado
-iba él ni mejor le conocía que, cuando le miraba al revés, pues
-entonces le veía al derecho y como se había de mirar. Con todo cayó de
-su casa y le dijeron que, aunque le veía al revés, no era por andar él
-derecho. Y así le metieron entre los alegres.</p>
-
-<p>Dondequiera que se volvían, topaban ó locos ó mentecatos: todo el
-mundo lleno de vacío.</p>
-
-<p>Yo creí, dijo Andrenio, que todos los locos cabían en un rincón del
-mundo y que estaban recogidos allá en su Nuncio; y ahora veo que ocupan
-toda la redondez de la tierra.</p>
-
-<p>Podíamos responder á eso, dijo uno, lo que el otro en cierta ciudad
-bien noble y bien florida, que, habiéndola paseado con un estranjero
-y habiéndole mostrado todas las cosas más célebres y más de ver, que
-eran tan muchas como grandes, soberbios edificios, plazas abundantes,
-jardines amenísimos y magní<span class="pagenum" id="Page_99">p.
-99</span>ficos templos, reparó el huésped que no le había llevado á una
-casa de que él gustaba mucho.</p>
-
-<p>¿Cuál es? Que al punto os llevaré allá.</p>
-
-<p>La casa de los que no están en ella.</p>
-
-<p>¡Oh, señor, respondió, aquí no hay casa especial; toda la ciudad lo
-es!</p>
-
-<p>De lo que mucho se maravillaba Andrenio era de ver locos de buen
-entendimiento.</p>
-
-<p>Éstos, le dijo uno, son los peores, porque no tienen cura. He
-allí uno, que tiene el mayor entendimiento que se conoce; pero
-entendimiento, que menos sirva á su dueño, yo dudo que le haya.</p>
-
-<p>¡Oh casa de Dios, exclamó Critilo, poblada de orates!</p>
-
-<p>Mas al decir esto se enfurecieron todos y arremetieron contra
-ellos de todas partes y naciones. Viéronse rodeados en un instante de
-mentecatos, sin poderse defender dellos ni ponerles en razón. Aquí el
-Gigante, echando mano á la cinta, descolgó una bocina de marfil terso
-y puro y aplicándola á la boca comenzó á hacer un son tan desapacible
-para ellos, que todos al punto, volviendo las espaldas, se echaron
-á huir y se retiraron, aunque no con buen orden. Con esto se vieron
-libres de su furia, quedándoles el paso desembarazado. Admirado
-Andrenio, le preguntó si era acaso aquél el cuerno de Astolfo tan
-celebrado.</p>
-
-<p>Primo hermano dél; aunque más moral es éste. Lo que yo puedo decir
-es que me lo dió la misma Verdad. Con él me he librado muchas veces y
-de terribles trances. Porque, como habéis visto, en oyendo cada uno
-la verdad, luego vuelve las espaldas, unos tras otros se van y me
-dejan estar. Todos veréis que enmudecen, en oyendo que les dicen las
-verdades, se van más que de paso. En diciéndole al otro desvanecido que
-advierta, que no tiene de qué, que se acuerde de su abuelo, al punto se
-hiela. Si le decís al magnate que no adjetive lo grande con lo vicioso,
-luego os tuerce el rostro. Si le decís á la<span class="pagenum"
-id="Page_100">p. 100</span> otra que no parece tan bien como se pinta,
-aunque sea un ángel, os para un gesto de un demonio. Si le acordáis
-al rico la limosna y que todos los pobres le echan maldiciones, luego
-se sacude la capa y os sacude de sí. Si al soldado que lo sea en la
-conciencia y no la tendrá tan rota, si á Baldo que no sea venal ni
-admita todas las causas, si al marido que no sea siempre novio, si
-al médico que no se mate por matar, si al juez que no se equivoque
-con Judas, si á la doncella que no comienza ya bien con el don, ni
-la dama con el dar, si á la bella casada que escuse el vella, todos
-vuelven las espaldas. De modo que, en resonando el odioso cuerno de la
-verdad, veréis que el pariente os niega, el amigo se retira, el señor
-desfavorece, todo el mundo os deja y todos van gritando:</p>
-
-<p>¡Á huir á huir!, por no oir.</p>
-
-<p>Despejado el paso de la vida, fuéronse encaminando á los canos
-Alpes, distrito de la temida Vejecia. Lo que por allá les sucedió
-ofrece referir la tercera parte en el erizado invierno de la vejez.</p>
-
-
-<div class="chapter pt6" id="Ch_3">
- <hr class="chap" />
- <p><span class="pagenum" id="Page_101">p. 101</span></p>
- <p class="centra fs200 ws1">EL CRITICÓN</p>
- <h2 class="nobreak peq ws1">TERCERA PARTE</h2>
- <p class="centra fs150 ws1">EN EL INVIERNO DE LA VEJEZ</p>
- <hr class="chap" />
-</div>
-
-
-<div class="chapter pt3">
- <p><span class="pagenum" id="Page_103">p. 103</span></p>
- <p class="centra fs110 g1">POR</p>
- <p class="centra fs140 g2 ws1">LORENZO GRACIÁN</p>
- <p class="centra fs90 ws1">Y LO DEDICA AL</p>
- <p class="centra fs110 ws1">DOCTOR DON LORENZO FRANCÉS DE URRITIGOITI</p>
- <p class="centra fs90 ws1">DEÁN DE LA SANTA IGLESIA DE SIGÜENZA.</p>
- <p class="subh3c"><i>Á don Lorenzo Francés de Urritigoiti, deán de la
- santa iglesia de&nbsp;Sigüenza.</i></p>
-</div>
-
-<p>Esta tercera parte del discurso de la vida humana, que retrata
-la vejez, ¿á quién mejor la pudiera yo dirigir, que á un señor
-anciano, tan grave, entendido y prudente? Y está tan lejos de ser
-inadvertencia esta dirección, que blasona de industrioso obsequio.
-Mucho ha que comenzó v. m. á lograr madureces. Suelen alterarse los
-tiempos y entrarse unos en la jurisdición de los otros: el Otoño se
-muda en Invierno y la Primavera usurpa porción del Estío. Así en
-algunos la vejez se suele adelantar y tomar gran parte de la varonil
-y ésta de la mocedad. Describe este último de mis Críticos una
-sazonada vejez sin decrepitud, copiada de la perfecta de v. m. Ésta
-es la idea de prendas autorizadas, bien conocidas, no bastantemente
-estimadas. Mas desconfiando mi pluma de poder sacar el cumplido
-retrato de las muchas partes, de los heroicos talentos, que en v. m.
-depositaron con emulación la naturaleza favorable<span class="pagenum"
-id="Page_104">p. 104</span> y la industria diligente, he determinado
-valerme de la traza de aquel ingenioso pintor, que, empeñado en
-retratar una perfección á todas luces grande y viendo que los mayores
-esfuerzos del pincel no alcanzaban á poderla copiar toda junta con
-los cuatro perfiles, pues, si la pintaba del un lado, se perdían
-las perfecciones de los otros, discurrió modo cómo poder expresarla
-enteramente. Pintó, pues, el aspecto con la debida valentía y fingió á
-las espaldas una clara fuente, en cuyos cristalinos reflejos se veía la
-otra parte contraria con toda su graciosa gentileza. Puso al un lado
-un grande y lucido espejo, en cuyos fondos se lograba el perfil de la
-mano derecha, y al otro un brillante coselete, donde se representaba
-el de la izquierda. Y con tan bella invención pudo ofrecer á la vista
-todo aquel relevante agregado de bellezas. Que tal vez la grandeza del
-objeto suele adelantar la valentía del concepto.</p>
-
-<p>Así yo, por no perder perfecciones, por no malograr realces y tantos
-como en v. m. admiro, unos propios, otros ajenos, aunque ninguno
-estranjero, después de haber copiado lo virtuoso, lo prudente, lo
-docto, lo entendido, lo apacible, lo generoso, lo plausible, lo noble,
-lo ilustre, que en v. m. luce y no se afecta, quiero carearle con una
-no fingida, sino verdadera fuente de sus esclarecidos padres, el señor
-Martín Francés, ornamento de su casa, esplendor de esta Imperial Ciudad
-de Zaragoza, por su virtud, generosidad, cordura y capacidad, que
-todo en él fué grande; y de una madre, ejemplo de cristianas y nobles
-matronas, cuya bondad se conoció bien en el fruto que dió de tantos y
-tan insignes hijos, que pudo con más razón decir lo que la otra romana:
-<i>Mis galas, mis joyas, mis arreos son mis hijos</i>.</p>
-
-<p>Pondré luego al lado derecho, no un espejo solo, sino<span
-class="pagenum" id="Page_105">p. 105</span> cuatro, de cuatro hermanos,
-dedicados todos á Dios en las más ilustres iglesias catedrales de
-España. El Ilustrísimo señor don Diego Francés, Obispo de Barbastro,
-espejo de ilustrísimos Prelados en lo santo de su vida, en lo vigilante
-de su celo, en lo docto de sus estampados escritos y en lo caritativo
-de sus muchas limosnas.</p>
-
-<p>Sea el segundo el señor Arcipreste de Valpuesta, en la santa Iglesia
-de Burgos, espejo también de Prebendados, ya en la cátedra, ya en el
-púlpito, ya en la silla, asistiendo con ejemplar puntualidad al divino
-culto, sin perdonar días, no perdonándole sus achaques una hora de
-alivio.</p>
-
-<p>El tercero, que pudiera ser primero, es el señor Arcediano de
-Zaragoza, aquel gran bienhechor de todos, de nobles con consejos,
-de pobres con limosnas y asistencias de Regidor mayor del Hospital
-General, de eclesiásticos con ejemplos, de sabios con libros que
-publican las prensas, con las suntuosas iglesias que les ha erigido,
-con capillas que ha ilustrado y fundado, nacido al fin para bien de
-todos y de todas maneras venerable.</p>
-
-<p>Sea corona religiosa el Muy Reverendo Padre Fray Tomás Francés,
-antorcha brillante de la Religión Seráfica, esparciendo rayos, ya de su
-mucha doctrina en los púlpitos, de que dan testimonio dos Cuaresmas,
-que predicó en este Hospital Real de Zaragoza, palenque de los mayores
-talentos, ya de su mucha teología, en tantos años de cátedra, ya de su
-erudición en sus impresos libros, ya de su prudencia en los cargos y
-prelacías, que ha obtenido y Secretario, que fué, de dos Generales de
-su Orden, doblada prueba de sus muchos méritos.</p>
-
-<p>Al otro lado fijaré un coselete de otros tres hermanos seglares,
-nobles caballeros, don Martín y don Marcial y<span class="pagenum"
-id="Page_106">p. 106</span> don Pablo, que tan bien supieron hermanar
-lo lucido con lo cristiano. Ni son menos de ver los lejos de sobrinos
-Canónigos y seglares caballeros. Pero lo que yo más suelo celebrar es
-que todos, por lo cristiano y por lo caballeroso, han sido los más
-plausibles héroes de su patria y de su siglo.</p>
-
-<p>Con esto queda coronado el retrato de blasones y de prendas, que
-todas van á parar en v. m. como en su primero centro, á quien el cielo
-espere y prospere.</p>
-
-<p class="dcha mt1">De v. m. su más afecto estimador</p>
-
-<p class="firma">LORENZO GRACIÁN</p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3">
- <p><span class="pagenum" id="Page_107">p. 107</span></p>
- <p class="centra fs140 ws1">AL QUE LEYERE</p>
-</div>
-
-<p>Á los grandes hombres nada les satisface, sino lo mucho. Por eso
-no desprecio yo letores grandes, convido sólo al benigno y gustoso y
-le presento este tratado de la senectud con particular novedad. Nadie
-censura que las cosas no se hagan; pero sí que no se hagan bien. Pocos
-dicen por qué no se hizo esto ó aquello; pero sí por qué se ha hecho
-mal. Confieso que hubiera sido mayor acierto el no emprender esta obra;
-pero no lo fuera ya el no acabarla. Eche el sello esta tercera parte á
-las otras.</p>
-
-<p>Muchos borrones toparás, si lo quisieres acertar. Haz de todos uno.
-Para su enmienda te dejo las márgenes desembarazadas. Que suelo yo
-decir que se introdujeron para que el sabio letor las vaya llenando
-de lo que olvidó ó no supo el autor, para que corrija él lo que erró
-éste. Sola una cosa quisiera que me estimases y sea el haber procurado
-observar en esta obra aquel magistral precepto de Horacio en su
-inmortal arte de todo discurrir, que dice: <i>Denique sit quodvis simplex
-dumtaxat et unum</i>. Cualquier empleo del discurso y de la invención, sea
-lo que quisieres, ó épica ó cómica ó oratoria, se ha de procurar que
-sea una, que haga un cuerpo, y no cada cosa de por sí, que vaya unida,
-haciendo un todo perfecto.</p>
-
-<p>También he atendido en esta tercera parte huir del ordinario tope de
-los más autores, cuyas primeras partes suelen ser buenas, las segundas
-ya flaquean y las terceras de<span class="pagenum" id="Page_108">p.
-108</span> todo punto descaecen. Yo he afectado lo contrario, no sé si
-lo habré conseguido, que la segunda fuese menos mala que la primera y
-esta tercera, que la segunda. Dijo un grande lector de una obra grande
-que sola le hallaba una falta y era el no ser ó tan breve, que se
-pudiera tomar de memoria, ó tan larga, que nunca se acabara de leer.
-Si no se me permitiere lo último por lo eminente, sea por lo cansado y
-prolijo. Otras más breves obras te ofrezco y, aunque no puedo lo que
-franqueaba á sus apasionados el erudito humanista y insigne jurisperito
-Tiraquelo, sí aquello de un librillo en cada un año, redituará mi
-agradecimiento. Vale.</p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch_3_1">
- <p><span class="pagenum" id="Page_109">p. 109</span></p>
- <p class="centra fs175 ws1">PARTE TERCERA</p>
- <p class="centra fs110 ws1">EN EL INVIERNO DE LA VEJEZ</p>
- <h3 class="g1 ws1">PRIMERA CRISI</h3>
- <p class="subh3c"><i>Honores y horrores de Vejecia.</i></p>
-</div>
-
-<p>No hay error sin autor ni necedad sin padrino y de la mayor, el más
-apasionado. Cuantas son las cabezas, tantos son los caprichos, que
-no las llamo ya sentencias. Murmuraban de la atenta naturaleza los
-reagudos, entremetiéndose á procuradores del género humano:</p>
-
-<p>El haber dado principio á la vida por la niñez, la más inútil,
-decían y la menos á propósito de sus cuatro edades. Que, aunque se
-comienza á vivir á lo gustoso y lo fácil; pero muy á lo necio. Y si
-toda ignorancia es peligrosa, ¿cuánto más en los principios? Gentil
-modo de meter el pie en un mundo, laberinto común, forjado de malicias
-y mentiras, donde cien atenciones no bastan. ¡He!, que no estuvo esto
-bien dispuesto, llamémonos á engaño y procúrese el remedio.</p>
-
-<p>Llegó presto el descontento humano al consistorio supremo: que oyen
-mucho las orejas de los reyes. Mandólos comparecer ante su soberano
-acatamiento y dicen oyó benignamente su querella, concediéndoles que
-ellos mismos eligiesen la edad que mejor les estuviese para comenzar
-á vivir, con que se hubiese de acabar por la contraria. De modo que,
-si se daba principio por la alegre primavera de la niñez, el dejo
-había de ser por el triste invierno de la senectud ó al otoño de la
-varonil edad habían de salir por el contrario, y si por el sazonado
-destemplado<span class="pagenum" id="Page_110">p. 110</span> estío de
-la juventud. Dióles tiempo para que lo pensasen y confiriesen entre sí
-y que, en estando ajustados, volviesen con la resolución, que al punto
-se ejecutaría.</p>
-
-<p>Mas aquí fué la confusión de pareceres, aquí el Babel de opiniones,
-ofreciéndoseles cien mil inconvenientes por todas partes. Proponían
-unos se comenzase á vivir por la mocedad, que de dos extremos, más
-valdría loco, que tonto.</p>
-
-<p>Calificada necedad, replicaban otros: no sería eso entrar á vivir,
-sino á despeñarse; no comenzar la vida, sino su ruina, cuando no
-por la puerta de la virtud, sino del vicio, y, apoderados éstos una
-vez de los homenajes del alma, ¿quién bastará á desencastillarlos
-después? Advertid que es un niño planta tierna, que, en declinando á
-la siniestra mano, con facilidad se endereza á la diestra; mas un mozo
-absoluto y disoluto no admite consejos, no sufre preceptos, todo lo
-atropella y todo lo yerra. Creed que entre dos extremos más arriesgada
-corre la locura, que la ignorancia.</p>
-
-<p>Sobre la achacosa vejez no tuvieron mucho que altercar, con que no
-faltó quien la propusiese, porque no quedase piedra por mover y todo se
-alterase.</p>
-
-<p>¡He!, dijeron los menos necios, que ésa no es edad, sino tempestad,
-más á propósito para dejar la vida, que para comenzarla, cuyos
-multiplicados achaques facilitan la muerte y la hacen tolerable. Yacen
-dormidas las pasiones, cuando más despierto el desengaño; cáese el
-fruto de maduro y aun de pasado.</p>
-
-<p>El que llegó á estar más adelantado fué el partido de la edad
-varonil.</p>
-
-<p>Ése sí, ponderaban los resabidos, que es gran comenzar el mediodía
-de la razón y á toda luz del juicio. Ventaja única entrar á entero sol
-en el confuso laberinto de la vida. Ésa es la reina de las edades y
-lo mejor del vivir. Por ahí comenzó el primero de los hombres, así le
-introdujo en el mundo el soberano Hacedor, ya perfecto, ya consumado,
-hecho y derecho. ¡Alto!, pídasele al divino Autor sin más altercación
-esta excelencia.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_111">p. 111</span></p>
-
-<p>Aguarda, les dijo un cuerdo, y ¿quién vió jamás comenzar por lo más
-dificultoso? Esto ni lo enseña el arte ni lo platica la naturaleza;
-antes bien ambas á dos proceden en todas sus obras haciendo ascenso de
-lo fácil á lo dificultoso, de lo poco á lo mucho, hasta llegar á lo muy
-perfecto. ¿Quién jamás comenzó á subir por el reventón de una cuesta?
-Apenas comenzaría á vivir el hombre y bien á penas, cuando se hallaría
-abrumado de cuidados, ahogado de obligaciones, consumido antes que
-consumado, empeñado en ser persona, que es lo más difícil de la vida.
-Y, si no son á propósito para comenzar los achaques de viejo, menos lo
-serán los afanes de hombre. ¿Quién querrá la vida, si sabe lo que es? Y
-¿quién meterá el pie en el mundo, si le conoce? ¡He!, dejadle vivir al
-hombre para sí algún tiempo, que toda es suya la niñez y la mitad de la
-juventud. Ni tiene menores días en toda la carrera de sus años.</p>
-
-<p>De ese modo ha sido tan ventilada la disputa, que aún dura y durará,
-sin haberse podido convenir jamás ni vuelto con la respuesta al Hacedor
-soberano. El cual prosigue en que comience el hombre á vivir por la
-niñez ignorante y acabe por la vejez sabia.</p>
-
-<p>Estaban ya nuestros dos peregrinos del mundo, los andantes de
-la vida, al pie de los Alpes canos, comenzando Andrenio á dar en
-el blanco, cuando Critilo en los dejos de cisne. Era la región tan
-destemplada y tan triste, que, entrados en ella, á todos se les heló la
-sangre.</p>
-
-<p>Éstas, decía Andrenio, más parecen puertas de la muerte, que puertos
-de la vida.</p>
-
-<p>Y era muy de observar que los que antes pasaron los Pirineos
-sudando, ahora los Alpes tosiendo. Que lo que en la juventud se suda,
-en la vejez se tose. Veían blanquear algunos de aquellos cabezos,
-cuando otros muy pelados, cayéndoseles los dientes de los riscos. No
-discurrían bulliciosas las venas de los arroyuelos, porque la mucha
-frialdad los había embargado la risa y el bullicio, de modo que todo
-estaba helado y casi muerto. Apa<span class="pagenum" id="Page_112">p.
-112</span>recían desnudas las plantas de sus primeras locuras y
-verdores y desabrigadas de su vistoso follaje. Y, si algunas hojas les
-habían quedado, eran tan nocivas, que mataban no pocos al caer. Aunque
-decía la amenazada vieja:</p>
-
-<p>Á la de mi naranjo me apelo.</p>
-
-<p>No se veían ya reir las aguas como solían; llorar sí y aun
-crujir los carámbanos. No cantaba el ruiseñor enamorado; gemía sí,
-desengañado.</p>
-
-<p>¡Qué región tan malhumorada es ésta!, se lamentaba Andrenio.</p>
-
-<p>¡Y qué malsana!, añadió Critilo. Trocáronse los fervores de la
-sangre en horrores de la melancolía, las carcajadas en ayes: todo es
-frialdad y tristeza.</p>
-
-<p>Esto iban melancólicamente discurriendo, cuando entre los pocos,
-que llegaban á estampar el pie en aquel polvo de nieve, descubrieron
-uno de tan estraño proceder, que dudaron ambos á la par si iba ó si
-venía, equivocándose con harto fundamento, porque su aspecto no decía
-con su paso. Traía el rostro hacia ellos y caminaba al contrario.
-Porfiaba Andrenio que venía y Critilo que iba. Que aun de lo que dos
-están viendo á una misma luz hay diversidad de pareceres. Apretó la
-curiosidad los acicates á su diligencia, con que le dieron alcance muy
-en breve y hallaron que realmente tenía dos rostros, con tan dudoso
-proceder, que, cuando parecía venir hacia ellos, se huía dellos y,
-cuando le imaginaban más cerca, estaba más lejos.</p>
-
-<p>No os espantéis, dijo él mismo advirtiendo su reparo, que en este
-remate de la vida todos discurrimos á dos luces y andamos á dos haces.
-Ni se puede vivir de otro modo, que á dos caras. Con la una nos reímos,
-cuando con la otra regañamos; con la una boca decimos de si y con la
-otra de no y hacemos nuestro negocio. Y, si alguno nos pide la palabra
-de que no nos está bien la obra, apelamos del decir al hacer, de la
-facilidad del prometer á la imposibilidad del cumplir, de la lengua á
-las manos: que hay dos leguas de distancia y catalanas. Estaremos<span
-class="pagenum" id="Page_113">p. 113</span> asegurando una cosa á la
-española y desmintiéndola á la francesa, á fuer de Enrico, que de un
-rasgo firmó las dos paces contrarias, sin refrescar la pluma ni tomar
-tinta de nuevo. Hablamos en dos lenguas á la par y al que dice que
-nonos entiende, que nosotros nos entendemos. Hay primero y segundo
-semblante: el uno de cumple y el otro de miento. Con el primero
-contentamos á todos y con el segundo á ninguno. ¿Cuántas veces lloramos
-con el que llora y á un mismo tiempo nos estamos riendo de su necedad?
-Que con el un brazo estaba agasajando aquel gran personaje, que todos
-conocimos, al que llegaba á hablarle, y con la otra mano se la estaba
-jurando al paje, que le había dado entrada. Así que no os fiéis de
-caricas ni os paguéis de gustillos. Pasad adelante á ver la otra cara,
-la verdadera, la de hablas, la de después, la de sobras. Que, si bien
-reparáis, hallaréis la una frente muy serena y la otra borrascosa.
-Blasfema esta boca de lo que aquélla aplaude. Si los ojos de la una son
-azules y de cielo, los de la otra muy negros y de infierno. Si aquéllos
-quietos, estos otros, guiñando. Veréis la una faz muy humana, cuando
-la otra muy grave; tan jovial ésta, cuan saturnina aquélla. Y en una
-palabra, todos en la vejez somos Janos, si en la mocedad fuimos Juanes.
-Sea ésta la primera lición y la que más encargada nos tiene la célebre
-tirana deste distrito y la que ella más platica.</p>
-
-<p>¿Qué tirana es ésa?, preguntó asustado Andrenio.</p>
-
-<p>Y el Jano:</p>
-
-<p>¿Nueva se te hace? Pues de verdad que es bien vieja y bien sonada,
-conocida de todos y ella desconocida con todos. Témenla los nacidos
-por su crueldad, huyendo deste su caduco imperio, procurando cejar
-en la vida y echando borrones de mala tinta sobre el papel blanco de
-las canas. Y, si alguno llega por acá, es á empellones del tiempo y
-muy contra su buen gusto. Mirad aquella hembra, qué mala cara hace. Y
-cuanto más va, peor, viéndole ya prendida de más años, que alfileres.
-Aquí cautivan los fieros ministros de la fea Vejecia á todo pa<span
-class="pagenum" id="Page_114">p. 114</span>sajero sin que se les escape
-ni el rico ni el poderoso ni el galán ni el valiente; cuando mucho,
-alguno de los que saben vivir. Tráenlos á todos como por los cabellos,
-dejándolos tal vez más rotos, que una ocasión venturosa. Unos veréis
-que vienen llorando, otros tosiendo y todos en un continuo ay. Ni hay
-que admirar que es indecible el maltratamiento que les hace, increíbles
-las atrocidades que con ellos ejecuta, tratándolos al fin como á
-cautivos y ella tirana. Y aun quieren decir que tiene de bruja ella y
-todas las de su séquito lo que les falta de hechiceras. Chúpales la
-sangre y las mejillas. Hártalos de palos, dándoles más que del pan,
-y dice que es su sustento. Aseguran ser parienta tan allegada á la
-muerte, que están en segundo grado, y con todo no son sanguíneas ni
-cercanas en sangre, sino en huesos, más amigas aún que parientas. Viven
-pared en medio, teniendo puerta abierta á todas horas y así dicen que
-el viejo ya come las sopas en la sepultura, que de los mozos mueren
-muchos y de los viejos no escapa ninguno. No os la pinto, porque la
-veréis presto y por gran dicha. Y decía una linda:</p>
-
-<p>Primero me caiga muerta.</p>
-
-<p>Esto le estaba ponderando Andrenio, cuando advirtió que con la otra
-boca se estaba haciendo lenguas en alabanza de Vejecia, informando
-de todo lo contrario á Critilo. Celebrábala de sabia, apacible y
-discreta, estimadora de sus vasallos, asegurando que los premiaba con
-las primeras dignidades del mundo, procurándoles las mayores honras
-y concediéndoles grandes privilegios. No acababa de exagerar por
-superlativos el magnífico agasajo y el buen pasaje que les hacía.
-¡Oh, con cuánta razón el otro sátiro de Esopo abominaba de semejantes
-sujetos, que con la misma boca ya calientan, ya resfrían, alaban y
-vituperan una misma cosa!</p>
-
-<p>Líbreme Dios de semejante gente, dijo Andrenio.</p>
-
-<p>Y el Jano:</p>
-
-<p>Esto es tener dos bocas y advierte que ambas dicen verdad: remítome
-á la experiencia.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_115">p. 115</span></p>
-
-<p>Ya en esto vieron discurrir por todas partes honras y coyunturas:
-los desapiadados verdugos de Vejecia. Y aunque procedían á traición y á
-lo de mátalas callando, se hacían después bien de sentir, dondequiera
-que una vez entraban. Espiones de la muerte, que con unas muletillas
-dejaban de correr y volaban hacia la sepultura. Iban de camarada de
-sesenta en setenta. Tropa había de ochenta y éstos eran los peores, que
-de allí adelante todo era trabajo y dolor. En agarrando alguno, con
-bien poco asidero le llevaban á la posta de una muletilla á padecer y
-podrecer. Á los que huían, que eran los más, les perseguían fieramente,
-tirándoles piedras, tan certeros, que se las clavaban en las ijadas y
-riñones y á muchos les derribaban los dientes y las muelas. Resonaban
-por todas aquellas soledades los ecos de un ay tras otro.</p>
-
-<p>Y ponderaba el Jano para buen consuelo:</p>
-
-<p>Aquí tantos son los ayes, como los ajes. Que el viejo cada día
-amanece con un achaque nuevo.</p>
-
-<p>Estaban actualmente setenta de aquellos verdugos, peores que los
-mismos diablos, á dicho del Zapata, pues no bastan conjuros para
-sacarlos, batallando con una abuela, que habían cautivado sin más
-averiguación, que serlo; aunque pasaba muy de rebozo en un manto de
-humo, que en humo del diablo vienen á parar de ordinario los dejos del
-mundo y carne. Venía muy desenvuelta, cuando más envuelta. Porfiaba que
-aún no había salido del cascarón.</p>
-
-<p>Y ellos con mucha risa decían:</p>
-
-<p>¿Pues cómo entraste tan presto en el mascarón?</p>
-
-<p>Ceceaba con enfadoso melindre y desmentíalo su porfiado toser.
-Tiráronla del manto, con que la que negaba un achaque manifestó tres ó
-cuatro. Cayósele la cabellera y quedó monstruo la que fué prodigio y la
-que había atraído tantos, Sirena, ahora los ahuyentaba, coco.</p>
-
-<p>Pasaba un cierto personaje muy alto á lo estirado, echando
-piernas, que no tenía. Púsoselo á mirar uno de aquellos lega<span
-class="pagenum" id="Page_116">p. 116</span>ñosos linces y reparó en que
-no llevaba criado y con linda chanza dijo:</p>
-
-<p>Éste es el de criado.</p>
-
-<p>¿Cómo, si no le lleva?, replicó otro.</p>
-
-<p>Y aun por eso. Habéis de saber que la primer noche, que entró á
-servirle, llegando á desnudarle, comenzó el tal amo á despojarle de
-vestidos y de miembros.</p>
-
-<p>Toma allá, le dijo, esa cabellera.</p>
-
-<p>Y quedóse en calavera. Desatóle luego dos ristras de dientes,
-dejando un páramo la boca. Ni pararon aquí los remiendos de su talle;
-antes, removiendo con dos dedos uno de los ojos, se lo arrancó y
-entregósele, para que lo pusiese sobre la mesa, donde estaba ya la
-mitad del tal amo.</p>
-
-<p>Y el criado fuera de sí, diciendo:</p>
-
-<p>¿Eres amo ó eres fantasma? ¿Qué diablo eres?</p>
-
-<p>Sentóse en esto, para que le descalzase y, habiendo desatado unos
-correones:</p>
-
-<p>Estira, le dijo, de esa bota.</p>
-
-<p>Y fué de modo, que se salió con bota y pierna, quedando de todo
-punto perdido, viendo su amo tan acabado.</p>
-
-<p>Mas éste, que debía tener mejor humor, que humores, viéndole así
-turbado:</p>
-
-<p>De poco te espantas, le dijo. Deja esa pierna y ase de esa
-cabeza.</p>
-
-<p>Y al mismo punto, como si fuera de tornillo, amagó con ambas manos
-á retorcer y á tirársela. El mozo, no bastándole ya el ánimo, echó á
-huir con tal espanto, creyendo que venía rodando la cabeza de su amo
-tras él, que no paró en toda la casa ni en cuatro calles alrededor. Y
-con todo esto se agravia de que le tengan por viejo. Que todos desean
-llegar y, en siéndolo, no lo quieren parecer. Todos lo niegan y con
-semejantes engaños lo desmienten.</p>
-
-<p>Ya á los ecos del toser, al asqueroso estruendo del gargajear,
-alargaron la vista y descubrieron un edificio caduco, cuya mi<span
-class="pagenum" id="Page_117">p. 117</span>tad estaba caída y la otra
-para caer, amenazando por momentos su total ruina, palpitándoles
-los corazones á las arrimadas yedras de los nepotes, validos y
-dependientes. Era de mármol en lo blanco y frío y, aunque muy
-apuntalado de Cipiones en vez de Atlantes, nada seguro. Y con tener
-fosos abiertos y cerradas barbacanas, lo que menos tenía era de
-fortaleza. Pero, ¿qué mucho se estuviese derruyendo, si se veía lleno
-de hendrijas y goteras?</p>
-
-<p>He allí, dijo el Jano, el antiguo palacio de Vejecia.</p>
-
-<p>Bien se da á conocer, le respondieron, en lo melancólico y
-desapacible.</p>
-
-<p>¡Qué desterrada estará de aquí la risa!, dijo Andrenio.</p>
-
-<p>Sí, que ha días andan reñidas y tanto, que ni se ven ni se
-hablan.</p>
-
-<p>Pues de verdad que, si una vejez es triste, que es mal doblado.</p>
-
-<p>No deben faltar la murmuración y la malicia, sus grandes
-camaradas.</p>
-
-<p>Así es, que allí están y muy de asiento entre aquellos Matusalenes,
-sin faltarles jamás qué contar y qué morder, ya al sol, ya al fuego. Y
-es cosa donosa que, no acertando á pronunciar las palabras, clavan con
-ellas. Los callos se les han bajado de las lenguas á los pies.</p>
-
-<p>Ostentábase lo que había quedado del derruído frontispicio muy
-autorizado y grave, con dos puertas antiguas, guardada de perros
-viejos, siempre gruñendo al humor de su dueño. Estaban ambas
-cercanamente distantes. En la una había un portero para no dejar entrar
-y en la otra para que entrasen.</p>
-
-<p>En llegando cualquiera, le desarmaban, aunque fuese el mismo Cid. Y
-esto con tanto rigor, que al duque de Alba, el célebre, le trocaron la
-dura espada en una banda de seda. Á unos les hacían perder los aceros y
-á otros los estribos. Que los hubo de suplir tal vez con una banda de
-tafetán el César. Y al inventor de los mosquetes Antonio de Leiva, le
-obligaron á<span class="pagenum" id="Page_118">p. 118</span> desmontar
-y meterse en una silla de manos, que solían llevar dos negros. Y él con
-gran cólera, en medio del calor de una batalla, gritaba:</p>
-
-<p>Llevadme, diablos, á tal y tal parte; demonios, acabad de llevarme
-allá.</p>
-
-<p>Estaban en aquel punto despojando á cierto general del bastón con
-que había hecho temblar el mundo, dándole en su lugar un báculo, que
-temblaba, con mucha repugnancia suya, porque decía que aún estaba de
-provecho.</p>
-
-<p>Para sí, decían los soldados.</p>
-
-<p>Al fin, le persuadieron con buenas palabras tratase de hacer buenas
-obras, no ya de matar, sino de prevenirse para morir.</p>
-
-<p>Solos les dejaban los cetros y los cayados á los que llegaban con
-ellos, asegurando eran, cuanto más carcomidos, los más firmes puntales
-del bien común. Á los otros les iban repartiendo báculos, que ellos
-decían darles palos, y muchos se vieron llevarlos en el aire sin
-afirmarse ni tocar en tierra. Y discurrió un malicioso era por no hacer
-ruido ni llamar á la puerta de la otra vida.</p>
-
-<p>Pero para que se vea cuán diferentes son los modos de concebir en
-el mundo y la variedad de caprichos, vieron no pocos que ellos mismos
-venían á dejarse cautivar de Vejecia, sin aguardar á que los trajesen
-sus achacosos ministros. Buscábanse ellos de buena gana la mala y
-pedían con instancia les diesen báculos; pero por ningún caso se les
-permitían. Menos los admitían dentro de la horrible posada, tan deseada
-dellos, cuan temida de los otros.</p>
-
-<p>Admirados los circunstantes de tan recíproca impertinencia, les
-decían:</p>
-
-<p>¿Qué pretendréis con eso?</p>
-
-<p>Y ellos:</p>
-
-<p>Dejadnos, que nosotros nos entendemos.</p>
-
-<p>Y rogaban á los guardas les dejasen entrar, diciendo:</p>
-
-<p>Siquiera en lugar nuestro.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_119">p. 119</span></p>
-
-<p>¡Mirad ahora qué prebenda!</p>
-
-<p>¡Oh, sí lo es!, respondieron los porteros. Que para esos lo es
-y acomodada y aun beneficio, ni otro, sino zonzo. No los entendéis
-vosotros. No buscan el báculo por necesidad, sino por comodidad;
-no para llamar á las puertas de la muerte, sino de más vida, de la
-autoridad, de la dignidad, de la estimación y del regalo.</p>
-
-<p>En consecuencia desto, llegó uno bien lucio de tozuelo, pretendiendo
-ser admitido en el ancianismo y pasar plaza de achacoso y para esto
-se ayudaba del toser y del quejarse. Á éste le retiraron diez leguas
-lejos, digo diez años atrás, diciendo:</p>
-
-<p>Éstos por no trabajar se hacen viejos antes con antes: añádense años
-y achaques.</p>
-
-<p>Y realmente era así, porque se dejó caer uno:</p>
-
-<p>Si quieres vivir mucho y sano, hazte viejo temprano, esto es, vire,
-á la italiana.</p>
-
-<p>Así que de todo hay en el mundo. Unos que, siendo viejos, quieren
-parecer mozos, y otros que, siendo mozos, quieren parecer viejos. Así
-fué que tenía ya uno los ochenta ó no los podía tener. Porfiaba que ni
-era viejo ni se tenía por tal. Atendiéronle y notaron que ocupaba uno
-de los más superiores puestos. Y así dijo otro:</p>
-
-<p>Á éstos siempre les parece que han vivido poco y á los que esperan,
-que mucho.</p>
-
-<p>Acusaron á otro que, cuando mozo, había afectado el parecer viejo y,
-cuando viejo, mozo. Y averiguóse que antes pretendía conseguir cierta
-dignidad y después conservarse en ella.</p>
-
-<p>Porfiaba otro decrépito que él probaría con evidencia no ser viejo y
-decía:</p>
-
-<p>Las pensiones del viejo son ver poco, andar menos, mandar nada; yo
-al contrario, veo más. Pues, si antes no veía sino una en cada cosa,
-ahora se me hacen dos: un hombre me parecen cuatro y un mosquito un
-elefante. Camino doblado, pues he de dar cien pasos para conseguir
-cualquier cosa; que<span class="pagenum" id="Page_120">p. 120</span>
-antes con uno alcanzaba cuanto quería. Pues mando tres y cuatro veces
-la cosa y no se hace; que en otro tiempo, á la primera palabra me
-obedecían. Experimento dobladas fuerzas: que, si antes desmontaba de un
-caballo mi persona sola, agora me traigo la silla tras mí. Hágome más
-de sentir, arrastrando el mundo con los pies y haciendo ruido con la
-tos y con el báculo.</p>
-
-<p>Todo eso tenéis más de viejo, le dijeron; pero sírvaos de
-consuelo.</p>
-
-<p>Fuéronse ya acercando á la palaciega antigualla y descubrieron dos
-grandes letreros sobre ambas puertas. El de la primera decía:</p>
-
-<p>Ésta es la puerta de los honores.</p>
-
-<p>Y el de la segunda:</p>
-
-<p>Ésta es la de los horrores.</p>
-
-<p>Y de verdad lo mostraban, ésta en lo deslucido y aquélla en lo
-majestuoso. Examinaban los porteros con grande rigor á cuantos llegaban
-y, en topando alguno, que venía de los verdes prados de sus gustos,
-regoldando á obscenidades, al punto le encaminaban á la puerta de los
-horrores y le introducían en dolores, asegurando que la mocedad liviana
-entrega cansado el cuerpo á la vejez.</p>
-
-<p>Entren los livianos, decían, por la puerta de la pesadumbre, que no
-de la gravedad.</p>
-
-<p>Y ellos sin réplica obedecían. Que se tiene observado que todos
-estos livianos son gente de pocos hígados. Al contrario, á todos,
-cuantos hallaban venir de las sublimes asperezas de la virtud, del
-saber y del valor, les abrían de par en par las puertas de los favores.
-Que una misma vejez para unos es premio y para otros apremio; á unos
-autoriza, á otros atormenta. En reconociendo á Critilo los vigilantes
-porteros, le franquearon la entrada de las honras; mas á Andrenio le
-obligaron á entrar por la de las penas. Tropezó en el mismo umbral y
-gritáronle:</p>
-
-<p>¡Guarda de caer! que aquí ú de comida ú de caída.</p>
-
-<p>Iban caminando ambos por muy diferentes rumbos, pues,<span
-class="pagenum" id="Page_121">p. 121</span> apenas entró Andrenio,
-cuando vió y oyó lo que él nunca quisiera, representaciones trágicas,
-visiones espantosas; pero entre todas, la mayor fué una furia ó una
-fiera, prototipo de monstruos, tan dentro de fantasmas, idea de trasgos
-y lo que es más que todo una vieja. Ocupaba una silla de costillas
-pálidas, un tiempo ya marfiles, embarazando un trono de ecúleos,
-potros y catastas, como presidenta de tormentos, donde todos los
-días son aciagos martes. Rodeábanla inumerables verdugos, enemigos
-declarados de la vida y muñidores de la muerte y ninguno desocupado;
-todos se empleaban en hacer confesar á los envejecidos delincuentes á
-cuestión de tormentos que eran vasallos de aquella tirana reina y, en
-declarándolo, les cargaban de villanos pechos, que les hacían toser
-y tragar saliva. Y aunque el paraje era tan molesto y las camas tan
-duras, emperezaban en ellas con mucha flema y aun flemas.</p>
-
-<p>Tenían á uno entre sus garras, dándole muy malos ratos en el potro
-de sus pasadas mocedades y ya muy pesadas, cruel tortura de una
-prolongada muerte. Y él estaba siempre negativo, meneando á un lado y á
-otro la cabeza y diciendo á todo de no. Que es de viejos el negar, así
-como de niños el conceder. En la boca del viejo siempre hallaréis el no
-y en la del niño el sí.</p>
-
-<p>Preguntábanle de dónde venía. Y él, dos veces sordo, porque lo
-afectaba y lo era, todo lo entendía al revés y respondía:</p>
-
-<p>¿Que estoy muy viejo? Eso niego.</p>
-
-<p>Y meneaba la cabeza. Daban otro apretón á los cordeles y volvíanle á
-preguntar:</p>
-
-<p>¿Á dónde irá?</p>
-
-<p>Y decía:</p>
-
-<p>¿Que me muero? No hay tal.</p>
-
-<p>Y sacudía ambas orejas. Á sus mismos hijos, si le interrogaban,
-respondía:</p>
-
-<p>¿Que os entregue la hacienda? Aún es presto.</p>
-
-<p>Y movía á toda prisa la cabeza:</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_122">p. 122</span></p>
-
-<p>Yo dejaré el mando con el mundo.</p>
-
-<p>Defendíase otro, diciendo que él se sentía aún mozo, pues tenía
-estómago de francés, cabeza de español y pies de italiano. Trataron de
-convencerle de todo lo contrario con hartos testigos. Replicaba él no
-ser de vista y respondíanle:</p>
-
-<p>Aquí, abuelo, los ausentes son los concluyentes: la vista que os
-falta, los dientes que se os cayeron, los cabellos que volaron, las
-fuerzas que descaecieron y el brío que se acabó.</p>
-
-<p>Y dió Vejecia sentencia contra él, casi de muerte. Escusábase un
-podrido rancio, que no estaba en él la falta, sino en los otros, porque
-decía:</p>
-
-<p>Señores, han dado ahora los hombres en hablar bajo, como á traición,
-que ni se oyen ni se dan á entender. En mi tiempo todos hablaban
-alto, porque decían verdad. Hasta los espejos se han falsificado,
-pues hacían antes unas caras frescas, alegres y coloradas, que era un
-contento el mirarse. Los usos se van de cada día empeorando, cálzase
-apretado y corto, vístese estrecho y tan justo, que no se puede valer
-un hombre. Las tierras se han deteriorado, que no dan los frutos tan
-sustanciales y sabrosos como solían ni las viandas tan gustosas. Hasta
-los climas se han mudado en peor, pues siendo este nuestro antes muy
-sano, de lindos aires, el cielo claro y despejado, ahora es todo lo
-contrario, enfermizo y tan achacoso, que no corren otro que catarros,
-romadizos, distinciones, mal de ojos, dolores de cabeza y otros cien
-ajes. Y lo que yo más siento es que el servicio está tan maleado, que
-no hacen cosa bien los criados malmandados, mentirosos, gastarrecados;
-las criadas perezosas, desaliñadas, bachilleras, que no hacen cosa á
-derechas, pues la olla desazonada, la cama dura y malpareja, la mesa
-malcompuesta, la casa malbarrida, todo sucio y todo mal. De modo, que
-ya un hombre oye mal, come peor, ni viste ni duerme ni puede vivir. Y
-si se queja, dicen que está viejo, lleno de manía y caduquez.</p>
-
-<p>Causaba entre risa y lástima ver cuáles llegaban á este pasaje<span
-class="pagenum" id="Page_123">p. 123</span> los que ya se preciaron
-de galanes y pulidos, los Narcisos y los Adonis, que no se podían
-mirar sin grande horror. Las que ya fueron Floras y aun Elenas y la
-misma Venus, verlas ahora descabelladas y sin dientes. Que, cual suele
-rústica, grosera mano esgrimir el villano acero contra el más copado y
-frondoso árbol, pompa vistosa de la campaña, alegría del año, bizarro
-aliño de la primavera, cortándole sus más lozanas ramas, tronchándole
-sus verdes pimpollos, malográndole sus frescos renuevos, dando con
-todo en tierra, hasta dejarle tronco inútil, fantasma de las flores y
-esqueleto del prado: tal es el tiempo, con propriedad tirano, pues que
-de todo tira, aja y deshoja la mayor belleza, marchita el rosicler de
-las mejillas, los claveles de los labios, los jazmines de la frente,
-sacude el menudo aljófar de los dientes, que lloró risueña aurora de
-la mocedad, vuela la frondosa hojarasca del cabello, corta el brío,
-troncha el garbo, descompone la bizarría, derriba la gentileza, da
-con todo en tierra. De un cierto personaje se dudaba si realmente
-era anciano. Porque le sobraba tiempo y le faltaba seso. Y todos
-convinieron en que estaba muy verde. Mas Vejecia:</p>
-
-<p>Éstos, dijo, son de casta de higueras locas, que nunca llega á
-madurar el fruto: hacen higa á la prudencia.</p>
-
-<p>Apelábase un calvo y otro cano á sus pocos años.</p>
-
-<p>Eso tiene el vivir aprisa, les respondieron, que las tempranas
-mocedades ocasionan anticipadas vejeces. No hubiérades sido tan mozos y
-no estuviérades tan viejos.</p>
-
-<p>¡Qué pocas canas llegan de la corte!, reparó Andrenio.</p>
-
-<p>Y respondióle Marcial en dos palabras y un verso:</p>
-
-<p>Miradlos de noche y hallaréislos cisnes, los que todo el día
-cuervos.</p>
-
-<p>Llegó uno cojeando y juraba que no era ni una gota de mal humor,
-sino haber tropezado. Y díjole otro riendo:</p>
-
-<p>Guardaos mucho de tales tropiezos, porque cada vez que los dais, si
-no caéis, avanzáis mucho á la sepultura.</p>
-
-<p>No fué malvisto ni maltratado otro, que realmente tenía años<span
-class="pagenum" id="Page_124">p. 124</span> y no canas, averiguado
-el secreto que era sabérselas quitar con las ocasiones que quitaba.
-Concediósele gozase de los privilegios de viejo y de las esenciones de
-mozo, diciendo Vejecia:</p>
-
-<p>Viva quien sabe vivir.</p>
-
-<p>Al contrario, llegó otro con pocos años y muchas canas y, bien
-miradas, hallaron que eran verdes ó amarillas.</p>
-
-<p>No le han salido ellas, dijo uno, sino que se las han sacado. Vos,
-sin duda, venís de alguna comunidad, no digo comodidad, donde hijos de
-muchas madres bastan á sacar canas á un embrión.</p>
-
-<p>Llamaron á una de abuela y ella enfurecida dijo:</p>
-
-<p>Nieta y muy nieta.</p>
-
-<p>Y Marcial, que acertó á estar allí ó su malicia dijo:</p>
-
-<p>Si ella no tiene más años que cabellos, yo juraré que no llegan á
-cuatro.</p>
-
-<p>Porfiaba otra era suyo el oro de la madeja y la nieve de sus dientes
-y ninguno lo creía. Volvió por ella el mismo poeta, como tan cortesano,
-diciendo:</p>
-
-<p>Sí, sí, suyos son, pues le cuestan su dinero.</p>
-
-<p>Correspondían lastimeros gritos á los insufribles tormentos. Los
-glotones y bebedores no podían agora pasar una gota y hacíanles beber
-la toca y aun morder la sábana; aunque se notó que raros de los
-regalones llegaron tan adelante. Era tan general el sentimiento, que
-los más tenían hechos lágrima del continuo llanto y del maltratamiento
-de Vejecia andaban contrechos y agobiados, cojos y desdentados y
-semiciegos, tratándolos como á villanos, cargándolos de nuevos pechos
-sobre los viejos.</p>
-
-<p>Encontraron ya los crudos criados con el no bien maduro Andrenio.
-Agarraron dél. Pero, antes de decir lo que con ellos le pasó ó le
-hicieron pasar, demos una vista á Critilo, que, habiendo entrado
-por la puerta de los honores, había llegado á la mayor estimación.
-Introdujéronle la Cordura y la Autoridad en un teatro muy capaz y muy
-señor, pues lleno de seniores y<span class="pagenum" id="Page_125">p.
-125</span> de varones muy capaces. Presidía en majestuoso trono una
-venerable matrona con todas las circunstancias de grande. No mostraba
-semblante fiero, sino muy sereno; no desapacible, sino autorizado,
-coronada del metal cano, por reina de las edades. Y como tal,
-estaba haciendo grandes mercedes á sus cortesanos y concediéndoles
-singulares privilegios. Estaba en aquella sazón honrando á un grande
-personaje, tan cargado de espaldas como de prudencia, haciéndole todos
-acatamiento. Y preguntó Critilo á su Jano colateral, que nunca le
-desamparó, quién era aquel varón de estimaciones.</p>
-
-<p>Éste es, le respondió, un Atlante político.</p>
-
-<p>¿De qué piensas tú que está así tan agobiado?</p>
-
-<p>De sostener un mundo entero.</p>
-
-<p>¿Cómo puede ser, le replicó, si no se puede tener él á sí mismo?</p>
-
-<p>Pues advierte que éstos, cuanto más viejos, son más firmes y,
-cuantos más años, más fuerzas sustentan; más y mejor que los mozos, que
-luego dan con el cargo y con su carga en tierra.</p>
-
-<p>Vieron otro, que llegaba y, arrimando su báculo á una montaña de
-dificultades, la alzaprimaba, no habiendo podido muchos y muy robustos
-mancebos ni aun moverla.</p>
-
-<p>Nota, le dijo Jano, lo que puede la maña de un sagaz viejo. ¿No
-reparas en aquel otro, que, estando para caer aquella gran máquina de
-coronas, llega él y arrima su carcomido báculo y con segura firmeza las
-sustenta? Las manos le tiemblan al que allí miras y están temblando dél
-los ejércitos armados. Que eso le dijo el trompeta francés á don Felipe
-de Silva:</p>
-
-<p>No teme mi señor, el mariscal de la Mota, esos vuestros pies
-gotosos; sino esa vuestra testa desembarazada.</p>
-
-<p>¡Qué gafos tiene los dedos aquel que llaman el rey viejo!</p>
-
-<p>Pues te aseguro que están colgados dellos dos mundos.</p>
-
-<p>¡Qué palos sacude aquel coronado ciego aragonés!</p>
-
-<p>¿Y cómo que hace pedazos tanta espada y tanta lanza rebelde?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_126">p. 126</span></p>
-
-<p>Salían al mismo punto seis varones de canas, que, cuanto más alto
-un monte, más se cubre de nieve, y le dijo iban despachados de Vejecia
-el Areópago real y otros cuatro más, á ladear á un gran príncipe, que
-entraba mozo á reinar y viéndole sin barbas le rodeaban de canas. Allí
-toparon y conocieron los clarísimos de noche y escurísimos de secreto,
-gran profundidad con tanta claridad.</p>
-
-<p>Repara, dijo el Jano, en aquel semiciego. Pues más descubre él en
-una ojeada que echa, que muchos garzones que se precian de tener buena
-vista. Que al paso que van perdiendo éstos los sentidos, van ganando
-el entendimiento, tienen el corazón sin pasiones y la cabeza sin
-ignorancias. Aquél, que está sentado, porque no puede estar de otro
-modo, camina medio mundo en un instante. Y aún dicen que le trae en pie
-y con aquel báculo le lleva al retortero: que se hacen mucho de sentir
-en él, cuando los viejos le mandan. Aquel otro asmático y balbuciente
-dice más en una palabra, que otros con ciento. No pases por alto aquel
-lleno de achaques, que no se le ve parte sana en todo su cuerpo: pues
-de verdad que tiene el seso muy entero y el juicio muy sano. Aquellos
-de los malos pies pisan muy firme y, cojeando ellos, hacen asentar el
-pie á muchos. No son flemas las que arrancan aquellos senadores de sus
-cerrados pechos; no son sino secretos podridos, de callados.</p>
-
-<p>Una cosa admiro yo mucho, dijo Critilo: que no se oye aquí vulgo ni
-se parece.</p>
-
-<p>¡Oh! ¿no ves tú, le dijo el Jano, que entre viejos no le hay, porque
-entre ellos no reina la ignorancia? Saben mucho, porque han visto y
-leído mucho.</p>
-
-<p>¡Qué pausado se mueve aquél!</p>
-
-<p>¡Pero qué apriesa va restaurando viejo lo que desperdició mozo!</p>
-
-<p>¡Qué magistral conversación la de aquellos rancios, que ocupan el
-banco del Cid! Cada uno parece un oráculo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_127">p. 127</span></p>
-
-<p>Es un gran rato el escucharlos, de gran gusto y enseñanza para la
-juventud.</p>
-
-<p>¡Qué quietud tan feliz!, ponderaba Critilo.</p>
-
-<p>Es que asisten aquí, decía el Jano, el reposo, el asiento, la
-madurez, con la prudencia, con la gravedad y la entereza. No se oyen
-aquí jamás desatenciones, mucho menos arrojos ni empeños; no resuena
-instrumento músico ni bélico, que están prohibidos por la cordura y el
-sosiego.</p>
-
-<p>Trató ya de conducir el sagaz Jano á su maduro Critilo ante la
-venerable Vejecia. Llegó él muy de su grado y así le recibió ella con
-mucho agrado. Mas fué mucho de ver que al mismo punto, que se postró
-á sus pies, corrieron de improviso ambas cortinas, que estaban á los
-dos lados del majestuoso trono, con que á un mismo tiempo se vieron y
-se conocieron, de la otra parte Andrenio entre horrores y desta otra
-Critilo entre honores, asistiendo entrambos ante la duplicada presencia
-de Vejecia, que, como tenía dos caras januales, podía muy bien presidir
-á entrambos puestos, premiando en uno y apremiando en otro.</p>
-
-<p>Ordenó luego se leyesen en voz alta y clara los nuevos privilegios,
-que en atenciones de méritos de sus concertadas vidas se les concedían
-á éstos; y al contrario los agravados pechos, que se les imponían á
-aquéllos: á unos cargos, á otros cargas, muy dignos de ser sabidos y
-escuchados. Quien los quisiere lograr, estienda el gusto á la Crisi
-siguiente.</p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_3_2">
- <h3 class="g1 ws1">CRISI II</h3>
- <p class="subh3c"><i>El estanco de los vicios.</i></p>
-</div>
-
-<p>Llamó acertadamente el filósofo divino al compuesto humano, sonoro
-animado instrumento, que, cuando está bien templado, hace maravillosa
-armonía; mas, cuando no, todo es confusión y disonancia. Compónese de
-muchos y muy diferentes trastes,<span class="pagenum" id="Page_128">p.
-128</span> que con dificultad grande se ajustan y con grande facilidad
-se desconciertan.</p>
-
-<p>La lengua dijeron algunos ser la más dificultosa de templar; otros
-que la codiciosa mano. Éste dice que los ojos, que nunca se sacian de
-ver la vanidad; aquél que las orejas, que jamás se ven hartas de oir
-lisonjas propias y murmuraciones ajenas. Tal dice que la loca fantasía
-y cual que el apetito insaciable. No falta quien diga que el profundo
-corazón ni quien sienta que las maleadas entrañas.</p>
-
-<p>Mas yo con licencia de todos éstos diría que el vientre y esto
-en todas las edades. En la niñez por la golosina, en la mocedad
-por la lascivia, en la varonil edad por la voracidad y en la vejez
-por la vinolencia. Es el vientre el bajo y aun el vil desta humana
-consonancia; y esto no obstante, no hay otro Dios para algunos. Hizo
-siempre apóstatas los sabios. No dijo cuántos, porque los más y con
-menos razón hacen mayor guerra á la razón.</p>
-
-<p>Es la embriaguez fuente de todos los males, reclamo de todo
-vicio, origen de toda monstruosidad, manantial de toda abominación,
-procediendo tan anómala, que, cuando todos los otros vicios caducan
-y se despiden en la vejez, ella entonces comienza y, sepultados ya,
-los aviva. Conque no hay un vicio sólo, sino todos de mancomún.
-Gran comadre de la herejía: dígalo el Septentrión, llamado así, no
-tanto por las siete estrellas que le ilustran, cuanto por los siete
-capitales vicios que le deslucen. Amiga de la discordia: vocéenlo
-ambas Alemanias, siempre turbulentas. Camarada de la crueldad: llórelo
-Inglaterra en sus degollados reyes y reinas. Paisana de la ferocidad:
-publíquelo Suecia, inquietando muy de atrás toda la Europa. Compañera
-inseparable de la lujuria: confiéselo todo el mundo. Y finalmente
-tercera de toda maldad, muñidora de todo vicio, escollo fatal de la
-vejez, donde zozobra el carcomido bajel humano, yéndose á pique cuando
-había de tomar puerto. El desempeño desta verdad será, después de haber
-referido las<span class="pagenum" id="Page_129">p. 129</span> severas
-leyes, que mandó promulgar Vejecia por todo el ancianismo, que para
-unos fueron favores, si rigores para otros. Subido en lugar eminente el
-secretario, intimó desta suerte:</p>
-
-<p>Á nuestros muy amados seniores y hombres buenos, á los beneméritos
-de la vida y despreciadores de la muerte ordenamos, mandamos y
-encargamos:</p>
-
-<p>Primeramente, que no sólo puedan, sino que deban decir las verdades,
-sin escrúpulo de necedades. Que, si la verdad tiene muchos enemigos,
-también ellos muchos años y poca vida que perder. Al contrario se les
-prohiben severamente las lisonjas activas y positivas, esto es que
-ni las digan ni las escuchen: porque desdice mucho de su entereza un
-tan civil artificio de engañar y una tan vulgar simplicidad de ser
-engañados.</p>
-
-<p>Item, que den consejos por oficio, como maestros de prudencia y
-catedráticos de experiencia. Y esto sin aguardar á que se les pidan:
-que ya no lo platica la necia presunción. Pero, atento á que suelen ser
-estériles las palabras sin las obras, se les amonesta que procedan de
-modo, que siempre precedan los ejemplos á los consejos.</p>
-
-<p>Darán su voto en todo, aunque no les sea demandado: que monta más el
-de un solo viejo chapado, que los de cien mozos caprichosos.</p>
-
-<p>Dirán mal de lo que parece mal, mucho más de lo que es malo:
-que esto no es murmurar, sino hacer justicia. Y lo que en ellos
-sería recatado silencio, entre la gente moza pasaría por declarada
-aprobación.</p>
-
-<p>Alabarán siempre lo pasado, que de verdad lo bueno fué y lo malo es,
-el bien se acaba y el mal dura.</p>
-
-<p>Podrán ser malcontentadizos, por cuanto conocen lo bueno y se les
-debe lo mejor.</p>
-
-<p>Permíteseles el dormirse en medio de la conversación y aun roncar,
-cuando no les contentare, que será las más veces.</p>
-
-<p>Corregirán á los mozos de continuo, no por condición, sino por
-obligación, teniéndoles siempre tirante la brida, ya para que<span
-class="pagenum" id="Page_130">p. 130</span> no se despeñen en el vicio,
-ya para que no atollen en la ignorancia.</p>
-
-<p>Dáseles licencia para gritar y reñir: porque se ha advertido que
-luego anda perdida una casa, donde no hay un viejo que riña y una
-suegra que gruña.</p>
-
-<p>Item más, se les permite el olvidarse de las cosas: que las más del
-mundo son para olvidadas.</p>
-
-<p>Podrán entrarse libremente por las casas ajenas, acercarse al fuego,
-pedir de beber, alargar la mano al plato: que á canas honradas nunca ha
-de haber puertas cerradas.</p>
-
-<p>Permíteseles el encolerizarse tal vez con moderación, no dañando á
-la salud: por cuanto el nunca enojarse es de bestias.</p>
-
-<p>Item, que puedan hablar mucho, porque bien, aun entre los muchos,
-porque mejor que todos.</p>
-
-<p>Súfreseles el repetir los dichos y los cuentos, que siete veces
-agradan y otras tantas enseñan, hiriendo de casera filosofía.</p>
-
-<p>Cuiden de no ser muy liberales, atendiendo á que no les falte la
-hacienda y les sobre la vida.</p>
-
-<p>Escusarse han del no hacer cortesías, no tanto por conservarse,
-cuanto porque no ven ya las personas como solían y que desconocen los
-hombres de agora.</p>
-
-<p>Harán repetir dos y tres veces lo que les dicen, para que todos
-miren cómo y lo que hablan.</p>
-
-<p>Háganse dificultosos de creer, como escarmentados de tanto engaño y
-mentira.</p>
-
-<p>No darán cuenta á nadie de lo que hacen ni tendrán que pedir
-consejo, sino para aprobación.</p>
-
-<p>No sufran que otro alguno mande más que ellos en su casa, que sería
-querer mandar los pies donde hay cabeza.</p>
-
-<p>No tendrán obligación de vestir al uso, sino á su comodidad,
-calzando holgado, por cuanto se ha advertido que todos, cuantos calzan
-muy justo, no pisan muy firme.</p>
-
-<p>Item más, podrán comer y beber muchas veces al día, poco y bueno,
-y tratar de su regalo, sin nota de gula, para conservar<span
-class="pagenum" id="Page_131">p. 131</span> una vida, que vale más que
-las de cien mozos juntas. Y podrán decir lo que el otro:</p>
-
-<p>Yo soy largo en la Iglesia y en la mesa y no me pesa.</p>
-
-<p>Ocuparán los primeros asientos en todo lugar y puesto, aunque
-lleguen tarde, pues llegaron al mundo primero. Y podrán tomárselos,
-cuando los otros se descuidaren en ofrecérselos. Que, si las canas
-honran las comunidades, justo es que sean honradas de todos.</p>
-
-<p>Mándaseles que en todas sus cosas procedan con espera y así podrán
-ser flemáticos, que no procederá de cansados, sino de pausados y
-prudentes.</p>
-
-<p>No tendrán que ceñir acero los que han de caminar con pies de
-plomo; pero llevarán báculo, no sólo para su descanso, sino para las
-correcciones prontas, aunque no gusten los mozos de tales besamanos.</p>
-
-<p>Podrán ir tosiendo, arrastrando los pies y hiriendo fuerte con los
-báculos, como gente que hace ruido en el mundo, atento á que todos en
-la casa se irán recatando dellos, ocultándoles las cosas.</p>
-
-<p>Podrán por el mismo caso ser amigos de saberlo todo y preguntarlo
-y, atendiendo también á que, si se descuidan en saber los sucesos, se
-irían ayunos de muchas cosas á la otra vida, podrán informarse qué hay
-de nuevo, qué se dice, y qué se hace, demás que es muy de personas el
-querer saber lo que en el mundo pasa.</p>
-
-<p>Escúsese de su seca condición, en achaque de su seco temperamento,
-templando con su austeridad el demasiado bullicio y la necia risa de la
-gente joven.</p>
-
-<p>Que puedan quitarse años, ya por los que les impondrán, ya por los
-que ellos en su juventud se impusieron.</p>
-
-<p>Tendrán licencia para no sufrir y quejarse con razón, viéndose
-malasistidos de criados perezosos, enemigos suyos dos veces, por amos
-y por viejos: que todos vuelven las espaldas al sol que se pone, y
-la cara hacia el que sale. Sobre todo viéndose<span class="pagenum"
-id="Page_132">p. 132</span> odiados de ingratos yernos y de nueras
-viejas, haránse estimar y escuchar, diciendo:</p>
-
-<p>Oid, mozos, á un viejo, que, cuando era mozo, los viejos le
-escuchaban.</p>
-
-<p>Finalmente se les encarga que no sean chanceros; sino severos,
-estando siempre de veras atentos á su madurez y entereza.</p>
-
-<p>Estas leyes en lo público y otras de mayor arte en lo secreto les
-fueron intimadas, que ellos aceptaron por obligaciones, aunque otros
-las calificaron privilegios.</p>
-
-<p>Aquí, volviendo la hoja y teniendo el rostro hacia la contraria
-banda, esforzando la voz, leyó desta suerte:</p>
-
-<p>Intimamos á los viejos por fuerza, á los podridos y no maduros, á
-los caducos y no ancianos, á los que en muchos años han vivido poco:</p>
-
-<p>Primeramente, que entiendan y se lo persuadan que realmente están
-viejos, si no en la madurez, en la caduquez; si no en ciencia, en
-impertinencia; si no en prendas, en achaques.</p>
-
-<p>Item más que, así como á los jóvenes se les prohibe el casar hasta
-cierta edad, así también á los viejos se les vede de tal edad en
-adelante y esto en pena de la vida, si con mujer moza; y, si hermosa,
-en costas de la hacienda y de la honra, que no puedan enamorarse y
-mucho menos darlo á entender ni asentar plaza de galanes, en pena de
-risa de todos; podrán, empero, pasear los cimenterios, donde envió á
-uno cierta gentil dama, como apalabrado con la muerte.</p>
-
-<p>Item, se les prohibe el añadirse años, en llegando á perderles la
-vergüenza, echando á noventa y á ciento. Porque, demás de engañar á
-algunos simples, dan ocasión á que muchos ruines se confíen y sientan
-largo el enmendar su perversa vida.</p>
-
-<p>No vistan de gala los que huelen á mortaja y entiendan que el traje,
-que para un joven sería decente, para ellos es gaitería. Ni por eso han
-de andar vestidos de figura con monterillas ó sombrerillos chiquitos
-y puntiagudos ni con lechuguillas y calzas afolladas, haciendo los
-matachines.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_133">p. 133</span></p>
-
-<p>Que no quieran ser agora enfadosos los que algún tiempo muy
-desenfadados ni, como el lobo, prediquen ayuno después de hartos.</p>
-
-<p>Sobre todo, no sean avaros y miserables, viviendo pobres para morir
-ricos, y se persuadan que es una necia crueldad contra sí mismos
-tratarse ellos mal, para que se regalen después sus ingratos herederos;
-vestirse de ropas viejas, para guardarles á ellos las nuevas en las
-arcas.</p>
-
-<p>Mas: los condenamos cada día á nuevos achaques con retención de
-los que ya tenían. Que sean sus ayes ecos de sus pasados gustos. Que,
-si aquéllos dieron al quitar, éstos al durar. Y así como los placeres
-fueron bienes muebles, los pesares serán males fijos.</p>
-
-<p>Que vayan de continuo cabeceando, no tanto para negar los años,
-cuanto para ceñar á la muerte, temblando siempre, ya de su horrible
-catadura, ya pagando censo de asquerosidades á sus pasadas liviandades.
-Y adviertan que viven afianzados, no para gozar del mundo, sino para
-poblar las sepulturas.</p>
-
-<p>Que anden llorando por fuerza los que vivieron muy de grado y sean
-Heráclitos en la vejez los que Demócritos en la mocedad.</p>
-
-<p>Item, que hayan de llevar en paciencia el burlarse de ellos y de sus
-cosas los jóvenes, llamándolas caduqueces, manías y vejeces, por cuanto
-dellos mismos lo aprendieron y desquitan á los pasados.</p>
-
-<p>No se espanten de ser tratados como niños los que jamás acabaron de
-ser hombres ni se quejen de que no hagan caso sus propios hijos de los
-que no supieron hacer casa.</p>
-
-<p>Que los que tienen ya el un pie en la sepultura no tengan el otro en
-los verdes prados de sus gustos ni sean verdes en la condición los que
-tan secos de complisión y en todo caso eviten de parecer pisaverdes los
-amarillos y pisasecos.</p>
-
-<p>Finalmente, que procedan, como parecen, agobiados, inclinándose á la
-tierra, como á su paradero, cargados de espaldas,<span class="pagenum"
-id="Page_134">p. 134</span> mas no de cabeza, pagando pecho en toser á
-su envejecer.</p>
-
-<p>Impónenseles todas estas obligaciones y otras muchas más,
-acompañadas de maldiciones de sus familiares y dobladas de sus
-nueras.</p>
-
-<p>Acabado un tan solemne auto, mandó la arrugada reina se fuesen
-acercando á su caduco trono Critilo y Andrenio, cada cual por su
-puesto, bien opuesto. Y así á Critilo le dió la mano; mas á Andrenio
-se la asentó. Entregó un báculo á Critilo, que pareció cetro, y á
-Andrenio otro, que fué palo. Á aquél le coronó de canas y á éste le
-amortajó en ellas. Dióle á aquél el renombre de senior y á éste de
-viejo y más adelante de decrépito. Con esto los despachó para pasar
-á la última jornada de la tragicomedia de su vida. Critilo guiando y
-Andrenio siguiendo, volvióse Vejecia hacia el Tiempo, su más confidente
-ministro, haciéndole señas de despejar, que con ser intolerables sus
-calabozos, los tuvieran muchos por paraísos, á trueque de no pasar
-adelante y llegar al matadero.</p>
-
-<p>Á pocos pasos bien pausados tropezaron con un sabandijón de los
-de á cada esquina, en el vulgo, ó á un personaje del enfado, que,
-bien atendido de Andrenio y mejor entendido de Critilo, hallaron ser
-de aquéllos, que tienen la lengua agujerada con flujo de palabras y
-estitiquez de razones. Que hay sujetos peores de aquéllos, que lo
-que por una oreja les entra, por otra les sale. Pues á éstos, lo que
-por ambas orejas les entra, por la lengua al mismo punto se les va,
-con tal facilidad de boca, que no les para cosa en el buche, por
-importante que sea, ni el secreto más recomendado ni la interioridad
-más reservada, no sabiendo callar ni su mal ni el ajeno. Singularmente,
-cuando llega á calentárseles la boca con alguna pasión de cólera ó
-alegría, sin ser necesario darles el remitivo político de la afectada
-ignorancia ni el único torcedor de la mañosa contradición. Porque éste
-no tenía retentivo en cosa, confesando él mismo que no podía más con
-su estómago ni recabarlo con su lengua. Jamás pudo llegar á retener un
-secreto medio día y por esto era<span class="pagenum" id="Page_135">p.
-135</span> llamado comúnmente don Fulano el de la lengua horadada.
-Todos, cuantos querían se supiese algo y que se fuese estendiendo á
-toda prisa, acudían á él como á trompeta sin juicio. ¿Pues qué, si le
-encomendaban el secreto? Reventaba por irlo al punto á hacer público.
-Desgraciado del que ó por desatención ó por inadvertencia se le
-confiaba, que luego le topaba en medio de las plazas á la vergüenza y
-aun hecho cuartos. Al contrario, los que ya le conocían, se valían dél
-para hacerle autor de lo que á ellos no les estaba bien serlo y en una
-palabra él era faraute universal, lengua de ferro, si no testa, no el
-<i>bello dezitore</i>, sino el feo palabrista.</p>
-
-<p>Éste, pues, ó andaluz por lo locuaz ó valenciano por lo fácil ó
-chichiliani por lo chacharroni, los comenzó á conducir, sin pararle un
-punto la tarabilla de necedades. ¿Quién podrá contar las que ensartó
-por todo el discurso de su vida? Nunca escupía, porque no le tomasen la
-vez, ni preguntaba por no dar lugar á que otro le respondiese; sí bien,
-á los tales se cree que se les convierte toda la saliva en palabras,
-porque todo cuanto hablan es broma.</p>
-
-<p>Seguidme, les decía: que hoy os he de introducir en el palacio mayor
-del mundo, de muchos oído, de venturosos visto, de todos deseado y de
-raros hallado.</p>
-
-<p>¿Qué palacio será éste?, le preguntaba él mismo.</p>
-
-<p>Y después de muchos misterios, ponderaciones y hazañerías, les dijo
-muy en secreto:</p>
-
-<p>Éste es el de la alegría.</p>
-
-<p>Hízoles notable armonía y dijeron:</p>
-
-<p>¿No sea el de la risa? ¿Quién jamás vió tal cosa ni tal casa de la
-alegría? Hasta hoy no hemos topado quien nos diese noticia de semejante
-palacio; aunque de otros, encantados los más y llenos de soñados
-tesoros.</p>
-
-<p>No os espantéis dello, les dijo: porque el que una vez entra allá
-por maravilla sale. Bobo sería en dejar el contento y volver á los
-pesares de por acá.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_136">p. 136</span></p>
-
-<p>¿Y tú?, le replicaron.</p>
-
-<p>Yo soy excepción: salgo por no reventar á parlarlo y á conducir allá
-los venturosos pasajeros. Vamos, vamos, que allí habéis de ver la misma
-alegría en persona, que lo es mucho, con su cara redonda á lo de sol,
-que aseguran durarles á las carirredondas diez años más la hermosura,
-que á las aguileñas y carílargas. De allí amanece la Aurora, cuando más
-arrebolada y risueña. Todos cuantos moran en aquel serrallo, que allí
-se vive porque se bebe, andan colorados, lucidos y risueños. Gente de
-indo humor y de buen gusto, gentilhombres de la boca.</p>
-
-<p>Y aun gentiles, añadía Critilo. Pero dínos, ¿para cada día hay su
-placer y buenas nuevas?</p>
-
-<p>¡Oh, sí!: porque no se cuidan de las malas ni las oyen ni las
-escuchan; está vedado el darlas. Desdichado del paje, que en esto se
-descuida, que al mismo punto se despiden. Todos son buenos ratos,
-comedias nuevas. Para cada día hay su placer y aun dos y todo al cabo
-viene á parar en <i>placheri y placheri y más placheri</i>.</p>
-
-<p>¿Pues no hace de las suyas la fortuna y de sus mudanzas el tiempo?
-¿Siempre está en él llena la luna? ¿No se barajan los contentos con las
-penas, las copas con los bastos, los oros con las espadas, como por
-acá?</p>
-
-<p>De ningún modo, porque allí no hay podridos ni porfiados ni
-temáticos, desabridos, desazonados, malcontentos, desesperados,
-maliciosos, punchoneros, celosos, impertinentes, y lo que es más que
-todo eso, vecinos. No hay espíritus de tristeza ni de contradición ni
-atribulados ni fatiguillas ni agonizados. Nunca veréis malas comidas
-por ningún caso, aunque se hunda el mundo, ni peores cenas. Nunca ha
-de faltar el capón, el perdigón, que están muy validos. No se conocen
-sinsabores ni quemazones. Y en una palabra, todos allí son buenos
-tragos. Que de verdad no hay otra Jauja ni más cierta cucaña en el
-mundo, que no pillar fastidio de <i>niente</i>.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_137">p. 137</span></p>
-
-<p>Mucho es eso, ponderaba Critilo, que tenga raíces el placer y
-amarras el contento.</p>
-
-<p>Dígoos que sí, porque es manantial el gusto. Ni se marchita el gozo,
-que nace en tierra de regadío. Y habéis de saber, como lo veréis y
-aun lo probaréis, que en medio de aquel gran patio de su placentero
-alcázar brota una tan dulce, cuan perene fuente, brindándose á todos
-sin distinción en bellísimos tazones, unos de oro los más altos,
-otros de plata los del medio y los más bajos, aunque no los menos
-gustosos, de cristales transparentes, con donosa figurería, por ellos
-baja despeñándose con agradable ruido (malos años para la mejor
-música, aunque sean las melodías de Florián) un tan sabroso licor y
-tan regalado, que aseguran unos viene por secretos condutos de allá
-de los mismos campos Elisios; otros dicen se distila de aquel divino
-néctar. Y lo creo, porque á cuantos le beben, los vuelve luego unos
-bienaventurados á lo humano. Aunque no falta quien diga ser vena de
-Elicona y con harto fundamento, pues Horacio, Marcial, Ariosto y
-Quevedo, en bebiéndole, hacían versos superiores. Mas porque todo se
-diga y no me quede con escrúpulos de estómago, no pocos se persuaden y
-lo andan mascando entre dientes, que son verídicos y un alegre, eficaz
-veneno. Sea lo que fuere, lo que yo sé es que causa prodigiosos efectos
-y todos de consuelo. Porque yo ví un día traer no menos que una gran
-princesa, si dijera Lansgravia ó Palatina, perdida de melancolía, sin
-saber ella misma de qué ni por qué, que á no ser eso, no fuera necia.
-Habíanle aplicado dos mil remedios, como son galas, regalos, saraos,
-paseos y comedias, hasta llegar á los más eficaces, cuales son fuentes
-de oro potable, digo de doblones, tabaquillos de joyas, cestillos de
-perlas. Y ella siempre triste ¡qué necia! enfadada de todo y enfadando
-á todos, que ni vivía ni dejaba vivir, de modo, que llegó rematada
-de impertinente. Pues os aseguro que luego que bebió del eficacísimo
-néctar, depuesta la ceremoniosa autoridad regia, se puso á bai<span
-class="pagenum" id="Page_138">p. 138</span>lar, á reir y cantar,
-diciendo que se iba hacia las alturas.</p>
-
-<p>Reniego, dije yo, de todos sus sitiales y doseles y aténgome á un
-valiente cangilón. Y eso es nada: que yo le ví al más severo Catón,
-al español más tétrico, dar carcajadas en bebiéndole, que por eso le
-llamaron los italianos <i>allegracore</i>.</p>
-
-<p>Encontraban muchos peregrinos con sus esclavinas de cuero, que todos
-se encaminaban allá. Los más eran del tercio viejo, que como el paraje
-era áspero y seco y ellos venían fatigados y sedientos, encarrilaban en
-ristra y muertos de sed venían como vivos.</p>
-
-<p>Éste es, decía su farsante guión, el Jordán de los viejos, aquí
-se remozan y se alegran, refrescan la sangre y cobran los perdidos
-colores.</p>
-
-<p>Mas ya á los ecos de una gran bulla placentera, licenciaron la
-vista y descubrieron una casa, no sublime, pero bien empinada, propia
-estación del gusto y palacio del placer, coronado, en vez de jazmines
-y laureles, de pámpanos frondosos y todas sus paredes felpadas de
-yedras. Que, aunque suelen decir que echan á perder las casas donde se
-arriman, yo digo que hace harto más daño una cepa, pues de todo punto
-las arruina.</p>
-
-<p>Mirad, les decía, qué alegre vista de colgaduras naturales. ¿Qué
-tienen que ver con ellas las más ricas y bordadas del célebre duque de
-Medina de las Torres, las más finas tapicerías de Flandes, aunque sean
-dibujos del Rubens? Creedme que todo lo artificial es sombra con lo
-natural y no más de un remedo.</p>
-
-<p>¡Deliciosa amenidad por cierto, decía Andrenio! Ya no me pesa de
-haber venido. Y díme, ¿siempre dura? ¿nunca se marchita?</p>
-
-<p>Dígoos que es perpetua, porque jamás le falta el riego. Bien
-puede secarse Chipre y ahorcarse los Pensiles, con que falta aquí su
-Babilonia.</p>
-
-<p>Íbanse acercando á la gran puerta, siempre de par en par, así
-como la casa de bote en bote, y notaron que, así como á la<span
-class="pagenum" id="Page_139">p. 139</span> del furor suelen estar
-encadenados tigres, á la del valor leones, á la del saber águilas, á la
-de la prudencia elefantes, en ésta asistían lobos soñolientos y tahonas
-entretenidas. Resonaban muchos juglares y todos hacían buen son: debían
-de ser forasteros. Bullían Ninfas nada adamadas; pero muy coloradas y
-fresconas á la flamenca. Blandían vistosos cristales en sus malseguras
-manos, llenas del generoso néctar, brindando á porfía á todo sediento
-pasajero, por estar esta casa de recreación en medio del pasaje de
-la vida. Llegaban ellos muy secos, cuando más ahogados de reumas,
-apurados de la sed, á apurar los cangilones, que ellos les bailaban
-delante. Bebían sin tasa, como gente sin cuenta. Y era bien de reir
-cómo fundaban crédito en hacer la razón, cuando más la deshacían. Y si
-alguno más templado se detenía, comenzaban á hacerle cocos, bautizando
-su atención por melindre y figurería, haciéndole muchos brindis con su
-templanza el licor brillante, que de verdad les saltaba á los ojos.
-Provocábanlos, diciendo:</p>
-
-<p>Ea, que en vuestra edad no la hay, la sequedad de la complexión os
-escusa. Ésta es la leche de los viejos.</p>
-
-<p>Y mentían, que no era sino el veneno.</p>
-
-<p>Vaya otra vez, que el licor es apetecible, pues ningún sainete le
-falta. Él tiene buen color para la hermosura, mejor sabor para el gusto
-y estremado olor para la fragrancia, lisonjeando todos los sentidos.
-Arrojad el agua, tan necia como desabrida, muy preciada de no tener
-nada de gusto, ni color ni olor ni sabor. Éste sí que se precia de todo
-lo contrario. Y lo que más es, que ayuda á la salud y aun es su único
-remedio, pues aseguraba Mesue no haber hallado confección más eficaz
-y que más presto acudiese á remediar el corazón ni las bebidas de
-jacintos y de perlas.</p>
-
-<p>Picábanle el gusto, cambiando licores y colores, ya el rojo
-encendido, combinándose con la sangre, ya dorado, pasando plaza de oro
-potable, ya de color del sol, hijo ardiente de sus rayos, ya de finos
-granates y aun de preciosos rubís, en fe de<span class="pagenum"
-id="Page_140">p. 140</span> su preciosa simpatía. Contentábanse los
-cuerdos con una taza sola, para satisfacer á la necesidad; que lo
-demás decían ser una gran necedad. Con eso refrescaban la sangre,
-confortaban el corazón y se alentaban para poder proseguir su camino á
-las derechas.</p>
-
-<p>Pero los más no acababan de consolarse con una sola taza ni aun con
-dos; sino que en tropa de brutos se metían muy adentro, no parando
-hasta encontrar con el mayor estanque y allí se arrojaban de bruces.
-Déstos fué uno Andrenio, sin que bastase á detenerle ni el consejo ni
-el ejemplo de Critilo. Tendíanse luego en son de bestias por aquellos
-suelos: que todo vicio lleva á parar en tierra, así como toda virtud al
-cielo.</p>
-
-<p>En el entretanto que dormía Andrenio al ser de hombre, privado de
-la principal de sus tres vidas, quiso Critilo registrar aquel palacio
-tudesco, donde vió cosas de mucho escarnio, que él encomendó al
-escarmiento. Halló lo primero que la bacanal estancia no se componía de
-doradas salas, sino de ahumadas zahurdas; no de cuadras de respeto, sí
-de ranchos de vileza.</p>
-
-<p>Topó uno, donde todos se metían á bailar, luego que entraban, con
-tal propensión, que, queriendo una dueña entrar con un palo á sacar su
-criada, con gran priesa se había puesto á bailar. En el mismo punto,
-depuesto el enojo, con el palo, se calzó las castañetas y comenzó á
-repicarlas. Hizo lo mismo el marido, cuando entraba más colérico á
-llevar el compás con un garrote, y todos cuantos metían el pie en aquel
-gustoso rancho del mesón del mundo, al mismo punto olvidados de todo,
-se hacían piezas bailando. Decían algunos ser burlesco hechizo, que
-había dejado un entretenido pasajero, que allí había hecho noche; mas
-Critilo túvolo por borrachera y trató de pasar adelante.</p>
-
-<p>Encontró con otro, donde todos cuantos allá entraban, al punto
-enfurecían con tal fiereza, que echando unos mano á los puñales y
-arrancando otros de las espadas, comenzaban á herirse como fieras
-y á matarse como bestias, olvidados de la<span class="pagenum"
-id="Page_141">p. 141</span> razón, como gente sin juicio. Aquí vió un
-gran personaje con una muy buena capa de púrpura y díjole su farsante
-guía:</p>
-
-<p>No te admires, que por éste se dijo: debajo de una buena capa hay un
-mal bebedor.</p>
-
-<p>¿Quién es éste?</p>
-
-<p>Quien fué señor del mundo; mas este licor lo fué de él.</p>
-
-<p>Retirémonos, dijo Critilo, que tiene en la mano un sangriento
-puñal.</p>
-
-<p>Con ese mató á su mayor amigo sobre mesa.</p>
-
-<p>¿Y con todo eso fué aclamado el Magno?</p>
-
-<p>Sí, por lo soldado, que no por lo rey.</p>
-
-<p>De otro más moderno y aun corriendo vino aseguraban que no se había
-embriagado sino sola una vez en su vida; pero que le duró por toda
-ella, en quien hicieron gran maridaje el vino y la herejía.</p>
-
-<p>Aquí les mostraron el mismo tazón, que tomó en la mano el octavo
-de los ingleses Enriques, en el trance de su infeliz muerte, en vez
-del santo crucifijo, con que suelen morir los buenos católicos, y
-echándosele á pechos, dijo:</p>
-
-<p>Todo lo perdimos junto, el reino, el cielo y la vida.</p>
-
-<p>¿Y todos ésos fueron reyes?, preguntó Critilo.</p>
-
-<p>Sí, todos. Que aunque en España nunca llegó la borrachera á ser
-merced, en Francia sí á ser señoría, en Flandes excelencia, en Alemania
-serenísima, en Suecia alteza; pero en Inglaterra, majestad.</p>
-
-<p>Decíanle á uno que dejase el beber, si no quería despedirse del ver;
-mas él, incorregible, respondía:</p>
-
-<p>Decidme: ¿Estos ojos no se los han de comer los gusanos?</p>
-
-<p>Sí.</p>
-
-<p>Pues más vale que me los beba yo.</p>
-
-<p>Otro tal respondió:</p>
-
-<p>Lo que hay que ver ya lo tengo visto, lo que he de beber no está
-bebido: pues bebamos, aunque nunca veamos.</p>
-
-<p>Y catad la diferencia de los licores: éstos, que están tristes<span
-class="pagenum" id="Page_142">p. 142</span> y tan adormecidos, cargaron
-del tinto; estos otros, tan alegres y risueños, del blanco.</p>
-
-<p>Mas ya en esto habían llegado, no al más reservado retrete, que aquí
-no se conocen interioridades; sino á la estancia mayor de la risa, á
-la cueva del placer, donde hallaron que presidía sobre un eminente
-trono de cercillos, una amplísima reina sin género de autoridad, muy
-grave. Y con estar muy gruesa, decía no tener más que los pellejos, tan
-pobre y desamparada, cuan en cueros. Parecíase una cuba sobre otra,
-de fresco y alegre rostro; aunque tenía más de viña, que de jardín.
-Vestía de otoño, en vez de primavera, coronada de rubíes arracimados.
-Chispeábanla los ojos vertiendo centellas líquidas, hidrópicos los
-labios del suavísimo néctar. Blandía, en vez de palma, en la una mano,
-un verde y frondoso tirso, y brindaba con la otra un bernegal de buen
-tamaño á todos cuantos llegaban, observando con inviolable puntualidad
-la alternativa en los brindis. Notaron que mudaba semblantes á cada
-trago, ya festivo, ya lascivo y ya furioso, verificando el común
-sentir, que la primera vez es necesidad, la segunda deleite, la tercera
-vicio y de ahí adelante brutalidad. En viendo á Critilo, licenció la
-risa en carcajadas y comenzó á propinarse con instancia el enojoso
-licor. Rehusaba Critilo el empeño.</p>
-
-<p>He, que no se puede pasar por otro, le decía, sí, su farsante
-camarada, en ley de cortesano.</p>
-
-<p>Vióse obligado á probarlo y, en gustándole, exclamó:</p>
-
-<p>Éste es el veneno de la razón, éste el tóxico del juicio, éste es
-el vino ¡oh, tiempos! ¡oh, costumbres! El vino antes en aquel siglo de
-oro, pues de la verdad y aun de perlas, pues de las virtudes, cuentan
-que se vendía en las boticas, como medicina, á par de las drogas del
-Oriente, recetábanle los médicos entre los cordiales.</p>
-
-<p>Récipe, decían, una onza de vino y mézclese con una libra de
-agua.</p>
-
-<p>Y así se hacían maravillosos efectos. Otros refieren que no<span
-class="pagenum" id="Page_143">p. 143</span> se permitía vender, sino en
-los más ocultos rincones de las ciudades, allá lejos en los arrabales,
-porque no inficionase las gentes. Y se tenía por infamia ver entrar un
-hombre allá. Mas ya se profanó este buen uso, ya se vende en las muy
-públicas esquinas y están llenas las ciudades de tabernas. Ya no se
-pide licencia al médico para beberle, habiéndose convertido en tóxico
-el que fué singular remedio.</p>
-
-<p>Antes hoy, le replicó un aprisionado, es medicina universal: díganlo
-tantos aforismos, como corren en su favor.</p>
-
-<p>He, que son de viejas.</p>
-
-<p>No por eso peores. El es el común remedio contra el daño, que hacen
-todas las frutas. Y así dicen: “Tras las peras, vino bebas”. “El melón
-maduro, quiere el vino puro”. “Al higo vino y á la agua higa”. “El
-arroz, el pez y el tocino nacen en el agua y mueren en el vino”. La
-leche, ya se sabe lo que le dijo al vino: “Bien seáis venido, amigo”.
-“El vino tras la miel, sabe mal; pero hace bien.” Así que: “Donde no
-hay vino y sobra el agua la salud falta”. En todos tiempos es medicina,
-como lo dice el texto: “En el verano por el calor y en el invierno por
-el frío, es saludable el vino”. Y otro dice: “Pan de ayer y vino de
-antaño, traen al hombre sano”. No sólo remedia el cuerpo; pero es el
-mayor consuelo del ánimo, alivio de las penas. “Que lo que no va en
-vino, va en lágrimas y suspiros.” Es aforro de los pobres, que: “Al
-desnudo le es abrigo”. Bebida real, cuando: “El agua para los bueyes, y
-el vino para los reyes”. Leche de los viejos, pues: “Cuando el viejo no
-puede beber, la sepultura le pueden hacer”. Y en él consiste la media
-de la vida que: “Media vida es la candela y el vino la otra media”. De
-modo que es medicina de todos los males, porque: “Sangraos vecina...” y
-responde: “El buen vino es medicina”. Y con mucha razón, pues son siete
-los provechosos frutos de ella: “Purga el vientre, limpia el diente,
-mata la hambre, apaga la sed, cría buenos colores, alegra el corazón y
-concilia el sueño.”</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_144">p. 144</span></p>
-
-<p>Á todos éstos, dijo Critilo, responderé yo con éste sólo: “Quien es
-amigo del vino es enemigo de sí mismo”. Y advertid que otros tantos,
-como habéis referido en su favor, pudiera yo decir en contra; pero
-baste éste por ahora con este otro: “El vino con agua es salud de
-cuerpo y alma”.</p>
-
-<p>¡Oh!, replicó el apasionado, ¿no veis, que el vino, si le echáis
-agua, le echáis á perder, especialmente si fuere blanco?</p>
-
-<p>También, si no se la echáis, os echa él á perder á vos.</p>
-
-<p>¿Pues qué remedio?</p>
-
-<p>No beberle.</p>
-
-<p>Otras muchas verdades dijo Critilo contra la embriaguez, de que los
-circunstantes hicieron cuento y él escarmiento. Reparó Critilo en que
-asistían pocos españoles al cortejo de la dionisia reina, habiendo sin
-duda para cada uno cien franceses y cuatrocientos tudescos.</p>
-
-<p>¡Oh, dijo el hablador, no sabes tú lo que pasó en los principios
-<i>desta bella invenchione del vino</i>!</p>
-
-<p>¿Y qué fué?</p>
-
-<p>Que un recuero, atento á su ganancia, cargó de la nueva mercadería
-y dió con ella en Alemania. Y como fuese el precioso licor en toda
-su generosidad, gustaron mucho dél los tudescos. Hízoles valiente
-impresión, rindiéndolos de todo punto. Pasó adelante á la Francia;
-mas, porque no fuesen comenzados los cueros, acabólos de llenar en
-la Esquelda, con que no iba ya el vino tan fuerte y así no hizo mas
-que alegrar los franceses, haciéndoles bailar, silbar y dar algunas
-cabriolas y rascarse atrás en un corrillo de mesurados españoles, como
-se vió ya en Barcelona. Quedábale ya muy poco, cuando pasó á España, y
-llenóle de agua de tal suerte, que no era ya vino, sino enjaguaduras de
-bota. Con esto no les hizo efecto á los españoles; antes los dejó muy
-en sí y tan graves como siempre, con que ellos á todos los demás llaman
-borrachos. Deste modo han proseguido todas estas naciones en beberle:
-los tudescos puro, imitándoles los suecos y los ingleses; los franceses
-ya enjuagan la<span class="pagenum" id="Page_145">p. 145</span> taza;
-mas los españoles, aguachirle, aunque los demás lo atribuyen á malicia
-y que lo hacen por no descubrir con la fuerza del vino lo secreto de su
-corazón.</p>
-
-<p>Ésa ha sido sin duda la causa, ponderaba Critilo, de no haber hecho
-pie la herejía en España, como en otras provincias, por no haber
-entrado en ella la borrachera, que son camaradas inseparables: nunca
-veréis la una sin la otra.</p>
-
-<p>Pero ¡qué cosa, aunque no rara, sí espantosa! Aquella embriagada
-reina, anegada en abismos de horrores, comenzó á arrojar de aquella
-ferviente cuba de su vientre tal tempestad de regüeldos, que inundó
-toda la bacanal estancia de monstruosidades. Porque, bien notado, no
-eran otros sus bostezos, que reclamos de otros tantos monstruos de
-abominables vicios. Volvía el feroz aspecto á una y otra parte y, en
-arrojando un regüeldo, saltaba al punto de aquel turbulento estanque
-del vino una horrible fiera, un infame acroceraunio, que aterraba á
-todo varón cuerdo.</p>
-
-<p>Salió de los primeros la Herejía, monstruo primogénito de la
-Borrachera, confundiendo los reinos y las ciudades, repúblicas y
-monarquías, causando desobediencias á sus verdaderos señores. ¿Pero,
-qué mucho, si primero negaron la fe debida á su Dios y Señor, mezclando
-lo sagrado con lo profano y trastornando de alto á bajo cuanto hay?</p>
-
-<p>Sacaron luego las cabezas á otro regüeldo las Harpías, digo la
-Murmuración, manchando con su nefando aliento las honras y las famas;
-la desapiadada Avaricia, chupándoles la sangre á los pobres, desollando
-los súbditos; la Joel Envidia, vomitando venenos, inficionando las
-ajenas prendas y disminuyendo las heroicas hazañas.</p>
-
-<p>Allí apareció, llamado de un gran bostezo, el Minotauro embustero,
-la bachillera Esfinge, presumiendo de entendida y ignorando de necia.
-No faltaron las tres infernales Furias, convocadas de otro valiente
-regüeldo, que metió en los infiernos mismos la guerra, la discordia
-y la crueldad, que bastan á<span class="pagenum" id="Page_146">p.
-146</span> hacer infierno del mismo paraíso. Las engañosas Sirenas,
-brindando vidas y ejecutando muertes. La Escila y la Caribdis aquellos
-dos viciosos extremos, donde chocaron los necios, dando en el uno por
-huir del otro. Allí se vieron los Sátiros y los Faunos, con apariencias
-de hombres y realidades de bestias.</p>
-
-<p>Así, que en poco rato hizo estanco de vicios de un estanque de
-monstruos, hijos todos de la violenta vinolencia. Y lo que más es de
-reparar y aun de sentir, que con ser éstas otras tantas fieras y harto
-feas, á sus beodos amadores les parecieron otras tantas beldades,
-llamando á las Sirenas lascivas, unos ángeles; al furioso y ciego de
-cólera, Cíclope valiente; á las Harpías, discretas; á las Furias,
-gallardas; al Minotauro, ingenioso; á la Esfinge, entendida; á los
-Faunos, galanes; á los Sátiros, cortesanos; y á todo monstruo, un
-prodigio.</p>
-
-<p>Veníasele acercando á Critilo uno de los más perniciosos; pero
-él, al mismo punto, despavorido, intentó la fuga. Quísole detener el
-farsante, diciéndole:</p>
-
-<p>Aguarda, no temas, que no te hará mal, sino mucho bien.</p>
-
-<p>¿Quién es éste?, le preguntó.</p>
-
-<p>Y él:</p>
-
-<p>Ésta es aquella tan celebrada, cuán conocida en todo el mundo y más
-en las cortes, sin quien ya no se puede vivir, por lo menos sin su
-poquito de ella, por cuanto es empleo de los desocupados y ocupación de
-los entendidos, aquella gran cortesana.</p>
-
-<p>¿Y cómo la nombran?</p>
-
-<p>Lo que le respondió y qué monstruo fuese éste nos lo dirá la otra
-Crisi.</p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_3_3">
- <p><span class="pagenum" id="Page_147">p. 147</span></p>
- <h3 class="g1 ws1">CRISI III</h3>
- <p class="subh3c"><i>La Verdad de parto.</i></p>
-</div>
-
-<p>Enfermó el hombre de achaque de sí mismo. Despertósele una fiebre
-maligna de concupiscencias, adelantándosele cada día los crecimientos
-de sus desordenadas pasiones. Sobrevínole un agudo dolor de agravios y
-sentimientos. Tenía postrado el apetito para todo lo bueno y el pulso
-con intercadencias en la virtud. Abrasábase en lo interior de malos
-afectos y tenía los estremos fríos para toda obra buena. Rabiaba de
-sed de sus desreglados apetitos, con grande amargura de murmuración.
-Secábasele la lengua para la verdad, síntomas todos mortales.</p>
-
-<p>Viéndole en tanto aprieto, dicen que le envió sus médicos el cielo
-y también el mundo los suyos, á competencia, y así muy diferentes los
-unos de los otros y muy encontrados en la curación. Porque los del
-cielo en nada condecendían con el gusto del enfermo y los mundanos en
-todo le complacían. Con lo cual éstos se hicieron tan plausibles, cuan
-aborrecibles aquéllos. Ordenábanle los de arriba muchos y muy buenos
-remedios y los de abajo ninguno, diciendo:</p>
-
-<p>He, que tanto es menester haber estudiado para no recetar, como para
-recetar.</p>
-
-<p>Citaban los eternos, magistrales textos y los terrenos, ninguno, y
-decían:</p>
-
-<p>Más vale testa, que texto.</p>
-
-<p>Guarde la boca, decían unos: coma y beba cuanto apeteciere.</p>
-
-<p>Los otros:</p>
-
-<p>Tome un vomitivo de deleites, que le será de mucho provecho.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_148">p. 148</span></p>
-
-<p>No haga tal, que le inquietará las entrañas y le postrará el gusto;
-dénle minorativos de concupiscencia.</p>
-
-<p>Ni lo piense; sino valientes tiradas de gustos, que le vayan
-refrescando la sangre.</p>
-
-<p>Dieta, dieta, repetían aquéllos.</p>
-
-<p>Regalo y más regalo, replicaban éstos, y asentábasele muy bien al
-enfermo.</p>
-
-<p>Púrguese, le recetaron los celestiales, porque vamos á la raíz del
-mal y á derribar el humor vicioso, que predomina.</p>
-
-<p>Eso no, salían los mundanos; tome, sí, cosas suaves con que se
-entretenga y alegre.</p>
-
-<p>Oyendo tal variedad, decía el enfermo:</p>
-
-<p>Aténgome al aforismo que dice: “Si de cuatro médicos, los tres
-dijesen que te purgues y uno que no, no te purgues”.</p>
-
-<p>Replicábanle los del cielo:</p>
-
-<p>También dice otro: “Si de cuatro médicos, los tres te dijeren que no
-te sangres y uno sólo que sí, sángrate”. Luego, te debes sangrar y de
-la vena del arca, restituyendo lo ajeno.</p>
-
-<p>Eso no, salían los otros; que sería quitarle las fuerzas y aun de
-todo punto desjarretarle.</p>
-
-<p>Y él, en confirmación, añadía:</p>
-
-<p>¡Qué poco estiman ellos mi sangre! No saben otro, que sangrar la
-costilla de los zurdos.</p>
-
-<p>No duerma con el mal, encargaban aquéllos.</p>
-
-<p>Repose y descanse en él, decían éstos.</p>
-
-<p>Viendo, pues, los del cielo que no se le aplicaba remedio alguno de
-cuantos ellos ordenaban y que el enfermo iba por la posta caminando á
-la sepultura, entraron á él y con toda claridad le dijeron que moría.
-Ni por esas se dió por entendido; antes llamando un criado, le dijo:</p>
-
-<p>Hola, ¿hanles pagado á estos médicos?</p>
-
-<p>Señor, no.</p>
-
-<p>Y aun por eso me dan ya por desahuciado. Pagadles y despedidles.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_149">p. 149</span></p>
-
-<p>Lo segundo cumplieron. Fuéronse con tanto las virtudes, quedáronse
-los vicios, y él muy en ellos, que presto acabaron con él, aunque no
-él con ellos. Murió el hombre de todos y fué sepultado más abajo de la
-tierra.</p>
-
-<p>Íbale ponderando á Critilo este suceso de cada día un varón de ha
-mil siglos.</p>
-
-<p>¡Oh cómo es verdad, decía Critilo, que los vicios no sanan, sino que
-matan, y las virtudes remedian! No se cura la codicia con amontonar
-riquezas ni la gula con los manjares, la sensualidad con los bestiales
-deleites, la sed con las bebidas, la ambición con los cargos y
-dignidades; antes se ceban más y cada día se aumentan. De ese achaque
-le vino á la torpe vinolencia hacer estanco de vicios. ¡Y qué feos!
-¡qué abominables! Pero entre todos, aquel que se me venía acercando y
-pegándoseme, que no hice poco en rebatirle, ¿cuál de ellos era?</p>
-
-<p>Es más cortesano, cuanto más civil; común, cuando más estraño.</p>
-
-<p>¿Cómo se llamaba el tal monstruo?</p>
-
-<p>Bien nombrado es y aun aplaudido, entremetido y bienadmitido. Todo
-lo anda y todo lo confunde. Entra y sale en los palacios, teniendo en
-las cortes su guarida.</p>
-
-<p>Menos te entiendo por eso. Aún no doy en la cuenta. Que hay muchos á
-esa traza y bulle la corte dellos.</p>
-
-<p>Pues has de saber que era el capitán de todos, digo la plausible
-Quimera. ¡Oh monstruo al uso! ¡oh vicio de todos! ¡oh peste del siglo!
-¡necedad á la moda!, exclamó el nuevo camarada.</p>
-
-<p>Por eso yo, añadió Critilo, luego que me la ví tan cerca, la
-conjuré, diciendo:</p>
-
-<p>¡Oh monstruo Cortesano! ¿Qué me buscas á mí? Anda, vete á tu
-Babilonia común, donde tantos y tontos pasan de ti y viven contigo:
-todo embuste, mentira, engaño, enredo, invenciones y quimeras.</p>
-
-<p>Anda, vete á los que se sueñan grandes y son fantasmas,<span
-class="pagenum" id="Page_150">p. 150</span> hombres vacíos de sustancia
-y rebutidos de impertinencia, huecos de sabiduría y atestados de
-fantasía: todo presunción, locura, fausto, hinchazón y quimera.</p>
-
-<p>Vete á unos aduladores falsos, desvergonzados, lisonjeros, que todo
-lo alaban y todo lo mienten, y á los simples que se los creen, pagando
-el humo y el viento: todo mentira, engaño, necedad y quimera.</p>
-
-<p>Vete á unos pretendientes engañados y á unos mandarines engañadores,
-aquéllos pretendiéndolo todo y éstos cumpliendo nada, dando largas,
-escusas, esperanzas bobas: todo cumplimiento y quimera.</p>
-
-<p>Vete á unos desdichados arbitristas, inventores de felicidades
-ajenas, trazando de hacer Cresos á los otros, cuando ellos son unos
-Iros; discurriendo trazas para que los otros coman, cuando ellos más
-ayunan: todo embeleco, devaneo de cabeza, necedad y quimera.</p>
-
-<p>Vete á unos caprichosos políticos, amigos de peligrosas novedades,
-inventores de sutilezas malfundadas, trastornándolo todo, no sólo no
-adquiriendo de nuevo ni conservando de viejo; pero perdiendo cuanto
-hay, dando al traste con un mundo y aun con dos: todo perdición y
-quimera.</p>
-
-<p>Vete al Babel moderno de los cultos y afectados escritos y cuyas
-obras son de tramoya, frases sin concepto, hojas sin fruto, tomos sin
-lomo, cuerpos sin alma: todo confusión y quimera.</p>
-
-<p>Vete á los tribunales, donde no se oyen sino mentiras; en las
-escuelas sofisterías, en las lonjas trampas y en los palacios
-quimeras.</p>
-
-<p>Vete á los prometedores falsos, noveleros, crédulos, entremetidos,
-desahogados, linajudos, desvanecidos, casamenteros, mentirosos,
-pleiteantes, necios, sabios aparentes: todo mentira y quimera.</p>
-
-<p>Vete á los hombres de hogaño, llenos todos de engaño, mujeres de
-embeleco: los niños mienten, los viejos engañan, los parientes faltan y
-los amigos falsean.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_151">p. 151</span></p>
-
-<p>Vete á todo lo que dejamos atrás de un mundo inmundo, laberinto de
-enredos, falsedades y quimeras.</p>
-
-<p>Con esto traté de huir de ella, que fué del mundo todo, y eché
-por este camino de la verdad en tan buen punto, que tuve dicha de
-encontrarte.</p>
-
-<p>Harto fué, dijo el Acertador, que así oyó le llamaban, que todo tú
-pudieses salir.</p>
-
-<p>No tan todo, respondió Critilo, que no me dejase la mitad, pues
-otro yo allá queda, Andrenio, aun más amigo que hijo, nada suyo y todo
-ajeno, rendido á una brutal vinolencia.</p>
-
-<p>Mas aquí, no pudiendo articular las palabras, prosiguió haciendo
-estremos.</p>
-
-<p>Hora bien, no te pudras tú, le dijo, de lo que otros engordan.
-Quiero por consolarte y remediarte que volvamos allá y que experimentes
-el eficacísimo contraveneno del vino, que conmigo llevo.</p>
-
-<p>Es la embriaguez, iba ponderando, el último asalto, que dan al
-hombre los vicios; es el mayor esfuerzo, que ellos hacen contra la
-razón. Y así cuentan que, habiéndose coligado todos estos monstruosos
-enemigos contra un hombre, luego que naciera, embistiéndole ya uno,
-ya otro, por su orden para más desordenarle, la voracidad cuando más
-rapaz, la mancebía cuando mancebo, la avaricia cuando varón y la
-vanidad cuando viejo, viéndole pasar de edad en edad vitorioso y que ya
-entraba en la vejez triunfando de todos ellos, no pudiéndolo sufrir que
-así se les escapase y hiciese burla dellos, acudieron á la embriaguez,
-afianzando en ella su despique. No se engañaron, pues acometiéndole
-ésta con capa de necesidad, llamando al vino su leche, su abrigo y su
-consuelo, poco á poco y trago á trago se fué entrando y apoderándose
-dél hasta rendirle de todo punto. Hízole cerrar los ojos á la razón,
-abrir puerta á todo vicio, y de modo, que, con lastimosa infelicidad,
-aquel que toda la vida se había conservado en su virtud y entereza, se
-halló de repente á la vejez glotón, lascivo, iracundo, maldiciente,
-locuaz,<span class="pagenum" id="Page_152">p. 152</span> vano, avaro,
-ridículo, imprudente. Y todo esto, porque vinolento.</p>
-
-<p>Mas ya habían llegado, no al estanque, sino al cenagal de los
-vicios. Entraron ambos y hallaron á Andrenio, que aún estaba por
-tierra, sepultado en sueño y vino. Comenzaron á llamarle por su nombre;
-mas él impaciente respondía:</p>
-
-<p>Dejadme, que estoy soñando cosas grandes.</p>
-
-<p>No puede ser, dijo el Acertador, que los hombres grandes sólo tienen
-sueños grandes.</p>
-
-<p>He, dejadme, que estoy viendo cosas prodigiosas.</p>
-
-<p>¿No sean monstruosas? ¿Qué puedes ver sin vista?</p>
-
-<p>Veo, dijo, que el mundo no es ya redondo, cuando todo va á la larga;
-que la tierra no es ya firme, cuando todo anda rodando; que el cieno es
-cielo para los más, pues los menos son personas; que todo es aire en el
-mundo y así todo se lo lleva el viento; el agua que fué y el vino que
-vino; el sol no es solo ni la luna es una, los luceros sin estrellas
-y el norte no guía; la luz da enojos y el alba llora cuando ríe; los
-flores son delirios y los lirios espinan; los derechos andan tuertos
-y los tuertos á las claras; las paredes oyen, cuando las orejas se
-rascan; los postres son antes y muchos fines sin medios; que el oro no
-es pesado y las plumas mucho; los mayores alcanzan menos y hablan gordo
-los más flacos y alto los más bajos; no son ladrados los ladrones,
-con que ninguno tiene cosa suya; los amos son mozos y las mozas las
-que mandan; más pueden espaldas, que pechos, y quien tiene hierro, no
-tiene aceros; los servicios se miran de mal ojo y los proveídos son
-premiados; la vergüenza es corrimiento y los buenos no hacen llorar,
-sino reir; del mentís se hace caso y del mentir casa; no son sabios los
-entendidos ni oídos los que hablan claro; el tiempo hecho cuartos y el
-día enhoramalas; los relojes quitan dando y de los buenos días se hacen
-los malos años; tras la tercera va la primera y las desgracias son
-gracias; las diademas en París y los galanes en Francia.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_153">p. 153</span></p>
-
-<p>Calla ya, le dijo el Acertador; que sin duda se dijo diablo del que
-noche y día habla; mas en cantar mal y porfiar.</p>
-
-<p>Digo que todo anda al revés y todo trocado de alto á bajo. Los
-buenos ya valen poco y los muy buenos para nada y los sin honra son
-honrados, los bestias hacen del hombre y los hombres hacen la bestia.
-El que tiene es tenido y el que no tiene es dejado. El de más cabal es
-sabio, que no el de más caudal. Las niñas lloran y las viejas ríen.
-Los leones dan balidos y los ciervos cazan. Los gallinas cacarean y no
-despiertan los gallos. No caben en el mundo los que tienen más lugar y
-muchos hijos de algo valen nada. Muchos por tener antojos no ven y no
-se usan los usos. Ya no nacen niños ni los mozos bien criados. Las que
-valen menos son buenas joyas y los más errados buenas lanzas. Veo unos
-desdichados antes de nacidos y otros venturosos después de muertos.
-Hablan á dos luces los que á escuras y todo ahora es á deshora.</p>
-
-<p>Prosiguiera en sus dislates, si el Acertador no tratara de aplicarle
-el eficaz remedio, que fué echarle en la vasija del vino, no una
-anguila, como el vulgo ignorante sueña, sino una serpiente sabia, que
-al punto le hizo volver á ser persona y aborrecer aquel tóxico del
-juicio y veneno letal de la razón. Sacólos con esto el Acertador de
-aquel estanco de los vicios y estanque de monstruos, al de prodigios.
-Era éste uno de los raros personajes, que se encuentran en el vario
-viaje de la vida, de tan estraña habilidad, que á todos cuantos
-encontraban les iba adevinando el suceso de su vida y el paradejo
-della.</p>
-
-<p>Iban atónitos nuestros peregrinos oyéndole adevinar con tanto
-acierto. Toparon de los primeros uno de muy mal gesto y al punto
-dijo:</p>
-
-<p>Déste no hay que aguardar buen hecho.</p>
-
-<p>Y no se engañó. De un tuerto pronosticó que no haría cosa á buen
-ojo y acertó. Á un corcovado le adevinó sus malas inclinaciones; á un
-cojo, los malos pasos en que andaba y á un zurdo, sus malas mañas; á un
-calvo, lo pelón y á un ceceoso<span class="pagenum" id="Page_154">p.
-154</span> lo malhablado. Á todo hombre señalado de la naturaleza
-señalaba él con el dedo, diciéndoles se guardasen. Encontraron ya un
-grande perdigón, que iba perdiendo á toda prisa lo que muy poco á poco
-se había ganado y al punto dijo:</p>
-
-<p>¿No hizo él la hacienda?</p>
-
-<p>No; que quien no la gana no la guarda.</p>
-
-<p>Pero esto es nada, cosas más raras y más recónditas adevinaba, como
-si las viera. Y así, encontrando un coche, que traía tan arrastrado á
-su dueño, cuan desvanecida á su ama, dijo:</p>
-
-<p>¿Veis aquel coche? Pues antes de muchos años será carreta.</p>
-
-<p>Y realmente fué así. Viendo edificar una cárcel muy suntuosa y
-fanfarrona, con muchos dorados hierros, que pudiera sustituir un
-palacio, dijo:</p>
-
-<p>¿Quién creerá que ha de venir á ser hospital?</p>
-
-<p>Y de verdad lo fué, porque vinieron á parar en ella pobres
-desvalidos y desdichados. De un cierto personaje, que tenía muchos y
-buenos amigos, dijo que danzaba muy bien y acertó: porque todos le
-alabaron. Al contrario de otro, que tenía cara de pocos amigos:</p>
-
-<p>Éste no hará cosa bien ni saldrá con lo que emprendiere.</p>
-
-<p>Esto es más, que llegó uno y le preguntó cuánto tiempo viviría.
-Miróle á la cara y dijo que cien años y que si, le bobeara un poco más,
-dijera que docientos. Á otro inútil para todo aseguró que sacaría de la
-puja al mismo Matusalén. Pero lo más es que, en viendo á cualquiera, le
-atinaba la nación. Y así de un invencionero dijo:</p>
-
-<p>Éste, sin más ver, es italiano.</p>
-
-<p>De un desvanecido, inglés; de un desmazalado, alemán; de un
-sencillo, vizcaíno; de un altivo, castellano; de un cuitado,
-gallego; de un bárbaro, catalán; de un poca cosa, valenciano; de un
-alborotado alborotador, mallorquín; de un desdichado, sardo; de un
-tozudo, aragonés; de un crédulo, francés; de un encantado, danao.
-Y así de todos los otros, no sólo la nación;<span class="pagenum"
-id="Page_155">p. 155</span> pero el estado y el empleo adevinaba. Vió
-un personaje muy cortés, siempre con el sombrero en la mano y dijo:</p>
-
-<p>¿Quién dirá que éste es hechicero?</p>
-
-<p>Y realmente fué así, que á todos hechizaba. De un embelesado, que
-era astrólogo; de un soberbio, cochero; de un descortés, ujier de
-saleta; de un desarrapado y arrapador, soldado; de un lascivo, viudo;
-de un peludo, hidalgo. De un hombre de puesto, que prometía mucho y á
-todos daba buenas palabras, dijo:</p>
-
-<p>Éste contentará á muchos necios.</p>
-
-<p>De otro, que no tenía palabra mala, adevinó que no tendría obra
-buena. Y al que mucha miel en la boca, mucha hiel en la bolsa. Vió á
-uno ir y venir á una casa y dijo:</p>
-
-<p>Éste anda por cobrar.</p>
-
-<p>Á cierto hombre, que dió en decir verdades, le pronosticó muchos
-pesares; y al de gran lengua, gran dolor de cabeza. Á cada uno le
-adevinaba su paradero, como si lo viera, sin discrepar un tilde: á
-los liberales, el hospital; á los interesados, el infierno; á los
-inquietos, la cárcel y á los revoltosos, el rollo; á los maldicientes,
-palos y á los descarados redomas, á los capeadores, jubones y á los
-escaladores, la escalera; á las malas, palo santo; á los famosos,
-clarín; á los sonados, paseo; á los perdidos, pregones; á los
-entremetidos, desprecios; á los que les prueba la tierra, el mar; á los
-buenos pájaros, el aire; á los gavilanes, pigüelas y á los lagartos,
-culebra; á los cuerdos, felicidades; á los sabios, honras y á los
-buenos, dichas y premios.</p>
-
-<p>¡Qué rara habilidad ésta!, ponderaba Andrenio. No sé qué me diera
-por tenerla. ¿No me enseñarías esta tu astrología?</p>
-
-<p>Paréceme á mí, dijo Critilo, que no es menester muchos astrolabios
-para esto ni consultar muchas estrellas.</p>
-
-<p>Así lo creo, dijo el Adevino; pero pasemos adelante, que yo te
-ofrezco, oh Andrenio, de sacarte tan adevino como yo con la experiencia
-y el tiempo.</p>
-
-<p>¿Dónde nos llevas?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_156">p. 156</span></p>
-
-<p>Donde todos huyen.</p>
-
-<p>Pues, si huyen, ¿para qué vamos nosotros?</p>
-
-<p>Y aun por eso, para huir de todos ellos. Aunque primero quería
-introduciros en la famosa Italia, la más célebre provincia de la
-Europa.</p>
-
-<p>Dicen que es país de personas.</p>
-
-<p>Y personadas también.</p>
-
-<p>Estraño dejo ha sido el de Alemania, decía Andrenio.</p>
-
-<p>Y Critilo:</p>
-
-<p>Sí, cual yo me lo imaginaba.</p>
-
-<p>¿Qué os ha parecido de aquella tan estendida provincia, la mayor sin
-duda de Europa? Decidlo en puridad.</p>
-
-<p>Á mí, respondió Andrenio, la que más me ha contentado hasta hoy.</p>
-
-<p>Y Critilo:</p>
-
-<p>Á mí, la que menos.</p>
-
-<p>Por eso no se vive en el mundo con un solo voto.</p>
-
-<p>¿Qué te ha agradado á ti más en ella?</p>
-
-<p>Toda de alto á bajo.</p>
-
-<p>Querrás decir Alta y Baja.</p>
-
-<p>Eso mismo.</p>
-
-<p>Sin duda que su nombre fué su definición, llamándose Germania, <i>a
-germinando</i>, la que todo lo produce y engendra, siendo fecunda madre de
-vivientes y de víveres y de todo cuanto se puede imaginar para la vida
-humana.</p>
-
-<p>Sí, replico Critilo, mucho de extensión y nada de intención, mucha
-cantidad y poca calidad.</p>
-
-<p>He, que no es una provincia sola, proseguía Andrenio; sino muchas,
-que hacen una. Porque, si bien se nota, cada potentado es casi un casi
-rey y cada ciudad una corte, cada casa un palacio, cada castillo una
-ciudadela y toda ella un compuesto de populosas ciudades, ilustres
-cortes, suntuosos templos, hermosos edificios y inexpugnables
-fortalezas.</p>
-
-<p>Eso mismo hallo yo, dijo Critilo, que la ocasiona su mayor<span
-class="pagenum" id="Page_157">p. 157</span> ruina y su total perdición.
-Porque cuantos más potentados, más cabezas; cuantas más cabezas, más
-caprichos; y cuantos más caprichos, más disensiones. Y, como dijo
-Horacio, lo que los príncipes deliran, los vasallos lo suspiran.</p>
-
-<p>No me puedes negar, dijo Andrenio, su abundancia y su opulencia.
-Mira qué abastecida de todo, que si dicen España la rica, Italia la
-noble, también Alemania la harta. ¡Qué abundante de granos, de ganados,
-pescas, cazas, frutos y frutas! ¡Qué rica de minerales! ¡Qué vestida de
-arboledas! ¡Qué adornada de bosques, hermoseada de prados! ¡Qué surcada
-de caudalosos ríos y todos navegables! De tal suerte, que tiene más
-ríos Alemania que las otras provincias arroyos, más lagos que las otras
-fuentes, más palacios que las otras casas y más cortes que las otras
-ciudades.</p>
-
-<p>Así es, dijo Critilo, yo lo confieso; mas en eso mismo hallo yo su
-destruición y que su misma abundancia la arruina, pues no hace otro que
-ministrar leña al fuego de sus continuas guerras, en que se abrasa,
-sustentando contra sí muchos y numerosos ejércitos, lo que no pueden
-otras provincias, especialmente España, que no sufre ancas.</p>
-
-<p>Pero viniendo ya á sus bellos habitadores, dijo el Acertador, ¿cómo
-quedais con los alemanes?</p>
-
-<p>Yo muy bien, dijo Andrenio. Hanme parecido muy lindamente, son de
-mi genio, engáñanse las demás naciones en llamar á los alemanes los
-animales y me atrevo á decir que son los mas grandes hombres de la
-Europa.</p>
-
-<p>Sí, dijo Critilo; pero no los mayores.</p>
-
-<p>Tiene dos cuerpos de un español cada alemán.</p>
-
-<p>Si; pero no medio corazón.</p>
-
-<p>¡Qué corpulentos!</p>
-
-<p>Pero sin alma.</p>
-
-<p>¡Qué frescos!</p>
-
-<p>Y aun fríos.</p>
-
-<p>¡Qué bravos!</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_158">p. 158</span></p>
-
-<p>Y aun feroces.</p>
-
-<p>¡Qué hermosos!</p>
-
-<p>Nada bizarros.</p>
-
-<p>¡Qué altos!</p>
-
-<p>Nada altivos.</p>
-
-<p>¡Qué rubios!</p>
-
-<p>Hasta en la boca.</p>
-
-<p>¡Qué fuerzas las suyas!</p>
-
-<p>Mas sin bríos. Son de cuerpos gigantes y de almas enanas; son
-moderados en el vestir, no así en el comer; son parcos en el regalo de
-sus camas y menaje de sus casas, pero destemplados en el beber.</p>
-
-<p>Hé, que ése en ellos no es vicio; sino necesidad. ¿Qué había de
-hacer un corpacho de un alemán sin vino? Fuera un cuerpo sin alma: él
-les dá alma y vida. Hablan la lengua más antigua de todas.</p>
-
-<p>Y la más bárbara también.</p>
-
-<p>Son curiosos de ver mundo.</p>
-
-<p>Y si no, no serían dél.</p>
-
-<p>Hay grandes artífices.</p>
-
-<p>Pero no grandes doctos.</p>
-
-<p>Hasta en los dedos tiene la sutileza.</p>
-
-<p>Más valiera en el celebro.</p>
-
-<p>No pueden pasar sin ellos los ejércitos.</p>
-
-<p>Así como ni el cuerpo sin el vientre.</p>
-
-<p>Resplandece su nobleza.</p>
-
-<p>Ojalá su piedad. Pero su infelicidad es que, así como otras
-provincias de Europa han sido ilustres madres de insignes patriarcas,
-de fundadores de las Sagradas Ordenes, esta, al contrario, de, etc.</p>
-
-<p>Estorbóles el proseguir un confuso tropel de gentes, que á todo
-correr venían haciendo por aquellos caminos, harto descaminados, al
-derecho y al través, atropellándose unos á otros y todos desalentados.
-Y lo que más admiración les causó fué ver<span class="pagenum"
-id="Page_159">p. 159</span> que los mayores hombres eran los primeros
-en la fuga y que los mas grandes alargaban más el paso y echaban
-valientes trancos los gigantes y aun los cojos no eran los postreros.
-Atónitos nuestros flemáticos peregrinos, comenzaron á preguntar la
-causa de una tan fanática retirada y nadie les respondió: que aun para
-eso no se daban vagar.</p>
-
-<p>¡Hay tal confusión! ¡vióse semejante locura!, decían, cuando mas
-admirado uno de su admiración dellos, les dijo:</p>
-
-<p>Ó vosotros sois unos grandes sabios ó unos grandes necios en ir
-contra la corriente de todos.</p>
-
-<p>Sábios no, le respondieron; pero si que lo deseamos ser.</p>
-
-<p>Pues mirad que no muráis con ese deseo, y atrancó cien pasos.</p>
-
-<p>Á huir, á huir, venía voceando otro, que ya parece que desbucha. Y
-pasó como un regañón.</p>
-
-<p>¿Quién es esta que anda de parto?, preguntó Andrenio.</p>
-
-<p>Y el Acertador:</p>
-
-<p>Poco más ó menos ya yo adevino lo que es.</p>
-
-<p>¿Qué cosa?</p>
-
-<p>Yo os lo diré. Éstos sin duda vienen huyendo del reino de la verdad,
-donde nosotros vamos.</p>
-
-<p>No le llames reino, replicó uno de los tránsfugas, sino plaga y
-con razón, pues así lastima y más hoy, que tiene alborotado el mundo,
-solicitándose la ojeriza universal.</p>
-
-<p>¿Y qué es la causa?, le preguntaron. ¿Hay alguna novedad?</p>
-
-<p>Y bien grande. ¿Eso ignoráis ahora? ¡Qué tarde llegan á vosotros las
-cosas! ¿No sabéis que la verdad va de parto estos días?</p>
-
-<p>¿Cómo de parto?</p>
-
-<p>Si, aun con la barriga en la boca, reventando por reventar.</p>
-
-<p>¿Pues qué importa que pára?, replicó Critilo. ¿Por eso se inquieta
-el mundo? Haced que pára en buen hora y el Cielo, que la alumbre.</p>
-
-<p>¿Cómo que qué importa?, levantó la voz el cortesano. ¡Qué<span
-class="pagenum" id="Page_160">p. 160</span> linda flema la vuestra!
-Mucha Alemania gastáis. Si agora con una verdad solo no hay quien viva
-ni hay hombre, que la pueda tolerar, ¿qué será si dá en parir otras
-verdades y esas otras y todas paren?</p>
-
-<p>Llenarse ha el mundo de verdades y después buscarán quien le
-habite.</p>
-
-<p>Dígoos que se vendrá á despoblar.</p>
-
-<p>¿Por qué?</p>
-
-<p>Porque no habrá quien viva, ni el caballero ni el oficial ni el
-mercader ni el amo ni el criado. En diciendo verdad, nadie podrá vivir.
-Dígoos que no vendrán á quedar de cuatro partes la media. Con una
-verdad, que le digan á un hombre, tiene para toda la vida, ¿qué será
-con tantas? Bien pueden cerrar los palacios y alquilar los alcázares.
-No quedarán cortes ni cortijos. Con tantica verdad hay hombre, que se
-ahita y no es posible dijerirla: ¿qué hará con un hartazgo de verdades?
-Gran buche será menester. Para cada día su verdad á secas. Bien
-amargarán.</p>
-
-<p>Hé, que muchos habrá, dijo Critilo, que no temerán las verdades,
-antes les vendrán nacidas.</p>
-
-<p>¿Y quién será ese? Decidlo, le levantaremos una estatua. ¿Cuál será
-el confiado, que no le puedan estrellar una verdad entre ceja y ceja
-y aun darle con muchas por la cara? Y á fe, que escuecen mucho y por
-muchos días. Líbreos Dios de una valiente zurra de verdades. Pican que
-abrasan. Y sino, veamos. Díganle á la otra lo que le dijo don Pedro de
-Toledo:</p>
-
-<p>Mire, que le diré peor, que tal.</p>
-
-<p>Y replicando ella:</p>
-
-<p>¿Qué me dirá?</p>
-
-<p>Peor que vieja.</p>
-
-<p>Plántenle al otro lucifer una verdad en un cedulón y veréis lo
-que se endiabla. Acuérdenle al más estirado lo que él más olvida, al
-más pintado sus borroncillos, píquenle con la lezna al desvanecido,
-díganle al otro rico que lo ganó por su pico su<span class="pagenum"
-id="Page_161">p. 161</span> abuelo, que vuelva la mira atrás al que
-se hace tan adelante, acuérdenle lo de los pasteles al que hoy asquea
-los faisanes, de su cuartana al león y á la fénix de lo gusano. No os
-admiréis que huigamos de la verdad, que es traviesa y atraviesa el
-corazón. Veis allí tendido un gigante de la hinchazón, que le mató un
-niño y con un alfiler y hay quien dice se la vendió su abuelo. Mas él
-se tiene la culpa. Que hiciera orejas de mercader. Digo, pues, que no
-hagáis admiraciones de que todos corran de corridos.</p>
-
-<p>¿De qué huyen aquellos soldados? decía Andrenio.</p>
-
-<p>Porque no les digan que huyeron y que son de los de <i>fugerunt,
-fugerunt</i>.</p>
-
-<p>Venía uno gritando, ¡verdad, verdad!; pero no por mi boca, menos por
-mis orejas.</p>
-
-<p>Déstos toparéis muchos. Todos querrían les tratasen verdad y ellos
-no tomarla en la boca.</p>
-
-<p>Ora señores, ponderaba Andrenio, que los trasgos huyan, vayan con
-Berzebú, nunca acá vuelvan; ¿pero los soles?</p>
-
-<p>Sí, porque no les den en rostro con sus lunares.</p>
-
-<p>Venía por puntos reforzando la voz:</p>
-
-<p>¡Ya pare! ¡afuera!, ¡qué desbucha!, ¡á huir, príncipes, á correr,
-poderosos!</p>
-
-<p>Y á este grito había hombre, que tomaba postas, no había ¡monta á
-caballo! como éste. Potentado hubo, que reventó los seis caballos de
-la carroza. Pero es de advertir que esto pasaba en Italia, donde se
-teme más una verdad, que una bala de un basilisco otomano. Que por eso
-corren tan pocas, le usan raras.</p>
-
-<p>¿De cuándo acá está preñada esta verdad, preguntó Andrenio, que yo
-la tenía por decrépita y aun caduca y ahora sale con parir?</p>
-
-<p>Días ha que lo está y aun años y dicen que del tiempo.</p>
-
-<p>¿Según eso, mucho tendrá que echar á luz?</p>
-
-<p>Por lo menos cosas bien raras.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_162">p. 162</span></p>
-
-<p>¿Y todas serán verdades?</p>
-
-<p>Todas.</p>
-
-<p>Ahora vendrá bien aquello de noche mala y parir hija. ¿Por qué no
-pare cada año y no hacer tripa de verdades?</p>
-
-<p>¡Oh, sí! ¿No hay más de desbuchar? Antes concibe en un siglo, para
-parir en otro.</p>
-
-<p>¿Pues serán ya verdades rancias?</p>
-
-<p>No á fe; sino eternas. ¿No sabes tú que las verdades son de casta de
-azarolas, que las podridas son las maduras y más suaves y las crudas
-las coloradas? Aquéllas, que hacen saltar los colores al rostro, son
-intratables, sólo las puede tragar un vizcaíno.</p>
-
-<p>Sin duda, que allá en aquellos dorados siglos debía parir esta
-verdad cada día.</p>
-
-<p>Menos, porque no había que decir. No concebía; todo se estaba dicho.
-Mas agora no puede hablar y revienta. Vase deteniendo, como la preñada
-erizo, que cuanto más tarda, más siente las punzas de los hijuelos y
-teme más el echarlos á luz. Ora, ¡qué de cosas raras tendrá guardadas
-en aquellas ensenadas de su notar y advertir! Por eso decía un atento:
-casar y callar. ¡Qué hermosos partos! ¡Qué de bellezas desbuchará!</p>
-
-<p>Antes sospecho yo, dijo Critilo, que han de ser horribles
-monstruosidades, desaciertos increíbles, valientes desatinos,
-cosas al fin sin pies ni cabeza, que, si fueran aciertos, bulleran
-panegíricos.</p>
-
-<p>Sean lo que fueren, decía el Adevino, ellas han de salir. Ella no
-conciba. Que, si una vez se empreña, ó reventar ó parir. Que, como dijo
-el mayor de los sabios ¿quién podrá detener la palabra concebida?</p>
-
-<p>¿Díme, preguntó Andrenio, nunca se ha rezumado, siquiera discurrido
-lo que parirá esta verdad? ¿Será hijo ó hija? ¿Qué, mienten las
-comadres? ¿Qué, adulan los físicos? ¿No corre algún disparate claro de
-un tan sellado secreto?</p>
-
-<p>En esto hay mucho que decir y más que callar. Luego que se tuvo
-por cierto este preñado, viérades asustados los interesa<span
-class="pagenum" id="Page_163">p. 163</span>dos, cuidadosos los que
-se quemaban, que fueron casi todos los mortales. Trataron luego de
-consultar los oráculos sobre el caso. Respondióles el primero que
-pariría un fiero monstruo, tan aborrecible cuan feo. Considerad ahora
-el mortal susto de los mortales. Acudieron á otro por consuelo y le
-hallaron. Porque les respondió todo lo contrario, que pariría un
-pasmo de belleza, un hijo tan lindo cuan amable. Quedaron con esto
-más confusos y por sí ó por no intentaron ahogarle. Mas en vano. Que
-aseguran es inmortal y sépalo todo el mundo. Dicen que la verdad es
-como el río Guadiana, que aquí se hunde y acullá sale. Hoy no osa
-chistar, parece que anda sepultada, y mañana resucita, un día por
-rincones y al otro por corrillos y por plazas. Llegará el día del parto
-y veremos este secreto, saldremos de esta suspensión.</p>
-
-<p>Y tú, que te picas de adivinarlo todo ¿qué sientes de esto? ¿Qué
-rastreas? ¿No das en quién será este monstruo y este prodigio?</p>
-
-<p>Sí, dijo él, por lo menos lo que podrían ser el primero para los
-necios y el segundo para los cuerdos.</p>
-
-<p>Yo diría que el primero es.</p>
-
-<p>Pero asomó en estas un raro ente, que venía, no tanto huyendo,
-cuanto haciendo huir. Hacíase no sólo calle, pero plaza. Daba
-desaforados gritos y decía:</p>
-
-<p>¿Á mí el loco, cuando hago tantos cuerdos? ¿Á mí el desatinado,
-que hago acertar? ¿Á mí, á mí, el sin juicio, que á muchos doy
-entendimiento?</p>
-
-<p>¿Quién es éste?, preguntó Critilo.</p>
-
-<p>Y respondióle:</p>
-
-<p>Ése es un ablativo absoluto, que ni rige ni es regido. Éste es el
-loco del príncipe tal.</p>
-
-<p>¿Cómo es posible, replicó, que un señor tan cuerdo, llamado por
-antonomasia el prudente y no el Séneca de España, como si el otro
-hubiera sido de Etiopía, cómo es creíble lleve consigo un perenal?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_164">p. 164</span></p>
-
-<p>Y aun por eso, porque él es prudente.</p>
-
-<p>¿Pues qué pretende?</p>
-
-<p>Oir la verdad alguna vez, que ninguno otro se la dirá ni oirá de
-otra boca. No os admiréis, cuando viéredes los reyes rodeados de locos
-y de inocentes. Que no lo hacen sin misterio. No es por divertirle,
-sino por advertirle. Que ya la verdad se oye por boca de ganso. Ora
-caminemos, que no podemos estar ya muy lejos de la corte.</p>
-
-<p>Eso de corte, escusadlo, respondió un gran contrario suyo.</p>
-
-<p>¿Y por qué no?</p>
-
-<p>Porque, si no se oyó jamás verdad en corte ¿cómo habrá corte de la
-verdad? ¿Cómo puede llamarse corte donde no se miente ni se finge,
-donde no hay mentidero, donde no corren cada día cien mentiras como el
-puño?</p>
-
-<p>¿Pues qué, preguntó Andrenio, no se puede mentir en esa corte?</p>
-
-<p>¿Cómo si es de la verdad?</p>
-
-<p>¿Ni una mentirilla ni media ni en su ocasión, que es gran
-socorro?</p>
-
-<p>No por cierto.</p>
-
-<p>¿Ni sustentada por tres días á la francesa, que vale mucho?</p>
-
-<p>Ni por uno.</p>
-
-<p>¿He, vaya, que por un cuarto ni por un instante ni una equivocación
-á la hipócrita?</p>
-
-<p>Tampoco.</p>
-
-<p>¿Ni un disimular la verdad, que no es mentira? Pero ¿ni decir todas
-las verdades?</p>
-
-<p>Ni aun eso.</p>
-
-<p>¡Válgate Dios por verdad y qué puntual que eres! Casi casi voy
-tratando de huir también. ¿Qué, ni una escusa con el embestidor ni una
-lisonja con el príncipe ni un cumplimiento con el cortesano?</p>
-
-<p>Nada, nada de todo eso; todo liso, todo claro.</p>
-
-<p>Ahora digo que no entro yo allá. No me atrevo á pasar por<span
-class="pagenum" id="Page_165">p. 165</span> una tan estrecha religión.
-¿Yo vivir sin el desempeño ordinario? Será imposible. Desde ahora me
-despido de tal corte y á fe que no seré solo. ¿No hay embustes? Pues
-digo que no es corte. ¿No hay engañadores ni lisonjas ni lisonjeros
-ni encarecedores? Pues no habrá cortesanos. ¿No hay caballeros sin
-palabra ni grandes sin obra? Pues digo que ni es corte. ¿No hay casas
-á la malicia y calles á la pena? Vuelvo á decir que no puede ser
-corte. Señores ¿quién vive en este París, en este Stocolmo, quién en
-esta Cracovia? ¿Quién corteja á esta reina? Sola debe andarse, como la
-Fénix.</p>
-
-<p>No falta quien la asista y la corteje, respondió el Acertador.</p>
-
-<p>Porque sabrás, oh Andrenio, que, cuando los mundanos echaron la
-Verdad del mundo y metieron en su trono la Mentira, según refiere un
-amigo de Luciano, trató el Supremo Parlamento de volverla á introducir
-en el mundo, á petición de los mismos hombres, á instancias de los
-mundanos, que no podían vivir sin ella. No podían averiguarse ni con
-criados ni oficiales ni con las propias mujeres. Todo era mentira,
-enredo y confusión. Parecía un Babel todo el mundo, sin poderse
-entender unos á otros. Cuando decían sí, decían no; y cuando blanco,
-negro. Conque no había cosa cierta ni segura. Todos andaban perdidos y
-gritando:</p>
-
-<p>¡Vuelva, vuelva la verdad!</p>
-
-<p>Era dificultosa la empresa y temíase mucho el poder salir della.
-Porque no se hallaba quien quisiese ser el primero á decirla. ¿Quién
-dirá la primera verdad? Ofreciéronse grandes premios al que quisiese
-decir la primera y no se hallaba ninguno. No había hombre, que quisiese
-comenzar. Buscáronse varios medios, discurriéronse muchos arbitrios y
-no aprovechaban. Pues ella se ha de introducir, ella ha de volver á los
-humanos pechos y á arraigarse en los corazones. Véase el cómo. Teníanlo
-por imposible los políticos y decían:</p>
-
-<p>¿Por dónde se ha de comenzar? ¿Por Italia? Es cosa de risa. ¿Por
-Francia? Es cuento. ¿Por Inglaterra? No hay que<span class="pagenum"
-id="Page_166">p. 166</span> tratar. ¿Por España? Aún, aún; pero será
-dificultoso. Al fin, después de muchas juntas, se resolvió que la
-desliesen con mucho azúcar, para desmentir su amargura y la echasen
-mucho ámbar contra la fortaleza, que de sí arrojaba. Y deste modo
-dorada y azucarada en un tazón de oro, no de vidrio por ningún caso,
-que se trasluciría, luego la fuesen brindando á todos los mortales,
-diciendo ser una exquisita confección, una rara bebida, venida de allá
-de la China y aún más lejos, más preciosa que el chocolate ni que el
-chá ni que el broete, para que con eso hiciesen vanidad de beberle.
-Comenzaron, pues, á mandarla á unos y á otros por su orden. Llegaron
-á los príncipes los primeros, para que con su ejemplo se animasen á
-pasarla los demás y se compusiese el orbe todo; mas ellos de una legua
-sintieron su amargura. Que tienen muy despiertos los sentidos: tanto
-huelen como oyen; y comenzaron á dar arcadas. Alguno hubo, que por
-una sola gota, que pasó, comenzó luego á escupir, que aún le dura. En
-probándola, decían todos: ¡Qué cosa tan amarga!</p>
-
-<p>Y respondían los otros:</p>
-
-<p>Es la Verdad.</p>
-
-<p>Pasaron con tanto á los sabios. Éstos sí decían, que toda su vida
-hacen estudio de averiguarla; mas ellos tan presto como la comieron la
-arrimaron, diciendo que tenían harto con la teórica, que no querían la
-práctica; en especulación, no en ejecución. Hora vamos á los varones
-ancianos y muchachos, que suelen hacer pasto della. Engañáronse,
-porque, en sintiéndola, cerraron los labios y apretaron los dientes,
-diciendo:</p>
-
-<p>Por mi boca no; por la del otro, á la de mi vecino. Convidaron á los
-oficiales. Menos; antes dijeron que morirían de hambre en cuatro días,
-si en la boca la tomasen, especialmente los sastres. Los mercaderes, ni
-verla, que por eso tienen las tiendas á escuras y aborrecen sus cajones
-la luz. Los cortesanos, ni oírla. No se halló mujer, que la quisiese
-probar, y decía una:</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_167">p. 167</span></p>
-
-<p>¡Anda allá!, que mujer sin enredo, bolsa sin dinero.</p>
-
-<p>Desta suerte fueron pasando por todos los estados y empleos y no se
-halló quien quisiese arrostrar á la Verdad. Viendo esto, se resolvieron
-de probar con los niños, para que tan temprano la mamasen con la
-leche y se hiciesen á ella. Y fué menester buscarlos muy pequeñuelos.
-Porque los grandecillos ya la conocían y la aborrecían á imitación de
-sus padres. Fueron á los locos perenales, á los simples solemnes, que
-todos la bebieron. Los niños, engañados con aquella primera dulzura.
-Los simples, porque no dieron en la cuenta, apechugaron con el vaso
-hasta agotarle. Llenaron el buche de verdades, comenzando al punto á
-regoldarlas, amargue ó no amargue. Ellos la dicen, pique ó no pique;
-ellos la estrellan, unos la hablan, otros la vocean. Ellos no la sepan;
-que, si la saben, no dejarán de decirla. Así que los niños y los locos
-son hoy los cortesanos desta reina, ellos los que la asisten y la
-cortejan.</p>
-
-<p>Hallábanse ya á la entrada de una ciudad por todas partes abierta.
-Veíanse sus calles esentas, anchas y muy derechas, sin vueltas,
-revueltas ni encrucijadas. Y todas tenían salida. Las casas eran de
-cristal con puertas abiertas y ventanas patentes. No había celosías
-traidoras ni tejados encubridores. Hasta el cielo estaba muy claro
-y muy sereno, sin nieves de emboscadas y todo el hemisferio muy
-despejado.</p>
-
-<p>¡Qué diferente región ésta, ponderaba Critilo, de todo lo restante
-del mundo!</p>
-
-<p>Pero, ¡qué corta corte ésta!, decía Andrenio.</p>
-
-<p>Y el Acertador:</p>
-
-<p>Por eso defendía uno que la mayor corte hasta hoy había sido la
-de Babilonia. Perdone la triunfante Roma con sus seis millones de
-habitadores y Pequin en la China, en cuyo centro, puesto en alto un
-hombre, no descubre sino casas, con ser tan llano su hemisferio.</p>
-
-<p>Estaban ya para entrar, cuando repararon en que muchos y gente
-de autoridad, antes de meter el pie, hacían una acción<span
-class="pagenum" id="Page_168">p. 168</span> bien notable y era
-calafatearse muy bien las orejas con algodones. Y aun no satisfechos
-con esto, se ponían ambas manos en ellas y muy apretadas.</p>
-
-<p>¿Qué significa esto?, preguntó Critilo. Sin duda que éstos no gustan
-mucho de la Verdad.</p>
-
-<p>Antes no hallan otra cosa, respondió el Acertador.</p>
-
-<p>¿Pues para qué es esta diligencia?</p>
-
-<p>Hay un misterio en esto, dijo uno dellos mismos, que lo oyó.</p>
-
-<p>Y aun una gran malicia, replicó otro.</p>
-
-<p>Si es cautela, no es cautela.</p>
-
-<p>Conque se trabó entre los dos una gran altercación.</p>
-
-<p>De necios es el porfiar, decía el primero.</p>
-
-<p>Y de discretos el disputar, replicó el segundo.</p>
-
-<p>Digo que la verdad es la cosa más dulce de cuantas hay.</p>
-
-<p>Y yo digo que la más amarga.</p>
-
-<p>Los niños son amigos de lo dulce y la dicen: luego dulce es.</p>
-
-<p>Los príncipes son enemigos de lo que amarga y la escupen: luego
-amarga es. Loco es el que la dice.</p>
-
-<p>Y sabio el que la oye.</p>
-
-<p>No es política tampoco; es embustera, es muy pesada.</p>
-
-<p>También es preciosa como el oro.</p>
-
-<p>Es desaliñada.</p>
-
-<p>Achaque de linda.</p>
-
-<p>Todos la maltratan.</p>
-
-<p>Ella hace bien á todos.</p>
-
-<p>Desta suerte discurrían por extremos, sin topar el medio, cuando el
-Acertador se puso en él y les dijo:</p>
-
-<p>Amigos, menos voces y más razones. Distinguid textos y concordaréis
-derechos. Advertid que la verdad en la boca es muy dulce; pero en el
-oído es muy amarga. Para dicha no hay cosa más gustosa; pero para oída
-no hay cosa más desabrida. No está el primor en decir las verdades;
-sino en el escucharlas. Y así veréis que la verdad murmurada es todo
-el entretenimiento de los viejos. En esto gastan días y noches, gustan
-mucho de<span class="pagenum" id="Page_169">p. 169</span> decirla;
-pero no que se la digan. Y en conclusión, la verdad, por activa, es muy
-agradable; pero por pasiva, la quinta esencia de lo aborrecible. Esto
-es, en murmuración, no en desengaño.</p>
-
-<p>Comenzaron ya á discurrir por aquellas calles, si bien no acertaba
-Andrenio á dar paso y de todo temía. En viendo un niño, se ponía á
-temblar, y en descubriendo un orate, desmayaba. Toparon y oyeron cosas
-nunca dichas ni oídas, hombres nunca vistos ni conocidos. Aquí hallaron
-el sí, sí, y el no no. Que, aunque tan viejos, nunca los habían topado.
-Aquí el hombre de su palabra, que casi no le conocían. Viéndolo
-estaban y no lo creían, como ni al hombre de verdad y de entereza, el
-de <i>andemos claros, vamos con cuenta y razón</i>, el de la verdad por un
-moro. Que todos eran personajes prodigiosos.</p>
-
-<p>Y aun por eso no los hemos encontrado en otras partes, decía
-Critilo, porque están aquí juntos.</p>
-
-<p>Aquí hallaron los hombres sin artificio, las mujeres sin enredo,
-gente sin tramoya.</p>
-
-<p>¿Qué hombres son éstos, decía Critilo, y de dónde han salido, tan
-opuestos con los que por allá corren? No me harto de verlos, tratarlos
-y conocerlos. Esto sí que es vivir, éste cielo es, que no mundo. Ya
-creo agora todo cuanto me dicen sin escrúpulo alguno ni temor de
-engaño; que antes no hacía mas que suspender el juicio y tomar un año
-para creer las cosas. ¿Hay mayor felicidad que vivir entre hombres de
-bien, de verdad de conciencia y entereza? Dios me libre de volver á los
-otros, que por allá se usan.</p>
-
-<p>Pero duróle poco el contento. Porque, yéndose encaminando hacia la
-plaza Mayor, donde se lograba el transparente alcázar de la Verdad
-triunfante, oyeron antes de llegar allá unas descomunales voces, como
-salidas de las gargantas de algún gigante, que decían:</p>
-
-<p>¡Guarda el monstruo, huye el coco! ¡Á huir todo el mundo, que ha
-parido ya la Verdad el hijo feo, el odioso, el abominable! ¡Que viene,
-que vuela, que llega!</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_170">p. 170</span></p>
-
-<p>Á esta espantosa voz echaron todos á huir, sin aguardarse unos
-á otros, á necio el postrero. Hasta el mismo Critilo, ¿quién tal
-creyera?, llevado del vulgar escándalo, cuando no ejemplo, se metió en
-fuga; por más que el Acertador le procuró detener con razones y con
-ruegos.</p>
-
-<p>¿Dónde vas?, le gritaba.</p>
-
-<p>Donde me llevan.</p>
-
-<p>Mira que huyes de un cielo.</p>
-
-<p>Pongamos cielo en medio.</p>
-
-<p>Quien quisiere saber qué monstruo, qué tan espantoso fuese aquel feo
-hijo de una tan hermosa madre y dónde fueron á parar nuestros asustados
-peregrinos, trate de seguirlos hasta la otra Crisi.</p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_3_4">
- <h3 class="g1 ws1">CRISI IV</h3>
- <p class="subh3c"><i>El Mundo descifrado.</i></p>
-</div>
-
-<p>Es Europa vistosa cara del mundo, grave en España, linda en
-Inglaterra, gallarda en Francia, discreta en Italia, fresca en
-Alemania, rizada en Suecia, apacible en Polonia, adamada en Grecia y
-ceñuda en Moscovia.</p>
-
-<p>Esto les decía á nuestros dos fugitivos peregrinos un otro en lo
-raro, que le habían ganado, cuando perdido él á su Adevino.</p>
-
-<p>Tenéis buen gusto, les decía, nacido de un buen capricho, en andaros
-viendo mundo y más en sus cortes, que son escuelas de toda discreta
-gentileza. Seréis hombres tratando con los que lo son, que eso es
-propiamente ver mundo. Porque advertid que va grande diferencia del
-ver al mirar. Que quien no entiende no atiende. Poco importa ver mucho
-con los ojos, si con el entendimiento nada. Ni vale el ver sin el
-notar. Discurrió bien quien dijo que el mejor libro del mundo era el
-mismo mundo, cerrado cuando más abierto, pieles estendidas. Esto<span
-class="pagenum" id="Page_171">p. 171</span> es, pergaminos escritos
-llamó el mayor de los sabios á estos cielos iluminados de luces, en
-vez de rasgos y de estrellas por letras. Fáciles son de entender esos
-brillantes caracteres, por más que algunos los llamen dificultosos
-enigmas. La dificultad la hallo yo en leer y entender lo que está
-de las tejas abajo. Porque, como todo ande en cifra y los humanos
-corazones estén tan sellados, inescrutables, asegúroos que el mejor
-letor se pierde. Y otra cosa, que, si no lleváis bien estudiada y bien
-sabida la contracifra de todo, os habréis de hallar perdidos, sin
-acertar á leer palabra ni conocer letra ni un rasgo ni un tilde.</p>
-
-<p>¿Cómo es eso?, replicó Andrenio. ¿Que el mundo todo esta cifrado?</p>
-
-<p>¿Pues ahora recuerdas con eso? ¿Ahora te desayunas de una tan
-importante verdad, después de haberle andado todo? ¡Qué buen concepto
-habrás hecho de las cosas!</p>
-
-<p>¿De modo que todas están en cifra?</p>
-
-<p>Dígote que sí, sin exceptuar un ápice. Y para que lo entiendas,
-¿quién piensas tú que era aquel primer hijo de la Verdad, de quien
-todos huían y vosotros de los primeros?</p>
-
-<p>¿Quién había de ser, respondió Andrenio, sino un monstruo tan fiero,
-un trasgo tan aborrecible, que aún me dura el espanto de haberle
-visto?</p>
-
-<p>Pues hágote saber que era el odio, el primogénito de la Verdad. Ella
-le engendra, cuando los otros le conciben, y ella le pare con dolor
-ajeno.</p>
-
-<p>Aguarda, dijo Critilo, y aquel otro hijo también de la Verdad tan
-celebrado de lindo, que no tuvimos suerte de verle, ni tratarle, ¿quién
-era?</p>
-
-<p>Ése es el postrero, el que llega tarde. Á ése os quiero yo llevar
-agora para que le conozcáis y gocéis de su buen trato, discreción y
-respeto.</p>
-
-<p>Pero, ¡que no tuviésemos suerte de ver la Verdad, se lamentaba
-Andrenio, ni aun esta vez, estando tan cerca, espe<span
-class="pagenum" id="Page_172">p. 172</span>cialmente en su elemento!
-Que dicen es muy hermosa. No me puedo consolar.</p>
-
-<p>¿Cómo qué? ¿No la viste?, replicó el Descifrador, que así dijo se
-llamaba. Ése es el engaño de muchos, que nunca conocen la Verdad en sí
-mismos, sino en los otros, y así verás que alcanzan lo que le está mal
-al vecino, al amigo, lo que debieran hacer, y lo dicen y lo hablan;
-y para sí mismos ni saben ni entienden. En llegando á sus cosas,
-desatinan de modo, que en las cosas ajenas son unos linces y en las
-suyas unos topos. Saben cómo vive la hija del otro y en qué pasos anda
-la mujer del vecino, y de la suya propia están muy ajenos. ¿Pero no
-viste alguna de tantas bellísimas hembras, que por allí discurrían?</p>
-
-<p>Sí, muchas y bien lindas.</p>
-
-<p>Pues todas ésas eran Verdades, cuanto más ancianas, más hermosas.
-Que el tiempo, que todo lo desluce, á la Verdad la embellece.</p>
-
-<p>Sin duda, añadió Critilo, que aquella coronada de álamo, como reina
-de los tiempos, con hojas blancas de los días y negras de las noches,
-¿era la Verdad?</p>
-
-<p>La misma.</p>
-
-<p>Yo la besé, dijo Andrenio, la una de sus blancas manos y la sentí
-tan amarga, que aún me dura el sinsabor.</p>
-
-<p>Pues yo, dijo Critilo, la besé la otra al mismo tiempo y la hallé de
-azúcar. Mas ¡qué linda estaba y muy de día! Todos los treinta y tres
-treses de hermosura se los conté uno por uno. Ella era blanca en tres
-cosas, colorada en otras tres, crecida en tres y así de los demás. Pero
-entre todas estas perfecciones excedía la de la pequeña y dulce boca,
-brollador de ámbar.</p>
-
-<p>Pues á mí, replicó Andrenio, me pareció toda al contrario y, aunque
-pocas cosas me suelen desagradar, ésta por estremo.</p>
-
-<p>Paréceme, dijo el Descifrador, que vivís ambos muy opuestos en
-genio: lo que al uno le agrada, al otro le descontenta.</p>
-
-<p>Á mí, dijo Critilo, pocas cosas me satisfacen del todo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_173">p. 173</span></p>
-
-<p>Pues á mí, dijo Andrenio, pocas dejan de contentarme, porque en
-todas hallo yo mucho bueno y procuro gozar dellas, tales cuales son,
-mientras no se topan otras mejores. Y éste es mi vivir, al uso de los
-acomodados.</p>
-
-<p>Y aun necios, replicó Critilo.</p>
-
-<p>Interpúsose el Descifrador:</p>
-
-<p>Ya os dije que todo cuanto hay en el mundo pasa en cifra: el bueno,
-el malo, el ignorante y el sabio. El amigo le toparéis en cifra y aun
-el pariente y el hermano, hasta los padres y hijos; que las mujeres
-y los maridos es cosa cierta. ¡Cuanto más los suegros y cuñados, el
-dote fiado y la suegra de contado! Las más de las cosas no son las que
-se leen. Ya no hay entender pan por pan, sino por tierra; ni vino por
-vino, sino por agua. Que hasta los elementos están cifrados en los
-elementos: ¿qué serán los hombres? Donde pensaréis que hay sustancia,
-todo es circunstancia, y lo que parece más sólido, es más hueco, y toda
-cosa hueca, vacía. Solas las mujeres parecen lo que son y son lo que
-parecen.</p>
-
-<p>¿Cómo puede ser eso, replicó Andrenio, si todas ellas de pies á
-cabeza no son otro que una mentirosa lisonja?</p>
-
-<p>Yo te lo diré. Porque las más parecen malas y realmente que lo son.
-De modo que es menester ser uno muy buen letor para no leerlo todo
-al revés, llevando muy manual la contracifra, para ver, si el que os
-hace mucha cortesía, quiere engañaros; si el que besa la mano, querría
-morderla; si el que gasta mejor prosa, os hace la copla; si el que
-promete mucho, cumplirá nada; si el que ofrece ayudar, tira á descuidar
-para salir él con la pretensión. La lástima es que hay malísimos
-letores, que entienden C por B y fuera mejor D por C. No están al
-cabo de las cifras ni las entienden, no han estudiado la materia de
-intenciones, que es la más dificultosa de cuantas hay. Yo os confieso
-ingenuamente que anduve muchos años tan á ciegas como vosotros, hasta
-que tuve suerte de topar con este nuevo arte de descifrar, que llaman
-de discurrir los entendidos.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_174">p. 174</span></p>
-
-<p>Pues díme, preguntó Andrenio, éstos que vamos encontrando ¿no son
-hombres en todo el mundo y aquellas otras no son bestias?</p>
-
-<p>¡Qué bien lo entiendes!, le respondió en pocas palabras y mucha
-risa. He, que no lees cosa á derechas. Advierte que los más, que
-parecen hombres, no lo son, sino diptongos.</p>
-
-<p>¿Qué cosa es diptongo?</p>
-
-<p>Una rara mezcla. Diptongo es un hombre con voz de mujer y una mujer,
-que habla como hombre. Diptongo es un marido con melindres y la mujer
-con calzones. Diptongo es un niño de sesenta años y uno sin camisa,
-crujiendo seda. Diptongo es un francés injerto en español, que es la
-peor mezcla de cuantas hay. Diptongo hay de amo y mozo.</p>
-
-<p>¿Cómo puede ser eso?</p>
-
-<p>Bien mal. Un señor en servicio de su mismo criado. Hasta de ángel
-y de demonio le hay, serafín en la cara y duende en el alma. Diptongo
-hay de sol y de luna en la variedad y belleza. Diptongo toparéis de
-sí y de no. Y diptongo es un monjil forrado de verde. Los más son
-diptongos en el mundo. Unos compuestos de fieras y hombres, otros de
-hombres y bestias, cuál de político y raposo y cuál de lobo y avaro, de
-hombre y gallina. Muchos bravos de hipogrifos, muchas tías y de lobas,
-las sobrinas de micos, y de hombres los pequeños, y los agigantados
-de la gran bestia. Hallaréis los más vacíos de sustancia y rebutidos
-de impertinencia. Que conversar con un necio no es otro que estar
-toda una tarde sacando pajas de una albarda. Los indoctos afectados
-son buñuelos sin miel y los podridos, bizcochos de galera. Aquel tan
-tieso cuan enfadoso es diptongo de hombre y estatua: y déstos toparéis
-muchos. Aquel otro, que os parece un Hércules con clava, no es sino
-con rueca: que son muchos los diptongos afeminados. Los peores son
-los caricompuestos de virtud y de vicio, que abrasan el mundo. Pues
-no hay mayor enemigo de la verdad, que la verisimilitud, así como los
-de hipócrita malicia. Veréis hombres comunes in<span class="pagenum"
-id="Page_175">p. 175</span>jertos en particulares y mecánicos en
-nobles. Aunque veáis algunos con vellocino de oro, advertid que son
-borregos y que los Cornelios son ya Tácitos y los Lucios, Apuleyos.
-¿Pero qué mucho, si aun en las mismas frutas hay diptongos, que
-compraréis peras y comeréis manzanas y compraréis manzanas y os las
-dirán que son peras?</p>
-
-<p>¿Qué os diré de las paréntesis? Aquellas que ni hacen ni deshacen en
-la oración, hombres que ni atan ni desatan, no sirven sino de embarazar
-el mundo. Hacen algunos número de cuarto Conde y quinto Duque en sus
-ilustres casas, añadiendo cantidad, no calidad. Que hay paréntesis
-del valor y digresiones de la fama. ¡Oh, cuántos déstos no vinieron á
-propósito ni á tiempo!</p>
-
-<p>De verdad, dijo Critilo, que me va contentando este arte de
-descifrar y aun digo que no se puede dar un paso sin él.</p>
-
-<p>¿Cuántas cifras habrá en el mundo?, preguntó Andrenio.</p>
-
-<p>Infinitas y muy dificultosas de conocer; mas yo prometo declararos
-algunas, digo las corrientes; que todas sería imposible. La más
-universal entre ellas y que ahorca medio mundo, es el etcétera.</p>
-
-<p>Ya la he oído usar algunas veces, dijo Andrenio; pero nunca había
-reparado como ahora ni me daba por entendido.</p>
-
-<p>¡Oh, que dice mucho y se explica poco! No habéis visto estar
-hablando dos y pasar otro:</p>
-
-<p>¿Quién es aquél?</p>
-
-<p>¿Quién? Fulano.</p>
-
-<p>No lo entiendo.</p>
-
-<p>¡Oh, válgame Dios!, dice el otro: aquel que..., etcétera.</p>
-
-<p>¡Oh, sí, sí, ya lo entiendo!</p>
-
-<p>Pues eso es el etcétera.</p>
-
-<p>¿Aquella otra quién es?</p>
-
-<p>¿Qué, no la conocéis?</p>
-
-<p>Aquella es la que..., etcétera.</p>
-
-<p>Sí, sí, ya doy en la cuenta.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_176">p. 176</span></p>
-
-<p>Aquel es, cuya hermana..., etcétera.</p>
-
-<p>No digáis más, que ya estoy al cabo.</p>
-
-<p>Pues eso es el etcétera. Enfádase uno con otro y dícele:</p>
-
-<p>Quite allá, que es un..., etcétera. Váyase para una..., etcétera.</p>
-
-<p>Entiéndense mil cosas con ella y todas notables. Reparad en aquel
-monstruo casado con aquel ángel. ¿Pensaréis que es su marido?</p>
-
-<p>¿Pues qué había de ser?</p>
-
-<p>¡Oh qué lindo! Sabed que no lo es.</p>
-
-<p>¿Pues qué?</p>
-
-<p>No se puede decir: es un..., etcétera.</p>
-
-<p>¡Válgate por la cifra y quién había de dar con ella!</p>
-
-<p>Aquella otra, que se nombra tía, no lo es.</p>
-
-<p>¿Pues qué?</p>
-
-<p>Etcétera.</p>
-
-<p>La otra por doncella, el primo de la prima, el amigo del marido.</p>
-
-<p>Hé, que no lo son, por ningún caso; no son sino..., etcétera.</p>
-
-<p>El sobrino del tío.</p>
-
-<p>Que no lo es, sino..., etcétera. Digo sobrino de su hermano.</p>
-
-<p>Hay cien cosas á esta traza, que no se pueden explicar de otra
-manera y así echamos un etcétera, cuando queremos que nos entiendan
-sin acabarnos de declarar. Y os aseguro que siempre dice mucho más de
-lo que se pudiera expresar. Hombre hay que habla siempre por etcétera
-y que llena una carta dellas; pero, si no van preñadas, son sencillas
-y otras tantas necedades. Por eso conocí yo uno, que le llamaron <i>el
-licenciado de etcétera</i>, así como á otro <i>el licenciado del chiste</i>.
-Reparad bien que os prometo que casi todo el mundo es un etcétera.</p>
-
-<p>Gran cifra es ésta, decía Andrenio, abreviatura de todo lo malo y
-lo peor. Dios nos libre de ella y de que caiga sobre nosotros. ¡Qué
-preñada y qué llena de alusiones! ¡Qué de historias que toca y todas
-raras! Yo la repasaré muy bien.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_177">p. 177</span></p>
-
-<p>Pues pasemos adelante, dijo el Descifrador.</p>
-
-<p>Otra os quiero enseñar, que es más dificultosa y, por no ser tan
-universal, no es tan común; pero muy importante.</p>
-
-<p>¿Y cómo la llaman?</p>
-
-<p>Cutildeque. Es menester gran sutileza para entenderla, porque
-incluye muchas y muy enfadosas impertinencias y se descifra por ella
-la necia afectación. ¿No oís aquel que habla con eco, escuchándose las
-palabras con pocas razones?</p>
-
-<p>Sí y aun parece hombre discreto.</p>
-
-<p>Pues no lo es; sino un afectado, un presumido y, en una palabra, él
-es un Cutildeque. Notad aquel otro, que se compone y hace los graves y
-los tiesos; aquel otro que afecta misterios y habla por sacramentos;
-aquel que va vendiendo secretos. Parecen grandes hombres. Pues no lo
-son; sino que lo querrían parecer. No son sino figuras en cifra de
-Cutildeque. Reparad en aquel atufadillo, que se va paseando la mano por
-el pecho y diciendo:</p>
-
-<p>¡Qué gran hombre se cría aquí, qué prelado, qué presidente!</p>
-
-<p>Pues aquel otro, que no le pesa haber nacido, también es Cutildeque.
-El atildado estase dicho, el mirlado, el abemolado y que habla con la
-voz flautada, con tonillo de falsete, el ceremonioso, el espetado, el
-acartonado y otros muchos de la categoría del enfado, todos éstos se
-descifran por la Cutildeque.</p>
-
-<p>¡Qué docto se quiere ostentar aquél, dijo Andrenio! ¡Qué bien vende
-lo que sabe!</p>
-
-<p>Señal que es ciencia comprada y no inventada y advierte que no es
-letrado; más tiene de Cutildeque, que de otras letras. Todos estos
-atildados afectan parecer algo y al cabo son nada. Y si acertáis
-á descifrarlos, hallaréis que no son otro que figuras en cifra de
-Cutildeque.</p>
-
-<p>¡Aguarda!, y aquellos otros, dijo Andrenio, tan alzados y
-dispuestos, que parece los puso en zancos la misma naturaleza ó que
-su estrella los aventajó á los demás y así los miran por encima del
-hombro y dicen: ¡ah de abajo!, ¿quién anda por<span class="pagenum"
-id="Page_178">p. 178</span> esos suelos? Éstos sí, que serán muy
-hombres, pues hay tres y cuatro de los otros en cada uno dellos.</p>
-
-<p>¡Oh, qué mal que lees!, le dijo el Descifrador. Advierte que lo
-que menos tienen es de hombres. Nunca verás que los muy alzados sean
-realzados y, aunque crecieron tanto, no llegaron á ser personas. Lo
-cierto es que no son letras ni hay que saber en ellos, según aquel
-refrán: hombre largo, pocas veces sabio.</p>
-
-<p>¿Pues de qué sirven en el mundo?</p>
-
-<p>¿De qué? De embarazar. Éstos son una cierta cifra, que llaman zancón
-y es decir que no se ha de medir uno por las zancas; no por cierto,
-sino por la testa, que de ordinario lo que echó en éstos la naturaleza
-en gambas, les quitó de cerbelo; lo que les sobra de cuerpo, les hace
-falta de alma. Levantan los desproporcionados tercios el cuerpo, mas
-no el espíritu. Quédaseles del cuello abajo. No pasa tan arriba y así
-veréis que por maravilla les llega á la boca y se les conoce en la
-poca sustancia, con que hablan. Mira qué trancos da aquel zancón, que
-por allí pasa las calles y plazas, anexia, y con todo eso anda mucho y
-discurre poco.</p>
-
-<p>¡Oh, lo que abarca aquel otro de suelo!, ponderaba Andrenio.</p>
-
-<p>Sí; pero cuán poquito de cielo y, aunque tan alto, muy lejos está de
-tocar con la coronilla en las estrellas. Destos tales zancones toparéis
-muchos en el mundo, tendréislos en lo que son, llevando la contracifra.
-Por otra parte veréis que se paga mucho el vulgo de ellos y más cuanto
-más corpulentos. Creyendo que consiste en la gordura la sustancia,
-miden la calidad por la cantidad y, como los ven hombres de fachada,
-conciben dellos altamente. Llena mucho una gentil presencia. Por poco
-que favorezca el espíritu, parece uno doblado y más, si es hombre de
-puesto. Pero ya digo, por lo común, ellos, bien descifrados, no son
-otros que zancones.</p>
-
-<p>Según eso, dijo Andrenio, aquellos otros sus antípodas,<span
-class="pagenum" id="Page_179">p. 179</span> aquellos pequeños y por
-otro nombre ruincillos, que por maravilla escapan de ahí, aquellos,
-que hacen del hombre, porque no lo son siquiera por parecerlo, semilla
-de títeres, moviéndose todos, que ni paran ni dejan parar, amasados
-con azogue, que todos se mueven, hechos de goznes, gente de polvorín,
-picantes granos, aquel que se estira, porque no le cabe el alma en la
-vaina, el otro gravecillo, que afecta el ser persona y nunca sale de
-personilla, con poco se llena, chimenea baja y angosta, toda es humos:
-¿todos éstos sí, que serán letras?</p>
-
-<p>De ningún modo: digo que no lo son.</p>
-
-<p>¿Pues qué?</p>
-
-<p>Añadiduras de letras, puntillos de íes y tildes de eñes. Por eso
-es menester guardarles los aires, que siempre andan en puntillos y de
-puntillas. Ni hay mucho que fiar ni que confiar de personeta ni de sus
-otros consonantes. Son chiquitos y poquitos y menuditos. Y así dice el
-catalán:</p>
-
-<p><i>Poca cosa, para forsa.</i></p>
-
-<p>Yo conocí un gran ministro, que jamás quiso hablar con ningún hombre
-muy pequeño ni les escuchaba. Llevan el alma en pena. Si andan, no
-tocan en tierra, porque van de puntillas, y, si se sientan, ni tocan
-ni en cielo ni en tierra. Tienen reconcentrada la malicia y así tienen
-malas entrañuelas. Son de casta de sabandijas pequeñas, que todas
-pican, que matan. Al fin ellos son abreviaturas de hombres y cifra de
-personillas.</p>
-
-<p>Otra cifra me olvidaba, que os importará mucho el conocerla, la más
-platicada y la menos sabida. Entiéndense mil cosas en ella y todas
-muy al contrario de lo que pintan y por eso se han de leer al revés.
-¿No veis aquél del cuello torcido? ¿Pensaréis que tiene muy recta la
-intención?</p>
-
-<p>Claro es eso, respondió Andrenio.</p>
-
-<p>¿Creeréis que es un beato?</p>
-
-<p>Y con razón.</p>
-
-<p>Pues sabed que no lo es.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_180">p. 180</span></p>
-
-<p>¿Pues qué?</p>
-
-<p>Un <i>Alterutrum</i>.</p>
-
-<p>¿Qué cosa es <i>Alterutrum</i>?</p>
-
-<p>Una gran cifra, que abrevia el mundo entero y todo muy al contrario
-de lo que parece. Aquel de las grandes melenas ¿bien pensaréis que es
-un león?</p>
-
-<p>Yo por tal le tengo.</p>
-
-<p>En lo rapante ya podría; pero aténgome más á las plumas de gallina
-que tremola, que á las guedejas que ondea. Aquel otro de la barba ancha
-y autorizada ¿creerás tú que tiene de mente lo que de mento?</p>
-
-<p>Téngole por un Bártulo moderno.</p>
-
-<p>Pues no es sino un <i>Alterutrum</i>, un semicapro lego, de quien decía
-un mecánico:</p>
-
-<p>Pruébeme el señor licenciado que es letrado, que al punto sacaré de
-la vecindad mi herrería.</p>
-
-<p>¡Qué brava hazañería hace aquel otro de ministro!</p>
-
-<p>Y cuando más celoso del servicio real, entonces hace el suyo de
-plata. Que no es sino un <i>Alterutrum</i>, que de achaque de gorrón
-de Salamanca, come hoy lo que entonces ayunó: los veinte mil de
-renta, cuando se están comiendo de sarna los mayores soldados y los
-primogénitos de la fama la delinean. Prométoos que está lleno el mundo
-de <i>Alterutrunes</i>, muy otros de lo que se muestran. Que todo pasa
-en representación, para unos comedia, cuando para otros tragedia.
-El que parece sabio, el que valiente, el entendido, el celoso, el
-beato, el cauto más que casto, todos pasan en cifra de <i>Alterutrum</i>.
-Observadle bien, que si no, á cada paso tropezaréis en ella. Estudiad
-la contracifra de suerte, que no á todo vestido de sayal tengáis por
-monje ni el otro, porque roce seda, dejará de ser mico. Toparéis brutos
-en doradas salas y bestias, que volvieron de Roma borregos felpados de
-oro. Al oficial veréis en cifra de caballero; al caballero, de título;
-al título, de grande; al grande, en la de príncipe. Cubre hoy el pecho
-con la espada roja el que ayer<span class="pagenum" id="Page_181">p.
-181</span> con el mandil. Lleva el nieto la insignia verde y llevó el
-abuelo el babador amarillo. Jura éste á fe de caballero y pudiera de
-gentil. Cuando oigáis á uno prometerlo todo, entended <i>Alterutrum</i>,
-que dará nada; y cuando responda el otro á vuestra súplica un <i>sí,
-sí</i> duplicado, creed <i>Alterutrum</i>: que dos afirmaciones niegan, así
-como dos negaciones afirman. Esperad más de un <i>no, no</i>, que de un
-doblado <i>sí, sí</i>. Cuando al pagar dice el médico <i>no, no</i>, habla en
-cifra y toma en realidad. Cuando os dijere el otro: <i>Señor, veámonos</i>,
-es decir que no os le pongáis delante; el <i>yo iré á vuestra casa</i>
-es lo mismo que no pondrá los pies en ella; <i>aquí está mi casa</i>
-es atrancar las puertas. Y cuando el otro dice: ¿<i>habéis menester
-algo</i>?, bien descifrado es lo mismo que decir: <i>pues idlo á buscar</i>. Y
-cuando dice: <i>mirad si se os ofrece alguna cosa</i>, entonces echa otro
-ñudo á la bolsa. Á esta traza habéis de descifrar los más apretados
-cumplimientos: <i>todo soy vuestro</i> entended que es muy suyo; ¡<i>oh lo
-que me alegro de veros</i>! y más de aquí á veinte años; <i>mandadme algo</i>
-entended que en testamento. Créeselo todo el otro necio y, en llegando
-la contracifra de la ocasión, se halla engañado.</p>
-
-<p>Otras muchas hay, que llaman de arte mayor: ésas son muy
-dificultosas, quedarán para otra ocasión.</p>
-
-<p>Ésas, replicó Critilo, que á todo había callado, me holgara yo saber
-en primer lugar. Porque estas otras, que nos has dicho, los niños las
-aprenden en la cartilla.</p>
-
-<p>Ahí verás, dijo el Descifrador, que, aun comenzando tan temprano á
-estudiarlas, tarde llegan á entenderlas. Á los niños los destetan con
-ellas y los hombres las ignoran. Estudiad por agora éstas y platicad
-las contracifras, que estas otras yo os ofrezco explicároslas en el
-arte de discurrir, para que haga pareja con la de concebir.</p>
-
-<p>Desta suerte divertidos, se hallaron sin advertir en medio de una
-gran plaza, emporio célebre de la apariencia y teatro espacioso de la
-ostentación, del hacer parecer las cosas, muy<span class="pagenum"
-id="Page_182">p. 182</span> frecuentado en esta era, para ver las
-humanas tropelías y las tramoyas tan introducidas. Hoy vieron á la
-una y otra hacer á varias oficinas, aunque tenidas por mecánicas,
-nada vulgares, y más para los entendidos y entendedores. En una
-estaban dorando cosas varias, yerros de necedades, con tal sutileza,
-que pasaban plaza de aciertos. Doraban albardas, estatuas, terrones,
-guijarros y maderos, hasta muladares y albañales. Parecían muy bien de
-luego; pero con el tiempo caíaseles el oro y descubríase el lodo.</p>
-
-<p>Basta, dijo Critilo, que no es todo oro lo que reluce.</p>
-
-<p>Aquí sí, respondió el Descifrador, que hay que discurrir y bien que
-descifrar. Creedme que, por más que se quieran dorar los desaciertos,
-ellos son yerros y lo parecerán después. ¡Querernos persuadir que el
-matar un príncipe y por su mano, horrible hazaña á sus nobilísimos
-cuñados, por solas vanas sospechas, entristeciendo todo el reino, que
-fué celo de justicia! Díganle al que tal escribe que es querer dorar
-un yerro. ¡Defender que el otro rey no fué cruel ni se ha de llamar
-así, sino el justiciero! Díganle al que tal estampa que tiene pequeña
-mano para tapar la boca á todo el mundo. ¡Decir que el perseguir los
-propios hijos y hacerles guerra, encarcelarlos y quitarles la vida
-que fué obligación y no pasión! Respóndaseles que, por más que los
-quieran dorar con capa de justicia, siempre serán yerros. ¡Publicar
-que el dejamiento y remisión, que ocasionó más muertes de grandes y de
-señores, que la misma crueldad, que eso nació de bondad y de clemencia!
-Díganle al que eso escribe que es querer dorar un yerro. Pero poco
-importa, que el tiempo deslucirá el oro y sobresaldrá el yerro y
-triunfará la verdad.</p>
-
-<p>Confitaban en otra varias frutas ásperas, acedas y desabridas,
-procurando con el artificio desmentir lo insulso y lo amargo.
-Sacáronles una gran fuente destos dulces, que no sólo no recusaron;
-pero la lograron, diciendo era debido á su vejez. Cebóse en ellos
-Andrenio, celebrándolos mucho; mas el Descifrador tomando uno en la
-mano:</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_183">p. 183</span></p>
-
-<p>¿Veis, dijo, qué bocado tan regalado éste? ¡Pues, si supiésedes lo
-que es!</p>
-
-<p>¿Qué ha de ser, dijo Andrenio, sino un terrón de azúcar de
-Gandía?</p>
-
-<p>Pues sabed que fué un pedazo de una insulsa calabaza, sin el
-picante moral y sin el agrio satírico. Este otro, que cruje entre los
-dientes, era un troncho de lechuga. Mirad lo que puede el artificio
-y qué de hombres sin sabor y sin saber se disfrazan desta suerte y
-tan celebrados por grandes hombres. Confitan su agria condición y su
-aspereza á los principios. Azucaran otros el no y el mal despacho,
-enviando al pretendiente, si no despachado, no despechado.</p>
-
-<p>Ésta otra era una naranja palaciega, tan amarga en la corteza,
-como agria en lo interior. Atended qué dulce se vende con el buen
-modo. ¡Quién tal creyera! Éstas eran guindas intratables y hanlas
-conficionado de suerte, que son regalo. Ésta era flor de azar, que ya
-hasta los azares se confitan y son golosina. Y hay hombres tan hallados
-con ellos, como Mitridates con el veneno. Aquel tan apetitoso era un
-pepino, escándalo de la salud, y aquel otro, un almendruco. Que hay
-gustos, que se ceban en un poco de madera. De modo, que andan unos á
-cifrar y otros á descifrar y dar á entender.</p>
-
-<p>Junto á éstos estaban los tintoreros, dando raros colores á los
-hechos. Usaban de diferentes tintas para teñir del color que querían
-los sucesos y así daban muy bien color á lo más malhecho y echaban á
-la buena parte lo maldicho, haciendo pasar negro por blanco y malo por
-bueno. Historiadores de pincel, no de pluma, dando buena ó mala cara á
-todo lo que querían.</p>
-
-<p>Trabajaban los contraolores, dándole bueno al mismo cieno y
-desmintiendo la hediondez de sus costumbres y el mal aliento de la
-boca con el almizcle y el ámbar. Solos á los sogueros celebró mucho el
-Descifrador, por andar al revés de todos.</p>
-
-<p>En llegando aquí se sintieron tirar del oído y aun arrebatarles
-la atención. Miraron á un lado y á otro y vieron sobre un vul<span
-class="pagenum" id="Page_184">p. 184</span>gar teatro un valiente
-<i>decitore</i>, rodeado de una gran muela de gente, y ellos eran los
-molidos. Teníalos en son de presos aherrojados de las orejas, no con
-las cadenillas de oro del Tebano, sino con bridas de hierro. Éste,
-pues, con valiente parola, que importa el saberla bornear, estaba
-vendiendo maravillas.</p>
-
-<p>Agora quiero mostraros, les decía, un alado prodigio, un portento
-del entender. Huélgome de tratar con personas entendidas, con hombres
-que lo son. Pero también sé decir que el que no tuviere un prodigioso
-entendimiento, bien puede despedirse desde luego, que no hará concepto
-de cosas tan altas y sutiles. Alerta, pues, mis entendidos, que sale
-una águila de Júpiter, que habla y discurre como tal, que se ríe á
-lo Zoilo y pica á lo Aristarco. No dirá palabra, que no encierre un
-misterio, que no contenga un concepto, con cien alusiones á cien cosas.
-Todo cuanto dirá serán profundidades y sentencias.</p>
-
-<p>Éste, dijo Critilo, sin duda será algún rico, algún poderoso. Que,
-si él fuera pobre, nada valiera cuanto dijera. Que se canta bien con
-voz de plata y se habla mejor con pico de oro.</p>
-
-<p>Ea, decía el Charlatán, tómense la honra los que no fueren águilas
-en el entender, que no tienen que atender. ¿Qué es esto? ¿Ninguno se
-va? ¿Nadie se mueve?</p>
-
-<p>El caso fué que ninguno se dió por entendido, de desentendido; antes
-todos por muy entendedores. Todos mostraron estimarse mucho y concebir
-altamente de sí. Comenzó ya á tirar de una grosera brida y asomó el
-Mus, estallido de los brutos, que aun el nombrarle ofende.</p>
-
-<p>He aquí, exclamó el Embustero, una águila á todas luces en el
-pensar, en el discurrir, y ninguno se atreva á decir lo contrario, que
-sería no darse por discreto.</p>
-
-<p>Sí, juro á tal, dijo uno, que yo le veo las alas, ¡y qué altaneras!;
-yo le cuento las plumas, ¡y qué sutiles que son! ¿No las veis vos?, le
-decía al del lado.</p>
-
-<p>¿Pues no?, respondía él, y muy bien.</p>
-
-<p>Mas otro hombre de verdad y de juicio decía:</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_185">p. 185</span></p>
-
-<p>Juro, como hombre de bien, que yo no veo que sea águila ni que tenga
-plumas; sino cuatro pies zompos y una cola muy reverenda.</p>
-
-<p>¡Ta, ta!, no digáis eso, le replicó un amigo, que os echáis á
-perder, que os tendrán por un gran... etc. ¿No advertís lo que los
-otros dicen y hacen? Pues seguid el corriente.</p>
-
-<p>Juro á tal, proseguía otro varón también de entereza, que no sólo no
-es águila, sino antípoda de ella. Digo que es un grande... etc.</p>
-
-<p>Calla, calla, le dió del codo otro amigo, ¿queréis que todos se rían
-de vos? No habéis de decir sino que es águila, aunque sintáis todo lo
-contrario, que así hacemos nosotros.</p>
-
-<p>¿No notáis, gritaba el Charlatán, las sutilezas que dice? No tendrá
-ingenio quien no las note y observe.</p>
-
-<p>Y al punto saltó un bachiller, diciendo:</p>
-
-<p>¡Qué bien! ¡Qué gran pensar! ¡La primera cosa del mundo! ¡Oh
-qué sentencia! Déjenmela escribir. Lástima es que se les pierda un
-ápice.</p>
-
-<p>Disparó en esto la portentosa bestia aquel su desapacible canto,
-bastante á confundir un concejo, con tal torrente de necedades, que
-quedaron todos aturdidos, mirándose unos á otros.</p>
-
-<p>¡Aquí, aquí!, mis entendidos, acudió al punto el ridículo Embustero,
-¡aquí de puntillas! ¡Esto sí que es decir! ¿Hay Apolo como éste? ¿Qué
-os ha parecido de la delgadeza en el pensar, de la elocuencia en el
-decir? ¿Hay más discreción en el mundo?</p>
-
-<p>Mirábanse los circunstantes y ninguno osaba chistar ni manifestar lo
-que sentía y lo que de verdad era, porque no le tuviesen por un necio;
-antes todos comenzaron á una voz á celebrarle y aplaudirle.</p>
-
-<p>Á mí, decía una muy ridícula bachillera, aquel su pico me arrebata:
-no le perderé día.</p>
-
-<p>Voto á tal, decía un cuerdo así bajito, que es un asno en todo el
-mundo; pero yo me guardaré muy bien de decirlo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_186">p. 186</span></p>
-
-<p>¡Pardiez, decía otro, que aquello no es razonar, sino rebuznar;
-pero, mal año para quien tal dijese! Esto corre por ahora. El topo
-pasa por lince, la rana por canario, la gallina pasa plaza de león,
-el grillo de jilguero, el jumento de aguilucho. ¿Qué me va á mí en lo
-contrario? Sienta yo conmigo y hable yo con todos y vivamos, que es lo
-que importa.</p>
-
-<p>Estaba apurado Critilo de ver semejante vulgaridad de unos y
-artificio de otros.</p>
-
-<p>¡Hay tal dar en una necedad!, ponderaba.</p>
-
-<p>Y el socarrón del Embustero, á sombra de su nariz de buen tamaño, se
-estaba riendo de todos y solemnizaba á parte, como paso de comedia:</p>
-
-<p>¡Cómo que te los engaño á todos éstos! ¿Qué más hiciera la
-encandiladora? Y les hago tragar cien disparates.</p>
-
-<p>Y volvía á gritar:</p>
-
-<p>Ninguno diga que no es así, que sería calificarse de necio.</p>
-
-<p>Con esto se iba reforzando más el mecánico aplauso y hacía lo
-que todos Andrenio; pero Critilo, no pudiéndolo sufrir, estaba que
-reventaba y, volviéndose á su mudo Descifrador, le dijo:</p>
-
-<p>¿Hasta cuándo éste ha de abusar de nuestra paciencia? ¿Y hasta
-cuándo tú has de callar? ¿Qué desvergonzada vulgaridad es ésta?</p>
-
-<p>He, ten espera, le respondió, hasta que el tiempo lo diga: él
-volverá por la verdad, como suele. Aguarda que este monstruo vuelva
-la grupa y entonces oirás lo que abominarán dél estos mismos, que le
-admiran.</p>
-
-<p>Sucedió puntualmente que al retirarse el Embustero, aquel su
-diptongo de águila y bestia, tan mentida aquélla, cuan cierta ésta, al
-mismo instante comenzaron unos y otros á hablar claro:</p>
-
-<p>Juro, decía uno, que no era ingenio; sino un bruto.</p>
-
-<p>¡Qué brava necedad la nuestra!, dijo otro.</p>
-
-<p>Conque se fueron animando todos y decían:</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_187">p. 187</span></p>
-
-<p>¡Hay tal embuste! De verdad que no le oímos decir cosa, que valiese,
-y le aplaudimos. Al fin, él era un jumento y nosotros merecemos la
-albarda.</p>
-
-<p>Mas ya en esto volvía á salir el Charlatán, prometiendo otro mayor
-portento:</p>
-
-<p>Agora sí, decía, que os propongo no menos, que un famoso gigante,
-un prodigio de la fama: fueron sombra con él Encélado y Tifeo. Pero
-también digo que el que le aclamare gigante será de buenaventura,
-porque le hará grandes honras y amontonará sobre él riquezas, los mil
-y los diez mil de renta, la dignidad, el cargo, el empleo; mas el que
-no le reconociere jayán, desdichado dél: no sólo no alcanzará merced
-alguna; pero le alcanzarán rayos y castigos. ¡Alerta todo el mundo!,
-que sale, que se ostenta, ¡oh, cómo se descuella!</p>
-
-<p>Corrió una cortina y apareció un hombrecillo, que aun encima de una
-grulla no se divisara. Era como del codo á la mano, un nonada, pigmeo
-en todo, en el ser y en el proceder.</p>
-
-<p>¿Qué hacéis, que no gritáis? ¿Cómo no le aplaudís? Vocead, oradores;
-cantad, poetas; escribid, ingenios; decid todos: <i>¡el famoso, el
-eminente, el gran hombre!</i></p>
-
-<p>Estaban todos atónitos y preguntábanse con los ojos:</p>
-
-<p>¿Señores, qué tiene éste de gigante? ¿Qué le veis de héroe?</p>
-
-<p>Mas ya la runfla de los lisonjeros comenzó á voz en grito á
-decir:</p>
-
-<p>¡Sí, sí, el gigante, el gigante, el primer hombre del mundo! ¡Qué
-gran príncipe tal! ¡Qué bravo mariscal aquél! ¡Qué gran ministro
-fulano!</p>
-
-<p>Llovieron al punto doblones sobre ellos. Componían los autores, no
-ya historias, sino panegíricos, hasta el mismo Pedro Mateo. Comíanse
-los poetas las uñas para hacer pico. No había hombre, que se atreviese
-á decir lo contrario; antes todos, al que más podía, gritaban:</p>
-
-<p>¡El gigante, el máximo, el mayor!, esperando cada uno un<span
-class="pagenum" id="Page_188">p. 188</span> oficio y un beneficio y
-decían en secreto allá en sus interioridades:</p>
-
-<p>¡Qué bravamente que miento! Que no es crecido, sino un enano. ¿Pero
-qué he de hacer? Mas no, sino andaos á decir lo que sentís y medraréis.
-Deste modo visto yo y como y bebo y campo y me hago gran hombre, mas
-que sea él lo que quisiere. Y aunque pese á todo el mundo, él ha de ser
-gigante.</p>
-
-<p>Trató Andrenio de seguir el corriente y comenzó á gritar:</p>
-
-<p>¡El gigante, el gigante, el gigantazo!</p>
-
-<p>Y al punto granizaron sobre él dones y doblones y decía:</p>
-
-<p>¡Esto sí que es saber vivir!</p>
-
-<p>Estaba deshaciéndose Critilo y decía:</p>
-
-<p>Yo reventaré, si no hablo.</p>
-
-<p>No hagas tal, le dijo el Descifrador, que te pierdes. Aguarda á que
-vuelva las espaldas el tal gigante y verás lo que pasa.</p>
-
-<p>Así fué, que al mismo punto, que acabó de hacer su papel de gigante
-y se retiró al vestuario de las mortajas, comenzaron todos á decir:</p>
-
-<p>¡Qué bobería la nuestra! He, que no era gigante, sino un pigmeo, que
-ni fué cosa ni valió nada.</p>
-
-<p>Y dábanse el cómo unos á otros.</p>
-
-<p>¡Qué cosa es, dijo Critilo, hablar de uno en vida ó después de
-muerto! ¡Qué diferente lenguaje es el de las ausencias! ¡Qué gran
-distancia hay del estar sobre las cabezas ó bajo los pies!</p>
-
-<p>No pararon aquí los embustes del Sinón moderno; antes echando por
-la contraria, sacaba hombres eminentes, gigantes verdaderos, y los
-vendía por enanos y que no valían cosa, que eran nada y menos que nada.
-Y todos daban en que sí y habían de pasar por tales, sin que osasen
-chistar los hombres de juicio y de censura. Sacó la fénix y dió en
-decir que era un escarabajo. Y todos que sí, que lo era, y hubo de
-pasar por tal. Pero donde se acabó de apurar Critilo fué cuando le vió
-sacar un grande espejo y decir con desvergonzado despejo:</p>
-
-<p>Veis aquí el cristal de las maravillas. ¿Qué tenía que ver<span
-class="pagenum" id="Page_189">p. 189</span> con éste el del Faro? Si ya
-no es el mismo, pues hay tradición que sí y lo atestiguó el célebre don
-Juan de Espina, que le compró en diez mil ducados y le metió al lado
-del ayunque de Vulcano. Aquí os le pongo delante, no tanto para fiscal
-de vuestras fealdades, cuanto para espectáculo de maravillas. Pero es
-de advertir que el que fuere villano, malnacido, de mala raza, hombre
-vil, hijo de ruin madre, el que tuviere alguna mancha en su sangre, el
-que le hiciere feeza su esposa bella, que las más lindas suelen salir
-con tales fealdades, aunque él no lo supiera, pues basta que todos le
-miren como al toro, ni los simples ni los necios no tienen que llegarse
-á mirar, porque no verán cosa. ¡Alto!, que le descubro, que le careo.
-¿Quién mira? ¿Quién ve?</p>
-
-<p>Comenzaron unos y otros á mirar y todos á remirar y ninguno veía
-cosa. Mas, ¡oh, fuerza del embuste!, ¡oh, tiranía del artificio! Por no
-desacreditarse cada uno, porque no le tuviesen por villano malnacido,
-hijo de... etc., ó tonto, ó mentecato, comenzaron á decir mil necedades
-de marca:</p>
-
-<p>Yo veo, yo veo, decía uno.</p>
-
-<p>¿Qué ves?</p>
-
-<p>La misma fénix con sus plumas de oro y su pico de perlas.</p>
-
-<p>Yo veo, decía otro, resplandecer el carbunclo en una noche de
-Diciembre.</p>
-
-<p>Yo oigo, decía otro, cantar el cisne.</p>
-
-<p>Yo, dijo un filósofo, la armonía de los cielos al moverse.</p>
-
-<p>Y se lo creyeron algunos simples. Hombre hubo, que dijo veía el
-mismo Ente de razón tan claro, que le podía tocar con las manos.</p>
-
-<p>Yo veo el punto fijo de la longitud del orbe.</p>
-
-<p>Yo, las partes proporcionales.</p>
-
-<p>Y yo las indivisibles, dijo un secuaz de Zenón.</p>
-
-<p>Pues yo, la cuadratura del círculo.</p>
-
-<p>Más veo yo, gritaba otro.</p>
-
-<p>¿Qué cosa?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_190">p. 190</span></p>
-
-<p>¿Qué cosa? El alma en la palma. Por señas, que es sencillísima.</p>
-
-<p>Nada es todo eso, cuando yo estoy viendo un hombre de bien en este
-siglo, quien hable verdad, quien tenga conciencia, quien obre con
-entereza, quien mire más por el bien público, que por el privado.</p>
-
-<p>Á esta traza decían cien imposibles. Y con que todos sabían que
-no sabían y creían que no veían ni decían verdad, ninguno osaba
-declararse, por no ser el primero á romper el yelo. Todos agraviaban la
-verdad y ayudaban al triunfo de la mentira.</p>
-
-<p>¿Para cuándo aguardas tú, le dijo Critilo á su Descifrador, esa
-tu habilidad, si aquí no la sacas? Ea, acaba ya de descifrarnos
-este embeleco al uso. Dínos, por tu vida, ¿quién es este insigne
-embustero?</p>
-
-<p>Éste es..., le respondió; mas al pronunciar esta sola palabra, al
-mismo punto que le vió mover los labios el famoso Tropelista, que
-en todo aquel rato no había apartado los ojos dél, temiendo se les
-descifrase sus embustes y diese con todo su artificio al traste,
-comenzó á echar por la boca espeso humo, habiendo antes engullido
-grosera estopa, y vomitó tanto, que llenó todo aquel claro hemisferio
-de confusión. Y cual suele la jibia, notable pececillo, cuando se ve
-á riesgo de ser pescado, arrojar gran cantidad de tinta, que tiene
-recogida en sus senillos y muy guardada para su ocasión, con que
-enturbia las aguas y escurece los cristales y escapa del peligro, así
-éste comenzó á esparcir tinta de fabulosos escritores, de historiadores
-manifiestamente mentirosos. Tanto, que hubo un autor francés entre
-éstos, que se atrevió á negar la prisión del rey Francisco en Pavía. Y
-diciéndole ¿cómo escribía una tan desvergonzada mentira?, respondió:</p>
-
-<p>He, que de aquí á docientos años, tan creído seré yo, como ellos.
-Por lo menos causaré razón de dudar y pondré la verdad en disputa. Que
-desta suerte se confunden las materias.</p>
-
-<p>No paraba de arrojar tinta de mentiras y fealdades, espeso<span
-class="pagenum" id="Page_191">p. 191</span> humo de confusión,
-llenándolo todo de opiniones y pareceres, con que todos perdieron el
-tino y sin saber á quién seguir ni quién era el que decía la verdad,
-sin hallar á quién arrimarse con seguridad, echó cada uno por su vereda
-de opinar y quedó el mundo bullendo de sofisterías y caprichos. Pero el
-que quisiere saber quién fuese este embustero político, prosiga en leer
-la Crisi siguiente.</p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_3_5">
- <h3 class="g1 ws1">CRISI V</h3>
- <p class="subh3c"><i>El palacio sin puertas.</i></p>
-</div>
-
-<p>Varias y grandes son las monstruosidades, que se van descubriendo de
-nuevo cada día en la arriesgada peregrinación de la vida humana.</p>
-
-<p>Entre todas la más portentosa es el estar el Engaño en la entrada
-del mundo y el Desengaño á la salida. Inconveniente tan perjudicial,
-que basta á echar á perder todo el vivir.</p>
-
-<p>Porque, si son fatales los yerros en los principios de las empresas,
-por ir creciendo siempre y aumentándose cuanto más va hasta llegar
-en el fin á un exorbitante exceso de perdición, errar, pues, los
-principios de la vida ¿qué será si no un irse despeñando con mayor
-precipitación de cada día, hasta venir á dar al cabo en un irremediable
-abismo de perdición y desdicha? ¿Quién tal dispuso y desta suerte?
-¿Quién así lo ordenó? Ahora me confirmo en que todo el mundo anda al
-revés y todo cuanto hay en él es á la trocada.</p>
-
-<p>El Desengaño, para bien ir, había de estar en la misma entrada del
-mundo, en el umbral de la vida, para que al mismo punto, que el hombre
-metiera el pie en ella, se le pusiera al lado y le guiara, librándole
-de tanto lazo y peligro, como le está armado. Fuera un ayo puntual, que
-siempre le asistiera, sin perderle ni un solo instante de vista. Fuera
-el numen vial,<span class="pagenum" id="Page_192">p. 192</span> que
-le encaminara por las sendas de la Virtud al centro de su felicidad
-destinada. Pero como, al contrario, topa luego con el Engaño, el
-primero que le informa de todo al revés, hácele desatinar y le conduce
-por el camino de la mano izquierda al paradero de su perdición.</p>
-
-<p>Así se lamentaba Critilo, mirando á una y otra parte en busca
-de su Descifrador, que en aquella confusión universal de humo y de
-ignorancia, le habían perdido. Mas fuese su suerte que otro, que
-les estaba oyendo y percibió los estremos de su sentimiento, se fué
-llegando á ellos y les dijo:</p>
-
-<p>Razón tenéis de quejaros del desconcierto del mundo. Mas no habéis
-de preguntar quién así lo ordenó, sino quién lo ha desordenado; no
-quién lo ha dispuesto, sino quién lo ha descompuesto. Porque habéis de
-saber que el artífice supremo muy al contrario lo trazó de como hoy
-está, pues colocó el Desengaño en el mismo umbral del mundo y echó el
-Engaño acullá lejos, donde nunca fuera visto ni oído, donde jamás los
-hombres le encontraran.</p>
-
-<p>¿Pues quién los ha barajado deste modo? ¿Quién fué aquel tan
-atrevido hijo de Jafet, que así los ha trastrocado?</p>
-
-<p>¿Quién? Los mismos hombres, que no han dejado cosa en su lugar,
-todo lo han revuelto de alto á bajo con el desconcierto que hoy le
-vemos y lamentamos. Digo, pues, que estaba el bueno del Desengaño en la
-primera grada de la vida, en el zaguán desta casa común del orbe, con
-tal atención, que en entrando alguno, al punto se le ponía al lado y
-comenzaba á hablarle claro y desengañarle:</p>
-
-<p>Mira, le decía, que no naciste para el mundo; sino para el cielo.
-Los halagos de los vicios matan y los rigores de las virtudes dan
-vida. No te fíes en la mocedad, que es de vidrio. No tienes de qué
-desvanecerte, le decía al presumido, por tus presentes; vuelve los ojos
-á tus pasados, reconócelos bien á ellos, para que no te desconozcas á
-ti. Advierte, le decía al tahur, que pierdes tres cosas, el precioso
-tiempo, la hacienda y la con<span class="pagenum" id="Page_193">p.
-193</span>ciencia. Avisábala de su fealdad á la resabida y de su
-necesidad á la bella; á los varones de prendas, de su corta ventura, y
-á los venturosos, de sus pocos méritos; al sabio, de su desestimación
-y de su incapacidad al poderoso. Al pavón le acordaba el potro de sus
-pies, y al mismo sol sus eclipses. Á unos su principio, á otros su
-paradero. Á los empinados su caída y á los caídos su merecido.</p>
-
-<p>Andábase de unos en otros estrellando verdades. Decíale al viejo
-que tenía todos los sentidos consentidos y al mozo que sin sentir; al
-español que no fuese tan tardo y al francés que no se moviese tan de
-ligero; al villano que no fuese malicioso y al cortesano, adulador. No
-se ahorraba con ninguno. Pues, aunque fuera un gran señor, le avisaba
-que no le caía bien el <i>vos</i> con todos, que podría tal vez descuidarse
-con su príncipe y hablarle del mismo modo ó tan sin él. Y á otro, que
-siempre estaba de chanza, le advirtió que podría ser le llamasen el
-Duque de Bernardina.</p>
-
-<p>Traía el espejo cristalino del propio conocimiento muy á mano y
-plantábasele delante á todos. No gustaba desto el malcarado y menos el
-mascarado ni el tuerto ni el boquituerto, el cano, el calvo. Decíale á
-uno que le bobeaba el gesto y al otro que tenía ruin fachada. Las feas
-le hacían malísima cara y las viejas le paraban arrugado ceño.</p>
-
-<p>Hízose con esto malquisto en cuatro días y á cuatro verdades tan
-aborrecible, que no le podían ver. Comenzaron á darle de mano y aun del
-pie. Buenos porrazos asentó él de verdades; pero también se llevó malos
-empellones de enfados. Éste le arrojaba á aquél y aquél al otro de más
-allá, hasta venir á dar con él en la vejez, acullá en el remate de la
-vida. Y si pudieran más lejos, aun allí no le dejaran parar.</p>
-
-<p>Al contrario, lisonjeados grandemente del Engaño, aquel plausible
-hechicero, comenzaron á tirar dél, cada uno hacia sí, hasta traerlo
-al medio de la vida y de allí poco á poco á los principios de ella.
-Con él comienzan, con él prosiguen. Á todos<span class="pagenum"
-id="Page_194">p. 194</span> les venda los ojos, jugando con ellos á
-la gallina ciega, que no hay hoy juego más introducido. Todos andan
-desatinados, dando de ojos de vicio en vicio, unos ciegos de amor,
-otros de codicia, éste de venganza, aquél de su ambición y todos de sus
-antojos, hasta que llegan á la vejez, donde topan con el Desengaño.</p>
-
-<p>Él los halla á ellos. Quítales las vendas y abren los ojos, cuando
-ya no hay que ver. Porque con todo acabaron, hacienda, honra, salud y
-vida. Y lo que es peor, con la conciencia. Ésta es la causa de estar
-hoy el Engaño á la entrada del mundo y el Desengaño á la salida, la
-mentira al principio, la verdad al fin, aquí la ignorancia y acullá la
-ya inútil experiencia.</p>
-
-<p>Pero lo que más es de ponderar y de sentir, que, aun llegando tan
-tarde el Desengaño, ni es conocido ni estimado. Como os ha sucedido á
-vosotros, que habiendo tratado, conversado y comunicado con él, no le
-habéis conocido.</p>
-
-<p>¿Qué dices, hombre? ¿Nosotros vístole, hablado y comunicado con él?
-¿Cuándo y dónde?</p>
-
-<p>Yo os lo diré. ¿No os acordáis de aquel, que todo lo iba descifrando
-y no se descifró á sí mismo? ¿Aquel que os dió á entender todas las
-cosas y á él no le conocisteis?</p>
-
-<p>Sí y harto, que yo le suspiro, dijo Critilo.</p>
-
-<p>Pues ése era el Desengaño, el querido hijo de la Verdad, por lo
-hermoso y lo lucido. Ése, el que causa los dolores, después de haberle
-sacado á luz.</p>
-
-<p>Aquí hizo estremos de sentimiento Critilo, lamentándose agriamente
-de que todo lo que más importa no se conoce cuando se tiene, ni se
-estima cuando se goza y después, pasada la ocasión, se suspira y se
-desea: la verdad, la virtud, la dicha, la sabiduría, la paz y agora el
-desengaño.</p>
-
-<p>Al contrario, Andrenio, no sólo no mostró sentimiento, sino positivo
-gozo, diciendo:</p>
-
-<p>He, que ya nos enfadaba y aun tenía muy hartos de tanta verdad á las
-claras. ¡Qué buen gusto tuvieron los que supieron<span class="pagenum"
-id="Page_195">p. 195</span> sacudir de sí al aborrecible entremetido,
-mosca importuna! Él podía ser hijo de la verdad; mas á mí me pareció
-padrastro de la vida. ¡Qué enfado tan continuo! ¡Qué cosa tan pesada!
-¡Su desengaño cada día, aquello de desayunarse con un desengaño á
-secas! No paraba de ir diciendo necedades á título de verdades.</p>
-
-<p>Tú eres un desatinado, le decía al uno sin más ni más.</p>
-
-<p>Y al otro:</p>
-
-<p>Tú eres un simple en seco y sin llover. Tú una necia y tú una
-fea.</p>
-
-<p>¡Mirá quién le había de esperar, cuando no hay cosa más pesada, que
-una verdad no pensada! Siempre andaba diciendo:</p>
-
-<p>¡Qué mal hiciste, qué mal lo pensaste, qué mala resolución la
-tuya!</p>
-
-<p>He, quitádmelo delante, no le vea más de mis ojos.</p>
-
-<p>Lo que yo más siento, ponderaba Critilo, fué el perderle, cuando
-más le deseaba, cuando había de descifrarnos al mismo Descifrador,
-que estaba leyendo cátedra de embustes en medio la gran plaza de las
-apariencias.</p>
-
-<p>¿Pues qué os pareció de aquella afectación de unos en acreditar las
-cosas y los sujetos, y la vulgaridad de los otros en creerlo? ¿Aquel
-dar en una opinión tanto necio? Aquélla es la tiranía de la fama
-hechiza, el monopolio de la alabanza. Apodéranse del crédito cuatro
-ó cinco embusteros aduladores y cierran el paso á la Verdad con el
-afectado artificio de que no lo entienden los otros y que es necio el
-que dice lo contrario. Y así veréis que los ignorantes se lo beben, los
-lisonjeros lo aplauden y los sabios no osan chistar. Conque triunfa
-Aragne contra Palas, Marsias contra Apolo. Y pasa la necedad por
-sutileza y la ignorancia por sabiduría.</p>
-
-<p>¡Oh cuántos autores hay hoy muy acreditados por esta opinión común,
-sin haber hombre que se les atreva! ¡Cuántos libros y cuántas obras en
-gran predicamento, que bien examinados no merecen el crédito que gozan!
-Pero yo me guardaré muy bien de poner nota en quien tiene estrella.
-¡Cuántos sujetos sin valor<span class="pagenum" id="Page_196">p.
-196</span> y sin saber son celebrados á esta traza, sin haber hombre,
-que ose hablar, sino algún desesperado Bocalini!</p>
-
-<p>Si dan en decir que una es linda, lo ha de ser, aunque sea un
-trasgo. Si dan en que uno es sabio, se saldrá con ello, aunque sea un
-idiota. Si en que es gran pintura, aunque sea un borrón. Y de éstas
-toparéis mil vulgaridades. Tal es la tiranía de la afectada fama, la
-violencia del dar á entender todo lo contrario de lo que las cosas
-son. De suerte que hoy todo está en opinión y según como se toman las
-cosas.</p>
-
-<p>Pero ¡qué gran arte aquella del descifrar!, ponderaba Critilo. No sé
-qué me diera por saberla. Que me pareció de las más importantes para la
-humana vida.</p>
-
-<p>Sonrióse aquí el nuevo camarada y añadió:</p>
-
-<p>Otra me atrevo yo á comunicaros, harto más sutil y de mayor
-maestría.</p>
-
-<p>¿Qué dices?, le replicó Critilo. ¿Otra mayor puede hallarse en el
-mundo?</p>
-
-<p>Sí, respondió, que de cada día se van adelantando las materias y
-sutilizando las formas. Mucho más personas son los de hoy, que los de
-ayer y lo serán mañana.</p>
-
-<p>¿Cómo puedes decir eso, cuando todos convienen en que ya todo ha
-llegado á lo sumo y que está en su mayor pujanza, tan adelantadas todas
-las cosas de naturaleza y arte, que no se pueden mejorar?</p>
-
-<p>Engáñase de medio á medio quien tal dice, cuando todo lo que
-discurrieron los antiguos es niñería, respeto de lo que se piensa hoy,
-y mucho más será mañana. Nada es cuanto se ha dicho con lo que queda
-por decir. Y creedme, que todo, cuanto hay escrito en todas las artes
-y ciencias, no ha sido más que sacar una gota de agua del océano del
-saber. ¡Bueno estuviera el mundo, si ya los ingenios hubieran agotado
-la industria, la invención y la sabiduría! No sólo no han llegado las
-cosas al colmo de su perfección; pero ni aun á la mitad de lo que
-pueden subir.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_197">p. 197</span></p>
-
-<p>Dínos por tu vida, así llegue á ser más rancia, que la de Néstor,
-¿qué arte puede ser esa tuya? ¿Qué habilidad, que sobrepuje al ver con
-cien ojos, al oir con cien orejas, al obrar con cien manos, proceder
-con dos rostros, doblando la atención al adevinar cuanto ha de ser y al
-descifrar un mundo entero?</p>
-
-<p>Todo eso, que exageras, es niñería, pues no pasa de la corteza. Es
-un discurrir de las puertas afuera. Aquello de llegar á escudriñar los
-senos de los pechos humanos, á descoser las entretelas del corazón, á
-dar fondo á la mayor capacidad, á medir un cerebro, por capaz que sea,
-á sondar el más profundo interior: eso sí que es algo, ésa sí que es
-fullería y que merece la tal habilidad ser estimada y codiciada.</p>
-
-<p>Estaban atónitos ambos peregrinos, oyendo tal destreza del
-discurrir, cuando prorrumpió Andrenio y le dijo:</p>
-
-<p>¿Quién eres, hombre ó prodigio, si ya no eres algún malicioso, algún
-malintencionado ó algún vecino, que es el que ve más?</p>
-
-<p>Nada de eso soy.</p>
-
-<p>¿Pues qué eres, que no te queda ya que ser, sino algún político ó un
-veneciano estadista?</p>
-
-<p>Yo soy, dijo, el Veedor de todo.</p>
-
-<p>Explícate, que menos te entiendo.</p>
-
-<p>¿Nunca habéis oído nombrar los zahoríes?</p>
-
-<p>Aguarda, ¿aquel disparate vulgar? ¿Aquella necedad celebrada?</p>
-
-<p>¿Cómo necedad?, les replicó. Zahoríes hay tan ciertos como
-perspicaces: por señas, que yo soy uno de ellos. Yo veo clarísimamente
-los corazones de todos, aun los más cerrados, como si fuesen de
-cristal. Y lo que por ellos pasa, como si lo tocase con las manos: que
-todos para mí llevan el alma en la palma. Vosotros, los que no gozáis
-de esta eminencia, asegúroos que no veis la mitad de las cosas ni la
-centésima parte de lo que hay que ver en el mundo. No veis sino la
-superficie, no ahondáis con la vista. Y así os engañáis siete veces
-al día. Hombres al fin superficiales. Pero á los que descubrimos
-cuanto pasa allá en<span class="pagenum" id="Page_198">p. 198</span>
-las ensenadas de una interioridad, acullá dentro en el fondo de
-las intenciones, no hay echarnos dado falso. Somos tan tahures del
-discurrir, que brujuleamos por el semblante lo más delicado del pensar.
-Con sólo un ademán tenemos harto.</p>
-
-<p>¿Qué puedes tú ver, replicó Andrenio, más de lo que vemos
-nosotros?</p>
-
-<p>Sí y mucho. Yo llego á ver la misma sustancia de las cosas en una
-ojeada y no solos los accidentes y las apariencias, como vosotros. Yo
-conozco luego si hay sustancia en un sujeto, mido el fondo que tiene,
-descubro lo que tira y dónde alcanza, hasta dónde se estiende la esfera
-de su actividad, dónde llega su saber y su entender, cuánto ahonda su
-prudencia. Veo si tiene corazoncillo y el que bravos hígados y si se le
-han convertido en bazo. Pues el seso, yo le veo con tanta distinción,
-como si estuviese en un vidrio. Si está en su lugar, que algunos le
-tienen á un lado; si maduro ó verde. En viendo un sujeto, conozco lo
-que pesa y lo que piensa. Otra cosa más, que he topado muchos, que no
-tenían la lengua trabada con el corazón ni los ojos unidos con el seso,
-con dependencia dél. Otros, que no tienen hiel.</p>
-
-<p>¡Qué linda vida pasarán ésos!, dijo Critilo.</p>
-
-<p>Sí, porque nada sienten, de nada se consumen ni melancolizan. Pero,
-lo que es más de admirar, que hay algunos, que no tienen corazón.</p>
-
-<p>¿Pues cómo pueden vivir?</p>
-
-<p>Antes más y mejor, sin cuidados. Que corazón se dijo del curarse
-y tener cuidados. Á los tales nada les da pena, no se les viene á
-consumir, como al célebre duque de Feria, que, cuando llegaron á
-embalsamarle, le hallaron el corazón todo arrugado y consumido, conque
-le tenía grande. Yo veo si está sano y de qué color, si amarillo de
-envidia y si negro de malicia. Percibo su movimiento y me estoy mirando
-hacia dónde se inclina. Las más cerradas entrañas están á mis ojos muy
-patentes y descubro si están gastadas ó enteras. La sangre veo en sus
-venas y advierto el que la tiene limpia, noble y generosa. Lo<span
-class="pagenum" id="Page_199">p. 199</span> mismo puedo decir del
-estómago. Luego conozco qué estómago le hacen á cualquiera los sucesos,
-si puede digerir las cosas. Y me río las más veces de los médicos,
-que estará el mal en las entrañas y ellos aplican los remedios al
-tobillo, procede el mal de la cabeza y recetan el untar los pies. Veo y
-distingo clarísimamente los humores y el de cada uno, si está ó no de
-buen humor, observándolo para la hora del despacho y conveniencia; si
-reina la melancolía, para remitirlo á mejor sazón; si gasta cólera ó
-flema.</p>
-
-<p>Válgate Dios por zahorí, dijo Andrenio, y lo que penetras.</p>
-
-<p>Pues aguarda, que eso es nada. Yo veo, yo conozco si uno tiene alma
-ó no.</p>
-
-<p>¿Pues hay quien no la tenga?</p>
-
-<p>Sí y muchos y por varios modos.</p>
-
-<p>¿Y cómo viven?</p>
-
-<p>En diptongo de vida y muerte. Andan sin alma como cántaros y sin
-corazón como hurones. Y en una palabra, de pies á cabeza, comprendo un
-sujeto, por dentro y fuera le reconozco y le defino, con que á muchos
-no les hallo definición. ¿Qué os parece de la habilidad?</p>
-
-<p>Que es cosa grande.</p>
-
-<p>Mas pregunto, dijo Critilo, ¿procede de arte ó naturaleza?</p>
-
-<p>Mi industria me cuesta y advierte que todas estas artes son de
-calidad, que se pegan platicando con quien las tiene.</p>
-
-<p>Yo la renuncio desde luego, dijo Andrenio; no trato de ser
-zahorí.</p>
-
-<p>¿Por qué no?</p>
-
-<p>Porque tú no has dicho lo malo que tiene.</p>
-
-<p>¿Qué le hallas tú de malo? ¿No es harto aquello de ver los muertos
-en sus sepulcros, aunque estén metidos entre mármoles ó siete estados
-bajo tierra, aquellas horribles cataduras, hormigueros de sabandijas,
-visiones de corrupción?</p>
-
-<p>Quita allá y líbreme Dios de tan trágico espectáculo, aun<span
-class="pagenum" id="Page_200">p. 200</span>que sea de un rey. Dígote
-que no podría comer ni dormir en un mes.</p>
-
-<p>¡Qué bien lo entiendes! Ésos, nosotros no los vemos, que allí no hay
-que ver, pues todo paró en tierra, en polvo, en nada. Los vivos son
-los que á mí me espantan; que los muertos nunca me dieron pena. Los
-verdaderos muertos, que nosotros vemos y huímos, son los que andan por
-su pie.</p>
-
-<p>Si muertos, ¿cómo andan?</p>
-
-<p>Ahí verás que andan entre nosotros y arrojan pestilencial olor de
-su hedionda fama, de sus gastadas costumbres. Hay muchos ya podridos,
-que les huele mal el aliento; otros, que tienen roídas las entrañas,
-hombres sin conciencia, hembras sin vergüenza, gente sin alma; muchos,
-que parecen personas y son plazas muertas. Todos éstos sí que me causan
-á mí grande horror y tal vez se me espeluzan los cabellos.</p>
-
-<p>¿Según esto, replicó Critilo, también debes de ver lo que se cocina
-en cada casa?</p>
-
-<p>Sí, y á fe, muchos malos guisados. Veo maldades emparedadas que se
-cometen en los más escondidos retretes, fealdades arrinconadas que se
-echan luego á volar por las ventanas y andan de corrillo en corrillo
-corriendo á sus avergonzados dueños. Sobre todo, yo veo si uno tiene
-dinero y me río muchas veces de ver que algunos los tienen por ricos,
-por hombres adinerados y poderosos y yo sé que es su tesoro de duendes
-y sus baúles como los del Gran Capitán y aun sus cuentas. Á otros veo
-tenerlos por unos pozos de ciencia y yo llego y miro y veo que son
-secos. Pues de bondad, asegúroos que no veo la mitad. Así que no hay
-para mi vista cosa reservada ni escondida. Los billetes y las cartas,
-por selladas que estén, las leo y atino lo que contienen, en viendo
-para quién van y de quién vienen.</p>
-
-<p>Ahora no me espanto, decía Critilo, que oigan las paredes y más las
-de palacio, entapizadas de orejas. Al fin todo se sabe y se huele.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_201">p. 201</span></p>
-
-<p>¿Qué ves en mí?, le preguntó Andrenio. ¿Hay algo de sustancia?</p>
-
-<p>Eso no diré yo, respondió el Zahorí, porque, aunque todo lo veo,
-todo lo callo, que quien más sabe suele hablar menos.</p>
-
-<p>Procedían gustosamente embelesados, viéndole hacer maravillosas
-experiencias, cuando descubrieron á un lado del camino un estraño
-edificio, que en lo encantado parecía palacio y en lo ruidoso casa
-de contratación y en lo cerrado brete. No se le veían ventanas, ni
-puertas.</p>
-
-<p>¿Qué diptongo de estancia es ésta?, preguntaron.</p>
-
-<p>Y el Zahorí:</p>
-
-<p>Éste es el escándalo mayor.</p>
-
-<p>Pero al decir eso salió dél sin que advirtiese cómo ni por dónde
-un monstruo, sobre raro, formidable, mezcla de hombre y caballo, de
-aquellos que los antiguos llamaban centauros. Éste en dos brincos
-estuvo sobre ellos y, formando algunos caracoles, se fué arrimando á
-Andrenio y, asiéndole de un cabello, que para ocasión basta y para
-afición sobra, metióle á las ancas de aquel su semicaballo con alas,
-que todos los males vuelan, y en un instante dió la vuelta para su
-laberinto corriente y confusión al uso. Dieron voces los camaradas;
-mas en vano, porque dejaba atrás el viento y del mismo modo que
-saliera, sin saberse cómo ni por dónde, le metió allá, dejándole muy
-encastillado en nuevas monstruosidades.</p>
-
-<p>¡Hay tal violencia!, se lamentaba Critilo. ¿Qué casa ó qué ruina es
-ésta?</p>
-
-<p>Y el Zahorí suspirando le respondió:</p>
-
-<p>No es edificio, sino desedificación de tanto pasajero, casa hecha á
-cien malicias, bajío de la vejez, seminario de embustes y, para decirlo
-de una vez, éste es el palacio de Caco y de sus secuaces, que ya no
-habitan en cuevas.</p>
-
-<p>Diéronle muchas vueltas, sin poder distinguir la frente del envés.
-Rodeáronle todo muchas veces, sin poderle hallar entrada ni salida.
-Sonaban y aun tonaban los de dentro y ase<span class="pagenum"
-id="Page_202">p. 202</span>guraba Critilo que sentía la voz de
-Andrenio, mas no percibía lo que decía ni descubría por donde podía
-haber entrado, afligiéndose en gran manera y desconfiando de poder
-penetrar allá.</p>
-
-<p>Ten pecho y espera, le dijo el Zahorí, y advierte que con gran
-facilidad habemos de entrar bien presto.</p>
-
-<p>¿Cómo, si no se le conocen entradas ni salidas ni un resquicio ni
-una rendrija?</p>
-
-<p>Ahí verás el primor de la industria cortesana. ¿No has visto tú
-entrar á muchos en los palacios sin saberse cómo ni por dónde y
-apoderarse de ellos y llegar á mandarlo todo? ¿No viste en Inglaterra
-introducirse un hijo de un carnicero á hacer carnicería de sangre
-noble, en Francia un cierto Noves á llevar al retortero los mismos
-pares? Nunca has oído preguntar á algunos simples: Señores ¿cómo entró
-aquél en Palacio, cómo consiguió el puesto y el empleo, con qué méritos
-por qué servicios? Y todo hombre encoge los hombros, cuando ellos se
-desencogen y hombrean. Yo tengo de introducirte en él.</p>
-
-<p>¿Cómo, no siendo mozo vergonzoso ni venturoso?</p>
-
-<p>Pues tú has de entrar como Pedro por Huesca.</p>
-
-<p>¿Qué Pedro fué ése?</p>
-
-<p>El famoso que la ganó.</p>
-
-<p>He, que no veo puerta ni ventana.</p>
-
-<p>No faltará alguna, que los que no pueden por las principales, entran
-por las escusadas.</p>
-
-<p>Aun ésas no descubro.</p>
-
-<p>Alto, entra por la de los entremetidos, que son los más.</p>
-
-<p>Y realmente fué así, que entraron allá con grande facilidad
-entremetiéndose.</p>
-
-<p>Luego que se vieron dentro, comenzaron á discurrir por el embustero
-palacio, notando cosas bien raras, aunque muy usadas en el mundo. Oían
-á muchos y á ninguno veían ni sabían con quién hablaban.</p>
-
-<p>¡Estraño encanto!, ponderaba Critilo.</p>
-
-<p>Has de saber, le dijo el Zahorí, que en entrando acá los más<span
-class="pagenum" id="Page_203">p. 203</span> se vuelven invisibles,
-todos los que quieren y obran sin ser vistos. Verás cada día hacerse
-malos tiros y esconder la mano, tirar guijarros sin atinar de dónde
-vienen y echar voz que son duendes. Lo más se obra bajo manga. Hacen la
-copla y no la dicen. Mas, como yo tengo en estos ojos un par de viejas,
-en vez de niñas, todo lo descubro, que en eso consiste mucho el ser
-Zahorí. Sígueme, que has de ver bravas tramoyas y raros modos de vivir,
-no olvidando el descubrir á Andrenio.</p>
-
-<p>Introdújole en el primer salón desahogadamente capaz. Tendría
-cuatrocientos pasos de ancho, como dijo aquel otro duque, exagerando
-uno de sus palacios. Y riéndose los otros señores, que le escuchaban,
-le preguntaron:</p>
-
-<p>¿Pues cuánto tendrá de largo?</p>
-
-<p>Aquí él queriendo reparar su empeño, respondió:</p>
-
-<p>Tendrá algunos ciento y cincuenta.</p>
-
-<p>Estaba todo él coronado de mesas francesas con manteles alemanes y
-viandas españolas, muchas y muy regaladas, sin que viese ni supiese de
-dónde salían ni cómo venían; sólo se veían de cuando en cuando unas
-blancas y hermosas manos, con sus dedos coronados de anillos, con
-macetas de diamantes, muchos finos, los más falsos, que por el aire de
-su donaire servían á las mesas los regalados platos. Íbanse sentando á
-las mesas los convidados ó los comedores. Descogían los paños de mesa;
-mas no desplegaban sus labios. Comían y callaban, ya el capón, ya la
-perdiz, el pavo y el faisán, á costa de sus fénix, sin costarles un
-maravedí y cuando más una blanca, sin meterse en averiguar de dónde
-salía el regalo ni quién lo enviaba.</p>
-
-<p>¿Quién son éstos, preguntó Critilo, que comen como unos lobos y
-callan como unos borregos?</p>
-
-<p>Éstos, le respondió su veedor Zahorí, son los que de nada tienen
-asco, los que sufren mucho.</p>
-
-<p>Pues moscas en la delicada honra, ¿qué tienen que sufrir los que
-están tan regalados?</p>
-
-<p>Y aun por eso.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_204">p. 204</span></p>
-
-<p>¿De dónde sale tanta abundancia, Zahorí mío?</p>
-
-<p>De la copia de Amaltea; pero déjalos, que todo esto es un encanto de
-mediterráneas sirenas.</p>
-
-<p>Pasaron á otra mesa y allí vieron comer á otros muy buenos bocados,
-lo mejor que llegaba á la plaza ó á las despensas, la caza reciente, el
-pescado fresco y exquisito. Y esto sin tener rentas ni juros, aunque sí
-votos.</p>
-
-<p>Éste sí que es raro encanto, decía Critilo, que coman éstos como
-unos príncipes, siendo unos desdichados, y, lo que es más, sin tener
-hacienda, sin censos, sin conocérseles cosa sobre que llueva Dios, sin
-trabajar ni cansarse, antes holgándose y paseando todos los días. ¿De
-dónde sale esto, señor Zahorí, vos que lo veis todo?</p>
-
-<p>Aguarda, le respondió, y verás el misterio.</p>
-
-<p>Asomaron en esto unas garras, no de nieve como las primeras, sino de
-neblí y todas de rapiña, que traían velando, esto es, por el aire, el
-pichón y el gazapo. Quedó atónito Critilo y decía:</p>
-
-<p>¡Esto sí que es cazar! Ya echan piernas los que uñas y todo es comer
-por encanto.</p>
-
-<p>¿No has oído contar, le decía el Zahorí, que á algunos les traían de
-comer los cuervos y los perros?</p>
-
-<p>Sí; pero eran santos y éstos son diablos: aquello era por
-milagro.</p>
-
-<p>¿Pues esto es por misterio? Mas esto es niñería, respeto de lo que
-tragan aquellos otros, que están acullá más altos. Acerquémonos y verás
-los prodigios del encanto. Allí hay hombre que come los diez mil y los
-veinte mil de renta, que, cuando llegó á meter la mano en la masa y en
-la mesa, no traía mas que su capa y bien raída.</p>
-
-<p>¡Bravo encanto!</p>
-
-<p>Pues ésos son migajuelas reales. Mira aquellos otros.</p>
-
-<p>Y señalóle unos bien señalados.</p>
-
-<p>Aquéllos sí que tragan, pues, millones enteros.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_205">p. 205</span></p>
-
-<p>¡Qué bravos estómagos, oh avestruces de plata!</p>
-
-<p>Dejaron ésta y pasaron á otra sala, que parecía el vestuario, y
-aquí vieron sobre bufetes moscovitas muchos tabaques indianos con
-ricas y vistosas galas, lamas de Milán, telas de Nápoles, brocados y
-bordados, sin saberse quién los cosió ni de dónde venían. Echábase
-voz que eran para la casta Penélope y servían después para la Tais y
-la Flora. Decíase que para la honesta consorte y rozábalas la ramera.
-Todo se hacía invisible, todo noche y todo encanto. Había unas grandes
-fuentes, que brindaban hilos de perlas á unas y hacían saltar hilo á
-hilo las lágrimas á otras, á la mujer legítima y á la recatada hija.
-Chorrillos de diamantes, dichos así con propriedad, porque ya se ha
-hecho chorrillo del pedir. Salía la otra transformada de Guinea en una
-India de rubíes y esmeraldas, sin costarle al marido ó al hermano ni
-aun una palabra.</p>
-
-<p>¿De dónde tanta riqueza, Zahorí mío?</p>
-
-<p>Y él:</p>
-
-<p>¿De dónde? De esas fuentes. Ahí mismo manan. Que por eso se llamaron
-fuentes, porque son brulladores de perlas entre arenas de oro, riéndose
-de tanto necio.</p>
-
-<p>Llegaban los maridos y vestían muy á lo príncipe. Calzábanse el
-sombrero de castor á costa del menos casto. Sacaban ellas las randas
-al aire de su loca vanidad y todo paraba en aire. Aquí toparon el
-caballero del milagro y, no uno solo, sino muchos de aquellos que
-visten y comen, pasean y campan, sin saberse cómo ni de qué.</p>
-
-<p>¿Qué es esto?, decía Critilo. ¿Al que tiene lucida hacienda, rentas
-pingües, juros y posesiones, le pone grima el vivir, el poder pasar; y
-éstos, que no tienen dónde caer muertos, lucen, campan y triunfan?</p>
-
-<p>¿No ves tú, respondía el Zahorí, que á éstos nunca se les apedrean
-las viñas, jamás se les anieblan las hazas, no les llevan las avenidas
-los molinos, no se les mueren los ganados, por maravilla tienen
-desgracia alguna y así viven de gracia y chanza?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_206">p. 206</span></p>
-
-<p>Lo que fué mucho de ver, la sala de los presentes, que no de los
-pasados. Y aquí notaron los raros modos por donde venían los sobornos,
-los varios caminos por do llegaban los cohechos, la lámina preciosa
-por devoción, la pieza rica por cosa de gusto, la vajilla de oro por
-agradecimiento, el cestillo de perlas por cortesía, la fuente de
-doblones para alegrar la sangría, vaciando las venas y llenando la
-bolsa, los perniles para el unto, los capones para regalo y los dulces
-por chuchería.</p>
-
-<p>Señor Zahorí, decía Critilo, ¿cómo es esto, que los presentes antes
-estaban helados y ahora vienen llovidos?</p>
-
-<p>He, le respondía, ¿no veis que las cargas siguen á los cargos? Y es
-de notar que todo venía por el aire y en el aire.</p>
-
-<p>Raro palacio es éste, censuraba Andrenio, que sin cansarse los
-hombres, coman y beban, vistan y luzgan á pie quedo y á manos holgadas.
-¡Valiente encanto! Y porfiaban algunos que no hay palacios encantados y
-se burlan y ríen, cuando los oyen pintar. De ellos me río yo, aquí los
-quisiera ver.</p>
-
-<p>Lo que á mí más me admira, decía Critilo, es ver cómo se hacen las
-personas invisibles, no sólo los pequeños y los flacos, que eso no
-sería mucho, pero los muy grandes y que lo son mucho para escondidos;
-no sólo los flacos y exprimidos, pero los gordos y los godos, que no
-se dejan ver ni hablar ni parecen. En habiendo menester alguno que os
-importe, no le toparéis ni hay darle alcance: nunca están en casa. Y
-así decía uno:</p>
-
-<p>¿No come ni duerme este hombre, que á ninguna hora le topo?</p>
-
-<p>¿Pues qué, si ha de pagar ó prestar? No le hallaréis en todo el año.
-Hombre había, que se le sentía hablar y se negaba y él mismo decía:</p>
-
-<p>Decidle que no estoy en casa.</p>
-
-<p>Las mujeres entre mantos de humo envolvían mucha confusión y se
-hacían tan invisibles, que sus mismos maridos las desconocían y los
-propios hermanos, cuando las encontraban callejeando. Corrían voces,
-dejando á muchos muy corridos, y<span class="pagenum" id="Page_207">p.
-207</span> no se sabía quién las echaba ni de dónde salían; antes
-decían todos:</p>
-
-<p>Esto se dice; no me deis á mí por autor.</p>
-
-<p>Publicábanse libros y libelos, pasando de mano en mano, sin saberse
-el original. Y había autor, que, después de muchos años enterrado,
-componía libros y con harto ingenio, cuando no había ya ni memoria dél.
-Entremetiéronse en los más íntimos retretes, alcobas y camarines, donde
-toparon varias sombras de trasgos y de duendes, nocturnas visiones,
-que, aunque se decía no hacían daño, no era pequeño el robar la fama y
-descalabrar la honra. Andaban á escuras buscando los soles, los trasgos
-tras los ángeles. Aunque decía bien uno que las hermosas son diablos
-con caras de mujeres y las feas son mujeres con caras de diablos. Mas
-en esto de duendes los había estremados, que arrojaban piedras crueles,
-tirando al aire y aun al desaire, que abrían una honra de medio á
-medio. Y era de notar que las más locas acciones se obraban bajo
-cuerda, sin poder atinar con el intento ni el brazo: que fueron siempre
-muy otros los títulos, que se dan á las cosas, de los verdaderos
-motivos por que se hacían. Caían muchas habas negras, que mascaraban
-mucho á muchos, sin atinar quién las echaba. Y tal vez salían de la
-mano del más confidente. Y así aconsejaba bien el sabio á no comerlas,
-por ser de perversa digestión y mal alimento.</p>
-
-<p>Agora verás, le dijo el Zahorí, á vista de tal confusión de
-invisibilidades, si tuvo razón aquel otro filósofo, aunque se burlaron
-dél y hicieron fisga los más bachilleres.</p>
-
-<p>¿Y qué decía el tal estoico?</p>
-
-<p>Que no había verdaderos colores en los objetos. Que el verde no
-es verde ni el colorado, colorado; sino que todo consiste en las
-diferentes disposiciones de las superficies y en la luz que las
-baña.</p>
-
-<p>¡Rara paradoja!, dijo Critilo.</p>
-
-<p>Y el Veedor:</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_208">p. 208</span></p>
-
-<p>Pues advierte que es la misma verdad y así verás cada día que de
-una misma cosa uno dice blanco y otro negro. Según concibe cada uno ó
-según percibe, así le da el color que quiere, conforme al afecto y no
-al efecto. No son las cosas mas de como se toman. Que de lo que hizo
-admiración Roma hizo donaire Grecia. Los más en el mundo son tintoreros
-y dan el color que les está bien al negocio, á la hazaña, á la empresa
-y al suceso. Informa cada uno á su modo: que según es la afición, así
-es la afectación. Habla cada uno de la feria, según le fué en ella.
-Pintar como querer. Que tanto es menester atender á la cosa alabada ó
-vituperada, como al que alaba ó vitupera. Ésta es la causa que de una
-hora para otra están las cosas de diferente data y muy de otro color.
-¿Pues qué es menester ya para hacer verbo de lo que se habla y de lo
-que se dice y de lo que corre? Aquí es el mayor encanto. No hay poder
-averiguar cosa de cierto. Así que es menester valerse del arte de
-discurrir y aun adivinar y no porque se hable en otra lengua que la del
-mismo país; pero con el artificio del hacer correr la voz y pasar la
-palabra, parece todo algarabía.</p>
-
-<p>Había al revés otros, que se hacían invisibles á ratos, el día que
-más eran menester en el trabajo, en la enfermedad, en la prisión, en
-la hora de hacer la fianza. Olían los males de cien leguas y huían
-de ellos otras tantas; pero pasada la borrasca, se aparecían como
-santelmos. Á la hora del comer se hacían muy visibles y más, si olían
-el capón de leche ó de Caspe, en la huelga, en el merendón, al dar
-barato, que no había librarse dellos; al punto se los hallaba un hombre
-al lado y en todas partes.</p>
-
-<p>Sin duda, decía Critilo, que éstos son demonios meridianos, pues
-todo el día andan asombrados y á la hora del comer se nos comen
-por pies. Cuando más son menester, se ocultan y, cuando menos, se
-aparecen.</p>
-
-<p>Sentían gorjear á Andrenio; mas sin verle. Que, en entrando
-allí, se había hecho invisible, muy hallado con el encanto,<span
-class="pagenum" id="Page_209">p. 209</span> cuando más perdido en el
-común embeleco. Sentía Critilo en no atinar con él ni percibir de
-qué color estaba ni en qué pasos andaba, porque todos afectaban el
-negarse al conocimiento ajeno, que es tahurería el no jugar á juego
-descubierto. Hasta el hijo se celaba al padre y la mujer se recelaba
-del marido, el amigo no se concedía todo al mayor amigo. Ninguno había,
-que en todo procediese liso ni aun con el más confidente. Era muy
-aborrecida la luz, de unos por lo hipócrita, de otros por lo político,
-por lo vicioso y maligno. Maleábase Critilo de no poder dar alcance á
-su buscado Andrenio, descubriendo su nuevo modo de vivir de tramoya.</p>
-
-<p>¿De qué sirve, le decía á su camarada perspicaz, el ser zahorí
-toda la vida, si en la ocasión no nos vale? ¿Qué haces, si aquí no
-penetras?</p>
-
-<p>Pero consolóle, ofreciéndole descubrirle bien presto y aun á dar en
-tierra con todo aquel encanto embustero. Pero quien quisiere ver el
-cómo y aprender á desencantar casas y sujetos, que lo habrá tal vez
-menester y le valdrá mucho, estienda la paciencia, si no el gusto,
-hasta la otra Crisi.</p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_3_6">
- <h3 class="g1 ws1">CRISI VI</h3>
- <p class="subh3c"><i>El saber reinando.</i></p>
-</div>
-
-<p>No hay maestro que no pueda ser discípulo, no hay belleza que no
-pueda ser vencida. El mismo sol reconoce á un escarabajo la ventaja del
-vivir. Excédenle, pues, al hombre en la perspicacia el lince, en el
-oído el ciervo, en la agilidad el gamo, en el olfato el perro, en el
-gusto el jimio y en lo vivaz la fénix. Pero entre todas estas ventajas,
-la que él más codició fué aquella del rumiar, que en algunos de los
-brutos se admira y no se imita.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_210">p. 210</span></p>
-
-<p>¡Qué gran cosa, decía, aquello de volver á repasar segunda vez lo
-que la primera á medio mascar se tragó, aquel desmenuzar despacio lo
-que se devoró apriesa!</p>
-
-<p>Juzgaba ésta por una singular conveniencia y no se engañaba, ya
-para el gusto, ya para el provecho. Contentóle de modo, que aseguran
-llegó á dar súplica al soberano Hacedor, representándole que, pues
-le había hecho uno como epílogo de todas las criadas perfecciones,
-no le quisiese privar de ésta, que él la estimaría, al paso que la
-deseaba. Vióse la petición humana en el consistorio divino y fuéle
-respondido que aquel don por que suplicaba ya se le había concedido
-anticipadamente desde que naciera. Quedó confuso con semejante
-respuesta y replicó cómo podía ser, pues nunca tal cosa había
-experimentado en sí ni platicado. Volviósele á responder advirtiese
-que con mayores realces la lograba, no en rumiar el pasto material,
-de que se sustenta el cuerpo, sino el espiritual, de que se alimenta
-el ánimo. Que realzase más los pensamientos y entendiese que el saber
-era su comer y las nobles noticias su alimento. Que fuese sacando de
-los senos de la memoria las cosas y pasándolas al entendimiento. Que
-rumiase bien lo que sin averiguar ni discurrir había tragado. Que
-repasase muy despacio lo que de ligero concibió. Piense, medite, cave,
-ahonde y pondere, vuelva una y otra vez á repasar y repensar las cosas.
-Consulte lo que ha de decir y mucho más lo que ha de obrar. Así que su
-rumiar ha de ser el repensar, viviendo del reconsejo muy á lo racional
-y discursivo.</p>
-
-<p>Esto le ponderaba el Zahorí á Critilo, cuando más desesperado andaba
-de poder dar alcance á su disimulado Andrenio.</p>
-
-<p>He, no te apures, le decía, que así como pensando hallamos la
-entrada en este encanto, así repensando hemos de topar la salida.</p>
-
-<p>Discurrió luego en abrir algún resquicio, por donde pudiese
-entrar un rayo de luz, una vislumbre de verdad. Y al mismo instante
-¡oh cosa rara!, que comenzó á rayar la claridad, dió en<span
-class="pagenum" id="Page_211">p. 211</span> tierra toda aquella
-máquina de confusiones. Que toda artimaña, en pareciendo, desaparece.
-Deshízose el encanto, cayeron aquellas encubridoras paredes, quedando
-todo patente y desenmarañado. Viéronse las caras unos á otros y las
-manos tan escondidas á los tiros. Constó del modo de proceder de cada
-uno. Así que, en amaneciendo la luz del desengaño, anocheció todo
-artificio. Mas para que se vea cuán hallados están los más con el
-embuste, especialmente cuando viven dél, al mismo punto, que se vieron
-desencastillados de aquel su Babel común y que habían dado en tierra
-con aquel su engañoso modo de pasar, que ya no llegaban á mesa puesta,
-como solían, con sus manos lavadas y la honra no limpia, luego, que
-comenzaron á echar menos la gala y la gula, el vestido guisado de buen
-gusto, sin costarles mas que una gorra, enfurecidos contra el que
-había ocasionado tanta infelicidad, arremetieron contra el Zahorí,
-descubridor de su artificio, llamándole enemigo común. Mas él, viéndose
-en tal aprieto, apretó los pies, digo las alas, y huyóse al sagrado
-de mirar y callar, voceándoles á los dos camaradas, que ya se habían
-abrazado y reconocido, tratasen de hacer lo mismo, prosiguiendo el
-viaje de su vida hacia la Corte del saber coronado, tan encomendada dél
-y de todos los sabios aplaudida.</p>
-
-<p>¡Qué entrada de Italia ésta!, ponderaba Critilo. ¡Qué de laberintos
-á esta traza, se nos aguardan en ella! Conviene prevenirnos de cautela,
-así como hacen los atentos en las entradas de las provincias donde
-llegan, en España contra las malicias, en Francia contra las vilezas,
-en Inglaterra las perfidias, en Alemania las groserías y en Italia los
-embustes.</p>
-
-<p>No les salió vana su presunción, pues á pocos pasos dieron en raro
-bivio, dudosa encrucijada, donde se partía el camino en otros dos, con
-ocasionado riesgo de perderse muy al uso del mundo. Comenzaron luego
-á dificultar cuál de las dos sendas tomarían, que parecían estremos.
-Estaban altercando al principio con encuentro de pareceres y después de
-afectos, cuando descubrieron una banda de cándidas palomas por el aire
-y otra<span class="pagenum" id="Page_212">p. 212</span> de serpientes
-por la tierra. Parecieron aquéllas con su manso y sosegado vuelo venir
-á pacificarlos y mostrarles el verdadero camino con tan fausto agüero,
-quedando ambos en curiosa expectación de ver por cuál de las dos
-sendas echarían. Aquí ellas, dejada la de mano derecha, volaron por la
-siniestra.</p>
-
-<p>Esto está decidido, dijo Andrenio: no nos queda que dudar.</p>
-
-<p>Oh sí, respondió Critilo: veamos por dónde se deshilan las
-serpientes. Porque advierte que la paloma no tanto guía á la prudencia
-cuanto á la simplicidad.</p>
-
-<p>Eso no, replicó Andrenio; antes suelo yo decir que no hay ave ni más
-sagaz ni más política, que la paloma.</p>
-
-<p>¿En qué lo fundas?</p>
-
-<p>En que ella es la que mejor sabe vivir, pues en fe de que no tiene
-hiel dondequiera halla cabida. Todos la miran con afecto y la acogen
-con regalo. No sólo no es temida como las de rapiña ni odiada como la
-serpiente, sino acariciada de todos, alzándose con el agrado de las
-gentes. Otra atención suya, que nunca vuela, sino á las casas blancas
-y nuevas y á las torres más lucidas. Pero ¿qué mayor política, que
-aquella de la hembra? Pues con cuatro caricias, que le hace al palomo,
-le obliga á partirse el trabajo de empollar y sacar los hijuelos,
-aviniéndose muy bien con el esposo y enseñando á las mujeres bravas y
-fuertes á templarse y saberse avenir con sus maridos. Mas donde ella
-juega de arte mayor es en lo de sus polluelos, que, aunque se los
-hurten y delante de los ojos se los maten, no por eso se mata ella ni
-se mete en guerra por defenderlos, no pasa pena alguna; sino que come
-y vive de ellos. ¿Pues qué diré de aquella espaciosa ostentación, que
-suele hacer de sus plumas, cambiando visos y brillando argentería? Así
-que no hay otra razón de estado como la sinceridad y la mansedumbre de
-la paloma y que ella es la mayor estadista.</p>
-
-<p>Vieron en esto que la otra tropa de serpientes se fué deshilando
-por la senda contraria de la mano derecha, con que se aumentó su
-perplejidad.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_213">p. 213</span></p>
-
-<p>Éstas sí, decía Critilo, que son maestras de toda sagacidad. Ellas
-nos muestran el camino de la prudencia. Sigámoslas, que sin duda nos
-llevarán al Saber reinando.</p>
-
-<p>No haré yo tal, decía Andrenio, porque yo no sé que pare en otro
-todo el saber de las culebras, que en ir rastrando toda la vida entre
-los pies de todos.</p>
-
-<p>Resolviéronse al fin en seguir cada uno su vereda: éste de astucia
-de la serpiente y aquél de la sinceridad de la paloma, con cargo de que
-el primero, que descubriese la Corte del saber triunfante, avisase al
-otro y le comunicase el bien hallado. Á poco rato, que se perdieron de
-vista, no de afecto, encontró cada uno con su paraje bien diferente,
-habitado de gentes totalmente opuestas y que vivían muy al revés unos
-de otros.</p>
-
-<p>Hallóse Critilo entre aquellos, que llaman los reagudos, gente toda
-de alerta, hombres de ensenadas, de reflejas y de segundas intenciones,
-de trato nada liso, sino doblado. Fuésele apegando luego un grande
-narigudo, digo, nariagudo, no tanto para conducirle, cuanto para
-explorarle. Y comenzó á tentarle el vado y querer sondarle el fondo
-con rara destreza. Hombre al fin de atención y de intención. Hízosele
-amigo de los que llaman hechizos ó echadizos, afectando agasajos y
-mostrándosele muy oficioso, con que ambos se miraron con cautela y
-procedían con resguardo. Lo primero en que reparó Critilo fué que,
-encontrando muchos, que parecían muy personas, ellos no reparaban en él
-ni le hacían cortesía. Calificóla ó por grosería ó por insolencia.</p>
-
-<p>Ni uno ni otro, le respondió el nuevo camarada.</p>
-
-<p>¿Pues qué?</p>
-
-<p>Yo te lo diré. Que todos éstos son gente de su negocio y no atienden
-á otro. No hacen caso sino de quien pueden hacer fortuna, no se cuidan
-sino de quien dependen, y toda la cortesía, que hurtan á los demás, la
-gastan con éstos. Aquellos del otro lado son hijos deste siglo, y aun
-por eso tan metidos en él, todos<span class="pagenum" id="Page_214">p.
-214</span> puestos en acomodarse, como si se hubiesen de perpetuar
-acá.</p>
-
-<p>Toparon luego un raro sujeto, que, no contentándose con una ojeada,
-les echó media docena. Y aunque aquí todos andaban muy despiertos, éste
-les pareció desvelado.</p>
-
-<p>¿Quién es éste?, preguntó Critilo.</p>
-
-<p>No sé si te le podré dar á conocer así como quiera, que yo ha años
-que le trato y aún no le acabo de sondar ni acertaré á definirle. Baste
-por ahora saber que éste es el Marrajo.</p>
-
-<p>¡Oh sí, dijo Critilo, ya estoy al cabo!</p>
-
-<p>¿Cómo al cabo? Ni aun al principio. Que, si con otros para
-conocerlos es menester comer un almud de sal, con éste doblada: porque
-él lo es mucho.</p>
-
-<p>Oyeron á otro, que venía diciendo:</p>
-
-<p>La mitad del año con arte y engaño y la otra parte con engaño y
-arte.</p>
-
-<p>No tiene razón, glosó Critilo, porque este aforismo ya yo le he oído
-condenar y más entre astutos, donde más se engaña con la misma verdad,
-cuando ninguno cree que algún otro la diga. Éste, sin más ver que su
-figurilla y su modillo, es Tracillas; el mismo y viene hablando muy de
-lo secreto y profundo con aquel otro su mellizo.</p>
-
-<p>¿Y quién es?</p>
-
-<p>Á ése le llaman el bobico y estarán trazando cómo armar alguna
-zancadilla; pero de verdad que se las entienden. Que basta conocerlos y
-tenerlos en esa opinión.</p>
-
-<p>Y aun por eso viene diciendo aquel otro <i>sí, sí, entre bobos anda el
-juego</i>. Con esto no les dejan hacer baza.</p>
-
-<p>Asomó otro de la misma data.</p>
-
-<p>¿Qué papel hace éste?</p>
-
-<p>Es el tan nombrado Dropo y tan temido.</p>
-
-<p>¿Y aquél?</p>
-
-<p>El Zaino, otro que tal.</p>
-
-<p>¿Creerás que no veo alguno déstos, que no me asuste? Heles cobrado
-especial recelo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_215">p. 215</span></p>
-
-<p>No me admiro. Porque á ninguno llegan á hablar, que no le suceda lo
-mismo. Todos los temen y se previenen.</p>
-
-<p>Por eso cuentan de la raposa, dijo el Nariagudo, que, volviendo un
-día muy asustados sus hijuelos á su cueva, diciendo habían visto una
-espantosa fiera con unos disformes colmillos de marfil:</p>
-
-<p>Quitá de ahí, no hay que temer, les dijo, que ese es elefante y una
-gran bestia: no os dé cuidado.</p>
-
-<p>Volvieron al otro día huyendo de otra, decían, con dos agudas puntas
-en la frente.</p>
-
-<p>He, que también es nada, les respondió, que sois unos simples.</p>
-
-<p>Agora sí, que hemos topado otra con las uñas como navajas, ondeando
-horribles melenas.</p>
-
-<p>Ése es el león; pero no hay que hacer caso, que no es tan bravo como
-le pintáis.</p>
-
-<p>Finalmente vinieron un día muy contentos por haber visto, decían,
-un otro, no animal ni fiera, sino muy diverso de todos los otros, pues
-desarmado, apacible, manso y risueño.</p>
-
-<p>Ahora sí, les dijo, que hay que temer. Guardaos dél, hijos míos,
-huid cien leguas.</p>
-
-<p>¿Por qué, si no tiene uñas ni puntas ni colmillos?</p>
-
-<p>Basta que tiene maña. Ése es el hombre. Guardaos, digo otra vez, de
-su malicia.</p>
-
-<p>Y tú de aquel que pasa por allá, á quien todos le señalan con el
-dedo á lo cigüeño. Es un raro sujeto, de quien dicen es un diablo y aun
-peor. Aquél, que va á su lado, te venderá siete veces al día. ¿Pues qué
-otro aquél, que va guiñando, llamado por eso el raposo, que lo es en el
-nombre y en los hechos? Tiene bravas correrías, que toda ésta es gente
-de artimaña.</p>
-
-<p>Ora díme, ¿qué será la causa, preguntó Critilo, que cada uno anda de
-por sí, nunca van juntos ni hacen camarada?, así como en cierta plaza,
-donde ví yo pasearse muchos ciudadanos y cada uno solo, sin osarse
-llegar, temiéndose unos á otros.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_216">p. 216</span></p>
-
-<p>¡Oh!, respondió el Nariagudo, por éstos y ésos se dijo: <i>cada lobo
-por su senda</i>.</p>
-
-<p>Fué muy de notar el encuentro del codicioso con el tramposo, porque
-urdía éste mil trapazas en un punto y el otro se las pasaba todas,
-aunque las conocía, en atención de su codicia. Y es lo bueno que cada
-uno decía del otro: ¡qué simple éste! ¡cómo que le engaño! ¿No reparas
-en aquel tan ruincillo, digo chicuelo? Pues todo es malicias. Nada de
-cuanto dices y piensas se le pasa por alto. Ni aquel otro de su tamaño
-hay echarle dado falso.</p>
-
-<p>Pues díme, ¿quién metió acá á aquél, que retira á tonto, y ya sabes
-que en pareciéndolo lo son y aun la mitad de los que no lo parecen?</p>
-
-<p>Advierte que no lo es, sino que sabe hacerlo. Así como aquel otro,
-que hace los zonzos, que no hay peor desentendido que el que no quiere
-entender.</p>
-
-<p>Dudó Critilo y aun lo preguntó si acaso estaban en la lonja de
-Venecia ó en el ayuntamiento de Córdoba ó en la plaza de Calatayud, que
-es más que todo. Donde dijo un forastero, hablando con un natural y
-confesándose vendido ó vencido:</p>
-
-<p>Señor mío, por eso dicen que sabe más el mayor necio de Calatayud,
-que el más cuerdo de mi patria. ¿No digo bien?</p>
-
-<p>No por cierto, le respondió.</p>
-
-<p>¿Pues por qué no?</p>
-
-<p>Porque no hay ningún necio en Calatayud ni cuerdo en vuestra
-ciudad.</p>
-
-<p>Pero nada has visto, le dijo el camarada, si no das una vista por la
-satrapía.</p>
-
-<p>Y guióle á ella. Díjole al entrar:</p>
-
-<p>Aquí abrir el ojo y aun ciento y retirarlos bien.</p>
-
-<p>Toparon un vejazo y otro más. Aquí admiró las bravas tretas,
-las grandes sutilezas, jugando todos de arte mayor, que todos eran
-peliagudos y nariagudos, mañosos, sagaces y políticos.</p>
-
-<p>Pero, mientras anda aquí Critilo, ya comprado, ya vendido,<span
-class="pagenum" id="Page_217">p. 217</span> bien será que demos una
-vuelta en seguimiento de Andrenio, que va perdido por el contrario
-paraje. Que casi todos los mortales andan por estremos y el saber vivir
-consiste en topar el medio. Hallábase en el país de los buenos hombres
-y ¡qué diferentes de aquellos otros! Parecían de otra especie. Gente
-toda pacífica, por quienes nunca se revolvió el mundo ni se alborotó la
-feria. Encontró de los primeros con Juan de Buen Alma, á medio saludar,
-que se le olvidaban las palabras; con todo eso contrajeron estrecha
-amistad. Allegóseles un otro, que también dijo llamarse Juan, que aquí
-los más lo eran y buenos, si allá Pedros revueltos.</p>
-
-<p>¿Quién es aquel que pasa riéndose?</p>
-
-<p>Aquel es de quien dicen que de puro bueno se pierde y es un perdido.
-Aquel otro, el bueno bueno; y el que de puro bueno vale para nada,
-gente toda amigable.</p>
-
-<p>¡Qué poca ceremonia gastan!, ponderó Andrenio, ¡aun cortesía no
-hacen!</p>
-
-<p>Es que no saben engañar.</p>
-
-<p>Con todo eso se llegó y les saludó: <i>bon compaño</i>. Que venía con
-tal sea mi vida y mi alma con la suya. No se oía un sí ni un no entre
-ellos. En nada se contradecían, aunque dijeran la mayor paradoja,
-ni porfiaban. Y era tal su paz y sosiego, que dudó Andrenio si eran
-hombres de carne y sangre.</p>
-
-<p>Bien dudas, le respondió el hombre de su palabra, á quien se holgó
-mucho de ver, como cosa rara, y no era francés, que los más dellos son
-de pasta y buenas pastas. Y en confirmación dello repara en aquél, todo
-bocadeado, Don Fulano de Mazapán, que cada uno le da un pellizco. Aquel
-otro es el canónigo Blandura, que todo lo hace bueno.</p>
-
-<p>Vieron uno todo comido de moscas.</p>
-
-<p>Aquél es la buena miel.</p>
-
-<p>¡Qué buena gente toda ésta para superiores! Que ya así los buscan,
-cabezas de cera que las puedan volver y revolver donde quisieren y
-retorcerles las narices á un lado y á otro.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_218">p. 218</span></p>
-
-<p>Aquí toparon con Buenas Entrañas, que no pensaba mal de nadie ni tal
-creía.</p>
-
-<p>Aquél se pasa de bueno y está harto pasado. Mira á todos como él;
-pero, ¡qué bueno estuviera el mundo, si así fueran todos!</p>
-
-<p>Venía con el dejado y bien dejado de todos.</p>
-
-<p>¡Qué hombre de tan linda corpulencia aquél!</p>
-
-<p>Es el celebrado Pachorra, que nada le quita el sueño ni por
-acontecimiento alguno le pierde, aunque sea el más trágico. Tanto que,
-despertándole una noche para darle aviso de un estraño suceso, que
-espantó el mundo:</p>
-
-<p>Quitaos de ahí, dijo á los criados, ¿y no estaba ahí mañana para
-decírmelo? ¿Pensabais que no había de llegar?</p>
-
-<p>Sobre todo no se hartaba Andrenio de ver su traje, nada á lo
-plático, sin pliegues, sin aforros y sin alforzas.</p>
-
-<p>Vió á Don Fulano de todos y para nadie y para nada acompañado de una
-gran camarada.</p>
-
-<p>Aquel de la mano derecha es el primero que llega y el de la
-izquierda, el último se le lleva. Al de más allá el que le pierde
-le gana y al otro, tanto le querría mío como ajeno. Allí viene el
-que no sabe negar cosa, el que no tiene cosa suya ni la acción ni la
-palabra. Aquel otro todo lo otorga, Don Fulano del sí, antípoda de
-monseñor <i>noli po fare</i>, gente toda bienquista y de vivir muchos años.
-De tal suerte que preguntó Andrenio si era aquella la región de los
-inmortales.</p>
-
-<p>¿Por qué lo dices?, le preguntó uno.</p>
-
-<p>Porque ninguno veo, que se mate ni se consuma. Yo no sé de qué
-mueren éstos.</p>
-
-<p>No mueren, que ya lo están.</p>
-
-<p>Antes yo digo que eso es saber vivir, tener buena complixión,
-hombres sanos, gente de buenos hígados, de buen estómago y que, si
-otros hacen de las tripas corazón, éstos al revés hacen del corazón
-tripas y crían buena panza.</p>
-
-<p>Así era su trato llano sin revoltijas. Ninguno tenía caracol<span
-class="pagenum" id="Page_219">p. 219</span> en la garganta. Hablaban
-sin artificio, llevaban el alma en la palma y aun en palmas. No había
-aquí engañadores ni cortesanos ni cordobeses. Y con pasar en Italia,
-no había ningún italiano; cuando mucho, alguno de Bérgamo. De los
-españoles algún castellano viejo. De los franceses algún albernio.
-Y muchos polacos. Fiábanse de todos sin distinción y así todos los
-engañaban. Que ya no se ha de decir engañabobos, sino buenos, que ésos
-son los más fáciles de engañar.</p>
-
-<p>¡Qué lindo temple de tierra éste!, decía Andrenio, y mejor cielo.</p>
-
-<p>En otro tiempo habíais de haber venido, le dijo un viejo, hecho al
-buen tiempo, cuando todos se trataban de vos y todos decían vos como
-el Cid: entonces sí que estaba este país muy poblado. No, no se había
-descubierto aún el de la malicia ni se sabía hubiese tan mala tierra:
-siempre se creyó era inhabitable más que la tórrida zona. Dios se lo
-perdone á quien la halló. ¡Mirad qué India! No se topaba entonces un
-hombre doblado por maravilla y todo el mundo le conocía y le señalaban
-de una legua. Todos huían dél como de un tigre. Ahora todo está
-maleado, todo mudado, hasta los climas y, según van las cosas, dentro
-de pocos años será Alemania otra Italia y Valladolid otra Córdoba.</p>
-
-<p>Pero, aunque estaba allí Andrenio, no vendido, sino hallado en
-aquella mansión de la bondad y verdad, de la candidez y llaneza,
-con todo trató de dejarla, pareciéndole era sobrada simplicidad. Y
-fué cosa notable que ambos á la par, aunque tan distantes, parece
-que se orejearon, pues convinieron en dejar cada uno el estremo por
-donde había echado, el uno de la astucia, el otro de la sencillez. Y
-poniendo la mira en el medio, descubrieron la Corte del saber prudente
-y se encaminaron allá. Llegaron á encontrarse en un puesto, donde se
-volvían á unir ambas sendas y á emparejarse los estremos. Aquí pareció
-estarles esperando un raro personaje, de los portentosos, que se
-encuentran en la jornada de la vida. Porque, así<span class="pagenum"
-id="Page_220">p. 220</span> como algunos suelen hacerse lenguas y otros
-ojos, éste se hacía sesos y todo él se veía hecho de sesos, de modo que
-tenía cien corduras, cien esperas, cien advertencias y otros tantos
-entendimientos. En suma, él era castellano en lo sustancial, aragonés
-en lo cuerdo, portugués en lo juicioso y todo español en ser hombre de
-mucha sustancia. Púsoselo á contemplar Andrenio, después de haberse
-confabulado con Critilo, y decía así:</p>
-
-<p>Señores, que tenga uno sesos en la cabeza está bien, que es allí el
-solio del alma; pero lengua de sesos ¿á qué propósito? Si, aun siendo
-de carne y muy sólida, desliza con riesgo de toda la persona, que sería
-menos inconveniente tropezar diez veces con los pies, antes que una con
-la lengua, que, si allí se maltrata el cuerpo con la caída, aquí se
-descompone toda el alma, ¿qué será de una masa tan fluida y deleznable?
-¿Quién la podrá gobernar?</p>
-
-<p>¡Oh, cómo te engañas!, le respondió el Sesudo, que así se llamaba;
-antes ahí conviene tener más seso, para andar con más tiento. Que no
-hay palabra más bienarticulada, que la que está en el buche.</p>
-
-<p>Narices de seso ¿quién tal inventó y para qué?, proseguía en su
-reparo Andrenio. Los ojos ya podrían, para no mirar á tontas y á locas;
-pero en las narices ¿de qué puede servir el seso?</p>
-
-<p>¡Oh sí y mucho!</p>
-
-<p>¿Pues para qué?</p>
-
-<p>Para impedir que no se les suba el humo á las narices y lo tizne
-todo y abrase un mundo. Hasta en los pies ha de haber seso y mucho y
-más en los malos pasos. Que por eso decía un atento:</p>
-
-<p>Aquí todo el seso ha de ir en el carcañal. Y si los que andan á
-caballo le llevasen en los pies, no perderían tan fácilmente los
-estribos; habría siquiera algún cuerdo entronizado. Así que todo el
-hombre para bien ir habría de ser de sesos. Seso en los oídos para no
-oir tantas mentiras ni escuchar tantas lisonjas,<span class="pagenum"
-id="Page_221">p. 221</span> que vuelven locos á los tontos. Seso en las
-manos para no errar el manejo y atinar aquello en que se ponen. Hasta
-el corazón ha de ser de sesos para no dejarse tirar y aun arrastrar de
-sus afectos. Seso y más seso y mucho seso para ser hombre chapapado,
-sesudo y sustancial.</p>
-
-<p>¡Qué pocos he topado yo de ese modo!, decía Critilo.</p>
-
-<p>Antes oí decir á uno, ponderó Andrenio, que no había sino una
-onza de seso en todo el mundo y que de ésa, la mitad tenía un cierto
-personaje, que no le nombro por no incurrir en odio, y la otra estaba
-repartida por los demás: ¡mirad qué le cabría á cada uno! Engañóse
-quien tal dijo. Nunca más seso ha habido en el mundo, pues no ha dado
-ya al traste con tanta priesa como le han dado.</p>
-
-<p>Ora, díme, instó Andrenio, ¿de dónde has sacado tú tanto seso, así
-te dure? ¿Dónde le hallaste?</p>
-
-<p>¿Dónde? En las oficinas en que se forja y en las boticas donde se
-vende.</p>
-
-<p>¿Qué dices? ¿Boticas hay de cordura? Nunca tal he topado con tanto
-como he discurrido.</p>
-
-<p>¿Pues no te corres tú de saber dónde se vende el vestir y el comer
-y no dónde se compra el ser personas? Tiendas hay donde se feria el
-entendimiento y el juicio. Verdad sea que es menester tenerle para
-hallarle.</p>
-
-<p>¿Y á qué precio se vende?</p>
-
-<p>Á aprecio.</p>
-
-<p>¿De qué modo?</p>
-
-<p>Teniéndole.</p>
-
-<p>¿Á buen ojo?</p>
-
-<p>No, sino á peso y medida. Pero vamos, que hoy os he de conducir á
-las mismas oficinas donde se forjan y se labran los buenos juicios, los
-valientes entendimientos, á las escuelas de ser personas.</p>
-
-<p>Y dínos, ¿en esas oficinas, que tú dices, refinan mucho seso cada
-día?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_222">p. 222</span></p>
-
-<p>No va sino por años y para sola una onza hay que hacer toda una
-vida.</p>
-
-<p>Fuélos introduciendo en una tan espaciosa cuan especiosa plaza,
-coronada de alternados edificios, unos muy majestuosos, que parecían
-alcázares reales; otros muy pobres, como casas de filósofos; hasta
-pabellones militares entre patios de escuelas. Quedaron admirados
-nuestros peregrinos de ver tal variedad de edificios y, después de bien
-registrados los de una y otra acera, le preguntaron dónde estaban las
-oficinas del juicio, las tiendas del entendimiento.</p>
-
-<p>Esas, que veis, son. Mirad á un lado y á otro.</p>
-
-<p>¿Cómo es posible, si aquéllos son palacios, donde más presto suele
-perderse el juicio, que cobrarse, y aquellas otras militares tiendas
-más lo suelen ser de la temeridad, que de la cordura? Pues aquellos
-patios llenos de estudiantes, menos lo serán, que entre gente moza no
-se hallará la prudencia y en cascos verdes no cabe la madurez.</p>
-
-<p>Pues sabed que ésas son las oficinas donde se funden los buenos
-caudales. Ahí se forjan los grandes hombres. En esos talleres se
-desbastan de troncos y de estatuas y se labran los mayores sujetos.
-Mirad bien aquel primer palacio tan suntuoso y augusto. En él se
-fundieron los mayores hombres de aquel siglo, los prudentes senadores,
-los sabios consejeros, los famosos escritores. Y así como otros
-inculcan estatuas mudas entre columnas pesadas para adorno de las
-vistosas fachadas, aquí veréis gigantes vivos, varones eminentes.</p>
-
-<p>Así es, dijo Critilo, que aquel de la mano derecha parece el
-sentencioso Horacio y el de la izquierda es el más fecundo que facundo
-Ovidio, coronándole el superior Virgilio.</p>
-
-<p>Según eso, dijo Andrenio, ¿aquél es el palacio del más augusto de
-los Césares?</p>
-
-<p>No has de decir; se vió la oficina heroica de los mayores
-sujetos de su tiempo. Ese gran emperador les dió entendimiento con
-sus estimaciones y ellos á él inmortalidad con sus escri<span
-class="pagenum" id="Page_223">p. 223</span>tos. Volved la mira á aquel
-otro, no fabricado de mármoles sin alma, sino de vivas columnas, que
-sostienen reinos, escuela cortesana de los mayores entendimientos, y
-fueron muchos en aquella era.</p>
-
-<p>¿Sería grande su dueño?</p>
-
-<p>Y aun magnánimo, pues el inmortal rey Don Alonso, por quien se dijo
-que Aragón era la turquesa de los reyes.</p>
-
-<p>Vieron otro de animadas piedras, hablando con lenguas de
-inscripciones. No se veían tablas rasas de mármol, como en otros
-alcázares; sino grabadas de sentencias y heroicos dichos.</p>
-
-<p>¡Oh, gracias al cielo, dijo Critilo, que veo un palacio, que huele á
-personas!</p>
-
-<p>Fuélo mucho su gran dueño, digo el rey Don Juan el Segundo de
-Portugal, volviendo por el crédito de los Juanes. Pero no es menos de
-admirar aquél, que allá se ve alternado de espadas y de plumas del
-rey Francisco el primero de la Francia, estendiendo á la par ambas
-reales manos á los sabios y á los valerosos, que no á los farsantes y
-farfantes. Mas ¿no reparáis en aquel coronado de palmas y de laureles,
-que ocupa el supremo ápice del orbe y de los siglos? Aquél es el
-inmortal trono del gran pontífice León décimo, en cuyo seno anidaron
-las águilas ingeniosas, más seguramente que en el del fabuloso Júpiter;
-aunque fué ingeniosa invención para declarar cuán favorecidos deben ser
-de los príncipes los varones sabios, águilas en la vista y en el vuelo.
-Aquel otro es del prudentazo rey de las Españas Felipe el Segundo y
-escuela primera de la prudente política, donde se forjaron los grandes
-ministros, los insignes gobernadores, generales y virreyes.</p>
-
-<p>¿Qué tienda militar es aquélla, que se hace lugar entre los palacios
-magníficos? ¿Á qué propósito se baraja lo militar con lo cortesano?</p>
-
-<p>¡Oh, sí!, respondió el varón de sesos, porque has de saber que
-también los militares pabellones son oficinas de los hombres grandes,
-no menos valerosos que entendidos. Apréndese<span class="pagenum"
-id="Page_224">p. 224</span> mucho en ellos. Dígalo el marqués de
-Grana y Carreto. Porque ahí se sabe, no tanto de capricho, cuanto de
-experiencia. Aquélla es la del Gran Capitán, á quien dió lugar entre
-los reyes el de Francia, diciendo:</p>
-
-<p>Bien puede comer con reyes el que vence reyes.</p>
-
-<p>Fué tan cortesano como valiente, de tan gran brazo como ingenio,
-plausible en dichos y en hechos. Aquella otra es del duque de Alba,
-escuela de la prudencia y experiencia, así como su casa en la paz era
-el paradero de los grandes hombres y por eso tan recomendada de Juan de
-Vega á su hijo, cuando le enviaba á la Corte.</p>
-
-<p>¿Qué otro modelo de edificios sabios son aquéllos, no suntuosos,
-pero honorosos?</p>
-
-<p>Ésos, dijo, no son alojamientos de Marte, albergues sí de Minerva.
-Ésos son los colegios mayores de las más célebres universidades de la
-Europa. Aquellos cuatro son los de Salamanca, aquel otro el de Alcalá y
-el de más allá San Bernardino de Toledo, Santiago el de Huesca, Santa
-Bárbara en París, los Albornoces de Bolonia y Santa Cruz de Valladolid.
-Oficinas todas donde se labran los mayores hombres de cada siglo, las
-columnas que sustentan después los reinos, de quienes se pueblan los
-consejos reales y los parlamentos supremos.</p>
-
-<p>¿Qué ruinas son aquellas tan lastimosas, cuyas descompuestas piedras
-parecen estar llorando su caída?</p>
-
-<p>Esas, que ahora lloran, en algún tiempo y siempre de oro, sudaban
-bálsamo oloroso y, lo que es más, distilaban sudor y tinta. Ésos fueron
-los palacios de los plausibles duques de Urbino y de Ferrara, asilos
-de Minerva, teatro de las buenas letras, centro de los superiores
-ingenios.</p>
-
-<p>¿Qué es la causa, preguntó Critilo, que no se ven anidar ya como
-solían las águilas en tantos reales asilos?</p>
-
-<p>No es porque no las haya, sino que no hay un Augusto para cada
-Virgilio, un Mecenas para cada Horacio, un Nerva para cada Marcial y un
-Trajano para cada Plinio. Creed<span class="pagenum" id="Page_225">p.
-225</span>me que todo gran hombre gusta de los grandes hombres.</p>
-
-<p>Mayor reparo es el mío, dijo Andrenio, y es cuál sea la causa que
-los príncipes se pagan más y les pagan también á un excelente pintor,
-á un escultor insigne, y los honran y premian mucho más, que á un
-historiador eminente, que al más divino poeta, que al más excelente
-escritor. Pues vemos que los pinceles sólo retratan el exterior; pero
-las plumas el interior. Y va la ventaja de uno á otro, que del cuerpo
-al alma. Exprimen aquéllos, cuando mucho, el talle, el garbo, la
-gentileza y tal vez la fiereza; pero éstas, el entendimiento, el valor,
-la virtud, la capacidad y las inmortales hazañas. Aquéllos les pueden
-dar vida por algún tiempo, mientras duraren las tablas ó los lienzos,
-ya sean bronces; mas estas otras por todos los venideros siglos, que
-es inmortalizarlos. Aquéllos los dan á conocer, digo á ver á los pocos
-que llegan á mirar sus retratos; mas éstas á los muchos que leen sus
-escritos, yendo de provincia en provincia, de lengua en lengua y aun de
-siglo en siglo.</p>
-
-<p>¡Oh Andrenio, Andrenio!, le respondió el Prudente, ¿no ves tú
-que las pinturas y las estatuas se ven con los ojos, se tocan
-con las manos, son obras materiales? No sé si me has entendido
-bastantemente.</p>
-
-<p>Vieron ya en las oficinas del tiempo y del ejemplo formar un grande
-hombre, copiándole más felizmente de siete héroes, que el retrato de
-Apeles de las siete mayores bellezas.</p>
-
-<p>¿Quién es éste?, preguntó Andrenio.</p>
-
-<p>Y el Sesudo:</p>
-
-<p>Éste es un héroe moderno, éste es...</p>
-
-<p>Tate, le interrumpió Critilo, no le nombres.</p>
-
-<p>¿Por qué no?, replicó Andrenio.</p>
-
-<p>Porque no importa.</p>
-
-<p>¿Cómo no, habiendo nombrado hasta agora tanto insigne varón, tantos
-plausibles sujetos?</p>
-
-<p>De eso estoy arrepentido.</p>
-
-<p>¿Pues por qué?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_226">p. 226</span></p>
-
-<p>Porque piensan ellos que el celebrarlos es deuda y así no hacen
-mérito del obsequio. Creen que procede de justicia, cuando no es sino
-muy de gracia. Por lo tanto anduvo discretamente donoso aquel autor,
-que en la segunda impresión de sus obras puso entre las erratas la
-dedicatoria primera.</p>
-
-<p>Al contrario en otra oficina atendieron cómo estaban forjando cien
-hombres de uno, cien reyes de un Don Fernando el Católico y aún le
-quedaba sustancia para otros tantos. Aquí era donde se fundían los
-grandes caudales y se formaban las grandes testas, los varones de
-chapa, los hombres sustanciales. Y notó Andrenio que lo más dificultoso
-de ajustar eran las narices.</p>
-
-<p>Hartas veces lo he reparado yo, decía Critilo, que suele acertar
-la naturaleza las demás facciones. Sacaba unos buenos ojos con ser de
-tanto artificio, una frente espaciosa y serena, una boca bien ajustada;
-pero en llegando á la nariz se pierde y de ordinario la yerra.</p>
-
-<p>Es la facción de la prudencia ésa, ponderó el Cuerdo, tablilla del
-mesón del alma, señuelo de la sagacidad y providencia.</p>
-
-<p>Resonó en esto un vulgar estruendo de trompetas y atabales.</p>
-
-<p>¿Qué es esto?, corrían de unas y otras partes preguntando.</p>
-
-<p>Pregón, pregón, respondían otros.</p>
-
-<p>¿Qué cosa?</p>
-
-<p>Un bando, que manda echar el coronado Saber por todo su imperio de
-aciertos.</p>
-
-<p>¿Y á quién destierran? ¿Acaso al Arrepentimiento, que no tiene
-cabida donde hay cordura, ó á tu grande enemiga la propria Satisfación?
-¿Publícase la guerra contra la envidiosa Fortuna?</p>
-
-<p>Nada de eso es, les respondieron, sino una crítica reforma de los
-comunes refranes.</p>
-
-<p>¿Cómo puede ser eso, replicó Andrenio, si están hoy tan recibidos,
-que los llaman Evangelios pequeños?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_227">p. 227</span></p>
-
-<p>Recibidos ó no, llegaos y oid lo que el pregonero vocea.</p>
-
-<p>Atendieron curiosos y, después de haber prohibido algunos, oyeron
-que proseguía así:</p>
-
-<p>Item más mandamos que ningún cuerdo en adelante diga que <i>quien
-tiene enemigos no duerma</i>; antes lo contrario, que se recoja temprano á
-su casa, se acueste luego y duerma, que se levante tarde y no salga de
-su casa hasta el sol salido.</p>
-
-<p>Item que nunca más se diga, que <i>quien no sabe de abuelo no sabe
-de bueno</i>; antes bien que no sabe de malo, pues no sabe que fué un
-mecánico sombrerero, un carnicero, un tundidor y otras cosas peores.</p>
-
-<p>Que ninguno sea osado decir que <i>los casamientos y las riñas de
-prisa</i>, por cuanto no hay cosa que se haya de tomar más de espacio que
-el irse á matar y casar y se tiene por constante que los más de los
-casados, si hoy hubieran de volver, lo pensaran mucho. Y como decía
-aquél: <i>Dejádmelo pensar cien años</i>.</p>
-
-<p>También se prohibe el decir que <i>más sabe el necio en su casa,
-que el sabio en la ajena</i>, pues el sabio dondequiera sabe y el necio
-dondequiera ignora.</p>
-
-<p>Sobre todo que ninguno de hoy más se atreva á decir <i>no me den
-consejos, sino dineros</i>, que el buen consejo es dineros y vale un
-tesoro y al que no tiene buen consejo no le bastará una India ni aun
-dos.</p>
-
-<p>Entiendan todos que aquel otro refrán, que dice <i>aquello se hace
-presto, que se hace bien</i>, proprio de los españoles, es más en favor de
-mozos perezosos, que de amos bien servidos, y así se ordena á petición
-de los franceses y aun de italianos que se vuelva del revés y diga
-en favor de los amos puntuales: <i>aquello se hace bien, que se hace
-presto</i>.</p>
-
-<p>Que por ningún acontecimiento se diga, que <i>la voz del pueblo es la
-de Dios</i>; sino de la ignorancia y de ordinario por la boca del vulgo
-suelen hablar todos los diablos.</p>
-
-<p>Item se suspende en esta era aquel otro <i>honra y provecho no caben
-en un saco</i>, viendo que hoy el que no tiene no es tenido.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_228">p. 228</span></p>
-
-<p>Como una gran blasfemia se veda el decir <i>ventura te dé Dios, hijo,
-que el saber poco te basta</i>, por cuanto de sabiduría nunca hay bastante
-¿y qué mayor ventura que el saber y ser persona?</p>
-
-<p>Así como unos se prohiben del todo, otros se enmiendan en parte.
-Por lo cual no se diga que <i>al buen callar llaman Sancho</i>, sino Santo
-y en las mujeres milagroso, si ya no es que por Sancho se entienda lo
-callado del conejo.</p>
-
-<p>¿Quién tal pudo decir <i>asno de muchos, lobos se lo comen</i>?; antes
-él se los come á ellos y come como un lobo y come el pan de todos,
-diciendo: Yo me albardaré y el pan de todos me comeré; que ya el ser
-muy hombre embaraza y el saber bobear es ciencia de ciencias.</p>
-
-<p>Fué muy mal dicho <i>el mozo y el gallo un año</i>, porque, si es malo,
-ni un día, y si bueno, toda la vida.</p>
-
-<p>Item se condenan á descaramiento algunos otros, como decir <i>preso
-por mil, preso por mil y quinientas</i>; <i>al mayor amigo, el mayor
-tiro</i>. Y aquello de <i>ándeme yo caliente y ríase la gente</i> es una muy
-desvergonzada frialdad; sólo se les permita á las mujeres, que andan
-escotadas el decir <i>ándeme yo fría y mas que todo el mundo se ría</i>.</p>
-
-<p>Otros se mandan moderar, como aquel <i>bien haya quien á los suyos
-parece</i>, que no se ha de estender á los hijos y nietos de alguaciles,
-escribanos, alcabaleros, farsantes, venteros y <i>otra simili
-canalla</i>.</p>
-
-<p>Otros se interpretan como aquel <i>dondequiera que vayas, de los tuyos
-hayas</i>; antes se ha de huir de los suyos el que quisiere vivir con
-quietud, paz y contento, y de sus paisanos el que pretendiere honra y
-estimación.</p>
-
-<p>Item se destierra por ocioso el <i>cobra buena fama y échate á
-dormir</i>, pues ya, aun antes de cobrarla, se echan á dormir todos.</p>
-
-<p>Modérese aquel que dice <i>en los nidos de antaño no hay pájaros
-ogaño</i>. Pluguiera á Dios que el amancebado y el adúl<span
-class="pagenum" id="Page_229">p. 229</span>tero no se estuvieran en
-el lecho como el chinche ni los tahures en el garito quemados, que
-estuvieran los nidos encubridores y las redes de las arañas de las
-escribanías, atentas á coger la mosca del malaconsejado pleiteante.</p>
-
-<p>Aquello de <i>Dios me dé contienda con quien me entienda</i> sin duda que
-fué dicho de algún sencillo; los políticos no dicen así, sino con quien
-no me entienda ni atine con mis intentos ni descubra de una legua mis
-trazas.</p>
-
-<p><i>El dormir sobre ello</i> es una necedad muy perezosa; no diga sino
-velar.</p>
-
-<p>Item se prohibe como pestilente dicho <i>mal de muchos, consuelo
-de todos</i>; no decía en el original, sino de tontos y ellos le han
-adulterado.</p>
-
-<p>Á instancia de Séneca y otros filósofos morales sea tenido por un
-solemne disparate decir <i>haz bien y no mires á quién</i>; antes se ha
-de mirar mucho á quien, no sea el ingrato, al que se te alce con la
-baraja, al que te saque después los ojos con el mismo beneficio, al
-ruin que se ensanche, al villano que te tome la mano, á la hormiga que
-cobre alas, al pequeño que se suba á mayores, á la serpiente que reciba
-calor en tu seno y después te emponzoñe.</p>
-
-<p>No se diga que <i>lo que arrastra, honra</i>; sino al contrario, que lo
-que honra arrastra y trae á muchos más arrastrados que sillas.</p>
-
-<p>Item, á petición de los hortelanos, <i>no se dirá mal de tu perro</i>;
-pero sí de tu asno, que se come las berzas y las deja comer.</p>
-
-<p>Enmiéndese aquel otro <i>con tu mayor no partas peras</i>; no diga sino
-piedras, que lo demás es decir que se alce con todo.</p>
-
-<p>Tampoco sirve decir <i>quien todo lo quiere</i>, <i>todo lo pierde</i>, por
-cuanto es preciso tirar á todo y aun á más, para salir con algo. Dirá,
-pues, como quien yo sé: señor, si todo lo puedo, todo lo quiero.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_230">p. 230</span></p>
-
-<p>También es falso aquel de <i>bien canta Marta después de harta</i>; antes
-ni bien ni mal, que, en viéndose hartos, ni canta Marta ni pelea Marte,
-sino que se echan á poltrones.</p>
-
-<p><i>Cada loco con su tema</i> es poco; diga con dos y de aquí á un año con
-ciento.</p>
-
-<p><i>Lo que se usa, no se escusa</i>: necedad. Eso es lo que se debe
-escusar, que ya no se usa lo bueno ni la virtud ni la verdad ni la
-vergüenza ni cosa, que comience deste modo.</p>
-
-<p><i>Díselo tú una vez, que el diablo se lo dirá diez</i>: dicho de otro
-tal. Si malo, ¿para qué se lo ha de decir? Si bueno, nunca se lo dirá
-el diablo.</p>
-
-<p>Engañóse quien dijo que <i>el paciente es el postrero</i>; antes quieren
-ya ser los primeros en todo y ir delante.</p>
-
-<p>Por necedad se prohibe el decir <i>más valen amigos en plaza que
-dineros en arca</i>: lo uno porque ¿dónde se hallaran verdaderos y
-fieles?; lo otro porque á quien tiene dineros en arca nunca le faltan
-amigotes en todas partes.</p>
-
-<p>Aquel otro <i>ni para buenos ganar ni para malos dejar</i> sin duda salió
-de algún gran perdigón, pues antes á los buenos se les ha de dejar y á
-los malos ganar, para que sean buenos.</p>
-
-<p><i>No hay mal que no venga por bien</i>: una por una el mal va delante y
-abrir puerta á un mal es abrirla á ciento, porque el mal va donde más
-hay.</p>
-
-<p>Item se enmiende aquel <i>donde fueres, harás como vieres</i>; no diga
-sino como debes.</p>
-
-<p>Extínguese de todo punto aquel que dice <i>mal le va á la casa</i>,
-<i>donde no hay corona rasa</i>; antes muy bien y muy mal donde la hay,
-porque la hacienda de la Iglesia pierde toda la otra y arrasa la mejor
-casa.</p>
-
-<p><i>Por mucho madrugar no amanece más presto</i> es dicho de dormilones;
-entiendan que el trabajar es hacer día y el que madruga goza de día y
-medio; pero el que tarde se levanta todo el día trota.</p>
-
-<p><i>Si uno no quiere, dos no barajan</i>: éste no tiene lugar en Va<span
-class="pagenum" id="Page_231">p. 231</span>lencia, porque allí, aunque
-uno no quiera empeñarse, le obligan y ha de porfiar, aunque reviente de
-cuerdo.</p>
-
-<p>No se diga ya que <i>el dar va con el tomar</i>, porque no se sigue bien.
-Podríase proponer por enigma y preguntar: ¿cuál fué el primero el dar ó
-el tomar?</p>
-
-<p><i>Quien no sabe pedir, no sabe vivir</i>: ¡qué engaño!; antes el
-pedir es morir para los hombres de bien: no diga sino quien no sabe
-sufrir.</p>
-
-<p>Peor es aquel <i>quien tiene argén, tiene todo bien</i>; no sino todo
-mal, como decir <i>voluntad es vida</i>; no es sino muerte.</p>
-
-<p>Item se prohibe por cosa ridícula el decir <i>riña de por San Juan,
-paz para todo el año</i>: ¿qué más tiene la de por San Juan, que la de por
-San Antón? ¿Y quien tiene mal San Juan, qué buena pascua espera?</p>
-
-<p><i>Duro es Pedro para cabrero</i>; peor fuera blando.</p>
-
-<p><i>Quien se muda, Dios le ayuda</i>: entiéndese, cuando iba de mal en
-peor; que el mudar de cartas es treta de buenos jugadores, cuando dice
-mal el juego.</p>
-
-<p><i>El sufrido es bien servido</i>; no, sino muy mal y cuanto más,
-peor.</p>
-
-<p><i>¿Quieres ser papa? póntelo en la testa</i>: muchos se lo ponen, que no
-salen de sacristanes; más valdría en las manos, con obras y méritos.</p>
-
-<p><i>Quien tiene lengua, á Roma va</i>: entiéndese por penitencia de los
-pecados del hablar.</p>
-
-<p>Por ningún caso se diga <i>darse un buen verde</i>; no, sino muy malo
-y muy negro, que al cabo deja en blanco y el rostro avergonzado y la
-tez amarilla y los labios cárdenos, vengándose dél todos los demás
-colores.</p>
-
-<p>Tampoco es verdadero decir <i>quien malas mañas ha</i>, <i>tarde ó nunca
-las pierde</i>; no, sino muy presto: porque ellas acaban con él y con la
-vida y con la hacienda y con la honra, cuando él no con ellas.</p>
-
-<p>Engañóse también el que dijo <i>casarás y amansarás</i>; antes al<span
-class="pagenum" id="Page_232">p. 232</span> contrario es menester que
-ellas amansen, para poderse casar, y se tiene observado que ellos se
-vuelven más bravos, pues preguntando, ¿<i>por qué no riñe su amo</i>?,
-responde: <i>porque no es casado</i>.</p>
-
-<p>Mándale leer al trocado aquel que dice <i>que los locos dicen las
-verdades</i>, esto es que los que las dicen son tenidos por locos y aun
-de ese achaque se han deslumbrado varias veces algunas verdades bien
-importantes, que pudieran desengañar á muchos.</p>
-
-<p>Al que dijo <i>en Toledo no te cases, compañero</i>, pudiérasele
-preguntar ¿pues dónde, que no suceda lo mismo? Léase en <i>Toledo</i>
-sincopado, con que dirá en <i>todo</i> el mundo.</p>
-
-<p><i>El mozo vergonzoso, el diablo le metió en palacio</i>: ya no se ve el
-tal, sino su contrario, embusteros y aduladores.</p>
-
-<p><i>Al médico y al letrado no le quieras engañado</i>; antes sí, que de
-ordinario discurren al revés y de ese modo acertarán.</p>
-
-<p><i>No se toman truchas á bragas enjutas</i>; digo que sí, que los buenos
-pescadores las toman presentadas.</p>
-
-<p><i>No hay peor sordo, que el que no quiere oir</i>: otro hay peor, aquel
-que <i>por una oreja le entra y por la otra se le va</i>.</p>
-
-<p><i>Allá van leyes, donde quieren los reyes</i>; no digo sino los malos
-ministros.</p>
-
-<p><i>Á mal paso, pasar postrero</i>; por ningún caso, ni primero ni
-postrero, sino rodear.</p>
-
-<p><i>Cuando la barba de tu vecino veas pelar, echa la tuya en remojo</i>:
-¿de qué servirá, sino de que se la pelen más fácilmente y aun se la
-repelen?</p>
-
-<p><i>Más da el duro, que el desnudo</i>: una por una ya dió éste hasta la
-capa, el otro aún se está por ver; y él repite <i>para tener dineros,
-tenerlos</i>.</p>
-
-<p>Item se ordena que no se diga que <i>los criados son enemigos no
-escusados</i>; sino muy escusados y que para cada falta tienen cien
-escusas. Los hijos, sí, se llamen de esa suerte ó enemigos<span
-class="pagenum" id="Page_233">p. 233</span> dulces, que cuando
-chiquitos hacen reir y cuando grandes llorar.</p>
-
-<p><i>Grande pie y grande oreja, señal de grande bestia</i>: mas no, sino
-un piedecito de un chisgarabís sin asiento ni fundamento; y una grande
-oreja es alhaja de un príncipe, para oirlo todo.</p>
-
-<p>Item, ninguno se persuada que <i>son buenas mangas después de pascua</i>
-y cuanto más anchas, peores, si es por pascua florida.</p>
-
-<p>Tampoco vale decir <i>quien calla otorga</i>; antes es un político atajo
-del negar y, cuando uno otorga en su favor, no se contenta con un sí,
-sino que echa media docena.</p>
-
-<p>Aquello de <i>á uso de Aragón, á buen servicio mal galardón</i>, los
-aragoneses lo entienden por pasiva.</p>
-
-<p><i>Á falta de buenos, han hecho á mi marido jurado</i>: engáñase, que
-antes por ser ruin notoriamente, que ya se buscan los peores.</p>
-
-<p><i>Quien quisiere mula sin tacha, estése sin ella</i>: bobería; más fácil
-es quitársela.</p>
-
-<p><i>El que da presto, da dos veces</i> no está bien entendido; no sólo
-dos, pero tres y cuatro. Porque en dando, luego le vuelven á pedir y él
-á dar, con que, mientras el duro da una vez, el liberal da cuatro.</p>
-
-<p>Desta suerte fué prosiguiendo el pregonero en prohibir otros muchos,
-que nuestros peregrinos, cansados de tal prolijidad, remitieron al
-examen de los entendidos y también porque les dió priesa el Sesudo,
-para que llegasen á la oficina mayor, donde se refinaba el seso y
-se afinaba la sindéresis. El cómo y dónde, quedarse ha para la otra
-Crisi.</p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_3_7">
- <p><span class="pagenum" id="Page_234">p. 234</span></p>
- <h3 class="g1 ws1">CRISI VII</h3>
- <p class="subh3c"><i>La hija sin padre en los desvanes del mundo.</i></p>
-</div>
-
-<p>Opinaron algunos sabios que con ser el hombre la obra más
-artificiosa y acabada, le faltaban aún muchas cosas para su total
-perfección. Echóle uno menos la ventanilla en el pecho, otro un ojo
-en cada mano, éste un candado en la boca y aquél una amarra en la
-voluntad; mas yo diría faltarle una chiminea en la coronilla de la
-cabeza y algunos dos, por donde se pudiesen exhalar los muchos humos,
-que continuamente están evaporando del cerebro. Y esto mucho más en la
-vejez. Que si bien la considera, no hay edad, que no tenga su tope, y
-alguna dos y la vejez ciento.</p>
-
-<p>Es la niñez ignorante, la mocedad desatenta, la edad varonil
-trabajada y la senectud jactanciosa. Siempre está humeando
-presunciones, evaporando jactancias, cebando estimaciones y solicitando
-aplausos. Como no hallan por dónde exhalarse estos desapacibles humos,
-sino por la boca, ocasionan notable enfado á los que les oyen y mucha
-risa, si son cuerdos.</p>
-
-<p>¿Quién creyera que Andrenio y mucho menos Critilo, recién caldeados
-en las oficinas de la cordura, frescamente salidos de darse un baño
-moral de prudencia y atención, habían de errar jamás las sendas de la
-virtud, las veredas de la entereza? Pero así como dentro de la más fina
-grana se engendra la polilla, que la come, y en las entrañas del cedro
-el gusano, que le carcome, así de la misma sabiduría nace la hinchazón,
-que la desluce, y en lo más profundo de la prudencia la presunción, que
-la desdora.</p>
-
-<p>Iban, pues, ambos peregrinos en compañía del varón de sesos,
-encaminándose á Roma y acercándose á su deseada Felisinda. No acababan
-de celebrar los prodigios de cordura, que<span class="pagenum"
-id="Page_235">p. 235</span> habían hallado en ellos palacios del
-coronado saber, aquellos grandes hombres, forjados todos de sesos y
-aquellos otros de quienes se pudiera sacar zumo para otros diez y
-sustancia para otros veinte; los verdaderos gigantes del valor y del
-saber, los fundadores de las monarquías, no confundidores, los de
-cien orejas para las noticias y de cien manos para las ejecuciones;
-aquel estraño modo de cocer los sujetos grandes en cincuenta y sesenta
-otoños de ciencia y experiencia. Aquí vieron formar un gran rey y
-cómo le daban los brazos del emperador Carlos Quinto, la testa de
-Felipe Segundo y el corazón de Felipe Tercero y el celo de la religión
-católica del rey don Felipe Cuarto. Íbales dando las últimas liciones
-de cordura.</p>
-
-<p>Advertid, les decía, que por una de cuatro cosas llega un hombre
-á saber mucho, ó por haber vivido muchos años ó por haber caminado
-muchas tierras ó por haber leído muchos y buenos libros, que es más
-fácil, ó por haber conversado con amigos sabios y discretos, que es más
-gustoso.</p>
-
-<p>Por último primor de la cordura les encargó la española espera y la
-sagacidad italiana. Sobre todo, que atendiesen mucho á no errar las
-principales y mayores acciones de la vida, que son como las llaves del
-ser y del valer.</p>
-
-<p>Porque mirad, les decía, que un hombre pierda un diente ó una uña,
-y aunque sea un dedo, poco importa, fácilmente se suple ó se disimula;
-pero aquello de perder un brazo, tener un ojo menos, mancarse de una
-pierna, ésa sí que es gran tacha. Adviértese mucho, que afea toda la
-persona. Pues así digo que un hombre yerre una acción pequeña, no
-hace mucho al caso, fácilmente se disimula; pero aquello de errar las
-mayores acciones de la vida, las principales ejecuciones, en que va
-todo el ser, las partes sustanciales, eso sí que monta mucho, que es un
-cojear la honra, afear la fama y un deformar toda la vida.</p>
-
-<p>Esto iban repasando, cuando vieron que en medio del camino
-real estaban batallando dos bravos guerreros y, no sólo con<span
-class="pagenum" id="Page_236">p. 236</span>tendiendo de palabra,
-sino muy de obra, haciéndose el uno al otro valientes tiros á toda
-oposición. Aquí el sesudo guión hizo alto y, por evitar el empeño, les
-pidió licencia de retirarse á sagrado y volverse á su centro, que dijo
-ser el retrete de la prudencia; mas ellos, asiendo dél fuertemente,
-le suplicaron no los dejase y menos en aquella ocasión, antes bien
-que apresurasen todos tres el paso hacia los dos combatientes, para
-despartirlos y detenerlos.</p>
-
-<p>No hagáis tal, les dijo, que el que desparte suele siempre llevar la
-peor parte.</p>
-
-<p>Porfiaron ambos, encaminándose á la pendencia y llevándole á
-él asido en medio. Cuando llegaron cerca y creyeron hallarlos muy
-malparados y aun heridos de muerte de sus mismos hierros, advirtieron
-que no les salía gota de sangre ni les faltaba el menor pelo de la
-cabeza.</p>
-
-<p>Sin duda que estos guerreros, dijo Andrenio, están encantados y
-que son otros horrilos, que no pueden morir, sino es que les corten
-un cierto cabello de la cabeza, que suele ser el de la ocasión, ó les
-atraviesen la planta del pie, como fundamento de la vida, según lo
-discurre el ingenioso Ariosto, no bien entendido hasta hoy: perdónenme
-sus italianos ingenios.</p>
-
-<p>Ni es eso ni esotro, respondió el Sesudo; ya yo atino lo que es.
-Sabed que este primero es uno de aquellos, que llaman insensibles, de
-los que nada les hace mella, nada les empece, ni los mayores reveses
-de la fortuna ni los tajos de la propia naturaleza ni los mandobles de
-la ajena malignidad. Aunque todo el mundo se conjure contra ellos, no
-los sacará de su paso. No por eso dejan de comer ni pierden el sueño y
-dicen que es indolencia y aun magnanimidad.</p>
-
-<p>¿Y este otro, preguntó Andrenio, de tan gentil corpulencia, tan
-grueso y tan hinchado?</p>
-
-<p>Ése es, le respondió, de otro género de hombres, que llaman
-fantásticos y entumecidos, que tienen el cuerpo aéreo. No es aquella
-verdadera y sólida gordura; sino una hinchazón<span class="pagenum"
-id="Page_237">p. 237</span> fofa. Y se conoce en que, si los hieren, no
-les sacan sangre, sino viento, haciendo más caso de la reputación que
-pierden, que de la herida que reciben.</p>
-
-<p>Pero lo más digno de reparo fué que á todo esto, no sólo no cesaron
-de su necia porfía, cuando llegaron á ellos los tres pasajeros; antes
-renovaron con mayor empeño la pendencia. Arremetieron á la par ambos
-peregrinos á detenerlos, dejando libre al Varón de sesos, que como tal,
-en viendo la suya, dejó la ajena y se metió en salvo, dejándolos á
-ellos en el empeño. Que siempre falta el seso á lo mejor y la cordura,
-cuando más fué menester. Con harta dificultad pudieron sosegarlos,
-preguntándoles la ocasión de su debate, á que respondieron ser por
-ellos. Causóles mayor reparo y aun cuidado.</p>
-
-<p>¿Cómo por nosotros, si no nos conocéis ni os conocemos?</p>
-
-<p>Ahí veréis lo poco que han menester para empeñarse dos necios.
-Peleamos por cuál os ha de ganar y conduciros á su región muy
-opuesta.</p>
-
-<p>Si por eso es, tratad de deponer los aceros y de informarnos de
-quiénes sois y adónde pretendéis llevarnos, dejándolo á nuestra
-elección.</p>
-
-<p>Yo, dijo el primero, queriéndolo ser en todo, soy el que guío los
-mortales pasajeros á ser inmortales, á lo más alto del mundo, á la
-región de la estimación, á la esfera del lucimiento.</p>
-
-<p>Gran cosa, dijo Critilo: á esa parte me atengo.</p>
-
-<p>Y tú ¿qué intentas?, le preguntó al otro Andrenio.</p>
-
-<p>Yo soy, respondió, el que en este paraje de la vida conduzgo los
-fatigados viandantes al deseado sosiego, á la quietud y al descanso.</p>
-
-<p>Hízole grande armonía á Andrenio esto del descansar, aquello de
-tender la pierna y dedicarse á la venerable poltronería y declaróse
-luego de su banda. Creció con esto la contienda, pasando de los dos
-guerreros á los dos peregrinos, y trabóse más porfiadamente entre los
-cuatro.</p>
-
-<p>Yo, decía Andrenio, al dulce ocio me consagro. Ya es tiem<span
-class="pagenum" id="Page_238">p. 238</span>po de descansar. Trabajen
-los mozos, que ahora vienen al mundo, suden como nosotros hemos sudado,
-anhelen y revienten por conseguir los bienes de la industria y la
-fortuna; que á un viejo permítasele entregarse ya al dulce ocio y al
-descanso, atendiendo á su regalo, cuando no hace poco en vivir.</p>
-
-<p>¿Quién tal dice?, replicó Critilo. Cuanto más anciano uno, es más
-hombre, y cuanto más hombre, debe anhelar más á la honra y á la fama.
-No se ha de alimentar de la tierra, sino del cielo. No vive ya la vida
-material y sensual de los mozos ó los brutos, sino la espiritual y más
-superior de los viejos y los celestes espíritus. Goce de los frutos
-de la gloria, conseguidos con los afanes de tanta pena, corónese el
-trabajo de las demás edades con las honras de la senectud.</p>
-
-<p>Todo el precioso día gastaron en su necia altercación, asistiéndoles
-á cada uno su padrino, á Critilo el Vano, y á Andrenio el Poltrón, sin
-poderse ajustar; antes estuvieron al canto de dividirse, echando por su
-opinión cada uno. Mas Andrenio, porque no se dijese que siempre tomaba
-la contraria y quería salir con la suya, se dobló esta vez, diciendo
-que se rendía más al gusto de Critilo, que al acierto. Comenzóles
-á guiar el Fantástico y á seguirles el Ocioso, en fe de que les
-conduciría después á su paraje, no contentándoles el que emprendían,
-como lo tenía por cierto. Á pocos pasos descubrieron un empinado monte,
-con toda propiedad soberbio, y comenzó á celebrarse el Desvanecido,
-dándose todos los epítetos de grandeza.</p>
-
-<p>Mirad, decía, ¡qué excelencia, qué eminencia, qué alteza!</p>
-
-<p>¿Y dónde te dejas lo serenísimo?, replicó el Ocioso.</p>
-
-<p>Coronaba su frente un extravagante edificio, pues todo él se
-componía de chimeneas, no ya siete solas, sino setecientas, y por todas
-no paraba de salir espeso humo, que en altivos penachos se esparcía al
-aire, y todos se los llevaba el viento.</p>
-
-<p>¡Qué perennes voladores aquéllos!, ponderaba Critilo.</p>
-
-<p>¡Y qué enfadosa estancia!, decía Andrenio. ¿Quién puede vivir en
-ella? De mí digo, que ni un cuarto de hora.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_239">p. 239</span></p>
-
-<p>¡Qué bien lo entiendes!, respondió el Jactancioso; antes aquella
-es la vivienda propia de los muy personas, de los estimados y
-aplaudidos.</p>
-
-<p>Había chimeneas de todos modos, unas á la francesa, muy disimuladas
-y angostas; otras á la española, muy campanudas y huecas, para que aun
-en esto se muestre la natural antipatía de estas dos naciones, opuestas
-en todo, en el vestir, en el comer, en el andar y hablar, en los genios
-é ingenios.</p>
-
-<p>¿Veis allí, les decía el Vano, el alcázar más ilustre del orbe?</p>
-
-<p>¿De qué suerte?, replicó Andrenio.</p>
-
-<p>Y el Ocioso:</p>
-
-<p>Mejor dijeras el más tiznado, el más curado con tanta humareda.</p>
-
-<p>¿Pues hay hoy en el mundo cosa que más valga ni más se busque que el
-humo?</p>
-
-<p>¿Qué dices? ¿Y para qué puede valer, sino para tiznar el rostro,
-hacer llorar los ojos y echar á un cuerdo de su casa y aun del
-mundo?</p>
-
-<p>¿Quién tal discurre? No sólo no huyen dél las personas; sino que
-se andan tras él. Hombre hay, que por un poco de humo dará todo el
-oro de Génova, que no ya de Tíbar. Yo le ví dar á uno más de diez
-mil libras de plata por una onza de humo. Dicen que es hoy el mayor
-tesoro de algunos príncipes y que les vale una India, pues con él
-pagan los mayores servicios y con él contentan los más ambiciosos
-pretendientes.</p>
-
-<p>¿Cómo es eso, que con humo les pagan? ¿Cómo es posible?</p>
-
-<p>Sí, porque ellos se pagan de él. ¿Nunca has oído decir que con el
-humo de España se luce Roma? ¿Sabes tú qué cosa es tener un caballero
-humos de título y su mujer de condesa y de marquesa y que les llamen
-señoría? ¿Humos de mariscal, de par de Francia, de grande de España,
-de palatino de Alemania, de baiboda de Polonia? ¿Piensas tú que se
-estiman en poco estas penacheras, tremolando al aire de su vanidad?
-Con este humo de la honrilla se alienta el soldado, se alimenta el
-letrado<span class="pagenum" id="Page_240">p. 240</span> y todos se
-van tras él. ¿Qué piensas tú que fueron y son todas las insignias, que
-han inventado, ya el premio, ya la ambición, para distinguirse de los
-demás, las coronas romanas cívicas ó murales de encina ó grama, las
-cidaris persianas, los turbantes africanos, los hábitos españoles, las
-jarreteras inglesas y las bandas blancas? Un poco de humo, ya colorado,
-ya verde y de todas maneras y en todas partes plausible.</p>
-
-<p>Íbanse encaramando por aquellas alturas y subidas con buen aire y
-mucho aliento, cuando se sintió un extraordinario ruido dentro en el
-humoso palacio.</p>
-
-<p>¿Y esto más?, ponderó Andrenio. ¿Sobre humo ruido? Parece cosa de
-herrería de modo, que ya tenemos dos de aquellas tres cosas, que basta
-cada una á echar un cuerdo de sus casillas.</p>
-
-<p>También eso, acudió el Vano, es de las cosas más acreditadas y
-pretendidas en el mundo.</p>
-
-<p>¿El ruido estimado?, replicó Andrenio.</p>
-
-<p>Sí, porque aquí toda es gente ruidosa, todos se pican de hacer ruido
-en el mundo y que se hable de ellos. Para esto se hacen de sentir y
-hablan alto, hombres plausibles, hembras famosas, sujetos célebres.
-Que, si no es de ese modo, no se hace caso de un hombre en el mundo.
-Que, en no llevando el caballo campanillas ni cascabeles, nadie se
-vuelve á mirarle, el mismo toro le desprecia. Aunque sea el hombre de
-más importancia, si no es campanudo, no vale dos chochos. Por docto,
-por valiente que sea, en no haciendo ruido, no es conocido ni tiene
-aplauso ni vale nada.</p>
-
-<p>Reforzábase por puntos la vocería, que pareció hundirse el teatro de
-Babilonia.</p>
-
-<p>¿Qué será esto?, preguntó Critilo. Aquí alguna grande novedad
-hay.</p>
-
-<p>Es que vitorean algún gran sujeto, dijo el Fantástico.</p>
-
-<p>¿Y quién será el tal? Acaso algún insigne catedrático, algún
-vitorioso caudillo, decía Andrenio.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_241">p. 241</span></p>
-
-<p>No tanto como eso, respondió con mucha risa el Ocioso; en menos se
-emplean ya los vítores de estos tiempos. No será, sino que habrá dicho
-alguna chancilla de las que se usan algún farsante ó habrá recitado de
-buen aire su papel y ésa es la celebridad.</p>
-
-<p>¡Hay tal fruslería!, exclamaron. De modo ¿que éstos son los vítores
-de agora?</p>
-
-<p>Basta, que se celebra hoy más una chanza, que una hazaña. Todos
-cuantos vienen de unas partes y otras no traen otro, que referirnos,
-sino el cuentecillo, el chiste, la chancilla, y con eso pasan y se
-deslumbran los males. Más sonada es una tramoya, que una estratagema.
-Solemnizábanse en otro tiempo las graves sentencias, los heroicos
-dichos de los príncipes y señores; pero ahora la frialdad del truhán y
-el chiste de la cortesana.</p>
-
-<p>Comenzó á resonar por todas aquellas raridades del aire un bélico
-clarín, alborozando los espíritus y realzando los ánimos.</p>
-
-<p>¿Qué es esto?, preguntó Andrenio. ¿Á qué toca este noble
-instrumento, alma del aire, aliento de la fama? ¿Despierta acaso á dar
-alguna insigne batalla ó á celebrar el triunfo de alguna conseguida
-vitoria?</p>
-
-<p>Que no será eso, respondió el Ocioso; ya yo adivino lo que es, por
-la experiencia que tengo. Habrá pedido de beber algún cabo, algún
-señorazo de los muchos, que aquí yacen.</p>
-
-<p>¿Qué dices, hombre?, se impacientó Critilo. Dí que ha ejecutado
-alguna inmortal hazaña, dí que ha triunfado gloriosamente, que toca
-á beber la sangre de los enemigos; y no digas que brinda el otro en
-el banquete, que es afrenta vil emplear en acciones tan civiles las
-sublimes trompas del aplauso, reservadas á la heroica fama.</p>
-
-<p>Estaban ya para entrar, cuando se divirtió Andrenio en mirar la
-ostentosa pompa del arrogante edificio.</p>
-
-<p>¿Qué miras?, dijo el Fantástico.</p>
-
-<p>Miraba, respondió él, y aun reparaba que para ser ésta una casa
-tan majestuosa y un tanto monta de todas las ilustres ca<span
-class="pagenum" id="Page_242">p. 242</span>sas, con tantas y tan
-soberbias torres, que dejan muy abajo á las de la imperial Zaragoza y
-ocupan esas regiones del aire, parece que tiene poco fundamento y ése
-flaco y falso.</p>
-
-<p>Rióse aquí mucho el Ocioso, que siempre iba picándoles á la
-retaguardia.</p>
-
-<p>Volvióse Andrenio y en amigable confianza le preguntó si sabía de
-quién era aquel alcázar y quién le habitaba.</p>
-
-<p>Sí, dijo, y más de lo que quisiera.</p>
-
-<p>Pues dínos, así te vea yo siempre lleno de dejadme estar, ¿quién es
-el que le embaraza, si no le llena?</p>
-
-<p>Éstos, dijo, son los célebres desvanes de aquella tan nombrada
-reina, la hija sin padres.</p>
-
-<p>Causóles mayor admiración.</p>
-
-<p>Hija y sin padres ¿cómo puede ser? Contradicción envuelve. Si es
-hija, padre ha de tener y madre también, que no viene del aire.</p>
-
-<p>Antes sí y dígoos que no tiene ni uno ni otra.</p>
-
-<p>¿Pues de quién es hija?</p>
-
-<p>¿De quién? De la nada y ella lo piensa ser todo y que todo es poco
-para ella y que todo se le debe.</p>
-
-<p>¡Hay tal hembra en el mundo! ¡Y que no la conozcamos nosotros!</p>
-
-<p>No os admiréis de eso, que os aseguro que ella misma no se conoce
-y los que más la tratan menos la entienden y viven desconocidos de sí
-mismos y quieren que todos los conozcan. Y si no, preguntadle de qué se
-desvanece el otro, no ya el que se levantó del polvo de la tierra, el
-nacido entre las malvas; sino el más estirado, el que dice se crió en
-limpios pañales. Á todos cuantos hay, que todos son hijos del barro y
-nietos de la nada, hermanos de los gusanos, casados con la pudrición.
-Que, si hoy son flores, mañana estiércol, ayer maravillas y hoy
-sombras, que aquí parecen y allí desaparecen.</p>
-
-<p>Según eso, dijo Andrenio, ¿esta vana reina es ó quiere ser la
-hinchadísima Soberbia?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_243">p. 243</span></p>
-
-<p>Puntualmente, ella misma. La que, siendo hija de la nada, presume
-ser algo y mucho y todo. ¿No reparáis qué huecos, qué entumecidos
-entran todos cuantos vienen, sin tener de qué ni saberse por qué? Antes
-bien, teniendo muchas causas de confundirse. Que, si ellos oyesen lo
-que los otros dicen, se hundirían siete estados bajo tierra. Que, como
-yo suelo ponderar, las más veces entra el viento de la presunción por
-los resquicios por donde había de salir. Que hacen muchos vanidad de lo
-que debieran humillación.</p>
-
-<p>Mas id ya reprimiendo la risa, que hallaréis bien donde
-emplearla.</p>
-
-<p>Entraron y volviendo la mira á todas partes, no hallaban dónde
-parar. No se veían en toda aquella gran concavidad ni columnas firmes,
-que la sustentasen, ni salones reales ni cuadras doradas, que la
-enriqueciesen, como se ven en otros palacios; sino desvanes y más
-desvanes, huequedades sin sustancia, bóvedas con mucha necedad. Todo
-estaba vacío de importancia y relleno de impertinencia. Encaminólos el
-Desvanecido al primer desván tan espacioso y estendido como hueco y al
-punto los emprendió un cierto personaje, diciéndoles:</p>
-
-<p>Señores míos, cosa sabida es que el señor conde Claros, mi
-tartarabuelo paterno, casó...</p>
-
-<p>Aguardad, señor, le dijo Critilo: mirad no fuese el conde Oscuros,
-cuando no hay cosa más escura que los principios de las prosapias. Á
-Alciato con eso en su Emblema de Proteo, donde pondera cuán oscuros son
-los cimientos de las casas.</p>
-
-<p>Por línea recta, decía otro, probaré yo descender del señor infante
-don Pelayo.</p>
-
-<p>Eso creeré yo, dijo Andrenio: que los más linajudos suelen venir de
-Pelayo en lo pelón, de Laín en lo calvo y de Rasura en lo raído.</p>
-
-<p>Estuvo precioso otro, que hacía vanidad de que en seiscientos años
-no había faltado varón en su casa, por no decir macho.</p>
-
-<p>Riólo mucho Andrenio y díjole:</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_244">p. 244</span></p>
-
-<p>Señor mío, eso cualquier pícaro lo tiene. Y si no, veamos los
-esportilleros ¿descienden acaso de hombres ó de duendes? Desde Adán acá
-venimos todos de varón en varón, que no de trasgo en trasgo.</p>
-
-<p>Yo, decía una muy desvanecida, en verdad que vengo, y sépalo todo el
-mundo, de mi señora la infanta doña Toda.</p>
-
-<p>Poco le aprovecha eso, señora doña Calabaza, si vuestra señoría es
-doña Nada.</p>
-
-<p>Blasonaban muchos su casa de solar y ninguno contradecía. Hombre
-hubo de tan estraño capricho, que enfilaba su ascendencia de Hércules
-Pinario; que eso de el Cid y de Bernardo es de ayer. Y le averiguaron,
-curiosos de enfadados, que no descendía sino de Caco y de su mujer doña
-Etcétera.</p>
-
-<p>Que no son hidalguillos los míos, decía otra impertinentísima; sino
-un muy de los gordos.</p>
-
-<p>Y respondiéronla:</p>
-
-<p>Y aun de los hinchados.</p>
-
-<p>¿Qué bravo desván éste?, ponderaba Critilo. ¿No sabríamos cómo le
-nombran?</p>
-
-<p>Respondiéronle que aquélla era la sala del aire.</p>
-
-<p>Y lo creo, que no corre otro en el mundo.</p>
-
-<p>De la mejor cepa del reino, decía uno.</p>
-
-<p>Según eso, no será de blanco ni tinto; sino moscatel.</p>
-
-<p>Toparon un grande personaje, que estaba sacando un grande árbol de
-su genealogía, que eso de cepas es niñería. Iba injiriendo ramas de
-acá y de acullá y, después de haberse enramado mucho, paró todo en
-hojarascas, sin género de fruto.</p>
-
-<p>Desengáñense, dijo el Jactancioso, que no hay más casa en el mundo
-que la de Enríquez.</p>
-
-<p>Buena es ésa, respondió el Ocioso; pero aténgome á la de
-Manrique.</p>
-
-<p>Sí, es más rica.</p>
-
-<p>Lo que solemnizaron mucho fué ver fijar á muchos grandes escudos de
-armas á las puertas de sus casas, cuando no había<span class="pagenum"
-id="Page_245">p. 245</span> un real dentro. Por eso decía aquél que
-no hay otra sangre que la real y mis armas son reales. En esto de los
-escudos de armas había donosas quimeras. Porque unos los llenaban de
-árboles y pudieran de troncos, otros de fieras y pudieran de bestias,
-de torres de viento muchos y todo era Babilonia. Valía allí un tesoro
-un cuarto de hierro, porque decían ser vizcaíno, á pesar de el Búho
-gallego, frío, infausto y de mal pico.</p>
-
-<p>¿No notáis, decía el Poltrón, las colas, que añaden todos á sus
-apellidos: González de tal, Rodríguez de cual, Pérez de allá y
-Fernández de acullá? ¿Es posible que ninguno quiere ser de acá?</p>
-
-<p>Procuraban todos injerirse en buenos troncos y de buen tamaño, unos
-á púa, otros á escudete. Jactábanse algunos descender de las casas de
-los ricos hombres y era verdad, porque ascendieron primero por los
-balcones y ventanas.</p>
-
-<p>No se vuelve colorada mi sangre, decía un gentilhombre.</p>
-
-<p>Y respondióle otro:</p>
-
-<p>Pues de verdad que ni de carne de doncella.</p>
-
-<p>No hay cuarto como el real, concluyó Andrenio, y más, si fuere de á
-ocho.</p>
-
-<p>¡Qué cansado salgo, decía Critilo, del primer desván!</p>
-
-<p>Pues advierte que aún nos quedan muchos y más enfadosos. Dirálo
-éste.</p>
-
-<p>Era muy ostentoso, porque había en él sitiales, doseles, tronos y
-troneras.</p>
-
-<p>Aquí habéis de entrar, les dijo el Jactancioso, y ya ceremonioso,
-haciendo cortesías y zalemas: á tantos pasos una inclinación y á
-tantos otra, de modo, que á cada paso su ceremonia y á cada razón su
-lisonja. Como si entrásedes á la audiencia del rey don Pedro el Cuarto
-de Aragón, llamado el Ceremonioso, por lo puntual y por lo autorizado
-en el modo del portarse. Aquí veréis las humanidades, afectando
-divinidades; toparéis adoradas muchas estatuas de insensibilidad.
-Vieron ya en un estrado una muy desvanecida hembra, que sin título
-ni<span class="pagenum" id="Page_246">p. 246</span> realidad, se hacía
-servir de rodillas y muy mal, porque si aun ministrando el paje con
-manos y con pies y con toda la acción del cuerpo, se turba y no acierta
-á hacer cosa, ¿qué será sirviendo á medias, torciendo el cuerpo,
-doblando la rodilla, en gran daño de los búcaros y vidrios?</p>
-
-<p>Viendo esto, dijo Critilo:</p>
-
-<p>Mucho me temo que estas rodillas de estrado han de venir á parar en
-rodillas de cocina.</p>
-
-<p>Y realmente fué así, que toda aquella fantasía de adoraciones vino
-á parar en humillaciones y toda la afectación de grandeza se trocó en
-confusión de pobreza. Pero lo que les cayó muy en gusto y aun donaire
-fué ver tres casas llenas de pepitoria de familia, que con un solo
-título pretendían todos la señoría, unas por tías, otras por cuñadas,
-los hijos por herederos, las hijas por damas. De modo que entre padres
-y hijos, tíos y cuñados, llegaban á ser ciento. Y así dijo una harto
-entendida que aquella señoría parecía ciento en un pie.</p>
-
-<p>Era de reir oirles hablar hueco y entonado y con tal afectación,
-que aseguran que un cierto gran señor hizo junta de físicos para ver
-si podrían darle modo cómo hablar por el cogote, para distinguirse del
-pueblo: que eso de hablar por la boca era una cosa común y vulgar.</p>
-
-<p>Tenían muy medidas las cortesías, ¡ojalá las acciones! contados los
-pasos, que habían de dar al entrar y al salir, ¡así tuvieran ajustados
-los que daban en el vicio! Todo su cuidado ponían en los cumplimientos,
-¡ojalá en las costumbres! Todo su estudio en estos puntos, metiendo en
-ello grandes metafísicas, á quién habían de dar asiento y á quién no,
-dónde y á qué mano: que, si no fuera por esto, no supieran muchos cuál
-era su mano derecha. Causóle gran risa á Andrenio, haciendo gusto del
-enfado, ver amo, que estaba en pie todo el día, cansado y aun molido,
-manteniendo la tela de su impertinencia.</p>
-
-<p>¿Por qué no se sienta este señor, preguntó, siendo tan amigo de su
-comodidad?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_247">p. 247</span></p>
-
-<p>Y respondiéronle:</p>
-
-<p>Por no dar asiento á los otros.</p>
-
-<p>¡Hay tal impertinencia! ¡De modo que, porque no se sienten los demás
-delante dél, él tampoco se sienta delante de ellos! Y es lo bueno que
-se conciertan los tacaños en darle chasco, yéndose unos y viniendo
-otros, con que no están en pie media hora, y á él le tienen así todo el
-día.</p>
-
-<p>¿Y aquel otro por qué no se cubre, que se está helando el mundo?</p>
-
-<p>Porque no se cubran delante dél.</p>
-
-<p>Ésa sí que es una gran frialdad, pues él, como más delicado, estando
-todo el día descubierto, recoge un romadizo, con que por hacer del
-grave vendrá á ser el mocoso.</p>
-
-<p>Si daban silla á alguno, después de bien escrupuleada, y el tal
-quería acercarse para pregonar lo que pedía secreto, sentía que se
-la detenía el paje por detrás, como diciendo: <i>non plus ultra</i>. Y de
-verdad que las más veces será conveniencia, ya para no sentir el mal
-olor del afeite, cuidadoso della, ya del achaque, descuidado dél. En
-esto de las cortesías acontecía desayunarse cada mañana con un par de
-enfados. Porque había algunos de bravo humor, que se iban todo el día
-de casa en casa, de estrado en estrado, dándoles valientes sustos,
-escaseándoles la señoría, cercenándoles la excelencia. Que por eso dijo
-bien una que la pregmática de poderles dar señoría ó excelencia había
-sido ciencia para hacerles muchos desaires. Al contrario otro, cuando
-les iba á hablar, por haberles menester, llevaba consigo un gran saco
-de borra y, preguntándole para qué aquella prevención, respondió:</p>
-
-<p>De borra de cumplimientos, de paja de lisonjas y cortesías, cuanto
-quisieren, á hartar: que me cuesta poco y me vale mucho. Y más, cuando
-voy por mi negocio á pedir ó pretender, vacío mi saco de señorías y
-llénole de mercedes.</p>
-
-<p>Pero donde fué ya poco la risa y llegó á irrisión, donde Critilo
-exclamó diciendo: ¡Oh, Demócrito! ¿y dónde estás?, fué<span
-class="pagenum" id="Page_248">p. 248</span> al ver la afectada femenil
-divinidad. Porque, si ellos son vanos, ellas desvanecidas, mas siempre
-andan por estremos.</p>
-
-<p>No hay ira, dijo el Sabio, sobre la de la mujer.</p>
-
-<p>Y podría añadirse ni soberbia. Sola una tiene desvanecimiento por
-diez hombres. Bien pueden ser ellos camaleones del viento; pero á fe
-que son ellas piraustas de la humareda. Estaban endiosadas en tronos
-de borra, sobre cojines de viento, más huecas que campanas, moviendo
-aprisa los abanicos, como fuelles de su hinchazón, papando aire, que
-no pueden vivir sin él. Si caminaban, era sobre corcho. Si dormían,
-en colchones de viento ó pluma. Si comían, azúcar de viento. Si
-vestían, randas al aire, mantos de humo y todo huequedad y vanidad. Más
-profanas, cuando más superiores. Adoradas de los serviles criados, que
-desta desvanecida adoración les debieron llamar gentiles hombres, que
-no de su gallardía. No se comunicaban con todas, sino con otras como
-ellas.</p>
-
-<p>Mi prima la duquesa, mi sobrina la marquesa. En no siendo princesa,
-no hay que hablar. Traedme la taza del duque, el anis del almirante,
-visíteme el médico de los príncipes y señores, aunque sea el más
-matante, recéteme el jarabe del rey, venga ó no venga bien, basta ser
-del rey; llamadme el sastre de la princesa.</p>
-
-<p>Faltóles la paciencia y pasaron al desván de la Ciencia, que de
-verdad hincha mucho y no hay peor locura que enloquecer de entendido
-ni mayor necedad que la que se origina del saber. Toparon aquí raras
-sabandijas del aire, los preciados de discretos, los bachilleres de
-estómago, los doctos legos, los conceptistas, las cultas resabidas,
-los miceros, los sabiondos y dotorcetes; pero á todos ellos ganaban en
-tercio y quinto de desvanecimiento los puros gramáticos, gente de brava
-satisfacción. Y así decía uno que él bastaba á inmortalizar los hombres
-con su estilo y hacer emes con su pluma. Decía ser el clarín de la
-fama, cuando todos le llamaban el cencerro del orbe.</p>
-
-<p>¡Ver éstos, ponderaba Critilo, cuando estampan algún mal<span
-class="pagenum" id="Page_249">p. 249</span> librillo, la audacia con
-que entran, la satisfacción con que hablan! ¡Mal año para Aristóteles
-con todas sus metafísicas y á Séneca con sus profundidades!</p>
-
-<p>Achaque también de poetillas intrépidos, cuando desconfía Virgilio y
-manda quemar su inmortal Eneida y el ingenioso Bocalini comienza en su
-Prólogo recelando. Pues oir un astrólogo, el desvanecimiento, con que
-habla en un pronostiquillo de seis hojas y seis mil disparates, como si
-fuese el mejor tomo del Tostado.</p>
-
-<p>Aquí hallaron los Narcisos del aire, que pareció novedad. Porque
-los de los cristales, los pasados por agua, son ya vistos, aunque no
-vistosos. ¡Qué bien glosaban ellos mismos á todo lo que decían y las
-más veces era un disparate!:</p>
-
-<p>¿Digo algo?</p>
-
-<p>Arqueando las cejas.</p>
-
-<p>¿No os parece que dije bien?</p>
-
-<p>Dictaba uno de estos, que se escuchan, un memorial para el rey y
-díjole al escribiente, que no llegaba á secretario:</p>
-
-<p>Escribí, señor.</p>
-
-<p>Y no bien hubo escrito esta sola palabra, cuando le dijo:</p>
-
-<p>Leed.</p>
-
-<p>Leyó <i>señor</i> y él, cayéndosele la baba, comenzó á exclamar:</p>
-
-<p>Qué bien, señor, bien, mil veces bien.</p>
-
-<p>Había muchos déstos, que como si echaran preciosidades por la
-boca, peores que los que miran en el lienzo lo que arrojan por las
-narices, á cada palabra hacían pausa, solicitando el aplauso. Y si el
-oyente ó enfadado ó frío se les escusaba, ellos mismos le acordaban el
-descuido:</p>
-
-<p>¿Qué os parece? ¿No estuvo bien dicho?</p>
-
-<p>Pero los rematados eran algunos oradores, que en puesto tan grave y
-alto decían:</p>
-
-<p>¡Esto sí que es discurrir! Aquí, aquí ingenios míos, de puntillas,
-de puntillas.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_250">p. 250</span></p>
-
-<p>Cuando menos se tenía lo que decían, cuando menos subsistía el
-conceptillo.</p>
-
-<p>Y así decía uno déstos:</p>
-
-<p>Séneca dijo esto; pero más diré yo.</p>
-
-<p>¡Hay necedad más garrafal!, glosó Andrenio. ¡Qué esto pueda decir un
-blanco!</p>
-
-<p>Dejadlo, que es andaluz, dijo otro, ya tienen licencia.</p>
-
-<p>Esto dificultan los sabios, proseguía; yo daré la solución, yo lo
-diré y más y más.</p>
-
-<p>Juro por vida de la cordura, exclamó Critilo, que sueñan todos éstos
-en opinión de juicio y que dijo bien aquel gran monarca, habiendo oído
-á uno déstos:</p>
-
-<p>Traedme quien ore con seso.</p>
-
-<p>Y á otro semejante le apodó buñuelo de viento.</p>
-
-<p>Lástima es, ponderaba Critilo, que no haya un avisado avisador, que
-tuerza la boca, guiñe el ojo, doble el labio y se ageste de licenciado
-de Salamanca. Pero ya Momo anda á sombra de tejado y campea en su lugar
-el aplauso, cabeceando á lo necio, con la simplicísima lisonja, aquella
-hermosa, que basta á desvanecer al mismo bruto de Apuleyo.</p>
-
-<p>Señores, ponderaba Andrenio, que á los grandes hombres no les pese
-de haber nacido, que los entendidos quieran ser conocidos, súfraseles;
-pero que el nadilla y el nonadilla quieran parecer algo y mucho, que
-el niquilote lo quiera ser todo, que el villanón se ensanche, que el
-ruincillo se estire, que el que debría esconderse quiera campear,
-que el que tiene por qué callar blasfeme, ¿cómo nos ha de bastar la
-paciencia?</p>
-
-<p>Pues no hay sino tenerla y prestarla, dijo el Jactancioso. Que
-aquí no hay hombre sin penacho ni hembra sin garzota. Y muchos con
-penacheras de tornear de á doce palmos en alto y los avestruces baten
-las mayores, porque dicen les vienen nacidas. Y es de notar que, cuando
-parecían irlos dejando caer, los echan hacia atrás, haciendo cola de
-las que fueron crestas. Atended cuáles andan todos los pequeños de
-puntillas para po<span class="pagenum" id="Page_251">p. 251</span>der
-ser vistos, ayúdanse de ponlevíes, ya para hacer ruido, ya para ser
-mirados. Hombrean aquéllos y alargan el cuello para ser estimados.
-Los otros hacen de los graves muy hinchados con fuelles de lisonja y
-desvanecimiento. Précianse éstos de muy apersonados y de tener gentil
-fachada, porque los exprimidos dicen no valer nada, gente de poca
-sustancia.</p>
-
-<p>¡Oh lo que importa la buena corpulencia!, decía uno de ellos, que
-da autoridad, no sólo para con el vulgo, sino para con un Senado: que
-los más son superficiales. Suple mucha falta de alma: que un abultado
-tiene andado mucho para parecer hombre de autoridad. Gran hombre y
-gran nombre prometen gran persona: que hace mucho ruido lo campanudo y
-parece gran cosa lo abultado.</p>
-
-<p>¿Qué hiciera el mundo sin mí?, pasaba diciendo un mochillero y no
-era español.</p>
-
-<p>Mas luego pasó otro, que lo era, y decía:</p>
-
-<p>Nosotros nacimos para mandar.</p>
-
-<p>Paseaba un mal gorrón, paseando la mano por el pecho, y decía:</p>
-
-<p>¡Qué arzobispo de Toledo se cría aquí! ¡Qué patriarca!</p>
-
-<p>Yo seré un gran médico, decía otro, que tengo buen talle y mejor
-parola.</p>
-
-<p>No faltaba en Italia soldado español, que no fuese luego don Diego y
-don Alonso. Y decía un italiano:</p>
-
-<p>¿<i>Signori, en España quién guarda la pécora</i>?</p>
-
-<p>Andá, le respondió uno, que en España no hay bestias ni hay vulgo
-como en las demás naciones.</p>
-
-<p>Llegaron actualmente á darle la enhorabuena á un cierto personaje de
-harto poca monta, de una merced muy moderada, y respondía:</p>
-
-<p>Pecho hay para todo. Dándose en él dos palmadas. Procedía otro muy á
-lo fantástico, hinchando los carrillos y soplando.</p>
-
-<p>Á éste, dijo Andrenio, sin duda que no le cabe el viento y humo en
-los cascos, cuando se le rezuma por la boca.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_252">p. 252</span></p>
-
-<p>Pasó en esto otro con un gran tizón en la mano, humeando ambos.</p>
-
-<p>¿Quién es éste?, preguntaron. Y respondiéronles:</p>
-
-<p>Éste es el que pegó fuego al célebre templo de Diana. En efecto, no
-más de porque se hablase dél en el mundo.</p>
-
-<p>¡Oh mentecato!, dijo Critilo. ¿Pues no advirtió que todos le habían
-de quemar la estatua y que su fama había de ser funesta?</p>
-
-<p>Que no se le dió á él nada de eso; no pretendió mas de que se
-hablase dél en el mundo, fuese bien ó mal. ¡Oh cuántos han hecho
-otro tanto, abrasando las ciudades y los reinos, no más de porque se
-hablase de ellos, pereciendo su honra, pero no su infamia! ¡Cuántos y
-cuántos sacrifican sus vidas al ídolo de la vanidad, más bárbaros que
-los caribes, exponiéndose á los choques y á los asaltos, no más de por
-andar en las gacetas, embarazando las cartas novas!</p>
-
-<p>¡Qué caro ruido!, ponderaba Critilo: dígole sonada necedad.</p>
-
-<p>Pero no se admiraron ya de haber visto todos estos imaginarios
-espacios, con caramanchones de la loca fantasía, desde el un cabo
-del mundo al otro, comenzando por Inglaterra, que es el estremo del
-desvanecimiento y aun de toda monstruosidad, compitiendo la belleza de
-sus cuerpos con la fealdad de sus almas. No estrañaron ya el desván de
-los necios linajudos ni el de los poderosos altivos por verse en alto,
-el de los hinchados sabios, de las insufribles hembras, con todos los
-demás. El que les hizo grande novedad fué uno, llamado el desván viejo,
-lleno de ratones ancianos, muy autorizados de canas y de calvas.</p>
-
-<p>Basta, dijo Andrenio, que yo siempre creí que el encanecer era un
-rezumarse el mucho seso; y agora conozco que en los más no es sino
-quedárseles el juicio en blanco.</p>
-
-<p>Escucharon lo que conversaban y hallaron que todo era jactarse y
-alabarse.</p>
-
-<p>En mi tiempo, decía uno, cuando yo era, cuando yo hacía<span
-class="pagenum" id="Page_253">p. 253</span> y acontecía, entonces sí
-que había hombres; que agora todos son muñecas.</p>
-
-<p>Yo conocí, yo traté, decía otro, ¿no os acordáis de aquel gran
-maestro, el otro famoso predicador, pues aquel gran soldado? ¡Qué
-grandes hombres había en todo género de cosas! ¡Qué mujeres! Más valía
-una de entonces, que un hombre de agora.</p>
-
-<p>Desta suerte están todo el día diciendo mal del siglo presente,
-que no sé cómo los sufre. Nadie les parece que sabe, sino ellos. Á
-todos los demás tienen por mozos y por muchachos, aunque lleguen á los
-cuarenta y, mientras ellos viven, nunca llegan los otros á ser hombres
-ni á tener autoridad ni mando. Luego les salen con que ayer vinieron
-al mundo, que aún se están con la leche en los labios y con el pico
-amarillo.</p>
-
-<p>Antes que vos nacierais, antes que vinierais al mundo, ya yo estaba
-cansado.</p>
-
-<p>Y no miente, que á fe lo son de todas maneras, jactanciosos,
-vanagloriosos, ocupando uno de los más encaramados desvanes. Finalmente
-llegaron á otro tan estremo de fantástico, que dejaba muy atrás todos
-los pasados. Tenía dos gigantes columnas á la puerta, como <i>non plus
-ultra</i> del desvanecimiento. Negábanles la entrada y hubiera sido
-conveniencia, porque, después de haber desperdiciado ruegos éstos y
-conciliado estimaciones aquéllos, al abrir ya la ostentosa puerta,
-digo puerto de torbellinos de viento, de tempestades, de vanidad,
-les embistió una tal avenida de humos y de fantasías, que dudaron si
-se habría reventado en el Vesubio algún volcán. Y fué tal el tropel
-de enfados, que, no le pudiendo tolerar, volvieron las espaldas á lo
-cuerdo. Pero qué desván de desvanes fuese el tal, promete decirlo la
-siguiente Crisi.</p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_3_8">
- <p><span class="pagenum" id="Page_254">p. 254</span></p>
- <h3 class="g1 ws1">CRISI VIII</h3>
- <p class="subh3c"><i>La cueva de la nada.</i></p>
-</div>
-
-<p>Á todas luces anduvieron desalumbrados los que dijeron que pudiera
-estar el mundo mejor trazado de lo que hoy lo está, con las mismas
-cosas de que se compone. Preguntados del modo, respondían que todo al
-revés de como hoy le vemos. Esto es, que el sol había de estar acá
-bajo ocupando el centro del universo y la tierra acullá arriba donde
-agora está el cielo en ajustada distancia. Porque de esa suerte los que
-hoy se experimentan azares, entonces se lograran conveniencias. Fuera
-siempre día claro, viéramosnos las caras á todas horas y procediéramos
-con lisura. Pues á la luz del mediodía con esto no hubiera noches
-prolijas para desazonados ni largas para enfermos ni capas de maldad
-para bellacos. No padeciéramos las desigualdades de los tiempos, las
-inclemencias del cielo ni la destemplanza de los climas. No hubiera
-invierno triste y encapotado, con nieves, nieblas y escarchas. No se
-sonaran los romadizos ni tosiéramos con los catarros. No conociéramos
-sabañones en el invierno ni sarpullido en el verano. No hubiera que
-emperezar por las mañanas ni que estar todo el día tragando humo á una
-chimenea, calentándonos por un lado y resfriándonos por el otro. No
-pasáramos el estío sudando, basqueando, dando vuelcos toda la noche
-por la cama. Escapáramonos de una tan intolerable plaga de sabandijas,
-enemigos ruincillos, mosquitos que pican y moscas que enfadan. Fuera
-siempre una primavera alegre y regocijada. No duraran solos quince
-días las rosas ni solos dos meses las flores. Cantaran todo el año los
-ruiseñores y fuera continuo el regalo de las guindas. No conociéramos
-entonces ni groseros Diciembres, ni Julios apicarados, con tanto
-desaliño. Todos fueran verdes<span class="pagenum" id="Page_255">p.
-255</span> Abriles y floridos Mayos á uso del paraíso, conduciendo
-todas estas comodidades á una salud de bronce y á una felicidad de
-oro.</p>
-
-<p>Otra cosa: que fuera cien veces mayor la tierra, pues todo lo que
-ahora es cielo, repartida en muchas y mayores provincias, habitadas de
-cultas y políticas naciones, no informes, sino uniformes, porque no
-hubiera entonces negros, chichimecos ni pigmeos, salvajes, etcétera.</p>
-
-<p>Otrosí: que no fuera tan seca España, airosa la Francia, húmeda
-Italia, fría Alemania, aneblada Inglaterra, hórrida Suecia y abrasada
-la Mauritania. Así que toda la tierra fuera un paraíso y todo el mundo
-un cielo.</p>
-
-<p>Deste modo discurrían hombres blancos y aun aplaudidos de sabios;
-pero, bien examinado este modo de echarse á discurrir, no tanto puede
-pasar por opinión, cuanto por capricho de entendimientos noveleros,
-amigos de trastornarlo todo y mudar las cosas cuadradas en redondas,
-dando materia de risa al sentencioso Venusino. Éstos, por huir de un
-inconveniente, dieron en muchos y mayores, quitando la variedad y
-con ella la hermosura y el gusto, destruyendo de todo punto el orden
-y concierto de los tiempos, de los años, los días y las horas, la
-conservación de las plantas, la sazón de los frutos, el sosiego de
-las noches, el descanso de los vivientes, procediendo á todo esto
-sin estrella, pues las habrían de desterrar todas por ociosas, no
-hallándolas ocupación ni puesto. Pero á todos estos desconciertos
-¿qué había de hacer el sol inmoble y apoltronado en el centro del
-mundo, contra toda su natural inclinación y obligación, que á fuer de
-vigilante príncipe pide moverse sin parar, dando una y otra vuelta por
-toda su lucida monarquía?</p>
-
-<p>He, que no es tratable eso; muévase el sol y camine, amanezca en
-unas partes y escóndase en otras, véalo todo muy de cerca y toque las
-cosas con sus rayos, influya con eficacia, caliente con actividad
-y refresque con templanza y retírese con alternación de tiempos
-y de efectos, aquí levanté vapores, allí<span class="pagenum"
-id="Page_256">p. 256</span> conmueva vientos, hoy llueva, mañana nieve,
-ya cubierto, ya sereno, ande, visite, vivifique, pase y pasee de la una
-India á la otra, déjese ver ya en Flandes, ya en Lombardía, cumpliendo
-con las obligaciones de universal monarca del orbe, que, si el ocio
-dondequiera es culpable vicio, en el príncipe de los astros sería
-intolerable monstruosidad.</p>
-
-<p>Deste modo iban altercando el Honroso y el Ocioso. Éste que ya los
-guiaba y aquél que les seguía.</p>
-
-<p>Ora, dejaos, dijo Andrenio, de caprichosas cuestiones y decidnos
-¿qué desván fuese aquel último y tan estremado?</p>
-
-<p>Aquel, respondió el Fantástico, es el de los primeros hombres del
-mundo, de los que ocupan la coronilla de Europa y aun la coronan. Y
-por eso tan altivos, que realmente tienen valor, pero se lo presumen;
-saben, pero se escuchan; obran, pero blasonan.</p>
-
-<p>¡Oh, qué capaz me pareció!, decía Critilo.</p>
-
-<p>Sí, el más hueco, porque es un agregado de todos los otros. Haced
-cuenta que estuvisteis á las mismas puertas de la plausible Lisboa.</p>
-
-<p>Sí, sí, exclamaron: el desván de los fidalgos portugueses. Cierto
-que serían famosos, si no fuesen fumosos; pero responden ellos que
-no puede dejar de haber mucho humo donde hay mucho fuego. Llámanles
-sebosos vulgarmente; pero ellos échanlo á crueles en sus memorables
-batallas. Tomaron mucho de su fundador Ulises, con que no se topa jamás
-portugués ni bobo ni cobarde.</p>
-
-<p>Pésame que no entrásedes allá, dijo el Holgón, porque hubiéradeis
-visto estremados pasajes de fantasía. Que, como en otras partes se
-fijó el <i>non plus ultra</i> del valor, aquí el de la presunción. Allí
-hubiéradeis topado hidalguías de á par de Deus, solares de antes de
-Adán, enamorados perenales, poetas atronados, aunque ninguno aturdido,
-músicos de quita allá, ángeles, ingenios prodigiosos sin rastro de
-juicio. Y en una palabra, cuando las demás naciones de España, aun los
-mismos<span class="pagenum" id="Page_257">p. 257</span> castellanos,
-alaban sus cosas con algún recelo, por excelentes que sean, yendo con
-tiento en celebrarlas: ¿esto vale algo?, es así así, parece bueno,
-los portugueses alaban sus cosas á todo hipérbole, á superlativa
-satisfación: ¡cosa famosa, cosa grande, la primera del mundo, no se
-hallará otra como ella en todo el orbe, que eso de Castela es poca
-cosa!</p>
-
-<p>Aguarda, dijo Critilo, entre éstas y éstas ¿dónde nos llevas? Que me
-parece vamos dando gran baja, pasando de estremo á estremo.</p>
-
-<p>No os dé cuidado, les respondió su flemático Guión, que os prometo
-que sin cansaros os habéis de hallar en el más holgado país del mundo,
-en el de los acomodados y que saben vivir. Asegúroos que son sombra
-suya los decantados Elisios y que los asombra. Aquí toparéis los
-hombres de buen gusto, los que viven y gozan.</p>
-
-<p>Mas, apenas dejaron el empinado monte, cuando entraron á glorias
-en un ameno y alegre prado, centro de delicias, estancia del buen
-tiempo, ya sea la primavera, coronada de flores, ya el otoño de
-frutas. Ostentábanse aquellos suelos cubiertos de alfombras del Abril,
-matizadas de Flora, recamadas de líquidos aljófares por las bellas
-niñas de la más alegre Aurora, si bien no se lograba fruto alguno.
-Comenzaban á registrar todas aquellas floridas campiñas, alternadas
-de huertas, parques, florestas y jardines y de trecho á trecho se
-levantaban vistosos edificios, que parecían casas todas de recreación.
-Porque allí campeaba la Tapada de Portugal, Buena Vista de Toledo,
-la Troya de Valencia, Comares de Granada, Fontanable de Francia, el
-Aranjuez de España, el Pusicio de Nápoles, Belveder de Roma. Fuéronse
-empeñando por un paseador espacioso y delicioso y no tan común, que no
-encontrasen gente de buen porte y de deporte, más lucios, que lucidos.
-Y entre muchos personajes muy particulares, ninguno conocido. Tomaban
-todos el viaje muy de espacio.</p>
-
-<p><i>Pian piano</i>, decían los italianos.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_258">p. 258</span></p>
-
-<p>No vivir aprisa, repetían los españoles.</p>
-
-<p>Porque mirad, glosaba el <i>bel poltroni</i>, todos al cabo de la jornada
-de la vida llegamos á un mismo paradero, los sagaces tarde y los necios
-temprano. Unos llegan molidos, otros holgados, los sabios mueren, mas
-los tontos revientan. Estos hechos pedazos y aquellos muy enteros. Y de
-verdad que, pudiendo llegar algunos años después, que es gran necedad
-veinte años antes ni una hora.</p>
-
-<p>Saber un poco menos y vivir un poco más, iba diciendo uno.</p>
-
-<p>Y no os envidiéis los buenos ratos, les encargaba otro.</p>
-
-<p>No os queráis sisar los buenos días: <i>placheri placheri y mas
-placheri</i>, decía un italiano.</p>
-
-<p>Holgueta, holgueta, un español.</p>
-
-<p>Encontraban á cada paso estancias de mucho recreo, donde no
-trataban sino de darse un buen verde y dos azules y los que podían
-gozar de dos primaveras no se contentaban con una. Allí vieron los
-bailetes franceses, haciéndose piezas los mismos monsieures, bailando
-y silbando, los toros y cañas españolas, los banquetes flamencos, las
-comedias italianas, las músicas portuguesas, los gallos ingleses y las
-borracheras septentrionales.</p>
-
-<p>¡Qué lindo país, decía Andrenio, y lo que me va contentando! Esto sí
-que es vivir y no matarse.</p>
-
-<p>Pero notad, dijo el Fantástico, toda esta bulla, el poco ruido que
-hace en el mundo.</p>
-
-<p>¡Y que con tanto juglar, no sean estos hombres sonados!</p>
-
-<p>No es gente ruidosa, respondió el Dejado, no gustan de meter ruido
-en el mundo.</p>
-
-<p>Tampoco veo hombre conocido y, con pasar tantas carrozas llenas de
-príncipes y señores, no veo que sean nombrados.</p>
-
-<p>Es que lo disimulan y no poco.</p>
-
-<p>Toparon una gran muela de gentes y no personas. Tenían rodeado un
-monstruo de gordura, que no se le veían los ojos; pero sí una gran
-panza, colgada al cuello de un banda.</p>
-
-<p>¿Qué pesado hombre será éste?, dijo Andrenio.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_259">p. 259</span></p>
-
-<p>Pues te aseguro que lo es harto más un flaco, un podrido, un
-consumido ú consumidor, un estrecho, un estrujado. Que antes los muy
-gruesos de ordinario son más llevaderos, digo tolerables.</p>
-
-<p>Estaba dando reglas de <i>accomodabuntur</i>, hecho un oráculo de la
-propia <i>comodité</i>.</p>
-
-<p>¿Qué cosa es ésta?, preguntó Critilo.</p>
-
-<p>Ésta es, le respondieron, la escuela donde se enseña á vivir.
-Llegaos por vuestra conveniencia y aprenderéis á alargar los años y á
-estirar la vida.</p>
-
-<p>Llegaban unos y otros á consultarle aforismos de conservarse y él
-los daba y los platicaba. Estaba actualmente diciendo:</p>
-
-<p><i>E yo volo videre quanto tempo potrá acampare un bel poltroni.</i></p>
-
-<p>Y repantigóse en una silla poltrona.</p>
-
-<p>Sin duda que esta es la escuela de Epicuro, dijo Andrenio.</p>
-
-<p>No será, respondió Critilo: que aquel filósofo no hablaba
-italiano.</p>
-
-<p>¡Qué importa, si lo obraba y lo vivía! Sea lo que fuere, éste puede
-ser maestro de aquel otro.</p>
-
-<p>Llegó uno, que platicaba en pachorra y díjole:</p>
-
-<p><i>Messere</i>, ¿qué remedio para tener buenos días y mejores años?</p>
-
-<p>Aquí él, abriendo un geme de boca de los del gigante Goliat,
-habiendo hecho la salva á carcajadas, le respondió:</p>
-
-<p><i>Bono</i>, <i>bono</i>, sentaos, que mientras pudiereis estar sentado, nunca
-habéis de estar en pie. Yo os quiero dar mejor regla de todas, la nata
-del vivir; pero habéismela de pagar en trentines catalanes.</p>
-
-<p>No será posible, respondió.</p>
-
-<p>¿Por qué no?</p>
-
-<p>Porque no han dejado uno tan solo los monsieures.</p>
-
-<p>Buen remedio, sean de los del duque de Alburquerque, que con un
-par me contento. <i>Ora va de regola, attentione. No pillar fastidio de
-nienti.</i></p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_260">p. 260</span></p>
-
-<p>¿De nada, <i>Messere</i>?</p>
-
-<p><i>De nienti.</i></p>
-
-<p>¿Aunque se muera una hija, una hermana?</p>
-
-<p><i>De nienti.</i></p>
-
-<p>¿Ni la mujer?</p>
-
-<p>Menos.</p>
-
-<p>¿Una tía de quien heredé?</p>
-
-<p>Oh, que cosa aquesta. Aunque se os muera todo un linaje entero de
-madrastras, cuñadas y suegras, haced los insensibles y decid que es
-magnanimidad.</p>
-
-<p><i>Messere</i>, preguntó otro, y para tener buenas comidas y mejores
-cenas, ¿cómo haría yo?</p>
-
-<p>Gastad en buenas ollas, lo que ahorréis de malas nuevas.</p>
-
-<p>¿Pues cómo haría yo para no oirlas?</p>
-
-<p>No escucharlas. Haced lo que aquel otro avisado, que al criado, que
-se descuidaba en decir algo, que de mil leguas le pudiese desazonar ó
-darle pena, al punto lo mandaba despedir de su servicio.</p>
-
-<p><i>Patrono mio caro</i>, entró otro platicante de acomodado, todo eso
-es niñería con lo que yo pretendo. Decidme, ¿cómo haría yo, aunque me
-costase perder media hora de sueño, el no dormir una siesta para llegar
-á vivir unos, unos...?</p>
-
-<p>¿Qué? ¿Cien años?</p>
-
-<p>Más.</p>
-
-<p>¿Ciento y veinte?</p>
-
-<p>Poco es eso.</p>
-
-<p>¿Pues cuánto queréis vivir?</p>
-
-<p>Lo que ya hay ejemplar, lo que se vivía antiguamente.</p>
-
-<p>¿Qué? ¿Novecientos años?</p>
-
-<p>Sí, Sí.</p>
-
-<p>No tenéis mal gusto.</p>
-
-<p>¿Cómo haría yo para llegar siquiera á unos ochocientos?</p>
-
-<p>¿Para llegar decís? Mas, en llegando, ¿qué más tiene que hayan sido
-mil, que ciento?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_261">p. 261</span></p>
-
-<p>Aunque no fuesen sino unos quinientos.</p>
-
-<p>No puede ser eso, respondió.</p>
-
-<p>¿Por qué no?</p>
-
-<p>Porque no se usa.</p>
-
-<p>Pues así como vuelven todos los demás usos, ¿por qué no podría
-volver éste al cabo de los años mil y aun de los cuatro mil?</p>
-
-<p>¿No veis vos que los buenos usos nunca más vuelven ni lo bueno á
-tener vez?</p>
-
-<p>Pues, <i>Messere</i>, ¿cómo hacían aquellos primeros hombres del tiempo
-antiguo para vivir tanto?</p>
-
-<p>¿Qué? Ser buenos hombres, como quien no dice nada. No se pudrían de
-cosa, porque no había entonces mentiras ni aun en los casamientos ni
-escusas para no pagar ni largas para cumplir. No había preguntadores
-que matan, habladores que muelen, porfiados que atormentan, necios
-cansados que aporrean. No había quien estorbase ni mujeres tijeretas,
-criados rezongones. No mentían los oficiales ni aun los sastres. No
-había abogados ni alguaciles. Y lo que es más que todo eso, no había
-médicos. Y con que inventaron mil cosas, Júbal la música, Tubal Caín
-el hierro, no hubo hombre, que se aplicase á ser boticario. Así que
-nada había de todo esto: mirá si habían de vivir á ochocientos y á
-novecientos años los hombres, siendo tan personas. Quitadme vos todos
-estos topes, que yo os daré luego que vivan á mil y aun á dos mil años.
-Porque cada cosa déstas basta á quitar cien años de vida y hacer que
-se pudra y se consuma y se mate un hombre en cuatro días. Y digo que
-aun es milagro que vivan tanto; sino que á puro de ser buenos hombres
-viven algunos, que para éstos es el mundo. Otra cosa os sé decir, que
-según van de cada día empeorándose las materias, agotándose los bienes
-y aumentándose los males, adelantándose los malos usos, temo que se ha
-de ir acortando la vida de modo que no lleguen á ceñirse espada los
-hombres ni aun á atacarse las calzas.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_262">p. 262</span></p>
-
-<p><i>Messere</i>, le replicó, será imposible eso y más en los tiempos,
-que alcanzamos, quitar que no haya pleitos, injusticias, falsedades,
-tiranías, latrocinios, ateísmos acá y herejías acullá. Pues tampoco
-faltarán guerras que destruyan, hambres que consuman, pestes que acaben
-y rayos que asuelen.</p>
-
-<p>Íbase ya muy desconsolado éste, cuando le llamó el <i>bel poltroni</i> y
-le dijo:</p>
-
-<p>Ora, mire V. señoría, que no querría que se fuese triste de mi
-jovial presencia. Yo le daré una recetilla de conservar el individuo,
-que es hoy la más válida en Italia y la más corriente en todo el mundo
-y es ésta: <i>Cena poco, usa el foco, in testa capelo e poqui pensieri en
-el cerbelo. ¡Oh, la bella cosa!</i></p>
-
-<p>¿De modo que me dice V. señoría que pocos cuidados?</p>
-
-<p><i>Poquissimi.</i></p>
-
-<p>Según eso ¿no me conviene á mí el ser hombre de negocios ni asistir
-al despacho?</p>
-
-<p>Por ningún caso.</p>
-
-<p>¿Ni ministro?</p>
-
-<p>Menos.</p>
-
-<p>¿Ni tratar de avíos, llevar cuentas, ser asentista, mayordomo?</p>
-
-<p>De ningún modo.</p>
-
-<p>¿Ni estudiar mucho ni pleitear ni pretender?</p>
-
-<p><i>Nata, nata de todo eso, nunca trabajar de cabeza</i> y, en una
-palabra, <i>non curare de niente</i>.</p>
-
-<p>Desta suerte acudían unos y otros á consultarle <i>de tuenda
-valetudine</i> y á todos respondía muy al caso: á éste, folgueta; á aquél,
-vita bona, y á todos <i>andiamo alegremente</i>. Y á un cierto personaje
-bien grave le encargó mucho aquello de las sesenta ollas al mes.</p>
-
-<p>Paréceme, dijo Critilo, que toda esta ciencia del saber vivir y
-gozar para en pensar en nada y hacer nada y valer nada. Y como yo trato
-de ser algo y valer mucho, no se me asienta esta poltronería.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_263">p. 263</span></p>
-
-<p>Y con esto dió prisa en pasar adelante, siguiéndole Andrenio con
-harto dolor de su corazón, que le ahumaban mucho aquellas liciones y
-iba repasando su aforismo: <i>Non curare de niente</i>; sino del vientre.</p>
-
-<p>Pasaron adelante y entre varias tropelías del gusto, casas de gula
-y juego, toparon una gran casa, que repetía para palacio, con sus
-empinadas torres, soberbios homenajes y en medio de su majestuosa
-portada, en el mismo arquitrabe, se leía este letrero:</p>
-
-<p>Aquí yace el príncipe de tal.</p>
-
-<p>¿Cómo que yace? se escandalizó Andrenio. Yo le he visto pocas horas
-ha y sé que es vivo y que no piensa en morir tan presto.</p>
-
-<p>Eso creeré yo, le respondió el Honroso. También es verdad que aquí
-vivieron muchos héroes, antepasados suyos; pero el que aquí yace, que
-no vive, muerto es y huele tan mal, que todos se tapan las narices,
-cuando sienten la hediondez de sus viciosas costumbres. Ni es él solo
-el que yace; sino otros muchos sepultados en vida, amortajados entre
-algodones y embalsamados entre delicias.</p>
-
-<p>¿Cómo sabes tú que están muertos?, dijo el Ocioso.</p>
-
-<p>¿Y cómo sabes tú que están vivos?, replicó el Vano.</p>
-
-<p>Porque los veo comer.</p>
-
-<p>¿Pues qué, el comer es vivir?</p>
-
-<p>¿No les oyes roncar?</p>
-
-<p>Eso es decir que están muertos desde que nacieron y pasan plaza
-de finados, pues ya llegaron al fin del ser personas. Que, si la
-definición de la vida es el moverse, éstos no tienen acción propia ni
-obran cosa que valga. ¿Qué más muertos los quieres?</p>
-
-<p>Lastimábase Critilo de ver tal crueldad, que enterrasen los hombres
-vivos, y rióse el Vano de su llanto, diciéndole:</p>
-
-<p>Advierte que ellos mismos, por no matarse, se sepultan en vida y se
-vienen por su pie á enterrar en los sepulcros del ocio, en las urnas de
-la flojedad, quedando cubiertos del polvo del eterno olvido.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_264">p. 264</span></p>
-
-<p>¿Quién será aquel señor, que yace en aquel sepulcro de la hedionda
-lascivia?</p>
-
-<p>Quien no será más de lo que hasta hoy ha sido. Y de aquel otro antes
-se supo que fué muerto, que vivo, ó fué su nacer el morir. Mirad aquel
-príncipe: no hizo más ruido que el de su primero llanto, cuando entró
-en el mundo.</p>
-
-<p>He reparado, dijo Critilo, que no se topa un caballero francés
-sepultado en vida, habiendo tantos de otras naciones.</p>
-
-<p>Ésa, dijo el Honroso, es una singular prerrogativa de la nación
-francesa, que lo bueno se debe aplaudir. Sabed que en aquel belicoso
-reino ninguna damisela admitirá para esposo al que no hubiere asistido
-en algunas campañas. Que no los sacan para el tálamo del túmulo
-del ocio. Desprecian los Adonis de la corte, por los Martes de la
-campaña.</p>
-
-<p>¡Oh, qué buen gusto de madamas! Esa misma reputación introdujo la
-Católica reina doña Isabel en su palacio, entre sus damas; aunque duró
-poco, habiendo sido la primera, que se sirvió de las hijas de grandes
-señores.</p>
-
-<p>Estaban llenos aquellos holgazanes sepulcros, no de muertos vivos,
-sino de vivos muertos; y no sólo de los mayorazgos de las ilustres
-casas, sino de segundones, sucesores de retén, de terceros y de
-cuartos, sin que saliesen á medrar y valer ni en las campañas ni en
-las Universidades. Todos yacían en las mesas del juego, en el cieno de
-la torpeza, en el regazo de la ociosidad, única consorte del vicio. Y
-lo que es más, á vista de sus padrazos y madroñas, penándose de que
-les duela una uña y no haciendo caso de que les duela la honra y la
-conciencia con tan traidora piedad.</p>
-
-<p>Llegaron, después de haber paseado toda aquella dilatada compañía
-de la ociosidad, los prados del deporte y campo franco de los vicios,
-á dar vista á una tenebrosa gruta, boquerón funesto de una horrible
-cueva, que yacía al pie de aquella soberbia montaña, en lo más humilde
-de su falda, antípoda del empinado alcázar de la estimación honrosa,
-opuesta á él de to<span class="pagenum" id="Page_265">p. 265</span>das
-maneras. Porque, si aquél se encumbraba á coronarse de estrellas, ésta
-se abatía á sepultarse en los abismos del olvido.</p>
-
-<p>Allí todo era empinarse al cielo; aquí, rodar por el suelo. Que para
-todo se hallan gustos: más de malos, que de buenos. Había la distancia
-de uno á otra, que va de un estremo de altivez á otro de abatimiento
-y vileza. Campeaba más la entrada, cuanto más oscura y tenebrosa. Que
-su mismo deslucimiento la hacía más notable. Era muy espaciosa, nada
-suntuosa, sin género alguno de simetría, basta y bruta. Y con ser tan
-fea y tan horrible, embocaba por ella un mundo de cosas. Los coches de
-á tres tiros, muy holgados, carrozas tiradas de seis pías y las más
-veces remendadas, sillas de mano, literas y trineos. Pero ningún carro
-triunfal.</p>
-
-<p>Estábaselo mirando Andrenio poco menos que aturdido; mas Critilo,
-solicitado de su mucha, aunque no ordinaria, curiosidad, comenzó á
-inquirir qué cueva fuese aquélla. Aquí el Honroso, sacando un gran
-suspiro del profundo de su sentimiento, dijo:</p>
-
-<p>¡Oh cuidados de los hombres! ¡Oh cuán mucha es la nada! Sabrás, oh
-Critilo, que ésta es aquella tan conocida cuan poco celebrada cueva,
-sepultura de tantos vivos, éste es el paradero de las tres partes del
-mundo, ésta es, y no te escandalices, la cueva de la nada.</p>
-
-<p>¿Cómo de la nada, replicó Andrenio, cuando yo veo desaguar en ella
-la gran corriente del siglo, el torrente del mundo, ciudades populosas,
-cortes grandes, reinos enteros?</p>
-
-<p>Pues advierte que, después de haber entrado allá todo eso que tú
-dices, se queda vacía.</p>
-
-<p>He, mira cuántos van entrando allá.</p>
-
-<p>Pues no hallarás persona dentro.</p>
-
-<p>¿Qué se hacen?</p>
-
-<p>Lo que hicieron.</p>
-
-<p>¿En qué paran?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_266">p. 266</span></p>
-
-<p>En lo que obraron. Fueron nada, obraron nada y así vinieron á parar
-en nada.</p>
-
-<p>Llegó en esto á querer entrar un cierto sujeto y, hablando con
-ellos, les dijo:</p>
-
-<p>Señores míos, yo lo he probado todo y no he hallado oficio ni empleo
-como no hacer nada.</p>
-
-<p>Y colóse dentro. Venía encaminado á ella un otro gran personaje con
-numerosa comitiva de lacayos y gentiles hombres, á toda prisa de su
-antojo, sin poderle detener ni los ruegos de sus más fieles criados ni
-los consejos de sus amigos. Salióle al paso el Honroso y díjole:</p>
-
-<p>Señor excelentísimo, serenísimo, sea lo que fuere, ¿cómo hace esto
-V. excelencia, pudiendo ser un príncipe famoso, el héroe de su casa, el
-aplauso de su siglo, obrando cosas memorables y hazañosas, llenando su
-familia de blasones? ¿Por qué se quiere sepultar en vida?</p>
-
-<p>Quitaos de ahí, le respondió, que no quiero nada ni se me da nada de
-todo; mas quiero hacer mi gusto y gozar de mi regalo. ¿Yo cansarme? ¿Yo
-molerme? ¡Bueno por mi vida! Nada, nada de eso.</p>
-
-<p>Y diciendo y no haciendo, metióse dentro á nunca más ser nombrado.
-Tras éste venía un mozo galancete, más estirado de calzas que de
-hombros y con tanta resolución como disolución, se fué á meter allá.
-Gritóle el Honroso, diciendo:</p>
-
-<p>Señor don Fulano, una palabra de una obra: ¿pues cómo un hijo de
-un tan gran padre, que llenó el mundo de sus heroicos aplausos, que
-floreció tanto en su siglo, así se quiere marchitar y sepultarse en el
-ocio y en el vicio?</p>
-
-<p>Mas él, atropellando con todo:</p>
-
-<p>No me enfadéis, le dijo, no me deis consejos: obraron tanto mis
-antepasados, que no me dejaron qué hacer. No se me da nada de no ser
-algo.</p>
-
-<p>Y lanzóse allá á no ser nunca visto ni oído.</p>
-
-<p>Desta suerte y tan sin dicha entraban unos y otros, estos y<span
-class="pagenum" id="Page_267">p. 267</span> aquéllos, que se despoblaba
-el mundo y nunca se llenaba la infeliz sima de las honras y de las
-haciendas. Entraban caballeros, títulos, señores y aun príncipes. Y
-admirados de ver uno muy poderoso le dijeron:</p>
-
-<p>¿Y vos, señor, también venís á para acá?</p>
-
-<p>No vengo, respondió él; sino que me traen.</p>
-
-<p>Á fe que no es buena escusa.</p>
-
-<p>Entraban hombres de valor á valer nada, floridos ingenios á
-marchitarse, hombres de prendas á nunca desempeñarse. Pasaban del
-holgarse y del entretenerse á no ser estimados y del prado á la cueva
-de la nada, condenados á olvido sempiterno. Tenía ya el un pie en el
-umbral de la cueva un cierto personaje, que parecía de importancia,
-cuando llegó un otro de barbas tan agrias como su condición, que
-parecía persona de gobierno. Y tirándole de la capa, le dió un recado
-de parte de su gran dueño, ofreciéndole una embajada de las de primera
-clase y que otros muchos la pretendían; mas él, haciendo burla, no la
-quiso aceptar, diciendo:</p>
-
-<p>Yo renuncio todos los cargos con las cargas.</p>
-
-<p>Volvióle á hacer instancia tomase un bastón de general y él:</p>
-
-<p>Quita allá, que no quiero nada, sino á mí mismo y todo entero.</p>
-
-<p>¡Siquiera un virreinato!</p>
-
-<p>Nada, nada; déjenme estar en mis gustos y mis gastos.</p>
-
-<p>Y quedóse muy casado con su nada.</p>
-
-<p>Válgate por cueva de la nada, decía Critilo, y lo que te sorbes y te
-tragas.</p>
-
-<p>Estaban dos ruincillos, que no les dieran del pie, arrojando á
-puntillazos allá dentro á muchos hombres grandes, gente sin cuento por
-no ser de cuenta, sin darse manos de echar por no tenerlas.</p>
-
-<p>Allá van, decían, noblezas, hermosuras, gallardías, floridos años,
-bizarrías, galas, banquetes, paseos, saraos, entretenimientos, al
-covachón de la nada.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_268">p. 268</span></p>
-
-<p>¡Hay tal monstruosidad!, se lastimaba Critilo. ¿Y quién es esta vil
-canalla?</p>
-
-<p>Aquel es el Ocio y este otro es el Vicio, camaradas inseparables.</p>
-
-<p>Oyeron que estaba un ayo ponderándole á un hijo segundo de una de
-las mayores casas del reino:</p>
-
-<p>Mirad, señor, que podéis ser mucho.</p>
-
-<p>¿Cómo?</p>
-
-<p>Queriendo.</p>
-
-<p>He, que nací tarde.</p>
-
-<p>Adelantaos con la industria y con el mérito, recompensando con
-el valor el poco favor de la fortuna, que ése fué el atajo del
-Gran Capitán y algunos otros, que se aventajaron á sus venturosos
-mayorazgos. Pudiendo ser un león en la campaña, ¿queréis ser un lechón
-en el cenagal de la torpeza? Oid cómo os llaman los bélicos clarines á
-emplear las trompas de la fama. Cerrad los oídos á las cómicas Sirenas,
-que os quieren echar á pique de valer nada.</p>
-
-<p>Mas él, haciendo chanzas de las hazañas, respondía:</p>
-
-<p>¿Yo balas, yo asaltos, yo campañas, pudiéndome andar del paseo al
-juego, de la comedia al sarao? De eso me guardaré yo muy bien.</p>
-
-<p>Mirad que valdréis nada.</p>
-
-<p>Que no se me da nada.</p>
-
-<p>Y así fué, que tampoco se le dió nada y alcanzó nada.</p>
-
-<p>Á quien se le logró la diligencia fué al Honroso, que, viendo que
-un padre verdadero y muy prudente enviaba un hijo suyo, mozo de buenas
-esperanzas, á la Universidad de Salamanca para que por el atajo de las
-letras, que de verdad lo es así como rodeo el de las armas, llegase
-á conseguir un gran puesto, él en vez de ir á cursar, echó por el
-divertimiento y se encaminaba al paradero ordinario de valer nada.
-Compasivo el Honroso de ver perderse tan voluntariamente un tan buen
-ingenio, llegóse á él y díjole:</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_269">p. 269</span></p>
-
-<p>Señor legista, qué malparecer habéis tomado, pudiendo estudiar y
-velando lucir y pretendiendo un colegio mayor, pasar á una chancillería
-y á un consejo real, que no hay más seguro pasadizo, que una beca.
-Olvidando todo esto, queréis malograr el precioso tiempo, hundir la
-hacienda y frustrar las esperanzas de vuestros padres. Cierto, que
-habéis tomado mal consejo.</p>
-
-<p>Valióle este aviso y aun desengaño, que importa mucho el tener
-buen entendimiento para abrazar la verdad. Y aseguran que velando y
-valiendo de grada en grada llegó á una presidencia, honrando su casa
-y su patria. Pero fué éste la Fénix entre muchos patos. Que lo común
-es trocar el libro por la baraja, el teatro literario por el cómico
-corral y el vade por la guitarra, con que el derecho anda tuerto y aun
-á ciegas, el digesto maldigerido, yendo á parar en la cueva de la nada,
-no siendo ni valiendo nada.</p>
-
-<p>Señores, ponderaba Critilo, que un hombre común, un plebeyo, trate
-de entrarse en esta cueva vulgar, pase, no me admiro: que de verdad les
-cuesta mucho el llegar á valer algo, estáles muy cara la reputación,
-cuéstales mucho la fama; pero los hombres de mucha naturaleza, los de
-buena sangre, los de ilustres casas, que por poco, que se ayuden, han
-de venir á valer mucho y dándoles todos la mano han de venir á tener
-mano en todo, que ésos se quieran enviciar y anonadar y sepultarse
-vivos en el covachón de la nada, cierto que es lastimosa infelicidad.
-Si los otros pelean con balas de plomo, el noble con balas de oro. Las
-letras, que en los demás son plata, en los nobles son oro y en los
-señores, piedras preciosas. ¡Oh, cuántos, por no cansarse media docena
-de cursos, anduvieron corridos toda la vida, por no lograr breve tiempo
-de trabajo, perdieron siglos de fama!</p>
-
-<p>Pero entre muchos de aquellos viles ministros, sepultureros
-del vicio, vieron que andaba muy atareada una bellísima hembra,
-convirtiendo en azar con manos de jazmín cuanto tocaba.<span
-class="pagenum" id="Page_270">p. 270</span> Teníalas de nieve, pues
-todo lo elevan, tanto, que, en tocando el mayor hombre, el más
-prudente, el más sabio, le convertía en estatua de pórfido ó de mármol
-frío y no paraba un punto ni un momento de arrojar gente en aquella
-funesta sima del desprecio. Ni era menester traerlos con sogas ni
-con maromas; que sólo un cabello bastaba. Pero, ¿qué mucho, si los
-llevaba cuesta abajo? Hacía mayor estrago cuanto mayor prodigio era de
-belleza.</p>
-
-<p>¿Quién es ésta, preguntó Andrenio, que lleva traza de despoblar el
-mundo?</p>
-
-<p>¿Es posible, que no la conoces?, respondió su gran contrario el
-Honroso. ¿Ahora estamos en eso? Ésta es mi mayor antagonista, la misma
-deidad de Chipre, sino en persona, en sirena, en cuerpo, que no en
-espíritu. Huid de ella, que no hay otro remedio. Que, si eso hubiera
-hecho aquel príncipe, que tiene asido con mano de nieve y garra de
-neblí, no hubiera tan presto descaecido de héroe, que ya andaba en ese
-predicamento y muy adelante.</p>
-
-<p>¡Oh, qué lástima, se lamentaba Critilo, que al más empinado
-cedro, al más copado árbol, al que sobre todos se descollaba, se
-le fuese apegando esta inútil yedra, más infructífera cuanto más
-lozana! Cuando parece que le enlaza, entonces le aprisiona; cuando
-le adorna, le marchita; cuando le presta la pompa de sus hojas, le
-despoja de sus frutos, hasta que de todo punto le desnuda, le seca,
-le chupa la sustancia, le priva de la vida y le aniquila. ¿Qué más?
-¿Y á cuántos volviste vanos? ¿Cuántos linces cegaste, cuántas águilas
-abatiste, á cuántos ufanos pavones hiciste abatir la rueda de su más
-bizarra ostentación? ¡Oh á cuántos, que comenzaban con bravos aceros,
-ablandaste los pechos! Tú eres, al fin, la aniquiladora común de
-sabios, santos y valerosos.</p>
-
-<p>Á otro lado de la cueva vieron un raro monstruo con visos de
-persona, haciendo á todo muy mala cara. Tenía estrañas fuerzas, pues
-asiendo con solos dos dedos, como haciendo asco,<span class="pagenum"
-id="Page_271">p. 271</span> algunos suntuosos edificios, los arrojaba
-al centro de la nada.</p>
-
-<p>Allá va, decía, ese dorado palacio de Nerón, esas termas de
-Domiciano, esos jardines de Eliogábalo. Porque todos valieron nada y
-sirvieron de nada. No así los castillos fuertes, las incontrastables
-ciudadelas, que erigieron los valerosos príncipes, para llaves de
-sus reinos y freno de los contrarios. No los famosos templos, que
-eternizaron los piadosos monarcas; las dos mil iglesias, que dedicó á
-la madre de Dios el rey don Jaime.</p>
-
-<p>Allá van, decía, esos serrallos de Amurates, ese alcázar de
-Sardanápalo.</p>
-
-<p>Pero lo que mayor novedad les hizo fué verle asir las obras del
-ingenio y con notable desprecio vérselas arrojar allá. Hízole duelo á
-Critilo verle asir de un libro muy dorado y que amagaba sepultarle en
-el eterno olvido y rogóle no lo hiciese; más él, haciendo burla, le
-dijo:</p>
-
-<p>He, vaya allá, pues entre mucha adulación no tiene rastro de verdad
-ni de sustancia.</p>
-
-<p>Basta, replicó Critilo, que el dueño de que habla y á quien lo
-dedica le hará inmortal. No podrá, respondió él, que no hay cosa que
-más presto caiga que la mentirosa lisonja, que no tiene fundamento,
-antes solicita enfado.</p>
-
-<p>Echóle allá y tras él otros muchos libros, voceando:</p>
-
-<p>Allá van esas novelas frías, sueños de ingenios enfermos,
-esas comedias silbadas, llenas de impropiedades y faltas de
-verisimilitud.</p>
-
-<p>Apartó unas y dijo:</p>
-
-<p>Éstas no; resérvense para inmortales por su mucha propiedad y donoso
-gracejo.</p>
-
-<p>Miró el título Critilo, creyendo fuesen las de Terencio y leyó:</p>
-
-<p>Parte primera de Moreto.</p>
-
-<p>Éste es, le dijo, el Terencio de España. Allá van, decía, esos
-autores italianos.</p>
-
-<p>Reparó Critilo y díjole:</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_272">p. 272</span></p>
-
-<p>¿Qué haces? Que se escandalizará el mundo, pues están hoy en tanta
-reputación las plumas italianas, como las espadas españolas.</p>
-
-<p>He, dijo, que muchos de estos italianos debajo de rumbosos títulos
-no meten realidad ni sustancia; los más pecan de flojos, no tienen
-pimienta en lo que escriben ni han hecho otros muchos dellos que echar
-á perder buenos títulos, como el autor de la Plaza universal. Prometen
-mucho y dejan burlado al lector y más si es español.</p>
-
-<p>Alargó la mano hacia otro estante y comenzó con harto desdén á
-arrojar libros. Leyó los títulos Critilo y advirtió eran españoles, de
-que se maravilló no poco y más cuando conoció eran historiadores y sin
-poder contenerse le dijo:</p>
-
-<p>¿Por qué desprecias esos escritos, llenos de inmortales hazañas?</p>
-
-<p>Y aun ésa es la desdicha, le respondió, que no corresponde lo que
-éstos escriben á lo que aquéllos obran. Asegúrote que no ha habido
-más hechos ni más heroicos, que los que han obrado los españoles;
-pero ningunos más malescritos, por los mismos españoles. Las más de
-estas historias son como tocino gordo, que á dos bocados empalagan. No
-escriben con la profundidad y garbo político, que los historiadores
-italianos, un Guiciardino, Bentivollo, Catarino de Ávila, el Siri y el
-Virago en sus Mercurios, secuaces todos de Tácito. Creedme que no han
-tenido genio en la historia, así como ni los franceses en la poesía.</p>
-
-<p>Con todo, de algunos reservaba algunas hojas; mas á otros todos
-enteros y aun sin desatarlos los tiraba de revés hacia la nada y
-decía:</p>
-
-<p>Nada valen, nada.</p>
-
-<p>Pero notó Critilo que por maravilla desechaba obra alguna de autor
-portugués.</p>
-
-<p>Éstos, decía, han sido grandes ingenios, todos son cuerpos con
-alma.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_273">p. 273</span></p>
-
-<p>Alteróse mucho Critilo al verle alargar la mano hacia algunos
-teólogos, así escolásticos, como morales y expositivos y respondióle á
-su reparo:</p>
-
-<p>Mira: los más déstos ya no hacen otro que trasladar y volver á
-repetir lo que ya estaba dicho. Tienen bravo cacoetes de estampar y es
-muy poco lo que añaden de nuevo, poco ó nada inventan.</p>
-
-<p>De solos comentarios sobre la primera parte de santo Tomás le vió
-echar media docena y decía:</p>
-
-<p>Andad allá.</p>
-
-<p>¿Qué decís?</p>
-
-<p>Lo dicho. Y haréis lo hecho. Allá van esos expositivos secos como
-esparto, que tejen lo que ha mil años que se estampó.</p>
-
-<p>De los legistas arrojaba librerías enteras y añadió que, si le
-dejaran, los quemara todos, fuera de unos cuantos. De los médicos
-echaba sin distinción, porque aseguraba que ni tienen modo ni concierto
-en el escribir.</p>
-
-<p>Mirad, decía, qué tanto, que aún no saben disponer un índice y esto
-habiendo tenido un tan prodigioso maestro como Galeno.</p>
-
-<p>Entretanto que esto le pasaba á Critilo, fuése acercando Andrenio al
-boquerón de la cueva y puso el pie en el deslizadero de su umbral; mas
-al punto arremetió á él el Honroso, diciéndole:</p>
-
-<p>¿Dónde vas? ¿Es posible que tú también te tientas de ser nada?</p>
-
-<p>Déjame, le respondió, que no quiero entrar; sino ver desde aquí lo
-que por allá pasa.</p>
-
-<p>Riólo mucho el Honroso y díjole:</p>
-
-<p>¿Qué has de ver, si todo en entrando allá es nada?</p>
-
-<p>Oiré.</p>
-
-<p>Siquiera menos. Porque las cosas, que una vez entran, nunca más son
-vistas ni oídas.</p>
-
-<p>Llamaré alguno.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_274">p. 274</span></p>
-
-<p>¿De qué suerte, que ninguno tiene nombre? Y si no, díme ¿del
-infinito número de gentes, que en tantos siglos han pasado, qué ha
-quedado de ellos? Ni aun la memoria de que fueron ni que hubo tales
-hombres. Solos son nombrados los que fueron eminentes en armas ó en
-letras, gobierno y santidad. Y porque lo consideremos más de cerca,
-díme: en este nuestro siglo entre tantos millares, como hoy embarazan
-la redondez de la tierra, en tantas provincias y reinos ¿quiénes son
-nombrados? Media docena de hombres valerosos, aun no otros tantos
-sabios, no se habla sino de dos ó tres reyes, un par de reinas, de un
-santo padre, que resucita los Leones y Gregorios; todo lo demás es
-número, es broma, no sirven sino de consumir los víveres y aumentar la
-cuantidad, que no la calidad. Pero ¿qué estás mirando con mayor ahinco,
-cuando ves nada?</p>
-
-<p>Miro, dijo, que aún hay menos que nada en el mundo. Díme por tu vida
-¿quién son aquellos, que están arrinconados aún en la misma nada?</p>
-
-<p>¡Oh, le respondió: mucho hay que decir desa nada! Ésos son...</p>
-
-<p>Pero dejémoslos, si te parece, para la siguiente Crisi.</p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_3_9">
- <h3 class="g1 ws1">CRISI IX</h3>
- <p class="subh3c"><i>Felisinda descubierta.</i></p>
-</div>
-
-<p>Cuentan que un cierto curioso, mas yo le definiera necio, dió
-en un raro capricho de ir rodeando el mundo y aun rodando con él
-en busca, cuando menos, del contento. Llegaba á una provincia y
-comenzaba á preguntar por él á los ricos los primeros, creyendo que
-ellos le tendrían, cuando la riqueza todo lo alcanza y el dinero
-todo lo consigue; pero engañóse, pues los halló cuidadosos siempre y
-desvelados. Lo mismo le pasó<span class="pagenum" id="Page_275">p.
-275</span> con los poderosos, viviendo penados y desabridos. Fuese á
-los sabios y topólos muy melancólicos, quejándose de su corta ventura,
-á los mozos con inquietud, á los viejos sin salud, con que todos de
-conformidad le respondieron que ni le tenían ni aun le habían visto;
-pero, sí oído á sus antepasados que habitaba en el otro país de más
-adelante. Pasaba luego allá, tomaba lengua de los más noticiosos y
-respondíanle lo mismo, que allí no; pero, que se decía estar en el
-que se seguía. Fué pasando desta suerte de provincia en provincia,
-diciéndole en todas:</p>
-
-<p>Aquí no, allá, acullá, más adelante.</p>
-
-<p>Subió á la Islandia, de allí á la Groelandia, hasta llegar al Tile,
-que sirve al mundo de tilde, donde oyendo la misma canción, que en las
-otras, abrió los ojos para ver que andaba ciego y conocer su vulgar
-engaño y aun el de todos los mortales, que desde que nacen van en
-busca del contento sin topar jamás con él, pasando de edad en edad, de
-empleo en empleo, anhelando siempre á conseguirle. Conocen los de el un
-estado que allí no está, piénsanse que en el otro y llámanles felices
-y aquéllos á los otros, viviendo todos en un tan común engaño, que aún
-dura y durará mientras hubiere necios.</p>
-
-<p>Así les sucedió á nuestros dos peregrinos del mundo, pasajeros
-de la vida, que ni en la vana presunción ni en el vil ocio pudieron
-hallar descanso y así no hicieron su mansión ni el uno en el palacio
-de la vanidad ni el otro en la cueva de la nada. En medio el umbral de
-ella persistía Andrenio, solicitando saber quién fuesen aquellos, que
-estaban metidos de medio á medio en la nada.</p>
-
-<p>Ésos, le respondió el Fantástico, son unos ciertos sujetos, que aun
-son menos que nada.</p>
-
-<p>¿Cómo puede ser eso? ¿Qué menos pueden ser que nada?</p>
-
-<p>Muy bien.</p>
-
-<p>¿Pues qué serán?</p>
-
-<p>¿Qué? Nonadillas, que aun de la nada no se hartan, y así les
-llaman cosidas y figurillas y ruincillos y nonadillas. Mira,<span
-class="pagenum" id="Page_276">p. 276</span> mira aquél, cómo anda
-echando piernas sin tener pies ni cabeza, hombreando el otro sin ser
-hombre. ¡Qué cosilla tan ruincilla aquella de allá, acullá! Pues á
-fe que tiene harto malas entrañuelas. Verás hombres de carne momia y
-momios los que debrían ser los primeros. Mira qué de sombras sin cuerpo
-y qué de figurillas de sombra y sobra: hallarás títulos sin realidad y
-muchas cosas de sólo título. Mira qué de impersonales personas y qué
-de estatuas sin estatua. Verás magnates servidos con vajillas de oro,
-entre costumbres de lodo y aun estiércol. Muchos nacidos, que aún no
-viven y muertos, que no vivieron. Aquellos de acullá eran leones, que
-en teniendo cama fueron liebres. Y estos otros nacidos como hongos, sin
-saberse de dónde ni de qué. Mira hacer los estoicos á muchos epicúreos
-y la follonería pasar por filosofía. Mira lejos de aquí la fama y muy
-cerca la fame. Verás malvistos los que están en alto y muchos hijos de
-algo, que pararon en nada. Verás muchas hermosuras perderse de vista y
-las más lindas por bellas. Verás que no son de gloriosa fama los que de
-golosa voluntad y venir á morir de hambre los más hartos. Verás pedir
-y tomar á los que no se les da nada y á muchos tenidos por ricos, que
-aun el nombre no es suyo. No hallarás sí sin no ni cosa sin un sino.
-Verás que por no hacer caso se pierden las casas y aun los palacios
-y por no curarse de lo mucho todo fué nada. Mira muchos cabos, que
-acaban con todo, sino con el enemigo, y por eso nunca se acaban las
-guerras, porque hay cabos. Verás que todo buen verde fué sin fruto y
-que las verduras no granan. Toparás muchas arrugas en agraz seco y
-pocas en sazonadas pasas. Sentirás lo más biendicho sin dicha y toda
-gracia en desgracia, grandes ingenios sin genio y sin dotor muchas
-librerías. Oirás locos á gritos y las menos cuerdas más tocadas. Los
-que debrían ser Césares son nada y las más grandes casas sin un cuarto.
-Verás encogidos los más estirados y á muchos hacer vanidad de lo que es
-nada. Buscarás hombres y toparás con trasgos y el que creíste ser de
-terciopelo es de bayeta. Verás sin ceros los más<span class="pagenum"
-id="Page_277">p. 277</span> sinceros y al que no tiene cuentos no
-ser de cuenta. Ya las dádivas y dones son aire, pues donaire. Verás
-finalmente cuán mucha es la nada y que la nada querría serlo todo.</p>
-
-<p>Mucho más dijera, que tenía mucho que decir de la nada, á no
-interrumpirle el Ocioso que, acercándose á Andrenio, intentó á
-empellones de dejamiento arrojarle dentro de la infeliz cueva y
-sepultarle en medio del fondón de la nada. Viendo esto el Fantástico,
-asió de Critilo y comenzó á tirar de él hacia el palacio de la vanidad,
-llenándole los cascos de viento, fatales ambos escollos de la vejez,
-tan por estremo opuestos, que en el uno suele peligrar de ociosa y en
-el otro de vana. Pero fué único remedio darse ambos las manos, con que
-pudieron templarse y hacer un buen medio entre tan peligrosos estremos.
-Asieron de la ocasión que, aunque cana, no calva, y á pura fuerza de
-razón y de cordura salieron del evidente riesgo de su pérdida.</p>
-
-<p>Trataron ya vitoriosos de encaminarse á triunfar á la siempre
-augusta Roma, teatro heroico de inmortales hazañas, corona del mundo,
-reina de las ciudades, esfera de los grandes ingenios, que en todos
-siglos, aun los mayores, las águilas caudales tuvieron necesidad de
-volar á ella y darse unos filos de Roma. Hasta los mismos españoles,
-Lucano, Quintiliano, ambos Sénecas cordobeses, Luciano y Marcial
-bilbilitanos. Trono del lucimiento, que lo que en ella luce por todo el
-mundo campea. Fénix de las edades, que cuando otras ciudades perecen,
-ella renace y se eterniza. Emporio de todo lo bueno, corte de todo el
-mundo, que todo él cabe en ella. Pues el que ve á Madrid, ve á solo
-Madrid, el que á París, no ve sino á París, y el que ve á Lisboa, ve á
-Lisboa; pero el que ve á Roma, las ve todas juntas y goza de todo el
-mundo de una vez, término de la tierra y entrada católica del cielo.</p>
-
-<p>Y si ya la veneraron de lejos, agora la admiraron de cerca, sellaron
-sus labios en sus sagrados umbrales, antes de estampar sus plantas.
-Introdujéronse con reverencia en aquel <i>non plus<span class="pagenum"
-id="Page_278">p. 278</span> ultra</i> de la tierra y un tanto monta del
-cielo. Discurrían mirando y admirando sus novedades, que parecen
-antiguas; y sus antigüedades, que siempre se hacen nuevas.</p>
-
-<p>Reparó en su reparar un mucho hombre, que cortesanamente se les fué
-acercando ó ellos á él para informarse. Á pocos lances, que hizo con
-destreza, conoció que eran peregrinos y ellos que él era raro y tanto,
-que pudiera dar liciones de mirar al mismo Argos, de penetrar á un
-zahorí, de prevenir á un Jano y de entender al mismo Descifrador. Pero
-¿qué mucho, si era un cortesano viejo de muchos cursos de Roma, español
-inserto en italiano, que es decir, un prodigio? Era gran hombre de
-notas y de noticias, con los dos realces de buen ingenio y buen gusto,
-el cortesano de más buenos ratos, que pudieran desear.</p>
-
-<p>Vosotros, les dijo, según veo, habéis rodeado mucho y avanzado
-poco. Que, si de primera instancia hubiérades venido á este epílogo
-del político mundo, todo lo bueno hubiérades logrado y visto de la
-primera vez, llegando por el atajo del vivir al colmo del valer.
-Porque advertid que, si otras ciudades son celebradas por oficinas de
-maravillas mecánicas, en Milán se templan los impenetrables arneses,
-en Venecia se clarifican los cristales, en Nápoles se tejen las ricas
-telas, en Florencia se labran las piedras preciosas, en Génova se
-ahuchan los doblones; Roma es oficina de los grandes hombres. Aquí se
-forjan las grandes testas, aquí se sutilizan los ingenios y aquí se
-hacen los hombres muy personas.</p>
-
-<p>Y si son dichosos los que habitan las ciudades grandes, añadió otro,
-porque se halla en ellas todo lo bueno y lo mejor, en Roma se vive dos
-veces y se goza muchas, paradero de prodigios y centro de maravillas.
-Aquí hallaréis cuanto pudiéredes desear. Sola una cosa no toparéis en
-ella.</p>
-
-<p>Y será sin duda, replicaron ellos, la que nosotros venimos á buscar,
-que ése suele ser el ordinario chasco de la fortuna.</p>
-
-<p>¿Qué es lo que buscáis?, les dijo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_279">p. 279</span></p>
-
-<p>Y Critilo:</p>
-
-<p>Yo una esposa.</p>
-
-<p>Y Andrenio:</p>
-
-<p>Yo una madre.</p>
-
-<p>¿Y cómo se nombra?</p>
-
-<p>Felisinda.</p>
-
-<p>Dudo que la halléis, por lo que dice de felicidad. ¿Pero dónde
-tenéis nueva que se alberga?</p>
-
-<p>En el palacio del embajador del rey Católico.</p>
-
-<p>Oh sí y aun el rey de los embajadores. Llegáis á ocasión que ya
-es parte de dicha. Allá me encaminaba yo esta tarde, donde concurren
-los ingenios á gozar del buen rato de una discreta academia. Es el
-embajador príncipe de bizarro genio, originado de su grandeza. Que,
-así como otros príncipes ponen su gusto en tener buenos caballos, que
-al fin son bestias, otros en lebreles, dados á perros, en tablas y en
-lienzos muchos, que son cosas pintadas, en estatuas mudas, en piedras
-preciosas, que si un día amaneciese el mundo con juicio, se hallarían
-muchos sin hacienda, este señor gusta de tener cerca de sí hombres
-entendidos y discretos, de tratar con personas, que cada uno muestra lo
-que es en los amigos que tiene.</p>
-
-<p>Llegaron ya al genial albergue, entraron en un salón bien aliñado y
-capaz, teatro de Apolo, estancia de sus galantes Gracias y coro de sus
-elegantes Musas. Allí apreciaron mucho el ver y conocer los mayores
-ingenios de nuestros tiempos, hombres tan eminentes, que con cada
-uno se pudiera honrar un siglo y desvanecerse una nación. Íbaselos
-nombrando el cortesano y dándoseles á conocer.</p>
-
-<p>Aquel que habla el francés en latín es el Barclayo, venturoso en
-aplausos, por no haber escrito en lengua vulgar.</p>
-
-<p>Aquel otro de la bieninventada invectiva es el que supo más
-bien decir mal, el Bocalini. Conoced el Malvezi, filosofando en la
-historia, estadista de sí mismo. Aquel Tácito á las claras es Henrico
-Caterino. Mas aquel otro, que está embutiendo de<span class="pagenum"
-id="Page_280">p. 280</span> borra, de memoriales, de cartas y de
-relaciones de la tela de oro de su Mercurio, es el Siri. Vale á los
-alcances su antagonista el Virago, más flojo y más verídico. Ved el
-Góngora de Italia, como si él se fuese el Aquilino. Aquel elocuentísimo
-polianteísta es Agustín Mascardo. Y así otros singulares ingenios de
-valiente rumbo y mucho garbo.</p>
-
-<p>Fueron ocupando sus puestos y llenándolos también y, después de
-conciliada, no sólo la atención, pero la expectación, arengó el Marino,
-cumpliendo con el oficio de secretario y dando principio con el más
-célebre de sus epigramas morales, que comienza:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry">
- <div class="stanza">
- <div class="verse indent2">Abre el hombre infeliz, luego que nace,</div>
- <div class="verse indent0">antes que al sol, los ojos á la pena, etcétera.</div>
- </div>
-</div>
-</div>
-
-<p>Aunque no pudo librarse de la censura de que no concluye al
-propósito, pues, habiendo referido la prolijidad de miserias por toda
-la vida del hombre, da fin, diciendo:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry">
- <div class="stanza">
- <div class="verse indent0">De la cuna á la urna hay sólo un paso.</div>
- </div>
-</div>
-</div>
-
-<p>Acabado de relatar el soneto, prosiguió así:</p>
-
-<p>Todos los mortales andan en busca de la felicidad, señal de que
-ninguno la tiene. Ninguno vive contento con su suerte ni la que le dió
-el cielo ni la que él se buscó. El soldado siempre pobre alaba las
-ganancias del mercader y éste recíprocamente la fortuna del soldado,
-el jurisconsulto envidia el retrato sencillo y verdadero del rústico
-y éste la comodidad del cortesano, el casado codicia la libertad del
-soltero y éste la amable compañía del casado. Éstos llaman dichosos
-á aquéllos y aquéllos al contrario á éstos, sin hallarse uno que
-viva contento con su fortuna. Cuando mozo piensa el hombre hallar la
-felicidad en los deleites y así se entrega ciegamente á ellos con
-muy costosa experiencia y tardo desengaño. Cuando varón la imagina
-en las<span class="pagenum" id="Page_281">p. 281</span> ganancias y
-riquezas. Y cuando viejo en las honras y dignidades. Rodando siempre
-de un empleo en otro, sin hallar en ninguno la verdadera felicidad.
-Donosa ponderación del sentencioso lírico, si bien, aunque levantó la
-caza, no la dió mate, ni halló salida al reparo. Ésta hoy se libra á
-vuestro bizarro discurrir, siendo el asunto señalado para esta tarde,
-disputarse ha en qué consista la felicidad humana.</p>
-
-<p>Dicho esto, volvió el rostro hacia el primero, que era el Barclayo,
-más por acaso, que por afectación. Éste, después de haber pedido la
-venia al príncipe y haber cabeceado á un lado y á otro, discurrió
-así:</p>
-
-<p>De gustos siempre oí decir que no se ha de disputar, cuando vemos
-que la una mitad del mundo se está riendo de la otra. Tiene su gusto y
-su gesto cada uno y así yo hago burla de aquellos sabios á lo antiguo,
-que defendían consistir la felicidad, uno que en las honras, otro que
-en las riquezas, éste que en los deleites, aquél que en el mundo, tal
-que en el saber, y cual que en la salud. Digo que me río de todos
-estos filósofos, cuando veo tan encontrados los gustos, que, si el
-vano anhela por las honras, el sensual hace burla dél y dellas; si el
-avaro codicia los tesoros, el sabio los desprecia. Así que diría yo que
-la felicidad de cada uno no consiste en esto ni en aquello, sino en
-conseguir y gozar cada uno de lo que gusta.</p>
-
-<p>Fué muy celebrado este decir y mantúvose buen rato en este aplauso,
-hasta que el Virago:</p>
-
-<p>Reparad, señores, les dijo, en que los más de los mortales emplean
-mal su gusto, pues á veces en las cosas más viles y indignas de la
-naturaleza racional. Porque, si se halla uno, que guste de los libros,
-habrá ciento que de las cartas; si éste de las buenas musas, aquél
-de las malas sirenas. Y así entended que las más veces no es, no,
-felicidad conseguir uno su gusto, cuando le tiene tan malo. Demás que,
-por bueno y relevante que sea, de nada se satisface, no para en ningún
-empleo; antes, alcanzado uno, luego le enfada y busca otro, siendo
-la incons<span class="pagenum" id="Page_282">p. 282</span>tancia
-evidencia de la no conseguida felicidad. Muchas habrían de ser las
-felicidades de los señores y príncipes, de quienes decía uno y no mal
-que todas son ganicas. Hoy asquean lo que aplaudieron ayer y mañana
-acriminarán lo que buscaron hoy. Cada día empleo flamante y cada
-instante obra nueva.</p>
-
-<p>Borró con esto el concepto, que habían hecho de la pasada opinión y
-mereció la expectación de todos para la suya, que propuso así:</p>
-
-<p>Principio es muy asentado entre los sabios que el bien ha de constar
-de todas sus causas, lleno de todas partes, sin que le falte la menor
-circunstancia. De modo que para el bien todas que sobren y para mal
-una que falte y, si esto se requiere para cualquier dicha, ¿qué será
-para una felicidad entera y consumada? Supuesta esta máxima, saquemos
-ahora las consecuencias. ¿Qué le importa á un poderoso tener todas las
-comodidades, si le falta la salud para gozarlas? ¿Qué tendrá el avaro
-con las riquezas, si no tiene ánimo para lograrlas? ¿De qué le sirve al
-sabio su mucho saber, si no tiene amigos capaces con quien comunicarlo?
-Digo, pues, que no me contento con poco; todo lo pretendo y juzgo que
-lo ha de tener todo el que se hubiere de llamar feliz, para que nada
-desee. De suerte que la felicidad humana consiste en un agregado de
-todos los que se llaman bienes, honras, placeres, riquezas, poder,
-mando, salud, sabiduría, hermosura, gentileza, dicha y amigos con quien
-gozarlo.</p>
-
-<p>Esto sí que es decir, exclamaron. No deja que discurrir á los
-demás.</p>
-
-<p>Pero tomó la mano el Siri, intimando la atención para echar el bollo
-á la controversia.</p>
-
-<p>Grandemente, dijo, os ha contentado este montón quimérico de gustos,
-este agregado fantástico de bienes; pero advertid que es tan fácil de
-imaginar, cuan imposible de conseguir. ¿Porque cuál de los mortales
-pudo jamás llegar á esta felicidad soñada? Rico fué Creso, pero no
-sabio; sabio fué Diógenes,<span class="pagenum" id="Page_283">p.
-283</span> pero no rico. ¿Quién lo obtuvo todo? Mas doy que lo consiga.
-El día, que no tenga que desear, ha de ser ya infeliz. Y que también
-hay desdichados de dichosos: suspiran y asquean algunos de hartos y
-les va mal, porque les va bien. Después de haberse señoreado Alejandro
-de este mundo, suspiraba por los imaginarios, que oyó quimerear á un
-filósofo. Con más facilidad querría yo la felicidad y así me calzo la
-opinión del revés y afirmo todo lo contrario. Estoy tan lejos de decir
-que consista la felicidad en tenerlo todo, que antes digo que en tener
-nada, desear nada y despreciarlo todo. Y ésta es la única felicidad,
-con facilidad, la de los discretos y sabios. El que más cosas tiene,
-de más depende y es más infeliz el que de más cosas necesita: así como
-el enfermo más cosas ha menester, que el sano. No consiste el remedio
-del hidrópico en añadir de agua, sino en quitar de sed. Lo mismo digo
-del ambicioso y del avaro. El que se contenta consigo solo es cuerdo
-y es dichoso. ¿Para qué la taza, donde hay mano con que beber? El que
-encarcelare su apetito entre un pedazo de pan y un poco de agua, trate
-de competir de dichoso con el mismo Jove, dice Séneca. Y sello mi voto,
-diciendo que la verdadera felicidad no consiste en tenerlo todo, sino
-en desear nada.</p>
-
-<p>No queda más que oir, exclamó el común aplauso. Pero fué también
-descaeciendo este sentir y callaron todos, para que el Malveci
-filosofase desta suerte:</p>
-
-<p>Digo, señores, que este modo de opinar procede más de una
-melancólica paradoja, que de un acierto político, y que es un querer
-reducir la noble humana naturaleza á la nada. Pues desear nada,
-conseguir nada y gozar de nada ¿qué otra cosa es, que aniquilar el
-gusto, anonadar la vida y reducirlo todo á la nada? No es otra cosa el
-vivir que un gozar de los bienes y saberlos lograr, tanto los de la
-naturaleza, como del arte, con modo, forma y templanza. No hallo yo
-que pueda ser perficionar al hombre el privarle de todo lo bueno; sino
-destruirle de todo punto. ¿Para qué son las perfecciones? ¿Para qué
-los em<span class="pagenum" id="Page_284">p. 284</span>pleos? ¿Para
-qué crió el sumo Hacedor tanta variedad de cosas con tanta hermosura y
-perfección? ¿De qué servirá lo honesto, lo útil y deleitable? Si éste
-nos vedara lo indecente y nos concediera lo lícito, pudiera pasar;
-pero bueno y malo, llevarlo todo por un rasero, á fe que es bravo
-capricho. Por lo tanto diría yo: ya veo que es una académica bizarría;
-pero en las grandes dificultades, arte es el saberse arrojar. Digo,
-pues, que aquel se puede llamar dichoso y feliz, que se lo piensa
-ser; y al contrario, aquel será infeliz, que por tal se tiene, por
-más felicidades y venturas, que le rodeen, quiero decir, que el vivir
-con gusto es vivir y que solos los gustosos viven. ¿Qué le aprovecha
-á uno tener muchas y grandes felicidades, si no las conoce, antes las
-juzga desdichas? Y al contrario, aunque al otro todas le falten, si él
-vive contento, eso le basta. El gusto es vida y la gustosa vida es la
-verdadera felicidad.</p>
-
-<p>Arquearon todos las cejas, diciendo:</p>
-
-<p>Esto ha sido dar en el blanco y apurar del todo la dificultad. De
-modo que cada sentencia les parecía la última y que no quedaba ya qué
-discurrir. Y es cierto se abrazara este dictamen, si no se le opusiera
-aquel águila, cisne digo, el culto Aquilini, diciendo:</p>
-
-<p>Aguardad, reparad, señores, en que es de solos necios el vivir
-contentos de sus cosas, siendo la bienaventuranza de los simples la
-propia y plena satisfacción. Beato tú, le dijo el célebre Bonarota,
-al que le contentaban sus malos borrones, cuando á mí nada de cuanto
-pinto me satisface. Así que yo siempre me contenté mucho de aquella
-bella prontitud del Dante. Al fin, Alígero, por su alado ingenio. Tuvo
-mucho vivo aquella sazonada respuesta, cuando habiéndose disfrazado
-en uno de los días carnavales y mandándole buscar el Médicis su
-gran patrón y Mecenas, para poderle conocer entre tanta multitud de
-personados, ordenó que los que le buscasen fuesen preguntando á unos y
-á otros: ¿<i>Quién sabe del bien</i>? Y desatinando todos, cuando llegaron
-á él y le preguntaron: ¿<i>Chi sa del bene</i>? pron<span class="pagenum"
-id="Page_285">p. 285</span>tamente respondió: <i>Chi sa del male</i>. Con
-que al punto dijeron:</p>
-
-<p>Tú eres el Dante.</p>
-
-<p>¡Oh, gran decir: aquel sabe del bien, que sabe del mal! No gusta de
-los manjares, sino el hambriento y el sediento de la bebida. Dulce le
-es el sueño á un desvelado, así como el descanso al molido. Aquellos
-estiman la abundancia de la paz, que pasaron por las miserias de la
-guerra; el que fué pobre sabe ser rico; el que estuvo encarcelado goza
-de la libertad; el náufrago, del puerto; el desterrado, de su patria,
-y el que fué infeliz, de la dicha. Veréis á muchos malhallados con los
-bienes, porque no probaron de los males. Así que aquel diría yo es
-feliz, que fué primero desdichado.</p>
-
-<p>Contentó mucho este discurso; mas entró á impugnarle el Mascardo,
-probando no poder ser dicha la que suponía la desdicha ni contento
-verdadero el que sucedía á la pena. Ya el mal va delante y el pesar
-gana de mano al placer. No sería esa felicidad entera; sino á medias,
-respecto de la desdicha. Y de esa suerte, ¿quién quisiera ser feliz?
-Viniendo, pues, á mi sentir, como yo tenga por máxima con otros
-muchos, que no hay dicha ni desdicha, felicidad ó infelicidad, sino
-prudencia ó imprudencia, digo que toda la felicidad humana consiste
-en tener prudencia y la desventura en no tenerla. El varón sabio no
-teme la fortuna; antes es señor de ella y vive sobre los astros,
-superior á toda dependencia. Nada le puede empecer, cuando él mismo no
-se daña. Y concluyo con que en todo lo que llena la cordura no cabe
-infelicidad.</p>
-
-<p>Inclinó todo político la cabeza, haciéndole la salva como á vino de
-una oreja y todo crítico dijo:</p>
-
-<p>Bueno.</p>
-
-<p>Pero al mismo tiempo se vió sacudirlas ambas al caprichoso Capriata,
-diciendo:</p>
-
-<p>¿Quién vió jamás contento á un sabio, cuando fué siempre la
-melancolía manjar de discretos? Y así veréis, que los españoles,
-que están en opinión de los más detenidos y cuerdos, son lla<span
-class="pagenum" id="Page_286">p. 286</span>mados de las otras naciones
-los tétricos y graves, como al contrario los franceses son alegres y
-que van siempre brincándose y bailando.</p>
-
-<p>Los que más alcanzan, conocen mejor los males y lo mucho que les
-falta para ser felices. Los sabios sienten más las adversidades y, como
-á tan capaces, les hacen mayor impresión los topes. Una gota de azar
-basta á aguarles el mayor contento y, demás de ser poco afortunados,
-ellos mismos ayudan á su descontento con su mucho entender. Así que no
-busquéis la alegría en el rostro del sabio; la risa sí que la hallaréis
-en el del loco.</p>
-
-<p>Al pronunciar esta palabra saltó uno muy célebre, que gustaba de
-llevar consigo el cuerdo embajador, para ganso de noticias y aun de
-verdades. Éste, pues, sin ton y sin son, hablando alto y riendo mucho,
-dijo:</p>
-
-<p>De verdad, señor, que estos vuestros sabios son unos grandes necios,
-pues andan buscando por la tierra la que está en el cielo.</p>
-
-<p>Y dicho esto, que no fué poco, dió las puertas afuera.</p>
-
-<p>Basta, confesaron todos, que un loco había de topar con la
-verdad.</p>
-
-<p>Y en confirmación, el Mascardo peroró así:</p>
-
-<p>En el cielo, señores, todo es felicidad; en el infierno, todo
-es desdicha; en el mundo, como medio entre estos dos estremos, se
-participa de entrambos: andan barajados los pesares con los contentos,
-altérnanse los males con los bienes, mete el pesar el pie donde le
-levanta el placer, llegan tras las buenas nuevas las malas, ya en
-creciente la luna, ya en menguante, gran presidenta de las cosas
-sublunares. Sucede á una ventura una desdicha y así la temía Filipo el
-macedón, después de las tres felices nuevas. Tiempo señaló el sabio
-para reir y tiempo para llorar. Amanece un día nublado, otro sereno,
-ya mar en leche y ya en hiel. Viene tras una mala guerra una buena
-paz, con que no hay contentos puros, sino muy aguados y así los<span
-class="pagenum" id="Page_287">p. 287</span> beben todos. No tenéis que
-cansaros en buscar la felicidad en esta vida; milicia sobre el haz de
-la tierra. No está en ella y convino así. Porque, si aun deste modo,
-estando todo lleno de pesares, sitiada nuestra vida de miserias, con
-todo eso no hay poder arrancar los hombres de los pechos desta villana
-nodriza, despreciando los brazos de la celestial madre, que es la
-reina: ¿qué hicieran, si todo fuera contento, gusto, placer, solaz y
-felicidad?</p>
-
-<p>Con esto se dieron por entendidos nuestros dos peregrinos, Critilo y
-Andrenio y con ellos todos los mortales, añadiendo el cortesano:</p>
-
-<p>En vano, oh peregrinos del mundo, pasajeros de la vida, os cansáis
-en buscar desde la cuna á la tumba esta vuestra imaginada Felisinda,
-que el uno llama esposa, el otro madre. Ya murió para el mundo y vive
-para el cielo. Hallarla heis allá, si la supiéredes merecer en la
-tierra.</p>
-
-<p>Disolvióse la magistral junta, quedando desengañados todos al uso
-del mundo, tarde. Convidóles el cortesano á ver algo de lo mucho, que
-se logra en Roma.</p>
-
-<p>Pero lo más que hay que ver, decían ellos y la mejor vista es ver
-tantas personas, que, habiendo nosotros peregrinado todo el mundo,
-podemos asegurar no haber visto otras tantas.</p>
-
-<p>¿Cómo decís que habéis andado todo el mundo, no habiendo estado sino
-en cuatro provincias de la Europa?</p>
-
-<p>¡Oh, bien!, respondió Critilo. Yo te lo diré. Porque, así como en
-una casa no se llaman parte de ella los corrales, donde están los
-brutos, no entran en cuenta los reductos de las bestias, así lo más del
-mundo no son sino corrales de hombres incultos, de naciones bárbaras y
-fieras, sin policía, sin cultura, sin artes y sin noticias, provincias
-habitadas de monstruos de la heregía, de gentes, que no se pueden
-llamar personas, sino fieras.</p>
-
-<p>Aguarda, dijo, agora, que tocamos ese punto, vosotros, que<span
-class="pagenum" id="Page_288">p. 288</span> habéis registrado las
-más políticas provincias del mundo, ¿qué os ha parecido de la culta
-Italia?</p>
-
-<p>Vos lo habéis dicho en esa palabra culta, que es lo mismo que
-aliñada, cortesana, política y discreta, la perfecta de todas maneras.
-Porque es de notar que España se está hoy del mismo modo que Dios la
-crió, sin haberla mejorado en cosa sus moradores, fuera de lo poco, que
-labraron en ella los romanos. Los montes se están hoy tan soberbios
-y zahareños como al principio; los ríos innavegables, corriendo por
-el mismo camino que les abrió la naturaleza; las campañas se están
-páramos, sin haber sacado para su riego las acequias; las tierras
-incultas; de suerte que no ha obrado nada la industria. Al contrario
-la Italia está tan otra y tan mejorada, que no la conocerían sus
-primeros pobladores, que viniesen. Porque los montes están allanados,
-convertidos en jardines, los ríos navegables, los lagos son vivares de
-peces, los mares poblados de famosas ciudades, coronados de muelles y
-de puertos; las ciudades todas por un parejo, hermoseadas de vistosos
-edificios, templos, palacios y castillos, sus plazas adornadas de
-brolladores y fuentes; las campañas son elisios, llenas de jardines; de
-suerte, que hay más que ver y que gozar en sola una ciudad de Italia,
-que en toda una provincia de las otras. Ella es la política, madre
-de las buenas artes, que todas están en su mayor punto y estimación,
-la política, la poesía, la historia, la filosofía, la retórica, la
-erudición, la elocuencia, la música, la pintura, la arquitectura, la
-escultura. Y en cada una destas artes se hallan prodigiosos hombres.
-Por esto, sin duda, dijeron que, cuando las diosas se repartieron
-las provincias del mundo, Juno escogió la España, Belona la Francia,
-Proserpina á Inglaterra, Ceres á Sicilia, Venus á Chipre y Minerva á
-Italia. Allí florecen las buenas letras, ayudadas de la más suave,
-copiosa y elocuente lengua. Que aun por eso en aquella plausible
-comedia, que se representó en Roma, de la caída de nuestros primeros
-padres, se introducían donosamente los personajes, hablando el
-padre<span class="pagenum" id="Page_289">p. 289</span> eterno en
-alemán, Adán en italiano: <i>Lo mio signore</i>, Eva en francés, <i>qui
-Monsiur</i>, y el diablo en español, echando votos y retos. Exceden los
-italianos á los españoles en los accidentes y á los franceses en la
-sustancia. Ni son tan viles como éstos ni tan altivos como aquéllos.
-Igualan á los españoles en ingenio y sobrepujan á los franceses en
-juicio, haciendo un gran medio entre estas dos naciones. Pero, si en
-manos de los italianos hubieran dado las Indias, ¡cómo que las hubieran
-logrado! Está Italia en medio de las provincias de la Europa, coronada
-de todas como reina, y trátase como tal. Porque Génova la sirve de
-tesorera, Sicilia de despensera, la Lombardía de copera, Nápoles de
-maestresala, Florencia de camarera, el Lacio de mayordomo, Venecia de
-aya, Módena, Mantua, Luca y Parma, de meninas y Roma de dueña.</p>
-
-<p>Sola una cosa la hallo yo mala, dijo Andrenio.</p>
-
-<p>¿Sola una?, replicó el cortesano. ¿Y cuál es?</p>
-
-<p>Reparaba en decirla y quisiera que él la adivinara. Con esta
-atención le iba deteniendo y el otro instando.</p>
-
-<p>Sería acaso el ser tan viciosa, porque eso le viene de ser tan
-deliciosa.</p>
-
-<p>No es eso.</p>
-
-<p>¿Aquello de oler aún á gentil, hasta en los nombres de Cipiones
-y Pompeyos, Césares y Alejandros, Julios y Lucrecias y en la vana
-estimación de las antiguas estatuas que parecen idolatrar en ellas, el
-ser tan supersticiosos y agoreros, porque todo eso les viene de gentil
-herencia?</p>
-
-<p>Ni eso.</p>
-
-<p>¿Pues qué? ¿El estar tan dividida y como hecha jigote en poder de
-tantos señores y señorcitos, saliéndole estéril toda su política y
-sirviéndola de nada toda su razón de estado?</p>
-
-<p>Tampoco es eso.</p>
-
-<p>¡Válgate Dios! ¿Pues qué será? ¿Es por ventura aquello de ser
-campo abierto á las naciones estranjeras, palenque de españoles y
-franceses?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_290">p. 290</span></p>
-
-<p>He, que no es eso.</p>
-
-<p>¿Si sería el ser maestra de invenciones y quimeras, porque eso pasó
-de la Grecia al Lacio juntamente con el imperio?</p>
-
-<p>Ni eso ni estotro.</p>
-
-<p>¿Pues qué puede ser? Que ya me doy por vencido.</p>
-
-<p>¿Qué? El haber tantos italianos. Que si eso no tuviera, hubiera sido
-sin oposición el mejor país del mundo. Y vese claro, pues Roma con el
-concurso de las naciones se viene á templar mucho. Por eso dicen que
-Roma no es Italia ni España ni Francia; sino un agregado de todas. Gran
-ciudad para vivir; aunque no para morir. Dicen que está llena de santos
-muertos y de demonios vivos. Paradero de peregrinos y de todas las
-cosas raras, centro de maravillas, milagros y prodigios. De suerte, que
-más se vive en ella en un día, que en otras ciudades en un año, porque
-se goza de todo lo mejor.</p>
-
-<p>Un secreto ha días deseo saber de la Italia, dijo Critilo.</p>
-
-<p>¿Qué cosa?, le preguntó el cortesano.</p>
-
-<p>Yo te lo diré. ¿Cuál sea la causa que, siendo los franceses tan
-fatales para ella, los que la inquietan, la azotan, la pisan, la
-saquean, cada año la revuelven y son su total ruina, y al contrario,
-siendo los españoles los que la enriquecen, la honran, la mantienen
-en paz y quietud, los que la estiman, siendo Atlantes de la iglesia
-católica romana, con todo eso se pierden por los franceses, se les
-va el corazón tras ellos, los alaban sus escritores, los celebran
-sus poetas con declarada pasión y á los españoles los aborrecen, los
-execran y siempre están diciendo mal de ellos?</p>
-
-<p>¡Oh, dijo el cortesano, has tocado un gran punto! No sé cómo te lo
-dé á entender. ¿No has visto muchas veces aborrecer una mujer el fiel
-consorte, que la honra y que la estima, que la sustenta, la viste y la
-engalana, y perderse por un rufián, que la da de bofetadas cada día y
-la acocea, la azota y la roba, la desnuda y la maltrata?</p>
-
-<p>Sí.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_291">p. 291</span></p>
-
-<p>Pues aplica tú la semejanza.</p>
-
-<p>Faltóles antes la luz del día para ver, que grandezas y portentos
-para ser vistos, con que hubieron de dar treguas á su bienlograda
-curiosidad hasta el siguiente día.</p>
-
-<p>Mañana, les dijo el cortesano, os convido á ver, no sola Roma, sino
-todo el mundo de una vez, desde cierto puesto, de donde se señorea.
-Veréis, no sólo este siglo, esta nuestra era; sino las venideras.</p>
-
-<p>¿Qué dices, cortesano mío?, replicó Andrenio. ¿Para otro mundo y
-otro siglo nos emplazas?</p>
-
-<p>Sí, que habéis de ver cuanto pasa y ha de pasar.</p>
-
-<p>Gran cosa será y gran día.</p>
-
-<p>Quien quisiere lograrlo, madrugue en la siguiente Crisi.</p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_3_10">
- <h3 class="g1 ws1">CRISI X</h3>
- <p class="subh3c"><i>La rueda del tiempo.</i></p>
-</div>
-
-<p>Creyeron vanamente algunos de los filósofos antiguos que los siete
-errantes astros se habían repartido las siete edades del hombre, para
-asistirle desde el quicio de la vida hasta el umbral de la muerte.
-Señalábanle á cada edad su planeta por su orden y su puesto, avisando
-á todo mortal se diese por entendido, ya del planeta, que le presidía,
-ya del traste de la vida en que andaba. Cúpole, decían, á la niñez
-la luna con nombre de Lucina, comunicándole con sus influencias sus
-imperfecciones, esto es, con la humedad la ternura y con ella la
-facilidad y variedad, aquel mudarse á cada instante, ya llorando,
-ya riendo, sin saber de qué se enoja, sin saber con qué se aplaca,
-de cera á las impresiones, de masa á las aprehensiones, pasando de
-las tinieblas de la ignorancia á los crepúsculos de la advertencia.
-Desde los diez años hasta los veinte decían<span class="pagenum"
-id="Page_292">p. 292</span> presidirle el planeta Mercurio, influyendo
-docilidades, con que se va adelantando ya muchacho, al paso que en la
-edad, en la perfección. Comienza á estudiar y á deprender, cursa las
-escuelas, oye las facultades y va enriqueciendo el ánimo de noticias
-y de ciencias. Pero descárase Venus á los veinte y reina con grande
-tiranía, hasta los treinta, haciendo cruda guerra á la juventud á
-sangre que yerve y á fuego en que se abrasa y todo esto con bizarra
-galantería. Amanece á los treinta años el sol, esparciendo rayos de
-lucimiento con que anhela ya el hombre á lucir y valer. Emprende con
-calor los honrosos empleos, las lucidas empresas y, cual sol de su casa
-y de su patria, todo lo ilustra, lo fecunda y lo sazona. Embístele
-Marte á los cuarenta, infundiéndole valor con calor. Revístese de
-aceros, muestra bríos, riñe, venga y pleitea. Entra á los cincuenta
-mandando Júpiter, influyendo soberanías. Ya el hombre es señor de sus
-acciones, habla con autoridad, obra con señoría, no lleva bien el ser
-gobernado de otros; antes lo querría mandar todo, toma por sí las
-resoluciones, ejecuta sus dictámenes, sábese gobernar y á esta edad,
-como á tan señora, la coronaron por reina de las otras, llamándola
-el mejor tercio de la vida. Á los sesenta anochece, que no amanece,
-el melancólico saturnino con humor y horror de viejo. Comunícale su
-triste condición y, como se va acabando, querría acabar con todos,
-vive enfadado y enfadando, gruñendo y riñendo y, á lo de perro viejo,
-royendo lo presente y lamiendo lo pasado, remiso en sus acciones,
-tímido en sus ejecuciones, lánguido en el hablar, tardo en el ejecutar,
-ineficaz en sus empresas, escaso en su trato, asqueroso en su porte,
-descuidado en su traje, destituído de sentidos, falto de potencias y
-á todas horas y de todas las cosas quejumbroso. Hasta los setenta es
-el vivir y en los poderosos hasta los ochenta, que de ahí adelante
-todo es trabajo y dolor, no vivir, sino morir. Acabados los diez años
-de Saturno, vuelve á presidir la luna y vuelve á niñear y á monear
-el hombre decrépito y caduco, con que acaba el tiempo en círculo,
-mordiéndose la<span class="pagenum" id="Page_293">p. 293</span> cola
-la serpiente: ingenioso jeroglífico de la rueda de la humana vida.</p>
-
-<p>Con esto entró el cortesano, no tanto á despertarles, cuanto á
-darles el buen día y aun el mejor de su vida, muy entretenido con la
-máscara del mundo, el baile y mudanzas del tiempo, el entremés de la
-fortuna y la farsa de toda la vida.</p>
-
-<p>¡Alto! les dijo, que tenemos mucho que hablar, pues, deste mundo y
-del otro.</p>
-
-<p>Sacóles de casa, para más meterlos en ella, y fuélos conduciendo al
-más realzado de los siete collados de Roma, tan superior, que no sólo
-pudieron señorear aquella universal corte; pero todo el mundo con todos
-los siglos.</p>
-
-<p>Desde esta eminencia, les decía, solemos con mucho deporte algunos
-amigos tan geniales cuan joviales registrar todo el mundo y cuanto en
-él pasa, que todo corre la posta. Desde aquí atalayamos las ciudades y
-los reinos, las monarquías y repúblicas, ponderamos los hechos y los
-dichos de todos los mortales, y lo que es de más curiosidad, que no
-sólo vemos lo de hoy y lo de ayer, sino lo de mañana, discurriendo de
-todo y por todo.</p>
-
-<p>¡Oh, lo que diera yo, decía Andrenio, por ver lo que será del
-mundo de aquí á unos cuantos años! En qué habrán parado los reinos,
-qué habrá hecho Dios de fulano y de citano, qué habrá sido de tal y
-de tal personaje. Lo venidero, lo venidero querría yo ver; que eso
-de lo presente y lo pasado cualquiera se lo sabe. Hartos estamos de
-oirlo, cuando una victoria, un buen suceso lo repiten y lo vuelven á
-cacarear los franceses en sus gacetas, los españoles en sus relaciones,
-que matan y enfadan. Como lo de la victoria naval contra Selim, que
-aseguran fué más el gasto que se hizo en salvas y en luminarias, que lo
-que se ganó en ella. Y modernamente decía un discreto:</p>
-
-<p>Tan enfadado me tienen estos franceses con su socorro de Arrás y
-con tanto repetirlo, que no puedo ver las tapicerías aun en medio del
-invierno.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_294">p. 294</span></p>
-
-<p>Pues yo te ofrezco, dijo el cortesano, mostrarte todo lo venidero,
-como si lo tuvieses aquí delante.</p>
-
-<p>¡Brava arte mágica sería ésa!</p>
-
-<p>Antes no ni es menester, cuando no hay cosa más fácil, que saber lo
-venidero.</p>
-
-<p>¿Cómo puede ser eso, si está tan oculto y tan reservado á sola la
-perspicacia divina?</p>
-
-<p>Vuelvo á decir que no hay cosa más fácil ni más segura. Porque has
-de saber que lo mismo, que fué, eso es y eso será, sin discrepar ni
-un átomo. Lo que sucedió docientos años ha, eso mismo estamos viendo
-agora. Y si no, aguarda.</p>
-
-<p>Y echóse mano á una de las faltriqueras de la faldilla delantera y
-sacó una caja de cristales, celebrándolos por cosa extraordinaria.</p>
-
-<p>¿Qué más tendrán esos, que los demás antojos?, decía Andrenio.</p>
-
-<p>¡Oh, sí, que alcanzan mucho!</p>
-
-<p>¿Qué tanto? ¿Más, que el antojo del Galileo?</p>
-
-<p>Mucho más, pues lo que está por venir, lo que sucederá de aquí á
-cien años. Éstos los forjaba Arquímedes para los amigos entendidos.
-Tomad y calzáoslos en los ojos del alma, en los interiores.</p>
-
-<p>Y hiciéronlo así, sobre la faición de la prudencia.</p>
-
-<p>Mirad ahora hacia España. ¿Qué veis?</p>
-
-<p>Veo, dijo Andrenio, que las mismas guerras intestinas de agora
-docientos años pasan del mismo modo, las rebeliones, las desdichas del
-un cabo al otro.</p>
-
-<p>¿Qué ves hacia Inglaterra?</p>
-
-<p>Que lo que obró un Enrico contra la Iglesia ejecuta después otro
-peor. Que si ya degollaron una reina Estuarda, hoy su nieto Carlos
-Estuardo. Veo en Francia que matan un Enrico y otro Enrico y que
-vuelven á brotar las cabezas de la herética hidra. Veo en Suecia que lo
-que le sucedió á Gustavo Adolfo<span class="pagenum" id="Page_295">p.
-295</span> en Alemania, le va sucediendo por los mismos filos á su
-sobrino en la católica Polonia.</p>
-
-<p>¿Y aquí en Roma?</p>
-
-<p>Que ha vuelto aquel siglo de oro y aquella felicidad pasada, de que
-gozó en tiempo de los Gregorios y los Píos.</p>
-
-<p>Ahí veréis que las cosas, las mismas son, que fueron; sola la
-memoria es la que falta. No acontece cosa, que no haya sido ni que se
-pueda decir nueva bajo del sol.</p>
-
-<p>¿Quién es aquel vejezuelo, dijo Critilo, que nunca para, que todos
-le siguen y él á nadie espera ni á reyes ni á monarcas, hace su hecho y
-calla? ¿No lo ves tú, Andrenio?</p>
-
-<p>Sí, por señas que lleva unas alforjas al cuello, como caminante.</p>
-
-<p>¡Oh!, dijo el cortesano, ése es un viejo, que sabe mucho, porque ha
-visto mucho y al cabo todo lo dice sin faltar á la verdad.</p>
-
-<p>¿Cabe mucho en aquellas alforjas?</p>
-
-<p>No lo creeréis. Cabe una ciudad y muchas y reinos enteros. Unos
-lleva delante, otros atrás y, cuando se cansa, vuelve las alforjas, la
-de atrás adelante, y revuelve todo el mundo, sin saber cómo ni por qué,
-sino por variar. ¿Qué pensáis que es el pasarse el mando, el mudarse
-el señorío desta provincia en aquélla, de una nación en la otra? Es
-que se muda las alforjas el tiempo: hoy está aquí el imperio y mañana
-acullá; hoy van delante los que ayer iban detrás: mudóse la vanguardia
-en retaguardia. Así veréis que la África, que en otro tiempo era madre
-de prodigiosos ingenios, de un Augustino, Tertuliano y Apuleyo ¿quién
-tal creyera? hoy está hecha un barbarismo, engendradora de alarbes. Y
-lo que es de mayor sentimiento, la Grecia, progenitora de los mayores
-ingenios, la inventora de las ciencias y las artes, la que daba leyes
-de discreción á todo el mundo, madre del bien decir, hoy está hecha un
-solecismo en poder de los bárbaros traces. Y á ese modo está trocado
-todo el mundo. La Italia, que mandaba á todas las demás na<span
-class="pagenum" id="Page_296">p. 296</span>ciones y triunfaba de todas
-las provincias, hoy sirve á todas: mudóse las alforjas el tiempo.</p>
-
-<p>Pero la que fué gran vista y espectáculo de mucho gusto fué una
-gran rueda, que bajaba por toda la redondez de la tierra, desde el
-oriente al ocaso de la ocasión. Veíanse en ella todas cuantas cosas
-hay, ha habido y habrá en el mundo, con tal disposición, que la una
-mitad se veía clara y esentamente sobre el horizonte y la otra estaba
-hundida acullá abajo, que nada de ella se veía; pero iba rodando sin
-cesar, dando vueltas, al modo de una grúa, en que se metió el tiempo
-y, saltando de la grada de un día en la del otro, la hacía rodar y
-con ella todas las cosas. Salían unas de nuevo y escondíanse otras de
-viejo y volvían á salir al cabo de tiempo. De modo que siempre eran las
-mismas; sólo que unas pasaban, otras habían pasado y volvían á tener
-vez. Hasta las aguas al cabo de los años mil volvían á correr por donde
-solían; aunque no serían por los ojos, que ésas más presto vuelven: que
-hay mucho que llorar.</p>
-
-<p>Aquí hay mucho que ver, dijo Critilo.</p>
-
-<p>Y que notar, el cortesano. Bien lo podéis tomar de propósito.
-Atended cómo va pasando todo en la rueda de la vicisitud, unas cosas
-van, otras vienen. Vuelven las monarquías y revuélvense también: que no
-hay cosa que tenga estado, todo es subida y declinación.</p>
-
-<p>Veíanse acullá al un cabo de la rueda y que ya habían pasado unos
-hombres y unos príncipes parcos, que no pobres, pródigos de su sangre
-y guardadores de la hacienda. Vestían de lana y la sabían cardar.
-Crujían mangas de seda los días de fiesta por gran gala y todo el año
-la malla.</p>
-
-<p>¿Quiénes son aquellos, preguntó Critilo, que cuanto más llanos,
-mejor parecen?</p>
-
-<p>Aquéllos fueron, respondió el cortesano, los que conquistaron los
-reinos. Nota bien que allí hallarás un don Jaime de Aragón, un don
-Fernando el Santo de Castilla y un don Alfonso Enríquez de Portugal.
-Mira qué pobres de gala y qué ri<span class="pagenum" id="Page_297">p.
-297</span>cos de fama. Hicieron muy bien su papel, pues llenaron las
-historias de sus hazañas y metiéronse en el vestuario común de las
-mortajas; pero no en olvido.</p>
-
-<p>Al mismo tiempo, por la contraria banda de la rueda, salían otros
-y muy otros, ricos, bizarros y suntuosos, rozando sedas, arrastrando
-telas y gozando de lo que sus antepasados les ganaron; pero iban éstos
-pasando también su carrera y hundíanse al cabo, después de hundido todo
-y volvían á salir aquellos primeros, volviendo á juego las materias. Y
-con esta alternación procedían las cosas humanas, al fin temporales.</p>
-
-<p>¡Hay tal variedad!, ponderaba Andrenio. ¿Y siempre ha sido desta
-suerte?</p>
-
-<p>Siempre, decía el cortesano, y esto en cada provincia, en cada
-reino. Vuelve la cabeza atrás y mira qué moderados entraron en España
-los primeros godos, un Ataulfo, Sisenando, hasta el rey Bamba. Sucede
-al cabo el delicioso Rodrigo y da al traste con las más florida
-monarquía. Va pasando la rueda y vuelve otra vez el valor con la
-parsimonia, en el famoso Pelayo. Restáurase poco á poco lo que se
-perdió tan aprisa. Descaece otra vez; pero resucita en el rey don
-Fernando el Católico y así se van alternando las ganancias y las
-pérdidas, las dichas y las desdichas.</p>
-
-<p>¡Oh, lo que son de ver, decía Critilo, aquellos primeros vestidos
-de paño, ya los segundos de brocado, aquéllos crujiendo acero y éstos
-seda, arreados aquéllos en el alma y desnudos en el cuerpo, adornados
-éstos de galas y desnudos de hazañas, faltos de noticias y sobrados de
-delicias!</p>
-
-<p>Escondíanse unas mujeres y señoras y aun princesas, con las ruecas
-en la cinta, refilando el uso, y salían otras con abanicos costosos
-de varillas de diamantes, fuelles de su vanidad. Aquéllas con sus
-manguitos de paño, estas otras de martas, nada piadosas y muy suyas.
-Aquéllas exprimidas de talle, estas otras más huecas, que campanas. Y
-no obstante esto, aquéllas sonaban mejor.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_298">p. 298</span></p>
-
-<p>Por eso digo yo, ponderaba Critilo, que siempre lo pasado fué
-mejor.</p>
-
-<p>Alargaba el cuello Andrenio, mirando hacia el oriente de la rueda y
-preguntóle el cortesano:</p>
-
-<p>¿Qué buscas? ¿Qué echas menos?</p>
-
-<p>Y él miraba si volvía á salir aquel plausible rey don Pedro de
-Aragón, llamado bastón de franceses, que con ellos solos fué cruel.
-¡Oh, cómo que despicaría á España! ¡Qué coscorrones pegaría! ¡Cómo
-que les abajaría las crestas á los galos! Pero mudóse las alforjas el
-tiempo. Iba dando sin parar la vuelta la rueda y volteando con ella
-cuanto hay. Salía una ciudad con sus casas de tierra y los palacios
-á piedralodo. Paseaban sus calles en carros los caballeros, el mismo
-Nuño Rasura. Que las damas, como tan recatadas, ni eran vistas ni
-oídas. Cuando mucho, salían á alguna romería: que no se nombraban
-las ramerías. Más colorada se volvía entonces una mujer de ver un
-hombre, que agora de ver un ejército. Y es de advertir que entonces no
-había otro color, que el de la vergüenza y el blanco de la inocencia.
-Parecían de otra especie, porque eran muy calladas, no andariegas,
-honestas, hacendosas. Al fin mujeres para todo y no como agora, para
-nada. Pero daba la vuelta la rueda, hundíase aquella ciudad y al cabo
-de tiempo volvía á salir otra, digo, la misma; pero tan otra, que no la
-conocían.</p>
-
-<p>¿Qué ciudad es ésta?, preguntó Andrenio.</p>
-
-<p>La misma, respondió el cortesano.</p>
-
-<p>¿Cómo puede ser eso, si estas casas de agora son de mármoles y de
-jaspes, con tanto dorado balcón, en vez de los de palo? ¿Qué tienen que
-ver estas tiendas con aquellas otras de docientos años atrás? Allí,
-señor cortesano, no había guantes de ámbar, sino de lana; no tahalíes
-bordados de oro, sino una correa; no sombreros de castor ni por sueño,
-cuando mucho bonetillos ó monteras. Manguitos de á ciento de á ocho,
-¿quién tal dijo? Fuera heregía. No, sino de paño y abanicos de paja
-y<span class="pagenum" id="Page_299">p. 299</span> ésos llevaba la
-señora y la condesa; que aún no había duquesas, y la misma reina doña
-Constanza y por mucha gala, que costaba cuatro maravedís; y no como
-agora de garapiña y de rapiña francesa. Con un real compraba entonces
-un hombre sombrero, zapatos, medias, guantes y aún le sobraban algunos
-maravedises. Las que aquí son telas de oro y brocados, allí eran
-bureles y por cosa muy preciosa se hallaba algún contray para mantos
-á las ricas fembras en el día de su boda, que por eso se llamaron de
-velarse. Las que allí eran carretillas, aquí son coches y carrozas; las
-que angarillas, son sillas de mano tachonadas. Aquí no se ve ruar el
-carretón de la Inés tirado de sola una bestia, que no había entonces
-tantas. Las calles hierven de mujeres tan descocadas cuan escotadas,
-cuando allí, si se les veía una muñeca, era ya perderse todo y ser
-ellas unas perdidas. Muchos de estrados y cojines y no se ve una
-almohadilla, sin hacer hacienda, antes deshaciéndolas y acabando con
-las casas.</p>
-
-<p>Pues te aseguro, dijo el cortesano, que es la misma ciudad; aunque
-tan otra de lo que fué, tan mudada, que no la conocerían sus primeros
-habitadores. Mira lo que hace y deshace el tiempo.</p>
-
-<p>¡Válgame el Cielo!, dijo Critilo. ¿Y qué dijeran, si volvieran hoy
-á Roma los Camilos y Dentatos, si el buen Sancho Minaya á Toledo, si
-Gracián Ramírez á Madrid, Laín Calvo á Burgos, el Conde Alperche á
-Zaragoza y Garci Pérez á Sevilla, si pasearan por estas calles y las
-hallaran ocupadas de coches y de carrozas, si vieran estas tiendas y
-esta perdición?</p>
-
-<p>Volteaba la rueda y escondíase el buen tiempo y todo lo bueno con
-él. Aquellos hombres buenos y llanos sin artificio ni embeleco, tan
-sencillos en el vestido como en el ánimo, sin pliegues en las capas
-y sin dobleces en el alma, con el pecho desabrochado, mostrando el
-corazón, la conciencia á ojo, con el alma en la palma y por eso
-vitoriosa: hombres al fin del tiempo antiguo y con todo eso muy ricos y
-sobrados, desaliña<span class="pagenum" id="Page_300">p. 300</span>dos
-y nunca más bienpuestos. Que, cuando los hombres eran más sencillos,
-aseguran que había más doblones. Escondíanse aquéllos y salían otros
-antípodas suyos en todo, embusteros, mentirosos, falsos y faltos, que
-se corrían de que les llamasen buenos hombres, más pequeños de cuerpo
-y también de alma. Y con ser todos palabras, no tenían palabra. Mucho
-de cumplimiento y nada de verdad. Mucho de circunstancia y nada de
-sustancia. Gente de poca ciencia y de menos conciencia.</p>
-
-<p>Éstos, decía Critilo, yo juraría que no son hombres.</p>
-
-<p>¿Pues qué?</p>
-
-<p>Sombras de aquellos que van delante, medio hombres, pues no tienen
-entereza. ¡Oh, cuándo volverán aquellos primeros agigantados, hijos de
-la fama!</p>
-
-<p>Dejad, decía el cortesano, que aún volverán á tener vez.</p>
-
-<p>Sí; pero ¡qué tarde!, si se ha de acabar primero la mala semilla
-déstos.</p>
-
-<p>De lo que gustaba mucho Andrenio y tanto, que no pudo contener la
-risa, era de ver rodar los trajes y dar vueltas los usos y más mirando
-hacia España, donde no hay cosa estable en esto del vestir. Á cada
-tumbo de la rueda se mudaban y siempre de malo en peor, con mucho
-gasto y figurería. Un día salían con unos sombreros anchos y bajos,
-que parecían gorras; al otro día otros amorrionados, que parecían
-capacetes; luego otros pequeños y puntiagudos, que parecían alhajas de
-títeres y hacían bravas figuras. Pasaban éstos y sucedían otros chatos
-y anchos, con dos dedos de falda, que parecían bacinillas y aun olían
-mal; mas al otro día los dejaban y salían con otros tan altos, que
-parecían orinales. Quebrábanse éstos también y sacaban los gaviones con
-una vara de copa y otra de falda, ya pequeños, ya tan grandes, que se
-pudieran hacer dos de cada uno de los primeros. Y es lo bueno que los
-que hacían más ridículas figuras se burlaban de los pasados, diciendo
-que parecían figurillas; mas luego los que se seguían les llamaban á
-ellos figurones. Fué de modo que en poco rato, que lo estuvieron<span
-class="pagenum" id="Page_301">p. 301</span> mirando, contaron más de
-una docena de formas diferentes de solos sombreros. ¿Qué sería de todo
-el demás traje? Las capas ya eran tan largas y prolijas, que parecían
-ir fajados en ellas, ya tan cortas y tan biencriadas, que, cuando sus
-amos estaban sentados, ellas se quedaban en pie. Dejo las calzas, ya
-afolladas, ya botargas, los zapatos ya romos, ya puntiagudos.</p>
-
-<p>Qué cosa tan graciosa, decía Andrenio. Señores, ¿quién inventa estos
-trajes? ¿Quién saca estos usos?</p>
-
-<p>Ahí me digas tú que hay bien que reir. Porque has de saber que llega
-un gotoso que tiene necesidad de llevar el pie holgado y cálzase un
-zapato romo y ancho, por su comodidad, diciendo:</p>
-
-<p>¿Qué importa que el mundo sea ancho, si mi zapato es estrecho?</p>
-
-<p>Los otros, que lo ven, luego lo apetecen y dan todos en llevar
-zapatos romos y parecer gotosos y patituertos. Si una mujer pequeña
-hubo menester ayudarse de chapines, añadiendo de corcho lo que le
-faltaba de persona, luego todas las otras dan en llevarlos, aunque sean
-más crecidas que la giralda de Sevilla ó la torre nueva de Zaragoza.
-Llega en esto una muy estirada en todo, que no necesita dellos, antes
-la hacen embarazo. Dales del pie y gusta de irse en zapato. Luego todas
-las otras la quieren imitar, aunque sean unas enanas, valiéndose de la
-ocasión para más soltura y para parecer niñas. La otra flamenca dió en
-ir escotada, vendiendo el alabastro y quiérenla seguir las de Guinea,
-feriando el azabache, que en unas y en otras es una gran frialdad y un
-traje muy desarrapado. Y es de advertir que el peor y el más deshonesto
-es el que dura más. Pero para que riáis de buen gusto mirad aquella
-ristra de mujeres, que van una tras otra en la rueda del tiempo. La
-primera lleva aquel desproporcionado tocado, que llamaron almirante y
-lo inventó una calva. La otra, que se sigue, lo trocó por la arandela,
-que hizo brava visión. Sucede la otra con el bobo, que fué su más
-propio traje. Trocólo ya la que viene detrás,<span class="pagenum"
-id="Page_302">p. 302</span> por el trenzado, no mendigando un pelo
-ajeno á su belleza. La quinta en orden lo dejó para las mozas de
-cántaro y echó el cabello atrás en una crecida cola. La sexta inventó
-el moño, desmintiendo lo pelado. La séptima se echó un gobelete al
-tozuelo, echando allá cuanto la pudiesen decir. La octava va con una
-trenza á la jineta, á tuerto y á derecho. La nona con asa de cántaro y
-pudiera de cantarilla. Desta suerte van variando y desvariando, hasta
-que vuelvan á su primera impertinencia. Pero lo que fué, no ya de reir,
-sino de sentir, que siempre se va todo empeorando. Pues es cosa cierta
-que con lo que gasta hoy una mujer se vestía antes todo un pueblo. Más
-plata echa hoy en relumbrones una cortesana, que había en toda España
-antes que se descubrieran las Indias. No conocían las perlas aquellas
-primeras señoras; pero éranlo ellas en la fineza. Los hombres eran de
-oro y se vestían de paño; agora son asco y rozan damasco y después, que
-hay tantos diamantes, ni hay fineza ni firmeza.</p>
-
-<p>Hasta en el hablar hay su novedad cada día, pues el lenguaje de
-hoy ha docientos años parece algarabía. Y si no, leed esos fueros de
-Aragón, esas partidas de Castilla, que ya no hay quien las entienda.
-Escuchad un rato aquellos, que van pasando uno tras de otro, en la
-rueda del tiempo.</p>
-
-<p>Atendieron y oyeron que el primero decía fillo, el segundo fijo, el
-tercero hijo y el cuarto ya decía gixo á lo andaluz y el quinto de otro
-modo, sino que no lo percibieron.</p>
-
-<p>¿Qué es esto?, decía Andrenio. ¿Señores, en qué ha de parar tanto
-variar? ¿Pues no era muy buena aquella primera palabra fillo y más
-suave, más conforme á su original, que es el latín?</p>
-
-<p>Sí.</p>
-
-<p>¿Pues por qué la dejaron?</p>
-
-<p>No más de por mudar, sucediendo lo mismo en las palabras, que en los
-sombreros. Éstos de agora tienen por bárbaros á los de aquel lenguaje,
-como si los venideros no hubiesen de vengarlos á aquéllos y reirse
-déstos.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_303">p. 303</span></p>
-
-<p>Púsose de puntillas Critilo, desojándose hacia el oriente de la
-rueda.</p>
-
-<p>¿Qué atiendes con tanto ahinco?, le preguntó el cortesano.</p>
-
-<p>Estoy mirando si vuelven á salir aquellos Quintos tan famosos y
-plausibles en el mundo, un don Fernando el Quinto, un Carlos Quinto y
-un Pío Quinto.</p>
-
-<p>¡Ojalá que eso fuese y que saliese un don Felipe, el Quinto en
-España! Y cómo que vendrá nacido. ¡Qué gran rey había de ser, copiando
-en sí todo el valor y el saber de sus pasados! Pero lo que noto es que
-antes vuelven á salir los males, que los bienes. Tardan éstos lo que se
-avanzan aquéllos.</p>
-
-<p>Oh, sí, dijo el cortesano: detiénense y mucho en volver los siglos
-de oro y adelántanse los de plomo y de hierro. Son las calamidades
-más ciertas en repetir, que las prosperidades. Así como el mal humor
-de una terciana y de una cuartana tienen su día fijo, su hora sabida,
-sin discrepar un punto y el buen humor la alegría, el contento, no le
-tienen ni repiten, á la hora las guerras, las rebeliones no discrepan
-un lustro, las pestes ni un año, las secas no pierden vez, vuelven las
-hambres, las mortandades, las desdichas por sus pasos contados.</p>
-
-<p>Pues si eso es así, dijo Andrenio, ¿no se les podía tomar el pulso
-á las mudanzas y el tino á la vicisitud de la rueda, para prevenir los
-remedios á los venideros males y saberlos desviar?</p>
-
-<p>Ya se podría, respondió el cortesano; pero como fenecieron aquellos,
-que entonces vivían, y suceden otros de nuevo sin recuerdo de los
-daños, sin experiencia de los inconvenientes, no queda lugar al
-escarmiento. Vinieron unos noveleros, amigos de mudanzas peligrosas,
-que no probaron de las calamidades de la guerra, atropellaron con la
-rica y abundante paz y después murieron suspirando por ella. Con todo
-ya hay algunos de bueno y sano juicio, prudentes consejeros, que huelen
-de lejos las tempestades, las pronostican, las dicen y aun las vocean;
-pero no son escuchados. Que el principio de los males es quitarnos el
-cielo el inestimable don del consejo. Sacan los<span class="pagenum"
-id="Page_304">p. 304</span> cuerdos por discurso cierto las desdichas,
-que amenazan: en viendo en una república la desolación de costumbres,
-pronostican la disolución de provincias; en reconociendo caída la
-virtud, atinan la caída de las monarquías; grítanlo á quien tiene
-atapados los oídos, y así veréis que de tiempo á tiempo se pierde todo
-para volverse otra vez á ganar todo.</p>
-
-<p>Pero buen ánimo, que todas las cosas vuelven á tener día, lo bueno
-y lo malo, las dichas y las desventuras, las ganancias y las pérdidas,
-los cautiverios y los triunfos, los buenos y los malos años.</p>
-
-<p>Sí, dijo Andrenio; ¿pero qué me importa á mí que hayan de suceder
-después las felicidades, si á mí me cogen de medio á medio todas las
-calamidades? Eso es decir que para mí se hicieron las penas y para
-otros los contentos.</p>
-
-<p>Buen remedio ser prudente, abrir el ojo y dar ya en la cuenta. Ea,
-alégrate, que aún volverá la virtud á ser estimada, la sabiduría á
-estar muy valida, la verdad amada y todo lo bueno en su triunfo.</p>
-
-<p>Y cuando será eso, suspiró Critilo, ya estaremos nosotros acabados
-y aun consumidos. ¡Oh, quién viera aquellos hombres con sus sayos
-y aquellas mujeres con sus cofias y sus ruecas, que desde que se
-arrimaron los husos, no se usa cosa buena! ¿Cuándo volverá la reina
-doña Isabel la Católica á enviar recados: decidle á doña Fulana que
-se venga esta tarde á pasarla conmigo y que se traiga su rueca, y á
-la condesa que venga con su almohadilla? ¿Cuándo oiremos al otro rey
-escusarse en las cortes que no había comido gallina y decía la verdad
-y que una que comió un jueves había sido presentada? Y al otro que si
-las mangas del jubón eran de seda, pero el cuerpo de tela. ¡Oh, cuánto
-me holgaría ver salir aquellos siglos de oro y no de lodo y basura,
-aquellos varones de diamantes y no de claveques, aquellas hembras de
-margaritas y sin perlas, las Hermesindas y Jimenas, con que no faltan
-Urracas, aquellos hombres de bien, que ya no sólo no corren, pero ni
-dan un paso, de<span class="pagenum" id="Page_305">p. 305</span> Tasso
-lenguaje, pero de buena lengua, de pocas razones y de mucha razón, de
-mucha sustancia y poca circunstancia, gente de apoyo y no de tramoya
-y de sola apariencia, que no hay cosa más contraria á la verdad, que
-la verisimilitud! ¿Qué soldados eran aquellos de acullá, vestidos de
-pieles y calzados de cuero, que repetían de fieras?</p>
-
-<p>Ésos eran los Almugábares, la milicia del rey don Jaime y de su
-valeroso hijo; no como los capitanes de agora, vestidos de tafetán,
-dando cuchilladas de seda.</p>
-
-<p>Aguarda, ¿qué varas eran aquéllas tan macizas y tan firmes?</p>
-
-<p>Las de la justicia del buen tiempo, gruesas; pero no groseras, que
-no se torcían á cualquier viento ni se doblaban, aunque las cargasen
-del metal pesado, aunque colgasen de ellas un bolsón de doblones.</p>
-
-<p>Qué diferentes, decía Andrenio, destas otras tan delgadas, al fin
-juncos, que ceden al soplo del favor y se inclinan por poco que les
-cuelguen á un par de capones, á cualquier pluma. ¿Quién es aquel que
-habla ronco?</p>
-
-<p>Pues á fe que no es ronca, sino bien clara su fama. Aquél es el
-plausible alcalde Ronquillo, blasón de la justicia.</p>
-
-<p>¿Y aquel otro, que todo lo averigua?</p>
-
-<p>Ése es el del proverbio, por quien decía el rey Católico, á
-cualquiera escándalo que sucedía:</p>
-
-<p>Vaya y averígüelo Vargas.</p>
-
-<p>Todo lo aclaraba y nada confundía, con que también ha tenido en
-estos tiempos la justicia sus Quiñones.</p>
-
-<p>Cansábanse ya ellos de ver; pero no la rueda de dar vueltas y á
-cada tumbo se trastornaba el mundo, caían las casas más ilustres y
-levantábanse otras muy oscuras, con que los descendientes de los
-reyes andaban tras los bueyes, trocándose el cetro en aguijada y tal
-vez en un cepillo. Al contrario, los lacayos subían á Belengabores y
-Taicosamas. Vieron un nieto de un herrador muy puesto á la jineta y
-otro muy á caballo rodeado de pajes, aquél cuyo abuelo iba tal vez
-lleno de pajas.<span class="pagenum" id="Page_306">p. 306</span>
-Decantábase la rueda y comenzaban á bambalear las torres y los
-homenajes, caían los alcázares y empinábanse los aduares y al cabo de
-años los nobles eran villanos.</p>
-
-<p>¿Quién es aquel, decía Andrenio, que vive en la casa solar de los
-condes de tal?</p>
-
-<p>Un hornero, que haciendo mala harina hizo muchos ducados, de modo
-que valen más sus salvados, que la harina de muchos nobles.</p>
-
-<p>¿Y en aquella otra de los duques de cual?</p>
-
-<p>Un otro, que vendió mal y las compró bien.</p>
-
-<p>¿Pues es posible, ponderaba Critilo, que no se contente ya la
-desvergonzada vanidad déstos con levantar sus casas de nuevo, sino que
-quieren hollar las más antiguas y las que eran de mejor solar?</p>
-
-<p>Salían unos ingenios noveleros con unos discursos viejos, opiniones
-rancias, pero bien alcoholadas, con lindo lenguaje y vendíanlas por
-invención suya y de verdad que lo era. Engañaban luego luego á cuatro
-pedantes; mas llegaban los varones sabios y leídos y decían:</p>
-
-<p>¿Ésta no es la dotrina de aquellos antiguos? En un rincón del
-Tostado se hallará, sazonado y cocido todo lo que éstos blasonan por
-crudo y valiente pensar. Lo que éstos hacen no es más que sacarlo de
-aquella letra gótica y estamparlo en la romana más legible, mudando la
-cuadrada en redonda, echando un papel blanco y nuevo y con esto cátalo
-aquí concepto nuevo. Á fe que estos ecos que son de aquella lira y que
-este tomo es de Toma.</p>
-
-<p>Lo mismo que en la cátedra sucedía en el púlpito con notable
-variedad, que en el breve rato, que se asomaron á ver la rueda, notaron
-una docena de varios modos de orar. Dejaron la sustancial ponderación
-del sagrado texto y dieron en alegorías frías, metáforas cansadas,
-haciendo soles y águilas los santos, inares las virtudes, teniendo toda
-una hora ocupado el auditorio, pensando en una ave ó una flor. Dejaron
-esto y dieron<span class="pagenum" id="Page_307">p. 307</span> en
-descripciones y pinturillas. Llegó á estar muy valida la humanidad,
-mezclando lo sagrado con lo profano. Y comenzaba el otro afectado su
-sermón por un lugar de Séneca, como si no hubiera San Pablo, ya con
-trazas, ya sin ellas, ya discursos atados, ya desatados, ya uniendo,
-ya postillando, ya echándolo todo en frasecillas y modillos de
-decir, rascando la picazón de las orejas de cuatro impertinentillos
-bachilleres, dejando la sólida y sustancial doctrina y aquel verdadero
-modo de predicar del Boca de oro y de la ambrosía dulcísima y del
-néctar provechoso del gran prelado de Milán.</p>
-
-<p>Cortesano mío, decía Andrenio, ¿volverá al mundo otro Alejandro
-Magno, un Trajano y el gran Teodosio? ¡Gran cosa sería!</p>
-
-<p>No sé qué me diga, le respondió, que de uno déstos hay para cien
-siglos y mientras sale un Augusto, ruedan cuatro Nerones, cinco
-Calígulas, ocho Eliogábalos, y mientras un Ciro, diez Sardanápalos.
-Sale una vez un Gran Capitán y bullen después cien capitanejos, con que
-se ha de mudar cada año de jefe. He aquí que para conquistar á todo
-Nápoles bastó el gran Gonzalo Fernández y para Portugal un duque de
-Alba, para la una India Fernando Cortés y para la otra Alburquerque; y
-hoy para restaurar un palmo de tierra no han sido bastantes doce cabos.
-Llevóse de carrera Carlos Octavo á Nápoles y con otra vista, que dió el
-desposeído Fernando con cuatro naves vacías, lo volvió á cobrar. De un
-Santiago cogió el rey Católico á Granada y su nieto Carlos Quinto toda
-la Alemania.</p>
-
-<p>Oh, señor, replicó Critilo, no hay que admirar: que iban los mismos
-reyes en persona, no en sustituto. Que hay gran diferencia de pelear el
-amo ó el criado. Asegúroos que no hay batería de cañones reforzados,
-como una ojeada de un rey.</p>
-
-<p>Tras de una reina doña Blanca, proseguía el cortesano, salen
-cien negras. Mas hoy en otra española vuelve á florecer aquélla y
-en una católica Cristina de Suecia renace hoy la emperatriz Elena.
-Más os digo, que vuelve á salir el mismo Ale<span class="pagenum"
-id="Page_308">p. 308</span>jandro. Ya le veo y le reverencio, no
-gentil, sino muy cristiano; no profano, sino santo; no tirano de las
-provincias, sino padre de todo el mundo, conquistándole para el cielo.
-Pasad un lienzo, les dijo, por esos cristales y, si fuere el de la
-mortaja, mejor: quedarán más limpios del polvo apegadizo de la tierra.
-Y mirad otro rato hacia el cielo.</p>
-
-<p>Realzaron la vista y en virtud de aquella diáfana perspicacidad
-divisaron cosas, en que jamás habían reparado. Vieron una gran multitud
-de hilos y muy sutiles, que los iban devanando los celestes tornos y,
-sacándolos de cada uno de los mortales como de un ovillo.</p>
-
-<p>¡Qué delgado hilan los cielos!, decía Andrenio.</p>
-
-<p>Ésos son, respondió el cortesano, los hilos de nuestras vidas. Notad
-qué cosa tan delicada y de qué dependemos todos.</p>
-
-<p>Era mucho de ver cuáles andaban los hombres rodando y saltando, como
-si fueran otros tantos ovillos, sin parar un instante, al paso que las
-celestiales esferas les iban sacando la sustancia y consumiendo la
-vida hasta dejarlos de todo punto apurados y deshechos, de tal suerte
-que no venía á quedar en cada uno sino un pedazo de trapo de una pobre
-mortaja, que en esto viene á parar todo. De unos tiraban hebras de seda
-fina; de otros, hilos de oro; y de otros, de cáñamo y estopa.</p>
-
-<p>Sin duda que aquellos de oro y de plata, dijo Andrenio, serán de los
-ricos.</p>
-
-<p>Engáñaste.</p>
-
-<p>¿De los nobles?</p>
-
-<p>Tampoco.</p>
-
-<p>¿De los príncipes?</p>
-
-<p>No discurres bien.</p>
-
-<p>¿No son los hilos de las vidas?</p>
-
-<p>Sí.</p>
-
-<p>Pues, según fueren ellas, así serán ellos.</p>
-
-<p>Noble hay, que sacan del hilo de estopa y plebeyo, que sacan del
-hilo de plata y aun de oro.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_309">p. 309</span></p>
-
-<p>Allí se acababa uno, acullá otro, faltábale muy poco á éste, cuando
-comenzaba aquél. Que lo que la naturaleza va hilando de la vida el
-cielo lo va devanando y quitándonos los días con sus vueltas. Y
-cuando los mortales andan más diligentes y más solícitos, saltando y
-brincando, entonces se van más deshaciendo.</p>
-
-<p>¡Pero qué á lo callado, qué á las sordas nos van urdiendo la muerte,
-ponderaba Critilo, cuando nos van devanando la vida! Engañóse sin duda
-aquel otro filósofo en decir que al moverse esas celestes esferas de
-esos once cielos hacen una suavísima música, un muy sonoro ruido. Ojalá
-que eso fuera, que nos despertaran de nuestro sueño. Fuera un citarnos
-á cada instante de remate. No fuera música para entretenernos, sino un
-recuerdo para desengañarnos.</p>
-
-<p>Miráronse ya á sí mismos y vieron lo poco que les faltaba por
-devanar, que fué materia de harto desengaño para Critilo, si para
-Andrenio de melancolía.</p>
-
-<p>Esto bastará por ahora, les dijo el cortesano, y bajemos á comer, no
-diga el otro simple letor:</p>
-
-<p>¿De qué pasan estos hombres, que nunca se introducen comiendo ni
-cenando, sino filosofando?</p>
-
-<p>Acertaron á pasar por una plaza, la de mayor concurso, que sería
-sin duda la Navona, donde hallaron un numeroso pueblo, dividido en
-enjambres de susurro, aguardando alguno de sus espectáculos vulgares,
-que el cortesano al verle realzó con su moral observación y ellos con
-especial desengaño. Pero qué espantavulgo fuese éste nos lo afianza
-declarar la siguiente Crisi.</p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_3_11">
- <p><span class="pagenum" id="Page_310">p. 310</span></p>
- <h3 class="g1 ws1">CRISI XI</h3>
- <p class="subh3c"><i>La suegra de la vida.</i></p>
-</div>
-
-<p>Muere el hombre, cuando había de comenzar á vivir, cuando más
-persona, cuando ya sabio y prudente, lleno de noticias y experiencias,
-sazonado y hecho, colmado de perfecciones, cuando era de más utilidad
-y autoridad á su casa y á su patria. Así que nace bestia y muere muy
-persona. Pero no se ha de decir que murió agora, sino que acabó de
-morir, cuando no es otro el vivir que un ir cada día muriendo. ¡Oh,
-ley por todas partes terrible la de la muerte, única en no tener
-excepción, en no privilegiar á nadie, y debiera á los grandes hombres,
-á los eminentes sujetos, á los perfectos príncipes, á los consumados
-varones, con quienes muere la virtud, la prudencia, la valentía, el
-saber y tal vez toda una ciudad, un reino entero! Eternos debieran ser
-los ínclitos héroes, los varones famosos, que les costó tanto el llegar
-á aquel cenit de su grandeza; pero sucede tan al contrario, que los que
-importan menos viven más y los que mucho valen viven menos. Son eternos
-los que no merecían vivir un día y los insignes varones, momentáneos,
-pasaban como lucidos cometas. Plausible resolución fué la del rey
-Néstor, de quien se cuenta que, habiendo consultado los oráculos acerca
-de los plazos de su vida y habiéndole sido respondido que aún había de
-vivir mil años cabales, dijo él:</p>
-
-<p>Pues no hay que tratar de hacer casa.</p>
-
-<p>Instando sus amigos que no sólo casa, pero un palacio y no sólo uno,
-sino muchos, para todos tiempos y pasatiempos, respondió:</p>
-
-<p>¿Para sólos mil años de vida queréis que me ponga agora á<span
-class="pagenum" id="Page_311">p. 311</span> fabricar casa? ¿Para tan
-poco tiempo un palacio? He, que bastará una tienda ó una barraca,
-donde me aloje de paso. Que sería calificada locura tomar el vivir de
-asiento.</p>
-
-<p>¡Qué bien viene esto con lo que hoy se platica, pues no llegando
-los hombres á vivir lo más cien años y no teniendo seguro ni un día,
-emprenden edificios de á mil años, fabrican casas, como si se hubiesen
-de perpetuar sobre la haz de la tierra! De estos sería uno sin duda
-aquel que decía que, aunque supiera que no había de vivir sino un año,
-hiciera casa; si un mes, se casara; si una semana, comprara cama y
-silla; y si un día sólo, hiciera olla. ¡Oh!, cómo debe reirse destos
-necios la muerte discreta, siquiera por lo fea, viendo que, cuando
-ellos están levantando grandes casas, ella les está abriendo corta
-sepultura, según el proverbio: á casa hecha, sepultura abierta. En
-acomodándose uno, ella le desacomoda. Acabarse de construir el palacio
-y acabarse la vida todo es á un tiempo, trocándose las siete columnas
-del más soberbio edificio en siete pies de tierra ó siete palmos de
-mármol, vana necedad de muchos. Porque ¿qué más tiene el pudrirse entre
-pórfidos y mármoles, que entre terrones?</p>
-
-<p>Sobre esta tan llana verdad venía echando el contrapunto de un
-singular desengaño el cortesano discreto con nuestros dos peregrinos
-en Roma. Llegaron á una gran plaza, embarazada de infinito vulgo, muy
-puesto en expectación de alguna de sus necias maravillas, que él suele
-admirar mucho.</p>
-
-<p>¿Qué querrá ser esto?, preguntó Andrenio.</p>
-
-<p>Y respondiéronle:</p>
-
-<p>Tened paciencia y tendréis ciencia.</p>
-
-<p>Así fué, que á poco rato vieron salir bailando y brincando sobre
-una maroma un monstruo, que en la lijereza parecía un pájaro y en la
-temeridad un loco. Estaban los que le miraban tan pasmados, cuanto él
-intrépido. Ellos temblando de verle y él bailando porque le viesen.</p>
-
-<p>¡Brava temeridad!, exclamó Andrenio. Sin duda que éstos<span
-class="pagenum" id="Page_312">p. 312</span> primero pierden el juicio y
-después el miedo. Á pie llano no llevamos segura la vida y éste la mete
-en precipicios.</p>
-
-<p>¿De éste te espantas tú?, le dijo el cortesano.</p>
-
-<p>¿Pues de quién, si de éste no?</p>
-
-<p>De ti mismo.</p>
-
-<p>¿De mí? ¿Y por qué?</p>
-
-<p>Porque es niñería esto, respecto de lo que por ti pasa. ¿Sabes tú
-dónde tienes los pies? ¿Sabes por dónde caminas?</p>
-
-<p>Lo que yo sé es, replicó Andrenio, que no me metiera allí por todo
-el mundo y éste por un vil interés se expone á tan grande riesgo.</p>
-
-<p>¡Qué bueno está eso!, le dijo el cortesano. ¡Oh, si tú te vieses
-andar, no sólo de aquel modo, sino con harto mayor peligro, qué
-sentirías y qué dirías!</p>
-
-<p>¿Yo?</p>
-
-<p>Sí, tú.</p>
-
-<p>¿Por qué?</p>
-
-<p>Díme, ¿no caminas cada hora y cada instante sobre el hilo de tu
-vida, no tan grueso ni tan firme como una maroma, sino tan delgado
-como el de una araña y aun más y andas saltando y bailando sobre él?
-Ahí comes, ahí duermes y ahí descansas sin cuidado ni sobresalto
-alguno. Créeme que todos los mortales somos volatines arriesgados
-sobre el delgado hilo de una frágil vida, con esta diferencia, que
-unos caen hoy, otros mañana. Sobre él fabrican los hombres grandes
-casas y grandes quimeras, levantan torres de viento y fundan todas
-sus esperanzas. Admíranse de ver al otro temerario andar sobre una
-gruesa y asegurada maroma y no se espantan de sí mismos, que restriban
-sobre una, no cuerda, sino muy loca confianza de una hebra de seda.
-Menos, sobre un cabello. Aún es mucho, sobre un hilo de araña. Aún es
-algo, sobre el de la vida, que aún es menos. De esto sí que debrían
-andar atónitos, aquí sí que se les habían de erizar los cabellos y
-más reconociendo<span class="pagenum" id="Page_313">p. 313</span> el
-abismo de infelicidades, donde los despeña el grave peso de sus muchos
-yerros.</p>
-
-<p>Salgamos, salgamos de aquí luego luego, al mismo punto, gritó
-Andrenio.</p>
-
-<p>Poco importa, dijo Critilo, dejar la consideración, si no salimos
-del riesgo. Bien podremos olvidarle, mas no evitarle.</p>
-
-<p>Volvieron ya á su posada, llamada el mesón de la vida. Aquí les
-dejó el cortesano citados para otro gran día, si ya no les faltase
-la noche, que fué atención precisa. Recibióles con lisonjero agasajo
-su agradable huéspeda, mostrándose muy cuidadosa en su asistencia y
-regalo. Convidólos á la cena, diciendo:</p>
-
-<p>Aunque no se vive para comer, se come para vivir.</p>
-
-<p>Cerróse la noche y trataron ellos de cerrar los ojos, pasando á
-ciegas y á escuras la mitad de la vida. Y si dicen que el sueño es un
-ensayo de la muerte, yo digo que no es sino un olvido de ella. Íbanse
-ya encaminando al sepulcro del sueño, muy descuidados y seguros,
-cuando llegó á embargárseles uno de los muchos pasajeros, que allí se
-alojaban. Éste, acercándose á ellos disimulado, les dió voces á la
-sorda, diciéndoles:</p>
-
-<p>¡Oh, inconsiderados peregrinos! ¡Cómo se os conoce cuán ajenos vivís
-de vuestro mal y cuán ignorantes de vuestro riesgo! Decidme, ¿cómo,
-estando presos, tratáis de dormir á sueño suelto? No es tiempo de
-cerrar los ojos, sino de abrirlos al mayor peligro, que os amenaza por
-instantes.</p>
-
-<p>Tú debes ser el que sueñas, le respondió Andrenio. ¿Aquí peligros,
-en el albergue de la vida, en el mesón del sol y tan claro y tan
-risueño?</p>
-
-<p>Y aun por eso mismo, respondió el pasajero.</p>
-
-<p>He, que no es creíble que para traiciones en tales agrados, que se
-escondan fierezas entre tales lindezas.</p>
-
-<p>Pues advertid que aquí donde la veis tan cortesana, esta nuestra
-huéspeda, que es de nación troglodita, hija del más fiero caribe, aquel
-que se chupa los dedos tras sus proprios hijos.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_314">p. 314</span></p>
-
-<p>Quita de ahí, le replicó Andrenio. ¿Aquí en Roma trogloditas? ¿Cómo
-es posible?</p>
-
-<p>¿Y es nuevo el concurrir en esta cabeza del orbe de todas sus
-naciones los erizados etíopes, los greñudos sicambros, los alarbes,
-los sabeos y los sármatas, aquéllos, que llevan consigo la fuente
-para socorrer la sed en la picada vena del caballo? Sabed, pues, que
-esta hermosa y agradable patrona alimenta sus fierezas de nuestras
-humanidades.</p>
-
-<p>Es cosa de risa eso, replicó Andrenio. Lo que yo experimento es que
-ella no atiende á otro, que á nuestro agasajo y regalo.</p>
-
-<p>¡Oh, qué engaño el vuestro!, exclamó el pasajero. ¿Nunca habéis
-visto cebar antes las engañadas aves, para cebarse en ellas después,
-sacándoles para esto los ojos? Pues así lo platica esta hechicera
-común, que no hay Alcina, que la iguale. Miradla bien, reconocedla y
-veréis que no es tan linda como se pinta; antes la hallaréis corta
-de faiciones y larga de traiciones, breve de tercios y cumplida de
-enredos. ¿Es posible, que no habéis reparado en estos días, que aquí
-estáis, cómo han desaparecido casi todos los pasajeros que han entrado?
-¿Qué se hizo aquel gallardo mancebo, que tanto celebrastes de lindo,
-airoso, galán, rico y discreto? Ya no se ve ni se oye. ¿Pues aquella
-otra peregrina de la belleza, que tan bien pareció á todos? Ya no
-parece. Pregunto, ¿qué se hace tanto pasajero como aquí va entrando?
-Unos anochecen y no amanecen y otros al contrario: todos, todos, unos
-en pos de otros van desapareciendo, tan presto el cordero como el
-carnero, el amo como el criado, el soldado valiente y el cortesano
-discreto. Ni al príncipe le vale su soberanía ni al sabio su ciencia.
-No le aprovechan al valentón sus bríos ni al rico sus tesoros. Ninguno
-trae salvaguardia.</p>
-
-<p>Ya yo lo había notado, respondió Critilo. Como á la deshilada se
-nos iban todos desvaneciendo y os aseguro que me ha ocasionado harto
-desvelo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_315">p. 315</span></p>
-
-<p>Aquí arqueando las cejas y encogiéndose de hombros el pasajero:</p>
-
-<p>Habéis de saber, les dijo, que yo, llevado de mi cuidadoso recelo,
-traté de escudriñar todos los rincones desta traidora posada y he
-descubierto una muy afectada traición contra nuestras descuidadas
-vidas. Amigos, que estamos vendidos, minada tenemos la salud con
-pólvora sorda, armada nos está una emboscada traidora contra la
-felicidad más segura. Pero, para que me creáis, seguidme, que lo habéis
-de ver con vuestros ojos y tocar con esas manos, sin hacer el menor
-sentimiento, porque seríamos perdidos antes con antes.</p>
-
-<p>Y diciendo y haciendo, levantó una losa, que estaba bajo de su
-mismo lecho, de modo que la asechanza estaba inmediata á su descanso.
-Descubrióse un boquerón espantoso y lúgubre, por donde les animó á
-bajar, yendo él delante, y á la luz de una disimulada linterna los fué
-conduciendo á unas profundas cuevas, á unos soterráneos tan inferiores,
-que pudieran ser llamados con mucha razón infiernos. Allí les fué
-mostrando un expectáculo tan crudo y tan horrendo, que pudiera hacer
-estremecer los huesos y dar diente con diente el solo imaginarlo.
-Porque allí vieron y conocieron todos aquellos pasajeros, que habían
-echado menos; aunque muy desfigurados, tendidos por aquellos suelos.
-Estuvieron un gran rato sin poder hablar palabra, que aun para alentar
-les faltó el ánimo, tan muertos ellos como los que yacían.</p>
-
-<p>¡Hay tal carnicería!, dijo Andrenio más suspirando, que
-pronunciando. ¡Hay tal catástrofe de bárbara impiedad! Aquél es sin
-duda el príncipe, que vimos cuatro días ha, tan agraciado y lindo, que
-era las delicias del mundo, tan cortejado y adorado de todos. Mirad qué
-solo yace, dejado y olvidado. Pereció su memoria con el ruido, que no
-haciéndole, luego es uno olvidado.</p>
-
-<p>Aquel otro, decía Critilo, es aquel ruidoso campeón, conducidor de
-huestes valerosas. Mirad agora qué desacompañado<span class="pagenum"
-id="Page_316">p. 316</span> yace y solo. El que antes hacía temblar el
-mundo con su valor agora nos hace temblar á nosotros con horror, y el
-que triunfa de tanto enemigo ya es trofeo de tanto gusano.</p>
-
-<p>Contemplad, les decía el pasajero, qué fiera y qué fea está aquella
-tan hermosa. Convirtióse su florido Mayo en un erizado Diciembre.
-¿Cuántos por ver esta cara perdieron el ver la de Dios y gozar del
-cielo?</p>
-
-<p>Amigo, decía Andrenio, dínos por tu vida quién ejecuta semejantes
-atrocidades. ¿Son acaso ladrones, que por robarles el oro les quitan la
-preciosa vida? Pero más malicia indica el estar tan desfigurados, medio
-comidos algunos y aun roídas las entrañas. Aquí alguna cruel Medea se
-oculta, que así desmiembra sus hermanos; alguna infernal Meguera, que
-ya poco es troglodita.</p>
-
-<p>¿No os decía yo? ponderaba el pasajero. Celebrad agora el cortés
-agasajo de vuestra agradable patrona.</p>
-
-<p>Pues aún no acabo yo de creer, dijo Andrenio, que una fiereza tan
-atroz quepa en tal agrado, tal crueldad en tal beldad, ni es posible
-que una patrona tan humana nos sea tan traidora.</p>
-
-<p>Señores míos, esto pasa en su misma casa, aquí lo estamos viendo y
-lamentando. Ved ahora quién lo ejecuta, por lo menos ella lo consiente.
-Éste es el dejo de su cortejo, éste el paradero de su agasajo y éste el
-remate de su hospedaje. Mirad qué caro se paga, atended en qué paran
-las paredes entoldadas de sedas, el servicio de plata, las doradas y
-mullidas camas, el convite y el regalo.</p>
-
-<p>Esto estaban viendo y no creyéndolo, cuando de repente se hizo bien
-de sentir un horrible sonido, un espantoso estruendo como de muchas
-campanas, que doblaban el espanto. Correspondíale otro lastimero ruido
-de suspiros y lamentos. Quisieron nuestros peregrinos echar á huir y
-meterse en salvo; mas no pudieron, porque ya comenzaban á entrar de
-dos en dos funestos enlutados, con sus capuces tendidos, que no se les
-divisaba el<span class="pagenum" id="Page_317">p. 317</span> gesto.
-Traían antorchas amarillas en las manos, no tanto para alumbrar los
-muertos, cuanto para dar luz de desengaño á los vivos, que la han bien
-menester. Retiráronse á un rincón los espantados peregrinos, sin osar
-hablar palabra, con que dieron más lugar á la atención, para ver lo que
-pasaba y oir lo que decían, aunque muy bajo, dos de aquellos enlutados,
-que les cayeron más cerca.</p>
-
-<p>¡Qué brava fiereza, decía el uno, la de esta cruel tirana! Al fin
-hembra, que todos los mayores males lo son, la hambre, la guerra, la
-peste, las arpías, las sirenas, las furias y las parcas.</p>
-
-<p>Sí, respondía el otro; pero ninguna como ésta, que, si las demás
-persiguen y atormentan, no es con tal exceso. Si una calamidad os quita
-la hacienda, déjaos la salud; si la otra la salud, déjaos la vida; si
-ésta os priva de la dignidad, déjaos los amigos para el consuelo; si
-aquélla os roba la libertad, déjaos la esperanza. De modo que ninguna
-de las desdichas apura del todo; todas operan algo para el consuelo.
-Esta sola, peor de cuantas hay, todo lo barre, con todo acaba de una
-vez, con la hacienda, con la patria, amigos, deudos, hermanos, padres,
-contento, salud y vida, enemiga mayor del género humano, asesina de
-todos.</p>
-
-<p>Bástale, dijo el otro, ser peor que cuñada, peor que madrastra. Pues
-suegra de la vida, ¿qué otro puede ser la muerte?</p>
-
-<p>Mas al nombrarla ella como tan ruin acudió luego. Comenzaron á
-entrar los de su séquito, que es grande, unos que la preceden y otros
-que la siguen. Estaban espantados nuestros peregrinos, callando como
-unos muertos y, cuando esperaban ver entrar en fúnebre pompa tropas
-de fantasmas, catervas de visiones, ejércitos de trasgos, multitud de
-larvas y un escuadrón de funestos monstruos, vieron muy al contrario
-muchos ministros suyos muy colorados, gruesos y lucidos, no sólo no
-tristes, pero muy risueños y placenteros, cantando y bailando con brava
-chanza y bureo. Fuéronse partiendo por todo aquel teatro soterráneo,
-con que comenzaron ya á respirar nuestros<span class="pagenum"
-id="Page_318">p. 318</span> peregrinos y, aun habiendo cobrado ánimo
-Andrenio, se fué acercando á uno de ellos, que le pareció de mejor
-humor y de buen gusto:</p>
-
-<p>Señor mío, le dijo, ¿qué buena gente es ésta?</p>
-
-<p>Miróselo él y, viéndole algo encogido, le dijo:</p>
-
-<p>Acaba ya de desenvolverte, que aun en el palacio de la muerte no
-conviene el ser mozo vergonzoso; más vale tener un punto y aun dos
-de entremetido. Sabrás que éste es el cortejo de la reina de todo el
-mundo, mi señora la Muerte, que ahí cerca viene; nosotros somos sus más
-crueles verdugos.</p>
-
-<p>No lo parecéis, replicó Critilo, desencogiéndose también, pues
-veniste de fiesta y de placer, cantando y riendo. Yo siempre creí que
-los asesinos suyos eran tan fieros como crueles, intratables y ásperos,
-consumidores y consumidos, de tan mala catadura como ella.</p>
-
-<p>Ésos, respondió él, doblando la risa, eran los del tiempo antiguo;
-ya no se usan, todo está muy trocado, nosotros la asistimos agora.</p>
-
-<p>¿Y quién eres tú?, le preguntó Andrenio.</p>
-
-<p>Yo soy, no lo creeréis, un Hartazgo.</p>
-
-<p>Y aun por eso tan cariharto. ¿Y aquel otro?</p>
-
-<p>Es un convitón, éste de mi otro lado es un almuerzo, el de más allá
-un merendón, la otra una fiambrera, aquéllas las buenas cenas que han
-muerto á tantos.</p>
-
-<p>¿Y aquel adamado y galán?</p>
-
-<p>Es un mal francés.</p>
-
-<p>¿Y aquellas otras tan lindas?</p>
-
-<p>Son unas búas. Y así de las que veis, que ya los más de los
-mortales se mueren por lo que les mata y apetecen lo que les acarrea
-la muerte. Antes moría un hombre de una pesadumbre, de un despecho, de
-un cansancio; pero ya han dado muchos en la cuenta. No los matan ya
-pesares ni acaban penas. ¿Quién creerá que aquella tan blanca, que está
-allí, es una leche de almendras y que no pocos mueren de ella? Otra
-cosa te<span class="pagenum" id="Page_319">p. 319</span> sé decir,
-que ya los menos son los que matan los asesinos de la muerte y los
-más los que ellos mismos se matan. Ellos se la toman por sus manos.
-Veis allí los desórdenes, asesinos de la juventud. Aquel tan agradable
-es un jarro de agua fría. Aquellos otros tan bellos son los soles de
-España, los serenísimos de Italia, las lunas de Valencia, los dolores
-de Francia, toda ella linda gente.</p>
-
-<p>No paraban de entrar achaques y sin saberse por dónde, aunque por
-todas partes. Y decía Andrenio:</p>
-
-<p>Hartazgo mío ¿por dónde entran éstos?</p>
-
-<p>¿Por dónde? Muerte no venga, que achaque no falta. Pero atended, que
-entra ya ella misma, si no en persona, en sombra y en huesos.</p>
-
-<p>¿En qué lo conoces?</p>
-
-<p>En que comienzan á entrar ya los médicos, que son los inmediatos á
-ella, los más ciertos ministros, los que la traen infaliblemente.</p>
-
-<p>No me dejes, Hartazgo mío, que querría dármelo de curiosidad, demás
-que estoy ya temblando aquel su mal gesto.</p>
-
-<p>Pues advierte que no le tiene ni malo ni bueno para proceder más
-descarada.</p>
-
-<p>¿Con qué ojos nos mirará?</p>
-
-<p>Con ningunos, que no tiene miramiento.</p>
-
-<p>¡Qué mala cara nos hará!</p>
-
-<p>Antes no la hace, sino que la deshace.</p>
-
-<p>Hablemos bajo, no nos oiga.</p>
-
-<p>No hay que temer, que á nadie escucha ni oye razón ni querella.</p>
-
-<p>Entró finalmente la tan temida reina, ostentando aquel su tan
-estraño aspecto á media cara. De tal suerte, que era de flores la una
-mitad y la otra de espinas; la una de carne blanda y la otra de huesos;
-muy colorada aquélla y fresca, que parecía de cosas entreveradas de
-jazmines; muy seca y muy marchita ésta, con tal variedad, que al punto
-que la vieron dijo Andrenio:</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_320">p. 320</span></p>
-
-<p>¡Qué cosa tan fea!</p>
-
-<p>Y Critilo:</p>
-
-<p>¡Qué cosa tan bella!</p>
-
-<p>¡Qué monstruo!</p>
-
-<p>¡Qué prodigio!</p>
-
-<p>De negro viene vestida.</p>
-
-<p>No, sino de verde.</p>
-
-<p>Ella parece madrastra.</p>
-
-<p>No, sino esposa.</p>
-
-<p>¡Qué desapacible!</p>
-
-<p>¡Qué agradable!</p>
-
-<p>¡Qué pobre!</p>
-
-<p>¡Qué rica!</p>
-
-<p>¡Qué triste!</p>
-
-<p>¡Qué risueña!</p>
-
-<p>Es, dijo el ministro que estaba en medio de ambos, que la miráis
-por diferentes lados y así hace diferentes visos, causando diferentes
-efectos y afectos. Cada día sucede lo mismo, que á los ricos les parece
-intolerable y á los pobres, llevadera; para los buenos viene vestida
-de verde y para los malos de negro; para los poderosos no hay cosa
-más triste ni para los desdichados más alegre. ¿No habéis visto tal
-vez un modo de pinturas, que, si las miráis por un lado, os parece un
-ángel, y si por el otro, un demonio? Pues así es la muerte. Haceros
-heis á su mala cara dentro de breve rato, que la más mala no espanta en
-haciéndose á ella.</p>
-
-<p>Muchos años serán menester, replicó Andrenio.</p>
-
-<p>Sentóse ya en aquel trono de cadáveres, en una silla de costillas
-mondas, con brazos de canillas secas y descarnadas, sitial de
-esqueletos, y por cojines calaveras, bajo un deslucido dosel de tres ó
-cuatro mortajas, con goteras de lágrimas y randas al aire de suspiros,
-como triunfando de soberanías, de bellezas, de valentías, de riquezas,
-de discreciones y de todo cuanto vale y se estima.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_321">p. 321</span></p>
-
-<p>Luego que estuvo de asiento, trató de tomar residencia á sus
-ministros, comenzando por el valido. Y cuando la imaginaran terrible:
-¡Será horrenda y espantosa, al fin de residencia!, la experimentaron
-al revés, gustosa, placentera y entretenida y muy de recreo. Cuando
-aguardaban que arrojase en cada palabra un rayo, oyeron una y otra
-chanza. Y en vez de una envenenada saeta en cada razón, comenzó con
-lindo humor á entretenerse desta suerte:</p>
-
-<p>Venid acá, pesares, decía, y no os me alleguéis muy cerca; más allá,
-más de lejos. ¿Cómo os va de matar necios? Y vosotros, cuidados, ¿cómo
-os va de asesinar simples? Salid acá, penas, ¿cómo va de degollar
-inocentes?</p>
-
-<p>Muy mal, señora, la respondieron, que ya todos caen en la cuenta de
-no caer ni en la cama, cuanto menos en la sepultura. No se usa ya el
-morir de tontos; todo va á la malicia.</p>
-
-<p>Apartaos, pues, vosotros matabobos, y salid acá vosotros,
-matalocos.</p>
-
-<p>Saltó al punto la guerra con sus asaltos y choques.</p>
-
-<p>¡Oh, amiga mía!, la dijo: ¿Cómo te va de degollar centenares de
-millares de franceses en España y de españoles en Francia? Que, si
-se sacase la cuenta de los que han muerto las gacetas francesas y
-relaciones españolas, llegaría sin duda á docientos mil españoles cada
-año y otros tantos franceses, pues no viene relación, que no traiga
-veinte y treinta mil degollados.</p>
-
-<p>Es engaño, señora, que no mueren peleando al cabo del año ocho mil
-de ambas partes. Mienten las relaciones y mucho más las gacetas.</p>
-
-<p>¿Cómo no, cuando yo veo que de todos, cuantos van á la campaña, no
-vuelve ninguno? ¿Qué se hacen?</p>
-
-<p>¿Qué? Mueren de hambre, señora, de enfermedades, de malpasar, de
-necesidad, de desnudez y de desdichas.</p>
-
-<p>He, que todo es uno para mí, dijo la Muerte. ¿Ellos al cabo no
-perecen todos? Sea de pelear, sea de no pelear, sea de lo que fuere,
-¿sabéis lo que me parece? Que la campaña es como<span class="pagenum"
-id="Page_322">p. 322</span> la casa del juego, que todo el dinero se
-hunde en ella, ya en barajas, ya en baratos, en luces y en refrescos
-¡Oh, buen príncipe aquel y grande amigo mío, que acorralaba veinte
-mil españoles en una plaza y los hacía perecer todos de hambre, sin
-dejarles echar mano á la espada! Si eso hicieran, no había para
-comenzar de toda Francia. Que á los españoles no les han faltado sino
-cabos chocadores, no soldados avanzadores. ¡Pues aquel otro, que hizo
-perecer más de otros tantos, á vista del enemigo, todos de hambre y
-de desdicha de jefes! Pero quítateme de delante, anda de ahí, guerra
-malnacida y peor ejercitada. Pues sin pelear, ¿cuándo el ejército se
-denominó del ejercicio?</p>
-
-<p>Yo sí, señora, que mato y asuelo y destruyo en estos tiempos todo el
-mundo.</p>
-
-<p>¿Quién eres tú?</p>
-
-<p>¿Pues no me conoces? ¿Ahora sales con eso, cuando yo creí que estaba
-en tu valimiento?</p>
-
-<p>No doy en la cuenta.</p>
-
-<p>Yo soy la peste, que todo lo barro y todo lo ando, paseándome por
-toda la Europa, sin perdonar la saludable España, afligida de guerras
-y calamidades: que allá va el mal donde más hay. Y todo esto no basta
-para castigo de su soberbia.</p>
-
-<p>Saltó al punto un tropel de entremetidos, diciendo:</p>
-
-<p>¿Qué dices? ¿Qué blasonas tú? ¿No sabes que toda esta matanza á
-nosotros se nos debe?</p>
-
-<p>¿Quién sois vosotros?</p>
-
-<p>¿Quiénes? Los contagios.</p>
-
-<p>¿Pues en qué os diferenciáis de las pestes?</p>
-
-<p>¿Cómo en qué? Díganlo los médicos, ó si no, dígalo mi compañero, que
-es más simple que yo.</p>
-
-<p>Lo que sé es que, mientras los ignorantes médicos andan disputando
-sobre si es peste ó es contagio, ya ha perecido más de la mitad de
-una ciudad y al cabo toda su disputa viene á parar en que la que
-al principio ó por crédito ó por increduli<span class="pagenum"
-id="Page_323">p. 323</span>dad se tuvo por contagio, después al echar
-de las sisas ó gabelas fué peste confirmada y aun pestilencia incurable
-de las bolsas. Al fin, vosotros pestes ó contagios, sus alcahuetes,
-quitáosme de delante, que no hacéis cosa á derechas, pues sólo las
-habéis con los pobres desdichados y desvalidos, no atreviéndoos á los
-ricos y poderosos, que todos ellos se os escapan con aquellas tres alas
-de las tres eles, luego, lejos y largo tiempo, esto es, luego en el
-huir, lejos en el vivir y largo tiempo en volver. De modo que no sois
-sino matadesdichados, aceptadores de personas y no ministros fieles de
-la divina justicia.</p>
-
-<p>Yo sí, señora, que soy el verdugo de los ricos, la que no perdono á
-los poderosos.</p>
-
-<p>¿Quién eres tú, que pareces la Fénix entre los males?</p>
-
-<p>Yo, dijo, soy la gota, que no sólo no perdono á los poderosos; pero
-me encarnizo en los príncipes y los mayores monarcas.</p>
-
-<p>Gentil partida, dijo la Muerte. Tú no sólo no les quitas la vida;
-pero dicen que se les alargas veinte ó treinta años más desde que
-comienzas. Y lo que se ve es que están muy bienhallados contigo,
-sirviéndoles de arbitrio de su poltronería y de alcahueta de su ocio
-y su regalo. Sepan que yo tengo de hacer reforma de malos ministros y
-desterrarlos á todos por inútiles y ociosos donde hay médicos. Y he de
-comenzar por aquella gran follona la cuartana, por quien jamás dobla
-campana. Que no sirve sino de hacer regalones los hombres, agotando el
-vino blanco y encareciendo las perdices. Mirad qué cara de hipócrita.
-Ella come bien y bebe mejor y sin hacerme servicio alguno pide premio,
-después de muchas ayudas de costa. Hola, mis valientes, los matantes,
-¿dónde andáis? Dolores de costado, tabardillos y detenciones de orina,
-andad luego y acabad con estos ricos, con estos poderosos, que se
-burlan de las pestes y se ríen de la gota y hacen fisga de la cuartana
-y jaqueca.</p>
-
-<p>Rehusaban ellos la ejecución del mandato y no se movían.</p>
-
-<p>¿Qué es esto?, dijo la Muerte. Parece que teméis la empresa. ¿De
-cuándo acá?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_324">p. 324</span></p>
-
-<p>Señora, la respondieron, mándanos matar cien pobres, antes que un
-rico; docientos desdichados, antes que un próspero, aunque sea Colona.
-Porque, demás de que son muy dificultosos de asesinar éstos, nos
-concitamos el odio universal de todos los otros.</p>
-
-<p>¡Oh, qué bueno está eso!, ponderó la Muerte. ¿Y ahora estamos en
-eso? Si en eso reparamos, nada valdremos. Ora, yo os quiero contar al
-propósito y al ejemplo y demos este rato de treguas á los mortales,
-que no hay suspensión de mis flechas, como un rato de olvido, cuando
-la memoria de la muerte toda la vida desazona. Habéis de saber que,
-cuando yo vine al mundo, hablo de mucho tiempo, allá en mi noviciado,
-aunque entré con vara alta y como plenipotenciaria de Dios, confieso
-que tuve algún horror al matar y que anduve en contemplaciones á los
-principios, si mataré éste, no sino aquél, si el rico, si el poderoso,
-si la hermosa, no sino la fea, si el mozo gallardo, si el viejo; pero
-al fin ya me resolví con harto dolor de mi corazón. Aunque dicen que no
-le tengo ni entrañas y que soy dura. ¿Qué mucho, si soy toda huesos?
-Determiné comenzar por un mozo rollizo y bello como un pino de oro,
-déstos que hacen burla de mis tiros. Parecióme que no haría tanta falta
-en el mundo ni en su casa, como un hombre de gobierno hecho y derecho.
-Encaréle mi arco, que aún no usaba de guadaña ni la conocía. Confieso
-que me temblaba el brazo, que no sé cómo me acerté el tiro; pero al fin
-él quedó tendido en aquel suelo y al mismo punto se levantó todo el
-mundo contra mí, clamando y diciendo:</p>
-
-<p>¡Oh cruel, oh bárbara Muerte! Mirad quién ha asesinado á un mancebo
-el más lindo, que agora comenzaba á vivir, en lo más florido de su
-edad, qué esperanzas ha cortado, qué belleza ha malogrado la traidora.
-Aguardara á que se sazonara y no cogiera el fruto en agraz y en una
-edad tan peligrosa. ¡Oh malograda juventud!</p>
-
-<p>Llorábanle sus padres, lamentábanse sus amigos, suspiraban<span
-class="pagenum" id="Page_325">p. 325</span> muchas apasionadas, hizo
-duelo á toda una ciudad. De verdad que quedé confusa y aun arrepentida
-de lo hecho. Estuve algunos días sin osar matar ni parecer; pero al fin
-él pasó por muerto para ciento y un año. Viendo esto, traté de mudar de
-rumbo, encaré el arco contra un viejo de cien años.</p>
-
-<p>Á éste sí, decía yo, que no le plañirá nadie; antes todos se
-holgarán, que á todos los tenía cansados con tanto reñir y dar
-consejos. Á él mismo pienso haberse hecho favor, que vivía muriendo.
-Que, si la muerte para los mozos es naufragio, para los viejos, tomar
-puerto. Flechéle un catarro, que le acabó en dos días y, cuando creí
-que nadie me condenara la acción, antes bien todos me la aplaudieran
-y aun la agradecieran, sucedió tan al contrario, que todos á una voz
-comenzaron á malearla y á decir mil males de mí, tratándome, si antes
-de cruel, agora de necia, la que así mataba un varón tan esencial á la
-república.</p>
-
-<p>Éstos, decían, con sus canas honran las comunidades y con sus
-consejos las mantienen. Agora había de comenzar á vivir éste lleno de
-virtud, hombre de conciencia y de experiencia. Estos agobiados son los
-puntales del bien común.</p>
-
-<p>Quedé, cuando oí esto, de todo punto acobardada, sin saber á quién
-llevarme. Mal, si al mozo; peor, si al anciano. Tuve mi reconsejo y
-determiné encarar el arco contra una dama moza y hermosa.</p>
-
-<p>Esta vez sí, decía, que he acertado el tiro, que nadie me hará
-cargo, porque ésta era una desvanecida, traía en continuo desvelo á
-sus padres y con ojeriza á los ajenos, la que volvía locos, digo más
-de lo que lo estaban, á los mozos, tenía inquieto todo el pueblo. Por
-ella eran las cuchilladas, el ruido de noche, sin dejar dormir á los
-vecinos, trayendo sobresaltada la justicia. Y para ella es ya favor,
-cuando fuera venganza el dejarla llegar á vieja y fea. Al fin yo la
-encaré unas viruelas, que ayudadas de un fiero garrotillo en cuatro
-días la ahogaron. Mas aquí fué el alarido común, aquí la conjuración
-universal contra<span class="pagenum" id="Page_326">p. 326</span>
-mis tiros. No quedó persona, que no me murmurase, grandes y pequeños,
-echándome á centenares las maldiciones.</p>
-
-<p>¡Hay tan mal gusto, decían, como el desta muerte! ¡Hay semejante
-necedad! ¡Que una sola hermosa, que había en el pueblo, ésa se la haya
-llevado, habiendo cien feas en que pudiera escoger y nos hubiera hecho
-lisonja en quitárnoslas de delante!</p>
-
-<p>Concitaban más el odio contra mí sus padres, que llorándola noche y
-día, decían:</p>
-
-<p>¡La mejor hija, la que más estimábamos, la más bienvista, que ya se
-estaba casada! Llevárase la tuerta, la coja, la corcovada: aquéllas
-serán eternas, como vajilla quebrada.</p>
-
-<p>Impacientes los amantes me acuchillaran si pudieran:</p>
-
-<p>¡Hay tal crueldad! ¡Que no la enterneciesen aquellas dos mitades del
-sol en sus dos ojos y ni la lisonjeasen aquellos dos floridos meses de
-sus dos mejillas, aquel oriente de perlas de su boca y aquella madre de
-soles de su frente, coronada de los rayos de sus rizos! Ello ha sido
-envidia ó tiranía.</p>
-
-<p>Quedé aturdida desta vez. Quise hacer el arco mil astillas; mas no
-podía dejar de hacer mi oficio: los hombres á vivir y yo á matar. Volví
-la hoja y maté una fea.</p>
-
-<p>Veamos agora, decía, si callará esta gente, si estaréis
-contentos.</p>
-
-<p>¡Pero quién tal creyera! Fué peor, porque comenzaron á decir:</p>
-
-<p>¡Hay tal impiedad! ¡Hay tal fiereza! ¿No bastaba que la desfavoreció
-la naturaleza, sino que la desdicha la persiguiese? No se diga ya
-ventura de fea.</p>
-
-<p>Clamaban sus padres:</p>
-
-<p>La más querida, decían, el gobierno de la casa; que estas otras
-lindas no tratan sino de engalanarse, mirarse al espejo y que las
-miren.</p>
-
-<p>¡Qué entendida!, decían los galanes. ¡Qué discreta!</p>
-
-<p>Asegúroos, que no sabía ya qué hacerme. Maté un pobre,<span
-class="pagenum" id="Page_327">p. 327</span> pareciéndome le hacía
-mercedes, según vivía de laceriado: ni por ésas; antes bien todos
-contra mí.</p>
-
-<p>Señor, decían, que matara un ricazo, harto de gozar del mundo, pase;
-pero un pobrecillo, que no había visto un día bueno, ¡gran crueldad!</p>
-
-<p>Calla, dije, que yo me enmendaré, yo mataré antes de muchas horas un
-poderoso.</p>
-
-<p>Y así lo ejecuté; mas fué lo mismo que amotinar todo el mundo contra
-mí. Que tenía infinitos parientes, otros tantos amigos, muchos criados
-y á todos dependientes. Maté un sabio y pensé perderme, porque los
-otros fulminaron discurso y aun sátiras contra mí. Maté después un gran
-necio y salióme peor, que tenía muchos camaradas y comenzaron á darme
-valientes mazadas.</p>
-
-<p>¿Señores, en qué ha de parar esto?, decía yo. ¿Qué he de hacer? ¿Á
-quién he de matar?</p>
-
-<p>Determiné consultar primero los tiros con aquellos mismos en quienes
-se habían de ejecutar y que ellos mismos se escogiesen el modo y el
-cuándo; pero fué echarlo más á perder, porque á ninguno le venía bien
-ni hallaban el modo ni el día. Para holgarse y entretenerse, eso sí;
-pero para morir, de ningún modo.</p>
-
-<p>Déjame, decían, concluir con estas cuentas, agora estoy muy ocupado.
-¡Oh qué mala sazón! Querría acomodar mis hijos, concertar mis cosas.</p>
-
-<p>De modo que no hallaban la ocasión ni cuando mozos ni cuando
-viejos ni cuando ricos ni cuando pobres. Tanto, que llegué á un viejo
-decrépito y le pregunté si era hora y respondióme que no, hasta el
-año siguiente. Y lo mismo dijo otro. Que no hay hombre, por viejo que
-esté, que no piense que puede vivir otro año. Viendo que ni esto me
-salía, di en otro arbitrio y fué de no matar sino á los que me llamasen
-y me deseasen, para hacer yo crédito y ellos vanidad; pero no hubo
-hombre que tal hiciese. Uno sólo me envió á llamar tres ó cua<span
-class="pagenum" id="Page_328">p. 328</span>tro veces. Híceme de rogar,
-para ver si la misma privación le causaría apetito y, cuando llegué, me
-dijo:</p>
-
-<p>No te he llamado para mí, sino para mi mujer.</p>
-
-<p>Mas ella, que tal oyó, enfurecida dijo:</p>
-
-<p>Yo me tengo lengua para llamarla, cuando la hubiere menester. ¿Quién
-le mete á él en eso? Mirad ¡qué caritativo marido!</p>
-
-<p>Así que ninguno me buscaba para sí, sino para otro, las nueras para
-las suegras, las mujeres para los maridos, los herederos para los que
-poseían la hacienda, los pretendientes para los que gozaban de los
-cargos, pegándome bravas burlas, haciéndome todos ir y venir, que no
-hay mejor deuda ni más mala paga. Al fin, viéndome puesta en semejante
-confusión con los mortales y que no podía averiguarme con ellos, mal si
-mato al viejo, peor si al mozo, si la fea, si la hermosa, si el pobre,
-si el rico, si el ignorante, si el sabio:</p>
-
-<p>Gente de la maldición, decía, ¿á quién he de matar? Concertaos.
-Veamos qué ha de ser. Vosotros sois mortales, yo matante: yo he de
-hacer mi oficio.</p>
-
-<p>Viendo, pues, que no había otro expediente ni modo de ajustarnos,
-arrojé el arco y así de la guadaña, cerré los ojos y apreté los puños y
-comencé á segar todo parejo, verde y seco, crudo y maduro, ya en flor,
-ya en grano, á roso y á belloso, cortando á la par rosas y retamas, dé
-donde diere.</p>
-
-<p>Veamos agora si estaréis contentos.</p>
-
-<p>Con este modo de proceder me hallé bien. Que el poco mal espanta
-y el mucho amansa. Con él me he quedado, así prosigo y digan lo que
-dijeren, murmuren cuanto quisieren, que ellos me lo pagarán. Digan
-ellos, que yo haré y así habéis de hacer vosotros.</p>
-
-<p>En confirmación de esto, llamó uno de aquellos sus fieros ministros
-y dióle un apretado orden, aun desorden: que fuese y asesinase un
-poderoso, que de nada hacía caso. Comenzó á embarazarse el verdugo y
-aun hacerse de pencas.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_329">p. 329</span></p>
-
-<p>¿De qué temes?, le dijo. ¿Á éste hallas dificultad en chocar con
-él?</p>
-
-<p>No señora, que éstos, el primer día están malos, el segundo mejores,
-al tercero no es nada y al cuarto mueren.</p>
-
-<p>¿Pues qué?, los muchos remedios, ¿qué se han de hacer?</p>
-
-<p>Menos, que antes éstos nos ayudan, atropellándose unos á otros,
-sin dejarles obrar los segundos á los primeros, por lo malsufrido del
-enfermo, hecho á su gusto é imperio.</p>
-
-<p>¿Recelas las muchas plegarias y oraciones, que se han de mandar
-hacer por él?</p>
-
-<p>Tampoco, que tienen éstos poco obligado al cielo en salud y, aunque
-se manden enterrar tal vez con un hábito bendito, no por eso los deja
-de conocer el diablo.</p>
-
-<p>¿Pues en qué reparas?</p>
-
-<p>En el odio, que te has de conciliar, por tener muchos parientes y
-dependientes.</p>
-
-<p>Eso es lo de menos; antes bien no hay tiro más acreditado y que
-mejor nos salga, que el que se emplea en uno déstos, porque son los
-puercos de la casa del mundo, que el día que los matan, ellos gruñen y
-los demás se ríen, ellos gritan y los demás se alegran. Porque aquel
-día todos tienen que comer, los parientes heredan, los sacristanes
-repican, aunque dicen que doblan, los mercaderes venden sus bayetas,
-los sastres las cosen y hurtan, los lacayos las arrastran, páganse las
-deudas, danse limosnas á los pobres. De suerte que á todos viene bien,
-lloran de cumplimiento y ríen de contento.</p>
-
-<p>¿Recelas el descrédito?</p>
-
-<p>De ningún modo, porque antes éstos vuelven por nosotros, diciendo
-todos que él se ha muerto, él se tiene la culpa, era un desreglado, no
-sólo en salud, pero aun enfermo: enjaguaráse cien veces, variando tazas
-el día de la mayor fiebre; tenía en un salón doce camas, pegada la una
-con la otra y íbase revolcando por todas ellas del un lado al otro y
-volviendo á deshacer la rueda en el mayor crecimiento; viven aprisa y
-así acaban presto.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_330">p. 330</span></p>
-
-<p>¿Pues en qué reparáis?</p>
-
-<p>Yo te lo diré. Reparo, señora, y dijo esto con notable sentimiento
-y aun con lágrimas, en que con todo lo que matamos, hacemos más riza
-que provecho, pues no enmiendan sus vidas los mortales ni corrigen sus
-vicios; antes se experimenta que hay más pecados después de una gran
-peste y aun en medio della, que antes.</p>
-
-<p>Luego hallé una ciudad de rameras y, en lugar de una que pereció,
-acuden cuatro y cinco. Matamos á unos y á otros y ninguno de los que
-quedan se da por entendido. Si muere el joven, dice el viejo:</p>
-
-<p>Éstos son unos desreglados, fíanse en sus robusteces, atropellan con
-todo, no hay que espantar. Nosotros sí que vivimos, que nos sabemos
-conservar, caemos de maduros. De aquí es que mueren más mozos que
-viejos. Toda la dificultad está en pasar de los treinta, que de ahí
-adelante es un hombre eterno.</p>
-
-<p>Al contrario discurren los mozos, cuando muere el viejo:</p>
-
-<p>¿Qué se podía esperar déste? Bien logrado va, todos como él, de lo
-que ha vivido me admiro.</p>
-
-<p>Si muere el rico, se consuela el pobre:</p>
-
-<p>Éstos son voraces, comen bien, cenan mejor, hasta reventar, no hacen
-ejercicio, no dijieren, no consumen los malos humores, no trabajan, no
-sudan como nosotros.</p>
-
-<p>Pero si muere el pobre, dice el rico:</p>
-
-<p>Estos desdichados comen poco y mal alimento, andan desarrapados,
-duermen por los suelos. ¿Qué mucho? Para ellos se hicieron los
-contagios y faltaron las medicinas.</p>
-
-<p>Si muere el poderoso, luego dicen que de pesares; si el príncipe, de
-veneno; si el docto, trabajaba de cabeza; si el letrado, tenía muchos
-negocios; si el estudiante, estudiaba mucho, viviera un poco más y
-supiera un poco menos; si el soldado, llevaba jugada la vida, como si
-él la llevase ganada; si el sano, fíase en la salud; si el enfermizo,
-estábase dicho. Desta suerte<span class="pagenum" id="Page_331">p.
-331</span> todos tratan y piensan vivir ellos, lo que los otros dejan.
-Ninguno escarmienta ni se da por entendido.</p>
-
-<p>Buen remedio, dijo la Muerte: matar de todo y por un parejo, mozos
-y viejos, ricos y pobres, sanos y enfermos, para que viendo el rico
-que no solos mueren los pobres y el mozo que no solos los viejos,
-escarmienten todos y cada uno tema. Con eso no echarán el perro muerto
-á la puerta del vecino ni se apelarán al otro reloj, como el que está
-cenando capones en víspera de ayuno. Por eso yo doy bravos saltos de la
-choza al alcázar y de la barraca al homenaje.</p>
-
-<p>Señora, yo no sé ya qué hacerme, dijo un malcarado ministro. No sé
-de qué valerme contra un cierto sujeto, que ha muchos años que ando
-tras acabarle y él bueno que bueno.</p>
-
-<p>Si eso es, no le acabarás ni bastan con él pesares, desdichas, malas
-nuevas, pérdidas grandes, muertes de hijos y parientes: siempre vivo
-que vivo.</p>
-
-<p>¿Es italiano?, preguntó la muerte. Porque eso sólo le basta, que
-saben vivir.</p>
-
-<p>No señora, que, si eso fuera, no me cansara.</p>
-
-<p>¿Es necio? Porque ésos antes matan que mueren.</p>
-
-<p>No lo creo, que harto sabe quien sabe vivir. Él no trata sino de
-holgarse. No hay fiesta que no goce, paseo en que no se halle, comedia
-que no vea, prado que no desfrute ni día bueno que no le logre. ¿Cómo
-puede ser necio?</p>
-
-<p>Sea lo que fuere, concluyó la Muerte, no hay tal cosa como echarle
-un médico ó un par, para más asegurarlo. Mirad, decía, ministros míos,
-no os canséis, no pongáis estudio en matar los muy sanos y robustos,
-los valientes, que la misma confianza los engaña; en quien habéis de
-poner todo el cuidado y conato es en matar un achacoso, un enfermizo,
-un podrido, uno déstos que cenan huevos. Ahí está toda la dificultad,
-porque éstos cada día acaban y cada día resucitan y así veréis que,
-mientras acaba de acabar uno déstos, mueren ciento de los muy robustos
-y llevan traza de acabar con todos.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_332">p. 332</span></p>
-
-<p>Despachaba dos esbirros, un Ahito á matar un pobre, y una Inedia á
-un rico. Replicaron ellos que llevaban encontrados los frenos.</p>
-
-<p>He, que no lo entendéis, les dijo. ¿No habéis oído, cuando enferma
-el pobre, decir á todos que es de hambre y unos y otros le envían y
-hacen que comer y le embuten, con que viene á morir de repleción? Al
-contrario al rico luego dicen que es de ahito, que todo su mal es de
-tragar, con que le quitan el comer y viene á morir de hambre.</p>
-
-<p>Iban llegando ministros de la cruda reina de varias partes y
-decíales:</p>
-
-<p>¿De dónde venís? ¿Dónde habéis andado?</p>
-
-<p>Y respondían: las Mutaciones de Roma, los Letargos de España,
-las Apoplejías de Alemania, las Disenterías de Francia, los Dolores
-de costado de Inglaterra, los Romadizos de Suecia, los Contagios de
-Constantinopla y la Sarna de Pamplona.</p>
-
-<p>¿Y en la isla pestilente, quién ha estado?</p>
-
-<p>Ella es tal, que todos la habemos huído, que dicen se llamó así, más
-por sus moradores, que por sus males.</p>
-
-<p>Pues alto, id allá todos juntos y no me dejéis extranjero á vida.</p>
-
-<p>¿Y también los prelados?</p>
-
-<p>Mejor, que no tienen el vulgar remedio.</p>
-
-<p>Esto estaban viendo y oyendo, no en sueños ni por imaginación
-fantástica, sino muy en desvelo y muy de veras, olvidados de sí mismos,
-cuando ceñó la Muerte á una Decrepitud y la dijo:</p>
-
-<p>Llégate ahí y emprende de buen ánimo, que yo acometo cara á cara
-á los viejos, si á traición á los jóvenes. Y acaba ya con esos dos
-pasajeros de la vida y su peregrinación tan prolija, que tienen ya
-enfadado y cansado á todo el mundo. Vinieron á Roma en busca de la
-Felicidad y habrán encontrado la Desdicha.</p>
-
-<p>Aquí perecemos sin remedio, iba á decir Andrenio.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_333">p. 333</span></p>
-
-<p>Pero helósele la voz en la garganta y aun las lágrimas en los
-párpados, asiéndose fuertemente de su conducidor peregrino.</p>
-
-<p>Buen ánimo, le dijo éste, y mayor en el más apretado trance, que no
-faltará remedio.</p>
-
-<p>¿De qué suerte, replicó, si dicen que para todo le hay, sino para la
-muerte?</p>
-
-<p>Engañóse quien tal dijo, que también le hay, yo le sé, y nos ha de
-valer agora.</p>
-
-<p>¿Cuál sera ése?, instó Critilo. ¿Es acaso el valer poco, el servir
-de nada en el mundo, el ser suegro necio, el desearnos la muerte los
-otros por la expectativa, ó el dejarla nosotros por alivio, cargarnos
-de maldiciones, el ser desdichados?</p>
-
-<p>Nada, nada de todo eso.</p>
-
-<p>¿Pues qué será?</p>
-
-<p>Remedio para no morir.</p>
-
-<p>Ya muero por saberlo y por probarlo.</p>
-
-<p>Tiempo tendremos, que el morir de viejos no suele ser tan de
-repente.</p>
-
-<p>Este único remedio, tan plausible, cuan deseado, será el asunto de
-nuestra última Crisi.</p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_3_12">
- <h3 class="g1 ws1">CRISI XII</h3>
- <p class="subh3c"><i>La isla de la inmortalidad.</i></p>
-</div>
-
-<p>Error plausible, desacierto acreditado fué aquel tan celebrado
-llanto de Jerjes, cuando, subido en una eminencia, desde donde pudo dar
-vista á sus innumerables huestes, que agotando los ríos inundaban las
-campañas, cuando otro no pudiera contener el gozo, él no pudo reprimir
-el llanto. Admirados sus cortesanos de tan estraño sentimiento,
-solicitaron la causa tan es<span class="pagenum" id="Page_334">p.
-334</span>condida, cuan impensada. Aquí el rey, ahogando palabras en
-suspiros, les respondió:</p>
-
-<p>Yo lloro de ver hoy los que mañana no se verán. Pues del modo que el
-viento lleva mis suspiros, así se llevará los alientos de sus vidas.
-Prevéngoles las obsequias á los que dentro de pocos años, todos los que
-hoy cubren la tierra, ella los ha de cubrir á ellos.</p>
-
-<p>Celebran mucho los apreciadores de lo bien dicho, este dicho y este
-hecho; mas yo ríome de su llanto, porque, preguntárale yo al gran
-monarca del Asia:</p>
-
-<p>Sire, estos hombres ó son insignes ó vulgares. Si famosos, nunca
-mueren; si comunes, mas que mueran. Eternízanse los grandes hombres en
-la memoria de los venideros; mas los comunes yacen sepultados en el
-desprecio de los presentes y en el poco reparo de los que vendrán. Así
-que son eternos los héroes y los varones eminentes inmortales.</p>
-
-<p>Éste es el único y el eficaz remedio contra la muerte, les ponderaba
-á Critilo y á Andrenio su peregrino, tan prodigioso que nunca envejecía
-ni le surcaban los años el rostro con arrugas del olvido ni le
-amortajaron la cabeza con las canas, repitiendo para inmortal:</p>
-
-<p>Seguidme, les decía, que hoy intento trasladaros de la casa de la
-muerte al palacio de la vida, desta región de horrores del silencio
-á la de los honores de la fama. Decidme: ¿nunca habéis oído nombrar
-aquella célebre isla de tan rara y plausible propiedad, que ninguno
-muere ni puede morir, si una vez entra en ella? Pues de verdad, que es
-bien nombrada y apetecida.</p>
-
-<p>Ya yo he oído hablar de ella algunas veces, dijo Critilo; pero como
-de cosa muy allende, acullá en los antípodas, socorro ordinario de lo
-fabuloso lo lejos, y como dicen las abuelas, de largas vías cercanas
-mentiras. Por lo cual, yo siempre la he tenido por un espantavulgo,
-remitiéndola á su simple credulidad.</p>
-
-<p>¿Cómo es eso de <i>bene trobato</i>?, replicó el peregrino. Isla<span
-class="pagenum" id="Page_335">p. 335</span> hay de la inmortalidad,
-bien cierta y bien cerca, que no hay cosa más inmediata á la muerte
-que la inmortalidad: de la una se declina á la otra. Y así veréis que
-ningún hombre, por eminente que sea, es estimado en vida. Ni lo fué el
-Ticiano en la pintura ni el Bonarota en la escultura ni Góngora en la
-poesía ni Quevedo en la prosa. Ninguno parece, hasta que desaparece.
-No son aplaudidos, hasta que idos. De modo que, lo que para otros es
-muerte, para los insignes hombres es vida. Asegúroos que yo la he
-visto y andado, gozándome hartas veces en ella, y aun tengo por empleo
-conducir allá los famosos varones.</p>
-
-<p>Aguarda, dijo Andrenio. Déjame hacer fruición de semejante dicha.
-¿De veras que hay tal isla en el mundo y tan cerca y que, en entrando
-en ella, á Dios muerte?</p>
-
-<p>Dígote, que la has de ver.</p>
-
-<p>Aguarda, ¿y que ya no habrá ni el temor de morir, que aun es peor
-que la misma muerte?</p>
-
-<p>Tampoco.</p>
-
-<p>¿Ni el envejecer, que es lo que más sienten las Narcisas?</p>
-
-<p>Menos: no hay nada de eso.</p>
-
-<p>De modo que ¿no llegan los hombres á estar chochos ni decrépitos ni
-á monear aquellos tan prudentazos antes, que es brava lástima verlos
-después niñear, los que eran tan hombres?</p>
-
-<p>Nada, nada de eso se experimenta en ella.</p>
-
-<p>¡<i>Oh, la bella cosa</i>!</p>
-
-<p>En entrando allá, digo, fuera canas, fuera toses y callos, á Dios
-corcova y me pongo tieso, lucido y colorado y me remozo y me vuelvo de
-veinte años, aunque mejor será de treinta.</p>
-
-<p>¡Y qué daría por poder hacer otro tanto, quien yo me sé! ¡Oh,
-cuándo me veré en ella, libre de pantuflos y manguitos y muletillas! Y
-pregunto, ¿hay relojes por allá?</p>
-
-<p>No por cierto, no son menester. Que allí no pasan días por las
-personas.</p>
-
-<p>¡Oh qué gran cosa! Por solo eso se puede estar allá, que te<span
-class="pagenum" id="Page_336">p. 336</span> aseguro que me muelen y
-me matan cada cuarto y cada instante. Gran cosa vivir de una tirada y
-pasar sin oir horas, como el que juega por cédulas sin sentir lo que
-pierde. ¡Qué mal gusto el de los que los llevan en el pecho, sisándose
-la vida y intimándose de continuo la muerte! Pero otra cosa, inmortal
-mío, díme, ¿no se come, no se bebe en esa isla? Porque, si no beben,
-¿cómo viven? Si no se alimentan, ¿cómo alientan? ¿Qué vida sería ésa?
-Porque acá vemos que la sabia naturaleza de los mismos medios para
-el vivir hizo vida: el comer es vivir y el gustar. De modo que todas
-las acciones más necesarias para la vida las hizo más gustosas y
-apetecibles.</p>
-
-<p>En eso del comer, respondió el inmortal, hay mucho que decir.</p>
-
-<p>Y que pensar, añadió Andrenio.</p>
-
-<p>Dícese que los héroes se sustentan de higadillas de la Fénix; los
-valientes, los Pablos de Parada y los Borros, de medulas de leones;
-pero los más noticiosos desto aseguran que se pasan como los del monte
-Amanos, del airecillo del aplauso, que corre con los soplos de la fama,
-con aquello de oir decir: no hay espada como la del señor don Juan de
-Austria, no hay bastón como el de Caracena, no hay testa como la de
-Oñate, no hay pico como el de Santillana. Esto es lo que los sustenta,
-este aplauso, este decir: ¡qué gran virrey el duque de Monte León! No
-le ha habido mejor en Aragón. No se ha visto otro embajador en Roma
-como el conde de Siruela, no hay garnacha como el regente de Aragón
-don Luis de Ejea, no hay mitra como la de Santos en Sigüenza, no hay
-tres bonetes como los tres hermanos, el deán de Sigüenza, arcipreste
-de Valpuesta y el arcediano de Zaragoza. Este aplauso les quita las
-canas y las arrugas y basta hacerlos inmortales. Vale mucho este decir
-universal: ¡qué gran ministro el presidente! ¡Pues el inquisidor
-general! No hay tiara como la de Alejandro el Máximo, el dos veces
-Santo. No hay cetro como el...</p>
-
-<p>Aguarda, dijo Critilo, no querría que fuese esto de hacer<span
-class="pagenum" id="Page_337">p. 337</span> los hombres eternos lo de
-aquel otro del secreto de hacer sólido el vidrio. De quien cuentan
-que un emperador le hizo hacer pedazos á él, porque no cayesen de su
-estimación el oro y la plata. Que, si aun desta suerte les decían los
-indios á los españoles: ¿teniendo el vidrio allá en el otro mundo,
-venís á buscar el oro en éste? ¿teniendo cristales, hacéis caso de
-metales?, ¿qué dijeran, si no fuera quebradizo, si le experimentaran
-durable? Por tan dificultoso tengo yo alcanzarle solidez á la frágil
-vida, como al delicado vidrio, que para mí, hombre y vidrio todo es
-uno, á un tris dan un tras y acábase vidrio y hombre.</p>
-
-<p>He, seguidme, les decía su prodigioso. Que hoy mismo habéis de
-pasear por la gran plaza, por el anfiteatro de la inmortalidad. Fuélos
-sacando á luz por una secreta mina, pasadizo derecho de la muerte á la
-eternidad, del olvido á la fama. Pasaron por el templo del trabajo y
-díjoles:</p>
-
-<p>Buen ánimo, que cerca estamos del de la fama.</p>
-
-<p>Sacólos finalmente á la orilla de un mar tan estraño, que creyeron
-estar en el puerto, si no de Hostia, de víctima de la muerte, y más
-cuando vieron sus aguas tan negras y tan oscuras, que preguntaron si
-era aquel mar donde desagua el Leteo, el río del olvido.</p>
-
-<p>Es tan al contrario, le respondió, y está tan lejos de ser el golfo
-del olvido, que antes es el de la memoria y perpetua. Sabed que aquí
-desaguan las corrientes de Elicona, los sudores hilo á hilo y más los
-odoríferos de Alejandro y de otros ínclitos varones, el llanto de las
-Eliades, los aljófares de Diana, linfas todas de sus bellas Ninfas.</p>
-
-<p>¿Pues cómo están tan denegridas?</p>
-
-<p>Es lo mejor que tienen. Porque este color proviene de la preciosa
-tinta de los famosos escritores, que en ella bañan sus plumas. De
-aquí se dice tomaron jugo la de Homero para cantar de Aquiles, la
-de Virgilio de Augusto, Plinio de Trajano, Cornelio Tácito de ambos
-Nerones, Quinto Curcio de Alejan<span class="pagenum" id="Page_338">p.
-338</span>dro, Jenofonte de Ciro, Comines del gran Carlos de Borgoña,
-Pedro Mateo de Enrico Cuarto, Fuen Mayor de Pío Quinto y Julio César de
-sí mismo. Autores todos validos de la fama. Y es tal la eficacia deste
-licor, que una sola gota basta á inmortalizar un hombre, pues un solo
-borrón, que echaba en uno de sus versos Marcial, pudo hacer inmortales
-á Partenio y á Liciano (otros leen Liñano), habiendo perecido la fama
-de otros sus contemporáneos, porque el poeta no se acordó de ellos.</p>
-
-<p>Yace en medio deste inmenso piélago de la fama aquella célebre isla
-de la inmortalidad, albergue feliz de los héroes, estancia plausible de
-los varones famosos.</p>
-
-<p>Pues dínos ¿por dónde y cómo se pasa á ella?</p>
-
-<p>Yo os lo diré. Las águilas volando, los cisnes surcando, las Fénix
-de un vuelo, los demás remando y sudando, ansí como nosotros.</p>
-
-<p>Fletó luego una chalupa, hecha de incorruptible cedro, taraceada
-de ingeniosas inscripciones, con iluminaciones de oro y bermellón,
-relevada de emblemas y empresas, tomadas del Sorio, del Saavedra,
-de Alciato y del Solórzano. Y decía el patrón haberse fabricado de
-tablas, que sirvieron de cubiertas á muchos libros, ya de nota, ya de
-estrella. Parecían plumas sus dorados remos y las velas lienzos del
-antiguo Timantes y del Velázquez moderno. Fuéronse ya engolfando por
-aquel mar en leche de su elocuencia, de cristal en lo terso del estilo,
-de ambrosía en lo suave del concepto y de bálsamo en lo odorífero
-de sus moralidades. Oíanse cantar regaladamente los cisnes, que de
-verdad cantan los del Parnaso. Anidaban seguros los alciones de la
-historia y andaban saltando alrededor del batel con mucha humanidad los
-delfines. Iban perdiendo tierra y ganando estrellas y todas favorables,
-con viento en popa, por irse reforzando siempre más y más los soplos
-del aplauso. Y para que fuese el viaje de todas maneras gustoso, iba
-entreteniéndoles el inmortal con su sazonada erudición: que no hay rato
-hoy más entretenido ni más aprovechado, que el de un <i>bel parlar</i><span
-class="pagenum" id="Page_339">p. 339</span> entre tres ó cuatro.
-Recréase el oído con la suave música, los ojos con las cosas hermosas,
-el olfato con las flores, el gusto en un convite; pero el entendimiento
-con la erudita y discreta conversación entre tres ó cuatro amigos
-entendidos y no más, porque en pasando de ahí, es bulla y confusión. De
-modo que es la dulce conversación banquete del entendimiento, manjar
-del alma, desahogo del corazón, logro del saber, vida de la amistad y
-empleo mayor del hombre.</p>
-
-<p>Sabed, les decía, oh mis candidados de la fama, pretendientes de
-la inmortalidad, que llegó el hombre á tener, no ya emulación, pero
-envidia declarada á una de las aves y no atinaréis tan presto cuál
-fuese ésta.</p>
-
-<p>¿Sería, dijeron, el águila, por su perspicacia, señorío y vuelo?</p>
-
-<p>No por cierto, que se abate del sol á una vil sabandija, rozando su
-grandeza.</p>
-
-<p>¿Sin duda que al pavón, por las atenciones de sus ojos, entre tanta
-bizarría?</p>
-
-<p>Tampoco, que tiene malos dejos.</p>
-
-<p>¿Y al cisne, por lo cándido y lo canoro?</p>
-
-<p>Menos, que es un muy necio callar el de toda la vida.</p>
-
-<p>¿Á la garza, por su bizarra altanería?</p>
-
-<p>De ningún modo, que, aunque remontada, es desvanecida.</p>
-
-<p>Basta ¿que sería la fénix, por lo única en todo?</p>
-
-<p>Por ningún caso, que, demás de ser dudosa, no pudo ser feliz, pues
-le faltó consorte: si hembra, no tiene macho, y si macho, no tiene
-hembra.</p>
-
-<p>Válgate por ave, dijeron, ¿y cuál sería, que no queda ya cosa, que
-envidiar?</p>
-
-<p>Sí, sí queda.</p>
-
-<p>¿Quién tal creyera?</p>
-
-<p>No sé cómo me lo diga. No fué sino al cuervo.</p>
-
-<p>¿Al cuervo?, dijo Andrenio. ¡Qué mal gusto de hombre!</p>
-
-<p>No sino muy bueno y rebueno.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_340">p. 340</span></p>
-
-<p>¿Pues qué tiene que lo valga? ¿Lo negro, lo feo, lo ofensivo de su
-voz, lo desazonado de sus carnes, lo inútil para todo? ¿Qué tiene de
-bueno?</p>
-
-<p>Oh, sí, una cierta ventaja, que empareja todo eso.</p>
-
-<p>¿Cuál es, que yo no topo con ella?</p>
-
-<p>¿Parécete que es niñería aquello de vivir trecientos años y aún
-aún?</p>
-
-<p>Sí, algo es eso.</p>
-
-<p>¿Cómo algo? Y mucho y no como quiera.</p>
-
-<p>Sin duda, dijo Critilo, que le viene eso por ser aciago, que todo
-lo malo dura mucho, los azares nunca se marchitan y todo lo desdichado
-es eterno. Sea lo que fuere, él llegó á lo que no el águila ni el
-cisne.</p>
-
-<p>¿Es posible, decía el hombre, que un pájaro tan civil haya de
-vivir siglos enteros y que un héroe el más sabio, el más valiente, la
-mujer más linda, la más discreta, no lleguen á cumplir uno ni á vivir
-el tercio? ¿Qué haya de ser la vida humana tan corta de días y tan
-cumplida de miserias?</p>
-
-<p>No pudo contener esta su desazón allá en sus interioridades á lo
-sagaz y prudente, sino que la manifestó luego á lo vulgar y llegó á
-dar quejas al Hacedor supremo. Oyóle las malfundadas razones de su
-descontento, escuchóle la prolija ponderación de su sentimiento y
-respondióle:</p>
-
-<p>¿Y quién te ha dicho á ti que no te he concedido yo muy más larga
-vida que al cuervo y que al roble y que á la palma? He, acaba ya
-de reconocer tu dicha y de estimar tus ventajas. Advierte que está
-en tu mano el vivir eternamente. Procura tú ser famoso, obrando
-hazañosamente, trabaja por ser insigne, ya en las armas, ya en las
-letras, en el gobierno y, lo que es sobre todo, sé eminente en la
-virtud, sé heroico y serás eterno, vive á la fama y serás inmortal. No
-hagas caso, no, de esa material vida, en que los brutos te exceden.
-Estima sí la de la honra y de la fama y entiende esta verdad, que los
-insignes hombres nunca mueren.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_341">p. 341</span></p>
-
-<p>Campeaban ya mucho y de muy lejos dejábanse ver entre brillantes
-esplendores unos portentosos edificios, que en divisándolos, gritó
-Andrenio:</p>
-
-<p>Tierra, tierra.</p>
-
-<p>Y el inmortal:</p>
-
-<p>Cielo, cielo.</p>
-
-<p>Aquéllos, sin más ver, dijo Critilo, son los obeliscos corintios,
-los romanos coliseos, las babilónicas torres y los alcázares
-persianos.</p>
-
-<p>No son, dijo el inmortal, antes bien calle la bárbara Menfis sus
-pirámides y no blasone Babilonia sus homenajes, porque éstos los
-exceden á todos.</p>
-
-<p>Cuando estuvieron ya más cerca, que pudieron distinguirlos,
-conocieron que eran de materia muy tosca y muy común, sin arte ni
-simetría, sin molduras ni perfiles. Tanto, que pasando Andrenio de
-admirado á ofendido, dijo:</p>
-
-<p>¡Qué cosa tan baja y tan vil es ésta! ¡Qué edificios tan indignos de
-un tan sublime puesto!</p>
-
-<p>Pues advierte, le respondió el inmortal, que éstos son los más
-celebrados del mundo. ¿Qué importa que lo material sea común, si
-lo formal de ellos es bien raro? Éstos han sido siempre venerados
-y plausibles y con mucho fundamento. Cuando los anfiteatros y los
-coliseos ya cayeron, éstos están en pie; aquéllos acabaron, éstos
-permanecen y durarán eternamente.</p>
-
-<p>¿Qué muro viejo y caído es aquel, que causa horror el mirarle?</p>
-
-<p>Aquel es más celebrado y más vistoso, que todas las suntuosas
-fachadas de los palacios más soberbios. Aquéllas son las almenas de
-Tarifa, por donde arrojó el puñal don Alonso Pérez de Guzmán.</p>
-
-<p>Y es de notar, ponderó Critilo, que ese Guzmán el Bueno fué en
-tiempo de don Sancho el Cuarto.</p>
-
-<p>Á par dél campea aquel otro, donde la no menos que valerosa matrona,
-levantando su falda, levantó bandera de gloriosa<span class="pagenum"
-id="Page_342">p. 342</span> vitoria, que en una mujer y al verde gollar
-el hijo fué valor de singular alabanza.</p>
-
-<p>¿Qué cueva es aquella, que allí se divisa, aunque tan oscura?</p>
-
-<p>No es sino muy clara y muy esclarecida. Aquella es la tan nombrada
-cueva Donga del inmortal infante don Pelayo, más venerada, que los
-dorados alcázares de muchos de sus antecesores y aun descendientes.</p>
-
-<p>¿Qué arrasada trinchera es aquella, que allí se admira?</p>
-
-<p>Dígalo el conde de Ancurt, que se acordará bien, pues ahí perdió
-el renombre de invencible y lo ganó el valeroso duque del Infantado,
-mostrando bien ser nieto del Cid y heredero de su gran valor. Por
-aquellas otras tres brechas introdujeron el socorro en Valencianes
-aquellos tres rayos, tres bravos chocadores, el afortunado señor don
-Juan de Austria, el único francés en la constancia, el plausible
-príncipe de Condé y el Marte de España, Caracena.</p>
-
-<p>¿Cómo no se descuellan aquí, replicó Critilo, las pirámides gitanas,
-tan decantadas y repetidas de los gramáticos pedantes?</p>
-
-<p>Y aun por eso. Porque los reyes, que las construyeron, no fueron
-famosos por sus hechos, sino por su vanidad. Y así veréis que aun sus
-nombres se ignoran ni se sabe quiénes fueron. Sola queda la memoria de
-las piedras; pero no de las hazañas de ellos. Tampoco toparéis aquí las
-doradas casas de Nerón ni los palacios de Eliogábalo, que, cuando más
-duraban sus soberbios edificios, pavonaban más sus viles hierros.</p>
-
-<p>Señores, decía Andrenio, ¿qué se ha hecho de tanto ostentoso
-sepulcro con sus necias inscripciones, hablando, no con los caminantes
-materiales, como creyeron algunos simples, sino con los pasajeros de la
-vida? ¿Dónde están, que no parecen?</p>
-
-<p>Ésos sí que fueron obras muertas, fundadas en piedras frías.
-Gastaron muchos grandes tesoros en labrar mármoles y no en famosos
-hechos. Más les importara ahorrar de jaspes y añadir de hazañas. Y
-así vemos que no dura la memoria del dueño,<span class="pagenum"
-id="Page_343">p. 343</span> sino de su desacierto. Alaban los que
-los miran los primores de las piedras; mas no las prendas. Y tal vez
-preguntan los pasajeros:</p>
-
-<p>¿Quién fué el que allí yace?</p>
-
-<p>Y no saben responderles, quedando en disputa del dueño. Eterna
-necedad, querer ser célebres después de muertos á porfía de losas, no
-habiendo sido vivos á costa de heroicos hechos.</p>
-
-<p>¿Qué castillos son aquellos tan viejos, antiguallas, que caducan de
-piedras bastas y humildes, roídas del tiempo, indignos de estar á par
-de los pórfidos costosos?</p>
-
-<p>Mucho más preciosos son éstos y de más estimación. Aquel que ves
-allí, míralo bien, que aún está sudando sangre sus cortinas, es el
-nunca bien celebrado, pero sí bien defendido de los valerosos cruzados
-caballeros los Medinas, Mirandas, Barraganes, Sanogueras y Guarales.</p>
-
-<p>¿Según eso, ése es el Santelmo de Malta?</p>
-
-<p>El mismo, el que basta á hacer sombra á todos los anfiteatros del
-orbe. Todos aquellos otros que allí ves los erigió el inmortal Carlos
-Quinto para defensa de sus dilatados reinos, digno empleo de sus flotas
-y millones. Que aun el palacio de recreación, que levantó en el Pardo,
-dispuso fuese en forma de castillo, por no olvidar el valor en el mismo
-deporte. En medio de arcos triunfales estaba una ni bien casa ni bien
-choza, ladeándose con ellos.</p>
-
-<p>¡Hay tal desproporción!, exclamó Andrenio. ¡Que permanezca entre
-tanta grandeza tal bajeza, entre tanto lucimiento una cosa tan
-deslucida!</p>
-
-<p>¡Qué bien lo entiendes!, dijo el inmortal. Pues advierte que compite
-estimaciones con los más empinados edificios y aun se honran mucho los
-majestuosos alcázares de estar á par de ella.</p>
-
-<p>¿Qué dices?</p>
-
-<p>Sí. Parece de madera y lo es, más incorruptible que de cedro, más
-duradera que los bronces.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_344">p. 344</span></p>
-
-<p>¿Y qué cosa es?</p>
-
-<p>Una media cuba.</p>
-
-<p>Riólo mucho Andrenio y serenóse el inmortal, diciéndole:</p>
-
-<p>Trocarás la risa en admiración y en aplauso el desprecio, cuando
-sepas que es la tan celebrada estancia del filósofo Diógenes, envidiada
-del mismo Alejandro, que rodeó muchas leguas por verla, cuando el
-filósofo le dijo:</p>
-
-<p>Apártate, no me quites el sol.</p>
-
-<p>Sin hacerle más fiesta al conquistador del mundo. Mas él mandó fijar
-al lado de ella su pabellón militar, como allí se ve.</p>
-
-<p>¿Pues por qué no su palacio?, replicó Andrenio.</p>
-
-<p>Porque no se sabe que le tuviese ni que le fabricase. La tienda fué
-siempre su alcázar, que para su gran corazón no bastaban palacios. Todo
-el mundo era su casa, que aun para morir se mandó sacar en medio la
-gran plaza de Babilonia á vista de sus vitoriosos ejércitos.</p>
-
-<p>Muchos edificios echo yo aquí menos, dijo Critilo, que fueron muy
-celebrados en el mundo.</p>
-
-<p>Así es, respondió el inmortal, por cuanto sus dueños tuvieron más de
-vanos, que de hazañosos. Y así no hallaréis aquí disparates de jaspe,
-necedades de bronce, frialdades de mármol. Más presto toparéis la
-puente de palo del César, que la de piedra de Trajano. No os canséis en
-buscar los pensiles, que no se aprecian aquí flores, sino frutos.</p>
-
-<p>¿Qué trozos de naves son aquellos, que están pendientes del templo
-de la fama?</p>
-
-<p>Son de las que llevaban el socorro á la Fénix de la lealtad,
-Tortosa. Y aquel prodigio del valor, el duque de Alburquerque, las
-rindió y desbarató en los mares de Cataluña, hazaña tan dificultosa,
-cuan aplaudida. Y de aquí es que aún le está ceñando Marte á otras
-gloriosas empresas.</p>
-
-<p>Mas ya había llegado el bien seguro batelejo á besar las
-argentadas plantas de aquellos inaccesibles peñascos, atlantes de las
-estrellas, hallando por todas partes muy dificultoso el surgi<span
-class="pagenum" id="Page_345">p. 345</span>dero. Y deste achaque
-padecieron naufragio muchos y muy grandes bajeles y aun carracas, á
-vista del inmortal reino. Chocaban en aquellas duras inexorables rocas,
-donde se hacían pedazos lastimosamente. Perecían, porque no parecían.
-Y muchos, que habían navegado con próspero viento de la fama y la
-fortuna, habiendo comenzado bien, acabaron mal, estrellándose en el
-vil acroceraunio de algún vicio. Encallaban otros en algún bajío de su
-eterna infamia. Así le sucedió á un navío inglés y aun se dijo era la
-real del octavo de sus Enricos, que, habiendo navegado con favorable
-viento de aplauso y después de haber conseguido el glorioso renombre de
-Defensor de la Iglesia Católica, chocó con la torpeza y se fué á pique
-en la heregía, con todo aquel su desdichado reino. Siguiéronle casi
-todos los demás bajeles de su armada. Pero el más infeliz fué el de
-Carlos Estuardo, en quien se ostentó la monstruosidad de la heregía en
-él, muriendo á ciegas en los suyos, degollándole ciegos, de tal suerte,
-que quedó en duda cuál fuese mayor barbaridad, la de ellos en degollar
-su rey, sin ejemplar de la más bárbara fiereza; en él, de no confesarse
-católico. Amó la heregía, que tantas desdichas le ocasionaba, perdió
-ambas vidas, perdió ambas coronas, la temporal y la eterna, y, pudiendo
-inmortalizarse fácilmente declarándose católico, murió de todas
-maneras, de suerte que los hereges le degollaron y los católicos no
-le aplaudieron. En aquel otro de fiereza se estrelló Nerón, habiendo
-sido los seis primeros años de su imperio el mejor emperador y los seis
-últimos el peor. Allí pereció otro príncipe, que comenzó con bríos de
-un Marte y luego dió en las flaquezas de Venus. Desta suerte dieron
-al traste muchos famosos escritores, que, habiendo sacado á luz obras
-dignas de la eternidad, con el cacoetes del estampar y multiplicar
-libros se fueron vulgarizando; á otros sus apasionados con obras
-póstumas, maldigeridas ó impuestas, los deslucieron el crédito.</p>
-
-<p>Reconociendo la dificultad de tomar puerto el noticioso inmortal,
-valiéndose de su experiencia, guió el batel de arte,<span
-class="pagenum" id="Page_346">p. 346</span> que pudieron descubrirle,
-aunque estaba muy desmentido. Abordaron ya con las mismas gradas de su
-muerte. Mas aquí consistió su mayor imposibilidad de surgir. Porque en
-la última se levantaba un arco triunfal de maravillosa arquitectura,
-esmaltado de inscripciones y de empresas, formando una majestuosa
-entrada; pero muy defendida con puertas de bronce, y éstas con candados
-de diamantes, para que ninguno pudiese entrar á su albedrío y sin que
-lo mereciese. Y esto con tal rigor, que daban y tomaban el nombre
-y aun el renombre, como pudieran en la más recelosa ciudadela. Y
-aunque algunos se usurpaban grandes renombres ó se los apegaban sus
-lisonjeros, como del gran Señor, del Emperador del Septentrión, del
-Príncipe de mar y tierra, y otros semejantes disparates, no por eso
-tenían segura la entrada en la inmortalidad ni el ser contados entre
-sus heroicos moradores. Para esto asistía á la puerta un tan exacto,
-cuan absoluto portero, cerrando y abriendo á quien juzgaba digno de la
-inmortalidad. Y sin su aprobación no había entrar pretendiente. Y es de
-advertir que no podía aquí nada el soborno, que es cosa bien rara. No
-había que meterle en la mano el doblón, porque él no era de dos caras.
-Nada valía el cohecho, nada alcanzaba el favor, tan poderoso en otras
-partes. No escuchaba intercesiones ni se obraba con él bajo manga, que
-no la tenía ancha, antes de una legua conocía á todo hombre. No había
-echarle dado falso: ¡qué bueno para ministro! Parecía un vicecanciller
-de Aragón. Todo lo deslindaba y lo apuraba. No se ahorraba con nadie.
-Jamás hizo cosa con escrúpulo. No condescendía ni con señores ni con
-príncipes ni con reyes y, lo que es más, ni con validos.</p>
-
-<p>En prueba de esto llegó en aquella misma ocasión un grave personaje,
-no ya pidiendo, sino mandando que le abriesen las puertas tan de par en
-par, como al mismo conde de Fuentes. Miróselo el severo alcaide y á la
-primera ojeada conoció que no lo merecía y respondióle:</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_347">p. 347</span></p>
-
-<p>No ha lugar.</p>
-
-<p>¿Cómo que no, replicó él, habiendo sido yo el famoso, el mayor, el
-Máximo?</p>
-
-<p>Preguntóle quién le había dado aquellos renombres. Respondió que sus
-amigos. Riólo mucho y dijo:</p>
-
-<p>Más valiera que vuestros enemigos. Quita allá, que venís
-descaminado.</p>
-
-<p>¿Quién os dió á vos, señor, el renombre de gran prelado, docto,
-limosnero y vigilante?</p>
-
-<p>¿Quién? Mis criados.</p>
-
-<p>Mejor fuera que vuestras ovejas.</p>
-
-<p>¿Quién os apellidó á vos el Roldán de nuestro siglo, el invencible,
-el chocador?</p>
-
-<p>Mis aliados, mis dependientes.</p>
-
-<p>Yo lo creo así y vosotros todos os lo bebéis; andad y borradme
-esos renombres, esos supuestos blasones, nacidos de la desvergonzada
-lisonja. Quitá allá, que sois unos necios. ¡Cómo que se hizo la
-inmortalidad para tontos y la eterna fama para simples!</p>
-
-<p>¿Qué portero es éste tan inexorable y rígido?, preguntó Andrenio. Á
-fe que no es á la moda inconquistable á los doblones. No ha asistido
-él en el Lobero, no toma cequíes, no ha venido él de los serrallos y
-apostaré que no ha platicado él con quien yo conocí portero en algún
-día.</p>
-
-<p>Éste es, le dijo, el mismo mérito en persona, hecho y derecho.</p>
-
-<p>¡Oh, gran sujeto! Agora digo que no me espanto, trabajo hemos de
-tener en la entrada.</p>
-
-<p>Llegaban unos y otros á pretenderla en el reino de la inmortalidad
-y pedíales las patentes, firmadas del constante trabajo, rubricadas
-del heroico valor, selladas de la virtud y, en reconociéndolas desta
-suerte, se las ponía sobre la cabeza y franqueábales la entrada. La
-desdicha de otros era que las topaba manchadas del infame vicio y daba
-otra vuelta á la llave.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_348">p. 348</span></p>
-
-<p>Esta letra le dijo á uno, parece de mujer.</p>
-
-<p>Sí, sí.</p>
-
-<p>¡Y qué mala, cuanto de más linda mano! Quita allá. ¡Qué asquerosa
-fama! Esta otra no viene firmada, que aun para ello le dolió el brazo á
-la poltronería. Á ámbar huele este papel; más valiera á pólvora. Estos
-escritos no huelen á aceite, no son de lechuza Apolinea. Desengáñese
-todo el mundo, que, en no viniendo las certificatorias iluminadas del
-sudor precioso, ninguno me ha de entrar acá.</p>
-
-<p>Lo que más les admiró fué el ver al mismo rey Francisco el Primero
-de Francia, que decían había días estaba en una de aquellas gradas,
-pidiendo con repetidas instancias ser admitido á la inmortalidad entre
-los famosos héroes, y siempre se le negaba. Replicaba él atendiese á
-que había obtenido el renombre de Grande y que así le llamaban, no sólo
-sus franceses, pero los italianos escritores.</p>
-
-<p>Sepamos en virtud de qué, decía el Mérito. ¿Acaso, Sire, porque os
-visteis vencido en Francia, vencido en Italia y prisionero en España,
-siempre desgraciado? Paréceme que Pompeyo y vos fuisteis llamados
-Grandes, según aquel enigma:</p>
-
-<p>¿Cuál es la cosa, que, cuanto más la quitan, más grande se hace?</p>
-
-<p>Pero entrad siquiera por haber favorecido siempre á los eminentes
-hombres en todo. Del rey don Alonso les contaron que le habían puesto
-en contingencia su renombre de sabio, diciendo que en España no era
-mucho y más en aquel tiempo, cuando no florecían tanto las letras, y
-que advirtiese que el ser rey no consiste en ser eminente capitán,
-jurista ó astrólogo, sino en saber gobernar y mandar á los valientes,
-á los letrados, á los consejeros y á todos, que así había hecho Felipe
-Segundo.</p>
-
-<p>Con todo eso, dijo el Mérito, es de tanta estimación el saber en los
-reyes, que, aunque no sea sino latín, cuanto más astrología, deben ser
-admitidos en el reino de la fama.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_349">p. 349</span></p>
-
-<p>Y al punto le abrió las puertas. Pero donde gastaron toda la
-admiración y más, si más tuvieran, fué cuando oyeron que al mayor rey
-del mundo, pues fundó la mayor Monarquía que ha habido ni habrá, al
-rey Católico don Fernando, nacido en Aragón para Castilla, sus mismos
-aragoneses, no sólo le desfavorecieron, pero le hicieron el mayor
-contraste para entrar allá, por haberlos dejado repetidas veces por la
-ancha Castilla.</p>
-
-<p>Mas que él respondió con plena satisfacción, diciendo que los mismos
-aragoneses le habían enseñado el camino, cuando, habiendo tantos
-famosos hombres en Aragón, los dejaron todos y se fueron á buscar su
-abuelo el infante de Antequera allá á Castilla, para hacerle su rey,
-apreciando más el corazón grande de un castellano, que los estrechos de
-los aragoneses, y hoy día todas las mayores casas se trasladan allá,
-llegando á tal estimación las cosas de Castilla, que dice el refrán que
-el estiércol de Castilla es ámbar en Aragón.</p>
-
-<p>Mirad que todos mis antepasados están dentro y en gran puesto, decía
-uno vanamente confiado, y así yo tengo derecho para entrar allá.</p>
-
-<p>Mejor dijérais obligación y obligaciones. Por lo tanto debiéradeis
-vos haber cumplido con ellas y obrado de modo, que no os quedárades
-fuera. Entended que acá no se vive de ajenos blasones; sino de hazañas
-propias y muy singulares.</p>
-
-<p>Pero ya es común plaga de las ilustres familias que á un gran padre
-suceda de ordinario un pequeño hijo y así veréis que siempre con los
-gigantes andan envueltos los enanos.</p>
-
-<p>¿Cómo se puede sufrir que quien es señor de tanto mundo se maleara,
-un gran príncipe de muchos estados y ditados no tenga un rincón en el
-reino de la fama?</p>
-
-<p>No hay acá rincones, le respondieron, ninguno está arrinconado. He,
-señor, acaba de entender que aquí no se mira la dignidad ni el puesto,
-sino la personal eminencia; no á los ditados, sino á las prendas; á lo
-que uno se merece, que no á lo que hereda.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_350">p. 350</span></p>
-
-<p>¿De dónde venís?, gritaba el integérrimo alcaide. ¿Del valor?
-¿Del saber? Pues entrad acá. ¿Del ocio y vicio, de las delicias y
-pasatiempos? No venís bienencaminados. Volved, volved á la cueva de la
-nada, que aquél es vuestro paradero. No pueden ser inmortales en la
-muerte los que vivieron como muertos en vida.</p>
-
-<p>Mordíanse, en llegando á esta ocasión, las manos algunos grandes
-señores al verse excluídos del reino de la fama y que eran admitidos
-algunos soldados de fortuna, un Julián Romero, un Villamayor y un
-capitán Calderón, honrado de los mismos enemigos. ¿Y que un duque, un
-príncipe se haya de quedar fuera, sin nombre, sin fama, sin aplauso?
-Presentaron algunos escritores modernos, en vez de memoriales, grandes
-cuerpos; pero sin alma. Y no sólo no eran admitidos, pero gritaba el
-Mérito:</p>
-
-<p>Hola, venga acá media docena de faquines, que para solos sus brazos
-son estos embarazos. Quita de aquí estos insufribles fárragos, escritos
-no con tinta fina, sino aguachirle, y así todo es broma cuanto dicen.
-Las ocho hojas de Persio duran hoy y se leen, cuando de toda la
-Amazonida de Marso no ha quedado más rastro que la censura de Horacio
-en su inmortal arte. Éste sí que será eterno.</p>
-
-<p>Y mostró un libro pequeño.</p>
-
-<p>Miradle y leedle, que es la <i>Corte en aldea</i> del portugués Lobo.
-Y estas otras las obras de Sá de Miranda y las seis hojas de la
-instrucción, que dió Juan de Vega á su hijo, comentada ó realzada por
-el conde de Portalegre. Esta Vida de don Juan el Segundo de Portugal,
-escrita por don Agustín Manuel, digno de mejor fortuna. Que los más de
-estos autores portugueses tienen pimienta en el ingenio.</p>
-
-<p>Estas voces las repetía un prodigioso eco, que excedía con mucho á
-aquel tan célebre, que está junto á nuestra eterna Bílbilis. Pues este
-su nombre no latino, está diciendo que fué mucho antes que los romanos
-y hoy dura y durará siempre.<span class="pagenum" id="Page_351">p.
-351</span> Repetía aquel eco, no cinco veces las voces, como éste, sino
-cien mil, respondiéndose de siglo en siglo y de provincia en provincia,
-desde la helada Estocolmo hasta la abrasada Ormuz. Y no resonaba
-frialdades, como suelen otros ecos; sino heroicas hazañas, dichos
-sabios y prudentes sentencias. Y á todo lo que no era digno de fama,
-enmudecía.</p>
-
-<p>Volvieron en esto la atención á las desmesuradas voces, acompañadas
-de los duros golpes, que daba á las puertas inmortales un raro sujeto,
-que de verdad fué un bravo paso.</p>
-
-<p>¿Quién eres tú, que hundes más que llamas?, le preguntó el severo
-alcaide. ¿Eres español? ¿Eres portugués? ¿Ó eres diablo?</p>
-
-<p>Más que todo eso, pues soy un soldado de fortuna.</p>
-
-<p>¿Qué papeles traes?</p>
-
-<p>Sola esta hoja de mi espada.</p>
-
-<p>Y presentósela. Reconocióla el Mérito y, no hallándola tinta en
-sangre, se la volvió, diciendo:</p>
-
-<p>No ha lugar.</p>
-
-<p>Pues le ha de haber, dijo, enfureciéndose. No me debéis conocer.</p>
-
-<p>Y aun por eso, que si fuéradeis conocido, no fuéradeis desechado.</p>
-
-<p>Yo soy un reciente general.</p>
-
-<p>¿Reciente?</p>
-
-<p>Sí, que cada año se mudan de una y de otra parte.</p>
-
-<p>¿Mucho es, le replicó, que siendo tan fresco, no vengáis corriendo
-sangre?</p>
-
-<p>He, que no se usa ya eso. Allá en tiempo de Alejandro y de los reyes
-de Aragón, cuyas barras son señales de los cinco dedos ensangrentados,
-que pasó uno por el campo de su escudo, cuando quiso limpiar la
-vitoriosa mano, saliendo triunfante de una memorable batalla. Quédese
-eso para un temerario don Sebastián y un desesperado Gustavo Adolfo.
-Y digo más, que, si como esos fueron reyes, hubieran sido generales,
-nunca hubieran perecido, cuando muchos les hubieran muerto los<span
-class="pagenum" id="Page_352">p. 352</span> caballos. Que hay mucha
-diferencia de pelear como amo ó como criado. Yo he conocido en poco
-tiempo más de veinte generales en una cierta guerrilla, así la llamaba
-el que la inventó, y no he oído decir que alguno de ellos se sacase
-una gota de sangre. Pero dejémonos de disputas y hágase lo que se
-ha de hacer, que entre soldados no se gastan palabras, como entre
-licenciados. Ea, abrid.</p>
-
-<p>Eso no haré yo, decía el Mérito, que no llegáis con nombre, sino con
-voces.</p>
-
-<p>Oyendo esto el tal cabo, echó mano y movió tal ruido, que se
-alborotó todo el reino de los héroes, acudiendo unos y otros á saber lo
-que era. Llegó de los primeros el bravo Macedón y dijo:</p>
-
-<p>Dejádmele á mí, que yo le meteré en razón y en el puño.</p>
-
-<p>Señor jefe, le dijo, mucho me admiro de que aquí os queráis hacer
-de sentir, no habiendo hecho ruido en las campañas. Tratad de volver
-allá y por vuestra fama. Obrad media docena de hazañas; no una sola,
-que pudo ser ventura. Sitiad un par de plazas reales, veamos cómo
-saldréis con ellas. Que os puedo asegurar que me cuesta á mí el entrar
-acá más de cincuenta batallas ganadas, más de docientas provincias
-conquistadas, las hazañas no tienen número, aunque muy de cuenta.</p>
-
-<p>Sin duda, le respondió, que sois vos el Cid, el de las fábulas. No
-dijera más el mismo Alejandro.</p>
-
-<p>Pues él mismo es, le dijeron.</p>
-
-<p>Y cuando se creyó había de quedar aturdido, fué tan al revés, que
-comenzó con bravo desenfado á fisgarse dél y decir:</p>
-
-<p>¡Mirad agora y quién habla entre soldados de Flandes, sino el que
-las hubo contra lanzas de marfil en la Persia, de paso en la India y
-contra piedras en la Escitia! ¡Viniérase él ahora á esperar una carga
-de mosquetes vizcaínos, una embestida de picas italianas, una rociada
-de bombardas flamencas! Voto á... Juro que no conquistara hoy á solo
-Ostende en toda su vida.</p>
-
-<p>Oyendo esto el Macedón, hizo lo que nunca, que fué vol<span
-class="pagenum" id="Page_353">p. 353</span>ver las espaldas. Enmudeció
-también Aníbal, por temer no le sacase lo de Capua, y el mismo Pompeyo,
-porque no le dijese que no supo usar de la vitoria. Desta suerte se
-retiraron todos los del tercio viejo y rogó el Mérito saliese alguno
-de los bravos campiones á la moda. Asomóse uno de harto nombre y
-díjole:</p>
-
-<p>Señor soldado, si vos tuviérades tan criminal la espada, como civil
-la lengua, no tuviérades dificultad en la entrada. Andad y pasaos
-por los dos templos del Valor y de la Fama, que os prometo que me ha
-costado el entrar acá el tomar más de veinte plazas por sitio y aún
-aún.</p>
-
-<p>Preguntó el soldado quién era y, en sabiéndolo dijo:</p>
-
-<p>Oh, qué lindo. Ya le conozco. Y no diga que peleó, sino que
-mercadeó; no que conquistó las plazas, sino que las compró. ¡Á mí que
-las vendo!</p>
-
-<p>Oyendo esto, bajó sus orejas el tal general y aun dicen que las hizo
-de mercader.</p>
-
-<p>Yo, yo lo entenderé, dijo otro. Señor crudo, así como trae las
-certificatorias de Venus y de Baco, procure otras de Marte, que de mí
-le puedo asegurar, que lo que otros no emprendieron con veinte mil
-hombres, yo con cuatro mil lo intenté y con pocos más lo ejecuté,
-saliendo con la más desesperada empresa, y aun me quisieron barajar la
-entrada.</p>
-
-<p>¿No sois vos Fulano?, dijo. Pues señor héroe, no me espanto, que
-no tuvisteis contrario ni tuvo gente en esa ocasión el enemigo y así
-no me admiro de lo que hicistes, sino de lo que dejastes de obrar,
-que pudiérades haber acabado la guerra, no dejando qué hacer á los
-venideros.</p>
-
-<p>En oyendo esto, hizo lo que los otros. Llegóse uno, que no debiera,
-de más favor que furor, y díjole:</p>
-
-<p>He, señor pretendiente, ¿no veis que es cosa sin ejemplar la que
-intentáis, de querer entrar acá sin méritos? Volved á las campañas,
-que os juro me salieron á mí los dientes en ellas y se me cayeron
-también, hallándome en muy importantes jorna<span class="pagenum"
-id="Page_354">p. 354</span>das y, si perdí algunas, también gané otras
-con mucha reputación.</p>
-
-<p>Señor mío, le replicó, grado á los buenos lados, que tuvistes. Que,
-así como otros mueren de ese mal, vos vivís de ese bien. Mientras ellos
-vivieron, vencistes y, ellos muertos, se os conoció bien su falta.</p>
-
-<p>Aquí no pudiéndolo sufrir uno de los más alentados, bravo chocador
-y que le temió más que á todos juntos el enemigo, con muchos actos
-positivos de su valor, éste, requiriendo la espada, le dijo desistiese
-de la empresa el que había desistido de tantas, que tratase de
-retirarse con buen orden el que con tan malo se había siempre retirado,
-que no pretendiese la reputación inmortal el que á tantos la había
-hecho perder.</p>
-
-<p>¡Poco á poco!, le respondió. ¿Y no sabe Dios y todo el mundo que
-todas vuestras facciones fueron temeridades, sin arte y sin consejo,
-todo arrojos? Y así os temieron más los enemigos como á un temerario,
-que como á un prudente capitán. Al fin peleasteis de mazada.</p>
-
-<p>Más dijera aquél y más oyera éste, si el Mérito no le retirara, con
-otros muchos, diciéndoles:</p>
-
-<p>Apartaos vos, señor, no os estrelle aquello de <i>fugerunt</i>,
-<i>fugerunt</i>, y á vos lo de <i>pillare</i> y <i>pillare</i> y <i>más pillare</i>. Pues
-á vos luego os echará en la cara aquello de las espaldas en tal y tal
-ocasión. Quitaos vos, no os vea con esa casaca tan otra de la de ayer,
-mudando cada día la suya y aun la ajena. Teneos allá, que os glosará á
-vos aquello de encorralar los españoles y hacerles morir más de hambre
-que de sangre. Retiraos todos.</p>
-
-<p>Y viendo que no quedaba héroe con héroe y que llegaba á meter
-escrúpulos en una cosa tan delicada como la fama de tantos y tan
-insignes varones, vino á partidos con él y pactaron que volviese al
-mundo, acompañado de un par de famosos escritores, que examinasen de
-nuevo los autores de su renombre, los pregoneros de su fama, los que
-le habían celebrado de Cid moderno y Marte novel y que, si se hallasen
-constantes en lo dicho, al<span class="pagenum" id="Page_355">p.
-355</span> punto sería admitido, que así se había platicado con otros
-en caso de duda. Admitió el partido, como tan confiado. Llegaron, pues,
-á un cierto escritor, más celebrador que célebre, y preguntándole si
-eran de aquel general las alabanzas que en tal libro á tantas hojas
-había escrito, respondió:</p>
-
-<p>Sí, suyas son, pues él las ha comprado.</p>
-
-<p>Que así dijo el Jovio, después de haber acabado moros y cristianos,
-que, por cuanto ellos se lo pagaron bien, él había celebrado mejor. Lo
-mismo respondió un poeta.</p>
-
-<p>Ved, decían, lo que se ha de creer de semejantes elogios y
-panegíricos. ¡Oh gran cosa la entereza y qué poco usada!</p>
-
-<p>Haciéndole cargo á otro autor, de los de primera clase, de haber
-celebrado á éste, como á otros muchos, se escusó diciendo que no había
-hallado otros en su siglo á quienes poder alabar. Defendíase otro con
-decir:</p>
-
-<p>Esta diferencia hay entre los que alabamos y los maldicientes, que
-nosotros lisonjeamos á los príncipes con premio y ellos al vulgo con
-civil aplauso; pero todos adulamos.</p>
-
-<p>Hasta un abridor de planchas se escusó de haber metido su retrato
-entre los hombres insignes, diciendo que para hacer número y tener más
-ganancia. Con lo cual quedó el tal jefe confundido, aunque no del todo
-desengañado.</p>
-
-<p>Observaron con harta admiración que para un togado, que entraba allá
-y ése con poco ruido, eran ciento los soldados.</p>
-
-<p>Es muy plausible, decía el inmortal, el rumbo de la milicia: andan
-entre clarines y atambores; y los togados muy á la sorda. Y así veréis
-que obrará cosas grandes en mucho bien de la república un ministro, un
-consejero, y no será nombrado ni aun conocido ni se habla de ellos;
-pero un general hace mucho ruido con el boato de sus bombardas.</p>
-
-<p>Abriéronse las inmortales puertas, para que entrase un cierto
-héroe, un primer ministro, que en su tiempo, no sólo no fué aplaudido,
-pero positivamente odiado. Mas fueron tales y tan exorbitantes las
-temeridades y desaciertos del que le sucedió,<span class="pagenum"
-id="Page_356">p. 356</span> que acreditaron mucho su pacífico proceder
-y aun le hicieron deseado. Al entrar éste, salió una fragrancia tan
-extraordinaria, un olor tan celestial, que les confortó las cabezas y
-les dió alientos para desear y diligenciar la entrada en la inmortal
-estancia. Quedó por mucho rato bañado de tan suave fragrancia el
-hemisferio y decíales su inmortal:</p>
-
-<p>¿De dónde pensáis que sale este tan precioso y regalado olor? ¿Acaso
-de los jardines de Chipre tan nombrados? ¿De los pensiles de Babilonia?
-¿De los guantes de ámbar de los cortesanos? ¿De las cazoletas de
-los camarines? ¿De las lamparillas de aceite de jazmín? Que, no por
-cierto, no sale sino del sudor de los héroes, de la sobaquina de los
-mosqueteros, del aceite de los desvelados escritores. Y creedme que no
-fué encarecimiento ni lisonja, sino verdad cierta, que olía bien el
-sudor de Alejandro Magno.</p>
-
-<p>Pretendieron algunos que bastaba dejar fama de sí en el mundo,
-aunque nunca fuese buena, contentándose con que se hablase de ellos
-bien ó mal. Pero declaróse que de ningún modo, porque hay grande
-diferencia de la inmortal fama á la eterna infamia. Y así gritaba el
-Mérito:</p>
-
-<p>Desengáñoos, que aquí no entran sino los varones eminentes, cuyos
-hechos se apoyan en la Virtud, porque en el vicio no cabe cosa grande
-ni digna de eterno aplauso. Venga todo jayán; fuera todo pigmeo. No hay
-aquí mediocritas; todo va por estremos.</p>
-
-<p>Reparó Critilo que, entrando allá de todas naciones, si bien de
-algunas pocos, no vieron de una en esta era entrar héroe alguno.</p>
-
-<p>No es de admirar, dijo el peregrino. Porque la infame heregía los
-ha reducido á tal estremo de ciegos y de malvistos, que no se ven
-en ellos sino infames traiciones, abominables fierezas, inauditas
-monstruosidades, llegando á estar hoy sin Dios, sin ley y sin rey.</p>
-
-<p>Pero aunque no hay rincón alguno en esta ilustre estancia,<span
-class="pagenum" id="Page_357">p. 357</span> con todo eso repararon al
-abrir la una de las dos puertas que detrás de la otra estaban como
-corridos algunos célebres varones.</p>
-
-<p>¿Quiénes son aquellos, preguntó Andrenio, que están como corridos,
-cubriéndose los rostros con las manos?</p>
-
-<p>Aquellos son, les dijeron, no menos que el Cid español, el Roldán
-francés y el portugués Pereira.</p>
-
-<p>¿Cómo así, cuando habían de estar con las caras muy esentas en el
-mejor puesto del lucimiento?</p>
-
-<p>Es que están corridos de las necedades en aplausos, que cuentan de
-ellos sus nacionales.</p>
-
-<p>Ya en esto se fué acercando el peregrino y suplicó la entrada
-para sí y sus dos camaradas. Pidióles el Mérito la patente y si
-venía legalizada del valor y autenticada de la reputación. Púsose á
-examinarla muy de propósito y comenzó á arquear las cejas, haciendo
-ademanes de admirado. Y cuando la vió calificada con tantas rúbricas de
-la filosofía en el gran teatro del universo, de la razón y sus luces
-en el valle de las fieras, de la atención en la entrada del mundo, del
-propio conocimiento en la anotomía moral del hombre, de la entereza
-en el mal paso del salteo, de la circunspección en la fuente de los
-engaños, de la advertencia en el golfo cortesano, del escarmiento en
-casa de Falsirena, de la sagacidad en las ferias generales, de la
-cordura en la reforma universal, de la curiosidad en casa de Salastano,
-de la generosidad en la cárcel del oro, del saber en el museo del
-discreto, de la singularidad en la plaza del vulgo, de la dicha en
-las gradas de la fortuna, de la solidez en el yermo de Hipocrinda,
-del valor en su armonía, de la virtud en su palacio encantado, de la
-reputación entre los tejados de vidrio, del señorío en el trono del
-mando, del juicio en la jaula de todos, de la autoridad entre los
-horrores y honores de Vejecia, de la templanza en el estanco de los
-vicios, de la verdad pariendo, del desengaño en el mundo descifrado,
-de la cautela en el palacio<span class="pagenum" id="Page_358">p.
-358</span> sin puerta, del saber reinando, de la humildad en casa de
-la hija sin padres, del valer mucho en la cueva de la nada, de la
-felicidad descubierta, de la constancia en la rueda del tiempo, de
-la vida en la muerte, de la fama en la isla de la inmortalidad, les
-franqueó de par en par el arco de los triunfos á la mansión de la
-eternidad. Lo que allí vieron, lo mucho que lograron, quien quisiere
-saberlo y experimentarlo, tome el rumbo de la Virtud insigne, del
-Valor heroico y llegará á parar al teatro de la Fama, al trono de la
-Estimación y al centro de la Inmortalidad.</p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter" id="ToC">
- <p><span class="pagenum" id="Page_359">p. 359</span></p>
- <h2 class="nobreak g2">TABLA</h2>
-</div>
-
-<table class="toc" summary="Tabla de contenidos">
- <tr>
- <td colspan="3" class="tdcu g2 ws1">SEGUNDA PARTE</td>
- </tr>
- <tr>
- <th colspan="2">&nbsp;</th>
- <th class="tdru pt1"><small>Páginas.</small></th>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_2_7"><span class="smcap">Crisi</span> VII</a>.—</td>
- <td class="tdlh">El hiermo de Hipocrinda.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_2_7">1</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_2_8"><span class="smcap">Crisi</span> VIII</a>.—</td>
- <td class="tdlh">Armería del valor.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_2_8">15</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_2_9"><span class="smcap">Crisi</span> IX</a>.—</td>
- <td class="tdlh">Anfiteatro de monstruosidades.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_2_9">32</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_2_10"><span class="smcap">Crisi</span> X</a>.—</td>
- <td class="tdlh">Virtelia encantada.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_2_10">43</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_2_11"><span class="smcap">Crisi</span> XI</a>.—</td>
- <td class="tdlh">El tejado de vidrio y Momo tirando piedras.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_2_11">59</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_2_12"><span class="smcap">Crisi</span> XII</a>.—</td>
- <td class="tdlh">El trono del mando.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_2_12">74</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_2_13"><span class="smcap">Crisi</span> XIII</a>.—</td>
- <td class="tdlh">La jaula de todos.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_2_13">85</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="3" class="tdcu g2 ws1 pt1"><a href="#Ch_3">TERCERA PARTE</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu pt1"><a href="#Ch_3_1"><span class="smcap">Crisi</span> I</a>.—</td>
- <td class="tdlh pt1">Honores y horrores de Vejecia.</td>
- <td class="tdrb pt1"><a href="#Ch_3_1">109</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_3_2"><span class="smcap">Crisi</span> II</a>.—</td>
- <td class="tdlh">El estanco de los vicios.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_3_2">127</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_3_3"><span class="smcap">Crisi</span> III</a>.—</td>
- <td class="tdlh">La verdad de parto.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_3_3">147</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_3_4"><span class="smcap">Crisi</span> IV</a>.—</td>
- <td class="tdlh">El mundo descifrado.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_3_4">170</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_3_5"><span class="smcap">Crisi</span> V</a>.—</td>
- <td class="tdlh">El palacio sin puertas.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_3_5">191</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_3_6"><span class="smcap">Crisi</span> VI</a>.—</td>
- <td class="tdlh">El saber reinando.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_3_6">209</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><span class="pagenum" id="Page_360">p. 360</span><a href="#Ch_3_7"><span class="smcap">Crisi</span> VII</a>.—</td>
- <td class="tdlh">La hija sin padre en los desvanes del mundo.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_3_7">234</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_3_8"><span class="smcap">Crisi</span> VIII</a>.—</td>
- <td class="tdlh">La cueva de la nada.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_3_8">254</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_3_9"><span class="smcap">Crisi</span> IX</a>.—</td>
- <td class="tdlh">Felisinda descubierta.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_3_9">274</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_3_10"><span class="smcap">Crisi</span> X</a>.—</td>
- <td class="tdlh">La rueda del tiempo.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_3_10">291</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_3_11"><span class="smcap">Crisi</span> XI</a>.—</td>
- <td class="tdlh">La suegra de la vida.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_3_11">310</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlu"><a href="#Ch_3_12"><span class="smcap">Crisi</span> XII</a>.—</td>
- <td class="tdlh">La isla de la inmortalidad.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Ch_3_12">333</a></td>
- </tr>
-</table>
-
-
-<div class="chapter pt6">
- <hr class="chap" />
- <p><span class="pagenum" id="Page_361">p. 361</span></p>
- <p class="centra lh150 ws1"><i>Acabóse de imprimir esta edición de<br />
- “El Criticón” conforme á los príncipes,<br />
- de 1653 cuanto á la “Segunda Parte”<br />
- y de 1657 cuanto á la “Tercera”,<br />
- en la imprenta “Renacimiento”<br />
- el día 15 de Julio<br />
- del año<br />
- MCMXIV</i></p>
- <hr class="chap" />
-</div>
-
-
-<div class="chapter pt3">
-<div class="transnote" id="tnote">
- <p class="tnotetit">Nota de transcripción</p>
- <ul>
- <li>Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar.</li>
-
- <li>Se ha respetado la ortografía del original impreso, que difiere
- algo de la actual, normalizándola a la grafía de mayor frecuencia.</li>
-
- <li>Se han añadido tildes a las mayúsculas que las necesitan.</li>
-
- <li>Las páginas en blanco han sido eliminadas.</li>
-
- <li>Las notas al margen aparecen colocadas siempre en el lado
- derecho del texto.</li>
- </ul>
-</div>
-</div>
-
-
-<hr class="full" />
-
-
-
-
-
-
-
-
-<pre>
-
-
-
-
-
-End of the Project Gutenberg EBook of El criticón (tomo 2 de 2), by
-Baltasar Gracián y Morales
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL CRITICÓN (TOMO 2 DE 2) ***
-
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-
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